En el principio cre Dios los cielos y la tierra.
La tierra estaba desordenada y vaca, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el espritu de Dios se mova sobre la faz de las aguas.
Dijo Dios: "Sea la luz". Y fue la luz.
Vio Dios que la luz era buena, y separ la luz de las tinieblas.
Llam a la luz "Da", y a las tinieblas llam "Noche". Y fue la tarde y la maana del primer da.
Luego dijo Dios: "Haya un firmamento en medio de las aguas, para que separe las aguas de las aguas".
E hizo Dios un firmamento que separ las aguas que estaban debajo del firmamento, de las aguas que estaban sobre el firmamento. Y fue as.
Al firmamento llam Dios "Cielos". Y fue la tarde y la maana del segundo da.
Dijo tambin Dios: "Renanse las aguas que estn debajo de los cielos en un solo lugar, para que se descubra lo seco". Y fue as.
A la parte seca llam Dios "Tierra", y al conjunto de las aguas lo llam "Mares". Y vio Dios que era bueno.
Despus dijo Dios: "Produzca la tierra hierba verde, hierba que d semilla; rbol que d fruto segn su especie, cuya semilla est en l, sobre la tierra". Y fue as.
Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla segn su naturaleza, y rbol que da fruto, cuya semilla est en l, segn su especie. Y vio Dios que era bueno.
Y fue la tarde y la maana del tercer da.
Dijo luego Dios: "Haya lumbreras en el firmamento de los cielos para separar el da de la noche, que sirvan de seales para las estaciones, los das y los aos,
y sean por lumbreras en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra". Y fue as.
E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que seoreara en el da, y la lumbrera menor para que seoreara en la noche; e hizo tambin las estrellas.
Las puso Dios en el firmamento de los cielos para alumbrar sobre la tierra,
seorear en el da y en la noche y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.
Y fue la tarde y la maana del cuarto da.
Dijo Dios: "Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en el firmamento de los cielos".
Y cre Dios los grandes monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron segn su especie, y toda ave alada segn su especie. Y vio Dios que era bueno.
Y los bendijo Dios, diciendo: "Fructificad y multiplicaos, llenad las aguas en los mares y multiplquense las aves en la tierra".
Y fue la tarde y la maana del quinto da.
Luego dijo Dios: "Produzca la tierra seres vivientes segn su especie: bestias, serpientes y animales de la tierra segn su especie". Y fue as.
E hizo Dios los animales de la tierra segn su especie, ganado segn su especie y todo animal que se arrastra sobre la tierra segn su especie. Y vio Dios que era bueno.
Entonces dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra".
Y cre Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre; varn y hembra los cre.
Los bendijo Dios y les dijo: "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra".
Despus dijo Dios: "Mirad, os he dado toda planta que da semilla, que est sobre toda la tierra, as como todo rbol en que hay fruto y da semilla. De todo esto podris comer.
"Pero a toda bestia de la tierra, a todas las aves de los cielos y a todo lo que tiene vida y se arrastra sobre la tierra, les doy toda planta verde para comer". Y fue as.
Y vio Dios todo cuanto haba hecho, y era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la maana del sexto da.
Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos.
El sptimo da concluy Dios la obra que hizo, y repos el sptimo da de todo cuanto haba hecho.
Entonces bendijo Dios el sptimo da y lo santific, porque en l repos de toda la obra que haba hecho en la creacin.
Estos son los orgenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados. Cuando Jehov Dios hizo la tierra y los cielos,
an no haba ninguna planta del campo sobre la tierra ni haba nacido ninguna hierba del campo, porque Jehov Dios todava no haba hecho llover sobre la tierra ni haba hombre para que labrara la tierra,
sino que suba de la tierra un vapor que regaba toda la faz de la tierra.
Entonces Jehov Dios form al hombre del polvo de la tierra, sopl en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente.
Jehov Dios plant un huerto en Edn, al oriente, y puso all al hombre que haba formado.
E hizo Jehov Dios nacer de la tierra todo rbol delicioso a la vista y bueno para comer; tambin el rbol de la vida en medio del huerto, y el rbol del conocimiento del bien y del mal.
Sala de Edn un ro para regar el huerto, y de all se reparta en cuatro brazos.
El primero se llama Pisn; es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro.
El oro de aquella tierra es bueno; y hay all tambin bedelio y nice.
El segundo ro se llama Gihn; es el que rodea toda la tierra de Cus.
El tercer ro se llama Hidekel; es el que va al oriente de Asiria. El cuarto ro es el ufrates.
Tom, pues, Jehov Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edn, para que lo labrara y lo cuidara.
Y mand Jehov Dios al hombre, diciendo: "De todo rbol del huerto podrs comer;
pero del rbol del conocimiento del bien y del mal no comers, porque el da que de l comas, ciertamente morirs".
Despus dijo Jehov Dios: "No es bueno que el hombre est solo: le har ayuda idnea para l".
Jehov Dios form, pues, de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos, y las trajo a Adn para que viera cmo las haba de llamar; y el nombre que Adn dio a los seres vivientes, ese es su nombre.
Y puso Adn nombre a toda bestia, a toda ave de los cielos y a todo ganado del campo; pero no se hall ayuda idnea para l.
Entonces Jehov Dios hizo caer un sueo profundo sobre Adn y, mientras este dorma, tom una de sus costillas y cerr la carne en su lugar.
De la costilla que Jehov Dios tom del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
Dijo entonces Adn: "Esta s que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Ser llamada "Mujer", porque del hombre fue tomada".
Por tanto dejar el hombre a su padre y a su madre, se unir a su mujer y sern una sola carne.
Estaban ambos desnudos, Adn y su mujer, pero no se avergonzaban.
La serpiente era ms astuta que todos los animales del campo que Jehov Dios haba hecho, y dijo a la mujer: -- Conque Dios os ha dicho: "No comis de ningn rbol del huerto"?
La mujer respondi a la serpiente: -- Del fruto de los rboles del huerto podemos comer,
pero del fruto del rbol que est en medio del huerto dijo Dios: "No comeris de l, ni lo tocaris, para que no muris".
Entonces la serpiente dijo a la mujer: -- No moriris.
Pero Dios sabe que el da que comis de l sern abiertos vuestros ojos y seris como Dios, conocedores del bien y el mal.
Al ver la mujer que el rbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabidura, tom de su fruto y comi; y dio tambin a su marido, el cual comi al igual que ella.
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Cosieron, pues, hojas de higuera y se hicieron delantales.
Luego oyeron la voz de Jehov Dios que se paseaba por el huerto, al aire del da; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehov Dios entre los rboles del huerto.
Pero Jehov Dios llam al hombre, y le pregunt: -- Dnde ests?
l respondi: -- O tu voz en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo; por eso me escond.
Entonces Dios le pregunt: -- Quin te ense que estabas desnudo? Acaso has comido del rbol del cual yo te mand que no comieras?
El hombre le respondi: -- La mujer que me diste por compaera me dio del rbol, y yo com.
Entonces Jehov Dios dijo a la mujer: -- Qu es lo que has hecho? Ella respondi: -- La serpiente me enga, y com.
Y Jehov Dios dijo a la serpiente: -- Por cuanto esto hiciste, maldita sers entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre te arrastrars y polvo comers todos los das de tu vida.
Pondr enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herir en la cabeza, y t la herirs en el taln.
A la mujer dijo: -- Multiplicar en gran manera los dolores en tus embarazos, con dolor dars a luz los hijos, tu deseo ser para tu marido y l se enseorear de ti.
Y al hombre dijo: -- Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer y comiste del rbol de que te mand diciendo: "No comers de l", maldita ser la tierra por tu causa; con dolor comers de ella todos los das de tu vida,
espinos y cardos te producir y comers plantas del campo.
Con el sudor de tu rostro comers el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volvers.
A su mujer Adn le puso por nombre Eva, por cuanto ella fue la madre de todos los vivientes.
Y Jehov Dios hizo para el hombre y su mujer tnicas de pieles, y los visti.
Luego dijo Jehov Dios: "El hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conocedor del bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, tome tambin del rbol de la vida, coma y viva para siempre".
Y lo sac Jehov del huerto de Edn, para que labrara la tierra de la que fue tomado.
Ech, pues, fuera al hombre, y puso querubines al oriente del huerto de Edn, y una espada encendida que se revolva por todos lados para guardar el camino del rbol de la vida.
Conoci Adn a su mujer Eva, la cual concibi y dio a luz a Can, y dijo: "Por voluntad de Jehov he adquirido un varn".
Despus dio a luz a su hermano Abel. Fue Abel pastor de ovejas y Can, labrador de la tierra.
Pasado un tiempo, Can trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehov.
Y Abel trajo tambin de los primognitos de sus ovejas, y de la grasa de ellas. Y mir Jehov con agrado a Abel y a su ofrenda;
pero no mir con agrado a Can ni a su ofrenda, por lo cual Can se enoj en gran manera y decay su semblante.
Entonces Jehov dijo a Can: -- Por qu te has enojado y por qu ha decado tu semblante?
Si hicieras lo bueno, no seras enaltecido?; pero si no lo haces, el pecado est a la puerta, acechando. Con todo, t lo dominars.
Can dijo a su hermano Abel: "Salgamos al campo". Y aconteci que estando ellos en el campo, Can se levant contra su hermano Abel y lo mat.
Entonces Jehov pregunt a Can: -- Dnde est Abel, tu hermano? Y l respondi: -- No s. Soy yo acaso guarda de mi hermano?
Jehov le dijo: -- Qu has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a m desde la tierra.
Ahora, pues, maldito seas de la tierra, que abri su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.
Cuando labres la tierra, no te volver a dar sus frutos; errante y extranjero sers en ella.
Entonces Can respondi a Jehov: -- Grande es mi culpa para ser soportada.
Hoy me echas de la tierra, y habr de esconderme de tu presencia, errante y extranjero en la tierra; y suceder que cualquiera que me encuentre, me matar.
Le respondi Jehov: -- Ciertamente cualquiera que mate a Can, siete veces ser castigado. Entonces Jehov puso seal en Can, para que no lo matara cualquiera que lo encontrase.
Sali, pues, Can de delante de Jehov, y habit en tierra de Nod, al oriente de Edn.
Conoci Can a su mujer, la cual concibi y dio a luz a Enoc; y edific una ciudad, a la cual dio el nombre de su hijo, Enoc.
A Enoc le naci Irad, e Irad engendr a Mehujael; Mehujael engendr a Metusael, y Metusael engendr a Lamec.
Lamec tom para s dos mujeres: el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila.
Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y cran ganados.
Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta.
Tambin Zila dio a luz a Tubal-can, artfice de toda obra de bronce y de hierro, y a Naama, hermana de Tubal-can.
Un da, Lamec dijo a sus mujeres: "Ada y Zila, od mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mis palabras: A un hombre mat por haberme herido y a un joven por haberme golpeado.
Si siete veces ser vengado Can, Lamec lo ser setenta veces siete".
Conoci de nuevo Adn a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llam su nombre Set, pues dijo: "Dios me ha dado otro hijo en lugar de Abel, a quien mat Can".
Y a Set tambin le naci un hijo, al que puso por nombre Ens. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehov.
Este es el libro de los descendientes de Adn. El da en que cre Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.
Hombre y mujer los cre; y los bendijo, y les puso por nombre Adn el da en que fueron creados.
Vivi Adn ciento treinta aos, y engendr un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Set.
Fueron los das de Adn despus que engendr a Set, ochocientos aos, y engendr hijos e hijas.
As que Adn vivi novecientos treinta aos, y muri.
Vivi Set ciento cinco aos, y engendr a Ens.
Despus que engendr a Ens, Set vivi ochocientos siete aos, y engendr hijos e hijas.
As, todos los das de Set fueron novecientos doce aos, y muri.
Vivi Ens noventa aos, y engendr a Cainn.
Despus que engendr a Cainn, Ens vivi ochocientos quince aos, y engendr hijos e hijas.
As, todos los das de Ens fueron novecientos cinco aos, y muri.
Vivi Cainn setenta aos, y engendr a Mahalaleel.
Despus que engendr a Mahalaleel, Cainn vivi ochocientos cuarenta aos, y engendr hijos e hijas.
As, todos los das de Cainn fueron novecientos diez aos, y muri.
Vivi Mahalaleel sesenta y cinco aos, y engendr a Jared.
Despus que engendr a Jared, Mahalaleel vivi ochocientos treinta aos, y engendr hijos e hijas.
As, todos los das de Mahalaleel fueron ochocientos noventa y cinco aos, y muri.
Vivi Jared ciento sesenta y dos aos, y engendr a Enoc.
Despus que engendr a Enoc, Jared vivi ochocientos aos, y engendr hijos e hijas.
As, todos los das de Jared fueron novecientos sesenta y dos aos, y muri.
Vivi Enoc sesenta y cinco aos, y engendr a Matusaln.
Despus que engendr a Matusaln, camin Enoc con Dios trescientos aos, y engendr hijos e hijas.
As, todos los das de Enoc fueron trescientos sesenta y cinco aos.
Camin, pues, Enoc con Dios, y desapareci, porque lo llev Dios.
Vivi Matusaln ciento ochenta y siete aos, y engendr a Lamec.
Despus que engendr a Lamec, Matusaln vivi setecientos ochenta y dos aos, y engendr hijos e hijas.
As, pues, todos los das de Matusaln fueron novecientos sesenta y nueve aos, y muri.
Vivi Lamec ciento ochenta y dos aos, engendr un hijo
y le puso por nombre No, pues dijo: "Este nos aliviar de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos en la tierra que Jehov maldijo".
Despus que engendr a No, Lamec vivi quinientos noventa y cinco aos, y engendr hijos e hijas.
As, todos los das de Lamec fueron setecientos setenta y siete aos, y muri.
No tena quinientos aos cuando engendr a Sem, a Cam y a Jafet.
Aconteci que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas,
al ver los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas tomaron para s mujeres, escogiendo entre todas.
Entonces dijo Jehov: "No contender mi espritu con el hombre para siempre, porque ciertamente l es carne; pero vivir ciento veinte aos".
Haba gigantes en la tierra en aquellos das, y tambin despus que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Estos fueron los hombres valientes que desde la antigedad alcanzaron renombre.
Vio Jehov que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazn solo era de continuo el mal;
y se arrepinti Jehov de haber hecho al hombre en la tierra, y le doli en su corazn.
Por eso dijo Jehov: "Borrar de la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo, pues me arrepiento de haberlos hecho".
Pero No hall gracia ante los ojos de Jehov.
Estos son los descendientes de No: No, hombre justo, era perfecto entre los hombres de su tiempo; camin No con Dios.
Y engendr No tres hijos: Sem, Cam y Jafet.
La tierra se corrompi delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.
Y mir Dios la tierra, y vio que estaba corrompida, porque toda carne haba corrompido su camino sobre la tierra.
Dijo, pues, Dios a No: "He decidido el fin de todo ser, porque la tierra est llena de violencia a causa de ellos; y yo los destruir con la tierra.
Hazte un arca de madera de gofer; hars aposentos en el arca y la calafatears con brea por dentro y por fuera.
De esta manera la hars: de trescientos codos ser la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura y de treinta codos su altura.
Una ventana hars al arca, la acabars a un codo de elevacin por la parte de arriba y a su lado pondrs la puerta del arca; y le hars tres pisos.
Yo enviar un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir todo ser en que haya espritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morir.
Pero establecer mi pacto contigo, y t entrars en el arca, con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos.
Y de todo lo que vive, de todo ser, dos de cada especie meters en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra sern.
De las aves segn su especie, de las bestias segn su especie, de todo reptil de la tierra segn su especie, dos de cada especie entrarn contigo, para que tengan vida.
Toma contigo de todo alimento que se come y almacnalo, para que te sirva de sustento a ti y a ellos".
No lo hizo as; todo lo hizo conforme a lo que Dios haba mandado.
Dijo luego Jehov a No: "Entra t y toda tu familia en el arca, porque solo a ti he visto justo delante de m en esta generacin.
De todo animal limpio tomars siete parejas, cada macho con su hembra; pero de los animales que no son limpios, una pareja, un macho con su hembra.
Tambin de las aves de los cielos siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la tierra.
Y pasados an siete das, yo har llover sobre la tierra cuarenta das y cuarenta noches; y borrar de la faz de la tierra a todo ser viviente que hice".
E hizo No conforme a todo lo que le mand Jehov.
Era No de seiscientos aos cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra.
Y por causa de las aguas del diluvio entr No en el arca, y con l sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos.
De los animales limpios, de los animales que no eran limpios, de las aves y de todo lo que se arrastra sobre la tierra,
de dos en dos, entraron con No en el arca; macho y hembra, como Dios mand a No.
Al sptimo da, las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.
Aquel da del ao seiscientos de la vida de No, en el mes segundo, a los diecisiete das del mes, fueron rotas todas las fuentes del gran abismo y abiertas las cataratas de los cielos,
y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta das y cuarenta noches.
Aquel mismo da entraron en el arca No, sus hijos Sem, Cam y Jafet, la mujer de No y las tres mujeres de sus hijos;
todos ellos, y todos los animales salvajes segn sus especies, todos los animales domsticos segn sus especies, todo reptil que se arrastra sobre la tierra segn su especie, toda ave segn su especie y toda clase de pjaros y seres alados.
Entraron, pues, con No en el arca, de dos en dos, de todo ser en que haba espritu de vida.
Los que entraron eran macho y hembra de cada especie, como le haba mandado Dios; y Jehov le cerr la puerta.
El diluvio dur cuarenta das sobre la tierra. Las aguas crecieron y alzaron el arca, que se elev sobre la tierra.
Las aguas siguieron subiendo y creciendo en gran manera sobre la tierra y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas.
Las aguas subieron mucho sobre la tierra; todos los montes altos que haba debajo de todos los cielos quedaron cubiertos.
Quince codos ms alto subieron las aguas despus que quedaron cubiertos los montes.
Y murieron todos los seres que se mueven sobre la tierra, as las aves como el ganado y las bestias, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre.
Todo lo que tena aliento de espritu de vida en sus narices, todo lo que haba en la tierra, muri.
As fue destruido todo ser que viva sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles y las aves del cielo; fueron borrados de la tierra. Solamente qued No y los que con l estaban en el arca.
Y permanecieron las aguas ciento cincuenta das sobre la tierra.
Entonces se acord Dios de No y de todos los animales y todas las bestias que estaban con l en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra y disminuyeron las aguas.
Se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida.
Las aguas decrecan gradualmente sobre la tierra; y se retiraron las aguas al cabo de ciento cincuenta das.
Repos el arca en el mes sptimo, a los diecisiete das del mes, sobre los montes Ararat.
Las aguas fueron decreciendo hasta el mes dcimo, cuando, el primer da del mes, se descubrieron las cimas de los montes.
Sucedi que al cabo de cuarenta das abri No la ventana del arca que haba hecho
y envi un cuervo, el cual sali y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra.
Envi tambin una paloma, para ver si las aguas se haban retirado de sobre la faz de la tierra.
Pero no hall la paloma dnde posarse, y volvi a l, al arca, porque las aguas estaban an sobre la faz de toda la tierra. Entonces No extendi la mano y, tomndola, la hizo entrar consigo en el arca.
Esper an otros siete das, y volvi a enviar la paloma fuera del arca.
La paloma volvi a l a la hora de la tarde trayendo una hoja de olivo en el pico; y supo No que las aguas se haban retirado de sobre la tierra.
Esper an otros siete das, y envi la paloma, la cual no volvi ya ms a l.
Sucedi que en el ao seiscientos uno de No, en el mes primero, el primer da del mes, las aguas se secaron sobre la tierra; y quit No la cubierta del arca, mir y vio que la faz de la tierra estaba seca.
En el mes segundo, a los veintisiete das del mes, se sec la tierra.
Entonces dijo Dios a No:
"Sal del arca con tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos.
Tambin sacars todos los animales que estn contigo de toda especie, de aves, de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra; y vayan por la tierra, fructifiquen y multiplquense sobre la tierra".
Sali, pues, No con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos.
Todos los animales, todo reptil y toda ave; todo lo que se mueve sobre la tierra segn sus especies, sali del arca.
Luego edific No un altar a Jehov, y tomando de todo animal limpio y de toda ave limpia, ofreci holocausto en el altar.
Al percibir Jehov olor grato, dijo en su corazn: "No volver a maldecir la tierra por causa del hombre, porque el corazn del hombre se inclina al mal desde su juventud; ni volver a destruir todo ser viviente, como he hecho.
"Mientras la tierra permanezca no cesarn la sementera y la siega, el fro y el calor, el verano y el invierno, el da y la noche".
Bendijo Dios a No y a sus hijos, y les dijo: "Fructificad, multiplicaos y llenad la tierra.
Infundiris temor y miedo a todo animal sobre la tierra, a toda ave de los cielos, a todo lo que se mueva sobre la tierra y a todos los peces del mar; en vuestras manos son entregados.
Todo lo que se mueve y vive os servir de alimento, lo mismo que las legumbres y las plantas verdes. Os lo he dado todo.
Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeris,
porque ciertamente demandar la sangre de vuestras vidas; de manos de todo animal la demandar, y de manos del hombre. A cada hombre demandar la vida de su prjimo.
"El que derrame la sangre de un hombre, por otro hombre su sangre ser derramada, porque a imagen de Dios es hecho el hombre.
Mas vosotros fructificad y multiplicaos, procread abundantemente en la tierra y multiplicaos en ella".
Tambin dijo Dios a No y a sus hijos:
"Yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes despus de vosotros;
con todo ser viviente que est con vosotros: aves, animales y toda bestia de la tierra que est con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra.
Establecer mi pacto con vosotros, y no volver a exterminar a todos los seres vivos con aguas de diluvio, ni habr ms diluvio para destruir la tierra".
Asimismo dijo Dios: "Esta es la seal del pacto que yo establezco a perpetuidad con vosotros y con todo ser viviente que est con vosotros:
Mi arco he puesto en las nubes, el cual ser por seal de mi pacto con la tierra.
Y suceder que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejar ver mi arco en las nubes.
Y entonces me acordar de mi pacto con vosotros y todo ser viviente de toda especie; y no habr ms diluvio de aguas para destruir todo ser vivo.
Estar el arco en las nubes; lo ver y me acordar del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con todo lo que tiene vida sobre la tierra".
Dijo, pues, Dios a No: "Esta es la seal del pacto que he establecido entre m y todo lo que tiene vida sobre la tierra".
Los hijos de No que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canan.
Estos tres fueron los hijos de No, y de ellos se pobl toda la tierra.
Despus comenz No a labrar la tierra y plant una via.
Bebi el vino, se embriag y se desnud en medio de su tienda.
Cam, padre de Canan, vio la desnudez de su padre y lo dijo a sus dos hermanos que estaban fuera.
Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrs cubrieron la desnudez de su padre. Al tener vueltos sus rostros, no vieron la desnudez de su padre.
Cuando despert No de su embriaguez y supo lo que le haba hecho su hijo ms joven,
dijo: "Maldito sea Canan! Siervo de siervos ser a sus hermanos!".
Y aadi: "Bendiga Jehov, mi Dios, a Sem y sea Canan su siervo!
Engrandezca Dios a Jafet, que habite en las tiendas de Sem y sea Canan su siervo!".
Despus del diluvio, No vivi trescientos cincuenta aos.
Todos los das de No fueron novecientos cincuenta aos, y muri.
Estos son los descendientes de los hijos de No: Sem, Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos despus del diluvio.
Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javn, Tubal, Mesec y Tiras.
Los hijos de Gomer: Askenaz, Rifat y Togarma.
Los hijos de Javn: Elisa, Tarsis, Quitim y Dodanim.
De estos se poblaron las costas, cada cual segn su lengua, conforme a sus linajes y naciones.
Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canan.
Los hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca. Y los hijos de Raama: Seba y Dedn.
Cus engendr a Nimrod, quien lleg a ser el primer poderoso en la tierra.
Este fue vigoroso cazador delante de Jehov, por lo cual se dice: "As como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehov".
Y fueron cabeceras de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, ciudades en la tierra de Sinar.
De esta tierra sali para Asiria, y edific Nnive, Rehobot, Cala
y Resn entre Nnive y Cala, la cual es ciudad grande.
Mizraim engendr a Ludim, a Anamim, a Lehabim, a Naftuhim,
a Patrusim, a Casluhim, de donde salieron los filisteos, y a Caftorim.
Canan engendr a Sidn, su primognito, a Het,
al jebuseo, al amorreo, al gergeseo,
al heveo, al araceo, al sineo,
al arvadeo, al zemareo y al hamateo; y despus se dispersaron las familias de los cananeos.
El territorio de los cananeos iba desde Sidn, en direccin a Gerar, hasta Gaza; y en direccin de Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboim, hasta Lasa.
Estos son los hijos de Cam por sus familias, sus lenguas, territorios y naciones.
Tambin le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Heber, y hermano mayor de Jafet.
Los hijos de Sem fueron Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram.
Los hijos de Aram: Uz, Hul, Geter y Mas.
Arfaxad engendr a Sala, y Sala engendr a Heber.
A Heber le nacieron dos hijos: el primero tuvo por nombre Peleg, porque en sus das fue repartida la tierra; y su hermano se llam Joctn.
Joctn engendr a Almodad, Selef, Hazar-mavet, Jera,
Adoram, Uzal, Dicla,
Obal, Abimael, Seba,
Ofir, Havila y Jobab; todos estos fueron hijos de Joctn.
Y la tierra en que habitaron iba desde Mesa, en direccin de Sefar, hasta la regin montaosa del oriente.
Estos fueron los hijos de Sem por sus familias, sus lenguas, sus territorios y naciones.
Estos son los linajes de los hijos de No segn sus descendencias y naciones. De estos se esparcieron las naciones en la tierra despus del diluvio.
Tena entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.
Aconteci que cuando salieron de oriente hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron all.
Un da se dijeron unos a otros: "Vamos, hagamos ladrillo y cozmoslo con fuego". As el ladrillo les sirvi en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla.
Despus dijeron: "Vamos, edifiqumonos una ciudad y una torre cuya cspide llegue al cielo; y hagmonos un nombre, por si furamos esparcidos sobre la faz de toda la tierra".
Jehov descendi para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.
Y dijo Jehov: "El pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; han comenzado la obra y nada los har desistir ahora de lo que han pensado hacer.
Ahora, pues, descendamos y confundamos all su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compaero".
As los esparci Jehov desde all sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
Por eso se la llam Babel, porque all confundi Jehov el lenguaje de toda la tierra, y desde all los esparci sobre la faz de toda la tierra.
Estos son los descendientes de Sem: Sem, de edad de cien aos engendr a Arfaxad, dos aos despus del diluvio.
Vivi Sem, despus que engendr a Arfaxad, quinientos aos, y engendr hijos e hijas.
Arfaxad vivi treinta y cinco aos, y engendr a Sala.
Vivi Arfaxad, despus que engendr a Sala, cuatrocientos tres aos, y engendr hijos e hijas.
Sala vivi treinta aos, y engendr a Heber.
Vivi Sala, despus que engendr a Heber, cuatrocientos tres aos, y engendr hijos e hijas.
Heber vivi treinta y cuatro aos, y engendr a Peleg.
Vivi Heber, despus que engendr a Peleg, cuatrocientos treinta aos, y engendr hijos e hijas.
Peleg vivi treinta aos, y engendr a Reu.
Vivi Peleg, despus que engendr a Reu, doscientos nueve aos, y engendr hijos e hijas.
Reu vivi treinta y dos aos, y engendr a Serug.
Vivi Reu, despus que engendr a Serug, doscientos siete aos, y engendr hijos e hijas.
Serug vivi treinta aos, y engendr a Nacor.
Vivi Serug, despus que engendr a Nacor, doscientos aos, y engendr hijos e hijas.
Nacor vivi veintinueve aos, y engendr a Tar.
Vivi Nacor, despus que engendr a Tar, ciento diecinueve aos, y engendr hijos e hijas.
Tar vivi setenta aos, y engendr a Abram, a Nacor y a Harn.
Estos son los descendientes de Tar: Tar engendr a Abram, a Nacor y a Harn, y Harn engendr a Lot.
Harn muri antes que su padre Tar en Ur de los caldeos, la tierra donde haba nacido.
Abram y Nacor tomaron para s mujeres; el nombre de la mujer de Abram era Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harn, padre de Milca y de Isca.
Pero Sarai era estril y no tena hijos.
Tom Tar a su hijo Abram, y a Lot hijo de Harn, hijo de su hijo, y a Sarai, su nuera, mujer de su hijo Abram, y sali con ellos de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canan. Pero cuando llegaron a Harn se quedaron all.
Y fueron los das de Tar doscientos cinco aos, y muri Tar en Harn.
Jehov haba dicho a Abram: "Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostrar.
Har de ti una nacin grande, te bendecir, engrandecer tu nombre y sers bendicin.
Bendecir a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldecir; y sern benditas en ti todas las familias de la tierra".
Se fue Abram, como Jehov le dijo, y con l march Lot. Tena Abram setenta y cinco aos de edad cuando sali de Harn.
Tom, pues, Abram a Sarai, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, y todos los bienes que haban ganado y las personas que haban adquirido en Harn, y salieron para ir a tierra de Canan. Llegaron a Canan,
y pas Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, donde est la encina de More. El cananeo viva entonces en la tierra.
Y se apareci Jehov a Abram, y le dijo: "A tu descendencia dar esta tierra". Y edific all un altar a Jehov, quien se le haba aparecido.
De all pas a un monte al oriente de Bet-el, y plant su tienda entre Bet-el al occidente y Hai al oriente; edific en ese lugar un altar a Jehov, e invoc el nombre de Jehov.
Luego Abram parti de all, avanzando poco a poco hacia el Neguev.
Hubo entonces hambre en la tierra; y descendi Abram a Egipto para vivir all, porque era mucha el hambre en la tierra.
Y aconteci que cuando estaba prximo a entrar en Egipto, dijo a Sarai, su mujer: "S que eres mujer de hermoso aspecto;
en cuanto te vean los egipcios, dirn: "Es su mujer". Entonces me matarn a m, y a ti te dejarn con vida.
Di, pues, que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya; as, gracias a ti, salvar mi vida".
Aconteci que cuando entr Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era muy hermosa.
Tambin la vieron los prncipes del faran, quienes la alabaron delante de l; y fue llevada la mujer a casa del faran.
Este trat bien por causa de ella a Abram, que tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.
Pero Jehov hiri al faran y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai, mujer de Abram.
Entonces el faran llam a Abram, y le dijo: "Qu es esto que has hecho conmigo? Por qu no me declaraste que era tu mujer?
Por qu dijiste: "Es mi hermana", ponindome en ocasin de tomarla para m por mujer? Ahora, pues, aqu est tu mujer; tmala y vete".
Y el faran orden a su gente que escoltara a Abram y a su mujer, con todo lo que tena.
Subi, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, con su mujer y con todo lo que tena, y con l iba Lot.
Abram era riqusimo en ganado, y en plata y oro.
Camin de jornada en jornada desde el Neguev hasta Bet-el, hasta el lugar donde haba estado antes su tienda, entre Bet-el y Hai,
al lugar del altar que antes haba edificado; e invoc all Abram el nombre de Jehov.
Tambin Lot, que iba con Abram, tena ovejas, vacas y tiendas.
Y la tierra no era suficiente para que habitaran juntos, pues sus posesiones eran muchas y no podan habitar en un mismo lugar.
Hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot. (El cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra.)
Entonces Abram dijo a Lot: "No haya ahora altercado entre nosotros dos ni entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.
No est toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de m. Si vas a la mano izquierda, yo ir a la derecha; y si a la mano derecha, yo ir a la izquierda".
Alz Lot sus ojos y vio toda la llanura del Jordn, toda ella era de riego, como el huerto de Jehov, como la tierra de Egipto en la direccin de Zoar, antes que Jehov destruyera Sodoma y Gomorra.
Entonces Lot escogi para s toda la llanura del Jordn; se fue, pues, Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro.
Abram acamp en la tierra de Canan, en tanto que Lot habit en las ciudades de la llanura y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.
Pero los habitantes de Sodoma eran malos y cometan horribles pecados contra Jehov.
Jehov dijo a Abram, despus que Lot se apart de l: "Alza ahora tus ojos y, desde el lugar donde ests, mira al norte y al sur, al oriente y al occidente.
Toda la tierra que ves te la dar a ti y a tu descendencia para siempre.
Har tu descendencia como el polvo de la tierra: que si alguno puede contar el polvo de la tierra, tambin tu descendencia ser contada.
Levntate y recorre la tierra a lo largo y a lo ancho, porque a ti te la dar".
As pues, Abram levant su tienda, se fue y habit en el encinar de Mamre, que est en Hebrn, donde edific un altar a Jehov.
Aconteci en los das de Amrafel, rey de Sinar, Arioc, rey de Elasar, Quedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de Goim,
que estos hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma, contra Birsa, rey de Gomorra, contra Sinab, rey de Adma, contra Semeber, rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.
Todos estos se juntaron en el valle del Sidim, que es el Mar Salado.
Doce aos haban servido a Quedorlaomer, y en el decimotercero se rebelaron.
En el ao decimocuarto vino Quedorlaomer con los reyes que estaban de su parte y derrotaron a los refatas en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save-quiriataim
y a los horeos en los montes de Seir, hasta la llanura de Parn, que est junto al desierto.
Despus regresaron y llegaron a En-mispat, que es Cades, y destruyeron todo el pas de los amalecitas y tambin al amorreo que habitaba en Hazezon-tamar.
Entonces salieron el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, que es Zoar, y pelearon contra ellos en el valle del Sidim;
esto es, contra Quedorlaomer, rey de Elam, Tidal, rey de Goim, Amrafel, rey de Sinar, y Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.
El valle del Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, cayeron all; los dems huyeron al monte.
Los vencedores tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron.
Tomaron tambin a Lot, hijo del hermano de Abram, que habitaba en Sodoma, y sus bienes, y se fueron.
Uno de los que escaparon fue y dio aviso a Abram, el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre, el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram.
Al oir Abram que su pariente estaba prisionero, arm a trescientos dieciocho criados nacidos en su casa, y los persigui hasta Dan.
Cay sobre ellos de noche, l con sus siervos, y los atac, y los fue siguiendo hasta Hoba, al norte de Damasco.
Recobr as todos los bienes, y tambin a su pariente Lot, los bienes de este, las mujeres y dems gente.
Cuando volva de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que con l estaban, sali el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el valle del Rey.
Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altsimo, sac pan y vino;
y lo bendijo, diciendo: "Bendito sea Abram del Dios Altsimo, creador de los cielos y de la tierra;
y bendito sea el Dios Altsimo, que entreg a tus enemigos en tus manos". Y le dio Abram los diezmos de todo.
Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: -- Dame las personas y toma para ti los bienes.
Respondi Abram al rey de Sodoma: -- He jurado a Jehov, Dios Altsimo, creador de los cielos y de la tierra,
que ni un hilo ni una correa de calzado tomar de todo lo que es tuyo, para que no digas: "Yo enriquec a Abram";
excepto solamente lo que comieron los jvenes. Pero los hombres que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, s tomarn su parte.
Despus de estas cosas vino la palabra de Jehov a Abram en visin, diciendo: -- No temas, Abram, yo soy tu escudo, y tu recompensa ser muy grande.
Respondi Abram: -- Seor Jehov, qu me dars, si no me has dado hijos y el mayordomo de mi casa es ese Eliezer, el damasceno?
Dijo tambin Abram: -- Como no me has dado prole, mi heredero ser un esclavo nacido en mi casa.
Luego vino a l palabra de Jehov, diciendo: -- No te heredar este, sino que un hijo tuyo ser el que te herede.
Entonces lo llev fuera y le dijo: -- Mira ahora los cielos y cuenta las estrellas, si es que las puedes contar. Y aadi: -- As ser tu descendencia.
Abram crey a Jehov y le fue contado por justicia.
Jehov le dijo: -- Yo soy Jehov, que te saqu de Ur de los caldeos para darte a heredar esta tierra.
Abram respondi: -- Seor Jehov, en qu conocer que la he de heredar?
Jehov le dijo: -- Treme una becerra de tres aos, una cabra de tres aos y un carnero de tres aos; y una trtola y un palomino.
Tom Abram todos estos animales, los parti por la mitad y puso cada mitad enfrente de la otra; pero no parti las aves.
Y descendan aves de rapia sobre los cuerpos muertos, pero Abram las ahuyentaba.
A la cada del sol cay sobre Abram un profundo sopor, y el temor de una gran oscuridad cay sobre l.
Entonces Jehov le dijo: -- Ten por cierto que tu descendencia habitar en tierra ajena, ser esclava all y ser oprimida cuatrocientos aos.
Pero tambin a la nacin a la cual servirn juzgar yo; y despus de esto saldrn con gran riqueza.
T, en tanto, te reunirs en paz con tus padres y sers sepultado en buena vejez.
Y tus descendientes volvern ac en la cuarta generacin, porque hasta entonces no habr llegado a su colmo la maldad del amorreo.
Cuando se puso el sol y todo estaba oscuro, apareci un horno humeante y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.
Aquel da hizo Jehov un pacto con Abram, diciendo: -- A tu descendencia dar esta tierra, desde el ro de Egipto hasta el ro grande, el ufrates:
la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos,
los heteos, los ferezeos, los refatas,
los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.
Sarai, mujer de Abram, no le daba hijos; pero tena una sierva egipcia que se llamaba Agar.
Dijo Sarai a Abram: -- Ya ves que Jehov me ha hecho estril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva, y quiz tendr hijos de ella. Atendi Abram el ruego de Sarai.
As, al cabo de diez aos de habitar Abram en Canan, su mujer Sarai tom a Agar, su sierva egipcia, y la dio por mujer a su marido Abram.
l se lleg, pues, a Agar, la cual concibi; pero al ver que haba concebido, miraba con desprecio a su seora.
Entonces Sarai dijo a Abram: -- Mi agravio sea sobre ti! Yo te di a mi sierva por mujer, pero al verse encinta me mira con desprecio. Juzgue Jehov entre t y yo!
Respondi Abram a Sarai: -- Mira, tu sierva est en tus manos. Haz con ella lo que bien te parezca. Y como Sarai la afliga, Agar huy de su presencia.
La hall el ngel de Jehov junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que est en el camino de Shur.
Y le dijo: -- Agar, sierva de Sarai, de dnde vienes y a dnde vas? Ella respondi: -- Huyo de delante de Sarai, mi seora.
Le dijo el ngel de Jehov: -- Vulvete a tu seora y ponte sumisa bajo su mano.
Le dijo tambin el ngel de Jehov: -- Multiplicar tanto tu descendencia, que por ser tanta no podr ser contada.
Y aadi el ngel de Jehov: -- Has concebido y dars a luz un hijo, y le pondrs por nombre Ismael porque Jehov ha odo tu afliccin.
Ser un hombre fiero, su mano se levantar contra todos y la mano de todos contra l; y habitar delante de todos sus hermanos.
Entonces dio Agar a Jehov, que hablaba con ella, el nombre de: "T eres el Dios que me ve", porque dijo: "Acaso no he visto aqu al que me ve?".
Por lo cual llam al pozo: "Pozo del Viviente-que-me-ve". Este pozo est entre Cades y Bered.
Agar dio a luz un hijo a Abram, y Abram puso por nombre Ismael al hijo que le dio Agar.
Abram tena ochenta y seis aos de edad cuando Agar dio a luz a Ismael.
Abram tena noventa y nueve aos de edad cuando se le apareci Jehov y le dijo: -- Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de m y s perfecto.
Yo har un pacto contigo y te multiplicar en gran manera.
Entonces Abram se postr sobre su rostro, y Dios habl con l, diciendo:
-- Este es mi pacto contigo: sers padre de muchedumbre de gentes.
No te llamars ms Abram, sino que tu nombre ser Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.
Te multiplicar en gran manera, y de ti saldrn naciones y reyes.
Establecer un pacto contigo y con tu descendencia despus de ti, de generacin en generacin: un pacto perpetuo, para ser tu Dios y el de tu descendencia despus de ti.
Te dar a ti y a tu descendencia despus de ti la tierra en que habitas, toda la tierra de Canan, en heredad perpetua; y ser el Dios de ellos.
Dijo de nuevo Dios a Abraham: -- En cuanto a ti, guardars mi pacto, t y tu descendencia despus de ti de generacin en generacin.
Este es mi pacto, que guardaris entre m y vosotros y tu descendencia despus de ti: Todo varn de entre vosotros ser circuncidado.
Circuncidaris la carne de vuestro prepucio, y ser por seal del pacto entre m y vosotros.
A los ocho das de edad ser circuncidado todo varn entre vosotros, de generacin en generacin, tanto el nacido en casa como el comprado por dinero a cualquier extranjero que no sea de tu linaje.
Debe ser circuncidado el nacido en tu casa y el comprado por tu dinero, de modo que mi pacto est en vuestra carne por pacto perpetuo.
El incircunciso, aquel a quien no se le haya cortado la carne del prepucio, ser eliminado de su pueblo por haber violado mi pacto.
Dijo tambin Dios a Abraham: -- A Sarai, tu mujer, no la llamars Sarai, sino que su nombre ser Sara.
Yo la bendecir, y tambin te dar un hijo de ella. S, la bendecir y vendr a ser madre de naciones; reyes de pueblos nacern de ella.
Entonces Abraham se postr sobre su rostro, y se ri y dijo en su corazn: "A un hombre de cien aos habr de nacerle un hijo? Y Sara, ya de noventa aos, habr de concebir?".
Y dijo Abraham a Dios: -- Ojal viva Ismael delante de ti.
Respondi Dios: -- Ciertamente Sara, tu mujer, te dar a luz un hijo y le pondrs por nombre Isaac. Confirmar mi pacto con l como pacto perpetuo para sus descendientes despus de l.
Y en cuanto a Ismael, tambin te he odo. Lo bendecir, lo har fructificar y multiplicar mucho en gran manera, engendrar doce prncipes y har de l una gran nacin.
Pero yo establecer mi pacto con Isaac, el que Sara te dar a luz el ao que viene por este tiempo.
Acab Dios de hablar con Abraham, y se alej de l.
Entonces tom Abraham a su hijo Ismael, a todos los siervos nacidos en su casa y a todos los comprados por su dinero, a todo varn de la casa de Abraham, y circuncid la carne del prepucio de ellos en aquel mismo da, como Dios le haba dicho.
Tena Abraham noventa y nueve aos de edad cuando circuncid la carne de su prepucio.
E Ismael, su hijo, tena trece aos cuando fue circuncidada la carne de su prepucio.
En el mismo da fueron circuncidados Abraham y su hijo Ismael;
todos los varones de su casa, tanto el siervo nacido en casa como el comprado del extranjero por dinero, fueron circuncidados con l.
Jehov se le apareci a Abraham en el encinar de Mamre, estando l sentado a la puerta de su tienda, a la hora de ms calor.
Alz los ojos y vio a tres varones que estaban junto a l. Al verlos sali corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, se postr en tierra
y dijo: -- Seor, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a tu siervo.
Har traer ahora un poco de agua para que lavis vuestros pies, y luego os recostaris debajo de un rbol.
Traer tambin un bocado de pan para que repongis vuestras fuerzas antes de seguir, pues por eso habis pasado cerca de vuestro siervo. Ellos dijeron: -- Haz como has dicho.
Entonces Abraham fue de prisa a la tienda donde estaba Sara, y le dijo: -- Toma enseguida tres medidas de flor de harina, amsala y haz panes cocidos debajo del rescoldo.
Corri luego Abraham a donde estaban las vacas, tom un becerro tierno y bueno, lo dio al criado y este se dio prisa a prepararlo.
Despus tom mantequilla y leche, y el becerro que haba preparado, y lo puso delante de ellos. l se qued con ellos debajo del rbol, y comieron.
Despus le preguntaron: -- Dnde est Sara, tu mujer? l respondi: -- Aqu, en la tienda.
Entonces dijo: -- De cierto volver a ti el prximo ao, y para entonces Sara, tu mujer, tendr un hijo. Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrs de l.
Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada, y a Sara ya le haba cesado el perodo de las mujeres.
Y se ri Sara para sus adentros, pensando: "Despus que he envejecido tendr deleite, siendo tambin mi seor ya viejo?".
Entonces Jehov dijo a Abraham: -- Por qu se ha redo Sara diciendo: "Ser cierto que he de dar a luz siendo ya vieja"?
Acaso hay alguna cosa difcil para Dios? Al tiempo sealado volver a ti, y para entonces Sara tendr un hijo.
Entonces Sara tuvo miedo y neg, diciendo: -- No me re. Y l dijo: -- No es as, sino que te has redo.
Los varones se levantaron de all y miraron hacia Sodoma, y Abraham iba con ellos, acompandolos.
Jehov dijo: "Encubrir yo a Abraham lo que voy a hacer,
habiendo de ser Abraham una nacin grande y fuerte y habiendo de ser benditas en l todas las naciones de la tierra?,
pues yo s que mandar a sus hijos, y a su casa despus de s, que guarden el camino de Jehov haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehov sobre Abraham lo que ha hablado acerca de l".
Entonces Jehov le dijo: -- Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra aumenta ms y ms y su pecado se ha agravado en extremo,
descender ahora y ver si han consumado su obra segn el clamor que ha llegado hasta m; y si no, lo sabr.
Se apartaron de all los varones y fueron hacia Sodoma; pero Abraham permaneci delante de Jehov.
Se acerc Abraham y le dijo: -- Destruirs tambin al justo con el impo?
Quiz haya cincuenta justos dentro de la ciudad: destruirs y no perdonars a aquel lugar por amor a los cincuenta justos que estn dentro de l?
Lejos de ti el hacerlo as, que hagas morir al justo con el impo y que el justo sea tratado como el impo. Nunca tal hagas! El Juez de toda la tierra, no ha de hacer lo que es justo?
Entonces respondi Jehov: -- Si encuentro en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonar a todo este lugar por amor a ellos.
Abraham replic y dijo: -- Te ruego, mi Seor, que me escuches, aunque soy polvo y ceniza.
Quiz falten de cincuenta justos cinco: destruirs por aquellos cinco toda la ciudad? Jehov respondi: -- No la destruir, si encuentro all cuarenta y cinco.
Volvi a hablarle Abraham: -- Quiz se encuentren all cuarenta. -- No lo har, por amor a los cuarenta -- dijo Jehov.
Abraham volvi a suplicar: -- No se enoje ahora mi Seor si le digo: quiz se encuentren all treinta. -- No lo har si encuentro all treinta -- respondi Jehov.
Abraham insisti: -- Soy muy atrevido al hablar as a mi Seor, pero quiz se encuentren all veinte. -- No la destruir -- respondi -- , por amor a los veinte.
Volvi Abraham a decir: -- No se enoje ahora mi Seor; solo hablar esta vez: quiz se encuentren all diez. -- No la destruir -- respondi Jehov -- , por amor a los diez.
Luego que acab de hablar a Abraham, Jehov se fue y Abraham volvi a su lugar.
Llegaron, pues, los dos ngeles a Sodoma a la cada de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levant a recibirlos, se inclin hacia el suelo
y les dijo: -- Ahora, mis seores, os ruego que vengis a casa de vuestro siervo para alojaros y lavar vuestros pies. Por la maana os levantaris y seguiris vuestro camino. Ellos respondieron: -- No, esta noche nos quedaremos en la calle.
Pero Lot porfi tanto con ellos que fueron con l y entraron en su casa. All les hizo banquete, coci panes sin levadura y comieron.
Pero, antes que se acostaran, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo, desde el ms joven hasta el ms viejo.
Y llamaron a Lot, gritando: -- Dnde estn los hombres que vinieron a ti esta noche? Scalos, para que los conozcamos.
Entonces Lot sali a ellos a la puerta, cerr la puerta tras s
y dijo: -- Os ruego, hermanos mos, que no hagis tal maldad.
Mirad, yo tengo dos hijas que no han conocido varn; os las traer y podris hacer con ellas lo que bien os parezca; solamente que a estos varones no les hagis nada, ya que han venido al amparo de mi tejado.
Ellos respondieron: -- Qutate de ah! Y aadieron: -- Vino este extrao para habitar entre nosotros, y habr de erigirse en juez? Ahora te trataremos peor que a ellos. Enseguida comenzaron a forcejear con Lot, y se acercaron para romper la puerta.
Pero los huspedes alargaron la mano, metieron a Lot en la casa con ellos y cerraron la puerta.
Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta.
Despus dijeron los huspedes a Lot: -- Tienes aqu alguno ms? Saca de este lugar a tus yernos, hijos e hijas, y todo lo que tienes en la ciudad,
porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra la gente de esta ciudad ha subido de punto delante de Jehov. Por tanto, Jehov nos ha enviado a destruirla.
Entonces sali Lot y habl a sus yernos, los que haban de tomar sus hijas, y les dijo: -- Levantaos, salid de este lugar, porque Jehov va a destruir esta ciudad! Pero sus yernos pensaron que bromeaba.
Y al rayar el alba los ngeles daban prisa a Lot, diciendo: -- Levntate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que se hallan aqu, para que no perezcas en el castigo de la ciudad.
Como l se demoraba, los varones los asieron de la mano, a l, a su mujer y a sus dos hijas, segn la misericordia de Jehov para con l; lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.
Cuando ya estaban fuera, le dijeron: -- Escapa por tu vida; no mires atrs ni te detengas en ningn lugar de esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.
Pero Lot les dijo: -- No, yo os ruego, seores mos.
Vuestro siervo ha hallado gracia en vuestros ojos y habis tenido mucha misericordia conmigo al salvarme la vida, pero no podr escapar al monte, no sea que me alcance el mal y muera.
Cerca de aqu hay una pequea ciudad, a la cual puedo huir. Dejadme ir all (no es en verdad pequea?) y salvar mi vida.
Uno de ellos le respondi: -- Tambin he escuchado tu splica sobre esto, y no destruir la ciudad de que has hablado.
Date prisa y escpate all, porque nada podr hacer hasta que hayas llegado. Por eso fue llamado Zoar el nombre de la ciudad.
El sol sala sobre la tierra cuando Lot lleg a Zoar.
Entonces Jehov hizo llover desde los cielos azufre y fuego sobre Sodoma y sobre Gomorra;
y destruy las ciudades y toda aquella llanura, con todos los habitantes de aquellas ciudades y el fruto de la tierra.
Entonces la mujer de Lot mir atrs, a espaldas de l, y se volvi estatua de sal.
Subi Abraham por la maana al lugar donde haba estado delante de Jehov.
Mir hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura, y vio que el humo suba de la tierra como el humo de un horno.
As, cuando Dios destruy las ciudades de la llanura, se acord de Abraham, y sac a Lot de en medio de la destruccin con que asol las ciudades donde Lot estaba.
Pero Lot subi de Zoar y habit en el monte, junto a sus dos hijas, porque tuvo miedo de quedarse en Zoar. l y sus dos hijas habitaron en una cueva.
Entonces la mayor dijo a la menor: -- Nuestro padre es viejo y no queda hombre en la tierra que se una a nosotras, conforme a la costumbre de toda la tierra.
Ven, demos a beber vino a nuestro padre; durmamos con l, y conservaremos de nuestro padre descendencia.
Dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entr la mayor y durmi con su padre; pero l no sinti cundo se acost ella ni cundo se levant.
Al da siguiente dijo la mayor a la menor: -- Yo dorm la noche pasada con mi padre; dmosle a beber vino tambin esta noche, y entra t y duerme con l, para que conservemos de nuestro padre descendencia.
Dieron, pues, a beber vino a su padre tambin aquella noche, y se levant la menor y durmi con l; pero l no ech de ver cundo se acost ella ni cundo se levant.
Las dos hijas de Lot concibieron de su padre.
La mayor dio a luz un hijo, y le puso por nombre Moab, el cual es padre de los actuales moabitas.
La menor tambin dio a luz un hijo, y llam su nombre Ben-ammi, el cual es padre de los actuales amonitas.
Del lugar donde estaba parti Abraham a la tierra del Neguev, acamp entre Cades y Shur, y habit como forastero en Gerar.
All Abraham deca de Sara, su mujer: "Es mi hermana". Entonces Abimelec, rey de Gerar, envi por Sara y la tom.
Pero Dios vino a Abimelec en sueos, de noche, y le dijo: "Vas a morir a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada y tiene marido".
Pero como Abimelec no se haba llegado a ella, le respondi: "Seor, matars tambin al inocente?
No me dijo l: "Mi hermana es", y ella tambin dijo: "Es mi hermano"? Con sencillez de mi corazn y con limpieza de mis manos he hecho esto".
Le dijo Dios en sueos: "Yo tambin s que con integridad de tu corazn has hecho esto. Y tambin yo te detuve de pecar contra m; por eso no permit que la tocaras.
Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido, porque es profeta y orar por ti para que vivas. Pero si no la devuelves, debes saber que de cierto morirs t, y todos los tuyos".
A la maana siguiente se levant Abimelec y llam a todos sus siervos. Cont todas estas cosas a odos de ellos, y los hombres sintieron mucho temor.
Despus llam Abimelec a Abraham y le dijo: -- Qu nos has hecho? En qu pequ yo contra ti, que has atrado sobre m y sobre mi reino tan gran pecado? Lo que no debiste hacer, has hecho conmigo.
Dijo tambin Abimelec a Abraham: -- Qu pensabas al hacer esto?
Abraham respondi: -- Dije para m: "Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarn por causa de mi mujer".
Pero ella a la verdad es tambin mi hermana, hija de mi padre aunque no hija de mi madre, y la tom por mujer.
Cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: "Te pido este favor: En todos los lugares adonde lleguemos, dirs de m: 'Es mi hermano' ".
Entonces Abimelec tom ovejas y vacas, siervos y siervas, se los dio a Abraham y le devolvi a Sara, su mujer.
Y dijo Abimelec: -- Mi tierra est delante de ti; habita donde bien te parezca.
Y a Sara dijo: -- He dado mil monedas de plata a tu hermano; mira que l es para ti como un velo ante los ojos de todos los que estn contigo, y as quedars justificada.
Entonces Abraham or a Dios, y Dios san a Abimelec, a su mujer y a sus siervas, las cuales tuvieron hijos,
porque Jehov, a causa de Sara, mujer de Abraham, haba cerrado completamente toda matriz de la casa de Abimelec.
Visit Jehov a Sara, como haba dicho, e hizo Jehov con Sara como le haba prometido.
Sara concibi y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el plazo que Dios le haba dicho.
Al hijo que le naci, y que dio a luz Sara, Abraham le puso por nombre Isaac.
Circuncid Abraham a su hijo Isaac a los ocho das, como Dios le haba mandado.
Tena Abraham cien aos cuando naci su hijo Isaac.
Entonces dijo Sara: "Dios me ha hecho reir, y cualquiera que lo oiga se reir conmigo".
Y aadi: "Quin le hubiera dicho a Abraham que Sara haba de amamantar hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez".
El nio creci y fue destetado, y ofreci Abraham un gran banquete el da que fue destetado Isaac.
Pero Sara vio que el hijo de Agar, la egipcia, el cual esta le haba dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac.
Por eso dijo a Abraham: "Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac, mi hijo".
Estas palabras le parecieron muy graves a Abraham, por tratarse de su hijo.
Entonces dijo Dios a Abraham: "No te preocupes por el muchacho ni por tu sierva. Escucha todo cuanto te diga Sara, porque en Isaac te ser llamada descendencia.
Tambin del hijo de la sierva har una nacin, porque es tu descendiente".
Al da siguiente, Abraham se levant muy de maana, tom pan y un odre de agua y se lo dio a Agar. Lo puso sobre su hombro, le entreg el muchacho y la despidi. Ella sali y anduvo errante por el desierto de Beerseba.
Cuando le falt el agua del odre, puso al muchacho debajo de un arbusto,
se fue y se sent enfrente, a distancia de un tiro de arco, porque deca: "No ver cuando el muchacho muera". Cuando ella se sent enfrente, el muchacho alz la voz y llor.
Oy Dios la voz del muchacho, y el ngel de Dios llam a Agar desde el cielo y le dijo: "Qu tienes, Agar? No temas, porque Dios ha odo la voz del muchacho ah donde est.
Levntate, toma al muchacho y tenlo de la mano, porque yo har de l una gran nacin".
Entonces Dios le abri los ojos, y vio una fuente de agua. Fue Agar, llen de agua el odre y dio de beber al muchacho.
Dios asisti al muchacho, el cual creci, habit en el desierto y fue tirador de arco.
Vivi en el desierto de Parn, y su madre tom para l mujer de la tierra de Egipto.
Aconteci en aquel mismo tiempo que Abimelec y Ficol, jefe de su ejrcito, le dijeron a Abraham: -- Dios est contigo en todo cuanto haces.
Ahora, pues, jrame aqu, por Dios, que no nos hars mal a m ni a mi hijo ni a mi nieto, sino que, conforme a la bondad que yo tuve contigo, hars t conmigo y con la tierra en la que ahora habitas.
Y respondi Abraham: -- Lo juro.
Pero Abraham reconvino a Abimelec a causa de un pozo de agua que los siervos de Abimelec le haban quitado.
Abimelec respondi: -- No s quin haya hecho esto, ni tampoco t me lo hiciste saber ni yo lo haba odo hasta hoy.
Entonces tom Abraham ovejas y vacas y se las dio a Abimelec, e hicieron ambos un pacto.
Pero Abraham puso aparte siete corderas del rebao,
por lo que Abimelec le pregunt: -- Qu significan esas siete corderas que has puesto aparte?
Abraham respondi: -- Que estas siete corderas recibirs de mi mano, para que me sirvan de testimonio de que yo cav este pozo.
Por esto llam a aquel lugar Beerseba, porque all juraron ambos.
Hicieron, pues, pacto en Beerseba. Luego se levantaron Abimelec y Ficol, jefe de su ejrcito, y volvieron a tierra de los filisteos.
Plant Abraham un tamarisco en Beerseba, e invoc all el nombre de Jehov, Dios eterno.
Y habit Abraham muchos das en tierra de los filisteos.
Aconteci despus de estas cosas, que Dios prob a Abraham. Le dijo: -- Abraham. Este respondi: -- Aqu estoy.
Y Dios le dijo: -- Toma ahora a tu hijo, tu nico, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moriah y ofrcelo all en holocausto sobre uno de los montes que yo te dir.
Abraham se levant muy de maana, ensill su asno, tom consigo a dos de sus siervos y a Isaac, su hijo. Despus cort lea para el holocausto, se levant y fue al lugar que Dios le haba dicho.
Al tercer da alz Abraham sus ojos y vio de lejos el lugar.
Entonces dijo Abraham a sus siervos: -- Esperad aqu con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta all, adoraremos y volveremos a vosotros.
Tom Abraham la lea del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo; luego tom en su mano el fuego y el cuchillo y se fueron los dos juntos.
Despus dijo Isaac a Abraham, su padre: -- Padre mo. l respondi: -- Aqu estoy, hijo mo. Isaac le dijo: -- Tenemos el fuego y la lea, pero dnde est el cordero para el holocausto?
Abraham respondi: -- Dios proveer el cordero para el holocausto, hijo mo. E iban juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le haba dicho, edific all Abraham un altar, compuso la lea, at a Isaac, su hijo, y lo puso en el altar sobre la lea.
Extendi luego Abraham su mano y tom el cuchillo para degollar a su hijo.
Entonces el ngel de Jehov lo llam desde el cielo: -- Abraham, Abraham! l respondi: -- Aqu estoy.
El ngel le dijo: -- No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada, pues ya s que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu nico hijo.
Entonces alz Abraham sus ojos y vio a sus espaldas un carnero trabado por los cuernos en un zarzal; fue Abraham, tom el carnero y lo ofreci en holocausto en lugar de su hijo.
Y llam Abraham a aquel lugar "Jehov proveer". Por tanto se dice hoy: "En el monte de Jehov ser provisto".
Llam el ngel de Jehov a Abraham por segunda vez desde el cielo,
y le dijo: -- Por m mismo he jurado, dice Jehov, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado a tu hijo, tu nico hijo,
de cierto te bendecir y multiplicar tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que est a la orilla del mar; tu descendencia se aduear de las puertas de sus enemigos.
En tu simiente sern benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.
Regres Abraham adonde estaban sus siervos, y juntos se levantaron y se fueron a Beerseba. Y habit Abraham en Beerseba.
Despus de estas cosas se anunci a Abraham: "Milca ha dado a luz hijos a tu hermano Nacor:
Uz, el primognito; Buz, su hermano; Kemuel, padre de Aram;
Quesed, Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel".
Betuel fue el padre de Rebeca. Estos son los ocho hijos que Milca dio a luz de Nacor, hermano de Abraham.
Y su concubina, que se llamaba Rema, dio a luz tambin a Teba, a Gaham, a Tahas y a Maaca.
Fueron ciento veintisiete los aos de la vida de Sara; tantos fueron los aos de la vida de Sara.
Sara muri en Quiriat-arba (que es Hebrn), en la tierra de Canan; y vino Abraham a hacer duelo por Sara y a llorarla.
Luego se levant Abraham de delante de su muerta y habl a los hijos de Het, diciendo:
-- Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme en propiedad una sepultura entre vosotros para llevarme a mi muerta y sepultarla.
Respondieron los hijos de Het a Abraham, diciendo:
-- yenos, seor nuestro. T eres un prncipe de Dios entre nosotros; sepulta a tu muerta en lo mejor de nuestros sepulcros, pues ninguno de nosotros te negar su sepulcro ni te impedir que entierres a tu muerta.
Abraham se levant, se inclin ante el pueblo de aquella tierra, los hijos de Het,
y habl con ellos, diciendo: -- Si en verdad queris que yo me lleve y sepulte a mi muerta, odme e interceded por m ante Efrn hijo de Zohar,
para que me d la cueva de Macpela, que tiene al extremo de su heredad; que me la d por su justo precio y as poseer una sepultura en medio de vosotros.
Como Efrn, el heteo, estaba entre los hijos de Het, respondi a Abraham en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad:
-- No, seor mo, yeme: te doy la heredad y te doy tambin la cueva que est en ella. En presencia de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta a tu muerta.
Entonces Abraham se inclin delante del pueblo de la tierra
y respondi a Efrn en presencia del pueblo del lugar, diciendo: -- Antes, si te place, te ruego que me oigas. Yo pagar el precio de la heredad; acptalo y sepultar en ella a mi muerta.
Respondi Efrn a Abraham:
-- Seor mo, escchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata, pero qu es esto entre t y yo? Entierra, pues, a tu muerta.
Entonces Abraham acept la oferta de Efrn y, en presencia de los hijos de Het, pes a Efrn el dinero que este le haba pedido, cuatrocientos siclos de plata de buena ley entre mercaderes.
As, pues, la heredad de Efrn que estaba en Macpela, al oriente de Mamre, la heredad, con la cueva que haba en ella y con todos los rboles que haba en la heredad y en todos sus contornos,
qued como propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad.
Despus de esto, Abraham sepult a Sara, su mujer, en la cueva de la heredad de Macpela, al oriente de Mamre (que es Hebrn), en la tierra de Canan.
Y la heredad, con la cueva que en ella haba, qued en manos de Abraham como una posesin para sepultura, recibida de los hijos de Het.
Ya Abraham era viejo, bien avanzado en aos; y Jehov haba bendecido en todo a Abraham.
Dijo Abraham a un criado suyo, el ms viejo de su casa, quien gobernaba todo lo que l tena: -- Pon ahora tu mano debajo de mi muslo
y jrame por Jehov, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomars para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito,
sino que irs a mi tierra y a mi parentela a tomar mujer para mi hijo Isaac.
El criado le respondi: -- Quiz la mujer no quiera venir conmigo a esta tierra. Debo, entonces, volver y llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?
Abraham le dijo: -- Cuidado con llevar all a mi hijo!
Jehov, Dios de los cielos, que me tom de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y que me habl y me jur, diciendo: "A tu descendencia dar esta tierra", l enviar su ngel delante de ti, para que t traigas de all mujer para mi hijo.
Pero si la mujer no quiere venir contigo, quedars libre de mi juramento; solamente que no lleves all a mi hijo.
Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham, su seor, y le jur sobre este negocio.
El criado tom diez camellos de los de su seor, y se fue, no sin antes escoger toda clase de regalos de lo mejor que tena su seor; se puso en camino y lleg a la ciudad de Nacor, en Mesopotamia.
Fuera de la ciudad hizo arrodillar a los camellos junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, la hora en que salen las muchachas a buscar agua.
Y dijo: "Jehov, Dios de mi seor Abraham, haz, te ruego, que hoy tenga yo un buen encuentro, y ten misericordia de mi seor Abraham.
Aqu estoy junto a la fuente de agua, cuando salen a buscar agua las hijas de los hombres de esta ciudad.
Sea, pues, que la muchacha a quien yo diga: "Baja tu cntaro, te ruego, para que yo beba", y ella responda: "Bebe, y tambin dar de beber a tus camellos", que sea esta la que t has destinado para tu siervo Isaac. En esto conocer que has hecho misericordia con mi seor".
Aconteci que antes que l acabara de hablar, sali Rebeca con su cntaro sobre el hombro. Rebeca era hija de Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham.
Esta muchacha era de aspecto muy hermoso y virgen, pues ningn hombre la haba conocido; descendi a la fuente, llen su cntaro, y se dispuso a regresar.
Entonces el criado corri hacia ella y le dijo: -- Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cntaro.
Ella respondi: -- Bebe, seor mo. Se dio prisa a bajar su cntaro, lo sostuvo entre las manos y le dio a beber.
Cuando acab de darle de beber, dijo: -- Tambin para tus camellos sacar agua, hasta que acaben de beber.
Se dio prisa y vaci su cntaro en la pila; luego corri otra vez al pozo a sacar agua y sac para todos sus camellos.
El hombre, maravillado, la contemplaba en silencio, pues quera saber si Jehov haba prosperado su viaje, o no.
Cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo y dos brazaletes que pesaban diez,
y le pregunt: -- De quin eres hija? Te ruego que me digas si en casa de tu padre hay lugar donde podamos pasar la noche.
Ella respondi: -- Soy hija de Betuel, hijo de Milca, el hijo que ella dio a Nacor.
Y aadi: -- Tambin hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar donde pasar la noche.
El hombre entonces se inclin y ador a Jehov,
y dijo: "Bendito sea Jehov, Dios de mi amo Abraham, que no apart de mi amo su misericordia y su verdad, y que me ha guiado en el camino a casa de los hermanos de mi amo".
La muchacha corri e hizo saber estas cosas en casa de su madre.
Rebeca tena un hermano que se llamaba Labn, el cual corri afuera hacia el hombre, a la fuente.
Y cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que deca: "As me habl aquel hombre", fue adonde l estaba; lo encontr con los camellos, junto a la fuente,
y le dijo: -- Ven, bendito de Jehov, por qu ests fuera? He preparado la casa, y el lugar para los camellos.
Entonces el hombre vino a la casa y Labn desat los camellos; les dio paja y forraje, y a l le dio agua para lavar sus pies, y los pies de los hombres que con l venan.
Luego le pusieron delante qu comer; pero l dijo: -- No comer hasta que haya dicho mi mensaje. -- Habla -- dijo Labn.
Y el hombre dijo: -- Soy criado de Abraham.
Jehov ha bendecido mucho a mi amo, y l se ha engrandecido; le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.
Sara, mujer de mi amo, dio a luz en su vejez un hijo a mi seor, quien le ha dado a l todo cuanto tiene.
Mi amo me hizo jurar, diciendo: "No tomars para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito,
sino que irs a la casa de mi padre, a mi parentela, y tomars mujer para mi hijo".
Yo dije: "Quiz la mujer no quiera seguirme".
Entonces l me respondi: "Jehov, en cuya presencia he andado, enviar contigo su ngel y prosperar tu camino; y tomars para mi hijo mujer de mi familia y de la casa de mi padre.
Entonces quedars libre de mi juramento, cuando hayas llegado a mi familia: si no te la dan, quedars libre de mi juramento".
"Llegu, pues, hoy a la fuente y dije: "Jehov, Dios de mi seor Abraham, si t has de prosperar ahora el camino por el cual ando,
permite que, mientras estoy junto a la fuente de agua, la muchacha que salga a buscar agua y a quien yo diga: 'Dame de beber, te ruego, un poco de agua de tu cntaro',
y ella me responda: 'Bebe t, y tambin para tus camellos sacar agua', sea esta la mujer que destin Jehov para el hijo de mi seor".
Antes que acabara de hablar en mi corazn, vi a Rebeca que sala con su cntaro sobre el hombro; descendi a la fuente, y sac agua. Entonces le dije: "Te ruego que me des de beber".
Ella, al punto, baj su cntaro del hombro y dijo: "Bebe, y tambin a tus camellos dar de beber". Yo beb, y dio tambin de beber a mis camellos.
Entonces le pregunt: "De quin eres hija?". Ella respondi: "Soy hija de Betuel hijo de Nacor, el hijo que le dio Milca". Le puse, pues, un pendiente en la nariz, y brazaletes en los brazos.
Luego me inclin, ador a Jehov y bendije a Jehov, Dios de mi seor Abraham, que me haba guiado por un camino recto para tomar la hija del hermano de mi seor para su hijo.
Ahora, pues, si estis dispuestos a hacer misericordia y ser leales con mi seor, declardmelo; y si no, declardmelo tambin, y as sabr qu debo hacer.
Entonces Labn y Betuel respondieron diciendo: -- De Jehov ha salido esto; no podemos hablarte ni mal ni bien.
Ah est Rebeca, delante de ti: tmala y vete, y sea mujer del hijo de tu seor, como lo ha dicho Jehov.
Cuando el criado de Abraham oy estas palabras, se inclin a tierra ante Jehov.
Despus sac el criado alhajas de plata, alhajas de oro y vestidos, y lo dio a Rebeca; tambin dio cosas preciosas a su hermano y a su madre.
Luego comieron y bebieron, l y los hombres que venan con l, y pasaron all la noche. Por la maana, al levantarse, el criado dijo: -- Enviadme a mi seor.
Pero el hermano y la madre de Rebeca respondieron: -- Espere la muchacha con nosotros al menos diez das, y despus ir.
l les dijo: -- No me detengis, ya que Jehov ha prosperado mi camino; despachadme para que regrese donde est mi seor.
Ellos respondieron entonces: -- Llamemos a la muchacha y preguntmosle.
Llamaron, pues, a Rebeca y le preguntaron: -- Irs t con este hombre? Ella respondi: -- S, ir.
Entonces dejaron ir a su hermana Rebeca, a su nodriza y tambin al criado de Abraham y a sus hombres.
Y bendijeron a Rebeca, diciendo: "Hermana nuestra, s madre de millares de millares, y conquisten tus descendientes la puerta de sus enemigos".
Rebeca y sus doncellas se levantaron, montaron en los camellos y siguieron al hombre. As, pues, el criado tom a Rebeca y se fue.
Mientras tanto, Isaac haba vuelto del pozo del "Viviente-que-me-ve", pues habitaba en el Neguev.
Haba salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde, y alzando sus ojos vio los camellos que venan.
Rebeca tambin alz sus ojos, vio a Isaac y descendi del camello,
pues haba preguntado al criado: -- Quin es ese hombre que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado haba respondido: -- Este es mi seor. Tom ella entonces el velo y se cubri.
El criado le cont a Isaac todo lo que haba hecho.
Luego Isaac la trajo a la tienda de su madre Sara, y tom a Rebeca por mujer y la am. As se consol Isaac de la muerte de su madre.
Abraham tom otra mujer, cuyo nombre era Cetura,
la cual le dio a luz a Zimram, Jocsn, Medn, Madin, Isbac y Sa.
Jocsn engendr a Seba y a Dedn; e hijos de Dedn fueron Asurim, Letusim y Leumim.
E hijos de Madin: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de Cetura.
Abraham dej a Isaac todo cuanto tena.
A los hijos de sus concubinas les dio Abraham regalos; pero, cuando an viva, los separ de su hijo Isaac envindolos hacia las tierras del oriente.
Los das que vivi Abraham fueron ciento setenta y cinco aos.
Exhal, pues, el espritu, y muri Abraham en buena vejez, anciano y lleno de aos; y fue reunido a su pueblo.
Lo sepultaron Isaac e Ismael, sus hijos, en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrn hijo de Zohar, el heteo, que est enfrente de Mamre,
la heredad que compr Abraham de los hijos de Het. All fueron sepultados Abraham y Sara, su mujer.
Y sucedi, despus de muerto Abraham, que Dios bendijo a Isaac, su hijo; y habit Isaac junto al pozo del "Viviente-que-me-ve".
Estos son los descendientes de Ismael hijo de Abraham, que le dio a luz Agar, la egipcia, sierva de Sara.
Estos, pues, son los nombres de los hijos de Ismael, nombrados en el orden de su nacimiento: el primognito de Ismael, Nebaiot; luego Cedar, Adbeel, Mibsam,
Misma, Duma, Massa,
Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema.
Estos son los hijos de Ismael y estos sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce jefes por sus familias.
Los aos de la vida de Ismael fueron ciento treinta y siete; exhal el espritu Ismael, muri y fue reunido a su pueblo.
Habitaron los ismaelitas desde Havila hasta Shur, que est enfrente de Egipto, en la va hacia Asiria; y muri en presencia de todos sus hermanos.
Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendr a Isaac.
Isaac tena cuarenta aos cuando tom por mujer a Rebeca, hija de Betuel, arameo de Padan-aram, hermana de Labn, arameo.
Isaac or a Jehov por su mujer, Rebeca, que era estril; lo acept Jehov, y Rebeca concibi.
Pero como los hijos luchaban dentro de ella, Rebeca pens: "Si es as, para qu vivo yo?". Y fue a consultar a Jehov;
y Jehov le respondi: "Dos naciones hay en tu seno, dos pueblos divididos desde tus entraas. Un pueblo ser ms fuerte que el otro pueblo, y el mayor servir al menor".
Cuando se cumplieron sus das para dar a luz, haba gemelos en su vientre.
El primero sali rubio; era todo velludo como una pelliza, y le pusieron por nombre Esa.
Despus sali su hermano, trabada su mano al taln de Esa, y le pusieron por nombre Jacob. Isaac tena sesenta aos de edad cuando ella los dio a luz.
Crecieron los nios. Esa fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era hombre tranquilo, que habitaba en tiendas.
Y am Isaac a Esa, porque coma de su caza; pero Rebeca amaba a Jacob.
Guis Jacob un potaje; y volviendo Esa del campo, cansado,
dijo a Jacob: -- Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. (Por eso fue llamado Edom.)
Jacob respondi: -- Vndeme en este da tu primogenitura.
Entonces dijo Esa: -- Me estoy muriendo, para qu, pues, me servir la primogenitura?
Dijo Jacob: -- Jramelo en este da. l se lo jur, y vendi a Jacob su primogenitura.
Entonces Jacob dio a Esa pan y del guisado de las lentejas; l comi y bebi, se levant y se fue. As menospreci Esa la primogenitura.
En aquel tiempo hubo hambre en la tierra -- adems de la primera que hubo en los das de Abraham--, y se fue Isaac a Gerar, adonde estaba Abimelec, rey de los filisteos.
All se le apareci Jehov, y le dijo: "No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te dir.
Habita como forastero en esta tierra. Yo estar contigo y te bendecir, porque a ti y a tu descendencia dar todas estas tierras y confirmar el juramento que hice a Abraham, tu padre.
Multiplicar tu descendencia como las estrellas del cielo y dar a tu descendencia todas estas tierras, y todas las naciones de la tierra sern benditas en tu simiente,
por cuanto oy Abraham mi voz y guard mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes".
Habit, pues, Isaac en Gerar.
Y cuando los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer, l respondi: "Es mi hermana", pues tuvo miedo de decir: "Es mi mujer", pensando que tal vez los hombres del lugar lo mataran por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto.
Sucedi despus de muchos das de estar l all, que Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana vio a Isaac que acariciaba a Rebeca, su mujer.
Entonces llam Abimelec a Isaac y le dijo: -- Ciertamente ella es tu mujer. Por qu, pues, dijiste: "Es mi hermana"? Isaac le respondi: -- Porque me dije: "Quiz morir por causa de ella".
Pero Abimelec replic: -- Por qu nos has hecho esto? Un poco ms y habra dormido alguno del pueblo con tu mujer, y t habras trado el pecado sobre nosotros.
Entonces Abimelec amenaz a todo el pueblo, diciendo: -- El que toque a este hombre o a su mujer, de cierto morir.
Sembr Isaac en aquella tierra, y cosech aquel ao el ciento por uno; y lo bendijo Jehov.
Se enriqueci y fue prosperado, y se engrandeci hasta hacerse muy poderoso.
Posea hato de ovejas, hato de vacas y mucha servidumbre; y los filisteos le tuvieron envidia.
Todos los pozos que haban abierto los criados de su padre, Abraham, en sus das, los filisteos los haban cegado y llenado de tierra.
Entonces dijo Abimelec a Isaac: -- Aprtate de nosotros, porque te has hecho mucho ms poderoso que nosotros.
Isaac se fue de all y acamp en el valle de Gerar, y all habit.
Volvi Isaac a abrir los pozos de agua que haban sido abiertos en los das de Abraham, su padre, y que los filisteos haban cegado despus de la muerte de Abraham; y los llam por los nombres que su padre los haba llamado.
Pero cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle y hallaron all un pozo de aguas vivas,
los pastores de Gerar rieron con los pastores de Isaac, diciendo: "El agua es nuestra". Por eso, al pozo le puso por nombre "Esek", porque se haban peleado por l.
Despus abrieron otro pozo y tambin rieron por causa de l, y le puso por nombre "Sitna".
Se apart de all y abri otro pozo, y ya no rieron por l; le puso por nombre Rehobot, y dijo: "Ahora Jehov nos ha prosperado y fructificaremos en la tierra".
De all subi a Beerseba.
Aquella noche se le apareci Jehov y le dijo: "Yo soy el Dios de tu padre Abraham. No temas, porque yo estoy contigo. Te bendecir, y multiplicar tu descendencia por amor de Abraham, mi siervo".
Entonces edific all un altar e invoc el nombre de Jehov. Plant all su tienda, y abrieron all un pozo los siervos de Isaac.
Abimelec vino desde Gerar adonde l estaba. Y con l vinieron Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitn de su ejrcito.
Isaac les dijo: -- Por qu vens a m, si me habis aborrecido y me habis echado de entre vosotros?
Ellos respondieron: -- Hemos visto que Jehov est contigo, y dijimos: "Haya ahora juramento entre nosotros". Haremos contigo este pacto:
T no nos hars ningn mal, pues nosotros no te hemos tocado; solamente te hemos hecho bien y te dejamos partir en paz. T eres ahora bendito de Jehov.
Entonces l les ofreci un banquete, y comieron y bebieron.
Se levantaron de madrugada y se hicieron mutuo juramento. Luego Isaac los despidi, y ellos se despidieron de l en paz.
Aquel mismo da sucedi que vinieron los criados de Isaac y le dieron la noticia del pozo que haban abierto, y le dijeron: "Hemos hallado agua".
Isaac lo llam "Seba"; por esta causa el nombre de aquella ciudad es Beerseba hasta este da.
Cuando Esa tena cuarenta aos, tom por mujer a Judit, hija de Beeri, el heteo, y a Basemat, hija de Eln, el heteo;
y fueron amargura de espritu para Isaac y para Rebeca.
Aconteci que cuando Isaac envejeci y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llam a Esa, su hijo mayor, y le dijo: -- Hijo mo! l respondi: -- Aqu estoy.
-- Ya soy viejo -- dijo Isaac -- y no s el da de mi muerte.
Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo a cazarme algo.
Hazme un guisado como a m me gusta; tremelo y comer, para que yo te bendiga antes que muera.
Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esa; y se fue Esa al campo para buscar la caza que haba de traer.
Entonces Rebeca habl a su hijo Jacob, diciendo: -- Mira, yo he odo a tu padre, que hablaba con tu hermano Esa diciendo:
"Treme caza y hazme un guisado, para que coma y te bendiga en presencia de Jehov antes que me muera".
Ahora, pues, hijo mo, obedece a mi voz en lo que te mando.
Ve ahora al ganado y treme de all dos buenos cabritos de las cabras, y har con ellos un guisado para tu padre, como a l le gusta.
T lo llevars a tu padre, y l comer, para que te bendiga antes de su muerte.
Pero Jacob dijo a Rebeca, su madre: -- Mi hermano Esa es hombre velloso, y yo lampio.
Quiz me palpar mi padre; me tendr entonces por burlador y traer sobre m maldicin y no bendicin.
Su madre respondi: -- Hijo mo, sea sobre m tu maldicin; solamente obedece a mi voz: v y tremelos.
Entonces l fue, los tom y los trajo a su madre, y su madre hizo un guisado como a su padre le gustaba.
Despus tom Rebeca los vestidos de Esa, su hijo mayor, los ms preciosos que ella tena en casa, y visti a Jacob, su hijo menor.
Luego, con las pieles de los cabritos, cubri sus manos y la parte de su cuello donde no tena vello,
y puso el guisado y el pan que haba preparado en manos de su hijo Jacob.
Entonces este fue a su padre y dijo: -- Padre mo. Isaac respondi: -- Aqu estoy, quin eres t, hijo mo?
-- Yo soy Esa tu primognito -- respondi Jacob -- . He hecho como me dijiste. Levntate ahora, sintate y come de mi caza, para que me bendigas.
Entonces Isaac dijo a su hijo: -- Cmo es que la hallaste tan pronto, hijo mo? Jacob respondi: -- Porque Jehov, tu Dios, hizo que la encontrara delante de m.
Isaac dijo a Jacob: -- Acrcate ahora y te palpar, hijo mo, para ver si eres o no mi hijo Esa.
Se acerc Jacob a su padre Isaac, quien lo palp, y dijo: "La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las de Esa".
Y no lo reconoci, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esa; y lo bendijo.
Volvi a preguntar Isaac: -- Eres t mi hijo Esa? Jacob respondi: -- Yo soy.
Dijo entonces: -- Acrcamela, y comer de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga. Jacob se la acerc, e Isaac comi; le trajo tambin vino, y bebi.
Y le dijo Isaac, su padre: -- Acrcate ahora y bsame, hijo mo.
Jacob se acerc y lo bes. Oli Isaac el olor de sus vestidos, y lo bendijo, diciendo: "Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehov ha bendecido.
Dios, pues, te d del roco del cielo y de los frutos de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto.
Srvante pueblos y las naciones se inclinen delante de ti. S seor de tus hermanos y ante ti se inclinen los hijos de tu madre. Malditos sean los que te maldigan y benditos los que te bendigan".
Aconteci, luego que Isaac acab de bendecir a Jacob, y apenas haba salido Jacob de delante de su padre Isaac, que Esa, su hermano, volvi de cazar.
E hizo l tambin un guisado, los trajo a su padre y le dijo: -- Levntese mi padre y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.
Entonces Isaac, su padre, le dijo: -- Quin eres t? Y l le dijo: -- Yo soy tu hijo, Esa, tu primognito.
Entonces se estremeci Isaac grandemente, y dijo: -- Quin es el que vino aqu, que trajo caza, y me dio y com de todo antes que t vinieras? Yo lo bendije, y ser bendito.
Cuando Esa oy las palabras de su padre, lanz una muy grande y muy amarga exclamacin, y le dijo: -- Bendceme tambin a m, padre mo.
Este le dijo: -- Vino tu hermano con engao y tom tu bendicin.
Esa respondi: -- Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoder de mi primogenitura y ahora ha tomado mi bendicin. Y aadi: -- No has guardado bendicin para m?
Isaac respondi a Esa, dicindole: -- Yo lo he puesto por seor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino lo he provisto; qu, pues, har por ti ahora, hijo mo?
Dijo entonces Esa a su padre: -- No tienes ms que una sola bendicin, padre mo? Bendceme tambin a m, padre mo! Y alz Esa la voz, y llor.
Entonces Isaac, su padre, habl y le dijo: "Ser tu morada lejos de la tierra frtil y del roco que cae de los cielos.
De tu espada vivirs, y a tu hermano servirs; pero cuando te fortalezcas sacudirs su yugo de tu cerviz".
Aborreci Esa a Jacob por la bendicin con que su padre lo haba bendecido, y dijo en su corazn: "Llegarn los das del luto por mi padre, y yo matar a mi hermano Jacob".
Fueron dichas a Rebeca las palabras de Esa, su hijo mayor; y ella envi a llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: -- Esa, tu hermano, se consuela pensando en matarte.
Ahora, pues, hijo mo, obedece a mi voz: levntate y huye a casa de mi hermano Labn, en Harn,
y qudate con l algunos das, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue,
hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti y olvide lo que le has hecho; entonces enviar yo a que te traigan de all. Por qu ser privada de vosotros dos en un solo da?
Luego dijo Rebeca a Isaac: -- Fastidio tengo de mi vida a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de entre las hijas de Het, como estas, de entre las hijas de esta tierra, para qu quiero la vida?
Entonces Isaac llam a Jacob, lo bendijo y le mand diciendo: "No tomes mujer de las hijas de Canan.
Levntate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma all mujer de las hijas de Labn, hermano de tu madre.
Que el Dios omnipotente te bendiga, te haga fructificar y te multiplique hasta llegar a ser multitud de pueblos;
que te d la bendicin de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que habitas, la que Dios dio a Abraham".
As envi Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labn hijo de Betuel, el arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esa.
Vio Esa cmo Isaac haba bendecido a Jacob y lo haba enviado a Padan-aram, para tomar all mujer para s; y que cuando lo bendijo le haba mandado diciendo: "No tomars mujer de las hijas de Canan";
y que Jacob haba obedecido a su padre y a su madre, y se haba ido a Padan-aram.
Vio asimismo Esa que las hijas de Canan no agradaban a Isaac, su padre;
y se fue Esa a Ismael, y tom para s por mujer, adems de sus otras mujeres, a Mahalat, hija de Ismael hijo de Abraham, hermana de Nebaiot.
Jacob, pues, sali de Beerseba y fue a Harn.
Lleg a un cierto lugar y durmi all, porque ya el sol se haba puesto. De las piedras de aquel paraje tomo una para su cabecera y se acost en aquel lugar.
Y tuvo un sueo: Vio una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo. ngeles de Dios suban y descendan por ella.
Jehov estaba en lo alto de ella y dijo: "Yo soy Jehov, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que ests acostado te la dar a ti y a tu descendencia.
Ser tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenders al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra sern benditas en ti y en tu simiente,
pues yo estoy contigo, te guardar dondequiera que vayas y volver a traerte a esta tierra, porque no te dejar hasta que haya hecho lo que te he dicho".
Cuando Jacob despert de su sueo, dijo: "Ciertamente Jehov est en este lugar, y yo no lo saba".
Entonces tuvo miedo y exclam: "Cun terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo".
Se levant Jacob de maana, y tomando la piedra que haba puesto de cabecera, la alz por seal y derram aceite encima de ella.
Y a aquel lugar le puso por nombre Bet-el, aunque Luz era el nombre anterior de la ciudad.
All hizo voto Jacob, diciendo: "Si va Dios conmigo y me guarda en este viaje en que estoy, si me da pan para comer y vestido para vestir
y si vuelvo en paz a casa de mi padre, Jehov ser mi Dios.
Y esta piedra que he puesto por seal ser casa de Dios; y de todo lo que me des, el diezmo apartar para ti".
Sigui luego Jacob su camino y fue a la tierra de los orientales.
Vio un pozo en el campo y tres rebaos de ovejas que yacan cerca de l, porque de aquel pozo abrevaban los ganados; y haba una gran piedra sobre la boca del pozo.
Cuando se juntaban all todos los rebaos, los pastores corran la piedra de la boca del pozo y abrevaban las ovejas; luego volvan la piedra a su lugar sobre la boca del pozo.
Jacob les pregunt: -- Hermanos mos, de dnde sois? -- De Harn somos -- respondieron ellos.
-- Conocis a Labn hijo de Nacor? -- volvi a preguntar. -- S, lo conocemos -- respondieron.
-- Est bien? -- insisti Jacob. -- Muy bien -- dijeron los pastores -- . Mira, ah viene su hija Raquel con las ovejas.
l dijo: -- Es an muy de da; no es tiempo todava de recoger el ganado. Abrevad las ovejas e id a apacentarlas.
Ellos respondieron: -- No podemos, hasta que se junten todos los rebaos y se remueva la piedra de la boca del pozo. Entonces daremos de beber a las ovejas.
Mientras l an hablaba con ellos, Raquel vino con el rebao de su padre, porque ella era la pastora.
Y sucedi que cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labn, hermano de su madre, y las ovejas de Labn, el hermano de su madre, se acerc Jacob y removi la piedra de la boca del pozo, y abrev el rebao de Labn, hermano de su madre.
Luego Jacob bes a Raquel, alz la voz y llor.
Jacob le cont a Raquel que l era hermano de su padre e hijo de Rebeca, y ella corri a dar la noticia a su padre.
Cuando Labn oy las noticias de Jacob, hijo de su hermana, corri a recibirlo y lo abraz, lo bes y lo trajo a su casa. Entonces l cont a Labn todas estas cosas.
Y Labn le dijo: -- Ciertamente eres hueso mo y carne ma. Y estuvo con l durante un mes.
Entonces dijo Labn a Jacob: -- Por ser t mi hermano me vas a servir de balde? Dime cul ha de ser tu salario.
Labn tena dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel.
Los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y hermoso parecer.
Jacob am a Raquel, y dijo: -- Yo te servir siete aos por Raquel, tu hija menor.
Labn respondi: -- Mejor es drtela a ti que a otro hombre; qudate conmigo.
As sirvi Jacob siete aos por Raquel; y le parecieron como pocos das, porque la amaba.
Un da dijo Jacob a Labn: -- Dame mi mujer, porque se ha cumplido el plazo para unirme a ella.
Entonces Labn junt a todos los hombres de aquel lugar y ofreci un banquete.
Pero sucedi que al llegar la noche tom a su hija Lea y se la trajo; y Jacob se lleg a ella.
Labn dio adems su sierva Zilpa a su hija Lea por criada.
Cuando lleg la maana, Jacob vio que era Lea, y dijo a Labn: -- Qu es esto que me has hecho? No te he servido por Raquel? Por qu, pues, me has engaado?
Labn respondi: -- No es costumbre en nuestro lugar que se d la menor antes de la mayor.
Cumple la semana de esta, y se te dar tambin la otra por el servicio que me prestes otros siete aos.
As lo hizo Jacob. Cumpli aquella semana y l le dio a su hija Raquel por mujer.
Asimismo, Labn dio su sierva Bilha a su hija Raquel por criada.
Jacob se lleg tambin a Raquel, y la am ms que a Lea; y sirvi a Labn an otros siete aos.
Vio Jehov que Lea era menospreciada, y le dio hijos; en cambio Raquel era estril.
Concibi Lea y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubn, porque dijo: "Ha mirado Jehov mi afliccin: ahora me amar mi marido".
Concibi otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: "Por cuanto oy Jehov que yo era menospreciada, me ha dado tambin este". Y le puso por nombre Simen.
Concibi otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: "Desde ahora se unir mi marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos". Por tanto, le puso por nombre Lev.
Concibi otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: "Esta vez alabar a Jehov"; por esto llam su nombre Jud. Y dej de dar a luz.
Al ver Raquel que no daba hijos a Jacob tuvo envidia de su hermana, y dijo a Jacob: -- Dame hijos, o si no, me muero.
Jacob se enoj con Raquel y le dijo: -- Soy yo acaso Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?
Entonces ella le dijo: -- Aqu est mi sierva Bilha; llgate a ella, y que d a luz sobre mis rodillas. As yo tambin tendr hijos de ella.
Le dio a Bilha, su sierva, por mujer, y Jacob se lleg a ella.
Bilha concibi y dio a luz un hijo a Jacob.
Dijo entonces Raquel: "Me juzg Dios, pues ha odo mi voz y me ha dado un hijo". Por tanto, llam su nombre Dan.
Concibi otra vez Bilha, la sierva de Raquel, y dio a luz un segundo hijo a Jacob.
Y dijo Raquel: "En contienda de Dios he luchado con mi hermana y he vencido". Le puso por nombre Neftal.
Al ver, Lea que haba dejado de dar a luz, tom a su sierva Zilpa, y la dio a Jacob por mujer.
Y Zilpa, sierva de Lea, dio a luz un hijo a Jacob.
Entonces dijo Lea: "Vino la ventura"; y le puso por nombre Gad.
Luego Zilpa, la sierva de Lea, dio a luz otro hijo a Jacob.
Y dijo Lea: "Para dicha ma, porque las mujeres me llamarn dichosa"; y le puso por nombre Aser.
En el tiempo de la siega del trigo hall Rubn en el campo unas mandrgoras que trajo a Lea, su madre. Y dijo Raquel a Lea: -- Te ruego que me des de las mandrgoras de tu hijo.
Ella respondi: -- Te parece poco que hayas tomado mi marido, para que tambin quieras llevarte las mandrgoras de mi hijo? Raquel dijo: -- Pues dormir contigo esta noche a cambio de las mandrgoras de tu hijo.
A la tarde, cuando Jacob volva del campo, sali Lea a su encuentro y le dijo: -- Llgate a m, porque a la verdad te he alquilado por las mandrgoras de mi hijo. Y durmi con ella aquella noche.
Dios oy a Lea, que concibi y dio a luz el quinto hijo a Jacob.
Y dijo Lea: "Dios me ha dado mi recompensa, por cuanto di mi sierva a mi marido"; por eso lo llam Isacar.
Despus concibi Lea otra vez, y dio a luz el sexto hijo a Jacob.
Y dijo Lea: "Dios me ha dado una buena dote; ahora vivir conmigo mi marido, porque le he dado a luz seis hijos". Y le puso por nombre Zabuln.
Por ltimo dio a luz una hija, y le puso por nombre Dina.
Pero se acord Dios de Raquel, la oy Dios y le concedi hijos.
Concibi ella y dio a luz un hijo. Y exclam: "Dios ha quitado mi afrenta";
y le puso por nombre Jos, diciendo: "Adame Jehov otro hijo".
Cuando Raquel dio a luz a Jos, Jacob dijo a Labn: -- Djame ir a mi lugar, a mi tierra.
Dame a mis mujeres, por las cuales te he servido, y a mis hijos, y djame ir; pues t sabes los servicios que te he prestado.
Labn le respondi: -- Halle yo ahora gracia en tus ojos, y qudate; he experimentado que Jehov me ha bendecido por tu causa.
Y aadi: -- Selame tu salario y yo te lo pagar.
Jacob respondi: -- T sabes cmo te he servido y cmo ha estado tu ganado conmigo,
porque poco tenas antes de mi venida, y ha crecido en gran nmero; Jehov te ha bendecido con mi llegada. Y ahora, cundo trabajar tambin para mi propia casa?
Labn le pregunt entonces: -- Qu te dar? Y respondi Jacob: -- No me des nada. Si haces esto por m, volver a apacentar tus ovejas.
Hoy pasar por entre tu rebao y apartar todas las ovejas manchadas y salpicadas de color y todas las ovejas de color oscuro, y las manchadas y salpicadas de color entre las cabras. Eso ser mi salario,
y la garanta de mi honradez el da de maana. Cuando vengas a ver lo que he ganado, toda la que no sea pintada ni manchada en las cabras, y de color oscuro entre las ovejas, se me habr de tener por robada.
Dijo entonces Labn: -- Bien, sea como t dices.
Pero Labn apart aquel mismo da los machos cabros manchados y rayados, todas las cabras manchadas y salpicadas de color, toda aquella que tena en s algo de blanco y todas las de color oscuro entre las ovejas, y las puso en manos de sus hijos.
Y puso tres das de camino entre l y Jacob. Mientras tanto, Jacob apacentaba las otras ovejas de Labn.
Tom entonces Jacob varas verdes de lamo, de avellano y de castao, y labr en ellas unas franjas blancas, descubriendo as lo blanco de las varas.
Puso las varas que haba descortezado delante del ganado, en los canales de los abrevaderos adonde venan a beber agua las ovejas, las cuales procreaban cuando venan a beber.
As conceban las ovejas delante de las varas; y paran borregos listados, pintados y salpicados de diversos colores.
Apartaba Jacob los corderos, y pona con su propio rebao los listados y todo lo que era oscuro del hato de Labn. Y pona su hato aparte, no con las ovejas de Labn.
Y suceda que cuantas veces se hallaban en celo las ovejas ms fuertes, Jacob pona las varas delante de ellas en los abrevaderos, para que concibieran a la vista de las varas.
Pero cuando venan las ovejas ms dbiles, no las pona; as, las ms dbiles eran para Labn y las ms fuertes para Jacob.
Y se enriqueci Jacob muchsimo, y tuvo muchas ovejas, siervas y siervos, camellos y asnos.
Jacob oa las palabras de los hijos de Labn, que decan: "Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza".
Miraba tambin Jacob el semblante de Labn, y vea que no era para con l como haba sido antes.
Entonces Jehov dijo a Jacob: "Vulvete a la tierra de tus padres, a tu parentela, y yo estar contigo".
Envi, pues, Jacob a llamar a Raquel y a Lea al campo donde estaban sus ovejas,
y les dijo: -- Veo que vuestro padre ya no me mira como antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo.
Vosotras sabis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre;
pero vuestro padre me ha engaado y me ha cambiado el salario diez veces, si bien Dios no le ha permitido que me hiciera dao.
Si l deca: "Los pintados sern tu salario", entonces todas las ovejas paran pintados; y si deca: "Los listados sern tu salario", entonces todas las ovejas paran listados.
As quit Dios el ganado de vuestro padre y me lo dio a m.
"Sucedi, cuando las ovejas estaban en celo, que alc yo mis ojos y vi en sueos que los machos que cubran a las hembras eran listados, pintados y abigarrados.
Y me dijo el ngel de Dios en sueos: "Jacob". Y yo respond: "Aqu estoy".
Entonces l dijo: "Alza ahora tus ojos, y vers que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados, pues yo he visto todo lo que Labn te ha hecho.
Yo soy el Dios de Bet-el, donde t ungiste la piedra y donde me hiciste un voto. Levntate ahora y sal de esta tierra; vulvete a la tierra donde naciste".
Respondieron Raquel y Lea, y le dijeron: -- Tenemos acaso parte o heredad en la casa de nuestro padre?
No nos tiene ya por extraas, pues que nos vendi y hasta se ha comido del todo lo que recibi por nosotras?
Toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre es nuestra y de nuestros hijos; ahora, pues, haz todo lo que Dios te ha dicho.
Se levant, pues, Jacob y mont a sus hijos y a sus mujeres sobre los camellos;
y puso en camino todo su ganado y todo cuanto haba adquirido (el ganado de la ganancia que haba obtenido en Padan-aram), para volverse a Isaac, su padre, en la tierra de Canan.
Como Labn haba ido a trasquilar sus ovejas, Raquel hurt los dolos de su padre;
y Jacob enga a Labn, el arameo, no dicindole que se iba.
Huy, pues, con todo lo que tena; se levant, pas el ufrates y se dirigi a los montes de Galaad.
Al tercer da le dijeron a Labn que Jacob haba huido.
Entonces Labn tom consigo a sus parientes, y fue tras Jacob. Siete das despus lo alcanz en los montes de Galaad.
Pero aquella noche vino Dios en sueos a Labn, el arameo, y le dijo: "Cudate de no hablarle a Jacob descomedidamente".
Alcanz, pues, Labn a Jacob, que haba fijado su tienda en el monte; y acamp Labn con sus parientes en los montes de Galaad.
Entonces dijo Labn a Jacob: -- Qu has hecho? Por qu me has engaado y te has llevado a mis hijas como prisioneras de guerra?
Por qu te escondiste para huir, y me engaaste, y no me lo hiciste saber para que yo te despidiera con alegra y con cantares, con tamborn y arpa?
Pues ni aun me dejaste besar a mis hijos y a mis hijas. Esta vez has obrado locamente.
Poder hay en mi mano para haceros dao; pero el Dios de tu padre me habl anoche diciendo: "Cudate de no hablarle a Jacob descomedidamente".
Y ya que te ibas, pues aorabas la casa de tu padre, por qu hurtaste mis dioses?
Respondi Jacob a Labn: -- Porque tuve miedo, pues pens que quiz me quitaras por fuerza tus hijas.
Aquel en cuyo poder halles tus dioses, que no viva! Reconoce delante de nuestros hermanos lo que yo tenga tuyo, y llvatelo. Ciertamente Jacob no saba que Raquel los haba hurtado.
Entr Labn en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea y en la tienda de las dos siervas, y no los hall. Sali de la tienda de Lea y entr en la tienda de Raquel.
Pero Raquel tom los dolos y los puso en la montura de un camello, y se sent sobre ellos. Labn rebusc por toda la tienda y no los encontr.
Entonces ella dijo a su padre: -- No se enoje mi seor, si no me puedo levantar delante de ti, pues estoy con el perodo de las mujeres. Como Labn sigui rebuscando sin hallar los dolos,
Jacob se enoj y ri con Labn, dicindole: -- Qu falta comet? Cul es mi pecado, para que con tanto ardor hayas venido en mi persecucin?
Al registrar todas mis cosas, qu has hallado de todos los enseres de tu casa? Ponlo aqu delante de mis hermanos y de los tuyos, y juzguen entre nosotros.
Estos veinte aos he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo com carnero de tus ovejas.
Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el dao; lo hurtado, as de da como de noche, a m me lo cobrabas.
De da me consuma el calor y de noche la helada, y el sueo hua de mis ojos.
As he estado veinte aos en tu casa: catorce aos te serv por tus dos hijas y seis aos por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces.
Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y Terror de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviaras ahora con las manos vacas; pero Dios ha visto mi afliccin y el trabajo de mis manos, y anoche te reprendi.
Respondi Labn y dijo a Jacob: -- Las hijas son hijas mas; los hijos, hijos mos son; las ovejas son mis ovejas, y todo lo que t ves es mo: qu les puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a los hijos que ellas han dado a luz?
Ven ahora, pues, y hagamos pacto t y yo, y sirva por testimonio entre nosotros dos.
Entonces Jacob tom una piedra y la levant por seal.
Y dijo Jacob a sus hermanos: -- Recoged piedras. Tomaron, pues, piedras e hicieron un montn, y comieron all sobre aquel montn.
Labn lo llam "Jegar Sahaduta"; y Jacob lo llam "Galaad".
Entonces Labn dijo: -- Este montn de piedras es testigo hoy entre nosotros dos. Por eso fue llamado su nombre Galaad;
y tambin Mizpa, por cuanto dijo: -- Vigile Jehov entre t y yo cuando nos apartemos el uno del otro.
Si maltratas a mis hijas o si tomas otras mujeres adems de mis hijas, aunque nadie est con nosotros, mira, Dios es testigo entre nosotros dos.
Dijo ms Labn a Jacob: -- Mira este montn de piedras y esta seal que he erigido entre t y yo.
Testigo sea este montn de piedras y testigo sea esta seal, que ni yo pasar de este montn de piedras para ir contra ti ni t pasars de este montn ni de esta seal para ir contra m, para nada malo.
Que el Dios del padre de nuestros padres, el Dios de Abraham y el Dios de Nacor, juzgue entre nosotros. Jacob jur por aquel a quien tema Isaac, su padre.
Luego Jacob inmol vctimas en el monte, y llam a sus hermanos a comer pan. Ellos comieron pan y durmieron aquella noche en el monte.
Se levant Labn de maana y bes a sus hijos y a sus hijas; los bendijo, parti y se volvi a su lugar.
Jacob sigui su camino, y le salieron al encuentro unos ngeles de Dios.
Dijo Jacob cuando los vio: "Campamento de Dios es este", y llam a aquel lugar Mahanaim.
Envi Jacob mensajeros por delante al encuentro de su hermano Esa, a la tierra de Seir, campo de Edom.
Y los mand diciendo: "Diris a mi seor Esa: "As dice tu siervo Jacob: 'Con Labn he vivido, y con l he estado hasta ahora;
tengo vacas, asnos, ovejas, siervos y siervas; y envo este mensaje a mi seor, para hallar gracia en tus ojos' "".
Los mensajeros regresaron a Jacob, y le dijeron: -- Fuimos a ver a tu hermano Esa; l tambin viene a recibirte, y cuatrocientos hombres vienen con l.
Jacob tuvo entonces gran temor y se angusti; distribuy en dos campamentos el pueblo que tena consigo, y las ovejas, las vacas y los camellos,
porque pens: "Si viene Esa contra un campamento y lo ataca, el otro campamento escapar".
Luego dijo Jacob: "Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, Jehov, que me dijiste: "Vulvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te har bien",
no merezco todas las misericordias y toda la verdad con que has tratado a tu siervo!; pues con mi cayado pas este Jordn, y ahora he de atender a dos campamentos.
Lbrame ahora de manos de mi hermano, de manos de Esa, porque le temo; no venga acaso y me hiera a la madre junto con los hijos.
Y t has dicho: "Yo te har bien, y tu descendencia ser como la arena del mar, que por ser tanta no se puede contar"".
Durmi all aquella noche, y tom de lo que le vino a la mano un regalo para su hermano Esa:
doscientas cabras y veinte machos cabros, doscientas ovejas y veinte carneros,
treinta camellas paridas con sus cras, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos.
Lo entreg a sus siervos, cada manada por separado, y dijo a sus siervos: -- Pasad delante de m y poned espacio entre manada y manada.
Mand al primero, diciendo: -- Si mi hermano Esa te encuentra y te pregunta: "De quin eres? y adnde vas? y para quin es esto que llevas delante de ti?",
entonces dirs: "Es un regalo que tu siervo Jacob enva a mi seor Esa. Tambin l viene detrs de nosotros".
Mand tambin al segundo, al tercero y a todos los que iban detrs de aquellas manadas, diciendo: -- Esto mismo diris a Esa, cuando lo hallis.
Y diris tambin: "Tu siervo Jacob viene detrs de nosotros". Pues Jacob pens: "Apaciguar su ira con el regalo que va delante de m, y despus ver su rostro. Quiz as me acepte".
Pas, pues, el regalo delante de l, y l durmi aquella noche en el campamento.
Se levant aquella noche, tom a sus dos mujeres, a sus dos siervas y a sus once hijos, y pas el vado de Jaboc.
Los tom, pues, y les hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tena.
As se qued Jacob solo; y luch con l un varn hasta que rayaba el alba.
Cuando el hombre vio que no poda con l, toc en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyunt el muslo de Jacob mientras con l luchaba.
Y dijo: -- Djame, porque raya el alba. Jacob le respondi: -- No te dejar, si no me bendices.
-- Cul es tu nombre? -- le pregunt el hombre. -- Jacob -- respondi l.
Entonces el hombre dijo: -- Ya no te llamars Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.
-- Declrame ahora tu nombre -- le pregunt Jacob. -- Por qu me preguntas por mi nombre? -- respondi el hombre. Y lo bendijo all mismo.
Jacob llam Peniel a aquel lugar, porque dijo: "Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma".
Ya haba pasado de Peniel cuando sali el sol; y cojeaba a causa de su cadera.
Por esto, hasta el da de hoy no comen los hijos de Israel del tendn que se contrajo, el cual est en el encaje del muslo, porque Jacob fue tocado en este sitio de su muslo, en el tendn que se contrajo.
Alz Jacob sus ojos y vio que vena Esa con cuatrocientos hombres; entonces reparti l los nios entre Lea, Raquel y las dos siervas.
Puso las siervas y sus nios delante, luego a Lea y sus nios, y detrs a Raquel y a Jos.
Y l pas delante de ellos y se inclin a tierra siete veces, hasta que lleg a su hermano.
Pero Esa corri a su encuentro y, echndose sobre su cuello, lo abraz y bes; los dos lloraron.
Despus Esa levant sus ojos, vio a las mujeres y los nios y dijo: -- Quines son estos? -- Son los nios que Dios ha dado a tu siervo -- dijo Jacob.
Luego vinieron las siervas y sus hijos, y se inclinaron.
Vino Lea con sus hijos, y se inclinaron; y despus llegaron Jos y Raquel, y tambin se inclinaron.
Pregunt entonces Esa: -- Qu te propones con todos estos grupos que he encontrado? -- Hallar gracia a los ojos de mi seor -- respondi Jacob.
Dijo entonces Esa: -- Suficiente tengo yo, hermano mo; sea para ti lo que es tuyo.
Jacob replic: -- No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia a tus ojos, acepta mi regalo, porque he visto tu rostro como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanta bondad me has recibido.
Acepta, te ruego, el regalo que te he trado, pues Dios me ha favorecido y todo lo que hay aqu es mo. E insisti hasta que Esa lo tom.
Y dijo Esa: -- Anda, vamos; yo ir delante de ti.
Jacob respondi: -- Mi seor sabe que los nios son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas; si las fatigan, en un da morirn todas las ovejas.
Pase ahora mi seor delante de su siervo, y yo me ir poco a poco al paso del ganado que va delante de m y al paso de los nios, hasta que llegue a Seir, donde est mi seor.
Dijo Esa: -- Dejar ahora contigo parte de la gente que viene conmigo. Jacob respondi: -- Para qu, si he hallado gracia a los ojos de mi seor?
As volvi Esa aquel da por su camino a Seir.
Y Jacob fue a Sucot; all se edific una casa e hizo cabaas para su ganado; por tanto, puso por nombre Sucot a aquel lugar.
Despus Jacob, cuando regresaba de Padan-aram, lleg sano y salvo a la ciudad de Siquem, que est en la tierra de Canan, y acamp delante de la ciudad.
Compr a los hijos de Hamor, padre de Siquem, por cien monedas, la parte del campo donde haba plantado su tienda,
erigi all un altar y lo llam "El-Elohe-Israel".
Dina, la hija que Lea haba dado a luz a Jacob, sali a ver a las hijas del pas.
Y la vio Siquem hijo de Hamor, el heveo, prncipe de aquella tierra; la tom, se acost con ella y la deshonr.
Pero su alma se apeg a Dina, la hija de Lea; se enamor de la joven y habl a su corazn.
Entonces dijo Siquem a Hamor, su padre: -- Tmame por mujer a esta joven.
Se enter Jacob de que Siquem haba deshonrado a Dina, su hija. Sus hijos estaban con su ganado en el campo, y call Jacob hasta que ellos regresaran.
Mientras tanto, Hamor, el padre de Siquem, se dirigi a Jacob para hablar con l.
Los hijos de Jacob regresaron del campo cuando lo supieron; se entristecieron los hombres y se enojaron mucho, porque se haba cometido una ofensa contra Israel al acostarse con la hija de Jacob, lo que no se deba haber hecho.
Hamor habl con ellos, y les dijo: -- El alma de mi hijo Siquem se ha apegado a vuestra hija; os ruego que se la deis por mujer.
Emparentad con nosotros, dadnos vuestras hijas y tomad vosotros las nuestras.
Habitad con nosotros, porque la tierra estar delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad en ella posesin.
Siquem dijo tambin al padre y a los hermanos de Dina: -- Halle yo gracia en vuestros ojos y os dar lo que me pidis.
Aumentad a mi cargo mucha dote y regalos, que yo os dar cuanto me pidis; pero dadme la joven por mujer.
Los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a Hamor, su padre, con palabras engaosas, por cuanto haba deshonrado a Dina, hermana de ellos.
Les dijeron: -- No podemos hacer esto de dar nuestra hermana a hombre incircunciso, porque entre nosotros es abominacin.
Pero con esta condicin os complaceremos: que os hagis como nosotros, y se circuncide entre vosotros todo varn.
Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; habitaremos con vosotros y seremos un pueblo.
Pero si no nos prestis odo en lo de circuncidaros, tomaremos nuestra hija y nos iremos.
Parecieron bien sus palabras a Hamor y a Siquem hijo de Hamor.
Y no tard el joven en hacer aquello, porque la hija de Jacob le haba agradado. l mismo era el ms distinguido en toda la casa de su padre.
Entonces Hamor y su hijo Siquem fueron a la puerta de su ciudad y hablaron a los hombres del lugar, dicindoles:
-- Estos hombres son pacficos con nosotros; que habiten, pues, en el pas y comercien en l, porque la tierra es bastante ancha para ellos; nosotros tomaremos sus hijas por mujeres y les daremos las nuestras.
Pero solo con esta condicin consentirn estos hombres en habitar con nosotros para que seamos un pueblo: que se circuncide todo varn entre nosotros, como ellos son circuncidados.
Su ganado, sus bienes y todas sus bestias sern nuestros; solamente convengamos con ellos, y habitarn con nosotros.
Obedecieron a Hamor y a su hijo Siquem todos los que salan por la puerta de la ciudad, y circuncidaron a todo varn, a cuantos salan por la puerta de su ciudad.
Pero sucedi que al tercer da, cuando ellos sentan el mayor dolor, dos de los hijos de Jacob, Simen y Lev, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, fueron contra la ciudad, que estaba desprevenida, y mataron a todo varn.
A filo de espada mataron a Hamor y a su hijo Siquem, y tomando a Dina de casa de Siquem, se fueron.
Los hijos de Jacob pasaron sobre los muertos y saquearon la ciudad, por cuanto haban deshonrado a su hermana.
Tomaron sus ovejas, vacas y asnos, lo que haba en la ciudad y en el campo,
y todos sus bienes; llevaron cautivos a todos sus nios y sus mujeres, y robaron todo lo que haba en las casas.
Entonces dijo Jacob a Simen y a Lev: -- Me habis puesto en un grave aprieto al hacerme odioso a los habitantes de esta tierra, el cananeo y el ferezeo. Como tengo pocos hombres, se juntarn contra m, me atacarn, y me destruirn a m y a mi casa.
Pero ellos respondieron: -- Acaso tena l que tratar a nuestra hermana como a una ramera?
Dijo Dios a Jacob: "Levntate, sube a Bet-el y qudate all; y haz all un altar al Dios que se te apareci cuando huas de tu hermano Esa".
Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con l estaban: -- Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, limpiaos y mudad vuestros vestidos.
Levantmonos y subamos a Bet-el, pues y all har un altar al Dios que me respondi en el da de mi angustia y que ha estado conmigo en el camino que he andado.
Ellos entregaron a Jacob todos los dioses ajenos que tenan en su poder y los zarcillos que llevaban en sus orejas, y Jacob los escondi debajo de una encina que haba junto a Siquem.
Cuando salieron, el terror de Dios cay sobre las ciudades de sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.
Lleg Jacob a Luz, es decir, a Bet-el, que est en tierra de Canan, l y todo el pueblo que con l estaba.
Edific all un altar y llam al lugar "El-bet-el", porque all se le haba aparecido Dios cuando hua de su hermano.
Entonces muri Dbora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Bet-el, debajo de una encina, la cual fue llamada "Aln-bacut".
Se le apareci otra vez Dios a Jacob a su regreso de Padan-aram, y lo bendijo.
Le dijo Dios: "Tu nombre es Jacob; pero ya no te llamars Jacob, sino que tu nombre ser Israel"; y lo llam Israel.
Tambin le dijo Dios: "Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplcate; una nacin y un conjunto de naciones saldrn de ti, y reyes saldrn de tus entraas.
La tierra que he dado a Abraham y a Isaac te la dar a ti, y a tu descendencia despus de ti".
Y se fue Dios de su lado, del lugar desde el cual haba hablado con l.
Jacob erigi entonces una seal en el lugar donde haba hablado con l, una seal de piedra; derram sobre ella una libacin y ech sobre ella aceite.
Y Jacob llam Bet-el a aquel lugar donde Dios le haba hablado.
Partieron de Bet-el, y cuando an faltaba como media legua para llegar a Efrata, Raquel dio a luz, pero tuvo un mal parto.
Aconteci que, como haba trabajo en el parto, la partera le dijo: "No temas, porque tambin tendrs este hijo".
Ella, al salrsele el alma -- pues muri -- , le puso por nombre Benoni; pero su padre lo llam Benjamn.
As muri Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es Beln.
Levant Jacob un pilar sobre su sepultura, y esta es la seal de la sepultura de Raquel hasta hoy.
Israel sali de all y plant su tienda ms all de Migdal-edar.
Aconteci que, cuando habitaba Israel en aquella tierra, Rubn fue y durmi con Bilha, la concubina de su padre; de esto se enter Israel. Los hijos de Israel fueron doce.
Hijos de Lea: Rubn, primognito de Jacob, Simen, Lev, Jud, Isacar y Zabuln.
Hijos de Raquel: Jos y Benjamn.
Hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftal.
Hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob, que le nacieron en Padan-aram.
Fue Jacob junto a Isaac, su padre, a Mamre, a la ciudad de Arba, que es Hebrn, donde habitaron Abraham e Isaac.
Los das de Isaac fueron ciento ochenta aos.
Exhal Isaac el espritu; muri y fue reunido a su pueblo, viejo y lleno de das. Lo sepultaron sus hijos Esa y Jacob.
Estos son los descendientes de Esa, o sea Edom:
Esa tom sus mujeres de las hijas de Canan: a Ada, hija de Eln, el heteo; a Aholibama, hija de An hijo de Ziben, el heveo;
y a Basemat, hija de Ismael, hermana de Nebaiot.
A Esa, Ada le dio a luz a Elifaz; Basemat le dio a luz a Reuel;
y Aholibama le dio a luz a Jes, a Jaalam y a Cor. Estos son los hijos que le nacieron a Esa en la tierra de Canan.
Esa tom sus mujeres, sus hijos, sus hijas y todas las personas de su casa; sus ganados, todas sus bestias y todo cuanto haba adquirido en la tierra de Canan, y se fue a otra tierra, separndose de su hermano Jacob,
porque los bienes de ambos eran tantos que no podan habitar juntos, ni la tierra en donde habitaban los poda sostener a causa de sus ganados.
Por eso Esa, o sea Edom, habit en los montes de Seir.
Estos son los descendientes de Esa, padre de Edom, en los montes de Seir,
y estos son los nombres de sus hijos: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esa; Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esa.
Los hijos de Elifaz fueron Temn, Omar, Zefo, Gatam y Cenaz.
Timna fue concubina de Elifaz hijo de Esa, y ella le dio a luz a Amalec; estos son los hijos de Ada, mujer de Esa.
Los hijos de Reuel fueron Nahat, Zera, Sama y Miza; estos son los hijos de Basemat, mujer de Esa.
Y estos fueron los hijos que dio a luz Aholibama, mujer de Esa, hija de An hijo de Ziben: Jes, Jaalam y Cor, hijos de Esa.
Estos son los jefes de entre los hijos de Esa: Hijos de Elifaz, primognito de Esa: los jefes Temn, Omar, Zefo, Cenaz,
Cor, Gatam y Amalec. Estos son los jefes de Elifaz, en la tierra de Edom. Estos fueron los hijos de Ada.
Estos son los hijos de Reuel hijo de Esa: los jefes Nahat, Zera, Sama y Miza. Estos son los jefes de la lnea de Reuel en la tierra de Edom; son los que proceden de Basemat, mujer de Esa.
Estos son los hijos de Aholibama, mujer de Esa: los jefes Jes, Jaalam y Cor; y estos fueron los jefes que salieron de Aholibama, mujer de Esa, hija de An.
Todos ellos fueron los hijos de Esa, o sea Edom; y fueron sus jefes.
Estos son los hijos de Seir, el horeo, habitantes de aquella tierra: Lotn, Sobal, Ziben, An,
Disn, Ezer y Disn. Estos son los jefes de los horeos, hijos de Seir, en la tierra de Edom.
Los hijos de Lotn fueron Hori y Hemam. Timna fue hermana de Lotn.
Los hijos de Sobal fueron Alvn, Manahat, Ebal, Sefo y Onam;
y los de Ziben fueron Aja y An. Este An es el que descubri manantiales en el desierto, cuando apacentaba los asnos de Ziben, su padre.
Los hijos de An fueron Disn y Aholibama, hija de An.
Estos fueron los hijos de Disn: Hemdn, Esbn, Itrn y Quern;
y estos los hijos de Ezer: Bilhn, Zaavn y Acn.
Estos fueron los hijos de Disn: Uz y Arn;
y estos los jefes de los horeos: los jefes Lotn, Sobal, Ziben, An,
Disn, Ezer y Disn; estos fueron los jefes de los horeos, por sus mandos en la tierra de Seir.
Estos fueron los reyes que reinaron en la tierra de Edom antes que tuvieran rey los hijos de Israel:
Bela hijo de Beor, rein en Edom, y el nombre de su ciudad fue Dinaba.
Muri Bela y rein en su lugar Jobab hijo de Zera, de Bosra.
Muri Jobab y en su lugar rein Husam, de tierra de Temn.
Muri Husam y rein en su lugar Hadad hijo de Bedad, el que derrot a Madin en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad fue Avit.
Muri Hadad y en su lugar rein Samla, de Masreca.
Muri Samla y rein en su lugar Sal, de Rehobot, que est junto al ufrates.
Muri Sal y en lugar suyo rein Baal-hann hijo de Acbor.
Muri Baal-hann hijo de Acbor y rein Hadar en lugar suyo; el nombre de su ciudad fue Pau, y el nombre de su mujer, Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezaab.
Estos, pues, son los nombres de los jefes de Esa por sus familias, por sus lugares y sus nombres: Timna, Alva, Jetet,
Aholibama, Ela, Pinn,
Cenaz, Temn, Mibzar,
Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom, segn los lugares que ocupan en la tierra de su posesin. Edom es el mismo Esa, padre de los edomitas.
Jacob habit en la tierra donde haba vivido su padre, en la tierra de Canan.
Esta es la historia de la familia de Jacob: Jos tena diecisiete aos y apacentaba las ovejas con sus hermanos; el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba Jos a su padre de la mala fama de ellos.
Israel amaba a Jos ms que a todos sus hijos, porque lo haba tenido en su vejez; y le hizo una tnica de diversos colores.
Al ver sus hermanos que su padre lo amaba ms que a todos ellos, lo aborrecan y no podan hablarle pacficamente.
Tuvo Jos un sueo y lo cont a sus hermanos, y ellos llegaron a aborrecerlo ms todava.
l les dijo: -- Od ahora este sueo que he tenido:
estbamos atando manojos en medio del campo, y mi manojo se levantaba y se quedaba derecho, y vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban ante el mo.
Entonces le respondieron sus hermanos: -- Reinars t sobre nosotros, o dominars sobre nosotros? Y lo aborrecieron an ms a causa de sus sueos y sus palabras.
Despus tuvo otro sueo y lo cont a sus hermanos. Les dijo: -- He tenido otro sueo. So que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban hacia m.
Y lo cont a su padre y a sus hermanos; su padre le reprendi, y le dijo: -- Qu sueo es este que tuviste? Acaso vendremos yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?
Sus hermanos le tenan envidia, pero su padre meditaba en esto.
Un da, sus hermanos fueron a apacentar las ovejas de su padre en Siquem.
Entonces Israel dijo a Jos: -- Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem. Ven, y te enviar a ellos. -- Aqu estoy -- respondi l.
-- Ve ahora, mira cmo estn tus hermanos y cmo estn las ovejas, y treme la noticia --dijo Israel. Lo envi, pues, desde el valle del Hebrn, y Jos lleg a Siquem.
Lo hall un hombre, andando l errante por el campo; y aquel hombre le pregunt: -- Qu buscas?
-- Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dnde estn apacentando --respondi Jos.
-- Ya se han ido de aqu; pero yo les o decir: "Vamos a Dotn" --dijo el hombre. Entonces Jos fue tras sus hermanos y los hall en Dotn.
Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos conspiraron contra l para matarlo.
Se dijeron el uno al otro: -- Ah viene el soador!
Ahora pues, venid, matmoslo y echmoslo en una cisterna, y diremos: "Alguna mala bestia lo devor". Veremos entonces qu ser de sus sueos.
Cuando Rubn oy esto, lo libr de sus manos. Dijo: -- No lo matemos.
Y aadi: -- No derramis sangre; echadlo en esta cisterna que est en el desierto, pero no le pongis las manos encima. Quiso librarlo as de sus manos y hacerlo volver a su padre.
Sucedi, pues, que cuando lleg Jos junto a sus hermanos, ellos quitaron a Jos su tnica --la tnica de colores que llevaba puesta--,
lo agarraron y lo echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vaca, no haba en ella agua.
Luego se sentaron a comer. En esto, al alzar la vista, vieron una compaa de ismaelitas que vena de Galaad, con camellos cargados de aromas, blsamo y mirra, que llevaban a Egipto.
Entonces Jud dijo a sus hermanos: -- Qu vamos a ganar con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte?
Venid y vendmoslo a los ismaelitas; pero no le pongamos las manos encima, porque es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con l.
Cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron ellos a Jos de la cisterna, lo trajeron arriba y lo vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y estos se llevaron a Jos a Egipto.
Despus Rubn volvi a la cisterna y, al no hallar dentro a Jos, rasg sus vestidos.
Luego volvi a sus hermanos y dijo: -- El joven no aparece; y yo, adnde ir yo?
Entonces tomaron ellos la tnica de Jos, degollaron un cabrito del rebao y tieron la tnica con la sangre.
Enviaron la tnica de colores a su padre, con este mensaje: "Esto hemos hallado; reconoce ahora si es o no la tnica de tu hijo".
Cuando l la reconoci, dijo: "Es la tnica de mi hijo; alguna mala bestia lo devor; Jos ha sido despedazado".
Entonces Jacob rasg sus vestidos, se puso ropa spera sobre su cintura y guard luto por su hijo durante muchos das.
Se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo, pero l no quiso recibir consuelo, diciendo: "Descender enlutado junto a mi hijo hasta el seol!". Y lo llor su padre.
En Egipto, los madianitas lo vendieron a Potifar, oficial del faran y capitn de la guardia.
Aconteci en aquel tiempo que Jud se apart de sus hermanos, y se fue a casa de un adulamita que se llamaba Hira.
All conoci Jud a la hija de un cananeo, el cual se llamaba Sa; la tom y se lleg a ella.
Ella concibi y dio a luz un hijo, al que llam Er.
Concibi otra vez y dio a luz un hijo, al que llam Onn.
Volvi a concebir y dio a luz un hijo, al que llam Sela. Ella se hallaba en Quezib cuando lo dio a luz.
Despus Jud tom para su primognito Er a una mujer llamada Tamar.
Pero Er, el primognito de Jud, fue malo ante los ojos de Jehov, y Jehov le quit la vida.
Entonces Jud dijo a Onn: -- Llgate a la mujer de tu hermano, despsate con ella y levanta descendencia a tu hermano.
Sabiendo Onn que la descendencia no sera suya, cuando se llegaba a la mujer de su hermano verta en tierra, para no dar descendencia a su hermano.
Como desagrad a Jehov lo que haca, a l tambin le quit la vida.
Entonces Jud dijo a su nuera Tamar: -- Permanece viuda en casa de tu padre, hasta que crezca mi hijo Sela. (Esto dijo pues pensaba: "No sea que muera l tambin, como sus hermanos".) Tamar se fue y se qued en casa de su padre.
Pasaron muchos das y muri la hija de Sa, la mujer de Jud. Cuando Jud se consol, subi a Timnat (donde estaban los trasquiladores de sus ovejas) junto a su amigo Hira, el adulamita.
Y avisaron a Tamar, dicindole: "Tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas".
Entonces se quit ella los vestidos de su viudez, se cubri con un velo para no ser reconocida y se puso a la entrada de Enaim, junto al camino de Timnat, pues vea que Sela haba crecido y que ella no le era dada por mujer.
Cuando Jud la vio, la tuvo por una ramera, pues ella haba cubierto su rostro.
Entonces se apart del camino para acercarse a ella y, sin saber que era su nuera, le dijo: -- Djame ahora llegarme a ti. -- Qu me dars por llegarte a m? -- dijo ella.
-- Te enviar un cabrito de mi rebao -- respondi l. -- Dame una prenda, hasta que lo enves -- dijo ella.
-- Qu prenda te dar? -- pregunt Jud. Ella respondi: -- Tu sello, tu cordn y el bastn que tienes en tu mano. Jud se los dio, se lleg a ella y ella concibi de l.
Luego se levant y se fue; se quit el velo que la cubra y se visti las ropas de su viudez.
Jud envi el cabrito del rebao por medio de su amigo, el adulamita, para que este rescatara la prenda de la mujer; pero no la hall.
Entonces pregunt a los hombres de aquel lugar, diciendo: -- Dnde est la ramera que haba en Enaim, junto al camino? -- No ha estado aqu ramera alguna -- dijeron ellos.
Entonces l se volvi a Jud y le dijo: -- No la he hallado. Adems, los hombres del lugar me dijeron: "Aqu no ha estado ninguna ramera".
Jud respondi: -- Pues que se quede con todo, para que no seamos objetos de burla. Yo le he enviado este cabrito, pero t no la hallaste.
Sucedi que al cabo de unos tres meses fue dado aviso a Jud, diciendo: -- Tamar, tu nuera, ha fornicado, y ciertamente est encinta a causa de las fornicaciones. Entonces dijo Jud: -- Sacadla y quemadla!
Pero ella, cuando la sacaban, envi a decir a su suegro: "Del dueo de estas cosas estoy encinta". Tambin dijo: "Mira ahora de quin son estas cosas: el sello, el cordn y el bastn".
Cuando Jud los reconoci, dijo: "Ms justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a mi hijo Sela". Y nunca ms la conoci.
Aconteci que, al tiempo de dar a luz, haba gemelos en su seno.
Y sucedi durante el parto que uno de ellos sac la mano, y la partera tom y at a su mano un hilo de grana, diciendo: "Este sali primero".
Pero volviendo l a meter la mano, sali su hermano; y ella dijo: "Cmo te has abierto paso!". Por eso lo llam Fares.
Despus sali su hermano, el que tena en su mano el hilo de grana, y lo llam Zara.
Llevado, pues, Jos a Egipto, Potifar, un egipcio oficial del faran, capitn de la guardia, lo compr de los ismaelitas que lo haban llevado all.
Pero Jehov estaba con Jos, quien lleg a ser un hombre prspero, y viva en la casa del egipcio, su amo.
Vio su amo que Jehov estaba con l, que Jehov lo haca prosperar en todas sus empresas.
As hall Jos gracia a sus ojos, y lo serva; lo hizo mayordomo de su casa y entreg en su poder todo lo que tena.
Desde el momento en que le dio el encargo de su casa y de todo lo que tena, Jehov bendijo la casa del egipcio a causa de Jos, y la bendicin de Jehov estaba sobre todo lo que tena, tanto en la casa como en el campo.
l mismo dej todo lo que tena en manos de Jos, y con l no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que coma. Jos era de hermoso semblante y bella presencia,
y aconteci despus de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en Jos, y le dijo: -- Duerme conmigo.
Pero l no quiso, y dijo a la mujer de su amo: -- Mi seor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mis manos todo lo que tiene.
No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto t eres su mujer. Cmo, pues, hara yo este gran mal, y pecara contra Dios?
Hablaba ella a Jos cada da, pero l no la escuchaba para acostarse al lado de ella, para estar con ella.
Pero aconteci un da, cuando entr l en casa a hacer su oficio, que no haba nadie de los de casa all.
Entonces ella lo asi por la ropa, diciendo: -- Duerme conmigo. Pero l, dejando su ropa en las manos de ella, huy y sali.
Cuando ella vio que le haba dejado la ropa en sus manos y haba huido fuera,
llam a los de casa, y les dijo: -- Mirad, nos ha trado un hebreo para que hiciera burla de nosotros. Ha venido a m para dormir conmigo, y yo di grandes voces.
Al ver que yo alzaba la voz y gritaba, dej junto a m su ropa, y sali huyendo.
Puso ella junto a s la ropa de Jos, hasta que lleg su seor a la casa.
Entonces le repiti las mismas palabras, diciendo: -- El siervo hebreo que nos trajiste, vino a m para deshonrarme.
Y cuando yo alc mi voz y grit, l dej su ropa junto a m y huy fuera.
Al oir el amo de Jos las palabras de su mujer, que deca: "As me ha tratado tu siervo", se encendi su furor.
Tom su amo a Jos y lo puso en la crcel, donde estaban los presos del rey; y all lo mantuvo.
Pero Jehov estaba con Jos y extendi a l su misericordia, pues hizo que se ganara el favor del jefe de la crcel.
El jefe de la crcel puso en manos de Jos el cuidado de todos los presos que haba en aquella prisin; todo lo que se haca all, l lo haca.
No necesitaba atender el jefe de la crcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de Jos, porque Jehov estaba con Jos, y lo que l haca, Jehov lo prosperaba.
Aconteci despus de estas cosas, que el copero y el panadero del rey de Egipto delinquieron contra su seor, el rey de Egipto.
Y se enoj el faran contra sus dos oficiales, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos,
y los puso en prisin en la casa del capitn de la guardia, en la crcel donde Jos estaba preso.
El capitn de la guardia encarg de ellos a Jos, para que los sirviera; y estuvieron durante un tiempo en la prisin.
Sucedi que ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisin, tuvieron un sueo en la misma noche, cada uno su propio sueo, cada uno con su propio significado.
Vino a ellos Jos por la maana y vio que estaban tristes.
Entonces pregunt a aquellos oficiales del faran que estaban con l en la prisin de la casa de su seor: -- Por qu tienen hoy mal aspecto vuestros semblantes?
Ellos le dijeron: -- Hemos tenido un sueo y no hay quien lo interprete. Jos les dijo: -- No son de Dios las interpretaciones? Contdmelo ahora.
Entonces el jefe de los coperos cont su sueo a Jos, y le dijo: -- Yo soaba que vea una vid delante de m
y en la vid, tres sarmientos; y ella echaba brotes, floreca y maduraban sus racimos de uvas.
Y que la copa del faran estaba en mi mano, y tomando yo las uvas las exprima en la copa del faran, y pona la copa en la mano del faran.
Jos le dijo: -- Esta es su interpretacin: los tres sarmientos son tres das.
Al cabo de tres das levantar el faran tu cabeza, te restituir a tu puesto y dars la copa al faran en su mano, como solas hacer cuando eras su copero.
Acurdate, pues, de m cuando te vaya bien; te ruego que tengas misericordia y hagas mencin de m al faran, y que me saques de esta casa,
porque fui raptado de la tierra de los hebreos y nada he hecho aqu para que me pusieran en la crcel.
Viendo el jefe de los panaderos que aquella interpretacin haba sido para bien, dijo a Jos: -- Tambin yo so que vea tres canastillos blancos sobre mi cabeza.
En el canastillo ms alto haba toda clase de manjares de pastelera para el faran, y las aves los coman del canastillo de sobre mi cabeza.
Entonces respondi Jos, y dijo: -- Esta es su interpretacin: Los tres canastillos son tres das.
Al cabo de tres das quitar el faran tu cabeza de sobre ti. Te har colgar en la horca, y las aves comern la carne que te cubre.
Al tercer da, que era el da del cumpleaos del faran, el rey ofreci un banquete a todos sus sirvientes; y alz la cabeza del jefe de los coperos y la cabeza del jefe de los panaderos en presencia de sus servidores.
Hizo volver a su oficio al jefe de los coperos, y volvi este a poner la copa en la mano del faran.
Pero hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como Jos lo haba interpretado.
Sin embargo, el jefe de los coperos no se acord de Jos, sino que lo olvid.
Aconteci, pasados dos aos, que el faran tuvo un sueo. Le pareca que estaba junto al ro,
y que del ro suban siete vacas hermosas a la vista, muy gordas, y que pacan en el prado.
Tras ellas suban del ro otras siete vacas de feo aspecto y enjutas de carne, que se pararon cerca de las vacas hermosas a la orilla del ro;
y las vacas de feo aspecto y enjutas de carne devoraban a las siete vacas hermosas y muy gordas. El faran se despert,
pero se durmi de nuevo, y so la segunda vez: Siete espigas llenas y hermosas crecan de una sola caa,
y despus de ellas salan otras siete espigas menudas y quemadas por el viento del este;
y las siete espigas menudas devoraban a las siete espigas gruesas y llenas. El faran se despert y vio que era un sueo.
Sucedi que por la maana estaba agitado su espritu, y envi llamar a todos los magos de Egipto y a todos sus sabios. Les cont sus sueos, pero no haba quien se los pudiera interpretar al faran.
Entonces el jefe de los coperos dijo al faran: -- Me acuerdo hoy de mis faltas.
Cuando el faran se enoj contra sus siervos, nos ech a la prisin de la casa del capitn de la guardia a m y al jefe de los panaderos.
l y yo tuvimos un sueo en la misma noche, y cada sueo tena su propio significado.
Estaba all con nosotros un joven hebreo, siervo del capitn de la guardia. Se lo contamos, y l nos interpret nuestros sueos y declar a cada uno conforme a su sueo.
Y aconteci que como l nos los interpret, as ocurri: yo fui restablecido en mi puesto y el otro fue colgado.
Entonces el faran envi a llamar a Jos; lo sacaron apresuradamente de la crcel, se afeit, mud sus vestidos y vino ante el faran.
El faran dijo a Jos: -- Yo he tenido un sueo, y no hay quien lo interprete; pero he odo decir de ti que oyes sueos para interpretarlos.
Respondi Jos al faran: -- No est en m; Dios ser el que d respuesta propicia al faran.
Entonces el faran dijo a Jos: -- En mi sueo me pareca que estaba a la orilla del ro,
y que del ro suban siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacan en el prado.
Y que otras siete vacas suban despus de ellas, flacas y de muy feo aspecto; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en fealdad en toda la tierra de Egipto.
Las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas;
pero, aunque las tenan en sus entraas, no se conoca que hubieran entrado, pues la apariencia de las flacas segua tan mala como al principio. Entonces me despert.
"Luego, de nuevo en sueos, vi que siete espigas crecan en una misma caa, llenas y hermosas.
Y que otras siete espigas, menudas, marchitas y quemadas por el viento solano, crecan despus de ellas;
y las espigas menudas devoraban a las siete espigas hermosas. Esto lo he contado a los magos, pero no hay quien me lo interprete.
Entonces respondi Jos al faran: -- El sueo del faran es uno y el mismo. Dios ha mostrado al faran lo que va a hacer.
Las siete vacas hermosas siete aos son, y las espigas hermosas son siete aos: el sueo es uno y el mismo.
Tambin las siete vacas flacas y feas que suban tras ellas son siete aos, y las siete espigas menudas y quemadas por el viento solano siete aos sern de hambre.
Esto es lo que respondo al faran. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado al faran.
Vienen siete aos de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.
Tras ellos seguirn siete aos de hambre: toda la abundancia ser olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumir la tierra.
Y aquella abundancia no se echar de ver, a causa del hambre que la seguir, la cual ser gravsima.
Y que el faran haya tenido el sueo dos veces significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.
"Por tanto, es necesario que el faran se provea de un hombre prudente y sabio, y que lo ponga sobre la tierra de Egipto.
Haga esto el faran: ponga gobernadores sobre el pas, que recojan la quinta parte de las cosechas de Egipto en los siete aos de la abundancia.
Junten toda la provisin de estos buenos aos que vienen, recojan el trigo bajo la mano del faran para mantenimiento de las ciudades y gurdenlo.
Y est aquella provisin en depsito para el pas, para los siete aos de hambre que habr en la tierra de Egipto; y el pas no perecer de hambre.
El asunto pareci bien al faran y a sus siervos,
y dijo el faran a sus siervos: -- Acaso hallaremos a otro hombre como este, en quien est el espritu de Dios?
Y dijo el faran a Jos: -- Despus de haberte dado a conocer Dios todo esto, no hay entendido ni sabio como t.
T estars sobre mi casa y por tu palabra se gobernar todo mi pueblo; solamente en el trono ser yo mayor que t.
Dijo adems el faran a Jos: -- Yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto.
Entonces el faran se quit el anillo de su mano y lo puso en la mano de Jos; lo hizo vestir de ropas de lino finsimo y puso un collar de oro en su cuello.
Lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaban delante de l: "Doblad la rodilla!". As qued Jos sobre toda la tierra de Egipto.
Luego dijo el faran a Jos: -- Yo soy el faran; pero sin ti nadie alzar su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.
El faran puso a Jos el nombre de Zafnat-panea, y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. As qued Jos al frente de toda la tierra de Egipto.
Era Jos de edad de treinta aos cuando fue presentado delante del faran, el rey de Egipto; y sali Jos de delante del faran y recorri toda la tierra de Egipto.
En aquellos siete aos de abundancia la tierra produjo en gran cantidad.
Y l recogi todo el alimento de los siete aos de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y almacen alimento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el alimento de los campos de alrededor.
Recogi Jos trigo como si fuera arena del mar; tanto que no se poda contar, porque era incalculable.
Antes que llegara el primer ao de hambre, le nacieron a Jos dos hijos, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.
Llam Jos al primognito Manass, porque dijo: "Dios me hizo olvidar todos mis sufrimientos, y a toda la casa de mi padre".
Al segundo lo llam Efran, porque dijo: "Dios me hizo fructificar en la tierra de mi afliccin".
Se cumplieron as los siete aos de abundancia que hubo en la tierra de Egipto,
y comenzaron a llegar los siete aos de hambre, como Jos haba predicho. Hubo hambre en todos los pases, pero en toda la tierra de Egipto haba pan.
Cuando se sinti el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo clam por pan al faran. Y dijo el faran a todos los egipcios: "Id a Jos, y haced lo que l os diga".
Cuando el hambre se extendi por todo el pas, abri Jos todos los graneros donde estaba el trigo, y lo venda a los egipcios, porque haba crecido el hambre en la tierra de Egipto.
Y de todos los pases venan a Egipto para comprar grano a Jos, porque por toda la tierra haba crecido el hambre.
Viendo Jacob que en Egipto haba alimentos, dijo a sus hijos: "Por qu os estis ah mirando?
Yo he odo que hay vveres en Egipto; descended all y comprad de all para nosotros, para que podamos vivir y no muramos".
Descendieron los diez hermanos de Jos a comprar trigo en Egipto.
Pero Jacob no envi a Benjamn, hermano de Jos, con sus hermanos, porque dijo: "No sea que le acontezca algn desastre".
Fueron, pues, los hijos de Israel entre los que iban a comprar, porque haba hambre en la tierra de Canan.
Jos era el seor de la tierra, quien le venda trigo a todo el mundo. Cuando llegaron los hermanos de Jos, se inclinaron a l rostro en tierra.
Jos reconoci a sus hermanos en cuanto los vio; pero hizo como que no los conoca, y hablndoles speramente les dijo: -- De dnde habis venido? Ellos respondieron: -- De la tierra de Canan, para comprar alimentos.
Reconoci, pues, Jos a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron.
Entonces se acord Jos de los sueos que haba tenido acerca de ellos, y les dijo: -- Espas sois; para ver las regiones indefensas del pas habis venido.
-- No, seor nuestro -- respondieron ellos -- , sino que tus siervos han venido a comprar alimentos.
Todos nosotros somos hijos del mismo padre y somos hombres honrados; tus siervos nunca fueron espas.
Pero Jos les dijo: -- No; para ver las regiones indefensas del pas habis venido.
-- Tus siervos somos doce hermanos -- respondieron ellos -- , hijos de un hombre en la tierra de Canan. El menor est hoy con nuestro padre y el otro ha desaparecido.
Y Jos les dijo: -- Eso es lo que os he dicho al afirmar que sois espas.
En esto seris probados: Por vida del faran, que no saldris de aqu hasta que vuestro hermano menor venga!
Enviad a uno de vosotros para que traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos. Vuestras palabras sern probadas, si hay verdad en vosotros; y si no, por la vida del faran, que sois espas!
Entonces los puso juntos en la crcel por tres das.
Al tercer da les dijo Jos: -- Haced esto y vivid: Yo temo a Dios.
Si sois hombres honrados, uno de vuestros hermanos se quedar en la crcel, mientras los dems vais a llevar el alimento para remediar el hambre de vuestra familia.
Pero traeris a vuestro hermano menor; as sern verificadas vuestras palabras y no moriris. Ellos lo hicieron as,
pero se decan el uno al otro: -- Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba y no lo escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.
Entonces Rubn les respondi, diciendo: -- No os habl yo y dije: "No pequis contra el joven"? Pero no me escuchasteis; por eso ahora se nos demanda su sangre.
Ellos no saban que Jos los entenda, porque este tena un intrprete para hablar con ellos.
Entonces se apart Jos de su lado, y llor; cuando volvi a ellos, les habl y, tomando de entre ellos a Simen, lo apres en su presencia.
Despus mand Jos que llenaran sus sacos de trigo y devolvieran el dinero a cada uno de ellos, ponindolo en su saco, y que les dieran comida para el camino; as se hizo con ellos.
Entonces pusieron ellos su trigo sobre sus asnos y se fueron de all.
Pero al abrir uno de ellos el saco para dar de comer a su asno en el mesn, vio el dinero que estaba en la boca de su costal.
Y dijo a sus hermanos: -- Me han devuelto mi dinero; aqu est, en mi saco! Entonces se les sobresalt el corazn, y espantados se dijeron el uno al otro: -- Qu es esto que Dios nos ha hecho?
Cuando llegaron junto a Jacob, su padre, en tierra de Canan, le contaron todo lo que les haba acontecido, diciendo:
-- Aquel hombre, el seor de la tierra, nos habl speramente y nos trat como a espas de la tierra.
Pero nosotros le dijimos: "Somos hombres honrados, nunca fuimos espas.
Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno ha desaparecido y el menor est hoy con nuestro padre en la tierra de Canan".
Entonces aquel hombre, el seor de la tierra, nos dijo: "En esto conocer que sois hombres honrados: dejad conmigo a uno de vuestros hermanos, tomad para remediar el hambre de vuestras familias y andad,
traedme a vuestro hermano menor; as sabr que no sois espas, sino hombres honrados; entonces os entregar a vuestro hermano y comerciaris libremente por el pas".
Aconteci que cuando vaciaban ellos sus sacos, vieron que en el saco de cada uno estaba la bolsita con su dinero; y tanto ellos como su padre, al ver las bolsitas con el dinero, tuvieron temor.
Entonces su padre Jacob les dijo: -- Me habis privado de mis hijos: Jos no aparece, Simen tampoco y ahora os llevaris a Benjamn. Estas cosas acabarn conmigo.
Rubn respondi a su padre: -- Qutales la vida a mis dos hijos, si no te lo devuelvo. Confamelo a m y yo te lo devolver.
Pero Jacob replic: -- No descender mi hijo con vosotros, pues su hermano ha muerto y l ha quedado solo; si le acontece algn desastre en el camino por donde vais, haris descender mis canas con dolor al seol.
El hambre era grande en la tierra;
y aconteci que cuando acabaron de consumir el trigo que trajeron de Egipto, les dijo su padre: -- Volved y comprad para nosotros un poco de alimento.
Respondi Jud: -- Aquel hombre nos advirti con nimo resuelto: "No veris mi rostro si no trais a vuestro hermano con vosotros".
Si envas a nuestro hermano con nosotros, descenderemos y te compraremos alimento.
Pero si no lo envas, no descenderemos, porque aquel hombre nos dijo: "No veris mi rostro si no trais a vuestro hermano con vosotros".
Dijo entonces Israel: -- Por qu me hicisteis tanto mal, declarando a ese hombre que tenais otro hermano?
Ellos respondieron: -- Aquel hombre nos pregunt expresamente por nosotros y por nuestra familia, diciendo: "Vive an vuestro padre? Tenis otro hermano?". Y le declaramos conforme a estas palabras. Acaso podamos saber que l nos dira: "Haced venir a vuestro hermano"?
Entonces Jud dijo a su padre Israel: -- Enva al joven conmigo; nos levantaremos e iremos enseguida, a fin de que vivamos y no muramos, ni nosotros, ni t, ni nuestros nios.
Yo te respondo por l; a m me pedirs cuenta. Si no te lo traigo de vuelta y no lo pongo delante de ti, ser ante ti el culpable para siempre.
Si no nos hubiramos demorado, ciertamente hubiramos ya ido y vuelto dos veces.
Entonces su padre Israel les respondi: -- Pues que as es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros sacos y llevad a aquel hombre un regalo, un poco de blsamo, un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras.
Tomad tambin en vuestras manos doble cantidad de dinero, y llevad as en vuestras manos el dinero devuelto en las bocas de vuestros costales; quiz fue equivocacin.
Asimismo, tomad a vuestro hermano, levantaos y volved a aquel hombre.
Que el Dios omnipotente haga que ese hombre tenga misericordia de vosotros, y os suelte al otro hermano vuestro y a este Benjamn. Y si he de ser privado de mis hijos, que lo sea.
Entonces tomaron aquellos hombres el regalo, y tomaron en sus manos el doble del dinero, as como a Benjamn, y se levantaron, descendieron a Egipto y se presentaron delante de Jos.
Jos vio con ellos a Benjamn, y dijo al mayordomo de su casa: -- Lleva a casa a esos hombres, y degella una res y preprala, pues estos hombres comern conmigo al medioda.
Hizo el hombre como Jos haba dicho, y llev a los hombres a casa de Jos.
Entonces aquellos hombres tuvieron temor, porque los llevaban a casa de Jos. Se decan: -- Por el dinero que fue devuelto en nuestros costales la primera vez, nos han trado aqu; para tendernos lazo, atacarnos y tomarnos por siervos a nosotros y a nuestros asnos.
Se acercaron, pues, al mayordomo de la casa de Jos, y le hablaron a la entrada de la casa.
Le dijeron: -- Ay, seor nuestro! Nosotros, en realidad de verdad, descendimos al principio a comprar alimentos.
Y aconteci que cuando llegamos al mesn y abrimos nuestros costales, vimos que el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y lo hemos vuelto a traer con nosotros.
Hemos trado tambin en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos. Nosotros no sabemos quin haya puesto nuestro dinero en nuestros costales.
l les respondi: -- Paz a vosotros, no temis. Vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os puso ese tesoro en vuestros costales; yo recib vuestro dinero. Y les sac a Simen.
Luego llev aquel varn a los hombres a casa de Jos; les dio agua y lavaron sus pies, y dio de comer a sus asnos.
Ellos prepararon el regalo mientras vena Jos a medioda, pues oyeron que habran de comer all.
Al entrar Jos en casa, ellos le trajeron el regalo que haban trado consigo, y se inclinaron ante l hasta tocar la tierra.
Entonces les pregunt Jos cmo estaban, y les dijo: -- Vuestro padre, el anciano que dijisteis, lo pasa bien? Vive todava?
Ellos respondieron: -- Tu siervo, nuestro padre, est bien; an vive. Y se inclinaron e hicieron reverencia.
Alz Jos sus ojos y vio a su hermano Benjamn, hijo de su madre, y dijo: -- Es este vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y aadi: -- Dios tenga misericordia de ti, hijo mo.
Entonces Jos se apresur, porque se conmovieron sus entraas a causa de su hermano, y busc dnde llorar; entr en su habitacin y llor all.
Cuando pudo contener el llanto, lav su rostro, sali y dijo: "Servid la comida".
Sirvieron para l aparte, y separadamente para ellos, y aparte para los egipcios que con l coman, porque los egipcios no pueden comer pan con los hebreos, lo cual es abominacin para los egipcios.
Y se sentaron delante de l, el mayor conforme a su primogenitura, y el menor conforme a su menor edad; y estaban aquellos hombres atnitos mirndose el uno al otro.
Jos tom viandas de delante de s para ellos; pero la porcin de Benjamn era cinco veces mayor que la de cualquiera de los dems. Y bebieron y se alegraron con l.
Mand Jos al mayordomo de su casa, diciendo: -- Llena de alimento los costales de estos hombres, de todo cuanto puedan llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal.
Tambin pondrs mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo. El mayordomo hizo como haba dicho Jos.
Al amanecer, los hombres fueron despedidos con sus asnos.
Ya ellos haban salido de la ciudad, pero todava no se haban alejado, cuando Jos dijo a su mayordomo: -- Levntate y sigue a esos hombres. Cuando los alcances, diles: "Por qu habis pagado mal por bien? Por qu habis robado mi copa de plata?
No es esta en la que bebe mi seor, y la que usa para adivinar? Habis hecho mal al hacer esto!".
Cuando l los alcanz, les dijo estas palabras.
Y ellos le respondieron: -- Por qu dice nuestro seor tales cosas? Nunca tal hagan tus siervos.
Si el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales te lo volvimos a traer desde la tierra de Canan, cmo bamos a hurtar de casa de tu seor plata ni oro?
Aquel de tus siervos a quien se le encuentre la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi seor.
Entonces el mayordomo dijo: -- Tambin ahora sea conforme a vuestras palabras: aquel a quien se le encuentre ser mi siervo; los dems quedaris sin culpa.
Ellos entonces se dieron prisa, baj cada uno su costal a tierra y cada cual abri el suyo.
El mayordomo busc, comenzando por el mayor y terminando por el menor; y la copa fue hallada en el costal de Benjamn.
Entonces ellos rasgaron sus vestidos, carg cada uno su asno y volvieron a la ciudad.
Entr Jud con sus hermanos a casa de Jos, que an estaba all, y se postraron en tierra delante de l.
Y les dijo Jos: -- Qu accin es esta que habis hecho? No sabis que un hombre como yo sabe adivinar?
Entonces dijo Jud: -- Qu diremos a mi seor? Qu hablaremos o con qu nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos. Nosotros somos siervos de mi seor, nosotros y tambin aquel en cuyo poder se hall la copa.
Jos respondi: -- Nunca haga yo tal cosa. El hombre en cuyo poder se hall la copa, ese ser mi siervo; vosotros id en paz junto a vuestro padre.
Entonces Jud se acerc a l y le dijo: -- Ay, seor mo!, te ruego que permitas a tu siervo decir una palabra a odos de mi seor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues t eres como el faran.
Mi seor pregunt a sus siervos: "Tenis padre o hermano?".
Y nosotros respondimos a mi seor: "S, tenemos un padre anciano y un hermano joven, pequeo an, que le naci en su vejez; un hermano suyo muri, y solo l qued de los hijos de su madre, y su padre lo ama".
T dijiste a tus siervos: "Tradmelo, pues quiero verlo".
Y nosotros dijimos a mi seor: "El joven no puede dejar a su padre, porque si lo deja, su padre morir".
Y dijiste a tus siervos: "Si vuestro hermano menor no viene con vosotros, no veris ms mi rostro".
"Aconteci, pues, que cuando llegamos a mi padre, tu siervo, le contamos las palabras de mi seor.
Y dijo nuestro padre: "Volved a comprarnos un poco de alimento".
Pero nosotros respondimos: "No podemos ir. Si nuestro hermano va con nosotros, iremos, porque no podremos presentarnos ante aquel hombre, si no est con nosotros nuestro hermano menor".
Entonces tu siervo, mi padre, nos dijo: "Vosotros sabis que dos hijos me dio a luz mi mujer;
uno de ellos se fue de mi lado, y pienso de cierto que fue despedazado. Hasta ahora no lo he vuelto a ver.
Si ahora os llevis tambin a este y le acontece algn desastre, haris que con dolor desciendan mis canas al seol".
"Ahora, pues, cuando vuelva yo a tu siervo, mi padre, si el joven no va conmigo, como su vida est ligada a la vida de l,
suceder que cuando no vea al joven, morir; y tus siervos harn que con dolor desciendan al seol las canas de nuestro padre, tu siervo.
Como tu siervo sali fiador del joven ante mi padre, diciendo: "Si no te lo traigo de vuelta, entonces yo ser culpable ante mi padre para siempre",
por eso te ruego que se quede ahora tu siervo en lugar del joven como siervo de mi seor, y que el joven vaya con sus hermanos,
pues cmo volver yo a mi padre sin el joven? No podr, por no ver el mal que sobrevendr a mi padre.
No poda ya Jos contenerse delante de todos los que estaban a su lado, y clam: "Haced salir de mi presencia a todos!". As no qued nadie con l cuando Jos se dio a conocer a sus hermanos.
Entonces se ech a llorar a gritos; lo oyeron los egipcios, y lo oy tambin la casa del faran.
Y dijo Jos a sus hermanos: -- Yo soy Jos. Vive an mi padre? Sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de l.
Pero Jos les dijo: -- Acercaos ahora a m. Ellos se acercaron, y l les dijo: -- Yo soy Jos, vuestro hermano, el que vendisteis a los egipcios.
Ahora, pues, no os entristezcis ni os pese haberme vendido ac, porque para salvar vidas me envi Dios delante de vosotros.
Pues ya ha habido dos aos de hambre en medio de la tierra, y an quedan cinco aos en los cuales no habr arada ni siega.
Dios me envi delante de vosotros para que podis sobrevivir sobre la tierra, para daros vida por medio de una gran liberacin.
As, pues, no me enviasteis ac vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre del faran, por seor de toda su casa y por gobernador en toda la tierra de Egipto.
Daos prisa, id a mi padre y decidle: "As dice tu hijo Jos: Dios me ha puesto por seor de todo Egipto; ven a m, no te detengas.
Habitars en la tierra de Gosn, y estars cerca de m, t, tus hijos y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.
All te alimentar, pues an quedan cinco aos de hambre, para que no perezcas de pobreza t, tu casa y todo lo que tienes".
Vuestros ojos ven, y tambin los ojos de mi hermano Benjamn, que mi boca os habla.
Haris, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habis visto. Daos prisa, y traed a mi padre ac!
Jos se ech sobre el cuello de su hermano Benjamn y llor; tambin Benjamn llor sobre su cuello.
Luego bes a todos sus hermanos y llor sobre ellos. Despus de esto, sus hermanos hablaron con l.
Se oy la noticia en la casa del faron, y se deca: "Los hermanos de Jos han venido". Esto agrad a los ojos del faran y de sus siervos.
Y dijo el faran a Jos: -- Di a tus hermanos: "Haced esto: cargad vuestras bestias y marchaos; volved a la tierra de Canan,
tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a m, porque yo os dar lo bueno de la tierra de Egipto y comeris de la abundancia de la tierra".
Y t manda: "Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros nios y vuestras mujeres, tomad a vuestro padre y venid.
Y no os preocupis por vuestros enseres, porque la riqueza de la tierra de Egipto ser vuestra".
As lo hicieron los hijos de Israel; y Jos les dio carros conforme a la orden del faran y les suministr vveres para el camino.
A cada uno de ellos le dio un vestido nuevo, y a Benjamn le dio trescientas piezas de plata y cinco vestidos nuevos.
A su padre le envi esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto y diez asnas cargadas de trigo, pan y comida; esto para el viaje de su padre.
Luego despidi a sus hermanos, y cuando se iban, les dijo: -- No riis por el camino.
Subieron, pues, de Egipto, y llegaron a la tierra de Canan, junto a su padre Jacob.
Y le dieron las nuevas, diciendo: "Jos an vive!, y es seor en toda la tierra de Egipto". Pero el corazn de Jacob desfalleci porque no les crea.
Entonces ellos le repitieron todas las palabras que Jos les haba hablado; y viendo Jacob los carros que Jos enviaba para llevarlo, su espritu revivi.
Y dijo Israel: -- Con esto me basta! Jos, mi hijo, vive todava! Ir y lo ver antes de morir.
Sali Israel con todo lo que tena. Cuando lleg a Beerseba ofreci sacrificios al Dios de su padre Isaac.
Y habl Dios a Israel en visiones de noche, y dijo: -- Jacob, Jacob. l respondi: -- Aqu estoy.
Entonces Dios dijo: -- Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas descender a Egipto, porque all har de ti una gran nacin.
Yo descender contigo a Egipto, y yo tambin te har volver; y la mano de Jos cerrar tus ojos.
Jacob sali de Beerseba; y subieron los hijos de Israel a su padre Jacob, a sus nios y a sus mujeres en los carros que el faran haba enviado para llevarlo.
Tambin tomaron sus ganados y los bienes que haban adquirido en la tierra de Canan, y fueron a Egipto Jacob y toda su descendencia consigo:
sus hijos y los hijos de sus hijos; y sus hijas y las hijas de sus hijos. A toda su descendencia llev consigo a Egipto.
Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto, Jacob y sus hijos: Rubn, primognito de Jacob.
Y los hijos de Rubn: Hanoc, Fal, Hezrn y Carmi.
Los hijos de Simen: Jemuel, Jamn, Ohad, Jaqun, Zohar y Sal, hijo de la cananea.
Los hijos de Lev: Gersn, Coat y Merari.
Los hijos de Jud: Er, Onn, Sela, Fares y Zara; pero Er y Onn murieron en la tierra de Canan. Y los hijos de Fares fueron Hezrn y Hamul.
Los hijos de Isacar: Tola, Fa, Job y Simrn.
Los hijos de Zabuln: Sered, Eln y Jahleel.
Estos fueron los hijos de Lea, los que dio a luz a Jacob en Padan-aram, y adems su hija Dina; treinta y tres las personas todas de sus hijos e hijas.
Los hijos de Gad: Zifin, Hagui, Ezbn, Suni, Eri, Arodi y Areli.
Los hijos de Aser: Imna, Isa, Isi, Bera y Sera, hermana de ellos. Los hijos de Bera: Heber y Malquiel.
Estos fueron los hijos de Zilpa, la esclava que Labn regal a su hija Lea, le dio a luz a Jacob; en total diecisis personas.
Los hijos de Raquel, mujer de Jacob: Jos y Benjamn.
A Jos le nacieron en la tierra de Egipto Manass y Efran, los que le dio a luz Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.
Los hijos de Benjamn fueron Bela, Bequer, Asbel, Gera, Naamn, Ehi, Ros, Mupim, Hupim y Ard.
Estos fueron los hijos de Raquel, que nacieron a Jacob; en total catorce personas.
Los hijos de Dan: Husim.
Los hijos de Neftal: Jahzeel, Guni, Jezer y Silem.
Estos fueron los hijos que Bilha, la que dio Labn a Raquel, su hija, dio a luz de Jacob; en total siete personas.
Todas las personas que llegaron con Jacob a Egipto, nacidas de l, sin contar las mujeres de los hijos de Jacob, todas ellas fueron sesenta y seis.
Y los hijos de Jos, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las personas de la casa de Jacob que entraron en Egipto fueron setenta.
Envi Jacob a Jud delante de s a Jos, para que lo viniera a ver en Gosn; y llegaron a la tierra de Gosn.
Jos unci su carro y fue a recibir a Israel, su padre, en Gosn. Al verlo, se ech sobre su cuello, y sobre su cuello llor largamente.
Entonces Israel dijo a Jos: -- Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro y s que an vives.
Luego Jos dijo a sus hermanos y a la casa de su padre: -- Subir y lo har saber al faran; le dir: "Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canan, han venido a m.
Los hombres son pastores de ovejas, hombres ganaderos; han trado sus ovejas, sus vacas y todo lo que tenan".
Y cuando el faran os llame y os pregunte: "Cul es vuestro oficio?",
entonces diris: "Hombres de ganadera hemos sido nosotros tus siervos, desde nuestra juventud hasta ahora, nosotros y nuestros padres". As podris habitar en la tierra de Gosn, porque para los egipcios es abominacin todo pastor de ovejas.
Fue Jos y lo hizo saber al faran. Le dijo: -- Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas, sus vacas y todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canan y estn en la tierra de Gosn.
Escogi a cinco de sus hermanos y los present delante del faran.
Entonces el faran dijo a sus hermanos: -- Cul es vuestro oficio? Ellos respondieron al faran: -- Pastores de ovejas son tus siervos, as nosotros como nuestros padres.
Dijeron adems al faran: -- Para habitar en esta tierra hemos venido, porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre es grave en la tierra de Canan; por tanto, te rogamos ahora que permitas que habiten tus siervos en la tierra de Gosn.
Entonces el faran dijo a Jos: -- Tu padre y tus hermanos han venido a ti.
Delante de ti est la tierra de Egipto. En lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; que habiten en la tierra de Gosn, y si sabes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos por mayorales de mi ganado.
Jos introdujo tambin a Jacob, su padre, y lo present delante del faran. Jacob bendijo al faran,
y el faran pregunt a Jacob: -- Cuntos aos tienes?
Jacob respondi al faran: -- Los aos de mi peregrinacin son ciento treinta. Pocos y malos han sido los aos de mi vida, y no han llegado a los aos de la vida de mis padres en los das de su peregrinacin.
Jacob bendijo al faran y sali de su presencia.
As Jos hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesin en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramess, como mand el faran.
Y alimentaba Jos con pan a su padre, a sus hermanos y a toda la casa de su padre, segn el nmero de los hijos.
No haba pan en toda la tierra, y el hambre era muy grave, por lo que desfallecan de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Canan.
Recogi entonces Jos todo el dinero que la tierra de Egipto y la tierra de Canan le haban pagado por los alimentos que de l compraban; y meti Jos el dinero en casa del faran.
Cuando se acab el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Canan, vino todo Egipto a Jos, diciendo: -- Danos pan; por qu moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero?
Jos respondi: -- Si se ha acabado el dinero, entregad vuestros ganados, y yo os dar trigo por vuestros ganados.
Trajeron ellos sus ganados a Jos, y Jos les dio alimentos a cambio de caballos, ovejas, vacas y asnos; los abasteci de pan aquel ao a cambio de todos sus ganados.
Acabado aquel ao, vinieron a l el segundo ao, y le dijeron: -- No ocultamos a nuestro seor que el dinero ciertamente se ha acabado, y tambin el ganado es ya de nuestro seor. Nada ha quedado delante de nuestro seor, sino nuestros cuerpos y nuestra tierra.
Por qu moriremos delante de tus ojos, as nosotros como nuestra tierra? Cmpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y nosotros y nuestra tierra seremos siervos del faran; danos semilla para que vivamos y no muramos, y que no sea asolada la tierra.
Entonces compr Jos para el faran toda la tierra de Egipto, pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agrav el hambre que pesaba sobre ellos. La tierra pas as a ser del faran.
Y al pueblo lo hizo pasar a las ciudades, desde un extremo al otro del territorio de Egipto.
Solamente la tierra de los sacerdotes no compr, por cuanto los sacerdotes reciban trigo del faran y coman del trigo que el faran les daba; por eso no vendieron su tierra.
Luego Jos dijo al pueblo: -- Os he comprado hoy, a vosotros y a vuestra tierra, para el faran; aqu tenis semilla para sembrar la tierra.
De los frutos daris la quinta parte al faran; las otras cuatro partes sern vuestras, para sembrar las tierras y para vuestra manutencin, y tambin de los que estn en vuestras casas, para que coman vuestros nios.
Ellos respondieron: -- La vida nos has dado. Hallemos gracia a los ojos de nuestro seor, y seamos siervos del faran.
Entonces Jos puso por ley hasta hoy sobre la tierra de Egipto que se diera al faran la quinta parte de las cosechas. Tan solo la tierra de los sacerdotes no pas a ser del faran.
As habit Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosn; tomaron posesin de ella, se aumentaron y se multiplicaron en gran manera.
Jacob vivi en la tierra de Egipto diecisiete aos, y fueron los das de Jacob, los aos de su vida, ciento cuarenta y siete aos.
Cuando los das de Israel tocaban a su fin, llam a Jos, su hijo, y le dijo: -- Si he hallado ahora gracia a tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo y que me trates con misericordia y lealtad. Te ruego que no me entierres en Egipto.
Cuando duerma con mis padres, me llevars de Egipto y me sepultars en el sepulcro de ellos. -- Har como t dices -- respondi Jos.
-- Jramelo -- dijo Israel. Y Jos se lo jur. Entonces Israel se inclin sobre la cabecera de la cama.
Sucedi despus de estas cosas que dijeron a Jos: -- Tu padre est enfermo. Entonces l tom consigo a sus dos hijos, Manass y Efran.
Y se le hizo saber a Jacob, diciendo: -- Aqu est tu hijo Jos, que viene a ti. Haciendo un esfuerzo, Israel se sent sobre la cama
y dijo a Jos: -- El Dios omnipotente se me apareci en Luz, en la tierra de Canan, me bendijo
y me dijo: "Yo te har crecer, te multiplicar y te pondr por estirpe de naciones; y dar esta tierra a tu descendencia despus de ti por heredad perpetua".
Ahora bien, tus dos hijos, Efran y Manass, que te nacieron en la tierra de Egipto antes de venir a reunirme contigo a la tierra de Egipto, son mos; al igual que Rubn y Simen, sern mos.
Los que despus de ellos has engendrado, sern tuyos; por el nombre de sus hermanos sern llamados en sus heredades.
Cuando yo vena de Padan-aram se me muri Raquel en la tierra de Canan, en el camino, como media legua antes de llegar a Efrata; y la sepult all, en el camino de Efrata, que es Beln.
Vio entonces Israel a los hijos de Jos, y dijo: -- Quines son estos?
-- Son mis hijos, los que Dios me ha dado aqu -- respondi Jos a su padre. -- Acrcalos ahora a m, y los bendecir -- dijo Israel.
Los ojos de Israel estaban tan debilitados por la vejez, que no poda ver. Los hizo, pues, acercarse a l, y l los bes y los abraz.
Y dijo Israel a Jos: -- No pensaba yo ver ms tu rostro, y Dios me ha dejado ver tambin a tu descendencia.
Entonces Jos los sac de entre sus rodillas y se inclin a tierra.
Los tom Jos a ambos, Efran a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manass a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acerc a l.
Israel extendi su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efran, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manass, colocando as sus manos adrede, aunque Manass era el primognito.
Y bendijo a Jos, diciendo: "El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este da,
el ngel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jvenes. Sea perpetuado en ellos mi nombre y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplquense y crezcan en medio de la tierra".
Al ver Jos que su padre pona la mano derecha sobre la cabeza de Efran, se sinti disgustado; y tom la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efran a la cabeza de Manass.
Y dijo Jos a su padre: -- As no, padre mo, porque este es el primognito; pon tu mano derecha sobre su cabeza.
Pero su padre no quiso hacerlo, y le respondi: -- Lo s, hijo mo, lo s; tambin l llegar a ser un pueblo, y ser tambin grande; pero su hermano menor ser ms grande que l, y su descendencia formar multitud de naciones.
Y los bendijo aquel da, diciendo: -- Que con vuestro nombre se bendiga en Israel, y se diga: "Hgate Dios como a Efran y como a Manass". Y puso a Efran antes de Manass.
Luego dijo Israel a Jos: -- Yo muero; pero Dios estar con vosotros y os har volver a la tierra de vuestros padres.
A ti te he dado una parte ms que a tus hermanos, la cual tom al amorreo con mi espada y con mi arco.
Llam Jacob a sus hijos, y dijo: -- Acercaos y os declarar lo que ha de aconteceros en los das venideros.
"Acercaos y od, hijos de Jacob; escuchad a vuestro padre Israel.
Rubn, t eres mi primognito, mi fortaleza y el principio de mi vigor; el primero en dignidad, el primero en poder.
Impetuoso como las aguas, ya no sers el primero, por cuanto subiste al lecho de tu padre; entonces te envileciste, al subir a mi lecho.
"Simen y Lev son hermanos; armas de maldad son sus armas.
En su consejo no entre mi alma, ni mi espritu se junte en su compaa, porque en su furor mataron hombres y en su temeridad desjarretaron toros.
Maldito sea su furor, que fue fiero, y su ira, que fue dura. Yo los apartar en Jacob, los esparcir en Israel.
"Jud, te alabarn tus hermanos; tu mano estar sobre el cuello de tus enemigos; los hijos de tu padre se inclinarn a ti.
Cachorro de len, Jud; de la presa subiste, hijo mo. Se encorv, se ech como len, como len viejo: quin lo despertar?
No ser quitado el cetro de Jud ni el bastn de mando de entre sus pies, hasta que llegue Siloh; a l se congregarn los pueblos.
Atando a la vid su pollino y a la cepa el hijo de su asna, lav en el vino su vestido y en la sangre de uvas su manto.
Sus ojos son ms rojos que el vino y sus dientes ms blancos que la leche.
"Zabuln habitar en puertos de mar; ser puerto para las naves y llegar hasta Sidn.
"Isacar, asno fuerte que se recuesta entre los apriscos.
Al ver que el descanso era bueno y la tierra deleitosa, baj su hombro para llevar carga, y sirvi como un esclavo.
"Dan juzgar a su pueblo como una de las tribus de Israel.
Ser Dan serpiente junto al camino, vbora junto a la senda, que muerde los talones del caballo y hace caer hacia atrs al jinete.
Tu salvacin he esperado, oh Jehov.
"A Gad, un ejrcito lo asaltar, mas l acometer al final.
"El pan de Aser ser substancioso; l dar deleites al rey.
"Neftal, cierva suelta que da hermosos cervatillos.
"Rama fructfera es Jos, rama fructfera junto a una fuente, sus vstagos se extienden sobre el muro.
Le causaron amargura, le lanzaron flechas, lo aborrecieron los arqueros,
mas su arco se mantuvo poderoso y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob, por el nombre del Pastor, la Roca de Israel,
por el Dios de tu padre, el cual te ayudar, por el Dios omnipotente, el cual te bendecir con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que est abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre.
Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las de mis progenitores; hasta el trmino de los collados eternos sern sobre la cabeza de Jos, sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos.
"Benjamn es lobo arrebatador: por la maana comer la presa y a la tarde repartir los despojos.
Todos estas son las tribus de Israel, doce en total, y esto es lo que su padre les dijo al bendecirlas; a cada una le dio su bendicin.
Les orden luego, diciendo: "Voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que est en el campo de Efrn, el heteo,
en la cueva que est en el campo de Macpela, al oriente de Mamre, en la tierra de Canan, la que compr Abraham junto con el mismo campo de Efrn, el heteo, para heredad de sepultura.
All sepultaron a Abraham y a Sara, su mujer; all sepultaron a Isaac y a Rebeca, su mujer; all tambin sepult yo a Lea.
El campo y la cueva que est en l fueron comprados a los hijos de Het".
Cuando acab Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogi sus pies en la cama y expir, y se reuni con sus padres.
Entonces se ech Jos sobre el rostro de su padre, llor sobre l y lo bes.
Despus mand Jos a los mdicos que estaban a su servicio que embalsamaran a su padre, y los mdicos embalsamaron a Israel.
Cumplieron as cuarenta das, que eran los das requeridos para embalsamar. Y los egipcios lo lloraron setenta das.
Pasados los das de su luto, habl Jos a los de la casa del faran, diciendo: -- Si he hallado gracia a vuestros ojos, os ruego que hablis ahora a odos del faran, y le digis:
"Mi padre me hizo jurar, diciendo: 'Yo voy a morir; en el sepulcro que cav para m en la tierra de Canan, all me sepultars'. Permite, pues, que yo vaya ahora a sepultar a mi padre, y despus volver".
El faran dijo: -- Ve y sepulta a tu padre, como l te hizo jurar.
Entonces Jos subi para sepultar a su padre; y subieron con l todos los siervos del faran, los ancianos de su casa y todos los ancianos de la tierra de Egipto,
toda la casa de Jos, sus hermanos y la casa de su padre; solamente dejaron en la tierra de Gosn sus nios, sus ovejas y sus vacas.
Subieron tambin con l carros y gente de a caballo, y se hizo un escuadrn muy grande.
Llegaron hasta la era de Atad, al otro lado del Jordn, y lloraron e hicieron grande y muy triste lamentacin. All Jos hizo duelo por su padre durante siete das.
Al ver los habitantes de la tierra, los cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: "Llanto grande es este de los egipcios". Por eso, a aquel lugar que est al otro lado del Jordn se le llam Abel-mizraim.
Sus hijos, pues, hicieron con l segn les haba mandado,
pues sus hijos lo llevaron a la tierra de Canan y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela, la que haba comprado Abraham de manos de Efrn, el heteo, junto con el mismo campo, para heredad de sepultura, al oriente de Mamre.
Despus que lo hubo sepultado, regres Jos a Egipto, l, sus hermanos y todos los que subieron con l a sepultar a su padre.
Al ver los hermanos de Jos que su padre haba muerto, dijeron: -- Quiz nos aborrecer Jos, y nos dar el pago de todo el mal que le hicimos.
Entonces enviaron a decir a Jos: "Tu padre mand antes de su muerte, diciendo:
"As diris a Jos: 'Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque te trataron mal' "; por eso, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre". Y Jos llor mientras hablaban.
Llegaron tambin sus hermanos, se postraron delante de l y dijeron: -- Aqu nos tienes. Somos tus esclavos.
Pero Jos les respondi: -- No temis, pues acaso estoy yo en lugar de Dios?
Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encamin a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener con vida a mucha gente.
Ahora, pues, no tengis miedo; yo os sustentar a vosotros y a vuestros hijos. As los consol, pues les habl al corazn.
Habit Jos en Egipto, l y la casa de su padre; y vivi Jos ciento diez aos.
Vio Jos los hijos de Efran hasta la tercera generacin; y tambin los hijos de Maquir hijo de Manass fueron criados sobre las rodillas de Jos.
Un da, Jos dijo a sus hermanos: -- Yo voy a morir, pero Dios ciertamente os visitar y os har subir de esta tierra a la tierra que jur a Abraham, a Isaac y a Jacob.
E hizo jurar Jos a los hijos de Israel, diciendo: -- Dios ciertamente os visitar, y haris llevar de aqu mis huesos.
Muri Jos a la edad de ciento diez aos; lo embalsamaron, y lo pusieron en un atad en Egipto.
Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob, cada uno con su familia:
Rubn, Simen, Lev, Jud,
Isacar, Zabuln, Benjamn,
Dan, Neftal, Gad y Aser.
Todas las personas de la descendencia de Jacob fueron setenta. Jos ya estaba en Egipto.
Murieron Jos, todos sus hermanos y toda aquella generacin.
Pero los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, llegaron a ser numerosos y fuertes en extremo, y se llen de ellos la tierra.
Entretanto, se levant sobre Egipto un nuevo rey que no conoca a Jos, y dijo a su pueblo:
"Mirad, el pueblo de los hijos de Israel es ms numeroso y fuerte que nosotros.
Ahora, pues, seamos sabios para con l, para que no se multiplique y acontezca que, en caso de guerra, l tambin se una a nuestros enemigos para pelear contra nosotros, y se vaya de esta tierra".
Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos para que los oprimieran con sus cargas. As edificaron para el faran las ciudades de almacenaje, Pitn y Ramess.
Pero cuanto ms los opriman, tanto ms se multiplicaban y crecan, de manera que los egipcios teman a los hijos de Israel.
Los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza,
y amargaron su vida con dura servidumbre en la fabricacin de barro y ladrillo, en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor.
Tambin habl el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra y la otra Fa, y les dijo:
-- Cuando asistis a las hebreas en sus partos, observad el sexo: si es hijo, matadlo; si es hija, dejadla vivir.
Pero las parteras temieron a Dios y no hicieron como les mand el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los nios.
Entonces el rey de Egipto hizo llamar a las parteras, y les dijo: -- Por qu habis hecho esto? Por que habis preservado la vida a los nios?
Las parteras respondieron al faran: -- Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias; son robustas y dan a luz antes que llegue la partera.
Dios favoreci a las parteras; el pueblo se multiplic y se fortaleci mucho.
Y por haber las parteras temido a Dios, l prosper sus familias.
Entonces el faran dio a todo su pueblo esta orden: "Echad al ro a todo hijo que nazca, y preservad la vida a toda hija".
Un hombre de la familia de Lev fue y tom por mujer a una hija de Lev,
la que concibi y dio a luz un hijo. Al ver que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses.
Pero no pudiendo ocultarlo ms tiempo, tom una canasta, la calafate con asfalto y brea, coloc en ella al nio y la puso entre los juncos a la orilla del ro.
Y una hermana suya se puso a lo lejos para ver lo que le acontecera.
La hija del faran descendi a lavarse al ro y, mientras sus doncellas se paseaban por la ribera del ro, vio ella la canasta entre los juncos y envi una criada suya para que la tomara.
Cuando la abri, vio al nio, que estaba llorando. Llena de compasin por l, exclam: -- Este es un nio de los hebreos.
Entonces la hermana del nio dijo a la hija del faran: -- Quieres que te llame a una nodriza de las hebreas para que te cre a este nio?
-- Ve -- respondi la hija del faran. La joven fue y llam a la madre del nio,
a la cual dijo la hija del faran: -- Llvate a este nio y cramelo; yo te lo pagar. La mujer tom al nio y lo cri.
Y cuando el nio creci, se lo entreg a la hija del faran, la cual lo cri como hijo suyo y le puso por nombre Moiss, diciendo: "Porque de las aguas lo saqu".
En aquellos das sucedi que, crecido ya Moiss, sali a visitar a sus hermanos. Los vio en sus duras tareas, y observ a un egipcio que golpeaba a uno de sus hermanos hebreos.
Entonces mir a todas partes, y viendo que no haba nadie, mat al egipcio y lo escondi en la arena.
Al da siguiente sali, vio a dos hebreos que rean, y pregunt al que maltrataba al otro: -- Por qu golpeas a tu prjimo?
l respondi: -- Quin te ha puesto a ti por prncipe y juez sobre nosotros? Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moiss tuvo miedo, y pens: "Ciertamente esto ha sido descubierto".
Cuando el faran oy acerca de este hecho, procur matar a Moiss; pero Moiss huy de la presencia del faran y habit en la tierra de Madin. All se sent junto a un pozo.
El sacerdote de Madin tena siete hijas, que fueron a sacar agua para llenar las pilas y dar de beber a las ovejas de su padre.
Pero llegaron los pastores y las echaron de all; entonces Moiss se levant, las defendi y dio de beber a sus ovejas.
Cuando ellas volvieron junto a su padre Reuel, este les pregunt: -- Por qu habis venido hoy tan pronto?
-- Un varn egipcio nos libr de manos de los pastores; tambin nos sac el agua y dio de beber a las ovejas --respondieron ellas.
Pregunt entonces Reuel a sus hijas: -- Dnde est? Por qu habis dejado marchar a ese hombre? Llamadlo para que coma.
Moiss acept vivir en casa de aquel hombre; y este dio a su hija Sfora por mujer a Moiss.
Ella le dio a luz un hijo, y l le puso por nombre Gersn, pues dijo: "Forastero soy en tierra ajena".
Aconteci que despus de muchos das muri el rey de Egipto. Los hijos de Israel, que geman a causa de la servidumbre, clamaron; y subi a Dios el clamor de ellos desde lo profundo de su servidumbre.
Dios oy el gemido de ellos y se acord de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.
Y mir Dios a los hijos de Israel, y conoci su condicin.
Apacentando Moiss las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madin, llev las ovejas a travs del desierto y lleg hasta Horeb, monte de Dios.
All se le apareci el ngel de Jehov en una llama de fuego, en medio de una zarza. Al fijarse, vio que la zarza arda en fuego, pero la zarza no se consuma.
Entonces Moiss se dijo: "Ir ahora para contemplar esta gran visin, por qu causa la zarza no se quema".
Cuando Jehov vio que l iba a mirar, lo llam de en medio de la zarza: -- Moiss, Moiss! -- Aqu estoy -- respondi l.
Dios le dijo: -- No te acerques; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que t ests, tierra santa es.
Y aadi: -- Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moiss cubri su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.
Dijo luego Jehov: -- Bien he visto la afliccin de mi pueblo que est en Egipto, y he odo su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus angustias.
Por eso he descendido para librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.
El clamor, pues, de los hijos de Israel ha llegado ante m, y tambin he visto la opresin con que los egipcios los oprimen.
Ven, por tanto, ahora, y te enviar al faran para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel.
Entonces Moiss respondi a Dios: -- Quin soy yo para que vaya al faran y saque de Egipto a los hijos de Israel?
Dios le respondi: -- Yo estar contigo; y esto te ser por seal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviris a Dios sobre este monte.
Dijo Moiss a Dios: -- Si voy a los hijos de Israel y les digo: "Jehov, el Dios de vuestros padres, me ha enviado a vosotros", me preguntarn: "Cul es su nombre?". Entonces qu les responder?
Respondi Dios a Moiss: -- "Yo soy el que soy". Y aadi: -- As dirs a los hijos de Israel: " 'Yo soy' me envi a vosotros".
Adems, Dios dijo a Moiss: -- As dirs a los hijos de Israel: "Jehov, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros". Este es mi nombre para siempre; con l se me recordar por todos los siglos.
Ve, rene a los ancianos de Israel y diles: "Jehov, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareci y me dijo: En verdad os he visitado y he visto lo que se os hace en Egipto.
Y he dicho: Yo os sacar de la afliccin de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel".
Ellos oirn tu voz; t irs con los ancianos de Israel al rey de Egipto y le dirs: "Jehov, el Dios de los hebreos, se nos ha manifestado; por tanto, nosotros iremos ahora tres das de camino por el desierto a ofrecer sacrificios a Jehov, nuestro Dios".
Yo s que el rey de Egipto no os dejar ir sino por la fuerza.
Pero yo extender mi mano y herir a Egipto con todas las maravillas que obrar en el pas, y entonces os dejar ir.
Yo har que este pueblo halle gracia a los ojos de los egipcios, para que cuando salgis no vayis con las manos vacas,
sino que cada mujer pedir a su vecina, y a la que se hospeda en su casa, alhajas de plata, alhajas de oro y vestidos, los cuales pondris sobre vuestros hijos y vuestras hijas. As despojaris a los egipcios.
Entonces Moiss respondi y dijo: -- Ellos no me creern, ni oirn mi voz, pues dirn: "No se te ha aparecido Jehov".
-- Qu es eso que tienes en tu mano? -- le pregunt Jehov. -- Una vara -- le respondi Moiss.
-- chala al suelo -- le dijo Jehov. l la ech al suelo y se convirti en una culebra; y Moiss hua de ella.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Extiende tu mano y tmala por la cola. l extendi su mano y la tom, y volvi a ser vara en su mano.
-- Por esto creern que se te ha aparecido Jehov, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Le dijo adems Jehov: -- Mete ahora tu mano en el seno. l meti la mano en su seno y, cuando la sac, vio que su mano estaba leprosa como la nieve.
Le dijo Jehov: -- Vuelve a meter la mano en tu seno. l volvi a meter la mano en su seno, y al sacarla de nuevo del seno, vio que estaba como el resto de su carne.
-- Si acontece que no te creen ni obedecen a la voz de la primera seal, creern a la voz de la segunda.
Y si an no creen a estas dos seales, ni oyen tu voz, tomars de las aguas del ro y las derramars en tierra; y las aguas que saques del ro se convertirn en sangre sobre la tierra.
Entonces dijo Moiss a Jehov: -- Ay, Seor! nunca he sido hombre de fcil palabra, ni antes ni desde que t hablas con tu siervo, porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.
Jehov le respondi: -- Quin dio la boca al hombre? o quin hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? No soy yo, Jehov?
Ahora, pues, ve, que yo estar en tu boca y te ensear lo que has de hablar.
Y l dijo: -- Ay, Seor! enva, te ruego, a cualquier otra persona.
Entonces Jehov se enoj contra Moiss, y dijo: -- No conozco yo a tu hermano Aarn, el levita, y que l habla bien? l saldr a recibirte, y al verte se alegrar en su corazn.
T le hablars y pondrs en su boca las palabras, y yo estar en tu boca y en la suya, y os ensear lo que habis de hacer.
l hablar por ti al pueblo; ser como tu boca, y t ocupars para l el lugar de Dios.
Y tomars en tu mano esta vara, con la cual hars las seales.
As se fue Moiss, regres junto a su suegro Jetro y le dijo: -- Me ir ahora y volver a Egipto, a donde estn mis hermanos, para ver si an viven. -- Ve en paz -- dijo Jetro a Moiss.
Dijo tambin Jehov a Moiss en Madin: -- Regresa a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte.
Entonces Moiss tom a su mujer y a sus hijos, los puso sobre un asno y volvi a la tierra de Egipto. Tom tambin Moiss la vara de Dios en su mano.
Y Jehov le dijo: -- Cuando hayas vuelto a Egipto, ocpate de hacer delante del faran todas las maravillas que he puesto en tus manos; pero yo endurecer su corazn, de modo que no dejar ir al pueblo.
Entonces dirs al faran: "Jehov ha dicho as: Israel es mi hijo, mi primognito.
Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva; pero si te niegas a dejarlo ir, yo matar a tu hijo, a tu primognito".
Aconteci que, en el camino, Jehov le sali al encuentro en una posada y quiso matarlo.
Entonces Sfora tom un pedernal afilado, cort el prepucio de su hijo y lo ech a los pies de Moiss, diciendo: -- A la verdad, t eres mi esposo de sangre.
Luego Jehov lo dej ir. Ella haba dicho: "Esposo de sangre", a causa de la circuncisin.
Jehov dijo a Aarn: -- Ve a recibir a Moiss al desierto. l fue, lo encontr en el monte de Dios y lo bes.
Entonces cont Moiss a Aarn todas las palabras que le enviaba Jehov, y todas las seales que le haba dado.
Fueron, pues, Moiss y Aarn, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel.
Aarn les cont todas las cosas que Jehov haba dicho a Moiss, e hizo las seales delante de los ojos del pueblo.
El pueblo crey, y al oir que Jehov haba visitado a los hijos de Israel y que haba visto su afliccin, se inclinaron y adoraron.
Despus Moiss y Aarn entraron a la presencia del faran, y le dijeron: -- Jehov, el Dios de Israel, dice as: "Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto".
Pero el faran respondi: -- Quin es Jehov para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehov, ni tampoco dejar ir a Israel.
Ellos dijeron: -- El Dios de los hebreos se nos ha manifestado; iremos, pues, ahora, tres das de camino por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehov, nuestro Dios, para que no venga sobre nosotros con peste o con espada.
Entonces el rey de Egipto les dijo: -- Moiss y Aarn, por qu buscis apartar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras tareas.
Dijo tambin el faran: -- Ahora que el pueblo de la tierra es numeroso, vosotros queris apartarlo de sus tareas.
Aquel mismo da el faran dio esta orden a los cuadrilleros encargados de las labores del pueblo y a sus capataces:
-- De aqu en adelante no daris paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; que vayan ellos y recojan por s mismos la paja.
Les impondris la misma tarea de ladrillo que hacan antes, y no les disminuiris nada, pues estn ociosos. Por eso claman diciendo: "Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios".
Que se les aumente el trabajo, para que estn ocupados y no atiendan a palabras mentirosas.
Los cuadrilleros y sus capataces salieron y dijeron al pueblo: -- As ha dicho el faran: "Ya no os dar paja.
Id vosotros y recoged la paja donde la hallis, pero nada se disminuir de vuestra tarea".
Entonces el pueblo se esparci por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojo en lugar de paja.
Y los cuadrilleros los apremiaban diciendo: -- Acabad vuestra obra, la tarea de cada da en su da, como cuando se os daba paja.
Y azotaban a los capataces de los hijos de Israel que los cuadrilleros del faran haban puesto sobre ellos, y les decan: -- Por qu no habis cumplido ni ayer ni hoy vuestra tarea de ladrillos como antes?
Los capataces de los hijos de Israel fueron a quejarse ante el faran y le dijeron: -- Por qu tratas as a tus siervos?
No se da paja a tus siervos, y con todo nos dicen: "Haced el ladrillo". Adems, tus siervos son azotados, y el pueblo tuyo es el culpable.
l respondi: -- Estis ociosos, s, ociosos, y por eso decs: "Vamos y ofrezcamos sacrificios a Jehov".
Id, pues, ahora, y trabajad. No se os dar paja, y habis de entregar la misma tarea de ladrillo.
Los capataces de los hijos de Israel se sintieron afligidos cuando les dijeron: "No se disminuir nada de vuestro ladrillo, de la tarea de cada da".
Cuando salan de la presencia del faran, se encontraron con Moiss y Aarn, que los estaban esperando,
y les dijeron: -- Que Jehov os examine y os juzgue, pues nos habis hecho odiosos ante el faran y sus siervos, y les habis puesto la espada en la mano para que nos maten.
Entonces Moiss se volvi a Jehov y pregunt: -- Seor, por qu afliges a este pueblo? Para qu me enviaste?,
porque desde que yo fui al faran para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo, y t no has librado a tu pueblo.
Jehov respondi a Moiss: -- Ahora vers lo que yo har al faran, porque con mano fuerte los dejar ir, y con mano fuerte los echar de su tierra.
Habl Dios a Moiss y le dijo: -- Yo soy Jehov.
Yo me aparec a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, pero con mi nombre Jehov no me di a conocer a ellos.
Tambin establec mi pacto con ellos, para darles la tierra de Canan, la tierra en que fueron forasteros y en la cual habitaron.
Asimismo yo he odo el gemido de los hijos de Israel, a quienes hacen servir los egipcios, y me he acordado de mi pacto.
Por tanto, dirs a los hijos de Israel: "Yo soy Jehov. Yo os sacar de debajo de las pesadas tareas de Egipto, os librar de su servidumbre y os redimir con brazo extendido y con gran justicia.
Os tomar como mi pueblo y ser vuestro Dios. As sabris que yo soy Jehov, vuestro Dios, que os sac de debajo de las pesadas tareas de Egipto.
Os meter en la tierra por la cual alc mi mano jurando que la dara a Abraham, a Isaac y a Jacob. Yo os la dar por heredad. Yo soy Jehov".
De esta manera habl Moiss a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moiss, debido al desaliento que los embargaba a causa de la dura servidumbre.
Entonces Jehov dijo a Moiss:
-- Entra y dile al faran, rey de Egipto, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel.
Moiss respondi ante Jehov: -- Los hijos de Israel no me escuchan, cmo me escuchar el faran, a m, que soy torpe de labios?
Entonces Jehov habl a Moiss y a Aarn, y les dio rdenes para los hijos de Israel y para el faran, rey de Egipto, a fin de que sacaran a los hijos de Israel de la tierra de Egipto.
Estos son los jefes de las casas paternas: Hijos de Rubn, el primognito de Israel: Hanoc, Fal, Hezrn y Carmi. Estas son las familias de Rubn.
Hijos de Simen: Jemuel, Jamn, Ohad, Jaqun, Zohar y Sal, hijo de una cananea. Estas son las familias de Simen.
Estos son los nombres de los hijos de Lev por sus generaciones: Gersn, Coat y Merari. Lev vivi ciento treinta y siete aos.
Hijos de Gersn fueron: Libni y Simei, por sus familias.
Hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrn y Uziel. Coat vivi ciento treinta y tres aos.
Hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas son las familias de Lev por sus generaciones.
Amram tom por mujer a Jocabed, su ta, la cual dio a luz a Aarn y a Moiss. Amram vivi ciento treinta y siete aos.
Hijos de Izhar: Cor, Nefeg y Zicri.
Hijos de Uziel: Misael, Elzafn y Sitri.
Tom Aarn por mujer a Elisabet, hija de Aminadab, hermana de Naasn, la cual dio a luz a Nadab, Abi, Eleazar e Itamar.
Hijos de Cor: Asir, Elcana y Abiasaf. Estas son las familias de los coretas.
Eleazar hijo de Aarn tom para s mujer de las hijas de Futiel, la cual dio a luz a Finees. Estos son los jefes de los padres de los levitas por sus familias.
Estos son aquel Aarn y aquel Moiss, a los cuales Jehov dijo: "Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por grupos".
Estos fueron los que hablaron al faran, rey de Egipto, para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Fueron Moiss y Aarn.
Cuando Jehov habl a Moiss en la tierra de Egipto,
le dijo: -- Yo soy Jehov; di al faran, rey de Egipto, todas las cosas que yo te digo a ti.
Moiss respondi ante Jehov: -- Yo soy torpe de labios; cmo, pues, me ha de oir el faran?
Jehov dijo a Moiss: -- Mira, yo te he constituido dios para el faran, y tu hermano Aarn ser tu profeta.
T dirs todas las cosas que yo te mande, y Aarn, tu hermano, hablar al faran para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel.
Pero yo endurecer el corazn del faran, y multiplicar en la tierra de Egipto mis seales y mis maravillas.
El faran no os oir, pero yo pondr mi mano sobre Egipto y sacar a mis ejrcitos, a mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.
Y sabrn los egipcios que yo soy Jehov, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.
Moiss y Aarn hicieron como Jehov les mand; as lo hicieron.
Tena Moiss ochenta aos de edad, y Aarn ochenta y tres, cuando hablaron al faran.
Habl Jehov a Moiss y a Aarn, diciendo:
-- Si el faran os responde: "Mostrad un milagro", dirs a Aarn: "Toma tu vara y chala delante del faran, para que se convierta en una culebra".
Fueron, pues, Moiss y Aarn ante el faran, e hicieron como lo haba mandado Jehov. Y ech Aarn su vara delante del faran y de sus siervos, y se convirti en una culebra.
Entonces llam tambin el faran a los sabios y hechiceros, e hicieron tambin lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos;
pues cada uno ech su vara, las cuales se volvieron culebras; pero la vara de Aarn devor las varas de ellos.
Sin embargo, el corazn del faran se endureci, y no los escuch, como lo haba dicho Jehov.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- El corazn del faran est endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo.
Ve por la maana al faran, cuando baje al ro. Saldrs a su encuentro en la ribera llevando en tu mano la vara que se volvi culebra,
y le dirs: "Jehov, el Dios de los hebreos me ha enviado a ti, diciendo: 'Deja ir a mi pueblo, para que me sirva en el desierto'; pero hasta ahora no has querido oir.
As ha dicho Jehov: En esto conocers que yo soy Jehov: Voy a golpear con la vara que tengo en mi mano el agua que est en el ro, y se convertir en sangre.
Los peces que hay en el ro morirn; apestar el ro, y los egipcios tendrn asco de beber sus aguas".
Jehov dijo a Moiss: -- Di a Aarn: "Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ros, sobre sus arroyos, sobre sus estanques y sobre todos sus depsitos de aguas, para que se conviertan en sangre y haya sangre por toda la regin de Egipto, hasta en los vasos de madera y en los de piedra".
Moiss y Aarn hicieron como lo mand Jehov. Alzando la vara, golpe las aguas que haba en el ro, en presencia del faran y de sus siervos, y todas las aguas que haba en el ro se convirtieron en sangre.
Asimismo, los peces que haba en el ro murieron; el ro se corrompi, tanto que los egipcios no podan beber de l. Y hubo sangre por toda la tierra de Egipto.
Pero los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos, as que el corazn del faran se endureci y no los escuch, como lo haba dicho Jehov.
El faran se volvi y regres a su casa, sin prestar atencin tampoco a esto.
Y en todo Egipto hicieron pozos alrededor del ro para beber, porque no podan beber de las aguas del ro.
As pasaron siete das despus que Jehov hiri el ro.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Entra a la presencia del faran, y dile: "Jehov ha dicho as: 'Deja ir a mi pueblo para que me sirva,
porque si no lo dejas partir, yo castigar con ranas todos tus territorios.
El ro criar ranas, las cuales subirn y entrarn en tu casa, en la habitacin donde duermes y sobre tu cama; en las casas de tus siervos, en tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas.
Las ranas subirn sobre ti, sobre tu pueblo y sobre todos tus siervos' ".
Y Jehov dijo a Moiss: -- Di a Aarn: "Extiende tu mano con tu vara sobre los ros, arroyos y estanques, y haz subir ranas sobre la tierra de Egipto".
Entonces Aarn extendi su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto.
Pero los hechiceros hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron venir ranas sobre la tierra de Egipto.
Entonces el faran llam a Moiss y a Aarn, y les dijo: -- Orad a Jehov para que aparte las ranas de m y de mi pueblo, y dejar ir a tu pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehov.
Respondi Moiss al faran: -- Dgnate indicarme cundo debo orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas se aparten de ti y de tus casas, y queden solamente en el ro.
-- Maana -- dijo l. Moiss respondi: -- Se har conforme a tu palabra, para que conozcas que no hay como Jehov, nuestro Dios.
Las ranas se apartarn de ti y de tus casas, de tus siervos y de tu pueblo, y solamente quedarn en el ro.
Entonces salieron Moiss y Aarn de la presencia del faran. Moiss clam a Jehov tocante a las ranas que haba mandado sobre el faran.
E hizo Jehov conforme a la palabra de Moiss: murieron las ranas de las casas, de los cortijos y de los campos.
Las juntaron en montones, y apestaba la tierra.
Pero al ver el faran que le haban dado reposo, endureci su corazn y no los escuch, tal como Jehov lo haba dicho.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Di a Aarn: "Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra, para que se convierta en piojos por todo el pas de Egipto".
Ellos lo hicieron as; Aarn extendi su mano con la vara y golpe el polvo de la tierra, el cual se convirti en piojos que se lanzaron sobre los hombres y las bestias. Todo el polvo de la tierra se convirti en piojos en todo el pas de Egipto.
Los hechiceros tambin intentaron sacar piojos con sus encantamientos, pero no pudieron. Hubo, pues, piojos tanto en los hombres como en las bestias.
Entonces los hechiceros dijeron al faran: -- Es el dedo de Dios. Pero el corazn del faran se endureci, y no los escuch, tal como Jehov lo haba dicho.
Jehov dijo a Moiss: -- Levntate de maana y ponte delante del faran, cuando l salga al ro, y dile: "Jehov ha dicho as: Deja ir a mi pueblo para que me sirva,
porque si no dejas ir a mi pueblo, yo enviar sobre ti, sobre tus siervos, sobre tu pueblo y sobre tus casas toda clase de moscas; las casas de los egipcios se llenarn de toda clase de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estn.
Aquel da yo apartar la tierra de Gosn, en la cual habita mi pueblo, para que no haya en ella ninguna clase de moscas, a fin de que sepas que yo soy Jehov en medio de la tierra.
Y yo pondr redencin entre mi pueblo y el tuyo. Maana ser esta seal".
Jehov lo hizo as, y vino toda clase de moscas molestsimas sobre la casa del faran, sobre las casas de sus siervos y sobre todo el pas de Egipto; la tierra fue corrompida a causa de ellas.
Entonces el faran llam a Moiss y a Aarn, y les dijo: -- Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios, pero dentro del pas.
Moiss respondi: -- No conviene que hagamos as, porque ofreceramos a Jehov, nuestro Dios, lo que es la abominacin para los egipcios. Si sacrificramos lo que es abominacin para los egipcios delante de ellos, no nos apedrearan?
Iremos por el desierto, tres das de camino, y ofreceremos sacrificios a Jehov, nuestro Dios, como l nos diga.
Dijo el faran: -- Yo os dejar ir para que ofrezcis sacrificios a Jehov, vuestro Dios, en el desierto, con tal que no vayis ms lejos; orad por m.
Y Moiss respondi: -- Al salir yo de tu presencia, rogar a Jehov que las diversas clases de moscas se alejen del faran, de sus siervos y de su pueblo maana; con tal de que el faran no nos engae ms, impidiendo que el pueblo vaya a ofrecer sacrificios a Jehov.
Entonces Moiss sali de la presencia del faran, y or a Jehov.
Jehov hizo conforme a la palabra de Moiss y apart todas aquellas moscas del faran, de sus siervos y de su pueblo, sin que quedara una.
Pero tambin esta vez el faran endureci su corazn y no dej partir al pueblo.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Entra a la presencia del faran, y dile: "Jehov, el Dios de los hebreos, dice as: Deja ir a mi pueblo para que me sirva,
porque si no lo dejas ir, y lo sigues deteniendo,
la mano de Jehov caer, con plaga gravsima, sobre el ganado que est en los campos: sobre caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas.
Pero Jehov har distincin entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo que pertenece a los hijos de Israel".
Y Jehov fij el plazo, diciendo: -- Maana har Jehov esta cosa en la tierra.
Al da siguiente Jehov hizo aquello, y muri todo el ganado de Egipto; pero del ganado de los hijos de Israel no muri ni un animal.
El faran hizo averiguar, y se supo que del ganado de los hijos de Israel no haba muerto ni un animal. Pero el corazn del faran se endureci, y no dej ir al pueblo.
Entonces Jehov dijo a Moiss y a Aarn: -- Tomad puados de ceniza de un horno, y la esparcir Moiss hacia el cielo delante del faran.
Se convertir en polvo sobre toda la tierra de Egipto, y producir sarpullido con lceras en los hombres y en las bestias por todo el pas de Egipto.
Ellos tomaron ceniza del horno y se pusieron delante del faran; la esparci Moiss hacia el cielo, y hubo sarpullido que produjo lceras tanto en los hombres como en las bestias.
Ni los hechiceros podan permanecer delante de Moiss a causa del sarpullido, pues los hechiceros tenan sarpullido como todos los egipcios.
Pero Jehov endureci el corazn del faran, y no los oy, tal como Jehov lo haba dicho a Moiss.
Luego Jehov dijo a Moiss: -- Levntate de maana, ponte delante del faran y dile: "Jehov, el Dios de los hebreos, dice as: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva,
porque yo enviar esta vez todas mis plagas sobre tu corazn, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra.
Por tanto, ahora yo extender mi mano para herirte a ti y a tu pueblo con una plaga, y desaparecers de la tierra.
A la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra.
Todava te opones a mi pueblo y no lo dejas ir?
Maana, a esta hora, yo har llover granizo muy pesado, cual nunca hubo en Egipto, desde el da que se fund hasta ahora.
Enva, pues, a recoger tu ganado y todo lo que tienes en el campo, porque todo hombre o animal que se halle en el campo y no sea recogido en casa, el granizo caer sobre l, y morir".
De los siervos del faran, el que tuvo temor de la palabra de Jehov recogi a sus criados y a su ganado en casa,
pero el que no puso en su corazn la palabra de Jehov, dej a sus criados y a su ganado en el campo.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Extiende tu mano hacia el cielo, para que caiga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hombres, sobre las bestias y sobre toda la hierba del campo en el pas de Egipto.
Moiss extendi su vara hacia el cielo, y Jehov hizo tronar y granizar; el fuego se descarg sobre la tierra, y Jehov hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto.
Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada.
Aquel granizo hiri en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, as hombres como bestias; tambin destroz el granizo toda la hierba del campo, y desgaj todos los rboles del pas.
Solamente en la tierra de Gosn, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.
Entonces el faran envi a llamar a Moiss y a Aarn, y les dijo: -- He pecado esta vez; Jehov es justo, y yo y mi pueblo impos.
Orad a Jehov para que cesen los truenos de Dios y el granizo. Yo os dejar ir; y no os detendris ms.
Moiss le respondi: -- Tan pronto salga yo de la ciudad, extender mis manos a Jehov; los truenos cesarn y no habr ms granizo, para que sepas que de Jehov es la tierra.
Pero yo s que ni t ni tus siervos temeris todava la presencia de Jehov Dios.
El lino, pues, y la cebada fueron destrozados, porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caa.
Pero el trigo y el centeno no fueron destrozados, porque eran tardos.
Cuando Moiss sali de la presencia del faran, fuera de la ciudad, extendi sus manos a Jehov, y cesaron los truenos y el granizo, y la lluvia no cay ms sobre la tierra.
Al ver el faran que la lluvia, el granizo y los truenos haban cesado, se obstin en pecar, y endurecieron su corazn l y sus siervos.
Se endureci el corazn del faran, y no dej ir a los hijos de Israel, tal como Jehov lo haba dicho por medio de Moiss.
Jehov dijo a Moiss: -- Entra a la presencia del faran, porque yo he endurecido su corazn y el corazn de sus siervos, para mostrar entre ellos estas mis seales,
para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto y las seales que hice entre ellos, y as sepis que yo soy Jehov.
Entonces fueron Moiss y Aarn ante el faran, y le dijeron: -- Jehov, el Dios de los hebreos, ha dicho as: "Hasta cundo no querrs humillarte delante de m? Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.
Y si an rehsas dejarlo ir, maana yo traer sobre tu territorio la langosta,
la cual cubrir la faz de la tierra, de modo que no pueda verse la tierra. Ella comer lo que escap, lo que os qued del granizo; comer asimismo todo rbol que crece en el campo.
Llenar tus casas, las casas de todos tus siervos y las casas de todos los egipcios, cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos aparecieron sobre la tierra hasta hoy". Y dndose vuelta, sali de la presencia del faran.
Entonces los siervos del faran le dijeron: -- Hasta cundo ser este hombre una amenaza para nosotros? Deja ir a estos hombres, para que sirvan a Jehov, su Dios. Acaso no sabes todava que Egipto est ya destruido?
Llamaron, pues, de nuevo a Moiss y Aarn ante el faran, el cual les dijo: -- Andad, servid a Jehov, vuestro Dios. Quines son los que han de ir?
Moiss respondi: -- Hemos de ir con nuestros nios y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir, porque es nuestra fiesta solemne para Jehov.
l les dijo: -- As sea Jehov con vosotros! Cmo os voy a dejar ir a vosotros y a vuestros nios? Mirad cmo el mal est delante de vuestro rostro!
No ser as; id ahora vosotros los hombres y servid a Jehov, pues esto es lo que vosotros pedisteis. Y los echaron de la presencia del faran.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto, para traer la langosta, a fin de que suba sobre el pas de Egipto y consuma todo lo que el granizo dej.
Extendi Moiss su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehov trajo un viento oriental sobre el pas todo aquel da y toda aquella noche; y al venir la maana, el viento oriental trajo la langosta.
La langosta subi sobre toda la tierra de Egipto y se asent en todo el pas de Egipto en tan gran cantidad como no la hubo antes ni la habr despus;
cubri la faz de todo el pas y oscureci la tierra; consumi toda la hierba de la tierra y todo el fruto de los rboles que haba dejado el granizo; no qued cosa verde en los rboles ni en la hierba del campo en toda la tierra de Egipto.
Entonces el faran se apresur a llamar a Moiss y a Aarn, y dijo: -- He pecado contra Jehov, vuestro Dios, y contra vosotros.
Pero os ruego ahora que perdonis mi pecado solamente esta vez, y que oris a Jehov, vuestro Dios, para que aparte de m al menos esta plaga mortal.
Sali Moiss de delante del faran, y or a Jehov.
Entonces Jehov trajo un fortsimo viento occidental que se llev la langosta y la arroj en el Mar Rojo; ni una langosta qued en todo el pas de Egipto.
Pero Jehov endureci el corazn del faran, y este no dej ir a los hijos de Israel.
Jehov dijo a Moiss: -- Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe.
Extendi Moiss su mano hacia el cielo, y por tres das hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto.
Ninguno vio a su prjimo, ni nadie se levant de su lugar en tres das; pero todos los hijos de Israel tenan luz en sus habitaciones.
Entonces el faran hizo llamar a Moiss, y dijo: -- Id, servid a Jehov; que solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas. Vayan tambin vuestros nios con vosotros.
Moiss respondi: -- T nos dars los animales para los sacrificios y holocaustos que ofreceremos a Jehov, nuestro Dios.
Y nuestro ganado ir tambin con nosotros. No quedar ni una pezua, porque de l hemos de tomar para servir a Jehov, nuestro Dios, y no sabemos con qu hemos de servir a Jehov hasta que lleguemos all.
Pero Jehov endureci el corazn del faran, y este no quiso dejarlos ir.
Y le dijo el faran: -- Retrate de mi presencia. Cudate de no ver ms mi rostro, pues el da en que veas mi rostro, morirs.
Y Moiss respondi: -- Bien has dicho! No ver ms tu rostro.
Jehov dijo a Moiss: -- Una plaga ms traer sobre el faran y sobre Egipto, despus de la cual l os dejar ir de aqu. De seguro que os echar de aqu definitivamente.
Habla ahora al pueblo, que cada uno pida a su vecino y cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro.
Jehov hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios. Tambin Moiss era considerado un gran hombre en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos del faran y a los ojos del pueblo.
Dijo, pues, Moiss: -- Jehov ha dicho as: "Hacia la medianoche yo atravesar el pas de Egipto,
y morir todo primognito en tierra de Egipto, desde el primognito del faran que se sienta en su trono, hasta el primognito de la sierva que est tras el molino, y todo primognito de las bestias.
Y habr gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo ni jams habr.
Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro mover su lengua, para que sepis que Jehov hace diferencia entre los egipcios y los israelitas".
Entonces vendrn a m todos estos tus siervos, e inclinados delante de m dirn: "Vete, t y todo el pueblo que est bajo tus rdenes". Y despus de esto yo saldr. Y sali muy enojado de la presencia del faran.
Luego Jehov dijo a Moiss: -- El faran no os oir, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto.
Moiss y Aarn hicieron todos estos prodigios delante del faran, pues Jehov haba endurecido el corazn del faran, y este no dej salir a los hijos de Israel fuera de su pas.
Habl Jehov a Moiss y a Aarn en la tierra de Egipto, y les dijo:
"Este mes ser para vosotros el principal entre los meses; os ser el primero de los meses del ao.
Hablad a toda la congregacin de Israel, y decid: "El da diez de este mes tomar cada uno un cordero segn las familias de los padres, un cordero por familia.
Pero si la familia es demasiado pequea, que no baste para comer el cordero, entonces l y el vecino ms cercano a su casa tomarn uno segn el nmero de las personas; conforme al comer de cada hombre os repartiris el cordero.
El animal ser sin defecto, macho de un ao; lo tomaris de las ovejas o de las cabras.
Lo guardaris hasta el da catorce de este mes, y lo inmolar toda la congregacin del pueblo de Israel entre las dos tardes.
Tomarn de la sangre y la pondrn en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.
Esa noche comern la carne asada al fuego y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comern.
Ninguna cosa comeris de l cruda ni cocida en agua, sino asada al fuego; comeris tambin su cabeza, sus patas y sus entraas.
Ninguna cosa dejaris de l hasta la maana; y lo que quede hasta la maana, lo quemaris en el fuego.
Lo habis de comer as: ceidos con un cinto, con vuestros pies calzados y con el bastn en la mano; y lo comeris apresuradamente. Es la Pascua de Jehov.
Pues yo pasar aquella noche por la tierra de Egipto y herir a todo primognito en la tierra de Egipto, as de los hombres como de las bestias, y ejecutar mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo, Jehov.
"La sangre os ser por seal en las casas donde vosotros estis; ver la sangre y pasar de largo ante vosotros, y no habr entre vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.
Este da os ser memorable, y lo celebraris como fiesta solemne para Jehov durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraris.
Siete das comeris panes sin levadura. El primer da haris desaparecer toda levadura de vuestras casas, porque cualquiera que coma algo leudado desde el primer da hasta el sptimo, ser eliminado de Israel.
El primer da habr santa convocacin, y asimismo en el sptimo da tendris una santa convocacin. Ninguna obra se har en ellos, excepto solamente que preparis lo que cada cual haya de comer.
Guardaris la fiesta de los Panes sin levadura, porque en ese mismo da saqu vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaris este mandamiento a lo largo de vuestras generaciones como una costumbre perpetua.
En el mes primero comeris los panes sin levadura, desde el da catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde.
Durante siete das no se hallar levadura en vuestras casas, porque cualquiera que coma algo leudado, tanto extranjero como natural del pas, ser eliminado de la congregacin de Israel.
Ninguna cosa leudada comeris; en todas vuestras habitaciones comeris panes sin levadura"".
Moiss convoc a todos los ancianos de Israel y les dijo: "Salid y buscad corderos para vuestras familias, y sacrificad la pascua.
Tomad un manojo de hisopo, mojadlo en la sangre que estar en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estar en el lebrillo. Que ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la maana,
pues Jehov pasar hiriendo a los egipcios, y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasar Jehov de largo por aquella puerta, y no dejar entrar al heridor en vuestras casas para herir.
Guardaris esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre.
Cuando entris en la tierra que Jehov os dar, como prometi, tambin guardaris este rito.
Y cuando os pregunten vuestros hijos: "Qu significa este rito?",
vosotros responderis: "Es la vctima de la Pascua de Jehov, el cual pas por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hiri a los egipcios y libr nuestras casas"". Entonces el pueblo se inclin y ador.
Luego los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente tal como Jehov haba mandado a Moiss y a Aarn.
Aconteci que a la medianoche Jehov hiri a todo primognito en la tierra de Egipto, desde el primognito del faran que se sentaba sobre su trono hasta el primognito del cautivo que estaba en la crcel, y todo primognito de los animales.
Se levant aquella noche el faran, todos sus siervos y todos los egipcios, y hubo un gran clamor en Egipto, porque no haba casa donde no hubiera un muerto.
E hizo llamar a Moiss y a Aarn de noche, y les dijo: -- Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id a servir a Jehov, como habis dicho.
Tomad tambin vuestras ovejas y vuestras vacas, como habis dicho, e idos; y bendecidme tambin a m.
Los egipcios apremiaban al pueblo, dndose prisa a echarlos de la tierra, porque decan: "Todos moriremos".
Y llev el pueblo su masa antes que fermentara, la envolvieron en sbanas y la cargaron sobre sus hombros.
E hicieron los hijos de Israel conforme a la orden de Moiss, y pidieron a los egipcios alhajas de plata y de oro, y vestidos.
Jehov hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, y estos les dieron cuanto pedan. As despojaron a los egipcios.
Partieron los hijos de Israel de Ramess hacia Sucot. Eran unos seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los nios.
Tambin subi con ellos una gran multitud de toda clase de gentes, ovejas y muchsimo ganado.
Cocieron tortas sin levadura de la masa que haban sacado de Egipto, pues no haba leudado, porque al echarlos fuera los egipcios no haban tenido tiempo ni para prepararse comida.
El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue de cuatrocientos treinta aos.
El mismo da en que se cumplan los cuatrocientos treinta aos, todas las huestes de Jehov salieron de la tierra de Egipto.
Es noche de guardar para Jehov, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. Esta noche deben guardarla para Jehov todos los hijos de Israel a lo largo de sus generaciones.
Jehov dijo a Moiss y a Aarn: "Esta es la ley para la Pascua: ningn extrao comer de ella.
Pero todo siervo humano comprado por dinero comer de ella, despus que lo hayas circuncidado.
El extranjero y el jornalero no comern de ella.
Se comer en una casa, y no llevars de aquella carne fuera de ella ni le quebraris ningn hueso.
Toda la congregacin de Israel lo har.
Si algn extranjero habita contigo y quiere celebrar la Pascua para Jehov, que le sea circuncidado todo varn, y entonces la celebrar, pues ser como uno de vuestra nacin; pero ningn incircunciso comer de ella.
La misma ley regir para el natural y para el extranjero que habite entre vosotros".
As lo hicieron todos los hijos de Israel. Tal como mand Jehov a Moiss y a Aarn, as lo hicieron.
Y en aquel mismo da sac Jehov a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por grupos.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Consgrame todo primognito. Todo lo que abre la matriz entre los hijos de Israel, tanto de los hombres como de los animales, mo es".
Moiss dijo al pueblo: "Tened memoria de este da, en el cual habis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehov os ha sacado de aqu con mano fuerte; por tanto, no comeris cosa leudada.
Vosotros sals hoy, en el mes de Abib.
Y cuando Jehov te haya metido en la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del heveo y del jebuseo, la cual jur a tus padres que te dara, tierra que destila leche y miel, hars esta celebracin en este mes.
Siete das comers pan sin leudar, pero el sptimo da ser fiesta para Jehov.
Durante los siete das se comern los panes sin levadura, y no tendrs contigo nada leudado, ni levadura, en todo tu territorio.
En aquel da lo explicars a tu hijo diciendo: "Se hace esto con motivo de lo que Jehov hizo conmigo cuando me sac de Egipto".
Te ser como una seal en la mano y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehov est en tu boca, por cuanto con mano fuerte te sac Jehov de Egipto.
Por tanto, t guardars este rito de ao en ao, a su debido tiempo.
"Cuando Jehov te haya llevado a la tierra del cananeo, como lo ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la haya dado,
dedicars a Jehov a todo aquel que abre la matriz. Asimismo, todo primer nacido de tus animales, si es macho, ser de Jehov.
Pero todo primognito de asno lo redimirs con un cordero; y si no lo redimes, quebrars su cuello. Tambin redimirs al primognito de tus hijos.
Y cuando el da de maana te pregunte tu hijo: "Qu es esto?", le dirs: "Jehov nos sac con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre;
y cuando se endureci el faran para no dejarnos ir, Jehov hizo morir en la tierra de Egipto a todo primognito, desde el primognito humano hasta el primognito de la bestia. Por esta causa yo sacrifico para Jehov todo primognito macho, y redimo al primognito de mis hijos.
Te ser, pues, como una seal en la mano y como un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehov nos sac de Egipto con mano fuerte"".
Luego que el faran dej ir al pueblo, Dios no los llev por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca, pues dijo Dios: "Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y regrese a Egipto".
Por eso hizo Dios que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto del Mar Rojo. Los hijos de Israel salieron de Egipto armados.
Moiss tom tambin consigo los huesos de Jos, el cual haba hecho jurar a los hijos de Israel, dicindoles: "Dios ciertamente os visitar, y entonces os llevaris mis huesos de aqu con vosotros".
Partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del desierto.
Jehov iba delante de ellos, de da en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de da y de noche.
Nunca se apart del pueblo la columna de nube durante el da, ni la columna de fuego durante la noche.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Di a los hijos de Israel que regresen y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar, enfrente de Baal-zefn. Acamparis frente a ese lugar, junto al mar.
Y el faran dir de los hijos de Israel: "Encerrados estn en la tierra; el desierto los ha encerrado".
Yo endurecer el corazn del faran, para que los siga; entonces ser glorificado en el faran y en todo su ejrcito, y sabrn los egipcios que yo soy Jehov". Ellos lo hicieron as.
Cuando fue dado aviso al rey de Egipto, que el pueblo hua, el corazn del faran y de sus siervos se volvi contra el pueblo, y dijeron: "Cmo hemos hecho esto? Hemos dejado ir a Israel, para que no nos sirva".
Unci entonces su carro y tom consigo a su ejrcito.
Tom seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, junto con sus capitanes.
Endureci Jehov el corazn del faran, rey de Egipto, el cual sigui a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel haban salido con mano poderosa.
Los egipcios los siguieron con toda la caballera y los carros del faran, su gente de a caballo y todo su ejrcito; los alcanzaron donde estaban acampados junto al mar, cerca de Pi-hahirot, frente a Baal-zefn.
Cuando el faran se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos y vieron que los egipcios venan tras ellos, por lo que los hijos de Israel clamaron a Jehov llenos de temor,
y dijeron a Moiss: -- No haba sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? Por qu nos has hecho esto? Por qu nos has sacado de Egipto?
Ya te lo decamos cuando estbamos en Egipto: Djanos servir a los egipcios, porque mejor nos es servir a los egipcios que morir en el desierto.
Moiss respondi al pueblo: -- No temis; estad firmes y ved la salvacin que Jehov os dar hoy, porque los egipcios que hoy habis visto, no los volveris a ver nunca ms.
Jehov pelear por vosotros, y vosotros estaris tranquilos.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Por qu clamas a m? Di a los hijos de Israel que marchen.
Y t, alza tu vara, extiende tu mano sobre el mar y divdelo, para que los hijos de Israel pasen por medio del mar en seco.
Yo endurecer el corazn de los egipcios, para que los sigan; entonces me glorificar en el faran y en todo su ejrcito, en sus carros y en su caballera.
Y sabrn los egipcios que yo soy Jehov, cuando me glorifique en el faran, en sus carros y en su gente de a caballo.
El ngel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se apart y se puso detrs de ellos; asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apart y se puso a sus espaldas,
e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; para aquellos era una nube tenebrosa, pero a Israel lo alumbraba de noche; por eso, en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros.
Moiss extendi su mano sobre el mar, e hizo Jehov que el mar se retirara por medio de un recio viento oriental que sopl toda aquella noche. As se sec el mar y las aguas quedaron divididas.
Entonces los hijos de Israel entraron en medio del mar, en seco, y las aguas eran como un muro a su derecha y a su izquierda.
Los egipcios los siguieron, y toda la caballera del faran, sus carros y su gente de a caballo entraron tras ellos hasta la mitad del mar.
Aconteci a la vigilia de la maana, que Jehov mir el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastorn el campamento de los egipcios;
quit adems las ruedas de sus carros y los trastorn gravemente. Entonces los egipcios dijeron: -- Huyamos ante Israel, porque Jehov pelea por ellos contra los egipcios.
Pero Jehov dijo a Moiss: -- Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y su caballera.
Moiss extendi su mano sobre el mar y, cuando amaneca, el mar se volvi con toda su fuerza; al huir, los egipcios se encontraban con el mar. As derrib Jehov a los egipcios en medio del mar,
pues al volver las aguas, cubrieron los carros, la caballera y todo el ejrcito del faran que haba entrado tras ellos en el mar; no qued ni uno de ellos.
En cambio, los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, y las aguas eran como un muro a su derecha y a su izquierda.
As salv Jehov aquel da a Israel de manos de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.
Al ver Israel aquel gran hecho que Jehov ejecut contra los egipcios, el pueblo temi a Jehov, y creyeron a Jehov y a Moiss, su siervo.
Entonces Moiss y los hijos de Israel entonaron este cntico a Jehov: "Cantar yo a Jehov, porque se ha cubierto de gloria; ha echado en el mar al caballo y al jinete.
Jehov es mi fortaleza y mi cntico. Ha sido mi salvacin. Este es mi Dios, a quien yo alabar; el Dios de mi padre, a quien yo enaltecer.
Jehov es un guerrero. Jehov es su nombre!
Ech en el mar los carros del faran y su ejrcito. Lo mejor de sus capitanes, en el Mar Rojo se hundi.
Los abismos los cubrieron; descendieron a las profundidades como piedra.
Tu diestra, Jehov, ha magnificado su poder. Tu diestra, Jehov, ha aplastado al enemigo.
Con la grandeza de tu poder has derribado a los que se levantaron contra ti. Enviaste tu ira y los consumi como a hojarasca.
Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas, se juntaron las corrientes como en un montn, los abismos se cuajaron en medio del mar.
"El enemigo dijo: "Perseguir, apresar, repartir despojos; mi alma se saciar de ellos. Sacar mi espada, los destruir mi mano".
Soplaste con tu viento, los cubri el mar; se hundieron como plomo en las impetuosas aguas.
Quin como t, Jehov, entre los dioses? Quin como t, magnfico en santidad, terrible en maravillosas hazaas, hacedor de prodigios?
Extendiste tu diestra; la tierra los trag.
Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste. Lo llevaste con tu poder a tu santa morada.
Lo oirn los pueblos y temblarn. El dolor se apoderar de la tierra de los filisteos.
Entonces los caudillos de Edom se turbarn, a los valientes de Moab los asaltar temblor, se acobardarn todos los habitantes de Canan.
Que caiga sobre ellos temblor y espanto! Ante la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra, hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehov, hasta que haya pasado este pueblo que t rescataste.
T los introducirs y los plantars en el monte de tu heredad, en el lugar donde has preparado, oh Jehov, tu morada, en el santuario que tus manos, oh Jehov, han afirmado.
Jehov reinar eternamente y para siempre!".
Cuando el faran entr cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, Jehov hizo que las aguas del mar se volvieran contra ellos, mientras los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar.
Entonces Mara, la profetisa, hermana de Aarn, tom un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron detrs de ella con panderos y danzas.
Y Mara repeta: "Cantad a Jehov, porque se ha cubierto de gloria; ha echado en el mar al caballo y al jinete".
Moiss hizo partir a Israel del Mar Rojo. Salieron al desierto de Shur y anduvieron tres das por el desierto sin hallar agua.
Llegaron a Mara, pero no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.
El pueblo se puso a murmurar contra Moiss, diciendo: "Qu hemos de beber?".
Entonces Moiss clam a Jehov, y Jehov le mostr un rbol; lo ech en las aguas, y las aguas se endulzaron. All les dio estatutos y ordenanzas, y all los prob.
Les dijo: "Si escuchas atentamente la voz de Jehov, tu Dios, y haces lo recto delante de sus ojos, das odo a sus mandamientos y guardas todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envi sobre los egipcios traer sobre ti, porque yo soy Jehov, tu sanador".
Despus llegaron a Elim, donde haba doce fuentes de aguas y setenta palmeras, y acamparon all junto a las aguas.
Parti luego de Elim toda la congregacin de los hijos de Israel, y lleg al desierto de Sin, que est entre Elim y Sina, a los quince das del segundo mes despus de su salida de la tierra de Egipto.
En el desierto, toda la congregacin de los hijos de Israel murmur contra Moiss y Aarn.
Los hijos de Israel les decan: -- Ojal hubiramos muerto a manos de Jehov en la tierra de Egipto, cuando nos sentbamos ante las ollas de carne, cuando comamos pan hasta saciarnos, pues nos habis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.
Jehov dijo a Moiss: -- Mira, yo os har llover pan del cielo. El pueblo saldr y recoger diariamente la porcin de un da, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.
Pero en el sexto da se prepararn para guardar el doble de lo que suelen recoger cada da.
Entonces dijeron Moiss y Aarn a todos los hijos de Israel: -- En la tarde sabris que Jehov os ha sacado de la tierra de Egipto,
y por la maana veris la gloria de Jehov, porque l ha odo vuestras murmuraciones contra Jehov; pues qu somos nosotros para que murmuris contra nosotros?
Y Moiss aadi: -- Jehov os dar por la tarde carne para comer, y por la maana pan hasta saciaros, porque Jehov ha odo lo que habis murmurado contra l; pues qu somos nosotros? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehov.
Luego dijo Moiss a Aarn: -- Di a toda la congregacin de los hijos de Israel: "Acercaos a la presencia de Jehov, porque l ha odo vuestras murmuraciones".
Mientras Aarn hablaba a toda la congregacin de los hijos de Israel, ellos miraron hacia el desierto, y vieron que la gloria de Jehov apareca en la nube.
Y Jehov dijo a Moiss:
-- Yo he odo las murmuraciones de los hijos de Israel. Hblales y diles: "Al caer la tarde comeris carne, y por la maana os saciaris de pan. As sabris que yo soy Jehov, vuestro Dios".
Al llegar la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento, y por la maana descendi roco alrededor del campamento.
Cuando el roco ces de descender, apareci sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como escarcha sobre la tierra.
Al verlo, los hijos de Israel se dijeron unos a otros: "Qu es esto?", porque no saban qu era. Entonces Moiss les dijo: -- Es el pan que Jehov os da para comer.
Esto es lo que Jehov ha mandado: Recoged de l cada uno segn lo que pueda comer, un gomer por cabeza, conforme al nmero de personas en su familia; tomaris cada uno para los que estn en su tienda.
Los hijos de Israel lo hicieron as, y recogieron unos ms, otros menos.
Lo medan por gomer, y no sobr al que haba recogido mucho, ni falt al que haba recogido poco; cada uno recogi conforme a lo que haba de comer.
Luego les dijo Moiss: -- Ninguno deje nada de ello para maana.
Pero ellos no obedecieron a Moiss, sino que algunos dejaron algo para el otro da; pero cri gusanos, y apestaba. Y se enoj con ellos Moiss.
Lo recogan cada maana, cada uno segn lo que haba de comer; y luego que el sol calentaba, se derreta.
En el sexto da recogieron doble porcin de comida, dos gomeres para cada uno. Todos los prncipes de la congregacin fueron y se lo hicieron saber a Moiss.
l les dijo: -- Esto es lo que ha dicho Jehov: "Maana es sbado, el da de reposo consagrado a Jehov; lo que tengis que cocer, cocedlo hoy, y lo que tengis que cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobre, guardadlo para maana".
Ellos lo guardaron hasta el da siguiente, segn lo que Moiss haba mandado, y no se agusan ni apest.
Entonces dijo Moiss: -- Comedlo hoy, porque hoy es sbado dedicado a Jehov; hoy no hallaris nada en el campo.
Seis das lo recogeris, pero el sptimo da, que es sbado, nada se hallar.
Aconteci que algunos del pueblo salieron en el sptimo da a recoger, y no hallaron nada.
Y Jehov dijo a Moiss: -- Hasta cundo os negaris a guardar mis mandamientos y mis leyes?
Mirad que Jehov os dio el sbado, y por eso en el sexto da os da pan para dos das. Qudese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de l en el sptimo da.
As el pueblo repos el sptimo da.
La casa de Israel lo llam "man"; era como una semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel.
Despus dijo Moiss: -- Esto es lo que Jehov ha mandado: "Llenad un gomer de l y guardadlo para vuestros descendientes, a fin de que vean el pan que yo os di a comer en el desierto, cuando yo os saqu de la tierra de Egipto".
A Aarn dijo Moiss: -- Toma una vasija, pon en ella un gomer de man y colcalo delante de Jehov, a fin de que sea guardado para vuestros descendientes.
Aarn lo puso delante del Testimonio para guardarlo, tal como Jehov lo mand a Moiss.
As comieron los hijos de Israel man durante cuarenta aos, hasta que llegaron a tierra habitada; man comieron hasta que llegaron a los lmites de la tierra de Canan.
Un gomer es la dcima parte de un efa.
Toda la congregacin de los hijos de Israel parti del desierto de Sin avanzando por jornadas, conforme al mandamiento de Jehov, y acamparon en Refidim, donde no haba agua para que el pueblo bebiera.
Y disput el pueblo con Moiss, dicindole: -- Danos agua para que bebamos. -- Por qu disputis conmigo? Por qu tentis a Jehov? --les respondi Moiss.
As que el pueblo tuvo all sed, y murmur contra Moiss: -- Por qu nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
Entonces clam Moiss a Jehov, y dijo: -- Qu har con este pueblo? Poco falta para que me apedreen!
Jehov respondi a Moiss: -- Pasa delante del pueblo y toma contigo algunos ancianos de Israel; toma tambin en tu mano la vara con que golpeaste el ro, y ve.
All yo estar ante ti sobre la pea, en Horeb; golpears la pea, y saldrn de ella aguas para que beba el pueblo. Moiss lo hizo as en presencia de los ancianos de Israel.
Y dio a aquel lugar el nombre de Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel y porque tentaron a Jehov al decir: "Est, pues, Jehov entre nosotros o no?".
Despus vino Amalec y pele contra Israel en Refidim.
Y dijo Moiss a Josu: -- Escoge a algunos hombres y sal a pelear contra Amalec. Maana yo estar sobre la cumbre del collado con la vara de Dios en mi mano.
Josu hizo como le dijo Moiss y sali a pelear contra Amalec. Moiss, Aarn y Hur subieron a la cumbre del collado.
Y suceda que cuando alzaba Moiss su mano, Israel venca; pero cuando l bajaba su mano, venca Amalec.
Como las manos de Moiss se cansaban, tomaron una piedra y la pusieron debajo de l. Moiss se sent sobre ella, mientras Aarn y Hur sostenan sus manos, uno de un lado y el otro del otro; as se mantuvieron firmes sus manos hasta que se puso el sol.
Y Josu deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Escribe esto para que sea recordado en un libro, y di a Josu que borrar del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.
Luego Moiss edific un altar, al que puso por nombre Jehov-nisi,
diciendo: "Por cuanto la mano de Amalec se levant contra el trono de Jehov, Jehov estar en guerra con Amalec de generacin en generacin".
Oy Jetro, sacerdote de Madin, suegro de Moiss, todas las cosas que Dios haba hecho con Moiss y con Israel, su pueblo, y cmo Jehov haba sacado a Israel de Egipto.
Entonces tom Jetro, suegro de Moiss, a Sfora, la mujer de Moiss, despus que l la envi,
y a sus dos hijos; el uno se llamaba Gersn, porque dijo: "Forastero he sido en tierra ajena";
y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo: "El Dios de mi padre me ayud y me libr de la espada del faran".
Cuando Jetro, el suegro de Moiss, lleg con los hijos y la mujer de este junto al monte de Dios en el desierto, donde estaba acampado Moiss,
le dijo: -- Yo, tu suegro Jetro, vengo a ti, con tu mujer y sus dos hijos.
Moiss sali a recibir a su suegro, se inclin y lo bes. Se preguntaron el uno al otro cmo estaban, y entraron a la tienda.
Moiss cont a su suegro todas las cosas que Jehov haba hecho al faran y a los egipcios por amor de Israel, todo el trabajo que haban pasado en el camino y cmo los haba librado Jehov.
Se alegr Jetro de todo el bien que Jehov haba hecho a Israel al haberlo librado de manos de los egipcios.
Y Jetro dijo: -- Bendito sea Jehov, que os libr de manos de los egipcios y de manos del faran. l ha librado al pueblo de manos de los egipcios.
Ahora conozco que Jehov es ms grande que todos los dioses, porque en lo que se ensoberbecieron prevaleci contra ellos.
Luego tom Jetro, suegro de Moiss, holocaustos y sacrificios para Dios; y Aarn y todos los ancianos de Israel fueron a comer con el suegro de Moiss delante de Dios.
Aconteci que al da siguiente se sent Moiss a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moiss desde la maana hasta la tarde.
Al ver el suegro de Moiss todo lo que l haca por el pueblo, le pregunt: -- Qu es esto que haces t con el pueblo? Por qu te sientas t solo, mientras todo el pueblo permanece delante de ti desde la maana hasta la tarde?
Moiss respondi a su suegro: -- Porque el pueblo viene a m para consultar a Dios.
Cuando tienen algn pleito, vienen a m; yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro los preceptos de Dios y sus leyes.
Entonces el suegro de Moiss le dijo: -- No est bien lo que haces.
Desfallecers del todo, t y tambin este pueblo que est contigo, porque el trabajo es demasiado pesado para ti y no podrs hacerlo t solo.
Oye ahora mi voz: yo te aconsejar y Dios estar contigo. Presntate t por el pueblo delante de Dios, y somete t los asuntos a Dios.
Ensales los preceptos y las leyes, mustrales el camino por donde deben andar y lo que han de hacer.
Adems escoge t de entre todo el pueblo a hombres virtuosos, temerosos de Dios, hombres veraces, que aborrezcan la avaricia, y ponlos sobre el pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez.
Ellos juzgarn al pueblo en todo tiempo; todo asunto grave lo traern a ti, y ellos juzgarn todo asunto pequeo. As se aliviar tu carga, pues ellos la llevarn contigo.
Si esto haces, y Dios te lo manda, t podrs sostenerte, y tambin todo este pueblo ir en paz a su lugar.
Oy Moiss la voz de su suegro, e hizo todo lo que l le dijo.
Escogi Moiss hombres de virtud de entre todo Israel, y los puso sobre el pueblo como jefes sobre mil, sobre cien, sobre cincuenta y sobre diez,
los cuales juzgaban al pueblo en todo tiempo. Los asuntos difciles los traan a Moiss, y ellos juzgaban todo asunto pequeo.
Luego Moiss despidi a su suegro, y este se fue a su tierra.
Al tercer mes de haber salido los hijos de Israel de la tierra de Egipto, ese mismo da, llegaron al desierto de Sina.
Haban salido de Refidim, y al llegar al desierto de Sina acamparon en el desierto. Israel acamp all frente al monte,
y Moiss subi a encontrarse con Dios. Jehov lo llam desde el monte y le dijo: -- As dirs a la casa de Jacob, y anunciars a los hijos de Israel:
"Vosotros visteis lo que hice con los egipcios, y cmo os tom sobre alas de guila y os he trado a m.
Ahora, pues, si dais odo a mi voz y guardis mi pacto, vosotros seris mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque ma es toda la tierra.
Vosotros me seris un reino de sacerdotes y gente santa". Estas son las palabras que dirs a los hijos de Israel.
Entonces regres Moiss, llam a los ancianos del pueblo y expuso en su presencia todas estas palabras que Jehov le haba mandado.
Todo el pueblo respondi a una diciendo: -- Haremos todo lo que Jehov ha dicho. Moiss refiri a Jehov las palabras del pueblo,
y Jehov le dijo: -- Yo vendr a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y as te crean para siempre. Moiss refiri las palabras del pueblo a Jehov,
y Jehov le dijo: -- Ve al pueblo, y santifcalos hoy y maana. Que laven sus vestidos
y estn preparados para el tercer da, porque al tercer da Jehov descender a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sina.
Sealars lmites alrededor del pueblo, y dirs: "Guardaos, no subis al monte ni toquis sus lmites; cualquiera que toque el monte, de seguro morir".
No lo tocar mano alguna, porque ser apedreado o muerto a flechazos; sea animal o sea hombre, no quedar con vida. Cuando resuene la bocina, subirn al monte.
Descendi, pues, Moiss del monte al pueblo, y santific al pueblo y ellos lavaron sus vestidos.
Dijo al pueblo: -- Estad preparados para el tercer da, y absteneos de mujer.
Aconteci que al tercer da, cuando vino la maana, hubo truenos y relmpagos, una espesa nube cubri el monte y se oy un sonido de bocina muy fuerte. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeci.
Moiss sac del campamento al pueblo para recibir a Dios, y ellos se detuvieron al pie del monte.
Todo el monte Sina humeaba, porque Jehov haba descendido sobre l en medio del fuego. El humo suba como el humo de un horno, y todo el monte se estremeca violentamente.
El sonido de la bocina se haca cada vez ms fuerte. Moiss hablaba, y Dios le responda con voz de trueno.
Descendi Jehov sobre el monte Sina, sobre la cumbre del monte. Llam Jehov a Moiss a la cumbre del monte, y Moiss subi.
Jehov dijo a Moiss: -- Desciende y ordena al pueblo que no traspase los lmites para ver a Jehov, porque caer multitud de ellos.
Que tambin se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehov, para que Jehov no haga entre ellos estrago.
Moiss dijo a Jehov: -- El pueblo no podr subir al monte Sina, porque t nos has mandado diciendo: "Seala lmites al monte y santifcalo".
Pero Jehov le dijo: -- Ve, desciende, y luego subirs junto con Aarn; pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen el lmite para subir adonde est Jehov, no sea que haga entre ellos estrago.
Entonces Moiss descendi, y se lo dijo al pueblo.
Habl Dios todas estas palabras:
"Yo soy Jehov, tu Dios, que te saqu de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
"No tendrs dioses ajenos delante de m.
"No te hars imagen ni ninguna semejanza de lo que est arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
No te inclinars a ellas ni las honrars, porque yo soy Jehov, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generacin de los que me aborrecen,
y hago misericordia por millares a los que me aman y guardan mis mandamientos.
"No tomars el nombre de Jehov, tu Dios, en vano, porque no dar por inocente Jehov al que tome su nombre en vano.
"Acurdate del sbado para santificarlo.
Seis das trabajars y hars toda tu obra,
pero el sptimo da es de reposo para Jehov, tu Dios; no hagas en l obra alguna, t, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que est dentro de tus puertas,
porque en seis das hizo Jehov los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y repos en el sptimo da; por tanto, Jehov bendijo el sbado y lo santific.
"Honra a tu padre y a tu madre, para que tus das se alarguen en la tierra que Jehov, tu Dios, te da.
"No matars.
"No cometers adulterio.
"No hurtars.
"No dirs contra tu prjimo falso testimonio.
"No codiciars la casa de tu prjimo: no codiciars la mujer de tu prjimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prjimo".
Todo el pueblo observaba el estruendo, los relmpagos, el sonido de la bocina y el monte que humeaba. Al ver esto, el pueblo tuvo miedo y se mantuvo alejado.
Entonces dijeron a Moiss: -- Habla t con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.
Moiss respondi al pueblo: -- No temis, pues Dios vino para probaros, para que su temor est ante vosotros y no pequis.
Y mientras el pueblo se mantena alejado, Moiss se acerc a la oscuridad en la cual estaba Dios.
Jehov dijo a Moiss: "As dirs a los hijos de Israel: "Vosotros habis visto que os he hablado desde el cielo.
No os hagis dioses de plata ni dioses de oro para ponerlos junto a m.
Me hars un altar de tierra, y sacrificars sobre l tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas. En todo lugar donde yo haga que se recuerde mi nombre, vendr a ti y te bendecir.
Y si me haces un altar de piedras, no las labres de cantera, porque si alzas tus herramientas sobre l, lo profanars.
Tampoco subirs por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a l".
"Estas son las leyes que les propondrs.
"Si compras un siervo hebreo, seis aos servir, pero al sptimo saldr libre, de balde.
Si entr solo, solo saldr; si tena mujer, su mujer saldr con l.
Si su amo le dio una mujer, y ella le dio hijos o hijas, la mujer y sus hijos sern de su amo, y l saldr solo.
Pero si el siervo dice: "Yo amo a mi seor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre",
entonces su amo lo llevar ante los jueces, lo arrimar a la puerta o al poste, y le horadar la oreja con lesna. As ser su siervo para siempre.
"Cuando alguien venda a su hija como sierva, ella no saldr libre como suelen salir los siervos.
Si no agrada a su seor, por lo cual no la tom como esposa, se le permitir que se rescate, y no la podr vender a pueblo extrao cuando la deseche.
Pero si la desposa con su hijo, har con ella segn se acostumbra con las hijas.
Si toma para l otra mujer, no disminuir su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal.
Y si ninguna de estas tres cosas le provee, ella saldr de gracia, sin dinero.
"El que hiera a alguien, hacindolo as morir, l morir.
Pero el que no pretenda herirlo, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te sealar el lugar al cual ha de huir.
Pero si alguien se enoja contra su prjimo y lo mata con alevosa, de mi altar lo apartars para que muera.
"El que hiera a su padre o a su madre, morir.
"Asimismo el que secuestre una persona y la venda, o si es hallada en sus manos, morir.
"Igualmente el que maldiga a su padre o a su madre, morir.
"Adems, si algunos rien, y uno hiere a su prjimo con piedra o con el puo, y este no muere, sino que despus de guardar cama
se levanta y anda por fuera, apoyado en su bastn, entonces ser absuelto el que lo hiri; solamente le pagar por lo que estuvo sin trabajar, y har que lo curen.
"Si alguien hiere a su siervo o a su sierva con un palo, y muere entre sus manos, ser castigado;
pero si sobrevive por un da o dos, no ser castigado, porque es propiedad suya.
"Si algunos rien y hieren a una mujer embarazada, y esta aborta, pero sin causarle ningn otro dao, sern penados conforme a lo que les imponga el marido de la mujer y juzguen los jueces.
Pero si le causan otro dao, entonces pagars vida por vida,
ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.
"Si alguien hiere el ojo de su siervo o el ojo de su sierva, y lo daa, le dar libertad por razn de su ojo.
Y si hace saltar un diente de su siervo o un diente de su sierva, por su diente le dejar en libertad.
"Si un buey cornea a un hombre o a una mujer y le causa la muerte, el buey ser apedreado y no se comer su carne, pero el dueo del buey ser absuelto.
Pero si el buey acostumbraba a cornear, y su dueo no lo hubiera guardado, aunque se le hubiera notificado, y mata a un hombre o a una mujer, el buey ser apedreado, y tambin morir su dueo.
Si le es impuesto un precio de rescate, entonces dar por el rescate de su persona cuanto le sea impuesto.
Haya corneado a un hijo o haya corneado a una hija, conforme a este juicio se har con l.
Si el buey cornea a un siervo o a una sierva, su dueo pagar treinta siclos de plata, y el buey ser apedreado.
"Si alguien abre un pozo o cava una cisterna, y no la tapa, y cae all un buey o un asno,
el dueo de la cisterna pagar el dao, resarciendo a su dueo, y el animal muerto ser suyo.
"Pero si el buey de alguien hiere al buey de su prjimo causndole la muerte, entonces vendern el buey vivo y se repartirn el dinero, y tambin se repartirn el buey muerto.
Pero si era notorio que el buey acostumbraba cornear, y su dueo no lo hubiera guardado, pagar buey por buey, y el buey muerto ser suyo.
"Cuando alguien robe un buey o una oveja, y los degelle o los venda, por el buey pagar cinco bueyes, y por la oveja, cuatro ovejas.
"Si el ladrn, sorprendido forzando una casa, es herido y muere, el que lo hiri no ser culpado de su muerte.
Pero si es de da, el autor de la muerte ser reo de homicidio. "El ladrn har completa restitucin; si no tiene con qu, ser vendido para pagar lo robado.
"Si lo robado, sea buey, asno u oveja, es hallado vivo en sus manos, pagar el doble.
"Si alguien hace pastar en un campo o una via, y mete su bestia en campo de otro, de lo mejor de su campo y de lo mejor de su via pagar.
"Cuando se prenda fuego, y al quemar espinos se quema tambin mieses amontonadas o en pie, o un campo, el que encendi el fuego pagar lo quemado.
"Cuando alguien d a su prjimo plata o alhajas a guardar, y las roben de la casa de aquel hombre, si el ladrn es hallado, pagar el doble.
Si el ladrn no es hallado, entonces el dueo de la casa ser presentado a los jueces, para que se vea si ha metido su mano en los bienes de su prjimo.
"En toda clase de fraude, ya se trate de buey, asno, oveja, vestido o cualquier cosa perdida, cuando alguien diga: "Esto es mo", la causa de ambos vendr ante los jueces; y aquel a quien los jueces condenen, pagar el doble a su prjimo.
"Si alguien da a guardar a su prjimo un asno, un buey, una oveja o cualquier otro animal, y este muere, es estropeado o robado sin que nadie lo vea,
juramento de Jehov mediar entre ambos de que no meti sus manos en los bienes de su prjimo: su dueo lo aceptar, y el otro no pagar.
Pero si le fue robado, resarcir a su dueo.
Y si le fue arrebatado por una fiera, le traer testimonio y no pagar lo arrebatado.
"Pero si alguien toma prestada una bestia de su prjimo, y es estropeada o muerta estando ausente su dueo, deber pagarla.
Si el dueo estaba presente, no la pagar. Si era alquilada, reciba el dueo el alquiler.
"Si alguien engaa a una joven que no ha sido desposada y duerme con ella, deber dotarla y tomarla por mujer.
Si su padre no quiere drsela, l le pagar conforme a la dote de las vrgenes.
"A la hechicera no la dejars con vida.
"Cualquiera que cohabite con una bestia, morir.
"El que ofrezca sacrificio a otros dioses en vez de ofrecrselo solamente a Jehov, ser muerto.
"Al extranjero no engaars ni angustiars, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
"A ninguna viuda ni hurfano afligiris,
porque si t llegas a afligirlos, y ellos claman a m, ciertamente oir yo su clamor,
mi furor se encender y os matar a espada; vuestras mujeres sern viudas, y hurfanos vuestros hijos.
"Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que est contigo, no te portars con l como usurero ni le cobrars intereses.
Si tomas en prenda el vestido de tu prjimo, a la puesta del sol se lo devolvers,
porque solo eso es su abrigo, el vestido para cubrir su cuerpo. Con qu dormir? Y cuando l clame a m, yo le oir, porque soy misericordioso.
"No ofenders a los jueces ni maldecirs al prncipe de tu pueblo.
"No demorars en traerme la primicia de tu cosecha ni de tu lagar. "Me dars el primognito de tus hijos.
Lo mismo hars con el de tu buey y el de tu oveja; siete das estar con su madre, y al octavo da me lo dars.
"Me seris hombres santos. "No comeris carne destrozada por las fieras en el campo; a los perros la echaris.
"No admitirs falso rumor. No te pondrs de acuerdo con el malvado para ser testigo falso.
"No seguirs a la mayora para hacer mal, ni responders en un litigio inclinndote a la mayora para hacer agravios.
Tampoco favorecers al pobre en su causa.
"Si encuentras el buey de tu enemigo o su asno extraviado, regresa a llevrselo.
Si ves el asno del que te aborrece cado debajo de su carga, lo dejars sin ayuda? Antes bien le ayudars a levantarlo.
"No violars el derecho del pobre en su pleito.
"De palabra de mentira te alejars, y no matars al inocente y justo, porque yo no justificar al malvado.
"No recibirs soborno, porque el soborno ciega a los que ven y pervierte las palabras de los justos.
"No oprimirs al extranjero, porque vosotros sabis cmo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.
"Seis aos sembrars tu tierra y recogers su cosecha,
pero el sptimo ao la dejars libre, para que coman los pobres de tu pueblo, y de lo que quede comern las bestias del campo. As hars con tu via y con tu olivar.
"Seis das trabajars, pero el sptimo da reposars, para que descansen tu buey y tu asno, y tomen refrigerio el hijo de tu sierva y el extranjero.
"Guardad todo lo que os he dicho. No invocaris el nombre de otros dioses ni los mencionar vuestra boca.
"Tres veces al ao me celebraris fiesta.
La fiesta de los Panes sin levadura guardars. Siete das comers los panes sin levadura, como yo te mand, en el tiempo del mes de Abib, porque en l saliste de Egipto; y ninguno se presentar ante m con las manos vacas.
"Tambin la fiesta de la Siega, los primeros frutos de tus labores, de lo que hayas sembrado en el campo, y la fiesta de la Cosecha a la salida del ao, cuando hayas recogido del campo los frutos de tus labores.
"Tres veces al ao se presentar todo hombre delante de Jehov, el Seor.
"No ofrecers con pan leudado la sangre de mi sacrificio, ni la grasa de la vctima quedar de la noche hasta la maana.
"Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traers a la casa de Jehov, tu Dios. "No guisars el cabrito en la leche de su madre.
"Yo envo mi ngel delante de ti, para que te guarde en el camino y te introduzca en el lugar que yo he preparado.
Comprtate delante de l y oye su voz; no le seas rebelde, porque l no perdonar vuestra rebelin, pues mi nombre est en l.
Pero si en verdad oyes su voz y haces todo lo que yo te diga, ser enemigo de tus enemigos y afligir a los que te aflijan.
Mi ngel ir delante de ti y te llevar a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo har destruir.
No te inclinars ante sus dioses ni los servirs, ni hars como ellos hacen, sino que los destruirs del todo y quebrars totalmente sus estatuas.
Pero serviris a Jehov, vuestro Dios, y l bendecir tu pan y tus aguas. "Yo apartar de ti toda enfermedad.
En tu tierra no habr mujer que aborte ni que sea estril, y alargar el nmero de tus das.
"Yo enviar mi terror delante de ti; turbar a todos los pueblos donde entres y har que todos tus enemigos huyan delante de ti.
Enviar delante de ti la avispa, que eche de tu presencia al heveo, al cananeo y al heteo.
No los expulsar de tu presencia en un ao, para que no quede la tierra desierta ni se multipliquen contra ti las fieras del campo.
Poco a poco los echar de tu presencia, hasta que te multipliques y tomes posesin de la tierra.
Fijar tus lmites desde el Mar Rojo hasta el mar de los filisteos y desde el desierto hasta el ufrates, porque pondr en tus manos a los habitantes de la tierra y t los arrojars de delante de ti.
"No hars alianza con ellos ni con sus dioses.
En tu tierra no habitarn, no sea que te hagan pecar contra m sirviendo a sus dioses, porque te ser tropiezo".
Dijo Jehov a Moiss: -- Sube ante Jehov, junto con Aarn, Nadab, Abi y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaris de lejos.
Pero solo Moiss se acercar a Jehov; que ellos no se acerquen ni suba el pueblo con l.
Moiss fue y le cont al pueblo todas las palabras de Jehov, y todas las leyes. Y todo el pueblo respondi a una voz: -- Cumpliremos todas las palabras que Jehov ha dicho.
Entonces Moiss escribi todas las palabras de Jehov, y levantndose de maana edific un altar y doce columnas al pie del monte, una por cada tribu de Israel.
Luego envi jvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehov.
Moiss tom la mitad de la sangre, la puso en tazones y esparci la otra mitad de la sangre sobre el altar.
Despus tom el libro del pacto y lo ley a odos del pueblo, el cual dijo: -- Obedeceremos y haremos todas las cosas que Jehov ha dicho.
Entonces Moiss tom la sangre, la roci sobre el pueblo y dijo: -- Esta es la sangre del pacto que Jehov ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.
Subieron Moiss y Aarn, Nadab y Abi, junto con setenta de los ancianos de Israel,
y vieron al Dios de Israel. Debajo de sus pies haba como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando est sereno.
Pero no extendi su mano contra los prncipes de los hijos de Israel: ellos vieron a Dios, comieron y bebieron.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Sube a m al monte y espera all, y te dar tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para ensearles.
Se levant Moiss junto con Josu, su servidor, y Moiss subi al monte de Dios.
A los ancianos les dijo: -- Esperadnos aqu hasta que volvamos. Aarn y Hur estarn con vosotros; el que tenga algn asunto, acuda a ellos.
Entonces Moiss subi al monte. Una nube cubri el monte,
y la gloria de Jehov repos sobre el monte Sina. La nube lo cubri por seis das, y al sptimo da llam a Moiss de en medio de la nube.
La apariencia de la gloria de Jehov era, a los ojos de los hijos de Israel, como un fuego abrasador en la cumbre del monte.
Moiss entr en medio de la nube y subi al monte. Y estuvo Moiss en el monte cuarenta das y cuarenta noches.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Di a los hijos de Israel que recojan para m una ofrenda. De todo hombre que la d voluntariamente, de corazn, recogeris mi ofrenda.
Esta es la ofrenda que aceptaris de ellos: oro, plata, cobre,
azul, prpura, carmes, lino fino, pelo de cabras,
pieles de carneros teidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia,
aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la uncin y para el incienso aromtico,
piedras de nice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.
Me erigirn un santuario, y habitar en medio de ellos.
Conforme a todo lo que yo te muestre, as haris el diseo del Tabernculo y el diseo de todos sus utensilios.
"Harn tambin un arca de madera de acacia, cuya longitud ser de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.
La recubrirs de oro puro por dentro y por fuera, y pondrs encima y alrededor de ella una cornisa de oro.
Fundirs para ella cuatro argollas de oro, que pondrs en sus cuatro esquinas; dos argollas a un lado de ella y dos argollas al otro lado.
Hars unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirs de oro.
Y meters las varas por las argollas a los lados del Arca, para llevar el Arca con ellas.
Las varas quedarn en las argollas del Arca; no se quitarn de ella.
En el Arca pondrs el Testimonio que yo te dar.
"Hars un propiciatorio de oro fino, cuya longitud ser de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.
Hars tambin dos querubines de oro; los hars labrados a martillo en los dos extremos del propiciatorio.
Hars, pues, un querubn en un extremo, y un querubn en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio hars los querubines en sus dos extremos.
Los querubines extendern por encima las alas, cubriendo con ellas el propiciatorio; estarn uno frente al otro, con sus rostros mirando hacia al propiciatorio.
Despus pondrs el propiciatorio encima del Arca, y en el Arca pondrs el Testimonio que yo te dar.
All me manifestar a ti, y hablar contigo desde encima del propiciatorio, de entre los dos querubines que estn sobre el Arca del testimonio, todo lo que yo te mande para los hijos de Israel.
"Hars asimismo una mesa de madera de acacia; su longitud ser de dos codos, de un codo su anchura, y su altura de codo y medio.
La recubrirs de oro puro y le hars una cornisa de oro alrededor.
Le hars tambin una moldura alrededor, de un palmo menor de anchura, y hars alrededor de la moldura una cornisa de oro.
Le hars cuatro argollas de oro, las cuales pondrs en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro patas.
Las argollas estarn debajo de la moldura, y por ellas entrarn las varas para llevar la mesa.
Hars las varas de madera de acacia, las cubrirs de oro, y con ellas ser llevada la mesa.
Hars tambin sus platos, cucharas, cubiertas y los tazones con que se libar; de oro fino los hars.
Y pondrs siempre sobre la mesa el pan de la proposicin delante de m.
"Hars adems un candelabro de oro puro; labrado a martillo se har el candelabro; su pie, su caa, sus copas, sus manzanas y sus flores sern de lo mismo.
Y saldrn seis brazos de sus lados: tres brazos del candelabro a un lado y tres brazos al otro lado.
Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; as en los seis brazos que salen del candelabro.
En la caa central del candelabro habr cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores.
Habr una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo; as para los seis brazos que salen del candelabro.
Sus manzanas y sus brazos sern de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro.
Y le hars siete lmparas, las cuales encenders para que alumbren hacia adelante.
Tambin sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro.
De un talento de oro fino lo hars, con todos estos utensilios.
Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.
"Hars el Tabernculo de diez cortinas de lino torcido, azul, prpura y carmes; lo hars con querubines de obra primorosa.
La longitud de cada cortina ser de veintiocho codos, y su anchura de cuatro codos; todas las cortinas tendrn una misma medida.
Cinco cortinas estarn unidas una con la otra, y las otras cinco cortinas unidas una con la otra.
Y hars lazadas de azul en la orilla de la ltima cortina de la primera unin; lo mismo hars en la orilla de la cortina de la segunda unin.
Cincuenta lazadas hars en la primera cortina, y cincuenta lazadas hars en la orilla de la cortina que est en la segunda unin; las lazadas estarn contrapuestas la una a la otra.
Hars tambin cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazars las cortinas la una con la otra, de modo que el Tabernculo forme un todo.
"Hars asimismo cortinas de pelo de cabra para una cubierta sobre el Tabernculo; once cortinas hars.
La longitud de cada cortina ser de treinta codos, y la anchura de cada cortina, de cuatro codos; una misma medida tendrn las once cortinas.
Unirs cinco cortinas aparte y las otras seis cortinas aparte, y doblars la sexta cortina sobre el frente del Tabernculo.
Despus hars cincuenta lazadas en la orilla de la cortina, al borde de la unin, y cincuenta lazadas en la orilla de la cortina de la segunda unin.
Hars asimismo cincuenta corchetes de bronce, los cuales meters por las lazadas; y enlazars las uniones para que se haga una sola cubierta.
La parte que sobra en las cortinas de la tienda, la mitad de la cortina que sobra, colgar a espaldas del Tabernculo.
Un codo de un lado y otro codo del otro lado, que sobran a lo largo de las cortinas de la tienda, colgarn sobre los lados del Tabernculo a un lado y al otro, para cubrirlo.
"Hars tambin a la tienda una cubierta de pieles de carneros teidas de rojo, y una cubierta de pieles de tejones encima.
"Hars adems para el Tabernculo tablas de madera de acacia, que estn derechas.
La longitud de cada tabla ser de diez codos, y de codo y medio la anchura.
Dos espigas tendr cada tabla, para unirlas una con otra; as hars todas las tablas del Tabernculo.
Hars, pues, las tablas del Tabernculo; veinte tablas al lado del medioda, al sur.
Y hars cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de una tabla para sus dos espigas y dos basas debajo de otra tabla para sus dos espigas.
"Y para el otro lado del Tabernculo, el lado del norte, hars veinte tablas
con sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de una tabla y dos basas debajo de otra tabla.
Para el lado posterior del Tabernculo, hacia el occidente, hars seis tablas.
Hars adems dos tablas para las esquinas del Tabernculo en los dos ngulos posteriores,
las cuales se unirn desde abajo, y asimismo se juntarn por su alto con un gozne. As ser con las otras dos; sern para las dos esquinas.
De suerte que sern ocho tablas, con sus basas de plata: diecisis basas, dos basas debajo de una tabla y dos basas debajo de otra tabla.
"Hars tambin cinco barras de madera de acacia para las tablas de un lado del Tabernculo,
cinco barras para las tablas del otro lado del Tabernculo y cinco barras para las tablas del lado posterior del Tabernculo, hacia el occidente.
La barra central pasar en medio de las tablas, de un extremo al otro.
Recubrirs de oro las tablas, y hars sus argollas de oro para meter por ellas las barras; tambin recubrirs de oro las barras.
Erigirs el Tabernculo conforme al modelo que te fue mostrado en el monte.
"Tambin hars un velo de azul, prpura, carmes y lino torcido; ser hecho de obra primorosa, con querubines.
Lo pondrs sobre cuatro columnas de madera de acacia recubiertas de oro, con capiteles de oro y sobre basas de plata.
Pondrs el velo debajo de los corchetes, y all, detrs del velo, colocars el Arca del testimonio. As el velo servir para separar el Lugar santo del Lugar santsimo.
Pondrs el propiciatorio sobre el Arca del testimonio en el Lugar santsimo.
Fuera del velo pondrs la mesa, y frente a ella, en el lado sur del Tabernculo, el candelabro. As quedar la mesa hacia el lado del norte.
"Hars para la puerta del Tabernculo una cortina de azul, prpura, carmes y lino torcido, obra de recamador.
Y hars para la cortina cinco columnas de madera de acacia, las cuales cubrirs de oro, con sus capiteles de oro, y fundirs cinco basas de bronce para ellas.
"Hars tambin un altar de madera de acacia, de cinco codos de longitud y de cinco codos de anchura; ser cuadrado el altar, y su altura de tres codos.
Le hars cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos sern parte del mismo, y lo recubrirs de bronce.
Hars tambin sus calderos para recoger la ceniza, sus paletas, sus tazones, sus garfios y sus braseros; hars todos sus utensilios de bronce.
Le hars un enrejado de bronce de obra de rejilla, y sobre la rejilla hars cuatro argollas de bronce a sus cuatro esquinas.
La pondrs bajo el cerco interior del altar, y llegar la rejilla hasta la mitad del altar.
Hars tambin varas para el altar, varas de madera de acacia, las cuales recubrirs de bronce.
Las varas se metern por las argollas, y estarn aquellas varas a ambos lados del altar cuando sea llevado.
Lo hars hueco, de tablas; de la manera que se te ha mostrado en el monte, as lo hars.
"Asimismo hars el atrio del Tabernculo. Al lado meridional, hacia el sur, tendr el atrio cortinas de lino torcido, de cien codos de longitud a uno de los lados.
Sus veinte columnas y sus veinte basas sern de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.
De la misma manera, a lo largo del lado del norte habr cortinas de cien codos de longitud, con sus veinte columnas apoyadas sobre veinte basas de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras sern de plata.
El ancho del atrio, del lado occidental, tendr cortinas de cincuenta codos; sus columnas sern diez, con sus diez basas.
El ancho del atrio por el lado del oriente, hacia el este, tendr cincuenta codos.
Las cortinas a un lado de la entrada sern de quince codos, y habr tres columnas y tres basas.
Al otro lado, otros quince codos de cortinas, con sus tres columnas y tres basas.
Para la puerta del atrio habr una cortina de veinte codos, de azul, prpura y carmes, y lino torcido, obra de recamador. Tendr cuatro columnas y cuatro basas.
Todas las columnas alrededor del atrio estarn ceidas de plata; sus capiteles sern de plata y sus basas de bronce.
El atrio tendr cien codos de largo, cincuenta de ancho por cada lado y cinco codos de alto. Sus cortinas sern de lino torcido y sus basas de bronce.
Todos los utensilios del Tabernculo para todo gnero de servicio, todas sus estacas y todas las estacas del atrio, sern de bronce.
"Mandars a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, a fin de hacer arder continuamente las lmparas.
Aarn y sus hijos las pondrn en orden delante de Jehov desde la tarde hasta la maana en el Tabernculo de reunin, fuera del velo que est delante del Testimonio, como estatuto perpetuo para las generaciones de los hijos de Israel.
"Hars que Aarn, tu hermano, junto a sus hijos, se acerquen a ti para que sean mis sacerdotes entre los hijos de Israel; Aarn con sus hijos Nadab, Abi, Eleazar e Itamar.
Hars vestiduras sagradas a Aarn, tu hermano, que le den honra y hermosura.
Y t hablars con todos los sabios de corazn, a quienes yo he llenado de espritu de sabidura, para que hagan las vestiduras de Aarn y as consagrarlo para que sea mi sacerdote.
Las vestiduras que harn son estas: el pectoral, el efod, el manto, la tnica bordada, la mitra y el cinturn. Hagan, pues, las vestiduras sagradas a Aarn, tu hermano, y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes.
Tomarn oro, azul, prpura, carmes y lino torcido.
"Harn el efod de oro, azul, prpura, carmes y lino torcido, todo de obra primorosa.
Tendr dos hombreras que se junten a sus dos extremos, y as se juntar.
El cinto de obra primorosa que estar sobre l, formar con l una sola pieza, y ser tambin de oro, azul, prpura, carmes y lino torcido.
"Tomars dos piedras de nice y grabars en ellas los nombres de los hijos de Israel:
seis de sus nombres en una piedra y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al orden de su nacimiento.
De obra de grabador en piedra, como grabaduras de sello, hars grabar las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; les hars alrededor engastes de oro.
Y pondrs las dos piedras sobre las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel. As llevar Aarn sus nombres delante de Jehov sobre sus dos hombros como un memorial.
Hars, pues, los engastes de oro
y dos cordones de oro fino; los hars en forma de trenza y fijars los cordones trenzados en los engastes.
"Hars asimismo el pectoral del juicio de obra primorosa, lo hars conforme a la obra del efod, de oro, azul, prpura, carmes y lino torcido.
Ser cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho.
Lo llenars de pedrera en cuatro hileras de piedras: la primera hilera llevar una piedra srdica, un topacio y un carbunclo;
la segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante;
la tercera hilera, un jacinto, una gata y una amatista;
la cuarta hilera, un berilo, un nice y un jaspe. Todas estarn montadas en engastes de oro.
Las piedras sern doce, como los nombres de los hijos de Israel; grabadas como los sellos, cada una con su nombre, conforme a las doce tribus.
"Hars para el pectoral cordones torcidos como trenzas de oro fino,
y tambin dos argollas de oro, las cuales pondrs a los dos extremos del pectoral.
Fijars los dos cordones de oro en las dos argollas a los dos extremos del pectoral,
pondrs los dos extremos de los dos cordones sobre los dos engastes, y los fijars a las hombreras del efod en su parte delantera.
Hars otras dos argollas de oro, las cuales pondrs a los dos extremos del pectoral, en su borde interior, el que est al lado del efod.
Hars asimismo las dos argollas de oro, las cuales fijars en la parte delantera de las dos hombreras del efod, hacia abajo, delante de su unin, por encima del cinto del efod.
Entonces se sujetar el pectoral por sus argollas a las dos argollas del efod con un cordn azul, para que est sobre el cinto del efod y no se separe el pectoral del efod.
As llevar Aarn los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazn, cuando entre en el santuario, como memorial perpetuo delante de Jehov.
Pondrs en el pectoral del juicio el Urim y el Tumim, para que estn sobre el corazn de Aarn cuando entre delante de Jehov, y llevar siempre Aarn el juicio de los hijos de Israel sobre su corazn en la presencia de Jehov.
"Hars el manto del efod todo de azul.
En su centro, por arriba, habr una abertura, alrededor de la cual tendr un borde de obra tejida, como el cuello de un coselete, para que no se rompa.
En sus orlas hars granadas de azul, prpura y carmes, y entre ellas, tambin alrededor del borde, campanillas de oro.
Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, en toda la orla alrededor del manto.
Aarn lo llevar puesto cuando ministre; su sonido se oir cuando l entre en el santuario delante de Jehov, y cuando salga, para que no muera.
"Hars adems una lmina de oro fino, y grabars en ella como se graba en los sellos: "Santidad a Jehov".
La sujetars con un cordn azul y estar sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estar.
As estar sobre la frente de Aarn, y llevar Aarn las faltas cometidas por los hijos de Israel en todas las cosas santas, en todas las santas ofrendas que hayan consagrado. Sobre su frente estar siempre, para que obtengan gracia delante de Jehov.
"Bordars una tnica de lino y hars una mitra de lino; hars tambin un cinto de obra de recamador.
A los hijos de Aarn les hars tnicas; tambin les hars cintos, y les hars tiaras que les den honra y hermosura.
"Con ellos vestirs a Aarn, tu hermano, y a sus hijos; los ungirs, y los consagrars y santificars, para que sean mis sacerdotes.
Les hars calzoncillos de lino para cubrir su desnudez desde la cintura hasta los muslos.
Aarn y sus hijos los llevarn puestos cuando entren en el Tabernculo de reunin, o cuando se acerquen al altar para servir en el santuario, para que no cometan pecado y mueran. Este es estatuto perpetuo para l, y para su descendencia despus de l.
"Esto es lo que les hars para consagrarlos, para que sean mis sacerdotes: Toma un becerro de la vacada y dos carneros sin defecto;
panes sin levadura, tortas sin levadura amasadas con aceite y hojaldres sin levadura untadas con aceite; las hars de flor de harina de trigo.
Las pondrs en un canastillo y en el canastillo las ofrecers, con el becerro y los dos carneros.
Llevars a Aarn y a sus hijos a la puerta del Tabernculo de reunin, donde los lavars con agua.
Tomars las vestiduras y vestirs a Aarn con la tnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y lo ceirs con el cinto del efod;
pondrs la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra pondrs la diadema santa.
Luego tomars el aceite de la uncin, lo derramars sobre su cabeza y lo ungirs.
Tambin hars que se acerquen sus hijos y los vestirs con las tnicas.
Les ceirs el cinto a Aarn y a sus hijos y les atars las tiaras. As consagrars a Aarn y a sus hijos, y tendrn el sacerdocio por derecho perpetuo.
"Despus llevars el becerro delante del Tabernculo de reunin, y Aarn y sus hijos pondrn sus manos sobre la cabeza del becerro.
Luego matars el becerro delante de Jehov, a la puerta del Tabernculo de reunin.
Tomars de la sangre del becerro, la pondrs sobre los cuernos del altar con tu dedo, y derramars todo el resto de la sangre al pie del altar.
Tomars tambin toda la grasa que cubre los intestinos, la grasa que est sobre el hgado, los dos riones y la grasa que est sobre ellos, y lo quemars sobre el altar.
Pero la carne del becerro, su piel y su estircol, los quemars al fuego fuera del campamento, pues es ofrenda por el pecado.
"Asimismo tomars uno de los carneros, y Aarn y sus hijos pondrn sus manos sobre la cabeza del carnero.
Matars el carnero, y rociars su sangre en el altar, por todos sus lados.
Cortars el carnero en pedazos, lavars sus intestinos y sus piernas, y las pondrs sobre sus trozos y sobre su cabeza.
Despus quemars todo el carnero sobre el altar. Es holocausto de olor grato para Jehov; es ofrenda quemada a Jehov.
"Tomars luego el otro carnero, y Aarn y sus hijos pondrn sus manos sobre la cabeza del carnero.
Matars el carnero, tomars de su sangre y la pondrs sobre el lbulo de la oreja derecha de Aarn, sobre el lbulo de la oreja de sus hijos, sobre el dedo pulgar de sus manos derechas y sobre el dedo pulgar de sus pies derechos, y rociars la sangre en el altar, por todos sus lados.
Con la sangre que estar sobre el altar, y el aceite de la uncin, rociars a Aarn, sus vestiduras, sus hijos y las vestiduras de estos. As quedar santificado l y sus vestiduras, y con l sus hijos y las vestiduras de sus hijos.
"Luego tomars del carnero la grasa, la cola, la grasa que cubre los intestinos, la grasa del hgado, los dos riones con la grasa que est sobre ellos, y la pierna derecha, porque es carnero de consagracin.
Tambin una torta grande de pan, una torta de pan de aceite y una hojaldre del canastillo de los panes sin levadura presentado a Jehov.
Lo pondrs todo en las manos de Aarn y en las manos de sus hijos, y lo mecers como ofrenda mecida delante de Jehov.
Despus lo tomars de sus manos y lo hars arder en el altar, junto con el holocausto, como olor grato delante de Jehov. Es ofrenda quemada a Jehov.
"Tomars el pecho del carnero de las consagraciones, que es de Aarn, y lo mecers como ofrenda mecida delante de Jehov. Esta ser tu porcin.
Apartars el pecho de la ofrenda mecida y la pierna de la ofrenda reservada, lo que fue mecido y lo que fue reservado del carnero de las consagraciones de Aarn y de sus hijos,
pues ser para Aarn y para sus hijos, segn estatuto perpetuo dado a los hijos de Israel, porque es ofrenda reservada. Ser una ofrenda reservada por los hijos de Israel de sus sacrificios de paz, una porcin de ellos reservada como ofrenda a Jehov.
"Las vestiduras santas de Aarn sern despus de l para sus hijos, para que sean ungidos con ellas y consagrados con ellas.
Durante siete das las vestir aquel de sus hijos que tome su lugar como sacerdote, cuando venga al Tabernculo de reunin para servir en el santuario.
"Tomars el carnero de las consagraciones y cocers su carne en un lugar santo.
Aarn y sus hijos comern la carne del carnero, y el pan que estar en el canastillo, a la puerta del Tabernculo de reunin.
Comern aquellas cosas con las cuales se hizo expiacin para ordenarlos y consagrarlos; pero el extrao no las comer, porque son santas.
Si sobra hasta la maana algo de la carne de las consagraciones y del pan, quemars al fuego lo que haya sobrado; no se comer, porque es cosa santa.
"As, pues, hars a Aarn y a sus hijos conforme a todo lo que yo te he mandado; por siete das los consagrars.
Cada da ofrecers el becerro del sacrificio de expiacin por el pecado; purificars el altar cuando hagas expiacin por l, y lo ungirs para santificarlo.
Durante siete das hars expiacin por el altar y lo santificars; ser un altar santsimo: cualquier cosa que toque el altar quedar santificada.
"Esto es lo que ofrecers sobre el altar: dos corderos de un ao cada da, perpetuamente.
Ofrecers uno de los corderos por la maana, y el otro cordero lo ofrecers a la cada de la tarde.
Adems, con cada cordero ofrecers la dcima parte de un efa de flor de harina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite de olivas machacadas y, como libacin, la cuarta parte de un hin de vino.
A la cada de la tarde ofrecers el otro cordero; hars conforme a la ofrenda de la maana, y conforme a su libacin, como olor grato de ofrenda quemada a Jehov.
Esto ser el holocausto perpetuo que todas vuestras generaciones ofrecern a la puerta del Tabernculo de reunin, delante de Jehov, en el cual me reunir con vosotros, para hablaros all.
All me reunir con los hijos de Israel, y el lugar ser santificado con mi gloria.
Santificar el Tabernculo de reunin y el altar. Tambin santificar a Aarn y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes.
Yo habitar entre los hijos de Israel y ser su Dios.
As conocern que yo soy Jehov, su Dios, que los saqu de la tierra de Egipto para habitar en medio de ellos. Yo, Jehov, su Dios.
"Hars asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo hars.
Su longitud ser de un codo y su anchura de un codo; ser cuadrado, y su altura de dos codos; sus cuernos sern parte del mismo.
Lo recubrirs de oro puro, su cubierta, sus costados y sus cuernos. Le hars una cornisa de oro alrededor.
Le hars tambin dos argollas de oro debajo de la cornisa, a sus dos esquinas y a ambos lados, para meter las varas con que ser llevado.
Hars las varas de madera de acacia y las recubrirs de oro.
Despus lo pondrs delante del velo que est junto al Arca del testimonio, delante del propiciatorio que est sobre el Testimonio, donde me encontrar contigo.
Cada maana, al preparar las lmparas, Aarn quemar incienso aromtico sobre l.
Cuando Aarn encienda las lmparas al anochecer, quemar tambin el incienso; y ser rito perpetuo delante de Jehov para vuestras generaciones.
No ofreceris sobre l incienso extrao ni holocausto ni ofrenda, ni tampoco derramaris sobre l libacin.
Aarn har expiacin una vez al ao sobre los cuernos del altar con la sangre del sacrificio, como expiacin por el pecado; una vez al ao har expiacin sobre l en vuestras sucesivas generaciones. Muy santo ser a Jehov".
Habl tambin Jehov a Moiss y le dijo:
"Cuando hagas un censo de los hijos de Israel conforme a su nmero, cada uno dar a Jehov el rescate de su persona al ser empadronado, para que no haya entre ellos mortandad a causa del censo.
Esto dar todo aquel que sea censado: medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo ser la ofrenda reservada a Jehov.
Todo el que sea censado, de veinte aos para arriba, dar la ofrenda a Jehov.
Ni el rico dar ms ni el pobre dar menos del medio siclo, cuando den la ofrenda a Jehov para hacer expiacin por vuestras personas.
Tomars de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones y lo dars para el servicio del Tabernculo de reunin; y ser como un memorial para los hijos de Israel delante de Jehov, para hacer expiacin por vuestras personas".
Continu hablando Jehov a Moiss, y le dijo:
"Hars tambin una fuente de bronce, con su base de bronce, para lavarse. La colocars entre el Tabernculo de reunin y el altar, y pondrs en ella agua.
En ella se lavarn Aarn y sus hijos las manos y los pies.
Cuando entren en el Tabernculo de reunin, se lavarn con agua, para que no mueran, y cuando se acerquen al altar para ministrar y presentar la ofrenda quemada para Jehov,
se lavarn las manos y los pies, para que no mueran. Y lo tendrn por estatuto perpetuo l y su descendencia a travs de las generaciones".
Continu hablando Jehov a Moiss, y le dijo:
"Tomars especias finas: de mirra excelente, quinientos siclos, y de canela aromtica, la mitad, esto es, doscientos cincuenta; de clamo aromtico, doscientos cincuenta;
de casia, quinientos, segn el siclo del santuario, y de aceite de olivas, un hin.
Preparars con ello el aceite de la santa uncin, un ungento superior, preparado segn el arte del perfumista. Este ser el aceite de la uncin santa.
Con l ungirs el Tabernculo de reunin, el Arca del testimonio,
la mesa con todos sus utensilios, el candelabro con todos sus utensilios, el altar del incienso,
el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente con su base.
As los consagrars, y sern cosas santsimas; todo aquello que los toque ser santificado.
"Ungirs tambin a Aarn y a sus hijos, y los consagrars para que sean mis sacerdotes.
Hablars a los hijos de Israel, y les dirs: "Este ser el aceite de la santa uncin para vuestras generaciones.
Sobre carne de hombre no ser derramado, ni haris otro semejante conforme a su composicin; santo es, y por santo lo tendris vosotros.
Cualquiera que componga un ungento semejante o ponga de l sobre algn extrao, ser eliminado de su pueblo"".
Dijo adems Jehov a Moiss: "Toma especias aromticas, estacte y ua aromtica, glbano aromtico e incienso puro; todo en cantidades iguales,
y hars con ello, segn el arte del perfumador, un incienso perfumado, bien mezclado, puro y santo.
Molers parte de l en polvo fino y lo pondrs delante del Testimonio en el Tabernculo de reunin, donde yo me mostrar a ti. Os ser cosa santsima.
Como este incienso que hars, no os haris otro segn su composicin; te ser cosa sagrada para Jehov.
Cualquiera que haga otro como este para olerlo, ser eliminado de su pueblo".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Mira, yo he llamado por su nombre a Bezaleel hijo de Uri hijo de Hur, de la tribu de Jud,
y lo he llenado del espritu de Dios, en sabidura y en inteligencia, en ciencia y en todo arte,
para inventar diseos, para trabajar en oro, en plata y en bronce,
para labrar piedras y engastarlas, tallar madera y trabajar en toda clase de labor.
He puesto junto a l a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, y he puesto sabidura en el nimo de todo sabio de corazn, para que hagan todo lo que te he mandado:
el Tabernculo de reunin, el Arca del testimonio, el propiciatorio que est sobre ella y todos los utensilios del Tabernculo;
la mesa y sus utensilios, el candelabro de oro puro con todos sus utensilios, el altar del incienso,
el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base,
los vestidos del servicio, las vestiduras santas para Aarn, el sacerdote, las vestiduras de sus hijos para que ejerzan el sacerdocio,
el aceite de la uncin y el incienso aromtico para el santuario. Ellos harn conforme a todo lo que te he mandado".
Continu hablando Jehov a Moiss, y le dijo:
"T hablars a los hijos de Israel y les dirs: "En verdad vosotros guardaris mis sbados, porque es una seal entre m y vosotros por vuestras generaciones, para que sepis que yo soy Jehov que os santifico.
As que guardaris el sbado, porque santo es para vosotros; el que lo profane, de cierto morir. Cualquier persona que haga alguna obra en l, ser eliminada de su pueblo.
Seis das se trabajar, pero el da sptimo es da de descanso consagrado a Jehov. Cualquiera que trabaje en sbado, ciertamente morir".
Guardarn, pues, el sbado los hijos de Israel, celebrndolo a lo largo de sus generaciones como un pacto perpetuo.
Para siempre ser una seal entre m y los hijos de Israel, porque en seis das hizo Jehov los cielos y la tierra, y en el sptimo da ces y descans".
Y dio a Moiss, cuando acab de hablar con l en el monte Sina, dos tablas del Testimonio, tablas de piedra escritas por el dedo de Dios.
Al ver el pueblo que Moiss tardaba en descender del monte, se acercaron a Aarn y le dijeron: -- Levntate, haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a Moiss, ese hombre que nos sac de la tierra de Egipto, no sabemos qu le haya acontecido.
Aarn les dijo: -- Quitad los zarcillos de oro que estn en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y tradmelos.
Entonces todo el pueblo se quit los zarcillos de oro que tenan en sus orejas y los trajeron a Aarn.
l los recibi de sus manos, le dio forma con un buril e hizo de ello un becerro de fundicin. Entonces ellos dijeron: -- Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto!
Cuando Aarn vio esto, edific un altar delante del becerro y proclam: -- Maana ser un da de fiesta dedicado a Jehov!
Al da siguiente madrugaron, ofrecieron holocaustos y presentaron ofrendas de paz. Luego se sent el pueblo a comer y a beber, y se levant a regocijarse.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Anda, desciende, porque tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido.
Pronto se han apartado del camino que yo les mand; se han hecho un becerro de fundicin, lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: "Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto!".
Continu diciendo Jehov a Moiss: -- Yo he visto a este pueblo, que por cierto es un pueblo muy terco.
Ahora, pues, djame que se encienda mi ira contra ellos y los consuma; pero de ti yo har una nacin grande.
Entonces Moiss or en presencia de Jehov, su Dios, y dijo: -- Por qu, Jehov, se encender tu furor contra tu pueblo, el que t sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?
Por qu han de decir los egipcios: "Para mal los sac, para matarlos en los montes y para exterminarlos de sobre la faz de la tierra"? Vulvete del ardor de tu ira y arrepintete de este mal contra tu pueblo.
Acurdate de Abraham, de Isaac y de Israel, tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo y les has dicho: "Yo multiplicar vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y le dar a vuestra descendencia toda esta tierra de que os he hablado, y ellos la poseern como heredad para siempre".
Entonces Jehov se arrepinti del mal que dijo habra de hacer a su pueblo.
Moiss se volvi y descendi del monte, trayendo en sus manos las dos tablas del Testimonio, tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas.
Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.
Cuando Josu oy el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moiss: -- Hay gritos de pelea en el campamento.
Pero Moiss respondi: -- No son voces de vencedores, ni alaridos de vencidos; oigo cnticos de coros.
Aconteci que cuando Moiss lleg al campamento y vio el becerro y las danzas, se enfureci y arroj de sus manos las tablas, y las quebr al pie del monte.
Luego tom el becerro que haban hecho, lo quem en el fuego y lo moli hasta reducirlo a polvo, que esparci sobre las aguas y lo dio a beber a los hijos de Israel.
Y dijo Moiss a Aarn: -- Qu te ha hecho este pueblo para que hayas trado sobre l tan gran pecado?
Aarn le respondi: -- No se enoje mi seor. T conoces al pueblo, que es inclinado al mal.
Ellos me dijeron: "Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a Moiss, ese hombre que nos sac de la tierra de Egipto, no sabemos qu le haya acontecido".
Y yo les respond: "El que tenga oro, que lo aparte". Me lo dieron, lo ech en el fuego y sali este becerro.
Al ver Moiss que el pueblo estaba desenfrenado, pues Aarn lo haba permitido, para vergenza en medio de sus enemigos,
se puso a la puerta del campamento y dijo: -- Quien est de parte de Jehov, nase a m. Y se unieron a l todos los hijos de Lev.
l les dijo: -- As ha dicho Jehov, el Dios de Israel: "Que cada uno se cia su espada, regrese al campamento y vaya de puerta en puerta matando cada uno a su hermano, a su amigo y a su pariente".
Los hijos de Lev hicieron conforme a lo dicho por Moiss, y cayeron del pueblo en aquel da como tres mil hombres.
Entonces Moiss dijo: -- Hoy os habis consagrado a Jehov, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que l os d hoy la bendicin.
Aconteci que al da siguiente dijo Moiss al pueblo: -- Vosotros habis cometido un gran pecado, pero yo subir ahora a donde est Jehov; quiz le aplacar acerca de vuestro pecado.
Entonces volvi Moiss ante Jehov y le dijo: -- Puesto que este pueblo ha cometido un gran pecado al hacerse dioses de oro,
te ruego que perdones ahora su pecado, y si no, brrame del libro que has escrito.
Jehov respondi a Moiss: -- Al que peque contra m, lo borrar yo de mi libro.
Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho. Mi ngel ir delante de ti, pero en el da del castigo, los castigar por su pecado.
Y Jehov hiri al pueblo a causa del becerro que hizo Aarn.
Jehov dijo a Moiss: -- Anda, vete de aqu, t y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual jur a Abraham, Isaac y Jacob diciendo: "A tu descendencia la dar".
Yo enviar delante de ti el ngel, y echar fuera al cananeo, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo.
Subirs a la tierra que fluye leche y miel, pero yo no subir contigo, no sea que te destruya en el camino, pues eres un pueblo muy terco.
Al oir el pueblo esta mala noticia, guard luto, y ninguno se puso sus galas,
pues Jehov haba dicho a Moiss: "Di a los hijos de Israel: "Vosotros sois un pueblo muy terco. Si yo subiera un momento en medio de ti, te consumira. Qutate, pues, ahora tus atavos, para que yo sepa lo que te he de hacer"".
Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus galas desde el monte Horeb.
Moiss tom el Tabernculo y lo erigi lejos, fuera del campamento, y lo llam "Tabernculo de reunin". Y cualquiera que buscaba a Jehov, sala al Tabernculo de reunin que estaba fuera del campamento.
Y suceda que cuando sala Moiss al Tabernculo, todo el pueblo se levantaba y se quedaba en pie a la entrada de su tienda, con la mirada puesta en Moiss, hasta que l entraba en el Tabernculo.
Cuando Moiss entraba en el Tabernculo, la columna de nube descenda y se pona a la puerta del Tabernculo, y Jehov hablaba con Moiss.
Cuando el pueblo vea que la columna de nube se detena a la entrada del Tabernculo, se levantaba cada uno a la entrada de su tienda y adoraba.
Jehov hablaba con Moiss cara a cara, como habla cualquiera con su compaero. Luego Moiss volva al campamento, pero el joven Josu hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del Tabernculo.
Dijo Moiss a Jehov: -- Mira, t me dices: "Saca a este pueblo", pero no me has indicado a quin enviars conmigo. Sin embargo, t dices: "Yo te he conocido por tu nombre y has hallado tambin gracia a mis ojos".
Pues bien, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca y halle gracia a tus ojos; y mira que esta gente es tu pueblo.
Jehov le dijo: -- Mi presencia te acompaar y te dar descanso.
Moiss respondi: -- Si tu presencia no ha de acompaarnos, no nos saques de aqu.
Pues en qu se conocer aqu que he hallado gracia a tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que t andas con nosotros, y que yo y tu pueblo hemos sido apartados de entre todos los pueblos que estn sobre la faz de la tierra?
-- Tambin har esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia a mis ojos y te he conocido por tu nombre --respondi Jehov a Moiss.
Entonces dijo Moiss: -- Te ruego que me muestres tu gloria.
Jehov le respondi: -- Yo har pasar toda mi bondad delante de tu rostro y pronunciar el nombre de Jehov delante de ti, pues tengo misericordia del que quiero tener misericordia, y soy clemente con quien quiero ser clemente;
pero no podrs ver mi rostro -- aadi -- , porque ningn hombre podr verme y seguir viviendo.
Luego dijo Jehov: -- Aqu hay un lugar junto a m. T estars sobre la pea,
y cuando pase mi gloria, yo te pondr en una hendidura de la pea, y te cubrir con mi mano hasta que haya pasado.
Despus apartar mi mano y vers mis espaldas, pero no se ver mi rostro.
Jehov dijo a Moiss: -- Prepara dos tablas de piedra, como las primeras, y escribir sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste.
Preprate, pues, para maana, sube de maana al monte Sina y presntate ante m sobre la cumbre del monte.
Que no suba nadie contigo ni aparezca nadie en todo el monte. Ni ovejas ni bueyes pasten frente al monte.
Moiss prepar dos tablas de piedra como las primeras, se levant de maana y subi al monte Sina, como le mand Jehov, llevando en sus manos las dos tablas de piedra.
Descendi Jehov en la nube y permaneci all junto a l; y l proclam el nombre de Jehov.
Jehov pas por delante de l y exclam: -- Jehov! Jehov! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad,
que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelin y el pecado, pero que de ningn modo tendr por inocente al malvado; que castiga la maldad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generacin.
Entonces Moiss, apresurndose, baj la cabeza hasta el suelo y ador,
diciendo: -- Seor, si en verdad he hallado gracia a tus ojos, que vaya ahora el Seor en medio de nosotros. Este es un pueblo muy terco, pero perdona nuestra maldad y nuestro pecado, y acptanos como tu heredad.
Jehov le dijo: "Mira, voy a hacer un pacto delante de todo tu pueblo. Har maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nacin alguna, y ver todo el pueblo en medio del cual t ests la obra de Jehov, porque ser cosa tremenda la que yo har contigo.
"Guarda lo que yo te mando hoy. Yo echo de delante de tu presencia al amorreo, al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo.
"Gurdate de hacer alianza con los habitantes de la tierra donde has de entrar, para que no sean una trampa en medio de ti.
Derribaris sus altares, quebraris sus estatuas y destruiris sus imgenes de Asera.
"No te inclinars ante ningn otro dios, pues Jehov, cuyo nombre es Celoso, es un Dios celoso.
"Por tanto, no hars alianza con los habitantes de aquella tierra, no sea que cuando se prostituyan siguiendo a sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten y comas de sus sacrificios;
o que tomen de sus hijas para tus hijos, y al prostituirse ellas tras sus dioses, hagan que tus hijos se prostituyan tambin yendo tras los dioses de ellas.
"No te hars dioses de fundicin.
"La fiesta de los Panes sin levadura guardars; siete das comers pan sin levadura, segn te he mandado, en el tiempo sealado del mes de Abib, porque en el mes de Abib saliste de Egipto.
"Todo primer nacido, mo es; y todo macho de tu ganado que sea primognito de vaca o de oveja.
Pero redimirs con un cordero al primognito del asno; y si no lo redimes, lo desnucars. Redimirs todo primognito de tus hijos, y nadie se presentar ante m con las manos vacas.
"Seis das trabajars, pero en el sptimo da descansars; aun en tiempo de siembra y de cosecha, descansars.
"Tambin celebrars la fiesta de las Semanas, la de las primicias de la cosecha del trigo y la fiesta de la cosecha a la salida del ao.
"Tres veces en el ao se presentar todo hombre tuyo delante de Jehov, el Seor, Dios de Israel.
Yo arrojar de tu presencia a las naciones y ensanchar tu territorio. Nadie codiciar tu tierra cuando subas tres veces al ao a presentarte delante de Jehov, tu Dios.
"No ofrecers cosa leudada junto con la sangre de mi sacrificio, ni se dejar hasta la maana nada del sacrificio de la fiesta de la Pascua.
"Llevars las primicias de los primeros frutos de tu tierra a la casa de Jehov, tu Dios. "No cocers el cabrito en la leche de su madre".
Jehov dijo a Moiss: "Escribe t estas palabras, porque conforme a estas palabras he hecho un pacto contigo y con Israel".
Moiss estuvo all con Jehov cuarenta das y cuarenta noches; no comi pan ni bebi agua. Y escribi en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.
Despus descendi Moiss del monte Sina con las dos tablas del Testimonio en sus manos. Al descender del monte, la piel de su rostro resplandeca por haber estado hablando con Dios, pero Moiss no lo saba.
Aarn y todos los hijos de Israel miraron a Moiss, y al ver que la piel de su rostro resplandeca, tuvieron miedo de acercarse a l.
Entonces Moiss los llam; Aarn y todos los prncipes de la congregacin se acercaron a l, y Moiss les habl.
Luego se acercaron todos los hijos de Israel, a los cuales mand todo lo que Jehov le haba dicho en el monte Sina.
Cuando acab Moiss de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.
Cuando Moiss iba ante Jehov para hablar con l, se quitaba el velo hasta que sala. Al salir, comunicaba a los hijos de Israel lo que le era mandado.
Al mirar los hijos de Israel el rostro de Moiss, vean que la piel de su rostro resplandeca, y entonces Moiss volva a ponerse el velo sobre el rostro, hasta que entraba a hablar con Dios.
Moiss convoc a toda la congregacin de los hijos de Israel y les dijo: "Estas son las cosas que Jehov ha mandado que se hagan:
Seis das se trabajar, pero el da sptimo os ser santo, da de descanso para Jehov; cualquiera que haga en l algn trabajo, morir.
No encenderis fuego en ninguna de vuestras casas en sbado".
As habl Moiss a toda la congregacin de los hijos de Israel: "Esto es lo que Jehov ha mandado:
Tomad de entre vosotros una ofrenda para Jehov; todo generoso de corazn la traer a Jehov: oro, plata, bronce,
azul, prpura, carmes, lino fino, pelo de cabras,
pieles de carneros teidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia,
aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la uncin y para el incienso aromtico,
piedras de nice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.
"Todo sabio de corazn de entre vosotros vendr y har todas las cosas que Jehov ha mandado:
el Tabernculo, su tienda, su cubierta, sus corchetes, sus tablas, sus barras, sus columnas y sus basas;
el Arca y sus varas, el propiciatorio, el velo de la tienda;
la mesa con sus varas y todos sus utensilios, y el pan de la proposicin;
el candelabro del alumbrado y sus utensilios, sus lmparas, y el aceite para el alumbrado;
el altar del incienso y sus varas, el aceite de la uncin, el incienso aromtico, la cortina de la puerta para la entrada del Tabernculo;
el altar del holocausto, su enrejado de bronce y sus varas, y todos sus utensilios, y la fuente con su base;
las cortinas del atrio, sus columnas y sus basas, la cortina de la puerta del atrio;
las estacas del Tabernculo, y las estacas del atrio y sus cuerdas;
las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras de Aarn, el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos para servir en el sacerdocio".
Entonces sali toda la congregacin de los hijos de Israel de delante de Moiss.
Todo aquel a quien su corazn impuls, y todo aquel a quien su espritu le dio voluntad, trajo una ofrenda a Jehov para la obra del Tabernculo de reunin, para toda su obra y para las sagradas vestiduras.
Vinieron tanto hombres como mujeres, todos de corazn generoso, y trajeron cadenas, zarcillos, anillos, brazaletes y toda clase de joyas de oro; todos presentaban una ofrenda de oro a Jehov.
Todo hombre que tena azul, prpura, carmes, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teidas de rojo, o pieles de tejones, lo traa.
Todo el que ofreca una ofrenda de plata o de bronce, traa a Jehov la ofrenda; y todo el que tena madera de acacia, la traa para toda la obra del servicio.
Adems, todas las mujeres sabias de corazn hilaban con sus manos, y traan lo que haban hilado: azul, prpura, carmes o lino fino.
Y todas las mujeres cuyo corazn las impuls, hilaron hbilmente pelo de cabra.
Los prncipes trajeron piedras de nice y las piedras de los engastes para el efod y el pectoral,
las especias aromticas y el aceite para el alumbrado, para la uncin y para el incienso aromtico.
De los hijos de Israel, tanto hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazn generoso para traer algo a la obra que Jehov haba mandado por medio de Moiss que hicieran, trajeron ofrenda voluntaria a Jehov.
Entonces Moiss dijo a los hijos de Israel: "Mirad, Jehov ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri hijo de Hur, de la tribu de Jud,
y lo ha llenado del espritu de Dios, en sabidura, en inteligencia, en ciencia y en todo arte,
para proyectar diseos, para trabajar en oro, en plata y en bronce,
en la talla de piedras de engaste y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa.
Ha puesto en su corazn el don de ensear, tanto a l como a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan,
y los ha llenado de habilidades para que hagan toda obra de arte y de invencin, de bordado en azul, en prpura, en carmes, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor e inventen todo diseo.
"As, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre de talento a quien Jehov haya dado sabidura e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harn todas las cosas que ha mandado Jehov".
Moiss llam a Bezaleel, a Aholiab y a todo hombre de talento en cuyo corazn haba puesto Jehov sabidura, todo hombre a quien su corazn le movi a venir a la obra para trabajar en ella.
Ellos recibieron de Moiss todas las ofrendas que los hijos de Israel haban trado para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguan trayndole ofrendas voluntarias cada maana.
Tanto, que todos los maestros que hacan la obra del santuario, dejaron el trabajo que cada uno haca,
y fueron a decirle a Moiss: "El pueblo trae mucho ms de lo que se necesita para la obra que Jehov ha mandado que se haga".
Entonces Moiss mand pregonar por el campamento: "Ningn hombre ni mujer haga ms labores para la ofrenda del santuario". As se le impidi al pueblo ofrecer ms,
pues tenan material abundante para hacer toda la obra, y an sobraba.
Los ms hbiles de entre todos los que realizaban la obra, hicieron el Tabernculo de diez cortinas de lino torcido, azul, prpura y carmes; las hicieron con querubines de obra primorosa.
La longitud de una cortina era de veintiocho codos, y la anchura de cuatro codos. Todas las cortinas tenan la misma medida.
Unieron entre s cinco de las cortinas, y lo mismo hicieron con las otras cinco cortinas.
Luego pusieron lazadas azules en la orilla de la cortina que estaba al extremo de la primera serie, y lo mismo hicieron en la orilla de la cortina final de la segunda serie.
Cincuenta lazadas pusieron en la primera cortina, y otras cincuenta en la orilla de la cortina de la segunda serie; las lazadas de cada una se correspondan con las de la otra.
Hicieron tambin cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazaron las cortinas una con otra, y as el Tabernculo form un todo.
Hizo cortinas de pelo de cabra para una tienda que cubriera el Tabernculo; once cortinas hizo.
La longitud de cada cortina era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos; las once cortinas tenan una misma medida.
Y uni cinco de las cortinas aparte, y las otras seis cortinas aparte.
Hizo adems cincuenta lazadas en la orilla de la cortina que estaba al extremo de la primera serie, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la cortina final de la segunda serie.
Tambin hizo cincuenta corchetes de bronce para enlazar la tienda, de modo que formara un todo.
Para la tienda hizo una cubierta de pieles de carnero teidas de rojo, y otra cubierta de pieles de tejones encima.
Adems, hizo de madera de acacia las tablas para el Tabernculo, y las puso derechas.
La longitud de cada tabla era de diez codos, y de codo y medio la anchura.
Cada tabla tena dos espigas, para unirlas una con otra; as hizo todas las tablas del Tabernculo.
Hizo, pues, las tablas para el Tabernculo: veinte tablas para el lado sur.
Hizo tambin cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de una tabla para sus dos espigas, y dos basas debajo de otra tabla para sus dos espigas.
Y para el otro lado del Tabernculo, al lado norte, hizo otras veinte tablas,
con sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de una tabla, y dos basas debajo de otra tabla.
Y para el lado occidental del Tabernculo hizo seis tablas.
Para las esquinas del Tabernculo, en los dos lados, hizo dos tablas,
las cuales se unan desde abajo, y por arriba se ajustaban con un gozne; as hizo a la una y a la otra en las dos esquinas.
Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata diecisis: dos basas debajo de cada tabla.
Hizo tambin las barras de madera de acacia: cinco para las tablas de un lado del Tabernculo,
cinco barras para las tablas del otro lado del Tabernculo y cinco barras para las tablas del lado posterior del Tabernculo, hacia el occidente.
E hizo que la barra pasara por en medio de las tablas de un extremo al otro.
Recubri de oro las tablas y les hizo argollas de oro para pasar por ellas las barras; tambin recubri de oro las barras.
Hizo asimismo el velo de azul, prpura, carmes y lino torcido; lo hizo con querubines de obra primorosa.
Para colgarlo, hizo cuatro columnas de madera de acacia y las recubri de oro. Sus capiteles eran tambin de oro; y fundi para ellas cuatro basas de plata.
Hizo tambin el velo para la puerta del Tabernculo, de azul, prpura, carmes y lino torcido, obra de recamador,
con sus cinco columnas y sus capiteles. Recubri de oro los capiteles y las molduras, e hizo de bronce sus cinco basas.
Hizo tambin Bezaleel el Arca de madera de acacia; su longitud era de dos codos y medio, su anchura de codo y medio y su altura de codo y medio.
La recubri de oro puro por dentro y por fuera, y le hizo una cornisa de oro alrededor.
Adems fundi cuatro argollas de oro para sus cuatro esquinas; en un lado dos argollas y en el otro lado dos argollas.
Hizo tambin varas de madera de acacia y las recubri de oro.
Y meti las varas por las argollas a los lados del Arca, para transportar el Arca.
Hizo asimismo el propiciatorio de oro puro, de dos codos y medio de largo y codo y medio de ancho.
Hizo tambin los dos querubines de oro, labrados a martillo, en los dos extremos del propiciatorio.
Un querubn a un extremo y otro querubn al otro extremo; de una pieza con el propiciatorio hizo los querubines en sus dos extremos.
Los querubines tenan sus alas extendidas por encima, y con ellas cubran el propiciatorio; colocados uno frente al otro, sus rostros miraban hacia el propiciatorio.
Hizo tambin la mesa de madera de acacia, de dos codos de largo, un codo de ancho y codo y medio de altura,
la recubri de oro puro y le hizo una cornisa de oro alrededor.
Hizo tambin en torno a ella una moldura de un palmo menor de ancho, e hizo una cornisa de oro alrededor de la moldura.
Le hizo asimismo cuatro argollas de oro de fundicin, y las puso en las cuatro esquinas que correspondan a las cuatro patas de ella.
Debajo de la moldura estaban las argollas, por las cuales se metan las varas para llevar la mesa.
Hizo las varas de madera de acacia para llevar la mesa y las recubri de oro.
Tambin hizo de oro fino los utensilios que haban de estar sobre la mesa: platos, cucharas, cubiertos y los tazones con que se haba de libar.
Hizo asimismo el candelabro de oro puro, labrado a martillo; su pie, su caa, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo.
De sus lados salan seis brazos: tres brazos de un lado del candelabro y otros tres brazos del otro lado del candelabro.
En un brazo haba tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor, y en el otro brazo haba tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor; as en los seis brazos que salan del candelabro.
Tambin en la caa del candelabro haba cuatro copas en forma de flor de almendro, con sus manzanas y sus flores:
una manzana debajo de dos brazos del candelabro, otra manzana debajo de los siguientes dos brazos del candelabro, otra manzana debajo de los siguientes dos brazos, conforme a los seis brazos que salan de l.
Las manzanas y los brazos formaban con el candelabro una sola pieza de oro puro labrada a martillo.
Hizo asimismo de oro puro sus siete lmparas, sus despabiladeras y sus platillos.
De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus utensilios.
Hizo tambin de madera de acacia el altar del incienso, de un codo de largo y un codo de ancho, cuadrado, y de dos codos de altura. Sus cuernos formaban una sola pieza con l.
Recubri de oro puro su cubierta, sus lados y sus cuernos, y le hizo una cornisa de oro alrededor.
Le hizo tambin dos argollas de oro debajo de la cornisa en las dos esquinas a los dos lados, para meter por ellas las varas con que haba de ser conducido.
Hizo las varas de madera de acacia y las recubri de oro.
Hizo asimismo el aceite santo de la uncin y el incienso puro, aromtico, segn el arte del perfumador.
Igualmente hizo de madera de acacia el altar del holocausto, de cinco codos de largo, cinco codos de ancho, cuadrado, y tres codos de altura.
En sus cuatro extremos hizo unos cuernos, los cuales formaban una sola pieza con l, y lo recubri de bronce.
Hizo asimismo todos los utensilios del altar: calderos, tenazas, tazones, garfios y palas; todos sus utensilios los hizo de bronce.
Hizo para el altar un enrejado de bronce de obra de rejilla, que puso por debajo de su cerco hasta la mitad del altar.
Tambin fundi cuatro argollas a los cuatro extremos del enrejado de bronce, para meter las varas.
Hizo las varas de madera de acacia y las recubri de bronce.
Y meti las varas por las argollas a los lados del altar, para transportarlo con ellas. El altar era hueco y estaba hecho de tablas.
Tambin hizo la fuente de bronce y su base de bronce, con los espejos de las mujeres que servan a la puerta del Tabernculo de reunin.
Hizo asimismo el atrio. Por el lado sur, al medioda, el atrio de cortinas de lino torcido tena cien codos.
Sus columnas eran veinte, y veinte sus basas de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras eran de plata.
Por el lado norte haba tambin cortinas de cien codos; sus columnas eran veinte, y veinte sus basas de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras eran de plata.
Por el lado occidental haba cortinas de cincuenta codos; sus columnas eran diez, y diez sus basas; los capiteles de las columnas y sus molduras eran de plata.
Por el lado oriental haba cortinas de cincuenta codos;
a un lado haba cortinas de quince codos, con sus tres columnas y sus tres basas;
por el otro lado, a uno y otro lado de la puerta del atrio, haba cortinas de quince codos, con sus tres columnas y sus tres basas.
Todas las cortinas alrededor del atrio eran de lino torcido.
Las basas de las columnas eran de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras eran de plata; tambin las cubiertas de sus cabezas eran de plata, y todas las columnas del atrio tenan molduras de plata.
La cortina de la entrada del atrio era obra de recamador, de azul, prpura, carmes y lino torcido. Tena veinte codos de largo, y su ancho, o sea su altura, era de cinco codos, lo mismo que las cortinas del atrio.
Sus columnas eran cuatro, con sus cuatro basas de bronce y sus capiteles de plata; las cubiertas de sus capiteles y sus molduras eran de plata.
Todas las estacas del Tabernculo y del atrio que lo rodeaba eran de bronce.
Estas son las cuentas del Tabernculo, del tabernculo del Testimonio, las que se hicieron por orden de Moiss y ejecutaron los levitas bajo la direccin de Itamar, hijo del sacerdote Aarn.
Bezaleel hijo de Uri hijo de Hur, de la tribu de Jud, hizo todas las cosas que Jehov mand a Moiss,
y con l estaba Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, artfice, diseador y recamador en azul, prpura, carmes y lino fino.
Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del santuario, o sea, el oro de la ofrenda, fue de veintinueve talentos y setecientos treinta siclos, segn el siclo del santuario.
La plata de los empadronados de la congregacin fue de cien talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos, segn el siclo del santuario;
medio siclo por cabeza, segn el siclo del santuario, para todos los que pasaron por el censo, de veinte aos de edad para arriba, que sumaron seiscientos tres mil quinientos cincuenta.
Hubo adems cien talentos de plata para fundir las basas del santuario y las basas del velo; en cien basas, cien talentos, a talento por basa.
Con los mil setecientos setenta y cinco siclos hizo los capiteles de las columnas, recubri sus capiteles y las uni.
El bronce ofrendado fue de setenta talentos y dos mil cuatrocientos siclos,
y con l fueron hechas las basas de la puerta del Tabernculo de reunin y el altar de bronce, su enrejado de bronce y todos los utensilios del altar,
las basas del atrio y las basas de la puerta del atrio, todas las estacas del Tabernculo y todas las estacas del atrio que lo rodeaba.
De azul, prpura y carmes hicieron las vestiduras del ministerio para el servicio en el santuario, y asimismo hicieron las vestiduras sagradas para Aarn, como Jehov lo haba mandado a Moiss.
El efod tambin lo hizo de oro, de azul, prpura, carmes y lino torcido.
Forjaron lminas de oro y las cortaron en hilos para tejerlos entre el azul, la prpura, el carmes y el lino, con labor primorosa.
Le hicieron las hombreras que se unan en sus dos extremos.
El cinto que sujetaba el efod formaba una sola pieza con l y era de lo mismo, de igual labor: era de oro, azul, prpura, carmes y lino torcido, como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Labraron las piedras de nice montadas en engastes de oro, con grabaduras de sello, con los nombres de los hijos de Israel;
las puso sobre las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel, segn Jehov lo haba mandado a Moiss.
Hizo tambin el pectoral de obra primorosa, como la obra del efod, de oro, azul, prpura, carmes y lino torcido.
Era cuadrado y doble. Su largo era de un palmo, y de un palmo su ancho, cuando se doblaba.
Engastaron en l cuatro hileras de piedras. En la primera hilera un sardio, un topacio y un carbunclo; esta era la primera hilera.
En la segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante.
En la tercera hilera, un jacinto, una gata y una amatista.
En la cuarta hilera, un berilo, un nice y un jaspe. Todas ellas estaban montadas y encajadas en engastes de oro.
Las piedras eran doce, conforme a los nombres de los hijos de Israel, segn los nombres de ellos; como grabaduras de sello, cada una con su nombre, segn las doce tribus.
Hicieron tambin sobre el pectoral los cordones en forma de trenza, de oro puro.
Hicieron asimismo dos engastes y dos argollas de oro y pusieron dos argollas de oro en los dos extremos del pectoral,
y fijaron los dos cordones de oro en aquellas dos argollas a los extremos del pectoral.
Fijaron tambin los otros dos extremos de los dos cordones de oro en los dos engastes que pusieron sobre las hombreras del efod por delante.
E hicieron otras dos argollas de oro que pusieron en los dos extremos del pectoral, en su borde, frente a la parte baja del efod.
Hicieron adems dos argollas de oro que pusieron en la parte delantera de las dos hombreras del efod, hacia abajo, cerca de la costura, sobre el cinto del efod.
Y ataron el pectoral por sus argollas a las argollas del efod con un cordn de azul, para que estuviera sobre el cinto del mismo efod y no se separara el pectoral del efod, tal como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Hizo tambin el manto del efod todo tejido de azul,
con una abertura en el centro, como el cuello de un coselete, con un borde alrededor de la abertura, para que no se rompiera.
E hicieron en las orillas del manto granadas de azul, prpura, carmes y lino torcido.
Hicieron tambin campanillas de oro puro, y pusieron campanillas entre las granadas en todas las orillas del manto, alternando entre las granadas;
una campanilla y una granada, otra campanilla y otra granada en las orillas del manto, que se usaba para ministrar, como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Igualmente hicieron las tnicas, tejidas de lino fino, para Aarn y sus hijos;
la mitra de lino fino, los adornos de las tiaras de lino fino y los calzoncillos de lino, de lino torcido;
tambin el cinto de lino torcido, de azul, prpura y carmes, de obra de recamador, como Jehov lo mand a Moiss.
Hicieron asimismo la lmina de la diadema santa de oro puro, y escribieron en ella como grabado de sello: "SANTIDAD A JEHOV".
Y pusieron en ella un cordn de azul, para colocarla sobre la mitra, por arriba, como Jehov lo haba mandado a Moiss.
As fue acabada toda la obra del Tabernculo, del Tabernculo de reunin; e hicieron los hijos de Israel como Jehov haba mandado a Moiss; as lo hicieron.
Y trajeron el Tabernculo a Moiss, el Tabernculo y todos sus utensilios; sus corchetes, sus tablas, sus barras, sus columnas, sus basas;
la cubierta de pieles de carnero teidas de rojo, la cubierta de pieles finas, el velo del frente;
el Arca del testimonio y sus varas, el propiciatorio;
la mesa, todos sus vasos, el pan de la proposicin;
el candelabro de oro puro, sus lmparas, las lmparas que deban mantenerse en orden y todos sus utensilios, el aceite para el alumbrado;
el altar de oro, el aceite de la uncin, el incienso aromtico, la cortina para la entrada del Tabernculo;
el altar de bronce con su enrejado de bronce, sus varas y todos sus utensilios, la fuente y su base;
las cortinas del atrio, sus columnas y sus basas, la cortina para la entrada del atrio, sus cuerdas y sus estacas, y todos los utensilios del servicio del Tabernculo, del Tabernculo de reunin;
las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras para Aarn, el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para ministrar en el sacerdocio.
Conforme a todas las cosas que Jehov haba mandado a Moiss, as hicieron los hijos de Israel toda la obra.
Cuando Moiss vio toda la obra, y que la haban hecho como Jehov haba mandado, los bendijo.
Luego Jehov habl a Moiss y le dijo:
"En el primer da del mes primero hars levantar el Tabernculo, el Tabernculo de reunin;
pondrs en l el Arca del testimonio y la cubrirs con el velo.
Meters la mesa y la pondrs en orden; meters tambin el candelabro y encenders sus lmparas.
Pondrs el altar de oro para el incienso delante del Arca del testimonio y colgars la cortina a la entrada, delante del Tabernculo.
Despus pondrs el altar del holocausto ante la entrada del Tabernculo, del Tabernculo de reunin.
Luego pondrs la fuente entre el Tabernculo de reunin y el altar, y la llenars de agua.
Finalmente, alrededor levantars el atrio y colgars la cortina a la entrada del atrio.
"Despus tomars el aceite de la uncin, ungirs el Tabernculo y todo lo que est en l; lo santificars con todos sus utensilios, y ser santo.
Ungirs tambin el altar del holocausto y todos sus utensilios; santificars el altar, y ser un altar santsimo.
Asimismo ungirs la fuente y su base, y la santificars.
"Luego llevars a Aarn y a sus hijos a la puerta del Tabernculo de reunin, y los lavars con agua.
Hars vestir a Aarn las vestiduras sagradas, lo ungirs y lo consagrars, para que sea mi sacerdote.
Despus hars que se acerquen sus hijos, y los vestirs con tnicas;
los ungirs como ungiste a su padre, y sern mis sacerdotes. Su uncin les conferir un sacerdocio perpetuo a lo largo de sus generaciones".
Moiss hizo conforme a todo lo que Jehov le mand. As lo hizo.
En el primer mes del ao segundo, el da primero del mes, fue erigido el Tabernculo.
Moiss hizo levantar el Tabernculo, asent sus basas, coloc sus tablas, puso sus barras e hizo alzar sus columnas.
Levant la tienda sobre el Tabernculo y puso la sobrecubierta encima del mismo, como Jehov haba mandado a Moiss.
Despus tom el Testimonio y lo puso dentro del Arca; coloc las varas en el Arca, y encima, sobre el Arca, el propiciatorio.
Luego meti el Arca en el Tabernculo, puso el velo extendido y ocult el Arca del testimonio, como Jehov haba mandado a Moiss.
Puso la mesa en el Tabernculo de reunin, al lado norte de la cortina, fuera del velo,
y sobre ella puso por orden los panes delante de Jehov, como Jehov haba mandado a Moiss.
Puso el candelabro en el Tabernculo de reunin, enfrente de la mesa, al lado sur de la cortina,
y encendi las lmparas delante de Jehov, como Jehov haba mandado a Moiss.
Puso tambin el altar de oro en el Tabernculo de reunin, delante del velo,
y quem sobre l incienso aromtico, como Jehov haba mandado a Moiss.
Puso asimismo la cortina a la entrada del Tabernculo.
Y coloc el altar del holocausto a la entrada del Tabernculo, del Tabernculo de reunin, y sacrific sobre l el holocausto y la ofrenda, como Jehov haba mandado a Moiss.
Puso la fuente entre el Tabernculo de reunin y el altar, y la llen de agua para lavarse.
Moiss, Aarn y sus hijos se lavaban en ella las manos y los pies.
Cuando entraban en el Tabernculo de reunin, y cuando se acercaban al altar, se lavaban, como Jehov haba mandado a Moiss.
Finalmente erigi el atrio alrededor del Tabernculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. As acab Moiss la obra.
Entonces una nube cubri el Tabernculo de reunin, y la gloria de Jehov llen el Tabernculo.
Moiss no poda entrar en el Tabernculo de reunin, porque la nube estaba sobre l, y la gloria de Jehov lo llenaba.
En todas sus jornadas, cuando la nube se alzaba de encima del Tabernculo, los hijos de Israel se ponan en marcha;
pero si la nube no se alzaba, no se movan hasta el da en que ella se alzaba,
porque la nube de Jehov estaba de da sobre el Tabernculo, y el fuego estaba de noche sobre l, a la vista de toda la casa de Israel. As ocurra en todas sus jornadas.
Llam Jehov a Moiss y habl con l desde el Tabernculo de reunin, diciendo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros presente una ofrenda a Jehov, podr hacerla de ganado vacuno u ovejuno.
"Si su ofrenda es un holocausto vacuno, ofrecer un macho sin defecto; lo ofrecer a la puerta del Tabernculo de reunin, para que sea aceptado por Jehov.
Pondr su mano sobre la cabeza del holocausto, y le ser aceptado como expiacin.
Entonces degollar el becerro en la presencia de Jehov; los hijos de Aarn, los sacerdotes, ofrecern la sangre y la rociarn sobre los lados del altar, el cual est a la puerta del Tabernculo de reunin.
Desollar despus el holocausto y lo dividir en sus piezas.
Los hijos del sacerdote Aarn pondrn fuego sobre el altar y compondrn la lea sobre el fuego.
Luego los hijos de Aarn, los sacerdotes, acomodarn las piezas, la cabeza y la grasa de los intestinos sobre la lea que est sobre el fuego que habr encima del altar.
l lavar con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote lo quemar todo sobre el altar. Es un holocausto: ofrenda quemada de olor grato para Jehov.
"Si su ofrenda para el holocausto es del rebao, de las ovejas o de las cabras, ofrecer un macho sin defecto.
Lo degollar al lado norte del altar, delante de Jehov, y los hijos de Aarn, los sacerdotes, rociarn su sangre en el altar, por todos sus lados.
Luego lo dividir en sus piezas, con su cabeza y la grasa de los intestinos, y el sacerdote las acomodar sobre la lea que est sobre el fuego que habr encima del altar.
l lavar las entraas y las piernas con agua, y el sacerdote lo ofrecer todo y lo har arder sobre el altar. Es un holocausto: ofrenda quemada de olor grato para Jehov.
"Si la ofrenda para Jehov es un holocausto de aves, presentar su ofrenda de trtolas o de palominos.
El sacerdote la ofrecer sobre el altar, le quitar la cabeza y har que arda en el altar; su sangre ser exprimida a un lado del altar.
Le quitar entonces el buche y las plumas, lo cual echar junto al altar, hacia el oriente, en el lugar de las cenizas.
La abrir por sus alas, sin llegar a dividirla en dos, y el sacerdote la har arder sobre el altar, sobre la lea que estar en el fuego. Es un holocausto: ofrenda quemada de olor grato para Jehov.
"Cuando alguna persona ofrezca una oblacin a Jehov, su ofrenda ser flor de harina, sobre la que echar aceite y pondr incienso.
La llevar luego a los hijos de Aarn, a los sacerdotes; de ello tomar el sacerdote un puado de la flor de harina con aceite, junto con todo el incienso, y lo har arder sobre el altar, como memorial. Ofrenda quemada es, de olor grato a Jehov.
Lo que resta de la ofrenda, cosa santsima de las ofrendas que se queman para Jehov, ser de Aarn y de sus hijos.
"Cuando presentes una ofrenda cocida al horno, ser de tortas de flor de harina sin levadura, amasadas con aceite, y de hojaldres sin levadura, untadas con aceite.
"Pero si presentas una ofrenda de sartn, ser de flor de harina sin levadura, amasada con aceite.
La partirs en trozos y echars aceite sobre ella. Es una ofrenda.
"Si presentas una ofrenda cocida en cazuela, se har de flor de harina con aceite.
La ofrenda preparada con estas cosas se la llevars a Jehov y la presentars al sacerdote, el cual la llevar hasta el altar.
El sacerdote tomar de aquella ofrenda lo que sea para memorial y lo har arder sobre el altar, como ofrenda quemada de olor grato a Jehov.
Y lo que resta de la ofrenda, cosa santsima de las ofrendas que se queman para Jehov, ser de Aarn y de sus hijos.
"Ninguna ofrenda que presentis a Jehov ser preparada con levadura, pues ninguna cosa leudada, ni ninguna de miel, se ha de quemar como ofrenda para Jehov.
Como ofrenda de primicias las ofreceris a Jehov, pero no subirn al altar como ofrenda de olor grato.
"Sazonars con sal toda ofrenda que presentes, y no permitirs que falte jams en tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios. En todas tus ofrendas ofrecers sal.
"Si presentas a Jehov una ofrenda de primicias, tostars al fuego las espigas verdes y ofrecers el grano desmenuzado como ofrenda de tus primicias.
Pondrs sobre ella aceite, y le echars adems incienso. Es una ofrenda.
Como memorial, el sacerdote har arder parte del grano desmenuzado y del aceite, junto con todo el incienso. Es una ofrenda quemada para Jehov.
"Si su ofrenda es un sacrificio de paz, y lo que ha de ofrecer es de ganado vacuno, ofrecer delante de Jehov un macho y una hembra sin defecto.
Pondr su mano sobre la cabeza de su ofrenda, la degollar a la puerta del Tabernculo de reunin, y despus los hijos de Aarn, los sacerdotes, rociarn su sangre en el altar, por todos sus lados.
"Luego ofrecer del sacrificio de paz, como ofrenda quemada a Jehov, la grasa que cubre los intestinos, y toda la que est sobre las entraas,
y los dos riones y la grasa que est sobre ellos y sobre los ijares; con los riones quitar la grasa de los intestinos que est sobre el hgado.
Los hijos de Aarn harn arder todo esto en el altar, sobre el holocausto que estar sobre la lea que habr encima del fuego. Es una ofrenda de olor grato para Jehov.
"Pero si su ofrenda para el sacrificio de paz a Jehov es de ovejas, ofrecer un macho y una hembra sin defecto.
Si presenta un cordero como su ofrenda, lo presentar delante de Jehov.
Pondr la mano sobre la cabeza de su ofrenda, y despus la degollar delante del Tabernculo de reunin. Luego los hijos de Aarn rociarn su sangre en el altar, por todos sus lados.
"Del sacrificio de paz presentar como ofrenda quemada a Jehov la grasa, la cola entera, que cortar desde la raz del espinazo, la grasa que cubre todos los intestinos, y toda la que est sobre las entraas.
Asimismo los dos riones y la grasa que est sobre ellos y sobre los ijares; con los riones quitar la grasa que cubre el hgado.
El sacerdote har arder todo esto sobre el altar. Es manjar de ofrenda quemada para Jehov.
"Si es una cabra su ofrenda, la presentar delante de Jehov.
Pondr la mano sobre su cabeza y la degollar delante del Tabernculo de reunin. Los hijos de Aarn rociarn su sangre en el altar, por todos sus lados.
"Despus presentar de ella, como su ofrenda quemada a Jehov, la grasa que cubre los intestinos y toda la que est sobre las entraas,
los dos riones, la grasa que est sobre ellos y sobre los ijares; con los riones quitar la grasa que cubre el hgado.
Luego el sacerdote har arder todo esto sobre el altar. Es manjar de ofrenda de olor grato que se quema a Jehov. Toda la grasa es de Jehov.
"Estatuto perpetuo ser para vuestros descendientes, dondequiera que habitis: ninguna grasa ni ninguna sangre comeris".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna persona peque involuntariamente contra alguno de los mandamientos de Jehov sobre cosas que no se han de hacer, y hace alguna de ellas:
"Si el que peca es el sacerdote ungido, haciendo as culpable al pueblo, ofrecer a Jehov, por el pecado que ha cometido, un becerro sin defecto, como expiacin.
Llevar el becerro a la puerta del Tabernculo de reunin delante de Jehov, pondr su mano sobre la cabeza del becerro y lo degollar delante de Jehov.
Despus el sacerdote ungido tomar parte de la sangre del becerro y la traer al Tabernculo de reunin.
Mojar el sacerdote su dedo en la sangre, y rociar con aquella sangre siete veces delante de Jehov frente al velo del santuario.
El sacerdote pondr de esa sangre sobre los cuernos del altar del incienso aromtico, que est en el Tabernculo de reunin delante de Jehov, y echar el resto de la sangre del becerro al pie del altar del holocausto, que est a la puerta del Tabernculo de reunin.
Luego tomar del becerro de la expiacin toda su grasa, la que cubre los intestinos y la que est sobre las entraas,
los dos riones y la grasa que est sobre ellos y sobre los ijares; con los riones le quitar la grasa que cubre el hgado,
de la manera que se le quita al buey del sacrificio de paz, y el sacerdote la har arder sobre el altar del holocausto.
Pero la piel del becerro, toda su carne, con su cabeza, sus piernas, sus intestinos y su estircol,
en fin, todo el becerro, lo sacar fuera del campamento a un lugar limpio, donde se echan las cenizas, y lo quemar al fuego sobre la lea. Ser quemado donde se echan las cenizas.
"Si ha sido toda la congregacin de Israel la que ha errado involuntariamente, aunque la falta haya quedado oculta a los ojos del pueblo, son culpables de haber hecho algo contra alguno de los mandamientos de Jehov en cosas que no se han de hacer,
y en cuanto llegue a ser conocido el pecado que han cometido, la congregacin ofrecer un becerro, como expiacin. Lo llevarn delante del Tabernculo de reunin,
los ancianos de la congregacin pondrn sus manos sobre la cabeza del becerro delante de Jehov, y en presencia de Jehov degollarn aquel becerro.
Luego el sacerdote ungido llevar parte de la sangre del becerro al Tabernculo de reunin,
el sacerdote mojar su dedo en la sangre, y con ella rociar siete veces delante de Jehov frente al velo.
De aquella sangre pondr sobre los cuernos del altar que est delante de Jehov en el Tabernculo de reunin, y derramar el resto de la sangre al pie del altar del holocausto, que est a la puerta del Tabernculo de reunin.
Le quitar toda la grasa y la har arder sobre el altar,
haciendo con aquel becerro como hizo con el becerro de la expiacin. Lo mismo har con l. As har el sacerdote expiacin por ellos, y obtendrn perdn.
Sacar luego el becerro fuera del campamento y lo quemar como quem el primer becerro. Es un sacrificio de expiacin por la congregacin.
"Si el que peca involuntariamente es un jefe, cometiendo una falta contra alguno de todos los mandamientos de Jehov, su Dios, sobre cosas que no se han de hacer, es culpable.
Luego que se le d a conocer el pecado que cometi, presentar como su ofrenda un macho cabro sin defecto.
Pondr su mano sobre la cabeza del macho cabro y lo degollar en el lugar donde se degella el holocausto, delante de Jehov. Es un sacrificio de expiacin.
El sacerdote tomar con su dedo de la sangre de la expiacin, la pondr sobre los cuernos del altar del holocausto y derramar el resto de la sangre al pie del altar del holocausto.
Luego quemar toda su grasa sobre el altar, como la grasa del sacrificio de paz. As har el sacerdote expiacin por l, por su pecado, y obtendr perdn.
"Si alguna persona del pueblo peca involuntariamente, cometiendo una falta contra alguno de los mandamientos de Jehov en cosas que no se han de hacer, es culpable.
Luego que se le d a conocer el pecado cometido, presentar como ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por el pecado que cometi.
Pondr su mano sobre la cabeza de la ofrenda de expiacin y la degollar en el lugar del holocausto.
Luego el sacerdote tomar con su dedo de la sangre, la pondr sobre los cuernos del altar del holocausto y derramar el resto de la sangre al pie del altar.
Despus le quitar toda su grasa, de la manera que le fue quitada la grasa al sacrificio de paz, y el sacerdote la har arder sobre el altar en olor grato a Jehov. As har el sacerdote expiacin por l, y ser perdonado.
"Si trae un cordero como su ofrenda por el pecado, deber ser una hembra sin defecto.
Pondr su mano sobre la cabeza de la ofrenda de expiacin y la degollar como expiacin en el lugar donde se degella el holocausto.
Despus tomar el sacerdote con su dedo de la sangre de la expiacin, la pondr sobre los cuernos del altar del holocausto y derramar el resto de la sangre al pie del altar.
Le quitar toda su grasa, como le fue quitada la grasa al sacrificio de paz, y el sacerdote la har arder en el altar sobre la ofrenda quemada a Jehov. As har el sacerdote expiacin por el pecado que haya cometido, y ser perdonado.
"Si alguien es llamado a testificar por ser testigo de algo que vio o supo, y no lo denuncia, comete pecado y cargar con la culpa.
"Asimismo la persona que haya tocado cualquier cosa inmunda, sea cadver de bestia inmunda, o cadver de animal inmundo, o cadver de reptil inmundo, aunque no lo sepa, ser impura y habr pecado.
"Si alguien toca cualquiera de las inmundicias humanas que lo pueden hacer impuro, sin darse cuenta, y despus llega a saberlo, ser culpable.
"Si alguien jura a la ligera con sus labios hacer mal o hacer bien, en cualquier cosa que el hombre acostumbra a jurar, y l no lo entiende, si despus lo entiende, ser culpable por cualquiera de estas cosas.
"Cuando peque en alguna de estas cosas, confesar aquello en que pec,
y para su expiacin presentar a Jehov, como ofrenda de expiacin por el pecado que cometi, una hembra de los rebaos, una cordera o una cabra. As le har el sacerdote expiacin por su pecado.
"Y si no tiene lo suficiente para un cordero, presentar a Jehov, como expiacin por el pecado que cometi, dos trtolas o dos palominos, uno para la expiacin y el otro para un holocausto.
Los llevar al sacerdote, el cual ofrecer primero el destinado a la expiacin; le arrancar de su cuello la cabeza, pero no la separar por completo.
Luego rociar de la sangre de la expiacin sobre un lado del altar, y lo que sobre de la sangre lo exprimir al pie del altar. Es un sacrificio de expiacin.
Con el otro har un holocausto conforme al rito. As har el sacerdote expiacin por el pecado en favor de aquel que lo cometi, y ser perdonado.
"Pero si no tiene lo suficiente para dos trtolas o dos palominos, el que pec presentar como ofrenda por el pecado la dcima parte de un efa de flor de harina. No pondr sobre ella aceite, ni sobre ella pondr incienso, pues es un sacrificio de expiacin.
La llevar entonces al sacerdote, el cual tomar de ella un puado como memorial, y la har arder en el altar sobre las ofrendas quemadas a Jehov. Es un sacrificio de expiacin.
