El podcast de hoy está basado en el libro de Daniel 6:10 (RV-1960): Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.
Escuchemos acerca de la importancia de ser agradecido; así mismo cómo y por qué debemos ser agradecidos según la Biblia.
La gratitud no es solo un sentimiento pasajero; es una disciplina espiritual fundamental que la Biblia nos insta a cultivar. Agradecer implica dos dimensiones esenciales: sentir gratitud internamente y mostrarla externamente a través de nuestras palabras y acciones. Este hábito, practicado fielmente por hombres como el profeta Daniel, tiene el poder de transformar nuestra relación con Dios y con los demás.
El libro de Daniel (6:10) nos presenta un modelo a seguir: "Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa... se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios como lo solía hacer antes". Aquí descubrimos que:
La parábola de los diez leprosos en Lucas 17:11-19 revela una verdad preocupante: de diez personas sanadas milagrosamente, solo una (el 10%) regresó para dar gracias. Este samaritano, considerado extranjero y despreciado, fue el único que "volvió glorificando a Dios a gran voz, y se postró en tierra a sus pies, dándole gracias".
Esta proporción (90% ingrato vs. 10% agradecido) nos confronta con preguntas cruciales:
La Biblia advierte seriamente sobre los peligros de no cultivar un corazón agradecido:
Romanos 1:21 describe cómo las personas que "habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias" experimentaron que "su necio corazón fue oscurecido". La ingratitud abre la puerta a la vanidad y al endurecimiento espiritual.
El desagradecimiento se define como "no corresponder debidamente al beneficio recibido" o "desconocer el beneficio que se recibe". Esto se manifiesta cuando:
Lucas 18:11-12 presenta al fariseo que ora: "Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres". Esta gratitud falsa, centrada en la autojustificación y el desprecio a otros, es igualmente peligrosa. Podemos pensar que somos agradecidos cuando en realidad solo estamos alimentando nuestro orgullo.
Como Daniel, debemos establecer tiempos específicos para dar gracias. La sugerencia práctica es: comenzar cada reunión de iglesia, cada día personal, con un tiempo dedicado exclusivamente a la acción de gracias.
Si estamos vivos, si nuestros seres queridos están con nosotros, si tenemos sustento, ya tenemos razones fundamentales para agradecer. No son "obligaciones" divinas, sino expresiones de misericordia.
El libro de Jueces (capítulo 9) muestra a personas que olvidaron cómo Gedeón "expuso su vida al peligro para librarlos". Debemos:
Los padres tienen la responsabilidad de modelar y enseñar gratitud a sus hijos, creando un legado familiar de reconocimiento y agradecimiento.
El diccionario define agradecer, en una de sus acepciones, como "corresponder al trabajo empleado en conservar o mejorar algo". Dios ha trabajado incansablemente en nosotros:
Nuestra gratitud es la respuesta adecuada a este trabajo divino. No es un sentimiento opcional, sino la correspondencia natural a la gracia que hemos recibido.
Hoy estamos llamados a examinarnos honestamente: ¿Somos del 90% o del 10%? ¿Nuestras vidas reflejan la gratitud de Daniel o la ingratitud de los nueve leprosos?
La invitación bíblica es clara: "Dejen de hacer lo malo... aprendan a hacer lo bueno" (Isaías 1:16-17). Dejemos la ingratitud y aprendamos, como disciplina espiritual esencial, a ser personas que sienten y muestran gratitud en todo tiempo.
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