El podcast de hoy está basado en el libro de Apocalipsis 19:15-16 (RV-1909): 15 Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes: y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso. 16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.
Escuchemos acerca de la necesidad que tenemos los cristianos de conocer a Dios como nuestro Señor.
Conocer a Jesús va más allá de experimentarlo como Salvador, Sanador o Proveedor. La Biblia nos invita a un proceso espiritual profundo: reconocer a Dios como Señor, el Dueño absoluto de nuestra vida. En Apocalipsis 19:16 leemos: "En su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores".
La palabra griega "Kyrios" (Señor) significa soberano, amo, dueño y alguien que ejerce poder y autoridad (Diccionario Vine). Reconocer a Dios como Señor implica comprender que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que somos propiedad de Cristo. Como ovejas del Buen Pastor, no somos independientes: debemos conocer qué dice Él, qué quiere, qué permite y qué prohíbe.
> "Aquellos que solo conocen a Dios como Salvador, pero no como Señor, hacen lo que se les da la gana. Pero cuando lo conocemos como Señor, tenemos freno: ya no podemos hacer cualquier cosa que se nos antoje".
Es posible que Dios ya sea Señor en algunas áreas de nuestra vida, pero en otras todavía no. Debemos avanzar espiritualmente para que cada vez más áreas sean conquistadas por Su señorío. La Biblia menciona falsos "señores" (Baal) que compiten por nuestro corazón:
Dios quiere echar fuera estos falsos señores y reinar plenamente en nosotros.
> "El Señor no nos culpa de pecado; esa es la costumbre de los fariseos. Dios te da perdón, no acusación".
Como el hijo pródigo, cuando nos arrepentimos, el Padre nos recibe sin culparnos. Romanos 8:39 declara: "Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro". Si conocemos a Jesús como Señor, nada nos apartará de Su amor: ni pruebas, ni adversidades, ni enfermedad.
Dejemos que Dios conquiste cada área de nuestra vida. Conocerlo como Señor transforma nuestro caminar, nos da dirección y nos garantiza que, aunque fallemos, Su misericordia nos sostiene.