El sacerdote har expiacin por l, a causa del pecado que cometi en alguna de estas cosas, y ser perdonado. Lo que sobre ser del sacerdote, como en la ofrenda de oblacin".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Si alguna persona comete una falta y peca involuntariamente en las cosas santas de Jehov, presentar por su culpa a Jehov un carnero de los rebaos, sin defecto, valorado en siclos de plata, segn el siclo del santuario, como ofrenda por el pecado.
Restituir lo que haya defraudado de las cosas santas, aadir a ello la quinta parte, y lo dar al sacerdote. Luego el sacerdote har expiacin por l con el carnero del sacrificio por el pecado, y ser perdonado.
"Finalmente, si una persona peca, o hace alguna de todas aquellas cosas que por mandamiento de Jehov no se han de hacer, aun sin hacerlo a sabiendas, es culpable y llevar su pecado.
Llevar, pues, al sacerdote para la expiacin, segn t lo estimes, un carnero sin defecto de los rebaos; y el sacerdote le har expiacin por el pecado que cometi por ignorancia, y ser perdonado.
Es una infraccin, y ciertamente pec contra Jehov".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Si alguien peca y comete fraude contra Jehov, por haber negado a su prjimo lo encomendado o dejado en su mano, o bien por haber robado o despojado a su prjimo,
o por haber hallado lo perdido y negarlo despus, o por jurar en falso en alguna de aquellas cosas en que suele pecar el hombre;
entonces, si ha pecado y ofendido, restituir aquello que rob, o el dao del despojo, o el depsito que se le encomend, o lo perdido que hall,
o todo aquello sobre lo que hubiera jurado falsamente; lo restituir por entero a aquel a quien pertenece, y aadir a ello la quinta parte en el da de su expiacin.
Para la expiacin de su culpa llevar a Jehov un carnero sin defecto de los rebaos, conforme a tu estimacin, y lo dar al sacerdote para la expiacin.
El sacerdote har expiacin por l delante de Jehov, y obtendr el perdn de cualquiera de aquellas cosas en que suele ofender".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Diles a Aarn y a sus hijos que estas son las instrucciones en cuanto al holocausto: el holocausto estar sobre el fuego encendido sobre el altar, toda la noche y hasta la maana, consumindose en el fuego del altar.
El sacerdote se pondr su vestidura de lino y cubrir su cuerpo con calzoncillos de lino. Cuando el fuego haya consumido el holocausto, recoger las cenizas de encima del altar y las pondr junto al altar.
Despus se quitar sus vestiduras, se pondr otras ropas y sacar las cenizas fuera del campamento a un lugar limpio.
"El fuego encendido sobre el altar no se apagar, sino que el sacerdote pondr lea en l cada maana, acomodar el holocausto sobre l y quemar sobre l las grasas de los sacrificios de paz.
El fuego arder continuamente en el altar: no se apagar.
"Esta es la ley de la ofrenda: La ofrecern los hijos de Aarn delante de Jehov ante el altar.
Uno de ellos tomar un puado de la flor de harina de la ofrenda, con su aceite y todo el incienso que est sobre la ofrenda, y lo har arder sobre el altar como un memorial de olor grato a Jehov.
Aarn y sus hijos comern lo que sobre de ella. Sin levadura se comer en lugar santo; en el atrio del Tabernculo de reunin lo comern.
No se cocer con levadura: la he dado a ellos como su porcin de mis ofrendas quemadas; es cosa santsima, lo mismo que el sacrificio por el pecado y el sacrificio por la culpa.
Todos los hombres entre los hijos de Aarn comern de ella. Estatuto perpetuo ser para vuestras generaciones en lo tocante a las ofrendas quemadas para Jehov. Toda cosa que las toque quedar santificada".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Esta es la ofrenda que Aarn y sus hijos ofrecern a Jehov el da que sean ungidos: la dcima parte de un efa de flor de harina, la mitad por la maana y la otra mitad por la tarde, como ofrenda perpetua.
En una sartn se preparar con aceite; frita la presentars, y ofrecers los pedazos cocidos como ofrenda de olor grato a Jehov.
Igual ofrenda har el sacerdote que sea ungido en lugar de Aarn de entre sus hijos. Es estatuto perpetuo de Jehov: toda ella ser quemada.
Toda ofrenda de sacerdote ser enteramente quemada: no se comer".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Diles a Aarn y a sus hijos que esta es la ley del sacrificio expiatorio: En el lugar donde se degella el holocausto, ser degollada la ofrenda por el pecado delante de Jehov. Es cosa santsima.
La comer el sacerdote que la ofrezca por el pecado; en lugar santo ser comida, en el atrio del Tabernculo de reunin.
Todo lo que toque su carne quedar santificado, y si su sangre salpica sobre el vestido, lavars aquello sobre lo cual caiga en lugar santo.
La vasija de barro en que sea cocida, ser quebrada, y si es cocida en vasija de bronce, esta ser fregada y lavada con agua.
"Todo hombre de entre los sacerdotes la comer: es cosa santsima.
Pero no se comer ninguna ofrenda cuya sangre se haya llevado al Tabernculo de reunin para hacer la expiacin en el santuario: deber consumirse en el fuego.
"Asimismo esta es la ley del sacrificio por la culpa: "Es cosa muy santa.
En el lugar donde se degella el holocausto, degollarn la vctima por la culpa, y rociar su sangre en el altar, por todos sus lados.
De ella se ofrecer toda la grasa, la cola y la grasa que cubre los intestinos,
los dos riones y la grasa que est sobre ellos y sobre los ijares; junto con los riones se quitar la grasa que cubre el hgado.
Luego el sacerdote lo har arder sobre el altar como ofrenda quemada a Jehov. Es un sacrificio de expiacin.
Todo varn de entre los sacerdotes la comer. Ser comida en lugar santo: es cosa muy santa.
"Como el sacrificio por el pecado, as es el sacrificio por la culpa: una misma ley tendrn. Ser del sacerdote que haga la expiacin con ella.
El sacerdote que ofrezca el holocausto de alguien, se quedar con la piel del holocausto que ofreci.
Asimismo toda ofrenda cocida al horno y toda la preparada en sartn o cazuela, ser del sacerdote que la ofrece.
Pero toda ofrenda amasada con aceite, o seca, ser, por igual, para todos los hijos de Aarn.
"Esta es la ley del sacrificio de paz que se ofrecer a Jehov:
Si se ofrece en accin de gracias, se ofrecer, adems del sacrificio de accin de gracias, tortas sin levadura amasadas con aceite, hojaldres sin levadura untadas con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite.
Con tortas de pan leudado presentar su ofrenda en el sacrificio de accin de gracias y de paz.
De toda la ofrenda se tomar una parte como ofrenda reservada a Jehov, la cual ser del sacerdote que haya rociado la sangre de los sacrificios de paz.
"La carne del sacrificio de paz en accin de gracias se comer el mismo da en que sea ofrecida; no dejarn de ella nada para el da siguiente.
Pero si el sacrificio de la ofrenda es debido a un voto o es una ofrenda voluntaria, ser comido el mismo da en que se ofrezca el sacrificio, y lo que de l quede lo comern al da siguiente.
Pero lo que quede de la carne del sacrificio ser quemado el tercer da en el fuego.
Si se come de la carne del sacrificio de paz al tercer da, el que lo ofrezca no ser aceptado ni su ofrenda ser tenida en cuenta: abominacin ser, y la persona que de l coma cargar con su pecado.
"La carne que toque alguna cosa inmunda no se comer; al fuego ser quemada. "Toda persona limpia podr comer la carne.
"La persona que, estando impura, coma la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehov, ser eliminada de su pueblo.
"Adems, la persona que toque alguna cosa inmunda, ya sea inmundicia de hombre, o animal inmundo o cualquier abominacin inmunda, y coma la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehov, esa persona ser eliminada de su pueblo".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Di a los hijos de Israel: Ninguna grasa de buey ni de cordero ni de cabra comeris.
La grasa de un animal muerto, y la grasa del que fue despedazado por fieras, se dispondr para cualquier otro uso, pero no la comeris.
"Cualquiera que coma grasa de animal del que se ofrece a Jehov ofrenda quemada, la persona que la coma ser eliminada de su pueblo.
"Adems, no comeris nada de sangre en ningn lugar donde habitis, ni de aves ni de bestias.
La persona que coma cualquier clase de sangre, ser eliminada de su pueblo".
Habl ms Jehov a Moiss y le dijo:
"Di a los hijos de Israel: El que ofrezca un sacrificio de paz a Jehov, llevar la ofrenda del sacrificio de paz ante Jehov.
Con sus manos presentar las ofrendas que se han de quemar ante Jehov; ofrecer la grasa con el pecho; el pecho para que sea mecido como sacrificio mecido delante de Jehov.
El sacerdote har arder la grasa sobre el altar, pero el pecho ser para Aarn y sus hijos.
Al sacerdote daris, como ofrenda reservada, la pierna derecha de vuestros sacrificios de paz.
Aquel de los hijos de Aarn que ofrezca la sangre de los sacrificios de paz, y la grasa, recibir la pierna derecha como su porcin.
Yo he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el pecho que se mece y la pierna reservada como ofrenda, y se los he dado a Aarn, el sacerdote, y a sus hijos. Este es un estatuto perpetuo para los hijos de Israel".
Esta es la porcin de Aarn y la porcin de sus hijos, de las ofrendas que se queman a Jehov, desde el da en que l los consagr para ser sacerdotes de Jehov;
esto mand Jehov que los hijos de Israel les dieran, como estatuto perpetuo para sus generaciones, desde el da que l los ungi.
Esta es la ley del holocausto, de la ofrenda, del sacrificio por el pecado, del sacrificio por la culpa, de las consagraciones y del sacrificio de paz,
que Jehov dio a Moiss en el monte Sina, el da en que mand a los hijos de Israel que presentaran sus ofrendas a Jehov en el desierto de Sina.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Toma a Aarn y a sus hijos con l, tambin las vestiduras, el aceite de la uncin, el becerro de la expiacin, los dos carneros y el canastillo de los panes sin levadura,
y congrega a toda la comunidad a la puerta del Tabernculo de reunin".
Hizo, pues, Moiss como Jehov le mand, y se reuni la congregacin a la puerta del Tabernculo de reunin.
Y dijo Moiss a la comunidad: "Esto es lo que Jehov ha mandado hacer".
Entonces Moiss hizo acercarse a Aarn y a sus hijos, y los lav con agua.
Puso sobre l la tnica y se la ci con el cinto; lo visti despus con el manto y, ponindole encima el efod, se lo ci con el cinto del efod y se lo ajust con l.
Luego le impuso el pectoral, y dentro de l deposit los Urim y Tumim.
Tambin puso la mitra sobre su cabeza, y encima de la mitra, en la frente, puso la lmina de oro, la diadema santa, como Jehov haba mandado a Moiss.
Despus tom Moiss el aceite de la uncin, ungi el Tabernculo y todas las cosas que estaban en l, y las santific.
Roci con l sobre el altar siete veces, y ungi el altar con todos sus utensilios, as como la fuente con su base, para santificarlos.
Derram el aceite de la uncin sobre la cabeza de Aarn, y lo ungi para santificarlo.
Despus Moiss hizo acercarse a los hijos de Aarn, los visti con las tnicas, los ci con cintos y les ajust las tiaras, tal como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Luego hizo traer el becerro de la expiacin. Aarn y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro de la expiacin,
y Moiss lo degoll. Tom entonces la sangre y la unt con sus dedos sobre los cuernos y alrededor del altar, para purificarlo, y derram el resto de la sangre al pie del altar. As lo santific para reconciliar sobre l.
Tom Moiss toda la grasa que estaba sobre los intestinos, la grasa del hgado y los dos riones con su grasa, y lo hizo arder todo sobre el altar.
Pero el becerro, su piel, su carne y su estircol los quem al fuego fuera del campamento, tal como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Despus hizo que trajeran el carnero del holocausto. Aarn y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero.
Moiss lo degoll y roci la sangre en el altar, por todos sus lados.
Cort Moiss el carnero en trozos e hizo arder la cabeza, los trozos y la grasa.
Luego de lavar con agua los intestinos y las piernas, Moiss quem todo el carnero sobre el altar, como un holocausto de olor grato, una ofrenda que se quema para Jehov, tal como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Despus hizo que trajeran el otro carnero, el carnero de las consagraciones. Aarn y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero,
y Moiss lo degoll. Entonces tom de su sangre, y la puso sobre el lbulo de la oreja derecha de Aarn, sobre el dedo pulgar de su mano derecha y sobre el dedo pulgar de su pie derecho.
Moiss hizo acercarse luego a los hijos de Aarn, les puso de la sangre sobre el lbulo de sus orejas derechas, sobre los pulgares de sus manos derechas y sobre los pulgares de sus pies derechos, y roci la sangre en el altar, por todos sus lados.
Luego tom la grasa, la cola, toda la grasa que estaba sobre los intestinos, la grasa del hgado, los dos riones con su grasa y la pierna derecha.
Del canastillo de los panes sin levadura, que estaba delante de Jehov, tom una torta sin levadura, y una torta de pan de aceite y una hojaldre, y las puso con la grasa y la pierna derecha.
Lo puso todo en manos de Aarn y en manos de sus hijos, e hizo mecerlo como ofrenda mecida delante de Jehov.
Moiss tom de nuevo aquellas cosas de sus manos, y las hizo arder en el altar sobre el holocausto. Eran las consagraciones de olor grato, una ofrenda quemada a Jehov.
Moiss tom entonces el pecho, y lo meci como ofrenda mecida delante de Jehov; aquella era la parte del carnero de las consagraciones que perteneca a Moiss, tal como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Tom luego Moiss del aceite de la uncin y de la sangre que estaba sobre el altar, roci sobre Aarn y sobre sus vestiduras, sobre sus hijos y tambin sobre las vestiduras de sus hijos. As santific a Aarn y sus vestiduras, a sus hijos, y tambin las vestiduras de sus hijos.
Moiss dijo a Aarn y a sus hijos: "Hervid la carne a la puerta del Tabernculo de reunin, y comedla all con el pan que est en el canastillo de las consagraciones, segn yo lo he mandado diciendo: Aarn y sus hijos la comern.
Quemaris al fuego lo que sobre de la carne y del pan.
De la puerta del Tabernculo de reunin no saldris en siete das, hasta el da en que se cumplan los das de vuestras consagraciones, porque durante siete das seris consagrados.
De la manera que hoy se ha hecho, mand hacer Jehov para hacer expiacin por vosotros.
A la puerta, pues, del Tabernculo de reunin estaris da y noche durante siete das, y guardaris la ordenanza delante de Jehov, para que no muris, pues as me ha sido mandado".
Aarn y sus hijos hicieron todas las cosas que mand Jehov por medio de Moiss.
Al octavo da, Moiss llam a Aarn, a sus hijos y a los ancianos de Israel,
y dijo a Aarn: "Toma de la vacada un becerro para la expiacin y un carnero para el holocausto, ambos sin defecto, y ofrcelos delante de Jehov.
Luego hablars a los hijos de Israel y les dirs: "Tomad un macho cabro para la expiacin, y un becerro y un cordero de un ao, ambos sin defecto, para el holocausto.
Asimismo un buey y un carnero para el sacrificio de paz, los cuales inmolaris delante de Jehov, y una ofrenda amasada con aceite, porque Jehov se manifestar hoy a vosotros"".
Ellos llevaron delante del Tabernculo de reunin lo que mand Moiss; vino toda la congregacin y se puso delante de Jehov.
Entonces Moiss dijo: "Esto es lo que mand Jehov; hacedlo, y la gloria de Jehov se os manifestar".
Despus dijo Moiss a Aarn: "Acrcate al altar, ofrece tu sacrificio de expiacin y tu holocausto, y haz la reconciliacin por ti y por el pueblo; presenta tambin la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliacin por ellos, como ha mandado Jehov".
Entonces se acerc Aarn al altar y degoll el becerro de su sacrificio de expiacin.
Los hijos de Aarn le trajeron la sangre, y l, mojando su dedo en la sangre, unt con ella los cuernos del altar y derram el resto de la sangre al pie del altar.
Luego hizo arder sobre el altar la grasa, los riones y la grasa del hgado de la vctima de la expiacin, como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Pero la carne y la piel las quem al fuego fuera del campamento.
Degoll asimismo el holocausto, y los hijos de Aarn le presentaron la sangre, la cual l roci en el altar, por todos sus lados.
Despus le presentaron el holocausto pieza por pieza, junto con la cabeza, y lo hizo quemar todo sobre el altar.
Luego de haber lavado los intestinos y las piernas, los quem en el altar sobre el holocausto.
Present tambin la ofrenda del pueblo: Tom el macho cabro que era para la expiacin del pueblo, lo degoll y lo ofreci por el pecado, como el primero.
Ofreci el holocausto, y lo hizo segn el rito.
Present asimismo la oblacin, de la que tom un puado y la hizo quemar sobre el altar, adems del holocausto de la maana.
Degoll tambin el buey y el carnero en sacrificio de paz por el pueblo. Los hijos de Aarn le presentaron la sangre, la cual l roci en el altar, por todos sus lados.
Tambin le presentaron las grasas del buey y del carnero, la cola, la grasa que cubre los intestinos, los riones y la grasa del hgado,
y pusieron las grasas sobre los pechos. Entonces quem las grasas sobre el altar,
pero los pechos, junto con la pierna derecha, los meci Aarn, como ofrenda mecida delante de Jehov, tal como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Aarn alz sus manos hacia el pueblo, y lo bendijo; y despus de hacer la expiacin, el holocausto y el sacrificio de paz, descendi.
Luego entraron Moiss y Aarn en el Tabernculo de reunin. Cuando salieron, bendijeron al pueblo, y la gloria de Jehov se manifest a todo el pueblo.
Sali fuego de la presencia de Jehov y consumi el holocausto con las grasas que estaban sobre el altar. Al ver esto, todos los del pueblo alabaron y se postraron sobre sus rostros.
Nadab y Abi, hijos de Aarn, tomaron cada uno su incensario, pusieron en ellos fuego, le echaron incienso encima, y ofrecieron delante de Jehov un fuego extrao, que l nunca les haba mandado.
Entonces sali de la presencia de Jehov un fuego que los quem, y murieron delante de Jehov.
Luego dijo Moiss a Aarn: "Esto es lo que Jehov afirm cuando dijo: "En los que a m se acercan me santificar, y en presencia de todo el pueblo ser glorificado"". Y Aarn call.
Despus Moiss llam a Misael y a Elzafn, hijos de Uziel, to de Aarn, y les dijo: "Acercaos y sacad a vuestros hermanos de delante del santuario, fuera del campamento".
Ellos se acercaron y los sacaron en sus tnicas fuera del campamento, como dijo Moiss.
Entonces Moiss dijo a Aarn y a sus hijos Eleazar e Itamar: "No descubris vuestras cabezas ni rasguis vuestros vestidos en seal de duelo, para que no muris, ni se levante la ira sobre toda la congregacin; pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, s se lamentarn por el fuego que ha encendido Jehov.
No os alejis de la puerta del Tabernculo de reunin, porque moriris, pues el aceite de la uncin de Jehov est sobre vosotros". Y ellos hicieron conforme al dicho de Moiss.
Entonces Jehov habl a Aarn y le dijo:
"Ni t ni tus hijos debis beber vino ni sidra cuando entris en el Tabernculo de reunin, para que no muris. Estatuto perpetuo ser para vuestras generaciones,
para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio,
y ensear a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehov les ha dado por medio de Moiss".
Moiss dijo a Aarn y a Eleazar e Itamar, los hijos que le haban quedado: "Tomad la ofrenda que queda de las ofrendas encendidas a Jehov, y comedla sin levadura junto al altar, porque es cosa muy santa.
La comeris, pues, en lugar santo, porque esto es lo reservado a ti y a tus hijos de las ofrendas quemadas a Jehov, pues as me ha sido mandado.
Comeris asimismo en lugar limpio, t y contigo tus hijos y tus hijas, el pecho mecido y la pierna reservada, porque por derecho son tuyos y de tus hijos, dados de los sacrificios de paz de los hijos de Israel.
Con las ofrendas de las grasas que se han de quemar, traern la pierna que se ha de reservar y el pecho que ser mecido como ofrenda mecida delante de Jehov; sern para ti y tus hijos derecho perpetuo, como Jehov lo ha mandado".
Entonces Moiss pregunt por el macho cabro de la expiacin, pero se encontr con que ya haba sido quemado. Enojado contra Eleazar e Itamar, los hijos que haban quedado de Aarn, dijo:
-- Por qu no comisteis la expiacin en lugar santo? Pues es muy santa, y l os la dio para llevar el pecado de la comunidad, para que sean reconciliados delante de Jehov.
Ved que la sangre no fue llevada dentro del santuario, por lo que vosotros debais comer la ofrenda en el lugar santo, como yo mand.
Aarn respondi a Moiss: -- Mira, hoy han ofrecido su expiacin y su holocausto delante de Jehov, pero a m me han sucedido estas cosas. Si yo hubiera comido hoy del sacrificio de expiacin, sera esto grato a Jehov?
Cuando Moiss oy esto, se dio por satisfecho.
Habl Jehov a Moiss y a Aarn, y les dijo:
"Hablad a los hijos de Israel y decidles: "Estos son los animales que comeris de entre todos los animales que hay sobre la tierra.
De entre los animales, comeris todo el que tiene pezua hendida y que rumia.
Pero de los que rumian o que tienen pezua, no comeris: El camello, porque rumia pero no tiene pezua hendida, lo tendris por inmundo.
Tambin el conejo, porque rumia pero no tiene pezua, lo tendris por inmundo.
Asimismo la liebre, porque rumia pero no tiene pezua, la tendris por inmunda.
Tambin el cerdo, porque tiene pezuas, y es de pezuas hendidas pero no rumia, lo tendris por inmundo.
De su carne no comeris, ni tocaris su cuerpo muerto: los tendris por inmundos.
"De todos los animales que viven en las aguas comeris estos: todos los que tienen aletas y escamas, ya sean de mar o de ro, los podris comer.
Pero tendris como cosa abominable todos los que no tienen aletas ni escamas, ya sean de mar o de ro, entre todo lo que se mueve y entre toda cosa viviente que est en las aguas.
Os sern, pues, abominacin: de su carne no comeris, y abominaris sus cuerpos muertos.
Tendris por abominable todo lo que en las aguas no tiene aletas y escamas.
"Entre las aves tendris por abominables, y no se comern por ser abominacin, las siguientes: el guila, el quebrantahuesos, el azor,
el gallinazo, el milano segn su especie;
toda clase de cuervos;
el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gaviln segn su especie;
el bho, el somormujo, el ibis,
el calamn, el pelcano, el buitre,
la cigea, la garza segn su especie, la abubilla y el murcilago.
"Tendris por abominable todo insecto alado que anda sobre cuatro patas.
Pero de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas comeris el que, adems de sus patas, tiene zancas para saltar con ellas sobre la tierra.
De ellos comeris estos: toda clase de langosta, de langostn, de grillo y saltamontes.
Cualquier otro insecto alado que tenga cuatro patas, os ser abominacin.
"Por estas cosas quedaris impuros: "Cualquiera que toque los cuerpos muertos de estos animales, quedar impuro hasta la noche.
"Cualquiera que levante el cadver de alguno de ellos, lavar sus vestidos, y quedar impuro hasta la noche.
"Tendris por inmundo todo animal de pezua, pero que no tiene pezua hendida ni rumia; cualquiera que los toque quedar impuro.
"De todos los animales que andan en cuatro patas, tendris por inmundo a cualquiera que se apoye sobre sus garras; todo el que toque sus cadveres quedar impuro hasta la noche.
Y el que levante sus cadveres lavar sus vestidos y quedar impuro hasta la noche: los tendris por inmundos.
"Y tendris por inmundos a los siguientes animales que se mueven sobre la tierra: la comadreja, el ratn, las distintas especies de rana,
el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camalen.
"Estos tendris por inmundos de entre los animales que se mueven, y cualquiera que los toque cuando estn muertos quedar impuro hasta la noche.
"Tambin ser inmundo todo aquello sobre lo que caiga algo de ellos despus de muertos; sea objeto de madera, vestido, piel, saco, sea cualquier instrumento con el que se trabaja. Ser metido en agua y quedar inmundo hasta la noche: entonces quedar limpio.
"Toda vasija de barro dentro de la cual caiga alguno de ellos ser inmunda, as como todo lo que est dentro de ella; y la vasija deber quebrarse.
Toda cosa comestible sobre la cual caiga el agua de tales vasijas ser inmunda, y toda bebida que haya en esas vasijas ser inmunda.
Todo aquello sobre lo que caiga alguno de esos cadveres ser inmundo: el horno u hornillos se derribarn; son inmundos, y por inmundos los tendris.
"Sin embargo, la fuente y la cisterna donde se recogen las aguas permanecern limpias, pero lo que haya tocado los cadveres ser inmundo.
"Y si cae uno de esos cadveres sobre alguna semilla que se haya de sembrar, ser limpia.
Pero si se ha puesto agua en la semilla, y cae uno de los cadveres sobre ella, la tendris por inmunda.
"Si muere algn animal que tienes para comer, el que toque su cadver quedar impuro hasta la noche.
El que coma del cuerpo muerto lavar sus vestidos y quedar impuro hasta la noche; tambin el que saque el cuerpo muerto lavar sus vestidos y quedar impuro hasta la noche.
"Todo reptil que se arrastra sobre la tierra es abominacin: no se comer.
"No comeris ningn animal que anda sobre el vientre, que anda sobre cuatro o ms patas, o se arrastra sobre la tierra, porque es abominacin.
No hagis abominables vuestras personas con ningn animal que se arrastra, ni os contaminis con ellos, ni seis impuros por ellos.
Yo soy Jehov, vuestro Dios. Vosotros por tanto os santificaris y seris santos, porque yo soy santo. As que no contaminis vuestras personas con ningn animal que se arrastre sobre la tierra.
Yo soy Jehov, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seris, pues, santos, porque yo soy santo".
"Esta es la ley acerca de las bestias, de las aves, de todo ser viviente que se mueve en las aguas y de todo animal que se arrastra sobre la tierra,
para que hagis distincin entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer, cuando conciba y d a luz un hijo varn, quedar impura durante siete das; como en los das de su menstruacin ser impura.
Al octavo da se circuncidar al nio.
Pero ella permanecer treinta y tres das purificndose de su sangre. Ninguna cosa santa tocar, ni vendr al santuario hasta que se cumplan los das de su purificacin.
Si da a luz una hija, quedar impura durante dos semanas, conforme a su separacin, y sesenta y seis das estar purificndose de su sangre.
"Cuando los das de su purificacin se cumplan, ya sea por un hijo o una hija, llevar al sacerdote un cordero de un ao para holocausto, y un palomino o una trtola para expiacin, a la puerta del Tabernculo de reunin.
El sacerdote los ofrecer delante de Jehov y har expiacin por ella. As quedar limpia del flujo de su sangre". Esta es la ley para la que da a luz un hijo o una hija.
Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomar entonces dos trtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiacin. El sacerdote har expiacin por ella, y quedar limpia.
Habl Jehov a Moiss y a Aarn, y les dijo:
"Cuando el hombre tenga en la piel de su cuerpo una hinchazn o una erupcin o una mancha blanca, y haya en la piel de su cuerpo como una llaga de lepra, ser llevado a Aarn, el sacerdote, o a uno de sus hijos, los sacerdotes.
El sacerdote mirar la llaga en la piel del cuerpo; si el vello en la llaga se ha vuelto blanco y se ve la llaga ms profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es. El sacerdote lo reconocer y lo declarar impuro.
"Si en la piel de su cuerpo hay una mancha blanca, pero no se ve ms profunda que la piel ni el vello se ha vuelto blanco, entonces el sacerdote encerrar al llagado durante siete das.
Al sptimo da el sacerdote lo examinar, y si la llaga conserva el mismo aspecto y no se ha extendido en la piel, entonces el sacerdote lo volver a encerrar por otros siete das.
Al sptimo da el sacerdote lo reconocer de nuevo; si ve que se ha oscurecido la llaga, y que no se ha extendido en la piel, entonces el sacerdote lo declarar limpio: era una erupcin. Lavar sus vestidos y quedar limpio.
"Pero si se extiende la erupcin en la piel despus que l se mostr al sacerdote para ser limpio, deber mostrarse otra vez al sacerdote.
El sacerdote lo reconocer, y si ve que la erupcin se ha extendido en la piel, lo declarar impuro: es lepra.
"Cuando haya llaga de lepra en el hombre, ser llevado al sacerdote.
Si al examinarlo el sacerdote observa un tumor blanco en la piel, el cual ha hecho que el vello mude de color, y tambin se descubre la carne viva,
es lepra crnica en la piel de su cuerpo. El sacerdote lo declarar impuro, aunque no lo encerrar, porque ya es impuro.
"Pero si la lepra brota y se extiende por la piel, de modo que cubre toda la piel del llagado desde la cabeza hasta los pies, hasta donde pueda ver el sacerdote,
entonces este lo reconocer. Si la lepra ha cubierto todo su cuerpo, declarar limpio al llagado; toda ella se ha vuelto blanca, y l es limpio.
Pero el da que aparezca en l la carne viva, quedar impuro.
El sacerdote examinar la carne viva y lo declarar impuro, pues la carne viva es impura: es lepra.
"Pero cuando la carne viva cambie y se vuelva blanca, entonces ir al sacerdote,
y el sacerdote lo examinar. Si la llaga se ha vuelto blanca, el sacerdote declarar limpio al que tena la llaga, y quedar limpio.
"Cuando una persona tenga en su piel una llaga, que luego sana,
pero en el lugar de la llaga aparece una hinchazn o una mancha blanca rojiza, ser mostrado al sacerdote.
El sacerdote lo examinar; si ve que est ms profunda que la piel, y que su vello se ha vuelto blanco, el sacerdote lo declarar impuro: es lepra que brota de la llaga.
Pero si el sacerdote la examina y no ve en ella vello blanco, ni que es ms profunda que la piel, sino oscura, entonces el sacerdote lo encerrar por siete das.
Si se ha extendido por la piel, entonces el sacerdote lo declarar impuro: es una llaga.
Pero si la mancha blanca permanece en su lugar y no se ha extendido, es la cicatriz de la llaga, y el sacerdote lo declarar limpio.
"Asimismo cuando haya en la piel del cuerpo una quemadura de fuego, y aparezca en la parte quemada una mancha blanquecina, rojiza o blanca,
el sacerdote la examinar. Si el vello se ha vuelto blanco en la mancha, y esta es ms profunda que la piel, es lepra que sali en la quemadura. El sacerdote lo declarar impuro por ser llaga de lepra.
Pero si el sacerdote la examina y no hay en la mancha vello blanco, ni es ms profunda que la piel, sino que es oscura, lo encerrar el sacerdote por siete das.
Al sptimo da el sacerdote la reconocer; y si se ha ido extendiendo por la piel, el sacerdote lo declarar impuro: es llaga de lepra.
Pero si la mancha permanece en su lugar y no se ha extendido en la piel, sino que es oscura, se trata de la cicatriz de la quemadura. El sacerdote lo declarar limpio, porque seal de la quemadura es.
"Cuando a un hombre o a una mujer le salga una llaga en la cabeza, o en la barba,
el sacerdote examinar la llaga. Si ve que es ms profunda que la piel y que el pelo en ella es amarillento y delgado, entonces el sacerdote lo declarar impuro: es tia, lepra de la cabeza o de la barba.
Pero si, al examinar la llaga de la tia, el sacerdote ve que no es ms profunda que la piel ni hay en ella pelo negro, encerrar por siete das al llagado de la tia.
Al sptimo da el sacerdote examinar la llaga, y si la tia no se ha extendido ni hay en ella pelo amarillento, ni se ve la tia ms profunda que la piel,
entonces har que se rasure, salvo en el lugar afectado, y el sacerdote encerrar por otros siete das al que tiene la tia.
Al sptimo da el sacerdote examinar la tia, y si la tia no se ha extendido en la piel ni es ms profunda que la piel, el sacerdote lo declarar limpio; lavar sus vestidos y quedar limpio.
Pero si la tia se ha ido extendiendo en la piel despus de su purificacin,
entonces el sacerdote la examinar, y si la tia se ha extendido en la piel, no busque el sacerdote el pelo amarillento: es impuro.
Pero si le parece que la tia est detenida y que ha salido en ella el pelo negro, la tia est sanada; la persona est limpia, y limpia la declarar el sacerdote.
"Asimismo cuando un hombre o una mujer tenga en la piel de su cuerpo manchas, manchas blancas,
el sacerdote lo examinar, y si en la piel de su cuerpo aparecen manchas blancas algo oscurecidas, es una erupcin que brot en la piel: la persona est limpia.
"Si a un hombre se le cae el cabello, se queda calvo, pero limpio.
Si se le cae el cabello de la frente, se queda calvo por delante, pero es limpio.
Pero cuando en la calva o en las entradas haya una llaga blanca rojiza, lepra es que brota en su calva o en sus entradas.
Entonces el sacerdote lo examinar, y si la hinchazn de la llaga blanca rojiza en su calva o en sus entradas se parece a la de la lepra de la piel del cuerpo,
leproso es, es impuro. El sacerdote lo declarar luego impuro; en su cabeza tiene la llaga.
"El leproso que tenga llagas llevar vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y con el rostro semicubierto gritar: "Impuro! Impuro!".
Todo el tiempo que tenga las llagas, ser impuro. Estar impuro y habitar solo; fuera del campamento vivir.
"Cuando en un vestido aparezca una mancha de lepra, ya sea vestido de lana o de lino,
o en urdimbre o en trama de lino o de lana, o en cuero, o en cualquier objeto de cuero,
y si la mancha es verdosa o rojiza, en vestido o en cuero, en urdimbre o en trama, o en cualquier objeto de cuero, es mancha de lepra y se ha de mostrar al sacerdote.
El sacerdote examinar la mancha, y encerrar la cosa manchada durante siete das.
Al sptimo da examinar la mancha, y si se ha extendido en el vestido, en la urdimbre o en la trama, en el cuero o en cualquier objeto hecho de cuero, la mancha es lepra maligna: el objeto ser inmundo.
Ser quemado el vestido, la urdimbre o trama de lana o de lino, o cualquier objeto de cuero en que haya tal mancha, porque lepra maligna es: al fuego ser quemado.
Pero si el sacerdote, al examinarlo, ve que la mancha no se ha extendido en el vestido, en la urdimbre o en la trama, o en cualquier objeto de cuero,
entonces el sacerdote mandar que laven donde est la mancha, y lo encerrar otra vez por siete das.
"Despus que la mancha haya sido lavada, el sacerdote la examinar, y si ve que la mancha no ha cambiado de aspecto, aunque no se haya extendido, el objeto es inmundo y lo quemars al fuego: es corrosin penetrante, est lo rado en el derecho o en el revs de aquella cosa.
Pero si el sacerdote la ve, y parece que la mancha se ha oscurecido despus que fue lavada, la cortar del vestido, del cuero, de la urdimbre o de la trama.
Si aparece de nuevo en el vestido, la urdimbre o la trama, o en cualquier cosa de cuero, extendindose en ellos, quemars al fuego aquello en que est la mancha.
Pero el vestido, la urdimbre o la trama, o cualquier cosa de cuero que laves, y que se le quite la mancha, se lavar por segunda vez, y entonces quedar limpia".
Esta es la ley para la mancha de la lepra en los vestidos de lana o de lino, de urdimbre o de trama, o de cualquier objeto de cuero, para que sean declarados limpios o inmundos.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Esta ser la ley para el leproso cuando se limpie: Ser presentado al sacerdote,
el cual saldr fuera del campamento y lo examinar. Si ve que est sana la llaga de la lepra del leproso,
el sacerdote mandar traer para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo.
Luego el sacerdote mandar matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes.
Despus tomar la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojar con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes.
Rociar siete veces sobre el que se purifica de la lepra y, tras declararlo limpio, soltar la avecilla viva en el campo.
"El que se purifica lavar sus vestidos, afeitar todo su pelo y se lavar con agua, y quedar limpio. Despus entrar en el campamento, pero permanecer fuera de su tienda siete das.
Al sptimo da se afeitar todo el pelo de su cabeza, la barba, las cejas de sus ojos, o sea, todo su pelo; lavar sus vestidos y baar su cuerpo en agua, y quedar limpio.
El da octavo tomar dos corderos sin defecto, una cordera de un ao sin tacha, tres dcimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite.
Y el sacerdote que lo purifica presentar delante de Jehov al que se ha de limpiar con aquellas cosas a la puerta del Tabernculo de reunin.
El sacerdote tomar un cordero y lo ofrecer por la culpa, con el log de aceite, y lo mecer como ofrenda mecida delante de Jehov.
Degollar el cordero en el lugar donde se degella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario, pues como la vctima por el pecado, as tambin la vctima por la culpa pertenece al sacerdote: es cosa muy sagrada.
"Despus el sacerdote tomar de la sangre de la vctima por la culpa, la pondr sobre el lbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho.
Asimismo el sacerdote tomar del log de aceite, lo echar sobre la palma de su mano izquierda,
mojar su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcir del aceite con su dedo siete veces delante de Jehov.
Y de lo que quede del aceite que tiene en su mano, pondr el sacerdote sobre el lbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa.
Lo que quede del aceite que tiene en su mano, lo pondr sobre la cabeza del que se purifica. As har el sacerdote expiacin por l delante de Jehov.
Ofrecer luego el sacerdote el sacrificio por el pecado y har expiacin por el que se ha de purificar de su inmundicia; despus degollar el holocausto
y har subir el holocausto y la ofrenda sobre el altar. As har el sacerdote expiacin por l, y quedar limpio.
"Pero si es pobre, y no tiene para tanto, entonces tomar un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa, para reconciliarse, y una dcima de efa de flor de harina amasada con aceite para la ofrenda, un log de aceite
y dos trtolas o dos palominos, segn pueda; uno ser para la expiacin por el pecado y el otro para el holocausto.
Al octavo da de su purificacin traer estas cosas al sacerdote, a la puerta del Tabernculo de reunin, delante de Jehov.
El sacerdote tomar el cordero de la expiacin por la culpa y el log de aceite, y los mecer como ofrenda mecida delante de Jehov.
Luego degollar el cordero de la culpa, y el sacerdote tomar de la sangre de la vctima y la pondr sobre el lbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho.
Y el sacerdote echar del aceite sobre la palma de su mano izquierda,
y con su dedo derecho rociar del aceite que tiene en su mano izquierda, siete veces delante de Jehov.
Tambin el sacerdote pondr del aceite que tiene en su mano sobre el lbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar donde puso la sangre de la vctima.
Y lo que sobre del aceite que el sacerdote tiene en su mano, lo pondr sobre la cabeza del que se purifica, para reconciliarlo delante de Jehov.
Asimismo ofrecer una de las trtolas o uno de los palominos, segn lo que pueda;
uno como sacrificio de expiacin por el pecado y el otro como holocausto, adems de la ofrenda. As har el sacerdote expiacin por el que se ha de purificar, delante de Jehov".
Esta es la ley para el que haya tenido llaga de lepra, y no tenga ms para su purificacin.
Habl tambin Jehov a Moiss y a Aarn, y les dijo:
"Cuando hayis entrado en la tierra de Canan, la cual yo os doy en posesin, si yo mando una plaga de lepra sobre alguna casa de la tierra de vuestra posesin,
aquel a quien pertenezca la casa ir a dar aviso al sacerdote, y le dir: "Algo como plaga ha aparecido en mi casa".
"Entonces el sacerdote mandar desocupar la casa antes de entrar a examinar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que est en la casa. Despus el sacerdote entrar a examinarla.
"Examinar la plaga, y si se ven manchas en las paredes de la casa, manchas verdosas o rojizas, las cuales son ms profundas que la superficie de la pared,
el sacerdote saldr a la puerta de la casa y cerrar la casa por siete das.
Al sptimo da volver el sacerdote y la examinar; si la plaga se ha extendido en las paredes de la casa,
entonces el sacerdote mandar arrancar las piedras en que est la plaga, y las echarn en un lugar inmundo fuera de la ciudad.
Despus har raspar todo el interior de la casa, y echarn fuera de la ciudad, en lugar inmundo, el barro que raspen.
Entonces tomarn otras piedras y las pondrn en lugar de las piedras quitadas, y tomarn otro barro y recubrirn la casa.
"Si la plaga vuelve a brotar en aquella casa despus que hizo arrancar las piedras y raspar la casa, y despus que fue recubierta,
entonces el sacerdote entrar y la examinar; y si parece haberse extendido la plaga en la casa, se trata de lepra maligna en la casa, y esta es inmunda.
Derribar, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa, y sacarn todo a un lugar inmundo fuera de la ciudad.
Cualquiera que entre en aquella casa durante los das en que la mand cerrar, quedar impuro hasta la noche.
El que duerma en aquella casa lavar sus vestidos; tambin el que coma en la casa lavar sus vestidos.
"Pero si entra el sacerdote y la examina, y ve que la plaga no se ha extendido en la casa despus que fue recubierta, el sacerdote declarar limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido.
Entonces tomar para limpiar la casa dos avecillas, y madera de cedro, grana e hisopo;
degollar una avecilla en una vasija de barro sobre aguas corrientes.
Tomar el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, los mojar en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y rociar la casa siete veces.
As purificar la casa con la sangre de la avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro, el hisopo y la grana.
Luego soltar la avecilla viva fuera de la ciudad, sobre la faz del campo. As har expiacin por la casa, y quedar limpia".
Esta es la ley acerca de toda plaga de lepra y de tia,
de la lepra del vestido y de la casa,
y acerca de la hinchazn, de la erupcin y de la mancha blanca,
para ensear cundo se es impuro y cundo limpio. Esta es la ley tocante a la lepra.
Habl Jehov a Moiss y a Aarn, y les dijo:
"Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cualquier hombre, cuando tenga flujo de semen, ser impuro.
Esta ser la impureza ocasionada por su flujo: sea que su cuerpo destil a causa de su flujo o que haya dejado de destilar a causa de su flujo, l ser impuro.
Toda cama en que se acueste el que tenga flujo, ser inmunda. Toda cosa sobre que se siente, inmunda ser.
Cualquiera que toque su cama lavar sus vestidos, y se lavar tambin a s mismo con agua, y quedar impuro hasta la noche.
El que se siente sobre aquello en que se haya sentado el que tiene flujo, lavar sus vestidos, se lavar tambin a s mismo con agua, y quedar impuro hasta la noche.
Asimismo el que toque el cuerpo del que tiene flujo lavar sus vestidos, y a s mismo se lavar con agua, y quedar impuro hasta la noche.
Si el que tiene flujo escupe sobre el limpio, este lavar sus vestidos y, despus de haberse lavado con agua, quedar impuro hasta la noche.
Toda montura sobre la que cabalgue el que tenga flujo, ser inmunda.
Cualquiera que toque cualquier cosa que haya estado debajo de l, quedar impuro hasta la noche. El que la lleve, lavar sus vestidos y, despus de lavarse con agua, quedar impuro hasta la noche.
Todo aquel a quien toque el que tiene flujo, sin haberse lavado con agua las manos, lavar sus vestidos, a s mismo se lavar con agua, y quedar impuro hasta la noche.
La vasija de barro que toque el que tiene flujo ser quebrada, y toda vasija de madera ser lavada con agua.
"Cuando se haya limpiado de su flujo el que tiene flujo, contar siete das desde su purificacin. Entonces lavar sus vestidos y lavar su cuerpo en aguas corrientes, y quedar limpio.
Al octavo da, tomar dos trtolas o dos palominos, vendr delante de Jehov a la puerta del Tabernculo de reunin y los dar al sacerdote.
El sacerdote ofrecer uno como ofrenda por el pecado y el otro como holocausto. As el sacerdote lo purificar de su flujo delante de Jehov.
"Cuando el hombre tenga emisin de semen, lavar en agua todo su cuerpo, y quedar impuro hasta la noche.
Toda vestidura, o toda piel sobre la cual caiga la emisin del semen, se lavar con agua, y quedar inmunda hasta la noche.
"Cuando un hombre duerma con una mujer y tenga emisin de semen, ambos se lavarn con agua, y quedarn impuros hasta la noche.
"Cuando la mujer tenga flujo de sangre y su flujo est en su cuerpo, siete das permanecer apartada. Cualquiera que la toque quedar impuro hasta la noche.
Todo aquello sobre lo que ella se acueste mientras permanezca separada, ser inmundo. Tambin todo aquello sobre lo que se siente, ser inmundo.
Cualquiera que toque su cama lavar sus vestidos y, despus de lavarse con agua, quedar impuro hasta la noche.
Tambin cualquiera que toque cualquier mueble sobre el que ella se haya sentado, lavar sus vestidos; se lavar luego a s mismo con agua, y quedar impuro hasta la noche.
El que toque lo que est sobre la cama o sobre la silla en que ella se haya sentado, quedar impuro hasta la noche.
Si alguno duerme con ella, y su menstruo cae sobre l, quedar impuro durante siete das; y toda cama sobre la que duerma, ser inmunda.
"Cuando una mujer tenga flujo de sangre por muchos das fuera del tiempo de su menstruacin, o cuando tenga flujo de sangre ms all de su menstruacin, todo el tiempo de su flujo quedar impura como en los das de su menstruacin.
Toda cama en que duerma mientras dura su flujo ser como la cama de su menstruacin, y todo mueble sobre que se siente ser inmundo como la impureza de su menstruacin.
Cualquiera que toque esas cosas ser impuro y lavar sus vestidos, se lavar a s mismo con agua, y quedar impuro hasta la noche.
"Cuando quede libre de su flujo, contar siete das, y despus quedar limpia.
Al octavo da tomar consigo dos trtolas o dos palominos y los llevar al sacerdote, a la puerta del Tabernculo de reunin.
El sacerdote los ofrecer, uno como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto. As el sacerdote la purificar delante de Jehov del flujo de su impureza.
"Apartaris de sus impurezas a los hijos de Israel, a fin de que no mueran a causa de sus impurezas, por haber contaminado mi Tabernculo, que est en medio de ellos".
Esta es la ley para el que tiene flujo, para el que tiene emisin de semen y se vuelve impuro a causa de ello;
para la que padece su flujo menstrual, para el que tiene flujo, sea hombre o mujer, y para el hombre que duerma con una mujer impura.
Habl Jehov a Moiss despus de la muerte de los dos hijos de Aarn, que murieron cuando se acercaron a la presencia de Jehov.
Y Jehov dijo a Moiss: "Di a Aarn, tu hermano, que no entre en todo tiempo en el santuario detrs del velo, delante del propiciatorio que est sobre el Arca, para que no muera, pues yo aparecer en la nube sobre el propiciatorio.
Aarn entrar en el santuario con esto: un becerro para la expiacin y un carnero para el holocausto.
Se vestir con la tnica santa de lino, se pondr los calzoncillos de lino, se ceir el cinto de lino y con la mitra de lino se cubrir. Estas son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir despus de lavar su cuerpo con agua.
"De la congregacin de los hijos de Israel tomar dos machos cabros para la expiacin y un carnero para el holocausto.
Aarn har traer su becerro de la expiacin, y har la reconciliacin por s y por su casa.
Despus tomar los dos machos cabros y los presentar delante de Jehov, a la puerta del Tabernculo de reunin.
Luego echar suertes Aarn sobre los dos machos cabros, una suerte por Jehov y otra suerte por Azazel.
Y har traer Aarn el macho cabro sobre el cual caiga la suerte por Jehov, y lo ofrecer como expiacin.
Pero el macho cabro sobre el cual caiga la suerte por Azazel, lo presentar vivo delante de Jehov para hacer la reconciliacin sobre l y enviarlo al desierto para Azazel.
"Har traer Aarn el becerro destinado a su propia expiacin, har la reconciliacin por s y por su casa, y lo degollar como sacrificio de expiacin.
Despus tomar un incensario lleno de brasas de fuego del altar que est delante de Jehov, y dos puados del perfume aromtico molido, y lo llevar detrs del velo.
Pondr el perfume sobre el fuego delante de Jehov, y la nube del perfume cubrir el propiciatorio que est sobre el Testimonio, para que no muera.
Tomar luego de la sangre del becerro y la rociar con su dedo en el lado oriental del propiciatorio, y delante del propiciatorio esparcir con su dedo siete veces de aquella sangre.
Despus degollar el macho cabro como expiacin por el pecado del pueblo, llevar la sangre detrs del velo adentro y har con su sangre como hizo con la sangre del becerro: la esparcir sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio.
As purificar el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados. De la misma manera har tambin con el Tabernculo de reunin, que est entre ellos en medio de sus impurezas.
"Ningn hombre estar en el Tabernculo de reunin cuando l entre a hacer la expiacin en el santuario, hasta que l salga. Cuando haya hecho expiacin por s mismo, por su casa y por toda la comunidad de Israel
saldr hacia el altar que est delante de Jehov, y lo expiar: tomar de la sangre del becerro y de la sangre del macho cabro, y la pondr sobre los cuernos alrededor del altar.
Esparcir sobre l de la sangre con su dedo siete veces. As lo limpiar y lo santificar de las impurezas de los hijos de Israel.
"Cuando haya acabado de expiar el santuario, el Tabernculo de reunin y el altar, har traer el macho cabro vivo.
Pondr Aarn sus dos manos sobre la cabeza del macho cabro vivo y confesar sobre l todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados. As los pondr sobre la cabeza del macho cabro, y lo enviar al desierto por medio de un hombre destinado para esto.
Aquel macho cabro llevar sobre s todas sus iniquidades a tierra inhabitada; y dejar ir el macho cabro por el desierto.
Despus vendr Aarn al Tabernculo de reunin y se quitar las vestiduras de lino que haba vestido para entrar en el santuario, y las pondr all.
Lavar luego su cuerpo con agua all mismo en el santuario y, despus de ponerse sus vestidos, saldr a ofrecer su holocausto y el holocausto del pueblo; har la expiacin por s mismo y por el pueblo,
y quemar en el altar la grasa del sacrificio por el pecado.
El que haya llevado el macho cabro a Azazel, lavar sus vestidos, lavar tambin con agua su cuerpo y despus entrar en el campamento.
"Despus sacarn fuera del campamento el becerro y el macho cabro inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiacin, y quemarn en el fuego su piel, su carne y su estircol.
El que los queme lavar sus vestidos y lavar tambin su cuerpo con agua, y despus podr entrar en el campamento.
"Esto tendris por estatuto perpetuo: En el mes sptimo, a los diez das del mes, afligiris vuestras almas, y ninguna obra haris, ni el natural ni el extranjero que habita entre vosotros,
porque en este da se har expiacin por vosotros, y seris limpios de todos vuestros pecados delante de Jehov.
Da de reposo es para vosotros, y afligiris vuestras almas. Es un estatuto perpetuo.
Har la expiacin el sacerdote que sea ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; se vestir con las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas,
y har la expiacin por el santuario santo y el Tabernculo de reunin; tambin har expiacin por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregacin.
"Esto tendris como estatuto perpetuo, para hacer expiacin una vez al ao por todos los pecados de Israel". Y Moiss lo hizo como Jehov le mand.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a Aarn, a sus hijos y a todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado Jehov:
"Cualquier hombre de la casa de Israel que degelle un buey o un cordero o una cabra, en el campamento o fuera de l,
y no lo lleve a la puerta del Tabernculo de reunin para presentarlo como ofrenda a Jehov delante del tabernculo de Jehov, ser culpado de la sangre derramada. Tal hombre derram sangre y ser por tanto eliminado de su pueblo,
a fin de que los hijos de Israel traigan sus sacrificios, los que sacrifican en medio del campo, que los traigan al sacerdote, ante Jehov, a la puerta del Tabernculo de reunin, y as ofrezcan sus sacrificios de paz a Jehov.
El sacerdote esparcir la sangre sobre el altar de Jehov a la puerta del Tabernculo de reunin, y quemar la grasa como olor grato a Jehov.
Y nunca ms sacrificarn sus sacrificios a los demonios, tras los cuales se han prostituido. Tendrn esto por estatuto perpetuo para sus generaciones.
"Les dirs tambin: Cualquier hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros que habitan entre vosotros, que ofrezca holocausto o sacrificio
y no lo traiga a la puerta del Tabernculo de reunin para ofrecerlo a Jehov, tal hombre ser igualmente eliminado de su pueblo.
"Si cualquier hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros que habitan entre ellos, come alguna sangre, yo pondr mi rostro contra la persona que coma sangre, y la eliminar de su pueblo,
porque la vida de la carne en la sangre est, y yo os la he dado para hacer expiacin sobre el altar por vuestras almas, pues la misma sangre es la que hace expiacin por la persona.
"Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: "Ninguna persona de vosotros comer sangre, ni el extranjero que habita entre vosotros comer sangre".
Cualquier hombre de los hijos de Israel, o de los extranjeros que habitan entre ellos, que cace un animal o un ave que sea de comer, derramar su sangre y la cubrir con tierra,
porque la vida de toda carne es su sangre. Por eso he dicho a los hijos de Israel: "No comeris la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre, y cualquiera que la coma ser eliminado".
"Cualquier persona, tanto de los naturales como de los extranjeros, que coma de un animal muerto o despedazado por una fiera, lavar sus vestidos y se lavar a s misma con agua, y ser impura hasta la noche: entonces quedar limpia.
Y si no los lava ni lava su cuerpo, cargar con su pecado".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: "Yo soy Jehov, vuestro Dios.
"No haris como hacen en la tierra de Egipto, en la cual habitasteis. "No haris como hacen en la tierra de Canan, a la cual yo os conduzco, ni andaris en sus estatutos.
"Mis ordenanzas pondris por obra, y mis estatutos guardaris, andando en ellos. Yo, Jehov, vuestro Dios.
"Por tanto, guardaris mis estatutos y mis ordenanzas, porque el hombre que los cumpla, gracias a ellos vivir. Yo, Jehov.
"Ningn hombre se llegue a parienta prxima alguna para descubrir su desnudez. Yo, Jehov.
"La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirs; tu madre es, no descubrirs su desnudez.
"La desnudez de la mujer de tu padre no descubrirs; es la desnudez de tu padre.
"No descubrirs la desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o nacida fuera.
"La desnudez de la hija de tu hijo, o de la hija de tu hija, su desnudez no descubrirs, pues es tu propia desnudez.
"No descubrirs la desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, que es tu hermana.
"La desnudez de la hermana de tu padre no descubrirs; es parienta de tu padre.
"La desnudez de la hermana de tu madre no descubrirs, porque parienta de tu madre es.
"La desnudez del hermano de tu padre no descubrirs; no te acercars a su mujer; es mujer del hermano de tu padre.
"La desnudez de tu nuera no descubrirs; mujer es de tu hijo: no descubrirs su desnudez.
"La desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirs: es la desnudez de tu hermano.
"La desnudez de la mujer y de su hija no descubrirs, ni tomars la hija de su hijo, ni la hija de su hija para descubrir su desnudez; son parientas, es maldad.
"No tomars una mujer juntamente con su hermana, hacindola su rival y descubriendo su desnudez mientras la primera viva.
"Tampoco te acercars a la mujer para descubrir su desnudez mientras est con su impureza menstrual.
"Adems, no tendrs acto carnal con la mujer de tu prjimo, contaminndote con ella.
"No dars un hijo tuyo para ofrecerlo por fuego a Moloc; no profanars as el nombre de tu Dios. Yo, Jehov.
"No te acostars con varn como con mujer; es abominacin.
"Con ningn animal tendrs ayuntamiento, hacindote impuro con l, ni mujer alguna se pondr delante de animal para ayuntarse con l; es perversin.
"En ninguna de estas cosas os haris impuros, pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo expulso de delante de vosotros,
y tambin la tierra fue contaminada. Pero yo visit su maldad, y la tierra vomit a sus habitantes.
Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que habita entre vosotros
(porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada),
no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomit a la nacin que la habit antes que vosotros.
Cualquiera que haga alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hagan, sern eliminadas de su pueblo.
Guardad, pues, mi ordenanza, y no sigis ninguna de estas costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, para que no os contaminis en ellas. Yo, Jehov, vuestro Dios".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a toda la congregacin de los hijos de Israel y diles: "Santos seris, porque santo soy yo, Jehov, vuestro Dios.
"Cada uno temer a su madre y a su padre. "Mis sbados guardaris. Yo, Jehov, vuestro Dios.
"No os volveris a los dolos, ni haris para vosotros dioses de fundicin. Yo, Jehov, vuestro Dios.
"Cuando ofrezcis un sacrificio de ofrenda de paz a Jehov, ofrecedlo de tal manera que l os acepte.
Ser comido el da que lo ofrezcis, o al da siguiente; y lo que quede para el tercer da, ser quemado en el fuego.
Si se come al tercer da, ser abominacin; no ser aceptado,
y el que lo coma cargar con su delito, por cuanto profan lo santo de Jehov. La tal persona ser eliminada de su pueblo.
"Cuando siegues la mies de tu tierra, no segars hasta el ltimo rincn de ella ni espigars tu tierra segada.
No rebuscars tu via ni recogers el fruto cado de tu via; para el pobre y para el extranjero lo dejars. Yo, Jehov, vuestro Dios.
"No robaris, no mentiris ni os engaaris el uno al otro.
"No juraris en falso por mi nombre, profanando as el nombre de tu Dios. Yo, Jehov.
"No oprimirs a tu prjimo ni le robars. "No retendrs el salario del jornalero en tu casa hasta la maana siguiente.
"No maldecirs al sordo, ni delante del ciego pondrs tropiezo, sino que tendrs temor de tu Dios. Yo, Jehov.
No cometers injusticia en los juicios, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande: con justicia juzgars a tu prjimo.
"No andars chismeando entre tu pueblo. "No atentars contra la vida de tu prjimo. Yo, Jehov.
"No aborrecers a tu hermano en tu corazn. "Reprenders a tu prjimo, para que no participes de su pecado.
"No te vengars ni guardars rencor a los hijos de tu pueblo, sino amars a tu prjimo como a ti mismo. Yo, Jehov.
"Mis estatutos guardars. "No hars ayuntar tu ganado con animales de otra especie. "Tu campo no sembrars con mezcla de semillas. "No te pondrs vestidos con mezcla de hilos.
"Si un hombre se acuesta con una sierva desposada con otro, que no ha sido rescatada ni ha recibido la libertad, ambos sern castigados, pero no morirn, por cuanto ella no es libre.
l ofrecer a Jehov, a la puerta del Tabernculo de reunin, un carnero como expiacin por su culpa.
Con el carnero de la expiacin lo reconciliar el sacerdote delante de Jehov, por el pecado que cometi, y se le perdonar el pecado que ha cometido.
"Cuando entris en la tierra y plantis toda clase de rboles frutales, consideraris como incircunciso lo primero de su fruto. Tres aos os ser como incircunciso: su fruto no se comer.
Al cuarto ao, todo su fruto ser consagrado en alabanzas a Jehov.
Pero al quinto ao comeris de su fruto, para que os haga crecer su fruto. Yo, Jehov, vuestro Dios.
"No comeris cosa alguna con sangre. "No seris agoreros ni adivinos.
"No haris tonsura en vuestras cabezas ni daaris la punta de vuestra barba.
"No haris incisiones en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiris en vosotros seal alguna. Yo, Jehov.
"No contaminars a tu hija prostituyndola, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad.
"Mis sbados guardaris, y por mi santuario tendris reverencia. Yo, Jehov.
"No os volvis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultis, contaminndoos con ellos. Yo, Jehov, vuestro Dios.
"Delante de las canas te levantars y honrars el rostro del anciano. De tu Dios tendrs temor. Yo, Jehov.
"Cuando el extranjero habite con vosotros en vuestra tierra, no lo oprimiris.
Como a uno de vosotros trataris al extranjero que habite entre vosotros, y lo amars como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo, Jehov, vuestro Dios.
"No cometis injusticia en los juicios, en medidas de tierra, ni en peso ni en otra medida.
Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendris. Yo soy Jehov, vuestro Dios, que os saqu de la tierra de Egipto.
"Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra. Yo, Jehov".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Dirs asimismo a los hijos de Israel: "Cualquier hombre de los hijos de Israel, o de los extranjeros que habitan en Israel, que ofrezca alguno de sus hijos a Moloc, de seguro morir: el pueblo de la tierra lo apedrear.
Yo pondr mi rostro contra tal hombre, y lo eliminar de su pueblo, por cuanto dio uno de sus hijos a Moloc, contaminando mi santuario y profanando mi santo nombre.
Si el pueblo de la tierra cierra sus ojos respecto de aquel hombre que dio uno de sus hijos a Moloc, para no matarlo,
entonces yo pondr mi rostro contra aquel hombre y contra su familia, y lo apartar de su pueblo, junto con todos los que como l se prostituyan tras Moloc.
"La persona que preste atencin a encantadores o adivinos, para prostituirse detrs de ellos, yo pondr mi rostro contra la tal persona, y la eliminar de su pueblo.
"Santificaos, pues, y sed santos, porque yo, Jehov, soy vuestro Dios.
Guardad mis estatutos y ponedlos por obra. Yo soy Jehov, el que os santifico.
"Todo hombre que maldiga a su padre o a su madre, de cierto morir, pues a su padre o a su madre maldijo: su sangre caer sobre l.
"Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prjimo, el adltero y la adltera indefectiblemente sern muertos.
"Cualquiera que se acueste con la mujer de su padre, la desnudez de su padre descubri; ambos han de ser muertos: su sangre caer sobre ellos.
"Si alguien duerme con su nuera, ambos han de morir; cometieron grave perversin: su sangre caer sobre ellos.
"Si alguien se acuesta con otro hombre como se hace con una mujer, abominacin hicieron; ambos han de ser muertos: sobre ellos caer su sangre.
"El que tome como esposas a una mujer y a la madre de ella, comete vileza. Tanto l como ellas sern quemados, para que no haya tal vileza entre vosotros.
"Cualquiera que tenga cpula con una bestia, ha de ser muerto. Tambin mataris a la bestia.
"Si una mujer se acerca a algn animal para ayuntarse con l, a la mujer y al animal matars; morirn indefectiblemente: su sangre caer sobre ellos.
"Si alguno toma a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y ve su desnudez, y ella ve la suya, es cosa execrable; por tanto sern muertos a ojos de los hijos de su pueblo; descubri la desnudez de su hermana: cargar con su pecado.
"Cualquiera que duerma con una mujer durante su menstruacin y descubra su desnudez, su fuente descubri, y ella descubri la fuente de su sangre; ambos sern eliminados de su pueblo.
"La desnudez de la hermana de tu madre o de la hermana de tu padre, no descubrirs, porque al descubrir la desnudez de su parienta, cargarn con su pecado.
"Cualquiera que duerma con la mujer del hermano de su padre, la desnudez del hermano de su padre descubri; cargarn con su pecado: morirn sin hijos.
"El que tome la mujer de su hermano, comete impureza; la desnudez de su hermano descubri: no tendrn hijos.
"Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra, no sea que os vomite la tierra en la cual yo os introduzco para que habitis en ella.
No andis en las prcticas de las naciones que yo expulsar de delante de vosotros, porque ellos hicieron todas estas cosas, y fueron para m abominables.
Pero a vosotros os he dicho: "Vosotros poseeris la tierra de ellos, y yo os la dar para que la poseis por heredad, tierra que fluye leche y miel". "Yo soy Jehov, vuestro Dios, que os he apartado de los dems pueblos.
Por tanto, vosotros haris distincin entre animal limpio e inmundo, y entre ave inmunda y limpia. No contaminis vuestras personas con los animales, ni con las aves, ni con nada que se arrastra sobre la tierra, los cuales os he apartado por inmundos.
Habis, pues, de serme santos, porque yo, Jehov, soy santo, y os he apartado de entre los pueblos para que seis mos.
"El hombre o la mujer que consulten espritus de muertos o se entreguen a la adivinacin, han de morir; sern apedreados, y su sangre caer sobre ellos".
Jehov dijo a Moiss: "Habla a los sacerdotes, hijos de Aarn, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos,
a no ser por un pariente cercano, por su madre o por su padre, o por su hijo o por su hermano,
o por su hermana virgen, a l cercana, la cual no haya tenido marido; por ella puede contaminarse.
No se contaminar como cualquier hombre de su pueblo, hacindose impuro.
"No harn tonsura en su cabeza, ni raern la punta de su barba, ni en su carne harn incisiones.
Santos sern para su Dios, y no profanarn el nombre de su Dios, porque ofrecen las ofrendas quemadas para Jehov y el pan de su Dios; por tanto, sern santos.
"Con una mujer ramera o infame no se casarn, ni con una mujer repudiada por su marido, porque el sacerdote est consagrado a su Dios.
Por tanto, lo santificars, pues el pan de tu Dios ofrece; santo ser para ti, porque santo soy yo, Jehov, el que os santifico.
"La hija del sacerdote, si comienza a prostituirse, a su padre deshonra; quemada ser al fuego.
"El sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la uncin, y que fue consagrado para llevar las vestiduras, no descubrir su cabeza ni rasgar sus vestidos
ni entrar donde haya alguna persona muerta; ni por su padre ni por su madre se contaminar.
No saldr del santuario ni profanar el santuario de su Dios, porque tiene sobre l la consagracin del aceite de la uncin de su Dios. Yo, Jehov.
"Tomar por esposa a una mujer virgen.
No tomar viuda, ni repudiada, ni infame ni ramera, sino que tomar de su pueblo una virgen por mujer,
para que no profane su descendencia entre su pueblo, porque yo, Jehov, soy el que los santifico".
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Habla a Aarn y dile: Ninguno de tus descendientes que tenga algn defecto se acercar, a lo largo de las generaciones, para ofrecer el pan de su Dios.
Ningn hombre en el cual haya defecto se acercar: sea ciego o cojo, mutilado o deforme;
que tenga quebradura de pie o rotura de mano,
que sea jorobado o enano, o tenga una nube en el ojo, o sarna o erupcin o testculo magullado.
Ningn hombre de la descendencia del sacerdote Aarn, en el cual haya defecto, se acercar para ofrecer las ofrendas quemadas para Jehov. Hay defecto en l; no se acercar a ofrecer el pan de su Dios.
Del pan de su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas podr comer.
Pero no se acercar tras el velo, ni se acercar al altar, por cuanto hay defecto en l; para que no profane mi santuario, porque yo, Jehov, soy el que los santifico".
As habl Moiss a Aarn y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Di a Aarn y a sus hijos que se abstengan de las cosas santas que los hijos de Israel me han dedicado, para que no profanen mi santo nombre. Yo, Jehov.
"Diles que todo hombre de vuestra descendencia, en todas vuestras generaciones, que se acerque a las cosas sagradas que los hijos de Israel consagran a Jehov, estando impuro, ser eliminado de mi presencia. Yo, Jehov.
"Cualquier hombre de la descendencia de Aarn que sea leproso o padezca flujo, no comer de las cosas sagradas hasta que est limpio. "El que toque cualquier cosa de cadveres, o el hombre que haya tenido derramamiento de semen,
o el hombre que haya tocado cualquier reptil, por el cual haya quedado impuro, o a un hombre que le haya hecho impuro con cualquier impureza suya;
la persona que toque estas cosas ser impura hasta la noche, y no comer de las cosas sagradas antes que haya lavado su cuerpo con agua.
Cuando el sol se ponga, quedar limpio, y despus podr comer las cosas sagradas, pues es su alimento.
No comer animal muerto ni despedazado por las fieras, pues se contaminara con ello. Yo, Jehov.
"Guarden, pues, mi ordenanza, no sea que carguen con algn pecado cuando la profanen, y mueran a causa de ello. Yo soy Jehov, que los santifico.
"Ningn extrao comer de las cosas sagradas. Ni el husped del sacerdote ni el jornalero comern cosas sagradas.
"Pero cuando el sacerdote compre algn esclavo por dinero, este podr comer de ellas, as como tambin el nacido en su casa podr comer de su alimento.
"La hija del sacerdote, si se casa con un hombre que no es sacerdote, no comer de la ofrenda de las cosas sagradas.
Pero si la hija del sacerdote queda viuda o es repudiada, no tiene prole y ha regresado a la casa de su padre, podr comer del alimento de su padre como en su juventud; pero ningn extrao comer de l.
"El que involuntariamente coma de cosa sagrada, la restituir al sacerdote con la cosa sagrada y le aadir una quinta parte.
No profanarn, pues, las cosas santas de los hijos de Israel, las cuales apartan para Jehov,
pues les haran cargar la iniquidad del pecado, por comer esas cosas santas. Yo, Jehov, soy el que los santifico".
Tambin habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a Aarn y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Cualquier hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros en Israel, que presente su ofrenda en pago de sus votos o como ofrenda voluntaria presentada en holocausto a Jehov,
para que sea aceptado deber ofrecer un macho sin defecto de entre el ganado vacuno, de entre los corderos o de entre las cabras.
Ninguna cosa en que haya defecto ofreceris, pues no os ser aceptado.
"Asimismo, cuando alguno ofrezca un sacrificio en ofrenda de paz a Jehov para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, sea de vacas o de ovejas, para que sea aceptado ser sin defecto.
No ofreceris a Jehov un animal ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso o rooso, ni de ellos pondris ofrenda quemada sobre el altar de Jehov.
Podrs ofrecer como ofrenda voluntaria un buey o un carnero que tenga de ms o de menos, pero en pago de un voto no ser aceptado.
No ofreceris a Jehov un animal con testculos heridos o magullados, rasgados o cortados, ni en vuestra tierra lo ofreceris.
Ni de mano de extranjeros tomars estos animales para ofrecerlos como alimento de vuestro Dios, porque su corrupcin est en ellos; hay en ellos defecto, no se os aceptarn".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"El becerro o el cordero o la cabra, cuando nazca, siete das estar mamando de su madre, pero desde el octavo da en adelante ser aceptado como ofrenda de sacrificio que se quema para Jehov.
"No degollaris en un mismo da una vaca o una oveja junto con su cra.
"Cuando ofrezcis un sacrificio de accin de gracias a Jehov, lo sacrificaris de manera que sea aceptable.
En el mismo da se comer; no dejaris de l para otro da. Yo, Jehov.
"Guardad, pues, mis mandamientos, y cumplidlos. Yo, Jehov.
"No profanis mi santo nombre, para que yo sea santificado en medio de los hijos de Israel. Yo soy Jehov, que os santifico,
y os saqu de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, Jehov".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehov, las cuales proclamaris como santas convocaciones, sern estas:
"Seis das se trabajar, pero el sptimo da ser de descanso, santa convocacin; ningn trabajo haris. Es el da de descanso dedicado a Jehov dondequiera que habitis.
"Estas son las fiestas solemnes de Jehov, las reuniones santas que convocaris en las fechas sealadas:
"En el primer mes, el da catorce del mes, al atardecer, es la Pascua de Jehov.
"A los quince das de este mes es la fiesta solemne de los Panes sin levadura en honor a Jehov; siete das comeris panes sin levadura.
El primer da tendris santa convocacin; ningn trabajo de siervos haris.
Durante siete das ofreceris a Jehov ofrendas quemadas. El sptimo da ser de santa convocacin y ningn trabajo de siervo haris".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayis entrado en la tierra que yo os doy, y seguis su mies, traeris al sacerdote una gavilla como primicia de los primeros frutos de vuestra siega.
El sacerdote mecer la gavilla delante de Jehov, para que seis aceptados. El da siguiente al sbado la mecer.
Y el da que ofrezcis la gavilla, sacrificaris un cordero de un ao, sin defecto, en holocausto a Jehov.
Su ofrenda ser dos dcimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda que se quema con olor gratsimo para Jehov; y su libacin ser de vino, la cuarta parte de un hin.
No comeris pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo da, hasta que hayis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios. Estatuto perpetuo os ser por vuestras generaciones, dondequiera que habitis.
"Contaris siete semanas cumplidas desde el da que sigue al sbado, desde el da en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida.
Hasta el da siguiente al sptimo sbado contaris cincuenta das; entonces ofreceris el nuevo grano a Jehov.
De vuestras habitaciones llevaris dos panes como ofrenda mecida, que sern de dos dcimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehov.
Junto con el pan ofreceris siete corderos de un ao, sin defecto, un becerro de la vacada y dos carneros: sern el holocausto para Jehov, adems de su ofrenda y sus libaciones, ofrenda de olor grato que se quema a Jehov.
"Ofreceris adems un macho cabro como expiacin, y dos corderos de un ao en sacrificio de ofrenda de paz.
El sacerdote los presentar como ofrenda mecida delante de Jehov, con el pan de las primicias y los dos corderos; sern cosa consagrada a Jehov para el sacerdote.
"En este mismo da convocaris una reunin santa; ningn trabajo de siervos haris. Estatuto perpetuo os ser, dondequiera que habitis, por vuestras generaciones.
"Cuando seguis la mies de vuestra tierra, no segaris hasta el ltimo rincn de ella, ni espigars tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejars. Yo, Jehov, vuestro Dios".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: El primer da del sptimo mes tendris da de descanso, una conmemoracin al son de trompetas y una santa convocacin.
Ningn trabajo de siervos haris, y presentaris una ofrenda quemada a Jehov".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"A los diez das de este sptimo mes ser el da de expiacin; tendris santa convocacin, afligiris vuestras almas y presentaris una ofrenda quemada a Jehov.
Ningn trabajo haris en este da, pues es da de expiacin, para reconciliaros delante de Jehov, vuestro Dios.
Toda persona que no ayune en este da, ser eliminada de su pueblo.
Y cualquier persona que haga algn trabajo en este da, yo har perecer a la tal persona en medio de su pueblo.
"As pues, ningn trabajo haris. Estatuto perpetuo os ser por vuestras generaciones, dondequiera que habitis.
Da de descanso ser para vosotros, y ayunaris, comenzando el da nueve del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaris vuestro descanso".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince das de ese mes sptimo celebraris durante siete das la fiesta solemne de los Tabernculos en honor a Jehov.
El primer da habr santa convocacin; ningn trabajo de siervos haris.
Durante siete das presentaris ofrenda quemada a Jehov. El octavo da tendris santa convocacin, y presentaris ofrenda quemada a Jehov; es fiesta, ningn trabajo de siervos haris.
"Estas son las fiestas solemnes de Jehov, en las que convocaris santas reuniones, para ofrecer ofrenda quemada a Jehov, holocausto y ofrenda, sacrificio y libaciones, cada cosa en su da,
adems de los sbados de Jehov, de vuestros dones, de todos vuestros votos y de todas las ofrendas voluntarias que acostumbris dar a Jehov.
"Pero a los quince das del sptimo mes, cuando hayis recogido el fruto de la tierra, haris fiesta a Jehov por siete das; el primer da ser de descanso, y el octavo da ser tambin da de descanso.
Tomaris el primer da ramas con frutos de los mejores rboles, ramas de palmeras, ramas de rboles frondosos y sauces de los arroyos, y durante siete das os regocijaris delante de Jehov, vuestro Dios.
Le haris fiesta a Jehov durante siete das cada ao. Os ser estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el sptimo mes la haris.
En tabernculos habitaris siete das; todo natural de Israel habitar en tabernculos,
para que sepan vuestros descendientes que en tabernculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqu de la tierra de Egipto. Yo, Jehov, vuestro Dios".
As habl Moiss a los hijos de Israel sobre las fiestas solemnes de Jehov.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Manda a los hijos de Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para hacer arder las lmparas continuamente.
Fuera del velo del Testimonio, en el Tabernculo de reunin, las dispondr Aarn delante de Jehov desde la tarde hasta la maana. Estatuto perpetuo os ser por vuestras generaciones.
Sobre el candelabro de oro puro dispondr las lmparas, para que ardan siempre delante de Jehov.
"Tomars flor de harina, y cocers con ella doce tortas; cada torta ser de dos dcimas de efa.
Y las pondrs en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa de oro puro delante de Jehov.
Pondrs tambin sobre cada hilera incienso puro, y ser para el pan como perfume, como ofrenda que se quema a Jehov.
Cada sbado lo dispondr sin falta delante de Jehov, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo.
Ser, por derecho perpetuo, de Aarn y de sus hijos, los cuales lo comern en lugar santo, porque es una cosa muy santa que les pertenece de las ofrendas que se queman a Jehov".
En aquel tiempo, el hijo de una mujer israelita, pero de padre egipcio, sali entre los israelitas. Cuando el hijo de la israelita y un hombre de Israel rieron en el campamento,
el hijo de la mujer israelita blasfem, y maldijo el Nombre. Entonces lo llevaron a Moiss (su madre se llamaba Selomit, hija de Dibri, de la tribu de Dan).
Lo pusieron en la crcel, hasta que les fuera declarado qu hacer por palabra de Jehov.
Y Jehov habl a Moiss, y le dijo:
"Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que lo oyeron pongan sus manos sobre su cabeza, y apedrelo toda la congregacin.
Y a los hijos de Israel hablars as: Cualquiera que maldiga a su Dios cargar con su pecado.
El que blasfeme contra el nombre de Jehov ha de ser muerto; toda la congregacin lo apedrear. Tanto el extranjero como el natural, si blasfema contra el Nombre, que muera.
"Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquier persona, que sufra la muerte.
"El que hiere a algn animal ha de restituirlo, animal por animal.
"El que cause una lesin a su prjimo, segn lo hizo, as le sea hecho:
rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; segn la lesin que le haya causado al otro, igual se har con l.
"El que hiera algn animal ha de restituirlo, pero el que hiere de muerte a un hombre, que muera.
"Un mismo estatuto tendris para el extranjero y para el natural, porque yo soy Jehov, vuestro Dios".
Entonces habl Moiss a los hijos de Israel, y ellos sacaron del campamento al blasfemo y lo apedrearon. Los hijos de Israel hicieron segn Jehov haba mandado a Moiss.
Jehov habl a Moiss en el monte Sina y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardar reposo para Jehov.
Seis aos sembrars tu tierra, seis aos podars tu via y recogers sus frutos.
Pero el sptimo ao la tierra tendr descanso, reposo para Jehov; no sembrars tu tierra ni podars tu via.
No segars lo que de por s nazca en tu tierra segada, y las uvas de tu viedo no vendimiars; ao de reposo ser para la tierra.
Aun en descanso, la tierra te dar de comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado y al extranjero que habite contigo.
Tambin a tu animal y a la bestia que haya en tu tierra, servirn de alimento todos sus frutos.
"Contars siete semanas de aos, siete veces siete aos, de modo que los das de las siete semanas de aos vendrn a sumar cuarenta y nueve aos.
Entonces hars tocar fuertemente la trompeta en el sptimo mes; el da diez del mes --el da de la expiacin-- haris tocar la trompeta por toda vuestra tierra.
As santificaris el ao cincuenta y pregonaris libertad en la tierra a todos sus habitantes. Ese ao os ser de jubileo, y volveris cada uno a vuestra posesin, y cada cual volver a su familia.
El ao cincuenta os ser jubileo; no sembraris, ni segaris lo que nazca de por s en la tierra, ni vendimiaris sus viedos,
porque es el jubileo: santo ser para vosotros. Del producto de la tierra comeris.
"En este ao de jubileo volveris cada uno a vuestra posesin.
Cuando vendis algo a vuestro prjimo o compris de manos de vuestro prjimo, no engae ninguno a su hermano.
Conforme al nmero de los aos transcurridos despus del jubileo comprars de tu prjimo; conforme al nmero de los aos de cosecha te vender l a ti.
Cuanto mayor sea el nmero de los aos, aumentars el precio, y cuanto menor sea el nmero, disminuirs el precio, porque segn el nmero de las cosechas te vender l.
"No engae ninguno a su prjimo, sino temed a vuestro Dios, porque yo soy Jehov, vuestro Dios.
Ejecutad, pues, mis estatutos y guardad mis ordenanzas; ponedlos por obra y habitaris en la tierra seguros.
La tierra dar su fruto, comeris hasta saciaros y habitaris en ella con seguridad.
"Quizs os preguntis: "Qu comeremos el sptimo ao, ya que no hemos de sembrar ni hemos de recoger nuestros frutos?".
Yo os enviar mi bendicin el sexto ao, y ella har que haya fruto por tres aos.
En el octavo ao sembraris, y comeris del fruto aejo; hasta el ao noveno, hasta que venga su fruto, comeris del aejo.
"La tierra no se vender a perpetuidad, porque la tierra ma es, y vosotros como forasteros y extranjeros sois para m.
Por tanto, en toda tierra de vuestra posesin otorgaris derecho a rescatar la tierra.
"Si tu hermano empobrece y vende algo de su posesin, entonces su pariente ms prximo vendr y rescatar lo que su hermano haya vendido.
"Cuando el hombre no tenga quien rescate, y consigue lo suficiente para el rescate,
entonces contar los aos desde que vendi, y pagar lo que falta al hombre a quien vendi, y volver a su posesin.
Pero si no consigue lo suficiente para que se la devuelvan, lo que vendi estar en poder del que lo compr hasta el ao del jubileo; y al jubileo quedar libre, y l volver a su posesin.
"El hombre que venda una vivienda en una ciudad amurallada tendr facultad de redimirla hasta el trmino de un ao desde la venta; un ao entero ser el trmino para poderla redimir.
Y si no es rescatada dentro de ese ao, la casa que est en la ciudad amurallada quedar para siempre en poder de aquel que la compr, y de sus descendientes; no quedar libre en el jubileo.
Pero las casas de las aldeas que no tienen muros alrededor sern estimadas como los terrenos del campo: podrn ser rescatadas y quedarn libres en el jubileo.
"Pero en cuanto a las ciudades de los levitas, estos podrn rescatar en cualquier tiempo las casas en las ciudades de su posesin.
En el jubileo, el que haya comprado de los levitas saldr de la casa vendida o de la ciudad de su posesin, por cuanto las casas de las ciudades de los levitas son la posesin de ellos entre los hijos de Israel.
Pero la tierra del ejido de sus ciudades no se vender, porque es posesin suya a perpetuidad.
"Si tu hermano empobrece y recurre a ti, t lo amparars; como forastero y extranjero vivir contigo.
No tomars de l usura ni ganancia, sino tendrs temor de tu Dios, y tu hermano vivir contigo.
No le dars tu dinero a usura ni tus vveres a ganancia.
Yo soy Jehov, vuestro Dios, que os saqu de la tierra de Egipto para daros la tierra de Canan y para ser vuestro Dios.
"Si tu hermano empobrece estando contigo, y se vende a ti, no lo hars servir como esclavo.
Como criado, como extranjero estar contigo; hasta el ao del jubileo te servir.
Entonces saldr libre de tu casa junto con sus hijos, volver a su familia y regresar a la posesin de sus padres,
porque son mis siervos, los cuales saqu yo de la tierra de Egipto: no sern vendidos a manera de esclavos.
No te enseorears de l con dureza, sino tendrs temor de tu Dios.
"Los esclavos y las esclavas que tengas sern de las gentes que estn a vuestro alrededor; de ellos podris comprar esclavos y esclavas.
Tambin podris comprar esclavos de entre los hijos y familiares de los forasteros que han nacido en vuestra tierra y viven en medio de vosotros, los cuales podrn ser de vuestra propiedad.
Los podris dejar en herencia a vuestros hijos despus de vosotros, como posesin hereditaria. Para siempre os serviris de ellos, pero sobre vuestros hermanos, los hijos de Israel, no os enseorearis; nadie tratar a su hermano con dureza.
"Si el forastero o el extranjero que est contigo se enriquece, y tu hermano que est junto a l empobrece y se vende al forastero o extranjero que est contigo, o a alguno de la familia del extranjero,
despus que se haya vendido podr ser rescatado. Uno de sus hermanos lo rescatar,
o su to o el hijo de su to lo rescatar, o un pariente cercano de su familia lo rescatar o, si sus medios alcanzan, l mismo se rescatar.
Contar junto con el que lo compr, desde el ao en que se vendi a l hasta el ao del jubileo; y el precio de la venta ha de apreciarse conforme al nmero de los aos, y se contar el tiempo que estuvo con l conforme al tiempo de un criado asalariado.
Si faltan an muchos aos, conforme a ellos devolver para su rescate parte del dinero por el cual se vendi.
Y si queda poco tiempo hasta el ao del jubileo, entonces har un clculo con l, y devolver su rescate conforme a los aos que falten.
Como a un asalariado contratado anualmente se le tratar. No se enseorear sobre l con rigor ante tus ojos.
"Si no se rescata en esos aos, en el ao del jubileo quedar libre l junto con sus hijos,
porque los hijos de Israel son mis siervos; son siervos mos, a quienes yo saqu de la tierra de Egipto. Yo, Jehov, vuestro Dios.
"No haris para vosotros dolos ni escultura, ni os levantaris estatua, ni pondris en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros ante ella, porque yo soy Jehov, vuestro Dios.
Guardad mis sbados y reverenciad mi santuario. Yo, Jehov.
"Si andis en mis preceptos y guardis mis mandamientos, y los ponis por obra,
yo os enviar las lluvias a su tiempo, y la tierra y el rbol del campo darn su fruto.
Vuestra trilla alcanzar hasta la vendimia y la vendimia alcanzar hasta la siembra; comeris vuestro pan hasta saciaros y habitaris seguros en vuestra tierra.
Yo dar paz en la tierra y dormiris sin que haya quien os espante; har desaparecer de vuestra tierra las malas bestias y la espada no pasar por vuestro pas.
Perseguiris a vuestros enemigos, que caern a espada delante de vosotros.
Cinco de vosotros perseguirn a cien y cien de vosotros perseguirn a diez mil, y vuestros enemigos caern a filo de espada delante de vosotros,
porque yo me volver a vosotros, os har crecer, os multiplicar y afirmar mi pacto con vosotros.
Comeris lo aejo de mucho tiempo, y desecharis lo aejo para guardar lo nuevo.
"Yo pondr mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominar.
Andar entre vosotros: ser vuestro Dios y vosotros seris mi pueblo.
Yo soy Jehov, vuestro Dios, que os saqu de la tierra de Egipto para que no fuerais sus siervos; romp las coyundas de vuestro yugo y os he hecho andar con el rostro erguido.
"Pero si no me escuchis ni cumpls todos estos mandamientos,
si despreciis mis preceptos y vuestra alma menosprecia mis estatutos, si no ponis en prctica todos mis mandamientos e invalidis mi pacto,
yo tambin har con vosotros esto: enviar sobre vosotros terror, extenuacin y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma. Sembraris en vano vuestra semilla, pues vuestros enemigos la comern.
Pondr mi rostro contra vosotros y seris heridos delante de vuestros enemigos. Los que os aborrecen se enseorearn de vosotros, y huiris sin que haya quien os persiga.
"Si aun con estas cosas no me escuchis, yo volver a castigaros siete veces ms por vuestros pecados.
Quebrantar la soberbia de vuestro orgullo, y har vuestro cielo como hierro y vuestra tierra como bronce.
Vuestra fuerza se consumir en vano, porque vuestra tierra no producir nada y los rboles del campo no darn su fruto.
"Si continuis oponindoos a m, y no me queris oir, yo enviar sobre vosotros siete veces ms plagas por vuestros pecados.
Enviar tambin contra vosotros fieras salvajes que os arrebaten vuestros hijos, destruyan vuestro ganado y os reduzcan en nmero, de modo que vuestros caminos queden desiertos.
"Si con estas cosas no os corregs, sino que continuis oponindoos a m,
yo tambin proceder en contra de vosotros, y os herir an siete veces por vuestros pecados.
Traer sobre vosotros espada vengadora, en vindicacin del pacto, y si buscis refugio en vuestras ciudades, yo enviar pestilencia entre vosotros y seris entregados en manos del enemigo.
"Cuando yo os quebrante el sustento del pan, cocern diez mujeres todo vuestro pan en un horno, y os lo devolvern tan bien medido que comeris y no os saciaris.
"Si aun con esto no me escuchis, sino que continuis oponindoos a m,
yo proceder en contra de vosotros con ira, y os castigar an siete veces por vuestros pecados.
Comeris la carne de vuestros hijos y comeris la carne de vuestras hijas.
Destruir vuestros lugares altos, derribar vuestras imgenes, pondr vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros dolos, y mi alma os abominar.
Dejar desiertas vuestras ciudades, asolar vuestros santuarios y no oler la fragancia de vuestro suave perfume.
"Asolar tambin la tierra, y se pasmarn por ello vuestros enemigos que en ella habiten.
A vosotros os esparcir entre las naciones, y desenvainar la espada en pos de vosotros. Vuestra tierra quedar asolada y desiertas vuestras ciudades.
Entonces la tierra gozar sus das de reposo durante todos los das que est asolada, mientras vosotros estis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansar entonces y gozar sus das de reposo.
Durante todo el tiempo que est asolada, descansar por lo que no repos en los das de reposo cuando habitabais en ella.
"A los que queden de vosotros, les infundir tal cobarda en sus corazones, en la tierra de sus enemigos, que el sonido de una hoja que se mueva los har huir como se huye ante la espada, y caern sin que nadie los persiga.
Tropezarn los unos con los otros como si huyeran ante la espada, aunque nadie los persiga, y no podris resistir en presencia de vuestros enemigos.
Pereceris entre las naciones, y la tierra de vuestros enemigos os consumir.
Y los que queden de vosotros, se consumirn en las tierras de vuestros enemigos por su iniquidad, y se consumirn junto con sus padres por la iniquidad de ellos.
"Entonces confesarn su iniquidad y la iniquidad de sus padres, la rebelda con que se rebelaron contra m, y tambin porque se opusieron a m.
Por eso yo me enfrentar a ellos y los har entrar en la tierra de sus enemigos. Entonces se humillar su corazn incircunciso y reconocern su pecado.
Y yo me acordar de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y tambin de mi pacto con Abraham me acordar, y har memoria de la tierra.
Pero la tierra ser abandonada por ellos y gozar sus das de reposo, mientras quede desierta a causa de ellos, y entonces se sometern al castigo de sus iniquidades, por cuanto menospreciaron mis ordenanzas y su alma desde mis estatutos.
"Aun con todo esto, cuando ellos estn en tierra de sus enemigos, yo no los desechar, ni los abominar hasta consumirlos, invalidando mi pacto con ellos, porque yo, Jehov, soy su Dios.
Antes me acordar de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqu de la tierra de Egipto a los ojos de las naciones para ser su Dios. Yo, Jehov".
Estos son los estatutos, preceptos y leyes que estableci Jehov entre l y los hijos de Israel en el monte Sina por medio de Moiss.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguien haga un voto especial a Jehov, segn la estimacin de las personas que se hayan de redimir, lo estimars as:
Al hombre de veinte aos hasta sesenta, lo estimars en cincuenta siclos de plata, segn el siclo del santuario.
Si es mujer, la estimars en treinta siclos.
Si tiene entre cinco y veinte aos de edad, al hombre lo estimars en veinte siclos, y a la mujer en diez siclos.
Entre un mes y cinco aos de edad, entonces estimars al hombre en cinco siclos de plata, y a la mujer en tres siclos de plata.
Pero si tiene sesenta aos de edad o ms, al hombre lo estimars en quince siclos, y a la mujer en diez siclos.
Pero si es muy pobre para pagar tu estimacin, entonces ser llevado ante el sacerdote, quien fijar el precio; conforme a la posibilidad del que hizo el voto, le fijar precio el sacerdote.
"Si se trata de un animal de los que se pueden ofrecer a Jehov, todo lo que de los tales se d a Jehov ser santo.
No ser cambiado ni trocado, bueno por malo, ni malo por bueno; y si se permuta un animal por otro, tanto l como su sustituto sern sagrados.
"Si se trata de algn animal inmundo, de los que no se pueden ofrecer a Jehov, entonces el animal ser puesto delante del sacerdote,
y el sacerdote lo valorar, sea bueno o sea malo; conforme a la estimacin del sacerdote, as ser.
Y si lo quiere rescatar, aadir a tu valuacin la quinta parte.
"Cuando alguien dedique su casa consagrndola a Jehov, la valorar el sacerdote, sea buena o sea mala; segn la valore el sacerdote, as quedar.
Pero si el que dedic su casa desea rescatarla, aadir a tu valuacin la quinta parte de su valor, y ser suya.
"Si alguien dedica una parte de la tierra de su posesin a Jehov, tu estimacin ser conforme a su siembra: un homer de siembra de cebada se valorar en cincuenta siclos de plata.
Y si dedica su tierra desde el ao del jubileo, conforme a tu estimacin quedar.
Pero si despus del jubileo dedica su tierra, entonces el sacerdote sacar la cuenta del dinero conforme a los aos que queden hasta el ao del jubileo, y se rebajar de tu estimacin.
"Si el que dedic la tierra quiere redimirla, aadir a tu estimacin la quinta parte de su precio, y as volver a ser suyo.
Pero si l no rescata la tierra, y la tierra se vende a otro, no la rescatar ms,
sino que cuando quede libre en el jubileo, la tierra ser santa para Jehov, como tierra consagrada: ser la posesin del sacerdote.
"Si alguien dedica a Jehov un terreno que compr y que no forma parte de la tierra de su herencia,
entonces el sacerdote calcular con l la suma de tu estimacin hasta el ao del jubileo, y aquel da l pagar el precio sealado, como cosa consagrada a Jehov.
En el ao del jubileo volver la tierra a aquel de quien l la compr, es decir, al verdadero heredero de la tierra.
"Todo lo que valores ser conforme al siclo del santuario; el siclo tiene veinte geras.
"Pero el primognito de los animales, que por la primogenitura es de Jehov, nadie lo dedicar; sea buey u oveja, de Jehov es.
Si se trata de un animal inmundo, lo rescatarn conforme a tu estimacin, y aadirn sobre ella la quinta parte de su precio; y si no lo rescatan, se vender conforme a tu estimacin.
"No se vender ni se rescatar ninguna cosa consagrada que alguien haya dedicado a Jehov; de todo lo que tenga, ya sea hombres, animales o tierras de su posesin, todo lo consagrado ser cosa santsima para Jehov.
Ninguna persona separada como anatema podr ser rescatada; indefectiblemente ha de ser muerta.
"El diezmo de la tierra, tanto de la simiente de la tierra como del fruto de los rboles, es de Jehov: es cosa dedicada a Jehov.
Si alguien quiere rescatar algo del diezmo, aadir la quinta parte de su precio por ello.
"Todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo ser consagrado a Jehov.
No mirar si es bueno o malo, ni lo cambiar; y si lo cambia, tanto l como el que se dio a cambio sern cosas sagradas: no podrn ser rescatados".
Estos son los mandamientos que orden Jehov a Moiss para los hijos de Israel en el monte Sina.
Habl Jehov a Moiss en el desierto de Sina, en el Tabernculo de reunin, el primer da del segundo mes, el ao segundo de su salida de la tierra de Egipto, y le dijo:
"Haced el censo de toda la congregacin de los hijos de Israel, por sus familias y por las casas de sus padres, registrando uno por uno los nombres de todos los hombres.
De veinte aos para arriba, t y Aarn registraris a todos los que pueden salir a la guerra en Israel, segn el orden de sus ejrcitos.
Y estar con vosotros un hombre de cada tribu, uno que sea jefe de la casa de sus padres.
Estos son los nombres de los hombres que estarn con vosotros: "de la tribu de Rubn, Elisur hijo de Sedeur;
"de Simen, Selumiel hijo de Zurisadai;
"de Jud, Naasn hijo de Aminadab;
"de Isacar, Natanael hijo de Zuar;
"de Zabuln, Eliab hijo de Heln;
"de los hijos de Jos: de Efran, Elisama hijo de Amiud; de Manass, Gamaliel hijo de Pedasur;
"de Benjamn, Abidn hijo de Gedeoni;
"de Dan, Ahiezer hijo de Amisadai;
"de Aser, Pagiel hijo de Ocrn;
"de Gad, Eliasaf hijo de Deuel;
"de Neftal, Ahira hijo de Enn".
Estos fueron los nombrados de entre la congregacin, prncipes de las tribus de sus padres, capitanes de los millares de Israel.
Tomaron, pues, Moiss y Aarn a estos hombres que fueron designados por sus nombres,
y reunieron a toda la congregacin el da primero del mes segundo. Entonces fueron registrados por familias y segn las casas de sus padres, anotando uno por uno los nombres de los de veinte aos para arriba.
Tal como Jehov se lo haba mandado, Moiss los cont en el desierto de Sina.
Hijos y descendientes de Rubn, primognito de Israel, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados uno por uno los nombres de todos los hombres de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Rubn cuarenta y seis mil quinientos.
Hijos y descendientes de Simen, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados uno por uno los nombres de todos los hombres de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Simen cincuenta y nueve mil trescientos.
Hijos y descendientes de Gad, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Gad cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta.
Hijos y descendientes de Jud, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Jud setenta y cuatro mil seiscientos.
Hijos y descendientes de Isacar, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Isacar cincuenta y cuatro mil cuatrocientos.
Hijos y descendientes de Zabuln, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Zabuln cincuenta y siete mil cuatrocientos.
Hijos de Jos: los hijos y descendientes de Efran, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Efran cuarenta mil quinientos.
Y de los hijos y descendientes de Manass, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Manass treinta y dos mil doscientos.
Hijos y descendientes de Benjamn, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Benjamn treinta y cinco mil cuatrocientos.
Hijos y descendientes de Dan, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Dan sesenta y dos mil setecientos.
Hijos y descendientes de Aser, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Aser cuarenta y un mil quinientos.
Hijos y descendientes de Neftal, registrados por familias y segn las casas de sus padres, y anotados los nombres de los de veinte aos para arriba, o sea, todos los que podan salir a la guerra;
fueron contados de la tribu de Neftal cincuenta y tres mil cuatrocientos.
Estos fueron los registrados por Moiss y Aarn, junto con los prncipes de Israel, uno por cada casa paterna.
Y todos los hijos de Israel de veinte aos para arriba, todos los que podan salir a la guerra en Israel,
fueron registrados por familias; y fueron contados seiscientos tres mil quinientos cincuenta.
Pero los levitas, por sus familias, no fueron registrados junto con ellos,
porque Jehov le haba dicho a Moiss:
"Solamente no contars a la tribu de Lev, ni hars el censo de ellos entre los hijos de Israel,
sino que confiars a los levitas el tabernculo del Testimonio, con todos sus utensilios y todas las cosas que le pertenecen. Ellos llevarn el Tabernculo y todos sus enseres, servirn en l y acamparn alrededor del Tabernculo.
Cuando el Tabernculo haya de trasladarse, los levitas lo desarmarn, y cuando el Tabernculo haya de detenerse, los levitas lo armarn. Y el extrao que se acerque, morir.
Los hijos de Israel acamparn cada uno en su campamento, y cada uno junto a su bandera, segn el orden de sus ejrcitos.
Pero los levitas acamparn alrededor del tabernculo del Testimonio, para que no se desate la ira sobre la congregacin de los hijos de Israel. Los levitas tendrn la custodia del tabernculo del Testimonio".
E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que mand Jehov a Moiss. As lo hicieron.
Habl Jehov a Moiss y a Aarn, y les dijo:
"Los hijos de Israel acamparn alrededor del Tabernculo de reunin, cada uno junto a su bandera, bajo las enseas de las casas de sus padres.
"Estos acamparn al frente, hacia el este: la bandera del campamento de Jud, segn el orden de sus ejrcitos. El jefe de los hijos de Jud era Naasn hijo de Aminadab.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 74600 hombres.
Junto a l acamparn los de la tribu de Isacar. El jefe de los hijos de Isacar era Natanael hijo de Zuar.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 54400 hombres.
Tambin acampar la tribu de Zabuln. El jefe de los hijos de Zabuln era Eliab hijo de Heln.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 57400.
Todos los censados en el campamento de Jud, 186400 hombres, marcharn delante segn el orden de sus ejrcitos.
"La bandera del campamento de Rubn estar al sur, segn el orden de sus ejrcitos. El jefe de los hijos de Rubn era Elisur hijo de Sedeur.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 46500.
Acamparn junto a l los de la tribu de Simen. El jefe de los hijos de Simen era Selumiel hijo de Zurisadai.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 59300.
Tambin acampar la tribu de Gad. El jefe de los hijos de Gad era Eliasaf hijo de Reuel.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 45650.
Todos los censados en el campamento de Rubn, 151450 hombres, marcharn los segundos segn el orden de sus ejrcitos.
"Luego ir el Tabernculo de reunin, con el campamento de los levitas, en medio de los campamentos. En el orden en que acamparon, as marchar cada uno junto a su bandera.
"Al occidente, la bandera del campamento de Efran, segn el orden de sus ejrcitos. El jefe de los hijos de Efran era Elisama hijo de Amiud.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 40500.
Junto a l estar la tribu de Manass. El jefe de los hijos de Manass era Gamaliel hijo de Pedasur.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 32200.
Tambin acampar la tribu de Benjamn. El jefe de los hijos de Benjamn era Abidn hijo de Gedeoni.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 35400.
Todos los censados en el campamento de Efran, 108100 hombres, marcharn los terceros segn el orden de sus ejrcitos.
"La bandera del campamento de Dan estar al norte, segn el orden de sus ejrcitos. El jefe de los hijos de Dan era Ahiezer hijo de Amisadai.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 62700.
Junto a l acamparn los de la tribu de Aser. El jefe de los hijos de Aser era Pagiel hijo de Ocrn.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 41500.
Tambin acampar la tribu de Neftal. El jefe de los hijos de Neftal era Ahira hijo de Enn.
Su cuerpo de ejrcito, segn el censo: 53400.
Todos los censados en el campamento de Dan, 157600, marcharn los ltimos tras sus banderas".
Estos fueron los hijos de Israel censados segn las casas de sus padres. Todos los registrados por campamentos, segn el orden de sus ejrcitos: 603550.
Pero los levitas no fueron contados entre los hijos de Israel, como Jehov lo mand a Moiss.
E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehov mand a Moiss. As acamparon bajo sus banderas, y as marcharon cada uno por sus familias, segn las casas de sus padres.
Estos eran los descendientes de Aarn y de Moiss, en el da en que Jehov habl a Moiss en el monte Sina.
Estos son los nombres de los hijos de Aarn: Nadab, el primognito, Abi, Eleazar e Itamar.
Estos son los nombres de los hijos de Aarn, sacerdotes ungidos, a los cuales consagr para ejercer el sacerdocio.
Pero Nadab y Abi murieron delante de Jehov cuando ofrecieron fuego extrao delante de Jehov en el desierto de Sina. Y no tuvieron hijos. Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio en presencia de Aarn su padre.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Haz que se acerque la tribu de Lev, y ponla delante del sacerdote Aarn, para que lo sirvan.
Estarn a su servicio y al de toda la congregacin delante del Tabernculo de reunin, sirviendo en el ministerio del Tabernculo.
Cuidarn de todos los utensilios del Tabernculo de reunin, y de todo lo encargado a ellos por los hijos de Israel, ministrando en el servicio del Tabernculo.
Confiars los levitas a Aarn y a sus hijos, pues le son enteramente dados de entre los hijos de Israel.
A Aarn y a sus hijos les encargars que ejerzan su sacerdocio. Y el extrao que se acerque, morir".
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primognitos, los primeros nacidos entre los hijos de Israel; sern, pues, mos los levitas
porque mo es todo primognito. Desde el da en que yo hice morir a todos los primognitos en la tierra de Egipto, santifiqu para m a todos los primognitos en Israel, tanto de hombres como de animales. Mos sern. Yo, Jehov".
Jehov habl a Moiss en el desierto de Sina, y le dijo:
"Haz un censo de los hijos de Lev segn las casas de sus padres y por familias: registrars a todos los varones de un mes para arriba".
Y Moiss los registr conforme a la palabra de Jehov, como le fue mandado.
Los nombres de los hijos de Lev fueron estos: Gersn, Coat y Merari.
Los nombres de los hijos de Gersn por sus familias son estos: Libni y Simei.
Los hijos de Coat por sus familias son: Amram, Izhar, Hebrn y Uziel.
Los hijos de Merari por sus familias: Mahli y Musi. Estas son las familias de Lev, segn las casas de sus padres.
De Gersn proceda la familia de Libni y la de Simei; esas son las familias de Gersn.
Los registrados de ellos, contando a todos los varones de un mes para arriba, fueron 7500.
Las familias de Gersn acampaban a espaldas del Tabernculo, al occidente.
El jefe del linaje de los gersonitas era Eliasaf hijo de Lael.
Los hijos de Gersn estaban encargados, en el Tabernculo de reunin, de la tienda y su cubierta, la cortina de la puerta del Tabernculo de reunin,
las cortinas del atrio y la cortina de la puerta del atrio que rodea el Tabernculo y el altar; as como de las cuerdas necesarias para todo el servicio.
De Coat proceda la familia de los amramitas, la familia de los izharitas, la familia de los hebronitas y la familia de los uzielitas; esas son las familias coatitas.
El nmero de todos los varones de un mes para arriba era de 8600. Tenan la custodia del santuario.
Las familias de los hijos de Coat acampaban al lado del Tabernculo, hacia el sur.
El jefe del linaje de las familias de Coat era Elizafn hijo de Uziel.
A su cuidado estaban el Arca, la mesa, el candelabro, los altares, los utensilios del santuario con que ministran, el velo y todo su servicio.
El principal de los jefes de los levitas era Eleazar, hijo del sacerdote Aarn, jefe de los que tienen la custodia del santuario.
De Merari era la familia de los mahlitas y la familia de los musitas; esas son las familias de Merari.
Los registrados de ellos, contando a todos los varones de un mes para arriba, fueron 6200 hombres.
El jefe de la casa paterna de Merari era Zuriel hijo de Abihail. Acampaban al lado del Tabernculo, hacia el norte.
A cargo de los hijos de Merari estaba la custodia de las tablas del Tabernculo, sus barras, sus columnas, sus basas y todos sus enseres, con todo su servicio,
as como las columnas alrededor del atrio, sus basas, sus estacas y sus cuerdas.
Al oriente, frente al santuario y delante del Tabernculo de reunin, hacia el este, acampaban Moiss, Aarn y sus hijos, que estaban a cargo de la custodia del santuario en nombre de los hijos de Israel. Y el extrao que se acercara, debera morir.
Todos los levitas censados, que Moiss y Aarn registraron por familias, conforme a la palabra de Jehov, todos los varones de un mes para arriba, fueron 22000.
Jehov dijo a Moiss: "Haz un censo de todos los primognitos varones entre los hijos de Israel de un mes para arriba, y registra sus nombres.
Luego tomars para m a los levitas en lugar de todos los primognitos de los hijos de Israel, y los animales de los levitas en lugar de todos los primognitos de los animales de los hijos de Israel. Yo, Jehov".
Moiss hizo el censo, como Jehov le mand, de todos los primognitos de los hijos de Israel.
Y todos los primognitos varones registrados por nombre, de un mes para arriba, fueron 22273.
Luego habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Toma a los levitas en lugar de todos los primognitos de los hijos de Israel, y los animales de los levitas en lugar de sus animales, y los levitas sern mos. Yo, Jehov.
Pero para el rescate de los doscientos setenta y tres primognitos de los hijos de Israel que exceden a los levitas,
tomars cinco siclos por cabeza; conforme al siclo del santuario los tomars (el siclo tiene veinte geras).
Entregars a Aarn y a sus hijos el dinero del rescate de los que exceden".
Tom, pues, Moiss el dinero del rescate de los que excedan el nmero de los redimidos por los levitas,
y recibi de los primognitos de los hijos de Israel, en dinero, mil trescientos sesenta y cinco siclos, conforme al siclo del santuario.
Despus Moiss entreg el dinero de los rescates a Aarn y a sus hijos, conforme a la palabra de Jehov, segn lo que Jehov le haba mandado.
Habl Jehov a Moiss y a Aarn, y les dijo:
"Haced un censo de los hijos de Coat entre los hijos de Lev, por sus familias y segn las casas de sus padres,
de treinta aos para arriba, hasta los cincuenta aos de edad, de todos los que puedan entrar en el servicio del Tabernculo de reunin.
"El oficio de los hijos de Coat en el Tabernculo de reunin, en el Lugar santsimo, ser este:
Cuando haya que mudar el campamento, vendrn Aarn y sus hijos, desarmarn el velo de la tienda y cubrirn con l el Arca del testimonio.
Pondrn sobre ella la cubierta de pieles de tejones, extendern encima un pao todo de azul y le pondrn sus varas.
Sobre la mesa de la proposicin extendern un pao azul, y pondrn sobre ella las escudillas, las cucharas, las copas y los tazones para libar; el pan estar continuamente sobre ella.
Tambin extendern sobre ella un pao carmes que cubrirn con la cubierta de pieles de tejones. Luego le pondrn sus varas.
Tomarn un pao azul y cubrirn el candelabro del alumbrado, sus lmparas, sus despabiladeras, sus platillos y todos los utensilios del aceite con que se sirve.
Lo pondrn con todos sus utensilios en una cubierta de pieles de tejones y lo colocarn sobre unas varas para transportarlo.
"Sobre el altar de oro extendern un pao azul, lo cubrirn con la cubierta de pieles de tejones, y le pondrn sus varas.
Tomarn todos los utensilios del servicio de que hacen uso en el santuario, los pondrn en un pao azul, los cubrirn con una cubierta de pieles de tejones y los colocarn sobre unas varas para transportarlo.
Quitarn la ceniza del altar y extendern sobre l un pao de prpura.
Pondrn sobre l todos los instrumentos que se emplean en su servicio: las paletas, los garfios, los braseros y los tazones, todos los utensilios del altar. Extendern sobre l la cubierta de pieles de tejones y le pondrn adems las varas.
Despus que acaben Aarn y sus hijos de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya que mudar el campamento, llegarn los hijos de Coat para llevarlos, pero no tocarn ninguna cosa santa, no sea que mueran. Estas sern las cosas que cargarn los hijos de Coat en el Tabernculo de reunin.
Pero a cargo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarn, estar el aceite del alumbrado, el incienso aromtico, la ofrenda continua y el aceite de la uncin. Tambin cuidar de todo el Tabernculo y de todo lo que est en l, del santuario y de sus utensilios".
Habl Jehov a Moiss y a Aarn, y les dijo:
"No permitis que desaparezca la tribu de las familias de Coat de entre los levitas.
Para que ellos vivan y no mueran cuando se acerquen a los objetos santsimos, haris esto: Aarn y sus hijos irn y pondrn a cada uno de ellos en su oficio y junto a su carga.
No entrarn para ver cuando cubran las cosas santas, porque morirn".
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Haz tambin un censo de los hijos de Gersn segn las casas de sus padres y por familias.
Registrars a los de treinta aos para arriba hasta cincuenta aos de edad; es decir, todos los que puedan entrar en el servicio del Tabernculo de reunin.
"Este ser el oficio de las familias de Gersn, su ministerio y su carga:
Llevarn las cortinas del Tabernculo, el Tabernculo de reunin, su cubierta, la cubierta de pieles de tejones que est encima de l, la cortina de la puerta del Tabernculo de reunin,
las cortinas del atrio, la cortina de la puerta del atrio que rodea el Tabernculo y el altar, sus cuerdas y todos los instrumentos de su servicio, y para todo lo que ser hecho por ellos: as servirn.
Bajo las rdenes de Aarn y de sus hijos desempearn todo su ministerio los hijos de Gersn, en todas sus funciones y en todo su servicio. Les encomendaris el cuidado de toda su carga.
Este es el servicio de las familias de los hijos de Gersn en el Tabernculo de reunin. Lo llevarn a cabo bajo la direccin de Itamar, hijo del sacerdote Aarn.
"Hars un censo de los hijos de Merari, por familias y segn las casas de sus padres.
Registrars desde el de treinta aos para arriba hasta el de cincuenta aos de edad; es decir, todos los que puedan entrar en el servicio del Tabernculo de reunin.
Su responsabilidad en cuanto a su servicio en el Tabernculo de reunin ser transportar las tablas del Tabernculo, sus barras, sus columnas y sus basas,
las columnas del atrio que lo rodea y sus basas, sus estacas y sus cuerdas, con todos sus instrumentos y todo lo que se necesita para su servicio. Asignaris por sus nombres todos los utensilios que ellos tienen que transportar.
Este ser el servicio de las familias de los hijos de Merari durante todo su ministerio en el Tabernculo de reunin, bajo la direccin de Itamar, hijo del sacerdote Aarn".
Moiss, pues, y Aarn, y los jefes de la congregacin, hicieron el censo de los hijos de Coat por familias y segn las casas de sus padres,
desde el de edad de treinta aos para arriba hasta el de cincuenta aos de edad; es decir, todos los que podan entrar en el servicio del Tabernculo de reunin.
Y los registrados por familias fueron dos mil setecientos cincuenta.
Estos fueron los registrados de las familias de Coat, todos los que ministran en el Tabernculo de reunin, los cuales registraron Moiss y Aarn, como lo mand Jehov por medio de Moiss.
Se hizo el censo de los hijos de Gersn por familias y segn las casas de sus padres,
desde el de edad de treinta aos para arriba hasta el de cincuenta aos de edad; es decir, de todos los que podan entrar en el servicio del Tabernculo de reunin.
Los registrados, por familias y segn las casas de sus padres, fueron dos mil seiscientos treinta.
Estos fueron los registrados de las familias de los hijos de Gersn, todos los que ministran en el Tabernculo de reunin, los cuales registraron Moiss y Aarn por mandato de Jehov.
Se hizo el censo de las familias de los hijos de Merari por familias y segn las casas de sus padres,
desde el de edad de treinta aos para arriba hasta el de cincuenta aos de edad; es decir, de todos los que podan entrar en el servicio del Tabernculo de reunin.
Los registrados por familias fueron tres mil doscientos.
Estos fueron los registrados de las familias de los hijos de Merari, segn el censo hecho por Moiss y Aarn, segn lo mand Jehov por medio de Moiss.
Todos los levitas que Moiss, Aarn y los jefes de Israel registraron por familias y segn las casas de sus padres,
desde el de edad de treinta aos para arriba hasta el de cincuenta aos de edad, todos los que podan entrar en el servicio y el transporte del Tabernculo de reunin,
fueron, segn el censo, ocho mil quinientos ochenta.
Como lo mand Jehov por medio de Moiss, fueron registrados, cada uno segn su oficio y segn su carga: su censo lo hizo l, como le fue mandado.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Manda a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso, a todos los que padecen flujo de semen y a todo impuro por contacto con muerto.
Tanto a hombres como a mujeres echaris; fuera del campamento los echaris, para que no contaminen el campamento de aquellos entre los cuales yo habito".
As lo hicieron los hijos de Israel: los echaron fuera del campamento. Como Jehov lo dijo a Moiss, as lo hicieron los hijos de Israel.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Di a los hijos de Israel: El hombre o la mujer que cometa cualquiera de los pecados con que los hombres son infieles contra Jehov, se hace culpable.
Aquella persona confesar el pecado que cometi, compensar enteramente el dao, aadir sobre ello la quinta parte y lo dar a aquel contra quien pec.
Y si aquel hombre no tiene pariente al cual sea compensado el dao, se dar la indemnizacin del agravio a Jehov entregndola al sacerdote, adems del carnero de las expiaciones, con que el sacerdote har expiacin por l.
"Cualquier ofrenda de todas las cosas santas que los hijos de Israel presenten al sacerdote, suya ser.
Y lo santificado por cualquiera ser suyo; asimismo lo que cualquiera d al sacerdote, suyo ser".
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Si la mujer de alguien se descarra y le es infiel,
y alguien cohabita con ella sin que su marido lo haya visto, por haberse ella mancillado ocultamente, ni haya ningn testigo contra ella ni ella haya sido sorprendida en el acto;
si viene sobre l un espritu de celos y siente celos de su mujer, habindose ella mancillado; o bien, si viene sobre l un espritu de celos y siente celos de su mujer, aunque ella no se haya mancillado,
entonces el marido llevar su mujer al sacerdote, y con ella presentar su ofrenda, la dcima parte de un efa de harina de cebada. No derramar sobre ella aceite ni pondr sobre ella incienso, porque es ofrenda de celos, ofrenda recordativa, que trae a la memoria el pecado.
"El sacerdote har que ella se acerque y se ponga delante de Jehov.
Luego echar el sacerdote un poco de agua santa en un vaso de barro, y tomando del polvo que haya en el suelo del Tabernculo, lo mezclar con el agua.
Asimismo el sacerdote har que la mujer se mantenga en pie delante de Jehov, descubrir la cabeza de la mujer y pondr sobre sus manos la ofrenda recordativa, que es la ofrenda de celos. El sacerdote sostendr en sus manos las aguas amargas que acarrean maldicin.
Entonces el sacerdote le tomar juramento y le dir: "Si ninguno ha dormido contigo, y si no te has apartado de tu marido ni te has mancillado, libre seas de estas aguas amargas que traen maldicin;
pero si te has descarriado de tu marido y te has mancillado, y ha cohabitado contigo alguien que no sea tu marido
(el sacerdote proferir sobre la mujer este juramento de maldicin, y le dir): Que Jehov te haga objeto de maldicin y execracin en medio de tu pueblo, y haga Jehov que tu muslo caiga y que tu vientre se hinche,
que estas aguas que dan maldicin entren en tus entraas y hagan hinchar tu vientre y caer tu muslo". Y la mujer dir: "Amn, amn".
"El sacerdote escribir estas maldiciones en un libro y las borrar con las aguas amargas.
Dar a beber a la mujer las aguas amargas que traen maldicin, y las aguas que obran maldicin entrarn en ella para provocarle amargura.
Despus el sacerdote tomar de la mano de la mujer la ofrenda de los celos, la mecer en presencia de Jehov y la ofrecer delante del altar.
El sacerdote tomar un puado de la ofrenda en memoria de ella y lo quemar sobre el altar. "Despus que el sacerdote le haya dado a beber las aguas a la mujer,
si esta es impura y ha sido infiel a su marido, las aguas que obran maldicin entrarn en ella para provocarle amargura, su vientre se hinchar, caer su muslo y la mujer ser objeto de maldicin en medio de su pueblo.
Pero si la mujer no es impura, sino que esta limpia, ser libre y ser fecunda.
"Esta es la ley de los celos, cuando la mujer cometa infidelidad contra su marido y se mancille,
o cuando del marido se apodere un espritu de celos y sienta celos de su mujer: entonces la presentar delante de Jehov, y el sacerdote har con ella como manda esta ley.
El hombre quedar libre de culpa y la mujer cargar con su pecado".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: El hombre o la mujer que se aparte haciendo voto de nazareo, para dedicarse a Jehov,
se abstendr de vino y de sidra. No beber vinagre de vino ni vinagre de sidra, ni beber ningn licor de uvas, ni tampoco comer uvas frescas ni secas.
En todo el tiempo de su nazareato, de todo lo que se hace de la vid, desde los granillos hasta el hollejo, no comer.
En todo el tiempo del voto de su nazareato no pasar navaja por su cabeza: hasta que se cumplan los das de su consagracin a Jehov, ser santo y se dejar crecer el cabello.
Durante todo el tiempo que se aparte para Jehov, no se acercar a persona muerta.
Ni aun por su padre ni por su madre, ni por su hermano ni por su hermana, podr contaminarse cuando mueran, pues la consagracin de su Dios lleva sobre su cabeza.
Todo el tiempo de su nazareato estar consagrado a Jehov.
"Si alguien muere sbitamente junto a l y contamina su cabeza consagrada, el da de su purificacin, es decir, el sptimo da, se afeitar la cabeza.
Al octavo da traer dos trtolas o dos palominos al sacerdote, a la puerta del Tabernculo de reunin.
El sacerdote ofrecer uno como expiacin y el otro como holocausto, y har expiacin por lo que pec a causa del muerto. Aquel da volver a santificar su cabeza:
se consagrar a Jehov por los das de su nazareato, y traer un cordero de un ao en expiacin por la culpa. Los das anteriores sern anulados, por cuanto fue contaminado su nazareato.
"Esta es, pues, la ley del nazareo el da que se cumpla el tiempo de su nazareato: Vendr a la puerta del Tabernculo de reunin,
y presentar su ofrenda a Jehov, un cordero de un ao sin tacha para un holocausto, una cordera de un ao, sin defecto, para expiacin, y un carnero sin defecto para una ofrenda de paz.
Adems, un canastillo de tortas sin levadura, de flor de harina amasadas con aceite, hojaldres sin levadura untadas con aceite, su ofrenda y sus libaciones.
El sacerdote lo ofrecer delante de Jehov, y har su expiacin y su holocausto.
Luego ofrecer el carnero como sacrificio de paz a Jehov, junto con el canastillo de los panes sin levadura; ofrecer asimismo el sacerdote su ofrenda y sus libaciones.
Entonces el nazareo se afeitar su cabeza consagrada a la puerta del Tabernculo de reunin, tomar los cabellos de su cabeza consagrada y los pondr sobre el fuego que est debajo de la ofrenda de paz.
Despus tomar el sacerdote la pierna cocida del carnero, una torta sin levadura del canastillo y una hojaldre sin levadura, y las pondr sobre las manos del nazareo, despus que sea afeitada su cabeza consagrada.
El sacerdote presentar aquello como ofrenda mecida delante de Jehov, lo cual ser cosa santa, destinada al sacerdote, adems del pecho mecido y de la pierna reservada. Despus el nazareo podr beber vino.
"Esta es la ley del nazareo que haga un voto de ofrenda a Jehov por su nazareato, adems de lo que sus recursos le permitan. Segn el voto que haga, as lo cumplir, conforme a la ley de su nazareato".
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Habla a Aarn y a sus hijos, y diles: As bendeciris a los hijos de Israel. Les diris:
"Jehov te bendiga y te guarde.
Jehov haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia;
Jehov alce sobre ti su rostro y ponga en ti paz".
"As invocarn mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendecir".
Aconteci que cuando Moiss acab de levantar el Tabernculo, lo ungi y lo santific junto con todos sus utensilios. Asimismo ungi y santific el altar y todos sus utensilios.
Entonces los prncipes de Israel, los jefes de las casas de sus padres, los cuales eran los prncipes de las tribus que estaban sobre los registrados en el censo, se acercaron
y trajeron sus ofrendas delante de Jehov: seis carros cubiertos y doce bueyes; por cada dos prncipes un carro, y por cada uno un buey, y los ofrecieron delante del Tabernculo.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Recbelos de ellos: sern para el servicio del Tabernculo de reunin. Los dars a los levitas, a cada uno segn su ministerio".
Entonces Moiss recibi los carros y los bueyes, y los dio a los levitas.
A los hijos de Gersn dio dos carros y cuatro bueyes, conforme a su ministerio,
y a los hijos de Merari dio cuatro carros y ocho bueyes, conforme a su ministerio, bajo la direccin de Itamar, hijo del sacerdote Aarn.
Pero a los hijos de Coat no les dio, porque tenan que llevar sobre sus hombros los objetos ms santos.
Los prncipes presentaron las ofrendas para la dedicacin del altar el da en que fue ungido. Hicieron los prncipes su ofrenda delante del altar.
Y Jehov dijo a Moiss: "Presentarn su ofrenda, un prncipe un da y otro prncipe otro da, para la dedicacin del altar".
El que present su ofrenda el primer da fue Naasn hijo de Aminadab, de la tribu de Jud.
Su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Naasn hijo de Aminadab.
El segundo da present su ofrenda Natanael hijo de Zuar, prncipe de Isacar.
Present como su ofrenda un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Natanael hijo de Zuar.
El tercer da, Eliab hijo de Heln, prncipe de los hijos de Zabuln,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Eliab hijo de Heln.
El cuarto da, Elisur hijo de Sedeur, prncipe de los hijos de Rubn,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Elisur hijo de Sedeur.
El quinto da, Selumiel hijo de Zurisadai, prncipe de los hijos de Simen,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Selumiel hijo de Zurisadai.
El sexto da, Eliasaf hijo de Deuel, prncipe de los hijos de Gad,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Eliasaf hijo de Deuel.
El sptimo da, el prncipe de los hijos de Efran, Elisama hijo de Amiud,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Elisama hijo de Amiud.
El octavo da, el prncipe de los hijos de Manass, Gamaliel hijo de Pedasur,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Gamaliel hijo de Pedasur.
El noveno da, el prncipe de los hijos de Benjamn, Abidn hijo de Gedeoni,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Abidn hijo de Gedeoni.
El dcimo da, el prncipe de los hijos de Dan, Ahiezer hijo de Amisadai,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Ahiezer hijo de Amisadai.
El undcimo da, el prncipe de los hijos de Aser, Pagiel hijo de Ocrn,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Pagiel hijo de Ocrn.
El duodcimo da, el prncipe de los hijos de Neftal, Ahira hijo de Enn,
present su ofrenda: un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, segn el siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso;
un becerro, un carnero, un cordero de un ao, para el holocausto;
un macho cabro para la expiacin;
y para la ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabros y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Ahira hijo de Enn.
Esta fue la ofrenda que los prncipes de Israel presentaron para la dedicacin del altar, el da en que fue ungido: doce platos de plata, doce jarros de plata, doce cucharas de oro.
Cada plato de ciento treinta siclos, y cada jarro de setenta; toda la plata de la vajilla era dos mil cuatrocientos siclos, segn el siclo del santuario.
Las doce cucharas de oro llenas de incienso, de diez siclos cada cuchara, segn el siclo del santuario; todo el oro de las cucharas era ciento veinte siclos.
Todos los bueyes para el holocausto fueron doce becerros; doce los carneros, doce los corderos de un ao, con su ofrenda, y doce los machos cabros para la expiacin.
Y todos los bueyes de la ofrenda de paz fueron veinticuatro novillos, sesenta los carneros, sesenta los machos cabros y sesenta los corderos de un ao. Esta fue la ofrenda para la dedicacin del altar, despus que fue ungido.
Cuando entraba Moiss en el Tabernculo de reunin para hablar con Dios, oa la voz que le hablaba de encima del propiciatorio que estaba sobre el Arca del testimonio, de entre los dos querubines. As hablaba con l.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a Aarn y dile: Cuando enciendas las lmparas, las siete lmparas del candelabro alumbrarn hacia adelante".
Aarn lo hizo as: coloc las lmparas en la parte anterior del candelabro, tal como Jehov lo mand a Moiss.
El candelabro estaba hecho de oro labrado a martillo; desde el pie hasta las flores era labrado a martillo. Conforme al modelo que Jehov le mostr a Moiss, as hizo el candelabro.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Aparta a los levitas de entre los dems hijos de Israel, y haz expiacin por ellos.
As hars para purificarlos: Roca sobre ellos el agua de la expiacin y haz pasar la navaja por todo su cuerpo; ellos lavarn sus vestidos y as quedarn purificados.
Luego tomarn un novillo, con su ofrenda de flor de harina amasada con aceite, y t tomars otro novillo para la expiacin.
Hars que los levitas se acerquen al Tabernculo de reunin, y reunirs a toda la congregacin de los hijos de Israel.
Cuando hayas acercado a los levitas a la presencia de Jehov, pondrn los hijos de Israel sus manos sobre los levitas.
Entonces presentar Aarn a los levitas delante de Jehov como ofrenda de los hijos de Israel, y servirn en el ministerio de Jehov.
Despus los levitas pondrn sus manos sobre las cabezas de los novillos: uno lo ofrecers como expiacin y el otro como holocausto a Jehov, para hacer expiacin por los levitas.
Colocars luego a los levitas delante de Aarn y de sus hijos, y los presentars como ofrenda a Jehov.
As apartars a los levitas de entre los hijos de Israel, y sern mos los levitas.
Despus de eso vendrn los levitas a ministrar en el Tabernculo de reunin. Sern purificados y los presentars como una ofrenda.
Porque enteramente me son dedicados a m los levitas de entre los hijos de Israel, en lugar de todo primer nacido; los he tomado para m en lugar de los primognitos de todos los hijos de Israel.
Porque mo es todo primognito de entre los hijos de Israel, as de hombres como de animales; desde el da en que yo her a todo primognito en la tierra de Egipto, los santifiqu para m.
Y he tomado a los levitas en lugar de todos los primognitos de los hijos de Israel.
Yo he dado los levitas, como un don, a Aarn y a sus hijos, de entre los hijos de Israel, para que ejerzan el ministerio de los hijos de Israel en el Tabernculo de reunin, y reconcilien a los hijos de Israel, y no haya plaga entre los hijos de Israel cuando se acerquen al santuario".
Moiss, Aarn y toda la congregacin de los hijos de Israel hicieron con los levitas conforme a todas las cosas que mand Jehov a Moiss acerca de los levitas; as hicieron con ellos los hijos de Israel.
Los levitas se purificaron y lavaron sus vestidos. Luego Aarn los present como ofrenda delante de Jehov, e hizo expiacin por ellos para purificarlos.
Despus de esto, los levitas fueron para ejercer su ministerio en el Tabernculo de reunin delante de Aarn y delante de sus hijos. De la manera que mand Jehov a Moiss acerca de los levitas, as hicieron con ellos.
Luego habl Jehov a Moiss diciendo:
"Los levitas de veinticinco aos para arriba entrarn a ejercer su ministerio en el servicio del Tabernculo de reunin.
Pero desde los cincuenta aos dejarn de ejercer su ministerio, y nunca ms lo ejercern.
Servirn con sus hermanos en el Tabernculo de reunin, para hacer la guardia, pero no servirn en el ministerio. As hars con los levitas en cuanto a su ministerio".
Habl Jehov a Moiss en el desierto de Sina, el primer mes del segundo ao de su salida de la tierra de Egipto, y le dijo:
"Los hijos de Israel celebrarn la Pascua a su debido tiempo.
La celebraris el decimocuarto da de este mes, al atardecer, a su debido tiempo; conforme a todos sus ritos y conforme a todas sus leyes la celebraris".
Entonces dijo Moiss a los hijos de Israel que celebraran la Pascua.
Celebraron la Pascua el primer mes, el da catorce del mes, al atardecer, en el desierto de Sina; conforme a todas las cosas que mand Jehov a Moiss, as hicieron los hijos de Israel.
Pero ocurri que algunos estaban impuros a causa de un muerto, y no pudieron celebrar la Pascua aquel da. Aquellos hombres se presentaron ese mismo da delante de Moiss y delante de Aarn,
y les dijeron: -- Nosotros estamos impuros a causa de un muerto. Por qu seremos impedidos de presentar la ofrenda a Jehov a su debido tiempo con los dems hijos de Israel?
Moiss les respondi: -- Esperad, y oir lo que ordena Jehov acerca de vosotros.
Entonces Jehov dijo a Moiss:
"Habla a los hijos de Israel, y diles: Cualquiera de vosotros o de vuestros descendientes que est impuro a causa de un muerto, o est de viaje lejos, celebrar la Pascua a Jehov.
La celebrarn el segundo mes, el da catorce del mes, al atardecer; con panes sin levadura y hierbas amargas la comern.
No dejarn nada del animal sacrificado para la maana, ni le quebrarn ningn hueso; conforme a todos los ritos de la Pascua la celebrarn.
Pero el que est limpio y no se encuentre de viaje, si deja de celebrar la Pascua, la tal persona ser eliminada de en medio de su pueblo. Tal hombre cargar con su pecado, por cuanto no ofreci a su debido tiempo la ofrenda de Jehov.
"Y si habita con vosotros algn extranjero, y celebra la Pascua a Jehov, conforme al rito de la Pascua y conforme a sus leyes la celebrar: un mismo rito tendris, tanto el extranjero como el natural de la tierra".
El da que el Tabernculo fue erigido, la nube cubri el Tabernculo sobre la tienda del Testimonio. Por la tarde haba sobre el Tabernculo como una apariencia de fuego, hasta la maana.
As era continuamente: la nube lo cubra de da, y de noche la apariencia de fuego.
Cuando se alzaba la nube del Tabernculo, los hijos de Israel partan; y en el lugar donde la nube paraba, all acampaban los hijos de Israel.
Al mandato de Jehov los hijos de Israel partan, y al mandato de Jehov acampaban; todos los das que la nube estaba sobre el Tabernculo permanecan acampados.
Cuando la nube se detena sobre el Tabernculo muchos das, entonces los hijos de Israel guardaban la ordenanza de Jehov y no partan.
Y cuando la nube estaba sobre el Tabernculo pocos das, al mandato de Jehov acampaban, y al mandato de Jehov partan.
Cuando la nube se detena desde la tarde hasta la maana, y a la maana la nube se levantaba, ellos partan; o si haba estado un da, y a la noche la nube se levantaba, entonces partan.
Si la nube se detena sobre el Tabernculo dos das, un mes o un ao, mientras la nube permaneca sobre l, los hijos de Israel seguan acampados y no se movan. Pero cuando ella se alzaba, ellos partan.
Al mandato de Jehov acampaban, y al mandato de Jehov partan. As guardaban la ordenanza de Jehov, como Jehov lo haba dicho por medio de Moiss.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Hazte dos trompetas de plata: forjadas a martillo las hars. Te servirn para convocar la congregacin y para hacer mover los campamentos.
Cuando las toquen, toda la congregacin se reunir ante ti en la puerta del Tabernculo de reunin.
Pero cuando toquen solo una, entonces se congregarn ante ti los prncipes, los jefes de millares de Israel.
Cuando toquis alarma, entonces movern los campamentos de los que estn acampados al oriente.
Y cuando toquis con aclamaciones la segunda vez, entonces movern los campamentos de los que estn acampados al sur; con aclamaciones tocarn para sus partidas.
Pero para reunir la congregacin tocaris, pero no con sonidos de aclamacin.
Los hijos de Aarn, los sacerdotes, tocarn las trompetas: las tendris como estatuto perpetuo por vuestras generaciones.
"Cuando salgis a la guerra en vuestra tierra contra el enemigo que os ataque, tocaris alarma con las trompetas. As seris recordados por Jehov, vuestro Dios, y seris salvos de vuestros enemigos.
En vuestros das de alegra, como en vuestras solemnidades y principios de mes, tocaris las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de paz, y os servirn de memorial delante de vuestro Dios. Yo, Jehov, vuestro Dios".
El segundo mes del ao segundo, el da veinte del mes, la nube se alz del tabernculo del Testimonio,
y los hijos de Israel partieron del desierto de Sina segn el orden de marcha. La nube se detuvo en el desierto de Parn.
Partieron la primera vez segn el mandato que Jehov les haba dado por medio de Moiss.
La bandera del campamento de los hijos de Jud abri la marcha segn el orden de sus ejrcitos. Naasn hijo de Aminadab estaba sobre su cuerpo de ejrcito.
Sobre el cuerpo de ejrcito de la tribu de los hijos de Isacar estaba Natanael hijo de Zuar.
Y sobre el cuerpo de ejrcito de la tribu de los hijos de Zabuln estaba Eliab hijo de Heln.
Despus que estaba ya desarmado el Tabernculo, se movieron los hijos de Gersn y los hijos de Merari, que lo llevaban.
Luego comenz a marchar la bandera del campamento de Rubn, segn el orden de sus ejrcitos. Elisur hijo de Sedeur estaba sobre su cuerpo de ejrcito.
Sobre el cuerpo de ejrcito de la tribu de los hijos de Simen estaba Selumiel hijo de Zurisadai.
Y sobre el cuerpo de ejrcito de la tribu de los hijos de Gad estaba Eliasaf hijo de Deuel.
Luego comenzaron a marchar los coatitas llevando el santuario; entretanto ellos llegaban, los otros acondicionaron el Tabernculo.
Despus comenz a marchar la bandera del campamento de los hijos de Efran, segn el orden de sus ejrcitos. Elisama hijo de Amiud estaba sobre su cuerpo de ejrcito.
Sobre el cuerpo de ejrcito de la tribu de los hijos de Manass estaba Gamaliel hijo de Pedasur.
Y sobre el cuerpo de ejrcito de la tribu de los hijos de Benjamn estaba Abidn hijo de Gedeoni.
Luego comenz a marchar la bandera del campamento de los hijos de Dan, segn el orden de sus ejrcitos, a la retaguardia de todos los campamentos. Ahiezer hijo de Amisadai estaba sobre su cuerpo de ejrcito.
Sobre el cuerpo de ejrcito de la tribu de los hijos de Aser estaba Pagiel hijo de Ocrn.
Y sobre el cuerpo de ejrcito de la tribu de los hijos de Neftal estaba Ahira hijo de Enn.
Este era el orden de marcha de los hijos de Israel, repartidos por ejrcitos, cuando partan.
Entonces dijo Moiss a su suegro Hobab hijo de Ragel, el madianita: -- Nosotros partimos para el lugar del cual Jehov ha dicho: "Yo os lo dar". Ven con nosotros y te trataremos bien, porque Jehov ha prometido el bien a Israel.
l le respondi: -- Yo no ir, sino que me marchar a mi tierra y a mi parentela.
Moiss insisti: -- Te ruego que no nos dejes, pues t conoces los lugares donde hemos de acampar en el desierto y sers como nuestros ojos.
Y si vienes con nosotros, cuando tengamos el bien que Jehov nos ha de conceder, lo compartiremos contigo.
As partieron del monte de Jehov para una jornada de tres das. El Arca del pacto de Jehov fue delante de ellos los tres das de camino, buscndoles un lugar de descanso.
Desde que salieron del campamento, la nube de Jehov iba sobre ellos de da.
Cuando el Arca se mova, Moiss deca: "Levntate, Jehov! Que sean dispersados tus enemigos y huyan de tu presencia los que te aborrecen!".
Y cuando ella se detena, deca: "Descansa, Jehov, entre los millares de millares de Israel!".
Aconteci que el pueblo se quej a odos de Jehov; lo oy Jehov y ardi su ira. Se encendi entre ellos un fuego de Jehov que consumi uno de los extremos del campamento.
El pueblo clam a Moiss, y Moiss or a Jehov. Entonces el fuego se extingui.
Por eso llamaron a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehov se encendi en ellos.
La gente extranjera que se mezcl con ellos se dej llevar por el hambre, y los hijos de Israel tambin volvieron a sus llantos, diciendo: "Quin nos diera a comer carne!
Nos acordamos del pescado que comamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos.
Ahora nuestra alma se seca, pues nada sino este man ven nuestros ojos!".
El man era como semilla de culantro, y su color como color de bedelio.
El pueblo se esparca y lo recoga, lo mola en molinos o lo majaba en morteros, y lo coca en caldera o haca de l tortas. Su sabor era como sabor de aceite nuevo.
Cuando descenda el roco sobre el campamento de noche, el man descenda sobre l.
Moiss oy al pueblo que lloraba, cada uno con su familia a la entrada de su tienda. La ira de Jehov se encendi mucho, y tambin le pareci mal a Moiss,
quien dijo a Jehov: -- Por qu has hecho mal a tu siervo? Y por qu no he hallado gracia a tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre m?
Conceb yo a todo este pueblo? Lo engendr yo, para que me digas: "Llvalo en tu seno, como lleva la que cra al que mama, a la tierra que juraste dar a sus padres"?
De dnde conseguir yo carne para dar a todo este pueblo? Porque vienen a m llorando y diciendo: "Danos carne para comer".
No puedo yo solo soportar a todo este pueblo: es una carga demasiado pesada para m.
Y si as vas a hacer t conmigo, te ruego que me des muerte, si he hallado gracia a tus ojos, para que yo no vea mi mal.
Entonces Jehov dijo a Moiss: -- Reneme a setenta hombres entre los ancianos de Israel, de los que t sabes que son ancianos del pueblo y sus principales, trelos a la puerta del Tabernculo de reunin, y que esperen all contigo.
Yo descender y hablar all contigo; tomar del espritu que est en ti y lo pondr en ellos, para que lleven contigo la carga del pueblo y no la lleves t solo.
Pero al pueblo dirs: "Santificaos para maana y comeris carne, porque habis llorado a odos de Jehov, diciendo: 'Quin nos diera a comer carne! Ciertamente mejor nos iba en Egipto!'. Jehov, pues, os dar carne, y comeris.
No comeris un da, ni dos das, ni cinco das, ni diez das, ni veinte das,
sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las narices y la aborrezcis, por cuanto menospreciasteis a Jehov que est en medio de vosotros, y llorasteis delante de l, diciendo: 'Para qu salimos ac de Egipto?' ".
Entonces dijo Moiss: -- Seiscientos mil de a pie es el pueblo en medio del cual yo estoy, y t dices: "Les dar carne, y comern un mes entero"!
Se degollarn para ellos ovejas y bueyes que les basten? o se juntarn para ellos todos los peces del mar para que tengan lo suficiente?
Entonces Jehov respondi a Moiss: -- Acaso se ha acortado la mano de Jehov? Ahora vers si se cumple mi palabra, o no.
Sali Moiss y comunic al pueblo las palabras de Jehov. Luego reuni a los setenta hombres entre los ancianos del pueblo, y los reuni alrededor del Tabernculo.
Entonces Jehov descendi en la nube y le habl. Luego tom del espritu que estaba en l, y lo puso en los setenta hombres ancianos. Y en cuanto se pos sobre ellos el espritu, profetizaron; pero no volvieron a hacerlo.
En el campamento haban quedado dos hombres, uno llamado Eldad y el otro Medad, sobre los cuales tambin repos el espritu. Estaban estos entre los inscritos, pero no haban venido al Tabernculo. Y profetizaron en el campamento.
Un joven corri a avisar a Moiss, y le dijo: -- Eldad y Medad profetizan en el campamento.
Entonces respondi Josu hijo de Nun, ayudante de Moiss, uno de sus jvenes, y le dijo: -- Seor mo Moiss, no se lo permitas.
Moiss le respondi: -- Tienes t celos por m? Ojal todo el pueblo de Jehov fuera profeta, y que Jehov pusiera su espritu sobre ellos.
Luego Moiss volvi al campamento con los ancianos de Israel.
Entonces Jehov envi un viento que trajo codornices del mar y las dej sobre el campamento, un da de camino de un lado y un da de camino del otro lado, alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la superficie de la tierra.
El pueblo estuvo levantado todo aquel da y toda la noche y todo el da siguiente, recogiendo codornices. El que menos, recogi diez montones, y las tendieron a secar alrededor de todo el campamento.
An tenan la carne entre sus dientes, antes de haberla masticado, cuando la ira de Jehov se encendi contra el pueblo, y lo hiri Jehov con una plaga muy grande.
Y llamaron a aquel lugar Kibrot-hataava, por cuanto all sepultaron al pueblo codicioso.
De Kibrot-hataava parti el pueblo a Hazerot, y se qued en Hazerot.
Mara y Aarn hablaron contra Moiss a causa de la mujer cusita que haba tomado, pues l haba tomado una mujer cusita.
Decan: "Solamente por Moiss ha hablado Jehov? No ha hablado tambin por nosotros?". Y lo oy Jehov.
Moiss era un hombre muy manso, ms que todos los hombres que haba sobre la tierra.
Luego dijo Jehov a Moiss, a Aarn y a Mara: "Salid vosotros tres al Tabernculo de reunin". Y salieron ellos tres.
Entonces Jehov descendi en la columna de la nube y se puso a la puerta del Tabernculo. Llam a Aarn y a Mara, y se acercaron ambos.
Y Jehov les dijo: "Od ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros un profeta de Jehov, me aparecer a l en visin, en sueos le hablar.
No as con mi siervo Moiss, que es fiel en toda mi casa.
Cara a cara hablar con l, claramente y no con enigmas, y ver la apariencia de Jehov. Por qu, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moiss?".
Entonces la ira de Jehov se encendi contra ellos; luego se fue.
Tan pronto la nube se apart del Tabernculo, Mara se llen de lepra, y tena la piel blanca como la nieve. Cuando Aarn mir a Mara y vio que estaba leprosa,
dijo a Moiss: "Ah! seor mo, no pongas ahora sobre nosotros este pecado, porque locamente hemos actuado y hemos pecado.
No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre tiene ya medio consumida su carne".
Entonces Moiss clam a Jehov diciendo: "Te ruego, Dios, que la sanes ahora".
Respondi Jehov a Moiss: "Si su padre hubiera escupido en su rostro, no se avergonzara durante siete das? Sea expulsada, pues, fuera del campamento durante siete das, y despus volver a la congregacin".
As Mara fue expulsada del campamento durante siete das, y el pueblo no sigui adelante hasta que se reuni Mara con ellos.
Despus el pueblo parti de Hazerot, y acamparon en el desierto de Parn.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Enva unos hombres que reconozcan la tierra de Canan, la cual yo doy a los hijos de Israel; enviaris un hombre por cada tribu paterna, todos ellos prncipes".
Entonces los envi Moiss desde el desierto de Parn, conforme a la palabra de Jehov. Todos aquellos hombres eran prncipes de los hijos de Israel.
Estos son sus nombres: De la tribu de Rubn, Sama hijo de Zacur.
De la tribu de Simen, Safat hijo de Hor.
De la tribu de Jud, Caleb hijo de Jefone.
De la tribu de Isacar, Igal hijo de Jos.
De la tribu de Efran, Oseas hijo de Nun.
De la tribu de Benjamn, Palti hijo de Raf.
De la tribu de Zabuln, Gadiel hijo de Sodi.
De la tribu de Jos, por la tribu de Manass, Gadi hijo de Susi.
De la tribu de Dan, Amiel hijo de Gemali.
De la tribu de Aser, Setur hijo de Micael.
De la tribu de Neftal, Nahbi hijo de Vapsi.
De la tribu de Gad, Geuel hijo de Maqui.
Estos son los nombres de los hombres que Moiss envi a reconocer la tierra. A Oseas hijo de Nun le puso Moiss el nombre de Josu.
Los envi, pues, Moiss a reconocer la tierra de Canan, dicindoles: "Subid de aqu al Neguev y luego subid al monte.
Observad cmo es la tierra y el pueblo que la habita, si es fuerte o dbil, escaso o numeroso;
cmo es la tierra habitada, si es buena o mala; cmo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas,
y cmo es el terreno, si es frtil o estril, si en l hay rboles o no. Esforzaos y traed de los frutos del pas". Era el tiempo de las primeras uvas.
Ellos subieron y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, junto a la entrada de Hamat.
Subieron al Neguev y llegaron hasta Hebrn. All vivan Ahimn, Sesai y Talmai, hijos de Anac. Hebrn fue edificada siete aos antes de Zon en Egipto.
Llegaron hasta el arroyo Escol y all cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual llevaron entre dos en un palo, y tambin granados e higos.
Y se llam aquel lugar el valle del Escol, por el racimo que all cortaron los hijos de Israel.
Al cabo de cuarenta das regresaron de reconocer la tierra.
Fueron y se presentaron ante Moiss, Aarn y toda la congregacin de los hijos de Israel, en el desierto de Parn, en Cades. Les dieron la informacin a ellos y a toda la congregacin, y les mostraron los frutos de la tierra.
Tambin les contaron: "Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; estos son sus frutos.
Pero el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; tambin vimos all a los hijos de Anac.
Amalec habita el Neguev; el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte; el cananeo habita junto al mar y a la ribera del Jordn".
Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moiss, y dijo: -- Subamos luego, y tomemos posesin de ella, porque ms podremos nosotros que ellos.
Pero los hombres que subieron con l dijeron: -- No podemos subir contra aquel pueblo, porque es ms fuerte que nosotros.
Y hablaron mal entre los hijos de Israel de la tierra que haban reconocido, diciendo: -- La tierra que recorrimos y exploramos es tierra que se traga a sus habitantes. Todo el pueblo que vimos en medio de ella es gente de gran estatura.
Tambin vimos all gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes. Nosotros ramos, a nuestro parecer, como langostas, y as les parecamos a ellos.
Entonces toda la congregacin grit y dio voces; y el pueblo llor aquella noche.
Todos los hijos de Israel se quejaron contra Moiss y contra Aarn, y toda la multitud les dijo: "Ojal hubiramos muerto en la tierra de Egipto! Ojal muriramos en este desierto!
Por qu nos trae Jehov a esta tierra para morir a espada, y para que nuestras mujeres y nuestros nios se conviertan en botn de guerra? No nos sera mejor regresar a Egipto?".
Y se decan unos a otros: "Designemos un capitn y volvamos a Egipto".
Moiss y Aarn se postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregacin de los hijos de Israel.
Y Josu hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que haban reconocido la tierra, rompieron sus vestidos
y dijeron a toda la congregacin de los hijos de Israel: -- La tierra que recorrimos y exploramos es tierra muy buena.
Si Jehov se agrada de nosotros, l nos llevar a esta tierra y nos la entregar; es una tierra que fluye leche y miel.
Por tanto, no seis rebeldes contra Jehov ni temis al pueblo de esta tierra, pues vosotros los comeris como pan. Su amparo se ha apartado de ellos y Jehov est con nosotros: no los temis.
Entonces toda la multitud propuso apedrearlos. Pero la gloria de Jehov se mostr en el Tabernculo de reunin a todos los hijos de Israel.
Y Jehov dijo a Moiss: -- Hasta cundo me ha de irritar este pueblo? Hasta cundo no me creern, con todas las seales que he hecho en medio de ellos?
Yo los herir de mortandad y los destruir, y a ti te pondr sobre gente ms grande y ms fuerte que ellos.
Pero Moiss respondi a Jehov: -- Lo oirn luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder,
y se lo dirn a los habitantes de esta tierra, los cuales han odo que t, Jehov, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecas t, Jehov, y que tu nube estaba sobre ellos, que de da ibas delante de ellos en una columna de nube, y de noche en una columna de fuego.
Si haces morir a este pueblo como a un solo hombre, las gentes que hayan odo tu fama dirn:
"Por cuanto no pudo Jehov introducir a este pueblo en la tierra que haba jurado darle, los ha matado en el desierto".
Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Seor, como lo prometiste al decir:
"Jehov es tardo para la ira y grande en misericordia, perdona la maldad y la rebelin, aunque de ningn modo tendr por inocente al culpable, pues castiga el pecado de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generacin".
Perdona ahora la maldad de este pueblo segn la grandeza de tu misericordia, como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aqu.
Entonces Jehov dijo: -- Yo lo he perdonado, conforme a tu dicho.
Pero tan ciertamente como vivo yo y mi gloria llena toda la tierra,
que ninguno de los que vieron mi gloria y las seales que he hecho en Egipto y en el desierto, los que me han tentado ya diez veces y no han odo mi voz,
ver la tierra que jur dar a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la ver.
Pero a mi siervo Caleb, por cuanto lo ha animado otro espritu y decidi ir detrs de m, yo lo har entrar en la tierra donde estuvo, y su descendencia la tendr en posesin.
Ahora bien, el amalecita y el cananeo habitan en el valle; volveos maana y salid al desierto, camino del Mar Rojo.
Jehov habl a Moiss y a Aarn, y les dijo:
-- Hasta cundo soportar a esta depravada multitud que murmura contra m? Ya he odo las querellas de los hijos de Israel que de m se quejan.
Diles: Vivo yo, dice Jehov, que segn habis hablado a mis odos, as har yo con vosotros.
En este desierto caern vuestros cuerpos, todo el nmero de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte aos para arriba, los cuales han murmurado contra m.
A excepcin de Caleb hijo de Jefone y Josu hijo de Nun, ninguno de vosotros entrar en la tierra por la cual alc mi mano y jur que os hara habitar en ella.
Pero a vuestros nios, de los cuales dijisteis que se convertiran en botn de guerra, yo los introducir, y ellos conocern la tierra que vosotros despreciasteis.
En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caern en este desierto.
Vuestros hijos andarn pastoreando en el desierto cuarenta aos, y cargarn con vuestras rebeldas, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto.
Conforme al nmero de los das, de los cuarenta das que emplesteis en reconocer la tierra, cargaris con vuestras iniquidades: cuarenta aos, un ao por cada da. As conoceris mi castigo.
Yo, Jehov, he hablado. As har a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra m. En este desierto sern consumidos, y ah morirn.
Los hombres que Moiss envi a reconocer la tierra, y que al volver haban hecho murmurar contra l a toda la congregacin, desacreditando aquel pas,
aquellos hombres que haban hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehov.
Pero Josu hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida de entre aquellos hombres que haban ido a reconocer la tierra.
Moiss dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlut mucho.
Se levantaron muy de maana y subieron a la cumbre del monte, diciendo: -- Aqu estamos para subir al lugar del cual ha hablado Jehov, porque hemos pecado.
Moiss les respondi: -- Por qu quebrantis el mandamiento de Jehov? Esto tampoco os saldr bien.
No subis, pues Jehov no est en medio de vosotros: no seis heridos delante de vuestros enemigos.
Porque el amalecita y el cananeo estn all delante de vosotros, y caeris bajo su espada, pues Jehov no estar con vosotros, por cuanto os habis negado a seguirlo.
Ellos, sin embargo, se obstinaron en subir a la cima del monte; pero ni el Arca del pacto de Jehov ni Moiss se apartaron de en medio del campamento.
Entonces descendieron el amalecita y el cananeo que habitaban en aquel monte, los hirieron, los derrotaron y los persiguieron hasta Horma.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayis entrado en la tierra que yo os dar por habitacin,
y presentis ofrenda que se quema a Jehov, holocausto o sacrificio de vacas o de ovejas, como voto especial o como ofrenda voluntaria, o para ofrecer en vuestras fiestas solemnes olor grato a Jehov,
entonces, el que presente su ofrenda a Jehov traer como ofrenda la dcima parte de un efa de flor de harina, amasada con la cuarta parte de un hin de aceite.
De vino para la libacin ofrecers por cada cordero la cuarta parte de un hin, adems del holocausto o del sacrificio.
Por cada carnero presentars una ofrenda de dos dcimas de flor de harina, amasada con la tercera parte de un hin de aceite;
y de vino para la libacin presentars la tercera parte de un hin, como ofrenda de olor grato a Jehov.
Cuando ofrezcas un novillo como holocausto o sacrificio, como voto especial o de paz a Jehov,
ofrecers con el novillo una ofrenda de tres dcimas de flor de harina, amasada con la mitad de un hin de aceite;
y de vino para la libacin presentars la mitad de un hin, como ofrenda quemada de olor grato a Jehov.
As se har con cada buey o carnero o cordero de las ovejas o cabrito.
Sea cual sea el nmero de animales, as haris con cada uno de ellos.
Todo natural har estas cosas as, para presentar una ofrenda quemada de olor grato a Jehov.
"Si un extranjero que habita con vosotros, o cualquiera que viva entre vosotros, quiere presentar una ofrenda de olor grato a Jehov, lo har tal como vosotros lo hacis, por vuestras generaciones.
Un mismo estatuto tendris en la congregacin para vosotros y para el extranjero que con vosotros vive. Ser estatuto perpetuo por vuestras generaciones; igual que vosotros, as ser el extranjero delante de Jehov.
Una misma ley y un mismo decreto tendris, vosotros y el extranjero que con vosotros vive".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayis entrado en la tierra a la cual yo os llevo,
cuando comencis a comer del pan de la tierra, presentaris una ofrenda a Jehov.
De lo primero que amasis, presentaris una torta como ofrenda; como la ofrenda de la era, as la ofreceris.
De las primicias de vuestra masa daris a Jehov una ofrenda por vuestras generaciones.
"Cuando involuntariamente dejis de cumplir cualquiera de estos mandamientos que Jehov ha comunicado a Moiss,
cualquiera de las cosas que Jehov os ha mandado por medio de Moiss, desde el da que Jehov lo mand en adelante, por generaciones,
si el pecado involuntario fue cometido ignorndolo la congregacin, toda la congregacin ofrecer un novillo como holocausto de olor grato a Jehov, con su ofrenda y su libacin conforme a la ley, y un macho cabro como expiacin.
Luego el sacerdote har expiacin por toda la congregacin de los hijos de Israel, y les ser perdonado, porque se trata de un error involuntario. Ellos presentarn sus ofrendas, ofrenda que se quema a Jehov, y sus expiaciones delante de Jehov, por esos errores.
Y ser perdonado a toda la congregacin de los hijos de Israel, y al extranjero que vive entre ellos, por cuanto es una falta involuntaria de todo el pueblo.
"Si una persona peca involuntariamente, ofrecer una cabra de un ao para expiacin.
El sacerdote har expiacin por la persona que haya pecado involuntariamente delante de Jehov, la reconciliar, y le ser perdonado.
Una misma ley tendris para el que peque involuntariamente, ya se trate de uno de los hijos de Israel o del extranjero que viva entre ellos.
"Pero la persona que haga algo con soberbia, sea el natural o el extranjero, ultraja a Jehov; esa persona ser eliminada de en medio de su pueblo.
Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehov y menospreci su mandamiento, esa persona ser eliminada por completo y su pecado caer sobre ella".
Cuando los hijos de Israel estaban en el desierto, hallaron a un hombre que recoga lea en sbado.
Los que lo hallaron recogiendo lea lo llevaron ante Moiss, Aarn y toda la congregacin.
Lo pusieron en la crcel, porque no estaba determinado qu se le haba de hacer.
Entonces Jehov dijo a Moiss: "Irremisiblemente ese hombre debe morir: apedrelo toda la congregacin fuera del campamento".
La congregacin lo sac fuera del campamento, y lo apedrearon hasta que muri, como Jehov haba mandado a Moiss.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan unos flecos en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada fleco de los bordes un cordn de azul.
Llevaris esos flecos para que cuando lo veis os acordis de todos los mandamientos de Jehov. As los pondris por obra y no seguiris los apetitos de vuestro corazn y de vuestros ojos, que han hecho que os prostituyis.
As os acordaris y cumpliris todos mis mandamientos, para que seis santos ante vuestro Dios.
Yo soy Jehov, vuestro Dios, que os saqu de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, Jehov, vuestro Dios".
Cor hijo de Izhar hijo de Coat hijo de Lev, con Datn y Abiram hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, descendientes de Rubn, tomaron gente
y se levantaron contra Moiss con doscientos cincuenta hombres de los hijos de Israel, prncipes de la congregacin, miembros del consejo, hombres de renombre.
Se juntaron contra Moiss y Aarn, y les dijeron: -- Basta ya de vosotros! Toda la congregacin, todos ellos son santos y en medio de ellos est Jehov. Por qu, pues, os encumbris vosotros sobre la congregacin de Jehov?
Cuando oy esto Moiss, se postr sobre su rostro.
Luego habl a Cor y a todo su squito, y les dijo: -- Maana mostrar Jehov quin le pertenece y quin es santo, y har que se acerque a l. Al que l escoja, lo acercar a s.
Haced esto: tomad los incensarios de Cor y de todo su squito,
poned fuego en ellos y echad en ellos incienso delante de Jehov maana. Aquel a quien Jehov escoja, ese ser el santo; esto os baste, hijos de Lev.
Dijo Moiss a Cor: -- Od ahora, hijos de Lev:
Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregacin de Israel, acercndoos a l para que ministris en el servicio del tabernculo de Jehov y estis delante de la congregacin para ministrarles?
Hizo que te acercaras, junto con todos tus hermanos, los hijos de Lev, y ahora procuris tambin el sacerdocio?
Por tanto, t y todo tu squito sois los que os juntis contra Jehov; porque quin es Aarn para que contra l murmuris?
Luego Moiss mand llamar a Datn y Abiram, hijos de Eliab. Pero ellos respondieron: -- No iremos all.
Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que tambin te quieres enseorear de nosotros imperiosamente?
Tampoco nos has metido t en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y vias. Sacars los ojos de estos hombres? No subiremos!
Entonces Moiss se enoj mucho, y dijo a Jehov: -- No aceptes su ofrenda! Ni aun un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho mal.
Despus dijo Moiss a Cor: -- T y todo tu squito, poneos maana delante de Jehov; t, ellos y Aarn.
Que cada uno tome su incensario, le ponga incienso y se acerque a la presencia de Jehov cada uno con su incensario: doscientos cincuenta incensarios en total. T tambin, y Aarn, cada uno con su incensario.
Tom cada uno su incensario, pusieron en ellos el fuego, echaron en ellos incienso y se pusieron a la puerta del Tabernculo de reunin junto con Moiss y Aarn.
Ya Cor haba reunido contra ellos a toda la congregacin a la puerta del Tabernculo de reunin; entonces la gloria de Jehov se apareci a toda la congregacin.
Jehov habl a Moiss y a Aarn, y les dijo:
-- Apartaos de esta congregacin, y los consumir en un momento!
Ellos se postraron sobre sus rostros y dijeron: -- Dios, Dios de los espritus de toda carne, no es un solo hombre el que pec? Por qu airarte contra toda la congregacin?
Jehov habl a Moiss y le dijo:
-- Habla a la congregacin y diles: Apartaos de los alrededores de la tienda de Cor, Datn y Abiram.
Moiss se levant y fue adonde estaban Datn y Abiram, y los ancianos de Israel lo siguieron.
Y habl a la congregacin, diciendo: -- Apartaos ahora de las tiendas de estos hombres impos, y no toquis ninguna cosa suya, para que no perezcis por todos sus pecados.
Ellos se apartaron de los alrededores de las tiendas de Cor, de Datn y de Abiram; y Datn y Abiram salieron y se pusieron a la entrada de sus tiendas, con sus mujeres, sus hijos y sus pequeuelos.
Moiss dijo: -- En esto conoceris que Jehov me ha enviado para que hiciera todas estas cosas, y que no las hice de mi propia voluntad.
Si como mueren todos los hombres mueren estos, o si al ser visitados ellos corren la suerte de todos los hombres, Jehov no me envi.
Pero si Jehov hace algo nuevo, si la tierra abre su boca y se los traga con todas sus cosas, y descienden vivos al seol, entonces conoceris que estos hombres irritaron a Jehov.
Aconteci que cuando termin de decir todas estas palabras, se abri la tierra que estaba debajo de ellos.
Abri la tierra su boca y se los trag a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Cor y a todos sus bienes.
Ellos, con todo lo que tenan, descendieron vivos al seol; los cubri la tierra y desaparecieron de en medio de la congregacin.
Al oir sus gritos, todo Israel, los que estaban en derredor de ellos, huyeron, diciendo: "No sea que nos trague tambin la tierra!".
Tambin sali fuego de la presencia de Jehov, que consumi a los doscientos cincuenta hombres que ofrecan el incienso.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Di a Eleazar, hijo del sacerdote Aarn, que tome los incensarios de en medio del incendio y derrame ms all el fuego, porque estn santificados
los incensarios de estos que pecaron contra sus almas. Harn de ellos planchas batidas para cubrir el altar, por cuanto ofrecieron con ellos delante de Jehov y estn santificados. Sern como una seal para los hijos de Israel".
El sacerdote Eleazar tom los incensarios de bronce con que los quemados haban ofrecido, y los convirtieron en lminas para cubrir el altar,
como recuerdo a los hijos de Israel de que ningn extrao que no sea de la descendencia de Aarn se acerque para ofrecer incienso delante de Jehov, no sea que le ocurra como a Cor y como a su squito, segn se lo dijo Jehov por medio de Moiss.
Al da siguiente, toda la congregacin de los hijos de Israel murmur contra Moiss y Aarn, diciendo: "Vosotros habis dado muerte al pueblo de Jehov".
Aconteci que cuando se junt la congregacin contra Moiss y Aarn, miraron hacia el Tabernculo de reunin y vieron que la nube lo haba cubierto, y apareci la gloria de Jehov.
Entonces fueron Moiss y Aarn delante del Tabernculo de reunin,
y Jehov dijo a Moiss:
"Apartaos de en medio de esta congregacin, y los consumir en un momento!" Ellos se postraron sobre sus rostros.
Y Moiss dijo a Aarn: "Toma el incensario, pon en l fuego del altar y chale incienso; vete enseguida adonde est la congregacin, y haz expiacin por ellos, porque el furor ha salido de la presencia de Jehov y la mortandad ha comenzado".
Aarn tom el incensario, como Moiss dijo, y corri en medio de la congregacin; la mortandad haba comenzado ya en el pueblo. Puso el incienso e hizo expiacin por el pueblo.
Luego se puso entre los muertos y los vivos, y ces la mortandad.
Los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil setecientos, sin contar los muertos por la rebelin de Cor.
Despus, cuando la mortandad haba cesado, volvi Aarn con Moiss a la puerta del Tabernculo de reunin.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel, y toma de todos sus prncipes una vara por cada casa paterna: doce varas en total, conforme a las casas de sus padres. T escribirs el nombre de cada uno sobre su vara,
y sobre la vara de Lev escribirs el nombre de Aarn, pues cada jefe de familia paterna tendr una vara.
Las pondrs en el Tabernculo de reunin delante del Testimonio, donde yo me manifestar a vosotros.
Florecer la vara del hombre que yo escoja, y as har cesar delante de m las quejas que murmuran los hijos de Israel contra vosotros".
Moiss habl a los hijos de Israel, y todos los prncipes de ellos le dieron varas; cada prncipe una vara en representacin de sus casas paternas: en total doce varas. La vara de Aarn estaba entre las varas de ellos.
Moiss puso las varas delante de Jehov en el tabernculo del Testimonio.
Y aconteci que al da siguiente fue Moiss al tabernculo del Testimonio y vio que la vara de Aarn de la casa de Lev haba reverdecido, echado flores, arrojado renuevos y producido almendras.
Entonces sac Moiss todas las varas de delante de Jehov ante todos los hijos de Israel; ellos lo vieron, y tom cada uno su vara.
Y Jehov dijo a Moiss: "Vuelve a colocar la vara de Aarn delante del Testimonio, para que se guarde como seal para los hijos rebeldes. As hars cesar sus quejas delante de m, para que no mueran".
Moiss hizo como le mand Jehov: as lo hizo.
Entonces los hijos de Israel dijeron a Moiss: "Nos estamos muriendo! Estamos perdidos! Todos nosotros estamos perdidos!
Cualquiera que se acerque, el que se llegue al tabernculo de Jehov, morir. Acabaremos por perecer todos?".
Jehov dijo a Aarn: "T, tus hijos y tu casa paterna cargaris con el pecado del santuario; y t y tus hijos cargaris con el pecado de vuestro sacerdocio.
Haz que tambin tus hermanos se acerquen a ti y se renan contigo: la tribu de Lev, la tribu de tu padre, y te servirn. T y tus hijos serviris delante del tabernculo del Testimonio.
Harn lo que t ordenes y cuidarn de todo el Tabernculo, pero no se acercarn a los utensilios santos ni al altar, para que no mueran ellos y vosotros.
Colaborarn, pues, contigo, y desempearn el ministerio del Tabernculo de reunin, todo el servicio del Tabernculo, y ningn extrao se ha de acercar a vosotros.
Tendris el cuidado del santuario, y el cuidado del altar, para que no venga ms la ira sobre los hijos de Israel.
Porque yo he tomado a vuestros hermanos, los levitas, de entre los hijos de Israel, dados a vosotros como un don de Jehov, para que sirvan en el ministerio del Tabernculo de reunin.
Pero t y tus hijos contigo os ocuparis de vuestro sacerdocio en todo lo relacionado con el altar, del velo adentro, y ministraris. Yo os he dado como un don el servicio de vuestro sacerdocio; el extrao que se acerque, morir".
Jehov dijo a Aarn: "Yo te he dado tambin el cuidado de mis ofrendas. Todas las cosas consagradas de los hijos de Israel te las he dado a ti y a tus hijos en virtud de la uncin, por estatuto perpetuo.
Esto ser tuyo de la ofrenda de las cosas santas, reservadas del fuego: todas las ofrendas que me han de presentar, todo presente suyo, toda expiacin por su pecado y toda expiacin por su culpa, ser cosa muy santa para ti y para tus hijos.
En el santuario la comers; todo varn comer de ella. Cosa santa ser para ti.
"Esto tambin ser tuyo: la ofrenda elevada de sus dones y todas las ofrendas mecidas de los hijos de Israel; te las he dado a ti, a tus hijos y a tus hijas por estatuto perpetuo. Cualquiera que est limpio en tu casa, comer de ellas.
De aceite, de mosto y de trigo, todo lo ms escogido, las primicias de ello, que presentarn a Jehov, para ti las he dado.
Las primicias de todas las cosas de su tierra, las cuales traern a Jehov, sern tuyas. Cualquiera que est limpio en tu casa, comer de ellas.
Todo lo consagrado por voto en Israel ser tuyo.
"Todo lo que abre matriz, de toda carne, tanto de hombres como de animales que se ofrecen a Jehov, ser tuyo. Pero hars que se redima el primognito del hombre y hars tambin redimir el primognito de animal inmundo.
De un mes de nacidos hars efectuar su rescate, conforme a tu estimacin, por el precio de cinco siclos, conforme al siclo del santuario, que es de veinte geras.
Pero no redimirs el primognito de vaca, el primognito de oveja y el primognito de cabra: santificados son. Rociars su sangre sobre el altar y quemars su grasa, ofrenda quemada de olor grato a Jehov.
Su carne ser tuya; as como el pecho de la ofrenda mecida y la pierna derecha.
Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas que los hijos de Israel presenten a Jehov, las he dado para ti, tus hijos y tus hijas por estatuto perpetuo. Un pacto de sal perpetuo es este delante de Jehov para ti y tu descendencia".
Jehov dijo a Aarn: "De la tierra de ellos no tendrs heredad ni entre ellos tendrs parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel.
Yo he dado a los hijos de Lev todos los diezmos en Israel como heredad por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del Tabernculo de reunin.
Los hijos de Israel no se acercarn al Tabernculo de reunin, para que no carguen con un pecado por el cual mueran.
Pero los levitas harn el servicio del Tabernculo de reunin, y ellos cargarn con su iniquidad. Es estatuto perpetuo para vuestros descendientes: no poseern heredad entre los hijos de Israel.
Porque a los levitas les he dado como heredad los diezmos de los hijos de Israel, que presentarn como ofrenda a Jehov, por lo cual les he dicho: "Entre los hijos de Israel no poseern heredad"".
Jehov dijo a Moiss:
"Hablars a los levitas y les dirs: Cuando tomis los diezmos de los hijos de Israel que os he dado como vuestra heredad, vosotros presentaris de ellos, como ofrenda mecida a Jehov, el diezmo de los diezmos.
Se os contar vuestra ofrenda como grano de la era y como producto del lagar.
As presentaris tambin vuestra ofrenda a Jehov de todos los diezmos que recibis de los hijos de Israel; se la daris al sacerdote Aarn como ofrenda reservada a Jehov.
De todos los dones que recibis, reservaris la ofrenda a Jehov; de todo lo mejor de ellos separaris la porcin que ha de ser consagrada.
"Tambin les dirs: Cuando hayis separado lo mejor de los dones, que le ser contado a los levitas como producto de la era y como producto del lagar,
lo comeris en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias, pues es vuestra remuneracin por vuestro ministerio en el Tabernculo de reunin.
No cargaris con ningn pecado, cuando presentis lo mejor. As no contaminaris las cosas santas de los hijos de Israel, y no moriris".
Jehov habl a Moiss y a Aarn, y les dijo:
"Esta es la ordenanza de la ley que Jehov ha prescrito, diciendo: Di a los hijos de Israel que te traigan una vaca rojiza, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no se haya puesto yugo.
La daris a Eleazar, el sacerdote, quien la sacar fuera del campamento y la har degollar en su presencia.
Entonces Eleazar, el sacerdote, tomar de la sangre con su dedo y rociar siete veces con ella hacia la parte delantera del Tabernculo de reunin.
Despus har quemar la vaca ante sus ojos; har quemar su cuero, su carne, su sangre y hasta su estircol.
Luego tomar el sacerdote madera de cedro, hisopo y tela roja, y lo echar en medio del fuego en que arde la vaca.
El sacerdote lavar luego sus vestidos, lavar tambin su cuerpo con agua y despus entrar en el campamento; y el sacerdote quedar impuro hasta la noche.
Asimismo el que la quem lavar sus vestidos en agua, tambin lavar en agua su cuerpo, y quedar impuro hasta la noche.
Un hombre que est puro recoger las cenizas de la vaca y las pondr fuera del campamento en lugar limpio, y las guardar la congregacin de los hijos de Israel para el agua de purificacin; es un sacrificio de expiacin.
El que recogi las cenizas de la vaca lavar sus vestidos, y quedar impuro hasta la noche. Este ser estatuto perpetuo para los hijos de Israel y para el extranjero que habita entre ellos.
"El que toque un cadver de cualquier persona, quedar impuro siete das.
Al tercer da se purificar con aquella agua, y al sptimo da ser limpio. Si al tercer da no se purifica, no ser limpio al sptimo da.
Todo aquel que toque un cadver de cualquier persona, y no se purifique, contamina el tabernculo de Jehov. Esa persona ser eliminada de Israel, por cuanto el agua de la purificacin no fue rociada sobre l: impuro quedar, y su impureza permanecer sobre l.
"Esta es la ley para cuando alguien muera en la tienda: cualquiera que entre en la tienda, y todo el que est en ella, quedar impuro durante siete das.
Y toda vasija abierta, cuya tapa no est bien ajustada, ser inmunda.
"Cualquiera que en campo abierto toque a algn muerto a espada, o algn cadver o hueso humano o sepulcro, siete das quedar impuro.
"Para el impuro tomarn de la ceniza de la vaca quemada de la expiacin, y echarn sobre ella agua corriente en un recipiente.
Luego un hombre que est puro tomar hisopo, lo mojar en el agua y rociar sobre la tienda, sobre todos los muebles, sobre las personas que all estn, y sobre aquel que haya tocado el hueso, el asesinado, el muerto o el sepulcro.
El hombre que est puro rociar sobre el impuro los das tercero y sptimo, y cuando lo haya purificado al sptimo da, lavar sus vestidos, se lavar a s mismo con agua y quedar limpio por la noche.
La persona impura que no se purifique, ser eliminada de en medio de la congregacin, por cuanto contamin el tabernculo de Jehov; no fue rociada sobre l el agua de la purificacin: es impuro.
Les ser estatuto perpetuo. Tambin el que roce el agua de la purificacin lavar sus vestidos, y el que toque el agua de la purificacin quedar impuro hasta la noche.
Y todo lo que el impuro toque, ser inmundo; y la persona que lo toque a l, quedar impura hasta la noche".
Llegaron los hijos de Israel, toda la congregacin, al desierto de Zin, en el primer mes, y acamp el pueblo en Cades. All muri Mara, y all fue sepultada.
Porque no haba agua para la congregacin, se juntaron contra Moiss y Aarn.
Y el pueblo se quej contra Moiss, diciendo: "Ojal hubiramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehov!
Por qu hiciste venir la congregacin de Jehov a este desierto, para que muramos aqu nosotros y nuestras bestias?
Y por qu nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este horrible lugar? No es un lugar de sementera, de higueras, de vias ni de granados, ni aun de agua para beber".
Moiss y Aarn, apartndose de la congregacin, fueron a la puerta del Tabernculo de reunin y se postraron sobre sus rostros. Entonces la gloria de Jehov se les apareci.
Y Jehov dijo a Moiss:
"Toma la vara y rene a la congregacin, t con tu hermano Aarn, y hablad a la pea a la vista de ellos. Ella dar su agua; as sacars para ellos aguas de la pea, y dars de beber a la congregacin y a sus bestias".
Entonces Moiss tom la vara de delante de Jehov, como l le mand.
Reunieron Moiss y Aarn a la congregacin delante de la pea, y l les dijo: "Od ahora, rebeldes! Haremos salir agua de esta pea para vosotros?"
Y alzando su mano, Moiss golpe la pea con su vara dos veces. Brot agua en abundancia, y bebi la congregacin y sus bestias.
Pero Jehov dijo a Moiss y a Aarn: "Por cuanto no cresteis en m, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no entraris con esta congregacin en la tierra que les he dado".
Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehov, y l manifest su santidad en medio de ellos.
Envi Moiss embajadores al rey de Edom desde Cades, con este mensaje: "As dice Israel, tu hermano: "T has sabido todas las dificultades por las que hemos pasado:
cmo nuestros padres descendieron a Egipto, cmo estuvimos en Egipto largo tiempo y cmo los egipcios nos maltrataron a nosotros y a nuestros padres.
Entonces clamamos a Jehov, que oy nuestra voz, envi un ngel y nos sac de Egipto. Ahora estamos en Cades, ciudad cercana a tus fronteras.
Te rogamos que nos dejes pasar por tu tierra. No pasaremos por los campos de labranza ni por las vias, ni beberemos agua de los pozos; por el camino real iremos, sin apartarnos a diestra ni a siniestra, hasta que hayamos atravesado tu territorio"".
Edom le respondi: -- No pasars por mi pas; de otra manera, saldr contra ti armado.
Los hijos de Israel le dijeron: -- Por el camino principal iremos, y si bebemos tus aguas yo y mis ganados, pagaremos su precio. Djame solamente pasar a pie, nada ms.
Pero l respondi: -- No pasars. Y sali Edom contra l con mucho pueblo y mano fuerte.
No quiso, pues, Edom dejar pasar a Israel por su territorio. Entonces Israel se desvi de l.
Los hijos de Israel, toda aquella congregacin, partieron de Cades y llegaron al monte Hor.
Jehov habl a Moiss y a Aarn en el monte Hor, en la frontera de la tierra de Edom, diciendo:
"Aarn va a ser reunido a su pueblo, pues no entrar en la tierra que yo di a los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento en las aguas de la rencilla.
Toma a Aarn y a Eleazar, su hijo, y hazlos subir al monte Hor;
desnuda a Aarn de sus vestiduras y viste con ellas a Eleazar, su hijo, porque Aarn ser reunido a su pueblo, y all morir".
Moiss hizo como Jehov le mand. Subieron al monte Hor a la vista de toda la congregacin.
Luego Moiss desnud a Aarn de sus vestiduras y se las puso a Eleazar, su hijo. Aarn muri all en la cumbre del monte, y Moiss y Eleazar descendieron del monte.
Al saber toda la congregacin que Aarn haba muerto, le hicieron duelo por treinta das todas las familias de Israel.
Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oy que vena Israel por el camino de Atarim, pele contra Israel y le tom algunos prisioneros.
Entonces Israel hizo este voto a Jehov: "Si en efecto entregas este pueblo en mis manos, yo destruir sus ciudades".
Jehov escuch la voz de Israel y le entreg al cananeo, y los destruy a ellos y a sus ciudades. Por eso recibi aquel lugar el nombre de Horma.
Despus partieron del monte Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom. Pero se desanim el pueblo por el camino
y comenz a hablar contra Dios y contra Moiss: "Por qu nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y estamos cansados de este pan tan liviano".
Entonces Jehov envi contra el pueblo unas serpientes venenosas que mordan al pueblo, y as muri mucha gente de Israel.
Entonces el pueblo acudi a Moiss y le dijo: "Hemos pecado por haber hablado contra Jehov y contra ti; ruega a Jehov para que aleje de nosotros estas serpientes". Moiss or por el pueblo,
y Jehov le respondi: "Hazte una serpiente ardiente y ponla sobre una asta; cualquiera que sea mordido y la mire, vivir".
Hizo Moiss una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta. Y cuando alguna serpiente morda a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y viva.
Despus partieron los hijos de Israel y acamparon en Obot.
Luego partieron de Obot y acamparon en Ije-abarim, en el desierto que est enfrente de Moab, hacia el nacimiento del sol.
Partieron de all y acamparon en el valle de Zered.
De all partieron y acamparon al otro lado del Arnn, que est en el desierto y que sale del territorio del amorreo, pues el Arnn sirve de lmite entre Moab y el amorreo.
Por eso se dice en el libro de las batallas de Jehov: "Lo que hizo en el Mar Rojo y en los arroyos del Arnn;
y a la corriente de los arroyos que va a parar en Ar y descansa en el lmite de Moab".
De all pasaron a Beer: este es el pozo del cual Jehov dijo a Moiss: "Rene al pueblo, y les dar agua".
Entonces, enton Israel este cntico: "Sube, pozo! A l cantad!
Pozo que cavaron los seores, que cavaron los prncipes del pueblo, con sus cetros, con sus bastones". Del desierto fueron a Matana,
de Matana a Nahaliel, de Nahaliel a Bamot,
y de Bamot al valle que est en los campos de Moab, y a la cumbre del Pisga, que mira hacia el desierto.
Entonces envi Israel embajadores a Sehn, rey de los amorreos, con este mensaje:
"Pasar por tu tierra; no nos iremos por los sembrados ni por las vias, ni beberemos las aguas de los pozos. Por el camino real iremos, hasta que atravesemos tu territorio".
Pero Sehn no dej pasar a Israel por su territorio, sino que junt Sehn todo su pueblo y sali contra Israel en el desierto, lleg a Jahaza y all pele contra Israel.
Israel lo hiri a filo de espada y se apoder de su tierra desde el Arnn hasta el Jaboc, hasta los lmites de los hijos de Amn, porque la frontera de los hijos de Amn estaba fortificada.
Tom Israel todas estas ciudades, y habit Israel en todas las ciudades del amorreo, en Hesbn y en todas sus aldeas.
Porque Hesbn era la ciudad de Sehn, rey de los amorreos, el cual haba estado en guerra antes con el rey de Moab, y le haba quitado todo su territorio hasta el Arnn.
Por eso dicen los proverbistas: "Venid a Hesbn! Que sea reedificada! Que sea restaurada la ciudad de Sehn.
Porque fuego ha salido de Hesbn, y llama de la ciudad de Sehn, que consumi a Ar de Moab, a los seores de las alturas del Arnn.
Ay de ti, Moab! Pereciste, pueblo de Quemos! Fueron puestos en fuga sus hijos, y sus hijas en cautividad, por Sehn, rey de los amorreos.
Mas devastamos su reino; pereci Hesbn hasta Dibn, y destruimos hasta Nofa y Medeba".
As habit Israel en la tierra del amorreo.
Tambin envi Moiss a reconocer a Jazer; y tomaron sus aldeas y echaron al amorreo que estaba all.
Despus volvieron y subieron camino de Basn. Sali contra ellos Og, rey de Basn, junto con toda su gente, para pelear en Edrei.
Entonces Jehov dijo a Moiss: "No le tengas miedo, porque en tus manos lo he entregado, a l con todo su pueblo y su tierra. Hars con l como hiciste con Sehn, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbn".
As lo hirieron a l, a sus hijos y a toda su gente, sin que quedara uno con vida, y se apoderaron de su tierra.
Partieron los hijos de Israel y acamparon en los campos de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric.
Vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel haba hecho al amorreo,
y sinti Moab un gran temor por aquel pueblo, pues era muy numeroso. Se angusti Moab a causa de los hijos de Israel,
y dijo a los ancianos de Madin: "Ahora esta gente va a devorar todos nuestros contornos, como devora el buey la grama del campo". Balac hijo de Zipor, que entonces era rey de Moab,
envi mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, que est junto al ro en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamaran, diciendo: "Un pueblo que ha salido de Egipto cubre toda la tierra y se ha establecido frente a m.
Ven pues, ahora, te ruego, y maldceme a este pueblo, porque es ms fuerte que yo; quiz yo pueda herirlo y echarlo de la tierra, pues yo s que el que t bendigas bendito quedar, y el que t maldigas maldito quedar".
Partieron los ancianos de Moab y los ancianos de Madin con las ddivas de adivinacin en sus manos. Llegaron a Balaam y le comunicaron las palabras de Balac.
Balaam les respondi: -- Reposad aqu esta noche, y yo os responder segn Jehov me hable. As los prncipes de Moab se quedaron con Balaam.
Entonces se le apareci Dios a Balaam y le pregunt: -- Quines son estos que estn contigo?
Balaam respondi a Dios: -- Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme:
"Este pueblo que ha salido de Egipto cubre toda la tierra. Ven pues, ahora, y maldcemelo; quiz podr pelear contra l y echarlo".
Entonces dijo Dios a Balaam: -- No vayas con ellos ni maldigas al pueblo, porque bendito es.
Balaam se levant por la maana y dijo a los prncipes de Balac: -- Volveos a vuestra tierra, porque Jehov no me quiere dejar ir con vosotros.
Los prncipes de Moab se levantaron, regresaron a donde estaba Balac y le dijeron: -- Balaam no quiso venir con nosotros.
Otra vez volvi Balac a enviar prncipes, en mayor nmero y ms honorables que los otros,
los cuales fueron a ver a Balaam y le dijeron: -- As dice Balac hijo de Zipor: "Te ruego que no dejes de venir a m,
pues sin duda te honrar mucho y har todo lo que me digas. Ven, pues, ahora, y maldceme a este pueblo".
Balaam respondi a los siervos de Balac: -- Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehov, mi Dios, para hacer cosa chica ni grande.
Os ruego, por tanto, ahora, que reposis aqu esta noche, para que yo sepa qu me vuelve a decir Jehov.
Y se le apareci Dios a Balaam de noche, y le dijo: "Si vinieron para llamarte estos hombres, levntate y vete con ellos; pero hars lo que yo te diga".
Balaam se levant por la maana, ensill su asna y se fue con los prncipes de Moab.
Pero la ira de Dios se encendi porque l iba, y el ngel de Jehov se puso en el camino como un adversario suyo. Iba, pues, l montado sobre su asna, y con l dos criados suyos.
Cuando el asna vio al ngel de Jehov, que estaba en el camino con la espada desnuda en la mano, se apart del camino y se fue por el campo. Entonces azot Balaam al asna para hacerla volver al camino.
Pero el ngel de Jehov se puso en una senda de vias que tena pared a un lado y pared al otro.
Al ver el asna al ngel de Jehov, se peg a la pared, y apret contra la pared el pie de Balaam. l volvi a azotarla.
El ngel de Jehov pas ms all, y se puso en un sendero angosto donde no haba camino para apartarse ni a la derecha ni a la izquierda.
Cuando el asna vio al ngel de Jehov, se ech al suelo debajo de Balaam. Balaam se enoj y azot al asna con un palo.
Entonces Jehov abri la boca al asna, la cual dijo a Balaam: -- Qu te he hecho, que me has azotado estas tres veces?
-- Porque te has burlado de m -- respondi Balaam al asna -- . Si tuviera una espada en mi mano, ahora mismo te matara!
El asna dijo a Balaam: -- No soy yo tu asna? Sobre m has cabalgado desde que t me tienes hasta este da Acaso acostumbro a portarme as contigo? -- No -- respondi l.
Entonces Jehov abri los ojos de Balaam, que vio al ngel de Jehov en medio del camino, con la espada desnuda en la mano. Balaam hizo una reverencia y se postr sobre su rostro.
El ngel de Jehov le dijo: -- Por qu has azotado a tu asna estas tres veces? Yo soy el que ha salido a resistirte, porque tu camino es perverso delante de m.
El asna me ha visto y se ha apartado de m estas tres veces. Y si de m no se hubiera apartado, ya te hubiera matado a ti, y a ella la habra dejado viva.
Entonces Balaam dijo al ngel de Jehov: -- He pecado, porque no saba que t te ponas delante de m en el camino; pero ahora, si te parece mal, yo regresar.
Pero el ngel de Jehov respondi a Balaam: -- Ve con esos hombres; pero la palabra que yo te diga, esa hablars. As Balaam se fue con los prncipes de Balac.
Cuando Balac oy que Balaam vena, sali a recibirlo a la ciudad de Moab, que est junto al lmite de Arnn, en los confines de su territorio.
Y Balac dijo a Balaam: -- No envi yo a llamarte? Por qu no has venido ante m? No puedo yo honrarte?
Balaam respondi a Balac: -- Mira, ya he venido ante ti; pero podr ahora decir alguna cosa? La palabra que Dios ponga en mi boca, esa hablar.
Luego fue Balaam con Balac, y llegaron a Quiriat-huzot.
Balac hizo matar bueyes y ovejas, y lo envi a Balaam y a los prncipes que estaban con l.
Al da siguiente, Balac tom a Balaam y lo hizo subir a Bamot-baal, y desde all vio una parte del pueblo.
Balaam dijo a Balac: -- Edifcame aqu siete altares, y preprame aqu siete becerros y siete carneros.
Balac hizo como le dijo Balaam, y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar.
Luego Balaam dijo a Balac: -- Ponte junto a tu holocausto, y yo ir; quiz Jehov salga a mi encuentro, y cualquier cosa que me muestre, te la har saber. Y se fue a un monte descubierto.
Entonces vino Dios al encuentro de Balaam, y este le dijo: -- Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero.
Jehov puso una palabra en la boca de Balaam y le dijo: -- Vuelve donde est Balac y comuncale lo que yo te he dicho.
Volvi a l y lo hall junto a su holocausto, acompaado de todos los prncipes de Moab.
Entonces Balaam pronunci esta profeca: "De Aram me trajo Balac, rey de Moab, desde los montes del oriente. "Ven, maldceme a Jacob; ven, execra a Israel!".
Por qu maldecir yo al que Dios no maldijo? Por qu he de execrar al que Jehov no ha execrado?
Porque desde la cumbre de las peas puedo verlo, desde los collados puedo mirarlo; es un pueblo que habita confiado y no se cuenta entre las naciones.
Quin contar el polvo de Jacob o el nmero de la cuarta parte de Israel? Que muera yo la muerte de los rectos y mi fin sea como el suyo".
Entonces Balac dijo a Balaam: -- Qu me has hecho? Te he trado para que maldigas a mis enemigos, y t has proferido bendiciones.
l respondi y dijo: -- No debo cuidarme de decir lo que Jehov ponga en mi boca?
Entonces dijo Balac: -- Te ruego que vengas conmigo a otro lugar desde el cual los veas, si no a todos, por lo menos a una parte de ellos, y desde all me los maldecirs.
Y lo llev al campo de Zofim, a la cumbre de Pisga. All edific siete altares, y ofreci un becerro y un carnero en cada altar.
Entonces Balaam dijo a Balac: "Ponte aqu, junto a tu holocausto, y yo ir a encontrar a Dios all".
Jehov sali al encuentro de Balaam, puso una palabra en su boca, y le dijo: "Vuelve donde est Balac, y dile as".
Volvi a l y lo hall junto a su holocausto, acompaado de los prncipes de Moab. Balac le pregunt: "Qu ha dicho Jehov?".
Entonces Balaam pronunci esta profeca: "Balac, levntate y oye; escucha mis palabras, hijo de Zipor:
Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Acaso dice y no hace? Acaso promete y no cumple?
He recibido orden de bendecir; l dio una bendicin, y no podr revocarla.
No ha notado iniquidad en Jacob ni ha visto perversidad en Israel. Jehov, su Dios, est con l, y ellos lo aclaman como rey.
Dios, que los ha sacado de Egipto, tiene fuerzas como de bfalo.
Porque contra Jacob no vale agero, ni adivinacin contra Israel. Como ahora, ser dicho de Jacob y de Israel: Lo que ha hecho Dios!
Este pueblo, como len se levanta, como len se yergue. No se echar hasta que devore la presa y beba la sangre de los muertos".
Entonces Balac dijo a Balaam: -- Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas.
Balaam respondi y dijo a Balac: -- No te he dicho que todo lo que Jehov me diga, eso tengo que hacer?
Luego dijo Balac a Balaam: -- Te ruego que vengas, te llevar a otro lugar. Quizs le parezca bien a Dios que desde all me lo maldigas.
Y Balac llev a Balaam a la cumbre de Peor, que mira hacia el desierto.
Entonces Balaam dijo a Balac: -- Edifcame aqu siete altares, y preprame aqu siete becerros y siete carneros.
Balac hizo como Balaam le dijo, y ofreci un becerro y un carnero en cada altar.
Cuando vio Balaam que le pareca bien a Jehov que l bendijera a Israel, no fue, como la primera y la segunda vez, en busca de agero, sino que puso su rostro hacia el desierto.
Al alzar sus ojos, vio a Israel acampado por tribus, y el espritu de Dios vino sobre l.
Entonces pronunci esta profeca: "Dice Balaam hijo de Beor, dice el varn de ojos abiertos,
dice el que oy los dichos de Dios, el que vio la visin del Omnipotente; cado, pero abiertos los ojos:
Cun hermosas son tus tiendas, Jacob, y tus habitaciones, Israel!
Como arroyos estn extendidas, como huertos junto al ro, como loes plantados por Jehov, como cedros junto a las aguas.
De sus manos destilan aguas, y su descendencia tiene agua en abundancia. Su rey es ms grande que Agag, y su reino es engrandecido.
Dios, que lo sac de Egipto, tiene fuerzas como de bfalo. Devora a las naciones enemigas, desmenuza sus huesos y las traspasa con sus flechas.
Se agazapa y se echa como un len, como una leona. Quin lo despertar? Benditos sean los que te bendigan y malditos los que te maldigan!".
Entonces se encendi la ira de Balac contra Balaam, y batiendo las manos le dijo: -- Para maldecir a mis enemigos te he llamado, pero t los has bendecido ya tres veces.
Ahora huye a tu lugar; yo dije que te honrara, pero Jehov te ha privado de honra.
Balaam le respondi: -- No lo declar yo tambin a los mensajeros que me enviaste, diciendo:
"Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, yo no podr traspasar el dicho de Jehov para hacer cosa buena ni mala de mi arbitrio, pero lo que hable Jehov, eso dir yo"?
Yo me voy ahora a mi pueblo; por tanto, ven, te indicar lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los ltimos das.
Entonces pronunci esta profeca: "Dice Balaam hijo de Beor, dice el varn de ojos abiertos;
dice el que oy los dichos de Jehov, el que sabe la ciencia del Altsimo, el que vio la visin del Omnipotente; cado, pero abiertos los ojos:
Lo veo, mas no ahora; lo contemplo, mas no de cerca: Saldr estrella de Jacob, se levantar cetro de Israel, y herir las sienes de Moab y destruir a todos los hijos de Set.
Ser tomada Edom, ser tambin tomada Seir por sus enemigos, Israel realizar grandes prodigios.
De Jacob saldr el vencedor y destruir lo que quede de la ciudad".
Al ver a Amalec, pronunci esta profeca: "Amalec es la cabeza de las naciones, mas al fin perecer para siempre".
Al ver al ceneo, pronunci esta profeca: "Fuerte es tu habitacin; en la pea est tu nido.
Pero el ceneo ser destruido, cuando Asiria te lleve cautivo".
Despus pronunci esta profeca: "Ay!, quin vivir cuando haga Dios estas cosas?
Vendrn naves de la costa de Quitim, afligirn a Asiria y afligirn tambin a Heber, mas l tambin perecer para siempre".
Entonces se levant Balaam y se fue de regreso a su lugar, y tambin Balac se fue por su camino.
Israel estaba en Sitim cuando el pueblo empez a prostituirse con las hijas de Moab,
las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; el pueblo comi y se inclin a sus dioses.
As acudi el pueblo a Baal-peor, y el furor de Jehov se encendi contra Israel.
Jehov dijo a Moiss: "Toma a todos los prncipes del pueblo y ahrcalos ante Jehov a plena luz del da, para que el ardor de la ira de Jehov se aparte de Israel".
Moiss dijo a los jueces de Israel: "Matad cada uno a aquellos de los vuestros que se han juntado con Baal-peor".
Uno de los hijos de Israel lleg trayendo una madianita adonde estaban sus hermanos, ante los ojos de Moiss y de toda la congregacin de los hijos de Israel, mientras ellos lloraban a la puerta del Tabernculo de reunin.
Al ver esto, Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarn, se levant de en medio de la congregacin, tom una lanza en su mano,
entr tras aquel hombre de Israel a la tienda y los traspas a ambos por el vientre, al varn de Israel y a la mujer. Y ces la mortandad de los hijos de Israel.
Los que murieron a causa de aquella plaga fueron veinticuatro mil.
Entonces Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarn, ha hecho apartar mi furor de los hijos de Israel, porque ha mostrado entre ellos un celo como el mo; por eso yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel.
Diles, por tanto: "Yo establezco mi pacto de paz con l.
Ser para l, y para su descendencia despus de l, el pacto del sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios e hizo expiacin por los hijos de Israel"".
El nombre del hombre que fue muerto junto con la madianita era Zimri hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simen.
Y el nombre de la mujer madianita muerta era Cozbi, hija de Zur, prncipe de pueblos, padre de familia en Madin.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Atacad a los madianitas y heridlos,
por cuanto ellos os afligieron a vosotros engandoos con sus ardides en lo tocante a Baal-peor, y en lo tocante a Cozbi, hija del prncipe de Madin, hermana de ellos, la cual fue muerta el da de la mortandad que vino por lo de Baal-peor".
Aconteci despus de la mortandad, que Jehov habl a Moiss y a Eleazar, hijo del sacerdote Aarn, y le dijo:
"Haced el censo de toda la congregacin de los hijos de Israel, de veinte aos para arriba, por las casas de sus padres, de todos los que pueden salir a la guerra en Israel".
Moiss y el sacerdote Eleazar hablaron con ellos en los campos de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric, y les dijeron:
"Registraris a la gente de veinte aos para arriba, como mand Jehov a Moiss". Los hijos de Israel que salieron de tierra de Egipto fueron:
Rubn, el primognito de Israel; los hijos de Rubn: de Enoc, la familia de los enoquitas; de Fal, la familia de los faluitas;
de Hezrn, la familia de los hezronitas; de Carmi, la familia de los carmitas.
Estas son las familias de los rubenitas; y fueron registrados de ellas 43730.
Los hijos de Fal: Eliab.
Y los hijos de Eliab: Nemuel, Datn y Abiram. Estos Datn y Abiram fueron los del consejo de la congregacin que se rebelaron contra Moiss y Aarn con el grupo de Cor, cuando este se rebel contra Jehov.
La tierra abri su boca y se los trag junto con Cor; as muri aquel grupo, cuando el fuego consumi a doscientos cincuenta hombres, para que sirvieran de escarmiento.
Pero los hijos de Cor no murieron.
Los hijos de Simen, por familias: de Nemuel, la familia de los nemuelitas; de Jamn, la familia de los jaminitas; de Jaqun, la familia de los jaquinitas;
de Zera, la familia de los zeratas; de Sal, la familia de los saulitas.
Estas son las familias de los simeonitas: 22200.
Los hijos de Gad, por familias: de Zefn, la familia de los zefonitas; de Hagui, la familia de los haguitas; de Suni, la familia de los sunitas;
de Ozni, la familia de los oznitas; de Eri, la familia de los eritas;
de Arod, la familia de los aroditas; de Areli, la familia de los arelitas.
Estas son las familias de Gad; y fueron registrados de ellas 40500.
Los hijos de Jud: Er y Onn; y Er y Onn murieron en la tierra de Canan.
Y fueron los hijos de Jud, por familias: de Sela, la familia de los selatas; de Fares, la familia de los faresitas; de Zera, la familia de los zeratas.
Los hijos de Fares fueron: de Hezrn, la familia de los hezronitas; de Hamul, la familia de los hamulitas.
Estas son las familias de Jud; y fueron registrados de ellas 76500.
Los hijos de Isacar, por familias; de Tola, la familia de los tolatas; de Fa, la familia de los funitas;
de Jasub, la familia de los jasubitas; de Simrn, la familia de los simronitas.
Estas son las familias de Isacar; y fueron registrados de ellas 64300.
Los hijos de Zabuln, por familias: de Sered, la familia de los sereditas; de Eln, la familia de los elonitas; de Jahleel, la familia de los jahleelitas.
Estas son las familias de los zabulonitas; y fueron registrados de ellas 60500.
Los hijos de Jos, por familias: Manass y Efran.
Los hijos de Manass: de Maquir, la familia de los maquiritas; y Maquir engendr a Galaad; de Galaad, la familia de los galaaditas.
Estos son los hijos de Galaad: de Jezer, la familia de los jezeritas; de Helec, la familia de los helequitas;
de Asriel, la familia de los asrielitas; de Siquem, la familia de los siquemitas;
de Semida, la familia de los semidatas; de Hefer, la familia de los heferitas.
Zelofehad hijo de Hefer no tuvo hijos sino hijas. Los nombres de las hijas de Zelofehad fueron Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa.
Estas son las familias de Manass; y fueron registrados de ellas 52700.
Estos son los hijos de Efran, por familias: de Sutela, la familia de los sutelatas; de Bequer, la familia de los bequeritas; de Tahn, la familia de los tahanitas.
Y estos son los hijos de Sutela: de Ern, la familia de los eranitas.
Estas son las familias de los hijos de Efran; y fueron registrados de ellas 32500. Estos son los hijos de Jos, por familias.
Los hijos de Benjamn, por familias: de Bela, la familia de los belatas; de Asbel, la familia de los asbelitas; de Ahiram, la familia de los ahiramitas;
de Sufam, la familia de los sufamitas; de Hufam, la familia de los hufamitas.
Y los hijos de Bela fueron Ard y Naamn: de Ard, la familia de los arditas; de Naamn, la familia de los naamitas.
Estos son los hijos de Benjamn, por familias; y fueron registrados de ellos 45600.
Estos son los hijos de Dan, por familias: de Sham, la familia de los suhamitas. Estas son las familias de los descendientes de Dan.
De las familias de los suhamitas fueron registrados 64400.
Los hijos de Aser, por familias: de Imna, la familia de los imnitas; de Isi, la familia de los isuitas; de Bera, la familia de los beriatas.
Los hijos de Bera: de Heber, la familia de los heberitas; de Malquiel, la familia de los malquielitas.
El nombre de la hija de Aser fue Sera.
Estas son las familias de los hijos de Aser; y fueron registrados de ellas 53400.
Los hijos de Neftal, por familias: de Jahzeel, la familia de los jahzeelitas; de Guni, la familia de los gunitas;
de Jezer, la familia de los jezeritas; de Silem, la familia de los silemitas.
Estas son los descendientes de Neftal, por familias; y fueron registrados de ellas 45400.
Estos son los registrados de los hijos de Israel: 601730.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Entre estos se repartir la tierra como heredad, conforme al nmero de los registrados.
A los ms numerosos dars mayor heredad; a los menos numerosos, menor heredad. A cada uno se le dar su heredad segn el nmero de los registrados.
Pero la tierra ser repartida por suertes; heredarn segn el nmero de los registrados por cada tribu paterna.
Conforme a la suerte ser repartida su heredad entre el grande y el pequeo".
Los registrados de los levitas, por familias, son estos: de Gersn, la familia de los gersonitas; de Coat, la familia de los coatitas; de Merari, la familia de los meraritas.
Estas son las familias de los levitas: la familia de los libnitas, la familia de los hebronitas, la familia de los mahlitas, la familia de los musitas, la familia de los coretas. Coat engendr a Amram.
La mujer de Amram se llam Jocabed, hija de Lev, que le naci a Lev en Egipto. Ella le dio de Amram estos hijos: Aarn, Moiss y Mara, su hermana.
A Aarn le nacieron Nadab, Abi, Eleazar e Itamar.
Pero Nadab y Abi murieron cuando ofrecieron fuego extrao delante de Jehov.
De los levitas fueron registrados 23000, todos hombres de un mes para arriba; porque no fueron registrados entre los hijos de Israel, pues no se les haba de dar heredad entre los hijos de Israel.
Estos son los censados por Moiss y el sacerdote Eleazar, los cuales hicieron el censo de los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric.
Entre estos no haba ninguno de los registrados por Moiss y el sacerdote Aarn, quienes hicieron el censo de los hijos de Israel en el desierto de Sina.
Porque Jehov haba dicho de ellos: "Morirn en el desierto", y no qued ninguno de ellos, excepto Caleb hijo de Jefone y Josu hijo de Nun.
Se acercaron las hijas de Zelofehad hijo de Hefer hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manass, de las familias de Manass hijo de Jos, los nombres de las cuales eran Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa.
Se presentaron delante de Moiss y delante del sacerdote Eleazar, delante de los prncipes y de toda la congregacin, a la puerta del Tabernculo de reunin, y dijeron:
"Nuestro padre muri en el desierto. l no estuvo en la compaa de los que se juntaron contra Jehov en el grupo de Cor, sino que por su propio pecado muri, y no tuvo hijos.
Por qu ser borrado el nombre de nuestro padre de su familia? Por no haber tenido hijos? Danos alguna heredad entre los hermanos de nuestro padre".
Moiss llev su causa delante de Jehov,
y Jehov respondi a Moiss:
"Bien dicen las hijas de Zelofehad. Les dars la posesin de una heredad entre los hermanos de su padre, y traspasars la heredad de su padre a ellas.
Y a los hijos de Israel les dirs: Cuando alguien muera sin dejar hijos, traspasaris su herencia a su hija.
Si no tiene hija, daris su herencia a sus hermanos;
y si no tiene hermanos, daris su herencia a los hermanos de su padre.
Si su padre no tiene hermanos, daris su herencia al pariente ms cercano de su familia, y de este ser". Para los hijos de Israel esto ser una norma de derecho, como Jehov mand a Moiss.
Jehov dijo a Moiss: -- Sube a este monte Abarim y vers la tierra que he dado a los hijos de Israel.
Despus que la hayas visto, t tambin sers reunido con tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarn.
Pues fuisteis rebeldes a mi mandato en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregacin, no santificndome en las aguas a los ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades, en el desierto de Zin.
Entonces respondi Moiss a Jehov:
-- Jehov, Dios de los espritus de toda carne, ponga sobre la congregacin un hombre
que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregacin de Jehov no sea como rebao sin pastor.
Jehov dijo a Moiss: -- Toma a Josu hijo de Nun, hombre en el cual hay espritu, y pon tu mano sobre l.
Presntalo luego ante el sacerdote Eleazar y ante toda la congregacin, y le dars el cargo en presencia de ellos.
Pon parte de tu dignidad sobre l, para que toda la congregacin de los hijos de Israel le obedezca.
l se presentar ante el sacerdote Eleazar y le consultar por el juicio del Urim delante de Jehov. Por el dicho de l saldrn y por el dicho de l entrarn, l y toda la comunidad de los hijos de Israel junto con l.
Moiss hizo como Jehov le haba mandado, pues tom a Josu y lo present ante el sacerdote Eleazar y ante toda la congregacin.
Puso sobre l sus manos y le dio el cargo, como Jehov haba mandado por medio de Moiss.
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Manda a los hijos de Israel y diles: Cuidaris de presentarme a su tiempo mis ofrendas, mi pan con las ofrendas quemadas de olor grato para m.
"Tambin les dirs: Esta es la ofrenda quemada que presentaris a Jehov: dos corderos sin tacha, de un ao, cada da, ser el holocausto continuo.
Ofrecers un cordero por la maana, y el otro cordero lo ofrecers a la cada de la tarde;
y como oblacin, la dcima parte de un efa de flor de harina amasada con un cuarto de un hin de aceite de olivas machacadas.
Es el holocausto continuo de olor grato que fue ordenado en el monte Sina como ofrenda quemada para Jehov.
Su libacin: la cuarta parte de un hin con cada cordero. Derramars la libacin de vino superior ante Jehov en el santuario.
Ofrecers el segundo cordero a la cada de la tarde; conforme a la ofrenda de la maana y conforme a su libacin ofrecers. Es una ofrenda quemada de olor grato a Jehov.
"Pero el sbado ofrecers dos corderos de un ao, sin defecto, y dos dcimas de flor de harina amasada con aceite como oblacin, con su libacin.
Es el holocausto de cada sbado, adems del holocausto continuo y su libacin.
"Al comienzo de vuestros meses ofreceris en holocausto a Jehov dos becerros de la vacada, un carnero y siete corderos de un ao, sin defecto;
tres dcimas de flor de harina amasada con aceite, como oblacin por cada becerro; dos dcimas de flor de harina amasada con aceite, como oblacin por el carnero,
y una dcima de flor de harina amasada con aceite, como oblacin que se ofrecer por cada cordero. Es un holocausto de olor grato, ofrenda que se quema a Jehov.
Sus libaciones de vino: medio hin por cada becerro, la tercera parte de un hin por cada carnero y la cuarta parte de un hin por cada cordero. Este es el holocausto de cada mes para todos los meses del ao.
Tambin un macho cabro en expiacin se ofrecer a Jehov, adems del holocausto continuo con su libacin.
"Pero en el primer mes, el da catorce del mes, ser la Pascua de Jehov,
y el da quince de este mes ser la fiesta solemne: durante siete das se comern panes sin levadura.
El primer da habr santa convocacin: ninguna obra de siervos haris.
Presentaris, como ofrenda que se quema en holocausto a Jehov, dos becerros de la vacada, un carnero y siete corderos de un ao, sin defecto.
Su ofrenda de harina amasada con aceite: tres dcimas por cada becerro, dos dcimas por el carnero,
y por cada uno de los siete corderos ofreceris una dcima.
Tambin ofreceris un macho cabro como expiacin para reconciliaros.
Esto ofreceris adems del holocausto de la maana, que es el holocausto continuo.
Conforme a esto ofreceris cada uno de los siete das, vianda y ofrenda que se quema con olor grato para Jehov: se ofrecer adems del holocausto continuo y de su libacin.
Y el sptimo da tendris santa convocacin: ninguna obra de siervos haris.
"Adems, el da de las primicias, cuando presentis la ofrenda de los nuevos frutos a Jehov en la fiesta de las Semanas, tendris santa convocacin: ninguna obra de siervos haris.
Ofreceris, como holocausto de olor grato a Jehov, dos becerros de la vacada, un carnero y siete corderos de un ao.
La ofrenda correspondiente ser de flor de harina amasada con aceite, tres dcimas por cada becerro, dos dcimas por el carnero,
y por cada uno de los siete corderos una dcima.
Tambin un macho cabro para hacer la expiacin por vosotros.
Los ofreceris, adems del holocausto continuo con sus ofrendas y sus libaciones. Los animales sern sin defecto.
"En el sptimo mes, el primero de mes, tendris santa convocacin: ninguna obra de siervos haris. Os ser da de tocar las trompetas.
Ofreceris como holocausto de olor grato a Jehov un becerro de la vacada, un carnero y siete corderos de un ao, sin defecto,
y su ofrenda de flor de harina amasada con aceite; tres dcimas de efa por el becerro, dos dcimas por el carnero
y una dcima por cada uno de los siete corderos;
y un macho cabro como expiacin para reconciliaros,
adems del holocausto del mes y su ofrenda, del holocausto continuo, su ofrenda y sus libaciones, conforme a la Ley, como ofrenda de olor grato quemada a Jehov.
"El diez de este mes sptimo tendris santa convocacin, y afligiris vuestras almas: ninguna obra haris.
Ofreceris como holocausto de olor grato a Jehov un becerro de la vacada, un carnero y siete corderos de un ao, que sern sin defecto.
Sus ofrendas: flor de harina amasada con aceite, tres dcimas de efa por el becerro, dos dcimas por el carnero
y una dcima por cada uno de los siete corderos;
y un macho cabro como expiacin, adems de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, del holocausto continuo, de sus ofrendas y sus libaciones.
"Tambin el da quince del sptimo mes tendris santa convocacin: ninguna obra de siervos haris y celebraris fiesta solemne a Jehov durante siete das.
Ofreceris como holocausto, como ofrenda de olor grato que se quema a Jehov, trece becerros de la vacada, dos carneros y catorce corderos de un ao, que han de ser sin defecto.
Sus ofrendas sern de flor de harina amasada con aceite, tres dcimas de efa por cada uno de los trece becerros, dos dcimas por cada uno de los dos carneros
y una dcima por cada uno de los catorce corderos;
y un macho cabro como expiacin, adems del holocausto continuo, su ofrenda y su libacin.
"El segundo da ofreceris doce becerros de la vacada, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto,
con sus ofrendas y sus libaciones por los becerros, los carneros y los corderos, segn su nmero, conforme a la Ley;
y un macho cabro como expiacin, adems del holocausto continuo, su ofrenda y su libacin.
"El tercer da ofreceris once becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto,
con sus ofrendas y sus libaciones por los becerros, los carneros y los corderos, segn su nmero, conforme a la ley;
y un macho cabro como expiacin, adems del holocausto continuo, su ofrenda y su libacin.
"El cuarto da ofreceris diez becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto,
con sus ofrendas y sus libaciones por los becerros, los carneros y los corderos, segn su nmero, conforme a la Ley;
y un macho cabro como expiacin, adems del holocausto continuo, su ofrenda y su libacin.
"El quinto da ofreceris nueve becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto,
con sus ofrendas y sus libaciones por los becerros, los carneros y los corderos, segn su nmero, conforme a la Ley;
y un macho cabro como expiacin, adems del holocausto continuo, su ofrenda y su libacin.
"El sexto da ofreceris ocho becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto,
con sus ofrendas y sus libaciones por los becerros, los carneros y los corderos, segn su nmero, conforme a la Ley;
y un macho cabro como expiacin, adems del holocausto continuo, su ofrenda y su libacin.
"El sptimo da ofreceris siete becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto,
con sus ofrendas y sus libaciones por los becerros, los carneros y los corderos, segn su nmero, conforme a la Ley;
y un macho cabro como expiacin, adems del holocausto continuo, su ofrenda y su libacin.
"El octavo da tendris solemnidad: ninguna obra de siervos haris.
Ofreceris como holocausto, como ofrenda de olor grato que se quema a Jehov, un becerro, un carnero y siete corderos de un ao, sin defecto,
con sus ofrendas y sus libaciones por el becerro, el carnero y los corderos, segn su nmero, conforme a la Ley;
y un macho cabro como expiacin, adems del holocausto continuo, su ofrenda y su libacin.
"Estas cosas ofreceris a Jehov en vuestras fiestas solemnes, adems de vuestros votos y ofrendas voluntarias, de vuestros holocaustos, ofrendas y libaciones, y de vuestras ofrendas de paz".
Y Moiss comunic a los hijos de Israel todo lo que Jehov le haba mandado.
Habl Moiss a los prncipes de las tribus de los hijos de Israel y les dijo: "Esto es lo que Jehov ha mandado:
Cuando alguien haga un voto a Jehov, o haga un juramento ligando su alma con alguna obligacin, no quebrantar su palabra; har conforme a todo lo que sali de su boca.
"Pero cuando una mujer joven, que todava vive en la casa de su padre, haga un voto a Jehov o asuma alguna obligacin,
si su padre sabe de su voto o de la obligacin con que lig su alma, y su padre no dice nada, todos los votos de ella sern firmes, y toda obligacin con que haya ligado su alma, firme ser.
Pero si su padre se lo prohbe el da en que se entera, ninguno de los votos y las obligaciones con que ella haya ligado su alma ser firme. Y Jehov la perdonar, por cuanto su padre se lo prohibi.
"Pero si es casada y hace votos, o pronuncia con sus labios cosa con que obligue su alma,
y al enterarse su marido no dice nada, los votos de ella sern firmes, y la obligacin con que lig su alma, firme ser.
Pero si cuando su marido se entera, se lo prohbe, entonces queda anulado el voto que ella hizo y el compromiso de sus labios con que lig su alma. Y Jehov la perdonar.
"Pero todo voto de viuda o repudiada con que ligue su alma ser firme.
"Si una mujer hace un voto en casa de su marido, y ha ligado su alma con alguna obligacin bajo juramento,
y al enterarse su marido no dice nada ni se lo prohbe, entonces todos sus votos sern firmes, y toda obligacin con que haya ligado su alma, firme ser.
Pero si su marido los anul el da que se enter, todo lo que sali de sus labios en cuanto a sus votos y en cuanto a la obligacin de su alma, ser nulo; su marido los anul, y Jehov la perdonar.
"Todo voto y todo juramento que obligue a afligir el alma, su marido lo confirmar, o su marido lo anular.
Pero si su marido calla ante ello, da tras da, entonces confirm todos sus votos y todas las obligaciones que pesan sobre ella; los confirm, por cuanto call ante ello el da que se enter.
Pero si los anula despus de haberse enterado, entonces l cargar con el pecado de ella".
Estas son las ordenanzas que Jehov mand a Moiss entre el marido y su mujer, y entre el padre y la hija que, durante su juventud, todava vive en casa de su padre.
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Ejecuta la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas; despus irs a reunirte con tu pueblo".
Entonces Moiss dijo al pueblo: "Armaos algunos de vosotros para la guerra contra Madin, y vayan a ejecutar la venganza de Jehov en Madin.
Enviaris a la guerra a mil de cada tribu de todas las tribus de los hijos de Israel".
As fueron aportados, de los millares de Israel, mil por cada tribu: doce mil hombres en pie de guerra.
Moiss los envi a la guerra; mil de cada tribu envi. Finees, hijo del sacerdote Eleazar, fue a la guerra con los vasos del santuario y con las trompetas en sus manos para tocar.
Pelearon contra Madin como Jehov lo mand a Moiss, y mataron a todos los hombres.
Adems de estas vctimas, mataron tambin a los reyes de Madin, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba: cinco reyes de Madin. Tambin mataron a espada a Balaam hijo de Beor.
Los hijos de Israel se llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas con sus nios, y les arrebataron todas sus bestias, todos sus ganados y bienes.
Incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones.
Tomaron todo el despojo y todo el botn, tanto de hombres como de bestias,
y llevaron los cautivos, el botn y los despojos ante Moiss, ante el sacerdote Eleazar y ante la congregacin de los hijos de Israel, al campamento en los llanos de Moab, que estn junto al Jordn, frente a Jeric.
Salieron Moiss y el sacerdote Eleazar, y todos los prncipes de la congregacin, a recibirlos fuera del campamento.
Pero Moiss se enoj contra los capitanes del ejrcito, contra los jefes de millares y de centenas que volvan de la guerra.
Les dijo Moiss: "Por qu habis dejado con vida a todas las mujeres?
Ellas, por consejo de Balaam, fueron causa de que los hijos de Israel pecaran contra Jehov en lo tocante a Baal-peor, y por eso hubo mortandad en la congregacin de Jehov.
Matad, pues, ahora a todos los nios varones; matad tambin a toda mujer que haya tenido relaciones carnales con un hombre.
Pero dejaris con vida a todas las nias entre las mujeres que no hayan conocido hombre.
En cuanto a vosotros, cualquiera que haya dado muerte a una persona, y cualquiera que haya tocado un muerto, permaneced fuera del campamento siete das. Os purificaris al tercer da y al sptimo, vosotros y vuestros cautivos.
Asimismo purificaris todo vestido, toda prenda de pieles, toda obra de pelo de cabra y todo utensilio de madera".
El sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que venan de la guerra: "Esta es la ordenanza de la ley que Jehov ha mandado a Moiss:
Ciertamente el oro y la plata, el bronce, el hierro, el estao y el plomo,
todo lo que resiste el fuego, por fuego lo haris pasar, y quedar limpio, bien que en las aguas de purificacin habr de purificarse. Pero haris pasar por agua todo lo que no resiste el fuego.
Adems lavaris vuestros vestidos el sptimo da, y as quedaris limpios; despus entraris en el campamento".
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Sacad la cuenta del botn que se ha hecho, tanto de las personas como de las bestias, t y el sacerdote Eleazar, y los jefes de los padres de la congregacin.
Luego partirs por mitades el botn entre los que pelearon, los que salieron a la guerra y toda la congregacin.
Apartars para Jehov el tributo de los hombres de guerra que salieron a la guerra; uno por cada quinientos, tanto de las personas como de los bueyes, de los asnos como de las ovejas.
De la mitad de ellos lo tomars, y dars al sacerdote Eleazar la ofrenda de Jehov.
De la mitad perteneciente a los hijos de Israel tomars uno por cada cincuenta, de las personas, los bueyes, los asnos, las ovejas y de todo animal, y los dars a los levitas, que tienen el cuidado del tabernculo de Jehov".
Moiss y el sacerdote Eleazar hicieron como Jehov mand a Moiss.
El total del botn, sin contar lo que tomaron los hombres de guerra fue de seiscientas setenta y cinco mil ovejas,
setenta y dos mil bueyes,
y sesenta y un mil asnos.
En cuanto a las personas, las mujeres que no haban conocido hombre eran por todas treinta y dos mil.
La mitad correspondiente a la parte de los que haban salido a la guerra sum trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas,
y el tributo de las ovejas para Jehov fue de seiscientas setenta y cinco.
De los bueyes: treinta y seis mil; y de ellos el tributo para Jehov fue de setenta y dos.
De los asnos: treinta mil quinientos; y de ellos el tributo para Jehov fue de sesenta y uno.
De las personas: dieciseis mil; y de ellas el tributo para Jehov fue de treinta y dos personas.
Moiss dio el tributo, para ofrenda reservada a Jehov, al sacerdote Eleazar, como Jehov lo mand a Moiss.
La mitad perteneciente a los hijos de Israel, que apart Moiss del botn de los hombres que haban ido a la guerra
(la mitad para la congregacin fue de trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas,
treinta y seis mil bueyes,
treinta mil quinientos asnos
y dieciseis mil personas).
De esta mitad, correspondiente a los hijos de Israel, tom Moiss uno de cada cincuenta, tanto de las personas como de los animales, y los dio a los levitas, que tenan el cuidado del tabernculo de Jehov, como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Se acercaron a Moiss los jefes de las tropas de aquel ejrcito, los jefes de millares y de centenas,
y dijeron a Moiss: "Tus siervos han hecho el recuento de los hombres de guerra que estn a cargo nuestro, y no falta ninguno.
Por lo cual hemos trado a Jehov como ofrenda lo que cada uno ha hallado: alhajas de oro, brazaletes, manillas, anillos, zarcillos y cadenas, para hacer expiacin por nuestras almas delante de Jehov".
Moiss y el sacerdote Eleazar recibieron de ellos el oro y las alhajas, todas elaboradas.
Todo el oro de la ofrenda que ofrecieron a Jehov los jefes de millares y de centenas sum 16750 siclos.
Los hombres del ejrcito haban tomado cada uno su botn.
Recibieron, pues, Moiss y el sacerdote Eleazar el oro de los jefes de millares y de centenas, y lo llevaron al Tabernculo de reunin, como memorial de los hijos de Israel delante de Jehov.
Los hijos de Rubn y los hijos de Gad tenan una inmensa cantidad de ganado. Vieron la tierra de Jazer y de Galaad, y les pareci el pas un lugar apropiado para el ganado.
Fueron, pues, los hijos de Gad y los hijos de Rubn, y dijeron a Moiss, al sacerdote Eleazar y a los prncipes de la congregacin:
-- Atarot, Dibn, Jazer, Nimra, Hesbn, Eleale, Sebam, Nebo y Ben,
la tierra que Jehov hiri delante de la congregacin de Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado.
Por tanto -- dijeron -- si hallamos gracia a tus ojos, dse esta tierra a tus siervos en heredad y no nos hagas pasar el Jordn.
Pero Moiss respondi a los hijos de Gad y a los hijos de Rubn: -- Irn vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaris aqu?
Por qu desanimis a los hijos de Israel para que no pasen a la tierra que les ha dado Jehov?
As hicieron vuestros padres, cuando los envi desde Cades-barnea para que vieran la tierra.
Subieron hasta el torrente Escol y, despus que vieron la tierra, desalentaron a los hijos de Israel para que no fueran a la tierra que Jehov les haba dado.
La ira de Jehov se encendi entonces, y jur diciendo:
"Los hombres que subieron de Egipto, de veinte aos para arriba, no vern la tierra que promet con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, por cuanto no me han sido fieles,
excepto Caleb hijo de Jefone, el cenezeo, y Josu hijo de Nun, que fueron fieles a Jehov".
As la ira de Jehov se encendi contra Israel, y los hizo andar errantes durante cuarenta aos por el desierto, hasta que se extingui toda aquella generacin que haba obrado mal delante de Jehov.
Y ahora vosotros, prole de hombres pecadores, ocupis el lugar de vuestros padres para aadir an ms a la ira de Jehov contra Israel.
Si os apartis de l, l volver otra vez a dejaros en el desierto, y destruiris a todo este pueblo.
Entonces fueron ellos ante Moiss, y le dijeron: -- Edificaremos aqu corrales para nuestro ganado y ciudades para nuestros nios.
Pero nosotros nos armaremos e iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los hagamos entrar en su territorio, mientras nuestros nios se quedan en ciudades fortificadas a causa de los habitantes del pas.
No volveremos a nuestras casas hasta que cada uno de los hijos de Israel tome posesin de su heredad.
Porque no reclamaremos heredad junto con ellos al otro lado del Jordn, ni ms all, por cuanto tendremos ya nuestra heredad al oriente, a este otro lado del Jordn.
Entonces les respondi Moiss: -- Si lo hacis as, si os disponis para ir delante de Jehov a la guerra,
y todos vosotros pasis armados el Jordn delante de Jehov, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de s,
y sea el pas sojuzgado delante de Jehov, entonces podris volver. As quedaris libres de culpa para con Jehov y para con Israel, y esta tierra ser vuestra heredad delante de Jehov.
Pero si as no lo hacis, entonces habris pecado ante Jehov, y sabed que vuestro pecado os alcanzar.
Edificaos ciudades para vuestros nios y corrales para vuestras ovejas, pero haced lo que ha prometido vuestra boca.
Los hijos de Gad y los hijos de Rubn respondieron a Moiss: -- Tus siervos harn como mi seor ha mandado.
Nuestros nios, nuestras mujeres, nuestros ganados y todas nuestras bestias, estarn ah en las ciudades de Galaad.
Pero tus siervos, armados todos para la guerra, pasarn delante de Jehov para combatir de la manera que mi seor dice.
Entonces les encomend Moiss al sacerdote Eleazar, a Josu hijo de Nun y a los prncipes de los padres de las tribus de los hijos de Israel.
Les dijo Moiss: -- Si los hijos de Gad y los hijos de Rubn pasan con vosotros el Jordn, armados todos para la guerra delante de Jehov, luego que el pas sea sojuzgado delante de vosotros, les daris la tierra de Galaad en posesin;
pero si no pasan armados con vosotros, entonces tendrn su posesin entre vosotros, en la tierra de Canan.
Los hijos de Gad y los hijos de Rubn respondieron: -- Haremos lo que Jehov ha dicho a tus siervos.
Nosotros pasaremos armados delante de Jehov a la tierra de Canan, pero la heredad que poseamos estar a este lado del Jordn.
As Moiss dio a los hijos de Gad, a los hijos de Rubn y a la media tribu de Manass hijo de Jos, el reino de Sehn, rey amorreo, y el reino de Og, rey de Basn, la tierra con sus ciudades y sus territorios, o sea, las ciudades de los alrededores.
Los hijos de Gad edificaron Dibn, Atarot, Aroer,
Atarot-sofn, Jazer, Jogbeha,
Bet-nimra y Bet-arn, ciudades fortificadas; hicieron tambin corrales para las ovejas.
Los hijos de Rubn edificaron Hesbn, Eleale, Quiriataim,
Nebo, Baal-men, cambindoles sus nombres, y Sibma; y pusieron nuevos nombres a las ciudades que edificaron.
Los hijos de Maquir hijo de Manass fueron a Galaad, la tomaron y echaron al amorreo que estaba en ella.
Entonces Moiss dio Galaad a Maquir hijo de Manass, el cual habit en ella.
Tambin Jair hijo de Manass fue y tom sus aldeas, y las llam Havot-jair.
Asimismo Noba fue y tom Kenat y sus aldeas, y le puso su propio nombre: Noba.
Estas son las jornadas de los hijos de Israel que salieron de la tierra de Egipto, segn el orden de sus ejrcitos, bajo el mando de Moiss y Aarn.
Moiss escribi sobre el punto de partida de sus jornadas por mandato de Jehov. Estas, pues, son sus jornadas con arreglo al punto de partida.
De Ramess salieron el mes primero, el da quince del mes primero. El segundo da de la Pascua salieron los hijos de Israel con mano poderosa, a la vista de todos los egipcios,
mientras enterraban los egipcios a los que Jehov haba herido de muerte, a todos sus primognitos; Jehov haba hecho justicia tambin a sus dioses.
Salieron, pues, los hijos de Israel de Ramess y acamparon en Sucot.
Salieron de Sucot y acamparon en Etam, que est en los lmites del desierto.
Salieron de Etam y fueron hacia Pi-hahirot, que est delante de Baal-zefn, y acamparon delante de Migdol.
Salieron de Pi-hahirot, atravesaron el mar y llegaron al desierto. Anduvieron tres das de camino por el desierto de Etam y acamparon en Mara.
Salieron de Mara y llegaron a Elim, donde haba doce fuentes de aguas y setenta palmeras; all acamparon.
Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo.
Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin.
Salieron del desierto de Sin y acamparon en Dofca.
Salieron de Dofca y acamparon en Als.
Salieron de Als y acamparon en Refidim, donde el pueblo no tuvo aguas para beber.
Salieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sina.
Salieron del desierto de Sina y acamparon en Kibrot-hataava.
Salieron de Kibrot-hataava y acamparon en Hazerot.
Salieron de Hazerot y acamparon en Ritma.
Salieron de Ritma y acamparon en Rimn-peres.
Salieron de Rimn-peres y acamparon en Libna.
Salieron de Libna y acamparon en Rissa.
Salieron de Rissa y acamparon en Ceelata.
Salieron de Ceelata y acamparon en el monte Sefer.
Salieron del monte Sefer y acamparon en Harada.
Salieron de Harada y acamparon en Macelot.
Salieron de Macelot y acamparon en Tahat.
Salieron de Tahat y acamparon en Tara.
Salieron de Tara y acamparon en Mitca.
Salieron de Mitca y acamparon en Hasmona.
Salieron de Hasmona y acamparon en Moserot.
Salieron de Moserot y acamparon en Bene-jaacn.
Salieron de Bene-jaacn y acamparon en el monte Gidgad.
Salieron del monte Gidgad y acamparon en Jotbata.
Salieron de Jotbata y acamparon en Abrona.
Salieron de Abrona y acamparon en Ezin-geber.
Salieron de Ezin-geber y acamparon en el desierto de Zin, que es Cades.
Salieron de Cades y acamparon en el monte Hor, en la frontera del pas de Edom.
El sacerdote Aarn subi al monte Hor, conforme al dicho de Jehov, y all muri a los cuarenta aos de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el quinto mes, el primero del mes.
Aarn tena ciento veintitrs aos de edad cuando muri en el monte Hor.
El cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Neguev, en la tierra de Canan, oy entonces que haban llegado los hijos de Israel.
Salieron del monte Hor y acamparon en Zalmona.
Salieron de Zalmona y acamparon en Punn.
Salieron de Punn y acamparon en Obot.
Salieron de Obot y acamparon en Ije-abarim, en la frontera de Moab.
Salieron de Ije-abarim y acamparon en Dibn-gad.
Salieron de Dibn-gad y acamparon en Almn-diblataim.
Salieron de Almn-diblataim y acamparon en los montes de Abarim, delante de Nebo.
Salieron de los montes de Abarim y acamparon en los campos de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric.
Finalmente acamparon junto al Jordn, desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en los campos de Moab.
Habl Jehov a Moiss en los campos de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric, y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayis pasado el Jordn y entris en la tierra de Canan,
echaris de delante de vosotros a todos los habitantes del pas, destruiris todos sus dolos de piedra y todas sus imgenes de fundicin, y destruiris todos sus lugares altos.
Echaris a los habitantes de la tierra y habitaris en ella, pues yo os la he dado para que sea vuestra propiedad.
Heredaris la tierra por sorteo, segn vuestras familias. A las ms numerosas daris mucho como herencia, y a las menos numerosas daris menos como herencia; donde le caiga la suerte, all la tendr cada uno. Por las tribus de vuestros padres heredaris.
Pero si no echis a los habitantes del pas de delante de vosotros, suceder que los que de ellos dejis sern como aguijones en vuestros ojos y como espinas en vuestros costados, y os afligirn en la tierra sobre la que vais a habitar.
Adems, har con vosotros como pensaba hacer con ellos".
Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Manda a los hijos de Israel y diles: Cuando hayis entrado en la tierra de Canan, esta ser la tierra que os ha de caer en herencia, y estos sern sus lmites:
"Tendris el lado del sur desde el desierto de Zin hasta la frontera de Edom, y su lmite estar en el extremo del Mar Salado, hacia el oriente.
Este lmite os ir rodeando desde el sur hasta la subida de Acrabim, y pasar hasta Zin; se extender del sur a Cades-barnea, continuar a Hasar-adar y pasar hasta Asmn.
Rodear este lmite desde Asmn hasta el torrente de Egipto, y terminar en el mar.
"El lmite occidental ser el Mar Grande; este lmite ser el lmite occidental.
"El lmite del norte ser este: desde el Mar Grande trazaris una lnea hasta el monte Hor.
Del monte Hor trazaris una lnea hasta la entrada de Hamat, y seguir aquel lmite hasta Zedad.
Seguir luego hasta Zifrn y terminar en Hazar-enn. Este ser el lmite del norte.
"Como lmite al oriente trazaris una lnea desde Hazar-enn hasta Sefam.
Este lmite bajar desde Sefam a Ribla, al oriente de An. Seguir descendiendo el lmite y llegar a la costa del mar de Cineret, al oriente.
Despus descender este lmite al Jordn y terminar en el Mar Salado: "Esta ser vuestra tierra con los lmites que la rodean".
Moiss dijo a los hijos de Israel: "Esta es la tierra que se os repartir en heredades por sorteo, que mand Jehov que diera a las nueve tribus y a la media tribu,
pues la tribu de los hijos de Rubn y la tribu de los hijos de Gad, con sus familias, y la media tribu de Manass, han tomado ya su heredad.
Dos tribus y media tomaron su heredad a este lado del Jordn, al oriente de Jeric, hacia el nacimiento del sol".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Estos son los nombres de los hombres que os repartirn la tierra: El sacerdote Eleazar y Josu hijo de Nun.
Tomaris tambin de cada tribu un prncipe para dar la posesin de la tierra.
Estos son sus nombres: "De la tribu de Jud, Caleb hijo de Jefone.
"De la tribu de los hijos de Simen, Semuel hijo de Amiud.
"De la tribu de Benjamn, Elidad hijo de Quisln.
"De la tribu de los hijos de Dan, el prncipe Buqui hijo de Jogli.
"De los hijos de Jos: de la tribu de los hijos de Manass, el prncipe Haniel hijo de Efod,
y de la tribu de los hijos de Efran, el prncipe Kemuel hijo de Siftn.
"De la tribu de los hijos de Zabuln, el prncipe Elizafn hijo de Parnac.
"De la tribu de los hijos de Isacar, el prncipe Paltiel hijo de Azn.
"De la tribu de los hijos de Aser, el prncipe Ahiud hijo de Selomi.
"Y de la tribu de los hijos de Neftal, el prncipe Pedael hijo de Amiud".
A estos mand Jehov que hicieran la reparticin de las heredades a los hijos de Israel en la tierra de Canan.
Habl Jehov a Moiss en los campos de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric, y le dijo:
"Manda a los hijos de Israel que den a los levitas, de la heredad que les pertenece, ciudades en que habiten; tambin daris a los levitas los ejidos que estn alrededor de esas ciudades.
Ellos tendrn ciudades donde habitar, y sus ejidos sern para sus animales, su ganado y todas sus bestias.
Los ejidos de las ciudades que daris a los levitas se extendern mil codos a su alrededor, desde el muro de la ciudad hacia afuera.
Luego mediris, fuera de la ciudad, dos mil codos hacia el lado del oriente, dos mil codos hacia el lado del sur, dos mil codos hacia el lado del occidente y dos mil codos hacia el lado del norte, y la ciudad quedar en el medio. Estos sern los ejidos de las ciudades.
"De las ciudades que daris a los levitas, seis de ellas sern de refugio, las cuales daris para que el homicida se refugie all. Adems de estas, daris cuarenta y dos ciudades.
Todas las ciudades que daris a los levitas sern cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos.
Y en cuanto a las ciudades que deis de la heredad de los hijos de Israel, del que tiene mucho tomaris mucho y del que tiene poco tomaris poco. Cada uno dar de sus ciudades a los levitas segn la posesin que heredar".
Habl Jehov a Moiss y le dijo:
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayis pasado al otro lado del Jordn hacia la tierra de Canan,
sealaris ciudades, ciudades que os sirvan de refugio, donde huya el homicida que hiera a alguien de muerte, sin intencin.
Esas ciudades sern para refugiarse del vengador, y as no morir el homicida antes de haber comparecido a juicio delante de la congregacin.
De las ciudades, pues, que daris, tendris seis ciudades de refugio.
Tres ciudades daris a este lado del Jordn, y tres ciudades daris en la tierra de Canan, las cuales sern ciudades de refugio.
Estas seis ciudades sern de refugio para los hijos de Israel, para el extranjero y el que habite entre ellos, para que huya all cualquiera que hiera de muerte a otro sin intencin.
"Si con instrumento de hierro lo hiere y muere, homicida es: el homicida morir.
"Si lo hiere con una piedra que puede causar la muerte, y muere, homicida es: el homicida morir.
"Si lo hiere con un palo que puede causar la muerte, y muere, homicida es: el homicida morir.
El vengador de la sangre dar muerte al homicida; cuando lo encuentre, lo matar.
"Si por odio lo empuj, o lanz sobre l alguna cosa intencionalmente, y muere;
o por enemistad lo hiri con sus manos, y muri, el que lo ha herido morir: es un homicida. El vengador de la sangre matar al homicida cuando lo encuentre.
"Pero si lo empuj casualmente y sin enemistad, o lanz sobre l cualquier instrumento sin mala intencin,
o bien, sin verlo, hizo caer sobre l alguna piedra capaz de matarlo, y muere, pero l no era su enemigo ni procuraba su mal,
entonces la congregacin juzgar entre el que caus la muerte y el vengador de la sangre conforme a estas leyes,
y la congregacin librar al homicida de manos del vengador de la sangre. La congregacin lo har volver a la ciudad de refugio en la que se haba refugiado, y all se quedar hasta que muera el sumo sacerdote, el cual fue ungido con el aceite santo.
"Pero si el homicida sale fuera de los lmites de la ciudad de refugio en la que se asil,
y el vengador de la sangre lo encuentra fuera del lmite de la ciudad de su refugio, y el vengador de la sangre mata al homicida, no se le culpar por ello,
pues en su ciudad de refugio debera aquel habitar hasta la muerte del sumo sacerdote. Despus que haya muerto el sumo sacerdote, el homicida volver a la tierra de su posesin.
"Estas cosas sern una norma de derecho para vosotros y vuestros descendientes en todas los lugares donde habitis.
"Cualquiera que d muerte a alguien, segn la declaracin de los testigos morir el homicida; pero un solo testigo no bastar para condenar a una persona a muerte.
"No aceptaris rescate por la vida del homicida, porque est condenado a muerte: indefectiblemente morir.
"Tampoco aceptaris rescate por el que huy a la ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su tierra antes que muera el sumo sacerdote.
"No contaminaris la tierra donde vivis, porque esta sangre mancillar la tierra, y la tierra no puede ser purificada de la sangre derramada en ella si no es por la sangre del que la derram.
"No contaminis la tierra donde habitis, en medio de la cual yo habito, pues yo, Jehov, habito en medio de los hijos de Israel".
Los prncipes de los padres de la familia de Galaad hijo de Maquir hijo de Manass, de las familias de los hijos de Jos, se presentaron delante de Moiss y de los prncipes, los jefes de las casas paternas de los hijos de Israel,
y dijeron: -- Jehov mand a mi seor que por sorteo diera la tierra a los hijos de Israel en posesin. Tambin ha mandado Jehov a mi seor que d la posesin de Zelofehad, nuestro hermano, a sus hijas.
Pero si ellas se casan con algunos de los hijos de las otras tribus de los hijos de Israel, su parte de la herencia ser quitada de la herencia de nuestros padres y ser aadida a la herencia de la tribu a la cual se unan. As disminuir la porcin de nuestra heredad.
Cuando llegue el jubileo de los hijos de Israel, la heredad de ellas ser aadida a la heredad de la tribu de sus maridos, y la heredad de ellas ser restada de la heredad de la tribu de nuestros padres.
Entonces Moiss, segn el mandato de Jehov, orden a los hijos de Israel: -- La tribu de los hijos de Jos habla rectamente.
Esto es lo que ha mandado Jehov acerca de las hijas de Zelofehad: "Csense como a ellas les plazca, pero en la familia de la tribu de su padre se casarn,
para que la heredad de los hijos de Israel no sea traspasada de tribu en tribu, porque cada uno de los hijos de Israel estar ligado a la heredad de la tribu de sus padres.
Y cualquier hija que tenga heredad en las tribus de los hijos de Israel, con alguien de la familia de la tribu de su padre se casar, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres,
y no ande la heredad rodando de una tribu a otra, sino que cada una de las tribus de los hijos de Israel estar ligada a su heredad".
Como Jehov mand a Moiss, as hicieron las hijas de Zelofehad.
Maala, Tirsa, Hogla, Milca y Noa, hijas de Zelofehad, se casaron con hijos de sus tos paternos.
Se casaron en la familia de los hijos de Manass hijo de Jos, y as qued su heredad en la tribu de la familia de su padre.
Estos son los mandamientos y los estatutos que dio Jehov, por medio de Moiss, a los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric.
Estas son las palabras que habl Moiss a todo Israel a este lado del Jordn, en el desierto, en el Arab, frente al Mar Rojo, entre Parn, Tofel, Labn, Hazerot y Dizahab.
Once jornadas hay desde Horeb, camino de los montes de Seir, hasta Cades-barnea.
Y aconteci que a los cuarenta aos, el primer da del undcimo mes, Moiss habl a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehov le haba mandado acerca de ellos,
despus que derrot a Sehn, rey de los amorreos, el cual habitaba en Hesbn, y a Og, rey de Basn, que habitaba en Astarot, en Edrei.
De este lado del Jordn, en tierra de Moab, resolvi Moiss proclamar esta ley, diciendo:
"Jehov, nuestro Dios, nos habl as en Horeb: "Habis estado bastante tiempo en este monte.
Volveos e id al monte del amorreo y a todas sus comarcas, en el Arab, en el monte, en los valles, en el Neguev y junto a la costa del mar, a la tierra del cananeo y al Lbano, hasta el gran ro, el ro ufrates.
Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que Jehov jur dar a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, y a su descendencia despus de ellos".
"En aquel tiempo yo os habl y os dije: "Yo solo no puedo llevaros.
Jehov, vuestro Dios, os ha multiplicado tanto que hoy vosotros sois tan numerosos como las estrellas del cielo.
Jehov, Dios de vuestros padres, os haga mil veces ms numerosos de lo que ahora sois y os bendiga, como os ha prometido!
Cmo llevar yo solo vuestras molestias, vuestras cargas y vuestros pleitos?
Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, hombres sabios, entendidos y expertos, para que yo los ponga como vuestros jefes".
"Me respondisteis y dijisteis: "Bueno es hacer lo que has dicho".
"Entonces tom a los principales de vuestras tribus, hombres sabios y expertos, y los puse como jefes sobre vosotros, jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez, y gobernadores de vuestras tribus.
Y di a vuestros jueces esta orden: "Od entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, o un extranjero.
No hagis distincin de persona en el juicio: tanto al pequeo como al grande oiris. No tendris temor de ninguno, porque el juicio es de Dios. La causa que os sea difcil, la traeris a m, y yo la oir".
"Os mand, pues, en aquel tiempo, todo lo que habais de hacer.
"Cuando salimos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible desierto que habis visto, por el camino del monte del amorreo, como Jehov, nuestro Dios, nos lo mand, y llegamos hasta Cades-barnea.
Entonces os dije: "Habis llegado al monte del amorreo, el cual Jehov, nuestro Dios, nos da.
Mira, Jehov, tu Dios, te ha entregado la tierra: sube y toma posesin de ella, como Jehov, el Dios de tus padres, te ha dicho. No temas ni desmayes".
Pero os acercasteis todos a decirme: "Enviemos hombres delante de nosotros, que reconozcan la tierra y a su regreso nos traigan razn del camino por donde hemos de subir y de las ciudades adonde hemos de llegar".
"La propuesta me pareci bien, y tom doce hombres de entre vosotros, un hombre por cada tribu.
Ellos se encaminaron y subieron al monte; llegaron hasta el valle de Escol y reconocieron la tierra.
Tomaron en sus manos de los frutos del pas, nos los trajeron y nos dieron este informe: "Es buena la tierra que Jehov nuestro Dios nos da".
Sin embargo, no quisisteis subir, sino que fuisteis rebeldes al mandato de Jehov, vuestro Dios.
Os pusisteis a murmurar en vuestras tiendas, diciendo: "Porque Jehov nos aborrece, nos ha sacado de la tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo y destruirnos.
A dnde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazn, al decir: 'Este pueblo es mayor y ms alto que nosotros, las ciudades son grandes y estn amuralladas hasta el cielo. All tambin vimos a los hijos de Anac' ".
"Entonces os dije: "No temis ni tengis miedo de ellos.
Jehov, vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, pelear por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto ante vuestros ojos.
En el desierto has visto que Jehov, tu Dios, te ha trado, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habis andado, hasta llegar a este lugar".
Pero ni aun as cresteis a Jehov, vuestro Dios,
quien iba delante de vosotros por el camino para buscaros el lugar donde habais de acampar, con el fuego de noche para mostraros el camino que debas seguir, y con la nube de da.
"Cuando Jehov oy la voz de vuestras palabras, se enoj e hizo este juramento:
"Ni un solo hombre de esta mala generacin ver la buena tierra que jur que haba de dar a vuestros padres,
excepto Caleb hijo de Jefone; l la ver, y yo le dar a l y a sus hijos la tierra que pis, porque ha seguido fielmente a Jehov".
"Tambin contra m se enoj Jehov por vosotros, y me dijo: "Tampoco t entrars all.
Josu hijo de Nun, el cual te sirve, l entrar all; anmalo, porque l la entregar a Israel.
Y vuestros nios, de los cuales dijisteis que serviran de botn, y vuestros hijos, que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarn all; a ellos la dar y ellos la heredarn.
Pero vosotros volveos e id al desierto, camino del Mar Rojo".
"Entonces respondisteis y me dijisteis: "Hemos pecado contra Jehov. Nosotros subiremos y pelearemos, conforme a todo lo que Jehov, nuestro Dios, nos ha mandado". Os armasteis cada uno con vuestras armas de guerra y os preparasteis para subir al monte.
Pero Jehov me dijo: "Diles: No subis ni peleis, pues no estoy entre vosotros; para que no seis derrotados por vuestros enemigos".
"Yo os habl, pero no me escuchasteis; antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehov, y persistiendo con altivez subisteis al monte.
Pero sali a vuestro encuentro el amorreo que habitaba en aquel monte, os persiguieron como hacen las avispas y os derrotaron en Seir hasta llegar a Horma.
Entonces volvisteis y llorasteis delante de Jehov, pero Jehov no escuch vuestra voz ni os prest atencin.
Por eso os tuvisteis que quedar en Cades todo ese tiempo que habis estado all.
"Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar Rojo, como Jehov me haba dicho, y durante mucho tiempo estuvimos rodeando los montes de Seir.
Entonces Jehov me dijo:
"Bastante habis rodeado este monte: volveos al norte.
Dile al pueblo: Cuando pasis por el territorio de vuestros hermanos, los hijos de Esa, que habitan en Seir, ellos tendrn miedo de vosotros; pero vosotros tened mucho cuidado.
No os metis con ellos, pues no os dar de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie, porque yo he dado como heredad a Esa los montes de Seir.
Compraris de ellos por dinero los alimentos, y comeris; tambin compraris de ellos el agua, y beberis.
Porque Jehov, tu Dios, te ha bendecido en todas las obras de tus manos; l sabe que andas por este gran desierto, y durante estos cuarenta aos Jehov, tu Dios, ha estado contigo sin que nada te haya faltado".
"Despus nos alejamos del territorio de nuestros hermanos, los hijos de Esa, que habitaban en Seir, por el camino del Arab que viene de Elat y Ezin-geber; luego volvimos y tomamos el camino del desierto de Moab.
Entonces Jehov me dijo: "No molestes a Moab ni le hagas la guerra, pues no te dar posesin de su tierra, porque yo he dado a Ar como heredad a los hijos de Lot.
(Antes habitaron en ella los emitas, un pueblo grande, numeroso y alto como los hijos de Anac.
Por gigantes eran ellos tenidos tambin, como los hijos de Anac; pero los moabitas los llaman emitas.
Tambin en Seir habitaron antes los horeos, los cuales fueron expulsados por los hijos de Esa, que los arrojaron de su presencia y se establecieron en su lugar, como hizo Israel en la tierra que Jehov les dio en posesin.)
Levantaos ahora, y pasad el arroyo de Zered". Entonces pasamos el arroyo Zered.
"Los aos que anduvimos desde Cades-barnea hasta que pasamos el arroyo Zered fueron treinta y ocho; hasta que desapareci de en medio del campamento toda la generacin de los hombres de guerra, como Jehov les haba jurado.
Tambin la mano de Jehov vino sobre ellos para exterminarlos, hasta hacerlos desaparecer del campamento.
"Aconteci que, despus que murieron todos los hombres de guerra del pueblo,
Jehov me habl y me dijo:
"T pasars hoy el territorio de Moab rumbo a Ar.
Y cuando te acerques a los hijos de Amn, no los molestes ni pelees con ellos, pues no te dar posesin de la tierra de los hijos de Amn, porque a los hijos de Lot la he dado como heredad.
(Por tierra de gigantes fue tambin ella tenida; habitaron en ella gigantes en otro tiempo, a los cuales los amonitas llamaban zomzomeos.
Eran un pueblo grande, numeroso y alto, como los hijos de Anac, a los cuales Jehov extermin delante de los amonitas. Estos desalojaron a aquellos y habitaron en su lugar,
como hizo Jehov con los hijos de Esa que habitaban en Seir, delante de los cuales extermin a los horeos; aquellos desalojaron a estos y habitaron en su lugar hasta hoy.
Y a los aveos que habitaban en aldeas hasta Gaza, los caftoreos que salieron de Caftor los exterminaron y habitaron en su lugar).
Levantaos, salid, y pasad el arroyo Arnn. Yo he entregado en tus manos a Sehn, rey de Hesbn, el amorreo, y a su tierra. Comienza a tomar posesin de ella y entra en guerra con l.
Hoy comenzar a poner tu temor y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, que al escuchar tu fama temblarn y se angustiarn delante de ti".
"Envi mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehn, rey de Hesbn, con estas palabras de paz:
"Pasar por tu tierra por el camino; por el camino ir, sin apartarme a la derecha ni a la izquierda.
La comida me la venders por dinero, y comer; el agua tambin me la dars por dinero, y beber; solamente pasar a pie,
como me han dejado hacer los hijos de Esa que habitaban en Seir, y los moabitas que habitaban en Ar, hasta que cruce el Jordn y llegue a la tierra que nos da Jehov, nuestro Dios".
"Pero Sehn, rey de Hesbn, no quiso que pasramos por su territorio; porque Jehov, tu Dios, haba endurecido su espritu y obstinado su corazn para entregarlo en tus manos, hasta el da de hoy.
"Entonces me dijo Jehov: "Yo he comenzado a entregar delante de ti a Sehn y a su tierra. Empieza a tomar posesin de ella, para que la heredes".
"Sehn nos sali al encuentro, l y todo su pueblo, para pelear en Jahaza.
Pero Jehov, nuestro Dios, nos lo entreg y lo derrotamos a l, a sus hijos y a todo su pueblo.
Tomamos entonces todas sus ciudades y las destinamos al exterminio: hombres, mujeres y nios, sin dejar a nadie con vida.
Solamente tomamos para nosotros los ganados y los despojos de las ciudades que habamos tomado.
Desde Aroer, que est junto a la ribera del arroyo Arnn, y la ciudad que est en el valle, hasta Galaad, no hubo ciudad que escapara de nosotros; todas las entreg Jehov, nuestro Dios, en nuestro poder.
Solamente no llegamos a la tierra de los hijos de Amn, ni a todo lo que est a la orilla del arroyo Jaboc, ni a las ciudades del monte, ni a lugar alguno que Jehov, nuestro Dios, haba prohibido.
"Volvimos, pues, y subimos camino de Basn. Entonces Og, rey de Basn, nos sali al encuentro con todo su pueblo para pelear en Edrei.
"Pero me dijo Jehov: "No tengas temor de l, porque en tus manos lo he entregado junto con todo su pueblo y su tierra. Hars con l como hiciste con Sehn, el rey amorreo que habitaba en Hesbn".
"Jehov, nuestro Dios, entreg tambin en nuestras manos a Og, rey de Basn, y a todo su pueblo, al cual derrotamos hasta acabar con todos.
Tomamos entonces todas sus ciudades. No qued ciudad que no les tomramos: sesenta ciudades, toda la tierra de Argob, del reino de Og en Basn.
Todas estas eran ciudades fortificadas con muros altos, con puertas y barras, sin contar otras muchas ciudades sin muro.
Y las destinamos al exterminio, como hicimos a Sehn, rey de Hesbn, matando en cada ciudad a hombres, mujeres y nios.
Pero nos quedamos con todo el ganado y los despojos de las ciudades.
"Tambin tomamos en aquel tiempo la tierra desde el arroyo Arnn hasta el monte Hermn de manos de los dos reyes amorreos que estaban a este lado del Jordn
(los sidonios llaman a Hermn, Sirin, y los amorreos, Senir):
todas las ciudades de la llanura, todo Galaad y todo Basn, hasta Salca y Edrei, ciudades del reino de Og en Basn.
Og, el rey de Basn, era el nico que quedaba de los gigantes. Su cama, una cama de hierro, no est en Rab de los hijos de Amn? Nueve codos mide de largo y cuatro codos de ancho, segn el codo de un hombre.
"Esta tierra que heredamos en aquel tiempo, desde Aroer, que est junto al arroyo Arnn, hasta la mitad de los montes de Galaad con sus ciudades, la di a los rubenitas y a los gaditas.
El resto de Galaad y todo Basn, del reino de Og: toda la tierra de Argob, que se llamaba la tierra de los gigantes, lo di a la media tribu de Manass.
Jair hijo de Manass tom toda la tierra de Argob hasta el lmite con Gesur y Maaca, y le puso el nombre que an conserva: Basn-havot-jair.
Galaad se lo di a Maquir.
A los rubenitas y gaditas les di desde Galaad hasta el arroyo Arnn --con la mitad del valle como lmite--, y hasta el arroyo Jaboc, el cual sirve de lmite a los hijos de Amn;
y tambin el Arab, con el Jordn como lmite desde Cineret hasta el mar del Arab, el Mar Salado, al pie de las laderas del Pisga, al oriente.
"Entonces os dije: "Jehov, vuestro Dios, os ha dado esta tierra como heredad; pero iris armados todos los valientes delante de vuestros hermanos, los hijos de Israel.
Solamente vuestras mujeres, vuestros hijos y vuestros ganados (yo s que tenis mucho ganado), quedarn en las ciudades que os he dado,
hasta que Jehov d reposo a vuestros hermanos, as como a vosotros, y hereden ellos tambin la tierra que Jehov, vuestro Dios, les da al otro lado del Jordn. Entonces os volveris cada uno a la heredad que yo os he dado".
"Orden tambin a Josu en aquel tiempo: "Tus ojos vieron todo lo que Jehov, vuestro Dios, ha hecho a aquellos dos reyes; as har Jehov a todos los reinos por donde t pasars.
No los temis, porque Jehov, vuestro Dios, es el que pelea por vosotros".
"En aquel tiempo or a Jehov y le dije:
"Seor Jehov, t has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu mano poderosa; porque qu dios hay en el cielo o en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas?
Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que est ms all del Jordn, aquel buen monte y el Lbano".
Pero Jehov se haba enojado contra m a causa de vosotros, por lo cual no me escuch, sino que me dijo: "Basta!, no me hables ms de este asunto.
Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos hacia el oeste, el norte, el sur y el este, y mira con tus propios ojos, porque no pasars el Jordn.
Instruye a Josu, anmalo y fortalcelo, porque l ha de pasar delante de este pueblo, y l les entregar la tierra que vers".
"Y nos quedamos en el valle, enfrente de Bet-peor.
"Ahora, pues, Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseo, para que los ejecutis y vivis, y entris y poseis la tierra que Jehov, el Dios de vuestros padres, os da.
No aadiris a la palabra que yo os mando ni disminuiris de ella, para que guardis los mandamientos de Jehov, vuestro Dios, que yo os ordeno.
Vuestros ojos vieron lo que hizo Jehov con motivo de Baal-peor: a todo hombre que sigui a Baal-peor lo extermin Jehov, tu Dios, de en medio de ti.
Pero vosotros, que seguisteis a Jehov, vuestro Dios, todos estis vivos hoy.
Mirad, yo os he enseado estatutos y decretos, como Jehov, mi Dios, me mand, para que hagis as en medio de la tierra en la que vais a entrar para tomar posesin de ella.
Guardadlos, pues, y ponedlos por obra, porque ellos son vuestra sabidura y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirn todos estos estatutos, y dirn: "Ciertamente pueblo sabio y entendido, nacin grande es esta".
Porque qu nacin grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo est Jehov, nuestro Dios, en todo cuanto le pedimos?
Y qu nacin grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta Ley que yo pongo hoy delante de vosotros?
Por tanto, gurdate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto ni se aparten de tu corazn todos los das de tu vida; antes bien, las ensears a tus hijos y a los hijos de tus hijos.
"El da que estuviste delante de Jehov, tu Dios, en Horeb, cuando Jehov me dijo: "Reneme el pueblo, para que yo les haga oir mis palabras, las cuales aprendern para temerme todos los das que vivan sobre la tierra, y las ensearn a sus hijos",
os acercasteis y os pusisteis al pie del monte, mientras el monte arda envuelto en un fuego que llegaba hasta el mismo cielo, entre tinieblas, nube y oscuridad.
Entonces Jehov habl con vosotros de en medio del fuego; osteis la voz de sus palabras, pero a excepcin de oir la voz, ninguna figura visteis.
Y l os anunci su pacto, el cual os mand poner por obra: los diez mandamientos, y los escribi en dos tablas de piedra.
A m tambin me mand Jehov en aquel tiempo que os enseara los estatutos y juicios, para que los pusierais por obra en la tierra a la que vais a pasar para tomar posesin de ella.
"Guardad, pues, mucho vuestras almas, pues ninguna figura visteis el da que Jehov habl con vosotros de en medio del fuego,
para que no os corrompis y hagis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de hombre o de mujer,
figura de algn animal que est en la tierra, figura de algn ave alada que vuele por el aire,
figura de algn reptil que se arrastre sobre la tierra, figura de algn pez que haya en el agua debajo de la tierra.
No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol, la luna, las estrellas y todo el ejrcito del cielo, te dejes seducir, te inclines ante ellos y los sirvas, porque Jehov, tu Dios, los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos.
Pero a vosotros Jehov os tom, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seis el pueblo de su heredad como en este da.
"Pero Jehov se enoj contra m por causa de vosotros, y jur que yo no pasara el Jordn ni entrara en la buena tierra que Jehov, tu Dios, te da por heredad.
As que yo voy a morir en esta tierra, y no pasar el Jordn; pero vosotros pasaris y poseeris aquella buena tierra.
Guardaos, no os olvidis del pacto que Jehov, vuestro Dios, estableci con vosotros, y no os hagis escultura o imagen de ninguna cosa que Jehov, tu Dios, te ha prohibido.
Porque Jehov, tu Dios, es fuego consumidor, Dios celoso.
"Cuando hayis engendrado hijos y nietos, y hayis envejecido en la tierra, si os corrompis y hacis alguna escultura o imagen de cualquier cosa, y hacis lo malo ante los ojos de Jehov, vuestro Dios, para enojarlo,
yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra que pronto desapareceris totalmente de la tierra que vais a tomar en posesin al pasar el Jordn. No estaris en ella largos das sin que seis destruidos.
Jehov os esparcir entre los pueblos, y quedaris solo unos pocos entre las naciones a las cuales os llevar Jehov.
All serviris a dioses hechos por manos de hombres, de madera y piedra, que no ven ni oyen ni comen ni huelen.
Pero si desde all buscas a Jehov, tu Dios, lo hallars, si lo buscas de todo tu corazn y de toda tu alma.
Cuando ests en angustia y te alcancen todas estas cosas, si en los ltimos das te vuelves a Jehov, tu Dios, y oyes su voz,
porque Dios misericordioso es Jehov, tu Dios: No te dejar ni te destruir ni se olvidar del pacto que jur a tus padres.
"Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que han sido antes de ti, desde el da en que cre Dios al hombre sobre la tierra, si desde un extremo del cielo al otro se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya odo otra como ella.
Ha odo pueblo alguno la voz de Dios hablando de en medio del fuego, como t la has odo, sin perecer?
O ha intentado Dios venir a tomar para s una nacin de en medio de otra nacin, con pruebas, con seales, con milagros y con guerra, y mano poderosa y brazo extendido, y hechos aterradores, como todo lo que hizo con vosotros Jehov, vuestro Dios, en Egipto ante tus ojos?
A ti te fue mostrado, para que supieras que Jehov es Dios y que no hay otro fuera de l.
Desde los cielos te hizo oir su voz para ensearte, y sobre la tierra te mostr su gran fuego, y has odo sus palabras de en medio del fuego.
Por cuanto l am a tus padres, escogi a su descendencia despus de ellos y te sac de Egipto con su presencia y con su gran poder,
para echar de tu presencia naciones grandes y ms fuertes que t, y para introducirte y darte su tierra por heredad, como sucede hoy.
"Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazn que Jehov es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra; no hay otro.
Guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos despus de ti, y prolongues tus das sobre la tierra que Jehov, tu Dios, te da para siempre".
Entonces apart Moiss tres ciudades a este lado del Jordn, hacia el nacimiento del sol,
para que huyera all el homicida que matara a su prjimo sin intencin, sin haber tenido enemistad con l nunca antes y, huyendo a una de esas ciudades, salvara su vida.
Estas ciudades fueron: Beser, en el desierto, en tierra de la llanura, para los rubenitas; Ramot, en Galaad, para los gaditas, y Goln, en Basn, para los de Manass.
Esta, pues, es la ley que Moiss puso delante de los hijos de Israel.
Estos son los testimonios, los estatutos y los decretos que dict Moiss a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto,
a este lado del Jordn, en el valle delante de Bet-peor, en la tierra de Sehn, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbn, al cual derrot Moiss con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto.
Y poseyeron su tierra, y la tierra de Og, rey de Basn -- dos reyes de los amorreos que estaban de este lado del Jordn, al oriente--,
desde Aroer, que est junto a la ribera del arroyo Arnn, hasta el monte Sin, que es Hermn,
con todo el Arab, de este lado del Jordn, al oriente, hasta el mar del Arab, al pie de las laderas del Pisga.
Llam Moiss a todo Israel y les dijo: "Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros odos. Aprendedlos y guardadlos, para ponerlos por obra.
"Jehov, nuestro Dios, hizo un pacto con nosotros en Horeb.
No con nuestros padres hizo Jehov este pacto, sino con nosotros, todos los que estamos aqu hoy vivos.
Cara a cara habl Jehov con vosotros en el monte, de en medio del fuego.
Yo estaba entonces entre Jehov y vosotros para comunicaros la palabra de Jehov, porque vosotros tuvisteis temor del fuego y no subisteis al monte. l dijo:
""Yo soy Jehov, tu Dios, que te saqu de tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
"No tendrs dioses ajenos delante de m.
"No hars para ti escultura ni imagen alguna de cosa que est arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
No te inclinars a ellas ni las servirs, porque yo soy Jehov, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generacin de los que me aborrecen,
y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
"No tomars el nombre de Jehov, tu Dios, en vano, porque Jehov no considerar inocente al que tome su nombre en vano.
"Guardars el sbado para santificarlo, como Jehov, tu Dios, te ha mandado.
Seis das trabajars y hars toda tu obra,
pero el sptimo da es de reposo para Jehov, tu Dios. Ninguna obra hars t, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningn animal tuyo, ni el extranjero que est dentro de tus puertas, para que tu siervo y tu sierva puedan descansar como t.
Acurdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehov, tu Dios, te sac de all con mano fuerte y brazo extendido, por lo cual Jehov, tu Dios, te ha mandado que guardes el sbado.
"Honra a tu padre y a tu madre, como Jehov, tu Dios, te ha mandado, para que sean prolongados tus das y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehov, tu Dios, te da.
"No matars.
"No cometers adulterio.
"No hurtars.
"No dirs falso testimonio contra tu prjimo.
"No codiciars la mujer de tu prjimo, ni desears la casa de tu prjimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prjimo".
"Estas palabras las pronunci Jehov con potente voz ante toda vuestra congregacin, en el monte, de en medio del fuego, la nube y la oscuridad, y no aadi ms. Luego las escribi en dos tablas de piedra, que me entreg a m.
Cuando osteis la voz de en medio de las tinieblas y visteis el monte que arda en llamas, vinisteis a m todos vosotros, prncipes de las tribus y ancianos,
y dijisteis: "Jehov, nuestro Dios, nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos odo su voz, que sale de en medio del fuego. Hoy hemos visto que Jehov habla al hombre, y este an vive.
Ahora, pues, por qu vamos a morir? -- porque este gran fuego nos consumir--; si seguimos oyendo la voz de Jehov, nuestro Dios, moriremos.
Pues, qu es el hombre para que oiga la voz del Dios viviente hablando de en medio del fuego, como nosotros la omos, y an viva?
Acrcate t, y oye todas las cosas que diga Jehov, nuestro Dios. T nos dirs todo lo que Jehov, nuestro Dios, te diga, y nosotros oiremos y obedeceremos".
"Jehov oy vuestras palabras cuando me hablabais, y me dijo: "He odo las palabras de este pueblo, lo que ellos te han dicho; bien est todo lo que han dicho.
Ojal siempre tuvieran tal corazn, que me temieran y guardaran todos los das todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuera bien para siempre!
Ve y diles: Volveos a vuestras tiendas.
Y t qudate aqu conmigo; yo te dir todos los mandamientos, estatutos y decretos que les ensears, a fin de que los pongan ahora por obra en la tierra que yo les doy en posesin".
Mirad, pues, que hagis como Jehov, vuestro Dios, os ha mandado. No os apartis a la derecha ni a la izquierda.
Andad en todo el camino que Jehov, vuestro Dios, os ha mandado, para que vivis, os vaya bien y prolonguis vuestros das en la tierra que habis de poseer.
"Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehov, vuestro Dios, mand que os enseara, para que los pongis por obra en la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesin,
a fin de que temas a Jehov, tu Dios, guardando todos los estatutos y mandamientos que yo te mando, t, tu hijo y el hijo de tu hijo, todos los das de tu vida, para que se prolonguen tus das.
Oye, pues, Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquis, como te ha dicho Jehov, el Dios de tus padres.
"Oye, Israel: Jehov, nuestro Dios, Jehov uno es.
"Amars a Jehov, tu Dios, de todo tu corazn, de toda tu alma y con todas tus fuerzas.
"Estas palabras que yo te mando hoy, estarn sobre tu corazn.
Se las repetirs a tus hijos, y les hablars de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes.
Las atars como una seal en tu mano, y estarn como frontales entre tus ojos;
las escribirs en los postes de tu casa y en tus puertas.
"Cuando Jehov, tu Dios, te haya introducido en la tierra que jur a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te dara, en ciudades grandes y buenas que t no edificaste,
con casas llenas de toda clase de bienes, las cuales t no llenaste, con cisternas cavadas, que t no cavaste, y vias y olivares que no plantaste, luego que comas y te sacies,
cudate de no olvidarte de Jehov, que te sac de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
A Jehov, tu Dios, temers, a l solo servirs y por su nombre jurars.
No vayis detrs de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que estn en vuestros contornos,
porque Jehov, tu Dios, que est en medio de ti, es un Dios celoso; su furor se inflamara contra ti y te hara desaparecer de sobre la tierra.
"No tentaris a Jehov, vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.
Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehov, vuestro Dios, sus testimonios y los estatutos que te ha mandado.
Haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehov, para que te vaya bien y llegues a poseer la buena tierra que Jehov jur dar a tus padres,
y para que l arroje a tus enemigos de delante de ti, como Jehov ha dicho.
"Maana, cuando te pregunte tu hijo: "Qu significan los testimonios, estatutos y decretos que Jehov nuestro Dios os mand?",
dirs a tu hijo: "Nosotros ramos siervos del faran en Egipto, y Jehov nos sac de Egipto con mano poderosa.
Jehov hizo delante de nuestros ojos seales y milagros grandes y terribles en Egipto, contra el faran y contra toda su casa.
Y nos sac de all para traernos y darnos la tierra que prometi a nuestros padres.
Jehov nos mand que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehov, nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los das y para que nos conserve la vida, como hasta hoy.
Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehov, nuestro Dios, como l nos ha mandado".
"Cuando Jehov, tu Dios, te haya introducido en la tierra a la que vas a entrar para tomarla, y haya expulsado de delante de ti a muchas naciones: al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo; siete naciones mayores y ms poderosas que t,
y Jehov, tu Dios, te las haya entregado y las hayas derrotado, las destruirs del todo. No hars con ellas alianza ni tendrs de ellas misericordia.
No emparentars con ellas, no dars tu hija a su hijo ni tomars a su hija para tu hijo.
Porque apartar de m a tu hijo, que servira a dioses ajenos. Entonces el furor de Jehov se encender contra vosotros y os destruir bien pronto.
Pero as habis de hacer con ellos: sus altares destruiris, quebraris sus estatuas, destruiris sus imgenes de Asera y quemaris sus esculturas en el fuego.
Porque t eres pueblo santo para Jehov, tu Dios; Jehov, tu Dios, te ha escogido para que le seas un pueblo especial, ms que todos los pueblos que estn sobre la tierra.
"No por ser vosotros el ms numeroso de todos los pueblos os ha querido Jehov y os ha escogido, pues vosotros erais el ms insignificante de todos los pueblos,
sino porque Jehov os am y quiso guardar el juramento que hizo a vuestros padres; por eso os ha sacado Jehov con mano poderosa, y os ha rescatado de la servidumbre, de manos del faran, rey de Egipto.
Conoce, pues, que Jehov, tu Dios, es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta por mil generaciones,
pero que da su merecido, en su propia persona, al que le aborrece, destruyndolo; a quien le odia, no se demora en darle en su propia persona el pago.
Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas.
"Por haber odo estos decretos, haberlos guardado y puesto por obra, Jehov, tu Dios, guardar contigo el pacto y la misericordia que jur a tus padres.
Te amar, te bendecir y te multiplicar, bendecir el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cra de tus vacas y los rebaos de tus ovejas, en la tierra que jur a tus padres que te dara.
Bendito sers ms que todos los pueblos; no habr en ti hombre ni mujer estril, ni en tus ganados.
Apartar Jehov de ti toda enfermedad, y ninguna de las malas plagas de Egipto que t conoces har caer sobre ti, sino que las har caer sobre todos los que te aborrezcan.
Destruirs a todos los pueblos que Jehov, tu Dios, te entrega. No tendrs piedad de ellos ni servirs a sus dioses, porque te ser tropiezo.
"Si dices en tu corazn: "Estas naciones son mucho ms numerosas que yo, cmo las podr exterminar?",
no les tengas temor. Acurdate bien de lo que hizo Jehov, tu Dios, con el faran y con todo Egipto,
de las grandes pruebas que vieron tus ojos, de las seales y milagros, de la mano poderosa y el brazo extendido con que Jehov, tu Dios, te sac. As har Jehov, tu Dios, con todos los pueblos en cuya presencia t temes.
Tambin enviar Jehov, tu Dios, avispas contra ellos, hasta que perezcan los que queden y los que se hayan escondido de tu presencia.
No desmayes delante de ellos, porque Jehov, tu Dios, est en medio de ti, Dios grande y temible.
Jehov, tu Dios, ir expulsando a estas naciones de delante de ti poco a poco; no podrs acabar con ellas en seguida, para que las fieras del campo no se multipliquen contra ti.
Pero Jehov, tu Dios, las entregar delante de ti, y les causar grandes destrozos hasta que sean destruidas.
l entregar sus reyes en tus manos, y t borrars sus nombres de debajo del cielo. Nadie te podr resistir, hasta que los destruyas.
Quemars las esculturas de sus dioses en el fuego; no codiciars la plata ni el oro que las recubren, ni los tomars para ti, no sea que tropieces por ello, pues es una abominacin para Jehov, tu Dios.
No llevars ninguna cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema. Del todo la aborrecers y la abominars, porque es anatema.
"Cuidaris de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que vivis, seis multiplicados y entris a poseer la tierra que Jehov prometi con juramento a vuestros padres.
Te acordars de todo el camino por donde te ha trado Jehov, tu Dios, estos cuarenta aos en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que haba en tu corazn, si habas de guardar o no sus mandamientos.
Te afligi, te hizo pasar hambre y te sustent con man, comida que ni t ni tus padres haban conocido, para hacerte saber que no slo de pan vivir el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehov vivir el hombre.
El vestido que llevabas puesto nunca envejeci, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta aos.
Reconoce asimismo en tu corazn, que, como castiga el hombre a su hijo, as Jehov, tu Dios, te castiga.
Guardars, pues, los mandamientos de Jehov, tu Dios, andando en sus caminos y temindolo.
Porque Jehov, tu Dios, te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes;
tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel;
tierra en la cual no comers el pan con escasez, y donde no te faltar nada; tierra cuyas piedras son de hierro y de cuyos montes sacars cobre.
All comers y te saciars, y bendecirs a Jehov, tu Dios, por la buena tierra que te habr dado.
"Cudate de no olvidarte de Jehov, tu Dios, para cumplir los mandamientos, decretos y estatutos que yo te ordeno hoy;
no suceda que comas y te sacies, edifiques buenas casas y las habites,
cuando tus vacas y tus ovejas aumenten, la plata y el oro se te multipliquen y todo lo que tengas se acreciente,
se ensoberbezca tu corazn y te olvides de Jehov, tu Dios, que te sac de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;
que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes venenosas y de escorpiones; que en una tierra de sed y sin agua te sac agua de la roca del pedernal;
que te sustent con man en el desierto, comida que tus padres no haban conocido, afligindote y probndote, para a la postre hacerte bien,
y digas en tu corazn: "Mi poder y la fuerza de mi mano me han trado esta riqueza";
sino acurdate de Jehov, tu Dios, porque l es quien te da el poder para adquirir las riquezas, a fin de confirmar el pacto que jur a tus padres, como lo hace hoy.
"Pero si llegas a olvidarte de Jehov, tu Dios, y vas tras dioses ajenos, los sirves y ante ellos te inclinas, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceris.
Como las naciones que Jehov destruir delante de vosotros, as pereceris, por cuanto no habris atendido a la voz de Jehov, vuestro Dios.
"Oye, Israel: t vas hoy a pasar el Jordn, para entrar a desposeer a naciones ms numerosas y ms poderosas que t, ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo,
un pueblo grande y alto, los hijos de los anaceos, de los cuales tienes t conocimiento, y de quienes has odo decir: "Quin se sostendr delante de los hijos de Anac?".
Entiende, pues, hoy, que es Jehov, tu Dios, el que pasa delante de ti como fuego consumidor, quien los destruir y humillar en tu presencia. T los echars y los destruirs en seguida, como Jehov te ha dicho.
"Cuando Jehov, tu Dios, los haya echado de delante de ti, no digas en tu corazn: "Por mi justicia me ha trado Jehov a poseer esta tierra", pues por la impiedad de estas naciones Jehov las arroja de delante de ti.
No por tu justicia ni por la rectitud de tu corazn entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones Jehov, tu Dios, las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que Jehov jur a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
Por tanto, has de saber que Jehov, tu Dios, no te da en posesin esta buena tierra por tu justicia, porque pueblo terco eres t.
"Acurdate, no olvides que has provocado la ira de Jehov, tu Dios, en el desierto; desde el da en que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habis sido rebeldes a Jehov.
En Horeb provocasteis a ira a Jehov, y se enoj Jehov contra vosotros para destruiros.
Cuando yo sub al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehov hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta das y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua.
Jehov me dio las dos tablas de piedra escritas por el dedo de Dios, y en ellas estaban escritas todas las palabras que os habl Jehov en el monte, de en medio del fuego, el da de la asamblea.
Al cabo de los cuarenta das y cuarenta noches, Jehov me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto,
y me dijo: "Levntate, desciende pronto de aqu, porque el pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido. Bien pronto se han apartado del camino que yo les mand y se han hecho una imagen de fundicin".
"Tambin me dijo Jehov: "He observado a este pueblo y he visto que es un pueblo terco.
Djame que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo, y yo te pondr sobre una nacin fuerte y mucho ms numerosa que ellos".
"Yo me volv y descend del monte, el cual arda en llamas, con las tablas del pacto en mis dos manos.
Mir y vi que habais pecado contra Jehov, vuestro Dios: os habais hecho un becerro de fundicin, apartndoos bien pronto del camino que Jehov os haba sealado.
Entonces tom las dos tablas, las arroj de mis dos manos y las quebr delante de vuestros ojos.
Luego me postr delante de Jehov, y como antes hice, durante cuarenta das y cuarenta noches no com pan ni beb agua, a causa de todo el pecado que habais cometido haciendo el mal ante los ojos de Jehov para enojarlo.
Porque tem a causa del furor y de la ira con que Jehov estaba enojado contra vosotros hasta querer destruiros. Pero Jehov me escuch una vez ms.
Contra Aarn tambin se enoj mucho Jehov hasta querer destruirlo. Yo tambin or por Aarn en aquel entonces.
Luego tom el objeto de vuestro pecado, el becerro que habais hecho, lo quem en el fuego y lo desmenuc, molindolo muy bien, hasta que qued reducido a polvo, y ech aquel polvo en el arroyo que descenda del monte.
"Tambin en Tabera, en Masah y en Kibrot-hataava provocasteis a ira a Jehov.
Y cuando desde Cades-barnea Jehov os mand: "Subid y poseed la tierra que yo os he dado", tambin fuisteis rebeldes al mandato de Jehov, vuestro Dios, y no le cresteis ni obedecisteis a su voz.
Rebeldes habis sido a Jehov desde el da en que yo os conozco.
"Me postr, pues, delante de Jehov; cuarenta das y cuarenta noches estuve postrado, porque Jehov dijo que os haba de destruir.
Y or a Jehov diciendo: Seor Jehov, no destruyas a tu pueblo, a la heredad que has redimido con tu grandeza y que sacaste de Egipto con mano poderosa.
Acurdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires la dureza de este pueblo, su impiedad ni su pecado,
no sea que digan los de la tierra de donde nos sacaste: "Por cuanto no pudo Jehov introducirlos en la tierra que les haba prometido, o porque los aborreca, los sac para matarlos en el desierto".
Ellos son tu pueblo, la heredad que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido.
"En aquel tiempo Jehov me dijo: "Lbrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube hasta m al monte. Hazte tambin un arca de madera.
Yo escribir en esas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste, y t las pondrs en el Arca".
"Hice un arca de madera de acacia, labr dos tablas de piedra como las primeras y sub al monte con las dos tablas en mis manos.
l escribi en las tablas lo mismo que haba escrito antes: los diez mandamientos que Jehov haba proclamado en el monte de en medio del fuego, el da de la asamblea. Y me las entreg Jehov.
Entonces me volv, descend del monte y puse las tablas en el Arca que haba hecho. All estn todava, como Jehov me lo mand.
"(Despus salieron los hijos de Israel de Beerot-bene-jaacn a Mosera. All muri Aarn y all fue sepultado. Le sucedi en el sacerdocio su hijo Eleazar.
De all partieron a Gudgoda, y de Gudgoda a Jotbata, tierra de arroyos de aguas.
En aquel tiempo apart Jehov la tribu de Lev para que llevara el Arca del pacto de Jehov, para que estuviera delante de Jehov y lo sirviera, y para bendecir en su nombre, hasta el da de hoy.
Por eso Lev no tuvo parte ni heredad entre sus hermanos: Jehov es su heredad, como Jehov, tu Dios, le dijo.)
"Yo estuve en el monte, como la primera vez, cuarenta das y cuarenta noches. Jehov tambin me escuch esta vez y no quiso destruirte.
Me dijo Jehov: "Levntate, disponte a marchar delante del pueblo, para que entren y tomen posesin de la tierra que jur a sus padres que les haba de dar".
"Ahora, pues, Israel, qu pide de ti Jehov, tu Dios, sino que temas a Jehov, tu Dios, que andes en todos sus caminos, que ames y sirvas a Jehov, tu Dios, con todo tu corazn y con toda tu alma,
que guardes los mandamientos de Jehov y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?
De Jehov, tu Dios, son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todas las cosas que hay en ella.
Sin embargo, solamente de tus padres se agrad Jehov y los am; y despus de ellos escogi su descendencia, a vosotros, de entre todos los pueblos, como sucede hoy.
"Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazn, y no endurezcis ms vuestra cerviz.
Porque Jehov, vuestro Dios, es Dios de dioses y Seor de seores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepcin de personas, ni recibe sobornos,
que hace justicia al hurfano y a la viuda, que ama tambin al extranjero y le da pan y vestido.
Amaris, pues, al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.
"A Jehov, tu Dios, temers, a l solo servirs, a l seguirs y en su nombre jurars.
l es el objeto de tu alabanza y l es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto.
Con setenta personas descendieron tus padres a Egipto, pero ahora Jehov ha hecho que te multipliques como las estrellas del cielo.
"Amars, pues, a Jehov, tu Dios, y guardars sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los das.
Comprended hoy -- no hablo de vuestros hijos, que no han sabido ni visto el castigo de Jehov, vuestro Dios, su grandeza, su mano poderosa, ni su brazo extendido
las seales y las obras que hizo en medio de Egipto contra el faran, rey de Egipto, y toda su tierra;
lo que hizo con el ejrcito de Egipto, con sus caballos y sus carros; cmo precipit Jehov las aguas del Mar Rojo sobre ellos cuando venan tras vosotros y los destruy hasta hoy;
lo que ha hecho con vosotros en el desierto hasta vuestra llegada a este lugar;
lo que hizo con Datn y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubn; cmo abri su boca la tierra y los trag con sus familias, sus tiendas y todo su ganado en medio de todo Israel--,
pues vuestros ojos han visto todas las grandes obras que Jehov ha hecho.
"Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seis fortalecidos y entris a poseer la tierra a la cual vais a pasar para tomarla,
y para que os sean prolongados los das sobre la tierra, de la cual jur Jehov a vuestros padres que se la haba de dar a ellos y a su descendencia, tierra que fluye leche y miel.
La tierra a la que vas a entrar para tomarla no es como la tierra de Egipto, de donde habis salido, donde sembrabas tu semilla y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.
La tierra a la que vais a entrar para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo;
una tierra de la que cuida Jehov, tu Dios. Siempre estn sobre ella los ojos de Jehov, tu Dios, desde el principio del ao hasta el fin.
"Si obedecis cuidadosamente a los mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehov, vuestro Dios, y sirvindolo con todo vuestro corazn y con toda vuestra alma,
yo dar la lluvia a vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tarda, y t recogers tu grano, tu vino y tu aceite.
Dar tambin hierba en tu campo para tus ganados, y comers hasta saciarte.
Guardaos, pues, que vuestro corazn no se deje engaar y os apartis para servir a dioses ajenos e inclinaros delante de ellos;
no sea que se encienda el furor de Jehov sobre vosotros, cierre los cielos y no haya lluvia, ni la tierra d su fruto, y perezcis bien pronto en esa buena tierra que os da Jehov.
"Por tanto, pondris estas mis palabras en vuestro corazn y en vuestra alma, las ataris como seal en vuestra mano y sern como insignias entre vuestros ojos.
Las ensearis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes,
Las escribirs en los postes de tu casa y en tus puertas,
para que sean vuestros das, y los das de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehov jur a vuestros padres que les haba de dar, como los das de los cielos sobre la tierra.
"Porque si guardis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo para que los cumplis, y si amis a Jehov, vuestro Dios, andando en todos sus caminos y siguindolo a l,
Jehov tambin echar de vuestra presencia a todas estas naciones, y desposeeris a naciones grandes y ms poderosas que vosotros.
Todo lugar que pise la planta de vuestro pie ser vuestro: desde el desierto hasta el Lbano, desde el ro ufrates hasta el mar occidental ser vuestro territorio.
Nadie se sostendr delante de vosotros; miedo y temor de vosotros pondr Jehov, vuestro Dios, sobre toda la tierra que pisis, como l os ha dicho.
"Mirad: Yo pongo hoy delante de vosotros la bendicin y la maldicin:
la bendicin, si obedecis los mandamientos de Jehov, vuestro Dios, que yo os prescribo hoy,
y la maldicin, si no obedecis los mandamientos de Jehov, vuestro Dios y os apartis del camino que yo os ordeno hoy, para ir tras dioses ajenos que no habis conocido.
"Cuando Jehov, tu Dios, te haya introducido en la tierra a la cual vas para tomarla, pondrs la bendicin sobre el monte Gerizim y la maldicin sobre el monte Ebal,
los cuales estn al otro lado del Jordn, tras el camino del occidente, en la tierra del cananeo, que habita en el Arab, frente a Gilgal, junto al encinar de More.
Porque vosotros pasis el Jordn para ir a poseer la tierra que os da Jehov, vuestro Dios. La tomaris y habitaris en ella.
Cuidaris, pues, de cumplir todos los estatutos y decretos que yo presento hoy delante de vosotros.
"Estos son los estatutos y decretos que cuidaris de poner por obra en la tierra que Jehov, el Dios de tus padres, te ha dado para que tomes posesin de ella, todos los das que vosotros vivis sobre la tierra.
"Destruiris enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredaris sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, sobre los collados y bajo todo rbol frondoso.
Derribaris sus altares, quebraris sus estatuas, quemaris sus imgenes de Asera, destruiris las esculturas de sus dioses y borraris su nombre de aquel lugar.
"No haris as a Jehov, vuestro Dios,
sino que el lugar que Jehov, vuestro Dios, escoja entre todas vuestras tribus, para poner all su nombre y habitar en l, ese buscaris, y all iris.
All llevaris vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos y la ofrenda reservada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas;
all comeris delante de Jehov, vuestro Dios, y os alegraris, vosotros y vuestras familias, de toda obra de vuestras manos en que Jehov, tu Dios, te haya bendecido.
"No haris como todo lo que hacemos nosotros aqu ahora, cada uno lo que bien le parece,
porque hasta ahora no habis entrado al reposo y a la heredad que os da Jehov, vuestro Dios.
Pero pasaris el Jordn y habitaris en la tierra que Jehov, vuestro Dios, os hace heredar. l os har descansar de todos vuestros enemigos de alrededor, y habitaris seguros.
Y al lugar que Jehov, vuestro Dios, escoja para poner en l su nombre, all llevaris todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas reservadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hayis prometido a Jehov.
Y os alegraris delante de Jehov, vuestro Dios, vosotros, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras siervas, as como el levita que habite en vuestras poblaciones, por cuanto no tiene parte ni heredad con vosotros.
"Cudate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que veas;
slo en el lugar que Jehov escoja en una de tus tribus ofrecers tus holocaustos, y all hars todo lo que yo te mando.
"Con todo, podrs sacrificar y comer la carne en todas tus poblaciones conforme a tu deseo, segn la bendicin que Jehov, tu Dios, te haya dado. Tanto el impuro como el limpio la podrn comer, como si fuera una gacela o un ciervo.
Solamente que sangre no comeris; sobre la tierra la derramaris como agua.
"Tampoco comers en tus poblaciones el diezmo de tu grano, de tu vino o de tu aceite, ni las primicias de tus vacas ni de tus ovejas, ni los votos que prometas, ni las ofrendas voluntarias, ni ninguna otra ofrenda reservada de tus manos,
sino que delante de Jehov, tu Dios, las comers, en el lugar que Jehov, tu Dios, haya escogido, t, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva y el levita que habita en tus poblaciones. Te alegrars delante de Jehov, tu Dios, de toda la obra de tus manos.
Ten cuidado de no desamparar al levita mientras vivas sobre la tierra.
"Cuando Jehov, tu Dios, ensanche tu territorio, como l te ha dicho, y t digas: "Comer carne", porque deseaste comerla, siempre que lo desees podrs comerla.
Si est lejos de ti el lugar que Jehov, tu Dios, escoja para poner all su nombre, podrs matar de las vacas y de las ovejas que Jehov te haya dado, como te he mandado yo, y comers en tus ciudades todo lo que desees.
Lo mismo que se come la gacela y el ciervo, as las podrs comer; el impuro y el limpio podrn comer tambin de ellas.
Solamente que te mantengas firme en no comer sangre, porque la sangre es la vida, y no comers la vida junto con la carne.
No la comers; en tierra la derramars como si fuera agua.
No comers de ella, para que te vaya bien a ti y a tus hijos despus de ti, cuando hagas lo recto ante los ojos de Jehov.
"Pero las cosas que hayas consagrado y las que ofrezcas como voto, las tomars y las llevars al lugar que Jehov haya escogido.
Ofrecers tus holocaustos, la carne y la sangre, sobre el altar de Jehov, tu Dios; la sangre de tus sacrificios ser derramada sobre el altar de Jehov, tu Dios, y podrs comer la carne.
"Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehov, tu Dios, te vaya bien, a ti y a tus hijos despus de ti, para siempre.
"Cuando Jehov, tu Dios, haya destruido delante de ti las naciones que t vas a poseer, y las heredes y habites en su tierra,
gurdate que no tropieces siguiendo el ejemplo de ellas, despus que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: "De qu manera servan aquellas naciones a sus dioses, para que yo tambin les sirva de igual modo?"
No hars as a Jehov, tu Dios, porque todas las cosas abominables que Jehov aborrece las hicieron ellos a sus dioses, pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban al fuego en honor de sus dioses.
"Cuidars de hacer todo lo que yo te mando; no aadirs a ello, ni de ello quitars.
"Cuando se levante en medio de ti un profeta o soador de sueos, y te anuncie una seal o un prodigio,
si se cumple la seal o el prodigio que l te anunci, y te dice: "Vayamos tras dioses ajenos --que t no conoces-- y sirvmoslos",
no escuchars las palabras de tal profeta ni de tal soador de sueos, porque Jehov, vuestro Dios, os est probando para saber si amis a Jehov, vuestro Dios, con todo vuestro corazn y con toda vuestra alma.
A Jehov, vuestro Dios, seguiris y a l temeris, guardaris sus mandamientos y escucharis su voz, a l serviris y a l le seris fieles.
Tal profeta o soador de sueos deber morir, por cuanto aconsej la rebelin contra Jehov, vuestro Dios, que te sac de tierra de Egipto y te rescat de la casa de servidumbre, y trat de apartarte del camino por el cual Jehov, tu Dios, te mand que anduvieras. As apartars el mal de en medio de ti.
"Si te incita tu hermano, el hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo ntimo, dicindote en secreto: "Vayamos y sirvamos a dioses ajenos", que ni t ni tus padres conocisteis,
-- los dioses de los pueblos que estn en vuestros alrededores, cerca de ti o lejos de ti, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de ella--,
no consentirs con l ni le prestars odo, tu ojo no lo compadecer, no le tendrs misericordia ni lo encubrirs,
sino que lo matars; tu mano se alzar primero sobre l para matarlo, y despus la mano de todo el pueblo.
Lo apedrears hasta que muera, por cuanto procur apartarte de Jehov, tu Dios, que te sac de tierra de Egipto, de la casa de servidumbre,
para que todo Israel lo sepa y tema, y no vuelva a hacer en medio de ti cosa semejante a esta.
"Si oyes decir que en alguna de las ciudades que Jehov, tu Dios, te da para vivir en ellas,
han salido de entre los tuyos hombres impos que han instigado a los habitantes de su ciudad, diciendo: "Vayamos y sirvamos a dioses ajenos", que vosotros no conocisteis,
t investigars, buscars y preguntars con diligencia. Si resulta ser cierto que en medio de ti se ha cometido tal abominacin,
irremisiblemente herirs a filo de espada a los habitantes de aquella ciudad, destruyndola con todo lo que haya en ella, y tambin matars sus ganados a filo de espada.
Juntars todo su botn en medio de la plaza y prenders fuego a la ciudad con todo su botn, todo ello como holocausto a Jehov, tu Dios. Quedar convertido en un montn de ruinas para siempre; nunca ms ser edificada.
"No te quedars con nada del anatema, para que Jehov se aparte del ardor de su ira, tenga misericordia y compasin de ti, y te multiplique, como lo jur a tus padres,
cuando obedezcas a la voz de Jehov, tu Dios, guardando todos sus mandamientos que yo te he dado hoy, para hacer lo recto ante los ojos de Jehov, tu Dios.
"Hijos sois de Jehov, vuestro Dios; no os haris incisiones ni os raparis a causa de un muerto.
Porque eres pueblo santo a Jehov, tu Dios, y Jehov te ha escogido para que le seas un pueblo nico entre todos los pueblos que estn sobre la tierra.
"Nada abominable comers.
"Estos son los animales que podris comer: el buey, la oveja, la cabra,
el ciervo, la gacela, el corzo, la cabra monts, el bice, el antlope y el carnero monts.
Tambin podris comer todo animal de pezuas partidas, o sea, hendida en dos mitades, y que rumia.
Pero estos no comeris entre los que rumian o entre los que tienen la pezua hendida: el camello, la liebre y el conejo, porque rumian, pero no tienen la pezua hendida; os sern inmundos.
Tampoco el cerdo, porque tiene la pezua hendida, pero no rumia; os ser inmundo. De la carne de estos no comeris, ni tocaris sus cuerpos muertos.
"De entre los que viven en el agua, estos podris comer: todo lo que tiene aletas y escamas.
Pero no comeris lo que no tiene aletas y escama; os ser inmundo.
"Podris comer toda ave limpia.
Pero estas son las que no podris comer: el guila, el quebrantahuesos, el azor,
el gallinazo, el milano segn su especie,
todo cuervo segn su especie,
el avestruz, la lechuza, la gaviota y el gaviln segn sus especies,
el bho, el ibis, el calamn,
el pelcano, el buitre, el somormujo,
la cigea, la garza segn su especie, la abubilla y el murcilago.
"Todo insecto alado os ser inmundo: no se comer.
Podris comer toda ave limpia.
"No comeris ningn animal muerto. Al extranjero que est en tus poblaciones se lo dars, y l podr comerlo; o vndelo a un extranjero, porque t eres un pueblo consagrado a Jehov, tu Dios. "No cocers el cabrito en la leche de su madre.
"Indefectiblemente diezmars todo el producto del grano que rinda tu campo cada ao.
Comers delante de Jehov, tu Dios, en el lugar que l escoja para poner all su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehov, tu Dios, todos los das.
Si el camino es tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehov, tu Dios, haya escogido para poner en l su nombre, cuando Jehov, tu Dios, te haya bendecido,
entonces lo venders, llevars el dinero contigo e irs al lugar que Jehov, tu Dios, escoja.
All entregars el dinero por todo lo que deseas: por vacas, por ovejas, por vino, por sidra o por cualquier cosa que t desees. Comers all delante de Jehov, tu Dios, y te alegrars, t y tu familia.
"No desamparars al levita que habite en tus poblaciones, porque no tiene parte ni heredad contigo.
"Al cabo de tres aos sacars todo el diezmo de tus productos de aquel ao, y lo guardars en tus ciudades.
All vendr el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, el extranjero, el hurfano y la viuda que haya en tus poblaciones, y comern y se saciarn, para que Jehov, tu Dios, te bendiga en toda obra que tus manos hagan.
"Cada siete aos hars remisin.
"En esto consiste la remisin: perdonar a su deudor todo aquel que haya prestado algo de su pertenencia, con lo cual oblig a su prjimo; no lo demandar ms a su prjimo, o a su hermano, porque ha sido proclamada la remisin de Jehov.
Del extranjero demandars el reintegro; pero lo que tu hermano tenga de ti, se lo perdonars.
As no habr mendigos entre los tuyos, pues Jehov te bendecir con abundancia en la tierra que Jehov, tu Dios, te da por heredad, para que la tomes en posesin,
si escuchas fielmente la voz de Jehov, tu Dios, para guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy.
Ya que Jehov, tu Dios, te habr bendecido, como te ha dicho, prestars entonces a muchas naciones, pero t no tomars prestado; tendrs dominio sobre muchas naciones, pero sobre ti no tendrn dominio.
"Cuando haya algn pobre entre tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehov, tu Dios, te da, no endurecers tu corazn ni le cerrars tu mano a tu hermano pobre,
sino que le abrirs tu mano liberalmente y le prestars lo que en efecto necesite.
Gurdate de albergar en tu corazn este pensamiento perverso: "Cerca est el sptimo ao, el de la remisin", para mirar con malos ojos a tu hermano pobre y no darle nada, pues l podra clamar contra ti a Jehov, y se te contara como pecado.
Sin falta le dars, y no sers de mezquino corazn cuando le des, porque por ello te bendecir Jehov, tu Dios, en todas tus obras y en todo lo que emprendas.
Pues nunca faltarn pobres en medio de la tierra; por eso yo te mando: Abrirs tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.
"Si se vende a ti tu hermano hebreo o hebrea, te servir seis aos, y al sptimo le dejars libre.
Y cuando lo dejes libre, no lo enviars con las manos vacas.
Lo abastecers liberalmente de tus ovejas, de tu era y de tu lagar; le dars de aquello con que Jehov te haya bendecido.
Te acordars de que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehov, tu Dios, te rescat; por eso yo te mando esto hoy.
"Pero si l te dice: "No te dejar", porque te ama a ti y a tu casa, y porque le va bien contigo,
entonces tomars una lesna y horadars su oreja contra la puerta, y ser tu siervo para siempre. As tambin hars con tu criada.
No te parezca duro cuando lo dejes libre, pues por la mitad del costo de un jornalero te sirvi seis aos. Y Jehov, tu Dios, te bendecir en todo cuanto hagas.
"Consagrars a Jehov, tu Dios, todo primognito macho de tus vacas y de tus ovejas. "No te servirs del primognito de tus vacas ni trasquilars al primognito de tus ovejas.
Delante de Jehov, tu Dios, los comers cada ao, t y tu familia, en el lugar que Jehov escoja.
Pero si tiene algn defecto, si es ciego, o cojo, o tiene cualquier otra falta, no lo sacrificars a Jehov, tu Dios.
En tus poblaciones lo comers; lo mismo el impuro que el limpio lo comern, como si fuera una gacela o un ciervo.
Solamente que no comas su sangre; sobre la tierra la derramars como si fuera agua.
"Guardars el mes de Abib y celebrars la Pascua a Jehov, tu Dios, porque en el mes de Abib, por la noche, te sac Jehov, tu Dios, de Egipto.
"Sacrificars la vctima de la Pascua a Jehov, tu Dios, de las ovejas y las vacas, en el lugar que Jehov escoja para que habite all su nombre.
"No comers con ella pan con levadura; durante siete das comers con ella pan sin levadura, pan de afliccin, porque aprisa saliste de tierra de Egipto, para que todos los das de tu vida te acuerdes del da en que saliste de la tierra de Egipto.
No se ver levadura junto a ti en todo tu territorio durante siete das. Y de la carne que sacrifiques en la tarde del primer da, no quedar nada hasta la maana.
No podrs sacrificar la vctima de la Pascua en cualquiera de las ciudades que Jehov, tu Dios, te da,
sino en el lugar que Jehov, tu Dios, escoja para que habite su nombre. All sacrificars la vctima de la Pascua por la tarde, a la puesta del sol, a la hora que saliste de Egipto.
La asars y comers en el lugar que Jehov, tu Dios, haya escogido, y por la maana regresars y volvers a tu habitacin.
Seis das comers pan sin levadura, y el sptimo da ser fiesta solemne dedicada a Jehov, tu Dios: no trabajars en l.
"Siete semanas contars; desde que comience a meterse la hoz en las mieses comenzars a contar las siete semanas.
Y celebrars la fiesta solemne de las Semanas en honor de Jehov, tu Dios, presentando tus ofrendas voluntarias segn lo abundantes que hayan sido las bendiciones de Jehov, tu Dios.
Te alegrars delante de Jehov, tu Dios, t, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita que habita en tus ciudades, y el extranjero, el hurfano y la viuda que viven entre los tuyos, en el lugar que Jehov, tu Dios, haya escogido para poner all su nombre.
Acurdate de que fuiste siervo en Egipto; por tanto, guardars y cumplirs estos estatutos.
"Celebrars la fiesta solemne de los Tabernculos durante siete das, cuando hayas hecho la cosecha de tu era y de tu lagar.
Te alegrars en tus fiestas solemnes, t, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita, el extranjero, el hurfano y la viuda que viven en tus poblaciones.
Durante siete das celebrars la fiesta solemne en honor de Jehov, tu Dios, en el lugar que Jehov escoja, porque te habr bendecido Jehov, tu Dios, en todos tus frutos y en todas las obras de tus manos, y estars verdaderamente alegre.
"Tres veces cada ao se presentarn todos tus varones delante de Jehov, tu Dios, en el lugar que l escoja: en la fiesta solemne de los Panes sin levadura, en la fiesta solemne de las Semanas y en la fiesta solemne de los Tabernculos. Y ninguno se presentar delante de Jehov con las manos vacas;
cada uno presentar su ofrenda conforme a la bendicin que Jehov, tu Dios, te haya dado.
"En todas las ciudades que Jehov, tu Dios, te dar, pondrs jueces y oficiales, por tribus, los cuales juzgarn al pueblo con justo juicio.
No tuerzas el derecho, no hagas acepcin de personas ni tomes soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos.
La justicia, slo la justicia seguirs, para que vivas y heredes la tierra que Jehov, tu Dios, te da.
"No plantars ningn rbol para Asera cerca del altar de Jehov, tu Dios, que hayas edificado,
ni te levantars estatua, lo cual aborrece Jehov, tu Dios.
"No ofrecers en sacrificio a Jehov, tu Dios, buey o cordero en el cual haya defecto o alguna cosa mala, pues es cosa abominable para Jehov, tu Dios.
"Cuando se halle entre los tuyos, en alguna de las ciudades que Jehov, tu Dios, te da, un hombre o una mujer que haya hecho lo malo ante los ojos de Jehov, tu Dios, traspasando su pacto,
que haya ido a servir a dioses ajenos y se haya inclinado ante ellos, ya sea ante el sol, la luna o todo el ejrcito del cielo, lo cual yo he prohibido,
y te sea dado aviso, entonces investiga muy bien. Si resulta ser cierto que tal abominacin ha sido hecha en Israel,
sacars a las puertas de tu ciudad al hombre o a la mujer que haya cometido esta mala accin, sea hombre o mujer, y los apedrears hasta que mueran.
"Por testimonio de dos o de tres testigos morir el que haya de morir; no morir por el testimonio de un solo testigo.
La mano de los testigos caer primero sobre l para matarlo, y despus la mano de todo el pueblo. As apartars el mal de en medio de ti.
"Cuando alguna cosa te sea difcil en el juicio, entre una clase de homicidio y otra, entre una clase de derecho legal y otra, y entre una clase de herida y otra, en negocios de litigio en tus ciudades; entonces te levantars y recurrirs al lugar que Jehov, tu Dios, escoja.
Acudirs a los sacerdotes levitas y al juez que haya en aquellos das, y preguntars. Ellos te ensearn la sentencia del juicio.
Y hars lo que indique la sentencia que te dicten los del lugar que Jehov escoja, cuidando de cumplir todo lo que te manifiesten.
Proceders segn las instrucciones que te den y el juicio que te pronuncien; no te apartars ni a la derecha ni a la izquierda de la sentencia que te dicten.
El hombre que proceda con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que est para ministrar all delante de Jehov, tu Dios, o al juez, ese morir. As apartars el mal de en medio de Israel.
Y cuando todo el pueblo lo sepa, temer y no se ensoberbecer.
"Cuando hayas entrado en la tierra que Jehov, tu Dios, te da, tomes posesin de ella, la habites y digas: "Voy a poner un rey sobre m, como todas las naciones que estn en mis alrededores",
ciertamente pondrs como rey sobre ti al que Jehov, tu Dios, escoja. A uno de tus hermanos pondrs sobre ti como rey; no podrs poner sobre ti a un hombre extranjero que no sea tu hermano.
Pero l no deber tener muchos caballos, ni har volver al pueblo a Egipto con el fin de adquirir caballos, pues Jehov os ha dicho: "No volvis nunca por este camino".
Tampoco deber tener muchas mujeres, para que su corazn no se desve; ni amontonar para s demasiada plata ni oro.
"Cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribir para s en un libro una copia de esta Ley, del original que est al cuidado de los sacerdotes levitas.
Lo tendr consigo y lo leer todos los das de su vida, para que aprenda a temer a Jehov, su Dios, guardando todas las palabras de esta Ley y estos estatutos, y ponindolos por obra.
As no se elevar su corazn sobre sus hermanos, ni se apartar de estos mandamientos a la derecha ni a la izquierda, a fin de que l y sus hijos prolonguen los das de su reino en medio de Israel.
"Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Lev, no tendrn parte ni heredad en Israel; de las ofrendas quemadas a Jehov y de la heredad de l comern.
No tendrn, pues, heredad entre sus hermanos; Jehov es su heredad, como l les ha dicho.
"Este ser el derecho de los sacerdotes sobre aquellos del pueblo que ofrezcan en sacrificio un buey o un cordero: darn al sacerdote la pierna, las quijadas y el cuajar.
Las primicias de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas le dars,
porque a l ha escogido Jehov, tu Dios, de entre todas tus tribus, para que l y sus hijos ministren en el nombre de Jehov para siempre.
"Cuando salga un levita de cualquiera de las ciudades de Israel donde haya vivido, y vaya con todo el deseo de su alma al lugar que Jehov escoja,
ministrar en el nombre de Jehov, su Dios, como todos sus hermanos, los levitas que estn all delante de Jehov.
Igual racin a la de los otros comer, adems de sus patrimonios.
"Cuando entres a la tierra que Jehov, tu Dios, te da, no aprenders a hacer segn las abominaciones de aquellas naciones.
No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinacin, ni agorero, ni sortlego, ni hechicero,
ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.
Porque es abominable para Jehov cualquiera que hace estas cosas, y por estas cosas abominables Jehov, tu Dios, expulsa a estas naciones de tu presencia.
Perfecto sers delante de Jehov, tu Dios.
Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen, pero a ti no te ha permitido esto Jehov, tu Dios.
"Un profeta como yo te levantar Jehov, tu Dios, de en medio de ti, de tus hermanos; a l oiris.
Conforme a todo lo que pediste a Jehov, tu Dios, en el Horeb, el da de la asamblea, al decir: "No vuelva yo a oir la voz de Jehov, mi Dios, ni vea yo ms este gran fuego, para que no muera".
Y Jehov me dijo: "Bien est eso que han dicho".
Un profeta como t les levantar en medio de sus hermanos; pondr mis palabras en su boca y l les dir todo lo que yo le mande.
Pero a cualquiera que no oiga las palabras que l pronuncie en mi nombre, yo le pedir cuenta.
El profeta que tenga la presuncin de pronunciar en mi nombre una palabra que yo no le haya mandado pronunciar, o que hable en nombre de dioses ajenos, ese profeta morir.
Tal vez digas en tu corazn: "Cmo conoceremos que esta no es palabra de Jehov?".
Si el profeta habla en nombre de Jehov, y no se cumple ni acontece lo que dijo, esa palabra no es de Jehov. Por presuncin habl el tal profeta; no tengas temor de l.
"Cuando Jehov, tu Dios, destruya a las naciones cuya tierra Jehov, tu Dios, te va a dar, y t las heredes y habites en sus ciudades y en sus casas,
apartars tres ciudades en medio de la tierra que Jehov, tu Dios, te da para que la poseas.
Arreglars los caminos y dividirs en tres partes la tierra que Jehov, tu Dios, te dar en heredad, a fin de que todo homicida huya all.
Este es el caso del homicida que podr huir all y salvar su vida: aquel que hiera a su prjimo sin intencin y sin haber tenido enemistad con l anteriormente;
como el que va con su prjimo al monte a cortar lea, y al dar su mano el golpe con el hacha para cortar algn leo, se suelta el hierro del cabo, y da contra su prjimo y este muere. Aquel podr huir a una de estas ciudades y salvar su vida:
no sea que el vengador de la sangre, enfurecido, persiga al homicida, lo alcance por ser largo el camino, y lo hiera de muerte, cuando no deba ser condenado a muerte por cuanto no tena enemistad con su prjimo anteriormente.
Por tanto yo te mando que separes tres ciudades.
Y si Jehov, tu Dios, ensancha tu territorio, como lo jur a tus padres, y te da toda la tierra que prometi dar a tus padres
-- siempre y cuando guardes todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy para ponerlos por obra: que ames a Jehov, tu Dios, y andes en sus caminos todos los das--, entonces aadirs tres ciudades ms a estas tres,
para que no sea derramada sangre inocente en medio de la tierra que Jehov, tu Dios, te da por heredad, y no seas culpado de derramamiento de sangre.
"Pero si hay alguien que aborrece a su prjimo y lo acecha, se levanta contra l, lo hiere de muerte y muere, y luego huye a alguna de estas ciudades,
entonces los ancianos de su ciudad mandarn a sacarlo de all y lo entregarn en manos del vengador de la sangre, para que muera.
No le compadecers; as extirpars de Israel todo derramamiento de sangre inocente, y te ir bien.
"En la heredad que poseas en la tierra que Jehov, tu Dios, te da, no reducirs los lmites de la propiedad de tu prjimo que fijaron los antiguos.
"No se tomar en cuenta a un solo testigo contra alguien en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relacin con cualquier ofensa cometida. Slo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendr la acusacin.
"Cuando se levante un testigo falso contra alguien, para testificar contra l,
entonces los dos litigantes se presentarn delante de Jehov y delante de los sacerdotes y de los jueces que haya en aquellos das.
Los jueces investigarn bien, y si aquel testigo resulta falso y ha acusado falsamente a su hermano,
entonces haris con l como l pens hacer con su hermano. As extirpars el mal de en medio de ti.
Los que queden, cuando lo sepan, temern y no volvern a cometer ms una maldad semejante en medio de ti.
No lo compadecers: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
"Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si ves caballos, carros y un pueblo ms numeroso que t, no les tengas temor, porque Jehov, tu Dios, el que te sac de la tierra de Egipto, est contigo.
Y cuando os acerquis para combatir, se pondr en pie el sacerdote y hablar al pueblo.
Les dir: "Oye, Israel, vosotros os juntis hoy en batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazn, no temis ni os azoris ni tampoco os desalentis delante de ellos,
porque Jehov, vuestro Dios, va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros".
Luego hablarn los oficiales al pueblo, y dirn: "Quin ha edificado una casa nueva y no la ha estrenado? Que se vaya y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y algn otro la estrene.
Y quin ha plantado una via y no la ha disfrutado? Que se vaya y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y algn otro la disfrute.
Y quin se ha desposado con una mujer y no la ha tomado? Que se vaya y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y algn otro la tome".
"Despus volvern los oficiales a hablar al pueblo y dirn: "Quin es hombre medroso y pusilnime? Que se vaya y vuelva a su casa, para que no apoque el corazn de sus hermanos como ocurre con el corazn suyo".
Y cuando los oficiales acaben de hablar al pueblo, entonces los capitanes del ejrcito tomarn el mando a la cabeza del pueblo.
"Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le propondrs la paz.
Y si responde: "Paz", y te abre sus puertas, todo el pueblo que en ella se encuentre te ser tributario y te servir.
Pero si no hace la paz contigo, sino que emprende la guerra contra ti, entonces la sitiars.
Luego que Jehov, tu Dios, la entregue en tus manos, herirs a todos sus hombres a filo de espada.
Solamente las mujeres y los nios, los animales y todo lo que haya en la ciudad, todo su botn, lo tomars para ti, y comers del botn de tus enemigos, los cuales Jehov, tu Dios, te entreg.
As hars con todas las ciudades que estn muy lejos de ti y no pertenezcan a estas naciones.
Pero en las ciudades de estos pueblos que Jehov, tu Dios, te da por heredad, ninguna persona dejars con vida,
sino que destruirs completamente al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehov, tu Dios, te ha mandado,
para que no os enseen a imitar todas esas abominaciones que ellos han hecho en honor de sus dioses, y pequis contra Jehov, vuestro Dios.
"Cuando sities alguna ciudad y pelees contra ella muchos das para tomarla, no destruirs sus rboles a golpe de hacha, porque de ellos podrs comer. No los talars, pues el rbol del campo no es hombre que venga contra ti en el sitio.
Pero el rbol que sepas que no lleva fruto, podrs destruirlo y talarlo para construir baluartes contra la ciudad que te hace la guerra, hasta sojuzgarla.
"Si en la tierra que Jehov, tu Dios, te da para que la poseas, es hallado alguien muerto, tendido en el campo, y no se sabe quin lo mat,
tus ancianos y tus jueces saldrn y medirn la distancia hasta las ciudades que estn alrededor del muerto.
Entonces los ancianos de la ciudad ms cercana al lugar donde fue hallado el muerto, tomarn de entre las vacas una becerra que no haya trabajado ni llevado yugo.
Los ancianos de aquella ciudad traern la becerra a un valle escabroso, que nunca haya sido arado ni sembrado, y quebrarn la cerviz de la becerra all en el valle.
"Entonces se acercarn los sacerdotes hijos de Lev, porque a ellos los escogi Jehov, tu Dios, para que lo sirvan y bendigan en el nombre de Jehov, y por su veredicto se decidir toda disputa y toda ofensa.
Luego todos los ancianos de la ciudad ms cercana al lugar donde se hall el muerto lavarn sus manos sobre la becerra cuya cerviz fue quebrada en el valle,
y harn esta declaracin: "Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo han visto.
Perdona, Jehov, a tu pueblo Israel, al cual redimiste, y no culpes de sangre inocente a tu pueblo Israel". As les ser perdonada esa sangre,
y t apartars la culpa de la sangre inocente de en medio de ti, cuando hagas lo que es recto ante los ojos de Jehov.
"Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, y Jehov, tu Dios, los entregue en tus manos y tomes algunos cautivos,
si ves entre ellos una mujer hermosa, y la codicias y la tomas para ti por mujer,
la meters en tu casa. Ella se rapar la cabeza y se cortar las uas,
se quitar el vestido de cautiva y se quedar en tu casa llorando a su padre y a su madre un mes entero. Despus podrs llegarte a ella; t sers su marido y ella ser tu mujer.
Si despus resulta que no te agrada, la dejars en libertad; no la venders por dinero ni la tratars como esclava, por cuanto la humillaste.
"Si un hombre que tiene dos mujeres ama a una y a la otra no, y tanto la que ama como la otra le han dado hijos, y el hijo primognito es de la mujer que no ama,
en el da que haga heredar a sus hijos lo que tenga, no podr dar el derecho de primogenitura al hijo de la mujer que ama con preferencia al hijo de la mujer que no ama, que es el primognito.
Al hijo de la que no ama reconocer como primognito, para darle el doble de lo que corresponda a cada uno de los dems, porque l es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura.
"Si alguien tiene un hijo contumaz y rebelde, que no obedece a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y que ni aun castigndolo los obedece,
su padre y su madre lo tomarn y lo llevarn ante los ancianos de su ciudad, a la puerta del lugar donde viva,
y dirn a los ancianos de la ciudad: "Este hijo nuestro es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotn y borracho".
Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearn, y morir. As extirpars el mal de en medio de ti, y cuando todo Israel lo sepa, temer.
"Si alguien ha cometido algn crimen digno de muerte, y lo hacis morir colgado en un madero,
no dejaris que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrars el mismo da, porque maldito por Dios es el colgado. As no contaminars la tierra que Jehov, tu Dios, te da como heredad.
"Si ves extraviado el buey de tu hermano, o su cordero, no le negars tu ayuda; lo devolvers a tu hermano.
Pero si tu hermano no es tu vecino, o no lo conoces, lo recogers en tu casa, estar contigo hasta que tu hermano lo busque, y se lo devolvers.
As hars con su asno, tambin con su vestido, y lo mismo hars con toda cosa que se le pierda a tu hermano y t halles; no podrs negarle tu ayuda.
"Si ves el asno de tu hermano, o su buey, cado en el camino, no te apartars de l; le ayudars a levantarlo.
"No vestir la mujer traje de hombre ni el hombre vestir ropa de mujer; porque es abominable para Jehov, tu Dios, cualquiera que esto hace.
"Cuando encuentres por el camino algn nido de ave en cualquier rbol, o sobre la tierra, con pollos o huevos, y la madre echada sobre los pollos o sobre los huevos, no tomars la madre con los hijos.
Dejars ir a la madre y tomars los pollos para ti, para que te vaya bien y prolongues tus das.
"Cuando edifiques una casa nueva, hars pretil a tu terrado; as evitars que caiga sobre tu casa la culpa de la sangre, si de l se cae alguien.
"No sembrars tu via con semillas diversas, no sea que se pierda todo, tanto la semilla que sembraste como el fruto de la via.
"No arars con buey y con asno juntamente.
"No vestirs ropa hecha de lana y lino.
"Te hars flecos en las cuatro puntas del manto con que te cubras.
"Cuando alguien tome mujer y la desprecie despus de haberse llegado a ella,
le atribuya faltas que den que hablar, y diga: "A esta mujer tom y, al llegarme a ella, no la hall virgen",
entonces el padre y la madre de la joven tomarn las seales de su virginidad y las llevarn a los ancianos, a la puerta de la ciudad.
El padre de la joven dir a los ancianos: "Yo di mi hija a este hombre por mujer, y l la menosprecia;
ahora le atribuye faltas que dan que hablar, diciendo: 'No he hallado virgen a tu hija'. Pero ved aqu las seales de la virginidad de mi hija". Y extendern la vestidura delante de los ancianos de la ciudad.
Entonces los ancianos de la ciudad tomarn al hombre y lo castigarn,
multndolo con cien piezas de plata, las cuales darn al padre de la joven, por cuanto esparci mala fama sobre una virgen de Israel. Ella seguir siendo su mujer, y l no podr despedirla en toda su vida.
"Pero si resulta ser verdad que no se hall virginidad en la joven,
entonces la sacarn a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearn los hombres de su ciudad hasta que muera, por cuanto cometi una vileza en Israel al prostituirse en casa de su padre. As extirpars el mal de en medio de ti.
"Si alguien es sorprendido acostado con una mujer casada y con marido, ambos morirn, el hombre que se acost con la mujer, y la mujer tambin. As extirpars el mal de Israel.
"Si hay una muchacha virgen comprometida con un hombre, y alguien la halla en la ciudad y se acuesta con ella,
los sacaris a ambos a la puerta de la ciudad y los apedrearis hasta que mueran; la joven, porque no pidi socorro en la ciudad, y el hombre, porque humill a la mujer de su prjimo. As extirpars el mal de en medio de ti.
"Pero si un hombre halla en el campo a la joven desposada, y aquel hombre la fuerza, acostndose con ella, morir solamente el hombre que se acost con ella,
pero a la joven no le hars nada; no hay en ella culpa digna de muerte. Este caso es como cuando alguien se levanta contra su prjimo y le quita la vida.
Porque l la hall en el campo, y la joven desposada grit sin que hubiera quien la librara.
"Cuando algn hombre halle a una joven virgen que no ha sido desposada, la toma y se acuesta con ella, y son descubiertos,
el hombre que se acost con ella dar al padre de la joven cincuenta piezas de plata; ella ser su mujer, por cuanto la humill, y no la podr despedir en toda su vida.
"Nadie tomar la mujer de su padre, ni profanar el lecho de su padre.
"No entrar en la congregacin de Jehov el que tenga magullados los testculos o amputado su miembro viril.
"No entrar el bastardo en la congregacin de Jehov; ni aun en la dcima generacin entrarn en la congregacin de Jehov.
"No entrar el amonita ni el moabita en la congregacin de Jehov, ni siquiera en su dcima generacin; no entrarn nunca en la congregacin de Jehov,
por cuanto no se adelantaron a recibiros con pan y agua al camino cuando salisteis de Egipto, y porque alquilaron contra ti a Balaam hijo de Beor, de Petor, en Mesopotamia, para maldecirte.
Pero no quiso Jehov, tu Dios, oir a Balaam; y Jehov, tu Dios, cambi la maldicin en bendicin, porque Jehov, tu Dios, te amaba.
No procurars su paz ni su bien mientras vivas, y esto para siempre.
"No aborrecers al edomita, porque es tu hermano; no aborrecers al egipcio, porque forastero fuiste en su tierra.
Los hijos que nazcan de ellos, en la tercera generacin entrarn en la congregacin de Jehov.
"Cuando salgas a una campaa contra tus enemigos, te guardars de toda cosa mala.
Si hay en medio de ti alguien que no sea limpio, por razn de alguna impureza acontecida de noche, saldr fuera del campamento y no entrar en l.
Pero al caer la noche se lavar con agua, y cuando se haya puesto el sol, podr entrar en el campamento.
"Tendrs un lugar fuera del campamento para hacer tus necesidades.
Tendrs tambin, como parte de tu equipo, una estaca, y cuando ests all fuera, cavars con ella, y luego te volvers para cubrir tus excrementos.
Porque Jehov, tu Dios, anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que l no vea en ti ninguna cosa inmunda y se aparte de ti.
"No entregars a su seor el siervo que huye de l y acude a ti.
Habitar contigo, en medio de ti, en el lugar que escoja en alguna de tus ciudades, donde tenga a bien; no lo oprimirs.
"No haya ramera entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel.
No traers la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehov, tu Dios, por ningn voto, porque abominable es para Jehov, tu Dios, tanto lo uno como lo otro.
"No exigirs de tu hermano inters por el dinero, ni por los comestibles, ni por cosa alguna de la que se suele exigir inters.
Del extrao podrs exigir inters, pero de tu hermano no lo exigirs, para que te bendiga Jehov, tu Dios, en toda la obra de tus manos, en la tierra adonde vas a entrar para tomarla en posesin.
"Cuando hagas voto a Jehov, tu Dios, no tardes en pagarlo, porque ciertamente te lo demandar Jehov, tu Dios, y cargaras con un pecado.
Si te abstienes de prometer, no habr en ti pecado.
Pero lo que haya salido de tus labios, lo guardars y lo cumplirs, conforme lo prometiste a Jehov, tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca.
"Cuando entres en la via de tu prjimo, podrs comer uvas hasta saciarte, pero no pondrs ninguna en tu cesto.
Cuando entres en la mies de tu prjimo, podrs arrancar espigas con tu mano, pero no aplicars la hoz a la mies de tu prjimo.
"Cuando alguien toma una mujer y se casa con ella, si no le agrada por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribir carta de divorcio, se la entregar en la mano y la despedir de su casa.
Una vez que est fuera de su casa, podr ir y casarse con otro hombre.
Pero si este ltimo la rechaza y le escribe una carta de divorcio, se la entrega en la mano y la despide de su casa, o si muere el ltimo hombre que la tom por mujer,
no podr su primer marido, que la despidi, volverla a tomar para que sea su mujer, despus que fue envilecida, pues sera algo abominable delante de Jehov, y t no debes pervertir la tierra que Jehov, tu Dios, te da como heredad.
"Cuando alguien est recin casado, no saldr a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupar; libre quedar en su casa durante un ao para alegrar a la mujer que tom.
"No tomars en prenda la muela del molino, ni la de abajo ni la de arriba, pues sera tomar en prenda la vida del hombre.
"Cuando sea hallado alguien que haya secuestrado a uno de sus hermanos entre los hijos de Israel, para esclavizarlo o venderlo, ese ladrn morir. As extirpars el mal de en medio de ti.
"En cuanto a la plaga de la lepra, ten cuidado de observar diligentemente y hacer todo segn lo que os enseen los sacerdotes levitas; segn yo les he mandado, as cuidaris de hacer.
Acurdate de lo que hizo Jehov, tu Dios, a Mara en el camino, despus que salisteis de Egipto.
"Cuando entregues a tu prjimo alguna cosa prestada, no entrars en su casa para tomarle la prenda.
Te quedars fuera, y el hombre a quien prestaste te sacar la prenda.
Y si el hombre es pobre, no te acostars reteniendo an su prenda.
Sin falta le devolvers la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir con su ropa y te bendiga; para ti ser como una obra de justicia delante de Jehov, tu Dios.
"No explotars al jornalero pobre y necesitado, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades.
En su da le dars su jornal, y no se pondr el sol sin drselo; pues es pobre, y con l sustenta su vida. As no clamar contra ti a Jehov, y no sers responsable de pecado.
"Los padres no morirn por los hijos ni los hijos por los padres; cada uno morir por su pecado.
"No torcers el derecho del extranjero ni del hurfano, ni tomars en prenda la ropa de la viuda,
sino que te acordars que fuiste siervo en Egipto y que de all te rescat Jehov, tu Dios. Por tanto, yo te mando que hagas esto.
"Cuando siegues tu mies en tu campo y olvides alguna gavilla en el campo, no volvers para recogerla; ser para el extranjero, el hurfano y la viuda, a fin de que te bendiga Jehov, tu Dios, en toda la obra de tus manos.
"Cuando sacudas tus olivos, no recorrers las ramas que hayas dejado detrs de ti; sern para el extranjero, el hurfano y la viuda.
"Cuando vendimies tu via, no rebuscars tras de ti; ser para el extranjero, el hurfano y la viuda.
Acurdate que fuiste siervo en tierra de Egipto. Por tanto, yo te mando que hagas esto.
"Cuando haya pleito entre algunos, y acudan al tribunal para que los jueces los juzguen, estos absolvern al justo y condenarn al culpable.
Si el delincuente merece ser azotado, entonces el juez lo har echarse en tierra y lo har azotar en su presencia; segn su delito ser el nmero de azotes.
Se le podrn dar cuarenta azotes, no ms; no sea que, castigndolo con muchos ms azotes que estos, se sienta tu hermano envilecido delante de tus ojos.
"No pondrs bozal al buey cuando trille.
"Si dos hermanos habitan juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del muerto no se casar fuera de la familia, con un hombre extrao; su cuado se llegar a ella, y restableciendo con ella el parentesco, la tomar como su mujer.
El primognito que ella d a luz llevar el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de este no sea borrado de Israel.
Pero si el hombre no quiere tomarla por mujer, ir entonces su cuada a la puerta donde estn los ancianos, y dir: "Mi cuado no quiere perpetuar el nombre de su hermano en Israel, no quiere emparentar conmigo".
Entonces los ancianos de aquella ciudad lo harn venir, y hablarn con l. Y si l se levanta y dice: "No quiero tomarla",
se acercar entonces su cuada a l delante de los ancianos, le quitar el calzado del pie, le escupir en el rostro y dir estas palabras: "As se hace con el hombre que no quiere edificar la casa de su hermano".
Y se le dar este nombre en Israel: "La casa del descalzado".
"Si dos hombres rien uno con otro, y acercndose la mujer del uno para librar a su marido de manos del que lo hiere, extiende su mano y lo agarra por las partes genitales,
le cortars entonces la mano; no la perdonars.
"No tendrs en tu bolsa una pesa grande y otra pesa chica,
ni tendrs en tu casa un efa grande y otro efa pequeo.
Una pesa exacta y justa tendrs; un efa cabal y justo tendrs, para que tus das sean prolongados sobre la tierra que Jehov, tu Dios, te da.
Porque abominable es para Jehov, tu Dios, cualquiera que hace esto, y cualquiera que hace injusticia.
"Acurdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salas de Egipto;
de cmo te sali al encuentro en el camino y, sin ningn temor de Dios, te desbarat la retaguardia de todos los dbiles que iban detrs de ti, cuando t estabas cansado y sin fuerzas.
Por tanto, cuando Jehov, tu Dios, te d descanso de todos los enemigos que te rodean, en la tierra que Jehov, tu Dios, te da como heredad para que la poseas, borrars la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides.
"Cuando hayas entrado en la tierra que Jehov, tu Dios, te da por heredad, y tomes posesin de ella y la habites,
entonces tomars las primicias de todos los frutos que saques de la tierra que Jehov, tu Dios, te da, las pondrs en una canasta e irs al lugar que Jehov, tu Dios, escoja para hacer habitar all su nombre.
Te presentars al sacerdote que haya en aquellos das, y le dirs: "Declaro hoy ante Jehov, tu Dios, que he entrado en la tierra que jur Jehov a nuestros padres que nos dara".
El sacerdote tomar la canasta de tu mano y la pondr delante del altar de Jehov, tu Dios.
Entonces dirs estas palabras delante de Jehov, tu Dios: ""Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendi a Egipto y habit all con pocos hombres. All creci y lleg a ser una nacin grande, fuerte y numerosa.
Los egipcios nos maltrataron, nos afligieron y nos impusieron una dura servidumbre.
Entonces clamamos a Jehov, el Dios de nuestros padres, y Jehov oy nuestra voz y vio nuestra afliccin, nuestro trabajo y nuestra opresin.
Jehov nos sac de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, con seales y milagros;
nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel.
Y ahora, Jehov, he trado las primicias del fruto de la tierra que me diste". "T dejars las primicias delante de Jehov, tu Dios, y adorars delante de Jehov, tu Dios.
Luego te alegrars de todo el bien que Jehov, tu Dios, te haya dado a ti y a tu casa, tanto t como el levita y el extranjero que est en medio de ti.
"El tercer ao, el ao del diezmo, cuando acabes de separar todo el diezmo de tus frutos, dars tambin al levita, al extranjero, al hurfano y a la viuda, para que coman en tus aldeas hasta saciarse.
Y dirs delante de Jehov, tu Dios: ""He sacado lo consagrado de mi casa, y tambin lo he dado al levita, al extranjero, al hurfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos ni me he olvidado de ellos.
No he comido de ello en mi luto, ni he gastado de ello estando yo impuro, ni de ello he ofrecido a los muertos. He obedecido a la voz de Jehov, mi Dios, y he hecho conforme a todo lo que me has mandado.
Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel".
"Jehov, tu Dios, te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazn y con toda tu alma.
"Has declarado solemnemente hoy que Jehov es tu Dios, que andars en sus caminos, que guardars sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos, y que escuchars su voz.
Y Jehov ha declarado hoy que t eres pueblo suyo, de su exclusiva posesin, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos;
a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor, fama y gloria, y para que seas un pueblo consagrado a Jehov, tu Dios, como l ha dicho".
Moiss y los ancianos de Israel dijeron al pueblo: "Guardaris todos los mandamientos que yo os prescribo hoy.
El da que pases el Jordn para entrar a la tierra que Jehov, tu Dios, te da, levantars piedras grandes, las revocars con cal
y escribirs en ellas todas las palabras de esta Ley, en cuanto hayas pasado para entrar en la tierra que Jehov, tu Dios, te da, tierra que fluye leche y miel, como Jehov, el Dios de tus padres, te ha dicho.
Cuando, pues, hayas pasado el Jordn, levantars estas piedras que yo os mando hoy, en el monte Ebal, las revocars con cal
y edificars all un altar a Jehov, tu Dios, un altar de piedras; no las labrars con instrumentos de hierro.
De piedras enteras edificars el altar de Jehov, tu Dios, y ofrecers sobre l un holocausto a Jehov, tu Dios.
Sacrificars ofrendas de paz, comers all y te alegrars delante de Jehov, tu Dios.
Y escribirs muy claramente en las piedras todas las palabras de esta Ley".
Despus Moiss, junto con los sacerdotes levitas, habl a todo Israel y dijo: "Guarda silencio y escucha, Israel. Hoy has pasado a ser el pueblo de Jehov, tu Dios.
Oirs, pues, la voz de Jehov, tu Dios, y cumplirs sus mandamientos y sus estatutos que yo te ordeno hoy".
Aquel da Moiss orden al pueblo:
"Cuando hayas pasado el Jordn, estos estarn sobre el monte Gerizim para bendecir al pueblo: Simen, Lev, Jud, Isacar, Jos y Benjamn.
Y estos estarn sobre el monte Ebal para pronunciar la maldicin: Rubn, Gad, Aser, Zabuln, Dan y Neftal.
Hablarn los levitas y dirn a todo hombre de Israel en alta voz:
""Maldito el hombre que haga una escultura o una imagen de fundicin, cosa abominable para Jehov, obra de manos de artfice, y la ponga en lugar oculto". Y todo el pueblo responder: "Amn".
""Maldito el que deshonre a su padre o a su madre". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que desplace el lmite de su prjimo". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que haga errar al ciego en el camino". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que pervierta el derecho del extranjero, del hurfano y de la viuda". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, por cuanto descubri el regazo de su padre". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que se ayunte con cualquier bestia". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que se acueste con su hermana, la hija de su padre o de su madre". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que se acueste con su suegra". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que mate a su prjimo ocultamente". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que reciba soborno para quitar la vida a un inocente". Y dir todo el pueblo: "Amn".
""Maldito el que no confirme las palabras de esta Ley para cumplirlas". Y dir todo el pueblo: "Amn".
"Acontecer que si oyes atentamente la voz de Jehov, tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, tambin Jehov, tu Dios, te exaltar sobre todas las naciones de la tierra.
Y vendrn sobre ti y te alcanzarn todas estas bendiciones, si escuchas la voz de Jehov, tu Dios.
"Bendito sers t en la ciudad y bendito en el campo.
"Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cra de tus vacas y los rebaos de tus ovejas.
"Benditas sern tu canasta y tu artesa de amasar.
"Bendito sers en tu entrar y bendito en tu salir.
"Jehov derrotar a los enemigos que se levanten contra ti; por un camino saldrn contra ti y por siete caminos huirn de ti.
"Jehov enviar su bendicin sobre tus graneros y sobre todo aquello en que pongas tu mano, y te bendecir en la tierra que Jehov, tu Dios, te da.
"Te confirmar Jehov como su pueblo santo, como te lo ha jurado, si guardas los mandamientos de Jehov, tu Dios, y sigues sus caminos.
