El podcast de hoy está basado en la epístola a los Romanos 12:8: El que exhorta, en exhortar; el que reparte, hágalo en simplicidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.
Escuchemos acerca del Don de Consolar que Dios ha dejado en su Iglesia para animar a sus hijos:
Dios conoce nuestro interior y sabe exactamente qué nos entristece o nos alegra. Conociendo la inestabilidad emocional del ser humano —ya sea por etapas como la adolescencia, cambios hormonales o circunstancias difíciles—, el Señor en su misericordia ha provisto un don específico para sanar nuestra alma: el don de parakaleo.
En Romanos 12:8, el apóstol Pablo menciona el don de exhortar, que en el griego original es parakaleo. Esta palabra tiene múltiples significados: alentar, infundir ánimo, animar, consolar, confortar, amonestar y rogar. Literalmente, significa "llamar a una persona que está a la par de uno" para ayudarle (de ahí viene el término Paráclito para el Espíritu Santo).
El primer beneficiario de este don es quien lo ejerce, pues el Espíritu Santo actúa en él para normalizar su estado de ánimo. Sin embargo, también nos capacita para ayudar a otros hermanos a salir del desánimo.
El estado de ánimo es una disposición emocional prolongada que sufre oscilaciones. Cuando estas variaciones se salen de los límites normales, surgen problemas que Dios quiere sanar:
Dios quiere sanar nuestro interior para que alcancemos la longanimidad o paciencia (Colosenses 1:11), manteniendo un estado de ánimo estable ante las adversidades. Como padres, debemos tener cuidado de no irritar constantemente a nuestros hijos, pues la Biblia advierte en Colosenses 3:21 que podemos hacer que "se conviertan en personas de poco ánimo".
1 Tesalonicenses 5:14 nos instruye: "amonesten a los ociosos, que alienten a los deprimidos". Dios no quiere que nos burlemos de los que están tristes, sino que los animemos con la Palabra.
Todo el sufrimiento que hemos pasado no es para que nos ahoguemos en él, sino para asimilarlo y poder ayudar a otros. Incluso el apóstol Pablo necesitó ser animado. En 2 Timoteo 1:16, Pablo menciona a la casa de Onesíforo, quien "muchas veces me infundió ánimo". Si un gran apóstol necesitaba consuelo, nosotros también debemos buscar y ejercer este don en la congregación.
Cuando el pecado o las circunstancias nos hunden, Jesús usa su autoridad para infundirnos ánimo:
El don de parakaleo es el remedio divino para las enfermedades del alma. Dios desea sanar nuestras emociones, liberarnos de la inconstancia del doble ánimo y llenarnos de longanimidad. No estamos solos en nuestras batallas emocionales; tenemos al Espíritu Santo como nuestro Paráclito y a Jesús, quien nos dice "ten ánimo" en medio de nuestras tormentas. Aprovechemos nuestras propias pruebas para, una vez sanados, convertirnos en instrumentos de consuelo y ánimo para aquellos hermanos que hoy caminan con el ánimo caído.