El podcast de hoy está basado en el libro de Génesis 15:1 (RV-1909): DESPUÉS de estas cosas fué la palabra de Jehová á Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande.
Escuchemos acerca de los escudos que Dios pone a nuestra disposición para enfrenter las adversidades y a nuestros enemigos:
Cuando la Biblia habla de los "escudos de Dios", no se refiere a escudos que protegen a Dios, sino a escudos que provienen de Él para nuestra propia protección. Como menciona Cantares 4:4, hay una armadura espiritual disponible para nosotros, y entender sus tipos nos ayuda a aprovechar la defensa que el Señor ha puesto a nuestra disposición.
En Génesis 15:1, después de que Abraham derrotara a cinco reyes, sintió miedo ante una posible represalia. Entonces Dios se le apareció en visión y le dijo: "No temas, Abraham, porque yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande".
La palabra hebrea para escudo es Magen o Meginah, que significa protector y defensa. Dios nos está diciendo: "No temas, yo soy tu protector, yo te defiendo". Una de las razones por las que no debemos vivir manipulados por el miedo es porque Dios es quien nos gobierna. Cuando permitimos que Dios nos gobierne y ponemos Su palabra por obra, Él se convierte en nuestra protección alrededor de nosotros.
La Biblia repite en múltiples ocasiones que Dios es nuestro escudo. Incluso cuando no usa la palabra "escudo", la protección está presente, como cuando "el ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende".
Este escudo no solo protege, sino que ayuda. Dios quiere que derrotemos a nuestros enemigos y Él nos asistirá en ello:
Como dice el salmista: "Abátelos, oh Jehová, escudo nuestro". Dios no permite que seamos pisoteados; al contrario, nos da la victoria sobre nuestros adversarios cuando peleamos con fe, oración y consagración.
No estamos llamados a vivir con temor ni a ser aplastados por las circunstancias o el enemigo. Dios nos ha provisto escudos divinos para proteger nuestra mente, nuestro corazón y nuestro caminar. Al permitir que Dios nos gobierne, obedecer Su palabra y pelear la buena batalla, experimentaremos a Jehová como nuestro escudo de ayuda, socorro y auxilio. En los momentos más difíciles, cuando solo Él puede intervenir, su protección llegará para darnos la victoria.