Entonces vern todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehov es invocado sobre ti, y te temern.
Jehov te har sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia y en el fruto de tu tierra, en el pas que Jehov jur a tus padres que te haba de dar.
Te abrir Jehov su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo y para bendecir toda la obra de tus manos. Prestars a muchas naciones, y t no pedirs prestado.
Te pondr Jehov por cabeza y no por cola; estars encima solamente, nunca debajo, si obedeces los mandamientos de Jehov, tu Dios, que yo te ordeno hoy; si los guardas y cumples,
y no te apartas de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a la derecha ni a la izquierda, para ir tras dioses ajenos y servirlos.
"Pero acontecer, si no oyes la voz de Jehov, tu Dios, y no procuras cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te ordeno hoy, vendrn sobre ti y te alcanzarn todas estas maldiciones.
"Maldito sers t en la ciudad y maldito en el campo.
"Maldita sern tu canasta y tu artesa de amasar.
"Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cra de tus vacas y los rebaos de tus ovejas.
"Maldito sers en tu entrar y maldito en tu salir.
"Jehov enviar contra ti la maldicin, el quebranto y el asombro en todo cuanto pongas tu mano y hagas, hasta que seas destruido y perezcas muy pronto a causa de la maldad de las obras por las cuales me habrs dejado.
Jehov traer sobre ti mortandad, hasta que te haga desaparecer de la tierra a la cual vas a entrar para tomarla en posesin.
Jehov te herir de tisis, de fiebre, de inflamacin y de ardor, con sequa, con calamidad repentina y con aublo, que te perseguirn hasta que perezcas.
"Los cielos que estn sobre tu cabeza sern de bronce, y de hierro la tierra que est debajo de ti.
Dar Jehov como lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descendern sobre ti hasta que perezcas.
Jehov te entregar derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrs contra ellos y por siete caminos huirs de ellos. Sers el espanto de todos los reinos de la tierra.
Tus cadveres servirn de comida a todas las aves del cielo y a las fieras de la tierra, y no habr quien las espante.
"Jehov te herir con la lcera de Egipto, con tumores, con sarna y con comezn de que no puedas ser curado.
Jehov te herir con locura, ceguera y turbacin de espritu,
y palpars al medioda como palpa el ciego en la oscuridad. No sers prosperado en tus caminos; no sers sino oprimido y robado todos los das, y no habr quien te salve.
"Te desposars con una mujer y otro hombre dormir con ella; edificars una casa y no habitars en ella; plantars una via y no la disfrutars.
Tu buey ser matado ante tus propios ojos, y no comers de l; tu asno ser arrebatado en tu presencia, y no te ser devuelto; tus ovejas sern entregadas a tus enemigos, y no tendrs quien te las rescate.
Tus hijos y tus hijas sern entregados a otro pueblo; tus ojos lo vern, y desfallecern tras ellos todo el da, pero nada podrs hacer.
El fruto de tu tierra y de todo tu trabajo lo comer un pueblo que no conociste, y no sers sino oprimido y quebrantado todos los das.
Y enloquecers a causa de lo que vers con tus ojos.
Te herir Jehov con maligna pstula en las rodillas y en las piernas, desde la planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que puedas ser curado.
"Jehov os llevar, a ti y al rey que hayas puesto sobre ti, a una nacin que ni t ni tus padres conocais, y all servirs a dioses ajenos, al palo y a la piedra.
Sers motivo de horror, y servirs de refrn y de burla en todos los pueblos a los cuales te llevar Jehov.
Sacars mucha semilla al campo y recogers poco, porque la langosta lo consumir.
Plantars vias y labrars, pero no bebers vino ni recogers uvas, porque el gusano se las comer.
Tendrs olivos en todo tu territorio, pero no te ungirs con el aceite, porque tu aceituna se caer.
Hijos e hijas engendrars, y no sern para ti, porque irn en cautiverio.
Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra sern consumidos por la langosta.
El extranjero que estar en medio de ti se elevar sobre ti muy alto, y t descenders muy abajo.
l te prestar a ti y t no le prestars a l; l estar a la cabeza y t a la zaga.
"Vendrn sobre ti todas estas maldiciones, te perseguirn y te alcanzarn hasta que perezcas; por cuanto no habrs atendido a la voz de Jehov, tu Dios, para guardar los mandamientos y los estatutos que l te mand.
Y sern sobre ti y tu descendencia como una seal y un prodigio para siempre.
"Por cuanto no serviste a Jehov, tu Dios, con alegra y con gozo de corazn, cuando tenas abundancia de todas las cosas,
servirs, por tanto, a tus enemigos que enviar Jehov contra ti, con hambre, con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas. l pondr un yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte.
Jehov traer contra ti una nacin venida de lejos, de los confines de la tierra, que volar como guila, una nacin cuya lengua no entiendas;
gente fiera de rostro, que no tendr respeto del anciano ni perdonar al nio.
Ella se comer el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas; no te dejar grano, ni mosto, ni aceite, ni la cra de tus vacas, ni los rebaos de tus ovejas, hasta destruirte.
"Pondr sitio a todas tus ciudades, hasta que caigan en toda tu tierra los muros altos y fortificados en que t confas. Sitiar, pues, todas tus ciudades y toda la tierra que Jehov, tu Dios, te haya dado.
Comers el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehov, tu Dios, te dio, en medio del sitio y el apuro con que te angustiar tu enemigo.
El hombre ms amable y delicado entre los tuyos mirar con malos ojos a su hermano, a la mujer de su corazn y al resto de los hijos que le queden,
para no compartir con ellos la carne de sus hijos, que l se comer, por no haberle quedado nada en medio del asedio y la angustia a que te reducir tu enemigo en todas tus ciudades.
La ms amable y delicada entre vosotros, de tan pura delicadeza y ternura que nunca intentara sentar sobre la tierra la planta de su pie, mirar con malos ojos al marido de su corazn, a su hijo, a su hija,
y por carecer de todo, se ocultar para comer la placenta que sale de entre sus pies y a los hijos que d a luz, en medio del asedio y la angustia a que te reducir tu enemigo en tus ciudades.
"Si no cuidas de poner por obra todas las palabras de esta Ley que estn escritas en este libro, temiendo a ese nombre glorioso y temible de Jehov, tu Dios,
entonces Jehov aumentar terriblemente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, enfermedades malignas y duraderas,
y traer sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y no te dejarn.
Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no est escrita en el libro de esta Ley, Jehov la enviar sobre ti, hasta que seas destruido.
Y quedaris slo unos pocos, en lugar de haber sido tan numerosos como las estrellas del cielo, por cuanto no obedecisteis a la voz de Jehov, tu Dios.
As como Jehov se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, as se gozar Jehov en arruinaros y en destruiros. Seris arrancados de sobre la tierra a la que vais a entrar para tomarla en posesin.
Jehov te esparcir por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo, y all servirs a dioses ajenos que no conociste t ni tus padres, al leo y a la piedra.
Y ni aun entre estas naciones descansars, ni la planta de tu pie tendr reposo, pues all te dar Jehov un corazn temeroso, languidez de ojos y tristeza de alma.
Tendrs la vida como algo que pende delante de ti, estars temeroso de noche y de da y no tendrs seguridad de tu vida.
Por la maana dirs: "Quin diera que fuera la tarde!", y a la tarde dirs: "Quin diera que fuera la maana!", por el miedo que amedrentar tu corazn y por lo que vern tus ojos.
Y Jehov te har volver a Egipto en naves, por el camino del cual te ha dicho: "Nunca ms volvers", y all seris vendidos a vuestros enemigos como esclavos y esclavas, y no habr quien os compre".
Estas son las palabras del pacto que Jehov mand a Moiss que celebrara con los hijos de Israel en la tierra de Moab, adems del pacto que concert con ellos en Horeb.
Moiss, pues, llam a todo Israel y les dijo: "Vosotros habis visto todo lo que Jehov ha hecho ante vuestros ojos en la tierra de Egipto al faran, a todos sus siervos y a toda su tierra,
las grandes pruebas que vieron vuestros ojos, las seales y las grandes maravillas.
Pero hasta hoy Jehov no os ha dado corazn para entender, ni ojos para ver, ni odos para oir.
Yo os he conducido durante cuarenta aos en el desierto, sin que vuestros vestidos hayan envejecido sobre vosotros ni vuestro calzado haya envejecido sobre vuestro pie.
No habis comido pan, ni bebisteis vino ni sidra, para que supierais que yo soy Jehov, vuestro Dios.
"Cuando llegasteis a este lugar, salieron Sehn, rey de Hesbn, y Og, rey de Basn, delante de nosotros para pelear; pero los derrotamos,
conquistamos su tierra y se la dimos como heredad a Rubn, a Gad y a la media tribu de Manass.
Guardaris, pues, las palabras de este pacto y las pondris por obra, para que prosperis en todo lo que hagais.
"Vosotros todos estis hoy en presencia de Jehov, vuestro Dios: los cabezas de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales, todos los hombres de Israel;
vuestros nios, vuestras mujeres y los extranjeros que habitan en medio de tu campamento, desde el que corta tu lea hasta el que saca tu agua;
para entrar en el pacto de Jehov, tu Dios, que bajo juramento Jehov, tu Dios, concierta hoy contigo,
para confirmarte hoy como su pueblo y para que l sea tu Dios, de la manera que te ha dicho y como lo jur a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
Y no solamente con vosotros hago yo este pacto y este juramento,
sino con los que estn aqu presentes hoy con nosotros delante de Jehov, nuestro Dios, y con los que no estn aqu hoy con nosotros.
Porque vosotros sabis cmo habitamos en la tierra de Egipto, y cmo hemos pasado en medio de las naciones por las cuales habis pasado.
Habis visto sus abominaciones y los dolos de madera y piedra, de plata y oro, que tienen consigo.
No sea que haya entre vosotros hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazn se aparte hoy de Jehov, nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esas naciones; no sea que haya en medio de vosotros raz que produzca hiel y ajenjo,
y despus de oir las palabras de esta maldicin, l se congratule en su corazn, diciendo: "Tendr paz, aunque ande en la dureza de mi corazn, puesto que con la embriaguez se aplaca la sed".
No querr Jehov perdonarlo, sino que entonces humear la ira de Jehov y su celo sobre ese hombre, se asentar sobre l toda maldicin escrita en este libro y Jehov borrar su nombre de debajo del cielo.
Jehov lo apartar de todas las tribus de Israel para mal, conforme a todas las maldiciones del pacto escrito en este libro de la Ley.
"Y las generaciones venideras, vuestros hijos que se levanten despus de vosotros, y el extranjero que vendr de lejanas tierras, cuando vean las plagas de aquella tierra y las enfermedades de que Jehov la habr hecho enfermar, dirn:
"Azufre y sal, abrasada est toda su tierra; no ser sembrada ni producir, ni crecer en ella hierba alguna, como sucedi en la destruccin de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Zeboim, las cuales Jehov destruy en su furor y en su ira".
Ms an, todas las naciones preguntarn: "Por qu hizo esto Jehov a esta tierra? Qu significa el ardor de esta gran ira?".
Entonces respondern: "Por cuanto dejaron el pacto de Jehov, el Dios de sus padres, que l concert con ellos cuando los sac de la tierra de Egipto;
fueron a servir a dioses ajenos, y se inclinaron ante dioses que no conocan y que ninguna cosa les haban dado.
Por tanto, se encendi la ira de Jehov contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro.
Jehov los desarraig de su tierra con ira, con furor y con gran indignacin, y los arroj a otra tierra, como hoy se ve".
"Las cosas secretas pertenecen a Jehov, nuestro Dios, pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, a fin de que cumplamos todas las palabras de esta Ley.
"Suceder que cuando hayan venido sobre ti todas estas cosas, la bendicin y la maldicin que he puesto delante de ti, te arrepientas en medio de todas las naciones adonde te haya arrojado Jehov, tu Dios,
te conviertas a Jehov, tu Dios, y obedezcas a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, t y tus hijos, con todo tu corazn y con toda tu alma,
entonces Jehov har volver a tus cautivos, tendr misericordia de ti y volver a recogerte de entre todos los pueblos adonde te haya esparcido Jehov, tu Dios.
Aunque tus desterrados estn en las partes ms lejanas que hay debajo del cielo, de all te recoger Jehov, tu Dios, y de all te tomar.
Jehov, tu Dios, te har volver a la tierra que heredaron tus padres, y ser tuya; te har bien y te multiplicar ms que a tus padres.
Y circuncidar Jehov, tu Dios, tu corazn, y el corazn de tu descendencia, para que ames a Jehov, tu Dios, con todo tu corazn y con toda tu alma, a fin de que vivas.
Pondr Jehov, tu Dios, todas estas maldiciones sobre tus enemigos y sobre los que te persiguieron con odio.
T te convertirs, escuchars la voz de Jehov y pondrs por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy.
Entonces Jehov, tu Dios, te har prosperar en toda la obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehov volver a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se goz sobre tus padres,
cuando obedezcas a la voz de Jehov, tu Dios, y guardes sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la Ley; cuando te conviertas a Jehov, tu Dios, con todo tu corazn y con toda tu alma.
"Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difcil para ti, ni est lejos de ti.
No est en el cielo, para que digas: "Quin subir por nosotros al cielo, nos lo traer y nos lo har oir para que lo cumplamos?".
Ni est al otro lado del mar, para que digas: "Quin pasar por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oir, a fin de que lo cumplamos?".
Pues muy cerca de ti est la palabra, en tu boca y en tu corazn, para que la cumplas.
"Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal,
porque yo te mando hoy que ames a Jehov, tu Dios, que andes en sus caminos y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehov, tu Dios, te bendiga en la tierra a la cual vas a entrar para tomarla en posesin.
Pero si tu corazn se aparta y no obedeces, te dejas extraviar, te inclinas a dioses ajenos y los sirves,
yo os declaro hoy que de cierto pereceris; no prolongaris vuestros das sobre la tierra adonde vais a entrar para tomarla en posesin tras pasar el Jordn.
A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendicin y la maldicin; escoge, pues, la vida, para que vivas t y tu descendencia,
amando a Jehov, tu Dios, atendiendo a su voz y siguindolo a l, pues l es tu vida, as como la prolongacin de tus das, a fin de que habites sobre la tierra que jur Jehov a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les haba de dar".
Fue Moiss y le dirigi estas palabras a todo Israel.
Les dijo: "Ya tengo ciento veinte aos de edad y no puedo salir ni entrar. Adems de esto, Jehov me ha dicho: "No pasars este Jordn".
Jehov, tu Dios, l pasa delante de ti; l destruir a estas naciones delante de ti, y las heredars. Josu ser el que pasar delante de ti, como Jehov ha dicho.
Jehov har con ellos como hizo con Sehn y con Og, reyes de los amorreos, y con su tierra, a quienes destruy.
Los entregar Jehov delante de vosotros, y haris con ellos conforme a todo lo que os he mandado.
Esforzaos y cobrad nimo! No temis ni tengis miedo de ellos, porque Jehov, tu Dios, es el que va contigo; no te dejar, ni te desamparar".
Despus llam Moiss a Josu y le dijo en presencia de todo Israel: "Esfurzate y anmate!, porque t entrars con este pueblo a la tierra que jur Jehov a sus padres que les dara, y t se la hars heredar.
Jehov va delante de ti; l estar contigo, no te dejar ni te desamparar. No temas ni te intimides".
Escribi Moiss esta Ley y se la dio a los sacerdotes, hijos de Lev, que llevaban el Arca del pacto de Jehov, y a todos los ancianos de Israel.
Y Moiss les dio esta orden: "Cada siete aos, al llegar el ao de la remisin, en la fiesta de los Tabernculos,
cuando vaya todo Israel a presentarse delante de Jehov, tu Dios, en el lugar que l escoja, leers esta Ley ante todo Israel, a odos de todos ellos.
Hars congregar al pueblo, hombres, mujeres y nios, y los extranjeros que estn en tus ciudades, para que oigan y aprendan a temer a Jehov, vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta Ley.
Tambin los hijos de ellos, que no la conocen, podrn oirla y aprendern a temer a Jehov, vuestro Dios, todos los das que vivis sobre la tierra que vais a poseer tras pasar el Jordn".
Luego Jehov dijo a Moiss: "Mira, se ha acercado el da de tu muerte. Llama a Josu y esperad en el Tabernculo de reunin para que yo le d mis rdenes". Fueron, pues, Moiss y Josu, y esperaron en el Tabernculo de reunin,
y se apareci Jehov en el Tabernculo, en la columna de nube, la cual se puso sobre la puerta del Tabernculo.
Entonces Jehov dijo a Moiss: "He aqu que vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levantar para prostituirse tras los dioses ajenos de la tierra adonde va para vivir en medio de ella. Me dejar e invalidar el pacto que he concertado con l.
Pero aquel da se encender mi furor contra l, los abandonar y esconder de ellos mi rostro; sern consumidos y vendrn sobre ellos muchos males y angustias. Dirn en aquel da: "No me han venido estos males porque no est mi Dios en medio de m?"
Pero ciertamente yo esconder mi rostro en aquel da, por todo el mal que ellos habrn hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos.
"Ahora pues, escribe este cntico y ensalo a los hijos de Israel; ponlo en su boca, para que este cntico me sirva de testigo contra los hijos de Israel.
Porque cuando yo los introduzca en la tierra que jur a sus padres, la cual fluye leche y miel, comern hasta saciarse, y engordarn, se volvern a dioses ajenos y los servirn, me enojarn e invalidarn mi pacto.
Y cuando les vengan muchos males y angustias, entonces este cntico servir de testigo contra l, pues ser recordado por boca de sus descendientes; porque yo conozco lo que se proponen de antemano, antes que los introduzca en la tierra que jur darles".
Moiss escribi este cntico aquel da, y lo ense a los hijos de Israel.
Luego dio esta orden a Josu hijo de Nun: "Esfurzate y anmate!, pues t introducirs a los hijos de Israel en la tierra que les jur, y yo estar contigo".
Cuando acab Moiss de escribir las palabras de esta Ley en un libro hasta concluirlo,
Moiss dio esta rdenes a los levitas que llevaban el Arca del pacto de Jehov:
"Tomad este libro de la Ley y ponedlo al lado del Arca del pacto de Jehov, vuestro Dios; que est all como testigo contra ti.
Porque yo conozco tu rebelin y tu dura cerviz. Si aun viviendo yo con vosotros hoy, sois rebeldes a Jehov; cunto ms despus que yo haya muerto?
Congregad junto a m a todos los ancianos de vuestras tribus y a vuestros oficiales; yo hablar en sus odos estas palabras, y llamar como testigos contra ellos a los cielos y a la tierra.
Porque yo s que, despus de mi muerte, ciertamente os corromperis y os apartaris del camino que os he mandado, y que la desgracia vendr sobre vosotros en los das venideros, por haber hecho lo malo ante los ojos de Jehov, enojndolo con la obra de vuestras manos".
Entonces pronunci Moiss a odos de toda la congregacin de Israel, de principio a fin, las palabras de este cntico:
"Escuchad, cielos, y hablar; oiga la tierra los dichos de mi boca.
Gotear como la lluvia mi enseanza; destilar como el roco mi razonamiento, como la llovizna sobre la grama, como las gotas sobre la hierba.
"Proclamar el nombre de Jehov: engrandeced a nuestro Dios!
l es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectos. Es un Dios de verdad y no hay maldad en l; es justo y recto.
"La corrupcin no es suya; de sus hijos es la mancha, generacin torcida y perversa.
As pagis a Jehov, pueblo loco e ignorante? No es l tu padre, que te cre? l te hizo y te estableci.
"Acurdate de los tiempos antiguos, considera los aos de muchas generaciones; pregunta a tu padre, y l te lo contar; a tus ancianos, y ellos te lo dirn.
Cuando el Altsimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableci los lmites de los pueblos segn el nmero de los hijos de Israel.
Porque la porcin de Jehov es su pueblo; Jacob, la heredad que le toc.
Lo hall en tierra de desierto, en yermo de horrible soledad; lo rode, lo instruy, lo guard como a la nia de su ojo.
como el guila que excita su nidada, revoloteando sobre sus pollos, as extendi sus alas, lo tom, y lo llev sobre sus plumas.
"Jehov solo lo gui, y con l no hubo dios extrao.
Lo hizo subir sobre las alturas de la tierra, comi los frutos del campo, lo aliment con miel de la pea y con aceite del duro pedernal,
con mantequilla de vacas y leche de ovejas; con grasa de corderos y carneros de Basn, y tambin machos cabros; con lo mejor del trigo, y de la sangre de la uva bebiste vino.
"Pero engord Jesurn, y tir coces (engordaste, te cubriste de grasa); entonces abandon al Dios que lo hizo y menospreci la Roca de su salvacin.
Provocaron sus celos con dioses ajenos, y su ira con abominaciones.
Sacrificaron a los demonios, y no a Dios; a dioses que no haban conocido, a nuevos dioses venidos de cerca, que no haban temido vuestros padres.
"De la Roca que te cre te olvidaste; te has olvidado de Dios, tu creador.
Lo vio Jehov, y se encendi su ira por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas.
Y dijo: "Esconder de ellos mi rostro, ver cul ser su fin; porque son una generacin perversa, hijos infieles.
Ellos provocaron mis celos con lo que no es Dios; me irritaron con sus dolos. Yo tambin provocar sus celos con un pueblo que no es pueblo, los irritar con una nacin insensata.
Porque se ha encendido el fuego de mi ira, y arder hasta las profundidades del seol; devorar la tierra y sus frutos, y abrasar los fundamentos de los montes.
Yo amontonar males sobre ellos; emplear en ellos mis flechas.
Quedarn extenuados por el hambre, consumidos por la fiebre ardiente y la peste maligna. Diente de fieras enviar tambin sobre ellos, con veneno de serpientes de la tierra.
Por fuera desolar la espada, y dentro de las casas el espanto; tanto al joven como a la muchacha, al nio de pecho como al hombre cano.
Yo haba dicho que los esparcira lejos, que borrara su recuerdo de en medio de los hombres,
pero tem la jactancia del enemigo, el envanecimiento de sus adversarios, no sea que digan: 'Nuestra mano prevalece y ha hecho todo esto, y no Jehov' ".
"Porque son nacin privada de consejos, y no hay en ellos entendimiento.
Ojal fueran sabios, comprendieran esto y se dieran cuenta del fin que los espera!
Cmo podra perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil, si su Roca no los hubiera vendido y Jehov no los hubiera entregado?
Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca, y aun nuestros enemigos son de ello testigos.
Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los campos de Gomorra; las uvas de ellos son uvas ponzoosas, racimos muy amargos tienen.
Veneno de serpientes es su vino, y ponzoa cruel de spides.
"No tengo yo esto guardado conmigo, sellado en mis tesoros?
Ma es la venganza y la retribucin; a su tiempo su pie resbalar, porque el da de su afliccin est cercano y lo que les est preparado se apresura.
"S, Jehov juzgar a su pueblo, y por amor de sus siervos se arrepentir, cuando vea que la fuerza pereci, y que no queda ni siervo ni libre.
Entonces dir: "Dnde estn sus dioses, la roca en que se refugiaban,
que coman la grasa de sus sacrificios y beban el vino de sus libaciones?". Que se levanten y os ayuden! Que vengan y os defiendan!
Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir y yo hago vivir, yo hiero y yo sano, y no hay quien se pueda librar de mis manos.
Porque yo alzar a los cielos mi mano, y dir: Vivo yo para siempre!
Cuando afile mi reluciente espada y mi mano empue el juicio, tomar venganza de mis enemigos y dar su retribucin a los que me aborrecen.
Embriagar de sangre mis flechas, y mi espada devorar carne; sangre de muertos y cautivos, cabezas de jefes enemigos.
"Alabad, naciones, a su pueblo, porque l vengar la sangre de sus siervos, tomar venganza de sus enemigos, y har expiacin por la tierra de su pueblo!".
Moiss, acompaado por Josu hijo de Nun, fue y recit todas las palabras de este cntico a odos del pueblo.
Cuando acab Moiss de recitar todas estas palabras ante todo Israel,
les dijo: "Aplicad vuestro corazn a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que mandis a vuestros hijos que cuiden de cumplir todas las palabras de esta Ley.
Porque no os es cosa vana; es vuestra vida, pues por medio de esta Ley haris prolongar vuestros das sobre la tierra a la que vais para tomarla en posesin tras pasar el Jordn".
Aquel mismo da Jehov habl a Moiss y le dijo:
"Sube a estos montes de Abarim, al monte Nebo, situado en la tierra de Moab que est frente a Jeric, y mira la tierra de Canan, que yo doy por heredad a los hijos de Israel.
Muere all en el monte al cual subes, y te reunirs a tu pueblo, as como muri Aarn, tu hermano, en el monte Hor, y se reuni a su pueblo.
Por cuanto pecasteis contra m en medio de los hijos de Israel, en las aguas de Meriba, en Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.
Vers, por tanto, delante de ti la tierra, pero no entrars all, en la tierra que doy a los hijos de Israel".
Esta es la bendicin con la cual Moiss, varn de Dios, bendijo a los hijos de Israel, antes de morir.
l dijo: "Jehov vino de Sina, de Seir los alumbr, resplandeci desde el monte de Parn, avanz entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha.
An am a su pueblo; todos los consagrados a l estaban en su mano. Por tanto, ellos siguieron tus pasos, recibiendo direccin de ti,
cuando Moiss nos orden la Ley, como heredad de la congregacin de Jacob.
Y hubo un rey en Jesurn cuando se congregaron los jefes del pueblo con las tribus de Israel.
"Viva Rubn, y no muera ni sean pocos sus hombres".
Esta bendicin profiri para Jud. Dijo as: "Oye, Jehov, la voz de Jud, y llvalo a su pueblo; sus manos le basten, y t seas su ayuda contra sus enemigos".
Para Lev dijo: "Tu Tumim y tu Urim sean para el varn piadoso a quien probaste en Masah, con quien contendiste en las aguas de Meriba,
quien dijo de su padre y de su madre: "Nunca los he visto"; quien no reconoci a sus hermanos, ni a sus hijos conoci. Pues ellos guardaron tus palabras y cumplieron tu pacto.
Ellos ensearn tus juicios a Jacob y tu Ley a Israel. Pondrn el incienso delante de ti y el holocausto sobre tu altar.
Bendice, Jehov, lo que hagan y recibe con agrado la obra de sus manos. Hiere los lomos de sus enemigos y de quienes lo aborrezcan, para que nunca se levanten".
Para Benjamn dijo: "El amado de Jehov habitar confiado cerca de l; lo cubrir siempre, y entre sus hombros morar".
Para Jos dijo: "Bendita de Jehov sea tu tierra, con lo mejor de los cielos, con el roco y con el abismo que est abajo.
Con los ms escogidos frutos del sol, con el rico producto de la luna,
con el fruto ms fino de los montes antiguos, con la abundancia de los collados eternos,
con las mejores ddivas de la tierra y su plenitud y la gracia del que habit en la zarza, venga sobre la cabeza de Jos y sobre la frente de aquel que es prncipe entre sus hermanos.
Como el primognito de su toro es su gloria; sus cuernos, como cuernos de bfalo. Con ellas cornear a todos los pueblos hasta los confines de la tierra. ellos son los diez millares de Efran, y ellos son los millares de Manass".
Para Zabuln dijo: "Algrate, Zabuln, cuando salgas; y t, Isacar, en tus tiendas!
Llamarn a los pueblos a su monte; all ofrecern sacrificios de justicia, por lo cual gozarn de la abundancia de los mares y de los tesoros escondidos de la arena".
Para Gad dijo: "Bendito el que hizo ensanchar a Gad! Como len reposa, y arrebata brazo y testa.
Escoge lo mejor de la tierra para s, porque all le fue reservada la porcin del legislador. Vino en la delantera del pueblo; con Israel ejecut los mandatos y los justos decretos de Jehov".
Para Dan dijo: "Dan es cachorro de len que salta desde Basn".
Para Neftal dijo: "Neftal, saciado de favores, lleno de la bendicin de Jehov, posee el occidente y el sur".
Para Aser dijo: "Bendito entre los hijos sea Aser! Sea el amado de sus hermanos y moje en aceite su pie.
Hierro y bronce sern tus cerrojos, y como tus das sern tus fuerzas.
"No hay como el Dios de Jesurn, quien cabalga sobre los cielos para tu ayuda, y sobre las nubes con su grandeza.
El eterno Dios es tu refugio y sus brazos eternos son tu apoyo. l ech al enemigo delante de ti, y dijo: "Destruye!".
Israel habitar confiado, la fuente de Jacob habitar sola en tierra de grano y de vino; hasta sus cielos destilarn roco.
Bienaventurado t, Israel! Quin como t, pueblo salvado por Jehov? l es tu escudo protector, la espada de tu triunfo. As que tus enemigos sern humillados, y t pisotears sus lugares altos".
Subi Moiss de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que est enfrente de Jeric, y le mostr Jehov toda la tierra de Galaad hasta Dan,
todo Neftal, la tierra de Efran y de Manass, toda la tierra de Jud hasta el mar occidental,
el Neguev, el valle y la llanura de Jeric, ciudad de las palmeras, hasta Zoar.
Y le dijo Jehov: "Esta es la tierra que promet a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: "A tu descendencia la dar". Te he permitido verla con tus ojos, pero no pasars all".
All muri Moiss, siervo de Jehov, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehov.
Y lo enterr en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor, y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy.
Tena Moiss ciento veinte aos de edad cuando muri; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdi su vigor.
Lloraron los hijos de Israel a Moiss en los campos de Moab treinta das; as se cumplieron los das de llanto y de luto por Moiss.
Josu hijo de Nun estaba lleno del espritu de sabidura, porque Moiss haba puesto sus manos sobre l, y los hijos de Israel lo obedecieron haciendo como Jehov mand a Moiss.
Nunca ms se levant un profeta en Israel como Moiss, a quien Jehov conoci cara a cara;
nadie como l por todas las seales y prodigios que Jehov le envi a hacer en tierra de Egipto, contra el faran y todos sus siervos, y contra toda su tierra,
y por el gran poder y los hechos grandiosos y terribles que Moiss hizo a la vista de todo Israel.
Aconteci despus de la muerte de Moiss, siervo de Jehov, que Jehov habl a Josu hijo de Nun, servidor de Moiss, y le dijo:
"Mi siervo Moiss ha muerto. Ahora, pues, levntate y pasa este Jordn, t y todo este pueblo, hacia la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.
Yo os he entregado, tal como lo dije a Moiss, todos los lugares que pisen las plantas de vuestros pies.
Desde el desierto y el Lbano hasta el gran ro ufrates, toda la tierra de los heteos hasta el Mar Grande donde se pone el sol, ser vuestro territorio.
Nadie podr hacerte frente en todos los das de tu vida: como estuve con Moiss, estar contigo; no te dejar ni te desamparar.
Esfurzate y s valiente, porque t repartirs a este pueblo como heredad la tierra que jur dar a sus padres.
Solamente esfurzate y s muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moiss te mand; no te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.
Nunca se apartar de tu boca este libro de la Ley, sino que de da y de noche meditars en l, para que guardes y hagas conforme a todo lo que est escrito en l, porque entonces hars prosperar tu camino y todo te saldr bien.
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehov, tu Dios, estar contigo dondequiera que vayas".
Entonces Josu dio esta orden a los oficiales del pueblo:
"Id por el campamento y dad esta orden al pueblo: "Preparaos comida, porque dentro de tres das pasaris el Jordn para entrar a poseer la tierra que Jehov, vuestro Dios, os da en posesin"".
Tambin habl Josu a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manass, y les dijo:
-- Acordaos de lo que os mand Moiss, siervo de Jehov, cuando dijo: "Jehov, vuestro Dios, os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra.
Vuestras mujeres, vuestros nios y vuestros ganados quedarn en la tierra que Moiss os ha dado a este lado del Jordn; pero vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaris armados delante de vuestros hermanos, y los ayudaris
hasta tanto Jehov les haya dado reposo igual que a vosotros, y ellos tambin posean la tierra que Jehov, vuestro Dios, les da. Despus volveris a la tierra de vuestra herencia, la cual Moiss, siervo de Jehov, os ha dado a este lado del Jordn, hacia donde nace el sol, y entraris en posesin de ella".
Entonces ellos respondieron a Josu: -- Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes.
De la manera que obedecimos a Moiss en todas las cosas, as te obedeceremos a ti; solamente que Jehov, tu Dios, est contigo, como estuvo con Moiss.
Cualquiera que sea rebelde a tu mandamiento y no obedezca tus rdenes en todas las cosas que le mandes, que muera. T, solamente esfurzate y se valiente.
Josu hijo de Nun envi desde Sitim dos espas secretamente, y les dijo: "Id a explorar la tierra y a Jeric". Ellos fueron, entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab y se hospedaron all.
Entonces le fue dado este aviso al rey de Jeric: -- Unos hombres de los hijos de Israel han venido aqu esta noche para espiar la tierra.
El rey de Jeric mand a decir a Rahab: -- Saca a los hombres que han venido a verte y han entrado a tu casa, porque han venido para espiar toda la tierra.
Pero la mujer haba tomado a los dos hombres y los haba escondido. Luego dijo: -- Es verdad que unos hombres vinieron a mi casa, pero no supe de dnde eran.
Cuando se iba a cerrar la puerta, siendo ya oscuro, esos hombres salieron y no s a dnde han ido. Seguidlos aprisa y los alcanzaris.
Pero ella los haba hecho subir al terrado, y los haba escondido entre los manojos de lino que tena puestos en el terrado.
Los hombres salieron tras ellos por el camino del Jordn, hasta los vados, y la puerta fue cerrada despus que salieron los perseguidores.
Antes que ellos se durmieran, ella subi al terrado y les dijo:
-- S que Jehov os ha dado esta tierra, porque el temor de vosotros ha cado sobre nosotros, y todos los habitantes del pas ya han temblado por vuestra causa.
Porque hemos odo que Jehov hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y tambin lo que habis hecho con los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordn, con Sehn y Og, a los cuales habis destruido.
Al oir esto ha desfallecido nuestro corazn, y no ha quedado hombre alguno con nimo para resistiros, porque Jehov, vuestro Dios, es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.
Os ruego pues, ahora, que me juris por Jehov, que como he tenido misericordia de vosotros, as la tendris vosotros de la casa de mi padre, de lo cual me daris una seal segura;
que salvaris la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo cuanto les pertenece, y que libraris nuestras vidas de la muerte.
Ellos le respondieron: -- Nuestra vida responder por la vuestra, si no denuncias este asunto nuestro; y cuando Jehov nos haya dado la tierra, te trataremos con bondad y lealtad.
Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana, pues su casa estaba en el muro de la ciudad y ella viva en el muro.
Les dijo: -- Marchaos al monte, para que los que fueron tras vosotros no os encuentren. Estad escondidos all tres das, hasta que vuelvan los que os siguen; despus os iris por vuestro camino.
Ellos le dijeron: -- Nosotros quedaremos libres de este juramento que te hemos hecho.
Cuando nosotros entremos en la tierra, t atars este cordn de grana a la ventana por la cual nos descolgaste, y reunirs en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre.
Cualquiera que salga fuera de las puertas de tu casa, su sangre caer sobre su cabeza y nosotros seremos sin culpa. Pero cualquiera que est en la casa contigo, su sangre caer sobre nuestra cabeza, si alguna mano lo toca.
Y si t denuncias este nuestro asunto, nosotros quedaremos libres de este juramento que te hemos hecho.
-- Sea as como habis dicho -- respondi ella. Luego los despidi; ellos se fueron y ella at el cordn de grana a la ventana.
Marcharon ellos, llegaron al monte y se quedaron all tres das, hasta que volvieron los que los perseguan, quienes los haban buscado por todo el camino, sin hallarlos.
Entonces volvieron los dos hombres a descender del monte, pasaron, y cuando llegaron adonde estaba Josu hijo de Nun, le contaron todas las cosas que les haban acontecido.
Dijeron a Josu: "Jehov ha entregado toda la tierra en nuestras manos; todos los habitantes del pas tiemblan ante nosotros".
Josu se levant de maana, parti de Sitim con todos los hijos de Israel y llegaron hasta el Jordn y reposaron all antes de pasarlo.
Despus de tres das, los oficiales recorrieron el campamento
y ordenaron al pueblo: "Cuando veis el Arca del pacto de Jehov, vuestro Dios, y a los levitas sacerdotes que la llevan, saldris del lugar donde estis y marcharis detrs de ella,
a fin de que sepis el camino por donde habis de ir, por cuanto vosotros no habis pasado nunca antes por este camino. Pero que haya entre vosotros y el Arca una distancia como de dos mil codos; no os acercaris a ella".
Josu dijo al pueblo: "Santificaos, porque Jehov har maana maravillas entre vosotros".
Despus dijo a los sacerdotes: "Tomad el Arca del pacto y pasad delante del pueblo". Ellos tomaron el Arca del pacto y fueron delante del pueblo.
Entonces Jehov dijo a Josu: "Desde este da comenzar a engrandecerte ante los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moiss, as estar contigo.
T, pues, mandars esto a los sacerdotes que llevan el Arca del pacto: "Cuando hayis llegado a la orilla del agua del Jordn, os detendris en el Jordn"".
Josu dijo a los hijos de Israel: "Acercaos y escuchad las palabras de Jehov, vuestro Dios".
Y aadi Josu: "En esto conoceris que el Dios viviente est en medio de vosotros, y que l echar de delante de vosotros al cananeo, al heteo, al heveo, al ferezeo, al gergeseo, al amorreo y al jebuseo:
El Arca del pacto del Seor de toda la tierra pasar delante de vosotros en medio del Jordn.
Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu.
Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el Arca de Jehov, Seor de toda la tierra, se mojen en las aguas del Jordn, las aguas del Jordn se dividirn, porque las aguas que vienen de arriba se detendrn formando un muro".
Aconteci que cuando el pueblo parti de sus tiendas para pasar el Jordn, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el Arca del pacto,
y cuando los que llevaban el Arca entraron en el Jordn y los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca se mojaron a la orilla del agua (porque el Jordn suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega),
las aguas que venan de arriba se amontonaron bien lejos de la ciudad de Adam, que est al lado de Saretn, y las que descendan al mar del Arab, al Mar Salado, quedaron separadas por completo, mientras el pueblo pasaba en direccin a Jeric.
Pero los sacerdotes que llevaban el Arca del pacto de Jehov, permanecieron firmes sobre suelo seco en medio del Jordn, hasta que todo el pueblo acab de pasar el Jordn. Y todo Israel pas por el cauce seco.
Cuando toda la gente acab de pasar el Jordn, Jehov habl a Josu y le dijo:
"Tomad del pueblo doce hombres, uno por cada tribu,
y dadles esta orden: "Tomad de aqu, de en medio del Jordn, del lugar donde han puesto sus pies los sacerdotes, doce piedras, las cuales llevaris con vosotros, y las depositaris en el lugar donde habis de pasar la noche"".
Entonces Josu llam a los doce hombres que l haba designado entre los hijos de Israel, uno por cada tribu.
Y les dijo Josu: "Pasad ante el Arca de Jehov, vuestro Dios, hasta el medio del Jordn, y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al nmero de las tribus de los hijos de Israel,
para que esto quede como una seal entre vosotros. Y cuando vuestros hijos pregunten a sus padres maana: "Qu significan estas piedras?",
les responderis: "Las aguas del Jordn fueron divididas delante del Arca del pacto de Jehov; cuando ella pas el Jordn, las aguas del Jordn se dividieron, y estas piedras servirn de monumento conmemorativo a los hijos de Israel para siempre"".
Los hijos de Israel hicieron tal como Josu les mand: tomaron doce piedras de en medio del Jordn, como Jehov lo haba dicho a Josu, conforme al nmero de las tribus de los hijos de Israel, las llevaron al lugar donde acamparon y las depositaron all.
Josu tambin levant doce piedras en medio del Jordn, en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca del pacto, y all han estado hasta hoy.
Los sacerdotes que llevaban el Arca se pararon en medio del Jordn hasta que se hizo todo lo que Jehov haba mandado a Josu que dijera al pueblo --conforme a todas las cosas que Moiss haba mandado a Josu--, y el pueblo se dio prisa y pas.
Cuando todo el pueblo acab de pasar, tambin pas el Arca de Jehov, y los sacerdotes iban a la cabeza del pueblo.
Tambin los hijos de Rubn y los hijos de Gad y la media tribu de Manass pasaron armados delante de los hijos de Israel, segn Moiss les haba dicho;
como cuarenta mil hombres armados, listos para la guerra, pasaron hacia la llanura de Jeric delante de Jehov.
En aquel da Jehov engrandeci a Josu a los ojos de todo Israel. Y lo temieron como haban temido a Moiss durante toda su vida.
Luego Jehov habl a Josu y le dijo:
"Manda a los sacerdotes que llevan el Arca del testimonio que salgan del Jordn".
Entonces Josu orden a los sacerdotes: "Salid del Jordn".
Y aconteci que cuando los sacerdotes que llevaban el Arca del pacto de Jehov salieron de en medio del Jordn, y las plantas de los pies de los sacerdotes estuvieron en lugar seco, las aguas del Jordn volvieron a su lugar y corrieron como antes, sobre todos sus bordes.
El pueblo parti del Jordn el da diez del primer mes y acamparon en Gilgal, al oriente de Jeric.
Josu erigi en Gilgal las doce piedras que haban trado del Jordn.
Y dijo a los hijos de Israel: "Cuando el da de maana os pregunten vuestros hijos: "Qu significan estas piedras?",
diris a vuestros hijos: "Israel pas en seco por este Jordn,
porque Jehov, vuestro Dios, sec las aguas del Jordn delante de vosotros, hasta que pasasteis, de la misma manera que Jehov, vuestro Dios, haba hecho en el Mar Rojo, el cual sec delante de nosotros hasta que pasamos,
para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano de Jehov es poderosa, y para que temis a Jehov, vuestro Dios, todos los das"".
Cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordn, al occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban cerca del mar, oyeron cmo Jehov haba secado las aguas del Jordn delante de los hijos de Israel hasta que pasaron, desfalleci su corazn y se quedaron sin aliento ante los hijos de Israel.
En aquel tiempo, Jehov dijo a Josu: "Hazte cuchillos afilados y vuelve a circuncidar por segunda vez a los hijos de Israel".
Josu se hizo cuchillos afilados y circuncid a los hijos de Israel en el collado de Aralot.
Esta es la causa por la cual Josu los circuncid: Toda la poblacin masculina salida de Egipto, todos los hombres aptos para la guerra, haban muerto por el camino, en el desierto, despus que salieron de Egipto.
Todos los del pueblo que haban salido estaban circuncidados, pero todo el pueblo que haba nacido en el desierto, en el camino, despus que salieron de Egipto, no estaba circuncidado.
Los hijos de Israel anduvieron por el desierto durante cuarenta aos, hasta que todos los hombres aptos para la guerra que haban salido de Egipto perecieron. Como no obedecieron a la voz de Jehov, Jehov jur que no les dejara ver la tierra que l haba jurado a sus padres que nos dara, tierra que fluye leche y miel.
A sus hijos, los que l haba puesto en lugar de ellos, Josu los circuncid, pues eran incircuncisos, ya que no haban sido circuncidados por el camino.
Cuando acabaron de circuncidar a toda la gente, se quedaron en su lugar en el campamento hasta que sanaron.
Entonces Jehov dijo a Josu: "Hoy he quitado de encima de vosotros el oprobio de Egipto". Por eso se llam Gilgal aquel lugar, hasta hoy.
Los hijos de Israel acamparon en Gilgal y celebraron la Pascua a los catorce das del mes, por la tarde, en los llanos de Jeric.
Al otro da de la Pascua comieron de los frutos de la tierra, panes sin levadura y, ese mismo da, espigas nuevas tostadas.
El man ces al da siguiente, desde que comenzaron a comer de los frutos de la tierra, y los hijos de Israel nunca ms tuvieron man, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canan aquel ao.
Aconteci que estando Josu cerca de Jeric, alz los ojos y vio a un hombre que estaba delante de l, con una espada desenvainada en su mano. Josu se le acerc y le dijo: -- Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?
-- No -- respondi l -- , sino que he venido como Prncipe del ejrcito de Jehov. Entonces Josu, postrndose en tierra sobre su rostro, lo ador y le dijo: -- Qu dice mi Seor a su siervo?
El Prncipe del ejrcito de Jehov respondi a Josu: -- Qutate el calzado de los pies, porque el lugar en que ests es santo. Y Josu as lo hizo.
Jeric estaba cerrada, bien cerrada, por temor a los hijos de Israel: nadie entraba ni sala.
Pero Jehov dijo a Josu: "Mira, yo he entregado en tus manos a Jeric y a su rey, junto con sus hombres de guerra.
Rodearis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, dando una vez la vuelta alrededor de la ciudad. Esto haris durante seis das.
Siete sacerdotes llevarn siete bocinas de cuernos de carnero delante del Arca. El sptimo da daris siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarn las bocinas.
Cuando el cuerno de carnero d un toque prolongado, tan pronto oigis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritar con fuerza, y el muro de la ciudad caer. Entonces la asaltar el pueblo, cada uno derecho hacia delante".
Josu hijo de Nun llam a los sacerdotes y les dijo: "Tomad el Arca del pacto, y que siete sacerdotes lleven bocinas de cuerno de carnero delante del Arca de Jehov".
Al pueblo dijo: "Pasad y dad un rodeo a la ciudad: los que estn armados pasarn delante del Arca de Jehov".
Tan pronto Josu termin de hablar al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del Arca de Jehov tocando las bocinas, mientras el Arca del pacto de Jehov los segua.
Los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el Arca, mientras las bocinas sonaban continuamente.
Pero Josu dio esta orden al pueblo: "Vosotros no gritaris, ni se oir vuestra voz, ni saldr palabra de vuestra boca hasta el da que yo os diga: "Gritad". Entonces gritaris".
As hizo que el Arca de Jehov diera una vuelta alrededor de la ciudad, y luego volvieron al campamento, donde pasaron la noche.
Josu se levant de maana, y los sacerdotes tomaron el Arca de Jehov.
Los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, iban delante del Arca de Jehov tocando las bocinas sin dejar de caminar; los hombres armados iban delante de ellos, y la retaguardia iba tras el Arca de Jehov mientras las bocinas sonaban continuamente.
As dieron otra vuelta a la ciudad el segundo da, y volvieron al campamento. De esta manera hicieron durante seis das.
El sptimo da se levantaron al despuntar el alba, y dieron la vuelta a la ciudad, de la misma manera, siete veces --solamente este da dieron siete veces la vuelta alrededor de ella--.
Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la sptima vez, Josu dijo al pueblo: "Gritad, porque Jehov os ha entregado la ciudad!
La ciudad ser como anatema a Jehov, con todas las cosas que estn en ella; solamente Rahab, la ramera, vivir, as como todos los que estn con ella en su casa, por cuanto escondi a los mensajeros que enviamos.
Pero vosotros guardaos del anatema; no toquis ni tomis cosa alguna del anatema, no sea que hagis caer la maldicin sobre el campamento de Israel y le traigis la desgracia.
Pero toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehov y entren en el tesoro de Jehov".
Entonces el pueblo grit, y los sacerdotes tocaron las bocinas. Y aconteci que cuando el pueblo escuch el sonido de la bocina, grit con un gran vocero y el muro se derrumb. El pueblo asalt luego la ciudad, cada uno derecho hacia delante, y la tomaron.
Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad haba: hombres y mujeres, jvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas y los asnos.
Pero Josu dijo a los dos hombres que haban reconocido la tierra: "Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de all a la mujer y a todo lo que sea suyo, como lo jurasteis".
Los espas entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; tambin sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel.
Despus prendieron fuego a la ciudad, con todo lo que en ella haba. Solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehov la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro.
Pero Josu salv la vida a Rahab, la ramera, a la casa de su padre y a todo lo que ella tena, y ella habit entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondi a los mensajeros que Josu haba enviado para reconocer a Jeric.
En aquel tiempo hizo Josu este juramento: "Maldito delante de Jehov el hombre que se levante y reedifique esta ciudad de Jeric. Sobre su primognito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas".
Estaba, pues, Jehov con Josu, y su nombre se divulg por toda la tierra.
Pero los hijos de Israel cometieron una infidelidad en cuanto al anatema, porque Acn hijo de Carmi hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Jud, tom algo del anatema, y la ira de Jehov se encendi contra los hijos de Israel.
Despus Josu envi unos hombres desde Jeric a Hai, que estaba junto a Bet-avn, hacia el oriente de Bet-el, y les dijo: "Subid a reconocer la tierra". Ellos subieron y reconocieron a Hai.
Al volver, dijeron a Josu: "Que no suba todo el pueblo; dos mil o tres mil hombres tomarn a Hai. No fatigues a todo el pueblo yendo all, porque son pocos".
Subieron all del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai.
Los de Hai les mataron a unos treinta y seis hombres, los persiguieron desde la puerta hasta Sebarim y los derrotaron en la bajada, por lo cual el corazn del pueblo desfalleci y se volvi como agua.
Entonces Josu rompi sus vestidos y se postr en tierra sobre su rostro delante del Arca de Jehov hasta caer la tarde, junto con los ancianos de Israel, y se echaron polvo sobre sus cabezas.
Josu deca: -- Ah, Seor Jehov! Por qu hiciste pasar a este pueblo el Jordn, para entregarnos en manos de los amorreos y que nos destruyan? Ojal nos hubiramos quedado al otro lado del Jordn!
Ay, Seor! qu dir, ahora que Israel le ha vuelto la espalda a sus enemigos?
Porque los cananeos y todos los habitantes de la tierra se enterarn, nos rodearn y borrarn nuestro nombre de encima de la tierra. Qu hars t entonces por tu gran nombre?
Jehov respondi a Josu: -- Levntate! Por qu te postras as sobre tu rostro?
Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto, el que yo les mand. Tambin han tomado algo del anatema, y hasta lo han robado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres.
Por esto los hijos de Israel no podrn hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volvern la espalda, por cuanto han venido a ser anatema. No estar ms con vosotros si no hacis desaparecer el anatema de en medio de vosotros.
Levntate, santifica al pueblo y di: "Santificaos para maana, porque Jehov, el Dios de Israel, dice as: 'Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrs hacer frente a tus enemigos, hasta que hayis quitado el anatema de en medio de vosotros' ".
Os acercaris, pues, maana por tribus; la tribu que Jehov seale, se acercar por familias; la familia que Jehov seale, se acercar por casas paternas, y la casa que Jehov seale, se acercar hombre por hombre.
El que sea sorprendido en posesin del anatema, ser quemado, l y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehov y ha cometido una infamia en Israel.
Josu, pues, levantndose de maana, hizo acercar a Israel por tribus, y fue designada la tribu de Jud.
Hizo acercar a la tribu de Jud, y fue designada la familia de los de Zera; luego hizo que se acercaran las familias de los de Zera, y fue designado Zabdi.
Hizo acercar su casa hombre por hombre, y fue designado Acn hijo de Carmi hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Jud.
Entonces Josu dijo a Acn: -- Hijo mo, da gloria a Jehov, el Dios de Israel, dale alabanza y declrame ahora lo que has hecho; no me lo encubras.
Acn respondi a Josu: -- Verdaderamente yo he pecado contra Jehov, el Dios de Israel; he hecho as y as.
Pues yo vi entre los despojos un manto babilnico muy bueno, doscientos siclos de plata y un lingote de oro de cincuenta siclos de peso, lo cual codici y tom. Ahora est escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero est debajo.
Entonces Josu envi mensajeros, los cuales fueron corriendo a la tienda, y en efecto, todo estaba escondido en su tienda, y el dinero debajo.
Lo tomaron de la tienda y lo llevaron ante Josu y todos los hijos de Israel, y lo pusieron delante de Jehov.
Entonces Josu, junto con todo Israel, tomaron a Acn hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo cuanto tena, y lo llevaron todo al valle de Acor.
All le dijo Josu: -- Por qu nos has turbado? Que Jehov te turbe en este da. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron despus de apedrearlos.
Sobre l levantaron un gran montn de piedras que permanece hasta hoy. As Jehov se calm del ardor de su ira. Por eso aquel lugar se llama el valle de Acor, hasta hoy.
Jehov dijo a Josu: "No temas ni desmayes. Toma contigo toda la gente de guerra, levntate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tus manos al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra.
Hars con Hai y con su rey como hiciste con Jeric y su rey; solo que ahora tomaris para vosotros su botn y sus bestias. Pondrs, pues, emboscadas detrs de la ciudad".
Entonces se levantaron Josu y toda la gente de guerra para subir contra Hai. Escogi Josu treinta mil hombres fuertes, a los cuales envi de noche
con esta orden: "Atended, pondris una emboscada detrs de la ciudad. No os alejaris mucho de la ciudad y estaris todos dispuestos.
Yo y todo el pueblo que est conmigo nos acercaremos a la ciudad, y cuando salgan ellos contra nosotros, como hicieron antes, huiremos delante de ellos.
Ellos saldrn tras nosotros, hasta que los alejemos de la ciudad, pues dirn: "Huyen de nosotros como la primera vez". Huiremos, entonces, delante de ellos.
Luego vosotros os levantaris de la emboscada y tomaris la ciudad, pues Jehov, vuestro Dios, la entregar en vuestras manos.
Cuando la hayis tomado, le prenderis fuego. Haris conforme a la palabra de Jehov. Mirad que os lo he mandado".
Entonces Josu los envi; ellos se fueron a la emboscada y se pusieron entre Bet-el y Hai, al occidente de Hai. Josu se qued aquella noche en medio del pueblo.
Josu se levant muy de maana, pas revista al pueblo y subi contra Hai, al frente del pueblo, junto con los ancianos de Israel.
Toda la gente de guerra que con l estaba subi y se acerc; llegaron delante de la ciudad y acamparon al norte de Hai. El valle estaba entre l y Hai.
Tom como cinco mil hombres y los puso en una emboscada entre Bet-el y Hai, al occidente de la ciudad.
As dispusieron al pueblo: todo el campamento al norte de la ciudad, y su emboscada al occidente de la ciudad. Aquella noche Josu avanz hasta la mitad del valle.
Aconteci que, al verlo el rey de Hai, l y su pueblo se apresuraron, madrugaron, y al tiempo sealado, los hombres de la ciudad salieron a combatir contra Israel frente al Arab, no sabiendo que estaba puesta una emboscada a espaldas de la ciudad.
Josu y todo Israel se fingieron vencidos y huyeron delante de ellos por el camino del desierto.
Todo el pueblo que estaba en Hai se junt para perseguirlos, y al ir tras Josu, se alejaron as de la ciudad.
No qued ningn hombre en Hai ni en Bet-el que no saliera tras Israel, y por seguir a Israel dejaron la ciudad abierta.
Entonces Jehov dijo a Josu: "Extiende hacia Hai la lanza que tienes en tu mano, porque yo la entregar en tus manos". Josu extendi hacia la ciudad la lanza que tena en su mano.
Se levantaron prontamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que l alz su mano, entraron en la ciudad, la tomaron y se apresuraron a prenderle fuego.
Cuando los hombres de Hai volvieron el rostro y vieron el humo de la ciudad que suba al cielo, no pudieron huir ni a una parte ni a otra, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvi contra quienes los perseguan.
Josu y todo Israel, al ver que los de la emboscada haban tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad suba, se volvieron y atacaron a los de Hai.
Los otros salieron de la ciudad a su encuentro, y as quedaron encerrados en medio de Israel, los unos por un lado y los otros por el otro. Y los hirieron hasta que no qued ninguno de ellos que escapara.
Pero tomaron vivo al rey de Hai y lo llevaron ante Josu.
Cuando los israelitas acabaron de matar a todos los habitantes de Hai en el campo y en el desierto, hasta donde los haban perseguido, y todos haban cado a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y tambin la hirieron a filo de espada.
El nmero de los que cayeron aquel da, entre hombres y mujeres, fue de doce mil, todos los de Hai.
Porque Josu no retir la mano que haba extendido con la lanza hasta que hubo destruido por completo a todos los habitantes de Hai.
Los israelitas tomaron para s las bestias y el botn de la ciudad, conforme a la palabra que Jehov haba mandado a Josu.
Josu quem a Hai y la redujo a un montn de escombros, desolada para siempre hasta hoy.
Al rey de Hai lo colg de un madero hasta caer la noche, y cuando el sol se puso, mand Josu que quitaran del madero su cuerpo y lo echaran a la puerta de la ciudad. Luego levantaron sobre l un gran montn de piedras, que permanece hasta hoy.
Entonces Josu edific un altar a Jehov, Dios de Israel, en el monte Ebal,
como Moiss, siervo de Jehov, lo haba mandado a los hijos de Israel y como est escrito en el libro de la ley de Moiss: un altar de piedras enteras sin labrar. Ofrecieron sobre l holocaustos a Jehov y sacrificaron ofrendas de paz.
Tambin escribi all sobre las piedras una copia de la ley de Moiss, la cual escribi delante de los hijos de Israel.
Todo Israel, tanto los extranjeros como los naturales, con sus ancianos, oficiales y jueces, estaba de pie a uno y otro lado del Arca, en presencia de los sacerdotes levitas que llevaban el Arca del pacto de Jehov. La mitad de ellos estaba hacia el monte Gerizim y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moiss, siervo de Jehov, lo haba mandado antes, para que primero bendijeran al pueblo de Israel.
Despus de esto ley todas las palabras de la Ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que est escrito en el libro de la Ley.
No hubo palabra alguna de todo cuanto mand Moiss que Josu no hiciera leer delante de toda la congregacin de Israel, de las mujeres, los nios y los extranjeros que habitaban entre ellos.
Cuando oyeron estas cosas todos los reyes que estaban a este lado del Jordn, tanto en las montaas como en los llanos, y en toda la costa del Mar Grande hasta el Lbano: heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos,
se concertaron para pelear contra Josu e Israel.
Pero cuando los habitantes de Gaban oyeron lo que Josu haba hecho con Jeric y Hai,
recurrieron a la astucia, pues fueron y se fingieron embajadores, tomaron sacos viejos sobre sus asnos y odres viejos de vino, rotos y remendados;
se pusieron zapatos viejos y recosidos, y vestidos viejos. Todo el pan que traan para el camino era seco y mohoso.
Al llegar a Josu al campamento en Gilgal, les dijeron a l y a los de Israel: -- Nosotros venimos de una tierra muy lejana; haced, pues, ahora una alianza con nosotros.
Los de Israel respondieron a los heveos: -- Si habitis en medio de nosotros, cmo, pues, podremos hacer alianza con vosotros?
Ellos respondieron a Josu: -- Nosotros somos tus siervos. -- Quines sois vosotros, y de dnde vens? -- les dijo Josu.
Ellos respondieron: -- Tus siervos han venido de tierra muy lejana a causa del nombre de Jehov, tu Dios, pues hemos odo de su fama, de todo lo que hizo en Egipto
y todo lo que hizo con los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordn: Sehn, rey de Hesbn, y Og, rey de Basn, que estaba en Astarot.
Por eso nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestra tierra nos dijeron: "Tomad en vuestras manos la provisin para el camino, id al encuentro de ellos y decidles: 'Nosotros somos vuestros siervos; haced ahora alianza con nosotros' ".
Este nuestro pan lo tomamos caliente de nuestras casas para el camino el da que salimos para venir a vuestro encuentro, y ahora ya est seco y mohoso.
Estos odres de vino tambin los llenamos nuevos, y ya estn rotos. Tambin estos nuestros vestidos y nuestros zapatos estn ya viejos a causa de tanto caminar.
Los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, pero no consultaron a Jehov.
Josu hizo la paz con ellos; tambin celebr con ellos una alianza concedindoles la vida y los prncipes de la congregacin hicieron un juramento.
Tres das despus que hicieron la alianza con ellos, supieron que eran sus vecinos y que habitaban en medio de ellos.
Los hijos de Israel salieron, y al tercer da llegaron a sus ciudades, que eran Gaban, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim.
No los mataron los hijos de Israel por cuanto los prncipes de la congregacin les haban jurado por Jehov, el Dios de Israel. Toda la congregacin empez a murmurar contra los prncipes;
pero todos los prncipes respondieron a la congregacin: -- Nosotros les hemos jurado por Jehov, Dios de Israel; por tanto, ahora no los podemos tocar.
Esto haremos con ellos: los dejaremos vivir, para que no venga sobre nosotros la ira por causa del juramento que les hemos hecho.
De ellos dijeron, pues, los prncipes: "Dejadlos vivir!, pero que se constituyan en leadores y aguadores para toda la congregacin", concedindoles as la vida, segn les haban prometido los prncipes.
Josu los llam y les dijo: -- Por qu nos habis engaado diciendo: "Habitamos muy lejos de vosotros", siendo que vivs en medio de nosotros?
Ahora, pues, malditos sois, y nunca dejar de haber de entre vosotros siervos, ni quienes corten la lea y saquen el agua para la casa de mi Dios.
Ellos respondieron a Josu: -- Como fue dado a entender a tus siervos que Jehov, tu Dios, haba mandado a Moiss, su siervo, que os haba de dar toda la tierra, y que haba de destruir a todos los habitantes de la tierra delante de vosotros, por esto temimos mucho por nuestras vidas a causa de vosotros, e hicimos esto.
Ahora, pues, estamos en tus manos; lo que te parezca bueno y recto hacer de nosotros, hazlo.
l hizo as con ellos, pues los libr de manos de los hijos de Israel y no los mataron.
Aquel da Josu los destin a ser leadores y aguadores para la congregacin y para el altar de Jehov, en el lugar que Jehov eligiera. Eso son hasta hoy.
Cuando Adonisedec, rey de Jerusaln, oy que Josu haba tomado a Hai y la haba asolado (como haba hecho con Jeric y con su rey, as hizo con Hai y su rey), y que los habitantes de Gaban haban hecho la paz con los israelitas y estaban entre ellos,
tuvo gran temor, porque Gaban era tan grande como una de las ciudades reales, mayor que Hai, y todos sus hombres eran valientes.
Por lo cual Adonisedec, rey de Jerusaln, mand a decir a Hoham, rey de Hebrn, a Piream, rey de Jarmut, a Jafa, rey de Laquis y a Debir, rey de Egln:
"Venid y ayudadme a combatir a Gaban, pues ha hecho la paz con Josu y con los hijos de Israel".
Y los cinco reyes amorreos, el rey de Jerusaln, el rey de Hebrn, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Egln, se juntaron y subieron con todos sus ejrcitos, acamparon cerca de Gaban y pelearon contra ella.
Entonces los habitantes de Gaban enviaron a decir a Josu al campamento en Gilgal: "No niegues ayuda a tus siervos; sube rpidamente a defendernos y ayudarnos, porque todos los reyes amorreos que habitan en las montaas se han unido contra nosotros".
Josu subi desde Gilgal junto con toda la gente de guerra y con todos los hombres valientes,
y Jehov le dijo: "No les tengas temor, porque yo los he entregado en tus manos y ninguno de ellos prevalecer delante de ti".
Josu cay sobre ellos de repente, tras haber caminado toda la noche desde Gilgal.
Y Jehov los llen de pavor ante Israel y les caus una gran mortandad en Gaban; los sigui por el camino que sube a Bet-horn, y los hiri hasta Azeca y Maceda.
Mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horn, Jehov arroj desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron. Fueron ms los que murieron por las piedras del granizo que los que los hijos de Israel mataron a espada.
Entonces Josu habl a Jehov, el da en que Jehov entreg al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: "Sol, detente en Gaban, y t, luna, en el valle de Ajaln".
Y el sol se detuvo, y la luna se par, hasta que la gente se veng de sus enemigos. No est escrito esto en el libro de Jaser? El sol se par en medio del cielo, y no se apresur a ponerse casi un da entero.
No hubo un da como aquel, ni antes ni despus de l, en que Jehov haya obedecido a la voz de un hombre, porque Jehov peleaba por Israel.
Josu volvi junto con todo Israel al campamento en Gilgal.
Aquellos cinco reyes huyeron y se escondieron en una cueva en Maceda.
Cuando se le avis que los cinco reyes haban sido hallados escondidos en una cueva en Maceda,
Josu dijo: "Rodad grandes piedras hasta la entrada de la cueva y poned hombres junto a ella para que los custodien.
Y vosotros no os detengis, sino seguid a vuestros enemigos y heridles la retaguardia, sin dejarlos entrar en sus ciudades, porque Jehov, vuestro Dios, los ha entregado en vuestras manos".
Aconteci que cuando Josu y los hijos de Israel acabaron de causarles una gran mortandad, hasta exterminarlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fortificadas.
Todo el pueblo volvi sano y salvo al campamento de Josu en Maceda, y nadie se atrevi a mover su lengua contra ninguno de los hijos de Israel.
Entonces dijo Josu: "Abrid la entrada de la cueva y sacad de ella a esos cinco reyes".
As lo hicieron; sacaron de la cueva a aquellos cinco reyes: al rey de Jerusaln, al rey de Hebrn, al rey de Jarmut, al rey de Laquis y al rey de Egln.
Cuando los llevaron ante Josu, llam Josu a todos los hombres de Israel y dijo a los principales de la gente de guerra que haban venido con l: "Acercaos y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes". Ellos se acercaron y pusieron sus pies sobre los cuellos de ellos.
"No temis, ni os atemoricis -- les dijo Josu -- ; sed fuertes y valientes, porque as har Jehov con todos los enemigos contra los cuales peleis".
Despus de esto, Josu los hiri, los mat y los hizo colgar en cinco maderos. All quedaron colgados hasta caer la noche.
Cuando el sol se iba a poner, mand Josu que los descolgaran de los maderos y los echaran en la cueva donde se haban escondido. Y pusieron grandes piedras a la entrada de la cueva, las cuales permanecen hasta hoy.
Aquel mismo da tom Josu a Maceda, la pas a filo de espada y mat a su rey; los destruy por completo, con todo lo que en ella tena vida, sin dejar nada, e hizo con el rey de Maceda como haba hecho con el rey de Jeric.
De Maceda pas Josu, con todo Israel, a Libna, y la atac.
Y Jehov la entreg tambin, junto con su rey, en manos de Israel, que la pas a filo de espada, con todo lo que en ella tena vida, sin dejar nada, e hizo con su rey de la manera como haba hecho con el rey de Jeric.
Despus Josu, con todo Israel, pas de Libna a Laquis, acamp cerca de ella y la atac.
Jehov entreg tambin a Laquis en manos de Israel, quien la tom al da siguiente y la pas a filo de espada con todo lo que en ella tena vida, tal como haba hecho en Libna.
Entonces Horam, rey de Gezer, subi en ayuda de Laquis; pero Josu lo derrot a l y a su pueblo, hasta no dejar a ninguno de ellos.
De Laquis pas Josu, con todo Israel, a Egln. Acamparon cerca de ella y la atacaron.
Ese mismo da la tomaron y la pasaron a filo de espada. Aquel da mat a todo lo que en ella tena vida, como haba hecho en Laquis.
Subi luego Josu, con todo Israel, de Egln a Hebrn, y la atacaron.
La tomaron y la pasaron a filo de espada, con su rey, todas sus ciudades y todo lo que en ella tena vida. No dej nada, como haba hecho con Egln. La destruyeron con todo lo que en ella tena vida.
Despus volvi Josu, con todo Israel, sobre Debir, y la atac.
La tom, junto con su rey y todas sus ciudades; las pasaron a filo de espada y destruyeron todo lo que all dentro tena vida, sin dejar nada. Como haba hecho con Hebrn y con Libna y su rey, as hizo con Debir y su rey.
Conquist, pues, Josu toda la regin de las montaas, el Neguev, los llanos y las laderas, y a todos sus reyes, sin dejar nada; todo lo que tena vida lo extermin, como Jehov, Dios de Israel, se lo haba mandado.
Los bati Josu desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosn hasta Gaban.
Todos estos reyes y sus tierras los tom Josu de una vez, porque Jehov, el Dios de Israel, peleaba por Israel.
Despus volvi Josu, con todo Israel, al campamento en Gilgal.
Cuando Jabn, rey de Hazor, se enter de esto, envi un mensaje a Jobab, rey de Madn, al rey de Simrn, al rey de Acsaf
y a los reyes que estaban en la regin del norte en las montaas, y en el Arab al sur de Cineret, en los llanos y en las regiones de Dor al occidente,
al cananeo que estaba al oriente y al occidente, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al jebuseo en las montaas, y al heveo al pie de Hermn en tierra de Mizpa.
Estos salieron con todos sus ejrcitos, una multitud tan numerosa como la arena que est a la orilla del mar, con muchsimos caballos y carros de guerra.
Todos estos reyes se unieron, llegaron y acamparon unidos junto a las aguas de Merom para pelear contra Israel.
Pero Jehov dijo a Josu: "No les tengas temor, porque maana a esta hora yo los entregar a todos muertos delante de Israel; desjarretars sus caballos y quemars sus carros en el fuego".
Josu, con toda su gente de guerra, se lanz de repente contra ellos junto a las aguas de Merom.
Jehov los entreg en manos de Israel, que los hiri y los persigui hasta Sidn la grande, hasta Misrefotmaim y el llano de Mizpa, al oriente. Los hiri hasta no dejar ninguno con vida.
Josu hizo con ellos como Jehov le haba mandado: desjarret sus caballos y quem sus carros en el fuego.
Por entonces regres Josu, tom a Hazor y mat a espada a su rey, pues Hazor haba sido antes cabeza de todos estos reinos.
Pasaron a espada todo cuanto en ella tena vida, destruyndolo todo por completo, sin que quedara nada capaz de respirar, y prendieron fuego a Hazor.
Asimismo tom Josu todas las ciudades de aquellos reyes, y a todos sus reyes los pas a filo de espada y los extermin, como Moiss, siervo de Jehov, lo haba mandado.
Pero Israel no quem todas las ciudades que estaban sobre colinas; Josu quem nicamente a Hazor.
Los hijos de Israel tomaron para s todo el botn y las bestias de aquellas ciudades; pero pasaron a todos los hombres a filo de espada hasta exterminarlos, sin dejar ninguno con vida.
De la manera que Jehov lo haba mandado a Moiss, su siervo, as Moiss lo mand a Josu, y as lo hizo Josu, sin quitar una palabra de todo lo que Jehov haba mandado a Moiss.
Conquist, pues, Josu toda aquella tierra, las montaas, todo el Neguev, toda la tierra de Gosn, los llanos, el Arab, las montaas de Israel y sus valles,
desde el monte Halac, que sube hacia Seir, hasta Baal-gad, en la llanura del Lbano, a la falda del monte Hermn. Captur asimismo a todos sus reyes, los hiri y mat.
Durante mucho tiempo estuvo Josu en guerra con estos reyes.
No hubo ciudad que hiciera la paz con los hijos de Israel, salvo los heveos que habitaban en Gaban; todas las tomaron por la fuerza.
Porque de Jehov provena que endurecieran su corazn para que opusieran resistencia a Israel, a fin de exterminarlos sin misericordia y fueran as aniquilados, como Jehov lo haba mandado a Moiss.
Tambin en aquel tiempo fue Josu y destruy a los anaceos de los montes de Hebrn, de Debir, de Anab, de todos los montes de Jud y de todos los montes de Israel. Josu los destruy a ellos y a sus ciudades.
Ninguno de los anaceos qued en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gat y en Asdod.
Conquist, pues, Josu toda la tierra, conforme a todo lo que Jehov haba dicho a Moiss, y la entreg a los israelitas como herencia conforme a su distribucin por tribus. Y la tierra descans de la guerra.
Estos son los reyes de la tierra que los hijos de Israel derrotaron y cuya tierra poseyeron al otro lado del Jordn hacia donde nace el sol, desde el arroyo Arnn hasta el monte Hermn, con todo el Arab oriental:
Sehn, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbn y seoreaba desde Aroer --a la ribera del arroyo Arnn--, hasta el arroyo Jaboc --lmite de los hijos de Amn--, incluida la cuenca del valle y la mitad de Galaad,
y el lado oriental del Arab hasta el mar de Cineret y hasta el mar del Arab, el Mar Salado, al oriente, por el camino de Bet-jesimot, y por el sur hasta el pie de las laderas del Pisga.
El territorio de Og, rey de Basn -- un descendiente de los refatas--, que habitaba en Astarot y en Edrei,
y dominaba en el monte Hermn, en Salca, en todo Basn hasta los lmites de Gesur y de Maaca, y en la mitad de Galaad, territorio de Sehn, rey de Hesbn.
A estos derrotaron Moiss, siervo de Jehov, y los hijos de Israel; y Moiss, siervo de Jehov, haba dado aquella tierra en posesin a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manass.
Estos son los reyes de la tierra que Josu y los hijos de Israel derrotaron del lado occidental del Jordn, desde Baal-gad, en el llano del Lbano, hasta el monte Halac que sube hacia Seir, y cuya tierra dio Josu en posesin a las tribus de Israel, conforme a su distribucin,
en las montaas, en los valles, en el Arab, en las laderas, en el desierto y en el Neguev, donde vivan el heteo, el amorreo, el cananeo, el ferezeo, el heveo y el jebuseo:
El rey de Jeric; el rey de Hai, que est al lado de Bet-el;
el rey de Jerusaln; el rey de Hebrn;
el rey de Jarmut; el rey de Laquis;
el rey de Egln; el rey de Gezer;
el rey de Debir; el rey de Geder;
el rey de Horma; el rey de Arad;
el rey de Libna; el rey de Adulam;
el rey de Maceda; el rey de Bet-el;
el rey de Tapa; el rey de Hefer;
el rey de Afec; el rey de Sarn;
el rey de Madn; el rey de Hazor;
el rey de Simron-mern; el rey de Acsaf;
el rey de Taanac; el rey de Meguido;
el rey de Cedes; el rey de Jocneam del Carmelo;
el rey de Dor, de la provincia de Dor; el rey de Goim en Gilgal;
el rey de Tirsa; treinta y un reyes en total.
Josu era ya viejo, entrado en aos, cuando Jehov le dijo: "T eres ya viejo, de edad avanzada, y queda an mucha tierra por poseer.
Esta es la tierra que queda: todos los territorios de los filisteos y de los gesureos,
desde Sihor, que est al oriente de Egipto, hasta el lmite de Ecrn por el norte, que se considera de los cananeos; los cinco principados de los filisteos, el gazeo, el asdodeo, el ascaloneo, el geteo y el ecroneo; tambin los aveos,
que estn al sur. Toda la tierra de los cananeos, y Mehara, que es de los sidonios, hasta Afec y hasta los lmites del amorreo;
la tierra de los giblitas, con todo el Lbano hacia donde sale el sol, desde Baal-gad, al pie del monte Hermn, hasta la entrada de Hamat.
Yo expulsar de la presencia de los hijos de Israel a todos los que habitan en las montaas desde el Lbano hasta Misrefotmaim, y a todos los sidonios. T solamente repartirs por suertes el pas a los israelitas como heredad, conforme te he mandado.
Reparte, pues, ahora esta tierra como heredad a las nueve tribus y a la media tribu de Manass".
Porque la otra media tribu de Manass, los rubenitas y los gaditas recibieron ya la heredad que les dio Moiss al otro lado del Jordn, al oriente, segn el reparto de Moiss, siervo de Jehov:
desde Aroer, a orillas del arroyo Arnn, con la ciudad que est en medio del valle y toda la llanura de Medeba, hasta Dibn;
todas las ciudades de Sehn, rey de los amorreos, el cual rein en Hesbn, hasta los lmites de los hijos de Amn;
Galaad, los territorios de los gesureos y los maacateos, todo el monte Hermn y toda la tierra de Basn hasta Salca;
y en Basn todo el reino de Og, que rein en Astarot y en Edrei, y era el ltimo sobreviviente de los refatas, pues Moiss los haba derrotado y expulsado.
Pero a los gesureos y a los maacateos no los expulsaron los hijos de Israel, sino que Gesur y Maaca habitaron entre los israelitas hasta hoy.
Pero a la tribu de Lev no le dio heredad; los sacrificios de Jehov, Dios de Israel, son su heredad, como l les haba dicho.
Dio, pues, Moiss a la tribu de los hijos de Rubn conforme a sus familias.
Su territorio iba desde Aroer, que est a la orilla del arroyo Arnn, con la ciudad que est en medio del valle y toda la llanura hasta Medeba;
Hesbn, con todas las ciudades que estn en la llanura; Dibn, Bamot-baal, Bet-baal-men,
Jahaza, Cademot, Mefaat,
Quiriataim, Sibma, Zaret-sahar en el monte del valle,
Bet-peor, las laderas de Pisga, Bet-jesimot,
todas las ciudades de la llanura y todo el reino de Sehn, rey de los amorreos, que rein en Hesbn y a quien derrot Moiss, lo mismo que a los prncipes de Madin, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, prncipes de Sehn que habitaban en aquella tierra.
Tambin pasaron a espada los hijos de Israel, entre otras vctimas, a Balaam, el adivino, hijo de Beor.
Y el Jordn serva de lmite al territorio de los hijos de Rubn. Esta fue la heredad de los hijos de Rubn conforme a sus familias, con sus ciudades y sus aldeas.
Dio asimismo Moiss a la tribu de Gad, a los hijos de Gad, conforme a sus familias.
Su territorio fue Jazer, todas las ciudades de Galaad, la mitad de la tierra de los hijos de Amn hasta Aroer, que est enfrente de Rab,
y desde Hesbn hasta Ramat-mizpa y Betonim, y desde Mahanaim hasta el lmite de Debir;
y en el valle, Bet-aram, Bet-nimra, Sucot y Zafn -- el resto del reino de Sehn, rey de Hesbn--, el Jordn y su lmite hasta el extremo del mar de Cineret al otro lado del Jordn, al oriente.
Esta es la heredad de los hijos de Gad por sus familias, con sus ciudades y sus aldeas.
Tambin dio Moiss su heredad a la media tribu de Manass, que fue para la media tribu de los hijos de Manass, conforme a sus familias.
Su territorio iba desde Mahanaim, y comprenda todo Basn, todo el reino de Og, rey de Basn, todas las aldeas de Jair que estn en Basn: sesenta poblaciones.
La mitad de Galaad, Astarot y Edrei, ciudades del reino de Og en Basn, pasaron a la mitad de los hijos de Maquir hijo de Manass, conforme a sus familias.
Esto es lo que Moiss reparti como heredad en los llanos de Moab, al otro lado del Jordn, al oriente de Jeric.
Pero a la tribu de Lev no le dio Moiss heredad; Jehov, Dios de Israel, es su heredad, como l les haba dicho.
Esto, pues, es lo que los hijos de Israel recibieron como heredad en la tierra de Canan, lo que les repartieron el sacerdote Eleazar, Josu hijo de Nun, y los cabezas de los padres de las tribus de los hijos de Israel.
Por suertes se les dio su heredad, como Jehov haba mandado a Moiss que se diera a las nueve tribus y a la media tribu.
Porque a las dos tribus y a la media tribu les haba dado Moiss su heredad al otro lado del Jordn, pero a los levitas no les dio ninguna heredad entre ellos.
Pues los hijos de Jos fueron dos tribus, Manass y Efran, y no dieron parte a los levitas en la tierra, sino ciudades en que habitaran, con sus ejidos para el ganado y los rebaos.
De la manera que Jehov lo haba mandado a Moiss, as lo hicieron los hijos de Israel en el reparto de la tierra.
Los hijos de Jud fueron a donde estaba Josu en Gilgal, y Caleb hijo de Jefone, el cenezeo, le dijo: "T sabes lo que Jehov dijo a Moiss, el varn de Dios, en Cades-barnea, tocante a nosotros dos.
Yo tena cuarenta aos de edad cuando Moiss, siervo de Jehov, me envi de Cades-barnea a reconocer la tierra, y yo le traje noticias como lo senta en mi corazn.
Mis hermanos, los que haban subido conmigo, hicieron desfallecer el corazn del pueblo, pero yo me mantuve fiel a Jehov, mi Dios.
Entonces Moiss jur diciendo: "Ciertamente la tierra que pis tu pie ser para ti y para tus hijos como herencia perpetua, por cuanto te mantuviste fiel a Jehov, mi Dios".
Pues bien, Jehov me ha hecho vivir, como l dijo, estos cuarenta y cinco aos, desde el tiempo que Jehov dijo estas palabras a Moiss, cuando Israel andaba por el desierto, y ahora tengo ochenta y cinco aos de edad.
Todava estoy tan fuerte como el da en que Moiss me envi. Cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para combatir, para salir y para entrar.
Dame, pues, ahora este monte, del cual habl Jehov aquel da. T mismo oste entonces que los anaceos estn all, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Si Jehov est conmigo, los expulsar, como Jehov ha dicho".
Josu entonces lo bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrn como heredad.
Por tanto, Hebrn vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone, el cenezeo, hasta hoy, por cuanto se haba mantenido fiel a Jehov, Dios de Israel.
Pero el nombre de Hebrn era antes Quiriat-arba, porque Arba fue un hombre grande entre los anaceos. Y la tierra descans de la guerra.
La parte que toc en suerte a la tribu de los hijos de Jud, conforme a sus familias, llegaba hasta la frontera de Edom, y tena el desierto de Zin, al sur, como su extremo meridional.
Su lmite por el lado del sur parta de la costa del Mar Salado --desde la baha que mira hacia el sur--;
luego sala hacia el sur de la subida de Acrabim, pasaba hacia Zin y suba por el sur hasta Cades-barnea; pasando por Hezrn, suba hacia Adar y daba vuelta a Carca.
De all pasaba por Asmn, sala al arroyo de Egipto y terminaba en el mar. Este, pues, os ser el lmite del sur.
El lmite oriental es el Mar Salado hasta la desembocadura del Jordn. El lmite por el lado del norte, parta de la baha del mar, en la desembocadura del Jordn.
Este lmite sube por Bet-hogla, pasa al norte de Bet-arab, y de aqu sube a la piedra de Bohn hijo de Rubn.
Luego sube a Debir desde el valle de Acor, y al norte mira sobre Gilgal, que est enfrente de la subida de Adumn, al sur del arroyo; pasa por las aguas de En-semes y sale a la fuente Rogel.
Sube este lmite por el valle del hijo de Hinom, al lado sur del jebuseo, que es Jerusaln. Luego sube por la cumbre del monte que est enfrente del valle de Hinom, hacia el occidente, el cual est al extremo del valle de Refaim, por el lado del norte.
Este lmite tuerce desde la cumbre del monte hasta la fuente de las aguas de Neftoa, y sale a las ciudades del monte Efrn para volverse luego hacia Baala, que es Quiriat-jearim.
Despus gira este lmite desde Baala hacia el occidente a los montes de Seir y, pasando por el lado norte del monte Jearim, el cual es Quesaln, desciende a Bet-semes y pasa a Timna.
Sale luego del lado norte de Ecrn y vuelve hacia Sicrn, pasa por el monte Baala, sale a Jabneel y termina en el mar.
El lmite del occidente es el Mar Grande. Este era el lmite del territorio de los hijos de Jud, conforme a sus familias.
A Caleb hijo de Jefone se le dio su parte entre los hijos de Jud, conforme al mandamiento de Jehov a Josu: Quiriat-arba, la ciudad del padre de Anac, que es Hebrn.
Caleb ech de all a los tres hijos de Anac: a Sesai, Ahimn y Talmai, descendientes de Anac.
De aqu subi contra los que habitaban en Debir, que antes se llamaba Quiriat-sefer.
Entonces dijo Caleb: "Al que ataque Quiriat-sefer y la tome, yo le dar a mi hija Acsa por mujer".
Otoniel hijo de Cenaz y hermano de Caleb, la tom, y l le dio a su hija Acsa por mujer.
Y aconteci que cuando se la llevaba, este la persuadi que pidiera a su padre tierras para labrar. Ella se baj del asno, y Caleb le pregunt: -- Qu tienes?
-- Concdeme un don -- respondi ella -- ; puesto que me has dado tierra del Neguev, dame tambin fuentes de aguas. l entonces le dio las fuentes de arriba y las de abajo.
Esta, pues, es la heredad de la tribu de los hijos de Jud por sus familias.
Y fueron las ciudades de la tribu de los hijos de Jud en el extremo sur, hacia la frontera de Edom: Cabseel, Edar, Jagur,
Cina, Dimona, Adada,
Cedes, Hazor, Itnn,
Zif, Telem, Bealot,
Hazor-hadata, Queriot, Hezrn (que es Hazor),
Amam, Sema, Molada,
Hazar-gada, Hesmn, Bet-pelet,
Hazar-sual, Beerseba, Bizotia,
Baala, Iim, Esem,
Eltolad, Quesil, Horma,
Siclag, Madmana, Sansana,
Lebaot, Silhim, An y Rimn. En total, veintinueve ciudades con sus aldeas.
En las llanuras, Estaol, Zora, Asena,
Zanoa, En-ganim, Tapa, Enam,
Jarmut, Adulam, Soco, Azeca,
Saaraim, Aditaim, Gedera y Gederotaim: catorce ciudades con sus aldeas.
Zenn, Hadasa, Migdal-gad,
Dilen, Mizpa, Jocteel,
Laquis, Boscat, Egln,
Cabn, Lahmam, Quitlis,
Gederot, Bet-dagn, Naama y Maceda: diecisis ciudades con sus aldeas.
Libna, Eter, Asn,
Jifta, Asena, Nezib,
Keila, Aczib y Maresa: nueve ciudades con sus aldeas.
Ecrn con sus villas y sus aldeas.
De Ecrn hasta el mar, todas las que estn cerca de Asdod con sus aldeas.
Asdod con sus villas y sus aldeas; Gaza con sus villas y sus aldeas hasta el ro de Egipto, y las costas del Mar Grande.
En las montaas: Samir, Jatir, Soco,
Dana, Quiriat-sana (que es Debir);
Anab, Estemoa, Anim,
Gosn, Holn y Gilo: once ciudades con sus aldeas.
Arab, Duma, Esn,
Janum, Bet-tapa, Afeca,
Humta, Quiriat-arba (la cual es Hebrn) y Sior: nueve ciudades con sus aldeas.
Man, Carmel, Zif, Juta,
Jezreel, Jocdeam, Zanoa,
Can, Gabaa y Timna: diez ciudades con sus aldeas.
Halhul, Bet-sur, Gedor,
Maarat, Bet-anot y Eltecn: seis ciudades con sus aldeas.
Quiriat-baal (que es Quiriat-jearim) y Rab: dos ciudades con sus aldeas.
En el desierto: Bet-arab, Midn, Secaca,
Nibsn, la Ciudad de la Sal y En-gadi: seis ciudades con sus aldeas.
Pero los hijos de Jud no pudieron expulsar a los jebuseos que habitaban en Jerusaln. Por eso ha quedado el jebuseo en Jerusaln junto con los hijos de Jud hasta hoy.
Lo que toc en suerte a los hijos de Jos iba desde el Jordn de Jeric hasta las aguas de Jeric, hacia el oriente, hacia el desierto que sube de Jeric por las montaas de Bet-el.
Sale de Bet-el a Luz y pasa a lo largo del territorio de los arquitas hasta Atarot;
baja hacia el occidente al territorio de los jafletitas, hasta el lmite de Bet-horn la de abajo, y hasta Gezer, y sale al mar.
Recibieron, pues, su heredad los hijos de Jos, Manass y Efran.
El territorio de los hijos de Efran por sus familias: El lmite de su heredad era por el lado del oriente Atarot-adar hasta Bet-horn la de arriba.
Contina el lmite hasta el mar y hasta Micmetat al norte, y da vuelta hacia el oriente hasta Taanat-silo, y de aqu pasa a Janoa.
De Janoa desciende a Atarot y a Naarat, toca Jeric y sale al Jordn.
De Tapa se vuelve hacia el oeste por el arroyo Can, y sale al mar. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Efran por sus familias,
adems de las ciudades que se apartaron para los hijos de Efran en medio de la heredad de los hijos de Manass; todas las ciudades con sus aldeas.
Pero no expulsaron al cananeo que habitaba en Gezer, y por eso qued el cananeo en medio de Efran, hasta hoy, aunque sometido a tributo.
Se echaron tambin suertes para la tribu de Manass, porque era el primognito de Jos: a Maquir, primognito de Manass y padre de Galaad, que fue un hombre de guerra, le toc Galaad y Basn.
Se echaron tambin suertes para los otros hijos de Manass conforme a sus familias: los hijos de Abiezer, los hijos de Helec, los hijos de Asriel, los hijos de Siquem, los hijos de Hefer y los hijos de Semida. Estos eran los hijos varones de Manass hijo de Jos, por sus familias.
Pero Zelofehad hijo de Hefer hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manass, no tuvo hijos sino hijas, los nombres de las cuales son estos: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa.
Estas acudieron ante el sacerdote Eleazar, ante Josu hijo de Nun y ante los prncipes, y dijeron: "Jehov mand a Moiss que nos diera una heredad entre nuestros hermanos". Y se les dio una heredad entre los hermanos de su padre, conforme al dicho de Jehov.
Le tocaron a Manass diez partes, adems de la tierra de Galaad y de Basn, que est al otro lado del Jordn,
pues las hijas de Manass recibieron una heredad entre sus hijos. La tierra de Galaad fue para los otros hijos de Manass.
El territorio de Manass iba desde Aser hasta Micmetat, que est enfrente de Siquem, y segua hacia el sur, hasta los que habitan en Tapa.
La tierra de Tapa era de Manass, pero Tapa misma, que est junto al lmite de Manass, era de los hijos de Efran.
Este lmite desciende al arroyo Can, hacia el sur del arroyo. Estas ciudades de Efran estn entre las ciudades de Manass; el lmite de Manass estaba al norte del mismo arroyo, e iba a salir al mar.
A Efran perteneca el sur, a Manass el norte, y el mar era su frontera; lindaban con Aser al norte y con Isacar al oriente.
Tuvo tambin Manass en Isacar y en Aser a Bet-sen y sus aldeas, a Ibleam y sus aldeas, a los habitantes de Dor y sus aldeas, a los habitantes de Endor y sus aldeas, a los habitantes de Taanac y sus aldeas, a los habitantes de Meguido y sus aldeas: tres provincias.
Pero los hijos de Manass no pudieron expulsar a los de aquellas ciudades, y el cananeo persisti en habitar en aquella tierra.
Pero cuando los hijos de Israel fueron lo suficientemente fuertes, hicieron tributario al cananeo, aunque no lo expulsaron.
Los hijos de Jos dijeron a Josu: -- Por qu nos has dado como heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, al que Jehov ha bendecido hasta ahora?
Josu les respondi: -- Si sois un pueblo tan grande, subid al bosque y talad para vosotros all en la tierra de los ferezeos y de los refatas, ya que los montes de Efran os resultan estrechos.
Los hijos de Jos dijeron: -- No nos bastar a nosotros este monte. Adems, todos los cananeos que habitan la tierra de la llanura tienen carros de hierro, lo mismo los que estn en Bet-sen y en sus aldeas que los del valle de Jezreel.
Entonces Josu respondi a la casa de Jos, a Efran y a Manass: -- T eres un gran pueblo y tienes un gran poder: no tendrs una sola parte,
sino que aquel monte ser tuyo, pues aunque es un bosque, t lo desmontars y lo poseers hasta sus lmites ms lejanos; porque t arrojars al cananeo, aunque tenga carros de hierro y aunque sea fuerte.
Toda la congregacin de los hijos de Israel se reuni en Silo, donde erigieron el Tabernculo de reunin. Toda la tierra se les haba sometido,
pero quedaban de los hijos de Israel siete tribus a las cuales an no se les haban repartido su posesin.
Entonces Josu dijo a los hijos de Israel: "Hasta cundo vais a esperar para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehov, el Dios de vuestros padres?
Designad tres hombres de cada tribu, para que yo los enve. Que ellos se levanten, recorran la tierra y la describan conforme al reparto de las heredades; despus volvern a m.
Dividirn la tierra en siete partes. Jud se quedar en su territorio al sur y los de la casa de Jos en el suyo al norte.
Vosotros, pues, delinearis la tierra en siete partes y me traeris la descripcin aqu, para que yo eche suertes delante de Jehov, nuestro Dios.
Pero los levitas no tienen ninguna parte entre vosotros, porque el sacerdocio de Jehov es su heredad; tambin Gad, Rubn y la media tribu de Manass, ya han recibido, en el lado oriental del Jordn, la heredad que les dio Moiss, siervo de Jehov".
Aquellos hombres se levantaron y partieron. Y mand Josu a los que iban a delinear la tierra: "Id, recorred la tierra y delineadla, y volved a m, para que yo os eche suertes aqu delante de Jehov, en Silo".
Fueron, pues, aquellos hombres y recorrieron la tierra, delinendola ciudad por ciudad en siete partes, en un libro que llevaron a Josu al campamento en Silo.
Josu les ech suertes delante de Jehov en Silo, y all reparti la tierra a los hijos de Israel, segn sus porciones.
Se sac la suerte de la tribu de los hijos de Benjamn, conforme a sus familias, y el territorio adjudicado a ella qued entre los hijos de Jud y los hijos de Jos.
Su lmite, por el lado norte, parte del Jordn y sube por el lado norte de Jeric; sube despus por el monte hacia el occidente y viene a salir al desierto de Bet-avn.
De all pasa en direccin de Luz, al lado sur de Luz (que es Bet-el), y desciende de Atarot-adar al monte que est al sur de Bet-horn, la de abajo.
Tuerce hacia el oeste por el lado sur del monte que est delante de Bet-horn, al sur, y viene a salir a Quiriat-baal (que es Quiriat-jearim), ciudad de los hijos de Jud. Este es el lado del occidente.
El lado del sur va desde el extremo de Quiriat-jearim y sale al occidente, a la fuente de las aguas de Neftoa.
Luego desciende este lmite hasta el extremo del monte que est delante del valle del hijo de Hinom, al norte del valle de Refaim; desciende entonces al valle de Hinom, al lado sur del jebuseo, y de all desciende a la fuente Rogel.
Despus se inclina hacia el norte y sale a En-semes; de all a Gelilot, que est delante de la subida de Adumn, y desciende a la piedra de Bohn hijo de Rubn.
Pasa por el lado que est enfrente del Arab y desciende al Arab;
pasa el lmite hacia el lado norte de Bet-hogla y termina en la baha norte del Mar Salado, en el extremo sur del Jordn. Este es el lmite sur.
El Jordn era el lmite del lado oriental. Esta es la heredad de los hijos de Benjamn con los lmites que la rodean, conforme a sus familias.
Las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamn, por sus familias, fueron Jeric, Bet-hogla, el valle de Casis,
Bet-arab, Zemaraim, Bet-el,
Avim, Par, Ofra,
Quefar-haamoni, Ofni y Geba: doce ciudades con sus aldeas.
Gaban, Ram, Beerot,
Mizpa, Cafira, Mozah,
Requem, Irpeel, Tarala,
Zela, Elef, Jebs (que es Jerusaln), Gabaa y Quiriat: catorce ciudades con sus aldeas. Esta es la heredad de los hijos de Benjamn conforme a sus familias.
La segunda suerte le toc a Simen, a la tribu de los hijos de Simen, conforme a sus familias. Su heredad estaba en medio de la heredad de los hijos de Jud.
Ellos recibieron como heredad a Beerseba, Seba, Molada,
Hazar-sual, Bala, Ezem,
Eltolad, Betul, Horma,
Siclag, Bet-marcabot, Hazar-susa,
Bet-lebaot y Saruhn: trece ciudades con sus aldeas;
An, Rimn, Eter y Asn: cuatro ciudades con sus aldeas;
adems, todas las aldeas que estaban alrededor de estas ciudades hasta Baalat-beer, que es Ramat del Neguev. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Simen conforme a sus familias.
De la suerte de los hijos de Jud fue sacada la heredad de los hijos de Simen, por cuanto la parte de los hijos de Jud era excesiva para ellos. As que los hijos de Simen recibieron su heredad en medio de la de Jud.
La tercera suerte toc a los hijos de Zabuln conforme a sus familias. El territorio de su heredad se extendi hasta Sarid;
su lmite sube hacia el occidente hacia Marala y llega hasta Dabeset, y de all hasta el arroyo que est delante de Jocneam.
Desde Sarid gira hacia el oriente, hacia donde nace el sol, hasta el lmite de Quislot-tabor, sale a Daberat y sube a Jafa.
De all pasa hacia el lado oriental, a Gat-hefer y a Ita-cazn, sale a Rimn y vuelve hacia Nea.
Luego, al norte, el lmite gira hacia Hanatn y va a salir al valle de Jefte-el.
Abarca, adems, Catat, Naalal, Simrn, Idala y Beln: doce ciudades con sus aldeas.
Esta es la heredad de los hijos de Zabuln conforme a sus familias; las ciudades con sus aldeas.
La cuarta suerte correspondi a Isacar, a los hijos de Isacar, conforme a sus familias.
En su territorio estaban Jezreel, Quesulot, Sunem,
Hafaraim, Sihn, Anaharat,
Rabit, Quisin, Abez,
Remet, En-ganim, En-hada y Bet-pases.
Este lmite llega hasta Tabor, Sahazima y Bet-semes, y termina en el Jordn: diecisis ciudades con sus aldeas.
Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Isacar conforme a sus familias; las ciudades con sus aldeas.
La quinta suerte correspondi a la tribu de los hijos de Aser conforme a sus familias.
Su territorio abarc Helcat, Hal, Betn, Acsaf,
Alamelec, Amad y Miseal; llega hacia el occidente hasta el Carmelo y Sihor-libnat.
Despus da vuelta hacia el oriente, hasta Bet-dagn, y llega por el norte hasta Zabuln, al valle de Jefte-el, a Bet-emec y a Neiel, y va a salir a Cabul por el norte,
por lo que abarca a Hebrn, Rehob, Hamn y Can, hasta la gran Sidn.
De all este lmite tuerce hacia Ram y hasta la ciudad fortificada de Tiro, gira hacia Hosa y sale al mar desde el territorio de Aczib.
Abarca tambin Uma, Afec y Rehob: veintids ciudades con sus aldeas.
Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Aser conforme a sus familias; las ciudades con sus aldeas.
La sexta suerte correspondi a los hijos de Neftal conforme a sus familias.
Su territorio abarc desde Helef, Aln-saananim, Adami-neceb y Jabneel, hasta Lacum, e iba a salir al Jordn.
Giraba el lmite al occidente hacia Aznot-tabor; de all pasaba a Hucoc y llegaba hasta Zabuln al sur, al occidente lindaba con Aser, y con Jud por el Jordn hacia donde nace el sol.
Sus ciudades fortificadas eran Sidim, Zer, Hamat, Racat, Cineret,
Adama, Ram, Hazor,
Cedes, Edrei, En-hazor,
Irn, Migdal-el, Horem, Bet-anat y Bet-semes: diecinueve ciudades con sus aldeas.
Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Neftal conforme a sus familias; las ciudades con sus aldeas.
La sptima suerte correspondi a la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias.
En el territorio de su heredad estaban Zora, Estaol, Ir-semes,
Saalabn, Ajaln, Jetla,
Eln, Timnat, Ecrn,
Elteque, Gibetn, Baalat,
Jehd, Bene-berac, Gat-rimn,
Mejarcn y Racn, con el territorio que est delante de Jope.
Pero les falt territorio a los hijos de Dan. Por eso subieron los hijos de Dan a atacar a Lesem; la tomaron y la pasaron a filo de espada. Tomaron posesin de ella y la habitaron. Y la llamaron Dan, por el nombre de su padre.
Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias; las ciudades con sus aldeas.
Despus que acabaron de repartir la tierra y delinear sus territorios, dieron los hijos de Israel una heredad en medio de ellos a Josu hijo de Nun.
Segn la orden de Jehov, le dieron la ciudad que l pidi, Timnat-sera, en los montes de Efran. l reedific la ciudad y habit en ella.
Estas son las heredades que el sacerdote Eleazar, Josu hijo de Nun y los cabezas de familia entregaron por suertes en posesin a las tribus de los hijos de Israel en Silo, delante de Jehov, a la entrada del Tabernculo de reunin. As acabaron de repartir la tierra.
Habl Jehov a Josu diciendo:
"Habla a los hijos de Israel, y diles: Sealaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os habl por medio de Moiss,
para que se acoja all el homicida que mate a alguien por accidente y no a propsito; y os servirn de refugio contra el vengador de la sangre.
Y el que se acoja a alguna de aquellas ciudades, se presentar a la puerta de la ciudad y expondr sus razones en odos de los ancianos de aquella ciudad; y ellos lo recibirn consigo dentro de la ciudad y le darn lugar para que habite con ellos.
Si el vengador de la sangre lo sigue, no entregarn en su mano al homicida, por cuanto hiri a su prjimo por accidente y antes no tuvo con l ninguna enemistad.
Y quedar en aquella ciudad hasta que comparezca en juicio delante de la congregacin, y hasta la muerte del que sea sumo sacerdote en aquel tiempo; entonces el homicida podr volver a su ciudad y a su casa, y a la ciudad de donde huy".
Entonces sealaron a Cedes en Galilea, en el monte de Neftal, Siquem en los montes de Efran, y Quiriat-arba (que es Hebrn) en los montes de Jud.
Y al otro lado del Jordn, al oriente de Jeric, sealaron a Beser en el desierto, en la llanura de la tribu de Rubn, Ramot en Galaad de la tribu de Gad, y Goln en Basn de la tribu de Manass.
Estas fueron las ciudades sealadas para todos los hijos de Israel y para el extranjero que habitara entre ellos, para que se acogiese a ellas cualquiera que hiriera a alguno por accidente, a fin de que no muriese por mano del vengador de la sangre, hasta comparecer delante de la congregacin.
Los jefes de familia de los levitas se acercaron al sacerdote Eleazar, a Josu hijo de Nun y a los cabezas de familia de las tribus de los hijos de Israel,
que estaban en Silo, en la tierra de Canan, y les dijeron: "Jehov mand por medio de Moiss que se nos dieran ciudades donde habitar, con sus ejidos para nuestros ganados".
Entonces los hijos de Israel dieron de su propia herencia a los levitas, conforme al mandato de Jehov, las siguientes ciudades con sus ejidos.
La suerte cay sobre las familias de los coatitas, y a los levitas descendientes de Aarn, el sacerdote, les tocaron en suerte trece ciudades de la tribu de Jud, de la tribu de Simen y de la tribu de Benjamn.
A los otros hijos de Coat les tocaron en suerte diez ciudades de las familias de la tribu de Efran, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manass.
A los hijos de Gersn les tocaron en suerte trece ciudades de las familias de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftal y de la media tribu de Manass en Basn.
A los hijos de Merari, segn sus familias, les tocaron doce ciudades de la tribu de Rubn, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabuln.
Dieron, pues, los hijos de Israel a los levitas estas ciudades con sus ejidos, por suertes, como haba mandado Jehov por conducto de Moiss.
De la tribu de los hijos de Jud, y de la tribu de los hijos de Simen, dieron estas ciudades que han sido nombradas,
las cuales obtuvieron los hijos de Aarn de las familias de Coat, los hijos de Lev, porque a ellos correspondi la primera suerte.
Les dieron Quiriat-arba, del padre de Anac, la cual es Hebrn, en los montes de Jud, con sus ejidos circundantes.
Pero el campo de la ciudad con sus aldeas se lo dieron a Caleb hijo de Jefone como posesin suya.
A los hijos del sacerdote Aarn les dieron Hebrn con sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas; adems, Libna con sus ejidos,
Jatir con sus ejidos, Estemoa con sus ejidos,
Holn con sus ejidos, Debir con sus ejidos,
An con sus ejidos, Juta con sus ejidos y Bet-semes con sus ejidos: nueve ciudades de estas dos tribus.
Y de la tribu de Benjamn, Gaban con sus ejidos, Geba con sus ejidos,
Anatot con sus ejidos, Almn con sus ejidos: cuatro ciudades.
El total de las ciudades de los sacerdotes descendientes de Aarn: trece, con sus ejidos.
Pero a las familias de los hijos de Coat, a los levitas que quedaban de los hijos de Coat, les tocaron en suerte ciudades de la tribu de Efran.
Les dieron Siquem con sus ejidos, en los montes de Efran, como ciudad de refugio para los homicidas; adems, Gezer con su ejidos,
Kibsaim con sus ejidos y Bet-horn con sus ejidos: cuatro ciudades.
De la tribu de Dan, Elteque con sus ejidos, Gibetn con sus ejidos,
Ajaln con sus ejidos y Gat-rimn con sus ejidos: cuatro ciudades.
Y de la media tribu de Manass, Taanac con sus ejidos y Gat-rimn con sus ejidos: dos ciudades.
El total de las ciudades para el resto de las familias de los hijos de Coat: diez con sus ejidos.
A los hijos de Gersn, de las familias de los levitas, les dieron, de la media tribu de Manass, a Goln en Basn, con sus ejidos, como ciudad de refugio para los homicidas, y adems, Beestera con sus ejidos: dos ciudades.
De la tribu de Isacar, Cisn con sus ejidos, Daberat con sus ejidos,
Jarmut con sus ejidos y En-ganim con sus ejidos: cuatro ciudades.
De la tribu de Aser, Miseal con sus ejidos, Abdn con sus ejidos,
Helcat con sus ejidos y Rehob con sus ejidos: cuatro ciudades.
Y de la tribu de Neftal, Cedes en Galilea con sus ejidos, como ciudad de refugio para los homicidas, y adems, Hamot-dor con sus ejidos y Cartn con sus ejidos: tres ciudades.
El total de las ciudades de los gersonitas, por familias: trece ciudades con sus ejidos.
A las familias de los hijos de Merari, los levitas que quedaban, se les dio, de la tribu de Zabuln, Jocneam con sus ejidos, Carta con sus ejidos,
Dimna con sus ejidos y Naalal con sus ejidos: cuatro ciudades.
Y de la tribu de Rubn, Beser con sus ejidos, Jahaza con sus ejidos,
Cademot con sus ejidos y Mefaat con sus ejidos: cuatro ciudades.
De la tribu de Gad, Ramot de Galaad con sus ejidos, como ciudad de refugio para los homicidas; adems, Mahanaim con sus ejidos,
Hesbn con sus ejidos y Jazer con sus ejidos: cuatro ciudades.
En total fueron doce las ciudades que les tocaron en suerte a los hijos de Merari, por familias, o sea, al resto de las familias de los levitas.
El total de las ciudades de los levitas en medio del territorio de los hijos de Israel: cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos.
Estas ciudades estaban apartadas la una de la otra, cada cual con sus ejidos en torno a ella. As fue con todas estas ciudades.
De esta manera dio Jehov a Israel toda la tierra que haba jurado dar a sus padres. Tomaron posesin de ella, y la habitaron.
Jehov les dio paz a su alrededor, conforme a todo lo que haba jurado a sus padres, y ninguno de sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehov entreg en sus manos a todos sus enemigos.
No falt ni una palabra de todas las buenas promesas que Jehov haba hecho a la casa de Israel. Todo se cumpli.
Entonces Josu llam a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manass,
y les dijo: "Vosotros habis guardado todo lo que Moiss, siervo de Jehov, os mand, y habis obedecido a mi voz en todo lo que os he mandado.
No habis abandonado a vuestros hermanos en este largo tiempo, hasta el da de hoy, sino que os habis cuidado de guardar los mandamientos de Jehov, vuestro Dios.
Ahora, pues, que Jehov, vuestro Dios, ha dado reposo a vuestros hermanos como lo haba prometido, volved, regresad a vuestras tiendas, a la tierra de las posesiones que Moiss, siervo de Jehov, os dio al otro lado del Jordn.
Solamente que con diligencia cuidis de cumplir el mandamiento y la ley que Moiss, siervo de Jehov, os orden: que amis a Jehov, vuestro Dios, y andis en todos sus caminos; que guardis sus mandamientos, lo sigis y lo sirvis con todo vuestro corazn y con toda vuestra alma".
Josu los bendijo y los despidi, y ellos se fueron a sus tiendas.
A la media tribu de Manass le haba dado Moiss una posesin en Basn; a la otra mitad le dio Josu una heredad entre sus hermanos a este lado del Jordn, al occidente. Tambin a estos los envi Josu a sus tiendas, despus de haberlos bendecido,
y les dijo: "Volved a vuestras tiendas con grandes riquezas, con mucho ganado, con plata, oro y bronce, y con muchos vestidos; compartid con vuestros hermanos el botn de vuestros enemigos".
As los hijos de Rubn, los hijos de Gad y la media tribu de Manass se volvieron, separndose de los hijos de Israel en Silo, que est en la tierra de Canan, para ir a la tierra de Galaad, a la tierra de sus posesiones, en la cual se haban establecido conforme al mandato que Jehov haba dado por conducto de Moiss.
Cuando llegaron a los lmites del Jordn que est en la tierra de Canan, los hijos de Rubn, los hijos de Gad y la media tribu de Manass edificaron all un altar junto al Jordn, un altar de apariencia grandiosa.
Los hijos de Israel se enteraron de que los hijos de Rubn, los hijos de Gad y la media tribu de Manass haban edificado un altar frente a la tierra de Canan, en los lmites del Jordn, del lado de los hijos de Israel.
Cuando los hijos de Israel oyeron esto, se junt toda la congregacin de los hijos de Israel en Silo, para subir a pelear contra ellos.
Pero antes enviaron los hijos de Israel a los hijos de Rubn, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manass, a la tierra de Galaad, a Finees, hijo del sacerdote Eleazar,
y a diez prncipes con l: un prncipe por cada casa paterna de todas las tribus de Israel, cada uno de los cuales era jefe de la casa de sus padres entre los millares de Israel.
Cuando llegaron donde estaban los hijos de Rubn, los hijos de Gad y la media tribu de Manass, en la tierra de Galaad, les dijeron:
-- Toda la congregacin de Jehov dice as: "Qu traicin es esta que cometis contra el Dios de Israel, al apartaros hoy de seguir a Jehov, edificndoos un altar y rebelndoos contra Jehov?
No ha bastado con la maldad de Peor, de la que an hoy no estamos limpios, por la cual vino la mortandad sobre la congregacin de Jehov,
para que vosotros os apartis hoy de seguir a Jehov? Vosotros os rebelis hoy contra Jehov, y maana se encender su ira contra toda la congregacin de Israel.
Si os parece que la tierra que os pertenece es inmunda, pasaos a la tierra que pertenece a Jehov, en la cual est el tabernculo de Jehov, y habitad entre nosotros, pero no os rebelis contra Jehov, ni os rebelis contra nosotros, edificndoos un altar adems del altar de Jehov, nuestro Dios.
No cometi Acn hijo de Zera una transgresin en el anatema, y la ira cay sobre toda la congregacin de Israel? Aquel hombre no fue el nico que pereci por su pecado".
Entonces los hijos de Rubn, los hijos de Gad y la media tribu de Manass respondieron a los cabezas de los millares de Israel:
-- Jehov, Dios de los dioses, Jehov, Dios de los dioses, l sabe y hace saber a Israel: si fue por rebelin o por infidelidad contra Jehov, no nos salves hoy.
Si nos hemos edificado altar para apartarnos de Jehov, o para presentar holocaustos u ofrendas, o para hacer sobre l ofrendas de paz, el mismo Jehov nos lo demande.
Lo hicimos ms bien por temor de que maana vuestros hijos digan a nuestros hijos: "Qu tenis vosotros que ver con Jehov, el Dios de Israel?
Jehov ha puesto por lindero el Jordn entre nosotros y vosotros, hijos de Rubn e hijos de Gad. No tenis vosotros parte con Jehov!". Y as vuestros hijos haran que nuestros hijos dejaran de temer a Jehov.
Por esto nos dijimos: "Edifiquemos ahora un altar, no para holocaustos ni para sacrificios,
sino para que sea un testimonio entre nosotros y vosotros y entre los que vendrn despus de nosotros, de que podemos hacer el servicio de Jehov delante de l con nuestros holocaustos, nuestros sacrificios y nuestras ofrendas de paz; para que no digan maana vuestros hijos a los nuestros: 'Vosotros no tenis parte con Jehov' ".
Nosotros, pues, nos dijimos: "Si acontece que en lo por venir nos dicen tal cosa a nosotros o a nuestros descendientes, entonces responderemos: 'Mirad la forma del altar de Jehov, el cual construyeron nuestros padres, no para holocaustos o sacrificios, sino como un testimonio entre nosotros y vosotros' ".
Nunca acontezca que nos rebelemos contra Jehov o que nos apartemos hoy de seguir a Jehov edificando un altar para holocaustos, ofrendas o sacrificios, aparte del altar de Jehov, nuestro Dios, que est delante de su Tabernculo.
Cuando Finees, el sacerdote, los prncipes de la congregacin y los jefes de los millares de Israel que con l estaban, oyeron las palabras pronunciadas por los hijos de Rubn, los hijos de Gad y los hijos de Manass, les pareci bien todo ello.
Y dijo Finees, hijo del sacerdote Eleazar, a los hijos de Rubn, a los hijos de Gad y a los hijos de Manass: -- Hoy hemos entendido que Jehov est entre nosotros, pues no habis intentado esta traicin contra Jehov. As habis librado a los hijos de Israel de la mano de Jehov.
Luego Finees, hijo del sacerdote Eleazar, y los prncipes, dejando a los hijos de Rubn y a los hijos de Gad, regresaron de la tierra de Galaad a la tierra de Canan, a los hijos de Israel, y les dieron la respuesta.
El asunto pareci bien a los hijos de Israel y bendijeron a su Dios. No hablaron ms de hacerles la guerra y destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubn y los hijos de Gad.
Los hijos de Rubn y los hijos de Gad pusieron al altar el nombre de Ed, porque dijeron: "Testimonio es entre nosotros de que Jehov es Dios".
Aconteci, muchos das despus que Jehov concediera paz a Israel de todos los enemigos que lo rodeaban, que Josu, ya viejo y avanzado en aos,
llam a todo Israel, a sus ancianos, sus prncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: "Yo ya soy viejo y avanzado en aos.
Vosotros habis visto todo lo que Jehov, vuestro Dios, ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa, pues Jehov, vuestro Dios, es quien ha peleado por vosotros.
Yo os he repartido por suertes, como herencia para vuestras tribus, estas naciones, tanto las destruidas como las que quedan, desde el Jordn hasta el Mar Grande, hacia donde se pone el sol.
Jehov, vuestro Dios, las echar de delante de vosotros, las expulsar de vuestra presencia y vosotros poseeris sus tierras, como Jehov, vuestro Dios, os ha dicho.
"Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que est escrito en el libro de la ley de Moiss, sin apartaros de ello ni a la derecha ni a la izquierda,
para que no os mezclis con estas naciones que han quedado entre vosotros, ni hagis mencin ni juris por el nombre de sus dioses, ni los sirvis, ni os inclinis a ellos.
Pero a Jehov, vuestro Dios, seguiris como habis hecho hasta hoy.
Pues ha expulsado Jehov de vuestra presencia a naciones grandes y fuertes, y hasta hoy nadie os ha podido resistir.
Un hombre de vosotros perseguir a mil, porque Jehov, vuestro Dios, es quien pelea por vosotros, como l os dijo.
Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que amis a Jehov, vuestro Dios.
Porque si os apartis y os uns a lo que resta de estas naciones que han quedado entre vosotros, y si concertis con ellas matrimonios, mezclndoos con ellas y ellas con vosotros,
sabed que Jehov, vuestro Dios, no seguir expulsando ante vosotros a estas naciones, sino que os sern como lazo, trampa y azote para vuestros costados y espinas para vuestros ojos, hasta que desaparezcis de esta buena tierra que Jehov, vuestro Dios, os ha dado.
"Yo estoy prximo a entrar hoy por el camino que recorren todos. Reconoced, pues, con todo vuestro corazn y con toda vuestra alma, que no ha faltado ni una sola de todas las bendiciones que Jehov, vuestro Dios, os haba dicho; todas se os han cumplido, no ha faltado ninguna de ellas.
Pero as como se os han cumplido todas las bendiciones que Jehov, vuestro Dios, os haba dicho, tambin traer Jehov sobre vosotros todas sus maldiciones, hasta borraros de sobre la buena tierra que Jehov, vuestro Dios, os ha dado,
Si quebrantis el pacto que Jehov, vuestro Dios, os ha mandado, yendo a honrar a dioses ajenos e inclinndoos ante ellos, entonces la ira de Jehov se encender contra vosotros y desapareceris rpidamente de esta buena tierra que l os ha dado".
Reuni Josu a todas las tribus de Israel en Siquem, y llam a los ancianos de Israel, a sus prncipes, sus jueces y sus oficiales. Todos se presentaron delante de Dios.
Josu dijo a todo el pueblo: -- As dice Jehov, el Dios de Israel: "Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del ro, esto es, Tar, padre de Abraham y de Nacor, y servan a dioses extraos.
Yo tom a vuestro padre Abraham del otro lado del ro y lo traje por toda la tierra de Canan, aument su descendencia y le di a Isaac.
A Isaac le di a Jacob y a Esa. A Esa le di en posesin los montes de Seir, pero Jacob y sus hijos descendieron a Egipto.
Entonces yo envi a Moiss y a Aarn, y castigu a Egipto con lo que hice en medio de l, y despus os saqu.
Saqu a vuestros padres de Egipto, y llegaron al mar; los egipcios siguieron a vuestros padres hasta el Mar Rojo con carros y caballera.
Cuando ellos clamaron a Jehov, l interpuso una gran oscuridad entre vosotros y los egipcios, e hizo volver sobre ellos el mar, el cual los cubri. Vuestros ojos vieron lo que hice en Egipto. "Despus estuvisteis muchos das en el desierto.
Yo os introduje en la tierra de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordn, los cuales pelearon contra vosotros, pero yo los entregu en vuestras manos; ocupasteis su tierra, porque yo los extermin de delante de vosotros.
Despus se levant Balac hijo de Zipor, rey de los moabitas, a pelear contra Israel, y mand a llamar a Balaam hijo de Beor para que os maldijera.
Pero yo no quise escuchar a Balaam, por lo cual os bendijo repetidamente, y os libr de sus manos.
Pasasteis el Jordn y llegsteis a Jeric, pero los habitantes de Jeric pelearon contra vosotros: los amorreos, ferezeos, cananeos, heteos, gergeseos, heveos y jebuseos, y yo los entregu en vuestras manos.
Envi delante de vosotros tbanos, los cuales expulsaron a los dos reyes amorreos antes de llegar vosotros; no fue con tu espada ni con tu arco.
Os di la tierra por la cual no trabajasteis y las ciudades que no edificasteis, y en las que ahora habitis; y comis de las vias y olivares que no plantasteis".
"Ahora, pues, temed a Jehov y servidlo con integridad y verdad; quitad de en medio de vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del ro y en Egipto, y servid a Jehov.
Si mal os parece servir a Jehov, escogeos hoy a quin sirvis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres cuando estuvieron al otro lado del ro, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitis; pero yo y mi casa serviremos a Jehov.
Entonces el pueblo respondi: -- Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehov para servir a otros dioses,
porque Jehov, nuestro Dios, es el que nos sac a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes seales, y nos ha guardado durante todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por los cuales pasamos.
Adems, Jehov expuls de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra. Nosotros, pues, tambin serviremos a Jehov, porque l es nuestro Dios.
Entonces Josu dijo al pueblo: -- No podris servir a Jehov, porque l es un Dios santo y un Dios celoso que no sufrir vuestras rebeliones y vuestros pecados.
Si dejis a Jehov y servs a dioses ajenos, l se volver contra vosotros, os har el mal y os destruir, despus que os ha hecho tanto bien.
El pueblo entonces dijo a Josu: -- No, sino que a Jehov serviremos.
Josu respondi al pueblo: -- Vosotros sois testigos contra vosotros mismos de que habis elegido a Jehov para servirlo. -- Testigos somos -- respondieron ellos.
-- Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que estn entre vosotros, e inclinad vuestro corazn a Jehov, Dios de Israel.
El pueblo respondi a Josu: -- A Jehov, nuestro Dios, serviremos y a su voz obedeceremos.
Entonces Josu hizo un pacto con el pueblo aquel mismo da, y les dio estatutos y leyes en Siquem.
Josu escribi estas palabras en el libro de la ley de Dios, tom una gran piedra y la plant all debajo de la encina que estaba junto al santuario de Jehov.
Y dijo Josu a todo el pueblo: -- Esta piedra nos servir de testigo, porque ella ha odo todas las palabras que Jehov nos ha hablado; ser, pues, testigo contra vosotros, para que no mintis contra vuestro Dios.
Despus despidi Josu al pueblo, y cada uno volvi a su posesin.
Despus de estas cosas muri Josu hijo de Nun, siervo de Jehov, a la edad de ciento diez aos.
Lo sepultaron en su heredad en Timnat-sera, que est en los montes de Efran, al norte del monte Gaas.
Israel sirvi a Jehov durante toda la vida de Josu, y durante toda la vida de los ancianos que sobrevivieron a Josu y que saban todo lo que Jehov haba hecho por Israel.
Enterraron en Siquem los huesos de Jos que los hijos de Israel haban trado de Egipto, en la parte del campo que Jacob compr, por cien monedas, de los hijos de Hamor, padre de Siquem, y que pas a ser posesin de los hijos de Jos.
Tambin muri Eleazar hijo de Aarn, y lo enterraron en el collado de Finees, su hijo, que le fue dado en los montes de Efran.
Aconteci despus de la muerte de Josu, que los hijos de Israel hicieron esta consulta a Jehov: -- Quin de nosotros subir primero a pelear contra los cananeos?
Jehov respondi: -- Jud subir; porque yo he entregado la tierra en sus manos.
Jud dijo a su hermano Simen: "Sube conmigo al territorio que se me ha adjudicado y peleemos contra el cananeo; y yo tambin ir contigo al tuyo". Y Simen fue con l.
Jud subi, y Jehov entreg en sus manos al cananeo y al ferezeo, e hirieron de ellos en Bezec a diez mil hombres.
Hallaron a Adoni-bezec en Bezec, pelearon contra l y derrotaron al cananeo y al ferezeo.
Adoni-bezec huy, pero ellos lo persiguieron, lo prendieron, y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies.
Entonces dijo Adoni-bezec: "Setenta reyes, con los pulgares de sus manos y de sus pies cortados, recogan las migajas debajo de mi mesa. Como yo hice, as me ha pagado Dios". Luego lo llevaron a Jerusaln, donde muri.
Atacaron los hijos de Jud a Jerusaln y la tomaron, pasaron a sus habitantes a filo de espada y pusieron fuego a la ciudad.
Despus, los hijos de Jud descendieron para pelear contra el cananeo que habitaba en las montaas, en el Neguev y en los llanos.
Jud march contra el cananeo que habitaba en Hebrn, la cual se llamaba antes Quiriat-arba; e hirieron a Sesai, a Ahimn y a Talmai.
De all fue contra los que habitaban en Debir, que antes se llamaba Quiriat-sefer.
Entonces dijo Caleb: "Al que ataque a Quiriat-sefer y la tome, yo le dar a Acsa, mi hija, por mujer".
La tom Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb, y este le entreg a su hija Acsa por mujer.
Cuando ella se iba con l, Otoniel la persuadi para que pidiera a su padre un campo. Acsa se baj del asno, y Caleb le pregunt: -- Qu tienes?
Ella le respondi: -- Concdeme un don; puesto que me has dado tierra del Neguev, dame tambin fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.
Y los hijos del ceneo, suegro de Moiss, subieron de la ciudad de las palmeras con los hijos de Jud al desierto de Jud, que est en el Neguev, cerca de Arad, y habitaron con el pueblo.
Sali, pues, Jud con su hermano Simen, y derrotaron al cananeo que habitaba en Sefat, la asolaron y le pusieron por nombre Horma.
Tom tambin Jud a Gaza con su territorio, a Ascaln con su territorio y a Ecrn con su territorio.
Y Jehov estaba con Jud, quien expuls a los de las montaas, pero no pudo expulsar a los que habitaban en los llanos, los cuales tenan carros de hierro.
Como Moiss haba dicho, dieron Hebrn a Caleb. Este expuls de all a los tres hijos de Anac,
pero al jebuseo, que habitaba en Jerusaln, no lo expulsaron los hijos de Benjamn, y el jebuseo ha habitado con los hijos de Benjamn en Jerusaln hasta hoy.
Tambin la casa de Jos subi contra Bet-el; y Jehov estaba con ellos.
Puso la casa de Jos espas en esa ciudad, que antes se llamaba Luz.
Los que espiaban vieron a un hombre que sala de all y le dijeron: "Mustranos ahora la entrada de la ciudad y tendremos de ti misericordia".
As lo hizo, y ellos hirieron la ciudad a filo de espada, pero dejaron ir a aquel hombre con toda su familia.
l se fue a la tierra de los heteos y edific una ciudad a la cual llam Luz. Y este es su nombre hasta hoy.
Tampoco Manass expuls a los de Bet-sen ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que vivan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persista en habitar en aquella tierra.
Cuando Israel se sinti fuerte, hizo tributario al cananeo, pero no lo expuls.
Tampoco Efran expuls al cananeo que habitaba en Gezer, sino dej que el cananeo habitara en medio de ellos.
Tampoco Zabuln expuls a los que habitaban en Quitrn, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habit en medio de l y le fue tributario.
Tampoco Aser expuls a los que habitaban en Aco, ni a los que vivan en Sidn, en Ahlab, en Aczib, en Helba, en Afec y en Rehob.
Y vivi Aser entre los cananeos que habitaban en la tierra, pues no los expuls.
Tampoco Neftal expuls a los que vivan en Bet-semes ni a los de Bet-anat, sino que vivi entre los cananeos que habitaban en la tierra; pero le fueron tributarios los habitantes de Bet-semes y los de Bet-anat.
Los amorreos empujaron a los hijos de Dan hasta la montaa, y no los dejaron descender a los llanos.
El amorreo persisti en habitar en el monte de Heres, en Ajaln y en Saalbim, pero cuando la casa de Jos cobr fuerzas, lo hizo tributario.
El lmite del amorreo fue desde la subida de Acrabim, desde Sela hacia arriba.
El ngel de Jehov subi de Gilgal a Boquim, y dijo: "Yo os saqu de Egipto y os he trado a la tierra que promet a vuestros padres, cuando les dije: "No invalidar jams mi pacto con vosotros,
con tal que no hagis pacto con los habitantes de esta tierra, cuyos altares debis derribar; pero vosotros no atendisteis a mi voz. Por qu habis hecho esto?
Por tanto, yo tambin digo: 'No los echar de delante de vosotros, sino que sern azotes para vuestros costados, y sus dioses os sern tropezadero' "".
Cuando el ngel de Jehov termin de hablar, todos los hijos de Israel alzaron la voz y lloraron.
Por eso llamaron a aquel lugar Boquim, y all ofrecieron sacrificios a Jehov.
Cuando Josu se despidi del pueblo, los hijos de Israel se fueron a tomar posesin cada uno de su heredad.
El pueblo haba servido a Jehov todo el tiempo que vivi Josu, y tambin mientras vivieron los ancianos que sobrevivieron a Josu, los cuales haban sido testigos de todas las grandes obras que Jehov haba hecho en favor de Israel.
Pero muri Josu hijo de Nun, siervo de Jehov, a la edad de ciento diez aos.
Lo sepultaron en su heredad en Timnat-sera, en los montes de Efran, al norte del monte Gaas.
Y muri tambin toda aquella generacin, por lo que la generacin que se levant despus no conoca a Jehov ni la obra que l haba hecho por Israel.
Despus, los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehov y sirvieron a los baales.
Dejaron a Jehov, el Dios de sus padres, que los haba sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, y los adoraron, provocando la ira de Jehov.
Dejaron a Jehov, y adoraron a Baal y a Astarot.
Se encendi entonces contra Israel el furor de Jehov, quien los entreg en manos de salteadores que los despojaron, y los vendi en manos de sus enemigos de alrededor, a los cuales no pudieron ya hacerles frente.
Por dondequiera que salan, la mano de Jehov estaba contra ellos para mal, como Jehov haba dicho y se lo haba jurado. Y se vieron en una gran afliccin.
Jehov levant jueces que los libraran de manos de quienes los despojaban;
pero tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron tras dioses ajenos, a los cuales adoraron. Se apartaron pronto del camino en que anduvieron sus padres, que obedecan a los mandamientos de Jehov; ellos no hicieron as.
Cuando Jehov les levantaba jueces, Jehov estaba con el juez, y los libraba de manos de los enemigos mientras viva aquel juez; porque Jehov era movido a misericordia al orlos gemir por causa de quienes los opriman y afligan.
Pero aconteca que, al morir el juez, ellos volvan a corromperse, ms an que sus padres, siguiendo a dioses ajenos para servirlos e inclinndose delante de ellos. No se apartaban de sus obras ni de su obstinado camino.
Se encendi, pues, la ira de Jehov contra Israel, y dijo: "Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que orden a sus padres, y no obedece a mi voz,
tampoco yo volver ms a expulsar de delante de ellos a ninguna de las naciones que dej Josu cuando muri".
As quera probar a Israel, si procuraran o no seguir el camino de Jehov, andando en l, como lo siguieron sus padres.
Por esto dej Jehov a aquellas naciones, sin expulsarlas de una vez, y no las entreg en manos de Josu.
Estos son los pueblos que dej Jehov para probar con ellos a todos los que en Israel no haban conocido todas la guerras de Canan;
solamente para que el linaje de los hijos de Israel aprendiera cmo hacer la guerra, y lo enseara a quienes antes no la haban conocido:
los cinco prncipes de los filisteos, todos los cananeos, los sidonios y los heveos que habitaban en el monte Lbano, desde el monte Baal-hermn hasta llegar a Hamat.
Con ellos quiso probar a Israel, para saber si obedecera los mandamientos que l haba dado a sus padres por mano de Moiss.
As, los hijos de Israel comenzaron a habitar entre los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos.
Y tomaron a sus hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses.
Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehov, su Dios, se olvidaron de l y sirvieron a los baales y a las imgenes de Asera.
Por eso la ira de Jehov se encendi contra ellos y los entreg en manos de Cusan-risataim, rey de Mesopotamia, al cual sirvieron durante ocho aos.
Entonces clamaron los hijos de Israel a Jehov, y Jehov levant un libertador a los hijos de Israel y los libr; esto es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb.
El espritu de Jehov vino sobre Otoniel, quien juzg a Israel y sali a la batalla. Jehov entreg en sus manos a Cusan-risataim, rey de Siria, y le dio la victoria sobre Cusan-risataim.
Y hubo paz en la tierra durante cuarenta aos; y muri Otoniel hijo de Cenaz.
Volvieron los hijos de Israel a hacer lo malo ante los ojos de Jehov, por lo cual Jehov fortaleci a Egln, rey de Moab, contra Israel, porque haba hecho lo malo ante los ojos de Jehov.
El rey de Moab junt consigo a los hijos de Amn y de Amalec, vino e hiri a Israel, y tom la ciudad de las palmeras.
Entonces sirvieron dieciocho aos los hijos de Israel a Egln, rey de los moabitas.
Clamaron los hijos de Israel a Jehov, y Jehov les levant un libertador, a Aod hijo de Gera, benjaminita, el cual era zurdo. Un da, los hijos de Israel enviaron con l un presente a Egln, rey de Moab.
Pero Aod se haba hecho un pual de dos filos, de un codo de largo, y se lo ci del lado derecho debajo de sus vestidos.
Entreg el presente a Egln, rey de Moab, quien era un hombre muy grueso.
Luego que hubo entregado el presente, Aod despidi a la gente que lo haba acompaado,
pero al llegar a los dolos que estn en Gilgal, regres y dijo a Egln: -- Rey, una palabra secreta tengo que decirte. El rey dijo entonces: -- Calla. Y mand que salieran de delante de l todos los que all se encontraban.
Y estando l sentado solo en su sala de verano, se le acerc Aod y le dijo: -- Tengo una palabra de Dios para ti. Egln se levant de la silla.
Entonces alarg Aod su mano izquierda, tom el pual de su lado derecho y se lo meti por el vientre
de tal manera que la empuadura entr tambin tras la hoja, y la gordura de Egln cubri la hoja, pues Aod no sac el pual de su vientre. Y se derram el excremento.
Aod sali al corredor, cerr tras s las puertas de la sala y las asegur con el cerrojo.
Cuando ya haba salido, vinieron los siervos del rey, quienes al ver las puertas de la sala cerradas, dijeron: "Sin duda l cubre sus pies en la sala de verano".
Tras mucho esperar, y confusos porque el rey no abra las puertas de la sala, tomaron la llave, abrieron y encontraron a su seor cado en tierra, muerto.
Mientras ellos esperaban, Aod escap y, pasando los dolos, se puso a salvo en Seirat.
Cuando entr en Israel, toc el cuerno en los montes de Efran y los hijos de Israel descendieron con l del monte. Entonces Aod se puso al frente de ellos.
Y les dijo: "Seguidme, porque Jehov ha entregado a vuestros enemigos moabitas en vuestras manos". Ellos descendieron en pos de l, le quitaron a Moab los vados del Jordn y no dejaron pasar a nadie.
Mataron en aquel tiempo como a diez mil moabitas, todos valientes y todos hombres de guerra; no escap ni uno.
As fue subyugado Moab aquel da bajo la mano de Israel. Y hubo paz en la tierra durante ochenta aos.
Despus de l vino Samgar hijo de Anat, el cual mat a seiscientos hombres de los filisteos con una aguijada de bueyes; l tambin salv a Israel.
Despus de la muerte de Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehov,
as que Jehov los entreg en manos de Jabn, rey de Canan, quien reinaba en Hazor. El capitn de su ejrcito se llamaba Ssara y viva en Haroset-goim.
Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehov, porque Jabn tena novecientos carros de hierro y haba oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte aos.
Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Dbora, profetisa, mujer de Lapidot,
la cual acostumbraba sentarse bajo una palmera (conocida como la palmera de Dbora), entre Ram y Bet-el, en los montes de Efran; y los hijos de Israel acudan a ella en busca de justicia.
Un da, Dbora envi a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftal, y le dijo: -- No te ha mandado Jehov, Dios de Israel, diciendo: "Ve, junta a tu gente en el monte Tabor y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftal y de la tribu de Zabuln.
Yo atraer hacia ti, hasta el arroyo Cisn, a Ssara, capitn del ejrcito de Jabn, con sus carros y su ejrcito, y lo entregar en tus manos"?
Barac le respondi: -- Si t vas conmigo, yo ir; pero si no vas conmigo, no ir.
Ella dijo: -- Ir contigo; pero no ser tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en manos de mujer entregar Jehov a Ssara. Y levantndose Dbora, fue a Cedes con Barac.
All junt Barac a las tribus de Zabuln y Neftal. Subi con diez mil hombres a su mando, y Dbora subi con l.
Heber, el ceneo, de los hijos de Hobab, suegro de Moiss, se haba apartado de los ceneos y haba plantado sus tiendas en el valle de Zaanaim, que est junto a Cedes.
Llegaron, pues, a Ssara las noticias de que Barac hijo de Abinoam haba subido al monte Tabor.
Y reuni Ssara todos sus carros, novecientos carros de hierro, y a todo el pueblo que con l estaba, desde Haroset-goim hasta el arroyo Cisn.
Entonces Dbora dijo a Barac: "Levntate, porque este es el da en que Jehov ha entregado a Ssara en tus manos: Acaso no ha salido Jehov delante de ti?". Barac descendi del monte Tabor, junto a los diez mil hombres que lo seguan,
y Jehov quebrant a Ssara, dispersando delante de Barac, a filo de espada, todos sus carros y a todo su ejrcito. El mismo Ssara descendi del carro y huy a pie,
pero Barac sigui a los carros y al ejrcito hasta Haroset-goim. Aquel da, todo el ejrcito de Ssara cay a filo de espada, hasta no quedar ni uno.
Ssara huy a pie a la tienda de Jael, mujer de Heber, el ceneo, porque haba paz entre Jabn, rey de Hazor, y la casa de Heber, el ceneo.
Cuando Jael sali a recibir a Ssara, le dijo: -- Ven, seor mo, ven a m, no tengas temor. l vino a la tienda y ella lo cubri con una manta.
Ssara le dijo: -- Te ruego que me des de beber un poco de agua, pues tengo sed. Jael abri un odre de leche, le dio de beber y lo volvi a cubrir.
Entonces l dijo: -- Qudate a la puerta de la tienda; si alguien viene y te pregunta: "Hay alguien aqu?", t responders que no.
Pero Jael, mujer de Heber, tom una estaca de la tienda, y tomando en su mano un mazo, se le acerc calladamente y le clav la estaca por las sienes, contra la tierra, pues l estaba cargado de sueo y cansado. Y as muri.
Cuando lleg Barac en busca de Ssara, Jael sali a recibirlo y le dijo: "Ven, te mostrar al hombre que t buscas. Entr Barac donde ella estaba y encontr a Ssara, que yaca muerto con la estaca en la sien".
As abati Dios aquel da a Jabn, rey de Canan, delante de los hijos de Israel.
Y la mano de los hijos de Israel fue endurecindose ms y ms contra Jabn, rey de Canan, hasta que lo destruyeron.
Aquel da, Dbora y Barac hijo de Abinoam cantaron as:
"Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, load a Jehov.
Od, reyes! Escuchad, prncipes! Yo cantar a Jehov, cantar salmos a Jehov, el Dios de Israel.
"Cuando saliste de Seir, Jehov, cuando te marchaste de los campos de Edom, la tierra tembl, se estremecieron los cielos y las nubes gotearon aguas.
Los montes temblaron delante de Jehov, tembl el Sina delante de Jehov, Dios de Israel.
En los das de Samgar hijo de Anat, en los das de Jael, quedaron abandonados los caminos, y los que andaban por las sendas se apartaron por senderos torcidos.
Las aldeas quedaron abandonadas en Israel, haban decado, hasta que yo, Dbora, me levant, me levant como madre en Israel.
"Cuando escogan nuevos dioses, la guerra estaba a las puertas; se vea escudo o lanza entre cuarenta mil en Israel?
"Mi corazn es para vosotros, jefes de Israel, para los que voluntariamente os ofrecisteis entre el pueblo. Load a Jehov!
"Vosotros, los que cabalgis en asnas blancas, los que presids en juicio, y vosotros, los que viajis, hablad.
Lejos del ruido de los arqueros, en los abrevaderos, all se contarn los triunfos de Jehov, los triunfos de sus aldeas en Israel; entonces marchar hacia las puertas el pueblo de Jehov.
"Despierta, despierta, Dbora. Despierta, despierta, entona un cntico. Levntate, Barac, y lleva tus cautivos, hijo de Abinoam.
"Entonces march el resto de los nobles; el pueblo de Jehov march por l en contra de los poderosos.
De Efran vinieron los que habitaban en Amalec, en pos de ti, Benjamn, entre tus pueblos. De Maquir descendieron prncipes, y de Zabuln los que tenan vara de mando.
Tambin los caudillos de Isacar fueron con Dbora; s, como Barac, tambin Isacar se precipit a pie en el valle. Entre las familias de Rubn se tomaron grandes decisiones.
Por qu se quedaron entre los rediles, oyendo los balidos de los rebaos? Entre las familias de Rubn se hicieron grandes propsitos!
"Galaad se qued al otro lado del Jordn, y Dan, por qu se detuvo junto a las naves? Se qued Aser a la ribera del mar y permaneci en sus puertos.
El pueblo de Zabuln expuso su vida a la muerte, como Neftal en las alturas de los montes.
"Vinieron reyes y pelearon; los reyes de Canan pelearon entonces en Taanac, junto a las aguas de Meguido, mas no obtuvieron ganancia alguna de dinero.
Desde los cielos pelearon las estrellas, desde sus rbitas pelearon contra Ssara.
Los barri el torrente Cisn, el antiguo torrente, el torrente Cisn. Marcha, alma ma, con poder!
"Entonces resonaron los cascos de los caballos por el galopar, por el galopar de sus valientes.
"Maldecid a Meroz!", dijo el ngel de Jehov, "maldecid severamente a sus moradores", porque no vinieron en ayuda de Jehov, en ayuda de Jehov contra los fuertes.
"Bendita sea entre las mujeres Jael, mujer de Heber, el ceneo; entre las mujeres, bendita sea en la tienda.
l pidi agua y ella le dio leche; en tazn de nobles le present crema.
Tendi su mano a la estaca, su diestra al mazo de los trabajadores, y golpe a Ssara: Hiri su cabeza, le horad y atraves sus sienes.
Cay encorvado a sus pies, qued tendido; a sus pies cay encorvado; donde se encorv, all cay muerto.
"La madre de Ssara se asoma a la ventana, y por entre las celosas dice a voces: "Por qu tarda su carro en venir? Por qu las ruedas de sus carros se detienen?".
Las ms avisadas de sus damas le respondan, y aun ella se responda a s misma:
"No ser que han hallado botn y lo estn repartiendo? A cada uno, una doncella o dos; las vestiduras de colores para Ssara, las vestiduras bordadas de colores; la ropa de color bordada por ambos lados, para los jefes de los que tomaron el botn".
As perezcan todos tus enemigos, Jehov; mas brillen los que te aman, como el sol cuando sale en su esplendor". Y hubo paz en la tierra durante cuarenta aos.
Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehov, y Jehov los entreg en manos de Madin por siete aos.
Como la mano de Madin los oprima cada vez ms, los hijos de Israel, por temor a los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, cavernas y lugares fortificados.
Pues suceda que cuando Israel tena algo sembrado, suban los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; suban y los atacaban.
Acampaban frente a ellos y destruan los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza. No dejaban qu comer en Israel, ni ovejas ni bueyes ni asnos.
Con sus tiendas y sus ganados, suban como una inmensa nube de langostas. Ellos y sus camellos eran innumerables, y venan a la tierra para devastarla.
De este modo se empobreca Israel en gran manera por causa de Madin. Y los hijos de Israel clamaron a Jehov.
Cuando los hijos de Israel clamaron a Jehov a causa de los madianitas,
Jehov les envi un profeta, el cual les dijo: "As ha dicho Jehov, Dios de Israel: "Yo os hice salir de Egipto y os saqu de la casa de servidumbre.
Os libr de manos de los egipcios y de manos de todos los que os afligieron, a los cuales ech de delante de vosotros, y os di su tierra.
Tambin os dije: 'Yo soy Jehov, vuestro Dios: No temis a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitis'. Sin embargo, no habis obedecido a mi voz"".
Entonces vino el ngel de Jehov y se sent debajo de la encina que est en Ofra, la cual era de Jos abiezerita. Geden, su hijo, estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas,
cuando se le apareci el ngel de Jehov y le dijo: -- Jehov est contigo, hombre esforzado y valiente.
Geden le respondi: -- Ah, seor mo, si Jehov est con nosotros, por qu nos ha sobrevenido todo esto? Dnde estn todas esas maravillas que nuestros padres nos han contado, diciendo: "No nos sac Jehov de Egipto?". Y ahora Jehov nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de los madianitas.
Mirndolo Jehov, le dijo: -- Ve con esta tu fuerza y salvars a Israel de manos de los madianitas. No te envo yo?
Geden le respondi de nuevo: -- Ah, seor mo, con qu salvar yo a Israel? He aqu que mi familia es pobre en Manass, y yo soy el menor en la casa de mi padre.
Jehov le dijo: -- Ciertamente yo estar contigo, y t derrotars a los madianitas como a un solo hombre.
l respondi: -- Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des seal de que has hablado conmigo.
Te ruego que no te vayas de aqu hasta que vuelva a ti y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Jehov le contest: -- Yo esperar hasta que vuelvas.
Geden se fue, prepar un cabrito y panes sin levadura de un efa de harina, puso la carne en un canastillo y el caldo en una olla y, sacndolo se lo present debajo de aquella encina.
Entonces el ngel de Dios le dijo: -- Toma la carne y los panes sin levadura, ponlos sobre esta pea y vierte el caldo. l lo hizo as.
Extendiendo el ngel de Jehov el cayado que tena en su mano, toc con la punta la carne y los panes sin levadura, y subi fuego de la pea, el cual consumi la carne y los panes sin levadura. Luego el ngel de Jehov desapareci de su vista.
Al ver Geden que era el ngel de Jehov, dijo: -- Ah, Seor Jehov, he visto al ngel de Jehov cara a cara.
Pero Jehov le dijo: -- La paz sea contigo. No tengas temor, no morirs.
Geden edific all altar a Jehov y lo llam Jehov-salom. Este altar permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.
Aconteci que esa misma noche le dijo Jehov: "Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro, el de siete aos, y derriba el altar de Baal que tiene tu padre; corta tambin la imagen de Asera que se halla junto a l
y edifica altar a Jehov, tu Dios, en la cumbre de este peasco, en lugar conveniente. Toma despus aquel segundo toro y sacrifcalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrs cortado".
Entonces Geden tom diez hombres de entre sus siervos e hizo como Jehov le dijo. Pero temiendo hacerlo de da, a causa de la familia de su padre y de los hombres de la ciudad, lo hizo de noche.
Por la maana, cuando los de la ciudad se levantaron, el altar de Baal estaba derribado, y haba sido cortada la imagen de Asera que se hallaba junto a l, y ofrecido aquel toro segundo en holocausto sobre el altar edificado.
Y unos a otros se preguntaban: -- Quin ha hecho esto? Buscando e inquiriendo, les dijeron: -- Geden hijo de Jos lo ha hecho. Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Jos:
-- Saca a tu hijo, para que muera, porque ha derribado el altar de Baal y ha cortado la imagen de Asera que se hallaba junto a l.
Pero Jos respondi a todos los que estaban junto a l: -- Lucharis vosotros por Baal? Defenderis su causa? Cualquiera que contienda por l, que muera esta maana. Si es un dios, que luche por s mismo con quien derrib su altar.
Aquel da Geden fue llamado Jerobaal, esto es: "Luche Baal contra l", por cuanto derrib su altar.
Pero todos los madianitas y amalecitas y los del oriente se juntaron a una, y cruzando el Jordn acamparon en el valle de Jezreel.
Entonces el espritu de Jehov vino sobre Geden, y cuando este toc el cuerno, los abiezeritas se reunieron con l.
Envi mensajeros por todo Manass, y tambin ellos se le unieron; asimismo envi mensajeros a Aser, a Zabuln y a Neftal, los cuales salieron a su encuentro.
Geden dijo a Dios: "Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho,
he aqu que yo pondr un velln de lana en la era; si el roco est sobre el velln solamente, y queda seca toda la otra tierra, entonces entender que salvars a Israel por mi mano, como lo has dicho".
Y as aconteci, pues cuando se levant de maana, exprimi el velln para sacarle el roco, y llen con l un tazn de agua.
Pero Geden dijo a Dios: "No se encienda tu ira contra m si hablo de nuevo: probar ahora otra vez con el velln. Te ruego que solamente el velln quede seco, y el roco caiga sobre la tierra".
Aquella noche lo hizo Dios as; solo el velln qued seco, y en toda la tierra hubo roco.
Jerobaal, que es otro nombre de Geden, y todos los que estaban con l, se levantaron de maana y acamparon junto a la fuente Harod. El campamento de los madianitas les quedaba entonces al norte, en el valle, ms all del collado de More.
Jehov dijo a Geden: "Hay mucha gente contigo para que yo entregue a los madianitas en tus manos, pues Israel puede jactarse contra m, diciendo: "Mi mano me ha salvado".
Ahora, pues, haz pregonar esto a odos del pueblo: "Quien tema y se estremezca, que madrugue y regrese a su casa desde el monte de Galaad"". Regresaron de los del pueblo veintids mil, y quedaron diez mil.
Jehov dijo de nuevo a Geden: "An son demasiados; llvalos a beber agua y all los pondr a prueba. Del que yo te diga: "Vaya este contigo", ir contigo; pero de cualquiera que yo te diga: "Que este no vaya contigo", el tal no ir".
Entonces Geden llev el pueblo a las aguas, y Jehov le dijo: "A cualquiera que lama las aguas con la lengua como lo hace el perro, lo pondrs aparte; y lo mismo hars con cualquiera que doble sus rodillas para beber".
El nmero de los que lamieron llevndose el agua a la boca con la mano fue de trescientos hombres; el resto del pueblo dobl sus rodillas para beber las aguas.
Entonces Jehov dijo a Geden: "Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvar y entregar a los madianitas en tus manos; vyase toda la dems gente cada uno a su lugar".
Habiendo tomado provisiones para el pueblo, y sus trompetas, envi a todos los israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres. El campamento de Madin le quedaba abajo, en el valle.
Aconteci que aquella noche Jehov le dijo: "Levntate y desciende al campamento, porque yo lo he entregado en tus manos.
Si tienes temor de descender, baja al campamento con tu criado Fura,
y oirs lo que hablan. Entonces te animars y descenders a atacarlos". Geden descendi con su criado Fura hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento.
Los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente se haban esparcido por el valle como una plaga de langostas, y sus camellos eran innumerables como la arena que se acumula a la orilla del mar.
En el momento en que lleg Geden, un hombre contaba un sueo a su compaero, diciendo: -- He tenido un sueo: Vea un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madin. Lleg a la tienda y la golpe de tal manera que cay; la trastorn de arriba abajo y la tienda cay.
Su compaero respondi: -- Esto no representa otra cosa sino la espada de Geden hijo de Jos, varn de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.
Cuando Geden oy el relato del sueo y su interpretacin, ador. Despus volvi al campamento de Israel y dijo: "Levantaos, porque Jehov ha entregado el campamento de Madin en vuestras manos".
Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, puso trompetas en manos de todos ellos, y cntaros vacos con antorchas ardiendo dentro de los cntaros,
y entonces les dijo: "Miradme a m y haced como hago yo; cuando yo llegue al extremo del campamento, haris vosotros como hago yo.
Tocar la trompeta, y tambin todos los que estarn conmigo; entonces vosotros tocaris las trompetas alrededor de todo el campamento, gritando: "Por Jehov y por Geden!"".
Llegaron, pues, Geden y los cien hombres que este llevaba consigo, al extremo del campamento, cuando acababan de renovar los centinelas de la guardia de la medianoche. Tocaron entonces las trompetas y quebraron los cntaros que llevaban en sus manos.
Los tres escuadrones tocaron las trompetas y, quebrando los cntaros, tomaron con la mano izquierda las antorchas y con la derecha las trompetas que tocaban, y gritaron: -- Por la espada de Jehov y de Geden!
Los israelitas se mantuvieron firmes cada uno en su puesto alrededor del campamento, y todo el ejrcito madianita ech a correr dando gritos y huyendo.
Mientras los trescientos tocaban las trompetas, Jehov puso la espada de cada uno contra su compaero en todo el campamento. Y el ejrcito huy hasta Bet-sita, en direccin de Zerera, hasta la frontera de Abel-mehola, en Tabat.
Se reunieron entonces los de Israel, de Neftal, de Aser y de todo Manass, y persiguieron a los madianitas.
Geden tambin envi mensajeros por todo el monte de Efran, que decan: "Descended al encuentro de los madianitas; tomad los vados de Bet-bara y del Jordn antes que ellos lleguen". Unidos, todos los hombres de Efran tomaron los vados de Bet-bara y del Jordn.
Capturaron a dos prncipes de los madianitas, Oreb y Zeeb; mataron a Oreb en la pea de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb. Despus que persiguieron a los madianitas, trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Geden, que estaba al otro lado del Jordn.
Pero los hombres de Efran le dijeron: -- Qu es esto que has hecho con nosotros? Acaso nos llamaste cuando ibas a la guerra contra Madin? Y le reconvinieron fuertemente.
Geden les respondi: -- Qu he hecho yo ahora comparado con vosotros? No es lo que queda en los campos de Efran mejor que la vendimia completa de Abiezer?
Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeeb, prncipes de Madin; qu he podido yo hacer comparado con vosotros? El enojo de ellos contra Geden se aplac despus que les habl as.
Lleg Geden al Jordn y lo pasaron l y los trescientos hombres que traa consigo, cansados, pero todava persiguiendo a los de Madin.
Luego dijo a los de Sucot: -- Os ruego que deis a la gente que me sigue algunos bocados de pan, porque estn cansados y yo persigo a Zeba y a Zalmuna, reyes de Madin.
Los principales de Sucot respondieron: -- Estn ya Zeba y Zalmuna en tus manos, para que demos pan a tu ejrcito?
Geden dijo: -- Cuando Jehov haya entregado en mis manos a Zeba y a Zalmuna, desgarrar vuestra carne con espinos y abrojos del desierto.
De all subi a Peniel y les dijo las mismas palabras. Los de Peniel le respondieron como haban respondido los de Sucot.
Geden habl tambin a los de Peniel, diciendo: "Cuando yo vuelva en paz, derribar esta torre".
Zeba y Zalmuna estaban en Carcor con un ejrcito como de quince mil hombres, los que quedaban de todo el ejrcito de los hijos del oriente, pues haban cado ciento veinte mil hombres que sacaban espada.
Subiendo, pues, Geden por el camino de los que vivan en tiendas al oriente de Noba y de Jogbeha, atac el campamento, porque el ejrcito no estaba en guardia.
Zeba y Zalmuna huyeron, pero Geden los persigui, captur a los dos reyes de Madin, Zeba y Zalmuna, y llen de espanto a todo el ejrcito.
Cuando Geden hijo de Jos regresaba de la batalla, antes que el sol subiera,
captur a un joven de los hombres de Sucot y lo interrog. l le dio por escrito los nombres de los principales y de los ancianos de Sucot: setenta y siete hombres.
Entonces entr en Sucot y dijo a los del pueblo: "Aqu estn Zeba y Zalmuna, por causa de los cuales os burlasteis de m, diciendo: "Estn ya en tus manos Zeba y Zalmuna, para que demos nosotros pan a tus hombres cansados?"".
Tom Geden espinos y abrojos del desierto y con ellos castig a los ancianos de Sucot.
Asimismo derrib la torre de Peniel y mat a los de la ciudad.
Luego dijo a Zeba y a Zalmuna: -- Qu aspecto tenan aquellos hombres que matasteis en Tabor? Ellos respondieron: -- Como t, as eran ellos; cada uno pareca hijo de rey.
Entonces Geden grit: -- Mis hermanos eran, hijos de mi madre. Vive Jehov, que si les hubierais conservado la vida, yo no os matara!
Y dijo a Jeter, su primognito: "Levntate y mtalos". Pero el joven no desenvain su espada, porque tena temor, pues an era muchacho.
Entonces dijeron Zeba y Zalmuna: "Levntate y mtanos t, porque segn es el hombre, as es su valenta". Geden se levant, mat a Zeba y a Zalmuna y tom los adornos de lunetas que sus camellos traan al cuello.
Los israelitas dijeron a Geden: -- S t nuestro seor, y tambin tu hijo y tu nieto, pues que nos has librado de manos de Madin.
Pero Geden respondi: -- No ser seor sobre vosotros, ni lo ser mi hijo. Jehov ser vuestro Seor.
Y aadi: -- Quiero haceros una peticin: que cada uno me d los zarcillos de su botn (pues traan zarcillos de oro, porque eran ismaelitas).
Ellos respondieron: -- De buena gana te los daremos. Y tendiendo un manto, ech all cada uno los zarcillos de su botn.
El peso de los zarcillos de oro que l pidi fue de mil setecientos siclos de oro, sin contar las lunetas, las joyas ni los vestidos de prpura que traan los reyes de Madin, ni tampoco los collares que traan al cuello sus camellos.
Geden hizo con todo eso un efod, que mand guardar en su ciudad de Ofra. Y todo Israel se prostituy tras ese efod en aquel lugar, el cual se volvi tropezadero para Geden y su casa.
As fue sometido Madin delante de los hijos de Israel, y nunca ms volvi a levantar cabeza. Y hubo paz en la tierra durante cuarenta aos en los das de Geden.
Luego Jerobaal hijo de Jos se fue a vivir a su casa,
y tuvo Geden setenta hijos que constituyeron su descendencia, porque tena muchas mujeres.
Tambin su concubina, que estaba en Siquem le dio un hijo, al cual llam Abimelec.
Muri Geden hijo de Jos en buena vejez y fue sepultado en el sepulcro de su padre Jos, en Ofra de los abiezeritas.
Pero aconteci que cuando muri Geden, los hijos de Israel volvieron a prostituirse yendo tras los baales, y escogieron por dios a Baal-berit.
No se acordaron los hijos de Israel de Jehov, su Dios, que los haba librado de todos los enemigos de su alrededor,
ni se mostraron agradecidos con la casa de Jerobaal, o sea, de Geden, conforme a todo el bien que l haba hecho a Israel.
Abimelec hijo de Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos de su madre, y dijo a ellos y a toda la familia de la casa del padre de su madre:
"Yo os ruego que digis a todos los de Siquem: "Qu os parece mejor, que os gobiernen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal, o que os gobierne un solo hombre?". Acordaos que yo soy hueso vuestro y carne vuestra".
Hablaron por l los hermanos de su madre a todos los de Siquem todas estas palabras, y el corazn de ellos se inclin a favor de Abimelec, porque decan: "Nuestro hermano es".
Adems le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal-berit, con los cuales Abimelec alquil hombres ociosos y vagabundos que lo siguieran.
Y yendo a la casa de su padre en Ofra, mat a sus hermanos, los setenta hijos de Jerobaal, sobre una misma piedra; pero qued Jotam, el hijo menor de Jerobaal, que se escondi.
Entonces se juntaron todos los de Siquem con toda la casa de Milo, y fueron y proclamaron rey a Abimelec cerca de la llanura del pilar que estaba en Siquem.
Cuando se lo dijeron a Jotam, este subi a la cumbre del monte Gerizim, y alzando su voz clam: "Odme, hombres de Siquem, y as tambin os oiga Dios:
Fueron una vez los rboles a elegirse un rey y dijeron al olivo: "Reina sobre nosotros".
Pero el olivo respondi: "He de dejar mi aceite, con el cual se honra a Dios y a los hombres, para reinar sobre los rboles?".
"Dijeron, pues, los rboles a la higuera: "Anda t, reina sobre nosotros".
La higuera respondi: "He de dejar mi dulzura y mi buen fruto para reinar sobre los rboles?".
"Dijeron luego los rboles a la vid: "Pues ven t, reina sobre nosotros".
La vid les respondi: "He de dejar mi vino, que alegra a Dios y a los hombres, para reinar sobre los rboles?".
"Todos los rboles rogaron entonces a la zarza: "Anda t, reina sobre nosotros".
Pero la zarza respondi a los rboles: "Si en verdad me proclamis rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Lbano".
"Ahora, bien: Habis procedido con verdad y con integridad al hacer rey a Abimelec? Habis actuado bien con Jerobaal y con su casa, le habis pagado conforme a la obra de sus manos?
Mi padre pele por vosotros y expuso su vida al peligro para libraros de manos de Madin,
y vosotros os habis levantado hoy contra la casa de mi padre y habis matado a sus setenta hijos sobre una misma piedra, y habis puesto por rey sobre los de Siquem a Abimelec, hijo de su criada, debido a que es vuestro hermano.
Si con verdad y con integridad habis procedido hoy con Jerobaal y con su casa, que gocis de Abimelec y l goce de vosotros.
Y si no, fuego salga de Abimelec y consuma a los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo y consuma a Abimelec".
Jotam escap y huy, se fue a Beer y all se qued por miedo de su hermano Abimelec.
Despus que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres aos,
envi Dios un espritu de discordia entre Abimelec y los hombres de Siquem, y los de Siquem se rebelaron contra Abimelec,
para que la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal, y su sangre, recayera sobre su hermano Abimelec, que los mat, y sobre los hombres de Siquem que lo ayudaron a matar a sus hermanos.
Los de Siquem pusieron en las cumbres de los montes asechadores que robaban a todos los que pasaban junto a ellos por el camino. De esto se dio aviso a Abimelec.
Un da, Gaal hijo de Ebed pas con sus hermanos por Siquem, y los de Siquem pusieron en l su confianza.
Salieron al campo, recogieron y pisaron la uva, e hicieron fiesta: entraron en el templo de sus dioses y, comiendo y bebiendo, maldijeron a Abimelec.
Entonces Gaal hijo de Ebed dijo: "Quin es Abimelec, y qu es Siquem, para que nosotros le sirvamos? No es hijo de Jerobaal? No es Zebul su ayudante? Servid a los hombres de Hamor, padre de Siquem; pero por qu hemos de servir a Abimelec?
Ojal estuviera este pueblo bajo mi mano; enseguida arrojara yo a Abimelec, y le dira: "Refuerza tus ejrcitos, y sal a pelear"".
Cuando Zebul, gobernador de la ciudad, oy las palabras de Gaal hijo de Ebed, se encendi en ira
y envi secretamente mensajeros a decir a Abimelec: "Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem y estn sublevando la ciudad contra ti.
Levntate, pues, ahora de noche, t y el pueblo que est contigo, y pon emboscadas en el campo.
Por la maana, al salir el sol, madruga y cae sobre la ciudad. Cuando Gaal y el pueblo que est con l salgan contra ti, t hars con l segn se presente la ocasin".
Levantndose, pues, de noche Abimelec y todo el pueblo que con l estaba, pusieron emboscada contra Siquem con cuatro compaas.
Cuando Gaal hijo de Ebed sali, se puso a la entrada de la puerta de la ciudad. Entonces Abimelec y todo el pueblo que con l estaba salieron de sus escondites.
Al verlos, Gaal dijo a Zebul: -- He all gente que desciende de las cumbres de los montes. Zebul le respondi: -- T ves la sombra de los montes como si fueran hombres.
Volvi Gaal a hablar, y dijo: -- He all gente que desciende de en medio de la tierra, y una tropa que viene por el camino de la encina de los adivinos.
Zebul le respondi: -- Cmo es que antes decas: "Quin es Abimelec para que lo sirvamos?". No es este el pueblo que tenas en poco? Sal pues, ahora, y pelea con l.
Gaal sali al frente de los de Siquem y pele contra Abimelec.
Pero Abimelec lo persigui; Gaal huy de l y muchos cayeron heridos hasta la puerta misma de la ciudad.
Abimelec se qued en Aruma, y Zebul ech fuera de Siquem a Gaal y a sus hermanos para que no habitaran en Siquem.
Aconteci al siguiente da, que el pueblo sali al campo. Le dieron aviso a Abimelec,
el cual tom a su gente, la reparti en tres compaas y puso emboscadas en el campo. Cuando mir, vio al pueblo que sala de la ciudad. Entonces se levant contra ellos y los atac.
Abimelec y la compaa que estaba con l acometieron con mpetu y se detuvieron a la entrada de la puerta de la ciudad; las otras dos compaas acometieron a todos los que estaban en el campo y los mataron.
Abimelec pele contra la ciudad todo aquel da, la tom y mat al pueblo que en ella estaba; destruy la ciudad y la sembr de sal.
Cuando oyeron esto todos los que estaban en la torre de Siquem, se metieron en la fortaleza del templo del dios Berit.
Avisaron a Abimelec que estaban reunidos los hombres de la torre de Siquem,
y subi junto con toda la gente que estaba con l al monte Salmn, tom un hacha en la mano, cort una rama de los rboles y, levantndola, se la puso sobre sus hombros, dicindole al pueblo que estaba con l: "Lo que me habis visto hacer, apresuraos a hacerlo como yo".
Todo el pueblo cort tambin cada uno su rama y siguieron a Abimelec; pusieron las ramas junto a la fortaleza del templo y le prendieron fuego con ellas, de modo que todos los de la torre de Siquem murieron, unos mil, entre hombres y mujeres.
Despus Abimelec march sobre Tebes, le puso sitio y tom la ciudad.
En medio de Tebes haba una torre fortificada, a la cual se retiraron todos los hombres, las mujeres y todos los seores de la ciudad. Cerraron tras s las puertas y se subieron al techo de la torre.
Lleg Abimelec a la torre y la atac; pero cuando se acerc a la puerta para prenderle fuego,
una mujer dej caer un pedazo de rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec y le rompi el crneo.
Abimelec llam apresuradamente a su escudero y le dijo: "Saca tu espada y mtame, para que no se diga de m: "Una mujer lo mat"". Entonces su escudero lo atraves con la espada, y muri.
Cuando los israelitas vieron muerto a Abimelec, se fueron cada uno a su casa.
As pag Dios a Abimelec el mal que haba hecho contra su padre al matar a sus setenta hermanos.
Y todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo Dios volver sobre sus cabezas. Y se cumpli en ellos la maldicin de Jotam hijo de Jerobaal.
Despus de Abimelec, se levant para librar a Israel Tola hijo de Fa hijo de Dodo, hombre de Isacar, el cual habitaba en Samir, en los montes de Efran.
Tola juzg a Israel veintitrs aos. Muri y fue sepultado en Samir.
Tras l se levant Jair galaadita, el cual juzg a Israel veintids aos.
Tuvo treinta hijos, que cabalgaban sobre treinta asnos; y tenan treinta ciudades, que se llaman las ciudades de Jair hasta hoy, las cuales estn en la tierra de Galaad.
Muri Jair y fue sepultado en Camn.
Pero los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehov y sirvieron a los baales y a Astarot, a los dioses de Siria, a los dioses de Sidn, a los dioses de Moab, a los dioses de los hijos de Amn y a los dioses de los filisteos. Abandonaron a Jehov y no lo sirvieron.
Se encendi entonces la ira de Jehov contra Israel, y los entreg en manos de los filisteos y de los hijos de Amn,
los cuales oprimieron y quebrantaron a los hijos de Israel en aquel tiempo durante dieciocho aos, a todos los hijos de Israel que vivan en Galaad, al otro lado del Jordn, en tierra del amorreo.
Los hijos de Amn pasaron el Jordn para hacer tambin guerra contra Jud, contra Benjamn y contra la casa de Efran, y sufri Israel gran afliccin.
Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehov, diciendo: -- Nosotros hemos pecado contra ti, porque hemos dejado a nuestro Dios y servido a los baales.
Jehov respondi a los hijos de Israel: -- No habis sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los amonitas, de los filisteos,
de los de Sidn, de Amalec y de Man? Y cuando clamasteis a m, no os libr de sus manos?
Pero vosotros me habis dejado y habis servido a dioses ajenos; por tanto, yo no os librar ms.
Andad y clamad a los dioses que habis elegido; que ellos os libren en el tiempo de vuestra afliccin.
Los hijos de Israel respondieron a Jehov: -- Hemos pecado; haz con nosotros como bien te parezca. Solo te rogamos que nos libres en este da.
Quitaron, pues, de en medio de ellos los dioses ajenos y sirvieron a Jehov. Y l se angusti a causa de la afliccin de Israel.
Entonces se juntaron los hijos de Amn y acamparon en Galaad; se juntaron asimismo los hijos de Israel y acamparon en Mizpa.
Y los prncipes y el pueblo de Galaad se dijeron unos a otros: "Quin comenzar la batalla contra los hijos de Amn? El que lo haga ser el caudillo de todos los que habitan en Galaad".
Jeft, el galaadita, era esforzado y valeroso. Era hijo de una ramera y de un hombre llamado Galaad.
Pero tambin la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales, cuando crecieron, echaron fuera a Jeft, dicindole: "No heredars en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer".
Huy, pues, Jeft de sus hermanos, y se fue a vivir en tierra de Tob, donde reuni una banda de hombres ociosos que salan con l.
Aconteci andando el tiempo, que los hijos de Amn hicieron guerra contra Israel.
Cuando ello sucedi, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jeft de la tierra de Tob,
y le dijeron: -- Ven, para que seas nuestro jefe en la guerra contra los hijos de Amn.
Jeft respondi a los ancianos de Galaad: -- No me aborrecisteis vosotros y me echasteis de la casa de mi padre? Por qu, pues, vens ahora a m cuando estis en afliccin?
Los ancianos de Galaad respondieron a Jeft: -- Por esta misma causa volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros a pelear contra los hijos de Amn y a ser el caudillo de todos los que vivimos en Galaad.
Jeft dijo entonces a los ancianos de Galaad: -- Si me hacis volver para que pelee contra los hijos de Amn, y Jehov los entrega delante de m, ser yo vuestro caudillo?
Los ancianos de Galaad respondieron a Jeft: -- Jehov sea testigo entre nosotros si no hacemos como t dices.
Fue, pues, Jeft con los ancianos de Galaad y el pueblo lo eligi como su caudillo y jefe. En Mizpa, Jeft repiti todas sus palabras delante de Jehov,
y envi mensajeros al rey de los amonitas, diciendo: -- Qu tienes t conmigo, para venir a hacer guerra contra mi tierra?
El rey de los amonitas respondi a los mensajeros de Jeft: -- Por cuanto Israel, cuando subi de Egipto, tom mi tierra, desde el Arnn hasta el Jaboc y el Jordn, devulvela t ahora en paz.
Jeft envi otros mensajeros al rey de los amonitas,
con el siguiente mensaje: -- Jeft ha dicho esto: "Israel no tom tierra de Moab ni tierra de los hijos de Amn.
Porque cuando Israel subi de Egipto y anduvo por el desierto hasta el Mar Rojo, lleg a Cades.
Entonces Israel envi mensajeros al rey de Edom, diciendo: 'Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra', pero el rey de Edom no los escuch. Tambin envi mensajeros al rey de Moab, el cual tampoco quiso. Israel, por tanto, se qued en Cades.
Despus, yendo por el desierto, rode la tierra de Edom y la tierra de Moab y, viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, acamp al otro lado de Arnn, pero no entr en territorio de Moab, porque Arnn es territorio de Moab.
Asimismo envi Israel mensajeros a Sehn, rey de los amorreos, rey de Hesbn, dicindole: 'Te ruego que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar'.
Pero Sehn no se fi de Israel para darle paso por su territorio, sino que reuniendo toda su gente acamp en Jahaza y pele contra Israel.
Pero Jehov, Dios de Israel, entreg a Sehn y a todo su pueblo en manos de Israel, y los derrot. De esta manera se apoder Israel de toda la tierra de los amorreos que habitaban en aquel pas.
Tambin se apoder de todo el territorio del amorreo desde el Arnn hasta el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordn.
As que, pretendes t apoderarte de lo que Jehov, Dios de Israel, le quit al amorreo en favor de su pueblo Israel?
Lo que te haga poseer Quemos, tu dios, no lo poseeras t? As, todo lo que Jehov, nuestro Dios, nos ha dado, nosotros lo poseeremos.
Eres t ahora mejor en algo que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? Tuvo l alguna reclamacin contra Israel o hizo guerra contra nosotros?
Ya hace trescientos aos que Israel habita en Hesbn y sus aldeas, en Aroer y sus aldeas, y en todas las ciudades que estn en el territorio del Arnn, por qu no las habis recobrado en todo ese tiempo?
As que, yo en nada he pecado contra ti, pero t haces mal peleando contra m. Jehov, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amn".
Pero el rey de los hijos de Amn no atendi a estas razones que Jeft le haba enviado.
Entonces el espritu de Jehov vino sobre Jeft, y este recorri Galaad y Manass. De all pas a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pas a los hijos de Amn.
Entonces Jeft hizo voto a Jehov, diciendo: "Si entregas a los amonitas en mis manos,
cualquiera que salga de las puertas de mi casa a recibirme cuando yo regrese victorioso de los amonitas, ser de Jehov y lo ofrecer en holocausto".
Jeft fue a pelear contra los hijos de Amn, y Jehov los entreg en sus manos.
Desde Aroer y hasta llegar a Minit conquist veinte ciudades, y hasta la Vega de las vias los derrot con gran estrago. As fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel.
Cuando volvi Jeft a Mizpa, a su casa, su hija sali a recibirlo con panderos y danzas. Ella era sola, su hija nica; fuera de ella no tena hijo ni hija.
Cuando l la vio, rasg sus vestidos, diciendo: -- Ay, hija ma!, en verdad que me has afligido, y t misma has venido a ser causa de mi dolor, porque le he dado mi palabra a Jehov y no podr retractarme.
Ella entonces le respondi: -- Padre mo, si le has dado tu palabra a Jehov, haz conmigo conforme a lo que prometiste, ya que Jehov te ha permitido vengarte de tus enemigos, los hijos de Amn.
Y aadi: -- Concdeme esto: djame que por dos meses vaya y descienda por los montes a llorar mi virginidad junto con mis compaeras.
Jeft le respondi: -- Ve. La dej por dos meses. Fue con sus compaeras y llor su virginidad por los montes.
Pasados los dos meses volvi a su padre, quien cumpli el voto que haba hecho. La hija de Jeft nunca conoci varn.
Por eso es costumbre en Israel que todos los aos vayan las doncellas de Israel a llorar a la hija de Jeft, el galaadita, durante cuatro das.
Los hombres de la tribu de Efran se reunieron, pasaron hacia el norte y dijeron a Jeft: -- Por qu fuiste a hacer guerra contra los hijos de Amn, y no nos llamaste para que furamos contigo? Quemaremos ahora tu casa contigo dentro!
Jeft les respondi: -- Yo y mi pueblo tenamos una gran contienda con los hijos de Amn; os llam, pero no me defendisteis de ellos.
Viendo, pues, que no me defendais, arriesgu mi vida, ataqu a los hijos de Amn, y Jehov me los entreg. Por qu, pues, habis subido hoy para pelear conmigo?
Entonces reuni Jeft a todos los hombres de Galaad y pele contra Efran. Y los de Galaad derrotaron a Efran, porque haban dicho: "Vosotros sois fugitivos de Efran, vosotros los galaaditas, que habitis entre Efran y Manass".
Los galaaditas tomaron los vados del Jordn a los de Efran, y cuando los fugitivos de Efran llegaban y decan: -- Quiero pasar, los de Galaad les preguntaban: -- Eres t efrateo? Si l responda que no,
entonces le decan: -- Ahora, pues, di "Shibolet". Si deca "Sibolet", porque no poda pronunciarlo correctamente, le echaban mano y lo degollaban junto a los vados del Jordn. As murieron cuarenta y dos mil de los de Efran.
Jeft juzg a Israel seis aos. Muri Jeft, el galaadita, y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad.
Despus de l juzg a Israel Ibzn, de Beln,
quien tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales cas con gente de fuera, y tom de fuera treinta hijas para sus hijos. Juzg a Israel siete aos.
Muri Ibzn y fue sepultado en Beln.
Despus de l juzg a Israel Eln, el zabulonita, quien juzg a Israel diez aos.
Muri Eln, el zabulonita, y fue sepultado en Ajaln, en la tierra de Zabuln.
Despus de l juzg a Israel Abdn hijo de Hilel, el piratonita.
Este tuvo cuarenta hijos y treinta nietos que cabalgaban sobre setenta asnos. Juzg a Israel ocho aos.
Muri Abdn hijo de Hilel piratonita y fue sepultado en Piratn, en la tierra de Efran, en el monte de Amalec.
Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehov, y Jehov los entreg en manos de los filisteos por cuarenta aos.
En Zora, de la tribu de Dan, haba un hombre que se llamaba Manoa. Su mujer nunca haba tenido hijos, porque era estril.
A esta mujer se le apareci el ngel de Jehov y le dijo: "T eres estril y nunca has tenido hijos, pero concebirs y dars a luz un hijo.
Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda,
pues concebirs y dars a luz un hijo. No pasar navaja sobre su cabeza, porque el nio ser nazareo para Dios desde su nacimiento, y comenzar a salvar a Israel de manos de los filisteos".
La mujer fue y se lo cont a su marido, diciendo: "Un varn de Dios vino a m, cuyo aspecto era muy temible como el de un ngel de Dios. No le pregunt de dnde vena ni quin era, ni tampoco l me dijo su nombre.
Pero s me dijo: "He aqu que t concebirs y dars a luz un hijo; por tanto, desde ahora no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque este nio ser nazareo para Dios desde su nacimiento hasta el da de su muerte"".
Entonces or Manoa a Jehov, y dijo: "Ah, Seor mo, yo te ruego que aquel hombre de Dios que enviaste regrese ahora a nosotros y nos ensee lo que debemos hacer con el nio que ha de nacer".
Dios oy la voz de Manoa. Hallndose la mujer en el campo, el ngel de Dios vino otra vez a ella; pero Manoa, su marido, no estaba presente.
La mujer corri prontamente a avisar a su marido, dicindole: "Mira que se me ha aparecido aquel hombre que vino a m el otro da".
Se levant Manoa y fue con ella a donde estaba el hombre, y le dijo: -- Eres t el hombre que habl con mi mujer? l respondi: -- Yo soy.
Entonces Manoa le pregunt: -- Cuando tus palabras se cumplan, cul debe ser la manera de vivir del nio y qu debemos hacer con l?
El ngel de Jehov contest a Manoa: -- La mujer se guardar de todas las cosas que yo le dije:
No tomar nada que proceda de la vid, no beber vino ni sidra, ni comer cosa inmunda. Guardar todo lo que le mand.
Entonces Manoa dijo al ngel de Jehov: -- Te ruego que nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito.
El ngel de Jehov respondi a Manoa: -- Aunque me detengas, no comer de tu pan; pero si quieres hacer un holocausto, ofrcelo a Jehov. (Manoa no saba an que aquel hombre era el ngel de Jehov.)
Entonces pregunt Manoa al ngel de Jehov: -- Cul es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos?
El ngel de Jehov respondi: -- Por qu preguntas por mi nombre, que es un nombre admirable?
Tom, pues, Manoa un cabrito y una ofrenda, y los ofreci sobre una pea a Jehov. Entonces el ngel hizo un milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer.
Porque aconteci que cuando la llama subi del altar hacia el cielo, Manoa y su mujer vieron al ngel de Jehov subir en la llama del altar. Entonces se postraron en tierra.
Manoa supo entonces que era el ngel de Jehov, pues no se les volvi a aparecer ni a l ni a su mujer.
Y dijo Manoa a su mujer: -- Ciertamente moriremos, porque hemos visto a Dios.
Su mujer le respondi: -- Si Jehov nos quisiera matar, no aceptara de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habra anunciado esto.
A su tiempo, la mujer dio a luz un hijo y le puso por nombre Sansn. El nio creci y Jehov lo bendijo.
En los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol, el espritu de Jehov comenz a manifestarse en l.
Descendi Sansn a Timnat y vio all a una mujer de las hijas de los filisteos.
Regres entonces y lo cont a su padre y a su madre, diciendo: -- He visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la tomis por mujer.
Su padre y su madre le dijeron: -- No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas t a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Sansn respondi a su padre: -- Tmame esta por mujer, porque ella me agrada.
Su padre y su madre no saban que esto vena de Jehov, porque l buscaba ocasin contra los filisteos, pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel.
Sansn descendi con su padre y con su madre a Timnat. Cuando llegaron a las vias de Timnat, un len joven vino rugiendo hacia l.
Entonces el espritu de Jehov vino sobre Sansn, quien despedaz al len como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en sus manos. l no cont ni a su padre ni a su madre lo que haba hecho.
Descendi, pues, y habl con la mujer; y ella agrad a Sansn.
Al volver despus de algunos das para tomarla, se apart del camino para ver el cuerpo muerto del len; y vio que en el cuerpo del len haba un enjambre de abejas y un panal de miel.
Tomndolo en sus manos, fue comindose la miel por el camino. Cuando alcanz a su padre y a su madre, les dio tambin a ellos para que comieran, pero no les revel que aquella miel la haba tomado del cuerpo del len.
Fue, pues, su padre adonde estaba la mujer, y Sansn hizo all un banquete, porque as solan hacer los jvenes.
Aconteci que cuando los filisteos lo vieron, tomaron treinta compaeros para que estuvieran con l.
A estos treinta dijo Sansn: -- Yo os propondr ahora un enigma; si en los siete das del banquete me lo explicis y descifris, yo os dar treinta vestidos de lino y treinta vestidos de fiesta.
Pero si no me lo podis descifrar, entonces vosotros me daris a m los treinta vestidos de lino y los vestidos de fiesta. Ellos respondieron: -- Propn tu enigma y lo oiremos.
l les dijo: -- Del devorador sali comida, y del fuerte sali dulzura. Ellos no pudieron descifrar el enigma en tres das.
Al sptimo da dijeron a la mujer de Sansn: "Induce a tu marido a que nos explique este enigma, para que no te quememos a ti y a la casa de tu padre. Acaso nos habis llamado aqu para despojarnos?".
Llor la mujer de Sansn en presencia de l, y dijo: -- Solamente me aborreces, no me amas, pues no me explicas el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo. l respondi: -- Ni a mi padre ni a mi madre lo he explicado, y te lo haba de explicar a ti?
Aquella mujer llor en presencia de Sansn los siete das que dur el banquete, pero al sptimo da l se lo declar, porque ella lo presionaba, y la mujer se lo cont a los hijos de su pueblo.
Al sptimo da, antes que el sol se pusiera, los de la ciudad le dijeron: -- Qu cosa es ms dulce que la miel? Y qu cosa es ms fuerte que el len? Sansn les respondi: -- Si no araseis con mi novilla, nunca habrais descubierto mi enigma.
El espritu de Jehov vino sobre l; descendi Sansn a Ascaln y mat a treinta hombres de ellos y, tomando sus despojos, pag con las vestiduras a los que haban explicado el enigma. Despus, encendido de enojo, regres a la casa de su padre.
Su mujer fue dada a un compaero al que Sansn haba tratado como amigo.
Aconteci despus de algn tiempo, en los das de la siega del trigo, que Sansn visit a su mujer con un cabrito. Al llegar dijo: -- Entrar para ver a mi mujer en la alcoba. Pero el padre de ella no lo dej entrar,
sino que le dijo: -- Pens que la aborrecas, y la di a tu compaero. Pero su hermana menor, no es ms hermosa que ella? Tmala, pues, en lugar de la mayor.
Entonces le dijo Sansn: -- Sin culpa ser esta vez respecto de los filisteos, si les hago mal.
Fue Sansn y caz trescientas zorras, tom antorchas, junt cola con cola y puso una antorcha entre cada dos colas.
Despus, encendiendo las antorchas, solt las zorras en los sembrados de los filisteos y quem las mieses amontonadas y en pie, y las vias y olivares.
Los filisteos preguntaron: -- Quin hizo esto? Les contestaron: -- Sansn, el yerno del timnateo, porque le quit su mujer y la dio a su compaero. Vinieron luego los filisteos y los quemaron a ella y a su padre.
Entonces Sansn les dijo: -- Ya que esto habis hecho, juro que no descansar hasta que me haya vengado de vosotros.
Y los hiri de tal manera que hizo estragos entre ellos. Despus se fue a vivir a la cueva de la pea de Etam.
Los filisteos subieron, acamparon en Jud y se extendieron por Lehi.
Los de Jud les preguntaron: -- Por qu habis subido contra nosotros? Ellos respondieron: -- A apresar a Sansn hemos subido, para hacerle como l nos ha hecho.
Al oir esto, vinieron tres mil hombres de Jud a la cueva de la pea de Etam y dijeron a Sansn: -- No sabes que los filisteos dominan sobre nosotros? Por qu nos has hecho esto? l les respondi: -- Yo les he hecho como ellos me hicieron.
Entonces los de Jud le dijeron: -- Nosotros hemos venido a prenderte y entregarte en manos de los filisteos. Sansn les respondi: -- Juradme que vosotros no me mataris.
Ellos le respondieron: -- No; solamente te prenderemos y te entregaremos en sus manos, pero no te mataremos. Lo ataron luego con dos cuerdas nuevas y lo hicieron salir de la pea.
Cuando llegaron a Lehi, los filisteos salieron gritando a su encuentro; pero el espritu de Jehov vino sobre l y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego y las ataduras se cayeron de sus manos.
Al ver una quijada de asno, fresca an, extendi la mano, la tom y mat con ella a mil hombres.
Entonces Sansn dijo: "Con la quijada de un asno, un montn, dos montones; con la quijada de un asno mat a mil hombres".
Al terminar de decir esto, arroj la quijada y llam a aquel lugar Ramat-lehi.
Como tena mucha sed, clam a Jehov: "T has dado esta grande salvacin por mano de tu siervo, cmo dejars que muera yo ahora de sed y caiga en manos de estos incircuncisos?".
Entonces abri Dios la cuenca que hay en Lehi, y sali de all agua. Sansn bebi, recobr su espritu y se reanim. Por esto llam a aquel lugar (que est en Lehi hasta el da de hoy) En-hacore.
Y juzg Sansn a Israel veinte aos, en los das en que dominaban los filisteos.
Fue Sansn a Gaza y vio all a una prostituta y se lleg a ella.
Cuando les dijeron a los de Gaza: "Sansn ha venido ac", lo rodearon y acecharon durante toda la noche a la puerta de la ciudad. Se mantuvieron callados toda aquella noche, dicindose: "Cuando aclare el da, entonces lo mataremos".
Pero Sansn durmi hasta la medianoche; y a la medianoche se levant y, tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las ech al hombro y las subi a la cumbre del monte que est delante de Hebrn.
Despus de esto aconteci que se enamor de una mujer llamada Dalila, que viva en el valle de Sorec.
Fueron a visitarla los prncipes de los filisteos y le dijeron: -- Engalo y descubre en qu consiste su gran fuerza y cmo podramos vencerlo. As podremos atarlo y dominarlo, y cada uno de nosotros te dar mil cien siclos de plata.
Entonces Dalila dijo a Sansn: -- Yo te ruego que me digas en qu consiste tu gran fuerza y cmo hay que atarte para que seas dominado.
Sansn le respondi: -- Si me atan con siete mimbres verdes que an no estn secos, entonces me debilitar y ser como cualquiera de los hombres.
Los prncipes de los filisteos le trajeron siete mimbres verdes que an no estaban secos, y ella lo at con ellos.
Como ya haba situado hombres al acecho en el aposento, Dalila le grit: "Sansn, los filisteos sobre ti!". l rompi los mimbres como se rompe una cuerda de estopa cuando toca el fuego; y no se supo el secreto de su fuerza.
Entonces Dalila dijo a Sansn: -- T me has engaado, me has dicho mentiras. Descbreme, ahora, te ruego, cmo hay que atarte.
l le respondi: -- Si me atan fuertemente con cuerdas nuevas que no se hayan usado, yo me debilitar y ser como cualquiera de los hombres.
Dalila tom cuerdas nuevas, lo at con ellas y grit: "Sansn, los filisteos sobre ti!". Otra vez los espas estaban en el aposento, pero l las rompi con sus brazos como un hilo.
Dalila dijo a Sansn: -- Hasta ahora me has engaado, y me has mentido. Descbreme, pues, ahora, cmo hay que atarte. l entonces le indic: -- Entretejiendo siete guedejas de mi cabeza con hilo de tejer y asegurndolas con la estaca.
Ella las asegur con la estaca, y luego grit: "Sansn, los filisteos sobre ti!". Despertando l de su sueo, arranc la estaca del telar junto con la tela.
Dalila se lament: -- Cmo dices: "Yo te amo", cuando tu corazn no est conmigo? Ya me has engaado tres veces y no me has descubierto an en qu consiste tu gran fuerza.
Y aconteci que, presionndolo ella cada da con sus palabras e importunndolo, el alma de Sansn fue reducida a mortal angustia.
Le descubri, pues, todo su corazn y le dijo: -- Nunca a mi cabeza lleg navaja, porque soy nazareo para Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado, mi fuerza se apartar de m, me debilitar y ser como todos los hombres.
Viendo Dalila que l le haba descubierto todo su corazn, envi a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: "Venid esta vez, porque l me ha descubierto todo su corazn". Los principales de los filisteos vinieron a ella trayendo en sus manos el dinero.
Hizo ella que Sansn se durmiera sobre sus rodillas y llam a un hombre, quien le rap las siete guedejas de su cabeza. Entonces comenz ella a afligirlo, pues su fuerza se haba apartado de l.
Y grit de nuevo: "Sansn, los filisteos sobre ti!". Sansn despert de su sueo y pens: "Esta vez me escapar como las otras". Pero no saba que Jehov ya se haba apartado de l.
Enseguida los filisteos le echaron mano, le sacaron los ojos, lo llevaron a Gaza y lo ataron con cadenas para que trabajara en el molino de la crcel.
Pero el cabello de su cabeza comenz a crecer despus que fue rapado.
Entonces los principales de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagn, su dios, y para alegrarse. Y decan: "Nuestro dios entreg en nuestras manos a Sansn, nuestro enemigo".
Y vindolo el pueblo, alabaron a su dios, diciendo: "Nuestro dios entreg en nuestras manos a nuestro enemigo, al destructor de nuestra tierra, el cual ha dado muerte a muchos de entre nosotros".
Y aconteci que cuando sintieron alegra en su corazn, dijeron: "Traed a Sansn para que nos divierta". Trajeron de la crcel a Sansn y les sirvi de juguete. Luego lo pusieron entre las columnas.
Entonces Sansn dijo al joven que lo guiaba de la mano: "Acrcame y hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para que me apoye sobre ellas".
La casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los principales de los filisteos estaban all. En el piso alto haba como tres mil hombres y mujeres que estaban mirando el escarnio de Sansn.
Entonces clam Sansn a Jehov, y dijo: "Seor Jehov, acurdate ahora de m y fortalceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos".
Asi luego Sansn las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y ech todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra.
Y grit Sansn: "Muera yo con los filisteos!". Despus se inclin con toda su fuerza, y cay la casa sobre los principales y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Los que mat al morir fueron muchos ms que los que haba matado durante su vida.
Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, lo tomaron, se lo llevaron y lo sepultaron entre Zora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y l juzg a Israel veinte aos.
En los montes de Efran viva un hombre que se llamaba Micaa,
el cual dijo a su madre: -- Los mil cien siclos de plata que te robaron, por los cuales maldijiste y de los cuales me hablaste, estn en mi poder; yo tom ese dinero. Entonces la madre dijo: -- Bendito seas de Jehov, hijo mo!
Cuando l devolvi los mil cien siclos de plata a su madre, esta dijo: -- En verdad, por mi hijo he dedicado el dinero a Jehov, para hacer una imagen de talla y una de fundicin; pero ahora te lo devuelvo.
Cuando l devolvi el dinero a su madre, ella tom doscientos siclos de plata y los dio al fundidor, quien hizo con ellos una imagen de talla y una de fundicin, la cual fue puesta en la casa de Micaa.
Este hombre Micaa tuvo as un lugar donde adorar a sus dioses. Hizo un efod y unos terafines, y consagr a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote.
En aquellos das no haba rey en Israel y cada cual haca lo que bien le pareca.
Haba un joven de Beln de Jud, el cual era levita y forastero all.
Este hombre parti de la ciudad de Beln de Jud para ir a vivir donde pudiera encontrar un lugar. En su viaje lleg a los montes de Efran, a la casa de Micaa.
Micaa le pregunt: -- De dnde vienes? El levita le respondi: -- Soy de Beln de Jud y voy a vivir donde pueda encontrar lugar.
Micaa le propuso: -- Qudate en mi casa, y para m sers padre y sacerdote; y yo te dar diez siclos de plata por ao, vestidos y comida. Y el levita se qued.
Le agrad, pues, al levita quedarse con aquel hombre, y fue para l como uno de sus hijos.
Micaa consagr al levita; aquel joven le sirvi de sacerdote y permaneci en casa de Micaa.
Entonces Micaa pens: "Ahora s que Jehov me prosperar, porque tengo a un levita por sacerdote".
En aquellos das no haba rey en Israel. La tribu de Dan buscaba un territorio propio donde habitar, porque hasta entonces no haba obtenido su heredad entre las tribus de Israel.
Por eso los hijos de Dan enviaron desde Zora y Estaol cinco hombres de su tribu, hombres valientes, para que reconocieran y exploraran bien la tierra. Y les dijeron: "Id y reconoced la tierra". Estos vinieron al monte de Efran, hasta la casa de Micaa, y all posaron.
Cuando estaban cerca de la casa de Micaa, reconocieron la voz del joven levita y, llegndose all, le preguntaron: -- Quin te ha trado ac? Qu haces aqu? Qu buscas t por aqu?
l les respondi: -- De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaa, y me ha tomado para que sea su sacerdote.
Ellos le pidieron entonces: -- Pregunta, pues, ahora a Dios, para que sepamos si ha de irnos bien en este viaje que hacemos.
El sacerdote les respondi: -- Id en paz: delante de Jehov est el camino en que andis.
Salieron luego aquellos cinco hombres y llegaron a Lais. Vieron que el pueblo que habitaba en esa ciudad estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidn, sin que nadie en aquella regin los perturbara en cosa alguna, ni nadie se enseoreara sobre ellos. Estaban lejos de los sidonios y no tenan negocios con nadie.
Cuando los cinco hombres regresaron a sus hermanos de Zora y Estaol, estos les preguntaron: -- Qu hay? Ellos respondieron:
-- Levantaos, subamos contra ellos, porque hemos explorado la regin y hemos visto que es muy buena. No haris vosotros nada? No seis perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesin de la tierra.
Cuando vayis, llegaris a un pueblo confiado y a una tierra muy espaciosa, pues Dios la ha entregado en vuestras manos; es un lugar donde no falta cosa alguna que haya en la tierra.
Entonces salieron de Zora y de Estaol seiscientos hombres de la familia de Dan provistos de armas de guerra.
Fueron y acamparon en Quiriat-jearim, en Jud, por lo cual aquel lugar, que est al occidente de Quiriat-jearim, se llama hasta hoy el campamento de Dan.
De all pasaron al monte de Efran y llegaron hasta la casa de Micaa.
Aquellos cinco hombres que haban ido a reconocer la tierra de Lais dijeron entonces a sus hermanos: "No sabis que en estas casas hay un efod y terafines, una imagen de talla y una de fundicin? Mirad, por tanto, lo que habis de hacer".
Cuando llegaron all, entraron a donde viva el joven levita, en casa de Micaa, y le preguntaron cmo estaba.
Los seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados con sus armas de guerra a la entrada de la puerta.
Subiendo luego los cinco hombres que haban ido a reconocer la tierra, entraron all y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundicin, mientras se quedaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados con armas de guerra.
Entraron, pues, aquellos hombres en la casa de Micaa y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundicin. El sacerdote les dijo: -- Qu hacis vosotros?
Ellos le respondieron: -- Calla, pon la mano sobre tu boca y ven con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. Es acaso mejor ser sacerdote en la casa de un solo hombre que serlo de una tribu y de una familia de Israel?
Se alegr el corazn del sacerdote, quien tom el efod, los terafines y la imagen, y se fue con el pueblo.
Ellos iniciaron la marcha y partieron llevando delante a los nios, el ganado y el bagaje.
Cuando ya se haban alejado de la casa de Micaa, los hombres que habitaban en las casas cercanas a la de l se juntaron y siguieron a los hijos de Dan.
Les gritaron, y los de Dan, volviendo sus rostros, dijeron a Micaa: -- Qu tienes, que has juntado gente?
l respondi: -- Os apoderasteis de los dioses que yo hice y de mi sacerdote. Vosotros os vais, y a m qu ms me queda? Por qu, pues, me preguntis: "Qu tienes?".
Los hijos de Dan contestaron: -- No des voces tras nosotros, no sea que los de nimo colrico os acometan y pierdas tambin tu vida y la vida de los tuyos.
Prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaa, viendo que eran ms fuertes que l, se volvi y regres a su casa.
Y ellos, llevando las cosas que haba hecho Micaa, juntamente con el sacerdote que tena, llegaron a Lais, un pueblo tranquilo y confiado, hirieron a sus habitantes a filo de espada y quemaron la ciudad.
No hubo quien los defendiera, porque se hallaban lejos de Sidn y no tenan negocios con nadie. Lais estaba situada en el valle que hay junto a Bet-rehob. Luego reedificaron la ciudad y habitaron en ella.
Y pusieron a aquella ciudad el nombre de Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, aunque antes la ciudad se llamaba Lais.
All los hijos de Dan levantaron, para adorarla, la imagen de talla. Y Jonatn hijo de Gersn hijo de Moiss, y sus hijos, fueron los sacerdotes en la tribu de Dan hasta el da del cautiverio de la tierra.
As, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo, tuvieron levantada entre ellos la imagen de talla que Micaa haba hecho.
En aquellos das, cuando no haba rey en Israel, hubo un levita que viva como forastero en la parte ms remota de los montes de Efran. Haba tomado para s, como concubina, a una mujer de Beln de Jud;
pero su concubina le fue infiel, lo abandon y se fue a casa de su padre, en Beln de Jud, y estuvo all durante cuatro meses.
Se levant su marido y fue tras ella para hablarle amorosamente y hacerla volver. Llevaba consigo un criado y un par de asnos. La mujer lo hizo entrar en la casa de su padre.
Al verlo, el padre de la joven sali a recibirlo gozoso. Lo detuvo su suegro, el padre de la joven, y se qued en su casa tres das, comiendo, bebiendo y alojndose all.
Al cuarto da, cuando se levantaron de maana, se levant tambin el levita para irse, pero el padre de la joven dijo a su yerno: -- Conforta tu corazn con un bocado de pan y despus os iris.
Se sentaron ellos dos juntos, comieron y bebieron. El padre de la joven pidi al hombre: -- Te ruego que pases aqu la noche, y de seguro se alegrar tu corazn.
Se levant el hombre para irse, pero insisti su suegro y volvi a pasar la noche all.
Al quinto da, levantndose de maana para irse, le dijo el padre de la joven: -- Conforta ahora tu corazn y aguarda hasta que decline el da. Y ambos comieron juntos.
Luego el hombre se levant para irse con su concubina y su criado. Entonces su suegro, el padre de la joven, le dijo: -- Ya el da declina y va a anochecer; te ruego que pasis aqu la noche. Puesto que el da se acaba, duerme aqu, para que se alegre tu corazn. Maana os levantaris temprano y os pondris en camino, y te irs a tu casa.
Pero el hombre no quiso pasar all la noche, sino que se levant y se fue. Lleg frente a Jebs, que es Jerusaln, con su par de asnos ensillados y su concubina.
Estando ya junto a Jebs, el da haba declinado mucho; y dijo el criado a su seor: -- Ven ahora, vmonos a esta ciudad de los jebuseos, para que pasemos en ella la noche.
Su seor le respondi: -- No iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos de Israel, sino que seguiremos hasta Gabaa. Y aadi:
-- Ven, sigamos hasta uno de esos lugares, para pasar la noche en Gabaa o en Ram.
As, pues, siguieron adelante, y cuando se les puso el sol estaban junto a Gabaa, ciudad de la tribu de Benjamn.
Entonces se apartaron del camino y entraron en Gabaa para pasar all la noche, pero se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los acogiera en su casa para pasar la noche.
Lleg entonces un hombre viejo que vena de su trabajo del campo al anochecer, el cual era de los montes de Efran y viva como forastero en Gabaa, pues los habitantes de aquel lugar eran hijos de Benjamn.
Alzando el viejo los ojos vio a aquel caminante en la plaza de la ciudad, y le dijo: -- A dnde vas y de dnde vienes?
l respondi: -- Venimos de Beln de Jud y vamos a la parte ms remota de los montes de Efran, de donde soy. Estuve en Beln de Jud, pero ahora voy a la casa de Jehov y no hay quien me reciba en su casa.
Tenemos paja y forraje para nuestros asnos; tambin tenemos pan y vino para m y para tu sierva, y para el criado que est con tu siervo. No nos falta nada.
El hombre anciano le dijo entonces: -- La paz sea contigo. Tu necesidad toda quede solamente a mi cargo, con tal que no pases la noche en la plaza.
Los trajo a su casa y dio de comer a sus asnos; se lavaron los pies, y comieron y bebieron.
Pero cuando estaban gozosos, los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpearon a la puerta y le dijeron al anciano dueo de la casa: -- Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos.
Sali a su encuentro el dueo de la casa y les dijo: -- No, hermanos mos, os ruego que no cometis este mal. Puesto que este hombre es mi husped, no hagis esta maldad.
Aqu est mi hija virgen y la concubina de l; yo os las sacar ahora: humilladlas y haced con ellas como os parezca, pero no hagis a este hombre cosa tan infame.
Pero ellos no lo quisieron oir. As que el levita tom a su concubina y la sac. Aquellos hombres entraron a ella, abusaron de ella toda la noche hasta la maana y la dejaron cuando apuntaba el alba.
Cuando ya amaneca, vino la mujer y cay delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su seor estaba, hasta que fue de da.
Se levant por la maana su seor, abri las puertas de la casa y sali para seguir su camino, pero all estaba su concubina tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral.
El levita le dijo: -- Levntate y vmonos. Pero ella no respondi. Entonces aquel hombre la levant y, echndola sobre su asno, se fue a su lugar.
Al llegar a su casa, tom un cuchillo, ech mano de su concubina, la parti por sus huesos en doce partes y la envi por todo el territorio de Israel.
Y todo el que vea aquello deca: "Jams se ha hecho ni visto tal cosa desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad consejo y hablad".
Entonces salieron todos los hijos de Israel, y delante de Jehov, en Mizpa, se reuni la congregacin como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba y la tierra de Galaad.
Los jefes de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, se hallaban presentes en la reunin del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pie que sacaban espada.
Los hijos de Benjamn supieron entonces que los hijos de Israel haban subido a Mizpa. Preguntaron los hijos de Israel: -- Decid cmo fue esta maldad.
El levita, marido de la mujer muerta, respondi: -- Yo llegu a Gabaa de Benjamn con mi concubina para pasar all la noche,
pero se levantaron contra m los de Gabaa, rodearon la casa donde pasaba la noche, con la idea de matarme, y a mi concubina la humillaron de tal manera que muri.
Luego la tom, la cort en pedazos y la envi por todo el territorio de la posesin de Israel, por cuanto han hecho maldad y crimen en Israel.
Puesto que todos vosotros sois hijos de Israel, dad ahora vuestro parecer y consejo.
Como un solo hombre, todo el pueblo se levant y dijo: -- Ninguno de nosotros ir a su tienda, ni volver ninguno de nosotros a su casa.
Esto es ahora lo que haremos con Gabaa: contra ella subiremos por sorteo.
Tomaremos diez hombres de cada ciento de todas las tribus de Israel, y ciento de cada mil, y mil de cada diez mil, que lleven vveres para el pueblo, para que, yendo este a Gabaa de Benjamn, le hagan conforme a toda la abominacin que ha cometido en Israel.
Se juntaron, pues, todos los hombres de Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre.
Y las tribus de Israel enviaron hombres por toda la tribu de Benjamn, diciendo: "Qu maldad es esta que ha sido hecha entre vosotros?
Entregad, pues, ahora a aquellos hombres perversos que estn en Gabaa, para que los matemos y quitemos el mal de Israel". Pero los de Benjamn no quisieron oir la voz de sus hermanos los hijos de Israel,
sino que los de Benjamn, de todas las ciudades, se juntaron en Gabaa para salir a pelear contra los hijos de Israel.
Fueron contados en aquel tiempo los hijos de Benjamn, de las ciudades, y eran veintisis mil hombres que sacaban espada, sin contar los setecientos hombres escogidos que vivan en Gabaa.
Entre toda aquella gente haba setecientos hombres escogidos que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello y no erraban.
Tambin se contaron los hombres de Israel, fuera de Benjamn, y sumaban cuatrocientos mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra.
Luego se levantaron los hijos de Israel, subieron a la casa de Dios y consultaron a Dios, diciendo: -- Quin subir de nosotros el primero en la guerra contra los hijos de Benjamn? Jehov respondi: -- Jud ser el primero.
Se levantaron, pues, los hijos de Israel por la maana, contra Gabaa.
Salieron los hijos de Israel a combatir contra Benjamn, y los hombres de Israel le presentaron batalla junto a Gabaa.
Pero los hijos de Benjamn salieron de la ciudad y derribaron por tierra aquel da veintids mil hombres de los hijos de Israel.
Reanimndose el pueblo, los hombres de Israel volvieron a darles batalla en el mismo lugar donde la haban presentado el primer da,
pues los hijos de Israel haban subido y llorado delante de Jehov hasta la noche, y haban consultado a Jehov diciendo: -- Volveremos a pelear con los hijos de Benjamn, nuestros hermanos? Jehov les respondi: -- Subid contra ellos.
Por lo cual se acercaron por segunda vez los hijos de Israel contra los hijos de Benjamn.
Pero aquel segundo da salieron los de Benjamn de Gabaa contra ellos y derribaron por tierra otros dieciocho mil hombres de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada.
Entonces subieron todos los hijos de Israel, todo el pueblo, y fueron a la casa de Dios. Lloraron, se sentaron all en presencia de Jehov, ayunaron aquel da hasta la noche y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehov.
Los hijos de Israel preguntaron a Jehov (pues el Arca del pacto de Dios estaba all en aquellos das,
y Finees hijo de Eleazar hijo de Aarn ministraba delante de ella en aquellos das): -- Saldremos de nuevo contra los hijos de Benjamn, nuestros hermanos, para pelear, o desistiremos? Jehov dijo: -- Subid, porque maana yo os los entregar.
Entonces puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa.
Al tercer da subieron entonces los hijos de Israel contra los hijos de Benjamn y presentaron batalla delante de Gabaa, como las otras veces.
Salieron a su encuentro los hijos de Benjamn, alejndose de la ciudad, y comenzaron a herir a algunos del pueblo, matndolos como las otras veces por los caminos, uno de los cuales sube a Bet-el y el otro a Gabaa. As mataron en el campo a unos treinta hombres de Israel.
Los hijos de Benjamn decan: "Estn vencidos ante nosotros, como la vez anterior". Pero los hijos de Israel decan: "Huiremos y los alejaremos de la ciudad hasta los caminos".
Entonces se levantaron todos los de Israel de su lugar y se pusieron en orden de batalla en Baal-tamar. Tambin los emboscados de Israel salieron de sus escondites en la pradera de Gabaa.
Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel, lo cual hizo que la batalla arreciara; pero los de Benjamn no saban que ya el desastre se cerna sobre ellos.
Jehov derrot a Benjamn delante de Israel: aquel da mataron los hijos de Israel a veinticinco mil cien hombres de Benjamn, todos los cuales sacaban espada.
Los hijos de Benjamn vieron entonces que estaban siendo derrotados, y los hijos de Israel cedieron terreno a Benjamn, porque estaban confiados en las emboscadas que haban puesto detrs de Gabaa.
Los hombres de las emboscadas acometieron prontamente a Gabaa, avanzaron y pasaron a filo de espada a toda la ciudad.
La seal concertada entre los hombres de Israel y las emboscadas era que hicieran subir una gran humareda de la ciudad.
Luego que los de Israel retrocedieron en la batalla, los de Benjamn comenzaron a herir, y mataron como a treinta hombres de Israel, por lo que decan: "Ciertamente ellos han cado delante de nosotros, como en la primera batalla".
Pero cuando la columna de humo comenz a subir de la ciudad, los de Benjamn miraron hacia atrs, y vieron que el humo de la ciudad suba al cielo.
Entonces se volvieron los hombres de Israel, y los de Benjamn se llenaron de temor, porque vieron que el desastre haba cado sobre ellos.
Volvieron, por tanto, la espalda delante de Israel y huyeron hacia el camino del desierto; pero la batalla los alcanz y los que salan de las ciudades les cortaban el paso y los mataban.
As cercaron a los de Benjamn, los acosaron y atropellaron desde Menha hasta frente a Gabaa, hacia donde nace el sol.
Cayeron dieciocho mil hombres de Benjamn, todos ellos hombres de guerra.
Los dems se volvieron y huyeron hacia el desierto, a la pea de Rimn; pero de ellos cayeron abatidos cinco mil hombres en los caminos; despus los persiguieron aun hasta Gidom y mataron de ellos a dos mil hombres.
Todos los que de Benjamn murieron aquel da fueron veinticinco mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra.
Pero seiscientos hombres se volvieron y huyeron al desierto, a la pea de Rimn, y se quedaron cuatro meses en la pea de Rimn.
Los hombres de Israel volvieron a atacar a los otros hijos de Benjamn y pasaron a filo de espada tanto a los hombres de cada ciudad como a las bestias y todo lo que hallaban a su paso. Asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que encontraron.
Los hombres de Israel haban hecho este juramento en Mizpa: "Ninguno de nosotros dar su hija a los de Benjamn por mujer".
Pero luego fue el pueblo a la casa de Dios, y se estuvieron all hasta la noche en presencia de Dios. Alzando su voz, lloraron mucho:
"Jehov, Dios de Israel, por qu ha sucedido esto en Israel, que falte hoy de Israel una tribu?".
Al da siguiente, el pueblo se levant de maana; edificaron all un altar y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz.
Y se preguntaban: "Quin de todas las tribus de Israel no subi a la reunin delante de Jehov?". Porque se haba hecho un gran juramento contra el que no subiera a Jehov en Mizpa, diciendo: "Sufrir la muerte".
Los hijos de Israel se arrepintieron a causa de Benjamn, su hermano, y decan: "Eliminada es hoy de Israel una tribu.
Cmo daremos mujeres a los que han quedado? Nosotros hemos jurado por Jehov que no les daremos nuestras hijas por mujeres".
Y preguntaban: "Hay alguno de las tribus de Israel que no haya subido a Jehov en Mizpa?". Entonces se acordaron de que ninguno de Jabes-galaad haba venido al campamento, para la reunin.
Porque fue contado el pueblo y ninguno de los habitantes de Jabes-galaad respondi.
As que la congregacin envi all a doce mil hombres de los ms valientes, y los mandaron, diciendo: "Id y pasad a filo de espada a los que viven en Jabes-galaad, con las mujeres y los nios.
Pero haris de esta manera: mataris a todo hombre y a toda mujer que haya conocido ayuntamiento de varn".
Entre los que habitaban en Jabes-galaad hallaron cuatrocientas doncellas que no haban conocido varn, y las trajeron al campamento en Silo, que est en la tierra de Canan.
Toda la congregacin envi luego un mensaje a los hijos de Benjamn que estaban en la pea de Rimn, y los llamaron en paz.
Volvieron entonces los de Benjamn, y ellos les dieron por mujeres las que haban trado vivas de Jabes-galaad; pero no les bastaron.
El pueblo tuvo compasin de Benjamn, porque Jehov haba abierto una brecha entre las tribus de Israel.
Entonces los ancianos de la congregacin se preguntaron: "Qu haremos para dar mujeres a los que han quedado?". Porque haban sido exterminadas las mujeres de Benjamn.
Dijeron, pues: "Tenga Benjamn herencia en los que han escapado, para que no sea exterminada una tribu de Israel.
Pero nosotros no les podemos dar mujeres de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado diciendo: "Maldito el que d mujer a los benjaminitas"".
Y aadieron: "Ahora bien: Cada ao hay una fiesta solemne de Jehov en Silo, que est al norte de Bet-el y al lado oriental del camino que sube de Bet-el a Siquem, y al sur de Lebona".
Mandaron, pues, a los hijos de Benjamn, diciendo: "Id, poned emboscadas en las vias
y estad atentos. Cuando veis salir a las hijas de Silo a bailar en corros, salid de las vias, arrebatad cada uno mujer para s de las hijas de Silo y luego id a tierra de Benjamn.
Si vienen los padres o los hermanos de ellas a demandrnoslas, nosotros les diremos: "Hacednos la merced de concedrnoslas, ya que en la guerra nosotros no tomamos mujeres para todos. Adems, no sois vosotros los que se las disteis, para que ahora seis culpados"".
Los hijos de Benjamn lo hicieron as y tomaron mujeres conforme a su nmero, robndolas de entre las que danzaban. Luego se fueron, volvieron a su heredad, reedificaron las ciudades y habitaron en ellas.
Entonces los hijos de Israel se fueron tambin de all, cada uno a su tribu y a su familia, y cada uno sali hacia su heredad.
En aquellos das no haba rey en Israel y cada cual haca lo que bien le pareca.
Aconteci en los das que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra, y un hombre de Beln de Jud fue a vivir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos.
Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer Noem; los nombres de sus hijos eran Mahln y Quelin, efrateos de Beln de Jud. Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron all.
Muri Elimelec, marido de Noem, y qued ella con sus dos hijos,
los cuales se casaron con mujeres moabitas; una se llamaba Orfa y la otra Rut. Y habitaron all unos diez aos.
Murieron tambin los dos, Mahln y Quelin, quedando as la mujer desamparada, sin sus dos hijos y sin su marido.
Entonces se puso en marcha con sus nueras, y regres de los campos de Moab, porque oy en el campo de Moab que Jehov haba visitado a su pueblo para darle pan.
Sali, pues, del lugar donde haba estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para regresar a la tierra de Jud.
Y Noem dijo a sus dos nueras: -- Andad, volveos cada una a la casa de su madre. Que Jehov tenga de vosotras misericordia, como la habis tenido vosotras con los que murieron y conmigo.
Os conceda Jehov que hallis descanso, cada una en casa de su marido. Luego las bes; pero ellas, alzando su voz y llorando,
le dijeron: -- Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo.
Noem insisti: -- Regresad, hijas mas; para qu vendrais conmigo? Acaso tengo yo ms hijos en el vientre que puedan ser vuestros maridos?
Regresad, hijas mas, marchaos, porque ya soy demasiado vieja para tener marido. Y aunque dijera: "Todava tengo esperanzas", y esta misma noche estuviera con algn marido, y aun diera a luz hijos,
los esperarais vosotras hasta que fueran grandes? Os quedaras sin casar por amor a ellos? No, hijas mas; mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehov se ha levantado contra m.
Alzaron ellas otra vez su voz y lloraron; Orfa bes a su suegra, pero Rut se qued con ella.
Noem dijo: -- Mira, tu cuada ha regresado a su pueblo y a sus dioses; ve t tras ella.
Rut respondi: -- No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que t vayas, ir yo, y dondequiera que vivas, vivir. Tu pueblo ser mi pueblo y tu Dios, mi Dios.
Donde t mueras, morir yo y all ser sepultada. Traiga Jehov sobre m el peor de los castigos, si no es solo la muerte lo que har separacin entre nosotras dos.
Al ver Noem que Rut estaba tan resuelta a ir con ella, no insisti.
Anduvieron, pues, ellas dos hasta llegar a Beln. Cuando entraron en Beln, toda la ciudad se conmovi por su causa, y exclamaban: -- No es sta Noem?
Pero ella les responda: -- No me llamis Noem, sino llamadme Mara; porque el Todopoderoso me ha llenado de amargura!
Me fui llena, con las manos vacas me devuelve Jehov. Por qu an me llamis Noem, si ya Jehov ha dado testimonio contra m y el Todopoderoso me ha afligido?
As regres Noem, y con ella su nuera, Rut, la moabita. Salieron de los campos de Moab y llegaron a Beln al comienzo de la cosecha de la cebada.
Tena Noem un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz.
Un da Rut, la moabita, dijo a Noem: -- Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas en pos de aquel a cuyos ojos halle gracia. -- V, hija ma -- le respondi ella.
Fue, pues, y al llegar, se puso a espigar en el campo tras los segadores. Y aconteci que aquella parte del campo era de Booz, el pariente de Elimelec.
Llegaba entonces Booz de Beln, y dijo a los segadores: -- Jehov sea con vosotros. -- Jehov te bendiga -- le respondieron ellos.
Luego Booz le pregunt a su criado, el encargado de los segadores: -- De quin es esta joven?
El criado encargado de los segadores respondi: -- Es la joven moabita que volvi con Noem de los campos de Moab.
Me ha dicho: "Te ruego que me dejes espigar y recoger tras los segadores entre las gavillas". Entr, pues, y ha estado trabajando desde la maana hasta ahora, sin descansar ni un solo momento.
Entonces Booz dijo a Rut: -- Oye, hija ma, no te vayas, ni recojas espigas en otro campo; te quedars aqu junto a mis criadas.
Mira bien el campo que sieguen y sguelas; pues he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados.
Entonces ella, bajando su rostro, se postr en tierra y le dijo: -- Por qu he hallado gracia a tus ojos para que me favorezcas siendo yo extranjera?
Booz le respondi: -- He sabido todo lo que has hecho con tu suegra despus de la muerte de tu marido, y cmo has dejado a tu padre y a tu madre, y la tierra donde naciste, para venir a un pueblo que no conocas.
Que Jehov te recompense por ello, y que recibas tu premio de parte de Jehov Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.
Ella le dijo: -- Seor mo, me has mostrado tu favor y me has consolado; has hablado al corazn de tu sierva, aunque no soy ni siquiera como una de tus criadas.
A la hora de comer Booz le dijo: "Ven aqu, come del pan, y moja tu bocado en el vinagre". Se sent ella junto a los segadores, y l le dio del guiso; comi hasta quedar satisfecha y aun sobr.
Cuando se levant para seguir espigando, Booz orden a sus criados: "Que recoja tambin espigas entre las gavillas, y no la avergoncis;
dejaris tambin caer para ella algo de los manojos; dejadlo para que lo recoja, y no la reprendis".
Espig, pues, en el campo hasta la noche, y cuando desgran lo que haba recogido, era como un efa de cebada.
Lo tom y se fue a la ciudad, y su suegra vio lo que haba espigado. Luego sac tambin lo que le haba sobrado despus de haber quedado satisfecha, y se lo dio.
Su suegra le pregunt: -- Dnde has espigado hoy? Dnde has trabajado? Bendito sea el que te ha favorecido! Ella cont a su suegra con quin haba trabajado, y aadi: -- El hombre con quien he trabajado hoy se llama Booz.
Dijo entonces Noem a su nuera: -- Bendito de Jehov, pues que no ha negado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto! -- Ese hombre es pariente nuestro, uno de los que pueden redimirnos --aadi.
Rut la moabita sigui diciendo: -- Adems de esto me pidi: "Qudate con mis criadas, hasta que hayan acabado toda mi cosecha".
Respondi Noem a su nuera Rut: -- Mejor es, hija ma, que salgas con sus criadas, y que no te encuentren en otro campo.
Estuvo espigando, pues, junto con las criadas de Booz, hasta que se acab la cosecha de la cebada y la del trigo. Y mientras, segua viviendo con su suegra.
Un da le dijo su suegra Noem: -- Hija ma, no debo buscarte un hogar para que te vaya bien?
No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas has estado? Esta noche l avienta la parva de las cebadas.
Te lavars, pues, te perfumars, te pondrs tu mejor vestido, e irs a la era; pero no te presentars al hombre hasta que l haya acabado de comer y de beber.
Cuando se acueste, fjate en qu lugar se acuesta, ve, descubre sus pies, y acustate all; l mismo te dir lo que debas hacer.
Rut respondi: -- Har todo lo que t me mandes.
Descendi, pues, al campo, e hizo todo lo que su suegra le haba mandado.
Cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazn estaba contento, se retir a dormir a un lado del montn. Un rato ms tarde vino ella calladamente, le descubri los pies y se acost.
A la medianoche se estremeci aquel hombre, se dio vuelta, y descubri que una mujer estaba acostada a sus pies.
Entonces dijo: -- Quin eres? Ella respondi: -- Soy Rut, tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano.
Dijo Booz: -- Jehov te bendiga, hija ma; tu segunda bondad ha sido mayor que la primera, pues no has ido en busca de algn joven, pobre o rico.
Ahora, pues, no temas, hija ma; har contigo como t digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.
Aunque es cierto que soy pariente cercano, hay un pariente ms cercano que yo.
Pasa aqu la noche, y cuando sea de da, si l te redime, bien, que te redima; pero si no quiere redimirte, yo te redimir. Jehov es testigo. Descansa, pues, hasta la maana.
Despus que durmi a sus pies hasta la maana, se levant Rut antes que los hombres pudieran reconocerse unos a otros; porque Booz haba dicho: "Que no se sepa que una mujer ha venido al campo".
Despus l le pidi: "Qutate el manto con que te cubres y sujtalo bien". Mientras ella lo sujetaba, midi Booz seis medidas de cebada y se las puso encima. Entonces ella se fue a la ciudad.
Cuando lleg a casa de su suegra, esta le pregunt: -- Qu hay, hija ma? Rut le cont todo cuanto le haba ocurrido con aquel hombre,
y aadi: -- Me dio estas seis medidas de cebada, y me dijo: "Para que no vuelvas a la casa de tu suegra con las manos vacas".
Entonces Noem dijo: -- Esprate, hija ma, hasta que sepas cmo se resuelve esto; porque aquel hombre no descansar hasta que concluya el asunto hoy.
Ms tarde, Booz subi a la entrada del pueblo y se sent all; en ese momento pasaba aquel pariente de quien Booz haba hablado. -- Eh, fulano -- le dijo Booz -- , ven ac y sintate. Y este fue y se sent.
Entonces Booz llam a diez varones de los ancianos de la ciudad, y les dijo: -- Sentaos aqu. Cuando ellos se sentaron,
dijo al pariente: -- Noem, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec.
Y yo decid hacrtelo saber y decirte que la compres en presencia de los que estn aqu sentados, y de los ancianos de mi pueblo. Si quieres redimir la tierra, redmela; y si no quieres redimirla, declramelo para que yo lo sepa, pues no hay otro que redima sino t, y yo despus de ti. -- Yo la redimir -- respondi el pariente.
Entonces replic Booz: -- El mismo da que compres las tierras de manos de Noem, debes tomar tambin a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesin.
El pariente respondi: -- No puedo redimir para m, no sea que perjudique mi herencia. Redime t, usando de mi derecho, porque yo no podr hacerlo.
Desde haca tiempo exista esta costumbre en Israel, referente a la redencin y al contrato, que para la confirmacin de cualquier negocio, uno se quitaba el calzado y lo daba a su compaero; y esto serva de testimonio en Israel.
Entonces el pariente dijo a Booz: -- Tmalo t. Y se quit el calzado.
Dirigindose a los ancianos y a todo el pueblo, Booz dijo: -- Vosotros sois testigos hoy de que he adquirido de manos de Noem todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelin y de Mahln.
Y que tambin tomo por mi mujer a Rut la moabita, mujer de Mahln, para restaurar el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre sus hermanos, ni de entre su pueblo. Vosotros sois testigos hoy.
Todos los que estaban a la puerta del pueblo y los ancianos respondieron: -- Testigos somos. Jehov haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y t seas distinguido en Efrata, y renombrado en Beln.
Sea tu casa como la casa de Fares, el hijo de Tamar y Jud, gracias a la descendencia que de esa joven te d Jehov.
As fue como Booz tom a Rut y se cas con ella. Se uni a ella, y Jehov permiti que concibiera y diera a luz un hijo.
Y las mujeres decan a Noem: "Alabado sea Jehov, que hizo que no te faltara hoy pariente, cuyo nombre ser celebrado en Israel;
el cual ser restaurador de tu alma, y te sostendr en tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de ms valor para ti que siete hijos".
Tomando Noem al nio, lo puso en su regazo y lo cri.
Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: "Le ha nacido un hijo a Noem!". Y le pusieron por nombre Obed. Este fue el padre de Isa, padre de David.
Estas son las generaciones de Fares: Fares engendr a Hezrn,
Hezrn engendr a Ram, y Ram engendr a Aminadab,
Aminadab engendr a Naasn, y Naasn engendr a Salmn,
Salmn engendr a Booz, y Booz engendr a Obed,
Obed engendr a Isa, e Isa engendr a David.
Hubo un hombre de Ramataim, sufita de los montes de Efran, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham hijo de Eli, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo.
Tena dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Penina tena hijos, pero Ana no los tena.
Todos los aos, aquel hombre suba de su ciudad para adorar y ofrecer sacrificios a Jehov de los ejrcitos en Silo, donde estaban dos hijos de El: Ofni y Finees, sacerdotes de Jehov.
Cuando llegaba el da en que Elcana ofreca sacrificio, daba a Penina, su mujer, la parte que le corresponda, as como a cada uno de sus hijos e hijas.
Pero a Ana le daba una parte escogida, porque amaba a Ana, aunque Jehov no le haba concedido tener hijos.
Y su rival la irritaba, enojndola y entristecindola porque Jehov no le haba concedido tener hijos.
As haca cada ao; cuando suba a la casa de Jehov, la irritaba as, por lo cual Ana lloraba y no coma.
Y Elcana, su marido, le deca: "Ana, por qu lloras? por qu no comes? y por qu est afligido tu corazn? No te soy yo mejor que diez hijos?".
Despus de comer y beber en Silo, Ana se levant, y mientras el sacerdote El estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehov,
ella, con amargura de alma, or a Jehov y llor desconsoladamente.
E hizo voto diciendo: "Jehov de los ejrcitos!, si te dignas mirar a la afliccin de tu sierva, te acuerdas de m y no te olvidas de tu sierva, sino que das a tu sierva un hijo varn, yo lo dedicar a Jehov todos los das de su vida, y no pasar navaja por su cabeza".
Mientras ella oraba largamente delante de Jehov, El observaba sus labios.
Pero Ana oraba en silencio y solamente se movan sus labios; su voz no se oa, por lo que El la tuvo por ebria.
Entonces le dijo El: -- Hasta cundo estars ebria? Digiere tu vino!
Pero Ana le respondi: -- No, seor mo; soy una mujer atribulada de espritu. No he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehov.
No tengas a tu sierva por una mujer impa, porque solo por la magnitud de mis congojas y de mi afliccin he estado hablando hasta ahora.
-- Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la peticin que le has hecho --le dijo El.
-- Halle tu sierva gracia delante de tus ojos -- respondi ella. Se fue la mujer por su camino, comi, y no estuvo ms triste.
Se levantaron de maana, adoraron delante de Jehov y volvieron de regreso a su casa en Ram. Elcana se lleg a Ana su mujer, y Jehov se acord de ella.
Aconteci que al cumplirse el tiempo, despus de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, "por cuanto --dijo-- se lo ped a Jehov".
Despus Elcana, el marido, subi con toda su familia para ofrecer a Jehov el sacrificio acostumbrado y su voto.
Pero Ana no subi, sino dijo a su marido: -- Yo no subir hasta que el nio sea destetado. Entonces lo llevar, ser presentado delante de Jehov y se quedar all para siempre.
Elcana, su marido, le respondi: -- Haz lo que bien te parezca y qudate hasta que lo destetes; as cumpla Jehov su palabra. Se qued la mujer y cri a su hijo hasta que lo destet.
Despus que lo destet, y siendo el nio an muy pequeo, lo llev consigo a la casa de Jehov en Silo, con tres becerros, un efa de harina y una vasija de vino.
Tras inmolar el becerro, trajeron el nio a El.
Y Ana le dijo: -- Oh, seor mo! Vive tu alma, seor mo, yo soy aquella mujer que estuvo aqu junto a ti, orando a Jehov.
Por este nio oraba, y Jehov me dio lo que le ped.
Yo, pues, lo dedico tambin a Jehov; todos los das que viva, ser de Jehov. Y ador all a Jehov.
Entonces Ana or y dijo: "Mi corazn se regocija en Jehov, mi poder se exalta en Jehov; mi boca se re de mis enemigos, por cuanto me alegr en tu salvacin.
No hay santo como Jehov; porque no hay nadie fuera de ti ni refugio como el Dios nuestro.
No multipliquis las palabras de orgullo y altanera; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca, porque Jehov es el Dios que todo lo sabe y a l le toca pesar las acciones.
Los arcos de los fuertes se han quebrado y los dbiles se cien de vigor.
Los saciados se alquilan por pan y los hambrientos dejan de tener hambre; hasta la estril da a luz siete veces, mas la que tena muchos hijos languidece.
Jehov da la muerte y la vida; hace descender al seol y retornar.
Jehov empobrece y enriquece, abate y enaltece.
l levanta del polvo al pobre; alza del basurero al menesteroso, para hacerlo sentar con prncipes y heredar un sitio de honor. Porque de Jehov son las columnas de la tierra; l afirm sobre ellas el mundo.
l guarda los pies de sus santos, mas los impos perecen en tinieblas; porque nadie ser fuerte por su propia fuerza.
Delante de Jehov sern quebrantados sus adversarios y sobre ellos tronar desde los cielos. Jehov juzgar los confines de la tierra, dar poder a su Rey y exaltar el podero de su Ungido".
Luego Elcana regres a su casa en Ram, y el nio se qued para servir a Jehov junto al sacerdote El.
Los hijos de El eran hombres impos, que no tenan conocimiento de Jehov.
Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguien ofreca sacrificio, mientras se coca la carne, vena el criado del sacerdote trayendo en su mano un garfio de tres dientes
y lo meta en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para s. De esta manera hacan con todo israelita que vena a Silo.
Asimismo, antes de quemar la grasa, vena el criado del sacerdote y deca al que sacrificaba: "Dame carne para asrsela al sacerdote; porque no aceptar de ti carne cocida sino cruda".
Y si el hombre le responda: "Hay que quemar la grasa primero, y despus toma tanto como quieras", l deca: "No, dmela ahora mismo; de otra manera la tomar por la fuerza".
As pues, el pecado de estos ayudantes era muy grande ante Jehov, porque menospreciaban las ofrendas de Jehov.
Y el joven Samuel serva en la presencia de Jehov, vestido de un efod de lino.
Su madre le haca una pequea tnica y se la traa cada ao, cuando suba con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado.
Entonces El bendeca a Elcana y a su mujer diciendo: "Jehov te d hijos de esta mujer en lugar del que pidi a Jehov". Luego regresaban a su casa.
Visit Jehov a Ana y ella concibi; y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel creca delante de Jehov.
El era muy viejo, pero cuando supo lo que sus hijos hacan con todo Israel y cmo dorman con las mujeres que velaban a la puerta del Tabernculo de reunin,
les dijo: "Por qu hacis cosas semejantes? Oigo hablar a todo este pueblo vuestro mal proceder.
No, hijos mos, porque no es buena fama la que yo oigo, pues hacis pecar al pueblo de Jehov.
Si peca el hombre contra el hombre, los jueces lo juzgarn; pero si alguno peca contra Jehov, quin rogar por l?". Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehov haba resuelto hacerlos morir.
Mientras tanto, el joven Samuel iba creciendo y hacindose grato delante de Dios y delante de los hombres.
Vino un varn de Dios ante El, y le dijo: "As ha dicho Jehov: "No me manifest yo claramente a la casa de tu padre cuando estaban en Egipto en la casa del faran?
Lo escog para que fuera mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciera sobre mi altar, quemara incienso y llevara efod delante de m. Yo conced a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel.
Por qu habis pisoteado los sacrificios y las ofrendas que yo mand ofrecer en el Tabernculo? Por qu has honrado a tus hijos ms que a m, hacindolos engordar con lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?".
Por eso Jehov, el Dios de Israel, dice: "Yo haba prometido que tu casa y la casa de tu padre andaran siempre delante de m"; pero ahora ha dicho Jehov: "Nunca haga yo tal cosa, porque yo honro a los que me honran, y los que me desprecian sern tenidos en poco.
Vienen das en que cortar tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya ancianos en tu casa.
Vers tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel, de manera que nunca habr ancianos en tu casa.
Aquel de los tuyos a quien yo no excluya del servicio de mi altar, ser para que se consuman tus ojos y se llene tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirn en la plenitud de la edad.
Te ser por seal esto que acontecer a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirn el mismo da.
En cambio, yo me suscitar un sacerdote fiel, que obre conforme a mi corazn y mis deseos; le edificar casa firme y andar delante de mi ungido todos los das.
El que haya quedado en tu casa vendr a postrarse delante de l por una moneda de plata y un bocado de pan, y le dir: 'Te ruego que me agregues a alguno de los servicios sacerdotales para que pueda comer un bocado de pan' "".
El joven Samuel serva a Jehov en presencia de El; en aquellos das escaseaba la palabra de Jehov y no eran frecuentes las visiones.
Un da estaba El acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no poda ver.
Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehov, donde se encontraba el Arca de Dios; y antes que la lmpara de Dios fuera apagada,
Jehov llam a Samuel. Este respondi: "Heme aqu".
Y corriendo luego adonde estaba El, dijo: -- Heme aqu; para qu me llamaste? -- Yo no he llamado; vuelve y acustate -- respondi El. l se fue y se acost.
Jehov volvi a llamar a Samuel. Se levant Samuel, vino adonde estaba El y le dijo: -- Heme aqu; para qu me has llamado? -- Hijo mo, yo no he llamado; vuelve y acustate -- le respondi El.
Samuel no haba conocido an a Jehov, ni la palabra de Jehov le haba sido revelada.
Jehov, pues, llam por tercera vez a Samuel. Y l se levant, vino ante El, y le dijo: -- Heme aqu; para qu me has llamado? Entonces entendi El que Jehov llamaba al joven,
y le dijo: -- Ve y acustate; y si te llama, di: "Habla, Jehov, que tu siervo escucha". As se fue Samuel y se acost en su lugar.
Vino Jehov, se par y llam como las otras veces: -- Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: -- Habla, que tu siervo escucha.
Dijo Jehov a Samuel: -- Yo har una cosa en Israel que a quien la oiga le zumbarn ambos odos.
Aquel da yo cumplir contra El todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.
Y le mostrar que yo juzgar su casa para siempre, por la iniquidad que l sabe; porque sus hijos han blasfemado contra Dios y l no se lo ha impedido.
Por tanto, yo he jurado a la casa de El que la iniquidad de su casa no ser expiada jams, ni con sacrificios ni con ofrendas.
Samuel se qued acostado hasta la maana, y despus abri las puertas de la casa de Jehov; pero tema contar la visin a El.
Entonces El lo llam y le dijo: -- Samuel, hijo mo. -- Heme aqu -- respondi l.
El dijo: -- Qu te ha dicho? Te ruego que no me lo ocultes. Traiga Dios sobre ti el peor de los castigos, si me ocultas una palabra de todo lo que habl contigo.
Entonces Samuel se lo manifest todo, sin ocultarle nada. Y El dijo: -- l es Jehov; que haga lo que mejor le parezca.
Samuel creca y Jehov estaba con l; y no dej sin cumplir ninguna de sus palabras.
Todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, supo que Samuel era fiel profeta de Jehov.
Y Jehov volvi a aparecer en Silo, porque en Silo se manifestaba a Samuel la palabra de Jehov.
Samuel hablaba a todo Israel. Por aquel tiempo sali Israel a librar batalla con los filisteos, y acamp junto a Eben-ezer, mientras los filisteos acamparon en Afec.
Los filisteos presentaron batalla a Israel, y trabndose el combate, Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en el campo de batalla como a cuatro mil hombres.
Cuando volvi el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: "Por qu nos ha herido hoy Jehov delante de los filisteos? Vayamos a Silo y traigamos el Arca del pacto de Jehov, para que, estando en medio de nosotros, nos salve de manos de nuestros enemigos".
El pueblo envi gente a Silo, y trajeron de all el Arca del pacto de Jehov de los ejrcitos, que habitaba entre los querubines; y los dos hijos de El, Ofni y Finees, estaban all con el Arca del pacto de Dios.
Aconteci que cuando el Arca del pacto de Jehov lleg al campamento, todo Israel grit con jbilo tan grande que la tierra tembl.
Al escuchar los filisteos las voces de jbilo dijeron: "Qu gritos de jbilo son estos en el campamento de los hebreos?". Y supieron que el Arca de Jehov haba sido trada al campamento.
Entonces los filisteos tuvieron miedo, porque se decan: "Ha venido Dios al campamento". Y exclamaron: "Ay de nosotros!, pues hasta ahora no haba sido as.
Ay de nosotros! Quin nos librar de manos de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda clase de plagas en el desierto.
Esforzaos, filisteos, y sed hombres, para que no sirvis a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed hombres, y pelead".
Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido; cada cual huy a su tienda y hubo una muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie.
El Arca de Dios fue tomada y murieron los dos hijos de El, Ofni y Finees.
Un hombre de Benjamn sali corriendo del campo de batalla y lleg aquel mismo da a Silo, rotos sus vestidos y la cabeza cubierta de tierra.
Cuando lleg, El estaba sentado en una silla vigilando junto al camino, porque su corazn temblaba a causa del Arca de Dios. Vino, pues, aquel hombre a la ciudad y, al dar las noticias, toda la ciudad grit.
Cuando El oy el estruendo de la gritera, pregunt: -- Por qu hay tanto alboroto? Aquel hombre vino de prisa y le dio las noticias a El.
Ya este tena noventa y ocho aos de edad y sus ojos se haban oscurecido, de modo que no poda ver.
Dijo, pues, aquel hombre a El: -- Vengo de la batalla, he escapado hoy del combate. -- Qu ha acontecido, hijo mo? -- le pregunt El.
El mensajero respondi: -- Israel huy delante de los filisteos y hubo gran mortandad entre el pueblo. Han muerto tambin tus dos hijos, Ofni y Finees, y el Arca de Dios ha sido tomada.
Cuando el mensajero hizo mencin del Arca de Dios, El cay de su silla hacia atrs, al lado de la puerta, y se desnuc y muri, pues era hombre viejo y pesado. Haba sido juez en Israel durante cuarenta aos.
Su nuera, la mujer de Finees, estaba encinta y prxima al alumbramiento. Cuando oy el rumor de que el Arca de Dios haba sido tomada y que su suegro y su marido haban muerto, se inclin y dio a luz, pues le sobrevinieron sus dolores de repente.
Al tiempo que mora, las que estaban junto a ella le decan: "No tengas temor, porque has dado a luz un hijo". Pero ella no respondi ni se dio por enterada.
Y llam al nio Icabod, diciendo: "La gloria ha sido desterrada de Israel!", por haber sido tomada el Arca de Dios y por la muerte de su suegro y de su marido.
Dijo, pues: "La gloria ha sido desterrada de Israel", porque haba sido tomada el Arca de Dios.
Cuando los filisteos capturaron el Arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod.
Tomaron los filisteos el Arca de Dios, la metieron en la casa de Dagn y la pusieron junto a Dagn.
Cuando al siguiente da los de Asdod se levantaron de maana, encontraron a Dagn postrado en tierra delante del Arca de Jehov. Tomaron a Dagn y lo devolvieron a su lugar.
Al levantarse de nuevo de maana, al siguiente da, Dagn haba cado postrado en tierra delante del Arca de Jehov, y la cabeza de Dagn y sus dos manos estaban cortadas sobre el umbral; a Dagn solamente le quedaba el tronco.
Por esta causa, los sacerdotes de Dagn y todos los que entran en el templo de Dagn no pisan el umbral de Dagn en Asdod, hasta el da de hoy.
La mano de Jehov cay sobre los de Asdod y los destruy, hirindolos con tumores, en Asdod y en todo su territorio.
Al ver esto, los de Asdod dijeron: "Que no se quede entre nosotros el Arca del Dios de Israel, porque su mano se ha endurecido contra nosotros y contra nuestro dios Dagn".
Convocaron, pues, a todos los prncipes de los filisteos, y les preguntaron: -- Qu haremos con el Arca del Dios de Israel? Ellos respondieron: -- Trasldese el Arca del Dios de Israel a Gat. Y trasladaron all el Arca del Dios de Israel.
Pero cuando se la llevaron, la mano de Jehov cay sobre la ciudad provocando un gran pnico; y afligi a los hombres de aquella ciudad, y desde el ms pequeo hasta el mayor se llenaron de tumores.
Entonces enviaron el Arca de Dios a Ecrn. Pero cuando el Arca de Dios lleg a Ecrn, los ecronitas exclamaron: "Nos han trado el Arca del Dios de Israel para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo".
Convocaron y reunieron a todos los prncipes de los filisteos y les dijeron: "Enviad el Arca del Dios de Israel, y regrese a su lugar, para que no nos mate a nosotros ni a nuestro pueblo", pues haba un terror mortal en toda la ciudad, porque la mano de Dios los haba castigado duramente.
Los que no moran estaban llenos de tumores, y el clamor de la ciudad suba al cielo.
Estuvo el Arca de Jehov en la tierra de los filisteos siete meses.
Entonces los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos, preguntaron: -- Qu haremos con el Arca de Jehov? Hacednos saber de qu manera podemos devolverla a su lugar.
Ellos dijeron: -- Si enviis el Arca del Dios de Israel, no la enviis vaca, sino ofrecedle una reparacin; entonces seris sanos y conoceris por qu no se apart de vosotros su mano.
Ellos dijeron: -- Y qu reparacin le pagaremos? Ellos respondieron: -- Conforme al nmero de los prncipes de los filisteos, cinco tumores de oro y cinco ratones de oro, porque una misma plaga os ha afligido a todos vosotros y a vuestros prncipes.
Haris, pues, figuras de vuestros tumores y de los ratones que destruyen la tierra, y daris gloria al Dios de Israel; quiz aligere su mano sobre vosotros, sobre vuestros dioses y sobre vuestra tierra.
Por qu endurecis vuestro corazn, como los egipcios y el faran endurecieron su corazn? Despus que los haba tratado as, no los dejaron ir, y se fueron?
Haced, pues, ahora un carro nuevo y tomad luego dos vacas que cren, a las cuales no haya sido puesto yugo, uncid las vacas al carro, pero no dejis que sus becerros vayan tras ellas, sino hacedlos volver al establo.
Tomaris luego el Arca de Jehov y la pondris sobre el carro, y las joyas de oro que le habis de pagar como ofrenda por la culpa las pondris en una caja al lado de ella; y dejaris que se vaya.
Y observaris; si sube por el camino de su tierra a Bet-semes, l nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos que no es su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurri por accidente.
Aquellos hombres lo hicieron as. Tomaron dos vacas que criaban, las uncieron al carro y encerraron en el establo sus becerros.
Luego pusieron el Arca de Jehov, la caja con los ratones de oro y las figuras de sus tumores sobre el carro.
Las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, y seguan recto, andando y bramando, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda del camino. Los prncipes de los filisteos fueron tras ellas hasta el lmite de Bet-semes.
Los de Bet-semes estaban segando el trigo en el valle. Al levantar los ojos, divisaron el Arca y se regocijaron de verla.
El carro lleg al campo de Josu de Bet-semes y se par all, donde haba una gran piedra. Ellos cortaron la madera del carro y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehov.
Los levitas bajaron el Arca de Jehov y la caja que estaba junto a ella, en la cual se encontraban las joyas de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra. Los hombres de Bet-semes sacrificaron holocaustos y dedicaron sacrificios a Jehov en aquel da.
Cuando vieron esto los cinco prncipes de los filisteos, regresaron a Ecrn el mismo da.
Estos fueron los tumores de oro que pagaron los filisteos en reparacin a Jehov: por Asdod uno, por Gaza uno, por Ascaln uno, por Gat uno, por Ecrn uno.
Y los ratones de oro fueron conforme al nmero de todas las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco prncipes, as las ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La gran piedra sobre la cual pusieron el Arca de Jehov est en el campo de Josu de Bet-semes hasta hoy.
Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque haban mirado dentro del Arca de Jehov. Hizo morir a cincuenta mil setenta hombres del pueblo. Y llor el pueblo, porque Jehov lo haba herido con una mortandad tan grande.
Los de Bet-semes dijeron: "Quin podr estar delante de Jehov, el Dios santo? A quin la enviaremos nosotros?".
Entonces enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo: "Los filisteos han devuelto el Arca de Jehov; descended, pues, y llevosla".
Vinieron los de Quiriat-jearim, se llevaron el Arca de Jehov y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar, su hijo, para que guardara el Arca de Jehov.
Desde el da en que lleg el Arca a Quiriat-jearim pasaron muchos das, veinte aos; y toda la casa de Israel suspiraba por Jehov.
Habl entonces Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: "Si de todo vuestro corazn os volvis a Jehov, quitad de entre vosotros los dioses ajenos y a Astarot, dedicad vuestro corazn a Jehov y servidle solo a l, y l os librar de manos de los filisteos".
Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron solo a Jehov.
Luego dijo Samuel: "Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo orar por vosotros a Jehov".
Se reunieron, pues, en Mizpa, sacaron agua y la derramaron delante de Jehov; ayunaron aquel da all, y dijeron: "Contra Jehov hemos pecado". Y juzg Samuel a los hijos de Israel en Mizpa.
Cuando supieron los filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa, subieron los prncipes de los filisteos contra Israel; al oir esto, los hijos de Israel tuvieron temor de los filisteos.
Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: "No ceses de clamar por nosotros a Jehov, nuestro Dios, para que nos guarde de manos de los filisteos".
Tom Samuel un cordero de leche y lo sacrific entero en holocausto a Jehov; y clam Samuel a Jehov por Israel, y Jehov lo escuch.
Mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Pero Jehov tron aquel da con gran estruendo sobre los filisteos, los atemoriz y fueron vencidos delante de Israel.
Los hijos de Israel salieron de Mizpa, siguieron a los filisteos y los hirieron hasta abajo de Bet-car.
Tom luego Samuel una piedra, la coloc entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, porque dijo: "Hasta aqu nos ayud Jehov".
As fueron sometidos los filisteos y no volvieron a entrar ms en el territorio de Israel; y la mano de Jehov estuvo contra los filisteos todos los das de Samuel.
Fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades que los filisteos haban tomado a los israelitas, desde Ecrn hasta Gat; e Israel libr su territorio de manos de los filisteos. Tambin hubo paz entre Israel y el amorreo.
Samuel juzg a Israel todo el tiempo que vivi.
Haca cada ao un recorrido por Bet-el, Gilgal y Mizpa. Juzgaba a Israel en todos estos lugares.
Despus volva a Ram, porque all estaba su casa. All juzgaba a Israel y tambin all edific un altar a Jehov.
Aconteci que cuando Samuel envejeci puso a sus hijos por jueces sobre Israel.
Su hijo primognito se llamaba Joel, y el segundo, Abas; ambos eran jueces en Beerseba.
Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, sino que se dejaron llevar por la avaricia, dejndose sobornar y pervirtiendo el derecho.
Entonces todos los ancianos de Israel se reunieron y vinieron a Ram para ver a Samuel,
y le dijeron: "T has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, danos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones".
Pero no agrad a Samuel que le dijeran: "Danos un rey que nos juzgue", y or a Jehov.
Dijo Jehov a Samuel: "Oye la voz del pueblo en todo lo que ellos digan; porque no te han desechado a ti, sino a m me han desechado, para que no reine sobre ellos.
Conforme a todas las obras que han hecho desde el da que los saqu de Egipto hasta hoy, dejndome a m y sirviendo a dioses ajenos, as hacen tambin contigo.
Ahora, pues, oye su voz; pero hazles una advertencia solemne y mustrales cmo los tratar el rey que reinar sobre ellos".
Samuel repiti todas las palabras de Jehov al pueblo que le haba pedido rey.
Dijo, pues: -- As har el rey que reine sobre vosotros: tomar vuestros hijos y los destinar a sus carros y a su gente de a caballo, para que corran delante de su carro.
Los emplear como jefes de millar y jefes de cincuentenas; los pondr a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que fabriquen sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros.
Tomar tambin a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y amasadoras.
Asimismo tomar lo mejor de vuestras tierras, de vuestras vias y de vuestros olivares, para drselo a sus siervos.
Diezmar vuestro grano y vuestras vias, para drselo a sus oficiales y a sus siervos.
Tomar vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jvenes y vuestros asnos, para emplearlos en sus obras.
Diezmar tambin vuestros rebaos y seris sus siervos.
Aquel da os lamentaris a causa del rey que habris elegido, pero entonces Jehov no os responder.
Pero el pueblo no quiso oir la voz de Samuel, y dijo: -- No. Habr un rey sobre nosotros,
y seremos tambin como todas las naciones. Nuestro rey nos gobernar, saldr delante de nosotros y har nuestras guerras.
Oy Samuel todas las palabras del pueblo y las repiti a odos de Jehov.
Pero Jehov dijo a Samuel: -- Oye su voz y dales un rey. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: -- Volveos cada uno a vuestra ciudad.
Haba un hombre de Benjamn, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis hijo de Abiel hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afa, hijo de un benjaminita.
Tena l un hijo que se llamaba Sal, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no haba otro ms hermoso que l; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.
Un da se perdieron las asnas de Cis, padre de Sal; por lo que dijo Cis a su hijo Sal: "Toma ahora contigo alguno de los criados, levntate y ve a buscar las asnas".
Y l atraves los montes de Efran, y de all pas a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Despus pasaron por la tierra de Benjamn, y no las encontraron.
Cuando vinieron a la tierra de Zuf, Sal dijo al criado que tena consigo: -- Ven, volvmonos; porque quiz mi padre haya olvidado la preocupacin por las asnas y est intranquilo por nosotros.
l le respondi: -- En esta ciudad hay un varn de Dios; es un hombre muy respetado: todo lo que l dice acontece sin falta. Vamos, pues, all; quiz nos dar algn indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino.
Respondi Sal a su criado: -- Vamos ahora; pero qu llevaremos a ese hombre? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qu ofrecerle al varn de Dios. Qu le podemos dar?
Entonces replic el criado y dijo a Sal: -- Mira, tengo aqu en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata; se lo dar al varn de Dios, para que nos indique el camino.
(Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, deca: "Venid y vamos al vidente"; porque al que hoy se llama profeta, entonces se le llamaba vidente.)
Dijo entonces Sal a su criado: -- Dices bien; anda, vamos. Y se fueron a la ciudad donde estaba el varn de Dios.
Cuando suban por la cuesta de la ciudad, hallaron unas jvenes que salan por agua, a las cuales dijeron: -- Est en este lugar el vidente?
Ellas les respondieron: -- S; aqu est. Daos prisa pues precisamente ha venido a la ciudad en atencin a que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto.
En cuanto entris en la ciudad, buscadlo, antes que suba al lugar alto a comer; pues el pueblo no comer hasta que l haya llegado, por cuanto l es el que bendice el sacrificio; despus de esto comen los convidados. Subid, pues, ahora, porque ahora lo hallaris.
Ellos subieron entonces a la ciudad; y cuando estaban en medio de ella, vieron a Samuel que vena haca ellos para subir al lugar alto.
Un da antes de la llegada de Sal, Jehov haba hecho a Samuel esta revelacin:
"Maana a esta misma hora yo enviar a ti un hombre de la tierra de Benjamn, al cual ungirs como prncipe sobre mi pueblo Israel, y l salvar a mi pueblo de manos de los filisteos; porque yo he visto la afliccin de mi pueblo, y su clamor ha llegado hasta m".
Cuando Samuel vio a Sal, Jehov le dijo: "Este es el hombre del cual te habl; l gobernar a mi pueblo".
Acercndose, pues, Sal a Samuel en medio de la puerta, le dijo: -- Te ruego que me ensees dnde est la casa del vidente.
Samuel respondi a Sal: -- Yo soy el vidente; sube delante de m al lugar alto, y come hoy conmigo. Maana por la maana te despedir y te descubrir todo lo que hay en tu corazn.
En cuanto a las asnas que se te perdieron hace ya tres das, pierde cuidado de ellas, porque han sido halladas. Adems, para quin es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre?
Sal respondi y dijo: -- No soy yo hijo de Benjamn, de la ms pequea de las tribus de Israel? Y mi familia no es la ms pequea de todas las familias de la tribu de Benjamn? Por qu, pues, me has dicho cosa semejante?
Entonces Samuel tom a Sal y a su criado, los introdujo a la sala y les dio un lugar a la cabecera de los convidados, que eran unos treinta hombres.
Despus dijo Samuel al cocinero: -- Trae ac la porcin que te di, la que te dije que guardaras aparte.
Entonces alz el cocinero una espaldilla, con lo que estaba sobre ella, y la puso delante de Sal. Y Samuel dijo: -- Aqu tienes lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque para esta ocasin se te guard, cuando dije: "Yo he convidado al pueblo". Sal comi aquel da con Samuel.
Cuando hubieron descendido del lugar alto a la ciudad, l habl con Sal en la azotea.
Al otro da madrugaron; al despuntar el alba, Samuel llam a Sal, el cual estaba en la azotea, y le dijo: -- Levntate, para que te despida. Luego se levant Sal, y salieron ambos, l y Samuel.
Haban descendido al extremo de la ciudad, cuando Samuel dijo a Sal: -- Di al criado que se adelante -- y se adelant el criado -- , pero espera t un poco para que te declare la palabra de Dios.
Tom entonces Samuel una redoma de aceite, la derram sobre su cabeza, lo bes, y le dijo: -- No te ha ungido Jehov por prncipe sobre su pueblo Israel?
Hoy, despus que te hayas apartado de m, hallars dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en Selsa, en el territorio de Benjamn, los cuales te dirn: "Las asnas que habas ido a buscar se han hallado; tu padre ha dejado ya de inquietarse por las asnas, y est afligido por vosotros, y dice: 'Qu har acerca de mi hijo?' ".
Ms adelante, cuando llegues a la encina de Tabor, te saldrn al encuentro tres hombres que suben a Dios, en Bet-el, llevando uno tres cabritos, otro tres tortas de pan y el tercero una vasija de vino.
Luego que te hayan saludado, te darn dos panes, que t tomars de su mano.
Despus de esto llegars al collado de Dios, donde est la guarnicin de los filisteos; y cuando entres en la ciudad encontrars una compaa de profetas que descienden del lugar alto, precedidos de salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando.
Entonces el espritu de Jehov vendr sobre ti con poder y profetizars con ellos, y sers mudado en otro hombre.
Cuando se te hayan cumplido estas seales, haz lo que te parezca bien, porque Dios est contigo.
Luego bajars delante de m a Gilgal; entonces descender yo junto a ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de paz. Espera siete das, hasta que yo vaya a tu encuentro y te ensee lo que has de hacer.
Aconteci luego, que apenas volvi l la espalda para apartarse de Samuel, le mud Dios el corazn; y todas estas seales acontecieron en aquel da.
Cuando llegaron all al collado, la compaa de los profetas les sali al encuentro. Entonces el espritu de Dios vino sobre l con poder, y profetiz entre ellos.
Todos los que lo conocan de antes, al verlo que profetizaba con los profetas, se decan unos a otros: "Qu le ha sucedido al hijo de Cis? Sal tambin est entre los profetas?".
Y alguno de all pregunt: "Y quin es el padre de estos?". Por esta causa se hizo proverbio: "Tambin Sal entre los profetas?".
Cuando ces de profetizar, lleg al lugar alto.
Un to de Sal dijo a l y a su criado: -- A dnde fuisteis? l respondi: -- A buscar las asnas; y como vimos que no aparecan, acudimos a Samuel.
Dijo el to de Sal: -- Te ruego que me cuentes qu os dijo Samuel.
Sal respondi a su to: -- Nos declar expresamente que las asnas haban sido halladas. Pero del asunto del reino, de que Samuel le haba hablado, no le cont nada.
Despus Samuel convoc al pueblo delante de Jehov en Mizpa,
y dijo a los hijos de Israel: "As ha dicho Jehov, el Dios de Israel: Yo saqu a Israel de Egipto, y os libr de manos de los egipcios y de manos de todos los reinos que os afligieron.
Pero vosotros habis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y habis dicho: "No, t nos dars un rey". Ahora, pues, presentaos delante de Jehov por vuestras tribus y familias".
Samuel hizo acercarse a todas las tribus de Israel, y fue designada la tribu de Benjamn.
Hizo que se acercara la tribu de Benjamn por familias, y fue designada la familia de Matri; y de ella fue tomado Sal hijo de Cis. Lo buscaron, pero no fue hallado.
Preguntaron, pues, otra vez a Jehov si an no haba concurrido all aquel hombre. Y respondi Jehov: "Est ah, escondido entre el bagaje".
Entonces corrieron, lo sacaron de all y, puesto en medio del pueblo, sobresala por encima de todos de los hombros para arriba.
Samuel dijo a todo el pueblo: -- Habis visto al elegido de Jehov? No hay nadie como l en todo el pueblo. Entonces el pueblo grit con alegra: -- Viva el rey!
Samuel expuso luego al pueblo las leyes del reino, y las escribi en un libro, el cual guard delante de Jehov.
Y envi Samuel a todo el pueblo cada uno a su casa. Sal tambin se fue a su casa en Gabaa, y lo acompaaron los hombres de guerra cuyos corazones Dios haba tocado.
Pero algunos perversos dijeron: "Cmo nos ha de salvar este?". Lo despreciaron y no le llevaron presentes; pero l disimul.
Despus subi Nahas, el amonita, y acamp contra Jabes de Galaad. Y todos los de Jabes dijeron a Nahas: -- Haz alianza con nosotros y te serviremos.
Nahas, el amonita, les respondi: -- Con esta condicin har alianza con vosotros, que a todos y cada uno de vosotros le saque el ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre todo Israel.
Entonces los ancianos de Jabes le dijeron: -- Danos siete das para que enviemos mensajeros por todo el territorio de Israel, y si no hay quien nos defienda, nos rendiremos a ti.
Cuando los mensajeros llegaron a Gabaa de Sal y dijeron estas palabras a odos del pueblo, todo el pueblo alz su voz y llor.
En ese momento vena Sal del campo detrs de los bueyes, y pregunt: -- Qu tiene el pueblo que est llorando? Y le contaron las palabras de los hombres de Jabes.
Al oir Sal estas palabras, el espritu de Dios vino sobre l con poder, y se apoder de l una violenta ira.
Tom entonces un par de bueyes, los cort en trozos y los envi por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros, diciendo: "As se har con los bueyes del que no salga detrs de Sal y detrs de Samuel". El temor de Jehov cay sobre el pueblo, y salieron todos como un solo hombre.
Los cont Sal en Bezec, y eran los hijos de Israel trescientos mil, y treinta mil los hombres de Jud.
Luego respondieron a los mensajeros que haban venido: -- As diris a los de Jabes de Galaad: "Maana, al calentar el sol, seris librados". Fueron los mensajeros y lo anunciaron a los de Jabes, que se alegraron.
Y los de Jabes dijeron a los enemigos: -- Maana nos rendiremos a vosotros, para que hagis con nosotros lo que bien os parezca.
Aconteci que al da siguiente dispuso Sal al pueblo en tres compaas, que irrumpieron en medio del campamento en la vigilia de la maana y abatieron a los amonitas hasta el medioda. Los que quedaron fueron dispersados, de tal manera que no quedaron dos de ellos juntos.
Entonces el pueblo dijo a Samuel: -- Quines son los que decan: "Acaso va a reinar Sal sobre nosotros"? Dadnos esos hombres y los mataremos.
Pero Sal dijo: -- No morir hoy ninguno, porque hoy Jehov ha trado salvacin a Israel.
Y Samuel dijo al pueblo: -- Venid, vamos a Gilgal para instaurar all el reino.
Todo el pueblo fue a Gilgal, y all en Gilgal, delante de Jehov, invistieron a Sal como rey. Y sacrificaron all ofrendas de paz delante de Jehov, y se alegraron mucho Sal y todos los de Israel.
Dijo Samuel a todo Israel: -- He odo vuestra voz en todo cuanto me habis dicho, y os he dado un rey.
Ahora, pues, ah tienen al rey que ha de guiaros. Yo soy ya viejo y estoy lleno de canas; pero mis hijos estn con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este da.
Aqu estoy; atestiguad contra m delante de Jehov y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno o si de alguien he aceptado soborno para cerrar los ojos; y os lo restituir.
-- Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado nada de manos de ningn hombre --dijeron ellos.
l les dijo: -- Jehov es testigo contra vosotros, y su ungido tambin es testigo en este da, que no habis hallado cosa alguna en mis manos. -- As es -- respondieron ellos.
Entonces Samuel dijo al pueblo: -- Jehov, que design a Moiss y a Aarn, y sac a vuestros padres de la tierra de Egipto, es testigo.
Ahora, pues, aguardad, y discutir con vosotros delante de Jehov acerca de todos los hechos de salvacin que Jehov ha hecho con vosotros y con vuestros padres.
Cuando Jacob entr en Egipto y vuestros padres clamaron a Jehov, Jehov envi a Moiss y a Aarn, los cuales sacaron a vuestros padres de Egipto y los hicieron habitar en este lugar.
Pero ellos olvidaron a Jehov su Dios y l los entreg en manos de Ssara, jefe del ejrcito de Hazor, en manos de los filisteos y en manos del rey de Moab, que les hicieron guerra.
Ellos clamaron a Jehov, y dijeron: "Hemos pecado, porque hemos dejado a Jehov y hemos servido a los baales y a Astarot; lbranos ahora, pues, de manos de nuestros enemigos, y te serviremos".
"Entonces Jehov envi a Jerobaal, a Barac, a Jeft y a Samuel, y os libr de manos de los enemigos que os rodeaban, y habitasteis seguros.
Pero cuando visteis que Nahas, rey de los hijos de Amn, vena contra vosotros, me dijisteis: "No, que reine sobre nosotros un rey", siendo as que Jehov, vuestro Dios, era vuestro rey.
Ahora, pues, aqu tenis al rey que habis elegido, el cual pedisteis; ya veis que Jehov os ha dado un rey.
Si temis a Jehov y lo servs, si escuchis su voz y no sois rebeldes a la palabra de Jehov, si tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros servs a Jehov, vuestro Dios, haris bien.
Pero si no escuchis la voz de Jehov, si os rebelis contra sus mandatos, la mano de Jehov estar contra vosotros como estuvo contra vuestros padres.
"Esperad an ahora y mirad esta gran cosa que Jehov har ante vuestros ojos.
No es ahora la siega del trigo? Yo clamar a Jehov, y l dar truenos y lluvias, para que conozcis y veis cun grande es la maldad que habis cometido ante los ojos de Jehov pidiendo para vosotros un rey.
Luego clam Samuel a Jehov, y Jehov dio truenos y lluvias en aquel da; y todo el pueblo sinti un gran temor de Jehov y de Samuel.
Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: -- Ruega por tus siervos a Jehov, tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos aadido este mal de pedir un rey para nosotros.
Pero Samuel dijo al pueblo: -- No temis; vosotros habis hecho todo este mal; pero con todo eso no dejis de seguir en pos de Jehov, sino servidle con todo vuestro corazn.
No os apartis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades.
Pues Jehov no desamparar a su pueblo, por su gran nombre; porque Jehov ha querido haceros pueblo suyo.
As que, lejos de m pecar contra Jehov dejando de rogar por vosotros; antes os instruir en el camino bueno y recto.
Solamente temed a Jehov y servidle de verdad con todo vuestro corazn, pues habis visto cun grandes cosas ha hecho por vosotros.
Pero si perseveris en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceris.
Haba ya reinado Sal un ao, y cuando llevaba reinando dos aos sobre Israel,
escogi a tres mil hombres de Israel; estaban con Sal dos mil en Micmas y en el monte Bet-el, y mil estaban con Jonatn en Gabaa de Benjamn, y envi al resto del pueblo cada uno a sus tiendas.
Jonatn atac a la guarnicin de los filisteos que haba en el collado, y lo supieron los filisteos. Entonces Sal hizo tocar trompeta por todo el pas, diciendo: "Que oigan los hebreos!".
Cuando todo Israel supo que se deca: "Sal ha atacado a la guarnicin de los filisteos", y tambin que Israel se haba hecho odioso a los filisteos, se reuni el pueblo tras Sal en Gilgal.
Se concentraron entonces los filisteos para pelear contra Israel: treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que est a la orilla del mar. Luego subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avn.
Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en peligro (porque el pueblo estaba en grave aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peascos, en rocas y en cisternas.
Algunos de los hebreos pasaron el Jordn hacia la tierra de Gad y de Galaad; pero Sal permaneca an en Gilgal, y todo el pueblo iba tras l temblando.
Esper siete das, conforme al plazo que Samuel haba fijado, pero Samuel no llegaba a Gilgal y el pueblo se desbandaba.
Entonces dijo Sal: -- Traedme el holocausto y las ofrendas de paz. Y ofreci el holocausto.
Cuando l acababa de ofrecer el holocausto, vio a Samuel que vena; y Sal sali a su encuentro para saludarlo.
Samuel dijo: -- Qu has hecho? Sal respondi: -- Porque vi que el pueblo se desbandaba y que t no venas dentro del plazo sealado, mientras los filisteos estaban ya concentrados en Micmas,
me dije: "Ahora descendern los filisteos contra m a Gilgal y yo no he implorado el favor de Jehov". As que me vi forzado a ofrecer el holocausto.
Entonces Samuel dijo a Sal: -- Locamente has actuado; si hubieras guardado el mandamiento que Jehov, tu Dios, te haba ordenado, Jehov habra confirmado tu reino sobre Israel para siempre.
Pero ahora tu reino no ser duradero. Jehov se ha buscado un hombre conforme a su corazn, al cual ha designado para que sea prncipe sobre su pueblo, por cuanto t no has guardado lo que Jehov te mand.
Samuel se levant y subi de Gilgal a Gabaa de Benjamn. Sal cont la gente que se hallaba con l, y eran como seiscientos hombres.
Sal, su hijo Jonatn, y el pueblo que con ellos se hallaba, se quedaron en Gabaa de Benjamn, mientras los filisteos acampaban en Micmas.
Entonces sali una avanzada del campamento de los filisteos en tres escuadrones; un escuadrn marchaba por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual,
otro escuadrn marchaba hacia Bet-horn, y el tercer escuadrn marchaba hacia la regin que mira al valle de Zeboim, hacia el desierto.
En toda la tierra de Israel no se hallaba herrero, porque los filisteos haban dicho: "Para que los hebreos no hagan espada o lanza".
Por lo cual todos los de Israel tenan que acudir a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadn, su hacha o su hoz.
El precio era un pim por las rejas de arado y por los azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar las hachas y por componer las aguijadas.
As aconteci que en el da de la batalla ninguno de los del pueblo que estaban con Sal y Jonatn tena en sus manos una espada o una lanza, excepto Sal y Jonatn, su hijo, que s las tenan.
Mientras tanto, un destacamento de los filisteos avanz hasta el paso de Micmas.
Aconteci un da, que Jonatn hijo de Sal, dijo al criado que le traa las armas: "Ven y pasemos a la guarnicin de los filisteos, que est de aquel lado". Pero no lo hizo saber a su padre.
Sal se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrn, y las gentes que estaban con l eran como seiscientos hombres.
Ahas hijo de Ahitob, hermano de Icabod hijo de Finees hijo de El, sacerdote de Jehov en Silo, llevaba el efod. El pueblo no saba que Jonatn se haba ido.
Entre los desfiladeros por donde Jonatn procuraba pasar a la guarnicin de los filisteos, haba un peasco agudo de un lado, y otro del otro lado; uno se llamaba Boses y el otro Sene.
El primer peasco estaba situado al norte, hacia Micmas, y el segundo al sur, hacia Gabaa.
Dijo, pues, Jonatn a su paje de armas: -- Ven, pasemos a la guarnicin de estos incircuncisos; quiz haga algo Jehov por nosotros, pues no es difcil para Jehov dar la victoria, sea con muchos o con pocos.
Su paje de armas le respondi: -- Haz todo lo que tu corazn te dicte; ve, pues aqu estoy a tu disposicin.
Dijo entonces Jonatn: -- Vamos a pasar hacia esos hombres para que ellos nos vean.
Si nos dicen: "Esperad hasta que lleguemos a vosotros", entonces nos quedaremos en nuestro lugar, y no subiremos adonde estn ellos.
Pero si nos dicen: "Subid hacia nosotros", entonces subiremos, porque Jehov los ha entregado en nuestras manos; esto nos servir de seal.
Los dos se dejaron ver por la guarnicin de los filisteos, y estos dijeron: "Mirad los hebreos que salen de las cavernas donde se haban escondido".
Y los hombres de la guarnicin, dirigindose a Jonatn y a su paje de armas, les dijeron: "Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa". Entonces Jonatn dijo a su paje de armas: "Sube detrs de m, porque Jehov los ha entregado en manos de Israel".
Subi Jonatn trepando con sus manos y sus pies, seguido de su paje de armas. A los que caan delante de Jonatn, su paje de armas, que iba detrs de l, los remataba.
En esta primera matanza que hicieron Jonatn y su paje de armas cayeron como veinte hombres, y todo en el espacio de una media yugada de tierra.
Cundi el pnico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnicin; a los que haban salido en la avanzada tambin los asalt el pnico, y la tierra tembl; hubo, pues, gran consternacin.
Los centinelas de Sal vieron desde Gabaa de Benjamn cmo la multitud estaba turbada, iba de un lado a otro y se dispersaba.
Entonces Sal dijo al pueblo que estaba con l: "Pasad ahora revista y ved quin se haya ido de los nuestros". Pasaron revista, y vieron que faltaban Jonatn y su paje de armas.
Entonces Sal dijo a Ahas: "Trae el Arca de Dios". Porque el Arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
Pero aconteci que mientras an hablaba Sal con el sacerdote, el alboroto que haba en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo cada vez ms. Entonces dijo Sal al sacerdote: "Detn tu mano".
Luego Sal reuni a todo el pueblo que con l estaba y llegaron hasta el lugar de la batalla. All vieron que cada uno haba desenvainado su espada contra su compaero y que haba gran confusin.
Los hebreos que desde tiempo antes haban estado con los filisteos, y que desde los alrededores haban subido con ellos al campamento, se pusieron tambin del lado de los israelitas que estaban con Sal y con Jonatn.
Asimismo todos los israelitas que se haban escondido en los montes de Efran, al oir que los filisteos huan, tambin los persiguieron en aquella batalla,
que se extendi hasta Bet-Avn. As salv Jehov aquel da a Israel.
Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel da, porque Sal haba hecho jurar al pueblo, diciendo: "Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que me haya vengado de mis enemigos, sea maldito". Y nadie haba probado bocado.
Todo el pueblo lleg a un bosque, donde haba miel en la superficie del campo.
Entr, pues, el pueblo en el bosque, y vieron que all corra la miel; pero no hubo quien la probara, porque el pueblo tema al juramento.
Jonatn, que no haba odo cuando su padre haba hecho jurar al pueblo, alarg la punta de una vara que traa en su mano, la moj en un panal de miel y se llev la mano a la boca. Entonces se le aclararon los ojos.
Uno del pueblo le habl, diciendo: -- Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo: "Maldito sea el hombre que tome hoy alimento". Y el pueblo desfalleca.
Respondi Jonatn: -- Mi padre ha turbado al pas. Ved ahora cmo han sido aclarados mis ojos por haber probado un poco de esta miel.
Cunto ms si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botn tomado a sus enemigos? No hubiera sido mayor el estrago entre los filisteos?
Aquel da derrotaron a los filisteos desde Micmas hasta Ajaln, pero el pueblo estaba muy cansado.
As que el pueblo se lanz sobre el botn, tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comi con la sangre.
Entonces le avisaron a Sal: -- El pueblo est pecando contra Jehov, porque come carne con sangre. l dijo: -- Vosotros habis sido infieles! Rodadme ahora ac una piedra grande.
Esparcos por el pueblo -- aadi -- , y decidles que me traiga cada uno su vaca y cada cual su oveja; degolladlas aqu y comed, sin pecar contra Jehov por comer la carne con la sangre. Aquella noche cada uno llev su propio buey y lo sacrificaron all.
Edific Sal un altar a Jehov, y ese fue el primero que edific a Jehov.
Dijo Sal: -- Descendamos esta noche contra los filisteos y los saquearemos hasta la maana; no dejaremos de ellos ninguno. Ellos dijeron: -- Haz lo que bien te parezca. Dijo luego el sacerdote: -- Acerqumonos aqu a Dios.
Y Sal consult a Dios: "Debo descender tras los filisteos? Los entregars en manos de Israel?". Pero Jehov no le dio respuesta aquel da.
Entonces dijo Sal: -- Venid ac todos los principales del pueblo, averiguad y ved en qu ha consistido este pecado de hoy.
Vive Jehov!, que ha salvado a Israel, que aunque se trate de mi hijo Jonatn, de seguro morir. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiera.
Dijo luego a todo Israel: -- Vosotros estaris a un lado, y yo y Jonatn, mi hijo, estaremos al otro lado. -- Haz lo que bien te parezca -- respondi el pueblo a Sal.
Entonces dijo Sal a Jehov, Dios de Israel: -- Da a conocer la verdad. La suerte cay sobre Jonatn y Sal, y el pueblo qued libre.
Sal dijo: -- Echad suertes entre m y mi hijo Jonatn. Y la suerte cay sobre Jonatn.
Entonces Sal dijo a Jonatn: -- Cuntame lo que has hecho. Jonatn respondi: -- Ciertamente gust un poco de miel con la punta de la vara que traa en mi mano; y he de morir?
Sal le dijo: -- Traiga Dios sobre m el peor de los castigos, si no te hago morir, Jonatn.
Pero el pueblo dijo a Sal: -- Ha de morir Jonatn, el que ha logrado esta gran victoria en Israel? No ser as! Vive Jehov! que no caer en tierra ni un cabello de su cabeza, pues lo hizo con ayuda de Dios. As el pueblo libr de morir a Jonatn.
Sal dej de perseguir a los filisteos, y los filisteos se fueron a su tierra.
Despus de haber tomado posesin del reino de Israel, Sal hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra los hijos de Amn, contra Edom, contra los reyes de Soba y contra los filisteos; dondequiera que iba, sala vencedor.
Reuni un ejrcito, derrot a Amalec y libr a Israel de manos de los que lo saqueaban.
Los hijos de Sal fueron Jonatn, Isi y Malquisa. Los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de la menor, Mical.
El nombre de la mujer de Sal era Ahinoam, hija de Ahimaas. El nombre del general de su ejrcito era Abner hijo de Ner, to de Sal.
Porque Cis, padre de Sal, y Ner, padre de Abner, fueron hijos de Abiel.
Todo el tiempo de Sal hubo guerra encarnizada contra los filisteos; y a todo el que Sal vea que era hombre esforzado y apto para combatir, lo reclutaba para s.
Un da Samuel dijo a Sal: -- Jehov me envi a que te ungiera rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, escucha las palabras de Jehov.
As ha dicho Jehov de los ejrcitos: "Yo castigar lo que Amalec hizo a Israel, cortndole el camino cuando suba de Egipto.
Ve, pues, hiere a Amalec, destruye todo lo que tiene y no te apiades de l; mata hombres, mujeres y nios, aun los de pecho, y vacas, ovejas, camellos y asnos".
Sal convoc, pues, al pueblo y les pas revista en Telaim: doscientos mil de a pie y diez mil hombres de Jud.
Vino Sal a la ciudad de Amalec y se embosc en el valle.
Entonces dijo Sal a los ceneos: "Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel cuando suban de Egipto". Se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec.
Y Sal derrot a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que est al oriente de Egipto.
Captur vivo a Agag, rey de Amalec, y a todo el pueblo lo mat a filo de espada.
Pero Sal y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; pero destruyeron todo lo que era vil y despreciable.
Vino luego esta palabra de Jehov a Samuel:
"Me pesa haber hecho rey a Sal, porque se ha apartado de m y no ha cumplido mis palabras". Se apesadumbr Samuel y clam a Jehov toda aquella noche.
Madrug Samuel para ir al encuentro de Sal por la maana; y avisaron a Samuel: "Sal llega a Carmel y se ha erigido un monumento; despus se dio vuelta y sigui adelante para bajar a Gilgal".
Vino, pues, Samuel a Sal, y Sal le dijo: -- Bendito seas t de Jehov; yo he cumplido la palabra de Jehov.
-- Pues qu balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis odos? --pregunt entonces Samuel.
-- De Amalec las han trado; porque el pueblo perdon lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehov tu Dios, pero lo dems lo destruimos --respondi Sal.
Entonces dijo Samuel a Sal: -- Djame que te anuncie lo que Jehov me ha dicho esta noche. -- Habla -- le respondi l.
Y dijo Samuel: -- Aunque a tus propios ojos eras pequeo, no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehov te ha ungido rey sobre Israel?
Jehov te envi en misin y te ha dicho: "Ve, destruye a los pecadores de Amalec y hazles guerra hasta que los acabes".
Por qu, pues, no has odo la voz de Jehov? Por qu te has lanzado sobre el botn y has hecho lo malo ante los ojos de Jehov?
Sal respondi a Samuel: -- Al contrario, he obedecido la voz de Jehov! Fui a la misin que Jehov me envi, traje a Agag, rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
Pero el pueblo tom del botn ovejas y vacas, lo mejor del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehov, tu Dios, en Gilgal.
Entonces Samuel dijo: -- Acaso se complace Jehov tanto en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a las palabras de Jehov? Mejor es obedecer que sacrificar; prestar atencin mejor es que la grasa de los carneros.
Como pecado de adivinacin es la rebelin, como dolos e idolatra la obstinacin. Por cuanto rechazaste la palabra de Jehov, tambin l te ha rechazado para que no seas rey.
Sal dijo a Samuel: -- He pecado, pues he desobedecido el mandamiento de Jehov y tus palabras, porque tem al pueblo y consent a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado.
Vuelve conmigo para que adore a Jehov.
-- No volver contigo, porque rechazaste la palabra de Jehov y Jehov te ha rechazado para que no seas rey sobre Israel --respondi Samuel a Sal.
Samuel se volvi para irse, pero l se asi de la punta de su manto, y este se desgarr.
Entonces Samuel le dijo: -- Jehov ha desgarrado hoy de ti el reino de Israel y lo ha dado a un prjimo tuyo mejor que t.
Adems, el que es la Gloria de Israel no mentir ni se arrepentir, porque no es hombre para que se arrepienta.
-- Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y que vuelvas conmigo para que adore a Jehov, tu Dios --dijo Sal.
Volvi Samuel en compaa de Sal, y ador Sal a Jehov.
Despus dijo Samuel: "Traedme a Agag, rey de Amalec". Agag vino hacia l alegremente. Y deca: "Ciertamente ya pas la amargura de la muerte".
Samuel dijo: "Como tu espada dej a las mujeres sin hijos, as tu madre quedar privada de su hijo entre las mujeres". Entonces Samuel cort en pedazos a Agag delante de Jehov en Gilgal.
Se fue luego Samuel a Ram, y Sal subi a su casa en Gabaa de Sal.
Nunca ms vio Samuel a Sal en toda su vida. Y lloraba Samuel por Sal, porque Jehov se haba arrepentido de haberlo hecho rey de Israel.
Dijo Jehov a Samuel: -- Hasta cundo llorars por Sal, habindolo yo rechazado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ven, te enviar a Isa de Beln, porque de entre sus hijos me he elegido un rey.
Samuel pregunt: -- Cmo ir? Si Sal lo supiera, me matara. Jehov respondi: -- Toma contigo una becerra de la vacada, y di: "A ofrecer sacrificio a Jehov he venido".
Invita a Isa al sacrificio y yo te ensear lo que has de hacer; me ungirs al que yo te diga.
Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehov. Luego que l lleg a Beln, los ancianos de la ciudad salieron a recibirlo con miedo, y le preguntaron: -- Es pacfica tu venida?
-- S, vengo a ofrecer sacrificio a Jehov; santificaos y venid conmigo al sacrificio --respondi l. Luego santific l a Isa y a sus hijos, y los invit al sacrificio.
Aconteci que cuando ellos vinieron, vio l a Eliab, y se dijo: "De cierto delante de Jehov est su ungido".
Pero Jehov respondi a Samuel: -- No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehov no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que est delante de sus ojos, pero Jehov mira el corazn.
Entonces llam Isa a Abinadab y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: -- Tampoco a este ha escogido Jehov.
Hizo luego pasar Isa a Sama. Pero Samuel dijo: -- Tampoco a este ha elegido Jehov.
Hizo luego pasar Isa siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isa: -- Jehov no ha elegido a estos.
Entonces dijo Samuel a Isa: -- Son estos todos tus hijos? Isa respondi: -- Queda an el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isa: -- Enva por l, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que l venga aqu.
Envi, pues, por l, y lo hizo entrar. Era rubio, de hermosos ojos y de buen parecer. Entonces Jehov dijo: "Levntate y ngelo, porque este es".
Samuel tom el cuerno del aceite y lo ungi en medio de sus hermanos. A partir de aquel da vino sobre David el espritu de Jehov. Se levant luego Samuel y regres a Ram.
El espritu de Jehov se apart de Sal, y un espritu malo de parte de Jehov lo atormentaba.
Y los criados de Sal le dijeron: -- Mira, un espritu malo de parte de Dios te atormenta.
Diga, pues, nuestro seor a tus siervos que estn en tu presencia, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando est sobre ti el espritu malo de parte de Dios, toque con su mano y tengas alivio.
Sal respondi a sus criados: -- Buscadme ahora, pues, a alguno que toque bien, y tradmelo.
Entonces uno de los criados respondi: -- He visto a un hijo de Isa de Beln que sabe tocar; es valiente y vigoroso, hombre de guerra, prudente en sus palabras, hermoso, y Jehov est con l.
Entonces Sal envi mensajeros a Isa, diciendo: "Envame a David tu hijo, el que est con las ovejas".
Y tom Isa un asno cargado de pan, una vasija de vino y un cabrito, y lo envi a Sal por medio de David, su hijo.
David se present ante Sal y se puso a su servicio. Sal lo am mucho y lo hizo su paje de armas.
Luego mand a decir a Isa: "Te ruego que David se quede conmigo, pues ha hallado gracia a mis ojos".
As, cuando el espritu malo de parte de Dios vena sobre Sal, David tomaba el arpa y la tocaba. Sal se aliviaba y se senta mejor, y el espritu malo se apartaba de l.
Los filisteos reunieron sus ejrcitos para la guerra, se congregaron en Soco, que es de Jud, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim.
Tambin Sal y los hombres de Israel se reunieron, acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos.
Los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel estaba sobre otro monte al otro lado, quedando el valle entre ellos.
Sali entonces del campamento de los filisteos un paladn llamado Goliat, oriundo de Gat, que meda seis codos y un palmo de altura.
Llevaba un casco de bronce en su cabeza y vesta una coraza de malla; la coraza pesaba cinco mil siclos de bronce.
En sus piernas tena canilleras de bronce y una jabalina de bronce a la espalda.
El asta de su lanza era como un rodillo de telar y la punta de su lanza pesaba seiscientos siclos de hierro. Delante de l iba su escudero.
Goliat se par y dio voces a los escuadrones de Israel, dicindoles: -- Para qu os habis puesto en orden de batalla? No soy yo el filisteo y vosotros los siervos de Sal? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra m.
Si l puede pelear conmigo y me vence, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo puedo ms que l y lo venzo, vosotros seris nuestros siervos y nos serviris.
Hoy yo he desafiado -- aadi el filisteo -- al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.
Al escuchar Sal y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron mucho miedo.
David era hijo de aquel hombre efrateo, oriundo de Beln de Jud, llamado Isa, el cual tena ocho hijos. En tiempos de Sal este hombre era ya viejo, de edad muy avanzada,
y los tres hijos mayores de Isa se haban ido a la guerra para seguir a Sal. Los nombres de sus tres hijos que se haban ido a la guerra eran: Eliab, el primognito, el segundo, Abinadab, y el tercero, Sama.
David era el menor. Siguieron, pues, los tres mayores a Sal,
pero David haba ido y vuelto, dejando a Sal, para apacentar las ovejas de su padre en Beln.
Sala, pues, aquel filisteo por la maana y por la tarde, y as lo hizo durante cuarenta das.
Y dijo Isa a David, su hijo: "Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado y estos diez panes; llvalo pronto al campamento a tus hermanos.
Estos diez quesos de leche los llevars al jefe de los mil; fjate si tus hermanos estn bien y trae algo de ellos como prenda".
Mientras tanto, Sal, ellos, y todos los de Israel, estaban en el valle de Ela, peleando contra los filisteos.
Se levant, pues, David de maana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, se fue con su carga como Isa le haba mandado. Lleg al campamento cuando el ejrcito sala en orden de batalla y daba el grito de combate.
Se pusieron en orden de batalla Israel y los filisteos, ejrcito frente a ejrcito.
Entonces David dej su carga en manos del que guardaba el bagaje, y corri al ejrcito; cuando lleg pregunt por sus hermanos, si estaban bien.
Mientras hablaba con ellos, aquel paladn que se pona en medio de los dos campamentos, llamado Goliat, el filisteo de Gat, sali de entre las filas de los filisteos diciendo las mismas palabras, y lo oy David.
Todos los hombres de Israel que vean a aquel hombre huan de su presencia y sentan gran temor.
Y cada uno de los de Israel deca: "No habis visto a aquel hombre que ha salido? l se adelanta para provocar a Israel. Al que lo venza, el rey le proporcionar grandes riquezas, le dar a su hija y eximir de tributos a la casa de su padre en Israel".
Entonces habl David a los que estaban junto a l, diciendo: -- Qu harn al hombre que venza a este filisteo y quite el oprobio de Israel? Porque quin es este filisteo incircunciso para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?
El pueblo le repiti las mismas palabras, diciendo: "As se har al hombre que lo venza".
Al orlo hablar as con aquellos hombres, Eliab, su hermano mayor, se encendi en ira contra David y le dijo: -- Para qu has descendido ac? A quin has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazn; has venido para ver la batalla.
-- Qu he hecho yo ahora? No es esto mero hablar? -- dijo David.
Y, apartndose de l, se dirigi a otros y les pregunt de igual manera; y el pueblo le dio la misma respuesta de antes.
Fueron odas las palabras que haba dicho David, y se lo contaron a Sal, que lo hizo venir.
Dijo David a Sal: -- Que nadie se desanime a causa de ese; tu siervo ir y pelear contra este filisteo.
Dijo Sal a David: -- T no podrs ir contra aquel filisteo, y pelear con l, porque eres un muchacho, mientras que l es un hombre de guerra desde su juventud.
David respondi a Sal: -- Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre. Cuando vena un len o un oso, y se llevaba algn cordero de la manada,
sala yo tras l, lo hera y se lo arrancaba de la boca; y si se revolva contra m, le echaba mano a la quijada, lo hera y lo mataba.
Ya fuera len o fuera oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso ser como uno de ellos, porque ha provocado al ejrcito del Dios viviente.
Jehov -- aadi David -- , que me ha librado de las garras del len y de las garras del oso, l tambin me librar de manos de este filisteo. Dijo Sal a David: -- Ve, y que Jehov sea contigo.
Sal visti a David con sus ropas, puso sobre su cabeza un casco de bronce y lo cubri con una coraza.
Ci David la espada sobre sus vestidos y prob a andar, porque nunca haba hecho la prueba. Y dijo David a Sal: -- No puedo andar con esto, pues nunca lo practiqu. Entonces David se quit aquellas cosas.
Luego tom en la mano su cayado y escogi cinco piedras lisas del arroyo, las puso en el saco pastoril, en el zurrn que traa, y con su honda en la mano se acerc al filisteo.
El filisteo fue avanzando y acercndose a David, precedido de su escudero.
Cuando el filisteo mir y vio a David, no lo tom en serio, porque era apenas un muchacho, rubio y de hermoso parecer.
El filisteo dijo a David: -- Soy yo un perro, para que vengas contra m con palos? Y maldijo a David invocando a sus dioses.
Dijo luego el filisteo a David: -- Ven hacia m y dar tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.
Entonces dijo David al filisteo: -- T vienes contra m con espada, lanza y jabalina; pero yo voy contra ti en el nombre de Jehov de los ejrcitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien t has provocado.
Jehov te entregar hoy en mis manos, yo te vencer y te cortar la cabeza. Y hoy mismo entregar tu cuerpo y los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y sabr toda la tierra que hay Dios en Israel.
Y toda esta congregacin sabr que Jehov no salva con espada ni con lanza, porque de Jehov es la batalla y l os entregar en nuestras manos.
Aconteci que cuando el filisteo se levant y ech a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa y corri a la lnea de batalla contra el filisteo.
Meti David su mano en la bolsa, tom de all una piedra, la tir con la honda e hiri al filisteo en la frente. La piedra se le clav en la frente y cay a tierra sobre su rostro.
As venci David al filisteo con honda y piedra. Hiri al filisteo y lo mat, sin tener David una espada en sus manos.
Entonces corri David y se puso sobre el filisteo; tom su espada, la sac de la vaina, lo acab de matar, y le cort con ella la cabeza. Cuando los filisteos vieron muerto a su paladn, huyeron.
Se levantaron luego los de Israel y los de Jud, dieron gritos de guerra y siguieron tras los filisteos hasta el valle y hasta las puertas de Ecrn. Muchos filisteos cayeron heridos por el camino de Saaraim hasta Gat y Ecrn.
Regresaron los hijos de Israel de perseguir a los filisteos, y saquearon su campamento.
Entonces David tom la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusaln, pero sus armas las puso en su tienda.
Cuando Sal vio a David que sala a encontrarse con el filisteo, dijo a Abner, general del ejrcito: -- Abner, de quin es hijo ese joven? Abner respondi:
-- Vive tu alma!, oh rey, que no lo s. Y el rey dijo: -- Pregunta de quin es hijo ese joven.
Cuando David volvi de matar al filisteo, Abner lo tom y lo llev ante Sal. David llevaba en su mano la cabeza del filisteo.
Sal le pregunt: -- Muchacho, de quin eres hijo? David respondi: -- Soy hijo de tu siervo Isa de Beln.
Aconteci que cuando David acab de hablar con Sal, el alma de Jonatn qued ligada con la de David, y lo am Jonatn como a s mismo.
Aquel da Sal tom consigo a David y no lo dej volver a casa de su padre.
Hizo Jonatn un pacto con David, porque lo amaba como a s mismo.
Se quit Jonatn el manto que llevaba y se lo dio a David, as como otras ropas suyas, su espada, su arco y su cinturn.
Y sala David a dondequiera que Sal lo enviaba, y se portaba prudentemente. Entonces lo puso Sal al frente de su gente de guerra, y era bien visto por todo el pueblo, y tambin por los siervos de Sal.
Aconteci que cuando volvan, despus de haber matado David al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel a recibir al rey Sal cantando y danzando con panderos, con cnticos de alegra y con instrumentos de msica.
Mientras danzaban, las mujeres cantaban diciendo: "Sal hiri a sus miles, y David a sus diez miles".
Sal se enoj mucho y le desagradaron estas palabras, pues deca: "A David le dan diez miles, y a m miles; no le falta ms que el reino".
Y desde aquel da Sal no mir con buenos ojos a David.
Aconteci al otro da, que un espritu malo de parte de Dios se apoder de Sal, y l deliraba en medio de la casa. David tocaba como otras veces. Sal tena la lanza en la mano.
Sal arroj la lanza, pensando: "Voy a clavar a David en la pared". Pero David lo evadi dos veces.
Tema Sal a David, por cuanto Jehov estaba con l, y de Sal se haba apartado;
por eso Sal lo alej de su lado y lo puso al frente de un millar de hombres. As David sala y entraba a la cabeza de sus hombres.
David se conduca prudentemente en todos sus asuntos y Jehov estaba con l.
Al ver Sal que se portaba tan prudentemente, tena temor de l.
Pero todo Israel y Jud amaba a David, pues sala y entraba a la cabeza de ellos.
Entonces dijo Sal a David: -- Voy a darte por mujer a Merab, mi hija mayor, con tal que me seas hombre valiente y pelees las batallas de Jehov. Pero Sal pensaba: "Que no sea mi mano la que se levante contra l, sino la mano de los filisteos".
Pero David respondi a Sal: -- Quin soy yo, qu es mi vida o la familia de mi padre en Israel, para que yo sea yerno del rey?
Cuando lleg el tiempo en que Merab, hija de Sal, deba ser entregada a David, fue dada por mujer a Adriel, el meholatita.
Pero Mical, la otra hija de Sal, amaba a David. Le fue dicho a Sal, y a este le pareci bien,
porque pens: "Se la dar, pero ser para l un lazo que le har caer en manos de los filisteos". Dijo, pues, Sal a David por segunda vez: -- T sers mi yerno hoy.
Y mand Sal a sus siervos: -- Hablad en secreto a David, dicindole: "He aqu el rey te ama, y todos sus siervos te quieren bien; acepta ser, pues, yerno del rey".
Los criados de Sal repitieron estas palabras a los odos de David. Y este les respondi: -- Os parece a vosotros que es poco ser yerno del rey; yo, que soy un hombre pobre y de humilde condicin?
Los criados de Sal le informaron de la respuesta, diciendo: "Tales palabras ha dicho David".
Sal les dijo: -- Decid as a David: "El rey no desea la dote, sino cien prepucios de filisteos, para vengarse de los enemigos del rey". Pero Sal pensaba hacer caer a David en manos de los filisteos.
Cuando sus siervos comunicaron a David estas palabras, pareci bien a los ojos de David la cosa de ser yerno del rey. Y antes que el plazo se cumpliera,
se levant David, se fue con su gente y mat a doscientos hombres de los filisteos. Trajo David los prepucios de ellos y los entreg todos al rey, a fin de hacerse yerno del rey. Entonces Sal le dio a su hija Mical por mujer.
Al ver esto Sal, comprendi que Jehov estaba con David, y que su hija Mical lo amaba.
Por eso tuvo ms temor de David, y fue enemigo de David todos los das de su vida.
Salan en campaa los prncipes de los filisteos, y cada vez que salan, David tena ms xito que todos los siervos de Sal, por lo cual su nombre se hizo muy famoso.
Habl Sal a Jonatn, su hijo, y a todos sus siervos, para que mataran a David; pero Jonatn, hijo de Sal, amaba mucho a David,
y le avis diciendo: -- Mi padre Sal procura matarte; por tanto, cudate hasta la maana, estte en lugar oculto y escndete.
Yo saldr y estar junto a mi padre en el campo donde t ests; hablar de ti a mi padre y te har saber lo que haya.
Jonatn habl bien de David a su padre Sal, y le dijo: -- No peque el rey contra su siervo David, porque ningn pecado ha cometido contra ti y, al contrario, sus obras han sido muy beneficiosas para ti,
pues l puso su vida en peligro para matar al filisteo, y Jehov le dio una gran victoria a todo Israel. T lo viste y te alegraste. Por qu, pues, vas a pecar contra sangre inocente, matando a David sin causa?
Escuch Sal las palabras de Jonatn y jur: -- Vive Jehov!, no morir.
Llam entonces Jonatn a David y le cont todas estas palabras; l mismo llev a David ante Sal, y se qued a su servicio como antes.
Despus hubo de nuevo guerra; sali David y pele contra los filisteos, les caus un gran estrago y huyeron ante l.
Pero el espritu malo de parte de Jehov se apoder de Sal; y estando sentado en su casa con una lanza en la mano, mientras David tocaba,
Sal procur clavar a David con su lanza en la pared, pero l se apart de delante de Sal, y la lanza se clav en la pared. David huy y se puso a salvo aquella noche.
Sal envi luego mensajeros a casa de David para que lo vigilaran y lo mataran por la maana. Pero Mical, su mujer, le avis a David: "Si no salvas tu vida esta noche, maana estars muerto".
Descolg Mical a David por una ventana. l se fue y huy ponindose a salvo.
Tom luego Mical una estatua y la puso sobre la cama, le acomod por cabecera una almohada de pelo de cabra y la cubri con la ropa.
Cuando Sal envi mensajeros para capturar a David, ella dijo: "Est enfermo".
Volvi Sal a enviar mensajeros en busca de David, y les dijo: "Tradmelo en la cama para que lo mate".
Cuando los mensajeros entraron, encontraron la estatua en la cama, y una almohada de pelo de cabra a su cabecera.
Entonces Sal dijo a Mical: -- Por qu me has engaado as y has dejado escapar a mi enemigo? Mical respondi a Sal: -- Porque l me dijo: "Djame ir; si no, yo te matar".
Huy, pues, David, y se puso a salvo. Se fue adonde estaba Samuel en Ram, y le cont todo lo que Sal haba hecho con l. Despus, l y Samuel se fueron a habitar en Naiot.
Y avisaron a Sal, dicindole: "Mira, David est en Naiot de Ram".
Entonces Sal envi mensajeros para que trajeran a David, los cuales vieron una compaa de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba all y los presida. Vino el espritu de Dios sobre los mensajeros de Sal y ellos tambin profetizaron.
Cuando lo supo Sal, envi otros mensajeros, los cuales tambin profetizaron. Sal volvi a enviar mensajeros por tercera vez, y ellos tambin profetizaron.
Entonces l mismo fue a Ram, y al llegar al gran pozo que est en Sec, pregunt diciendo: -- Dnde estn Samuel y David? Uno le respondi: -- Estn en Naiot, en Ram.
Sali para Naiot, en Ram, pero tambin se apoder de l el espritu de Dios, y sigui andando y profetizando hasta que lleg a Naiot, en Ram.
Tambin l se despoj de sus vestidos y profetiz igualmente delante de Samuel. Estuvo desnudo todo aquel da y toda aquella noche. De aqu el dicho: "Tambin Sal entre los profetas?".
Despus huy David de Naiot de Ram, y fue a decirle a Jonatn: -- Qu he hecho yo? Cul es mi maldad, o cul mi pecado contra tu padre, para que busque mi muerte?
l le dijo: -- De ninguna manera; no morirs. Mi padre no hace ninguna cosa, ni grande ni pequea, que no me la descubra; por qu, pues, me ha de ocultar mi padre este asunto? No ser as.
David volvi a jurar, diciendo: -- Tu padre sabe claramente que yo he hallado gracia delante de tus ojos, y dir: "Que Jonatn no sepa esto, para que no se entristezca". Pero, vive Jehov y vive tu alma!, que apenas estoy a un paso de la muerte.
Jonatn dijo a David: -- Har por ti lo que desee tu alma.
David respondi a Jonatn: -- Maana ser la luna nueva, y yo acostumbro sentarme con el rey a comer; pero t dejars que me esconda en el campo hasta pasado maana por la tarde.
Si tu padre hace mencin de m, dirs: "Me rog mucho que lo dejara ir corriendo a Beln, su ciudad, porque todos los de su familia celebran all el sacrificio anual".
Si l dijera: "Est bien", entonces tendr paz tu siervo; pero si se enoja, sabrs que por su parte est decretada mi perdicin.
Hars, pues, misericordia con tu siervo, ya que has hecho a tu siervo contraer un pacto contigo ante Jehov; si hay maldad en m, mtame t, pues no hay necesidad de llevarme hasta tu padre.
Jonatn le dijo: -- Nunca te suceda tal cosa; antes bien, si me entero que mi padre ha determinado hacerte mal, no te lo avisara yo?
Dijo entonces David a Jonatn: -- Quin me avisar si tu padre te responde speramente?
Jonatn dijo a David: -- Ven, salgamos al campo. Y salieron ambos al campo.
Entonces dijo Jonatn a David: -- Jehov, Dios de Israel, sea testigo! Cuando le haya preguntado a mi padre maana a esta hora, o pasado maana, si todo marcha bien para con David, entonces te lo har saber.
Pero si mi padre intenta hacerte mal, traiga Jehov sobre Jonatn el peor de los castigos, si no te lo hago saber para que te vayas en paz. Que Jehov est contigo como estuvo con mi padre.
Si para entonces estoy vivo, usa conmigo la misericordia de Jehov, para que no muera,
y nunca apartes tu misericordia de mi casa. Cuando Jehov haya eliminado uno por uno a los enemigos de David de la faz de la tierra, no dejes que el nombre de Jonatn sea quitado de la casa de David.
As hizo Jonatn un pacto con la casa de David, diciendo: "Demndelo Jehov de manos de los enemigos de David".
Y Jonatn hizo jurar a David otra vez, porque lo amaba, lo amaba como a s mismo.
Luego le dijo Jonatn: -- Maana es nueva luna y t sers echado de menos, porque tu asiento estar vaco.
Estars, pues, tres das, y luego descenders y vendrs al lugar donde estabas escondido el da que ocurri esto mismo, y esperars junto a la piedra de Ezel.
Yo tirar tres flechas hacia aquel lado, como ejercitndome al blanco.
Luego enviar al criado, dicindole: "Ve, busca las flechas". Si digo al criado: "Ah estn las flechas, ms ac de ti, tmalas", t vendrs, porque todo va bien para ti y nada malo sucede, vive Jehov!
Pero si yo digo al muchacho: "All estn las flechas, ms all de ti", vete, porque Jehov quiere que te vayas.
En cuanto al asunto de que t y yo hemos hablado, est Jehov entre nosotros dos para siempre.
Se escondi, pues, David en el campo, y cuando lleg la nueva luna, se sent el rey a la mesa, para comer.
El rey se sent en su silla, como sola, en el asiento junto a la pared. Jonatn se levant, se sent Abner al lado de Sal, y el lugar de David qued vaco.
Pero aquel da Sal no dijo nada, porque pensaba: "Le habr acontecido algo y no est limpio; de seguro no est purificado".
Al siguiente da, el segundo da de la nueva luna, aconteci que el asiento de David se qued tambin vaco. Y Sal dijo a su hijo Jonatn: -- Por qu no ha venido a comer hoy ni ayer el hijo de Isa?
Jonatn respondi a Sal: -- David me pidi encarecidamente que lo dejara ir a Beln.
Me dijo: "Te ruego que me dejes ir, porque nuestra familia celebra sacrificio en la ciudad y mi hermano me lo ha demandado; por lo tanto, si he hallado gracia a tus ojos, permteme ir ahora para visitar a mis hermanos". Por esto no ha venido a la mesa del rey.
Entonces se encendi la ira de Sal contra Jonatn, y le dijo: -- Hijo de la perversa y rebelde, acaso no s yo que t has elegido al hijo de Isa para vergenza tuya y vergenza de la madre que te dio a luz?
Porque todo el tiempo que el hijo de Isa viva sobre la tierra, ni t ni tu reino estarn firmes. As que manda ahora a buscarlo y tremelo, porque ha de morir.
Jonatn respondi a su padre Sal, y le dijo: -- Por qu morir? Qu ha hecho?
Entonces Sal le arroj una lanza para herirlo; de donde comprendi Jonatn que su padre estaba resuelto a matar a David.
Se levant Jonatn de la mesa con exaltada ira y no comi nada el segundo da de la nueva luna; pues estaba afligido a causa de David, porque su padre lo haba ofendido.
Al otro da, de maana, sali Jonatn al campo, con un muchacho pequeo, a la hora acordada con David.
Y dijo al muchacho: "Corre y busca las flechas que yo tire". Mientras el muchacho iba corriendo, l tiraba la flecha de modo que pasara ms all de l.
Al llegar el muchacho donde estaba la flecha que Jonatn haba tirado, Jonatn le gritaba diciendo: -- No est la flecha ms all de ti?
Y sigui gritando Jonatn tras el muchacho: -- Corre, date prisa, no te pares. El muchacho de Jonatn recogi las flechas y volvi adonde estaba su seor.
Pero de nada se enter el muchacho; solamente Jonatn y David saban de lo que se trataba.
Luego dio Jonatn sus armas a su muchacho, y le dijo: "Vete y llvalas a la ciudad".
Cuando el muchacho se march, David se levant del lado del sur y se inclin tres veces postrndose hasta la tierra. Se besaron el uno al otro y lloraron juntos, pero David llor ms.
Jonatn dijo entonces a David: "Vete en paz, porque ambos hemos jurado en nombre de Jehov, diciendo: "Que Jehov est entre t y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre"". Se levant David y se fue; y Jonatn volvi a la ciudad.
Vino David a Nob, adonde estaba el sacerdote Ahimelec; este sali a su encuentro, sorprendido, y le pregunt: -- Por qu ests t solo, sin nadie que te acompae?
Respondi David al sacerdote Ahimelec: -- El rey me encomend un asunto, y me dijo: "Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envo, y de lo que te he encomendado". He citado a los criados en cierto lugar.
Ahora, pues, qu tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que tengas.
El sacerdote respondi a David y dijo: -- No tengo pan comn a la mano, solamente tengo pan sagrado; pero lo dar si es que los criados se han guardado al menos de tratos con mujeres.
David respondi al sacerdote: -- En verdad las mujeres han estado lejos de nosotros ayer y anteayer; cuando yo sal, ya los cuerpos de los jvenes estaban puros, aunque el viaje es profano; cunto ms no sern puros hoy sus cuerpos?
As que el sacerdote le dio el pan sagrado, porque all no haba otro pan sino los panes de la proposicin, los cuales haban sido retirados de la presencia de Jehov, para colocar panes calientes el da que tocaba retirarlos.
Y estaba all aquel da, detenido delante de Jehov, uno de los siervos de Sal, cuyo nombre era Doeg, el edomita, el principal de los pastores de Sal.
David dijo a Ahimelec: -- No tienes aqu a mano una lanza o una espada? Porque no he trado ni mi espada ni mis armas, por cuanto la orden del rey era apremiante.
El sacerdote respondi: -- La espada de Goliat el filisteo, al que t venciste en el valle de Ela, est aqu envuelta en un velo detrs del efod; si quieres tomarla, tmala; porque aqu no hay otra sino esa. David respondi: -- Ninguna como ella; dmela.
Se levant David aquel da, y huyendo de la presencia de Sal, se fue a Aquis, rey de Gat.
Y le dijeron a Aquis sus siervos: -- No es ste David, el rey de la tierra? no es este de quien cantaban en las danzas, diciendo: "Hiri Sal a sus miles, y David a sus diez miles"?
David guard en su corazn estas palabras y temi mucho a Aquis, rey de Gat.
Por eso cambi su manera de comportarse delante de ellos y se fingi loco en medio de ellos; araaba las puertas y dejaba que la saliva le corriera por la barba.
Y Aquis dijo a sus siervos: -- Mirad, este hombre es un demente; por qu lo habis trado ante m?
Acaso me hacen falta locos, para que hayis trado a este a hacer sus locuras delante de m? Va a entrar este en mi casa?
Parti David de all y se refugi en la cueva de Adulam; cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, fueron all a reunirse con l.
Adems se le unieron todos los afligidos, todos los que estaban endeudados y todos los que se hallaban en amargura de espritu, y lleg a ser su jefe. Haba con l como cuatrocientos hombres.
De all se fue David a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: "Te ruego que mi padre y mi madre se queden con vosotros, hasta que sepa lo que Dios har de m".
Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron con l todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte.
Pero el profeta Gad dijo a David: "No te quedes en este lugar fuerte; anda y vete a tierra de Jud". Entonces parti David y entr en el bosque de Haret.
Oy Sal que David y los que estaban con l haban sido vistos. Estaba Sal sentado en Gabaa, debajo de un tamarisco, sobre un alto, con la lanza en su mano, y rodeado de todos sus siervos.
Y dijo Sal a los siervos que estaban alrededor de l: -- Od ahora, hijos de Benjamn: Os dar tambin a todos vosotros el hijo de Isa tierras y vias, y os har a todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas,
para que todos vosotros hayis conspirado contra m? No ha habido quien me informara de cmo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isa, ni hay ninguno de vosotros que se conduela de m y me d a conocer cmo mi hijo ha sublevado contra m a un siervo mo para que me aceche, tal como lo hace hoy?
Entonces Doeg, el edomita, que era el principal de los siervos de Sal, respondi: -- Yo vi al hijo de Isa venir a Nob, adonde estaba Ahimelec hijo de Ahitob.
Este consult a Jehov por l, le dio provisiones y tambin la espada de Goliat, el filisteo.
Mand el rey a llamar al sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob, y a toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob, y todos vinieron ante el rey.
Y Sal dijo: -- Oye ahora, hijo de Ahitob. -- Heme aqu, seor mo -- respondi l.
Sal aadi: -- Por qu habis conspirado contra m, t y el hijo de Isa? Le diste pan y una espada, y consultaste a Dios por l, para que se subleve contra m y me aceche, como lo hace en el da de hoy.
Ahimelec respondi al rey: -- Y quin entre todos tus siervos es tan fiel como David, que adems es yerno del rey, sirve a tus rdenes y todos lo honran en tu propia casa?
Acaso he comenzado hoy a consultar a Dios por l? No, lejos de m! Que el rey no culpe de cosa alguna a su siervo, ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa, grande ni pequea, sabe de este asunto.
Pero el rey respondi: -- Sin duda morirs, Ahimelec, t y toda la casa de tu padre.
Luego dijo el rey a la gente de su guardia que estaba a su lado: -- Volveos y matad a los sacerdotes de Jehov; porque tambin la mano de ellos est con David, pues sabiendo ellos que hua, no me lo hicieron saber. Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar a los sacerdotes de Jehov.
Entonces dijo el rey a Doeg: -- Vulvete y arremete contra los sacerdotes. Y se volvi Doeg, el edomita, atac a los sacerdotes y mat en aquel da a ochenta y cinco hombres que vestan efod de lino.
Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, la pas Sal a filo de espada: a hombres, mujeres y nios, hasta los de pecho, y bueyes, asnos y ovejas, todo lo hiri a filo de espada.
Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba Abiatar, pudo escapar, y huy tras David.
Abiatar dio aviso a David de cmo Sal haba dado muerte a los sacerdotes de Jehov.
Y David le dijo: -- Ya saba yo aquel da que estando all Doeg, el edomita, l se lo hara saber a Sal. He ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre.
Qudate conmigo, no temas; quien busque mi vida, buscar tambin la tuya; pero conmigo estars a salvo.
Dieron aviso a David diciendo: "Los filisteos estn combatiendo contra Keila y roban las eras".
Entonces David consult a Jehov: -- Ir a atacar a estos filisteos? Jehov respondi a David: -- Ve, ataca a los filisteos y libra a Keila.
Pero los que estaban con David le dijeron: -- Mira, nosotros aqu en Jud estamos con miedo; cunto ms si vamos a Keila contra el ejrcito de los filisteos?
David volvi a consultar a Jehov. Y Jehov le respondi: -- Levntate, desciende a Keila, pues yo entregar en tus manos a los filisteos.
Fue, pues, David con sus hombres a Keila y pele contra los filisteos; se llev sus ganados, les caus una gran derrota y libr David a los de Keila.
Aconteci que Abiatar hijo de Ahimelec, que se haba refugiado junto a David, descendi a Keila con el efod en su mano.
Y le avisaron a Sal que David haba venido a Keila. Entonces dijo Sal: "Dios lo ha entregado en mis manos, pues l mismo se ha encerrado al entrar en una ciudad con puertas y cerraduras".
Sal convoc a todo el pueblo a la batalla para descender a Keila y poner sitio a David y a sus hombres.
Pero al saber David que Sal tramaba algo malo contra l, dijo al sacerdote Abiatar: "Trae el efod".
Luego dijo: -- Jehov, Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Sal intenta venir a Keila para destruir la ciudad por causa ma.
Me entregarn los vecinos de Keila en sus manos? Descender Sal, como ha odo tu siervo? Jehov, Dios de Israel, te ruego que lo hagas saber a tu siervo. Jehov dijo: -- S, descender.
Dijo luego David: -- Me entregarn los vecinos de Keila a m y a mis hombres en manos de Sal? Jehov respondi: -- Os entregarn.
Entonces David parti con sus hombres, que eran como seiscientos, salieron de Keila y anduvieron de un lugar a otro. Lleg a Sal la noticia de que David se haba escapado de Keila y desisti de salir.
David se qued en el desierto, en lugares fuertes, y habitaba en un monte en el desierto de Zif. Lo buscaba Sal todos los das, pero Dios no lo entreg en sus manos.
Viendo, pues, David que Sal haba salido en busca de su vida, se qued en Hores, en el desierto de Zif.
Jonatn hijo de Sal se levant y vino adonde estaba David, en Hores, y lo reconfort en Dios
dicindole: -- No temas, pues no te hallar la mano de Sal, mi padre; t reinars sobre Israel y yo ser tu segundo. Hasta mi padre Sal lo sabe.
Ambos hicieron un pacto delante de Jehov; David se qued en Hores y Jonatn se volvi a su casa.
Despus subieron los de Zif para decirle a Sal en Gabaa: -- No est David escondido en nuestra tierra, en las peas de Hores, en el collado de Haquila, que est al sur del desierto?
Por tanto, rey, desciende ahora pronto, conforme a tu deseo, y nosotros lo entregaremos en manos del rey.
Sal les respondi: -- Benditos seis vosotros de Jehov, que habis tenido compasin de m.
Id, pues, ahora, aseguraos ms, conoced y ved el lugar de su escondite, y quin lo haya visto all; porque se me ha dicho que l es muy astuto.
Observad, pues, e informaos de todos los escondrijos donde se oculta; regresad a m con informacin segura y yo ir con vosotros. Si l est en la regin, yo lo buscar entre todas las familias de Jud.
Ellos se levantaron y se fueron a Zif delante de Sal. Pero David y su gente estaban en el desierto de Man, en el Arab, al sur del desierto.
Fue Sal con su gente a buscarlo; pero alguien avis a David, el cual descendi a la pea y se qued en el desierto de Man. Cuando Sal oy esto, sigui a David al desierto de Man.
Sal iba por un lado del monte, y David con sus hombres por el otro lado del monte. Se daba prisa David para escapar de Sal, pero Sal y sus hombres haban rodeado a David y a su gente para capturarlos.
Entonces lleg un mensajero y dijo a Sal: "Ven en seguida, porque los filisteos han hecho una incursin en el pas".
Abandon Sal, por tanto, la persecucin de David, y parti contra los filisteos. Por esta causa le pusieron a aquel lugar el nombre de Sela-hama-lecot.
De all David se fue a habitar en los lugares fuertes de En-gadi.
Cuando Sal volvi de perseguir a los filisteos, le avisaron: "David est en el desierto de En-gadi".
Tom entonces Sal tres mil hombres escogidos de todo Israel y sali en busca de David y de sus hombres por las cumbres de los peascos de las cabras monteses.
Al llegar a un redil de ovejas junto al camino, donde haba una cueva, entr Sal en ella para hacer sus necesidades. En el fondo de la cueva estaban sentados David y sus hombres.
Los hombres de David le dijeron: -- Mira, este es el da que Jehov te anunci: "Yo entrego a tu enemigo en tus manos, y hars con l como te parezca". David se levant y, calladamente, cort la orilla del manto de Sal.
Despus de esto se turb el corazn de David, porque haba cortado la orilla del manto de Sal.
Y dijo a sus hombres: -- Jehov me guarde de hacer tal cosa contra mi seor, el ungido de Jehov. No extender mi mano contra l, porque es el ungido de Jehov!
Con estas palabras reprimi David a sus hombres y no les permiti que se abalanzaran contra Sal. Y Sal, saliendo de la cueva, sigui su camino.
Tambin David se levant despus y, saliendo de la cueva, le grit a Sal: -- Mi seor, el rey! Cuando Sal mir hacia atrs, David se postr rostro en tierra, hizo una reverencia,
y dijo a Sal: -- Por qu escuchas las palabras de los que dicen: "Mira que David procura tu mal"?
Hoy han visto tus ojos cmo Jehov te ha puesto en mis manos en la cueva. Me dijeron que te matara, pero te perdon, pues me dije: "No extender mi mano contra mi seor, porque es el ungido de Jehov".
"Mira, padre mo, mira la orilla de tu manto en mi mano; porque yo cort la orilla de tu manto y no te mat. Reconoce, pues, que no hay mal ni traicin en mis manos, ni he pecado contra ti; sin embargo, t andas a caza de mi vida para quitrmela.
Juzgue Jehov entre t y yo, y vngueme de ti Jehov; pero mi mano no se alzar contra ti.
Como dice el proverbio de los antiguos: "De los impos saldr la impiedad"; as que mi mano no se alzar contra ti.
Contra quin ha salido el rey de Israel? A quin persigues? A un perro muerto? A una pulga?
Jehov, pues, ser juez, y l juzgar entre t y yo. Que l vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.
Aconteci que cuando David acab de decir estas palabras a Sal, este exclam: -- No es esta tu voz, David, hijo mo? Alzando su voz, Sal rompi a llorar,
y dijo a David: -- Ms justo eres t que yo, que me has pagado con bien, habindote yo pagado con mal.
Hoy me has mostrado tu bondad; pues Jehov me ha entregado en tus manos y no me has dado muerte.
Porque quin encuentra a su enemigo y lo deja ir sano y salvo? Jehov te pague con bien lo que en este da has hecho conmigo.
Ahora tengo por cierto que t has de reinar, y que el reino de Israel se mantendr firme y estable en tus manos.
Ahora, pues, jrame por Jehov que no destruirs mi descendencia despus de m, ni borrars mi nombre de la casa de mi padre.
As lo jur David a Sal. Despus se fue Sal a su casa, mientras David y sus hombres suban al lugar fuerte.
Por entonces muri Samuel. Todo Israel se congreg para llorarlo y lo sepultaron en su casa, en Ram. Entonces se levant David y se fue al desierto de Parn.
En Man haba un hombre que tena su hacienda en Carmel. Era muy rico, tena tres mil ovejas y mil cabras, y estaba esquilando sus ovejas en Carmel.
Aquel hombre se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Aquella mujer era de buen entendimiento y hermosa apariencia, pero el hombre era rudo y de mala conducta; era del linaje de Caleb.
Supo David en el desierto que Nabal esquilaba sus ovejas.
Entonces envi David diez jvenes y les dijo: "Subid al Carmel e id a Nabal; saludadlo en mi nombre
y decidle: "Paz a ti, a tu familia, y paz a todo cuanto tienes.
He sabido que tienes esquiladores. Ahora bien, tus pastores han estado con nosotros; no los tratamos mal ni les falt nada en todo el tiempo que han estado en Carmel.
Pregunta a tus criados y ellos te lo dirn. Hallen, por tanto, estos jvenes gracia a tus ojos, porque hemos venido en buen da; te ruego que des lo que tengas a mano a tus siervos y a tu hijo David"".
Los jvenes enviados por David fueron y dijeron a Nabal todas estas cosas en nombre de David, y callaron.
Pero Nabal respondi a los jvenes enviados por David: -- Quin es David, quin es el hijo de Isa? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus seores.
He de tomar yo ahora mi pan, mi agua y la carne que he preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no s de dnde son?
Los jvenes que haba enviado David, dando media vuelta, tomaron el camino de regreso. Cuando llegaron a donde estaba David, le dijeron todas estas cosas.
Entonces David dijo a sus hombres: "Case cada uno su espada". Cada uno se ci su espada y tambin David se ci la suya. Subieron tras David unos cuatrocientos hombres, y dejaron doscientos con el bagaje.
Pero uno de los criados avis a Abigail, mujer de Nabal, diciendo: "Mira que David ha enviado mensajeros del desierto para saludar a nuestro amo, y l los ha despreciado.
Aquellos hombres han sido muy buenos con nosotros, y cuando estbamos en el campo nunca nos trataron mal, ni nos falt nada en todo el tiempo que anduvimos con ellos.
Muro fueron para nosotros de da y de noche, todos los das que hemos estado con ellos apacentando las ovejas.
Ahora, pues, reflexiona y mira lo que has de hacer, porque ya est decidida la ruina de nuestro amo y de toda su casa; pues l es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle".
Tom Abigail a toda prisa doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de uvas pasas y doscientos panes de higos secos, y lo carg todo sobre unos asnos.
Luego dijo a sus criados: "Id delante de m, y yo os seguir luego". Pero nada declar a su marido Nabal.
Montada en un asno, descendi por una parte secreta del monte, mientras David y sus hombres venan en direccin a ella; y ella les sali al encuentro.
David haba comentado: "Ciertamente en vano he guardado en el desierto todo lo que este hombre tiene, sin que nada le haya faltado de todo cuanto es suyo; y l me ha devuelto mal por bien.
Traiga Dios sobre los enemigos de David el peor de los castigos, que de aqu a maana no he de dejar con vida ni a uno solo de los que estn con l".
Cuando Abigail vio a David, se baj en seguida del asno; inclinndose ante David, se postr en tierra,
y echndose a sus pies le dijo: -- Que caiga sobre m el pecado!, seor mo, pero te ruego que permitas que tu sierva hable a tus odos, y escucha las palabras de tu sierva.
No haga caso ahora mi seor de ese hombre perverso, de Nabal; porque conforme a su nombre, as es. l se llama Nabal, y la insensatez lo acompaa; pero yo, tu sierva, no vi a los jvenes que t enviaste.
Ahora pues, seor mo, vive Jehov, y vive tu alma!, que Jehov te ha impedido venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran el mal contra mi seor.
En cuanto a este presente que tu sierva te ha trado, que sea dado a los hombres que siguen a mi seor.
Te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehov har de cierto una casa perdurable a mi seor, por cuanto mi seor pelea las batallas de Jehov, y no vendr mal sobre ti en todos tus das.
Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi seor ser atada al haz de los que viven delante de Jehov tu Dios, mientras que l arrojar las vidas de tus enemigos como quien las tira con el cuenco de una honda.
Cuando Jehov haga con mi seor conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca como prncipe sobre Israel,
entonces, seor mo, no tendrs motivo de pena ni remordimientos por haber derramado sangre sin causa, o por haberte vengado con tu propia mano. Gurdese, pues, mi seor, y cuando Jehov haya favorecido a mi seor, acurdate de tu sierva.
Entonces David dijo a Abigail: -- Bendito sea Jehov, Dios de Israel, que te envi para que hoy me encontraras.
Bendito sea tu razonamiento y bendita t, que me has impedido hoy derramar sangre y vengarme por mi propia mano.
Porque, vive Jehov, Dios de Israel!, que me ha impedido hacerte mal, que de no haberte dado prisa en venir a mi encuentro, maana por la maana no le habra quedado con vida a Nabal ni un solo hombre.
David recibi de sus manos lo que le haba trado, y le dijo: -- Sube en paz a tu casa, pues he escuchado tu peticin y te la he concedido.
Cuando Abigail volvi adonde estaba Nabal, este estaba celebrando en su casa un banquete como de rey. Nabal estaba alegre y completamente ebrio, por lo cual ella no le dijo absolutamente nada hasta el da siguiente.
Pero por la maana, cuando ya a Nabal se le haban pasado los efectos del vino, le cont su mujer estas cosas; entonces se le apret el corazn en el pecho, y se qued como una piedra.
Diez das despus, Jehov hiri a Nabal, y este muri.
Luego de oir David que Nabal haba muerto, dijo: "Bendito sea Jehov, que juzg la causa de la afrenta que recib de manos de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo. Jehov ha hecho caer la maldad de Nabal sobre su propia cabeza". Despus mand David a decir a Abigail que quera tomarla por mujer.
Los siervos de David se presentaron ante Abigail en Carmel y le hablaron diciendo: -- David nos enva para tomarte por mujer.
Ella se levant, se postr rostro en tierra, y dijo: -- Aqu tienes a tu sierva, que ser una sierva para lavar los pies de los siervos de mi seor.
Se levant luego Abigail y, acompaada de las cinco doncellas que la servan, mont en un asno, sigui a los mensajeros de David, y fue su mujer.
Tambin tom David a Ahinoam de Jezreel, y ambas fueron sus mujeres.
Porque Sal haba dado a su hija Mical, mujer de David, a Palti hijo de Lais, que era de Galim.
Llegaron, pues, los zifeos adonde estaba Sal, en Gabaa, diciendo: "No est David escondido en el collado de Haquila, al oriente del desierto?".
Entonces Sal se levant y descendi al desierto de Zif, llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif.
Acamp Sal en el collado de Haquila, que est junto al camino, al oriente del desierto. Andaba David por el desierto, y advirti que Sal entraba a perseguirlo en el desierto,
por lo que envi unos espas, y supo con certeza que Sal haba llegado.
Se levant luego David y fue al sitio donde Sal haba acampado. Observ el lugar donde dorman Sal y Abner hijo de Ner, general de su ejrcito. Estaba Sal durmiendo en el campamento, y el pueblo acampaba en derredor suyo.
Entonces David dijo a Ahimelec, el heteo, y a Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab: -- Quin descender conmigo al campamento donde est Sal? Abisai dijo: -- Yo descender contigo.
David y Abisai fueron, pues, de noche adonde estaba el ejrcito. Sal se hallaba tendido durmiendo en el campamento, con su lanza clavada en tierra a su cabecera; Abner y el ejrcito estaban tendidos alrededor de l.
Entonces dijo Abisai a David: -- Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tus manos; ahora, pues, djame que lo hiera con la lanza: lo clavar en tierra de un golpe, y no le har falta un segundo golpe.
David respondi a Abisai: -- No lo mates; porque quin extender impunemente su mano contra el ungido de Jehov?
Dijo adems David: -- Vive Jehov!, que si Jehov no lo hiriera (sea que le llegue su da y muera, o descienda a la batalla y perezca),
gurdeme Jehov de extender mi mano contra el ungido de Jehov. Pero ahora toma la lanza que est a su cabecera y la vasija de agua, y vmonos.
Se llev, pues, David la lanza y la vasija de agua de la cabecera de Sal y se fueron. No hubo nadie que los viera, ni se diera cuenta, ni se despertara, pues todos dorman; porque haba cado sobre ellos un profundo sueo enviado por Jehov.
Luego pas David al lado opuesto y se puso en la cumbre del monte a lo lejos, de manera que haba una gran distancia entre ellos.
Y grit David al pueblo y a Abner hijo de Ner, diciendo: -- No respondes, Abner? Abner respondi: -- Quin eres t que gritas al rey?
Entonces dijo David a Abner: -- No eres t un hombre? Quin hay como t en Israel? Por qu, pues, no has guardado al rey tu seor? Porque uno del pueblo ha entrado a matar a tu seor el rey.
Esto que has hecho no est bien. Vive Jehov!, que sois dignos de muerte, porque no habis guardado a vuestro seor, al ungido de Jehov. Mira ahora dnde est la lanza del rey y la vasija de agua que tena a su cabecera.
Reconociendo Sal la voz de David, dijo: -- No es esta tu voz, David, hijo mo? David respondi: -- S, es mi voz, rey y seor mo.
Y aadi: -- Por qu persigue as mi seor a su siervo? Qu he hecho? Qu mal hay en mis manos?
Ruego, pues, que el rey mi seor oiga ahora las palabras de su siervo. Si es Jehov quien te instiga contra m, que acepte l la ofrenda; pero si son los hombres, malditos sean ellos en presencia de Jehov, porque me han expulsado hoy para que no tenga parte en la heredad de Jehov, dicindome: "Ve y sirve a dioses ajenos".
Que no caiga, pues, ahora mi sangre en tierra delante de Jehov, porque ha salido el rey de Israel a buscar una pulga, como quien persigue una perdiz por los montes.
Entonces dijo Sal: -- He pecado; vuelve, David, hijo mo, que ya no te har ningn mal, porque mi vida ha sido estimada preciosa hoy a tus ojos. He obrado neciamente, he cometido un gran error.
David respondi: -- Aqu est la lanza del rey; pase ac uno de los criados y tmela.
Que Jehov pague a cada uno segn su justicia y su lealtad, pues Jehov te haba entregado hoy en mis manos, pero yo no quise extender mi mano contra el ungido de Jehov.
Del mismo modo que tu vida ha sido estimada preciosa hoy a mis ojos, as sea mi vida a los ojos de Jehov, y me libre de toda afliccin.
Y Sal dijo a David: -- Bendito seas t, David, hijo mo; sin duda emprenders t cosas grandes, y prevalecers. Entonces David sigui su camino, y Sal regres a su lugar.
Dijo luego David en su corazn: "Cualquier da de estos voy a morir a manos de Sal; por tanto, lo mejor ser que me fugue a tierra de los filisteos, para que Sal no se ocupe ms de m y no me siga buscando por todo el territorio de Israel; as escapar de sus manos".
Se levant, pues, David, y con los seiscientos hombres que lo acompaaban se pas a Aquis hijo de Maoc, rey de Gat.
Y vivi David con Aquis en Gat, l y sus hombres, cada cual con su familia; David con sus dos mujeres, Ahinoam, la jezreelita, y Abigail, la que fue mujer de Nabal, el de Carmel.
Sal recibi la noticia de que David haba huido a Gat, y no lo busc ms.
David dijo a Aquis: -- Si he hallado gracia ante tus ojos, haz que me den un lugar en alguna de las aldeas para que habite all; pues por qu ha de vivir tu siervo contigo en la ciudad real?
Aquel mismo da Aquis le asign Siclag, por lo cual Siclag pertenece a los reyes de Jud hasta hoy.
El nmero de los das que David habit en la tierra de los filisteos ascendi a un ao y cuatro meses.
David suba con sus hombres y hacan incursiones contra los gesuritas, los gezritas y los amalecitas; porque estos habitaban desde haca largo tiempo la regin que se extiende, en direccin a Shur, hasta la tierra de Egipto.
David asolaba el pas, y no dejaba con vida hombre ni mujer; se llevaba las ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y las ropas, y regresaba adonde estaba Aquis.
Y cuando Aquis le preguntaba: "Dnde habis incursionado hoy?", David le responda: "Por el Neguev de Jud" (o "por el Neguev de Jerameel" o "por el Neguev de los ceneos").
Ni hombre ni mujer dejaba David llegar con vida a Gat, pues deca: "No sea que den aviso de nosotros y digan: "Esto lo hizo David"". Esta fue su costumbre todo el tiempo que vivi en la tierra de los filisteos.
Pero Aquis confiaba en David, pues pensaba: "l se ha hecho odioso a su pueblo Israel, y ser mi siervo para siempre".
Aconteci en aquellos das, que los filisteos reunieron sus fuerzas para pelear contra Israel. Y Aquis dijo a David: -- Ten entendido que has de salir a campaa conmigo, t y tus hombres.
David respondi a Aquis: -- Muy bien, ahora sabrs lo que har tu siervo. Aquis dijo a David: -- En ese caso, te har mi guarda personal mientras viva.
Ya Samuel haba muerto. Todo Israel lo haba lamentado y lo haba sepultado en Ram, su ciudad. Sal haba expulsado de la tierra a los encantadores y adivinos.
Se reunieron, pues, los filisteos, y vinieron a acampar en Sunem. Mientras, Sal reuni a todo Israel y acamp en Gilboa.
Cuando Sal vio el campamento de los filisteos, tuvo miedo y se turb sobremanera su corazn.
Consult Sal a Jehov, pero Jehov no le respondi ni por sueos ni por el Urim ni por los profetas.
Entonces Sal dijo a sus criados: -- Buscadme una mujer que tenga espritu de adivinacin, para que vaya a consultar por medio de ella. Sus criados le respondieron: -- Aqu, en Endor, hay una mujer que tiene espritu de adivinacin.
Se disfraz Sal ponindose otras vestiduras y, acompaado por dos hombres, se lleg de noche a aquella mujer y le dijo: -- Te ruego que me adivines, por el espritu de adivinacin, y hagas venir a quien yo te diga.
La mujer le respondi: -- Bien sabes lo que Sal ha hecho, cmo ha extirpado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. Por qu, pues, me pones esta trampa para hacerme morir?
Entonces Sal le jur por Jehov: -- Vive Jehov!, que ningn mal te sobrevendr por esto.
La mujer dijo: -- A quin te har venir? -- Hazme venir a Samuel -- respondi l.
Al ver la mujer a Samuel, lanz un grito y dijo a Sal:
-- Por qu me has engaado?, pues t eres Sal. -- No temas. Qu has visto? -- le respondi el rey. -- He visto dioses que suben de la tierra -- dijo la mujer a Sal.
-- Cul es su forma? -- le pregunt l. -- Un hombre anciano viene, cubierto de un manto -- respondi ella. Comprendi Sal que era Samuel, y cayendo rostro en tierra, hizo una gran reverencia.
Samuel dijo a Sal: -- Por qu me has inquietado hacindome venir? Sal respondi: -- Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra m. Dios se ha apartado de m y ya no me responde, ni por medio de los profetas ni por sueos; por esto te he llamado, para que me digas lo que debo hacer.
Samuel respondi: -- Para qu me preguntas a m, si Jehov se ha apartado de ti y es tu enemigo?
Jehov te ha hecho como predijo por medio de m, pues Jehov ha arrancado el reino de tus manos y lo ha dado a tu compaero, David.
Como t no obedeciste a la voz de Jehov, ni atendiste al ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehov te ha hecho esto hoy.
Junto contigo, Jehov entregar a Israel en manos de los filisteos; maana estaris conmigo, t y tus hijos. Jehov entregar tambin al ejrcito de Israel en manos de los filisteos.
De repente cay Sal en tierra cuan largo era, lleno de temor por las palabras de Samuel. Estaba sin fuerzas, porque no haba comido durante todo aquel da y toda aquella noche.
La mujer se acerc a Sal, y al ver que estaba muy turbado le dijo: -- Tu sierva ha obedecido a tu voz; he arriesgado mi vida y he cumplido la orden que me diste.
Te ruego, pues, que t tambin oigas la voz de tu sierva; pondr delante de ti un bocado de pan para que comas, a fin de que cobres fuerzas y sigas tu camino.
l rehus diciendo: -- No comer. Pero sus siervos le insistieron junto con la mujer, y l les obedeci. Se levant, pues, del suelo, y se sent sobre una cama.
Aquella mujer tena en su casa un ternero engordado. Enseguida lo mat, tom harina, la amas y coci con ella panes sin levadura.
Luego sirvi todo aquello a Sal y sus siervos, quienes, despus de haber comido, se levantaron y se fueron aquella misma noche.
Los filisteos reunieron todas sus fuerzas en Afec, e Israel acamp junto a la fuente que est en Jezreel.
Mientras los prncipes de los filisteos pasaban revista a sus compaas de a ciento y de a mil hombres, David y sus hombres iban en la retaguardia con Aquis.
Entonces los prncipes de los filisteos dijeron: -- Qu hacen aqu estos hebreos? Aquis respondi a los prncipes de los filisteos: -- No ven que es David, el siervo de Sal, rey de Israel? Ha estado conmigo por das y aos, y no he hallado falta en l desde que se pas a mi servicio hasta el da de hoy.
Entonces los prncipes de los filisteos se enojaron contra l, y le dijeron: -- Despide a este hombre, para que regrese al lugar que le sealaste y no venga con nosotros a la batalla, no sea que en la batalla se vuelva enemigo nuestro; porque con qu cosa retornara mejor a la gracia de su seor que con las cabezas de estos hombres?
No es este el David de quien cantaban en las danzas: "Sal hiri a sus miles, y David a sus diez miles"?
