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PREEXISTENCIA, PREDESTINACIÓN Y PREORDINACIÓN

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29 Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; 30 Y á los que predestinó, á éstos también llamó; y á los que llamó, á éstos también justificó; y á los que justificó, á éstos también glorificó.

ROMANOS 8:29-30 RV-1909

La Biblia muestra que Dios es el Padre de los espíritus y que nos conoció desde antes de crear y fundar la tierra, pues Él creó los espíritus y les predicó el Evangelio y de ellos a unos hizo ángeles y a otros seres humanos (He. 12:9; 1:7).

En Romanos 8:29 leemos que antes de nacer Dios nos conoció, a unos los predestinó para llegar a ser conforme a la imagen de su Hijo, pero a otros para llegar a ser vasos de deshonra e ira (Ro. 9:21-22). Esa predestinación fue hecha en base a la elección que cada espíritu hizo (Jn. 6:45).

En ese mismo sentido Dios también preordinó las obras que debían realizar los que fueron predestinados para llegar a ser conforme a la imagen de su Hijo (Ef. 2:10).

1. LA PREEXISTENCIA, ROMANOS 8:29-30

29 Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; 30 Y á los que predestinó, á éstos también llamó; y á los que llamó, á éstos también justificó; y á los que justificó, á éstos también glorificó. (Ro. 8:29-30 RV-1909).

La preexistencia se refiere a la vida que el espíritu de cada ser humano tuvo en los lugares celestiales antes de ocupar el cuerpo y nacer (Job 38:1-21; Ro. 11:1-2). La lengua española define "preexistencia" como la "Existencia anterior, con alguna de las prioridades de naturaleza u origen."1

En Romanos capítulo ocho leemos que en el pasado, antes de nacer, el Padre nos conoció y predestinó; en el presente nos ha llamado y justificado por medio de Jesucristo, y en el futuro nos glorificará.

Veamos algunos aspectos relacionados con la preexistencia:

A. La preexistencia del Hijo, Juan 17:24

La Biblia nos enseña que el Hijo, Jesucristo, ha sido amado por el Padre desde antes de la fundación del mundo.

Jesucristo fue predestinado para ofrecer su vida como cordero sin mancha y sin contaminación, y hasta los postreros tiempos ha sido manifestado por amor a nosotros.

B. Escuchamos el Evangelio, Juan 6:44-45

Todos los nacidos de nuevo llegamos al Hijo porque el Padre nos llevó hacia Él. Esto se realiza porque en la preexistencia escuchamos el Evangelio que el Padre nos predicó, lo creímos, aprendimos1 y lo elegi-mos.

Por el contrario hubo otros que no creyeron el mensaje que el Padre predicó, no lo entendieron, lo rechazaron y por ello no recibieron al Señor y murieron o morirán sin reconciliarse con Él.

Además, hubo otros que no creyeron, pero tampoco rechazaron el mensaje, sino que en esta vida deben definirse por recibir o rechazar a Jesucristo.

C. El Padre nos bendijo con toda bendición espiritual, Efesios 1:3-4

El Padre nos escogió en la preexisten-cia, desde antes de la fundación del mundo para que seamos santos y sin mancha delante de Él y también nos bendijo con toda bendición espiritual.

2. LA PREDESTINACIÓN, ROMANOS 8:29

29 Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; (Ro. 8:29 RV-1909).

Predestinar es limitar de antemano, prede-terminar, determinar antes, apartar desde un principio o anticipadamente, decretar de ante-mano y ordenar por adelantado.1

Bíblicamente la predestinación se refiere al destino que desde la preexistencia le fue trazado a cada ser humano para que lo realice sobre la tierra. Dicho destino no puede ser modificado porque está determinado sobre la base de la elección que cada uno hizo. Veamos algunos ejemplos de ello:

A. Para salvar al mundo, Hebreos 10:7; Lucas 22:37

El ejemplo perfecto de cómo cumplir la voluntad del Padre es el Señor Jesucristo, quien vino a la tierra a cumplir el plan que el Padre le trazó (Mt. 3:15; Jn. 15:25; 19:28); porque ofreció su vida, sin mancha ni contaminación en holocausto para la expiación y perdón de las transgre-siones, pecados e iniquidades que hemos cometido (Lv. 1-4).

B. Para salvación, Romanos 8:29-30; 9:23; Efesios 1:3-6, 11

Los que fuimos conocidos por el Padre en la preexistencia, escuchamos su enseñanza y aprendimos de Él (Jn. 6:45); en algún momento de nuestra vida sobre esta tierra escuchamos y reconocimos la voz del buen pastor Jesucristo y lo segui-mos para ser adoptados como hijos de Dios (Jn. 10:27-29; Ef. 1:3-6, Ro. 8:15,23).

