El podcast de hoy está basado en la Tercera Carta del Apóstol Juan 1:2 (RV-1909): Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad.
Escuchemos acerca de algunas de las instrucciones que Dios tiene para nosotros, como sus hijos amados, para huir del Mal, seguir el bien y prosperar.
La segunda carta del apóstol Juan (1:11) nos exhorta: "Amado, no sigas lo malo". Este consejo nos llama primero a examinarnos, pues es probable que en algo estemos errando. Debemos dejar de seguir:
La Biblia equipara la rebelión con el pecado de adivinación y la desobediencia con la idolatría (1 Samuel 15:23). Es una obstinación que persiste aun contra la razón, y de la que debemos huir.
La raíz de muchos problemas personales y globales. Colosenses 3:5 la coloca al mismo nivel que la fornicación y la impureza, y la define como idolatría. De ella también debemos huir.
En contraste, como "amados", debemos seguir lo bueno:
Primera de Corintios 10:14 advierte: "Amados míos, huyan de la idolatría". Esto nos indica su poder de seducción. No debemos resistirla, sino huir. La idolatría no solo son ídolos de "bulto" o figuras, sino todo aquello que dirige nuestra vida y no es Dios. Esto incluye claramente la avaricia y la obstinación desobediente.
La tercera carta de Juan (1:2) expresa un profundo deseo: "Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas". Esta prosperidad abarca todo ámbito de la vida (personal, familiar, material) y va más allá de lo suficiente. ¿Cómo se alcanza?
La clave está en prosperar el alma primero. Proverbios 13:4 nos da la fórmula: "El alma del perezoso desea y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada". Por lo tanto, parafraseando el deseo de Juan: "Amado, yo deseo que tú seas diligente".
¿Qué es la diligencia? Es cuidado, prontitud, disposición, interés y agilidad para hacer las cosas bien, en la casa, el trabajo, los estudios y la iglesia. Combatir la negligencia cultural es esencial para convertirnos en personas diligentes que Dios protege y prospera.
Otras actitudes que prosperan el alma y, en consecuencia, todas las cosas, son:
"El alma generosa será prosperada" (Proverbios 11:25). Ser dadivoso no es dar cualquier cosa sin discernimiento, sino tener un corazón liberal y franco.
La sinceridad (veracidad) atrae bendición. La mentira, en cambio, detiene la prosperidad que Dios quiere para nosotros.
Jeremías 46:27 muestra que Dios prospera a su siervo. Al servirle con libertad en Su obra (en todas las áreas de la iglesia), nuestra alma es prosperada y eso se refleja en una vida próspera en todo sentido.
En resumen, el camino es: Dejar de seguir lo malo (huyendo de toda forma de idolatría) y seguir lo bueno, mientras cultivamos un alma diligente, generosa, sincera y servicial. Así, el deseo de Dios de prosperarnos en todas las cosas se hará realidad.
Iglesia Cristiana Ebenezer Villa Nueva
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