Entonces Aquis llam a David y le dijo: -- Vive Jehov, t has sido un hombre recto!, y me ha parecido bien que salgas y entres en el campamento conmigo, porque ninguna cosa mala he hallado en ti desde que viniste a m hasta el da de hoy; pero no eres grato a los ojos de los prncipes.
Regresa, pues, y vete en paz, para no desagradar a los prncipes de los filisteos.
David dijo a Aquis: -- Qu he hecho yo? Qu has hallado en tu siervo desde que entr a tu servicio hasta el da de hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos del rey, mi seor?
Aquis respondi a David: -- S que has sido bueno ante mis ojos, como un ngel de Dios; pero los prncipes de los filisteos me han dicho: "No venga con nosotros a la batalla".
Levntate, pues, de maana, t y los siervos de tu seor que han venido contigo, y marchaos de aqu en cuanto amanezca.
Se levantaron David y sus hombres de maana para irse y regresar a la tierra de los filisteos; y los filisteos se fueron a Jezreel.
Cuando David y sus hombres llegaron al tercer da a Siclag, los de Amalec haban invadido el Neguev y Siclag, haban asolado a Siclag y le haban prendido fuego.
Se haban llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban all, del menor hasta el mayor, pero a nadie haban dado muerte, sino que se los llevaron y siguieron su camino.
Lleg, pues, David con los suyos a la ciudad, y se encontr que estaba quemada, y que sus mujeres, sus hijos e hijas, haban sido llevados cautivos.
Entonces David y la gente que lo acompaaba lloraron a voz en cuello, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.
Las dos mujeres de David, Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal, el de Carmel, tambin haban sido llevadas cautivas.
David se angusti mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues el alma de todo el pueblo estaba llena de amargura, cada uno por sus hijos y por sus hijas. Pero David hall fortaleza en Jehov, su Dios,
y dijo al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: "Te ruego que me acerques el efod". Abiatar acerc el efod a David,
y David consult a Jehov diciendo: -- Perseguir a esta banda de salteadores? Los podr alcanzar? l le dijo: -- Sguelos, porque ciertamente los alcanzars, y de cierto librars a los cautivos.
Parti, pues, David, junto a los seiscientos hombres que lo acompaaron, y llegaron hasta el torrente del Besor, donde se quedaron algunos.
David sigui adelante con cuatrocientos hombres; pues se quedaron atrs doscientos que, cansados, no pudieron pasar el torrente del Besor.
Hallaron en el campo a un egipcio, al cual trajeron ante David, le dieron pan y comi, y le dieron a beber agua.
Tambin le dieron un pedazo de masa de higos secos y dos racimos de pasas. Luego que comi, se sinti reanimado, pues no haba comido pan ni bebido agua durante tres das y tres noches.
Entonces le pregunt David: -- A quin perteneces, y de dnde eres? El joven egipcio respondi: -- Soy siervo de un amalecita, y mi amo me abandon hace tres das porque estaba enfermo.
Hicimos una incursin a la parte del Neguev que pertenece a los cereteos, al de Jud, y al Neguev de Caleb. Tambin incendiamos Siclag.
-- Me llevars t adonde est esa tropa? -- le pregunt David. -- Jrame por Dios que no me matars, ni me entregars en manos de mi amo, y te llevar adonde est esa gente --dijo l.
Lo llev, pues; y los encontraron desparramados sobre toda aquella tierra, comiendo, bebiendo y haciendo fiesta, por todo aquel gran botn que haban tomado de la tierra de los filisteos y de la tierra de Jud.
Y David los bati desde aquella maana hasta la tarde del da siguiente. Ninguno de ellos escap, salvo cuatrocientos jvenes que montaron sobre los camellos y huyeron.
Rescat David todo lo que los amalecitas haban tomado, y libr asimismo a sus dos mujeres.
No les falt nadie, ni chico ni grande, as de hijos como de hijas, ni nada del robo, de todas las cosas que les haban tomado; todo lo recuper David.
Tom tambin David todas las ovejas y el ganado mayor. Los que iban delante conduciendo aquel tropel decan: "Este es el botn de David".
Lleg David a donde estaban los doscientos hombres que, muy cansados para seguirlo, se haban quedado en el torrente del Besor; y ellos salieron a recibir a David y al pueblo que con l estaba. Cuando David lleg, salud a la gente en paz.
Pero todos los malos y perversos que haba entre los que iban con David, se pusieron a decir: "Puesto que no han ido con nosotros, no les daremos del botn que hemos recuperado; que cada uno tome a su mujer y a sus hijos y se vaya".
Pero David dijo: -- No hagis eso, hermanos mos, con lo que nos ha dado Jehov. Nos ha guardado y ha entregado en nuestras manos a los salteadores que nos atacaron.
Quin os dar razn en este caso? Porque conforme a la parte del que desciende a la batalla, as ha de ser la parte del que se queda con el bagaje; les tocar por igual.
Desde aquel da en adelante fue esto ley y norma en Israel, hasta hoy.
Cuando David lleg a Siclag, envi parte del botn a los ancianos de Jud, sus amigos, diciendo: "Aqu tenis un presente para vosotros del botn tomado a los enemigos de Jehov".
Se lo envi a los de Bet-el, Ramot del Neguev, Jatir,
Aroer, Sifmot, Estemoa,
Racal, a las ciudades de Jerameel, a las ciudades del ceneo,
a los de Horma, Corasn, Atac,
Hebrn, y a todos los lugares donde David haba estado con sus hombres.
Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de Israel, huyendo ante los filisteos, cayeron muertos en el monte Gilboa.
Los filisteos siguieron de cerca a Sal y a sus hijos, y mataron a Jonatn, a Abinadab y a Malquisa, hijos de Sal.
La batalla arreci contra Sal; lo alcanzaron los flecheros y tuvo mucho miedo de ellos.
Entonces dijo Sal a su escudero: "Saca tu espada y traspsame con ella, para que no vengan estos incircuncisos a traspasarme y burlarse de m". Pero su escudero no quera, pues tena gran temor. Tom entonces Sal su propia espada y se ech sobre ella.
Al ver que Sal haba muerto, su escudero se ech tambin sobre su espada y muri junto con l.
As muri Sal aquel da, junto con sus tres hijos, su escudero, y todos sus hombres.
Los de Israel que estaban al otro lado del valle y al otro lado del Jordn, al ver que Israel haba huido y que Sal y sus hijos haban muerto, abandonaron sus ciudades y huyeron. Luego vinieron los filisteos y habitaron en ellas.
Aconteci al siguiente da que, al llegar los filisteos a despojar a los muertos, hallaron a Sal y a sus tres hijos tendidos en el monte Gilboa.
Le cortaron la cabeza y lo despojaron de las armas. Entonces enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos para que llevaran las buenas noticias al templo de sus dolos y al pueblo.
Pusieron sus armas en el templo de Astarot y colgaron su cuerpo en el muro de Bet-sn.
Cuando los de Jabes de Galaad se enteraron de lo que haban hecho los filisteos con Sal,
todos los hombres valientes se levantaron y, caminando toda aquella noche, quitaron el cuerpo de Sal y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sn, y llevndolos a Jabes los quemaron all.
Tomaron sus huesos, los sepultaron debajo de un rbol en Jabes y ayunaron siete das.
Aconteci despus de la muerte de Sal, que vuelto David de derrotar a los amalecitas, estuvo dos das en Siclag.
Al tercer da, lleg uno del campamento de Sal, con los vestidos rotos y la cabeza cubierta de tierra. Cuando se present ante David, se postr en tierra e una hizo reverencia.
David le pregunt: -- De dnde vienes? -- Me he escapado del campamento de Israel -- le respondi l.
-- Qu ha acontecido? Te ruego que me lo digas -- le pregunt David. -- El pueblo huy de la batalla; han cado muchos del pueblo y murieron. Tambin Sal y su hijo Jonatn murieron --respondi l.
Dijo David a aquel joven que le daba la noticia: -- Cmo sabes que han muerto Sal y su hijo Jonatn?
El joven que le daba la noticia respondi: -- Casualmente fui al monte Gilboa, y hall a Sal que se apoyaba sobre su lanza; tras l venan carros y gente de a caballo.
Se volvi y al verme me llam; yo respond: "Heme aqu".
Me pregunt: "Quin eres t?". Yo le respond: "Soy amalecita".
Luego me dijo: "Te ruego que te acerques y me mates, porque se ha apoderado de m la angustia; pues an sigo vivo".
Yo entonces me acerqu y lo mat, porque saba que no poda vivir despus de su cada. Tom la corona que llevaba sobre su cabeza y el brazalete que tena en su brazo, y se los he trado aqu a mi seor.
Entonces David, tirando de sus vestidos, los rasg, y lo mismo hicieron los hombres que estaban con l.
Lloraron, se lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Sal y por su hijo Jonatn, por el pueblo de Jehov y por la casa de Israel, pues haban cado al filo de la espada.
David pregunt luego a aquel joven que le haba trado la noticia: -- De dnde eres t? -- Soy hijo de un extranjero, amalecita -- respondi l.
-- Cmo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehov? --le dijo David.
Entonces llam David a uno de sus hombres, y le dijo: -- Ve y mtalo. l lo hiri, y muri,
mientras David deca: -- Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestigu contra ti, al decir: "Yo mat al ungido de Jehov".
David enton este lamento por Sal y Jonatn, su hijo,
y dijo que deba ensearse a los hijos de Jud. As est escrito en el libro de Jaser:
"Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! Cmo han cado los valientes!
No lo anunciis en Gat, ni deis las nuevas en las plazas de Ascaln; para que no se alegren las hijas de los filisteos, para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.
"Montes de Gilboa, ni roco ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seis tierras de ofrendas; porque all fue desechado el escudo de los valientes, el escudo de Sal, como si no hubiera sido ungido con aceite.
"Sin sangre de los muertos, sin grasa de los valientes, el arco de Jonatn jams retroceda, ni la espada de Sal volvi vaca.
"Sal y Jonatn, amados y queridos; inseparables en la vida, tampoco en su muerte fueron separados; ms ligeros eran que guilas, ms fuertes que leones.
"Hijas de Israel, llorad por Sal, quien os vesta de escarlata y lino fino, quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.
Cmo han cado los valientes en medio de la batalla! Jonatn, muerto en tus alturas!
Angustia tengo por ti, Jonatn, hermano mo, cun dulce fuiste conmigo. Ms maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres.
Cmo han cado los valientes, cmo han perecido las armas de guerra!".
Despus de esto aconteci que David consult a Jehov diciendo: -- Subir a alguna de las ciudades de Jud? Jehov le respondi: -- Sube. David volvi a preguntar: -- A dnde subir? -- A Hebrn -- le respondi l.
David subi all con sus dos mujeres, Ahinoam, la jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal, el de Carmel.
Tambin llev David consigo a los hombres que lo acompaaban, cada uno con su familia, los cuales habitaron en las ciudades de Hebrn.
Luego vinieron los hombres de Jud y ungieron all a David como rey sobre la casa de Jud. Cuando avisaron a David que los de Jabes de Galaad haban sepultado a Sal,
envi unos mensajeros a los de Jabes de Galaad, dicindoles: "Benditos seis vosotros de Jehov, por haber hecho esta obra de misericordia con vuestro seor, con Sal, dndole sepultura.
Ahora, pues, que Jehov os trate con misericordia y verdad. Tambin yo os tratar bien por esto que habis hecho.
Esfurcense, pues, ahora vuestras manos y sed valientes; pues muri Sal, vuestro seor, y los de la casa de Jud me han ungido para que sea su rey".
Pero Abner hijo de Ner, general del ejrcito de Sal, tom a Is-boset hijo de Sal, lo llev a Mahanaim
y lo proclam rey sobre Galaad, sobre Gesuri, sobre Jezreel, sobre Efran, sobre Benjamn y sobre todo Israel.
De cuarenta aos era Is-boset hijo de Sal cuando comenz a reinar sobre Israel, y rein dos aos. Solamente los de la casa de Jud siguieron a David.
El nmero de das que David rein en Hebrn sobre la casa de Jud fue de siete aos y seis meses.
Abner hijo de Ner sali de Mahanaim a Gaban con los siervos de Is-boset hijo de Sal.
Joab, hijo de Sarvia y los siervos de David salieron tambin y los encontraron junto al estanque de Gaban; se pararon, los unos a un lado del estanque y los otros al otro lado.
Dijo entonces Abner a Joab: -- Levntense ahora los jvenes y maniobren delante de nosotros. Joab respondi: -- Que se levanten.
Entonces se levantaron y avanzaron en nmero igual, doce de Benjamn por Is-boset hijo de Sal, y doce de los siervos de David.
Cada uno ech mano de la cabeza de su adversario y meti la espada en el costado de su adversario, y cayeron todos a la vez; por eso aquel lugar, que est en Gaban, fue llamado "Helcat-hazurim".
Aquel da se libr una batalla muy reida, y Abner y los de Israel fueron vencidos por los siervos de David.
Estaban all los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisai y Asael. Asael, que era ligero de pies como una gacela del campo,
se lanz detrs de Abner, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda.
Abner volvi la vista y dijo: -- No eres t Asael? -- S -- respondi l.
Entonces Abner le dijo: -- Aprtate a la derecha o a la izquierda, echa mano de alguno de los hombres y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso dejar de perseguirlo.
Abner volvi a decir a Asael: -- Deja de perseguirme; por qu he de herirte hasta derribarte? Cmo podra levantar entonces mi rostro delante de tu hermano Joab?
Como no quiso irse, Abner lo hiri con la empuadura de la lanza por la quinta costilla. La lanza le sali por la espalda, y cay muerto all mismo. Y todos los que venan por aquel lugar donde Asael haba cado muerto, se detenan.
Pero Joab y Abisai persiguieron a Abner. Cuando el sol se puso, llegaron a la colina de Amma, que est delante de Ga, junto al camino del desierto de Gaban.
Se agruparon los hijos de Benjamn detrs de Abner, formando un solo ejrcito, e hicieron un alto en la cumbre de la colina.
Entonces Abner grit a Joab diciendo: -- Nos devorar la espada perpetuamente? No sabes t que al cabo todo ser amargura? Hasta cundo esperars para decir al pueblo que deje de perseguir a sus hermanos?
Joab respondi: -- Vive Dios!, que de no haber hablado t, el pueblo habra dejado de perseguir a sus hermanos solo en la maana.
Entonces Joab toc el cuerno: todo el pueblo se detuvo y no persigui ms a los de Israel, ni pele ms.
Abner y los suyos caminaron por el Arab toda aquella noche, pasaron el Jordn, cruzaron por todo Bitrn y llegaron a Mahanaim.
Joab tambin dej de perseguir a Abner y reuni a todo el pueblo. De los siervos de David faltaron Asael y diecinueve hombres.
Pero los siervos de David hirieron a trescientos sesenta de los hombres de Benjamn y de Abner, los cuales murieron.
Tomaron luego a Asael y lo sepultaron en el sepulcro de su padre en Beln. Despus de caminar toda aquella noche, Joab y sus hombres llegaron a Hebrn al amanecer.
Hubo una larga guerra entre la casa de Sal y la casa de David; pero David se iba fortaleciendo, mientras que la casa de Sal se iba debilitando.
A David le nacieron hijos en Hebrn; su primognito fue Amnn, de Ahinoam, la jezreelita;
su segundo, Quileab, de Abigail, la mujer de Nabal, el de Carmel; el tercero, Absaln, hijo de Maaca, hija de Talmai, rey de Gesur;
el cuarto, Adonas, hijo de Haguit; el quinto, Sefatas, hijo de Abital;
el sexto, Itream, de Egla, mujer de David. Estos le nacieron a David en Hebrn.
Como haba guerra entre la casa de Sal y la de David, aconteci que Abner se fortaleca cada vez ms en la casa de Sal.
Haba tenido Sal una concubina llamada Rizpa, hija de Aja. E Is-boset dijo a Abner: -- Por qu te has llegado a la concubina de mi padre?
Abner se enoj mucho por las palabras de Is-boset, y le dijo: -- Acaso soy un perro al servicio de Jud? Hasta hoy he tenido misericordia con la casa de Sal, tu padre, con sus hermanos y con sus amigos, y no te he entregado en manos de David; y ahora t me acusas de haber pecado con esta mujer?
Traiga Dios sobre Abner el peor de los castigos, si no hago como Jehov ha jurado a David,
que trasladar el reino de la casa de Sal, y que confirmar el trono de David sobre Israel y sobre Jud, desde Dan hasta Beerseba.
Is-boset no fue capaz de responder una palabra a Abner, porque le tema.
Entonces envi Abner mensajeros a David para que de su parte le dijeran: "De quin es la tierra?". Y tambin: "Haz pacto conmigo, y mi mano estar contigo para que vuelva a ti todo Israel".
David respondi: -- Bien; har pacto contigo, pero una cosa te pido: No te presentes ante m sin que primero traigas a Mical, la hija de Sal, cuando vengas a verme.
Despus de esto envi David mensajeros a Is-boset hijo de Sal, diciendo: "Restityeme a Mical, mi mujer, la cual despos por cien prepucios de filisteos".
Entonces Is-boset mand a quitrsela a su marido Paltiel hijo de Lais.
Su marido fue con ella, siguindola y llorando hasta Bahurim. Pero Abner le dijo: "Anda, vulvete!". Y l se volvi.
Entonces habl Abner con los ancianos de Israel, y les dijo: "Ya hace tiempo que procurabais que David fuera vuestro rey.
Ahora, pues, hacedlo; porque Jehov ha dicho a David: "Por medio de mi siervo David librar a mi pueblo Israel de manos de los filisteos, y de manos de todos sus enemigos"".
Habl tambin Abner a los de Benjamn, y luego fue a Hebrn a decirle a David todo lo que pareca bien a los de Israel y a toda la casa de Benjamn.
Abner, acompaado de veinte hombres, lleg adonde estaba David en Hebrn, y David le ofreci un banquete a Abner y a los que con l haban venido.
Abner dijo a David: -- Me levantar e ir a reunir a todo Israel junto a mi seor, el rey; harn un pacto contigo, y reinars como lo desea tu corazn. Luego David despidi a Abner, que se fue en paz.
Llegaron entonces del campo los siervos de David y Joab, y traan consigo un gran botn. Pero Abner no estaba con David en Hebrn, pues ya lo haba despedido, y l se haba ido en paz.
Apenas lleg Joab con todo el ejrcito que lo acompaaba, le avisaron a Joab que Abner hijo de Ner haba venido ante el rey, y que se haba marchado en paz luego de haberlo despedido.
Entonces Joab se present al rey y le dijo: "Qu has hecho? Abner vino ante ti; por qu, pues, dejaste que se fuera?
T conoces a Abner hijo de Ner. No ha venido sino para engaarte, para enterarse de tus idas y venidas y saber todo lo que t haces".
Joab sali de la presencia de David y envi mensajeros en busca de Abner, los cuales lo hicieron volver desde el pozo de Sira, sin que David lo supiera.
Cuando Abner volvi a Hebrn, Joab lo llev aparte, a un lado de la puerta, como para hablar con l en secreto; y all, en venganza por la muerte de su hermano Asael, lo hiri a la altura de la quinta costilla, y lo mat.
Despus, cuando David lo supo, dijo: "Yo y mi reino somos inocentes delante de Jehov, para siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner.
Caiga sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca falte en la casa de Joab quien padezca flujo de sangre, ni leproso, ni quien ande con bastn, ni quien muera a espada, ni quien padezca hambre".
As pues, Joab y su hermano Abisai mataron a Abner, porque l haba dado muerte a Asael, hermano de ellos, en la batalla de Gaban.
Despus dijo David a Joab y a todo el pueblo que con l estaba: "Rasgad vuestros vestidos, ceos de ropas speras y haced duelo delante de Abner". Y el rey David iba detrs del fretro
cuando sepultaron a Abner en Hebrn. Alzando la voz, el rey llor junto al sepulcro de Abner, y llor tambin todo el pueblo.
Entonces el rey enton este lamento por Abner: "Haba de morir Abner como muere un villano?
Tus manos no estaban atadas ni tus pies sujetos con grillos. Caste como los que caen ante malhechores". Y todo el pueblo volvi a llorar por l.
Entonces todo el pueblo vino a persuadir a David para que comiera antes que acabara el da. Pero David jur diciendo: "Traiga Dios sobre m el peor de los castigos, si antes que se ponga el sol pruebo yo pan o cualquiera otra cosa".
Todo el pueblo lo supo y le agrad; pues todo lo que el rey haca agradaba a todo el pueblo.
Y supo aquel da todo el pueblo y todo Israel, que el rey no haba tenido participacin en la muerte de Abner hijo de Ner.
Tambin dijo el rey a sus siervos: "No sabis que un prncipe y un grande ha cado hoy en Israel?
Aunque ungido rey, me siento dbil hoy; pero estos hombres, los hijos de Sarvia, son ms duros que yo. Que Jehov le pague al que mal hace conforme a su maldad!".
Luego que el hijo de Sal supo que Abner haba muerto en Hebrn, las manos se le debilitaron, y todo Israel se sinti atemorizado.
Con el hijo de Sal estaban dos hombres, capitanes de bandas de salteadores; el nombre de uno era Baana, y el del otro, Recab, hijos de Rimn, el beerotita, de los hijos de Benjamn (porque Beerot era tambin contado con Benjamn,
pues los beerotitas haban huido a Gitaim, y viven all como forasteros hasta hoy).
Jonatn hijo de Sal tena un hijo lisiado de los pies. Tena cinco aos de edad cuando lleg de Jezreel la noticia de la muerte de Sal y de Jonatn; su nodriza lo tom y huy, pero mientras hua apresuradamente, se le cay el nio y qued cojo. Su nombre era Mefi-boset.
Los hijos de Rimn beerotita, Recab y Baana, se pusieron en camino, y a la hora de ms calor, entraron en casa de Is-boset, que estaba durmiendo la siesta en su alcoba.
La portera de la casa se haba quedado dormida mientras estaba limpiando el trigo; y fue as como Recab y Baana, su hermano, se introdujeron en la casa.
Cuando entraron en la casa, Is-boset dorma sobre su lecho en la alcoba; lo hirieron y lo mataron; luego le cortaron la cabeza y tomndola caminaron toda la noche por el camino del Arab.
Llevaron la cabeza de Is-boset a David en Hebrn, y le dijeron al rey: -- Aqu tienes la cabeza de Is-boset hijo de Sal, tu enemigo, que procuraba matarte. Jehov ha vengado hoy a mi seor, el rey, de Sal y de su linaje.
David respondi a Recab y a su hermano Baana, hijos de Rimn beerotita, y les dijo: -- Vive Jehov!, que ha redimido mi alma de toda angustia.
Al que me dio la noticia de que Sal haba muerto, imaginndose que traa buenas noticias, yo lo prend y lo mat en Siclag, como pago por esa noticia.
Cunto ms a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su casa y sobre su cama? Ahora, pues, no he de demandar yo su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra?
Entonces David dio una orden a sus servidores, que los mataron, les cortaron las manos y los pies y los colgaron junto al estanque de Hebrn. Luego tomaron la cabeza de Is-boset, y la enterraron en el sepulcro de Abner, en Hebrn.
Vinieron todas las tribus de Israel adonde estaba David en Hebrn y le dijeron: "Mira, hueso tuyo y carne tuya somos.
Aun antes de ahora, cuando Sal reinaba sobre nosotros, eras t quien sacabas a Israel a la guerra, y lo volvas a traer. Adems, Jehov te ha dicho: "T apacentars a mi pueblo Israel, y t sers quien gobierne a Israel"".
Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel ante el rey en Hebrn. El rey David hizo un pacto con ellos all delante de Jehov; y ungieron a David como rey de Israel.
Tena David treinta aos cuando comenz a reinar, y rein cuarenta aos.
Rein en Hebrn sobre Jud durante siete aos y seis meses, y rein en Jerusaln treinta y tres aos sobre todo Israel y Jud.
El rey y sus hombres marcharon sobre Jerusaln, contra los jebuseos que habitaban en aquella tierra, los cuales le dijeron a David: "T no entrars aqu, pues aun los ciegos y los cojos te echarn" (queriendo decir: David no puede entrar aqu).
Pero David tom la fortaleza de Sin, que es la ciudad de David.
David haba dicho aquel da: "Todo el que ataque a los jebuseos, que suba por el canal y hiera a los cojos y ciegos, a los cuales aborrece el alma de David". De aqu el dicho: "Ni ciego ni cojo entrar en la Casa".
David se instal en la fortaleza y le puso por nombre la Ciudad de David. Edific una muralla en derredor, desde Milo hacia el interior.
E iba David adelantando y engrandecindose, y Jehov Dios de los ejrcitos estaba con l.
Tambin Hiram, rey de Tiro, envi embajadores a David, as como madera de cedro, carpinteros y canteros para los muros, los cuales edificaron la casa de David.
David supo entonces que Jehov lo haba confirmado como rey de Israel, y que haba engrandecido su reino por amor de su pueblo Israel.
David tom ms concubinas y mujeres de Jerusaln, despus que vino de Hebrn, y le nacieron ms hijos e hijas.
Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusaln: Sama, Sobab, Natn, Salomn,
Ibhar, Elisa, Nefeg, Jafa,
Elisama, Eliada y Elifelet.
Cuando los filisteos oyeron que David haba sido ungido como rey de Israel, subieron todos para buscar a David. David lo supo y descendi a la fortaleza.
Llegaron los filisteos y se desplegaron por el valle de Refaim.
Entonces consult David a Jehov, diciendo: -- Ir contra los filisteos? Los entregars en mis manos? Respondi Jehov a David: -- Ve, porque ciertamente entregar a los filisteos en tus manos.
Lleg David a Baal-perazim. All los venci David, y dijo: "Jehov me abri brecha entre mis enemigos, como corriente impetuosa". Por esto llam el nombre de aquel lugar Baal-perazim.
Los filisteos dejaron all sus dolos, y David y sus hombres los quemaron.
Los filisteos vinieron otra vez y se desplegaron en el valle de Refaim.
David consult a Jehov, y l respondi: -- No subas, sino rodalos y atcalos frente a las balsameras.
Y cuando oigas ruido como de marcha por las copas de las balsameras, entonces atacars, porque Jehov saldr delante de ti para derrotar el campamento de los filisteos.
David lo hizo as, como Jehov se lo haba mandado; e hiri a los filisteos desde Geba hasta llegar a Gezer.
David volvi a reunir a todos los escogidos de Israel, treinta mil hombres.
Se levant David y parti de Baala de Jud con todo el pueblo que lo acompaaba para trasladar de all el Arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehov de los ejrcitos, que tiene su trono entre los querubines.
Pusieron el Arca de Dios sobre un carro nuevo, y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en la colina. Uza y Aho, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo.
Mientras se llevaban de la casa de Abinadab, que estaba en la colina, el Arca de Dios, Aho iba delante del Arca.
David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehov con toda clase de instrumentos de madera de haya, con arpas, salterios, panderos, flautas y cmbalos.
Cuando llegaron a la era de Nacn, Uza extendi su mano hacia el Arca de Dios y la sostuvo, pues los bueyes tropezaban.
Entonces el furor de Jehov se encendi contra Uza: all mismo lo hiri Dios por aquella temeridad, y cay all muerto junto al Arca de Dios.
David se entristeci por haber herido Jehov a Uza, y fue llamado aquel lugar Prez-uza, hasta el da de hoy.
Y temiendo David a Jehov aquel da, dijo: "Cmo ha de entrar en mi casa el Arca de Jehov?".
De modo que David no quiso llevar a su casa, a la ciudad de David, el Arca de Jehov, sino que la hizo llevar a casa de Obed-edom, el geteo.
Y estuvo el Arca de Jehov en casa de Obed-edom, el geteo, tres meses; y bendijo Jehov a Obed-edom y a toda su casa.
Cuando se le avis al rey David: "Jehov ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene a causa del Arca de Dios", fue David y traslad con alegra el Arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David.
Y cuando los que llevaban el Arca de Dios haban dado seis pasos, l sacrific un buey y un carnero engordado.
David, vestido con un efod de lino, danzaba con todas sus fuerzas delante de Jehov.
As, con jbilo y sonidos de trompeta, David y toda la casa de Israel conducan el Arca de Jehov.
Cuando el Arca de Jehov llegaba a la ciudad de David, aconteci que Mical, hija de Sal, mir desde una ventana, y al ver al rey David que saltaba y danzaba delante de Jehov, lo despreci en su corazn.
Metieron, pues, el Arca de Jehov, y la pusieron en su lugar, en medio de una tienda que David le haba levantado; y sacrific David holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehov.
Cuando David acab de ofrecer los holocaustos y ofrendas de paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehov de los ejrcitos.
Despus reparti a todo el pueblo y a toda la multitud de Israel, tanto a hombres como a mujeres, un pan a cada uno, un pedazo de carne y una torta de pasas. Y se fue todo el pueblo, cada uno a su casa.
Volvi luego David para bendecir su casa; y sali a recibirlo Mical, y le dijo: -- Cun honrado ha quedado hoy el rey de Israel, descubrindose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubre sin decoro un cualquiera!
Entonces David respondi a Mical: -- Fue delante de Jehov, quien me eligi en preferencia a tu padre y a toda tu casa, para constituirme como prncipe sobre el pueblo de Jehov, sobre Israel. Por tanto, danzar delante de Jehov.
Y me humillar an ms que esta vez; me rebajar a tus ojos, pero ser honrado delante de las criadas de quienes has hablado.
Y Mical, hija de Sal, no tuvo ya hijos hasta el da de su muerte.
Aconteci que cuando ya el rey habitaba en una casa, despus que Jehov le haba dado paz con todos sus enemigos de alrededor,
dijo el rey al profeta Natn: -- Mira ahora, yo habito en casa de cedro, mientras que el Arca de Dios est entre cortinas.
Natn respondi al rey: -- Anda, y haz todo lo que est en tu corazn, porque Jehov est contigo.
Aconteci aquella noche, que vino palabra de Jehov a Natn, diciendo:
"Ve y di a mi siervo David: "As ha dicho Jehov: T me has de edificar una casa en la que yo more?
Ciertamente no he habitado en casas desde el da en que saqu a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he peregrinado en una tienda que me serva de santuario.
En todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, he dicho acaso de alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel: 'Por qu no me habis edificado una casa de cedro?'?
Ahora, pues, dirs as a mi siervo David: 'As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Yo te tom del redil, de detrs de las ovejas, para que fueras prncipe de mi pueblo Israel;
y he estado contigo dondequiera que has ido, he exterminado delante de ti a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.
Adems, yo fijar un lugar para mi pueblo Israel y lo plantar all, para que habite en l y nunca ms sea removido, ni los inicuos lo aflijan ms, como antes,
en el tiempo en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te har descansar de todos tus enemigos. Asimismo Jehov te hace saber que l te edificar una casa.
Y cuando tus das se hayan cumplido y duermas con tus padres, yo levantar despus de ti a uno de tu linaje, el cual saldr de tus entraas, y afirmar su reino.
l edificar una casa para mi nombre, y yo afirmar para siempre el trono de su reino.
Yo ser padre para l, y l ser hijo para m. Si hace mal, yo lo castigar con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres;
pero no apartar mi misericordia de l como la apart de Sal, a quien quit de delante de ti.
Tu casa y tu reino permanecern siempre delante de tu rostro, y tu trono ser estable eternamente' "".
As, conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visin, habl Natn a David.
Entonces entr el rey David y se puso delante de Jehov, y dijo: "Seor Jehov, quin soy yo, y qu es mi casa, para que t me hayas trado hasta aqu?
Y aun te ha parecido poco esto, Seor Jehov, pues tambin has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. Es as como procede el hombre, Seor Jehov?
Y qu ms puede aadir David hablando contigo? Pues t conoces a tu siervo, Seor Jehov.
Todas estas grandezas has hecho por tu palabra y conforme a tu corazn, hacindolas saber a tu siervo.
Por tanto, t te has engrandecido, Jehov Dios; por cuanto no hay como t, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos odo con nuestros odos.
Y quin como tu pueblo, como Israel, nacin singular en la tierra? Porque Dios fue para rescatarlo como pueblo suyo, para ponerle nombre, para hacer cosas grandes a su favor, y obras terribles en tu tierra, por amor de tu pueblo, el que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses.
Porque t estableciste a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre; y t, oh Jehov, eres su Dios.
"Ahora pues, Jehov Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, y haz conforme a lo que has dicho.
Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y se diga: "Jehov de los ejrcitos es el Dios de Israel"; y que la casa de tu siervo David se mantenga firme delante de ti.
Porque t, Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, has hecho esta revelacin al odo de tu siervo, diciendo: "Yo te edificar Casa". Por esto tu siervo ha hallado en su corazn valor para hacer delante de ti esta splica.
Ahora pues, Jehov Dios, t eres Dios, y tus palabras son verdad, y t has prometido este bien a tu siervo.
Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque t, Jehov Dios, lo has dicho, y con tu bendicin ser bendita la casa de tu siervo para siempre".
Despus de esto, aconteci que David derrot a los filisteos, los someti y tom a Meteg-ama de manos de los filisteos.
Derrot tambin a los de Moab, y los midi con una cuerda, hacindolos tenderse en tierra; los que quedaban a lo largo de dos cuerdas los conden a morir, y a una cuerda llena la dej con vida. Y fueron los moabitas siervos de David, pagando tributo.
Asimismo derrot David a Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba, al ir este a recuperar su territorio al ro ufrates.
David les captur mil setecientos hombres de a caballo y veinte mil hombres de a pie, y mutil los caballos de todos los carros, pero dej suficientes para cien carros.
Y vinieron los sirios de Damasco para dar ayuda a Hadad-ezer, rey de Soba; pero David hiri a veintids mil hombres entre los sirios.
Puso luego David una guarnicin en Siria de Damasco, y los sirios quedaron sometidos a David, pagando tributo. Y Jehov dio la victoria a David por dondequiera que fue.
Despus tom David los escudos de oro que traan los siervos de Hadad-ezer y los llev a Jerusaln.
Asimismo tom el rey David gran cantidad de bronce de Beta y de Berotai, ciudades de Hadad-ezer.
Toi, rey de Hamat, supo que David haba derrotado a todo el ejrcito de Hadad-ezer,
y le envi a su hijo Joram para que lo saludara pacficamente y lo bendijera, porque haba peleado con Hadad-ezer y lo haba vencido, ya que Toi era enemigo de Hadad-ezer. Joram llevaba en su mano utensilios de plata, de oro y de bronce,
los cuales el rey David dedic a Jehov, junto con la plata y el oro que le haba consagrado, provenientes de todas las naciones que haba sometido:
de los sirios, los moabitas, los amonitas, los filisteos, los amalecitas, y del botn de Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba.
As gan David fama. Cuando regresaba de derrotar a los sirios, destroz a dieciocho mil edomitas en el valle de la Sal.
Adems, puso guarnicin en Edom; por todo Edom puso guarnicin, y todos los edomitas quedaron sometidos a David. Y Jehov dio la victoria a David por dondequiera que fue.
Rein David sobre todo Israel, actuando con justicia y rectitud para con todo su pueblo.
Joab hijo de Sarvia era general de su ejrcito, y Josafat hijo de Ahilud, el cronista;
Sadoc hijo de Ahitob y Ahimelec hijo de Abiatar eran sacerdotes; Seraas, el escriba;
Benaa hijo de Joiada mandaba a los cereteos y peleteos, y los hijos de David eran los prncipes.
Pregunt David: "Ha quedado alguno de la casa de Sal a quien pueda yo favorecer por amor de Jonatn?".
Haba un siervo de la casa de Sal llamado Siba, al cual llamaron para que viniera ante David. Y el rey le pregunt: -- Eres t Siba? -- S, para servirte -- respondi l.
El rey le dijo: -- No ha quedado nadie de la casa de Sal, para que yo lo favorezca con la misericordia de Dios? Respondi Siba al rey: -- An queda un hijo de Jonatn, lisiado de los pies.
-- Dnde est? -- le pregunt entonces el rey. Siba respondi al rey: -- Est en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar.
Entonces el rey David mand a traerlo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar.
Al llegar Mefi-boset hijo de Jonatn hijo de Sal, ante David, se postr sobre su rostro e hizo una reverencia. David le dijo: -- Mefi-boset. -- Aqu tienes a tu siervo -- respondi l.
Luego David aadi: -- No tengas temor, porque a la verdad yo tendr misericordia contigo por amor de Jonatn tu padre. Te devolver todas las tierras de tu padre Sal, y t comers siempre a mi mesa.
Inclinndose l dijo: -- Quin es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?
Entonces el rey llam a Siba, siervo de Sal, y le dijo: -- Todo lo que fue de Sal y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu seor.
T, pues, le labrars las tierras, t con tus hijos y tus siervos, y almacenars los frutos, para que el hijo de tu seor tenga pan para comer; pero Mefi-boset, el hijo de tu seor, comer siempre a mi mesa. Siba, que tena quince hijos y veinte siervos,
respondi al rey: -- Conforme a todo lo que ha mandado mi seor, el rey, a su siervo, as lo har tu siervo. -- Mefi-boset -- dijo el rey -- comer a mi mesa, como uno de los hijos del rey.
Tena Mefi-boset un hijo pequeo, llamado Micaa. Todos los que vivan en la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset.
Pero Mefi-boset, que estaba lisiado de ambos pies, viva en Jerusaln, porque coma siempre a la mesa del rey.
Despus de esto, aconteci que muri el rey de los hijos de Amn, y rein en lugar suyo su hijo Hann.
Dijo David: "Yo tendr misericordia con Hann hijo de Nahas, como su padre la tuvo conmigo". Y envi David a sus siervos para que lo consolaran por su padre. Pero cuando los siervos de David llegaron a la tierra de los hijos de Amn,
los prncipes de los hijos de Amn dijeron a Hann, su seor: "Crees acaso que por honrar a tu padre, David te ha enviado mensajeros a que te consuelen? No te ha enviado David sus siervos para reconocer la ciudad, inspeccionarla y destruirla?".
Entonces Hann tom a los siervos de David, les rap la mitad de la barba, les cort los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los despidi.
Cuando se le hizo saber esto a David, envi gente a su encuentro, porque ellos estaban en extremo avergonzados. Y el rey les mand a decir: "Quedaos en Jeric hasta que os vuelva a nacer la barba, y entonces volved".
Viendo los hijos de Amn que se haban hecho odiosos a David, mandaron a tomar a sueldo veinte mil hombres de a pie entre los sirios de Bet-rehob y los sirios de Soba, mil hombres del rey de Maaca, y doce mil hombres de Is-tob.
Cuando David oy esto, envi a Joab con todo el ejrcito de los valientes.
Los hijos de Amn salieron y se pusieron en orden de batalla a la entrada de la puerta; pero los sirios de Soba, de Rehob, de Is-tob y de Maaca tomaron posiciones aparte en el campo.
Viendo, pues, Joab que se le presentaba la batalla de frente y desde la retaguardia, seleccion a lo mejor de los escogidos de Israel, y se puso en orden de batalla contra los sirios.
Entreg luego el resto del ejrcito en manos de su hermano Abisai, y lo aline frente a los amonitas.
Y dijo: "Si los sirios pueden ms que yo, t me ayudars; y si los hijos de Amn pueden ms que t, yo te dar ayuda.
Ten fortaleza, esforcmonos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios. Que Jehov haga lo que bien le parezca".
Se acerc Joab, y el pueblo que con l estaba, para pelear contra los sirios; pero ellos huyeron delante de l.
Entonces los hijos de Amn, viendo que los sirios haban huido, huyeron tambin ellos ante Abisai y se refugiaron en la ciudad, mientras que Joab dej de luchar contra los hijos de Amn y volvi a Jerusaln.
Pero los sirios, al ver que haban sido derrotados por Israel, se volvieron a reunir.
Hadad-ezer mand a buscar a los sirios que estaban al otro lado del ufrates, los cuales llegaron a Helam comandados por Sobac, general del ejrcito de Hadad-ezer.
Cuando le fue dado aviso, David reuni a todo Israel, pas el Jordn y lleg a Helam. Los sirios se pusieron en orden de batalla contra David y pelearon contra l.
Pero los sirios huyeron delante de Israel, y David les mat a la gente de setecientos carros, y cuarenta mil hombres de a caballo. Hiri tambin a Sobac, general del ejrcito, quien muri all.
Cuando todos los reyes que ayudaban a Hadad-ezer vieron cmo haban cado derrotados ante Israel, hicieron las paces con Israel y les quedaron sometidos. De ah en adelante, los sirios temieron seguir ayudando a los hijos de Amn.
Aconteci al ao siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envi a Joab, junto a sus siervos y a todo Israel, y ellos derrotaron a los amonitas y sitiaron a Rab, mientras David se qued en Jerusaln.
Un da, al caer la tarde, se levant David de su lecho, y se paseaba sobre el terrado de la casa real, cuando vio desde el terrado a una mujer que se estaba baando, la cual era muy hermosa.
Envi David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: "Aquella es Betsab, hija de Eliam, mujer de Uras, el heteo".
Envi David mensajeros que la trajeran, y la tom; cuando lleg, l durmi con ella. Luego ella se purific de su inmundicia, y regres a su casa.
La mujer concibi y mand a decir a David: "Estoy encinta".
Entonces David envi a decir a Joab: "Envame a Uras, el heteo". Y Joab envi a Uras a David.
Cuando Uras lleg ante l, David le pregunt por la salud de Joab, por la salud del pueblo y por la marcha de la guerra.
Despus dijo David a Uras: "Desciende a tu casa, y lava tus pies". Cuando Uras sali de la casa del rey, le enviaron un presente de la mesa real.
Pero Uras durmi a la puerta de la casa del rey, con todos los guardias de su seor, y no descendi a su casa.
Le hicieron saber esto a David diciendo: "Uras no ha descendido a su casa". Entonces David dijo a Uras: -- Acaso no vienes de viaje? Por qu, pues, no descendiste a tu casa?
Uras respondi a David: -- El Arca, Israel y Jud habitan bajo tiendas; mi seor Joab y los siervos de mi seor, en el campo; cmo iba yo a entrar en mi casa para comer y beber, y dormir con mi mujer? Por vida tuya y por vida de tu alma, nunca har tal cosa!
David dijo entonces a Uras: -- Qudate aqu hoy tambin, y maana te despedir. Se qued Uras aquel da y el siguiente en Jerusaln.
David lo convid a comer y a beber con l hasta embriagarlo. Por la tarde sali a dormir en su cama, junto a los guardias de su seor; pero no descendi a su casa.
A la maana siguiente, escribi David una carta a Joab, la cual envi por mano de Uras.
En ella deca: "Poned a Uras al frente, en lo ms recio de la batalla, y alejaos de l, para que sea herido y muera".
As, cuando Joab siti la ciudad, puso a Uras en el lugar donde saba que estaban los hombres ms valientes.
Salieron los de la ciudad y pelearon contra Joab; cayeron algunos del ejrcito de los siervos de David, y muri tambin Uras, el heteo.
Entonces Joab mand a comunicar a David todos los asuntos de la guerra.
Y dio esta orden al mensajero: "Cuando acabes de contar al rey todos los asuntos de la guerra,
si el rey comienza a enojarse, y te dice: "Por qu os habis acercado tanto a la ciudad para combatir? No sabais lo que suelen tirar desde el muro?
Quin hiri a Abimelec hijo de Jerobaal? No arroj una mujer desde el muro un pedazo de rueda de molino, y muri l en Tebes? Por qu os habis acercado tanto al muro?". Entonces t le dirs: "Tambin tu siervo Uras, el heteo, ha muerto"".
Parti el mensajero y, al llegar, cont a David todo aquello que Joab le haba mandado.
Dijo el mensajero a David: -- Pudieron ms que nosotros los hombres que salieron al campo en contra nuestra, bien que les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta;
pero los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron algunos de los siervos del rey; tambin muri tu siervo Uras, el heteo.
David respondi al mensajero: -- As dirs a Joab: "No tengas pesar por esto, porque la espada consume, ora a uno, ora a otro; refuerza tu ataque contra la ciudad, hasta que la rindas". Y t alintale.
Al oir la mujer de Uras que su marido Uras haba muerto, hizo duelo por l.
Pasado el luto, envi David por ella, la trajo a su casa y la hizo su mujer; ella le dio a luz un hijo. Pero esto que David haba hecho fue desagradable ante los ojos de Jehov.
Jehov envi a Natn ante David, quien al llegar le dijo: -- Haba dos hombres en una ciudad, uno rico y el otro pobre.
El rico tena numerosas ovejas y vacas,
pero el pobre no tena ms que una sola corderita, que l haba comprado y criado, y que haba crecido con l y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado, bebiendo de su vaso y durmiendo en su seno igual que una hija.
Un da lleg un viajero a visitar al hombre rico, y este no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas para dar de comer al caminante que haba venido a visitarlo, sino que tom la oveja de aquel hombre pobre, y la prepar para quien haba llegado de visita.
Se encendi el furor de David violentamente contra aquel hombre, y dijo a Natn: -- Vive Jehov, que es digno de muerte el que tal hizo!
Debe pagar cuatro veces el valor de la cordera, por haber hecho semejante cosa y no mostrar misericordia.
Entonces dijo Natn a David: -- T eres ese hombre. As ha dicho Jehov, Dios de Israel: "Yo te ung como rey de Israel y te libr de manos de Sal,
te entregu la casa de tu seor y puse en tus brazos a sus mujeres; adems te di la casa de Israel y de Jud; y como si esto fuera poco, te habra aadido mucho ms.
Por qu, pues, has tenido en poco la palabra de Jehov, y hecho lo malo delante de sus ojos? A Uras, el heteo, lo mataste a espada y tomaste a su esposa como mujer. S, a l lo mataste con la espada de los hijos de Amn.
Por lo cual ahora no se apartar jams de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste y tomaste la mujer de Uras, el heteo, para que fuera tu mujer".
As ha dicho Jehov: "Yo har que de tu misma casa se alce el mal contra ti. Tomar a tus mujeres delante de tus ojos y las entregar a tu prjimo, el cual se acostar con ellas a la luz del sol.
Porque t lo hiciste en secreto; pero yo har esto delante de todo Israel y a pleno sol".
Entonces dijo David a Natn: -- Pequ contra Jehov. Natn dijo a David: -- Tambin Jehov ha perdonado tu pecado; no morirs.
Pero, por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehov, el hijo que te ha nacido, ciertamente morir.
Y Natn se fue a su casa. Jehov hiri al nio que la mujer de Uras haba dado a David, y enferm gravemente.
Entonces David rog a Dios por el nio; ayun David, se retir y se pas la noche acostado en tierra.
Los ancianos de su casa fueron a rogarle que se levantara del suelo, pero l no quiso, ni comi nada con ellos.
Al sptimo da muri el nio. Los siervos de David teman hacerle saber que el nio haba muerto, comentando entre s: "Cuando el nio an viva, le hablbamos y no quera oir nuestra voz; cunto ms se afligir si le decimos que el nio ha muerto?".
Pero David, viendo a sus siervos hablar entre s, comprendi que el nio haba muerto; por lo que pregunt David a sus siervos: -- Ha muerto el nio? -- Ha muerto -- respondieron ellos.
David se levant entonces de la tierra, se lav y se ungi; cambi sus ropas, entr a la casa de Jehov y ador. Despus vino a su casa y pidi que le pusieran pan, y comi.
Sus siervos le dijeron: -- Qu es lo que haces? Cuando el nio an viva ayunabas y llorabas; cuando muri, te levantaste y comiste pan.
David respondi: -- Mientras el nio an viva, yo ayunaba y lloraba, dicindome: "Quin sabe si Dios tenga compasin de m y viva el nio?".
Pero ahora que ha muerto, para qu he de ayunar? Podr yo hacerle volver? Yo voy hacia l, pero l no volver a m.
David consol a Betsab, su mujer, se lleg a ella y durmi con ella. Ella le dio a luz un hijo y le puso por nombre Salomn. Jehov lo am,
y envi un mensaje por medio del profeta Natn; as le puso por nombre Jedidas, como haba dicho Jehov.
Joab peleaba contra Rab de los amonitas, y tom la ciudad real.
Entonces envi Joab mensajeros a David para decirle: "Yo he puesto sitio a Rab y he tomado la ciudad de las aguas.
Rene, pues, ahora al pueblo que queda, acampa contra la ciudad y tmala, no sea que tome yo la ciudad y le pongan mi nombre".
David reuni a todo el pueblo, parti hacia Rab, combati contra ella y la tom.
Despus quit la corona de la cabeza de su rey, la cual pesaba un talento de oro y tena piedras preciosas. Luego la pusieron sobre la cabeza de David, quien sac muy grande botn de la ciudad.
Hizo salir adems a la gente que estaba en ella, y la puso a trabajar con sierras, con trillos de hierro y hachas de hierro; tambin la hizo trabajar en los hornos de ladrillos. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los hijos de Amn. Entonces regres David con todo el pueblo a Jerusaln.
Aconteci despus de esto que, teniendo Absaln hijo de David una hermana muy hermosa, llamada Tamar, Amnn hijo de David se enamor de ella.
Estaba Amnn tan angustiado que se enferm a causa de su hermana Tamar, pues, por ser ella virgen, le pareca a Amnn que sera difcil hacerle cosa alguna.
Y tena Amnn un amigo llamado Jonadab, hijo de Simea, hermano de David. Jonadab era un hombre muy astuto,
y le dijo: -- Hijo del rey, por qu de da en da vas enflaqueciendo as? No me lo revelars a m? Amnn le respondi: -- Amo a Tamar, la hermana de mi hermano Absaln.
Jonadab le dijo: -- Acustate en tu cama y finge que ests enfermo; cuando tu padre venga a visitarte, dile: "Te ruego que Tamar, mi hermana, venga a darme de comer; que prepare alguna vianda en mi presencia para yo la vea y ella misma me la sirva".
Se acost, pues, Amnn, y fingi que estaba enfermo. El rey vino a visitarlo, y Amnn le dijo: -- Te ruego que venga mi hermana Tamar a preparar delante de m dos hojuelas, y me las sirva con sus propias manos.
Entonces David envi a decir a Tamar a su casa: -- Ve ahora a casa de Amnn, tu hermano, y hazle de comer.
Tamar fue a casa de su hermano Amnn, que estaba acostado, tom harina, la amas, hizo hojuelas delante de l y las coci.
Tom luego la sartn y las sac delante de l; pero l no quiso comer, sino que dijo: "Echad fuera de aqu a todos". Y todos salieron de all.
Entonces Amnn dijo a Tamar: "Trae la comida a la alcoba y dame de comer con tus manos". Tamar tom las hojuelas que haba preparado y las llev a su hermano Amnn a la alcoba.
Cuando se las puso delante para que comiera, l la sujet y le dijo: -- Ven, hermana ma, acustate conmigo.
Ella entonces le respondi: -- No, hermano mo, no me fuerces, pues no se debe hacer as en Israel. No cometas tal infamia.
Porque adnde ira yo con mi deshonra? Y aun t seras estimado como un perverso en Israel. Te ruego pues, ahora, que hables al rey; l no se negar a entregarme a ti.
Pero l no la quiso oir y, como poda ms que ella, la violent y se acost con ella.
Despus Amnn la aborreci tan terriblemente, que el odio con que la aborreci fue mayor que el amor con que la haba amado. Y le dijo Amnn: -- Levntate y vete.
Ella le respondi: -- No hay razn; mayor mal es este de arrojarme, que el que me has hecho. Pero l no la quiso oir,
sino que llamando al criado que le serva, le dijo: -- chame a esta fuera de aqu, y cierra tras ella la puerta.
Llevaba ella un vestido de diversos colores, traje que vestan las hijas vrgenes de los reyes. Su criado, pues, la ech fuera, y cerr la puerta tras ella.
Entonces Tamar tom ceniza y la esparci sobre su cabeza, rasg el vestido de diversos colores que tena puesto, y con las manos sobre la cabeza, se fue gritando.
Su hermano Absaln le dijo: -- Ha estado contigo tu hermano Amnn? Pues calla ahora, hermana ma; es tu hermano. Que no se angustie tu corazn por esto. Tamar se qued desconsolada en casa de su hermano Absaln.
Cuando el rey David oy todo esto, se enoj mucho.
Pero Absaln no dijo a Amnn ni malo ni bueno, aunque Absaln aborreca a Amnn porque haba forzado a su hermana Tamar.
Pasados dos aos, Absaln, que tena esquiladores en Baal-hazor, junto a Efran, convid a todos los hijos del rey.
Se present Absaln al rey, y le dijo: -- Tu siervo tiene ahora esquiladores; ruego que vengan el rey y sus siervos con tu siervo.
El rey respondi a Absaln: -- No, hijo mo, no vamos todos, para que no te seamos gravosos. Aunque porfi con l, el rey no quiso ir, pero lo bendijo.
Entonces dijo Absaln: -- Pues si no, te ruego que venga con nosotros Amnn, mi hermano. -- Para qu ha de ir contigo? -- le respondi el rey.
Pero como Absaln insista, dej ir con l a Amnn y a todos los hijos del rey.
Absaln haba dado orden a sus criados diciendo: "Os ruego que miris cuando el corazn de Amnn est alegre por el vino; y al decir yo: "Herid a Amnn", entonces matadlo. No temis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y sed valientes".
Los criados de Absaln hicieron con Amnn como Absaln les haba mandado. Entonces se levantaron todos los hijos del rey, y montando cada uno en su mula, huyeron.
An estaban en camino cuando lleg a David un rumor que deca: "Absaln ha dado muerte a todos los hijos del rey; ninguno de ellos ha quedado".
Levantndose entonces David, rasg sus vestidos y se ech en tierra; todos los criados que estaban junto a l, tambin se rasgaron los vestidos.
Pero Jonadab, hijo de Simea, hermano de David, habl y dijo: -- No diga mi seor que han dado muerte a todos los jvenes hijos del rey, pues slo Amnn ha muerto; porque por mandato de Absaln haba sido esto determinado desde el da en que Amnn forz a su hermana Tamar.
Por tanto, ahora no haga caso mi seor, el rey, de ese rumor que dice: "Todos los hijos del rey han muerto", pues solo Amnn ha muerto,
y Absaln ha huido. Entre tanto, alzando sus ojos el joven que estaba de atalaya, mir y vio a mucha gente que vena por el camino que estaba a sus espaldas, del lado del monte.
Entonces dijo Jonadab al rey: -- Son los hijos del rey, que vienen; tal como tu siervo haba dicho.
Cuando acab de hablar, llegaron los hijos del rey, y alzando su voz lloraron. Tambin el mismo rey y todos sus siervos lloraron con muy grandes lamentos.
Pero Absaln huy y fue a refugiarse junto a Talmai hijo de Amiud, rey de Gesur. Y David lloraba por su hijo todos los das.
As huy Absaln, se fue junto a Gesur y estuvo all tres aos.
Y el rey David deseaba ver a Absaln, pues ya se haba consolado de la muerte de Amnn.
Conoci Joab hijo de Sarvia que el corazn del rey se inclinaba por Absaln,
por lo que mand a traer una mujer astuta de Tecoa, y le dijo: "Te ruego que finjas estar de duelo y te vistas ropas de luto; no te unjas con leo, sino presntate como una mujer que hace mucho tiempo est de duelo por algn muerto.
Luego te presentars al rey y le dirs de esta manera". Y le explic Joab lo que deba decir.
Entr, pues, aquella mujer de Tecoa al rey, y postrndose sobre su rostro en tierra, hizo una reverencia, y dijo: -- Socrreme, oh rey!
-- Qu tienes? -- le dijo el rey. Ella respondi: -- Yo a la verdad soy una mujer viuda; mi marido ha muerto.
Tu sierva tena dos hijos. Los dos rieron en el campo, y como no haba quien los separara, uno hiri al otro y lo mat.
Y ahora toda la familia se ha levantado contra tu sierva, diciendo: "Entrega al asesino de su hermano, para que lo hagamos morir por la vida del hermano a quien l mat, y matemos tambin al heredero". As apagarn el ascua que me ha quedado, y dejarn a mi marido sin nombre ni descendencia sobre la tierra.
Entonces el rey dijo a la mujer: -- Vete a tu casa, y yo dar rdenes con respecto a ti.
La mujer de Tecoa dijo al rey: -- Rey y seor mo, que caiga la culpa sobre m y sobre la casa de mi padre!, pero que el rey y su trono queden sin culpa.
El rey respondi: -- Al que hable contra ti, trelo ante m, y no te tocar ms.
Dijo ella entonces: -- Te ruego, oh rey, que te acuerdes de Jehov, tu Dios, para que el vengador de la sangre no aumente el dao y no destruya a mi hijo. l respondi: -- Vive Jehov, que no caer en tierra ni un cabello de la cabeza de tu hijo!
La mujer sigui diciendo: -- Te ruego que permitas a tu sierva decir algo a mi seor, el rey. -- Habla -- respondi el rey.
La mujer aadi: -- Por qu, pues, has pensado t cosa semejante contra el pueblo de Dios? Porque diciendo el rey estas cosas se confiesa culpable l mismo, por cuanto el rey no deja volver a su desterrado.
Todos de cierto morimos y somos como agua derramada en tierra que no puede volver a recogerse. Ni Dios quita la vida, sino que provee medios para que el desterrado no siga alejado de l.
Si yo venido ahora para decir esto al rey, mi seor, es porque el pueblo me ha atemorizado. Y tu sierva pens: "Hablar ahora al rey; quiz haga lo que su sierva le diga,
pues el rey me oir y librar a su sierva de manos del hombre que quiere extirparme a m, junto con mi hijo, de la heredad de Dios".
Tu sierva dice pues: "Sea ahora de consuelo la respuesta de mi seor, el rey, pues mi seor, el rey, es como un ngel de Dios para discernir entre lo bueno y lo malo. Y que Jehov, tu Dios, sea contigo".
Entonces David respondi a la mujer: -- Te ruego que no me ocultes nada de lo que yo te pregunte. -- Hable mi seor, el rey -- dijo la mujer.
El rey pregunt: -- No est metida la mano de Joab en todas estas cosas? La mujer respondi: -- Vive tu alma, rey seor mo, que no se aparta ni a derecha ni a izquierda todo lo que mi seor el rey ha hablado!; porque fue tu siervo Joab quien me mand, y l puso en boca de tu sierva todas estas palabras.
Para mudar el aspecto de las cosas, Joab, tu siervo, ha hecho esto. Pero mi seor es sabio, con la sabidura de un ngel de Dios, para conocer lo que hay en la tierra.
Luego el rey dijo a Joab: -- Mira, he decidido esto: vete y haz volver al joven Absaln.
Joab se postr en tierra sobre su rostro, hizo una reverencia, y despus que bendijo al rey, dijo: -- Hoy ha entendido tu siervo: he hallado gracia a tus ojos, rey y seor mo, pues el rey ha hecho lo que su siervo ha dicho.
Se levant luego Joab, fue a Gesur, y trajo a Absaln a Jerusaln.
Pero el rey dijo: "Que se vaya a su casa y no vea mi rostro". Absaln volvi a su casa y no se present ante el rey.
No haba en todo Israel ninguno tan alabado por su hermosura como Absaln; desde la planta de su pie hasta la coronilla no haba en l defecto.
Cuando se cortaba el cabello, lo cual haca al fin de cada ao, pues le causaba molestia --por eso se lo cortaba--, pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos, segn el peso real.
A Absaln le nacieron tres hijos y una hija, que se llamaba Tamar y fue una mujer de hermoso semblante.
Estuvo Absaln por espacio de dos aos en Jerusaln sin presentarse ante el rey.
Llam Absaln a Joab para enviarlo al rey, pero l no quiso venir. Todava lo llam una segunda vez, pero tampoco quiso venir.
Entonces dijo a sus siervos: -- Mirad, el campo de Joab est junto al mo, y tiene all cebada; id y prendedle fuego. Y los siervos de Absaln prendieron fuego al campo.
Entonces se levant Joab, vino a casa de Absaln, y le dijo: -- Por qu han prendido fuego tus siervos a mi campo?
Absaln le respondi: -- Te he mandado a decir que vinieras ac, con el fin de enviarte al rey para decirle: "Para qu vine de Gesur? Mejor me fuera estar an all. Ahora deseo ver el rostro del rey; si hay pecado en m, mteme".
Fue, pues, Joab a ver al rey, y se lo hizo saber. Entonces llam a Absaln, el cual se present ante el rey y se postr rostro en tierra delante de l. Y el rey bes a Absaln.
Aconteci despus de esto, que Absaln se hizo de carros, caballos y cincuenta hombres que corrieran delante de l.
Se levantaba Absaln de maana y se pona a un lado del camino junto a la puerta, y a cualquiera que tena pleito y vena ante el rey a juicio, Absaln lo llamaba y le deca: "De qu ciudad eres?". l responda: "Tu siervo es de una de las tribus de Israel".
Entonces Absaln le deca: "Mira, tus palabras son buenas y justas; pero no tienes quien te oiga de parte del rey".
Y aada Absaln: "Quin me pusiera por juez en el pas, para que vinieran ante m todos los que tienen pleito o negocio, y yo les hara justicia!".
Cuando alguno se acercaba para postrarse ante l, le tenda la mano, lo abrazaba y lo besaba.
De esta manera haca con todos los israelitas que venan ante el rey a juicio; y as les robaba Absaln el corazn a los de Israel.
Al cabo de cuatro aos, Absaln dijo al rey: -- Te ruego que me permitas ir a Hebrn a pagar el voto que he prometido a Jehov.
Porque cuando estaba en Gesur de Siria tu siervo hizo este voto: "Si Jehov me hace volver a Jerusaln, yo servir a Jehov".
-- Ve en paz -- le dijo el rey. Se levant y fue a Hebrn.
Entonces envi Absaln mensajeros por todas las tribus de Israel diciendo: "Cuando oigis el sonido de la trompeta diris: "Absaln reina en Hebrn!"".
Con Absaln fueron doscientos hombres de Jerusaln convidados por l, los cuales iban inocentemente, sin saber nada.
Mientras Absaln ofreca los sacrificios, mand a buscar en la ciudad de Gilo a Ahitofel, el gilonita, consejero de David. As la conspiracin se fortaleca y aumentaba el pueblo que segua a Absaln.
Lleg un mensajero adonde estaba David, diciendo: "El corazn de todo Israel se va tras Absaln".
Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con l en Jerusaln: -- Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar ante Absaln; daos prisa a partir, no sea que apresurndose l nos alcance, nos cause una desgracia y hiera la ciudad a filo de espada.
Los siervos del rey le respondieron: -- Tus siervos estn listos para todo lo que nuestro seor y rey decida.
El rey sali entonces, seguido de toda su familia. Y dej el rey a diez concubinas para que guardaran la casa.
Sali, pues, el rey con todo el pueblo que le segua, y se detuvieron en un lugar distante.
Todos sus siervos estaban a su lado. Todos los cereteos y peleteos, todos los geteos y seiscientos hombres que le haban seguido a pie desde Gat, iban delante del rey.
Y dijo el rey a Itai, el geteo: -- Para qu vienes t tambin con nosotros? Vuelve y qudate con el rey, pues eres extranjero y ests desterrado tambin de tu lugar.
Ayer viniste, y voy a obligarte hoy a que andes con nosotros? En cuanto a m, yo ir a donde pueda ir; t vulvete y haz volver a tus hermanos. Que Jehov te muestre amor permanente y fidelidad!
Itai respondi al rey diciendo: -- Vive Dios, y vive mi seor, el rey, que para muerte o para vida, donde est mi seor, el rey, all estar tambin tu siervo!
Entonces David dijo a Itai: -- Ven, pues, y pasa. Itai, el geteo, pas con todos sus hombres y toda su familia.
Todo el mundo lloraba a gritos. Pas toda la gente el torrente Cedrn; luego pas el rey, y todo el pueblo pas por el camino que va al desierto.
Iban tambin con l Sadoc y todos los levitas que llevaban el Arca del pacto de Dios; y asentaron el Arca del pacto de Dios. Y subi Abiatar despus que todo el pueblo hubo acabado de salir de la ciudad.
Pero dijo el rey a Sadoc: -- Haz volver el Arca de Dios a la ciudad. Si hallo gracia ante los ojos de Jehov, l har que vuelva y vea el Arca y su Tabernculo.
Y si dice: "No me complazco en ti", aqu estoy, que haga de m lo que bien le parezca.
Dijo adems el rey al sacerdote Sadoc: -- No eres t el vidente? Vuelve en paz a la ciudad y vuelvan con vosotros vuestros dos hijos: Ahimaas, tu hijo, y Jonatn hijo de Abiatar.
Mirad, yo me detendr en los llanos del desierto, hasta que llegue una respuesta de vosotros que me traiga noticias.
Entonces Sadoc y Abiatar devolvieron el Arca de Dios a Jerusaln y se quedaron all.
David subi la cuesta de los Olivos, e iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Todo el pueblo que traa consigo cubri tambin cada uno su cabeza, e iban llorando mientras suban.
Dieron aviso entonces a David diciendo: "Ahitofel est entre los que conspiraron con Absaln". Y David exclam: "Entorpece ahora, oh Jehov, el consejo de Ahitofel!".
Cuando David lleg a la cumbre del monte para adorar all a Dios, Husai, el arquita, le sali al encuentro, con sus vestidos rasgados y la cabeza cubierta de tierra.
David le dijo: -- Si vienes conmigo, me sers una carga.
Pero si vuelves a la ciudad y dices a Absaln: "Rey, yo ser tu siervo; como hasta aqu he sido siervo de tu padre, as ser ahora siervo tuyo", entonces podrs desbaratar los planes de Ahitofel.
No estarn all contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Por tanto, todo lo que oigas en la casa del rey, se lo comunicars a los sacerdotes Sadoc y Abiatar.
Con ellos estn sus dos hijos, Ahimaas, el de Sadoc, y Jonatn, el de Abiatar; por medio de ellos me comunicaris todo los que oigis.
As fue Husai, amigo de David, a la ciudad; y Absaln entr en Jerusaln.
Apenas haba pasado David un poco ms all de la cumbre del monte, cuando Siba, el criado de Mefi-boset, sali a recibirlo con un par de asnos ensillados y cargados con doscientos panes, cien racimos de pasas, cien panes de higos secos y un cuero de vino.
El rey pregunt a Siba: -- Para qu es esto? Y Siba respondi: -- Los asnos son para que monte la familia del rey, los panes y las pasas para que coman los criados, y el vino para que beban los que se cansen en el desierto.
-- Dnde est el hijo de tu seor? -- pregunt el rey. Siba respondi: -- Se ha quedado en Jerusaln, porque ha dicho: "Hoy me devolver la casa de Israel el reino de mi padre".
-- Sea tuyo todo lo que tiene Mefi-boset -- dijo el rey a Siba. Inclinndose respondi Siba: -- Rey y seor mo, halle yo gracia delante de ti.
Cuando el rey David lleg a Bahurim, sala uno de la familia de la casa de Sal, el cual se llamaba Simei hijo de Gera. Iba maldiciendo
y arrojando piedras contra David y contra todos los siervos del rey David, mientras todo el pueblo y todos los hombres valientes marchaban a su derecha y a su izquierda.
Simei lo maldeca diciendo: "Fuera, fuera, hombre sanguinario y perverso!
Jehov te ha dado el pago por toda la sangre de la casa de Sal, en lugar del cual t has reinado, y Jehov ha entregado el reino en manos de tu hijo Absaln; has sido sorprendido en tu maldad, porque eres un hombre sanguinario".
Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo al rey: -- Por qu maldice este perro muerto a mi seor, el rey? Te ruego que me dejes pasar, y le cortar la cabeza.
El rey respondi: -- Qu tengo yo que ver con vosotros, hijos de Sarvia? Si l as maldice, es porque Jehov le ha dicho que maldiga a David. Quin, pues, le dir: "Por qu haces esto?"?
Luego dijo David a Abisai y a todos sus siervos: -- Mirad, mi hijo, salido de mis entraas, acecha mi vida; cunto ms ahora un hijo de Benjamn? Dejadlo que maldiga, pues Jehov se lo ha mandado.
Acaso Jehov mire mi afliccin y cambie en bien sus maldiciones de hoy.
Y mientras David y los suyos continuaban su camino, Simei iba frente a l por la ladera del monte, andando y maldiciendo, arrojando piedras delante de l y esparciendo polvo.
El rey y todo el pueblo que con l estaba llegaron fatigados y descansaron all.
Absaln y toda su gente, los hombres de Israel, entraron en Jerusaln, y Ahitofel lo acompaaba.
Cuando Husai, el arquita, amigo de David, lleg adonde estaba Absaln, dijo: -- Viva el rey, viva el rey!
Pero Absaln respondi a Husai: -- Es este tu agradecimiento para con tu amigo? Por qu no fuiste con tu amigo?
Entonces Husai dijo a Absaln: -- No, yo estar y me quedar con aquel que haya elegido Jehov y tambin este pueblo y todos los hombres de Israel.
A quin haba yo de servir? No es a su hijo? Como he servido delante de tu padre, as lo har delante de ti.
Luego Absaln dijo a Ahitofel: -- Dad vuestro consejo sobre lo que debemos hacer.
Ahitofel dijo a Absaln: -- Llgate a las concubinas de tu padre, que l dej para guardar la casa. Todo el pueblo de Israel oir que te has hecho aborrecible a tu padre, y as se fortalecern las manos de todos los que estn contigo.
Entonces pusieron para Absaln una tienda sobre el terrado, y se lleg Absaln a las concubinas de su padre, ante los ojos de todo Israel.
En aquellos das, el consejo que daba Ahitofel era como si se consultara la palabra de Dios, tanto cuando aconsejaba a David como a Absaln.
Entonces Ahitofel dijo a Absaln: -- Yo escoger ahora doce mil hombres, me levantar y seguir a David esta noche.
Caer sobre l mientras est cansado y sin fuerzas; lo atemorizar y todo el pueblo que est con l huir. Matar solamente al rey,
y as har que todo el pueblo se vuelva hacia ti (pues t buscas solamente la vida de un hombre); y cuando ellos hayan vuelto, todo el pueblo estar en paz.
Este consejo pareci bien a Absaln y a todos los ancianos de Israel.
Y dijo Absaln: -- Llamad tambin ahora a Husai, el arquita, para que tambin oigamos lo que l haya de decir.
Cuando Husai se present ante Absaln, este le dijo: -- As ha dicho Ahitofel: seguiremos su consejo, o no? Di t.
Husai dijo a Absaln: -- Esta vez, el consejo que ha dado Ahitofel no es bueno.
Y aadi Husai: -- T sabes que tu padre y los suyos son hombres valientes, y que estn con amargura de nimo, como la osa en el campo cuando le han quitado sus cachorros. Adems, tu padre es hombre de guerra y no pasar la noche con el pueblo.
Seguro que ahora est escondido en alguna cueva o en otro lugar. Si al principio caen algunos de los tuyos, quienquiera que lo oiga dir: "El pueblo que sigue a Absaln ha sido derrotado".
Y aun el hombre valiente, cuyo corazn sea como corazn de len, desmayar por completo; porque todo Israel sabe que tu padre es hombre valiente, y que son esforzados los que estn con l.
Aconsejo, pues, que todo Israel se rena junto a ti, desde Dan hasta Beerseba, numeroso como la arena que est a la orilla del mar, y que t en persona vayas a la batalla.
Entonces lo atacaremos en cualquier lugar donde se halle; caeremos sobre l como cae el roco sobre la tierra, y ni a l ni a ninguno de los que estn con l dejaremos con vida.
Y si se refugia en alguna ciudad, todos los de Israel llevarn sogas a aquella ciudad, y la arrastraremos hasta el arroyo, de modo que no se encuentre all ni una piedra.
Entonces Absaln y todos los de Israel dijeron: "El consejo de Husai, el arquita, es mejor que el consejo de Ahitofel". Ello porque Jehov haba ordenado que el acertado consejo de Ahitofel se frustrara, para traer Jehov la ruina sobre Absaln.
Dijo luego Husai a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: "Ahitofel ha aconsejado as y as a Absaln y a los ancianos de Israel; y esto otro aconsej yo.
Por tanto, mandad a dar aviso inmediatamente a David: "No te quedes esta noche en los llanos del desierto, sino pasa enseguida el Jordn, para que no sea exterminado el rey y todo el pueblo que con l est"".
Jonatn y Ahimaas estaban junto a la fuente Rogel, y una criada fue y les avis, porque no podan dejarse ver entrando en la ciudad. Luego ellos fueron y se lo comunicaron al rey David.
Pero los vio un joven, que se lo hizo saber a Absaln; sin embargo, los dos partieron a toda prisa, y llegaron a casa de un hombre en Bahurim que tena en su patio un pozo, dentro del cual se metieron.
La mujer de la casa tom una manta, la extendi sobre la boca del pozo y tendi sobre ella el grano trillado, de manera que nada se notaba.
Al llegar los criados de Absaln a la casa de la mujer, le dijeron: -- Dnde estn Ahimaas y Jonatn? -- Ya han pasado el vado de las aguas -- respondi la mujer. Como ellos los buscaron y no los hallaron, volvieron a Jerusaln.
Despus que se marcharon, aquellos salieron del pozo y fueron a dar aviso al rey David dicindole: "Levantaos y daos prisa a pasar las aguas, porque Ahitofel ha dado este consejo contra vosotros".
Entonces se levant David, y todo el pueblo que con l estaba, y pasaron el Jordn antes que amaneciera; ni uno solo dej de pasar el Jordn.
Pero Ahitofel, viendo que no se haba seguido su consejo, ensill su asno, se levant y se fue a su casa en su ciudad; y despus de poner la casa en orden, se ahorc. As muri, y fue sepultado en el sepulcro de su padre.
David lleg a Mahanaim, mientras Absaln pasaba el Jordn con toda la gente de Israel.
Absaln haba nombrado a Amasa jefe del ejrcito en lugar de Joab. Amasa era hijo de un varn de Israel llamado Itra, el cual se haba unido a Abigail, hija de Nahas, hermana de Sarvia, madre de Joab.
Israel y Absaln acamparon en tierra de Galaad.
Luego que David lleg a Mahanaim, Sobi hijo de Nahas, de Rab de los hijos de Amn, Maquir hijo de Amiel, de Lodebar, y Barzilai, galaadita de Rogelim,
trajeron a David y al pueblo que estaba con l camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, garbanzos tostados,
miel, manteca, ovejas y quesos de vaca, para que comieran; porque decan: "El pueblo est hambriento, cansado y sediento en el desierto".
David pas revista al pueblo que tena consigo y puso sobre ellos jefes de millar y jefes de centena.
Luego envi David al pueblo, una tercera parte bajo el mando de Joab, una tercera parte bajo el mando de Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, y una tercera parte al mando de Itai, el geteo. Y dijo el rey al pueblo: -- Yo tambin saldr con vosotros.
Pero el pueblo respondi: -- No saldrs; porque si nosotros huimos, no harn caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harn caso de nosotros; pero t ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Ser mejor que t nos brindes ayuda desde la ciudad.
-- Yo har lo que bien os parezca -- les dijo el rey. Se puso, pues, el rey a la entrada de la puerta, mientras sala todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil.
El rey dio a Joab, a Abisai y a Itai esta orden: "Tratad benignamente, por amor a m, al joven Absaln". Y todo el pueblo oy cuando dio el rey orden acerca de Absaln a todos los capitanes.
Sali, pues, el pueblo al campo, contra Israel. La batalla se libr en el bosque de Efran.
All cay el pueblo de Israel ante los siervos de David, y aquel da se hizo all una gran matanza de veinte mil hombres.
La batalla se extendi por todo el territorio, y aquel da el bosque caus ms muertes que la espada.
Iba Absaln en un mulo y se encontr con los siervos de David. El mulo entr por debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se le enred la cabeza en la encina a Absaln, que qued suspendido entre el cielo y la tierra; pero el mulo en que iba sigui adelante.
Lo vio uno y avis a Joab diciendo: -- He visto a Absaln colgado de una encina.
Joab respondi al hombre que le daba la noticia: -- Y si lo viste, por qu no lo mataste enseguida, derribndolo en tierra? Me hubiera placido darte diez siclos de plata y un cinturn.
El hombre dijo a Joab: -- Aunque me pesaras mil siclos de plata, no extendera yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros omos cuando el rey os orden a ti, a Abisai y a Itai: "Mirad que ninguno toque al joven Absaln".
Por otra parte, habra yo hecho traicin contra mi vida, pues al rey nada se le esconde, y t mismo estaras en contra ma.
-- No malgastar mi tiempo contigo -- respondi Joab. Y tomando tres dardos en su mano, los clav en el corazn de Absaln, quien estaba an vivo en medio de la encina.
Luego diez jvenes escuderos de Joab rodearon a Absaln, lo hirieron y acabaron de matarlo.
Entonces Joab toc la trompeta, y el pueblo dej de perseguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo.
Tomando despus a Absaln, lo echaron en un gran hoyo en el bosque y levantaron sobre l un montn muy grande de piedras; y todo Israel huy, cada uno a su tienda.
En vida, Absaln haba tomado la decisin de erigirse una columna, la cual est en el valle del rey, pues pens: "Yo no tengo un hijo que conserve la memoria de mi nombre". Y puso a aquella columna su propio nombre, y as se ha llamado "Columna de Absaln", hasta el da de hoy.
Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: -- Correr ahora y dar al rey la noticia de que Jehov ha librado su causa de manos de sus enemigos?
Respondi Joab: -- Hoy no llevars la noticia; la llevars otro da. Hoy no dars la noticia, porque el hijo del rey ha muerto.
-- Ve t, y di al rey lo que has visto -- dijo Joab a un etope. El etope hizo una reverencia ante Joab y sali corriendo.
Entonces Ahimaas hijo de Sadoc volvi a decir a Joab: -- De todos modos, yo correr ahora tras el etope. Joab le dijo: -- Hijo mo, para qu has de correr t, si no recibirs recompensa por la noticia?
-- De todos modos, yo correr -- respondi l. -- Pues corre -- le dijo l. Corri, pues, Ahimaas por el camino de la llanura y se adelant al etope.
David estaba sentado entre las dos puertas. El atalaya haba ido al terrado sobre la puerta en el muro y, alzando sus ojos, mir y vio a uno que corra solo.
El atalaya dio un grito y lo hizo saber al rey, el cual dijo: -- Si viene solo, buenas noticias trae. Mientras el hombre vena acercndose,
vio el atalaya a otro que corra. Dio voces el atalaya al portero diciendo: "Ah viene otro hombre corriendo solo". -- Tambin este es un mensajero -- dijo el rey.
El atalaya dijo de nuevo: -- Me parece que el primero corre como Ahimaas hijo de Sadoc. -- Ese es hombre de bien y viene con buenas noticias -- dijo entonces el rey.
Cuando Ahimaas se acerc, dijo al rey en alta voz: -- Paz. Y postrndose en tierra delante del rey, le dijo: -- Bendito sea Jehov, tu Dios, que ha entregado a los hombres que haban levantado sus manos contra mi seor, el rey.
-- El joven Absaln est bien? -- pregunt el rey. Ahimaas respondi: -- Vi yo un gran alboroto cuando me envi Joab, el siervo del rey, pero no s qu era.
-- Pasa, y ponte all -- dijo el rey. l pas y se qued de pie.
Lleg luego el etope, y dijo: -- Traigo buenas noticias para mi seor, el rey: hoy Jehov ha librado tu causa de manos de todos los que se haban levantado contra ti.
El rey pregunt entonces al etope: -- El joven Absaln est bien? El etope respondi: -- Que a los enemigos de mi seor les vaya como a aquel joven, y a todos los que se levanten contra ti para mal.
Entonces el rey se turb, subi a la sala que estaba encima de la puerta y llor. Mientras iba subiendo, deca: "Hijo mo Absaln, hijo mo, hijo mo Absaln! Quin me diera haber muerto en tu lugar, Absaln, hijo mo, hijo mo!".
Entonces avisaron a Joab: "El rey llora y se lamenta por Absaln".
Y se convirti aquel da la victoria en luto para todo el pueblo; porque aquel da oy decir el pueblo que el rey estaba afligido por su hijo.
Y entr el pueblo aquel da en la ciudad escondindose, como suele entrar a escondidas el pueblo avergonzado que ha huido de la batalla.
Pero el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: "Hijo mo Absaln, Absaln, hijo mo, hijo mo!".
Entonces Joab entr en la casa donde estaba el rey y le dijo: "Hoy has cubierto de vergenza el rostro de todos tus siervos, que hoy han librado tu vida, la vida de tus hijos y de tus hijas, la vida de tus mujeres y de tus concubinas,
amando a los que te aborrecen y aborreciendo a los que te aman; porque hoy has declarado que nada te importan tus prncipes y siervos; hoy me has hecho ver claramente que si Absaln viviera, aunque todos nosotros estuviramos muertos, entonces estaras contento.
Levntate pues, ahora, sal y habla bondadosamente a tus siervos; juro por Jehov que si no sales, no quedar ni un hombre contigo esta noche; y esto ser peor para ti que todos los males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora".
Entonces se levant el rey y se sent a la puerta. Cuando se avis a todo el pueblo: "El rey est sentado a la puerta", vino todo el pueblo delante del rey. Mientras, los de Israel haban huido cada uno a su tienda.
Y todo el pueblo discuta en todas las tribus de Israel diciendo: "El rey nos ha librado de manos de nuestros enemigos y nos ha salvado de manos de los filisteos; pero ahora ha huido del pas por miedo de Absaln.
Y Absaln, a quien habamos ungido sobre nosotros, ha muerto en la batalla. Por qu, pues, estis callados respecto de hacer volver al rey?".
Entonces el rey David mand decir a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: "Hablad a los ancianos de Jud y decidles: "Por qu vais a ser vosotros los ltimos en hacer volver el rey a su casa, cuando la palabra de todo Israel ha venido al rey para hacerlo volver a su casa?
Vosotros sois mis hermanos; mis huesos y mi carne sois. Por qu, pues, seris vosotros los ltimos en hacer volver al rey?".
Asimismo diris a Amasa: "No eres t tambin hueso mo y carne ma? Traiga Dios sobre m el peor de los castigos, si no te hago general de mi ejrcito para siempre, en lugar de Joab"".
As inclin el corazn de todos los hombres de Jud, como el de un solo hombre, para que enviaran a decir al rey: "Vuelve t y todos tus siervos".
Volvi, pues, el rey, y lleg hasta el Jordn, mientras Jud vena a Gilgal para recibir al rey y hacerlo pasar el Jordn.
Tambin Simei hijo de Gera hijo de Benjamn, que era de Bahurim, se dio prisa y descendi con los hombres de Jud a recibir al rey David.
Con l venan mil hombres de Benjamn; asimismo Siba, criado de la casa de Sal, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordn delante del rey.
Y cruzaron el vado para hacer pasar a la familia del rey y complacer sus deseos. Simei hijo de Gera se postr delante del rey cuando este pas el Jordn,
y le dijo: -- No me culpe mi seor por mi falta! No recuerdes los males que tu siervo hizo el da en que mi seor, el rey, sali de Jerusaln, ni los guarde el rey en su corazn!
Porque yo, tu siervo, reconozco haber pecado, pero soy hoy el primero de toda la casa de Jos que he descendido para recibir a mi seor, el rey.
Entonces intervino Abisai hijo de Sarvia y dijo: -- No ha de morir por esto Simei, que maldijo al ungido de Jehov?
Pero David respondi: -- Qu tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia, para que hoy me seis adversarios? Acaso ha de morir hoy alguien en Israel? Acaso no s que hoy vuelvo a ser rey de Israel?
Luego el rey dijo a Simei: -- No morirs. Y el rey se lo jur.
Tambin Mefi-boset hijo de Sal descendi a recibir al rey; no haba lavado sus pies ni cortado su barba. Tampoco haba lavado sus vestidos desde el da en que sali el rey hasta el da en que volvi en paz.
Y cuando lleg a Jerusaln para recibir al rey, este le dijo: -- Mefi-boset, por qu no viniste conmigo?
l respondi: -- Rey y seor mo, mi siervo me enga; tu siervo le haba dicho: "Ensllame un asno, montar en l y me ir con el rey", porque tu siervo es cojo.
l ha calumniado a tu siervo delante de mi seor, el rey; pero mi seor, el rey, es como un ngel de Dios; trtame, pues, como mejor te parezca.
Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte ante mi seor, el rey. Sin embargo, t pusiste a tu siervo entre los convidados a tu mesa. Qu derecho tengo an de implorar algo al rey?
El rey le dijo: -- Para qu ms palabras? Yo he determinado que t y Siba os dividis las tierras.
Mefi-boset dijo al rey: -- Deja que l las tome todas, puesto que mi seor el rey ha vuelto en paz a su casa.
Tambin Barzilai, el galaadita, descendi de Rogelim y pas el Jordn con el rey, para acompaarlo al otro lado del Jordn.
Era Barzilai muy anciano; tena ochenta aos y haba dado provisiones al rey cuando estaba en Mahanaim, porque era hombre muy rico.
El rey le dijo: -- Sigue conmigo y yo me encargar de tu sustento en Jerusaln.
Pero Barzilai dijo al rey: -- Cuntos aos ms habr de vivir para que yo suba con el rey a Jerusaln?
Ya tengo ochenta aos de edad! Puedo distinguir entre lo que es agradable y lo que no lo es? Gustar ahora tu siervo de lo que coma o beba? Oir an la voz de los cantores y de las cantoras? Por qu, pues, ha de ser tu siervo una carga para mi seor, el rey?
Tu siervo seguir contigo un poco ms all del Jordn, pero para qu ha de darme el rey tan gran recompensa?
Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, para que muera en mi ciudad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Aqu est tu siervo Quimam. Que siga l con mi seor, el rey, y haz con l lo que bien te parezca.
El rey dijo: -- Pues siga conmigo Quimam, y yo har con l como bien te parezca; todo lo que t me pidas, yo lo har.
Todo el pueblo pas el Jordn. Luego que hubo tambin pasado, el rey bes a Barzilai y lo bendijo, y l regres a su casa.
Sigui entonces el rey hacia Gilgal, y con l pas Quimam. Todo el pueblo de Jud acompaaba al rey, y tambin la mitad del pueblo de Israel.
En esto, todos los hombres de Israel vinieron a decir al rey: -- Por qu los hombres de Jud, nuestros hermanos, se han adueado de ti, y han hecho pasar el Jordn al rey, a su familia y a todos los siervos de David con l?
Todos los hombres de Jud respondieron a todos los de Israel: -- Porque el rey es nuestro pariente. Pero por qu os enojis vosotros de eso? Hemos nosotros comido a expensas del rey? Hemos recibido de l algn regalo?
Entonces los hombres de Israel respondieron a los de Jud: -- Nosotros tenemos sobre el rey, y sobre el mismo David, diez veces ms derechos que vosotros. Por qu, pues, nos habis menospreciado? Acaso no fuimos nosotros los primeros que propusimos hacer volver a nuestro rey? Sin embargo, las palabras de los hombres de Jud fueron ms violentas que las de los hombres de Israel.
Aconteci que se encontraba all un hombre perverso llamado Seba hijo de Bicri, hombre de Benjamn, el cual toc la trompeta, y exclam: "No tenemos parte con David, ni heredad con el hijo de Isa. Cada uno a su tienda, Israel!".
As todos los hombres de Israel abandonaron a David para seguir a Seba hijo de Bicri; pero los de Jud siguieron a su rey desde el Jordn hasta Jerusaln.
Cuando David lleg a su casa en Jerusaln, tom el rey las diez mujeres concubinas que haba dejado para guardar la casa, las puso en reclusin y les dio alimentos; pero nunca ms se lleg a ellas, sino que quedaron encerradas hasta que murieron en viudez perpetua.
Despus dijo el rey a Amasa: -- Convcame a los hombres de Jud para dentro de tres das, y presntate t tambin.
Fue, pues, Amasa para convocar a los de Jud, pero se tard ms tiempo del que le haba sido sealado.
Entonces David dijo a Abisai: -- Seba hijo de Bicri nos har ahora ms dao que Absaln; toma t, pues, los siervos de tu seor y ve tras l, no sea que alcance las ciudades fortificadas y nos cause dificultad.
Salieron en pos de l los hombres de Joab, los cereteos y peleteos y todos los valientes; salieron de Jerusaln para perseguir a Seba hijo de Bicri.
Estaban cerca de la piedra grande que hay en Gaban, cuando les sali Amasa al encuentro. Joab vesta su indumentaria militar, y sobre ella llevaba un cinto con una daga envainada pegada a su costado, la cual se le cay cuando l avanz.
Entonces Joab dijo a Amasa: -- Te va bien, hermano mo? Tom Joab con la diestra la barba de Amasa, como para besarlo.
Pero Amasa no se cuid de la daga que Joab tena en la mano, y este lo hiri con ella en la quinta costilla, derramando sus entraas en tierra. As cay muerto sin necesidad de darle un segundo golpe. Despus Joab y su hermano Abisai fueron en persecucin de Seba hijo de Bicri.
Uno de los hombres de Joab se qued junto a l gritando: -- Quienquiera que ame a Joab y a David, que siga a Joab!
Amasa, revolcndose en su sangre, yaca en medio del camino. Al verlo, todo el que pasaba se detena. Y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apart a Amasa del camino al campo, y ech sobre l una vestidura.
Luego que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguan a Joab, para ir tras Seba hijo de Bicri.
Seba pas por todas las tribus de Israel hasta Abel-bet-maaca, y todos los de Barim se reunieron y lo siguieron tambin.
Llegaron los otros y lo sitiaron en Abel-bet-maaca. Levantaron contra la ciudad un terrapln y esta qued sitiada; y todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la muralla.
Entonces una mujer sabia grit en la ciudad: -- Od, od; os ruego que digis a Joab que venga ac, para que yo hable con l.
Cuando l se acerc a ella, dijo la mujer: -- Eres t Joab? -- Yo soy -- respondi l. -- Oye las palabras de tu sierva -- le dijo ella. -- Te escucho -- respondi l.
Volvi ella a hablar y dijo: -- Antiguamente solan decir: "Quien pregunte, que pregunte a los de Abel". Y as concluan cualquier asunto.
Somos de las ms pacficas y fieles ciudades de Israel. Y t procuras destruir una ciudad que es madre en Israel! Por qu destruyes la heredad de Jehov?
Joab respondi diciendo: -- Nunca, nunca me acontezca tal cosa, que yo destruya ni deshaga.
La cosa no es as: sino de un hombre de los montes de Efran, llamado Seba hijo de Bicri, que ha levantado su mano contra el rey David; entregdmelo a l solo y me ir de la ciudad. -- Su cabeza te ser arrojada por encima del muro -- dijo la mujer a Joab.
En seguida la mujer se dirigi a todo el pueblo con tanta sabidura, que ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri y se la arrojaron a Joab. Toc l la trompeta y se retiraron de la ciudad, cada uno a su tienda; mientras, Joab regres a Jerusaln, junto al rey.
As qued Joab al mando de todo el ejrcito de Israel, Benaa hijo de Joiada al frente de los cereteos y peleteos,
Adoram como jefe de los tributos, y Josafat hijo de Ahilud era el cronista.
Seva era el escriba, y Sadoc y Abiatar, los sacerdotes.
Ira, el jaireo, fue tambin sacerdote de David.
Hubo hambre en los das de David durante tres aos consecutivos. David consult a Jehov, y Jehov le dijo: "Es por causa de Sal, y por esa casa sanguinaria, porque l mat a los gabaonitas".
Entonces el rey llam a los gabaonitas y les habl. (Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del resto de los amorreos, a los cuales los hijos de Israel haban hecho juramento. Pero Sal haba intentado matarlos llevado de su celo por los hijos de Israel y de Jud).
Pregunt, pues, David a los gabaonitas: -- Qu puedo hacer por vosotros, o qu satisfaccin debo daros para que bendigis la heredad de Jehov?
Los gabaonitas le dijeron: -- No tenemos nosotros queja por cuestiones de plata o de oro con Sal y con su casa, ni queremos que muera nadie en Israel. -- Lo que vosotros digis, eso har -- respondi David.
Entonces dijeron ellos al rey: -- De aquel hombre que nos diezm e intent exterminarnos, para que no quedara nada de nosotros en todo el territorio de Israel,
que se nos entreguen siete hombres de sus descendientes, y los ahorcaremos delante de Jehov en Gabaa de Sal, el escogido de Jehov. -- Yo os los entregar -- respondi el rey.
El rey perdon a Mefi-boset hijo de Jonatn hijo de Sal, a causa del juramento que David y Jonatn, hijo de Sal, se haban hecho en nombre de Jehov.
Pero tom el rey a los dos hijos que Rizpa, hija de Aja, haba tenido de Sal, Armoni y Mefi-boset, y a los cinco hijos que Mical, hija de Sal, haba tenido de Adriel hijo de Barzilai, el meholatita,
y los entreg en manos de los gabaonitas, quienes los ahorcaron en el monte delante de Jehov. Cayeron aquellos siete al mismo tiempo; fueron muertos en los primeros das de la cosecha, al comienzo de la siega de la cebada.
Entonces Rizpa, hija de Aja, tom una tela de luto y la tendi para recostarse sobre el peasco. All estuvo desde el principio de la siega hasta que cay sobre ellos la lluvia del cielo; y no dej que ninguna ave del cielo se lanzara sobre ellos de da, ni las fieras del campo por la noche.
Cuando le dijeron a David lo que haca Rizpa, hija de Aja, concubina de Sal,
fue l a recoger los huesos de Sal y los huesos de Jonatn, su hijo, de los hombres de Jabes de Galaad, que los haban hurtado de la plaza de Bet-sn, donde los filisteos los haban colgado cuando mataron a Sal en Gilboa.
E hizo David que se llevaran de all los huesos de Sal y los huesos de su hijo Jonatn; y recogieron tambin los huesos de los ahorcados.
Sepultaron los huesos de Sal y los de su hijo Jonatn en tierra de Benjamn, en Zela, en el sepulcro de Cis su padre; e hicieron todo lo que el rey haba mandado. Y Dios fue propicio a la tierra despus de esto.
Volvieron los filisteos a hacer la guerra a Israel. David descendi con sus siervos y pelearon contra los filisteos. David estaba cansado,
e Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce, y que llevaba ceida una espada nueva, trat de matar a David;
pero Abisai hijo de Sarvia lleg en su ayuda, hiri al filisteo y lo mat. Entonces los hombres de David juraron diciendo: "Nunca ms de aqu en adelante saldrs con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lmpara de Israel".
Otra segunda guerra hubo despus en Gob contra los filisteos; entonces Sibecai, el husatita, mat a Saf, quien era uno de los descendientes de los gigantes.
Hubo otra vez guerra en Gob contra los filisteos, en la cual Elhann hijo de Jaare-oregim, de Beln, mat a Goliat, el geteo, cuya lanza tena el asta tan grande como el rodillo de un telar.
Despus hubo otra guerra en Gat, donde haba un hombre de gran estatura, el cual tena doce dedos en las manos y otros doce en los pies, veinticuatro en total; tambin l descenda de los gigantes.
Este desafi a Israel, y lo mat Jonatn hijo de Simea, hermano de David.
Estos cuatro eran descendientes de los gigantes de Gat, los cuales cayeron por mano de David y por mano de sus siervos.
Dirigi David a Jehov las palabras de este cntico el da que Jehov lo libr de manos de Sal y de todos sus enemigos.
Dijo: "Jehov es mi roca, mi fortaleza y mi libertador;
Mi Dios, fortaleza ma, en l confiar; mi escudo y el fuerte de mi salvacin, mi alto refugio, mi salvador. De violencia me libraste.
Invocar a Jehov, quien es digno de ser alabado, y ser salvo de mis enemigos.
"Me envolvieron las olas de la muerte, me atemorizaron torrentes de perversidad.
Me rodearon los lazos del seol. Tendieron sobre m lazos de muerte.
En mi angustia invoqu a Jehov, a mi Dios clam y escuch mi voz desde su templo. Mi clamor lleg a sus odos.
"La tierra fue sacudida y tembl, se conmovieron los cimientos de los cielos. Se estremecieron porque l se indign.
Humo subi de su nariz, y de su boca un fuego abrasador que lanzaba carbones encendidos.
Inclin los cielos y descendi; haba tinieblas debajo de sus pies.
Cabalg sobre un querubn y vol; vol sobre las alas del viento.
Se envolvi en un cerco de tinieblas, oscuridad de aguas y densas nubes.
Por el resplandor de su presencia se encendieron carbones ardientes.
"Tron Jehov desde los cielos, el Altsimo hizo oir su voz;
Envi sus flechas y los dispers, lanz relmpagos y los destruy.
Aparecieron entonces los torrentes de las aguas, quedaron al descubierto los cimientos del mundo ante la reprensin de Jehov, al soplo del aliento de su nariz.
"Envi desde lo alto y me tom. Me sac de caudalosas aguas.
Me libr de un poderoso enemigo, y de los que me aborrecan, aunque eran ms fuertes que yo.
Me asaltaron el da de mi desgracia, mas Jehov fue mi apoyo.
Me sac a lugar espacioso, me libr porque me amaba.
"Jehov me recompensa conforme a mi justicia. Conforme a la limpieza de mis manos me ha premiado:
porque he guardado los caminos de Jehov, y no me apart de mi Dios haciendo el mal;
pues todos sus decretos estn delante de m y nunca me apart de sus preceptos.
Fui recto para con l, y me he guardado de mi maldad.
Jehov me recompensa conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos ante sus ojos.
"Con el misericordioso te mostrars misericordioso, y recto para con el hombre ntegro.
Limpio te mostrars con el limpio, y rgido sers con el perverso.
T salvas al pueblo afligido, mas tus ojos abaten a los altivos.
T eres, oh Jehov, mi lmpara; mi Dios, que alumbra mis tinieblas.
Contigo desbaratar ejrcitos, con mi Dios asaltar muros.
"El camino de Dios es perfecto y acrisolada la palabra de Jehov. Escudo es a todos los que en l esperan.
Porque quin es Dios, sino slo Jehov? Y qu roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios es el que me cie de fuerza, quien despeja mi camino,
quien hace mis pies como de ciervas y me sostiene firme en las alturas;
el que adiestra mis manos para la batalla, y mis brazos para que se doble el arco de bronce.
Me diste el escudo de tu salvacin, y tu benignidad me ha engrandecido.
Ensanchaste mis pasos debajo de m, y mis pies no han resbalado.
"Perseguir a mis enemigos y los destruir, no vuelvo hasta haberlos acabado.
Los herir y derrotar, de modo que no se levanten. Caern debajo de mis pies.
Me ceiste de fuerzas para la pelea, has humillado debajo de m a mis enemigos,
y has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas, para que yo destruyera a los que me aborrecen.
Clamaron, pero nadie los salv; tambin a Jehov, mas no los oy.
Como a polvo de la tierra los mol, como a lodo de las calles los pis y los tritur.
Me has librado de las contiendas del pueblo, me guardaste para que fuera cabeza de naciones, pueblo que no conoca me servir.
Los hijos de extraos se sometern a m. Al oir de m, me obedecern.
Los extraos se debilitarn y saldrn temblando de sus refugios.
"Viva Jehov! Bendita sea mi roca!, y engrandecido sea el Dios de mi salvacin.
El Dios que venga mis agravios y somete pueblos a mis plantas.
El que me libera de enemigos, me exalta sobre los que se levantan contra m y me libra del hombre violento.
Por eso te confesar entre las naciones y cantar, oh Jehov, a tu nombre.
l salva gloriosamente a su rey, y usa de misericordia para con su ungido, a David y a su descendencia para siempre".
Estas son las palabras postreras de David. Dijo David hijo de Isa, aquel varn que fue levantado en alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel:
"El espritu de Jehov habla por m, su palabra est en mi lengua.
El Dios de Israel ha hablado, me habl la Roca de Israel: "Habr un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios.
Ser como la luz matinal, como el resplandor del sol en una maana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra".
Por eso mi casa est firme en Dios; pues ha hecho conmigo un pacto eterno, bien ordenado en todo y bien seguro, aunque todava no haya hecho l florecer toda mi salvacin y mi deseo.
Pero todos los malvados sern como espinos arrancados, que nadie recoge con la mano;
quien quiere tocarlos, se arma de un hierro o del asta de una lanza, y son all mismo consumidos por el fuego".
Estos son los nombres de los valientes que tuvo David: Joseb-basebet, el tacmonita, el principal de los capitanes, que era Adino, el eznita, quien mat a ochocientos hombres en una ocasin.
Despus de l, Eleazar hijo de Dodo, el ahohta, uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se haban reunido all para la batalla, y los hombres de Israel retrocedan.
Este se levant e hiri a los filisteos hasta que su mano se cans y se le qued pegada a la espada. Aquel da Jehov dio una gran victoria, y el pueblo volvi tras l tan slo para recoger el botn.
Despus de este fue Sama hijo de Age, el ararita. Los filisteos se haban reunido en Lehi, donde haba un pequeo terreno lleno de lentejas y el pueblo huy delante de los filisteos.
Pero l se par en medio de aquel terreno, lo defendi y derrot a los filisteos. As dio Jehov una gran victoria.
Un da, en tiempo de la siega, tres de los treinta jefes descendieron y se unieron a David en la cueva de Adulam, mientras los filisteos acampaban en el valle de Refaim.
David estaba entonces en la fortaleza y haba en Beln una guarnicin de los filisteos.
Y dijo David con vehemencia: "Quin me diera a beber del agua del pozo de Beln que est junto a la puerta!".
Entonces los tres valientes irrumpieron en el campamento de los filisteos, sacaron agua del pozo de Beln que estaba junto a la puerta, se la llevaron y la trajeron a David; pero l no la quiso beber, sino que la derram como ofrenda para Jehov diciendo:
"Lejos de m, oh Jehov, que yo haga esto. He de beber yo la sangre de los hombres que fueron all con peligro de su vida?". Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.
Abisai, hermano de Joab e hijo de Sarvia, era el principal de los treinta. Este alz su lanza contra trescientos hombres, a quienes mat, y gan renombre entre los tres.
Era el ms renombrado de los treinta, y lleg a ser su jefe, pero no igual a los tres primeros.
Despus, Benaa hijo de Joiada, hijo de un varn esforzado, grande en proezas, de Cabseel. Este mat a dos leones de Moab; l mismo descendi y mat a un len en medio de un foso, cuando estaba nevando.
Tambin mat l a un egipcio, hombre de gran estatura; tena el egipcio una lanza en su mano, pero descendi contra l con un palo, arrebat al egipcio la lanza de la mano y lo mat con su propia lanza.
Esto hizo Benaa hijo de Joiada, y gan renombre entre los tres valientes.
Se destac entre los treinta, pero no igual a los tres primeros. David lo puso como jefe de su guardia personal.
Estaban asimismo entre los treinta, Asael, hermano de Joab; Elhann hijo de Dodo, de Beln;
Sama, el harodita; Elica, el harodita;
Heles, el paltita; Ira hijo de Iques, el tecota;
Abiezer, el anatotita; Mebunai, el husatita;
Salmn, el ahohta; Maharai, el netofatita;
Heleb hijo de Baana, el netofatita; Itai hijo de Ribai, de Gabaa de los hijos de Benjamn;
Benaa, el piratonita; Hidai, del arroyo Gaas;
Abi-albn, el arbatita; Azmavet, el barhumita;
Eliaba, el saalbonita; Jonatn, de los hijos de Jasn;
Sama, el ararita; Aham hijo de Sarar, el ararita;
Elifelet hijo de Ahasbai hijo de Maaca; Eliam hijo de Ahitofel, el gilonita;
Hezrai, el carmelita; Paarai, el arbita;
Igal hijo de Natn, de Soba; Bani, el gadita;
Selec, el amonita; Naharai, el beerotita, escudero de Joab hijo de Sarvia;
Ira, el itrita; Gareb, el itrita,
y Uras, el heteo. En total, treinta y siete.
Volvi a encenderse la ira de Jehov contra los israelitas, e incit a David contra ellos dicindole: "Ve, haz un censo de Israel y de Jud".
El rey dijo a Joab, general del ejrcito que estaba con l: -- Recorre ahora todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz un censo del pueblo, para que yo sepa el nmero de los habitantes.
Joab respondi al rey: -- Que Jehov, tu Dios, multiplique al pueblo cien veces ms de lo que es, y que pueda verlo mi seor, el rey. Pero, por qu se complace en esto mi seor, el rey?
Sin embargo, la palabra del rey prevaleci sobre la de Joab y sobre la de los capitanes del ejrcito. Se retir, pues, Joab, con los capitanes del ejrcito, de la presencia del rey, para hacer el censo del pueblo de Israel.
Pasaron el Jordn y acamparon en Aroer, al sur de la ciudad que est en medio del valle de Gad, junto a Jazer.
Despus fueron a Galaad y a la tierra baja de Hodsi; de all a Danjan y a los alrededores de Sidn.
Luego fueron a la fortaleza de Tiro y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos, y por ltimo se dirigieron al Neguev de Jud, en Beerseba.
Despus que terminaron de recorrer toda la tierra, volvieron a Jerusaln al cabo de nueve meses y veinte das.
Joab entreg entonces el censo del pueblo al rey; haba en Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada, y los de Jud eran quinientos mil hombres.
Despus que David cens al pueblo, le pes en su corazn; y dijo David a Jehov: -- He pecado gravemente por haber hecho esto; pero ahora, oh Jehov, te ruego que quites el pecado de tu siervo, porque he actuado muy neciamente.
Por la maana, cuando David se levant, vino palabra de Jehov al profeta Gad, vidente de David, diciendo:
"Ve y di a David: As ha dicho Jehov: "Tres cosas te ofrezco; t escogers una de ellas, para que yo la haga"".
Vino, pues, Gad a David, se lo hizo saber y le dijo: -- Qu prefieres: que vengan siete aos de hambre sobre tu tierra? o que huyas tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan? o que haya tres das de peste en tu tierra? Piensa ahora, y mira qu debo responder al que me ha enviado.
Entonces David dijo a Gad: -- Estoy en gran angustia. Pero es preferible caer ahora en manos de Jehov, porque sus misericordias son muchas, que caer en manos de los hombres.
Entonces Jehov envi la peste sobre Israel, desde esa maana hasta el tiempo sealado, y murieron setenta mil hombres del pueblo desde Dan hasta Beerseba.
Y cuando el ngel extendi su mano sobre Jerusaln para destruirla, Jehov se arrepinti de aquel mal, y dijo al ngel que exterminaba al pueblo: "Basta ya; detn tu mano". El ngel de Jehov estaba junto a la era de Arauna, el jebuseo.
Cuando David vio al ngel que castigaba al pueblo, dijo a Jehov: -- Yo pequ, yo hice lo malo; qu hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra m y contra la casa de mi padre.
Vino Gad adonde estaba David aquel da, y le dijo: "Sube y levanta un altar a Jehov en la era de Arauna, el jebuseo".
David subi conforme al dicho de Gad, segn lo haba mandado Jehov.
Arauna mir y vio al rey y a sus siervos que venan hacia l. Sali entonces Arauna, se inclin delante del rey, rostro a tierra,
y dijo: -- Por qu viene mi seor, el rey, a ver a su siervo? David respondi: -- Para comprarte la era y edificar en ella un altar a Jehov, a fin de que cese la mortandad del pueblo.
Arauna dijo a David: -- Tome y ofrezca mi seor el rey lo que bien le parezca; ah tienes bueyes para el holocausto, los trillos y los yugos de los bueyes para lea.
Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: -- Jehov, tu Dios, te sea propicio.
El rey dijo a Arauna: -- No; la comprar por su precio; porque no ofrecer a Jehov, mi Dios, holocaustos que no me cuesten nada. Y David compr la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.
Edific all David un altar a Jehov, y sacrific holocaustos y ofrendas de paz. Entonces Jehov oy las splicas de la tierra y ces la plaga en Israel.
Cuando el rey David era viejo y avanzado en das, lo cubran de ropas, pero no se calentaba.
Le dijeron, por tanto, sus siervos: "Busquen para mi seor, el rey, una joven virgen que lo atienda y lo abrigue, que duerma a su lado y as mi seor, el rey, entrar en calor".
Buscaron, pues, una joven hermosa por toda la tierra de Israel; encontraron a Abisag, la sunamita, y la llevaron al rey.
La joven era hermosa; ella abrigaba al rey y lo serva, pero el rey nunca la conoci.
Entonces Adonas hijo de Haguit se rebel, diciendo: "Yo reinar". Se hizo de carros, de gente de a caballo y de cincuenta hombres que corrieran delante de l.
En todos sus das su padre nunca lo haba reprendido dicindole: "Por qu haces esto?". Adems, era de muy hermoso parecer, y haba nacido despus de Absaln.
Adonas se haba puesto de acuerdo con Joab hijo de Sarvia y con el sacerdote Abiatar, los cuales lo ayudaban.
Pero el sacerdote Sadoc, Benaa hijo de Joiada, el profeta Natn, Simei, Rei y todos los grandes de David no seguan a Adonas.
Mat Adonas un da ovejas, vacas y animales cebados junto a la pea de Zohelet, que est cerca de la fuente de Rogel, y convid a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Jud, siervos del rey.
Pero no convid al profeta Natn ni a Benaa ni a los grandes, ni a su hermano Salomn.
Entonces Natn dijo a Betsab, madre de Salomn: -- No has odo que Adonas hijo de Haguit se ha proclamado rey sin saberlo David, nuestro seor?
Ven pues, ahora, y oye mi consejo, para que conserves tu vida y la de tu hijo Salomn.
Ve, presntate ante el rey David y dile: "Rey y seor mo, no juraste a tu sierva, diciendo: 'Salomn, tu hijo, reinar despus de m, y l se sentar en mi trono?'. Por qu, pues, reina Adonas?".
Mientras ests all hablando con el rey, yo entrar detrs de ti y reafirmar tus palabras.
Entonces Betsab entr en la habitacin del rey. El rey estaba muy viejo y Abisag, la sunamita, lo serva.
Betsab se inclin e hizo una reverencia al rey. El rey dijo: -- Qu te pasa?
Ella le respondi: -- Seor mo, t juraste a tu sierva por Jehov, tu Dios, diciendo: "Salomn, tu hijo, reinar despus de m y se sentar en mi trono".
Pero ahora reina Adonas, sin que t, mi seor y rey, todava lo sepas.
Ha matado bueyes, animales cebados y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, general del ejrcito; pero no ha convidado a Salomn, tu siervo.
Entre tanto, rey y seor mo, los ojos de todo Israel estn puestos en ti, para que les anuncies quin se ha de sentar en el trono despus de mi seor, el rey.
De otra manera suceder que cuando mi seor, el rey, duerma con sus padres, yo y mi hijo Salomn seremos considerados culpables.
Mientras ella an hablaba con el rey, lleg el profeta Natn.
Le avisaron al rey diciendo: "Aqu est el profeta Natn". Cuando l entr donde estaba el rey, se postr delante del rey rostro en tierra,
y dijo: -- Rey y seor mo, has dicho t: "Adonas reinar despus de m y se sentar en mi trono"?
Porque hoy descendi a sacrificar bueyes, animales cebados y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, a los capitanes del ejrcito, y tambin al sacerdote Abiatar: estn comiendo y bebiendo delante de l, y gritan: "Viva el rey Adonas!".
Pero ni a m, tu siervo, ni al sacerdote Sadoc ni a Benaa hijo de Joiada ni a Salomn, tu siervo, ha convidado.
Es que esto ha sido ordenado por mi seor, el rey, sin haber dado a conocer a tus siervos quin se haba de sentar en el trono de mi seor, el rey, despus de l?
El rey David respondi diciendo: "Llamadme a Betsab". Entr ella a la presencia del rey y se qued en pie delante de l.
Entonces el rey hizo este juramento: -- Vive Jehov!, que ha redimido mi alma de toda angustia,
que como yo te he jurado por Jehov, Dios de Israel, diciendo: "Tu hijo Salomn reinar despus de m y se sentar sobre mi trono en lugar mo", as lo har hoy.
Betsab se inclin ante el rey, con su rostro en tierra, y haciendo una reverencia al rey, dijo: -- Viva mi seor, el rey David, para siempre.
Y el rey David dijo: -- Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natn y a Benaa hijo de Joiada. Ellos entraron a la presencia del rey,
y l les dijo: -- Tomad con vosotros los siervos de vuestro seor, montad a mi hijo Salomn en mi mula y llevadlo a Gihn.
All lo ungirn el sacerdote Sadoc y el profeta Natn como rey sobre Israel; vosotros tocaris la trompeta y gritaris: "Viva el rey Salomn!".
Despus iris detrs de l, y vendr a sentarse sobre mi trono y reinar en mi lugar, porque lo he escogido para que sea prncipe de Israel y de Jud.
Entonces Benaa hijo de Joiada respondi al rey: -- Amn. As lo diga Jehov, Dios de mi seor, el rey.
De la manera que Jehov ha estado con mi seor, el rey, as est con Salomn, y haga mayor su trono que el trono de mi seor, el rey David.
Descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natn, Benaa hijo de Joiada, los cereteos y los peleteos, montaron a Salomn en la mula del rey David y lo llevaron a Gihn.
Tom el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del Tabernculo y ungi a Salomn; tocaron la trompeta y grit todo el pueblo: "Viva el rey Salomn!".
Despus subi todo el pueblo detrs de l; cantaba la gente con flautas y manifestaba tan gran alegra, que pareca que la tierra se hunda bajo sus gritos.
Lo oy Adonas, y todos los convidados que con l estaban, cuando ya haban acabado de comer. Tambin oy Joab el sonido de la trompeta, y dijo: "Por qu se alborota la ciudad con tanto estruendo?".
Mientras l an hablaba, lleg Jonatn, hijo del sacerdote Abiatar, al cual dijo Adonas: -- Entra, porque t eres hombre valiente y traers buenas noticias.
Jonatn respondi a Adonas: -- Ciertamente nuestro seor, el rey David, ha hecho rey a Salomn;
el rey ha enviado con l al sacerdote Sadoc y al profeta Natn, a Benaa hijo de Joiada, y tambin a los cereteos y a los peleteos, los cuales lo montaron en la mula del rey.
El sacerdote Sadoc y el profeta Natn lo han ungido rey en Gihn; de all han subido alegremente y la ciudad est llena de estruendo. Este es el alboroto que habis odo.
Ms an, Salomn se ha sentado en el trono del reino,
y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro seor, el rey David, diciendo: "Dios haga bueno el nombre de Salomn ms que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo". Y el rey ador en la cama,
y ha dicho adems as: "Bendito sea Jehov, Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, y lo vean mis ojos".
Entonces se estremecieron todos los convidados que estaban con Adonas, se levantaron y cada uno se fue por su camino.
Pero Adonas tuvo miedo de Salomn, se levant y fue a asirse de los cuernos del altar.
Luego avisaron a Salomn: -- Adonas tiene miedo del rey Salomn, pues se ha asido de los cuernos del altar diciendo: "Jreme hoy el rey Salomn que no matar a espada a su siervo".
Y Salomn dijo: -- Si l es hombre de bien, ni uno de sus cabellos caer en tierra; pero si se halla mal en l, morir.
El rey Salomn mand que lo trajeran del altar; vino l y se inclin ante el rey Salomn. Salomn le dijo: -- Vete a tu casa.
Cuando llegaron los das en que David haba de morir, le orden a Salomn, su hijo:
"Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfurzate y s hombre.
Guarda los preceptos de Jehov, tu Dios, andando en sus caminos y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que est escrito en la ley de Moiss, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas;
para que confirme Jehov la promesa que me hizo diciendo: "Si tus hijos guardan mi camino andando delante de m con verdad, de todo su corazn y de toda su alma, jams te faltar un descendiente en el trono de Israel".
"Ya sabes t lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejrcito de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, cmo los mat, vengando en tiempo de paz la sangre derramada en la guerra, y manchando con sangre de guerra el cinturn que cea su cintura y los zapatos que calzaban sus pies.
T, pues, hars conforme a tu sabidura: no dejars descender en paz sus canas al seol.
Pero con los hijos de Barzilai, el galaadita, tendrs misericordia; que sean de los convidados a tu mesa, pues ellos me trataron de esa manera cuando iba huyendo de Absaln, tu hermano.
Tambin tienes contigo a Simei hijo de Gera hijo de Benjamn, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldicin fuerte el da que yo iba a Mahanaim. Pero l mismo descendi a recibirme al Jordn, y yo le jur por Jehov diciendo: "No te matar a espada".
Pero ahora no lo absolvers, pues eres un hombre sabio y sabes cmo debes tratarlo para que sus canas desciendan con sangre al seol".
David durmi con sus padres y fue sepultado en su ciudad.
Los das que rein David sobre Israel fueron cuarenta aos: siete aos rein en Hebrn y treinta y tres aos en Jerusaln.
Salomn se sent en el trono de David, su padre, y su reino fue muy estable.
Entonces Adonas hijo de Haguit fue a ver a Betsab, madre de Salomn, y ella le dijo: -- Vienes en son de paz? -- S, de paz -- respondi l;
y en seguida aadi -- : Tengo algo que decirte. -- Habla -- dijo ella.
l dijo: -- T sabes que el reino era mo y que todo Israel haba puesto en m sus ojos para que yo reinara; pero el reino fue traspasado y se le concedi a mi hermano, pues por voluntad de Jehov le perteneca.
Ahora te hago una peticin; no me la niegues. -- Habla -- le dijo ella.
l entonces dijo: -- Te ruego que hables al rey Salomn (porque l no te lo negar), para que me d Abisag, la sunamita, por mujer.
-- Bien; hablar por ti al rey -- respondi Betsab.
Betsab fue a ver al rey Salomn para hablarle por Adonas. El rey se levant a recibirla y se inclin ante ella; volvi a sentarse en su trono e hizo traer una silla para su madre, que se sent a su diestra.
Entonces ella dijo: -- Una pequea peticin pretendo de ti; no me la niegues. -- Pide, madre ma, que yo no te la negar -- respondi el rey.
Y ella dijo: -- Que se le d Abisag, la sunamita, por esposa a tu hermano Adonas.
-- Por qu pides a Abisag, la sunamita, para Adonas? Demanda tambin el reino para l, pues l es mi hermano mayor y ya tiene tambin de su parte al sacerdote Abiatar y a Joab hijo de Sarvia --le respondi Salomn a su madre.
Y el rey Salomn jur por Jehov: "Traiga Dios sobre m el peor de los castigos, que contra su vida ha hablado Adonas estas palabras.
Ahora, pues, vive Jehov, quien me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David, mi padre, quien me ha dado una casa conforme me lo haba prometido, que Adonas morir hoy".
Entonces el rey Salomn envi a Benaa hijo de Joiada, el cual arremeti contra l y lo mat.
Y el rey dijo al sacerdote Abiatar: "Vete a Anatot, a tus heredades, pues eres digno de muerte; pero no te matar hoy, por cuanto has llevado el Arca de Jehov, el Seor, delante de David, mi padre, y adems has compartido todas sus aflicciones".
As ech Salomn a Abiatar del sacerdocio de Jehov, para que se cumpliera la palabra que Jehov pronunci en Silo sobre la casa de El.
Lleg la noticia a Joab, y como tambin se haba adherido a Adonas, si bien no se haba adherido a Absaln, huy Joab al tabernculo de Jehov y se asi de los cuernos del altar.
Se le avis a Salomn que Joab haba huido al tabernculo de Jehov y que estaba junto al altar. Entonces envi Salomn a Benaa hijo de Joiada, con esta orden: "Ve y arremete contra l".
Entr Benaa al tabernculo de Jehov, y le dijo: -- El rey ha dicho que salgas. -- No, sino que aqu morir -- respondi l. Benaa volvi con esta respuesta al rey, y le dijo: -- As me respondi Joab.
El rey le dijo: -- Haz como l ha dicho: mtalo y entirralo, y aparta de m y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.
Jehov har caer su sangre sobre su cabeza, porque l ha dado muerte a dos hombres ms justos y mejores que l, a los cuales mat a espada sin que mi padre David supiera nada: a Abner hijo de Ner, general del ejrcito de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general del ejrcito de Jud.
As pues, la sangre de ellos recaer sobre la cabeza de Joab y sobre la cabeza de su descendencia para siempre; pero sobre David y sobre su descendencia, sobre su casa y sobre su trono, habr paz perpetua de parte de Jehov.
Entonces Benaa hijo de Joiada subi, arremeti contra l y lo mat; y fue sepultado en su casa en el desierto.
El rey puso en su lugar a Benaa hijo de Joiada al frente del ejrcito, y a Sadoc el rey lo puso como sacerdote en lugar de Abiatar.
Despus mand a llamar el rey a Simei, y le dijo: -- Edifcate una casa en Jerusaln y habita ah, no salgas de all a ninguna parte;
porque ten por cierto que el da que salgas y pases el torrente de Cedrn, sin duda morirs, y tu sangre caer sobre tu cabeza.
Simei dijo al rey: -- Tu palabra es buena; como el rey mi seor ha dicho, as lo har tu siervo. Y habit Simei en Jerusaln muchos das.
Pero pasados tres aos, aconteci que dos siervos de Simei huyeron junto a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Alguien dio aviso a Simei diciendo: "Tus siervos estn en Gat".
Entonces Simei se levant, ensill su asno y fue adonde estaba Aquis, en Gat, para buscar a sus siervos. Fue, pues, Simei, y trajo sus siervos de Gat.
Luego le dijeron a Salomn que Simei haba ido de Jerusaln hasta Gat, y regresado.
Entonces el rey mand a buscar a Simei, y le dijo: "No te hice jurar yo por Jehov, y te advert diciendo: "El da que salgas y vayas ac o all, ten por cierto que morirs"? Y t me dijiste: "Tu palabra es buena, yo la obedezco".
Por qu, pues, no guardaste el juramento de Jehov, y el mandamiento que yo te impuse?".
Dijo adems el rey a Simei: "T conoces todo el mal, el cual tu corazn bien sabe que cometiste contra mi padre David. Jehov, pues, ha hecho recaer el mal sobre tu cabeza.
En cambio, el rey Salomn ser bendito, y el trono de David permanecer firme perpetuamente delante de Jehov".
Entonces el rey mand a Benaa hijo de Joiada, el cual sali, lo hiri y lo mat. Y el reino fue confirmado en manos de Salomn.
Salomn estableci parentesco con el faran, rey de Egipto, pues tom la hija del faran y la trajo a la ciudad de David, mientras acababa de edificar su casa, la casa de Jehov y los muros en torno a Jerusaln.
Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los lugares altos, porque en aquellos tiempos no haba an casa edificada al nombre de Jehov.
Pero Salomn am a Jehov, y anduvo en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
Iba el rey a Gaban, porque aquel era el lugar alto principal, y sacrificaba all; mil holocaustos sacrificaba Salomn sobre aquel altar.
En Gaban se le apareci en sueos Jehov a Salomn una noche. Y le dijo Dios: -- Pide lo que quieras que yo te d.
Salomn le respondi: -- T has tenido gran misericordia con tu siervo David, mi padre, porque l anduvo delante de ti en verdad, en justicia y rectitud de corazn para contigo. T le has reservado esta tu gran misericordia, al darle un hijo que se sentara en su trono, como sucede en este da.
Ahora pues, Jehov, Dios mo, t me has hecho rey a m, tu siervo, en lugar de David, mi padre. Yo soy joven y no s cmo entrar ni salir.
Tu siervo est en medio de tu pueblo, el que t escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar por su multitud incalculable.
Concede, pues, a tu siervo un corazn que entienda para juzgar a tu pueblo y discernir entre lo bueno y lo malo, pues quin podr gobernar a este pueblo tuyo tan grande?
Al Seor le agrad que Salomn pidiera esto.
Y le dijo Dios: -- Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos das, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oir juicio,
voy a obrar conforme a tus palabras: Te he dado un corazn sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como t, ni despus de ti se levantar otro como t.
Tambin te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como t en todos tus das.
Y si andas en mis caminos, guardando mis preceptos y mis mandamientos, como anduvo tu padre David, yo alargar tus das.
Cuando Salomn despert, comprendi que era sueo. Luego fue a Jerusaln y se present delante del Arca del pacto de Jehov, sacrific holocaustos y ofreci sacrificios de paz. Tambin ofreci un banquete a todos sus siervos.
En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras y se presentaron ante l.
Una de ellas dijo: -- Ah, seor mo! Yo y esta mujer habitbamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa.
Aconteci que al tercer da de dar yo a luz, esta dio a luz tambin, y habitbamos nosotras juntas; ningn extrao estaba en la casa, fuera de nosotras dos.
Una noche el hijo de esta mujer muri, porque ella se acost sobre l.
Ella se levant a medianoche y quit a mi hijo de mi lado, mientras yo, tu sierva, estaba durmiendo; lo puso a su lado y coloc al lado mo a su hijo muerto.
Cuando me levant de madrugada para dar el pecho a mi hijo, encontr que estaba muerto; pero lo observ por la maana y vi que no era mi hijo, el que yo haba dado a luz.
Entonces la otra mujer dijo: -- No; mi hijo es el que vive y tu hijo es el que ha muerto. -- No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive -- volvi a decir la otra. As discutan delante del rey.
El rey entonces dijo: "Esta afirma: "Mi hijo es el que vive y tu hijo es el que ha muerto"; la otra dice: "No, el tuyo es el muerto y mi hijo es el que vive"".
Y aadi el rey: -- Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada.
En seguida el rey dijo: -- Partid en dos al nio vivo, y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra.
Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habl al rey (porque sus entraas se le conmovieron por su hijo), y le dijo: -- Ah, seor mo! dad a esta el nio vivo, y no lo matis. -- Ni a m ni a ti; partidlo -- dijo la otra.
Entonces el rey respondi: -- Entregad a aquella el nio vivo, y no lo matis; ella es su madre.
Todo Israel oy aquel juicio que haba pronunciado el rey, y temieron al rey, pues vieron que Dios le haba dado sabidura para juzgar.
Rein, pues, el rey Salomn sobre todo Israel.
Estos fueron los jefes que tuvo: Azaras, hijo del sacerdote Sadoc;
Elihoref y Ahas, hijos de Sisa, secretarios; Josafat hijo de Ahilud, canciller;
Benaa hijo de Joiada, jefe del ejrcito; Sadoc y Abiatar, los sacerdotes;
Azaras hijo de Natn, jefe de los gobernadores; Zabud hijo de Natn, ministro principal y amigo del rey;
Ahisar, mayordomo; y Adoniram hijo de Abda, encargado del tributo.
Tena Salomn doce gobernadores sobre todo Israel, los cuales mantenan al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba obligado a abastecerlo un mes por ao.
Estos son sus nombres: el hijo de Hur, en los montes de Efran;
el hijo de Decar, en Macaz, en Saalbim, en Bet-semes, en Eln y en Bet-hann;
el hijo de Hesed, en Arubot; este tena tambin a Soco y toda la tierra de Hefer;
el hijo de Abinadab, en todos los territorios de Dor; este tena por mujer a Tafat, hija de Salomn;
Baana hijo de Ahilud, en Taanac y Meguido, en toda Bet-sen, que est cerca de Saretn, ms abajo de Jezreel, desde Bet-sen hasta Abel-mehola y hasta el otro lado de Jocmeam;
el hijo de Geber, en Ramot de Galaad; este tena tambin las ciudades de Jair hijo de Manass, las cuales estaban en Galaad; tena tambin la provincia de Argob, que estaba en Basn: sesenta grandes ciudades con muro y cerraduras de bronce;
Ahinadab hijo de Iddo, en Mahanaim;
Ahimaas, en Neftal; este tom tambin por mujer a Basemat, hija de Salomn.
Baana hijo de Husai, en Aser y en Alot;
Josafat hijo de Para, en Isacar;
Simei hijo de Ela, en Benjamn;
Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, la tierra de Sehn, rey de los amorreos, y de Og, rey de Basn; este era el nico gobernador en aquella tierra.
Jud e Israel eran tan numerosos como la arena que est junto al mar, y todos coman, beban y se alegraban.
Y Salomn dominaba sobre todos los reinos desde el ufrates hasta la tierra de los filisteos y el lmite con Egipto, que le traan presentes y sirvieron a Salomn todos los das que vivi.
La provisin de Salomn para cada da era de treinta coros de flor de harina, sesenta coros de harina,
diez bueyes cebados, veinte bueyes de pasto y cien ovejas; sin contar los ciervos, gacelas, corzos y aves engordadas.
Porque l dominaba en toda la regin al oeste del ufrates, desde Tifsa hasta Gaza, sobre todos los reyes al oeste del ufrates, y goz de paz en todas sus fronteras.
Jud e Israel vivieron seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los das de Salomn.
Adems de esto, Salomn tena cuarenta mil caballos en sus caballerizas para sus carros, y doce mil jinetes.
Estos gobernadores mantenan al rey Salomn y a todos los que a la mesa del rey Salomn venan, cada uno un mes, y hacan que nada faltara.
Hacan tambin traer cebada y paja para los caballos y para las bestias de carga, al lugar donde l estaba, cada uno conforme al turno que tena.
Dios dio a Salomn sabidura y prudencia muy grandes, y tan dilatado corazn como la arena que est a la orilla del mar.
Era mayor la sabidura de Salomn que la de todos los orientales y que toda la sabidura de los egipcios.
Fue ms sabio que todos los dems hombres, ms que Etn, el ezrata, y que Hemn, Calcol y Darda, hijos de Mahol. Y fue conocido entre todas las naciones de los alrededores.
Compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco.
Tambin disert sobre los rboles, desde el cedro del Lbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disert sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces.
Para oir la sabidura de Salomn venan de todos los pueblos y de parte de todos los reyes de los pases adonde haba llegado la fama de su sabidura.
Hiram, rey de Tiro, envi tambin sus siervos a Salomn, luego que oy que lo haban ungido rey en lugar de su padre, pues Hiram siempre haba amado a David.
Entonces Salomn envi a decir a Hiram:
"T sabes que mi padre David no pudo edificar una casa al nombre de Jehov, su Dios, a causa de las guerras en que se vio envuelto, hasta que Jehov puso a sus enemigos bajo las plantas de sus pies.
Ahora Jehov, mi Dios, me ha dado paz por todas partes, pues no hay adversarios ni males que temer.
Yo, por tanto, he determinado ahora edificar una casa al nombre de Jehov, mi Dios, segn lo que Jehov dijo a mi padre David: "Tu hijo, a quien yo pondr en el trono en lugar tuyo, l edificar una casa a mi nombre".
Manda, pues, ahora, que me corten cedros del Lbano; mis siervos estarn con los tuyos y yo te dar por tus siervos el salario que t digas, porque sabes bien que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar la madera como los sidonios".
Cuando Hiram oy las palabras de Salomn, se alegr mucho y dijo: "Bendito sea hoy Jehov, que dio un hijo sabio a David como gobernante de este pueblo tan grande".
Hiram envi a decir a Salomn: "He odo lo que me mandaste a decir: har todo lo que te plazca acerca de la madera de cedro y la madera de ciprs.
Mis siervos la llevarn desde el Lbano al mar, la enviar en balsas por mar hasta el lugar que t me seales. All se desatar y t la tomars. Y t cumplirs mi deseo al dar de comer a mi familia".
Dio, pues, Hiram a Salomn toda la madera de cedro y la madera de ciprs que quiso,
mientras Salomn le daba a Hiram veinte mil coros de trigo y veinte coros de aceite puro para el sustento de su familia. Esto entregaba Salomn a Hiram cada ao.
Jehov, pues, dio a Salomn sabidura como le haba prometido. Entre Hiram y Salomn hubo paz, e hicieron un pacto entre ambos.
El rey Salomn decret una leva en todo Israel, la cual ascendi a treinta mil hombres,
que enviaba al Lbano por turnos cada mes, de diez mil en diez mil; un mes estaban en el Lbano y dos meses en sus casas. Adoniram estaba encargado de aquella leva.
Tena tambin Salomn setenta mil que llevaban las cargas, y ochenta mil cortadores en el monte,
sin contar los principales oficiales de Salomn que dirigan la obra; eran tres mil trescientos los que tenan a su cargo el pueblo que haca la obra.
El rey mand que trajeran piedras grandes, piedras costosas, para los cimientos de la Casa, y piedras labradas.
Los albailes de Salomn, los de Hiram y los hombres de Gebal cortaron y prepararon la madera y la cantera para labrar la Casa.
En el ao cuatrocientos ochenta despus que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto ao del reinado de Salomn sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenz l a edificar la casa de Jehov.
La casa que el rey Salomn edific a Jehov tena sesenta codos de largo, veinte de ancho y treinta codos de alto.
El prtico delante del Templo tena veinte codos de largo a lo ancho de la Casa, y el ancho delante de la Casa era de diez codos.
Hizo a la Casa ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera.
Edific tambin aposentos junto al muro de la Casa y a su alrededor, adosados a las paredes de la Casa alrededor del Templo y del Lugar santsimo, y construy habitaciones laterales alrededor.
El aposento de abajo tena cinco codos de ancho, el de en medio, seis codos de ancho, y el tercero siete codos de ancho, pues haba reducido por fuera las medidas del Templo, para no empotrar las vigas en las paredes de la Casa.
Cuando se edific la Casa, la construyeron con piedras que traan ya talladas, de tal manera que no se oyeron en la Casa ni martillos ni hachas, ni ningn otro instrumento de hierro, cuando la edificaban.
La puerta del aposento intermedio estaba al lado derecho de la Casa. Se suba por una escalera de caracol al aposento intermedio, y de all al tercero.
Construy, pues, la Casa, la termin y la recubri con artesonados de cedro.
Edific asimismo una galera de cinco codos de altura alrededor de toda la Casa, la cual se apoyaba en la Casa con maderas de cedro.
Entonces dijo Jehov a Salomn:
"En cuanto a esta casa que edificas, si caminas en mis preceptos, cumples mis decretos y guardas todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumplir contigo mi palabra, la que dije a David, tu padre:
Habitar en medio de los hijos de Israel y no abandonar a mi pueblo Israel".
As, pues, Salomn construy la Casa y la termin.
Recubri las paredes de la Casa con tablas de cedro, revistindola de madera por dentro, desde el suelo de la Casa hasta las vigas de la techumbre. Recubri tambin el pavimento con madera de ciprs.
Asimismo hizo al final de la Casa un edificio de veinte codos, y lo recubri de tablas de cedro desde el suelo hasta lo ms alto; as hizo en la Casa un aposento para que fuera el Lugar santsimo.
La Casa, esto es, el Templo de enfrente, tena cuarenta codos.
La Casa estaba recubierta de cedro por dentro y tena entalladuras de calabazas silvestres y de botones de flores. Todo era cedro; ninguna piedra se vea.
Salomn prepar el Lugar santsimo por dentro en medio de la Casa, para poner all el Arca del pacto de Jehov.
El Lugar santsimo estaba en la parte de adentro, y tena veinte codos de largo, veinte de ancho, y veinte de alto. Lo recubri de oro pursimo. Asimismo recubri de oro el altar de cedro.
De manera que Salomn recubri de oro puro la Casa por dentro, cerr la entrada del santuario con cadenas de oro y lo recubri de oro.
Recubri, pues, de oro toda la Casa de arriba abajo, y asimismo recubri de oro todo el altar que estaba frente al Lugar santsimo.
Hizo tambin en el Lugar santsimo dos querubines de madera de olivo, cada uno de diez codos de altura.
Un ala del querubn tena cinco codos y la otra ala del querubn otros cinco codos; as que haba diez codos desde la punta de un ala hasta la punta de la otra.
Asimismo el otro querubn tena diez codos, pues ambos querubines tenan el mismo tamao y la misma forma.
La altura de uno era de diez codos, y lo mismo la del otro.
Puso estos querubines dentro de la Casa en el Lugar santsimo, los cuales tenan sus alas extendidas, de modo que el ala de uno tocaba una pared, y el ala del otro tocaba la otra pared, mientras las otras dos alas se tocaban la una a la otra en medio de la Casa.
Luego recubri de oro los querubines,
y esculpi todas las paredes alrededor de la Casa con diversas figuras de querubines, de palmeras y de botones de flores, por dentro y por fuera.
Tambin recubri de oro el piso de la Casa, por dentro y por fuera.
A la entrada del santuario hizo puertas de madera de olivo. El umbral y los postes tenan cinco esquinas.
Las dos puertas eran de madera de olivo. En ellas tall figuras de querubines, de palmeras y de botones de flores, y las recubri de oro. Recubri tambin de oro los querubines y las palmeras.
Igualmente hizo para la puerta del Templo marcos cuadrados de madera de olivo.
Las dos puertas eran de madera de ciprs, y las dos hojas de ambas puertas giraban.
Tall en ellas querubines, palmeras y botones de flores, y las recubri de oro ajustado a las talladuras.
Edific el atrio interior de tres hileras de piedras labradas, y de una hilera de vigas de cedro.
En el cuarto ao, en el mes de Zif, se echaron los cimientos de la casa de Jehov.
Y en el undcimo ao, en el mes de Bul, que es el mes octavo, fue acabada la Casa con todas sus dependencias y todo lo necesario. La edific, pues, en siete aos.
Despus edific Salomn su propia casa en trece aos, y la termin toda.
Asimismo edific la casa "Bosque del Lbano", de cien codos de longitud, cincuenta codos de anchura y treinta codos de altura, sobre cuatro hileras de columnas de cedro, con vigas de cedro sobre las columnas.
Haba una cubierta de tablas de cedro sobre las vigas que se apoyaban en cuarenta y cinco columnas; cada hilera tena quince columnas.
Y haba tres hileras de ventanas, una frente a la otra en tres hileras.
Todas las puertas y los marcos tenan forma cuadrangular, y unas ventanas estaban frente a las otras en tres hileras.
Tambin hizo un prtico de columnas, que tena cincuenta codos de largo y treinta codos de ancho. Este prtico estaba delante de las primeras, con sus columnas y maderos correspondientes.
Hizo asimismo el prtico del trono donde administrara justicia, el prtico del juicio, y lo recubri de cedro del suelo al techo.
La casa donde l viva, en otro atrio dentro del prtico, era de una obra de estilo semejante a esta. Edific tambin Salomn para la hija del faran, a la que haba hecho su mujer, una casa de hechura semejante a la del prtico.
Todas aquellas obras eran de piedras selectas, cortadas y ajustadas con sierras segn las medidas, as por dentro como por fuera, desde el cimiento hasta los remates, y asimismo por fuera hasta el gran atrio.
El cimiento era de piedras seleccionadas, piedras grandes, piedras de diez codos y piedras de ocho codos.
De all hacia arriba era tambin de piedras costosas, labradas conforme a sus medidas, y madera de cedro.
Alrededor del gran atrio haba tres hileras de piedras labradas, y una hilera de vigas de cedro, igual que en el atrio interior de la casa de Jehov y el vestbulo de la Casa.
El rey Salomn mand a buscar de Tiro a Hiram,
hijo de una viuda de la tribu de Neftal. Su padre, que trabajaba el bronce, era de Tiro. Hiram estaba lleno de sabidura, inteligencia y ciencia para toda labor en bronce. Este, pues, se present ante el rey Salomn e hizo todas sus obras.
Vaci dos columnas de bronce, cada una de dieciocho codos de altura y doce codos de circunferencia.
Hizo tambin dos capiteles de fundicin de bronce, para que fueran puestos sobre las cabezas de las columnas. La altura de un capitel era de cinco codos, y la del otro capitel tambin de cinco codos.
Haba trenzas a manera de red y unos cordones a manera de cadenas, para los capiteles que se pondran sobre las cabezas de las columnas; siete para cada capitel.
Hizo tambin dos hileras de granadas alrededor de la red, para recubrir con ellas los capiteles que estaban en las cabezas de las columnas; de la misma forma hizo en el otro capitel.
Los capiteles que estaban sobre las columnas en el prtico tenan forma de lirios y eran de cuatro codos.
Los capiteles de las dos columnas tenan tambin doscientas granadas en dos hileras alrededor de cada capitel, encima de su globo, el cual estaba rodeado por la red.
Erigi estas columnas en el prtico del Templo. Cuando alz la columna del lado derecho le puso por nombre Jaqun, y cuando alz la columna del lado izquierdo la llam Boaz.
Coloc en las cabezas de las columnas un tallado en forma de lirios, y as se acab la obra de las columnas.
Hizo fundir asimismo un mar de diez codos de un lado al otro, perfectamente redondo. Tena cinco codos de altura y a su alrededor un cordn de treinta codos.
Rodeaban aquel mar por debajo de su borde, todo alrededor, unas bolas como calabazas, diez por cada codo, que cean el mar en dos filas, las cuales haban sido fundidas junto con el mar.
Descansaba sobre doce bueyes, tres miraban al norte, tres miraban al occidente, tres miraban al sur, y tres miraban al oriente. Sobre ellos se apoyaba el mar, y estaban sus patas traseras hacia la parte de adentro.
El grosor del mar era de un palmo menor, y su borde estaba labrado como el borde de un cliz o de una flor de lis; en l caban dos mil batos.
Hizo tambin diez basas de bronce, cada una de las cuales tena cuatro codos de longitud, cuatro codos de anchura y tres codos la altura.
Las basas estaban hechas de esta manera: tenan unos tableros enmarcados entre molduras,
y sobre aquellos tableros que estaban entre molduras haba figuras de leones, de bueyes y de querubines. Sobre las molduras de la basa, tanto encima como debajo de los leones y de los bueyes, haba unas aadiduras de bajo relieve.
Cada basa tena cuatro ruedas de bronce, con ejes de bronce, y en sus cuatro esquinas haba repisas de fundicin que sobresalan de los festones, para venir a quedar debajo de la fuente.
La boca de la fuente entraba un codo en el remate que sala hacia arriba de la basa. La boca era redonda, de la misma hechura del remate, que era de codo y medio. Haba tambin sobre la boca entalladuras con sus tableros, los cuales eran cuadrados, no redondos.
Las cuatro ruedas estaban debajo de los tableros, y los ejes de las ruedas nacan en la misma basa. La altura de cada rueda era de un codo y medio.
La forma de las ruedas era como la de las ruedas de un carro; sus ejes, sus rayos, sus cubos y sus cinchos, todo era de fundicin.
Asimismo las cuatro repisas de las cuatro esquinas de cada basa; las repisas eran parte de la misma basa.
En lo alto de la basa haba una pieza redonda de medio codo de altura, y encima de la basa sus molduras y tableros, los cuales salan de ella misma.
Grab en las tablas de las molduras, y en los tableros, entalladuras de querubines, de leones y de palmeras, proporcionalmente al espacio de cada una, y otros adornos alrededor.
De esta forma hizo diez basas, fundidas de una misma manera, de una misma medida y de una misma entalladura.
Hizo tambin diez fuentes de bronce. Cada fuente contena cuarenta batos, y cada una era de cuatro codos. Y coloc una fuente sobre cada una de las diez basas.
Puso cinco basas a la mano derecha de la Casa y las otras cinco a la mano izquierda, y el mar al lado derecho de la Casa, hacia el sudeste.
Asimismo hizo Hiram fuentes, tenazas y cuencos. As termin toda la obra que hizo a Salomn para la casa de Jehov:
dos columnas y los capiteles redondos que estaban en lo alto de las dos columnas; dos redes que recubran los dos capiteles redondos que estaban sobre la cabeza de las columnas;
cuatrocientas granadas para las dos redes, dos hileras de granadas en cada red, para recubrir los dos capiteles redondos que estaban sobre las cabezas de las columnas;
las diez basas y las diez fuentes sobre las basas;
un mar, con doce bueyes debajo del mar;
calderos, paletas y cuencos. Todos estos utensilios que Hiram hizo al rey Salomn para la casa de Jehov eran de bronce bruido.
Todo lo hizo fundir el rey en la llanura del Jordn, en tierra arcillosa, entre Sucot y Saretn.
Y no pregunt Salomn sobre el peso del bronce de todos los utensilios por la gran cantidad de ellos.
Entonces hizo Salomn todos los enseres que pertenecan a la casa de Jehov: un altar de oro y una mesa tambin de oro, sobre la cual estaban los panes de la proposicin;
cinco candelabros de oro pursimo a la mano derecha, y otros cinco a la izquierda, frente al Lugar santsimo, con las flores, las lmparas y tenazas de oro.
Asimismo los cntaros, despabiladeras, tazas, cucharillas e incensarios, de oro pursimo; tambin eran de oro los quiciales de las puertas de la casa de adentro, del Lugar santsimo, y los de las puertas del Templo.
As se termin toda la obra que dispuso hacer el rey Salomn para la casa de Jehov. Salomn llev lo que su padre David haba dedicado, la plata, el oro y los otros utensilios, y lo deposit todo en las tesoreras de la casa de Jehov.
Entonces Salomn reuni ante s, en Jerusaln, a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los principales de las familias de los hijos de Israel, para traer el Arca del pacto de Jehov de la ciudad de David, que es Sin.
Se reunieron con el rey Salomn todos los hombres de Israel en el mes de Etanim, que es el mes sptimo, el da de la fiesta solemne.
Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes levantaron el Arca,
y trasladaron el Arca de Jehov, junto con el Tabernculo de reunin y todos los utensilios sagrados que estaban en el Tabernculo, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas.
El rey Salomn, y toda la congregacin de Israel que se haba reunido junto a l, estaban delante del Arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por su cantidad no se podan contar ni calcular.
Despus, llevaron los sacerdotes el Arca del pacto de Jehov a su lugar, en el santuario de la Casa, al Lugar santsimo, debajo de las alas de los querubines,
pues los querubines tenan extendidas las alas sobre el lugar del Arca, y as cubran los querubines el Arca y sus varas por encima.
Sacaron las varas de manera que sus extremos se podan ver desde el Lugar santo, que est delante del Lugar santsimo, pero no se podan ver desde ms afuera; y as han quedado hasta hoy.
En el Arca no haba cosa alguna, sino las dos tablas de piedra que all haba puesto Moiss en Horeb, donde Jehov hizo un pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto.
Al salir los sacerdotes del santuario, la nube llen la casa de Jehov.
Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar a causa de la nube, porque la gloria de Jehov haba llenado la casa de Jehov.
Entonces dijo Salomn: "Jehov ha dicho que habitara en la oscuridad;
pero yo te he edificado una casa por morada, un sitio en el que t habites para siempre".
Luego volvi el rey su rostro y bendijo a toda la congregacin de Israel, mientras toda la congregacin de Israel estaba de pie.
Y dijo: "Bendito sea Jehov, Dios de Israel, que prometi a David mi padre lo que con su mano ha cumplido, diciendo:
"Desde el da que saqu de Egipto a mi pueblo Israel, no he escogido ciudad entre todas las tribus de Israel donde edificar una casa en la cual estuviera mi nombre, aunque escog a David para que presidiera sobre mi pueblo Israel".
Mi padre David tuvo en su corazn edificar una casa al nombre de Jehov, Dios de Israel.
Pero Jehov dijo a David, mi padre: "En cuanto a haber tenido en tu corazn edificar una casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo.
Pero t no edificars la Casa, sino un hijo nacido de tus entraas: l edificar una casa a mi nombre".
"Jehov ha cumplido la promesa que hizo: yo me he levantado en lugar de David mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehov haba dicho, y he edificado la Casa al nombre de Jehov, Dios de Israel.
He dispuesto en ella lugar para el Arca, en la cual est el pacto que Jehov hizo con nuestros padres cuando los sac de la tierra de Egipto".
Despus se puso Salomn delante del altar de Jehov, en presencia de toda la congregacin de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,
dijo: "Jehov, Dios de Israel, no hay Dios como t, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, t que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazn,
que has cumplido a tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste. Lo prometiste con tu boca y hoy mismo lo has cumplido con tu mano.
Ahora, pues, Jehov, Dios de Israel, cumple a tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste, diciendo: "Nunca faltar delante de m un descendiente tuyo que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de m como has andado t delante de m".
Ahora, pues, Jehov, Dios de Israel, cmplase la promesa que hiciste a tu siervo David, mi padre.
"Pero es verdad que Dios habitar sobre la tierra? Si los cielos, y los cielos de los cielos, no te pueden contener; cunto menos esta Casa que yo he edificado?
Con todo, Jehov, Dios mo, t atenders a la oracin de tu siervo y a su plegaria, escuchando el clamor y la oracin que tu siervo hace hoy en tu presencia,
que tus ojos estn abiertos de noche y de da sobre esta Casa, sobre este lugar del cual has dicho: "Mi nombre estar all". Escucha la oracin que tu siervo te dirija en este lugar.
Oye, pues, la oracin de tu siervo y de tu pueblo Israel. Cuando oren en este lugar, tambin t lo oirs en el lugar de tu morada, en los cielos. Escucha y perdona.
"Si alguno peca contra su prjimo, le toman juramento hacindole jurar y llega el juramento ante tu altar en esta casa,
t oirs desde el cielo y actuars; juzgars a tus siervos, condenando al impo, haciendo recaer su proceder sobre su cabeza y justificando al justo para darle conforme a su justicia.
"Si tu pueblo Israel es derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se vuelve a ti y confiesa tu nombre, si oran, te ruegan y suplican en esta casa,
t oirs en los cielos, perdonars el pecado de tu pueblo Israel y lo volvers a la tierra que diste a sus padres.
"Si el cielo se cierra y no llueve por haber ellos pecado contra ti, y te ruegan en este lugar y confiesan tu nombre; si se vuelven del pecado cuando los aflijas,
t oirs en los cielos, perdonars el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, le ensears el buen camino por el que debern andar y enviars lluvias sobre tu tierra, que diste a tu pueblo como heredad.
"Si en la tierra hay hambre, pestilencia, tizoncillo, aublo, langosta o pulgn, si sus enemigos los sitian en la tierra donde habiten; en todo azote o enfermedad,
cualquiera sea la oracin o splica que haga cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sienta el azote en su corazn y extienda sus manos hacia esta casa,
t oirs en los cielos, en el lugar de tu morada, perdonars y actuars; dars a cada uno, cuyo corazn t conoces, conforme a sus caminos (porque solo t conoces el corazn de todos los hijos de los hombres),
para que te teman todos los das que vivan sobre la faz de la tierra que t diste a nuestros padres.
"Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel y viene de lejanas tierras a causa de tu nombre
(pues oirn de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y llega a orar a esta casa,
t le oirs en los cielos, en el lugar de tu morada, y hars conforme a todo aquello por lo cual el extranjero haya clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqu.
"Si tu pueblo sale a la batalla contra sus enemigos por el camino que t les mandes, y oran a Jehov con el rostro hacia la ciudad que t elegiste y hacia la casa que yo edifiqu a tu nombre,
t oirs en los cielos su oracin y su splica, y les hars justicia.
"Si pecan contra ti (porque no hay hombre que no peque), y t, airado contra ellos, los entregas al enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca,
y ellos recapacitan en la tierra adonde los hayan llevado cautivos, si se convierten y te suplican en la tierra de los que los cautivaron, y dicen: "Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad";
si se convierten a ti de todo su corazn y de toda su alma en la tierra de los enemigos que los hayan llevado cautivos, y te suplican con el rostro hacia la tierra que t diste a sus padres, hacia la ciudad que t elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre,
t oirs en los cielos, en el lugar de tu morada, su oracin y su splica, y les hars justicia.
Perdonars a tu pueblo, que ha pecado contra ti, todas las rebeliones que hayan cometido contra ti, y hars que tengan de ellos misericordia los que los hayan llevado cautivos,
porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual t sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.
"Estn, pues, atentos tus ojos a la oracin de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para orlos en todo aquello por lo cual te invoquen,
pues t los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moiss, tu siervo, cuando t, Seor Jehov, sacaste a nuestros padres de Egipto".
Cuando acab Salomn de hacer a Jehov toda esta oracin y splica, se levant de delante del altar de Jehov, donde se haba arrodillado, con sus manos extendidas al cielo.
Y puesto en pie, bendijo a toda la congregacin de Israel, diciendo en voz alta:
"Bendito sea Jehov, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que l haba dicho! Ni una sola palabra de todas las promesas que expres por medio de su siervo Moiss ha faltado.
"Est con nosotros Jehov, nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje.
Incline nuestro corazn hacia l, para que andemos en todos sus caminos y guardemos sus mandamientos, los estatutos y decretos que mand cumplir a nuestros padres.
Que estas palabras con que he orado delante de Jehov estn cerca de Jehov, nuestro Dios, de da y de noche, para que l proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa a su tiempo,
a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehov es Dios, y que no hay otro.
Sea, pues, perfecto vuestro corazn para con Jehov, nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el da de hoy".
Entonces el rey, y todo Israel con l, ofrecieron sacrificios delante de Jehov.
Salomn ofreci a Jehov, como sacrificios de paz, veintids mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. As dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehov.
Aquel mismo da el rey santific el centro del atrio que estaba delante de la casa de Jehov, porque ofreci all los holocaustos, las ofrendas y la grasa de los sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehov era pequeo y no caban en l los holocaustos, las ofrendas y la grasa de los sacrificios de paz.
En aquel tiempo Salomn, y con l todo Israel, una gran muchedumbre que acudi desde la entrada de Hamat hasta el ro de Egipto, hizo fiesta delante de Jehov, nuestro Dios, durante siete das, y aun otros siete das, esto es, durante catorce das.
Al octavo da despidi al pueblo, y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus casas alegres y gozosos de corazn, por todo el bien que Jehov haba hecho a David, su siervo, y a su pueblo Israel.
Cuando Salomn acab la obra de la casa de Jehov, la casa real y todo lo que quiso hacer,
Jehov se le apareci a Salomn por segunda vez, como se le haba aparecido en Gaban,
y le dijo: "He odo tu oracin y el ruego que has hecho en mi presencia. He santificado esta casa que t has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; en ella estarn mis ojos y mi corazn todos los das.
Y si t andas delante de m como anduvo David, tu padre, en integridad de corazn y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado y guardando mis estatutos y mis decretos,
yo afirmar el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como le promet a tu padre David, cuando dije: "Nunca faltar un descendiente tuyo en el trono de Israel".
Pero si obstinadamente os apartis de m vosotros y vuestros hijos y no guardis los mandamientos y estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que vais y servs a dioses ajenos, y los adoris,
yo eliminar a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado. Y esta casa que he santificado a mi nombre, la echar de delante de m, e Israel ser motivo de burla y escarnio entre todos los pueblos.
Cualquiera que pase por esta casa, antes sublime, se asombrar y se burlar. Y se preguntar: "Por qu ha hecho as Jehov a esta tierra y a esta casa?".
Y le dirn: "Por cuanto abandonaron a Jehov, su Dios, que haba sacado a sus padres de la tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, los adoraron y los sirvieron; por eso ha trado Jehov sobre ellos todo este mal"".
Aconteci al cabo de veinte aos, cuando Salomn ya haba edificado las dos casas, la casa de Jehov y la casa real,
para las cuales Hiram, rey de Tiro, le haba trado madera de cedro y de ciprs y cuanto oro quiso, que el rey Salomn dio a Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea.
Hiram sali de Tiro para ver las ciudades que Salomn le haba dado, y no le gustaron.
Entonces dijo: "Qu ciudades son estas que me has dado, hermano?". Y las llam "Tierra de Cabul", nombre que tiene hasta hoy.
Hiram haba enviado al rey ciento veinte talentos de oro.
Esta es la razn de la leva que el rey Salomn impuso para edificar la casa de Jehov y su propia casa, Milo y el muro de Jerusaln, Hazor, Meguido y Gezer:
El faran, rey de Egipto, haba subido y tomado a Gezer; despus la quem, dio muerte a los cananeos que habitaban en la ciudad y la dio en dote a su hija, la mujer de Salomn.
Restaur, pues, Salomn a Gezer y a Bet-horn de abajo,
a Baalat y a Tadmor en tierra del desierto;
asimismo todas las ciudades donde Salomn tena provisiones, las ciudades de los carros, las ciudades de la gente de a caballo y todo lo que Salomn quiso edificar en Jerusaln, en el Lbano y en toda la tierra de su seoro.
A todos los pueblos que quedaron de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos, que no eran de los hijos de Israel,
y a sus descendientes, los que quedaron en la tierra despus de ellos y que los hijos de Israel no pudieron acabar, Salomn los someti a trabajos forzados, hasta hoy.
Pero a ninguno de los hijos de Israel impuso Salomn servicio, sino que eran hombres de guerra, sus criados, sus prncipes, sus capitanes, los comandantes de sus carros, o su gente de a caballo.
Los que Salomn haba hecho jefes y vigilantes sobre las obras eran quinientos cincuenta hombres, quienes dirigan a la gente que trabajaba en aquella obra.
Cuando subi la hija del faran de la ciudad de David a la casa que Salomn le haba edificado, entonces l edific Milo.
Salomn ofreca tres veces cada ao holocaustos y sacrificios de paz sobre el altar que l edific a Jehov, y quemaba incienso sobre el que estaba delante de Jehov, despus que la Casa estuvo terminada.
Hizo tambin el rey Salomn naves en Ezin-geber, que est junto a Elot en la ribera del Mar Rojo, en la tierra de Edom.
Hiram envi en ellas a sus siervos, marineros y diestros en el mar, con los siervos de Salomn,
los cuales fueron a Ofir y tomaron de all oro, cuatrocientos veinte talentos, y lo trajeron al rey Salomn.
Cuando la reina de Sab oy de la fama que Salomn haba alcanzado para honra de Jehov, vino a probarlo con preguntas difciles.
Lleg a Jerusaln con un squito muy grande, con camellos cargados de especias, oro en gran abundancia y piedras preciosas. Al presentarse ante Salomn, le expuso todo lo que en su corazn tena.
Salomn le contest todas sus preguntas; nada hubo que el rey no le contestara.
Cuando la reina de Sab vio toda la sabidura de Salomn, y la casa que haba edificado,
as como la comida de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado y los vestidos de los que le servan, sus maestresalas y los holocaustos que ofreca en la casa de Jehov, se qued tan asombrada
que dijo al rey: "Es verdad lo que o en mi tierra de tus cosas y tu sabidura!
Yo no lo crea hasta que he venido y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad: tu sabidura y tus bienes superan la fama que yo haba odo.
Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que estn continuamente delante de ti y oyen tu sabidura!
Y bendito sea Jehov, tu Dios, que te vio con agrado y te ha colocado en el trono de Israel!, pues Jehov ha amado siempre a Israel, y te ha puesto como rey para que hagas derecho y justicia".
Luego dio ella al rey ciento veinte talentos de oro, mucha especiera y piedras preciosas. Nunca lleg tal cantidad de especias como la que dio la reina de Sab al rey Salomn.
La flota de Hiram, la que haba trado el oro de Ofir, traa tambin de Ofir mucha madera de sndalo y piedras preciosas.
De la madera de sndalo hizo el rey balaustres para la casa de Jehov y para las casas reales, arpas y tambin salterios para los cantores. Nunca haba llegado, ni se ha visto hasta hoy, semejante madera de sndalo.
El rey Salomn dio a la reina de Sab todo lo que ella quiso y todo lo que pidi, adems de lo que personalmente le regal. Despus ella se despidi y regres a su tierra con sus criados.
El peso del oro que Salomn reciba de renta cada ao era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro,
sin contar lo que aportaban los mercaderes, la contratacin de especias, y lo de todos los reyes de Arabia y los principales de la tierra.
Hizo tambin el rey Salomn doscientos escudos grandes de oro batido, empleando seiscientos siclos de oro en cada escudo.
Asimismo hizo trescientos escudos de oro batido, en cada uno de los cuales gast tres libras de oro. Y los puso el rey en la casa "Bosque del Lbano".
Hizo tambin el rey un gran trono de marfil, el cual recubri de oro pursimo.
Seis gradas tena el trono, y la parte alta era redonda por el respaldo, con brazos a uno y otro lado del asiento, junto a los cuales estaban colocados dos leones.
Haba tambin doce leones puestos all sobre las seis gradas, de un lado y de otro. En ningn otro reino se haba hecho un trono semejante!
Y todos los vasos de beber del rey Salomn eran de oro, as como toda la vajilla de la casa "Bosque del Lbano". No haba nada de plata, porque en tiempos de Salomn no era apreciada,
ya que el rey tena en el mar una flota de naves de Tarsis, junto con la flota de Hiram, y una vez cada tres aos la flota de Tarsis vena y traa oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
As exceda el rey Salomn a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabidura.
Toda la tierra procuraba ver el rostro de Salomn, para oir la sabidura que Dios haba puesto en su corazn.
Y todos le llevaban cada ao sus presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromticas, caballos y mulos.
Salomn reuni carros y gente de a caballo; tena mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, los cuales llev a las ciudades de los carros y junto al rey en Jerusaln.
Hizo el rey que en Jerusaln hubiera tanta plata como piedras, y que abundaran los cedros como las higueras de la Sefela.
Y traan de Egipto caballos y lienzos a Salomn, porque los mercaderes del rey los compraban all.
Un carro que se traa de Egipto vala seiscientas piezas de plata, y un caballo ciento cincuenta. As los adquiran, tambin por medio de ellos, todos los reyes de los heteos y de Siria.
Pero el rey Salomn am, adems de la hija del faran, a muchas mujeres extranjeras, de Moab, de Amn, de Edom, de Sidn, y heteas;
gentes de las cuales Jehov haba dicho a los hijos de Israel: "No os uniris a ellas, ni ellas se unirn a vosotros, porque ciertamente harn que vuestros corazones se inclinen tras sus dioses". A estas, pues, se junt Salomn por amor.
Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas, y sus mujeres le desviaron el corazn.
Cuando Salomn era ya viejo, sus mujeres le inclinaron el corazn tras dioses ajenos, y su corazn no era ya perfecto para con Jehov, su Dios, como el corazn de su padre David.
Salomn sigui a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, dolo abominable de los amonitas.
E hizo Salomn lo malo ante los ojos de Jehov, pues no sigui cumplidamente a Jehov como su padre David.
Entonces edific Salomn un lugar alto a Quemos, dolo abominable de Moab, en el monte que est enfrente de Jerusaln, y a Moloc, dolo abominable de los hijos de Amn.
Lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecan sacrificios a sus dioses.
Y se enoj Jehov contra Salomn, por cuanto su corazn se haba apartado de Jehov, Dios de Israel, que se le haba aparecido dos veces
y le haba mandado sobre este asunto que no siguiera a dioses ajenos. Pero l no guard lo que le mand Jehov.
Entonces Jehov dijo a Salomn: "Por cuanto has obrado as, y no has guardado mi pacto y los estatutos que yo te mand, te quitar el reino y lo entregar a tu siervo.
Sin embargo, no lo har en tus das, por amor a David, tu padre; lo quitar de manos de tu hijo.
Pero no te quitar todo el reino, sino que le dar una tribu a tu hijo, por amor a David, mi siervo, y por amor a Jerusaln, la cual yo he elegido".
Jehov suscit un adversario a Salomn: Hadad, el edomita, de sangre real, que estaba en Edom.
Porque cuando David estaba en Edom, Joab, el general del ejrcito, al subir a enterrar los muertos, mat a todos los hombres de Edom
(porque seis meses se qued all Joab, con todos los israelitas, hasta acabar con todo el sexo masculino en Edom).
Pero Hadad, que entonces era un muchacho pequeo, huy junto con algunos edomitas siervos de su padre, y se fue a Egipto.
Luego salieron de Madin y llegaron a Parn, donde tomaron consigo algunos hombres de Parn. Llegaron a Egipto, a la presencia del faran, rey de Egipto, el cual les dio casa, les asign alimentos, y hasta les dio tierras.
Hadad se gan de tal manera el favor del faran, que este le dio por mujer a la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tahpenes.
La hermana de Tahpenes le dio a luz a su hijo Genubat, a quien destet Tahpenes en casa del faran. As Genubat vivi en casa del faran entre los hijos del faran.
Al enterarse Hadad en Egipto que David haba dormido con sus padres, y que Joab, general del ejrcito, haba muerto, dijo al faran: -- Djame ir a mi tierra.
El faran le respondi: -- Por qu? Qu te falta conmigo que procuras irte a tu tierra? -- Nada; con todo, te ruego que me dejes ir -- respondi l.
Dios levant tambin como adversario contra Salomn a Rezn hijo de Eliada, que haba huido de su amo Hadad-ezer, rey de Soba;
haba reunido gente contra l y se haba hecho capitn de una banda cuando David deshizo a los de Soba. Despus fueron a vivir a Damasco y all hicieron rey a Rezn,
quien fue adversario de Israel todos los das de Salomn. Esto se sum al mal que representaba Hadad, pues aborreca a Israel y lleg a reinar sobre Siria.
Tambin Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomn, cuya madre se llamaba Zera, la cual era viuda, alz su mano contra el rey.
La causa por la cual este alz su mano contra el rey fue esta: Salomn, al edificar Milo, cerr la brecha de la ciudad de David, su padre.
Este Jeroboam era un hombre valiente y esforzado, y al ver Salomn que el joven era un hombre activo, le encomend todo el servicio a cargo de la casa de Jos.
Aconteci, pues, en aquel tiempo, que al salir Jeroboam de Jerusaln, lo encontr en el camino el profeta Ahas, el silonita; este iba cubierto con una capa nueva, y los dos estaban solos en el campo.
Ahas tom la capa nueva que tena sobre s, la rompi en doce pedazos,
y dijo a Jeroboam: "Toma para ti diez pedazos, porque as dice Jehov, Dios de Israel: "Voy a arrancar el reino de manos de Salomn y te dar a ti diez tribus.
l se quedar con una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusaln, ciudad que yo he elegido entre todas las tribus de Israel,
por cuanto me ha dejado y ha adorado a Astoret, diosa de los sidonios, a Quemos, dios de Moab, y a Moloc, dios de los hijos de Amn, y no ha andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, ni mis estatutos ni mis decretos, como hizo David, su padre.
Pero no quitar nada del reino de sus manos, sino que lo retendr como rey todos los das de su vida, por amor a David, mi siervo, al cual yo eleg, y quien guard mis mandamientos y mis estatutos.
Pero quitar el reino de manos de su hijo y te dar a ti las diez tribus.
A su hijo le dar una tribu, para que mi siervo David tenga una lmpara todos los das delante de m en Jerusaln, ciudad que yo eleg para poner en ella mi nombre.
Yo, pues, te tomar a ti, y t reinars en todas las cosas que desee tu alma, y sers rey de Israel.
Si prestas odo a todas las cosas que te mande, andas en mis caminos y haces lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo mi siervo David, yo estar contigo y te edificar una casa firme, como la edifiqu a David. Te entregar a Israel
y afligir a la descendencia de David a causa de esto, pero no para siempre"".
Por esto Salomn procur matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levant y huy a Egipto, a Sisac, rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomn.
El resto de los hechos de Salomn, todo lo que hizo y su sabidura, no est escrito en el libro de los hechos de Salomn?
Los das que Salomn rein en Jerusaln sobre todo Israel fueron cuarenta aos.
Durmi Salomn con sus padres y fue sepultado en la ciudad de su padre David. En su lugar rein su hijo Roboam.
Roboam fue a Siquem, porque todo Israel haba ido all para hacerlo rey.
Aconteci que lo supo Jeroboam hijo de Nabat, que an estaba en Egipto, adonde haba huido del rey Salomn, y donde viva.
Enviaron a llamarlo, y l se present con toda la congregacin de Israel, y le dijeron a Roboam:
-- Tu padre agrav nuestro yugo. Alivia t ahora algo de la dura servidumbre de tu padre y del pesado yugo que nos impuso, y te serviremos.
l les respondi: -- Idos, y de aqu a tres das volved a m. Y el pueblo se fue.
Entonces el rey Roboam pidi consejo de los ancianos que haban servido a su padre Salomn cuando viva, y dijo: -- Cmo aconsejis vosotros que responda a este pueblo?
Ellos le hablaron as: -- Si te pones hoy al servicio de este pueblo, lo sirves y le respondes con buenas palabras, ellos te servirn para siempre.
Pero l desech el consejo que los ancianos le haban dado, y pidi consejo de los jvenes que se haban criado con l y estaban a su servicio.
Y les pregunt: -- Cmo aconsejis vosotros que respondamos a este pueblo que me ha hablado diciendo: "Alivia en algo el yugo que tu padre nos impuso"?
Entonces los jvenes que se haban criado con l le respondieron: -- As hablars a este pueblo que te ha dicho estas palabras: "Tu padre agrav nuestro yugo, pero t alvialo en algo"; as les hablars: "El menor de mis dedos es ms grueso que la cintura de mi padre.
Ahora, pues, mi padre os carg con un pesado yugo, pero yo lo har ms pesado an; mi padre os castig con azotes, pero yo os castigar con escorpiones".
Al tercer da se present Jeroboam con todo el pueblo ante Roboam, segn el rey lo haba mandado, cuando dijo: "Regresad a verme al tercer da".
Pero el rey respondi al pueblo duramente, desechando el consejo que los ancianos le haban dado,
y hablndoles conforme al consejo de los jvenes, les dijo: "Mi padre agrav vuestro yugo, pero yo lo har ms pesado an; mi padre os castig con azotes, pero yo os castigar con escorpiones".
As que no oy el rey al pueblo, pues era un designio de Jehov para confirmar la palabra que haba dado a Jeroboam hijo de Nabat por medio de Ahas, el silonita.
Cuando todo el pueblo vio que el rey no les haba odo, le respondi con estas palabras: "Qu parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia en el hijo de Isa. Israel, cada uno a sus tiendas! David, mira ahora por tu casa!". Entonces Israel se fue a sus tiendas,
mientras Roboam sigui reinando sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Jud.
Cuando el rey Roboam envi a Adoram, que estaba encargado de los tributos, todo Israel lo apedre y lo mat. Entonces el rey Roboam se apresur a subirse en un carro y huir a Jerusaln.
As se apart Israel de la casa de David hasta hoy.
Aconteci que al oir todo Israel que Jeroboam haba vuelto, enviaron a llamarlo a la congregacin y lo hicieron rey de todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiera a la casa de David, sino slo la tribu de Jud.
Cuando Roboam lleg a Jerusaln reuni a toda la casa de Jud y a la tribu de Benjamn, ciento ochenta mil hombres, todos guerreros escogidos, con el fin de hacer la guerra a la casa de Israel y devolver el reino a Roboam hijo de Salomn.
Pero Jehov habl a Semaas, hombre de Dios, diciendo:
"Habla a Roboam hijo de Salomn, rey de Jud, a toda la casa de Jud y de Benjamn, y a los dems del pueblo, y diles:
"As ha dicho Jehov: No vayis, ni peleis contra vuestros hermanos, los hijos de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto es obra ma"". Al oir ellos la palabra de Dios regres cada uno a su casa, conforme a la palabra de Jehov.
Entonces reedific Jeroboam a Siquem en los montes de Efran, y habit en ella. Luego sali de all y reedific a Penuel.
Pero Jeroboam pens en su corazn: "Ahora, la casa de David recuperar el reino
si este pueblo sube a ofrecer sacrificios en la casa de Jehov en Jerusaln, porque el corazn de este pueblo se volver a su seor Roboam, rey de Jud, me matarn a m y se volvern a Roboam, rey de Jud".
Despus de tomar consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: "Ya habis subido bastante a Jerusaln. Aqu estn tus dioses, Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto".
Entonces puso uno en Bet-el y el otro en Dan.
Esto fue causa de pecado, porque el pueblo iba a adorar delante de uno de ellos hasta Dan.
Hizo tambin casas sobre los lugares altos y design sacerdotes de entre el pueblo que no eran de los hijos de Lev.
Luego instituy Jeroboam una fiesta solemne en el mes octavo, a los quince das del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Jud, y ofreci sacrificios sobre un altar. Lo mismo hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que haba hecho. Orden tambin en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que l haba fabricado.
Sacrific, pues, sobre el altar que l haba hecho en Bet-el, a los quince das del mes octavo, el mes que l haba inventado segn el dictado de su propio corazn. As hizo fiesta a los hijos de Israel, y subi al altar para quemar incienso.
Mientras Jeroboam quemaba el incienso junto al altar, un hombre de Dios vino de Jud a Bet-el, enviado por Jehov.
Aqul clam contra el altar por mandato de Jehov y dijo: "Altar, altar, as ha dicho Jehov: "A la casa de David le nacer un hijo llamado Josas, el cual sacrificar sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarn huesos de hombres"".
Ese mismo da dio una seal diciendo: "Esta es la seal de que Jehov ha hablado: el altar se quebrar y la ceniza que sobre l est se derramar".
Cuando el rey Jeroboam oy la palabra del hombre de Dios que haba clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: "Prendedle!". Pero la mano que haba extendido contra el hombre de Dios se le sec, y no la pudo enderezar.
El altar se rompi y se derram la ceniza que haba en l, conforme a la seal que el hombre de Dios haba dado por mandato de Jehov.
Entonces el rey, dirigindose al hombre de Dios, dijo: -- Te pido que ruegues ante la presencia de Jehov, tu Dios, y ores por m, para que mi mano sea restaurada. El hombre de Dios or a Jehov y la mano del rey se le restaur; qued como era antes.
El rey dijo al hombre de Dios: -- Ven conmigo a casa, y comers, y yo te dar un presente.
Pero el hombre de Dios respondi al rey: -- Aunque me dieras la mitad de tu casa no ira contigo, ni comera pan ni bebera agua en este lugar.
Porque as me est ordenado por mandato de Jehov, que me ha dicho: "No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el mismo camino".
Regres, pues, por otro camino, y no volvi por el camino por donde haba ido a Bet-el.
Viva entonces en Bet-el un viejo profeta. Vino su hijo y le cont todo lo que el hombre de Dios haba hecho aquel da en Bet-el; le contaron tambin a su padre las palabras que haba dicho al rey.
Su padre les dijo: -- Por qu camino se fue? Sus hijos le mostraron el camino por donde haba regresado el hombre de Dios que haba venido de Jud.
Y l les dijo: -- Ensilladme el asno. Ellos le ensillaron el asno y l lo mont.
Se fue tras el hombre de Dios y lo hall sentado debajo de una encina. -- Eres t el hombre de Dios que vino de Jud? -- le pregunt. -- Yo soy -- le respondi l.
-- Ven conmigo a casa y come algo -- le dijo entonces.
Pero l respondi: -- No podr volver contigo, ni ir contigo, ni tampoco comer pan ni beber agua contigo en este lugar.
Porque por mandato de Dios me ha sido dicho: "No comas pan ni bebas agua all, ni regreses por el mismo camino".
El otro le dijo, mintindole: -- Yo tambin soy profeta como t, y un ngel me ha hablado por mandato de Jehov, diciendo: "Trele contigo a tu casa para que coma pan y beba agua".
Entonces regres con l y comi pan y bebi agua en su casa.
Cuando estaban sentados a la mesa, aconteci que Jehov habl al profeta que lo haba hecho volver,
el cual clam al hombre de Dios que haba venido de Jud diciendo: "As dijo Jehov: Por cuanto has sido rebelde al mandato de Jehov, y no guardaste el mandamiento que Jehov, tu Dios, te haba prescrito,
sino que volviste y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehov te haba dicho que no comieras pan ni bebieras agua, no entrar tu cuerpo en el sepulcro de tus padres".
Despus de haber comido pan y bebido, el que le haba hecho volver le ensill el asno.
Al partir, lo encontr un len en el camino y lo mat. Su cuerpo qued tirado en el camino, y el asno y el len permanecieron junto al cuerpo.
Unos que pasaban vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y al len que permaneca junto al cuerpo, y fueron a contarlo a la ciudad donde viva el viejo profeta.
Cuando lo supo el profeta que le haba hecho volver del camino, dijo: "Es el hombre de Dios que se rebel al mandato de Jehov! Por tanto, Jehov lo ha entregado al len, que lo ha quebrantado y matado, conforme a la palabra de Jehov".
Luego dijo a sus hijos: "Ensilladme un asno". Ellos se lo ensillaron
y l parti. Hall el cuerpo tendido en el camino, y el asno y el len que permanecan junto al cuerpo; el len no haba comido el cuerpo, ni daado al asno.
Entonces tom el profeta el cuerpo del varn de Dios, lo puso sobre el asno y se lo llev. El profeta viejo fue a la ciudad para hacerle duelo y enterrarlo.
Puso el cuerpo en su sepulcro e hicieron duelo por l diciendo: "Ay, hermano mo!".
Despus que lo enterraron, habl a sus hijos, y les dijo: "Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en que est sepultado el varn de Dios; poned mis huesos junto a los suyos.
Porque sin duda vendr lo que l dijo a voces segn la palabra de Jehov contra el altar que est en Bet-el y contra todas las casas de los lugares altos que estn en las ciudades de Samaria".
Con todo esto, no se apart Jeroboam de su mal camino, sino que volvi a designar sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quera lo consagraba para que fuera de los sacerdotes de los lugares altos.
Esto fue causa de pecado para la casa de Jeroboam, por lo cual ha sido cortada y rada de sobre la faz de la tierra.
En aquel tiempo Abas hijo de Jeroboam cay enfermo.
Y dijo Jeroboam a su mujer: "Levntate ahora y disfrzate, para que no reconozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo, porque all est el profeta Ahas, el que me dijo que yo sera rey de este pueblo.
Toma en tus manos diez panes, tortas y una vasija de miel, y acude a l, para que te declare lo que ha de ser de este nio".
La mujer de Jeroboam lo hizo as; se levant, fue a Silo y lleg a la casa de Ahas. Ahas ya no poda ver, porque sus ojos se haban oscurecido a causa de la vejez.
Pero Jehov haba dicho a Ahas: "Mira, la mujer de Jeroboam vendr a consultarte sobre su hijo que est enfermo. As y as le responders, pues cuando ella llegue, vendr disfrazada".
Cuando Ahas oy el sonido de sus pies al entrar ella por la puerta, dijo: "Entra, mujer de Jeroboam. Por qu te finges otra? Me han enviado a tu presencia con una revelacin dura.
Ve y dile a Jeroboam: "As dijo Jehov, Dios de Israel: Yo te levant de en medio del pueblo, y te hice prncipe de mi pueblo Israel.
Le quit el reino a la casa de David y te lo entregu a ti. Pero t no has sido como David, mi siervo, que guard mis mandamientos y anduvo en pos de m con todo su corazn, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos,
sino que hiciste ms mal que todos los que te han precedido, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imgenes de fundicin para enojarme, y a m me has despreciado.
Por tanto, voy a traer el mal sobre la casa de Jeroboam: extirpar todos los hombres a la casa de Jeroboam en Israel, tanto el siervo como el libre. Barrer la descendencia de la casa de Jeroboam como se barre el estircol, hasta que no quede nada.
Al que muera de los de Jeroboam en la ciudad lo comern los perros, y al que muera en el campo, lo comern las aves del cielo, porque Jehov lo ha dicho".
En cuanto a ti, levntate y vete a tu casa. Al poner tu pie en la ciudad, morir el nio.
Todo Israel har por l lamentacin y lo enterrarn, pues de los descendientes de Jeroboam solo l ser sepultado, por cuanto de la casa de Jeroboam solo en l se ha hallado alguna cosa buena delante de Jehov, Dios de Israel.
Y Jehov levantar para s un rey en Israel que extirpar en este da la casa de Jeroboam; y lo har ahora mismo.
Jehov sacudir a Israel al modo como la caa se agita en las aguas, arrancar a Israel de esta buena tierra que haba dado a sus padres, y los esparcir ms all del ufrates, por cuanto han hecho sus imgenes de Asera, enojando a Jehov.
l entregar a Israel por los pecados de Jeroboam, quien pec y ha hecho pecar a Israel".
Entonces la mujer de Jeroboam se levant, se march y entr a Tirsa. Cuando cruz el umbral de la casa, el nio muri.
Lo enterraron, y todo Israel hizo lamento por l, conforme a la palabra de Jehov, la que l haba anunciado por medio de su siervo, el profeta Ahas.
Los dems hechos de Jeroboam, las guerras que hizo, y cmo rein, todo est escrito en el libro de las historias de los reyes de Israel.
El tiempo que rein Jeroboam fue de veintids aos. Cuando durmi con sus padres, rein en su lugar su hijo Nadab.
Roboam hijo de Salomn rein en Jud. De cuarenta y un aos era Roboam cuando comenz a reinar; diecisiete aos rein en Jerusaln, ciudad que Jehov eligi entre todas las tribus de Israel para poner all su nombre. El nombre de su madre era Naama, amonita.
Jud hizo lo malo ante los ojos de Jehov y lo enojaron con los pecados que cometieron ms que todo lo que hicieron sus padres.
Tambin ellos se edificaron lugares altos, estatuas e imgenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo rbol frondoso.
Hubo tambin sodomitas en la tierra, que cometieron todas las abominaciones de las naciones que Jehov haba echado de delante de los hijos de Israel.
Al quinto ao del rey Roboam subi Sisac, rey de Egipto, contra Jerusaln,
tom los tesoros de la casa de Jehov, los tesoros de la casa real, y lo saque todo. Tambin se llev todos los escudos de oro que Salomn haba hecho.
En lugar de ellos, el rey Roboam hizo escudos de bronce y se los dio a los capitanes de la guardia que custodiaban la puerta de la casa real.
Cuando el rey entraba en la casa de Jehov, los de la guardia los llevaban, y despus volvan a ponerlos en la sala de la guardia.
Los dems hechos de Roboam, y todo lo que hizo, no est escrito en las crnicas de los reyes de Jud?
Todos los das hubo guerra entre Roboam y Jeroboam.
Roboam durmi con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. El nombre de su madre era Naama, amonita. Rein en su lugar Abiam, su hijo.
En el ao dieciocho del rey Jeroboam hijo de Nabat, Abiam comenz a reinar sobre Jud.
Rein tres aos en Jerusaln. El nombre de su madre era Maaca, hija de Abisalom.
Anduvo en todos los pecados que su padre haba cometido antes de l. Su corazn no fue perfecto para con Jehov, su Dios, como el corazn de su padre David.
Pero por amor a David, Jehov, su Dios, le dio una lmpara en Jerusaln, al poner en el trono a su hijo despus de l y sostener a Jerusaln,
por cuanto David haba hecho lo recto ante los ojos de Jehov, y de ninguna cosa que le haban mandado se haba apartado en todos los das de su vida, salvo en lo tocante a Uras, el heteo.
Hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los das de su vida.
Los dems hechos de Abiam, y todo lo que hizo, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud? Y hubo guerra entre Abiam y Jeroboam.
Durmi Abiam con sus padres y lo sepultaron en la ciudad de David. En su lugar rein Asa, su hijo.
En el ao veinte de Jeroboam, rey de Israel, Asa comenz a reinar sobre Jud.
Rein cuarenta y un aos en Jerusaln. El nombre de su madre era Maaca, hija de Abisalom.
Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehov, como David, su padre,
porque expuls del pas a los sodomitas y quit todos los dolos que sus padres haban hecho.
Tambin priv a su madre Maaca de ser reina madre, porque haba hecho un dolo de Asera. Asa deshizo, adems, el dolo de su madre y lo quem junto al torrente Cedrn.
Sin embargo, los lugares altos no desaparecieron. Con todo, el corazn de Asa fue perfecto para con Jehov toda su vida.
Tambin puso en la casa de Jehov lo que su padre haba dedicado, y lo que l dedic: oro, plata y alhajas.
Hubo guerra continuamente entre Asa y Baasa, rey de Israel.
Baasa, rey de Israel, subi contra Jud y fortific Ram, para evitar que se comunicaran con Asa, rey de Jud.
Asa tom toda la plata y el oro que haba quedado en los tesoros de la casa de Jehov y en los tesoros de la casa real, se los entreg a sus siervos y los envi a Ben-adad hijo de Tabrimn hijo de Hezin, rey de Siria, el cual resida en Damasco, diciendo:
"Haya alianza entre nosotros, como entre mi padre y el tuyo. Aqu te envo un presente de plata y de oro. Ve y rompe tu pacto con Baasa, rey de Israel, para que se aparte de m".
Ben-adad acept la propuesta del rey Asa y envi a los jefes de sus ejrcitos contra las ciudades de Israel. Conquist Ijn, Dan, Abel-bet-maaca, toda Cineret y toda la tierra de Neftal.
Al saberlo Baasa, dej de edificar Ram y se qued en Tirsa.
Entonces el rey Asa convoc a todo Jud, sin exceptuar a nadie. Se llevaron de Ram la piedra y la madera con que Baasa edificaba, y el rey Asa construy con ello Geba de Benjamn y Mizpa.
Los dems hechos de Asa, todo su podero, todo lo que hizo y las ciudades que edific, no est todo escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud? En los das de su vejez Asa enferm de los pies.
Durmi Asa con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, su padre. Rein en su lugar Josafat, su hijo.
Nadab hijo de Jeroboam comenz a reinar sobre Israel en el segundo ao de Asa, rey de Jud. Rein sobre Israel dos aos.
Hizo lo malo ante los ojos de Jehov andando en el camino de su padre y en los pecados con que este hizo pecar a Israel.
Baasa hijo de Ahas, que era de la casa de Isacar, conspir contra l. Baasa lo hiri en Gibetn, que era de los filisteos, porque Nadab y todo Israel tenan sitiado a Gibetn.
Lo mat, pues, Baasa en el tercer ao de Asa, rey de Jud, y rein en lugar suyo.
Apenas comenz a reinar, mat a toda la casa de Jeroboam, sin dejar alma viviente de los de Jeroboam, hasta raerla, conforme a la palabra que Jehov anunci por medio de su siervo Ahas, el silonita,
y a causa de los pecados que Jeroboam haba cometido, con los cuales hizo pecar a Israel, provocando as el enojo de Jehov, Dios de Israel.
Los dems hechos de Nadab, y todo lo que hizo, no est todo escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Y hubo guerra continua entre Asa y Baasa, rey de Israel.
En el tercer ao de Asa, rey de Jud, comenz a reinar Baasa hijo de Ahas sobre todo Israel en Tirsa. Rein veinticuatro aos.
Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehov; anduvo en el camino de Jeroboam y en el pecado con que este hizo pecar a Israel.
Lleg palabra de Jehov a Jeh hijo de Hanani contra Baasa diciendo:
"Yo te levant del polvo y te puse como prncipe de mi pueblo Israel. Pero t has andado en el camino de Jeroboam y has hecho pecar a mi pueblo Israel, provocndome a ira con tus pecados.
Por eso yo barrer la posteridad de Baasa y de su casa, y voy a hacer con su casa como con la casa de Jeroboam hijo de Nabat.
Al que de Baasa muera en la ciudad se lo comern los perros; y al que muera en el campo se lo comern las aves del cielo".
Los dems hechos de Baasa, las cosas que hizo, y su podero, no est todo escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Durmi Baasa con sus padres y fue sepultado en Tirsa; y rein en su lugar su hijo Ela.
La palabra de Jehov por boca del profeta Jeh hijo de Hanani fue contra Baasa y tambin contra su casa, con motivo de todo lo malo que hizo ante los ojos de Jehov, por provocarlo a ira con las obras de sus manos, que llegaron a ser como las de la casa de Jeroboam, y por haberla exterminado.
En el ao veintisis de Asa, rey de Jud, comenz a reinar Ela hijo de Baasa sobre Israel en Tirsa, y rein dos aos.
Pero conspir contra l su siervo Zimri, comandante de la mitad de los carros. Estaba Ela en Tirsa, embriagado y bebiendo en casa de Arsa, su mayordomo en Tirsa,
cuando lleg Zimri y lo hiri de muerte; y rein en lugar suyo. Era el ao veintisiete de Asa, rey de Jud.
Tan pronto estuvo sentado en el trono y comenz a reinar, mat a toda la casa de Baasa, sin dejar en ella ningn hombre, ni parientes ni amigos.
As extermin Zimri a toda la casa de Baasa, conforme a la palabra que Jehov haba proferido contra Baasa por medio del profeta Jeh,
por todos los pecados cometidos por Baasa, los pecados de Ela, su hijo, y los que hicieron cometer a Israel, provocando con sus vanidades el enojo de Jehov, Dios de Israel.
Los dems hechos de Ela, y todo lo que hizo, no est todo escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
En el ao veintisiete de Asa, rey de Jud, comenz a reinar Zimri; y rein siete das en Tirsa. El pueblo haba acampado contra Gibetn, ciudad de los filisteos.
Y el pueblo que estaba en el campamento oy decir: "Zimri ha conspirado y ha dado muerte al rey". Entonces todo Israel proclam aquel mismo da rey de Israel, en el campo de batalla, a Omri, general del ejrcito.
Omri subi de Gibetn junto con todo Israel y sitiaron a Tirsa.
Al ver Zimri tomada la ciudad, se meti en el palacio de la casa real y prendi fuego a la casa consigo adentro. As muri,
por los pecados que haba cometido, haciendo lo malo ante los ojos de Jehov y andando en los caminos de Jeroboam, y en el pecado que este cometi al hacer pecar a Israel.
El resto de los hechos de Zimri y de su conspiracin, no est todo escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Entonces el pueblo de Israel se dividi en dos partes: la mitad del pueblo segua a Tibni hijo de Ginat para hacerlo rey, y la otra mitad segua a Omri.
Pero el pueblo que segua a Omri pudo ms que el que segua a Tibni hijo de Ginat. Tibni muri y Omri se convirti en rey.
En el ao treinta y uno de Asa, rey de Jud, comenz a reinar Omri sobre Israel, y rein doce aos; en Tirsa rein seis aos.
Omri compr a Semer el monte de Samaria por dos talentos de plata, edific en el monte y llam a la ciudad que haba edificado Samaria, por el nombre de Semer, que fue dueo de aquel monte.
Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehov; lo hizo peor que todos los que haban reinado antes de l,
pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en el pecado que aquel hizo cometer a Israel, al provocar con sus dolos la ira de Jehov, Dios de Israel.
Los dems hechos de Omri, todo lo que hizo, y las acciones valientes que ejecut, no est todo escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Omri durmi con sus padres y fue sepultado en Samaria. En su lugar rein Acab, su hijo.
Comenz a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el ao treinta y ocho de Asa, rey de Jud,
y rein sobre Israel en Samaria veintids aos. Pero Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehov, ms que todos los que reinaron antes de l,
pues no le bast andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, sino que tom por mujer a Jezabel, hija de Et-baal, rey de los sidonios, y fue, sirvi a Baal y lo ador.
Construy adems un altar a Baal en el templo que l le edific en Samaria.
Tambin hizo Acab una imagen de Asera, para provocar as la ira de Jehov, Dios de Israel, ms que todos los reyes de Israel que reinaron antes de l.
En tiempos de Acab, Hiel, el de Bet-el, reedific a Jeric. Al precio de la vida de Abiram, su primognito, ech el cimiento, y al precio de la vida de Segub, su hijo menor, puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehov le haba anunciado por medio de Josu hijo de Nun.
Entonces Elas, el tisbita, que era uno de los habitantes de Galaad, dijo a Acab: "Vive Jehov, Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habr lluvia ni roco en estos aos, hasta que mi boca lo diga!".
Lleg a l una palabra de Jehov, que deca:
"Aprtate de aqu, vuelve al oriente y escndete en el arroyo Querit, que est frente al Jordn.
Bebers del arroyo; yo he mandado a los cuervos que te den all de comer".
l parti e hizo conforme a la palabra de Jehov, pues se fue y vivi junto al arroyo Querit, que est frente al Jordn.
Los cuervos le traan pan y carne por la maana y por la tarde, y beba del arroyo.
Pasados algunos das, se sec el arroyo, porque no haba llovido sobre la tierra.
Luego lleg a Elas una palabra de Jehov, que deca:
"Levntate, vete a Sarepta de Sidn y vive all; ah le he dado orden a una mujer viuda que te sustente".
Entonces l se levant y se fue a Sarepta. Cuando lleg a la puerta de la ciudad, haba all una mujer viuda que estaba recogiendo lea. Elas la llam y le dijo: -- Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso para que beba.
Cuando ella iba a trarsela, l la volvi a llamar y le dijo: -- Te ruego que me traigas tambin un bocado de pan en tus manos.
Ella respondi: -- Vive Jehov, tu Dios, que no tengo pan cocido!; solamente tengo un puado de harina en la tinaja y un poco de aceite en una vasija. Ahora recoga dos leos para entrar y prepararlo para m y para mi hijo. Lo comeremos y luego moriremos.
Elas le dijo: -- No tengas temor: ve y haz como has dicho; pero hazme con ello primero una pequea torta cocida debajo de la ceniza, y tremela. Despus la hars para ti y para tu hijo.
Porque Jehov, Dios de Israel, ha dicho as: "La harina de la tinaja no escasear, ni el aceite de la vasija disminuir, hasta el da en que Jehov haga llover sobre la faz de la tierra".
La viuda fue e hizo como le haba dicho Elas. Y comieron l, ella y su casa, durante muchos das.
No escase la harina de la tinaja, ni el aceite de la vasija mengu, conforme a la palabra que Jehov haba dicho por medio de Elas.
Despus de estas cosas aconteci que cay enfermo el hijo de la duea de la casa. La enfermedad fue tan grave que se qued sin aliento.
Entonces dijo ella a Elas: -- Qu tengo que ver yo contigo, varn de Dios? Has venido aqu a recordarme mis pecados y a hacer morir a mi hijo?
-- Dame ac tu hijo -- le dijo l. Lo tom entonces Elas de su regazo, lo llev al aposento donde l viva y lo puso sobre su cama.
Luego clam a Jehov diciendo: "Jehov, Dios mo, tambin a la viuda en cuya casa estoy hospedado vas a afligir, haciendo morir su hijo?".
Se tendi sobre el nio tres veces y clam a Jehov: "Jehov, Dios mo, te ruego que hagas volver el alma a este nio".
Jehov oy la voz de Elas, el alma volvi al nio y este revivi.
Tom luego Elas al nio, lo trajo del aposento a la casa, lo entreg a su madre y le dijo: -- Mira, tu hijo vive.
Entonces la mujer dijo a Elas: -- Ahora reconozco que t eres un varn de Dios y que la palabra de Jehov es verdad en tu boca.
Pas muchos tiempo, y tres aos despus, lleg palabra de Jehov a Elas, diciendo: "Ve, mustrate a Acab, y yo har llover sobre la faz de la tierra".
Fue, pues, Elas a mostrarse a Acab. En Samaria el hambre era grave.
Acab llam a Abdas, su mayordomo. Abdas era muy temeroso de Jehov,
pues cuando Jezabel destrua a los profetas de Jehov, Abdas tom a cien profetas y los escondi en cuevas de cincuenta en cincuenta, y los sustent con pan y agua.
Dijo, pues, Acab a Abdas: -- Ve por el pas a todas las fuentes de aguas y a todos los arroyos, a ver si acaso encontramos pasto con que conservar con vida a los caballos y a las mulas, para que no nos quedemos sin bestias.
Y dividieron entre s el pas para recorrerlo; Acab fue por un camino y Abdas fue solo por otro.
Cuando Abdas iba por el camino, se encontr con Elas. Al reconocerlo, se postr sobre su rostro y dijo: -- No eres t Elas, mi seor?
-- Yo soy; ve y dile a tu amo: "Aqu est Elas" -- le respondi l.
Abdas contest: -- En qu he pecado para que entregues a tu siervo en manos de Acab para que me mate?
Vive Jehov, tu Dios!, que no ha habido nacin ni reino adonde mi seor no haya enviado a buscarte, y cuando respondan: "No est aqu", haca jurar a reinos y a naciones que no te haban hallado.
Y ahora t dices: "Ve y dile a tu amo: 'Aqu est Elas' "?
Acontecer que luego de que yo me haya ido, el espritu de Jehov te llevar adonde yo no sepa. Y cuando yo vaya a dar la noticia a Acab, l no te hallar y me matar. Pero tu siervo teme a Jehov desde su juventud.
No le han contado a mi seor lo que hice cuando Jezabel mataba a los profetas de Jehov, que escond en cuevas a cien de los profetas de Jehov, de cincuenta en cincuenta, y los mantuve con pan y agua?
Y ahora dices t: "Ve y dile a tu amo: 'Aqu est Elas' ". Quieres que me mate?
Elas le dijo: -- Vive Jehov de los ejrcitos, en cuya presencia estoy!, que hoy me presentar ante l.
Entonces Abdas fue a encontrarse con Acab, le dio el aviso, y Acab fue a encontrarse con Elas.
Cuando lo vio, le dijo: -- Eres t el que perturbas a Israel?
l respondi: -- Yo no he perturbado a Israel, sino t y la casa de tu padre, al abandonar los mandamientos de Jehov y seguir a los baales.
Manda, pues, ahora a que todo Israel se congregue en el monte Carmelo, con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.
Acab convoc a todos los hijos de Israel, y reuni a los profetas en el monte Carmelo.
Entonces Elas, acercndose a todo el pueblo, dijo: -- Hasta cundo vacilaris vosotros entre dos pensamientos? Si Jehov es Dios, seguidle; si Baal, id en pos de l. Y el pueblo no respondi palabra.
Elas sigui hablndole al pueblo: -- Solo yo he quedado como profeta de Jehov, mientras que de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.
Dnsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno; crtenlo en pedazos y pnganlo sobre lea, pero que no le prendan fuego. Yo preparar el otro buey, lo pondr sobre lea, y tampoco le prender fuego.
Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses; yo invocar el nombre de Jehov. El Dios que responda por medio del fuego, ese es Dios. -- Bien dicho -- respondi todo el pueblo.
Entonces Elas dijo a los profetas de Baal: "Escoged un buey y preparadlo vosotros primero, pues sois los ms. Invocad luego el nombre de vuestros dioses, pero no le prendis fuego".
Ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la maana hasta el medioda. Decan: "Baal, respndenos!". Pero no se escuch ninguna voz, ni hubo quien respondiera; entre tanto, ellos seguan saltando alrededor del altar que haban hecho.
Hacia el medioda, Elas se burlaba de ellos diciendo: "Gritad con voz ms fuerte, porque es un dios. Quiz est meditando o tiene algn trabajo o se ha ido de viaje. Tal vez duerme y haya que despertarlo!".
Seguan ellos clamando a gritos, y se hacan cortes, conforme a su costumbre, con cuchillos y con lancetas, hasta que les chorreaba la sangre.
Pas el medioda y ellos siguieron gritando frenticamente hasta la hora de ofrecer el sacrificio, pero no se escuch ninguna voz, ni hubo quien respondiera ni escuchara.
Entonces dijo Elas a todo el pueblo: "Acercaos a m". Todo el pueblo se le acerc, y Elas arregl el altar de Jehov que estaba arruinado.
Tom doce piedras, conforme al nmero de las tribus de los hijos de Jacob, al cual haba sido dada palabra de Jehov diciendo: "Israel ser tu nombre",
y edific con las piedras un altar al nombre de Jehov. Despus hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano.
Prepar la lea, cort el buey en pedazos, lo puso sobre la lea,
y dijo: "Llenad cuatro cntaros de agua y derramadla sobre el holocausto y sobre la lea". "Hacedlo otra vez", dijo; y lo hicieron otra vez. "Hacedlo la tercera vez" dijo de nuevo; y lo hicieron la tercera vez,
de manera que el agua corra alrededor del altar, y tambin se haba llenado de agua la zanja.
Cuando lleg la hora de ofrecer el holocausto, se acerc el profeta Elas y dijo: "Jehov, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que t eres Dios en Israel, que yo soy tu siervo y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.
Respndeme, Jehov, respndeme, para que conozca este pueblo que t, Jehov, eres el Dios, y que t haces que su corazn se vuelva a ti".
Entonces cay fuego de Jehov y consumi el holocausto, la lea, las piedras y el polvo, y hasta lami el agua que estaba en la zanja.
Vindolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: "Jehov es el Dios, Jehov es el Dios!".
Entonces Elas les dijo: "Apresad a los profetas de Baal para que no escape ninguno". Ellos los apresaron y Elas los condujo al arroyo Cisn y all los degoll.
Entonces Elas dijo a Acab: "Sube, come y bebe; porque ya se oye el ruido de la lluvia".
Acab subi a comer y a beber. Pero Elas subi a la cumbre del Carmelo y, postrndose en tierra, puso el rostro entre las rodillas.
Luego dijo a su criado: -- Sube ahora y mira hacia el mar. l subi, mir y dijo: -- No hay nada. Pero Elas le orden de nuevo: -- Vuelve siete veces.
A la sptima vez el criado dijo: -- Veo una pequea nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Elas dijo: -- Ve y dile a Acab: "Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te lo impida".
Entre tanto, aconteci que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo un gran aguacero. Subi a su carro Acab y se fue a Jezreel.
Pero la mano de Jehov estaba sobre Elas, que se ci la cintura y corri delante de Acab hasta llegar a Jezreel.
Acab dio a Jezabel la noticia de todo lo que Elas haba hecho y de cmo haba matado a espada a todos los profetas.
Entonces envi Jezabel a Elas un mensajero para decirle: "Traigan los dioses sobre m el peor de los castigos, si maana a estas horas no he puesto tu persona como la de uno de ellos".
Viendo Elas el peligro, se levant y se fue para salvar su vida. Al llegar a Beerseba, que est en Jud, dej all a su criado.
Luego de caminar todo un da por el desierto, fue a sentarse debajo de un enebro. Entonces se dese la muerte y dijo: "Basta ya, Jehov, qutame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres".
Y echndose debajo del enebro, se qued dormido; pero un ngel lo toc, y le dijo: "Levntate y come".
Mir y vio a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas y una vasija de agua; comi, bebi y volvi a dormirse.
Regres el ngel de Jehov por segunda vez, lo toc y le dijo: "Levntate y come, porque largo camino te resta".
Se levant, pues, comi y bebi. Fortalecido con aquella comida anduvo cuarenta das y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.
All se meti en una cueva, donde pas la noche. Lleg a l palabra de Jehov, el cual le dijo: -- Qu haces aqu, Elas?
l respondi: -- He sentido un vivo celo por Jehov, Dios de los ejrcitos, porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado y me buscan para quitarme la vida.
Jehov le dijo: -- Sal fuera y ponte en el monte delante de Jehov. En ese momento pasaba Jehov, y un viento grande y poderoso rompa los montes y quebraba las peas delante de Jehov; pero Jehov no estaba en el viento. Tras el viento hubo un terremoto; pero Jehov no estaba en el terremoto.
Tras el terremoto hubo un fuego; pero Jehov no estaba en el fuego. Y tras el fuego se escuch un silbo apacible y delicado.
Cuando Elas lo oy, se cubri el rostro con el manto, sali y se puso a la puerta de la cueva. Entonces le lleg una voz que le deca: -- Qu haces aqu, Elas?
l respondi: -- He sentido un vivo celo por Jehov, Dios de los ejrcitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado y me buscan para quitarme la vida.
Jehov le dijo: -- Ve, vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Llegars y ungirs a Hazael como rey de Siria.
A Jeh hijo de Nimsi lo ungirs como rey de Israel, y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, lo ungirs como profeta para que ocupe tu lugar.
Al que escape de la espada de Hazael, Jeh lo matar, y al que escape de la espada de Jeh, Eliseo lo matar.
Pero har que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal y cuyas bocas no lo besaron.
Parti de all Elas y hall a Eliseo hijo de Safat, que estaba arando. Delante de l iban doce yuntas de bueyes, y l conduca la ltima. Elas pas ante l y ech sobre l su manto.
Entonces dej los bueyes, sali corriendo detrs de Elas y le dijo: -- Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre; luego te seguir. Y l le dijo: -- Ve, regresa; acaso te lo he impedido?
Regres Eliseo, tom un par de bueyes y los mat; con el arado de los bueyes coci luego la carne y la dio al pueblo para que comieran. Despus se levant, se fue tras Elas y lo serva.
Entonces Ben-adad, rey de Siria, reuni a todo su ejrcito. Llevaba consigo a treinta y dos reyes con caballos y carros. Subi contra Samaria, le puso sitio y la atac.
Luego envi mensajeros a esta ciudad, a decirle a Acab, rey de Israel:
"As ha dicho Ben-adad: "Tu plata y tu oro son mos, y tus mujeres y tus hermosos hijos son mos"".
El rey de Israel respondi: "Como t dices, rey y seor mo, yo soy tuyo, as como todo lo que tengo".
Volvieron otra vez los mensajeros y le dijeron: "As dijo Ben-adad: "Yo te envi a decir: 'Me dars tu plata y tu oro, tus mujeres y tus hijos'.
Adems, maana a estas horas te enviar a mis siervos, los cuales registrarn tu casa y las casas de tus siervos; tomarn todo lo precioso que tengas y se lo llevarn"".
Entonces el rey de Israel llam a todos los ancianos del pas y les dijo: -- Fijaos y ved ahora cmo este no busca sino el mal; pues me ha mandado pedir mis mujeres y mis hijos, mi plata y mi oro, y yo no se lo he negado.
Todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: -- No lo obedezcas ni hagas lo que te pide.
l respondi entonces a los embajadores de Ben-adad: "Decid al rey, mi seor: "Har todo lo que mandaste la primera vez a tu siervo; pero esto no lo puedo hacer"". Los embajadores fueron y le dieron la respuesta.
Nuevamente Ben-adad le envi a decir: "Traigan los dioses sobre m el peor de los castigos, si queda polvo suficiente en Samaria para darle un puado a cada uno de los que me siguen".
El rey de Israel respondi y dijo: "Decidle que no se alabe tanto el que se cie las armas, como el que las descie".
Cuando l oy estas palabras, mientras beba con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: "Preparaos". Y ellos se prepararon para atacar a la ciudad.
Mientras, un profeta se present ante Acab, rey de Israel, y le dijo: -- As ha dicho Jehov: "Has visto esta gran multitud? Pues yo la entregar hoy en tus manos, para que conozcas que yo soy Jehov".
-- Por medio de quin? -- respondi Acab. l dijo: -- As ha dicho Jehov: "Por medio de los siervos de los prncipes de las provincias". -- Quin comenzar la batalla? -- pregunt Acab. -- T -- respondi l.
Acab pas revista a los siervos de los prncipes de las provincias, que eran doscientos treinta y dos. Luego pas revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que eran siete mil.
Hicieron una salida al medioda, mientras Ben-adad beba y se embriagaba en las tiendas, junto a los treinta y dos reyes que haban venido en su ayuda.
Los siervos de los prncipes de las provincias salieron en primer lugar. Ben-adad haba mandado a uno y este le trajo la siguiente noticia: "Han salido hombres de Samaria".
l entonces dijo: "Si han salido en son de paz, capturadlos vivos, y si han salido para pelear, tambin capturadlos vivos".
Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los prncipes de las provincias, y detrs de ellos el ejrcito.
Mat cada uno al que vena contra l; huyeron los sirios, seguidos por los de Israel. El rey de Siria, Ben-adad, se escap en un caballo con alguna gente de caballera.
Entonces sali el rey de Israel, hiri la gente de a caballo, se apoder de los carros y deshizo a los sirios causndoles grandes estragos.
Se present luego el profeta ante el rey de Israel y le dijo: -- Anda, fortalcete, considera y mira lo que has de hacer, porque dentro de un ao el rey de Siria te atacar.
Los siervos del rey de Siria le dijeron: -- Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido, pero si peleamos con ellos en la llanura, de seguro los venceremos.
Haz, pues, as: Saca a cada uno de los reyes de su puesto, y pon capitanes en su lugar.
Forma otro ejrcito como el ejrcito que perdiste, caballo por caballo y carro por carro; luego pelearemos con ellos en campo raso; ya veremos si no los vencemos. Les prest odo el rey y as lo hizo.
Un ao ms tarde, Ben-adad pas revista al ejrcito de los sirios y march a Afec para pelear contra Israel.
Tambin pasaron revista a los hijos de Israel, y tomaron provisiones y le salieron al encuentro. Acamparon los hijos de Israel frente a ellos como dos rebauelos de cabras, mientras los sirios llenaban la tierra.
Se present entonces el varn de Dios ante el rey de Israel, y le dijo: "As ha hablado Jehov: "Por cuanto los sirios han dicho: 'Jehov es Dios de los montes, y no Dios de los valles', yo entregar toda esta gran multitud en tus manos, para que sepis que yo soy Jehov"".
Siete das estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al sptimo da se dio la batalla. Los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo da a cien mil hombres de a pie.
Los dems huyeron a la ciudad de Afec, pero el muro cay sobre los veintisiete mil hombres que haban quedado. Tambin Ben-adad lleg huyendo a la ciudad y se esconda de aposento en aposento.
Entonces sus siervos le dijeron: "Hemos odo que los reyes de la casa de Israel son reyes clementes. Pongmonos, pues, ropas speras encima, y sogas en nuestros cuellos, y vayamos ante el rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida".
Se vistieron, pues, con ropas speras y se pusieron sogas al cuello. Luego se presentaron ante el rey de Israel y le dijeron: -- Tu siervo Ben-adad dice: "Te ruego que me perdones la vida". -- Si l vive an, mi hermano es -- respondi el rey.
Esto lo tomaron aquellos hombres como un buen augurio, por lo que se apresuraron a tomarle la palabra y le dijeron: -- Tu hermano Ben-adad vive. -- Id y traedlo -- dijo el rey. Ben-adad entonces se present ante Acab, y l lo hizo subir en un carro.
Ben-adad le dijo: -- Las ciudades que mi padre tom al tuyo, yo las restituir. Hazte mercados en Damasco, como mi padre los hizo en Samaria. -- Por mi parte, yo -- dijo Acab -- te dejar partir con este pacto. Hizo, pues, un pacto con l, y lo dej ir.
Entonces un varn de los hijos de los profetas dijo a su compaero, por orden de Dios: -- Hireme ahora. Pero el otro no quiso herirlo.
l le dijo: -- Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehov, te atacar un len cuando te apartes de m. Y cuando se apart de l, le sali al encuentro un len y lo mat.
Luego se encontr con otro hombre, y le dijo: -- Hireme ahora. El hombre le dio un golpe y le hizo una herida.
Entonces el profeta se fue y se puso a esperar al rey en el camino. Se haba disfrazado ponindose una venda sobre los ojos.
Cuando el rey pasaba, el profeta le dijo en alta voz: -- Tu siervo sali de en medio de la batalla cuando se me acerc un soldado que me trajo un hombre, y me dijo: "Guarda a este hombre, y si llega a huir, pagars con tu vida por la suya o pagars un talento de plata".
Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareci. Entonces el rey de Israel le dijo: -- Esa ser tu sentencia; t la has pronunciado.
Pero l se quit de pronto la venda de los ojos, y el rey de Israel reconoci que era uno de los profetas.
Dijo entonces al rey: -- As ha dicho Jehov: "Por cuanto dejaste escapar de tus manos al hombre que yo haba condenado, pagars con tu vida por la suya, y con tu pueblo por el suyo".
El rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y lleg a Samaria.
Pasadas estas cosas, aconteci que Nabot, de Jezreel, tena una via junto al palacio de Acab, rey de Samaria.
Acab dijo a Nabot: -- Dame tu via para un huerto de legumbres, porque est cercana a mi casa, y yo te dar por ella otra via mejor que esta; o si mejor te parece, te pagar su valor en dinero.
Nabot respondi a Acab: -- Lbreme Jehov de darte yo la heredad de mis padres!
Acab se march a su casa triste y enojado, por lo que Nabot, de Jezreel, le haba respondido, al decirle: "No te dar la heredad de mis padres". Se acost en su cama, volvi su rostro y no comi.
Su mujer Jezabel se le acerc y le dijo: -- Por qu ests tan decado de espritu y no comes?
l respondi: -- Porque habl con Nabot, de Jezreel, y le dije que me vendiera su via o que, si lo prefera, le dara otra via por ella. Y l respondi: "Yo no te dar mi via".
Su mujer Jezabel le dijo: -- No eres acaso t el rey de Israel? Levntate, come y algrate; yo te dar la via de Nabot de Jezreel.
Entonces escribi ella cartas en nombre de Acab, las sell con su anillo y las envi a los ancianos y a los principales que vivan en la ciudad junto a Nabot.
Las cartas que escribi decan as: "Proclamad un ayuno y sentad a Nabot delante del pueblo.
Poned a dos hombres perversos frente a l, que atestigen contra l y digan: "T has maldecido a Dios y al rey". Luego sacadlo y apedreadlo para que muera".
Los de su ciudad, los ancianos y los principales que habitaban en ella, hicieron como Jezabel les mand, conforme a lo escrito en las cartas que ella les haba enviado.
Promulgaron un ayuno y pusieron a Nabot delante del pueblo.
Llegaron los dos hombres perversos y se sentaron frente a l. Aquellos hombres perversos atestiguaron contra Nabot delante del pueblo diciendo: "Nabot ha maldecido a Dios y al rey". Entonces lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y muri.
Despus enviaron a decir a Jezabel: "Nabot ha sido apedreado y ha muerto".
Cuando Jezabel oy que Nabot haba sido apedreado y muerto, dijo a Acab: "Levntate y toma posesin de la via de Nabot, de Jezreel, la que no te quiso vender, pues Nabot ya no vive, sino que ha muerto".
Al escuchar Acab que Nabot haba muerto, se levant para descender a la via de Nabot, de Jezreel, y tomar posesin de ella.
Entonces lleg la palabra de Jehov a Elas, el tisbita, diciendo:
"Levntate, desciende a encontrarte con Acab, rey de Israel, que est en Samaria. l est en la via de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesin de ella.
T le dirs: "As ha hablado Jehov: No solo has matado, sino que tambin despojas?". Y volvers a decirle: "As ha dicho Jehov: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamern tambin tu sangre, tu misma sangre"".
Acab dijo a Elas: -- Me has hallado, enemigo mo? -- Te he encontrado -- respondi l -- , porque te has prestado a hacer lo malo delante de Jehov.
Yo voy a traer el mal sobre ti, barrer tu posteridad y destruir hasta el ltimo hombre de la casa de Acab, tanto al siervo como al libre en Israel.
Pondr tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat y como la casa de Baasa hijo de Ahas, por la rebelin con que provocaste mi ira y por haber hecho pecar a Israel.
De Jezabel tambin ha hablado Jehov, diciendo: "Los perros se comern a Jezabel en el muro de Jezreel".
Al que de la familia de Acab muera en la ciudad, los perros lo comern, y al que muera en el campo, se lo comern las aves del cielo.
(A la verdad, ninguno fue como Acab, quien se prest a hacer lo malo ante los ojos de Jehov porque Jezabel, su mujer, lo incitaba.
Se comport de manera abominable, yendo tras los dolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales expuls Jehov ante los hijos de Israel.)
Sucedi que cuando Acab oy estas palabras, rasg sus vestidos, ci su carne con ropas speras, ayun, durmi sobre las ropas speras y anduvo humillado.
Lleg entonces la palabra de Jehov a Elas, el tisbita, diciendo:
"No has visto cmo Acab se ha humillado delante de m? Pues por haberse humillado delante de m, no traer el mal mientras l viva; en tiempos de su hijo traer el mal sobre su casa".
Tres aos pasaron sin guerra entre los sirios e Israel.
Aconteci al tercer ao, que Josafat, rey de Jud, descendi a visitar al rey de Israel.
Y el rey de Israel dijo a sus siervos: -- No sabis que Ramot de Galaad es nuestra y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de manos del rey de Siria?
Luego pregunt a Josafat: -- Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? -- Yo soy como t, mi pueblo como tu pueblo y mis caballos como tus caballos --respondi Josafat al rey de Israel.
Dijo luego Josafat al rey de Israel: -- Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehov.
Entonces el rey de Israel reuni a los profetas, unos cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: -- Debo ir a la guerra contra Ramot de Galaad o debo renunciar a ella? -- Sube, porque Jehov la entregar en manos del rey -- le respondieron ellos.
Dijo Josafat: -- Hay aqu algn otro profeta de Jehov por medio del cual podamos consultar?
El rey de Israel respondi a Josafat: -- An hay un varn por el cual podramos consultar a Jehov, Micaas hijo de Imla, pero yo lo aborrezco, porque nunca me profetiza el bien, sino solamente el mal. -- No hable el rey as -- dijo Josafat.
Entonces el rey de Israel llam a un oficial y le orden: "Trae pronto a Micaas hijo de Imla".
El rey de Israel y Josafat, rey de Jud, estaban sentados cada uno en su silla, vestidos con sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria, mientras todos los profetas profetizaban delante de ellos.
Sedequas hijo de Quenaana se haba hecho unos cuernos de hierro y gritaba: "As ha dicho Jehov: Con estos cornears a los sirios hasta acabarlos!".
Todos los profetas profetizaban de la misma manera y decan: "Sube a Ramot de Galaad y sers prosperado, porque Jehov la entregar en manos del rey".
El mensajero que haba ido a llamar a Micaas le dijo: -- Mira que las palabras de los profetas a una sola voz anuncian al rey cosas buenas; que tu palabra sea ahora como la palabra de alguno de ellos y anuncia t tambin buen xito.
Micaas respondi: -- Vive Jehov, que lo que Jehov me hable, eso dir!
Lleg, pues, ante el rey, y el rey le dijo: -- Micaas, iremos a pelear contra Ramot de Galaad o renunciaremos a ella? l le respondi: -- Sube y sers prosperado: Jehov la entregar en manos del rey.
El rey le dijo: -- Hasta cuntas veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en nombre de Jehov?
Entonces l dijo: -- He visto a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor. Jehov ha dicho: "Estos no tienen seor. Que cada cual vuelva a su casa en paz".
El rey de Israel dijo a Josafat: -- No te lo haba dicho yo? Ninguna cosa buena profetizar l acerca de m, sino solamente el mal.
Entonces l dijo: -- Oye, pues, la palabra de Jehov: "Yo vi a Jehov sentado en su trono, y todo el ejrcito de los cielos estaba junto a l, a su derecha y a su izquierda.
Y Jehov dijo: Quin inducir a Acab para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Uno deca de una manera y el otro deca de otra.
Entonces se adelant un espritu, se puso delante de Jehov y le dijo: 'Yo lo inducir'. Jehov le pregunt: 'De qu manera?'.
l dijo: 'Saldr y ser un espritu de mentira en la boca de todos sus profetas'. Jehov le dijo: 'T conseguirs inducirlo; ve, pues, y hazlo as'.
Ahora Jehov ha puesto un espritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y ha decretado el mal en contra tuya".
Entonces se acerc Sedequas hijo de Quenaana y golpe a Micaas en la mejilla diciendo: -- Por dnde se me fue el espritu de Jehov para hablarte a ti?
Micaas respondi: -- T mismo lo vers el da en que te vayas metiendo de aposento en aposento para esconderte.
Entonces el rey de Israel dijo: -- Toma a Micaas y llvalo ante Amn, gobernador de la ciudad, y ante Jos, hijo del rey.
T les dirs: "As ha dicho el rey: 'Echad a este en la crcel y mantenedlo con pan de angustia y con agua de afliccin, hasta que yo vuelva en paz' ".
Micaas respondi: -- Si logras volver en paz, Jehov no ha hablado por mi boca. Y a continuacin dijo: "Od, pueblos todos".
Subi, pues, el rey de Israel, junto con Josafat, rey de Jud, a Ramot de Galaad.
Y el rey de Israel dijo a Josafat: "Yo me disfrazar y entrar en la batalla. T ponte tus vestidos". El rey de Israel se disfraz y entr en la batalla.
Pero el rey de Siria haba mandado a los treinta y dos capitanes de sus carros, diciendo: "No peleis ni con grande ni con chico, sino solo contra el rey de Israel".
Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: "Ciertamente este es el rey de Israel". Y se volvieron contra l para atacarlo; pero el rey Josafat grit.
Al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de l.
Pero un hombre dispar su arco al azar e hiri al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo l a su cochero: "Da la vuelta y scame del campo, pues estoy herido".
Aquel da haba arreciado la batalla y el rey tuvo que ser sostenido en su carro frente a los sirios. A la cada de la tarde muri, y la sangre de la herida corra por el fondo del carro.
A la puesta del sol corri un pregn por el campamento que deca: "Cada uno a su ciudad y cada cual a su tierra!
El rey ha muerto!". Entonces el rey fue trado a Samaria y lo sepultaron all.
Lavaron el carro en el estanque de Samaria y los perros laman su sangre (tambin las rameras se lavaban all), conforme a la palabra que Jehov haba dicho.
El resto de los hechos de Acab y todo lo que hizo, la casa de marfil que construy y todas las ciudades que edific, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Acab durmi con sus padres y rein en su lugar su hijo Ocozas.
Josafat hijo de Asa comenz a reinar sobre Jud en el cuarto ao de Acab, rey de Israel.
Tena Josafat treinta y cinco aos de edad cuando comenz a reinar y rein veinticinco aos en Jerusaln. El nombre de su madre era Azuba, hija de Silhi.
Sigui en todo el camino de Asa, su padre, sin desviarse de l, e hizo lo recto ante los ojos de Jehov. Con todo, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo an sacrificaba y quemaba incienso en ellos.
Josafat vivi en paz con el rey de Israel.
Los dems hechos de Josafat, sus hazaas y las guerras que hizo, no estn escritos en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
Barri tambin de la tierra los restos de los sodomitas que haban quedado en tiempos de su padre Asa.
Entonces no haba rey en Edom, sino un gobernador en lugar de rey.
Josafat haba hecho naves de Tarsis, las que deban dirigirse a Ofir por oro; pero no fueron, porque se rompieron en Ezin-geber.
Entonces Ocozas hijo de Acab dijo a Josafat: "Vayan mis siervos con los tuyos en las naves". Pero Josafat no quiso.
Josafat durmi con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, su padre. En su lugar rein su hijo Joram.
Ocozas hijo de Acab comenz a reinar sobre Israel en Samaria, el ao diecisiete de Josafat, rey de Jud. Rein dos aos sobre Israel.
Hizo lo malo ante los ojos de Jehov, sigui el camino de su padre y el camino de su madre, y el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel,
porque sirvi a Baal y lo ador, y provoc la ira de Jehov, Dios de Israel, conforme a todas las cosas que haba hecho su padre.
Despus de la muerte de Acab, se rebel Moab contra Israel.
Ocozas se cay por la ventana de una sala de la casa que tena en Samaria y qued lastimado. Entonces envi unos mensajeros a los que dijo: "Id y consultad a Baal-zebub, dios de Ecrn, si he de sanar de estas mis heridas".
Pero el ngel de Jehov le habl a Elas, el tisbita, diciendo: "Levntate y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria y diles: "Acaso no hay Dios en Israel para que vayis a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrn?".
Por tanto, as ha dicho Jehov: "Del lecho en que ests no te levantars, sino que ciertamente morirs"". Y Elas se fue.
Cuando los mensajeros regresaron, el rey les dijo: -- Por qu habis regresado?
Ellos le respondieron: -- Encontramos a un hombre que nos dijo: "Id y regresad ante el rey que os envi, y decidle: 'As ha dicho Jehov: Acaso no hay Dios en Israel, que t envas a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrn? Por tanto, del lecho en que ests no te levantars; de cierto morirs' ".
Entonces el rey les pregunt: -- Cmo era el hombre que encontrasteis y os dijo tales palabras?
-- Uno que tena un vestido de pelo y un cinturn de cuero ceido a su cintura --respondieron ellos. -- Es Elas, el tisbita! -- exclam el rey -- ,
y enseguida envi tras l a un capitn de cincuenta con sus cincuenta hombres. Cuando l subi adonde estaba Elas, este se encontraba sentado en la cumbre del monte. Y el capitn le dijo: -- Hombre de Dios, el rey ha dicho que desciendas.
Elas respondi al capitn de cincuenta: -- Si yo soy hombre de Dios, que descienda fuego del cielo y te consuma con tus cincuenta hombres. Y descendi fuego del cielo que lo consumi a l y a sus cincuenta hombres.
Volvi el rey a enviar tras l otro capitn de cincuenta con sus cincuenta hombres, el cual le dijo: -- Hombre de Dios, el rey ha dicho as: "Desciende pronto".
Elas le respondi: -- Si yo soy hombre de Dios, que descienda fuego del cielo y te consuma con tus cincuenta hombres. Y descendi fuego del cielo que lo consumi a l y a sus cincuenta hombres.
Volvi a enviar al tercer capitn de cincuenta con sus cincuenta hombres. Subi aquel tercer capitn de cincuenta, se puso de rodillas delante de Elas y le rog: -- Hombre de Dios, te ruego que mi vida y la vida de estos tus cincuenta siervos alcancen algn valor a tus ojos.
Ya ha descendido fuego del cielo y ha consumido a los dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta hombres; que ahora tenga algn valor mi vida a tus ojos!
Entonces el ngel de Jehov dijo a Elas: "Desciende con l; no le tengas miedo". Elas se levant, descendi con l ante el rey,
y le dijo: -- As ha dicho Jehov: "Por cuanto enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrn, como si no hubiera Dios en Israel cuya palabra consultar, no te levantars del lecho en que ests, sino que de cierto morirs".
Y muri conforme a la palabra de Jehov que haba dicho Elas. Rein en su lugar Joram, en el segundo ao de Joram hijo de Josafat, rey de Jud, porque Ocozas no tena hijos.
Los dems hechos de Ocozas, no estn escritos en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Aconteci que cuando Jehov iba a alzar a Elas en un torbellino al cielo, Elas vena con Eliseo de Gilgal.
Y Elas dijo a Eliseo: -- Qudate ahora aqu, porque Jehov me ha enviado a Bet-el. -- Vive Jehov y vive tu alma, que no te dejar! -- le dijo Eliseo. Descendieron, pues, a Bet-el.
Salieron al encuentro de Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el y le dijeron: -- Sabes que Jehov va a arrebatarte hoy a tu seor? -- S, lo s; pero callad -- respondi l.
Elas le volvi a decir: -- Eliseo, qudate aqu ahora, porque Jehov me ha enviado a Jeric. -- Vive Jehov y vive tu alma, que no te dejar! -- le respondi Eliseo. Siguieron, pues, a Jeric.
Se acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jeric, y le dijeron: -- Sabes que Jehov va a arrebatarte hoy a tu seor? -- S, lo s; pero callad -- respondi l.
Luego Elas le dijo: -- Te ruego que te quedes aqu, porque Jehov me ha enviado al Jordn. -- Vive Jehov y vive tu alma, que no te dejar! -- le respondi Eliseo. Y se fueron los dos.
Pero llegaron cincuenta hombres de los hijos de los profetas y se pararon enfrente, a lo lejos, mientras ellos dos se detenan junto al Jordn.
Tom entonces Elas su manto, lo dobl y golpe las aguas, las que se apartaron a uno y a otro lado, y ambos pasaron por lo seco.
En cuanto pasaron, Elas dijo a Eliseo: -- Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea arrebatado de tu lado. Eliseo dijo: -- Te ruego que me dejes una doble porcin de tu espritu.
-- Cosa difcil has pedido -- le respondi Elas -- . Si me ves cuando sea separado de ti, te ser concedido; pero si no, no.
Aconteci que mientras ellos iban caminando y hablando, un carro de fuego, con caballos de fuego, los apart a los dos, y Elas subi al cielo en un torbellino.
Al ver esto, Eliseo clam: "Padre mo, padre mo! Carro de Israel y su caballera!". Y nunca ms lo vio. Entonces Eliseo tom sus vestidos y los rasg en dos partes.
Alz luego el manto que se le haba cado a Elas, regres y se par a la orilla del Jordn.
Despus tom el manto que se le haba cado a Elas, golpe las aguas, y dijo: "Dnde est Jehov, el Dios de Elas?". Apenas hubo golpeado las aguas del mismo modo que Elas, estas se apartaron a uno y a otro lado, y Eliseo pas.
Al verlo, los hijos de los profetas que estaban al otro lado en Jeric dijeron: "El espritu de Elas repos sobre Eliseo". Fueron enseguida a recibirlo, se postraron delante de l
y dijeron: -- Aqu hay entre tus siervos cincuenta hombres fuertes. Deja que vayan y busquen a tu seor ahora; quiz lo ha levantado el espritu de Jehov y lo ha arrojado en algn monte o en algn valle. -- No enviis a nadie -- les dijo l.
Pero ellos lo importunaron tanto que avergonzndose dijo: -- Enviadlos. Entonces enviaron ellos a los cincuenta hombres, quienes lo buscaron durante tres das, pero no lo hallaron.
Cuando volvieron junto a Eliseo, que se haba quedado en Jeric, l les dijo: -- No os dije yo que no fuerais?
Los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: -- Mira, el lugar en donde est colocada esta ciudad es bueno, como mi seor ve; pero las aguas son malas y la tierra es estril.
-- Traedme una vasija nueva y poned en ella sal -- dijo l. Cuando se la trajeron,
Eliseo fue hacia los manantiales de las aguas, ech dentro la sal y dijo: -- As ha dicho Jehov: "Yo san estas aguas, ya no habr en ellas muerte ni enfermedad".
Y fueron saneadas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que pronunci Eliseo.
Despus Eliseo sali de all hacia Bet-el. Suba por el camino, cuando unos muchachos salieron de la ciudad y se burlaban de l, diciendo: "Sube, calvo! Sube, calvo!".
Mir l hacia atrs, los vio y los maldijo en nombre de Jehov. Salieron dos osos del monte y despedazaron a cuarenta y dos de esos muchachos.
De all se fue al monte Carmelo, y de all regres a Samaria.
Joram hijo de Acab comenz a reinar en Samaria sobre Israel en el ao dieciocho de Josafat, rey de Jud. Rein doce aos.
Pero hizo lo malo a los ojos de Jehov, aunque no como su padre y su madre, pues quit las estatuas de Baal que su padre haba hecho.
No obstante, se entreg a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel, y no se apart de ellos.
Mesa, rey de Moab, era propietario de ganados y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con su lana.
Pero cuando Acab muri, el rey de Moab se rebel contra el rey de Israel.
Sali entonces de Samaria el rey Joram y pas revista a todo Israel.
Fue y envi a decir a Josafat, rey de Jud: "El rey de Moab se ha rebelado contra m: quieres venir conmigo a la guerra contra Moab?". El rey de Jud respondi: "Ir, porque yo soy como t, mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como los tuyos".
Y aadi: "Por qu camino iremos?". Joram respondi: "Por el camino del desierto de Edom".
Salieron, pues, el rey de Israel, el rey de Jud y el rey de Edom. Como tuvieron que dar un rodeo por el desierto, a los siete das de camino les falt agua para el ejrcito y para las bestias que los seguan.
Entonces el rey de Israel dijo: -- Ah! Jehov ha llamado a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.
Pero Josafat dijo: -- Acaso no hay aqu profeta de Jehov para que consultemos a Jehov por medio de l? Uno de los siervos del rey de Israel dijo: -- Aqu est Eliseo hijo de Safat, que serva a Elas.
-- Este tendr palabra de Jehov -- afirm Josafat. El rey de Israel, Josafat y el rey de Edom descendieron hacia donde l estaba.
Pero Eliseo dijo al rey de Israel: -- Qu tengo yo que ver contigo? Vete a los profetas de tu padre y a los profetas de tu madre! El rey de Israel le respondi: -- No, porque Jehov ha reunido a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.
Eliseo dijo: -- Vive Jehov de los ejrcitos, en cuya presencia estoy!, que si no sintiera respeto por Josafat, rey de Jud, no te mirara a ti ni te vera.
Pero ahora traedme un msico. Mientras el msico tocaba, la mano de Jehov se pos sobre Eliseo,
quien dijo: "As ha dicho Jehov: "Haced en este valle muchos estanques".
Porque as dice Jehov: "No veris viento, ni veris lluvia, pero este valle se llenar de agua y beberis vosotros, vuestras bestias y vuestros ganados".
Y como esto es poca cosa a los ojos de Jehov, l entregar tambin a los moabitas en vuestras manos.
Destruiris toda ciudad fortificada y toda villa hermosa, talaris todo buen rbol, cegaris todas las fuentes de aguas y destruiris con piedras toda tierra frtil".
Aconteci, pues, que a la maana, cuando se ofrece el sacrificio, de la parte de Edom vinieron las aguas y la tierra se inund.
Al enterarse todos los de Moab que los reyes suban a pelear contra ellos, se juntaron desde los que apenas podan ceir armadura en adelante, y se pusieron en la frontera.
Cuando se levantaron por la maana y brill el sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como sangre
y dijeron: "Esto es sangre derramada a espada! Los reyes se han vuelto uno contra otro y cada uno ha dado muerte a su compaero. Conque al botn, Moab!".
Pero cuando llegaron al campamento de Israel, se levantaron los israelitas y atacaron a los de Moab, los cuales huyeron ante ellos. Entonces los persiguieron, mataron a los de Moab,
asolaron las ciudades y en todas las tierras frtiles ech cada uno su piedra y las llenaron. Cegaron tambin todas las fuentes de las aguas y derribaron todos los buenos rboles. Slo qued en pie la ciudad de Kir-hareset, pero los honderos la rodearon y la destruyeron.
Cuando el rey de Moab vio que lo vencan en la batalla, tom consigo setecientos hombres que manejaban espada para atacar al rey de Edom; pero no pudieron hacerlo.
Entonces tom a su primognito, que haba de reinar en su lugar, y lo sacrific en holocausto sobre el muro. Esto provoc tan gran enojo contra Israel, que se alejaron de all y regresaron a su tierra.
Una de las mujeres de los hijos de los profetas clam a Eliseo diciendo: -- Tu siervo, mi marido, ha muerto, y t sabes que tu siervo era temeroso de Jehov. Pero el acreedor ha venido para llevarse a dos hijos mos como siervos.
Eliseo le dijo: -- Qu puedo yo hacer por ti? Dime qu tienes en tu casa. Ella respondi: -- Tu sierva no tiene ninguna cosa en la casa, sino una vasija de aceite.
l le dijo: -- Ve y pdeles vasijas prestadas a todos tus vecinos, vasijas vacas, todas las que puedas conseguir.
Luego entra y encirrate junto a tus hijos. Ve llenando todas las vasijas y poniendo aparte las que estn llenas.
Se fue la mujer y se encerr con sus hijos. Ellos le traan las vasijas y ella echaba del aceite.
Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a uno de sus hijos: -- Treme otras vasijas. -- No hay ms vasijas -- respondi l. Entonces ces el aceite.
Ella fue a contrselo al hombre de Dios, el cual dijo: -- Ve, vende el aceite y paga a tus acreedores; t y tus hijos vivid de lo que quede.
Aconteci tambin que un da pasaba Eliseo por Sunem, y una mujer importante que all viva le invit insistentemente a que se quedara a comer. Cuando l pasaba por all, vena a la casa de ella a comer.
Entonces la mujer dijo a su marido: -- Mira, yo s que este que siempre pasa por nuestra casa es un santo hombre de Dios.
Te ruego que hagamos un pequeo aposento de paredes, pongamos all una cama, una mesa, una silla y un candelabro, para que cuando l venga a visitarnos, se quede en l.
Aconteci que un da vino l por all, se qued en aquel aposento y all durmi.
Entonces dijo a Giezi, su criado: -- Llama a esta sunamita. El criado la llam, y cuando ella se present ante l,
Eliseo dijo a Giezi: -- Dile: "Ciertemente te has mostrado solcita hacia nosotros con todo este esmero; qu quieres que haga por ti? Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejrcito?". -- Yo habito en medio de mi pueblo -- respondi ella.
-- Qu, pues, haremos por ella? -- dijo l. Y Giezi respondi: -- Ella no tiene hijos y su marido es viejo.
-- Llmala -- dijo Eliseo. l la llam y ella se par en la puerta.
Entonces Eliseo le dijo: -- El ao que viene, por este tiempo, sostendrs un hijo en tus brazos. Ella dijo: -- No, seor mo, varn de Dios, no te burles de tu sierva.
Al ao siguiente, la mujer concibi y dio a luz un hijo, en el tiempo que Eliseo le haba dicho.
Y el nio creci. Pero un da en que vino a ver a su padre, que estaba con los segadores,
comenz a gritarle: -- Ay, mi cabeza, mi cabeza! -- Llvalo a su madre -- dijo el padre a un criado.
Este lo tom y lo llev a su madre, la cual lo tuvo sentado sobre sus rodillas hasta el medioda, cuando muri.
Subi ella entonces, lo puso sobre la cama del hombre de Dios y, cerrando la puerta, sali.
Luego llam a su marido y le dijo: -- Te ruego que enves conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo a ver al varn de Dios y regrese enseguida.
-- Para qu vas a verlo hoy? No es luna nueva ni da de reposo --dijo l. -- Qudate tranquilo -- respondi ella.
Despus hizo ensillar el asna, y dijo al criado: -- Gua y adelante. No hagas que me detenga en el camino, sino cuando yo te lo diga.
Parti, pues, y lleg al monte Carmelo, donde estaba el varn de Dios. Cuando el varn de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: -- Ah viene la sunamita.
Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla y le digas: "Te va bien a ti? Les va bien a tu marido y a tu hijo?". -- Bien -- dijo ella.
Cuando lleg adonde estaba el varn de Dios en el monte, se asi de sus pies. Giezi se acerc para apartarla, pero el varn de Dios le dijo: -- Djala, porque su alma est muy angustiada y Jehov me ha ocultado el motivo; no me lo ha revelado.
Ella dijo: -- Acaso le ped yo un hijo a mi seor? No te dije yo que no te burlaras de m?
Eliseo dijo entonces a Giezi: -- Cie tu cintura, toma mi bastn en tu mano y ve. Si te encuentras con alguien, no lo saludes, y si alguien te saluda, no le respondas. Luego pondrs mi bastn sobre el rostro del nio.
La madre del nio dijo: -- Vive Jehov y vive tu alma, que no te dejar!
Eliseo se levant entonces y la sigui. Giezi se haba adelantado a ellos y haba puesto el bastn sobre el rostro del nio, pero este no tena voz ni daba seales de vida; as que volvi a encontrarse con Eliseo y le dijo: -- El nio no despierta.
Cuando Eliseo lleg a la casa, el nio ya estaba muerto, tendido sobre su cama.
Entr l entonces, cerr la puerta detrs de ambos y or a Jehov.
Despus subi y se tendi sobre el nio, poniendo su boca sobre la boca de l, sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas. Se tendi as sobre l y el cuerpo del nio entr en calor.
Luego se levant y se pase por la casa de una a otra parte. Despus subi y se tendi sobre el nio nuevamente. Entonces el nio estornud siete veces y abri sus ojos.
Eliseo llam a Giezi y le dijo: "Llama a la sunamita". Giezi la llam y, cuando ella entr, l le dijo: "Toma tu hijo".
Apenas ella entr, se ech a sus pies, postrada en tierra. Despus tom a su hijo y sali.
Eliseo volvi a Gilgal cuando haba mucha hambre en la tierra. Los hijos de los profetas estaban con l, por lo que dijo a su criado: "Pon una olla grande y haz potaje para los hijos de los profetas".
Uno de ellos sali al campo a recoger hierbas, hall una como parra monts y llen su falda de calabazas silvestres. Regres y las reban en la olla del potaje, pues no saba lo que era.
Despus sirvi para que comieran los hombres. Pero sucedi que al comer ellos de aquel guisado, empezaron a gritar: -- Hombre de Dios, hay muerte en esa olla! Y no se lo pudieron comer.
Entonces Eliseo dijo: "Traed harina". La esparci en la olla y dijo: "Da de comer a la gente". Y no haba ya ningn mal en la olla.
Lleg entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al hombre de Dios primicias de pan, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y Eliseo dijo: -- Da a la gente para que coma.
Su sirviente respondi: -- Cmo podr servir esto a cien hombres? Pero Eliseo insisti: -- Da a la gente para que coma, porque as ha dicho Jehov: "Comern y sobrar".
Entonces el criado les sirvi, ellos comieron y les sobr, conforme a la palabra de Jehov.
Naamn, general del ejrcito del rey de Siria, era un hombre que gozaba de gran prestigio delante de su seor, quien lo tena en alta estima, pues por medio de l haba dado Jehov salvacin a Siria. Era este un hombre valeroso en extremo, pero leproso.
De Siria haban salido bandas armadas que se llevaron cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual se qued al servicio de la mujer de Naamn.
Esta dijo a su seora: -- Si rogara mi seor al profeta que est en Samaria, l lo sanara de su lepra.
Naamn fue y se lo relat a su seor diciendo: "Esto y esto ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel".
Y el rey de Siria le respondi: -- Est bien, ve y yo enviar una carta al rey de Israel. Sali, pues, Naamn, llevando consigo diez talentos de plata, seis mil piezas de oro y diez mudas de vestidos,
y tambin le llev al rey de Israel una carta que deca: "Cuando recibas esta carta, sabrs por ella que yo te envo a mi siervo Naamn para que lo sanes de su lepra".
Luego que el rey de Israel ley la carta, rasg sus vestidos y dijo: "Acaso soy yo Dios, que da vida y la quita, para que este me enve a un hombre a que lo sane de su lepra? Considerad ahora y ved cmo busca ocasin contra m".
Cuando Eliseo, el varn de Dios, oy que el rey de Israel haba rasgado sus vestidos, envi a decir al rey: "Por qu has rasgado tus vestidos? Que venga a m y sabr que hay un profeta en Israel".
Lleg Naamn con sus caballos y su carro y se par a las puertas de la casa de Eliseo.
Entonces Eliseo le envi un mensajero a decirle: "Ve y lvate siete veces en el Jordn; tu carne se restaurar y sers limpio".
Naamn se fue enojado diciendo: "Yo que pensaba: "De seguro saldr enseguida, y puesto en pie invocar el nombre de Jehov, su Dios, alzar su mano, tocar la parte enferma y sanar la lepra".
Abana y Farfar, ros de Damasco, no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavo en ellos, no quedar limpio tambin?". Y muy enojado se fue de all.
Pero sus criados se le acercaron y le dijeron: -- Padre mo, si el profeta te mandara hacer algo difcil, no lo haras? Cunto ms si solo te ha dicho: "Lvate y sers limpio"?
Descendi entonces Naamn y se zambull siete veces en el Jordn, conforme a la palabra del varn de Dios, y su carne se volvi como la carne de un nio, y qued limpio.
Luego volvi con todos sus acompaantes adonde estaba el hombre de Dios, se present delante de l y le dijo: -- Ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas un presente de tu siervo.
Pero l dijo: -- Vive Jehov, en cuya presencia estoy!, que no lo aceptar. Y aunque le instaba a que aceptara alguna cosa, Eliseo no quiso.
Entonces Naamn dijo: -- Te ruego, pues, no se dar a tu siervo de esta tierra la carga de un par de mulas? Porque de aqu en adelante tu siervo no sacrificar holocausto ni ofrecer sacrificio a otros dioses, sino a Jehov.
En esto perdone Jehov a tu siervo: cuando mi seor, el rey, entre en el templo de Rimn para adorar all, y se apoye sobre mi brazo, si yo tambin me inclino en el templo de Rimn, si hago tal cosa, que Jehov perdone en esto a tu siervo.
Eliseo le respondi: -- Ve en paz. Se fue, pues, y camin como media legua de tierra.
Entonces Giezi, criado de Eliseo, el varn de Dios, pens: "Mi seor ha dejado marchar a este sirio, Naamn, sin aceptar de sus manos las cosas que haba trado. Vive Jehov, que correr tras l a ver si obtengo alguna cosa!".
Sigui Giezi a Naamn, y cuando Naamn vio que vena corriendo detrs de l, se baj del carro para recibirlo, y le pregunt: -- Va todo bien?
-- Todo bien -- respondi l -- . Pero mi seor me enva a decirte: "Acaban de venir a verme de los montes de Efran dos jvenes de los hijos de los profetas; te ruego que les des un talento de plata y dos vestidos nuevos".
Naamn dijo: -- Toma, por favor, los dos talentos. Le insisti y at los dos talentos de plata en dos bolsas, junto con dos vestidos nuevos, y lo dio todo a dos de sus criados para que lo llevaran a cuestas delante de Giezi.
Cuando lleg a un lugar secreto, lo tom de manos de ellos y lo guard en la casa. Luego mand a los hombres que se fueran.
Entonces entr y se present ante su seor. Eliseo le dijo: -- De dnde vienes, Giezi? -- Tu siervo no ha ido a ninguna parte -- respondi l.
Pero Eliseo insisti: -- Cuando aquel hombre descendi de su carro para recibirte, no estaba tambin all mi corazn? Acaso es tiempo de tomar plata y tomar vestidos, olivares, vias, ovejas, bueyes, siervos y siervas?
Por tanto, la lepra de Naamn se te pegar a ti y a tu descendencia para siempre. Y sali de su presencia leproso, blanco como la nieve.
Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: -- Mira, el lugar en que vivimos contigo es estrecho para nosotros.
Vayamos ahora al Jordn, tomemos cada uno una viga y hagamos all un lugar donde habitar. -- Id, pues -- respondi Eliseo.
-- Te rogamos que vengas con tus siervos -- dijo uno. -- Ir -- respondi l.
Se fue, pues, con ellos y, cuando llegaron al Jordn, cortaron la madera.
Pero aconteci que mientras uno derribaba un rbol se le cay el hacha al agua, y grit diciendo: -- Ah, seor mo, era prestada!
-- Dnde cay? -- pregunt el varn de Dios. l le mostr el lugar. Entonces Eliseo cort un palo, lo ech all e hizo flotar el hacha.
-- Recgela -- dijo Eliseo. El otro extendi la mano y la recogi.
Estaba el rey de Siria en guerra contra Israel, y en consejo con sus siervos dijo: "En tal y tal lugar estar mi campamento".
Entonces el varn de Dios envi a decir al rey de Israel: "No pases por tal lugar, porque los sirios van hacia all".
De manera que el rey de Israel enviaba gente a aquel lugar que el varn de Dios le haba dicho. As lo hizo una y otra vez con el fin de cuidarse.
El corazn del rey de Siria se turb por esto, as que llam a sus siervos y les dijo: -- No me descubriris vosotros quin de los nuestros est de parte del rey de Israel?
Uno de los siervos respondi: -- No, rey y seor mo; el profeta Eliseo, que est en Israel, es el que hace saber al rey de Israel las palabras que t hablas en tu habitacin ms secreta.
El rey orden: -- Id y ved dnde est, para que yo enve a apresarlo. Alguien le dijo: -- Est en Dotn.
Y el rey envi all gente de a caballo, carros y un gran ejrcito, los cuales llegaron de noche y sitiaron la ciudad.
El criado que serva al varn de Dios se levant de maana y sali. Al ver que el ejrcito tena sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros, dijo a Eliseo: -- Ah, seor mo! qu haremos?
Eliseo respondi: -- No tengas miedo, porque ms son los que estn con nosotros que los que estn con ellos.
Y or Eliseo, diciendo: "Te ruego, Jehov, que abras sus ojos para que vea". Jehov abri entonces los ojos del criado, y este vio que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
Cuando los sirios descendan hacia l, or Eliseo a Jehov, y dijo: "Te ruego que hieras con ceguera a esta gente". Y Jehov los hiri con ceguera, conforme a la peticin de Eliseo.
Despus les dijo Eliseo: "No es este el camino ni es esta la ciudad; seguidme y yo os guiar al hombre que buscis". Y los gui a Samaria.
Cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: "Jehov, abre los ojos de estos para que vean". Jehov les abri los ojos y vieron que se hallaban en medio de Samaria.
Al verlos el rey de Israel, le pregunt a Eliseo: -- Los matar, padre mo?
l le respondi: -- No los mates. Mataras t a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Srveles pan y agua; que coman y beban, y que vuelvan a sus seores.
Entonces se les prepar una gran comida. Cuando hubieron comido y bebido, los despidi, y ellos volvieron a su seor. Y nunca ms vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de Israel.
Despus de esto aconteci que Ben-adad, rey de Siria, reuni todo su ejrcito, subi y siti a Samaria.
A consecuencia de aquel sitio, hubo una gran hambruna en Samaria; tan duro era, que la cabeza de un asno se venda por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estircol de palomas por cinco piezas de plata.
Al pasar un da el rey de Israel por el muro, una mujer le grit: -- Aydanos, rey y seor mo.
El rey respondi: -- Si no te salva Jehov, con qu te puedo salvar yo? Con lo del granero o del lagar?
Y aadi el rey: -- Qu tienes? Ella respondi: -- Esta mujer me dijo: "Trae ac a tu hijo, nos lo comemos hoy y maana comeremos al mo".
Cocimos, pues, a mi hijo, y nos lo comimos. Al da siguiente yo le dije: "Trae ac a tu hijo para que nos lo comamos". Pero ella ha escondido a su hijo.
Cuando el rey oy las palabras de aquella mujer, rasg sus vestidos, pas por el muro y el pueblo vio las ropas speras que traa ceidas a su cuerpo.
Y el rey exclam: "Traiga Dios sobre m el peor de los castigos, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda hoy sobre sus hombros".
Eliseo estaba sentado en su casa, y con l estaban sentados los ancianos. El rey le haba enviado un hombre, pero antes que el mensajero llegara, Eliseo dijo a los ancianos: -- No habis visto cmo este hijo de homicida enva a cortarme la cabeza? Mirad, pues, cuando llegue el mensajero cerrad la puerta e impedidle entrar. Acaso no se oye tras l el ruido de los pasos de su amo?
An estaba hablando con ellos, cuando el mensajero descendi adonde l estaba y le dijo: -- Ciertamente todo este mal viene de Jehov. Qu puedo esperar ya de l?
Dijo entonces Eliseo: -- Od la palabra de Jehov: As dijo Jehov: "Maana a estas horas valdr un siclo el seah de flor de harina, y un siclo dos seahs de cebada, a la puerta de Samaria".
Un prncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondi al varn de Dios y le dijo: -- Si Jehov abriera ahora ventanas en el cielo, sera esto as? l dijo: -- T lo vers con tus propios ojos, pero no comers de ello.
Haba a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, y se decan los unos a los otros: -- Por qu estamos aqu esperando la muerte?
Si tratamos de entrar en la ciudad, moriremos en ella, por el hambre que hay en la ciudad; y si nos quedamos aqu, tambin moriremos. Vamos, pues, ahora y pasmonos al campamento de los sirios: si ellos nos dan la vida, viviremos, y si nos dan la muerte, moriremos.
Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios, y al llegar a la entrada del campamento de los sirios, no haba all nadie.
Jehov haba hecho que en el campamento de los sirios se oyera estruendo de carros, ruido de caballos y el estrpito de un gran ejrcito, por lo que se dijeron unos a otros: "El rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios para que vengan a atacarnos".
As que se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos y el campamento tal cual estaba. Huyeron para salvar sus vidas.
Cuando los leprosos llegaron al lmite del campamento, entraron en una tienda, comieron y bebieron, tomaron de all plata, oro y vestidos, y fueron a esconderlos. Despus volvieron, entraron en otra tienda, y de all tambin tomaron cosas que fueron a esconder.
Luego se dijeron unos a otros: -- No estamos haciendo bien. Hoy es da de buenas noticias y nosotros callamos. Si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzar nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la noticia en la casa del rey.
Fueron, pues, llamaron a los guardias de la puerta de la ciudad, y les gritaron diciendo: "Nosotros fuimos al campamento de los sirios y no haba all nadie, ni se oa ninguna voz humana; solo estaban los caballos atados, los asnos tambin atados y el campamento intacto".
Los porteros gritaron y lo anunciaron dentro, en el palacio del rey.
Se levant el rey de noche y dijo a sus siervos: -- Os voy a decir lo que nos han hecho los sirios. Ellos saben que tenemos hambre, han salido de las tiendas y se han escondido en el campo, pensando: "Cuando hayan salido de la ciudad, los tomaremos vivos y entraremos en ella".
Entonces uno de sus siervos propuso: -- Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los que quedan ac tambin perecern, como toda la multitud de Israel que ya ha perecido). Los enviaremos para ver qu pasa.
Tomaron, pues, dos caballos de un carro y los envi el rey al campamento de los sirios, diciendo: "Id y ved".
Ellos los siguieron hasta el Jordn y vieron que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios haban arrojado por la premura. Regresaron los mensajeros y lo hicieron saber al rey.
Entonces el pueblo sali y saque el campamento de los sirios. Y, conforme a la palabra de Jehov, fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo.
El rey haba puesto a la puerta a aquel prncipe sobre cuyo brazo l se apoyaba, pero el pueblo lo atropell a la entrada, y muri, conforme a lo que haba dicho el varn de Dios cuando el rey descendi a l.
Aconteci, pues, de la manera que el varn de Dios haba anunciado al rey, al decir: "Sern vendidos por un siclo dos seahs de cebada, y el seah de flor de harina ser vendido por un siclo maana a estas horas, a la puerta de Samaria".
A lo cual aquel prncipe haba respondido al varn de Dios: "Si Jehov abriera ventanas en el cielo, pudiera suceder esto?". Y l le haba dicho: "T lo vers con tus ojos, pero no comers de ello".
Y as le sucedi, porque el pueblo lo atropell a la entrada, y muri.
Habl Eliseo con aquella mujer a cuyo hijo l haba revivido, y le dijo: "Levntate, vete t y toda tu casa a vivir donde puedas, porque Jehov ha llamado al hambre, la cual vendr sobre la tierra por siete aos".
Entonces la mujer se levant e hizo como el varn de Dios le dijo: ella y su familia se fueron a vivir durante siete aos a tierra de los filisteos.
Cuando pasaron los siete aos, la mujer volvi de la tierra de los filisteos, y fue a implorar al rey por su casa y por sus tierras.
El rey estaba hablando con Giezi, criado del varn de Dios, y le deca: "Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo".
Y mientras Giezi le contaba al rey cmo haba revivido a un muerto, lleg la mujer a cuyo hijo l haba revivido, para implorar al rey por su casa y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: "Rey y seor mo, esta es la mujer y este es su hijo, al cual Eliseo revivi".
El rey pregunt a la mujer y ella se lo cont. Entonces el rey le orden a un oficial: "Haz que le devuelvan todas las cosas que eran suyas y todos los frutos de sus tierras, desde el da que dej el pas hasta ahora".
Luego Eliseo se fue a Damasco. Ben-adad, rey de Siria, estaba enfermo, y le avisaron: "El varn de Dios ha venido aqu".
Entonces el rey dijo a Hazael: "Toma en tus manos un presente, ve a recibir al varn de Dios y consulta por medio de l a Jehov, preguntando: "Sanar de esta enfermedad?"".
Tom, pues, Hazael en sus manos un presente de entre los bienes de Damasco, cargados en cuarenta camellos, y fue a su encuentro. Al llegar, se detuvo ante l y le dijo: -- Tu hijo Ben-adad, rey de Siria, me ha enviado a preguntarte: "Sanar de esta enfermedad?".
Eliseo le dijo: -- Ve y dile: "Seguramente sanars". Sin embargo, Jehov me ha revelado que ciertamente morir.
El varn de Dios lo mir fijamente y estuvo as hasta hacer que se ruborizara. Luego el varn de Dios se ech a llorar.
Entonces Hazael le pregunt: -- Por qu llora mi seor? l respondi: -- Porque s el mal que vas a hacer a los hijos de Israel: Pegars fuego a sus fortalezas, a sus jvenes matars a espada, estrellars a sus nios y abrirs el vientre a las mujeres que estn encintas.
Hazael dijo: -- Pues, qu es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas? Eliseo respondi: -- Jehov me ha revelado que t sers rey de Siria.
Hazael se fue y se present ante su seor, el cual le pregunt: -- Qu te ha dicho Eliseo? l respondi: -- Me dijo que seguramente sanars.
Pero al da siguiente tom un pao, lo meti en agua y lo puso sobre el rostro de Ben-adad, el cual muri. En su lugar rein Hazael.
En el quinto ao de Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenz a reinar Joram hijo de Josafat, rey de Jud. Hasta entonces Josafat haba sido rey de Jud.
Tena Joram treinta y dos aos cuando comenz a reinar y rein ocho aos en Jerusaln.
Anduvo en el camino de los reyes de Israel, como haba hecho la casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer, as que hizo lo malo ante los ojos de Jehov.
Con todo, Jehov no quiso destruir a Jud, por amor a David, su siervo, pues haba prometido darles una lmpara a l y a sus hijos para siempre.
En tiempos de Joram se rebel Edom contra el dominio de Jud y proclamaron su propio rey.
Joram, con todos sus carros, pas por tanto a Zair. Se levant por la noche y atac a los de Edom, los cuales lo haban sitiado junto con los capitanes de los carros, pero el pueblo huy a sus tiendas.
No obstante, Edom se liber del dominio de Jud, hasta hoy. En aquel tiempo tambin se rebel Libna.
Los dems hechos de Joram y todo lo que hizo, no estn escritos en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
Joram durmi con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. En su lugar rein Ocozas, su hijo.
En el ao doce de Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenz a reinar Ocozas hijo de Joram, rey de Jud.
Ocozas tena veintids aos cuando comenz a reinar y rein un ao en Jerusaln. El nombre de su madre fue Atala, hija de Omri, rey de Israel.
Anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehov, como la casa de Acab, porque era yerno de la casa de Acab.
Parti con Joram hijo de Acab para hacer la guerra a Hazael, rey de Siria, en Ramot de Galaad, pero los sirios hirieron a Joram.
El rey Joram regres a Jezreel para curarse de las heridas que los sirios le hicieron frente a Ramot, cuando peleaba contra Hazael, rey de Siria. Como Joram hijo de Acab estaba enfermo, Ocozas hijo de Joram, rey de Jud, descendi a visitarlo en Jezreel.
Entonces el profeta Eliseo llam a uno de los hijos de los profetas y le dijo: "Cie tu cintura, toma esta redoma de aceite en tus manos y ve a Ramot de Galaad.
Cuando llegues all, vers all a Jeh hijo de Josafat hijo de Nimsi. Entra, haz que se levante de entre sus hermanos y llvalo a otra habitacin.
Toma luego la redoma de aceite, derrmala sobre su cabeza y di: "As dice Jehov: Yo te he ungido como rey de Israel". Entonces abre la puerta y echa a correr sin detenerte".
Parti, pues, el joven profeta hacia Ramot de Galaad.
Cuando lleg, los jefes del ejrcito estaban reunidos. Entonces dijo: -- Jefe, tengo que decirte una palabra. -- A cul de todos nosotros? -- pregunt Jeh. -- A ti, jefe -- respondi el profeta.
Jeh se levant y entr en la casa. Entonces el otro derram el aceite sobre su cabeza y le dijo: -- As dijo Jehov, Dios de Israel: "Yo te he ungido como rey del pueblo de Jehov, de Israel.
Herirs la casa de Acab, tu seor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas y la sangre de todos los siervos de Jehov, derramada por la mano de Jezabel.
Toda la casa de Acab perecer y exterminar a todo varn de Acab en Israel, tanto al siervo como al libre.
Tratar a la casa de Acab como a la casa de Jeroboam hijo de Nabat y como a la casa de Baasa hijo de Ahas.
A Jezabel se la comern los perros en el campo de Jezreel y no habr quien la sepulte". En seguida abri la puerta y ech a correr.
Cuando Jeh sali a reunirse con los siervos de su seor, estos le dijeron: -- Todo va bien? Para qu vino a verte ese loco? -- Vosotros conocis a ese hombre y lo que dijo -- respondi l.
-- Mentira; cuntanoslo ahora -- dijeron ellos. Jeh respondi: -- Esto y esto me ha hablado: "As ha dicho Jehov: 'Yo te he ungido como rey de Israel' ".
Entonces cada uno tom apresuradamente su manto y lo puso debajo de Jeh en un trono alto. Luego tocaron la bocina y gritaron: "Jeh es el rey".
As conspir Jeh hijo de Josafat hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba entonces Joram defendiendo a Ramot de Galaad con todo Israel, a causa de Hazael, rey de Siria.
Pero el rey Joram haba vuelto a Jezreel para curarse de las heridas que los sirios le haban hecho cuando peleaba contra Hazael, rey de Siria.) Y Jeh dijo: "Si esta es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad para ir a dar la noticia en Jezreel".
Jeh cabalg entonces y se fue a Jezreel, porque Joram estaba all enfermo. Tambin estaba all Ocozas, rey de Jud, que haba descendido a visitar a Joram.
El atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la tropa de Jeh que vena, y dijo: -- Veo una tropa. Joram dijo: -- Ordena a un jinete que vaya a reconocerlos y les pregunte: "Vienen en son de paz?".
Fue, pues, el jinete a reconocerlos y les pregunt: -- El rey dice: "Vienen en son de paz?". Jeh le dijo: -- Qu tienes t que ver con la paz? Ponte detrs de m. Luego el atalaya avis diciendo: -- El mensajero lleg hasta ellos, pero no vuelve.
Entonces el rey envi otro jinete, que al llegar adonde estaban ellos, dijo: -- El rey dice as: "Vienen en son de paz?". Y Jeh respondi: -- Qu tienes t que ver con la paz? Ponte detrs de m.
El atalaya volvi a decir: -- Tambin este lleg hasta ellos, pero no vuelve, y el marchar del que viene es como el marchar de Jeh hijo de Nimsi, pues viene impetuosamente.
Entonces dijo Joram: -- Unce el carro. Cuando estaba uncido su carro, salieron Joram, rey de Israel, y Ocozas, rey de Jud, cada uno en su carro, y partieron al encuentro de Jeh, al cual hallaron en la heredad de Nabot, el de Jezreel.
Cuando vio Joram a Jeh, dijo: -- Vienes en son paz, Jeh? l respondi: -- Qu paz puede haber con las fornicaciones de Jezabel, tu madre, y sus muchas hechiceras?
Entonces Joram volvi las riendas y huy, mientras le gritaba a Ocozas: -- Traicin, Ocozas!
Pero Jeh tens su arco e hiri a Joram por la espalda; la flecha le atraves el corazn y l cay en su carro.
Dijo luego Jeh a Bidcar, su capitn: "Levntalo y chalo a un extremo de la heredad de Nabot, el de Jezreel. Acurdate que cuando t y yo bamos juntos con la gente de Acab, su padre, Jehov pronunci esta sentencia sobre l:
"Yo he visto ayer la sangre de Nabot y la sangre de sus hijos, dijo Jehov, y en esta misma heredad te dar tu paga, dijo Jehov". Levntalo pues, ahora, y chalo en la heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehov".
Al ver esto Ocozas, rey de Jud, huy por el camino de la casa del huerto. Pero Jeh lo persigui diciendo: "Herid tambin a este que va en el carro". Lo hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam. Pero Ocozas huy a Meguido, y all muri.
Sus siervos lo llevaron en un carro a Jerusaln y all lo sepultaron con sus padres, en su sepulcro de la ciudad de David.
En el undcimo ao de Joram hijo de Acab comenz a reinar Ocozas sobre Jud.
Despus se fue Jeh a Jezreel. Al enterarse Jezabel, se pint los ojos con antimonio, atavi su cabeza y se asom a una ventana.
Y cuando entraba Jeh por la puerta, ella dijo: -- Todo le va bien a Zimri, asesino de su seor?
Alz l entonces su rostro hacia la ventana y dijo: -- Quin est conmigo? quin? Se inclinaron hacia l dos o tres eunucos.
Y Jeh les orden: -- Echadla abajo. Ellos la echaron, y parte de su sangre salpic la pared y los caballos. Y l la atropell.
Entr luego Jeh, y despus que comi y bebi, dijo: -- Id ahora a ver a aquella maldita y sepultadla, pues es hija de rey.
Pero cuando fueron a sepultarla no hallaron de ella ms que la calavera, los pies y las palmas de las manos.
Entonces regresaron a comunicrselo. Y l dijo: -- Esta es la palabra que Dios pronunci por medio de su siervo Elas, el tisbita: "En la heredad de Jezreel se comern los perros las carnes de Jezabel.
El cuerpo de Jezabel ser como estircol sobre la superficie del campo en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: 'Esta es Jezabel' ".
Acab tena en Samaria setenta hijos, as que Jeh escribi cartas y las envi a Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a los tutores de los hijos de Acab, diciendo:
"Inmediatamente que lleguen estas cartas a vosotros, como tenis a los hijos de vuestro seor, y tambin tenis carros y gente de a caballo, la ciudad fortificada y las armas,
escoged al mejor y al ms recto de los hijos de vuestro seor, ponedlo en el trono de su padre y pelead por la casa de vuestro seor".
Pero ellos tuvieron gran temor y dijeron: "Si dos reyes no pudieron resistirle, cmo le resistiremos nosotros?".
Entonces el mayordomo, el gobernador de la ciudad, los ancianos y los tutores enviaron a decir a Jeh: "Siervos tuyos somos y haremos todo lo que nos mandes. No elegiremos como rey a ninguno, haz lo que bien te parezca".
Les escribi por segunda vez diciendo: "Si estis de mi parte y queris obedecerme, tomad las cabezas de los hijos varones de vuestro seor y venid a verme a Jezreel maana a esta hora". Los setenta hijos varones del rey estaban con los principales de la ciudad, que los criaban.
Cuando recibieron las cartas, tomaron a los hijos del rey y degollaron a los setenta varones; pusieron sus cabezas en canastas y se las enviaron a Jezreel.
Y lleg un mensajero a darle la noticia diciendo: -- Han trado las cabezas de los hijos del rey. l le respondi: -- Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta, hasta la maana.
A la maana siguiente sali Jeh y, puesto en pie, dijo a todo el pueblo: "Vosotros sois inocentes. Fui yo quien conspir contra mi seor y le dio muerte; pero, quin ha dado muerte a todos estos?
Sabed ahora que de la palabra que Jehov habl sobre la casa de Acab nada caer en tierra, y que Jehov ha cumplido lo que dijo por medio de su siervo Elas".
Mat entonces Jeh a todos los que haban quedado de la casa de Acab en Jezreel, a todos sus prncipes, a todos sus familiares y a sus sacerdotes, hasta que no qued ninguno.
Luego se levant de all para ir a Samaria, y en el camino lleg a una casa de esquileo, de los pastores.
Hall all a los hermanos de Ocozas, rey de Jud, y les pregunt: -- Quines sois vosotros? Ellos respondieron: -- Somos hermanos de Ocozas y hemos venido a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina.
Entonces l dijo: "Apresadlos vivos". Despus que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de esquileo. Eran cuarenta y dos varones, y no qued ninguno de ellos.
Cuando parti de all, se encontr con Jonadab hijo de Recab. Despus que lo hubo saludado, le dijo: -- Es tan recto tu corazn como el mo lo es con el tuyo? -- Lo es -- respondi Jonadab. -- Puesto que lo es, dame la mano. Jonadab le dio la mano. Luego lo hizo subir consigo en el carro
y le dijo: -- Ven conmigo y vers mi celo por Jehov. Lo llev, pues, en su carro.
Luego que Jeh lleg a Samaria, mat a todos los descendientes de Acab que all haban quedado, hasta exterminarlos, conforme a la palabra que Jehov haba anunciado por medio de Elas.
Despus reuni Jeh a todo el pueblo y les dijo: "Acab sirvi poco a Baal, pero Jeh lo servir mucho.
Llamadme, pues, a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos y a todos sus sacerdotes, sin que falte ninguno, porque tengo un gran sacrificio que hacer a Baal y cualquiera que falte morir". Esto haca Jeh con astucia, para exterminar a los que honraban a Baal.
Luego dijo Jeh: "Santificad un da solemne a Baal". Y ellos lo convocaron.
Entonces envi Jeh mensajeros por todo Israel, y vinieron todos los adoradores de Baal, de tal manera que no hubo ninguno que no viniera. Entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llen de extremo a extremo.
Dijo entonces al encargado de las vestiduras: "Saca las vestiduras para todos los adoradores de Baal". l les sac las vestiduras.
Y entr Jeh con Jonadab hijo de Recab en el templo de Baal, y dijo a los adoradores de Baal: "Mirad y ved que no haya aqu entre vosotros alguno de los adoradores de Jehov, sino slo los adoradores de Baal".
Cuando ellos entraron para ofrecer sacrificios y holocaustos, Jeh puso fuera a ochenta hombres y les advirti: "Cualquiera que deje vivo a alguno de los hombres que yo he puesto en vuestras manos, lo pagar con su vida".
Despus que ellos acabaron de ofrecer el holocausto, Jeh dijo a los de su guardia y a los capitanes: "Entrad y matadlos; que no escape ninguno". Los de la guardia y los capitanes los mataron a espada y los dejaron tendidos. Luego fueron hasta el lugar santo del templo de Baal,
sacaron las estatuas del templo de Baal y las quemaron.
Quebraron la estatua de Baal, derribaron el templo de Baal y lo convirtieron en letrinas hasta hoy.
As Jeh extermin a Baal de Israel.
Con todo eso, Jeh no se apart de los pecados con que Jeroboam hijo de Nabat hizo pecar a Israel, y dej en pie los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan.
Y Jehov dijo a Jeh: "Por cuanto has obrado bien haciendo lo recto delante de mis ojos e hiciste a la casa de Acab conforme a todo lo que estaba en mi corazn, tus hijos se sentarn sobre el trono de Israel hasta la cuarta generacin".
Pero Jeh no se cuid de andar en la ley de Jehov, Dios de Israel, con todo su corazn, ni se apart de los pecados con que Jeroboam haba hecho pecar a Israel.
En aquellos das comenz Jehov a cercenar el territorio de Israel. Hazael los derrot en todas las fronteras,
desde el oriente del Jordn, por toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubn y de Manass, desde Aroer, que est junto al arroyo Arnn, hasta Galaad y Basn.
Los dems hechos de Jeh, todo lo que hizo y toda su valenta, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Durmi Jeh con sus padres y lo sepultaron en Samaria. En su lugar rein Joacaz, su hijo.
El tiempo que rein Jeh sobre Israel en Samaria fue de veintiocho aos.
Cuando Atala, madre de Ocozas, vio que su hijo haba muerto, se levant y destruy toda la descendencia real.
Pero Josaba, hija del rey Joram, hermana de Ocozas, tom a Jos hijo de Ocozas y lo sac furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y junto con su nodriza lo ocult de Atala en el dormitorio, y de esta forma no lo mataron.
Seis aos estuvo escondido con ella en la casa de Jehov, mientras Atala reinaba sobre el pas.
Pero al sptimo ao envi a llamar Joiada a los jefes de centena, capitanes y gente de la guardia, los meti consigo en la casa de Jehov. Hizo con ellos una alianza bajo juramento en la casa de Jehov, y les mostr al hijo del rey.
Luego les mand: "Esto es lo que habis de hacer: la tercera parte de vosotros estar de guardia de la casa del rey el sbado.
Otra tercera parte estar a la puerta de Shur, y la otra tercera parte a la puerta del cuartel de la guardia; as guardaris la casa, para que no sea allanada.
Pero las dos secciones de vosotros que salen de guardia el sbado tendris la guardia de la casa de Jehov, junto al rey.
Estaris alrededor del rey por todos lados, cada uno con sus armas en la mano, y cualquiera que penetre en las filas, morir. Acompaaris al rey cuando salga y cuando entre".
Los jefes de centenas hicieron todo como el sacerdote Joiada les haba mandado. Cada uno tom a los suyos, esto es, a los que entraban el sbado y a los que salan el sbado, y vinieron junto al sacerdote Joiada.
El sacerdote dio a los jefes de centena las lanzas y los escudos que haban pertenecido al rey David y estaban en la casa de Jehov.
Los de la guardia se pusieron en fila, cada uno con sus armas en la mano, desde el lado derecho hasta el lado izquierdo de la Casa, junto al altar y el Templo, alrededor del rey.
Sac entonces Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el Testimonio, y ungindolo lo hicieron rey. Luego batieron palmas y gritaron: "Viva el rey!".
Cuando Atala oy el estruendo del pueblo que corra, entr al templo de Jehov, donde estaban todos.
Mir y vio al rey, que estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, a los prncipes y los trompeteros junto al rey, y a todo el pueblo del pas que se regocijaba y tocaba las trompetas. Entonces Atala, rasgando sus vestidos, clam a voz en cuello: "Traicin, traicin!".
Pero el sacerdote Joiada orden a los jefes de centena que gobernaban el ejrcito: "Sacadla fuera del recinto del Templo, y al que la siga, matadlo a espada". Como el sacerdote haba dicho que no la mataran en el templo de Jehov,
le abrieron paso y la mataron en el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey.
Entonces Joiada hizo un pacto entre Jehov, el rey y el pueblo, que sera el pueblo de Jehov; asimismo entre el rey y el pueblo.
Luego todo el pueblo de la tierra entr en el templo de Baal y lo derribaron. Tambin despedazaron completamente sus altares y sus imgenes, y mataron a Matn, sacerdote de Baal, delante de los altares. Despus el sacerdote puso una guardia en la casa de Jehov,
tom a los jefes de centenas, los capitanes, la guardia y todo el pueblo del pas, y llevaron al rey, por el camino de la puerta de la guardia, desde la casa de Jehov hasta la casa del rey. Y se sent Jos en el trono de los reyes.
Todo el pueblo de la tierra se regocij. Y como Atala haba muerto a espada junto a la casa del rey, la ciudad permaneci tranquila.
Siete aos tena Jos cuando comenz a reinar.
En el sptimo ao de Jeh comenz a reinar Jos y rein cuarenta aos en Jerusaln. El nombre de su madre era Sibia, de Beerseba.
Jos hizo lo recto ante los ojos de Jehov todo el tiempo que lo dirigi el sacerdote Joiada.
Con todo, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo an sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
Jos dijo a los sacerdotes: "Todo el dinero consagrado que se acostumbra traer a la casa de Jehov, el dinero del rescate de cada persona, segn est estipulado, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad trae a la casa de Jehov,
que lo reciban los sacerdotes, cada uno de manos de sus familiares, y con l reparen los portillos del Templo dondequiera que se hallen grietas".
Pero en el ao veintitrs del rey Jos an no haban reparado los sacerdotes las grietas del Templo.
Llam entonces el rey Jos al sumo sacerdote Joiada y a los dems sacerdotes y les dijo: "Por qu no reparis las grietas del Templo? De ahora en adelante, pues, no tomis ms el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para reparar las grietas del Templo".
Los sacerdotes consintieron en no tomar ms dinero del pueblo, ni tener a su cargo reparar las grietas del Templo.
Pero el sumo sacerdote Joiada tom un cofre e hizo en la tapa un agujero, lo puso junto al altar, a la mano derecha conforme se entra en el templo de Jehov, y los sacerdotes que guardaban la puerta ponan all todo el dinero que se traa a la casa de Jehov.
Cuando vean que haba mucho dinero en el cofre, vena el secretario del rey y el Sumo sacerdote, contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehov y lo guardaban.
Entregaban el dinero suficiente a los que hacan la obra y a los que tenan a su cargo la casa de Jehov. Ellos lo gastaban en pagar a los carpinteros y maestros que reparaban la casa de Jehov,
y a los albailes y canteros; y en comprar la madera y la piedra de cantera para reparar las grietas de la casa de Jehov, y en todo lo que se gastaba en la Casa para repararla.
Pero de aquel dinero que se traa a la casa de Jehov, no se hacan tazas de plata, ni despabiladeras, ni jofainas, ni trompetas, ni ningn otro utensilio de oro ni de plata para el templo de Jehov,
pues lo daban a los que hacan la obra, y con l reparaban la casa de Jehov.
No se le peda cuentas a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo dieran a los que hacan la obra, porque ellos lo hacan fielmente.
El dinero por el pecado y el dinero por la culpa no se llevaba a la casa de Jehov, porque era de los sacerdotes.
Por ese entonces subi Hazael, rey de Siria, pele contra Gat y la tom. Luego Hazael se propuso subir contra Jerusaln,
por lo que Jos, rey de Jud, tom todas las ofrendas que haban dedicado sus antepasados Josafat, Joram y Ocozas, reyes de Jud, y las que l mismo haba dedicado, y todo el oro que se hall en los tesoros de la casa de Jehov y en la casa del rey, y lo envi a Hazael, rey de Siria, el cual se retir de Jerusaln.
Los dems hechos de Jos y todo lo que hizo, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
Sus siervos se levantaron, tramaron una conjura y mataron a Jos en la casa de Milo, cuando descenda a Sila.
As pues, sus siervos Josacar hijo de Simeat, y Jozabad hijo de Somer, lo hirieron y muri. Lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David. En su lugar rein Amasas, su hijo.
En el ao veintitrs de Jos hijo de Ocozas, rey de Jud, comenz a reinar sobre Israel en Samaria Joacaz hijo de Jeh. Rein diecisiete aos,
pero hizo lo malo ante los ojos de Jehov, pues sigui en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; y no se apart de ellos.
Por lo tanto se encendi el furor de Jehov contra Israel, y por largo tiempo los entreg en manos de Hazael, rey de Siria, y en manos de Ben-adad hijo de Hazael.
Pero Joacaz or en presencia de Jehov, y Jehov lo escuch, porque haba visto la afliccin de Israel, pues el rey de Siria los afliga.
(Y dio Jehov un salvador a Israel que los sac del poder de los sirios, y habitaron los hijos de Israel en sus tiendas, como antes.
Con todo, no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvieron, y tambin la imagen de Asera permaneci en Samaria.)
A Joacaz no le haba quedado gente, sino cincuenta hombres de a caballo, diez carros y diez mil hombres de a pie, pues el rey de Siria los haba destruido y los haba reducido a polvo del que se pisotea.
El resto de los hechos de Joacaz, todo lo que hizo y sus hazaas, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Joacaz durmi con sus padres y lo sepultaron en Samaria. En su lugar rein Jos, su hijo.
El ao treinta y siete de Jos, rey de Jud, comenz a reinar en Samaria sobre Israel Jos hijo de Joacaz. Rein diecisis aos,
pero hizo lo malo ante los ojos de Jehov: no se apart de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, sino que anduvo en ellos.
Los dems hechos de Jos, todo lo que hizo y la manera esforzada con que guerre contra Amasas, rey de Jud, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Jos durmi con sus padres y Jeroboam se sent sobre su trono. Jos fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel.
Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad que lo llevara a la muerte, cuando descendi a verlo Jos, rey de Israel, y llorando delante de l, dijo: -- Padre mo, padre mo, carro de Israel y su caballera!
Eliseo le dijo: -- Toma un arco y unas flechas. Tom l entonces un arco y unas flechas.
Luego dijo Eliseo al rey de Israel: -- Pon tu mano sobre el arco. Y puso l su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey
y dijo: -- Abre la ventana que da al oriente. Cuando l la abri, le dijo Eliseo: -- Tira. l lo hizo y Eliseo dijo: -- Flecha de salvacin de Jehov y flecha de salvacin contra Siria. T herirs a los sirios en Afec hasta exterminarlos.
Despus volvi a decir: -- Toma las flechas. Luego que el rey de Israel las tom, le orden: -- Golpea la tierra. l la golpe tres veces y se detuvo.
Entonces el varn de Dios, enojado contra l, le dijo: -- De dar cinco o seis golpes, habras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno, pero ahora derrotars a Siria solo tres veces.
Eliseo muri y lo sepultaron. Ya entrado el ao, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra.
Aconteci que estaban unos sepultando a un hombre cuando sbitamente vieron una banda armada; entonces arrojaron el cadver en el sepulcro de Eliseo. Pero tan pronto toc el muerto los huesos de Eliseo, revivi y se puso en pie.
As pues, Hazael, rey de Siria, afligi a Israel todo el tiempo de Joacaz.
Pero Jehov tuvo misericordia y se compadeci de ellos; se volvi hacia ellos a causa de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, y no quiso destruirlos ni echarlos de delante de su presencia hasta hoy.
Muri Hazael, rey de Siria, y rein en su lugar Ben-adad, su hijo.
Regres Jos hijo de Joacaz y rescat de manos de Ben-adad hijo de Hazael las ciudades que este haba tomado de manos de Joacaz, su padre, en la guerra. Tres veces lo derrot Jos, y restituy las ciudades a Israel.
En el ao segundo de Jos hijo de Joacaz, rey de Israel, comenz a reinar Amasas hijo de Jos, rey de Jud.
Cuando comenz a reinar tena veinticinco aos, y rein en Jerusaln veintinueve aos. El nombre de su madre era Joadn, de Jerusaln.
Hizo lo recto ante los ojos de Jehov, aunque no como David, su padre, ya que hizo conforme a todas las cosas que haba hecho Jos, su padre.
Con todo, los lugares altos no fueron quitados, pues el pueblo an sacrificaba y quemaba incienso en esos lugares altos.
Cuando el reino se afianz en sus manos, mat a los siervos que haban dado muerte al rey, su padre.
Pero no mat a los hijos de los que le dieron muerte, conforme a lo que est escrito en el libro de la ley de Moiss, donde Jehov mand diciendo: "No harn morir a los padres por los hijos, ni a los hijos por los padres, sino que cada uno morir por su propio pecado".
Amasas mat asimismo a diez mil edomitas en el valle de la Sal, tom a Sela por asalto y la llam Jocteel, como se la conoce hasta hoy.
Entonces Amasas envi mensajeros a Jos hijo de Joacaz hijo de Jeh, rey de Israel, dicindole: "Ven, para que nos veamos las caras".
Pero Jos, rey de Israel, envi a Amasas, rey de Jud, esta respuesta: "El cardo que est en el Lbano envi a decir al cedro que est en el Lbano: "Dale tu hija por mujer a mi hijo". Pero las fieras que estn en el Lbano pasaron y pisotearon el cardo.
Ciertamente has derrotado a Edom y tu corazn se ha envanecido; glorate, pues, pero qudate en tu casa. Para qu te metes en un mal que te har caer junto a Jud?".
Pero Amasas no escuch, por lo cual subi Jos, rey de Israel, y se enfrentaron en Bet-semes de Jud, l y Amasas, rey de Jud.
Jud cay delante de Israel, y cada cual huy a su tienda.
Jos, rey de Israel, tom prisionero en Bet-semes a Amasas, rey de Jud, hijo de Jos hijo de Ocozas. Luego march a Jerusaln y rompi el muro de la ciudad desde la puerta de Efran hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos en total.
Se apoder, adems, de todo el oro, la plata y todos los utensilios que hallaron en la casa de Jehov y en los tesoros de la casa del rey. Y despus de tomar como rehenes a los hijos del rey, regres a Samaria.
Los dems hechos que ejecut Jos, sus hazaas, y cmo pele contra Amasas, rey de Jud, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Jos durmi con sus padres y fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel. En su lugar rein Jeroboam, su hijo.
Amasas hijo de Jos, rey de Jud, vivi quince aos despus de la muerte de Jos hijo de Joacaz, rey de Israel.
Los dems hechos de Amasas, no estn escritos en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
Conspiraron contra l en Jerusaln, y l huy a Laquis, pero lo persiguieron hasta Laquis y all lo mataron.
Lo trajeron luego sobre caballos y lo sepultaron en Jerusaln con sus padres, en la ciudad de David.
Entonces todo el pueblo de Jud tom a Azaras, que tena diecisis aos, y lo proclamaron rey en lugar de Amasas, su padre.
Reedific l a Elat y, despus que el rey durmi con sus padres, la restituy a Jud.
El ao quince de Amasas hijo de Jos, rey de Jud, comenz a reinar Jeroboam hijo de Jos en Samaria sobre Israel. Rein cuarenta y un aos,
pero hizo lo malo ante los ojos de Jehov, pues no se apart de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
Restaur los lmites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arab, conforme a la palabra de Jehov, Dios de Israel, la cual haba l anunciado por medio de su siervo Jons hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer.
Porque Jehov haba visto la muy amarga afliccin de Israel: no haba siervo ni libre, ni quien diera ayuda a Israel.
Jehov no haba decidido borrar el nombre de Israel de debajo del cielo, y los salv por medio de Jeroboam hijo de Jos.
Los dems hechos de Jeroboam y todo lo que hizo, su valenta, todas las guerras que hizo y cmo restituy al dominio de Israel a Damasco y Hamat, que haban pertenecido a Jud, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Y Jeroboam durmi con sus padres, los reyes de Israel. En su lugar rein Zacaras, su hijo.
En el ao veintisiete de Jeroboam, rey de Israel, comenz a reinar Azaras hijo de Amasas, rey de Jud.
Cuando comenz a reinar tena diecisis aos, y cincuenta y dos aos rein en Jerusaln. El nombre de su madre era Jecolas, de Jerusaln.
Hizo lo recto ante los ojos de Jehov, conforme a todas las cosas que su padre Amasas haba hecho.
Con todo, los lugares altos no se quitaron, pues el pueblo an sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
Pero Jehov hiri al rey con lepra, y estuvo leproso hasta el da de su muerte. Habit el rey en casa separada, y Jotam, su hijo, tena el palacio a su cargo y gobernaba al pueblo.
Los dems hechos de Azaras y todo lo que hizo, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
Azaras durmi con sus padres y lo sepultaron con ellos en la ciudad de David. En su lugar rein Jotam, su hijo.
En el ao treinta y ocho de Azaras, rey de Jud, Zacaras hijo de Jeroboam rein seis meses sobre Israel.
Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehov, como lo haban hecho sus padres: no se apart de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
Contra l conspir Salum hijo de Jabes, lo hiri en presencia de su pueblo, lo mat y rein en su lugar.
Los dems hechos de Zacaras estn escritos en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Esta era la palabra que Jehov haba dicho a Jeh: "Tus hijos, hasta la cuarta generacin, se sentarn en el trono de Israel". Y fue as.
Salum hijo de Jabes comenz a reinar en el ao treinta y nueve de Uzas, rey de Jud. Solo rein un mes en Samaria,
porque Manahem hijo de Gadi subi de Tirsa, lleg a Samaria e hiri all a Salum hijo de Jabes. Despus de matarlo, rein en su lugar.
Los dems hechos de Salum y la conspiracin que tram estn escritos en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Entonces Manahem saque a Tifsa y a todos los que en ella estaban, y tambin sus alrededores, a partir de Tirsa. La saque porque no le haban abierto las puertas, y le abri el vientre a todas las mujeres que estaban encintas.
En el ao treinta y nueve de Azaras, rey de Jud, Manahem hijo de Gadi rein en Samaria sobre Israel. Rein diez aos,
pero hizo lo malo ante los ojos de Jehov: en todo su tiempo no se apart de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
En su tiempo, Pul, rey de Asiria, vino a atacar la tierra. Manahem dio a Pul mil talentos de plata para que le ayudara a confirmarse en el reino.
Manahem obtuvo este dinero de todos los poderosos y opulentos de Israel; cada uno debi pagar un impuesto de cincuenta siclos de plata para dar al rey de Asiria. Entonces el rey de Asiria se volvi, y no se detuvo all en el pas.
Los dems hechos de Manahem y todo lo que hizo, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel?
Manahem durmi con sus padres y rein en su lugar Pekaa, su hijo.
En el ao cincuenta de Azaras, rey de Jud, Pekaa hijo de Manahem rein dos aos en Samaria sobre Israel.
E hizo lo malo ante los ojos de Jehov: no se apart de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
Peka hijo de Remalas, capitn suyo, conspir contra l y lo hiri en Samaria, en el palacio de la casa real, en compaa de Argob y de Arie, y de cincuenta hombres de los hijos de los galaaditas. Despus que lo mat, rein en su lugar.
Los dems hechos de Pekaa, y todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
En el ao cincuenta y dos de Azaras, rey de Jud, rein Peka hijo de Remalas en Samaria sobre Israel. Rein veinte aos,
e hizo lo malo ante los ojos de Jehov: no se apart de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
En los das de Peka, rey de Israel, lleg Tiglat-pileser, rey de los asirios, y tom a Ijn, Abel-bet-maaca, Janoa, Cedes, Hazor, Galaad, Galilea, y toda la tierra de Neftal; y llev sus habitantes cautivos a Asiria.
Oseas hijo de Ela conspir contra Peka hijo de Remalas, lo hiri de muerte y rein en su lugar a los veinte aos de Jotam hijo de Uzas.
Los dems hechos de Peka, y todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
En el segundo ao de Peka hijo de Remalas, rey de Israel, comenz a reinar Jotam hijo de Uzas, rey de Jud.
Cuando comenz a reinar tena veinticinco aos, y rein diecisis aos en Jerusaln. El nombre de su madre era Jerusa, hija de Sadoc.
l hizo lo recto ante los ojos de Jehov, conforme a todas las cosas que haba hecho su padre Uzas.
Con todo, los lugares altos no fueron quitados, pues el pueblo an sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos. Edific l la puerta ms alta de la casa de Jehov.
Los dems hechos de Jotam, y todo lo que hizo, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
En aquel tiempo comenz Jehov a enviar contra Jud a Rezn, rey de Siria, y a Peka hijo de Remalas.
Jotam durmi con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, su padre. En su lugar rein Acaz, su hijo.
En el ao diecisiete de Peka hijo de Remalas comenz a reinar Acaz hijo de Jotam, rey de Jud.
Cuando comenz a reinar Acaz tena veinte aos, y rein en Jerusaln diecisis aos, pero no hizo lo recto ante los ojos de Jehov, su Dios, como su padre David,
sino que anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por fuego a su hijo, segn las prcticas abominables de las naciones que Jehov ech de delante de los hijos de Israel.
Asimismo sacrific y quem incienso en los lugares altos, sobre los collados y debajo de todo rbol frondoso.
Entonces Rezn, rey de Siria, y Peka hijo de Remalas, rey de Israel, subieron a Jerusaln para atacarla y sitiar a Acaz, pero no pudieron tomarla.
En aquel tiempo el rey de Edom recobr Elat para Edom, y ech de Elat a los hombres de Jud. Los de Edom llegaron a Elat y habitaron all hasta hoy.
Entonces Acaz envi embajadores a Tiglat-pileser, rey de Asiria, diciendo: "Yo soy tu siervo y tu hijo. Sube y defindeme de manos del rey de Siria y de manos del rey de Israel, que se han levantado contra m".
Acaz tom la plata y el oro que haba en la casa de Jehov y en los tesoros de la casa real, y envi al rey de Asiria un presente.
El rey de Asiria atendi su peticin, pues subi contra Damasco y la tom, se llev cautivos sus habitantes a Kir y mat a Rezn.
Despus fue el rey Acaz a encontrarse en Damasco con Tiglat-pileser, rey de Asiria. Cuando el rey Acaz vio el altar que estaba en Damasco, envi al sacerdote Uras el diseo y la descripcin del altar, conforme a todos los detalles.
Y el sacerdote Uras edific el altar, de acuerdo con todo lo que el rey Acaz le haba enviado de Damasco. As lo hizo el sacerdote Uras, antes que el rey Acaz regresara de Damasco.
Cuando el rey lleg de Damasco y vio el altar, se acerc y ofreci sacrificios en l;
encendi su holocausto y su ofrenda, derram sus libaciones y esparci la sangre de sus sacrificios de paz junto al altar.
Traslad el altar de bronce que estaba delante de Jehov, en la parte delantera de la Casa, entre el altar y el templo de Jehov, y lo puso al lado norte del altar.
Despus mand el rey Acaz al sacerdote Uras: "En el gran altar encenders el holocausto de la maana y la ofrenda de la tarde, el holocausto del rey y su ofrenda, asimismo el holocausto de todo el pueblo de la tierra, su ofrenda y sus libaciones; esparcirs sobre l toda la sangre del holocausto y toda la sangre del sacrificio. El altar de bronce ser mo para consultar en l".
El sacerdote Uras hizo conforme a todas las cosas que el rey Acaz le mand.
Luego el rey Acaz cort los tableros de las basas y les quit las fuentes; quit tambin el mar de sobre los bueyes de bronce que estaban debajo de l y lo puso sobre el suelo de piedra.
Por causa del rey de Asiria quit del templo de Jehov el prtico para el sbado que haban edificado en la Casa y el pasadizo de afuera, el del rey.
Los dems hechos que puso por obra Acaz, no estn todos escritos en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
El rey Acaz durmi con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. En su lugar rein su hijo Ezequas.
En el ao duodcimo de Acaz, rey de Jud, Oseas hijo de Ela comenz a reinar en Samaria sobre Israel. Rein nueve aos,
e hizo lo malo ante los ojos de Jehov, aunque no como los reyes de Israel que haban sido antes de l.
Salmanasar, rey de los asirios, subi contra Oseas, quien fue hecho su siervo y le pagaba tributo.
Pero el rey de Asiria descubri que Oseas conspiraba, pues haba enviado embajadores a So, rey de Egipto, y no pag tributo al rey de Asiria, como lo haca cada ao, por lo que el rey de Asiria lo detuvo y lo encerr en la casa de la crcel.
Luego el rey de Asiria invadi todo el pas y siti a Samaria, y estuvo sobre ella tres aos.
En el ao nueve de Oseas, el rey de Asiria tom Samaria y llev a Israel cautivo a Asiria. Los estableci en Halah, en Habor junto al ro Gozn, y en las ciudades de los medos.
Esto sucedi porque los hijos de Israel pecaron contra Jehov, su Dios, que los sac de la tierra de Egipto, de bajo la mano del faran, rey de Egipto. Adoraron a dioses ajenos
y anduvieron en los estatutos de las naciones que Jehov haba expulsado de delante de los hijos de Israel, as como en los estatutos que hicieron los reyes de Israel.
Los hijos de Israel hicieron secretamente cosas impropias contra Jehov, su Dios: se edificaron lugares altos en todas las ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fortificadas,
y levantaron estatuas e imgenes de Asera en todo collado alto y debajo de todo rbol frondoso.
Quemaron incienso en todos los lugares altos, a la manera de las naciones que Jehov haba traspuesto de delante de ellos, e hicieron cosas muy malas para provocar a ira a Jehov.
Servan adems a los dolos, acerca de los cuales Jehov les haba dicho: "Vosotros no habis de hacer tal cosa".
Jehov amonest entonces a Israel y a Jud por medio de todos los profetas y de todos los videntes diciendo: "Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescrib a vuestros padres y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas".
Pero ellos no obedecieron, sino que se obstinaron tanto como sus padres, los cuales no creyeron en Jehov, su Dios.
Desecharon sus estatutos, el pacto que l haba hecho con sus padres y los testimonios que l les haba prescrito, siguiendo en pos de vanidades y hacindose vanos ellos mismos, por imitar a las naciones que estaban alrededor de ellos, aunque Jehov les haba mandado que no obraran como ellas.
Dejaron todos los mandamientos de Jehov, su Dios; se hicieron imgenes fundidas de dos becerros, y tambin imgenes de Asera; adoraron a todo el ejrcito de los cielos y sirvieron a Baal;
hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por el fuego, se dieron a adivinaciones y ageros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehov, provocando su ira.
Por lo tanto, Jehov se enfureci tanto contra Israel, que los quit de delante de su rostro, y slo qued la tribu de Jud.
Pero ni aun Jud guard los mandamientos de Jehov, su Dios, sino que anduvieron en las costumbres que Israel haba establecido.
Entonces desech Jehov a toda la descendencia de Israel, los afligi y los entreg en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia.
Cuando separ a Israel de la casa de David y ellos hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat, Jeroboam apart a Israel del camino de Jehov y les hizo cometer un gran pecado.
Los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados que cometi Jeroboam y no se apartaron de ellos,
hasta que Jehov apart a Israel de su presencia, como lo haba anunciado por medio de todos los profetas, sus siervos. As Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta el da de hoy.
El rey de Asiria llev gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y la puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel. As ocuparon Samaria y habitaron en sus ciudades.
Pero aconteci al principio, cuando comenzaron a habitar all, que como no teman a Jehov, l envi contra ellos leones que los mataban.
Entonces dijeron al rey de Asiria: "Las gentes que t trasladaste y pusiste en las ciudades de Samaria no conocen la ley del Dios de aquella tierra, y l ha echado en medio de ellos leones que los matan, porque no conocen la ley del Dios de la tierra".
Y el rey de Asiria orden: "Llevad all a alguno de los sacerdotes que trajisteis de ese lugar, que vaya y habite all y les ensee la ley del Dios del pas".
Entonces uno de los sacerdotes que se haban llevado cautivo de Samaria, fue y habit en Bet-el, y les ense cmo haban de temer a Jehov.
Pero cada nacin se hizo sus dioses en la ciudad donde habitaba, y los pusieron en los templos de los lugares altos que haban construido los de Samaria.
Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima.
Los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac, y los de Sefarvaim quemaban sus hijos en el fuego para adorar a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim.
Teman adems a Jehov, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes para los lugares altos, los cuales sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos.
Aunque teman a Jehov, honraban a sus dioses, segn la costumbre de las naciones de donde haban sido trasladados.
Todava hoy hacen como antes: no temen a Jehov ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen segn la ley y los mandamientos que prescribi Jehov a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel.
Cuando Jehov hizo un pacto con ellos, les mand: "No temeris a otros dioses ni los adoraris, ni los serviris, ni les haris sacrificios.
Solo a Jehov, que os sac de tierra de Egipto con gran poder y brazo extendido, a este temeris, a este adoraris y a este haris sacrificio.
Los estatutos, derechos, ley y mandamientos que os dio por escrito cuidaris siempre de ponerlos por obra, y no temeris a dioses ajenos.
No olvidaris el pacto que hice con vosotros ni temeris a dioses ajenos,
sino temed a Jehov, vuestro Dios, y l os librar de manos de todos vuestros enemigos".
Pero ellos no escucharon, sino que hicieron segn su costumbre antigua.
As, aquellas gentes temieron a Jehov y al mismo tiempo sirvieron a sus dolos. Tambin sus hijos y sus nietos, tal como hicieron sus padres, as hacen hasta hoy.
En el tercer ao de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenz a reinar Ezequas hijo de Acaz, rey de Jud.
Cuando comenz a reinar tena veinticinco aos, y rein en Jerusaln veintinueve aos. El nombre de su madre era Abi, hija de Zacaras.
Hizo lo recto ante los ojos de Jehov, conforme a todas las cosas que haba hecho David, su padre.
Quit los lugares altos, quebr las imgenes, rompi los smbolos de Asera e hizo pedazos la serpiente de bronce que haba hecho Moiss, porque hasta entonces los hijos de Israel le quemaban incienso; y la llam Nehustn.
En Jehov, Dios de Israel, puso su esperanza. Entre todos los reyes de Jud no hubo otro como l, antes ni despus,
pues sigui a Jehov y no se apart de l, sino que guard los mandamientos que Jehov prescribi a Moiss.
Jehov estaba con l, y adondequiera que iba, prosperaba. Ezequas se rebel contra el rey de Asiria y no lo sirvi.
Tambin derrot a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada.
En el cuarto ao del rey Ezequas, que era el ao sptimo de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, subi Salmanasar, rey de los asirios, contra Samaria y la siti.
La tomaron al cabo de tres aos. En el ao sexto de Ezequas, el cual era el ao noveno de Oseas, rey de Israel, fue tomada Samaria.
El rey de Asiria llev cautivo a Israel a Asiria, y los estableci en Halah, junto al ro Gozn en Habor, y en las ciudades de los medos,
por cuanto no haban atendido a la voz de Jehov, su Dios, sino que haban quebrantado su pacto y no haban escuchado ni puesto por obra todas las cosas que Moiss, siervo de Jehov, haba mandado.
A los catorce aos del rey Ezequas subi Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Jud y las tom.
Entonces Ezequas, rey de Jud, envi a decir al rey de Asiria que estaba en Laquis: "He pecado; retrate de mi pas y aceptar todo lo que me impongas". El rey de Asiria impuso a Ezequas, rey de Jud, trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro.
Entreg, por tanto, Ezequas toda la plata que haba en la casa de Jehov y en los tesoros de la casa real.
En aquella ocasin Ezequas quit el oro de las puertas del templo de Jehov y de los quiciales que el mismo rey Ezequas haba recubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria.
Despus el rey de Asiria envi contra el rey Ezequas al jefe de los ejrcitos, al jefe de los eunucos y al copero mayor, al frente de un gran ejrcito, y estos subieron de Laquis a Jerusaln para atacarla. Al llegar acamparon junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador.
Llamaron luego al rey, y sali a encontrarse con ellos Eliaquim hijo de Hilcas, el mayordomo, Sebna, el escriba, y Joa hijo de Asaf, el canciller.
Y el copero mayor les dijo: -- Decid ahora a Ezequas: As dice el gran rey de Asiria: "Qu confianza es esta en que te apoyas?
Dices (pero son palabras vacas): 'Consejo tengo y fuerzas para la guerra'. Pero en qu confas, que te has rebelado contra m?
Veo que confas en este bastn de caa astillada, en Egipto, que si uno se apoya en l se le clava y le traspasa la mano. Tal es el faran, rey de Egipto, para todos los que en l confan.
Si me decs: 'Nosotros confiamos en Jehov, nuestro Dios', no es este aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequas, y ha dicho a Jud y a Jerusaln: 'Delante de este altar adoraris en Jerusaln?'.
Ahora, pues, te ruego que hagas un trato con mi seor, el rey de Asiria: yo te dar dos mil caballos si t consigues jinetes para ellos.
Cmo podras resistir a un capitn, o al menor de los siervos de mi seor, aunque ests confiado en Egipto, con sus carros y su gente de a caballo?
Acaso he venido yo ahora a este lugar para destruirlo sin contar con Jehov? Jehov me ha dicho: 'Sube a esta tierra, y destryela' ".
Entonces Eliaquim hijo de Hilcas, y Sebna y Joa respondieron al copero mayor: -- Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros en lengua de Jud a odos del pueblo que est sobre el muro.
El copero mayor les dijo: -- Acaso me ha enviado mi seor para decir estas palabras a ti y a tu seor, y no a los hombres que estn sobre el muro, expuestos a comer su propio estircol y beber su propia orina con vosotros?
Entonces el copero mayor se puso en pie y clam a gran voz en lengua de Jud: "Od la palabra del gran rey, el rey de Asiria.
As ha dicho el rey: "No os engae Ezequas, porque no os podr librar de mis manos.
No os haga Ezequas confiar en Jehov, diciendo: 'Ciertamente nos librar Jehov, y esta ciudad no ser entregada en manos del rey de Asiria' ".
No escuchis a Ezequas, porque as dice el rey de Asiria: "Haced conmigo las paces y rendos ante m; que cada uno coma de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo,
hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de vias, tierra de olivas, de aceite y de miel. Viviris y no moriris. No oigis a Ezequas, porque os engaa cuando dice: 'Jehov nos librar'.
Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de manos del rey de Asiria?
Dnde est el dios de Hamat y de Arfad? Dnde est el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? Pudieron estos dioses librar a Samaria de mis manos?
Qu dios entre todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mis manos, para que Jehov libre de mis manos a Jerusaln?"".
Pero el pueblo call y no le respondi ni una palabra, porque el rey haba dado una orden que deca: "No le respondis".
Entonces el mayordomo Eliaquim hijo de Hilcas, el escriba Sebna, y el canciller Joa hijo de Asaf, fueron a ver a Ezequas con sus vestidos rasgados, y le contaron las palabras del copero mayor.
Cuando el rey Ezequas lo oy, rasg sus vestidos, se cubri con vestiduras speras y entr en la casa de Jehov.
Y envi a Eliaquim, el mayordomo, a Sebna, el escriba, y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de ropas speras, a ver al profeta Isaas hijo de Amoz,
para que le dijeran: "As ha dicho Ezequas: "Este da es da de angustia, de reprensin y de blasfemia, porque los hijos estn a punto de nacer y la que da a luz no tiene fuerzas.
Quiz oir Jehov, tu Dios, todas las palabras del copero mayor, a quien el rey de los asirios, su seor, ha enviado para blasfemar contra el Dios viviente y para insultar con palabras, las cuales Jehov, tu Dios, ha odo. Por tanto, eleva una oracin por el remanente que an queda"".
Cuando los siervos del rey Ezequas llegaron a ver a Isaas,
este les respondi: "As diris a vuestro seor: As ha dicho Jehov: "No temas por las palabras que has odo, con las cuales han blasfemado contra m los siervos del rey de Asiria.
Mira, voy a poner en l un espritu, oir un rumor, se volver a su tierra y all le har caer a espada"".
El copero mayor regres y se encontr al rey de Asiria combatiendo contra Libna, pues oy que se haba ido de Laquis.
All el rey de Siria se enter de que Tirhaca, rey de Etiopa, haba salido para hacerle guerra, y volvi a enviar embajadores a Ezequas diciendo:
"As diris a Ezequas, rey de Jud: "Que no te engae el Dios en quien t confas, dicindote: 'Jerusaln no ser entregada en manos del rey de Asiria'.
Has odo lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras que han destruido. Vas a escapar t?
Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es, a Gozn, Harn, Resef, y a los hijos de Edn que estaban en Telasar?
Dnde est el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?"".
Ezequas tom la carta de manos de los embajadores. Despus de leerla subi a la casa de Jehov y la extendi delante de Jehov.
Entonces or Ezequas delante de Jehov diciendo: "Jehov, Dios de Israel, que moras entre los querubines, solo t eres Dios de todos los reinos de la tierra. T hiciste el cielo y la tierra.
Inclina, Jehov, tu odo y oye; abre, Jehov, tus ojos y mira. Oye las palabras que Senaquerib ha enviado a decirme para blasfemar contra el Dios viviente.
Es verdad, Jehov, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras,
y que han echado al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos humanas, de madera o de piedra, y por eso los destruyeron.
Ahora, pues, Jehov, Dios nuestro, slvanos, te ruego, de sus manos, para que sepan todos los reinos de la tierra que solo t, Jehov, eres Dios".
Entonces Isaas hijo de Amoz envi a decir a Ezequas: "As ha dicho Jehov, Dios de Israel: He odo lo que me pediste acerca de Senaquerib, rey de Asiria.
Esta es la palabra que Jehov ha pronunciado acerca de l: "La virgen, hija de Sin, te menosprecia, se burla de ti; a tus espaldas mueve su cabeza la hija de Jerusaln.
A quin has insultado y contra quin has blasfemado?, contra quin has alzado la voz, y levantado altanero tus ojos? Contra el Santo de Israel.
Por medio de tus mensajeros has insultado a Jehov y has dicho: 'Con la multitud de mis carros he subido a las alturas de los montes, a lo ms inaccesible del Lbano; cortar sus altos cedros, sus cipreses ms escogidos; me alojar en sus ms remotos lugares, en el bosque de sus feraces campos.
He cavado y bebido las aguas extraas, he secado con las plantas de mis pies todos los ros de Egipto'.
Pero nunca oste que desde tiempos antiguos yo lo hice, y que desde los das de la antigedad lo tengo ideado? Pues ahora lo he hecho venir: T causars desolaciones, y reducirs las ciudades fortificadas a montones de escombros.
Sus habitantes, impotentes, fueron acobardados y confundidos; vinieron a ser como la hierba del campo, como hortaliza verde, como heno de los terrados, que se marchita antes de madurar.
He conocido tu situacin, todos tus movimientos, y tu furor contra m.
Por cuanto te has airado contra m, por cuanto tu arrogancia ha subido a mis odos, voy a poner mi garfio en tu nariz y mi freno en tus labios, y te har volver por el camino por donde viniste.
"Esto te dar por seal, Ezequas: Este ao comeris lo que nacer de suyo, y el segundo ao lo que nacer de suyo. Al tercer ao sembraris y segaris, plantaris vias y comeris el fruto de ellas.
Lo que haya escapado, lo que haya quedado de la casa de Jud, volver a echar races por debajo y llevar frutos por arriba.
Porque de Jerusaln saldr un resto, y del monte Sin los que se salven. El celo de Jehov de los ejrcitos har esto.
"Por tanto, as dice Jehov acerca del rey de Asiria: No entrar en esta ciudad, ni lanzar flechas en ella; ni la enfrentar con escudo, ni levantar contra ella un baluarte.
Por el mismo camino que vino, volver, y no entrar en esta ciudad, dice Jehov.
Porque yo amparar esta ciudad para salvarla, por amor a m mismo, y por amor a David, mi siervo"".
Aconteci que aquella misma noche sali el ngel de Jehov y mat en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres. A la hora de levantarse por la maana, todo era cuerpos de muertos.
Entonces Senaquerib, rey de Asiria, parti y regres a Nnive, donde se qued.
Y aconteci que mientras l adoraba en el templo de Nisroc, su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer lo hirieron a espada y huyeron a tierra de Ararat. En su lugar rein Esar-hadn, su hijo.
En aquellos das Ezequas cay enfermo de muerte. Y el profeta Isaas hijo de Amoz fue a verlo y le dijo: -- Jehov dice as: "Ordena tu casa, porque vas a morir, ya no vivirs".
Entonces l volvi su rostro a la pared y or as a Jehov:
"Te ruego, Jehov, te ruego que hagas memoria de que he andado fielmente delante de ti y con corazn ntegro, que he hecho las cosas que te agradan". Y Ezequas llor amargamente.
Y antes que Isaas saliera hasta la mitad del patio, le habl Jehov a Isaas y le dijo:
"Vuelve, y dile a Ezequas, prncipe de mi pueblo: "As dice Jehov, el Dios de David, tu padre: He odo tu oracin, he visto tus lgrimas y voy a sanarte: dentro de tres das subirs a la casa de Jehov.
Aadir a tus das quince aos y te librar a ti y a esta ciudad de manos del rey de Asiria. Amparar a esta ciudad por amor a m mismo y por amor a David, mi siervo"".
Isaas dijo: -- Tomad una masa de higos. La tomaron, la pusieron sobre la llaga y san.
Y Ezequas haba dicho a Isaas: -- Qu seal tendr de que Jehov me sanar y que dentro de tres das subir a la casa de Jehov?
Respondi Isaas: -- Esta seal tendrs de Jehov, de que Jehov har lo que ha dicho: Quieres que la sombra avance diez grados o que retroceda diez grados?
Ezequas respondi: -- Fcil cosa es que la sombra decline diez grados, pero no que la sombra retroceda diez grados.
Entonces el profeta Isaas clam a Jehov, e hizo retroceder la sombra los diez grados que haba avanzado en el reloj de Acaz.
En aquel tiempo Merodac-baladn hijo de Baladn, rey de Babilonia, envi mensajeros con cartas y presentes a Ezequas, porque haba odo que Ezequas haba cado enfermo.
Ezequas los atendi y les mostr toda la casa de sus tesoros, la plata y el oro, las especias y ungentos preciosos, su depsito de armas y todo lo que haba en sus tesoros. Ninguna cosa qued que Ezequas no les mostrara, tanto en su casa como en todos sus dominios.
Entonces el profeta Isaas fue a ver al rey Ezequas, y le pregunt: -- De dnde vinieron esos hombres y qu te dijeron? Ezequas le respondi: -- De lejanas tierras han venido, de Babilonia.
Isaas le volvi a preguntar: -- Qu vieron en tu casa? Ezequas respondi: -- Vieron todo lo que haba en mi casa. Nada qued en mis tesoros que no les mostrara.
Entonces Isaas dijo a Ezequas: -- Oye esta palabra de Jehov:
"Vienen das en que todo lo que est en tu casa y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy ser llevado a Babilonia, sin quedar nada, dice Jehov.
Y algunos de los hijos que salgan de ti, que hayas engendrado, los tomarn para que sean eunucos en el palacio del rey de Babilonia".
Entonces Ezequas dijo a Isaas: -- La palabra que has hablado de parte de Jehov es buena. Pues pensaba: "Al menos en mis das habr paz y seguridad".
Los dems hechos de Ezequas, sus proezas y cmo hizo el estanque y el conducto para dotar de agua a la ciudad, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
Ezequas durmi con sus padres, y en su lugar rein su hijo Manass.
Doce aos tena Manass cuando comenz a reinar y rein en Jerusaln cincuenta y cinco aos. El nombre de su madre era Hepsiba.
Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehov, imitando las abominaciones de las naciones que Jehov haba expulsado de delante de los hijos de Israel.
Reedific los lugares altos que su padre Ezequas haba derribado, levant altares a Baal e hizo una imagen de Asera, como haba hecho Acab, rey de Israel. Ador adems a todo el ejrcito de los cielos y rindi culto a aquellas cosas.
Asimismo edific altares en la casa de Jehov, de la que Jehov haba dicho: "En Jerusaln pondr mi nombre".
Y edific altares para todo el ejrcito de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehov.
Adems, hizo pasar a su hijo por el fuego y se dio a observar los tiempos, fue agorero e instituy encantadores y adivinos, multiplicando as la maldad de sus hechos ante los ojos de Jehov para provocarlo a ira.
Tambin puso una imagen de Asera hecha por l en la casa de la cual Jehov haba dicho a David y a Salomn, su hijo: "Pondr mi nombre para siempre en esta casa y en Jerusaln, a la cual escog entre todas las tribus de Israel.
No volver a hacer que Israel ande errante lejos de la tierra que di a sus padres, con tal que cumplan todas las cosas que yo les he mandado y las guarden, conforme a toda la ley que mi siervo Moiss les mand".
Pero ellos no escucharon, y Manass los indujo a que obraran peor que las naciones que Jehov destruy delante de los hijos de Israel.
Habl, pues, Jehov por medio de sus siervos, los profetas, diciendo:
"Por cuanto Manass, rey de Jud, ha cometido estas abominaciones, y ha obrado peor que todo lo que hicieron los amorreos que le precedieron, y tambin ha hecho pecar a Jud con sus dolos;
por tanto, as ha dicho Jehov, el Dios de Israel: "Yo traigo un mal tan grande sobre Jerusaln y sobre Jud, que al que lo oiga le zumbarn ambos odos.
Medir a Jerusaln con la misma medida que a Samaria y la misma plomada que a la casa de Acab. Limpiar a Jerusaln como se limpia un plato que se friega y se vuelve boca abajo.
Abandonar el resto de mi heredad y lo entregar en manos de sus enemigos; sern presa y despojo de todos sus adversarios,
por cuanto han hecho lo malo ante mis ojos y han provocado mi ira, desde el da que sus padres salieron de Egipto hasta hoy"".
Adems, Manass derram tal cantidad de sangre inocente que llen a Jerusaln de extremo a extremo, aparte del pecado con que hizo pecar a Jud, para que hiciera lo malo ante los ojos de Jehov.
Los dems hechos de Manass, todo lo que hizo, y el pecado que cometi, no est todo escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
Manass durmi con sus padres y fue sepultado en el huerto de su casa, en el huerto de Uza. En su lugar rein Amn, su hijo.
Veintids aos tena Amn cuando comenz a reinar y rein dos aos en Jerusaln. El nombre de su madre era Mesulemet, hija de Haruz, de Jotba.
E hizo lo malo ante los ojos de Jehov, como lo haba hecho Manass, su padre.
Anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, sirvi a los dolos a los cuales haba servido su padre, y los ador.
Dej a Jehov, el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehov.
Los siervos de Amn conspiraron contra l y mataron al rey en su casa.
Entonces el pueblo de la tierra mat a todos los que haban conspirado contra el rey Amn, y el pueblo de la tierra proclam rey en su lugar a Josas, su hijo.
Los dems hechos de Amn, no estn todos escritos en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
Fue sepultado en su sepulcro en el huerto de Uza. Y rein en su lugar su hijo Josas.
Cuando Josas comenz a reinar tena ocho aos de edad, y rein en Jerusaln treinta y un aos. El nombre de su madre era Jedida, hija de Adaa, de Boscat.
Hizo lo recto ante los ojos de Jehov y anduvo en todo el camino de David, su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda.
En el ao dieciocho del rey Josas envi el rey a Safn hijo de Azala hijo de Mesulam, el escriba, a la casa de Jehov diciendo:
"Vete a ver al sumo sacerdote Hilcas y dile que recoja el dinero que han trado a la casa de Jehov y ha sido recogido del pueblo por los guardianes de la puerta.
Que se ponga en manos de los que hacen la obra, los que tienen a su cargo el arreglo de la casa de Jehov, para que lo entreguen a los que hacen la obra de la casa de Jehov, a quienes reparan las grietas de la Casa
-- a los carpinteros, maestros y albailes -- , y se pueda comprar madera y piedra de cantera para reparar la Casa.
Pero que no se les pida cuentas del dinero cuyo manejo se les confe, porque ellos proceden con honradez".
Entonces el sumo sacerdote Hilcas dijo al escriba Safn: "He hallado el libro de la Ley en la casa de Jehov". E Hilcas entreg el libro a Safn, quien lo ley.
Luego el escriba Safn se present ante el rey y le rindi cuentas diciendo: -- Tus siervos han recogido el dinero que se hall en el Templo y se lo han entregado a los que hacen la obra, los que tienen a su cargo el arreglo de la casa de Jehov.
Asimismo el escriba Safn declar al rey: "El sacerdote Hilcas me ha dado un libro". Y Safn lo ley delante del rey.
Cuando el rey escuch las palabras del libro de la Ley, rasg sus vestidos,
y dio enseguida esta orden al sacerdote Hilcas, a Ahicam hijo de Safn, a Acbor hijo de Micaas, al escriba Safn y a Asaas, siervo del rey:
"Id y preguntad a Jehov por m, por el pueblo y por todo Jud, acerca de las palabras de este libro que se ha hallado, ya que es grande la ira de Jehov que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro y no han obrado conforme a todo lo que en l est escrito".
Entonces el sacerdote Hilcas, Ahicam, Acbor, Safn y Asaas, fueron a ver a la profetisa Hulda, mujer de Salum hijo de Ticva hijo de Harhas, encargado del vestuario, la cual viva en Jerusaln, en el barrio nuevo de la ciudad, y hablaron con ella.
Ella les dijo: "As ha dicho Jehov, el Dios de Israel: "Decid al hombre que os ha enviado a m:
'As dijo Jehov: Voy a traer sobre este lugar, y sobre sus habitantes, todo el mal de que habla este libro que ha ledo el rey de Jud,
por cuanto me abandonaron a m y quemaron incienso a dioses ajenos, provocando mi ira con toda la obra de sus manos. Mi ira se ha encendido contra este lugar, y no se apagar'.
Pero al rey de Jud, que os ha enviado a consultar a Jehov, le diris: 'As ha dicho Jehov, el Dios de Israel: Por cuanto oste las palabras del libro
y tu corazn se enterneci y te has humillado delante de Jehov al escuchar lo que yo he dicho contra este lugar y contra sus habitantes, que sern asolados y malditos, y por haberte rasgado los vestidos y haber llorado en mi presencia, tambin yo te he odo, dice Jehov.
Por tanto, har que te renas con tus padres: sers llevado a tu sepulcro en paz y tus ojos no vern ninguno de los males que yo traigo sobre este lugar' "". Y ellos llevaron la respuesta al rey.
Entonces el rey mand convocar ante l a todos los ancianos de Jud y de Jerusaln.
Luego el rey subi a la casa de Jehov con todos los hombres de Jud y todos los habitantes de Jerusaln, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el ms pequeo hasta el ms grande. All ley en voz alta todas las palabras del libro del pacto que haba sido hallado en la casa de Jehov.
Despus, puesto en pie junto a la columna, el rey hizo un pacto delante de Jehov, comprometindose a que seguiran a Jehov y guardaran sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo el corazn y con toda el alma, y que cumpliran las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo confirm el pacto.
El rey mand al sumo sacerdote Hilcas, a los sacerdotes de segundo orden y a los guardianes de la puerta, que sacaran del templo de Jehov todos los utensilios que haban sido hechos para Baal, Asera y todo el ejrcito de los cielos. Los quem fuera de Jerusaln, en el campo del Cedrn, e hizo llevar sus cenizas a Bet-el.
Despus quit a los sacerdotes idlatras que haban puesto los reyes de Jud para que quemaran incienso en los lugares altos de las ciudades de Jud y en los alrededores de Jerusaln, as como a los que quemaban incienso a Baal, al sol y a la luna, a los signos del zodaco y a todo el ejrcito de los cielos.
Hizo tambin sacar la imagen de Asera fuera de la casa de Jehov, fuera de Jerusaln, al valle del Cedrn, la quem en el valle del Cedrn, la convirti en polvo y ech el polvo sobre los sepulcros de los hijos del pueblo.
Adems derrib los lugares de prostitucin idoltrica que estaban en la casa de Jehov, en los cuales tejan las mujeres tiendas para Asera.
Hizo venir a todos los sacerdotes de las ciudades de Jud y profan los lugares altos donde los sacerdotes quemaban incienso, desde Geba hasta Beerseba. Derrib los altares de las puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josu, gobernador de la ciudad, situados al lado izquierdo de la puerta de la ciudad.
Pero los sacerdotes de los lugares altos no suban al altar de Jehov en Jerusaln, sino que coman panes sin levadura entre sus hermanos.
Asimismo profan el Tofet, que est en el valle del hijo de Hinom, para que ninguno pasara su hijo o su hija por fuego ante Moloc.
Quit tambin los caballos que los reyes de Jud haban dedicado al sol a la entrada del templo de Jehov, junto a la habitacin de Natn-melec, el eunuco, el cual tena a su cargo los ejidos, y quem los carros del sol.
Derrib adems el rey los altares que estaban sobre la azotea de la sala de Acaz, construidos por los reyes de Jud, y los altares que haba hecho Manass en los dos atrios de la casa de Jehov. De all corri y arroj el polvo al arroyo Cedrn.
Asimismo profan el rey los lugares altos que estaban delante de Jerusaln, a la mano derecha del monte de la destruccin, los cuales Salomn, rey de Israel, haba edificado a Astoret, dolo abominable de los sidonios, a Quemos, dolo abominable de Moab, y a Milcom, dolo abominable de los hijos de Amn.
Quebr las estatuas, derrib las imgenes de Asera y llen el lugar que ocupaban con huesos humanos.
Tambin el altar que estaba en Bet-el y el lugar alto que haba hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. Destruy aquel altar y su lugar alto, lo quem y lo hizo polvo, y prendi fuego a la imagen de Asera.
Cuando regres Josas y vio los sepulcros que estaban all en el monte, mand sacar los huesos de los sepulcros y los quem sobre el altar para contaminarlo, conforme a la palabra de Jehov que haba proclamado el hombre de Dios, el cual haba anunciado estas cosas.
Despus dijo: -- Qu monumento es este que veo? Los de la ciudad le respondieron: -- Este es el sepulcro del hombre de Dios que vino de Jud y profetiz estas cosas que t has hecho sobre el altar de Bet-el.
El rey dijo: -- Dejadlo; que nadie mueva sus huesos. As fueron preservados sus huesos y los huesos del profeta que haba venido de Samaria.
Josas quit tambin todos los templos de los lugares altos que estaban en las ciudades de Samaria, los cuales haban hecho los reyes de Israel para provocar a ira, e hizo con ellos como haba hecho en Bet-el.
Mat adems sobre los altares a todos los sacerdotes de los lugares altos que all estaban y quem sobre ellos huesos humanos, y volvi a Jerusaln.
Entonces el rey orden a todo el pueblo: "Celebrad la Pascua a Jehov, vuestro Dios, conforme a lo que est escrito en el libro de este pacto".
No haba sido celebrada tal Pascua desde los tiempos en que los jueces gobernaban a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel y de los reyes de Jud.
En el ao dieciocho del rey Josas se celebr aquella Pascua a Jehov en Jerusaln.
Josas barri asimismo a los encantadores, adivinos y terafines, y todas las cosas abominables que se vean en la tierra de Jud y en Jerusaln, para cumplir las palabras de la Ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcas haba hallado en la casa de Jehov.
No hubo otro rey antes de l que se convirtiera a Jehov con todo su corazn, con toda su alma y con todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moiss, ni despus de l naci otro igual.
Con todo, Jehov no desisti del ardor de su gran ira, que se haba encendido contra Jud por todas las provocaciones con que Manass lo haba irritado.
Y Jehov dijo: "Tambin apartar de mi presencia a Jud, como apart a Israel, y desechar a esta ciudad que haba escogido, a Jerusaln, y a la casa de la que dije: "All estar mi nombre"".
Los dems hechos de Josas, y todo lo que hizo, no est todo escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
En aquellos das el faran Necao, rey de Egipto, subi hacia el ro ufrates al encuentro del rey de Asiria. Contra l sali el rey Josas; pero en cuanto aquel lo vio, lo mat en Meguido.
Sus siervos lo pusieron en un carro, lo trajeron muerto de Meguido a Jerusaln y lo sepultaron en su sepulcro. Entonces el pueblo de la tierra tom a Joacaz hijo de Josas, lo ungieron y lo proclamaron rey en lugar de su padre.
Joacaz tena veintitrs aos cuando comenz a reinar y rein tres meses en Jerusaln. El nombre de su madre era Hamutal, hija de Jeremas, de Libna.
E hizo lo malo ante los ojos de Jehov, conforme a todas las cosas que sus padres haban hecho.
El faran Necao lo tuvo preso en Ribla, en la provincia de Hamat, para que no reinara en Jerusaln, e impuso al pas un tributo de cien talentos de plata y uno de oro.
Entonces el faran Necao puso como rey a Eliaquim hijo de Josas, en lugar de Josas, su padre, y le cambi el nombre por el de Joacim. A Joacaz lo tom y se lo llev a Egipto, donde muri.
Joacim entreg al faran la plata y el oro, pero tuvo que imponer una contribucin al pas para dar el dinero exigido por la orden del faran, sacando la plata y el oro del pueblo de la tierra, segn un estimado de la hacienda de cada uno, para darlo al faran Necao.
Joacim tena veinticinco aos cuando comenz a reinar y rein once aos en Jerusaln. El nombre de su madre era Zebuda, hija de Pedaas, de Ruma.
Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehov, conforme a todas las cosas que sus padres haban hecho.
En su tiempo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, subi en campaa, y Joacim se convirti en su siervo por tres aos, pero luego volvi a rebelarse contra l.
Jehov envi contra Joacim fuerzas de caldeos, de sirios, de moabitas y de amonitas. Las envi contra Jud para que la destruyeran, conforme a la palabra que Jehov haba anunciado por medio de sus siervos, los profetas.
Ciertamente vino esto contra Jud por mandato de Jehov, para apartarla de su presencia, por todos los pecados cometidos por Manass y
tambin por la sangre inocente que derram, pues llen a Jerusaln de sangre inocente. Por tanto, Jehov no quiso perdonar.
Los dems hechos de Joacim, y todo lo que hizo, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud?
Joacim durmi con sus padres y en su lugar rein Joaqun, su hijo.
El rey de Egipto nunca ms sali de su tierra, porque el rey de Babilonia se apoder de todo lo que era suyo desde el ro de Egipto hasta el ro ufrates.
Joaqun tena dieciocho aos cuando comenz a reinar y rein en Jerusaln tres meses. El nombre de su madre era Nehusta, hija de Elnatn, de Jerusaln.
E hizo lo malo ante los ojos de Jehov, conforme a todas las cosas que haba hecho su padre.
En aquel tiempo subieron contra Jerusaln los siervos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la ciudad fue sitiada.
Lleg tambin a la ciudad Nabucodonosor, rey de Babilonia, cuando sus siervos la tenan sitiada.
Entonces Joaqun, rey de Jud, junto con su madre, sus siervos, sus prncipes y sus oficiales, se rindi al rey de Babilonia. En el octavo ao de su reinado, el rey de Babilonia lo tom prisionero.
Despus sac de all todos los tesoros de la casa de Jehov y los de la casa real. Tal como lo haba dicho Jehov, rompi en pedazos todos los utensilios de oro que haba hecho Salomn, rey de Israel, en la casa de Jehov.
Se llev cautiva a toda Jerusaln, a todos los prncipes y a todos los hombres valientes, en nmero de diez mil cautivos, y a todos los artesanos y herreros; no qued nadie, excepto la gente pobre del pas.
Asimismo se llev cautivos de Jerusaln a Babilonia a Joaqun, a la madre del rey, a las mujeres del rey, a sus oficiales y a los poderosos de la tierra.
A todos los hombres de guerra, que fueron siete mil, a los artesanos y herreros, que fueron mil, y a todos los hombres fuertes y aptos para la guerra, se llev cautivos el rey de Babilonia.
Luego el rey de Babilonia puso como rey en lugar de Joaqun a Matanas, su to, y le cambi el nombre por el de Sedequas.
Sedequas tena veintin aos cuando comenz a reinar y rein en Jerusaln once aos. El nombre de su madre era Hamutal, hija de Jeremas, de Libna.
Hizo lo malo ante los ojos de Jehov, conforme a todo lo que haba hecho Joacim.
Vino, pues, la ira de Jehov contra Jerusaln y Jud, hasta que los ech de su presencia. Despus Sedequas se rebel contra el rey de Babilonia.
Aconteci en el noveno ao de su reinado, el da diez del mes dcimo, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, lleg con todo su ejrcito contra Jerusaln, la siti y levant torres alrededor de ella.
La ciudad estuvo sitiada hasta el ao undcimo del rey Sedequas.
A los nueve das del cuarto mes arreci el hambre en la ciudad y, cuando el pueblo de la tierra no tena ya nada que comer,
abrieron una brecha en el muro de la ciudad. Aunque los caldeos la tenan rodeada, todos los hombres de guerra huyeron durante la noche por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto a los huertos del rey. El rey se fue por el camino del Arab,
pero el ejrcito de los caldeos lo sigui y lo apres en las llanuras de Jeric, tras haber dispersado todo su ejrcito.
Preso, pues, el rey, lo llevaron a Ribla ante el rey de Babilonia, y dictaron sentencia contra l.
Degollaron a los hijos de Sedequas en presencia suya y a l le sacaron los ojos, lo ataron con cadenas y lo llevaron a Babilonia.
En el mes quinto, a los siete das del mes, en el ao diecinueve de Nabucodonosor, rey de Babilonia, lleg a Jerusaln Nabuzaradn, capitn de la guardia, siervo del rey de Babilonia.
Incendi la casa de Jehov, la casa del rey y todas las casas de Jerusaln; tambin prendi fuego a todas las casas de los prncipes.
Todo el ejrcito de los caldeos que acompaaba al capitn de la guardia derrib los muros que rodeaban a Jerusaln.
Entonces Nabuzaradn, capitn de la guardia, se llev cautivos a los del pueblo que haban quedado en la ciudad, a los que se haban pasado al rey de Babilonia y a los que haban quedado de la gente comn.
Nabuzaradn, capitn de la guardia, dej algunos de los pobres de la tierra para que labraran las vias y la tierra.
Los caldeos quebraron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehov, las basas y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehov, y se llevaron el bronce a Babilonia.
Tambin los caldeos se llevaron los calderos, las paletas, las despabiladeras, los cucharones y todos los utensilios de bronce con que ministraban:
incensarios, cuencos, los objetos de oro y de plata; todo se lo llev el capitn de la guardia.
No era posible calcular el peso de las dos columnas, el mar y las basas que Salomn haba hecho para la casa de Jehov.
La altura de una columna era de dieciocho codos y tena encima un capitel de bronce; la altura del capitel era de tres codos, y sobre el capitel haba una red y granadas en derredor, todo de bronce. Igual labor haba en la otra columna con su red.
El capitn de la guardia tom entonces presos al primer sacerdote Seraas, al segundo sacerdote Sofonas y a tres guardas de la vajilla.
Apres a un oficial de la ciudad que tena a su cargo los hombres de guerra, a cinco hombres de los consejeros del rey que estaban en la ciudad, al principal escriba del ejrcito, que llevaba el registro de la gente del pas, y a sesenta hombres del pueblo de la tierra que se encontraban en la ciudad.
Nabuzaradn, capitn de la guardia, los tom y los llev a Ribla ante el rey de Babilonia.
Y el rey de Babilonia hizo que los mataran en Ribla, en tierra de Hamat. As fue llevado cautivo Jud lejos de su tierra.
Al pueblo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, dej en tierra de Jud, le puso como gobernador a Gedalas hijo de Ahicam hijo de Safn.
Cuando todos los prncipes del ejrcito y su gente oyeron que el rey de Babilonia haba puesto por gobernador a Gedalas, se presentaron ante l en Mizpa. Eran Ismael hijo de Netanas, Johann hijo de Carea, Seraas hijo de Tanhumet, el netofatita, y Jaazanas, hijo de un maacateo, acompaados de los suyos.
Gedalas les hizo juramento a ellos y a los suyos, y les dijo: "No temis de servir a los caldeos; habitad en la tierra, servid al rey de Babilonia y os ir bien".
Pero en el mes sptimo lleg Ismael hijo de Netanas hijo de Elisama, de la estirpe real, acompaado de diez hombres, hirieron y mataron a Gedalas, as como a los de Jud y a los caldeos que estaban con l en Mizpa.
Entonces se levant todo el pueblo, desde el ms pequeo hasta el mayor, con los capitanes del ejrcito, y se fueron a Egipto por temor a los caldeos.
Aconteci en el ao treinta y siete del cautiverio de Joaqun, rey de Jud, en el mes duodcimo, a los veintisiete das del mes, que Evil-merodac, rey de Babilonia, en el primer ao de su reinado, liber a Joaqun, rey de Jud, sacndolo de la crcel.
Le habl con benevolencia y puso su trono ms alto que los tronos de los reyes que estaban con l en Babilonia.
Le cambi los vestidos de prisionero y Joaqun comi siempre delante de l, todos los das de su vida.
Diariamente le fue dado su sustento de parte del rey, da tras da, todos los das de su vida.
Adn, Set, Ens,
Cainn, Mahalaleel, Jared,
Enoc, Matusaln, Lamec,
No, Sem, Cam y Jafet.
Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javn, Tubal, Mesec y Tiras.
Los hijos de Gomer: Askenaz, Rifat y Togarma.
Los hijos de Javn: Elisa, Tarsis, Quitim y Dodanim.
Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canan.
Los hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca. Y los hijos de Raama: Seba y Dedn.
Cus engendr a Nimrod; este lleg a ser poderoso en la tierra.