La salvación es el primer regalo que nos da el Señor y es el principio de lo que predestinó que alcancemos, pues también fuimos predestinados para ser adoptados como hijos de Dios y para ser hechos con-forme a la imagen de Jesucristo (Ef. 1:5; Ro. 8:29; Ef. 1:11).

C. Para perdición, Juan 13:18; Hechos 1:20, 24-25

Judas representa a las personas que, como consecuencia de que en la preexis-tencia rechazaron el mensaje que el Padre les predicó (Jn. 6:45), entonces fueron predestinados para perdición (Jn. 17:12); es decir que no reconocen a Jesucristo como su Salvador.

Adicionalmente, así como hay personas predestinadas para salvación y otras para perdición, también hay personas optativas; es decir que no aceptaron, ni rechazaron el mensaje que el Padre les predicó en la preexistencia, por lo que en esta vida tienen la opción de recibir o de rechazar la salvación que el Padre les ofrece. Un ejemplo de ello es Sergio Paulo a quien Pablo le predicaba el Evangelio para salvarlo, pero también Barjesús trataba de desviarlo de la fe (Hch. 13:6-8).

D. Para el ministerio, Jeremías 1:4-10

Dios conoció a Jeremías antes de formarlo en el vientre y lo predestinó, cuando estaba en el vientre, para ser profeta de Israel.

También vemos el ejemplo del Apóstol Pablo a quien Dios lo separó desde el vientre para el ministerio, recibir y predi-car la revelación de Cristo a los gentiles (Gá. 1:15, Ro. 1:1, 1 Co. 1:1; Ef. 4:11-13).

3. LA PREORDINACIÓN, EFESIOS 2:8-10; ROMANOS 9:23

Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas. (Ef. 2:10 RV-1909).

La Biblia indica que Dios preparó1 de antemano las obras que los nacidos de nuevo debemos hacer sobre la tierra.

La preordinación se refiere a los medios u obras por medio de las qué cada persona cum-plirá su predestinación, es decir, el plan que Dios determinó para ellos.

A diferencia de la predestinación, la preordinación si puede ser modificar como lo veremos en unos de los siguientes ejemplos:

A. Para ser nazareo, Jueces 13:5; Números 6:4-12

Dios predestinó a Sansón para ser juez de Israel y lo preordinó a ser nazareo para ese propósito; es decir que por medio del voto de nazareo debía cumplir su lla-mado a ser juez y libertador de su nación.

El voto de nazareo tenía, entre otros, los requisitos como no comer nada proveniente de la vid, ni pasar navaja sobre la cabeza, pero Sansón no las cumplió.

Aunque Sansón si alcanzó el cumpli-miento de su predestinación, pues fue juez sobre Israel, no cumplió con su preordina-ción y al final de sus días fue objeto de burla de los filisteos y murió con ellos.

B. Para el sacerdocio, 1 Samuel 2:27-34

La ley estableció que los sacerdotes deberían realizar su ministerio de los 30 hasta los 50 años de edad; sin embargo los hijos de Elí, Ofni y Finees, fueron cortados antes de llegar a los 30 años porque fueron impíos y aunque nacieron en la tribu de Leví, no llegaron a realizar las funciones sacerdotales (Dt. 10:8-9, 21:5; He. 7:9; Nm. 4:3, 23; 1 S. 1:3; 2:12-17,22; 2:33).

En esos jóvenes se cumplió su predestinación para el sacerdocio porque nacieron en la tribu de Leví; pero, no cumplieron su preordinación porque no realizaron su servicio sacerdotal.

C. Para gobernar Egipto, Génesis 37:18-28

José fue predestinado para preservar la vida del pueblo de Israel, y para lograrlo se preordinaron acontecimientos para ayu-darlo a alcanzar ese propósito; por ejemplo fue vendido por sus hermanos, fue enviado a Egipto, estuvo preso y al final llegó a ser el segundo en el gobierno del reino de Egipto.

A diferencia de los dos ejemplos previos, José si cumplió completamente su preordinación.

Al igual que los ejemplos citados, Dios tiene propósitos específicos en el Cuerpo de Cristo para cada uno de nosotros, por lo que debemos descubrirlo, pues estamos llamados a alcanzar y lograr aquello que el Señor predestinó y preordinó para cada uno de nosotros y así podremos presentarnos aproba-dos delante de Dios como obreros que no tienen nada de que ser avergonzados (Fil. 3:12, 2 Ti. 2:15).




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