El podcast de hoy está basado en el libro del Cantar de los Cantares 1:12-13 (VM): 12 ¡Mientras que el rey se reclina a su mesa, mi nardo difunde su fragancia! 13 Como manojito de mirra es para mí el amado mío. entre mis pechos reposará.
Escuchemos algunas enseñanzas acerca de los encuentros que la mujer del Cantar de los Cantares tuvo con su amado, el rey; que nos ayudan a conocer al Señor Jesús.
Hemos estado meditando acerca del señorío de Jesús. Al leer el Cantar de los Cantares, descubrimos que la palabra "rey" aparece cinco veces, lo cual nos revela cómo es Jesús como Rey y cómo debemos conocerlo individualmente. Una cosa es llamar a Jesús "Rey", y otra muy diferente es que Él realmente reine en nuestra vida.
Jesús es un Rey de gracia. La Biblia nos enseña que nos hemos acercado al "trono de la gracia" (Hebreos 4:16), y es por medio de la gracia que Él desea gobernarnos. Hoy, como domingo de Santa Cena, nos acercamos no a la mesa de cualquier hombre, sino a la mesa del Rey.
Estas cinco menciones del rey nos dan revelación espiritual:
> "Mientras el rey estaba en su reclinatorio, mi nardo dio su olor" (Cantar de los Cantares 1:12)
Cuando el Rey se acerca a su mesa, algo sucede en nosotros: nuestro nardo difunde su fragancia. El nardo era un perfume muy costoso que la amada usaba para prepararse antes de encontrarse con su amado.
Cada vez que nos acercamos a la mesa del Señor en la Santa Cena, debemos permitir que salga el aroma de nuestra adoración. El Rey nos cita para que le adoremos con todo nuestro ser.
> "Y sobre la mesa pondrás el pan de la proposición delante de mí perpetuamente" (Éxodo 25:30)
En la mesa del Rey encontramos pan especial, reservado solo para sacerdotes (excepto David y sus hombres). Este pan representa la Palabra de Dios, el alimento que nos sustenta y nos impide desfallecer.
> "De esta suerte Mefiboset permaneció habitando en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey" (2 Samuel 9:13)
Mefiboset era lisiado, huérfano y vivía como arrimado. Pero cuando David (figura de Cristo) lo llamó a su mesa:
> "Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando" (Salmo 23:5)
Al sentarnos a la mesa del Rey:
> "La sabiduría ha edificado su casa... ha preparado su mesa" (Proverbios 9:1-2)
> "Con deseo he deseado comer con vosotros esta Pascua" (Lucas 22:15)
En la mesa del Rey recibimos:
> "Sí, Señor; pero también los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores" (Mateo 15:27)
Si las migajas de la mesa del Rey tienen poder para liberar de demonios, ¡cuánto más la comida abundante que Él prepara para sus hijos! No te conformes con migajas espirituales; siéntate a la mesa del Rey y recibe todo lo que Él tiene para ti.
Necesitamos reconocer a Jesús como nuestro Rey; por ello debemos buscarlo para que Su gracia gobierne cada decisión y área de nuestra vida. Al sentarnos a Su mesa, ya sea en la comunión de la Santa Cena o en la búsqueda diaria, somos transformados: nuestra adoración se eleva como fragancia, Su Palabra nos sostiene, Su amor vindica nuestras heridas, Su unción nos protege y Su sabiduría renueva nuestros deseos.