El podcast de hoy está basado en el libro de Ezequiel 23:42: Y el ruido de una multitud despreocupada se oía allí, multitud de hombres, bebedores traídos del desierto. Y pusieron brazaletes en las manos de las mujeres y hermosas coronas sobre sus cabezas.
Escuchemos acerca cómo identificar y eliminar el ruido espiritual que impide escuchar a Dios:
Los ruidos son peligrosos porque pueden enfermar a la persona e impedir que escuchemos la voz de Dios. En un sentido espiritual, el ruido no deja oír a quienes más debemos escuchar: los hijos a los padres, las esposas a sus esposos, y todos nosotros al Señor.
La palabra "ruido" se traduce del latín rugitus, que significa rugido o estruendo. Según el diccionario, el ruido es:
Aunque el ruido es desagradable, la gente se acostumbra a él. Sin embargo, después de los 55 decibeles el ruido ya es considerable; por encima de 75 es molesto, y más de 120 causa dolor y puede provocar sordera.
> "Y el ruido de una multitud despreocupada..."
Este ruido caracteriza a personas que no le dan importancia a lo que realmente importa. Padres despreocupados que no notan los problemas de sus hijos, o creyentes que viven en **holganza** (ociosidad, diversión y placer), perdiendo de vista sus responsabilidades espirituales.
> "Beberán y harán ruido como si estuvieran bajo los efectos del vino"
El ruido del vino aleja a las personas de la realidad, impidiendo que sean conscientes de su verdadera situación. La Biblia advierte que el vino atrapa como serpiente; por eso, solo debemos llenarnos del vino celestial, no de excesos que nos desconectan de Dios.
> "Quita de mí el ruido de tus cánticos"
Israel cantaba, pero para Dios era ruido. ¿Por qué? Porque buscaban lo malo en lugar de lo bueno. Cuando vivimos haciendo lo malo, incluso nuestra alabanza se convierte en ruido. Debemos ser espirituales para distinguir entre alabanza verdadera y ruido religioso.
> "Y las puertas de afuera se cerrarán por lo bajo del ruido de la muela" (Ezequiel)
La muela que molía grano representa el afán por el dinero. Moisés molió el becerro de oro (Éxodo 32:20), símbolo de la idolatría material. Dios quiere que tengamos lo necesario, pero trabajar para vivir, no vivir para trabajar. Salomón advierte que solo trabajar sin disfrutar es "vanidad de vanidades" y "angustia de espíritu".
En Josué, Moisés escuchó ruido en el campamento y tuvo que discernir: "No es ruido de gritos de victoria, ni es ruido de lamento de derrota, sino que oigo voces de canto". Esta es una tarea espiritual para cada creyente:
Dios quiere liberarte de cargas, preocupaciones, afanes del mundo y ruidos espirituales que te impiden disfrutar la vida nueva en Cristo. Identifica qué ruidos estás cargando—despreocupación, excesos, religiosidad vacía o materialismo—y despójate de ellos en el nombre de Jesús.
Cuando silenciamos el ruido, podemos escuchar claramente la voz del Padre, disfrutar Su presencia y correr con libertad la carrera que Él ha puesto delante de nosotros.