Mizraim engendr a Ludim, Anamim, Lehabim, Naftuhim,
Patrusim y Casluhim; de estos salieron los filisteos y los caftoreos.
Canan engendr a Sidn, su primognito, y a Het,
al jebuseo, al amorreo, al gergeseo,
al heveo, al araceo, al sineo,
al arvadeo, al zemareo y al hamateo.
Los hijos de Sem: Elam, Asur, Arfaxad, Lud, Aram, Uz, Hul, Geter y Mesec.
Arfaxad engendr a Sela, y Sela engendr a Heber.
Y a Heber le nacieron dos hijos; el nombre del uno fue Peleg, por cuanto en sus das fue dividida la tierra; y el nombre de su hermano fue Joctn.
Joctn engendr a Almodad, Selef, Hazar-mavet, Jera,
Adoram, Uzal, Dicla,
Ebal, Abimael, Seba,
Ofir, Havila y Jobab; todos hijos de Joctn.
Sem, Arfaxad, Sela,
Heber, Peleg, Reu,
Serug, Nacor, Tar,
y Abram, el cual es Abraham.
Los hijos de Abraham: Isaac e Ismael.
Y estas son sus descendencias: el primognito de Ismael, Nebaiot; despus Cedar, Adbeel, Mibsam,
Misma, Duma, Massa, Hadad, Tema,
Jetur, Nafis y Cedema; estos son los hijos de Ismael.
Y Cetura, concubina de Abraham, dio a luz a Zimram, Jocsn, Medn, Madin, Isbac y Sa. Los hijos de Jocsn: Seba y Dedn.
Los hijos de Madin: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda; todos estos fueron hijos de Cetura.
Abraham engendr a Isaac, y los hijos de Isaac fueron Esa e Israel.
Los hijos de Esa: Elifaz, Reuel, Jes, Jaalam y Cor.
Los hijos de Elifaz: Temn, Omar, Zefo, Gatam, Cenaz, Timna y Amalec.
Los hijos de Reuel: Nahat, Zera, Sama y Miza.
Los hijos de Seir: Lotn, Sobal, Ziben, An, Disn, Ezer y Disn.
Los hijos de Lotn: Hori y Homam; y Timna fue hermana de Lotn.
Los hijos de Sobal: Alvn, Manahat, Ebal, Sefo y Onam. Los hijos de Ziben: Aja y An.
Disn fue hijo de An; y los hijos de Disn: Amram, Esbn, Itrn y Quern.
Los hijos de Ezer: Bilhn, Zaavn y Jaacn. Los hijos de Disn: Uz y Arn.
Estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinara rey sobre los hijos de Israel: Bela hijo de Beor; y el nombre de su ciudad fue Dinaba.
Cuando muri Bela, rein en su lugar Jobab hijo de Zera, de Bosra.
Cuando muri Jobab, rein en su lugar Husam, de la tierra de los temanitas.
Cuando muri Husam, rein en su lugar Hadad hijo de Bedad, el que derrot a Madin en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad fue Avit.
Cuando muri Hadad, rein en su lugar Samla, de Masreca.
Cuando muri Samla, rein en su lugar Sal, de Rehobot, que est junto al ufrates.
Cuando muri Sal, rein en su lugar Baal-hann hijo de Acbor.
Cuando muri Baal-hann, rein en su lugar Hadad, el nombre de cuya ciudad fue Pai; y el nombre de su mujer, Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezaab.
Cuando muri Hadad, sucedieron en Edom los jefes Timna, Alva, Jetet,
Aholibama, Ela, Pinn,
Cenaz, Temn, Mibzar,
Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom.
Estos son los hijos de Israel: Rubn, Simen, Lev, Jud, Isacar, Zabuln,
Dan, Jos, Benjamn, Neftal, Gad y Aser.
Los hijos de Jud: Er, Onn y Sela. Estos tres le nacieron de la hija de Sa, la cananea. Y Er, primognito de Jud, fue malo delante de Jehov, quien lo mat.
Tamar, nuera de Jud, dio a luz a Fares y a Zera. Todos los hijos de Jud fueron cinco.
Los hijos de Fares: Hezrn y Hamul.
Y los hijos de Zera: Zimri, Etn, Hemn, Calcol y Dara; por todos cinco.
Hijo de Carmi fue Acn, el que perturb a Israel, porque prevaric en el anatema.
Azaras fue hijo de Etn.
Los hijos que nacieron a Hezrn: Jerameel, Ram y Quelubai.
Ram engendr a Aminadab, y Aminadab engendr a Naasn, prncipe de los hijos de Jud.
Naasn engendr a Salmn, y Salmn engendr a Booz.
Booz engendr a Obed, y Obed engendr a Isa.
Isa engendr a Eliab, su primognito; a Abinadab, el segundo, el tercero fue Simea,
el cuarto, Natanael, el quinto, Radai,
el sexto, Ozem, el sptimo, David,
de los cuales Sarvia y Abigail fueron hermanas. Los hijos de Sarvia fueron tres: Abisai, Joab y Asael.
Abigail dio a luz a Amasa, cuyo padre fue Jeter, el ismaelita.
Caleb hijo de Hezrn engendr de Azuba, su mujer, a Jeriot. Y los hijos de ella fueron Jeser, Sobab y Ardn.
Cuando muri Azuba, tom Caleb por mujer a Efrata, la cual dio a luz a Hur.
Hur engendr a Uri, y Uri engendr a Bezaleel.
Despus Hezrn se uni a la hija de Maquir, padre de Galaad, la cual tom por esposa siendo l de sesenta aos; y ella dio a luz a Segub.
Y Segub engendr a Jair, el cual tuvo veintitrs ciudades en la tierra de Galaad.
Pero Gesur y Aram tomaron de ellos las ciudades de Jair, con Kenat y sus aldeas, sesenta lugares. Todos estos fueron descendientes de Maquir, padre de Galaad.
Despus que muri Hezrn en Caleb de Efrata, Abas, mujer de Hezrn, dio a luz a Asur, padre de Tecoa.
Los hijos de Jerameel, primognito de Hezrn, fueron Ram, su primognito, Buna, Orn, Ozem y Ahas.
Y tuvo Jerameel otra mujer llamada Atara, la cual fue madre de Onam.
Los hijos de Ram, primognito de Jerameel, fueron Maaz, Jamn y Equer.
Los hijos de Onam fueron Samai y Jada. Los hijos de Samai: Nadab y Abisur.
El nombre de la mujer de Abisur fue Abihail, la cual dio a luz a Ahbn y a Molid.
Los hijos de Nadab: Seled y Apaim. Y Seled muri sin hijos.
Isi fue hijo de Apaim, Sesn fue hijo de Isi, y el hijo de Sesn fue Ahlai.
Los hijos de Jada, hermano de Samai, fueron Jeter y Jonatn. Y muri Jeter sin hijos.
Los hijos de Jonatn: Pelet y Zaza. Estos fueron los hijos de Jerameel.
Sesn no tuvo hijos, sino hijas; pero tena Sesn un siervo egipcio llamado Jarha.
A este Sesn dio su hija por mujer, y ella dio a luz a Atai.
Atai engendr a Natn, y Natn engendr a Zabad;
Zabad engendr a Eflal, Eflal engendr a Obed;
Obed engendr a Jeh, Jeh engendr a Azaras;
Azaras engendr a Heles, Heles engendr a Elasa;
Elasa engendr a Sismai, Sismai engendr a Salum;
Salum engendr a Jecamas, y Jecamas engendr a Elisama.
Los hijos de Caleb, hermano de Jerameel, fueron: Mesa, su primognito, que fue el padre de Zif, y los hijos de Maresa, padre de Hebrn.
Y los hijos de Hebrn: Cor, Tapa, Requem y Sema.
Sema engendr a Raham, padre de Jorcoam, y Requem engendr a Samai.
Man fue hijo de Samai, y Man fue padre de Bet-sur.
Efa, concubina de Caleb, dio a luz a Harn, a Mosa y a Gazez. Y Harn engendr a Gazez.
Los hijos de Jahdai: Regem, Jotam, Gesam, Pelet, Efa y Saaf.
Maaca, concubina de Caleb, dio a luz a Seber y a Tirhana.
Tambin dio a luz a Saaf, padre de Madmana, y a Seva, padre de Macbena y de Gibea. Y Acsa fue hija de Caleb.
Estos fueron los hijos de Caleb. Los hijos de Hur, primognito de Efrata: Sobal, padre de Quiriat-jearim,
Salma, padre de Beln, y Haref, padre de Bet-gader.
Y los hijos de Sobal, padre de Quiriat-jearim, fueron Haroe, la mitad de los manahetitas.
Y las familias de Quiriat-jearim fueron los itritas, los futitas, los sumatitas y los misratas, de los cuales salieron los zoratitas y los estaolitas.
Los hijos de Salma: Beln, los netofatitas, Atrot-bet-joab, la mitad de los manahetitas, los zoratas,
y las familias de los escribas que habitaban en Jabes, los tirateos, los simeateos y los sucateos. Estos son los ceneos que vinieron de Hamat, padre de la casa de Recab.
Estos son los hijos de David que le nacieron en Hebrn: el primognito Amnn, de Ahinoam, la jezreelita; el segundo, Daniel, de Abigail, la de Carmel;
el tercero, Absaln hijo de Maaca, hija de Talmai, rey de Gesur; el cuarto, Adonas, hijo de Haguit;
el quinto, Sefatas, de Abital; el sexto, Itream, de su mujer Egla.
Estos seis le nacieron en Hebrn, donde rein siete aos y seis meses; y en Jerusaln rein treinta y tres aos.
Estos cuatro le nacieron en Jerusaln: Simea, Sobab, Natn y Salomn hijo de Bet-sa, hija de Amiel.
Y otros nueve: Ibhar, Elisama, Elifelet,
Noga, Nefeg, Jafa,
Elisama, Eliada y Elifelet.
Todos estos fueron los hijos de David, sin contar los hijos de las concubinas. Tamar fue hermana de ellos.
Hijo de Salomn fue Roboam, cuyo hijo fue Abas, del cual fue hijo Asa, cuyo hijo fue Josafat,
de quien fue hijo Joram, cuyo hijo fue Ocozas, hijo del cual fue Jos,
del cual fue hijo Amasas, cuyo hijo fue Azaras, e hijo de este, Jotam.
Hijo de este fue Acaz, del que fue hijo Ezequas, cuyo hijo fue Manass,
del cual fue hijo Amn, cuyo hijo fue Josas.
Y los hijos de Josas: Johann, su primognito; el segundo fue Joacim, el tercero, Sedequas, el cuarto, Salum.
Los descendientes de Joacim fueron Jeconas y Sedequas.
Y los hijos de Jeconas: Asir, Salatiel,
Malquiram, Pedaas, Senazar, Jecamas, Hosama y Nedabas.
Los hijos de Pedaas: Zorobabel y Simei. Y los hijos de Zorobabel: Mesulam, Hananas, y Selomit, su hermana.
Tambin estos cinco: Hasuba, Ohel, Berequas, Hasadas y Jusab-hesed.
Los hijos de Hananas: Pelatas y Jesaas; Refaas, su hijo; Arnn, su hijo; Abdas, su hijo; Secanas, su hijo.
Hijo de Secanas fue Semaas; y los hijos de Semaas: Hats, Igal, Baras, Nearas y Safat, seis en total.
Los hijos de Nearas fueron estos tres: Elioenai, Ezequas y Azricam.
Los hijos de Elioenai fueron estos siete: Hodavas, Eliasib, Pelaas, Acub, Johann, Dalaas y Anani.
Los hijos de Jud: Fares, Hezrn, Carmi, Hur y Sobal.
Reaa hijo de Sobal engendr a Jahat, y Jahat engendr a Ahumai y a Lahad. Estas son las familias de los zoratitas.
Estas son las del padre de Etam: Jezreel, Isma e Ibdas. Y el nombre de su hermana fue Haze-lelponi.
Penuel fue padre de Gedor, y Ezer fue padre de Husa. Estos fueron los hijos de Hur, primognito de Efrata, padre de Beln.
Asur, padre de Tecoa, tuvo dos mujeres, Hela y Naara.
Y Naara dio a luz a Ahuzam, Hefer, Temeni y Ahastari. Estos fueron los hijos de Naara.
Los hijos de Hela: Zeret, Jezoar y Etnn.
Cos engendr a Anub, a Zobeba, y la familia de Aharhel hijo de Harum.
Jabes fue ms ilustre que sus hermanos, al cual su madre llam Jabes, diciendo: "Por cuanto lo di a luz con dolor".
Invoc Jabes al Dios de Israel diciendo: "Te ruego que me des tu bendicin, que ensanches mi territorio, que tu mano est conmigo y que me libres del mal, para que no me dae". Y le otorg Dios lo que pidi.
Quelub, hermano de Sa engendr a Mehir, el cual fue padre de Estn.
Estn engendr a Bet-rafa, a Paseah, y a Tehina, padre de la ciudad de Nahas; estos son los hombres de Reca.
Los hijos de Cenaz: Otoniel y Seraas. Los hijos de Otoniel: Hatat,
y Meonotai, el cual engendr a Ofra. Y Seraas engendr a Joab, padre de los habitantes del valle de Carisim, pues fueron artesanos.
Los hijos de Caleb hijo de Jefone: Iru, Ela y Naam; e hijo de Ela fue Cenaz.
Los hijos de Jehalelel: Zif, Zifa, Tiras y Asareel.
Los hijos de Esdras: Jeter, Mered, Efer y Jaln; tambin engendr a Mara, a Samai y a Isba, padre de Estemoa.
Y su mujer Jehudaa dio a luz a Jered, padre de Gedor, a Heber, padre de Soco, y a Jecutiel, padre de Zanoa. Estos fueron los hijos de Bitia, hija del faran, con la cual se cas Mered.
Los hijos de la mujer de Hodas, hermana de Naham, fueron el padre de Keila, el garmita, y Estemoa, el maacateo.
Los hijos de Simn: Amnn, Rina, Ben-hann y Tiln. Los hijos de Isi: Zohet y Benzohet.
Los hijos de Sela hijo de Jud: Er, padre de Leca, y Laada, padre de Maresa, y las familias de los que trabajan lino en Bet-asbea;
Joacim, y los hombres de Cozeba, Jos, y Saraf, los cuales dominaron en Moab y volvieron a Lehem, segn registros antiguos.
Estos eran alfareros y habitaban en medio de plantos y cercados; habitaban all con el rey, ocupados en su servicio.
Los hijos de Simen: Nemuel, Jamn, Jarib, Zera, Sal,
y su hijo Salum, su hijo Mibsam y su hijo Misma.
Los hijos de Misma: su hijo Hamuel, su hijo Zacur y su hijo Simei.
Los hijos de Simei fueron diecisis, y seis hijas; pero sus hermanos no tuvieron muchos hijos, ni multiplicaron toda su familia como los hijos de Jud.
Y habitaron en Beerseba, Molada, Hazar-sual,
Bilha, Ezem, Tolad,
Betuel, Horma, Siclag,
Bet-marcabot, Hazar-susim, Bet-birai y Saaraim. Estas fueron sus ciudades hasta el reinado de David.
Y sus aldeas fueron Etam, An, Rimn, Toqun y Asn; cinco pueblos,
y todas las aldeas que estaban alrededor de estas ciudades hasta Baal. Esta fue su habitacin, y esta su descendencia.
Mesobab, Jamlec, Josas hijo de Amasas,
Joel, Jeh hijo de Josibas hijo de Seraas, hijo de Asiel,
Elioenai, Jaacoba, Jesohaa, Asaas, Adiel, Jesimiel, Benaa,
y Ziza hijo de Sifi hijo de Aln, hijo de Jedaas, hijo de Simri, hijo de Semaas.
Estos, por sus nombres, son los principales entre sus familias; y las casas de sus padres fueron multiplicadas en gran manera.
Llegaron hasta la entrada de Gedor, hasta el oriente del valle, buscando pastos para sus ganados.
Y hallaron abundantes y buenos pastos, y tierra ancha y espaciosa, quieta y reposada, porque los de Cam la habitaban antes.
Pero estos que han sido mencionados por sus nombres, vinieron en das de Ezequas, rey de Jud, y desbarataron las tiendas y cabaas que all hallaron, hasta el da de hoy, y habitaron all en lugar de ellos; por cuanto haba all pastos para sus ganados.
Asimismo quinientos hombres de ellos, de los hijos de Simen, fueron a los montes de Seir, llevando por capitanes a Pelatas, Nearas, Refaas y Uziel, hijos de Isi,
y derrotaron a los que haban quedado de Amalec, y habitaron all hasta el da de hoy.
Rubn era el primognito de Israel, pero como profan el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de Jos hijo de Israel, y no fue contado por primognito.
Es verdad que Jud lleg a ser ms poderoso que sus hermanos, y el prncipe de ellos, pero el derecho de primogenitura fue de Jos.
Los hijos de Rubn, primognito de Israel, fueron: Hanoc, Fal, Hezrn y Carmi.
Los descendientes de Joel fueron: Semaas, Gog, Simei,
Micaa, Reaa, Baal,
Beera, principal de los rubenitas, que fue llevado cautivo por Tiglat-pileser, rey de los asirios.
Sus hermanos, por sus familias, segn el registro de sus genealogas, fueron Jeiel, el primero y Zacaras.
Bela hijo de Azaz hijo de Sema, hijo de Joel, habit en Aroer hasta Nebo y Baal-men.
Habit tambin al oriente hasta el borde del desierto que se extiende desde el ro ufrates, porque su ganado se haba multiplicado en la tierra de Galaad.
En los das de Sal hicieron guerra contra los agarenos, los cuales cayeron en sus manos; y ellos habitaron en sus tiendas en toda la regin oriental de Galaad.
Los hijos de Gad habitaron enfrente de ellos en la tierra de Basn hasta Salca.
Joel fue el principal en Basn; el segundo, Safn, luego Jaanai, despus Safat.
Sus hermanos, segn las familias de sus padres, fueron Micael, Mesulam, Seba, Jorai, Jacn, Za y Heber; por todos siete.
Estos fueron los hijos de Abihail hijo de Huri hijo de Jaroa, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesisai, hijo de Jahdo, hijo de Buz.
Tambin Ah hijo de Abdiel hijo de Guni, fue principal en la casa de sus padres.
Ellos habitaron en Galaad, en Basn y en sus aldeas, y en todos los ejidos de Sarn, hasta sus confines.
Todos estos fueron contados por sus generaciones en das de Jotam, rey de Jud, y en das de Jeroboam, rey de Israel.
Los hijos de Rubn y de Gad, y la media tribu de Manass, hombres valientes, hombres que llevaban escudo y espada, que manejaban el arco, y diestros en la guerra, eran cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta que salan a batalla.
Estos guerrearon contra los agarenos, Jetur, Nafis y Nodab.
Pero en medio de la guerra clamaron a Dios y l les ayud, por cuanto confiaron en l, de tal manera que los agarenos y todos los que con ellos estaban cayeron en sus manos.
Y tomaron sus ganados: cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas y dos mil asnos; tambin cien mil personas.
Y cayeron muchos muertos, porque la guerra era de Dios; y habitaron en sus lugares hasta el cautiverio.
Los hijos de la media tribu de Manass, multiplicados en gran manera, habitaron en la tierra desde Basn hasta Baal-hermn, Senir y el monte Hermn.
Estos fueron los jefes de las casas de sus padres: Efer, Isi, Eliel, Azriel, Jeremas, Hodavas y Jahdiel, hombres valientes y esforzados, hombres famosos y jefes de las casas de sus padres.
Pero se rebelaron contra el Dios de sus padres, y se prostituyeron siguiendo a los dioses de los pueblos de la tierra, a los cuales Jehov haba quitado de delante de ellos;
por lo cual el Dios de Israel excit el espritu de Pul, rey de los asirios, y el espritu de Tiglat-pileser, rey de los asirios, el cual deport a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manass, y los llev a Halah, a Habor, a Hara y al ro Gozn, hasta el da de hoy.
Los hijos de Lev: Gersn, Coat y Merari.
Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrn y Uziel.
Los hijos de Amram: Aarn, Moiss y Mara. Los hijos de Aarn: Nadab, Abi, Eleazar e Itamar.
Eleazar engendr a Finees, Finees engendr a Abisa,
Abisa engendr a Buqui, Buqui engendr a Uzi,
Uzi engendr a Zeraas, Zeraas engendr a Meraiot,
Meraiot engendr a Amaras, Amaras engendr a Ahitob,
Ahitob engendr a Sadoc, Sadoc engendr a Ahimaas,
Ahimaas engendr a Azaras, Azaras engendr a Johann,
y Johann engendr a Azaras, el que tuvo el sacerdocio en la Casa que Salomn edific en Jerusaln.
Azaras engendr a Amaras, Amaras engendr a Ahitob,
Ahitob engendr a Sadoc, Sadoc engendr a Salum,
Salum engendr a Hilcas, Hilcas engendr a Azaras,
Azaras engendr a Seraas, y Seraas engendr a Josadac,
y Josadac fue llevado cautivo cuando Jehov deport a Jud y a Jerusaln por mano de Nabucodonosor.
Los hijos de Lev: Gersn, Coat y Merari.
Estos son los nombres de los hijos de Gersn: Libni y Simei.
Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrn y Uziel.
Los hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas son las familias de Lev, segn sus descendencias.
Gersn: Libni, Jahat, Zima,
Joa, Iddo, Zera y Jeatrai.
Los descendientes de Coat: Aminadab, Cor, Asir,
Elcana, Ebiasaf, Asir,
Tahat, Uriel, Uzas, y Sal.
Los hijos de Elcana: Amasai y Ahimot;
los descendientes de Ahimot: Elcana, Zofai, Nahat,
Eliab, Jeroham y Elcana.
Los hijos de Samuel: el primognito, Vasni, y Abas.
Los descendientes de Merari: Mahli, Libni, Simei, Uza,
Simea, Hagua y Asaas.
Estos son los que David puso a cargo del servicio del canto en la casa de Jehov, despus que el Arca tuvo reposo,
los cuales servan delante de la tienda del Tabernculo de reunin en el canto, hasta que Salomn edific la casa de Jehov en Jerusaln; despus se mantuvieron en su ministerio segn su costumbre.
Estos, pues, con sus hijos, ayudaban: de los hijos de Coat, el cantor Hemn hijo de Joel hijo de Samuel,
hijo de Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliel, hijo de Toa,
hijo de Zuf, hijo de Elcana, hijo de Mahat, hijo de Amasai,
hijo de Elcana, hijo de Joel, hijo de Azaras, hijo de Sofonas,
hijo de Tahat, hijo de Asir, hijo de Ebiasaf, hijo de Cor,
hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Lev, hijo de Israel.
A su mano derecha estaba su hermano Asaf hijo de Berequas hijo de Simea,
hijo de Micael, hijo de Baasas, hijo de Malquas,
hijo de Etni, hijo de Zera, hijo de Adaa,
hijo de Etn, hijo de Zima, hijo de Simei,
hijo de Jahat, hijo de Gersn, hijo de Lev.
Pero a la mano izquierda estaban sus hermanos, los hijos de Merari, esto es, Etn hijo de Quisi hijo de Abdi, hijo de Maluc,
hijo de Hasabas, hijo de Amasas, hijo de Hilcas,
hijo de Amsi, hijo de Bani, hijo de Semer,
hijo de Mahli, hijo de Musi, hijo de Merari, hijo de Lev.
Y sus hermanos, los levitas, fueron puestos sobre todo el ministerio del tabernculo de la casa de Dios.
Pero Aarn y sus hijos ofrecan sacrificios sobre el altar del holocausto, y sobre el altar del perfume quemaban incienso, y ministraban en toda la obra del Lugar santsimo, y hacan las expiaciones por Israel conforme a todo lo que Moiss, siervo de Dios, haba mandado.
Los descendientes de Aarn son estos: Eleazar, Finees, Abisa,
Buqui, Uzi, Zeraas,
Meraiot, Amaras, Ahitob,
Sadoc y Ahimaas.
Estos son los lugares de residencia y los lmites de los territorios de los hijos de Aarn. A las familias de los coatitas, a quienes les toc primero la suerte,
les dieron Hebrn, en la tierra de Jud, con sus ejidos alrededor de ella.
Pero el territorio de la ciudad y sus aldeas se dieron a Caleb hijo de Jefone.
De Jud dieron a los hijos de Aarn la ciudad de refugio, esto es, Hebrn; adems, Libna con sus ejidos, Jatir, Estemoa con sus ejidos,
Hiln con sus ejidos, Debir con sus ejidos,
Asn y Bet-semes, con sus respectivos ejidos.
De Benjamn les dieron Geba, Alemet y Anatot, con sus ejidos. Trece fue el total de sus ciudades, repartidas segn sus familias.
A los hijos de Coat, segn sus familias, les dieron por suerte diez ciudades de la media tribu de Manass.
A los hijos de Gersn, segn sus familias, les dieron de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftal y de la tribu de Manass en Basn, trece ciudades.
Y a los hijos de Merari, segn sus familias, les dieron por suerte doce ciudades de las tribus de Rubn, Gad y Zabuln.
Los hijos de Israel dieron a los levitas ciudades con sus ejidos.
Dieron por suerte de la tribu de Jud, de la tribu de Simen y de la tribu de Benjamn, las ciudades ya nombradas.
A las familias de los hijos de Coat dieron ciudades con sus ejidos de la tribu de Efran.
Les dieron Siquem, la ciudad de refugio, con sus ejidos en los montes de Efran; adems, Gezer,
Jocmeam, Bet-horn,
Ajaln y Gat-rimn, con sus respectivos ejidos.
A las otras familias de los hijos de Coat les dieron Aner y Bileam, las cuales pertenecan a la media tribu de Manass, con sus respectivos ejidos.
A los hijos de Gersn dieron de la media tribu de Manass, Goln en Basn y Astarot, con sus respectivos ejidos.
De la tribu de Isacar, Cedes, Daberat,
Ramot y Anem, con sus respectivos ejidos.
De la tribu de Aser, Masal, Abdn,
Hucoc y Rehob, con sus respectivos ejidos.
De la tribu de Neftal, Cedes en Galilea, Hamn y Quiriataim, con sus respectivos ejidos.
Al resto de los hijos de Merari dieron, de la tribu de Zabuln, Rimn y Tabor, con sus ejidos.
Del otro lado del Jordn, frente a Jeric, al oriente del Jordn, dieron de la tribu de Rubn, Beser en el desierto, Jaza,
Cademot y Mefaat, con sus respectivos ejidos.
Y de la tribu de Gad, Ramot de Galaad, Mahanaim,
Hesbn y Jazer, con sus respectivos ejidos.
Los hijos de Isacar fueron cuatro: Tola, Fa, Jasub y Simrn.
Los hijos de Tola: Uzi, Refaas, Jeriel, Jahmai, Jibsam y Semuel, jefes de las familias de sus padres. El nmero de los descendientes de Tola, en el tiempo de David, era de veintids mil seiscientos hombres muy valerosos.
Hijo de Uzi fue Israhas; y los hijos de Israhas: Micael, Obadas, Joel e Isas; por todos, cinco prncipes.
Y haba con ellos, segn sus genealogas, por las familias de sus padres, treinta y seis mil hombres de guerra; pues tuvieron muchas mujeres e hijos.
Sus hermanos de todas las familias de Isacar, contados todos por sus genealogas, eran ochenta y siete mil hombres valientes en extremo.
Los hijos de Benjamn fueron tres: Bela, Bequer y Jediael.
Los hijos de Bela: Ezbn, Uzi, Uziel, Jerimot e Iri; cinco jefes de casas paternas, hombres de gran valor, y de cuya descendencia fueron contados veintids mil treinta y cuatro.
Los hijos de Bequer: Zemira, Jos, Eliezer, Elioenai, Omri, Jerimot, Abas, Anatot y Alamet; todos estos fueron hijos de Bequer.
Y contados por sus descendencias, segn sus genealogas, los que eran jefes de familias resultaron veinte mil doscientos hombres valientes.
Hijo de Jediael fue Bilhn; y los hijos de Bilhn: Jes, Benjamn, Aod, Quenaana, Zetn, Tarsis y Ahisahar.
Todos estos fueron hijos de Jediael, jefes de familias, hombres muy valerosos; en total eran diecisiete mil doscientos hombres que salan a combatir en la guerra.
Supim y Hupim fueron hijos de Hir; y Husim, hijo de Aher.
Los hijos de Neftal: Jahzeel, Guni, Jezer y Salum, hijos de Bilha.
Los hijos de Manass: Asriel, al cual dio a luz su concubina, la siria, la cual tambin dio a luz a Maquir, padre de Galaad.
Y Maquir tom mujer de Hupim y Supim, cuya hermana tuvo por nombre Maaca; y el nombre del segundo fue Zelofehad. Y Zelofehad tuvo hijas.
Maaca, mujer de Maquir, dio a luz un hijo, y lo llam Peres; y el nombre de su hermano fue Seres, cuyos hijos fueron Ulam y Requem.
Hijo de Ulam fue Bedn. Estos fueron los hijos de Galaad hijo de Maquir hijo de Manass.
Su hermana Hamolequet dio a luz a Isod, Abiezer y Mahala.
Los hijos de Semida fueron Ahin, Siquem, Likhi y Aniam.
Los descendientes de Efran: Sutela, Bered, Tahat, Elada, Tahat,
Zabad, Sutela, Ezer y Elad. Pero los hijos de Gat, naturales de aquella tierra, los mataron, porque vinieron a tomarles sus ganados.
Efran, su padre, hizo duelo por muchos das, y vinieron sus hermanos a consolarlo.
Despus l se lleg a su mujer, y ella concibi y dio a luz un hijo, al cual puso por nombre Bera, por cuanto la afliccin haba estado en su casa.
Seera, hija de Bera, edific a Bet-horn de abajo y de arriba, y a Uzen-seera.
Descendientes de este Bera fueron Refa, Resef, Telah, Tahn,
Laadn, Amiud, Elisama,
Nun y Josu.
La heredad y habitacin de ellos fue Bet-el con sus aldeas; y hacia el oriente Naarn, y a la parte del occidente Gezer y sus aldeas; asimismo Siquem con sus aldeas, hasta Gaza y sus aldeas;
y junto al territorio de los hijos de Manass, Bet-sen con sus aldeas, Taanac con sus aldeas, Meguido con sus aldeas, y Dor con sus aldeas. En estos lugares habitaron los hijos de Jos hijo de Israel.
Los hijos de Aser: Imna, Isa, Isi, Bera y su hermana Sera.
Los hijos de Bera: Heber y Malquiel, el cual fue padre de Birzavit.
Y Heber engendr a Jaflet, Somer, Hotam y Sa, hermana de ellos.
Los hijos de Jaflet: Pasac, Bimhal y Asvat. Estos fueron los hijos de Jaflet.
Los hijos de Semer: Ah, Rohga, Jehba y Aram.
Los hijos de Helem, su hermano: Zofa, Imna, Seles y Amal.
Los hijos de Zofa: Sa, Harnefer, Sal, Beri, Imra,
Beser, Hod, Sama, Silsa, Itrn y Beera.
Los hijos de Jeter: Jefone, Pispa y Ara.
Los hijos de Ula: Ara, Haniel y Rezia.
Todos estos fueron hijos de Aser, cabezas de familias paternas, escogidos, esforzados, jefes de prncipes. Al ser contados, segn los registros de sus genealogas, eran veintisis mil hombres los que podan tomar las armas.
Benjamn engendr a Bela, su primognito; a Asbel, el segundo, Ahara, el tercero,
Noha, el cuarto, y a Rafa, el quinto.
Y los hijos de Bela fueron Adar, Gera, Abiud,
Abisa, Naamn, Ahoa,
Gera, Sefufn e Hiram.
Estos son los hijos de Aod, los jefes de casas paternas que habitaron en Geba y fueron desterrados a Manahat:
Naamn, Ahas y Gera, padre de Uza y Ahiud, que fue quien los desterr.
Saharaim engendr hijos en la provincia de Moab, despus que dej a Husim y a Baara que eran sus mujeres.
Engendr, pues, de Hodes, su mujer, a Jobab, Sibia, Mesa, Malcam,
Jez, Saquas y Mirma. Estos son sus hijos, jefes de familias.
Y de Husim engendr a Abitob y a Elpaal.
Los hijos de Elpaal fueron: Heber, Misam y Semed (el cual edific Ono, y Lod con sus aldeas),
Bera y Sema, que fueron jefes de las familias de los habitantes de Ajaln, los cuales echaron a los habitantes de Gat.
Aho, Sasac, Jeremot,
Zebadas, Arad, Ader,
Micael, Ispa y Joha, fueron hijos de Bera.
Zebadas, Mesulam, Hizqui, Heber,
Ismerai, Jezlas y Jobab, fueron hijos de Elpaal.
Jaquim, Zicri, Zabdi,
Elienai, Ziletai, Eliel,
Adaas, Beraas y Simrat, fueron hijos de Simei.
Ispn, Heber, Eliel,
Abdn, Zicri, Hann,
Hananas, Elam, Anatotas,
Ifdaas y Peniel, fueron hijos de Sasac.
Samserai, Seharas, Atalas,
Jaresas, Elas y Zicri, fueron hijos de Jeroham.
Estos fueron jefes principales de familias, segn sus generaciones, y habitaron en Jerusaln.
En Gaban habitaron Abigaban, la mujer del cual se llam Maaca.
Sus hijos fueron Abdn, el primognito, Zur, Cis, Baal, Nadab,
Gedor, Aho y Zequer.
Y Miclot engendr a Simea. Estos tambin habitaron frente a sus hermanos en Jerusaln.
Ner engendr a Cis, Cis engendr a Sal, y Sal engendr a Jonatn, Malquisa, Abinadab y Es-baal.
Hijo de Jonatn fue Merib-baal, y Merib-baal engendr a Micaa.
Los hijos de Micaa fueron: Pitn, Melec, Tarea y Acaz.
Acaz engendr a Joada, Joada engendr a Alemet, Azmavet y Zimri, y Zimri engendr a Mosa.
Mosa engendr a Bina, padre de Rafa, padre de Elasa, padre de Azel.
Los hijos de Azel fueron seis, cuyos nombres son Azricam, Bocru, Ismael, Searas, Obadas y Hann; todos estos fueron hijos de Azel.
Los hijos de Esec, su hermano, fueron: Ulam, el primognito, Jehs, el segundo, y Elifelet, el tercero.
Y fueron los hijos de Ulam hombres valientes y vigorosos, flecheros diestros, los cuales tuvieron muchos hijos y nietos; ciento cincuenta en total. Todos estos fueron de los hijos de Benjamn.
Contado todo Israel por sus genealogas, fueron escritos en el libro de los reyes de Israel. Los de Jud fueron deportados a Babilonia por su rebelin.
Los primeros habitantes que entraron en sus posesiones en las ciudades fueron israelitas, sacerdotes, levitas y sirvientes del Templo.
Habitaron en Jerusaln, de los hijos de Jud, de los hijos de Benjamn, de los hijos de Efran y de Manass:
Utai hijo de Amiud hijo de Omri, hijo de Imri, hijo de Bani, de los hijos de Fares hijo de Jud.
De los silonitas: Asaas, el primognito, y sus hijos.
De los hijos de Zera: Jeuel y sus hermanos; seiscientos noventa en total.
De los hijos de Benjamn: Sal hijo de Mesulam hijo de Hodavas, hijo de Asena;
Ibneas hijo de Jeroham; Ela hijo de Uzi hijo de Micri, y Mesulam hijo de Sefatas hijo de Reuel, hijo de Ibnas.
Y sus hermanos, segn sus generaciones, fueron novecientos cincuenta y seis. Todos estos hombres fueron jefes de familia en sus casas paternas.
De los sacerdotes: Jedaas, Joiarib, Jaqun,
Azaras hijo de Hilcas hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ahitob, prncipe de la casa de Dios;
Adaa hijo de Jeroham hijo de Pasur, hijo de Malquas; Masai hijo de Adiel hijo de Jazera, hijo de Mesulam, hijo de Mesilemit, hijo de Imer,
y sus hermanos, jefes de sus casas paternas, en nmero de mil setecientos sesenta, hombres muy eficaces en la obra del ministerio en la casa de Dios.
De los levitas: Semaas hijo de Hasub hijo de Azricam, hijo de Hasabas, de la familia de Merari,
Bacbacar, Heres, Galal, Matanas hijo de Micaa hijo de Zicri, hijo de Asaf;
Obadas hijo de Semaas hijo de Galal, hijo de Jedutn; y Berequas hijo de Asa hijo de Elcana, el cual habit en las aldeas de los netofatitas.
Los porteros: Salum, Acub, Talmn, Ahimn y sus hermanos. Salum era el jefe.
Hasta ahora, entre las cuadrillas de los hijos de Lev, han sido estos los porteros en la puerta del rey, al oriente.
Salum hijo de Cor hijo de Ebiasaf, hijo de Cor, y sus hermanos, los coretas, de la misma casa paterna, tuvieron a su cargo la obra del ministerio, guardando las puertas del Tabernculo, como sus padres guardaron la entrada del campamento de Jehov.
Finees hijo de Eleazar fue antes su capitn; y Jehov estaba con l.
Zacaras hijo de Meselemas era portero de la puerta del Tabernculo de reunin.
Todos estos, escogidos para ser guardias de las puertas, eran doscientos doce cuando fueron contados en sus villas, segn el registro de sus genealogas, los cuales haban sido establecidos en sus cargos por David y Samuel, el vidente.
Tanto ellos como sus hijos eran porteros, y se turnaban a las puertas de la casa de Jehov, y de la casa del Tabernculo.
Y estaban los porteros a los cuatro lados: al oriente, al occidente, al norte y al sur.
Y sus hermanos, que estaban en sus aldeas, venan cada siete das segn su turno para estar con ellos.
Porque cuatro principales de los porteros levitas estaban de guardia permanentemente, y tenan a su cargo las habitaciones y los tesoros de la casa de Dios.
Estos habitaban alrededor de la casa de Dios, pues tenan el encargo de guardarla y de abrirla todas las maanas.
Algunos de estos tenan a su cargo los utensilios para el ministerio, los cuales contaban cuando se guardaban y cuando se sacaban.
Otros estaban a cargo de la vajilla, y de todos los utensilios del santuario, de la harina, del vino, del aceite, del incienso y de las especias.
Y algunos de los hijos de los sacerdotes hacan los perfumes aromticos.
Matatas, uno de los levitas, primognito de Salum, el coreta, tena a su cargo las cosas que se hacan en sartn.
Y algunos de los hijos de Coat, y de sus hermanos, tenan a su cargo los panes de la proposicin, los cuales ponan por orden cada sbado.
Tambin haba cantores, jefes de familias de los levitas, los cuales vivan en las habitaciones del Templo, exentos de otros servicios, porque de da y de noche estaban en aquella obra.
Estos eran jefes de familias de los levitas por sus generaciones; jefes que habitaban en Jerusaln.
En Gaban habitaba Jehiel, padre de Gaban, el nombre de cuya mujer era Maaca.
Sus hijos fueron Abdn, el primognito, y luego Zur, Cis, Baal, Ner, Nadab,
Gedor, Aho, Zacaras y Miclot;
y Miclot engendr a Simeam. Estos habitaban tambin en Jerusaln con sus hermanos frente a ellos.
Ner engendr a Cis, Cis engendr a Sal, y Sal engendr a Jonatn, Malquisa, Abinadab y Es-baal.
Hijo de Jonatn fue Merib-baal, y Merib-baal engendr a Micaa.
Los hijos de Micaa fueron: Pitn, Melec, Tarea y Acaz.
Acaz engendr a Jara, Jara engendr a Alemet, Azmavet y Zimri, y Zimri engendr a Mosa.
Los descendientes de Mosa fueron Bina, padre de Refaas, padre de Elasa, padre de Azel.
Y Azel tuvo seis hijos, los nombres de los cuales son: Azricam, Bocru, Ismael, Searas, Obadas y Hann. Estos fueron los hijos de Azel.
Los filisteos pelearon contra Israel; huyeron delante de ellos los israelitas, pues muchos cayeron heridos de muerte en el monte Gilboa.
Los filisteos siguieron a Sal y a sus hijos, y mataron a Jonatn, a Abinadab y a Malquisa, hijos de Sal.
Al concentrar sus ataques contra Sal, le alcanzaron los flecheros y fue herido por ellos.
Entonces dijo Sal a su escudero: "Saca tu espada y traspsame con ella, no sea que vengan estos incircuncisos y hagan mofa de m"; pero su escudero no quiso, porque tena mucho miedo. Entonces Sal tom la espada y se ech sobre ella.
Cuando su escudero vio a Sal muerto, l tambin se ech sobre su espada y se mat.
As murieron Sal y sus tres hijos; y toda su casa muri junto con l.
Al ver todos los de Israel que habitaban en el valle que haban huido las tropas y que Sal y sus hijos haban muerto, dejaron sus ciudades y huyeron. Vinieron entonces los filisteos y se establecieron en ellas.
Sucedi al da siguiente, que al venir los filisteos a despojar a los muertos, hallaron a Sal y a sus hijos tendidos en el monte Gilboa.
Luego que lo despojaron, tomaron su cabeza y sus armas, y enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos para dar la buena noticia a sus dolos y al pueblo.
Despus pusieron sus armas en el templo de sus dioses y colgaron su cabeza en el templo de Dagn.
Cuando oyeron los de Jabes de Galaad lo que haban hecho los filisteos de Sal,
se levantaron todos los hombres valientes, tomaron el cuerpo de Sal y los cuerpos de sus hijos, y los trajeron a Jabes; enterraron sus huesos debajo de una encina en Jabes, y ayunaron siete das.
As muri Sal a causa de su rebelin con que pec contra Jehov, contra la palabra de Jehov, la cual no guard, y porque consult a una adivina,
y no consult a Jehov; por esta causa lo mat, y traspas el reino a David hijo de Isa.
Entonces todo Israel se congreg en torno a David en Hebrn, y le dijeron: "Nosotros somos tu hueso y tu carne.
Tambin antes de ahora, mientras Sal reinaba, t eras quien sacaba a la guerra a Israel, y lo volvas a traer. Tambin Jehov tu Dios te ha dicho: "T apacentars a mi pueblo Israel, y t sers prncipe sobre Israel, mi pueblo"".
Y vinieron todos los ancianos de Israel ante el rey, en Hebrn; David hizo un pacto con ellos delante de Jehov, y ungieron a David como rey sobre Israel, por medio de Samuel, conforme a la palabra de Jehov.
Entonces se fue David con todo Israel a Jerusaln, la cual es Jebs; y los jebuseos habitaban en aquella tierra.
Y los habitantes de Jebs dijeron a David: "No entrars ac". Pero David tom la fortaleza de Sin, que es la Ciudad de David.
David haba dicho: "El que primero derrote a los jebuseos ser cabeza y jefe". Entonces Joab hijo de Sarvia subi el primero, y fue hecho jefe.
Se instal David en la fortaleza, y por esto la llamaron la Ciudad de David.
Edific la ciudad alrededor, desde Milo hasta el muro; y Joab repar el resto de la ciudad.
Y David iba adelantando y creciendo, y Jehov de los ejrcitos estaba con l.
Estos son los jefes de los valientes que David tuvo, los que le ayudaron en su reino, junto con todo Israel, para hacerle reinar sobre Israel, conforme a la palabra de Jehov.
Esta es la lista de los valientes que David tuvo: Jasobeam hijo de Hacmoni, caudillo de los treinta, el cual blandi su lanza una vez contra trescientos, a los cuales mat.
Despus de este estaba Eleazar hijo de Dodo, el ahohta, el cual era de los tres valientes.
Este estuvo con David en Pasdamim, donde los filisteos se haban concentrado para la batalla. Haba all una parcela de tierra llena de cebada, y cuando el pueblo huy delante de los filisteos,
l se puso en medio de la parcela, la defendi y venci a los filisteos, pues Jehov los favoreci con una gran victoria.
Tres de los treinta jefes descendieron a la pea a encontrarse con David, a la cueva de Adulam, cuando el campamento de los filisteos se hallaba en el valle de Refaim.
David estaba entonces en la fortaleza, mientras una guarnicin de los filisteos ocupaba Beln.
David expres este deseo: "Quin me diera de beber de las aguas del pozo de Beln, que est a la puerta!".
Y aquellos tres irrumpieron en el campamento de los filisteos, sacaron agua del pozo de Beln, que est a la puerta, la tomaron y se la llevaron a David; pero l no la quiso beber, sino que la derram para Jehov, y dijo:
"Gurdeme mi Dios de hacer esto. Voy acaso a beber la sangre y la vida de estos hombres que con peligro de sus vidas la han trado?". Y no la quiso beber. Esto hicieron aquellos tres valientes.
Abisai, hermano de Joab, era jefe de los treinta. Una vez, blandi su lanza contra trescientos hombres y los mat. As gan renombre entre los tres.
Fue el ms ilustre de los treinta, pues lleg a ser su jefe, pero no igual a los tres primeros.
Benaa hijo de Joiada era hijo de un hombre valiente de Cabseel, de grandes hazaas; l venci a los dos leones de Moab; tambin descendi y mat a un len en un foso, en medio de una nevada.
l mismo venci a un egipcio, hombre de cinco codos de estatura; y el egipcio traa una lanza como un rodillo de tejedor, pero l descendi con un palo, y arrebat al egipcio la lanza de la mano y lo mat con su misma lanza.
Esto hizo Benaa hijo de Joiada, y conquist renombre entre los tres valientes.
Fue el ms distinguido de los treinta, pero no igual a los tres primeros. A este puso David en su guardia personal.
Los valientes de los ejrcitos eran: Asael, hermano de Joab, Elhanan hijo de Dodo, el de Beln,
Samot, el harodita, Heles, el pelonita;
Ira hijo de Iques, el tecota, Abiezer, el anatotita,
Sibecai, el husatita, Ilai, el ahohta,
Maharai, el netofatita, Heled hijo de Baana, el netofatita,
Itai hijo de Ribai, de Gabaa, de los hijos de Benjamn, Benaa, el piratonita,
Hurai, del ro Gaas, Abiel, el arbatita,
Azmavet, el barhumita, Eliaba, el saalbonita,
los hijos de Hasem, el gizonita, Jonatn hijo de Sage, el ararita,
Aham hijo de Sacar, el ararita, Elifal hijo de Ur,
Hefer, el mequeratita, Ahas, el pelonita,
Hezro, el carmelita, Naarai hijo de Ezbai,
Joel, hermano de Natn, Mibhar hijo de Hagrai,
Selec, el amonita, Naharai, el beerotita, escudero de Joab hijo de Sarvia,
Ira, el itrita, Gareb, el itrita,
Uras, el heteo, Zabad hijo de Ahlai,
Adina hijo de Siza, el rubenita, prncipe de los rubenitas, y treinta hombres con l,
Hann hijo de Maaca, Josafat, el mitnita,
Uzas, el astarotita, Sama y Jehiel hijos de Hotam, el aroerita;
Jediael hijo de Simri, y Joha, su hermano, el tizita,
Eliel, el mahavita, Jerebai y Josava hijos de Elnaam, Itma, el moabita,
Eliel, Obed, y Jaasiel, el mesobata.
Estos son los que vinieron ante David en Siclag, estando l an encerrado por causa de Sal hijo de Cis; eran de los valientes que le ayudaron en la guerra.
Estaban armados de arcos y usaban ambas manos para tirar piedras con la honda y flechas con el arco. De los hermanos de Sal de Benjamn,
el jefe era Ahiezer, despus Jos, hijos de Semaa, el gabaatita; Jeziel y Pelet hijos de Azmavet, Beraca y Jeh, el anatotita,
Ismaas, el gabaonita, valiente entre los treinta, y jefe entre ellos; Jeremas, Jahaziel, Johann, Jozabad, el gederatita,
Eluzai, Jerimot, Bealas, Semaras, Sefatas, el harufita,
Elcana, Isas, Azareel, Joezer y Jasobeam, coretas,
y Joela y Zebadas hijos de Jeroham, de Gedor.
Tambin de los de Gad huyeron y fueron adonde estaba David, al lugar fuerte en el desierto, hombres de guerra muy valientes para pelear, diestros con el escudo y la lanza; sus rostros eran como rostros de leones, y eran ligeros como las gacelas sobre las montaas.
Ezer, el primero, Obadas, el segundo, Eliab, el tercero,
Mismana, el cuarto, Jeremas, el quinto,
Atai, el sexto, Eliel, el sptimo,
Johann, el octavo, Elzabad, el noveno,
Jeremas, el dcimo y Macbanai, el undcimo.
Estos fueron capitanes del ejrcito de los hijos de Gad. El menor estaba a cargo de cien hombres, y el mayor, de mil.
Estos pasaron el Jordn en el mes primero, cuando se haba desbordado por todas sus riberas; e hicieron huir a todos los habitantes de los valles al oriente y al occidente.
Asimismo algunos de los hijos de Benjamn y de Jud fueron ante David al lugar fuerte.
David sali a su encuentro y les habl diciendo: -- Si habis venido a m en son de paz y para ayudarme, me unir a vosotros; pero si es para entregarme a mis enemigos, sin que mis manos estn manchadas de maldad, valo el Dios de nuestros padres, y os lo demande.
Entonces el espritu vino sobre Amasai, jefe de los treinta, y dijo: "Somos tuyos, David! Estamos contigo, hijo de Isa! Paz, paz para ti, y paz para quienes te ayudan, pues tambin tu Dios te ayuda!". David los recibi y los puso entre los capitanes de la tropa.
Tambin se pasaron a David algunos de Manass, cuando fue con los filisteos a la batalla contra Sal (pero David no los ayud, porque los jefes de los filisteos, tras deliberar, lo despidieron diciendo: "Con peligro de nuestras cabezas se pasar a su seor Sal").
As que cuando volvi l a Siclag, se pasaron a l de los de Manass: Adnas, Jozabad, Jediaiel, Micael, Jozabad, Eli y Ziletai, prncipes de millares de los de Manass.
Estos ayudaron a David contra la banda de merodeadores, pues todos ellos eran hombres valientes, y fueron capitanes en el ejrcito.
Cada da le llegaba ayuda a David, hasta que se form un gran ejrcito, como un ejrcito de Dios.
Este es el nmero de los principales que estaban listos para la guerra, y llegaron a David en Hebrn para traspasarle el reino de Sal, conforme a la palabra de Jehov:
De los hijos de Jud que traan escudo y lanza, seis mil ochocientos estaban listos para la guerra.
De los hijos de Simen, siete mil cien hombres, valientes y esforzados para la guerra.
De los hijos de Lev, cuatro mil seiscientos;
asimismo Joiada, prncipe de los del linaje de Aarn, y con l tres mil setecientos hombres,
y Sadoc, joven valiente y esforzado, con veintids de los principales de la casa de su padre.
De los hijos de Benjamn, hermanos de Sal, tres mil; porque hasta entonces muchos de ellos se mantenan fieles a la casa de Sal.
De los hijos de Efran, veinte mil ochocientos, muy valientes, hombres ilustres en las casas de sus padres.
De la media tribu de Manass, dieciocho mil, los cuales fueron designados para ir a proclamar a David como rey.
De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que saban lo que Israel deba hacer, y cuyas rdenes seguan todos sus hermanos.
De Zabuln, cincuenta mil, que salan a la campaa prontos para la guerra, con toda clase de armas de guerra y dispuestos a pelear sin doblez de corazn.
De Neftal, mil capitanes, y con ellos treinta y siete mil con escudo y lanza.
De los de Dan, dispuestos a pelear, veintiocho mil seiscientos.
De Aser, dispuestos para la guerra y preparados para pelear, cuarenta mil.
Y del otro lado del Jordn, de los rubenitas y gaditas y de la media tribu de Manass, ciento veinte mil con toda clase de armas de guerra.
Todos estos hombres de guerra, dispuestos para guerrear, fueron con corazn perfecto a Hebrn, para poner a David como rey sobre todo Israel; asimismo todos los dems de Israel estaban de acuerdo en poner a David como rey.
Y estuvieron all con David tres das comiendo y bebiendo, porque sus hermanos haban provisto para ellos.
Tambin los que les eran vecinos, hasta Isacar y Zabuln y Neftal, trajeron vveres en asnos, camellos, mulos y bueyes; provisin de harina, tortas de higos, pasas, vino y aceite, y bueyes y ovejas en abundancia, porque en Israel haba alegra.
Entonces David consult con los capitanes de millares y de centenas, y con todos los jefes.
Y dijo David a toda la asamblea de Israel: "Si os parece bien y si es la voluntad de Jehov, nuestro Dios, enviaremos a todas partes por nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel, y por los sacerdotes y levitas que estn con ellos en sus ciudades y ejidos, para que se renan con nosotros;
y traigamos el Arca de nuestro Dios junto a nosotros, porque desde el tiempo de Sal no hemos hecho caso de ella".
Y dijo toda la asamblea que se hiciera as, porque el asunto pareca bien a todo el pueblo.
Entonces David reuni a todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta la entrada de Hamat, para que trajeran el Arca de Dios desde Quiriat-jearim.
Y subi David con todo Israel a Baala de Quiriat-jearim, que est en Jud, para trasladar de all el Arca de Jehov Dios, que habita entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado.
Y llevaron el Arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y Aho guiaban el carro.
David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cnticos, arpas, salterios, tamboriles, cmbalos y trompetas.
Pero cuando llegaron a la era de Quidn, Uza extendi su mano hacia al Arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban.
Se encendi contra Uza el furor de Jehov, y lo hiri, porque haba extendido su mano hacia el Arca; y muri all delante de Dios.
David tuvo pesar, porque Jehov haba castigado a Uza; por lo que llam a aquel lugar Prez-uza, hasta el da de hoy.
Y David temi a Dios aquel da, y dijo: "Cmo he de llevar a mi casa el Arca de Dios?".
Y no traslad David el Arca a su casa, a la ciudad de David, sino que la llev a casa de Obed-edom, el geteo.
El Arca de Dios estuvo tres meses en la casa de la familia de Obed-edom; y bendijo Jehov la casa de Obed-edom, y todo cuanto tena.
Hiram, rey de Tiro, envi a David embajadores y madera de cedro, y albailes y carpinteros, para que le edificaran una casa.
Entonces entendi David que Jehov lo haba confirmado como rey sobre Israel, pues haba exaltado su reino sobre su pueblo Israel.
Tambin David tom mujeres en Jerusaln, y engendr ms hijos e hijas.
Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusaln: Sama, Sobab, Natn, Salomn,
Ibhar, Elisa, Elpelet,
Noga, Nefeg, Jafa,
Elisama, Beeliada y Elifelet.
Cuando oyeron los filisteos que David haba sido ungido rey sobre todo Israel, subieron todos en busca de David. Lo supo David y sali contra ellos.
Los filisteos llegaron y se extendieron por el valle de Refaim.
Entonces David consult a Dios, diciendo: -- Subir contra los filisteos? Los entregars en mis manos? Jehov le respondi: -- Sube, porque yo los entregar en tus manos.
Subieron, pues, a Baal-perazim, y all los derrot David. Dijo luego David: "Dios abri una brecha entre mis enemigos por mi mano, como un torrente de agua". Por esto llamaron el nombre de aquel lugar Baal-perazim.
Dejaron all sus dioses, y David dijo que los quemaran.
Volvieron los filisteos a extenderse por el valle,
y volvi David a consultar a Dios, y Dios le dijo: "No subas tras ellos, sino rodalos y atcalos frente a las balsameras.
Cuando oigas venir un estruendo por las copas de las balsameras, sal a la batalla, porque Dios saldr delante de ti y herir el ejrcito de los filisteos".
Hizo, pues, David como Dios le mand, y derrotaron al ejrcito de los filisteos desde Gaban hasta Gezer.
Y la fama de David se divulg por todas aquellas tierras; y Jehov puso el temor de David sobre todas las naciones.
Hizo David tambin casas para s en la Ciudad de David, y arregl un lugar para el Arca de Dios, y le levant una tienda.
Entonces dijo David: "El Arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a ellos ha elegido Jehov para que lleven el Arca de Jehov, y le sirvan perpetuamente".
Congreg, pues, David a todo Israel en Jerusaln, para que llevaran el Arca de Jehov al lugar que l le haba preparado.
Reuni tambin David a los hijos de Aarn y a los levitas;
de los hijos de Coat, a Uriel, el jefe, y sus hermanos, ciento veinte.
De los hijos de Merari, a Asaas, el jefe, y sus hermanos, doscientos veinte.
De los hijos de Gersn, a Joel, el jefe, y sus hermanos, ciento treinta.
De los hijos de Elizafn, a Semaas, el jefe, y sus hermanos, doscientos.
De los hijos de Hebrn, a Eliel, el jefe, y sus hermanos, ochenta.
De los hijos de Uziel, a Aminadab, el jefe, y sus hermanos, ciento doce.
Luego llam David a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel, Asaas, Joel, Semaas, Eliel y Aminadab,
y les dijo: "Vosotros, que sois los principales padres de las familias de los levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y llevad el Arca de Jehov, Dios de Israel, al lugar que le he preparado;
pues por no haberlo hecho as vosotros la primera vez, Jehov, nuestro Dios, nos quebrant, por cuanto no le buscamos segn su ordenanza".
Se santificaron, pues, los sacerdotes y los levitas para traer el Arca de Jehov, Dios de Israel.
Y los hijos de los levitas trajeron el Arca de Dios puesta sobre sus hombros en las barras, como lo haba mandado Moiss, conforme a la palabra de Jehov.
Asimismo dijo David a los principales de los levitas que designaran a cantores entre sus hermanos, con instrumentos de msica, con salterios, arpas y cmbalos, para que los hicieran resonar con alegra.
Entonces los levitas designaron a Hemn hijo de Joel; y de sus hermanos, a Asaf hijo de Berequas; y de los hijos de Merari y de sus hermanos, a Etn hijo de Cusaas.
Y con ellos a sus hermanos del segundo orden, a Zacaras, Jaaziel, Semiramot, Jehiel, Uni, Eliab, Benaa, Maasas, Matatas, Elifelehu, Micnas, Obed-edom y Jeiel, los porteros.
As, Hemn, Asaf y Etn, que eran cantores, tocaban cmbalos de bronce.
Zacaras, Aziel, Semiramot, Jehiel, Uni, Eliab, Maasas y Benaa tenan salterios sobre Alamot.
Matatas, Elifelehu, Micnas, Obed-edom, Jeiel y Azazas, tenan arpas afinadas en la octava para dirigir.
Y Quenanas, jefe de los levitas en la msica, fue puesto para dirigir el canto, porque era entendido en ello.
Berequas y Elcana eran porteros del Arca.
Sebanas, Josafat, Natanael, Amasai, Zacaras, Benaa y Eliezer, sacerdotes, tocaban las trompetas delante del Arca de Dios; Obed-edom y Jehas eran tambin porteros del Arca.
David, pues, junto a los ancianos de Israel y los capitanes de millares, fueron a traer el Arca del pacto de Jehov, de casa de Obed-edom, con alegra.
Como Dios ayud a los levitas que llevaban el Arca del pacto de Jehov, sacrificaron siete novillos y siete carneros.
Iba David vestido de lino fino, y tambin todos los levitas que llevaban el Arca, y asimismo los cantores; y Quenanas era maestro de canto entre los cantores. Llevaba tambin David sobre s un efod de lino.
De esta manera llevaba todo Israel el Arca del pacto de Jehov, con jbilo y sonido de bocinas, trompetas y cmbalos, al son de salterios y arpas.
Cuando el Arca del pacto de Jehov lleg a la Ciudad de David, Mical, hija de Sal, estaba mirando por una ventana; al ver al rey David que saltaba y danzaba, lo menospreci en su corazn.
As trajeron el Arca de Dios, y la pusieron en medio de la tienda que David haba levantado para ella; y ofrecieron holocaustos y sacrificios de paz delante de Dios.
Cuando David acab de ofrecer el holocausto y los sacrificios de paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehov.
Y reparti a todo Israel, as a hombres como a mujeres, a cada uno una torta de pan, una pieza de carne y una torta de pasas.
Puso delante del Arca de Jehov ministros de los levitas, para que recordaran, confesaran y alabaran a Jehov, Dios de Israel:
Asaf, el primero; el segundo despus de l, Zacaras; Jeiel, Semiramot, Jehiel, Matatas, Eliab, Benaa, Obed-edom y Jeiel, con sus instrumentos de salterios y arpas; pero Asaf tocaba los cmbalos.
Tambin los sacerdotes Benaa y Jahaziel tocaban continuamente las trompetas delante del Arca del pacto de Dios.
Aquel da David, por primera vez, puso a Asaf y sus hermanos a cargo de la alabanza a Jehov:
"Alabad a Jehov, invocad su nombre, dad a conocer entre los pueblos sus obras!
Cantad a l, cantadle salmos; hablad de todas sus maravillas!
"Gloriaos en su santo nombre; algrese el corazn de los que buscan a Jehov!
Buscad a Jehov y su poder; buscad su rostro continuamente!
Acordaos de las maravillas que ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca,
vosotros, hijos de Israel, su siervo, hijos de Jacob, sus escogidos.
Jehov, l es nuestro Dios, sus juicios estn en toda la tierra.
l se acuerda de su pacto perpetuamente, y de la palabra que mand para mil generaciones;
del pacto que concert con Abraham, y de su juramento a Isaac,
el cual confirm a Jacob por estatuto, a Israel por pacto sempiterno,
diciendo: "A ti dar la tierra de Canan, porcin de tu heredad".
"Cuando ellos eran pocos en nmero, pocos y forasteros en ella,
y andaban de nacin en nacin, y de un reino a otro pueblo,
no permiti que nadie los oprimiera; antes por amor de ellos castig a los reyes.
Dijo: "No toquis a mis ungidos ni hagis mal a mis profetas".
"Cantad a Jehov toda la tierra, proclamad de da en da su salvacin.
Cantad entre las gentes su gloria, en todos los pueblos sus maravillas.
Porque grande es Jehov, digno de suprema alabanza y ms temible que todos los dems dioses.
Porque todos los dioses de los pueblos son dolos, mas Jehov hizo los cielos.
Alabanza y magnificencia hay delante de l. Poder y alegra hay en su morada.
"Tributad a Jehov, familias de los pueblos, dad a Jehov gloria y poder!
Dad a Jehov la honra debida a su nombre! Traed ofrenda y venid delante de l. Postraos delante de Jehov en la hermosura de la santidad!
Que tiemble en su presencia toda la tierra! l afirm el mundo para que no se conmueva.
Algrense los cielos, gcese la tierra. Digan en las naciones: "Jehov reina".
Resuene el mar y su plenitud! Algrese el campo y todo lo que hay en l!
Entonces cantarn los rboles de los bosques delante de Jehov, porque viene a juzgar la tierra.
"Aclamad a Jehov, porque l es bueno; porque su misericordia es eterna.
Y decid: "Slvanos, Dios, salvacin nuestra! Recgenos y lbranos de las naciones, para que confesemos tu santo nombre, y nos gloriemos en tus alabanzas".
Bendito sea Jehov, Dios de Israel, de eternidad a eternidad!". Y dijo todo el pueblo: "Amn", y alab a Jehov.
David dej all, delante del Arca del pacto de Jehov, a Asaf y a sus hermanos, para que ministraran de continuo delante del Arca, segn el rito de cada da;
y a Obed-edom con sus sesenta y ocho hermanos; y a Obed-edom hijo de Jedutn, y a Hosa, como porteros.
Asimismo al sacerdote Sadoc, y a los sacerdotes, sus hermanos, delante del tabernculo de Jehov en el lugar alto que estaba en Gaban,
para que sacrificaran continuamente, por la maana y por la tarde, holocaustos a Jehov en el altar del holocausto, conforme a todo lo que est escrito en la ley que Jehov prescribi a Israel.
Con ellos estaban Hemn, Jedutn y los otros escogidos, designados por sus nombres, para glorificar a Jehov, porque es eterna su misericordia.
Y con ellos, a Hemn y Jedutn, que tenan trompetas, cmbalos y otros instrumentos de msica para acompaar los cantos a Dios. Los hijos de Jedutn eran porteros.
Despus todo el pueblo se fue, cada cual a su casa; tambin David se volvi para bendecir su casa.
Viviendo ya David en su casa, dijo al profeta Natn: -- Mira, yo habito en casa de cedro, mientras el Arca del pacto de Jehov est bajo cortinas.
Y Natn dijo a David: -- Haz todo lo que est en tu corazn, porque Dios est contigo.
Pero aquella misma noche vino palabra de Dios a Natn, diciendo:
"Ve y di a David mi siervo: "As ha dicho Jehov: T no me edificars casa para que yo habite.
Pues no he habitado en casa alguna desde el da en que saqu a los hijos de Israel hasta el da de hoy; antes estuve de tienda en tienda, y de tabernculo en tabernculo.
Por dondequiera que anduve con todo Israel, acaso dije a alguno de los jueces de Israel, a los cuales mand que apacentaran a mi pueblo: 'Por qu no me edificis una casa de cedro?' ".
Por tanto, ahora dirs a mi siervo David: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Yo te tom del redil, de detrs de las ovejas, para que fueras prncipe sobre mi pueblo Israel.
He estado contigo en todo cuanto has andado, he cortado a todos tus enemigos de delante de ti, y te har un nombre grande, como el nombre de los grandes de la tierra.
Asimismo he dispuesto lugar para mi pueblo Israel, y lo he plantado para que habite en l y no sea ms removido; ni los malhechores lo sigan oprimiendo, como antes,
como en el tiempo cuando puse jueces sobre mi pueblo Israel; sino que humillar a todos tus enemigos. Te hago saber, adems, que Jehov te edificar casa.
Cuando se cumplan los das para que vayas con tus padres, levantar descendencia despus de ti, a uno de entre tus hijos, y afirmar su reino.
l me edificar Casa, y yo confirmar su trono eternamente.
Ser para l como padre, y l ser para m un hijo; no apartar de l mi misericordia, como hice con aquel que fue antes de ti;
sino que lo confirmar en mi Casa y en mi reino eternamente, y su trono ser firme para siempre"".
Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visin, habl Natn a David.
Entonces entr el rey David y estuvo delante de Jehov, y dijo: "Jehov Dios, quin soy yo, y qu es mi casa, para que me hayas trado hasta este lugar?
Y aun esto, Dios, te ha parecido poco, pues has hablado del porvenir de la casa de tu siervo, y me has mirado como a un hombre excelente, Jehov Dios.
Qu ms puede decir David del honor que has dado a tu siervo, si t conoces a tu siervo?
Jehov, por amor de tu siervo y segn tu corazn, has hecho toda esta gran obra, haciendo notorias todas tus grandezas.
Jehov, no hay nadie semejante a ti, ni hay Dios fuera de ti, segn todas las cosas que hemos odo con nuestros odos.
Y qu pueblo hay en la tierra como tu pueblo Israel, al cual su Dios fue a rescatar, a fin de engrandecer su nombre por medio de prodigios y maravillas, arrojando a las naciones de delante de tu pueblo, al que t rescataste de Egipto?
T has constituido a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y t, Jehov, has venido a ser su Dios.
"Ahora pues, Jehov, la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, sea firme para siempre, y haz como has dicho.
Permanezca, pues, y sea engrandecido tu nombre para siempre, a fin de que se diga: "Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, es Dios para Israel". Y se mantenga la casa de tu siervo David firme en tu presencia.
Porque t, Dios mo, revelaste al odo de tu siervo que le has de edificar casa; por eso ha hallado tu siervo motivo para orar delante de ti.
Ahora pues, Jehov, t eres el Dios, y has prometido a tu siervo este bien;
y ahora has querido bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti; porque t, Jehov, la has bendecido, y bendita ser para siempre".
Despus de estas cosas aconteci que David derrot a los filisteos, los humill y les arrebat Gat y sus villas.
Tambin derrot a Moab, y los moabitas fueron siervos de David, y le pagaban tributo.
Asimismo derrot David a Hadad-ezer, rey de Soba, en Hamat, cuando este iba a asegurar su dominio sobre la regin del ufrates.
David le captur mil carros, siete mil soldados de los carros y veinte mil hombres de a pie; y desjarret David los caballos de todos los carros, excepto los de cien carros que dej.
Luego llegaron los sirios de Damasco en ayuda de Hadad-ezer, rey de Soba, pero David hiri de ellos veintids mil hombres.
Y puso David una guarnicin en Siria de Damasco, y los sirios fueron hechos siervos de David, sometidos a tributo; pues Jehov daba la victoria a David dondequiera que iba.
Tom tambin David los escudos de oro que llevaban los siervos de Hadad-ezer, y los llev a Jerusaln.
Asimismo de Tibhat y de Cun, ciudades de Hadad-ezer, tom David muchsimo bronce, con el que Salomn hizo el mar de bronce, las columnas y los utensilios de bronce.
Cuando oy Toi, rey de Hamat, que David haba deshecho todo el ejrcito de Hadad-ezer, rey de Soba,
envi a Adoram, su hijo, al rey David, para saludarlo y bendecirlo por haber peleado contra Hadad-ezer y haberlo vencido, ya que Toi estaba en guerra con Hadad-ezer. Le envi tambin toda clase de utensilios de oro, de plata y de bronce;
los cuales el rey David dedic a Jehov, junto a la plata y el oro que haba tomado de todas las naciones de Edom, de Moab, de los hijos de Amn, de los filisteos y de Amalec.
Adems de esto, Abisai hijo de Sarvia destroz en el valle de la Sal a dieciocho mil edomitas.
Puso una guarnicin en Edom, y todos los edomitas fueron siervos de David; pues Jehov daba el triunfo a David dondequiera que iba.
Rein David sobre todo Israel, y juzgaba con justicia a todo su pueblo.
Joab hijo de Sarvia era general del ejrcito, y Josafat hijo de Ahilud, canciller.
Sadoc hijo de Ahitob, y Abimelec hijo de Abiatar eran sacerdotes, y Savsa, secretario.
Benaa hijo de Joiada estaba sobre los cereteos y peleteos; y los hijos de David eran los principales ayudantes del rey.
Despus de estas cosas aconteci que muri Nahas, rey de los hijos de Amn, y rein en su lugar su hijo.
Y dijo David: "Tendr misericordia con Hann hijo de Nahas, porque tambin su padre tuvo conmigo misericordia". As David envi embajadores para que lo consolaran de la muerte de su padre. Pero cuando llegaron los siervos de David a la tierra de los hijos de Amn, donde estaba Hann, para consolarlo,
los prncipes de los hijos de Amn dijeron a Hann: "Segn tu parecer ha enviado David a consolarte porque quiere honrar a tu padre? No vienen ms bien sus siervos a ti para espiar, examinar y reconocer la tierra?".
Entonces Hann tom a los siervos de David y los rap, les cort los vestidos por la mitad, hasta las nalgas, y los despach.
Se fueron luego, y cuando lleg a David la noticia sobre aquellos hombres, envi a recibirlos, porque estaban muy avergonzados. El rey mand que les dijeran: "Quedaos en Jeric hasta que os crezca la barba, y entonces volveris".
Al ver los hijos de Amn que se haban hecho odiosos a David, Hann y los hijos de Amn enviaron mil talentos de plata para tomar a sueldo carros y gente de a caballo de Mesopotamia, de Siria, de Maaca y de Soba.
Y tomaron a sueldo treinta y dos mil carros, y al rey de Maaca y a su ejrcito, los cuales vinieron y acamparon delante de Medeba. Y se reunieron tambin los hijos de Amn en sus ciudades y acudieron a la guerra.
Cuando David lo supo, envi a Joab con todo el ejrcito de los hombres valientes.
Los amonitas salieron y ordenaron la batalla a la entrada de la ciudad; y los reyes que haban venido estaban aparte en el campo.
Y viendo Joab que el ataque contra l haba sido dispuesto por el frente y por la retaguardia, escogi de los ms aventajados que haba en Israel, y con ellos orden su ejrcito contra los sirios.
Puso luego el resto de la gente al mando de Abisai, su hermano, y los organiz en orden de batalla contra los amonitas.
Y dijo: "Si los sirios son ms fuertes que yo, t me ayudars; y si los amonitas son ms fuertes que t, yo te ayudar.
Esfurzate, y esforcmonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehov lo que bien le parezca".
Entonces avanz Joab con el pueblo que traa consigo, para pelear contra los sirios; pero ellos huyeron delante de l.
Cuando los amonitas vieron que los sirios haban huido, huyeron tambin ellos delante de Abisai, hermano de Joab, y entraron en la ciudad. Entonces Joab volvi a Jerusaln.
Al ver los sirios que haban cado delante de Israel, enviaron embajadores, y trajeron a los sirios que estaban al otro lado del ufrates, cuyo capitn era Sofac, general del ejrcito de Hadad-ezer.
Luego que fue dado aviso a David, reuni a todo Israel, cruz el Jordn, lleg adonde estaban y orden batalla contra ellos. David orden su tropa contra los sirios, y estos pelearon contra l.
Pero el pueblo sirio huy delante de Israel; y mat David de los sirios a siete mil hombres de los carros y cuarenta mil hombres de a pie; asimismo mat a Sofac, general del ejrcito.
Cuando los siervos de Hadad-ezer vieron que haban cado delante de Israel, concertaron paz con David y quedaron sometidos a l. A partir de entonces, el pueblo sirio nunca ms quiso ayudar a los amonitas.
Al ao siguiente, en el tiempo en que suelen los reyes salir a la guerra, Joab sac las fuerzas del ejrcito y destruy la tierra de los amonitas. Luego fue y siti a Rab, mientras David estaba en Jerusaln. Joab atac a Rab y la destruy.
Entonces tom David la corona de encima de la cabeza del rey de Rab, y descubri que pesaba un talento de oro. Haba en ella piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Adems de esto sac de la ciudad un botn muy grande.
Sac tambin al pueblo que estaba en ella, y lo puso a trabajar con sierras, con trillos de hierro y con hachas. Lo mismo hizo David a todas las ciudades de los amonitas. Y volvi David con todo el ejrcito a Jerusaln.
Despus de esto aconteci que tuvo lugar una batalla en Gezer contra los filisteos; y Sibecai, el husatita, mat a Sipai, de los descendientes de los gigantes; y fueron humillados.
Y hubo otra guerra contra los filisteos; y Elhann hijo de Jair mat a Lahmi, hermano de Goliat, el geteo, cuya lanza tena un asta tan grande como un rodillo de telar.
Volvi a haber guerra en Gat, donde haba un hombre de gran estatura, el cual tena seis dedos en los pies y las manos, veinticuatro en total; y era descendiente de los gigantes.
Este hombre desafi a Israel, pero lo mat Jonatn hijo de Simea, hermano de David.
Estos eran descendientes de los gigantes de Gat, los cuales cayeron a manos de David y de sus siervos.
Se levant Satans contra Israel e incit a David a que hiciera censo del pueblo.
Y dijo David a Joab y a los prncipes del pueblo: -- Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el nmero de ellos para que yo lo sepa.
Respondi Joab: -- Que Jehov aada a su pueblo cien veces ms de lo que es, rey, seor mo!; acaso no son todos ellos siervos de mi seor? Para qu procura mi seor esto, que traer pecado sobre Israel?
Pero la orden del rey pudo ms que Joab. Sali, por tanto, Joab y recorri todo Israel; entonces volvi a Jerusaln y dio cuenta a David de las cifras del pueblo:
haba en todo Israel un milln cien mil que sacaban espada, y en Jud cuatrocientos setenta mil hombres que sacaban espada.
Entre estos no fueron contados los levitas, ni los hijos de Benjamn, porque la orden del rey era abominable a Joab.
Esto desagrad a Dios, el cual castig a Israel.
Entonces dijo David a Dios: -- He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que quites la maldad de tu siervo, pues he actuado muy locamente.
Y habl Jehov a Gad, vidente de David, diciendo:
"Ve, habla a David y dile: "As ha dicho Jehov: Tres cosas te propongo; escoge de ellas una y as har contigo"".
Gad fue ante David y le dijo: -- As ha dicho Jehov:
"Escoge para ti: tres aos de hambre, o tres meses de derrotas ante tus enemigos, con la espada de tus adversarios, o bien tres das durante los cuales la espada de Jehov y la peste recorran la tierra, y el ngel de Jehov haga destruccin en todos los trminos de Israel". Mira, pues, qu responder a quien me ha enviado.
David respondi a Gad: -- Estoy en grande angustia. Prefiero caer en la mano de Jehov, porque sus misericordias son muchas en extremo, que caer en manos de los hombres.
Entonces Jehov envi una peste sobre Israel, y murieron setenta mil hombres.
Envi Jehov el ngel a Jerusaln para destruirla; pero cuando ya estaba destruyndola, mir Jehov y se arrepinti de aquel mal, y dijo al ngel que destrua: "Basta ya! Detn tu mano!". El ngel de Jehov estaba junto a la era de Ornn, el jebuseo.
Y alzando David sus ojos, vio al ngel de Jehov que estaba entre el cielo y la tierra, con una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusaln. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, vestidos de ropas speras.
Y dijo David a Dios: -- No soy yo el que hizo contar al pueblo? Yo mismo soy el que pequ, y ciertamente he hecho mal; pero estas ovejas, qu han hecho? Jehov Dios mo, caiga ahora tu mano sobre m, y sobre la casa de mi padre, pero no enves la peste sobre tu pueblo.
El ngel de Jehov orden a Gad decirle a David que subiera y construyera un altar a Jehov en la era de Ornn, el jebuseo.
Y David subi, conforme a la orden que Gad le haba dado en nombre de Jehov.
Al volverse Ornn, que estaba trillando el trigo, vio al ngel, y los cuatro hijos que estaban con l se escondieron.
Cuando David lleg adonde estaba Ornn, este mir y vio a David; entonces sali de la era y se postr en tierra ante David.
Luego dijo David a Ornn: -- Dame este lugar de la era, para que edifique un altar a Jehov; dmelo por su cabal precio, para que cese la mortandad en el pueblo.
Respondi Ornn a David: -- Tmala para ti, y haga mi seor, el rey, lo que bien le parezca. Yo dar los bueyes para el holocausto, trillos para lea y trigo para la ofrenda. Yo lo doy todo.
Replic el rey David a Ornn: -- No, todo quiero comprarlo por su justo precio; porque no tomar para Jehov lo que es tuyo, ni sacrificar holocausto que nada me cueste.
Y dio David a Ornn por aquel lugar la suma de seiscientos siclos de oro.
David edific all un altar a Jehov, en el que ofreci holocaustos y ofrendas de paz e invoc a Jehov, quien le respondi por fuego desde los cielos en el altar del holocausto.
Entonces Jehov habl al ngel, y este volvi su espada a la vaina.
Al ver David que Jehov lo haba odo en la era de Ornn, el jebuseo, ofreci sacrificios all.
Pues el tabernculo de Jehov que Moiss haba hecho en el desierto, y el altar del holocausto, estaban entonces en el lugar alto de Gaban;
pero David no pudo ir all a consultar a Dios, porque estaba atemorizado a causa de la espada del ngel de Jehov.
Y dijo David: "Aqu estar la casa de Jehov Dios, y aqu el altar del holocausto para Israel".
Despus mand David que se reuniera a los extranjeros que haba en la tierra de Israel, y seal de entre ellos canteros que labraran piedras para edificar la casa de Dios.
Asimismo prepar David mucho hierro para los clavos de las puertas y para las junturas; y tambin una incalculable cantidad de bronce, y madera de cedro sin cuenta,
pues los sidonios y tirios haban trado a David abundante madera de cedro.
David se deca: "Salomn, mi hijo, es muchacho y de tierna edad, y la Casa que se ha de edificar a Jehov ha de ser magnfica por su excelencia, para renombre y honra suya en todas las tierras; ahora, pues, yo har los preparativos necesarios". E hizo David grandes preparativos antes de su muerte.
Llam entonces David a Salomn, su hijo, y le mand que edificara Casa a Jehov, Dios de Israel.
Y dijo David a Salomn: "Hijo mo, en mi corazn tuve el propsito de edificar un templo dedicado al nombre de Jehov, mi Dios.
Pero recib palabra de Jehov, que deca: "T has derramado mucha sangre y has hecho grandes guerras; no edificars Casa a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de m.
Mira que te nacer un hijo, el cual ser hombre de paz, pues yo le har estar en paz con todos sus enemigos en derredor; por tanto, su nombre ser Salomn, y en sus das conceder paz y reposo a Israel.
l edificar una Casa a mi nombre; ser para m un hijo, y yo ser para l un padre; y afirmar el trono de su reino sobre Israel para siempre".
Ahora pues, hijo mo, Jehov est contigo, y seas prosperado, para que edifiques la Casa a Jehov tu Dios, como l ha dicho de ti.
Que Jehov te d entendimiento y prudencia, para que cuando gobiernes a Israel guardes la ley de Jehov, tu Dios.
Entonces sers prosperado, si cuidas de poner por obra los estatutos y decretos que Jehov mand a Moiss para Israel. Esfurzate, pues, y cobra nimo; no temas, ni desmayes.
Mira, yo con grandes esfuerzos he preparado para la casa de Jehov cien mil talentos de oro, un milln de talentos de plata, y bronce y hierro sin medida, pues es mucho. Asimismo he preparado madera y piedra, lo cual t podrs aumentar.
Tienes contigo muchos obreros, canteros, albailes, carpinteros, hombres expertos en toda clase de obra.
Del oro, de la plata, del bronce y del hierro, hay en abundancia. Levntate y manos a la obra; que Jehov est contigo".
Asimismo mand David a todos los principales de Israel que ayudaran a Salomn, su hijo, diciendo:
"No est con vosotros Jehov, vuestro Dios, el cual os ha dado paz por todas partes? Porque l ha entregado en mis manos a los habitantes de la tierra, y la tierra ha sido sometida delante de Jehov y delante de su pueblo.
Aplicad, pues, ahora vuestros corazones y vuestras almas a buscar a Jehov, vuestro Dios. Levantaos y edificad el santuario de Jehov Dios, para traer el Arca del pacto de Jehov, y los utensilios consagrados a Dios, a la casa edificada al nombre de Jehov".
Viejo ya David y colmado de das, proclam a Salomn, su hijo, rey de Israel.
Habiendo reunido a todos los principales de Israel, a los sacerdotes y a los levitas,
fueron contados los levitas mayores de treinta aos; y fue el nmero de ellos, contados uno por uno, treinta y ocho mil.
De estos, veinticuatro mil dirigiran la obra de la casa de Jehov, y seis mil seran gobernadores y jueces.
Adems, cuatro mil seran porteros, y cuatro mil alabaran a Jehov, con los instrumentos que David haba hecho para tributar alabanzas.
Los reparti David en grupos conforme a los hijos de Lev: Gersn, Coat y Merari.
Los hijos de Gersn: Laadn y Simei.
Los hijos de Laadn: Jehiel, el primero, despus Zetam y Joel; tres en total.
Los hijos de Simei: Selomit, Haziel y Harn; tres en total. Estos fueron los jefes de las familias de Laadn.
Los hijos de Simei: Jahat, Zina, Jes y Bera. Estos cuatro fueron los hijos de Simei.
Jahat era el primero, y Zina, el segundo; Jes y Bera no tuvieron muchos hijos, por lo cual fueron contados como una familia.
Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrn y Uziel; cuatro en total.
Los hijos de Amram: Aarn y Moiss. Aarn fue apartado para ser dedicado a las cosas ms santas, tanto l como sus hijos, para siempre, a fin de que quemaran incienso delante de Jehov, le ministraran y bendijeran su nombre para siempre.
Y los hijos de Moiss, varn de Dios, fueron contados en la tribu de Lev.
Los hijos de Moiss fueron Gersn y Eliezer.
Hijo de Gersn fue Sebuel, el jefe.
E hijo de Eliezer fue Rehabas, el jefe. Eliezer no tuvo otros hijos, pero los hijos de Rehabas fueron muy numerosos.
Hijo de Izhar fue Selomit, el jefe.
Los hijos de Hebrn: Jeras, el jefe, el segundo, Amaras, el tercero, Jahaziel y el cuarto, Jecamn.
Los hijos de Uziel: Micaa, el jefe, y el segundo, Isas.
Los hijos de Merari: Mahli y Musi. Los hijos de Mahli: Eleazar y Cis.
Y muri Eleazar sin hijos; pero tuvo hijas, y los hijos de Cis, sus parientes, las tomaron por mujeres.
Los hijos de Musi: Mahli, Edar y Jeremot; tres en total.
Estos son los hijos de Lev, segn las familias de sus padres, jefes de familias, segn el censo de ellos, contados por sus nombres, uno por uno, de veinte aos para arriba, los cuales trabajaban en el ministerio de la casa de Jehov.
Porque David haba dicho: "Jehov, Dios de Israel, ha dado paz a su pueblo Israel, y l habitar en Jerusaln para siempre.
Por eso los levitas no tendrn que transportar ms el Tabernculo y todos los utensilios para su ministerio".
As que, conforme a las ltimas palabras de David, se hizo el cmputo de los hijos de Lev de veinte aos para arriba.
Estos estaban bajo las rdenes de los hijos de Aarn para el servicio de la casa de Jehov, en los atrios, en las cmaras, en la purificacin de toda cosa santificada, y en lo dems de la obra del ministerio en la casa de Dios.
Asimismo tenan a su cargo los panes de la proposicin, la flor de harina para el sacrificio, las hojuelas sin levadura, las ofrendas preparadas en sartn y las cocidas, y todos los pesos y medidas.
Tenan adems que asistir todos los das por la maana y por la tarde para dar gracias y tributar alabanzas a Jehov.
Tambin tenan que ofrecer todos los holocaustos a Jehov los sbados, lunas nuevas y fiestas solemnes, continuamente delante de Jehov, segn su nmero y de acuerdo con su rito.
Tenan tambin a su cargo el cuidado del Tabernculo de reunin y del santuario, bajo las rdenes de los hijos de Aarn, sus hermanos, en el ministerio de la casa de Jehov.
Los hijos de Aarn fueron tambin distribuidos en grupos. Los hijos de Aarn: Nadab, Abi, Eleazar e Itamar.
Pero como Nadab y Abi murieron antes que su padre, sin haber tenido hijos, Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio.
David, con Sadoc, de los hijos de Eleazar, y Ahimelec, de los hijos de Itamar, los reparti por sus turnos en el ministerio.
Como entre los hijos de Eleazar haba ms varones principales que entre los hijos de Itamar, los repartieron as: De los hijos de Eleazar, diecisis jefes de casas paternas; y de los hijos de Itamar, por sus casas paternas, ocho.
Los repartieron, pues, por suerte a unos y otros; porque tanto entre los hijos de Eleazar como entre los hijos de Itamar hubo prncipes del santuario y prncipes de la casa de Dios.
Y el escriba Semaas hijo de Natanael, de los levitas, escribi sus nombres en presencia del rey y de los prncipes, y delante de Sadoc, el sacerdote, de Ahimelec hijo de Abiatar y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y levitas, designando por suerte una casa paterna para Eleazar y otra para Itamar.
La primera suerte toc a Joiarib, la segunda, a Jedaas,
la tercera, a Harim, la cuarta, a Seorim,
la quinta, a Malquas, la sexta, a Mijamn,
la sptima, a Cos, la octava, a Abas,
la novena, a Jesa, la dcima, a Secanas,
la undcima, a Eliasib, la duodcima, a Jaquim,
la decimotercera, a Hupa, la decimocuarta, a Jesebeab,
la decimoquinta, a Bilga, la decimosexta, a Imer,
la decimosptima, a Hezir, la decimoctava, a Afses,
la decimonovena, a Petaas, la vigsima, a Hezequiel,
la vigesimaprimera, a Jaqun, la vigesimasegunda, a Gamul,
la vigesimatercera, a Delaa, la vigesimacuarta, a Maazas.
Estos fueron distribuidos para su ministerio, para que entraran en la casa de Jehov, segn les fue ordenado por Aarn, su padre, de la manera que le haba mandado Jehov, el Dios de Israel.
Estos son los otros hijos de Lev: Subael, de los hijos de Amram; y de los hijos de Subael, Jehedas.
Y de los hijos de Rehabas, Isas, el jefe.
De los izharitas, Selomot; de los hijos de Selomot, Jahat.
De los hijos de Hebrn: Jeras, el jefe, el segundo, Amaras, el tercero, Jahaziel, el cuarto, Jecamn.
Hijo de Uziel, Micaa; e hijo de Micaa, Samir.
Hermano de Micaa, Isas; e hijo de Isas, Zacaras.
Los hijos de Merari: Mahli y Musi; hijo de Jaazas, Beno.
Los hijos de Merari por Jaazas: Beno, Soham, Zacur e Ibri.
Y de Mahli, Eleazar, quien no tuvo hijos.
Hijo de Cis, Jerameel.
Los hijos de Musi: Mahli, Edar y Jerimot. Estos fueron los hijos de los levitas conforme a sus casas paternas.
Estos tambin echaron suertes, como sus hermanos, los hijos de Aarn, delante del rey David, de Sadoc, de Ahimelec, y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y levitas; siendo tratados el principal de los padres igualmente que el menor de los hermanos.
Asimismo David y los jefes del ejrcito apartaron para el ministerio a los hijos de Asaf, de Hemn y de Jedutn, para que profetizaran con arpas, salterios y cmbalos; y el nmero de ellos, hombres idneos para la obra de su ministerio, fue:
De los hijos de Asaf: Zacur, Jos, Netanas y Asarela, hijos de Asaf, bajo la direccin de Asaf, el cual profetizaba bajo las rdenes del rey.
De los hijos de Jedutn: Gedalas, Zeri, Jesaas, Hasabas, Matatas y Simei; seis, bajo la direccin de su padre Jedutn, el cual profetizaba con arpa, para aclamar y alabar a Jehov.
De los hijos de Hemn: Buquas, Matanas, Uziel, Sebuel, Jeremot, Hananas, Hanani, Eliata, Gidalti, Romanti-ezer, Josbecasa, Maloti, Hotir y Mahaziot.
Todos estos fueron hijos de Hemn, vidente del rey en las cosas de Dios, para exaltar su poder; y Dios dio a Hemn catorce hijos y tres hijas.
Todos ellos estaban bajo la direccin de su padre en la msica, en la casa de Jehov, con cmbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de Dios. Asaf, Jedutn y Hemn estaban por disposicin del rey.
Su nmero, contando a sus hermanos, instruidos en el canto para Jehov, todos ellos aptos, era de doscientos ochenta y ocho.
Echaron suertes para repartir los turnos del servicio, tanto el pequeo como el grande, lo mismo el maestro que el discpulo.
La primera suerte recay sobre el asafita Jos; la segunda, sobre Gedalas, quien con sus hermanos e hijos eran doce;
la tercera, sobre Zacur, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la cuarta, sobre Izri, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la quinta, sobre Netanas, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la sexta, sobre Buquas, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la sptima, sobre Jesarela, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la octava, sobre Jesahas, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la novena, sobre Matanas, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la dcima, sobre Simei, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la undcima, sobre Azareel, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la duodcima, sobre Hasabas, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la decimotercera, sobre Subael, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la decimocuarta, sobre Matatas, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la decimoquinta, sobre Jeremot, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la decimosexta, sobre Hananas, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la decimosptima, sobre Josbecasa, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la decimoctava, sobre Hanani, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la decimanovena, sobre Maloti, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la vigsima, sobre Eliata, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la vigesimaprimera, sobre Hotir, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la vigesimasegunda, sobre Gidalti, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la vigesimatercera, sobre Mahaziot, con sus hijos y sus hermanos, doce;
la vigesimacuarta, sobre Romanti-ezer, con sus hijos y sus hermanos, doce.
Tambin fueron distribuidos los porteros, as: De los coretas, Meselemas hijo de Cor, de los hijos de Asaf.
Los hijos de Meselemas: Zacaras, el primognito, Jediael, el segundo, Zebadas, el tercero, Jatniel, el cuarto,
Elam, el quinto, Johann, el sexto, Elioenai, el sptimo.
Los hijos de Obed-edom: Semaas, el primognito, Jozabad, el segundo, Joa, el tercero, el cuarto, Sacar, el quinto, Natanael,
el sexto, Amiel, el sptimo, Isacar, el octavo, Peultai; porque Dios haba bendecido a Obed-edom.
Tambin de su hijo Semaas nacieron hijos que fueron seores sobre la casa de sus padres; porque eran hombres valerosos y esforzados.
Los hijos de Semaas: Otni, Rafael, Obed, Elzabad, y sus hermanos, hombres esforzados; asimismo Eli y Samaquas.
Todos estos de los hijos de Obed-edom; ellos con sus hijos y sus hermanos, eran hombres robustos y fuertes para el servicio; sesenta y dos de Obed-edom.
Los hijos de Meselemas y sus hermanos fueron dieciocho hombres valientes.
De Hosa, de los hijos de Merari: Simri, el jefe (aunque no era el primognito, su padre lo puso por jefe),
el segundo, Hilcas, el tercero, Tebalas, el cuarto, Zacaras. El total de los hijos y hermanos de Hosa fue de trece.
Entre estos se hizo la distribucin de los porteros, alternando los principales de los hombres en la guardia con sus hermanos, para servir en la casa de Jehov.
Echaron suertes, el pequeo con el grande, segn sus casas paternas, para cada puerta.
Para la puerta del oriente, la suerte cay sobre Selemas. Echaron otra vez suertes y la parte norte le toc a su hijo Zacaras, consejero entendido.
A Obed-edom le toc la puerta del sur, y a sus hijos la casa de provisiones del Templo.
Para Supim y Hosa, la del occidente, la puerta de Salequet, en el camino de la subida. Las guardias se correspondan unas a otras:
Al oriente seis levitas, al norte cuatro de da; al sur cuatro de da; y en la casa de provisiones de dos en dos.
En el atrio de los utensilios, al occidente, haba cuatro para el camino, y dos para el atrio mismo.
Estas son las distribuciones de los porteros, hijos de los coretas y de los hijos de Merari.
De los levitas, Ahas estaba encargado de los tesoros de la casa de Dios y de los tesoros de las cosas santificadas.
Los hijos de Laadn hijo de Gersn: tenan a los jehielitas por jefes de familia de Laadn, el gersonita.
Los hijos de Jehieli, Zetam y su hermano Joel, estuvieron a cargo de los tesoros de la casa de Jehov.
De entre los amramitas, de los izharitas, de los hebronitas y de los uzielitas,
Sebuel hijo de Gersn hijo de Moiss, era tesorero mayor.
En cuanto a su hermano Eliezer, sus descendientes por lnea directa fueron Rehabas, Jesaas, Joram, Zicri y Selomit.
Este Selomit y sus hermanos tenan a su cargo todos los tesoros de todas las cosas santificadas que haba consagrado el rey David, y los jefes de las casas paternas, los capitanes de millares y de centenas, y los jefes del ejrcito.
Lo haban consagrado de las guerras y de los botines, para reparar la casa de Jehov.
Asimismo todas las cosas que haban consagrado el vidente Samuel, y Sal hijo de Cis, Abner hijo de Ner y Joab hijo de Sarvia, y todo lo que cualquiera consagraba, estaba a cargo de Selomit y de sus hermanos.
De los izharitas, Quenanas y sus hijos eran gobernadores y jueces sobre Israel en asuntos exteriores.
De los hebronitas, Hasabas y sus hermanos, hombres de vigor, en nmero de mil setecientos, gobernaban a Israel al otro lado del Jordn, al occidente, para toda la obra de Jehov y el servicio del rey.
El jefe de los hebronitas, repartidos en sus linajes por sus familias, era Jeras. En el ao cuarenta del reinado de David se registraron, y se hall entre ellos a hombres fuertes y vigorosos en Jazer de Galaad.
Los hermanos de Jeras eran hombres valientes, en nmero de dos mil setecientos, jefes de familias, los cuales el rey David constituy sobre los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manass, para todas las cosas de Dios y los negocios del rey.
Estos son los principales de los hijos de Israel, jefes de familias, jefes de millares y de centenas, y funcionarios que servan al rey en todos los negocios de las divisiones militares que se relevaban cada mes durante todo el ao. Cada divisin era de veinticuatro mil hombres.
Sobre la primera divisin, la del primer mes, estaba Jasobeam hijo de Zabdiel; y tena su divisin veinticuatro mil.
Descendiente de Fares, l fue jefe de todos los capitanes de las compaas que prestaban servicios el primer mes.
Sobre la divisin del segundo mes estaba Dodai, el ahohta; y Miclot era jefe en esta divisin, en la que tambin haba veinticuatro mil.
El jefe de la tercera divisin, que serva el tercer mes, era Benaa, hijo del sumo sacerdote Joiada; y en su divisin haba veinticuatro mil.
Este Benaa era valiente entre los treinta y sobre los treinta; y en su divisin estaba su hijo Amisabad.
El cuarto jefe, para el cuarto mes, era Asael, hermano de Joab, y le sucedi su hijo Zebadas; y en su divisin haba veinticuatro mil.
El quinto jefe, para el quinto mes, era Samhut, el izrata; y en su divisin haba veinticuatro mil.
El sexto jefe, para el sexto mes, era Ira hijo de Iques, de Tecoa; y en su divisin haba veinticuatro mil.
El sptimo jefe, para el sptimo mes, era Heles, el pelonita, de los hijos de Efran; y en su divisin haba veinticuatro mil.
El octavo jefe, para el octavo mes, era Sibecai, el husatita, de los zeratas; y en su divisin haba veinticuatro mil.
El noveno jefe, para el noveno mes, era Abiezer, el anatotita, de los benjamitas; y en su divisin haba veinticuatro mil.
El dcimo jefe, para el dcimo mes, era Maharai, el netofatita, de los zeratas; y en su divisin haba veinticuatro mil.
El undcimo jefe, para el undcimo mes, era Benaa, el piratonita, de los hijos de Efran; y en su divisin haba veinticuatro mil.
El duodcimo jefe, para el duodcimo mes, era Heldai, el netofatita, de Otoniel; y en su divisin haba veinticuatro mil.
Los jefes de las tribus de Israel eran: De los rubenitas, Eliezer hijo de Zicri; de los simeonitas, Sefatas hijo de Maaca.
De los levitas, Hasabas hijo de Kemuel; de los de Aarn, Sadoc.
De Jud, Eli, uno de los hermanos de David; de los de Isacar, Omri hijo de Micael.
De los de Zabuln, Ismaas hijo de Abdas; de los de Neftal, Jerimot hijo de Azriel.
De los hijos de Efran, Oseas hijo de Azazas; de la media tribu de Manass, Joel hijo de Pedaas.
De la otra media tribu de Manass, en Galaad, Iddo hijo de Zacaras; de los de Benjamn, Jaasiel hijo de Abner.
Y de Dan, Azareel hijo de Jeroham. Estos fueron los jefes de las tribus de Israel.
David no hizo el censo de los que tenan menos de veinte aos, por cuanto Jehov haba dicho que multiplicara a Israel como las estrellas del cielo.
Joab hijo de Sarvia haba comenzado a hacer el censo; pero no acab, pues por esto vino el castigo sobre Israel, y as su nmero no fue puesto en el registro de las crnicas del rey David.
Azmavet hijo de Adiel tena a su cargo los tesoros del rey; y Jonatn hijo de Uzas era el encargado de los tesoros de los campos, las ciudades, las aldeas y las torres.
Al frente de los que trabajaban en la labranza de las tierras estaba Ezri hijo de Quelub.
De las vias, Simei, el ramatita; y del fruto de las vias para las bodegas, Zabdi, el sifmita.
De los olivares e higuerales de la Sefela, Baal-hann, el gederita; y de los almacenes del aceite, Jos.
Del ganado que pastaba en Sarn, Sitrai, el saronita; y del ganado que estaba en los valles, Safat hijo de Adlai.
De los camellos, Obil, el ismaelita; de las asnas, Jehedas, el meronotita;
y de las ovejas, Jaziz, el agareno. Todos estos eran administradores de la hacienda del rey David.
Jonatn, to de David, era consejero, hombre prudente y escriba; mientras Jehiel hijo de Hacmoni estaba con los hijos del rey.
Tambin Ahitofel era consejero del rey, y Husai, el arquita, amigo del rey.
Despus de Ahitofel estaba Joiada hijo de Benaa y Abiatar. Joab era el jefe del ejrcito del rey.
Reuni David en Jerusaln a todos los principales de Israel, los jefes de las tribus, los jefes de las divisiones que servan al rey, los jefes de millares y de centenas, los administradores de toda la hacienda y posesin del rey y de sus hijos, los oficiales y los ms poderosos y valientes de sus hombres.
Entonces el rey David se puso en pie y dijo: "Odme, hermanos mos y pueblo mo. Yo tena el propsito de edificar una Casa en la cual reposara el Arca del pacto de Jehov, y sirviera de estrado a los pies de nuestro Dios; y haba ya preparado todo para edificar.
Pero Dios me dijo: "T no edificars Casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra y has derramado mucha sangre".
Sin embargo, Jehov, el Dios de Israel, me eligi de entre toda la casa de mi padre, para que fuera rey de Israel perpetuamente; porque a Jud escogi para ser caudillo, y de la casa de Jud a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agrad de m para ponerme por rey sobre todo Israel.
Y de entre todos mis hijos (porque Jehov me ha dado muchos hijos), eligi a mi hijo Salomn para que se siente en el trono del reino de Jehov sobre Israel.
Y me ha dicho: "Salomn, tu hijo, l edificar mi Casa y mis atrios; porque a este he escogido por hijo, y yo ser para l padre.
Asimismo yo confirmar su reino para siempre, si l se esfuerza en poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este da".
"Ahora, pues, delante de todo Israel, congregacin de Jehov, y de nuestro Dios que nos escucha, guardad y observad todos los preceptos de Jehov, vuestro Dios, para que poseis la buena tierra, y la dejis en herencia a vuestros hijos despus de vosotros perpetuamente.
"Y t, Salomn, hijo mo, reconoce al Dios de tu padre, y srvele con corazn perfecto y con nimo generoso; porque Jehov escudria los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si t le buscas, lo hallars; pero si lo dejas, l te desechar para siempre.
Mira, pues, ahora, que Jehov te ha elegido para que edifiques Casa para el santuario; esfurzate, y hazla!".
Entonces David entreg a su hijo Salomn el plano del prtico del Templo y sus casas, sus tesoreras, sus aposentos, sus salas y la casa del propiciatorio.
Asimismo el plano de todas las cosas que tena en mente para los atrios de la casa de Jehov, para todas las habitaciones alrededor, para las tesoreras de la casa de Dios, y para las tesoreras de las cosas santificadas.
Tambin para los grupos de los sacerdotes y de los levitas, para toda la obra del ministerio de la casa de Jehov, y para todos los utensilios del ministerio de la casa de Jehov.
Le dio oro en cantidad suficiente para las cosas de oro, para todos los utensilios de cada servicio, y plata en cantidad suficiente para todas las cosas de plata, para todos los utensilios de cada servicio.
El oro necesario para los candelabros de oro, y para sus lmparas; suficiente oro para cada candelabro y sus lmparas; y para los candelabros de plata, la plata necesaria para cada candelabro y sus lmparas, conforme al servicio de cada candelabro.
Asimismo le dio oro suficiente para las mesas de la proposicin, para cada mesa; del mismo modo, plata para las mesas de plata.
Tambin oro puro para los garfios, para los lebrillos, para las copas y para las tazas de oro; para cada taza, segn su peso; y para las tazas de plata, segn el peso de cada taza.
Adems, suficiente oro puro para el altar del incienso, y para el carro de los querubines de oro, que con las alas extendidas cubran el Arca del pacto de Jehov.
"Todas estas cosas -- dijo David -- me fueron trazadas por la mano de Jehov, que me hizo entender todas las obras del diseo".
David dijo adems a su hijo Salomn: "Anmate y esfurzate, y manos a la obra; no temas ni desmayes, porque Jehov Dios, mi Dios, estar contigo; l no te dejar ni te desamparar, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehov.
Ah tienes los grupos de los sacerdotes y de los levitas para todo el ministerio de la casa de Dios; estarn a tu lado en toda la obra; tambin te dar su ayuda toda clase de voluntarios y gente hbil para toda forma de servicio, y los prncipes y todo el pueblo ejecutarn todas tus rdenes".
Despus dijo el rey David a toda la asamblea: "Solamente a Salomn, mi hijo, ha elegido Dios; l es joven y tierno de edad, y la obra, grande; porque la Casa no es para un hombre, sino para Jehov Dios.
Con todas mis fuerzas yo he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, y madera para las de madera; y piedras de nice, piedras preciosas, piedras negras, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras preciosas, y piedras de mrmol en abundancia.
Adems de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, adems de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios:
tres mil talentos de oro, de oro de Ofir, y siete mil talentos de plata refinada para recubrir las paredes de las casas;
oro, pues, para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y para toda la obra de las manos de los artfices. Quin quiere, pues, hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehov?".
Entonces los jefes de familia, los prncipes de las tribus de Israel, jefes de millares y de centenas, con los administradores de la hacienda del rey, ofrendaron voluntariamente.
Dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos y diez mil dracmas de oro, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce, y cinco mil talentos de hierro.
Todo el que tena piedras preciosas las entreg para el tesoro de la casa de Jehov, en manos de Jehiel, el gersonita.
Y se alegr el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazn ofrendaron espontneamente a Jehov.
Asimismo se alegr mucho el rey David, y bendijo a Jehov delante de toda la congregacin; y dijo David: "Bendito seas t, Jehov, Dios de Israel, nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo.
Tuya es, Jehov, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que estn en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, Jehov, es el reino, y t eres excelso sobre todos.
Las riquezas y la gloria proceden de ti, y t dominas sobre todo; en tu mano est la fuerza y el poder, y en tu mano el dar grandeza y poder a todos.
Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre.
Porque quin soy yo y quin es mi pueblo, para que pudiramos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.
Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros das sobre la tierra, cual sombra que no dura.
Jehov, Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar Casa a tu santo nombre, de tu mano procede y todo es tuyo.
Yo s, Dios mo, que t escudrias los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazn voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegra que tu pueblo, reunido aqu ahora, ha dado para ti espontneamente.
Jehov, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazn de tu pueblo y encamina su corazn a ti.
Asimismo da a mi hijo Salomn corazn perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, para que haga todas las cosas, y te edifique la Casa para la cual yo he hecho preparativos".
Despus dijo David a toda la congregacin: "Bendecid ahora a Jehov, vuestro Dios". Entonces toda la congregacin bendijo a Jehov, Dios de sus padres, e inclinndose adoraron delante de Jehov y del rey.
Al da siguiente sacrificaron vctimas y ofrecieron holocaustos a Jehov; mil becerros, mil carneros, mil corderos con sus libaciones, y muchos sacrificios de parte de todo Israel.
Y comieron y bebieron delante de Jehov aquel da con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomn hijo de David, y ante Jehov lo ungieron como prncipe, y a Sadoc, como sacerdote.
Se sent Salomn como rey en el trono de Jehov en lugar de su padre David, y fue prosperado; y le obedeci todo Israel.
Todos los prncipes y poderosos, y todos los hijos del rey David, prestaron homenaje al rey Salomn.
Y Jehov engrandeci en extremo a Salomn a los ojos de todo Israel, y le dio tal gloria en su reino, cual ningn rey la tuvo antes que l en Israel.
As rein David hijo de Isa sobre todo Israel.
El tiempo que rein sobre Israel fue cuarenta aos. Siete aos rein en Hebrn y treinta y tres rein en Jerusaln.
Muri en buena vejez, lleno de das, de riquezas y de gloria. Rein en su lugar Salomn, su hijo.
Los hechos del rey David, desde el primero hasta el ltimo, estn escritos en el libro de las crnicas del vidente Samuel, en las crnicas del profeta Natn, y en las crnicas del vidente Gad,
con todo lo relativo a su reinado y su poder, y los cosas que le ocurrieron a l, a Israel y a todos los reinos de aquellas tierras.
Salomn hijo de David fue afirmado en su reino, y Jehov, su Dios, estaba con l y lo engrandeci sobremanera.
Convoc Salomn a todo Israel, a jefes de millares y de centenas, a jueces y a todos los prncipes de todo Israel, jefes de familias.
Despus Salomn fue con toda esta asamblea al lugar alto que haba en Gaban, pues all estaba el Tabernculo de reunin de Dios que Moiss, siervo de Jehov, haba hecho en el desierto.
Pero David haba trado el Arca de Dios de Quiriat-jearim al lugar que l le haba preparado; porque le haba levantado una tienda en Jerusaln.
Asimismo el altar de bronce que haba hecho Bezaleel hijo de Uri hijo de Hur, estaba all, delante del tabernculo de Jehov, al cual fue a consultar Salomn con aquella asamblea.
Subi, pues, Salomn all delante de Jehov, al altar de bronce que estaba en el Tabernculo de reunin, y ofreci sobre l mil holocaustos.
Aquella noche se le apareci Dios a Salomn y le dijo: -- Pdeme lo que quieras que yo te d.
Salomn respondi a Dios: -- T has tenido con David, mi padre, gran misericordia, y a m me has puesto por rey en lugar suyo.
Ahora pues, Jehov Dios, que se cumpla la palabra que le diste a David, mi padre; porque t me has puesto por rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra.
Dame ahora sabidura y ciencia, para que sepa dirigir a este pueblo; porque quin podr gobernar a este tu pueblo tan grande?
Respondi Dios a Salomn: -- Por cuanto este ha sido el deseo de tu corazn, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que procuran tu mal, ni pediste muchos das, sino que has pedido para ti sabidura y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey,
sabidura y ciencia te son dadas; y tambin te dar riquezas, bienes y gloria, como nunca la tuvieron los reyes que fueron antes de ti, ni la tendrn los que vengan despus de ti.
Y desde el lugar alto que estaba en Gaban, delante del Tabernculo de reunin, volvi Salomn a Jerusaln, y rein sobre Israel.
Salomn reuni carros y gente de a caballo; y tuvo mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades destinadas a los carros y junto al rey en Jerusaln.
Hizo el rey que hubiera en Jerusaln tanta plata y oro como piedras, y que abundara el cedro como las higueras silvestres de la Sefela.
Los mercaderes del rey compraban por contrato caballos y lienzos finos de Egipto para Salomn.
Suban y compraban en Egipto un carro por seiscientas piezas de plata y un caballo por ciento cincuenta. Y todos los reyes de los heteos y los reyes de Siria compraban as por medio de ellos.
Determin, pues, Salomn edificar Casa al nombre de Jehov, y casa para su reino.
Y design Salomn setenta mil cargadores, ochenta mil canteros y tres mil seiscientos capataces que los vigilaran.
Despus envi Salomn a decir a Hiram, rey de Tiro: "Haz conmigo como hiciste con mi padre David, envindole cedros para que se construyera una casa en que habitar.
Mira, yo tengo que edificar una Casa al nombre de Jehov, mi Dios, para consagrrsela, para quemar incienso aromtico delante de l, para la colocacin continua de los panes de la proposicin, para los holocaustos de la maana y la tarde, los sbados, nuevas lunas, y festividades de Jehov, nuestro Dios; lo cual ha de ser perpetuo en Israel.
Y la Casa que tengo que edificar ha de ser grande, porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses.
Pero quin ser capaz de edificarle Casa, siendo que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo? Quin, pues, soy yo, para que le edifique Casa, aunque solo sea para quemar incienso delante de l?
Envame, pues, ahora un hombre hbil que sepa trabajar en oro, en plata, en bronce, en hierro, en prpura, en grana y en azul, y que sepa esculpir con los maestros que estn conmigo en Jud y en Jerusaln, los cuales contrat mi padre.
Envame tambin madera del Lbano: cedro, ciprs y sndalo; porque yo s que tus siervos saben cortar madera en el Lbano. Mis siervos irn con los tuyos
para que me preparen mucha madera, porque la Casa que tengo que edificar ha de ser grande y portentosa.
Para tus siervos, los que trabajen cortando la madera, dar veinte mil coros de trigo en grano, veinte mil coros de cebada, veinte mil batos de vino y veinte mil batos de aceite".
Entonces Hiram, rey de Tiro, respondi en una carta que envi a Salomn: "Porque Jehov am a su pueblo, te ha puesto por rey sobre ellos".
Hiram tambin deca: "Bendito sea Jehov, el Dios de Israel, que hizo los cielos y la tierra, y que dio al rey David un hijo sabio, entendido, cuerdo y prudente, que va a edificar una casa a Jehov y una casa para su reino.
Yo, pues, te he enviado un hombre hbil y entendido, Hiram-abi,
hijo de una mujer de las hijas de Dan, aunque su padre era de Tiro, el cual sabe trabajar en oro, plata, bronce y hierro, en piedra y en madera, en prpura y en azul, en lino y en carmes; asimismo sabe esculpir toda clase de figuras y sacar toda forma de diseo que se le pida, junto a tus hombres peritos y a los de mi seor David, tu padre.
Ahora, pues, enve mi seor a sus siervos el trigo y la cebada, el aceite y el vino de que ha hablado;
y nosotros cortaremos en el Lbano la madera que necesites, y te la llevaremos en balsas por el mar hasta Jope, y t hars que la suban hasta Jerusaln".
Salomn hizo el censo de todos los extranjeros que haba en la tierra de Israel, despus del que David, su padre, haba hecho; y se hall que eran ciento cincuenta y tres mil seiscientos.
Y seal de ellos setenta mil para llevar cargas, ochenta mil para las canteras en las montaas, y tres mil seiscientos como capataces para hacer trabajar al pueblo .
Comenz Salomn a edificar la casa de Jehov en Jerusaln, en el monte Moriah, que haba sido mostrado a David su padre, en el lugar que David haba preparado en la era de Ornn, el jebuseo.
Y comenz a edificar en el mes segundo, a los dos das del mes, en el cuarto ao de su reinado.
Estas son las medidas que dio Salomn a los cimientos de la casa de Dios: la longitud era de sesenta codos y la anchura de veinte codos.
El prtico que estaba al frente del edificio era de veinte codos de largo, igual al ancho de la Casa, y su altura de ciento veinte codos. Salomn lo recubri por dentro de oro puro,
y tech el cuerpo mayor del edificio con madera de ciprs, la cual recubri de oro fino, haciendo esculpir en ella palmeras y cadenas.
Recubri tambin la Casa con un ornamento de piedras preciosas; y el oro era oro de Parvaim.
Revisti, pues, la Casa, sus vigas, sus umbrales, sus paredes y sus puertas, con oro; y esculpi querubines en las paredes.
Construy asimismo el Lugar santsimo, cuya longitud era de veinte codos, de acuerdo al ancho del frente de la Casa, y su anchura de veinte codos. Lo revisti de oro fino, el cual ascenda a seiscientos talentos.
Los clavos de oro pesaban de uno hasta cincuenta siclos. Tambin recubri de oro los aposentos.
Dentro del Lugar santsimo hizo dos querubines de madera, los cuales fueron recubiertos de oro.
La longitud de las alas de los querubines era de veinte codos; porque un ala era de cinco codos, y llegaba hasta la pared de la Casa, mientras la otra de cinco codos tocaba el ala del segundo querubn.
De la misma manera una ala del otro querubn era de cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la Casa, y la otra era de cinco codos, que tocaba el ala del otro querubn.
Estos querubines, cuyas alas extendidas medan veinte codos, estaban en pie con los rostros vueltos hacia la Casa.
Hizo tambin el velo de azul, prpura, carmes y lino, e hizo bordar querubines en l.
Delante de la Casa hizo dos columnas de treinta y cinco codos de altura cada una, con capiteles de cinco codos encima.
Hizo asimismo cadenas en el santuario y las puso sobre los capiteles de las columnas; e hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas.
Coloc las columnas delante del Templo, una a la mano derecha y otra a la izquierda; a la de la mano derecha llam Jaqun y a la de la izquierda, Boaz.
Hizo adems un altar de bronce de veinte codos de largo, veinte codos de ancho y diez codos de alto.
Tambin hizo un mar de metal fundido, el cual tena diez codos de un borde al otro, enteramente redondo; su altura era de cinco codos, y un cordn de treinta codos de largo lo cea alrededor.
Debajo y alrededor del mar haba figuras de calabazas, diez por cada codo, colocadas en dos hileras fundidas juntamente con el mar.
Este estaba asentado sobre doce bueyes, tres de los cuales miraban al norte, tres al occidente, tres al sur, y tres al oriente; el mar descansaba sobre ellos, y sus partes traseras miraban hacia adentro.
Y tena de grueso un palmo menor, y el borde tena la forma del borde de un cliz o de una flor de lis. Y le caban tres mil batos.
Hizo tambin diez fuentes, y puso cinco a la derecha y cinco a la izquierda, para lavar y limpiar en ellas lo que se ofreca en holocausto; pero el mar era para que los sacerdotes se lavaran en l.
Hizo asimismo diez candelabros de oro segn la forma prescrita, los cuales puso en el Templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda.
Adems hizo diez mesas y las puso en el Templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda; igualmente hizo cien tazones de oro.
Tambin hizo el atrio de los sacerdotes, el gran atrio y las portadas del atrio, y recubri de bronce sus puertas.
Y coloc el mar al lado derecho, hacia el sureste de la Casa.
Hiram tambin hizo calderos, palas y tazones. As acab Hiram la obra que le haba encargado el rey Salomn para la casa de Dios.
Las dos columnas y los cordones, los capiteles sobre las cabezas de las dos columnas, y las dos redes para cubrir las dos esferas de los capiteles que estaban encima de las columnas;
cuatrocientas granadas en las dos redes, dos hileras de granadas en cada red, para que cubrieran las dos esferas de los capiteles que estaban encima de las columnas.
Hizo tambin las basas, sobre las cuales coloc las fuentes;
un mar, y los doce bueyes debajo de l;
y calderos, palas y garfios. Todos estos enseres los hizo Hiram-abi al rey Salomn, para la casa de Jehov, de bronce muy fino.
Los fundi el rey en los llanos del Jordn, en tierra arcillosa, entre Sucot y Seredata.
Salomn hizo todos estos enseres en nmero tan grande, que no pudo saberse el peso del bronce.
As hizo Salomn todos los utensilios para la casa de Dios, el altar de oro, y las mesas sobre las cuales se ponan los panes de la proposicin;
asimismo los candelabros y sus lmparas, de oro puro, para que las encendieran delante del Lugar santsimo conforme a la ordenanza.
Las flores, lmparas y tenazas se hicieron de oro, de oro finsimo;
tambin las despabiladeras, los lebrillos, las cucharas y los incensarios eran de oro puro. Tambin eran de oro la entrada de la Casa, sus puertas interiores para el Lugar santsimo, y las puertas del Templo mismo.
As se acab toda la obra que hizo Salomn para la casa de Jehov. Luego meti Salomn las ofrendas que David, su padre, haba consagrado: la plata, el oro y todos los dems utensilios, y lo puso todo en los tesoros de la casa de Dios.
Entonces Salomn reuni en Jerusaln a los ancianos de Israel, a todos los prncipes de las tribus, y a los jefes de las familias de los hijos de Israel, para que trasladaran el Arca del pacto de Jehov desde la Ciudad de David, que es Sin.
Y se congregaron junto al rey todos los hombres de Israel, para la fiesta solemne del mes sptimo.
Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los levitas tomaron el Arca,
y la llevaron, junto con el Tabernculo de reunin y todos los utensilios del santuario que estaban en el Tabernculo. Los sacerdotes y los levitas los llevaron.
El rey Salomn y toda la congregacin de Israel que se haba reunido con l delante del Arca, sacrificaron ovejas y bueyes, que por ser tantos no se pudieron contar ni calcular.
Los sacerdotes metieron el Arca del pacto de Jehov en su lugar, en el santuario de la Casa, en el Lugar santsimo, bajo las alas de los querubines;
pues los querubines extendan las alas sobre el lugar del Arca, cubriendo as tanto el Arca como sus barras por encima.
E hicieron salir las barras, de modo que se vieran las cabezas de las barras del Arca delante del Lugar santsimo, pero no se vean desde fuera; y all estn hasta el da de hoy.
En el Arca no haba nada ms que las dos tablas que Moiss haba puesto en Horeb, las tablas del pacto que Jehov haba hecho con los hijos de Israel cuando salieron de Egipto.
Cuando los sacerdotes salieron del santuario (porque todos los sacerdotes que se hallaban presentes haban sido santificados, sin tener en cuenta su distribucin por turnos),
los levitas cantores, todos los de Asaf, los de Hemn y los de Jedutn, junto con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con cmbalos, salterios y arpas al oriente del altar. Con ellos haba ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas.
Hacan sonar, pues, las trompetas y cantaban al unsono, alabando y dando gracias a Jehov. Y sucedi que mientras ellos alzaban la voz al son de las trompetas, de los cmbalos y de los otros instrumentos de msica, y alababan a Jehov diciendo: "Porque l es bueno, porque su misericordia es para siempre", una nube llen la Casa, la casa de Jehov.
Y no podan los sacerdotes estar all para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehov haba llenado la casa de Dios.
Entonces dijo Salomn: "Jehov ha dicho que l habitara en la oscuridad.
Pero yo he querido edificarte una morada, un lugar en que vivas para siempre".
Luego el rey se volvi y bendijo a toda la congregacin de Israel, mientras toda la congregacin de Israel estaba en pie.
Y dijo: "Bendito sea Jehov, Dios de Israel, quien con su mano ha cumplido lo que prometi con su boca a David, mi padre, diciendo:
"Desde el da que saqu a mi pueblo de la tierra de Egipto, ninguna ciudad he elegido de todas las tribus de Israel para edificar Casa donde estuviera mi nombre, ni he escogido otro hombre para que fuera prncipe sobre mi pueblo Israel.
Pero a Jerusaln he elegido para que en ella est mi nombre, y a David he elegido para que est sobre mi pueblo Israel".
David, mi padre, tuvo en su corazn edificar Casa al nombre de Jehov, Dios de Israel.
Pero Jehov dijo a David mi padre: "Respecto a haber sentido en tu corazn el deseo de edificar una Casa a mi nombre, bien has hecho en haber tenido esto en tu corazn.
Pero t no edificars la Casa, sino un hijo tuyo, salido de tus entraas, l edificar la Casa a mi nombre".
"Pues bien, Jehov ha cumplido su promesa: me levant yo en lugar de David, mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehov haba dicho, y he edificado una Casa al nombre de Jehov, Dios de Israel.
En ella he puesto el Arca, en la cual est el pacto que Jehov celebr con los hijos de Israel".
Se puso luego Salomn delante del altar de Jehov, en presencia de toda la congregacin de Israel, y extendi sus manos;
pues Salomn haba hecho un estrado de bronce de cinco codos de largo, cinco codos de ancho y tres codos de alto, y lo haba puesto en medio del atrio; y ponindose sobre l se arrodill delante de toda la congregacin de Israel, extendi sus manos al cielo y dijo:
"Jehov, Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y tienes misericordia con tus siervos que caminan delante de ti de todo su corazn;
que has mantenido a tu siervo David, mi padre, la promesa que le hiciste; t lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como se ve en este da.
Ahora, pues, Jehov, Dios de Israel, cumple a tu siervo David, mi padre, lo que le has prometido, diciendo: "Nunca faltar en mi presencia uno de los tuyos, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino andando en mi Ley, como t has andado delante de m".
Ahora, pues, Jehov, Dios de Israel, cmplase la promesa que hiciste a tu siervo David.
"Pero, es verdad que Dios habitar con el hombre en la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, cunto menos esta Casa que he edificado?
Pero t mirars a la oracin de tu siervo, y a su ruego, Jehov, Dios mo, para oir el clamor y la oracin con que tu siervo ora delante de ti.
Que tus ojos estn abiertos sobre esta Casa de da y de noche, sobre el lugar del cual dijiste: "Mi nombre estar all". Escucha la oracin con que tu siervo ora en este lugar.
Asimismo escucha el ruego de tu siervo y de tu pueblo Israel, cuando en este lugar hagan oracin. Escucha desde los cielos, desde el lugar de tu morada; escucha y perdona.
"Cuando alguno peque contra su prjimo, y se le exige juramento, si viene a jurar ante tu altar en esta Casa,
t oirs desde los cielos, actuars y juzgars a tus siervos, dando la paga al impo, haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo, al darle conforme a su justicia.
"Cuando tu pueblo Israel sea derrotado delante del enemigo por haber pecado contra ti, si se convierte y confiesa tu nombre, si ruega delante de ti en esta Casa,
t oirs desde los cielos, perdonars el pecado de tu pueblo Israel y les hars volver a la tierra que les diste a ellos y a sus padres.
"Cuando los cielos se cierren y no haya lluvias, por haber pecado contra ti, si oran a ti en este lugar y confiesan tu nombre, si se convierten de sus pecados cuando los aflijas,
t los oirs en los cielos y perdonars el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, les ensears el buen camino para que anden en l y enviars lluvia sobre tu tierra, la que diste por heredad a tu pueblo.
"Cuando haya hambre en la tierra, o pestilencia, o las plantas se sequen por el calor, o sean atacadas por hongos, las langostas o el pulgn; cuando los sitien sus enemigos en la tierra donde habiten; cualquier plaga o enfermedad que sea;
toda oracin y todo ruego que haga cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cualquiera que conozca su llaga y su dolor en su corazn, si extiende sus manos hacia esta Casa,
t oirs desde los cielos, desde el lugar de tu morada; perdonars y dars a cada uno conforme a sus caminos, habiendo conocido su corazn; porque slo t conoces el corazn de los hijos de los hombres;
para que te teman y anden en tus caminos, todos los das que vivan sobre la faz de la tierra que t diste a nuestros padres.
"Tambin al extranjero que no sea de tu pueblo Israel, que haya venido de lejanas tierras a causa de tu gran nombre y de tu mano poderosa, y de tu brazo extendido, si viene y ora hacia esta Casa,
t oirs desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y hars conforme a todas las cosas por las cuales haya clamado a ti el extranjero; para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, te teman como tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado sobre esta Casa que yo he edificado.
"Cuando tu pueblo salga a la guerra contra sus enemigos por el camino que t le enves, y ora a ti hacia esta ciudad que t elegiste, hacia la Casa que he edificado a tu nombre,
t oirs desde los cielos su oracin y su ruego, y amparars su causa.
"Cuando pequen contra ti (pues no hay hombre que no peque), y te enojes contra ellos, y los entregues a sus enemigos, para que sus conquistadores los lleven cautivos a otras tierras, lejos o cerca,
si ellos vuelven en s en la tierra adonde los hayan llevado cautivos; si se convierten y oran a ti en la tierra de su cautividad, y dicen: "Pecamos, somos culpables, impamente hemos actuado";
si se convierten a ti de todo su corazn y de toda su alma en la tierra de su cautividad, donde los hayan llevado cautivos, y oran hacia la tierra que t diste a sus padres, hacia la ciudad que t elegiste, y hacia la Casa que he edificado a tu nombre;
t oirs desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oracin y su ruego, amparars su causa y perdonars a tu pueblo que pec contra ti.
"Ahora, pues, Dios mo, te ruego que estn abiertos tus ojos y atentos tus odos a la oracin en este lugar.
"Jehov Dios, levntate ahora para habitar en tu reposo, t y el Arca de tu poder; Jehov Dios, sean vestidos de salvacin tus sacerdotes, y tus santos se regocijen en tu bondad.
Jehov Dios, no rechaces a tu ungido; acurdate de tus misericordias para con tu siervo David".
Cuando Salomn acab de orar, descendi fuego de los cielos y consumi el holocausto y los sacrificios; y la gloria de Jehov llen la Casa.
Y no podan entrar los sacerdotes en la casa de Jehov, porque la gloria de Jehov la haba llenado.
Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehov sobre la Casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehov, diciendo: "Porque l es bueno, y su misericordia es para siempre".
Entonces el rey y todo el pueblo sacrificaron vctimas delante de Jehov.
Y ofreci el rey Salomn en sacrificio veintids mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. As, el rey y todo el pueblo dedicaron la casa de Dios.
Los sacerdotes desempeaban su ministerio, mientras los levitas alababan a Jehov con los instrumentos de msica que el rey David haba hecho para acompaar los cnticos a Jehov, "porque su misericordia es para siempre", entonando los cnticos compuestos por David. Los sacerdotes tocaban las trompetas delante de ellos, y todo Israel se mantena en pie.
Tambin Salomn consagr la parte central del atrio que estaba delante de la casa de Jehov, por cuanto haba ofrecido all los holocaustos, y lo mejor de las ofrendas de paz; porque en el altar de bronce que Salomn haba hecho no caban los holocaustos, las ofrendas y las grasas.
Entonces hizo Salomn fiesta siete das, y con l todo Israel, una gran congregacin, desde la entrada de Hamat hasta el arroyo de Egipto.
Al octavo da hicieron solemne asamblea, porque haban hecho la dedicacin del altar en siete das, y haban celebrado la fiesta solemne por siete das.
Y a los veintitrs das del mes sptimo envi al pueblo a sus hogares, alegres y gozosos de corazn por los beneficios que Jehov haba hecho a David y a Salomn, y a su pueblo Israel.
Termin, pues, Salomn la casa de Jehov, y la casa del rey; y todo lo que Salomn se propuso hacer en la casa de Jehov, y en su propia casa, fue prosperado.
Entonces apareci Jehov a Salomn de noche y le dijo: "Yo he odo tu oracin, y he elegido para m este lugar como Casa de sacrificio.
Si yo cierro los cielos para que no haya lluvia, y si mando a la langosta que consuma la tierra, o si envo pestilencia a mi pueblo;
si se humilla mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oran, y buscan mi rostro, y se convierten de sus malos caminos; entonces yo oir desde los cielos, perdonar sus pecados y sanar su tierra.
Mis ojos estarn abiertos, y mis odos atentos, a la oracin que se haga en este lugar;
pues ahora he elegido y santificado esta Casa, para que est en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazn estarn ah para siempre.
Y si t andas delante de m como anduvo tu padre David, haces todas las cosas que yo te he mandado, y guardas mis estatutos y mis decretos,
yo confirmar el trono de tu reino, como pact con David, tu padre, diciendo: "No te faltar uno de los tuyos para que gobierne en Israel".
Pero si vosotros os volvis, y dejis mis estatutos y mandamientos que he puesto delante de vosotros, y vais y servs a dioses ajenos, y los adoris,
yo os arrancar de mi tierra que os he dado; arrojar de mi presencia esta Casa que he santificado a mi nombre, y la har objeto de burla y escarnio entre todos los pueblos.
Y esta Casa que es tan excelsa, ser espanto a todo el que pase, de modo que dir: "Por qu ha hecho as Jehov a esta tierra y a esta Casa?".
Y se responder: "Por cuanto dejaron a Jehov, Dios de sus padres, que los sac de la tierra de Egipto, y han abrazado a dioses ajenos, y los adoraron y sirvieron; por eso l ha trado todo este mal sobre ellos"".
Despus de veinte aos, durante los cuales Salomn haba edificado la casa de Jehov y su propia casa,
reedific Salomn las ciudades que Hiram le haba dado y estableci en ellas a los hijos de Israel.
Despus march Salomn contra Hamat de Soba, y la tom.
Y edific a Tadmor en el desierto, y todas las ciudades de aprovisionamiento que edific en Hamat.
Asimismo reedific a Bet-horn la de arriba y a Bet-horn la de abajo, ciudades fortificadas, con muros, puertas y barras;
a Baalat, y a todas las ciudades de avituallamiento que pertenecan a Salomn; tambin todas las ciudades de los carros y las de la gente de a caballo, y todo lo que Salomn quiso edificar en Jerusaln, en el Lbano, y en toda la tierra sujeta a su dominio.
A todo el pueblo que haba quedado de los heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos, que no eran de Israel,
cuyos descendientes haban quedado en la tierra despus de ellos, a los cuales los hijos de Israel no exterminaron del todo, hizo Salomn tributarios hasta hoy.
Pero no emple Salomn a ninguno de los hijos de Israel en su obra; porque eran hombres de guerra, oficiales, capitanes y comandantes de sus carros, y de su caballera.
Y tena Salomn doscientos cincuenta gobernadores principales, los cuales mandaban sobre aquella gente.
Traslad Salomn a la hija del faran, de la Ciudad de David a la casa que l haba edificado para ella; porque dijo: "Mi mujer no habitar en la casa de David, rey de Israel, porque aquellas habitaciones donde ha entrado el Arca de Jehov, son sagradas".
Entonces ofreci Salomn holocaustos a Jehov sobre el altar de Jehov que l haba edificado delante del prtico;
los ofreci segn el rito de cada da, conforme al mandamiento de Moiss, en los sbados, las nuevas lunas, y en las fiestas solemnes, tres veces al ao, esto es, en la fiesta de los Panes sin levadura, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de los Tabernculos.
Tambin estableci los turnos de los sacerdotes en sus oficios, conforme a lo ordenado por David, su padre, a los levitas en sus cargos, para que alabaran y ministraran delante de los sacerdotes, segn el rito de cada da; asimismo los porteros, segn su orden, en cada puerta; porque as lo haba mandado David, hombre de Dios.
No se apartaron del mandamiento del rey en cuanto a los sacerdotes, los levitas, los tesoros, y todo otro negocio;
porque toda la obra de Salomn estaba preparada desde el da en que se pusieron los cimientos de la casa de Jehov hasta que fue terminada, hasta que la casa de Jehov fue acabada totalmente.
Entonces Salomn fue a Ezin-geber y a Elot, a la costa del mar en la tierra de Edom.
Porque Hiram le haba enviado, por medio de sus siervos, naves y marineros diestros en el mar, los cuales fueron con los siervos de Salomn a Ofir, y tomaron de all cuatrocientos cincuenta talentos de oro, y los trajeron al rey Salomn.
Cuando la reina de Sab oy hablar de la fama de Salomn, fue a Jerusaln con un squito muy grande, con camellos cargados de especias aromticas, oro en abundancia, y piedras preciosas, para probar a Salomn con preguntas difciles. Luego que lleg ante Salomn, le dijo todo lo que tena en su corazn.
Pero Salomn le respondi a todas sus preguntas, y nada hubo que Salomn no le contestara.
Al ver la reina de Sab la sabidura de Salomn, la casa que haba edificado,
los manjares de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el aspecto de sus criados y los vestidos de ellos, sus coperos con sus vestidos, y la escalinata por donde se suba a la casa de Jehov, se qued asombrada.
Y dijo al rey: "Verdad es lo que haba odo en mi tierra acerca de tus cosas y de tu sabidura;
pero yo no crea las palabras de ellos, hasta que he venido, y mis ojos han visto. En realidad, ni aun la mitad de la grandeza de tu sabidura me haba sido dicha, pues t superas la fama que yo haba odo.
Bienaventurados tus hombres y dichosos estos siervos tuyos que estn siempre delante de ti y oyen tu sabidura.
Bendito sea Jehov, tu Dios, el cual se ha complacido en ti, colocndote sobre su trono como rey para Jehov, tu Dios; por cuanto tu Dios am a Israel, para afirmarlo perpetuamente, por eso te ha puesto como rey sobre ellos, para que hagas juicio y justicia".
Y dio al rey ciento veinte talentos de oro, gran cantidad de especias aromticas y piedras preciosas; nunca hubo tales especias aromticas como las que dio la reina de Sab al rey Salomn.
Tambin los siervos de Hiram y los siervos de Salomn, que haban trado el oro de Ofir, trajeron madera de sndalo y piedras preciosas.
Con la madera de sndalo el rey hizo gradas en la casa de Jehov y en las casas reales, y arpas y salterios para los cantores; nunca en la tierra de Jud se haba visto madera semejante.
El rey Salomn le dio a la reina de Sab todo lo que ella quiso y le pidi, ms de lo que ella haba trado al rey. Despus ella se volvi y regres a su tierra con sus siervos.
El peso del oro que reciba Salomn cada ao, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro,
sin contar lo que traan los mercaderes y negociantes; todos los reyes de Arabia y los gobernadores de la tierra traan oro y plata a Salomn.
Hizo tambin el rey Salomn doscientos escudos de oro batido, cada uno de los cuales tena seiscientos siclos de oro labrado;
asimismo trescientos escudos de oro batido, teniendo cada escudo trescientos siclos de oro; y los puso el rey en la casa del bosque del Lbano.
Adems, el rey hizo un gran trono de marfil y lo recubri de oro puro.
El trono tena seis gradas, un estrado de oro fijado al trono, brazos a uno y otro lado del asiento, y dos leones que estaban junto a los brazos.
Haba tambin all doce leones sobre las seis gradas, a uno y otro lado. Jams fue hecho trono semejante en reino alguno.
Toda la vajilla del rey Salomn era de oro, y toda la vajilla de la casa del bosque del Lbano, de oro puro. En los das de Salomn la plata no era apreciada.
Porque la flota del rey iba a Tarsis con los siervos de Hiram, y cada tres aos solan venir las naves de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
El rey Salomn super a todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabidura.
Y todos los reyes de la tierra procuraban ver el rostro de Salomn, para oir la sabidura que Dios le haba dado.
Cada uno de estos le llevaba un regalo: alhajas de plata, alhajas de oro, vestidos, armas, perfumes, caballos y mulos, todos los aos.
Tuvo tambin Salomn cuatro mil caballerizas para sus caballos y carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y en Jerusaln, junto al rey.
Tuvo dominio sobre todos los reyes desde el ufrates hasta la tierra de los filisteos y hasta la frontera de Egipto.
Acumul el rey tanta plata como piedras haba en Jerusaln, y cedros como higueras hay en la Sefela.
Traan tambin caballos para Salomn, de Egipto y de todos los pases.
Los dems hechos de Salomn, los primeros y los ltimos, no estn todos escritos en los libros del profeta Natn, en la profeca de Ahas, el silonita, y en la profeca del vidente Iddo acerca de Jeroboam hijo de Nabat?
Rein Salomn en Jerusaln sobre todo Israel cuarenta aos.
Y durmi Salomn con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David, su padre. Rein en su lugar Roboam, su hijo.
Roboam fue a Siquem, porque en Siquem se haba reunido todo Israel para hacerlo rey.
Cuando lo supo Jeroboam hijo de Nabat, el cual estaba en Egipto, adonde haba huido a causa del rey Salomn, volvi de Egipto,
pues haban enviado a llamarle. Vino, pues, Jeroboam con todo Israel, y hablaron a Roboam diciendo:
-- Tu padre agrav nuestro yugo; alivia ahora algo de la dura servidumbre y del pesado yugo con que tu padre nos apremi, y te serviremos.
l les dijo: -- Volved a m de aqu a tres das. Y el pueblo se fue.
Entonces el rey Roboam consult con los ancianos que haban estado delante de Salomn, su padre, cuando este viva, y les dijo: -- Qu me aconsejis vosotros que responda a este pueblo?
Ellos le contestaron diciendo: -- Si te conduces humanamente con este pueblo, lo tratas bien y le hablas con buenas palabras, ellos te servirn siempre.
Pero l abandon el consejo que le dieron los ancianos, y pidi consejo a los jvenes que se haban criado con l y estaban a su servicio.
Y les pregunt: -- Qu aconsejis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado diciendo: "Alivia algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros"?
Entonces los jvenes que se haban criado con l, le contestaron: -- As dirs al pueblo que te ha hablado diciendo: "Tu padre agrav nuestro yugo, pero t disminuye nuestra carga". As le dirs: "Mi dedo ms pequeo es ms grueso que la cintura de mi padre.
As que, si mi padre os carg de yugo pesado, yo aadir a vuestro yugo; mi padre os castig con azotes, pero yo os castigar con escorpiones".
Volvi, pues, Jeroboam con todo el pueblo ante Roboam al tercer da, segn el rey les haba mandado diciendo: "Volved a m de aqu a tres das".
Y el rey les respondi speramente, abandonando el rey Roboam el consejo de los ancianos,
y hablndoles conforme al consejo de los jvenes, diciendo: -- Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo aadir a vuestro yugo; mi padre os castig con azotes, pero yo os castigar con escorpiones.
No escuch el rey al pueblo; porque la causa era de Dios, para que se cumpliera la palabra que Jehov haba anunciado por medio de Ahas, el silonita, a Jeroboam hijo de Nabat.
Al ver todo Israel que el rey no les haba odo, respondi el pueblo al rey diciendo: "Qu parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia en el hijo de Isa. Israel, cada uno a sus tiendas! David, mira ahora por tu casa!". As se fue todo Israel a sus tiendas.
Pero rein Roboam sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Jud.
Envi luego el rey Roboam a Adoram, que estaba a cargo de los tributos, pero lo apedrearon los hijos de Israel, y muri. Entonces se apresur el rey Roboam a subir en su carro para huir a Jerusaln.
As se apart Israel de la casa de David hasta el da de hoy.
Cuando lleg Roboam a Jerusaln, reuni de la casa de Jud y de Benjamn a ciento ochenta mil hombres de guerra escogidos, para pelear contra Israel y devolver el reino a Roboam.
Pero vino palabra de Jehov a Semaas, varn de Dios, diciendo:
"Habla a Roboam hijo de Salomn, rey de Jud, y a todos los israelitas en Jud y Benjamn, y diles:
"As ha dicho Jehov: No subis a pelear contra vuestros hermanos; vulvase cada uno a su casa, porque esto es cosa ma"". Y ellos oyeron la palabra de Jehov y se volvieron, y no fueron contra Jeroboam.
Habit Roboam en Jerusaln y edific ciudades para fortificar a Jud.
Edific Beln, Etam, Tecoa,
Bet-sur, Soco, Adulam,
Gat, Maresa, Zif,
Adoraim, Laquis, Azeca,
Zora, Ajaln y Hebrn, que eran ciudades fortificadas de Jud y Benjamn.
Reforz tambin las fortalezas y puso en ellas capitanes, provisiones, vino y aceite;
en todas las ciudades haba escudos y lanzas. Las fortific, pues, en gran manera; y Jud y Benjamn le estaban sujetos.
Los sacerdotes y levitas que estaban en todo Israel, se juntaron a l desde todos los lugares donde vivan,
pues los levitas dejaron sus ejidos y sus posesiones y se fueron a Jud y a Jerusaln, porque Jeroboam y sus hijos los excluyeron del ministerio de Jehov.
Y l design sus propios sacerdotes para los lugares altos, para los demonios y para los becerros que haba hecho.
Tras aquellos acudieron tambin de todas las tribus de Israel, los que tenan el propsito sincero de buscar a Jehov, Dios de Israel; y fueron a Jerusaln para ofrecer sacrificios a Jehov, el Dios de sus padres.
As fortalecieron el reino de Jud, y confirmaron a Roboam hijo de Salomn, por tres aos; porque tres aos anduvieron en el camino de David y de Salomn.
Tom Roboam por mujer a Mahalat, hija de Jerimot hijo de David y de Abihail, hija de Eliab hijo de Isa,
la cual le dio a luz estos hijos: Jes, Semaras y Zaham.
Despus de ella tom a Maaca, hija de Absaln, la cual le dio a luz Abas, Atai, Ziza y Selomit.
Pero Roboam am a Maaca, hija de Absaln, sobre todas sus mujeres y concubinas, pues tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y engendr veintiocho hijos y sesenta hijas.
Y puso Roboam a Abas hijo de Maaca como jefe y prncipe de sus hermanos, porque quera hacerlo rey.
Obr sagazmente, pues esparci a todos sus hijos por todas las tierras de Jud y de Benjamn, y por todas las ciudades fortificadas, dndoles provisiones en abundancia y muchas mujeres.
Cuando Roboam consolid el reino, dej la ley de Jehov, y todo Israel con l.
Y por haberse rebelado contra Jehov, en el quinto ao del rey Roboam, subi Sisac, rey de Egipto, contra Jerusaln,
con mil doscientos carros y sesenta mil hombres de a caballo; pero el pueblo que vena con l de Egipto, esto es, libios, suquienos y etopes, era innumerable.
Tom las ciudades fortificadas de Jud y lleg hasta Jerusaln.
El profeta Semaas vino ante Roboam y los prncipes de Jud que estaban reunidos en Jerusaln por causa de Sisac, y les dijo: -- As ha dicho Jehov: "Vosotros me habis dejado, y por eso yo tambin os he dejado en manos de Sisac".
Entonces los prncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: -- Justo es Jehov!
Cuando Jehov vio que se haban humillado, vino palabra de Jehov a Semaas, diciendo: "Se han humillado, no los destruir, sino que los salvar en breve y no se derramar mi ira contra Jerusaln por mano de Sisac.
Pero sern sus siervos, para que sepan lo que es servirme a m, y qu es servir a los reyes de las naciones".
Subi, pues, Sisac, rey de Egipto, a Jerusaln, y tom los tesoros de la casa de Jehov y los tesoros de la casa del rey; todo se lo llev; tambin los escudos de oro que Salomn haba hecho.
Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce y los entreg a los jefes de la guardia, los cuales custodiaban la entrada de la casa del rey.
Cuando el rey iba a la casa de Jehov, venan los de la guardia y los llevaban, y despus los volvan a dejar en la sala de la guardia.
As pues, por haberse humillado, la ira de Jehov se apart de l y no lo destruy del todo, ya que an en Jud haba cosas buenas.
Fortalecido pues, Roboam rein en Jerusaln; y tena Roboam cuarenta y un aos cuando comenz a reinar y rein diecisiete aos en Jerusaln, la ciudad que escogi Jehov entre todas las tribus de Israel para poner en ella su nombre. El nombre de la madre de Roboam fue Naama, una amonita.
E hizo lo malo, porque no dispuso su corazn para buscar a Jehov.
Los hechos de Roboam, los primeros y los ltimos, no estn escritos en los libros del profeta Semaas y del vidente Iddo, en el registro de las familias? Y entre Roboam y Jeroboam hubo guerra constante.
Durmi Roboam con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David. Rein en su lugar Abas, su hijo.
A los dieciocho aos del rey Jeroboam comenz a reinar Abas sobre Jud.
Rein tres aos en Jerusaln. El nombre de su madre fue Micaas, hija de Uriel, el de Gabaa. Hubo guerra entre Abas y Jeroboam.
Entonces Abas empez la batalla con un ejrcito de cuatrocientos mil hombres de guerra, valerosos y escogidos; y Jeroboam tom posiciones de batalla contra l con ochocientos mil hombres escogidos, fuertes y valerosos.
Se levant Abas sobre el monte Zemaraim, que est en los montes de Efran, y dijo: "Odme, Jeroboam y todo Israel.
No sabis vosotros que Jehov, Dios de Israel, dio el reino a David sobre Israel para siempre, a l y a sus hijos, bajo pacto de sal?
Pero Jeroboam hijo de Nabat, siervo de Salomn hijo de David, se levant y se rebel contra su seor.
Se juntaron con l hombres ociosos y perversos y pudieron ms que Roboam hijo de Salomn, porque Roboam era joven y pusilnime, y no se defendi de ellos.
Y ahora vosotros tratis de resistir al reino de Jehov, que est en manos de los hijos de David, porque sois muchos, y tenis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os puso por dioses.
No habis arrojado vosotros a los sacerdotes de Jehov, a los hijos de Aarn y a los levitas, y os habis designado sacerdotes a la manera de los pueblos de otras tierras, para que cualquiera venga a consagrarse con un becerro y siete carneros, y as sea sacerdote de los que no son dioses?
Pero en cuanto a nosotros, Jehov es nuestro Dios y no lo hemos dejado; los sacerdotes que ministran delante de Jehov son los hijos de Aarn, y los que estn en la obra son levitas,
los cuales queman para Jehov los holocaustos cada maana y cada tarde, y el incienso aromtico; ponen los panes sobre la mesa limpia, y el candelabro de oro con sus lmparas para que ardan cada tarde; porque nosotros guardamos la ordenanza de Jehov, nuestro Dios, pero vosotros lo habis dejado.
Dios est con nosotros por jefe, y sus sacerdotes con las trompetas del jbilo para que suenen contra vosotros. Hijos de Israel, no peleis contra Jehov, el Dios de vuestros padres, porque no prosperaris".
Pero Jeroboam hizo tender una emboscada para atacarlos por la espalda; de modo que atacaron a Jud tanto de frente como por detrs.
Cuando los de Jud miraron hacia atrs, se dieron cuenta de que los atacaban por el frente y por la espalda; por lo que clamaron a Jehov, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas.
Entonces los de Jud gritaron con fuerza; y al alzar ellos el grito de guerra, Dios desbarat a Jeroboam y a todo Israel delante de Abas y de Jud.
Huyeron los hijos de Israel delante de Jud y Dios los entreg en sus manos.
Abas y su gente hicieron una gran matanza; cayeron heridos quinientos mil hombres escogidos de Israel.
As fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo, mientras los hijos de Jud prevalecan, porque se apoyaban en Jehov, el Dios de sus padres.
Persigui Abas a Jeroboam, y le arrebat algunas ciudades: a Bet-el con sus aldeas, a Jesana con sus aldeas, y a Efran con sus aldeas.
As, nunca ms tuvo poder Jeroboam en los das de Abas, pues Jehov lo hiri y muri.
Pero Abas se hizo ms poderoso. Tom catorce mujeres y engendr veintids hijos y diecisis hijas.
Los dems hechos de Abas, sus caminos y sus dichos, estn escritos en la historia del profeta Iddo.
Durmi Abas con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David. Rein en su lugar su hijo Asa, en cuyos das tuvo sosiego el pas por diez aos.
Asa hizo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehov, su Dios.
Porque quit los altares del culto extrao y los lugares altos; quebr las imgenes y destruy los smbolos de Asera;
y mand a Jud que buscara a Jehov, el Dios de sus padres, y pusiera por obra la Ley y sus mandamientos.
Quit asimismo de todas las ciudades de Jud los lugares altos y las imgenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado.
Edific ciudades fortificadas en Jud, por cuanto haba paz en la tierra, y no haba guerra contra l en aquellos tiempos; porque Jehov le haba dado paz.
Dijo, por tanto, a Jud: "Edifiquemos estas ciudades y cerqumoslas de muros con torres, puertas y barras, ya que la tierra es nuestra; porque hemos buscado a Jehov, nuestro Dios; lo hemos buscado, y l nos ha dado paz por todas partes". Edificaron, pues, y fueron prosperados.
Tuvo tambin Asa un ejrcito de trescientos mil hombres de Jud, armado con escudos y lanzas, y doscientos ochenta mil hombres de Benjamn que portaban escudos y entesaban arcos. Todos eran hombres diestros.
Sali contra ellos Zera, el etope, con un ejrcito de un milln de hombres y trescientos carros; y vino hasta Maresa.
Entonces sali Asa contra l, y se pusieron en orden de batalla en el valle de Sefata, junto a Maresa.
Y clam Asa a Jehov, su Dios, y dijo: "Jehov, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Aydanos, Jehov, Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre marchamos contra este ejrcito. Jehov, t eres nuestro Dios; no prevalezca contra ti el hombre".
Jehov deshizo a los etopes delante de Asa y delante de Jud; y huyeron los etopes.
Asa y el pueblo que con l estaba los persiguieron hasta Gerar; y cayeron los etopes hasta no quedar ninguno con vida, pues fueron deshechos delante de Jehov y de su ejrcito. Y les tomaron muy grande botn.
Atacaron tambin todas las ciudades alrededor de Gerar, porque el terror de Jehov cay sobre ellas; y saquearon todas las ciudades, pues haba en ellas gran botn.
Asimismo atacaron las cabaas de los que tenan ganado y se llevaron muchas ovejas y camellos. Despus volvieron a Jerusaln.
Vino el espritu de Dios sobre Azaras hijo de Obed,
el cual sali al encuentro de Asa y le dijo: "Odme, Asa, todo Jud y Benjamn: Jehov estar con vosotros si vosotros estis con l; y si lo buscis vosotros lo hallaris; pero si lo dejis, l tambin os dejar.
Muchos das ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdote que enseara, y sin Ley;
pero cuando en su tribulacin se convirtieron a Jehov, Dios de Israel, y lo buscaron, ellos lo hallaron.
En aquellos tiempos no hubo paz, ni para el que entraba ni para el que sala, sino muchas aflicciones sobre todos los habitantes de las tierras.
Una gente destrua a otra, y una ciudad a otra ciudad; porque Dios los turb con toda clase de calamidades.
Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra".
Cuando oy Asa las palabras y la profeca del profeta Azaras hijo de Obed, cobr nimo y quit los dolos abominables de toda la tierra de Jud y de Benjamn, y de las ciudades que l haba tomado en la parte montaosa de Efran; y repar el altar de Jehov que estaba delante del prtico de Jehov.
Despus reuni a todo Jud y Benjamn, y con ellos los forasteros de Efran, de Manass y de Simen; porque muchos de Israel se haban pasado a l, viendo que Jehov, su Dios, estaba con l.
Se reunieron, pues, en Jerusaln, en el mes tercero del ao decimoquinto del reinado de Asa.
Y en aquel mismo da sacrificaron para Jehov, del botn que haban trado, setecientos bueyes y siete mil ovejas.
Entonces prometieron solemnemente que buscaran a Jehov, el Dios de sus padres, de todo su corazn y de toda su alma;
y que cualquiera que no buscara a Jehov, el Dios de Israel, que muriera, ya fuera grande o pequeo, hombre o mujer.
Juraron, pues, a Jehov en alta voz y con gritos de jbilo, al son de trompetas y de bocinas.
Todos los de Jud se alegraron de este juramento; porque de todo su corazn lo juraban, y con toda su voluntad lo buscaban. Por eso Jehov se dej hallar de ellos y les dio paz por todas partes.
Aun a Maaca, su propia madre, el mismo rey Asa la depuso de su dignidad, porque haba hecho una imagen de Asera; y Asa destruy la imagen, la desmenuz y la quem junto al torrente Cedrn.
Con todo esto, los lugares altos no desaparecieron de Israel, aunque el corazn de Asa fue perfecto en todos sus das.
Trajo este a la casa de Dios lo que su padre haba dedicado, y lo que l mismo haba consagrado, plata, oro y utensilios.
Y no hubo ms guerra hasta el ao treinta y cinco del reinado de Asa.
En el ao treinta y seis del reinado de Asa, subi Baasa, rey de Israel, contra Jud, y fortific a Ram, para cortarle toda comunicacin a Asa, rey de Jud.
Entonces sac Asa la plata y el oro de los tesoros de la casa de Jehov y de la casa real, y envi mensajeros a Ben-adad, rey de Siria, que estaba en Damasco, diciendo:
"Haya alianza entre t y yo, como la hubo entre tu padre y mi padre. Aqu te envo plata y oro para que vengas y deshagas la alianza que tienes con Baasa, rey de Israel, a fin de que se aleje de m".
Consinti Ben-adad con el rey Asa y envi los capitanes de sus ejrcitos contra las ciudades de Israel; conquistaron Ijn, Dan, Abel-maim y las ciudades de aprovisionamiento de Neftal.
Cuando Baasa lo supo, ces de edificar a Ram y abandon su obra.
Entonces el rey Asa tom a todo Jud, y se llevaron de Ram la piedra y la madera con que Baasa edificaba; y con ellas edific Geba y Mizpa.
En aquel tiempo vino el vidente Hanani ante Asa, rey de Jud, y le dijo: "Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria, y no te apoyaste en Jehov, tu Dios, por eso el ejrcito del rey de Siria ha escapado de tus manos.
Los etopes y los libios, no eran un ejrcito numerossimo, con carros y mucha gente de a caballo? Con todo, porque te apoyaste en Jehov, l los entreg en tus manos.
Porque los ojos de Jehov contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen un corazn perfecto para con l. Locamente has procedido en esto; por eso de aqu en adelante habr ms guerra contra ti".
Entonces se enoj Asa contra el vidente y lo ech en la crcel, pues se encoleriz mucho contra l a causa de esto. Tambin oprimi Asa en aquel tiempo a algunos del pueblo.
Pero los hechos de Asa, los primeros y los ltimos, estn escritos en el libro de los reyes de Jud y de Israel.
En el ao treinta y nueve de su reinado, Asa enferm gravemente de los pies, pero en su enfermedad tampoco busc a Jehov, sino a los mdicos.
Y durmi Asa con sus padres; muri en el ao cuarenta y uno de su reinado.
Lo sepultaron en los sepulcros que l haba hecho para s en la Ciudad de David; y lo pusieron en un atad, el cual llenaron de perfumes y diversas especias aromticas, preparadas por expertos perfumistas; e hicieron un gran fuego en su honor.
Rein en su lugar Josafat, su hijo, el cual se hizo fuerte contra Israel.
Puso ejrcitos en todas las ciudades fortificadas de Jud y coloc gente de guarnicin en tierra de Jud, y en las ciudades de Efran que su padre Asa haba tomado.
Jehov estuvo con Josafat, porque anduvo por los caminos que anteriormente haba seguido David, su padre; no busc a los baales,
sino que busc al Dios de su padre y anduvo en sus mandamientos, no segn las obras de Israel.
Por tanto, Jehov confirm el reino en sus manos; todo Jud traa a Josafat presentes, y tuvo riquezas y gloria en abundancia.
Se anim su corazn en los caminos de Jehov, y quit los lugares altos y las imgenes de Asera de en medio de Jud.
Al tercer ao de su reinado envi a sus prncipes Ben-hail, Abdas, Zacaras, Natanael y Micaas, para que ensearan en las ciudades de Jud.
Con ellos envi a los levitas Semaas, Netanas, Zebadas, Asael, Semiramot, Jonatn, Adonas, Tobas y Tobadonas, y tambin a los sacerdotes Elisama y Joram,
los cuales ensearon en Jud, llevando consigo el libro de la ley de Jehov; y recorrieron todas las ciudades de Jud enseando al pueblo.
El terror de Jehov cay sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Jud, de manera que no osaron hacer guerra contra Josafat.
Los filisteos traan presentes y tributos de plata a Josafat. Los rabes tambin le trajeron ganados, siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabros.
Iba, pues, Josafat engrandecindose mucho; edific en Jud fortalezas y ciudades de aprovisionamiento.
Llev a cabo muchas obras en las ciudades de Jud, y tuvo hombres de guerra muy valientes en Jerusaln.
Este es el nmero de ellos segn sus casas paternas: De los jefes de los millares de Jud, el general Adnas, y con l trescientos mil hombres muy esforzados.
Despus de l, el jefe Johann, y con l doscientos ochenta mil hombres.
Tras este, Amasas hijo de Zicri, el cual se haba ofrecido voluntariamente a Jehov, y con l doscientos mil hombres valientes.
De Benjamn, Eliada, hombre muy valeroso, y con l doscientos mil hombres armados de arco y escudo.
Tras este, Jozabad, y con l ciento ochenta mil dispuestos para la guerra.
Estos eran siervos del rey, sin contar los que el rey haba puesto en las ciudades fortificadas en todo Jud.
Tena, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia; y emparent con Acab.
Despus de algunos aos descendi a Samaria para visitar a Acab, por lo que Acab mat muchas ovejas y bueyes para l y para la gente que con l vena, y le persuadi que fuera con l contra Ramot de Galaad.
Y dijo Acab, rey de Israel, a Josafat, rey de Jud: -- Quieres venir conmigo contra Ramot de Galaad? l respondi: -- Yo soy como t, y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo a la guerra.
Adems dijo Josafat al rey de Israel: -- Te ruego que consultes hoy la palabra de Jehov.
Entonces el rey de Israel reuni a cuatrocientos profetas y les pregunt: -- Iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o me estar quieto? Le respondieron: -- Sube, porque Dios los entregar en manos del rey.
Pero Josafat dijo: -- Hay an aqu algn profeta de Jehov, para que por medio de l consultemos?
El rey de Israel respondi a Josafat: -- An hay aqu un hombre por medio del cual podemos preguntar a Jehov; pero yo lo aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Es Micaas hijo de Imla. Respondi Josafat: -- No hable as el rey.
Entonces el rey de Israel llam a un oficial y le dijo: -- Haz venir enseguida a Micaas hijo de Imla.
El rey de Israel y Josafat, rey de Jud, estaban sentados cada uno en su trono, vestidos con sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria, y todos los profetas profetizaban delante de ellos.
Y Sedequas hijo de Quenaana se haba hecho cuernos de hierro, y deca: "As ha dicho Jehov: Con estos acornears a los sirios hasta destruirlos por completo".
De esta manera profetizaban tambin todos los profetas, diciendo: "Sube contra Ramot de Galaad y sers prosperado; porque Jehov la entregar en manos del rey".
El mensajero que haba ido a llamar a Micaas le habl diciendo: -- Mira que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; yo, pues, te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos, que hables bien.
Dijo Micaas: -- Vive Jehov, que lo que mi Dios me diga, eso hablar. Luego se present al rey,
y el rey le dijo: -- Micaas, iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o debo desistir? l respondi: -- Subid y seris prosperados, pues sern entregados en vuestras manos.
El rey le dijo: -- Hasta cuntas veces te conjurar que no me hables sino la verdad en nombre de Jehov?
Entonces Micaas dijo: -- He visto a todo Israel disperso por los montes como ovejas sin pastor y Jehov ha dicho: "Estos no tienen seor; vulvase cada uno en paz a su casa".
El rey de Israel dijo a Josafat: -- No te haba yo dicho que no me profetizara bien, sino mal?
Entonces Micaas dijo: -- Od, pues, palabra de Jehov: Yo he visto a Jehov sentado en su trono, y todo el ejrcito de los cielos estaba a su mano derecha y a su izquierda.
Y pregunt Jehov: "Quin inducir a Acab, rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?". Y el uno deca de una manera, y el otro deca de otra.
Entonces sali un espritu que se puso delante de Jehov y dijo: "Yo lo inducir". Y Jehov le dijo: "De qu modo?".
l respondi: "Saldr y ser espritu de mentira en la boca de todos sus profetas". Jehov dijo: "T logrars engaarlo. Anda y hazlo as".
Y ahora Jehov ha puesto espritu de mentira en la boca de estos tus profetas; pues Jehov ha hablado el mal contra ti.
Entonces Sedequas hijo de Quenaana se le acerc y golpe a Micaas en la mejilla, diciendo: -- Por qu camino se ha ido de m el espritu de Jehov para hablarte a ti?
Micaas respondi: -- T mismo lo vers el da en que vayas escondindote de habitacin en habitacin.
Entonces el rey de Israel dijo: -- Tomad a Micaas y llevadlo a Amn, gobernador de la ciudad, y a Jos, hijo del rey,
y decidles: "El rey ha dicho as: Poned a este en la crcel y sustentadle con pan de afliccin y agua de angustia, hasta que yo vuelva en paz".
Micaas dijo: -- Si t vuelves en paz, no ha hablado Jehov por m. Dijo adems: -- Od, pueblos todos.
Subieron, pues, el rey de Israel, y Josafat, rey de Jud, a Ramot de Galaad.
Y dijo el rey de Israel a Josafat: -- Yo me disfrazar para entrar en la batalla, pero t vstete con tus ropas reales. Se disfraz el rey de Israel y entr en la batalla.
El rey de Siria, por su parte, haba ordenado a los capitanes de los carros que tena consigo: "No peleis con chico ni con grande, sino slo con el rey de Israel".
Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: "Este es el rey de Israel. Y lo rodearon para pelear; pero Josafat clam y Jehov lo ayud, apartndolos Dios de l;
pues al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, desistieron de acosarle.
Pero un hombre dispar el arco al azar e hiri al rey de Israel entre las junturas de la coraza. El rey dijo entonces al cochero: -- Vuelve las riendas y scame del campo, porque estoy mal herido.
Pero arreci la batalla aquel da, por lo que el rey de Israel se mantuvo en pie en su carro frente a los sirios hasta la tarde; y muri al ponerse el sol.
Josafat, rey de Jud, volvi en paz a su casa en Jerusaln.
Y le sali al encuentro el vidente Jeh hijo de Hanani, el cual dijo al rey Josafat: -- Al impo das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehov? Por esto ha cado sobre ti la clera de Jehov.
Pero se han hallado en ti buenas cosas, por cuanto has quitado de la tierra las imgenes de Asera y has dispuesto tu corazn para buscar a Dios.
Habit, pues, Josafat en Jerusaln; pero volvi a salir para visitar al pueblo, desde Beerseba hasta los montes de Efran, y los conduca a Jehov, el Dios de sus padres.
Puso jueces en todas las ciudades fortificadas de Jud, por todos los lugares;
y dijo a los jueces: "Mirad lo que hacis; porque no juzgis en nombre de los hombres, sino en nombre de Jehov, el cual est con vosotros cuando juzgis.
Sea, pues, con vosotros el temor de Jehov; mirad lo que hacis, porque en Jehov, nuestro Dios, no hay injusticia ni acepcin de personas ni admisin de cohecho".
Puso tambin Josafat en Jerusaln a algunos de los levitas y sacerdotes, y de los padres de las familias de Israel, para la administracin de la justicia de Jehov y para los litigios. Estos habitaban en Jerusaln.
Y les mand diciendo: "Procederis asimismo en el temor de Jehov, con verdad y con corazn ntegro.
En cualquier pleito que os presenten vuestros hermanos que habitan en las ciudades, ya sean causas de sangre, o asuntos relativos a la Ley, preceptos, estatutos o decretos, les amonestaris que no pequen contra Jehov, para que no venga ira sobre vosotros y sobre vuestros hermanos. Haciendo as, no pecaris.
El sacerdote Amaras ser el que os presida en todo asunto de Jehov, y Zebadas hijo de Ismael, prncipe de la casa de Jud, en todos los negocios del rey; tambin los levitas sern oficiales en vuestra presencia. Esforzaos, pues, y manos a la obra. Jehov estar con el bueno".
Pasadas estas cosas, aconteci que los hijos de Moab y de Amn, y con ellos otros de los amonitas, marcharon contra Josafat para atacarlo.
Y fueron algunos a darle aviso a Josafat, diciendo: "Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar y de Siria; ya estn en Hazezon-tamar, que es En-gadi".
Josafat tuvo miedo y humill su rostro para consultar a Jehov, e hizo pregonar ayuno a todo Jud.
Se congregaron los de Jud para pedir socorro a Jehov; y tambin de todas las ciudades de Jud vinieron a pedir ayuda a Jehov.
Entonces Josafat, puesto en pie en medio de la asamblea de Jud y de Jerusaln, en la casa de Jehov, delante del atrio nuevo,
dijo: "Jehov, Dios de nuestros padres, no eres t Dios en los cielos, y dominas sobre todos los reinos de las naciones? No est en tu mano tal fuerza y poder que no hay quien te resista?
Dios nuestro, no expulsaste t a los habitantes de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de tu amigo Abraham para siempre?
Ellos la han habitado, y han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo:
"Si mal viene sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta Casa, y delante de ti (porque tu nombre est en esta Casa); clamaremos a ti a causa de nuestras tribulaciones, y t nos oirs y salvars".
Ahora, pues, aqu estn los hijos de Amn y de Moab, y los de los montes de Seir, a cuya tierra no quisiste que pasara Israel cuando vena de la tierra de Egipto, sino que se apartara de ellos y no los destruyera.
Ahora ellos nos pagan viniendo a arrojarnos de la heredad que t nos diste en posesin.
Dios nuestro!, no los juzgars t? Pues nosotros no tenemos fuerza con que enfrentar a la multitud tan grande que viene contra nosotros; no sabemos qu hacer, y a ti volvemos nuestros ojos".
Todo Jud estaba en pie delante de Jehov, con sus nios, sus mujeres y sus hijos.
Y estaba all Jahaziel hijo de Zacaras hijo de Benaa, hijo de Jeiel, hijo de Matanas, levita de los hijos de Asaf, sobre el cual vino el espritu de Jehov en medio de la reunin;
y dijo: "Od, todo Jud, y vosotros habitantes de Jerusaln, y t, rey Josafat. Jehov os dice as: "No temis ni os amedrentis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.
Maana descenderis contra ellos; mirad, ellos subirn por la cuesta de Sis y los hallaris junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel.
No tendris que pelear vosotros en esta ocasin; apostaos y quedaos quietos; veris como la salvacin de Jehov vendr sobre vosotros. Jud y Jerusaln, no temis ni desmayis; salid maana contra ellos, porque Jehov estar con vosotros"".
Entonces Josafat se inclin rostro a tierra, y tambin todo Jud y los habitantes de Jerusaln se postraron ante Jehov para adorar a Jehov.
Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Cor para alabar con gran clamor a Jehov, el Dios de Israel.
Cuando se levantaron por la maana, salieron al desierto de Tecoa. Mientras ellos salan, Josafat, puesto en pie, dijo: "Odme, Jud y habitantes de Jerusaln. Creed en Jehov, vuestro Dios y estaris seguros; creed a sus profetas y seris prosperados".
Despus de consultar con el pueblo, puso a algunos que, vestidos de ornamentos sagrados, cantaran y alabaran a Jehov mientras sala la gente armada, y que dijeran: "Glorificad a Jehov, porque su misericordia es para siempre".
Cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehov puso emboscadas contra los hijos de Amn, de Moab y de los montes de Seir que venan contra Jud, y se mataron los unos a los otros.
Porque los hijos de Amn y Moab se levantaron contra los del los montes de Seir para matarlos y destruirlos; y cuando acabaron con los del monte Seir, cada cual ayud a la destruccin de su compaero.
Luego que vino Jud a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, pero solo vieron cadveres tendidos en la tierra, pues ninguno haba escapado.
Josafat y su pueblo fueron a despojarlos, y hallaron entre los cadveres muchas riquezas, as vestidos como alhajas preciosas que tomaron para s; tantos, que no los podan llevar. Estuvieron tres das recogiendo el botn, porque era abundante.
Al cuarto da se juntaron en el valle de Beraca, y all bendijeron a Jehov; por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beraca, hasta el da de hoy.
Despus todos los hombres de Jud y de Jerusaln, con Josafat a la cabeza, regresaron a Jerusaln gozosos, porque Jehov les haba colmado de gozo librndolos de sus enemigos.
Y entraron en Jerusaln, en la casa de Jehov, con salterios, arpas y trompetas.
Cuando supieron que Jehov haba peleado contra los enemigos de Israel, el terror de Dios cay sobre todos los reinos de aquella tierra.
Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio paz por todas partes.
As rein Josafat sobre Jud; de treinta y cinco aos era cuando comenz a reinar, y rein veinticinco aos en Jerusaln. El nombre de su madre fue Azuba, hija de Silhi.
Y anduvo en el camino de Asa, su padre, sin apartarse de l, haciendo lo recto ante los ojos de Jehov.
Con todo, los lugares altos no fueron quitados; pues el pueblo an no haba enderezado su corazn al Dios de sus padres.
Los dems hechos de Josafat, los primeros y los ltimos, estn escritos en las palabras de Jeh hijo de Hanani, del cual se hace mencin en el libro de los reyes de Israel.
Pasadas estas cosas, Josafat, rey de Jud, trab amistad con Ocozas, rey de Israel, el cual era dado a la impiedad,
y se asoci a l para construir naves que fueran a Tarsis; y construyeron las naves en Ezin-geber.
Entonces Eliezer hijo de Dodava, el de Maresa, profetiz contra Josafat diciendo: "Por cuanto te has aliado con Ocozas, Jehov destruir tus obras". Y las naves se rompieron, y no pudieron ir a Tarsis.
Durmi Josafat con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en la Ciudad de David. Rein en su lugar Joram, su hijo,
quien tuvo por hermanos, hijos de Josafat, a Azaras, Jehiel, Zacaras, Azaras, Micael y Sefatas. Todos estos fueron hijos de Josafat, rey de Jud.
Su padre les haba dado muchos regalos de oro y de plata, cosas preciosas, y ciudades fortificadas en Jud; pero entreg el reino a Joram, porque l era el primognito.
Fue elevado, pues, Joram al reino de su padre. Luego que se hizo fuerte, mat a espada a todos sus hermanos y tambin a algunos de los prncipes de Israel.
Cuando comenz a reinar tena treinta y dos aos de edad, y rein ocho aos en Jerusaln.
Pero anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque tena por mujer a la hija de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehov.
Pero Jehov no quiso destruir la casa de David, a causa del pacto que haba hecho con David, y porque le haba dicho que le dara una lmpara a l y a sus hijos perpetuamente.
En sus das se rebel Edom contra el dominio de Jud, y proclam su propio rey.
Entonces pas Joram con sus prncipes, y todos sus carros; se levant de noche y derrot a los edomitas que le haban sitiado, y a todos los comandantes de sus carros.
No obstante, Edom se libert del dominio de Jud hasta el da de hoy. Por ese mismo tiempo Libna se libert tambin de su dominio, por cuanto Joram haba abandonado a Jehov, el Dios de sus padres.
Adems de esto, construy lugares altos en los montes de Jud, e incit a los habitantes de Jerusaln a la prostitucin, y empuj a ella a Jud.
Le lleg una carta del profeta Elas que deca: "Jehov, el Dios de tu padre David, ha dicho as: "Por cuanto no has andado en los caminos de Josafat, tu padre, ni en los caminos de Asa, rey de Jud,
sino que has andado en el camino de los reyes de Israel, y has hecho que Jud y los habitantes de Jerusaln forniquen, como fornic la casa de Acab; y adems has dado muerte a tus hermanos, a la familia de tu padre, los cuales eran mejores que t;
Jehov herir a tu pueblo con una gran plaga, a tus hijos, a tus mujeres y a todo cuanto tienes;
t mismo padecers muchas enfermedades, y una dolencia tal de tus intestinos, que se te saldrn a causa de tu persistente enfermedad"".
Entonces Jehov despert contra Joram la ira de los filisteos y de los rabes que estaban junto a los etopes,
que subieron contra Jud, invadieron la tierra y tomaron todos los bienes que hallaron en la casa del rey, a sus hijos y a sus mujeres; y no le qued ms hijo sino solamente Joacaz, el menor de ellos.
Despus de todo esto, Jehov lo hiri con una enfermedad incurable en los intestinos.
Y aconteci que al pasar muchos das, al cabo de dos aos, los intestinos se le salieron por la enfermedad, y muri as de enfermedad muy penosa. Y no encendieron fuego en su honor, como lo haban hecho con sus padres.
Cuando comenz a reinar tena treinta y dos aos de edad, y rein en Jerusaln durante ocho aos. Muri sin que nadie lo llorara y lo sepultaron en la Ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.
Los habitantes de Jerusaln hicieron rey en lugar de Joram a Ocozas, su hijo menor; porque una banda armada que haba venido con los rabes al campamento, haba matado a todos los mayores, por lo cual rein Ocozas hijo de Joram, rey de Jud.
Cuando Ocozas comenz a reinar tena cuarenta y dos aos de edad, y rein un ao en Jerusaln. El nombre de su madre era Atala, hija de Omri.
Tambin l anduvo en los caminos de la casa de Acab, pues su madre le aconsejaba a que actuara impamente.
Hizo, pues, lo malo ante los ojos de Jehov, como la casa de Acab; porque despus de la muerte de su padre, ellos le aconsejaron para su perdicin.
Y l anduvo en los consejos de ellos, y fue a la guerra con Joram hijo de Acab, rey de Israel, contra Hazael, rey de Siria, a Ramot de Galaad, donde los sirios hirieron a Joram.
Y volvi para curarse en Jezreel de las heridas que le haban hecho en Ramot, peleando contra Hazael, rey de Siria. Y descendi Ocozas hijo de Joram, rey de Jud, para visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel, porque estaba enfermo all.
Pero esto vena de Dios, para que Ocozas fuera destruido al ir a visitar a Joram. Tan pronto lleg, sali con Joram contra Jeh hijo de Nimsi, al cual Jehov haba ungido para que exterminara a la familia de Acab.
Mientras Jeh haca juicio contra la casa de Acab, hall a los prncipes de Jud y a los hijos de los hermanos de Ocozas, que servan a Ocozas, y los mat.
Busc luego a Ocozas, el cual se haba escondido en Samaria. Lo hallaron, lo trajeron a Jeh y lo mataron; pero le dieron sepultura, pues decan: "Es hijo de Josafat, quien de todo su corazn busc a Jehov". Y la casa de Ocozas no tena fuerzas para retener el reino.
Cuando Atala, madre de Ocozas, vio que su hijo haba muerto, se levant y extermin a toda la descendencia real de la casa de Jud.
Pero Josabet, hija del rey, tom a Jos hijo de Ocozas, y escondindolo de entre los dems hijos del rey, a los cuales mataban, lo guard a l y a su nodriza en uno de los aposentos. As lo escondi Josabet, hija del rey Joram, mujer del sacerdote Joiada (porque ella era hermana de Ocozas), de la vista de Atala, y no lo mataron.
Seis aos estuvo escondido con ellos en la casa de Dios. Entre tanto, Atala reinaba en el pas.
En el sptimo ao se anim Joiada y concert una alianza con los jefes de centenas: Azaras hijo de Jeroham, Ismael hijo de Johann, Azaras hijo de Obed, Maasas hijo de Adaa y Elisafat hijo de Zicri,
los cuales recorrieron el pas de Jud, y reunieron a los levitas de todas las ciudades de Jud y a los prncipes de las familias de Israel y vinieron a Jerusaln.
Toda la multitud hizo pacto con el rey en la casa de Dios. Y Joiada les dijo: "Aqu est el hijo del rey, que ha de reinar, como dijo Jehov respecto a los hijos de David.
Ahora haced esto: una tercera parte de vosotros, los que entran el sbado, estarn de porteros con los sacerdotes y los levitas.
Otra tercera parte estar en la casa del rey; y la otra tercera parte, se quedar a la puerta del Cimiento; y todo el pueblo estar en los patios de la casa de Jehov.
Y ninguno entre en la casa de Jehov, sino los sacerdotes y levitas que ministran; estos entrarn, porque estn consagrados; y todo el pueblo har guardia delante de Jehov.
Y los levitas rodearn al rey por todas partes, y cada uno tendr sus armas en la mano; cualquiera que entre en la casa, que muera; y estaris con el rey cuando entre y cuando salga".
Los levitas y todo Jud lo hicieron todo como lo haba mandado el sacerdote Joiada; y tom cada jefe a los suyos, los que entraban el sbado, y los que salan el sbado; porque el sacerdote Joiada no dio licencia a las compaas.
Dio tambin el sacerdote Joiada a los jefes de centenas las lanzas, los paveses y los escudos que haban sido del rey David, y que estaban en la casa de Dios;
y puso en orden a todo el pueblo, teniendo cada uno su espada en la mano, desde el rincn derecho del Templo hasta el izquierdo, hacia el altar y la Casa, alrededor del rey por todas partes.
Entonces sacaron al hijo del rey, le pusieron la corona y el Testimonio, y lo proclamaron rey; Joiada y sus hijos lo ungieron y gritaron: "Viva el rey!".
Cuando Atala oy el estruendo de la gente que corra y de los que aclamaban al rey, vino a la casa de Jehov, donde estaba el pueblo;
mir y vio al rey que estaba junto a la columna, a la entrada, y a los prncipes y los trompeteros junto al rey, a todo el pueblo de la tierra, lleno de alegra, que tocaba bocinas, y a los cantores que, con instrumentos de msica, dirigan la alabanza. Entonces Atala rasg sus vestidos, y dijo: "Traicin! Traicin!".
Pero el sacerdote Joiada mand que salieran los jefes de centenas del ejrcito, y les orden: "Sacadla fuera del recinto, y al que la siga, matadlo a filo de espada"; porque el sacerdote haba mandado que no la mataran en la casa de Jehov.
As pues, ellos le echaron mano, y cuando hubo pasado la entrada de la puerta de los caballos de la casa del rey, all la mataron.
Entonces Joiada pact con todo el pueblo y el rey, que seran el pueblo de Jehov.
Despus de esto entr todo el pueblo en el templo de Baal y lo derribaron; tambin rompieron sus altares, hicieron pedazos sus imgenes y mataron delante de los altares a Matn, sacerdote de Baal.
Luego puso Joiada una guardia en la casa de Jehov, bajo las rdenes de los sacerdotes y levitas, segn David los haba distribuido en la casa de Jehov, para ofrecer a Jehov los holocaustos, como est escrito en la ley de Moiss, con gozo y con cnticos, conforme a la disposicin de David.
Puso tambin porteros en las puertas de la casa de Jehov, para que por ninguna va entrara ninguno que estuviera impuro.
Llam despus a los jefes de centenas y a los principales, a los que gobernaban al pueblo y a todo el pueblo de la tierra, para conducir al rey desde la casa de Jehov. Cuando llegaron a la mitad de la puerta mayor de la casa del rey, sentaron al rey sobre el trono del reino.
Y se regocij todo el pueblo del pas; y la ciudad estuvo tranquila despus que mataron a Atala a filo de espada.
Siete aos tena Jos cuando comenz a reinar, y cuarenta aos rein en Jerusaln. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.
E hizo Jos lo recto ante los ojos de Jehov todos los das de Joiada, el sacerdote.
Joiada lo hizo casar con dos mujeres, y engendr hijos e hijas.
Despus de esto, aconteci que Jos decidi restaurar la casa de Jehov.
Reuni a los sacerdotes y a los levitas, y les dijo: "Salid por las ciudades de Jud y recoged dinero de todo Israel, para que cada ao sea reparada la casa de vuestro Dios; y vosotros poned diligencia en el asunto". Pero los levitas no pusieron diligencia.
Por lo cual el rey llam al sumo sacerdote Joiada y le dijo: "Por qu no has procurado que los levitas traigan de Jud y de Jerusaln la ofrenda que Moiss, siervo de Jehov, impuso a la congregacin de Israel para el tabernculo del Testimonio?".
Pues la impa Atala y sus hijos haban destruido la casa de Dios, y adems haban gastado en los dolos todas las cosas consagradas de la casa de Jehov.
Mand, pues, el rey que hicieran un arca, la cual pusieron fuera, a la puerta de la casa de Jehov;
e hicieron pregonar en Jud y en Jerusaln que trajeran a Jehov la ofrenda que Moiss, siervo de Dios, haba impuesto a Israel en el desierto.
Todos los jefes y todo el pueblo se gozaron, trajeron ofrendas y las echaron en el arca hasta llenarla.
Y cuando llegaba el momento de llevar el arca al secretario del rey por medio de los levitas, si vean que haba mucho dinero, vena el escriba del rey y el que estaba puesto por el Sumo sacerdote, llevaban el arca, la vaciaban y la retornaban a su lugar. As lo hacan de da en da, y recogan mucho dinero.
Luego el rey y Joiada lo daban a los que hacan el trabajo del servicio de la casa de Jehov. Estos contrataban canteros y carpinteros para que repararan la casa de Jehov, y artfices en hierro y bronce para componer la Casa.
Hacan, pues, los artesanos la obra, y con sus manos la obra qued restaurada; restituyeron la casa de Dios a su antigua condicin, y la consolidaron.
Cuando la terminaron, trajeron al rey y a Joiada lo que quedaba del dinero e hicieron de l utensilios para la casa de Jehov, utensilios para el servicio, morteros, cucharas, vasos de oro y de plata. Y sacrificaron holocaustos continuamente en la casa de Jehov durante todos los das de Joiada.
Pero Joiada envejeci y muri lleno de das; tena ciento treinta aos cuando muri.
Lo sepultaron en la Ciudad de David con los reyes, por cuanto haba hecho el bien en Israel, con Dios y con su casa.
Muerto Joiada, vinieron los prncipes de Jud y le ofrecieron obediencia al rey. El rey los oy,
y ellos abandonaron la casa de Jehov, el Dios de sus padres, y sirvieron a los smbolos de Asera y a las imgenes esculpidas. Entonces la ira de Dios vino sobre Jud y Jerusaln por este su pecado.
Y les envi profetas para que los hicieran volver a Jehov, los cuales los amonestaron; pero ellos no los escucharon.
Entonces el espritu de Dios vino sobre Zacaras, hijo del sacerdote Joiada, se puso en pie, en un lugar alto, y dijo al pueblo: "As ha dicho Dios: Por qu quebrantis los mandamientos de Jehov? No os vendr bien por ello, porque por haber dejado a Jehov, l tambin os abandonar".
Pero ellos conspiraron contra l, y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa de Jehov.
As el rey Jos no se acord de la misericordia que Joiada, padre de Zacaras, haba tenido con l, sino que mat a su hijo, quien dijo al morir: "Jehov lo vea y lo demande!".
A la vuelta del ao subi contra l el ejrcito de Siria, que invadieron a Jud y a Jerusaln, mataron de entre el pueblo a todos los principales, y enviaron todo el botn al rey de Damasco,
pues aunque el ejrcito de Siria haba venido con poca gente, Jehov entreg en sus manos un ejrcito muy numeroso, por cuanto haban abandonado a Jehov, el Dios de sus padres. As sufri Jos el castigo merecido.
Cuando se fueron los sirios, dejndolo agobiado por sus dolencias, conspiraron contra l sus siervos, a causa de la sangre de los hijos de Joiada, el sacerdote, y lo hirieron en su cama, donde muri. Lo sepultaron en la Ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.
Los que conspiraron contra l fueron Zabad hijo de Simeat, el amonita, y Jozabad hijo de Simrit, el moabita.
En lo tocante a los hijos de Jos, la multiplicacin que hizo de las rentas y la restauracin de la casa de Jehov, est escrito en la historia del libro de los reyes. Y rein en su lugar su hijo Amasas.
Veinticinco aos tena Amasas cuando comenz a reinar, y veintinueve aos rein en Jerusaln; el nombre de su madre era Joadn, de Jerusaln.
Hizo l lo recto ante los ojos de Jehov, aunque no de perfecto corazn.
Cuando fue confirmado en el reino, mat a los siervos que haban matado al rey, su padre.
Pero no mat a los hijos de ellos, segn lo que est escrito en la Ley, en el libro de Moiss, donde Jehov mand diciendo: "No morirn los padres por los hijos, ni los hijos por los padres, sino cada uno morir por su pecado".
Reuni luego Amasas a Jud y, con arreglo a las familias, puso jefes de millares y de centenas sobre todo Jud y Benjamn. Despus puso en lista a todos los de veinte aos para arriba, y fueron hallados trescientos mil escogidos para salir a la guerra, que tenan lanza y escudo.
Y de Israel tom a sueldo por cien talentos de plata, a cien mil hombres valientes.
Pero un varn de Dios vino ante l y le dijo: -- Rey, que no vaya contigo el ejrcito de Israel, porque Jehov no est con Israel, ni con todos los hijos de Efran.
Pero si vas as, si eso haces y te esfuerzas en la pelea, Dios te har caer delante de los enemigos; porque Dios tiene poder para ayudar, y para derribar.
Le pregunt Amasas al varn de Dios: -- Qu, pues, se har con los cien talentos que he dado al ejrcito de Israel? Respondi el varn de Dios: -- Jehov puede darte mucho ms que esto.
Entonces Amasas apart el ejrcito de la gente que haba venido a unrsele de Efran, para que se fueran a sus casas. Ellos se enojaron mucho contra Jud y volvieron a sus casas encolerizados.
Amasas se arm de valor, sac a su pueblo, vino al valle de la Sal y mat a diez mil de los hijos de Seir.
Los hijos de Jud tomaron vivos a otros diez mil, los cuales llevaron a la cumbre de un peasco, los despearon desde all, y todos se hicieron pedazos.
Mientras tanto, los del ejrcito que Amasas haba despedido, para que no fueran con l a la guerra, invadieron las ciudades de Jud, desde Samaria hasta Bet-horn, mataron a tres mil personas y recogieron mucho botn.
Al volver Amasas de la matanza de los edomitas, trajo tambin consigo los dioses de los hijos de Seir, los tom por dioses suyos, los ador y les quem incienso.
Por esto se encendi la ira de Jehov contra Amasas, y le envi un profeta que le dijo: -- Por qu has buscado los dioses de una nacin que no han podido librar a su pueblo de tus manos?
Mientras el profeta hablaba estas cosas, l lo interrumpi: -- Acaso te han nombrado consejero del rey? Djate de eso. O es que quieres que te maten? El profeta concluy diciendo: -- Yo s que Dios ha determinado destruirte, porque has hecho esto y no obedeciste mi consejo.
Pero Amasas, rey de Jud, despus de tomar consejo, envi a decir a Jos hijo de Joacaz hijo de Jeh, rey de Israel: "Ven y vemonos cara a cara".
Entonces Jos, rey de Israel, envi a decir a Amasas, rey de Jud: "El cardo que estaba en el Lbano le mand a decir al cedro que estaba en el Lbano: "Da tu hija a mi hijo por mujer". Pero las fieras que estaban en el Lbano pasaron y pisotearon el cardo.
T dices: "He derrotado a Edom". Por eso se enaltece y glora tu corazn. Pero mejor qudate ahora en tu casa. Para qu provocas un mal en que puedas caer t y Jud contigo?".
Pero Amasas no quiso oir; pues era la voluntad de Dios entregarlos en manos de sus enemigos, por cuanto haban buscado a los dioses de Edom.
Subi, pues, Jos, rey de Israel, y se vieron cara a cara l y Amasas, rey de Jud, en la batalla de Bet-semes de Jud.
Y Jud cay delante de Israel, y huy cada uno a su casa.
Jos, rey de Israel, apres en Bet-semes a Amasas, rey de Jud, hijo de Jos hijo de Joacaz, y lo llev a Jerusaln, en cuyo muro hizo una brecha desde la puerta de Efran hasta la puerta del ngulo, un tramo de cuatrocientos codos.
Asimismo tom todo el oro y la plata, y todos los utensilios que se hallaron en la casa de Dios en casa de Obed-edom, los tesoros de la casa del rey y los hijos de los nobles como rehenes; despus volvi a Samaria.
Amasas hijo de Jos, rey de Jud, vivi an quince aos despus de la muerte de Jos hijo de Joacaz, rey de Israel.
Los dems hechos de Amasas, los primeros y los ltimos, no estn escritos en el libro de los reyes de Jud y de Israel?
Desde el tiempo en que Amasas se apart de Jehov, empezaron a conspirar contra l en Jerusaln; y habiendo huido a Laquis, lo persiguieron hasta esa ciudad y all lo mataron;
lo trajeron en caballos y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de Jud.
Entonces todo el pueblo de Jud tom a Uzas, el cual tena diecisis aos de edad, y lo pusieron por rey en lugar de Amasas, su padre.
Uzas reconstruy a Elot y la restituy a Jud despus que el rey Amasas durmi con sus padres.
De diecisis aos era Uzas cuando comenz a reinar, y cincuenta y dos aos rein en Jerusaln. El nombre de su madre era Jecolas, de Jerusaln.
l hizo lo recto ante los ojos de Jehov, conforme a todas las cosas que haba hecho Amasas, su padre.
Persisti en buscar a Dios en los das de Zacaras, el cual era entendido en visiones de Dios; y en estos das en que busc a Jehov, l le prosper.
Sali y pele contra los filisteos, derrib los muros de Gat, de Jabnia, y de Asdod; edific ciudades en Asdod y en la tierra de los filisteos.
Dios le dio ayuda contra los filisteos, contra los rabes que habitaban en Gur-baal y contra los amonitas.
Dieron los amonitas presentes a Uzas y se divulg su fama hasta la frontera de Egipto; porque se haba hecho altamente poderoso.
Edific tambin Uzas torres en Jerusaln, junto a la puerta del ngulo, junto a la puerta del valle y junto a las esquinas; y las fortific.
Asimismo edific torres en el desierto y abri muchas cisternas; porque tuvo muchos ganados, as en la Sefela como en las vegas, y vias y labranzas, as en los montes como en los llanos frtiles; porque era amigo de la agricultura.
Tuvo tambin Uzas un ejrcito de guerreros, los cuales salan a la guerra en divisiones, de acuerdo con la lista hecha bajo la direccin de Jeiel, el escriba, de Maasas, el gobernador, y de Hananas, uno de los jefes del rey.
El nmero total de los jefes de familia, valientes y esforzados, era de dos mil seiscientos.
Y bajo las rdenes de estos estaba el ejrcito de guerra, de trescientos siete mil quinientos guerreros poderosos y fuertes, para ayudar al rey contra los enemigos.
Uzas prepar para todo el ejrcito escudos, lanzas, yelmos, corazas, arcos y hondas para tirar piedras.
E hizo en Jerusaln mquinas inventadas por ingenieros, para que estuvieran en las torres y en los baluartes, para arrojar flechas y grandes piedras. Y su fama se extendi lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso.
Pero cuando se hizo fuerte, su corazn se enalteci para su ruina; porque se rebel contra Jehov, su Dios, entrando en el templo de Jehov para quemar incienso sobre el altar del incienso.
Y entr tras l el sacerdote Azaras, y con l ochenta sacerdotes de Jehov, hombres valientes,
que se opusieron al rey Uzas y le dijeron: "No te corresponde a ti, rey Uzas, el quemar incienso a Jehov, sino a los sacerdotes hijos de Aarn, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has pecado, y t no tienes derecho a la gloria que viene de Jehov Dios".
Entonces Uzas, que tena en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llen de ira contra los sacerdotes. En ese momento le brot lepra en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehov, junto al altar del incienso.
Cuando el sumo sacerdote Azaras y todos los sacerdotes lo miraron, se dieron cuenta de que tena lepra en su frente. Entonces lo hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y l tambin se dio prisa en salir, porque Jehov lo haba herido.
As el rey Uzas qued leproso hasta el da de su muerte, y habit leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehov; y Jotam, su hijo, se hizo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra.
Los dems hechos de Uzas, los primeros y los ltimos, fueron escritos por el profeta Isaas hijo de Amoz.
Durmi Uzas con sus padres y lo sepultaron con sus padres en el campo de los sepulcros reales; porque dijeron: "Leproso es". Y rein su hijo Jotam en su lugar.
Veinticinco aos tena Jotam cuando comenz a reinar, y diecisis aos rein en Jerusaln. El nombre de su madre era Jerusa, hija de Sadoc.
E hizo lo recto ante los ojos de Jehov, conforme a todas las cosas que haba hecho Uzas, su padre, salvo que no entr en el santuario de Jehov. Pero el pueblo continuaba corrompindose.
Fue l quien edific la puerta mayor de la casa de Jehov, y tambin muchas otras edificaciones sobre el muro Ofel.
Adems edific ciudades en las montaas de Jud, y construy fortalezas y torres en los bosques.
Tambin tuvo l guerra con el rey de los hijos de Amn, a los cuales venci; y le dieron los hijos de Amn en aquel ao cien talentos de plata, diez mil coros de trigo y diez mil de cebada. Lo mismo le dieron el segundo y el tercer ao.
As que Jotam se hizo fuerte, porque prepar sus caminos delante de Jehov, su Dios.
Los dems hechos de Jotam, todas sus guerras y sus caminos, estn escritos en el libro de los reyes de Israel y de Jud.
Cuando comenz a reinar tena veinticinco aos, y diecisis aos rein en Jerusaln.
Durmi Jotam con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David. Rein en su lugar su hijo Acaz.
Veinte aos tena Acaz cuando comenz a reinar, y diecisis aos rein en Jerusaln: pero no hizo lo recto ante los ojos de Jehov, a diferencia de su padre David.
Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y adems hizo imgenes fundidas a los baales.
Quem tambin incienso en el valle de los hijos de Hinom, e hizo pasar a sus hijos por fuego, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehov haba arrojado de la presencia de los hijos de Israel.
Asimismo sacrific y quem incienso en los lugares altos, en los collados y debajo de todo rbol frondoso.
Por lo cual Jehov, su Dios, lo entreg en manos del rey de los sirios, los cuales lo derrotaron, y le tomaron gran nmero de prisioneros que llevaron a Damasco. Fue tambin entregado en manos del rey de Israel, el cual le caus una gran mortandad.
Y Peka hijo de Remalas mat en Jud en un da a ciento veinte mil hombres valientes, por cuanto haban abandonado a Jehov, el Dios de sus padres.
Asimismo Zicri, hombre poderoso de Efran, mat a Maasas, hijo del rey, a Azricam, su mayordomo, y a Elcana, segundo despus del rey.
Tambin los hijos de Israel tomaron cautivos de sus hermanos a doscientos mil, entre mujeres, muchachos y muchachas, adems de haber tomado de ellos mucho botn que llevaron a Samaria.
Haba entonces all un profeta de Jehov que se llamaba Obed, el cual sali delante del ejrcito cuando entraba en Samaria y les dijo: -- Jehov, el Dios de vuestros padres, por el enojo contra Jud, los ha entregado en vuestras manos; y vosotros los habis matado con tal ira que ha llegado hasta el cielo.
Y ahora habis determinado sujetar a vosotros a Jud y a Jerusaln como siervos y siervas; pero no habis pecado vosotros contra Jehov, vuestro Dios?
Odme, pues, ahora, y devolved a los cautivos que habis tomado de vuestros hermanos; porque Jehov est airado contra vosotros.
Entonces se levantaron algunos hombres de los principales de los hijos de Efran, Azaras hijo de Johann, Berequas hijo de Mesilemot, Ezequas hijo de Salum, y Amasa hijo de Hadlai, contra los que venan de la guerra.
Y les dijeron: -- No traigis aqu a los cautivos, porque el pecado contra Jehov estar sobre nosotros. Vosotros tratis de aadir sobre nuestros pecados y sobre nuestras culpas, siendo muy grande nuestro delito, y el ardor de la ira contra Israel.
Entonces el ejrcito dej los cautivos y el botn delante de los prncipes y de toda la multitud.
Y se levantaron los hombres nombrados, tomaron a los cautivos, y del botn vistieron a los que de ellos estaban desnudos; los vistieron, los calzaron, les dieron de comer y de beber, los ungieron y condujeron en asnos a todos los dbiles, y los llevaron hasta Jeric, ciudad de las palmeras, cerca de sus hermanos; y ellos volvieron a Samaria.
En aquel tiempo envi el rey Acaz a pedir ayuda a los reyes de Asiria.
Porque tambin los edomitas haban venido y atacado a los de Jud, y haban llevado cautivos.
Asimismo los filisteos se haban extendido por las ciudades de la Sefela y del Neguev de Jud, y haban tomado Bet-semes, Ajaln, Gederot, Soco, Timna y Gimzo, con sus respectivas aldeas; y habitaban en ellas.
Porque Jehov haba humillado a Jud por causa de Acaz, rey de Israel, por cuanto este haba actuado con desenfreno en Jud y haba pecado gravemente contra Jehov.
Tambin vino contra l Tiglat-pileser, rey de los asirios, quien lo siti en vez de ayudarlo.
Aunque Acaz despoj la casa de Jehov, la casa real y las casas de los prncipes, y lo dio todo al rey de los asirios, este no lo ayud.
Adems el rey Acaz, en el tiempo que aquel lo apuraba, aadi mayor pecado contra Jehov;
porque ofreci sacrificios a los dioses de Damasco que lo haban derrotado, y dijo: "Puesto que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo tambin ofrecer sacrificios a ellos para que me ayuden". Pero estos fueron la causa de su ruina y la de todo Israel.
Adems de eso recogi Acaz los utensilios de la casa de Dios, los quebr, cerr las puertas de la casa de Jehov y se hizo altares en todos los rincones de Jerusaln.
Hizo tambin lugares altos en todas las ciudades de Jud, para quemar incienso a los dioses ajenos, provocando as a ira a Jehov, el Dios de sus padres.
Sus dems hechos y todos sus caminos, los primeros y los ltimos, estn escritos en el libro de los reyes de Jud y de Israel.
Durmi Acaz con sus padres y lo sepultaron en la ciudad de Jerusaln, pero no lo metieron en los sepulcros de los reyes de Israel. Rein en su lugar su hijo Ezequas.
Comenz a reinar Ezequas a los veinticinco aos de edad, y rein veintinueve aos en Jerusaln. El nombre de su madre era Abas, hija de Zacaras.
E hizo lo recto ante los ojos de Jehov, conforme a todas las cosas que haba hecho David, su padre.
En el primer ao de su reinado, en el mes primero, abri las puertas de la casa de Jehov y las repar.
Hizo venir a los sacerdotes y levitas, los reuni en la plaza oriental
y les dijo: "Odme, levitas! Santificaos ahora, y santificad la casa de Jehov, el Dios de vuestros padres; sacad del santuario la impureza.
Porque nuestros padres se han rebelado y han hecho lo malo ante los ojos de Jehov, nuestro Dios; porque le dejaron, apartaron sus rostros del tabernculo de Jehov y le volvieron las espaldas.
Y aun cerraron las puertas del prtico, apagaron las lmparas y no quemaron incienso ni sacrificaron holocausto en el santuario al Dios de Israel.
Por tanto, la ira de Jehov ha venido sobre Jud y Jerusaln, y los ha entregado a turbacin, espanto y burla, como veis vosotros con vuestros ojos.
Por eso nuestros padres han cado a espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres fueron llevados cautivos.
Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con Jehov, el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira.
Hijos mos, no os engais ahora, porque Jehov os ha escogido a vosotros para que estis delante de l y le sirvis, seis sus ministros y le quemis incienso".
Entonces se levantaron los levitas, Mahat hijo de Amasai y Joel hijo de Azaras, de los hijos de Coat; de los hijos de Merari, Cis hijo de Abdi y Azaras hijo de Jehalelel; de los hijos de Gersn, Joa hijo de Zima y Edn hijo de Joa;
de los hijos de Elizafn, Simri y Jeiel; de los hijos de Asaf, Zacaras y Matanas;
de los hijos de Hemn, Jehiel y Simei; y de los hijos de Jedutn, Semaas y Uziel.
Estos reunieron a sus hermanos, se santificaron y entraron, conforme al mandamiento del rey y las palabras de Jehov, para limpiar la casa de Jehov.
Despus entraron los sacerdotes dentro de la casa de Jehov para limpiarla. Sacaron toda la impureza que hallaron en el templo de Jehov al atrio de la casa de Jehov; y de all los levitas la llevaron fuera al torrente Cedrn.
Comenzaron a santificarse el da primero del mes primero, y a los ocho del mismo mes vinieron al prtico de Jehov; y santificaron la casa de Jehov en ocho das, y en el da diecisis del mes primero terminaron.
Entonces fueron ante el rey Ezequas y le dijeron: "Ya hemos limpiado toda la casa de Jehov, el altar del holocausto y todos sus instrumentos, y la mesa de la proposicin con todos sus utensilios.
Asimismo hemos preparado y santificado todos los utensilios que en su infidelidad haba desechado el rey Acaz, cuando reinaba; y ahora estn delante del altar de Jehov".
El rey Ezequas se levant de maana, reuni los principales de la ciudad y subi a la casa de Jehov.
Y presentaron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabros para expiacin por el reino, por el santuario y por Jud. Y dijo a los sacerdotes hijos de Aarn que los ofrecieran sobre el altar de Jehov.
Mataron, pues, los novillos, y los sacerdotes recibieron la sangre y la esparcieron sobre el altar; mataron luego los carneros, y esparcieron la sangre sobre el altar; asimismo mataron los corderos y esparcieron la sangre sobre el altar.
Despus hicieron llevar delante del rey y de la multitud los machos cabros para la expiacin, y pusieron sobre ellos sus manos;
los sacerdotes los mataron e hicieron ofrenda de expiacin con la sangre de ellos sobre el altar, para reconciliar a todo Israel; porque por todo Israel mand el rey hacer el holocausto y la expiacin.
Puso tambin levitas en la casa de Jehov con cmbalos, salterios y arpas, conforme al mandamiento de David, de Gad, vidente del rey, y del profeta Natn, porque aquel mandamiento proceda de Jehov por medio de sus profetas.
Y los levitas estaban con los instrumentos de David, y los sacerdotes con trompetas.
Entonces mand Ezequas sacrificar el holocausto en el altar; y cuando comenz el holocausto, comenz tambin el cntico de Jehov, con las trompetas y los instrumentos de David, rey de Israel.
Toda la multitud adoraba, los cantores cantaban y los trompeteros tocaban las trompetas; todo esto dur hasta consumirse el holocausto.
Cuando esto termin, se inclin el rey y todos los que con l estaban, y adoraron.
Entonces el rey Ezequas y los prncipes dijeron a los levitas que alabaran a Jehov con las palabras de David y de Asaf, el vidente; y ellos alabaron con gran alegra, se inclinaron y adoraron.
Luego Ezequas dijo: "Vosotros os habis consagrado ahora a Jehov; acercaos, pues, y presentad sacrificios y alabanzas en la casa de Jehov". Y la multitud present sacrificios y alabanzas; y todos los generosos de corazn trajeron holocaustos.
El nmero de los holocaustos que trajo la congregacin fue de setenta bueyes, cien carneros y doscientos corderos, todo para el holocausto de Jehov.
Y las ofrendas fueron seiscientos bueyes y tres mil ovejas.
Pero como los sacerdotes eran pocos y no bastaban para desollar los holocaustos, sus hermanos los levitas les ayudaron, hasta que acabaron la obra, y hasta que los dems sacerdotes se santificaron, pues los levitas estaban ms dispuestos a santificarse que los sacerdotes.
As, pues, hubo abundancia de holocaustos, con la grasa de las ofrendas de paz y libaciones para cada holocausto. De este modo se restableci el servicio de la casa de Jehov.
Y se alegr Ezequas con todo el pueblo de que Dios hubiera preparado al pueblo; porque la cosa fue hecha rpidamente.
Despus Ezequas envi mensajeros por todo Israel y Jud, y tambin escribi cartas a Efran y a Manass, para invitarlos a la casa de Jehov, en Jerusaln, a fin de celebrar la Pascua a Jehov, Dios de Israel.
Pues el rey haba consultado con sus prncipes y con toda la congregacin en Jerusaln, para celebrar la Pascua en el mes segundo;
porque entonces no la podan celebrar, por cuanto no haba suficientes sacerdotes santificados, ni el pueblo se haba reunido en Jerusaln.
Esto agrad al rey y a toda la multitud.
Y determinaron hacer pasar pregn por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que vinieran a celebrar en Jerusaln la Pascua a Jehov, Dios de Israel; porque en mucho tiempo no la haban celebrado al modo que est prescrito.
Salieron, pues, mensajeros con cartas de parte del rey y de sus prncipes por todo Israel y Jud, como el rey lo haba mandado, que decan: "Hijos de Israel, volveos a Jehov, el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, y l se volver al resto que ha quedado de manos de los reyes de Asiria.
No seis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra Jehov, el Dios de sus padres, y l los entreg a desolacin, como vosotros veis.
Ahora, pues, no seais tercos como vuestros padres; someteos a Jehov y venid a su santuario, el cual l ha santificado para siempre; y servid a Jehov, vuestro Dios, y el ardor de su ira se apartar de vosotros.
Porque si os volvis a Jehov, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarn misericordia delante de los que los tienen cautivos, y volvern a esta tierra; porque Jehov, vuestro Dios, es clemente y misericordioso, y no apartar de vosotros su rostro, si vosotros os volvis a l".
Pasaron, pues, los mensajeros de ciudad en ciudad por la tierra de Efran y Manass, hasta Zabuln; pero se rean y burlaban de ellos.
Con todo, algunos hombres de Aser, de Manass y de Zabuln se humillaron, y vinieron a Jerusaln.
En Jud tambin estuvo la mano de Dios que les dio un solo corazn para cumplir el mensaje del rey y de los prncipes, conforme a la palabra de Jehov.
Se reuni en Jerusaln mucha gente para celebrar la fiesta solemne de los Panes sin levadura en el mes segundo; fue una gran reunin.
Y levantndose, quitaron los altares que haba en Jerusaln; quitaron tambin todos los altares de incienso, y los echaron al torrente Cedrn.
Entonces sacrificaron la Pascua, a los catorce das del mes segundo; y los sacerdotes y los levitas, llenos de vergenza, se santificaron y trajeron los holocaustos a la casa de Jehov.
Y tomaron su lugar en los turnos de costumbre, conforme a la ley de Moiss, varn de Dios; y los sacerdotes esparcan la sangre que reciban de manos de los levitas.
Porque haba muchos en la congregacin que no estaban santificados, y por eso los levitas sacrificaban la Pascua por todos los que no se haban purificado, a fin de santificarlos para Jehov.
Porque una gran multitud del pueblo de Efran y Manass, y de Isacar y Zabuln, no actuaron conforme a lo que est escrito, pues comieron la Pascua sin haberse purificado. Pero Ezequas or por ellos diciendo: "Jehov, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazn para buscar a Dios,
a Jehov, el Dios de sus padres, aunque no est purificado segn los ritos de purificacin del santuario".
Jehov oy a Ezequas, y san al pueblo.
As los hijos de Israel que estaban en Jerusaln celebraron la fiesta solemne de los Panes sin levadura por siete das con grande gozo; y glorificaban a Jehov todos los das los levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos resonantes a Jehov.
Y habl Ezequas al corazn de todos los levitas que haban mostrado buena disposicin en el servicio de Jehov. Comieron de lo sacrificado en la fiesta solemne por siete das, ofreciendo sacrificios de paz, y dando gracias a Jehov, el Dios de sus padres.
Y toda aquella asamblea determin que celebraran la fiesta por otros siete das; y la celebraron otros siete das con alegra.
Porque Ezequas, rey de Jud, haba dado a la asamblea mil novillos y siete mil ovejas; y tambin los prncipes dieron al pueblo mil novillos y diez mil ovejas; y muchos sacerdotes ya se haban santificado.
Se alegr, pues, toda la congregacin de Jud, como tambin los sacerdotes y levitas, y toda la multitud que haba venido de Israel; asimismo los forasteros que haban venido de la tierra de Israel, y los que habitaban en Jud.
Hubo entonces gran regocijo en Jerusaln, porque desde los das de Salomn hijo de David, rey de Israel, no haba habido cosa semejante en Jerusaln.
Despus los sacerdotes y levitas, puestos en pie, bendijeron al pueblo; y fue oda su voz, y su oracin lleg hasta el cielo, su santa morada.
Hechas todas estas cosas, todos los de Israel que haban estado all salieron por las ciudades de Jud, quebraron las estatuas, destruyeron las imgenes de Asera y derribaron los lugares altos y los altares por todo Jud y Benjamn, as como en Efran y Manass, hasta acabarlo todo. Despus regresaron todos los hijos de Israel a sus ciudades, cada uno a su posesin.
Arregl Ezequas la distribucin de los sacerdotes y de los levitas conforme a sus turnos, cada uno segn su oficio sacerdotal o levtico, para ofrecer el holocausto y las ofrendas de paz, para que ministraran, dieran gracias y alabaran dentro de las puertas de los atrios de Jehov.
El rey contribuy de su propia hacienda para los holocaustos de la maana y de la tarde, y para los holocaustos de los sbados, nuevas lunas y fiestas solemnes, como est escrito en la ley de Jehov.
Mand tambin al pueblo que habitaba en Jerusaln que diera la porcin correspondiente a los sacerdotes y levitas, para que ellos se dedicaran a la ley de Jehov.
Cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas.
Tambin los hijos de Israel y de Jud, que habitaban en las ciudades de Jud, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas; y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que haban prometido a Jehov, su Dios, y los depositaron en montones.
En el mes tercero comenzaron a apilar aquellos montones, y terminaron en el mes sptimo.
Cuando Ezequas y los prncipes vinieron y vieron los montones, bendijeron a Jehov y a su pueblo Israel.
Entonces pregunt Ezequas a los sacerdotes y a los levitas acerca de esos montones.
Y el sumo sacerdote Azaras, de la casa de Sadoc, le contest: "Desde que comenzaron a traer las ofrendas a la casa de Jehov, hemos comido y nos hemos saciado, y nos ha sobrado mucho, porque Jehov ha bendecido a su pueblo; y ha quedado esta abundancia de provisiones".
Por tal motivo mand Ezequas que prepararan depsitos en la casa de Jehov. Los prepararon,
y en ellos metieron fielmente las primicias, los diezmos y las cosas consagradas. Nombraron a cargo de ello al levita Conanas, el principal, y Simei, su hermano, fue el segundo.
Jehiel, Azazas, Nahat, Asael, Jerimot, Jozabad, Eliel, Ismaquas, Mahat y Benaa, fueron los mayordomos al servicio de Conanas y de Simei, su hermano, por mandamiento del rey Ezequas y de Azaras, prncipe de la casa de Dios.
El levita Cor hijo de Imna, guarda de la puerta oriental, tena a su cargo las ofrendas voluntarias para Dios, y la distribucin de las ofrendas dedicadas a Jehov y las cosas santsimas.
A sus rdenes estaban Edn, Miniamn, Jesa, Semaas, Amaras y Secanas, en las ciudades de los sacerdotes, para dar con fidelidad a sus hermanos sus porciones conforme a sus grupos, lo mismo al mayor que al menor;
a los hombres anotados por sus genealogas, de tres aos para arriba, a todos los que entraban en la casa de Jehov para desempear su ministerio segn sus oficios y grupos.
Tambin a los que eran contados entre los sacerdotes segn sus casas paternas; y a los levitas de edad de veinte aos para arriba, conforme a sus oficios y grupos.
Eran inscritos con todos sus nios, sus mujeres, sus hijos e hijas, es decir, toda la comunidad; porque con fidelidad se consagraban a las cosas santas.
Del mismo modo para los hijos de Aarn, sacerdotes, que estaban en los ejidos de sus ciudades, por todas las ciudades, los hombres nombrados estaban encargados de dar sus porciones a todos los hombres de entre los sacerdotes, y a todos los levitas inscritos.
De esta manera hizo Ezequas en todo Jud; y ejecut lo bueno, recto y verdadero delante de Jehov, su Dios.
En todo cuanto emprendi en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la Ley y los mandamientos, busc a su Dios, lo hizo de todo corazn, y fue prosperado.
Despus de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib, rey de los asirios, invadi a Jud y acamp contra las ciudades fortificadas con la intencin de conquistarlas.
Al ver Ezequas que Senaquerib haba llegado con la intencin de combatir a Jerusaln,
consult con sus prncipes y sus hombres valientes y les propuso cegar las fuentes de agua que estaban fuera de la ciudad; y ellos lo apoyaron.
Entonces se reuni mucho pueblo, y cegaron todas las fuentes y el arroyo que corra a travs del territorio, diciendo: "Por qu han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vengan?".
Con nimo resuelto edific luego Ezequas todos los muros cados, e hizo alzar las torres y otro muro por fuera; fortific adems a Milo, en la Ciudad de David, y tambin hizo muchas espadas y escudos.
Puso capitanes de guerra sobre el pueblo, los hizo reunir en la plaza de la puerta de la ciudad, y les habl al corazn, diciendo:
"Esforzaos y animaos; no temis ni tengis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con l viene; porque ms hay con nosotros que con l.
Con l est el brazo de carne, pero con nosotros est Jehov, nuestro Dios, para ayudarnos y pelear nuestras batallas". Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequas, rey de Jud.
Despus de esto, Senaquerib, rey de los asirios, mientras sitiaba a Laquis con todas sus fuerzas, envi sus siervos a Jerusaln para decir a Ezequas, rey de Jud, y a todos los de Jud que estaban en Jerusaln:
"As ha dicho Senaquerib, rey de los asirios: En quin confiis vosotros al resistir el sitio en Jerusaln?
No os engaa Ezequas para entregaros a la muerte por hambre y sed, cuando dice: "Jehov, nuestro Dios, nos librar de manos del rey de Asiria"?
No es Ezequas el mismo que ha quitado sus lugares altos y sus altares, y ha dicho a Jud y a Jerusaln: "Solo delante de este altar adoraris, y sobre l quemaris incienso"?
No habis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? Pudieron los dioses de las naciones de esas tierras librar su tierra de mis manos?
Qu dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiera salvar a su pueblo de mis manos? Cmo podr vuestro Dios libraros de mis manos?
Ahora, pues, no os engae Ezequas ni os persuada de ese modo, ni le creis; que si ningn dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos y de las manos de mis padres, cunto menos vuestro Dios os podr librar de mis manos?".
Esto y otras cosas ms hablaron sus siervos contra Jehov Dios, y contra su siervo Ezequas.
Adems de esto escribi cartas en que blasfemaba contra Jehov, el Dios de Israel, y hablaba contra l diciendo: "As como los dioses de las naciones de los pases no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequas librar al suyo de mis manos".
Entonces gritaron bien fuerte en judaico al pueblo de Jerusaln que estaba sobre los muros, para espantarlos y atemorizarlos, a fin de poder tomar la ciudad.
Hablaban del Dios de Jerusaln como de los dioses de los otros pueblos de la tierra, que son hechos por los hombres.
Pero el rey Ezequas y el profeta Isaas hijo de Amoz oraron por esto, y clamaron al cielo.
Y Jehov envi un ngel, el cual destruy a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Por tanto, este volvi a su tierra avergonzado; y al entrar en el templo de su dios, lo mataron a espada sus propios hijos.
As salv Jehov a Ezequas y a los habitantes de Jerusaln de las manos de Senaquerib, rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados.
Muchos trajeron entonces a Jerusaln ofrenda a Jehov, y ricos presentes a Ezequas, rey de Jud; el cual fue muy engrandecido delante de todas las naciones despus de esto.
En aquel tiempo Ezequas enferm de muerte; y or a Jehov, quien le respondi y le dio una seal.
Pero Ezequas no correspondi al bien que le haba sido hecho, sino que se enalteci su corazn, por lo cual vino la ira contra l, contra Jud y Jerusaln.
Pero despus de haberse enaltecido su corazn, Ezequas se humill, l y los habitantes de Jerusaln; por eso no estall sobre ellos la ira de Jehov en los das de Ezequas.
Ezequas tuvo riquezas y gloria, muchas en gran manera; y adquiri tesoros de plata y oro, piedras preciosas, perfumes, escudos, y toda clase de joyas deseables.
Asimismo hizo depsitos para las rentas del grano, del vino y del aceite, establos para toda clase de bestias, y apriscos para los ganados.
Adquiri tambin ciudades, y hatos de ovejas y de vacas en gran abundancia, porque Dios le haba dado muchas riquezas.
Fue Ezequas quien cubri los manantiales de Gihn la de arriba, y condujo el agua hacia el occidente de la Ciudad de David. Y fue prosperado Ezequas en todo lo que hizo.
Pero en lo referente a los mensajeros de los prncipes de Babilonia, que enviaron a l para saber del prodigio que haba acontecido en el pas, Dios lo dej, para probarle y conocer todo lo que estaba en su corazn.
Los dems hechos de Ezequas y sus misericordias estn escritos en la profeca del profeta Isaas hijo de Amoz, en el libro de los reyes de Jud y de Israel.
Durmi Ezequas con sus padres y lo sepultaron en el lugar ms prominente de los sepulcros de los hijos de David, y lo honr en su muerte todo Jud y toda Jerusaln. Rein en su lugar su hijo Manass.
Doce aos tena Manass cuando comenz a reinar, y cincuenta y cinco aos rein en Jerusaln.
Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehov, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehov haba echado de delante de los hijos de Israel.
Porque l reedific los lugares altos que Ezequas, su padre, haba derribado, levant altares a los baales, hizo imgenes de Asera, y ador a todo el ejrcito de los cielos y les rindi culto.
Edific tambin altares en la casa de Jehov, de la cual haba dicho Jehov: "En Jerusaln estar mi nombre perpetuamente".
Edific asimismo altares a todo el ejrcito de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehov.
Pas sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinom, y observaba los tiempos, confiaba en ageros, era dado a adivinaciones y consultaba a adivinos y encantadores; se excedi en hacer lo malo ante los ojos de Jehov, hasta encender su ira.
Adems de esto puso una imagen fundida que hizo en la casa de Dios, de la cual haba dicho Dios a David y a su hijo Salomn: "En esta Casa y en Jerusaln, la cual yo eleg sobre todas las tribus de Israel, pondr mi nombre para siempre;
y nunca ms quitar el pie de Israel de la tierra que yo entregu a vuestros padres, a condicin de que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado por medio de Moiss, toda la Ley, los estatutos y los preceptos".
Manass hizo extraviar, pues, a Jud y a los habitantes de Jerusaln, para que hicieran mayores males que las naciones que Jehov destruy delante de los hijos de Israel.
Y habl Jehov a Manass y a su pueblo, pero ellos no escucharon;
por lo cual Jehov trajo contra ellos los generales del ejrcito del rey de los asirios, los cuales apresaron con grillos a Manass, y atado con cadenas, lo llevaron a Babilonia.
Pero cuando se vio en angustia, or a Jehov, su Dios, y se humill profundamente en la presencia del Dios de sus padres.
Or a l, y fue atendido; pues Dios oy su oracin y lo hizo retornar a su reino en Jerusaln. Entonces reconoci Manass que Jehov era Dios.
Despus de esto edific el muro exterior de la ciudad de David, al occidente de Gihn, en el valle, a la entrada de la puerta del Pescado, amurall Ofel y elev el muro muy alto. Adems, puso capitanes del ejrcito en todas las ciudades fortificadas de Jud.
Asimismo quit los dioses extranjeros, el dolo de la casa de Jehov, y todos los altares que haba edificado en el monte de la casa de Jehov y en Jerusaln, y los ech fuera de la ciudad.
Repar luego el altar de Jehov y sacrific sobre l sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y orden a Jud que sirvieran a Jehov, Dios de Israel.
Pero el pueblo an sacrificaba en los lugares altos, aunque lo haca para Jehov, su Dios.
Los dems hechos de Manass, su oracin a su Dios y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Jehov, el Dios de Israel, estn escritos en las actas de los reyes de Israel.
Su oracin y cmo fue odo, todos sus pecados y su infidelidad, los sitios donde edific lugares altos y erigi imgenes de Asera e dolos, antes que se humillara, estn escritos en las palabras de los videntes.
Durmi Manass con sus padres y lo sepultaron en su casa. Rein en su lugar su hijo Amn.
Veintids aos tena Amn cuando comenz a reinar, y dos aos rein en Jerusaln.
Hizo lo malo ante los ojos de Jehov, como haba hecho Manass, su padre; porque ofreci sacrificios y sirvi a todos los dolos que su padre Manass haba hecho.
Pero nunca se humill delante de Jehov, como se humill Manass, su padre; antes bien aument el pecado.
Conspiraron contra l sus siervos y lo mataron en su casa.
Pero el pueblo de la tierra mat a todos los que haban conspirado contra el rey Amn, y proclam rey en su lugar a su hijo Josas.
Tena Josas ocho aos cuando comenz a reinar, y treinta y un aos rein en Jerusaln.
Hizo lo recto ante los ojos de Jehov y anduvo en los caminos de David, su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda.
A los ocho aos de su reinado, siendo an muchacho, comenz a buscar al Dios de David, su padre; y a los doce aos comenz a limpiar a Jud y a Jerusaln de los lugares altos, imgenes de Asera, esculturas e imgenes fundidas.
Fueron derribados en su presencia los altares de los baales, e hizo pedazos las imgenes del sol que estaban puestas encima; despedaz tambin las imgenes de Asera, las esculturas y estatuas fundidas, las desmenuz y esparci el polvo sobre los sepulcros de los que les haban ofrecido sacrificios.
Quem adems los huesos de los sacerdotes sobre sus altares y limpi a Jud y a Jerusaln.
Lo mismo hizo en las ciudades de Manass, Efran, Simen y hasta Neftal, y en los lugares asolados alrededor.
Despus de derribar los altares y las imgenes de Asera, quebrar y desmenuzar las esculturas, y destruir todos los dolos por toda la tierra de Israel, volvi a Jerusaln.
A los dieciocho aos de su reinado, despus de haber limpiado la tierra y la Casa, envi a Safn hijo de Azala, a Maasas, gobernador de la ciudad, y a Joa hijo de Joacaz, el canciller, para que repararan la casa de Jehov, su Dios.
Estos se presentaron ante el sumo sacerdote Hilcas y le entregaron el dinero que haba sido trado a la casa de Jehov, que los levitas que guardaban la puerta haban recibido de Manass, de Efran y de todo el resto de Israel, de todo Jud y Benjamn, y de los habitantes de Jerusaln.
Lo pusieron en manos de los que hacan la obra, que eran mayordomos en la casa de Jehov, y estos se lo daban a los que hacan la obra y trabajaban en la casa de Jehov reparando y restaurando el Templo.
Daban asimismo a los carpinteros y canteros para que compraran piedra de cantera y madera para los armazones, y para la entabladura de los edificios que haban destruido los reyes de Jud.
Estos hombres procedan con fidelidad en la obra. Los encargados de activar la obra eran Jahat y Abdas, levitas de los hijos de Merari, y Zacaras y Mesulam, de los hijos de Coat, y todos los levitas entendidos en instrumentos de msica.
Tambin velaban sobre los cargadores y eran mayordomos de los que se ocupaban en cualquier clase de obra. Entre los levitas haba escribas, gobernadores y porteros.
Al sacar el dinero que haba sido trado a la casa de Jehov, el sacerdote Hilcas hall el libro de la ley de Jehov, dada por medio de Moiss.
Entonces Hilcas dijo al escriba Safn: -- He hallado el libro de la Ley en la casa de Jehov. Y dio Hilcas el libro a Safn.
Safn lo llev al rey y le cont el asunto diciendo: -- Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado.
Han reunido el dinero que se hall en la casa de Jehov y lo han entregado a los encargados y a los que hacen la obra.
Adems de esto, el escriba Safn anunci al rey: -- El sacerdote Hilcas me ha dado un libro. Y ley Safn en l ante el rey.
Cuando el rey oy las palabras de la Ley, rasg sus vestidos
y orden a Hilcas y a Ahicam hijo de Safn, a Abdn hijo de Micaa, a Safn, el escriba, y a Asaas, siervo del rey:
-- Id!, consultad a Jehov por m y por el resto de Israel y de Jud acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehov que ha cado sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no han guardado la palabra de Jehov haciendo conforme a todo lo que est escrito en este libro.
Entonces Hilcas y los hombres del rey fueron a Hulda, la profetisa, mujer de Salum hijo de Ticva hijo de Harhas, encargado de las vestiduras, la cual viva en el segundo barrio de Jerusaln, y le hablaron del asunto.
Entonces ella respondi: -- Jehov, Dios de Israel, ha dicho as: "Decid al hombre que os ha enviado a m, que as ha dicho Jehov:
Voy a traer el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, es decir, todas las maldiciones que estn escritas en el libro que leyeron delante del rey de Jud;
por cuanto me han dejado y han ofrecido sacrificios a dioses ajenos, provocndome a ira con todas las obras de sus manos; por tanto, se derramar mi ira sobre este lugar y no se apagar".
Pero al rey de Jud, que os ha enviado a consultar a Jehov, le diris as: "Jehov, el Dios de Israel, ha dicho as: Por cuanto oste las palabras del libro
y tu corazn se conmovi, te humillaste delante de Dios al oir sus palabras sobre este lugar y sobre sus habitantes, y te humillaste delante de m, rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia, yo tambin te he odo, dice Jehov.
Yo te recoger con tus padres, y sers recogido en tu sepulcro en paz, tus ojos no vern todo el mal que yo traigo sobre este lugar y sobre los que habitan en l". Y ellos refirieron al rey la respuesta.
Entonces el rey hizo reunir a todos los ancianos de Jud y de Jerusaln.
Subi el rey a la casa de Jehov, y con l todos los hombres de Jud, y los habitantes de Jerusaln, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el mayor hasta el ms pequeo; y ley a odos de ellos todas las palabras del libro del pacto que haba sido hallado en la casa de Jehov.
Y puesto en pie el rey en su sitio, hizo delante de Jehov pacto de caminar en pos de Jehov y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazn y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro.
E hizo que se comprometieran a ello todos los que estaban en Jerusaln y en Benjamn; y los habitantes de Jerusaln hicieron conforme al pacto de Dios, del Dios de sus padres.
Josas quit todas las abominaciones de toda la tierra de los hijos de Israel, e hizo que todos los que se hallaban en Israel sirvieran a Jehov, su Dios. Y mientras l vivi no se apartaron de Jehov, el Dios de sus padres.
Josas celebr la Pascua a Jehov en Jerusaln, y sacrificaron la Pascua a los catorce das del mes primero.
Puso tambin a los sacerdotes en sus oficios y los confirm en el ministerio de la casa de Jehov.
Dijo adems a los levitas que enseaban a todo Israel y que estaban dedicados a Jehov: "Poned el Arca santa en la casa que edific Salomn hijo de David, rey de Israel, para que no la carguis ms sobre los hombros. Servid ahora a Jehov, vuestro Dios, y a su pueblo Israel.
Preparaos segn las familias de vuestros padres, por vuestros turnos, como lo ordenaron David, rey de Israel, y Salomn, su hijo.
Estad en el santuario segn la distribucin de las familias de vuestros hermanos, los hijos del pueblo, y segn la distribucin de la familia de los levitas.
Sacrificad luego la Pascua, santificaos y preparadla para que vuestros hermanos puedan cumplir la palabra de Jehov dada por medio de Moiss".
Luego dio el rey Josas a los del pueblo ovejas, corderos y cabritos de los rebaos, en nmero de treinta mil, y tres mil bueyes, todo para la Pascua, para todos los que se hallaban presentes. Todo esto provena de la hacienda del rey.
Tambin sus prncipes dieron con liberalidad al pueblo y a los sacerdotes y levitas. Hilcas, Zacaras y Jehiel, oficiales de la casa de Dios, dieron a los sacerdotes, para celebrar la Pascua, dos mil seiscientas ovejas y trescientos bueyes.
Asimismo Conanas, Semaas y Natanael, sus hermanos, y Hasabas, Jeiel y Josabad, jefes de los levitas, dieron a los levitas, para los sacrificios de la Pascua, cinco mil ovejas y quinientos bueyes.
Preparado as el servicio, los sacerdotes se colocaron en sus puestos, y asimismo los levitas en sus turnos, conforme al mandamiento del rey.
Entonces sacrificaron la Pascua; y rociaban los sacerdotes la sangre recibida de manos de los levitas, y los levitas desollaban las vctimas.
Tomaron luego del holocausto, para dar conforme a los repartimientos de las familias del pueblo, a fin de que ofrecieran a Jehov segn est escrito en el libro de Moiss; y asimismo tomaron de los bueyes.
Asaron la Pascua al fuego conforme a la ordenanza; pero lo que haba sido santificado lo cocieron en ollas, en calderos y sartenes, y lo repartieron rpidamente a todo el pueblo.
Despus prepararon para ellos mismos y para los sacerdotes; porque los sacerdotes, hijos de Aarn, estuvieron ocupados hasta la noche en el sacrificio de los holocaustos y de las grasas; por tanto, los levitas prepararon para ellos mismos y para los sacerdotes, hijos de Aarn.
Asimismo los cantores, hijos de Asaf, estaban en su puesto, conforme al mandamiento de David, de Asaf y de Hemn, y de Jedutn, el vidente del rey; lo mismo los porteros, cada uno en su puerta; y no fue necesario que se apartaran de su ministerio, porque sus hermanos los levitas preparaban para ellos.
As se organiz aquel da todo el servicio de Jehov, para celebrar la Pascua y para sacrificar los holocaustos sobre el altar de Jehov, conforme al mandamiento del rey Josas.
Los hijos de Israel que estaban all celebraron en ese tiempo la Pascua y la fiesta solemne de los Panes sin levadura por siete das.
No se haba celebrada una Pascua como esta en Israel desde los das del profeta Samuel; ni ningn rey de Israel celebr la Pascua tal como la que celebr el rey Josas, los sacerdotes y los levitas, todo Jud e Israel, que all se hallaban presentes, junto con los habitantes de Jerusaln.
Esta Pascua fue celebrada en el ao dieciocho del rey Josas.
Despus de todas estas cosas, luego de haber reparado Josas la casa de Jehov, Necao, rey de Egipto, subi para hacer guerra en Carquemis junto al ufrates; y sali Josas contra l.
Pero Necao le envi mensajeros a decirle: "Qu tengo yo contigo, rey de Jud? No vengo hoy contra ti, sino contra la casa que me hace la guerra; y Dios me ha dicho que me apresure. Deja de oponerte a Dios, quien est conmigo, no sea que l te destruya".
Pero Josas no se retir, sino que se disfraz para darle batalla, y no atendi a las palabras de Necao, que venan de la boca de Dios. As que fue a presentarle batalla en el campo de Meguido,
y los arqueros tiraron contra el rey Josas. Entonces dijo el rey a sus siervos: "Sacadme de aqu, porque estoy gravemente herido".
Sus siervos lo sacaron de aquel carro, lo pusieron en un segundo carro que tena y lo llevaron a Jerusaln, donde muri. Fue sepultado en los sepulcros de sus padres y todo Jud y Jerusaln hicieron duelo por Josas.
Jeremas endech en memoria de Josas. Todos los cantores y cantoras recitan esas lamentaciones sobre Josas hasta el da de hoy; y las tomaron por norma para endechar en Israel. Estn escritas en el libro de Lamentos.
Los dems hechos de Josas y sus obras piadosas conforme a lo que est escrito en la ley de Jehov,
y sus hechos, los primeros y los ltimos, estn escritos en el libro de los reyes de Israel y de Jud.
Entonces el pueblo de la tierra tom a Joacaz hijo de Josas y lo proclam rey en lugar de su padre en Jerusaln.
Veintitrs aos tena Joacaz cuando comenz a reinar, y tres meses rein en Jerusaln.
El rey de Egipto lo destituy en Jerusaln, e impuso al pas un tributo de cien talentos de plata y uno de oro.
Luego proclam el rey de Egipto a Eliaquim, hermano de Joacaz, como rey de Jud y Jerusaln, y le cambi el nombre por el de Joacim. Y a Joacaz, su hermano, lo tom Necao y lo llev a Egipto.
Cuando comenz a reinar Joacim tena veinticinco aos, y rein once aos en Jerusaln; e hizo lo malo ante los ojos de Jehov, su Dios.
Subi contra l Nabucodonosor, rey de Babilonia, y lo llev a Babilonia atado con cadenas.
Tambin llev Nabucodonosor a Babilonia parte de los utensilios de la casa de Jehov, y los puso en su templo en Babilonia.
Los dems hechos de Joacim, las abominaciones que hizo, y lo que en l se hall, est escrito en el libro de los reyes de Israel y de Jud. Rein en su lugar su hijo Joaqun.
Ocho aos tena Joaqun cuando comenz a reinar, y rein tres meses y diez das en Jerusaln; e hizo lo malo ante los ojos de Jehov.
Al cabo de un ao el rey Nabucodonosor mand que lo llevaran a Babilonia, juntamente con los objetos preciosos de la casa de Jehov, y puso a Sedequas, su hermano, como rey sobre Jud y Jerusaln.
Veintin aos tena Sedequas cuando comenz a reinar, y once aos rein en Jerusaln.
Hizo lo malo ante los ojos de Jehov, su Dios, y no se humill delante del profeta Jeremas, que le hablaba de parte de Jehov.
Se rebel asimismo contra Nabucodonosor, al cual haba jurado fidelidad delante de Dios. Fue obstinado y se empe en no volverse a Jehov, el Dios de Israel.
Tambin todos los principales sacerdotes y el pueblo aumentaron la iniquidad, siguiendo todas las abominaciones de las naciones y contaminando la casa de Jehov, la cual l haba santificado en Jerusaln.
Jehov, el Dios de sus padres, les envi constantemente avisos por medio de sus mensajeros, porque l tena misericordia de su pueblo y de su morada.
Pero ellos se mofaban de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlndose de sus profetas, hasta que subi la ira de Jehov contra su pueblo, y no hubo ya remedio.
Por lo cual trajo contra ellos al rey de los caldeos, que mat a espada a sus jvenes en la casa de su santuario, sin perdonar joven ni virgen, anciano ni decrpito; todos los entreg en sus manos.
Asimismo todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y chicos, los tesoros de la casa de Jehov, y los tesoros de la casa del rey y de sus prncipes, todo lo llev a Babilonia.
Quemaron la casa de Dios y derribaron el muro de Jerusaln, prendieron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos de valor.
A los que escaparon de la espada los llev cautivos a Babilonia, donde fueron siervos de l y de sus hijos hasta que vino el reino de los persas;
para que se cumpliera la palabra de Jehov, dada por boca de Jeremas, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento repos, hasta que los setenta aos fueron cumplidos.
En el primer ao de Ciro, rey de los persas, para que se cumpliera la palabra de Jehov, dada por boca de Jeremas, Jehov despert el espritu de Ciro, rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y tambin por escrito, por todo su reino, este decreto:
"As dice Ciro, rey de los persas: Jehov, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique Casa en Jerusaln, que est en Jud. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, que sea Jehov, su Dios, con l, y suba all".
En el primer ao de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra de Jehov anunciada por boca de Jeremas, despert Jehov el espritu de Ciro, rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y tambin por escrito en todo su reino, este decreto:
"As ha dicho Ciro, rey de Persia: Jehov, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado que le edifique una casa en Jerusaln, que est en Jud.
Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, sea Dios con l, suba a Jerusaln, que est en Jud, y edifique la casa a Jehov, Dios de Israel (l es el Dios), la cual est en Jerusaln.
Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde habite, que las gentes de su lugar lo ayuden con plata, oro, bienes y ganados, adems de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual est en Jerusaln".
Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Jud y de Benjamn, los sacerdotes y levitas, todos aquellos a quienes Dios puso en su corazn subir a edificar la casa de Jehov, la cual est en Jerusaln.
Y todos los que habitaban en los alrededores los ayudaron con plata y oro, con bienes y ganado, y con cosas preciosas, adems de toda clase de ofrendas voluntarias.
El rey Ciro sac los utensilios de la casa de Jehov que Nabucodonosor se haba llevado de Jerusaln y haba depositado en la casa de sus dioses.
Los sac, pues, Ciro, rey de Persia, por medio del tesorero Mitrdates, el cual los cont y se los entreg a Sesbasar, prncipe de Jud.
La cuenta de ellos es esta: treinta tazones de oro, mil tazones de plata, veintinueve cuchillos,
treinta tazas de oro, otras cuatrocientas diez tazas de plata, y otros mil utensilios.
En total, los utensilios de oro y de plata eran cinco mil cuatrocientos. Todo esto lo hizo llevar Sesbasar con los que subieron del cautiverio de Babilonia a Jerusaln.
Estos son los hijos de la provincia que regresaron del cautiverio, aquellos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, haba llevado cautivos a Babilonia, y que volvieron a Jerusaln y a Jud, cada uno a su ciudad.
Los que llegaron con Zorobabel fueron: Jesa, Nehemas, Seraas, Reelaas, Mardoqueo, Bilsn, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana. El nmero de los hombres del pueblo de Israel fue:
Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos.
Los hijos de Sefatas, trescientos setenta y dos.
Los hijos de Ara, setecientos setenta y cinco.
Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesa y de Joab, dos mil ochocientos doce.
Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Zatu, novecientos cuarenta y cinco.
Los hijos de Zacai, setecientos sesenta.
Los hijos de Bani, seiscientos cuarenta y dos.
Los hijos de Bebai, seiscientos veintitrs.
Los hijos de Azgad, mil doscientos veintids.
Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis.
Los hijos de Bigvai, dos mil cincuenta y seis.
Los hijos de Adn, cuatrocientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Ater, de Ezequas, noventa y ocho.
Los hijos de Bezai, trescientos treinta y tres.
Los hijos de Jora, ciento doce.
Los hijos de Hasum, doscientos veintitrs.
Los hijos de Gibar, noventa y cinco.
Los hijos de Beln, ciento veintitrs.
Los varones de Netofa, cincuenta y seis.
Los varones de Anatot, ciento veintiocho.
Los hijos de Azmavet, cuarenta y dos.
Los hijos de Quiriat-jearim, Cafira y Beerot, setecientos cuarenta y tres.
Los hijos de Ram y Geba, seiscientos veintiuno.
Los varones de Micmas, ciento veintids.
Los varones de Bet-el y Hai, doscientos veintitrs.
Los hijos de Nebo, cincuenta y dos.
Los hijos de Magbis, ciento cincuenta y seis.
Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Harim, trescientos veinte.
Los hijos de Lod, Hadid y Ono, setecientos veinticinco.
Los hijos de Jeric, trescientos cuarenta y cinco.
Los hijos de Senaa, tres mil seiscientos treinta.
Sacerdotes: los hijos de Jedaas, de la casa de Jesa, novecientos setenta y tres.
Los hijos de Imer, mil cincuenta y dos.
Los hijos de Pasur, mil doscientos cuarenta y siete.
Los hijos de Harim, mil diecisiete.
Levitas: los hijos de Jesa y de Cadmiel, de los hijos de Hodavas, setenta y cuatro.
Cantores: los hijos de Asaf, ciento veintiocho.
Porteros: los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmn, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai; en total, ciento treinta y nueve.
Sirvientes del Templo: los hijos de Ziha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot,
los hijos de Queros, los hijos de Siaha, los hijos de Padn,
los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Acub,
los hijos de Hagab, los hijos de Salmai, los hijos de Hann,
los hijos de Gidel, los hijos de Gahar, los hijos de Reaa,
los hijos de Rezn, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam,
los hijos de Uza, los hijos de Paseah, los hijos de Besai,
los hijos de Asena, los hijos de Meunim, los hijos de Nefusim,
los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur,
los hijos de Bazlut, los hijos de Mehda, los hijos de Harsa,
los hijos de Barcos, los hijos de Ssara, los hijos de Tema,
los hijos de Neza, los hijos de Hatifa.
Hijos de los siervos de Salomn: los hijos de Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Peruda,
los hijos de Jaala, los hijos de Darcn, los hijos de Gidel,
los hijos de Sefatas, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret-hazebaim, los hijos de Ami.
Total de los sirvientes del Templo y de los hijos de los siervos de Salomn, trescientos noventa y dos.
Estos fueron los que volvieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Addn e Imer, que no pudieron demostrar si la casa de sus padres y su linaje eran de Israel:
los hijos de Delaa, los hijos de Tobas, los hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos.
Y entre los hijos de los sacerdotes: los hijos de Habaa, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, el cual tom por mujer a una de las hijas de Barzilai, el galaadita, de quien adopt el nombre.
Estos buscaron su registro genealgico, pero como no lo hallaron, fueron excluidos del sacerdocio,
El gobernador les dijo que no comieran de las cosas ms santas, hasta que hubiera sacerdote que consultara con Urim y Tumim.
Toda la congregacin, unida como un solo hombre, era de cuarenta y dos mil trescientos sesenta.
sin contar sus siervos y siervas, que eran siete mil trescientos treinta y siete. Haba tambin doscientos cantores y cantoras.
Tena setecientos treinta y seis caballos; doscientas cuarenta y cinco mulas.
Asimismo, cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos.
Algunos de los jefes de casas paternas, cuando vinieron a la casa de Jehov que estaba en Jerusaln, hicieron ofrendas voluntarias para la casa de Dios, para reedificarla en su sitio.
Segn sus posibilidades, dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, cinco mil libras de plata y cien tnicas sacerdotales.
Habitaron los sacerdotes, los levitas, los del pueblo, los cantores, los porteros y los sirvientes del Templo en sus ciudades. Todo Israel habit, pues, en sus ciudades.
Cuando lleg el sptimo mes, y ya establecidos los hijos de Israel en las ciudades, se congreg el pueblo como un solo hombre en Jerusaln.
Entonces se levantaron Jesa hijo de Josadac, con sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel, con sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre l holocaustos, como est escrito en la ley de Moiss, varn de Dios.
Colocaron el altar firme sobre su base, porque tenan miedo de la gente de la regin, y ofrecieron sobre l holocaustos a Jehov, los holocaustos de la maana y de la tarde.
Celebraron asimismo la fiesta solemne de los Tabernculos, como est escrito, y los holocaustos cotidianos, segn el rito de cada da;
adems de esto, el holocausto continuo, las nuevas lunas, todas las fiestas solemnes de Jehov, todo sacrificio espontneo y toda ofrenda voluntaria a Jehov.
Desde el primer da del sptimo mes comenzaron a ofrecer holocaustos a Jehov, aunque los cimientos del templo de Jehov no se haban echado todava.
Luego dieron dinero a los albailes y carpinteros; asimismo comida, bebida y aceite a los sidonios y tirios para que trajeran por mar madera de cedro desde el Lbano hasta Jope, conforme a la autorizacin de Ciro, rey de Persia, acerca de esto.
En el segundo ao de su venida a la casa de Dios en Jerusaln, en el segundo mes, comenzaron la obra Zorobabel hijo de Salatiel, Jesa hijo de Josadac, con el resto de sus hermanos, los sacerdotes y los levitas, y todos los que haban regresado a Jerusaln de la cautividad; y pusieron a los levitas mayores de veinte aos a dirigir la obra de la casa de Jehov.
Tambin Jesa, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Jud, como un solo hombre, se pusieron a dirigir a los que hacan la obra en la casa de Dios, junto con los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos levitas.
Cuando los albailes del templo de Jehov echaron los cimientos, se pusieron en pie los sacerdotes, vestidos de sus ropas y con trompetas, y los levitas hijos de Asaf con cmbalos, para alabar a Jehov, segn la ordenanza de David, rey de Israel.
Cantaban, alabando y dando gracias a Jehov, y decan: "Porque l es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel". Todo el pueblo aclamaba con gran jbilo y alababa a Jehov porque se echaban los cimientos de la casa de Jehov.
Muchos de los sacerdotes, levitas y jefes de familia, ancianos que haban visto la primera casa, al ver como echaban los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras otros muchos daban grandes gritos de alegra.
No se poda distinguir el clamor de los gritos de alegra de las voces del llanto, porque clamaba el pueblo con gran jbilo y el ruido se oa hasta de lejos.
Cuando los enemigos de Jud y de Benjamn oyeron que los que haban vuelto de la cautividad edificaban un templo a Jehov, Dios de Israel,
fueron a ver a Zorobabel y a los jefes de familia, y les dijeron: -- Edificaremos con vosotros, porque, como vosotros, buscamos a vuestro Dios, y a l ofrecemos sacrificios desde los das de Esar-hadn, rey de Asiria, que nos hizo venir aqu.
Zorobabel, Jesa y los dems jefes de casas paternas de Israel dijeron: -- No nos conviene edificar con vosotros la casa de nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehov, Dios de Israel, como nos mand Ciro, rey de Persia.
Entonces la gente del pas intimid al pueblo de Jud y lo atemoriz para que no siguiera edificando.
Sobornaron adems contra ellos a algunos consejeros para frustrar sus propsitos, durante todo el tiempo que Ciro fue rey de Persia y hasta el reinado de Daro, rey de Persia.
En el reinado de Asuero, al principio de su reinado, escribieron acusaciones contra los habitantes de Jud y de Jerusaln.
Tambin en das de Artajerjes escribieron Bislam, Mitrdates, Tabeel y los dems compaeros suyos, a Artajerjes, rey de Persia; y la carta estaba escrita en arameo, y traducida.
El canciller Rehum y el secretario Simsai escribieron una carta contra Jerusaln al rey Artajerjes.
En esa fecha escribieron el canciller Rehum y el secretario Simsai, y los dems compaeros suyos, los jueces, gobernadores y oficiales, los de Persia, Erec, Babilonia y Susa, es decir, los elamitas,
y los dems pueblos que el grande y glorioso Asnapar deport e hizo habitar en las ciudades de Samaria y las dems provincias del otro lado del ro.
Esta es la copia de la carta que enviaron: "Al rey Artajerjes: Tus siervos del otro lado del ro te saludan.
"Ha de saber el rey que los judos que de parte tuya vinieron a nosotros, llegaron a Jerusaln y edifican esta ciudad rebelde y mala. Ya levantan los muros y reparan los fundamentos.
Sepa, pues, el rey, que si aquella ciudad es reedificada y los muros son levantados, no pagarn tributo, impuesto y rentas, y el erario de los reyes ser perjudicado.
Como nos mantienen desde el palacio, no podemos permitir que el rey sea menospreciado, por lo cual hemos enviado al rey esta denuncia,
a fin de que se investigue en el libro de las memorias de tus padres. En el libro de las memorias encontrars y sabrs que esta ciudad es ciudad rebelde, perjudicial a los reyes y a las provincias, y que de tiempo antiguo en ella se han fomentado rebeliones. Por ese motivo esta ciudad fue destruida.
Hacemos saber al rey que si se reedifica esta ciudad y se levantan sus muros, la regin de ms all del ro no ser tuya".
El rey envi esta respuesta: "Al canciller Rehum, al secretario Simsai, a los compaeros suyos que habitan en Samaria, y a los dems del otro lado del ro: Salud y paz.
"La carta que nos enviasteis fue leda claramente delante de m.
Orden que se investigara, y se ha encontrado que aquella ciudad se subleva desde antiguo contra los reyes, y que en ella se han fomentado revueltas e insurrecciones.
Que hubo en Jerusaln reyes fuertes, cuyo dominio se extenda a todo lo que hay ms all del ro, y que se les pagaba tributo, impuestos y rentas.
Ahora, pues, ordenad que se detengan aquellos hombres, y no sea esa ciudad reedificada hasta nueva orden enviada por m.
Procurad no ser negligentes en esto; por qu habr de crecer el dao en perjuicio de los reyes?".
Cuando la copia de la carta del rey Artajerjes fue leda delante de Rehum, de Simsai, el secretario, y de sus compaeros, salieron apresuradamente hacia Jerusaln, donde estaban los judos, y les hicieron cesar los trabajos utilizando la fuerza y la violencia.
As se detuvo la obra de la casa de Dios que estaba en Jerusaln, la cual qued suspendida hasta el segundo ao del reinado de Daro, rey de Persia.
Profetizaron Hageo y Zacaras hijo de Iddo, ambos profetas, a los judos que estaban en Jud y Jerusaln en el nombre del Dios de Israel, quien estaba con ellos.
Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios que estaba en Jerusaln; junto a ellos estaban los profetas de Dios que los ayudaban.
En ese mismo tiempo Tatnai, gobernador del otro lado del ro, y Setar-boznai, junto a sus compaeros, fueron a decirles: "Quin os ha dado orden para edificar esta casa y levantar estos muros?".
Tambin preguntaron: "Cules son los nombres de los hombres que hacen este edificio?".
Pero los ojos de Dios velaban sobre los ancianos de los judos, y no les hicieron suspender la obra hasta que el asunto fuera llevado a Daro y se recibiera una carta de respuesta sobre esto.
Esta es copia de la carta que Tatnai, gobernador del otro lado del ro, Setar-boznai y sus compaeros, los gobernadores del otro lado del ro, enviaron al rey Daro.
Ellos le enviaron una carta escrita de esta manera: "Al rey Daro: Paz completa.
"Ha de saber el rey que fuimos a la provincia de Judea, a la casa del gran Dios, la cual se edifica con piedras grandes. Ya los maderos estn puestos en las paredes, la obra se hace de prisa y prospera en sus manos.
Entonces interrogamos a los ancianos, dicindoles: "Quin os dio orden para edificar esta casa y para levantar estos muros?".
Tambin les preguntamos sus nombres para hacrtelo saber, a fin de escribirte los nombres de los hombres que estaban al frente de ellos.
Y esta fue la respuesta que nos dieron: "Nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra, y reedificamos la casa que hace ya muchos aos fue edificada, y que un gran rey de Israel edific y termin.
Pero despus que nuestros padres provocaron a ira al Dios de los cielos, l los entreg en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, caldeo, el cual destruy esta casa y llev cautivo al pueblo a Babilonia.
Pero en el primer ao de Ciro, rey de Babilonia, el mismo rey Ciro dio orden para que esta casa de Dios fuera reedificada.
"Los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor haba sacado del templo que estaba en Jerusaln para llevarlos al templo de Babilonia, el rey Ciro los retir del templo de Babilonia, y fueron entregados a Sesbasar, a quien haba nombrado gobernador.
l le dijo: 'Toma estos utensilios, ve y llvalos al templo que est en Jerusaln, y sea reedificada la casa de Dios en su lugar'.
Vino, pues, este Sesbasar y puso los cimientos de la casa de Dios, la cual est en Jerusaln, y desde entonces hasta ahora se edifica, pero an no est concluida".
"Ahora, si al rey le parece bien, que se investigue en la casa de los tesoros del rey que est all en Babilonia, si es verdad que el rey Ciro dio efectivamente la orden para reedificar esta casa de Dios en Jerusaln, y que se nos comunique la decision del rey sobre esto".
Entonces el rey Daro dio la orden de buscar en la casa de los archivos, donde guardaban los tesoros all en Babilonia.
Y fue hallado en Acmeta, en el palacio que est en la provincia de Media, un libro en el cual estaba escrito as: "Memoria:
"En el ao primero del rey Ciro, el mismo rey Ciro dio orden acerca de la casa de Dios, la cual estaba en Jerusaln, para que la Casa fuera reedificada como lugar para ofrecer sacrificios, y que fueran puestos sus cimientos; su altura, de sesenta codos, y de sesenta codos su anchura;
con tres hileras de piedras grandes y una de madera nueva. El gasto ser pagado por el tesoro del rey.
Adems, los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor sac del templo que estaba en Jerusaln y se llev a Babilonia, sern devueltos, para que vayan a su lugar, al templo que est en Jerusaln, y sean puestos en la casa de Dios".
"Ahora, pues, Tatnai, gobernador del otro lado del ro, Setar-boznai y vuestros compaeros, los gobernadores que estis al otro lado del ro, alejaos de all.
Dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que el gobernador de los judos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su lugar.
Estas son mis rdenes sobre lo que habis de hacer con esos ancianos de los judos, para reedificar esa casa de Dios: que de la hacienda del rey, proveniente del tributo del otro lado del ro, sean pagados puntualmente a esos hombres los gastos, para que no cese la obra.
Lo que sea necesario, becerros, carneros y corderos para holocaustos al Dios del cielo, trigo, sal, vino y aceite, conforme a lo que digan los sacerdotes que estn en Jerusaln, les sea dado da por da sin obstculo alguno,
a fin de que ofrezcan sacrificios agradables al Dios del cielo, y oren por la vida del rey y por sus hijos.
"Tambin he dado orden de que a cualquiera que altere este decreto se le arranque una viga de su casa, y sea colgado en ella. Luego su casa sea convertida en un montn de escombros.
Que el Dios que hizo habitar all su nombre destruya a todo rey y pueblo que intente cambiar o destruir esa casa de Dios, la cual est en Jerusaln. Yo, Daro, he dado este decreto; sea cumplido puntualmente".
Entonces Tatnai, gobernador del otro lado del ro, Setar-boznai y sus compaeros, hicieron puntualmente segn el rey Daro haba ordenado.
As, los ancianos de los judos edificaban y prosperaban, conforme a la profeca del profeta Hageo y de Zacaras hijo de Iddo. Edificaron, pues, y terminaron la obra, por orden del Dios de Israel, y por mandato de Ciro, de Daro y de Artajerjes, rey de Persia.
Esta casa fue terminada el tercer da del mes de Adar, que era el sexto ao del reinado del rey Daro.
Los hijos de Israel, los sacerdotes, los levitas y los dems que haban regresado de la cautividad, hicieron la dedicacin de esta casa de Dios con gozo.
Ofrecieron para la dedicacin de esta casa de Dios cien becerros, doscientos carneros y cuatrocientos corderos; y como expiacin por todo Israel, doce machos cabros, conforme al nmero de las tribus de Israel.
Luego organizaron a los sacerdotes en sus turnos y a los levitas en sus clases, para el servicio de Dios en Jerusaln, conforme a lo escrito en el libro de Moiss.
Los que regresaron de la cautividad celebraron la Pascua a los catorce das del primer mes.
Sacerdotes y levitas se haban purificado como un solo hombre y todos estaban limpios. As que sacrificaron la Pascua por todos los hijos de la cautividad, por sus hermanos los sacerdotes y por s mismos.
Comieron los hijos de Israel que haban regresado del cautiverio con todos aquellos que se haban apartado de las inmundicias de las gentes de la tierra para buscar a Jehov, Dios de Israel.
Durante siete das celebraron con regocijo la fiesta solemne de los Panes sin levadura, por cuanto Jehov los haba alegrado, y haba dispuesto el corazn del rey de Asiria favorablemente hacia ellos, a fin de fortalecer sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel.
Pasadas estas cosas, en el reinado de Artajerjes, rey de Persia, Esdras hijo de Seraa hijo de Azaras, hijo de Hilcas,
hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ahitob,
hijo de Amaras, hijo de Azaras, hijo de Meraiot,
hijo de Zeraas, hijo de Uzi, hijo de Buqui,
hijo de Abisa, hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarn, primer sacerdote,
subi de Babilonia. Esdras era un escriba diligente en la ley de Moiss, que Jehov, Dios de Israel haba dado; y le concedi el rey todo lo que pidi, porque la mano de Jehov, su Dios, estaba sobre Esdras.
En el sptimo ao del rey Artajerjes, subieron tambin con l a Jerusaln algunos de los hijos de Israel, sacerdotes, levitas, cantores, porteros y sirvientes del Templo,
Este lleg a Jerusaln en el quinto mes del sptimo ao del rey.
El primer da del primer mes haba dispuesto su partida de Babilonia, y el primero del mes quinto llegaba a Jerusaln. La buena mano de Dios estaba con l!
Porque Esdras haba preparado su corazn para estudiar la ley de Jehov y para cumplirla, y para ensear en Israel sus estatutos y decretos.
Esta es la copia de la carta que dio el rey Artajerjes al sacerdote Esdras, escriba versado en los mandamientos de Jehov y en sus estatutos dados a Israel:
"Artajerjes, rey de reyes, a Esdras, sacerdote y escriba erudito en la ley del Dios del cielo: Paz.
"He dado la siguiente orden: Todo aquel que en mi reino pertenezca al pueblo de Israel, a sus sacerdotes y levitas, que quiera ir contigo a Jerusaln, que vaya.
Porque de parte del rey y de sus siete consejeros eres enviado a visitar a Judea y a Jerusaln, conforme a la ley de tu Dios que est en tus manos;
y a llevar la plata y el oro que el rey y sus consejeros voluntariamente ofrecen al Dios de Israel, cuya morada est en Jerusaln,
as como toda la plata y el oro que logres reunir en toda la provincia de Babilonia, con las ofrendas voluntarias que el pueblo y los sacerdotes entreguen voluntariamente para la casa de su Dios, la cual est en Jerusaln.
Comprars, pues, diligentemente con este dinero becerros, carneros y corderos, con sus ofrendas y sus libaciones, y los ofrecers sobre el altar de la casa de vuestro Dios, la cual est en Jerusaln.
Y lo que a ti y a tus hermanos os parezca hacer con la otra plata y el oro, hacedlo conforme a la voluntad de vuestro Dios.
Los utensilios que te son entregados para el servicio de la casa de tu Dios, los restituirs delante de Dios en Jerusaln.
"Todo lo que se requiere para la casa de tu Dios, que te sea necesario dar, lo dars de la casa de los tesoros del rey.
Yo mismo, el rey Artajerjes, doy esta orden a todos los tesoreros que estn al otro lado del ro, que todo lo que os pida el sacerdote Esdras, escriba de la ley del Dios del cielo, se le conceda puntualmente,
hasta cien talentos de plata, cien coros de trigo, cien batos de vino, cien batos de aceite, y sal sin medida.
"Todo lo que es mandado por el Dios del cielo, sea hecho puntualmente para la casa del Dios del cielo; pues, por qu habra de caer su ira contra el reino del rey y de sus hijos?
A vosotros os hacemos saber que a los sacerdotes y levitas, cantores, porteros, sirvientes del Templo y ministros de la casa de Dios, ninguno podr imponerles tributo, contribucin ni renta.
"Y t, Esdras, conforme a la sabidura que tienes de tu Dios, pon jueces y gobernadores que gobiernen a todo el pueblo que est al otro lado del ro, a todos los que conocen las leyes de tu Dios; y al que no las conoce, ensaselas.
Y todo aquel que no cumpla la ley de tu Dios, y la ley del rey, ser castigado rigurosamente, ya sea a muerte, a destierro, a pena de multa, o prisin".
Bendito Jehov, Dios de nuestros padres, que puso tal cosa en el corazn del rey, para honrar la casa de Jehov que est en Jerusaln,
y me favoreci con su misericordia delante del rey, de sus consejeros y de todos los poderosos prncipes del rey. As yo, fortalecido por la proteccin de mi Dios, reun a los principales de Israel para que subieran a Jerusaln conmigo.
Estos son los cabezas de familia, y la genealoga de aquellos que subieron conmigo a Jerusaln desde Babilonia, cuando reinaba el rey Artajerjes:
De los hijos de Finees, Gersn; de los hijos de Itamar, Daniel; de los hijos de David, Hats.
De los hijos de Secanas y de los hijos de Paros, Zacaras, y con l fueron registrados ciento cincuenta hombres.
De los hijos de Pahat-moab, Elioenai hijo de Zeraas, y con l doscientos hombres.
De los hijos de Secanas, el hijo de Jahaziel, y con l trescientos hombres.
De los hijos de Adn, Ebed hijo de Jonatn, y con l cincuenta hombres.
De los hijos de Elam, Jesaas hijo de Atalas, y con l setenta hombres.
De los hijos de Sefatas, Zebadas hijo de Micael, y con l ochenta hombres.
De los hijos de Joab, Obadas hijo de Jehiel, y con l doscientos dieciocho hombres.
De los hijos de Selomit, el hijo de Josifas, y con l ciento sesenta hombres.
De los hijos de Bebai, Zacaras hijo de Bebai, y con l veintiocho hombres.
De los hijos de Azgad, Johann hijo de Hacatn, y con l ciento diez hombres.
De los hijos de Adonicam, los postreros, cuyos nombres son estos: Elifelet, Jeiel y Semaas, y con ellos sesenta hombres.
Y de los hijos de Bigvai, Utai y Zabud, y con ellos setenta hombres.
Los reun junto al ro que corre hacia Ahava, y acampamos all tres das. Observ que haba gente del pueblo y sacerdotes, pero no hall ningn levita.
Entonces despach a Eliezer, Ariel, Semaas, Elnatn, Jarib, Elnatn, Natn, Zacaras y Mesulam, hombres principales, as como a Joiarib y a Elnatn, hombres doctos.
Los envi a Iddo, jefe en un lugar llamado Casifia, y puse en boca de ellos las palabras que deban decirles a Iddo y a sus hermanos, los sirvientes del Templo en el lugar llamado Casifia, para que nos enviaran ministros para la casa de nuestro Dios.
Gracias a que la mano bondadosa de nuestro Dios estaba sobre nosotros, nos enviaron un hombre entendido llamado Serebas, de los hijos de Mahli hijo de Lev hijo de Israel, junto con sus hijos y sus hermanos: dieciocho hombres en total.
Tambin a Hasabas, y con l a Jesaas, de los hijos de Merari, a sus hermanos y a sus hijos, veinte hombres en total.
De los sirvientes del Templo, a quienes David y los jefes destinaron para el ministerio de los levitas, doscientos veinte hombres, todos los cuales fueron designados por sus nombres.
All, junto al ro Ahava, proclam un ayuno para humillarnos delante de nuestro Dios y solicitar de l un buen viaje para nosotros, para nuestros nios y para todos nuestros bienes.
Pues tuve vergenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendieran del enemigo en el camino, ya que le habamos dicho al rey: "La mano de nuestro Dios est, para bien, sobre todos los que lo buscan; pero su poder y su furor contra todos los que lo abandonan".
Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y l nos fue propicio.
Apart luego a doce de los principales entre los sacerdotes, a Serebas y a Hasabas, y con ellos diez de sus hermanos;
y les pes la plata, el oro y los utensilios que para la casa de nuestro Dios haban ofrecido el rey, sus consejeros y sus jefes, y todos los israelitas que se encontraban all.
Pes, pues, y puse en sus manos seiscientos cincuenta talentos de plata, utensilios de plata por cien talentos, y cien talentos de oro;
adems, veinte tazones de oro de mil dracmas y dos vasos de bronce bruido muy bueno, tan preciosos como el oro.
Luego les dije: "Vosotros estis consagrados a Jehov, y son santos los utensilios, la plata y el oro, ofrenda voluntaria a Jehov, Dios de nuestros padres.
Vigiladlos y guardadlos, hasta que los pesis delante de los principales sacerdotes y levitas, y de los cabezas de familia de Israel, en los aposentos de la casa de Jehov en Jerusaln".
Entonces los sacerdotes y levitas recibieron el peso de la plata, del oro y de los utensilios, para traerlo a Jerusaln a la casa de nuestro Dios.
El doce del primer mes partimos del ro Ahava para ir a Jerusaln; la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros y nos libr de manos de enemigos y asaltantes en el camino.
Llegamos a Jerusaln y reposamos all tres das.
Al cuarto da fue pesada la plata, el oro y los utensilios, en la casa de nuestro Dios, y se entreg todo al sacerdote Meremot hijo de Uras, y a Eleazar hijo de Finees; con ellos estaban los levitas Jozabad hijo de Jesa y Noadas hijo de Bini.
Todo se entreg contado y pesado, y se anot entonces el peso total.
Los hijos de la cautividad, los que haban regresado del cautiverio, ofrecieron holocaustos al Dios de Israel: doce becerros por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos, y doce machos cabros por expiacin, todo en holocausto a Jehov.
Y se entregaron los decretos del rey a sus strapas y capitanes del otro lado del ro, los cuales ayudaron al pueblo y a la casa de Dios.
Acabadas estas cosas, los gobernantes se acercaron a m y me dijeron: "El pueblo de Israel, los sacerdotes y levitas no se han separado de las gentes del pas, de los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, y han cado en sus abominaciones.
Porque han tomado mujeres para s y para sus hijos de las hijas de ellos, y el linaje santo ha sido mezclado con las gentes del pas. Los jefes y los gobernadores han sido los primeros en cometer este pecado".
Cuando o esto, rasgu mi vestido y mi manto, me arranqu pelo de mi cabeza y de mi barba, y me sent angustiado en extremo.
Todos los que teman las palabras del Dios de Israel se reunieron en torno a m, a causa de la infidelidad de quienes haban regresado de la cautividad; pero estuve muy angustiado hasta la hora del sacrificio de la tarde.
A la hora del sacrificio de la tarde sal de mi afliccin y, rasgados mi vestido y mi manto, me postr de rodillas, extend mis manos a Jehov, mi Dios,
y dije: "Dios mo, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mo, mi rostro hacia ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestras cabezas y nuestros delitos han crecido hasta el cielo.
Desde los das de nuestros padres hasta este da hemos vivido en gran pecado; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de los pases, a la espada, al cautiverio, al robo y a la vergenza que cubre nuestro rostro, como todava sucede.
Ahora, por un breve momento, nos ha mostrado su misericordia Jehov, nuestro Dios, y ha hecho que nos quedara un resto libre, y nos ha dado un lugar seguro en su santuario. As nuestro Dios ha iluminado nuestros ojos y nos ha dado un poco de vida en medio de nuestra servidumbre.
Porque siervos somos; pero en nuestra servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que nos favoreci con su misericordia delante de los reyes de Persia, para animarnos a levantar la casa de nuestro Dios, restaurar sus ruinas y darnos proteccin en Jud y en Jerusaln.
"Pero ahora, qu diremos, oh Dios nuestro, despus de esto? Porque nosotros hemos abandonado los mandamientos
que nos habas dado por medio de tus siervos, los profetas, diciendo: "La tierra en cuya posesin vais a entrar, es tierra corrompida a causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones con que la han llenado de uno a otro extremo con su impureza.
Ahora, pues, no deis vuestras hijas a sus hijos, ni tomis sus hijas para vuestros hijos, ni procuris jams su paz ni su prosperidad; para que seis fuertes, comis los mejores frutos de la tierra y la dejis como herencia a vuestros hijos para siempre".
"Despus de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras y a causa de nuestro gran pecado, ya que t, Dios nuestro, no nos has castigado de acuerdo con nuestras iniquidades, y nos diste un resto como este,
hemos de volver a infringir tus mandamientos y a emparentar con pueblos que cometen estas abominaciones? No te indignaras contra nosotros hasta consumirnos, sin que quedara resto ni quien escape?
"Jehov, Dios de Israel, t eres justo, pues hemos quedado como un resto que ha escapado, tal cual ha sucedido en este da. Henos aqu delante de ti con nuestros delitos; por su causa no somos dignos de estar en tu presencia".
Mientras oraba Esdras y haca confesin, llorando y postrndose delante de la casa de Dios, se reuni en torno a l una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y nios; y el pueblo lloraba amargamente.
Entonces Secanas hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, tom la palabra y dijo a Esdras: "Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra; pero a pesar de esto, an hay esperanza para Israel.
Ahora, pues, hagamos pacto con nuestro Dios de despedir a todas las mujeres y los nacidos de ellas, segn el consejo de mi seor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios. Que se haga conforme a la Ley!
Levntate, porque esta es tu obligacin, y nosotros estaremos contigo. Anmate y pon manos a la obra!".
Entonces se levant Esdras e hizo jurar a los principales sacerdotes y de los levitas, y a todo Israel, que haran conforme a esto; y ellos lo juraron.
Se retir luego Esdras de delante de la casa de Dios y se fue a la habitacin de Johann hijo de Eliasib; pero no comi pan ni bebi agua, porque se entristeci a causa del pecado de los que haban regresado del cautiverio.
Despus hicieron pregonar en Jud y en Jerusaln que todos los hijos del cautiverio se reunieran en Jerusaln;
y que el que no se presentara en el plazo de tres das, conforme al acuerdo de los jefes y de los ancianos, perdiera toda su hacienda y fuera excluido de la congregacin de los que haban regresado del cautiverio.
As todos los hombres de Jud y de Benjamn se reunieron en Jerusaln dentro de los tres das, a los veinte das del mes, que era el noveno mes; y se sent todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, temblando con motivo de aquel asunto, y a causa de la lluvia.
Entonces se levant el sacerdote Esdras y les dijo: -- Vosotros habis pecado, por cuanto tomasteis mujeres extranjeras, aumentando as el pecado de Israel.
Ahora, pues, dad gloria a Jehov, Dios de vuestros padres, haced su voluntad y apartaos de los pueblos de las tierras y de las mujeres extranjeras.
Toda la asamblea respondi en alta voz: -- Hgase conforme a lo que has dicho.
Pero el pueblo es muy numeroso y estamos en tiempo de lluvias; adems no podemos permanecer en la calle, ni es cuestin de un da ni de dos, pues somos muchos los que hemos pecado en esto.
Que sean nuestros jefes los que se queden en lugar de toda la congregacin, y vengan en fechas determinadas todos aquellos que en nuestras ciudades hayan tomado mujeres extranjeras, acompaados de los ancianos y los jueces de cada ciudad, hasta que apartemos de nosotros el ardor de la ira de nuestro Dios a causa de esto.
Solamente Jonatn hijo de Asael, y Jahazas hijo de Ticva se opusieron a esto, y los levitas Mesulam y Sabetai los apoyaron.
Los que haban regresado del cautiverio actuaron de acuerdo con lo convenido. Y fueron apartados el sacerdote Esdras y algunos jefes de familia, segn sus casas paternas. El primer da del dcimo mes todos ellos, personalmente, se sentaron para examinar el asunto.
Y el primer da del primer mes terminaron el juicio de todos aquellos que haban tomado mujeres extranjeras.
Entre los hijos de los sacerdotes que haban tomado mujeres extranjeras, fueron hallados estos: De los hijos de Jesa hijo de Josadac, y de sus hermanos: Maasas, Eliezer, Jarib y Gedalas.
Estos levantaron su mano prometiendo que despediran a sus mujeres, y presentaron como ofrenda de reparacin por su pecado un carnero de los rebaos.
Entre los hijos de Imer: Hanani y Zebadas.
Entre los hijos de Harim: Maasas, Elas, Semaas, Jehiel y Uzas.
Entre los hijos de Pasur: Elioenai, Maasas, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasa.
Entre los hijos de los levitas: Jozabad, Simei, Kelaa (este es kelita), Petaas, Jud y Eliezer.
Entre los cantores: Eliasib; y de los porteros: Salum, Telem y Uri.
Entre los hijos de Israel: De los hijos de Paros: Rama, Jezas, Malquas, Mijamn, Eleazar, Malquas y Benaa.
De los hijos de Elam: Matanas, Zacaras, Jehiel, Abdi, Jeremot y Elas.
De los hijos de Zatu: Elioenai, Eliasib, Matanas, Jeremot, Zabad y Aziza.
De los hijos de Bebai: Johann, Hananas, Zabai y Atlai.
De los hijos de Bani: Mesulam, Maluc, Adaa, Jasub, Seal y Ramot.
De los hijos de Pahat-moab: Adna, Quelal, Benaa, Maasas, Matanas, Bezaleel, Bini y Manass.
De los hijos de Harim: Eliezer, Isas, Malquas, Semaas, Simen,
Benjamn, Maluc y Semaras.
De los hijos de Hasum: Matenai, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremai, Manass y Simei.
De los hijos de Bani: Madai, Amram, Uel,
Benaa, Bedas, Quelhi,
Vanas, Meremot, Eliasib,
Matanas, Matenai, Jaasai,
Bani, Bini, Simei,
Selemas, Natn, Adaa,
Macnadebai, Sasai, Sarai,
Azareel, Selemas, Semaras,
Salum, Amaras y Jos.
Y de los hijos de Nebo: Jeiel, Matatas, Zabad, Zebina, Jadau, Joel y Benaa.
Todos estos haban tomado mujeres extranjeras; y algunas de sus mujeres haban dado a luz hijos.
Palabras de Nehemas hijo de Hacalas. Aconteci en el mes de Quisleu, en el ao veinte, que estando yo en Susa, capital del reino,
vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Jud. Entonces les pregunt por los judos que haban escapado, los que se haban salvado de la cautividad, y por Jerusaln.
Ellos me dijeron: "El resto, los que se salvaron de la cautividad, all en la provincia, estn en una situacin muy difcil y vergonzosa. El muro de Jerusaln est en ruinas y sus puertas destruidas por el fuego".
Cuando o estas palabras me sent y llor, hice duelo por algunos das, ayun y or delante del Dios de los cielos.
Y le dije: "Te ruego, Jehov, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guardas el pacto y tienes misericordia de los que te aman y observan tus mandamientos;
est ahora atento tu odo y abiertos tus ojos para oir la oracin de tu siervo, que hago ahora delante de ti, da y noche, por los hijos de Israel, tus siervos. Confieso los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; s, yo y la casa de mi padre hemos pecado.
En extremo nos hemos corrompido contra ti y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moiss, tu siervo.
Acurdate ahora de la palabra que diste a Moiss, tu siervo, diciendo: "Si vosotros pecis, yo os dispersar por los pueblos;
pero si os volvis a m y guardis mis mandamientos y los ponis por obra, aunque vuestra dispersin sea hasta el extremo de los cielos, de all os recoger y os traer al lugar que escog para hacer habitar all mi nombre".
"Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder y con tu mano poderosa.
Te ruego, Jehov, que est ahora atento tu odo a la oracin de tu siervo, y a la oracin de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen xito a tu siervo y dale gracia delante de aquel hombre". En aquel entonces serva yo de copero al rey.
Sucedi en el mes de Nisn, en el ao veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de l, tom el vino y lo serv al rey. Y como yo no haba estado antes triste en su presencia,
me dijo el rey: -- Por qu est triste tu rostro?, pues no ests enfermo. No es esto sino quebranto de corazn. Entonces tuve un gran temor.
Y dije al rey: -- Viva el rey para siempre! Cmo no ha de estar triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, est desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?
-- Qu cosa pides? -- pregunt el rey. Entonces or al Dios de los cielos,
y le respond: -- Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envame a Jud, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificar.
Entonces el rey, que tena a la reina sentada junto a l, me pregunt: -- Cunto durar tu viaje y cundo volvers? Y agrad al rey enviarme, despus que yo le indiqu las fechas.
Le dije adems al rey: -- Si al rey le place, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del ro, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Jud;
y carta para Asaf, guarda del bosque del rey, a fin de que me d madera para enmaderar las puertas de la ciudadela de la Casa, para el muro de la ciudad y para la casa en que yo estar. Y me lo concedi el rey, porque la benfica mano de mi Dios estaba sobre m.
Fui luego a los gobernadores del otro lado del ro y les di las cartas del rey. Tambin el rey envi conmigo capitanes del ejrcito y gente de a caballo.
Pero cuando lo oyeron Sanbalat el horonita, y Tobas el siervo amonita, les disgust mucho que viniera alguien a procurar el bien de los hijos de Israel.
Llegu, pues, a Jerusaln, y despus de estar all tres das,
me levant de noche, yo y unos pocos hombres conmigo, y no declar a nadie lo que Dios haba puesto en mi corazn que hiciera en Jerusaln. No tena cabalgadura conmigo, sino la nica en que yo cabalgaba.
Aquella misma noche sal por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragn y a la puerta del Muladar; y observ los muros de Jerusaln que estaban derribados y sus puertas que haban sido consumidas por el fuego.
Pas luego a la puerta de la Fuente y al estanque del Rey, pero no haba lugar por donde pasara la cabalgadura en que iba.
Sub de noche por el torrente y observ el muro, di la vuelta y entr por la puerta del Valle, y regres.
Los oficiales no saban a dnde yo haba ido ni qu haba hecho. Todava no lo haba declarado yo a los judos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los dems que hacan la obra.
Les dije, pues: -- Vosotros veis la difcil situacin en que estamos: Jerusaln est en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego. Venid y reconstruyamos el muro de Jerusaln, para que ya no seamos objeto de deshonra.
Entonces les declar cmo la mano de mi Dios haba sido buena conmigo, y asimismo las palabras que el rey me haba dicho. Ellos respondieron: -- Levantmonos y edifiquemos! As esforzaron sus manos para bien.
Pero cuando lo oyeron Sanbalat el horonita, Tobas el siervo amonita y Gesem, el rabe, se burlaron de nosotros y nos despreciaron, diciendo: -- Qu es lo que estis haciendo? Os rebelis contra el rey?
Pero yo les respond: -- El Dios de los cielos, l nos prosperar, y nosotros, sus siervos, nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenis parte ni derecho ni memoria en Jerusaln.
Entonces se levantaron el sumo sacerdote Eliasib y sus hermanos los sacerdotes y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos arreglaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Hamea, y edificaron hasta la torre de Hananeel.
Junto a ella trabajaron los hombres de Jeric, y luego Zacur hijo de Imri.
Los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado; la enmaderaron y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos.
Junto a ellos trabaj en la restauracin Meremot hijo de Uras hijo de Cos y, al lado de ellos, Mesulam hijo de Berequas hijo de Mesezabeel. Junto a ellos trabaj Sadoc hijo de Baana.
Y a su lado colaboraron los tecotas; pero sus notables no se prestaron a ayudar a la obra de su Seor.
La puerta Vieja fue restaurada por Joiada hijo de Paseah y Mesulam hijo de Besodas, quienes la enmaderaron y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y cerrojos.
Junto a ellos trabajaron Melatas, el gabaonita, y Jadn, el meronotita, hombres de Gaban y de Mizpa, que estaban bajo el dominio del gobernador del otro lado del ro.
Junto a ellos trabaj Uziel hijo de Harhaa, de los plateros, con quien colabor tambin Hananas, hijo de un perfumero. As terminaron la reparacin de Jerusaln hasta el muro ancho.
Junto a ellos tambin trabaj en la restauracin Refaas hijo de Hur, gobernador de la mitad de la regin de Jerusaln;
asimismo, junto a ellos, y frente a su casa, Jedaas hijo de Harumaf. Junto a este trabaj Hats hijo de Hasabnas.
Malquas hijo de Harim y Hasub hijo de Pahat-moab restauraron otro tramo, y la torre de los Hornos.
Junto a ellos trabaj en la restauracin Salum hijo de Halohes, gobernador de la mitad de la regin de Jerusaln, l con sus hijas.
La puerta del Valle la restaur Hann con los habitantes de Zanoa; ellos la reedificaron y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos, y mil codos del muro, hasta la puerta del Muladar.
Reedific la puerta del Muladar Malquas hijo de Recab, gobernador de la provincia de Bet-haquerem; l la reedific y levant sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos.
Salum hijo de Colhoze, gobernador de la regin de Mizpa, restaur la puerta de la Fuente; l la reedific, la enmader y levant sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos; tambin el muro del estanque de Silo junto al huerto del rey, hasta las gradas que descienden de la ciudad de David.
Despus de l trabaj en la restauracin Nehemas hijo de Azbuc, gobernador de la mitad de la regin de Bet-sur, hasta delante de los sepulcros de David, el estanque labrado y casa de los Valientes.
Tras l trabajaron los levitas; Rehum hijo de Bani y, junto a l, Hasabas, gobernador de la mitad de la regin de Keila, a nombre de su regin.
Despus de l colaboraron en la restauracin sus hermanos, Bavai hijo de Henadad, gobernador de la mitad de la regin de Keila.
Junto a l, Ezer hijo de Jesa, gobernador de Mizpa, restaur otro tramo frente a la subida de la armera de la esquina.
Despus de l, Baruc hijo de Zabai con todo fervor restaur otro tramo, desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib, sumo sacerdote.
Tras l Meremot hijo de Uras hijo de Cos restaur otro tramo, desde la entrada hasta el extremo de la casa de Eliasib.
Despus de l ayudaron en la restauracin los sacerdotes que habitaban en la llanura.
Despus de ellos, Benjamn y Hasub, frente a su casa; y, despus de estos, Azaras hijo de Maasas hijo de Ananas cerca de su casa.
Despus de l Bini hijo de Henadad restaur otro tramo, desde la casa de Azaras hasta el ngulo entrante del muro, y hasta la esquina.
Palal hijo de Uzai restaur el muro frente a la esquina y tambin la torre alta que sale de la casa del rey, la cual est en el patio de la crcel. Despus de l sigui Pedaas hijo de Faros.
Los sirvientes del Templo que habitaban en Ofel trabajaron en la restauracin hasta frente a la puerta de las Aguas al oriente y la torre que sobresala.
Despus de ellos los tecotas restauraron otro tramo, frente a la gran torre que sobresale, hasta el muro de Ofel.
Desde la puerta de los Caballos trabajaron en la restauracin los sacerdotes, cada uno frente a su casa.
Despus de ellos, Sadoc hijo de Imer restaur frente a su casa; y despus de l Semaas hijo de Secanas, guarda de la puerta Oriental.
Tras l, Hananas hijo de Selemas y Hann hijo sexto de Salaf restauraron otro tramo; despus de ellos, Mesulam hijo de Berequas restaur, frente a su cmara,
y despus de l Malquas hijo del platero restaur hasta la casa de los sirvientes del Templo y de los comerciantes, frente a la puerta del Juicio, y hasta la sala de la esquina.
Entre la sala de la esquina y la puerta de las Ovejas, trabajaron en la restauracin los plateros y los comerciantes.
Cuando oy Sanbalat que nosotros edificbamos el muro, se enoj y enfureci mucho, y burlndose de los judos,
dijo delante de sus hermanos y del ejrcito de Samaria: -- Qu hacen estos dbiles judos? Se les permitir volver a ofrecer sus sacrificios? Acabarn en un da? Resucitarn de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?
Y estaba junto a l Tobas, el amonita, el cual dijo: -- Lo que ellos edifican del muro de piedra, si sube una zorra lo derribar.
"Oye, Dios nuestro, cmo somos objeto de su desprecio! Haz que su ofensa caiga sobre su cabeza y entrgalos por despojo en la tierra de su cautiverio.
No cubras su iniquidad ni su pecado sea borrado delante de ti, porque se han airado contra los que edificaban".
Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo nimo para trabajar.
Pero aconteci que oyeron Sanbalat, Tobas, los rabes, los amonitas y los de Asdod que los muros de Jerusaln eran reparados, pues ya las brechas comenzaban a ser cerradas, y se encolerizaron mucho.
Conspiraron luego todos a una para venir a atacar a Jerusaln y hacerle dao.
Entonces oramos a nuestro Dios, y por culpa de ellos montamos guardia contra ellos de da y de noche.
Y deca Jud: "Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado y el escombro es mucho; no podremos reconstruir el muro".
Nuestros enemigos dijeron: "Que no sepan ni vean hasta que entremos en medio de ellos, los matemos y hagamos cesar la obra".
Pero sucedi que cuando venan los judos que vivan entre ellos, nos decan una y otra vez: "De todos los lugares donde habitan, ellos caern sobre vosotros".
Entonces puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos, por las partes bajas del lugar, detrs del muro y en los sitios abiertos.
Despus mir, me levant y dije a los nobles, a los oficiales y al resto del pueblo: -- No temis delante de ellos; acordaos del Seor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.
Cuando supieron nuestros enemigos que estbamos sobre aviso, y que Dios haba desbaratado sus planes, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea.
Desde aquel da la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad se mantena armada con lanzas, escudos, arcos y corazas. Y detrs de ellos estaban los jefes de toda la casa de Jud.
Los que edificaban en el muro, los que acarreaban y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra y con la otra sostenan la espada.
Porque los que edificaban, cada uno tena su espada ceida a la cintura, y as edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a m,
pues yo haba dicho a los nobles, a los oficiales y al resto del pueblo: -- La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos los unos de los otros.
En el lugar donde oigis el sonido de la trompeta, reunos all con nosotros; nuestro Dios pelear por nosotros.
As pues, mientras trabajbamos en la obra desde la subida del alba hasta que salan las estrellas, la mitad de ellos montaba guardia con la lanza en la mano.
Tambin dije entonces al pueblo: -- Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusaln; de noche sirvan de centinelas y de da trabajen en la obra.
Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jvenes ni la gente de guardia que me segua, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para baarse.
Entonces hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judos.
Haba quien deca: "Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos; por tanto, hemos pedido prestado grano para comer y vivir".
Y haba quienes decan: "Hemos empeado nuestras tierras, nuestras vias y nuestras casas, para comprar grano, a causa del hambre".
Otros decan: "Hemos tomado prestado dinero sobre nuestras tierras y vias para el tributo del rey.
Ahora bien, nosotros y nuestros hermanos somos de una misma carne, y nuestros hijos son como sus hijos; sin embargo, nosotros tuvimos que entregar nuestros hijos y nuestras hijas a servidumbre, y algunas de nuestras hijas son ya esclavas, y no podemos rescatarlas porque nuestras tierras y nuestras vias son de otros".
Cuando o su clamor y estas palabras, me enoj mucho.
Despus de meditarlo bien, reprend a los nobles y a los oficiales. Y les dije: -- Exigs inters a vuestros hermanos? Adems, convoqu contra ellos una gran asamblea,
y les dije: -- Nosotros, segn nuestras posibilidades, rescatamos a nuestros hermanos judos que haban sido vendidos a las naciones; y ahora sois vosotros los que vendis aun a vuestros hermanos, para que nosotros tengamos que rescatarlos de nuevo? Y callaron, pues no tuvieron qu responder.
Y yo aad: -- No es bueno lo que hacis. No deberais andar en el temor de nuestro Dios, para no ser objeto de burla de las naciones enemigas nuestras?
Tambin yo, mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y grano. Perdonmosles esta deuda!
Os ruego que les devolvis hoy sus tierras, sus vias, sus olivares y sus casas, y la centsima parte del dinero, del grano, del vino y del aceite, que demandis de ellos como inters.
Ellos respondieron: -- Lo devolveremos y nada les demandaremos; haremos as como t dices. Entonces convoqu a los sacerdotes y les hice jurar que haran conforme a esto.
Sacud adems mi vestido, y dije: -- As sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpla esto; as sea sacudido y quede sin nada. Y respondi toda la congregacin: -- Amn! Entonces alabaron a Jehov, y el pueblo hizo conforme a esto.
Tambin desde el da que me mand el rey que fuera gobernador de ellos en la tierra de Jud, desde el ao veinte del rey Artajerjes hasta el ao treinta y dos, doce aos, ni yo ni mis hermanos comimos del pan del gobernador.
En cambio, los primeros gobernadores que me antecedieron abrumaron al pueblo: les cobraban, por el pan y por el vino, ms de cuarenta siclos de plata, y aun sus criados se enseoreaban del pueblo. Pero yo no hice as, a causa del temor de Dios.
Tambin trabaj mi parte en la restauracin de este muro, y no he comprado heredad; tambin todos mis criados estaban all juntos en la obra.
Adems, ciento cincuenta judos y oficiales, y los que venan de las naciones que haba alrededor de nosotros, se sentaban a mi mesa.
Cada da se preparaba un buey y seis ovejas escogidas; tambin me preparaban aves; y, cada diez das, se traa vino en abundancia. As y todo, nunca reclam el pan del gobernador, porque la carga que pesaba sobre este pueblo era excesiva.
"Acurdate de m para bien, Dios mo, y de todo lo que hice por este pueblo!".
Cuando oyeron Sanbalat, Tobas, Gesem el rabe y los dems de nuestros enemigos que yo haba edificado el muro, y que no quedaba en l brecha alguna (aunque hasta aquel tiempo no haba puesto las hojas de las puertas),
Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: "Ven y reunmonos en alguna de las aldeas en el campo de Ono". Pero ellos haban pensado hacerme mal.
Entonces envi mensajeros para decirles: "Estoy ocupado en una gran obra y no puedo ir; porque cesara la obra si yo la abandonara para ir a vosotros".
Cuatro veces me enviaron mensajes sobre el mismo asunto, y yo les respond de la misma manera.
Entonces Sanbalat me envi a su criado para decir lo mismo por quinta vez, con una carta abierta en su mano,
en la cual estaba escrito: "Se ha odo entre las naciones, y Gasmu lo dice, que t y los judos pensis rebelaros y que por eso edificas t el muro, con la mira, segn estas palabras, de ser t su rey;
y que has puesto profetas que, refirindose a ti, proclamen en Jerusaln: "Hay rey en Jud!". Estas palabras van a llegar a los odos del rey; ven, por tanto, y consultemos juntos".
Entonces envi yo a decirle: "No hay nada de lo que dices, sino que son invenciones de tu corazn".
Porque todos ellos nos amedrentaban, diciendo: "Se debilitarn las manos de ellos en la obra, y no ser terminada". "Ahora, pues, oh Dios, fortalece t mis manos!".
Despus fui a casa de Semaas hijo de Delaa hijo de Mehetabel, porque estaba encerrado. l me dijo: -- Reunmonos en la casa de Dios, dentro del Templo, y cerremos las puertas, porque vienen a matarte; s, esta noche vendrn a matarte.
Pero yo le respond: -- Un hombre como yo ha de huir? Y quin, que fuera como yo, entrara al Templo para salvarse la vida? No entrar.
Reconoc que Dios no lo haba enviado, sino que deca aquella profeca contra m porque Tobas y Sanbalat lo haban sobornado.
Pues fue sobornado para intimidarme, para que as yo pecara. Ellos aprovecharan esto para crearme mala fama y desprestigiarme.
"Acurdate, Dios mo, de Tobas y de Sanbalat, conforme a estas cosas que hicieron; tambin acurdate de la profetisa Noadas y de los otros profetas que procuraban infundirme miedo!".
Fue terminado, pues, el muro, el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos das.
Cuando lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las naciones que estaban alrededor de nosotros; se sintieron humillados y reconocieron que por nuestro Dios haba sido hecha esta obra.
En aquellos das los principales de Jud enviaban muchas cartas a Tobas y reciban las de este.
Porque muchos en Jud se haban aliado con l, pues era yerno de Secanas hijo de Ara; y Johann su hijo haba tomado por mujer a la hija de Mesulam hijo de Berequas.
Tambin contaban delante de m las buenas obras de Tobas, y a l le referan mis palabras. Y Tobas enviaba cartas para atemorizarme.
Despus que el muro fue edificado y se colocaron las puertas, se nombraron porteros, cantores y levitas.
A mi hermano Hanani y a Hananas, jefe de la fortaleza de Jerusaln (pues era un hombre de verdad y temeroso de Dios, ms que muchos), les orden,
y les dije: -- Las puertas de Jerusaln no se abrirn hasta que caliente el sol, y se cerrarn y atrancarn antes de que se ponga. Y de entre los habitantes de Jerusaln nombr guardias e indiqu que cada uno hiciera su turno frente a su propia casa.
La ciudad era espaciosa y grande, pero haba poca gente dentro de ella, porque las casas no haban sido reedificadas.
Entonces puso Dios en mi corazn que reuniera a los nobles, a los oficiales y al pueblo, para que fueran empadronados segn sus familias. Y hall el libro de la genealoga de los que haban subido antes, y encontr que en l se haba escrito as:
"Estos son los hijos de la provincia que subieron del cautiverio, de los que llev cautivos Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que volvieron a Jerusaln y a Jud, cada uno a su ciudad.
Ellos vinieron con Zorobabel, Jesa, Nehemas, Azaras, Raamas, Nahamani, Mardoqueo, Bilsn, Misperet, Bigvai, Nehum y Baana. "Lista de los hombres del pueblo de Israel:
Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos.
Los hijos de Sefatas, trescientos setenta y dos.
Los hijos de Ara, seiscientos cincuenta y dos.
Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesa y de Joab, dos mil ochocientos dieciocho.
Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Zatu, ochocientos cuarenta y cinco.
Los hijos de Zacai, setecientos sesenta.
Los hijos de Bini, seiscientos cuarenta y ocho.
Los hijos de Bebai, seiscientos veintiocho.
Los hijos de Azgad, dos mil seiscientos veintidos.
Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y siete.
Los hijos de Bigvai, dos mil sesenta y siete.
Los hijos de Adn, seiscientos cincuenta y cinco.
Los hijos de Ater, de Ezequas, noventa y ocho.
Los hijos de Hasum, trescientos veintiocho.
Los hijos de Bezai, trescientos veinticuatro.
Los hijos de Harif, ciento doce.
Los hijos de Gaban, noventa y cinco.
"Los hombres de Beln y de Netofa, ciento ochenta y ocho.
Los hombres de Anatot, ciento veintiocho.
Los hombres de Bet-azmavet, cuarenta y dos.
Los hombres de Quiriat-jearim, Cafira y Beerot, setecientos cuarenta y tres.
Los hombres de Ram y de Geba, seiscientos veintiuno.
Los hombres de Micmas, ciento veintidos.
Los hombres de Bet-el y de Hai, ciento veintitres.
Los hombres del otro Nebo, cincuenta y dos.
Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Harim, trescientos veinte.
Los hijos de Jeric, trescientos cuarenta y cinco.
Los hijos de Lod, Hadid y Ono, setecientos veintiuno.
Los hijos de Senaa, tres mil novecientos treinta.
"Sacerdotes: los hijos de Jedaa, de la casa de Jesa, novecientos setenta y tres.
Los hijos de Imer, mil cincuenta y dos.
Los hijos de Pasur, mil doscientos cuarenta y siete.
Los hijos de Harim, mil diecisiete.
"Levitas: los hijos de Jesa, de Cadmiel, de los hijos de Hodavas, setenta y cuatro.
"Cantores: los hijos de Asaf, ciento cuarenta y ocho.
"Porteros: los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmn, los hijos de Acub, los hijos de Hatita y los hijos de Sobai, ciento treinta y ocho.
"Sirvientes del Templo: los hijos de Ziha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot,
los hijos de Queros, los hijos de Siaha, los hijos de Padn,
los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Salmai,
los hijos de Hann, los hijos de Gidel, los hijos de Gahar,
los hijos de Reaa, los hijos de Rezn, los hijos de Necoda,
los hijos de Gazam, los hijos de Uza, los hijos de Paseah,
los hijos de Besai, los hijos de Mehunim, los hijos de Nefisesim,
los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur,
los hijos de Bazlut, los hijos de Mehda, los hijos de Harsa,
los hijos de Barcos, los hijos de Ssara, los hijos de Tema,
los hijos de Neza y los hijos de Hatifa.
"Los hijos de los siervos de Salomn: los hijos de Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Perida,
los hijos de Jaala, los hijos de Darcn, los hijos de Gidel,
los hijos de Sefatas, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret-hazebaim, los hijos de Amn.
"Todos los sirvientes del Templo e hijos de los siervos de Salomn, trescientos noventa y dos.
"Estos son los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Adn e Imer, los cuales no pudieron mostrar que la casa de sus padres ni su genealoga eran de Israel:
los hijos de Delaa, los hijos de Tobas y los hijos de Necoda, seiscientos cuarenta y dos.
Y entre los sacerdotes: los hijos de Habaa, los hijos de Cos y los hijos de Barzilai, el cual tom mujer de las hijas de Barzilai galaadita, cuyo nombre adopt.
Estos buscaron su registro de genealogas, pero no se hall, por lo cual fueron excluidos del sacerdocio,
y el gobernador les prohibi que comieran de las cosas ms santas, hasta que hubiera sacerdote con Urim y Tumim.
"Toda la congregacin reunida era de cuarenta y dos mil trescientos sesenta,
sin contar sus siervos y siervas, que eran siete mil trescientos treinta y siete. Entre ellos haba doscientos cuarenta y cinco cantores y cantoras.
Tenan setecientos treinta y seis caballos, doscientos cuarenta y cinco mulos;
los camellos eran cuatrocientos treinta y cinco y los asnos seis mil setecientos veinte.
"Algunos de los cabezas de familia dieron ofrendas para la obra. El gobernador dio para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazones y quinientas treinta vestiduras sacerdotales.
Los cabezas de familia dieron para el tesoro de la obra veinte mil dracmas de oro y dos mil doscientas libras de plata.
"El resto del pueblo dio veinte mil dracmas de oro, dos mil libras de plata y sesenta y siete vestiduras sacerdotales.
Y los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los del pueblo, los sirvientes del Templo y todo Israel habitaron en sus ciudades". Al llegar el mes sptimo, ya los hijos de Israel estaban en sus ciudades.
Entonces se junt todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que est delante de la puerta de las Aguas, y dijeron al escriba Esdras que trajera el libro de la ley de Moiss, la cual Jehov haba dado a Israel.
El primer da del mes sptimo, el sacerdote Esdras trajo la Ley delante de la congregacin, as de hombres como de mujeres y de todos los que podan entender.
Desde el alba hasta el medioda, ley en el libro delante de la plaza que est delante de la puerta de las Aguas, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podan entender; y los odos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la Ley.
Y el escriba Esdras estaba sobre un estrado de madera que haban levantado para esa ocasin, y junto a l estaban, a su derecha, Matatas, Sema, Anas, Uras, Hilcas y Maasas; y a su mano izquierda, Pedaas, Misael, Malquas, Hasum, Hasbadana, Zacaras y Mesulam.
Abri, pues, Esdras el libro ante los ojos de todo el pueblo --pues estaba ms alto que todo el pueblo--; y cuando lo abri, el pueblo entero estuvo atento.
Bendijo entonces Esdras a Jehov, Dios grande. Y todo el pueblo, alzando sus manos, respondi: "Amn! Amn!"; y se humillaron, adorando a Jehov rostro en tierra.
Los levitas Jesa, Bani, Serebas, Jamn, Acub, Sabetai, Hodas, Maasas, Kelita, Azaras, Jozabed, Hann y Pelaa, hacan entender al pueblo la Ley, mientras el pueblo se mantena atento en su lugar.
Y lean claramente en el libro de la ley de Dios, y explicaban su sentido, de modo que entendieran la lectura.
Entonces el gobernador Nehemas, el sacerdote y escriba Esdras y los levitas que hacan entender al pueblo dijeron a todo el pueblo: "Hoy es da consagrado a Jehov, nuestro Dios; no os entristezcis ni lloris"; pues todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la Ley.
Luego les dijo: "Id, comed alimentos grasos, bebed vino dulce y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque este es da consagrado a nuestro Seor. No os entristezcis, porque el gozo de Jehov es vuestra fuerza".
Tambin los levitas calmaban a todo el pueblo, diciendo: "Callad, porque es da santo; no os entristezcis".
Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, a obsequiar porciones y a gozar de gran alegra, porque haban entendido las palabras que les haban enseado.
Al da siguiente, se reunieron los cabezas de familia de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, junto al escriba Esdras, para estudiar las palabras de la Ley.
Y hallaron escrito en la ley que Jehov haba mandado por medio de Moiss, que habitaran los hijos de Israel en tabernculos en la fiesta solemne del mes sptimo;
y que hicieran saber e hicieran pregonar por todas sus ciudades y por Jerusaln, diciendo: "Salid al monte y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayn, de palmeras y de todo rbol frondoso, para hacer tabernculos, como est escrito".
Sali, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas y en la plaza de la puerta de Efran.
Toda la congregacin que volvi de la cautividad hizo tabernculos, y en tabernculos habit; porque desde los das de Josu hijo de Nun hasta aquel da, no haban hecho as los hijos de Israel. Y hubo gran alegra.
Ley Esdras el libro de la ley de Dios cada da, desde el primer da hasta el ltimo; hicieron la fiesta solemne por siete das, y el octavo da fue de solemne asamblea, segn el rito.
El da veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel para ayunar, vestidos de ropas speras y cubiertos de polvo.
Ya se haba apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y en pie, confesaron sus pecados y las iniquidades de sus padres.
Puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehov, su Dios, la cuarta parte del da, y durante otra cuarta parte del da confesaron sus pecados y adoraron a Jehov, su Dios.
Jesa, Bani, Cadmiel, Sebanas, Buni, Serebas, Bani y Quenani subieron luego al estrado de los levitas y clamaron en voz alta a Jehov, su Dios.
Y esto es lo que dijeron los levitas Jesa, Cadmiel, Bani, Hasabnas, Serebas, Hodas, Sebanas y Petaas: -- Levantaos y bendecid a Jehov, vuestro Dios: "Desde la eternidad y hasta la eternidad sea bendecido tu nombre glorioso, que supera toda bendicin y alabanza.
"T solo eres Jehov. T hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejrcito, la tierra y todo lo que est en ella, los mares y todo lo que hay en ellos. T vivificas todas estas cosas, y los ejrcitos de los cielos te adoran.
"T eres, oh Jehov, el Dios que escogi a Abram; t lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste por nombre Abraham.
Hallaste fiel su corazn delante de ti, e hiciste pacto con l para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo.
"Miraste la afliccin de nuestros padres en Egipto, y oste el clamor de ellos en el Mar Rojo.
Hiciste seales y maravillas contra el faran, contra todos sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabas que haban procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande como hasta este da.
Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de l en seco; pero a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una piedra en profundas aguas.
Con columna de nube los guiaste de da, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde haban de ir.
"Sobre el monte Sina descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos.
Les ordenaste guardar tu santo sbado, y por medio de Moiss, tu siervo, les prescribiste mandamientos, estatutos y la Ley.
"Les diste pan del cielo para saciar su hambre, y para su sed les sacaste aguas de la pea; y les dijiste que entraran a poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano y juraste que se la daras.
Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz y no escucharon tus mandamientos.
No quisieron oir, ni se acordaron de las maravillas que con ellos hiciste; antes endurecieron su cerviz y, en su rebelin, pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre. Pero t eres Dios perdonador, clemente y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia, pues no los abandonaste.
"Aun cuando hicieron para s un becerro de fundicin y dijeron: "Este es tu Dios que te hizo subir de Egipto", y cometieron grandes ofensas,
t, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apart de ellos de da, para guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual haban de ir.
"Enviaste tu buen espritu para ensearles; no retiraste tu man de su boca, y agua les diste para su sed.
Los sustentaste cuarenta aos en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies.
"Les diste reinos y pueblos, y los repartiste por distritos; poseyeron la tierra de Sehn, la tierra del rey de Hesbn, y la tierra de Og, rey de Basn.
Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los llevaste a la tierra de la cual habas dicho a sus padres que haban de entrar a poseerla.
Y los hijos vinieron y poseyeron la tierra, y humillaste delante de ellos a los habitantes del pas, a los cananeos, los cuales entregaste en sus manos, igual que a sus reyes y a los pueblos de la tierra, para que hicieran de ellos como quisieran.
Tomaron ciudades fortificadas y tierra frtil, y heredaron casas llenas de todo bien, cisternas hechas, vias y olivares, y muchos rboles frutales; comieron, se saciaron y engordaron, y se deleitaron en tu gran bondad.
"Pero te provocaron a ira y se rebelaron contra ti, y echaron tu Ley tras sus espaldas, mataron a tus profetas que los amonestaban a volver a ti, y te ofendieron grandemente.
Entonces los entregaste en manos de sus enemigos, los cuales los afligieron; pero en el tiempo de su tribulacin clamaron a ti y t desde los cielos los oste; y segn tu gran misericordia les enviaste libertadores para que los salvaran de manos de sus enemigos.
Pero una vez que tenan paz, volvan a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los abandonaste en manos de sus enemigos que los dominaron; pero volvan y clamaban otra vez a ti; t desde los cielos los oas, y segn tus misericordias muchas veces los libraste.
Les amonestaste a que se volvieran a tu Ley; mas ellos se llenaron de soberbia y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales dan vida a quien los cumple; se rebelaron, endurecieron su cerviz y no escucharon.
"Los soportaste por muchos aos, y les testificaste con tu espritu por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo cual los entregaste en manos de los pueblos de la tierra.
Mas por tus muchas misericordias no los consumiste ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.
"Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a nuestros gobernantes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los das de los reyes de Asiria hasta este da.
Pero t eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo.
Nuestros reyes, nuestros gobernantes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu Ley, ni atendieron a tus mandamientos ni a los testimonios con que los amonestabas.
Pero ellos en su reino y en los muchos bienes que les diste, y en la tierra espaciosa y frtil que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras.
"Mranos hoy, convertidos en siervos; somos siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comieran su fruto y su bien.
El fruto de ella se multiplica para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su voluntad. En gran angustia estamos!
"A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros gobernantes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes".
Los que firmaron fueron: Nehemas, el gobernador, hijo de Hacalas, y Sedequas,
Seraas, Azaras, Jeremas,
Pasur, Amaras, Malquas,
Hats, Sebanas, Maluc,
Harim, Meremot, Obadas,
Daniel, Ginetn, Baruc,
Mesulam, Abas, Mijamn,
Maazas, Bilgai y Semaas; estos eran sacerdotes.
Luego los levitas: Jesa hijo de Azanas, Bini, de los hijos de Henadad, Cadmiel,
y sus hermanos Sebanas, Hodas, Kelita, Pelaas, Hann,
Micaa, Rehob, Hasabas,
Zacur, Serebas, Sebanas,
Hodas, Bani y Beninu.
Los jefes del pueblo: Paros, Pahat-moab, Elam, Zatu, Bani,
Buni, Azgad, Bebai,
Adonas, Bigvai, Adn,
Ater, Ezequas, Azur,
Hodas, Hasum, Bezai,
Harif, Anatot, Nebai,
Magpas, Mesulam, Hezir,
Mesezabeel, Sadoc, Jada,
Pelatas, Hann, Anaas,
Oseas, Hananas, Hasub,
Halohes, Pilha, Sobec,
Rehum, Hasabna, Maasas,
Ahas, Hann, Ann,
Maluc, Harim y Baana.
El resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros y cantores, los sirvientes del Templo, y todos los que se haban apartado de los pueblos de las tierras para cumplir con la ley de Dios, con sus mujeres, sus hijos e hijas, todos los que tenan comprensin y discernimiento,
se reunieron con sus hermanos y sus principales, para declarar y jurar que andaran en la ley de Dios, que fue dada por Moiss, siervo de Dios, y que guardaran y cumpliran todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehov, nuestro Seor.
Y que no daramos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, ni tomaramos sus hijas para nuestros hijos.
Asimismo, que si los pueblos de la tierra vinieran a vender mercaderas y comestibles en sbado, nada tomaramos de ellos en ese da ni en otro da santificado; y que el ao sptimo dejaramos descansar la tierra y perdonaramos toda deuda.
Nos impusimos adems la obligacin de contribuir cada ao con la tercera parte de un siclo para la obra de la casa de nuestro Dios;
para el pan de la proposicin y para la ofrenda continua, para el holocausto continuo, los sbados, las nuevas lunas, las festividades, y para las cosas santificadas y los sacrificios de expiacin por el pecado de Israel, y para todo el servicio de la casa de nuestro Dios.
Echamos tambin suertes los sacerdotes, los levitas y el pueblo, acerca de la ofrenda de la lea, para traerla a la casa de nuestro Dios, segn las familias de nuestros padres, en los tiempos determinados cada ao, para quemar sobre el altar de Jehov, nuestro Dios, como est escrito en la Ley.
Y que cada ao llevaramos a la casa de Jehov las primicias de nuestra tierra y las primicias del fruto de todo rbol.
Asimismo los primognitos de nuestros hijos y de nuestros ganados, como est escrito en la Ley; y que traeramos los primognitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas a la casa de nuestro Dios, a los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios.
Tambin acordamos llevar las primicias de nuestras masas, de nuestras ofrendas, del fruto de todo rbol, del vino y del aceite, para los sacerdotes, a los depsitos de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestra tierra para los levitas; y que los levitas recibiran el dcimo de nuestras labores en todas las ciudades.
Un sacerdote, hijo de Aarn, estara con los levitas cuando estos recibieran el diezmo; y que los levitas llevaran el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a los depsitos de la casa del tesoro.
Porque a los depsitos del tesoro han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Lev la ofrenda del grano, del vino y del aceite; y all estarn los utensilios del santuario, los sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores. Y prometimos no abandonar la casa de nuestro Dios.
Los jefes del pueblo habitaron en Jerusaln, pero el resto del pueblo ech suertes para que uno de cada diez fuera a vivir a Jerusaln, ciudad santa, y las otras nueve partes en las otras ciudades.
Y bendijo el pueblo a todos los hombres que voluntariamente se ofrecieron para habitar en Jerusaln.
Estos son los jefes de la provincia que habitaron en Jerusaln; pero en las ciudades de Jud habitaron cada uno en su posesin, en sus ciudades: los israelitas, los sacerdotes y levitas, los sirvientes del Templo y los hijos de los siervos de Salomn.
En Jerusaln, pues, habitaron algunos de los hijos de Jud y de los hijos de Benjamn. De los hijos de Jud: Ataas hijo de Uzas hijo de Zacaras, hijo de Amaras, hijo de Sefatas, hijo de Mahalaleel, de los hijos de Fares,
y Maasas hijo de Baruc hijo de Colhoze, hijo de Hazaas, hijo de Adaas, hijo de Joiarib, hijo de Zacaras, hijo de Siloni.
Todos los hijos de Fares que habitaron en Jerusaln fueron cuatrocientos sesenta y ocho hombres de guerra.
Estos son los hijos de Benjamn: Sal hijo de Mesulam hijo de Joed, hijo de Pedaas, hijo de Colaas, hijo de Maasas, hijo de Itiel, hijo de Jesaas.
Y despus de l Gabai y Salai; novecientos veintiocho en total.
Joel hijo de Zicri era el jefe de ellos, y Jud hijo de Sena, el segundo en la ciudad.
De los sacerdotes: Jedaas hijo de Joiarib, Jaqun,
Seraas hijo de Hilcas hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ahitob, jefe de la casa de Dios,
y sus hermanos, los que hacan la obra de la Casa; ochocientos veintidos en total. Adaas hijo de Jeroham hijo de Pelalas, hijo de Amsi, hijo de Zacaras, hijo de Pasur, hijo de Malquas,
y sus hermanos, jefes de familia; doscientos cuarenta y dos en total. Amasai hijo de Azareel hijo de Azai, hijo de Mesilemot, hijo de Imer,
y sus hermanos, hombres de gran vigor; ciento veintiocho en total; el jefe de los cuales era Zabdiel hijo de Gedolim.
De los levitas: Semaas hijo de Hasub hijo de Azricam, hijo de Hasabas, hijo de Buni;
Sabetai y Jozabad, de los principales de los levitas, capataces de la obra exterior de la casa de Dios.
Matanas hijo de Micaa hijo de Zabdi, hijo de Asaf, el principal, el que empezaba las alabanzas y accin de gracias al tiempo de la oracin; Bacbuquas, el segundo de entre sus hermanos; y Abda hijo de Sama hijo de Galal, hijo de Jedutn.
Todos los levitas en la santa ciudad eran doscientos ochenta y cuatro en total.
Los porteros: Acub, Talmn y sus hermanos, que hacan guardia en las puertas; ciento veintidos en total.
El resto de Israel, de los sacerdotes y de los levitas, vivan en todas las ciudades de Jud, cada uno en su heredad.
Los sirvientes del Templo habitaban en Ofel; y Ziha y Gispa tenan autoridad sobre los sirvientes del Templo.
El jefe de los levitas en Jerusaln era Uzi hijo de Bani hijo de Hasabas, hijo de Matanas, hijo de Micaa, de los hijos de Asaf, cantores segn el servicio de la casa de Dios.
Porque haba un mandato del rey y un reglamento que fijaba los deberes de los cantores para cada da.
Y Petaas hijo de Mesezabeel, de los hijos de Zera hijo de Jud, estaba al servicio del rey para todos los asuntos del pueblo.
En cuanto a las aldeas y sus tierras, algunos de los hijos de Jud habitaron en Quiriat-arba y sus aldeas, en Dibn y sus aldeas, en Jecabseel y sus aldeas,
en Jesa, Molada y Bet-pelet,
en Hazar-sual, en Beerseba y sus aldeas,
en Siclag, en Mecona y sus aldeas,
en En-rimn, en Zora, en Jarmut,
en Zanoa, en Adulam y sus aldeas, en Laquis y sus tierras, y en Azeca y sus aldeas. Y habitaron desde Beerseba hasta el valle de Hinom.
Los hijos de Benjamn habitaron desde Geba, en Micmas, en Aa, en Bet-el y sus aldeas,
en Anatot, Nob, Ananas,
Hazor, Ram, Gitaim,
Hadid, Seboim, Nebalat,
Lod, y Ono, valle de los artesanos.
Algunos de los levitas habitaron en Jud y Benjamn.
Estos son los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel hijo de Salatiel, y con Jesa: Seraas, Jeremas, Esdras,
Amaras, Maluc, Hats,
Secanas, Rehum, Meremot,
Iddo, Gineto, Abas,
Mijamn, Maadas, Bilga,
Semaas, Joiarib, Jedaas,
Sal, Amoc, Hilcas y Jedaas. Estos eran los principales sacerdotes y sus hermanos en los das de Jesa.
Los levitas: Jesa, Bini, Cadmiel, Serebas, Jud y Matanas, que con sus hermanos oficiaba en los cantos de alabanza.
Y Bacbuquas y Uni, sus hermanos, cada cual en su ministerio.
Jesa engendr a Joiacim, Joiacim engendr a Eliasib, y Eliasib engendr a Joiada;
Joiada engendr a Jonatn y Jonatn engendr a Jada.
En los das de Joiacim los sacerdotes jefes de familia fueron: de Seraas, Meraas; de Jeremas, Hananas;
de Esdras, Mesulam; de Amaras, Johann;
de Melic, Jonatn; de Sebanas, Jos;
de Harim, Adna; de Meraiot, Helcai;
de Iddo, Zacaras; de Ginetn, Mesulam;
de Abas, Zicri; de Miniamn, de Moadas, Piltai;
de Bilga, Sama; de Semaas, Jonatn;
de Joiarib, Matenai; de Jedaas, Uzi;
de Salai, Calai; de Amoc, Eber;
de Hilcas, Hasabas; de Jedaas, Natanael.
Los levitas en das de Eliasib, de Joiada, de Johann y de Jada fueron inscritos como jefes de familia; tambin los sacerdotes, hasta el reinado de Daro el persa.
Los hijos de Lev, jefes de familia, fueron inscritos en el libro de las crnicas hasta los das de Johann hijo de Eliasib.
Los principales de los levitas eran: Hasabas, Serebas, Jesa hijo de Cadmiel, y sus hermanos estaban frente a ellos, para alabar y dar gracias, conforme al estatuto de David, varn de Dios, durante su turno de servicio.
Matanas, Bacbuquas, Obadas, Mesulam, Talmn y Acub, eran porteros y hacan guardia en las entradas de las puertas.
Estos vivieron en los das de Joiacim hijo de Jesa hijo de Josadac, y en los das del gobernador Nehemas y del sacerdote y escriba Esdras.
Para la dedicacin del muro de Jerusaln, buscaron a los levitas de todos los lugares donde vivan y los llevaron a Jerusaln, para hacer la dedicacin y la fiesta con alabanzas y con cnticos, con cmbalos, salterios y ctaras.
Los hijos de los cantores acudieron, tanto de la regin alrededor de Jerusaln, como de las aldeas de los netofatitas;
tambin de la casa de Gilgal y de los campos de Geba y de Azmavet, porque los cantores se haban edificado aldeas alrededor de Jerusaln.
Los sacerdotes y los levitas se purificaron, y luego purificaron al pueblo, las puertas y el muro.
Hice entonces subir a los gobernantes de Jud sobre el muro, y organic dos grandes coros que fueron en procesin; el primero a la derecha, sobre el muro, marchaba hacia la puerta del Muladar.
Detrs de ellos iban Osaas, con la mitad de los gobernantes de Jud,
Azaras, Esdras, Mesulam,
Jud y Benjamn, Semaas y Jeremas.
De los hijos de los sacerdotes iban con trompetas: Zacaras hijo de Jonatn hijo de Semaas, hijo de Matanas, hijo de Micaas, hijo de Zacur, hijo de Asaf;
y sus hermanos Semaas, Azarael, Milalai, Gilalai, Maai, Natanael, Jud y Hanani, quienes iban con los instrumentos musicales de David, varn de Dios; y el escriba Esdras marchaba delante de ellos.
A la altura de la puerta de la Fuente, subieron derecho por las gradas de la Ciudad de David, por la subida del muro, desde la casa de David hasta la puerta de las Aguas, al oriente.
El segundo coro iba del lado opuesto; yo iba detrs, con la mitad del pueblo, sobre el muro, desde la torre de los Hornos hasta el muro ancho,
pasando por la puerta de Efran, la puerta Vieja, la puerta del Pescado, la torre de Hananeel y la torre de Hamea, hasta la puerta de las Ovejas; y se detuvieron en la puerta de la Crcel.
Llegaron luego los dos coros a la casa de Dios. A mi lado estaban la mitad de los oficiales,
y los sacerdotes Eliacim, Maaseas, Miniamn, Micaas, Elioenai, Zacaras y Hananas, con trompetas;
y Maasas, Semaas, Eleazar, Uzi, Johann, Malquas, Elam y Ezer. Y los cantores cantaban en alta voz, dirigidos por Izrahas.
Aquel da se ofrecieron numerosos sacrificios, y se regocijaron, porque Dios los haba recreado con grande contentamiento; tambin se alegraron las mujeres y los nios. Y el alborozo de Jerusaln se oa desde lejos.
En aquel da fueron puestos hombres sobre los depsitos de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias y de los diezmos, para almacenar en ellos las porciones que la Ley otorga a sacerdotes y levitas, las cuales llegaban de las ciudades; porque era grande el gozo de Jud con respecto a los sacerdotes y levitas que servan.
Ellos cumplan en el servicio de su Dios, y en el servicio de la expiacin, junto con los cantores y los porteros, conforme al estatuto de David y de Salomn, su hijo.
Porque desde el tiempo de David y de Asaf, ya de antiguo, haba un director de cantores para los cnticos, las alabanzas y la accin de gracias a Dios.
Y todo Israel, en das de Zorobabel y en das de Nehemas, daba alimentos a los cantores y a los porteros, cada cosa en su da. Entregaban asimismo sus porciones a los levitas, y los levitas entregaban su parte a los hijos de Aarn.
Aquel da se ley a odos del pueblo el libro de Moiss, y fue hallado escrito en l que los amonitas y moabitas no deban entrar jams en la congregacin de Dios,
por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, sino que dieron dinero a Balaam para que los maldijera; pero nuestro Dios volvi la maldicin en bendicin.
Cuando oyeron, pues, la Ley, separaron de Israel a todos los mezclados con extranjeros.
Antes de esto, el sacerdote Eliasib, encargado de los aposentos de la casa de nuestro Dios, haba emparentado con Tobas,
y le haba hecho una gran habitacin, en la cual guardaban antes las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite que se haba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes.
Pero cuando ocurri esto, yo no estaba en Jerusaln, porque en el ao treinta y dos de Artajerjes, rey de Babilonia, haba ido adonde el rey estaba; pero al cabo de algunos das ped permiso al rey
para volver a Jerusaln; y entonces supe del mal que haba hecho Eliasib por consideracin a Tobas, haciendo para l una habitacin en los atrios de la casa de Dios.
Esto me doli mucho, y arroj todos los muebles de la casa de Tobas fuera de la habitacin.
Luego mand que limpiaran las habitaciones e hice volver all los utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso.
Encontr asimismo que las porciones para los levitas no les haban sido dadas, y que los levitas y cantores que hacan el servicio haban huido cada uno a su heredad.
Entonces reprend a los oficiales dicindoles: "Por qu est la casa de Dios abandonada?". Despus los reun y los puse en sus puestos.
Y todo Jud trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a los almacenes.
Luego puse por mayordomos de ellos al sacerdote Selemas y al escriba Sadoc, y de los levitas a Pedaas; y al servicio de ellos a Hann hijo de Zacur hijo de Matanas; pues eran tenidos por fieles. Ellos se encargaran de repartir las porciones a sus hermanos.
"Acurdate de m por esto, Dios mio, y no borres las misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en su servicio!".
En aquellos das vi en Jud a algunos que pisaban en lagares en sbado, que acarreaban manojos de trigo y cargaban los asnos con vino, y tambin de uvas, de higos y toda suerte de carga, para traerlo a Jerusaln en sbado; y los amonest acerca del da en que vendan las provisiones.
Tambin haba en la ciudad tirios que traan pescado y toda mercadera, y vendan en sbado a los hijos de Jud en Jerusaln.
Entonces reprend a los seores de Jud y les dije: "Qu mala cosa es esta que vosotros hacis, profanando as el sbado?
No hicieron as vuestros padres, y trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? Y vosotros aads ira sobre Israel profanando el sbado?".
Sucedi, pues, que al caer la tarde, antes del sbado, orden que se cerraran las puertas de Jerusaln y que no las abrieran hasta despus del sbado; y puse a las puertas algunos de mis criados, para que no dejaran entrar carga alguna en sbado.
Una o dos veces, se quedaron fuera de Jerusaln los negociantes y los que vendan toda especie de mercanca.
Pero yo les amonest dicindoles: "Por qu os quedis vosotros delante del muro? Si lo hacis otra vez, os echar mano". Desde entonces no volvieron en sbado.
Y dije a los levitas que se purificaran y fueran a guardar las puertas, para santificar el sbado. "Tambin por esto acurdate de m, Dios mo, y perdname segn la grandeza de tu misericordia!".
Vi asimismo en aquellos das a judos que haban tomado mujeres de Asdod, amonitas, y moabitas;
y la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque no saban hablar judaico, sino que hablaban conforme a la lengua de cada pueblo.
Re con ellos y los maldije, hice azotar a algunos de ellos y arrancarles los cabellos, y les hice jurar, diciendo: "No daris vuestras hijas a sus hijos, ni tomaris de sus hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos.
No pec por esto Salomn, rey de Israel? Aunque en muchas naciones no hubo rey como l, que era amado de su Dios y Dios lo haba puesto por rey sobre todo Israel, aun a l lo hicieron pecar las mujeres extranjeras.
Os vamos a obedecer ahora cometiendo todo este mal tan grande de prevaricar contra nuestro Dios, tomando mujeres extranjeras?".
Uno de los hijos de Joiada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat, el horonita; por tanto, lo ech de mi lado.
"Acurdate de ellos, Dios mo, de los que contaminan el sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas!".
Los limpi, pues, de todo extranjero, y puse a los sacerdotes y levitas por sus grupos, a cada uno en su servicio;
lo mismo hice para la ofrenda de la lea en los tiempos sealados, y para las primicias. "Acurdate de m, Dios mo, para bien!".
Aconteci en los das de Asuero, el Asuero que rein desde la India hasta Etiopa sobre ciento veintisiete provincias,
que en aquellos das, fue afirmado el rey Asuero sobre el trono de su reino, el cual estaba en Susa, capital del reino.
En el tercer ao de su reinado, ofreci un banquete a todos sus prncipes y cortesanos; invit tambin a los ms poderosos de Persia y de Media, gobernadores y prncipes de provincias,
para mostrarles durante mucho tiempo, ciento ochenta das, el esplendor de la gloria de su reino, y el brillo y la magnificencia de su poder.
Cumplidos estos das, ofreci el rey otro banquete por siete das en el patio del huerto del palacio real a todo el pueblo que haba en Susa, capital del reino, desde el mayor hasta el menor.
El pabelln era blanco, verde y azul, sostenido por cuerdas de lino y prpura, en anillas de plata sujetas a columnas de mrmol; los reclinatorios eran de oro y de plata, sobre losado de prfido y de mrmol, de alabastro y de jacinto.
Se beba en vasos de oro, diferentes unos de otros, y el vino real corra en abundancia, como corresponde a la generosidad de un rey.
Pero el mandato era que a nadie se le obligara a beber, porque as lo haba mandado el rey a todos los mayordomos de su casa: que se hiciera segn la voluntad de cada uno.
Tambin la reina Vasti ofreci un banquete para las mujeres en el palacio real del rey Asuero.
El sptimo da, estando el corazn del rey alegre por el vino, mand a Mehumn, Bizta, Harbona, Bigta, Abagta, Zetar y Carcas, siete eunucos que servan delante del rey Asuero,
que llevaran a la presencia del rey a la reina Vasti, con la corona regia, para mostrar a los pueblos y a los prncipes su belleza; porque era hermosa.
Pero la reina Vasti no quiso comparecer a la orden del rey enviada por medio de los eunucos. Entonces el rey se enoj mucho. Lleno de ira,
consult a los sabios que conocan los tiempos, ya que los asuntos del rey eran tratados con todos los que saban la ley y el derecho.
Los ms cercanos al rey eran Carsena, Setar, Admata, Tarsis, Meres, Marsena y Memucn, siete prncipes de Persia y de Media, los cuales formaban parte del consejo real, y ocupaban los primeros puestos en el reino.
El rey les pregunt: -- Segn la ley, qu se debe hacer con la reina Vasti, por no haber cumplido la orden del rey Asuero, enviada por medio de los eunucos?
Entonces dijo Memucn delante del rey y de los prncipes: -- No solamente contra el rey ha pecado la reina Vasti, sino contra todos los prncipes, y contra todos los pueblos que hay en todas las provincias del rey Asuero.
Porque esta accin de la reina llegar a odos de todas las mujeres, y ellas tendrn en poca estima a sus maridos, diciendo: "El rey Asuero mand que llevaran ante su presencia a la reina Vasti, y ella no fue".
Entonces las seoras de Persia y de Media que sepan lo que hizo la reina, se lo dirn a todos los prncipes del rey; y eso traer mucho menosprecio y enojo.
Si parece bien al rey, salga un decreto real de vuestra majestad y se inscriba entre las leyes de Persia y de Media, para que no sea quebrantado: "Que Vasti no se presente ms delante del rey Asuero"; y el rey haga reina a otra que sea mejor que ella.
El decreto que dicte el rey ser conocido en todo su reino, aunque es grande, y todas las mujeres darn honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor.
Agrad esta palabra al rey y a los prncipes, e hizo el rey conforme al consejo de Memucn,
pues envi cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia conforme a su escritura, y a cada pueblo conforme a su lenguaje, diciendo que todo hombre afirmara su autoridad en su casa; y que se publicara esto en la lengua de su pueblo.
Despus de estas cosas, sosegada ya la ira del rey Asuero, se acord este de Vasti, de lo que ella haba hecho, y de la sentencia contra ella.
Entonces dijeron los criados del rey, sus cortesanos: "Busquen para el rey jvenes vrgenes de buen parecer.
Nombre el rey personas en todas las provincias de su reino que lleven a todas las jvenes vrgenes de buen parecer a Susa, residencia real, a la casa de las mujeres, al cuidado de Hegai, eunuco del rey, guardin de las mujeres, y que les den sus atavos;
y la joven que agrade al rey, reine en lugar de Vasti". Esto agrad al rey, y as lo hizo.
En Susa, la residencia real, haba un judo cuyo nombre era Mardoqueo hijo de Jair hijo de Simei, hijo de Cis, del linaje de Benjamn,
el cual haba sido deportado de Jerusaln con los cautivos que fueron llevados con Jeconas, rey de Jud, en la deportacin que hizo Nabucodonosor, rey de Babilonia.
Y haba criado a Hadasa, es decir, a Ester, hija de su to, porque era hurfana. La joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adopt como hija suya.
Sucedi, pues, que cuando se divulg el mandamiento y el decreto del rey, y haban reunido a muchas jvenes en Susa, residencia real, a cargo de Hegai, Ester tambin fue llevada a la casa del rey, al cuidado de Hegai, el guardin de las mujeres.
La joven le agrad y hall gracia delante de l, por lo que se apresur a proporcionarle atavos y alimentos. Tambin le dio siete doncellas escogidas de la casa del rey, y la llev con sus doncellas a lo mejor de la casa de las mujeres.
Ester no declar cul era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le haba mandado que no lo dijera.
Y cada da Mardoqueo se paseaba delante del patio de la casa de las mujeres, para saber cmo le iba y cmo trataban a Ester.
El tiempo de los atavos de las jvenes era de doce meses: seis meses se ungan con aceite de mirra y otros seis meses con perfumes aromticos y ungento para mujeres. Despus de este tiempo, cada una de las jvenes se presentaba por turno ante el rey Asuero.
Cuando una joven se presentaba ante el rey, se le daba todo cuanto peda, para que fuera ataviada con ello desde la casa de las mujeres hasta la casa del rey.
Iba por la tarde, y a la maana siguiente pasaba a la segunda casa de las mujeres, a cargo de Saasgaz, eunuco del rey, guardin de las concubinas. No se presentaba ms ante el rey, a menos que este lo deseara y la llamara expresamente.
Cuando le lleg el turno de presentarse ante el rey, Ester, hija de Abihail, to de Mardoqueo, quien la haba tomado por hija, ninguna cosa pidi, sino lo que le indic Hegai, eunuco del rey y guardin de las mujeres. Ester se ganaba el favor de todos los que la vean.
Fue, pues, Ester llevada ante el rey Asuero, al palacio real, en el mes dcimo, que es el mes de Tebet, en el sptimo ao de su reinado.
Y el rey am a Ester ms que a todas las otras mujeres; hall ella ms gracia y benevolencia que todas las dems vrgenes delante del rey, quien puso la corona real sobre su cabeza, y la hizo reina en lugar de Vasti.
Ofreci luego el rey un gran banquete, en honor de Ester, a todos sus prncipes y siervos. Rebaj los tributos a las provincias, y reparti mercedes conforme a la generosidad real.
Cuando las vrgenes fueron reunidas por segunda vez, Mardoqueo estaba sentado a la puerta del rey.
Ester, segn le haba mandado Mardoqueo, no haba revelado su nacin ni su pueblo, pues Ester haca lo que deca Mardoqueo, como cuando l la educaba.
En aquellos das, estando Mardoqueo sentado a la puerta del rey, Bigtn y Teres, dos eunucos del rey que vigilaban la puerta, estaban descontentos y planeaban matar al rey Asuero.
Cuando Mardoqueo se enter de esto, lo comunic a la reina Ester, y Ester lo dijo al rey en nombre de Mardoqueo.
Se hizo investigacin del asunto, y result verdadero; por tanto, los dos eunucos fueron colgados en una horca. Y el caso se consign por escrito en el libro de las crnicas del rey.
Despus de estas cosas, el rey Asuero engrandeci a Amn hijo de Hamedata, el agagueo. Lo honr y puso su silla por encima de las de todos los prncipes que estaban con l.
Todos los siervos del rey que estaban a la puerta real se arrodillaban y se inclinaban ante Amn, porque as lo haba mandado el rey; pero Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba.
Entonces los siervos del rey, que estaban a la puerta real, preguntaron a Mardoqueo: "Por qu desobedeces el mandamiento del rey?".
As le hablaban cada da, pero l no los escuchaba, debido a lo cual lo denunciaron a Amn, para ver si Mardoqueo se mantendra firme en su dicho, pues l ya les haba manifestado que era judo.
Cuando Amn vio que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de l, se llen de ira.
Pero no contentndose con castigar solamente a Mardoqueo, y como ya le haban informado cul era el pueblo de Mardoqueo, procur Amn destruir a todos los judos que haba en el reino de Asuero, al pueblo de Mardoqueo.
En el mes primero, que es el mes de Nisn, en el ao duodcimo del rey Asuero, fue echada Pur, esto es, la suerte, delante de Amn, suerte para cada da y cada mes del ao. Sali el mes duodcimo, que es el mes de Adar.
Y dijo Amn al rey Asuero: -- Hay un pueblo esparcido y distribuido entre los pueblos de todas las provincias de tu reino, sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no guardan las leyes del rey. Al rey nada le beneficia el dejarlos vivir.
Si place al rey, decrete que sean exterminados; y yo entregar diez mil talentos de plata a los que manejan la hacienda, para que sean ingresados a los tesoros del rey.
Entonces el rey se quit el anillo de su mano, y lo dio a Amn hijo de Hamedata, el agagueo, enemigo de los judos,
y le dijo: -- La plata que ofreces sea para ti, y asimismo el pueblo, para que hagas de l lo que bien te parezca.
Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes primero, al da trece del mismo, para que escribieran, conforme a todo lo que mand Amn, a los strapas del rey, a los capitanes que estaban sobre cada provincia y a los prncipes de cada pueblo, a cada provincia segn su escritura, y a cada pueblo segn su lengua. En nombre del rey Asuero fue escrito, y sellado con el anillo del rey.
