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EL HOLOCAUSTO DEL CORDERO DE DIOS

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5 Por lo cual, entrando en el mundo, dice: Sacrificio y presente no quisiste; mas me apropiaste cuerpo: 6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. 7 Entonces dije: Heme aquí (En la cabecera del libro está escrito de mí) para que haga, oh Dios, tu voluntad. 8 Diciendo arriba: Sacrificio y presente, y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron, (las cuales cosas se ofrecen según la ley,) 9 entonces dijo: Heme aquí para que haga, oh Dios, tu voluntad. Quita lo primero, para establecer lo postrero.

HEBREOS 10:5-9 RV-1909

La Biblia enseña que la paga del pecado es la muerte y por cuanto todos los seres humanos pecaron están separados de la gloria de Dios y condenados a la muerte eterna (Ro. 6:23; 3:23), pero Dios, por su misericordia, proporcionó los medios de expiación para cubrir y perdonar los pecados de la humanidad, por eso vemos que instruyó a Israel a ofrecerle holocaustos continuamente; sin embargo, esos sacrificios y holocaustos eran imperfectos y por lo tanto no borraban el pecado de las personas, sino que solamente lo cubrían (He. 10:11). Por eso se necesitaba del sacrificio que sería perfecto y lograría quitar y borrar completamente las transgresiones, pecados e iniquidades de cada ser humano.

En el libro de Apocalipsis leemos que, desde antes de la fundación del mundo, Dios predestinó al Cordero para que a su debido tiempo se ofreciera en sacrificio y holocausto perfecto para quitar, borrar y perdonar las transgresiones, pecados e iniquidades de cada ser humano que creyera en Él (Ap. 13:8); asimismo, en el libro de Génesis se anticipa que la serpiente atacaría y heriría1 al Cordero; es decir que lo agobiaría, lo golpearía y, a consecuencia de su mordida, lo haría derramar sangre (Gn. 3:15; Mt. 17:22-23). También en Isaías se profetizó que el Cordero sería herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, castigado para darnos paz, llagado para darnos sanidad; tendría angustia y aflicción, pero no abriría su boca; lo llevarían al matadero, pero él enmudecería y no abriría su boca; finalmente moriría al poner su vida en expiación por muchos, pero no quedaría muerto sino que resucitaría para vivir por largos días (Is. 53:5-11).

Cuando se cumplió el tiempo de la promesa, Juan el Bautista anunció la revelación de que Jesús era el Cordero que Dios había prometido y anunciado muchas veces y a lo largo del tiempo para quitar, expiar, borrar y perdonar el pecado del mundo (Jn. 1:29)

Ahora bien, para comprender la grandeza del sacrificio de Jesucristo, el Cordero de Dios, para expiar, borrar y perdonar el pecado del mundo, debemos conocer cómo se realizaban los sacrificios para la expiación del pecado en el Antiguo Testamento.

El libro de Levítico nos explica que para expiar el pecado del pueblo cada año se ofrecían sacrificios en holocaustos2 al Señor; los holo-caustos consistían en quemar completamente en el altar de bronce los sacrificios ofrecidos.

Es decir que cuando la Biblia habla del sacrificio del Cordero de Dios para expiar el pecado del mundo; se refiere a que Jesús fue sacrificado en la cruz y después fue quemado completamente en el lago de fuego para expiar, borrar y perdonar el pecado del mundo (Jn. 1:29, 36; Ap. 5:6, 8-9, 12)

1. EL HOLOCAUSTO DEL CORDERO DE LA LEY Y EL HOLOCAUSTO DEL CORDERO DE DIOS, LEVÍTICO 1:4-6

4 Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto; y él lo aceptará para expiarle. 5 Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes, hijos de Aarón, ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está á la puerta del tabernáculo del testimonio. 6 Y desollará el holocausto, y lo dividirá en sus piezas. (Lv. 1:4-6 RV-1909)

En el Antiguo Testamento se ponían las manos sobre la cabeza del holocausto para expiar el pecado de quien lo ofrecía. En el Nuevo Testamento se impusieron las manos sobre Jesús para que llevara el pecado del mundo (Lv. 1:4; Is. 53:6; 11; Mt. 26:39)

En el Antiguo Testamento se podía ofrecer un cordero del rebaño para el holocausto. En el Nuevo Testamento Jesucristo es el Cordero que Dios proveyó para el holocausto del sacrificio perfecto (Lv. 1:10; Jn. 1:29; 36)

