El podcast de hoy está basado en la Carta a los Hebreos 12:22-23 (RV-1909): 22 Mas os habéis llegado al monte de Sión, y á la ciudad del Dios vivo, Jerusalem la celestial, y á la compañía de muchos millares de ángeles, 23 Y á la congregación de los primogénitos que están alistados en los cielos, y á Dios el Juez de todos, y á los espíritus de los justos hechos perfectos,
Escuchemos acerca de la obra que Dios está haciendo en nuestra vida para transformar nuestro espíritu en fiel, leal, quebrantado y prudente:
A menudo cometemos el error de pensar que nuestros caminos y actitudes son impecables. Sin embargo, Proverbios 16:2 nos advierte: "Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión, pero Jehová pesa los espíritus". Dios permite que Su luz y el arrepentimiento que da el Espíritu Santo lleguen a nuestra vida para mostrarnos la verdadera condición de nuestro interior.
La Biblia menciona en Hebreos 12:23 la congregación de los "espíritus de los justos hechos perfectos". Aunque esta perfección culminará en la Jerusalén celestial, el proceso de perfeccionamiento de nuestro espíritu comienza aquí en la tierra. Dios desea trabajar en la parte más profunda de nuestro ser para transformarlo.
A continuación, exploraremos las características de un espíritu que está siendo perfeccionado por el Señor.
En el Salmo 51:12, el salmista pide: "Vuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente".
Proverbios 11:13 contrasta al chismoso con el "de espíritu fiel".
Salmo 34:18 declara: "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón".
La palabra hebrea para quebrantado es shabar, que significa quebrar, reventar o desmenuzar. Dios quiere "hacer pedazos" nuestro orgullo y nuestra dureza. Si tenemos un espíritu endurecido (como el Faraón), Dios nos llevará al desierto para volvernos dóciles.
"Detiene sus dichos el que tiene sabiduría", nos enseña la Biblia. El prudente es un previsor; es aquel que ve las consecuencias antes de que ocurran.
El perfeccionamiento del espíritu no es un evento instantáneo, sino un proceso diario de rendición y transformación. Dios no quiere que sigamos siendo duros, inestables o egoístas. Su propósito es triturar nuestro orgullo para darnos un espíritu contrito, moldear nuestra voluntad para hacernos fieles y leales, y otorgarnos la prudencia necesaria para navegar la vida sin caer en trampas destructivas.