Y se enviaron las cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la orden de destruir, matar y aniquilar a todos los judos, jvenes y ancianos, nios y mujeres, y de apoderarse de sus bienes, en un mismo da, en el da trece del mes duodcimo, que es el mes de Adar.
La copia del escrito que se dio por mandamiento en cada provincia fue dada a conocer a todos los pueblos, a fin de que estuvieran listos para aquel da.
Los correos salieron con prontitud por mandato del rey, y el edicto fue publicado tambin en Susa, capital del reino. Y mientras el rey y Amn se sentaban a beber, la ciudad de Susa estaba consternada.
Luego que supo Mardoqueo todo lo que se haba hecho, rasg sus vestidos, se visti de ropa spera, se cubri de ceniza, y se fue por la ciudad lanzando grandes gemidos,
hasta llegar ante la puerta real, pues no era lcito atravesar la puerta real con vestido de ropa spera.
En toda provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, haba entre los judos gran luto, ayuno, lloro y lamentacin. Saco y ceniza era la cama de muchos.
Las doncellas de Ester y sus eunucos fueron a decrselo. Entonces la reina sinti un gran dolor, y envi vestidos para que Mardoqueo se vistiera y se quitara la ropa spera; pero l no los acept.
Entonces Ester llam a Hatac, uno de los eunucos que el rey haba puesto al servicio de ella, y lo mand a Mardoqueo para averiguar qu suceda y por qu estaba as.
Sali, pues, Hatac a ver a Mardoqueo, a la plaza de la ciudad que estaba delante de la puerta real.
Y Mardoqueo le comunic todo lo que le haba acontecido, y le inform de la plata que Amn haba dicho que entregara a los tesoros del rey a cambio de la destruccin de los judos.
Le dio tambin la copia del decreto que haba sido publicado en Susa para que fueran exterminados, a fin de que la mostrara a Ester, se lo informara, y le encargara que fuera ante el rey a suplicarle y a interceder delante de l por su pueblo.
Regres Hatac y cont a Ester las palabras de Mardoqueo.
Entonces Ester orden a Hatac que dijera a Mardoqueo:
"Todos los siervos del rey y el pueblo de las provincias del rey saben que hay una ley que condena a muerte a cualquier hombre o mujer que entre, sin haber sido llamado, al patio interior para ver al rey, salvo aquel a quien el rey, extendiendo el cetro de oro, le perdone la vida. Y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta das".
Llev a Mardoqueo las palabras de Ester,
y Mardoqueo dijo que le respondieran a Ester: "No pienses que escapars en la casa del rey ms que cualquier otro judo.
Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberacin vendr de alguna otra parte para los judos; mas t y la casa de tu padre pereceris. Y quin sabe si para esta hora has llegado al reino?".
Entonces Ester dijo que respondieran a Mardoqueo:
"Ve y rene a todos los judos que se hallan en Susa, ayunad por m y no comis ni bebis durante tres das y tres noches. Tambin yo y mis doncellas ayunaremos, y entonces entrar a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca".
Entonces Mardoqueo se fue e hizo conforme a todo lo que le haba mandado Ester.
Aconteci que al tercer da se puso Ester su vestido real, y entr al patio interior de la casa del rey, frente al aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono dentro del aposento real, frente a la puerta del aposento.
Cuando el rey vio a la reina Ester que estaba en el patio, la mir complacido, y le extendi el cetro de oro que tena en la mano. Entonces se acerc Ester y toc la punta del cetro.
Dijo el rey: -- Qu tienes, reina Ester, y cul es tu peticin? Hasta la mitad del reino se te dar.
Ester respondi: -- Si place al rey, vengan hoy el rey y Amn al banquete que le tengo preparado.
Dijo el rey: -- Daos prisa, llamad a Amn, para hacer lo que Ester ha dicho. Vino, pues, el rey con Amn al banquete que Ester dispuso.
Y dijo el rey a Ester en el banquete, mientras beban vino: -- Cul es tu peticin, y te ser otorgada? Cul es tu deseo? Aunque sea la mitad del reino, te ser concedido.
Entonces respondi Ester: -- Mi peticin y mi deseo es este:
Si he agradado al rey, y si place al rey otorgar mi peticin y conceder mi demanda, que venga el rey con Amn a otro banquete que les preparar; y maana har conforme a lo que el rey ha mandado.
Sali Amn aquel da contento y alegre de corazn; pero cuando vio a Mardoqueo a la puerta del palacio del rey, que no se levantaba ni se mova de su lugar, se llen de ira contra Mardoqueo.
Pero se refren Amn, y cuando lleg a su casa, mand a llamar a sus amigos y a Zeres, su mujer,
y les refiri la gloria de sus riquezas, la multitud de sus hijos, y todas las cosas con que el rey lo haba engrandecido, y cmo lo haba honrado elevndolo por encima de los prncipes y siervos del rey.
Y aadi Amn: -- Tambin la reina Ester a ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso, sino a m; y tambin para maana estoy convidado por ella con el rey.
Pero todo esto de nada me sirve cada vez que veo al judo Mardoqueo sentado a la puerta real.
Entonces Zeres, su mujer, y todos sus amigos le dijeron: -- Hagan una horca de cincuenta codos de altura, y maana di al rey que cuelguen a Mardoqueo en ella; y entra alegre con el rey al banquete. Agrad esto a Amn, e hizo preparar la horca.
Aquella misma noche se le fue el sueo al rey, y pidi que le trajeran el libro de las memorias y crnicas y que las leyeran en su presencia.
Entonces hallaron escrito que Mardoqueo haba denunciado el complot de Bigtn y de Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, que haban planeado matar al rey Asuero.
Y el rey pregunt: -- Qu honra o qu distincin se concedi a Mardoqueo por esto? Los servidores del rey, sus oficiales, respondieron: -- Nada se ha hecho en su favor.
Entonces el rey pregunt: -- Quin est en el patio? En aquel momento llegaba Amn al patio exterior de la casa real, para pedirle al rey que ordenara colgar a Mardoqueo en la horca que l le tena preparada.
Y los servidores del rey le respondieron: -- Amn est en el patio. -- Que entre -- dijo el rey.
Entr, pues, Amn, y el rey le pregunt: -- Qu debe hacerse al hombre a quien el rey quiere honrar? Amn dijo en su corazn: "A quin desear el rey honrar ms que a m?".
Respondi, pues, Amn al rey: -- Para el hombre cuya honra desea el rey,
traigan un vestido real que el rey haya usado y un caballo en que el rey haya cabalgado, y pongan en su cabeza una corona real;
den luego el vestido y el caballo a alguno de los prncipes ms nobles del rey, vistan a aquel hombre que el rey desea honrar, llvenlo en el caballo por la plaza de la ciudad y pregonen delante de l: "As se har al hombre que el rey desea honrar".
Entonces el rey dijo a Amn: -- Date prisa, toma el vestido y el caballo, como t has dicho, y hazlo as con el judo Mardoqueo, que se sienta a la puerta real; no omitas nada de todo lo que has dicho.
Amn tom el vestido y el caballo, visti a Mardoqueo, lo condujo a caballo por la plaza de la ciudad e hizo pregonar delante de l: "As se har al hombre que el rey desea honrar".
Despus de esto, Mardoqueo volvi a la puerta real, y Amn se dio prisa para irse a su casa, apesadumbrado y cubierta su cabeza.
Cont luego Amn a Zeres, su mujer, y a todos sus amigos, cuanto le haba acontecido; sus consejeros y su mujer Zeres le dijeron: -- Si ese Mardoqueo, ante quien has comenzado a declinar, pertenece a la descendencia de los judos, no lo vencers, sino que caers por cierto delante de l.
An estaban ellos hablando con l, cuando los eunucos del rey llegaron apresurados, a fin de llevar a Amn al banquete que Ester haba dispuesto.
Fue, pues, el rey con Amn al banquete de la reina Ester.
Y en el segundo da, mientras beban vino, dijo el rey a Ester: -- Cul es tu peticin, reina Ester, y te ser concedida? Cul es tu deseo? Aunque sea la mitad del reino, te ser otorgado.
Entonces la reina Ester respondi: -- Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos y si place al rey, que se me conceda la vida: esa es mi peticin; y la vida de mi pueblo: ese es mi deseo.
Pues yo y mi pueblo hemos sido vendidos, para ser exterminados, para ser muertos y aniquilados. Si hubiramos sido vendidos como siervos y siervas, me callara; pero nuestra muerte sera para el rey un dao irreparable.
El rey Asuero pregunt a la reina Ester: -- Quin es, y dnde est, el que ha ensoberbecido su corazn para hacer semejante cosa?
Ester dijo: -- El enemigo y adversario es este malvado Amn! Se turb Amn entonces delante del rey y de la reina.
El rey se levant del banquete, encendido en ira, y se fue al huerto del palacio. Pero Amn se qued para suplicarle a la reina Ester por su vida, pues vio el mal que se le vena encima de parte del rey.
Cuando el rey volvi del huerto del palacio al aposento del banquete, Amn se haba dejado caer sobre el lecho en que estaba Ester. Entonces exclam el rey: -- Querrs tambin violar a la reina en mi propia casa? Al proferir el rey estas palabras, le cubrieron el rostro a Amn.
Y Harbona, uno de los eunucos que servan al rey, dijo: -- En la casa de Amn est la horca de cincuenta codos de altura que hizo Amn para Mardoqueo, quien habl para bien del rey. Dijo el rey: -- Colgadlo en ella.
As colgaron a Amn en la horca que l haba hecho preparar para Mardoqueo. Y se apacigu la ira del rey.
Aquel mismo da, el rey Asuero dio a la reina Ester la casa de Amn, enemigo de los judos, y Mardoqueo fue presentado al rey, porque ya Ester le haba hecho saber lo que l haba sido para ella.
Se quit el rey el anillo que haba recobrado de Amn y lo dio a Mardoqueo. Y Ester encarg a Mardoqueo la hacienda de Amn.
Volvi luego Ester a suplicar al rey, y se ech a sus pies, llorando y rogndole que anulara la maldad de Amn, el agagueo, y el designio que haba tramado contra los judos.
Entonces el rey extendi a Ester el cetro de oro, y Ester se levant, se puso en pie delante del rey
y dijo: -- Si place al rey, si he hallado gracia en su presencia, si le parece acertado al rey y soy agradable a sus ojos, que se d orden escrita para revocar las cartas que autorizan la trama de Amn hijo de Hamedata, el agagueo, dictadas para exterminar a los judos que estn en todas las provincias del rey.
Porque cmo podr yo ver el mal cuando caiga sobre mi pueblo? Cmo podr yo ver la destruccin de mi nacin?
Respondi el rey Asuero a la reina Ester y a Mardoqueo el judo: -- Yo he dado a Ester la casa de Amn, y a l lo han colgado en la horca, por cuanto extendi su mano contra los judos.
Escribid, pues, vosotros a los judos como bien os parezca, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado.
Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes tercero, que es Sivn, a los veintitrs das de ese mes; y se escribi conforme a todo lo que mand Mardoqueo, a los judos, a los strapas, a los capitanes y a los prncipes de las provincias, desde la India hasta Etiopa, a las ciento veintisiete provincias; a cada provincia segn su escritura, y a cada pueblo conforme a su lengua, y tambin a los judos segn su escritura y su lengua.
Y escribi en nombre del rey Asuero, lo sell con el anillo del rey, y envi cartas por medio de correos montados en caballos veloces procedentes de las caballerizas reales.
En ellas el rey daba facultad a los judos que estaban en todas las ciudades para que se reunieran a defender sus vidas, prontos a destruir, matar y aniquilar a toda fuerza armada de pueblo o provincia que viniera contra ellos, sus nios y mujeres, y a apoderarse de sus bienes;
y esto en un mismo da en todas las provincias del rey Asuero, el da trece del mes duodcimo, que es el mes de Adar.
La copia del edicto que haba de darse por decreto en cada provincia, para que fuera conocido por todos los pueblos, deca que los judos deban estar preparados aquel da para vengarse de sus enemigos.
Los correos, pues, montados en caballos veloces, salieron a toda prisa, segn la orden del rey; y el edicto tambin fue promulgado en Susa, capital del reino.
Sali Mardoqueo de delante del rey con vestido real de azul y blanco, una gran corona de oro, y un manto de lino y prpura. La ciudad de Susa se alegr y regocij entonces;
y los judos tuvieron luz y alegra, gozo y honra.
En cada provincia y en cada ciudad adonde lleg el mandamiento del rey, los judos tuvieron alegra y gozo, banquete y da de placer. Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hacan judos, pues el temor de los judos se haba apoderado de ellos.
En el mes duodcimo, que es el mes de Adar, a los trece das del mismo mes, cuando deba ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto, el mismo da en que los enemigos de los judos esperaban enseorearse de ellos, sucedi lo contrario; porque los judos se enseorearon de los que los aborrecan.
Los judos se reunieron en sus ciudades, en todas las provincias del rey Asuero, para descargar su mano sobre los que haban procurado su mal, sin que nadie les opusiera resistencia, porque el temor de ellos se haba apoderado de todos los pueblos.
Y todos los prncipes de las provincias, los strapas, capitanes y oficiales del rey, apoyaban a los judos, pues todos teman a Mardoqueo,
ya que Mardoqueo era grande en la casa del rey y su fama se haba extendido por todas las provincias. As, da a da se engrandeca Mardoqueo.
Asolaron los judos a todos sus enemigos a filo de espada, con mortandad y destruccin, e hicieron con sus enemigos como quisieron.
En Susa, capital del reino, mataron y exterminaron los judos a quinientos hombres.
Mataron entonces a Parsandata, Dalfn, Aspata,
Porata, Adala, Aridata,
Parmasta, Arisai, Aridai y Vaizata,
los diez hijos de Amn hijo de Hamedata, enemigo de los judos; pero no tocaron sus bienes.
El mismo da se le dio cuenta al rey acerca del nmero de los muertos en Susa, residencia real.
Y dijo el rey a la reina Ester: -- En Susa, capital del reino, los judos han matado a quinientos hombres y a diez hijos de Amn. Qu habrn hecho en las otras provincias del rey? Cul, pues, es tu peticin, y te ser concedida? qu otra cosa deseas y te ser hecha?
Ester respondi: -- Si place al rey, concdase tambin maana a los judos en Susa que hagan conforme a la ley de hoy; en cuanto a los diez hijos de Amn, que los cuelguen en la horca.
Mand el rey que se hiciera as. Se dio la orden en Susa, y colgaron a los diez hijos de Amn.
Los judos que estaban en Susa se reunieron tambin el catorce del mes de Adar y mataron all a trescientos hombres; pero no tocaron sus bienes.
En cuanto a los otros judos que estaban en las provincias del rey, tambin se reunieron para la defensa de sus vidas, contra sus enemigos; mataron a setenta y cinco mil de sus contrarios; pero no tocaron sus bienes.
Ocurri esto el da trece del mes de Adar, y reposaron el da catorce del mismo mes, convirtindolo en da de banquete y de alegra.
Pero los judos que estaban en Susa se reunieron el da trece y el catorce del mismo mes, y el quince reposaron, convirtindolo en da de banquete y de regocijo.
Por tanto, los judos aldeanos que habitan en las villas sin muro celebran el catorce del mes de Adar como da de alegra y de banquete, un da de regocijo, y unos a otros se hacen regalos.
Escribi Mardoqueo estas cosas, y envi cartas a todos los judos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanos y distantes,
ordenndoles que celebraran el da decimocuarto del mes de Adar, y el decimoquinto del mismo mes, de cada ao,
como das en que los judos estuvieron en paz con sus enemigos, y como el mes en que la tristeza se troc en alegra, y el luto en festividad; que los convirtieran en das de banquete y de gozo, en da de enviar regalos cada uno a su vecino, y ddivas a los pobres.
Y los judos aceptaron esta costumbre, que ya haban comenzado a observar, segn les escribi Mardoqueo.
Porque Amn hijo de Hamedata, el agagueo, enemigo de todos los judos, haba ideado un plan para exterminarlos, y haba echado Pur, que quiere decir suerte, para arruinarlos y acabar con ellos.
Pero cuando Ester se present ante el rey, este orden por carta que el perverso designio que aquel traz contra los judos recayera sobre su cabeza, y que los colgaran a l y a sus hijos en la horca.
Por eso llamaron a estos das Purim, por el nombre Pur. Asimismo, debido a lo relatado en esta carta, y por lo que ellos mismos vieron y lo que les lleg a su conocimiento,
los judos establecieron y prometieron que ellos, sus descendientes y todos sus allegados, no dejaran de celebrar estos dos das, segn este escrito y esta fecha, de ao en ao;
que estos das seran recordados y celebrados por todas las generaciones, familias, provincias y ciudades; que estos das de Purim no dejaran de ser guardados por los judos, y que su descendencia jams dejara de recordarlos.
Y la reina Ester hija de Abihail, y Mardoqueo, el judo, suscribieron con plena autoridad esta segunda carta referente a Purim.
Y fueron enviadas cartas a todos los judos, a las ciento veintisiete provincias del rey Asuero, con palabras de paz y de verdad,
para confirmar estos das de Purim en la fecha sealada, segn les haba ordenado Mardoqueo, el judo, y la reina Ester, y segn ellos lo haban establecido para s mismos y para su descendencia, para conmemorar el fin de los ayunos y de su lamento.
El mandamiento de Ester confirm estas celebraciones acerca de Purim, y ello fue registrado en un libro.
El rey Asuero impuso tributo sobre la tierra y a las costas del mar.
Todas las obras de su poder y autoridad, y el relato sobre la grandeza de Mardoqueo, a quien el rey engrandeci, no est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Media y de Persia?
Pues Mardoqueo, el judo, fue el segundo del rey Asuero, grande entre los judos y estimado por la multitud de sus hermanos, porque procur el bienestar de su pueblo y la paz para todo su linaje.
Haba en el pas de Uz un hombre llamado Job. Era un hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
Le haban nacido siete hijos y tres hijas.
Su hacienda era de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchsimos criados. Era el hombre ms importante de todos los orientales.
Sus hijos celebraban banquetes en sus casas, cada uno en su da; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos.
Y suceda que una vez pasados los das de turno, Job los haca venir y los santificaba. Se levantaba de maana y ofreca holocaustos conforme al nmero de todos ellos. Porque deca Job: "Quiz habrn pecado mis hijos y habrn blasfemado contra Dios en sus corazones". Esto mismo haca cada vez.
Un da acudieron a presentarse delante de Jehov los hijos de Dios, y entre ellos vino tambin Satans.
Dijo Jehov a Satans: -- De dnde vienes? Respondiendo Satans a Jehov, dijo: -- De rodear la tierra y andar por ella.
Jehov dijo a Satans: -- No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como l en la tierra, varn perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?
Respondiendo Satans a Jehov, dijo: -- Acaso teme Job a Dios de balde?
No le has rodeado de tu proteccin, a l y a su casa y a todo lo que tiene? El trabajo de sus manos has bendecido, y por eso sus bienes han aumentado sobre la tierra.
Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que posee, y vers si no blasfema contra ti en tu propia presencia.
Dijo Jehov a Satans: -- Todo lo que tiene est en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre l. Y sali Satans de delante de Jehov.
Un da aconteci que sus hijos e hijas coman y beban vino en casa de su hermano el primognito,
y vino un mensajero a Job y le dijo: -- Estaban arando los bueyes y las asnas pacan cerca de ellos;
de pronto nos asaltaron los sabeos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada. Solamente escap yo para darte la noticia.
An estaba este hablando, cuando vino otro, que dijo: -- Fuego de Dios cay del cielo y quem a ovejas y a pastores, y los consumi. Solamente escap yo para darte la noticia.
An estaba este hablando, cuando vino otro, que dijo: -- Tres escuadrones de caldeos arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada. Solamente escap yo para darte la noticia.
Entre tanto que este hablaba, vino otro, que dijo: -- Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primognito,
cuando un gran viento se levant del lado del desierto y azot las cuatro esquinas de la casa, la cual cay sobre los jvenes, y murieron. Solamente escap yo para darte la noticia.
Entonces Job se levant, rasg su manto y se rasur la cabeza; luego, postrado en tierra, ador
y dijo: "Desnudo sal del vientre de mi madre y desnudo volver all. Jehov dio y Jehov quit: Bendito sea el nombre de Jehov!".
En todo esto no pec Job ni atribuy a Dios despropsito alguno.
Otro da acudieron a presentarse delante de Jehov los hijos de Dios, y entre ellos vino tambin Satans para presentarse delante de Jehov.
Dijo Jehov a Satans: -- De dnde vienes? Respondiendo Satans a Jehov, dijo: -- De rodear la tierra y andar por ella.
Jehov dijo a Satans: -- No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como l en la tierra, varn perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Todava mantiene su integridad, a pesar de que t me incitaste contra l para que lo arruinara sin causa!
Respondiendo Satans a Jehov, dijo: -- Piel por piel, todo lo que el hombre tiene lo dar por su vida.
Pero extiende tu mano, toca su hueso y su carne, y vers si no blasfema contra ti en tu misma presencia.
Dijo Jehov a Satans: -- l est en tus manos; pero guarda su vida.
Sali entonces Satans de la presencia de Jehov e hiri a Job con una llaga maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza.
Y Job, sentado en medio de ceniza, tomaba un trozo de tiesto y se rascaba con l.
Entonces le dijo su mujer: -- An te mantienes en tu integridad? Maldice a Dios y murete!
l le dijo: -- Como suele hablar cualquier mujer insensata, as has hablado. Pues qu? Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pec Job con sus labios.
Tres amigos de Job, Elifaz, el temanita, Bildad, el suhita, y Zofar, el naamatita, al enterarse de todo este mal que le haba sobrevenido, llegaron cada uno de su tierra, habiendo acordado venir juntos a condolerse con l y a consolarlo.
Estos, alzando los ojos desde lejos, no lo reconocieron. Entonces lloraron a gritos, y rasg cada cual su manto y esparcieron polvo los tres sobre sus cabezas hacia el cielo.
As permanecieron sentados con l en tierra durante siete das y siete noches, y ninguno le deca una palabra, porque vean que su dolor era muy grande.
Despus de esto, abri Job su boca y maldijo su da.
Exclam, pues, Job y dijo:
"Perezca el da en que yo nac y la noche en que se dijo: "Un varn ha sido concebido!".
Que aquel da se vuelva sombro; que no cuide de l Dios desde arriba ni haya luz que sobre l resplandezca.
Cbranlo tinieblas y sombra de muerte, y repose sobre l nublado que lo haga horrible como da tenebroso.
Apodrese de aquella noche la oscuridad; no sea contada entre los das del ao ni entre en el nmero de los meses.
Ojal fuera aquella una noche solitaria, que no hubiera cancin alguna en ella!
Maldganla los que maldicen el da, los que se aprestan para despertar a Leviatn.
Oscurzcanse las estrellas del alba; que en vano espere la luz y no vea el parpadeo de la aurora,
por cuanto no cerr las puertas del vientre donde yo estaba, ni escondi de mis ojos la miseria.
"Por qu no mor yo en la matriz? Por qu no expir al salir del vientre?
Por qu me recibieron las rodillas y unos pechos me dieron de mamar?
Ahora estara yo muerto, y reposara; dormira, y tendra descanso
junto a los reyes y consejeros de la tierra, los que para s reconstruyen las ruinas;
o junto a los prncipes que posean el oro y llenaban de plata sus casas.
Por qu no fui ocultado como un aborto, como los nios que nunca vieron la luz?
All dejan de perturbar los malvados, y all descansan los que perdieron sus fuerzas.
All reposan tambin los cautivos y ya no oyen la voz del capataz.
All estn chicos y grandes; y el esclavo, libre ya de su amo.
"Por qu darle luz al que sufre y vida a los de nimo amargado;
a los que esperan la muerte, y no les llega, aunque la buscan ms que a un tesoro;
a los que se alegraran sobremanera y se gozaran de hallar el sepulcro?
Por qu dar vida al hombre que ignora su camino, al que Dios le cierra el paso?
Antes que mi pan, llega mi suspiro, y mis gemidos corren como el agua;
porque me ha venido aquello que me espantaba, me ha acontecido lo que yo tema.
No he tenido paz, tranquilidad ni reposo, sino solo turbacin!".
Entonces respondi Elifaz, el temanita, y dijo:
"Si probamos a hablarte, te ser molesto, pero quin podr detener las palabras?
T enseabas a muchos y fortalecas las manos debilitadas;
con tus palabras sostenas al que tropezaba y afirmabas las rodillas que decaan.
Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas; al alcanzarte, te conturbas.
No has puesto tu confianza en temer a Dios? No has puesto tu esperanza en la integridad de tus caminos?
"Piensa ahora: qu inocente se pierde? Dnde los rectos son destruidos?
Yo he visto que quienes cultivan iniquidad y siembran injuria, eso mismo cosechan.
Perecen por el aliento de Dios; por el soplo de su ira son consumidos.
Los rugidos del len, los bramidos del que ruge y los dientes de sus cachorros son quebrantados.
El len viejo perece por falta de presa, y los hijos de la leona se dispersan.
"El asunto me lleg como un susurro; mis odos lograron percibirlo.
En la imaginacin de visiones nocturnas, cuando el sueo cae sobre los hombres,
me sobrevino un espanto y un temblor que estremeci todos mis huesos:
y al pasar un soplo por delante de m, se eriz el pelo de mi cuerpo.
Delante de mis ojos se detuvo un fantasma cuyo rostro no reconoc, y lo o decir muy quedo:
"Ser el mortal ms justo que Dios? Ser el hombre ms puro que el que lo hizo?
Si ni siquiera en sus siervos confa, y aun en sus ngeles descubre el error,
cunto ms en los que habitan en casas de barro cimentadas en el polvo, que sern aplastadas como la polilla!
De la maana a la tarde son destruidos, y se pierden para siempre sin haber quien repare en ello.
Su belleza se pierde con ellos, y mueren sin haber adquirido sabidura".
"Ahora, pues, da voces, a ver quin te responde. A cul de los santos te volvers?
Es cierto que al necio lo mata la ira y al codicioso lo consume la envidia.
Yo he visto que el necio echaba races, y en la misma hora maldije su morada.
Sus hijos carecern de socorro: en la puerta sern quebrantados y no habr quien los libre.
Su cosecha se la comern los hambrientos, sacndola de entre los espinos; y los sedientos se bebern su hacienda.
Porque la afliccin no sale del polvo ni la fatiga brota de la tierra.
Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, as el hombre nace para la desdicha.
Ciertamente yo buscara a Dios y le encomendara mi causa.
l hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin nmero.
Derrama la lluvia sobre la faz de la tierra y enva las aguas sobre los campos.
Pone en alto a los humildes y a los enlutados da seguridad.
Frustra los pensamientos de los astutos, para hacer vana la obra de sus manos.
Atrapa a los sabios en su propia astucia y frustra los planes de los perversos.
De da tropiezan con tinieblas; a medioda andan a tientas, como de noche.
l libra de la espada al pobre, de la boca de los malvados y de la mano del violento;
por eso, el necesitado tiene esperanza, pero la iniquidad cierra la boca.
"Bienaventurado es el hombre a quien Dios corrige; por tanto, no desprecies la reprensin del Todopoderoso.
Porque l es quien hace la herida, pero l la venda; l golpea, pero sus manos curan.
En seis tribulaciones te librar, y en la sptima no te tocar el mal.
En tiempo de hambre te salvar de la muerte, y del poder de la espada en la guerra.
Del azote de la lengua sers protegido y no temers cuando venga la destruccin.
De la destruccin y del hambre te reirs y no temers a las fieras del campo,
pues aun con las piedras del campo hars un pacto y las fieras del campo estarn en paz contigo.
Sabrs que hay paz en tu tienda: visitars tu morada y nada te faltar.
Asimismo vers que tu descendencia es mucha, que tu prole es como la hierba de la tierra.
Llegars con vigor a la sepultura, como gavilla de trigo recogido a su tiempo.
Nosotros lo hemos inquirido, y esto es as. Escchalo y concelo para tu propio provecho".
Respondi entonces Job y dijo:
"Ojal pudieran pesarse mi queja y mi tormento, y fueran puestos igualmente en la balanza!
Pesaran ahora ms que la arena del mar. Por eso mis palabras han sido precipitadas,
porque las flechas del Todopoderoso se me han clavado, su veneno lo ha bebido mi espritu y los terrores de Dios combaten contra m.
Acaso gime el asno monts junto a la hierba? Acaso muge el buey junto a su pasto?
Acaso se come sin sal lo desabrido o tiene sabor la clara del huevo?
Las cosas que yo ni siquiera quera tocar son ahora mi alimento.
"Quin diera que se cumpliese mi peticin, que Dios me otorgara lo que anhelo:
que agradara a Dios destruirme, que soltara su mano y acabara conmigo!
Sera entonces mi consuelo, cuando el dolor me asaltara sin tregua, no haber renegado de las palabras del Santo.
Cul es mi fuerza para seguir esperando? Cul es mi fin para seguir teniendo paciencia?
Soy acaso tan fuerte como las piedras? Es mi carne como el bronce?
No es cierto que ni aun a m mismo me puedo valer y que carezco de todo auxilio?
El que sufre es consolado por su compaero, incluso aquel que abandona el temor del Omnipotente.
Pero mis hermanos me han traicionado como un torrente; han pasado como las corrientes impetuosas
que bajan turbias por el deshielo y mezcladas con la nieve,
que al tiempo del calor se secan, y al calentarse desaparecen en su cauce.
Los caminantes se apartan de su rumbo y se pierden en el desierto.
Las buscan las caravanas de Temn, y los caminantes de Sab esperan en ellas;
pero se frustra su esperanza al venir hasta ellas y verse defraudados.
Ahora, ciertamente como ellas sois vosotros, pues habis visto el horror y tenis miedo.
Es que yo os he dicho: "Traedme algo, y pagad por m de vuestra hacienda",
o "Libradme de manos del opresor, y redimidme del poder de los violentos"?
"Instruidme, y yo callar; hacedme entender en qu he errado.
Cun provechosas son las palabras rectas! Pero qu reprocha vuestra censura?
Pretendis censurar las palabras y los discursos de un desesperado, que son como el viento?
Vosotros os arrojis sobre el hurfano y cavis una fosa para vuestro amigo.
"Ahora, pues, si queris, miradme, y ved si estoy mintiendo ante vosotros.
Consideradlo ahora de nuevo, y no haya maldad; volved a considerar mi justicia en esto.
Es que hay iniquidad en mi lengua, o acaso no puede mi paladar discernir lo malo?
No es acaso una lucha la vida del hombre sobre la tierra, y sus das como los das del jornalero?
Como el siervo suspira por la sombra o como el jornalero espera el salario de su trabajo,
as yo he recibido meses de desengao y noches de sufrimiento me tocaron en suerte.
Cuando estoy acostado, digo: "Cundo me levantar?". Mas la noche es larga y estoy lleno de inquietudes hasta el alba.
Mi carne est vestida de gusanos y costras de polvo; mi piel hendida y abierta, supura.
Mis das corren ms veloces que la lanzadera del tejedor, y perecen sin esperanza.
"Acurdate de que mi vida es un soplo y de que mis ojos no volvern a ver el bien.
Los ojos de quienes me ven, no me vern ms. Y t fijars tus ojos en m, pero ya no ser.
Como nube que se desvanece y pasa, as el que desciende al seol no subir de all;
no volver ms a su casa, ni su lugar volver a reconocerlo.
"Por tanto, no refrenar mi boca, sino que hablar en la angustia de mi espritu y me quejar en la amargura de mi alma.
Acaso soy yo el mar, o un monstruo marino, para que me pongas vigilancia?
Cuando digo: "Mi lecho me consolar, mi cama aliviar mis quejas",
entonces me atemorizas con sueos y me aterras con visiones.
Por eso tuve por mejor ser estrangulado, y quise la muerte ms que a mis huesos.
Aborrezco mi vida! No he de vivir para siempre; djame, pues, ya que mis das solo son vanidad!
Qu es el hombre para que lo engrandezcas, para que pongas en l tu corazn
y lo visites todas las maanas, y a cada momento lo pruebes?
Cundo apartars de m tu mirada y me soltars para tragar siquiera mi saliva?
Aunque haya pecado, qu mal puedo hacerte a ti, Guarda de los hombres? Por qu me pones por blanco tuyo, hasta convertirme en una carga para m mismo?
Y por qu no borras mi rebelin y perdonas mi iniquidad? Pues pronto dormir en el polvo, y aunque me busques temprano, no existir".
Respondi Bildad, el suhita, y dijo:
"Hasta cundo hablars tales cosas y las palabras de tu boca sern como un viento impetuoso?
Acaso torcer Dios el derecho o pervertir el Todopoderoso la justicia?
Si tus hijos pecaron contra l, l les hizo cargar con su pecado.
Si t desde temprano buscas a Dios y ruegas al Todopoderoso;
si eres puro y recto, ciertamente l velar por ti y har prosperar la morada de tu justicia.
Y aunque tu principio haya sido pequeo, tu estado, al final, ser engrandecido.
"Pregunta t ahora a las generaciones pasadas y disponte a interrogar a los padres de ellas;
pues nosotros somos de ayer y nada sabemos, ya que nuestros das sobre la tierra son como una sombra.
No te ensearn ellos, te hablarn y sacarn palabras de su corazn?
"Crece el junco donde no hay lodo? Crece el prado donde no hay agua?
Con todo, aun en su verdor y sin haber sido cortado se seca antes que toda otra hierba.
Tales son los caminos de todos los que se olvidan de Dios; y as perecer la esperanza del impo,
porque su esperanza es apenas como un hilo, y su confianza, como una tela de araa.
Si se apoya en su casa, ella no permanecer en pie; si se agarra a ella, no resistir.
Es como un rbol que est verde plantado al sol, y cuyos renuevos salen por encima de su huerto;
se van entretejiendo sus races junto a una fuente y se enlazan hasta llegar al lugar pedregoso.
Pero si lo arrancan de su lugar, este lo negar, diciendo: "Nunca te haba visto".
Ciertamente as ser el gozo de su camino, y otros nacern del polvo.
"Dios no desecha al ntegro ni ofrece apoyo a la mano del maligno.
l llenar an tu boca de risas, y tus labios de jbilo.
Los que te aborrecen sern cubiertos de confusin: la morada de los impos perecer".
Respondi Job y dijo:
"Ciertamente yo s que esto es as: Cmo se justificar el hombre delante de Dios?
Si pretendiera discutir con l, no podra responderle a una cosa entre mil.
l es sabio de corazn y poderoso en fuerzas, a quin, si quisiera resistirle, le ira bien?
l arranca los montes con su furor, sin que ellos sepan quin los trastorn.
l remueve de su lugar la tierra, y hace temblar sus columnas.
Si l lo ordena, el sol no sale, y l es quien pone sello a las estrellas.
l solo extiende los cielos, y anda sobre las olas del mar.
l hizo la Osa y el Orin, las Plyades y los ms remotos lugares del sur.
l hace cosas grandes e incomprensibles, maravillosas y sin nmero.
l pasa delante de m, y yo no lo veo; pasa junto a m sin que yo lo advierta.
Si arrebata alguna cosa quin har que la restituya? Quin le dir: "Qu haces"?
"Dios no volver atrs su ira, y bajo l se postran los que ayudan a los soberbios;
pues cunto menos podr yo replicarle y escoger mis palabras frente a l?
Aunque yo fuera justo, no podra responderle; solo puedo rogarle, a l que es mi juez.
Ni aun si lo invocara y l me respondiera, creera yo que ha escuchado mi voz.
Porque l me quebranta con tempestad, aumenta sin causa mis heridas
y no me concede que tome aliento, sino que me llena de amarguras.
Si hablamos de su fuerza, por cierto que es poderosa; si de juicio, quin lo emplazar?
Aunque yo me justificara, mi propia boca me condenara; aunque fuera perfecto, l me declarara culpable.
Aun siendo yo ntegro, l no me tomara en cuenta, despreciara mi vida!
Una cosa me resta por decir: que al perfecto y al impo l los destruye.
Si un azote mata de repente, l se re del sufrimiento de los inocentes.
La tierra es entregada en manos de los impos, y l cubre el rostro de sus jueces. Y si no es l, quin es?, dnde est?
Mis das han sido ms ligeros que un correo; huyeron sin haber visto el bien.
Pasaron cual naves veloces, como el guila que se arroja sobre la presa.
Si digo: "Olvidar mi queja, cambiar mi triste semblante y me esforzar",
entonces me turban todos mis dolores, pues s que no me tienes por inocente.
Y si soy culpable, para qu trabajar en vano?
Aun cuando me lave con agua de nieve y limpie mis manos con leja,
aun as me hundirs en el hoyo, y hasta mis propios vestidos me aborrecern.
"l no es un hombre como yo, para que yo le replique y comparezcamos juntos en un juicio.
No hay entre nosotros rbitro que ponga su mano sobre ambos,
para que l aparte de m su vara, y su terror no me espante.
Con todo, yo le hablar sin temor, porque me consta que no soy as.
"Mi alma est hastiada de mi vida! Voy a dar libre curso a mi queja, hablar con amargura de mi alma.
Dir a Dios: "No me condenes, sino hazme entender por qu contiendes conmigo.
Te parece bien oprimirme, desechar la obra de tus manos y favorecer los designios de los impos?
Acaso son de carne tus ojos? Ves t las cosas como las ve el hombre?
Son tus das como los das del hombre, o tus aos como el tiempo de los seres humanos,
para que ests al acecho de mi iniquidad y andes indagando tras mi pecado,
aun sabiendo que no soy impo y que nadie podra librarme de tu mano?
Tus manos me hicieron y me formaron, y luego te vuelves y me deshaces?
Acurdate de que como a barro me diste forma, y en polvo me has de volver?
No me vertiste como leche, y como queso me cuajaste?
Me vestiste de piel y carne, me tejiste con huesos y nervios,
me concediste vida y misericordia, y tu cuidado ha guardado mi espritu.
Pero t ocultas algo en tu corazn, y yo s que lo tienes presente:
observar si yo pecaba, y no tenerme por limpio de mi iniquidad.
Si soy malo, ay de m!, y si soy justo, no levantar la cabeza, hastiado cual estoy de deshonra y de verme afligido.
Si alzo la cabeza, como un len, me das caza y haces contra m maravillas.
Renuevas tus pruebas contra m, y contra m aumentas tu furor como tropas de relevo.
"Por qu me sacaste de la matriz? Habra expirado y nadie me habra visto.
Sera como si nunca hubiera existido, llevado del vientre a la sepultura.
No son pocos mis das? Djame, pues! Aprtate de m, para que pueda consolarme un poco
antes que vaya para no volver, a la tierra de las tinieblas y la sombra de muerte,
a la tierra de la oscuridad y el desorden, lbrega como sombra de muerte, donde la luz es como densas tinieblas"".
Respondi Zofar, el naamatita, y dijo:
"Las muchas palabras no habrn de tener respuesta? El hombre que habla mucho, ser por ello justificado?
Harn tus falacias callar a los hombres? Te burlars, sin que nadie te avergence?
T dices: "Mi doctrina es recta, y yo soy puro delante de tus ojos".
Mas ah, quin diera que Dios hablara, que abriera para ti sus labios
y te declarara los secretos de la sabidura, que son de doble valor que las riquezas! Sabras entonces que Dios te ha castigado menos de lo que tu iniquidad merece.
"Descubrirs t los secretos de Dios? Llegars a la perfeccin del Todopoderoso?
Es ms alta que los cielos: qu hars? Es ms profunda que el seol: cmo la conocers?
En longitud sobrepasa a la tierra, y es ms ancha que el mar.
Si l pasa y aprisiona, y si llama a juicio, quin podr oponrsele?
Y si l conoce a los hombres vanos, al ver asimismo la iniquidad, no har caso?
Pero un hombre vano ser inteligente cuando la cra del asno monts nazca hombre.
"Si t dispones tu corazn, y tiendes hacia Dios las manos;
si alguna iniquidad hay en tus manos, pero la apartas de ti, y no consientes que more en tu casa la injusticia,
entonces levantars tu rostro limpio de mancha, sers fuerte y nada temers.
Olvidars tu miseria, o te acordars de ella como de aguas que pasaron.
La vida te ser ms clara que el medioda; aunque oscurezca, ser como la maana.
Tendrs confianza, porque hay esperanza; mirars alrededor y dormirs seguro.
Te acostars y no habr quien te espante; y muchos suplicarn tu favor.
Pero los ojos de los malos se consumirn; no encontrarn refugio, y toda su esperanza ser dar su ltimo suspiro".
Respondi entonces Job diciendo:
"Ciertamente vosotros sois el pueblo, y con vosotros morir la sabidura.
Pero yo tambin tengo entendimiento, lo mismo que vosotros; no soy menos que vosotros! Y quin habr que no pueda decir otro tanto?
Yo soy uno de quien su amigo se mofa; uno que invoca a Dios, y l le responde; uno justo e ntegro que es escarnecido.
Aquel cuyos pies estn a punto de resbalar es como una lmpara despreciada por el que se siente seguro.
Prosperan las casas de los ladrones y viven seguros los que provocan a Dios, que ha puesto en sus manos cuanto tienen.
"Pregunta ahora a las bestias y ellas te ensearn; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarn;
o habla a la tierra y ella te ensear; y los peces del mar te lo declararn tambin.
Cul entre todos ellos no entiende que la mano de Jehov lo hizo?
En su mano est el alma de todo viviente y el hlito de todo el gnero humano.
"Ciertamente el odo distingue las palabras y el paladar saborea las viandas.
En los ancianos est la ciencia y en la mucha edad la inteligencia.
Pero con Dios estn la sabidura y el poder: suyo es el consejo y la inteligencia.
Si l derriba, no hay quien edifique; si encierra al hombre, no hay quien le abra.
Si detiene las aguas, todo se seca; si las suelta, arrasan la tierra.
Con l estn el poder y la sabidura; suyos son el que yerra y el que hace errar.
Lleva despojados de consejo a los consejeros y entontece a los jueces.
Rompe las cadenas de los tiranos y ata una soga a su cintura.
Lleva despojados a los sacerdotes y trastorna a los poderosos.
Quita la palabra a los que hablan con seguridad y priva de discernimiento a los ancianos.
Derrama desprecio sobre los prncipes y desata el cinto de los fuertes.
Descubre las profundidades de las tinieblas y saca a luz la sombra de muerte.
Multiplica las naciones y las destruye; las dispersa y las vuelve a reunir.
Quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra, los hace vagar como por un desierto sin camino,
y van a tientas, como en tinieblas, sin luz; y los hace errar como borrachos.
"Todas estas cosas han visto mis ojos, y han odo y entendido mis odos.
Como vosotros lo sabis, lo s yo: no soy menos que vosotros.
Mas yo querra hablar con el Todopoderoso, querra razonar con Dios.
Vosotros, ciertamente, sois fraguadores de mentira; todos vosotros sois mdicos intiles.
Ojal os callarais por completo, pues as demostrarais sabidura!
Escuchad ahora mi razonamiento; estad atentos a los argumentos de mis labios.
Hablaris iniquidad por defender a Dios? Hablaris con engao por defenderle?
Seris parciales con las personas para favorecerlo? Lucharis vosotros en defensa de Dios?
Bueno sera que l os examinara! Os burlaris de l como quien se burla de un hombre?
l sin duda os reprochar, si solapadamente sois parciales con las personas.
De cierto su majestad os habra de espantar; su pavor habra de caer sobre vosotros.
Vuestras mximas son refranes de ceniza y vuestros baluartes son baluartes de lodo!
"Escuchadme, yo hablar, y que me venga despus lo que venga.
Por qu he de arrancar yo mi carne con mis dientes y he de tomar mi vida en mis manos?
Aunque l me mate, en l esperar. Ciertamente defender delante de l mis caminos,
y l mismo ser mi salvacin, porque el impo no podr entrar en su presencia.
Escuchad con atencin mi razonamiento, y mi declaracin penetre en vuestros odos.
Si yo ahora expongo mi causa, s que ser justificado.
Quin quiere contender conmigo? Porque si ahora callo, morir.
"Haz conmigo tan solo dos cosas, y entonces no me esconder de tu rostro:
Aparta de m tu mano, y que no me espante tu terror.
Llmame luego y yo responder; o yo hablar y t me responders.
Cuntas son mis iniquidades y pecados? Hazme entender mi transgresin y mi pecado.
Por qu escondes tu rostro y me tienes por enemigo?
Vas a quebrantar la hoja que arrebata el viento y perseguir una paja seca?
Por qu dictas amarguras contra m y me cargas con los pecados de mi juventud?
Pones adems mis pies en el cepo, vigilas todos mis caminos y pones cerco a las plantas de mis pies.
As mi cuerpo se va gastando como comido de carcoma, como un vestido que roe la polilla.
"El hombre, nacido de mujer, corto de das y hastiado de sinsabores,
brota como una flor y es cortado, huye como una sombra y no permanece.
Sobre l abres tus ojos y lo traes a juicio contigo?
Quin har puro lo inmundo? Nadie!
Ciertamente sus das estn determinados y t has fijado el nmero de sus meses: le has puesto lmites, que no traspasar.
Si t lo abandonas, l dejar de ser; etre tanto, como el jornalero, disfrutar de su jornada.
"El rbol, aunque lo corten, an tiene la esperanza de volver a retoar, de que no falten sus renuevos.
Aunque en la tierra envejezca su raz y muera su tronco en el polvo,
al percibir el agua reverdecer y har copa como una planta nueva.
En cambio el hombre muere y desaparece. Perece el hombre, y dnde estar?
Como se evaporan las aguas en el mar, y el ro se agota y se seca,
as el hombre yace y no vuelve a levantarse. Mientras exista el cielo, no despertar ni se levantar de su sueo.
Ojal me escondieras en el seol, me ocultaras hasta apaciguarse tu ira! Ojal me pusieras plazo para acordarte de m!
El hombre que muere, volver a vivir? Todos los das de mi vida esperar, hasta que llegue mi liberacin.
Entonces llamars y yo te responder; tendrs afecto a la obra de tus manos.
Pero ahora cuentas mis pasos y no das tregua a mi pecado;
tienes sellada en un saco mi transgresin, encerrada mi iniquidad.
"Ciertamente un monte derrumbado se deshace, las peas son removidas de su lugar
y las piedras se desgastan con el agua que el polvo de la tierra arrastra impetuosa. De igual manera haces t perecer la esperanza del hombre.
Para siempre prevalecers sobre l, y l se ir; demudars su rostro y lo despedirs.
Si sus hijos reciben honores, no lo sabr; si son humillados, no se enterar.
Pero sentir el dolor de su propia carne, y se afligir en l su alma".
Respondi Elifaz, el temanita, y dijo:
"Responder el sabio con vana sabidura y llenar su vientre de viento del este?
Disputar con palabras intiles y con razones sin provecho?
T tambin destruyes el temor a Dios, y menoscabas la oracin delante de l.
Por cuanto tu boca ha revelado tu iniquidad, habiendo escogido el hablar con astucia,
tu propia boca te condenar, no yo; y tus labios testificarn contra ti.
"Acaso naciste t antes que Adn? Fuiste formado antes que los collados?
Oste t acaso el secreto de Dios? Est limitada a ti la sabidura?
Qu sabes t que nosotros no sepamos? Qu entiendes t que nosotros no entendamos?
Cabezas canas y hombres muy ancianos hay entre nosotros, mucho ms avanzados en das que tu padre.
En tan poco tienes el consuelo que viene de Dios y las amables palabras que se te dicen?
Por qu tu corazn te arrebata y por qu guian tus ojos,
para que contra Dios vuelvas tu espritu, y lances tales palabras por tu boca?
Qu cosa es el hombre para que sea puro, para que se justifique el nacido de mujer?
Dios en sus santos no confa, y ni aun los cielos son puros delante de sus ojos;
cunto menos el hombre, este ser abominable y vil que bebe la iniquidad como agua?
"Escchame, pues yo te voy a mostrar y a contar lo que he visto,
lo que los sabios nos contaron de sus padres, y no lo ocultaron:
que nicamente a ellos fue dada la tierra, y que ningn extrao pas por en medio de ellos.
Todos sus das, el impo es atormentado de dolor, y el nmero de sus aos le est escondido al violento.
Estruendos espantosos resuenan en sus odos, y en la prosperidad el asolador vendr sobre l.
l no cree que volver de las tinieblas, y est descubierto frente a la espada.
Vaga errante, tras el pan, diciendo: "Dnde est?". Sabe que le est preparado el da de tinieblas.
Tribulacin y angustia lo turban, y se lanzan contra l como un rey dispuesto para la batalla,
por cuanto l extendi su mano contra Dios y se port con soberbia contra el Todopoderoso.
Corri contra l con el cuello erguido, tras la espesa barrera de sus escudos.
Aunque la grasa cubra su rostro y haga pliegues en sus costados,
habitar en ciudades asoladas, en casas desiertas y en ruinas.
No prosperar, ni durarn sus riquezas, ni extender sus bienes por la tierra.
No escapar de las tinieblas, la llama secar sus ramas y con el aliento de la boca de Dios perecer.
No confe el iluso en la vanidad, porque ella ser su recompensa.
l ser cortado antes de tiempo y sus renuevos no reverdecern.
Como la vid, perder sus uvas antes de madurar, y esparcir su flor como el olivo.
Porque la reunin de los impos ser asolada y el fuego consumir la casa del que soborna.
Concibieron dolor, dieron a luz iniquidad y en sus entraas traman engao".
Respondi Job y dijo:
"Muchas veces he odo cosas como estas, Consoladores molestos sois todos vosotros!
Tendrn fin las palabras vacas? Qu es lo que te anima a responder?
Tambin yo podra hablar como vosotros, si vuestra alma estuviera en lugar de la ma. Yo podra hilvanar contra vosotros palabras, y sobre vosotros mover la cabeza.
Pero os alentara con mis palabras, y el consuelo de mis labios calmara vuestro dolor.
"Pero en m, aunque yo hable, el dolor no cesa; y aunque deje de hablar, no se aparta de m.
Porque ahora l me ha fatigado; ha asolado toda mi compaa.
Me ha llenado de arrugas: testigo es mi delgadez, la cual se levanta contra m para testificar en mi rostro.
Su furor me ha destrozado, me ha sido contrario; cruje sus dientes contra m: contra m aguza sus ojos mi enemigo.
Ellos han abierto contra m su boca, y han herido mis mejillas con afrenta: contra m se han juntado todos!
Dios me ha entregado al mentiroso, en las manos de los impos me ha hecho caer.
Yo viva en prosperidad, y me desmenuz; me arrebat por la cerviz, me despedaz y me puso por blanco suyo.
Me rodearon sus flecheros, y l parti mis riones sin compasin y derram mi hiel por tierra.
Me quebrant de quebranto en quebranto; corri contra m como un gigante.
Entonces cos sobre mi piel tejidos speros y puse mi cabeza en el polvo.
Mi rostro est hinchado por el llanto y mis prpados entenebrecidos,
a pesar de no haber iniquidad en mis manos y de ser pura mi oracin.
"Tierra, no cubras mi sangre ni haya en ti lugar para mi clamor!
En los cielos est mi testigo y mi testimonio en las alturas.
Disputadores son mis amigos, mas ante Dios derramar mis lgrimas.
Ojal pudiera disputar el hombre con Dios como con su prjimo!
Mas vienen los aos, que estn contados, y yo me ir por el camino sin regreso.
Mi aliento se agota, se acortan mis das y me est preparado el sepulcro.
No hay conmigo sino burladores; en su provocacin se fijan mis ojos.
"S t, Dios, mi fiador, y sea junto a ti mi proteccin; porque quin, si no, querra responder por m?
Pues del corazn de estos has escondido la inteligencia y, por tanto, no los exaltars.
Desfallecern los ojos de los hijos del que por recompensa denuncia a sus amigos!
"Pero l me ha puesto por refrn de pueblos, y delante de ellos he sido como un tamboril.
Mis ojos se han oscurecido de dolor y todos mis pensamientos son como sombra.
Los rectos se asombrarn de esto y el inocente se levantar contra el impo.
A pesar de todo, proseguir el justo su camino y el puro de manos aumentar la fuerza.
Volved todos vosotros! Venid ahora, que no hallar entre vosotros un solo sabio!
Han pasado mis das y han sido arrancados mis pensamientos, los anhelos de mi corazn.
Ellos cambian la noche en da; dicen que la luz se acerca despus de las tinieblas.
Por ms que yo espere, el seol es mi casa, y yo har mi cama en las tinieblas.
A la corrupcin le digo: "Mi padre eres t", y a los gusanos: "Sois mi madre y mi hermana".
Dnde, pues, estar ahora mi esperanza? Y mi esperanza, quin la ver?
A la profundidad del seol descendern, y descansaremos juntos en el polvo".
Respondi Bildad, el suhita, y dijo:
"Cundo pondris fin a las palabras? Pensad, y despus hablemos.
Por qu somos tenidos por bestias y a vuestros ojos somos viles?
T, que te destrozas en tu furor, ser abandonada la tierra por tu causa, o sern removidas de su lugar las peas?
"Ciertamente la luz del impo se apaga y no resplandecer la llama de su fuego.
La luz se oscurece en su casa y se apaga sobre l su lmpara.
Sus pasos vigorosos se acortan y sus propios planes le hacen tropezar;
porque un lazo est puesto a sus pies y entre redes camina;
un cepo atrapa su taln y una trampa se afirma contra l.
La cuerda est escondida en la tierra y la trampa lo aguarda en la senda.
De todas partes lo asaltan temores y lo hacen huir desconcertado.
El hambre desgasta sus fuerzas y a su lado est dispuesta la ruina.
La enfermedad roe su piel y sus miembros devora el primognito de la muerte.
De la confianza de su hogar es arrancado y es conducido al rey de los espantos.
En su hogar mora como si no fuera suyo; piedra de azufre es esparcida sobre su morada.
Por abajo se secan sus races y por arriba son cortadas sus ramas.
Su recuerdo se borra de la tierra y no tiene nombre en las calles.
De la luz es lanzado a las tinieblas y es arrojado fuera del mundo.
No tiene hijo ni nieto en su pueblo, ni quien le suceda en sus moradas.
De su da se espantan los de occidente, y el pavor caer sobre los de oriente.
Tales son ciertamente las moradas del impo, y ese es el lugar del que no conoce a Dios".
Respondi entonces Job y dijo:
"Hasta cundo angustiaris mi alma y me moleris con palabras?
Ya me habis insultado diez veces, no os avergonzis de injuriarme?
Aun siendo verdad que yo haya errado, sobre m recaera mi error.
Pero si vosotros os jactis contra m, y contra m alegis mi oprobio,
sabed ahora que Dios me ha derribado, y me ha atrapado en su red.
Yo grito: "Agravio!", pero no se me oye; doy voces, pero no se me hace justicia.
Dios ha cercado con valla mi camino y no puedo pasar; y sobre mis veredas ha tendido tinieblas.
Me ha despojado de mi gloria y ha quitado la corona de mi cabeza.
Por todos lados me ha arruinado, y perezco; ha hecho que pase mi esperanza como un rbol arrancado.
Hace arder contra m su furor y me tiene por uno de sus enemigos.
A una vienen sus ejrcitos, se atrincheran contra m, y acampan en derredor de mi morada.
"Hace que de m se alejen mis hermanos, y que mis conocidos, como extraos, se aparten de m.
Mis parientes se detienen; mis conocidos me olvidan.
Los moradores de mi casa y mis criadas me tienen por extrao; forastero soy yo ante sus ojos.
Llamo a mi siervo y no responde, aun cuando con mi propia boca le suplico.
Mi aliento ha venido a ser extrao a mi mujer, aunque por los hijos de mis entraas le rogaba.
Incluso los muchachos me desprecian, y al levantarme hablan contra m.
Todos mis ntimos amigos me aborrecen; los que yo amo se vuelven contra m.
Mi piel y mi carne se han pegado a mis huesos, y he escapado con solo la piel de mis dientes.
Vosotros, mis amigos, tened compasin de m! Tened compasin de m, porque la mano de Dios me ha tocado!
Por qu vosotros me persegus, lo mismo que Dios, y ni aun de mi carne os saciis?
"Quin diera ahora que mis palabras fueran escritas! Quin diera que se escribiesen en un libro,
o que con cincel de hierro y con plomo fueran esculpidas en piedra para siempre!
Pero yo s que mi Redentor vive, y que al fin se levantar sobre el polvo,
y que despus de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios.
Lo ver por m mismo; mis ojos lo vern, no los de otro. Pero ahora mi corazn se consume dentro de m.
"Deberais decir: "Por qu lo perseguimos, si la raz de su situacin est en l mismo?".
Temed vosotros delante de la espada, porque sobreviene el furor de la espada a causa de las injusticias! Sabed, pues, que hay un juicio!".
Respondi Zofar, el naamatita, y dijo:
"Por cierto mis pensamientos me hacen responder, y por eso me apresuro.
He escuchado una reprensin afrentosa y mi inteligencia me inspira la respuesta.
No sabes que siempre fue as, que desde el tiempo en que fue puesto el hombre sobre la tierra,
la alegra de los malos es breve y el gozo del impo solo dura un momento?
Aunque se enaltezca hasta el cielo y su cabeza toque las nubes,
como su estircol, perecer para siempre; y los que lo hayan visto dirn: "Qu es de l?".
Como un sueo volar y no ser hallado; se disipar como una visin nocturna.
El ojo que lo vea, nunca ms lo ver, ni su lugar lo conocer ms.
Sus hijos solicitarn el favor de los pobres y sus manos devolvern lo que l rob.
Sus huesos, llenos an de su juventud, yacern con l en el polvo.
Si el mal era dulce en su boca, si lo ocultaba debajo de su lengua,
si lo saboreaba y no lo dejaba, sino que lo retena y paladeaba,
su comida se corromper en sus entraas y ser veneno de spides dentro de l.
Devor riquezas, pero las vomitar; Dios las sacar de su vientre.
Veneno de spides chupar; lo matar la lengua de la vbora.
No ver ms los arroyos, los ros, los torrentes de miel y de leche.
Restituir sus ganancias y sus bienes sin haberlos tragado ni gozado de ellos.
Por cuanto quebrant y desampar a los pobres, y rob casas no edificadas por l,
por eso no tendr sosiego su vientre ni salvar nada de lo que codiciaba.
Nada qued que l no devorara, y por eso su bienestar no ser duradero.
En la plenitud de su abundancia padecer estrechez; la mano de todos los malvados caer sobre l.
Cuando se ponga a llenar su vientre, Dios enviar sobre l el ardor de su ira, y la har llover sobre l y sobre su comida.
Huir de las armas de hierro y el arco de bronce lo atravesar.
La saeta lo traspasar, atravesar su cuerpo; la punta reluciente saldr por su hiel. Sobre l vendrn terrores!
Una total tiniebla est reservada para sus tesoros; un fuego no atizado los consumir y devorar lo que quede en su morada.
Los cielos descubrirn su iniquidad, y la tierra se levantar contra l.
Los renuevos de su casa sern llevados de all, sern esparcidos en el da de su furor.
Esta es la suerte que Dios prepara al hombre impo, la herencia que Dios le seala por su palabra".
Entonces respondi Job y dijo:
"Od atentamente mi palabra y, al menos, dadme consuelo.
Toleradme, y yo hablar; y burlaos despus que haya hablado.
Acaso me quejo yo de algn hombre? Y por qu no se ha de angustiar mi espritu?
Miradme, espantaos y tapaos la boca con la mano.
Aun yo mismo me horrorizo al acordarme y el temblor estremece mi cuerpo.
"Por qu viven los impos y envejecen, y aun crecen sus riquezas?
Su linaje se robustece ante su vista y sus descendientes estn delante de sus ojos.
Sus casas estn libres de temor, ningn azote de Dios viene sobre ellos.
Sus toros engendran sin fallar y sus vacas paren sin que su cra se malogre.
Salen sus pequeuelos como en manada, sus hijos andan saltando.
Saltan al son del tamboril y de la ctara, se regocijan al son de la flauta.
Pasan sus das en prosperidad y en paz descienden al seol,
pese a que dicen a Dios: "Aprtate porque no queremos conocer tus caminos.
Quin es el Todopoderoso para que lo sirvamos? De qu nos aprovechar que oremos a l?".
Pero el bien de ellos no est en sus propias manos. Lejos est de m el consejo de los malvados!
"Cuntas veces la lmpara de los impos es apagada y viene sobre ellos su quebranto, y Dios en su ira les reparte dolores!
Son como la paja delante del viento, como el tamo que arrebata el torbellino.
Dios guarda para los hijos de ellos su violencia! l le dar su merecido, para que aprenda!
Ver con sus propios ojos su quebranto y beber de la ira del Todopoderoso.
Qu deleite tendr l de su casa despus de s, cuando se haya cortado la cuenta de sus meses?
Ensear alguien a Dios sabidura, cuando es l quien juzga a los que estn elevados?
Uno muere en la plenitud de su vigor, del todo prspero y en paz;
sus vasijas estn llenas de leche y sus huesos rellenos de tutano.
Otro, en cambio, muere con el nimo amargado, sin haber comido jams con gusto.
Pero ambos por igual yacern en el polvo, cubiertos de gusanos.
"Yo conozco vuestros pensamientos y lo que en vuestra imaginacin forjis contra m.
Porque decs: "Qu hay de la casa del prncipe y de la morada donde viven los malvados?".
No habis preguntado a los que pasan por el camino? No habis conocido su respuesta,
que el malo es preservado en el da de la destruccin y que estar a salvo en el da de la ira?
Quin le denunciar en su cara su camino? Por lo que l hizo, quin le dar su merecido?
Lo llevarn al cementerio y velarn sobre su tmulo!
Los terrones del valle le sern dulces; en pos de l desfila todo el mundo, y antes de l, una muchedumbre incontable.
Cun vano es el consuelo que me dais! Vuestras respuestas son pura falacia".
Respondi Elifaz, el temanita, y dijo:
"Podr el hombre ser de provecho a Dios? Si acaso, solo para s mismo es provechoso el hombre sabio.
Le satisface al Omnipotente que t seas justo? Le aprovecha de algo que t hagas perfectos tus caminos?
Acaso por tu piedad te castiga o entra a juicio contigo?
Por cierto, tu maldad es grande y tus iniquidades no tienen fin.
Sin razn tomabas prenda de tus hermanos y despojabas de sus ropas a los desnudos.
No dabas de beber agua al cansado y negaste el pan al hambriento.
T, el hombre pudiente que posea la tierra, el distinguido que habitaba en ella,
a las viudas enviabas vacas y quebrabas los brazos de los hurfanos!
Por eso ests rodeado de lazos y te turba un espanto repentino;
ests en tinieblas, de modo que no ves, y te cubre un torrente de agua.
"No est Dios en lo alto de los cielos? Mira lo encumbrado de las estrellas, cun elevadas estn!
Y t has dicho: "Qu sabe Dios? Cmo juzgar a travs de la oscuridad?
Rodeado de nubes, no puede ver mientras pasea por los bordes del cielo".
Quieres t acaso seguir la senda antigua, la que siguieron los hombres perversos
que fueron cortados antes de tiempo, cuyos cimientos se derramaron como un ro?
Ellos decan a Dios: "Aprtate de nosotros!". Y qu les haba hecho el Omnipotente?
Haba colmado de bienes sus casas. Lejos de m sea el consejo de ellos!
Lo vern los justos y se gozarn, y el inocente se burlar de ellos diciendo:
"Nuestros adversarios fueron destruidos y el fuego consumi lo que de ellos haba quedado!".
"Vuelve ahora en amistad con Dios y tendrs paz; y la prosperidad vendr a ti.
Toma ahora la Ley de su boca y pon sus palabras en tu corazn.
Si te vuelves al Omnipotente, sers edificado y alejars de tu morada la afliccin.
Tendrs ms oro que tierra: como piedras de arroyo, oro de Ofir.
El Todopoderoso ser tu oro y tendrs plata en abundancia!
Entonces te deleitars en el Omnipotente y alzars a Dios tu rostro.
Orars a l y l te oir; y t cumplirs tus votos.
Asimismo lo que t determines se realizar, y sobre tus caminos resplandecer la luz.
Cuando ellos estn abatidos, dirs t: "Sean enaltecidos!". Entonces Dios salvar al de mirada humilde.
l libertar al inocente; por la pureza de tus manos ser liberado".
Respondi Job y dijo:
"Hoy tambin hablar con amargura, porque es ms grave mi llaga que mi gemido.
Quin me diera el saber dnde hallar a Dios! Yo ira hasta su morada,
expondra mi causa delante de l y llenara mi boca de argumentos.
Yo sabra lo que l me respondiese y entendera lo que me dijera.
Contendera conmigo con la grandeza de fuerza? No, sino que l me atendera!
All el justo razonara con l y yo escapara para siempre de mi juez.
"Si me dirijo al oriente, no lo encuentro; si al occidente, no lo descubro.
Si l muestra su poder en el norte, yo no lo veo; ni tampoco lo veo si se oculta en el sur.
Mas l conoce mi camino: si me prueba, saldr como el oro.
Mis pies han seguido sus pisadas; permanec en su camino, sin apartarme de l.
Nunca me separ del mandamiento de sus labios, sino que guard las palabras de su boca ms que mi comida.
"Pero si l decide una cosa, quin lo har cambiar? Lo que desea, lo realiza.
l, pues, llevar a trmino lo que ha decidido en cuanto a m, y muchas cosas semejantes que tiene en su propsito.
Por eso, me espanto en su presencia; cuando lo considero, tiemblo a causa de l.
Dios ha enervado mi corazn; me ha aterrado el Omnipotente.
Por qu no fui aniquilado por las tinieblas? Por qu no fue cubierto por la oscuridad mi rostro?
"Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso, por qu los que lo conocen no ven sus das?
Los malvados violan los linderos, roban los ganados y los apacientan.
Se llevan el asno de los hurfanos y toman en prenda el buey de la viuda.
Hacen apartar del camino a los necesitados y todos los pobres de la tierra tienen que esconderse.
Como asnos monteses en el desierto, salen los pobres, madrugando en busca de presa. El desierto les da el sustento de sus hijos!
En el campo recogen sus espigas, pero los malvados vendimian la via ajena.
Al desnudo fuerzan a dormir sin ropa, sin cobertura contra el fro.
En los montes se empapan con la lluvia y se abrazan a las peas faltos de refugio.
Quitan del pecho a los hurfanos, y del pobre toman en prenda.
Al desnudo hacen caminar sin ropas y a los hambrientos quitan las gavillas.
Dentro de sus muros exprimen el aceite; pisan los lagares, pero mueren de sed.
En la ciudad gimen los moribundos y clama el alma de los heridos de muerte, pero Dios no atiende su oracin.
"Ellos son los que, rebeldes a la luz, no conocen sus caminos, ni permanecen en sus sendas.
Al amanecer se levanta el asesino, el que mata al pobre y al necesitado y de noche es como un ladrn.
La noche est aguardando el ojo del adltero, del que dice: "No me ver nadie", y esconde su rostro.
En las tinieblas minan las casas que de da para s sealaron. No conocen la luz.
La maana es para todos ellos como sombra de muerte; pues, si son reconocidos, terrores de sombra de muerte los asaltan.
"Huyen ligeros como corriente de aguas, su porcin es maldita en la tierra y no andarn por el camino de las vias.
Como la sequa y el calor arrebatan las aguas de la nieve, as tambin el seol a los pecadores.
De ellos se olvidar el seno materno; de su dulzor gustarn los gusanos; nunca ms habr de ellos memoria: Como un rbol sern talados los impos!
"Afligi a la mujer estril, la que no conceba, y nunca se port bien con la viuda.
En cambio, aventaja en poder a los fuertes. Cuando se levanta, nadie est seguro de su vida!
"Dios les da seguridad y confianza, pero sus ojos vigilan los caminos de ellos.
Por un momento son exaltados, pero pronto desaparecen y son abatidos como todos los dems: encerrados son y cortados como cabezas de espiga.
O no es esto as? Quin me desmentir ahora o reducir a nada mis palabras?".
Respondi Bildad, el suhita, y dijo:
"El seoro y el temor estn con l, que hace la paz en las alturas.
No son incontables sus ejrcitos? Sobre quin no est su luz?
Cmo, pues, se justificar el hombre delante de Dios? Cmo ser puro el que nace de mujer?
Si ni aun la misma luna es resplandeciente ni las estrellas son puras delante de sus ojos,
cunto menos el hombre, ese gusano, ese gusano que es el hijo de hombre?".
Respondi Job y dijo:
"En qu has ayudado al que no tiene fuerzas? Cmo has protegido al brazo dbil?
Qu has aconsejado al que est falto de ciencia? Qu plenitud de inteligencia has manifestado?
A quin has dirigido tus palabras? De quin es el espritu que te inspira?
"Las sombras tiemblan en lo profundo, los mares y cuanto en ellos mora.
El seol est descubierto delante de l y el Abadn no tiene cobertura.
l extiende el Norte sobre el vaco, cuelga la tierra sobre la nada.
Encierra las aguas en sus nubes, y las nubes no se rompen debajo de ellas.
l encubre la faz de su trono y sobre l extiende su nube.
Ha puesto lmite a la superficie de las aguas, hasta el confn de la luz y las tinieblas.
A su reprensin, las columnas del cielo tiemblan y se espantan.
l agita el mar con su poder y con su entendimiento lo hiere en su arrogancia.
Su espritu adorna los cielos; su mano traspas a la serpiente tortuosa.
Y estas cosas no son ms que los bordes del camino, apenas el leve susurro que omos de l! Pero el trueno de su poder, quin podr comprenderlo?".
Continu Job su discurso y dijo:
"Vive Dios, que ha quitado mi derecho, el Omnipotente, que ha amargado mi alma,
que todo el tiempo que mi alma est en m y que haya hlito de Dios en mis narices,
mis labios no hablarn iniquidad ni mi lengua pronunciar mentira!
Nunca acontezca que yo os d la razn! Hasta la muerte mantendr mi integridad!
Aferrado estoy a mi justicia, y no ceder; mientras viva, no me reprochar mi corazn.
"Sea como el malvado mi enemigo, y como el inicuo mi adversario!
Porque cul es la esperanza del malvado, por mucho que haya robado, cuando Dios le quite la vida?
Escuchar Dios su clamor cuando la tribulacin venga sobre l?
Acaso l se deleita en el Omnipotente? Acaso invoca a Dios en todo tiempo?
Yo os instruir acerca del poder de Dios; no esconder lo que se refiere al Omnipotente.
Todos vosotros lo habis visto, por qu, pues, os habis hecho tan completamente vanos?
"Esta es delante de Dios la suerte del hombre malvado, y la herencia que los violentos han de recibir del Omnipotente:
Aunque sus hijos se multipliquen, sern entregados a la espada, y sus pequeos no se saciarn de pan.
Los que de l queden, la muerte los llevar al sepulcro y no los llorarn sus viudas.
Aunque amontone plata como polvo y acumule ropa como barro,
l la habr acumulado, mas el justo se vestir con ella y el inocente disfrutar de la plata.
Construye su casa como la polilla, como la enramada hecha por el guarda.
Rico se acuesta, pero es por ltima vez: cuando abra los ojos, nada tendr.
Se apoderan de l terrores como aguas, y un torbellino lo arrebata de noche.
El viento del este lo levanta y se lo lleva, y la tempestad lo arrastra de su lugar.
Dios, pues, descarga contra l sin compasin, aunque l intenta huir de sus manos.
Sobre l baten muchos las manos y por todos lados le silban.
"Ciertamente la plata tiene sus criaderos, y el oro, lugar donde se refina.
El hierro se saca del polvo y de la piedra se funde el cobre.
Los hombres ponen trmino a las tinieblas, lo examinan todo perfectamente, hasta las piedras que hay en oscuridad y en sombra de muerte.
Abren minas lejos de lo habitado, en lugares olvidados donde nadie pone el pie. All estn suspendidos, balancendose lejos de los dems hombres.
De la tierra proviene el pan, pero en su interior est como convertida en fuego,
y en ella hay lugar donde las piedras son zafiro y el polvo es de oro.
Es una senda que nunca la conoci ave ni ojo de buitre la vio;
que nunca la pisaron animales fieros ni len pas por ella.
El hombre pone su mano en el pedernal y trastorna de raz los montes.
En los peascos abre corrientes de aguas, y sus ojos ven todo lo preciado.
Detiene los ros en su nacimiento y saca a la luz lo escondido.
"Mas, dnde se halla la sabidura? Dnde se encuentra el lugar de la inteligencia?
No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los seres vivientes.
El abismo dice: "No est en m", y dice el mar: "Tampoco est conmigo".
No se dar a cambio de oro ni su precio ser a peso de plata.
No puede ser pagada con oro de Ofir, con nice precioso ni con zafiro.
No se le pueden comparar el oro ni el diamante, ni se la cambiar por alhajas de oro fino.
Y qu decir del coral o de las perlas? La sabidura vale ms que las piedras preciosas!
No se iguala con ella el topacio de Etiopa, ni puede pagarse con oro fino.
"De dnde, pues, procede la sabidura y dnde se encuentra el lugar de la inteligencia?
Encubierta est a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo le es oculta!
El Abadn y la muerte dicen: "Su fama ha llegado hasta nuestros odos".
"Dios es quien conoce el camino de ella y sabe dnde est su lugar,
porque l observa hasta los confines de la tierra y ve cuanto hay bajo los cielos.
Al darle peso al viento y fijar la medida de las aguas;
al darle ley a la lluvia y camino al relmpago de los truenos,
ya entonces la vio l y la puso de manifiesto, la prepar y tambin la escudri.
Y dijo al hombre: "El temor del Seor es la sabidura, y el apartarse del mal, la inteligencia"".
Volvi Job a reanudar su discurso y dijo:
"Quin me volviera como en los meses pasados, como en los das en que Dios me guardaba,
cuando haca resplandecer su lmpara sobre mi cabeza y a su luz caminaba yo en la oscuridad!
As fue en los das de mi juventud, cuando el favor de Dios protega mi morada;
cuando an estaba conmigo el Omnipotente y mis hijos me rodeaban;
cuando yo lavaba mis pies con leche y la piedra me derramaba ros de aceite!
Entonces yo sala a la puerta, a juicio, y en la plaza haca preparar mi asiento.
Al verme, los jvenes se escondan, los ancianos se levantaban y permanecan en pie,
los prncipes dejaban de hablar y se tapaban la boca con la mano,
y la voz de los principales se apagaba y se les pegaba la lengua al paladar.
Entonces los que me oan me llamaban bienaventurado, y los que me vean testimoniaban a favor mo,
porque yo libraba al pobre que clamaba y al hurfano que careca de ayudador.
La bendicin del que estaba a punto de perderse vena sobre m, y al corazn de la viuda yo procuraba alegra.
Iba yo vestido de justicia, cubierto con ella; como manto y diadema era mi rectitud.
Yo era ojos para el ciego, pies para el cojo
y padre para los necesitados. De la causa que no entenda, me informaba con diligencia;
y quebrantaba los colmillos del inicuo; de sus dientes le haca soltar la presa.
Deca yo: "En mi nido morir. Como arena multiplicar mis das".
Mi raz estaba abierta junto a las aguas, en mis ramas permaneca el roco,
mi honra se renovaba en m y mi arco se fortaleca en mi mano.
"Los que me escuchaban, esperaban callados mi consejo;
tras mi palabra no replicaban, pues mi razn destilaba sobre ellos.
Me esperaban como a la lluvia; abran su boca como a la lluvia tarda.
Si me rea con ellos, no se lo crean; pero no dejaban apagar la luz de mi rostro.
Yo les indicaba su camino y me sentaba entre ellos como el jefe. Viva como un rey en medio de su ejrcito, o como el que consuela a los que lloran.
"Pero ahora se ren de m los ms jvenes que yo, a cuyos padres yo desdeaba poner junto a los perros de mi ganado,
pues de qu me hubiera servido ni aun la fuerza de sus manos, si no tienen fuerza alguna?
A causa de la pobreza y del hambre andaban solitarios, huan a la soledad, a lugares tenebrosos, desolados y desiertos.
Recogan malvas entre los arbustos y races de enebro para calentarse.
Los echaban de en medio de la gente y todos les gritaban como a ladrones.
Vivan en las barrancas de los arroyos, en las cavernas de la tierra y entre las rocas.
Bramaban entre las matas y se reunan debajo de los espinos.
Hijos de gente vil, hombres sin nombre, ms bajos que la misma tierra.
"Y ahora yo soy objeto de su burla y les sirvo de refrn!
Me abominan, se alejan de m y no dejan de escupirme en el rostro.
Porque Dios ha desatado la cuerda y me ha afligido, por eso se han desenfrenado en mi propio rostro.
A mi derecha se levanta el populacho, empujan mis pies y preparan caminos para mi ruina.
Desbaratan mi senda, se aprovechan de mi quebrantamiento, y no tengo quien me auxilie contra ellos.
Vienen como por un ancho portillo, revolvindose sobre mi calamidad.
Terrores se han vuelto contra m; como viento es arrasado mi honor, y mi prosperidad ha pasado como una nube.
"Ahora mi alma est derramada en m, pues se apoderan de m das de afliccin.
La noche taladra mis huesos y los dolores que me roen no reposan.
La violencia deforma mi vestidura: me oprime como el cuello de mi tnica.
Dios me ha derribado en el lodo y ahora soy semejante al polvo y a la ceniza.
Clamo a ti, pero no me escuchas! Me presento, pero no me atiendes!
Te has vuelto cruel conmigo; con el poder de tu mano me persigues.
Me has alzado sobre el viento, me haces cabalgar en l y destruyes mi sustancia.
Yo s que me conduces a la muerte, y a la casa a donde va todo ser viviente.
"Mas l, no extender la mano contra el sepulcro? O no clamarn los sepultados cuando l los quebrante?
Y yo, no he llorado por el que sufre? No me he entristecido a causa del necesitado?
Sin embargo, cuando yo esperaba el bien, entonces vino el mal; cuando esperaba la luz, vino la oscuridad.
Mis entraas se agitan sin reposo, por los das de afliccin que me han sobrecogido.
Ando ennegrecido, y no por el sol; me he levantado en la congregacin, y he clamado.
He venido a ser hermano de chacales y compaero de avestruces.
Mi piel, ennegrecida, se me cae, mis huesos arden de calor.
Mi arpa se ha cambiado por luto, y mi flauta por voz de lamentadores.
"Hice pacto con mis ojos, cmo, pues, haba yo de mirar a una virgen?
Porque qu galardn me dara Dios desde arriba? Qu heredad el Omnipotente desde las alturas?
Es que no hay desgracia para el malvado, infortunio para los que hacen iniquidad?
Acaso l no ve mis caminos y cuenta todos mis pasos?
"Es que yo anduve con mentiras, o corrieron mis pies al engao?
Que Dios me pese en la balanza de la justicia y reconocer mi integridad!
Si mis pasos se apartaron del camino, si mi corazn se fue tras mis ojos, si algo se peg a mis manos,
siembre yo y otro coma! Sea arrancada mi siembra!
"Si fue engaado mi corazn por alguna mujer, si estuve acechando a la puerta de mi prjimo,
muela para otro mi mujer y sobre ella otros se encorven!
Porque eso es maldad e iniquidad que han de castigar los jueces.
Porque eso es un fuego que devorara hasta el Abadn y consumira toda mi hacienda.
"Si hubiera yo menospreciado el derecho de mi siervo y de mi sierva cuando ellos pleiteaban conmigo,
qu hara cuando Dios se levantara? Y cuando l me preguntara, qu le respondera?
El que en el vientre me hizo a m, no lo hizo a l? Y no fue uno y el mismo quien nos form en la matriz?
"Si he impedido a los pobres quedar satisfechos, si he hecho decaer los ojos de la viuda,
si he comido yo solo mi bocado y no comi de l el hurfano
(porque desde mi juventud creci conmigo como con un padre, y desde el vientre de mi madre fui gua de la viuda);
si he visto a alguno perecer por falta de vestido, por carecer de abrigo el necesitado;
si no me bendijeron sus espaldas al calentarse con el velln de mis ovejas;
si alc contra el hurfano mi mano, aun viendo que en la puerta estaban de mi parte,
que mi espalda se caiga de mi hombro y se quiebre el hueso de mi brazo!
Porque he temido el castigo de Dios, contra cuya majestad yo no tendra poder.
"Si puse en el oro mi esperanza, y le dije al oro: "Mi confianza est en ti";
si me alegr de que mis riquezas se multiplicaran y de tener mucho en mi mano;
si he mirado al sol cuando resplandeca o a la luna en su esplendor,
y mi corazn fue engaado en secreto, y mi boca bes mi mano,
eso tambin sera una maldad digna de juicio, porque habra negado al Dios soberano.
"Si me alegr con el quebrantamiento del que me aborreca y me regocij cuando le sobrevino el mal
(aun cuando no entregu al pecado mi lengua para pedir la maldicin para su alma);
si mis siervos no decan: "Quin hay que no se haya saciado con su carne?"
(porque ningn forastero pasaba fuera la noche, sino que yo abra mis puertas al caminante);
si como humano que soy encubr mis transgresiones, escondiendo en mi seno mi iniquidad,
porque tema a la multitud, que era grande, y me atemorizaba el menosprecio de las familias, y entonces callaba y no sala de mi puerta...
Quin me diera ser escuchado!... Pero mi confianza es que el Omnipotente ser mi testigo, aunque mi adversario me lleve a juicio.
Ciertamente yo lo cargara sobre mi hombro, me lo ceira como una corona.
Yo le dara cuenta de todos mis pasos; como un prncipe me presentara delante de l.
"Si mi tierra clama contra m y lloran todos sus surcos;
si he comido su sustancia sin pagar o he afligido el alma de sus dueos,
que en lugar de trigo me nazcan abrojos, y espinos en lugar de cebada!". Aqu terminan las palabras de Job.
Cesaron estos tres varones de responder a Job, por cuanto l era justo a sus propios ojos.
Entonces Eli hijo de Baraquel, el buzita, de la familia de Ram, se encendi en ira contra Job. Se encendi en ira por cuanto l se haca justo a s mismo ms que a Dios.
Igualmente se encendi en ira contra sus tres amigos, porque aunque haban condenado a Job, no saban responderle.
Eli haba esperado a Job en la disputa, porque los otros eran ms viejos que l;
pero viendo Eli que no haba respuesta en la boca de aquellos tres varones, se encendi en ira.
Respondi Eli hijo de Baraquel, el buzita, y dijo: "Yo soy joven y vosotros ancianos: por eso he tenido miedo. He temido declararos mi opinin.
Yo deca: "Los das hablarn, los muchos aos declararn sabidura".
Ciertamente espritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente lo hace que entienda.
Pero no son los ms sabios los que tienen mucha edad, ni los ancianos los que entienden el derecho.
Por tanto, yo dije: "Escuchadme, declarar yo tambin mi sabidura".
"Yo he esperado a vuestras razones, he escuchado vuestros argumentos, en tanto que buscabais palabras.
Os he prestado atencin, y no hay entre vosotros quien redarguya a Job y responda a sus razones.
Para que no digis: "Nosotros hemos hallado sabidura. Es Dios quien lo vence, no el hombre".
Ahora bien, Job no dirigi contra m sus palabras, ni yo le responder con vuestras razones.
"Se espantaron y ya no respondieron; se les acabaron los razonamientos.
Yo, pues, he esperado, pero ellos no hablaban; antes bien, callaron y no volvieron a responder.
Por eso yo tambin responder mi parte; tambin yo declarar mi juicio.
Porque estoy repleto de palabras y por dentro me apremia el espritu.
De cierto mi corazn est como el vino que no tiene respiradero y que hace reventar los odres nuevos.
Hablar, pues, y respirar; abrir mis labios y responder.
Y no har ahora distincin de personas ni usar con nadie de ttulos lisonjeros.
Porque no s decir lisonjas, y si lo hiciera, pronto mi Hacedor me consumira.
"Por tanto, Job, oye ahora mis razones, escucha todas mis palabras.
Yo abrir ahora mi boca y mi lengua hablar en mi garganta.
Mis razones declararn la rectitud de mi corazn, y lo que saben mis labios, lo dirn con sinceridad.
El espritu de Dios me hizo y el soplo del Omnipotente me dio vida.
Respndeme, si puedes; ordena tus palabras, ponte en pie.
Heme aqu a m, en presencia de Dios, lo mismo que t: del barro fui yo tambin formado.
Por eso, mi terror no te espantar ni mi mano pesar sobre ti.
"De cierto t has dicho a odos mos y yo o la voz de tus palabras que decan:
"Yo soy puro y sin defecto; soy inocente y no hay maldad en m.
Dios ha buscado reproches contra m y me tiene por su enemigo.
Ha puesto mis pies en el cepo y vigila todas mis sendas".
"Pues bien, en esto no has hablado con razn, y yo te respondo que Dios es mayor que el hombre.
Por qu contiendes contra l, si l no da cuenta de ninguna de sus razones?
Aunque lo cierto es que de una u otra manera habla Dios, pero el hombre no lo entiende.
Por sueos, en visin nocturna, cuando el sueo cae sobre los hombres, cuando se duermen en el lecho,
entonces se revela l al odo del hombre y le confirma su instruccin,
para separar al hombre de su obra y apartar del varn la soberbia,
para librar su alma del sepulcro y su vida de perecer a espada.
"Tambin en su cama es castigado el hombre con fuerte dolor en sus huesos.
Entonces su vida aborrece el pan y su alma la comida suave.
Su carne desfallece y desaparece a la vista, y sus huesos, que antes no se vean, aparecen.
Su alma se acerca al sepulcro y su vida a los que causan la muerte.
"Pero si el hombre tiene a su lado algn elocuente mediador, muy escogido, para anunciarle su deber
y decirle que Dios tiene de l misericordia, que lo libra de descender al sepulcro, que hay redencin para l,
entonces su carne ser ms tierna que la de un nio y volver a los das de su juventud.
Entonces orar a Dios y obtendr su favor. Ver su faz con jbilo, y l restaurar al hombre su justicia.
Porque l mira sobre los hombres, y si uno dice: "He pecado y he pervertido lo recto, pero de nada me ha aprovechado",
Dios redimir su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se ver en luz.
"Todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre,
para apartar su alma del sepulcro y para iluminarlo con la luz de los vivientes.
Escucha, Job, yeme; calla, y yo hablar.
Si tienes razones, respndeme; habla, porque yo te quiero justificar.
Y si no, escchame t a m; calla, y te ensear sabidura".
Adems Eli dijo:
"Escuchad, sabios, mis palabras; y vosotros, doctos, prestadme atencin.
Porque el odo prueba las palabras, como el paladar saborea lo que uno come.
Escojamos para nosotros lo que es justo; conozcamos entre nosotros lo que es bueno,
porque Job ha dicho: "Yo soy justo, pero Dios me ha quitado mi derecho.
Y ahora habr de mentir contra mi razn? Dolorosa es mi herida, sin haber cometido transgresin!".
Pues bien, qu hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua,
que va en compaa de los inicuos y anda con los hombres malos?
Porque ha dicho: "De nada le sirve al hombre conformar su voluntad a Dios".
"Por tanto, vosotros que sois varones inteligentes, odme: Lejos est de Dios la impiedad, del Omnipotente la iniquidad!
Porque l pagar al hombre segn su obra, y le retribuir conforme a su conducta.
S, por cierto, Dios no har injusticia; el Omnipotente no pervertir el derecho.
Quin visit por l la tierra? Quin puso en orden el mundo entero?
Si l pusiera sobre el hombre su corazn y retirara su espritu y su aliento,
todo ser humano perecera a un tiempo y el hombre volvera al polvo.
"Si, pues, hay en ti entendimiento, oye esto; escucha la voz de mis palabras.
Gobernar acaso el que aborrece juicio? Condenars t al que es tan justo?
Se llamar "Perverso" al rey, o "Impos" a los prncipes?
Pues, cunto menos a aquel que no hace diferencia entre prncipes, ni respeta ms al rico que al pobre, porque todos son obra de sus manos?
En un momento mueren, a medianoche! Los pueblos se alborotan, y ellos pasan, y sin mano de hombre es quitado el poderoso.
Porque los ojos de Dios estn sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos.
No hay tinieblas ni sombra de muerte donde se puedan esconder los que hacen el mal.
No carga, pues, l al hombre ms de lo justo, para que comparezca con Dios a juicio.
l, sin indagacin, quebranta a los fuertes y pone a otros en su lugar.
As hace notorias las obras de ellos; los trastorna en la noche y son quebrantados.
Como a malos que son, los hiere en lugar donde sean vistos,
por cuanto se han apartado de l y no consideran ninguno de sus caminos,
sino que hacen venir delante de l el clamor del pobre, y que oiga el clamor de los necesitados.
Si l da reposo, quin inquietar? Si esconde el rostro, quin lo mirar? Y esto es igual para una nacin que para un hombre,
a fin de que no reine el hombre impo para vejacin del pueblo.
"De seguro conviene decirle a Dios: "Ya he llevado el castigo; no volver a ofender.
Ensame t lo que yo no veo; y si hice mal, no lo har ms".
Pero, habr de ser esto segn tu parecer? l te retribuir, no yo, tanto si rehsas como si aceptas. Si no es as, di t lo que sepas.
Los hombres inteligentes dirn conmigo, y tambin todo hombre sabio que me oiga:
"Job no habla con sabidura; sus palabras no tienen sentido".
Yo deseo que Job sea ampliamente examinado, a causa de sus respuestas semejantes a las de los hombres inicuos!
Porque a su pecado ha aadido rebelda, y bate palmas contra nosotros, y contra Dios multiplica sus palabras".
Prosigui Eli su razonamiento y dijo:
"Piensas que ha sido correcto decir: "Ms justo soy yo que Dios"?
Porque t dices: "Qu ventaja sacar de ello? O qu provecho tendr de no haber pecado?".
Pues yo te responder con razones, y a tus compaeros contigo.
Mira a los cielos. Contmplalos y considera que las nubes estn ms altas que t.
Si pecas, qu habrs logrado contra l? Si tus rebeliones se multiplican, qu le hars t?
Y si eres justo, qu le dars a l? O qu recibir de tu mano?
A un hombre como t lo daa tu impiedad; y a un hijo de hombre le es provechosa tu justicia.
"Claman a causa de las muchas violencias y se lamentan por el poder de los grandes.
Pero nadie dice: "Dnde est Dios, mi Hacedor, que llena de cnticos la noche,
que nos ensea ms que a las bestias de la tierra y nos hace sabios ms que a las aves del cielo?".
All claman, pero l no escucha, a causa de la soberbia de los malos.
Ciertamente Dios no escucha lo que es vanidad; ni siquiera lo mira el Omnipotente.
Cunto menos, pues, cuando dices que no haces caso de l? Tu causa est delante de l. Por tanto, agurdalo.
Mas ahora, porque en su ira no castiga ni inquiere con rigor,
por eso abre Job su boca en vano y multiplica palabras sin sabidura".
Eli sigui diciendo:
"Esprame un poco y yo te instruir, porque todava tengo razones en defensa de Dios.
Traer mi saber desde lejos para atribuir justicia a mi Hacedor.
Porque de cierto no son mentira mis palabras: Contigo est uno que es ntegro en sus conceptos!
"Dios es grande, pero no desestima a nadie. Es poderosa la fuerza de su sabidura.
No concede vida al impo, pero a los afligidos otorga sus derechos.
No aparta sus ojos de los justos; antes bien, con los reyes los sienta en trono y los exalta para siempre.
Aun si estuvieran sujetos con grillos, aprisionados con cuerdas de afliccin,
l les dara a conocer las obras que hicieron y cmo prevalecieron sus rebeliones.
Les despierta adems los odos a la correccin y los exhorta a convertirse de la iniquidad.
Si ellos escuchan y le sirven, acabarn sus das con bienestar y sus aos con dicha.
Pero si no escuchan, sern pasados a espada y perecern en su falta de sabidura.
"Los hipcritas de corazn atesoran para s la ira y no clamarn cuando l los ate.
Fallecer el alma de ellos en su juventud y su vida entre los sodomitas.
Al pobre librar l de su pobreza; en la afliccin despertar su odo.
Y tambin a ti te apartar de la boca de la angustia a un lugar espacioso, libre de todo agobio, y te preparar una mesa llena de manjares.
Mas t te has llenado del juicio del impo, en vez de sustentar el derecho y la justicia.
Por eso teme, no sea que l, en su ira, te quite con un golpe que no puedas evitar ni aun pagando un gran rescate.
Acaso har l aprecio de tus riquezas, del oro o de todo gran podero?
No anheles la noche, cuando los pueblos desaparecen de su lugar.
Gurdate de volver a la iniquidad, la cual escogiste ms bien que la afliccin.
Dios es excelso en su poder; Qu maestro es semejante a l?
Quin le ha trazado su camino? Quin le dir: "Eso lo has hecho mal"?
"Acurdate de enaltecer su obra, la cual los hombres contemplan.
Todos ellos la ven; la mira el hombre desde lejos.
Dios es grande y nosotros no lo conocemos, ni es posible seguir el curso de sus aos.
l atrae las gotas de agua cuando el vapor se transforma en lluvia,
la que destilan las nubes, y se vierte en raudales sobre los hombres.
Quin podr comprender cmo se expanden las nubes y el sonido atronador de su morada?
Sobre l extiende su luz y cubre con ella las profundidades del mar.
Bien que por tales medios castiga a los pueblos, tambin los sustenta con abundancia.
Con las nubes encubre la luz; las interpone y le manda que no brille.
Con el trueno declara su indignacin y la tempestad proclama su ira contra la iniquidad.
"Por eso tambin se estremece mi corazn y salta de su sitio.
Od atentamente el fragor de su voz, el estruendo que sale de su boca.
Por debajo de todos los cielos lo dirige, y su luz alcanza los confines de la tierra.
Despus de ella suena un bramido: truena l con voz majestuosa. Se oye el trueno, y no lo detiene.
Truena Dios maravillosamente con su voz. Hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.
Porque le dice a la nieve: "Cae sobre la tierra!", y tambin a la llovizna y a los aguaceros torrenciales.
As hace que el hombre se retire, para que todos los mortales reconozcan su obra.
Las fieras entran en sus guaridas y permanecen en sus moradas.
Del sur viene el torbellino, y el fro, de los vientos del norte.
Por el soplo de Dios llega el hielo y la extensin de las aguas se congela.
l llena de humedad la densa nube; y con la luz desvanece la niebla.
Asimismo, conforme a sus designios, las nubes giran en derredor, para hacer sobre la faz del mundo, en la tierra, lo que l les mande.
l las har venir, unas veces como castigo, otras a causa de la tierra y otras por misericordia.
"Escucha esto, Job; detente y considera las maravillas de Dios.
Sabes t cmo Dios las pone en concierto y hace resplandecer la luz de su nube?
Has conocido t las diferencias de las nubes, las maravillas del que es perfecto en sabidura?
Por qu estn calientes tus vestidos cuando l sosiega la tierra con el viento del sur?
Extendiste t con l los cielos, firmes como un espejo fundido?
Mustranos qu le hemos de decir, porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de la oscuridad.
Precisa l que le cuenten lo que yo digo, o que le informen de lo que dice el hombre?
"Ahora no se puede mirar la luz resplandeciente de los cielos, pero luego que pasa el viento y los limpia,
llega de la parte del norte la dorada claridad: la terrible majestad que hay en Dios!
l es el Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder, que a nadie oprime en juicio y en su gran justicia.
Lo temen por tanto los hombres, pero l no estima a ninguno que en su propio corazn se cree sabio".
Entonces respondi Jehov a Job desde un torbellino y dijo:
"Quin es ese que oscurece el consejo con palabras sin sabidura?
Ahora cete la cintura como un hombre: yo te preguntar y t me contestars.
"Dnde estabas t cuando yo fundaba la tierra? Hzmelo saber, si tienes inteligencia!
Quin dispuso sus medidas, si es que lo sabes? O quin tendi sobre ella la cuerda de medir?
Sobre qu estn fundadas sus bases? O quin puso su piedra angular,
cuando alababan juntas todas las estrellas del alba y se regocijaban todos los hijos de Dios?
"Quin encerr con puertas el mar, cuando se derramaba salindose de su seno,
cuando yo le puse nubes por vestidura y oscuridad por faja?
Yo establec para l los lmites; le puse puertas y cerrojo,
y dije: "Hasta aqu llegars y no pasars adelante; ah parar el orgullo de tus olas".
Has dado rdenes a la maana alguna vez en tu vida? Le has mostrado al alba su lugar,
para que ocupe los confines de la tierra y sean sacudidos de ella los malvados?
Ella cambia luego de aspecto como el barro bajo el sello, y toma el aspecto de una vestidura;
mas la luz les es quitada a los malvados y el brazo enaltecido es quebrantado.
"Has penetrado t hasta las fuentes del mar y has caminado escudriando el abismo?
Te han sido descubiertas las puertas de la muerte y has visto las puertas de la sombra de muerte?
Has considerado t la extensin de la tierra? Declara si sabes todo esto!
"Dnde est el camino que conduce a la morada de la luz? Y dnde est el lugar de las tinieblas,
para que las lleves a sus lmites y conozcas las sendas de su casa?
Quiz t lo sabes, puesto que entonces ya habas nacido y es grande el nmero de tus das!
"Has penetrado t hasta los depsitos de la nieve? Has visto los depsitos del granizo,
que tengo reservados para el tiempo de angustia, para el da de la guerra y de la batalla?
Por qu camino se difunde la luz y se esparce el viento del este sobre la tierra?
"Quin le abri un cauce al turbin y un camino a los relmpagos y los truenos,
haciendo llover sobre la tierra deshabitada, sobre el desierto, donde no vive ningn ser humano,
para saciar la tierra desierta y sin cultivo y para hacer que brote la tierna hierba?
"Tiene padre la lluvia? Quin engendr las gotas del roco?
De qu vientre sali el hielo? Y la escarcha del cielo, quin la dio a luz?
Las aguas se endurecen como piedra y se congela la faz del abismo.
"Podrs t anudar los lazos de las Plyades? Desatars las ligaduras de Orin?
Haces salir a su tiempo las constelaciones de los cielos? Guas a la Osa Mayor con sus hijos?
Conoces las leyes de los cielos? Dispones t su dominio en la tierra?
"Puedes alzar tu voz a las nubes para que te cubra gran cantidad de agua?
Envas t los relmpagos, para que ellos vayan, o para que te digan: "Aqu estamos"?
Quin puso la sabidura en el corazn? Quin dio inteligencia al espritu?
Quin cuenta con sabidura lo que hay en los cielos? Y los odres de los cielos, quin hace que se inclinen,
cuando el polvo se ha endurecido y los terrones se han pegado unos con otros?
"Cazars t la presa para el len? Saciars el hambre de sus cachorros,
cuando estn echados en sus guaridas o se ponen al acecho en la espesura?
Quin le prepara al cuervo su alimento, cuando sus polluelos claman a Dios y andan errantes por falta de comida?
Sabes t el tiempo en que paren las cabras monteses? Has mirado t cuando las ciervas estn pariendo?
Has contado t los meses de su preez y sabes el tiempo cuando han de parir?
Se encorvan, hacen salir a sus hijos y pasan sus dolores.
Sus hijos se robustecen y crecen con el pasto; luego se van y ya no regresan.
"Quin dio libertad al asno monts? Quin solt sus ataduras?
Yo le di por casa el desierto, puse su morada en lugares estriles.
l se burla del bullicio de la ciudad y no oye las voces del arriero.
En lo escondido de los montes est su pasto y anda buscando toda cosa verde.
"Querr el bfalo servirte a ti o quedarse en tu pesebre?
Atars t al bfalo con coyunda para abrir el surco? Ir en pos de ti labrando los valles?
Confiars en l porque es grande su fuerza? Le encomendaras tu labor?
Lo dejaras recoger el grano y juntarlo en tu era?
"Le has dado t sus hermosas alas al pavo real, o sus alas y plumas al avestruz?
Este desampara en la tierra sus huevos, los calienta sobre el polvo
y olvida que el pie los puede pisar y que una fiera del campo puede aplastarlos.
Es duro para con sus cras, como si no fueran suyas, y no teme que su trabajo haya sido en vano,
porque Dios lo priv de sabidura y no le dio inteligencia.
Sin embargo, en cuanto se levanta para correr, se burla del caballo y de su jinete.
"Le das t su fuerza al caballo? Cubres t su cuello de crines ondulantes?
Lo hars temblar t como a una langosta? El resoplido de su nariz es formidable.
Escarba la tierra, se alegra en su fuerza y sale al encuentro de las armas.
Hace burla del miedo; no teme ni vuelve el rostro delante de la espada.
Sobre l resuenan la aljaba, el hierro de la lanza y de la jabalina;
pero l, con mpetu y furor, escarba la tierra y no lo detiene ni el sonar de la trompeta;
ms bien parece decir en medio de los clarines: "Ea!". Desde lejos huele la batalla, el grito de los capitanes y el vocero.
"Acaso por tu sabidura vuela el gaviln y extiende hacia el sur sus alas?
Se remonta el guila por tu mandato y pone en alto su nido?
Ella habita y mora en la pea, en la cumbre del peasco y de la roca.
Desde all acecha la presa que sus ojos observan desde muy lejos.
Sus polluelos chupan la sangre; donde haya cadveres, all est ella".
Adems respondi Jehov a Job y dijo:
"Es sabidura contender con el Omnipotente? Responda a esto el que disputa con Dios!".
Entonces respondi Job a Jehov y dijo:
"Yo soy vil, qu te responder? Me tapo la boca con la mano!
Una vez habl, mas no replicar ms; aun dos veces, mas no volver a hablar".
Respondi Jehov a Job desde el torbellino y dijo:
"Ahora cete la cintura como un hombre: yo te preguntar y t me contestars.
Invalidars t tambin mi juicio? Me condenars a m, para justificarte t?
Tienes t un brazo como el de Dios? Truena tu voz como la suya?
"Adrnate ahora de majestad y alteza, vstete de honra y hermosura.
Derrama el ardor de tu ira; mira a todo altivo y abtelo.
Mira a todo soberbio y humllalo, y destruye a los impos dondequiera que estn.
Entirralos a todos en el polvo, encierra sus rostros en la oscuridad.
Entonces yo tambin declarar que tu diestra puede salvarte.
"Ah est el behemot: yo lo cre, lo mismo que a ti. Come hierba, como el buey.
Su fuerza est en sus lomos; su vigor, en los msculos de su vientre.
Mueve su cola semejante al cedro, y los nervios de sus muslos estn entretejidos.
Sus huesos son fuertes como el bronce y sus miembros como barras de hierro.
"l es el primero entre las obras de Dios, y solo el que lo hizo puede acercar a l la espada.
Ciertamente para l producen hierba los montes, donde retozan las bestias del campo.
Se acuesta a la sombra en lo oculto de las caas y de los lugares hmedos.
Los rboles lo cubren con su sombra; los sauces del arroyo lo rodean.
Aun cuando el ro se salga de madre, l no se inmuta; permanece tranquilo aunque todo un Jordn se estrelle contra su boca.
Quin podr atraparlo mientras l vigila? Quin le perforar la nariz?
Pescars t al leviatn con un anzuelo o sujetndole la lengua con una cuerda?
Le pondras una soga en las narices? Perforaras con un garfio su quijada?
Multiplicar ruegos l delante de ti? Te hablar con palabras lisonjeras?
Har un pacto contigo para que lo tomes por esclavo para siempre?
Jugars con l como con un pjaro? Lo atars para tus nias?
Harn banquete con l los compaeros? Lo repartirn entre los mercaderes?
Cortars t con cuchillo su piel, o con arpn de pescadores su cabeza?
Pon tu mano sobre l: recordars luego la lucha y no volvers a hacerlo.
En cuanto a l, toda esperanza queda burlada, porque aun a su sola vista la gente se desmaya.
Y nadie hay tan osado que lo despierte; quin podr permanecer delante de m?
Porque quin me ha dado a m primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mo!
"No guardar silencio sobre sus miembros, ni sobre sus fuerzas y la gracia de su disposicin.
Quin levantar la cubierta que lo reviste? Quin se acercar a su doble coraza?
Quin abrir la puerta de sus fauces? Las hileras de sus dientes espantan!
Su espalda est cubierta de fuertes escudos, soldados estrechamente entre s.
El uno se junta con el otro de modo que el viento no pasa entre ellos.
Unido est el uno con el otro, trabados entre s, no se pueden separar.
Cuando estornuda, lanza relmpagos; sus ojos son como los prpados del alba.
De su boca salen llamaradas; centellas de fuego brotan de ella.
De sus narices sale humo, como de una olla o caldero que hierve.
Su aliento enciende los carbones; de su boca salen llamas.
En su cerviz est su fuerza, y delante de l cunde el desaliento.
Aun las partes ms tiernas de su carne estn endurecidas, son firmes en l, no se mueven.
Firme es como una piedra su corazn, fuerte como la piedra de un molino.
Cuando se levanta, los fuertes tienen temor y retroceden a causa de su desfallecimiento.
Aunque la espada lo alcance, no se le clavar; ni tampoco la lanza, el dardo o la jabalina.
Para l, el hierro es como paja y el bronce como madera podrida.
La saeta no lo hace huir y las piedras de honda le son como paja.
Toda arma le es como hojarasca y se burla del silbido de la jabalina.
Por debajo tiene escamas puntiagudas que imprimen su huella en el barro.
Hace hervir como una olla las aguas profundas y las vuelve como una olla de ungento.
En pos de s resplandece su estela, hasta parecer cano el abismo.
No hay en la tierra quien se le asemeje; es un animal hecho exento de temor.
Menosprecia toda arrogancia y es rey sobre toda otra fiera".
Respondi Job a Jehov y dijo:
"Yo reconozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que te sea oculto.
"Quin es el que, falto de entendimiento, oscurece el consejo?". As hablaba yo, y nada entenda; eran cosas demasiado maravillosas para m, que yo no comprenda.
Escucha, te ruego, y hablar. Te preguntar y t me ensears.
De odas te conoca, mas ahora mis ojos te ven.
Por eso me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza".
Aconteci que despus que habl Jehov estas palabras a Job, Jehov dijo a Elifaz, el temanita: "Mi ira se ha encendido contra ti y tus dos compaeros, porque no habis hablado de m lo recto, como mi siervo Job.
Ahora, pues, tomad siete becerros y siete carneros, id a mi siervo Job y ofreced holocausto por vosotros. Mi siervo Job orar por vosotros y yo de cierto lo atender para no trataros con afrenta por no haber hablado de m con rectitud, como mi siervo Job".
Fueron, pues, Elifaz, el temanita, Bildad, el suhita, y Zofar, el naamatita, e hicieron como Jehov les haba dicho. Y Jehov acept la oracin de Job.
Cuando Job hubo orado por sus amigos, Jehov le quit la afliccin; y aument al doble todas las cosas que haban sido de Job.
Todos sus hermanos, todas sus hermanas y todos los que antes lo haban conocido vinieron a l y comieron pan con l en su casa. Se condolieron de l, lo consolaron de todo aquel mal que Jehov haba trado sobre l y cada uno le dio una moneda de plata y un anillo de oro.
Jehov bendijo el postrer estado de Job ms que el primero, porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.
Tambin tuvo siete hijos y tres hijas.
A la primera le puso por nombre Jemima; a la segunda, Cesia, y a la tercera, Keren-hapuc.
Y no haba en toda la tierra mujeres tan hermosas como las hijas de Job, a las que su padre dio herencia entre sus hermanos.
Despus de esto vivi Job ciento cuarenta aos, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generacin.
Job muri muy anciano, colmado de das.
Bienaventurado el varn que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado,
sino que en la ley de Jehov est su delicia y en su Ley medita de da y de noche.
Ser como rbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperar.
No as los malos, que son como el tamo que arrebata el viento.
Por tanto, no se levantarn los malos en el juicio ni los pecadores en la congregacin de los justos,
porque Jehov conoce el camino de los justos, mas la senda de los malos perecer.
Por qu se amotinan las gentes y los pueblos piensan cosas vanas?
Se levantarn los reyes de la tierra, y prncipes conspirarn contra Jehov y contra su ungido, diciendo:
"Rompamos sus ligaduras y echemos de nosotros sus cuerdas".
El que mora en los cielos se reir; el Seor se burlar de ellos.
Luego les hablar en su furor, y los turbar con su ira:
"Yo he puesto mi rey sobre Sin, mi santo monte".
Yo publicar el decreto; Jehov me ha dicho: "Mi hijo eres t; yo te engendr hoy.
Pdeme, y te dar por herencia las naciones y como posesin tuya los confines de la tierra.
Los quebrantars con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzars".
Ahora, pues, reyes, sed prudentes; admitid amonestacin, jueces de la tierra.
Servid a Jehov con temor y alegraos con temblor.
Honrad al Hijo, para que no se enoje y perezcis en el camino, pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en l confan!
<Salmo de David, cuando hua de delante de su hijo Absaln.> Jehov, cunto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra m;
muchos son los que dicen de m: "No hay para l salvacin en Dios". Selah
Mas t, Jehov, eres escudo alrededor de m; mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
Con mi voz clam a Jehov y l me respondi desde su monte santo. Selah
Yo me acost y dorm, y despert, porque Jehov me sustentaba.
No temer ni a una gran multitud que ponga sitio contra m.
Levntate, Jehov! Slvame, Dios mo! T heriste a todos mis enemigos en la mejilla; los dientes de los perversos rompiste.
La salvacin es de Jehov. Sobre tu pueblo sea tu bendicin! Selah
<Al msico principal; sobre Neginot. Salmo de David> Respndeme cuando clamo, Dios, justicia ma! Cuando estaba en angustia, t me diste alivio. Ten misericordia de m y oye mi oracin.
Hijos de los hombres, hasta cundo volveris mi honra en infamia, amaris la vanidad y buscaris la mentira? Selah
Sabed, pues, que Jehov ha escogido al piadoso para s; Jehov oir cuando yo a l clame.
Temblad y no pequis! Meditad en vuestro corazn estando en vuestra cama, y callad. Selah
Ofreced sacrificios de justicia y confiad en Jehov.
Muchos son los que dicen: "Quin nos mostrar el bien?". Alza sobre nosotros, Jehov, la luz de tu rostro.
T diste alegra a mi corazn, mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.
En paz me acostar y asimismo dormir, porque slo t, Jehov, me haces vivir confiado.
<Al msico principal; sobre Nehilot. Salmo de David> Escucha, Jehov, mis palabras; considera mi gemir.
Atiende a la voz de mi clamor, Rey mo y Dios mo, porque a ti orar.
Jehov, de maana oirs mi voz; de maana me presentar delante de ti y esperar.
Porque t no eres un Dios que se complace en la maldad, el malo no habitar junto a ti.
Los insensatos no estarn delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.
Destruirs a los que hablan mentira; al hombre sanguinario y engaador abominar Jehov.
Mas yo por la abundancia de tu misericordia entrar en tu Casa; adorar con reverencia hacia tu santo Templo.
Guame, Jehov, en tu justicia, a causa de mis enemigos; endereza delante de m tu camino.
En la boca de ellos no hay sinceridad; su interior est lleno de maldad, sepulcro abierto es su garganta, su lengua es mentirosa.
Castgalos, Dios! Caigan por sus mismas intrigas! Por la multitud de sus transgresiones chalos fuera, porque se rebelaron contra ti.
Pero algrense todos los que en ti confan; den voces de jbilo para siempre, porque t los defiendes; en ti se regocijen los que aman tu nombre.
T, Jehov, bendecirs al justo; como con un escudo lo rodears de tu favor.
<Al msico principal; en Neginot, sobre Seminit. Salmo de David> Jehov, no me reprendas en tu enojo ni me castigues con tu ira.
Ten misericordia de m, Jehov, porque estoy enfermo; sname, Jehov, porque mis huesos se estremecen.
Mi alma tambin est muy turbada; y t, Jehov, hasta cundo?
Vulvete, Jehov, libra mi alma. Slvame por tu misericordia!,
porque en la muerte no hay memoria de ti; en el seol, quin te alabar?
Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lgrimas.
Mis ojos estn gastados de sufrir; se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.
Apartaos de m, todos los hacedores de maldad, porque Jehov ha odo la voz de mi lloro!
Jehov ha odo mi ruego; ha recibido Jehov mi oracin.
Se avergonzarn y se turbarn mucho todos mis enemigos; se volvern y sern avergonzados de repente.
<Sigain de David, que cant a Jehov acerca de las palabras de Cus, hijo de Benjamn.> Jehov, Dios mo, en ti he confiado; slvame de todos los que me persiguen, y lbrame,
no sea que desgarren mi alma cual len y me destrocen sin que haya quien me libre.
Jehov, Dios mo, si de algo soy culpable, si hay en mis manos iniquidad,
si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo (al contrario, he libertado al que sin causa era mi enemigo),
que me persiga el enemigo y me alcance, que pisotee en tierra mi vida y mi honra ponga en el polvo. Selah
Levntate, Jehov, en tu ira! lzate en contra de la furia de mis angustiadores y despierta en favor mo el juicio que mandaste!
Te rodear una congregacin de pueblos y sobre ella vulvete a sentar en alto.
Jehov juzgar a los pueblos. Jzgame, Jehov, conforme a mi justicia y conforme a mi integridad.
Termine ahora la maldad de los malvados, mas establece t al justo, porque el Dios justo prueba la mente y el corazn.
Mi escudo est en Dios, que salva a los rectos de corazn.
Dios es juez justo; y Dios est airado contra el impo todos los das.
Si no se arrepiente, l afilar su espada; armado tiene ya su arco y lo ha preparado.
Asimismo ha preparado armas de muerte y ha hecho saetas ardientes.
El impo concibi maldad, se pre de iniquidad y dio a luz engao.
Pozo ha cavado y lo ha ahondado; pero en el hoyo que hizo, caer.
Su iniquidad recaer sobre su cabeza y su agravio caer sobre su propia coronilla!
Alabar a Jehov conforme a su justicia y cantar al nombre de Jehov, el Altsimo.
<Al msico principal; sobre Gitit. Salmo de David> Jehov, Seor nuestro, cun grande es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos!
De la boca de los nios y de los que an maman, fundaste la fortaleza a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.
Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que t formaste,
digo: "Qu es el hombre para que tengas de l memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?".
Lo has hecho poco menor que los ngeles y lo coronaste de gloria y de honra.
Lo hiciste seorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies:
ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo,
las aves del cielo y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar!
Jehov, Seor nuestro, cun grande es tu nombre en toda la tierra!
<Al msico principal; sobre Mut-labn. Salmo de David> Te alabar, Jehov, con todo mi corazn. Contar todas tus maravillas.
Me alegrar y me regocijar en ti; cantar a tu nombre, Altsimo.
Mis enemigos se volvieron atrs; cayeron y perecieron delante de ti.
Has mantenido mi derecho y mi causa; te has sentado en el trono juzgando con justicia.
Reprendiste a las naciones, destruiste al malo; borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre!
Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre; y las ciudades que derribaste, su memoria pereci con ellas.
Pero Jehov permanecer para siempre; ha dispuesto su trono para juicio.
l juzgar al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud.
Jehov ser refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia.
En ti confiarn los que conocen tu nombre, por cuanto t, Jehov, no desamparaste a los que te buscaron.
Cantad a Jehov, que habita en Sin; publicad entre los pueblos sus obras.
El que demanda la sangre se acord de ellos; no se olvid del clamor de los afligidos.
Ten misericordia de m, Jehov; mira la afliccin que padezco a causa de los que me aborrecen, t, que me levantas de las puertas de la muerte
para que cuente todas tus alabanzas a las puertas de Sin, y me goce en tu salvacin.
Se hundieron las naciones en el hoyo que hicieron; en la red que escondieron fue atrapado su pie.
Jehov se ha hecho conocer en el juicio que ejecut; en la obra de sus manos fue enlazado el malo. Higain. Selah
Los malos sern trasladados al seol, todas las naciones que se olvidan de Dios.
El menesteroso no para siempre ser olvidado, ni la esperanza de los pobres perecer perpetuamente.
Levntate, Jehov; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las naciones delante de ti.
Infunde, Jehov, tu temor en ellos; conozcan las naciones que no son sino hombres! Selah
Por qu ests lejos, Jehov, y te escondes en el tiempo de la tribulacin?
Con arrogancia, el malo persigue al pobre; ser atrapado en las trampas que ha preparado.
El malo se jacta del deseo de su alma, bendice al codicioso y desprecia a Jehov;
el malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.
Sus caminos son torcidos en todo tiempo; tus juicios los tiene muy lejos de su vista; a todos sus adversarios desprecia.
Dice en su corazn: "No caer jams; nunca me alcanzar la desgracia".
Llena est su boca de maldicin y de engaos y fraude; debajo de su lengua hay insulto y maldad.
Se sienta al acecho cerca de las aldeas; en escondrijos mata al inocente. Sus ojos estn acechando al desvalido,
acecha en oculto, como el len desde su cueva; acecha para atrapar al pobre; atrapa al pobre trayndolo a su red.
Se encoge, se agacha, y caen en sus fuertes garras muchos desdichados.
Dice en su corazn: "Dios lo olvida; cubre su rostro, nunca ve nada".
Levntate, Jehov Dios, alza tu mano! No te olvides de los pobres!
Por qu desprecia el malo a Dios? En su corazn ha dicho: "T no habrs de pedir cuentas".
T lo has visto, porque miras el trabajo y la vejacin, para dar la recompensa con tu mano; a ti se acoge el desvalido; t eres el amparo del hurfano.
Rompe el brazo del inicuo y castiga la maldad del malo hasta que no halles ninguna!
Jehov es Rey eternamente y para siempre; de su tierra desaparecern las naciones.
El deseo de los humildes oste, Jehov; t los animas y les prestas atencin.
T haces justicia al hurfano y al oprimido, a fin de que no vuelva ms a hacer violencia el hombre de la tierra.
<Al msico principal. Salmo de David> En Jehov he confiado; cmo decs a mi alma que escape al monte cual ave?,
porque los malos tienden el arco, disponen sus saetas sobre la cuerda, para lanzarlas en oculto a los rectos de corazn.
Si son destruidos los fundamentos, qu puede hacer el justo?
Jehov est en su santo Templo; Jehov tiene en el cielo su trono; sus ojos observan, sus prpados examinan a los hijos de los hombres.
Jehov prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia los repudia su alma.
Sobre los malos har llover calamidades; fuego, azufre y viento abrasador sern la porcin de su copa.
Porque Jehov es justo y ama la justicia, el hombre recto ver su rostro.
<Al msico principal; sobre Seminit. Salmo de David> Salva, Jehov, porque se acabaron los piadosos, porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres.
Habla mentira cada cual con su prjimo; adulan con los labios, pero con doblez de corazn.
Jehov destruir todos los labios aduladores, y la lengua que habla con jactancia;
a los que han dicho: "Por nuestra lengua prevaleceremos, nuestros labios son nuestros, quin es seor de nosotros?".
"Por la opresin de los pobres, por el gemido de los necesitados, ahora me levantar -- dice Jehov -- , pondr a salvo al que por ello suspira".
Las palabras de Jehov son palabras limpias, como plata refinada en horno de barro, purificada siete veces.
T, Jehov, los guardars; de esta generacin los preservars para siempre.
Rondando andan los malos cuando la infamia es enaltecida entre los hijos de los hombres.
<Al msico principal. Salmo de David> Hasta cundo, Jehov? Me olvidars para siempre? Hasta cundo esconders tu rostro de m?
Hasta cundo tendr conflictos en mi alma, con angustias en mi corazn cada da? Hasta cundo ser enaltecido mi enemigo sobre m?
Mira, respndeme, Jehov, Dios mo; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte,
para que no diga mi enemigo: "Lo venc". Mis enemigos se alegrarn si yo resbalo.
Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazn se alegrar en tu salvacin.
Cantar a Jehov porque me ha hecho bien.
<Al msico principal. Salmo de David> Dice el necio en su corazn: "No hay Dios". Se han corrompido, hacen obras despreciables, no hay quien haga lo bueno.
Jehov mir desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si haba algn entendido que buscara a Dios.
Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
No tienen discernimiento todos los que cometen maldad, que devoran a mi pueblo como si comieran pan y no invocan a Jehov?
Ellos temblarn de espanto, porque Dios est con la generacin de los justos.
De los planes del pobre se han burlado, pero Jehov es su esperanza.
Ah, si de Sin viniera la salvacin de Israel! Cuando Jehov haga volver a los cautivos de su pueblo, se gozar Jacob, se alegrar Israel.
<Salmo de David> Jehov, quin habitar en tu Tabernculo?, quin morar en tu monte santo?
El que anda en integridad y hace justicia; el que habla verdad en su corazn;
el que no calumnia con su lengua ni hace mal a su prjimo ni admite reproche alguno contra su vecino;
aquel a cuyos ojos el indigno es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehov; el que aun jurando en perjuicio propio, no por eso cambia;
quien su dinero no dio a usura ni contra el inocente admiti soborno. El que hace estas cosas, no resbalar jams.
<Mictam de David> Gurdame, Dios, porque en ti he confiado.
Alma ma, dijiste a Jehov: "T eres mi Seor; no hay para m bien fuera de ti".
Para los santos que estn en la tierra y para los ntegros es toda mi complacencia.
Se multiplicarn los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofrecer yo sus libaciones de sangre ni en mis labios tomar sus nombres.
Jehov es la porcin de mi herencia y de mi copa; t aseguras mi suerte.
Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado.
Bendecir a Jehov que me aconseja; aun en las noches me ensea mi conciencia.
A Jehov he puesto siempre delante de m; porque est a mi diestra, no ser conmovido.
Se alegr por tanto mi corazn y se goz mi alma; mi carne tambin descansar confiadamente,
porque no dejars mi alma en el seol, ni permitirs que tu santo vea corrupcin.
Me mostrars la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre.
<Oracin de David> Oye, Jehov, una causa justa; atiende a mi clamor. Escucha mi oracin hecha de labios sin engao.
De tu presencia proceda mi defensa; vean tus ojos la rectitud.
T has probado mi corazn, me has visitado de noche; me has puesto a prueba y nada malo hallaste. He resuelto que mi boca no cometa delito.
En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios yo me he guardado de las sendas de los violentos.
Afirma mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen.
Yo te he invocado por cuanto t, Dios, me oirs; inclina a m tu odo, escucha mi palabra.
Muestra tus maravillosas misericordias, t que salvas a los que se refugian a tu diestra de los que se levantan contra ellos.
Gurdame como a la nia de tus ojos; escndeme bajo la sombra de tus alas,
de la vista de los malos que me oprimen, de mis enemigos que buscan mi vida.
Envueltos estn en su gordura; con su boca hablan arrogantemente.
Han cercado ahora nuestros pasos; tienen puestos sus ojos para echarnos por tierra.
Son como len que ansa agarrar su presa y como leoncillo que est en su escondite.
Levntate, Jehov; sal a su encuentro, derrbalos; libra mi vida de los malos con tu espada,
de los hombres, con tu mano, Jehov, de los hombres de este mundo, para quienes lo mejor es esta vida, y cuyo vientre est lleno de tus bienes. Sacian a sus hijos y aun les sobra para sus pequeos.
En cuanto a m, ver tu rostro en justicia; estar satisfecho cuando despierte a tu semejanza.
<Al msico principal. Salmo de David, siervo de Jehov, el cual dirigi a Jehov las palabras de este cntico el da que lo libr Jehov de manos de todos sus enemigos, y de manos de Sal. Entonces dijo:> Te amo, Jehov, fortaleza ma.
Jehov, roca ma y castillo mo, mi libertador; Dios mo, fortaleza ma, en l confiar; mi escudo y la fuerza de mi salvacin, mi alto refugio.
Invocar a Jehov, quien es digno de ser alabado, y ser salvo de mis enemigos.
Me rodearon los lazos de la muerte y los torrentes de la destruccin me atemorizaron.
Los lazos del seol me han rodeado, me tendieron redes de muerte.
En mi angustia invoqu a Jehov y clam a mi Dios. l oy mi voz desde su Templo y mi clamor lleg hasta sus odos.
La tierra fue conmovida y tembl; se conmovieron los cimientos de los montes y se estremecieron, porque se indign l.
Humo subi de su nariz y de su boca fuego consumidor; carbones fueron por l encendidos.
Inclin los cielos y descendi, y haba densas tinieblas debajo de sus pies.
Cabalg sobre un querubn y vol; vol sobre las alas del viento.
Puso tinieblas por su escondite, por cortina suya alrededor de s; oscuridad de aguas, nubes de los cielos.
Por el resplandor de su presencia, pasaron sus nubes: granizo y carbones ardientes.
Tron en los cielos Jehov, el Altsimo dio su voz: granizo y carbones de fuego.
Envi sus saetas y los dispers; lanz relmpagos y los destruy.
Entonces aparecieron los abismos de las aguas y quedaron al descubierto los cimientos del mundo: a tu reprensin, Jehov, por el soplo del aliento de tu nariz.
Envi desde lo alto y me tom, me sac de las muchas aguas.
Me libr de mi poderoso enemigo y de los que me aborrecan, pues eran ms fuertes que yo.
Me asaltaron en el da de mi desgracia, pero Jehov fue mi apoyo.
Me sac a lugar espacioso; me libr, porque se agrad de m.
Jehov me ha premiado conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado,
porque yo he guardado los caminos de Jehov, y no me apart impamente de mi Dios,
pues todos sus juicios estuvieron delante de m y no me he apartado de sus estatutos.
Fui recto para con l y me he guardado de hacer lo malo,
por lo cual me ha recompensado Jehov conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos delante de sus ojos.
Con el misericordioso te mostrars misericordioso, y recto con el hombre ntegro.
Limpio te mostrars con el limpio y severo sers para con el tramposo,
porque t salvars al pueblo afligido y humillars los ojos altivos.
T encenders mi lmpara; Jehov, mi Dios, alumbrar mis tinieblas.
Contigo desbaratar ejrcitos y con mi Dios asaltar ciudades amuralladas.
En cuanto a Dios, perfecto es su camino y acrisolada la palabra de Jehov; escudo es a todos los que en l esperan.
Quin es Dios sino slo Jehov? Y qu roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios es el que me reviste de poder y quien hace perfecto mi camino;
quien hace mis pies como de venados y me hace estar firme sobre mis alturas;
quien adiestra mis manos para la batalla, para tensar con mis brazos el arco de bronce.
Me diste asimismo el escudo de tu salvacin; tu diestra me sustent y tu benignidad me ha engrandecido.
Ensanchaste mis pasos debajo de m y mis pies no han resbalado.
Persegu a mis enemigos y los alcanc; no volv hasta acabarlos.
Los her de modo que no se levantaran; cayeron debajo de mis pies,
pues me has revestido de fuerzas para el combate; has humillado a mis enemigos debajo de m.
Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas, para que yo destruya a los que me odian.
Clamaron, y no hubo quien salvara; aun a Jehov, pero no los oy.
Los mol como polvo delante del viento; los lanc afuera como a lodo de las calles.
Me has librado de las contiendas del pueblo; me has hecho cabeza de las naciones; pueblo que yo no conoca me sirvi.
Al oir de m, me obedecieron; los hijos de extraos se sometieron a m.
Los extraos se debilitaron y salieron temblando de sus encierros.
Viva Jehov y bendita sea mi roca! Y enaltecido sea el Dios de mi salvacin,
el Dios que venga mis agravios y somete pueblos debajo de m,
el que me libra de mis enemigos e incluso me eleva sobre los que se levantan contra m. Me libraste de hombre violento.
Por tanto yo te confesar entre las naciones, Jehov, y cantar a tu nombre.
Grandes triunfos da a su rey y hace misericordia a su ungido, a David y a su descendencia para siempre.
<Al msico principal. Salmo de David> Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un da emite palabra a otro da y una noche a otra noche declara sabidura.
No hay lenguaje ni palabras ni es oda su voz.
Por toda la tierra sali su voz y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernculo para el sol;
y este, como esposo que sale de su alcoba, se alegra cual gigante para correr el camino.
De un extremo de los cielos es su salida y su curso hasta el trmino de ellos. Nada hay que se esconda de su calor.
La ley de Jehov es perfecta: convierte el alma; el testimonio de Jehov es fiel: hace sabio al sencillo.
Los mandamientos de Jehov son rectos: alegran el corazn; el precepto de Jehov es puro: alumbra los ojos.
El temor de Jehov es limpio: permanece para siempre; los juicios de Jehov son verdad: todos justos.
Deseables son ms que el oro, ms que mucho oro refinado; y dulces ms que la miel, la que destila del panal.
Tu siervo es, adems, amonestado con ellos; en guardarlos hay gran recompensa.
Quin puede discernir sus propios errores? Lbrame de los que me son ocultos.
Preserva tambin a tu siervo de las soberbias, que no se enseoreen de m. Entonces ser ntegro y estar libre de gran rebelin.
Sean gratos los dichos de mi boca y la meditacin de mi corazn delante de ti, Jehov, roca ma y redentor mo!
<Al msico principal. Salmo de David> Jehov te escuche en el da de conflicto; el nombre del Dios de Jacob te defienda.
Te enve ayuda desde el santuario y desde Sin te sostenga.
Traiga a la memoria todas tus ofrendas y acepte tu holocausto. Selah
Te d conforme al deseo de tu corazn y cumpla todos tus planes.
Nosotros nos alegraremos en tu salvacin y alzaremos bandera en el nombre de nuestro Dios. Conceda Jehov todas tus peticiones.
Ahora conozco que Jehov salva a su ungido; lo atender desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra.
Estos confan en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehov, nuestro Dios, haremos memoria.
Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos y resistimos a pie firme.
Salva, Jehov; que el Rey nos oiga en el da que lo invoquemos.
<Al msico principal. Salmo de David> El rey se alegra en tu poder, Jehov; y en tu salvacin, cmo se goza!
Le has concedido el deseo de su corazn y no le negaste la peticin de sus labios, Selah
porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.
Vida te demand y se la diste; largura de das eternamente y para siempre.
Grande es su gloria por tu salvacin; honra y majestad has puesto sobre l.
Lo has bendecido para siempre; lo llenaste de alegra con tu presencia.
Por cuanto el rey confa en Jehov, y por la misericordia del Altsimo, no ser conmovido.
Alcanzar tu mano a todos tus enemigos; tu diestra alcanzar a los que te aborrecen.
Los pondrs como horno de fuego en el tiempo de tu ira; Jehov los deshar en su ira y el fuego los consumir.
Su fruto destruirs de la tierra y su descendencia de entre los hijos de los hombres,
porque intentaron el mal contra ti, fraguaron maquinaciones, pero no prevalecern,
pues t los pondrs en fuga; en tus cuerdas dispondrs saetas contra sus rostros.
Engrandcete, Jehov, en tu poder! Cantaremos y alabaremos tu podero!
<Al msico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David> Dios mo, Dios mo, por qu me has desamparado? Por qu ests tan lejos de mi salvacin y de las palabras de mi clamor?
Dios mo, clamo de da y no respondes; y de noche no hay para m descanso.
Pero t eres santo, t que habitas entre las alabanzas de Israel.
En ti esperaron nuestros padres; esperaron y t los libraste.
Clamaron a ti y fueron librados; confiaron en ti y no fueron avergonzados.
Pero yo soy gusano y no hombre; oprobio de los hombres y despreciado del pueblo.
Todos los que me ven se burlan de m; tuercen la boca y menean la cabeza, diciendo:
"Se encomend a Jehov, lbrelo l; slvelo, puesto que en l se complaca".
Pero t eres el que me sac del vientre, el que me hizo estar confiado desde que estaba en el regazo de mi madre.
A ti fui encomendado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, t eres mi Dios.
No te alejes de m, porque la angustia est cerca y no hay quien me ayude.
Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basn me han cercado.
Abrieron contra m su boca como len rapaz y rugiente.
He sido derramado como el agua y todos mis huesos se descoyuntaron. Mi corazn fue como cera, derritindose dentro de m.
Como un tiesto se sec mi vigor y mi lengua se peg a mi paladar. Me has puesto en el polvo de la muerte!
Perros me han rodeado; me ha cercado una banda de malignos; desgarraron mis manos y mis pies.
Contar puedo todos mis huesos! Entre tanto, ellos me miran y me observan.
Repartieron entre s mis vestidos y sobre mi ropa echaron suertes.
Mas t, Jehov, no te alejes! Fortaleza ma, apresrate a socorrerme!
Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida.
Slvame de la boca del len y lbrame de los cuernos de los toros salvajes.
Anunciar tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregacin te alabar.
Los que temis a Jehov, alabadlo! Glorificadlo, descendencia toda de Jacob! Temedlo vosotros, descendencia toda de Israel!,
porque no menospreci ni rechaz el dolor del afligido, ni de l escondi su rostro, sino que cuando clam a l, lo escuch.
De ti ser mi alabanza en la gran congregacin; mis votos pagar delante de los que lo temen.
Comern los humildes hasta quedar saciados; alabarn a Jehov los que lo buscan; vivir vuestro corazn para siempre.
Se acordarn y se volvern a Jehov todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarn delante de ti,
porque de Jehov es el reino y l regir las naciones.
Comern y adorarn todos los poderosos de la tierra; se postrarn delante de l todos los que descienden al polvo, aun el que no puede conservar la vida a su propia alma.
La posteridad lo servir; esto ser contado de Jehov hasta la postrera generacin.
Vendrn y anunciarn su justicia; a pueblo no nacido an, anunciarn que l hizo esto.
<Salmo de David> Jehov es mi pastor, nada me faltar.
En lugares de delicados pastos me har descansar; junto a aguas de reposo me pastorear.
Confortar mi alma. Me guiar por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temer mal alguno, porque t estars conmigo; tu vara y tu cayado me infundirn aliento.
Aderezas mesa delante de m en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa est rebosando.
Ciertamente, el bien y la misericordia me seguirn todos los das de mi vida, y en la casa de Jehov morar por largos das.
<Salmo de David> De Jehov es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en l habitan,
porque l la fund sobre los mares y la afirm sobre los ros.
Quin subir al monte de Jehov? Y quin estar en su lugar santo?
El limpio de manos y puro de corazn; el que no ha elevado su alma a cosas vanas ni ha jurado con engao.
l recibir bendicin de Jehov y justicia del Dios de salvacin.
Tal es la generacin de los que lo buscan, de los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. Selah
Alzad, puertas, vuestras cabezas! Alzaos vosotras, puertas eternas, y entrar el Rey de gloria!
Quin es este Rey de gloria? Jehov el fuerte y valiente, Jehov el poderoso en batalla!
Alzad, puertas, vuestras cabezas! Alzaos vosotras, puertas eternas, y entrar el Rey de gloria!
Quin es este Rey de gloria? Es Jehov de los ejrcitos! l es el Rey de gloria! Selah
<Salmo de David> A ti, Jehov, levantar mi alma.
Dios mo, en ti confo; no sea yo avergonzado. No se alegren de m mis enemigos!
Ciertamente, ninguno de cuantos esperan en ti ser confundido; sern avergonzados los que se rebelan sin causa.
Mustrame, Jehov, tus caminos; ensame tus sendas.
Encamname en tu verdad y ensame, porque t eres el Dios de mi salvacin; en ti he esperado todo el da.
Acurdate, Jehov, de tus piedades y de tus misericordias, que son perpetuas.
De los pecados de mi juventud y de mis rebeliones no te acuerdes. Conforme a tu misericordia acurdate, Jehov, de m, por tu bondad.
Bueno y recto es Jehov; por tanto, l ensear a los pecadores el camino.
Encaminar a los humildes en la justicia y ensear a los mansos su carrera.
Todas las sendas de Jehov son misericordia y verdad para los que guardan su pacto y sus testimonios.
Por amor de tu nombre, Jehov, perdonars tambin mi pecado, que es grande.
Quin es el hombre que teme a Jehov? l le ensear el camino que ha de escoger.
Gozar l de bienestar y su descendencia heredar la tierra.
La comunin ntima de Jehov es con los que lo temen, y a ellos har conocer su pacto.
Mis ojos siempre se dirigen hacia Jehov, porque l saca mis pies de la red.
Mrame y ten misericordia de m, porque estoy solo y afligido.
Las angustias de mi corazn se han aumentado; scame de mis congojas.
Mira mi afliccin y mi trabajo y perdona todos mis pecados.
Mira mis enemigos, cmo se han multiplicado y con odio violento me aborrecen.
Guarda mi alma y lbrame! No sea yo avergonzado, porque en ti he confiado.
Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado.
Redime, Dios, a Israel de todas sus angustias!
<Salmo de David> Jzgame, Jehov, porque yo en integridad he andado; he confiado asimismo en Jehov sin titubear.
Escudrame, Jehov, y prubame; examina mis ntimos pensamientos y mi corazn,
porque tu misericordia est delante de mis ojos y ando en tu verdad.
No me he sentado con hombres hipcritas, ni entr con los que andan simuladamente.
Aborrec la reunin de los malignos y con los impos nunca me sent.
Lavar en inocencia mis manos, y as, Jehov, andar alrededor de tu altar,
para exclamar con voz de accin de gracias y para contar todas tus maravillas.
Jehov, la habitacin de tu Casa he amado, el lugar de la morada de tu gloria.
No arrebates con los pecadores mi alma ni mi vida con hombres sanguinarios,
en cuyas manos est el mal y cuya diestra est llena de sobornos.
Pero yo andar en integridad; redmeme y ten misericordia de m.
Mi pie ha estado en rectitud; en las congregaciones bendecir a Jehov.
<Salmo de David> Jehov es mi luz y mi salvacin, de quin temer? Jehov es la fortaleza de mi vida, de quin he de atemorizarme?
Cuando se juntaron contra m los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.
Aunque un ejrcito acampe contra m, no temer mi corazn; aunque contra m se levante guerra, yo estar confiado.
Una cosa he demandado a Jehov, esta buscar: que est yo en la casa de Jehov todos los das de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehov y para buscarlo en su Templo.
l me esconder en su Tabernculo en el da del mal; me ocultar en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondr en alto.
Luego levantar mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, y yo sacrificar en su Tabernculo sacrificios de jbilo; cantar y entonar alabanzas a Jehov.
Oye, Jehov, mi voz con que a ti clamo! Ten misericordia de m y respndeme!
Mi corazn ha dicho de ti: "Buscad mi rostro". Tu rostro buscar, Jehov;
no escondas tu rostro de m! No apartes con ira a tu siervo! Mi ayuda has sido! No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvacin.
Aunque mi padre y mi madre me dejen, con todo, Jehov me recoger.
Ensame, Jehov, tu camino y guame por senda de rectitud a causa de mis enemigos.
No me entregues a la voluntad de mis enemigos, porque se han levantado contra m testigos falsos y los que respiran crueldad.
Hubiera yo desmayado, si no creyera que he de ver la bondad de Jehov en la tierra de los vivientes.
Espera en Jehov! Esfurzate y alintese tu corazn! S, espera en Jehov!
<Salmo de David> A ti clamar, Jehov. Roca ma, no te desentiendas de m, no sea que, dejndome t, llegue a ser semejante a los que descienden al sepulcro!
Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo Templo.
No me arrebates juntamente con los malos y con los que hacen iniquidad. Ellos hablan paz con sus prjimos, pero la maldad est en su corazn.
Dales conforme a su obra y conforme a la perversidad de sus hechos. Dales su merecido conforme a la obra de sus manos.
Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehov ni a la obra de sus manos, l los derribar y no los edificar!
Bendito sea Jehov, que oy la voz de mis ruegos!
Jehov es mi fortaleza y mi escudo; en l confi mi corazn y fui ayudado, por lo que se goz mi corazn. Con mi cntico lo alabar.
Jehov es la fortaleza de su pueblo y el refugio salvador de su ungido.
Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; pastoralos y sustntalos para siempre.
<Salmo de David> Tributad a Jehov, hijos de los poderosos, dad a Jehov la gloria y el poder.
Dad a Jehov la gloria debida a su nombre; adorad a Jehov en la hermosura de la santidad.
Voz de Jehov sobre las aguas. Truena el Dios de gloria: Jehov sobre las muchas aguas!
Voz de Jehov con potencia; voz de Jehov con gloria.
Voz de Jehov que quiebra los cedros; quiebra Jehov los cedros del Lbano!
Los hace saltar como becerros; al Lbano y al Sirin como hijos de toros salvajes.
Voz de Jehov que derrama llamas de fuego;
voz de Jehov que hace temblar el desierto; hace temblar Jehov el desierto de Cades!
Voz de Jehov que desgaja las encinas y desnuda los bosques. En su Templo todo proclama su gloria.
Jehov preside en el diluvio y se sienta Jehov como rey para siempre.
Jehov dar poder a su pueblo; Jehov bendecir a su pueblo con paz.
<Salmo de David> Te glorificar, Jehov, porque me has exaltado y no has permitido que mis enemigos se alegren de m.
Jehov, Dios mo, a ti clam y me sanaste.
Jehov, hiciste subir mi alma del seol. Me diste vida, para que no descendiera a la sepultura.
Cantad a Jehov, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad!,
porque por un momento ser su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durar el lloro y a la maana vendr la alegra.
En mi prosperidad dije yo: "No ser jams conmovido",
porque t, Jehov, con tu favor me afirmaste como a monte fuerte. Escondiste tu rostro, fui turbado.
A ti, Jehov, clamar; al Seor suplicar.
Qu provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura? Te alabar el polvo? Anunciar tu verdad?
Oye, Jehov, y ten misericordia de m; Jehov, s t mi ayudador!
Has cambiado mi lamento en baile; me quitaste la ropa spera y me vestiste de alegra.
Por tanto, a ti cantar, gloria ma, y no estar callado. Jehov Dios mo, te alabar para siempre!
<Al msico principal. Salmo de David> En ti, Jehov, he confiado; no sea yo confundido jams. Lbrame en tu justicia!
Inclina a m tu odo, lbrame pronto. S t mi roca fuerte y la fortaleza para salvarme!
T eres mi roca y mi castillo; por tu nombre me guiars y me encaminars.
Scame de la red que me han tendido, pues t eres mi refugio!
En tu mano encomiendo mi espritu; t me has redimido, Jehov, Dios de verdad.
Aborrezco a los que esperan en dolos vanos; mas yo en Jehov he esperado.
Me gozar y alegrar en tu misericordia, porque has visto mi afliccin, has conocido las angustias de mi alma.
No me entregaste en manos del enemigo; pusiste mis pies en lugar espacioso.
Ten misericordia de m, Jehov, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, tambin mi alma y mi cuerpo.
Mi vida se va gastando de dolor y mis aos de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi maldad y mis huesos se consumen!
De todos mis enemigos soy objeto de oprobio, y de mis vecinos mucho ms; soy el horror de mis conocidos. Los que me ven afuera huyen de m!
He sido olvidado de su corazn como un muerto; he llegado a ser como un vaso quebrado.
Oigo la calumnia de muchos; el miedo me asalta por todas partes, mientras conspiran juntos contra m e idean quitarme la vida.
Mas yo en ti, Jehov, confo; digo: "T eres mi Dios.
En tu mano estn mis tiempos!". Lbrame de manos de mis enemigos y de mis perseguidores.
Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; slvame por tu misericordia!
No sea yo avergonzado, Jehov, ya que te he invocado; sean avergonzados los impos, estn mudos en el seol!
Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras con soberbia y menosprecio.
Cun grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!
En lo secreto de tu presencia los esconders de la conspiracin del hombre; los pondrs en tu Tabernculo a cubierto de lenguas contenciosas.
Bendito sea Jehov, porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada.
Deca yo en mi apuro: "Excluido soy de delante de tus ojos"; pero t oste la voz de mis ruegos cuando a ti clam.
Amad a Jehov, todos vosotros sus santos; a los fieles guarda Jehov y retribuye con creces al que procede con soberbia.
Esforzaos todos vosotros, los que esperis en Jehov, y tome aliento vuestro corazn.
<Salmo de David. Masquil > Bienaventurado aquel cuya transgresin ha sido perdonada y cubierto su pecado.
Bienaventurado el hombre a quien Jehov no culpa de iniquidad y en cuyo espritu no hay engao.
Mientras call, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el da,
porque de da y de noche se agrav sobre m tu mano; se volvi mi verdor en sequedades de verano. Selah
Mi pecado te declar y no encubr mi iniquidad. Dije: "Confesar mis rebeliones a Jehov", y t perdonaste la maldad de mi pecado. Selah
Por esto orar a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundacin de muchas aguas no llegarn estas a l.
T eres mi refugio; me guardars de la angustia; con cnticos de liberacin me rodears. Selah
"Te har entender y te ensear el camino en que debes andar; sobre ti fijar mis ojos.
No seis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti".
Muchos dolores habr para el impo; mas al que espera en Jehov, lo rodea la misericordia.
Alegraos en Jehov y gozaos, justos; cantad con jbilo todos vosotros los rectos de corazn!
Alegraos, justos, en Jehov; en los ntegros es hermosa la alabanza.
Aclamad a Jehov con arpa; cantadle con salterio y decacordio.
Cantadle cntico nuevo; hacedlo bien, taendo con jbilo!,
porque recta es la palabra de Jehov y toda su obra es hecha con fidelidad.
l ama la justicia y el derecho; de la misericordia de Jehov est llena la tierra.
Por la palabra de Jehov fueron hechos los cielos; y todo el ejrcito de ellos, por el aliento de su boca.
l junta como montn las aguas del mar; l pone en depsitos los abismos.
Tema a Jehov toda la tierra! Tiemblen delante de l todos los habitantes del mundo!,
porque l dijo, y fue hecho; l mand, y existi.
Jehov hace nulo el plan de las naciones y frustra las maquinaciones de los pueblos.
El plan de Jehov permanecer para siempre; los pensamientos de su corazn, por todas las generaciones.
Bienaventurada la nacin cuyo Dios es Jehov, el pueblo que l escogi como heredad para s.
Desde los cielos mir Jehov; vio a todos los hijos de los hombres;
desde el lugar de su morada mir sobre todos los habitantes de la tierra.
l form el corazn de todos ellos; atento est a todas sus obras.
El rey no se salva por la multitud del ejrcito ni escapa el valiente por la mucha fuerza.
Vano para salvarse es el caballo; la grandeza de su fuerza a nadie podr librar.
El ojo de Jehov est sobre los que lo temen, sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus almas de la muerte y para darles vida en tiempo de hambre.
Nuestra alma espera a Jehov; nuestra ayuda y nuestro escudo es l.
Por tanto, en l se alegrar nuestro corazn, porque en su santo nombre hemos confiado.
Sea tu misericordia, Jehov, sobre nosotros, segn esperamos en ti!
<Salmo de David, cuando mud su semblante delante de Abimelec, y l lo ech, y se fue.> Bendecir a Jehov en todo tiempo; su alabanza estar de continuo en mi boca.
En Jehov se gloriar mi alma; lo oirn los mansos y se alegrarn.
Engrandeced a Jehov conmigo y exaltemos a una su nombre.
Busqu a Jehov, y l me oy y me libr de todos mis temores.
Los que miraron a l fueron alumbrados y sus rostros no fueron avergonzados.
Este pobre clam, y lo oy Jehov y lo libr de todas sus angustias.
El ngel de Jehov acampa alrededor de los que lo temen y los defiende.
Gustad y ved que es bueno Jehov. Bienaventurado el hombre que confa en l!
Temed a Jehov vosotros sus santos, pues nada falta a los que lo temen.
Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehov no tendrn falta de ningn bien.
Venid, hijos, odme; el temor de Jehov os ensear.
Quin es el hombre que desea vida, que desea muchos das para ver el bien?
Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engao.
Aprtate del mal y haz el bien; busca la paz y sguela.
Los ojos de Jehov estn sobre los justos y atentos sus odos al clamor de ellos.
La ira de Jehov est contra los que hacen mal, para eliminar de la tierra la memoria de ellos.
Claman los justos, y Jehov oye y los libra de todas sus angustias.
Cercano est Jehov a los quebrantados de corazn y salva a los contritos de espritu.
Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo librar Jehov.
l guarda todos sus huesos; ni uno de ellos ser quebrado.
Matar al malo la maldad y los que aborrecen al justo sern condenados.
Jehov redime el alma de sus siervos. No sern condenados cuantos en l confan!
<Salmo de David> Disputa, Jehov, con los que contra m contienden; pelea contra los que me combaten.
Echa mano al escudo y al pavs, y levntate en mi ayuda.
Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di a mi alma: "Yo soy tu salvacin!".
Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; sean vueltos atrs y avergonzados los que mi mal intentan.
Sean como el tamo delante del viento, y el ngel de Jehov los acose.
Sea su camino tenebroso y resbaladizo, y el ngel de Jehov los persiga,
porque sin causa escondieron para m su red en un hoyo; sin causa cavaron hoyo para mi alma.
Vngale el quebrantamiento inesperado, y la red que l escondi lo atrape! Caiga en ella con quebranto!
Entonces mi alma se alegrar en Jehov; se regocijar en su salvacin.
Todos mis huesos dirn: "Jehov, quin como t, que libras al afligido del ms fuerte que l, y al pobre y menesteroso del que lo despoja?".
Se levantan testigos malvados; de lo que no s me preguntan.
Me devuelven mal por bien, para afligir a mi alma.
Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vest con ropas speras; aflig con ayuno mi alma y mi oracin se volva a mi seno.
Como por mi compaero, como por mi hermano andaba; como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba.
Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; se juntaron contra m gentes despreciables y yo no lo entenda; me despedazaban sin descanso;
como aduladores, escarnecedores y truhanes, crujieron contra m sus dientes.
Seor, hasta cundo vers esto? Rescata mi alma de sus destrucciones, mi vida de los leones.
Te confesar en la gran congregacin; te alabar en medio de numeroso pueblo!
No se alegren de m los que sin causa son mis enemigos, ni los que me odian sin causa guien el ojo,
porque no hablan paz y contra los mansos de la tierra piensan palabras engaosas.
Ensancharon contra m su boca; dijeron: "Con nuestros ojos lo hemos visto!".
T lo has visto, Jehov! No calles! Seor, no te alejes de m!
Muvete y despierta para hacerme justicia, Dios mo y Seor mo, para defender mi causa!
Jzgame conforme a tu justicia, Jehov, Dios mo, que no se alegren de m!
No digan en su corazn: "Ya es nuestro!". No digan: "Lo hemos devorado!".
Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; vstanse de vergenza y de confusin los que se engrandecen contra m.
Canten y algrense los que estn a favor de mi justa causa y digan siempre: "Sea exaltado Jehov, que ama la paz de su siervo".
Mi lengua hablar de tu justicia y de tu alabanza todo el da!
<Al msico principal. Salmo de David, siervo de Jehov> La maldad del impo me dice al corazn: "No hay temor de Dios delante de sus ojos".
Se jacta, por tanto, ante sus propios ojos, de que su maldad no ser hallada y aborrecida.
Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; ha dejado de ser sensato y de hacer el bien.
Medita maldad sobre su cama, est en camino no bueno, el mal no aborrece.
Jehov, hasta los cielos llega tu misericordia y tu fidelidad alcanza hasta las nubes.
Tu justicia es como los montes de Dios; tus juicios, abismo grande. T, Jehov, al hombre y al animal conservas.
Cun preciosa, Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas!
Sern completamente saciados de la grosura de tu Casa y t les dars de beber del torrente de tus delicias,
porque contigo est el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz.
Extiende tu misericordia a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazn.
No me golpee con su pie el soberbio ni me mueva la mano del impo.
All cayeron los malhechores; fueron derribados para no levantarse jams!
<Salmo de David> No te impacientes a causa de los malignos ni tengas envidia de los malhechores,
porque como la hierba sern pronto cortados y como la hierba verde se secarn.
Confa en Jehov y haz el bien; habitars en la tierra y te apacentars de la verdad.
Delitate asimismo en Jehov y l te conceder las peticiones de tu corazn.
Encomienda a Jehov tu camino, confa en l y l har.
Exhibir tu justicia como la luz y tu derecho como el medioda.
Guarda silencio ante Jehov y espera en l. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace lo malo.
Deja la ira y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo,
porque los malignos sern destruidos, pero los que esperan en Jehov heredarn la tierra,
pues dentro de poco no existir el malo; observars su lugar, y ya no estar all.
Pero los mansos heredarn la tierra y se recrearn con abundancia de paz.
Maquina el impo contra el justo y rechina contra l sus dientes.
El Seor se reir de l, porque ve que viene su da.
Los impos desenvainan espada y tensan su arco para derribar al pobre y al menesteroso, para matar a los de recto proceder.
Su espada entrar en su mismo corazn y su arco ser quebrado.
Mejor es lo poco del justo que las riquezas de muchos pecadores,
porque los brazos de los impos sern quebrados; mas el que sostiene a los justos es Jehov.
Conoce Jehov los das de los ntegros y la heredad de ellos ser para siempre.
No sern avergonzados en el tiempo de dificultad, y en los das de hambre sern saciados.
Mas los impos perecern, los enemigos de Jehov sern consumidos; como la grasa de los carneros, se disiparn como el humo.
El impo toma prestado y no paga; pero el justo tiene misericordia y da.
Los benditos de l heredarn la tierra y los malditos de l sern destruidos.
Por Jehov son ordenados los pasos del hombre y l aprueba su camino.
Cuando el hombre caiga, no quedar postrado, porque Jehov sostiene su mano.
Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni a su descendencia que mendigue pan.
En todo tiempo tiene misericordia y presta. Su descendencia es para bendicin.
Aprtate del mal, haz el bien y vivirs para siempre,
porque Jehov ama la rectitud y no desampara a sus santos. Para siempre sern guardados, mas la descendencia de los impos ser destruida.
Los justos heredarn la tierra y vivirn para siempre en ella.
La boca del justo habla sabidura y su lengua habla justicia.
La Ley de su Dios est en su corazn; por tanto, sus pies no resbalarn.
Espa el impo al justo y procura matarlo.
Jehov no lo dejar en sus manos ni lo condenar cuando lo juzguen.
Espera en Jehov, guarda su camino, y l te exaltar para heredar la tierra; cuando sean destruidos los pecadores, lo vers.
Vi yo al impo sumamente enaltecido y que se extenda como laurel verde.
Pero l pas, y he aqu ya no estaba; lo busqu, y no lo hall.
Considera al ntegro y mira al justo, porque hay un final dichoso para el hombre de paz.
Mas los transgresores sern todos a una destruidos; la posteridad de los impos ser extinguida.
Pero la salvacin de los justos es de Jehov y l es su fortaleza en el tiempo de angustia.
Jehov los ayudar y los librar; los libertar de los impos y los salvar, por cuanto en l esperaron.
<Salmo de David, para recordar > Jehov, no me reprendas en tu furor ni me castigues en tu ira.
Tus saetas cayeron sobre m, y sobre m ha descendido tu mano.
Nada hay sano en mi carne a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado,
porque mis maldades se acumulan sobre mi cabeza; como carga pesada me abruman.
Hieden y supuran mis llagas a causa de mi locura.
Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el da,
porque mis lomos estn llenos de ardor; nada hay sano en mi carne.
Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmocin de mi corazn!
Seor, delante de ti estn todos mis deseos y mi suspiro no te es oculto.
Mi corazn est acongojado, me ha dejado mi vigor, y aun la luz de mis ojos me falta ya.
Mis amigos y mis compaeros se mantienen lejos de mi plaga, y mis cercanos se han alejado.
Los que buscan mi vida arman lazos, y los que procuran mi mal me amenazan y traman engaos todo el da.
Pero yo, como si fuera sordo, no oigo, y soy como un mudo que no abre la boca.
Soy, pues, como un hombre que no oye y en cuya boca no hay reprensiones.
Porque en ti, Jehov, he esperado, t responders, Jehov, Dios mo.
Dije: "No se alegren de m; cuando mi pie resbale, no se engrandezcan sobre m".
Pero yo estoy a punto de caer y mi dolor est delante de m continuamente!
Por tanto, confesar mi maldad y me entristecer por mi pecado.
Mis enemigos estn vivos y fuertes, y se han aumentado los que me aborrecen sin causa.
Los que pagan mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno.
No me desampares, Jehov; Dios mo, no te alejes de m.
Apresrate a ayudarme, Seor, salvacin ma!
<Al msico principal; a Jedutn. Salmo de David> Yo dije: "Atender a mis caminos para no pecar con mi lengua; guardar mi boca con freno en tanto que el impo est delante de m".
Enmudec con silencio, me call aun respecto de lo bueno; pero se agrav mi dolor.
Se enardeci mi corazn dentro de m; en mi meditacin se encendi un fuego y as profer con mi lengua:
"Hazme saber, Jehov, mi fin y cunta sea la medida de mis das; sepa yo cun frgil soy.
Diste a mis das trmino corto y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente, es apenas un soplo todo ser humano que vive. Selah
Ciertamente, como una sombra es el hombre; ciertamente, en vano se afana; amontona riquezas y no sabe quin las recoger.
"Y ahora, Seor, qu esperar? Mi esperanza est en ti.
Lbrame de todas mis transgresiones; no me conviertas en la burla del insensato.
Enmudec, no abr mi boca, porque t lo hiciste.
Quita de sobre m tu plaga; estoy consumido bajo los golpes de tu mano.
Con castigos por el pecado corriges al hombre y deshaces como polilla lo ms estimado de l; ciertamente, es apenas un soplo todo ser humano! Selah
"Oye mi oracin, Jehov, y escucha mi clamor. No calles ante mis lgrimas, porque forastero soy para ti y advenedizo, como todos mis padres.
Djame, y tomar fuerzas antes que vaya y perezca".
<Al msico principal. Salmo de David> Pacientemente esper a Jehov, y se inclin a m y oy mi clamor,
y me hizo sacar del pozo de la desesperacin, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre pea y enderez mis pasos.
Puso luego en mi boca cntico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Vern esto muchos y temern, y confiarn en Jehov.
Bienaventurado el hombre que puso en Jehov su confianza y no mira a los soberbios ni a los que se desvan tras la mentira!
Has aumentado, Jehov, Dios mo, tus maravillas y tus pensamientos para con nosotros. No es posible contarlos ante ti. Aunque yo los anunciara y hablara de ellos, no podran ser enumerados.
Sacrificio y ofrenda no te agradan; has abierto mis odos; holocausto y expiacin no has demandado.
Entonces dije: "He aqu, vengo; en el rollo del libro est escrito de m;
el hacer tu voluntad, Dios mo, me ha agradado, y tu Ley est en medio de mi corazn".
He anunciado justicia en la gran congregacin; he aqu, no refren mis labios, Jehov, t lo sabes.
No encubr tu justicia dentro de mi corazn; he publicado tu fidelidad y tu salvacin; no ocult tu misericordia y tu verdad en la gran congregacin.
Jehov, no apartes de m tu misericordia; tu misericordia y tu verdad me guarden siempre,
porque me han rodeado males sin nmero; me han alcanzado mis maldades y no puedo levantar la vista. Se han aumentado ms que los cabellos de mi cabeza y mi corazn me falla.
Quieras, Jehov, librarme; Jehov, apresrate a socorrerme.
Sean avergonzados y confundidos a una los que buscan mi vida para destruirla. Vuelvan atrs y avergncense los que mi mal desean.
Sean asolados en pago de su afrenta los que se burlan de m.
Gcense y algrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvacin: "Jehov sea enaltecido!".
Aunque yo est afligido y necesitado, Jehov pensar en m. Mi ayuda y mi libertador eres t. Dios mo, no te tardes!
<Al msico principal. Salmo de David> Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el da malo lo librar Jehov.
Jehov lo guardar, le dar vida y ser bienaventurado en la tierra. No lo entregars a la voluntad de sus enemigos.
Jehov lo sostendr en el lecho del dolor; ablandar su cama en la enfermedad.
Yo dije: "Jehov, ten misericordia de m, sana mi alma, porque contra ti he pecado".
Mis enemigos hablan mal de m, preguntando: "Cundo morir y perecer su nombre?".
Y si vienen a verme, hablan mentira; recogen malas noticias y al salir afuera las divulgan.
Reunidos murmuran contra m todos los que me aborrecen; contra m piensan mal, diciendo:
"Cosa maligna se ha apoderado de l; el que cay en cama no volver a levantarse".
Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan coma, alz el pie contra m.
Mas t, Jehov, ten misericordia de m y hazme levantar, y les dar el pago.
En esto conocer que te he agradado: en que mi enemigo no se alegre de m.
En cuanto a m, en mi integridad me has sustentado y me has hecho estar delante de ti para siempre.
Bendito sea Jehov, el Dios de Israel, por los siglos de los siglos! Amn y amn!
<Al msico principal. Masquil de los hijos de Cor > Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, as clama por ti, Dios, el alma ma.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. Cundo vendr y me presentar delante de Dios?
Fueron mis lgrimas mi pan de da y de noche, mientras me dicen todos los das: "Dnde est tu Dios?".
Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de m, de cmo yo iba con la multitud y la conduca hasta la casa de Dios, entre voces de alegra y de alabanza del pueblo en fiesta.
Por qu te abates, alma ma, y te turbas dentro de m? Espera en Dios, porque an he de alabarlo, salvacin ma y Dios mo!
Dios mo, mi alma est abatida en m. Me acordar, por tanto, de ti desde la tierra del Jordn y de los hermonitas, desde el monte Mizar.
Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre m.
Pero de da mandar Jehov su misericordia y de noche su cntico estar conmigo, y mi oracin al Dios de mi vida.
Dir a Dios: "Roca ma, por qu te has olvidado de m? Por qu andar yo enlutado por la opresin del enemigo?".
Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan dicindome cada da: "Dnde est tu Dios?".
Por qu te abates, alma ma, y por qu te turbas dentro de m? Espera en Dios, porque an he de alabarlo, salvacin ma y Dios mo!
Jzgame, Dios, y defiende mi causa; lbrame de gente impa y del hombre engaador e inicuo.
T que eres el Dios de mi fortaleza, por qu me has desechado? Por qu andar yo enlutado por la opresin del enemigo?
Enva tu luz y tu verdad; estas me guiarn, me conducirn a tu santo monte y a tus moradas.
Me acercar al altar de Dios, al Dios de mi alegra y de mi gozo. Y te alabar con el arpa, Dios, Dios mo.
Por qu te abates, alma ma, y por qu te turbas dentro de m? Espera en Dios, porque an he de alabarlo, salvacin ma y Dios mo!
<Al msico principal. Masquil de los hijos de Cor> Con nuestros odos, Dios, hemos odo, nuestros padres nos han contado la obra que hiciste en sus das, en los tiempos antiguos.
T con tu mano echaste las naciones y los plantaste a ellos; afligiste a los pueblos y los arrojaste,
pues no se apoderaron de la tierra por su espada, ni su brazo los libr; sino tu diestra, tu brazo, y la luz de tu rostro, porque te complaciste en ellos.
T, Dios, eres mi rey; manda salvacin a Jacob!
Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos; en tu nombre hollaremos a nuestros adversarios,
porque no confiar en mi arco ni mi espada me salvar,
pues t nos has guardado de nuestros enemigos, has avergonzado a los que nos aborrecan.
En Dios nos gloriaremos todo el tiempo y por siempre alabaremos tu nombre! Selah
Pero nos has desechado, nos has hecho avergonzar, y ya no sales con nuestros ejrcitos.
Nos hiciste retroceder delante del enemigo y nos saquean para s los que nos aborrecen.
Nos entregas como ovejas al matadero y nos has esparcido entre las naciones.
Has vendido a tu pueblo de balde; no exigiste ningn precio!
Nos has hecho objeto de afrenta de nuestros vecinos; nos pones por escarnio y por burla de los que nos rodean.
Nos pusiste por proverbio entre las naciones; todos al vernos menean la cabeza.
Cada da mi vergenza est delante de m y la confusin cubre mi rostro
por la voz del que me vitupera y me deshonra, por razn del enemigo y del vengativo.
Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti ni hemos faltado a tu pacto.
No se ha vuelto atrs nuestro corazn ni se han apartado de tus caminos nuestros pasos,
para que nos arrojaras al lugar de los chacales y nos cubrieras con la sombra de la muerte.
Si nos hubiramos olvidado del nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios ajeno,
no lo descubrira Dios?, pues l conoce los secretos del corazn.
Pero por causa de ti nos matan cada da; somos contados como ovejas para el matadero.
Despierta! Por qu duermes, Seor? Despierta! No te alejes para siempre.
Por qu escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra afliccin y de la opresin nuestra?
Porque nuestra alma est agobiada hasta el polvo y nuestro cuerpo est postrado hasta la tierra,
levntate para ayudarnos y redmenos por causa de tu misericordia!
<Al msico principal; sobre "Lirios". Masquil de los hijos de Cor. Cancin de amores> Rebosa mi corazn palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy diestro.
Eres el ms hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se ha derramado en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre.
Cie tu espada sobre el muslo, valiente, con tu gloria y majestad.
En tu gloria s prosperado; cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia. Tu diestra te ensear cosas que asombran;
tus saetas agudas, con que caern pueblos debajo de ti, penetrarn en el corazn de los enemigos del rey.
Tu trono, Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino.
Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungi Dios, el Dios tuyo, con leo de alegra ms que a tus compaeros.
Mirra, loe y casia exhalan todos tus vestidos; desde palacios de marfil te recrean.
Hijas de reyes estn entre tus ilustres; est la reina a tu diestra con oro de Ofir.
Oye, hija, mira e inclina tu odo! olvida tu pueblo y la casa de tu padre,
y desear el rey tu hermosura. Inclnate delante de l, porque l es tu seor.
Y las hijas de Tiro vendrn con presentes; implorarn tu favor los ricos del pueblo.
Toda gloriosa es la hija del rey en su morada; de brocado de oro es su vestido.
Con vestidos bordados ser llevada al rey; vrgenes irn en pos de ella, sus compaeras sern tradas a ti.
Sern tradas con alegra y gozo; entrarn en el palacio del rey.
En lugar de tus padres sern tus hijos, a quienes hars prncipes en toda la tierra.
Har perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones, por lo cual te alabarn los pueblos eternamente y para siempre.
<Al msico principal; de los hijos de Cor. Salmo sobre Alamot > Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazn del mar;
aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah
Del ro sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altsimo.
Dios est en medio de ella; no ser conmovida. Dios la ayudar al clarear la maana.
Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio l su voz y se derriti la tierra.
Jehov de los ejrcitos est con nosotros! Nuestro refugio es el Dios de Jacob! Selah
Venid, ved las obras de Jehov, que ha hecho portentos en la tierra,
que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra, que quiebra el arco, corta la lanza y quema los carros en el fuego.
"Estad quietos y conoced que yo soy Dios; ser exaltado entre las naciones; enaltecido ser en la tierra".
Jehov de los ejrcitos est con nosotros! Nuestro refugio es el Dios de Jacob! Selah
<Al msico principal. Salmo de los hijos de Cor> Pueblos todos, batid las manos! Aclamad a Dios con voz de jbilo!
Porque Jehov, el Altsimo, es temible, rey grande sobre toda la tierra.
l someter a los pueblos debajo de nosotros y a las naciones debajo de nuestros pies.
l nos elegir nuestras heredades, la hermosura de Jacob, a quien am. Selah
Subi Dios con jbilo, Jehov con el sonido de trompeta!
Cantad a Dios, cantad! Cantad a nuestro Rey, cantad!,
porque Dios es el Rey de toda la tierra. Cantad con inteligencia!
Dios reina sobre las naciones; Dios se sienta sobre su santo trono.
Los prncipes de los pueblos se reunieron como pueblo del Dios de Abraham,
Los prncipes de los pueblos se reunieron como pueblo del Dios de Abraham, [ (Psalms 47:10) porque de Dios son los escudos de la tierra. l es muy enaltecido! ] 
<Cntico. Salmo de los hijos de Cor> Grande es Jehov y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra es el monte Sin, a los lados del norte! La ciudad del gran Rey!
En sus palacios Dios es conocido por refugio.
Ciertamente los reyes de la tierra se reunieron; pasaron todos.
Y vindola ellos as, se maravillaron, se turbaron, se apresuraron a huir.
Les tom all temblor; dolor como de mujer que da a luz.
Con viento solano quiebras t las naves de Tarsis.
Como lo omos, as lo hemos visto en la ciudad de Jehov de los ejrcitos, en la ciudad de nuestro Dios. La afirmar Dios para siempre! Selah
Nos acordamos de tu misericordia, Dios, en medio de tu Templo.
Conforme a tu nombre, Dios, as es tu loor hasta los fines de la tierra. De justicia est llena tu diestra.
Se alegrar el monte Sin, se gozarn las hijas de Jud por tus juicios.
Andad alrededor de Sin y rodeadla; contad sus torres.
Considerad atentamente su antemuro, mirad sus palacios, para que lo contis a la generacin venidera,
porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; l nos guiar aun ms all de la muerte.
<Al msico principal. Salmo de los hijos de Cor> Od esto, pueblos todos; escuchad, todos los habitantes del mundo,
tanto los plebeyos como los nobles; el rico y el pobre juntamente.
Mi boca hablar sabidura, y el pensamiento de mi corazn inteligencia.
Inclinar al proverbio mi odo; declarar con el arpa mi enigma.
Por qu he de temer en los das de adversidad, cuando la iniquidad de mis opresores me rodee?
Los que confan en sus bienes y de sus muchas riquezas se jactan,
ninguno de ellos podr, en manera alguna, redimir al hermano ni pagar a Dios su rescate
(pues la redencin de su vida es de tan alto precio que no se lograr jams),
para que viva en adelante para siempre, sin jams ver corrupcin,
pues se ve que aun los sabios mueren; que perecen del mismo modo que el insensato y el necio, y dejan a otros sus riquezas.
Su ntimo pensamiento es que sus casas sern eternas, y sus habitaciones para generacin y generacin. Dan sus nombres a sus tierras!
Pero el hombre no gozar de honores para siempre. Es semejante a las bestias que perecen!
Este su camino es locura; con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos. Selah
Como a rebaos que son conducidos al seol, la muerte los pastorear. Los rectos se enseorearn de ellos por la maana, se consumir su buen parecer y el seol ser su morada.
Pero Dios redimir mi vida del poder del seol, porque l me tomar consigo. Selah
No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa,
porque cuando muera no llevar nada ni descender tras l su gloria.
Aunque, mientras viva, llame dichosa a su alma y sea alabado porque prospera,
entrar en la generacin de sus padres, y nunca ms ver la luz.
El hombre que goza de honores y no entiende, semejante es a las bestias que perecen.
<Salmo de Asaf > El Dios de dioses, Jehov, ha hablado y ha convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.
Desde Sin, perfeccin de hermosura, Dios ha resplandecido.
Vendr nuestro Dios y no callar; fuego consumir delante de l y tempestad poderosa lo rodear.
Convocar a los cielos de arriba y a la tierra, para juzgar a su pueblo.
"Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio".
Los cielos declararn su justicia, porque Dios es el juez! Selah
"Oye, pueblo mo, y hablar; escucha, Israel, y testificar contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo.
No te reprender por tus sacrificios ni por tus holocaustos, que estn continuamente delante de m.
No tomar de tu casa becerros ni machos cabros de tus apriscos,
porque ma es toda bestia del bosque y los millares de animales en los collados.
Conozco todas las aves de los montes, y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.
Si yo tuviera hambre, no te lo dira a ti, porque mo es el mundo y su plenitud.
He de comer yo carne de toros o beber sangre de machos cabros?
Sacrifica a Dios alabanza y paga tus votos al Altsimo.
Invcame en el da de la angustia; te librar y t me honrars".
Pero al malo dijo Dios: "Qu tienes t que hablar de mis leyes y tomar mi pacto en tu boca?,
pues t aborreces la correccin y echas a tu espalda mis palabras.
Si veas al ladrn, t corras con l, y con los adlteros era tu parte.
Tu boca metas en mal y tu lengua compona engao.
Tomabas asiento y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponas infamia.
Estas cosas hiciste y yo he callado; pensabas que de cierto sera yo como t; pero te reprender y las pondr delante de tus ojos!
Entended ahora esto, los que os olvidis de Dios, no sea que os despedace y no haya quien os libre.
El que ofrece sacrificios de alabanza me honrar, y al que ordene su camino, le mostrar la salvacin de Dios".
<Al msico principal. Salmo de David, cuando, despus que se lleg a Betsab, vino a l Natn el profeta. > Ten piedad de m, Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lvame ms y ms de mi maldad y lmpiame de mi pecado!,
porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado est siempre delante de m.
Contra ti, contra ti solo he pecado; he hecho lo malo delante de tus ojos, para que seas reconocido justo en tu palabra y tenido por puro en tu juicio.
En maldad he sido formado y en pecado me concibi mi madre.
T amas la verdad en lo ntimo y en lo secreto me has hecho comprender sabidura.
Purifcame con hisopo y ser limpio; lvame y ser ms blanco que la nieve.
Hazme oir gozo y alegra, y se recrearn los huesos que has abatido.
Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis maldades.
Crea en m, Dios, un corazn limpio, y renueva un espritu recto dentro de m!
No me eches de delante de ti y no quites de m tu santo espritu.
Devulveme el gozo de tu salvacin y espritu noble me sustente.
Entonces ensear a los transgresores tus caminos y los pecadores se convertirn a ti.
Lbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvacin; cantar mi lengua tu justicia.
Seor, abre mis labios y publicar mi boca tu alabanza,
porque no quieres sacrificio, que yo lo dara; no quieres holocausto.
Los sacrificios de Dios son el espritu quebrantado; al corazn contrito y humillado no despreciars t, oh Dios.
Haz bien con tu benevolencia a Sin. Edifica los muros de Jerusaln.
Entonces te agradarn los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; entonces se ofrecern becerros sobre tu altar.
<Al msico principal. Masquil de David, cuando vino Doeg edomita y dio cuenta a Sal dicindole: "David ha venido a casa de Ahimelec". > Por qu t, poderoso, te jactas de la maldad? La misericordia de Dios es continua!
Agravios maquina tu lengua; engaa como navaja afilada.
Amaste el mal ms que el bien, la mentira ms que la verdad. Selah
Has amado toda suerte de palabras perversas, engaosa lengua.
Por tanto, Dios te destruir para siempre, te arruinar y te echar de tu casa, te desarraigar de la tierra de los vivientes. Selah
Vern los justos y temern; se reirn de l, diciendo:
"Este es el hombre que no consider a Dios como su fortaleza, sino que confi en sus muchas riquezas y se mantuvo en su maldad".
Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confo eternamente y para siempre!
Te alabar para siempre, porque lo has hecho as. Esperar en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos.
<Al msico principal; sobre Mahalat. Masquil de David> Dice el necio en su corazn: "No hay Dios". Se han corrompido e hicieron abominable maldad; no hay quien haga el bien!
Dios, desde los cielos, mir sobre los hijos de los hombres, para ver si haba algn entendido que buscara a Dios.
Cada uno se haba vuelto atrs; todos se haban corrompido; no hay quien haga el bien, no hay ni aun uno.
No tienen conocimiento todos los que hacen lo malo, que devoran a mi pueblo como si comieran pan y a Dios no invocan?
All se sobresaltaron de pavor donde no haba miedo, porque Dios esparci los huesos del que puso asedio contra ti. Los avergonzaste porque Dios los desech.
Ah, si saliera de Sin la salvacin de Israel! Cuando Dios haga volver de la cautividad a su pueblo, se gozar Jacob, se alegrar Israel.
<Al msico principal; en Neginot. Masquil de David, cuando vinieron los zifeos y dijeron a Sal: "No est David escondido en nuestra tierra?". > Dios, slvame por tu nombre y con tu poder defindeme.
Dios, oye mi oracin; escucha las razones de mi boca,
porque extraos se han levantado contra m y hombres violentos buscan mi vida; no han puesto a Dios delante de s. Selah
Dios es el que me ayuda; el Seor est con los que sostienen mi vida.
l devolver el mal a mis enemigos. Crtalos, por tu verdad!
Voluntariamente sacrificar a ti; alabar tu nombre, Jehov, porque es bueno,
porque l me ha librado de toda angustia y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos.
<Al msico principal; en Neginot. Masquil de David> Escucha, Dios, mi oracin y no te escondas de mi splica;
atindeme y respndeme. Clamo en mi oracin, y me conmuevo
a causa de la voz del enemigo, por la opresin del impo, porque sobre m echaron iniquidad y con furor me persiguen.
Mi corazn est dolorido dentro de m y terrores de muerte sobre m han cado.
Temor y temblor vinieron sobre m y me envuelve el espanto.
Y dije: "Quin me diera alas como de paloma! Volara yo y descansara.
Ciertamente huira lejos; morara en el desierto. Selah
Me apresurara a escapar del viento borrascoso, de la tempestad".
Destryelos, Seor; confunde la lengua de ellos, porque he visto violencia y rencilla en la ciudad.
Da y noche la rodean sobre sus muros, e iniquidad y trabajo hay en medio de ella.
La maldad est en medio de ella, y el fraude y el engao no se apartan de sus plazas.
No me afrent un enemigo, lo cual yo habra soportado, ni se alz contra m el que me aborreca, pues me habra ocultado de l;
sino t, hombre, al parecer ntimo mo, mi gua y mi familiar!,
que juntos comunicbamos dulcemente los secretos y andbamos en amistad en la casa de Dios.
Que la muerte los sorprenda; desciendan vivos al seol, porque hay maldades en sus casas, en medio de ellos.
En cuanto a m, a Dios clamar, y Jehov me salvar.
En la tarde, al amanecer y al medioda orar y clamar, y l oir mi voz.
l redimir en paz mi alma de la guerra contra m, aunque muchos estn contra m.
Dios oir, y los quebrantar pronto el que permanece desde la antigedad, por cuanto no cambian ni temen a Dios. Selah
Extendi el perverso sus manos contra los que estaban en paz con l; viol su pacto.
Los dichos de su boca son ms blandos que mantequilla, pero guerra hay en su corazn; suaviza sus palabras ms que el aceite, mas ellas son espadas desnudas.
Echa sobre Jehov tu carga y l te sostendr; no dejar para siempre cado al justo.
Mas t, Dios, hars que ellos desciendan al pozo de perdicin. Los hombres sanguinarios y engaadores no llegarn a la mitad de sus das. Pero yo en ti confiar.
<Al msico principal; sobre "La paloma silenciosa en paraje muy distante". Mictam de David, cuando los filisteos lo apresaron en Gat. > Dios, ten misericordia de m, porque me devorara el hombre; me oprime combatindome cada da.
Todo el da mis enemigos me pisotean, porque muchos son los que pelean contra m con soberbia.
En el da que temo, yo en ti confo.
En Dios, cuya palabra alabo, en Dios he confiado. No temer. Qu puede hacerme el hombre?
Todos los das ellos pervierten mi causa; contra m son todos sus pensamientos para mal.
Se renen, se esconden, miran atentamente mis pasos, como quienes acechan mi alma.
Pgales conforme a su iniquidad, Dios, y derriba en tu furor a los pueblos!
Mis huidas t has contado; pon mis lgrimas en tu redoma; no estn ellas en tu libro?
Sern luego vueltos atrs mis enemigos, el da en que yo clame. Esto s: Dios est a mi favor.
En Dios, cuya palabra alabo, en Jehov, cuya palabra alabo,
en Dios he confiado. No temer. Qu puede hacerme el hombre?
Sobre m, Dios, estn los votos que te hice; te ofrecer sacrificio de alabanza,
porque has librado mi alma de la muerte y mis pies de cada, para que ande delante de Dios en la luz de los que viven.
<Al msico principal; sobre "No destruyas". Mictam de David, cuando huy de delante de Sal a la cueva. > Ten misericordia de m, Dios, ten misericordia de m, porque en ti ha confiado mi alma y en la sombra de tus alas me amparar hasta que pasen los quebrantos.
Clamar al Dios Altsimo, al Dios que me favorece.
l enviar desde los cielos y me salvar de la infamia del que me acosa. Selah Dios enviar su misericordia y su verdad.
Mi vida est entre leones; estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; sus dientes son lanzas y saetas, y su lengua, espada aguda.
Exaltado seas, Dios, sobre los cielos! Sobre toda la tierra sea tu gloria!
Red han armado a mis pasos; se ha abatido mi alma; hoyo han cavado delante de m; en medio de l han cado ellos mismos. Selah
Listo est mi corazn, Dios, mi corazn est dispuesto; cantar y entonar salmos.
Despierta, alma ma! Despertad, salterio y arpa! Me levantar de maana!
Te alabar entre los pueblos, Seor; cantar de ti entre las naciones,
porque grande es hasta los cielos tu misericordia y hasta las nubes tu verdad.
Exaltado seas, Dios, sobre los cielos! Sobre toda la tierra sea tu gloria!
<Al msico principal; sobre "No destruyas". Mictam de David> Poderosos, pronunciis en verdad justicia? Juzgis rectamente, hijos de los hombres?
Antes bien, en el corazn maquinis la maldad; hacis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra.
Se apartaron los impos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.
Veneno tienen, como veneno de serpiente; son como la vbora sorda que cierra su odo,
que no oye la voz de los que encantan, por ms hbil que sea el encantador.
Quiebra, Dios, sus dientes en sus bocas; quiebra, Jehov, las muelas de los leoncillos.
Sean disipados como aguas que corren; cuando disparen sus saetas, que se rompan en pedazos.
Pasen ellos como con el caracol que se deshace; como el que nace muerto, no vean el sol.
Antes que sus ollas sientan la llama de los espinos, as vivos, as airados, los arrebatar l con tempestad.
Se alegrar el justo cuando vea la venganza; sus pies lavar en la sangre del impo.
Entonces dir el hombre: "Ciertamente hay galardn para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra".
<Al msico principal; sobre "No destruyas". Mictam de David, cuando envi Sal, y vigilaron la casa para matarlo. > Lbrame de mis enemigos, Dios mo; ponme a salvo de los que se levantan contra m.
Lbrame de los que cometen maldad y slvame de hombres sanguinarios,
porque estn acechando mi vida; se han juntado contra m poderosos, no por falta ma, ni pecado mo, Jehov;
sin delito mo corren y se preparan. Despierta para venir a mi encuentro, y mira.
Y t, Jehov, Dios de los ejrcitos, Dios de Israel, despierta para castigar a todas las naciones; no tengas misericordia de todos los que se rebelan con maldad. Selah
Volvern a la tarde, ladrarn como perros y rodearn la ciudad.
Declaran con su boca; espadas hay en sus labios, pues dicen: "Quin oye?".
Mas t, Jehov, te reirs de ellos; te burlars de todas las naciones.
A causa del poder del enemigo esperar en ti, porque Dios es mi defensa.
El Dios de mi misericordia ir delante de m; Dios har que vea en mis enemigos mi deseo.
No los mates, para que mi pueblo no olvide; disprsalos con tu poder y abtelos, Jehov, escudo nuestro.
Por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios, sean ellos presos en su soberbia, y por la maldicin y mentira que profieren.
Acbalos con furor, acbalos, para que no existan ms! Spase que Dios gobierna en Jacob hasta los confines de la tierra! Selah
Vuelvan, pues, a la tarde, y ladren como perros y rodeen la ciudad.
Anden ellos errantes para hallar qu comer; y al no saciarse, que pasen la noche quejndose.
Pero yo cantar de tu poder, alabar de maana tu misericordia, porque has sido mi amparo y refugio en el da de mi angustia.
Fortaleza ma, a ti cantar, porque eres, Dios, mi refugio, el Dios de mi misericordia.
<Al msico principal; sobre "Lirios". Testimonio. Mictam de David, para ensear, cuando tuvo guerra contra Aram-Naharaim y contra Aram de Soba, y volvi Joab y destroz a doce mil de Edom en el valle de la Sal. > T, Dios, t nos has desechado, nos quebrantaste; te has airado. Vulvete a nosotros!
Hiciste temblar la tierra, la has hendido; sana sus fracturas, porque titubea!
Has hecho ver a tu pueblo cosas duras; nos hiciste beber vino de aturdimiento.
Has dado a los que te temen bandera que alcen por causa de la verdad. Selah
Para que se libren tus amados, salva con tu diestra y yeme!
Dios ha dicho en su santuario: "Yo me alegrar; repartir a Siquem y medir el valle de Sucot.
Mo es Galaad y mo es Manass; Efran es la fortaleza de mi cabeza; Jud es mi legislador.
Moab, vasija para lavarme; sobre Edom echar mi calzado; me regocijar sobre Filistea".
Quin me llevar a la ciudad fortificada? Quin me llevar hasta Edom?
No sers t, Dios, que nos habas desechado y no salas, Dios, con nuestros ejrcitos?
Danos socorro contra el enemigo, porque vana es la ayuda de los hombres.
Con Dios haremos proezas, y l aplastar a nuestros enemigos.
<Al msico principal; sobre "Neginot". Salmo de David> Oye, Dios, mi clamor; atiende a mi oracin.
Desde el extremo de la tierra clamar a ti cuando mi corazn desmaye. Llvame a la roca que es ms alta que yo,
porque t has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo.
Yo habitar en tu Tabernculo para siempre; estar seguro bajo la cubierta de tus alas, Selah
porque t, Dios, has odo mis votos; me has dado la heredad de los que temen tu nombre.
Das sobre das aadirs al rey; sus aos sern como generacin y generacin.
Estar para siempre delante de Dios; prepara misericordia y verdad para que lo conserven.
As cantar tu nombre para siempre, pagando mis votos cada da.
<Al msico principal; a Jedutn. Salmo de David> En Dios solamente descansa mi alma; de l viene mi salvacin.
Solamente l es mi roca y mi salvacin; es mi refugio, no resbalar mucho.
Hasta cundo conspiraris contra un hombre, tratando todos vosotros de aplastarlo como a pared desplomada y como a cerca derribada?
Solamente conspiran para arrojarlo de su grandeza. Aman la mentira; con su boca bendicen, pero maldicen en su corazn. Selah
En Dios solamente reposa mi alma, porque de l viene mi esperanza.
Solamente l es mi roca y mi salvacin. Es mi refugio, no resbalar.
En Dios est mi salvacin y mi gloria; en Dios est mi roca fuerte y mi refugio.
Pueblos, esperad en l en todo tiempo! Derramad delante de l vuestro corazn! Dios es nuestro refugio! Selah
Por cierto, solo un soplo son los hijos de los hombres, una mentira son los hijos de los poderosos; pesndolos a todos por igual en la balanza, sern menos que nada.
No confiis en la violencia ni en la rapia os envanezcis. Si se aumentan las riquezas, no pongis el corazn en ellas.
Una vez habl Dios; dos veces he odo esto: que de Dios es el poder,
y tuya, Seor, es la misericordia, pues t pagas a cada uno conforme a su obra.
<Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Jud. > Dios, Dios mo eres t! De madrugada te buscar! Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela en tierra seca y rida donde no hay aguas,
para ver tu poder y tu gloria, as como te he mirado en el santuario.
Porque mejor es tu misericordia que la vida, mis labios te alabarn.
As te bendecir en mi vida; en tu nombre alzar mis manos.
Como de mdula y de grosura ser saciada mi alma, y con labios de jbilo te alabar mi boca,
cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche,
porque has sido mi socorro y as en la sombra de tus alas me regocijar.
Est mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido.
Pero los que para destruccin buscaron mi alma caern en los sitios bajos de la tierra.
Los destruirn a filo de espada; sern presa de los chacales.
Pero el rey se alegrar en Dios; ser alabado cualquiera que jura por l, porque la boca de los que hablan mentira ser cerrada.
<Al msico principal. Salmo de David> Escucha, Dios, la voz de mi queja; guarda mi vida del miedo al enemigo.
Escndeme del plan secreto de los malignos, de la conspiracin de los malvados
que afilan como espada su lengua; lanzan como una saeta suya la palabra amarga,
para disparar a escondidas contra el ntegro; de repente le disparan, y no temen.
Obstinados en su perverso designio, tratan de esconder los lazos, y dicen: "Quin los ha de ver?".
Planean maldades, hacen una investigacin exacta; el ntimo pensamiento de cada uno de ellos, as como su corazn, es profundo.
Pero Dios los herir con saeta; de repente llegarn sus plagas.
Sus propias lenguas los harn caer. Se espantarn todos los que los vean.
Temern entonces todos los hombres, y anunciarn la obra de Dios, y entendern sus hechos.
Se alegrar el justo en Jehov y confiar en l; se gloriarn todos los rectos de corazn!
<Al msico principal. Salmo. Cntico de David> Tuya, Dios, es la alabanza en Sin, y a ti se pagarn los votos.
T oyes la oracin; a ti vendr toda carne.
Las iniquidades prevalecen contra m, pero t perdonas nuestras rebeliones.
Bienaventurado el que t escojas y atraigas a ti para que habite en tus atrios. Seremos saciados del bien de tu Casa, de tu santo Templo.
Con tremendas cosas nos responders t en justicia, Dios de nuestra salvacin, esperanza de todos los trminos de la tierra y de los ms remotos confines del mar.
T, el que afirma los montes con su poder, ceido de valenta;
el que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus olas, y el alboroto de las naciones.
Por tanto, los habitantes de los confines de la tierra temen ante tus maravillas. T haces alegrar las salidas de la maana y de la tarde.
Visitas la tierra y la riegas; en gran manera la enriqueces. Con el ro de Dios, lleno de aguas, preparas el grano de ellos cuando as la dispones.
Haces que se empapen sus surcos, haces correr el agua por sus canales, la ablandas con lluvias, bendices sus renuevos.
T coronas el ao con tus bienes y tus nubes destilan abundancia,
destilan sobre los pastizales del desierto y los collados se cien de alegra.
Se visten de manadas los llanos y los valles se cubren de grano; dan voces de jbilo y aun cantan!
<Al msico principal. Cntico. Salmo> Aclamad a Dios con alegra, toda la tierra.
Cantad la gloria de su nombre; dadle la gloria con alabanza.
Decid a Dios: "Cun asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se sometern a ti tus enemigos.
Toda la tierra te adorar y cantar a ti; cantarn a tu nombre". Selah
Venid y ved las obras de Dios, las cosas admirables que ha hecho por los hijos de los hombres!
Volvi el mar en tierra seca; por el ro pasaron a pie. All en l nos alegramos.
l seorea con su poder para siempre; sus ojos atalayan sobre las naciones; los rebeldes no sern enaltecidos. Selah
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, y haced oir la voz de su alabanza!
l es quien preserv la vida a nuestra alma y no permiti que nuestros pies resbalaran,
porque t, Dios, nos probaste; nos purificaste como se purifica la plata.
Nos metiste en la red; pusiste sobre nuestros lomos pesada carga.
Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza. Pasamos por el fuego y por el agua, pero nos sacaste a la abundancia!
Entrar en tu Casa con holocaustos; te pagar mis votos,
que pronunciaron mis labios y habl mi boca cuando estaba angustiado.
Holocaustos de animales engordados te ofrecer, te inmolar carneros; te ofrecer en sacrificio toros y machos cabros. Selah
Venid, od todos los que temis a Dios, y contar lo que ha hecho en mi vida!
A l clam con mi boca y fue exaltado con mi lengua.
Si en mi corazn hubiera yo mirado a la maldad, el Seor no me habra escuchado.
Mas ciertamente me escuch Dios; atendi a la voz de mi splica.
Bendito sea Dios, que no ech de s mi oracin ni de m su misericordia!
<Al msico principal; en Neginot. Salmo. Cntico> Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Selah
para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvacin.
Albente, Dios, los pueblos, todos los pueblos te alaben!
Algrense y gcense las naciones, porque juzgars los pueblos con equidad y pastorears las naciones en la tierra. Selah
Albente, Dios, los pueblos; todos los pueblos te alaben!
La tierra dar su fruto; nos bendecir Dios, el Dios nuestro.
Bendganos Dios y tmanlo todos los trminos de la tierra.
<Al msico principal. Salmo de David. Cntico> Levntese Dios, sean esparcidos sus enemigos y huyan de su presencia los que lo aborrecen.
Como es lanzado el humo, los disipars; como se derrite la cera ante el fuego, as perecern los impos delante de Dios.
Mas los justos se alegrarn; se gozarn delante de Dios y saltarn de alegra.
Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; exaltad al que cabalga sobre los cielos. Jah es su nombre: alegraos delante de l!
Padre de hurfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.
Dios hace habitar en familia a los desamparados; saca a los cautivos a prosperidad; mas los rebeldes habitan en tierra rida.
Cuando t, Dios, saliste delante de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto, Selah
la tierra tembl y destilaron los cielos; ante la presencia de Dios, aquel Sina tembl, delante de Dios, del Dios de Israel.
Abundante lluvia esparciste, oh Dios; a tu heredad exhausta t la reanimaste.
Los que son de tu grey han morado en ella; por tu bondad, Dios, has provisto para el pobre.
El Seor daba la palabra, multitud de mujeres anunciaba las buenas nuevas:
"Huyeron, huyeron reyes de ejrcitos!", y las mujeres que se quedaban en casa repartan los despojos.
Bien que quedasteis echados entre los tiestos, seris como alas de paloma cubiertas de plata, y sus plumas de amarillez de oro.
Cuando esparci el Omnipotente los reyes all, fue como si hubiera nevado en el monte Salmn.
Muy altos son los montes de Basn, altas son sus cimas.
Por qu miris con hostilidad, montes altos, al monte que dese Dios para su morada? Ciertamente Jehov habitar en l para siempre.
Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; el Seor viene del Sina a su santuario.
Subiste a lo alto, tomaste cautivos. Tomaste dones de los hombres, tambin de los rebeldes, para que habite entre ellos Jah Dios.
Bendito sea el Seor! Cada da nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvacin! Selah
Dios, nuestro Dios, ha de salvarnos; de Jehov el Seor es el librar de la muerte.
Ciertamente Dios herir la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que camina en sus pecados.
El Seor dijo: "De Basn te har volver; te har volver de las profundidades del mar,
porque tu pie se enrojecer con la sangre de tus enemigos, y con ella la lengua de tus perros".
Vieron tus caminos, oh Dios; los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario!
Los cantores van delante, los msicos atrs; en medio, las doncellas con panderos.
Bendecid a Dios en las congregaciones; al Seor, vosotros de la estirpe de Israel!
All estaba el joven Benjamn, a la cabeza de ellos, los prncipes de Jud en su congregacin, los prncipes de Zabuln, los prncipes de Neftal.
Tu Dios ha ordenado tu fuerza; confirma, Dios, lo que has hecho para nosotros.
Por causa de tu Templo, en Jerusaln, los reyes te ofrecern dones.
Reprime la reunin de gentes armadas, la multitud de toros con los becerros de los pueblos, hasta que todos se sometan con sus piezas de plata. Esparce a los pueblos que se complacen en la guerra!
Vendrn prncipes de Egipto; Etiopa se apresurar a extender sus manos hacia Dios.
Reinos de la tierra, cantad a Dios, cantad al Seor, Selah
al que cabalga sobre los cielos de los cielos, que son desde la antigedad! l har oir su voz, su poderosa voz.
Atribuid el poder a Dios; sobre Israel es su magnificencia y su poder est en los cielos.
Temible eres, Dios, desde tus santuarios. El Dios de Israel, l da fuerza y vigor a su pueblo. Bendito sea Dios.
<Al msico principal; sobre "Lirios". Salmo de David> Slvame, Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma!
Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; he llegado hasta lo profundo de las aguas y la corriente me arrastra.
Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios.
Se han aumentado ms que los cabellos de mi cabeza los que me odian sin causa; se han hecho poderosos mis enemigos, los que me destruyen sin tener por qu. Y he de pagar lo que no rob?
Dios, t conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos.
No sean avergonzados por causa ma los que en ti confan, Seor, Jehov de los ejrcitos; no sean confundidos por causa ma los que te buscan, Dios de Israel,
porque por amor de ti he sufrido afrenta; confusin ha cubierto mi rostro.
Extrao he sido para mis hermanos y desconocido para los hijos de mi madre.
Me consumi el celo de tu Casa y los insultos de los que te vituperaban cayeron sobre m.
Llor, afligiendo con ayuno mi alma, y esto me ha sido por afrenta.
Me vest, adems, con ropas speras y vine a serles por proverbio.
Hablaban contra m los que se sentaban a la puerta, y se burlaban de m en sus canciones los bebedores.
Pero yo a ti oraba, Jehov, en el tiempo de tu buena voluntad; Dios, por la abundancia de tu misericordia, por la verdad de tu salvacin, escchame.
Scame del lodo y no sea yo sumergido; sea yo libertado de los que me aborrecen y de lo profundo de las aguas.
No me arrastre la corriente de las aguas, ni me trague el abismo, ni el pozo cierre sobre m su boca.
Respndeme, Jehov, porque benigna es tu misericordia; mrame conforme a la multitud de tus piedades.
No escondas de tu siervo tu rostro, porque estoy angustiado. Apresrate, yeme!
Acrcate a mi alma, redmela! Lbrame por causa de mis enemigos!
T sabes mi afrenta, mi confusin y mi oprobio. Delante de ti estn todos mis adversarios.
El escarnio ha quebrantado mi corazn y estoy acongojado. Esper a quien se compadeciera de m, y no lo hubo; busqu consoladores, y ninguno hall.
Me pusieron adems hiel por comida y en mi sed me dieron a beber vinagre.
Sea su banquete delante de ellos por lazo, y lo que es para bien, por tropiezo.
Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y haz temblar continuamente sus lomos.
Derrama sobre ellos tu ira y el furor de tu enojo los alcance.
Sea su palacio desolado; en sus tiendas no haya morador,
porque persiguieron al que t heriste y cuentan del dolor de los que t llagaste.
Pon maldad sobre su maldad y no entren en tu justicia!
Sean borrados del libro de los vivientes y no sean inscritos con los justos!
Pero a m, afligido y miserable, tu salvacin, Dios, me ponga en alto.
Alabar yo el nombre de Dios con cntico, lo exaltar con alabanza.
Y agradar a Jehov ms que sacrificio de buey o becerro que tiene cuernos y pezuas.
Lo vern los oprimidos y se gozarn. Buscad a Dios y vivir vuestro corazn,
porque Jehov oye a los menesterosos y no menosprecia a sus prisioneros.
Albenlo los cielos y la tierra, los mares y todo lo que se mueve en ellos!,
porque Dios salvar a Sin y reedificar las ciudades de Jud; habitarn all y la poseern.
La descendencia de sus siervos la heredar y los que aman su nombre habitarn en ella.
<Al msico principal. Salmo de David, para conmemorar> Acude, Dios, a librarme; apresrate, Dios, a socorrerme.
Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; sean vueltos atrs y avergonzados los que mi mal desean.
Sean vueltos atrs, en pago de su afrenta, los que se burlan de m.
Gcense y algrense en ti todos los que te buscan! Y digan siempre los que aman tu salvacin: "Engrandecido sea Dios!".
Yo estoy afligido y menesteroso; apresrate a m, oh Dios. Ayuda ma y mi libertador eres t; Jehov, no te detengas!
En ti, Jehov, me he refugiado; no sea yo avergonzado jams.
Socrreme y lbrame en tu justicia; Inclina tu odo y slvame.
S para m una roca de refugio adonde recurra yo continuamente. T has dado mandamiento para salvarme, porque t eres mi roca y mi fortaleza.
Dios mo, lbrame de manos del impo, de manos del perverso y violento,
porque t, Seor Jehov, eres mi esperanza, seguridad ma desde mi juventud.
En ti he sido sustentado desde el vientre. Del vientre de mi madre t fuiste el que me sac; para ti ser siempre mi alabanza.
Como prodigio he sido a muchos, y t mi refugio fuerte.
Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el da.
No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares,
porque mis enemigos hablan de m y los que acechan mi alma se consultan entre s,
diciendo: "Dios lo ha desamparado; perseguidlo y tomadlo, porque no hay quien lo libre".
No te alejes, Dios, de m; Dios mo, acude pronto en mi socorro!
Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma; sean cubiertos de vergenza y de confusin los que mi mal buscan.
Mas yo esperar siempre y te alabar ms y ms.
Mi boca publicar tu justicia y tus hechos de salvacin todo el da, aunque no s su nmero.
Volver a los hechos poderosos de Jehov el Seor; har memoria de tu justicia, de la tuya sola.
Me enseaste, Dios, desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas.
Aun en la vejez y las canas, Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, tu potencia a todos los que han de venir,
y tu justicia, Dios, que llega hasta lo excelso. T has hecho grandes cosas! Dios, quin como t?
T, que me has hecho ver muchas angustias y males, volvers a darme vida y de nuevo me levantars desde los abismos de la tierra.
Aumentars mi grandeza y volvers a consolarme.
Asimismo yo te alabar con instrumento de salterio, Dios mo; tu lealtad cantar a ti en el arpa, Santo de Israel.
Mis labios se alegrarn cuando cante para ti; y mi alma, la cual redimiste.
Mi lengua hablar tambin de tu justicia todo el da; por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban.
<Para Salomn> Dios, da tus juicios al rey y tu justicia al hijo del rey.
l juzgar a tu pueblo con justicia y a tus afligidos con rectitud.
Los montes llevarn paz al pueblo, y los collados justicia.
Juzgar a los afligidos del pueblo, salvar a los hijos del menesteroso y aplastar al opresor.
Te temern mientras duren el sol y la luna, de generacin en generacin.
Descender como la lluvia sobre la hierba cortada; como el roco que destila sobre la tierra.
Florecer en sus das justicia y abundancia de paz, hasta que no haya luna.
Dominar de mar a mar, y desde el ro hasta los confines de la tierra!
Ante l se postrarn los moradores del desierto, y sus enemigos lamern el polvo.
Los reyes de Tarsis y de las costas traern presentes; los reyes de Sab y de Seba ofrecern dones.
Todos los reyes se postrarn delante de l; todas las naciones lo servirn.
l librar al menesteroso que clame y al afligido que no tenga quien lo socorra.
Tendr misericordia del pobre y del menesteroso; salvar la vida de los pobres.
De engao y de violencia redimir sus almas, y la sangre de ellos ser preciosa ante sus ojos.
Vivir, y se le dar del oro de Sab, y se orar por l continuamente; todo el da se le bendecir.
Ser echado un puado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; su fruto har ruido como el Lbano; los de la ciudad florecern como la hierba de la tierra.
Ser su nombre para siempre; se perpetuar su nombre mientras dure el sol. Benditas sern en l todas las naciones; lo llamarn bienaventurado.
Bendito Jehov Dios, el Dios de Israel, el nico que hace maravillas.
Bendito su nombre glorioso para siempre! Toda la tierra sea llena de su gloria! Amn y amn!
Aqu terminan las oraciones de David, hijo de Isa.
<Salmo de Asaf> Ciertamente es bueno Dios para con Israel, para con los limpios de corazn.
En cuanto a m, casi se deslizaron mis pies, por poco resbalaron mis pasos!,
porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impos.
No se atribulan por su muerte, pues su vigor est entero.
No pasan trabajos como los otros mortales, ni son azotados como los dems hombres.
Por tanto, la soberbia los corona; se cubren con vestido de violencia.
Los ojos se les saltan de gordura; logran con creces los antojos del corazn.
Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; hablan con altanera.
Ponen su boca contra el cielo y su lengua pasea la tierra.
Por eso Dios har volver a su pueblo aqu, y aguas en abundancia son extradas para ellos.
Y dicen: "Cmo sabe Dios? Acaso hay conocimiento en el Altsimo?".
Estos impos, sin ser turbados del mundo, aumentaron sus riquezas.
Verdaderamente en vano he limpiado mi corazn y he lavado mis manos en inocencia!,
pues he sido azotado todo el da y castigado todas las maanas.
Si dijera yo: "Hablar como ellos!", engaara a la generacin de tus hijos.
Cuando pens para saber esto, fue duro trabajo para m,
hasta que, entrando en el santuario de Dios, comprend el fin de ellos.
Ciertamente, los has puesto en deslizaderos, en asolamiento los hars caer.
Cmo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores!
Como sueo del que despierta, as, Seor, cuando despiertes, menospreciars su apariencia.
Se llen de amargura mi alma y en mi corazn senta punzadas.
Tan torpe era yo, que no entenda; era como una bestia delante de ti!
Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha.
Me has guiado segn tu consejo, y despus me recibirs en gloria.
A quin tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
Mi carne y mi corazn desfallecen; mas la roca de mi corazn y mi porcin es Dios para siempre.
Ciertamente los que se alejan de ti perecern; t destruirs a todo aquel que de ti se aparta.
Pero en cuanto a m, el acercarme a Dios es el bien. He puesto en Jehov el Seor mi esperanza, para contar todas tus obras.
<Masquil de Asaf> Por qu, Dios, nos has desechado para siempre? Por qu se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado?
Acurdate de tu congregacin, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia; este monte Sin, donde has habitado.
Dirige tus pasos a las ruinas eternas, a todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario.
Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas; han puesto sus estandartes por seal.
Son como los que levantan el hacha en medio de tupido bosque,
y ahora con hachas y martillos han quebrado todas sus entalladuras.
Han puesto a fuego tu santuario, han profanado el tabernculo de tu nombre, echndolo a tierra.
Dijeron en su corazn: "Destruymoslos de una vez!". Han quemado todas las moradas de Dios en la tierra!
No vemos ya nuestras seales; no hay ms profeta, ni entre nosotros hay quien sepa hasta cundo.
Hasta cundo, Dios, nos insultar el angustiador? Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente contra tu nombre?
Por qu retraes tu mano? Por qu escondes tu diestra en tu seno?
Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo; el que obra salvacin en medio de la tierra.
Dividiste el mar con tu poder; quebraste cabezas de monstruos en las aguas.
Aplastaste las cabezas del Leviatn y lo diste por comida a los habitantes del desierto.
Abriste la fuente y el ro; secaste ros impetuosos.
Tuyo es el da, tuya tambin es la noche; t estableciste la luna y el sol.
T fijaste todos los trminos de la tierra; el verano y el invierno t los formaste.
Acurdate de esto: que el enemigo ha afrentado a Jehov y un pueblo insensato ha blasfemado contra tu nombre.
No entregues a las fieras el alma de tu trtola! No olvides para siempre la vida de tus pobres!
Mira al pacto, porque los lugares tenebrosos de la tierra estn llenos de habitaciones de violencia!
No vuelva avergonzado el abatido; el afligido y el menesteroso alabarn tu nombre!
Levntate, Dios! Aboga tu causa! Acurdate de cmo el insensato te insulta cada da!
No olvides los gritos de tus enemigos; el alboroto de los que se levantan contra ti sube sin cesar.
<Al msico principal; sobre "No destruyas". Salmo de Asaf. Cntico> Gracias te damos, Dios, gracias te damos, pues cercano est tu nombre; los hombres cuentan tus maravillas.
En el tiempo que yo decida, juzgar rectamente.
Se arruinaban la tierra y sus moradores; yo sostengo sus columnas. Selah
Dije a los insensatos: "No os jactis!"; y a los impos: "No os enorgullezcis;
no hagis alarde de vuestro poder; no hablis con cerviz erguida!",
porque ni de oriente ni de occidente ni del desierto viene el enaltecimiento,
pues Dios es el juez; a este humilla, y a aquel enaltece.
La copa est en la mano de Jehov; el vino est fermentado, lleno de mixtura, y l lo derrama; hasta el fondo lo apurarn y lo bebern todos los impos de la tierra!
Pero yo siempre anunciar y cantar alabanzas al Dios de Jacob.
Quebrantar todo el podero de los pecadores, pero el poder del justo ser exaltado.
<Al msico principal; sobre "Neginot". Salmo de Asaf. Cntico> Dios es conocido en Jud; en Israel es grande su nombre.
En Salem est su Tabernculo y su habitacin en Sin.
All quebr las saetas del arco, el escudo, la espada y las armas de guerra. Selah
Glorioso eres t, poderoso ms que los montes de caza.
Los fuertes de corazn fueron despojados, durmieron su sueo; no hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes.
A tu reprensin, Dios de Jacob, el carro y el caballo fueron entorpecidos.
Temible eres t! Quin podr estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira?
Desde los cielos hiciste oir tu juicio; la tierra tuvo temor y qued en suspenso
cuando te levantaste, Dios, para juzgar, para salvar a todos los mansos de la tierra. Selah
Ciertamente la ira del hombre te alabar; t reprimirs el resto de las iras.
Prometed y pagad a Jehov vuestro Dios; todos los que estn alrededor de l traigan ofrendas al Temible.
l cortar el aliento de los prncipes; temible es para los reyes de la tierra.
<Al msico principal; para Jedutn. Salmo de Asaf> Con mi voz clam a Dios, a Dios clam porque l me escucha.
Al Seor busqu en el da de mi angustia; alzaba a l mis manos de noche, sin descanso; mi alma rehusaba el consuelo.
Me acordaba de Dios, me conmova; me quejaba y desmayaba mi espritu. Selah
No me dejabas pegar los ojos; estaba yo quebrantado y no hablaba.
Consideraba los das desde el principio, los aos pasados.
Me acordaba de mis cnticos de noche; meditaba en mi corazn y mi espritu inquira:
"Desechar el Seor para siempre y no volver ms a sernos propicio?
Ha cesado para siempre su misericordia? Se ha acabado perpetuamente su promesa?
Ha olvidado Dios el tener misericordia? Ha encerrado con ira sus piedades?". Selah
Entonces dije: "Enfermedad ma es esta; traer, pues, a la memoria los aos de la diestra del Altsimo".
Me acordar de las obras de Jah; s, har yo memoria de tus maravillas antiguas.
Meditar en todas tus obras y hablar de tus hechos.
Dios, santo es tu camino; qu dios es grande como nuestro Dios?
T eres el Dios que hace maravillas; hiciste notorio en los pueblos tu poder.
Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de Jos. Selah
Dios, te vieron las aguas; las aguas te vieron y temieron; los abismos tambin se estremecieron.
Las nubes echaron inundaciones de aguas: tronaron los cielos y se precipitaron tus rayos.
La voz de tu trueno estaba en el torbellino; tus relmpagos alumbraron el mundo; se estremeci y tembl la tierra.
En el mar fue tu camino y tus sendas en las muchas aguas; tus pisadas no fueron halladas.
Condujiste a tu pueblo como a ovejas por mano de Moiss y de Aarn.
<Masquil de Asaf> Escucha, pueblo mo, mi Ley; inclinad vuestro odo a las palabras de mi boca.
Abrir mi boca en proverbios; hablar cosas escondidas desde tiempos antiguos,
las cuales hemos odo y entendido, las que nuestros padres nos contaron.
No las encubriremos a sus hijos, contaremos a la generacin venidera las alabanzas de Jehov, su potencia y las maravillas que hizo.
l estableci testimonio en Jacob y puso ley en Israel, la cual mand a nuestros padres que la notificaran a sus hijos;
para que lo sepa la generacin venidera, los hijos que nazcan; y los que se levanten lo cuenten a sus hijos,
a fin de que pongan en Dios su confianza y no se olviden de las obras de Dios; que guarden sus mandamientos
y no sean como sus padres, generacin terca y rebelde; generacin que no dispuso su corazn, ni cuyo espritu fue fiel para con Dios.
Los hijos de Efran, arqueros muy diestros, volvieron las espaldas en el da de la batalla.
No guardaron el pacto de Dios ni quisieron andar en su Ley;
al contrario, se olvidaron de sus obras y de sus maravillas que les haba mostrado.
Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Zon.
Dividi el mar y los hizo pasar. Detuvo las aguas como en un montn.
Los gui de da con nube y toda la noche con resplandor de fuego.
Hendi las peas en el desierto y les dio a beber como de grandes abismos,
pues sac de la pea corrientes e hizo descender aguas como ros.
Pero aun as, volvieron a pecar contra l, rebelndose contra el Altsimo en el desierto,
pues tentaron a Dios en su corazn, pidiendo comida a su gusto.
Y hablaron contra Dios, diciendo: "Podr poner mesa en el desierto?
l ha herido la pea, y brotaron aguas y torrentes inundaron la tierra. Podr dar tambin pan? Dispondr carne para su pueblo?".
Y lo oy Jehov y se indign; se encendi el fuego contra Jacob y el furor subi contra Israel,
por cuanto no le haban credo ni haban confiado en su salvacin.
Sin embargo, mand a las nubes de arriba, abri las puertas de los cielos
e hizo llover sobre ellos man para que comieran, y les dio trigo de los cielos.
Pan de nobles comi el hombre; les envi comida hasta saciarlos.
Movi el viento solano en el cielo, y trajo con su poder al viento del sur,
e hizo llover sobre ellos carne como polvo, como la arena del mar, aves que vuelan.
Las hizo caer en medio del campamento, alrededor de sus tiendas.
Comieron y se saciaron; les cumpli, pues, su deseo.
No haban saciado an su apetito, an estaba la comida en su boca,
cuando vino sobre ellos el furor de Dios, e hizo morir a los ms robustos de ellos y derrib a los escogidos de Israel.
Con todo esto, volvieron a pecar y no dieron crdito a sus maravillas.
Por tanto, hizo acabar sus das como un soplo y sus aos en tribulacin.
Si los haca morir, entonces buscaban a Dios; entonces se volvan solcitos en busca suya,
y se acordaban de que Dios era su refugio, que el Dios altsimo era su redentor.
Pero lo halagaban con su boca, y con su lengua le mentan,
pues sus corazones no eran rectos con l ni permanecieron firmes en su pacto.
Pero l, misericordioso, perdonaba la maldad y no los destrua; apart muchas veces su ira y no despert todo su enojo.
Se acord de que eran carne, soplo que va y no vuelve.
Cuntas veces se rebelaron contra l en el desierto, y lo enojaron en el yermo!
Y volvan, y tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel.
No se acordaban de su mano, del da que los redimi de la angustia;
cuando manifest en Egipto sus seales y sus maravillas en el campo de Zon.
Y volvi sus ros en sangre, y sus corrientes, para que no bebieran.
Envi entre ellos enjambres de moscas que los devoraban y ranas que los destruan.
Dio tambin a la oruga sus frutos y sus labores a la langosta.
Sus vias destruy con granizo y sus higuerales con escarcha.
Entreg al granizo sus bestias y sus ganados a los rayos.
Envi sobre ellos el ardor de su ira; enojo, indignacin y angustia, un ejrcito de ngeles destructores!
Dispuso camino a su furor; no eximi la vida de ellos de la muerte, sino que los entreg a mortandad.
Hizo morir a todo primognito en Egipto, las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam.
Hizo salir a su pueblo como a ovejas y los llev por el desierto como a un rebao.
Los gui con seguridad, de modo que no tuvieran temor; y el mar cubri a sus enemigos.
Los trajo despus a las fronteras de su tierra santa, a este monte que gan con su mano derecha.
Ech las naciones de delante de ellos; con cuerdas reparti sus tierras en heredad e hizo habitar en sus tiendas a las tribus de Israel.
Pero ellos tentaron y enojaron al Dios altsimo y no guardaron sus testimonios;
ms bien, le dieron la espalda, rebelndose como sus padres; se torcieron como arco engaoso.
Lo enojaron con sus lugares altos y lo provocaron a celo con sus imgenes de talla.
Lo oy Dios y se enoj, y en gran manera aborreci a Israel.
Dej, por tanto, el tabernculo de Silo, la tienda en que habit entre los hombres.
Entreg a cautiverio su podero; su gloria, en manos del enemigo.
Entreg tambin su pueblo a la espada y se irrit contra su heredad.
El fuego devor a sus jvenes y sus vrgenes no fueron loadas en cantos nupciales.
Sus sacerdotes cayeron a espada y sus viudas no hicieron lamentacin.
Entonces despert el Seor como quien duerme, como un valiente que grita excitado por el vino,
e hiri a sus enemigos por detrs; les dio perpetua afrenta.
Desech la casa de Jos y no escogi la tribu de Efran,
sino que escogi la tribu de Jud, el monte Sin, al cual am.
Edific su santuario a manera de eminencia, como la tierra que ciment para siempre.
Eligi a David su siervo y lo tom de los rebaos de ovejas;
de detrs de las paridas lo trajo, para que apacentara a Jacob su pueblo, a Israel su heredad.
Y los apacent conforme a la integridad de su corazn; los pastore con la pericia de sus manos.
<Salmo de Asaf> Vinieron, Dios, las naciones a tu heredad! Han profanado tu santo templo! Han reducido Jerusaln a escombros!
Han dado los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos, la carne de tus santos a las bestias de la tierra!
Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusaln y no hubo quien los enterrara.
Somos afrentados por nuestros vecinos, escarnecidos y ofendidos por los que estn en nuestros alrededores.
Hasta cundo, Jehov? Estars airado para siempre? Arder como fuego tu celo?
Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen y sobre los reinos que no invocan tu nombre!,
porque han consumido a Jacob y su morada han destruido.
No recuerdes contra nosotros las maldades de nuestros antepasados. Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos!
Aydanos, Dios de nuestra salvacin, por la gloria de tu nombre! Lbranos y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre!,
porque dirn los gentiles: "Dnde est su Dios?". Sea notoria en las naciones, delante de nuestros ojos, la venganza de la sangre de tus siervos que ha sido derramada!
Llegue delante de ti el gemido de los presos; conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte,
y devuelve a nuestros vecinos en su seno siete tantos de su infamia con que te han deshonrado, Jehov.
Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre. De generacin en generacin cantaremos tus alabanzas!
<Al msico principal; sobre "Lirios". Testimonio. Salmo de Asaf> Pastor de Israel, escucha; t que pastoreas como a ovejas a Jos, t que ests entre querubines, resplandece.
Despierta tu poder delante de Efran, de Benjamn y de Manass, y ven a salvarnos!
Dios, resturanos! Haz resplandecer tu rostro y seremos salvos!
Jehov, Dios de los ejrcitos, hasta cundo mostrars tu indignacin contra la oracin de tu pueblo?
Les diste a comer pan de lgrimas y a beber lgrimas en abundancia.
Nos pusiste por escarnio de nuestros vecinos y nuestros enemigos se burlan de nosotros.
Dios de los ejrcitos, resturanos! Haz resplandecer tu rostro y seremos salvos!
Hiciste venir una vid de Egipto; echaste las naciones y la plantaste.
Limpiaste el terreno para ella, hiciste arraigar sus races y llen la tierra.
Los montes fueron cubiertos con su sombra y con sus sarmientos los cedros de Dios.
Extendi sus vstagos hasta el mar y hasta el ro sus renuevos.
Por qu rompiste sus cercas y la vendimian todos los que pasan por el camino?
La destroza el puerco monts y la bestia del campo la devora.
Dios de los ejrcitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, considera y visita esta via,
la planta que plant tu diestra y el renuevo que para ti afirmaste.
Quemada a fuego est, asolada! Perezcan por la reprensin de tu rostro!
Sea tu mano sobre el varn de tu diestra, sobre el hijo de hombre que para ti afirmaste.
As no nos apartaremos de ti; vida nos dars e invocaremos tu nombre.
Jehov, Dios de los ejrcitos, resturanos! Haz resplandecer tu rostro y seremos salvos!
<Al msico principal; sobre Gitit. Salmo de Asaf> Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra! Al Dios de Jacob aclamad con jbilo!
Entonad cancin y tocad el pandero, el arpa que deleita y el salterio.
Tocad la trompeta en la nueva luna, en el da sealado, en el da de nuestra fiesta solemne,
porque estatuto es de Israel, ordenanza del Dios de Jacob.
Lo constituy como testimonio en Jos cuando sali por la tierra de Egipto. O un lenguaje que no entenda:
"Apart su hombro de debajo de la carga; sus manos fueron descargadas de los cestos.
En la calamidad clamaste y yo te libr; te respond en lo secreto del trueno; te prob junto a las aguas de Meriba. Selah
"Oye, pueblo mo, y te amonestar. Si me oyeras, Israel!
No habr en ti dios ajeno ni te inclinars a dios extrao.
Yo soy Jehov tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; abre tu boca y yo la llenar.
Pero mi pueblo no oy mi voz; Israel no me quiso a m.
Los dej, por tanto, a la dureza de su corazn; caminaron en sus propios consejos.
Si me hubiera odo mi pueblo! Si en mis caminos hubiera andado Israel!
En un momento habra yo derribado a sus enemigos y habra vuelto mi mano contra sus adversarios".
Los que aborrecen a Jehov se le habran sometido y el tiempo de ellos sera para siempre.
Los sustentara Dios con lo mejor del trigo, y con miel de la pea los saciara.
<Salmo de Asaf> Dios se levanta en la reunin de los dioses; en medio de los dioses juzga.
Hasta cundo juzgaris injustamente y haris acepcin de personas con los impos? Selah
Defended al dbil y al hurfano; haced justicia al afligido y al menesteroso,
librad al afligido y al necesitado; libradlo de manos de los impos!
No saben, no entienden, andan en tinieblas; tiemblan todos los cimientos de la tierra.
Yo dije: "Vosotros sois dioses y todos vosotros hijos del Altsimo;
pero como hombres moriris, y como cualquiera de los prncipes caeris".
Levntate, Dios, juzga la tierra, porque t heredars todas las naciones!
<Cntico. Salmo de Asaf> Dios, no guardes silencio! No calles, Dios, ni te ests quieto!,
porque rugen tus enemigos y los que te aborrecen alzan la cabeza.
Contra tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus protegidos.
Han dicho: "Venid y destruymoslos, para que no sean nacin y no haya ms memoria del nombre de Israel".
A una se confabulan de corazn. Contra ti han hecho alianza
las tiendas de los edomitas y de los ismaelitas, Moab y los agarenos,
Gebal, Amn y Amalec, los filisteos y los habitantes de Tiro.
Tambin el asirio se ha juntado con ellos; sirven de brazo a los hijos de Lot. Selah
Hazles como a Madin, como a Ssara, como a Jabn en el arroyo Cisn,
que perecieron en Endor: fueron convertidos en estircol para la tierra.
Pon a sus capitanes como a Oreb y a Zeeb; como a Zeba y a Zalmuna a todos sus prncipes,
que han dicho: "Hagamos nuestras las moradas de Dios!".
Dios mo, ponlos como torbellinos, como hojarascas delante del viento,
como fuego que quema el monte, como llama que abrasa el bosque.
Persguelos as con tu tempestad y atrralos con tu huracn.
Llena sus rostros de vergenza, y busquen tu nombre, Jehov.
Sean confundidos y turbados para siempre; sean deshonrados y perezcan.
Y conozcan que tu nombre es Jehov; t solo el Altsimo sobre toda la tierra!
<Al msico principal; sobre "Gitit". Salmo para los hijos de Cor> Cun amables son tus moradas, Jehov de los ejrcitos!
Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehov! Mi corazn y mi carne cantan al Dios vivo!
Aun el gorrin halla casa, y la golondrina nido para s, donde poner sus polluelos, cerca de tus altares, Jehov de los ejrcitos, Rey mo y Dios mo.
Bienaventurados los que habitan en tu Casa; perpetuamente te alabarn! Selah
Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazn estn tus caminos!
Atravesando el valle de lgrimas, lo cambian en fuente cuando la lluvia llena los estanques.
Irn de poder en poder; vern a Dios en Sin.
Jehov, Dios de los ejrcitos, oye mi oracin; escucha, Dios de Jacob! Selah
Mira, Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu elegido.
Mejor es un da en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogera antes estar a la puerta de la casa de mi Dios que habitar donde reside la maldad,
porque sol y escudo es Jehov Dios; gracia y gloria dar Jehov. No quitar el bien a los que andan en integridad.
Jehov de los ejrcitos, bienaventurado el hombre que en ti confa!
<Al msico principal. Salmo para los hijos de Cor> Fuiste propicio a tu tierra, Jehov; volviste la cautividad de Jacob.
Perdonaste la maldad de tu pueblo; todos los pecados de ellos cubriste. Selah
Reprimiste todo tu enojo; te apartaste del ardor de tu ira.
Resturanos, Dios de nuestra salvacin, y haz cesar tu ira contra nosotros.
Estars enojado contra nosotros para siempre? Extenders tu ira de generacin en generacin?
No volvers a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti?
Mustranos, Jehov, tu misericordia y danos tu salvacin!
Escuchar lo que hablar Jehov Dios, porque hablar paz a su pueblo y a sus santos, para que no se vuelvan a la locura.
Ciertamente cercana est su salvacin a los que lo temen, para que habite la gloria en nuestra tierra.
La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron.
La verdad brotar de la tierra y la justicia mirar desde los cielos.
Jehov dar tambin el bien y nuestra tierra dar su fruto.
La justicia ir delante de l y sus pasos nos pondr por camino.
<Oracin de David> Inclina, Jehov, tu odo, y escchame, porque estoy afligido y menesteroso.
Guarda mi alma, porque soy piadoso; salva t, Dios mo, a tu siervo que en ti confa!
Ten misericordia de m, Jehov, porque a ti clamo todo el da.
Alegra el alma de tu siervo, porque a ti, Seor, levanto mi alma,
porque t, Seor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
Escucha, Jehov, mi oracin y est atento a la voz de mis ruegos.
En el da de mi angustia te llamar, porque t me respondes.
Seor, ninguno hay como t entre los dioses ni obras que igualen tus obras.
Todas las naciones que hiciste vendrn y adorarn delante de ti, Seor, y glorificarn tu nombre,
porque t eres grande y hacedor de maravillas; solo t eres Dios!
Ensame, Jehov, tu camino, y caminar yo en tu verdad; afirma mi corazn para que tema tu nombre.
Te alabar, Jehov, Dios mo, con todo mi corazn y glorificar tu nombre para siempre,
porque tu misericordia es grande para conmigo y has librado mi alma de las profundidades del seol.
Dios, los soberbios se levantaron contra m, conspiracin de violentos ha buscado mi vida y no te han tomado en cuenta.
Mas t, Seor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad,
mrame y ten misericordia de m; da tu poder a tu siervo y guarda al hijo de tu sierva.
Haz conmigo seal para bien, y vanla los que me aborrecen y sean avergonzados, porque t, Jehov, me ayudaste y me consolaste.
<A los hijos de Cor. Salmo. Cntico> Su cimiento est en el monte santo.
Ama Jehov las puertas de Sin ms que todas las moradas de Jacob.
Cosas gloriosas se han dicho de ti, ciudad de Dios! Selah
"Yo me acordar de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen, aqu estn Filistea y Tiro, con Etiopa; estos nacieron all".
Y de Sin se dir: "Este y aquel han nacido en ella". Y el Altsimo mismo la establecer.
Jehov contar al inscribir a los pueblos: "Este naci all". Selah
Y cantores y msicos dirn en ella: "Todas mis fuentes estn en ti".
<Cntico. Salmo para los hijos de Cor. Al msico principal, para cantar sobre Mahalat. Masquil de Hemn ezrata> Jehov, Dios de mi salvacin, da y noche clamo delante de ti.
Llegue mi oracin a tu presencia! Inclina tu odo hacia mi clamor!,
porque mi alma est hastiada de males y mi vida cercana al seol.
Soy contado entre los que descienden al sepulcro; soy como un hombre sin fuerza,
abandonado entre los muertos, como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, de quienes no te acuerdas ya y que fueron arrebatados de tu mano.
Me has puesto en el hoyo profundo, en tinieblas, en lugares profundos.
Sobre m reposa tu ira y me sumerges en todas tus olas. Selah
Has alejado de m a mis conocidos; me has hecho repugnante para ellos; encerrado estoy sin poder escapar.
Mis ojos enfermaron a causa de mi afliccin. Te he llamado, Jehov, cada da; he extendido a ti mis manos.
Manifestars tus maravillas a los muertos? Se levantarn los muertos para alabarte? Selah
Ser proclamada en el sepulcro tu misericordia o tu verdad en el Abadn?
Sern reconocidas en las tinieblas tus maravillas y tu justicia en la tierra del olvido?
Mas yo a ti he clamado, Jehov, y de maana mi oracin se presenta delante de ti.
Por qu, Jehov, desechas mi alma? Por qu escondes de m tu rostro?
Yo estoy afligido y menesteroso; desde la juventud he llevado tus terrores, he estado lleno de miedo.
Sobre m han pasado tus iras y me oprimen tus terrores.
Me han rodeado como aguas continuamente; a una me han cercado.
Has alejado de m al amado y al compaero, y a mis conocidos has puesto en tinieblas.
<Masquil de Etn ezrata> Las misericordias de Jehov cantar perpetuamente; de generacin en generacin har notoria tu fidelidad con mi boca.
Dije: "Para siempre ser edificada la misericordia; en los cielos mismos afirmars tu fidelidad".
Hice pacto con mi escogido; jur a David mi siervo, diciendo:
"Para siempre confirmar tu descendencia y edificar tu trono por todas las generaciones". Selah
Celebran los cielos tus maravillas, Jehov, tu fidelidad tambin en la congregacin de los santos,
porque quin en los cielos se igualar a Jehov? Quin ser semejante a Jehov entre los hijos de los poderosos?
Dios temible en la gran congregacin de los santos y formidable sobre todos cuantos estn a su alrededor.
Jehov, Dios de los ejrcitos, quin como t? Poderoso eres, Jehov, y tu fidelidad te rodea.
T tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus olas, t las sosiegas.
T quebrantaste a Rahab como a un herido de muerte; con tu brazo poderoso esparciste a tus enemigos.
Tuyos son los cielos, tuya tambin es la tierra; el mundo y su plenitud, t lo fundaste.
El norte y el sur, t los creaste; el Tabor y el Hermn cantarn en tu nombre.
Tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra.
Justicia y derecho son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro.
Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; andar, Jehov, a la luz de tu rostro.
En tu nombre se alegrar todo el da y en tu justicia ser enaltecido,
porque t eres la gloria de su potencia y por tu buena voluntad acrecentars nuestro poder.
Jehov es nuestro escudo; nuestro rey es el Santo de Israel.
Entonces hablaste en visin a tu santo y dijiste: "He puesto el socorro sobre uno que es poderoso; he exaltado a un escogido de mi pueblo.
Hall a David mi siervo; lo ung con mi santa uncin.
Mi mano estar siempre con l; mi brazo tambin lo fortalecer.
No lo sorprender el enemigo ni hijo perverso lo quebrantar;
sino que quebrantar delante de l a sus enemigos y herir a los que lo aborrecen.
Mi fidelidad y mi misericordia estarn con l y en mi nombre ser exaltado su poder.
Asimismo pondr su mano sobre el mar y sobre los ros su diestra.
l clamar a m, diciendo: "Mi padre eres t, mi Dios, y la roca de mi salvacin".
Yo tambin lo pondr por primognito, el ms excelso de los reyes de la tierra.
Para siempre le asegurar mi misericordia y mi pacto ser firme con l.
Establecer su descendencia para siempre y su trono como los das de los cielos.
Si dejaran sus hijos mi Ley y no anduvieran en mis juicios,
si profanaran mis estatutos y no guardaran mis mandamientos,
entonces castigar con vara su rebelin y con azotes sus maldades.
Pero no quitar de l mi misericordia ni faltar a mi fidelidad.
No olvidar mi pacto ni mudar lo que ha salido de mis labios.
Una vez he jurado por mi santidad y no mentir a David.
Su descendencia ser para siempre y su trono como el sol delante de m.
Como la luna ser firme para siempre y como un testigo fiel en el cielo". Selah
Mas t desechaste y menospreciaste a tu ungido, y te has airado con l.
Rompiste el pacto de tu siervo; has profanado su corona hasta la tierra.
Abriste brecha en todos sus muros; has destruido sus fortalezas.
Lo saquean todos los que pasan por el camino; es la deshonra de sus vecinos.
Has exaltado la diestra de sus enemigos; has alegrado a todos sus adversarios.
Embotaste asimismo el filo de su espada, y no lo levantaste en la batalla.
Hiciste cesar su gloria y echaste su trono por tierra.
Has acortado los das de su juventud; lo has cubierto de vergenza! Selah
Hasta cundo, Jehov? Te esconders para siempre? Arder tu ira como el fuego?
Recuerda cun breve es mi tiempo! Por qu habrs creado en vano a todo hijo de hombre?
Qu hombre vivir y no ver muerte? Librar su vida del poder del seol? Selah
Seor, dnde estn tus antiguas misericordias, que juraste a David segn tu fidelidad?
Seor, acurdate del oprobio de tus siervos; oprobio de muchos pueblos, que llevo en mi seno,
porque tus enemigos, Jehov, han deshonrado, porque tus enemigos han deshonrado los pasos de tu ungido.
Bendito sea Jehov para siempre! Amn y amn!
<Oracin de Moiss, varn de Dios> Seor, t nos has sido refugio de generacin en generacin.
Antes que nacieran los montes y formaras la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, t eres Dios.
Vuelves a convertir en polvo al hombre y dices: "Convertos, hijos de los hombres!".
Ciertamente mil aos delante de tus ojos son como el da de ayer, que pas, y como una de las vigilias de la noche.
Los arrebatas como con torrente de aguas; son como un sueo. Como la hierba que crece en la maana:
en la maana florece y crece; a la tarde es cortada y se seca.
Ciertamente con tu furor somos consumidos y con tu ira somos turbados.
Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro.
Ciertamente todos nuestros das declinan a causa de tu ira; acabamos nuestros aos como un pensamiento.
Los das de nuestra edad son setenta aos. Si en los ms robustos son ochenta aos, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos.
Quin conoce el poder de tu ira, y tu indignacin segn el temor que te es debido?
Ensanos de tal modo a contar nuestros das que traigamos al corazn sabidura.
Vulvete, Jehov! Hasta cundo? Ten compasin de tus siervos!
De maana scianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros das.
Algranos conforme a los das que nos afligiste y los aos en que vimos el mal.
Aparezca en tus siervos tu obra y tu gloria sobre sus hijos.
Sea la luz de Jehov, nuestro Dios, sobre nosotros. La obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; s, la obra de nuestras manos confirma.
El que habita al abrigo del Altsimo morar bajo la sombra del Omnipotente.
Dir yo a Jehov: "Esperanza ma y castillo mo; mi Dios, en quien confiar".
l te librar del lazo del cazador, de la peste destructora.
Con sus plumas te cubrir y debajo de sus alas estars seguro; escudo y proteccin es su verdad.
No temers al terror nocturno ni a la saeta que vuele de da,
ni a la pestilencia que ande en la oscuridad, ni a mortandad que en medio del da destruya.
Caern a tu lado mil y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegarn.
Ciertamente con tus ojos mirars y vers la recompensa de los impos.
Porque has puesto a Jehov, que es mi esperanza, al Altsimo por tu habitacin,
no te sobrevendr mal ni plaga tocar tu morada,
pues a sus ngeles mandar acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.
En las manos te llevarn para que tu pie no tropiece en piedra.
Sobre el len y la vbora pisars; herirs al cachorro del len y al dragn.
"Por cuanto en m ha puesto su amor, yo tambin lo librar; lo pondr en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
Me invocar y yo le responder; con l estar yo en la angustia; lo librar y lo glorificar.
Lo saciar de larga vida y le mostrar mi salvacin".
<Salmo. Cntico para el sbado> Bueno es alabarte, Jehov, y cantar salmos a tu nombre, oh Altsimo;
anunciar por la maana tu misericordia y tu fidelidad cada noche,
con el decacordio y el salterio, en tono suave, con el arpa.
Por cuanto me has alegrado, Jehov, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo.
Cun grandes son tus obras, Jehov! Muy profundos son tus pensamientos!
El hombre necio no sabe y el insensato no entiende esto:
Cuando brotan los impos como la hierba y florecen todos los que hacen maldad, es para ser destruidos eternamente.
Mas t, Jehov, para siempre eres altsimo.
Aqu estn tus enemigos, Jehov, ciertamente perecern tus enemigos; sern esparcidos todos los que hacen maldad.
Pero t aumentars mis fuerzas como las del toro salvaje; ser ungido con aceite fresco.
Y mirarn mis ojos sobre mis enemigos; oirn mis odos acerca de los que se levantaron contra m, de los malignos.
El justo florecer como la palmera; crecer como cedro en el Lbano.
Plantados en la casa de Jehov, en los atrios de nuestro Dios florecern.
Aun en la vejez fructificarn; estarn vigorosos y verdes,
para anunciar que Jehov, mi fortaleza, es recto y que en l no hay injusticia.
Jehov reina! Se ha vestido de majestad! Jehov se ha vestido, se ha ceido de poder! Afirm tambin el mundo y no ser removido.
Firme es tu trono desde siempre; t eres eternamente.
Alzaron los ros, Jehov, los ros alzaron sus voces; alzaron los ros sus olas.
Jehov en las alturas es ms poderoso que el estruendo de las muchas aguas, ms que las recias olas del mar.
Tus testimonios son muy firmes; la santidad conviene a tu Casa, Jehov, por los siglos y para siempre.
Jehov, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, mustrate!
Engrandcete, Juez de la tierra; da el pago a los soberbios!
Hasta cundo los impos, hasta cundo, Jehov, se gozarn los impos?
Hasta cundo pronunciarn, hablarn cosas duras y se vanagloriarn todos los que hacen maldad?
A tu pueblo, Jehov, quebrantan y a tu heredad afligen.
A la viuda y al extranjero matan y a los hurfanos quitan la vida.
Y dijeron: "No ver Jah, no lo sabr el Dios de Jacob".
Entended, necios del pueblo! Y vosotros, insensatos, cundo seris sabios?
El que hizo el odo, no oir? El que form el ojo, no ver?
El que castiga a las naciones, no reprender? No sabr el que ensea al hombre la ciencia?
Jehov conoce los pensamientos de los hombres, que son vanidad.
Bienaventurado el hombre a quien t, Jah, corriges, y en tu Ley lo instruyes
para hacerlo descansar en los das de afliccin, en tanto que para el impo se cava el hoyo.
No abandonar Jehov a su pueblo ni desamparar su heredad,
sino que el juicio ser vuelto a la justicia y en pos de ella irn todos los rectos de corazn.
Quin se levantar por m contra los malignos? Quin estar por m contra los que hacen maldad?
Si no me ayudara Jehov, pronto morara mi alma en el silencio.
Cuando yo deca: "Mi pie resbala", tu misericordia, Jehov, me sostena.
En la multitud de mis pensamientos ntimos, tus consolaciones alegraban mi alma.
Se juntar contigo el trono de la maldad que hace el agravio en forma de ley?
Se juntan contra la vida del justo y condenan la sangre inocente.
Pero Jehov me ha sido por refugio y mi Dios por roca de mi confianza.
l har volver sobre ellos su maldad y los destruir en su propia malicia. Los destruir Jehov, nuestro Dios.
Venid, aclamemos alegremente a Jehov! Cantemos con jbilo a la roca de nuestra salvacin!
Lleguemos ante su presencia con alabanza! Aclammoslo con cnticos!,
porque Jehov es Dios grande, el gran Rey sobre todos los dioses.
En su mano estn las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
Suyo tambin el mar, pues l lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
Venid, adoremos y postrmonos; arrodillmonos delante de Jehov, nuestro hacedor,
porque l es nuestro Dios; nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si os hoy su voz,
"No endurezcis vuestro corazn, como en Meriba, como en el da de Masah en el desierto,
donde me tentaron vuestros padres, me probaron y vieron mis obras.
Cuarenta aos estuve disgustado con la nacin, y dije: "Es pueblo que divaga de corazn y no han conocido mis caminos".
Por tanto, jur en mi furor que no entraran en mi reposo".
Cantad a Jehov cntico nuevo; cantad a Jehov toda la tierra.
Cantad a Jehov, bendecid su nombre. Anunciad de da en da su salvacin;
proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas,
porque grande es Jehov y digno de suprema alabanza; temible sobre todos los dioses.
Todos los dioses de los pueblos son dolos; pero Jehov hizo los cielos.
Alabanza y magnificencia delante de l! Poder y hermosura en su santuario!
Tributad a Jehov, familias de los pueblos, dad a Jehov la gloria y el poder.
Dad a Jehov la honra debida a su nombre; traed ofrendas y venid a sus atrios.
Adorad a Jehov en la hermosura de la santidad; temed delante de l, toda la tierra.
Decid entre las naciones: "Jehov reina! Tambin afirm el mundo, no ser conmovido; juzgar a los pueblos con justicia".
Algrense los cielos y gcese la tierra; brame el mar y su plenitud.
Regocjese el campo y todo lo que hay en l; entonces todos los rboles del bosque rebosarn de contento
delante de Jehov, que vino, porque ha venido a juzgar la tierra. Juzgar al mundo con justicia y a los pueblos con su verdad!
Jehov reina! Regocjese la tierra! Algrense las muchas costas!
Nubes y oscuridad alrededor de l; justicia y juicio son el cimiento de su trono.
Fuego ir delante de l y abrasar a sus enemigos alrededor.
Sus relmpagos alumbraron el mundo; la tierra vio y se estremeci.
Los montes se derritieron como cera delante de Jehov, delante del Seor de toda la tierra.
Los cielos anunciaron su justicia y todos los pueblos vieron su gloria.
Avergncense todos los que sirven a las imgenes de talla, los que se gloran en los dolos. Pstrense ante l todos los dioses.
Oy Sin y se alegr; y las hijas de Jud se gozaron, Jehov, por tus juicios,
porque t, Jehov, eres el Altsimo sobre toda la tierra; eres muy exaltado sobre todos los dioses.
Los que amis a Jehov, aborreced el mal; l guarda las almas de sus santos; de manos de los impos los libra.
Luz est sembrada para el justo y alegra para los rectos de corazn.
Alegraos, justos, en Jehov, y alabad la memoria de su santidad!
<Salmo> Cantad a Jehov cntico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado y su santo brazo.
Jehov ha hecho notoria su salvacin; a vista de las naciones ha descubierto su justicia.
Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; todos los trminos de la tierra han visto la salvacin de nuestro Dios.
Cantad alegres a Jehov, toda la tierra. Levantad la voz, aplaudid y cantad salmos.
Cantad salmos a Jehov con arpa; con arpa y voz de cntico.
Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, delante del Rey, Jehov.
Brame el mar y su plenitud, el mundo y los que en l habitan;
los ros batan las manos, regocjense todos los montes
delante de Jehov, porque vino a juzgar la tierra. Juzgar al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud.
Jehov reina! Temblarn los pueblos. l est sentado sobre los querubines; se conmover la tierra.
Jehov en Sin es grande y exaltado sobre todos los pueblos.
Alaben tu nombre grande y temible! l es santo!
La gloria del rey es amar la justicia; t confirmas la rectitud; t ejerces en Jacob la justicia y el derecho.
Exaltad a Jehov, nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies. l es santo!
Moiss y Aarn entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; invocaban a Jehov y l les responda.
En columna de nube hablaba con ellos; guardaban sus testimonios y el estatuto que les haba dado.
Jehov Dios nuestro, t les respondas; fuiste para ellos un Dios perdonador y retribuidor de sus obras.
Exaltad a Jehov, nuestro Dios, y postraos ante su santo monte, porque Jehov, nuestro Dios, es santo.
<Salmo de accin de gracias> Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
Servid a Jehov con alegra; venid ante su presencia con regocijo.
Reconoced que Jehov es Dios; l nos hizo y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado.
Entrad por sus puertas con accin de gracias, por sus atrios con alabanza. Alabadlo, bendecid su nombre!,
porque Jehov es bueno; para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones.
<Salmo de David> Misericordia y justicia cantar; a ti, Jehov, cantar.
Entender el camino de la perfeccin cuando vengas a m. En la integridad de mi corazn andar en medio de mi casa.
No pondr delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvan; ninguno de ellos se acercar a m.
Corazn perverso se apartar de m; no conocer al malvado.
Al que solapadamente difama a su prjimo, yo lo destruir; no sufrir al de ojos altaneros y de corazn vanidoso.
Mis ojos pondr en los fieles de la tierra, para que estn conmigo; el que ande en el camino de la perfeccin, este me servir.
No habitar dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmar delante de mis ojos.
Por las maanas destruir a todos los impos de la tierra, para exterminar de la ciudad de Jehov a todos los que hagan maldad.
<Oracin del que sufre, cuando est angustiado y delante de Jehov derrama su lamento.> Jehov, escucha mi oracin y llegue a ti mi clamor.
No escondas de m tu rostro en el da de mi angustia; inclina a m tu odo; apresrate a responderme el da que te invoque,
porque mis das se desvanecen como el humo y mis huesos cual tizn estn quemados.
Mi corazn est herido y seco como la hierba, por lo cual me olvido de comer mi pan.
Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne.
Soy semejante al pelcano del desierto; soy como el bho de las soledades;
Me desvelo y soy como un pjaro solitario sobre el tejado.
Cada da me deshonran mis enemigos. Los que se burlan de m ya se han conjurado en mi contra.
Por lo cual yo como ceniza a manera de pan y mi bebida mezclo con lgrimas,
a causa de tu enojo y de tu ira, pues me alzaste y me has arrojado.
Mis das son como una sombra que se va y me he secado como la hierba.
Mas t, Jehov, permanecers para siempre y tu memoria de generacin en generacin.
Te levantars y tendrs misericordia de Sin, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado,
porque tus siervos aman sus piedras y del polvo de ella tienen compasin.
Entonces las naciones temern el nombre de Jehov y todos los reyes de la tierra tu gloria,
por cuanto Jehov habr edificado a Sin y en su gloria ser visto.
Habr considerado la oracin de los desvalidos y no habr desechado el ruego de ellos.
Se escribir esto para la generacin venidera y el pueblo que est por nacer alabar a Jah,
porque mir desde lo alto de su santuario; mir Jehov desde los cielos a la tierra
para oir el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte,
para que se publique en Sin el nombre de Jehov y su alabanza en Jerusaln,
cuando los pueblos y los reinos se congreguen en uno para servir a Jehov.
l debilit mi fuerza en el camino; acort mis das.
Dije: "Dios mo, no me cortes en la mitad de mis das! Por generacin y generacin son tus aos!".
Desde el principio t fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos.
Ellos perecern, mas t permanecers; y todos ellos como una vestidura se envejecern, como un vestido los mudars y sern mudados;
pero t eres el mismo y tus aos no se acabarn.
Los hijos de tus siervos habitarn seguros y su descendencia ser establecida delante de ti.
<Salmo de David> Bendice, alma ma, a Jehov, y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma ma, a Jehov, y no olvides ninguno de sus beneficios.
l es quien perdona todas tus maldades, el que sana todas tus dolencias,
el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias,
el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el guila.
Jehov es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia.
Sus caminos notific a Moiss, y a los hijos de Israel sus obras.
Misericordioso y clemente es Jehov; lento para la ira y grande en misericordia.
No contender para siempre ni para siempre guardar el enojo.
No ha hecho con nosotros conforme a nuestras maldades ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados,
porque, como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeci su misericordia sobre los que lo temen.
Cuanto est lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehov de los que lo temen,
porque l conoce nuestra condicin; se acuerda de que somos polvo.
El hombre, como la hierba son sus das; florece como la flor del campo,
que pas el viento por ella, y pereci, y su lugar ya no la conocer ms.
Mas la misericordia de Jehov es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que lo temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos,
sobre los que guardan su pacto y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.
Jehov estableci en los cielos su trono y su reino domina sobre todos.
Bendecid a Jehov, vosotros sus ngeles, poderosos en fortaleza, que ejecutis su palabra obedeciendo a la voz de su precepto!
Bendecid a Jehov, vosotros todos sus ejrcitos, ministros suyos que hacis su voluntad!
Bendecid a Jehov, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su seoro! Bendice, alma ma, a Jehov!
Bendice, alma ma, a Jehov! Jehov, Dios mo, mucho te has engrandecido; te has vestido de gloria y de magnificencia:
el que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina,
que establece sus aposentos entre las aguas, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento,
el que hace a los vientos sus mensajeros y a las llamas de fuego sus ministros.
l fund la tierra sobre sus cimientos; no ser jams removida.
Con el abismo, como con vestido, la cubriste; sobre los montes estaban las aguas.
A tu reprensin huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron;
subieron los montes, descendieron los valles al lugar que t les fijaste.
Les pusiste un lmite, el cual no traspasarn, ni volvern a cubrir la tierra.
T eres el que viertes los manantiales en los arroyos; van entre los montes,
dan de beber a todas las bestias del campo, mitigan su sed los asnos monteses.
En sus orillas habitan las aves del cielo; cantan entre las ramas!
l riega los montes desde sus aposentos; del fruto de sus obras se sacia la tierra.
l hace brotar el heno para las bestias y la hierba para el servicio del hombre, para sacar el pan de la tierra,
el vino que alegra el corazn del hombre, el aceite que hace brillar el rostro y el pan que sustenta la vida del hombre.
Se llenan de savia los rboles de Jehov, los cedros del Lbano que l plant.
All anidan las aves; en las hayas hace su casa la cigea.
Los montes altos son para las cabras monteses; las peas, para madrigueras de los conejos.
Hizo la luna para los tiempos; el sol conoce su ocaso.
Pones las tinieblas, y es de noche; en ella corretean todas las bestias de la selva.
Los leoncillos rugen tras la presa y reclaman de Dios su comida.
Sale el sol, se recogen y se echan en sus cuevas.
Sale el hombre a su labor y a su labranza hasta la tarde.
Cun innumerables son tus obras, Jehov! Hiciste todas ellas con sabidura; la tierra est llena de tus beneficios!
He all el grande y ancho mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeos y grandes.
All lo surcan las naves; all este Leviatn que hiciste para que jugara en l.
Todos ellos esperan en ti, para que les des la comida a su tiempo.
T les das y ellos recogen; abres tu mano y se sacian de bien.
Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hlito, dejan de ser y vuelven al polvo.
Envas tu espritu, son creados y renuevas la faz de la tierra.
Sea la gloria de Jehov para siempre! Algrese Jehov en sus obras!
l mira a la tierra y ella tiembla; toca los montes y humean.
A Jehov cantar en mi vida; a mi Dios cantar salmos mientras viva.
Dulce ser mi meditacin en l; yo me regocijar en Jehov.
Sean consumidos de la tierra los pecadores y los impos dejen de ser! Bendice, alma ma, a Jehov! Aleluya!
Alabad a Jehov, invocad su nombre, dad a conocer sus obras entre los pueblos!
Cantadle, cantadle salmos! Hablad de todas sus maravillas.
Gloriaos en su santo nombre; algrese el corazn de los que buscan a Jehov.
Buscad a Jehov y su poder; buscad siempre su rostro!
Acordaos de las maravillas que l ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca,
vosotros, descendencia de Abraham su siervo, hijos de Jacob, sus escogidos.
l es Jehov, nuestro Dios; en toda la tierra estn sus juicios.
Se acord para siempre de su pacto; de la palabra que mand para mil generaciones,
la cual concert con Abraham, y de su juramento a Isaac.
La estableci a Jacob por decreto, a Israel por pacto sempiterno,
diciendo: "A ti te dar la tierra de Canan como porcin de vuestra heredad".
Cuando ellos eran pocos en nmero y forasteros en ella,
y andaban de nacin en nacin, de un reino a otro pueblo,
no consinti que nadie los agraviara, y por causa de ellos castig a los reyes.
"No toquis -- dijo -- a mis ungidos, ni hagis mal a mis profetas".
Trajo hambre sobre la tierra y cort todo sustento de pan.
Envi a un hombre delante de ellos; a Jos, que fue vendido como esclavo.
Afligieron sus pies con grillos; en crcel fue puesta su persona.
Hasta la hora en que se cumpli su palabra, el dicho de Jehov lo prob.
Envi el rey y lo solt; el seor de los pueblos lo dej ir libre.
Lo puso por seor de su casa, y por gobernador de todas sus posesiones,
para regir a sus grandes como l quisiera y ensear a sus ancianos sabidura.
Despus entr Israel en Egipto, Jacob mor en la tierra de Cam.
Y multiplic su pueblo en gran manera y lo hizo ms fuerte que sus enemigos.
Cambi el corazn de ellos para que aborrecieran a su pueblo, para que contra sus siervos pensaran mal.
Envi a su siervo Moiss y a Aarn, al cual escogi.
Puso en ellos las palabras de sus seales, y sus prodigios en la tierra de Cam.
Envi tinieblas que lo oscurecieron todo; no fueron rebeldes a su palabra.
Volvi sus aguas en sangre y mat sus peces.
Su tierra produjo ranas hasta en las cmaras de sus reyes.
Habl, y vinieron enjambres de moscas y piojos en todo su territorio.
Les dio granizo por lluvia y llamas de fuego en su tierra.
Destroz sus vias y sus higueras, y quebr los rboles de su territorio.
Habl, y vinieron langostas y pulgn sin nmero;
y se comieron toda la hierba de su pas, devoraron el fruto de su tierra.
Hiri de muerte a todos los primognitos en su tierra, las primicias de toda su fuerza.
Los sac con plata y oro y no hubo en sus tribus enfermo.
Egipto se alegr de que salieran porque su terror haba cado sobre ellos.
Extendi una nube por cubierta y fuego para alumbrar la noche.
Pidieron, e hizo venir codornices; y los saci con pan del cielo.
Abri la pea y fluyeron aguas; corrieron por los sequedales como un ro,
porque se acord de su santa palabra dada a Abraham su siervo.
Sac a su pueblo con gozo; con jbilo a sus escogidos.
Les dio las tierras de las naciones y las labores de los pueblos heredaron,
para que guardaran sus estatutos y cumplieran sus leyes. Aleluya!
Aleluya! Alabad a Jehov, porque l es bueno, porque para siempre es su misericordia!
Quin expresar las poderosas obras de Jehov? Quin contar sus alabanzas?
Bienaventurados los que guardan el derecho, los que hacen justicia en todo tiempo!
Acurdate de m, Jehov, segn tu benevolencia para con tu pueblo; vistame con tu salvacin,
para que yo vea el bien de tus escogidos, para que me goce en la alegra de tu nacin y me glore con tu heredad.
Pecamos nosotros, como nuestros padres; hicimos maldad, cometimos impiedad.
Nuestros padres, en Egipto, no entendieron tus maravillas; no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias, sino que se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo.
Pero l los salv por amor de su nombre, para hacer notorio su poder.
Reprendi al Mar Rojo y lo sec, y los hizo ir por el abismo como por un desierto.
Los salv de manos del enemigo, y los rescat de manos del adversario.
Cubrieron las aguas a sus enemigos; no qued ni uno de ellos!
Entonces creyeron a sus palabras y cantaron su alabanza.
Bien pronto olvidaron sus obras; no esperaron su consejo.
Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto y tentaron a Dios en la soledad.
l les dio lo que pidieron, pero envi mortandad sobre ellos.
Tuvieron envidia de Moiss en el campamento, y contra Aarn, el santo de Jehov.
Entonces se abri la tierra y trag a Datn, y cubri la compaa de Abiram.
Y se encendi fuego contra su grupo; la llama quem a los impos!
Hicieron un becerro en Horeb, se postraron ante una imagen de fundicin.
As cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba.
Olvidaron al Dios de su salvacin, que haba hecho grandezas en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam, cosas formidables en el Mar Rojo.
Y los habra destruido de no haberse interpuesto Moiss, su escogido, delante de l, a fin de apartar su indignacin para que no los destruyera.
Pero aborrecieron la tierra deseable, no creyeron a su palabra,
antes, murmuraron en sus tiendas y no oyeron la voz de Jehov.
Por tanto, alz su mano contra ellos para abatirlos en el desierto,
y humillar a su pueblo entre las naciones y esparcirlos por las tierras.
Se unieron asimismo a Baal-peor y comieron los sacrificios a los dioses muertos.
Provocaron la ira de Dios con sus obras y se desarroll la mortandad entre ellos.
Entonces se levant Finees e hizo juicio, y se detuvo la plaga.
Y le fue contado por justicia de generacin en generacin y para siempre.
Tambin lo irritaron en las aguas de Meriba; le fue mal a Moiss por causa de ellos,
porque hicieron rebelar a su espritu y habl precipitadamente con sus labios.
No destruyeron a los pueblos que Jehov les dijo;
al contrario, se mezclaron con las naciones, aprendieron sus obras
y sirvieron a sus dolos, los cuales fueron causa de su ruina.
Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios,
y derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, a quienes ofrecieron en sacrificio a los dolos de Canan; y la tierra fue contaminada con sangre.
Se contaminaron as con sus obras y se prostituyeron con sus hechos.
Se encendi, por tanto, el furor de Jehov contra su pueblo y abomin su heredad;
los entreg en poder de las naciones y se enseorearon de ellos los que los detestaban.
Sus enemigos los oprimieron y fueron quebrantados debajo de su mano.
Muchas veces los libr, pero ellos se rebelaron contra su consejo y fueron humillados por su maldad.
Con todo, l miraba cuando estaban en angustia, y oa su clamor;
se acordaba de su pacto con ellos y se compadeca conforme a la muchedumbre de su misericordia.
Hizo asimismo que tuvieran de ellos misericordia todos los que los tenan cautivos.
Slvanos, Jehov, Dios nuestro, y recgenos de entre las naciones, para que alabemos tu santo nombre, para que nos gloriemos en tus alabanzas.
Bendito Jehov, Dios de Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad! Diga todo el pueblo: "Amn!". "Aleluya!".
Alabad a Jehov, porque l es bueno, porque para siempre es su misericordia.
Dganlo los redimidos de Jehov, los que ha redimido del poder del enemigo
y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del sur.
Anduvieron perdidos por el desierto, por soledad sin camino, sin hallar ciudad en donde vivir.
Hambrientos y sedientos, su alma desfalleca en ellos.
Entonces clamaron a Jehov en su angustia y los libr de sus aflicciones.
Los dirigi por camino derecho, para que llegaran a ciudad habitable.
Alaben la misericordia de Jehov y sus maravillas para con los hijos de los hombres!,
porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta.
Algunos moraban en tinieblas y en sombra de muerte, aprisionados en afliccin y en hierros,
por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehov, y aborrecieron el consejo del Altsimo.
Por eso quebrant con el trabajo sus corazones; cayeron, y no hubo quien los ayudara.
Luego que clamaron a Jehov en su angustia, los libr de sus aflicciones;
los sac de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompi sus prisiones.
Alaben la misericordia de Jehov y sus maravillas para con los hijos de los hombres!,
porque quebrant las puertas de bronce y desmenuz los cerrojos de hierro.
Fueron afligidos los insensatos a causa del camino de su rebelin y a causa de sus maldades;
su alma rechaz todo alimento y llegaron hasta las puertas de la muerte.
Pero clamaron a Jehov en su angustia y los libr de sus aflicciones.
Envi su palabra y los san; los libr de su ruina.
Alaben la misericordia de Jehov y sus maravillas para con los hijos de los hombres!
Ofrezcan sacrificios de alabanza y publiquen sus obras con jbilo!
Los que descienden al mar en naves y hacen negocio en las muchas aguas,
ellos han visto las obras de Jehov y sus maravillas en las profundidades,
porque habl, e hizo levantar un viento tempestuoso que encrespa sus olas.
Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal.
Tiemblan y titubean como ebrios, y toda su ciencia es intil.
Entonces claman a Jehov en su angustia y los libra de sus aflicciones.
Cambia la tempestad en sosiego y se apaciguan sus olas.
Luego se alegran, porque se apaciguaron, y as los gua al puerto que deseaban.
Alaben la misericordia de Jehov y sus maravillas para con los hijos de los hombres!
Exltenlo en la asamblea del pueblo, y en la reunin de ancianos lo alaben!
l convierte los ros en desierto y los manantiales de las aguas en sequedales;
la tierra fructfera en estril, por la maldad de los que la habitan.
Vuelve el desierto en estanques de aguas y la tierra seca en manantiales.
All establece a los hambrientos y fundan ciudad donde vivir.
Siembran campos y plantan vias; rinden abundante fruto.
Los bendice, y se multiplican en gran manera; y no disminuye su ganado.
Luego son menoscabados y abatidos a causa de tirana, de males y congojas.
l esparce menosprecio sobre los prncipes y los hace andar perdidos, vagabundos y sin camino.
Levanta de la miseria al pobre y hace multiplicar las familias como a rebaos de ovejas.
Vanlo los rectos y algrense, y todos los malos cierren su boca.
Quien sea sabio y guarde estas cosas, entender las misericordias de Jehov.
<Cntico. Salmo de David> Mi corazn, Dios, est dispuesto; cantar y entonar salmos; esta es mi gloria.
Despirtate, salterio y arpa; despertar al alba!
Te alabar, Jehov, entre los pueblos; a ti cantar salmos entre las naciones,
porque ms grande que los cielos es tu misericordia y hasta los cielos tu fidelidad.
Exaltado seas, Dios, sobre los cielos, y sobre toda la tierra sea enaltecida tu gloria.
Para que sean librados tus amados, salva con tu diestra y respndeme.
Dios ha dicho en su santuario: "Yo me alegrar; repartir a Siquem y medir el valle de Sucot!
Mo es Galaad, mo es Manass y Efran es la fortaleza de mi cabeza; Jud es mi legislador.
Moab, la vasija para lavarme; sobre Edom echar mi calzado; me regocijar sobre Filistea".
Quin me guiar a la ciudad fortificada? Quin me guiar hasta Edom?
No sers t, Dios, que nos habas desechado y no salas, Dios, con nuestros ejrcitos?
Danos socorro contra el adversario, porque vana es la ayuda del hombre.
En Dios haremos proezas y l hollar a nuestros enemigos.
<Al msico principal. Salmo de David> Dios de mi alabanza, no calles,
porque boca de impo y boca de engaador se han abierto contra m; han hablado de m con lengua mentirosa.
Con palabras de odio me han rodeado y pelearon contra m sin causa.
En pago de mi amor me han sido adversarios; pero yo oraba.
Me devuelven mal por bien y odio por amor.
Pon sobre l al impo y Satans est a su diestra.
Cuando sea juzgado, salga culpable, y su oracin sea para pecado.
Sean pocos sus das, tome otro su oficio.
Queden sus hijos hurfanos y su mujer viuda.
Anden sus hijos vagabundos y mendiguen; procuren su pan muy lejos de sus desolados hogares.
Que el acreedor se apodere de todo lo que tiene y extraos saqueen su trabajo.
No tenga quien le haga misericordia ni haya quien tenga compasin de sus hurfanos.
Su posteridad sea destruida; en la segunda generacin sea borrado su nombre!
Venga en memoria ante Jehov la maldad de sus padres y el pecado de su madre no sea borrado.
Estn siempre delante de Jehov y l corte de la tierra su memoria,
por cuanto no se acord de hacer misericordia, y persigui al hombre afligido y menesteroso, al quebrantado de corazn, para darle muerte.
Am la maldicin, y esta le sobrevino; no quiso la bendicin, y ella se alej de l!
Se visti de maldicin como de su vestido; entr como agua en su interior y como aceite en sus huesos.
Sale como vestido con que se cubra y en lugar de cinto con que se cia siempre.
Sea este el pago de parte de Jehov a los que me calumnian y a los que hablan mal contra mi alma.
Y t, Jehov, Seor mo, favorceme por amor de tu nombre; lbrame, porque tu misericordia es buena,
porque yo estoy afligido y necesitado, y mi corazn est herido dentro de m.
Me voy como la sombra cuando declina; soy sacudido como una langosta!
Mis rodillas estn debilitadas a causa del ayuno y mi carne desfallece por falta de gordura.
Yo he sido para ellos objeto de oprobio; me miraban y, burlndose, meneaban su cabeza.
Aydame, Jehov, Dios mo! Slvame conforme a tu misericordia!
Y entiendan que esta es tu mano; que t, Jehov, has hecho esto.
Maldigan ellos, pero bendice t! Levntense, pero sean avergonzados, y que se regocije tu siervo.
Sean vestidos de ignominia los que me calumnian; sean cubiertos de confusin como con manto!
Yo alabar a Jehov en gran manera con mi boca; en medio de la muchedumbre lo alabar,
porque l se pondr a la diestra del pobre, para librar su alma de los que lo juzgan.
<Salmo de David> Jehov dijo a mi Seor: "Sintate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies".
Jehov enviar desde Sin la vara de tu poder: "Domina en medio de tus enemigos!
Tu pueblo se te ofrecer voluntariamente en el da de tu mando, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes t el roco de tu juventud".
Jur Jehov y no se arrepentir: "T eres sacerdote para siempre segn el orden de Melquisedec".
El Seor est a tu diestra; quebrantar a los reyes en el da de su ira.
Juzgar entre las naciones, las llenar de cadveres; quebrantar las cabezas en muchas tierras.
Del arroyo beber en el camino, por lo cual levantar la cabeza.
<Aleluya!> Alabar a Jehov con todo el corazn en la compaa y congregacin de los rectos.
Grandes son las obras de Jehov, buscadas de todos los que las quieren.
Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre.
Ha hecho memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es Jehov.
Ha dado alimento a los que lo temen; para siempre se acordar de su pacto.
El poder de sus obras manifest a su pueblo dndole la heredad de las naciones.
Las obras de sus manos son verdad y juicio; fieles son todos sus mandamientos,
afirmados eternamente y para siempre, hechos en verdad y rectitud.
Redencin ha enviado a su pueblo; para siempre ha ordenado su pacto. Santo y temible es su nombre!
El principio de la sabidura es el temor de Jehov; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su loor permanece para siempre!
<Aleluya!> Bienaventurado el hombre que teme a Jehov y en sus mandamientos se deleita en gran manera.
Su descendencia ser poderosa en la tierra; la generacin de los rectos ser bendita.
Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre.
Resplandeci en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo.
El hombre de bien tiene misericordia y presta; gobierna sus asuntos con justicia.
Por lo cual no resbalar jams; en memoria eterna ser el justo.
No tendr temor de malas noticias; su corazn est firme, confiado en Jehov.
Asegurado est su corazn; no temer, hasta que vea en sus enemigos su deseo.
Reparte, da a los pobres; su justicia permanece para siempre; su poder ser exaltado con gloria.
Lo ver el impo y se irritar; crujir los dientes y se consumir. El deseo de los impos perecer.
<Aleluya!> Alabad, siervos de Jehov, alabad el nombre de Jehov.
Sea el nombre de Jehov bendito desde ahora y para siempre.
Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehov.
Excelso sobre todas las naciones es Jehov, sobre los cielos su gloria.
Quin como Jehov, nuestro Dios, que se sienta en las alturas,
que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?
l levanta del polvo al pobre y al menesteroso alza de su miseria,
para hacerlos sentar con los prncipes, con los prncipes de su pueblo.
l hace habitar en familia a la estril que se goza en ser madre de hijos. Aleluya!
Cuando sali Israel de Egipto, la casa de Jacob, de un pueblo extranjero,
Jud vino a ser su santuario, e Israel su seoro.
El mar lo vio, y huy; el Jordn se volvi atrs.
Los montes saltaron como carneros, los collados como corderitos.
Qu sucedi, mar, que huiste? Y t, Jordn, que te volviste atrs?
Montes, por qu saltasteis como carneros, y vosotros, collados, como corderitos?
A la presencia de Jehov tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob,
el cual cambi la pea en estanque de aguas en fuente de aguas la roca.
No a nosotros, Jehov, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.
Por qu han de decir las gentes: "Dnde est ahora su Dios?"?
Nuestro Dios est en los cielos; todo lo que quiso ha hecho!
Los dolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres.
Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven;
orejas tienen, pero no oyen; tienen narices, pero no huelen;
manos tienen, pero no palpan; tienen pies, pero no andan, ni hablan con su garganta.
Semejantes a ellos son los que los hacen y cualquiera que confa en ellos.
Israel, confa en Jehov! l es tu ayuda y tu escudo.
Casa de Aarn, confiad en Jehov! l es vuestra ayuda y vuestro escudo.
Los que temis a Jehov, confiad en Jehov! l es vuestra ayuda y vuestro escudo.
Jehov se ha acordado de nosotros y nos bendecir. Bendecir a la casa de Israel; bendecir a la casa de Aarn.
Bendecir a los que temen a Jehov, a pequeos y a grandes.
Aumentar Jehov bendicin sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos.
Benditos vosotros de Jehov, que hizo los cielos y la tierra!
Los cielos son los cielos de Jehov, y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.
No alabarn los muertos a Jah, ni cuantos descienden al silencio;
pero nosotros bendeciremos a Jah desde ahora y para siempre. Aleluya!
Amo a Jehov, pues ha odo mi voz y mis splicas,
porque ha inclinado a m su odo; por tanto, lo invocar en todos mis das.
Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del seol; angustia y dolor haba yo hallado.
Entonces invoqu el nombre de Jehov, diciendo: "Jehov, libra ahora mi alma!".
Clemente es Jehov, y justo; s, misericordioso es nuestro Dios.
Jehov guarda a los sencillos; estaba yo postrado, y me salv.
Vuelve, alma ma, a tu reposo, porque Jehov te ha hecho bien!,
pues t has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lgrimas y mis pies de resbalar.
Andar delante de Jehov en la tierra de los vivientes.
Cre; por tanto habl, estando afligido en gran manera.
Y dije en mi apresuramiento: "Todo hombre es mentiroso".
Qu pagar a Jehov por todos sus beneficios para conmigo?
Tomar la copa de la salvacin e invocar el nombre de Jehov.
Ahora pagar mis votos a Jehov delante de todo su pueblo.
Estimada es a los ojos de Jehov la muerte de sus santos.
Jehov, ciertamente yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva. T has roto mis prisiones.
Te ofrecer sacrificio de alabanza e invocar el nombre de Jehov.
A Jehov pagar ahora mis votos delante de todo su pueblo,
en los atrios de la casa de Jehov, en medio de ti, Jerusaln. Aleluya!
Alabad a Jehov, naciones todas; pueblos todos, alabadlo,
porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, y la fidelidad de Jehov es para siempre. Aleluya!
Alabad a Jehov, porque l es bueno, porque para siempre es su misericordia.
Diga ahora Israel que para siempre es su misericordia.
Diga ahora la casa de Aarn que para siempre es su misericordia.
Digan ahora los que temen a Jehov que para siempre es su misericordia.
Desde la angustia invoqu a Jah, y me respondi Jah, ponindome en lugar espacioso.
Jehov est conmigo; no temer lo que me pueda hacer el hombre.
Jehov est conmigo entre los que me ayudan; por tanto, yo ver mi deseo en los que me aborrecen.
Mejor es confiar en Jehov que confiar en el hombre.
Mejor es confiar en Jehov que confiar en prncipes.
Todas las naciones me rodean; mas en el nombre de Jehov yo las destruir.
Me rodean y me asedian; mas en el nombre de Jehov yo las destruir.
Me rodean como abejas; se enardecen contra m como fuego entre espinos; mas en el nombre de Jehov yo las destruir.
Me empujaste con violencia para que cayera, pero me ayud Jehov.
Mi fortaleza y mi cntico es Jah, y l me ha sido por salvacin.
Voz de jbilo y de salvacin hay en las tiendas de los justos; la diestra de Jehov hace proezas.
La diestra de Jehov es sublime; la diestra de Jehov hace valentas.
No morir, sino que vivir y contar las obras de Jah!
Me castig gravemente Jah, pero no me entreg a la muerte.
Abridme las puertas de la justicia; entrar por ellas, alabar a Jah;
esta es la puerta de Jehov; por ella entrarn los justos!
Te alabar porque me has odo y me fuiste por salvacin.
La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la cabeza del ngulo.
De parte de Jehov es esto y es cosa maravillosa a nuestros ojos.
Este es el da que hizo Jehov; nos gozaremos y alegraremos en l!
Jehov, slvanos ahora, te ruego; te ruego, Jehov, que nos hagas prosperar ahora.
Bendito el que viene en el nombre de Jehov! Desde la casa de Jehov os bendecimos.
Jehov es Dios y nos ha dado luz; atad vctimas con cuerdas a los cuernos del altar.
Mi Dios eres t y te alabar; Dios mo, te exaltar.
Alabad a Jehov, porque l es bueno, porque para siempre es su misericordia.
Bienaventurados los ntegros de camino, los que andan en la Ley de Jehov.
Bienaventurados los que guardan sus testimonios y con todo el corazn lo buscan,
pues no hacen maldad los que andan en sus caminos.
T encargaste que tus mandamientos sean guardados con esmero.
Ojal fueran estables mis caminos para guardar tus estatutos!
Entonces no sera yo avergonzado, cuando atendiera a todos tus mandamientos.
Te alabar con rectitud de corazn cuando aprenda tus justos juicios.
Tus estatutos guardar! No me abandones enteramente!
Con qu limpiar el joven su camino? Con guardar tu palabra!
Con todo mi corazn te he buscado; no me dejes desviar de tus mandamientos.
En mi corazn he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.
Bendito t, Jehov! Ensame tus estatutos!
Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca.
Me he gozado en el camino de tus testimonios ms que de toda riqueza.
En tus mandamientos meditar; considerar tus caminos.
Me regocijar en tus estatutos; no me olvidar de tus palabras.
Haz bien a tu siervo; que viva y guarde tu palabra.
Abre mis ojos y mirar las maravillas de tu Ley.
Forastero soy yo en la tierra; no encubras de m tus mandamientos.
Quebrantada est mi alma de desear tus juicios en todo tiempo.
Reprendiste a los soberbios, los malditos, que se desvan de tus mandamientos.
Aparta de m la deshonra y el menosprecio, porque he guardado tus testimonios.
Prncipes tambin se sentaron y hablaron contra m; mas tu siervo meditaba en tus estatutos,
pues tus testimonios son mis delicias y mis consejeros.
Abatida hasta el polvo est mi alma; vivifcame segn tu palabra!
Te he manifestado mis caminos y me has respondido; ensame tus estatutos;
hazme entender el camino de tus mandamientos, para que medite en tus maravillas.
Se deshace mi alma de ansiedad; sustntame segn tu palabra!
Aparta de m el camino de la mentira y en tu misericordia concdeme tu Ley.
Escog el camino de la verdad; he puesto tus juicios delante de m.
Me he apegado a tus testimonios; Jehov, no me avergences.
Por el camino de tus mandamientos correr cuando alegres mi corazn.
Ensame, Jehov, el camino de tus estatutos y lo guardar hasta el fin.
Dame entendimiento, guardar tu Ley y la cumplir de todo corazn.
Guame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad.
Inclina mi corazn a tus testimonios y no a la avaricia.
Aparta mis ojos para que no se fijen en cosas vanas; avvame en tu camino.
Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme.
Quita de m el oprobio que he temido, porque buenos son tus juicios.
Puesto que he anhelado tus mandamientos; vivifcame en tu justicia.
Venga a m tu misericordia, Jehov; tu salvacin, conforme a tu dicho.
Y dar por respuesta a quien me avergenza que en tu palabra he confiado.
No quites de mi boca en ningn tiempo la palabra de verdad, porque en tus juicios espero.
Guardar tu Ley siempre, para siempre y eternamente.
Y andar en libertad, porque busqu tus mandamientos.
Hablar de tus testimonios delante de los reyes y no me avergonzar.
Me regocijar en tus mandamientos, los cuales he amado.
Alzar asimismo mis manos a tus mandamientos que amo y meditar en tus estatutos.
Acurdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar.
Ella es mi consuelo en mi afliccin, porque tu dicho me ha vivificado.
Los soberbios se han burlado mucho de m, pero no me he apartado de tu Ley.
Me acord, Jehov, de tus juicios antiguos, y me consol.
Horror se apoder de m a causa de los inicuos que abandonan tu Ley.
Cnticos fueron para m tus estatutos en la casa en donde fui extranjero.
Me acord en la noche de tu nombre, Jehov, y guard tu Ley.
Estas bendiciones tuve porque guard tus mandamientos.
Mi porcin es Jehov; he dicho que guardar tus palabras.
Tu presencia he suplicado de todo corazn; ten misericordia de m segn tu palabra.
Consider mis caminos y volv mis pies a tus testimonios.
Me apresur y no me retard en guardar tus mandamientos.
Compaas de impos me han rodeado, mas no me he olvidado de tu Ley.
A medianoche me levanto para alabarte por tus justos juicios.
Compaero soy yo de todos los que te temen y guardan tus mandamientos.
De tu misericordia, Jehov, est llena la tierra. Ensame tus estatutos!
Bien has hecho con tu siervo, Jehov, conforme a tu palabra.
Ensame buen sentido y sabidura, porque tus mandamientos he credo.
Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; pero ahora guardo tu palabra.
Bueno eres t, y bienhechor; ensame tus estatutos!
Contra m forjaron mentira los soberbios, pero yo guardar de todo corazn tus mandamientos.
Se engros el corazn de ellos como sebo, mas yo en tu Ley me he regocijado.
Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos.
Mejor me es la Ley de tu boca que millares de oro y plata.
Tus manos me hicieron y me formaron; hazme entender y aprender tus mandamientos.
Los que te temen me vern y se alegrarn, porque en tu palabra he esperado.
Conozco, Jehov, que tus juicios son justos y que conforme a tu fidelidad me afligiste.
Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo.
Vengan a m tus misericordias para que viva, porque tu Ley es mi delicia.
Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado; pero yo meditar en tus mandamientos.
Vulvanse a m los que te temen y conocen tus testimonios.
Sea mi corazn ntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado.
Desfallece mi alma por tu salvacin, mas espero en tu palabra.
Desfallecen mis ojos por tu palabra, diciendo: "Cundo me consolars?".
Aunque estoy como un odre expuesto al humo, no he olvidado tus estatutos.
Cuntos son los das de tu siervo? Cundo hars justicia contra los que me persiguen?
Los soberbios me han cavado hoyos, mas no proceden segn tu Ley.
Todos tus mandamientos son verdad. Sin causa me persiguen: aydame!
Casi me han echado por tierra, pero no he dejado tus mandamientos.
Vivifcame conforme a tu misericordia y guardar los testimonios de tu boca.
Para siempre, Jehov, permanece tu palabra en los cielos.
De generacin en generacin es tu fidelidad; t afirmaste la tierra, y subsiste.
Por tu ordenacin subsisten todas las cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven.
Si tu Ley no hubiera sido mi delicia, ya en mi afliccin hubiera perecido.
Nunca jams me olvidar de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado.
Tuyo soy yo, slvame, porque he buscado tus mandamientos!
Los impos me han aguardado para destruirme; mas yo considerar tus testimonios.
A toda perfeccin he visto fin; amplio sobremanera es tu mandamiento.
Cunto amo yo tu Ley! Todo el da es ella mi meditacin!
Me has hecho ms sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre estn conmigo.
Ms que todos mis enseadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditacin.
Ms que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos.
De todo mal camino contuve mis pies para guardar tu palabra.
No me apart de tus juicios, porque t me enseaste.
Cun dulces son a mi paladar tus palabras! Ms que la miel a mi boca!
De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.
Lmpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.
Jur y ratifiqu que guardar tus justos juicios.
Afligido estoy en gran manera! Vivifcame, Jehov, conforme a tu palabra!
Te ruego, Jehov, que te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca y que me ensees tus juicios.
Mi vida est de continuo en peligro, pero no me he olvidado de tu Ley.
Me pusieron lazo los impos, pero yo no me desvi de tus mandamientos.
Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazn.
Mi corazn inclin a cumplir tus estatutos de continuo, hasta el fin.
Aborrezco a los hombres hipcritas, pero amo tu Ley.
Mi escondedero y mi escudo eres t. En tu palabra he esperado.
Apartaos de m, malignos, pues yo guardar los mandamientos de mi Dios!
Sustntame conforme a tu palabra y vivir; no quede yo avergonzado de mi esperanza.
Sostnme y ser salvo, y me regocijar siempre en tus estatutos.
Hollaste a todos los que se desvan de tus estatutos, porque su astucia es falsedad.
Como escorias hiciste consumir a todos los impos de la tierra; por tanto, yo he amado tus testimonios.
Mi carne se estremece por temor de ti, y de tus juicios tengo miedo.
Juicio y justicia he hecho; no me abandones a mis opresores!
Afianza a tu siervo para bien; no permitas que los soberbios me opriman.
Mis ojos desfallecen por tu salvacin y por la palabra de tu justicia.
Haz con tu siervo segn tu misericordia y ensame tus estatutos.
Tu siervo soy yo, dame entendimiento para conocer tus testimonios.
Tiempo es de actuar, Jehov, porque han invalidado tu Ley.
Por eso he amado tus mandamientos ms que el oro, y ms que oro muy puro.
Por eso he estimado rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas y he aborrecido todo camino de mentira.
Maravillosos son tus testimonios; por eso los ha guardado mi alma.
La exposicin de tus palabras alumbra; hace entender a los sencillos.
Mi boca abr y suspir, porque deseaba tus mandamientos.
Mrame y ten misericordia de m, como acostumbras con los que aman tu nombre.
Ordena mis pasos con tu palabra y ninguna maldad se enseoree de m.
Lbrame de la violencia de los hombres y guardar tus mandamientos.
Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo y ensame tus estatutos.
Ros de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu Ley.
Justo eres t, Jehov, y rectos son tus juicios.
Tus testimonios, que has recomendado, son rectos y muy fieles.
Mi celo me ha consumido, porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras.
Sumamente pura es tu palabra y la ama tu siervo.
Pequeo soy yo y desechado, pero no me he olvidado de tus mandamientos.
Tu justicia es justicia eterna, y tu Ley, la verdad.
Afliccin y angustia se han apoderado de m, pero tus mandamientos han sido mi delicia.
Justicia eterna son tus testimonios; dame entendimiento y vivir!
Clam con todo mi corazn; respndeme, Jehov, y guardar tus estatutos.
A ti clam: Slvame!, y guardar tus testimonios.
Me anticip al alba y clam; esper en tu palabra.
Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos.
Oye mi voz conforme a tu misericordia; Jehov, vivifcame conforme a tu justicia.
Se acercaron a la maldad los que me persiguen; se alejaron de tu Ley.
Cercano ests t, Jehov, y todos tus mandamientos son verdad.
Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, que para siempre los has establecido.
Mira mi afliccin y lbrame, porque de tu Ley no me he olvidado.
Defiende mi causa y redmeme; vivifcame con tu palabra.
Lejos est de los impos la salvacin, porque no buscan tus estatutos.
Muchas son tus misericordias, Jehov; vivifcame conforme a tus juicios.
Muchos son mis perseguidores y mis enemigos, pero de tus testimonios no me he apartado.
Vea a los traidores y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras.
Mira, Jehov, que amo tus mandamientos! Vivifcame conforme a tu misericordia!
La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia.
Prncipes me han perseguido sin causa, pero mi corazn tuvo temor de tus palabras.
Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.
La mentira aborrezco y abomino; tu Ley amo.
Siete veces al da te alabo a causa de tus justos juicios!
Mucha paz tienen los que aman tu Ley, y no hay para ellos tropiezo.
Tu salvacin he esperado, Jehov, y tus mandamientos he puesto por obra.
Mi alma ha guardado tus testimonios y los he amado en gran manera.
He guardado tus mandamientos y tus testimonios, porque todos mis caminos estn delante de ti.
Llegue mi clamor delante de ti, Jehov; dame entendimiento conforme a tu palabra.
Llegue mi oracin delante de ti; lbrame conforme a tu dicho.
Mis labios rebosarn de alabanza cuando me ensees tus estatutos.
Hablar mi lengua tus dichos, porque todos tus mandamientos son justicia.
Est tu mano pronta para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido.
He deseado tu salvacin, Jehov, y tu Ley es mi delicia.
Viva mi alma y te alabe, y tus juicios me ayuden!
Yo anduve errante como una oveja extraviada; busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos!
<Cntico gradual> A Jehov clam estando en angustia y l me respondi.
Libra mi alma, Jehov, del labio mentiroso y de la lengua fraudulenta!
Qu te dar o qu te aprovechar, lengua engaosa?
Agudas saetas de valiente con brasas de enebro.
Ay de m, que moro en Mesec y habito entre las tiendas de Cedar!
Mucho tiempo ha morado mi alma con los que aborrecen la paz.
Yo soy pacfico, pero ellos, apenas hablo, me hacen guerra.
<Cntico gradual> Alzar mis ojos a los montes. De dnde vendr mi socorro?
Mi socorro viene de Jehov, que hizo los cielos y la tierra.
No dar tu pie al resbaladero ni se dormir el que te guarda.
Por cierto, no se adormecer ni dormir el que guarda a Israel.
Jehov es tu guardador, Jehov es tu sombra a tu mano derecha.
El sol no te fatigar de da ni la luna de noche.
Jehov te guardar de todo mal, l guardar tu alma.
Jehov guardar tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.
<Cntico gradual; de David> Yo me alegr con los que me decan: "A la casa de Jehov iremos!".
Nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas, Jerusaln.
Jerusaln, que ha sido edificada como una ciudad que est bien unida entre s.
All subieron las tribus, las tribus de Jah, conforme al testimonio dado a Israel, para alabar el nombre de Jehov,
porque all estn las sillas del juicio, los tronos de la casa de David.
Pedid por la paz de Jerusaln; sean prosperados los que te aman!
Sea la paz dentro de tus muros y el descanso dentro de tus palacios!
Por amor de mis hermanos y mis compaeros dir yo: "La paz sea contigo!".
Por amor a la casa de Jehov, nuestro Dios, buscar tu bien.
<Cntico gradual> A ti alc mis ojos, a ti que habitas en los cielos.
Como los ojos de los siervos miran la mano de sus seores, y como los ojos de la sierva, la mano de su seora, as nuestros ojos miran a Jehov, nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Jehov, ten misericordia de nosotros, porque estamos muy hastiados del menosprecio.
Hastiada est nuestra alma de la burla de los que estn satisfechos, y del menosprecio de los soberbios.
<Cntico gradual; de David> De no haber estado Jehov por nosotros, diga ahora Israel,
de no haber estado Jehov por nosotros, cuando se levantaron contra nosotros los hombres,
vivos nos habran tragado entonces, cuando se encendi su furor contra nosotros.
Entonces nos habran inundado las aguas; sobre nuestra alma hubiera pasado el torrente;
hubieran entonces pasado sobre nuestra alma las aguas impetuosas.
Bendito sea Jehov, que no nos dio por presa a los dientes de ellos!
Nuestra alma escap cual ave del lazo de los cazadores; se rompi el lazo y escapamos nosotros.
Nuestro socorro est en el nombre de Jehov, que hizo el cielo y la tierra.
<Cntico gradual> Los que confan en Jehov son como el monte Sin, que no se mueve, sino que permanece para siempre.
Como Jerusaln tiene montes alrededor de ella, as Jehov est alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre.
No reposar la vara de la impiedad sobre la heredad de los justos; no sea que extiendan los justos sus manos a la maldad.
Haz bien, Jehov, a los buenos y a los que son rectos en su corazn.
Mas a los que se apartan tras sus perversidades, Jehov los llevar con los que hacen maldad. La paz sea sobre Israel!
<Cntico gradual> Cuando Jehov hizo volver de la cautividad a Sin, fuimos como los que suean.
Entonces nuestra boca se llen de risa y nuestra lengua de alabanza. Entonces decan entre las naciones: "Grandes cosas ha hecho Jehov con estos!".
Grandes cosas ha hecho Jehov con nosotros! Estamos alegres!
Haz volver nuestra cautividad, Jehov, como los arroyos del Neguev!
Los que sembraron con lgrimas, con regocijo segarn.
Ir andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, pero al volver vendr con regocijo trayendo sus gavillas.
<Cntico gradual; para Salomn> Si Jehov no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehov no guarda la ciudad, en vano vela la guardia.
Por dems es que os levantis de madrugada y vayis tarde a reposar, y que comis pan de dolores, pues que a su amado dar Dios el sueo.
Herencia de Jehov son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.
Como saetas en manos del valiente, as son los hijos tenidos en la juventud.
Bienaventurado el hombre que llen su aljaba de ellos! No ser avergonzado cuando hable con los enemigos en la puerta.
<Cntico gradual> Bienaventurado todo aquel que teme a Jehov, que anda en sus caminos.
Cuando comas el trabajo de tus manos, bienaventurado sers y te ir bien.
Tu mujer ser como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos, como plantas de olivo alrededor de tu mesa.
As ser bendecido el hombre que teme a Jehov.
Bendgate Jehov desde Sin, y que veas el bien de Jerusaln todos los das de tu vida,
y que veas a los hijos de tus hijos! La paz sea sobre Israel!
<Cntico gradual> Mucho me han angustiado desde mi juventud, puede decir ahora Israel;
mucho me han angustiado desde mi juventud, pero no prevalecieron contra m.
Sobre mis espaldas araron los aradores, hicieron largos surcos.
Jehov es justo, cort las coyundas de los impos!
Sern avergonzados y vueltos atrs todos los que aborrecen a Sin.
Sern como la hierba de los tejados, que se seca antes de crecer,
de la cual no llen el segador su mano ni sus brazos el que hace gavillas;
ni dijeron los que pasaban: "La bendicin de Jehov sea sobre vosotros. Os bendecimos en el nombre de Jehov!".
<Cntico gradual> De lo profundo, Jehov, a ti clamo.
Seor, oye mi voz; estn atentos tus odos a la voz de mi splica.
Jah, si miras los pecados, quin, Seor, podr mantenerse?
Pero en ti hay perdn, para que seas reverenciado.
Esper yo en Jehov; esper mi alma, en su palabra he esperado.
Mi alma espera en Jehov ms que los centinelas la maana, ms que los vigilantes la maana.
Espere Israel en Jehov, porque en Jehov hay misericordia y abundante redencin con l.
l redimir a Israel de todos sus pecados.
<Cntico gradual; de David> Jehov, no se ha envanecido mi corazn ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas ni en cosas demasiado sublimes para m.
En verdad me he comportado y he acallado mi alma como un nio destetado de su madre. Como un nio destetado est mi alma!
Espera, Israel, en Jehov, desde ahora y para siempre.
<Cntico gradual> Acurdate, Jehov, de David y de toda su afliccin.
De cmo jur a Jehov y prometi al Fuerte de Jacob:
"No entrar en el aposento de mi casa ni subir al lecho de mi descanso;
no dar el sueo a mis ojos ni a mis prpados adormecimiento,
hasta que halle lugar para Jehov, morada para el Fuerte de Jacob".
En Efrata lo omos; lo hallamos en los campos del bosque.
Entraremos en su Tabernculo! Nos postraremos ante el estrado de sus pies!
Levntate, Jehov, al lugar de tu reposo, t y el Arca de tu poder.
Tus sacerdotes se vistan de justicia y se regocijen tus santos.
Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro.
En verdad jur Jehov a David y no se retractar de ello: "De tu descendencia pondr sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi pacto y mi testimonio, que yo les enseo, sus hijos tambin se sentarn sobre tu trono para siempre",
porque Jehov ha elegido a Sin; la quiso por morada suya.
"Este es para siempre el lugar de mi reposo. Aqu habitar, porque la he querido.
Bendecir abundantemente su provisin; a sus pobres saciar de pan.
Asimismo vestir de salvacin a sus sacerdotes y sus santos darn voces de jbilo.
All har retoar el poder de David; he dispuesto lmpara para mi ungido.
A sus enemigos vestir de confusin, pero sobre l florecer su corona".
<Cntico gradual; de David> Mirad cun bueno y cun delicioso es que habiten los hermanos juntos en armona!
Es como el buen leo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarn, y baja hasta el borde de sus vestiduras;
como el roco del Hermn, que desciende sobre los montes de Sin, porque all enva Jehov bendicin y vida eterna.
<Cntico gradual> Mirad, bendecid a Jehov, vosotros todos los siervos de Jehov, los que en la casa de Jehov estis por las noches.
Alzad vuestras manos al santuario y bendecid a Jehov.
Desde Sin te bendiga Jehov, el cual ha hecho los cielos y la tierra!
<Aleluya!> Alabad el nombre de Jehov! Alabadlo, siervos de Jehov,
los que estis en la casa de Jehov, en los atrios de la casa de nuestro Dios.
Alabad a Jah, porque l es bueno; cantad salmos a su nombre, porque l es benigno,
porque Jah ha escogido a Jacob para s, a Israel por posesin suya.
Yo s, ciertamente, que Jehov es grande, y el Seor nuestro, mayor que todos los dioses.
Todo lo que Jehov quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.
Hace subir las nubes de los extremos de la tierra; hace los relmpagos para la lluvia; saca de sus depsitos los vientos.
l es quien hizo morir a los primognitos de Egipto, desde el hombre hasta la bestia.
Envi seales y prodigios en medio de ti, Egipto, contra el faran y contra todos sus siervos.
Destruy a muchas naciones y mat a reyes poderosos:
A Sehn, rey amorreo, a Og, rey de Basn, y a todos los reyes de Canan.
Y dio la tierra de ellos en heredad, en heredad a Israel su pueblo.
Jehov, eterno es tu nombre; tu memoria, Jehov, de generacin en generacin!
Jehov juzgar a su pueblo y se compadecer de sus siervos.
Los dolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres.
Tienen boca y no hablan; tienen ojos y no ven;
tienen orejas y no oyen; tampoco hay aliento en sus bocas.
Semejantes a ellos son los que los hacen y todos los que en ellos confan.
Casa de Israel, bendecid a Jehov! Casa de Aarn, bendecid a Jehov!
Casa de Lev, bendecid a Jehov! Los que temis a Jehov, bendecid a Jehov!
Desde Sin sea bendecido Jehov, que mora en Jerusaln. Aleluya!
Alabad a Jehov, porque l es bueno, porque para siempre es su misericordia.
Alabad al Dios de los dioses, porque para siempre es su misericordia.
Alabad al Seor de los seores, porque para siempre es su misericordia:
al nico que hace grandes maravillas, porque para siempre es su misericordia;
al que hizo los cielos con entendimiento, porque para siempre es su misericordia;
al que extendi la tierra sobre las aguas, porque para siempre es su misericordia;
al que hizo las grandes lumbreras, porque para siempre es su misericordia:
el sol para que seoree en el da, porque para siempre es su misericordia;
la luna y las estrellas para que seoreen en la noche, porque para siempre es su misericordia.
Al que hiri a Egipto en sus primognitos, porque para siempre es su misericordia.
Al que sac a Israel de en medio de ellos, porque para siempre es su misericordia,
con mano fuerte y brazo extendido, porque para siempre es su misericordia.
Al que dividi el Mar Rojo en partes, porque para siempre es su misericordia;
e hizo pasar a Israel por en medio de l, porque para siempre es su misericordia;
y arroj al faran y a su ejrcito en el Mar Rojo, porque para siempre es su misericordia.
Al que pastore a su pueblo por el desierto, porque para siempre es su misericordia.
Al que hiri a grandes reyes, porque para siempre es su misericordia;
y mat a reyes poderosos, porque para siempre es su misericordia;
a Sehn, rey amorreo, porque para siempre es su misericordia:
y a Og, rey de Basn, porque para siempre es su misericordia.
Y dio la tierra de ellos en heredad, porque para siempre es su misericordia.
En heredad a Israel su siervo, porque para siempre es su misericordia.
Al que en nuestro abatimiento se acord de nosotros, porque para siempre es su misericordia;
y nos rescat de nuestros enemigos, porque para siempre es su misericordia.
Al que da alimento a todo ser viviente, porque para siempre es su misericordia.
Alabad al Dios de los cielos, porque para siempre es su misericordia!
Junto a los ros de Babilonia, all nos sentbamos y llorbamos acordndonos de Sin.
Sobre los sauces, en medio de ella, colgamos nuestras arpas.
Y los que nos haban llevado cautivos nos pedan cnticos, los que nos haban desolado nos pedan alegra, diciendo: "Cantadnos algunos de los cnticos de Sin".
Cmo cantaremos un cntico de Jehov en tierra de extraos?
Si me olvido de ti, Jerusaln, pierda mi diestra su destreza.
Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acuerdo; si no enaltezco a Jerusaln como preferente asunto de mi alegra.
Jehov, recuerda a los hijos de Edom cuando el da de Jerusaln decan: "Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos!".
Hija de Babilonia, la desolada, bienaventurado el que te d el pago de lo que t nos hiciste.
Dichoso el que tome tus nios y los estrelle contra la pea!
<Salmo de David> Te alabar con todo mi corazn; delante de los dioses te cantar salmos.
Me postrar hacia tu santo Templo y alabar tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad, porque has engrandecido tu nombre y tu palabra sobre todas las cosas.
El da que clam, me respondiste; fortaleciste el vigor de mi alma.
Te alabarn, Jehov, todos los reyes de la tierra, porque han odo los dichos de tu boca.
Cantarn de los caminos de Jehov, porque la gloria de Jehov es grande,
porque Jehov es excelso, y atiende al humilde, pero al altivo mira de lejos.
Cuando ando en medio de la angustia, t me vivificas; contra la ira de mis enemigos extiendes tu mano y me salva tu diestra.
Jehov cumplir su propsito en m. Tu misericordia, Jehov, es para siempre; no desampares la obra de tus manos!
<Al msico principal. Salmo de David> Jehov, t me has examinado y conocido.
T has conocido mi sentarme y mi levantarme. Has entendido desde lejos mis pensamientos.
Has escudriado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos,
pues an no est la palabra en mi lengua y ya t, Jehov, la sabes toda.
Detrs y delante me rodeaste, y sobre m pusiste tu mano.
Tal conocimiento es demasiado maravilloso para m; alto es, no lo puedo comprender!
A dnde me ir de tu espritu? Y a dnde huir de tu presencia?
Si subiera a los cielos, all ests t; y si en el seol hiciera mi estrado, all t ests.
Si tomara las alas del alba y habitara en el extremo del mar,
aun all me guiar tu mano y me asir tu diestra.
Si dijera: "Ciertamente las tinieblas me encubrirn", aun la noche resplandecer alrededor de m.
Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el da; lo mismo te son las tinieblas que la luz!
T formaste mis entraas; me hiciste en el vientre de mi madre.
Te alabar, porque formidables y maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien.
No fue encubierto de ti mi cuerpo, aunque en oculto fui formado y entretejido en lo ms profundo de la tierra.
Mi embrin vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar ni una de ellas.
Cun preciosos, Dios, me son tus pensamientos! Cun grande es la suma de ellos!
Si los enumero, se multiplican ms que la arena. Yo despierto y an estoy contigo.
De cierto, Dios, hars morir al impo. Apartaos, pues, de m, hombres sanguinarios!
Blasfemias dicen ellos contra ti; tus enemigos toman en vano tu nombre.
No odio, Jehov, a los que te aborrecen, y me enardezco contra tus enemigos?
Los aborrezco por completo, los tengo por enemigos.
Examname, Dios, y conoce mi corazn; prubame y conoce mis pensamientos.
Ve si hay en m camino de perversidad y guame en el camino eterno.
<Al msico principal. Salmo de David> Lbrame, Jehov, del hombre malo; gurdame de hombres violentos,
los cuales maquinan males en el corazn y cada da provocan contiendas.
Aguzan su lengua como una serpiente; veneno de vbora hay debajo de sus labios. Selah
Gurdame, Jehov, de manos del impo; lbrame de hombres injuriosos, que han planeado trastornar mis pasos.
Me han tendido lazo y cuerdas los soberbios; han tendido red junto a la senda; me han puesto lazos. Selah
He dicho a Jehov: "Dios mo eres t; escucha, Jehov, la voz de mis ruegos.
Jehov, Seor, potente salvador mo, t pusiste a cubierto mi cabeza en el da de batalla".
No concedas, Jehov, al impo sus deseos; no saques adelante sus pensamientos, para que no se ensoberbezca. Selah
En cuanto a los que por todas partes me rodean, la maldad de sus propios labios cubrir sus cabezas.
Caern sobre ellos brasas, sern echados en el fuego, en abismos profundos de donde no escaparn.
El hombre deslenguado no ser firme en la tierra; el mal cazar al hombre injusto para derribarlo.
Yo s que Jehov tomar a su cargo la causa del afligido y el derecho de los necesitados.
Ciertamente los justos alabarn tu nombre; los rectos morarn en tu presencia!
<Salmo de David> Jehov, a ti he clamado; apresrate a venir a m; escucha mi voz cuando te invoque.
Suba mi oracin delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde.
Pon guarda a mi boca, Jehov; guarda la puerta de mis labios.
No dejes que se incline mi corazn a cosa mala, para hacer obras impas con los que hacen maldad; y no coma yo de sus deleites.
Que el justo me castigue y me reprenda ser un favor; pero que blsamo de impos no unja mi cabeza, pues mi oracin ser continuamente contra sus maldades.
Sern despeados sus jueces, y oirn mis palabras, que son verdaderas.
Como quien hiende y rompe la tierra, son esparcidos nuestros huesos a la boca del seol.
Por tanto, a ti, Jehov, Seor, miran mis ojos. En ti he confiado: no desampares mi alma.
Gurdame de los lazos que me han tendido y de las trampas de los que hacen maldad.
Caigan los impos a una en sus redes, mientras yo paso adelante.
<Masquil de David. Oracin que hizo cuando estaba en la cueva. > Con mi voz clamar a Jehov; con mi voz pedir a Jehov misericordia.
Delante de l expondr mi queja; delante de l manifestar mi angustia.
Cuando mi espritu se angustiaba dentro de m, t conocas mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.
Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien quiera conocer. No tengo refugio ni hay quien cuide de mi vida!
Clam a ti, Jehov; dije: "T eres mi esperanza y mi porcin en la tierra de los vivientes!".
Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido. Lbrame de los que me persiguen, porque son ms fuertes que yo.
Saca mi alma de la crcel, para que alabe tu nombre. Me rodearn los justos, porque t me sers propicio.
<Salmo de David> Jehov, oye mi oracin, escucha mis ruegos. Respndeme por tu verdad, por tu justicia!
No entres en juicio con tu siervo, porque no se justificar delante de ti ningn ser humano.
El enemigo ha perseguido mi alma, ha postrado en tierra mi vida, me ha hecho habitar en tinieblas como los que han muerto.
Mi espritu se angusti dentro de m; est desolado mi corazn.
Me acord de los das antiguos; meditaba en todas tus obras; reflexionaba en las obras de tus manos.
Extend mis manos hacia ti, mi alma te anhela como la tierra sedienta. Selah
Respndeme pronto, Jehov, porque desmaya mi espritu; no escondas de m tu rostro, no venga yo a ser semejante a los que descienden a la sepultura.
Hazme oir por la maana tu misericordia, porque en ti he confiado. Hazme saber el camino por donde ande, porque hacia ti he elevado mi alma.
Lbrame de mis enemigos, Jehov; en ti me refugio.
Ensame a hacer tu voluntad, porque t eres mi Dios; tu buen espritu me gue a tierra de rectitud.
Por tu nombre, Jehov, me vivificars; por tu justicia sacars mi alma de la angustia.
Por tu misericordia disipars a mis enemigos y destruirs a todos los adversarios de mi alma, porque yo soy tu siervo.
<Salmo de David> Bendito sea Jehov, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra!
Misericordia ma y mi castillo, fortaleza ma y mi libertador, escudo mo, en quien he confiado; el que sujeta a mi pueblo debajo de m.
Jehov, qu es el hombre para que en l pienses, o el hijo de hombre para que lo estimes?
El hombre es como un soplo; sus das son como la sombra que pasa.
Jehov, inclina tus cielos y desciende; toca los montes, y humeen.
Despide relmpagos y dispalos; enva tus saetas y trbalos.
Extiende tu mano desde lo alto; redmeme y scame de las muchas aguas, de manos de los hombres extraos,
cuya boca habla falsedad y cuya diestra es diestra de mentira.
A ti, Dios, cantar un cntico nuevo; con salterio, con decacordio cantar a ti.
T, el que da victoria a los reyes, el que rescata de maligna espada a David tu siervo.
Resctame, y lbrame de manos de los hombres extraos, cuya boca habla falsedad y cuya diestra es diestra de mentira.
Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas cual las de un palacio;
nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte de grano; nuestros ganados, que se multipliquen a millares y decenas de millares en nuestros campos;
nuestros bueyes estn fuertes para el trabajo; no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito de alarma en nuestras plazas.
Bienaventurado el pueblo que tiene todo esto! Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehov!
<Salmo de alabanza; de David> Te exaltar, mi Dios, mi Rey, y bendecir tu nombre eternamente y para siempre.
Cada da te bendecir y alabar tu nombre eternamente y para siempre.
Grande es Jehov y digno de suprema alabanza; su grandeza es insondable.
Generacin a generacin celebrar tus obras y anunciar tus poderosos hechos.
En la hermosura de la gloria de tu magnificencia y en tus hechos maravillosos meditar.
Del poder de tus hechos estupendos hablarn los hombres, y yo publicar tu grandeza.
Proclamarn la memoria de tu inmensa bondad, y cantarn tu justicia.
Clemente y misericordioso es Jehov, lento para la ira y grande en misericordia.
Bueno es Jehov para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras.
Te alaben, Jehov, todas tus obras, y tus santos te bendigan!
La gloria de tu reino digan y hablen de tu poder,
para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos y la gloria de la magnificencia de su reino.
Tu reino es reino de todos los siglos y tu seoro por todas las generaciones.
Sostiene Jehov a todos los que caen y levanta a todos los oprimidos.
Los ojos de todos esperan en ti y t les das su comida a su tiempo.
Abres tu mano y colmas de bendicin a todo ser viviente.
Justo es Jehov en todos sus caminos y misericordioso en todas sus obras.
Cercano est Jehov a todos los que lo invocan, a todos los que lo invocan de veras.
Cumplir el deseo de los que lo temen; oir asimismo el clamor de ellos y los salvar.
Jehov guarda a todos los que lo aman, pero destruir a todos los impos.
La alabanza de Jehov proclamar mi boca. Todos bendigan su santo nombre eternamente y para siempre!
<Aleluya!> Alaba, alma ma, a Jehov!
Alabar a Jehov en mi vida; cantar salmos a mi Dios mientras viva.
No confiis en los prncipes ni en hijo de hombre, porque no hay en l salvacin,
pues sale su aliento y vuelve a la tierra; en ese mismo da perecen sus pensamientos.
Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza est en Jehov su Dios,
el cual hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda la verdad para siempre,
que hace justicia a los agraviados, que da pan a los hambrientos. Jehov liberta a los cautivos;
Jehov abre los ojos a los ciegos; Jehov levanta a los cados; Jehov ama a los justos.
Jehov guarda a los extranjeros; al hurfano y a la viuda sostiene, y el camino de los impos trastorna.
Reinar Jehov para siempre; tu Dios, Sin, de generacin en generacin. Aleluya!
Alabad a Jah, porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios, porque suave y hermosa es la alabanza.
Jehov edifica a Jerusaln; a los desterrados de Israel recoger.
l sana a los quebrantados de corazn y venda sus heridas.
l cuenta el nmero de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres.
Grande es el Seor nuestro y mucho su poder, y su entendimiento es infinito.
Jehov exalta a los humildes y humilla a los impos hasta la tierra.
Cantad a Jehov con alabanza, cantad con arpa a nuestro Dios.
l es quien cubre de nubes los cielos, el que prepara la lluvia para la tierra, el que hace a los montes producir hierba.
l da a la bestia su mantenimiento y a los hijos de los cuervos que claman.
No se deleita en la fuerza del caballo ni se complace en la agilidad del hombre.
Se complace Jehov en los que lo temen y en los que esperan en su misericordia.
Alaba a Jehov, Jerusaln; Sin, alaba a tu Dios!,
porque fortific los cerrojos de tus puertas; bendijo a tus hijos dentro de ti.
l da en tus territorios la paz; te har saciar con lo mejor del trigo.
l enva su palabra a la tierra; velozmente corre su palabra.
Da la nieve como lana y derrama la escarcha como ceniza.
Echa su hielo como pedazos; ante su fro, quin resistir?
Enviar su palabra y los derretir; soplar su viento y fluirn las aguas.
Ha manifestado sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel.
No ha hecho as con ninguna otra de las naciones; y en cuanto a sus juicios, no los conocieron. Aleluya!
<Aleluya!> Alabad a Jehov desde los cielos; alabadlo en las alturas.
Alabadlo, vosotros todos sus ngeles; alabadlo, vosotros todos sus ejrcitos.
Alabadlo, sol y luna; alabadlo, todas vosotras, lucientes estrellas.
Alabadlo, cielos de los cielos y las aguas que estn sobre los cielos.
Alaben el nombre de Jehov, porque l mand, y fueron creados.
Los hizo ser eternamente y para siempre; les puso ley que no ser quebrantada.
Alabad a Jehov desde la tierra, los monstruos marinos y todos los abismos,
el fuego y el granizo, la nieve y el vapor, y el viento de tempestad que ejecuta su palabra;
los montes y todos los collados, el rbol de fruto y todos los cedros;
la bestia y todo animal, reptiles y voltiles.
Los reyes de la tierra y todos los pueblos, los prncipes y todos los jueces de la tierra;
los jvenes y tambin las doncellas, los ancianos y los nios.
Alaben el nombre de Jehov, porque solo su nombre es enaltecido. Su gloria es sobre tierra y cielos.
l ha exaltado el podero de su pueblo; albenlo todos sus santos, los hijos de Israel, el pueblo a l cercano! Aleluya!
<Aleluya!> Cantad a Jehov un cntico nuevo; su alabanza sea en la congregacin de los santos.
Algrese Israel en su Hacedor; los hijos de Sin se gocen en su Rey.
Alaben su nombre con danza; con pandero y arpa a l canten,
porque Jehov tiene contentamiento en su pueblo; hermosear a los humildes con la salvacin.
Regocjense los santos por su gloria y canten aun sobre sus camas.
Exalten a Dios con sus gargantas y con espadas de dos filos en sus manos,
para ejecutar venganza entre las naciones, castigo entre los pueblos;
para aprisionar a sus reyes con grillos y a sus nobles con cadenas de hierro;
para ejecutar en ellos el juicio decretado. Gloria ser esto para todos sus santos. Aleluya!
<Aleluya!> Alabad a Dios en su santuario; alabadlo en la magnificencia de su firmamento.
Alabadlo por sus proezas; alabadlo conforme a la muchedumbre de su grandeza.
Alabadlo a son de bocina; alabadlo con salterio y arpa.
Alabadlo con pandero y danza; alabadlo con cuerdas y flautas.
Alabadlo con cmbalos resonantes; alabadlo con cmbalos de jbilo.
Todo lo que respira alabe a Jah! Aleluya!
Los proverbios de Salomn hijo de David, rey de Israel,
para aprender sabidura y doctrina, para conocer razones prudentes,
para adquirir instruccin y prudencia, justicia, juicio y equidad;
para dar sagacidad a los ingenuos, y a los jvenes inteligencia y cordura.
El sabio los escucha y aumenta su saber, y el inteligente adquiere capacidad
para entender los proverbios y sentencias, las palabras de los sabios y sus enigmas.
El principio de la sabidura es el temor de Jehov; los insensatos desprecian la sabidura y la enseanza.
"Escucha, hijo mo, la instruccin de tu padre y no abandones la enseanza de tu madre,
porque adorno de gracia sern en tu cabeza, y collares en tu cuello.
Hijo mo, si los pecadores intentan engaarte, no lo consientas.
Si te dicen: "Ven con nosotros, pongamos asechanzas para derramar sangre, acechemos sin motivo al inocente;
los tragaremos vivos, como el seol, y enteros, como los que caen en la fosa;
hallaremos toda clase de riquezas, llenaremos nuestras casas con el botn.
Ven, une tu suerte a la nuestra y hagamos una bolsa comn entre todos",
t, hijo mo, no vayas en el camino con ellos, sino aparta tu pie de sus veredas,
porque sus pies corren hacia el mal, se apresuran a derramar sangre.
En vano es tender una red ante los ojos del ave,
pero ellos a su propia sangre ponen asechanzas, contra s mismos tienden la trampa.
As son las sendas de todo el que es dado a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores.
"La sabidura clama en las calles, alza su voz en las plazas;
Clama en los principales lugares de reunin, a la entrada de las puertas de la ciudad dice sus razones:
"Hasta cundo, ingenuos, amaris la ingenuidad? Hasta cundo los burlones desearn burlarse y los insensatos aborrecern el conocimiento?
Volveos a mi reprensin!, pues ciertamente yo derramar mi espritu sobre vosotros y os har saber mis palabras.
Yo os llam, pero no quisisteis escuchar; tend mi mano, pero no hubo quien atendiera,
sino que desechasteis todos mis consejos y rechazasteis mi reprensin;
por eso, tambin yo me reir en vuestra calamidad, me burlar cuando os venga lo que temis,
cuando venga como una destruccin lo que temis y vuestra calamidad llegue como un torbellino; cuando sobre vosotros venga tribulacin y angustia.
"Entonces me llamarn, pero no responder; me buscarn de maana, pero no me hallarn.
Por cuanto aborrecieron la sabidura y no escogieron el temor de Jehov,
sino que rechazaron mi consejo y menospreciaron todas mis reprensiones,
comern del fruto de su camino y se hastiarn de sus propios consejos.
Porque el desvo de los ignorantes los matar, la prosperidad de los necios los echar a perder;
pero el que me escuche vivir confiadamente, estar tranquilo, sin temor del mal".
"Hijo mo, si recibes mis palabras y guardas en ti mis mandamientos,
haciendo estar atento tu odo a la sabidura; si inclinas tu corazn a la prudencia,
si invocas a la inteligencia y pides que la prudencia te asista;
si la buscas como si fuera plata y la examinas como a un tesoro,
entonces entenders el temor de Jehov y hallars el conocimiento de Dios,
porque Jehov da la sabidura y de su boca proceden el conocimiento y la inteligencia.
l provee de sana sabidura a los rectos: es escudo para los que caminan rectamente.
l es quien guarda las veredas del juicio y preserva el camino de sus santos.
Entonces comprenders qu es justicia, juicio y equidad, y todo buen camino.
Cuando la sabidura penetre en tu corazn y el conocimiento sea grato a tu alma,
la discrecin te guardar y te preservar la inteligencia,
para librarte del mal camino, de los hombres que hablan perversamente,
de los que abandonan los caminos rectos para andar por sendas tenebrosas,
de los que disfrutan haciendo el mal y se gozan con las perversiones del vicio,
las veredas de los cuales son torcidas, y torcidos sus caminos.
"Sers as librado de la mujer ajena, de la extraa que halaga con sus palabras,
que abandona al compaero de su juventud y se olvida del pacto de su Dios,
por lo cual su casa se desliza hacia la muerte, y sus veredas hacia los muertos.
De los que a ella se lleguen, ninguno volver ni seguir de nuevo los senderos de la vida.
"T as andars por el camino de los buenos y seguirs las sendas de los justos;
porque los rectos habitarn la tierra y los ntegros permanecern en ella.
En cambio, los malvados sern eliminados de la tierra, y de ella sern arrancados los prevaricadores.
"Hijo mo, no te olvides de mi Ley, y que tu corazn guarde mis mandamientos,
porque muchos das y aos de vida y de paz te aumentarn.
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad: talas a tu cuello, escrbelas en la tabla de tu corazn
y hallars gracia y buena opinin ante los ojos de Dios y de los hombres.
"Confa en Jehov con todo tu corazn y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconcelo en todos tus caminos y l har derechas tus veredas.
No seas sabio en tu propia opinin, sino teme a Jehov y aprtate del mal,
porque esto ser medicina para tus msculos y refrigerio para tus huesos.
"Honra a Jehov con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos;
entonces tus graneros estarn colmados con abundancia y tus lagares rebosarn de mosto.
"No menosprecies, hijo mo, el castigo de Jehov, no te canses de que l te corrija,
porque Jehov al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.
"Bienaventurado el hombre que halla la sabidura y obtiene la inteligencia,
porque su ganancia es ms que la ganancia de la plata, sus beneficios ms que los del oro fino!
Ms preciosa es que las piedras preciosas: nada que puedas desear se puede comparar con ella!
Larga vida hay en su mano derecha, y en su izquierda, riquezas y honra.
Sus caminos son caminos deleitosos; todas sus veredas, paz.
Es rbol de vida para los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen.
"Jehov fund la tierra con sabidura, afirm los cielos con inteligencia.
Con su ciencia, los mares fueron divididos y destilan roco los cielos.
"Hijo mo, no se aparten estas cosas de tus ojos: guarda la Ley y el consejo,
que sern vida para tu alma y gracia para tu cuello.
Entonces andars por tu camino confiadamente y tu pie no tropezar.
Cuando te acuestes, no tendrs temor, sino que te acostars y tu sueo ser grato.
No tendrs temor de un pavor repentino ni de la ruina de los impos, cuando llegue,
porque Jehov ser tu confianza: l evitar que tu pie quede atrapado.
"Si tienes poder para hacer el bien, no te rehses a hacrselo a quien lo necesite;
no digas a tu prjimo: "Vete, vuelve de nuevo, maana te dar", cuando tengas contigo qu darle.
No intentes hacer dao a tu prjimo que vive confiado junto a ti.
No pleitees sin razn con nadie, a no ser que te hayan agraviado.
No envidies al hombre injusto ni escojas ninguno de sus caminos.
Porque Jehov abomina al perverso; su comunin ntima es con los justos.
La maldicin de Jehov est en la casa del malvado, pero bendice la morada de los justos.
Ciertamente l escarnece a los escarnecedores y da gracia a los humildes.
Los sabios heredan la honra, pero los necios cargan con su ignominia.
"Escuchad, hijos, la enseanza de un padre; estad atentos, para adquirir cordura.
Yo os doy buena enseanza; por eso, no descuidis mi instruccin.
Yo tambin fui un hijo para mi padre, delicado y nico a los ojos de mi madre.
l me enseaba, diciendo: "Retn mis razones en tu corazn, guarda mis mandamientos y vivirs".
Adquiere sabidura, adquiere inteligencia, no te olvides de ella ni te apartes de las razones de mi boca;
No la abandones, y ella te guardar; mala, y te proteger.
Sabidura ante todo, adquiere sabidura! Sobre todo lo que posees, adquiere inteligencia!
Engrandcela, y ella te engrandecer; te honrar, si t la abrazas.
Un adorno de gracia pondr en tu cabeza; una corona de belleza te entregar.
"Escucha, hijo mo, recibe mis razones y se te multiplicarn los aos de tu vida.
Por el camino de la sabidura te he encaminado, por veredas derechas te he hecho andar.
Cuando andes, no se acortarn tus pasos; si corres, no tropezars.
Afrrate a la instruccin, no la dejes; gurdala, porque ella es tu vida.
No entres en la vereda de los impos ni vayas por el camino de los malos.
Djala, no pases por ella; aprtate de ella, pasa de largo.
Pues ellos no duermen si no hacen el mal; pierden el sueo si no hacen caer a alguno.
Porque su comida es pan de maldad, y su bebida, vino de violencia.
La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el da es perfecto;
pero el camino de los malvados es como la oscuridad, y no saben en qu tropiezan.
"Hijo mo, est atento a mis palabras; inclina tu odo a mis razones.
Que no se aparten de tus ojos; gurdalas en lo profundo de tu corazn,
porque son vida para los que las hallan y medicina para todo su cuerpo.
Sobre toda cosa que guardes, guarda tu corazn, porque de l mana la vida.
Aparta de ti la perversidad de la boca, aleja de ti la iniquidad de los labios.
Que tus ojos miren lo recto y que tus prpados se abran a lo que tienes delante.
Examina la senda que siguen tus pies y sean rectos todos tus caminos.
No te desves a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal.
"Hijo mo, est atento a mi sabidura e inclina tu odo a mi inteligencia,
para que guardes discrecin y tus labios conserven la ciencia.
Los labios de la mujer extraa destilan miel y su paladar es ms suave que el aceite,
pero su final es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos.
Sus pies descienden a la muerte, sus pasos se dirigen al seol.
Sus caminos no son firmes: no los conoce, ni considera el camino de la vida.
"Ahora pues, hijos, escuchadme y no os apartis de las razones de mi boca.
Aleja de ella tu camino y no te acerques a la puerta de su casa,
no sea que des tu honor a extraos, y tus aos a alguien cruel;
o no sea que los extraos se sacien de tu fuerza, que tus trabajos queden en casa ajena
y que gimas al final, cuando se consuma tu carne y todo tu cuerpo,
y digas: "Cmo pude aborrecer el consejo? Cmo pudo mi corazn menospreciar la reprensin?
No escuch la voz de los que me instruan, ni a los que me enseaban inclin mi odo!
Casi en el colmo del mal he estado, en medio de la sociedad y de la congregacin".
"Bebe el agua de tu propia cisterna, los raudales de tu propio pozo.
Acaso han de derramarse tus fuentes por las calles y tus corrientes de aguas por las plazas?
Sean ellas para ti solo, no para los extraos que estn contigo.
Sea bendito tu manantial y algrate con la mujer de tu juventud,
cierva amada, graciosa gacela! Que sus caricias te satisfagan en todo tiempo y recrate siempre en su amor.
Por qu, hijo mo, has de andar ciego con la mujer ajena y abrazar el seno de la extraa?
Los caminos del hombre estn ante los ojos de Jehov, y l considera todas sus veredas.
Apresarn al malvado sus propias iniquidades, retenido ser con las ligaduras de su pecado.
l morir por falta de disciplina y errar por lo inmenso de su locura.
"Hijo mo, si has salido fiador por tu amigo o le has empeado tu palabra a un extrao,
te has enredado con las palabras de tu boca y has quedado atrapado en los dichos de tus labios.
Haz esto ahora, hijo mo, para librarte, ya que has cado en manos de tu prjimo: Ve, humllate, importuna a tu amigo,
no des sueo a tus ojos ni dejes que tus prpados se cierren;
escpate como una gacela de manos del cazador, como un ave de manos del que tiende trampas.
"Mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos y s sabio:
Ella, sin tener capitn, gobernador ni seor,
prepara en el verano su comida, recoge en el tiempo de la siega su sustento.
Perezoso, hasta cundo has de dormir? Cundo te levantars del sueo?
Un poco de sueo, dormitar otro poco, y otro poco descansar mano sobre mano:
as te llegar la miseria como un vagabundo, la pobreza como un hombre armado.
El hombre malo, el hombre depravado, es el que anda en perversidad de boca;
que guia los ojos, que habla con los pies, que hace seas con los dedos.
Perversidades hay en su corazn; anda pensando el mal en todo tiempo; siembra las discordias.
Por tanto, su calamidad vendr de repente; sbitamente ser quebrantado, y no habr remedio.
"Seis cosas aborrece Jehov, y aun siete le son abominables:
los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos que derraman sangre inocente,
el corazn que maquina pensamientos inicuos, los pies que corren presurosos al mal,
el testigo falso, que dice mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.
"Guarda, hijo mo, el mandamiento de tu padre y no abandones la enseanza de tu madre.
talos siempre a tu corazn, enlzalos a tu cuello.
Te guiarn cuando camines, te guardarn cuando duermas y hablarn contigo cuando despiertes.
Porque el mandamiento es lmpara, la enseanza es luz, y camino de vida son las reprensiones que te instruyen
para guardarte de la mala mujer, de la suave lengua de la mujer extraa.
No codicies su hermosura en tu corazn, ni te prenda ella con sus ojos,
porque la ramera solo pretende del hombre un bocado de pan, pero la adltera busca la vida del hombre.
Pondr el hombre fuego en su seno sin que ardan sus vestidos?
Andar el hombre sobre brasas sin que se quemen sus pies?
As le sucede al que se llega a la mujer de su prjimo, pues no quedar impune ninguno que la toque.
No se desprecia al ladrn, aunque solo robe por comer cuando tiene hambre?
Y si es sorprendido, pagar siete veces: tendr que entregar cuanto tiene en su casa.
Tambin al que comete adulterio le falta sensatez; el que tal hace corrompe su alma.
Heridas y vergenza hallar, y su afrenta nunca ser borrada.
Porque el hombre enfurecido por los celos no perdonar en el da de la venganza;
no aceptar compensacin alguna, ni querr perdonar aunque le aumentes el pago.
"Hijo mo, guarda mis razones y atesora para ti mis mandamientos.
Guarda mis mandamientos y vivirs, y guarda mi enseanza como a la nia de tus ojos.
talos a tus dedos, escrbelos en la tabla de tu corazn.
Di a la sabidura: "T eres mi hermana", y llama parienta a la inteligencia,
para que te guarden de la mujer ajena, de la extraa que suaviza sus palabras.
"Miraba yo por la ventana de mi casa, a travs de mi celosa,
cuando vi entre los ingenuos, observ entre los jvenes, a un joven falto de sensatez.
Pasaba l por la calle, junto a la esquina, e iba camino de la casa de ella,
al atardecer, cuando ya oscureca y caa la oscuridad y las tinieblas de la noche.
"En esto, una mujer le sale al encuentro, con atavo de ramera y astucia en el corazn.
Alborotadora y pendenciera, sus pies no pueden estar en casa.
Unas veces est en la calle, otras veces en las plazas, al acecho en todas las esquinas.
Se asi de l y lo bes. Con semblante descarado le dijo:
"Sacrificios de paz haba prometido, y hoy he cumplido mis votos;
por eso he salido a encontrarte, buscando con ansia tu rostro, y te he hallado.
He adornado mi cama con colchas recamadas con lino de Egipto;
he perfumado mi lecho con mirra, loes y canela.
Ven, embriagumonos de amor hasta la maana; disfrutemos de amores.
Porque mi marido no est en casa; se ha ido a un largo viaje.
La bolsa del dinero se llev en la mano, y no volver a su casa hasta la luna llena".
"As lo rindi, con la suavidad de sus muchas palabras, y lo sedujo con la zalamera de sus labios.
Al punto se march tras ella, como va el buey al degolladero o como va el necio a prisin para ser castigado;
como el ave que se arroja contra la red, sin saber que va a perder la vida hasta que la saeta traspasa su corazn.
"Ahora pues, hijos, escuchadme; estad atentos a las razones de mi boca:
No se desve tu corazn a los caminos de ella; no yerres en sus veredas,
porque a muchos ha hecho caer heridos, y aun los ms fuertes han sido muertos por ella.
Camino del seol es su casa, que conduce a las cmaras de la muerte".
Acaso no clama la Sabidura y alza su voz la inteligencia?
Apostada en las alturas junto al camino, en las encrucijadas de las veredas,
junto a las puertas, a la entrada de la ciudad, a la entrada de las puertas da voces:
A vosotros, hombres, llamo; mi voz dirijo a los hijos de los hombres!
"Ingenuos, aprended discrecin; y vosotros, necios, entrad en cordura.
Escuchad, porque voy a decir cosas excelentes, voy a abrir mis labios para cosas rectas.
Porque mi boca dice la verdad, y mis labios abominan la impiedad.
Justas son todas las razones de mi boca: nada hay en ellas perverso ni torcido;
todas son claras para el que entiende y rectas para los que han hallado sabidura.
Recibid mi enseanza antes que la plata, y ciencia antes que el oro puro;
porque mejor es la sabidura que las perlas, y no hay cosa deseable que se le pueda comparar".
"Yo, la Sabidura, habito con la cordura y tengo la ciencia de los consejos.
El temor de Jehov es aborrecer el mal: yo aborrezco la soberbia, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa.
Conmigo estn el consejo y el buen juicio. Yo soy la inteligencia, y mo es el poder.
Por m reinan los reyes, y los prncipes ejercen la justicia.
Por m dominan los prncipes, y los gobernadores juzgan la tierra.
Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan.
Las riquezas y el honor me acompaan; los bienes permanentes y la justicia.
Mejor es mi fruto que el oro, que el oro refinado; y mis beneficios mejores que la plata pura.
Por vereda de justicia guiar, por en medio de sendas de juicio,
para hacer que los que me aman tengan su heredad y que yo llene sus tesoros.
"Jehov me posea en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras.
Eternamente tuve la primaca, desde el principio, antes de la tierra.
Fui engendrada antes que los abismos, antes que existieran las fuentes de las muchas aguas.
Antes que los montes fueran formados, antes que los collados, ya haba sido yo engendrada,
cuando l an no haba hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo.
Cuando formaba los cielos, all estaba yo; cuando trazaba el crculo sobre la faz del abismo,
cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo,
cuando fijaba los lmites al mar para que las aguas no transgredieran su mandato, cuando estableca los fundamentos de la tierra,
con l estaba yo ordenndolo todo. Yo era su delicia cada da y me recreaba delante de l en todo tiempo.
Me regocijaba con la parte habitada de su tierra, pues mis delicias estn con los hijos de los hombres.
"Ahora pues, hijos, escuchadme: Bienaventurados los que guardan mis caminos!
Atended el consejo, sed sabios y no lo menospreciis.
Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada da, guardando los postes de mis puertas,
porque el que me halle, hallar la vida y alcanzar el favor de Jehov;
pero el que peca contra m, se defrauda a s mismo, pues todos los que me aborrecen aman la muerte".
La Sabidura edific su casa, labr sus siete columnas,
mat sus vctimas, mezcl su vino y puso su mesa.
Envi a sus criadas, y sobre lo ms alto de la ciudad clam,
diciendo a todo ingenuo: "Ven ac", y a los insensatos:
"Venid, comed de mi pan y bebed del vino que he mezclado.
Dejad vuestras ingenuidades y viviris; y andad por el camino de la inteligencia".
El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; el que reprende al malvado, atrae mancha sobre s.
No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; corrige al sabio, y te amar.
Da al sabio, y ser ms sabio; ensea al justo, y aumentar su saber.
El temor de Jehov es el principio de la sabidura; el conocimiento del Santsimo es la inteligencia.
Porque por m se aumentarn tus das, aos de vida se te aadirn.
Si eres sabio, para ti lo eres; si eres escarnecedor, solo t lo pagars.
La mujer necia es alborotadora, ingenua e ignorante.
Se sienta en una silla a la puerta de su casa, en los lugares altos de la ciudad,
para llamar a los que pasan por el camino, a los que van derechos por sus sendas,
y dice a cualquier ingenuo: "Ven ac"; y a los faltos de cordura dice:
"Las aguas robadas son dulces, y el pan comido a escondidas es sabroso".
Pero ellos no saben que all estn los muertos, que sus convidados estn en lo profundo del seol.
Los proverbios de Salomn. El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es la tristeza de su madre.
Los tesoros de maldad no sern de provecho, mas la justicia libra de la muerte.
Jehov no dejar que el justo padezca hambre, mas rechazar la codicia de los malvados.
La mano negligente empobrece, pero la mano de los diligentes enriquece.
El que recoge en verano es hombre sensato, pero el que duerme en tiempo de siega, avergenza.
Hay bendiciones sobre la cabeza del justo, pero la boca de los malvados oculta violencia.
La memoria del justo es bendecida, mas el nombre de los malvados se pudrir.
El de corazn sabio recibe los mandamientos, mas el de labios necios va a su ruina.
El que camina en integridad anda confiado, pero el que pervierte sus caminos sufrir quebranto.
El que guia el ojo acarrea tristeza; el de labios necios ser derribado.
Manantial de vida es la boca del justo, pero la boca de los malvados oculta violencia.
El odio despierta rencillas, pero el amor cubre todas las faltas.
En los labios del prudente hay sabidura, mas la vara es para las espaldas del insensato.
Los sabios atesoran sabidura, mas la boca del necio es una calamidad cercana.
Las riquezas del rico son su ciudad fortificada; la debilidad de los pobres es su pobreza.
La obra del justo es para vida; el fruto del malvado es para pecado.
Guardar la instruccin es camino que lleva a la vida; el que rechaza la reprensin, yerra.
El de labios mentirosos encubre el odio; el que propaga la calumnia es un necio.
En las muchas palabras no falta pecado; el que refrena sus labios es prudente.
Plata pura es la lengua del justo, mas es nada el corazn de los malvados.
Los labios del justo sustentan a muchos, pero los necios mueren por falta de entendimiento.
La bendicin de Jehov es la que enriquece, y no aade tristeza con ella.
Cometer maldad es una diversin para el insensato, mas la sabidura recrea al hombre inteligente.
Lo que el malvado teme, eso le sobrevendr, pero los justos recibirn lo que desean.
Como pasa el torbellino, as el malo no permanece, mas el justo permanece para siempre.
Como el vinagre para los dientes y el humo para los ojos, as es el perezoso para quienes lo envan.
El temor de Jehov aumenta los das, mas los aos de los malvados sern acortados.
La esperanza de los justos es alegra, mas la esperanza de los malvados perecer.
El camino de Jehov es fortaleza para el perfecto, pero destruccin para los que cometen maldad.
El justo jams ser removido, pero los malvados no habitarn la tierra.
De la boca del justo brota la sabidura, mas la lengua perversa ser cortada.
Los labios del justo saben decir lo que agrada, mas la boca de los malvados habla perversidades.
Jehov abomina el peso falso, pero la pesa cabal le agrada.
Cuando llega la soberbia, llega tambin la deshonra; pero con los humildes est la sabidura.
La integridad gua a los rectos, pero a los pecadores los destruye su propia perversidad.
De nada servirn las riquezas en el da de la ira, pero la justicia librar de muerte.
La justicia del perfecto endereza su camino, pero el malvado caer por su propia impiedad.
La justicia libra a los rectos, pero los pecadores son atrapados en su pecado.
Cuando muere el hombre malvado, perece su esperanza; la expectacin de los malos perecer.
El justo es librado de la tribulacin, pero su lugar lo ocupa el malvado.
El hipcrita, con la boca daa a su prjimo, pero los justos se libran con la sabidura.
Con el bien de los justos se alegra la ciudad, pero cuando los malvados perecen, se hace fiesta.
Por la bendicin de los rectos la ciudad es engrandecida, pero por la boca de los malvados es trastornada.
El que carece de entendimiento menosprecia a su prjimo, pero el hombre prudente calla.
El que anda con chismes revela el secreto; el de espritu fiel lo guarda ntegro.
Donde no hay direccin sabia, el pueblo cae; la seguridad est en los muchos consejeros.
