El podcast de hoy está basado en el libro de Eclesiastés 3:1-4 (RV-1909): 1 PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo: [...] 4 Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
Escuchemos algunas enseñanzas acerca de como Dios trabaja con nosotros para cumplir sus propósitos:
La vida del ser humano es cuestión de tiempos. Al leer la Biblia con atención, Dios nos habla sobre las etapas que estamos viviendo, vivimos o viviremos. La clave está en entender que nuestra vida pasa por diferentes tiempos, y aunque nosotros no siempre sepamos cuándo empiezan o terminan, Dios ya lo ha establecido.
La Biblia muestras diferentes tiempos o estaciones, por decirlo así, que podremos vivir literal o espiritualmente:
Es vital discernir nuestros tiempos. Si aprendes a identificar, por ejemplo, cuándo llegas a un estado de ánimo adverso, podrás prepararte espiritualmente para que el alma crezca y madure.
Dios tiene propósitos específicos en cada tiempo. Si entiendes que no estás solo y que el día malo tiene fin, vivirás tranquilo. Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque pasará el tiempo del lloro y Dios lo llevará al tiempo de la risa.
La Biblia enseña en Eclesiastés 3:1: "Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su tiempo". Esto significa que existe un tiempo perfecto para cada cosa.
En Eclesiastés 3:4, se mencionan dos tiempos específicos: tiempo de llorar y tiempo de reír.
Se le terminó el agua y la comida. Abandonó a su hijo bajo un árbol porque no quería ver cuándo moriría. Alzó su voz y lloró por la escasez y el desamparo. Sin embargo, su tiempo de llorar se terminó y Dios la pasó a un nuevo tiempo, prometiéndole que de su hijo haría una gran nación.
Vino a hacer duelo y llorar por la muerte de Sara. Es un tiempo de dolor por la pérdida de un familiar, pero ese tiempo también tiene que terminar.
La vida cristiana no es estática; está compuesta por estaciones designadas por Dios. Aunque el tiempo de llorar puede ser doloroso, como lo experimentaron Agar y Abraham, no es eterno. La promesa bíblica es que cada sazón tiene un propósito y un final. Al discernir nuestros tiempos y soportar la aflicción con paciencia, podemos confiar en que Dios nos guiará hacia el tiempo de reír, de cosecha y de restauración. No tires la toalla en el tiempo de la nieve o la lluvia; mantén tu confianza en que el Señor tiene un tiempo perfecto para tu victoria.