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PODCAST: EL SEÑORÍO DE JESÚS (3)

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EL SEÑORÍO DE JESÚS (3)El podcast de hoy está basado en el libro de Apocalipsis 19:15-16 (RV-1909): 15 Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes: y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso. 16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

Escuchemos acerca de la necesidad que tenemos de dejar que Jesucristo sea el Señor de nuestra vida:

INTRODUCCIÓN

Muchos cristianos repiten la palabra "Señor", pero pocos permiten que Él gobierne realmente sus vidas. La Biblia nos advierte en Mateo 7:21 que no todos los que dicen "Señor, Señor" entrarán en el reino de los cielos, sino aquellos que hacen la voluntad del Padre. Reconocer a Jesús como Kyrios (del griego, que significa amo, dueño o alguien con autoridad) implica entender que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. Es un proceso continuo donde debemos dejar que Su autoridad moldee no solo nuestras acciones, sino también nuestras palabras y nuestro corazón.

1. ABRIR EL CORAZÓN PARA ESCUCHAR

Una de las primeras obras que Jesús realiza cuando reconocemos Su señorío es abrir nuestro corazón. En Hechos 16:14, leemos sobre Lidia, una vendedora de púrpura temerosa de Dios. Aunque estaba oyendo la predicación, su corazón estaba cerrado hasta que "el Señor abrió el corazón de ella" para que estuviera atenta a lo que Pablo decía. Sin esta apertura divina, la Palabra no puede retenerse ni transformar. Dejar que Jesús sea el Señor de nuestra vida permite que el Espíritu Santo quite las barreras internas y nos haga receptivos a Su verdad.

2. PODER PARA AFIRMAR AL CAÍDO

Vivimos en una cultura acostumbrada a juzgar y condenar, tanto en el mundo como dentro de la iglesia. Sin embargo, Romanos 14:4 nos pregunta: "¿Quién eres tú, que juzgas al siervo ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para afirmarle".

Cuando conocemos a Jesús como Señor, dejamos de ser jueces de nuestros hermanos y empezamos a interceder por ellos. Si un hermano cae en pecado, vicios o depresión, no es nuestro trabajo hundirlo más, sino orar para que el Señor lo afirme. Jesús tiene el poder de colocar en pie, establecer e incluso "inmovilizar" espiritualmente a quienes son inestables, evitando que vivan en la indecisión constante de irse o quedarse.

3. RESPUESTA A LA ORACIÓN Y SOBERANÍA DIVINA

Conocer a Jesús como Señor transforma nuestra manera de orar. El apóstol Pablo, en 2 Corintios 12:8-9, rogó tres veces al Señor que quitara de él un aguijón. La respuesta no fue la eliminación del problema, sino una revelación: "Bástate mi gracia; porque mi potencia se perfecciona en la flaqueza".

Quien conoce a Jesús como Señor no espera que Dios cumpla sus caprichos, sino que espera una respuesta soberana. Aprende a aceptar un "sí", un "no" o un "espera". A diferencia de aquellos que intentan manipular a Dios mediante ayunos extremos o amenazas, el verdadero discípulo acepta la voluntad divina con la misma obediencia que mostró Abraham al salir de su tierra sin preguntar "¿por qué?".

4. SEGURIDAD EN EL AMOR Y CONSUELO DIVINO

Finalmente, reconocer a Jesús como Señor nos revela la profundidad de Su amor. Así como Dios buscó a Adán después de la caída, preguntando "¿Dónde estás?", Jesús es el Buen Pastor que busca activamente a la oveja perdida. No somos nosotros quienes encontramos a Dios por mérito propio; es Él quien nos consuela y nos ama primero. Esta certeza elimina la ansiedad y el naufragio emocional, permitiéndonos descansar en la seguridad de que somos amados, consolados y guiados por el verdadero Dueño de nuestras vidas.

CONCLUSIÓN

Dejar que Jesús reine como Señor no es un acto único, sino un estilo de vida que trae estabilidad, propósito y paz. Al abrir nuestro corazón a Su Palabra, dejar de juzgar a otros, aceptar Su soberanía en nuestras peticiones y descansar en Su amor incondicional, experimentamos la verdadera libertad. No se trata de vivir bajo una tiranía, sino bajo el cuidado de un Amo compasivo que tiene el poder de afirmarnos, sanarnos y guiarnos hacia la madurez espiritual.



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