La relación entre el ocultismo y el fenómeno ovni es profunda y precede al famoso avistamiento de Kenneth Arnold en 1947, que la cultura popular suele considerar su punto de partida. En realidad, el mito moderno se cimentó sobre ideas y creencias fraguadas en los círculos esotéricos y espiritualistas del siglo XIX y principios del XX. A continuación, se presenta un informe que traza esta evolución histórica y examina las perspectivas científicas al respecto.
Mucho antes de que el término "platillo volador" se acuñara, la imaginación ya estaba preparada. Diversas corrientes como el espiritismo y la teosofía crearon el marco conceptual para la posterior creencia en visitantes extraterrestres.
El espiritismo, con figuras como Allan Kardec, popularizó la idea de la comunicación con entidades de otros planos. La teosofía, de la mano de Helena Blavatsky, fue aún más lejos. En su obra de 1888, "La Doctrina Secreta", Blavatsky ya especulaba sobre la existencia de seres espiritualmente avanzados en otros planetas que habrían visitado la Tierra para guiar la evolución humana. Esta idea es, esencialmente, una forma temprana de la hipótesis de los antiguos astronautas.
A caballo entre los siglos XIX y XX, los límites entre la ciencia y lo oculto eran difusos. En países como Argentina, el ocultismo, las "ciencias ocultas" y la literatura fantástica se entrelazaban, gestando las primeras narrativas sobre viajes interplanetarios y encuentros con seres de otros mundos. Autores como Eduardo Holmberg publicaron obras que hoy se consideran precursoras del género OVNI en la literatura.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el mito tomó una forma más "tecnológica", pero sus viejas raíces nunca desaparecieron.
En la década de 1950, surgió un movimiento de "contactados" que afirmaban comunicarse telepáticamente con seres del espacio, quienes les transmitían mensajes de paz y hermandad cósmica. Figuras como George Adamski se hicieron mundialmente famosas y sus narrativas, a menudo, se inspiraban directamente en las enseñanzas teosóficas. De hecho, la idea de visitantes de Venus presente en el libro de Adamski fue tomada de la Sociedad Teosófica. Este fenómeno no solo persistió, sino que evolucionó hacia la formación de religiones ovni, como el movimiento raeliano o la secta Heaven's Gate, que combinan creencias milenaristas con tecnología extraterrestre.
La hipótesis extraterrestre clásica empezó a compartir espacio con otra más compleja. El ufólogo Jacques Vallée, una de las mentes más influyentes en el estudio del fenómeno, defendió la hipótesis interdimensional. Vallée sugirió que los ovnis no serían naves de otros planetas, sino manifestaciones de un universo paralelo que interactúa con el nuestro de forma recurrente a lo largo de la historia. Según esta visión, las hadas, duendes y otras criaturas del folclore serían los "ovnis" de la antigüedad, la misma fuente de fenómenos interpretada a través del lente cultural de cada época.
La comunidad científica mantiene una postura de escepticismo ante la hipótesis extraterrestre, basándose en la falta de evidencia y la naturaleza de los argumentos.
El principal argumento científico es que, a pesar de décadas de avistamientos y afirmaciones extraordinarias, no se ha presentado ninguna prueba material que cumpla con los rigurosos estándares de la ciencia, como restos de tecnología alienígena analizables de forma independiente.
Las teorías de Erich von Däniken y otros, que reinterpretan monumentos antiguos como evidencia de visitas alienígenas, son consideradas por arqueólogos e historiadores como pseudoarqueología. Se critica que a menudo distorsionan los datos y menosprecian los logros de las culturas humanas al atribuirlos a inteligencias foráneas.
Gran parte del pensamiento escéptico no busca explicar el "fenómeno OVNI" en sí, sino el "fenómeno de la creencia en los OVNIs". Consideran que es una manifestación cultural y que los círculos ufológicos a menudo exhiben características propias de los grupos de creencias esotéricas y seudocientíficas, fusionando ciencia y espiritualidad de una manera que recuerda a los movimientos ocultistas de antaño. La creencia en un encubrimiento gubernamental masivo sobre visitas extraterrestres se ha convertido en un problema social generalizado.
En definitiva, el fenómeno ovni es un prisma complejo donde convergen la ciencia, el folclore, la religión y la cultura popular. Su estudio revela tanto la historia de las creencias humanas como nuestra perenne fascinación por lo desconocido.