El podcast de hoy está basado en el libro del Cantar de los Cantares 1:12-14: 12 Mientras el rey estaba en su reclinatorio, mi nardo dio su olor. 13 Mi amado es para mí un manojito de mirra que reposa entre mis pechos. 14 Racimo de alheña en las viñas de En-gadi es mi amado para mí.
Escuchemos acerca de las bendiciones que el Rey de reyes, el Señor Jesús, tiene para nosotros cuando lo reconocemos como nuestro rey:
En el libro del Cantar de los Cantares, la palabra "Rey" aparece exactamente cinco veces, lo que enseña cómo Jesús desea relacionarse con nosotros. En sesiones anteriores hemos explorado la mesa del Rey y sus recámaras. Hoy, nos adentramos en la tercera mención del Rey, donde el texto nos dice: "El rey Salomón se hizo una carroza" (Cantares 3:9).
Subir a la carroza del Rey no es un paseo turístico; es una invitación divina para que Él transforme nuestra mente, sane nuestro pasado y nos libere de las ataduras terrenales.
Para construir su carroza, Salomón utilizó los mejores materiales: madera de cedro del Líbano (los árboles de Jehová), columnas de plata, respaldo de oro, asiento de grana y un interior tapizado de amor.
¿Qué nos enseña esto? Que el Rey utiliza lo mejor para trabajar en nosotros. Cuando Jesús te invita a subir a su carroza, Su propósito principal es cambiar tu forma de pensar. Él quiere despojarte de esa cultura terrenal, de las excusas, de los malos hábitos y de las tradiciones humanas que te detienen, para que comiences a hacer todas las cosas para Su gloria con la misma excelencia con la que Él construye.
En Génesis 41:42, leemos cómo Faraón sacó a José de la cárcel, lo vistió de lino fino, le puso una cadena de oro y lo hizo subir a su segunda carroza.
¿Te sientes en la "cárcel"? ¿Sientes que todo te sale mal, que compraste un circo y se te fueron los payasos? Busca al Rey Jesús. Al entender su Palabra y estar en Su presencia, entenderás que no estás siendo castigado, sino que estás en un proceso de vindicación. Así como José tuvo que pasar por la prisión para llegar a ser el segundo de Egipto, el Rey Jesús quiere que comprendas que Él está orquestando tu restauración y tu victoria.
Más adelante, en Génesis 46:29, José enganchó su propia carroza y subió a Gosén al encuentro de su padre Israel. Al verlo, se echó a su cuello y lloró largamente; ni siquiera podía hablar de la emoción.
El Rey Jesús quiere sanar tu alma. Hay heridas muy profundas, a veces originadas en la niñez, que están refundidas en tu corazón y que nadie más conoce. Pero el Rey las sabe, entiende por qué te afectan y sabe exactamente cómo sanarte. Cuando dejas que Jesús sea tu rey, Él restaura las relaciones rotas y seca las lágrimas de tu pasado.
En Joel 2:16, la Biblia instruye: "Salga el novio de su cámara". El Rey te invita a su carroza para que te des cuenta de que hay cosas en tu vida que no le agradan. A veces, por costumbre o porque "no pasa nada", seguimos aferrados a pecados ocultos. En la intimidad, el Espíritu Santo te muestra la verdad, te lleva al arrepentimiento y te libera, tal como hizo con el leproso en Mateo 8.
Además, cuando dejamos que Jesús sea nuestro Rey nos despega de las preocupaciones de la tierra. El Salmo 104:3 declara que Dios "pone las nubes por su carroza". Cuando estás con Él, dejas de vivir ansioso por las cosas de este mundo, como la obsesión por la fama o el qué dirán. Dejas de perder tu vida en las distracciones terrenales para enfocarte en la eternidad.
La carroza del Rey representa la transformación integral. No se trata solo de pedirle a Dios que resuelva tus problemas, sino de permitir que Él cambie tu mente, sane tus heridas emocionales y te libere de las ataduras del pecado y la ansiedad mundana. Si hoy te sientes estancado, herido o abrumado por las preocupaciones de la tierra, la invitación del Rey sigue en pie: búscalo, déjate amar por Él y permite que Su excelencia renueve tu entendimiento.