El podcast de hoy está basado en el libro de Salmos 128:1-3 (RV-1960): 1 Cántico gradual. BIENAVENTURADO todo aquel que teme á Jehová, Que anda en sus caminos. 2 Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado tú, y tendrás bien. 3 Tu mujer será como parra que lleva fruto á los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.
Escuchemos acerca de las bendiciones para la familia de los cristianos que tienen temor de Dios:
La familia es uno de los tesoros más valiosos que Dios nos ha confiado. Nuestros hijos tienen mayor importancia que cualquier posesión material: una casa, un vehículo o cualquier bien terrenal. La Biblia nos establece un fundamento claro en Salmo 128:1: "Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos". Cuando los padres cumplimos estas dos condiciones —temer a Dios y caminar en Sus sendas—, el Señor envía bendiciones específicas y sobrenaturales sobre nuestro hogar.
La promesa divina para los que temen al Señor es que "tus hijos serán como plantas de olivo alrededor de tu mesa" (Salmo 128:3). En un tiempo donde el ataque contra la familia es abierto y desvergonzado, esta palabra es nuestra ancla de esperanza. Dios no solo quiere que nuestros hijos estén alrededor de nuestra mesa, sino que sean "como oliva verde en la casa de Dios" (Salmo 52:8).
A diferencia de Caín, cuyo hábitat era el campo (figura del mundo), Dios desea que nuestros hijos amen Su presencia y la comunión con los santos. En 2 Crónicas 5:14, la Biblia relata que "la gloria de Jehová había hinchado la casa de Dios". Cuando nuestros hijos habitan en esa gloria, el Señor los restaura, los consuela y los sana, incluso cuando nosotros como padres fallamos en el camino.
El pasaje de 1 Reyes 6:31 revela que "a la entrada del santuario hizo puertas de madera de olivo". Esto simboliza un proceso de madurez: el olivo ya no es solo fruto, ha crecido, envejecido y se ha transformado en estructura firme para el templo. Dios quiere trabajar con nuestros hijos —incluso si ya son adultos— para que sean como puertas del santuario, lugares de encuentro con Él.
Si algunos se han alejado del Señor, recordemos 2 Crónicas 29:3: en el primer año de su reinado, Ezequías "abrió las puertas de la casa de Jehová y las reparó". Dios puede restaurar a nuestros hijos, sanar caracteres dañados y restaurarlos como al hijo pródigo, trayéndolo de vuelta a sus planes.
La obediencia a Dios produce bendición de provisión. En 2 Reyes 4:3, el profeta instruyó a una viuda endeudada: "Ve y pide para ti vasos prestados... entra luego y cierra la puerta detrás de ti y tras tus hijos". Ella obedeció, y Dios multiplicó el aceite para pagar sus deudas y proteger a sus hijos de la esclavitud por falta de recursos.
Asimismo, el ejemplo de David en 1 Samuel 21:13, quien "mudó su habla... y se fingió loco... escribía en las portadas de las puertas" mientras huía, nos enseña a confiar sin quejarnos. Como padres, no debemos resolverles todos los problemas a nuestros hijos; debemos dejarlos crecer para que tengan sus propias experiencias con Dios, enseñándoles a depender de Él en las circunstancias más difíciles.
En Éxodo 21:6, la ley establecía que el siervo que amaba a su amo y elegía permanecer en la casa debía llegar a la puerta, apoyar su oreja en el poste y recibir una marca: "su amo lo hará llegar a la puerta o al poste y le horadará la oreja con lesna y será su siervo para siempre".
Espiritualmente, Dios desea "horadar la oreja" de nuestros hijos para que siempre escuchen Su voz, permanezcan fieles y sean siervos que agraden el corazón de Dios. La fidelidad en la escucha garantiza una permanencia eterna en la casa del Señor.
Nuestra responsabilidad principal es convertirnos en hombres y mujeres temerosos de Dios. Como Mardoqueo en Ester 6:11, quien permaneció fiel en la puerta del rey sin doblegarse ante Amán, la constancia atrae el honor divino: "Amán tomó el vestido y el caballo y vistió a Mardoqueo... y hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey".
Sin embargo, debemos estar alerta a los enemigos espirituales. La televisión, los dispositivos electrónicos y las influencias culturales actúan como herramientas de lavado de cerebro acelerado. Además, enfrentamos "zorras" espirituales: críticas, chismes y palabras destructivas. Como dijo Tobías el amonita: "aún lo que ellos edifican, si sube una zorra, derribará su muro de piedra". Debemos enseñar a nuestros hijos a no escuchar a los críticos, a confiar en que Dios convierte las maldiciones en bendiciones y a discernir sus amistades, promoviendo que sus amigos estén dentro de la comunión de la iglesia. Como advierte Cantar de los Cantares 2:15: "¡Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas!", pues estas echan a perder la viña.
La promesa de Salmo 128 no es solo un deseo poético, es un pacto de fidelidad divina para el hogar cristiano. Cuando los padres temen a Jehová y caminan en Sus caminos, Dios transforma a los hijos en olivos firmes, a reparar sus puertas espirituales; provee en la escasez y nos protege de las influencias que derriban muros. Nuestra tarea es instruirlos con la Biblia, confiar en Dios en medio de las pruebas y permanecer fieles en la puerta del Rey. Con dependencia del Espíritu Santo y discernimiento espiritual, nuestros hijos no solo resistirán un mundo hostil, sino que prosperarán como siervos, honrando a Dios y cumpliendo su propósito en Su casa.