El podcast de hoy está basado en el libro de 1 Samuel 25:32-33 (RV-1909): 32 Y dijo David á Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases; 33 Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy el ir á derramar sangre, y á vengarme por mi propia mano:
Escuchemos acerca de algunos de los propósitos para los cuales Dios nos bendice, por ejemplo: Transformarnos, hacernos fructiferos y darnos buen juicio:
Dios quiere el bien para cada uno de nosotros. Aunque enfrentamos adversidades y dificultades, es fundamental entender que cada bendición que recibimos tiene un propósito específico. No cometamos el error de rechazar la bendición, como aquellos que "amaron la maldición" y por eso la maldición los alcanzó.
Las Escrituras muestran ejemplos claros: Daniel fue llevado a Babilonia no solo para estar junto a Faraón, sino para proteger a Israel. José llegó a Egipto para preservar a su familia del hambre. Así, todas las bendiciones que Dios nos da tienen objetivos eternos que van más allá de lo terrenal.
En hebreo, existen palabras profundas para bendición: baraj y beraj (bendecir, arrodillarse) y berajá (bendición). Un propósito es una intención, un objetivo, una voluntad o aspiración. Dios trabaja en nosotros a través de las bendiciones para transformarnos con planes que alcanzan la eternidad.
Para recibir y mantener la bendición divina, debemos:
Dios nos bendice para que seamos árboles que den fruto. Los árboles sin fruto corren peligro; los que dan fruto son podados para producir más. Cada creyente es diferente, pero Dios sabe cómo cuidar de nosotros para que demos fruto a su tiempo.
La bendición transforma nuestra identidad. Ya no cargamos con deshonra; Dios nos da un nombre con honra, restaurando nuestro testimonio ante Él y ante los demás.
La bendición de Dios no es solo para procrear, sino para convertirnos en padres y madres que crían con sabiduría. En un tiempo donde el enemigo ataca a los niños con influencias dañinas, necesitamos que la bendición nos transforme para proteger y guiar a nuestros hijos en la verdad.
Dios no quiere que estemos deprimidos o tristes permanentemente. La tristeza que viene de Dios produce arrepentimiento y luego gozo; la tristeza del enemigo provoca muerte. La bendición divina nos llena de alegría genuina que perdura en toda circunstancia.
La bendición nos capacita para batallar espiritualmente y tomar posesión de lo que Dios ya nos ha dado. No luchamos contra personas, sino contra el pecado y la vieja naturaleza. Con Dios a nuestro lado, la victoria está asegurada.
En 1 Samuel 25:33 leemos: "Bendito sea tu razonamiento". Dios quiere bendecir nuestra mente para:
Como dice Salmo 119:66: "Enséñame buen sentido y sabiduría, porque tus mandamientos he creído". La bendición de Dios transforma nuestro razonamiento para que seamos sensatos, prudentes y capaces de discernir en un mundo lleno de confusión.
Las bendiciones de Dios no son fines en sí mismas, sino herramientas para nuestra transformación. Cuando entendemos sus propósitos —dar fruto, honra, paternidad/maternidad sabia, alegría, victoria espiritual y buen juicio— podemos cooperar con Dios para que su bendición cumpla plenamente su obra en nosotros.