El podcast de hoy está basado en la epístola de 2 Timoteo 3:1-2 (RV-1909):1 ESTO también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos: 2 Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad,
Escuchemos acerca de la importancia de ser agradecidos con Dios y con las demás personas; y dejar la ingratitud en nuestra vida:
En la vida cristiana, a menudo nos enfocamos en construir y sembrar cosas buenas, pero la Biblia nos enseña un principio profético fundamental basado en el libro de Jeremías: antes de edificar o sembrar algo bueno, primero debemos arrancar y derribar todo lo que no sirve. Si no eliminamos las "malas hierbas" de nuestro carácter, estas ahogarán cualquier buena semilla.
Una de esas "malas hierbas" que debemos arrancar de raíz es la ingratitud. En un mundo donde la cultura nos moldea, el cristiano está llamado a desarrollar un hábito radical y transformador: las acciones de gracias.
El diccionario griego nos revela una palabra fuerte para describir a la persona desagradecida: acharistos, que se traduce como "malagradecido". Ser desagradecido significa no corresponder al beneficio recibido, o no compensar el esfuerzo, el tiempo y las atenciones que se han invertido en nosotros.
Dios ilustra esta ingratitud de manera magistral en Isaías 5. El amado hizo absolutamente todo por su viña: escogió la mejor tierra fértil, quitó las piedras, la plantó con las mejores vides, edificó una torre y un lagar. Hizo todo el esfuerzo posible. Sin embargo, ¿qué produjo la viña? Uvas silvestres y amargas.
¿No es esto un reflejo de nuestra propia vida? Dios nos ha dado la salvación, nos ha liberado, nos ha rescatado de traumas y deudas, y nos ha brindado Su inmensa misericordia. Sin embargo, a veces, en lugar de producir acciones de gracias, nos mostramos enojados con Él y no correspondemos con el bien que Él nos ha hecho.
La Biblia nos advierte que en los postreros días sobrevendrían tiempos peligrosos. ¿Y cuál es una de las características principales de las personas en esos tiempos según 2 Timoteo 3:1-2? Ser malagradecidos.
Persistir en la ingratitud no es solo un defecto de carácter; es una conducta espiritual que nos alinea con la corrupción de los últimos tiempos. Además, el ser humano tiene una tendencia natural a la "pérdida de memoria". Rápidamente olvidamos los favores, las misericordias y las libertades que Dios nos ha otorgado, e incluso somos capaces de pagar mal por bien.
Para que las acciones de gracias echen raíces en nosotros, debemos hacer un cambio consciente de hábitos. El apóstol Pablo nos da instrucciones claras sobre cómo hacer esta transición:
Ser agradecido no debe ser un evento aislado, sino un hábito que se convierta en parte de nuestro carácter. Comienza con pequeñas acciones diarias:
Erradicar la ingratitud es una tarea profética e ineludible para todo cristiano. Si permitimos que la amargura o el olvido de las misericordias de Dios echen raíces, ahogarán nuestra comunión con Él y con nuestro prójimo. Por el contrario, cuando decidimos conscientemente cultivar las acciones de gracias, nuestra mente se renueva, nuestro carácter se transforma y nos separamos de la corrupción de este mundo.