Cuando la ofrenda para el holocausto era del rebaño, se ofrecía un macho perfecto. Jesucristo fue probado y hallado perfecto, porque no tenía ninguna falta (Lv. 1:10; Lc. 23:4; Jn. 18:38; 19:4)

El Sumo Sacerdote sacrificaba al cordero degollándolo al lado norte del altar y rociaba su sangre sobre y alrededor el altar. El Señor Jesús fue obediente hasta la muerte de cruz y derramó toda su sangre en la cruz del Calvario (Lv. 1:11; Fil. 2:8; Ap. 5:6; He. 13:12; Mt. 27:35; Lc. 22:20; Jn. 19:34)

El Sumo Sacerdote sacrificaba al cordero degollándolo al lado norte del altar y rociaba su sangre sobre y alrededor el altar. El Señor Jesús fue obediente hasta la muerte de cruz y derramó toda su sangre en la cruz del Calvario para limpiar, borrar y perdonar nuestras transgresio-nes, pecados e iniquidades (Lv. 1:11; Fil. 2:8; Ap. 5:6; He. 13:12; Mt. 27:35; Lc. 22:20; Jn. 19:34; He. 9:13-14; 12:24)

Después de sacrificar al cordero, el Sumo Sacerdote lo cortaba en pedazos, con su cabeza y sebo; Jesucristo fue molido1 por nuestros pecados; es decir que fue desmenuzado, batido a pedazos y quebrado en trozos a causa de nuestros pecados (Lv. 1:12; Is. 53:5)

Después los pedazos, la cabeza, el cebo de los intestinos, las entrañas y las piernas eran acomodadas en el altar del holocausto y todo era quemado completamente por el fuego. Jesús, el Cordero de Dios, descendió al lago de fuego para ser quemado completamente y de esa manera sustituirnos en la muerte segunda (Lv. 1:12-13; Sal. 40:6-8; 139:15; Zac. 3:1-2; Ef. 5:2; He. 10:5-6; Ap. 20:14-15)

En el Antiguo Testamento los holocaustos se tenían que ofrecer siempre cada año; sin embargo, el Señor Jesús se ofreció en sacrificio y holocausto UNA SOLA VEZ Y PARA SIEMPRE porque su sacrificio fue agradable al Padre y resucitó del lago de fuego al tercer día, tal como estaba escrito acerca de la señal del profeta Jonás (He. 10:1, 3-4; 9:25-28; Mt. 12:39-40)

2. ALGUNOS DE LOS ACONTECIMIENTOS OCURRIDOS DURANTE EL HOLOCAUSTO DE JESÚS, MATEO 27:46

45 Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 46 Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?, (Mt. 27:45-46 RV-1909)

Veamos algunos aspectos relacionados al sacrificio del Señor Jesús:

a. Muerte espiritual, Mateo 27:46

Desde ese momento el Padre abandonó a Jesús porque en nuestro salvador se habían cargado todos los pecados de la humanidad; tal como ocurría con el Cordero del holocausto (Lv. 1:4)

b. Muerte del alma, Lucas 12:49-50

La primera etapa del sacrificio del Señor Jesús fue en la cruz y la segunda en el lago de fuego cuando fue ofrecido en holocausto, pero el Espíritu Santo lo resucitó para cumplir con el plan del Altísimo (Mt. 10:20; Mt. 12:39-40; Ro. 8:11).

c. Muerte física, Lucas 23:46

Cuando Jesús hizo todo lo que estaba escrito de Él, encomendó y entregó su espíritu al Padre y entregó su vida (Jn. 10:17-18; Mt. 27:50; Mr. 15:37; Jn. 19:30)

3. UNA FIGURA DEL SACRIFICIO Y HOLOCAUSTO DE JESÚS, GÉNESIS 22:1-8

6 Y tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo: y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. 7 Entonces habló Isaac á Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. (Gn. 22:6-8 RV-1909)

Cuando Abraham fue a ofrecer a Isaac en holocausto (Gn. 22:1-7), es una hermosa figura del sacrificio y holocausto de Jesús. Veamos muy resumidamente algunos aspectos:

El Padre había prometido desde antes de la fundación del mundo que habrían un sacrificio perfecto que lograría quitar, borrar y perdonar los pecados de la humanidad; por ello su Hijo Jesucristo fue ofrecido en holocausto para pagar por nuestros pecados.

Cuando el Señor estaba en la cruz vio a su amada iglesia; es decir a cada uno de nosotros y por eso no se bajó de ella, sino que sufrió con gozo (He. 12:1-2); por ello nosotros debemos corresponderle al Señor y no menospreciar su gran sacrificio.




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