La ansiedad aflige al que sale fiador de un extrao; el que aborrece las fianzas vive seguro.
La mujer agraciada obtiene honores; los fuertes obtienen riquezas.
A su alma hace bien el hombre misericordioso, pero el cruel se atormenta a s mismo.
El malvado obra con falsedad; el que siembra justicia obtendr firme galardn.
Como la justicia conduce a la vida, as el que sigue el mal lo hace para su muerte.
Abominables son para Jehov los perversos de corazn, pero los perfectos de camino le son agradables.
Tarde o temprano, el malo ser castigado, pero la descendencia de los justos se librar.
Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa pero falta de sentido.
El deseo de los justos es solamente el bien; la esperanza de los malvados, el enojo.
Hay quienes reparten y les es aadido ms, y hay quienes retienen ms de lo justo y acaban en la miseria.
El alma generosa ser prosperada: el que sacie a otros, tambin l ser saciado.
Al que acapara el grano, el pueblo lo maldice, pero bendicin cubre la cabeza del que lo vende.
El que procura el bien obtendr favor, pero al que busca el mal, el mal le sobrevendr.
El que confa en sus riquezas caer, pero los justos reverdecern como el follaje.
El que perturba su casa heredar viento, y el necio ser siervo del sabio de corazn.
El fruto del justo es rbol de vida; el que gana almas es sabio.
Ciertamente el justo recibe su paga en la tierra, cunto ms el malvado y el pecador!
El que ama la instruccin ama la sabidura; el que aborrece la reprensin es un ignorante.
El bueno alcanza el favor de Jehov, pero Jehov condena al hombre de malos pensamientos.
El hombre no se afirma por medio de la maldad, pero la raz de los justos no ser removida.
La mujer virtuosa es corona de su marido, pero la mala es como carcoma en sus huesos.
Los pensamientos de los justos son rectitud; los consejos de los malvados, engao.
Las palabras de los malvados son como emboscadas para derramar sangre, pero a los rectos los libra su propia boca.
Dios trastorna a los malvados y dejan de existir, pero la casa de los justos permanece firme.
Por su sabidura es alabado el hombre, pero el perverso de corazn es menospreciado.
Ms vale el despreciado que tiene quien lo sirva, que el jactancioso que carece de pan.
El justo cuida de la vida de su ganado, pero el corazn de los malvados es cruel.
El que labra sus tierras se saciar de pan, pero el que se une a vagabundos carece de entendimiento.
Codicia el malvado la red de los malvados, pero la raz de los justos da fruto.
El malvado se enreda en la prevaricacin de sus labios, pero el justo sale con bien de la tribulacin.
El hombre se sacia con el bien del fruto de su boca, y recibe el pago que merece la obra de sus manos.
Opina el necio que su camino es derecho, pero el sabio obedece el consejo.
El necio, al punto da a conocer su ira, pero el prudente no hace caso de la injuria.
El que dice la verdad proclama justicia, pero el testigo falso, engao.
Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada, pero la lengua de los sabios es medicina.
El labio veraz permanece para siempre; la lengua mentirosa, solo por un momento.
Engao hay en el corazn de los que maquinan el mal, pero alegra en el de quienes aconsejan el bien.
Ninguna adversidad le acontecer al justo, pero los malvados sern colmados de males.
Los labios mentirosos son abominables para Jehov, pero le complacen quienes actan con verdad.
El hombre cuerdo encubre su saber, pero el corazn de los necios pregona su necedad.
La mano de los diligentes dominar, pero la negligencia ser tributaria.
La congoja abate el corazn del hombre; la buena palabra lo alegra.
El justo es gua para su prjimo, pero el camino de los malvados los hace errar.
El indolente ni aun asar lo que ha cazado; precioso bien del hombre es la diligencia!
En el camino de la justicia est la vida; en sus sendas no hay muerte.
El hijo sabio recibe el consejo del padre, pero el insolente no escucha las reprensiones.
Del fruto de su boca el hombre comer el bien, pero el alma de los prevaricadores hallar el mal.
El que guarda su boca guarda su vida, pero el que mucho abre sus labios acaba en desastre.
El perezoso desea y nada alcanza, mas los diligentes sern prosperados.
El justo aborrece la palabra mentirosa; el malvado se hace odioso e infame.
La justicia protege al perfecto de camino, pero la impiedad trastorna al pecador.
Hay quienes presumen de ricos y no tienen nada, y hay quienes pasan por pobres y tienen muchas riquezas.
Las riquezas de un hombre pueden ser el rescate de su vida, pero el pobre no escucha amenazas.
La luz de los justos brilla alegremente, pero se apagar la lmpara de los malvados.
Ciertamente la soberbia produce discordia, pero con los prudentes est la sabidura.
Las riquezas de vanidad disminuyen; el que recoge con mano laboriosa las aumenta.
La esperanza que se demora es tormento del corazn; rbol de vida es el deseo cumplido.
El que menosprecia el precepto se perder; el que teme el mandamiento ser recompensado.
La instruccin del sabio es manantial de vida para librar de los lazos de la muerte.
El buen juicio da gracia; el camino de los transgresores es duro.
Todo hombre prudente procede con sabidura; el necio manifiesta su necedad.
El mal mensajero acarrea desgracia; el mensajero fiel acarrea salud.
Pobreza y vergenza tendr el que menosprecia el consejo, pero el que acepta la correccin recibir honra.
El deseo cumplido regocija el alma; apartarse del mal es abominable para los necios.
El que anda entre sabios ser sabio, pero el que se junta con necios saldr mal parado.
El mal persigue a los pecadores, pero los justos sern premiados con el bien.
La herencia del bueno alcanzar a los hijos de sus hijos, pero la riqueza del pecador est guardada para el justo.
En el barbecho de los pobres hay mucho pan, pero se pierde por falta de justicia.
El que no aplica el castigo aborrece a su hijo; el que lo ama, lo corrige a tiempo.
El justo come hasta saciarse, pero el vientre de los malvados quedar vaco.
La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba.
El que camina rectamente teme a Jehov, pero el de caminos pervertidos lo menosprecia.
En la boca del necio est la vara de su soberbia; a los sabios, sus labios los protegen.
Sin bueyes, el granero est vaco; por la fuerza del buey hay abundancia de pan.
El testigo verdadero no miente; el testigo falso dice mentiras.
Busca el escarnecedor la sabidura y no la halla, pero para el hombre sensato la sabidura es cosa fcil.
Qutate de delante del hombre necio, porque no hallars ciencia en sus labios.
La ciencia del prudente est en comprender su camino; la indiscrecin de los necios es engao.
Los necios se burlan del pecado, pero entre los rectos hay buena voluntad.
El corazn conoce sus ntimas amarguras, y ningn extrao se mezclar en su alegra.
La casa de los malvados ser asolada, pero florecer la morada de los rectos.
Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte.
Aun en medio de la risa se duele el corazn, y el trmino de la alegra es la congoja.
De sus caminos se hasta el necio de corazn, pero el hombre de bien estar contento con el suyo.
El ingenuo todo lo cree; el prudente mide bien sus pasos.
El sabio teme y se aparta del mal; el insensato es insolente y confiado.
El que fcilmente se enoja comete locuras; y el hombre perverso es aborrecido.
Los ingenuos heredarn necedad, mas los prudentes se coronarn de sabidura.
Los malos se inclinarn delante de los buenos, y los malvados, ante las puertas del justo.
El pobre resulta odioso aun a su amigo, pero muchos son los que aman al rico.
Peca el que menosprecia a su prjimo, pero el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado.
No yerran los que traman el mal? Pero misericordia y verdad alcanzarn a los que planean el bien.
Toda labor da su fruto; mas las vanas palabras empobrecen.
Las riquezas de los sabios son su corona; la insensatez de los necios es locura.
El testigo veraz salva las vidas; el falso dice mentiras.
En el temor de Jehov est la firme confianza, la esperanza para sus hijos.
El temor de Jehov es manantial de vida que aparta de los lazos de la muerte.
En el pueblo numeroso est la gloria del rey; en la falta de pueblo, la debilidad del prncipe.
El que tarda en airarse es grande de entendimiento; el impaciente de espritu pone de manifiesto su necedad.
El corazn apacible es vida para la carne; la envidia es carcoma de los huesos.
El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor, pero lo honra el que tiene misericordia del pobre.
Por su maldad es derribado el malvado, pero el justo, en su propia muerte halla refugio.
En el corazn del prudente reposa la sabidura, pero no es conocida en medio de los necios.
La justicia engrandece a la nacin; el pecado es afrenta de las naciones.
El favor del rey es para con el servidor prudente; su enojo, para el que lo avergenza.
La respuesta suave aplaca la ira, pero la palabra spera hace subir el furor.
La lengua de los sabios adorna la sabidura, pero la boca de los necios dice sandeces.
Los ojos de Jehov estn en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos.
La lengua apacible es rbol de vida, pero la perversidad de ella es quebrantamiento de espritu.
El necio menosprecia el consejo de su padre; el prudente acepta la correccin.
En la casa del justo hay gran provisin, pero turbacin hay en las ganancias del malvado.
La boca de los sabios siembra sabidura; no as el corazn de los necios.
El sacrificio que ofrecen los malvados es abominable para Jehov; la oracin de los rectos es su gozo.
Abominable es para Jehov el camino del malvado; l ama al que sigue la justicia.
La reconvencin es molesta al que deja el camino; el que aborrece la correccin morir.
El seol y el Abadn estn delante de Jehov, cunto ms los corazones de los hombres!
El escarnecedor no ama al que lo reprende ni se junta con los sabios.
El corazn alegre embellece el rostro, pero el dolor del corazn abate el espritu.
El corazn inteligente busca la sabidura, pero la boca de los necios se alimenta de necedades.
Todos los das del desdichado son difciles, pero el de corazn alegre tiene un banquete continuo.
Mejor es lo poco con el temor de Jehov, que un gran tesoro donde hay turbacin.
Mejor es comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio.
El hombre iracundo promueve contiendas; el que tarda en airarse apacigua la rencilla.
El camino del perezoso es como un seto de espinos; la vereda de los rectos, como una calzada.
El hijo sabio alegra al padre; el hombre necio menosprecia a su madre.
La necedad es alegra al falto de inteligencia; el hombre inteligente endereza sus pasos.
Los pensamientos se frustran donde falta el consejo, pero se afirman con los muchos consejeros.
El hombre se alegra con la respuesta de su boca; la palabra a su tiempo, cun buena es!
El camino de la vida es hacia arriba para el prudente; as se aparta del seol abajo.
Jehov derriba la casa de los soberbios, pero afirma la heredad de la viuda.
Abominables son para Jehov los pensamientos del malo, pero las expresiones de los puros son limpias.
Alborota su casa el codicioso, pero el que aborrece el soborno vivir.
El corazn del justo piensa antes de responder; la boca de los malvados derrama maldad.
Jehov est lejos de los malvados, pero escucha la oracin de los justos.
La luz de los ojos alegra el corazn; la buena noticia conforta los huesos.
El odo que escucha las amonestaciones de la vida, morar entre los sabios.
El que desprecia la disciplina se menosprecia a s mismo; el que escucha la correccin adquiere inteligencia.
El temor de Jehov es enseanza de sabidura, y a la honra precede la humildad.
Del hombre es hacer planes en el corazn; de Jehov es poner la respuesta en la lengua.
Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinin, pero Jehov es quien pesa los espritus.
Encomienda a Jehov tus obras y tus pensamientos sern afirmados.
Todas las cosas ha hecho Jehov para sus propios fines, incluso al malvado, para el da malo.
Abominable es para Jehov todo altivo de corazn; ciertamente no quedar impune.
Con misericordia y verdad se corrige el pecado; con el temor de Jehov los hombres se apartan del mal.
Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehov, aun a sus enemigos los pone en paz con l.
Mejor es lo poco con justicia que las muchas ganancias sin derecho.
El corazn del hombre se propone un camino, pero Jehov endereza sus pasos.
Orculo hay en los labios del rey y su boca no prevarica en el juicio.
Las balanzas y el peso justos son de Jehov; obra suya son todas las pesas de la bolsa.
Abominable es que los reyes cometan maldad, porque con la justicia se afirma el trono.
Los labios justos complacen a los reyes; estos aman al que habla con rectitud.
La ira del rey es mensajero de muerte, pero el hombre sabio la evita.
En la alegra del rostro del rey est la vida, y su favor es como nube de lluvia tarda.
Mejor es adquirir sabidura que oro fino, y adquirir inteligencia vale ms que la plata.
El camino de los rectos se aparta del mal; su vida protege el que guarda su camino.
Antes del quebranto est la soberbia, y antes de la cada, la altivez de espritu.
Mejor es humillar el espritu con los humildes que repartir el botn con los soberbios.
El entendido en la palabra hallar el bien; el que confa en Jehov es bienaventurado.
El sabio de corazn es llamado prudente, y la dulzura de labios aumenta el saber.
Manantial de vida es el entendimiento para el que lo posee, pero la erudicin de los necios es pura necedad.
El corazn del sabio hace prudente su boca y aade gracia a sus labios.
Panal de miel son los dichos suaves, suavidad para el alma y medicina para los huesos.
Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte.
El ansia del que trabaja, trabaja para l: su boca lo estimula.
El hombre perverso cava en busca del mal; en sus labios hay como una llama de fuego.
El hombre perverso promueve contienda, y el chismoso separa a los mejores amigos.
El hombre malo lisonjea a su prjimo y lo hace andar por mal camino;
cierra los ojos para pensar perversidades, mueve los labios, comete el mal.
Corona de honra es la vejez que se encuentra en el camino de la justicia.
Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte, el que domina su espritu que el conquistador de una ciudad.
Las suertes se echan en el regazo, pero la decisin es de Jehov.
Mejor es un bocado seco y en paz que una casa de contiendas llena de provisiones.
El siervo prudente se impondr al hijo indigno, y con los hermanos compartir la herencia.
El crisol es para la plata y el horno para el oro, pero Jehov es quien prueba los corazones.
El malo presta atencin al labio inicuo y el mentiroso escucha la lengua detractora.
El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor, pero no quedar sin castigo el que se alegra de la desgracia.
Corona de los viejos son los nietos y honra de los hijos son sus padres.
Si no conviene al necio el lenguaje elocuente, cunto menos al prncipe el labio mentiroso!
Como un talismn es el soborno para el que lo practica: dondequiera que va, halla prosperidad.
El que encubre la falta busca la amistad; el que la divulga, aparta al amigo.
La reprensin aprovecha al inteligente ms que cien azotes al necio.
El rebelde no busca sino el mal: un mensajero cruel ser enviado contra l.
Mejor es toparse con una osa privada de sus cachorros que con un fatuo en su necedad.
Al que da mal por bien, el mal no se apartar de su casa.
El que inicia la discordia es como quien suelta las aguas, abandona, pues, la contienda, antes que se complique!
El que justifica al malvado y el que condena al justo, ambos son igualmente abominables para Jehov.
De qu sirve el dinero en la mano del necio para comprar sabidura, si no tiene entendimiento?
En todo tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempo de angustia.
El hombre falto de entendimiento estrecha la mano para salir fiador en presencia de su amigo.
El que ama la disputa ama la transgresin; y el que abre demasiado la puerta busca su ruina.
El perverso de corazn nunca hallar el bien; el que intriga con su lengua caer en el mal.
El que engendra a un insensato, para su tristeza lo engendra; el padre del necio no tiene alegra.
El corazn alegre es una buena medicina, pero el espritu triste seca los huesos.
El malvado acepta en secreto el soborno para pervertir las sendas de la justicia.
En el rostro del inteligente aparece la sabidura, pero los ojos del necio vagan hasta el extremo de la tierra.
El hijo necio es pesadumbre para su padre y amargura para la que lo dio a luz.
Ciertamente no es bueno condenar al justo ni herir a hombres nobles que actan rectamente.
El que ahorra palabras tiene sabidura; prudente de espritu es el hombre inteligente.
Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio; el que cierra sus labios es inteligente.
Su propio deseo busca el que se aparta y se entremete en todo negocio.
No se complace el necio en la inteligencia, sino en manifestar su propia opinin.
Con el malvado viene tambin el menosprecio, y con el que deshonra, la afrenta.
Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre; y arroyo que rebosa es la fuente de la sabidura.
Tener respeto a la persona del malvado para pervertir el derecho del justo, no es bueno.
Los labios del necio provocan contienda; su boca, a los azotes llama.
La boca del necio le acarrea quebranto; sus labios son trampas para su propia vida.
Las palabras del chismoso son como bocados suaves que penetran hasta las entraas.
El que es negligente en su trabajo es hermano del hombre destructor.
Fuerte torre es el nombre de Jehov; a ella corre el justo y se siente seguro.
Las riquezas del rico son su ciudad fortificada; como un muro defensivo se las imagina.
Antes del quebranto se engre el corazn del hombre, pero antes de los honores est la humildad.
Al que responde sin haber escuchado, la palabra le es fatuidad y vergenza.
El nimo del hombre le sostendr en su enfermedad, pero quin sostendr a un nimo angustiado?
El corazn del inteligente adquiere sabidura, y el odo de los sabios busca la ciencia.
Los regalos de un hombre le abren el camino que lleva a la presencia de los grandes.
Justo parece el primero que aboga por su causa, pero viene su adversario y le rebate.
Las suertes ponen fin a los pleitos y deciden entre los poderosos.
El hermano ofendido es ms tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas entre hermanos son como cerrojos de alczar.
Del fruto de la boca del hombre se llena su vientre; se sacia del producto de sus labios.
La muerte y la vida estn en poder de la lengua; el que la ama, comer de sus frutos.
El que encuentra esposa encuentra el bien y alcanza la benevolencia de Jehov.
El pobre habla con ruegos; el rico responde con dureza.
El hombre que tiene amigos debe ser amistoso, y amigos hay ms unidos que un hermano.
Mejor es el pobre que camina en integridad que el fatuo de labios perversos.
El alma sin ciencia no es buena, y aquel que se precipita, peca.
La insensatez del hombre tuerce su camino y luego se irrita su corazn contra Jehov.
Las riquezas atraen muchos amigos, pero el pobre, hasta de su amigo es apartado.
El testigo falso no quedar sin castigo, y el que dice mentiras no escapar.
Muchos buscan el favor del generoso, y todos son amigos del hombre que da.
Si todos los hermanos del pobre lo aborrecen, cunto ms sus amigos se alejarn de l! Buscar una palabra y no la hallar.
El que posee entendimiento ama su alma; el que cuida la inteligencia hallar el bien.
El testigo falso no quedar sin castigo, y el que dice mentiras perecer.
No es propio de un necio vivir entre lujos, cunto menos que un esclavo sea seor de los prncipes!
La cordura del hombre aplaca su furor, y un honor le es pasar por alto la ofensa.
Como el rugido de un cachorro de len es la ira del rey, y su favor, como el roco sobre la hierba.
Dolor es para el padre un hijo necio y gotera continua las contiendas de la mujer.
La casa y las riquezas son herencia de los padres, pero don de Jehov es la mujer prudente.
La pereza hace caer en profundo sueo y la persona negligente padecer hambre.
El que guarda el mandamiento guarda su vida, pero el que menosprecia los caminos de Jehov morir.
A Jehov presta el que da al pobre; el bien que ha hecho se lo devolver.
Castiga a tu hijo mientras haya esperanza, pero no se excite tu nimo hasta destruirlo.
El que se deja arrebatar por la ira llevar el castigo, y si usa de violencias, aadir nuevos males.
Escucha el consejo y acepta la correccin: as sers sabio en tu vejez.
Muchos pensamientos hay en el corazn del hombre, pero el consejo de Jehov es el que permanece.
Una satisfaccin es para el hombre hacer misericordia, y mejor es un pobre que un mentiroso.
El temor de Jehov lleva a la vida: con l vive del todo tranquilo el hombre y no es visitado por el mal.
El perezoso mete su mano en el plato, pero ni aun es capaz de llevrsela a la boca.
Hiere al escarnecedor y el ingenuo se har precavido; corrige al inteligente y aumentar su conocimiento.
El que roba a su padre y ahuyenta a su madre es un hijo que causa vergenza y acarrea oprobio.
Cesa, hijo mo, de prestar odo a enseanzas que te hacen divagar de la sabidura.
El testigo perverso se burla del juicio; la boca de los malvados encubre la iniquidad.
Preparados hay juicios para los escarnecedores y azotes para las espaldas de los necios.
El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora; ninguno que por su causa yerre es sabio.
Como rugido de cachorro de len es la ira del rey; el que lo enfurece peca contra s mismo.
Honra es del hombre abandonar la contienda, pero cualquier insensato se enreda en ella.
El perezoso no ara a causa del invierno; luego, cuando llegue la siega, pedir y no hallar.
Como aguas profundas es el consejo en el corazn del hombre, pero el inteligente sabe alcanzarlo.
Muchos hay que proclaman su propia bondad, pero un hombre de verdad, quin lo hallar?
Camina en su integridad el justo y sus hijos son dichosos despus de l.
El rey, al sentarse en el trono para juzgar, con su mirada descubre todo mal.
Quin puede decir: "Yo he limpiado mi corazn, limpio estoy de mi pecado"?
Pesa falsa y medida falsa, ambas cosas son abominables para Jehov.
Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta es limpia y recta .
El odo que oye y el ojo que ve, ambos igualmente ha hecho Jehov.
No ames el sueo, para no empobrecerte; abre tus ojos y te saciars de pan.
El comprador dice: "Malo, malo!", pero cuando se va, se jacta por la compra.
Hay oro y multitud de piedras preciosas, pero joya ms preciosa son los labios prudentes.
Qutale su ropa al que sali fiador de un extrao; tmale prenda al que se fi de desconocidos.
Sabroso le es al hombre el pan de mentira, pero despus se le llena la boca de cascajo.
Los pensamientos se ordenan con el consejo, y con direccin sabia se hace la guerra.
El que anda con chismes descubre los secretos: no te entremetas, pues, con el suelto de lengua.
Al que maldice a su padre o a su madre se le apagar su lmpara en la ms profunda oscuridad.
Los bienes que al principio se adquieren de prisa, no sern al final bendecidos.
No digas: "Yo me vengar"; espera en Jehov y l te salvar.
Abominables son para Jehov las pesas falsas, y la balanza falsa no es buena.
De Jehov son los pasos del hombre, cmo, pues, entender el hombre su camino?
Una trampa es para el hombre hacer apresuradamente voto de consagracin y reflexionar despus de haberlo hecho.
El rey sabio dispersa a los malvados y sobre ellos hace rodar la rueda.
Lmpara de Jehov es el espritu del hombre, la cual escudria lo ms profundo del corazn.
La misericordia y la verdad guardan al rey, y con clemencia se sustenta su trono.
La gloria de los jvenes es su fuerza; la belleza de los ancianos, su vejez.
Los azotes que hieren son medicina para el malo; el castigo purifica el corazn.
Como aguas que se reparten es el corazn del rey en la mano de Jehov: l lo inclina hacia todo lo que quiere.
Todo camino del hombre es recto en su propia opinin, pero Jehov pesa los corazones.
Hacer justicia y juicio es para Jehov ms agradable que el sacrificio.
Los ojos altivos, el corazn orgulloso y el pensamiento de los malvados, todo es pecado.
Los planes del diligente ciertamente tienden a la abundancia, pero todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.
Amontonar tesoros por medio de la mentira es fugaz ilusin de aquellos que buscan la muerte.
La rapia de los malvados los destruir, por cuanto no quisieron actuar conforme a derecho.
El camino del hombre perverso es torcido y extrao, pero los hechos del que es puro son rectos.
Mejor es vivir en un rincn del terrado que con mujer pendenciera en casa espaciosa.
El alma del malvado desea el mal; su prjimo no halla favor en sus ojos.
Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio; cuando se amonesta al sabio, aprende ciencia.
Observa el justo la casa del malvado, cmo los malvados son trastornados por el mal.
El que cierra su odo al clamor del pobre tampoco ser odo cuando clame.
La ddiva en secreto calma el enojo; el regalo discreto, la fuerte ira.
Alegra es para el justo practicar la justicia, pero un desastre para los que cometen iniquidad.
El hombre que se aparta del camino de la sabidura vendr a parar en la compaa de los muertos.
Caer en la pobreza el hombre que ama los placeres; y el que ama el vino y los perfumes no se enriquecer.
Rescate por el justo ser el malvado, y por los rectos, el prevaricador.
Mejor es vivir en tierra desierta que con la mujer pendenciera e irascible.
Tesoro preciado y aceite hay en la casa del sabio, pero el hombre insensato todo lo disipa.
El que sigue la justicia y la misericordia hallar la vida, la justicia y el honor.
Tom el sabio la ciudad de los fuertes y derrib la fuerza en que ella confiaba.
El que guarda su boca y su lengua, su vida guarda de angustias.
Escarnecedor es el nombre del soberbio y presuntuoso que acta con la insolencia de su presuncin.
El deseo del perezoso lo mata, porque sus manos no quieren trabajar.
El codicioso codicia todo el da; el justo da sin retener su mano.
El sacrificio de los malvados es abominable, tanto ms ofrecindolo con maldad!
El testigo falso perecer, pero el hombre que escucha, siempre podr responder.
El hombre malvado endurece su rostro, pero el recto ordena sus caminos.
No hay sabidura ni inteligencia ni consejo contra Jehov.
El caballo se apareja para el da de la batalla, pero Jehov es quien da la victoria.
Ms vale el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama vale ms que la plata y el oro.
El rico y el pobre tienen en comn que a ambos los hizo Jehov.
El prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el dao.
Riquezas, honor y vida son el premio de la humildad y del temor de Jehov.
Espinos y trampas hay en el camino del perverso; el que a s mismo se guarda se alejar de ellos.
Instruye al nio en su camino, y ni aun de viejo se apartar de l.
El rico se hace dueo de los pobres y el que toma prestado se hace siervo del que presta.
El que siembra iniquidad, iniquidad segar, y la vara de su insolencia ser quebrada.
El que mira con misericordia ser bendito, porque dio de su pan al indigente.
Echa fuera al escarnecedor y se terminar la contienda, y cesar el pleito y la afrenta.
El que ama la pureza del corazn, con la gracia de sus labios se ganar la amistad del rey.
Los ojos de Jehov velan por la ciencia, pero l trastorna las cosas de los prevaricadores.
Dice el perezoso: "Ah fuera hay un len: me matar en la calle".
Fosa profunda es la boca de la mujer extraa; el que provoque la ira de Jehov, caer en ella.
La necedad est ligada al corazn del muchacho, pero la vara de la correccin la alejar de l.
El que por aumentar sus ganancias oprime al pobre o da al rico, ciertamente se empobrecer.
Inclina tu odo, escucha las palabras de los sabios y aplica tu corazn a mi sabidura,
porque es cosa deliciosa que las guardes dentro de ti y que, a la vez, se afirmenen tus labios.
Para que tu confianza est puesta en Jehov te las he hecho saber hoy a ti tambin.
Acaso no te he escrito tres veces, con consejos y ciencia,
para hacerte saber con certidumbre las palabras de verdad, a fin de que vuelvas a llevar palabras de verdad a los que te enviaron?
No robes al pobre, porque es pobre, ni oprimas al desdichado en las puertas de la ciudad,
porque Jehov juzgar la causa de ellos y despojar de la vida a quienes los despojen.
No te unas al iracundo ni te acompaes del irascible,
no sea que aprendas sus costumbres y pongas trampa a tu propia vida.
No seas de aquellos que se comprometen, de los que salen fiadores de deudas ajenas.
Si luego no tienes con qu pagar, por qu habrn de quitar tu cama de debajo de ti?
No remuevas los linderos antiguos que pusieron tus padres.
Has visto un hombre cuidadoso en su trabajo? Delante de los reyes estar, no delante de gente de baja condicin.
Cuando te sientes a comer con algn seor, considera bien lo que est delante de ti.
Pon un cuchillo a tu garganta, si tienes mucho apetito.
No codicies sus manjares delicados, porque es pan engaoso.
No te afanes por hacerte rico: s prudente y desiste.
Has de poner tus ojos en las riquezas, que son nada? De cierto se hacen alas como de guila, y vuelan al cielo.
No comas pan con el avaro ni codicies sus manjares,
porque cuales son sus pensamientos ntimos, tal es l. "Come y bebe", te dir, pero su corazn no est contigo.
Vomitars el bocado que comiste y habrs malgastado tus suaves palabras.
No hables a odos del necio, porque menospreciar la prudencia de tus razones.
No remuevas el lindero antiguo ni entres en la heredad de los hurfanos,
porque su defensor es el Fuerte: l abogar por la causa de ellos contra ti.
Aplica tu corazn a la enseanza y tus odos a las razones sabias.
No rehses corregir al muchacho, porque si lo castigas con vara, no morir.
Castgalo con la vara y librars su alma del seol.
Hijo mo, si tu corazn es sabio, tambin a m se me alegrar el corazn,
y mis entraas tambin se alegrarn cuando tus labios hablen con rectitud.
No tenga tu corazn envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehov en todo tiempo.
Porque ciertamente hay un porvenir y tu esperanza no ser frustrada.
Escucha, hijo mo, y s sabio: endereza tu corazn al buen camino.
No te juntes con los bebedores de vino ni con los comilones de carne,
porque el bebedor y el comiln se empobrecern, y el mucho dormir los har vestir de harapos.
Escucha a tu padre, que te engendr; y cuando tu madre envejezca, no la menosprecies.
Compra la verdad y no la vendas; y la sabidura, la enseanza y la inteligencia.
Mucho se alegrar el padre del justo, y el que engendra a un sabio se gozar con l.
Algrense tu padre y tu madre! Gcese la que te dio a luz!
Dame, hijo mo, tu corazn y miren tus ojos mis caminos.
Porque abismo profundo es la ramera, pozo profundo la extraa.
Tambin ella, como un ladrn, acecha, y multiplica entre los hombres los prevaricadores.
Para quin sern los ayes? Para quin el dolor? Para quin las rencillas? Para quin las quejas? Para quin las heridas sin razn? Para quin los ojos enrojecidos?
Para los que no dejan el vino, para los que van probando mixturas.
No mires el vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa! Se entra suavemente,
pero al fin muerde como una serpiente, causa dolor como un spid.
Tus ojos vern cosas extraas y tu corazn dir cosas perversas.
Ser como si yacieras en medio del mar o como si yacieras en la punta de un mstil.
Y dirs: "Me hirieron, mas no me doli; me azotaron, pero no lo sent; cuando despierte, volver en busca de ms".
No tengas envidia de los hombres malos ni desees juntarte con ellos,
porque su corazn trama violencias e iniquidad hablan sus labios.
Con sabidura se edifica la casa, con prudencia se afirma
y con ciencia se llenan las cmaras de todo bien preciado y agradable.
El hombre sabio es fuerte, y de pujante vigor el que tiene ciencia.
Porque con ingenio hars la guerra, y en los muchos consejeros est la victoria.
Alta est para el insensato la sabidura; en la puerta no abrir l su boca.
Al que piensa hacer el mal lo llaman "hombre de malos pensamientos".
El pensamiento del necio es pecado, y abominable para los hombres el escarnecedor.
Si flaqueas en da de adversidad, tu fuerza quedar reducida.
Libra a los que son llevados a la muerte, salva a los que tienen su vida en peligro.
Porque si dices: "Lo cierto es que no lo supimos", acaso no lo considerar el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, l lo conocer, y l pagar al hombre segn sus obras.
Come, hijo mo, de la miel, porque es buena; el panal es dulce a tu paladar.
As ser para ti el conocimiento de la sabidura: si la hallas tendrs recompensa y al fin tu esperanza no ser frustrada.
T, malvado, no aceches la morada del justo, no saquees el lugar de su descanso;
porque aunque siete veces caiga el justo, volver a levantarse, pero los malvados caern en el mal.
No te regocijes cuando caiga tu enemigo, ni cuando l tropiece se alegre tu corazn,
no sea que Jehov lo vea y le desagrade, y aparte de sobre l su enojo.
No te juntes con los malignos ni envidies a los malvados,
porque para el malo no habr buen fin: la lmpara de los malvados se apagar!
Teme a Jehov, hijo mo, y al rey, y no te juntes con los veleidosos;
porque su desgracia llegar de repente; y el quebranto que viene de ambos, quin puede saberlo?
Tambin estos son dichos de los sabios: Hacer distincin de personas en el juicio no es bueno.
A quien diga al malo: "T eres justo", los pueblos lo maldecirn y lo detestarn las naciones;
pero quienes lo reprendan tendrn felicidad y sobre ellos vendr gran bendicin.
Besados sean los labios del que responde con palabras correctas!
Prepara tus labores fuera, dispnlas en tus campos y edifica despus tu casa.
No seas sin causa testigo contra tu prjimo ni digas falsedades con tus labios.
No digas: "Har con l como l hizo conmigo; pagar a ese hombre segn merece su obra".
Pas junto al campo del hombre perezoso, junto a la via del hombre falto de entendimiento;
y vi que por toda ella haban crecido los espinos, ortigas haban cubierto la tierra y la cerca de piedra ya estaba derribada.
Mir, y lo medit en mi corazn; lo vi, y aprend la leccin:
Un poco de sueo, dormitar otro poco y otro poco descansar mano sobre mano:
as te llegar la miseria como un vagabundo, la pobreza como un hombre armado.
Tambin estos son proverbios de Salomn, los cuales copiaron los varones de Ezequas, rey de Jud:
Gloria de Dios es encubrir un asunto, pero honra del rey es investigarlo.
Para la altura de los cielos, para la profundidad de la tierra y para el corazn de los reyes, no hay investigacin.
Quita la escoria de la plata y saldr una alhaja para el fundidor.
Aparta al malvado de la presencia del rey, y su trono se afirmar en justicia.
No te alabes delante del rey ni te pongas en el lugar de los grandes,
porque mejor es que se te diga: "Sube ac", y no que seas humillado delante del prncipe a quien tus ojos han visto.
No entres apresuradamente en pleito, no sea que no sepas qu hacer luego, cuando tu prjimo te haya avergonzado.
Trata tu causa con tu compaero y no descubras el secreto a otro,
no sea que te deshonre el que lo oiga y tu infamia no pueda repararse.
Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene.
Como zarcillo de oro y joyel de oro fino es el que reprende al sabio que tiene odo dcil.
Como fro de nieve en tiempo de siega, as es el mensajero fiel a quienes lo envan, pues reconforta el alma de su seor.
Como nubes y vientos sin lluvia, as es el tacao que se jacta de su generosidad.
Con mucha paciencia se aplaca el prncipe, pues la lengua suave hasta los huesos quebranta.
Hallaste miel? Come solo lo necesario, no sea que harto de ella la vomites.
No pongas con exceso tu pie en la casa de tu vecino, no sea que, harto de ti, te aborrezca.
Martillo, cuchillo y saeta aguda es el hombre que dice contra su prjimo falso testimonio.
Como diente roto y pie descoyuntado es confiar en un prevaricador en momentos de angustia.
El que canta canciones al corazn afligido es como el que se quita la ropa en tiempo de fro o el que sobre el jabn echa vinagre.
Si el que te aborrece tiene hambre, dale de comer pan, y si tiene sed, dale de beber agua;
pues, haciendo esto, hars que le arda la cara de vergenza, y Jehov te recompensar.
El viento del norte trae la lluvia, y el rostro airado, la lengua detractora.
Mejor es estar en un rincn del terrado que con mujer pendenciera en casa espaciosa.
Como el agua fra para el sediento, as son las buenas noticias de lejanas tierras.
Como fuente turbia y manantial sucio es el justo que vacila ante el malvado.
Comer mucha miel no es bueno, ni el buscar la propia gloria es gloria.
Como ciudad destruida y sin murallas es el hombre que no pone freno a su espritu.
Como no le sienta la nieve al verano ni la lluvia a la siega, tampoco le sientan los honores al necio.
Como gorrin que vaga o golondrina en vuelo, as la maldicin nunca viene sin causa.
El ltigo para el caballo, el cabestro para el asno y la vara para la espalda del necio.
Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas t tambin como l;
responde al necio como merece su necedad, para que no se tenga por sabio en su propia opinin.
Como cortarse los pies o beber algo en dao propio es enviar recado por mano de un necio.
Como las piernas del cojo, que cuelgan intiles, es el proverbio en la boca del necio.
Como atar la piedra a la honda es rendir honores al necio.
Como espina clavada en la mano de un borracho es el proverbio en la boca de los necios.
Como arquero que a todos hiere es el que contrata a insensatos y vagabundos.
Como perro que vuelve a su vmito es el necio que repite su necedad.
Has visto a un hombre que se tiene por sabio? Pues ms puede esperarse de un necio que de l!
Dice el perezoso: "Hay un len en el camino! Un len est en las calles!".
Como la puerta gira sobre sus quicios, as el perezoso se vuelve en su cama.
Mete el perezoso su mano en el plato, pero le cansa llevrsela a la boca.
En su propia opinin, el perezoso es ms sabio que siete que sepan aconsejar.
Como tomar por las orejas a un perro que pasa es entrometerse en pleito ajeno.
Como el que enloquecido arroja llamas, saetas y muerte,
tal es el hombre que engaa a su amigo y luego dice: "Solo ha sido una broma!".
Sin lea se apaga el fuego, y donde no hay chismoso cesa la contienda.
Como el carbn para las brasas y la lea para el fuego es el hombre pendenciero para encender contienda.
Las palabras del chismoso son como bocados suaves que penetran hasta las entraas.
Como bao de plata sobre un tiesto son los labios lisonjeros y el mal corazn.
El que odia, lo disimula con los labios, pero en su interior maquina engao;
por ms que hable amigablemente, no le creas, porque siete abominaciones hay en su corazn.
Aunque con disimulo encubra su odio, su maldad ser descubierta en la congregacin.
El que cava una fosa caer en ella; al que rueda una piedra, se le vendr encima.
La lengua falsa atormenta al que ha lastimado; la boca lisonjera conduce a la ruina.
No te jactes del da de maana porque no sabes qu dar de s el da.
Albete el extrao y no tu propia boca; el ajeno, y no los labios tuyos.
Pesada es la piedra y la arena pesa, pero ms pesada que ambas es la ira del necio.
Cruel es la ira e impetuoso el furor, pero quin podr sostenerse delante de la envidia?
Mejor es reprensin manifiesta que amor oculto.
Leales son las heridas que causa el que ama, pero falsos los besos del que aborrece.
El hombre saciado desprecia el panal de miel, pero al hambriento, aun lo amargo le resulta dulce.
Cual ave errante lejos de su nido es el hombre errante lejos de su hogar.
Los aceites y perfumes alegran el corazn, y el cordial consejo del amigo, al hombre.
No dejes a tu amigo ni al amigo de tu padre, ni vayas a la casa de tu hermano en el da de tu afliccin: mejor es un vecino cerca que un hermano lejos.
S sabio, hijo mo, y alegra mi corazn; as podr responder al que me agravie.
El prudente ve el mal y se esconde, pero los incautos pasan y se llevan el dao.
Qutale su ropa al que sali fiador por el extrao y tmale prenda al que fa a la mujer ajena.
A quien de madrugada bendice en alta voz a su amigo, por maldicin se le contar.
Gotera continua en tiempo de lluvia y mujer pendenciera, son semejantes:
pretender contenerla es como querer refrenar el viento o retener el aceite en la mano derecha.
El hierro con hierro se afila, y el hombre con el rostro de su amigo.
Quien cuida la higuera comer su fruto, y el que mira por los intereses de su seor recibir honores.
Como el rostro en el agua es reflejo del rostro, as el hombre se refleja en el corazn del hombre.
Como el seol y el Abadn nunca se sacian, as los ojos del hombre nunca estn satisfechos.
En el crisol se prueba la plata, en el horno el oro, y al hombre la boca del que le alaba.
Aunque majes al necio en un mortero, entre granos de trigo majados con el pisn, no se apartar de l su necedad.
S diligente en conocer el estado de tus ovejas y mira con cuidado por tus rebaos,
porque las riquezas no duran para siempre, ni una corona es para generaciones perpetuas.
Saldr la grama, brotar la hierba y ser segada la hierba de los montes;
tendrs corderos para vestirte, cabritos para el precio del campo
y abundancia de leche de las cabras para tu mantenimiento, para mantenimiento de tu casa y para sustento de tus criadas.
Huye el malvado sin que nadie lo persiga, pero el justo est confiado como un len.
Por la rebelin del pas, sus gobernantes son muchos; pero por el hombre inteligente y sabio permanece estable.
El hombre pobre que roba a los pobres es como una lluvia torrencial que deja sin pan.
Los que se apartan de la Ley alaban a los malvados, pero los que la guardan contienden con ellos.
Los hombres malos no comprenden lo que es recto, pero los que buscan a Jehov comprenden todas las cosas.
Mejor es el pobre que camina en su integridad que el rico y de perversos caminos.
El que guarda la Ley es hijo prudente, pero el que se hace compaero de glotones avergenza a su padre.
El que aumenta sus riquezas con usura y crecidos intereses, para aquel que se compadece de los pobres las aumenta.
Incluso la oracin le es abominable al que aparta su odo para no escuchar la Ley.
El que hace errar a los rectos por el mal camino caer en su propia fosa, pero los perfectos heredarn el bien.
El hombre rico es sabio en su propia opinin, mas el pobre e inteligente lo escudria.
Cuando los justos se alegran, grande es la gloria; cuando los malvados se levantan, los hombres tienen que esconderse.
El que oculta sus pecados no prosperar, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzar misericordia.
Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios, pero el que endurece su corazn caer en el mal.
Len rugiente y oso hambriento es el malvado que gobierna sobre el pueblo pobre.
El gobernante falto de entendimiento multiplicar la extorsin, pero se prolongarn los das del que aborrece la avaricia.
El hombre cargado con la sangre de otro huir hasta el sepulcro sin que nadie le detenga.
El que en integridad camina ser salvo, pero el de perversos caminos caer en alguno de ellos.
El que cultiva su tierra se saciar de pan, pero el que sigue a los ociosos se colmar de pobreza.
El hombre fiel recibir muchas bendiciones, pero el que quiere enriquecerse de prisa no estar libre de culpa.
Hacer distincin de personas no es bueno; hasta por un bocado de pan prevaricar el hombre!
El avaro se apresura a enriquecerse, sin saber que caer en la indigencia.
El que reprende a otro hallar despus mayor gracia que el que lisonjea con la lengua.
El que roba a su padre o a su madre y dice: "Esto no es malo", se hace compaero del criminal.
El de nimo altanero suscita contiendas, pero el que confa en Jehov prosperar.
El que confa en su propio corazn es un necio, pero el que camina con sabidura ser librado.
El que da al pobre no tendr pobreza, pero el que aparta de l sus ojos tendr muchas maldiciones.
Cuando los malvados se levantan, se esconde el hombre; cuando perecen, los justos se multiplican.
El hombre que, al ser reprendido, se vuelve terco, de repente y sin remedio ser quebrantado.
Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; cuando domina el malvado, el pueblo gime.
El hombre que ama la sabidura alegra a su padre; el que frecuenta rameras perder los bienes.
El rey que acta con justicia afirma el pas; el que solo exige tributos, lo destruye.
El hombre que lisonjea a su prjimo le tiende una red delante de sus pasos.
En la transgresin del hombre malo est su propia trampa, pero el justo canta con alegra.
El justo est atento a la causa de los pobres; el malvado no entiende que eso es sabidura.
Los hombres escarnecedores alborotan la ciudad; los sabios calman la ira.
Si el hombre sabio disputa con el necio, sea que se enoje o que se ra, no tendr reposo.
Los hombres sanguinarios aborrecen al ntegro, pero los rectos procuran agradarle.
El necio da rienda suelta a toda su ira, pero el sabio, al fin, la apacigua.
Si un gobernante hace caso a la mentira, todos sus servidores sern malvados.
El pobre y el usurero tienen en comn que Jehov alumbra los ojos de ambos.
Para siempre ser firme el trono del rey que conforme a la verdad juzga a los pobres.
La vara y la correccin dan sabidura, pero el muchacho consentido avergenza a su madre.
Cuando los malvados son muchos, mucha es la transgresin; pero los justos vern la ruina de ellos.
Corrige a tu hijo y te dar descanso, y dar alegra a tu alma.
Cuando falta la profeca, el pueblo se desenfrena, pero el que guarda la Ley es bienaventurado.
Al siervo no se le corrige con palabras, porque entiende, pero no hace caso.
Has visto un hombre ligero de palabra? Pues ms puede esperarse de un necio que de l.
El siervo mimado desde la niez por su amo, a la postre ser su heredero.
El hombre iracundo provoca contiendas; el furioso, a menudo peca.
La soberbia del hombre le acarrea humillacin, pero al humilde de espritu lo sustenta la honra.
El cmplice del ladrn se aborrece a s mismo, pues oye la maldicin pero no le denuncia.
El temor del hombre le pone trampas; el que confa en Jehov est a salvo.
Muchos buscan el favor del prncipe, pero de Jehov procede la justicia para todos.
Abominable es para los justos el hombre inicuo, y abominable es para el malvado el de caminos rectos.
Palabras de Agur hijo de Jaqu. La profeca que dijo el varn a Itiel, a Itiel y a Ucal.
Ciertamente yo soy ms rudo que nadie: no tengo entendimiento humano.
No aprend sabidura ni conozco la ciencia del Santo.
Quin subi al cielo y descendi? Quin encerr los vientos en sus puos? Quin recogi las aguas en un pao? Quin afirm todos los confines de la tierra? Cul es su nombre, y el nombre de su hijo, si es que lo sabes?
Toda palabra de Dios es limpia; l es escudo para los que en l esperan.
No aadas a sus palabras, para que no te reprenda y seas hallado mentiroso.
Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes que muera:
Vanidad y mentira aparta de m, y no me des pobreza ni riquezas, sino sustntame con el pan necesario,
no sea que, una vez saciado, te niegue y diga: "Quin es Jehov?", o que, siendo pobre, robe y blasfeme contra el nombre de mi Dios.
No acuses al siervo ante su seor, no sea que te maldiga y lleves el castigo.
Hay generacin que maldice a su padre y que a su madre no bendice.
Hay generacin limpia en su propia opinin, si bien no se ha limpiado de su inmundicia.
Hay generacin de ojos altivos y prpados altaneros.
Hay generacin cuyos dientes son espadas y sus muelas cuchillos, para devorar a los pobres de la tierra y a los menesterosos de entre los hombres.
La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: "Dame! dame!". Tres cosas hay que nunca estn hartas, y aun la cuarta nunca dice: "Basta!":
el seol, la matriz estril, la tierra, que no se sacia de agua, y el fuego, que jams dice: "Basta!".
El ojo que se burla de su padre y menosprecia la enseanza de la madre, squenlo los cuervos de la caada y devrenlo las cras del guila.
Tres cosas me son ocultas, y una cuarta tampoco conozco:
el rastro del guila en el aire, el rastro de la culebra sobre la pea, el rastro de la nave en medio del mar y el rastro del hombre en la muchacha.
La mujer adltera procede as: come, se limpia la boca y dice: "No he hecho ningn mal".
Por tres cosas tiembla la tierra, y por una cuarta que no puede sufrir:
por el siervo llegado a rey, por el necio saciado de pan,
por la mujer aborrecida, cuando se casa, y por la sierva cuando hereda a su seora.
Cuatro de las cosas ms pequeas de la tierra son ms sabias que los sabios:
las hormigas, pueblo que no es fuerte, pero en verano preparan su comida;
los conejos, pueblo que no es vigoroso, pero hacen su casa en la piedra;
las langostas, que no tienen rey, pero salen todas por cuadrillas;
la araa, que la atrapas con la mano, pero est en los palacios reales.
Tres cosas hay de hermoso andar, y una cuarta que pasea con elegancia:
El len, fuerte entre todos los animales, que no retrocede ante nada;
el gallo altivo, y tambin el macho cabro, y el rey, a quien nadie resiste.
Si neciamente te has enaltecido y te has propuesto hacer mal, ponte la mano sobre la boca.
Ciertamente el que bate la leche saca mantequilla, el que con fuerza se suena la nariz saca sangre y el que provoca la ira causa contienda.
Palabras del rey Lemuel: profeca con que lo instruy su madre.
"Qu decirte, hijo mo, hijo de mi vientre! Qu decirte, hijo de mis anhelos!
No des tu fuerza a las mujeres, ni tus caminos a las que destruyen a los reyes.
"No es digno de reyes, Lemuel, no es digno de reyes beber vino, ni de prncipes darse a la sidra;
pues quiz bebiendo olviden la Ley y perviertan el derecho de todos los afligidos.
Dad la sidra al desfallecido y el vino al de nimo amargado:
que beban, que se olviden de su necesidad y no se acuerden ms de su miseria.
Abre tu boca en favor del mudo en el juicio de todos los desvalidos.
Abre tu boca, juzga con justicia y defiende la causa del pobre y del menesteroso.
"Mujer virtuosa, quin la hallar? Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas.
El corazn de su marido confa en ella y no carecer de ganancias.
De ella recibe el bien y no el mal todos los das de su vida.
Ella busca la lana y el lino, y trabaja gustosamente con sus manos.
Es como la nave del mercader, que trae su pan desde lejos.
Siendo an de noche, se levanta para dar la comida a su familia y la racin a sus criadas.
Considera la heredad y la compra, y con sus propias manos planta una via.
Se cie firmemente la cintura y esfuerza sus brazos.
Ve que van bien sus negocios; su lmpara no se apaga de noche.
Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso.
Alarga su mano al pobre; extiende sus manos al menesteroso.
No teme por su familia cuando nieva, porque toda su familia va vestida de ropas abrigadas.
Ella se teje los tapices, y de lino fino y de prpura es su vestido.
Su marido es conocido en las puertas de la ciudad, cuando se sienta con los ancianos del pas.
Teje telas y las vende, y provee de cintas al mercader.
Fuerza y honor son su vestidura, y se re de lo por venir.
Abre su boca con sabidura y la ley de la clemencia est en su lengua.
Considera la marcha de su casa y no come el pan de balde.
Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada, y su marido tambin la alaba:
"Muchas mujeres han hecho el bien, pero t las sobrepasas a todas!".
Engaosa es la gracia y vana la hermosura, pero la mujer que teme a Jehov, esa ser alabada.
Ofrecedle del fruto de sus manos, y que en las puertas de la ciudad la alaben sus hechos!".
Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusaln.
"Vanidad de vanidades -- dijo el Predicador -- ; vanidad de vanidades, todo es vanidad".
Qu provecho obtiene el hombre de todo el trabajo con que se afana debajo del sol?
Generacin va y generacin viene. pero la tierra siempre permanece.
Sale el sol y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta.
El viento sopla hacia el sur, luego gira hacia el norte; y girando sin cesar, de nuevo vuelve el viento a sus giros.
Todos los ros van al mar, pero el mar no se llena. Al lugar de donde los ros vinieron, all vuelven para correr de nuevo.
Todas las cosas son fatigosas, ms de lo que el hombre puede expresar. Nunca se sacia el ojo de ver ni el odo de oir.
Qu es lo que fue? Lo mismo que ser. Qu es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se har, pues nada hay nuevo debajo del sol.
Acaso hay algo de que se pueda decir: "He aqu esto es nuevo"? Ya aconteci en los siglos que nos han precedido.
No queda memoria de lo que precedi, ni tampoco de lo que ha de suceder quedar memoria en los que vengan despus.
Yo, el Predicador, fui rey sobre Israel en Jerusaln.
Me entregu de corazn a inquirir y a buscar con sabidura sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres para que se ocupen en l.
Mir todas las obras que se hacen debajo del sol, y vi que todo ello es vanidad y afliccin de espritu.
Lo torcido no se puede enderezar, y con lo incompleto no puede contarse.
Habl yo en mi corazn, diciendo: "He aqu, yo me he engrandecido, y he crecido en sabidura ms que todos mis predecesores en Jerusaln, y mi corazn ha percibido mucha sabidura y ciencia".
De corazn me dediqu a conocer la sabidura, y tambin a entender las locuras y los desvaros. Y supe que aun esto era afliccin de espritu,
pues en la mucha sabidura hay mucho sufrimiento; y quien aade ciencia, aade dolor.
Dije yo en mi corazn: "Vamos ahora, te probar con el placer: gozars de lo bueno". Pero he aqu, esto tambin era vanidad.
A la risa dije: "Enloqueces"; y al placer: "De qu sirve esto?".
Decid en mi corazn agasajar mi carne con vino y, sin renunciar mi corazn a la sabidura, entregarme a la necedad, hasta ver cul es el bien en el que los hijos de los hombres se ocupan debajo del cielo todos los das de su vida.
Acomet grandes obras, me edifiqu casas, plant vias para m;
me hice huertos y jardines, y plant en ellos toda clase de rboles frutales.
Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecan los rboles.
Compr siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa. Tuve muchas ms vacas y ovejas que cuantos fueron antes de m en Jerusaln.
Amonton tambin plata y oro, y preciados tesoros dignos de reyes y de provincias. Me hice de cantores y cantoras, y de toda clase de instrumentos musicales, y goc de los placeres de los hijos de los hombres.
Fui engrandecido y prosper ms que todos cuantos fueron antes de m en Jerusaln. Adems de esto, conserv conmigo mi sabidura.
No negu a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni priv a mi corazn de placer alguno, porque mi corazn se gozaba de todo lo que haca. Esta fue la recompensa de todas mis fatigas.
Mir luego todas las obras de mis manos y el trabajo que me tom para hacerlas; y he aqu, todo es vanidad y afliccin de espritu, y sin provecho debajo del sol.
Despus volv a considerar la sabidura, los desvaros y la necedad; pues qu podr hacer el hombre que venga despus de este rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.
He visto que la sabidura aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas.
El sabio tiene sus ojos abiertos, mas el necio anda en tinieblas. Pero tambin comprend que lo mismo ha de acontecerle al uno como al otro.
Entonces dije en mi corazn: "Como suceder al necio, me suceder a m. Para qu, pues, me he esforzado hasta ahora por hacerme ms sabio?". Y dije en mi corazn que tambin esto era vanidad.
Porque ni del sabio ni del necio habr memoria para siempre; pues en los das venideros todo ser olvidado, y lo mismo morir el sabio que el necio.
Por tanto, aborrec la vida, pues la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa, por cuanto todo es vanidad y afliccin de espritu.
Asimismo aborrec todo el trabajo que haba hecho debajo del sol, y que habr de dejar a otro que vendr despus de m.
Y quin sabe si ser sabio o necio el que se aduee de todo el trabajo en que me afan y en el que ocup mi sabidura debajo del sol? Esto tambin es vanidad.
Volvi entonces a desilusionarse mi corazn de todo el trabajo en que me afan, y en el que haba ocupado debajo del sol mi sabidura.
Que el hombre trabaje con sabidura, con ciencia y rectitud, y que haya de dar sus bienes a otro que nunca trabaj en ello! Tambin es esto vanidad y un gran mal.
Porque qu obtiene el hombre de todo su trabajo y de la fatiga de su corazn con que se afana debajo del sol?
Porque todos sus das no son sino dolores, y sus trabajos molestias, pues ni aun de noche su corazn reposa. Esto tambin es vanidad.
No hay cosa mejor para el hombre que comer y beber, y gozar del fruto de su trabajo. He visto que esto tambin procede de la mano de Dios.
Porque, quin comer y quin se gozar sino uno mismo?
Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabidura, ciencia y gozo; pero al pecador le da el trabajo de recoger y amontonar, para dejrselo al que agrada a Dios. Tambin esto es vanidad y afliccin de espritu.
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:
Tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado,
tiempo de matar y tiempo de curar, tiempo de destruir y tiempo de edificar,
tiempo de llorar y tiempo de reir, tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar,
tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntarlas, tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar,
tiempo de buscar y tiempo de perder, tiempo de guardar y tiempo de tirar,
tiempo de rasgar y tiempo de coser, tiempo de callar y tiempo de hablar,
tiempo de amar y tiempo de aborrecer, tiempo de guerra, y tiempo de paz.
Qu provecho obtiene el que trabaja de aquello en que se afana?
He visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en l.
Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazn del hombre, sin que este alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el principio hasta el fin.
S que no hay para el hombre cosa mejor que alegrarse y hacer bien en su vida,
y tambin que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce de los beneficios de toda su labor.
S que todo lo que Dios hace es perpetuo: Nada hay que aadir ni nada que quitar. Dios lo hace para que delante de l teman los hombres.
Lo que antes fue, ya es, y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo pasado.
Vi ms cosas debajo del sol: en lugar del juicio, la maldad; y en lugar de la justicia, la iniquidad.
Y dije en mi corazn: "Al justo y al malvado juzgar Dios; porque all hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace".
Dije tambin en mi corazn: "Esto es as, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y vean que ellos mismos son semejantes a las bestias".
Pues lo mismo les sucede a los hijos de los hombres que a las bestias: como mueren las unas, as mueren los otros, y todos tienen un mismo aliento de vida. No es ms el hombre que la bestia, porque todo es vanidad.
Todo va a un mismo lugar; todo fue hecho del polvo, y todo al polvo volver.
Quin sabe si el espritu de los hijos de los hombres sube a lo alto, y el espritu del animal baja a lo hondo de la tierra?
As, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esa es su recompensa; porque, quin lo llevar para que vea lo que ha de venir despus de l?
Me volv y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol: las lgrimas de los oprimidos, sin tener quien los consolara; no haba consuelo para ellos, pues la fuerza estaba en manos de sus opresores.
Alab entonces a los finados, los que ya haban muerto, ms que a los vivos, los que todava viven.
Pero tuve por ms feliz que unos y otros al que an no es, al que an no ha visto las malas obras que se hacen debajo del sol.
He visto asimismo que toda obra bien hecha despierta la envidia del hombre contra su prjimo. Tambin esto es vanidad y afliccin de espritu.
El necio se cruza de brazos y se consume en s mismo.
Ms vale un puo lleno de descanso, que ambos puos llenos de trabajo y afliccin de espritu.
Me volv otra vez, y vi vanidad debajo del sol.
Un hombre est solo, sin sucesor, sin hijo ni hermano. Nunca cesa de trabajar, sus ojos no se sacian de riquezas, ni se pregunta: "Para quin trabajo yo y privo a mi vida de todo bienestar?". Tambin esto es vanidad y duro trabajo.
Mejor son dos que uno, pues reciben mejor paga por su trabajo.
Porque si caen, el uno levantar a su compaero; pero ay del que est solo! Cuando caiga no habr otro que lo levante.
Tambin, si dos duermen juntos se calientan mutuamente, pero cmo se calentar uno solo?
A uno que prevalece contra otro, dos lo resisten, pues cordn de tres dobleces no se rompe pronto.
Mejor es el muchacho pobre y sabio que el rey viejo y necio que no admite consejos,
aunque haya salido de la crcel quien lleg a reinar, o aunque en su reino naciera pobre.
Y vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que ocupar el lugar del otro rey.
La muchedumbre que lo segua no tena fin; y sin embargo, los que vengan despus tampoco estarn contentos de l. Y esto es tambin vanidad y afliccin de espritu.
Cuando vayas a la casa de Dios, guarda tu pie. Acrcate ms para oir que para ofrecer el sacrificio de los necios, quienes no saben que hacen mal.
No te des prisa a abrir tu boca, ni tu corazn se apresure a proferir palabra delante de Dios, porque Dios est en el cielo, y t sobre la tierra. Sean, por tanto, pocas tus palabras.
Porque de las muchas ocupaciones vienen los sueos, y de la multitud de palabras la voz del necio.
Cuando a Dios hagas promesa, no tardes en cumplirla, porque l no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.
Mejor es no prometer que prometer y no cumplir.
No dejes que tu boca te haga pecar, ni delante del ngel digas que fue por ignorancia. Por qu hacer que Dios se enoje a causa de tus palabras y destruya la obra de tus manos?
Pues, donde abundan los sueos abundan tambin las vanidades y las muchas palabras. Pero t, teme a Dios.
Si ves en la provincia que se oprime a los pobres y se pervierte el derecho y la justicia, no te maravilles: porque sobre uno alto vigila otro ms alto, y uno ms alto est sobre ambos.
El provecho de la tierra es para todos y el rey mismo est al servicio del campo.
El que ama el dinero no se saciar de dinero; y el que ama la riqueza no sacar fruto. Tambin esto es vanidad.
Cuando aumentan los bienes, aumentan tambin quienes los consumen. Qu beneficio, pues, tendr su dueo, aparte de verlos con sus propios ojos?
Dulce es el sueo del trabajador, coma mucho o coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.
Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueos para su propio mal,
las cuales se pierden por mal empleadas, y al hijo que ellos engendraron nada le queda en la mano.
Desnudo sali del vientre de su madre y as volver; se ir tal como vino, sin ningn provecho de su trabajo que llevarse en la mano.
Tambin eso es un gran mal: que tal como vino se haya de volver. Y de qu le aprovech trabajar en vano?
Adems de esto, todos los das de su vida comer en tinieblas, con mucho afn, dolor y miseria.
He aqu, pues, el bien que he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar de los frutos de todo el trabajo con que uno se fatiga debajo del sol todos los das de la vida que Dios le ha dado, porque esa es su recompensa.
Asimismo, a todo hombre a quien Dios da bienes y riquezas, le da tambin facultad para que coma de ellas, tome su parte y goce de su trabajo. Esto es don de Dios.
Porque as no se acuerda mucho de los das de su vida, pues Dios le llena de alegra el corazn.
Hay un mal que he visto debajo del cielo, y que es muy comn entre los hombres:
el del hombre a quien Dios da riquezas, bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero no le da Dios facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraos. Esto es vanidad y mal doloroso.
Aunque el hombre engendre cien hijos, viva muchos aos y los das de su edad sean numerosos, si su alma no se saci del bien, y adems careci de sepultura, digo que ms vale un abortivo.
Pues este en vano viene, y a las tinieblas va, y las tinieblas ocultan su nombre.
No ha visto el sol, ni lo ha conocido. Ms reposo tiene este que aquel!
Y aun si aquel viviera mil aos dos veces, sin gustar del bien, acaso no van todos al mismo lugar?
Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo, su deseo no se sacia.
Qu ms tiene el sabio que el necio? Qu ms tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?
Ms vale lo que ven los ojos que un deseo que pasa. Tambin esto es vanidad y afliccin de espritu.
Respecto de lo que es, ya hace mucho que tiene nombre. Se sabe lo que es un hombre: que no puede contender con quien es ms poderoso que l.
Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad, y eso de nada le sirve al hombre.
Porque quin sabe lo que conviene al hombre en su vida, todos los das de su vano vivir, los cuales l pasa como una sombra? Y quin le ensear al hombre lo que acontecer despus de l debajo del sol?
Mejor es la buena fama que el buen perfume, y mejor el da de la muerte que el da del nacimiento.
Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete, porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo tendr presente en su corazn.
Mejor es el pesar que la risa, porque con la tristeza del rostro se enmienda el corazn.
El corazn de los sabios est en la casa del luto, mas el corazn de los insensatos, en la casa donde reina la alegra.
Mejor es oir la reprensin del sabio que la cancin de los necios,
porque la risa del necio es como el crepitar de los espinos debajo de la olla. Y tambin esto es vanidad.
Ciertamente la opresin hace enloquecer al sabio, y las ddivas corrompen el corazn.
Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espritu que el altivo de espritu.
No te apresures en tu espritu a enojarte, porque el enojo reposa en el seno de los necios.
Nunca digas: "Cul es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos?", porque nunca hay sabidura en esta pregunta.
Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol;
porque escudo es la ciencia y escudo es el dinero; pero ms ventajosa es la sabidura, porque da vida a sus poseedores.
Mira la obra de Dios. Quin podr enderezar lo que l torci?
En el da del bien goza del bien, y en el da de la adversidad, reflexiona. Dios hizo tanto el uno como el otro, a fin de que el hombre no sepa qu trae el futuro.
Todo esto he visto en los das de mi vanidad. Justo hay que perece pese a su justicia, y hay malvado que pese a su maldad alarga sus das.
No seas demasiado justo, ni sabio en exceso; por qu habrs de destruirte?
No quieras hacer mucho mal, ni seas insensato; por qu habrs de morir antes de tu tiempo?
Bueno es que tomes esto, sin apartar de aquello tu mano; porque el que teme a Dios saldr bien de todo.
La sabidura fortalece al sabio ms que diez poderosos que haya en una ciudad.
Ciertamente no hay en la tierra hombre tan justo, que haga el bien y nunca peque.
Tampoco apliques tu corazn a todas las cosas que se dicen, para que no oigas a tu siervo cuando habla mal de ti;
porque tu corazn sabe que t tambin hablaste mal de otros muchas veces.
Todas estas cosas prob con sabidura, diciendo: "Ser sabio!"; pero la sabidura se apart de m.
Ya est lejos lo que fue; y lo muy profundo, quin lo hallar?
Me volv entonces, y apliqu mi corazn a saber, examinar y buscar la sabidura y la razn, para conocer la maldad de la insensatez y el desvaro del error.
Y he hallado ms amarga que la muerte a la mujer cuyo corazn es trampas y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapar de ella, pero el pecador queda en ella preso.
He aqu, dice el Predicador, que pesando las cosas una por una para dar con la razn de ellas,
he hallado lo que an busca mi alma, sin haberlo encontrado: Un hombre entre mil he hallado, pero ni una sola mujer entre todas.
He aqu, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero l se busc muchas perversiones.
Quin como el sabio? Quin como el que sabe interpretar las cosas? La sabidura del hombre ilumina su rostro y cambia la tosquedad de su semblante.
Te aconsejo que guardes el mandamiento del rey, por el juramento que pronunciaste delante de Dios.
No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas; porque l har todo lo que quiera,
pues la palabra del rey es soberana y nadie le dir: "Qu haces?".
El que guarda el mandamiento no conocer el mal; el corazn del sabio discierne cundo y cmo cumplirlo.
Porque para todo lo que quieras hay un tiempo y un cmo, aunque el gran mal que pesa sobre el hombre
es no saber lo que ha de ocurrir; y el cundo haya de ocurrir, quin se lo va a anunciar?
No hay hombre que tenga potestad sobre el aliento de vida para poder conservarlo, ni potestad sobre el da de la muerte. Y no valen armas en tal guerra, ni la maldad librar al malvado.
Todo esto he visto, y he puesto mi corazn en todo lo que se hace debajo del sol, cuando el hombre se enseorea del hombre para hacerle mal.
Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honores; en cambio, los que frecuentaban el lugar santo fueron luego olvidados en la ciudad donde haban actuado con rectitud. Esto tambin es vanidad.
Si no se ejecuta enseguida la sentencia para castigar una mala obra, el corazn de los hijos de los hombres se dispone a hacer lo malo.
Ahora bien, aunque el pecador haga cien veces lo malo, y sus das se prolonguen, con todo yo tambin s que les ir bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia,
y que no le ir bien al malvado, ni le sern prolongados sus das, que son como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios.
Hay vanidad que se hace sobre la tierra, pues hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de malvados, y hay malvados a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto tambin es vanidad.
Por tanto, alab yo la alegra, pues no tiene el hombre ms bien debajo del sol que comer, beber y alegrarse; y que esto le quede de su trabajo los das de su vida que Dios le concede debajo del sol.
Yo, pues, dediqu mi corazn a conocer sabidura y a ver la faena que se hace sobre la tierra (porque hay quien ni de noche ni de da retiene el sueo en sus ojos);
y he visto todas las obras de Dios, y que el hombre no puede conocer toda la obra que se hace debajo del sol. Por mucho que trabaje el hombre buscndola, no la hallar; y aunque diga el sabio que la conoce, no por eso podr alcanzarla.
Ciertamente me he dado de corazn a todas estas cosas, para poder declarar que los justos y los sabios, y sus obras, estn en la mano de Dios. Y que los hombres ni siquiera saben qu es amor o qu es odio, aunque todo est delante de ellos.
Todo acontece de la misma manera a todos; lo mismo les ocurre al justo y al malvado, al bueno, al puro y al impuro, al que sacrifica y al que no sacrifica; lo mismo al bueno que al pecador, tanto al que jura como al que teme jurar.
Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol: que un mismo suceso acontece a todos, y que el corazn de los hijos de los hombres est lleno de mal y de insensatez durante toda su vida. Y que despus de esto se van con los muertos.
An hay esperanza para todo aquel que est entre los vivos, pues mejor es perro vivo que len muerto.
Porque los que viven saben que han de morir, pero los muertos nada saben, ni tienen ms recompensa. Su memoria cae en el olvido.
Tambin perecen su amor, su odio y su envidia; y ya nunca ms tendrn parte en todo lo que se hace debajo del sol.
Anda, come tu pan con gozo y bebe tu vino con alegre corazn, porque tus obras ya son agradables a Dios.
Que en todo tiempo sean blancos tus vestidos y nunca falte perfume sobre tu cabeza.
Goza de la vida con la mujer que amas, todos los das de la vida vana que te son dados debajo del sol, todos los das de tu vanidad. Esta es tu recompensa en la vida, y en el trabajo con que te afanas debajo del sol.
Todo lo que te venga a mano para hacer, hazlo segn tus fuerzas, porque en el seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo ni ciencia ni sabidura.
Me volv, y vi debajo del sol que ni es de los veloces la carrera, ni de los fuertes la guerra, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; pues a todos les llega el tiempo y la ocasin.
Ahora bien, el hombre tampoco conoce su tiempo: Como los peces apresados en la mala red, o como las aves que se enredan en el lazo, as se ven atrapados los hijos de los hombres por el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.
Tambin vi debajo del sol esto que me parece de gran sabidura:
Haba una pequea ciudad, con pocos habitantes, y vino un gran rey que le puso sitio y levant contra ella grandes baluartes;
pero en ella se hallaba un hombre pobre y sabio, el cual libr a la ciudad con su sabidura. Y nadie se acordaba de aquel hombre pobre!
Entonces dije yo: "Mejor es la sabidura que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada y no sean escuchadas sus palabras".
Las palabras serenas del sabio son mejores que el clamor del seor entre los necios.
Mejor es la sabidura que las armas de guerra; pero un solo error destruye mucho bien.
Las moscas muertas hacen heder y corrompen el perfume del perfumista; as es una pequea locura al que es estimado como sabio y honorable.
El corazn del sabio est a su mano derecha, mas el corazn del necio a su mano izquierda.
Aun mientras va de camino, al necio le falta cordura, y va diciendo a todos que es necio.
Aunque el nimo del prncipe se exalte contra ti, no pierdas la calma, porque la mansedumbre hace cesar grandes ofensas.
Hay un mal que he visto debajo del sol, a manera de error emanado del prncipe:
que la necedad est colocada en grandes alturas, y los ricos estn sentados en lugar bajo.
He visto siervos a caballo, y prncipes que andaban como siervos sobre la tierra.
El que haga un hoyo caer en l; y al que aportille el vallado, lo morder la serpiente.
Quien corta piedras, se hiere con ellas; el que parte lea, en ello peligra.
Si se embota el hierro y su filo no es amolado, hay que aumentar el esfuerzo; lo provechoso es emplear la sabidura.
Si la serpiente muerde antes de ser encantada, de nada sirve el encantador.
Las palabras del sabio estn llenas de gracia, mas los labios del necio causan su propia ruina.
El comienzo de las palabras de su boca es necedad; el final de su charla, nocivo desvaro.
El necio multiplica sus palabras. Si nadie sabe lo que ha de acontecer, quin le har saber lo que despus de l ser?
Tanto fatiga a los necios el trabajo, que ni aun saben por dnde ir a la ciudad.
Ay de ti, tierra, cuando tu rey es un muchacho, y tus prncipes banquetean desde la maana!
Bienaventurada t, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles y tus prncipes comen a su hora para reponer sus fuerzas y no para beber!
Por la pereza se cae la techumbre, y por cruzarse de brazos ay goteras en la casa.
Por placer se hace el banquete, el vino alegra a los vivos y el dinero responde por todo.
Ni aun en tu pensamiento hables mal del rey, ni en lo secreto de tu cmara hables mal del rico; porque las aves del cielo llevarn la voz, los seres alados se lo harn saber.
Echa tu pan sobre las aguas; despus de muchos das lo hallars.
Reparte a siete, y aun a ocho, porque no sabes qu mal ha de venir sobre la tierra.
Si las nubes estn llenas de agua, sobre la tierra la derramarn; y si el rbol cae hacia el sur, o hacia el norte, en el lugar donde el rbol caiga, all quedar.
El que al viento observa, no sembrar, y el que a las nubes mira, no segar.
As como t no sabes cul es el camino del viento ni cmo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, as tambin ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.
Por la maana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tus manos; pues no sabes qu es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.
Suave ciertamente es la luz y agradable a los ojos ver el sol;
pero aunque un hombre viva muchos aos y en todos ellos tenga gozo, recuerde que los das de las tinieblas sern muchos, y que todo cuanto viene es vanidad.
Algrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazn en los das de tu adolescencia. Anda segn los caminos de tu corazn y la vista de tus ojos, pero recuerda que sobre todas estas cosas te juzgar Dios.
Quita, pues, de tu corazn el enojo y aparta de tu carne el mal, porque la adolescencia y la juventud son vanidad.
Acurdate de tu Creador en los das de tu juventud, antes que vengan los das malos, y lleguen los aos de los cuales digas: "No tengo en ellos contentamiento";
antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia;
cuando tiemblen los guardias de la casa y se encorven los hombres fuertes; cuando cesen de trabajar las molineras, porque habrn disminuido, y se queden a oscuras las que miran por las ventanas;
cuando las puertas de afuera se cierren, y se vaya apagando el ruido del molino; cuando se escuche la voz del ave, pero las canciones dejen de orse;
cuando se tema tambin a las alturas, y se llene de peligros el camino, y florezca el almendro, y la langosta sea una carga, y se pierda el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y rondarn por las calles quienes hacen duelo;
antes que la cadena de plata se quiebre, se rompa el cuenco de oro, el cntaro se quiebre junto a la fuente y la polea se rompa sobre el pozo;
antes que el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espritu vuelva a Dios que lo dio.
"Vanidad de vanidades -- dijo el Predicador -- , todo es vanidad!".
Cuanto ms sabio fue el Predicador, tanto ms ense sabidura al pueblo. Escuch, escudri y compuso muchos proverbios.
Procur el Predicador hallar palabras agradables y escribir rectamente palabras de verdad.
Las palabras de los sabios son como aguijones, y como clavos hincados las de los maestros de las congregaciones, pronunciadas por un pastor.
Ahora, hijo, a ms de esto acepta ser amonestado. No tiene objeto escribir muchos libros; el mucho estudio es fatiga para el cuerpo.
El fin de todo el discurso que has odo es: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre.
Pues Dios traer toda obra a juicio, juntamente con toda cosa oculta, sea buena o sea mala.
El "Cantar de los cantares", de Salomn.
Ah, si me besaras con besos de tu boca!, porque mejores son tus amores que el vino.
Delicioso es el aroma de tus perfumes, y tu nombre, perfume derramado. Por eso las jvenes te aman!
Llvame en pos de ti!... Corramos!... El rey me ha llevado a sus habitaciones! Nos gozaremos y alegraremos contigo, nos acordaremos de tus amores ms que del vino. Con razn te aman!
Morena soy, hijas de Jerusaln, pero hermosa como las tiendas de Cedar, como las cortinas de Salomn.
No reparis en que soy morena, pues el sol me mir. Los hijos de mi madre se enojaron contra m; me pusieron a cuidar las vias, mas mi via, que era ma, no guard.
Dime t, amado de mi alma, dnde apacientas tu rebao, dnde descansas al medioda; pues por qu he de andar como errante junto a los rebaos de tus compaeros?
Si no lo sabes, hermosa entre las mujeres, sigue las huellas del rebao, y apacienta tus cabritas junto a las cabaas de los pastores.
A la yegua del carro del faran te he comparado, amada ma.
Qu hermosas son tus mejillas entre los pendientes y tu cuello entre los collares!
Zarcillos de oro te haremos, con incrustaciones de plata.
Mientras el rey est en su reclinatorio, mi nardo esparce su fragancia.
Mi amado es para m un saquito de mirra que reposa entre mis pechos.
Ramo de flores de alhea en las vias de En-gadi es mi amado para m.
Qu hermosa eres, amada ma, qu hermosa eres! Tus ojos son como palomas!
Qu hermoso eres, amado mo, qu dulce eres! Frondoso es nuestro lecho;
las vigas de nuestra casa, cedro; nuestro artesonado, ciprs.
Yo soy la rosa de Sarn, el lirio de los valles.
Como el lirio entre los espinos es mi amada entre las jvenes.
Como un manzano entre rboles silvestres es mi amado entre los jvenes. A su sombra deseada me sent y su fruto fue dulce a mi paladar.
Me llev a la sala de banquetes y tendi sobre m la bandera de su amor.
Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas, porque estoy enferma de amor.
Su izquierda est debajo de mi cabeza; con su derecha me abrace.
Yo os conjuro, hijas de Jerusaln, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertis a mi amor! Dejadla dormir mientras quiera!
La voz de mi amado! Ya viene, saltando sobre los montes, brincando por los collados!
Semejante a una gacela es mi amado; como un joven cervatillo. Helo aqu, est tras nuestra pared, mirando por las ventanas, atisbando por las celosas.
Habl mi amado, y me dijo: "Amada ma, hermosa ma, levntate y ven.
Ya ha pasado el invierno, la lluvia ha cesado y se fue;
han brotado las flores en la tierra, ha venido el tiempo de la cancin y se oye el arrullo de la trtola en nuestro pas.
Ya la higuera ha dado sus higos y las vides en cierne, su olor. "Amada ma, hermosa ma, levntate y ven!
Paloma ma, que anidas en lo oculto de la roca, en lo escondido de escarpados parajes, mustrame tu rostro, hazme oir tu voz, porque tu voz es dulce y hermoso tu aspecto".
Cazadnos las zorras, esas zorras pequeas que destruyen las vias, nuestras vias en cierne!
Mi amado es mo y yo soy suya! l apacienta entre los lirios.
Mientras despunta el da y huyen las sombras, vuelve, amado mo, como una gacela o un cervatillo por los montes de Beter.
Por las noches busqu en mi lecho al amado de mi alma; lo busqu, mas no lo hall.
Pens entonces: "Me levantar, recorrer la ciudad, y por calles y plazas buscar al amado de mi alma". Lo busqu, mas no lo hall.
Me hallaron los guardias que rondan la ciudad, y les pregunt: "Habis visto al amado de mi alma?".
Apenas me apart de ellos un poco, hall al amado de mi alma; me as a l, y no lo dej hasta llevarlo a casa de mi madre, a la habitacin de quien me dio a luz.
Yo os conjuro, hijas de Jerusaln, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertis a mi amor! Dejadla dormir mientras quiera!
Qu es eso que sube del desierto cual columna de humo, perfumado de mirra e incienso, y de todo polvo aromtico?
Ved, es la litera de Salomn! Sesenta valientes la rodean, de entre los fuertes de Israel.
Todos cien espada y son diestros en la guerra; cada uno lleva su espada al cinto, por los peligros de la noche.
El rey Salomn se hizo una carroza de madera del Lbano,
con columnas de plata, respaldo de oro y asiento de grana; su interior, recamado de amor por las hijas de Jerusaln.
Hijas de Sin, salid! Ved al rey Salomn con la corona que le ci su madre el da de su boda, el da del gozo de su corazn.
Qu hermosa eres, amada ma, que hermosa eres! Tus ojos son como palomas en medio de tus guedejas! Tus cabellos, como manada de cabras que bajan retozando las laderas de Galaad.
Tus dientes, como manada de ovejas que suben del bao recin trasquiladas, todas con cras gemelas, ninguna entre ellas estril.
Tus labios son como un hilo de grana; tu hablar, cadencioso; tus mejillas, como gajos de granada detrs de tu velo.
Tu cuello, como la torre de David, edificada para armera: de ella cuelgan mil escudos, escudos todos de valientes.
Tus dos pechos, como gemelos de gacela que se apacientan entre lirios.
Mientras despunta el da y huyen las sombras, me ir al monte de la mirra, a la colina del incienso.
Qu hermosa eres, amada ma! No hay defecto en ti.
Ven conmigo del Lbano, esposa ma; baja del Lbano conmigo. Mira desde la cumbre del Amana, desde la cumbre del Senir y del Hermn, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los leopardos.
Me robaste el corazn, hermana, esposa ma; me robaste el corazn con una mirada tuya, con una gargantilla de tu cuello.
Cun hermosos son tus amores, hermana, esposa ma! Cunto mejores que el vino tus amores, y la fragancia de tus perfumes ms que toda especia aromtica!
Esposa ma! Tus labios, como un panal, destilan miel; miel y leche hay debajo de tu lengua, y el aroma de tus vestidos es como la fragancia del Lbano.
Jardn cerrado eres, hermana ma, esposa ma; fuente cerrada, sellado manantial,
vergel de renuevos de granado, de frutos suaves, de flores de alhea y de nardos,
nardo y azafrn, caa aromtica y canela, rboles de incienso y de mirra, loes y las ms aromticas especias.
Manantial de los jardines, pozo de aguas vivas que descienden del Lbano.
Levntate, Aquiln, y ven, Austro! Soplad, y mi jardn desprenda sus aromas! Venga mi amado a su jardn y coma de sus dulces frutos!
He venido a mi jardn, hermana, esposa ma; he recogido mi mirra y mis aromas, he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido. Comed, amados amigos; bebed en abundancia.
Yo dorma, pero mi corazn velaba. La voz de mi amado que llama: "breme, hermana ma, amada ma, paloma ma, perfecta ma, pues mi cabeza est cubierta de roco, mis cabellos, de la humedad de la noche!
"Me he quitado la ropa, cmo vestirme otra vez? Ya me he lavado los pies, cmo ensuciarlos de nuevo?".
Mi amado meti su mano por el resquicio de la puerta y mi corazn se conmovi dentro de m.
Me levant para abrir a mi amado y mis manos gotearon mirra: de mis dedos corra la mirra sobre el pestillo de la cerradura!
Abr a mi amado, pero mi amado se haba ido, ya haba pasado, y tras su voz se me sali el alma. Lo busqu, mas no lo hall; lo llam, y no me respondi.
Me encontraron los guardias que rondan la ciudad; me golpearon, me hirieron, me arrebataron el manto los guardias de las murallas.
Yo os conjuro, hijas de Jerusaln, si hallis a mi amado, hacedle saber que estoy enferma de amor.
Qu es tu amado ms que otro amado, t, la ms hermosa entre las mujeres? Qu es tu amado ms que otro amado, para que as nos conjures?
Mi amado es blanco y sonrosado, distinguido entre diez mil;
su cabeza es oro fino; sus cabellos crespos, negros como el cuervo.
Sus ojos, palomas que junto a arroyos de aguas se baan en leche, estn a la perfeccin colocados.
Sus mejillas, eras perfumadas con especias aromticas, son como fragantes flores; sus labios, lirios que destilan mirra.
Sus manos, anillos de oro engastados de jacintos; su cuerpo, claro marfil cubierto de zafiros.
Sus piernas, columnas de mrmol fundadas sobre basas de oro fino; su aspecto, como el Lbano; esbelto cual los cedros.
Su paladar, dulcsimo, y todo en l codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, hijas de Jerusaln!
A dnde se ha ido tu amado, t, la ms hermosa entre las mujeres? A dnde se dirigi tu amado, y lo buscaremos contigo?
Mi amado ha bajado a su jardn, a las eras de las especias, a apacentar en los huertos y recoger los lirios.
Yo soy de mi amado, y mi amado es mo! l apacienta entre los lirios.
Amada ma, eres bella como Tirsa, deseable como Jerusaln, imponente como ejrcitos en orden de batalla.
Aparta tus ojos de m, pues me subyugan! Tu cabello es como manada de cabras que bajan retozando las laderas de Galaad.
Tus dientes, como manada de ovejas que suben del bao, ninguna estril, todas con cras gemelas.
Tus mejillas, como gajos de granada detrs de tu velo.
Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, y las jvenes, sin nmero;
mas nica y perfecta es la paloma ma, la nica de su madre, la escogida de quien la dio a luz. Las jvenes la vieron y la llamaron "bienaventurada"; la alabaron las reinas y las concubinas.
"Quin es esta, que se muestra como el alba, hermosa como la luna, radiante como el sol, imponente como ejrcitos en orden de batalla?".
Baj al huerto de los nogales a ver los frutos del valle, a ver si brotaban las vides y florecan los granados.
Luego, antes de darme cuenta, mi alma me puso entre los carros de Aminadab.
Vuelve, vuelve, sulamita! Vuelve, vuelve, que te veamos! Qu miris en la sulamita? Que danza, como en los campamentos.
Qu bellos son tus pies en las sandalias, hija de prncipe! Los contornos de tus caderas son como joyas, obra de excelente artfice.
Tu ombligo, como una taza redonda donde no falta el buen vino. Tu vientre, como montn de trigo de lirios rodeado.
Tus dos pechos, como gemelos de gacela.
Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, como los estanques de Hesbn junto a la puerta de Bat-rabim; tu nariz, como la torre del Lbano, que mira hacia Damasco.
Tu cabeza erguida, como el Carmelo; como prpura, tus guedejas: en ellas, un rey est cautivo.
Qu hermosa eres y cun suave, oh amor deleitoso!
Tu talle, como la palmera; tus pechos, como sus racimos.
Yo dije: "Subir a la palmera y asir sus frutos". Deja que sean tus pechos como racimos de vid, y como de manzanas la fragancia de tu aliento.
Tu paladar, como el buen vino, que entra al amado suavemente y corre por los labios de los viejos.
Yo soy de mi amado, y en m tiene su contentamiento.
Ven, amado mo, salgamos al campo, pasemos la noche en las aldeas.
Vayamos de maana a las vias, a ver si brotan las vides, si ya estn en cierne, si han florecido los granados. All te dar mis amores!
Las mandrgoras exhalan su aroma, y a nuestras puertas hay toda suerte de deliciosas frutas, frescas y secas, que para ti, amado mo, he guardado.
Ah, si fueras t un hermano mo, criado a los pechos de mi madre! Cuando te hallara fuera de la casa, te besara, y no me menospreciaran.
Te llevara y te hara entrar en casa de mi madre; t me ensearas. Yo te dara a beber vino aromado con licor de mis granadas.
Su izquierda est debajo de mi cabeza; con su derecha me abrace.
Yo os conjuro, hijas de Jerusaln, que no despertis a mi amor! Dejadla dormir mientras quiera!
Quin es esta que sube del desierto, recostada sobre su amado? Debajo de un manzano te despert; donde tuvo tu madre los dolores, donde tuvo los dolores quien te dio a luz.
Ponme como un sello sobre tu corazn, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte como la muerte es el amor y duros como el seol los celos. Sus brasas son brasas de fuego, potente llama.
Las muchas aguas no podrn apagar el amor ni lo ahogarn los ros. Y si un hombre ofreciera todos los bienes de su casa a cambio del amor, de cierto sera despreciado.
Tenemos una pequea hermana, que no tiene pechos; Qu haremos con nuestra hermana cuando de ella se hable?
Si fuera una muralla, edificaramos sobre ella un palacio de plata; si fuera una puerta, la recubriramos con tablas de cedro.
Yo soy como una muralla, y mis pechos, como torres. Ante sus ojos he sido como quien ha hallado la paz.
Salomn tuvo una via en Baal-hamn, y la encomend a unos guardas, y cada uno le llevaba por su fruto mil monedas de plata.
Mi via, la ma, est delante de m! Que las mil monedas sean para ti, Salomn, y doscientas para los que guardan el fruto!
T, que habitas en los huertos, los compaeros escuchan tu voz. Hzmela oir!
Corre, amado mo, como la gacela o el cervatillo, por las montaas llenas de aromas!
Visin de Isaas hijo de Amoz, la cual vio acerca de Jud y Jerusaln, en das de Uzas, Jotam, Acaz y Ezequas, reyes de Jud.
Od, cielos, y escucha t, tierra, porque habla Jehov: "Cri hijos y los engrandec, pero ellos se rebelaron contra m.
El buey conoce a su dueo, y el asno el pesebre de su seor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento.
"Ay gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generacin de malhechores, hijos depravados! Dejaron a Jehov, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrs!
Por qu querris ser castigados an? Todava os rebelaris? Toda cabeza est enferma y todo corazn doliente.
Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en l cosa sana, sino herida, hinchazn y podrida llaga; no estn curadas ni vendadas ni suavizadas con aceite.
Vuestra tierra est destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros y asolada como asolamiento de extraos.
Y queda la hija de Sin como enramada en via, como cabaa en melonar, como ciudad asolada".
Si Jehov de los ejrcitos no nos hubiera dejado un resto pequeo, seramos como Sodoma, semejantes a Gomorra.
Prncipes de Sodoma, od la palabra de Jehov! Escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra!
"Para qu me sirve, dice Jehov, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de grasa de animales gordos; no quiero sangre de bueyes ni de ovejas ni de machos cabros.
Quin pide esto de vuestras manos, cuando vens a presentaros delante de m para pisotear mis atrios?
No me traigis ms vana ofrenda; el incienso me es abominacin. Luna nueva, sbado y el convocar asambleas, no lo puedo sufrir. Son iniquidad vuestras fiestas solemnes!
Mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes; me son gravosas y cansado estoy de soportarlas.
Cuando extendis vuestras manos, yo esconder de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquis la oracin, yo no oir; llenas estn de sangre vuestras manos.
Lavaos y limpiaos, quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos, dejad de hacer lo malo,
aprended a hacer el bien, buscad el derecho, socorred al agraviado, haced justicia al hurfano, amparad a la viuda.
"Venid luego, dice Jehov, y estemos a cuenta: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve sern emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmes, vendrn a ser como blanca lana.
Si queris y escuchis, comeris de lo mejor de la tierra;
si no queris y sois rebeldes, seris consumidos a espada". La boca de Jehov lo ha dicho.
Cmo te has convertido en ramera, t, la ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habit la equidad, pero ahora la habitan los homicidas!
Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino est mezclado con agua.
Tus gobernantes son rebeldes y cmplices de ladrones. Todos aman el soborno y van tras las recompensas; no hacen justicia al hurfano ni llega a ellos la causa de la viuda.
Por tanto, dice el Seor, Jehov de los ejrcitos, el Fuerte de Israel: "Basta ya! Tomar satisfaccin de mis enemigos, me vengar de mis adversarios!
Volver mi mano contra ti, limpiar hasta con leja tus escorias y quitar toda tu impureza.
Har que tus jueces sean como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarn "Ciudad de justicia", "Ciudad fiel".
Sin ser rescatada con el derecho y los convertidos de ella con la justicia.
Pero los rebeldes y pecadores sern a una quebrantados, y los que dejan a Jehov sern consumidos.
Entonces os avergonzarn las encinas que amasteis y os sonrojarn los huertos que escogisteis.
Porque seris como encina que pierde la hoja y como huerto al que le faltan las aguas.
El fuerte ser como estopa, y lo que hizo, como una chispa; ambos sern encendidos juntamente y no habr quien apague el fuego".
Lo que vio Isaas hijo de Amoz, acerca de Jud y de Jerusaln.
Acontecer que al final de los tiempos ser confirmado el monte de la casa de Jehov como cabeza de los montes; ser exaltado sobre los collados y corrern a l todas las naciones.
Vendrn muchos pueblos y dirn: "Venid, subamos al monte de Jehov, a la casa del Dios de Jacob. l nos ensear sus caminos y caminaremos por sus sendas". Porque de Sin saldr la Ley y de Jerusaln la palabra de Jehov.
l juzgar entre las naciones y reprender a muchos pueblos. Convertirn sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzar espada nacin contra nacin ni se adiestrarn ms para la guerra.
Venid, casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehov.
Ciertamente t has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque estn llenos de costumbres tradas del oriente y de agoreros, como los filisteos; y pactan con hijos de extranjeros.
Su tierra est llena de plata y de oro, sus tesoros no tienen fin. Tambin est su tierra llena de caballos y sus carros son innumerables.
Adems, su tierra est llena de dolos, y se han arrodillado ante la obra de sus manos y ante lo que fabricaron sus dedos.
As se ha inclinado el hombre y el varn se ha humillado; por tanto, no los perdones.
Mtete en la pea y en el polvo escndete de la presencia temible de Jehov y del resplandor de su majestad!
La altivez de la mirada del hombre ser abatida; la soberbia humana ser humillada. Slo Jehov ser exaltado en aquel da.
Porque el da de Jehov de los ejrcitos vendr sobre todo soberbio y altivo, sobre todo lo arrogante, y ser abatido;
sobre todos los cedros del Lbano altos y erguidos, y sobre todas las encinas de Basn;
sobre todos los montes altos y sobre todos los collados elevados;
sobre toda torre alta y sobre todo muro fortificado;
sobre todas las naves de Tarsis y sobre todos los barcos lujosos.
La altivez del hombre ser abatida; la soberbia humana ser humillada. Slo Jehov ser exaltado en aquel da.
Y acabar por completo con los dolos.
Se metern en las cavernas de las peas y en las aberturas de la tierra, a causa de la presencia temible de Jehov y del resplandor de su majestad, cuando l se levante para castigar la tierra.
Aquel da arrojar el hombre a los topos y murcilagos sus dolos de plata y sus dolos de oro, que le hicieron para que adorara.
Se meter en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peas, a causa de la presencia formidable de Jehov y del resplandor de su majestad, cuando se levante para castigar la tierra.
Dejad al hombre cuyo aliento est en su nariz!; porque de qu estima es l digno?
Porque el Seor, Jehov de los ejrcitos, quita de Jerusaln y de Jud al sustentador y al fuerte, toda provisin de pan y toda provisin de agua;
al valiente y al hombre de guerra, al juez y al profeta, al adivino y al anciano;
al capitn de cincuenta y al hombre respetable, al consejero, al artfice excelente y al hbil orador.
Y les pondr jvenes por gobernantes: muchachos sern sus seores.
Entre el pueblo brotar la violencia de unos contra otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantar contra el anciano, y el plebeyo contra el noble.
Cuando alguno tome de la mano a su hermano, de la familia de su padre, y le diga: "T tienes vestido, t sers nuestro gobernante" y "Toma en tus manos esta ruina",
l jurar aquel da, diciendo: "No tomar yo ese cuidado, pues en mi casa no hay pan ni qu vestir! No me hagis gobernante del pueblo!".
Porque arruinada est Jerusaln y Jud ha cado; pues la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehov para desafiar la faz de su gloria.
La apariencia de sus rostros testifica contra ellos, porque como Sodoma publican su pecado. No lo disimulan! Ay de sus vidas!, porque amontonaron mal para s.
Decid al justo que le ir bien, porque comer de los frutos de sus manos.
Ay del malvado! Mal le ir, porque segn las obras de sus manos le ser pagado.
Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseorearon de l. Pueblo mo, los que te guan te engaan y tuercen el curso de tus caminos!
Jehov est en pie para litigar y para juzgar a su pueblo.
Jehov vendr a juicio contra los ancianos de su pueblo y contra sus gobernantes. Porque vosotros habis devorado la via y el despojo del pobre est en vuestras casas.
Qu pensis vosotros que trituris a mi pueblo y molis las caras de los pobres? dice el Seor, Jehov de los ejrcitos.
Asimismo dice Jehov: "Por cuanto las hijas de Sin se ensoberbecen y andan con el cuello erguido y ojos desvergonzados; que caminan como si danzaran, haciendo sonar los adornos de sus pies;
por eso, el Seor rapar la cabeza de las hijas de Sin, y Jehov descubrir sus vergenzas".
Aquel da quitar el Seor el adorno del calzado, las redecillas, las lunetas,
los collares, los pendientes y los brazaletes,
los turbantes, los adornos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor y los zarcillos,
los anillos y los joyeles de las narices,
las ropas de gala, los mantoncillos, los velos, las bolsas,
los espejos, el lino fino, los turbantes y los tocados.
En lugar de los perfumes aromticos vendr hediondez, soga en lugar de cinturn, y cabeza rapada en lugar de rizos del cabello; en lugar de vestidos de gala, ceimiento de ropas speras, y cicatriz de fuego en vez de hermosura.
Tus varones caern a espada y tu fuerza en la guerra.
Sus puertas se entristecern y enlutarn, y ella, desamparada, se sentar en tierra.
En aquel tiempo, siete mujeres echarn mano de un hombre, diciendo: "Nosotras comeremos de nuestro pan y nos vestiremos de nuestras ropas. Solamente permtenos llevar tu nombre. Quita nuestra deshonra!".
En aquel tiempo el renuevo de Jehov ser para hermosura y gloria, y el fruto del pas para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel.
Y acontecer que el que quede en Sin, el que sea dejado en Jerusaln, ser llamado santo: todos los que en Jerusaln estn registrados entre los vivientes
cuando el Seor lave la inmundicia de las hijas de Sin y limpie a Jerusaln de la sangre derramada en medio de ella, con espritu de juicio y con espritu de devastacin.
Y crear Jehov sobre toda la morada del monte Sin y sobre los lugares de sus asambleas, nube y oscuridad de da, y de noche resplandor de llamas de fuego. Y sobre todo, la gloria del Seor, como un dosel;
y habr un resguardo de sombra contra el calor del da, y un refugio y escondedero contra la tempestad y el aguacero.
Ahora cantar por mi amado el cantar de mi amado a su via. Tena mi amado una via en una ladera frtil.
La haba cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; haba edificado en medio de ella una torre y haba hecho tambin en ella un lagar; y esperaba que diera uvas buenas, pero dio uvas silvestres.
Ahora, pues, vecinos de Jerusaln y varones de Jud, juzgad entre m y mi via.
Qu ms se poda hacer a mi via, que yo no haya hecho en ella? Cmo, esperando yo que diera uvas buenas, ha dado uvas silvestres?
Os mostrar, pues, ahora lo que har yo a mi via: Le quitar su vallado y ser consumida; derribar su cerca y ser pisoteada.
Har que quede desierta; no ser podada ni cavada, y crecern el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandar que no derramen lluvia sobre ella.
Ciertamente la via de Jehov de los ejrcitos es la casa de Israel, y los hombres de Jud, planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y hubo vileza; justicia, y hubo clamor.
Ay de los que juntan casa a casa y aaden hacienda a hacienda hasta ocuparlo todo! Habitaris vosotros solos en medio de la tierra?
Ha llegado a mis odos de parte de Jehov de los ejrcitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas.
Y diez yugadas de via producirn un bato, y un homer de semilla producir un efa.
Ay de los que se levantan de maana para correr tras el licor, y as siguen hasta la noche, hasta que el vino los enciende!
En sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas y vino, pero no miran la obra de Jehov, ni consideran la obra de sus manos.
Por tanto, mi pueblo es llevado cautivo, porque no tiene conocimiento, sus nobles se mueren de hambre y la multitud est seca de sed.
Por eso ensanch su interior el seol y sin medida extendi su boca; y all descender la gloria de ellos y su multitud, su fausto y el que en l se regocijaba.
El hombre ser humillado, el varn ser abatido, y humillados sern los ojos de los altivos.
Pero Jehov de los ejrcitos ser exaltado en juicio; el Dios Santo ser santificado con justicia.
Los corderos sern apacentados segn su costumbre, y los extranjeros devorarn los campos desolados de los ricos.
Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad y el pecado como con coyundas de carreta!,
los cuales dicen: "Venga ya, apresrese su obra y veamos! Acrquese y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos!".
Ay de los que a lo malo dicen bueno y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!
Ay de los que son sabios ante sus propios ojos, de los que son prudentes delante de s mismos!
Ay de los que son valientes para beber vino y hombres fuertes para mezclar bebidas;
los que por soborno declaran justo al culpable, y al justo le quitan su derecho!
Por tanto, como la lengua del fuego consume el rastrojo y la llama devora la paja, as ser su raz como podredumbre y su flor se desvanecer como polvo, porque desecharon la ley de Jehov de los ejrcitos y abominaron la palabra del Santo de Israel.
Por esta causa se encendi el furor de Jehov contra su pueblo, y extendi contra l su mano y lo hiri; y se estremecieron los montes y sus cadveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todava su mano est extendida.
Alzar pendn a naciones lejanas y silbar al que est en el extremo de la tierra; y he aqu que vendr pronto, a toda prisa.
No habr entre ellos nadie cansado, ni quien tropiece; ninguno se dormir ni dormitar; a ninguno se le desatar el cinturn de su cintura, ni se le romper la correa de sus sandalias.
Sus saetas estarn afiladas y todos sus arcos entesados; los cascos de sus caballos sern como de pedernal, y las ruedas de sus carros, como un torbellino.
Su rugido ser como de len; rugir a manera de leoncillo, crujir los dientes y arrebatar la presa; se la llevar con seguridad y nadie se la quitar.
Y bramar sobre l en aquel da como bramido del mar; entonces mirar hacia la tierra, y he aqu tinieblas de tribulacin, y en sus cielos se oscurecer la luz.
El ao en que muri el rey Uzas vi yo al Seor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el Templo.
Por encima de l haba serafines. Cada uno tena seis alas: con dos cubran sus rostros, con dos cubran sus pies y con dos volaban.
Y el uno al otro daba voces diciendo: "Santo, santo, santo, Jehov de los ejrcitos! Toda la tierra est llena de su gloria!".
Los quicios de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la Casa se llen de humo.
Entonces dije: "Ay de m que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehov de los ejrcitos".
Y vol hacia m uno de los serafines, trayendo en su mano un carbn encendido, tomado del altar con unas tenazas.
Tocando con l sobre mi boca, dijo: -- He aqu que esto toc tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado.
Despus o la voz del Seor, que deca: -- A quin enviar y quin ir por nosotros? Entonces respond yo: -- Heme aqu, envame a m.
Y dijo: -- Anda, y dile a este pueblo: "Od bien, y no entendis; ved por cierto, pero no comprendis".
Embota el corazn de este pueblo, endurece sus odos y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos ni oiga con sus odos ni su corazn entienda, ni se convierta y haya para l sanidad.
Yo dije: -- Hasta cundo, Seor? Y respondi l: -- Hasta que las ciudades estn asoladas y sin morador, no haya hombre en las casas, y la tierra est hecha un desierto;
hasta que Jehov haya echado lejos a los hombres y multiplicado los lugares abandonados en medio del pas.
Y si queda an en ella la dcima parte, esta volver a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados an queda el tronco, as ser el tronco, la simiente santa.
Aconteci en los das de Acaz hijo de Jotam hijo de Uzas, rey de Jud, que Rezn, rey de Siria, y Peka hijo de Remalas, rey de Israel, subieron contra Jerusaln para combatirla; pero no la pudieron tomar.
Y lleg la noticia a la casa de David, diciendo: -- Siria se ha confederado con Efran. Y se le estremeci el corazn y el corazn de su pueblo, como se estremecen los rboles del monte a causa del viento.
Entonces dijo Jehov a Isaas: -- Sal ahora al encuentro de Acaz, t y Sear-jasub, tu hijo, al extremo del acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador,
y dile: "Cudate y ten calma; no temas ni se turbe tu corazn a causa de estos dos cabos de tizn que humean, por el ardor de la ira de Rezn y de Siria, y del hijo de Remalas.
Ha concertado un maligno plan contra ti el sirio, con Efran y con el hijo de Remalas, diciendo:
'Vayamos contra Jud y aterroricmosla; repartmosla entre nosotros y pongamos en medio de ella por rey al hijo de Tabeel' ".
Por tanto, Jehov, el Seor dice: "No suceder eso; no ser as.
Porque la cabeza de Siria es Damasco y la cabeza de Damasco, Rezn; y dentro de sesenta y cinco aos Efran ser quebrantado hasta dejar de ser pueblo.
Y la cabeza de Efran es Samaria y la cabeza de Samaria, el hijo de Remalas. Si vosotros no creis, de cierto no permaneceris".
Habl tambin Jehov a Acaz, diciendo:
-- Pide para ti una seal de parte de Jehov tu Dios, demandndola ya sea de abajo en lo profundo o de arriba en lo alto.
Y respondi Acaz: -- No pedir ni tentar a Jehov.
Dijo entonces Isaas: -- Od ahora, casa de David: No os basta con ser molestos a los hombres, sino que tambin lo seis a mi Dios?
Por tanto, el Seor mismo os dar seal: La virgen concebir y dar a luz un hijo, y le pondr por nombre Emanuel.
Comer mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.
Porque antes que el nio sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que t temes ser abandonada.
"Jehov har venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, das cuales nunca vinieron desde el da en que Efran se apart de Jud (esto es, al rey de Asiria).
"Acontecer que aquel da silbar Jehov al tbano que est en el fin de los ros de Egipto y a la abeja que est en la tierra de Asiria.
Ellos vendrn y acamparn todos en los valles desiertos, en las cavernas de las piedras, en todos los zarzales y en todas las matas.
Aquel da rapar el Seor con navaja alquilada, con los que habitan al otro lado del ro (esto es, con el rey de Asiria), cabeza y pelo de los pies, y aun la barba afeitar tambin.
"Acontecer en aquel tiempo que criar un hombre una vaca y dos ovejas,
y a causa de la abundancia de leche que darn, comer mantequilla; ciertamente mantequilla y miel comer el que quede en medio del pas.
"Acontecer tambin en aquel tiempo que el lugar donde haba mil vides, que valan mil siclos de plata, ser para espinos y cardos.
Con saetas y arco irn all, porque toda la tierra ser espinos y cardos.
Y a ninguno de los montes que se cavaban con azada se atrevern ya a ir, por el temor de los espinos y los cardos. Quedarn para pasto de los bueyes y para ser pisoteados por las ovejas.
Me dijo Jehov: -- Toma una tabla grande y escribe en ella con caracteres legibles tocante a Maher-salal-hasbaz.
Y junt conmigo por testigos fieles al sacerdote Uras y a Zacaras hijo de Jeberequas.
Me llegu a la profetisa, la cual concibi y dio a luz un hijo. Y me dijo Jehov: "Ponle por nombre Maher-salal-hasbaz.
Porque antes que el nio sepa decir "padre mo" y "madre ma", ser quitada la riqueza de Damasco y los despojos de Samaria delante del rey de Asiria".
Otra vez volvi Jehov a hablarme, diciendo:
"Por cuanto desech este pueblo las aguas de Silo, que corren mansamente, y se regocij con Rezn y con el hijo de Remalas,
he aqu, por tanto, que el Seor hace subir sobre ellos aguas de ros, impetuosas y abundantes: al rey de Asiria con todo su poder. l rebasar todos sus ros y desbordar sobre todas sus riberas;
y, pasando por Jud, inundar y seguir creciendo hasta llegar a la garganta. Luego, extendiendo sus alas, llenar la anchura de tu tierra, Emanuel.
"Reunos, pueblos, y seris quebrantados. Od, todos los que sois de lejanas tierras: ceos, y seris quebrantados; preparaos, y seris quebrantados.
Haced planes, y sern anulados; proferid palabra, y no ser firme, porque Dios est con nosotros".
Porque Jehov me habl de esta manera con mano fuerte y me advirti que no caminara por el camino de este pueblo, diciendo:
"No llamis conspiracin a todas las cosas que este pueblo llama conspiracin, ni temis lo que ellos temen, ni tengis miedo.
A Jehov de los ejrcitos, a l santificad; sea l vuestro temor, y l sea vuestro miedo.
Entonces l ser por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar, por tropezadero para caer y por lazo y red al morador de Jerusaln.
Muchos de entre ellos tropezarn, caern y sern quebrantados; se enredarn y sern apresados.
"Ata el testimonio, sella la instruccin entre mis discpulos.
"Esperar, pues, a Jehov, el cual escondi su rostro de la casa de Jacob. En l confiar.
He aqu que yo y los hijos que me dio Jehov somos por seales y presagios en Israel, de parte de Jehov de los ejrcitos, que mora en el monte Sin.
Si os dicen: "Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando", responded: "No consultar el pueblo a su Dios? Consultar a los muertos por los vivos?".
A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto, es porque no les ha amanecido.
"Pasarn por la tierra fatigados y hambrientos, y acontecer que, a causa del hambre, se enojarn y maldecirn a su rey y a su Dios, levantando el rostro con altivez.
Y mirarn a la tierra, y he aqu tribulacin y tinieblas, oscuridad y angustia; y quedarn sumidos en las tinieblas".
Mas no habr siempre oscuridad para la que est ahora en angustia, tal como la afliccin que le vino en el tiempo en que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabuln y a la tierra de Neftal; pues al fin llenar de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordn, en Galilea de los gentiles.
El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; a los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeci sobre ellos.
Multiplicaste la gente y aumentaste la alegra. Se alegrarn delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan al repartirse un botn.
Porque t quebraste su pesado yugo, la vara de su hombro y el cetro de su opresor, como en el da de Madin.
Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla y todo manto revolcado en sangre, sern quemados, sern pasto del fuego.
Porque un nio nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamar su nombre "Admirable consejero", "Dios fuerte", "Padre eterno", "Prncipe de paz".
Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrn lmite sobre el trono de David y sobre su reino, disponindolo y confirmndolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehov de los ejrcitos har esto.
El Seor lanz una palabra contra Jacob, y ella ha cado en Israel.
La conocer todo el pueblo, Efran y los moradores de Samaria, que con soberbia y con altivez de corazn dicen:
"Los ladrillos cayeron, pero edificaremos de cantera; cortaron los sicmoros, pero en su lugar pondremos cedros".
Pero Jehov levantar a los enemigos de Rezn contra l. Juntar a sus enemigos:
del oriente, los sirios, y los filisteos del poniente; y a boca llena devorarn a Israel. Ni con todo eso ha cesado su furor, sino que todava su mano est extendida.
Pero el pueblo no se convirti al que lo castigaba ni busc a Jehov de los ejrcitos.
Y Jehov, en un mismo da, cortar de Israel cabeza y cola, rama y caa.
El anciano y venerable de rostro es la cabeza; el profeta que ensea mentira es la cola.
Porque los gobernadores de este pueblo son engaadores y sus gobernados se pierden.
Por tanto, el Seor no tomar contentamiento en sus jvenes, ni de sus hurfanos y viudas tendr misericordia; porque todos son falsos y malignos, y toda boca habla despropsitos. Ni con todo esto ha cesado su furor, sino que todava su mano est extendida.
Porque la maldad, encendida como un fuego, cardos y espinos devorar. Se encender en lo espeso del bosque, y sern alzados como remolinos de humo.
Por la ira de Jehov de los ejrcitos se oscurece la tierra, y el pueblo es como pasto del fuego. El hombre no tiene piedad de su hermano.
Cada uno devora a la derecha y tiene hambre; come a la izquierda y no se sacia. Cada cual come la carne de su prjimo:
Manass devora a Efran y Efran a Manass, y ambos se levantan contra Jud. Pero ni con todo esto ha cesado su furor, sino que todava su mano est extendida.
Ay de los que dictan leyes injustas y prescriben tirana,
para apartar del juicio a los pobres y para privar de su derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas y robar a los hurfanos!
Y qu haris en el da del castigo? A quin os acogeris para que os ayude cuando llegue de lejos el desastre? En dnde dejaris vuestras riquezas?
Sin m se inclinarn entre los presos y caern entre los muertos. Pero ni con todo esto ha cesado su furor, sino que todava su mano est extendida.
Ay de Asiria! Vara y bastn de mi furor, en su mano he puesto mi ira.
La mandar contra una nacin prfida; contra el pueblo de mi ira la enviar, para que quite los despojos y arrebate la presa, y lo ponga para ser pisoteado como lodo de las calles;
pero l no lo pensar as, ni su corazn lo imaginar de esta manera, sino que su pensamiento ser desarraigar y arrasar una nacin tras otra.
Porque l dice: "Mis prncipes, no son todos reyes?
No es Calno como Carquemis, Hamat como Arfad, y Samaria como Damasco?
Como mi mano alcanz los reinos de los dolos, cuyas imgenes eran ms que las de Jerusaln y de Samaria;
como hice a Samaria y a sus dolos, no har tambin as a Jerusaln y a sus dolos?".
Pero acontecer que despus que el Seor haya acabado toda su obra en el monte Sin y en Jerusaln, castigar el fruto de la soberbia del corazn del rey de Asiria y la arrogante altivez de sus ojos.
Porque dijo: "Lo he hecho con el poder de mi mano y con mi sabidura, porque he sido inteligente. Quit los territorios de los pueblos, saque sus tesoros y derrib como un valiente a los que estaban sentados.
Mi mano hall, como si fueran un nido, las riquezas de los pueblos. Como se recogen los huevos abandonados, as me apoder yo de toda la tierra, y no hubo quien moviera un ala ni abriera el pico para graznar".
Se gloriar el hacha contra el que con ella corta? Se ensoberbecer la sierra contra el que la mueve? Como si el bastn levantara al que lo levanta! Como si levantara la vara al que no es un leo!
Por esto el Seor, Jehov de los ejrcitos, enviar debilidad sobre sus robustos, y debajo de su gloria encender una hoguera como ardor de fuego.
Y la luz de Israel ser por fuego, y su Santo por llama que abrase y consuma en un da sus cardos y sus espinos.
La gloria de su bosque y de su campo frtil consumir por completo, en cuerpo y alma, y vendr a ser como abanderado en derrota.
Y los rboles que queden en su bosque sern en nmero tan escaso que hasta un nio los pueda contar.
Acontecer en aquel tiempo, que los que hayan quedado de Israel y los que hayan quedado de la casa de Jacob, nunca ms se apoyarn en el que los hiri, sino que se apoyarn con verdad en Jehov, el Santo de Israel.
Un resto volver, el resto de Jacob volver al Dios fuerte.
Porque aunque tu pueblo, Israel, sea como las arenas del mar, el resto de l volver; la destruccin acordada rebosar justicia.
Pues el Seor, Jehov de los ejrcitos, consumar el exterminio ya determinado en medio de la tierra.
Por tanto el Seor, Jehov de los ejrcitos, dice as: "Pueblo mo, morador de Sin, no temas de Asiria. Con vara te herir y contra ti alzar su bastn, a la manera de Egipto;
mas de aqu a muy poco tiempo se acabar mi furor y mi enojo, para destruccin de ellos.
Y Jehov de los ejrcitos levantar el ltigo contra l, como en la matanza de Madin en la pea de Oreb, y alzar su vara sobre el mar como lo hizo en el camino de Egipto.
Acontecer en aquel tiempo que su carga ser quitada de tu hombro y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrir por cuanto t eres mi ungido".
Vino hasta Ajat, pas hasta Migrn y en Micmas contar su ejrcito.
Pasaron el vado, se alojaron en Geba, Ram tembl y Gabaa de Sal huy.
Grita en alta voz, hija de Galim; haz que se oiga hacia Lais, pobrecita Anatot!
Madmena se alborot y los moradores de Gebim huyen.
An vendr da cuando reposar en Nob y alzar su mano al monte de la hija de Sin, al collado de Jerusaln.
He aqu el Seor, Jehov de los ejrcitos, desgajar el ramaje con violencia; los rboles de gran altura sern cortados, los altos sern derribados.
Cortar con hierro la espesura del bosque y el Lbano caer con estruendo.
Saldr una vara del tronco de Isa; un vstago retoar de sus races
y reposar sobre l el espritu de Jehov: espritu de sabidura y de inteligencia, espritu de consejo y de poder, espritu de conocimiento y de temor de Jehov.
Y le har entender diligente en el temor de Jehov. No juzgar segn la vista de sus ojos ni resolver por lo que oigan sus odos,
sino que juzgar con justicia a los pobres y resolver con equidad a favor de los mansos de la tierra. Herir la tierra con la vara de su boca y con el espritu de sus labios matar al impo.
Y ser la justicia cinto de sus caderas, y la fidelidad ceir su cintura.
Morar el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostar; el becerro, el len y la bestia domstica andarn juntos, y un nio los pastorear.
La vaca pacer junto a la osa, sus cras se recostarn juntas; y el len, como el buey, comer paja.
El nio de pecho jugar sobre la cueva de la cobra; el recin destetado extender su mano sobre la caverna de la vbora.
No harn mal ni daarn en todo mi santo monte, porque la tierra ser llena del conocimiento de Jehov, como las aguas cubren el mar.
Acontecer en aquel tiempo que la raz de Isa, la cual estar puesta por pendn a los pueblos, ser buscada por las gentes; y su habitacin ser gloriosa.
Asimismo, acontecer en aquel tiempo que Jehov alzar otra vez su mano para recobrar el resto de su pueblo que an quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopa, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.
Levantar pendn a las naciones, juntar los desterrados de Israel y desde los cuatro confines de la tierra reunir a los esparcidos de Jud.
Se disipar la envidia de Efran y los enemigos de Jud sern destruidos. Efran no tendr envidia de Jud, ni Jud afligir a Efran,
sino que se lanzarn contra los filisteos al occidente, y saquearn tambin a los de oriente. Edom y Moab los servirn, y los hijos de Amn los obedecern.
Secar Jehov la lengua del mar de Egipto y levantar su mano con el poder de su aliento sobre el ro; lo herir en sus siete brazos y har que pasen por l con sandalias.
Y habr camino para el resto de su pueblo, el que qued de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el da que subi de la tierra de Egipto.
En aquel da dirs: "Cantar a ti, Jehov; pues aunque te enojaste contra m, tu indignacin se apart y me has consolado.
He aqu, Dios es mi salvacin; me asegurar y no temer; porque mi fortaleza y mi cancin es Jah, Jehov, quien ha sido salvacin para m".
Sacaris con gozo aguas de las fuentes de la salvacin.
Y diris en aquel da: "Cantad a Jehov, aclamad su nombre, haced clebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido.
Cantad salmos a Jehov, porque ha hecho cosas magnficas; sea sabido esto por toda la tierra.
Regocjate y canta, moradora de Sin; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel".
Profeca sobre Babilonia, revelada a Isaas hijo de Amoz.
Levantad bandera sobre un alto monte. Alzad la voz a ellos, alzad la mano, para que entren por puertas de jefes.
Yo mand a mis consagrados y asimismo llam a los valientes de mi ira, a los que se alegran con mi gloria.
Estruendo de multitud en los montes, como de mucho pueblo; estruendo de ruido de reinos, de naciones reunidas: Jehov de los ejrcitos pasa revista a las tropas para la batalla!
Vienen de lejana tierra, del extremo de los cielos, Jehov y los instrumentos de su ira, para destruir toda la tierra.
Aullad, porque cerca est el da de Jehov! Vendr como devastacin del Todopoderoso!
Por tanto, toda mano se debilitar y desfallecer todo corazn humano.
Se llenarn de terror; angustias y dolores se apoderarn de ellos; tendrn dolores como de mujer de parto; se asombrar cada cual al mirar a su compaero; sus rostros son como llamaradas.
He aqu el da de Jehov viene: da terrible, de indignacin y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad y raer de ella a sus pecadores.
Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darn su luz; el sol se oscurecer al nacer y la luna no dar su resplandor.
Castigar al mundo por su maldad y a los impos por su iniquidad; har que cese la arrogancia de los soberbios y humillar la altivez de los tiranos.
Har ms precioso que el oro fino al varn y ms que el oro de Ofir al ser humano.
Porque har estremecer los cielos y la tierra se mover de su lugar por la indignacin de Jehov de los ejrcitos, en el da del ardor de su ira.
Como gacela perseguida, como oveja sin pastor, cada cual mirar hacia su pueblo, cada uno huir a su tierra.
Cualquiera que sea hallado ser atravesado, y cualquiera que por ellos sea tomado caer a espada.
Sus nios sern estrellados ante ellos mismos; sus casas sern saqueadas y violadas sus mujeres.
He aqu que yo despierto contra ellos a los medos, que no se ocuparn de la plata ni codiciarn oro.
Con sus arcos derribarn a los jvenes; no tendrn compasin del fruto del vientre ni su ojo perdonar a los hijos.
Y Babilonia, hermosura de reinos, gloria y orgullo de los caldeos, ser como Sodoma y Gomorra, a las que trastorn Dios.
Nunca ms ser habitada, ni se morar en ella de generacin en generacin; no levantar all su tienda el rabe ni los pastores tendrn all su majada,
sino que dormirn all las fieras del desierto y sus casas se llenarn de hurones; all habitarn los avestruces y all saltarn las cabras salvajes.
En sus palacios aullarn las hienas y los chacales en sus casas de deleite. Su tiempo est a punto de llegar; no se prolongarn sus das.
Porque Jehov tendr piedad de Jacob, de nuevo escoger a Israel y lo har reposar en su tierra. A ellos se unirn extranjeros, que se agregarn a la familia de Jacob.
Los pueblos los tomarn y los llevarn a su lugar, y la casa de Israel los poseer como siervos y criadas en la tierra de Jehov. Cautivarn as a los que los cautivaron y seorearn sobre los que los oprimieron.
En el da en que Jehov te d reposo de tu trabajo, de tus temores y de la dura servidumbre en que te hicieron servir,
pronunciars este proverbio contra el rey de Babilonia y dirs: "Cmo acab el opresor! Cmo ha acabado la ciudad codiciosa de oro!
Quebrant Jehov el bastn de los impos, el cetro de los seores:
el que hera a los pueblos con furor, con llaga permanente, el que se enseoreaba de las naciones con ira y las persegua con crueldad.
Toda la tierra est en reposo y en paz. Se cantaron alabanzas.
Aun los cipreses se regocijaron a causa de ti, y los cedros del Lbano, diciendo: "Desde que t pereciste, no ha subido cortador contra nosotros".
El seol abajo se espant de ti; despert a los muertos para que en tu venida salieran a recibirte; hizo levantar de sus sillas a todos los grandes de la tierra, a todos los reyes de las naciones.
Todos ellos darn voces y te dirn: "T tambin te debilitaste como nosotros y llegaste a ser como nosotros?".
Descendi al seol tu soberbia y el sonido de tus arpas; gusanos sern tu cama y gusanos te cubrirn.
Cmo caste del cielo, Lucero, hijo de la maana! Derribado fuiste a tierra, t que debilitabas a las naciones.
T que decas en tu corazn: "Subir al cielo. En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantar mi trono y en el monte del testimonio me sentar, en los extremos del norte;
sobre las alturas de las nubes subir y ser semejante al Altsimo".
Mas t derribado eres hasta el seol, a lo profundo de la fosa.
Se inclinarn hacia ti los que te vean; te contemplarn, diciendo: "Es ste aquel varn que haca temblar la tierra, que trastornaba los reinos,
que puso el mundo como un desierto, que asol sus ciudades, que a sus presos nunca les abri la crcel?".
Todos los reyes de la tierra, todos ellos, yacen con honra cada uno en su ltima morada.
Pero t echado eres de tu sepulcro como un vstago abominable, como un vestido de muertos pasados a espada, que descendieron al fondo de la fosa, como un cadver pisoteado.
No sers contado con ellos en la sepultura, porque t destruiste tu tierra, mataste a tu pueblo. No ser nombrada por siempre la descendencia de los malignos.
Preparad a sus hijos para el matadero por la maldad de sus padres; que no se levanten ni posean la tierra ni llenen de ciudades la faz del mundo".
"Porque yo me levantar contra ellos", dice Jehov de los ejrcitos, "y raer de Babilonia el nombre y el sobreviviente, hijo y nieto", dice Jehov.
"Y la convertir en posesin de erizos y en tierra cenagosa. La barrer con escobas de destruccin", dice Jehov.
Jehov de los ejrcitos jur diciendo: "Ciertamente se har de la manera que lo he pensado; se confirmar como lo he determinado:
quebrantar al asirio en mi tierra y en mis montes lo pisotear; su yugo ser apartado de ellos y su carga ser quitada de su hombro.
Este es el plan acordado contra toda la tierra, y esta es la mano extendida contra todas las naciones".
Jehov de los ejrcitos lo ha determinado, y quin lo impedir? Y su mano extendida, quin la har retroceder?
El ao en que muri el rey Acaz, vino esta profeca:
No te alegres t, toda Filistea, por haberse quebrado la vara del que te hera; porque de la raz de la culebra saldr una vbora, y su fruto ser una serpiente voladora.
Los primognitos de los pobres sern apacentados y los necesitados se acostarn confiados; mas yo har morir de hambre tu raz y destruir lo que quede de ti.
Alla, puerta! Clama, ciudad! Disuelta ests por entero, Filistea!, porque como un humo viene del norte, y ni uno solo faltar de sus filas.
Y qu se responder a los mensajeros de las naciones? Que Jehov fund a Sin y que a ella se acogern los afligidos de su pueblo.
Profeca sobre Moab. Ciertamente, de noche fue destruida Ar de Moab, puesta en silencio. Ciertamente, de noche fue destruida Kir de Moab, reducida a silencio.
Subi a Bayit y a Dibn, lugares altos, a llorar; sobre Nebo y sobre Medeba aullar Moab; toda cabeza de ella ser rapada y toda barba rasurada.
Se vestirn de ropas speras en sus calles; en sus terrados y en sus plazas aullarn todos, deshechos en llanto.
Hesbn y Eleale gritarn, hasta Jahaza se oir su voz; por lo que aullarn los guerreros de Moab, se lamentar el alma de cada uno dentro de l.
Mi corazn dar gritos por Moab; sus fugitivos huirn hasta Zoar, como novilla de tres aos. Por la cuesta de Luhit subirn llorando y por el camino de Horonaim darn gritos de quebranto.
Las aguas de Nimrim sern consumidas y se secar la hierba, se marchitarn los retoos y todo verdor perecer.
Por tanto, las riquezas que hayan adquirido y las que hayan reservado, sern llevadas al torrente de los sauces.
Porque el llanto rode los lmites de Moab; hasta Eglaim lleg su alarido y hasta Beer-elim su clamor.
Las aguas de Dimn se llenarn de sangre, porque yo traer sobre Dimn males mayores: leones para los que escapen de Moab y para los sobrevivientes de la tierra.
Enviad cordero al seor de la tierra, desde Sela del desierto al monte de la hija de Sin.
Y cual ave espantada que huye de su nido, as sern las hijas de Moab en los vados del Arnn.
Prepara un plan, toma una decisin; extiende tu sombra como noche en medio del da; esconde a los desterrados, no entregues a los que andan errantes.
Moren contigo mis desterrados, Moab; s para ellos un escondedero de la presencia del devastador; porque el atormentador fenecer, el devastador tendr fin, el pisoteador desaparecer del pas.
Se dispondr el trono en misericordia y sobre l se sentar firmemente, en el tabernculo de David, quien juzgue y busque el juicio y apresure la justicia.
Hemos odo de la soberbia de Moab; muy grandes son su soberbia, su arrogancia y su altivez; pero sus mentiras no sern firmes.
Por tanto, aullar Moab, todo Moab aullar. En gran manera, abatidos, gemiris por las tortas de uvas de Kir-hareset.
Porque los campos de Hesbn fueron talados, y las vides de Sibma. Seores de naciones pisotearon sus generosos sarmientos, que haban llegado hasta Jazer y se haban extendido por el desierto. Se extendieron sus plantas hasta ms all del mar.
Por lo cual lamentar con el lloro de Jazer por la via de Sibma; te regar con mis lgrimas, Hesbn y Eleale, porque sobre tus cosechas y sobre tu vendimia caer el grito de guerra.
Quitado es el gozo y la alegra del campo frtil; en las vias no cantarn ni se regocijarn; no pisar vino en los lagares el pisador; he hecho cesar el grito del lagarero.
Por tanto, mis entraas vibrarn como un arpa por Moab, y mi corazn por Kir-hareset.
Y cuando aparezca Moab cansado sobre los lugares altos, cuando venga a su santuario a orar, de nada le valdr.
Esta es la palabra que pronunci Jehov sobre Moab desde aquel tiempo;
pero ahora Jehov ha hablado, diciendo: "Dentro de tres aos, como los aos de un jornalero, ser abatida la gloria de Moab, con toda su gran multitud. Y los sobrevivientes sern pocos, pequeos y dbiles".
Profeca sobre Damasco: "He aqu que Damasco dejar de ser ciudad; ser montn de ruinas.
Las ciudades de Aroer estn desamparadas; se convertirn en majadas y all dormirn los rebaos sin que nadie los espante.
Cesar la fortificacin de Efran y el reino de Damasco; y lo que quede de Siria ser como la gloria de los hijos de Israel", dice Jehov de los ejrcitos.
"En aquel tiempo menguar la gloria de Jacob y se enflaquecer la gordura de su carne.
Ser como cuando el segador recoge la mies y con su brazo siega las espigas; ser tambin como el que recoge espigas en el valle de Refaim.
Y quedarn en l rebuscos, como cuando sacuden el olivo; dos o tres frutos en la punta de la rama, cuatro o cinco en sus ramas ms fructferas", dice Jehov, Dios de Israel.
Aquel da mirar el hombre a su Hacedor; sus ojos contemplarn al Santo de Israel.
Ya no mirar a los altares que hicieron sus manos, ni mirar a lo que hicieron sus dedos, ni a los smbolos de Asera ni a las imgenes del sol.
Aquel da sus ciudades fortificadas sern como los frutos que quedan en los renuevos y en las ramas, los cuales fueron dejados a causa de los hijos de Israel; y habr desolacin.
Porque te olvidaste del Dios de tu salvacin y no te acordaste de la roca de tu refugio. Por eso, tu plantars plantas hermosas, plantars sarmiento extrao.
El da que las plantes, las hars crecer, y hars que su simiente brote de maana; pero la cosecha ser arrebatada en el da de la angustia y del dolor desesperado.
Ay, esa multitud de pueblos que harn ruido como el estruendo del mar! Ay, ese bramar de naciones, que ser como el bramido de muchas aguas!
Los pueblos harn estrpito como el ruido de muchas aguas; pero Dios los reprender, y huirn lejos; sern ahuyentados como el tamo de los montes delante del viento, como el polvo delante del torbellino.
Al tiempo de la tarde, he aqu el terror; pero antes de la maana el enemigo ya no existe. Esta es la parte de los que nos aplastan, la suerte de los que nos saquean.
Ay de la tierra del zumbido de alas, la que est tras los ros de Etiopa,
la que enva mensajeros por el mar, en naves de junco sobre las aguas! Id, mensajeros veloces, a la nacin de elevada estatura y piel brillante, al pueblo siempre temible, de gente fuerte y conquistadora, cuya tierra es surcada por ros.
Vosotros, todos los moradores del mundo y habitantes de la tierra, cuando se levante bandera en los montes, mirad; y cuando se toque trompeta, escuchad,
porque Jehov me dijo as: "Me estar quieto y los mirar desde mi morada, como el sol claro despus de la lluvia, como la nube de roco en el calor de la siega.
Porque antes de la siega, cuando el fruto sea perfecto y pasada la flor, se maduren los frutos, entonces podar con podaderas las ramitas, y cortar y quitar las ramas.
Y sern dejados todos para las aves de los montes y para las bestias de la tierra; sobre ellos tendrn el verano las aves, e invernarn todas las bestias de la tierra".
En aquel tiempo ser trada ofrenda a Jehov de los ejrcitos, de parte del pueblo de elevada estatura y piel brillante, del pueblo siempre temible, de gente fuerte y conquistadora, cuya tierra es surcada por ros. Ser trada al lugar del nombre de Jehov de los ejrcitos, al monte Sin.
Profeca sobre Egipto. "He aqu que Jehov monta sobre una ligera nube y entrar en Egipto. Los dolos de Egipto temblarn delante de l, y desfallecer el corazn de los egipcios dentro de ellos.
Levantar a egipcios contra egipcios y cada uno pelear contra su hermano, cada uno contra su prjimo; ciudad contra ciudad y reino contra reino.
El espritu de Egipto se desvanecer en medio de l, y destruir sus planes. Entonces consultarn a sus imgenes, a sus hechiceros, a sus evocadores y a sus adivinos.
Entregar a Egipto en manos de un amo duro, y un rey violento se enseorear de ellos", dice el Seor, Jehov de los ejrcitos.
Las aguas del mar faltarn, y el ro se agotar y se secar.
Se alejarn los ros, se agotarn y secarn las zanjas; la caa y el junco sern cortados.
Las praderas junto al ro, junto a las riberas del ro, y toda sementera del ro se secarn, se perdern y no sern ms.
Los pescadores tambin se entristecern; harn duelo todos los que arrojan el anzuelo al ro y desfallecern los que lanzan la red sobre las aguas.
Los que trabajan el lino fino y los que tejen redes sern confundidos,
porque todas sus redes sern rotas, y se afligirn todos los que hacen viveros para peces.
Ciertamente son necios los prncipes de Zon; los planes de los prudentes consejeros del faran se han desvanecido. Cmo diris al faran: "Yo soy hijo de los sabios e hijo de los reyes antiguos?".
Dnde estn ahora tus sabios? Que te digan ahora, que te hagan saber qu es lo que Jehov de los ejrcitos ha determinado sobre Egipto.
Se han desvanecido los prncipes de Zon, se han engaado los prncipes de Menfis; engaaron a Egipto los que son la piedra angular de sus familias.
Jehov mezcl un espritu de vrtigo en medio de l, y extraviaron a Egipto en toda su obra, como tambalea el ebrio cuando vomita.
Y no aprovechar a Egipto cosa que haga la cabeza o la cola, la rama o el junco.
En aquel da los egipcios sern como mujeres, porque temblarn llenos de miedo ante la presencia de la mano amenazante de Jehov de los ejrcitos, que l levantar contra ellos.
Y la tierra de Jud ser un espanto para Egipto; todo hombre que de ella se acuerde, temer por causa del plan que Jehov de los ejrcitos prepar contra l.
En aquel tiempo habr cinco ciudades en la tierra de Egipto que hablen la lengua de Canan y que juren por Jehov de los ejrcitos; una ser llamada la ciudad de Herez.
En aquel tiempo habr un altar para Jehov en medio de la tierra de Egipto y un monumento a Jehov junto a su frontera.
Ser por seal y por testimonio a Jehov de los ejrcitos en la tierra de Egipto, porque clamarn a Jehov a causa de sus opresores, y l les enviar un salvador y defensor que los libre.
Jehov se dar a conocer a Egipto, y los de Egipto conocern a Jehov en aquel da. Harn sacrificio y oblacin; harn votos a Jehov y los cumplirn.
Y herir Jehov a Egipto: lo herir y lo sanar. Ellos se convertirn a Jehov y l les ser clemente y los sanar.
En aquel tiempo habr una calzada de Egipto hasta Asiria, y entrarn asirios en Egipto y egipcios en Asiria; y los egipcios y los asirios servirn juntos a Jehov.
En aquel tiempo, Israel ser tercero con Egipto y con Asiria, para bendicin en medio de la tierra.
porque Jehov de los ejrcitos los bendecir diciendo: "Bendito sea Egipto, pueblo mo; y Asiria, obra de mis manos; e Israel, mi heredad".
En el ao en que vino el jefe de los ejrcitos a Asdod, cuando lo envi Sargn, rey de Asiria, y pele contra Asdod y la tom,
en aquel tiempo habl Jehov por medio de Isaas hijo de Amoz, diciendo: "Ve, quita la ropa spera de tus caderas y descalza las sandalias de tus pies". Y lo hizo as, andando desnudo y descalzo.
Y dijo Jehov: "De la manera que anduvo mi siervo Isaas desnudo y descalzo tres aos, como seal y pronstico sobre Egipto y sobre Etiopa,
as llevar el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y a los deportados de Etiopa; a jvenes y a ancianos, desnudos, descalzos y descubiertas las nalgas para vergenza de Egipto.
Y se turbarn y avergonzarn de Etiopa, su esperanza, y de Egipto, su gloria.
Y dir en aquel da el morador de esta costa: "Mirad qu fue de nuestra esperanza, a la que nos acogimos buscando socorro para librarnos de la presencia del rey de Asiria! Y ahora, cmo escaparemos nosotros?"".
Profeca sobre el desierto del mar: Como un torbellino del Neguev, as viene del desierto, de la tierra horrenda.
Dura visin me ha sido mostrada: El traidor traiciona y el destructor destruye. Sube, Elam; sitia, Media. Todo su gemido hice cesar.
Por tanto, mis espaldas se han llenado de dolor; angustias se apoderaron de m, como angustias de mujer de parto. Me siento agobiado al orlo y al verlo me lleno de espanto.
Se pasma mi corazn, el horror me ha intimidado; la noche de mi deseo se me ha vuelto en espanto.
Ponen la mesa, extienden tapices; comen, beben. Levantaos, prncipes, engrasad el escudo!
Porque el Seor me dijo as: "Ve, pon centinela que haga saber lo que vea".
Y vio hombres montados, jinetes de dos en dos, montados sobre asnos, montados sobre camellos. Mir entonces ms atentamente,
y grit como un len: "Seor, sobre la atalaya estoy yo continuamente de da, y las noches enteras sobre mi guardia!
He aqu que vienen hombres montados, jinetes de dos en dos!". Despus habl y dijo: "Cay, cay Babilonia, y los dolos de sus dioses quebrant en tierra!".
Pueblo mo, trillado y aventado, os he dicho lo que o de parte de Jehov de los ejrcitos, el Dios de Israel.
Profeca sobre Duma: Me dan voces de Seir: "Guarda, qu de la noche? Guarda, qu de la noche?".
El guarda respondi: "La maana viene y despus la noche: preguntad, si queris preguntar. Volved a venir".
Profeca sobre Arabia: Entre las malezas de Arabia pasaris la noche, caminantes de Dedn.
Salid a encontrar al sediento; llevadle agua, moradores de tierra de Tema, socorred con pan al que huye.
Porque ante la espada huye, ante la espada desnuda, ante el arco entesado, ante la violencia de la batalla.
Porque as me ha dicho Jehov: "De aqu a un ao, semejante a los aos de un jornalero, toda la gloria de Cedar ser deshecha,
y los sobrevivientes del nmero de los valientes flecheros, hijos de Cedar, sern reducidos; porque Jehov, Dios de Israel, lo ha dicho".
Profeca sobre el valle de la visin: Qu tienes ahora, que con todos los tuyos has subido sobre los terrados?
T, llena de alborotos, ciudad turbulenta, ciudad alegre; tus muertos no son muertos a espada ni muertos en guerra.
Todos tus prncipes juntos huyeron del arco, fueron atados; todos los que en ti se hallaron, fueron atados juntamente, aunque haban huido lejos.
Por esto dije: "Dejadme, llorar amargamente; no os afanis por consolarme de la destruccin de la hija de mi pueblo".
Porque es da de alboroto, de angustia y confusin, de parte del Seor, Jehov de los ejrcitos, en el valle de la visin, para derribar el muro y clamar al monte.
Elam tom la aljaba, con carros y con jinetes, y Kir sac el escudo.
Tus hermosos valles se llenaron de carros, y los jinetes acamparon junto a la puerta.
Cayeron las defensas de Jud, y en aquel da miraste hacia la casa de armas del bosque.
Visteis las brechas de la ciudad de David, que se multiplicaron; y recogisteis las aguas del estanque de abajo.
Contasteis entonces las casas de Jerusaln y derribasteis casas para fortificar el muro.
Hicisteis foso entre los dos muros para las aguas del estanque viejo; pero no tuvisteis respeto al que lo hizo, ni mirasteis al que desde antiguo lo haba planeado.
Por tanto, el Seor, Jehov de los ejrcitos, llam en este da a llanto y a lamentacin, a raparse el cabello y a vestir ropas speras.
Mas hubo gozo y alegra matando vacas y degollando ovejas, comiendo carne, bebiendo vino y diciendo: "Comamos y bebamos, porque maana moriremos!".
Esto fue revelado a mis odos de parte de Jehov de los ejrcitos: "Este pecado no os ser perdonado hasta que muris", dice el Seor, Jehov de los ejrcitos.
Jehov de los ejrcitos dice as: "Ve a encontrarte con este tesorero, con Sebna el mayordomo, y dile:
"Qu tienes t aqu o a quin tienes aqu, que labraste aqu un sepulcro para ti, como el que en lugar alto labra su sepultura o el que esculpe para s una morada en la roca?
He aqu que Jehov te transportar en duro cautiverio, y de cierto te cubrir el rostro.
Te echar a rodar con mpetu, como a una bola por tierra extensa; all morirs y all estarn los carros de tu gloria, vergenza de la casa de tu seor!
Te arrojar de tu lugar y de tu puesto te empujar.
"En aquel da llamar a mi siervo Eliaquim, hijo de Hilcas.
Lo vestir con tus vestiduras, lo ceir con tu talabarte y entregar en sus manos tu autoridad; y l ser un padre para el morador de Jerusaln y para la casa de Jud.
Y pondr la llave de la casa de David sobre su hombro: l abrir y nadie cerrar, cerrar y nadie abrir.
Lo hincar como un clavo en lugar firme y ser motivo de honra para la casa de su padre.
Colgarn de l toda la honra de la casa de su padre, los hijos y los nietos, todos los vasos menores, desde las tazas hasta toda clase de jarros.
"Aquel da, dice Jehov de los ejrcitos, el clavo hincado en lugar firme ser quitado; ser quebrado y caer. Y la carga que sobre l se puso se echar a perder; porque Jehov ha hablado"".
Profeca sobre Tiro: Aullad, naves de Tarsis, porque destruida es Tiro hasta no quedar casa ni lugar adonde entrar! Desde la tierra de Quitim les ha sido anunciado.
Callad, moradores de la costa, mercaderes de Sidn, los que cruzando el mar te abastecan!
Su provisin proceda de las sementeras que crecen con las muchas aguas del Nilo, de la mies del ro. Fue tambin emporio de las naciones.
Avergnzate, Sidn!, porque el mar, la fortaleza del mar habl, diciendo: "Nunca estuve de parto: no di a luz, ni cri jvenes ni hice crecer muchachas".
Cuando lleguen las nuevas a Egipto, tendrn dolor por las noticias de Tiro.
Pasaos a Tarsis; aullad, moradores de la costa.
No era esta vuestra ciudad alegre, con muchos das de antigedad? Sus pies la llevarn a morar lejos.
Quin decret esto sobre Tiro, la que reparta coronas, cuyos comerciantes eran prncipes, cuyos mercaderes eran los nobles de la tierra?
Jehov de los ejrcitos lo decret para envilecer la soberbia de todo esplendor y para humillar a todos los ilustres de la tierra.
Pasa cual ro de tu tierra, hija de Tarsis, porque no tendrs ya ms poder.
Extendi su mano sobre el mar, hizo temblar los reinos; Jehov mand respecto a Canan que sus fortalezas sean destruidas.
Y dijo: "No te alegrars ms, oprimida virgen, hija de Sidn. Levntate para pasar a Quitim, y aun all no tendrs reposo".
Mira la tierra de los caldeos! Este pueblo no exista. Asiria la fund para los moradores del desierto. Levantaron sus fortalezas, edificaron sus palacios; l la convirti en ruinas.
Aullad, naves de Tarsis, porque vuestra fortaleza es destruida!
Acontecer en aquel da, que Tiro ser echada en el olvido durante setenta aos, como los das de un rey. Despus de los setenta aos, cantar Tiro una cancin como de ramera.
Toma un arpa y recorre la ciudad, ramera olvidada. Entona una buena meloda, repite la cancin, a fin de que seas recordada.
Y acontecer que al fin de los setenta aos visitar Jehov a Tiro, la cual volver a comerciar y fornicar de nuevo con todos los reinos del mundo sobre la faz de la tierra.
Pero sus negocios y ganancias sern consagrados a Jehov. No se guardarn ni se atesorarn, porque sus ganancias sern para los que estn delante de Jehov, para que coman hasta saciarse y vistan con esplendidez.
He aqu que Jehov devasta la tierra y la arrasa, trastorna su faz y hace esparcir a sus moradores.
Y suceder, como al pueblo, as tambin al sacerdote; como al esclavo, as a su amo; como a la criada, a su ama; como al que compra, al que vende; como al que presta, al que toma prestado; como al acreedor, as tambin al deudor.
La tierra ser totalmente devastada y completamente saqueada, porque Jehov ha pronunciado esta palabra.
Se destruy, cay la tierra; enferm, cay el mundo; enfermaron los altos pueblos de la tierra.
Y la tierra fue profanada por sus moradores, porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto eterno.
Por esta causa la maldicin consumi la tierra y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra y disminuy la poblacin.
Se perdi el vino, enferm la vid, gimieron todos los que eran alegres de corazn.
Ces el regocijo de los panderos, se acab el estruendo de los que se alegran, ces la alegra del arpa.
No bebern vino con cancin; la sidra les ser amarga a los que la beben.
Quebrantada est la ciudad a causa del desastre. Toda casa se ha cerrado, para que no entre nadie.
Hay clamores en las calles por falta de vino; todo gozo se ha apagado, la alegra se desterr de la tierra.
La ciudad qued desolada y con ruina fue destrozada la puerta.
Porque as ser en medio de la tierra, en medio de los pueblos, como un olivo sacudido, como rebuscos despus de la vendimia.
Estos alzarn su voz, cantarn gozosos por la grandeza de Jehov; desde el mar darn voces.
Glorificad por esto a Jehov en los valles; en las costas del mar sea nombrado Jehov, Dios de Israel.
De los extremos de la tierra omos cnticos: "Gloria al justo!". Y yo dije: "Mi desdicha, mi desdicha, ay de m!". Traidores han traicionado, y han traicionado con traicin de desleales.
Terror, foso y red sobre ti, morador de la tierra!
Y acontecer que el que huya de la voz del terror caer en el foso; y el que salga de en medio del foso ser atrapado en la red; porque de lo alto se abrirn ventanas y temblarn los cimientos de la tierra.
Ser destruida del todo la tierra, enteramente desmenuzada ser la tierra, en gran manera ser la tierra conmovida.
Temblar la tierra como un ebrio y ser removida como una choza, y tanto pesar sobre ella su pecado, que nunca ms se levantar.
Acontecer en aquel da, que Jehov castigar al ejrcito de los cielos en lo alto y a los reyes de la tierra sobre la tierra.
Sern amontonados como se amontona a los encarcelados en una mazmorra, y en prisin quedarn encerrados. Y al cabo de muchos das sern castigados.
La luna se avergonzar y el sol se confundir, cuando Jehov de los ejrcitos reine en el monte Sin, en Jerusaln, y brille su gloria delante de sus ancianos.
Jehov, t eres mi Dios; te exaltar, alabar tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza.
Porque convertiste la ciudad en escombros, la ciudad fortificada, en ruina, y el alczar de los extranjeros ya no ser ciudad ni nunca ms ser reedificado.
Por esto te glorificar el pueblo fuerte, te temer la ciudad de gente poderosa.
Porque fuiste fortaleza para el pobre, fortaleza para el necesitado en su afliccin, refugio contra la tormenta, sombra contra el calor; porque el mpetu de los violentos es como una tormenta que se abate contra el muro.
Como el calor en lugar seco, as humillars el orgullo de los extranjeros; y como calor debajo de una nube, hars marchitar el renuevo de los poderosos.
Y Jehov de los ejrcitos har en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de sustanciosos tutanos y vinos generosos.
Y destruir en este monte la cubierta tendida sobre todos los pueblos, el velo que envuelve a todas las naciones.
Destruir a la muerte para siempre, y enjugar Jehov el Seor las lgrimas de todos los rostros y quitar la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehov lo ha dicho.
Se dir en aquel da: "He aqu, este es nuestro Dios! Le hemos esperado, y nos salvar. Este es Jehov, a quien hemos esperado! Nos gozaremos y nos alegraremos en su salvacin".
Porque la mano de Jehov se posar sobre este monte; pero Moab ser pisoteado en su mismo sitio, como es pisoteada la paja en el estercolero.
Y extender sus manos por en medio de l, como las extiende el nadador para nadar; y abatir su soberbia y la destreza de sus manos.
Abatir la fortaleza de tus altos muros: la humillar y la echar abajo, hasta el polvo.
En aquel da cantarn este cntico en tierra de Jud: "Fuerte ciudad tenemos; salvacin puso Dios por muros y antemuro.
Abrid las puertas y entrar la gente justa, guardadora de verdades.
T guardars en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado.
Confiad en Jehov perpetuamente, porque en Jehov, el Seor est la fortaleza de los siglos.
Porque derrib a los que moraban en las alturas; humill a la ciudad enaltecida, la humill hasta la tierra, la derrib hasta el polvo.
Ser pisoteada por los pies del afligido, bajo los pasos del necesitado".
El camino del justo es rectitud; t, que eres recto, allanas el camino del justo.
Tambin en el camino de tus juicios, Jehov, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma.
Con mi alma te he deseado en la noche y, en tanto que me dure el espritu dentro de m, madrugar a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia.
Se mostrar piedad al malvado, pero no aprender justicia, sino que en tierra de rectitud har iniquidad y no mirar a la majestad de Jehov.
Jehov, tu mano est alzada, pero ellos no ven. Cuando por fin vean, se avergonzarn los que envidian al pueblo; y a tus enemigos, fuego los consumir.
Jehov, t nos dars paz, porque tambin nos hiciste todas nuestras obras.
Jehov, Dios nuestro, otros seores fuera de ti se han enseoreado de nosotros; pero nosotros nos acordaremos de tu nombre, solamente del tuyo.
Muertos son, no vivirn; han fallecido, no resucitarn; porque los castigaste, los destruiste y desvaneciste todo su recuerdo.
Aumentaste el pueblo, Jehov, aumentaste el pueblo; te hiciste glorioso; ensanchaste todos los confines del pas.
Jehov, en la tribulacin te buscaron; derramaron su oracin cuando los castigaste.
Como la mujer encinta cuando se acerca el alumbramiento gime y da gritos en sus dolores, as hemos sido delante de ti, Jehov.
Concebimos, tuvimos dolores de parto, pero dimos a luz solo viento; ninguna liberacin logramos en la tierra ni cayeron los moradores del mundo.
Tus muertos vivirn; sus cadveres resucitarn. Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu roco es cual roco de hortalizas, y la tierra entregar sus muertos.
Anda, pueblo mo, entra en tus aposentos, cierra tras de ti tus puertas; escndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignacin.
Porque he aqu que Jehov sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra l; y la tierra descubrir la sangre derramada en ella, y no encubrir ya ms a sus muertos.
En aquel da Jehov castigar con su espada dura, grande y fuerte a Leviatn, la serpiente veloz, a Leviatn, la serpiente tortuosa; y matar al dragn que est en el mar.
Aquel da cantadle a la via del vino rojo.
"Yo, Jehov, la guardo; a cada momento la regar; la guardar de noche y de da para que nadie la dae.
No hay enojo en m. Quin pondr contra m en batalla espinos y cardos? Yo los pisotear y los quemar a todos juntos.
O se acoger alguien a mi amparo? Que haga conmigo paz!, s, que haga la paz conmigo!".
Das vendrn cuando Jacob echar races, florecer y echar renuevos Israel, y la faz del mundo llenar de fruto.
Acaso ha sido herido como fue herido quien lo hiri, o ha sido muerto como fueron muertos los que lo mataron?
Con moderacin lo castigars en sus vstagos. l los remueve con su recio viento en el da del viento del este.
De esta manera, pues, ser perdonada la iniquidad de Jacob, y este ser todo el fruto de la remocin de su pecado: que vuelva todas las piedras del altar como piedras de cal desmenuzadas, y que no se levanten ms los smbolos de Asera ni las imgenes del sol.
Porque la ciudad fortificada ser desolada, la ciudad habitada ser abandonada y dejada como un desierto; all pastar el becerro, all tendr su majada y consumir sus ramas.
Cuando sus ramas se sequen, sern quebradas y vendrn mujeres a encenderlas. Porque aquel no es un pueblo inteligente; por tanto, su Hacedor no tendr de l misericordia, no se compadecer de l el que lo form.
Acontecer en aquel da, que trillar Jehov desde el ro ufrates hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seris reunidos uno a uno.
Acontecer tambin en aquel da, que se tocar con gran trompeta, vendrn los que haban sido esparcidos en la tierra de Asiria y los que haban sido desterrados a Egipto, y adorarn a Jehov en el monte santo, en Jerusaln.
Ay de la corona de soberbia de los ebrios de Efran y de la flor caduca de la hermosura de su gloria, que est sobre la cabeza del valle frtil de los aturdidos del vino!
He aqu, Jehov tiene a uno que es fuerte y poderoso: como una tormenta de granizo, como un torbellino arrasador, como el mpetu de recias aguas que inundan. Con fuerza derriba a tierra,
con los pies ser pisoteada la corona de soberbia de los ebrios de Efran.
Y la flor caduca de la hermosura de su gloria que est sobre la cabeza del valle frtil, ser como la fruta temprana, la primera del verano, la cual, apenas la ve el que la mira, se la traga tan luego como la tiene a la mano.
Aquel da, Jehov de los ejrcitos ser por corona de gloria y diadema de hermosura para el resto de su pueblo.
Ser espritu de justicia para el que se sienta a juzgar, y dar fuerzas a los que rechazan el asalto a la puerta.
Pero tambin estos erraron por el vino y por la sidra se entontecieron; el sacerdote y el profeta erraron por la sidra, fueron trastornados por el vino; se aturdieron con la sidra, erraron en la visin, titubearon en el juicio.
Porque toda mesa est llena de vmito y suciedad, hasta no quedar lugar limpio.
A quin se habr de instruir? o a quin se har entender la doctrina? A los destetados? A los recin destetados?
Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, rengln tras rengln, lnea tras lnea, un poquito aqu, un poquito all,
porque en lengua de tartamudos, en lenguaje extrao, hablar a este pueblo.
A ellos dijo: "Este es el reposo; dad reposo al cansado. Este es el alivio", mas no quisieron escuchar.
La palabra, pues, de Jehov les ser mandamiento tras mandamiento, mandato tras mandato, rengln tras rengln, lnea tras lnea, un poquito aqu, un poquito all; hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, atrapados y aprisionados.
Por tanto, seores burladores que gobernis a este pueblo que est en Jerusaln, od la palabra de Jehov.
Vosotros habis dicho: "Hemos hecho un pacto con la muerte; un convenio hicimos con el seol. Cuando pase el torrente del azote, no llegar a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira y en la falsedad nos esconderemos".
Por eso, Jehov, el Seor, dice as: "He aqu que yo he puesto en Sin por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable. El que crea, no se apresure.
Ajustar el juicio a cordel, y a nivel la justicia". El granizo barrer el refugio de la mentira y las aguas inundarn el escondrijo.
Y ser anulado vuestro pacto con la muerte y vuestro convenio con el seol no ser firme; cuando pase el torrente del azote, seris por l pisoteados.
Luego que comience a pasar, l os arrebatar, porque de maana en maana pasar, de da y de noche; y ser ciertamente un espanto el entender lo odo.
La cama ser corta para poder estirarse y la manta estrecha para poder envolverse.
Jehov se levantar como en el monte Perazim, como en el valle de Gaban se enojar; para hacer su obra, su extraa obra, y para hacer su trabajo, su extrao trabajo.
Ahora, pues, no os burlis, para que no se aprieten ms vuestras ataduras; porque destruccin ya determinada sobre todo el pas he odo del Seor, Jehov de los ejrcitos.
Estad atentos y od mi voz; atended y od mi dicho:
El que ara para sembrar, arar todo el da? Slo romper y quebrar los terrones de la tierra?
Cuando ya ha preparado su superficie, no esparce el eneldo, siembra el comino, pone el trigo en hileras, la cebada en el lugar sealado y la avena en su borde apropiado?
Porque su Dios lo instruye y le ensea lo recto:
que el eneldo no se trilla con trillo, ni sobre el comino se pasa rueda de carreta; sino que con un palo se sacude el eneldo, y el comino con una vara.
El grano se trilla; pero no lo trillar por siempre, ni lo aplasta con la rueda de su carreta, ni lo tritura con los dientes de su trillo.
Tambin esto sali de Jehov de los ejrcitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer su sabidura!
Ay de Ariel, de Ariel, la ciudad donde acamp David! Aadid un ao a otro, y que las fiestas sigan su curso.
Mas yo pondr a Ariel en aprietos, y habr desconsuelo y tristeza. Ser para m un "ariel".
Porque acampar contra ti, a tu alrededor; te sitiar con mquinas de asedio y levantar contra ti baluartes.
Entonces sers derribada y hablars desde la tierra. Tu habla saldr del polvo; tu voz, desde la tierra, ser como la de un fantasma, y tu habla susurrar desde el polvo.
La muchedumbre de tus enemigos ser como polvo menudo y la multitud de los fuertes como tamo que pasa. Acontecer repentinamente, en un momento.
Por Jehov de los ejrcitos sers visitada con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y con llama de fuego consumidor.
Y ser como un sueo de visin nocturna la multitud de todas las naciones que pelean contra Ariel, y todos los que pelean contra ella y su fortaleza, y los que la ponen en aprietos.
Les suceder como al que tiene hambre y suea: le parece que come, pero cuando despierta su estmago est vaco; o como al que tiene sed y suea: le parece que bebe, pero cuando despierta se halla cansado y sediento. As ser la multitud de todas las naciones que pelean contra el monte Sin.
Deteneos y maravillaos; ofuscaos y cegaos! Embriagaos, pero no de vino; tambaleaos, pero no por sidra!
Porque Jehov derram sobre vosotros un espritu de sopor, cerr los ojos de vuestros profetas y puso un velo sobre las cabezas de vuestros videntes.
Y os ser toda visin como las palabras de un libro sellado, el cual, si lo dan al que sabe leer, y le dicen: "Lee ahora esto", l dir: "No puedo, porque est sellado".
Y si se da el libro al que no sabe leer, dicindole: "Lee ahora esto", l dir: "No s leer".
Dice, pues, el Seor: "Porque este pueblo se acerca a m con su boca y con sus labios me honra, pero su corazn est lejos de m y su temor de m no es ms que un mandamiento de hombres que les ha sido enseado;
por eso, he aqu que nuevamente excitar yo la admiracin de este pueblo con un prodigio grande y espantoso, porque perecer la sabidura de sus sabios y se desvanecer la inteligencia de sus entendidos".
Ay de los que se esconden de Jehov encubriendo sus planes, y sus obras las hacen en tinieblas, y dicen: "Quin nos ve, y quin nos conoce?".
Vuestra perversidad ciertamente ser reputada como barro de alfarero. Acaso la obra dir de su hacedor: "No me hizo"? Dir la vasija de aquel que la ha formado: "No entiende"?
No se convertir, de aqu a muy poco tiempo, el Lbano en un campo frtil, y el campo frtil parecer un bosque?
En aquel tiempo los sordos oirn las palabras del libro y los ojos de los ciegos vern en medio de la oscuridad y de las tinieblas.
Entonces los humildes volvern a alegrarse en Jehov, y aun los ms pobres de los hombres se gozarn en el Santo de Israel.
El violento se habr acabado y el escarnecedor ser exterminado. Sern destruidos todos los que se desvelan por hacer iniquidad,
los que hacen pecar al hombre en palabra, los que arman trampa al que reprende en la puerta y pervierten la causa del justo con falsedad.
Por tanto, Jehov, que redimi a Abraham, dice as a la casa de Jacob: "No ser ahora avergonzado Jacob ni su rostro empalidecer,
porque ver a sus hijos, que al considerar la obra de mis manos en medio de ellos, santificarn mi nombre. Santificarn al Santo de Jacob y temern al Dios de Israel.
Y los extraviados de espritu aprendern inteligencia y los murmuradores aprendern la leccin".
Ay de los hijos que se apartan, dice Jehov, para tomar consejo, y no de m; para cobijarse con cubierta, y no de mi espritu, aadiendo pecado a pecado!
Se apartan para descender a Egipto pero no me han consultado. Quieren fortalecerse con la fuerza del faran, y ponen su esperanza en el amparo de Egipto.
Pero la fuerza del faran se os cambiar en vergenza y la proteccin a la sombra de Egipto, en confusin.
Cuando estn sus jefes en Zon y sus embajadores lleguen a Hanes,
todos se avergonzarn de un pueblo que no les sirve de nada, ni los socorre ni les trae provecho alguno; antes les ser para vergenza y aun para deshonra.
Profeca sobre las bestias del Neguev: Por tierra de tribulacin y angustia, de donde salen la leona y el len, la vbora y la serpiente que vuela, llevan sobre lomos de asnos sus riquezas y sus tesoros sobre jorobas de camellos. Las llevan a un pueblo que no les ser de provecho alguno.
Ciertamente, la ayuda de Egipto ser vana e intil. Por eso yo le he dado voces, que su fortaleza sera estarse quietos.
Ve, pues, ahora, y escribe esta visin en una tabla en presencia de ellos, y regstrala en un libro, para que quede hasta el da postrero, eternamente y para siempre.
Porque este pueblo es rebelde, son hijos mentirosos, hijos que no quisieron oir la ley de Jehov;
que dicen a los videntes: "No tengis visiones", y a los profetas: "No nos profeticis la verdad, sino decidnos cosas halageas, profetizad mentiras;
dejad el camino, apartaos de la senda, quitad de nuestra presencia al Santo de Israel".
Por tanto, el Santo de Israel dice as: "Porque desechasteis esta palabra y confiasteis en la violencia y en la iniquidad, y en ellas os habis apoyado,
por eso, este pecado os ser como grieta que amenaza ruina, extendindose en una pared elevada, cuya cada viene de pronto, repentinamente.
Y se quebrar como se quiebra un vaso de alfarero, que sin misericordia lo hacen pedazos; tanto, que entre los pedazos no se halla un cascote que sirva para traer fuego del hogar o para sacar agua del pozo".
Porque as dijo Jehov, el Seor, el Santo de Israel: "En la conversin y en el reposo seris salvos; en la quietud y en confianza estar vuestra fortaleza". Pero no quisisteis,
sino que dijisteis: "No, antes huiremos en caballos"; por tanto, vosotros huiris. "Sobre corceles veloces cabalgaremos"; por tanto, sern veloces vuestros perseguidores.
Un millar huir ante la amenaza de uno; ante la amenaza de cinco, huiris vosotros todos, hasta que quedis como un mstil en la cumbre de un monte y como una bandera sobre una colina.
Sin embargo, Jehov esperar para tener piedad de vosotros. A pesar de todo, ser exaltado y tendr de vosotros misericordia, porque Jehov es Dios justo. Bienaventurados todos los que confan en l!
Ciertamente, pueblo de Sin, que moras en Jerusaln, nunca ms llorars, pues el que tiene misericordia se apiadar de ti y te responder al oir la voz de tu clamor.
Aunque el Seor os dar pan de congoja y agua de angustia, con todo, tus maestros nunca ms te sern quitados, sino que tus ojos vern a tus maestros.
Entonces tus odos oirn detrs de ti la palabra que diga: "Este es el camino, andad por l y no echis a la mano derecha, ni tampoco os desviis a la mano izquierda".
Tendrs por impura la plata que recubre tus esculturas, y el oro que reviste tus imgenes fundidas. Los apartars como a un trapo asqueroso y les dirs: "Salid de aqu!".
Y dar el Seor lluvia a tu sementera, cuando siembres la tierra, y dar pan abundante y sustancioso como fruto de la tierra. Tus ganados en aquel tiempo sern apacentados en extensos pastizales.
Tus bueyes y tus asnos que labran la tierra comern grano limpio, aventado con pala y criba.
Y sobre todo monte alto y sobre todo collado elevado habr ros y corrientes de aguas el da de la gran matanza, cuando caern las torres.
La luz de la luna ser como la luz del sol, y la luz del sol ser siete veces mayor, como la luz de siete das, el da cuando vende Jehov la herida de su pueblo y cure la llaga que le caus.
He aqu que el nombre de Jehov viene de lejos! Su rostro viene encendido con llamas de fuego devorador; sus labios, llenos de ira y su lengua como fuego que consume.
Su aliento, cual torrente que inunda, llegar hasta el cuello, para zarandear a las naciones con criba de destruccin; y el freno estar en las quijadas de los pueblos, hacindolos errar.
Vuestros cnticos resonarn como en la noche en que se celebra la Pascua, y tendris alegra de corazn, como la del que al son de flauta viene al monte de Jehov, al Fuerte de Israel.
Y Jehov har oir su potente voz y har ver cmo descarga su brazo, con furor en su rostro y llama de fuego consumidor, con torbellino, tempestad y piedras de granizo.
Porque Asiria, que hiri con vara, con la voz de Jehov ser quebrantada.
Cada golpe de la vara justiciera que descargue Jehov sobre l, ser con panderos y con arpas; y en batalla tumultuosa pelear contra ellos.
Porque el Tofet ya de tiempo est dispuesto y preparado para el rey. Foso profundo y ancho, con pira de fuego y mucha lea. El soplo de Jehov, como torrente de azufre, lo encender.
Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, confan en los caballos y ponen su esperanza en los carros, porque son muchos, y en los jinetes, porque son valientes; pero no miran al Santo de Israel ni buscan a Jehov!
Pero l tambin es sabio, traer el mal y no retirar sus palabras. Se levantar, pues, contra la casa de los malignos y contra el auxilio de los que hacen iniquidad.
Los egipcios son hombres y no Dios; sus caballos, carne y no espritu; de manera que al extender Jehov su mano, caer el ayudador y caer el ayudado. Todos ellos desfallecern a una.
Jehov me habl de esta manera: "Como al len o al cachorro de len que ruge sobre la presa no lo espantan las voces de una cuadrilla de pastores que se rene contra l, ni se acobarda por el tropel de ellos, as Jehov de los ejrcitos descender a pelear sobre el monte Sin y sobre su collado.
Como las aves que vuelan, as amparar Jehov de los ejrcitos a Jerusaln, amparando, librando, preservando y salvando".
Volved a aquel contra quien se rebelaron gravemente los hijos de Israel!
Porque en aquel da arrojar el hombre sus dolos de plata y sus dolos de oro, que para vosotros han hecho vuestras manos pecadoras.
Entonces caer Asiria por espada no de varn; la consumir espada no de hombre. Y aun si escapa de la presencia de la espada, sus jvenes sern tributarios.
De miedo huir su fortaleza y sus prncipes, con pavor, dejarn sus banderas, dice Jehov, cuyo fuego est en Sin y su horno en Jerusaln.
He aqu que para justicia reinar un rey y prncipes presidirn en juicio.
Y ser aquel varn como escondedero contra el viento y como refugio contra la tormenta; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peasco en tierra calurosa.
No se ofuscarn entonces los ojos de los que ven, y los odos de los oyentes escucharn con atencin.
El corazn de los necios entender para comprender y la lengua de los tartamudos hablar con fluidez y claridad.
El ruin nunca ms ser llamado generoso ni el tramposo ser llamado respetable.
Porque el ruin habla ruindades y su corazn maquina iniquidad, para cometer impiedad y para decir blasfemias contra Jehov, dejando vaco al que tiene hambre y privando de beber al sediento.
Las armas del tramposo son malas; trama intrigas inicuas para enredar a los sencillos con palabras mentirosas y para hablar contra el pobre en el juicio.
Pero el noble piensa con nobleza, y por su nobleza ser enaltecido.
Mujeres indolentes, levantaos! Od mi voz, hijas confiadas, escuchad mi razn!
De aqu a algo ms de un ao tendris espanto, mujeres confiadas; porque la vendimia faltar y no llegar la cosecha.
Temblad, indolentes; turbaos, confiadas! Despojaos, desnudaos, ceid las caderas con vestiduras speras!
Golpendose el pecho lamentarn por los campos deleitosos, por las vias frtiles.
Sobre la tierra de mi pueblo subirn espinos y cardos, y aun sobre todas las casas en que hay alegra en la ciudad alegre.
Porque los palacios quedarn desiertos, el bullicio de la ciudad cesar; las torres y fortalezas se volvern cuevas para siempre, donde descansen asnos monteses y los ganados hagan majada,
hasta que sobre nosotros sea derramado el espritu de lo alto. Entonces el desierto se convertir en campo frtil y el campo frtil ser como un bosque.
Habitar el juicio en el desierto y en el campo frtil morar la justicia.
El efecto de la justicia ser la paz y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.
Y mi pueblo habitar en morada de paz, en habitaciones seguras y en lugares de reposo.
Cuando caer granizo en los montes y la ciudad ser del todo abatida.
Dichosos vosotros, los que sembris junto a todas las aguas y dejis sueltos al buey y al asno!
Ay de ti, que saqueas y nunca fuiste saqueado; que haces traicin, aunque nadie contra ti la ha hecho! Cuando acabes de saquear, sers t saqueado; y cuando acabes de cometer deslealtad, se cometer contra ti.
Jehov, ten misericordia de nosotros, que en ti hemos esperado. T, brazo de ellos en la maana, s tambin nuestra salvacin en el tiempo de la tribulacin.
Los pueblos huyeron a la voz del estruendo; las naciones fueron esparcidas al levantarte t.
Sus despojos sern recogidos como cuando se recogen orugas; se lanzarn sobre ellos como de una a otra parte se lanzan las langostas.
Ser exaltado Jehov, el cual mora en las alturas. l llena a Sin de derecho y de justicia.
l es la seguridad de sus das. Sabidura y conocimiento son sus riquezas salvadoras, y el temor de Jehov es su tesoro.
He aqu que sus embajadores darn voces afuera; los mensajeros de paz llorarn amargamente.
Las calzadas estn deshechas, cesaron los caminantes; ha anulado el pacto, aborreci las ciudades, tuvo en nada a los hombres.
Se enlut, enferm la tierra; el Lbano se avergonz y fue cortado; Sarn se ha vuelto como un desierto, y Basn y el Carmelo fueron sacudidos.
Ahora me levantar, dice Jehov; ahora ser exaltado, ahora ser engrandecido.
Concebisteis hojarascas, rastrojo daris a luz; el soplo de vuestro fuego os consumir.
Y los pueblos sern como cal quemada; como espinos cortados sern quemados con fuego.
Od, los que estis lejos, lo que he hecho; y vosotros, los que estis cerca, conoced mi poder.
Los pecadores se asombraron en Sin y el espanto sobrecogi a los hipcritas: "Quin de nosotros morar con el fuego consumidor? Quin de nosotros habitar con las llamas eternas?".
El que camina en justicia y habla lo recto, el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir soborno, el que tapa sus odos para no oir propuestas sanguinarias, el que cierra sus ojos para no ver cosa mala,
este habitar en las alturas, fortaleza de rocas ser su lugar de refugio, se le dar su pan y sus aguas tendr seguras.
Tus ojos vern al Rey en su hermosura, vern la tierra que est lejos.
Tu corazn imaginar el espanto y dir: "Qu fue del escriba?, qu del pesador del tributo?, qu del que inspeccionaba las torres?".
No vers ms a aquel pueblo insolente, pueblo de lengua difcil de entender, de lengua oscura, incomprensible.
Mira a Sin, ciudad de nuestras fiestas solemnes. Tus ojos vern a Jerusaln, morada de quietud, tienda que no ser desarmada, ni sern arrancadas sus estacas ni ninguna de sus cuerdas ser rota.
Porque ciertamente all ser Jehov poderoso para con nosotros. Y ser un lugar de ros y canales muy anchos, por el cual no navegar galera de remos ni pasar nave poderosa.
Porque Jehov es nuestro juez, Jehov es nuestro legislador, Jehov es nuestro Rey. l mismo nos salvar!
Tus cuerdas se aflojaron; no afirmaron su mstil ni entesaron la vela. Se repartir entonces botn de muchos despojos. Hasta los cojos arrebatarn el botn!
No dir el morador: "Estoy enfermo". Al pueblo que more en ella, le ser perdonada la iniquidad.
Acercaos, naciones, juntaos para oir; y vosotros, pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que l produce.
Porque Jehov est airado contra todas las naciones, indignado contra todo el ejrcito de ellas; las destruir y las entregar al matadero.
Los muertos de ellas sern arrojados, de sus cadveres subir el hedor y los montes se disolvern con la sangre de ellos.
Todo el ejrcito de los cielos se disolver, y se enrollarn los cielos como un libro; y caer todo su ejrcito como se cae la hoja de la parra, como se cae la de la higuera.
Porque en los cielos se embriagar mi espada; descender sobre Edom para juicio, y sobre el pueblo de mi maldicin.
Llena est de sangre y de grasa la espada de Jehov: sangre de corderos y de machos cabros, grasa de riones de carneros, porque Jehov tiene sacrificios en Bosra y una gran matanza en tierra de Edom.
Con ellos caern bfalos, toros y becerros. Su tierra se embriagar de sangre y su polvo se llenar de grasa.
Porque es da de venganza de Jehov, ao de retribuciones en el pleito de Sin.
Sus arroyos se convertirn en brea, su polvo en azufre y su tierra en brea ardiente.
No se apagar de noche ni de da, sino que por siempre subir su humo; de generacin en generacin quedar desolada y nunca jams pasar nadie por ella.
Se aduearn de ella el pelcano y el erizo; la lechuza y el cuervo morarn en ella, y se extender sobre ella cordel de destruccin y niveles de asolamiento.
Llamarn a sus prncipes "prncipes sin reino"; y todos sus grandes sern como nada.
En sus alczares crecern espinos, y ortigas y cardos en sus fortalezas; y sern morada de chacales y patio para los pollos de los avestruces.
Las fieras del desierto se encontrarn con las hienas, y la cabra salvaje llamar a su compaero; la lechuza tambin tendr all refugio y hallar para s reposo.
All anidar el bho, pondr sus huevos, sacar sus pollos y los juntar debajo de sus alas; tambin se juntarn all los buitres, con su pareja.
Consultad el libro de Jehov y leed si falt alguno de ellos; ninguno falt con su pareja. Porque su boca mand y su mismo espritu los reuni.
Y l les ech suertes y su mano les reparti a cordel. Para siempre la tendrn por heredad; de generacin en generacin morarn all.
Se alegrarn el desierto y el erial; la estepa se gozar y florecer como la rosa.
Florecer profusamente y tambin se alegrar y cantar con jbilo; la gloria del Lbano le ser dada, la hermosura del Carmelo y de Sarn. Ellos vern la gloria de Jehov, el esplendor del Dios nuestro.
Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles!
Decid a los de corazn apocado: "Esforzaos, no temis! He aqu que vuestro Dios viene con retribucin, con pago; Dios mismo vendr y os salvar".
Entonces los ojos de los ciegos sern abiertos y destapados los odos de los sordos.
Entonces el cojo saltar como un ciervo y cantar la lengua del mudo, porque aguas sern cavadas en el desierto y torrentes en la estepa.
El lugar seco se convertir en estanque y el sequedal en manaderos de aguas. La guarida de los chacales, donde ellos se refugian, ser lugar de caas y juncos.
Y habr all calzada y camino, el cual ser llamado Camino de Santidad. No pasar por all ningn impuro, sino que l mismo estar con ellos. El que ande por este camino, por torpe que sea, no se extraviar.
No habr all len, ni fieras subirn por l ni all se encontrarn, para que caminen los redimidos.
Y los redimidos por Jehov volvern a Sin con alegra; y habr gozo perpetuo sobre sus cabezas. Tendrn gozo y alegra, y huirn la tristeza y el gemido.
Aconteci en el ao catorce del rey Ezequas, que Senaquerib, rey de Asiria, subi contra todas las ciudades fortificadas de Jud y las tom.
El rey de Asiria envi al copero mayor con un gran ejrcito desde Laquis a Jerusaln contra el rey Ezequas, y acamp junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador.
Y sali a l Eliaquim hijo de Hilcas, el mayordomo; Sebna, el escriba, y Joa hijo de Asaf, el canciller,
a los cuales dijo el copero mayor: -- Decid ahora a Ezequas: El gran rey, el rey de Asiria, dice as: "Qu confianza es esta en que te apoyas?
Yo digo que la tctica y el podero para la guerra, de los que t hablas, no son ms que palabras vacas. Ahora bien, en quin confas para que te rebeles contra m?
He aqu que confas en ese bastn de caa astillada, en Egipto, en el cual si alguien se apoya, se le clavar en la mano y se la atravesar. Tal es el faran, el rey de Egipto, para con todos los que en l confan.
Y si me decs: 'En Jehov, nuestro Dios, confiamos', acaso no es este aquel cuyos lugares altos y cuyos altares hizo quitar Ezequas, y dijo a Jud y a Jerusaln: 'Delante de este altar adoraris'?".
Ahora, pues, yo te ruego que hagas un trato con el rey de Asiria, mi seor: Yo te dar dos mil caballos, si t puedes dar jinetes que los monten.
Cmo, pues, podrs resistir a un capitn, al menor de los siervos de mi seor, aunque ests confiado en Egipto con sus carros y sus jinetes?
Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin permiso de Jehov? Fue Jehov quien me dijo: "Sube a esta tierra y destryela".
Entonces dijeron Eliaquim, Sebna y Joa al copero mayor: -- Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos; y no hables con nosotros en la lengua de Jud, porque lo oye el pueblo que est sobre el muro.
Dijo el copero mayor: -- Acaso me envi mi seor a que dijera estas palabras a ti y a tu seor, y no a los hombres que estn sobre el muro, expuestos a comer su estircol y beber su orina lo mismo que vosotros?
Entonces el copero mayor se puso en pie y grit a gran voz en la lengua de Jud, diciendo: -- Od las palabras del gran rey, el rey de Asiria!
El rey dice as: "No os engae Ezequas, porque no os podr librar.
Ni os haga Ezequas confiar en Jehov, diciendo: 'Ciertamente Jehov nos librar; no ser entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria'.
No escuchis a Ezequas!, porque as dice el rey de Asiria: 'Haced conmigo la paz y salid a m; y coma cada uno de su via, cada uno de su higuera, y beba cada cual las aguas de su pozo,
hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de vias'.
Mirad que no os engae Ezequas diciendo: 'Jehov nos librar'. Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de manos del rey de Asiria?
Dnde est el dios de Hamat y de Arfad? Dnde est el dios de Sefarvaim? Libraron ellos a Samaria de mis manos?
Qu dios hay entre los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mis manos, para que Jehov libre de mis manos a Jerusaln?".
Pero ellos callaron, no le respondieron palabra, porque el rey as lo haba mandado, diciendo: "No le respondis".
Entonces Eliaquim hijo de Hilcas, el mayordomo; Sebna, el escriba, y Joa hijo de Asaf, el canciller, vinieron a Ezequas, rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del copero mayor.
Aconteci, pues, que cuando el rey Ezequas oy esto rasg sus vestidos y cubierto de ropas speras vino a la casa de Jehov.
Y envi a Eliaquim, el mayordomo; a Sebna, el escriba, y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de ropas speras, a ver al profeta Isaas hijo de Amoz.
Ellos le dijeron: -- Esto ha dicho Ezequas: "Da de angustia, de castigo y de deshonra es este da, porque los hijos han llegado hasta el punto de nacer, pero la que da a luz no tiene fuerzas.
Quiz ha escuchado Jehov, tu Dios, las palabras del copero mayor, al cual el rey de Asiria, su seor, envi para blasfemar contra el Dios vivo; y l lo castigar por las palabras que Jehov, tu Dios, haya escuchado. Eleva, pues, una oracin t por el resto que an ha quedado".
Vinieron, pues, los siervos de Ezequas a Isaas.
Y les dijo Isaas: -- Decid a vuestro seor que as ha dicho Jehov: "No temas por las palabras que has odo, con las cuales han blasfemado contra m los siervos del rey de Asiria.
He aqu que yo pondr en l un espritu, oir un rumor y se volver a su tierra; y har que en su tierra perezca a espada".
Vuelto, pues, el copero mayor, hall al rey de Asiria que combata contra Libna, porque ya haba odo que se haba apartado de Laquis.
Pero oy decir de Tirhaca, rey de Etiopa: "He aqu que ha salido para hacerte guerra", y al orlo envi embajadores a Ezequas, dicindoles:
"As diris a Ezequas, rey de Jud: "No te engae tu Dios, en quien t confas, diciendo: 'Jerusaln no ser entregada en manos del rey de Asiria'.
He aqu que t has odo lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, que las han destruido. Y escapars t?
Acaso libraron sus dioses a las naciones que destruyeron mis antepasados, a Gozn, Harn, Resef y a los hijos de Edn que moraban en Telasar?
Dnde est el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, el de Hena y el de Iva?"".
Tom Ezequas las cartas de manos de los embajadores y las ley. Luego subi a la casa de Jehov y las extendi delante de Jehov.
Entonces Ezequas or a Jehov diciendo:
"Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, solo t eres Dios de todos los reinos de la tierra; t hiciste los cielos y la tierra.
Inclina, Jehov, tu odo, y oye; abre, Jehov, tus ojos, y mira. Escucha todas las palabras que Senaquerib ha enviado a decir, para blasfemar contra el Dios viviente.
Ciertamente, Jehov, los reyes de Asiria han destruido todas las tierras y sus comarcas
y han entregado los dioses de ellos al fuego, porque no eran dioses sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron.
Ahora pues, Jehov, Dios nuestro, lbranos de sus manos, para que todos los reinos de la tierra conozcan que solo t eres Jehov".
Entonces Isaas hijo de Amoz, envi a decir a Ezequas: -- As ha dicho Jehov, Dios de Israel, acerca de lo que me rogaste sobre Senaquerib, rey de Asiria.
Estas son las palabras que Jehov ha hablado contra l: "La virgen hija de Sin te menosprecia, se burla de ti; a tus espaldas mueve su cabeza la hija de Jerusaln.
A quin ultrajaste y contra quin blasfemaste? Contra quin has alzado tu voz y levantado tus ojos con altivez? Contra el Santo de Israel!
Por medio de tus siervos has ultrajado al Seor y has dicho: 'Con la multitud de mis carros subir a las alturas de los montes, a las laderas del Lbano; cortar sus altos cedros, sus cipreses escogidos; llegar hasta sus ms elevadas cumbres, a su bosque ms frondoso.
Yo cav y beb las aguas, y con las pisadas de mis pies secar todos los ros de Egipto'.
No has odo decir que desde tiempos antiguos yo lo hice, que desde los das de la antigedad lo tengo planeado? Pues ahora lo he hecho venir. Y t ests puesto para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros.
Sus moradores fueron de corto poder. Acobardados y confusos, fueron como hierba del campo y hortaliza verde, como heno de los terrados, que antes de sazn se seca.
He conocido tu condicin, tu salida y tu entrada, y tu furor contra m.
Porque contra m te airaste y tu arrogancia ha llegado a mis odos; pondr, pues, mi garfio en tu nariz y mi freno en tus labios, y te har volver por el camino por donde viniste".
"Esto te ser por seal: Comeris este ao lo que nace de suyo, el ao segundo lo que nace de suyo, pero el tercer ao sembraris y segaris, plantaris vias y comeris su fruto.
Y los que hayan quedado de la casa de Jud, y los que hayan escapado, volvern a echar raz abajo y darn fruto arriba.
Porque de Jerusaln saldr un resto y del monte Sin los sobrevivientes. El celo de Jehov de los ejrcitos har esto.
Por tanto, as dice Jehov acerca del rey de Asiria: "No entrar en esta ciudad ni arrojar saeta en ella; no vendr delante de ella con escudo ni levantar contra ella baluarte.
Por el camino que vino, volver y no entrar en esta ciudad, dice Jehov.
Porque yo amparar a esta ciudad para salvarla, por amor a m mismo y por amor a David, mi siervo".
Y sali el ngel de Jehov y mat a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la maana, todo era cadveres.
Entonces Senaquerib, rey de Asiria, se fue y se estableci en Nnive.
Y aconteci que mientras adoraba en el templo de Nisroc, su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer lo mataron a espada, y huyeron a la tierra de Ararat. Y rein en su lugar Esarhadn, su hijo.
En aquellos das Ezequas enferm de muerte. Y el profeta Isaas hijo de Amoz, vino a l y le dijo: "Esto dice Jehov: "Ordena los asuntos de tu casa, porque vas a morir. Ya no vivirs"".
Entonces volvi Ezequas su rostro a la pared e hizo oracin a Jehov,
y dijo: "Jehov, te ruego que recuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con ntegro corazn, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos". Y llor Ezequas con gran llanto.
Entonces vino palabra de Jehov a Isaas, diciendo:
"Ve y dile a Ezequas: "Jehov, Dios de tu padre David, dice as: 'He odo tu oracin y he visto tus lgrimas; he aqu que yo aado a tus das quince aos.
Te librar, a ti y a esta ciudad, de manos del rey de Asiria; y a esta ciudad amparar.
Esto te ser por seal de parte de Jehov, que Jehov har esto que ha dicho:
He aqu, yo har regresar la sombra diez grados ms de los grados que ya ha descendido en el reloj de Acaz' "". Y volvi el sol diez grados atrs, sobre los cuales ya haba descendido.
Escrito de Ezequas, rey de Jud, de cuando enferm y san de su enfermedad:
"Yo dije: "En la mitad de mis das me ir a las puertas del seol; privado soy del resto de mis aos".
Y dije: "No ver a Jah, a Jah en la tierra de los vivientes; ya no ver ms a los hombres entre los moradores del mundo.
Mi morada ha sido movida y traspasada de m, como una tienda de pastor. Como un tejedor yo devanaba mi vida; pero l la va a cortar del telar. T me consumirs entre el da y la noche!".
Yo clamo hasta la maana; l, como un len, muele todos mis huesos: de la noche a la maana terminars conmigo.
Como la grulla y como la golondrina me estoy quejando; gimo como la paloma y alzo hacia lo alto mis ojos. Jehov, violencia padezco, fortalceme!
Qu dir? El que me lo dijo, l mismo lo har. Andar humillado todos mis aos, a causa de la amargura de mi alma.
Seor, por estas cosas los hombres viven y en todas ellas est la vida de mi espritu; pues t me restablecers y hars que viva.
He aqu gran amargura me sobrevino en la paz, pero a ti te agrad librar mi vida del hoyo de corrupcin, porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados.
Pues el seol no te exaltar ni te alabar la Muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarn en tu verdad.
El que vive, el que vive, este te dar alabanza, como yo hoy. El padre har notoria tu verdad a los hijos.
Jehov me salva! Por eso tocaremos nuestros instrumentos y cantaremos en la casa de Jehov todos los das de nuestra vida".
Y haba dicho Isaas: -- Tomen una masa de higos y pnganla en la llaga, y sanar.
Haba asimismo dicho Ezequas: -- Qu seal tendr de que subir a la casa de Jehov?
En aquel tiempo, Merodac-baladn hijo de Baladn, rey de Babilonia, envi cartas y presentes a Ezequas, porque supo que haba estado enfermo y que se haba restablecido.
Se regocij con ellos Ezequas y les mostr la casa de su tesoro: la plata y el oro, las especias, los ungentos preciosos, toda su casa de armas y todo lo que se hallaba en sus tesoros. No hubo cosa en su casa y en todos sus dominios que Ezequas no les mostrara.
Entonces el profeta Isaas vino al rey Ezequas y le dijo: -- Qu dicen estos hombres y de dnde han venido a ti? Ezequas respondi: -- De tierra muy lejana han venido a m, de Babilonia.
Dijo entonces: -- Qu han visto en tu casa? Y dijo Ezequas: -- Todo lo que hay en mi casa han visto; ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado.
Entonces dijo Isaas a Ezequas: -- Oye palabra de Jehov de los ejrcitos:
"He aqu vienen das en que ser llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna cosa quedar, dice Jehov.
De tus hijos que saldrn de ti y que habrs engendrado, tomarn, y sern eunucos en el palacio del rey de Babilonia".
Y dijo Ezequas a Isaas: -- La palabra de Jehov que has hablado es buena. Y aadi: -- A lo menos, haya paz y seguridad en mis das.
"Consolad, consolad a mi pueblo!", dice vuestro Dios.
Hablad al corazn de Jerusaln; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado est perdonado, que doble ha recibido de la mano de Jehov por todos sus pecados.
Voz que clama en el desierto: "Preparad un camino a Jehov; nivelad una calzada en la estepa a nuestro Dios!
Todo valle sea alzado y bjese todo monte y collado! Que lo torcido se enderece y lo spero se allane!
Entonces se manifestar la gloria de Jehov y toda carne juntamente la ver, porque la boca de Jehov ha hablado".
Voz que deca: "Da voces!". Y yo respond: "Qu tengo que decir a voces?". "Que toda carne es hierba y toda su gloria como la flor del campo.
La hierba se seca y la flor se marchita, porque el viento de Jehov sopla en ella. Ciertamente como hierba es el pueblo!
La hierba se seca y se marchita la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre".
Sbete sobre un monte alto, anunciadora de Sin; levanta con fuerza tu voz, anunciadora de Jerusaln. Levntala sin temor! Di a las ciudades de Jud: "Ved aqu al Dios vuestro!".
He aqu que Jehov el Seor vendr con poder, y su brazo dominar; he aqu que su recompensa viene con l y su paga delante de su rostro.
Como pastor apacentar su rebao. En su brazo llevar los corderos, junto a su pecho los llevar; y pastorear con ternura a las recin paridas.
Quin midi las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos junt el polvo de la tierra, y pes los montes con balanza y con pesas los collados?
Quin examin al espritu de Jehov o le aconsej y enseo?
A quin pidi consejo para poder discernir? Quin le ense el camino del juicio o le dio conocimiento o le mostr la senda de la prudencia?
He aqu que las naciones son para l como la gota de agua que cae del cubo, y como polvo menudo en las balanzas le son estimadas. He aqu que las islas le son como polvo que se desvanece.
Ni el Lbano bastar para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio.
Como nada son todas las naciones delante de l; para l cuentan menos que nada, menos que lo que no es.
A qu, pues, haris semejante a Dios o qu imagen le compondris?
El artfice prepara la imagen de talla, el platero le extiende el oro y le funde cadenas de plata.
El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se apolille; se busca un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se mueva.
No sabis? No habis odo? No os lo han dicho desde el principio? No habis sido enseados desde que la tierra se fund?
l est sentado sobre el crculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; l extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar.
l convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana.
Como si nunca hubieran sido plantados, como si nunca hubieran sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raz en la tierra; tan pronto como sopla en ellos, se secan, y el torbellino los lleva como hojarasca.
A qu, pues, me haris semejante o me compararis? dice el Santo.
Levantad en alto vuestros ojos y mirad quin cre estas cosas; l saca y cuenta su ejrcito; a todas llama por sus nombres y ninguna faltar. Tal es la grandeza de su fuerza y el poder de su dominio!
Por qu dices, Jacob, y hablas t, Israel: "Mi camino est escondido de Jehov, y de mi Dios pas mi juicio"?
No has sabido, no has odo que el Dios eterno es Jehov, el cual cre los confines de la tierra? No desfallece ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
l da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jvenes flaquean y caen;
mas los que esperan en Jehov tendrn nuevas fuerzas, levantarn alas como las guilas, corrern y no se cansarn, caminarn y no se fatigarn.
Escuchadme, costas, y esfurcense los pueblos; acrquense, y entonces hablen; vengamos juntos a juicio.
Quin despert del oriente al justo, lo llam para que lo siguiera, entreg delante de l naciones y le hizo enseorearse de reyes? Quin los volvi con su espada como polvo, como paja arrebatada por su arco?
Los sigui, pas en paz por camino por donde sus pies nunca haban entrado.
Quin hizo y realiz esto? Quin llama las generaciones desde el principio? Yo Jehov, soy el primero, y yo mismo ser con los ltimos.
Las costas vieron y tuvieron temor; los confines de la tierra se espantaron; se congregaron y vinieron.
Cada cual ayuda a su vecino y dice a su hermano: "Esfurzate!".
El carpintero anima al platero y el que alisa con martillo al que bate en el yunque, dicindole: "Bien est la soldadura!". Y luego lo afirman con clavos para que no se mueva.
Pero t, Israel, siervo mo eres; t, Jacob, a quien yo escog, descendencia de Abraham, mi amigo.
Porque te tom de los confines de la tierra, de tierras lejanas te llam y te dije: "Mi siervo eres t; te escog y no te desech.
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudar, siempre te sustentar con la diestra de mi justicia.
He aqu que todos los que se enojan contra ti sern avergonzados y confundidos; sern como nada y perecern los que contienden contigo.
Buscars a los que tienen contienda contigo y no los hallars; sern como nada, como cosa que no existe, aquellos que te hacen la guerra.
Porque yo Jehov soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: "No temas, yo te ayudo".
"No temas, gusanito de Jacob; vosotros, los poquitos de Israel! Yo soy tu socorro, dice Jehov; el Santo de Israel es tu Redentor.
He aqu que yo te he puesto por trillo, por trillo nuevo, lleno de dientes; trillars montes y los molers, y collados reducirs a tamo.
Los aventars y se los llevar el viento; los esparcir el torbellino; pero t te regocijars en Jehov, te gloriars en el Santo de Israel.
"Los afligidos y necesitados buscan las aguas, pero no las encuentran; seca est de sed su lengua. Yo, Jehov, los oir; yo, el Dios de Israel, no los desamparar.
En las alturas abrir ros y fuentes en medio de los valles; abrir en el desierto estanques de aguas y manantiales de aguas en la tierra seca.
Har crecer en la estepa cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondr en la tierra rida cipreses, olmos y bojes juntamente,
para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos que la mano de Jehov hace esto, que el Santo de Israel lo ha creado".
"Alegad por vuestra causa", dice Jehov; "presentad vuestras pruebas", dice el Rey de Jacob.
Que se acerquen y nos anuncien lo que ha de venir: que nos digan lo que ha pasado desde el principio y pondremos nuestro corazn en ello; y sepamos tambin su final. Hacednos entender lo que ha de venir!
Dadnos noticias de lo que ha de ser despus, para que sepamos que vosotros sois dioses. A lo menos haced algo, sea bueno o malo, para que tengamos algo que contar y, al propio tiempo, nos maravillemos.
He aqu que vosotros sois nada, y vuestras obras, vanidad; abominacin es el que os escoge.
Del norte levant a uno, y vendr; de donde nace el sol invocar mi nombre, y pisotear prncipes como a lodo, como pisa el barro el alfarero.
Quin lo anunci desde el principio, para que lo sepamos; o de tiempo atrs, para que digamos: "Es justo"? Cierto, no hay quien lo anuncie; s, no hay quien lo ensee. Ciertamente, no hay quien oiga vuestras palabras.
Yo soy el primero que he enseado estas cosas a Sin, y a Jerusaln dar un mensajero de alegres noticias.
Mir, pero no haba ninguno; les pregunt por estas cosas, pero ningn consejero hubo; les pregunt, pero no respondieron palabra.
He aqu, todos son vanidad y sus obras no son nada. Viento y vanidad son sus imgenes fundidas!
"Este es mi siervo, yo lo sostendr; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento. He puesto sobre l mi espritu; l traer justicia a las naciones.
No gritar, no alzar su voz ni la har oir en las calles.
No quebrar la caa cascada ni apagar el pbilo que se extingue: por medio de la verdad traer la justicia.
No se cansar ni desmayar, hasta que establezca en la tierra la justicia. Las costas esperarn su ley".
As dice Jehov, Dios, Creador de los cielos y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora en ella y espritu a los que por ella caminan:
"Yo, Jehov, te he llamado en justicia y te sostendr por la mano; te guardar y te pondr por pacto al pueblo, por luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la crcel a los presos y de casas de prisin a los que moran en tinieblas.
Yo, Jehov, este es mi nombre! A ningn otro dar mi gloria, ni a los dolos mi alabanza.
He aqu, ya se cumplieron las cosas primeras y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las har saber".
Cantad a Jehov un nuevo cntico, su alabanza desde el extremo de la tierra; los que descendis al mar y cuanto hay en l, las costas y sus moradores.
Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela; desde la cumbre de los montes den voces de jbilo.
Den gloria a Jehov y anuncien sus loores en las costas.
Jehov saldr como un gigante y como el de un guerrero despertar su celo; gritar, dar su grito de guerra, prevalecer sobre sus enemigos.
Desde el siglo he callado, he guardado silencio, me he contenido; pero ahora dar voces como la que est de parto, y a la vez asolar y devorar.
Convertir en soledad montes y collados, har secar toda su hierba; los ros tornar en islas y secar los estanques.
Guiar a los ciegos por un camino que no conocan; los har andar por sendas que no haban conocido. Delante de ellos cambiar las tinieblas en luz y lo escabroso en llanura. Estas cosas les har y no los desamparar.
Sern vueltos atrs y en extremo confundidos los que confan en dolos y dicen a las imgenes de fundicin: "Vosotros sois nuestros dioses".
"Sordos, od, y vosotros, ciegos, mirad para ver.
Quin es ciego, sino mi siervo? Quin es tan sordo como mi mensajero que envi? Quin es tan ciego como mi escogido, tan ciego como el siervo de Jehov,
que ve muchas cosas y no advierte, que abre los odos y no oye?
Jehov se complaci por amor de su justicia en magnificar la Ley y engrandecerla.
Mas este es un pueblo saqueado y pisoteado, todos ellos atrapados en cavernas y escondidos en crceles. Son puestos para despojo, y no hay quien los libre; son despojados, y no hay quien diga: "Restituid!"".
Quin de vosotros oir esto? Quin atender y escuchar respecto al porvenir?
Quin dio a Jacob en botn y entreg a Israel a saqueadores? No fue Jehov, contra quien pecamos? No quisieron andar en sus caminos ni escucharon su Ley.
Por tanto, derram sobre l el ardor de su ira y la violencia de la guerra; le prendi fuego por todas partes, pero no entendi; lo incendi, mas no hizo caso.
Ahora, as dice Jehov, Creador tuyo, Jacob, y Formador tuyo, Israel: "No temas, porque yo te redim; te puse nombre, mo eres t.
Cuando pases por las aguas, yo estar contigo; y si por los ros, no te anegarn. Cuando pases por el fuego, no te quemars ni la llama arder en ti.
Porque yo, Jehov, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopa y a Seba a cambio de ti.
Porque a mis ojos eres de gran estima, eres honorable y yo te he amado; dar, pues, hombres a cambio de ti y naciones a cambio de tu vida.
No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traer tu descendencia y del occidente te recoger.
Dir al norte: "<Da ac!", y al sur: "No los retengas; trae de lejos a mis hijos, y a mis hijas de los confines de la tierra,
a todos los llamados de mi nombre, que para gloria ma los he creado, los form y los hice!"".
Sacad al pueblo ciego que tiene ojos y a los sordos que tienen odos.
Congrguense a una todas las naciones y jntense todos los pueblos. Quin de ellos hay que nos d noticias de esto y que nos haga oir las cosas primeras? Presenten sus testigos y justifquense; oigan y digan: "Verdad es".
"Vosotros sois mis testigos, dice Jehov, y mi siervo que yo escog, para que me conozcis y creis y entendis que yo mismo soy; antes de m no fue formado dios ni lo ser despus de m.
Yo, yo soy Jehov, y fuera de m no hay quien salve.
Yo anunci y salv, hice oir y no hubo entre vosotros dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehov, que yo soy Dios.
Aun antes que hubiera da, yo era, y no hay quien de mis manos libre. Lo que hago yo, quin lo estorbar?".
As dice Jehov, Redentor vuestro, el Santo de Israel: "Por vosotros envi a Babilonia e hice descender como fugitivos a todos ellos, aun a los caldeos en las naves de que se gloriaban.
Yo, Jehov, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey.
As dice Jehov, el que abre camino en el mar y senda en las aguas impetuosas;
el que saca carro y caballo, ejrcito y fuerza; caen juntamente para no levantarse; se extinguen, como pbilo son apagados.
No os acordis de las cosas pasadas ni traigis a la memoria las cosas antiguas.
He aqu que yo hago cosa nueva; pronto saldr a luz, no la conoceris? Otra vez abrir camino en el desierto y ros en la tierra estril.
Las fieras del campo me honrarn, los chacales y los pollos del avestruz; porque dar aguas en el desierto, ros en la tierra estril, para que beba mi pueblo, mi escogido.
Este pueblo he creado para m; mis alabanzas publicar.
"Y no me invocaste a m, Jacob, sino que de m te cansaste, Israel.
No me trajiste los animales de tus holocaustos ni me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda ni te hice fatigar con incienso.
No compraste para m caa aromtica por dinero ni me saciaste con la grasa de tus sacrificios, sino que pusiste sobre m la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades.
"Yo, yo soy quien borro tus rebeliones por amor de m mismo, y no me acordar de tus pecados.
Hazme recordar, entremos juntos a juicio. Habla t para justificarte!
Tu primer padre pec y tus enseadores se rebelaron contra m.
Por tanto, yo profan a los prncipes del santuario, entregu a maldicin a Jacob y por ultraje a Israel.
"Ahora pues, oye, Jacob, siervo mo, Israel, a quien yo escog:
As dice Jehov, Hacedor tuyo y el que te form desde el vientre, el cual te ayudar: No temas, siervo mo Jacob, t, Jesurn, a quien yo escog.
Porque yo derramar aguas sobre el sequedal, ros sobre la tierra seca. Mi espritu derramar sobre tu descendencia, y mi bendicin sobre tus renuevos;
y brotarn entre la hierba, como los sauces junto a las riberas de las aguas.
Este dir: "Yo soy de Jehov". Otro se pondr por nombre Jacob, y otro escribir con su mano: "A Jehov", y se apellidar con el nombre de Israel.
"As dice Jehov, Rey de Israel y su Redentor, Jehov de los ejrcitos: Yo soy el primero y yo soy el ltimo, y fuera de m no hay Dios.
Y quin proclamar lo venidero, lo declarar y lo pondr en orden delante de m, como hago yo desde que establec el pueblo antiguo? Que les anuncien lo que viene, lo que est por venir!
No temis ni os amedrentis. No te lo hice oir desde la antigedad y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo! No hay Roca, no conozco ninguna!".
Los que modelan imgenes de talla, todos ellos son nada, y lo ms precioso de ellos para nada es til; y ellos mismos, para su confusin, son testigos de que los dolos no ven ni entienden.
Quin fabrica un dios o quin funde una imagen que para nada es de provecho?
Todos los suyos sern avergonzados, porque los artfices mismos son seres humanos. Todos ellos se juntarn, se presentarn, se asombrarn y sern a una avergonzados.
El herrero toma la tenaza, trabaja en las brasas, le da forma con los martillos y trabaja en ello con la fuerza de su brazo; luego tiene hambre y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya.
El carpintero tiende la regla, lo disea con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el comps, lo hace en forma de varn, a semejanza de un hermoso hombre, para tenerlo en casa.
Corta cedros, toma ciprs y encina, que crecen entre los rboles del bosque; planta un pino, para que crezca con la lluvia.
De l se sirve luego el hombre para quemar, toma de ellos para calentarse; enciende tambin el horno y cuece panes; hace adems un dios y lo adora; fabrica un dolo y se arrodilla delante de l.
Una parte del leo la quema en el fuego; con ella prepara un asado de carne, lo come y se sacia. Despus se calienta y dice: "Ah, me he calentado con este fuego!".
Del sobrante hace un dios (un dolo suyo), se postra delante de l, lo adora y le ruega diciendo: "Lbrame, porque t eres mi dios!".
No saben ni entienden, porque cerrados estn sus ojos para no ver y su corazn para no entender.
No reflexiona para s, no tiene conocimiento ni entendimiento para decir: "Parte de esto quem en el fuego, sobre sus brasas coc pan, as carne y la com. Har del resto de l una abominacin? Me postrar delante de un tronco de rbol?".
De ceniza se alimenta; su corazn engaado lo desva, para que no libre su alma ni diga: "No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha?".
"Acurdate de estas cosas, Jacob, porque mi siervo eres, Israel. Yo te form, siervo mo eres t. Israel, no me olvides!
Yo deshice como a una nube tus rebeliones y como a una niebla tus pecados; vulvete a m, porque yo te redim".
Cantad loores, cielos, porque Jehov lo hizo; gritad con jbilo, profundidades de la tierra. Prorrumpid, montes, en alabanza, y el bosque y todo rbol que hay en l, porque Jehov redimi a Jacob y en Israel ser glorificado.
As dice Jehov, tu Redentor, que te form desde el vientre: "Yo Jehov, que lo hago todo, que despliego yo solo los cielos, que extiendo la tierra por m mismo;
que deshago las seales de los adivinos y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrs a los sabios y desvanezco su sabidura.
Yo soy el que despierta la palabra de su siervo y lleva a cabo el plan de sus mensajeros; el que dice a Jerusaln: "Sers habitada", y a las ciudades de Jud: "Sern reconstruidas y reedificar sus ruinas".
Yo soy el que dice a las profundidades: "Secaos! Yo har secar tus ros!".
Yo soy el que dice de Ciro: "Es mi pastor y cumplir todo lo que yo quiero, al decir a Jerusaln: 'Sers edificada', y al Templo: 'Sern puestos tus cimientos' "".
"As dice Jehov a su ungido, a Ciro, al cual tom yo por su mano derecha para sujetar naciones delante de l y desatar lomos de reyes; para abrir puertas delante de l, puertas que no se cerrarn:
Yo ir delante de ti y enderezar los lugares torcidos; quebrantar puertas de bronce y har pedazos cerrojos de hierro.
Te dar los tesoros escondidos y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy Jehov, el Dios de Israel, que te pongo nombre.
Por amor de mi siervo Jacob, de Israel, mi escogido, te llam por tu nombre; te puse un nombre insigne, aunque no me has conocido.
Yo soy Jehov y no hay ningn otro. No hay Dios fuera de m. Yo te ceir, aunque t no me has conocido,
para que se sepa desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, que no hay ms que yo. Yo soy Jehov, y no hay ningn otro.
Yo formo la luz y creo las tinieblas, hago la paz y creo la adversidad. Solo yo, Jehov, soy el que hago todo esto.
"Rociad, cielos, desde arriba, y las nubes destilen la justicia; brase la tierra y prodzcanse la salvacin y la justicia; hganse brotar juntamente. Yo, Jehov, lo he creado.
"Ay del que, no siendo ms que un tiesto como cualquier tiesto de la tierra, pleitea con su Hacedor! Dir el barro al que lo modela: "Qu haces?", o: "Tu obra, no tiene manos?"?
Ay del que dice al padre: "Por qu engendraste?", y a la mujer: "Por qu diste a luz?"!".
As dice Jehov, el Santo de Israel, el que lo form: "Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos y acerca de la obra de mis manos.
Yo hice la tierra y cre sobre ella al ser humano. Yo, mis manos, desplegaron los cielos y pongo en orden todo su ejrcito.
Yo lo despert en justicia y enderezar todos sus caminos; l edificar mi ciudad y soltar a mis cautivos; no por precio ni por dones", dice Jehov de los ejrcitos.
As dice Jehov: "El trabajo de Egipto, las mercaderas de Etiopa y los sabeos, hombres de elevada estatura, se pasarn a ti y sern tuyos; irn en pos de ti, pasarn encadenados, te harn reverencia y te suplicarn diciendo: "Ciertamente en ti est Dios, y no hay otro fuera de Dios.
Verdaderamente t eres Dios que te ocultas, Dios de Israel, que salvas".
Avergonzados y afrentados sern todos ellos; afrentados irn todos los que fabrican imgenes.
Israel ser salvo en Jehov con salvacin eterna; nunca jams os avergonzaris ni seris afrentados".
Porque as dice Jehov, que cre los cielos. l es Dios, el que form la tierra, el que la hizo y la compuso. No la cre en vano, sino para que fuera habitada la cre: "Yo soy Jehov y no hay otro.
No habl en secreto, en un lugar oscuro de la tierra; no dije a la descendencia de Jacob: "En vano me buscis". Yo soy Jehov, que hablo justicia, que anuncio rectitud.
"Reunos y venid! Acercos todos los sobrevivientes de entre las naciones! No tienen conocimiento aquellos que erigen su dolo de madera, y los que ruegan a un dios que no salva.
Declarad, exponed pruebas y entrad todos en consulta. Quin hizo oir esto desde el principio y lo tiene dicho desde entonces, sino yo, Jehov? Y no hay ms Dios que yo, Dios justo y salvador. No hay otro fuera de m.
"Mirad a m y sed salvos, todos los trminos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro!
Por m mismo hice juramento, de mi boca sali palabra en justicia y no ser revocada: "Que ante m se doblar toda rodilla y jurar toda lengua".
Y de m se dir: "Ciertamente en Jehov est la justicia y la fuerza". A l vendrn, y todos los que contra l se enardecen sern avergonzados.
En Jehov ser justificada y se gloriar toda la descendencia de Israel".
Se ha postrado Bel, se abati Nebo! Sus imgenes fueron puestas sobre bestias, sobre animales de carga, esas cosas que vosotros solais llevar son puestas cual una carga sobre las bestias cansadas.
Fueron humillados, se derrumbaron juntos; no pudieron escaparse de la carga, sino que ellos mismos tuvieron que ir en cautiverio.
"Odme, casa de Jacob y todo el resto de la casa de Israel, los que yo he trado desde el vientre, los que habis sido llevados desde la matriz.
Hasta vuestra vejez yo ser el mismo y hasta vuestras canas os sostendr. Yo, el que hice, yo os llevar, os sostendr y os guardar.
A quin me asemejis, me igualis y me comparis, para que seamos semejantes?
Sacan oro de la bolsa y pesan plata con balanzas; contratan a un platero para que de ello haga un dios, y se postran y lo adoran.
Luego se lo echan sobre los hombros, lo llevan y lo colocan en su lugar; all se est, sin moverse de su sitio. Le gritan, pero tampoco responde ni libra de la tribulacin.
"Acordaos de esto y avergonzaos. Volved en vosotros, rebeldes!
Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos, porque yo soy Dios; y no hay otro Dios, ni nada hay semejante a m,
que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigedad lo que an no era hecho; que digo: "Mi plan permanecer y har todo lo que quiero;
que llamo desde el oriente al ave y de tierra lejana al hombre de mi plan. Yo habl, y lo har venir; lo he pensado, y tambin lo llevar a cabo".
Odme, duros de corazn, los que estis lejos de la justicia:
"Har que se acerque mi justicia; no se alejar, y mi salvacin no se detendr. Pondr salvacin en Sin y mi gloria en Israel"".
"Baja y sintate en el polvo, virgen, hija de Babilonia. Sintate en la tierra, sin trono, hija de los caldeos, porque nunca ms te llamarn tierna y delicada.
Toma el molino y muele harina; qutate el velo, levanta tus faldas, desnuda tus piernas, pasa los ros.
Ser expuesta tu desnudez, sern vistas tus vergenzas. Har retribucin y no habr quien se libre",
dice nuestro Redentor: Jehov de los ejrcitos es su nombre, el Santo de Israel.
"Sintate, calla y entra en las tinieblas, hija de los caldeos, porque nunca ms te llamarn "soberana de reinos"".
"Me enoj contra mi pueblo, profan mi heredad y los entregu en tus manos; no les tuviste compasin; sobre el anciano agravaste sobremanera tu yugo.
Dijiste: "Para siempre ser seora", pero no has pensado en esto ni te has acordado de tu final.
Oye, pues, ahora esto, mujer voluptuosa, t que ests sentada confiadamente, t que dices en tu corazn: "Yo soy y fuera de m no hay otra; no quedar viuda ni conocer orfandad".
Estas dos cosas te vendrn de repente, en un mismo da: orfandad y viudez. Con toda su fuerza vendrn sobre ti, a pesar de la multitud de tus hechizos y de tus muchos encantamientos.
Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: "Nadie me ve". Tu sabidura y tu misma ciencia te engaaron, y dijiste en tu corazn: "Yo, y nadie ms".
Vendr, pues, sobre ti un mal cuyo origen no conocers; caer sobre ti un quebrantamiento que no podrs evitar. Una destruccin que no podas suponer vendr de repente sobre ti.
"Persiste ahora en tus encantamientos y en la multitud de tus hechizos, en los cuales te fatigaste desde tu juventud. Quiz podrs mejorarte! Quiz te fortalecers!
Te has fatigado en tus muchos consejos. Comparezcan ahora y te defiendan los contempladores de los cielos, los que observan las estrellas, los que cuentan los meses, para pronosticar lo que vendr sobre ti.
He aqu que sern como el tamo; el fuego los quemar, no salvarn sus vidas del poder de la llama; no quedar brasa para calentarse ni lumbre a la que arrimarse.
As te sern aquellos con quienes te fatigaste, los que traficaron contigo desde tu juventud; cada uno ir por su camino, no habr quien te salve".
Od esto, casa de Jacob, que os llamis del nombre de Israel, los que salieron de las aguas de Jud, los que juran en el nombre de Jehov y hacen memoria del Dios de Israel, mas no en verdad ni en justicia.
Sin embargo, de la santa ciudad se nombran y confan en el Dios de Israel, cuyo nombre es Jehov de los ejrcitos.
"Lo que pas, ya antes lo dije, de mi boca sali; lo publiqu, lo hice pronto, y fue realidad.
Por cuanto s que eres duro, que una barra de hierro es tu cerviz, y tu frente de bronce,
por eso te lo dije ya hace tiempo; antes que sucediera te lo advert, para que no dijeras: "Mi dolo lo hizo, mis imgenes de escultura y de fundicin mandaron estas cosas".
Lo oste y lo viste todo, y no lo anunciaris vosotros? Ahora, pues, te he hecho oir cosas nuevas y ocultas que t no sabas.
Ahora han sido creadas, no en das pasados, ni antes de este da las habas odo, para que no digas: "He aqu que yo lo saba".
S, nunca lo habas odo ni nunca lo habas sabido. Ciertamente no se abri antes tu odo, porque saba que siendo desleal habas de desobedecer; por tanto te llam "rebelde" desde el vientre.
"Por amor de mi nombre contendr mi ira, y para alabanza ma la reprimir para no destruirte.
He aqu te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de afliccin.
Por m, por amor de m mismo lo har, para que no sea profanado mi nombre, y mi honra no la dar a otro.
"yeme, Jacob, y t, Israel, a quien llam: Yo mismo, yo el primero y yo tambin el ltimo.
Mi mano fund tambin la tierra; mi mano derecha midi los cielos con el palmo. Al llamarlos yo, comparecieron juntos.
Juntaos todos vosotros y od. Quin hay entre ellos que anuncie estas cosas? Aquel a quien Jehov am ejecutar su voluntad en Babilonia, y su brazo estar sobre los caldeos.
Yo, yo habl, y lo llam y lo traje; por tanto, ser prosperado su camino.
Acercaos a m, od esto: desde el principio no habl en secreto; desde que eso se hizo, all estaba yo". Y ahora me envi Jehov el Seor, y su espritu.
As ha dicho Jehov, Redentor tuyo, el Santo de Israel: "Yo soy Jehov, Dios tuyo, que te ensea para tu provecho, que te encamina por el camino que debes seguir.
Si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un ro y tu justicia como las olas del mar.
Fuera como la arena tu descendencia, y los renuevos de tus entraas como los granos de arena; nunca su nombre sera eliminado ni borrado de mi presencia.
"Salid de Babilonia! Huid de entre los caldeos! Anunciadlo con voz de alegra, publicadlo, llevad la noticia hasta lo ltimo de la tierra! Decid: "Redimi Jehov a Jacob su siervo!"".
No tuvieron sed cuando los llev por los desiertos; les hizo brotar agua de la piedra; abri la pea y corrieron las aguas.
"No hay paz para los malos!", ha dicho Jehov.
Odme, costas, y escuchad, pueblos lejanos: Jehov me llam desde el vientre; desde las entraas de mi madre tuvo mi nombre en memoria.
Y puso mi boca como espada afilada, me cubri con la sombra de su mano. Me puso por saeta aguda, me guard en su aljaba.
Me dijo: "Mi siervo eres, Israel, porque en ti me gloriar".
Pero yo dije: "Por dems he trabajado; en vano y sin provecho he agotado mis fuerzas. Pero mi causa est delante de Jehov, y mi recompensa con mi Dios".
Ahora pues, Jehov, el que me form desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a l a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado ser en los ojos de Jehov y el Dios mo ser mi fuerza),
l dice: "Poco es para m que solo seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob y restaurar el resto de Israel; tambin te he dado por luz de las naciones, para que seas mi salvacin hasta lo ltimo de la tierra".
As ha dicho Jehov, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al siervo de los tiranos: "Lo vern reyes, se levantarn prncipes y adorarn por causa de Jehov, porque fiel es el Santo de Israel, el cual te escogi".
As dijo Jehov: "En tiempo favorable te o, en el da de salvacin te ayud. Te guardar y te dar por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades;
para que digas a los presos: "Salid!", y a los que estn en tinieblas: "Mostraos!". En los caminos sern apacentados y en todas las alturas tendrn sus pastos.
"No tendrn hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligir; porque el que tiene de ellos misericordia los guiar y los conducir a manantiales de aguas.
Convertir en camino todos mis montes y mis calzadas sern niveladas".
He aqu, estos vendrn de lejos: unos del norte y del occidente, y otros de la tierra de Sinim.
Cantad, cielos, alabanzas, y algrate, tierra! Montes, prorrumpid en alabanzas, porque Jehov ha consolado a su pueblo y de sus pobres tendr misericordia!
Pero Sin ha dicho: "Me dej Jehov, el Seor se olvid de m".
"Se olvidar la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque ella lo olvide, yo nunca me olvidar de ti!
He aqu que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de m estn siempre tus muros.
Tus edificadores vendrn aprisa; tus destructores y asoladores se marcharn.
Alza tus ojos alrededor, y mira: todos estos se han reunido, han venido a ti. "Vivo yo, dice Jehov, que de todos, como de vestidura de honra, sers vestida; y de ellos sers adornada como una novia.
Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora ser estrecha por la multitud de los moradores, y tus destructores sern apartados lejos.
Aun los hijos de tu orfandad dirn a tus odos: "Estrecho es para m este lugar; aprtate, para que yo viva en l".
Y dirs en tu corazn: "Quin me engendr a estos?, porque yo haba sido privada de hijos y estaba sola, peregrina y desterrada. Quin, pues, cri a estos? He aqu, yo haba quedado sola, dnde, pues, estaban estos?"".
As dijo Jehov el Seor: "He aqu, yo tender mi mano a las naciones y a los pueblos levantar mi bandera; traern en brazos a tus hijos y tus hijas sern tradas en hombros.
Reyes sern tus ayos y sus reinas, tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra se postrarn ante ti y lamern el polvo de tus pies. Conocers entonces que yo soy Jehov y que no se avergonzarn los que esperan en m.
Ser quitado el botn al valiente? Ser rescatado el que es cautivo de un tirano?".
Pero as dice Jehov: "Quizs el cautivo sea rescatado del valiente y el botn sea arrebatado al tirano, pero yo defender tu pleito y salvar a tus hijos.
Y a los que te despojaron har comer sus propias carnes, y con su sangre sern embriagados como con vino. Entonces todos sabrn que yo, Jehov, soy tu Salvador y tu Redentor, el Fuerte de Jacob".
As dijo Jehov: "Qu es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual yo la repudi? O quines son mis acreedores, a quienes yo os he vendido? He aqu que por vuestras maldades habis sido vendidos y por vuestras rebeliones fue repudiada vuestra madre.
Por qu cuando vine no hall a nadie y cuando llam nadie respondi? Acaso se ha acortado mi mano para no poderos rescatar? No tengo yo poder para librar? He aqu que con mi reprensin hago secar el mar, convierto los ros en desierto, y sus peces se pudren por falta de agua y mueren de sed.
Visto de oscuridad los cielos y les pongo saco por cubierta".
Jehov el Seor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertar maana tras maana, despertar mi odo para que escuche como los sabios.
Jehov, el Seor, me abri el odo, y yo no fui rebelde ni me volv atrs.
Di mi cuerpo a los heridores y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no apart mi rostro de injurias y de esputos.
Porque Jehov, el Seor, me ayuda, no me avergonc; por eso he puesto mi rostro como un pedernal, y s que no ser avergonzado.
Muy cerca de m est el que me salva: quin contender conmigo? Juntmonos! Quin es el adversario de mi causa? Acrquese a m!
He aqu que Jehov el Seor me ayudar: quin podr condenarme? He aqu que todos ellos se envejecern como ropa de vestir, sern comidos por la polilla.
Quin de entre vosotros teme a Jehov y escucha la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confe en el nombre de Jehov y apyese en su Dios.
He aqu que todos vosotros encendis fuego, os rodeis de teas: pues andad a la luz de vuestro fuego y de las teas que encendisteis. De mi mano os vendr esto: en dolor seris sepultados.
"Odme, los que segus la justicia, los que buscis a Jehov. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.
Mirad a Abraham, vuestro padre, y a Sara, que os dio a luz; porque cuando no era ms que uno solo, lo llam, lo bendije y lo multipliqu.
Ciertamente consolar Jehov a Sin; consolar todas sus ruinas. Cambiar su desierto en un edn y su tierra estril en huerto de Jehov; se hallar en ella alegra y gozo, alabanzas y cnticos.
"Estad atentos a m, pueblo mo, y odme, nacin ma; porque de m saldr la Ley, y mi justicia para luz de los pueblos.
Muy cerca est mi justicia, ya ha salido mi salvacin y mis brazos juzgarn a los pueblos. En m esperan los de la costa; en mi brazo ponen su esperanza.
Alzad a los cielos vuestros ojos y mirad abajo, a la tierra; porque los cielos se desvanecern como el humo y la tierra se envejecer como un vestido. De la misma manera perecern sus moradores; pero mi salvacin ser para siempre, mi justicia no perecer.
Odme, los que conocis justicia, pueblo en cuyo corazn est mi Ley. No temis afrenta de hombres ni desmayis por sus ultrajes.
Porque como a un vestido los comer la polilla, como a la lana los comer el gusano; pero mi justicia permanecer perpetuamente y mi salvacin por generacin y generacin".
Despirtate, despirtate, vstete de poder, brazo de Jehov! Despirtate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados! No eres t el que despedaz a Rahab, el que hiri al dragn?
No eres t el que sec el mar, las aguas del gran abismo, el que transform en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos?
Ciertamente volvern los redimidos de Jehov; volvern a Sin cantando y gozo perpetuo habr sobre sus cabezas. Tendrn gozo y alegra, y huirn el dolor y el gemido.
"Yo, yo soy vuestro consolador. Quin eres t para que tengas temor de los mortales y de los hijos de los hombres, que son como el heno?
Ya te has olvidado de Jehov, tu Hacedor, que extendi los cielos y fund la tierra? Todo el da, sin cesar, has temido el furor del que aflige, cuando se dispone a destruir. Pero dnde est el furor del que aflige?
El preso agobiado ser libertado pronto; no morir en la mazmorra ni le faltar su pan.
"Yo Jehov, que agito el mar y hago rugir sus olas, soy tu Dios, y mi nombre es Jehov de los ejrcitos.
En tu boca he puesto mis palabras y con la sombra de mi mano te cubr, extendiendo los cielos, echando los cimientos de la tierra y diciendo a Sin: "Pueblo mo eres t"".
Despierta, despierta, levntate, Jerusaln, que bebiste de la mano de Jehov la copa de su ira! Porque la copa de aturdimiento bebiste hasta los posos.
De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la gue; ni quien la tome de la mano, de todos los hijos que cri.
Estas dos cosas te han acontecido: asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada. Quin se compadece de ti? Quin te consolar?
Tus hijos desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como un antlope en la red, llenos de la indignacin de Jehov, de la ira del Dios tuyo.
Ahora, pues, oye esto, afligida, ebria, pero no de vino:
As dijo Jehov, tu Seor y tu Dios, el cual aboga por su pueblo: "He aqu he quitado de tu mano la copa de aturdimiento, los posos de la copa de mi ira. Nunca ms la bebers.
Yo la pondr en manos de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: "Inclnate, y pasaremos por encima de ti". Y t pusiste tu espalda como suelo, como camino, para que pasaran".
Despierta, despierta, vstete de poder, Sin! Vstete tu ropa hermosa, Jerusaln, ciudad santa, porque nunca ms vendr a ti incircunciso ni inmundo!
Sacdete el polvo; levntate y sintate, Jerusaln; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sin.
Porque as dice Jehov: "De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seris rescatados".
Porque as dijo Jehov el Seor: "Mi pueblo descendi a Egipto en tiempo pasado, para morar all, y el asirio lo cautiv sin razn".
Y ahora Jehov dice: "Qu hago aqu, ya que mi pueblo es llevado injustamente? Los que de l se enseorean lo hacen aullar, y continuamente blasfeman contra mi nombre todo el da!", dice Jehov.
"Por tanto, mi pueblo conocer mi nombre en aquel da, porque yo mismo que hablo, he aqu estar presente".
Cun hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvacin, del que dice a Sin: "Tu Dios reina!"!
"Voz de tus atalayas!". Alzarn la voz; a una voz gritarn de jbilo, porque con sus propios ojos vern que Jehov vuelve a traer a Sin.
Cantad alabanzas, alegraos juntas, ruinas de Jerusaln, porque Jehov ha consolado a su pueblo, ha redimido a Jerusaln!
Jehov desnud su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra vern la salvacin del Dios nuestro.
Apartaos, apartaos, salid de ah, no toquis cosa inmunda! Salid de en medio de ella, purificaos los que llevis los utensilios de Jehov!
Porque no saldris apresurados ni iris huyendo, porque Jehov ir delante de vosotros, y vuestra retaguardia ser el Dios de Israel.
He aqu que mi siervo ser prosperado, ser engrandecido y exaltado, ser puesto muy en alto.
Como se asombraron de ti muchos (pues de tal manera estaba desfigurada su apariencia, que su aspecto no pareca el de un ser humano),
as asombrar l a muchas naciones. Los reyes cerrarn ante l la boca, porque vern lo que nunca les fue contado y entendern lo que jams haban odo.
Quin ha credo a nuestro anuncio y sobre quin se ha manifestado el brazo de Jehov?
Subir cual renuevo delante de l, como raz de tierra seca. No hay hermosura en l, ni esplendor; lo veremos, mas sin atractivo alguno para que lo apreciemos.
Despreciado y desechado entre los hombres, varn de dolores, experimentado en sufrimiento; y como que escondimos de l el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos.
Ciertamente llev l nuestras enfermedades y sufri nuestros dolores, pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios!
Mas l fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cay sobre l el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apart por su camino; mas Jehov carg en l el pecado de todos nosotros.
Angustiado l, y afligido, no abri su boca; como un cordero fue llevado al matadero; como una oveja delante de sus trasquiladores, enmudeci, no abri su boca.
Por medio de violencia y de juicio fue quitado; y su generacin, quin la contar? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes, y por la rebelin de mi pueblo fue herido.
Se dispuso con los impos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte. Aunque nunca hizo maldad ni hubo engao en su boca,
Jehov quiso quebrantarlo, sujetndolo a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiacin por el pecado, ver descendencia, vivir por largos das y la voluntad de Jehov ser en su mano prosperada.
Ver el fruto de la afliccin de su alma y quedar satisfecho; por su conocimiento justificar mi siervo justo a muchos, y llevar sobre s las iniquidades de ellos.
Por tanto, yo le dar parte con los grandes, y con los poderosos repartir el botn; por cuanto derram su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo l llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores.
"Regocjate, estril, la que no daba a luz! Eleva una cancin y da voces de jbilo, la que nunca estuvo de parto!, porque ms son los hijos de la desamparada que los de la casada", ha dicho Jehov.
"Ensancha el sitio de tu tienda y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas apocada; alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas.
Porque te extenders a la mano derecha y a la mano izquierda; tu descendencia heredar naciones y habitar las ciudades asoladas.
No temas, pues no sers confundida; no te avergences, porque no sers afrentada, sino que te olvidars de la vergenza de tu juventud y de la afrenta de tu viudez no tendrs ms memoria.
Porque tu marido es tu Hacedor ("Jehov de los ejrcitos" es su nombre). l es tu Redentor, el Santo de Israel, el que ser llamado "Dios de toda la tierra".
Porque como a una mujer abandonada y triste de espritu te llam Jehov, como a la esposa de la juventud que es repudiada, dice el Dios tuyo.
"Por un breve momento te abandon, pero te recoger con grandes misericordias.
Con un poco de ira escond mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendr compasin de ti"", dice Jehov, tu Redentor.
"Porque esto me ser como en los das de No, cuando jur que nunca ms las aguas de No pasaran sobre la tierra. Asimismo he jurado que no me enojar contra ti ni te reir.
Porque los montes se movern y los collados temblarn, pero no se apartar de ti mi misericordia ni el pacto de mi paz se romper", dice Jehov, el que tiene misericordia de ti.
"Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo! He aqu que yo cimentar tus piedras sobre carbunclo y sobre zafiros te fundar.
Tus ventanas har de piedras preciosas; tus puertas, de piedras de carbunclo, y toda tu muralla, de piedras preciosas.
Todos tus hijos sern enseados por Jehov, y se multiplicar la paz de tus hijos.
Con justicia sers adornada; estars lejos de la opresin, porque no temers, y lejos del temor, porque no se acercar a ti.
Si alguno conspira contra ti, lo har sin mi apoyo. El que contra ti conspire, delante de ti caer.
Yo hice al herrero que sopla las ascuas en el fuego y saca la herramienta para su obra; y tambin yo he creado al destructor para que destruya.
Ninguna arma forjada contra ti, prosperar, y t condenars toda lengua que se levante contra ti en el juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehov: su salvacin de m vendr", dice Jehov.
"Venid, todos los sedientos, venid a las aguas! Aunque no tengis dinero, venid, comprad y comed! Venid, comprad sin dinero y sin pagar, vino y leche!
Por qu gastis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? Odme atentamente: comed de lo mejor y se deleitar vuestra alma con manjares!
Inclinad vuestro odo y venid a m; escuchad y vivir vuestra alma. Har con vosotros un pacto eterno, las misericordias firmes a David.
He aqu que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones.
He aqu, llamars a gente que no conociste y gentes que no te conocieron corrern a ti por causa de Jehov, tu Dios, y del Santo de Israel, que te ha honrado.
"Buscad a Jehov mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que est cercano!
Deje el impo su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vulvase a Jehov, el cual tendr de l misericordia, al Dios nuestro, el cual ser amplio en perdonar.
Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos", dice Jehov.
"Como son ms altos los cielos que la tierra, as son mis caminos ms altos que vuestros caminos y mis pensamientos ms que vuestros pensamientos.
"Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve all, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra y pan al que come,
as ser mi palabra que sale de mi boca: no volver a m vaca, sino que har lo que yo quiero y ser prosperada en aquello para lo cual la envi.
"Porque con alegra saldris y con paz regresaris. Los montes y los collados levantarn cancin delante de vosotros, y todos los rboles del campo darn palmadas de aplauso.
En lugar de la zarza crecer ciprs, y en lugar de la ortiga crecer arrayn; y ser a Jehov por nombre, por seal eterna que nunca ser borrada".
As ha dicho Jehov: "Guardad el derecho y practicad la justicia, porque cerca de venir est mi salvacin y de manifestarse mi justicia".
Bienaventurado el hombre que hace esto, el hijo del hombre que lo abraza: que guarda el sbado para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer lo malo.
Que el extranjero que sigue a Jehov no hable diciendo: "Me apartar totalmente Jehov de su pueblo", ni diga el eunuco: "He aqu, yo soy un rbol seco".
Porque as dijo Jehov: "A los eunucos que guarden mis sbados, que escojan lo que yo quiero y abracen mi pacto,
yo les dar lugar en mi casa y dentro de mis muros, y un nombre mejor que el de hijos e hijas. Les dar un nombre permanente, que nunca ser olvidado.
Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehov para servirle, que amen el nombre de Jehov para ser sus siervos; a todos los que guarden el sbado para no profanarlo, y abracen mi pacto,
yo los llevar a mi santo monte y los recrear en mi casa de oracin; sus holocaustos y sus sacrificios sern aceptados sobre mi altar, porque mi casa ser llamada casa de oracin para todos los pueblos".
Dice Jehov el Seor, el que rene a los dispersos de Israel: "An reunir en l a otros, junto con los ya reunidos.
Todas las bestias del campo, todas las fieras del bosque, venid a devorar.
Sus guardianes son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos son perros mudos, que no pueden ladrar; soolientos y perezosos, aman el dormir.
Esos perros voraces son insaciables, y los pastores mismos no saben discernir: todos ellos siguen sus propios caminos, buscando cada uno su propio provecho, cada cual por su lado.
Ellos dicen: "Venid, tomemos vino, embriagumonos de sidra; y el da de maana ser como este, o aun mucho ms excelente!"".
Perece el justo, pero no hay quien piense en ello. Los piadosos mueren, pero no hay quien comprenda que por la maldad es quitado el justo;
pero l entrar en la paz. Descansarn en sus lechos todos los que andan delante de Dios.
"En cuanto a vosotros, llegaos ac, hijos de la hechicera, generacin del adltero y la fornicaria!
De quin os habis burlado? Contra quin ensanchasteis la boca y sacasteis la lengua? No sois vosotros hijos rebeldes, generacin mentirosa,
que ardis en lujuria entre encinas, debajo de cualquier rbol frondoso, y sacrificis los hijos en los valles, debajo de los peascos?
"En las piedras lisas del valle est tu parte; ellas, ellas son tu suerte; a ellas derramaste libacin y ofreciste presente. No habr de castigar estas cosas?
Sobre un monte alto y empinado pusiste tu cama; all tambin subiste a hacer sacrificios.
Tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo. Ante otro, y no ante m, te desnudaste; subiste y tendiste tu amplia cama, e hiciste alianza con ellos. Amabas su cama dondequiera que la veas.
"Fuiste al rey con ungento, multiplicaste tus perfumes, enviaste tus embajadores lejos y descendiste hasta la profundidad del seol.
En la multitud de tus caminos te cansaste, pero no dijiste: "No hay remedio", sino que hallaste nuevo vigor en tu mano, y por tanto no te desalentaste.
De quin te asustaste y temiste, que has faltado a la fe, y no te has acordado de m ni te vino al pensamiento? No he guardado silencio desde tiempos antiguos, y nunca me has temido?
Yo publicar tu justicia y tus obras, que no te aprovecharn.
Que te libren tus dolos cuando clames!, pero a todos ellos se los llevar el viento, un soplo los arrebatar; mas el que en m confa tendr la tierra por heredad y poseer mi santo monte.
Y dir: "Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo!"".
Porque as dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: "Yo habito en la altura y la santidad, pero habito tambin con el quebrantado y humilde de espritu, para reavivar el espritu de los humildes y para vivificar el corazn de los quebrantados.
Porque no contender para siempre, ni por siempre estar enojado, pues decaeran ante m el espritu y las almas que yo he creado.
Por la iniquidad de su codicia me enoj y lo her, escond mi rostro y me indign; pero l, rebelde, sigui por el camino de su corazn.
He visto sus caminos, pero lo sanar y lo pastorear; le dar consuelo a l y a sus enlutados.
Producir fruto de labios: Paz, paz para el que est lejos y para el que est cerca", dice Jehov. "Yo lo sanar".
Pero los impos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto y sus aguas arrojan cieno y lodo.
"No hay paz para los impos!", ha dicho mi Dios.
"Clama a voz en cuello, no te detengas, alza tu voz como una trompeta! Anuncia a mi pueblo su rebelin y a la casa de Jacob su pecado!
Ellos me buscan cada da y quieren saber mis caminos, como gente que hubiera hecho justicia y que no hubiera dejado el derecho de su Dios. Me piden justos juicios y quieren acercarse a Dios.
Dicen: "Por qu ayunamos y no hiciste caso, humillamos nuestras almas y no te diste por entendido?". He aqu que en el da de vuestro ayuno buscis vuestro propio inters y oprims a todos vuestros trabajadores.
He aqu que para contiendas y debates ayunis, y para herir con el puo inicuamente; no ayunis como lo hacis hoy, para que vuestra voz sea oda en lo alto.
Es este el ayuno que yo escog: que de da aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como un junco y haga cama de telas speras y de ceniza? Llamaris a esto ayuno y da agradable a Jehov?
El ayuno que yo escog, no es ms bien desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresin, dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo?
No es que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano?
Entonces nacer tu luz como el alba y tu sanidad se dejar ver en seguida; tu justicia ir delante de ti y la gloria de Jehov ser tu retaguardia.
Entonces invocars, y te oir Jehov; clamars, y dir l: "Heme aqu! Si quitas de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador y el hablar vanidad,
si das tu pan al hambriento y sacias al alma afligida, en las tinieblas nacer tu luz y tu oscuridad ser como el medioda".
Jehov te pastorear siempre, en las sequas saciar tu alma y dar vigor a tus huesos. Sers como un huerto de riego, como un manantial de aguas, cuyas aguas nunca se agotan.
Y los tuyos edificarn las ruinas antiguas; los cimientos de generacin y generacin levantars, y sers llamado "reparador de portillos", "restaurador de viviendas en ruinas".
"Si retraes del sbado tu pie, de hacer tu voluntad en mi da santo, y lo llamas "delicia", "santo", "glorioso de Jehov", y lo veneras, no andando en tus propios caminos ni buscando tu voluntad ni hablando tus propias palabras,
entonces te deleitars en Jehov. Yo te har subir sobre las alturas de la tierra y te dar a comer la heredad de tu padre Jacob. La boca de Jehov lo ha hablado".
He aqu que no se ha acortado la mano de Jehov para salvar, ni se ha endurecido su odo para oir;
pero vuestras iniquidades han hecho divisin entre vosotros y vuestro Dios y vuestros pecados han hecho que oculte de vosotros su rostro para no oros.
Porque vuestras manos estn sucias de sangre y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira y habla maldad vuestra lengua.
No hay quien clame por la justicia ni quien juzgue por la verdad. Confan en la vanidad y hablan vanidades; conciben maldades y dan a luz iniquidad;
incuban huevos de spides y tejen telas de araa. El que coma de sus huevos morir; y si los rompen, saldrn vboras.
Sus telas no servirn para vestir ni de sus obras sern cubiertos; sus obras son obras de iniquidad y obra de rapia est en sus manos.
Sus pies corren al mal, se apresuran para derramar sangre inocente; sus pensamientos son pensamientos de iniquidad; destruccin y quebrantamiento hay en sus caminos.
No conocieron camino de paz ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; nadie que por ellas camine conocer paz.
Por esto se alej de nosotros la justicia y no nos alcanz la rectitud; esperamos luz, y he aqu tinieblas; resplandores, y andamos en oscuridad.
Palpamos la pared como los ciegos; andamos a tientas como los que no tienen ojos. Tropezamos a medioda como si fuera de noche; estamos en lugares oscuros como estn los muertos.
Todos nosotros gruimos como osos, gemimos lastimeramente como palomas. Esperamos justicia, mas no la hay; salvacin, pero se alej de nosotros,
porque nuestras rebeliones se han multiplicado delante de ti y nuestros pecados han atestiguado contra nosotros; porque con nosotros estn nuestras iniquidades y conocemos bien nuestros pecados:
el rebelarse y negar a Jehov; el volverle la espalda a nuestro Dios; el hablar calumnia y rebelin, y el concebir y proferir de corazn palabras de mentira.
El derecho se retir y la justicia se puso a distancia, porque la verdad tropez en la plaza y la equidad no pudo llegar.
La verdad fue detenida y el que se apart del mal fue puesto en prisin. Esto lo vio Jehov, y desagrad a sus ojos que hubiera perecido el derecho.
Vio que no haba nadie y se maravill que no hubiera quien se interpusiese; y lo salv su brazo y lo afirm su misma justicia.
Pues de justicia se visti como de una coraza, con yelmo de salvacin en su cabeza; tom ropas de venganza por vestidura y se cubri de celo como con un manto,
como para vindicacin, como para retribuir con ira a sus enemigos y dar el pago a sus adversarios. El pago dar a los de las costas!
Y temern desde el occidente el nombre de Jehov, y desde el nacimiento del sol, su gloria, porque l vendr como un ro encajonado, impelido por el soplo de Jehov.
"Vendr el Redentor a Sin y a los que se vuelven de la iniquidad en Jacob", dice Jehov.
"Y este ser mi pacto con ellos", dice Jehov: "Mi espritu que est sobre ti y mis palabras que puse en tu boca, no faltarn jams de tu boca ni de la boca de tus hijos ni de la boca de los hijos de tus hijos". Jehov lo ha dicho, desde ahora y para siempre.
"Levntate, resplandece, porque ha venido tu luz y la gloria de Jehov ha nacido sobre ti!
Porque he aqu que tinieblas cubrirn la tierra y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecer Jehov y sobre ti ser vista su gloria.
Andarn las naciones a tu luz y los reyes al resplandor de tu amanecer.
Alza tus ojos alrededor y mira: todos estos se han juntado, vienen hacia ti. Tus hijos vendrn de lejos y a tus hijas las traern en brazos.
Entonces lo vers y resplandecers. Se maravillar y ensanchar tu corazn porque se habr vuelto a ti la abundancia del mar y las riquezas de las naciones habrn llegado hasta ti.
Multitud de camellos te cubrir y dromedarios de Madin y de Efa. Vendrn todos los de Sab trayendo oro e incienso, y publicarn las alabanzas de Jehov.
Todo el ganado de Cedar ser reunido para ti; carneros de Nebaiot estarn a tu servicio. Sern una ofrenda agradable sobre mi altar, y dar esplendor a la casa de mi gloria.
"Quines son estos que vuelan como nubes y como palomas a sus ventanas?
Ciertamente, en m esperarn los de las costas, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Jehov tu Dios y al Santo de Israel, que te ha glorificado.
Extranjeros edificarn tus muros y sus reyes estarn a tu servicio, porque en mi ira te castigu, mas en mi buena voluntad tendr de ti misericordia.
Tus puertas estarn de continuo abiertas: no se cerrarn de da ni de noche, para que a ti sean tradas las riquezas de las naciones y conducidos hasta ti sus reyes,
porque la nacin o el reino que no quiera servirte, perecer; del todo ser asolado.
"La gloria del Lbano vendr a ti: cipreses, pinos y bojes juntamente, para embellecer el lugar de mi santuario; y yo glorificar el lugar de mis pies.
Y vendrn a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las plantas de tus pies se encorvarn todos los que te despreciaban, y te llamarn "Ciudad de Jehov", "Sin del Santo de Israel".
En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie transitaba por ti, har que tengas renombre eterno, que seas el gozo de todas las generaciones.
Mamars la leche de las naciones, el pecho de los reyes mamars; y sabrs que yo, Jehov, soy tu Salvador, tu Redentor, el Fuerte de Jacob.
"En vez de bronce traer oro, y plata en lugar de hierro; bronce en lugar de madera, y hierro en lugar de piedras. Te dar la paz por magistrado, y la justicia por gobernante.
Nunca ms se hablar de violencia en tu tierra, ni de destruccin o quebrantamiento en tu territorio, sino que llamars "Salvacin" a tus muros, y a tus puertas "Alabanza".
"El sol nunca ms te servir de luz para el da ni el resplandor de la luna te alumbrar, sino que Jehov te ser por luz eterna y el Dios tuyo ser tu esplendor.
No se pondr jams tu sol ni menguar tu luna, porque Jehov te ser por luz eterna y los das de tu luto se habrn cumplido.
"Todo tu pueblo, todos ellos, sern justos. Para siempre heredarn la tierra; sern los renuevos de mi planto, obra de mis manos, para glorificarme.
El pequeo llegar a ser un millar; del menor saldr un pueblo poderoso. Yo Jehov, a su tiempo har que esto se cumpla pronto.
"El espritu de Jehov, el Seor, est sobre m, porque me ha ungido Jehov. Me ha enviado a predicar buenas noticias a los pobres, a vendar a los quebrantados de corazn, a publicar libertad a los cautivos y a los prisioneros apertura de la crcel;
a proclamar el ao de la buena voluntad de Jehov y el da de la venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los que estn de luto;
a ordenar que a los afligidos de Sin se les d esplendor en lugar de ceniza, aceite de gozo en lugar de luto, manto de alegra en lugar del espritu angustiado. Sern llamados "rboles de justicia", "Planto de Jehov", para gloria suya.
"Reedificarn las ruinas antiguas, levantarn lo que antes fue asolado y restaurarn las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.
Extranjeros apacentarn vuestras ovejas e hijos de extraos sern vuestros labradores y vuestros viadores.
Vosotros seris llamados sacerdotes de Jehov, ministros de nuestro Dios seris llamados. Comeris las riquezas de las naciones y con su gloria seris enaltecidos.
En lugar de vuestra doble vergenza y de vuestra deshonra, os alabarn en sus heredades; por lo cual en su tierra poseern doble porcin y tendrn perpetuo gozo.
"Yo, Jehov, soy amante del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto. Por eso, afirmar en verdad su obra y har con ellos pacto eterno.
La descendencia de ellos ser conocida entre las naciones y sus renuevos en medio de los pueblos. Todos los que los vean reconocern que son un linaje bendito de Jehov.
"En gran manera me gozar en Jehov, mi alma se alegrar en mi Dios, porque me visti con vestiduras de salvacin, me rode de manto de justicia, como a novio me atavi y como a novia adornada con sus joyas.
Porque como la tierra produce su renuevo y como el huerto hace brotar su semilla, as Jehov, el Seor, har brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones".
Por amor de Sin no callar y por amor de Jerusaln no descansar, hasta que salga como un resplandor su justicia y su salvacin se encienda como una antorcha.
Entonces vern las naciones tu justicia y todos los reyes tu gloria; y te ser puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehov te pondr.
Y sers corona de gloria en la mano de Jehov y diadema de realeza en la mano del Dios tuyo.
Nunca ms te llamarn "Desamparada", ni tu tierra se dir ms "Desolada"; sino que sers llamada Hefzi-b, y tu tierra, Beula; porque el amor de Jehov estar contigo y tu tierra ser desposada.
Pues como el joven se desposa con la virgen, as se desposarn contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, as se gozar contigo el Dios tuyo.
Sobre tus muros, Jerusaln, he puesto guardas que no callarn ni de da ni de noche. Los que os acordis de Jehov, no descansis
ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusaln y la ponga por alabanza en la tierra!
Jur Jehov por su mano derecha y por su poderoso brazo: "Jams dar tu trigo por comida a tus enemigos, ni bebern los extraos el vino que es fruto de tu trabajo;
sino que quienes lo cosechan lo comern y alabarn a Jehov; y quienes lo vendimian lo bebern en los atrios de mi santuario".
Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendn ante los pueblos!
He aqu, Jehov lo hizo oir hasta lo ltimo de la tierra: "Decid a la hija de Sin que ya viene su Salvador; he aqu su recompensa con l y delante de l su obra".
Y los llamarn Pueblo Santo, Redimidos de Jehov. Y a ti te llamarn Ciudad Deseada, No desamparada.
-- Quin es este que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? Este, vestido con esplendidez, que marcha en la grandeza de su poder? -- Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar.
-- Por qu es rojo tu vestido y tus ropas son como las del que ha pisado en un lagar?
-- He pisado yo solo el lagar; de los pueblos nadie haba conmigo; los aplast con ira, los pisote con furor; su sangre salpic mis vestidos y manch todas mis ropas.
Porque el da de la venganza est en mi corazn; el ao de mis redimidos ha llegado.
Mir, y no haba quien ayudara, y me maravill de que no hubiera quien me sostuviese. Entonces me salv mi propio brazo y mi ira me sostuvo.
Con mi ira pisote a los pueblos, los embriagu con mi furor y derram en tierra su sangre.
De las misericordias de Jehov har memoria, de las alabanzas de Jehov conforme a todo lo que Jehov nos ha dado, y de la grandeza de sus beneficios hacia la casa de Israel, que les ha hecho segn sus misericordias y segn la abundancia de sus piedades.
Porque l me dijo: "Ciertamente, mi pueblo son, hijos que no mienten". Y fue su salvador.
En toda angustia de ellos l fue angustiado, y el ngel de su faz los salv; en su amor y en su clemencia los redimi, los trajo y los levant todos los das de la antigedad.
Mas ellos fueron rebeldes e hicieron enojar su santo espritu; por lo cual se les volvi enemigo y l mismo pele contra ellos.
Sin embargo, se acordaron de aquellos tiempos antiguos, de Moiss y de su pueblo, diciendo: "Dnde est el que los hizo subir del mar con el pastor de su rebao? dnde el que puso en medio de l su santo espritu,
el que los gui por la diestra de Moiss con el brazo de su gloria, el que dividi las aguas delante de ellos, hacindose as un nombre eterno?
Dnde el que los condujo por los abismos, como un caballo por el desierto, sin que tropezaran?".
El espritu de Jehov los pastore como a una bestia que desciende al valle. As pastoreaste a tu pueblo para hacerte un nombre glorioso.
Mira desde el cielo y contempla desde tu santa y gloriosa morada. Dnde est tu celo y tu poder, la conmocin de tus entraas y tus piedades para conmigo? Se han estrechado?
Pero t eres nuestro padre! Aunque Abraham nos ignore e Israel no nos reconozca, t, Jehov, eres nuestro padre. Redentor nuestro es tu nombre desde la eternidad.
Por qu, Jehov, nos has hecho errar de tus caminos y has endurecido, respecto a tu temor, nuestro corazn? Vulvete por amor de tus siervos, por las tribus de tu heredad!
Por poco tiempo lo posey tu santo pueblo; nuestros enemigos han pisoteado tu santuario.
Hemos venido a ser como aquellos de quienes nunca te enseoreaste, sobre los cuales nunca fue invocado tu nombre.
Si rasgaras los cielos y descendieras y ante tu presencia se derritieran los montes,
como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas! As haras notorio tu nombre a tus enemigos y las naciones temblaran ante tu presencia.
Cuando, haciendo cosas terribles cuales nunca hubiramos esperado, descendiste, se derritieron los montes delante de ti.
Nunca nadie oy, nunca odos percibieron ni ojo vio un Dios fuera de ti, que hiciera algo por aquel que en l espera.
Saliste al encuentro del que con alegra practicaba la justicia, de quienes se acordaban de ti segn tus caminos. Pero t te enojaste porque pecamos, porque en los pecados hemos perseverado largo tiempo. Podremos acaso ser salvos?,
pues todos nosotros somos como cosa impura, todas nuestras justicias como trapo de inmundicia. Todos nosotros camos como las hojas y nuestras maldades nos llevaron como el viento.
Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti! Por eso escondiste de nosotros tu rostro y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades.
Ahora bien, Jehov, t eres nuestro padre; nosotros somos el barro y t el alfarero. As que obra de tus manos somos todos nosotros.
No te enojes sobremanera, Jehov, ni tengas perpetua memoria de la iniquidad. Mranos ahora, pues pueblo tuyo somos todos nosotros!
Tus santas ciudades estn desiertas, Sin es un desierto, Jerusaln una desolacin.
La casa de nuestro santuario y de nuestro renombre, en la cual te alabaron nuestros padres, fue consumida por el fuego. Todas nuestras cosas preciosas han sido destruidas!
Te quedars quieto, Jehov, ante estas cosas? Callars y nos afligirs sobremanera?
"Yo me dej buscar por los que no preguntaban por m y fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: "Aqu estoy, aqu estoy!".
Extend mis manos todo el da a un pueblo rebelde, que anda por mal camino, en pos de sus propios pensamientos;
un pueblo que en mi rostro me provoca de continuo a ira, sacrificando en huertos y quemando incienso sobre ladrillos;
que se sientan en los sepulcros y en lugares escondidos pasan la noche; que comen carne de cerdo y en sus ollas hay caldo de cosas inmundas;
que dicen: "Qudate en tu lugar, no te acerques a m, porque soy ms santo que t". Esos son humo en mi furor, un fuego que arde todo el da.
He aqu que est escrito delante de m, y no callar, sino que les dar su merecido; les dar el pago en su propio seno.
Por vuestras iniquidades, dice Jehov, y por las iniquidades de vuestros padres juntamente, los cuales quemaron incienso sobre los montes y me afrentaron sobre los collados; por tanto, yo echar en su propio seno la medida de sus acciones de antao".
As ha dicho Jehov: "Como si alguno hallara mosto en un racimo y dijera: "No lo desperdicies, porque bendicin hay en l", as har yo por mis siervos, pues no lo destruir todo.
Sacar descendencia de Jacob, y de Jud, el heredero de mis montes; mis escogidos poseern por heredad la tierra, y mis siervos habitarn all.
Ser el Sarn redil de ovejas y el valle de Acor majada de vacas, para mi pueblo que me busc.
Pero vosotros, los que dejis a Jehov, que olvidis mi santo monte, que ponis mesa para la Fortuna y ofrecis libaciones al Destino,
yo tambin os destinar a la espada y todos vosotros os arrodillaris para el degello. Porque llam y no respondisteis, habl y no escuchasteis, sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos y escogisteis lo que no me agrada".
Por tanto, as dijo Jehov el Seor: "He aqu que mis siervos comern y vosotros pasaris hambre; mis siervos bebern y vosotros pasaris sed; mis siervos se alegrarn y vosotros seris avergonzados;
mis siervos cantarn con jbilo en el corazn y vosotros clamaris con dolor en el corazn y aullaris por el quebrantamiento del espritu.
Y dejaris vuestro nombre por maldicin a mis escogidos. Jehov, el Seor, te har morir, y a sus siervos llamar por otro nombre.
El que se bendiga en la tierra, en el Dios de verdad se bendecir; y el que jure en la tierra, por el Dios de verdad jurar, porque las angustias primeras sern olvidadas y quedarn ocultas a mis ojos.
"Porque he aqu que yo crear nuevos cielos y nueva tierra. De lo pasado no habr memoria ni vendr al pensamiento.
Mas os gozaris y os alegraris para siempre en las cosas que yo he creado, porque he aqu que yo traigo a Jerusaln alegra y a su pueblo gozo.
Yo me alegrar con Jerusaln y me gozar con mi pueblo, y nunca ms se oirn en ella voz de lloro ni voz de clamor.
No habr ms all nio que muera de pocos das ni viejo que sus das no cumpla, sino que el nio morir de cien aos y el pecador de cien aos ser maldito.
Edificarn casas y morarn en ellas; plantarn vias y comern el fruto de ellas.
No edificarn para que otro habite ni plantarn para que otro coma; porque segn los das de los rboles sern los das de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarn la obra de sus manos.
No trabajarn en vano ni darn a luz para maldicin, porque son linaje de los benditos de Jehov, ellos mismos y tambin sus descendientes.
Antes que clamen, yo responder; mientras an estn hablando, yo habr odo.
El lobo y el cordero sern apacentados juntos; el len comer paja como el buey y el polvo ser el alimento de la serpiente. No afligirn ni harn mal en todo mi santo monte". Jehov lo ha dicho.
Jehov ha dicho: "El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies. Dnde est la casa que me habris de edificar? Dnde el lugar de mi reposo?
Mi mano hizo todas estas cosas, as todas ellas llegaron a ser", dice Jehov. "Pero yo mirar a aquel que es pobre y humilde de espritu y que tiembla a mi palabra.
El que sacrifica buey es como si matara a un hombre; el que sacrifica oveja, como si degollara a un perro; el que hace ofrenda, como si ofreciera sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijera a un dolo. Pues porque escogieron sus propios caminos y su alma am sus abominaciones,
tambin yo escoger para ellos desgracias y traer sobre ellos lo que temen; porque llam, pero nadie respondi; habl, pero no escucharon, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos y escogieron lo que no me agrada".
Od palabra de Jehov, vosotros los que temblis a su palabra: "Vuestros hermanos que os aborrecen y os echan fuera por causa de mi nombre, dijeron: "Sea Jehov glorificado y veamos nosotros vuestra alegra!". Pero ellos sern avergonzados.
Voz de alboroto de la ciudad, voz del Templo, voz de Jehov que da el pago a sus enemigos!
"Antes que estuviera de parto, dio a luz; antes que le vinieran dolores, dio a luz un hijo!
Quin oy cosa semejante? quin vio tal cosa? Concebir la tierra en un da? Nacer una nacin de una sola vez? Pues en cuanto Sin estuvo de parto, dio a luz a sus hijos.
Yo que hago dar a luz, no har nacer?", dice Jehov. "Yo que hago engendrar, impedir el nacimiento?" dice tu Dios.
"Alegraos con Jerusaln, gozaos con ella todos los que la amis; llenaos de gozo con ella todos los que os enlutis por ella,
para que mamis y os saciis de los pechos de sus consolaciones, para que bebis y os deleitis con la plenitud de su gloria".
Porque as dice Jehov: "He aqu que yo extiendo sobre ella la paz como un ro y las riquezas de las naciones como un torrente que se desborda; y mamaris, en los brazos seris trados y sobre las rodillas seris mimados.
Como aquel a quien consuela su madre, as os consolar yo a vosotros, y en Jerusaln recibiris consuelo".
Lo veris y se alegrar vuestro corazn, y vuestros huesos reverdecern como la hierba. La mano de Jehov para con sus siervos se dar a conocer y se enojar contra sus enemigos.
Porque he aqu que Jehov vendr con fuego y sus carros como un torbellino, para descargar su ira con furor y su reprensin con llama de fuego.
Porque Jehov juzgar con fuego y con su espada a todo hombre; y los muertos por Jehov sern multiplicados.
"Los que se santifican y los que se purifican en los huertos, unos tras otros, y los que comen carne de cerdo y abominacin y ratn, juntamente sern talados", ha dicho Jehov.
"Porque yo conozco sus obras y sus pensamientos; tiempo vendr para juntar a todas las naciones y lenguas: vendrn y vern mi gloria.
Pondr entre ellos una seal y enviar a los sobrevivientes de ellos a las naciones: a Tarsis, a Fut y a Lud que disparan arco, a Tubal y a Javn, a las costas lejanas que no han odo de m ni han visto mi gloria. Y publicarn mi gloria entre las naciones.
"Y traern a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, como una ofrenda para Jehov, en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusaln", dice Jehov, "al modo que los hijos de Israel traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de Jehov.
Y tomar tambin de ellos para sacerdotes y levitas", dice Jehov.
"Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecern delante de m", dice Jehov, "as permanecer vuestra descendencia y vuestro nombre.
"Y de mes en mes, y de sbado en sbado, vendrn todos a adorar delante de m", dice Jehov.
"Saldrn y vern los cadveres de los hombres que se rebelaron contra m; porque su gusano nunca morir ni su fuego se apagar. Y sern abominables para todo ser humano".
Las palabras de Jeremas hijo de Hilcas, de los sacerdotes que residieron en Anatot, en tierra de Benjamn.
Palabra de Jehov que le vino en los das de Josas hijo de Amn, rey de Jud, en el ao decimotercero de su reinado.
Le vino tambin en das de Joacim hijo de Josas, rey de Jud, hasta el fin del ao undcimo de Sedequas hijo de Josas, rey de Jud, hasta la deportacin de Jerusaln en el mes quinto.
Vino, pues, palabra de Jehov a m, diciendo:
"Antes que te formara en el vientre, te conoc, y antes que nacieras, te santifiqu, te di por profeta a las naciones".
Yo dije: "Ah, ah, Seor Jehov! Yo no s hablar, porque soy un muchacho!".
Me dijo Jehov: "No digas: "Soy un muchacho", porque a todo lo que te enve irs, y dirs todo lo que te mande.
No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehov".
Extendi Jehov su mano y toc mi boca, y me dijo Jehov: "He puesto mis palabras en tu boca.
Mira que te he puesto en este da sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y destruir, para arruinar y derribar, para edificar y plantar".
La palabra de Jehov vino a m, diciendo: "Qu ves t, Jeremas?". Yo respond: "Veo una vara de almendro".
Me dijo Jehov: "Bien has visto, porque yo vigilo sobre mi palabra para ponerla por obra".
Vino a m la palabra de Jehov por segunda vez, diciendo: "Qu ves t?". Yo dije: "Veo una olla hirviendo, que se vierte desde el norte".
Me dijo Jehov: "Del norte se soltar el mal sobre todos los moradores de esta tierra.
Porque yo convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice Jehov; vendrn, y pondr cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusaln, junto a todos sus muros en derredor y contra todas las ciudades de Jud.
A causa de toda su maldad, proferir mis juicios contra los que me abandonaron e incensaron a dioses extraos, y la obra de sus manos adoraron.
T, pues, cie tu cintura, levntate y hblales todo cuanto te mande. No te amedrentes delante de ellos, para que yo no te amedrente en su presencia.
Porque yo te he puesto en este da como ciudad fortificada, como columna de hierro y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Jud, sus prncipes, sus sacerdotes y el pueblo de la tierra.
Pelearn contra ti, pero no te vencern, porque yo estoy contigo, dice Jehov, para librarte".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Anda y proclama a los odos de Jerusaln, diciendo que as dice Jehov: "Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de m en el desierto, en tierra no sembrada".
Santo era Israel a Jehov, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que lo devoraban eran culpables; mal vena sobre ellos, dice Jehov".
Od la palabra de Jehov, casa de Jacob y todas las familias de la casa de Israel!
As dice Jehov: "Qu maldad hallaron en m vuestros padres, que se alejaron de m, y se fueron tras la vanidad y se volvieron vanos?
No dijeron: "Dnde est Jehov, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pas varn ni habit en ella hombre alguno?".
Os introduje en tierra de abundancia, para que comierais su fruto y sus bienes; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad.
Los sacerdotes no dijeron: "Dnde est Jehov?", y los que tenan la Ley no me conocieron; los pastores se rebelaron contra m, los profetas profetizaron en nombre de Baal y anduvieron tras lo que no aprovecha.
"Por tanto, pleitear an con vosotros, dice Jehov. Con los hijos de vuestros hijos pleitear.
Pasad, pues, a las costas de Quitim y mirad; enviad a Cedar y considerad cuidadosamente. Ved si se ha hecho cosa semejante a esta.
Acaso alguna nacin ha cambiado sus dioses, aunque estos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha.
Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos! Pasmaos en gran manera!, dice Jehov.
"Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a m, fuente de agua viva, y cavaron para s cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua.
"Es Israel un siervo? Es un esclavo? Por qu ha venido a ser presa?
Los cachorros del len rugieron contra l, alzaron su voz y asolaron su tierra; quemadas estn sus ciudades, sin morador.
Aun los hijos de Menfis y de Tafnes te quebraron el crneo.
No te acarre esto el haber dejado a Jehov, tu Dios, cuando te conduca por el camino?
Ahora, pues, qu tienes t en el camino de Egipto para que bebas agua del Nilo? Y qu tienes t en el camino de Asiria para que bebas agua del ufrates?
Tu maldad te castigar y tus rebeldas te condenarn; reconoce, pues, y ve cun malo y amargo es el haber dejado t a Jehov, tu Dios, y no tener temor de m, dice el Seor, Jehov de los ejrcitos.
"Porque desde hace mucho tiempo rompiste tu yugo y tus ataduras, y dijiste: "No servir". Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo rbol frondoso te acostabas como una prostituta.
Te plant de vid escogida, toda ella de buena simiente, cmo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraa?
Aunque te laves con leja y amontones jabn sobre ti, la mancha de tu pecado permanecer an delante de m, dice Jehov, el Seor.
Cmo puedes decir: "No soy impura, nunca anduve tras los baales"? Mira tu proceder en el valle, conoce lo que has hecho, dromedaria ligera que corre de un lado a otro,
asna monts acostumbrada al desierto, que en su ardor olfatea el viento. De su lujuria, quin la detendr? Ninguno que la busque se fatigar, porque en el tiempo de su celo la hallar.
"Guarda tus pies de andar descalzos y tu garganta de la sed. Mas dijiste: "No hay remedio en ninguna manera, porque a extraos he amado y tras ellos he de ir".
"Como se avergenza el ladrn cuando es descubierto, as se avergonzar la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus prncipes, sus sacerdotes y sus profetas,
que dicen a un leo: "Mi padre eres t", y a una piedra: "T me has engendrado". Me volvieron la espalda y no el rostro, pero en el tiempo de su calamidad dicen: "Levntate y lbranos!".
Y dnde estn tus dioses que hiciste para ti? Levntense ellos, a ver si pueden librarte en el tiempo de tu afliccin!, porque segn el nmero de tus ciudades, Jud, han sido tus dioses.
"Por qu pleiteas conmigo? Todos vosotros os rebelasteis contra m, dice Jehov.
En vano he azotado a vuestros hijos: no han admitido la correccin. Vuestra espada devor a vuestros profetas como len destrozador.
Oh generacin!, atended vosotros a la palabra de Jehov. He sido yo un desierto para Israel o una tierra de tinieblas? Por qu ha dicho mi pueblo: "Somos libres; nunca ms vendremos a ti"?
Se olvida la virgen de su atavo o la desposada de sus galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de m por innumerables das.
"Cmo adornas tu camino para buscar amor! Cmo aprendiste los caminos de maldad!
Aun en tus faldas se hall la sangre de los pobres, de los inocentes. No los sorprendiste en ningn delito; sin embargo, en todas estas cosas dices:
"Soy inocente, de cierto su ira se apart de m". Yo entrar en juicio contigo, porque dijiste: "No he pecado".
Por qu eres tan ligera para cambiar tus caminos? Tambin sers avergonzada por Egipto, como fuiste avergonzada por Asiria.
Tambin de all saldrs con tus manos sobre la cabeza, porque Jehov desech a aquellos en quienes t confiabas, y no prosperars con ellos.
"Dicho est: "Si alguno deja a su mujer, y esta se va de l y se junta a otro hombre, volver de nuevo a ella? No ser tal tierra del todo mancillada?". T, pues, que has fornicado con muchos amigos, habrs de volver a m?, dice Jehov.
"Alza tus ojos a las alturas, y ve si hay algn lugar donde no te hayas prostituido. Junto a los caminos te sentabas para ellos como un rabe en el desierto, y con tus fornicaciones y tu maldad has contaminado la tierra.
Por esta causa las aguas fueron detenidas y falt la lluvia tarda. Te has mostrado como una prostituta, y no has querido avergonzarte.
Acaso no me llamas ahora mismo Padre mo, y Gua de mi juventud?
Tu dices: "Guardar su enojo para siempre? Eternamente lo guardar?". He aqu que has hablado as, pero has hecho cuantas maldades pudiste".
Me dijo Jehov en das del rey Josas: "Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Se ha ido a todo monte alto y bajo todo rbol frondoso, y all ha fornicado.
Y dije: "Despus de hacer todo esto, se volver a m", pero no se volvi! Y lo vio su hermana, la rebelde Jud.
Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la haba despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Jud, su hermana, sino que tambin fue ella y fornic.
Y sucedi que por juzgar ella cosa ligera su fornicacin, la tierra fue contaminada, pues adulter con la piedra y con el leo.
Con todo esto, su hermana, la rebelde Jud, no se volvi a m de todo corazn, sino fingidamente, dice Jehov".
Y me dijo Jehov: "Ha resultado justa la rebelde Israel en comparacin con la traidora Jud.
Ve y proclama estas palabras hacia el norte, y di: ""Vulvete, rebelde Israel, dice Jehov; no har caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehov; no guardar para siempre el enojo.
Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehov, tu Dios, te has levantado, y has fornicado con los extraos debajo de todo rbol frondoso, y no has escuchado mi voz, dice Jehov.
"Convertos, hijos rebeldes, dice Jehov, porque yo soy vuestro esposo; os tomar, uno de cada ciudad y dos de cada familia, y os introducir en Sin.
Os dar pastores segn mi corazn, que os apacienten con conocimiento y con inteligencia.
Y acontecer que cuando os multipliquis y crezcis en la tierra, en esos das, dice Jehov, no se dir ms: 'Arca del pacto de Jehov!'. No vendr al pensamiento ni se acordarn de ella, no la echarn de menos ni ser hecha de nuevo.
En aquel tiempo llamarn a Jerusaln Trono de Jehov, y todas las naciones vendrn a ella en el nombre de Jehov, a Jerusaln; y no andarn ms tras la dureza de su malvado corazn.
"En aquellos tiempos irn de la casa de Jud a la casa de Israel, y vendrn juntamente de la tierra del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres.
"Yo preguntaba: Cmo os pondr por hijos y os dar la tierra deseable, la rica heredad de las naciones? Y dije: Me llamaris Padre mo, y no os apartaris de en pos de m.
Pero como la esposa infiel abandona a su compaero, as os levantasteis contra m, casa de Israel, dice Jehov.
"Una voz se oye sobre las alturas, llanto de los ruegos de los hijos de Israel, porque han torcido su camino, se han olvidado de Jehov, su Dios.
Convertos, hijos rebeldes, y os sanar de vuestras rebeliones!"". "Aqu estamos, venimos a ti, porque t, Jehov, eres nuestro Dios.
Ciertamente vanidad son los collados y el bullicio sobre los montes; ciertamente en Jehov, nuestro Dios, est la salvacin de Israel.
"Confusin consumi el trabajo de nuestros padres desde nuestra juventud: sus ovejas, sus vacas, sus hijos y sus hijas.
Yacemos en nuestra vergenza, nuestra ignominia nos cubre; porque pecamos contra Jehov, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este da, y no hemos escuchado la voz de Jehov, nuestro Dios".
"Si te has de volver, Israel", dice Jehov, "vulvete a m. Si quitas de delante de m tus abominaciones y no andas de ac para all,
y si con verdad y conforme al derecho y la justicia juras: "Vive Jehov", entonces las naciones sern benditas en l, y en l se gloriarn.
"Porque as dice Jehov a todo hombre de Jud y de Jerusaln: "Arad campo para vosotros y no sembris entre espinos.
Circuncidaos para Jehov, quitad el prepucio de vuestro corazn, hombres de Jud y moradores de Jerusaln, no sea que mi ira salga como fuego, que se encienda y no haya quien la apague a causa de la maldad de vuestras obras.
"Anunciadlo en Jud, proclamadlo en Jerusaln, diciendo: "Tocad trompeta en la tierra"; gritad a voz en cuello y decid: "Reunos y entremos en las ciudades fortificadas!".
Alzad bandera en Sin, huid, no os detengis, porque del norte hago yo venir mal y quebrantamiento grande.
El len sube de la espesura, el destructor de naciones est en marcha; ha salido de su lugar para poner tu tierra en desolacin; tus ciudades quedarn asoladas y sin morador.
Por eso, vestos con ropas speras, lamentaos y gemid, porque la ira de Jehov no se ha apartado de nosotros.
"En aquel da", dice Jehov, "desfallecer el corazn del rey y el corazn de los prncipes, los sacerdotes estarn atnitos y se espantarn los profetas".
Yo dije: "Ay, ay, Jehov, Dios, verdaderamente en gran manera has engaado a este pueblo y a Jerusaln, diciendo: "Tendris paz", pues la espada ha entrado hasta el alma!".
En aquel tiempo se dir a este pueblo y a Jerusaln: "Un viento seco de las alturas del desierto viene hacia la hija de mi pueblo, y no para aventar ni para limpiar.
Un viento ms impetuoso que este vendr a servirme, y ahora yo pronunciar juicios contra ellos.
"Subir como las nubes, y su carro como un torbellino. Ms ligeros son sus caballos que las guilas. Ay de nosotros, porque entregados somos al despojo!
Lava tu corazn de maldad, Jerusaln, para que seas salva. Hasta cundo permitirs en medio de ti los pensamientos de iniquidad?
Porque una voz trae las noticias desde Dan y hace oir la calamidad desde los montes de Efran.
Decid a las naciones, hacedlo oir sobre Jerusaln: "Invasores vienen de tierra lejana, y lanzarn su voz contra las ciudades de Jud".
Como guardas de campo la rodearn, porque se rebel contra m, dice Jehov.
"Tu camino y tus obras te hicieron esto; esta es tu maldad, por lo cual la amargura penetrar hasta tu corazn".
Mis entraas, mis entraas! Me duelen las fibras de mi corazn; mi corazn se agita dentro de m, no callar, porque sonido de trompeta has odo, alma ma: un pregn de guerra!
Se anuncia quebranto tras quebranto, porque toda la tierra es destruida. De repente son destruidas mis tiendas, en un momento mis cortinas!
Hasta cundo he de ver bandera y he de oir sonido de trompeta?
Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y faltos de entendimiento; son sabios para hacer el mal, pero no saben hacer el bien.
Mir a la tierra, y vi que estaba desordenada y vaca; y a los cielos, y no haba luz en ellos.
Mir a los montes, y vi que temblaban, y todos los collados fueron destruidos.
Mir, y no haba hombre, y todas las aves del cielo se haban ido.
Mir, y vi que el campo frtil era un desierto, y todas sus ciudades estaban asoladas delante de Jehov, delante del ardor de su ira.
As dijo Jehov: "Toda la tierra ser asolada, pero no la destruir del todo.
Por esto se enlutar la tierra, y los cielos arriba se oscurecern, porque habl, lo pens y no me arrepentir ni desistir de ello.
Al estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros huye toda la ciudad; entran en las espesuras de los bosques y se suben a los peascos; todas las ciudades fueron abandonadas y no queda en ellas morador alguno.
Y t, destruida, qu hars? Aunque te vistas de grana, aunque te adornes con atavos de oro, aunque pintes con antimonio tus ojos, en vano te engalanas, pues te desprecian tus amantes, los que buscan tu vida.
Porque he odo una voz como de mujer que est de parto, angustia como de primeriza. Es la voz de la hija de Sin, que lamenta y extiende sus manos, diciendo: "Ay de m, pues mi alma desfallece a causa de los asesinos!"".
"Recorred las calles de Jerusaln, mirad ahora e informaos; buscad en sus plazas a ver si hallis un solo hombre, si hay alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y yo lo perdonar.
Aunque digan: "Vive Jehov", juran en falso".
Jehov, no miran tus ojos la verdad? Los azotaste, y no les doli; los consumiste, y no quisieron recibir correccin; endurecieron sus rostros ms que la piedra, y no quisieron convertirse.
Entonces yo dije: "Ciertamente, estos son pobres, han enloquecido pues no conocen el camino de Jehov, el juicio de su Dios.
Ir a los grandes y les hablar, porque ellos conocen el camino de Jehov, el juicio de su Dios. Pero ellos tambin quebraron el yugo, rompieron las coyundas!
"Por tanto, el len de la selva los matar, los destruir el lobo del desierto, el leopardo acechar sus ciudades. Cualquiera que salga de ellas, ser arrebatado, porque sus rebeliones se han multiplicado, se han aumentado sus traiciones.
"Cmo te he de perdonar por esto? Tus hijos me dejaron y juraron por lo que no es Dios. Los saci y adulteraron, y en casa de prostitutas se juntaron en compaas.
Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prjimo.
No haba de castigar esto?, dice Jehov. De una nacin como esta, no se haba de vengar mi alma?
Escalad sus muros y destruid, pero no del todo; quitad las almenas de sus muros porque no son de Jehov.
Porque resueltamente se rebelaron contra m la casa de Israel y la casa de Jud, dice Jehov".
Negaron a Jehov, y dijeron: "l no existe, y no vendr mal sobre nosotros ni veremos espada ni hambre".
Los profetas sern como viento, porque no hay en ellos palabra; as se har a ellos.
Por tanto, as ha dicho Jehov, Dios de los ejrcitos: "Por haber dicho esto, yo pongo mis palabras en tu boca como fuego, y a este pueblo como lea, y los consumir.
"Yo traigo sobre vosotros gente de lejos, casa de Israel, dice Jehov; gente robusta, gente antigua, gente cuya lengua ignoras y no entenders lo que diga.
Su aljaba es como un sepulcro abierto; todos son valientes.
Comer tu mies y tu pan, comer a tus hijos y a tus hijas; comer tus ovejas y tus vacas, comer tus vias y tus higueras, y a espada convertir en nada tus ciudades fortificadas en que confas.
"No obstante, en aquellos das, dice Jehov, no os destruir del todo.
Y cuando digan: "Por qu Jehov, el Dios nuestro, hizo con nosotros todas estas cosas?", entonces les dirs: "De la manera que me dejasteis a m y servisteis a dioses ajenos en vuestra tierra, as serviris a extraos en tierra ajena".
"Anunciad esto en la casa de Jacob y hacedlo oir en Jud, diciendo:
Od ahora esto, pueblo necio y sin corazn, que tiene ojos y no ve, que tiene odos y no oye.
A m no me temeris?, dice Jehov. No os amedrentaris ante m, que puse la arena por lmite al mar, por estatuto eterno que no quebrantar? Se levantarn tempestades, mas no prevalecern. Bramarn sus olas, mas no lo traspasarn.
Pero este pueblo tiene corazn falso y rebelde; se apartaron y se fueron.
Y no dijeron en su corazn: "Temamos ahora a Jehov, Dios nuestro, que da lluvia temprana y tarda en su tiempo, y nos guarda los tiempos establecidos de la siega".
Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas; vuestros pecados apartaron de vosotros el bien,
porque hay en mi pueblo malhechores que acechan como quien pone lazos, que tienden trampas para cazar hombres.
Como jaula llena de pjaros, as estn sus casas llenas de engao; as se han hecho poderosos y ricos.
Engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos del malo. No juzgaron la causa, la causa del hurfano, y sin embargo, prosperaron. La causa de los pobres no juzgaron!
Dice Jehov: No castigar esto? De tal gente no se vengar mi alma?
"Cosa espantosa y fea es hecha en el pas:
los profetas profetizan mentira y los sacerdotes dominan por manos de ellos. Y mi pueblo as lo quiere! Qu, pues, haris cuando llegue el fin?".
Huid, hijos de Benjamn, de en medio de Jerusaln! Tocad bocina en Tecoa! Alzad seales de humo sobre Bet-haquerem!, porque del norte asoma el mal, un gran quebrantamiento.
Destruir a la bella y delicada hija de Sin.
Contra ella vendrn pastores con sus rebaos; junto a ella y a su alrededor plantarn sus tiendas. Cada uno apacentar su manada.
"Anunciad guerra contra ella! Levantaos! Asaltmosla a medioda! Ay de nosotros, que va cayendo el da y las sombras de la tarde se han extendido!
Levantaos! Asaltemos de noche y destruyamos sus palacios!".
As dijo Jehov de los ejrcitos: "Cortad rboles y levantad un terrapln contra Jerusaln. Esta es la ciudad que ha de ser castigada, pues toda ella est llena de violencia.
Como de la fuente nunca cesan de manar las aguas, as de ella nunca cesa de manar la maldad; injusticia y robo se oyen en ella; continuamente en mi presencia hay enfermedad y herida.
Corrgete, Jerusaln, para que no se aparte mi alma de ti, para que no te convierta en desierto, en tierra deshabitada!".
As dijo Jehov de los ejrcitos: "Del todo rebuscarn como a vid al resto de Israel; vuelve a pasar tu mano como vendimiador entre los sarmientos".
"A quin hablar y amonestar, para que escuchen? Sus odos son incircuncisos, y no pueden escuchar; y la palabra de Jehov les es cosa vergonzosa, no la aman!
Por tanto, estoy lleno de la ira de Jehov, estoy cansado de contenerme. "Derrmala sobre los nios en la calle, e igualmente sobre la reunin de los jvenes, porque ser preso tanto el marido como la mujer, tanto el viejo como el muy anciano.
Sus casas sern traspasadas a otros, sus heredades y tambin sus mujeres, porque yo extender mi mano sobre los moradores de la tierra, dice Jehov.
"Desde el ms chico de ellos hasta el ms grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engaadores.
Curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: "Paz, paz", pero no hay paz!
Se han avergonzado de haber hecho abominacin? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener vergenza; por tanto, caern entre los que caigan; cuando los castigue caern, dice Jehov".
As dijo Jehov: "Paraos en los caminos, mirad y preguntad por las sendas antiguas, cul sea el buen camino. Andad por l y hallaris descanso para vuestra alma". Mas dijeron: "No andaremos!".
"Puse tambin sobre vosotros atalayas, que dijeran: "Estad atentos al sonido de la trompeta!". Y ellos dijeron: "No lo estaremos!"".
Por tanto, od, naciones, y entended, congregacin, lo que suceder.
"Oye, tierra: Yo traigo el mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos, porque no escucharon mis palabras y aborrecieron mi Ley.
Para qu me trais este incienso de Sab y la buena caa olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptables ni vuestros sacrificios me agradan".
Por tanto, Jehov dice esto: "Yo pongo a este pueblo tropiezos, y caern en ellos los padres y los hijos juntamente; el vecino y su compaero perecern".
As ha dicho Jehov: "Un pueblo viene de la tierra del norte, una nacin grande se levantar de los confines de la tierra.
Arco y lanza empuarn; crueles son, y no tendrn compasin; su estruendo brama como el mar, y montan a caballo como hombres dispuestos para la guerra, contra ti, hija de Sin".
Al oir de su fama, nuestras manos se han descoyuntado. De nosotros se ha apoderado la angustia, un dolor como de mujer que est de parto.
No salgas al campo ni andes por el camino, porque espada de enemigo y temor hay por todas partes!
Hija de mi pueblo, cete de ropas speras y revulcate en ceniza! Ponte de luto como por el hijo nico, y llora amargamente, porque pronto vendr sobre nosotros el destructor!
"Por fortaleza y por torre de vigilancia te he puesto en mi pueblo: conoce, pues, y examina el camino de ellos".
Todos ellos son rebeldes, porfiados y calumniadores. Son bronce y hierro; todos ellos son corruptores.
Se quem el fuelle, por el fuego se ha consumido el plomo; en vano fundi el fundidor, pues la escoria no se ha desprendido.
Plata desechada los llamarn, porque Jehov los desech.
Palabra de Jehov que vino a Jeremas, diciendo:
"Ponte a la puerta de la casa de Jehov y proclama all esta palabra. Diles: "Od palabra de Jehov, todo Jud, los que entris por estas puertas para adorar a Jehov.
As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os har habitar en este lugar.
No fiis en palabras de mentira, diciendo: 'Templo de Jehov, templo de Jehov, templo de Jehov es este!'.
"Pero si de veras mejoris vuestros caminos y vuestras obras; si en verdad practicis la justicia entre el hombre y su prjimo,
y no oprims al extranjero, al hurfano y a la viuda, ni en este lugar derramis la sangre inocente, ni vais en pos de dioses extraos para mal vuestro,
yo os har habitar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre.
"Vosotros confiis en palabras de mentira, que no aprovechan.
Hurtis, matis, adulteris, juris en falso, quemis incienso a Baal y vais tras dioses extraos que no habais conocido,
y ahora vens y os presentis delante de m en esta Casa sobre la cual es invocado mi nombre, y decs: 'Somos libres', para seguir haciendo todas estas abominaciones?
Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta Casa, sobre la cual es invocado mi nombre? Esto tambin yo lo veo, dice Jehov.
Id ahora a mi lugar en Silo, donde hice habitar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.
Ahora, pues, por cuanto vosotros habis hecho todas estas cosas, dice Jehov, y aunque os habl sin cesar, no escuchasteis, y aunque os llam, no respondisteis,
har tambin a esta Casa, sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiis, y a este lugar que os di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo.
Os echar de mi presencia, como ech a todos vuestros hermanos, a toda la generacin de Efran".
"T, pues, no ores por este pueblo; no eleves por ellos clamor ni oracin, ni me ruegues, porque no te oir.
No ves lo que estos hacen en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln?
Los hijos recogen la lea, los padres encienden el fuego y las mujeres amasan la masa para hacer tortas a la reina del cielo y ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira.
Me provocarn ellos a ira?, dice Jehov. No obran ms bien ellos mismos su propia confusin?
Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: Sobre este lugar, sobre los hombres, sobre los animales, sobre los rboles del campo y sobre los frutos de la tierra se derramarn mi furor y mi ira. Se encendern y no se apagarn".
As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: "Aadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios, y comed la carne!
Porque no habl yo con vuestros padres, ni nada les mand acerca de holocaustos y de vctimas el da que los saqu de la tierra de Egipto.
Pero esto les mand, diciendo: Escuchad mi voz, y yo ser vuestro Dios y vosotros seris mi pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.
Pero no escucharon ni inclinaron su odo, antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazn malvado. Fueron hacia atrs y no hacia adelante,
desde el da que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Os envi todos los profetas, mis siervos; los envi desde el principio y sin cesar.
Pero no me escucharon ni inclinaron su odo, sino que endurecieron su corazn e hicieron peor que sus padres.
"T, pues, les dirs todas estas palabras, pero no te escucharn; los llamars, pero no te respondern.
Les dirs, por tanto: "Esta es la nacin que no escuch la voz de Jehov, su Dios, ni admiti correccin; pereci la fidelidad, de la boca de ellos fue arrancada"".
Crtate el cabello, arrjalo y levanta llanto sobre las alturas, porque Jehov ha aborrecido y dejado a la generacin objeto de su ira!
"Los hijos de Jud han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehov; pusieron sus abominaciones en la Casa, sobre la cual fue invocado mi nombre, y la profanaron.
Y han edificado los lugares altos de Tofet, que est en el valle del hijo de Hinom, para quemar en el fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mand ni me pas por la mente.
Por tanto, vendrn das, dice Jehov, en que no se dir ms Tofet ni valle del hijo de Hinom, sino valle de la Matanza. Y sern enterrados en Tofet, por no haber otro lugar.
Los cuerpos muertos de este pueblo sern comida para las aves del cielo y para las bestias de la tierra, y no habr quien las espante.
Yo har desaparecer de las ciudades de Jud y de las calles de Jerusaln la voz de gozo y la voz de alegra, la voz del esposo y la voz de la esposa, porque la tierra ser desolada".
"En aquel tiempo, dice Jehov, sacarn de sus sepulcros los huesos de los reyes de Jud, los huesos de sus prncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusaln.
Los esparcirn al sol y a la luna y a todo el ejrcito del cielo, a los cuales amaron y sirvieron, en pos de los cuales anduvieron, a los cuales consultaron y ante los cuales se postraron. No sern recogidos ni enterrados; sern como estircol sobre la faz de la tierra.
Y escoger la muerte antes que la vida todo el resto que quede de esta mala generacin, en todos los lugares adonde arroje yo a los que queden, dice Jehov de los ejrcitos.
"Les dirs asimismo que as ha dicho Jehov: "El que cae, no se levanta? El que se desva, no vuelve al camino?
Por qu es este pueblo de Jerusaln rebelde con rebelda sin fin? Abrazaron el engao y no han querido volverse.
Escuch con atencin: no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: "Qu he hecho?". Cada cual se volvi a su propia carrera, como caballo que se lanza con mpetu a la batalla.
Aun la cigea en el cielo conoce su tiempo, y la trtola, la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehov.
"Cmo decs: "Nosotros somos sabios, y la ley de Jehov est con nosotros"? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas.
Los sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron consternados; aborrecieron la palabra de Jehov; dnde, pues, est su sabidura?
Por tanto, dar a otros sus mujeres, y sus campos a quienes los conquisten; porque desde el ms pequeo hasta el ms grande, cada uno sigue la avaricia; desde el profeta hasta el sacerdote todos practican el engao.
Y curan la herida de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: "Paz, paz", y no hay paz!
Se han avergonzado de haber hecho abominacin? Ciertamente no se han avergonzado en lo ms mnimo, ni saben lo que es la vergenza! Caern, por tanto, entre los que caigan; cuando los castigue caern, dice Jehov".
"Los eliminar del todo, dice Jehov. No quedarn uvas en la vid ni higos en la higuera, y se caer la hoja, y lo que les he dado pasar de ellos".
Por qu permanecemos sentados? Reunos! Entremos en las ciudades fortificadas y perezcamos all! Porque Jehov, nuestro Dios, nos ha destinado a perecer, y nos ha dado a beber aguas envenenadas, porque hemos pecado contra Jehov.
Esperamos paz, y no hubo nada bueno; da de curacin, y hubo turbacin.
Desde Dan se oy el resoplar de sus caballos; al sonido de los relinchos de sus corceles tembl toda la tierra. Vinieron y devoraron la tierra y todo lo que en ella haba, la ciudad y a los que moraban en ella.
"Yo envo sobre vosotros serpientes, vboras contra las cuales no hay encantamiento, y os mordern, dice Jehov".
A causa de mi intenso dolor, mi corazn desfallece.
Se oye la voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene de la tierra lejana: "No est Jehov en Sin? No est en ella su Rey?". "Por qu me hicieron airar con sus imgenes de talla, con vanidades ajenas?".
Pas la siega, se acab el verano, pero nosotros no hemos sido salvos!
Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; abrumado estoy, el espanto se ha apoderado de m!
No hay blsamo en Galaad? No hay all mdico? Por qu, pues, no hubo sanidad para la hija de mi pueblo?
Ay, si mi cabeza se hiciera agua y mis ojos fuentes de lgrimas, para llorar da y noche a los muertos de la hija de mi pueblo!
Ay, quin me diera en el desierto un albergue de caminantes, para abandonar a mi pueblo y apartarme de ellos!, porque todos ellos son adlteros, una congregacin de traidores.
Hicieron que su lengua lanzara mentira como un arco, y no se fortalecieron para la verdad en la tierra, porque de mal en mal procedieron. "Me han desconocido", dice Jehov.
Gurdese cada cual de su compaero y en ningn hermano tenga confianza, porque todo hermano engaa falazmente y todo compaero anda calumniando.
Cada uno engaa a su compaero y ninguno dice la verdad. Han acostumbrado su lengua a decir mentiras y se ocupan de actuar perversamente.
"Su morada est en medio del engao; engaadores como son, no quisieron conocerme", dice Jehov.
Por tanto, as dice Jehov de los ejrcitos: "Yo los refinar y los probar, porque qu ms he de hacer por la hija de mi pueblo?
Saeta aguda es la lengua de ellos: solo habla engao. Con su boca dicen: "Paz" al amigo, pero dentro de s le ponen asechanzas.
No los he de castigar por estas cosas?, dice Jehov. De tal nacin, no se vengar mi alma?
"Por los montes levantar lloro y lamentacin, y llanto por los pastizales del desierto, porque han sido desolados hasta no quedar quien pase ni orse el bramido del ganado; desde las aves del cielo hasta las bestias de la tierra huyeron, se fueron.
"Reducir a Jerusaln a un montn de ruinas, a una guarida de chacales, y convertir las ciudades de Jud en una desolacin donde no quede un solo morador".
Quin es hombre sabio que entienda esto?, o a quin habl la boca de Jehov, para que pueda declararlo? Por qu causa la tierra ha perecido, ha sido asolada como un desierto, hasta no haber quien pase por ella?
Dijo Jehov: "Dejaron mi Ley, la cual di delante de ellos, y no obedecieron a mi voz ni caminaron conforme a ella;
antes bien, se fueron tras la imaginacin de su corazn y en pos de los baales, segn les ensearon sus padres.
Por tanto, as dice Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: A este pueblo yo les dar a comer ajenjo y les dar a beber aguas envenenadas.
Los esparcir entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron; y enviar la espada en pos de ellos, hasta que los acabe".
As dice Jehov de los ejrcitos: "Sed sabios y haced venir a las plaideras; buscad a las hbiles en su oficio".
Que se den prisa y levanten llanto por nosotros! Deshganse nuestros ojos en lgrimas, y nuestros prpados destilen aguas!,
porque de Sin fue oda una voz de lamentacin: "Cmo hemos sido destruidos! En gran manera hemos sido avergonzados, porque abandonamos la tierra, porque han destruido nuestras moradas".
Od, pues, mujeres, palabra de Jehov; reciba vuestro odo la palabra de su boca. Ensead lamentaciones a vuestras hijas y un canto fnebre cada una a su amiga,
porque la muerte ha subido por nuestras ventanas y ha entrado en nuestros palacios, para exterminar a los nios en las calles, a los jvenes en las plazas.
Di: "As dice Jehov: Los cuerpos de los hombres muertos caern como estircol sobre la faz del campo, como manojos tras el segador, y no hay quien los recoja".
As ha dicho Jehov: "No se alabe el sabio en su sabidura, ni en su valenta se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.
Mas albese en esto el que haya de alabarse: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehov, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas me agradan, dice Jehov".
"Vienen das, dice Jehov, en que castigar a todo circuncidado y a todo incircunciso;
a Egipto y a Jud, a Edom, a los hijos de Amn y de Moab, y a todos los que se rapan las sienes, los que habitan en el desierto, porque todas las naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazn".
Od la palabra que Jehov ha hablado sobre vosotros, casa de Israel.
As ha dicho Jehov: "No aprendis el camino de las naciones ni tengis temor de las seales del cielo, aunque las naciones las teman.
Porque las costumbres de los pueblos son vanidad: cortan un leo del bosque, luego lo labra el artfice con su cincel,
con plata y oro lo adornan y con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva.
Derechos estn como una palmera, pero no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal ni tienen poder para hacer bien".
No hay nadie semejante a ti, Jehov; grande eres t y grande en poder es tu nombre.
Quin no te temer, Rey de las naciones? A ti es debido el temor, porque entre todos los sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay nadie semejante a ti.
Todos se infatuarn y entontecern. Enseanza vana es el leo.
Traern plata batida de Tarsis y oro de Ufaz, obra del artfice y de manos del fundidor; los vestirn de azul y de prpura, pues obra de peritos es todo.
Mas Jehov es el Dios verdadero: l es el Dios vivo y el Rey eterno; ante su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su indignacin.
Les diris esto: "Los dioses, que no hicieron los cielos ni la tierra, desaparezcan de la tierra y de debajo de los cielos".
l hizo con su poder la tierra, con su saber puso en orden el mundo y con su sabidura extendi los cielos.
A su voz se produce un tumulto de aguas en el cielo; l hace subir las nubes del extremo de la tierra, trae los relmpagos con la lluvia y saca el viento de sus depsitos.
Todo hombre se embrutece, le falta conocimiento; se avergenza de su dolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra de fundicin y no hay espritu en ella.
Vanidad son, obra vana; en el tiempo de su castigo perecern.
No es as la porcin de Jacob, porque l es el Hacedor de todo, e Israel es la vara de su heredad: Jehov de los ejrcitos es su nombre!
Recoge del suelo tu equipaje, t que moras en lugar fortificado,
porque as ha dicho Jehov: "Esta vez arrojar con honda a los moradores de la tierra, y los afligir, para que lo sientan".
Ay de m, por mi quebrantamiento! Mi llaga es muy dolorosa. Pero dije: "Ciertamente enfermedad ma es esta, y debo sufrirla.
Mi tienda est destruida y todas mis cuerdas estn rotas; mis hijos me han abandonado y perecieron; no hay ya quien levante mi tienda ni quien cuelgue mis cortinas".
Porque los pastores se han vuelto necios y no han buscado a Jehov; por eso, no prosperaron y se dispers todo su rebao.
Un fuerte rumor, un gran alboroto, viene de la tierra del norte, para convertir en soledad todas las ciudades de Jud, en guarida de chacales.
Conozco, Jehov, que el hombre no es seor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos!
Castgame, Jehov, mas con juicio; no con tu furor, para que no me aniquiles!
Derrama tu enojo sobre los pueblos que no te conocen y sobre las naciones que no invocan tu nombre, porque se comieron a Jacob, lo devoraron, lo han consumido y han asolado su morada.
Palabra que vino de Jehov a Jeremas, diciendo:
"Od las palabras de este pacto, y hablad a todo hombre de Jud y a todo habitante de Jerusaln.
Decidles que as ha dicho Jehov, Dios de Israel: "Maldito el que no obedezca las palabras de este pacto,
el cual mand a vuestros padres el da que los saqu de la tierra de Egipto, del horno de hierro, dicindoles: Od mi voz y cumplid mis palabras conforme a todo lo que os mando. Entonces vosotros seris mi pueblo y yo ser vuestro Dios.
As confirmar el juramento que hice a vuestros padres, que les dara la tierra que fluye leche y miel, como en este da"". Yo respond y dije: "Amn, Jehov!".
Jehov me dijo: "Proclama todas estas palabras en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln, diciendo: "Od las palabras de este pacto y ponedlas por obra.
Porque solemnemente advert a vuestros padres el da que los hice subir de la tierra de Egipto, amonestndolos sin cesar, desde el principio hasta el da de hoy, diciendo: Escuchad mi voz!
Pero no escucharon ni inclinaron su odo; antes bien, se fueron cada uno tras la imaginacin de su malvado corazn. Por tanto, traer sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mand que cumplieran, y no cumplieron"".
Me dijo Jehov: "Conspiracin se ha hallado entre los hombres de Jud y entre los habitantes de Jerusaln.
Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras y se fueron tras dioses ajenos para servirlos. La casa de Israel y la casa de Jud quebrantaron mi pacto, el cual haba yo concertado con sus padres.
Por tanto, as ha dicho Jehov: Yo traigo sobre ellos un mal del que no podrn escapar. Clamarn a m, pero no los escuchar.
Entonces irn las ciudades de Jud y los habitantes de Jerusaln a clamar a los dioses a quienes queman incienso, los cuales no los podrn salvar en el tiempo de su mal.
Porque segn el nmero de tus ciudades fueron tus dioses, Jud; y segn el nmero de tus calles, Jerusaln, pusiste los altares de ignominia, altares para ofrecer incienso a Baal.
"T, pues, no ores por este pueblo: no levantes por ellos clamor ni oracin, porque yo no los escuchar el da en que por su afliccin clamen a m.
"Qu derecho tiene mi amada en mi Casa, habiendo hecho tantas abominaciones? Crees que los sacrificios y la carne consagrada de las vctimas pueden evitarte el castigo? Puedes gloriarte de eso?
Olivo verde, hermoso en su fruto y en su aspecto, llam Jehov tu nombre. Pero al son de un recio estrpito hizo encender fuego sobre l, y se quebraron sus ramas.
"Porque Jehov de los ejrcitos, que te plant, ha decretado el mal contra ti, a causa de la maldad que la casa de Israel y la casa de Jud han cometido, provocndome a ira al quemar incenso a Baal".
Jehov me lo hizo saber, y lo supe; entonces me hiciste ver sus obras.
Yo era como un cordero inocente que llevan a degollar, pues no entenda que maquinaban designios contra m, diciendo: "Destruyamos el rbol con su fruto, cortmoslo de la tierra de los vivientes, para que no haya ms memoria de su nombre".
Pero t, Jehov de los ejrcitos, que juzgas con justicia, que escudrias la mente y el corazn, djame ver tu venganza sobre ellos, porque ante ti he expuesto mi causa.
Por tanto, as ha dicho Jehov acerca de los hombres de Anatot que buscan tu vida, diciendo: "No profetices en nombre de Jehov, para que no mueras a nuestras manos".
As, pues, ha dicho Jehov de los ejrcitos: "Yo los castigar: los jvenes morirn a espada, sus hijos y sus hijas morirn de hambre.
No quedar ni un resto de ellos, pues yo traer el mal sobre los hombres de Anatot, en el ao de su castigo".
Justo eres t, Jehov, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegar mi causa ante ti. Por qu es prosperado el camino de los malvados y les va bien a todos los que se portan deslealmente?
Los plantaste, y echaron races; crecieron, y dieron fruto; cercano ests t en sus bocas, pero lejos de sus corazones.
Pero t, Jehov, me conoces; me viste y has probado mi corazn para contigo. Arrebtalos como a ovejas para el degolladero, y selalos para el da de la matanza!
Hasta cundo estar desierta la tierra y marchita la hierba de todo el campo? Por la maldad de los que en ella moran han perecido los ganados y las aves, pues dijeron: "No ver Dios nuestro fin".
"Si corriste con los de a pie y te cansaron, cmo contenders con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro, cmo hars en la espesura del Jordn?
Aun tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos se levantaron contra ti, aun ellos gritaron en pos de ti. No confes en ellos, aunque te digan cosas buenas.
"He abandonado mi casa, he desamparado mi heredad, he entregado en mano de sus enemigos lo que amaba mi alma.
Mi heredad fue para m como un len en la selva; contra m lanz su rugido, y por eso la aborrec.
Es mi heredad para m como un ave de rapia de muchos colores. No estn contra ella aves de rapia rodendola? Venid, reunos, vosotras todas las fieras del campo, venid a devorarla!
Muchos pastores han destruido mi via, han pisoteado mi heredad, han convertido en desierto y soledad mi heredad preciosa.
Fue convertida en asolamiento; desolada, llor sobre m. Toda la tierra qued asolada, y no hubo nadie que reflexionara.
Sobre todas las alturas del desierto vinieron destructores, porque la espada de Jehov devorar desde un extremo de la tierra hasta el otro; no habr paz para nadie.
Sembraron trigo y cosecharon espinos; se esforzaron, mas nada aprovecharon. Se avergonzarn de sus frutos, a causa de la ardiente ira de Jehov".
As ha dicho Jehov: "En cuanto a mis malos vecinos, que tocan la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel, yo los arrancar de su tierra, y arrancar de en medio de ellos la casa de Jud.
Pero despus que los haya arrancado, volver y tendr misericordia de ellos, y los har volver cada uno a su heredad y cada cual a su tierra.
Y si con diligencia aprenden los caminos de mi pueblo, para jurar en mi nombre, diciendo: "Vive Jehov!", as como ellos ensearon a mi pueblo a jurar por Baal, tambin ellos sern prosperados en medio de mi pueblo.
Pero si no escuchan, arrancar esa nacin, sacndola de raz y destruyndola", dice Jehov.
As me dijo Jehov: "Ve y cmprate un cinto de lino. Celo a tu cintura, pero no lo metas en agua".
Compr el cinto, conforme a la palabra de Jehov, y lo ce a mi cintura.
Vino a m por segunda vez palabra de Jehov, diciendo:
"Toma el cinto que compraste, el cual cie tu cintura, levntate, ve al ufrates y escndelo all, en la hendidura de una pea".
Fui, pues, al ufrates y lo escond, como Jehov me haba mandado.
Despus de muchos das me dijo Jehov: "Levntate, ve al ufrates y toma el cinto que te mand esconder all".
Entonces fui al ufrates, cav y tom el cinto del lugar donde lo haba escondido, pero el cinto se haba podrido y ya no serva para nada.
Y vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"As ha dicho Jehov: As har podrir la soberbia de Jud y la mucha soberbia de Jerusaln.
Este pueblo malo, que no quiere escuchar mis palabras, que anda en las imaginaciones de su corazn y que va en pos de dioses ajenos para servirlos y para postrarse ante ellos, vendr a ser como este cinto, que ya no sirve para nada.
Porque como el cinto se ajusta a la cintura del hombre, as hice que se ajustara a m toda la casa de Israel y toda la casa de Jud, dice Jehov, para que fueran mi pueblo, y para renombre, para alabanza y para honra; pero no escucharon.
"Les dirs, pues, esta palabra: "As ha dicho Jehov, Dios de Israel: Toda tinaja se llenar de vino". Y ellos te dirn: "No sabemos que toda tinaja se llenar de vino?".
Entonces les dirs: As ha dicho Jehov: "Yo lleno de embriaguez a todos los habitantes de esta tierra, a los reyes de la estirpe de David que se sientan sobre su trono, a los sacerdotes y profetas y a todos los habitantes de Jerusaln.
Y los quebrantar, a los unos contra los otros, juntamente a los padres y a los hijos, dice Jehov. No perdonar, ni tendr piedad ni misericordia, sino que los destruir"".
Od y prestad atencin: no os envanezcis, pues Jehov ha hablado.
Dad gloria a Jehov, vuestro Dios, antes que haga venir tinieblas, antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y que, esperando vosotros la luz, l os la vuelva en sombra de muerte y tinieblas.
Mas si no escuchis esto, en secreto llorar mi alma a causa de vuestra soberbia; y llorando amargamente, se desharn mis ojos en lgrimas, porque el rebao de Jehov fue hecho cautivo.
"Di al rey y a la reina: "Humillaos, sentaos en tierra, porque la corona de vuestra gloria ha cado de vuestras cabezas".
Las ciudades del Neguev fueron cerradas y no hubo quien las abriera; toda Jud fue deportada, llevada en cautiverio fue toda ella.
Alzad vuestros ojos y ved a los que vienen del norte. Dnde est el rebao que te fue dado, tu hermosa grey?
"Qu dirs cuando l ponga como cabeza sobre ti a aquellos a quienes t enseaste a ser tus amigos? No te darn dolores como los de una mujer que est de parto?
Quiz digas en tu corazn: "Por qu me ha sobrevenido esto?". Por la enormidad de tu maldad fueron alzadas tus faldas, fueron desnudados tus calcaares!
Podr cambiar el etope su piel y el leopardo sus manchas? As tambin, podris vosotros hacer el bien, estando habituados a hacer lo malo?
Por tanto, yo los esparcir al viento del desierto, como tamo que pasa.
Esta es tu suerte, la porcin que yo he medido para ti, dice Jehov, porque te olvidaste de m y confiaste en la mentira.
Yo, pues, te alzar tambin las faldas hasta el rostro, y se ver tu vergenza:
tus adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicacin sobre los collados. En el campo he visto tus abominaciones. Ay de ti, Jerusaln! No sers al fin limpia? Cunto tardars en purificarte?".
Palabra de Jehov que vino a Jeremas con motivo de la sequa.
"Se ha enlutado Jud, sus puertas desfallecen; se sentaron tristes en tierra y sube el clamor de Jerusaln.
Los nobles envan a sus criados por agua; van a las lagunas, pero no hallan agua; vuelven con sus vasijas vacas; se avergenzan, se confunden y cubren sus cabezas.
Se ha resquebrajado la tierra porque no ha llovido en el pas; los labradores, confundidos, se cubren la cabeza.
Aun las ciervas en los campos paren y abandonan la cra, porque no hay hierba.
Los asnos monteses se ponen en las alturas y aspiran el viento como los chacales, pero sus ojos se ofuscan porque no hay hierba".
Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, Jehov, acta por amor de tu nombre! Porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado.
T, la esperanza de Israel, su Salvador en el tiempo de la afliccin, por qu te has hecho como forastero en la tierra, como caminante que se retira para pasar la noche?
Por qu eres como un hombre atnito, como un valiente incapaz de librar? Sin embargo, t ests entre nosotros, Jehov, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares.
As ha dicho Jehov acerca de este pueblo: "Se deleitaron en vagar, y no dieron descanso a sus pies"; por tanto, Jehov no se agrada de ellos; se acordar ahora de su maldad y castigar sus pecados.
Y me dijo Jehov: "No ruegues por el bien de este pueblo.
Cuando ayunen, yo no escuchar su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no los aceptar, sino que los consumir con espada, con hambre y con pestilencia".
Yo dije: "Ah, ah, Seor, Jehov!, mira que los profetas les dicen: "No veris espada ni habr hambre entre vosotros, sino que en este lugar os dar paz verdadera"".
Me dijo entonces Jehov: "Falsamente profetizan los profetas en mi nombre. Yo no los envi ni los mand ni les habl; visin mentirosa, adivinacin, vanidad y engao de su corazn os profetizan.
Por tanto, as ha dicho Jehov sobre los profetas que profetizan en mi nombre, los cuales yo no envi, y que dicen: "Ni espada ni hambre habr en esta tierra". Con espada y con hambre sern consumidos esos profetas!
Y el pueblo a quien profetizan quedar tirado por las calles de Jerusaln a causa del hambre y la espada, y no habr quien los entierre, ni a ellos ni a sus mujeres ni a sus hijos ni a sus hijas. Y sobre ellos derramar su propia maldad.
"Les dirs, pues, esta palabra: ""Derramen mis ojos lgrimas noche y da, y no cesen, porque la virgen hija de mi pueblo ha sufrido una terrible desgracia, porque su llaga es muy dolorosa.
Si salgo al campo, veo muertos a espada; si entro en la ciudad, veo enfermos de hambre, y tanto el profeta como el sacerdote andan vagando por el pas, y nada entienden"".
Has desechado del todo a Jud? Ha aborrecido tu alma a Sin? Por qu hiciste que nos hirieran sin remedio? Esperamos paz, pero no hubo tal bien; tiempo de curacin, y he aqu turbacin.
Reconocemos, Jehov, nuestra impiedad y la iniquidad de nuestros padres, porque contra ti hemos pecado.
Por amor de tu nombre, no nos deseches ni deshonres tu glorioso trono; acurdate, no invalides tu pacto con nosotros.
Hay entre los dolos de las naciones alguno capaz de hacer llover? Acaso darn lluvias los cielos? No eres t, Jehov, nuestro Dios? En ti, pues, esperamos, pues t has hecho todas estas cosas.
Entonces Jehov me dijo: "Aunque Moiss y Samuel se pusieran delante de m, no estara mi voluntad con este pueblo. chalos de mi presencia, y que salgan.
Y si te preguntan: "A dnde saldremos?", les dirs que as ha dicho Jehov: ""El que a muerte, a muerte; el que a espada, a espada; el que a hambre, a hambre; y el que a cautiverio, a cautiverio".
"Y enviar sobre ellos cuatro gneros de castigo, dice Jehov: espada para matar, perros para despedazar y aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir.
Los entregar para terror a todos los reinos de la tierra, a causa de Manass hijo de Ezequas, rey de Jud, por lo que hizo en Jerusaln.
"Porque quin tendr compasin de ti, Jerusaln? Quin se entristecer por tu causa o quin vendr a preguntar por tu paz?
T me dejaste, dice Jehov, te volviste atrs; por tanto, yo extender sobre ti mi mano y te destruir. Estoy cansado de tener compasin!
Aunque los avent con aventador hasta las puertas de la tierra, y dej sin hijos a mi pueblo y lo desbarat, no se volvieron de sus caminos.
Sus viudas se multiplicaron ms que la arena del mar; traje contra ellos un destructor a medioda sobre la madre y sobre los hijos; hice que de repente cayeran terrores sobre la ciudad.
Languideci la que dio a luz siete; se llen de dolor su alma, su sol se puso siendo an de da; fue avergonzada y llena de confusin. Y lo que de ella quede, lo entregar a la espada delante de sus enemigos, dice Jehov".
Ay de m, madre ma, que me engendraste hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado ni tomado en prstamo y, sin embargo, todos me maldicen.
Sea as, Jehov, si no te he rogado por su bien, si no he suplicado ante ti en favor del enemigo en tiempo de afliccin y en poca de angustia!
"Puede alguno quebrar el hierro, el hierro del norte, y el bronce?
Tus riquezas y tus tesoros entregar a la rapia sin ningn precio, por todos tus pecados y en todo tu territorio.
Y te har servir a tus enemigos en tierra que no conoces, porque fuego se ha encendido en mi furor y arder contra vosotros".
T lo sabes, Jehov; acurdate de m, vistame y vngame de mis enemigos. No me reproches en la prolongacin de tu enojo; sabes que por amor de ti sufro afrenta.
Fueron halladas tus palabras, y yo las com. Tu palabra me fue por gozo y por alegra de mi corazn; porque tu nombre se invoc sobre m, Jehov, Dios de los ejrcitos.
No me sent en compaa de burladores ni me engre a causa de tu profeca; me sent solo, porque me llenaste de indignacin.
Por qu fue perpetuo mi dolor, y mi herida incurable, que no admiti curacin? Sers para m como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?
Por tanto, as dijo Jehov: "Si te conviertes, yo te restaurar y estars delante de m; y si separas lo precioso de lo vil, sers como mi boca. Convirtanse ellos a ti, mas t no te conviertas a ellos!
Y te pondr en este pueblo por muro fortificado de bronce; pelearn contra ti, pero no te vencern, porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehov.
Yo te librar de la mano de los malos y te redimir de la mano de los fuertes".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"No tomars para ti mujer, ni tendrs hijos ni hijas en este lugar.
Porque Jehov dice que los hijos y las hijas nacidos en este lugar, las madres que los den a luz y los padres que en esta tierra los engendren,
morirn de dolorosas enfermedades, y no sern llorados ni sepultados, sino que sern como estircol sobre la faz de la tierra. Con espada y con hambre sern consumidos, y sus cuerpos servirn de comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra".
Tambin ha dicho esto Jehov: "No entres en casa donde haya luto; no acudas a lamentar ni los consueles, porque de este pueblo, dice Jehov, yo he quitado mi paz, mi misericordia y mi compasin.
Morirn en esta tierra grandes y pequeos. No sern enterrados ni los llorarn; no se sajarn ni se raparn la cabeza por ellos.
No partirn pan por ellos en el luto para consolarlos por sus muertos, ni les darn a beber la copa del consuelo por su padre o por su madre.
Asimismo, no entres en casa donde haya banquete, para sentarte con ellos a comer o a beber.
As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Yo har cesar en este lugar, delante de vuestros ojos y en vuestros das, toda voz de gozo y toda voz de alegra, toda voz de esposo y toda voz de esposa.
"Y acontecer que cuando anuncies a este pueblo todas estas cosas, te dirn ellos: "Por qu anuncia Jehov contra nosotros todo este mal tan grande? Qu maldad es la nuestra?, o qu pecado es el nuestro, que hemos cometido contra Jehov, nuestro Dios?".
Entonces les dirs: Porque vuestros padres me abandonaron, dice Jehov, y anduvieron en pos de dioses ajenos y los sirvieron, y ante ellos se postraron. Me abandonaron a m y no guardaron mi Ley.
Pero vosotros habis hecho peor que vuestros padres, pues cada uno de vosotros camina tras la imaginacin de su malvado corazn, no escuchndome a m.
Por tanto, yo os arrojar de esta tierra a una tierra que ni vosotros ni vuestros padres habis conocido, y all serviris a dioses ajenos de da y de noche, pues no os tendr compasin.
"No obstante, vienen das, dice Jehov, en que no se dir ms: "Vive Jehov, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto!",
sino: "Vive Jehov, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras adonde los haba arrojado!". Pues yo los volver a su tierra, la cual di a sus padres.
"Yo envo muchos pescadores, dice Jehov, y los pescarn, y despus enviar muchos cazadores, y los cazarn por todo monte, por todo collado y por las cavernas de los peascos.
Porque mis ojos estn sobre todos sus caminos, los cuales no se me ocultan, ni su maldad se esconde de la presencia de mis ojos.
Pero primero les pagar el doble por su iniquidad y su pecado, porque contaminaron mi tierra con los cadveres de sus dolos, y con sus abominaciones llenaron mi heredad".
Jehov, fortaleza ma, fuerza ma y refugio mo en el tiempo de la afliccin, a ti vendrn naciones desde los extremos de la tierra, y dirn: "Ciertamente mentira heredaron nuestros padres, una vanidad sin provecho alguno.
Har acaso el hombre dioses para s? Mas ellos no son dioses".
"Por tanto, les ensear esta vez, les har conocer mi mano y mi poder, y sabrn que mi nombre es Jehov.
"El pecado de Jud est escrito con cincel de hierro y con punta de diamante; est esculpido en la tabla de su corazn y en los cuernos de sus altares,
como un recuerdo para sus hijos. Sus altares y sus imgenes de Asera estn junto a los rboles frondosos y en los collados altos,
en las montaas y sobre el campo. Todos tus tesoros entregar al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo tu territorio.
Perders la heredad que yo te di, y te har servir a tus enemigos en tierra que no has conocido, porque en mi furor habis encendido un fuego que arder para siempre".
As ha dicho Jehov: "Maldito aquel que confa en el hombre, que pone su confianza en la fuerza humana, mientras su corazn se aparta de Jehov!
Ser como la retama en el desierto, y no ver cuando llegue el bien, sino que morar en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.
"Bendito el hombre que confa en Jehov, cuya confianza est puesta en Jehov!,
porque ser como el rbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echar sus races. No temer cuando llegue el calor, sino que su hoja estar verde. En el ao de sequa no se inquietar ni dejar de dar fruto.
"Engaoso es el corazn ms que todas las cosas, y perverso; quin lo conocer?
Yo, Jehov, que escudrio la mente, que pruebo el corazn, para dar a cada uno segn su camino, segn el fruto de sus obras!".
Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que injustamente amontona riquezas: en la mitad de sus das las dejar, y en su final ser un insensato.
Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario.
Jehov, esperanza de Israel!, todos los que te dejan sern avergonzados, y los que se apartan de ti sern inscritos en el polvo, porque dejaron a Jehov, manantial de aguas vivas.
Sname, Jehov, y quedar sano; slvame, y ser salvo, porque t eres mi alabanza.
La gente me dice: "Dnde est la palabra de Jehov? Que se cumpla ahora!".
Mas yo no he ido en pos de ti para incitarte a castigarlos, ni dese el da de la calamidad; t lo sabes. Lo que de mi boca ha salido, fue en tu presencia.
No me seas t por espanto, pues mi refugio eres t en el da malo.
Avergncense los que me persiguen, y no sea yo avergonzado; asmbrense ellos, y yo no me asombre; trae sobre ellos el da malo y quebrntalos con doble quebranto.
As me ha dicho Jehov: "Ve y ponte a la puerta de los Hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Jud; ponte en todas las puertas de Jerusaln,
y diles: "Od la palabra de Jehov, reyes de Jud, todo Jud y todos los habitantes de Jerusaln que entris por estas puertas!
As ha dicho Jehov: Guardaos por vuestra vida de llevar carga en sbado y de meterla por las puertas de Jerusaln.
No saquis carga de vuestras casas en sbado, ni hagis trabajo alguno, sino santificad el sbado, como mand a vuestros padres.
Pero ellos no escucharon ni inclinaron su odo, sino que endurecieron su corazn para no escuchar ni recibir correccin.
"No obstante, si vosotros me obedecis, dice Jehov, no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en sbado, sino que santificis el sbado y no hacis en l ningn trabajo,
entrarn por las puertas de esta ciudad, en carros y en caballos, los reyes y los prncipes que se sientan sobre el trono de David, ellos y sus prncipes, los hombres de Jud y los habitantes de Jerusaln; y esta ciudad ser habitada para siempre.
Y vendrn de las ciudades de Jud, de los alrededores de Jerusaln, de la tierra de Benjamn, de la Sefela, de los montes y del Neguev, trayendo holocausto y sacrificio, ofrenda e incienso, y trayendo sacrificio de alabanza a la casa de Jehov.
Pero si no me obedecis para santificar el sbado, para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusaln en sbado, yo har descender fuego en sus puertas, que consumir los palacios de Jerusaln y no se apagar"".
Palabra de Jehov que vino a Jeremas, diciendo:
"Levntate y desciende a casa del alfarero, y all te har oir mis palabras".
Descend a casa del alfarero, y hall que l estaba trabajando en el torno.
Y la vasija de barro que l haca se ech a perder en sus manos, pero l volvi a hacer otra vasija, segn le pareci mejor hacerla.
Entonces vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"No podr yo hacer con vosotros como este alfarero, casa de Israel?, dice Jehov. Como el barro en manos del alfarero, as sois vosotros en mis manos, casa de Israel.
En un instante hablar contra naciones y contra reinos, para arrancar, derribar y destruir.
Pero si esas naciones se convierten de su maldad contra la cual habl, yo me arrepentir del mal que haba pensado hacerles,
y en un instante hablar de esas naciones y de esos reinos, para edificar y para plantar.
Pero si hacen lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentir del bien que haba determinado hacerles.
"Ahora, pues, habla a todo hombre de Jud y a los habitantes de Jerusaln, diciendo: "Esto ha dicho Jehov: Yo dispongo el mal contra vosotros, y contra vosotros trazo planes; convirtase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras".
Pero dirn: "Es intil, porque en pos de nuestros dolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazn"".
Por tanto, as dice Jehov: "Preguntad ahora a las naciones, quin ha odo cosa semejante. Algo horrible ha hecho la virgen de Israel!
Faltar la nieve de las rocas de las montaas del Lbano? Faltarn las aguas fras que fluyen de lejanas tierras?
Pues mi pueblo me ha olvidado, quemando incienso a lo que es vanidad! Ha tropezado en sus caminos, en las sendas antiguas, para caminar por senderos y no por un camino bien dispuesto.
Han convertido su tierra en desolacin, en objeto de burla perpetua; todo aquel que pase por ella, se asombrar y menear la cabeza.
Delante del enemigo los esparcir como viento del este. En el da de su perdicin les mostrar las espaldas, y no el rostro".
Ellos dijeron: "Venid y preparemos un plan contra Jeremas, porque la instruccin no le faltar al sacerdote ni el consejo al sabio ni la palabra al profeta. Venid calumnimoslo y no atendamos a ninguna de sus palabras".
Jehov, fjate en m y oye la voz de los que contienden conmigo.
Se da mal por bien, para que hayan cavado un hoyo para mi vida? Acurdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos, para apartar de ellos tu ira.
Por tanto, entrega sus hijos al hambre, disprsalos por medio de la espada, queden sus mujeres sin hijos y viudas. Sean puestos a muerte sus maridos, y los jvenes, heridos a espada en la guerra.
igase el clamor de sus casas, cuando de repente traigas sobre ellos un ejrcito!, porque cavaron un hoyo para atraparme, y bajo mis pies han escondido lazos.
Pero t, Jehov, conoces todo su consejo contra m para darme muerte. No perdones su maldad ni borres su pecado de delante de tu rostro. Tropiecen ellos delante de ti, y haz as con ellos en el tiempo de tu enojo!
As dijo Jehov: "Ve a comprar al alfarero una vasija de barro, y lleva contigo a algunos de los ancianos del pueblo y de los ancianos de entre los sacerdotes.
Sal luego al valle del hijo de Hinom, que est a la entrada de la puerta oriental, y proclama all las palabras que yo te dir.
Dirs: "Od palabra de Jehov, reyes de Jud y habitantes de Jerusaln. Esto dice Jehov de los ejrcitos, el Dios de Israel: Yo traigo sobre este lugar un mal tan grande que a todo el que lo oiga le zumbarn los odos,
porque me abandonaron y enajenaron este lugar ofreciendo en l incienso a dioses extraos, que ni ellos haban conocido, ni sus padres, ni los reyes de Jud; y llenaron este lugar de sangre de inocentes.
Edificaron lugares altos a Baal, para quemar en el fuego a sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mand ni dije ni me vino al pensamiento.
Por tanto, he aqu vienen das, dice Jehov, que este lugar no se llamar ms Tofet ni valle del hijo de Hinom, sino valle de la Matanza.
Y desvanecer el consejo de Jud y de Jerusaln en este lugar. Los har caer a espada delante de sus enemigos y en las manos de los que buscan sus vidas. Dar sus cuerpos para comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
Pondr a esta ciudad por espanto y burla; todo aquel que pase por ella se asombrar y se burlar de su destruccin.
Les har comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas. Cada uno comer la carne de su amigo, en el asedio y el apuro con que los angustiarn sus enemigos y los que buscan sus vidas".
"Entonces quebrars la vasija ante los ojos de los hombres que van contigo,
y les dirs: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos: De esta forma quebrantar a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra una vasija de barro, que no se puede restaurar ms; y en Tofet sern enterrados, porque no habr otro lugar para enterrar.
As har a este lugar, dice Jehov, y a sus habitantes; dejar esta ciudad como a Tofet.
Las casas de Jerusaln y las casas de los reyes de Jud sern como el lugar de Tofet, inmundas, por todas las casas sobre cuyos tejados ofrecieron incienso a todo el ejrcito del cielo, y vertieron libaciones a dioses ajenos"".
Volvi Jeremas de Tofet, adonde Jehov le envi a profetizar, se par en el atrio de la casa de Jehov y dijo a todo el pueblo:
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus aldeas todo el mal que habl contra ella, porque han endurecido su corazn para no oir mis palabras".
El sacerdote Pasur hijo de Imer, que presida como principal en la casa de Jehov, oy a Jeremas profetizar estas palabras.
Entonces Pasur hizo azotar al profeta Jeremas y lo puso en el cepo que estaba en la puerta superior de Benjamn, la cual conduca a la casa de Jehov.
Al da siguiente, Pasur sac a Jeremas del cepo. Le dijo entonces Jeremas: "Jehov no ha llamado tu nombre Pasur, sino Magor-misabib.
Y as ha dicho Jehov: "He aqu, yo har que seas un terror para ti mismo y para todos los que bien te quieren. Caern por la espada de sus enemigos, y tus ojos lo vern. A todo Jud entregar en manos del rey de Babilonia, que los llevar cautivos a Babilonia y los matar a espada.
Entregar asimismo toda la riqueza de esta ciudad, todo su trabajo y todas sus cosas preciosas. Entregar todos los tesoros de los reyes de Jud en manos de sus enemigos, que los saquearn, los tomarn y los llevarn a Babilonia.
Y t, Pasur, y todos los que habitan en tu casa iris cautivos. Entrars en Babilonia y all morirs. All sers enterrado, t y todos los que bien te quieren, a los cuales has profetizado con mentira"".
Me sedujiste, Jehov, y me dej seducir! Ms fuerte fuiste que yo, y me venciste! Cada da he sido escarnecido, cada cual se burla de m!
Cuantas veces hablo, doy voces, grito: "Violencia y destruccin!", porque la palabra de Jehov me ha sido para afrenta y escarnio cada da.
Por eso dije: "No me acordar ms de l ni hablar ms en su nombre!". No obstante, haba en mi corazn como un fuego ardiente metido en mis huesos. Trat de resistirlo, pero no pude.
He odo lo que muchos murmuran: "Terror por todas partes! Denunciadlo, denuncimoslo!". Todos mis amigos esperaban que claudicara. Decan: "Quiz se engae, y prevaleceremos contra l y tomaremos de l nuestra venganza!".
Mas Jehov est conmigo como un poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarn y no prevalecern; sern avergonzados en gran manera, porque no prosperarn; tendrn perpetua confusin, que jams ser olvidada.
Jehov de los ejrcitos, que pruebas a los justos, que ves los pensamientos y el corazn, vea yo tu venganza de ellos, porque a ti he encomendado mi causa!
Cantad a Jehov, alabad a Jehov, porque ha librado la vida del pobre de mano de los malignos!
Maldito el da en que nac! Que no sea bendecido el da en que mi madre me dio a luz!
Maldito el hombre que dio la noticia a mi padre, diciendo: "Un hijo varn te ha nacido", causndole gran alegra!
Sea tal hombre como las ciudades que asol Jehov sin volverse atrs de ello; que oiga gritos por la maana y voces a medioda,
porque no me mat en el vientre. Mi madre entonces hubiera sido mi sepulcro, pues su vientre habra quedado embarazado para siempre.
Para qu sal del vientre? Para ver trabajo y dolor, y que mis das se gastaran en afrenta?
Palabra de Jehov que vino a Jeremas, cuando el rey Sedequas envi a l a Pasur hijo de Malquas y al sacerdote Sofonas hijo de Maasas, para que le dijeran:
"Consulta ahora acerca de nosotros a Jehov, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, hace guerra contra nosotros; quiz Jehov haga con nosotros segn todas sus maravillas, y aquel se aleje de nosotros".
Jeremas les respondi: "Diris esto a Sedequas:
"As ha dicho Jehov, Dios de Israel: Yo vuelvo atrs las armas de guerra que estn en vuestras manos, con las que peleis contra el rey de Babilonia; y a los caldeos que estn fuera de la muralla y os tienen sitiados, yo los reunir en medio de esta ciudad.
Pelear contra vosotros con mano extendida y con brazo fuerte, con furor, con enojo e ira grande.
Herir a los habitantes de esta ciudad; los hombres y las bestias morirn de una gran peste.
Despus, dice Jehov, entregar a Sedequas, rey de Jud, a sus criados, al pueblo y a los que queden de la pestilencia, de la espada y del hambre en la ciudad, en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en mano de sus enemigos y de los que buscan sus vidas. l los herir a filo de espada; no los perdonar, ni tendr piedad de ellos ni mostrar por ellos compasin".
"Y a este pueblo dirs: "As ha dicho Jehov: Yo pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte.
El que quede en esta ciudad morir por la espada, el hambre o la peste; pero el que salga y se pase a los caldeos que os tienen sitiados, vivir, y su vida le ser por botn,
porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal y no para bien, dice Jehov; en manos del rey de Babilonia ser entregada, y l le prender fuego".
"Y a la casa del rey de Jud dirs: ""Od palabra de Jehov:
Casa de David, esto dice Jehov: Haced de maana justicia y librad al oprimido de mano del opresor, para que mi ira no salga como un fuego que se enciende y no hay quien lo apague, a causa de la maldad de vuestras obras.
"Yo estoy contra ti, moradora del valle y de la piedra de la llanura, dice Jehov; los que decs: 'Quin subir contra nosotros? Quin entrar en nuestros refugios?'.
Yo os castigar conforme al fruto de vuestras obras, dice Jehov, y har encender fuego en su bosque, y consumir todos sus alrededores"".
As dijo Jehov: "Desciende a la casa del rey de Jud y habla all esta palabra.
Dile: "Od palabra de Jehov, rey de Jud que ests sentado sobre el trono de David, t, tus siervos y tu pueblo que entra por estas puertas.
As ha dicho Jehov: Actuad conforme al derecho y la justicia, librad al oprimido de mano del opresor y no robis al extranjero, al hurfano y a la viuda, ni derramis sangre inocente en este lugar.
Porque si efectivamente obedecis esta palabra, los reyes que en lugar de David se sientan sobre su trono entrarn montados en carros y en caballos por las puertas de esta casa, ellos, sus criados y su pueblo.
Pero si no escuchis estas palabras, por m mismo he jurado, dice Jehov, que esta casa quedar desierta"".
As ha dicho Jehov acerca de la casa del rey de Jud: "Como Galaad eres t para m, y como la cima del Lbano; sin embargo, te convertir en soledad, y quedars como las ciudades deshabitadas.
Preparar contra ti destructores, cada uno con sus armas; cortarn tus cedros escogidos y los echarn en el fuego.
"Muchas gentes pasarn junto a esta ciudad, y dir cada uno a su compaero: "Por qu hizo esto Jehov con esta gran ciudad?".
Y se les responder: "Porque dejaron el pacto de Jehov, su Dios, adoraron a dioses extraos y los sirvieron"".
No lloris al muerto ni por l os condolis; llorad amargamente por el que se va, porque no volver jams ni ver la tierra donde naci.
Porque as ha dicho Jehov acerca de Salum hijo de Josas, rey de Jud, el cual rein en lugar de Josas, su padre, y que sali de este lugar: "No volver ms aqu,
sino que morir en el lugar adonde lo llevaron cautivo, y no ver ms esta tierra.
"Ay del que edifica su casa sin justicia y sus salas sin equidad, sirvindose de su prjimo de balde, sin darle el salario de su trabajo!
Que dice: "Edificar para m una casa espaciosa, de grandes salas"; y le abre ventanas, la cubre de cedro y la pinta de bermelln.
Reinars t, porque te rodeas de cedro? No comi y bebi tu padre, y actu conforme al derecho y la justicia, y le fue bien?
l juzg la causa del afligido y del necesitado, y le fue bien. No es esto conocerme a m?, dice Jehov.
Mas tus ojos y tu corazn no son sino para tu avaricia, para derramar sangre inocente y para oprimir y hacer agravio".
Por tanto, as ha dicho Jehov acerca de Joacim hijo de Josas, rey de Jud: "No lo llorarn, diciendo: "Ay, hermano mo!" y "Ay, hermana!", ni lo lamentarn, diciendo: "Ay, seor! Ay, majestad!".
En sepultura de asno ser enterrado, arrastrndolo y echndolo fuera de las puertas de Jerusaln.
Sube al Lbano y clama, y en Basn levanta tu voz y grita hacia todas partes, porque todos tus enamorados son destruidos.
Te habl en tu prosperidad, mas dijiste: "No escuchar!". Esta fue tu conducta desde tu juventud: nunca escuchaste mi voz.
A todos tus pastores pastorear el viento, y tus enamorados irn en cautiverio; entonces te avergonzars y te confundirs a causa de toda tu maldad.
Habitaste en el Lbano, hiciste tu nido en los cedros. Cmo gemirs cuando te vengan dolores, dolores como de una mujer que est de parto!
"Vivo yo, dice Jehov, que si Conas hijo de Joacim, rey de Jud, fuera anillo en mi mano derecha, aun de all te arrancara!
Te entregar en manos de los que buscan tu vida, en manos de aquellos cuya vista temes; s, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos.
Os har llevar cautivos, a ti y a tu madre que te dio a luz, a una tierra ajena en la que no nacisteis; y all moriris.
Y no volvern a la tierra a la cual ansan volver.
"Es este hombre, Conas, una vasija despreciada y quebrada? Es un objeto sin valor para nadie? Por qu fueron arrojados l y su generacin y echados a una tierra que no haban conocido?
Tierra, tierra, tierra, oye palabra de Jehov!".
As ha dicho Jehov: "Inscribid a este hombre como privado de descendencia, como un hombre sin xito en todos sus das, porque ninguno de su descendencia lograr sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Jud".
"Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebao!", dice Jehov.
Por tanto, esto ha dicho Jehov, Dios de Israel, a los pastores que apacientan mi pueblo: "Vosotros dispersasteis mis ovejas y las espantasteis. No las habis cuidado. Por eso, yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehov.
Yo mismo recoger el resto de mis ovejas de todas las tierras adonde las ech, y las har volver a sus pastizales; y crecern y se multiplicarn.
Pondr sobre ellas pastores que las apacienten; y no temern ms, no se amedrentarn ni sern menoscabadas, dice Jehov.
"Vienen das, dice Jehov, en que levantar a David renuevo justo, y reinar como Rey, el cual ser dichoso y actuar conforme al derecho y la justicia en la tierra.
En sus das ser salvo Jud, e Israel habitar confiado; y este ser su nombre con el cual lo llamarn: "Jehov, justicia nuestra".
"Por tanto, vienen das, dice Jehov, en que no dirn ms: "Vive Jehov, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto!",
sino: "Vive Jehov, que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte y de todas las tierras adonde yo los haba echado!". Y habitarn en su tierra".
A causa de los profetas mi corazn est quebrantado dentro de m, todos mis huesos tiemblan. A causa de Jehov y a causa de sus santas palabras estoy como un ebrio, como un hombre dominado por el vino,
porque la tierra est llena de adlteros; por la maldicin, la tierra est desierta y los pastizales del desierto se secaron. La carrera de ellos es mala y su valenta no es recta.
