El podcast de hoy está basado en el libro de Salmos 51:9-10 (RV-1909): 9 Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
Escuchemos acerca de la obra de transformación que Dios quiere hacer en el corazón de sus hijos, para darles un corazón limpio y recto:
El trabajo que Dios desea realizar en nuestro interior es profundo y transformador. A menudo, caemos en extremos peligrosos: creer que no tenemos nada malo o, por el contrario, pensar que ya no tenemos solución. La única vía para conocernos a nosotros mismos y a Dios es a través de Su Palabra, la cual revela la verdadera condición de nuestro corazón. La Biblia enseña que el corazón humano es "engañoso más que todas las cosas" y perverso; tiene la capacidad de sumergirnos en el autoengaño y llevarnos a engañar a los demás. Sin embargo, Dios no quiere dejarnos en ese estado; Él desea liberarnos, restaurarnos y formar en nosotros corazones voluntarios, dóciles, entendidos, buenos, rectos y limpios.
Reconocer que necesitamos un corazón limpio implica admitir que el nuestro está sucio. El pecado contamina nuestro interior, y aunque Dios nos limpie hoy, la naturaleza humana tiende a ensuciarse nuevamente con rapidez. Por ello, necesitamos un acercamiento diario al Señor para mantener esa limpieza. Debemos limpiar nuestro corazón de:
Dios utiliza varios medios para purificar nuestro interior:
El salmista Asaf experimentó una crisis al ver la prosperidad de los impíos. En Salmo 73, confiesa: "Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón". Se sentía frustrado porque, a pesar de su consagración no tenía la riqueza material que veía en aquellos que vivían sin turbaciones. Llegó a pensar que su esfuerzo era "por gusto".
Sin embargo, al entrar en el santuario de Dios, comprendió el fin de ellos. La consagración no es en vano. Dios nos ha dado manos, pies e inteligencia para trabajar con diligencia. La falsa doctrina de la prosperidad suele atraer a quienes no quieren esforzarse, pero la verdadera bendición incluye la responsabilidad personal. No es en vano guardarse, estudiar o trabajar con excelencia; Dios provee y honra la integridad, aunque el camino parezca difícil al principio.
Aunque buscamos la limpieza, Proverbios 20:9 nos recuerda: "¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?". Nadie puede jactarse de estar libre de pecado por sus propias fuerzas. La limpieza es un proceso continuo dependiente de la gracia. Como dice Lucas 8:15, aquellos que oyen la Palabra con corazón bueno y recto la retienen y dan fruto. Si no retenemos la Palabra, somos como árboles infructuosos que corren el riesgo de ser cortados.
Debemos huir de las pasiones juveniles (deseos incontrolables, modas , etc.) y seguir la justicia, la fe, el amor y la paz junto con aquellos que invocan al Señor de corazón limpio (2 Timoteo 2:22).
La renovación del corazón no es un evento único, sino un caminar diario de dependencia de Dios. Aunque nuestro corazón natural sea engañoso, Dios ofrece limpieza mediante la fe, la Palabra y la obra del Espíritu Santo. No debemos desanimarnos ni caer en la vanidad de pensar que nuestra consagración es inútil cuando comparamos nuestra vida con la de los impíos. Al mantenernos firmes en la verdad, huyendo del pecado y alimentándonos de las Escrituras, permitimos que Dios forme en nosotros un corazón limpio, capaz de amar genuinamente y dar fruto abundante para Su gloria.