"Tanto el profeta como el sacerdote son impos; aun en mi casa hall su maldad, dice Jehov.
Por tanto, su camino ser como resbaladero en la oscuridad; sern empujados, y caern en l; porque yo traer mal sobre ellos en el ao de su castigo, dice Jehov.
"En los profetas de Samaria he visto desatinos: profetizaban en nombre de Baal e hicieron errar a mi pueblo Israel.
Y en los profetas de Jerusaln he visto torpezas: cometen adulterios, andan con mentiras y fortalecen las manos de los malos, para que ninguno se convierta de su maldad. Me son todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra.
Por tanto, esto dice Jehov de los ejrcitos contra aquellos profetas: "Yo les hago comer ajenjos y les har beber agua envenenada, porque de los profetas de Jerusaln sali la impiedad sobre toda la tierra"".
As ha dicho Jehov de los ejrcitos: "No escuchis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visin de su propio corazn, no de la boca de Jehov.
Dicen atrevidamente a los que me irritan: "Jehov dice que tendris paz!". Y a cualquiera que anda tras la obstinacin de su corazn, dicen: "No vendr el mal sobre vosotros"".
Pero quin estuvo en el secreto de Jehov, y vio y oy su palabra? Quin estuvo atento a su palabra y la oy?
La tempestad de Jehov saldr con furor; la tempestad que est preparada caer sobre la cabeza de los malos.
No se apartar el furor de Jehov hasta que lo haya hecho y hasta que haya cumplido los pensamientos de su corazn; al final de los das lo entenderis cabalmente.
"No envi yo aquellos profetas, pero ellos corran; yo no les habl, mas ellos profetizaban.
Si ellos hubieran estado en mi secreto, habran hecho oir mis palabras a mi pueblo, y lo habran hecho volver de su mal camino y de la maldad de sus obras.
"Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehov, y no Dios de lejos?
Se ocultar alguno, dice Jehov, en escondrijos donde yo no lo vea? No lleno yo, dice Jehov, el cielo y la tierra?
"Yo he odo lo que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi nombre: "So, so!".
Hasta cundo estar esto en el corazn de los profetas que profetizan mentira, que profetizan el engao de su corazn?
Con los sueos que cada uno cuenta a su compaero pretenden hacer que mi pueblo se olvide de mi nombre, del mismo modo que sus padres se olvidaron de mi nombre a causa de Baal?
El profeta que tenga un sueo, que cuente el sueo; y aquel a quien vaya mi palabra, que cuente mi palabra verdadera. Qu tiene que ver la paja con el trigo?, dice Jehov.
No es mi palabra como un fuego, dice Jehov, y como un martillo que quebranta la piedra?
"Por tanto, yo estoy contra los profetas, dice Jehov, que se roban mis palabras unos a otros.
Dice Jehov: Yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: "l lo ha dicho!".
Ciertamente, dice Jehov, yo estoy contra los que profetizan sueos mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas. Yo no los envi ni los mand, y ningn provecho han trado a este pueblo, dice Jehov.
"Y cuando te pregunte este pueblo, o el profeta o el sacerdote, diciendo: "Cul es la profeca de Jehov?", les dirs: "Esta es la profeca: 'Os abandonar', ha dicho Jehov".
Y al profeta, al sacerdote o al pueblo que diga: "Profeca de Jehov", yo enviar castigo sobre tal hombre y sobre su casa.
As diris cada cual a su compaero y cada cual a su hermano: "Qu ha respondido Jehov? Qu dijo Jehov?".
Y nunca ms volveris a decir: "Carga de Jehov", porque la palabra de cada uno ser una carga para l, pues pervertisteis las palabras del Dios viviente, de Jehov de los ejrcitos, el Dios nuestro.
As dirs al profeta: "Qu te respondi Jehov? Qu dijo Jehov?".
Pero si decs: "Carga de Jehov", entonces Jehov dice as: "Porque dijisteis esta palabra, 'Carga de Jehov', habiendo yo enviado a deciros: 'No digis: Carga de Jehov',
por eso, yo os echar en el olvido y os arrancar de mi presencia, a vosotros y a la ciudad que os di a vosotros y a vuestros padres;
y pondr sobre vosotros afrenta perpetua, eterna confusin que nunca borrar el olvido"".
Despus de haber transportado Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jeconas hijo de Joacim, rey de Jud, a los prncipes de Jud, y a los artesanos y herreros de Jerusaln, y haberlos llevado a Babilonia, me mostr Jehov dos cestas de higos puestas delante del templo de Jehov.
Una cesta tena higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tena higos muy malos, que de tan malos no se podan comer.
Y me dijo Jehov: "Qu ves t, Jeremas?" Yo dije: "Higos; higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de tan malos no se pueden comer".
Y vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"As ha dicho Jehov, Dios de Israel: Como a estos higos buenos, as mirar a los deportados de Jud, a los cuales ech de este lugar a la tierra de los caldeos, para su bien.
Porque pondr mis ojos sobre ellos para bien, y los volver a esta tierra. Los edificar y no los destruir; los plantar y no los arrancar.
Les dar un corazn para que me conozcan que yo soy Jehov; y ellos sern mi pueblo y yo ser su Dios, porque se volvern a m de todo corazn.
"Y como a los higos malos, que de tan malos no se pueden comer, as ha dicho Jehov, pondr a Sedequas, rey de Jud, a sus prncipes y al resto de Jerusaln que qued en esta tierra, y a los que habitan en la tierra de Egipto.
Y los dar por horror y por mal a todos los reinos de la tierra, y por infamia, por refrn, por burla y por maldicin a todos los lugares donde yo los disperse.
Y enviar sobre ellos espada, hambre y peste, hasta que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a sus padres".
Palabra que vino a Jeremas acerca de todo el pueblo de Jud en el ao cuarto de Joacim hijo de Josas, rey de Jud, el cual era el ao primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia;
la cual habl el profeta Jeremas a todo el pueblo de Jud y a todos los habitantes de Jerusaln, diciendo:
"Desde el ao trece de Josas hijo de Amn, rey de Jud, hasta este da, que son veintitrs aos, ha venido a m palabra de Jehov, y he hablado desde el principio y sin cesar, pero no escuchasteis.
Y envi Jehov a vosotros a todos sus siervos los profetas. Los envi desde el principio y sin cesar; pero no escuchasteis ni inclinasteis vuestro odo para escuchar
cuando decan: "Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras, y habitaris en la tierra que os dio Jehov a vosotros y a vuestros padres para siempre.
Pero no vayis en pos de dioses ajenos, sirvindolos y adorndolos, ni me provoquis a ira con la obra de vuestras manos, y no os har mal".
Pero no me habis escuchado, dice Jehov, sino que me habis provocado a ira con la obra de vuestras manos para vuestro propio mal.
"Por tanto, as ha dicho Jehov de los ejrcitos: Por cuanto no habis escuchado mis palabras,
yo enviar y tomar a todas las tribus del norte, dice Jehov, y a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y los traer contra esta tierra y contra sus habitantes, y contra todas estas naciones en derredor. Los destruir, y los pondr por espanto, por burla y desolacin perpetua.
Har que desaparezca de entre ellos la voz del gozo y la voz de la alegra, la voz del novio y la voz de la novia, el ruido del molino y la luz de la lmpara.
Toda esta tierra ser convertida en ruinas y en espanto; y servirn estas naciones al rey de Babilonia durante setenta aos.
Y cuando se hayan cumplido los setenta aos, dice Jehov, castigar al rey de Babilonia y a aquella nacin, por su maldad, y a la tierra de los caldeos; y la convertir en desolacin perpetua.
Traer sobre aquella tierra todas mis palabras que he hablado contra ella, con todo lo que est escrito en este libro, profetizado por Jeremas contra todas las naciones.
Porque tambin ellas estarn sometidas a muchas naciones y a grandes reyes; y yo les pagar conforme a sus hechos y conforme a la obra de sus manos".
As me dijo Jehov, Dios de Israel: "Toma de mi mano la copa del vino de este furor, y haz que beban de ella todas las naciones a las cuales yo te envo.
Bebern, y temblarn y enloquecern a causa de la espada que yo envo entre ellas".
Yo tom la copa de la mano de Jehov, y di de beber a todas las naciones a las cuales me envi Jehov:
a Jerusaln, a las ciudades de Jud, a sus reyes y a sus prncipes, para convertirlos en ruinas, en espanto, en burla y en maldicin, como hasta hoy;
al faran, rey de Egipto, a sus servidores, a sus prncipes y a todo su pueblo;
y a todo el conjunto de naciones, a todos los reyes de tierra de Uz y a todos los reyes de la tierra de Filistea: de Ascaln, Gaza, Ecrn y el resto de Asdod;
de Edom, Moab y los hijos de Amn;
a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidn, a los reyes de las costas que estn de ese lado del mar:
Dedn, Tema y Buz, y todos los que se rapan las sienes;
a todos los reyes de Arabia, a todos los reyes del conjunto de pueblos que habitan en el desierto;
a todos los reyes de Zimri, a todos los reyes de Elam, a todos los reyes de Media;
a todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos, a los unos y a los otros, y a todos los reinos del mundo que estn sobre la faz de la tierra. Y el rey de Babilonia beber despus de ellos.
"Les dirs, pues: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Bebed, embriagaos y vomitad; caed y no os levantis, a causa de la espada que yo envo entre vosotros!".
Y si no quieren tomar la copa de tu mano para beber, t les dirs: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Tenis que beberla,
porque yo comienzo a causarle mal a la ciudad en la cual es invocado mi nombre, y vosotros seris absueltos? No seris absueltos, porque espada traigo sobre todos los habitantes de la tierra!", dice Jehov de los ejrcitos.
"T, pues, profetizars contra ellos todas estas palabras. Les dirs: ""Jehov ruge desde lo alto, y desde su morada santa da su voz; ruge fuertemente contra su redil; cancin de lagareros canta contra todos los moradores de la tierra.
Llega el estruendo hasta el fin de la tierra, porque Jehov est en pleito contra las naciones; l es el Juez de todo mortal y entregar a los impos a la espada, dice Jehov"".
As ha dicho Jehov de los ejrcitos: "Ciertamente el mal ir de nacin en nacin, y una gran tempestad se levantar desde los extremos de la tierra".
Yacern los muertos de Jehov en aquel da desde un extremo de la tierra hasta el otro; no se har lamentacin, ni se recogern ni sern enterrados, sino que como estircol quedarn sobre la faz de la tierra.
Aullad, pastores! Gritad! Revolcaos en el polvo, mayorales del rebao!, porque se han cumplido vuestros das para que seis degollados y esparcidos. Caeris como vaso precioso.
Se acabar el asilo para los pastores, y no escaparn los mayorales del rebao.
Voz de la gritera de los pastores, y aullido de los mayorales del rebao!, porque Jehov asol sus pastizales.
Los pastos delicados sern destruidos por el ardor de la ira de Jehov.
Dej cual leoncillo su guarida, pues asolada fue la tierra de ellos por la ira del opresor, por el furor de su ira.
En el principio del reinado de Joacim hijo de Josas, rey de Jud, vino esta palabra de Jehov, diciendo:
"As ha dicho Jehov: Ponte en el atrio de la casa de Jehov, y habla a todos los que vienen de las ciudades de Jud para adorar en la casa de Jehov, todas las palabras que yo te mand hablarles. No retengas palabra.
Quiz escuchen y se vuelva cada uno de su mal camino; entonces me arrepentir yo del mal que pienso hacerles por la maldad de sus obras.
Les dirs, pues: "As ha dicho Jehov: Si no me obedecis para andar en mi Ley, la cual puse ante vosotros,
y para atender a las palabras de mis siervos los profetas, que yo os he enviado desde el principio y sin cesar, a los cuales no habis escuchado,
yo tratar a esta casa como a Silo, y a esta ciudad la pondr por maldicin ante todas las naciones de la tierra"".
Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremas hablar estas palabras en la casa de Jehov.
Y cuando termin de hablar Jeremas todo lo que Jehov le haba mandado que hablara a todo el pueblo, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo le echaron mano, diciendo: "De cierto morirs!
Por qu has profetizado en nombre de Jehov, diciendo: "Esta Casa ser como Silo y esta ciudad quedar asolada y sin habitantes?"". Y todo el pueblo se reuni contra Jeremas en la casa de Jehov.
Los prncipes de Jud, al oir estas cosas, subieron de la casa del rey a la casa de Jehov y se sentaron a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehov.
Entonces los sacerdotes y los profetas hablaron a los prncipes y a todo el pueblo, diciendo: "Este hombre ha incurrido en pena de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como vosotros habis odo con vuestros propios odos!".
Y habl Jeremas a todos los prncipes y a todo el pueblo, diciendo: "Jehov me envi a profetizar contra esta Casa y contra esta ciudad todas las palabras que habis odo.
Mejorad ahora vuestros caminos y vuestras obras, y escuchad la voz de Jehov, vuestro Dios; y se arrepentir Jehov del mal que ha hablado contra vosotros.
En lo que a m toca, he aqu estoy en vuestras manos; haced de m como mejor y ms recto os parezca.
Pero sabed de cierto que si me matis, sangre inocente echaris sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes, porque fue en verdad Jehov quien me envi a vosotros para que dijera todas estas palabras en vuestros odos".
Dijeron los prncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: "No ha incurrido este hombre en pena de muerte, porque en el nombre de Jehov, nuestro Dios, nos ha hablado".
Entonces se levantaron algunos de los ancianos del pas y hablaron a todo el pueblo congregado, diciendo:
"Miqueas de Moreset profetiz en tiempo de Ezequas, rey de Jud, y habl a todo el pueblo de Jud, diciendo: ""As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Sin ser arada como un campo, Jerusaln vendr a ser montones de ruinas y el monte de la Casa se llenar de maleza".
"Acaso lo mataron Ezequas, rey de Jud, y todo Jud? No temi a Jehov y or en presencia de Jehov, y Jehov se arrepinti del mal que haba hablado contra ellos? Haremos, pues, nosotros un mal tan grande contra nosotros mismos?".
Hubo tambin un hombre que profetizaba en nombre de Jehov: Uras hijo de Semaas, de Quiriat-jearim, el cual profetiz contra esta ciudad y contra esta tierra, conforme a todas las palabras de Jeremas.
Oyeron sus palabras el rey Joacim, todos sus grandes y todos sus prncipes. Entonces el rey procur matarlo; pero Uras, dndose cuenta de esto, tuvo temor y huy a Egipto.
El rey Joacim envi hombres a Egipto: a Elnatn hijo de Acbor, y a otros hombres con l.
Estos sacaron de Egipto a Uras y lo llevaron al rey Joacim, el cual lo mat a espada y arroj su cuerpo a una fosa comn.
Pero la mano de Ahicam hijo de Safn estaba a favor de Jeremas, para evitar que lo entregaran en las manos del pueblo para matarlo.
Al comienzo del reinado de Joacim hijo de Josas, rey de Jud, vino esta palabra de parte de Jehov a Jeremas:
Jehov me ha dicho: "Hazte coyundas y yugos, y ponlos sobre tu cuello;
los enviars al rey de Edom, al rey de Moab, al rey de los hijos de Amn, al rey de Tiro y al rey de Sidn, por medio de los mensajeros que vienen a Jerusaln para ver a Sedequas, rey de Jud.
Les mandars que digan a sus seores que Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, ha dicho: "As habis de decir a vuestros seores:
'Yo, con mi gran poder y con mi brazo extendido, hice la tierra, el hombre y las bestias que estn sobre la faz de la tierra, y la di a quien quise.
Y ahora yo he puesto todas estas tierras en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan.
Todas las naciones le servirn a l, a su hijo y al hijo de su hijo, hasta que llegue tambin el tiempo de su misma tierra y la reduzcan a servidumbre muchas naciones y grandes reyes.
"A la nacin y al reino que no sirva a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no ponga su cuello bajo el yugo del rey de Babilonia, castigar a tal nacin con espada, con hambre y con peste, dice Jehov, hasta que acabe con ella por medio de su mano.
Y vosotros no prestis odo a vuestros profetas, adivinos, soadores, agoreros o encantadores, que os hablan diciendo: No serviris al rey de Babilonia.
Porque ellos os profetizan mentira, para haceros alejar de vuestra tierra y para que yo os arroje y perezcis.
Pero a la nacin que someta su cuello al yugo del rey de Babilonia y lo sirva, la dejar en su tierra, dice Jehov, la labrar y habitar en ella' "".
Habl tambin a Sedequas, rey de Jud, conforme a todas estas palabras, diciendo: "Someted vuestros cuellos al yugo del rey de Babilonia, servidle a l y a su pueblo, y vivid.
Por qu moriris t y tu pueblo a espada, de hambre y de peste, segn ha dicho Jehov de la nacin que no sirva al rey de Babilonia?
No oigis las palabras de los profetas que os hablan diciendo: "No serviris al rey de Babilonia", porque os profetizan mentira.
Porque yo no los envi, ha dicho Jehov, y ellos profetizan falsamente en mi nombre, para que yo os arroje y perezcis vosotros y los profetas que os profetizan".
Tambin a los sacerdotes y a todo este pueblo habl diciendo: "As ha dicho Jehov: No escuchis las palabras de vuestros profetas que os profetizan diciendo: "Los utensilios de la casa de Jehov volvern de Babilonia muy pronto"; porque os profetizan mentira.
No los escuchis, sino servid al rey de Babilonia y vivid. Por qu habr de ser asolada esta ciudad?
Y si ellos son profetas y est con ellos la palabra de Jehov, oren ahora a Jehov de los ejrcitos para que los utensilios que han quedado en la casa de Jehov y en la casa del rey de Jud y en Jerusaln, no vayan a Babilonia,
porque as ha dicho Jehov de los ejrcitos acerca de aquellas columnas, del estanque, de las basas y del resto de los utensilios que quedan en esta ciudad,
que no quit Nabucodonosor, rey de Babilonia, cuando transport de Jerusaln a Babilonia a Jeconas hijo de Joacim, rey de Jud, y a todos los nobles de Jud y de Jerusaln.
Esto, pues, ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, acerca de los utensilios que quedaron en la casa de Jehov y en la casa del rey de Jud y en Jerusaln:
A Babilonia sern transportados, y all estarn hasta el da en que yo los visite, dice Jehov. Despus los traer y los restaurar a este lugar".
Aconteci en el mismo ao, al comienzo del reinado de Sedequas, rey de Jud, en el ao cuarto, en el quinto mes, que Hananas hijo de Azur, profeta que era de Gaban, me habl en la casa de Jehov delante de los sacerdotes y de todo el pueblo, diciendo:
"As habl Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, diciendo: "Quebrant el yugo del rey de Babilonia.
Dentro de dos aos har volver a este lugar todos los utensilios de la casa de Jehov, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, tom de este lugar para llevarlos a Babilonia,
y yo har volver a este lugar a Jeconas hijo de Joacim, rey de Jud, y a todos los transportados de Jud que entraron en Babilonia, dice Jehov; porque yo quebrantar el yugo del rey de Babilonia"".
Entonces respondi el profeta Jeremas al profeta Hananas delante de los sacerdotes y delante de todo el pueblo que estaba en la casa de Jehov.
Dijo el profeta Jeremas: "Amn, as lo haga Jehov! Confirme Jehov tus palabras, con las cuales profetizaste que los utensilios de la casa de Jehov, y todos los transportados, han de ser devueltos de Babilonia a este lugar.
Con todo, oye ahora esta palabra que yo hablo en tus odos y en los odos de todo el pueblo:
Los profetas que fueron antes de m y antes de ti en tiempos pasados, profetizaron guerra, afliccin y peste contra muchas tierras y contra grandes reinos.
Cuando se cumpla la palabra del profeta que profetiza paz, entonces l ser conocido como el profeta que Jehov en verdad envi".
Entonces el profeta Hananas quit el yugo del cuello del profeta Jeremas, y lo quebr.
Y habl Hananas en presencia de todo el pueblo, diciendo: "As ha dicho Jehov: "De esta manera, dentro de dos aos, romper el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las naciones"". Sigui Jeremas su camino.
Despus que el profeta Hananas rompi el yugo del cuello del profeta Jeremas, vino palabra de Jehov a Jeremas, diciendo:
"Ve y habla a Hananas, diciendo: "As ha dicho Jehov: Yugos de madera quebraste, pero en vez de ellos hars yugos de hierro.
Porque as ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Yugo de hierro puse sobre el cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y han de servirle; y aun tambin le he dado las bestias del campo"".
Entonces dijo el profeta Jeremas al profeta Hananas: "Escucha ahora, Hananas! Jehov no te envi, y t has hecho confiar en mentira a este pueblo.
Por tanto, as ha dicho Jehov: "Yo te quito de sobre la faz de la tierra; en este ao morirs, porque has hablado rebelin contra Jehov"".
En el mismo ao muri Hananas, en el mes sptimo.
Estas son las palabras de la carta que el profeta Jeremas envi desde Jerusaln a los ancianos que haban quedado de los que fueron deportados, a los sacerdotes y profetas, y a todo el pueblo que Nabucodonosor llev cautivo de Jerusaln a Babilonia
(despus que sali el rey Jeconas, la reina, los del palacio, los gobernantes de Jud y de Jerusaln, los artesanos y los ingenieros de Jerusaln),
por medio de Elasa hijo de Safn, y de Gemaras hijo de Hilcas, a quienes envi Sedequas, rey de Jud, a Babilonia, a Nabucodonosor, rey de Babilonia. La carta deca:
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusaln a Babilonia:
Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed del fruto de ellos.
Casaos y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas. Multiplicaos all, y no disminuyis.
Procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehov, porque en su paz tendris vosotros paz.
Porque as ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: No os engaen vuestros profetas que estn entre vosotros, ni vuestros adivinos, ni hagis caso de los sueos que suean.
Porque falsamente os profetizan en mi nombre. Yo no los envi, ha dicho Jehov.
Porque as dijo Jehov: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta aos, yo os visitar y despertar sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar.
Porque yo s los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehov, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperis.
Entonces me invocaris. Vendris y oraris a m, y yo os escuchar.
Me buscaris y me hallaris, porque me buscaris de todo vuestro corazn.
Ser hallado por vosotros, dice Jehov; har volver a vuestros cautivos y os reunir de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arroj, dice Jehov. Y os har volver al lugar de donde os hice llevar.
Pero vosotros habis dicho: "Jehov nos ha levantado profetas en Babilonia".
Pero as ha dicho Jehov acerca del rey que est sentado sobre el trono de David, y acerca de todo el pueblo que habita en esta ciudad, de vuestros hermanos que no partieron con vosotros al cautiverio,
as ha dicho Jehov de los ejrcitos: Yo envo contra ellos espada, hambre y peste, y los pondr como los higos malos, que de tan malos no se pueden comer.
Los perseguir con espada, con hambre y con peste, y los har el horror de todos los reinos de la tierra, objeto de aversin, de espanto, de burla y de afrenta ante todas las naciones entre las cuales los he arrojado;
por cuanto no escucharon mis palabras, dice Jehov, que les envi por mis siervos los profetas, desde el principio y sin cesar. No habis escuchado, dice Jehov.
Escuchad, pues, palabra de Jehov, vosotros todos los deportados que envi de Jerusaln a Babilonia!
As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, acerca de Acab hijo de Colaas, y acerca de Sedequas hijo de Maasas, que os profetizan falsamente en mi nombre: Yo los entrego en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y l los matar delante de vuestros ojos.
Y todos los deportados de Jud que estn en Babilonia harn de ellos una maldicin, diciendo: "Pngate Jehov como a Sedequas y como a Acab, a quienes as al fuego el rey de Babilonia!".
Porque hicieron maldad en Israel: cometieron adulterio con las mujeres de sus prjimos y falsamente hablaron en mi nombre palabra que no les mand; lo cual yo s y testifico, dice Jehov".
"Y a Semaas, de Nehelam, hablars, diciendo:
"As habl Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: T enviaste cartas en tu nombre a todo el pueblo que est en Jerusaln, y al sacerdote Sofonas hijo de Maasas, y a todos los sacerdotes, diciendo:
'Jehov te ha puesto por sacerdote en lugar del sacerdote Joiada, para que te encargues en la casa de Jehov de todo loco que profetice, ponindolo en el calabozo y en el cepo'.
Por qu, pues, no has reprendido ahora a Jeremas de Anatot, que os profetiza?
Porque l nos envi a decir en Babilonia: 'Largo ser el cautiverio; edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed el fruto de ellos' "".
El sacerdote Sofonas haba ledo esta carta a odos del profeta Jeremas.
Y vino palabra de Jehov a Jeremas, diciendo:
"Enva a decir a todos los cautivos: "As ha dicho Jehov acerca de Semaas, de Nehelam: Por cuanto os profetiz Semaas, sin que yo lo hubiera enviado, y os hizo confiar en mentira,
por eso, as ha dicho Jehov: Yo castigar a Semaas, de Nehelam, y a su descendencia; no tendr varn que habite en medio de este pueblo, ni ver el bien que har yo a mi pueblo, dice Jehov; porque contra Jehov ha hablado rebelin"".
Palabra de Jehov que vino a Jeremas, diciendo:
"As habl Jehov, Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que te he hablado.
Porque vienen das, dice Jehov, en que har volver a los cautivos de mi pueblo de Israel y de Jud, ha dicho Jehov, y los traer a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarn".
Estas, pues, son las palabras que habl Jehov acerca de Israel y de Jud.
As ha dicho Jehov: "Hemos odo gritos de terror y espanto! No hay paz!
Inquirid ahora, considerad si un varn da a luz!, porque he visto que todos los hombres tenan las manos sobre sus caderas como la mujer que est de parto, y que se han puesto plidos todos los rostros.
Ah, cun grande es aquel da! Tanto, que no hay otro semejante a l. Es un tiempo de angustia para Jacob, pero de ella ser librado.
"Aquel da, dice Jehov de los ejrcitos, yo quebrar el yugo de su cuello y romper sus coyundas, y extranjeros no volvern a ponerlo en servidumbre,
sino que servirn a Jehov, su Dios, y a David, su rey, a quien yo les levantar.
"T, pues, siervo mo Jacob, no temas, dice Jehov; no te atemorices, Israel, porque he aqu que yo soy el que te salvo de lejos, a ti y a tu descendencia, de la tierra de tu cautiverio. Jacob volver, descansar y vivir tranquilo, y no habr quien lo espante.
Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehov, y destruir a todas las naciones entre las cuales te esparc. Pero a ti no te destruir, aunque te castigar con justicia: de ninguna manera te dejar sin castigo".
As ha dicho Jehov: "Incurable es tu quebrantamiento y dolorosa tu llaga.
No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicina eficaz.
Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan, porque te her como hiere un enemigo, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de tus muchos pecados.
Por qu gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto.
Pero sern devorados todos los que te devoran, y todos tus adversarios, todos ellos, irn al cautiverio; pisoteados sern los que te pisotearon, y a todos los que te despojaron, yo los entregar al despojo.
Mas yo har venir sanidad para ti, y sanar tus heridas, dice Jehov, porque "Desechada" te llamaron, diciendo: "Esta es Sin, de la que nadie se acuerda"".
As ha dicho Jehov: "He aqu yo hago volver a los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendr misericordia; la ciudad ser edificada sobre su colina, y el palacio ser asentado en su lugar.
Saldr de ellos accin de gracias y voz de nacin que est en regocijo. Los multiplicar y no sern disminuidos; los multiplicar y no sern menoscabados.
Sern sus hijos como antes, y su congregacin delante de m ser confirmada. Yo castigar a todos sus opresores.
De ella saldr su soberano, y de en medio de ella saldr su gobernante. Lo har acercarse y l se acercar a m, porque quin es aquel que se atreve a acercarse a m?, dice Jehov.
Entonces vosotros seris mi pueblo y yo ser vuestro Dios.
"La tempestad de Jehov sale con furor; la tempestad que se prepara se cierne sobre la cabeza de los impos.
No se calmar el ardor de la ira de Jehov hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de su corazn. Al final de los das entenderis esto!
"En aquel tiempo, dice Jehov, yo ser el Dios de todas las familias de Israel y ellas sern mi pueblo".
As ha dicho Jehov: "El pueblo que escap de la espada hall gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo.
Jehov se me manifest hace ya mucho tiempo, diciendo: "Con amor eterno te he amado; por eso, te prolongu mi misericordia.
Volver a edificarte: sers reedificada, virgen de Israel. De nuevo sers adornada con tus panderos y saldrs en alegres danzas.
Volvers a plantar vias en los montes de Samaria; plantarn los que plantan y disfrutarn de ellas,
porque habr da en que clamarn los guardas en los montes de Efran: 'Levantaos y subamos a Sin, a Jehov, nuestro Dios!' "".
As ha dicho Jehov: "Regocijaos en Jacob con alegra; dad voces de jbilo a la cabeza de naciones. Haced oir, alabad y decid: "Salva, Jehov, a tu pueblo, el resto de Israel"!
Yo los hago volver de la tierra del norte, los reunir de los extremos de la tierra; entre ellos, juntamente, a ciegos y a cojos, a la mujer que est encinta y a la que dio a luz. En gran compaa volvern ac.
Irn con llanto, mas con misericordia los har volver y los har andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarn, porque yo soy el padre de Israel, y Efran es mi primognito.
"Od palabra de Jehov, naciones, y hacedlo saber en las costas que estn lejos! Decid: "El que dispers a Israel, lo reunir y guardar, como el pastor a su rebao",
porque Jehov redimi a Jacob, lo redimi de mano del ms fuerte que l.
Vendrn con gritos de gozo a lo alto de Sin y corrern a los bienes de Jehov: al pan, al vino, al aceite y al ganado de ovejas y de vacas. Su vida ser como un huerto de riego y nunca ms tendrn dolor alguno.
Entonces la virgen danzar alegremente, junto con los jvenes y los viejos; cambiar su llanto en gozo, los consolar y los alegrar de su dolor.
El alma del sacerdote satisfar con abundancia, y mi pueblo ser saciado de mis bienes, dice Jehov".
As ha dicho Jehov: "Voz fue oda en Ram, llanto y lloro amargo: es Raquel que llora por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron".
As ha dicho Jehov: "Reprime del llanto tu voz y de las lgrimas tus ojos, porque salario hay para tu trabajo, dice Jehov. Volvern de la tierra del enemigo.
Esperanza hay tambin para tu porvenir, dice Jehov, y los hijos volvern a su propia tierra.
Escuchando, he odo a Efran que se lamentaba: "Me azotaste, y fui castigado como novillo indmito; convirteme, y ser convertido, porque t eres Jehov, mi Dios.
Despus que me apart, me arrepent, y despus que reconoc mi falta, me golpe el muslo; me avergonc y me confund, porque llev la afrenta de mi juventud".
No es Efran un hijo precioso para m? No es un nio en quien me deleito? Desde que habl de l, lo he recordado constantemente. Por eso mis entraas se conmovieron por l, y ciertamente tendr de l misericordia, dice Jehov.
"Levanta para ti indicadores, ponte seales altas, fjate con atencin en la calzada. Vulvete por el camino por donde fuiste, virgen de Israel, vuelve a estas tus ciudades!
Hasta cundo andars errante, hija rebelde?, porque Jehov ha creado una cosa nueva sobre la tierra: la mujer cortejar al varn!".
As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: "An dirn esta palabra en la tierra de Jud y en sus ciudades, cuando yo haga volver a sus cautivos: "Jehov te bendiga, morada de justicia, monte santo!"
Y habitar all Jud; y en todas sus ciudades, los labradores y los que van con los rebaos.
Porque satisfar al alma cansada y saciar a toda alma entristecida".
En esto, me despert y mir, y mi sueo me fue agradable.
"Vienen das, dice Jehov, en que sembrar la casa de Israel y la casa de Jud de simiente de hombre y de simiente de animal.
Y as como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, para trastornar, perder y afligir, tendr cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Jehov.
En aquellos das no dirn ms: "Los padres comieron las uvas agrias y a los hijos les da dentera",
sino que cada cual morir por su propia maldad; a todo aquel que coma uvas agrias le dar dentera.
"Vienen das, dice Jehov, en los cuales har un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Jud.
No como el pacto que hice con sus padres el da en que tom su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehov.
Pero este es el pacto que har con la casa de Israel despus de aquellos das, dice Jehov: Pondr mi ley en su mente y la escribir en su corazn; yo ser su Dios y ellos sern mi pueblo.
Y no ensear ms ninguno a su prjimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: "Conoce a Jehov", porque todos me conocern, desde el ms pequeo de ellos hasta el ms grande, dice Jehov. Porque perdonar la maldad de ellos y no me acordar ms de su pecado.
"As ha dicho Jehov, que da el sol para luz del da, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que agita el mar y braman sus olas; Jehov de los ejrcitos es su nombre:
Si llegaran a faltar estas leyes delante de m, dice Jehov, tambin faltara la descendencia de Israel, y dejara de ser para siempre una nacin delante de m.
"As ha dicho Jehov: Si se pudieran medir los cielos arriba y explorar abajo los fundamentos de la tierra, tambin yo desechara toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehov.
"Vienen das, dice Jehov, en que la ciudad ser edificada a Jehov, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del ngulo.
El cordel de medir saldr en lnea recta hasta el collado de Gareb, y luego girar hacia Goa.
Todo el valle de los cadveres y de la ceniza, y todos los campos hasta el arroyo Cedrn, hasta la esquina de la puerta de los Caballos al oriente, sern santos a Jehov. Nunca volvern a ser arrasados ni jams sern destruidos".
Palabra de Jehov que vino a Jeremas el ao dcimo de Sedequas, rey de Jud, que fue el ao decimoctavo de Nabucodonosor.
Entonces el ejrcito del rey de Babilonia tena sitiada a Jerusaln, y el profeta Jeremas estaba preso en el patio de la crcel que estaba en la casa del rey de Jud,
porque Sedequas, rey de Jud, lo haba puesto en prisin, diciendo: "Por qu profetizas t diciendo: "As ha dicho Jehov: Yo entrego esta ciudad en mano del rey de Babilonia, y la tomar;
y Sedequas, rey de Jud, no escapar de la mano de los caldeos, sino que de cierto ser entregado en mano del rey de Babilonia. Hablar con l cara a cara, y sus ojos vern sus ojos,
y har llevar a Sedequas a Babilonia, y all estar hasta que yo lo visite; y si peleis contra los caldeos, no os ir bien, dice Jehov"?".
Y Jeremas dijo: "La palabra de Jehov vino a m, diciendo:
"Hanameel, hijo de tu to Salum, viene a ti, diciendo: 'Cmprame mi heredad que est en Anatot, porque t tienes derecho de compra sobre ellos' ".
Y vino a m Hanameel, hijo de mi to, conforme a la palabra de Jehov, al patio de la crcel, y me dijo: "Cmprame ahora la heredad que est en Anatot, en tierra de Benjamn, porque tuyo es el derecho de la herencia y a ti corresponde el rescate; cmprala para ti". Entonces conoc que era palabra de Jehov.
"Compr la heredad de Hanameel, hijo de mi to, la cual estaba en Anatot, y le pes el dinero: diecisiete siclos de plata.
Redact la escritura, la sell, la hice certificar con testigos y pes el dinero en balanza.
Luego tom la escritura de venta, sellada segn el derecho y costumbre, y la copia abierta.
Y entregu la carta de venta a Baruc hijo de Neras hijo de Maasas, delante de Hanameel, el hijo de mi to, delante de los testigos que haban suscrito la escritura de venta y delante de todos los judos que estaban en el patio de la crcel.
Y di orden a Baruc delante de ellos, diciendo:
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: 'Toma estas escrituras, esta escritura de venta, sellada, y esta escritura abierta, y ponlas en una vasija de barro, para que se conserven durante mucho tiempo'.
"Porque as ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: 'An se comprarn casas, heredades y vias en esta tierra' ".
Despus que di la escritura de venta a Baruc hijo de Neras, or a Jehov, diciendo:
"Ah, Seor Jehov!, t hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder y con tu brazo extendido. Nada hay que sea difcil para ti.
T haces misericordia a millares, y castigas la maldad de los padres en sus hijos despus de ellos. Dios grande, poderoso, Jehov de los ejrcitos es su nombre!
Grande eres en consejo y magnfico en hechos; tus ojos estn abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno segn sus caminos y segn el fruto de sus obras.
T hiciste seales y portentos en la tierra de Egipto hasta este da, en Israel y entre los seres humanos; as te has hecho renombre, como se ve en este da.
Sacaste a tu pueblo Israel de la tierra de Egipto con seales y portentos, con mano fuerte y brazo extendido, y con gran terror.
Les diste esta tierra, la cual juraste a sus padres que les daras, la tierra que fluye leche y miel.
Ellos entraron y la disfrutaron, pero no escucharon tu voz ni anduvieron en tu Ley. Nada hicieron de lo que les mandaste hacer, y por eso has hecho venir sobre ellos todo este mal.
He aqu que con arietes han acometido la ciudad para tomarla, y la ciudad, a causa de la espada, el hambre y la peste, va a ser entregada en manos de los caldeos que pelean contra ella. Ha venido, pues, a suceder lo que t dijiste, y he aqu lo ests viendo.
Ah, Seor Jehov!, cuando la ciudad va a ser entregada en manos de los caldeos, t me dices: cmprate la heredad por dinero y pon testigos?' "".
Vino palabra de Jehov a Jeremas, diciendo:
"Yo soy Jehov, Dios de todo ser viviente, acaso hay algo que sea difcil para m?
Por tanto, as ha dicho Jehov: Voy a entregar esta ciudad en manos de los caldeos y en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la tomar.
Y vendrn los caldeos que atacan esta ciudad, le prendern fuego y la quemarn, junto con las casas en cuyas azoteas quemaron incienso a Baal y derramaron libaciones a dioses extraos, para provocarme a ira,
porque los hijos de Israel y los hijos de Jud no han hecho sino lo malo delante de mis ojos desde su juventud; porque los hijos de Israel no han hecho ms que provocarme a ira con la obra de sus manos, dice Jehov.
De tal manera que para mi enojo y mi indignacin ha servido esta ciudad desde el da que la edificaron hasta hoy. Yo, pues, la har borrar de mi presencia,
por toda la maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Jud, que han hecho para enojarme, ellos, sus reyes, sus prncipes, sus sacerdotes y sus profetas, y los hombres de Jud y los habitantes de Jerusaln.
Ellos me volvieron la espalda en vez del rostro, y cuando les enseaba desde el principio y sin cesar, no escucharon para recibir correccin,
sino que pusieron sus abominaciones en la casa en la cual es invocado mi nombre, contaminndola.
Y edificaron lugares altos a Baal, los cuales estn en el valle del hijo de Hinom, para hacer pasar por el fuego a sus hijos y sus hijas, en honor de Moloc, lo cual no les mand. Nunca pens que cometieran tal abominacin para hacer pecar a Jud!
"Con todo, ahora as dice Jehov, Dios de Israel, a esta ciudad, de la cual decs vosotros: "Entregada ser en mano del rey de Babilonia a espada, a hambre y a peste":
Yo los reunir de todas las tierras a las cuales los ech con mi furor, con mi enojo y mi gran indignacin; los har volver a este lugar y los har habitar seguros,
y ellos sern mi pueblo y yo ser su Dios.
Les dar un corazn y un camino, de tal manera que me teman por siempre, para bien de ellos y de sus hijos despus de ellos.
Har con ellos un pacto eterno: que no desistir de hacerles bien, y pondr mi temor en el corazn de ellos, para que no se aparten de m.
Yo me alegrar con ellos hacindoles bien, y los plantar en esta tierra en verdad, con todo mi corazn y con toda mi alma.
"Porque as ha dicho Jehov: Como traje sobre este pueblo todo este mal tan grande, as traer sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo.
Poseern heredad en esta tierra de la cual vosotros decs: "Est desierta, sin hombres ni animales, y va a ser entregada en manos de los caldeos".
Heredades comprarn por dinero; harn escrituras y las sellarn, y pondrn testigos en tierra de Benjamn, en los alrededores de Jerusaln, en las ciudades de Jud, en las ciudades de las montaas, en las ciudades de la Sefela y en las ciudades del Neguev, porque yo har regresar a sus cautivos, dice Jehov".
Vino palabra de Jehov a Jeremas por segunda vez, estando l an preso en el patio de la crcel, diciendo:
"As ha dicho Jehov, que hizo la tierra, Jehov que la form para afirmarla; Jehov es su nombre:
Clama a m y yo te responder, y te ensear cosas grandes y ocultas que t no conoces.
Porque as ha dicho Jehov, Dios de Israel, acerca de las casas de esta ciudad y de las casas de los reyes de Jud, derribadas por el ariete y la espada
(porque salir a enfrentarse con los caldeos ser llenarlas de cadveres, de muertos heridos por mi furor y mi ira, pues escond mi rostro de esta ciudad a causa de toda su maldad):
Yo les traer sanidad y medicina; los curar y les revelar abundancia de paz y de verdad.
Har volver los cautivos de Jud y los cautivos de Israel, y los restablecer como al principio.
Los limpiar de toda su maldad con que pecaron contra m, y perdonar todas sus iniquidades con que contra m pecaron y contra m se rebelaron.
Esta ciudad me ser por nombre de gozo, de alabanza y de gloria entre todas las naciones de la tierra, cuando oigan todo el bien que yo les hago. Temern y temblarn por todo el bien y toda la paz que yo les dar.
"As ha dicho Jehov: En este lugar, del cual decs que est desierto, sin hombres y sin animales, en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln, que estn asoladas, sin nadie que habite all, ni hombre ni animal,
ha de orse an voz de gozo y de alegra; voz de novio y voz de novia; voz de los que digan: "Alabad a Jehov de los ejrcitos, porque Jehov es bueno, porque para siempre es su misericordia!"; voz de los que traigan ofrendas de accin de gracias a la casa de Jehov, porque yo volver a traer a los cautivos de la tierra, para que sea como al principio, ha dicho Jehov.
"As dice Jehov de los ejrcitos: En este lugar desierto, sin hombre ni animal, y en todas sus ciudades, an habr cabaas de pastores que hagan pastar sus ganados.
En las ciudades de las montaas, en las ciudades de la Sefela, en las ciudades del Neguev, en la tierra de Benjamn, alrededor de Jerusaln y en las ciudades de Jud, an pasarn ganados por las manos del que los cuente, dice Jehov.
"He aqu vienen das, dice Jehov, en que yo confirmar la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Jud.
En aquellos das y en aquel tiempo har brotar a David un Renuevo justo, que actuar conforme al derecho y la justicia en la tierra.
En aquellos das Jud ser salvo, y Jerusaln habitar segura. Y se le llamar: "Jehov, justicia nuestra".
"Porque as dice Jehov: No faltar a David un descendiente que se siente sobre el trono de la casa de Israel,
ni a los sacerdotes y levitas faltar un descendiente que delante de m ofrezca holocausto, encienda ofrenda y haga sacrificio cada da".
Vino palabra de Jehov a Jeremas, diciendo:
"As ha dicho Jehov: Si pudiera invalidarse mi pacto con el da y mi pacto con la noche, de tal manera que no hubiera da ni noche a su debido tiempo,
podra tambin invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener un hijo que reine sobre su trono, y mi pacto con los levitas y sacerdotes, mis ministros.
Como no puede ser contado el ejrcito del cielo ni se puede medir la arena del mar, as multiplicar la descendencia de David, mi siervo, y de los levitas que me sirven".
Vino palabra de Jehov a Jeremas, diciendo:
"No te has fijado en lo que habla este pueblo, diciendo: "Las dos familias que Jehov escogi, las ha desechado"? As tienen en poco a mi pueblo, que ni siquiera lo tienen por nacin!
Esto ha dicho Jehov: Si yo no he establecido mi pacto con el da y con la noche, si no he puesto las leyes del cielo y de la tierra,
entonces es cierto que rechazar la descendencia de Jacob y de David, mi siervo, para no tomar de su descendencia a quien sea seor sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob. Har volver sus cautivos y tendr de ellos misericordia".
Palabra de Jehov que vino a Jeremas cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejrcito, todos los reinos de la tierra bajo el seoro de su mano y todos los pueblos peleaban contra Jerusaln y contra todas sus ciudades. Dijo as:
"Esto ha dicho Jehov, Dios de Israel: Ve y habla a Sedequas, rey de Jud, y dile que as ha dicho Jehov: Yo entregar esta ciudad al rey de Babilonia, el cual la entregar al fuego.
Y t no escapars de su mano, sino que ciertamente sers apresado y en su mano sers entregado. Tus ojos vern los ojos del rey de Babilonia, que te hablar cara a cara, y entrars en Babilonia.
Con todo, oye palabra de Jehov, Sedequas, rey de Jud, porque as ha dicho Jehov acerca de ti: No morirs a espada.
En paz morirs, y as como quemaron especias por tus padres, los reyes primeros que fueron antes de ti, las quemarn por ti, y te endecharn diciendo: "Ay, seor!", porque yo he hablado la palabra, dice Jehov".
Habl, pues, el profeta Jeremas a Sedequas, rey de Jud, todas estas palabras en Jerusaln.
Y el ejrcito del rey de Babilonia peleaba contra Jerusaln y contra todas las ciudades de Jud que haban quedado: contra Laquis y contra Azeca, porque de las ciudades fortificadas de Jud, solo estas haban quedado.
Palabra de Jehov que vino a Jeremas despus que Sedequas hizo pacto con todo el pueblo en Jerusaln, para promulgarles libertad,
que cada uno dejara libre a su esclavo hebreo y a su esclava hebrea, y que nadie los usara ms como esclavos.
Cuando oyeron todos los jefes y todo el pueblo que haba convenido en el pacto de dejar libre cada uno a su esclavo y cada uno a su esclava, que nadie los usara ms como esclavos, obedecieron y los dejaron libres.
Pero despus se arrepintieron e hicieron volver a los esclavos y a las esclavas que haban dejado libres, y de nuevo los sujetaron como esclavos y esclavas.
Vino, pues, palabra de Jehov a Jeremas, diciendo:
"As dice Jehov, Dios de Israel: Yo hice pacto con vuestros padres el da que los saqu de tierra de Egipto, de casa de servidumbre, diciendo:
Al cabo de siete aos dejar cada uno a su hermano hebreo que le hubiera sido vendido; durante seis aos le servir, y luego lo dejar ir libre. Pero vuestros padres no me escucharon ni inclinaron su odo.
Vosotros os habais hoy convertido y habais hecho lo recto delante de mis ojos, anunciando cada uno libertad a su prjimo; y habais hecho pacto en mi presencia, en la casa en la cual es invocado mi nombre.
Pero os habis vuelto atrs y profanado mi nombre, y habis vuelto a tomar cada uno a su esclavo y cada uno a su esclava, que habais dejado libres a su voluntad, y los habis sujetado para que os sean esclavos y esclavas.
Por tanto, as dice Jehov: Ya que vosotros no me habis escuchado para promulgar cada uno libertad a su hermano y cada uno a su compaero, he aqu que yo promulgo libertad, dice Jehov, a la espada, a la pestilencia y al hambre; y os pondr por afrenta ante todos los reinos de la tierra.
Y entregar a los hombres que quebrantaron mi pacto, que no han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas;
a los jefes de Jud y a los jefes de Jerusaln, a los oficiales, a los sacerdotes y a todo el pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del becerro,
los entregar en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan su vida; y sus cadveres sern comida para las aves del cielo y para las bestias de la tierra.
A Sedequas, rey de Jud, y a sus jefes los entregar en manos de sus enemigos, en manos de los que buscan su vida y en manos del ejrcito del rey de Babilonia, que se ha retirado de vosotros.
Yo mandar, dice Jehov, y los har volver a esta ciudad. Pelearn contra ella, la tomarn y la entregarn al fuego. Y convertir en desolacin las ciudades de Jud, hasta no quedar habitante alguno".
Palabra de Jehov que vino a Jeremas en das de Joacim hijo de Josas, rey de Jud, diciendo:
"Ve a casa de los recabitas, habla con ellos e introdcelos en la casa de Jehov, en uno de los aposentos, y dales a beber vino".
Tom entonces a Jaazanas hijo de Jeremas hijo de Habasinas, a sus hermanos, a todos sus hijos y a toda la familia de los recabitas,
y los llev a la casa de Jehov, al aposento de los hijos de Hann hijo de Igdalas, hombre de Dios, el cual estaba junto al aposento de los jefes, que estaba sobre el aposento de Maasas hijo de Salum, guarda de la puerta.
Puse delante de los hijos de la familia de los recabitas tazas y copas llenas de vino, y les dije: "Bebed vino".
Pero ellos dijeron: "No beberemos vino, porque Jonadab hijo de Recab, nuestro padre, nos orden diciendo: "No beberis jams vino, vosotros ni vuestros hijos.
No edificaris casa y no sembraris sementera ni plantaris via ni la retendris, sino que habitaris en tiendas todos vuestros das, para que vivis muchos das sobre la faz de la tierra donde vosotros habitis".
Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mand: no beber vino en todos nuestros das, ni nosotros ni nuestras mujeres ni nuestros hijos ni nuestras hijas;
y no edificar casas para nuestra habitacin, ni tener via ni heredad ni sementera.
Habitamos, pues, en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todas las cosas que nos mand Jonadab, nuestro padre.
Sucedi, no obstante, que cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subi a la tierra, dijimos: "Venid, ocultmonos en Jerusaln de la presencia del ejrcito de los caldeos y de la presencia del ejrcito de los de Siria", y en Jerusaln nos quedamos".
Vino palabra de Jehov a Jeremas, diciendo:
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Ve y di a los hombres de Jud y a los habitantes de Jerusaln: No aprenderis a obedecer mis palabras? dice Jehov.
Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Recab, el cual mand a sus hijos que no bebieran vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al mandamiento de su padre. En cambio, yo os he hablado desde el principio y sin cesar, y no me habis escuchado.
Envi a vosotros todos mis siervos los profetas, desde el principio y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, enmendad vuestras obras y no vayis tras dioses extraos para servirlos, y viviris en la tierra que os di a vosotros y a vuestros padres; pero no inclinasteis vuestro odo ni me escuchasteis.
Ciertamente los hijos de Jonadab hijo de Recab tuvieron por firme el mandamiento que les dio su padre; pero este pueblo no me ha obedecido.
Por tanto, as ha dicho Jehov, Dios de los ejrcitos, Dios de Israel: Yo traer sobre Jud y sobre todos los habitantes de Jerusaln todo el mal que contra ellos he hablado, porque les habl y no escucharon, los llam y no han respondido".
Dijo, pues, Jeremas a la familia de los recabitas: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: "Por cuanto obedecisteis al mandamiento de Jonadab, vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos e hicisteis conforme a todas las cosas que l os mand,
por eso, no faltar de Jonadab hijo de Recab, un descendiente que est en mi presencia todos los das"". As lo ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel.
Aconteci en el cuarto ao de Joacim hijo de Josas, rey de Jud, que vino esta palabra de Jehov a Jeremas, diciendo:
"Toma un rollo en blanco y escribe en l todas las palabras que te he hablado contra Israel, contra Jud y contra todas las naciones, desde el da en que comenc a hablarte, desde los das de Josas hasta hoy.
Quiz oiga la casa de Jud todo el mal que yo pienso hacerles para que se arrepienta cada uno de su mal camino. Entonces yo perdonar su maldad y su pecado".
Llam Jeremas a Baruc hijo de Neras, y escribi Baruc en un rollo en blanco, dictadas por Jeremas, todas las palabras que Jehov le haba hablado.
Despus mand Jeremas a Baruc, diciendo: "A m se me ha prohibido entrar en la casa de Jehov.
Entra t, pues, y de este rollo que escribiste dictado por m, lee las palabras de Jehov a los odos del pueblo en la casa de Jehov, el da del ayuno. Y las leers tambin a odos de todos los de Jud que vienen de sus ciudades.
Quiz llegue la oracin de ellos a la presencia de Jehov, y se vuelva cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehov contra este pueblo".
Y Baruc hijo de Neras hizo conforme a todas las cosas que le mand el profeta Jeremas, leyendo del libro las palabras de Jehov en la casa de Jehov.
Aconteci en el ao quinto de Joacim hijo de Josas, rey de Jud, en el mes noveno, que en la presencia de Jehov promulgaron ayuno a todo el pueblo de Jerusaln y a todo el pueblo que vena de las ciudades de Jud a Jerusaln.
Y Baruc ley del libro las palabras de Jeremas en la casa de Jehov, en el aposento de Gemaras hijo de Safn, escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehov, a odos del pueblo.
Micaas hijo de Gemaras hijo de Safn, habiendo odo del libro todas las palabras de Jehov,
descendi a la casa del rey, al aposento del secretario, y encontr que todos los jefes estaban all sentados: Elisama, el secretario, Delaa hijo de Semaas, Elnatn hijo de Acbor, Gemaras hijo de Safn, Sedequas hijo de Ananas, y todos los dems jefes.
Y les cont Micaas todas las palabras que haba odo cuando Baruc ley del libro a odos del pueblo.
Entonces enviaron todos los jefes a Jehud hijo de Netanas hijo de Selemas, hijo de Cusi, a decirle a Baruc: "Toma el rollo en el que leste a odos del pueblo, y ven". Y Baruc hijo de Neras tom el rollo en su mano y fue a ellos.
Le dijeron: "Sintate ahora y lenoslo a nosotros". Y Baruc se lo ley.
Cuando oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvi espantado a su compaero, y dijeron a Baruc: "Sin duda, le contaremos al rey todas estas palabras!".
Preguntaron luego a Baruc, diciendo: -- Cuntanos ahora cmo escribiste de boca de Jeremas todas estas palabras.
Baruc les dijo: -- l me dictaba en voz alta todas estas palabras y yo las escriba con tinta en el libro.
Entonces dijeron los prncipes a Baruc: -- Vete, y escondeos t y Jeremas, y que nadie sepa dnde estis.
Entraron luego a donde estaba el rey, al atrio, habiendo depositado el rollo en el aposento de Elisama, el secretario; y contaron a odos del rey todas estas palabras.
Envi el rey a Jehud a que tomara el rollo, y l lo tom del aposento de Elisama, el secretario. Y ley Jehud del rollo a odos del rey y a odos de todos los jefes que se hallaban junto al rey.
Estaba entonces el rey en la casa de invierno, en el mes noveno, y haba un brasero encendido delante de l.
Y cuando Jehud haba ledo tres o cuatro planas, el rey las rasgaba con un cortaplumas de escriba y las arrojaba al fuego que haba en el brasero. As hasta que todo el rollo se consumi en el fuego del brasero.
No tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos, ni el rey ni ninguno de sus siervos que oyeron todas estas palabras.
Y aunque Elnatn, Delaa y Gemaras rogaron al rey que no quemara aquel rollo, no los quiso escuchar.
Tambin mand el rey a Jerameel hijo de Hamelec, a Seraas hijo de Azriel y a Selemas hijo de Abdeel, que apresaran a Baruc, el escriba, y al profeta Jeremas. Pero Jehov los escondi.
Despus que el rey quem el rollo que contena las palabras escritas por Baruc al dictado de Jeremas, vino palabra de Jehov a Jeremas, diciendo:
"Vuelve a tomar otro rollo y escribe en l todas las palabras primeras que estaban en el primer rollo que quem Joacim, rey de Jud.
Y dirs a Joacim, rey de Jud: "As ha dicho Jehov: T quemaste este rollo, diciendo: 'Por qu escribiste en l que de cierto vendr el rey de Babilonia, y que destruir esta tierra y har que no queden en ella ni hombres ni animales?'.
Por tanto, esto ha dicho Jehov acerca de Joacim, rey de Jud: No tendr quien se siente sobre el trono de David, y su cuerpo ser echado al calor del da y al hielo de la noche.
Castigar su maldad en l, en su descendencia y en sus siervos. Traer sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusaln y sobre los hombres de Jud, todo el mal que les he anunciado y que no quisieron escuchar"".
Tom, pues, Jeremas otro rollo y lo dio a Baruc hijo de Neras, escriba; y escribi en l, dictadas por Jeremas, todas las palabras del libro que quem en el fuego Joacim, rey de Jud. Y aun fueron aadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.
En lugar de Conas hijo de Joacim rein el rey Sedequas hijo de Josas, al cual Nabucodonosor, rey de Babilonia, constituy por rey en la tierra de Jud.
Pero no obedecieron ni l ni sus siervos ni el pueblo de la tierra a las palabras de Jehov, las cuales dijo por medio del profeta Jeremas.
Envi el rey Sedequas a Jucal hijo de Selemas y al sacerdote Sofonas hijo de Maasas para que dijeran al profeta Jeremas: "Ruega ahora por nosotros a Jehov, nuestro Dios".
Y Jeremas entraba y sala en medio del pueblo, porque todava no lo haban puesto en la crcel.
Cuando ya el ejrcito del faran haba salido de Egipto y lleg la noticia de ello a odos de los caldeos que tenan sitiada a Jerusaln, se retiraron de Jerusaln.
Entonces vino palabra de Jehov al profeta Jeremas, diciendo:
"As ha dicho Jehov, Dios de Israel, que digis al rey de Jud, que os envi a m para que me consultarais: "El ejrcito del faran, que haba salido en vuestro socorro, se ha vuelto a la tierra de Egipto.
Por eso, los caldeos vendrn de nuevo, atacarn esta ciudad, la tomarn y le prendern fuego.
As dice Jehov: No os engais a vosotros mismos, diciendo: 'Sin duda, los caldeos se irn ya de aqu', porque no se irn,
porque aun cuando derrotarais a todo el ejrcito de los caldeos que pelean contra vosotros, y solamente quedaran de ellos algunos hombres heridos, cada uno se levantara de su tienda para prender fuego a esta ciudad"".
Aconteci que cuando el ejrcito de los caldeos se retir de Jerusaln a causa del ejrcito del faran,
Jeremas sala de Jerusaln para irse a tierra de Benjamn, para apartarse de en medio del pueblo.
Y cuando lleg a la puerta de Benjamn, estaba all un capitn que se llamaba Iras hijo de Selemas hijo de Hananas, el cual apres al profeta Jeremas, diciendo: "T te pasas a los caldeos!".
Jeremas dijo: "Falso, no me paso a los caldeos!". Pero l no le escuch, sino que prendi Iras a Jeremas y lo llev delante de sus jefes.
Los jefes se airaron contra Jeremas. Lo azotaron y lo pusieron en prisin en la casa del escriba Jonatn, la cual haban convertido en crcel.
Entr, pues, Jeremas en la casa de la cisterna y en las bvedas. Y habiendo estado all Jeremas por muchos das,
el rey Sedequas envi y lo sac; y le pregunt el rey secretamente en su casa, diciendo: "Hay palabra de Jehov?". Jeremas dijo: "Hay"; y agreg: "En manos del rey de Babilonia sers entregado".
Dijo tambin Jeremas al rey Sedequas: "En qu pequ contra ti, contra tus siervos y contra este pueblo, para que me pusierais en la crcel?
Dnde estn vuestros profetas que os profetizaban diciendo: "No vendr el rey de Babilonia contra vosotros ni contra esta tierra"?
Escucha, pues, te ruego, mi seor, el rey, atiende ahora mi splica que traigo delante de ti: No me hagas volver a casa del escriba Jonatn, para que no me muera all!".
Entonces dio orden el rey Sedequas, y custodiaron a Jeremas en el patio de la crcel, hacindole dar una torta de pan al da, de la calle de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se agotara. Y qued Jeremas en el patio de la crcel.
Oyeron Sefatas hijo de Matn, Gedalas hijo de Pasur, Jucal hijo de Selemas y Pasur hijo de Malquas, las palabras que Jeremas hablaba a todo el pueblo, diciendo:
"As ha dicho Jehov: El que se quede en esta ciudad morir a espada, de hambre o de peste; pero el que se pase a los caldeos, vivir. Su vida le ser por botn, y vivir.
As ha dicho Jehov: De cierto ser entregada esta ciudad en manos del ejrcito del rey de Babilonia, y la tomar".
Y dijeron los jefes al rey: "Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablndoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal".
Dijo el rey Sedequas: "l est en vuestras manos, pues el rey nada puede hacer contra vosotros".
Entonces tomaron ellos a Jeremas y lo hicieron meter en la cisterna de Malquas hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la crcel. Bajaron a Jeremas con sogas a la cisterna, en la que no haba agua, sino barro; y se hundi Jeremas en el barro.
Oy Ebed-melec, un etope, eunuco de la casa real, que haban puesto a Jeremas en la cisterna; y estando sentado el rey a la puerta de Benjamn,
Ebed-melec sali de la casa del rey y habl al rey, diciendo:
"Mi seor, el rey, mal hicieron estos hombres en todo lo que han hecho con el profeta Jeremas, al cual hicieron meter en la cisterna; porque all morir de hambre, pues no hay ms pan en la ciudad".
Entonces mand el rey al mismo etope Ebed-melec, diciendo: "Toma contigo treinta hombres de aqu y haz sacar al profeta Jeremas de la cisterna, antes que muera".
Tom, pues, Ebed-melec consigo a los hombres y entr en la casa del rey, debajo de la tesorera; tom de all trapos viejos, rados y andrajosos, y con unas sogas los ech a Jeremas en la cisterna.
Y dijo el etope Ebed-melec a Jeremas: "Ponte ahora esos trapos viejos, rados y andrajosos bajo los sobacos, por debajo de las sogas". Y lo hizo as Jeremas.
De este modo sacaron con sogas a Jeremas y lo subieron de la cisterna. Y qued Jeremas en el patio de la crcel.
Despus el rey Sedequas mand traer al profeta Jeremas a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehov. Y dijo el rey a Jeremas: -- Te har una pregunta; no me ocultes ninguna cosa.
Jeremas dijo a Sedequas: -- Si te lo declaro, no es cierto que me matars? Y si te doy consejo, no me escuchars.
Jur el rey Sedequas en secreto a Jeremas, diciendo: -- Vive Jehov que nos hizo esta alma, que no te matar ni te entregar en manos de esos hombres que buscan tu vida!
Entonces dijo Jeremas a Sedequas: -- As ha dicho Jehov, Dios de los ejrcitos, Dios de Israel: "Si te entregas en seguida a los jefes del rey de Babilonia, tu alma vivir y esta ciudad no ser incendiada; vivirs t y tu casa.
Pero si no te entregas a los jefes del rey de Babilonia, esta ciudad ser entregada en manos de los caldeos; ellos la incendiarn, y t no escapars de sus manos".
Y dijo el rey Sedequas a Jeremas: -- Tengo temor de que los judos que se han pasado a los caldeos me entreguen en sus manos y hagan burla de m.
Dijo Jeremas: -- No te entregarn. Oye ahora la voz de Jehov que yo te hablo, y te ir bien y vivirs.
Pero si no quieres entregarte, esta es la palabra que me ha mostrado Jehov:
Todas las mujeres que han quedado en casa del rey de Jud sern entregadas a los jefes del rey de Babilonia, y ellas mismas dirn: ""Te han engaado, y han prevalecido contra ti tus amigos; hundieron en el barro tus pies, se volvieron atrs".
"Entregarn, pues, todas tus mujeres y tus hijos a los caldeos, y t no escapars de sus manos, sino que sers entregado al poder del rey de Babilonia, el cual prender fuego a esta ciudad.
Dijo Sedequas a Jeremas: -- Nadie sepa estas palabras, y no morirs.
Y si los jefes oyen que yo he hablado contigo, y vienen a ti a decirte: "Declranos ahora qu hablaste con el rey; no nos lo ocultes, y no te mataremos; y dinos tambin qu te dijo el rey",
les dirs: "Supliqu al rey que no me hiciera volver a casa de Jonatn, para que no me muriera all".
Vinieron luego, en efecto, todos los jefes a Jeremas y lo interrrogaron. l les respondi conforme a todo lo que el rey le haba mandado. Con esto se alejaron de l, porque el asunto haba sido odo.
Y qued Jeremas en el patio de la crcel hasta el da que fue tomada Jerusaln. All estaba cuando Jerusaln fue tomada.
En el noveno ao de Sedequas, rey de Jud, en el mes dcimo, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejrcito contra Jerusaln, y la sitiaron.
En el undcimo ao de Sedequas, en el mes cuarto, a los nueve das del mes, se abri una brecha en el muro de la ciudad.
Entraron todos los jefes del rey de Babilonia y acamparon a la puerta del Medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim, jefe de los eunucos, Nergal-sarezer, alto funcionario, y todos los dems jefes del rey de Babilonia.
Al verlos, Sedequas, rey de Jud, y todos los hombres de guerra, huyeron y salieron de noche de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la puerta entre los dos muros; y sali el rey por el camino del Arab.
Pero el ejrcito de los caldeos los sigui, y alcanzaron a Sedequas en la llanura de Jeric. Lo apresaron y lo hicieron subir a Ribla, en tierra de Hamat, donde estaba Nabucodonosor, rey de Babilonia, el cual lo sentenci.
Degoll el rey de Babilonia a los hijos de Sedequas en presencia de este, en Ribla. Asimismo, el rey de Babilonia hizo degollar a todos los nobles de Jud,
y al rey Sedequas le sac los ojos y lo aprision con grillos para llevarlo a Babilonia.
Los caldeos incendiaron la casa del rey y las casas del pueblo, y derribaron los muros de Jerusaln.
Al resto del pueblo que haba quedado en la ciudad y a los que se haban adherido a l, con todo el resto del pueblo que haba quedado, Nabuzaradn, capitn de la guardia, los deport a Babilonia.
Pero Nabuzaradn, capitn de la guardia, hizo que en tierra de Jud se quedaran los pobres del pueblo, los que nada tenan, y les dio vias y heredades.
Nabucodonosor haba dado rdenes a Nabuzaradn, capitn de la guardia, acerca de Jeremas, diciendo:
"Tmalo y vela por l; no le hagas mal alguno, sino haz con l como l te diga".
Por tanto, Nabuzaradn, capitn de la guardia, el jefe de los eunucos Nabusazbn, el alto funcionario Nergal-sarezer y todos los jefes del rey de Babilonia
enviaron entonces a traer a Jeremas del patio de la crcel, y lo entregaron a Gedalas hijo de Ahicam hijo de Safn, para que lo llevara a casa. Y habit en medio del pueblo.
Estando preso Jeremas en el patio de la crcel, le vino palabra de Jehov, diciendo:
"Ve, habla a Ebed-melec, el etope, y dile: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal y no para bien. Y esto suceder en aquel da en presencia tuya.
Pero en aquel da yo te librar, dice Jehov, y no sers entregado en manos de aquellos a quienes t temes.
Ciertamente te librar y no caers a espada, sino que tu vida te ser por botn, porque tuviste confianza en m, dice Jehov"".
Palabra de Jehov que vino a Jeremas, despus que Nabuzaradn, capitn de la guardia, lo envi desde Ram, cuando lo encontr atado con cadenas entre todos los cautivos de Jerusaln y de Jud que iban deportados a Babilonia.
Tom, pues, el capitn de la guardia a Jeremas y le dijo: "Jehov, tu Dios, anunci este mal contra este lugar;
y lo ha trado y hecho Jehov segn lo haba dicho, porque pecasteis contra Jehov y no escuchasteis su voz. Por eso os ha venido esto.
Y ahora, he aqu que en este da yo te he librado de las cadenas que tenas en tus manos. Si te parece bien venir conmigo a Babilonia, ven, y yo velar por ti; pero si no te parece bien venir conmigo a Babilonia, puedes quedarte. Mira, toda la tierra est delante de ti: ve a donde mejor y ms cmodo te parezca ir.
Si prefieres quedarte, vulvete a Gedalas hijo de Ahicam hijo de Safn, a quien el rey de Babilonia ha puesto sobre todas las ciudades de Jud, y vive con l en medio del pueblo. O ve a donde te parezca ms cmodo ir". Le dio el capitn de la guardia provisiones y un presente, y lo despidi.
Se fue entonces Jeremas a Gedalas hijo de Ahicam, a Mizpa, y habit con l en medio del pueblo que haba quedado en la tierra.
Los jefes del ejrcito que estaban por el campo junto con sus hombres, cuando oyeron que el rey de Babilonia haba puesto a Gedalas hijo de Ahicam para gobernar la tierra, y que le haba encomendado los hombres, las mujeres y los nios, y los pobres de la tierra que no fueron deportados a Babilonia,
se presentaron a Gedalas, en Mizpa. Eran: Ismael hijo de Netanas, Johann y Jonatn hijos de Carea, Seraas hijo de Tanhumet, los hijos de Efai, el netofatita, y Jezanas, hijo de un maacateo; todos ellos junto con sus hombres.
Y Gedalas hijo de Ahicam hijo de Safn les jur a ellos y a sus hombres, diciendo: "No tengis temor de servir a los caldeos. Habitad en la tierra, servid al rey de Babilonia y os ir bien.
Y he aqu que yo habito en Mizpa, para tratar con los caldeos que vendrn a nosotros. Pero vosotros tomad el vino, los frutos del verano y el aceite, ponedlos en vuestros almacenes y quedaos en vuestras ciudades que habis tomado".
Asimismo todos los judos que estaban en Moab, entre los hijos de Amn, en Edom, y los que estaban en todas las tierras, cuando oyeron decir que el rey de Babilonia haba dejado a algunos en Jud y que haba puesto sobre ellos a Gedalas hijo de Ahicam hijo de Safn,
todos estos judos regresaron entonces de todos los lugares adonde haban sido echados, y vinieron a tierra de Jud, junto a Gedalas, en Mizpa. Y recogieron vino y abundantes frutos.
Johann hijo de Carea y todos los capitanes de la gente de guerra que estaban en el campo vinieron a Gedalas, en Mizpa,
y le dijeron: "No sabes que Baalis, rey de los hijos de Amn, ha enviado a Ismael hijo de Netanas para matarte?". Pero Gedalas hijo de Ahicam no los crey.
Entonces Johann hijo de Carea habl a Gedalas en secreto, en Mizpa, diciendo: "Yo ir ahora y matar a Ismael hijo de Netanas, y nadie lo sabr. Por qu te ha de matar, de modo que todos los judos que se te han reunido se dispersen y perezca el resto de Jud?".
Pero Gedalas hijo de Ahicam dijo a Johann hijo de Carea: "No hagas eso, porque es falso lo que dices de Ismael".
Aconteci en el mes sptimo que Ismael hijo de Netanas hijo de Elisama, de la descendencia real, junto con algunos oficiales del rey y diez hombres, vino a Gedalas hijo de Ahicam, en Mizpa. Y juntos comieron pan en Mizpa.
De pronto se levant Ismael hijo de Netanas, y los diez hombres que con l estaban, e hirieron a espada a Gedalas hijo de Ahicam hijo de Safn, matando as a aquel a quien el rey de Babilonia haba puesto para gobernar la tierra.
Asimismo mat Ismael a todos los judos que estaban con Gedalas en Mizpa, y a los soldados caldeos que all estaban.
Sucedi adems, al da siguiente de haber matado a Gedalas, cuando an nadie lo saba,
que llegaron unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaria. Eran ochenta hombres, con la barba rapada, las ropas rasgadas y llenos de rasguos, que en sus manos traan ofrendas e incienso para llevar a la casa de Jehov.
De Mizpa les sali al encuentro, llorando, Ismael hijo de Netanas. Y aconteci que cuando los encontr, les dijo: "Venid a presentaros a Gedalas hijo de Ahicam!".
Cuando ya haban entrado en la ciudad, Ismael hijo de Netanas, junto con sus hombres, los degollaron y los arrojaron a una cisterna,
Pero entre aquellos haba diez hombres que dijeron a Ismael: "No nos mates, porque tenemos en el campo reservas de trigo, cebada, aceite y miel". Y no los mat como haba hecho con sus hermanos.
La cisterna a la que Ismael arroj los cuerpos de todos los hombres que mat a causa de Gedalas, era la misma que haba hecho el rey Asa a causa de Baasa, rey de Israel. Ismael hijo de Netanas la llen de muertos.
Despus Ismael llev cautivo a todo el resto del pueblo que estaba en Mizpa, a las hijas del rey y a todo el pueblo que haba quedado en Mizpa, el cual haba encargado Nabuzaradn, capitn de la guardia, a Gedalas hijo de Ahicam. Los llev, pues, cautivos Ismael hijo de Netanas y se fue para pasarse a los hijos de Amn.
Johann hijo de Carea y todos los capitanes de la gente de guerra que estaban con l oyeron todo el mal que haba hecho Ismael hijo de Netanas.
Entonces tomaron a todos los hombres y fueron a pelear contra Ismael hijo de Netanas, a quien hallaron junto al gran estanque que est en Gaban.
Y sucedi que cuando todo el pueblo que estaba con Ismael vio a Johann hijo de Carea, y a todos los capitanes de la gente de guerra que estaban con l, se alegraron.
Y todo el pueblo que Ismael haba trado cautivo de Mizpa se volvi y fue con Johann hijo de Carea.
Pero Ismael hijo de Netanas y otros ocho hombres escaparon delante de Johann y se fueron con los hijos de Amn.
Entonces Johann hijo de Carea, junto con todos los capitanes de la gente de guerra que con l estaban, tomaron a todo el resto del pueblo, el cual haban recobrado de Ismael hijo de Netanas, que se lo haba llevado de Mizpa despus de matar a Gedalas hijo de Ahicam. Eran hombres de guerra, mujeres, nios y eunucos, que Johann haba trado de Gaban.
Fueron y habitaron en Gerut-quimam, que est cerca de Beln, con el fin de continuar su camino hasta entrar en Egipto,
a causa de los caldeos. Ellos teman a los caldeos porque Ismael hijo de Netanas haba dado muerte a Gedalas hijo de Ahicam, a quien el rey de Babilonia haba puesto para gobernar la tierra.
Vinieron todos los capitanes de la gente de guerra, junto con Johann hijo de Carea, Jezanas hijo de Osaas y todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor,
y dijeron al profeta Jeremas: -- Acepta ahora nuestra splica delante de ti y ruega por nosotros a Jehov, tu Dios, por todo este resto (pues de muchos que ramos hemos quedado unos pocos, como ya ves por tus propios ojos),
para que Jehov, tu Dios, nos indique el camino por donde debemos ir y lo que debemos hacer.
El profeta Jeremas les dijo: -- Os he odo. Y he aqu que voy a rogar a Jehov, vuestro Dios, como habis dicho, y todo lo que Jehov os responda, os lo har saber. No os ocultar palabra alguna.
Ellos dijeron a Jeremas: -- Jehov sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hacemos conforme a todo aquello para lo cual Jehov, tu Dios, te enve a nosotros.
Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehov, nuestro Dios, al cual te enviamos, obedeceremos, para que, obedeciendo a la voz de Jehov, nuestro Dios, nos vaya bien.
Aconteci que al cabo de diez das vino palabra de Jehov a Jeremas.
Y llam a Johann hijo de Carea y a todos los capitanes de la gente de guerra que con l estaban, y a todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor,
y les dijo: "As ha dicho Jehov, Dios de Israel, ante quien me enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia:
Si permanecis quietos en esta tierra, os edificar y no os destruir; os plantar y no os arrancar, porque estoy arrepentido del mal que os he hecho.
No temis de la presencia del rey de Babilonia, al cual tenis miedo; no temis de su presencia, ha dicho Jehov, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano.
Tendr compasin de vosotros, y l se compadecer de vosotros y os har regresar a vuestra tierra.
Pero si decs: "No habitaremos en esta tierra", desobedeciendo as la voz de Jehov, vuestro Dios,
y afirmando: "No, sino que entraremos en la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y all habitaremos",
pues, por eso, od la palabra de Jehov, resto de Jud, porque as ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Si vosotros volvis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entris para habitar all,
suceder que la espada que temis os alcanzar all, en la tierra de Egipto, y el hambre que os asusta os perseguir all en Egipto, y all moriris.
Todos los hombres que vuelvan su rostro para entrar en Egipto y habitar all, morirn a espada, de hambre y de peste; no habr de ellos quien quede vivo ni quien escape del mal que yo traer sobre ellos.
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Como se derram mi enojo y mi ira sobre los habitantes de Jerusaln, as se derramar mi ira sobre vosotros cuando entris en Egipto; y seris objeto de aversin, de espanto, de maldicin y de afrenta; y no veris ms este lugar.
Jehov os dijo a vosotros, resto de Jud: No vayis a Egipto. Sabed ciertamente que os lo advierto hoy.
Por qu hicisteis errar vuestras almas? Pues vosotros me enviasteis ante Jehov, vuestro Dios, diciendo: "Ruega por nosotros a Jehov, nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que diga Jehov, nuestro Dios, y lo haremos".
Esto os lo he declarado hoy, pero no habis obedecido a la voz de Jehov, vuestro Dios, ni a ninguna de las cosas por las cuales me envi a vosotros.
Ahora, pues, sabed de cierto que moriris a espada, de hambre y de peste en el lugar donde deseasteis entrar para habitar all".
Aconteci que cuando Jeremas acab de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Jehov, su Dios, todas estas palabras que Jehov, su Dios, le haba enviado a decirles,
Azaras hijo de Osaas, Johann hijo de Carea y todos los hombres soberbios dijeron a Jeremas: "Mentira dices! No te ha enviado Jehov, nuestro Dios, para decirnos: "No vayis a Egipto para habitar all",
sino que Baruc hijo de Neras te incita contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, para matarnos y hacernos deportar a Babilonia".
No obedecieron, pues, ni Johann hijo de Carea ni los capitanes de la gente de guerra ni todo el pueblo, a la voz de Jehov para que se quedaran en tierra de Jud,
sino que Johann hijo de Carea, con todos los capitanes de la gente de guerra, tomaron al resto de Jud, que haba regresado de todas las naciones adonde haba sido echado, para habitar en tierra de Jud.
Eran los hombres, mujeres y nios, las hijas del rey y todas las dems personas que junto con Gedalas hijo de Ahicam hijo de Safn, y con el profeta Jeremas y Baruc hijo de Neras, haba dejado Nabuzaradn, capitn de la guardia.
Entraron, pues, en tierra de Egipto, sin obedecer a la voz de Jehov, y llegaron hasta Tafnes.
Vino palabra de Jehov a Jeremas en Tafnes, diciendo:
"Toma en tus manos unas piedras grandes y cbrelas de barro en el enladrillado que est a la puerta de la casa del faran en Tafnes, a la vista de los hombres de Jud,
y diles: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Yo enviar y tomar a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y pondr su trono sobre estas piedras que he escondido, y l extender su pabelln sobre ellas.
Vendr y asolar la tierra de Egipto: los que a muerte, a muerte; los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada.
Incendiar los templos de los dioses de Egipto; los quemar, y a ellos los llevar cautivos. Limpiar la tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y saldr de all en paz.
Destruir, adems, las estatuas de Bet-semes, que est en tierra de Egipto, y entregar al fuego los templos de los dioses de Egipto"".
Palabra que vino a Jeremas acerca de todos los judos que habitaban en la tierra de Egipto, que vivan en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en tierra de Patros, diciendo:
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Vosotros habis visto todo el mal que traje sobre Jerusaln y sobre todas las ciudades de Jud. Ahora estn asoladas, y no hay quien habite en ellas
a causa de la maldad que ellos cometieron para enojarme, yendo a ofrecer incienso, honrando a dioses extraos que ni ellos haban conocido, ni vosotros ni vuestros padres.
Envi a vosotros todos mis siervos los profetas, desde el principio y sin cesar, para deciros: "No hagis esta cosa abominable que yo aborrezco!".
Pero no oyeron ni inclinaron su odo para convertirse de su maldad, para dejar de ofrecer incienso a dioses extraos.
Se derram, por tanto, mi ira y mi furor, y se encendi en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln. Y fueron puestas en ruina y desolacin, como lo estn hoy.
Ahora, pues, as ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Por qu hacis un mal tan grande contra vosotros mismos, para que en medio de Jud sean destruidos el hombre y la mujer, el muchacho y el nio de pecho, sin que os quede resto alguno,
hacindome enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a dioses extraos en la tierra de Egipto, adonde habis entrado para vivir, de suerte que os exterminis y seis por maldicin y por afrenta a todas las naciones de la tierra?
Os habis olvidado de las maldades de vuestros padres, de las maldades de los reyes de Jud, de las maldades de sus mujeres, de vuestras maldades y de las maldades de vuestras mujeres, que hicisteis en la tierra de Jud y en las calles de Jerusaln?
No se han humillado hasta el da de hoy ni han tenido temor; no han caminado en mi Ley ni en mis estatutos, los cuales puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.
"Por tanto, as ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Yo vuelvo mi rostro contra vosotros para mal, para destruir a todo Jud.
Y tomar al resto de Jud que se obstin en irse a la tierra de Egipto, para habitar all, y en tierra de Egipto sern todos exterminados. Caern a espada y sern exterminados por el hambre: por la espada y el hambre morirn desde el menor hasta el mayor, y sern objeto de aversin, de espanto, de maldicin y de afrenta,
pues castigar a los que habitan en la tierra de Egipto como castigu a Jerusaln, con espada, con hambre y con peste.
Y del resto de los de Jud que entraron en la tierra de Egipto para habitar all, no habr quien escape ni quien quede vivo para volver a la tierra de Jud, a la cual ansan volver para habitar all; porque no volvern sino algunos fugitivos".
Entonces todos los que saban que sus mujeres haban ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremas, diciendo:
"No escucharemos de ti la palabra que nos has hablado en nombre de Jehov,
sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros jefes, en las ciudades de Jud y en las plazas de Jerusaln. Entonces tuvimos abundancia de pan, fuimos felices y no vimos mal alguno.
Pero desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta de todo, y por la espada y el hambre somos exterminados.
Y cuando nosotras ofrecimos incienso a la reina del cielo y le derramamos libaciones, acaso le hicimos tortas para tributarle culto, o le derramamos libaciones sin consentimiento de nuestros maridos?".
Habl Jeremas a todo el pueblo, a los hombres, a las mujeres y a todo el pueblo que le haba respondido esto, diciendo:
"No se ha acordado Jehov, no ha venido a su memoria el incienso que ofrecisteis en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes, vuestros jefes y el pueblo de la tierra?
Y no pudo sufrirlo ms Jehov, a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habais hecho; por tanto, vuestra tierra fue puesta en asolamiento, en espanto y en maldicin, hasta quedar sin habitante, como lo est hoy.
Por cuanto ofrecisteis incienso y pecasteis contra Jehov, y no obedecisteis a la voz de Jehov ni anduvisteis en su Ley, en sus estatutos y en sus testimonios, por eso ha venido sobre vosotros este mal, como hasta hoy".
Dijo adems Jeremas a todo el pueblo y a todas las mujeres: "Od palabra de Jehov, todos los de Jud que estis en tierra de Egipto.
As ha hablado Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel; ha dicho: "Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con vuestras propias bocas, y con vuestras manos lo ejecutasteis, diciendo: 'Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos de ofrecer incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones'. Y ahora confirmis vuestros votos y ponis vuestros votos por obra.
Por tanto, od palabra de Jehov todos los de Jud que habitis en tierra de Egipto: Yo he jurado por mi gran nombre, dice Jehov, que mi nombre no ser invocado ms en toda la tierra de Egipto por boca de ningn hombre de Jud, diciendo: 'Vive Jehov, el Seor!',
porque yo vigilo sobre ellos para mal y no para bien. Todos los hombres de Jud que estn en la tierra de Egipto sern exterminados por la espada y el hambre, hasta que no quede ninguno.
Y los pocos que escapen de la espada volvern de la tierra de Egipto a la tierra de Jud. Sabr, pues, todo el resto de Jud que ha entrado en Egipto a vivir all, cul palabra se cumplir: si la ma o la suya.
Y esto tendris por seal, dice Jehov, de que en este lugar os castigo, para que sepis que de cierto se cumplirn mis palabras para mal sobre vosotros,
pues as ha dicho Jehov: Yo entrego al faran Hofra, rey de Egipto, en manos de sus enemigos, y en manos de los que buscan su vida, as como entregu a Sedequas, rey de Jud, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo que quera quitarle la vida"".
La palabra que habl el profeta Jeremas a Baruc hijo de Neras, cuando escriba en el libro estas palabras dictadas por Jeremas, en el ao cuarto de Joacim hijo de Josas, rey de Jud, diciendo:
"As te ha dicho Jehov, Dios de Israel, a ti, Baruc:
"T dijiste: 'Ay de m ahora!, porque ha aadido Jehov tristeza a mi dolor. Fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso' ".
Le dirs: "As ha dicho Jehov: Yo destruyo a los que edifiqu y arranco a los que plant, esto es, a toda esta tierra,
y t buscas para ti grandezas? No las busques!, porque he aqu que yo traigo mal sobre todo ser viviente, ha dicho Jehov; pero a ti te dar la vida por botn en cualquier lugar adonde vayas"".
Palabra de Jehov que vino al profeta Jeremas, contra las naciones.
Acerca de Egipto: contra el ejrcito del faran Necao, rey de Egipto, que estaba cerca del ro ufrates, en Carquemis, a quien destruy Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el ao cuarto de Joacim hijo de Josas, rey de Jud:
"Preparad escudo y pavs, y venid a la guerra!
Uncid los caballos, y montadlos vosotros, jinetes! Cubros con los yelmos, limpiad las lanzas y poneos las corazas!
Por qu los veo aterrados, retrocediendo? Sus valientes fueron deshechos y huyeron sin volver la vista atrs. Hay miedo por todas partes!, dice Jehov.
No huya el ligero ni escape el valiente; al norte, junto a la ribera del ufrates tropezaron y cayeron.
Quin es este que sube como un ro y cuyas aguas se mueven como los ros?
Es Egipto, que como un ro se ensancha, cuyas aguas se mueven como los ros y que dijo: "Subir, cubrir la tierra, destruir la ciudad y a los que en ella moran".
Subid, caballos! Carros, corred enloquecidos! Que salgan los valientes: los etopes y los de Put que toman escudo, y los de Lud que toman y entesan arco!
Mas ese da ser para Jehov, Dios de los ejrcitos, da de retribucin, para vengarse de sus enemigos. La espada devorar, se saciar y se embriagar con la sangre de ellos. Porque un sacrificio ser para Jehov, Dios de los ejrcitos, en la tierra del norte, junto al ro ufrates.
Sube a Galaad y toma blsamo, virgen, hija de Egipto! Por dems multiplicars las medicinas, pues no hay curacin para ti.
Las naciones conocieron tu afrenta y tu clamor llen la tierra, porque el valiente tropez contra el valiente y ambos cayeron juntos".
Palabra que habl Jehov al profeta Jeremas acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para asolar la tierra de Egipto:
"Anunciadlo en Egipto y hacedlo saber en Migdol! Hacedlo saber tambin en Menfis y en Tafnes! Decid: "Ponte en pie y preprate, porque la espada devorar tu comarca!".
Por qu ha sido derribada tu fortaleza? No pudo mantenerse firme, porque Jehov la empuj!
Multiplic los cados, y cada uno cay sobre su compaero; y dijeron: "Levntate! Volvamos a nuestro pueblo, a la tierra de nuestro nacimiento! Huyamos ante la espada vencedora!".
All gritaron: "El faran, rey de Egipto, no es ms que ruido; dej pasar el tiempo sealado!".
Vivo yo, dice el Rey, cuyo nombre es Jehov de los ejrcitos, que como el Tabor entre los montes y como el Carmelo junto al mar, as vendr el enemigo.
Hazte equipaje de cautiverio, moradora hija de Egipto, porque Menfis ser un desierto, ser asolada hasta no quedar morador.
"Una becerra hermosa es Egipto, mas viene destruccin: Del norte viene!
Sus soldados mercenarios, tambin en medio de ella son como becerros engordados; porque tambin ellos se volvieron atrs, huyeron todos sin detenerse, porque vino sobre ellos el da de su quebrantamiento, el tiempo de su castigo.
"Su voz ser como un silbido de serpiente, porque vienen los enemigos: vienen a ella con hachas, como leadores.
Cortarn sus bosques, dice Jehov, aunque sean impenetrables; porque son ms numerosos que langostas, son innumerables!
Se avergonzar la hija de Egipto; entregada ser en manos del pueblo del norte".
Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, ha dicho: "Yo castigo a Amn, dios de Tebas, al faran y a Egipto, a sus dioses y a sus reyes; tanto al faran como a los que en l confan.
Los entregar en manos de los que buscan su vida, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus siervos; pero despus ser habitado como en los das pasados, dice Jehov.
"Pero t no temas, siervo mo Jacob, ni desmayes, Israel; porque he aqu yo te salvar de lejos, a ti y a tu descendencia, de la tierra de vuestra cautividad. Volver Jacob, descansar, ser prosperado y no habr quin lo atemorice.
T, siervo mo Jacob, no temas, dice Jehov, porque yo estoy contigo. S, destruir a todas las naciones entre las cuales te he dispersado. Sin embargo, a ti no te destruir del todo, aunque te castigar con justicia. En manera alguna te dejar sin castigo!".
Palabra de Jehov que vino al profeta Jeremas acerca de los filisteos, antes que el faran destruyera Gaza.
As ha dicho Jehov: "Suben aguas del norte y se harn un torrente; inundarn la tierra y lo que la llena, la ciudad y a los que moran en ella. Los hombres clamarn, y lamentar todo morador de la tierra,
por el estrpito de los cascos de sus caballos, por el retumbar de sus carros, por el estruendo de sus ruedas. Los padres no cuidan de los hijos, porque sus manos estn sin fuerzas.
Ha llegado el da de destruir a todos los filisteos, de destruir a todo aliado que todava les quede a Tiro y a Sidn. Porque Jehov destruir a los filisteos, al resto de la costa de Caftor.
Gaza se rap la cabeza, Ascaln ha perecido, y el resto de su valle; cundo dejars de sajarte?
Espada de Jehov, cundo vas a descansar? Vuelve a tu vaina, reposa y sosigate!
Pero cmo reposars, si Jehov te ha enviado contra Ascaln y contra la costa del mar? All te ha destinado".
Acerca de Moab. As ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: "Ay de Nebo, porque fue destruida! Deshonrada y conquistada fue Quiriataim; la ciudadela est deshonrada y destruida!
Nunca ms se alabar Moab! En Hesbn maquinaron mal contra ella, diciendo: "Venid y borrmosla de entre las naciones!". Tambin t, Madmena, sers cortada; la espada ir en pos de ti.
"Gritos vienen de Horonaim, destruccin y gran quebrantamiento!
Moab fue quebrantada: hicieron que se oyera el clamor de sus pequeos!,
pues por la cuesta de Luhit la gente sube llorando, porque a la bajada de Horonaim los enemigos oyen gritos de quebranto.
Huid, salvad vuestra vida, sed como la retama en el desierto!
Por cuanto confiaste en tus bienes y en tus tesoros, t tambin sers conquistada. Quemos ser llevado en cautiverio, junto con sus sacerdotes y sus prncipes.
Vendr el destructor a cada una de las ciudades, y ninguna ciudad escapar. Tambin el valle ser arruinado y arrasada la llanura, como ha dicho Jehov.
"Dadle alas a Moab, para que se vaya volando!, pues quedarn desiertas sus ciudades hasta no hallarse en ellas morador alguno".
Maldito el que haga con indolencia la obra de Jehov! Maldito el que retraiga de la sangre su espada!
Tranquilo estuvo Moab desde su juventud; sobre sus sedimentos ha estado reposado; no fue vaciado de vasija en vasija ni nunca estuvo en cautiverio. Por eso conserv su propio sabor y no ha perdido su aroma.
"Pero vienen das, ha dicho Jehov, en que yo le enviar trasvasadores que lo trasvasarn, vaciarn sus vasijas y rompern sus odres.
Y Moab se avergonzar de Quemos, como la casa de Israel se avergonz de Bet-el, su confianza.
"Cmo, pues, diris: "Somos hombres valientes y robustos para la guerra"?
Destruido es Moab, asoladas sus ciudades y llevados sus jvenes al degolladero!, ha dicho el Rey, cuyo nombre es Jehov de los ejrcitos.
Cercano est el quebrantamiento de Moab, a punto de llegar; mucho se apresura su mal.
Compadeceos de l todos los que estis a su alrededor; y todos los que sabis su nombre, decid: "Cmo se quebr la vara fuerte, el bastn hermoso!".
Desciende de la gloria, sintate en tierra seca, moradora hija de Dibn, porque el destructor de Moab ha subido contra ti, ha destruido tus fortalezas.
Prate en el camino y mira, moradora de Aroer; pregunta a la que va huyendo, a la que escap. Dile: "Qu ha sucedido?".
Se avergonz Moab, porque fue quebrantado. Lamentaos a gritos! Anunciad en el Arnn que Moab ha sido destruido!".
Vino el juicio sobre la tierra de la llanura; sobre Holn, sobre Jahaza, sobre Mefaat,
sobre Dibn, sobre Nebo, sobre Bet-diblataim,
sobre Quiriataim, sobre Bet-gamul, sobre Bet-men,
sobre Queriot, sobre Bosra y sobre todas las ciudades de la tierra de Moab, las de lejos y las de cerca.
Jehov dice: "Cortado es el poder de Moab y quebrantado su brazo".
Embriagadlo, porque contra Jehov se engrandeci! Revulquese Moab sobre su vmito y sea, tambin l, motivo de escarnio!
Acaso Israel no fue para ti un motivo de escarnio, como si lo hubieran sorprendido entre ladrones? Porque t, cuando de l hablabas, hacas gestos de burla.
Abandonad las ciudades y habitad entre peascos, moradores de Moab! Sed como la paloma que anida al borde del barranco!
Hemos odo de la soberbia de Moab, que es muy soberbio, arrogante, orgulloso, altivo y altanero de corazn.
Dice Jehov: "Yo conozco su clera, pero no tendr efecto alguno. Sus jactancias de nada le aprovecharn".
Por tanto, yo aullar por Moab, por todo Moab clamar, y gemir por la gente de Kir-hares.
Con llanto por Jazer llorar por ti, vid de Sibma; tus sarmientos pasaron el mar, llegaron hasta el mar de Jazer. Sobre tu cosecha y sobre tu vendimia vino el destructor.
La alegra y el regocijo se han acabado en los campos frtiles de la tierra de Moab. De los lagares har que falte el vino, y no habr pisador que cante. No habr ms cantos de jbilo.
El clamor de Hesbn llega hasta Eleale; hasta Jahaza dieron su voz; desde Zoar hasta Horonaim y Eglat-selesiy, porque aun las aguas de Nimrim sern arruinadas.
Dice Jehov: "Exterminar de Moab a quien sacrifique sobre los lugares altos y ofrezca incienso a sus dioses".
Por eso resuena mi corazn como flautas por causa de Moab, y asimismo resuena mi corazn a modo de flautas por los hombres de Kir-hares, porque se perdieron las riquezas que haban conseguido.
Porque toda cabeza est rapada y toda barba recortada; en toda mano hay cortaduras, y todos llevan ropa spera.
"Sobre todos los terrados de Moab, y en sus calles, todo ser llanto, porque yo quebrant a Moab como a una vasija intil", dice Jehov.
Lamentad! Cmo ha sido quebrantado! Cmo volvi la espalda Moab y fue avergonzado! Fue Moab objeto de escarnio y de horror para todos los que estn en sus alrededores.
Porque as ha dicho Jehov: "Como un guila volar, desplegar sus alas contra Moab.
Tomadas sern las ciudades y conquistadas las fortalezas. Aquel da, el corazn de los valientes de Moab ser como el corazn de mujer en angustias,
y Moab ser destruido hasta dejar de ser pueblo, porque se engrandeci contra Jehov.
Miedo, fosa y red contra ti, morador de Moab, dice Jehov.
El que huya del miedo caer en la fosa, y el que salga de la fosa quedar atrapado en la red. Porque yo traer sobre l, sobre Moab, el ao de su castigo, dice Jehov.
"A la sombra de Hesbn se detuvieron sin fuerzas los que huan; mas sali fuego de Hesbn y una llama de en medio de Sehn, y quem el rincn de Moab y la coronilla de los hijos revoltosos.
Ay de ti, Moab! Pereci el pueblo de Quemos!, porque tus hijos fueron apresados, llevados en cautividad, y tus hijas fueron puestas en cautiverio.
Pero har volver a los cautivos de Moab al final de los tiempos, dice Jehov". Hasta aqu es el juicio de Moab.
Acerca de los hijos de Amn. As ha dicho Jehov: "No tiene hijos Israel? No tiene heredero? Por qu Milcom ha hecho de Gad su heredad, y su pueblo se ha establecido en sus ciudades?
Por tanto, vienen das, dice Jehov, en que har oir el grito de guerra en Rab de los hijos de Amn. Ser convertida en un montn de ruinas, sus ciudades sern incendiadas e Israel tomar por heredad a quienes los tomaron a ellos. Esto dice Jehov.
"Lamntate, Hesbn, porque Hai ha sido destruida! Gritad, hijas de Rab, vestos de ropas speras, haced lamentacin y rodead los vallados!, porque Milcom fue llevado en cautiverio juntamente con sus sacerdotes y sus prncipes.
Por qu te gloras de los valles?, de tu frtil valle, t, hija rebelde, que confas en tus tesoros y dices: "Quin vendr contra m?".
He aqu yo traigo el miedo sobre ti, dice el Seor, Jehov de los ejrcitos, desde todos tus alrededores. Seris lanzados cada uno de vosotros hacia adelante, con violencia, y no habr quien acoja a los fugitivos.
Despus de esto, har volver a los cautivos de los hijos de Amn, dice Jehov".
Acerca de Edom. As ha dicho Jehov de los ejrcitos: "No hay ms sabidura en Temn? Se agot el consejo en los sabios? Se corrompi su sabidura?
Huid, volveos atrs, habitad en lugares profundos, moradores de Dedn!, porque el quebranto de Esa traer sobre l en el tiempo en que lo castigue.
Si vendimiadores hubieran venido contra ti, no habran dejado rebuscos? Si ladrones hubieran venido de noche, no habran tomado lo que les bastara?
Mas yo desnudar a Esa, pondr al descubierto sus escondrijos y no podr esconderse; ser destruida su descendencia, sus hermanos y sus vecinos, y dejar de ser.
Deja tus hurfanos, yo los criar, y en m confiarn tus viudas!
"As ha dicho Jehov: Los que no estaban condenados a beber la copa, la bebern ciertamente. Y sers t absuelto del todo? No sers absuelto, sino que ciertamente la bebers!
Porque por m mismo he jurado, dice Jehov, que espanto, afrenta, soledad y maldicin ser Bosra, y todas sus ciudades sern ruinas para siempre".
He odo esta noticia: que de parte de Jehov se haba enviado un mensajero a decir a las naciones: "Juntaos, venid contra ella, subid a la batalla!".
Te har pequeo entre las naciones, menospreciado entre los hombres.
Te engaaron tu arrogancia y la soberbia de tu corazn. T, que habitas en las hendiduras de las peas, que alcanzas las alturas del monte, aunque eleves como el guila tu nido, de all te har descender, dice Jehov.
"Edom se convertir en espanto. Todo aquel que pase por ella se asombrar, se burlar de todas sus calamidades.
Como sucedi en la destruccin de Sodoma, de Gomorra y de sus ciudades vecinas, dice Jehov, tampoco all habitar nadie, ningn ser humano habitar en ella.
"Yo, como un len que sube de la espesura del Jordn al verde prado, muy pronto los har huir de ella, y pondr en ella al que yo escoja, porque quin es semejante a m? Quin me emplazar? Quin ser el pastor que pueda resistirme?
Por tanto, od el plan que Jehov ha acordado acerca de Edom, y las decisiones que ha tomado acerca de los moradores de Temn. Ciertamente, a los ms pequeos de su rebao los arrastrarn, y los destruirn junto con sus pastizales.
Por el estruendo de la cada de ellos, la tierra temblar, y el eco de su voz se oir hasta en el Mar Rojo.
Como un guila subir y volar, y desplegar sus alas contra Bosra. Aquel da el corazn de los valientes de Edom ser como el corazn de una mujer en angustias".
Acerca de Damasco. "Hamat y Arfad se avergonzaron porque oyeron malas noticias; se derritieron en aguas de ansiedad, no logran sosegarse!
Damasco se desmay, se dispuso a huir, le tom temblor y angustia, y se apoderaron de l dolores como de una mujer que est de parto.
Cmo abandonan la ciudad tan alabada, la ciudad de mi gozo!
Por tanto, sus jvenes caern en las plazas, y todos los hombres de guerra morirn en aquel da, dice Jehov de los ejrcitos.
En el muro de Damasco prender yo un fuego que consumir las casas de Ben-adad".
Acerca de Cedar y de los reinos de Hazor, asolados por Nabucodonosor, rey de Babilonia. As ha dicho Jehov: "Levantaos, subid contra Cedar y destruid a los hijos del oriente.
Sus tiendas y sus ganados tomarn. Sus cortinas, todos sus utensilios y sus camellos tomarn para s, y gritarn contra ellos: "Hay terror por todas partes!".
Huid, marchaos muy lejos, habitad en lugares profundos, moradores de Hazor!, dice Jehov; porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, tom consejo contra vosotros y contra vosotros ha preparado un plan.
Levantaos, subid contra una nacin pacfica que vive confiadamente, dice Jehov, que ni tiene puertas ni cerrojos, que vive solitaria!
Sus camellos sern por botn y la multitud de sus ganados por despojo. Los esparcir a todos los vientos, dispersados hasta el ltimo rincn; de todos lados les traer su ruina, dice Jehov.
Hazor ser guarida de chacales, quedar desolada para siempre. Nadie morar all; ningn ser humano habitar en ella".
Palabra de Jehov que vino al profeta Jeremas acerca de Elam, al comienzo del reinado de Sedequas, rey de Jud, diciendo:
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: "Yo quiebro el arco de Elam, parte principal de su fortaleza.
Traer sobre Elam los cuatro vientos desde los cuatro puntos del cielo, y los aventar a los cuatro vientos. No habr nacin a donde no lleguen fugitivos de Elam.
Y har que Elam se acobarde ante sus enemigos y ante quienes buscan su vida. Traer sobre ellos mal y el ardor de mi ira, dice Jehov, y enviar espada que los persiga hasta acabar con ellos.
Yo pondr mi trono en Elam, y destruir a su rey y a sus prncipes, dice Jehov.
Pero acontecer en los ltimos das, que yo har volver a los cautivos de Elam, dice Jehov".
Palabra que habl Jehov contra Babilonia, contra la tierra de los caldeos, por medio del profeta Jeremas:
"Anunciadlo en las naciones, hacedlo saber; levantad tambin bandera, publicadlo y no lo encubris; decid: "Conquistada ha sido Babilonia! Bel est avergonzado! Merodac est deshecho, destruidas sus esculturas, destrozados sus dolos!".
Porque ha subido contra ella una nacin del norte!, que har de su tierra un objeto de espanto. No habr hombre ni animal que en ella more; todos han huido, se han marchado.
"En aquellos das y en aquel tiempo, dice Jehov, vendrn los hijos de Israel, ellos y los hijos de Jud juntamente. Irn andando y llorando, y buscarn a Jehov, su Dios.
Preguntarn por el camino de Sin, hacia donde volvern sus rostros, diciendo: "Venid y unmonos a Jehov con un pacto eterno que jams se eche en el olvido!".
"Como ovejas perdidas era mi pueblo: sus pastores las extraviaron, por los montes las descarriaron; anduvieron de monte en collado y se olvidaron de sus rediles.
Todos los hallaban, los devoraban; decan sus enemigos: "No pecaremos, porque ellos pecaron contra Jehov, morada de justicia, contra Jehov, esperanza de sus padres".
"Huid de en medio de Babilonia, salid de la tierra de los caldeos, sed como los machos cabros que van delante del rebao!
Porque yo levanto y hago subir contra Babilonia una reunin de grandes pueblos de la tierra del norte; desde all se prepararn contra ella, y ser conquistada. Sus flechas son como las de un valiente experto, que no volver vaco.
Y Caldea ser para botn; todos los que la saqueen se saciarn, dice Jehov.
"Cmo os alegrasteis, cmo os gozasteis destruyendo mi heredad, cmo os llenasteis cual novilla sobre la hierba y relinchasteis cual los caballos.
Vuestra madre se avergonz mucho; confundida qued la que os dio a luz; ser la ltima de las naciones, convertida en desierto, sequedal y pramo.
Por la ira de Jehov no ser habitada, sino que ser asolada por completo. Todo aquel que pase por Babilonia se asombrar y se burlar de sus calamidades.
Poneos en orden contra Babilonia, rodeadla todos los que tensis arco! Tirad contra ella y no escatimis las flechas, porque pec contra Jehov!
Gritad contra ella, a su alrededor! Se rindi, han cado sus cimientos, derribados son sus muros! Esta es la venganza de Jehov! Tomad venganza de ella; haced con ella como ella os hizo!
Destruid en Babilonia al que siembra y al que mete la hoz en el tiempo de la siega. Ante la espada destructora, cada cual volver el rostro hacia su pueblo, cada cual huir hacia su tierra.
"Rebao descarriado es Israel; leones lo dispersaron. "Primero lo devor el rey de Asiria; Nabucodonosor, rey de Babilonia lo deshues despus.
Por tanto, as dice Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: Yo castigo al rey de Babilonia y a su tierra, como castigu al rey de Asiria.
"Volver a traer a Israel a su pastizal; pacer en el Carmelo y en Basn, y en los montes de Efran y en Galaad se saciar su alma.
En aquellos das y en aquel tiempo, dice Jehov, la maldad de Israel ser buscada, y no aparecer; y los pecados de Jud, y no se hallarn; porque perdonar a los que yo haya dejado.
"Sube contra la tierra de Merataim, contra ella y contra los moradores de Pecod! Destruye y mata en pos de ellos, dice Jehov, y haz conforme a todo lo que yo te he mandado!".
Estruendo de guerra se oye en la tierra, y de gran quebrantamiento!
Cmo fue cortado y quebrado el martillo de toda la tierra! Cmo se convirti Babilonia en objeto de espanto entre las naciones!
"Te puse lazos, y sin darte cuenta caste en ellos, Babilonia; fuiste hallada, y aun apresada, porque provocaste a Jehov".
Abri Jehov su tesoro y sac los instrumentos de su furor; porque esta es obra de Jehov, Dios de los ejrcitos, en la tierra de los caldeos.
Venid contra ella desde el extremo de la tierra, abrid sus almacenes, convertidla en un montn de ruinas y destruidla. Que no le quede nada!
Matad a todos sus novillos; que vayan al matadero. Ay de ellos, pues ha venido su da, el tiempo de su castigo!
Se oye la voz de los que huyen y escapan de la tierra de Babilonia, para dar en Sin las noticias de la retribucin de Jehov, nuestro Dios, de la venganza de su Templo.
"Juntad flecheros contra Babilonia, a todos los que tensan arco; acampad alrededor de ella, y que de ella no escape nadie. Pagadle segn su obra; conforme a todo lo que ella hizo, haced con ella, porque contra Jehov se ensoberbeci, contra el Santo de Israel.
Por eso, sus jvenes caern en sus plazas, y todos sus hombres de guerra sern destruidos en aquel da, dice Jehov.
"Nacin soberbia, yo estoy contra ti, dice el Seor, Jehov de los ejrcitos; porque tu da ha venido, el tiempo en que te castigar.
La nacin soberbia tropezar y caer, y no tendr quien la levante. Prender fuego en sus ciudades y quemar todos sus alrededores.
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Oprimidos fueron los hijos de Israel y los hijos de Jud juntamente; todos los que los tomaron cautivos los retuvieron y no los quisieron soltar.
El redentor de ellos es el Fuerte (Jehov de los ejrcitos es su nombre). De cierto defender la causa de ellos, para hacer que repose la tierra y que se turben los moradores de Babilonia.
"Espada contra los caldeos, dice Jehov, y contra los moradores de Babilonia, contra sus prncipes y contra sus sabios.
Espada contra los adivinos, y se entontecern; espada contra sus valientes, y sern quebrantados.
Espada contra sus caballos, contra sus carros y contra todo el pueblo que est en medio de ella, y sern como mujeres; espada contra sus tesoros, y sern saqueados.
Sequedad sobre sus aguas, y se secarn; porque es tierra de dolos, y se entontecen con sus dolos grotescos.
"Por tanto, all morarn fieras del desierto y chacales; morarn tambin en ella polluelos de avestruz; nunca ms ser poblada ni se habitar por generaciones y generaciones.
Como en la destruccin que Dios hizo de Sodoma, de Gomorra y de sus ciudades vecinas, dice Jehov, as nadie morar all, ningn ser humano habitar en ella.
"Viene un pueblo del norte, una gran nacin, y muchos reyes se levantarn de los extremos de la tierra.
Arco y lanza manejarn; sern crueles y no tendrn compasin. Su voz rugir como el mar, y montarn a caballo. Se prepararn contra ti como hombres a la pelea, hija de Babilonia!
Oy la noticia el rey de Babilonia y sus manos se debilitaron; angustia lo tom, dolor como el de una mujer de parto.
"Ciertamente yo, como len que sube de la espesura del Jordn al verde prado, muy pronto los har huir de ella, y pondr en ella al que yo escoja, porque quin es semejante a m? Quin me emplazar? Quin ser el pastor que pueda resistirme?
Por tanto, od el plan que Jehov ha acordado contra Babilonia, y las decisiones que ha tomado contra la tierra de los caldeos: Ciertamente, a los ms pequeos de su rebao los arrastrarn y los destruirn junto con sus pastizales.
Al grito de la conquista de Babilonia la tierra tembl, y el clamor se oy entre las naciones".
As ha dicho Jehov: "Yo levanto un viento destructor contra Babilonia y contra sus moradores que se levantan contra m.
Enviar a Babilonia aventadores que la avienten, y vaciarn su tierra; porque se pondrn contra ella de todas partes en el da del mal.
Ordenar al flechero que tensa su arco y al que se enorgullece de su coraza, que no perdonen a sus jvenes y que destruyan todo su ejrcito.
Caern muertos en la tierra de los caldeos y alanceados en sus calles.
Porque Israel y Jud no han enviudado de su Dios, Jehov de los ejrcitos, aunque su tierra fue llena de pecado contra el Santo de Israel.
"Huid de en medio de Babilonia! Poneos a salvo, para que no perezcis a causa de su maldad!, porque es el tiempo de la venganza de Jehov: l va a darle su merecido.
Una copa de oro que embriag a toda la tierra fue Babilonia en la mano de Jehov. De su vino bebieron los pueblos; se aturdieron las naciones.
De repente cay Babilonia y se hizo pedazos! Gemid por ella! Tomad blsamo para su dolor: quiz sane".
Curamos a Babilonia, pero no ha sanado. Dejadla ya, y vmonos cada uno a nuestra tierra, porque ha llegado hasta el cielo su juicio y se ha alzado hasta las nubes!
Jehov sac a luz nuestras justicias; venid y contemos en Sin la obra de Jehov, nuestro Dios.
Limpiad las flechas! Embrazad los escudos! Jehov ha despertado el espritu de los reyes de Media, porque contra Babilonia es su pensamiento, para destruirla. Porque la venganza es de Jehov, la venganza por su templo.
Levantad bandera sobre los muros de Babilonia, reforzad la guardia, poned centinelas, preparad emboscadas!, porque Jehov plane y va a poner por obra lo que ha dicho contra los moradores de Babilonia.
T, la que moras entre muchas aguas, rica en tesoros: ha llegado tu fin, la medida de tu codicia.
Jehov de los ejrcitos jur por s mismo, diciendo: "Yo te llenar de hombres como de langostas, y levantarn contra ti gritera de triunfo".
l es el que hizo la tierra con su poder, el que afirm el mundo con su sabidura y extendi los cielos con su inteligencia.
A su voz se producen tumultos de aguas en los cielos; l hace subir las nubes desde lo ltimo de la tierra. l trae la lluvia con los relmpagos y saca el viento de sus depsitos.
Todo hombre se ha vuelto necio, carece de conocimiento. Y todo artfice se avergenza de su escultura, porque mentira es su dolo, no tiene espritu.
Vanidad son y obra digna de burla, que en el tiempo del castigo perecern.
No es como ellos la porcin de Jacob, porque l (Jehov de los ejrcitos es su nombre) es el formador de todo, e Israel es el cetro de su herencia.
"Martillo sois para m, y armas de guerra: por medio de ti quebrantar naciones, y por medio de ti destruir reinos.
Por medio de ti quebrantar caballos con sus jinetes, y por medio de ti quebrantar carros con quienes los montan.
Asimismo por medio de ti quebrantar a hombres y a mujeres; por medio de ti quebrantar a viejos y a jvenes; por medio de ti quebrantar a muchachos y a muchachas.
Tambin por medio de ti quebrantar a pastores con sus rebaos; por medio de ti quebrantar a labradores con sus yuntas; y a jefes y a prncipes quebrantar por medio de ti.
"Yo pagar a Babilonia y a todos los moradores de Caldea todo el mal que ellos hicieron en Sin delante de vuestros ojos, dice Jehov.
Ciertamente yo, dice Jehov, estoy contra ti, monte destructor que destruiste toda la tierra. Extender mi mano contra ti, te har rodar de las peas y te reducir a un monte quemado.
Nadie tomar de ti piedra para esquina ni piedra para cimiento, porque sers una desolacin eterna, ha dicho Jehov.
"Alzad bandera en la tierra, tocad trompeta en las naciones! Preparad pueblos contra ella, juntad contra ella los reinos de Ararat, de Mini y de Askenaz! Nombrad contra ella un capitn, haced subir caballos como langostas erizadas!
Preparad contra ella naciones, los reyes de Media, sus capitanes, todos sus prncipes y todo territorio de su dominio!".
Tiembla la tierra y se aflige, porque son confirmados contra Babilonia los planes de Jehov para convertir la tierra de Babilonia en un desierto donde no quede morador alguno.
Los valientes de Babilonia dejaron de pelear, se encerraron en sus fortalezas; les faltaron las fuerzas, se volvieron como mujeres; incendiadas estn sus casas, rotos sus cerrojos.
Correo se encuentra con correo, mensajero se encuentra con mensajero para anunciar al rey de Babilonia que su ciudad es tomada por todas partes.
Los vados fueron tomados, los baluartes incendiados y se aterraron los hombres de guerra.
Porque as ha dicho Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel: "La hija de Babilonia es como una era en tiempo de trilla; y de aqu a poco le llegar el tiempo de la siega".
"Me devor, me desmenuz Nabucodonosor, rey de Babilonia. Me dej como un vaso vaco; me trag como un dragn, llen su vientre con lo mejor de m, y me expuls.
Caiga sobre Babilonia la violencia hecha contra m y contra mi carne!", dice la moradora de Sin. "Y caiga mi sangre sobre los moradores de Caldea", dice Jerusaln.
Por tanto, as ha dicho Jehov: "Yo juzgo tu causa y llevar a cabo tu venganza. Secar su mar y har que sus fuentes queden secas.
Y ser Babilonia un montn de ruinas, guarida de chacales, objeto de espanto y burla, sin morador alguno.
Todos a una rugirn como leones; como cachorros de leones gruirn.
En medio de su calor les preparar banquetes, y har que se embriaguen, para que se alegren y duerman un sueo eterno del que no despierten, dice Jehov.
Los har traer como corderos al matadero, como carneros y machos cabros".
Cmo fue apresada Babilonia! Cmo fue conquistada la que toda la tierra haba alabado! Cmo vino a ser Babilonia un objeto de espanto entre las naciones!
Subi el mar sobre Babilonia; por la multitud de sus olas qued cubierta.
Sus ciudades fueron asoladas; la tierra, un sequedal estril, ser tierra en la que nadie more ni pase por ella ningn ser humano.
"Juzgar a Bel en Babilonia y sacar de su boca lo que se ha tragado. Nunca ms vendrn naciones a l, y el muro de Babilonia caer.
Salid de en medio de ella, pueblo mo, y salvad vuestra vida del ardor de la ira de Jehov!
No desmaye vuestro corazn; no temis a causa del rumor que se oir en el pas. Un ao vendr el rumor, y nuevo rumor despus de otro ao. Habr violencia en el pas y contienda de un tirano contra otro.
Por tanto, he aqu vienen das en que yo destruir los dolos de Babilonia. Toda su tierra ser avergonzada; todos sus muertos caern en medio de ella.
Los cielos y la tierra y todo lo que hay en ellos cantarn de gozo contra Babilonia, porque del norte vendrn contra ella destructores, dice Jehov.
Por los muertos de Israel caer Babilonia, como por Babilonia cayeron los muertos de toda la tierra".
Los que escapasteis de la espada, id, no os detengis! Acordaos de Jehov durante mucho tiempo! Y acordaos de Jerusaln!
"Estamos avergonzados, porque omos la afrenta; la confusin cubri nuestros rostros, porque vinieron extranjeros contra los santuarios de la casa de Jehov".
Por tanto, Jehov dice: "Vienen das en que yo destruir sus dolos, y en toda su tierra gemirn los heridos.
Aunque suba Babilonia hasta el cielo y se fortifique en las alturas, de m vendrn contra ella destructores, dice Jehov".
yese el clamor de Babilonia y el gran quebrantamiento de la tierra de los caldeos!,
porque Jehov destruye a Babilonia y quita de ella el gran bullicio. Braman sus olas, y como el rugir de muchas aguas resuena la voz de ellos,
pues viene el destructor contra ella, contra Babilonia, y sus valientes sern apresados, y el arco de ellos ser quebrado. Porque Jehov, Dios de retribuciones, da la justa paga.
Yo embriagar a sus prncipes y a sus sabios, a sus jefes, a sus nobles y a sus guerreros. Dormirn el sueo eterno y no despertarn, dice el Rey, cuyo nombre es Jehov de los ejrcitos.
As dice Jehov de los ejrcitos: "El muro ancho de Babilonia ser derribado por completo y sus altas puertas sern incendiadas. En vano trabajaron los pueblos, y las naciones se cansaron solo para el fuego".
Palabra que envi el profeta Jeremas a Seraas hijo de Neras hijo de Maasas, cuando iba con Sedequas, rey de Jud, a Babilonia, en el cuarto ao de su reinado. Seraas diriga la marcha.
Escribi, pues, Jeremas en un libro todo el mal que haba de venir sobre Babilonia, todas las palabras que estn escritas contra Babilonia.
Y dijo Jeremas a Seraas: "Cuando llegues a Babilonia, procura con diligencia leer todas estas cosas.
Dirs: "Jehov, t has dicho de este lugar que lo vas a destruir hasta no quedar en l nadie que lo habite, ni hombre ni animal, y que para siempre ha de ser asolado".
Y cuando acabes de leer este libro, le atars una piedra y lo echars en medio del ufrates,
y dirs: "As se hundir Babilonia, y no se levantar del mal que yo traigo sobre ella. Caern rendidos!"". Hasta aqu son las palabras de Jeremas.
Era Sedequas de edad de veintin aos cuando comenz a reinar, y rein once aos en Jerusaln. Su madre se llamaba Hamutal, hija de Jeremas de Libna.
E hizo lo malo ante los ojos de Jehov, conforme a todo lo que hizo Joacim.
Y a causa de la ira de Jehov contra Jerusaln y Jud, lleg a echarlos de su presencia. Y Sedequas se rebel contra el rey de Babilonia.
Aconteci, pues, a los nueve aos de su reinado, en el mes dcimo, a los diez das del mes, que vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, l y todo su ejrcito, contra Jerusaln, y acamparon contra ella. Por todas partes levantaron terraplenes para atacarla.
Y permaneci sitiada la ciudad hasta el undcimo ao del rey Sedequas.
En el mes cuarto, a los nueve das del mes, cuando el hambre en la ciudad era ya tan grave que no haba pan para el pueblo,
se abri una brecha en el muro de la ciudad, y todos los hombres de guerra huyeron. Salieron de noche de la ciudad por el camino de la puerta entre los dos muros que haba cerca del jardn del rey, y se fueron por el camino del Arab mientras los caldeos mantenan su cerco a la ciudad.
Pero el ejrcito de los caldeos persigui al rey hasta la llanura de Jeric. All dieron alcance a Sedequas, a quien todo su ejrcito haba abandonado.
Entonces apresaron al rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, a Ribla, en tierra de Hamat, donde pronunci sentencia contra l.
Y degoll el rey de Babilonia a los hijos de Sedequas ante sus ojos; y tambin degoll en Ribla a todos los jefes de Jud.
A Sedequas, el rey de Babilonia le sac los ojos, lo at con grillos y lo hizo llevar a Babilonia, donde lo encarcel hasta el da de su muerte.
En el mes quinto, a los diez das del mes, que era el ao diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusaln Nabuzaradn, capitn de la guardia, que sola permanecer cerca del rey de Babilonia.
l quem la casa de Jehov, la casa del rey y todas las casas de Jerusaln. Destruy a fuego todo edificio grande.
Todo el ejrcito de los caldeos que vena con el capitn de la guardia destruy los muros en todo el contorno de Jerusaln.
E hizo deportar Nabuzaradn, capitn de la guardia, a los pobres del pueblo, a toda la otra gente del pueblo que haba quedado en la ciudad, a los desertores que se haban pasado al rey de Babilonia y a todo el resto de la multitud del pueblo.
Pero Nabuzaradn, capitn de la guardia, dej de los pobres del pas para que fueran viadores y labradores.
Los caldeos quebraron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehov, las basas y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehov, y llevaron todo el bronce a Babilonia.
Se llevaron tambin los calderos, las palas, las despabiladeras, los tazones, las cucharas y todos los utensilios de bronce usados en el culto,
los incensarios, tazones, copas, ollas, candelabros, escudillas y tazas; tanto lo de oro como lo de plata, se lo llev el capitn de la guardia.
En cuanto a las dos columnas, el mar y los doce bueyes de bronce que estaban debajo de las basas que haba hecho el rey Salomn en la casa de Jehov, el peso de todo este bronce result incalculable.
Respecto a las columnas, la altura de cada una de ellas era de dieciocho codos, y un cordn de doce codos la rodeaba. Su espesor era de cuatro dedos, y eran huecas.
El capitel de bronce que haba sobre la columna era de cinco codos de altura; y tena el capitel a su alrededor una red y granadas, todo de bronce. Y lo mismo era lo que tena la segunda columna con sus granadas.
Haba noventa y seis granadas en cada hilera; en total eran cien alrededor de la red.
Tom tambin el capitn de la guardia a Seraas, el principal sacerdote, a Sofonas, el segundo sacerdote, y a tres guardas del atrio.
Y de la ciudad tom a un oficial que era capitn de los hombres de guerra, a siete hombres de los consejeros ntimos del rey, que estaban en la ciudad, y al principal secretario de la milicia, que pasaba revista al pueblo del pas, para la guerra, y a sesenta hombres del pueblo que se hallaron dentro de la ciudad.
Los tom, pues, Nabuzaradn, capitn de la guardia, y los llev al rey de Babilonia, en Ribla.
El rey de Babilonia los hiri y los mat en Ribla, en tierra de Hamat. As fue deportada Jud de su tierra.
Este fue el pueblo que Nabucodonosor llev cautivo: En el ao sptimo, a tres mil veintitrs hombres de Jud.
En el ao dieciocho de Nabucodonosor, llev l cautivas de Jerusaln a ochocientas treinta y dos personas.
El ao veintitrs de Nabucodonosor, Nabuzaradn, capitn de la guardia, llev cautivos a setecientos cuarenta y cinco hombres de Jud. El total, pues, de las personas fue de cuatro mil seiscientas.
Sucedi que en el ao treinta y siete del cautiverio de Joaqun, rey de Jud, en el mes duodcimo, a los veinticinco das del mes, Evil-merodac, rey de Babilonia, en el ao primero de su reinado, levant la cabeza de Joaqun, rey de Jud, y lo sac de la crcel.
Habl con l amigablemente, e hizo poner su trono por encima de los tronos de los reyes que estaban con l en Babilonia.
Le hizo mudar tambin los vestidos de prisionero, y ya siempre comi pan en la mesa del rey, todos los das de su vida.
Cada da, durante todos los das de su vida y hasta el da de su muerte, recibi una racin de parte del rey de Babilonia.
Qu sola ha quedado la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como una viuda; la seora de provincias ha sido hecha tributaria.
Amargamente llora en la noche y las lgrimas corren por sus mejillas. Entre todos sus amantes no hay ninguno que la consuele; todos sus amigos le faltaron, se le volvieron enemigos.
Jud ha ido en cautiverio afligida y en dura servidumbre; ha habitado entre las naciones, sin hallar descanso; todos sus perseguidores la alcanzaron y pusieron en estrechuras.
Las calzadas de Sin estn de luto, porque no hay quien venga a las fiestas solemnes; todas sus puertas estn asoladas, sus sacerdotes gimen, sus vrgenes estn afligidas y ella est llena de amargura.
Sus enemigos fueron hechos prncipes, sus aborrecedores fueron prosperados, porque Jehov la afligi a causa de sus muchas rebeliones. Sus hijos fueron en cautividad delante del enemigo.
Desapareci toda la hermosura de la hija de Sin; sus prncipes, como ciervos que no hallan pasto, anduvieron sin fuerzas delante del perseguidor.
Jerusaln, cuando cay su pueblo en manos del enemigo y no hubo quien la ayudara, se acord de los das de su afliccin, de sus rebeliones, y de todas las cosas agradables que tuvo desde los tiempos antiguos. La miraron los enemigos y se burlaron de su cada.
Gravemente ha pecado Jerusaln, por lo cual ha sido movida de su lugar; cuantos la honraban la desprecian al ver su vergenza, y ella suspira y se vuelve atrs.
Su inmundicia est en sus faldas. No pens en su fin. Cay de manera sorprendente sin tener quien la consolara. Mira, Jehov, mi afliccin, porque el enemigo se ha engrandecido.
Extendi su mano el enemigo a todas sus cosas preciosas; ella ha visto entrar en su santuario a las gentes acerca de las cuales mandaste que no entraran en tu congregacin.
Todo su pueblo busc gimiendo su pan; por la comida, para seguir viviendo, dieron todas sus cosas preciosas, Mira, Jehov, y ve cun abatida estoy!
No os conmueve a cuantos pasis por el camino? Mirad y ved si hay dolor como el dolor que me ha venido; porque Jehov me ha angustiado en el da de su ardiente furor.
Desde lo alto envi un fuego que consume mis huesos, ha tendido una red a mis pies, me ha vuelto atrs, me dej desolada y con dolor todo el da.
l ha atado con su mano el yugo de mis rebeliones: ataduras ha echado sobre mi cuello y ha debilitado mis fuerzas. El Seor me ha entregado en manos contra las cuales no podr levantarme!
El Seor pisote a todos mis hombres fuertes en medio de m; llam a gente contra m, para destruir a mis jvenes; pisote el Seor, como en un lagar, a la virgen hija de Jud.
Por eso estoy llorando; por eso de mis ojos fluyen lgrimas, porque de m se ha alejado el que consuela y da reposo a mi alma. Mis hijos han sido destruidos, porque el enemigo prevaleci.
Sin extendi sus manos, mas no tiene quien la consuele; Jehov orden contra Jacob que sus vecinos fueran sus enemigos, y Jerusaln fue objeto de abominacin entre ellos.
Pero Jehov es justo, pues yo me haba rebelado contra su palabra. Od ahora, pueblos todos, ved mi dolor: mis vrgenes y mis jvenes fueron llevados en cautiverio.
LLam a voces a mis amantes, mas ellos me han engaado. Mis sacerdotes y mis ancianos perecieron en la ciudad, mientras buscaban comida para seguir viviendo.
Mira, Jehov, que estoy atribulada, que mis entraas hierven; mi corazn se trastorna dentro de m, porque me he rebelado en gran manera. Por fuera hace estragos la espada; por dentro se enseorea la muerte.
Me han odo gemir, mas no hay quien me consuele. Todos mis enemigos han sabido de mi mal y se alegran de lo que t hiciste; pero t hars venir el da que has anunciado, y sern como yo.
Venga ante ti toda su maldad, y haz con ellos como hiciste conmigo por todas mis rebeliones, porque muchos son mis suspiros y mi corazn est adolorido.
Cmo oscureci el Seor en su ira a la hija de Sin! Derrib del cielo a la tierra la hermosura de Israel; no se acord del estrado de sus pies en el da de su furor.
Destruy el Seor, no perdon; destruy en su furor todas las tiendas de Jacob, y derrib las fortalezas de Jud: humill al reino y a sus prncipes.
Cort con el ardor de su ira todo el podero de Israel, retir de l su diestra frente al enemigo y se encendi en Jacob como llama de fuego que devora alrededor.
Tens su arco como un enemigo, afirm su mano derecha como un adversario, y destruy cuanto era hermoso. En la tienda de la hija de Sin derram como fuego su enojo.
El Seor se volvi enemigo y destruy a Israel, destruy todos sus palacios, derrib sus fortalezas y multiplic en la hija de Jud la tristeza y el lamento.
Arras su tienda como una enramada de huerto y destruy el lugar en donde se congregaban. Jehov ha hecho olvidar en Sin las fiestas solemnes y los sbados, y en el ardor de su ira ha desechado al rey y al sacerdote.
El Seor desech su altar y menospreci su santuario; entreg los muros de sus palacios en manos de los enemigos, y ellos hicieron resonar su voz en la casa de Jehov como en da de fiesta.
Jehov determin destruir el muro de la hija de Sin, tendi el cordel y no retir su mano de la destruccin. Hizo, pues, que se lamentaran el antemuro y el muro; juntamente fueron desolados.
Sus puertas fueron derribadas; destruy y quebrant sus cerrojos. Su rey y sus prncipes estn entre gentes que no tienen la ley, y sus profetas no recibieron visin de Jehov.
Se sientan en tierra y callan los ancianos de la hija de Sin; echan polvo sobre sus cabezas y se cien ropas speras. Las vrgenes de Jerusaln bajan la cabeza hasta la tierra.
Mis ojos se deshacen en lgrimas, mis entraas se conmueven y mi hgado se derrama por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo; y los nios, aun los de pecho!, desfallecen entre tanto en las plazas de la ciudad.
Dicen a sus madres: "Dnde estn el pan y el vino?", mientras desfallecen como heridos en las calles de la ciudad y derraman el alma en el regazo de sus madres.
Qu testigo te traer? A quin te har semejante, hija de Jerusaln? A quin te comparar para consolarte, virgen hija de Sin? Grande como el mar es tu quebrantamiento, quin te sanar?
Tus profetas vieron para ti vanidad y locura, y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecas y seducciones.
Cuantos pasan por el camino baten palmas al verte, silban y mueven despectivamente la cabeza sobre la hija de Jerusaln, diciendo: "Es esta la ciudad que decan de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra?".
Todos tus enemigos abrieron la boca contra ti, se burlaron, rechinaron los dientes y dijeron: "Devormosla! Ciertamente este es el da que esperbamos: lo hemos hallado, lo hemos visto!".
Jehov ha hecho lo que tena determinado, ha cumplido su palabra, ordenada por l desde tiempo antiguo. Destruy y no perdon; hizo que el enemigo se alegrara sobre ti y exalt el poder de tus adversarios.
El corazn de ellos clamaba al Seor. Hija de Sin, que tus lgrimas corran da y noche como un arroyo! No descanses, ni reposen las nias de tus ojos!
Levntate, da voces en la noche al comenzar las vigilias! Derrama como agua tu corazn ante la presencia del Seor; alza a l tus manos implorando la vida de tus niitos, que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles.
Mira, Jehov, y considera a quin has tratado as. Habrn de comerse las mujeres el fruto de sus entraas, a los niitos que antes cuidaban tiernamente? Habrn de ser muertos en el santuario del Seor el sacerdote y el profeta?
Nios y viejos yacen por tierra en las calles; mis vrgenes y mis jvenes han cado a espada. Mataste en el da de tu furor. Degollaste y no perdonaste.
Como en da de solemnidad, de todas partes has convocado mis temores. En el da del furor de Jehov no hubo quien escapara ni quedara vivo. A los que yo cri y mantuve, mi enemigo los aniquil!
Yo soy el hombre que ha visto afliccin bajo el ltigo de su enojo.
l me ha guiado, me ha llevado por tinieblas y no por la luz;
ciertamente contra m vuelve sin cesar su mano todo el da.
l hizo envejecer mi carne y mi piel y quebrant mis huesos;
levant baluartes contra m y me rode de amargura y trabajo.
Me dej en oscuridad, como los que murieron hace ya mucho tiempo.
Me cerc por todos lados y no puedo salir; ha agravado mis cadenas.
Aunque clamo y doy voces, l cierra los odos a mi oracin.
l cerc mis caminos con piedra labrada, torci mis senderos.
Fue para m como un oso en acecho, como un len que se agazapa.
Torci mis caminos y me despedaz; me dej desolado.
Tens su arco y me puso por blanco de la saeta.
Ha clavado en mis entraas las saetas de su aljaba.
Soy el escarnio de todo mi pueblo, el objeto de su burla da tras da.
Me ha llenado de amargura, me ha embriagado de ajenjo.
Mis dientes quebr con guijarros y me cubri de ceniza.
Y mi alma se alej de la paz, me olvid del bien
y dije: "Perecieron mis fuerzas y mi esperanza en Jehov".
Acurdate de mi afliccin y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel.
An lo tengo en la memoria, porque mi alma est abatida dentro de m.
Pero esto considerar en mi corazn, y por esto esperar:
Que por la misericordia de Jehov no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias;
nuevas son cada maana. Grande es tu fidelidad!
"Mi porcin es Jehov; por tanto, en l esperar", dice mi alma.
Bueno es Jehov a los que en l esperan, al alma que lo busca.
Bueno es esperar en silencio la salvacin de Jehov.
Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud.
Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso;
ponga su boca en el polvo, por si an hay esperanza;
d la mejilla al que lo hiere y sea colmado de afrentas.
El Seor no rechaza para siempre;
antes bien, si aflige, tambin se compadece segn su gran misericordia,
pues no se complace en afligir o entristecer a los hijos de los hombres.
Desmenuzar bajo los pies a todos los encarcelados de la tierra,
torcer el derecho del hombre ante la presencia del Altsimo
o trastornar al hombre en un proceso, son cosas que el Seor no aprueba.
Quin puede decir que algo sucede sin que el Seor lo mande?
Acaso no proceden de la boca del Altsimo los bienes y los males?
Por qu se lamenta el hombre, si est vivo a pesar de su pecado?
Escudriemos nuestros caminos, busquemos y volvmonos a Jehov;
levantemos corazn y manos al Dios de los cielos.
Nosotros nos rebelamos y fuimos desleales, y t no perdonaste.
Desplegada tu ira, nos perseguiste; mataste, y no perdonaste;
te ocultaste en una nube para que no te llegara nuestra oracin;
nos convertiste en oprobio y abominacin en medio de los pueblos.
Todos nuestros enemigos abrieron su boca contra nosotros;
Temor y lazo vinieron sobre nosotros, asolamiento y quebranto.
Ros de lgrimas brotan de mis ojos por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.
Mis ojos destilan sin cesar, porque no habr alivio
hasta que Jehov mire y vea desde los cielos.
Mis ojos me han entristecido el alma a causa de todas las hijas de mi ciudad.
Mis enemigos, sin tener por qu, me han dado caza como a un ave;
me ataron vivo en una cisterna, y la cerraron con una piedra.
Las aguas cubrieron mi cabeza, y dije: "Muerto soy!".
Jehov, tu nombre invoqu desde la crcel profunda,
y oste mi voz. No escondas tu odo del clamor de mis suspiros!,
pues te acercaste el da que te invoqu y dijiste: "No temas".
Abogaste, Seor, la causa de mi alma, redimiste mi vida.
Jehov, t que has visto el agravio que me hacen, defiende mi causa!
T has visto toda su venganza, todos sus pensamientos contra m.
Has odo, Jehov, sus ultrajes, todas sus maquinaciones contra m,
los dichos de quienes contra m se levantaron, y su designio contra m todo el da.
Su sentarse y su levantarse mira, porque yo soy su cancin.
Dales el pago, Jehov, que merece la obra de sus manos!
Entrgalos al endurecimiento de corazn y caiga tu maldicin sobre ellos!
Persguelos, Jehov, en tu furor y quebrntalos debajo de los cielos!
Cmo se ha ennegrecido el oro! Cmo ha perdido el oro puro su brillo! Las piedras del santuario estn esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.
Los hijos de Sin, preciados y estimados ms que el oro puro, son ahora como vasijas de barro, obra de manos de alfarero!
Aun los chacales dan las ubres para amamantar a sus cachorros, pero la hija de mi pueblo es cruel como los avestruces del desierto.
De sed se le pega al nio de pecho la lengua al paladar; los pequeuelos piden pan, y no hay quien se lo d.
Los que coman delicados manjares desfallecen por las calles; los que se criaron entre prpura se abrazan a los estercoleros.
Porque ms fue la iniquidad de la hija de mi pueblo que el pecado de Sodoma, que fue destruida en un instante, sin manos que se alzaran contra ella.
Sus nobles eran ms puros que la nieve, ms blancos que la leche; ms encendidos sus cuerpos que el coral, ms hermoso su talle que el zafiro.
Oscuro ms que la negrura es ahora su aspecto: no se les reconoce por las calles; tienen la piel pegada a los huesos, seca como un palo.
Ms dichosos fueron los muertos a espada que los muertos por el hambre, porque estos murieron poco a poco por faltarles los frutos de la tierra.
Las manos de mujeres piadosas cocieron a sus hijos: Sus propios hijos les sirvieron de comida en el da del desastre de la hija de mi pueblo!
Cumpli Jehov su enojo, derram el ardor de su ira y encendi en Sin un fuego que consumi hasta sus cimientos.
Nunca los reyes de la tierra ni ninguno de los habitantes del mundo habran credo que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusaln.
Fue por causa de los pecados de sus profetas y las maldades de sus sacerdotes, que derramaron en medio de ella la sangre de los justos.
Titubeaban por las calles como ciegos, contaminados con la sangre, de modo que no pudieran tocar sus vestiduras.
"Apartaos! Un inmundo!", les gritaban: "Apartaos, apartaos, no toquis!". Huyeron, fueron dispersados. Entonces se dijo entre las naciones: "Nunca ms morarn aqu".
En su ira, Jehov los apart y no los mirar ms: No respetaron la presencia de los sacerdotes ni tuvieron compasin de los viejos.
Nuestros ojos desfallecen esperando en vano nuestro socorro; en nuestra esperanza aguardamos a una nacin que no puede salvar.
Espiaban nuestros pasos para que no anduviramos por las calles. Se acercaba nuestro fin: se haban cumplido nuestros das y el fin haba llegado.
Ms ligeros eran nuestros perseguidores que las guilas del cielo; sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscadas.
El aliento de nuestras vidas, el ungido de Jehov, de quien habamos dicho: "A su sombra tendremos vida entre las naciones", qued apresado en sus lazos.
Goza y algrate, hija de Edom, t que habitas en tierra de Uz!, porque tambin a ti te llegar esta copa y te embriagars y vomitars.
Ya est cumplido tu castigo, hija de Sin: Nunca ms har l que te lleven cautiva. Castigar l tu iniquidad, hija de Edom, y descubrir tus pecados.
Acurdate, Jehov, de lo que nos ha sucedido; mira, y ve nuestro oprobio.
Nuestra heredad ha pasado a extraos, nuestras casas a forasteros.
Hurfanos somos, sin padre; nuestras madres son como viudas.
Por dinero bebemos el agua; por la lea pagamos un precio.
Padecemos persecucin, caen sobre nosotros, nos fatigamos y no hay para nosotros reposo.
Al egipcio y al asirio extendimos la mano para saciarnos de pan.
Nuestros padres pecaron y han muerto, pero nosotros llevamos su castigo.
Los siervos dominan sobre nosotros, y nadie nos libra de sus manos.
Traemos nuestro pan haciendo peligrar nuestra vida ante la espada del desierto.
Nuestra piel se ha ennegrecido como un horno a causa del ardor del hambre.
Violaron a las mujeres en Sin, a las vrgenes en las ciudades de Jud.
A los prncipes colgaron de las manos; no respetaron el rostro de los viejos.
Llevaron a los jvenes a mover el molino, y los muchachos desfallecan bajo el peso de la lea.
Ya no se ven los ancianos en la puerta, y los jvenes han dejado sus canciones.
Ces el gozo de nuestro corazn, y nuestra danza se cambi en luto.
La corona ha cado de nuestra cabeza. Ay ahora de nosotros, porque hemos pecado!
Por esto tenemos entristecido el corazn y nos han entenebrecido nuestros ojos:
por el monte Sin, que est asolado y las zorras andan por l.
Mas t, Jehov, permanecers para siempre; tu trono, de generacin en generacin.
Por qu te olvidas completamente de nosotros y nos abandonas por tan largo tiempo?
Haznos volver a ti, Jehov, y nos volveremos; renueva nuestros das como al principio.
O acaso es que ya nos has desechado y ests airado del todo contra nosotros?
Aconteci en el ao treinta, en el mes cuarto, a los cinco das del mes, que estando yo en medio de los cautivos, junto al ro Quebar, los cielos se abrieron y vi visiones de Dios.
En el quinto ao de la deportacin del rey Joaqun, a los cinco das del mes,
vino palabra de Jehov al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al ro Quebar. Vino all sobre l la mano de Jehov.
Mir, y vi que vena del norte un viento huracanado y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de l un resplandor. En medio del fuego algo semejante al bronce refulgente;
y en medio de todo vi la figura de cuatro seres vivientes. Esta era su apariencia: haba en ellos un parecido a seres humanos.
Cada uno tena cuatro caras y cuatro alas.
Sus piernas eran rectas, y la planta de sus pies como pezuas de becerro que centelleaban a manera de bronce muy bruido.
Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenan manos humanas. Sus caras y sus alas estaban por los cuatro lados.
Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvan cuando andaban, sino que cada uno caminaba derecho hacia adelante.
El aspecto de sus caras era como una cara de hombre y una cara de len al lado derecho de los cuatro, y como una cara de buey a la izquierda de los cuatro. Adems los cuatro tenan una cara de guila.
As eran sus caras. Cada uno tena dos alas extendidas por encima, las cuales se tocaban entre s, y con las otras dos cubran sus cuerpos.
Cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia donde el espritu los llevaba, ellos iban, y no se volvan al andar.
En cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto era como de carbones de fuego encendidos. Parecan antorchas encendidas que se movan entre los seres vivientes. El fuego resplandeca, y de l salan relmpagos.
Los seres vivientes corran y regresaban a semejanza de relmpagos.
Mientras yo miraba los seres vivientes, he aqu una rueda sobre el suelo, junto a los seres vivientes, a los cuatro lados.
El aspecto de las ruedas y su estructura era semejante al color del crislito. Las cuatro tenan un mismo aspecto; su apariencia y su estructura eran como una rueda metida en otra.
Cuando andaban, se movan hacia sus cuatro costados; no se volvan al andar.
Sus llantas eran altas y espantosas, y llenas de ojos alrededor en las cuatro.
Cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se elevaban de la tierra, las ruedas se elevaban.
Hacia donde el espritu las llevaba, ellas iban; hacia donde las llevaba el espritu, las ruedas tambin se elevaban tras ellos, porque el espritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.
Cuando ellos andaban, andaban ellas, y cuando ellos se detenan, se detenan ellas. Asimismo, cuando se elevaban de la tierra, las ruedas se elevaban tras ellos, porque el espritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.
Sobre las cabezas de los seres vivientes haba como una bveda a manera de cristal maravilloso, extendido por encima de sus cabezas.
Y debajo de la bveda, las alas de ellos estaban derechas, extendindose la una hacia la otra. Cada uno tena dos alas que cubran su cuerpo.
O el sonido de sus alas cuando andaban. Era como el sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como el ruido de una muchedumbre, como el ruido de un ejrcito. Cuando se detenan, bajaban sus alas.
Y cuando se detenan y bajaban sus alas, se oa una voz de encima de la bveda que estaba sobre sus cabezas.
Sobre la bveda que estaba sobre sus cabezas se vea la figura de un trono que pareca de piedra de zafiro, y sobre la figura del trono haba una semejanza, como de un hombre sentado en l.
Y vi una apariencia como de bronce refulgente, como una apariencia de un fuego dentro de ella en derredor, desde la parte de sus caderas hacia arriba; y desde sus caderas hacia abajo, vi que pareca como fuego y que tena un resplandor alrededor.
Como el aspecto del arco iris que est en las nubes en da de lluvia, as era el aspecto del resplandor alrededor. Esta fue la visin de la semejanza de la gloria de Jehov. Cuando la vi, me postr sobre mi rostro, y o la voz de uno que hablaba.
Me dijo: "Hijo de hombre, ponte sobre tus pies y hablar contigo".
Despus de hablarme, entr el espritu en m y me afirm sobre mis pies, y o al que me hablaba.
Me dijo: "Hijo de hombre, yo te envo a los hijos de Israel, a una nacin de rebeldes que se rebelaron contra m; ellos y sus padres se han rebelado contra m hasta este mismo da.
Yo, pues, te envo a hijos de duro rostro y de empedernido corazn, y les dirs: "As ha dicho Jehov el Seor".
Acaso ellos escuchen; pero si no escuchan, porque son una casa rebelde, siempre sabrn que hubo un profeta entre ellos.
Pero t, hijo de hombre, no los temas ni tengas miedo de sus palabras. Aunque te hallas entre zarzas y espinos, y habitas con escorpiones, no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son una casa rebelde.
Les hablars, pues, mis palabras, ya sea que escuchen o que dejen de escuchar, porque son muy rebeldes.
Pero t, hijo de hombre, escucha lo que te digo; no seas rebelde, como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que te doy".
Mir, y vi una mano extendida hacia m, y en ella haba un libro enrollado.
Lo extendi delante de m, y estaba escrito por delante y por detrs; y haba escritos en l cantos fnebres, gemidos y ayes.
Me dijo: "Hijo de hombre, come lo que tienes ante ti; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel".
Abr mi boca y me hizo comer aquel rollo.
Me dijo: "Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entraas de este rollo que yo te doy". Lo com, y fue en mi boca dulce como la miel.
Luego me dijo: "Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel y hblales con mis palabras.
Porque no eres enviado a un pueblo de habla misteriosa ni de lengua difcil, sino a la casa de Israel;
no a muchos pueblos de habla misteriosa ni de lengua difcil, cuyas palabras no entiendas; pero si a ellos te enviara, ellos te escucharan.
Pero la casa de Israel no te querr oir, porque no me quiere oir a m; porque toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazn.
Yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes.
Como el diamante, ms fuerte que el pedernal he hecho tu frente; no los temas ni tengas miedo delante de ellos, porque son una casa rebelde".
Me dijo: "Hijo de hombre, toma en tu corazn todas mis palabras que yo te dir, y pon mucha atencin.
Luego ve y entra adonde estn los cautivos, los hijos de tu pueblo. Hblales y diles: "As ha dicho Jehov, el Seor", ya sea que escuchen o que dejen de escuchar".
El espritu me elev, y o detrs de m una voz de gran estruendo, que deca: "Bendita sea la gloria de Jehov desde su lugar!".
O tambin el ruido de las alas de los seres vivientes al juntarse la una con la otra, y el ruido de las ruedas delante de ellos, y el ruido de gran estruendo.
El espritu, pues, me elev y me llev. Yo fui, pero con amargura y lleno de indignacin, mientras la mano de Jehov era fuerte sobre m.
Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al ro Quebar, y me sent junto con ellos. All, durante siete das, permanec atnito entre ellos.
Aconteci que al cabo de los siete das vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirs, pues, mi palabra, y los amonestars de mi parte.
Cuando yo diga al impo: "De cierto morirs", si t no lo amonestas ni le hablas, para que el impo sea advertido de su mal camino a fin de que viva, el impo morir por su maldad, pero su sangre demandar de tu mano.
Pero si t amonestas al impo, y l no se convierte de su impiedad y de su mal camino, l morir por su maldad, pero t habrs librado tu vida.
Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, y yo pongo tropiezo delante de l, l morir, porque t no lo amonestaste; en su pecado morir, y sus justicias que haba hecho no sern tenidas en cuenta; pero su sangre demandar de tu mano.
Pero si amonestas al justo para que no peque, y no peca, de cierto vivir, porque fue amonestado; y t habrs librado tu vida".
Vino all la mano de Jehov sobre m, y me dijo: "Levntate y sal al campo, y all hablar contigo".
Me levant y sal al campo; y all estaba la gloria de Jehov, como la gloria que haba visto junto al ro Quebar; y me postr sobre mi rostro.
Entonces entr el espritu en m, me afirm sobre mis pies, me habl y me dijo: "Entra y encirrate dentro de tu casa.
En cuanto a ti, hijo de hombre, he aqu que pondrn cuerdas sobre ti, y con ellas te atarn y no podrs salir para estar entre ellos.
Har que se te pegue la lengua al paladar, y estars mudo, y no sers para ellos un hombre que reprende, porque son casa rebelde.
Pero cuando yo te haya hablado, abrir tu boca y les dirs: "As ha dicho Jehov, el Seor: El que escucha, que escuche; y el que no quiera escuchar, que no escuche, porque casa rebelde son".
"T, hijo de hombre, tmate un adobe, ponlo delante de ti y disea sobre l la ciudad de Jerusaln.
Y pondrs sitio contra ella, construirs contra ella fortaleza, sacars contra ella baluarte, montars delante de ella campamento, y contra ella, a su alrededor, colocars arietes.
Toma tambin una plancha de hierro y ponla en lugar de muro de hierro entre ti y la ciudad; afirmars luego tu rostro contra ella, y ser en lugar de cerco y la sitiars. Es una seal para la casa de Israel.
"T te acostars sobre tu lado izquierdo y pondrs sobre l la maldad de la casa de Israel. El nmero de los das que duermas sobre l, llevars sobre ti la maldad de ellos.
Yo te he dado los aos de su maldad por el nmero de los das: trescientos noventa das; y as llevars t la maldad de la casa de Israel.
Cumplidos estos, te acostars por segunda vez, ahora sobre tu lado derecho, y llevars la maldad de la casa de Jud cuarenta das; da por ao, da por ao te lo he dado.
Hacia el asedio de Jerusaln dirigirs tu rostro, y con tu brazo descubierto profetizars contra ella.
He puesto sobre ti ataduras, y no podrs darte vuelta de un lado a otro hasta que hayas cumplido los das de tu asedio.
"Toma para ti trigo, cebada, habas, lentejas, mijo y avena; ponlos en una vasija y hazte pan de ellos para el nmero de los das que te acuestes sobre tu lado: trescientos noventa das comers de l.
La comida que comers ser de peso de veinte siclos al da; de tiempo en tiempo la comers.
Y bebers el agua por medida, la sexta parte de un hin; de tiempo en tiempo la bebers.
Y comers pan de cebada cocido debajo de la ceniza. Lo cocers a vista de ellos en fuego de excremento humano".
Dijo Jehov: "As comern los hijos de Israel su pan inmundo, entre las naciones a donde yo los arrojar".
Yo dije: "Ah, Seor, Jehov!, mi alma no es impura, ni nunca desde mi juventud hasta este tiempo com cosa mortecina ni despedazada, ni nunca en mi boca entr carne inmunda".
Y me respondi: "He aqu te permito usar estircol de bueyes en lugar de excremento humano para cocer tu pan".
Me dijo luego: "Hijo de hombre, quebrantar el sustento del pan en Jerusaln; comern el pan por peso y con angustia, y bebern el agua por medida y con espanto,
para que, al faltarles el pan y el agua, se miren unos a otros con espanto y se consuman en su maldad.
"T, hijo de hombre, tmate un cuchillo agudo, una navaja de barbero, y hazla pasar sobre tu cabeza y tu barba; toma despus una balanza de pesar y divide los cabellos.
Una tercera parte quemars en el fuego en medio de la ciudad, cuando se cumplan los das del asedio; tomars otra tercera parte y la cortars con espada alrededor de la ciudad, y la otra tercera parte esparcirs al viento, y yo desenvainar espada en pos de ellos.
Tomars tambin de all unos cuantos y los atars en la falda de tu manto.
Tomars otra vez de ellos, los echars en medio del fuego y en el fuego los quemars; de all saldr el fuego a toda la casa de Israel".
As ha dicho Jehov, el Seor: "Esta es Jerusaln; la puse en medio de las naciones y de las tierras de su alrededor.
Pero ella cambi mis decretos y mis ordenanzas en impiedad ms que las naciones, y ms que las tierras de su alrededor; porque desecharon mis decretos y mis mandamientos, y no anduvieron en ellos".
Por tanto, as ha dicho Jehov: "Porque habis sido ms rebeldes que las naciones que estn alrededor de vosotros, porque no habis andado segn mis mandamientos ni habis guardado mis leyes, y ni siquiera habis andado segn las leyes de las naciones que estn alrededor de vosotros,
Jehov, el Seor, ha dicho: Yo estoy contra ti. S, yo, y har juicios en medio de ti ante los ojos de las naciones.
Har en ti lo que nunca hice ni jams volver a hacer, a causa de todas tus abominaciones.
Por eso los padres se comern a los hijos en medio de ti, y los hijos se comern a sus padres; har en ti juicios y esparcir a todos los vientos todo lo que quede de ti.
Por tanto, vivo yo, dice Jehov, el Seor, ciertamente por haber profanado mi santuario con todas tus abominaciones, te quebrantar yo tambin; mi ojo no perdonar ni tendr misericordia.
Una tercera parte de ti morir de peste y ser consumida de hambre en medio de ti; una tercera parte caer a espada alrededor de ti, y otra tercera parte esparcir a todos los vientos; y tras ellos desenvainar espada.
"Se consumar mi furor, saciar en ellos mi enojo y tomar satisfaccin. Entonces sabrn que yo, Jehov, he hablado en mi celo, cuando consuma en ellos mi enojo.
Te convertir en ruinas y en afrenta entre las naciones que estn alrededor de ti, a los ojos de todo transente.
Sers afrenta, escarnio, escarmiento y objeto de espanto para las naciones que estn alrededor de ti, cuando yo haga en ti juicios con furor e indignacin y con reprensiones llenas de ira. Yo, Jehov, he hablado.
Cuando arroje yo sobre ellos las perniciosas saetas del hambre, que sern para destruccin, las cuales enviar para destruiros, entonces aumentar el hambre sobre vosotros y quebrantar entre vosotros el sustento de pan.
Enviar, pues, sobre vosotros hambre y bestias feroces que te destruyan; peste y sangre pasarn por en medio de ti, y enviar sobre ti espada. Yo, Jehov, he hablado".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, pon tu rostro hacia los montes de Israel y profetiza contra ellos.
Dirs: "Montes de Israel, od palabra de Jehov, el Seor! As ha dicho Jehov, el Seor, a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles: He aqu que yo, yo mismo, har venir sobre vosotros espada y destruir vuestros lugares altos.
Vuestros altares sern asolados, vuestras imgenes del sol sern quebradas; har que vuestros muertos caigan delante de vuestros dolos.
Pondr los cuerpos muertos de los hijos de Israel delante de sus dolos, y vuestros huesos esparcir alrededor de vuestros altares.
Dondequiera que habitis, sern arruinadas las ciudades y los lugares altos sern asolados, para que queden asolados y desiertos vuestros altares. Vuestros dolos sern quebrados y aniquilados, vuestras imgenes del sol sern destruidas y vuestras obras sern deshechas.
Los muertos caern en medio de vosotros, y sabris que yo soy Jehov.
Pero dejar un resto, de modo que tengis entre las naciones algunos que escapen de la espada, cuando seis esparcidos por las tierras.
Los que de vosotros escapen, se acordarn de m entre las naciones en las cuales sern cautivos; porque yo me quebrant a causa de su corazn fornicario que se apart de m, y a causa de sus ojos que fornicaron tras sus dolos. Se avergonzarn de s mismos, a causa de los males que hicieron en todas sus abominaciones.
Y sabrn que yo soy Jehov; no en vano dije que les haba de hacer este mal"".
As ha dicho Jehov, el Seor: "Da palmadas con tus manos y golpea con tu pie, y di: "Ay, por todas las grandes abominaciones de la casa de Israel!, porque con espada, con hambre y con peste caern.
El que est lejos morir de peste, el que est cerca caer a espada, y el que quede y sea asediado morir de hambre". As consumar en ellos mi enojo.
Sabris que yo soy Jehov, cuando sus muertos estn en medio de sus dolos, alrededor de sus altares, sobre todo collado alto, en todas las cumbres de los montes, debajo de todo rbol frondoso y debajo de toda encina espesa, lugares donde ofrecieron incienso a todos sus dolos.
Extender mi mano contra ellos, y dondequiera que habiten dejar la tierra ms asolada y devastada que el desierto hacia Diblat; y conocern que yo soy Jehov".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"T, hijo de hombre, anuncia que as ha dicho Jehov, el Seor, a la tierra de Israel: ""El fin, el fin viene sobre los cuatro extremos de la tierra.
Ahora ser el fin sobre ti, pues enviar sobre ti mi furor y te juzgar segn tus caminos, y pondr sobre ti todas tus abominaciones.
Mi ojo no te perdonar ni tendr misericordia, antes pondr sobre ti tus caminos y en medio de ti estarn tus abominaciones; y sabris que yo soy Jehov".
"As ha dicho Jehov, el Seor: "Un mal, he aqu que viene un mal!
Viene el fin, el fin viene; se ha despertado contra ti; ciertamente que viene!
La maana viene para ti, morador de la tierra; el tiempo viene, cercano est el da: da de tumulto y no de alegra sobre los montes!
Ahora pronto derramar mi ira sobre ti y consumar en ti mi furor; te juzgar segn tus caminos y pondr sobre ti tus abominaciones.
Mi ojo no perdonar ni tendr misericordia. Segn tus caminos pondr sobre ti, y en medio de ti estarn tus abominaciones; y sabris que yo, Jehov, soy el que castiga.
"Ya viene el da, ciertamente viene! Ha llegado el momento; ha florecido la vara, ha reverdecido la soberbia.
La violencia se ha levantado como vara de maldad; no quedar ninguno de ellos ni de su multitud, ni uno de los suyos, ni habr entre ellos quien se lamente.
El tiempo ha venido, se acerc el da. No se alegre el que compra ni llore el que vende!, porque la ira est sobre toda la multitud;
porque el que vende no volver a lo vendido, aunque queden vivos; porque la visin sobre toda la multitud no se revocar, y a causa de su iniquidad ninguno podr conservar la vida.
"Tocarn trompeta y prepararn todas las cosas; pero no habr quien vaya a la batalla, porque mi ira est sobre toda la multitud.
Fuera, la espada; y dentro, la peste y el hambre. El que est en el campo morir a espada, y al que est en la ciudad lo consumir el hambre y la peste.
Los que sobrevivan huirn y estarn sobre los montes como palomas de los valles, todos gimiendo, cada uno por su iniquidad.
Toda mano se debilitar, y como el agua se debilitar toda rodilla.
Se ceirn tambin de ropa spera y los cubrir el terror; en todo rostro habr vergenza y todas sus cabezas estarn rapadas.
Arrojarn su plata a las calles y su oro ser desechado; ni su plata ni su oro podrn librarlos en el da del furor de Jehov; no saciarn su alma ni llenarn sus entraas, porque ha sido tropiezo para su maldad.
Por cuanto convirtieron la gloria de su ornamento en soberbia e hicieron con ello las imgenes de sus abominables dolos, por eso se lo convert en algo repugnante.
En manos de extraos la entregu para ser saqueada: ser presa de los impos de la tierra, y la profanarn.
Apartar de ellos mi rostro y ser violado mi lugar secreto, pues entrarn en l invasores y lo profanarn.
"Haz una cadena, porque el pas est lleno de delitos de sangre y la ciudad est llena de violencia.
Traer, por tanto, a los ms perversos de las naciones, los cuales poseern las casas de ellos. As har cesar la soberbia de los poderosos, y sus santuarios sern profanados.
La destruccin llega! Buscarn la paz, pero no habr paz.
Vendr quebranto sobre quebranto, y habr rumor sobre rumor. Buscarn respuesta del profeta, mas la Ley se alejar del sacerdote, y de los ancianos el consejo.
El rey se enlutar, el gobernante se vestir de tristeza y las manos del pueblo de la tierra temblarn. Segn su camino har con ellos, y con los juicios de ellos los juzgar. Y sabrn que yo soy Jehov".
En el sexto ao, en el mes sexto, a los cinco das del mes, aconteci que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos de Jud estaban sentados delante de m, y all se pos sobre m la mano de Jehov, el Seor.
Mir, y vi una figura con aspecto de hombre; desde sus caderas para abajo, fuego, y desde sus caderas para arriba pareca resplandor; el aspecto era como de bronce refulgente.
Aquella figura extendi la mano y me tom por las guedejas de mi cabeza; y el espritu me alz entre el cielo y la tierra y me llev en visiones de Dios a Jerusaln, a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el norte, donde estaba la habitacin de la imagen del celo, la que provoca a celos.
All estaba la gloria del Dios de Israel, como la visin que yo haba visto en el campo.
Me dijo: "Hijo de hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado del norte". Alc mis ojos hacia el norte, y vi al norte, junto a la puerta del altar, aquella imagen del celo en la entrada.
Me dijo entonces: "Hijo de hombre, no ves lo que estos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aqu para alejarme de mi santuario? Pero vulvete, y vers an mayores abominaciones".
Me llev a la entrada del atrio, y mir, y vi un agujero en la pared.
Me dijo: "Hijo de hombre, cava ahora en la pared". Yo cav en la pared, y he aqu una puerta.
Me dijo luego: "Entra, y ve las malvadas abominaciones que estos hacen all".
Entr, pues, y mir, y vi toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los dolos de la casa de Israel, que estaban pintados por toda la pared en derredor.
Y delante de ellos haba setenta hombres de entre los ancianos de la casa de Israel, y Jaazanas hijo de Safn, en medio de ellos, cada uno con su incensario en su mano; y suba una nube espesa de incienso.
Me dijo: "Hijo de hombre, has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cmaras pintadas de imgenes? Porque dicen ellos: "Jehov no nos ve. Jehov ha abandonado la tierra"".
Me dijo despus: "Vulvete, vers que estos hacen an mayores abominaciones".
Me llev a la entrada de la puerta de la casa de Jehov, que est al norte; y vi a unas mujeres que estaban all sentadas llorando a Tamuz.
Luego me dijo: "No ves, hijo de hombre? Vulvete, vers an mayores abominaciones que estas".
Me llev al atrio de adentro de la casa de Jehov, y vi que junto a la entrada del templo de Jehov, entre la entrada y el altar, haba unos veinticinco hombres, con sus espaldas vueltas al templo de Jehov y con sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrndose hacia el oriente.
Me dijo: "No has visto, hijo de hombre? Es cosa ligera para la casa de Jud cometer las abominaciones que cometen aqu? Despus que han llenado de maldad el pas, se volvieron a m para irritarme; y aplican el ramo a sus narices.
Pues tambin yo proceder con furor: mis ojos no mirarn con piedad, no tendr compasin. Gritarn a mis odos con gran voz, pero no los escuchar".
Entonces clam en mis odos con gran voz, diciendo: "Los verdugos de la ciudad han llegado y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir!".
Y seis hombres venan del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte y cada uno traa en su mano su instrumento para destruir. Entre ellos haba un varn vestido de lino, el cual traa a su cintura un tintero de escribano. Al entrar, se detuvieron junto al altar de bronce.
La gloria del Dios de Israel se elev de encima del querubn, sobre el cual haba estado, hacia el umbral de la casa. Y llam Jehov al hombre vestido de lino que tena a su cintura el tintero de escribano,
y le dijo Jehov: "Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusaln, y ponles una seal en la frente a los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella".
A los otros dijo, oyndolo yo: "Pasad por la ciudad en pos de l, y matad; no miren con piedad vuestros ojos, no tengis compasin.
Matad a viejos, a jvenes y a vrgenes, a nios y a mujeres, hasta que no quede ninguno. Pero a todo aquel sobre el cual est la seal, no os acercaris; y comenzaris por mi santuario". Comenzaron, pues, desde los hombres ancianos que estaban delante del Templo.
Les dijo: "Contaminad la casa, llenad los atrios de muertos y salid". Y salieron a matar en la ciudad.
Aconteci que cuando ellos iban matando y qued yo solo, me postr sobre mi rostro, y clam diciendo: "Ah, Seor Jehov!, destruirs a todo el resto de Israel derramando tu furor sobre Jerusaln?".
Me dijo: "La maldad de la casa de Israel y de Jud es sobremanera grande, pues la tierra est llena de sangre y la ciudad est llena de perversidad; porque han dicho: "Ha abandonado Jehov la tierra, y Jehov no ve".
As, pues, har yo: mis ojos no mirarn con piedad, no tendr compasin; har recaer la conducta de ellos sobre sus propias cabezas".
Y el hombre vestido de lino, que tena el tintero a su cintura, respondi una palabra, diciendo: "He hecho conforme a todo lo que me mandaste".
Mir, y vi que sobre la bveda que estaba sobre la cabeza de los querubines haba como una piedra de zafiro, que tena el aspecto de un trono que apareci sobre ellos.
Habl al hombre vestido de lino, y le dijo: "Entra en medio de las ruedas debajo de los querubines, llena tus manos de carbones encendidos de entre los querubines y esprcelos sobre la ciudad". Y entr a vista ma.
Los querubines estaban a la mano derecha de la casa cuando este hombre entr; y la nube llenaba el atrio de adentro.
Entonces la gloria de Jehov se elev de encima del querubn hacia el umbral de la puerta; la casa se llen de la nube y el atrio se llen del resplandor de la gloria de Jehov.
Y el estruendo de las alas de los querubines se oa hasta el atrio de afuera, como la voz del Dios omnipotente cuando habla.
Aconteci, pues, que al mandar al hombre vestido de lino, diciendo: "Toma fuego de entre las ruedas, de entre los querubines", l entr y se detuvo entre las ruedas.
Un querubn extendi su mano de en medio de los querubines al fuego que estaba entre ellos, y tom de l y lo puso en las manos del que estaba vestido de lino, el cual lo tom y sali.
Y apareci en los querubines la figura de una mano de hombre debajo de sus alas.
Mir, y vi cuatro ruedas junto a los querubines, junto a cada querubn una rueda; y el aspecto de las ruedas era como de crislito.
En cuanto a su apariencia, las cuatro eran de una misma estructura, como si estuviera una en medio de otra.
Cuando andaban, hacia los cuatro frentes andaban; no se volvan cuando andaban, sino que al lugar adonde se volva la primera, en pos de ella iban; no se volvan cuando andaban.
Todo su cuerpo, sus espaldas, sus manos, sus alas y las ruedas, todo estaba lleno de ojos alrededor de sus cuatro ruedas.
A las ruedas, oyndolo yo, se les gritaba: "Rueda!".
Cada uno tena cuatro caras: la primera era un rostro de querubn, y la segunda, de hombre; la tercera era una cara de len, y la cuarta una cara de guila.
Se elevaron los querubines; este es el ser viviente que vi en el ro Quebar.
Cuando andaban los querubines, andaban las ruedas junto con ellos; y cuando los querubines alzaban sus alas para elevarse de la tierra, las ruedas tampoco se separaban de ellos.
Cuando se detenan ellos, ellas se detenan, y cuando ellos se elevaban, se elevaban con ellos; porque el espritu de los seres vivientes estaba en ellas.
Entonces la gloria de Jehov se elev de sobre el umbral de la casa, y se puso sobre los querubines.
Y alzando los querubines sus alas, se elevaron de la tierra ante mis ojos. Cuando ellos salieron, tambin las ruedas se elevaron al lado de ellos, y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehov; y la gloria del Dios de Israel estaba por encima, sobre ellos.
Estos eran los mismos seres vivientes que vi debajo del Dios de Israel junto al ro Quebar, y me di cuenta de que eran querubines.
Cada uno tena cuatro caras y cada uno cuatro alas, y figuras de manos humanas debajo de sus alas.
La semejanza de sus rostros era la de los rostros que vi junto al ro Quebar, su misma apariencia y su ser; cada uno caminaba derecho hacia adelante.
El espritu me elev y me llev a la puerta oriental de la casa de Jehov, la cual mira hacia el oriente; y he aqu, a la entrada de la puerta, veinticinco hombres, entre los cuales vi a Jaazanas hijo de Azur, y a Pelatas hijo de Benaa, jefes del pueblo.
Me dijo: "Hijo de hombre, estos son los hombres que maquinan perversidad y dan en esta ciudad mal consejo.
Ellos dicen: "No ser tan pronto; edifiquemos casas; esta ser la olla, y nosotros la carne".
Por tanto, profetiza contra ellos, profetiza, hijo de hombre!".
Vino sobre m el espritu de Jehov y me dijo: "Di: "As ha dicho Jehov: As habis hablado, casa de Israel, y las cosas que suben a vuestro espritu yo las he entendido.
Habis multiplicado vuestros muertos en esta ciudad; habis llenado de muertos sus calles.
Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: Vuestros muertos que habis puesto en medio de ella, ellos son la carne y ella es la olla; pero yo os sacar a vosotros de en medio de ella.
A la espada habis temido, y la espada traer sobre vosotros, dice Jehov, el Seor.
Os sacar de en medio de ella, os entregar en manos de extraos y har juicios entre vosotros.
A espada caeris; en los lmites de Israel os juzgar, y sabris que yo soy Jehov.
La ciudad no os ser por olla ni vosotros seris la carne en medio de ella; en los lmites de Israel os juzgar.
Y sabris que yo soy Jehov; porque no habis andado en mis estatutos ni habis obedecido mis decretos, sino que habis hecho segn las costumbres de las naciones que os rodean"".
Y aconteci que mientras yo profetizaba, aquel Pelatas hijo de Benaa, muri. Entonces me postr rostro a tierra y clam a gran voz, y dije: "Ah, Seor, Jehov!, destruirs del todo al resto de Israel?"
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, tus hermanos, tus propios hermanos, los hombres de tu parentela y toda la casa de Israel, son aquellos a quienes dijeron los habitantes de Jerusaln: "Alejaos de Jehov; a nosotros es dada la tierra en posesin".
Por tanto, di: "As ha dicho Jehov, el Seor: Aunque los he arrojado lejos entre las naciones y los he esparcido por las tierras, con todo les ser por un pequeo santuario en las tierras adonde lleguen".
Di, por tanto: "As ha dicho Jehov, el Seor: Yo os recoger de los pueblos, os congregar de las tierras en las cuales estis esparcidos y os dar la tierra de Israel.
Volvern all, y quitarn de ella todas sus idolatras y todas sus abominaciones.
Y les dar otro corazn y pondr en ellos un nuevo espritu; quitar el corazn de piedra de en medio de su carne y les dar un corazn de carne,
para que anden en mis ordenanzas y guarden mis decretos y los cumplan, y sean mi pueblo y yo sea su Dios.
Pero a aquellos cuyo corazn anda tras el deseo de sus idolatras y de sus abominaciones, yo traigo su camino sobre sus propias cabezas, dice Jehov, el Seor"".
Despus alzaron los querubines sus alas, y las ruedas iban en pos de ellos y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos.
La gloria de Jehov se elev de en medio de la ciudad y se puso sobre el monte que est al oriente de la ciudad.
Luego me levant el espritu y me volvi a llevar en visin del espritu de Dios a la tierra de los caldeos, a donde estaban los cautivos. Y se fue de m la visin que haba visto.
Entonces refer a los cautivos todas las cosas que Jehov me haba mostrado.
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, t habitas en medio de una casa rebelde. Tienen ojos para ver, y no ven; tienen odos para oir, y no oyen, porque son una casa rebelde.
Por tanto t, hijo de hombre, preprate enseres de marcha, y parte de da a la vista de ellos. Te pasars de tu lugar a otro lugar a la vista de ellos, por si tal vez atienden, porque son una casa rebelde.
Sacars tus enseres de da a la vista de ellos, como enseres para el destierro; pero t saldrs por la tarde a la vista de ellos, como quien sale en cautiverio.
Ante sus propios ojos te abrirs paso a travs de la pared, y saldrs por ella.
Ante sus propios ojos los llevars sobre tus hombros, de noche los sacars; cubrirs tu rostro y no mirars el pas, porque por seal te he dado a la casa de Israel".
Yo hice como se me haba mandado; saqu mis enseres de da, como enseres para el destierro, y a la tarde me abr paso a travs de la pared con mi propia mano; sal de noche, y los llev sobre los hombros a la vista de ellos.
Por la maana vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, no te ha preguntado la casa de Israel, aquella casa rebelde: "Qu haces"?
Diles: "As ha dicho Jehov, el Seor: Esta profeca se refiere al gobernante en Jerusaln y a toda la casa de Israel que est en medio de ella".
Diles: "Yo soy vuestra seal. Como yo hice, as se har con vosotros: partiris al destierro, en cautividad.
Y al gobernante que est en medio de ellos, lo llevarn a cuestas de noche, y saldrn. A travs de la pared abrirn un paso para sacarlo por ella, y cubrir su rostro para no ver con sus ojos el pas.
Pero yo extender mi red sobre l y caer preso en mi trampa, y lo har llevar a Babilonia, a la tierra de los caldeos; pero no la ver, y all morir.
A todos los que estn alrededor de l para ayudarlo, y a todas sus tropas, esparcir a todos los vientos, y desenvainar la espada en pos de ellos.
Y sabrn que yo soy Jehov cuando los disperse entre las naciones y los esparza por la tierra.
Har que unos pocos de ellos escapen de la espada, del hambre y de la peste, para que cuenten todas sus abominaciones entre las naciones adonde lleguen. Y sabrn que yo soy Jehov"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, come tu pan con temblor y bebe tu agua con estremecimiento y con ansiedad.
Di al pueblo de la tierra que as ha dicho Jehov, el Seor, sobre los habitantes de Jerusaln y sobre la tierra de Israel: "Su pan comern con temor, y con espanto bebern su agua, porque su tierra ser despojada de su plenitud por la maldad de todos los que en ella habitan.
Las ciudades habitadas quedarn desiertas y la tierra ser asolada. Y sabris que yo soy Jehov"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, qu refrn es este que tenis vosotros en la tierra de Israel, que dice: "Se van prolongando los das y desaparecer toda visin"?
Diles, por tanto: "As ha dicho Jehov, el Seor: Har cesar este refrn y no lo repetirn ms en Israel". Diles, pues: "Se han acercado aquellos das y el cumplimiento de toda visin.
Porque no habr ms visin vana, ni habr adivinacin de lisonjeros en medio de la casa de Israel.
Porque yo, Jehov, hablar, y se cumplir la palabra que yo hable; no se tardar ms, sino que en vuestros das, casa rebelde, hablar palabra y la cumplir, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, ahora los de la casa de Israel dicen: "La visin que este ve es para dentro de muchos das; para lejanos tiempos profetiza este".
Diles, por tanto: "As ha dicho Jehov, el Seor: No se tardar ms ninguna de mis palabras, sino que la palabra que yo hable se cumplir, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel que profetizan, y di a los que profetizan de su propio corazn: "Od palabra de Jehov.
As ha dicho Jehov, el Seor: Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espritu y que nada han visto!
Como zorras en los desiertos han sido tus profetas, Israel.
No habis subido a las brechas, ni habis edificado un muro alrededor de la casa de Israel para que resista firme en la batalla en el da de Jehov.
Han visto vanidad y adivinacin mentirosa. Dicen: 'Ha dicho Jehov', pero Jehov no los envi. Con todo, esperan que confirme la palabra de ellos.
No habis visto visin vana y no habis dicho adivinacin mentirosa, puesto que decs: 'Dijo Jehov', no habiendo yo hablado?".
"Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: "Porque habis hablado vanidad y habis visto mentira, por eso, yo estoy contra vosotros, dice Jehov, el Seor.
Mi mano estar contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira; no estarn en el consejo de mi pueblo, ni sern inscritos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra de Israel volvern. Y sabris que yo soy Jehov, el Seor.
S, por cuanto han engaado a mi pueblo, diciendo: 'Paz', no habiendo paz; y porque cuando uno levantaba una pared, ellos la recubran con lodo suelto,
di a los recubridores que el lodo suelto se caer: vendr una lluvia torrencial y yo enviar piedras de granizo que la hagan caer, y un viento tempestuoso la romper.
Y he aqu que cuando la pared haya cado, no os preguntarn dnde est la mezcla con que la recubristeis?".
Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: "Har que la rompa un viento tempestuoso con mi ira, y una lluvia torrencial vendr con mi furor, y piedras de granizo con enojo para destruir.
As desbaratar la pared que vosotros recubristeis con lodo suelto y la echar a tierra, y ser descubierto su cimiento. Caer y seris consumidos en medio de ella, y sabris que yo soy Jehov.
Consumar as mi furor en la pared y en los que la recubrieron con lodo suelto, y os dir que no existe la pared ni los que la recubrieron:
los profetas de Israel que profetizan acerca de Jerusaln y que vieron para ella visin de paz, no habiendo paz, dice Jehov, el Seor".
"Y t, hijo de hombre, pon tu rostro contra las hijas de tu pueblo que profetizan de su propio corazn, y profetiza contra ellas.
Di: "As ha dicho Jehov, el Seor: Ay de aquellas que cosen vendas mgicas para todas las manos y hacen velos mgicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas! Habis de cazar las almas de mi pueblo para mantener as vuestra propia vida?
Y habis de profanarme en medio de mi pueblo por unos puados de cebada y unos pedazos de pan, matando a las personas que no deben morir y dando vida a las personas que no deben vivir, mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira?".
"Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: "Yo estoy contra vuestras vendas mgicas, con las que cazis las almas al vuelo. Yo las librar de vuestras manos, y soltar para que vuelen como aves las almas que cazis al vuelo.
Romper asimismo vuestros velos mgicos y librar a mi pueblo de vuestra mano, y no estarn ms como presa en vuestra mano. Y sabris que yo soy Jehov.
Por cuanto entristecisteis con mentiras el corazn del justo, al cual yo no entristec, y fortalecisteis las manos del impo para que no se apartara de su mal camino, infundindole nimo,
por eso, no veris ms visin vana ni practicaris ms la adivinacin. Yo librar a mi pueblo de vuestras manos. Y sabris que yo soy Jehov"".
Vinieron a m algunos de los ancianos de Israel y se sentaron delante de m.
Y vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus dolos en su corazn y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos?
Hblales, por tanto, y diles: "As ha dicho Jehov, el Seor: Cualquier hombre de la casa de Israel que haya puesto sus dolos en su corazn y que haya establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y que acuda al profeta, yo, Jehov, responder al que acuda conforme a la multitud de sus dolos,
para tomar a la casa de Israel por el corazn, ya que se han apartado de m todos ellos a causa de sus dolos".
"Por tanto, di a la casa de Israel: "As dice Jehov, el Seor: Convertos, volveos de vuestros dolos y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones.
Porque cualquier hombre de la casa de Israel y de los extranjeros que habitan en Israel, que se haya apartado de andar en pos de m, y que haya puesto sus dolos en su corazn y haya establecido delante de su rostro el tropiezo de su maldad, y que acuda al profeta para preguntarle por m, yo, Jehov, le responder por m mismo;
pondr mi rostro contra aquel hombre, lo pondr por seal y por escarmiento, y lo eliminar de en medio de mi pueblo. Y sabris que yo soy Jehov.
Y cuando el profeta sea engaado y hable alguna palabra, yo, Jehov, enga a tal profeta. Extender mi mano contra l y lo eliminar de en medio de mi pueblo Israel.
Y llevarn ambos el castigo de su maldad: como la maldad del que consulte, as ser la maldad del profeta,
para que la casa de Israel no se desve ms de en pos de m, ni se contamine ms en todas sus rebeliones; y sea mi pueblo y yo sea su Dios, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, cuando la tierra peque contra m rebelndose prfidamente, y extienda yo mi mano sobre ella, le corte el sustento de pan, enve sobre ella hambre y extermine de ella a hombres y bestias,
si estuvieran en medio de ella estos tres hombres: No, Daniel y Job, solo ellos, por su justicia, libraran sus propias vidas, dice Jehov, el Seor.
Y si yo hiciera pasar bestias feroces por la tierra y la asolaran, y quedara desolada de modo que nadie pase por all a causa de las fieras,
y si estos tres hombres estuvieran en medio de ella, vivo yo, dice Jehov, el Seor, que ni a sus hijos ni a sus hijas libraran; ellos solos seran librados, y la tierra quedara desolada.
O si yo trajera espada sobre la tierra, y dijera: "Espada, pasa por la tierra!", e hiciera exterminar de ella a hombres y bestias,
y si estos tres hombres estuvieran en medio de ella, vivo yo, dice Jehov, el Seor, que no libraran a sus hijos ni a sus hijas. Ellos solos seran librados.
O si enviara pestilencia sobre esa tierra y derramara mi ira sobre ella con sangre, para exterminar de ella a hombres y a bestias,
y estuvieran en medio de ella No, Daniel y Job, vivo yo, dice Jehov, el Seor, que no libraran a hijo ni a hija. Solamente ellos, por su justicia, libraran sus propias vidas.
"Por lo cual, as ha dicho Jehov, el Seor: "Cunto ms cuando yo enve contra Jerusaln mis cuatro juicios terribles: espada, hambre, fieras y peste, para exterminar de ellas a hombres y a bestias!
Sin embargo, he aqu quedar en ella un resto, hijos e hijas, que sern llevados fuera; he aqu que ellos vendrn a vosotros, veris su camino y sus hechos y seris consolados del mal que hice venir sobre Jerusaln, de todas las cosas que traje sobre ella.
Ellos os consolarn cuando veis su conducta y sus hechos, y comprenderis que no sin causa hice todo lo que he hecho en ella, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, qu es la madera de la vid ms que cualquier otra madera? Qu es el sarmiento entre los rboles del bosque?
Tomarn de ella madera para hacer alguna obra? Tomarn de ella una estaca para colgar algo en ella?
He aqu, es puesta en el fuego para ser consumida. Cuando sus dos extremos haya consumido el fuego y la parte de en medio se haya quemado, servir para obra alguna?
Si cuando estaba entera no serva para obra alguna, cunto menos despus que el fuego la haya consumido y que haya sido quemada? Servir ms para obra alguna?
"Por tanto, as dice Jehov, el Seor: "Como a la madera de la vid entre los rboles del bosque, la cual entregu al fuego para que la consumiera, as har a los moradores de Jerusaln.
Pondr mi rostro contra ellos; aunque del fuego se escaparon, fuego los consumir. Y sabris que yo soy Jehov, cuando ponga mi rostro contra ellos.
Y convertir la tierra en desolacin, por cuanto cometieron prevaricacin, dice Jehov, el Seor".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, da a conocer a Jerusaln sus abominaciones,
y dile: "As ha dicho Jehov el Seor sobre Jerusaln: Tu origen, tu nacimiento, es de la tierra de Canan; tu padre fue un amorreo y tu madre una hetea.
Y en cuanto a tu nacimiento, el da que naciste no fue cortado tu cordn umbilical, ni fuiste lavada con aguas para limpiarte ni frotada con sal, ni fuiste envuelta en paales.
No hubo ojo que se compadeciera de ti para hacerte algo de eso, sintiendo lstima por ti; sino que fuiste arrojada sobre la faz del campo, con menosprecio de tu vida, en el da que naciste.
"Yo pas junto a ti y te vi sucia en tus sangres. Y cuando estabas en tus sangres te dije: 'Vive!'. S, te dije, cuando estabas en tus sangres: 'Vive!'.
Te hice crecer como la hierba del campo; creciste, te hiciste grande y llegaste a ser muy hermosa. Tus pechos se haban formado y tu pelo haba crecido, pero estabas desnuda por completo!
"Pas otra vez junto a ti y te mir, y he aqu que tu tiempo era tiempo de amores. Entonces extend mi manto sobre ti y cubr tu desnudez; te hice juramento y entr en pacto contigo, dice Jehov, el Seor, y fuiste ma.
Te lav con agua, lav tus sangres de encima de ti y te ung con aceite.
Luego te puse un vestido bordado, te calc de tejn, te ce de lino y te cubr de seda.
Te atavi con adornos, puse brazaletes en tus brazos y un collar en tu cuello.
Puse joyas en tu nariz, zarcillos en tus orejas y una hermosa corona en tu cabeza.
As fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido bordado era de lino fino y seda. Comiste flor de harina de trigo, miel y aceite. Fuiste embellecida en extremo y prosperaste hasta llegar a reinar.
Tu fama se difundi entre las naciones a causa de tu belleza, que era perfecta por el esplendor que yo puse sobre ti, dice Jehov, el Seor.
"Pero confiaste en tu belleza, te prostituiste a causa de tu fama y derramaste tu lujuria sobre cuantos pasaban. Suya fuiste!
Tomaste de tus vestidos, te hiciste diversos lugares altos y fornicaste sobre ellos. Cosa semejante nunca haba sucedido ni volver a suceder!
Tomaste asimismo tus hermosas alhajas de oro y de plata, que yo te haba dado, te hiciste imgenes de hombre y fornicaste con ellas.
Tomaste tus vestidos de diversos colores y las cubriste, y mi aceite y mi incienso pusiste delante de ellas.
Mi pan tambin, que yo te haba dado, la flor de harina, el aceite y la miel, con lo que yo te mantuve, lo pusiste delante de ellas para olor agradable; y fue as, dice Jehov, el Seor.
Adems de esto, tomaste tus hijos y tus hijas que habas dado a luz para m, y los sacrificaste a ellas para que fueran consumidos. Eran poca cosa tus fornicaciones,
que degollaste tambin a mis hijos y los ofreciste a aquellas imgenes como ofrenda que el fuego consuma?
Y con todas tus abominaciones y tus fornicaciones no te has acordado de los das de tu juventud, cuando estabas desnuda por completo, cuando estabas envuelta en tu sangre.
"Y sucedi que despus de toda tu maldad (ay, ay de ti!, dice Jehov, el Seor),
te edificaste lugares altos y te hiciste altar en todas las plazas.
En cada cabecera de camino edificaste un lugar alto e hiciste abominable tu hermosura: te ofreciste a cuantos pasaban y multiplicaste tus fornicaciones.
Fornicaste con los hijos de Egipto, tus vecinos, robustos de cuerpo; y aumentaste tus fornicaciones para enojarme.
Por tanto, he aqu que yo extend contra ti mi mano y disminu tu provisin ordinaria. Te entregu a la voluntad de las hijas de los filisteos, que te aborrecen y se avergenzan de tu conducta indecente.
Fornicaste tambin con los asirios, por no haberte saciado; fornicaste con ellos y tampoco te saciaste.
Multiplicaste asimismo tu fornicacin en la tierra de Canan y de los caldeos, y tampoco con esto te saciaste.
"Cun inconstante es tu corazn, dice Jehov, el Seor, habiendo hecho todas estas cosas, obras de una prostituta desvergonzada,
edificando tus lugares altos en cada cabecera de camino y levantando tus altares en todas las plazas! Pero no fuiste semejante a una prostituta en que menospreciaste la paga.
Fuiste como la mujer adltera que en lugar de su marido recibe a extraos.
A todas las prostitutas les dan regalos; pero t diste tus regalos a todos tus amantes. Les diste presentes, para que de todas partes vinieran a ti en tus fornicaciones.
Y ha sucedido contigo, en tus fornicaciones, lo contrario de las dems mujeres: porque ninguno te ha solicitado para fornicar, y t das la paga, en lugar de recibirla; por eso has sido diferente.
"Por tanto, prostituta, oye palabra de Jehov.
As dice Jehov, el Seor: Por cuanto han sido descubiertas tus desnudeces en tus fornicaciones, y tu vergenza ha sido manifestada a tus amantes y a los dolos de tus abominaciones, y en la sangre de tus hijos, los cuales les diste,
por eso, yo reunir a todos tus amantes con los cuales tuviste placer, y a todos los que amaste, y tambin a todos los que aborreciste. Los reunir alrededor de ti, y delante de ellos descubrir tu desnudez, y ellos vern toda tu desnudez.
Yo te juzgar por las leyes de las adlteras y de las que derraman sangre, y traer sobre ti sangre de ira y de celos.
Te entregar en manos de ellos, y ellos destruirn tus lugares altos y derribarn tus altares. Te despojarn de tus ropas, se llevarn tus hermosas alhajas y te dejarn desnuda por completo.
Harn subir contra ti una muchedumbre de gente, que te apedrear y te atravesar con sus espadas.
Incendiarn tus casas, y harn en ti juicios en presencia de muchas mujeres. As har que dejes de ser una prostituta y que ceses de prodigar tus favores.
As saciar mi ira sobre ti, se apartar de ti mi celo y descansar para no volver a enojarme.
Por cuanto no te acordaste de los das de tu juventud y me provocaste a ira en todo esto, por eso, yo tambin traer tu conducta sobre tu propia cabeza, dice Jehov, el Seor; pues ni aun has pensado sobre toda tu lujuria.
"He aqu, todo el que usa de refranes te aplicar a ti el refrn que dice: 'Cual la madre, tal la hija'.
Hija eres t de tu madre, que desech a su marido y a sus hijos; y hermana eres de tus hermanas, que desecharon a sus maridos y a sus hijos; vuestra madre fue una hetea y vuestro padre un amorreo.
Tu hermana mayor es Samaria, ella y sus hijas, que habitan al norte de ti; y tu hermana menor es Sodoma con sus hijas, la cual habita al sur de ti.
Ni aun anduviste en sus caminos ni hiciste segn sus abominaciones; antes, como si esto fuera poco, y muy poco, te corrompiste ms que ellas en todos tus caminos.
Vivo yo, dice Jehov, el Seor, que tu hermana Sodoma y sus hijas no han hecho como hiciste t y tus hijas.
Esta fue la maldad de Sodoma, tu hermana: soberbia, pan de sobra y abundancia de ocio tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleci la mano del afligido y del necesitado.
Se llenaron de soberbia e hicieron abominacin delante de m, y cuando lo vi, las quit.
Sin embargo, Samaria no cometi ni la mitad de tus pecados; porque t multiplicaste tus abominaciones ms que ellas, y has justificado a tus hermanas con todas las abominaciones que hiciste.
T tambin, que juzgaste a tus hermanas, lleva tu vergenza en los pecados que cometiste, ms abominables que los de ellas. Ms justas son que t! Avergnzate, pues, t tambin, y carga con tu ignominia, por cuanto has justificado a tus hermanas.
"Yo, pues, har volver a sus cautivos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y har volver los cautivos de tus cautiverios entre ellas,
para que cargues con tu ignominia y te avergences de todo lo que has hecho, siendo t motivo de consuelo para ellas.
Tus hermanas: Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volvern a su primer estado. Tambin t y tus hijas volveris a vuestro primer estado.
Tu hermana Sodoma no era digna de mencin en tu boca en el tiempo de tus soberbias,
antes que tu maldad fuera descubierta. As tambin, ahora llevas t la afrenta de las hijas de Siria y de todas las hijas de los filisteos, las cuales por todos lados te desprecian.
Sufre t el castigo de tu lujuria y de tus abominaciones, dice Jehov.
"Pero an ms ha dicho Jehov, el Seor: Yo no har contigo como t hiciste, que menospreciaste el juramento para invalidar el pacto.
Antes bien, yo tendr memoria de mi pacto que concert contigo en los das de tu juventud, y establecer contigo un pacto eterno.
Te acordars de tu conducta, y te avergonzars cuando recibas a tus hermanas, las mayores que t y las menores que t, las cuales yo te dar por hijas, aunque no por tu pacto,
sino por mi pacto que confirmar contigo. Y sabrs que yo soy Jehov;
para que te acuerdes y te avergences, y nunca ms abras la boca, a causa de tu vergenza, cuando yo perdone todo lo que hiciste, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, propn una figura y narra una parbola a la casa de Israel.
Dirs: "As ha dicho Jehov, el Seor: "Una gran guila, de grandes alas y largos miembros, llena de plumas de diversos colores, vino al Lbano y tom el cogollo de un cedro.
Arranc el principal de sus renuevos, lo llev a tierra de mercaderes y lo puso en una ciudad de comerciantes.
Tom tambin de la simiente de la tierra y la puso en un campo bueno para sembrar. La plant junto a aguas abundantes, a manera de un sauce.
Brot, se hizo una vid de mucho ramaje y poca altura; sus ramas miraban al guila y sus races estaban debajo de ella. As que se convirti en una vid que hizo sarmientos y ech mugrones.
"Haba tambin otra gran guila, de grandes alas y espeso plumaje. Y he aqu, la vid llev hacia ella sus races y extendi hacia ella sus ramas, para ser regada por ella por los surcos de su planto.
En un buen campo, junto a muchas aguas, fue plantada, para que echara ramas y diera fruto, y para que fuera vid robusta".
"Diles: "As ha dicho Jehov, el Seor: Ser prosperada? No arrancar sus races, destruir su fruto y se secar? Todas sus hojas lozanas se secarn; y eso sin gran poder ni mucha gente para arrancarla de raz.
He aqu, est plantada: Ser prosperada? No se secar del todo cuando el viento del este la toque? En los mismos surcos de su verdor, se secar!"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Di ahora a la casa rebelde: "No habis entendido qu significan estas cosas?". Diles: "He aqu que el rey de Babilonia vino a Jerusaln, tom a tu rey y a sus jefes y los llev consigo a Babilonia.
Tom tambin a uno de la descendencia real, hizo pacto con l y le hizo prestar juramento. Y se llev consigo a los poderosos de la tierra,
para que el reino fuera abatido y no se levantara, a fin de que, guardando el pacto, permaneciera en pie.
Pero se rebel contra l, enviando embajadores a Egipto para que le diera caballos y mucha gente. Ser prosperado, escapar el que estas cosas hizo? El que rompi el pacto, podr escapar?
Vivo yo, dice Jehov, el Seor, que morir en medio de Babilonia, en el lugar donde habita el rey que lo hizo reinar, cuyo juramento menospreci y cuyo pacto, hecho con l, rompi.
Y ni con gran ejrcito ni con mucha compaa har el faran nada por l en la batalla, cuando se levanten terraplenes y se construyan torres para cortar muchas vidas.
Por cuanto menospreci el juramento y quebrant el pacto, cuando he aqu que haba dado su mano, y ha hecho todas estas cosas, no escapar.
Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: Vivo yo, que el juramento mo que menospreci y mi pacto que ha quebrantado, los har caer sobre su propia cabeza.
Extender sobre l mi red y quedar preso en mi trampa. Lo har venir a Babilonia, y all entrar en juicio con l por su infidelidad que contra m ha cometido.
Y todos sus fugitivos, con todas sus tropas, caern a espada, y los que queden sern esparcidos a todos los vientos. Y sabris que yo, Jehov, he hablado.
"As ha dicho Jehov, el Seor: "Tomar yo del cogollo de aquel alto cedro y lo plantar; del principal de sus renuevos cortar un tallo y lo plantar sobre un monte muy elevado.
En el monte alto de Israel lo plantar. Levantar sus ramas, dar fruto y se har un cedro magnfico. Habitarn debajo de l todas las aves de toda especie; a la sombra de sus ramas habitarn.
Y sabrn todos los rboles del campo que yo, Jehov, abat el rbol elevado y levant el rbol bajo, hice secar el rbol verde e hice reverdecer el rbol seco. Yo, Jehov, lo he dicho, y lo har"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Qu pensis vosotros, los que en la tierra de Israel usis este refrn, que dice: "Los padres comieron las uvas agrias, y a los hijos les dio dentera"?
"Vivo yo, dice Jehov, el Seor, que nunca ms tendris por qu usar este refrn en Israel.
He aqu que todas las almas son mas: como el alma del padre, as el alma del hijo es ma. El alma que peque esa morir.
"El hombre que es justo, que acta conforme al derecho y la justicia;
que no come sobre los montes ni alza sus ojos a los dolos de la casa de Israel; que no viola a la mujer de su prjimo ni se une a la mujer menstruosa;
que no oprime a nadie, sino que al deudor devuelve su prenda; que no comete robo alguno; que da su pan al hambriento y cubre con vestido al desnudo;
que no presta con inters o con usura; que retrae su mano de la maldad y practica verdaderamente la justicia entre unos y otros;
que camina en mis ordenanzas y guarda mis decretos a fin de actuar rectamente, este es justo y vivir, dice Jehov, el Seor.
"Pero si engendra un hijo ladrn y sanguinario que hace alguna cosa de estas,
y no hace las otras, sino que come sobre los montes, viola a la mujer de su prjimo,
oprime al pobre y necesitado, comete robos y no devuelve la prenda, alza sus ojos hacia los dolos y comete abominacin,
presta a inters y con usura, vivir este? No vivir! Todas esas abominaciones cometi y, de cierto, morir: su sangre caer sobre l.
"Pero si este engendra un hijo que ve todos los pecados que cometi su padre, pero que, aun vindolos, no los imita:
no come sobre los montes ni alza sus ojos a los dolos de la casa de Israel, a la mujer de su prjimo no viola,
no oprime a nadie, no retiene la prenda ni comete robos, da de su pan al hambriento y cubre con vestido al desnudo,
aparta su mano del pobre y no cobra inters o usura, guarda mis decretos y anda en mis ordenanzas, este no morir por la maldad de su padre: de cierto vivir.
Pero su padre, por cuanto hizo agravio, despoj violentamente al hermano e hizo en medio de su pueblo lo que no es bueno, he aqu que l morir por su maldad.
"Y si preguntis: "Por qu el hijo no llevar el pecado de su padre?". Pues porque el hijo actu conforme al derecho y la justicia, guard todos mis estatutos y los cumpli, de cierto vivir.
El alma que peque, esa morir. El hijo no llevar el pecado del padre ni el padre llevar el pecado del hijo; la justicia del justo recaer sobre l y la impiedad del impo recaer sobre l.
"Pero si el impo se aparta de todos sus pecados que cometi, y guarda todos mis estatutos y acta conforme al derecho y la justicia, de cierto vivir: no morir.
Ninguna de las transgresiones que cometi le ser recordada; por la justicia que practic, vivir.
Acaso quiero yo la muerte del impo? dice Jehov, el Seor. No vivir, si se aparta de sus malos caminos?
Pero si el justo se aparta de su justicia, y comete maldad y acta conforme a todas las abominaciones que el impo hizo, vivir l? Ninguna de las justicias que hizo le sern tenidas en cuenta! Por su infidelidad que cometi, por el pecado que cometi, por ello morir.
"Y si decs: "No es recto el camino del Seor", od ahora, casa de Israel: No es recto mi camino? No son vuestros caminos los torcidos?
Apartndose el justo de su justicia y cometiendo iniquidad, l morir por ello; por la iniquidad que hizo, morir.
Pero apartndose el impo de su impiedad que hizo y actuando conforme al derecho y la justicia, har vivir su alma.
Porque mir y se apart de todas sus transgresiones que haba cometido, de cierto vivir: no morir.
Si an dice la casa de Israel: "No es recto el camino del Seor"; no son rectos mis caminos, casa de Israel? Ciertamente, vuestros caminos no son rectos!
"Por tanto, casa de Israel, yo os juzgar a cada uno segn sus caminos, dice Jehov, el Seor. Convertos y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os ser la iniquidad causa de ruina.
Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habis pecado, y haceos un corazn nuevo y un espritu nuevo. Por qu moriris, casa de Israel?
Porque yo no quiero la muerte del que muere, dice Jehov, el Seor. Convertos, pues, y viviris!
"Levanta t esta lamentacin sobre los prncipes de Israel.
Dirs: ""Cmo se ech entre los leones tu madre, la leona! Entre los leoncillos cri sus cachorros.
Ella hizo subir uno de sus cachorros, que lleg a ser un leoncillo y aprendi a arrebatar la presa y a devorar a seres humanos.
Las naciones oyeron de l; fue tomado en la trampa de ellas, y lo llevaron con grillos a la tierra de Egipto.
Viendo ella que haba esperado demasiado tiempo y que se perda su esperanza, tom otro de sus cachorros y lo puso por leoncillo.
Y l andaba entre los leones; se hizo un leoncillo, aprendi a arrebatar la presa, devor seres humanos.
Saque fortalezas y asol ciudades. La tierra, con cuanto haba en ella, qued desolada al estruendo de sus rugidos.
Arremetieron contra l las gentes de las provincias de alrededor; extendieron sobre l su red y en el foso fue apresado.
Lo pusieron en una jaula y lo encadenaron: encadenado lo llevaron al rey de Babilonia. Lo pusieron en las fortalezas, para que su voz no se oyera ms sobre los montes de Israel.
"Tu madre fue como una vid plantada en medio de la via, junto a las aguas, que da fruto y echa vstagos a causa de las muchas aguas.
Y ella tuvo varas fuertes, para cetros de reyes; elev su estatura por encima del ramaje, y fue vista por causa de su altura y por la abundancia de sus sarmientos.
Pero fue arrancada con ira, derribada en tierra. El viento del este sec su fruto y sus fuertes ramas fueron quebradas y se secaron consumidas por el fuego.
Ahora est plantada en el desierto, en tierra de sequedad y de aridez.
Y de la vara de sus ramas ha salido fuego que ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte para cetro de reyes". "Una lamentacin es esta, y de lamentacin servir".
Aconteci en el ao sptimo, en el mes quinto, a los diez das del mes, que vinieron algunos de los ancianos de Israel a consultar a Jehov, y se sentaron delante de m.
Y vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel y diles: "As ha dicho Jehov, el Seor: A consultarme vens vosotros? Vivo yo, que no os responder, dice Jehov, el Seor".
Quieres t juzgarlos? Los quieres juzgar t, hijo de hombre? Hazles conocer las abominaciones de sus padres,
y diles: "As ha dicho Jehov, el Seor: El da que escog a Israel y que alc mi mano para jurar a la descendencia de la casa de Jacob, cuando me di a conocer a ellos en la tierra de Egipto, cuando alc mi mano y les jur, diciendo: Yo soy Jehov, vuestro Dios,
aquel da que les alc mi mano, jurando as que los sacara de la tierra de Egipto a la tierra que les haba provisto, la cual fluye leche y miel y es la ms hermosa de todas las tierras,
entonces les dije: Cada uno eche de s las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminis con los dolos de Egipto. Yo soy Jehov, vuestro Dios.
"Pero ellos se rebelaron contra m y no quisieron obedecerme; no ech de s cada uno las abominaciones de delante de sus ojos ni dejaron los dolos de Egipto. Entonces dije que derramara mi ira sobre ellos, para consumar mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto.
Con todo, a causa de mi nombre, para que no se profanara ante los ojos de las naciones en medio de las cuales estaban, ante cuyos ojos fui conocido, actu para sacarlos de la tierra de Egipto.
Los saqu de la tierra de Egipto y los traje al desierto.
Les di mis estatutos y les hice conocer mis decretos, por los cuales el hombre que los cumpla, vivir.
Y les di tambin mis sbados, para que fueran por seal entre yo y ellos, para que supieran que yo soy Jehov que los santifico.
Pero se rebel contra m la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis estatutos y desecharon mis decretos, por los cuales el hombre que los cumpla, vivir; y mis sbados profanaron en gran manera. Dije, por tanto, que derramara sobre ellos mi ira en el desierto para exterminarlos.
Pero actu a causa de mi nombre, para que no fuera profanado a la vista de las naciones ante cuyos ojos los haba sacado.
"Tambin yo les alc mi mano en el desierto, jurando que no los traera a la tierra que les haba dado, la cual fluye leche y miel y es la ms hermosa de todas las tierras;
porque desecharon mis decretos, no anduvieron en mis estatutos y profanaron mis sbados, porque tras sus dolos iba su corazn.
Con todo, los mir con piedad: no los mat ni los extermin en el desierto;
antes bien, dije en el desierto a sus hijos: 'No andis en los estatutos de vuestros padres ni guardis sus leyes ni os contaminis con sus dolos.
Yo soy Jehov, vuestro Dios: andad en mis estatutos, guardad mis preceptos y ponedlos por obra.
Santificad mis sbados, y sean por seal entre m y vosotros, para que sepis que yo soy Jehov, vuestro Dios'.
"Pero los hijos se rebelaron contra m; no anduvieron en mis estatutos ni guardaron mis decretos para ponerlos por obra, por los cuales el hombre que los cumpla, vivir; y profanaron mis sbados. Dije entonces que derramara mi ira sobre ellos, para consumar mi enojo en ellos en el desierto.
Sin embargo, retraje mi mano a causa de mi nombre, para que no fuera profanado a la vista de las naciones ante cuyos ojos los haba sacado.
Tambin les alc yo mi mano en el desierto, jurando que los esparcira entre las naciones y que los dispersara por las tierras,
porque no pusieron por obra mis decretos, sino que desecharon mis estatutos, profanaron mis sbados y tras los dolos de sus padres se les fueron los ojos.
Por eso yo tambin les di estatutos que no eran buenos y decretos por los cuales no podran vivir.
Y los contamin en sus ofrendas cuando hacan pasar por el fuego a todo primognito, para desolarlos y hacerles saber que yo soy Jehov".
"Por tanto, hijo de hombre, habla a la casa de Israel, y diles: "As ha dicho Jehov, el Seor: Aun en esto me afrentaron vuestros padres cuando cometieron infidelidad contra m.
Porque yo los traje a la tierra sobre la cual haba alzado mi mano jurando que haba de drsela, y miraron a todo collado alto y a todo rbol frondoso: all sacrificaron sus vctimas, all presentaron ofrendas que me irritan, all pusieron tambin su incienso agradable y all derramaron sus libaciones.
Yo les dije: Qu es ese lugar alto adonde vosotros vais? Y fue llamado su nombre 'Bama' hasta el da de hoy".
"Di, pues, a la casa de Israel: "As ha dicho Jehov, el Seor: No os contaminis vosotros a la manera de vuestros padres, y fornicis tras sus abominaciones?
Porque ofreciendo vuestras ofrendas, haciendo pasar vuestros hijos por el fuego, os habis contaminado con todos vuestros dolos hasta hoy, y habr de responderos yo, casa de Israel? Vivo yo, dice Jehov el Seor, que no os responder!
"Y no ha de suceder lo que habis pensado. Porque vosotros decs: 'Seamos como las naciones, como las dems familias de la tierra, que sirven al palo y a la piedra'.
"Vivo yo, dice Jehov el Seor, que con mano fuerte y brazo extendido, y en el ardor de mi ira, he de reinar sobre vosotros.
Os sacar de entre los pueblos y os reunir de las tierras en que estis esparcidos, con mano fuerte y brazo extendido, y en el ardor de mi ira;
os traer al desierto de los pueblos y all litigar con vosotros cara a cara.
Como litigu con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, as litigar con vosotros, dice Jehov, el Seor.
Os har pasar bajo la vara y os har entrar en los vnculos del pacto;
y apartar de entre vosotros a los rebeldes y a los que se rebelaron contra m; de la tierra de sus peregrinaciones los sacar, pero en la tierra de Israel no entrarn. Y sabris que yo soy Jehov.
"Y a vosotros, casa de Israel, as ha dicho Jehov, el Seor: Ande cada uno de vosotros tras sus dolos y srvalos, si es que a m no me obedecis; pero no profanis ms mi santo nombre con vuestras ofrendas y con vuestros dolos.
"Pero en mi santo monte, en el alto monte de Israel, dice Jehov, el Seor, all me servir toda la casa de Israel, toda ella en la tierra; all los aceptar, y all demandar vuestras ofrendas y las primicias de vuestros dones, con todas vuestras cosas consagradas.
Como incienso agradable os aceptar cuando os haya sacado de entre los pueblos y os haya congregado de entre las tierras en que estis esparcidos; y ser santificado en vosotros ante los ojos de las naciones.
Y sabris que yo soy Jehov, cuando os haya trado a la tierra de Israel, la tierra por la cual alc mi mano jurando que la dara a vuestros padres.
All os acordaris de vuestros caminos y de todos vuestros hechos con que os contaminasteis; y os aborreceris a vosotros mismos a causa de todos vuestros pecados que cometisteis.
Y sabris que yo soy Jehov, cuando, por amor de mi nombre, no haga con vosotros segn vuestros malos caminos ni segn vuestras perversas obras, casa de Israel, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia el sur, derrama tu palabra hacia la parte austral, profetiza contra el bosque del Neguev.
Y dirs al bosque del Neguev: "Oye la palabra de Jehov: As ha dicho Jehov, el Seor: He aqu que yo enciendo en ti un fuego que consumir en ti todo rbol verde y todo rbol seco. No se apagar la llama del fuego, y sern quemados en ella todos los rostros, desde el sur hasta el norte".
Y ver toda carne que yo, Jehov, lo encend, y no se apagar".
Y dije: "Ah, Seor Jehov! ellos dicen de m: "No profiere este parbolas?"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Jerusaln, derrama palabras sobre los santuarios y profetiza contra la tierra de Israel.
Dirs a la tierra de Israel: "As ha dicho Jehov: He aqu que yo estoy contra ti, y sacar mi espada de su vaina y cortar de ti al justo y al impo.
Y por cuanto he de cortar de ti al justo y al impo, por eso mi espada saldr de su vaina contra todo mortal, desde el sur hasta el norte.
Y sabr todo mortal que yo, Jehov, saqu mi espada de su vaina; no la envainar ms".
Y t, hijo de hombre, gime con quebranto de tus costados y con amargura; gime ante los ojos de ellos.
Y cuando te digan: "Por qu gimes?", dirs: "Por una noticia que cuando llegue har que desfallezca todo corazn, y toda mano se debilitar, se angustiar todo espritu y como agua se debilitar toda rodilla". He aqu que viene, y se cumplir, dice Jehov, el Seor".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, profetiza y di: "As ha dicho Jehov, el Seor: "La espada, la espada est afilada y bien pulida!
Para degollar vctimas est afilada; pulida est para que relumbre. Habremos de alegrarnos, cuando al cetro de mi hijo ha despreciado como a un palo cualquiera?
Y la dio a pulir para tenerla a mano; la espada est afilada, y est pulida para entregarla en manos del matador".
Clama y lamenta, hijo de hombre, porque esta ser sobre mi pueblo, ser ella sobre todos los gobernantes de Israel: caern ellos a espada juntamente con mi pueblo. Golpate, pues, el muslo!
Porque es una prueba; pero qu, si la espada desprecia aun al cetro? l no ser ms, " dice Jehov el Seor.
"T, pues, hijo de hombre, profetiza y bate una mano contra otra. Duplquese y triplquese el furor de la espada homicida: esta es la espada de la gran matanza, que los traspasar,
para que el corazn desmaye y los estragos se multipliquen; en todas las puertas de ellos he puesto espanto de espada. Ah! dispuesta est para que relumbre y preparada para degollar.
Corta a la derecha, hiere a la izquierda, adonde quiera que te vuelvas!
Y yo tambin batir mano contra mano, y har reposar mi ira. "Yo, Jehov, he hablado".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"T, hijo de hombre, traza dos caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia. De una misma tierra salgan ambos, y al comienzo de cada camino pon una seal que indique la ciudad adonde va.
El camino sealars por donde venga la espada a Rab, de los hijos de Amn, y a Jud, contra Jerusaln, la ciudad fortificada.
Porque el rey de Babilonia se ha detenido en una encrucijada, al principio de los dos caminos, para usar de adivinacin; ha sacudido las saetas, consult a sus dolos, mir un hgado.
La adivinacin seal a su mano derecha, sobre Jerusaln, para dar la orden de ataque, para dar comienzo a la matanza, para levantar la voz en grito de guerra, para poner arietes contra las puertas, para levantar terraplenes y construir torres de sitio.
Mas para ellos esto ser como adivinacin mentirosa, ya que les ha hecho solemnes juramentos; pero l trae a la memoria la maldad de ellos, para apresarlos.
"Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: "Por cuanto habis hecho recordar vuestras maldades, manifestando vuestras traiciones, descubriendo vuestros pecados en todas vuestras obras; por cuanto habis sido recordados, seris entregados en su mano.
Respecto a ti, profano e impo prncipe de Israel, cuyo da ya ha llegado, el tiempo de la consumacin de la maldad,
as ha dicho Jehov, el Seor: Depn el turbante, quita la corona! Esto no ser ms as! Sea exaltado lo bajo y humillado lo alto.
A ruina, a ruina, a ruina lo reducir, y esto no ser ms, hasta que venga aquel a quien corresponde el derecho, y yo se lo entregar!".
"Y t, hijo de hombre, profetiza, y di: "As ha dicho Jehov, el Seor, acerca de los hijos de Amn y de su oprobio". Dirs, pues: "La espada, la espada est desenvainada para degollar, para consumir est pulida con resplandor!
Te profetizan vanidad, te adivinan mentira, para que la emplees sobre los cuellos de los malos sentenciados a muerte, cuyo da vino en el tiempo de la consumacin de la maldad.
La volver a su vaina? En el lugar donde te criaste, en la tierra donde has vivido, te juzgar
y derramar sobre ti mi ira; el fuego de mi enojo har encender sobre ti y te entregar en mano de hombres temerarios, artfices de destruccin.
Sers pasto del fuego, se empapar la tierra con tu sangre; no habr ms memoria de ti, porque yo, Jehov, he hablado"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Y t, hijo de hombre, no juzgars t, no juzgars t a la ciudad sanguinaria y le mostrars todas sus abominaciones?
Le dirs, pues: "As ha dicho Jehov, el Seor: Ciudad que derrama sangre dentro de s misma para que venga su hora, y que hizo dolos contra s misma para contaminarse!
En tu sangre que derramaste has pecado y te has contaminado con tus dolos que hiciste; has hecho que tu da se acerque y has llegado al trmino de tus aos; por tanto, te he dado en oprobio a las naciones, en escarnio a todas las tierras.
Las que estn cerca de ti y las que estn lejos se reirn de ti, amancillada de nombre y de gran turbacin.
"He aqu que los gobernantes de Israel, cada uno segn su poder, se esfuerzan en derramar sangre.
Al padre y a la madre despreciaron en ti; al extranjero trataron con violencia en medio de ti, y en ti despojaron al hurfano y a la viuda.
Mis santuarios menospreciaste y mis sbados has profanado.
Calumniadores hubo en ti para derramar sangre; en ti comieron sobre los montes y en medio de ti hicieron perversidades.
La desnudez del padre descubrieron en ti, y en ti hicieron violencia a la que estaba impura por su menstruo.
Cada uno hizo abominacin con la mujer de su prjimo, cada uno contamin pervertidamente a su nuera y cada uno viol en ti a su hermana, la hija de su padre.
Precio recibieron en ti para derramar sangre; inters y usura tomaste, y a tus prjimos defraudaste con violencia. Te olvidaste de m!, dice Jehov, el Seor.
"Y bat mis manos a causa de la avaricia con que actuaste y a causa de la sangre que derramaste en medio de ti.
Estar firme tu corazn? Sern fuertes tus manos en los das en que yo proceda contra ti? Yo, Jehov, he hablado, y lo har.
Te dispersar por las naciones, te esparcir por los pases y eliminar de ti tu impureza.
Y por ti misma sers degradada a la vista de las naciones. Y sabrs que yo soy Jehov"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria. Todos ellos son bronce, estao, hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se han convertido.
Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: "Por cuanto todos vosotros os habis convertido en escorias, por eso, yo os reunir en medio de Jerusaln.
Como quien junta plata, bronce, hierro, plomo y estao en medio del horno, para encender fuego en l para fundirlos, as os juntar en mi furor y en mi ira. Os pondr all y os fundir.
Yo os juntar y soplar sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de l seris fundidos.
Como se funde la plata en medio del horno, as, en medio de l, seris fundidos. As sabris que yo, Jehov, habr derramado mi ira sobre vosotros"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, dile a ella: "T no eres tierra limpia ni rociada con lluvia en el da del furor.
Hay conjuracin de sus profetas en medio de ella, como de len rugiente que arrebata la presa. Devoraron vidas, tomaron haciendas y honra, multiplicaron sus viudas en medio de ella.
Sus sacerdotes violaron mi Ley y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio. De mis sbados apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos.
Sus jefes en medio de ella son como lobos que arrebatan la presa: derraman sangre para destruir las vidas, para obtener ganancias injustas.
Sus profetas recubran con lodo suelto, profetizando vanidad y predicindoles mentira, diciendo: 'As ha dicho Jehov, el Seor', y Jehov no haba hablado.
El pueblo de la tierra oprima y robaba; al afligido y necesitado haca violencia y al extranjero oprima contra derecho.
Busqu entre ellos un hombre que levantara una muralla y que se pusiera en la brecha delante de m, a favor de la tierra, para que yo no la destruyera; pero no lo hall.
Por tanto, derram sobre ellos mi ira. Con el ardor de mi ira los consum; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, hubo dos mujeres, hijas de una misma madre,
las cuales fornicaron en Egipto; en su juventud fornicaron. All fueron apretados sus pechos, all fueron acariciados sus pechos virginales.
La mayor se llamaba Ahola, y su hermana, Aholiba. Ambas fueron mas, y dieron a luz hijos e hijas. Y se llamaron: Samaria, Ahola; y Jerusaln, Aholiba.
"Y Ahola, aun pertenecindome, cometi fornicacin. Se enamor de sus amantes los asirios, vecinos suyos,
vestidos de prpura, gobernadores y capitanes, jvenes codiciables todos ellos, jinetes que iban a caballo.
Se prostituy con ellos, con todos los ms escogidos de los hijos de los asirios y con todos aquellos de quienes se enamor; se contamin con todos los dolos de ellos.
Y no dej sus fornicaciones de Egipto, pues muchos se acostaron con ella en su juventud. Ellos acariciaron sus pechos virginales y derramaron sobre ella su lujuria.
Por lo cual la entregu en manos de sus amantes, en manos de los hijos de los asirios, de quienes se haba enamorado.
Ellos descubrieron su desnudez, tomaron a sus hijos y a sus hijas, y a ella la mataron a espada. Y lleg a ser famosa entre las mujeres a causa del escarmiento que hicieron de ella.
"Esto lo vio su hermana Aholiba, y enloqueci de lujuria ms que ella: sus fornicaciones fueron peores que las fornicaciones de su hermana.
Se enamor de los hijos de los asirios sus vecinos, gobernadores y capitanes, vestidos de ropas y armas excelentes, jinetes que iban a caballo, todos ellos jvenes codiciables.
Y vi que se haba contaminado, que un mismo camino era el de ambas.
Y aument sus fornicaciones, pues cuando vio a hombres pintados en la pared, imgenes de caldeos pintadas de color,
ceidos por la cintura con talabartes y llevando turbantes de colores en la cabeza, todos ellos con apariencia de capitanes, a la manera de los hombres de Babilonia, de Caldea, tierra de su nacimiento,
se enamor de ellos a primera vista, y les envi mensajeros a la tierra de los caldeos.
As, pues, se unieron a ella los hombres de Babilonia en su lecho de amores, y la contaminaron. Y ella tambin se contamin con ellos, pero luego su alma se hasti de ellos.
As hizo evidentes sus fornicaciones y descubri sus desnudeces, por lo cual mi alma se hasti de ella, como se haba ya hastiado mi alma de su hermana.
Incluso multiplic sus fornicaciones recordando los das de su juventud, en los cuales haba fornicado en la tierra de Egipto.
Y se enamor de sus rufianes, cuya lujuria es como el ardor carnal de los asnos y cuyo flujo es como el flujo de los caballos.
As recordaste de nuevo la lujuria de tu juventud, cuando los egipcios acariciaron tus pechos, los pechos de tu juventud.
"Por tanto, Aholiba, as ha dicho Jehov, el Seor: "He aqu que yo suscitar contra ti a tus amantes, de los cuales se hasti tu alma, y los har venir contra ti de todos lados.
Los de Babilonia y todos los caldeos, los de Pecod, Soa y Coa, y todos los de Asiria con ellos; jvenes codiciables, gobernadores y capitanes, nobles y hombres notables, que montan a caballo todos ellos.
Y vendrn rodando contra ti carros y carretas, y una multitud de pueblos. Escudos, paveses y yelmos pondrn contra ti por todos los lados. Yo pondr en sus manos el juicio, y segn sus leyes te juzgarn.
Pondr mi celo contra ti, y procedern contigo con furor. Te arrancarn la nariz y las orejas, y lo que te quede caer a espada. Ellos tomarn a tus hijos y a tus hijas, y el resto de ti ser consumido por el fuego.
Te despojarn de tus vestidos y te arrebatarn todos los adornos de tu belleza.
Y har cesar de ti tu lujuria y tu fornicacin de la tierra de Egipto: no levantars ya ms hacia ellos tus ojos ni nunca ms te acordars de Egipto.
Porque as ha dicho Jehov, el Seor: Yo te entrego en manos de aquellos que aborreciste, en manos de aquellos de los cuales se hasti tu alma,
los cuales procedern contigo con odio y tomarn todo el fruto de tu labor; te dejarn desnuda por completo, y se descubrir la inmundicia de tus fornicaciones, tu lujuria y tu prostitucin.
Estas cosas se harn contigo porque fornicaste en pos de las naciones con las cuales te contaminaste en sus dolos.
En el camino de tu hermana anduviste; yo, pues, pondr su copa en tu mano.
"As ha dicho Jehov, el Seor: "Bebers la gran copa, honda y ancha, de tu hermana, que es de gran capacidad; de ti se mofarn las naciones y se reirn de ti.
Sers llena de embriaguez y de dolor por la copa de soledad y de desolacin, por la copa de tu hermana Samaria.
La bebers, pues, hasta agotarla; quebrars sus tiestos y te desgarrars los pechos, porque yo he hablado, dice Jehov, el Seor.
"Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: Por cuanto te has olvidado de m y me has echado a tus espaldas, por eso, lleva t tambin tu lujuria y tus fornicaciones"".
Y me dijo Jehov: "Hijo de hombre, no juzgars t a Ahola y a Aholiba, y les denunciars sus abominaciones?
Porque han adulterado y hay sangre en sus manos. Han fornicado con sus dolos, y aun a sus hijos que haban dado a luz para m, hicieron pasar por el fuego, quemndolos.
Aun me hicieron ms: contaminaron mi santuario en aquel da y profanaron mis sbados.
Pues habiendo sacrificado sus hijos a sus dolos, entraban en mi santuario el mismo da, para contaminarlo. Y esto lo hicieron en medio de mi Casa!
Adems, enviaron en busca de hombres que vinieran de lejos, a los cuales haba sido enviado un mensajero, y vinieron. Por amor de ellos te lavaste, te pintaste los ojos y te ataviaste con adornos;
te sentaste sobre un suntuoso estrado; fue preparada una mesa delante de l, y sobre ella pusiste mi incienso y mi aceite.
Y se oy all el bullicio de una multitud que se solazaba con ella; y con los hombres de la gente comn haba sabeos trados del desierto; y pusieron pulseras en sus manos y bellas coronas sobre sus cabezas.
"Y dije respecto de la envejecida en adulterios: "Todava cometern fornicaciones con ella, y ella con ellos?
Porque vienen a ella como quien viene a una prostituta. As vienen a Ahola y a Aholiba, mujeres depravadas".
Por tanto, hombres justos las juzgarn segn la ley de las adlteras y segn la ley de las que derraman sangre; porque son adlteras y hay sangre en sus manos.
"Por lo que as ha dicho Jehov, el Seor: "Yo har subir contra ellas tropas, las entregar a la turbacin y la rapia.
Las turbas las apedrearn y las atravesarn con sus espadas; matarn a sus hijos y a sus hijas, e incendiarn sus casas.
As har cesar la lujuria de la tierra; escarmentarn todas las mujeres, y no harn segn vuestras perversidades.
Y sobre vosotras pondrn vuestras perversidades y pagaris los pecados de vuestra idolatra. Y sabris que yo soy Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov en el ao noveno, en el mes dcimo, a los diez das del mes, diciendo:
"Hijo de hombre, escribe la fecha de este da, porque el rey de Babilonia ha puesto sitio a Jerusaln en este mismo da.
Y habla por medio de una parbola a la casa rebelde; diles: "As ha dicho Jehov, el Seor: Pon una olla, ponla y echa agua en ella;
junta sus piezas de carne en ella: todas buenas piezas, pierna y espalda, y llnala de huesos escogidos.
Toma una oveja escogida, y tambin enciende los huesos debajo de ella; haz que hierva mucho, y cuece tambin sus huesos dentro de ella.
"Pues as ha dicho Jehov, el Seor: Ay de la ciudad de sangres, de la olla herrumbrosa cuya herrumbre no ha sido quitada! Por sus piezas, por sus piezas scala, sin echar suertes sobre ella.
Porque su sangre est en medio de ella, derramada sobre la piedra desnuda; pues no la derram sobre la tierra para que fuera cubierta por el polvo.
Para hacer subir la ira, para ejecutar la venganza, yo pondr su sangre sobre la piedra desnuda, para que no sea cubierta.
Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor Ay de la ciudad de sangres! Pues tambin har yo una gran hoguera:
Amontonar la lea y encender el fuego para consumir la carne y hacer la salsa, y los huesos sern quemados;
pondr luego la olla vaca sobre sus brasas, para que se caldee, se queme su fondo, se funda en ella su suciedad y se consuma su herrumbre.
"En vano se cans, pues no sali de ella su mucha herrumbre, que solo con fuego ser quitada.
En tu inmunda lujuria padecers, porque yo trat de limpiarte, pero t no te limpiaste de tu impureza: nunca ms te limpiars, hasta que yo sacie mi ira sobre ti.
Yo, Jehov, he hablado: suceder, yo lo har. No me volver atrs ni tendr piedad ni me arrepentir; segn tus caminos y tus obras te juzgarn, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, he aqu que yo te quito de golpe la delicia de tus ojos; no hagas lamentacin ni llores ni corran tus lgrimas.
Reprime el suspirar, no hagas luto por los muertos, cete el turbante, ponte los zapatos en los pies y no te cubras con rebozo ni comas pan de enlutados".
Habl al pueblo por la maana, y a la tarde muri mi mujer; y a la maana hice como me fue mandado.
Me dijo el pueblo: -- No nos ensears qu significan para nosotros estas cosas que haces?
Yo les dije: -- La palabra de Jehov vino a m, diciendo:
"Di a la casa de Israel que as ha dicho Jehov, el Seor: He aqu yo profano mi santuario, la gloria de vuestro podero, la delicia de vuestros ojos y la pasin de vuestras almas. Vuestros hijos y vuestras hijas que dejasteis, caern a espada".
Y haris de la manera que yo hice: no os cubriris con rebozo ni comeris pan de gente en luto;
vuestros turbantes estarn sobre vuestras cabezas, y vuestros zapatos en vuestros pies; no haris lamentacin ni lloraris, sino que os consumiris a causa de vuestras maldades, y gemiris unos con otros.
"Ezequiel, pues, os ser por seal. Segn todas las cosas que l hizo, haris; y cuando esto ocurra, sabris que yo soy Jehov, el Seor".
"Y t, hijo de hombre, el da que yo arrebate a ellos su fortaleza, el gozo de su gloria, la delicia de sus ojos y el anhelo de sus almas, y tambin sus hijos y sus hijas,
ese da vendr a ti uno que haya escapado para traer las noticias.
Aquel da se abrir tu boca para hablar con el fugitivo; hablars, no permanecers mudo. T les sers por seal, y sabrn que yo soy Jehov".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia los hijos de Amn y profetiza contra ellos.
Dirs a los hijos de Amn: "Od la palabra de Jehov, el Seor, que dice as: Por cuanto dijiste: 'Ea, qu bien!', cuando mi santuario era profanado, la tierra de Israel era asolada y llevada en cautiverio la casa de Jud;
por eso yo te entrego por heredad a los orientales, pondrn en ti sus apriscos y plantarn en ti sus tiendas; ellos comern tus sementeras y bebern tu leche.
Pondr a Rab por pastizal de camellos y a los hijos de Amn por majada de ovejas. Y sabris que yo soy Jehov.
Porque as ha dicho Jehov, el Seor: Por cuanto aplaudiste, golpeaste con tu pie y te gozaste en el alma con todo tu menosprecio hacia la tierra de Israel,
por eso yo extender mi mano contra ti y te entregar a las naciones para ser saqueada; te eliminar de entre los pueblos y te destruir de entre los pases. Te exterminar, y sabrs que yo soy Jehov.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Por cuanto dijeron Moab y Seir: 'He aqu la casa de Jud es como todas las naciones';
por eso, he aqu yo abro el lado de Moab desde las ciudades, desde sus ciudades que estn en su confn, las tierras deseables de Bet-jesimot, Baal-men y Quiriataim,
a los hijos del oriente junto con los hijos de Amn; y la entregar por heredad, para que no haya ms memoria de los hijos de Amn entre las naciones.
Tambin en Moab ejecutar juicios, y sabrn que yo soy Jehov.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Por lo que hizo Edom, tomando venganza de la casa de Jud, pues delinquieron en extremo cuando se vengaron de ellos;
por eso, as ha dicho Jehov, el Seor: Yo tambin extender mi mano sobre Edom y eliminar de ella a hombres y a bestias, y la asolar; desde Temn hasta Dedn caern a espada.
Pondr mi venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, y harn en Edom segn mi enojo y conforme a mi ira; y conocern mi venganza, dice Jehov, el Seor.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Por lo que hicieron los filisteos por venganza, cuando se vengaron con despecho de nimo, destruyendo por antiguas enemistades;
por eso, as ha dicho Jehov: He aqu yo extiendo mi mano contra los filisteos, eliminar a los cereteos y destruir el resto que queda en la costa del mar.
Har en ellos grandes venganzas con reprensiones de ira; y sabrn que yo soy Jehov, cuando lleve a cabo mi venganza en ellos"".
Aconteci en el undcimo ao, en el da primero del mes, que vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, por cuanto dijo Tiro contra Jerusaln: ""Ea, qu bien! Quebrantada est la que era puerta de las naciones! Ha llegado mi turno: yo ser llena y ella quedar arruinada!".
"Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: "He aqu yo estoy contra ti, Tiro, y har subir contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus olas.
"Demolern los muros de Tiro y derribarn sus torres; barrer de ella hasta el polvo y la dejar como una roca desnuda.
Tendedero de redes ser en medio del mar, porque yo he hablado, dice Jehov, el Seor. Ser saqueada por las naciones;
sus hijas que estn en el campo sern muertas a espada. Y sabrn que yo soy Jehov.
"Porque as ha dicho Jehov, el Seor: Del norte traigo yo contra Tiro a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos, carros y jinetes, y con tropas y mucha gente.
"Matar a espada a tus hijas que estn en el campo, pondr contra ti torres de sitio, levantar terraplenes contra ti y contra ti afirmar el escudo.
Pondr contra ti arietes, contra tus muros, y tus torres destruir con hachas.
Por la multitud de sus caballos te cubrir el polvo de ellos; con el estruendo de su caballera, de las ruedas y de los carros, temblarn tus muros cuando entre por tus puertas como por las brechas de una ciudad destruida.
Con los cascos de sus caballos pisotear todas tus calles. A tu pueblo matar a filo de espada, y tus fuertes columnas caern a tierra.
Robarn tus riquezas y saquearn tus mercaderas; arruinarn tus muros, destruirn tus casas preciosas y arrojarn en medio del mar tus piedras, tu madera y tus escombros.
Har cesar el bullicio de tus canciones y no se oir ms el son de tus ctaras.
Har de ti una roca desnuda, un tendedero de redes; nunca ms sers edificada, porque yo, Jehov, he hablado, dice Jehov, el Seor.
"As ha dicho Jehov, el Seor, a Tiro: No se estremecern las costas al estruendo de tu cada, cuando griten los heridos, cuando ocurra la matanza en medio de ti?
Entonces todos los soberanos del mar descendern de sus tronos, se quitarn sus mantos y se despojarn de sus ropas bordadas. De espanto se vestirn, se sentarn sobre la tierra y temblarn a cada instante, y estarn atnitos respecto a ti.
Entonarn sobre ti lamentaciones, y te dirn: ""Cmo pereciste t, poblada por gente de mar, ciudad que era alabada, que era fuerte en el mar, ella y sus habitantes, que infundan terror a todos los que la rodeaban?".
Ahora se estremecern las islas en el da de tu cada; s, las islas que estn en el mar se espantarn a causa de tu fin.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Yo te convertir en una ciudad asolada, como las ciudades que no se habitan; har subir sobre ti el abismo, y las muchas aguas te cubrirn.
Te har descender con los que descienden a la fosa, con los pueblos de otros siglos, y te pondr en las profundidades de la tierra, como los desiertos antiguos, con los que descienden a la fosa, para que nunca ms seas poblada. Y dar gloria en la tierra de los vivientes.
Te convertir en un espanto, y dejars de ser; sers buscada, pero nunca ms sers hallada, dice Jehov, el Seor".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"T, hijo de hombre, entona una lamentacin sobre Tiro.
Dirs a Tiro, que est asentada a las orillas del mar, la que trafica con los pueblos de muchas costas: "As ha dicho Jehov, el Seor: "Tiro, t has dicho: 'Yo soy de perfecta hermosura'.
En el corazn de los mares estn tus confines; los que te edificaron perfeccionaron tu belleza.
De cipreses del monte Senir te fabricaron todo el maderamen; tomaron un cedro del Lbano para hacerte el mstil.
De encinas de Basn hicieron tus remos, y de las costas de Quitim tu cubierta de pino incrustada de marfil.
De lino fino bordado de Egipto era tu vela, para que te sirviera de estandarte; y de azul y prpura de las costas de Elisa era tu pabelln.
Los moradores de Sidn y de Arvad fueron tus remeros; tus sabios, Tiro, estaban en ti, ellos fueron tus pilotos.
Los ancianos de Gebal y sus hbiles artfices calafateaban tus junturas; todas las naves del mar y sus remeros acudieron a ti para negociar, para participar de tus negocios.
"Persas y los de Lud y Fut fueron en tu ejrcito tus hombres de guerra; escudos y yelmos colgaron en ti; ellos te dieron tu esplendor.
"Los hijos de Arvad con tu ejrcito estaban sobre tus muros y alrededor de ellos; y en tus torres haba gamadeos, que colgaban sus escudos alrededor de tus muros; ellos perfeccionaban tu belleza.
"Tarsis comerciaba contigo por la abundancia de todas tus riquezas, con plata, hierro, estao y plomo a cambio de tus mercaderas.
Javn, Tubal y Mesec comerciaban tambin contigo, con hombres y con utensilios de bronce a cambio de tus mercaderas.
Los de la casa de Togarma te daban caballos, corceles de guerra y mulos a cambio de tus mercancas.
Los hijos de Dedn traficaban contigo; muchas costas tomaban mercadera de tu mano; colmillos de marfil y bano te dieron en pago.
Por la abundancia de tus productos, Edom traficaba contigo con perlas, prpura, vestidos bordados, linos finos, corales y rubes a cambio de tus mercaderas.
Jud y la tierra de Israel comerciaban contigo con trigos de Minit y Panag, miel, aceite y resina, a cambio de tus mercancas.
Damasco comerciaba contigo por la gran abundancia de tus productos y de toda riqueza; con vino de Helbn y lana blanca negociaban.
Asimismo Dan y el errante Javn, a cambio de tus mercaderas te dieron mercancas de hierro labrado, mirra destilada y caa aromtica.
Dedn comerciaba contigo con paos preciosos para monturas.
Arabia y todos los gobernantes de Cedar traficaban contigo con corderos, carneros y machos cabros: con todo ello comerciaron contigo.
Los mercaderes de Sab y de Raama hicieron comercio contigo con lo principal de toda especiera y con toda piedra preciosa y oro, a cambio de tus mercaderas.
Harn, Cane, Edn y los mercaderes de Sab, de Asiria y de Quilmad, traficaban contigo.
Estos mercaderes tuyos negociaban contigo en varias cosas: mantos de azul y bordados, cajas de ropas preciosas enlazadas con cordones, y madera de cedro.
"Las naves de Tarsis eran como tus caravanas que transportaban tus mercancas. "Llegaste a ser opulenta, te multiplicaste en gran manera en medio de los mares.
En aguas profundas te anclaron tus remeros; el viento del este te quebrant en medio de los mares.
Tus riquezas, tus mercaderas, tu trfico, tus remeros, tus pilotos, tus calafateadores, los agentes de tus negocios, con todos los hombres de guerra que t tienes y con toda la tripulacin que se halla en medio de ti, caern en medio de los mares el da de tu cada.
Al estrpito de las voces de tus marineros temblarn las costas.
Descendern de sus naves todos los que empuan remo: los remeros y todos los pilotos del mar se quedarn en tierra.
Ellos harn oir su voz sobre ti. Gritarn amargamente, echarn polvo sobre sus cabezas y se revolcarn en ceniza.
Se raparn por ti los cabellos, se ceirn con ropa spera y entonarn por ti lamentaciones amargas, con amargura del alma.
Entre gemidos entonarn por ti lamentaciones; harn lamentacin por ti, diciendo: 'Quin como Tiro, como la destruida en medio del mar?'.
Cuando tus mercaderas salan de las naves, saciabas a muchos pueblos; a los reyes de la tierra enriqueciste con la gran abundancia de tus riquezas y mercancas.
En el tiempo en que seas quebrantada por el mar, en lo profundo de las aguas, tu comercio y toda tu tripulacin caern en medio de ti.
Todos los moradores de las costas estarn atnitos por tu causa, y sus reyes temblarn de espanto; se demudar su rostro.
Los mercaderes en los pueblos silbarn contra ti; vendrs a ser objeto de espanto, y para siempre dejars de ser"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, di al gobernante de Tiro: "As ha dicho Jehov, el Seor: Tu corazn se ensoberbeci, y dijiste: 'Yo soy un dios, y estoy sentado en el trono de dios, en medio de los mares'; pero t eres hombre, y no Dios, y has puesto tu corazn como el corazn de un dios.
Eres t acaso ms sabio que Daniel? Acaso no hay secreto que te sea oculto?
Con tu sabidura y prudencia has adquirido riquezas, has acumulado oro y plata en tus tesoros.
Con la grandeza de tu sabidura en tus tratos comerciales has multiplicado tus riquezas, y a causa de tus riquezas se ha ensoberbecido tu corazn.
"Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: Por cuanto pusiste tu corazn como el corazn de un dios,
por eso, he aqu yo traigo sobre ti extranjeros, los fuertes de las naciones, que desenvainarn sus espadas contra la hermosura de tu sabidura y mancharn tu esplendor.
Al sepulcro te harn descender, y morirs con la muerte de los que mueren en medio de los mares.
Hablars delante del que te mate, diciendo: 'Yo soy Dios'? T, en la mano de tu matador, eres un hombre y no un dios!
De muerte de incircuncisos morirs a manos de extranjeros; porque yo he hablado, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, entona lamentaciones sobre el rey de Tiro, y dile: "As ha dicho Jehov, el Seor: "T eras el sello de la perfeccin, lleno de sabidura, y de acabada hermosura.
En Edn, en el huerto de Dios, estuviste. De toda piedra preciosa era tu vestidura: de cornerina, topacio, jaspe, crislito, berilo y nice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro. Los primores de tus tamboriles y flautas fueron preparados para ti en el da de tu creacin!
T, querubn grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios. All estuviste, y en medio de las piedras de fuego te paseabas.
Perfecto eras en todos tus caminos desde el da en que fuiste creado hasta que se hall en ti maldad.
A causa de tu intenso trato comercial, te llenaste de iniquidad y pecaste, por lo cual yo te ech del monte de Dios y te arroj de entre las piedras del fuego, querubn protector.
Se enalteci tu corazn a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabidura a causa de tu esplendor; yo te arrojar por tierra, y delante de los reyes te pondr por espectculo.
Con tus muchas maldades y con la iniquidad de tus tratos comerciales profanaste tu santuario; yo, pues, saqu fuego de en medio de ti, el cual te consumi, y te puse en ceniza sobre la tierra ante los ojos de todos los que te miran.
Todos los que te conocieron de entre los pueblos se quedarn atnitos por causa tuya; sers objeto de espanto, y para siempre dejars de ser"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Sidn y profetiza contra ella.
Dirs: "As ha dicho Jehov, el Seor: "He aqu yo estoy contra ti, Sidn, y en medio de ti ser glorificado. Y sabrn que yo soy Jehov cuando ejecute en ella juicios y en ella me santifique.
Enviar a ella peste y sangre en sus calles, y caern muertos en medio de ella, con espada contra ella por todos lados. Y sabrn que yo soy Jehov.
"Nunca ms ser a la casa de Israel una espina desgarradora ni un aguijn que le cause dolor en medio de cuantos la rodean y la menosprecian. Y sabrn que yo soy Jehov.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Cuando recoja a la casa de Israel de los pueblos entre los cuales est esparcida, entonces me santificar en ellos ante los ojos de las naciones, y habitarn en su tierra, la cual di a mi siervo Jacob.
Habitarn en ella seguros; edificarn casas y plantarn vias. Vivirn confiadamente, cuando yo haga juicios en todos los que los despojan en sus alrededores. Y sabrn que yo soy Jehov, su Dios"".
En el ao dcimo, en el mes dcimo, a los doce das del mes, vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, vuelve tu rostro contra el faran, rey de Egipto, y profetiza contra l y contra todo Egipto.
Habla y di: "As ha dicho Jehov, el Seor: "Yo estoy contra ti, el faran, rey de Egipto, el gran dragn que yace en medio de sus ros, el cual dijo: 'Mo es el Nilo, pues yo lo hice'.
Yo, pues, pondr garfios en tus quijadas; pegar los peces de tus ros a tus escamas y te sacar de en medio de tus ros, y todos los peces de tus ros saldrn pegados a tus escamas.
Te dejar en el desierto, a ti y a todos los peces de tus ros; sobre la faz del campo caers y no sers recogido ni sers juntado. A las fieras de la tierra y a las aves del cielo te he dado por comida.
"Sabrn todos los moradores de Egipto que yo soy Jehov. Por cuanto fuiste un bculo de caa para la casa de Israel.
Cuando te tomaron con la mano, te quebraste, y les rompiste por entero el hombro; y cuando se apoyaron en ti, te quebraste y les rompiste por entero las caderas.
"Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: Yo traigo contra ti espada, y exterminar de ti a hombres y a bestias,
y la tierra de Egipto quedar asolada y desierta. Y sabrn que yo soy Jehov, por cuanto l dijo: 'El Nilo es mo, yo lo hice'.
Por tanto, he aqu yo estoy contra ti y contra tus ros. Convertir la tierra de Egipto en desolacin, en la soledad del desierto, desde Migdol hasta Sevene, hasta el lmite de Etiopa.
No pasar por ella pie humano, ni pie de animal pasar por ella, ni ser habitada durante cuarenta aos.
Convertir la tierra de Egipto en la ms desolada de todas las tierras, y sus ciudades, entre las ciudades destruidas, sern una desolacin durante cuarenta aos. Esparcir a Egipto entre las naciones y lo dispersar por los pases.
"Porque as ha dicho Jehov, el Seor: Al cabo de cuarenta aos recoger a Egipto de entre los pueblos entre los cuales hubieran sido esparcidos;
volver a traer los cautivos de Egipto y los llevar a la tierra de Patros, a la tierra de su origen; y all sern un reino despreciable.
En comparacin con los otros reinos ser el ms humilde: nunca ms se elevar sobre las naciones, porque yo los rebajar para que no vuelvan a tener dominio sobre las naciones.
Y no ser ya ms para la casa de Israel apoyo de confianza, que les haga recordar el pecado de mirar en pos de ellos. Y sabrn que yo soy Jehov, el Seor"".
Aconteci en el ao veintisiete, en el mes primero, el da primero del mes, que vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, hizo a su ejrcito prestar un arduo servicio contra Tiro. Toda cabeza ha quedado rapada y toda espalda desollada; y ni l ni su ejrcito recibieron paga de Tiro por el servicio que prest contra ella.
Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: "He aqu que yo doy a Nabucodonosor, rey de Babilonia, la tierra de Egipto; l tomar sus riquezas, recoger sus despojos y arrebatar el botn, y as habr paga para su ejrcito.
Por su trabajo con que sirvi contra ella le he dado la tierra de Egipto; porque trabajaron para m", dice Jehov, el Seor.
"En aquel tiempo har retoar el poder de la casa de Israel y abrir tu boca en medio de ellos. Y sabrn que yo soy Jehov".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, profetiza y di: "As ha dicho Jehov, el Seor: "Lamentad, diciendo: 'Ay de aquel da!'.
Porque cerca est el da, cerca est el da de Jehov; da de nublado, da de castigo de las naciones ser.
Vendr espada a Egipto y habr miedo en Etiopa cuando caigan heridos en Egipto. Tomarn sus riquezas y sern destruidos sus fundamentos.
Etiopa, Fut, Lud, toda Arabia, Libia y los hijos de los pases aliados caern con ellos a filo de espada.
As ha dicho Jehov: Tambin caern los que sostienen a Egipto, y la altivez de su podero caer; desde Migdol hasta Sevene caern en l a filo de espada", dice Jehov, el Seor.
Ser la ms desolada de todas las tierras, y sus ciudades estarn entre las ciudades destruidas.
Y sabrn que yo soy Jehov, cuando ponga fuego a Egipto y sean quebrantados todos sus ayudadores.
"En aquel tiempo saldrn mensajeros de parte ma en naves, para espantar a Etiopa la confiada, y tendrn espanto como en el da de Egipto; porque he aqu que viene.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Destruir las riquezas de Egipto por mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
l, y con l su pueblo, los ms fuertes de las naciones, sern trados para destruir el pas. Desenvainarn sus espadas sobre Egipto y llenarn de muertos la tierra.
Secar los ros y entregar el pas en manos de malos, y a manos de extranjeros destruir la tierra y cuanto en ella hay. Yo, Jehov, he hablado.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Destruir tambin las imgenes y destruir los dolos de Menfis; y no volver a haber un soberano de la tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto pondr temor.
Asolar a Patros, pondr fuego a Zon y ejecutar juicios en Tebas.
"Derramar mi ira sobre Sin, fortaleza de Egipto, y exterminar a la multitud de Tebas.
Pondr fuego a Egipto: Sin tendr gran dolor, Tebas ser destrozada y Menfis tendr continuas angustias.
Los jvenes de Avn y de Pibeset caern a filo de espada, y las mujeres irn en cautiverio.
En Tafnes se oscurecer el da, cuando quebrante yo all el poder de Egipto y cese en ella la soberbia de su podero; tiniebla la cubrir, y los habitantes de sus aldeas irn en cautiverio.
Ejecutar, pues, juicios en Egipto y sabrn que yo soy Jehov".
Aconteci en el ao undcimo, en el mes primero, a los siete das del mes, que vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, he quebrado el brazo del faran, rey de Egipto; y he aqu que no ha sido vendado ponindole medicinas, ni ponindole un vendaje para ligarlo, a fin de fortalecerlo para que pueda sostener la espada.
Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: Al faran, rey de Egipto, me enfrentar y quebrar sus brazos, el fuerte y el fracturado, y har que la espada se le caiga de la mano.
Esparcir a los egipcios entre las naciones y los dispersar por los pases.
Fortalecer los brazos del rey de Babilonia, y pondr mi espada en su mano; pero quebrar los brazos del faran, y delante de aqul gemir con gemidos de herido de muerte.
Fortalecer, pues, los brazos del rey de Babilonia, y los brazos del faran caern; y sabrn que yo soy Jehov, cuando yo ponga mi espada en la mano del rey de Babilonia y l la extienda contra la tierra de Egipto.
Esparcir a los egipcios entre las naciones y los dispersar por los pases. Y sabrn que yo soy Jehov".
Aconteci en el ao undcimo, en el mes tercero, el da primero del mes, que vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, di al faran, rey de Egipto, y a su pueblo: ""A quin te comparaste en tu grandeza?
He aqu era el asirio un cedro en el Lbano, de hermosas ramas, frondoso ramaje y gran altura: su copa llegaba hasta las nubes.
Las aguas lo hicieron crecer, lo encumbr el abismo; sus ros corran alrededor de su pie, y a todos los rboles del campo enviaba sus corrientes.
Por tanto, se encumbr su altura sobre todos los rboles del campo y se multiplicaron sus ramas, y a causa de las muchas aguas se extendi el ramaje que haba echado.
En sus ramas hacan nido todas las aves del cielo, debajo de su ramaje paran todas las bestias del campo y a su sombra habitaban muchas naciones.
Se hizo, pues, hermoso en su grandeza con la extensin de sus ramas, porque su raz estaba junto a aguas abundantes.
Los cedros no lo superaron en el huerto de Dios; los cipreses no fueron semejantes a sus ramas ni los castaos fueron semejantes a su ramaje; ningn rbol en el huerto de Dios fue semejante a l en hermosura.
Lo hice hermoso con la multitud de sus ramas, y todos los rboles del Edn, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de l envidia.
"Por tanto, as dijo Jehov, el Seor: Ya que por ser encumbrado en altura y haber levantado su copa entre las nubes, su corazn se elev con su altura,
yo lo entregar en manos del poderoso de las naciones, que de cierto lo tratar segn su maldad. Yo lo he desechado.
Lo destruirn extranjeros, y los poderosos de las naciones lo derribarn. Sus ramas caern sobre los montes y por todos los valles; por todos los arroyos de la tierra ser quebrado su ramaje. Todos los pueblos de la tierra se irn de su sombra, y lo abandonarn.
Sobre su tronco cado habitarn todas las aves del cielo, y sobre sus ramas estarn todas las bestias del campo,
para que no se exalten en su altura todos los rboles que crecen junto a las aguas, ni levanten su copa entre la espesura, ni confen en su altura todos los que beben aguas; porque todos estn destinados a la muerte, a lo profundo de la tierra, entre los hijos de los hombres, junto con los que descienden a la fosa.
"As ha dicho Jehov, el Seor: El da que descendi al seol, hice guardar luto, y que se cubriera por l el abismo. Detuve sus ros, y las muchas aguas fueron detenidas. Por l cubr de tinieblas el Lbano, y todos los rboles del campo se desmayaron.
Con el estruendo de su cada hice temblar a las naciones, cuando las hice descender al seol con todos los que descienden a la sepultura. Y todos los rboles escogidos del Edn, los mejores del Lbano, todos los que beben aguas, fueron consolados en lo profundo de la tierra.
Tambin ellos descendieron con l al seol, con los muertos a espada, los que fueron su brazo, los que estuvieron a su sombra en medio de las naciones.
A quin te has comparado as en gloria y en grandeza entre los rboles del Edn? Pues derribado sers con los rboles del Edn en lo profundo de la tierra; entre los incircuncisos yacers, con los muertos a espada. Este es el faran y todo su pueblo, dice Jehov, el Seor"".
Aconteci en el ao duodcimo, en el mes duodcimo, el da primero del mes, que vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, entona una lamentacin por el faran, rey de Egipto, y dile: ""A leoncillo de naciones eres semejante, y eres como el dragn en los mares; pues secabas tus ros, enturbiabas las aguas con tus pies y pisoteabas sus riberas.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Yo extender sobre ti mi red con la reunin de muchos pueblos, y te harn subir con mi red.
"Te echar por tierra, te echar sobre la faz del campo, har que se posen sobre ti todas las aves del cielo, y saciar de ti a todas las fieras de la tierra.
Pondr tus carnes sobre los montes y llenar los valles con tus cadveres.
Regar con tu sangre la tierra donde nadas, hasta los montes, y los arroyos se llenarn de ti.
Cuando te haya extinguido, cubrir los cielos y har oscurecer sus estrellas; el sol cubrir con nublado y la luz de la luna no resplandecer.
Har que por ti se oscurezcan todos los astros brillantes del cielo, y pondr tinieblas sobre tu tierra", dice Jehov, el Seor.
"Entristecer el corazn de muchos pueblos cuando lleve al cautiverio a los tuyos entre las naciones, por los pases que no has conocido.
Dejar atnitos por ti a muchos pueblos, y sus reyes tendrn horror grande a causa de ti, cuando haga resplandecer mi espada ante sus rostros; y todos temblarn a cada instante en el da de tu cada,
porque as ha dicho Jehov, el Seor: "La espada del rey de Babilonia vendr sobre ti.
Con espadas de fuertes har que caiga tu pueblo; todos ellos sern los poderosos de las naciones. Destruirn la soberbia de Egipto y toda su multitud ser deshecha.
Todas sus bestias destruir de sobre las muchas aguas; ya no las enturbiar ni pie de hombre ni pezua de bestia.
Entonces har asentarse sus aguas y har correr sus ros como aceite, dice Jehov, el Seor.
Cuando deje asolado el pas de Egipto, y el pas quede despojado de todo cuanto hay en l; cuando mate a todos los que en el moran, sabrn que yo soy Jehov.
"Esta es la lamentacin que cantarn. Las hijas de las naciones la cantarn; entonarn la lamentacin por Egipto y por toda la multitud, dice Jehov, el Seor".
Aconteci en el ao duodcimo, a los quince das del mes, que vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, entona una lamentacin por la multitud de Egipto; y despalo a l y a las hijas de las naciones poderosas, a lo profundo de la tierra, con los que descienden a la sepultura.
"Acaso eres ms hermoso que los otros? Pues desciende y yace en la fosa con los incircuncisos!".
"Entre los muertos a espada caer; a la espada es entregado. Traedlo a l y a todos sus pueblos!
De en medio del seol le hablarn los fuertes de los fuertes, junto con sus aliados, los que descendieron y yacen con los incircuncisos muertos a espada.
"All est Asiria con toda su multitud; a su alrededor estn sus sepulcros; todos ellos cayeron muertos a espada.
Sus sepulcros fueron puestos a los lados de la fosa, y su gente est por los alrededores de su sepulcro; todos ellos cayeron muertos a espada, los que sembraron el terror en la tierra de los vivientes.
"All est Elam con toda su multitud por los alrededores de su sepulcro. Todos ellos cayeron muertos a espada y descendieron incircuncisos a lo ms profundo de la tierra, porque sembraron su terror en la tierra de los vivientes, mas llevaron su ignominia con los que descienden al sepulcro.
En medio de los muertos le pusieron lecho, con toda su multitud; a sus alrededores estn sus sepulcros; todos ellos incircuncisos, muertos a espada, porque fue puesto su espanto en la tierra de los vivientes, mas llevaron su ignominia con los que descienden al sepulcro; l fue puesto en medio de los muertos.
"All estn Mesec y Tubal, con toda su multitud; a sus alrededores estn sus sepulcros; todos ellos incircuncisos, muertos a espada, porque haban sembrado su terror en la tierra de los vivientes.
No yacern con los fuertes de los incircuncisos que cayeron, los que descendieron al seol con sus armas de guerra y sus espadas puestas debajo de sus cabezas; mas sus maldades estarn sobre sus huesos, por cuanto fueron el terror de los fuertes en la tierra de los vivientes.
T, pues, sers quebrantado entre los incircuncisos y yacers con los muertos a espada.
"All est Edom, con sus reyes y todos sus prncipes, quienes con su podero fueron puestos con los muertos a espada; ellos yacern con los incircuncisos, con los que descienden al sepulcro.
"All estn los gobernantes del norte, todos ellos, y todos los sidonios, que con su terror descendieron con los muertos; avergonzados de su podero, yacen tambin incircuncisos con los muertos a espada y comparten su ignominia con los que descienden al sepulcro.
"A estos ver el faran, y se consolar sobre toda su multitud: al faran muerto a espada, y todo su ejrcito, dice Jehov, el Seor.
Porque puse mi terror en la tierra de los vivientes, tambin el faran y toda su multitud yacern entre los incircuncisos, con los muertos a espada, dice Jehov, el Seor".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo y diles: "Cuando traiga yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tome a un hombre de su territorio y lo ponga por centinela,
y l vea venir la espada sobre la tierra, y toque la trompeta y avise al pueblo,
cualquiera que oiga el sonido de la trompeta y no se prepare, y viniendo la espada lo hiera, su sangre ser sobre su cabeza.
El sonido de la trompeta oy, pero no se prepar: su sangre ser sobre l; pero el que se prepare, salvar su vida.
Pero si el centinela ve venir la espada y no toca la trompeta, y el pueblo no se prepara, y viniendo la espada, hiere a alguno de ellos, este fue tomado por causa de su pecado, pero demandar su sangre de mano del centinela.
"A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por centinela de la casa de Israel: t oirs la palabra de mi boca y los amonestars de mi parte.
Cuando yo diga al impo: 'Impo, de cierto morirs!', si t no hablas para que se guarde el impo de su camino, el impo morir por su pecado, pero yo demandar su sangre de tu mano.
Pero si t avisas al impo de su camino para que se aparte de l, y l no se aparta de su camino, l morir por su pecado, pero t libraste tu vida"".
"T, pues, hijo de hombre, di a la casa de Israel: "Vosotros habis hablado as, diciendo: 'Nuestras rebeliones y nuestros pecados estn sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos: cmo, pues, viviremos?'.
Diles: Vivo yo, dice Jehov, el Seor, que no quiero la muerte del impo, sino que se vuelva el impo de su camino y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos! Por qu habis de morir, casa de Israel?
Y t, hijo de hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no lo librar el da que se rebele; y la impiedad del impo no le ser estorbo el da que se vuelva de su impiedad. El justo no podr vivir por su justicia el da que peque.
Cuando yo diga al justo: De cierto vivirs!, pero l, confiado en su justicia, acte con iniquidad, ninguna de sus justicias ser recordada, sino que morir por la iniquidad cometida.
Y cuando yo diga al impo: De cierto morirs!, si l se convierte de su pecado y acta conforme al derecho y la justicia,
si el impo restituye la prenda robada, devuelve lo que haya robado y camina en los estatutos de la vida, sin cometer iniquidad, vivir ciertamente y no morir.
No se le recordar ninguno de los pecados que haba cometido; actu conforme al derecho y la justicia, y vivir ciertamente.
"Luego dirn los hijos de tu pueblo: 'No es recto el camino del Seor!'. El camino de ellos es el que no es recto!
Cuando el justo se aparte de su justicia y cometa iniquidad, morir por ello.
Y cuando el impo se aparte de su impiedad y acte conforme al derecho y la justicia, vivir por ello.
Pero vosotros habis dicho: 'No es recto el camino del Seor'. Yo os juzgar, casa de Israel, a cada uno conforme a sus caminos"".
Aconteci en el ao duodcimo de nuestro cautiverio, en el mes dcimo, a los cinco das del mes, que vino a m un fugitivo de Jerusaln, diciendo: "La ciudad ha sido conquistada!".
Y la mano de Jehov haba sido sobre m la tarde antes de llegar el fugitivo, y haba abierto mi boca, hasta que vino a m por la maana; y abri mi boca, y ya no estuve callado por ms tiempo.
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, los que habitan aquellos lugares asolados en la tierra de Israel, hablan diciendo: "Abraham era uno, y posey la tierra; pues nosotros somos muchos; a nosotros nos es dada la tierra en posesin".
Por tanto, diles: "As ha dicho Jehov, el Seor: Comis con sangre, a vuestros dolos alzis vuestros ojos y derramis sangre, y poseeris vosotros la tierra?
Estis sobre vuestras espadas, hacis abominacin y contaminis cada cual a la mujer de su prjimo, y habris de poseer vosotros la tierra?".
Les dirs: "As ha dicho Jehov, el Seor: Vivo yo, que los que estn en aquellos lugares asolados caern a espada, y al que est sobre la faz del campo entregar a las fieras para que lo devoren; y los que estn en las fortalezas y en las cuevas, de peste morirn.
Convertir la tierra en soledad y desolacin, y cesar la soberbia de su podero; y los montes de Israel sern asolados hasta que no haya quien pase.
Y sabrn que yo soy Jehov, cuando convierta la tierra en soledad y desolacin, por todas las abominaciones que han hecho".
"En cuanto a ti, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: "Venid ahora, y od qu palabra viene de Jehov!".
Y vienen a ti como viene el pueblo, y estn delante de ti como pueblo mo. Oyen tus palabras, pero no las ponen por obra, antes hacen halagos con sus bocas y el corazn de ellos anda en pos de su avaricia.
Y t eres para ellos como un cantor de amores, de hermosa voz y que canta bien. Ellos oyen tus palabras, pero no las ponen por obra.
Sin embargo, cuando eso llegue (y ya est llegando), sabrn que en medio de ellos hubo un profeta".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: "As ha dicho Jehov, el Seor: Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a s mismos! Acaso los pastores no apacientan a los rebaos?
Os alimentis con la leche de las ovejas, os vests con su lana y degollis a la engordada, pero no las apacentis.
No fortalecisteis a las dbiles ni curasteis a la enferma; no vendasteis la perniquebrada ni volvisteis al redil a la descarriada ni buscasteis a la perdida, sino que os habis enseoreado de ellas con dureza y con violencia.
Andan errantes por falta de pastor y son presa de todas las fieras del campo. Se han dispersado!
Han andado perdidas mis ovejas por todos los montes y en todo collado alto. Por toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas y no hubo quien las buscara ni quien preguntara por ellas.
"Por tanto, pastores, od palabra de Jehov:
Vivo yo, ha dicho Jehov, el Seor, que por cuanto mi rebao fue expuesto al robo, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron a mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a s mismos y no apacentaron a mis ovejas;
por eso, pastores, od palabra de Jehov.
As ha dicho Jehov, el Seor: Yo estoy contra los pastores y demandar mis ovejas de su mano! Har que dejen de apacentar mis ovejas, y ya no se apacentarn ms los pastores a s mismos, pues yo librar a mis ovejas de sus bocas y no les sern ms por comida.
"Porque as ha dicho Jehov, el Seor: Yo, yo mismo, ir a buscar a mis ovejas, y las reconocer.
Como reconoce su rebao el pastor el da que est en medio de sus ovejas esparcidas, as reconocer yo a mis ovejas y las librar de todos los lugares en que fueron esparcidas el da del nublado y de la oscuridad.
Yo las sacar de los pueblos y las juntar de los pases; las traer a su propio pas y las apacentar en los montes de Israel, por las riberas y en todos los lugares habitados del pas.
En buenos pastos las apacentar y en los altos montes de Israel estar su pastizal; all dormirn en buen redil y con pastos suculentos sern apacentadas sobre los montes de Israel.
Yo apacentar mis ovejas y les dar aprisco, dice Jehov, el Seor.
Yo buscar a la perdida y har volver al redil a la descarriada, vendar la perniquebrada y fortalecer a la dbil; pero a la engordada y a la fuerte destruir: las apacentar con justicia.
"En cuanto a vosotras, ovejas mas, as ha dicho Jehov, el Seor: Yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabros.
No os basta con comer los buenos pastos, sino que tambin pisoteis lo que de vuestros pastos queda, y cuando bebis las aguas claras enturbiis el resto con vuestros pies?
Y as mis ovejas han de comer lo que vosotros habis pisoteado y han de beber lo que con vuestros pies habis enturbiado.
"Por tanto, as les dice Jehov, el Seor: Yo, yo mismo, juzgar entre la oveja engordada y la oveja flaca,
por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las dbiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis.
Yo salvar a mis ovejas y nunca ms sern objeto de rapia; y juzgar entre oveja y oveja.
Yo levantar sobre ellas a un pastor que las apaciente: mi siervo David. l las apacentar, pues ser su pastor.
Yo, Jehov, ser el Dios de ellos, y mi siervo David, en medio de ellos, ser su gobernante. Yo, Jehov, he hablado.
"Establecer con ellos un pacto de paz, y quitar de la tierra las fieras; habitarn en el desierto con seguridad y dormirn en los bosques.
Y dar bendicin a ellos y a los alrededores de mi collado, y har descender la lluvia en su tiempo: lluvias de bendicin sern.
El rbol del campo dar su fruto y la tierra dar su fruto. Estarn en su tierra con seguridad, y sabrn que yo soy Jehov, cuando rompa las coyundas de su yugo y los libre de mano de los que se sirven de ellos.
No sern ms por presa de las naciones ni las fieras del pas las devorarn, sino que habitarn con seguridad y no habr quien las espante.
Preparar para ellos un planto de renombre, y nunca ms sern consumidos por el hambre en el pas ni nunca ms sern afrentados por las naciones.
Y sabrn que yo, Jehov, su Dios, estoy con ellos, y que ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice Jehov, el Seor.
Y vosotras, ovejas mas, ovejas de mi pasto, hombres sois, y yo vuestro Dios, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, pon tu rostro hacia el monte Seir y profetiza contra l,
diciendo: "As ha dicho Jehov, el Seor: "He aqu, yo estoy contra ti, monte Seir; extender mi mano contra ti y te convertir en un desierto desolado.
Tus ciudades asolar, quedars desolado y sabrs que yo soy Jehov.
"Por cuanto tuviste enemistad perpetua y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su afliccin, en el tiempo en que su maldad fue consumada,
por eso, vivo yo, dice Jehov, el Seor, que a sangre te destinar y sangre te perseguir. Porque no aborreciste la sangre, sangre te perseguir.
Convertir el monte Seir en desierto desolado, y eliminar de l al que salga y al que entre.
Llenar sus montes con sus muertos; en tus collados, en tus valles y en todos tus arroyos caern los muertos a espada.
Yo te pondr en perpetua desolacin, y tus ciudades nunca ms se restaurarn. Y sabris que yo soy Jehov.
"Por cuanto dijiste: 'Las dos naciones y las dos tierras sern mas, y tomar posesin de ellas', estando all Jehov;
por eso, vivo yo, dice Jehov, el Seor, que yo har conforme a tu ira y conforme a tu celo con que procediste, a causa de tus enemistades con ellos; y ser conocido en ellos cuando te juzgue.
Y sabrs que yo, Jehov, he odo todas tus injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: 'Destruidos son, nos han sido dados para que los devoremos!'.
Y os engrandecisteis contra m con vuestra boca, y multiplicasteis contra m vuestras palabras. Yo lo o!
As ha dicho Jehov, el Seor: Para que toda la tierra se regocije, yo te convertir en una desolacin.
Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, porque fue asolada, as har contigo: asolado ser el monte Seir, y todo Edom, todo l! Y sabrn que yo soy Jehov".
"T, hijo de hombre, profetiza a los montes de Israel, y di: "Montes de Israel, od palabra de Jehov!
As ha dicho Jehov, el Seor: Por cuanto el enemigo dijo de vosotros: 'Ea! tambin las alturas eternas nos han sido dadas por heredad';
profetiza, por tanto, y di que as ha dicho Jehov, el Seor: Por cuanto os asolaron y os asediaron de todas partes para que fuerais heredad de las otras naciones, y se os ha hecho caer en boca de lenguaraces y ser calumniados por los pueblos,
por eso, montes de Israel, od palabra de Jehov, el Seor: As ha dicho Jehov, el Seor, a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles, a las ruinas desoladas y a las ciudades abandonadas, que fueron convertidas en botn y en objeto de burla para las otras naciones de su alrededor;
por eso, as ha dicho Jehov, el Seor: He hablado de cierto en el fuego de mi celo contra las dems naciones y contra Edom, las cuales, con mucho regocijo y enconamiento del nimo, se disputaron mi tierra por heredad, para que los expulsados de ella fueran presa suya.
Por tanto, profetiza sobre la tierra de Israel, y di a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles que as ha dicho Jehov, el Seor: He aqu, en mi celo y en mi furor he hablado, por cuanto habis cargado con la calumnia de las naciones.
Por lo cual, as ha dicho Jehov, el Seor: Yo he alzado mi mano, he jurado que las naciones que estn a vuestro alrededor han de cargar con su desprecio.
"Pero vosotros, montes de Israel, daris vuestras ramas y llevaris vuestro fruto para mi pueblo Israel, porque estn a punto de llegar.
Porque he aqu que yo estoy por vosotros, a vosotros me volver y seris labrados y sembrados.
Yo har que se multipliquen los hombres sobre vosotros, a toda la casa de Israel, a toda ella. Las ciudades sern habitadas y edificadas las ruinas.
Multiplicar sobre vosotros hombres y ganado: sern multiplicados y crecern. Os har habitar como solais hacerlo antiguamente, y os har mayor bien que en vuestros comienzos. Y sabris que yo soy Jehov.
Y har andar hombres sobre vosotros, a mi pueblo Israel. Tomarn posesin de ti, t les sers por heredad y nunca ms les matars a sus hijos.
As ha dicho Jehov, el Seor: Por cuanto dicen de vosotros: 'Devoradora de hombres y matadora de los hijos de tu nacin has sido';
por eso, no devorars ms a los hombres ni volvers nunca a matar a los hijos de tu nacin, dice Jehov, el Seor.
Y nunca ms te har oir ultraje de las naciones, ni cargars ms con la afrenta de los pueblos, ni hars ms morir a los hijos de tu nacin, dice Jehov, el Seor"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, mientras la casa de Israel habitaba en su tierra, la contamin con su mala conducta y con sus obras; como inmundicia de menstruosa fue su conducta delante de m.
Y derram mi ira sobre ellos por la sangre que derramaron sobre la tierra, porque con sus dolos la contaminaron.
Los esparc por las naciones y fueron dispersados por los pases; conforme a su conducta y conforme a sus obras los juzgu.
Y cuando llegaron a las naciones adonde fueron, profanaron mi santo nombre, dicindose de ellos: "Estos son pueblo de Jehov, y de la tierra de l han salido".
Pero he sentido dolor al ver mi santo nombre profanado por la casa de Israel entre las naciones adonde fueron.
"Por tanto, di a la casa de Israel: "As ha dicho Jehov, el Seor: No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habis llegado.
Santificar mi gran nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas. Y sabrn las naciones que yo soy Jehov, dice Jehov, el Seor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos.
Y yo os tomar de las naciones, os recoger de todos los pases y os traer a vuestro pas.
Esparcir sobre vosotros agua limpia y seris purificados de todas vuestras impurezas, y de todos vuestros dolos os limpiar.
Os dar un corazn nuevo y pondr un espritu nuevo dentro de vosotros. Quitar de vosotros el corazn de piedra y os dar un corazn de carne.
Pondr dentro de vosotros mi espritu, y har que andis en mis estatutos y que guardis mis preceptos y los pongis por obra.
Habitaris en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros seris mi pueblo y yo ser vuestro Dios.
Yo os guardar de todas vuestras impurezas. Llamar al trigo y lo multiplicar, y no os expondr ms al hambre.
Multiplicar asimismo el fruto de los rboles y el fruto de los campos, para que nunca ms recibis oprobio de hambre entre las naciones.
Os acordaris de vuestra mala conducta y de vuestras obras que no fueron buenas, y os avergonzaris de vosotros mismos por vuestras iniquidades y por vuestras abominaciones.
No lo hago por vosotros, dice Jehov, el Seor, sabedlo bien. Avergonzaos y cubros de deshonra por vuestras iniquidades, casa de Israel!
"As ha dicho Jehov, el Seor: El da que os purifique de todas vuestras iniquidades, har tambin que sean habitadas las ciudades, y las ruinas sern reedificadas.
La tierra asolada ser labrada, despus de haber permanecido asolada ante los ojos de todos los que pasaban.
Y dirn: 'Esta tierra desolada se ha convertido en un huerto de Edn, y estas ciudades arruinadas, desoladas y destruidas, estn fortificadas y habitadas'.
Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrn que yo reedifiqu lo que estaba derribado y plant lo que estaba desolado; yo, Jehov, he hablado, y lo har.
"As ha dicho Jehov, el Seor: An me suplicar la casa de Israel, para que les haga esto: multiplicar los hombres como se multiplican los rebaos.
Como las ovejas consagradas, como las ovejas de Jerusaln en sus fiestas solemnes, as las ciudades arruinadas sern llenas de rebaos de seres humanos. Y sabrn que yo soy Jehov"".
La mano de Jehov vino sobre m, me llev en el espritu de Jehov y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos.
Me hizo pasar cerca de ellos, a su alrededor, y vi que eran muchsimos sobre la faz del campo y, por cierto, secos en gran manera.
Y me dijo: -- Hijo de hombre, vivirn estos huesos? Yo le respond: -- Seor, Jehov, t lo sabes.
Me dijo entonces: -- Profetiza sobre estos huesos, y diles: "Huesos secos, od palabra de Jehov!
As ha dicho Jehov, el Seor, a estos huesos: Yo hago entrar espritu en vosotros, y viviris.
Pondr tendones en vosotros, har que la carne suba sobre vosotros, os cubrir de piel y pondr en vosotros espritu, y viviris. Y sabris que yo soy Jehov".
Profetic, pues, como me fue mandado; y mientras yo profetizaba se oy un estruendo, hubo un temblor y los huesos se juntaron, cada hueso con su hueso!
Yo mir, y los tendones sobre ellos, y subi la carne y quedaron cubiertos por la piel; pero no haba en ellos espritu.
Me dijo: "Profetiza al espritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espritu que as ha dicho Jehov, el Seor: "Espritu, ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos, y vivirn!"".
Profetic como me haba mandado, y entr espritu en ellos, y vivieron y se pusieron en pie. Era un ejrcito grande en extremo!
Luego me dijo: "Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. Ellos dicen: "Nuestros huesos se secaron y pereci nuestra esperanza. Estamos totalmente destruidos!".
Por tanto, profetiza, y diles que as ha dicho Jehov, el Seor: Yo abro vuestros sepulcros, pueblo mo; os har subir de vuestras sepulturas y os traer a la tierra de Israel.
Y sabris que yo soy Jehov, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mo.
Pondr mi espritu en vosotros y viviris, y os establecer en vuestra tierra. Y sabris que yo, Jehov, lo dije y lo hice, dice Jehov".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, toma ahora un leo y escribe en l: "Para Jud y para sus compaeros los hijos de Israel". Toma despus otro leo y escribe en l: "Para Jos, leo de Efran, y para sus compaeros la casa toda de Israel".
Jntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y sern uno solo en tu mano.
Y cuando te pregunten los hijos de tu pueblo, diciendo: "No nos ensears qu te propones con eso?",
diles: "As ha dicho Jehov, el Seor: Yo tomo el leo de Jos que est en la mano de Efran, y a las tribus de Israel sus compaeros, y los pondr con el leo de Jud; har de ellos un solo leo, y sern uno en mi mano".
Y los leos sobre los que escribas, estarn en tu mano delante de sus ojos,
y les dirs: "As ha dicho Jehov, el Seor: Yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron; los recoger de todas partes y los traer a su tierra.
Har de ellos una sola nacin en la tierra, en los montes de Israel, y un mismo rey ser el rey de todos ellos. Nunca ms estarn divididos en dos reinos.
No se contaminarn ya ms con sus dolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones. Los salvar de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los purificar. Ellos sern mi pueblo y yo ser su Dios.
"Mi siervo David ser rey sobre ellos, y todos ellos tendrn un solo pastor; andarn en mis preceptos, y guardarn mis estatutos y los pondrn por obra.
Habitarn en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres. En ella habitarn ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David los gobernar para siempre.
Har con ellos un pacto de paz; un pacto perpetuo ser con ellos. Yo los establecer y los multiplicar, y pondr mi santuario entre ellos para siempre.
Estar en medio de ellos mi tabernculo; yo ser el Dios de ellos, y ellos sern mi pueblo.
Y sabrn las naciones que yo, Jehov, santifico a Israel, pues mi santuario estar en medio de ellos para siempre"".
Vino a m palabra de Jehov, diciendo:
"Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog, en tierra de Magog, prncipe soberano de Mesec y Tubal, y profetiza contra l
diciendo: "As ha dicho Jehov, el Seor: Yo estoy contra ti, Gog, prncipe soberano de Mesec y Tubal.
Te quebrantar, pondr garfios en tus quijadas y te sacar a ti junto con todo tu ejrcito: caballos y jinetes, completamente equipados, una gran multitud con paveses y escudos, armados todos ellos con espadas.
Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo;
Gomer con todas sus tropas; la casa de Togarma, de los confines del norte, con todas sus tropas. Muchos pueblos estarn contigo.
"Preprate y est alerta, t y toda tu multitud que se ha reunido contigo, y s t su comandante.
De aqu a muchos das sers visitado; al cabo de los aos vendrs al pas salvado de la espada, contra gentes recogidas de entre muchos pueblos en los montes de Israel, que siempre fueron una desolacin. Fueron sacadas de entre las naciones y todas ellas vivirn confiadamente.
Subirs t y vendrs como una tempestad; como un nublado que cubra la tierra sers t con todas tus tropas, y muchos pueblos contigo.
"As ha dicho Jehov, el Seor: En aquel da subirn pensamientos a tu corazn y concebirs un plan perverso.
Dirs: 'Subir contra un pas indefenso, ir contra gentes tranquilas que habitan confiadamente. Todas ellas habitan sin murallas, y sin cerrojos ni puertas'.
Subirs para arrebatar despojos, para tomar botn, para poner tus manos sobre las ruinas ahora habitadas y sobre el pueblo recogido de entre las naciones, que se hace de ganado y posesiones, que habita en la parte central del pas.
Sab y Dedn, los mercaderes de Tarsis y todos sus prncipes te dirn: 'Has venido a arrebatar despojos? Has reunido tu multitud para tomar botn, para quitar plata y oro, para tomar ganados y posesiones, para arrebatar grandes despojos?' ".
"Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog que as ha dicho Jehov, el Seor: "En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con seguridad, no lo sabrs t?
Vendrs de tu lugar, de las regiones del norte, t y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, una gran multitud y un poderoso ejrcito;
y subirs contra mi pueblo Israel como un nublado que cubra la tierra. As ser al cabo de los das: yo te traer sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan cuando sea santificado en ti, Gog, delante de sus ojos.
"As ha dicho Jehov, el Seor: No eres t aquel de quien habl yo en tiempos pasados por mis siervos los profetas de Israel, los cuales profetizaron en aquellos tiempos que yo te haba de traer sobre ellos?
En aquel tiempo, cuando venga Gog contra la tierra de Israel, dice Jehov, el Seor, subir mi ira y mi enojo.
Porque en mi celo, en el fuego de mi ira, he dicho que en aquel tiempo habr gran temblor sobre la tierra de Israel,
que los peces del mar, las aves del cielo, las bestias del campo, toda serpiente que se arrastra sobre la tierra y todos los hombres que estn sobre la faz de la tierra, temblarn ante mi presencia. Se desmoronarn los montes, los vallados caern y todo muro se vendr a tierra.
En todos mis montes llamar contra l a la espada, dice Jehov, el Seor; la espada de cada cual estar contra su hermano.
Yo litigar contra l con peste y con sangre; y har llover sobre l, sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos que estn con l, una lluvia impetuosa y piedras de granizo, fuego y azufre.
Entonces ser engrandecido y santificado, y ser conocido ante los ojos de muchas naciones. Y sabrn que yo soy Jehov".
"T pues, hijo de hombre, profetiza contra Gog, y di: "As ha dicho Jehov, el Seor: He aqu yo estoy contra ti, Gog, prncipe soberano de Mesec y Tubal.
Te quebrantar, te conducir, te har subir desde las partes del norte y te traer sobre los montes de Israel.
Te quitar el arco de tu mano izquierda y har caer tus flechas de tu mano derecha.
Sobre los montes de Israel caers t junto con todas tus tropas y los pueblos que fueron contigo. A las aves de rapia de toda especie, y a las fieras del campo, te he dado por comida.
Sobre la faz del campo caers, porque yo lo he dicho, dice Jehov, el Seor.
Y enviar fuego sobre Magog y sobre los que habitan seguros en las costas. Y sabrn que yo soy Jehov.
"Har notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel y nunca ms dejar profanar mi santo nombre; y sabrn las naciones que yo soy Jehov, el Santo en Israel.
He aqu que viene, y se cumplir, dice Jehov, el Seor: ese es el da del cual he hablado.
"Los habitantes de las ciudades de Israel saldrn y encendern fuego para quemar armas, escudos, paveses, arcos y saetas, dardos de mano y lanzas. Harn fuego con ellos durante siete aos.
No traern lea del campo ni la cortarn de los bosques, sino que quemarn las armas en el fuego. Despojarn a sus despojadores y robarn a los que les robaron, dice Jehov el Seor.
"En aquel tiempo yo dar a Gog por sepultura un lugar en Israel, el valle de los que pasan al oriente del mar. Y obstruir el paso a los transentes, pues all enterrarn a Gog y a toda su multitud; y lo llamarn el Valle de Hamn-gog.
Y la casa de Israel los estar enterrando durante siete meses, para purificar el pas.
Los enterrar todo el pueblo del pas, y ser para ellos clebre el da en que yo sea glorificado, dice Jehov, el Seor.
Tomarn hombres a jornal que viajen por el pas en busca de los que queden sobre la faz de la tierra, para enterrarlos, a fin de purificarla. Al cabo de siete meses harn la inspeccin.
Pasarn los que vayan por el pas, y el que vea los huesos de algn hombre pondr junto a ellos una seal, hasta que los entierren los sepultureros en el valle de Hamn-gog.
Y tambin el nombre de la ciudad ser Hamona; y purificarn el pas.
"T, hijo de hombre, as ha dicho Jehov, el Seor: Di a las aves de toda especie y a toda fiera del campo: Juntaos, y venid; reunos de todas partes junto a mi vctima que sacrifico para vosotros, un gran sacrificio sobre los montes de Israel; comeris carne y beberis sangre.
Comeris carne de fuertes y beberis sangre de soberanos de la tierra: carneros, corderos, machos cabros, bueyes y toros, engordados todos ellos en Basn!
Comeris grasa hasta saciaros, y beberis hasta embriagaros de sangre de las vctimas que para vosotros sacrifiqu.
A mi mesa os saciaris de caballos, de jinetes fuertes y de todos los hombres de guerra, dice Jehov, el Seor.
"Pondr mi gloria entre las naciones, y todas las naciones vern mi juicio que habr ejecutado y mi mano que puse sobre ellos.
Desde aquel da en adelante sabr la casa de Israel que yo soy Jehov, su Dios.
Y sabrn las naciones que la casa de Israel fue llevada cautiva por su pecado, por cuanto se rebelaron contra m, y que yo escond de ellos mi rostro, los entregu en manos de sus enemigos y cayeron todos a espada.
Conforme a su inmundicia y conforme a sus rebeliones hice con ellos, y de ellos escond mi rostro.
"Por tanto, as ha dicho Jehov, el Seor: Ahora voy a hacer que vuelvan los cautivos de Jacob. Tendr misericordia de toda la casa de Israel y me mostrar celoso por mi santo nombre.
Ellos sentirn su vergenza por toda su rebelin con que se rebelaron contra m, cuando habiten en su tierra con seguridad y no haya quien los espante;
cuando los saque de entre los pueblos y los rena de la tierra de sus enemigos, y sea santificado en ellos ante los ojos de muchas naciones.
Y sabrn que yo soy Jehov, su Dios, cuando, despus de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los rena sobre su tierra, sin dejar all a ninguno de ellos.
No esconder ms de ellos mi rostro; porque habr derramado de mi Espritu sobre la casa de Israel, dice Jehov, el Seor"".
En el ao veinticinco de nuestro cautiverio, al principio del ao, a los diez das del mes, a los catorce aos despus que la ciudad fue conquistada, aquel mismo da vino sobre m la mano de Jehov, y me llev all.
En visiones de Dios me llev a la tierra de Israel y me puso sobre un monte muy alto, sobre el cual haba un edificio parecido a una gran ciudad, hacia el lado sur.
Me llev all, y vi que haba un hombre, cuyo aspecto era como el aspecto del bronce. Tena un cordel de lino en la mano y una caa de medir, y l estaba de pie junto a la puerta.
Aquel hombre me habl, diciendo: "Hijo de hombre, observa con cuidado, escucha atentamente y fjate bien en todas las cosas que te muestro, porque para que yo te las mostrara has sido trado aqu. Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel".
Y vi que haba un muro fuera de la casa; y la caa de medir que aquel hombre tena en la mano era de seis codos de a codo y palmo menor. Y midi el espesor del muro, que era de una caa; y su altura, de otra caa.
Despus vino a la puerta que mira hacia el oriente, subi por sus gradas y midi un poste de la puerta, de una caa de ancho, y el otro poste, de otra caa de ancho.
Y cada cmara tena una caa de largo y una caa de ancho. Entre las cmaras haba cinco codos de ancho, y el umbral de la puerta que daba al vestbulo, por el lado de dentro de la puerta, meda una caa.
Midi asimismo la entrada de la puerta por dentro, que era de una caa.
Midi luego la entrada del portal, que era de ocho codos, y sus postes, de dos codos. La puerta del portal estaba por el lado de adentro.
La puerta oriental tena tres cmaras a cada lado, las tres de una misma medida; y tambin eran de una misma medida los portales a cada lado.
Midi el ancho de la entrada de la puerta, de diez codos; y la longitud del portal era de trece codos.
El espacio delante de las cmaras era de un codo a un lado y de otro codo al otro lado; y cada cmara tena seis codos por un lado y seis codos por el otro.
Midi la puerta desde el techo de una cmara hasta el techo de la otra: veinticinco codos de ancho desde una puerta hasta la puerta de enfrente.
Midi la distancia entre los postes del atrio y los del portal rodeado por l: sesenta codos.
Y desde el frente de la puerta de la entrada hasta el frente de la entrada de la puerta interior, haba cincuenta codos.
Y haba ventanas estrechas en las cmaras, y en sus portales por dentro de la puerta alrededor, y asimismo en los corredores; y las ventanas estaban alrededor por dentro; y en cada poste haba palmeras.
Me llev luego al atrio exterior, y vi que haba cmaras, y estaba enlosado todo en derredor; treinta cmaras haba alrededor en aquel atrio.
El enlosado a los lados de las puertas, en proporcin a la longitud de los portales, era el enlosado inferior.
Midi la anchura desde el frente de la puerta de abajo hasta el frente del atrio interior por fuera, y era de cien codos hacia el oriente y hacia el norte.
De la puerta que estaba hacia el norte en el atrio exterior, midi su longitud y su anchura.
Sus cmaras eran tres a un lado y tres al otro; y sus postes y sus vestbulos eran de igual medida que la puerta primera: cincuenta codos de longitud y veinticinco de anchura.
Sus ventanas, sus arcos y sus palmeras eran de la misma medida de la puerta que estaba hacia el oriente. Se suba a ella por siete gradas, y delante de ellas estaba su vestbulo.
La puerta del atrio interior estaba enfrente de la puerta, hacia el norte; y as al oriente. Midi, de puerta a puerta, cien codos.
Me llev despus hacia el sur, y haba una puerta que miraba hacia el sur; y midi sus portales y su vestbulo, que eran de estas mismas medidas.
Tena sus ventanas alrededor del vestbulo, iguales a las otras ventanas; la longitud era de cincuenta codos, y la anchura de veinticinco codos.
Sus gradas eran de siete peldaos, con su vestbulo delante de ellas; y tena palmeras, una a un lado y otra al otro lado, en sus postes.
Haba tambin una puerta hacia el sur del atrio interior; y midi, de puerta a puerta, hacia el sur, cien codos.
Me llev despus en el atrio de adentro a la puerta del sur, que era de estas mismas medidas.
Sus cmaras, postes y vestbulos eran de estas mismas medidas; tena sus ventanas alrededor de los vestbulos; la longitud era de cincuenta codos, y de veinticinco codos la anchura.
Los arcos alrededor eran de veinticinco codos de largo y cinco codos de ancho.
Y sus arcos caan afuera al atrio, con palmeras en sus postes; y sus gradas eran de ocho peldaos.
Me llev al atrio interior hacia el oriente, y midi la puerta, que era de estas mismas medidas.
Sus cmaras, postes y vestbulos eran de estas mismas medidas. Tena sus ventanas alrededor de sus vestbulos; la longitud era de cincuenta codos, y la anchura era de veinticinco codos.
Sus vestbulos caan afuera, hacia el atrio, con palmeras en sus postes a un lado y al otro; y sus gradas eran de ocho peldaos.
Me llev luego a la puerta del norte, y midi, y eran las mismas medidas:
sus cmaras, postes, vestbulos con sus ventanas alrededor; la longitud era de cincuenta codos, y de veinticinco codos la anchura.
Sus postes caan afuera, hacia el atrio, con palmeras en cada uno de sus postes a un lado y al otro. Sus gradas eran de ocho peldaos.
Haba all una cmara, y su puerta con postes de portales; all lavarn el holocausto.
A la entrada de la puerta haba dos mesas a un lado y otras dos al otro, para degollar sobre ellas el holocausto, la expiacin y el sacrificio por el pecado.
A un lado, por fuera de las gradas, a la entrada de la puerta del norte, haba dos mesas; y al otro lado, que estaba a la entrada de la puerta, dos mesas.
Cuatro mesas a un lado, y cuatro mesas al otro lado, junto a la puerta; ocho mesas, sobre las cuales sern degolladas las vctimas.
Las cuatro mesas para el holocausto eran de piedra labrada, de un codo y medio de longitud, un codo y medio de anchura y un codo de altura. Sobre ellas se pondrn los utensilios con que degollarn el holocausto y el sacrificio.
Adentro haba ganchos, de un palmo menor, dispuestos en derredor; y sobre las mesas estaba la carne de las vctimas.
Fuera de la puerta interior, en el atrio de adentro que estaba al lado de la puerta del norte, estaban las cmaras de los cantores, las cuales miraban hacia el sur; una estaba al lado de la puerta del oriente que miraba hacia el norte.
Me dijo: "Esta cmara que mira hacia el sur es de los sacerdotes que hacen la guardia del templo.
Y la cmara que mira hacia el norte es de los sacerdotes que hacen la guardia del altar; estos son los hijos de Sadoc, los cuales son llamados de los hijos de Lev para ministrar a Jehov".
Midi el atrio, que tena cien codos de longitud y cien codos de anchura: era cuadrado. Y el altar estaba delante de la casa.
Me llev al prtico del templo, y midi cada poste del prtico, cinco codos por un lado y cinco codos por el otro; y la anchura de la puerta, tres codos por un lado, y tres codos por el otro.
La longitud del prtico era de veinte codos, y la anchura de once codos. A l se suba por gradas, y haba columnas junto a los postes, una a un lado y otra al otro.
Me introdujo luego en el templo, y midi los postes, cuya anchura era de seis codos por un lado y seis codos por el otro, que era la anchura del tabernculo.
La anchura de la puerta era de diez codos, y los lados de la puerta, de cinco codos por un lado y cinco por el otro. Midi su longitud, que era de cuarenta codos, y la anchura de veinte codos.
Luego pas al interior y midi cada poste de la puerta, que eran de dos codos; la puerta, de seis codos, y la anchura de la entrada, de siete codos.
Midi tambin su longitud, y era de veinte codos; y la anchura, de veinte codos por el frente del templo. Y me dijo: "Este es el lugar santsimo".
Despus midi el muro de la casa, y era de seis codos de espesor; y de cuatro codos era la anchura de las cmaras situadas todo alrededor de la casa.
Las cmaras laterales estaban sobrepuestas unas a otras, treinta en cada uno de los tres pisos. Y haba salientes en la pared, alrededor de la casa; sobre ellos se apoyaban las cmaras, para que no se apoyaran en la pared de la casa.
Haba mayor anchura en las cmaras de ms arriba, a las que suba una escalera de caracol rodeando por dentro de la casa. As pues, la casa tena ms anchura por arriba; del piso inferior se poda subir al de en medio, y de este al superior.
Y mir la elevacin que rodeaba la casa: los cimientos de las cmaras medan una caa completa de seis codos de largo.
El espesor de la pared de afuera de las cmaras era de cinco codos, igual al espacio que quedaba de las cmaras de la casa por dentro.
Y entre las cmaras haba una anchura de veinte codos por todos los lados alrededor de la casa.
La puerta de cada cmara sala al espacio que quedaba, una puerta hacia el norte y otra puerta hacia el sur; y el ancho del espacio que quedaba era de cinco codos, todo alrededor.
El edificio que estaba delante del espacio abierto al lado del occidente era de setenta codos; y la pared del edificio tena cinco codos de grueso, todo alrededor, y noventa codos de largo.
Luego midi la casa, y tena cien codos de largo. Y el espacio abierto, y el edificio y sus paredes eran de cien codos de longitud.
El ancho del frente de la casa y del espacio abierto al oriente era de cien codos.
Midi la longitud del edificio que estaba delante del espacio abierto que haba detrs de l, y las cmaras de uno y otro lado, y eran de cien codos. El templo por dentro, los portales del atrio,
los umbrales, las ventanas estrechas y las cmaras alrededor de los tres pisos, todo ello estaba cubierto de madera desde el suelo hasta las ventanas; y las ventanas tambin estaban cubiertas de madera.
Midi desde la puerta hasta el interior de la casa, y por fuera, as como toda la pared en derredor, por dentro y por fuera.
Y estaba labrada con querubines y palmeras: entre querubn y querubn, una palmera. Cada querubn tena dos rostros:
un rostro de hombre hacia la palmera de un lado, y un rostro de len hacia la palmera del otro lado, alrededor de toda la casa.
Desde el suelo hasta encima de la puerta haba querubines grabados y palmeras, por toda la pared del templo.
Cada poste del templo era cuadrado, y el frente del santuario era como el otro frente.
La altura del altar de madera era de tres codos, y su longitud, de dos codos; sus esquinas, su superficie y sus paredes eran de madera. Me dijo: "Esta es la mesa que est delante de Jehov".
El templo y el santuario tenan dos puertas.
Y en cada puerta haba dos hojas, dos hojas que giraban; dos hojas en una puerta y otras dos en la otra.
En las puertas del templo haba grabados de querubines y palmeras, iguales a los que haba en las paredes. Haba un portal de madera por fuera, a la entrada,
y haba ventanas estrechas y palmeras a uno y otro lado, a los lados del prtico. As eran las cmaras de la casa y los umbrales.
Me trajo luego al atrio exterior, hacia el norte, y me llev a la cmara que estaba delante del patio que quedaba enfrente del edificio, hacia el norte.
Por delante de la puerta del norte su longitud era de cien codos, y la anchura de cincuenta codos.
Frente a los veinte codos que haba en el atrio interior, y enfrente del enlosado que haba en el atrio exterior, estaban las cmaras, las unas enfrente de las otras, en tres pisos.
Delante de las cmaras haba un corredor de diez codos de ancho, hacia adentro, con un corredor de un codo; y sus puertas daban al norte.
Las cmaras ms altas eran ms estrechas, porque las galeras les quitaban ms espacio a ellas que a las bajas y a las de en medio del edificio.
Porque estaban en tres pisos, y no tenan columnas como las columnas de los atrios; por tanto, eran ms estrechas que las de abajo y las de en medio, a partir del suelo.
El muro que estaba fuera, enfrente de las cmaras, hacia el atrio exterior delante de las cmaras, tena cincuenta codos de largo.
Porque la longitud de las cmaras del atrio de afuera era de cincuenta codos; y delante de la fachada del templo haba cien codos.
Y debajo de las cmaras estaba la entrada al lado oriental, para entrar en l desde el atrio exterior.
A lo largo del muro del atrio, hacia el oriente, enfrente del patio y delante del edificio, haba cmaras.
Y el corredor que haba delante de ellas era semejante al de las cmaras que estaban hacia el norte; tanto su longitud como su anchura eran de la misma medida, as como todas sus salidas, puertas y entradas.
As tambin eran las puertas de las cmaras que estaban hacia el sur; haba una puerta al comienzo del corredor que haba enfrente del muro al lado oriental, para quien entraba en las cmaras.
Me dijo: "Las cmaras del norte y las del sur, que estn delante del patio, son cmaras santas en las cuales los sacerdotes que se acerquen a Jehov comern las santas ofrendas; all pondrn las ofrendas santas, la ofrenda, la expiacin y el sacrificio por el pecado, porque el lugar es santo.
Cuando los sacerdotes entren, no saldrn del lugar santo al atrio exterior, sino que all dejarn sus vestiduras con que ministran, porque son santas; se vestirn otros vestidos y as se acercarn a lo que es del pueblo".
Luego que acab las medidas del interior de la casa, me sac por el camino de la puerta que miraba hacia el oriente, y midi todo su contorno.
Midi el lado oriental con la caa de medir: quinientas caas de la caa con que meda el contorno.
Midi el lado del norte: quinientas caas de la caa con que meda el contorno.
Midi el lado del sur: quinientas caas de la caa con que meda.
Se volvi hacia el lado de occidente, y midi quinientas caas de la caa con que meda.
Por los cuatro lados lo midi; tena un muro de quinientas caas de longitud y quinientas caas de anchura. Este muro haca separacin entre el santuario y el lugar profano.
Me llev luego a la puerta, la que mira hacia el oriente,
y vi que la gloria del Dios de Israel vena del oriente. Su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandeca a causa de su gloria.
El aspecto de lo que vi era como una visin, como aquella visin que vi cuando vine para destruir la ciudad; y las visiones eran como la visin que vi junto al ro Quebar; y me postr sobre mi rostro.
La gloria de Jehov entr en la casa por la va de la puerta que daba al oriente.
Entonces el espritu me levant y me llev al atrio interior, y vi que la gloria de Jehov llen la casa.
Entonces o a alguien que me hablaba desde la casa, y un hombre estaba junto a m.
La voz me dijo: "Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde posar las plantas de mis pies, en el cual habitar para siempre entre los hijos de Israel. Nunca ms profanar mi santo nombre la casa de Israel (ni ellos ni sus reyes) con sus fornicaciones ni con los cadveres de sus reyes en sus lugares altos.
Porque poniendo ellos su umbral junto a mi umbral, y su contrafuerte junto a mi contrafuerte, mediando solo una pared entre yo y ellos, han contaminado mi santo nombre con sus abominaciones que hicieron; por tanto, los consum en mi furor.
Ahora arrojarn lejos de m sus fornicaciones y los cadveres de sus reyes, y habitar en medio de ellos para siempre.
T, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel esta casa: que se avergencen de sus pecados y que midan el diseo de ella.
Y si se avergenzan de todo lo que han hecho, hazles entender el diseo de la casa, su disposicin, sus salidas y sus entradas, todas sus formas, todas sus descripciones, todas sus configuraciones y todas sus leyes. Descrbelo delante de sus ojos, para que guarden todos sus detalles y todas sus reglas, y las pongan por obra.
Esta es la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte, el recinto entero, en todo su contorno, ser santsimo. Esta es la ley de la casa".
Estas son las medidas del altar por codos de a codo y palmo menor: la base, de un codo de alto y un codo de ancho; y la moldura de su borde alrededor, de un palmo. Este ser el zcalo del altar.
Desde la base, a partir del suelo, hasta el zcalo inferior, dos codos; y la anchura, de un codo. Y desde la cornisa menor hasta la cornisa mayor, cuatro codos; y el ancho, de un codo.
El altar era de cuatro codos, y encima del altar haba cuatro cuernos.
El altar era un cuadrado de doce codos de largo y doce de ancho: tena iguales sus cuatro lados.
El zcalo era de catorce codos de longitud y catorce de anchura en sus cuatro lados, y de medio codo el borde alrededor; la base era de un codo por cada lado, y sus gradas miraban hacia oriente.
Luego me dijo: "Hijo de hombre, as ha dicho Jehov, el Seor: Estas son las ordenanzas del altar el da en que sea hecho, para ofrecer holocausto sobre l y para derramar sangre sobre l.
A los sacerdotes levitas que son del linaje de Sadoc y que se acerquen a m, dice Jehov, el Seor, para ministrar ante m, dars un becerro de la vacada, para expiacin.
Tomars de su sangre y la pondrs en los cuatro cuernos del altar, en las cuatro esquinas del zcalo y en el borde alrededor. As lo purificars y hars expiacin por l.
Tomars luego el becerro de la expiacin y lo quemars conforme a la ley de la casa, fuera del santuario.
El segundo da ofrecers un macho cabro sin defecto, para expiacin; y purificarn el altar como lo purificaron con el becerro.
Cuando acabes de expiar, ofrecers un becerro de la vacada, sin defecto, y un carnero, sin tacha, de la manada.
Los ofrecers delante de Jehov. Los sacerdotes echarn sal sobre ellos y los ofrecern en holocausto a Jehov.
Durante siete das sacrificarn un macho cabro cada da, en expiacin; asimismo sacrificarn el becerro de la vacada y un carnero, sin tacha, del rebao.
Durante siete das harn expiacin por el altar y lo purificarn, y as lo consagrarn.
Acabados estos das, del octavo da en adelante, los sacerdotes sacrificarn sobre el altar vuestros holocaustos y vuestras ofrendas de paz. As me seris aceptos, dice Jehov, el Seor".
Me hizo volver hacia la puerta exterior del santuario, la cual mira hacia el oriente, y estaba cerrada.
Y me dijo Jehov: "Esta puerta estar cerrada; no se abrir y no entrar nadie por ella, porque Jehov, Dios de Israel, entr por ella; estar, por tanto, cerrada.
En cuanto al gobernante, por ser el gobernante, l se sentar all para comer pan delante de Jehov; por el vestbulo de la puerta entrar y por ese mismo camino saldr".
Me llev hacia la puerta del norte por delante de la casa; y mir, y he aqu que la gloria de Jehov haba llenado la casa de Jehov; y me postr sobre mi rostro.
Me dijo Jehov: "Hijo de hombre, pon atencin, observa con cuidado y escucha atentamente todo lo que hablo contigo sobre todas las ordenanzas de la casa de Jehov y todas sus leyes. Pon atencin a las entradas de la casa y a todas las salidas del santuario.
Y dirs a los rebeldes, a la casa de Israel: "As ha dicho Jehov, el Seor: Basta ya de todas vuestras abominaciones, casa de Israel!
Basta ya de traer extranjeros, incircuncisos de corazn e incircuncisos de carne, para estar en mi santuario y para contaminar mi casa; de ofrecer mi pan, la grasa y la sangre, y de invalidar mi pacto con todas vuestras abominaciones!
Pues no habis guardado lo establecido acerca de mis cosas santas, sino que habis puesto extranjeros como guardas de las ordenanzas en mi santuario.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Ningn hijo de extranjero, incircunciso de corazn e incircunciso de carne, entrar en mi santuario, de todos los hijos de extranjeros que estn entre los hijos de Israel.
Los levitas que se apartaron de m cuando Israel se alej de m, yndose tras sus dolos, llevarn su iniquidad.
Servirn en mi santuario como porteros a las puertas de la casa y sirvientes en la casa. Ellos matarn para el pueblo el holocausto y la vctima, y estarn ante l para servirlo,
por cuanto los sirvieron delante de sus dolos, y fueron a la casa de Israel por tropezadero de maldad. Por eso he alzado mi mano y jurado, dice Jehov, el Seor, que ellos llevarn su iniquidad.
No se acercarn a m para servirme como sacerdotes, ni se acercarn a ninguna de mis cosas santas, a mis cosas santsimas, sino que llevarn su ignominia y las abominaciones que hicieron.
Los pondr, pues, por guardas encargados de la custodia de la casa, para todo el servicio de ella y para todo lo que en ella haya de hacerse.
"Pero los sacerdotes levitas, hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento del santuario cuando los hijos de Israel se apartaron de m, ellos se acercarn para ministrar ante m, y delante de m estarn para ofrecerme la grasa y la sangre, dice Jehov, el Seor.
Ellos entrarn en mi santuario, se acercarn a mi mesa para servirme y guardarn mis ordenanzas.
Cuando entren por las puertas del atrio interior, se vestirn con vestiduras de lino; no llevarn sobre ellos cosa de lana cuando ministren en las puertas del atrio interior y dentro de la casa.
Turbantes de lino tendrn sobre sus cabezas, y llevarn calzoncillos de lino sobre sus caderas. No se ceirn nada que los haga sudar.
Cuando salgan al atrio exterior, al atrio de afuera, al pueblo, se quitarn las vestiduras con que ministraron, las dejarn en las cmaras del santuario y se pondrn otros vestidos, para no santificar al pueblo con sus vestiduras.
No se raparn la cabeza ni se dejarn crecer el cabello; solamente lo recortarn.
Ninguno de los sacerdotes beber vino cuando haya de entrar en el atrio interior.
Ni viuda ni repudiada tomar por mujer, sino que tomar una virgen del linaje de la casa de Israel, o una viuda que sea viuda de un sacerdote.
Ensearn a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y los ensearn a discernir entre lo puro y lo impuro.
En los casos de pleito, ellos estarn para juzgar, y conforme a mis juicios juzgarn. Mis leyes y mis decretos guardarn en todas mis fiestas solemnes, y santificarn mis sbados.
No se acercarn a un hombre muerto, para no contaminarse; aunque por padre o madre, hijo o hija, hermano o hermana que no haya tenido marido, s podrn contaminarse.
Despus de su purificacin, le contarn siete das.
Y el da que entre al santuario, en el atrio interior, para ministrar en el santuario, ofrecer su expiacin, dice Jehov, el Seor.
"Habr para ellos heredad: yo ser su heredad. No les daris propiedad en Israel: yo soy su propiedad.
De la ofrenda, la expiacin y el sacrificio por el pecado comern. Toda cosa consagrada en Israel ser de ellos.
Y las primicias de todos los primeros frutos de todo, y toda ofrenda de todo lo que se presente de todas vuestras ofrendas, ser de los sacerdotes; asimismo daris al sacerdote las primicias de todo cuanto amasis, para que repose la bendicin en vuestras casas.
Ninguna cosa mortecina o desgarrada, ya sea de aves o de bestias, comern los sacerdotes.
"Cuando repartis por suertes la tierra en heredad, apartaris para Jehov una porcin que le consagraris en la tierra: ser de veinticinco mil caas de longitud y diez mil de anchura. Este territorio, en todo su contorno, ser santificado.
De esto ser para el santuario un cuadro de quinientas caas de longitud y quinientas de anchura, rodeado de cincuenta codos para sus ejidos.
De esta medida medirs en longitud veinticinco mil caas y en anchura diez mil. All estar el santuario y el lugar santsimo.
Lo consagrado de esta tierra ser para los sacerdotes, ministros del santuario, que se acercan para ministrar a Jehov. Y servir de lugar para sus casas y como recinto sagrado para el santuario.
Asimismo medirs veinticinco mil caas de longitud y diez mil de anchura, que ser para los levitas ministros de la casa, como posesin para s, con veinte cmaras.
"Para propiedad de la ciudad sealaris un terreno de cinco mil de anchura y veinticinco mil de longitud, delante de lo que se apart para el santuario. Esto ser para toda la casa de Israel.
"Y la parte del gobernante estar junto a lo que se apart para el santuario, a uno y otro lado, y junto a la propiedad de la ciudad, delante de lo que se apart para el santuario y delante de la propiedad de la ciudad, desde el extremo occidental hasta el extremo oriental, y la longitud ser desde el lmite occidental hasta el lmite oriental.
Esta tierra tendr como propiedad en Israel, y nunca ms mis gobernantes oprimirn a mi pueblo; y darn la tierra a la casa de Israel conforme a sus tribus.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Basta ya, gobernantes de Israel! Dejad la violencia y la rapia. Practicad el derecho y la justicia; dejad de explotar a mi pueblo, dice Jehov, el Seor.
"Balanzas justas, efa justo y bato justo tendris.
El efa y el bato sern de una misma medida: que el bato tenga la dcima parte del homer, y la dcima parte del homer el efa; la medida de ellos ser segn el homer.
El siclo ser de veinte geras. Veinte siclos, veinticinco siclos y quince siclos sern una mina.
"Esta ser la ofrenda que ofreceris: la sexta parte de un efa por cada homer del trigo, y la sexta parte de un efa por cada homer de la cebada.
La ordenanza para el aceite ser esta: ofreceris un bato de aceite, que es la dcima parte de un coro; diez batos harn un homer (porque diez batos son un homer).
Y una cordera del rebao por cada doscientas, de las engordadas de Israel, para sacrificio, para holocausto y para ofrendas de paz, para hacer expiacin por ellos, dice Jehov, el Seor.
Todo el pueblo de la tierra estar obligado a dar esta ofrenda para el gobernante de Israel.
Pero al gobernante corresponder proveer para el holocausto, el sacrificio y la libacin en las fiestas solemnes, en las lunas nuevas, en los sbados y en todas las fiestas de la casa de Israel; l dispondr la expiacin, la ofrenda, el holocausto y las ofrendas de paz, para hacer expiacin por la casa de Israel.
"As ha dicho Jehov, el Seor: El mes primero, el da primero del mes, tomars de la vacada un becerro sin defecto y purificars el santuario.
El sacerdote tomar de la sangre de la expiacin y pondr sobre los postes de la casa, sobre los cuatro ngulos del descanso del altar y sobre los postes de las puertas del atrio interior.
As hars el sptimo da del mes para los que pecaron por error y por engao, y hars expiacin por la casa.
"El mes primero, a los catorce das del mes, tendris la Pascua, fiesta de siete das; se comer pan sin levadura.
Aquel da el gobernante ofrecer por s mismo y por todo el pueblo de la tierra, un becerro en sacrificio por el pecado.
Y en los siete das de la fiesta solemne ofrecer como holocausto a Jehov siete becerros y siete carneros sin defecto, uno cada da de los siete das; y por el pecado ofrecer un macho cabro cada da.
Con cada becerro ofrecer ofrenda de un efa, y con cada carnero, un efa; y por cada efa, un hin de aceite.
En el mes sptimo, a los quince das del mes, en la fiesta, har como en estos siete das en cuanto a la expiacin, en cuanto al holocausto, en cuanto al presente y en cuanto al aceite.
"As ha dicho Jehov, el Seor: La puerta del atrio interior que mira al oriente estar cerrada los seis das de trabajo, y el sbado se abrir; y se abrir tambin el da de la luna nueva.
El gobernante entrar por el camino del portal de la puerta exterior, y estar en pie junto al umbral de la puerta mientras los sacerdotes ofrecen su holocausto y sus ofrendas de paz, y adorar junto a la entrada de la puerta. Despus saldr, pero no se cerrar la puerta hasta la tarde.
Asimismo adorar el pueblo del pas delante de Jehov, a la entrada de la puerta, en los sbados y en las lunas nuevas.
El holocausto que el gobernante ofrecer el sbado a Jehov ser de seis corderos sin defecto y un carnero sin tacha;
y por ofrenda, un efa con cada carnero; y con cada cordero una ofrenda conforme a sus posibilidades, y un hin de aceite con el efa.
Pero el da de la luna nueva ofrecer un becerro sin tacha, de la vacada, y seis corderos y un carnero; debern ser sin defecto.
Har ofrenda de un efa junto con el becerro y de un efa junto con cada carnero; pero con los corderos ofrendar conforme a sus posibilidades. Y ofrecer un hin aceite por cada efa.
Cuando el gobernante entre, entrar por el camino del portal de la puerta, y por el mismo camino saldr.
"Pero cuando el pueblo del pas entre delante de Jehov en las fiestas, el que entre por la puerta del norte saldr por la puerta del sur, y el que entre por la puerta del sur saldr por la puerta del norte; no volver por la puerta por donde entr, sino que saldr por la de enfrente de ella.
Cuando ellos entren, el gobernante entrar en medio de ellos, y cuando ellos salgan, l saldr.
"En las fiestas y en las asambleas solemnes, la ofrenda ser la ofrenda de un efa con cada becerro, y de un efa con cada carnero; y con los corderos ofrendar conforme a sus posibilidades. Y ofrecer un hin de aceite con cada efa.
Pero cuando el gobernante ofrezca voluntariamente holocausto u ofrendas de paz a Jehov, le abrirn la puerta que mira al oriente, y har su holocausto y sus ofrendas de paz, como lo hace el sbado. Despus saldr, y cuando haya salido cerrarn la puerta.
"Cada da ofrecers en holocausto a Jehov el sacrificio de un cordero de un ao, sin defecto; cada maana lo sacrificars.
Con l hars todas las maanas la ofrenda de la sexta parte de un efa y la tercera parte de un hin de aceite para mezclar con la flor de harina: es la ofrenda continua a Jehov, como estatuto perpetuo.
Ofrecern, pues, el cordero, la ofrenda y el aceite, todas las maanas como holocausto continuo.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Si el gobernante cede parte de su heredad a sus hijos, ser de ellos: propiedad de ellos ser por herencia.
Pero si de su heredad cede una parte a alguno de sus siervos, solo ser suya hasta el ao del jubileo; entonces volver al gobernante, porque la herencia corresponde a sus hijos.
El gobernante no tomar nada de la herencia del pueblo, para no defraudarlo de su propiedad. De lo que l mismo posee dar la herencia a sus hijos, a fin de que ninguno de mi pueblo sea privado de su propiedad"".
Me trajo despus por la entrada que estaba hacia la puerta, a las cmaras santas de los sacerdotes, las cuales miraban al norte, y vi que haba all un lugar en el fondo del lado de occidente.
Me dijo: "Este es el lugar donde los sacerdotes cocern la ofrenda por el pecado y la expiacin; all cocern la ofrenda, para no sacarla al atrio exterior, santificando as al pueblo".
Luego me sac al atrio exterior y me llev por los cuatro rincones del atrio, y en cada rincn haba un patio.
En los cuatro rincones del atrio haba patios cercados, de cuarenta codos de longitud y treinta de anchura; una misma medida tenan los cuatro.
Y haba una pared alrededor de ellos, alrededor de los cuatro, y abajo haba fogones alrededor de las paredes.
Me dijo: "Estas son las cocinas donde los servidores de la casa cocern la ofrenda del pueblo".
Me hizo volver luego a la entrada de la casa. Y vi que salan aguas por debajo del umbral de la casa hacia el oriente, porque la fachada de la casa estaba al oriente; y las aguas descendan por debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar.
Me sac por el camino de la puerta del norte y me hizo dar la vuelta por el camino exterior, fuera de la puerta, al camino de la que mira al oriente; y vi que las aguas salan del lado derecho.
Sali el hombre hacia el oriente, llevando un cordel en la mano. Midi mil codos y me hizo pasar por las aguas, que me llegaban hasta los tobillos.
Midi otros mil y me hizo pasar por las aguas, que me llegaban hasta las rodillas. Midi luego otros mil y me hizo pasar por las aguas, que me llegaban hasta la cintura.
Midi otros mil, y era ya un ro que yo no poda pasar, porque las aguas haban crecido de manera que el ro no se poda pasar sino a nado.
Y me dijo: "Has visto, hijo de hombre?". Despus me llev, y me hizo volver por la ribera del ro.
Y al volver vi que en la ribera del ro haba muchsimos rboles a uno y otro lado.
Entonces me dijo: "Estas aguas salen a la regin del oriente, descienden al Arab y entran en el mar. Y al entrar en el mar, las aguas son saneadas.
Todo ser viviente que nade por dondequiera que entren estos dos ros, vivir; y habr muchsimos peces por haber entrado all estas aguas, pues sern saneadas. Vivir todo lo que entre en este ro.
Junto a l estarn los pescadores, y desde En-gadi hasta En-eglaim ser su tendedero de redes. Y los peces, segn su especie, sern tan abundantes como los peces del Mar Grande.
Sus pantanos y sus lagunas no sern saneadas: quedarn para salinas.
Y junto al ro, en la ribera, a uno y otro lado, crecer toda clase de rboles frutales; sus hojas nunca caern ni faltar su fruto. A su tiempo madurar, porque sus aguas salen del santuario. Su fruto ser para alimento y su hoja para medicina.
"As ha dicho Jehov, el Seor: Estos son los lmites segn los cuales repartiris la tierra por heredad entre las doce tribus de Israel. Jos tendr dos partes.
La heredaris tanto los unos como los otros; por ella alc mi mano para jurar que la haba de dar a vuestros padres; por tanto, esta ser la tierra de vuestra heredad.
"Este ser el lmite de la tierra hacia el lado del norte: desde el Mar Grande, camino de Hetln viniendo a Zedad,
Hamat, Berota, Sibraim, que est entre el lmite de Damasco y el lmite de Hamat; Hazar-haticn, que es el lmite de Haurn.
Y ser el lmite del norte desde el mar hasta Hazar-enn en el lmite de Damasco al norte, y al lmite de Hamat al lado del norte.
"Del lado del oriente, en medio de Haurn y de Damasco, y de Galaad y de la tierra de Israel, al Jordn; esto mediris como lmite hasta el mar oriental.
"Del lado meridional, hacia el sur, desde Tamar hasta las aguas de las rencillas; desde Cades hacia el arroyo y hasta el Mar Grande. Este ser el lado meridional, el sur.
"Del lado del occidente, el Mar Grande ser el lmite hasta enfrente de la entrada de Hamat; este ser el lado occidental.
"Repartiris, pues, esta tierra entre vosotros, segn las tribus de Israel.
Echaris sobre ella suertes por heredad para vosotros y para los extranjeros que viven entre vosotros, aquellos que entre vosotros han engendrado hijos. Los tendris como a iguales entre los hijos de Israel, echarn suertes con vosotros para tener heredad entre las tribus de Israel.
En la tribu en que viva el extranjero, all le daris su heredad, ha dicho Jehov, el Seor.
"Estos son los nombres de las tribus: Desde el extremo norte por la va de Hetln viniendo a Hamat, Hazar-enn, en los confines de Damasco, al norte, hacia Hamat, tendr Dan una parte, desde el lado oriental hasta el occidental.
Junto a la frontera de Dan, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, tendr Aser una parte.
Junto al lmite de Aser, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Neftal, otra.
Junto al lmite de Neftal, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Manass, otra.
Junto al lmite de Manass, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Efran, otra.
Junto al lmite de Efran, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Rubn, otra.
Junto al lmite de Rubn, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Jud, otra.
"Junto al lmite de Jud, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, estar la porcin que reservaris de veinticinco mil caas de anchura, y de longitud como cualquiera de las otras partes, esto es, desde el lado del oriente hasta el lado del mar; y el santuario estar en medio de ella.
La porcin que reservaris para Jehov tendr de longitud veinticinco mil caas, y diez mil de anchura.
La porcin santa que pertenecer a los sacerdotes tendr una longitud de veinticinco mil caas al norte, diez mil de anchura al occidente, diez mil de anchura al oriente y veinticinco mil de longitud al sur. Y el santuario de Jehov estar en medio de ella.
Los sacerdotes santificados de los hijos de Sadoc que me guardaron fidelidad, que no se descarriaron cuando se descarriaron los hijos de Israel, como se descarriaron los levitas,
ellos tendrn como parte santsima la porcin de la tierra reservada, junto al lmite de la de los levitas.
Y la de los levitas, al lado de los lmites de la de los sacerdotes, ser de veinticinco mil caas de longitud y diez mil de anchura. El total, pues, de su longitud ser de veinticinco mil, y el de su anchura, de diez mil.
No vendern nada de ello, ni lo permutarn ni traspasarn las primicias de la tierra; porque es cosa consagrada a Jehov.
"Las cinco mil caas de anchura que quedan de las veinticinco mil, sern profanas, para la ciudad, para habitacin y para ejido; y la ciudad estar en medio.
Estas sern sus medidas: al lado del norte cuatro mil caas, al lado del sur cuatro mil quinientas, al lado del oriente cuatro mil quinientas, y al lado del occidente cuatro mil quinientas.
Y el ejido de la ciudad ser al norte de doscientas cincuenta caas, al sur de doscientas cincuenta, al oriente de doscientas cincuenta, y de doscientas cincuenta al occidente.
Y lo que quede delante de la porcin santa, de una longitud de diez mil caas al oriente y diez mil al occidente, que ser lo que quede de la porcin santa, estar dedicada a la siembra para el alimento de los que trabajan en la ciudad.
Y los que trabajen en la ciudad procedern de todas la tribus de Israel.
Toda la porcin reservada en un cuadro de veinticinco mil por veinticinco mil caas, ser la porcin que reservaris para el santuario y como propiedad de la ciudad.
"Del gobernante ser lo que quede a uno y otro lado de la porcin santa y de la propiedad de la ciudad, esto es: delante de las veinticinco mil caas de la porcin hasta el lmite oriental; y al occidente, delante de las veinticinco mil hasta el lmite occidental. Lo que quede delante de dichas partes ser del gobernante: ser una porcin santa, y el santuario de la casa estar en medio de ella.
De este modo la parte del gobernante ser la comprendida desde la porcin de los levitas y la porcin de la ciudad, entre el lmite de Jud y el lmite de Benjamn.
"En cuanto a las dems tribus, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, tendr Benjamn una porcin.
Junto al lmite de Benjamn, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Simen, otra.
Junto al lmite de Simen, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Isacar, otra.
Junto al lmite de Isacar, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Zabuln, otra.
Junto al lmite de Zabuln, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Gad, otra.
Junto al lmite de Gad, al lado meridional, al sur, ser el lmite desde Tamar hasta las aguas de las rencillas, y desde Cades y el arroyo hasta el Mar Grande.
Esta es la tierra que repartiris por suertes en heredad a las tribus de Israel, y estas son sus porciones, ha dicho Jehov, el Seor.
"Estas son las salidas de la ciudad: al lado del norte, cuatro mil quinientas caas por medida.
Y las puertas de la ciudad sern llamadas segn los nombres de las tribus de Israel. Las tres puertas al norte sern la puerta de Rubn, la puerta de Jud y la puerta de Lev.
Al lado oriental tendr cuatro mil quinientas caas y tres puertas: la puerta de Jos, la puerta de Benjamn y la puerta de Dan.
Al lado del sur medir cuatro mil quinientas caas y tendr tres puertas: la puerta de Simen, la puerta de Isacar y la puerta de Zabuln.
Y al lado occidental tendr cuatro mil quinientas caas y sus tres puertas: la puerta de Gad, la puerta de Aser y la puerta de Neftal.
Todo el contorno tendr 18000 caas. Y desde aquel da el nombre de la ciudad ser Jehov-sama".
En el tercer ao del reinado de Joacim, rey de Jud, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusaln, y la siti.
El Seor entreg en sus manos a Joacim, rey de Jud, y parte de los utensilios de la casa de Dios; los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y coloc los utensilios en la casa del tesoro de su dios.
Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajera de los hijos de Israel, del linaje real de los prncipes,
muchachos en quienes no hubiera tacha alguna, de buen parecer, instruidos en toda sabidura, sabios en ciencia, de buen entendimiento e idneos para estar en el palacio del rey; y que les enseara las letras y la lengua de los caldeos.
Y les seal el rey una porcin diaria de la comida del rey y del vino que l beba; y que los educara durante tres aos, para que al fin de ellos se presentaran delante del rey.
Entre ellos estaban Daniel, Ananas, Misael y Azaras, de los hijos de Jud.
A estos el jefe de los eunucos puso nombres: a Daniel, Beltsasar; a Ananas, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azaras, Abed-nego.
Daniel propuso en su corazn no contaminarse con la porcin de la comida del rey ni con el vino que l beba; pidi, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse.
Puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos;
y el jefe de los eunucos dijo a Daniel: -- Temo a mi seor el rey, que asign vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que l vea vuestros rostros ms plidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, haris que el rey me condene a muerte.
Entonces dijo Daniel a Melsar, a quien el jefe de los eunucos haba puesto sobre Daniel, Ananas, Misael y Azaras:
-- Te ruego que hagas la prueba con tus siervos durante diez das: que nos den legumbres para comer y agua para beber.
Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la porcin de la comida del rey, y haz despus con tus siervos segn veas.
Consinti, pues, con ellos en esto, y prob con ellos durante diez das.
Y al cabo de los diez das pareci el rostro de ellos mejor y ms robusto que el de los otros muchachos que coman de la porcin de la comida del rey.
As, pues, Melsar se llevaba la porcin de la comida de ellos y el vino que haban de beber, y les daba legumbres.
A estos cuatro muchachos, Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visin y sueos.
Pasados, pues, los das al fin de los cuales haba dicho el rey que los llevaran, el jefe de los eunucos los llev delante de Nabucodonosor.
El rey habl con ellos, y no se hallaron entre todos ellos otros como Daniel, Ananas, Misael y Azaras; as, pues, permanecieron al servicio del rey.
En todo asunto de sabidura e inteligencia que el rey los consult, los hall diez veces mejores que todos los magos y astrlogos que haba en todo su reino.
As continu Daniel hasta el ao primero del rey Ciro.
En el segundo ao del reinado de Nabucodonosor, tuvo Nabucodonosor sueos, y se turb su espritu y se le fue el sueo.
Hizo llamar el rey a magos, astrlogos, encantadores y caldeos, para que le explicaran sus sueos. Vinieron, pues, y se presentaron delante del rey.
El rey les dijo: -- He tenido un sueo, y mi espritu se ha turbado por saber el sueo.
Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: -- Rey, para siempre vive! Cuenta el sueo a tus siervos, y te daremos la interpretacin.
Respondi el rey y dijo a los caldeos: -- El asunto lo olvid; pero si no me decs el sueo y su interpretacin, seris hechos pedazos y vuestras casas sern convertidas en estercoleros.
Pero si me decs el sueo y su interpretacin, de m recibiris dones, favores y gran honra. Decidme, pues, el sueo y su interpretacin.
Respondieron por segunda vez, y dijeron: -- Cuente el rey el sueo a sus siervos, y le daremos la interpretacin.
El rey respondi y dijo: -- Yo conozco ciertamente que vosotros ponis dilaciones, porque veis que el asunto se me ha ido.
Si no me contis el sueo, una sola sentencia hay para vosotros. Ciertamente preparis una respuesta mentirosa y perversa que decir delante de m, entre tanto que pasa el tiempo. Contadme, pues, el sueo, para que yo sepa que me podis dar su interpretacin.
Los caldeos respondieron delante del rey y dijeron: -- No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey. Adems, ningn rey, prncipe ni seor pregunt cosa semejante a ningn mago ni astrlogo ni caldeo.
Porque el asunto que el rey demanda es difcil, y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no est entre los hombres.
Por esto el rey, con ira y con gran enojo, mand que mataran a todos los sabios de Babilonia.
Se public, pues, el edicto de que los sabios fueran llevados a la muerte; y buscaron tambin a Daniel y a sus compaeros para matarlos.
Entonces Daniel habl sabia y prudentemente a Arioc, capitn de la guardia del rey, que haba salido para matar a los sabios de Babilonia.
Habl y dijo a Arioc, capitn del rey: -- Cul es la causa de que este edicto se publique de parte del rey tan apresuradamente? Entonces Arioc hizo saber a Daniel lo que haba;
y Daniel entr y pidi al rey que le concediera tiempo, que l dara al rey la interpretacin.
Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber a Ananas, Misael y Azaras, sus compaeros, lo que suceda
para que pidieran misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, a fin de que Daniel y sus compaeros no perecieran con los otros sabios de Babilonia.
El secreto le fue revelado a Daniel en visin de noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo.
Habl Daniel y dijo: "Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabidura.
l muda los tiempos y las edades, quita reyes y pone reyes; da la sabidura a los sabios y la ciencia a los entendidos.
l revela lo profundo y lo escondido, conoce lo que est en tinieblas y con l mora la luz.
A ti, Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabidura y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos, pues nos has dado a conocer el asunto del rey".
Despus de esto fue Daniel a Arioc, al cual el rey haba puesto para matar a los sabios de Babilonia, y le dijo: -- No mates a los sabios de Babilonia; llvame a la presencia del rey, y yo le dar la interpretacin.
Entonces Arioc llev prontamente a Daniel ante el rey, y le dijo as: -- He hallado un hombre de los deportados de Jud, el cual dar al rey la interpretacin.
Respondi el rey y dijo a Daniel, al cual llamaban Beltsasar: -- Podrs t hacerme conocer el sueo que vi, y su interpretacin?
Daniel respondi al rey diciendo: -- El misterio que el rey demanda, ni sabios ni astrlogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey.
Pero hay un Dios en los cielos que revela los misterios, y l ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los ltimos das. Estos son tu sueo y las visiones que has tenido en tu cama:
"Estando t, rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo que haba de suceder en lo por venir; y el que revela los misterios te mostr lo que ha de ser.
Y a m me ha sido revelado este misterio, no porque en m haya ms sabidura que en los dems vivientes, sino para que se d a conocer al rey la interpretacin y para que entiendas los pensamientos de tu corazn.
"T, rey, veas en tu sueo una gran imagen. Esta imagen era muy grande y su gloria, muy sublime. Estaba en pie delante de ti y su aspecto era terrible.
La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce;
sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido.
Estabas mirando, hasta que una piedra se desprendi sin que la cortara mano alguna, e hiri a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuz.
Entonces fueron desmenuzados tambin el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llev el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Pero la piedra que hiri a la imagen se hizo un gran monte que llen toda la tierra.
"Este es el sueo. Tambin la interpretacin de l diremos en presencia del rey.
T, rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad.
Dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, l los ha entregado en tus manos, y te ha dado el dominio sobre todo. T eres aquella cabeza de oro.
Despus de ti se levantar otro reino, inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominar sobre toda la tierra.
Y el cuarto reino ser fuerte como el hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, as l lo desmenuzar y lo quebrantar todo.
"Lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, ser un reino dividido; pero habr en l algo de la fuerza del hierro, as como viste el hierro mezclado con barro cocido.
Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, este reino ser en parte fuerte y en parte frgil.
As como viste el hierro mezclado con barro, as se mezclarn por medio de alianzas humanas; pero no se unirn el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro.
En los das de estos reyes, el Dios del cielo levantar un reino que no ser jams destruido, ni ser el reino dejado a otro pueblo; desmenuzar y consumir a todos estos reinos, pero l permanecer para siempre,
de la manera que viste que del monte se desprendi una piedra sin que la cortara mano alguna, la cual desmenuz el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueo es verdadero, y fiel su interpretacin".
Entonces el rey Nabucodonosor se postr sobre su rostro, se humill ante Daniel, y mand que le ofrecieran presentes e incienso.
El rey habl a Daniel, y dijo: -- Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, Seor de los reyes y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio.
Entonces el rey engrandeci a Daniel, le dio muchos honores y grandes dones, y lo hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia.
Daniel solicit y obtuvo del rey que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la corte del rey.
El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, cuya altura era de sesenta codos y la anchura de seis codos; la levant en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
Y orden el rey Nabucodonosor que se reunieran los strapas, los magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces y todos los gobernadores de las provincias, para que vinieran a la dedicacin de la estatua que el rey Nabucodonosor haba levantado.
Se reunieron, pues, los strapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces y todos los gobernadores de las provincias, para la dedicacin de la estatua que el rey Nabucodonosor haba levantado; y estaban en pie delante de la estatua que haba levantado el rey Nabucodonosor.
Y el pregonero anunciaba en alta voz: "Se os ordena a vosotros, pueblos, naciones y lenguas,
que al oir el son de la bocina, la flauta, la ctara, el arpa, el salterio, la zampoa y todo instrumento de msica, os postris y adoris la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado;
y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente ser echado dentro de un horno de fuego ardiente".
Por lo cual, al oir todos los pueblos el son de la bocina, la flauta, la ctara, el arpa, el salterio, la zampoa y todo instrumento de msica, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor haba levantado.
Por esto, en aquel tiempo algunos hombres caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judos.
Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: -- Rey, para siempre vive!
T, rey, has dado una ley que todo hombre, al oir el son de la bocina, la flauta, la ctara, el arpa, el salterio, la zampoa y todo instrumento de msica, se postre y adore la estatua de oro;
y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiente.
Hay unos hombres judos, a los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos hombres, oh rey, no te han respetado; no adoran a tus dioses ni adoran la estatua de oro que has levantado.
Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajeran a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron trados delante del rey.
Habl Nabucodonosor y les dijo: -- Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honris a mi dios ni adoris la estatua de oro que he levantado?
Ahora, pues, estis dispuestos para que, al oir el son de la bocina, la flauta, la ctara, el arpa, el salterio, la zampoa y todo instrumento de msica, os postris y adoris la estatua que he hecho? Porque si no la adoris, en la misma hora seris echados en medio de un horno de fuego ardiente, y qu dios ser el que os libre de mis manos?
Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: -- No es necesario que te respondamos sobre este asunto.
Nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tus manos, rey, nos librar.
Y si no, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
Entonces Nabucodonosor se llen de ira, cambi el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego y orden que el horno se calentara siete veces ms de lo acostumbrado.
Y orden a hombres muy vigorosos que tena en su ejrcito, que ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiente.
As pues, estos hombres fueron atados con sus mantos, sus calzados, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiente.
Y como la orden del rey era apremiante, y haban calentado mucho el horno, la llama del fuego mat a aquellos que haban alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego.
Estos tres hombres, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiente.
Entonces el rey Nabucodonosor se espant, se levant apresuradamente y dijo a los de su consejo: -- No echaron a tres hombres atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: -- Es verdad, oh rey.
Y l dijo: -- Sin embargo, yo veo cuatro hombres sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningn dao; y el aspecto del cuarto es semejante a un hijo de los dioses.
Entonces Nabucodonosor se acerc a la puerta del horno de fuego ardiente, y dijo: -- Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altsimo, salid y venid. Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego.
Y se juntaron los strapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey para mirar a estos hombres, cmo el fuego no haba tenido poder alguno sobre sus cuerpos y ni aun el cabello de sus cabezas se haba quemado; sus ropas, intactas, ni siquiera olor de fuego tenan.
Y Nabucodonosor dijo: "Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envi su ngel y libr a sus siervos que confiaron en l, los cuales no cumplieron el edicto del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.
Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nacin o lengua que diga blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en estercolero; por cuanto no hay dios que pueda librar como este".
Entonces el rey engrandeci a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.
"Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada.
"Conviene que yo declare las seales y milagros que el Dios Altsimo ha hecho conmigo.
Cun grandes son sus seales y cun potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno; su seoro, de generacin en generacin.
"Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa, floreciente en mi palacio.
Tuve un sueo que me espant; tendido en la cama, las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron.
Por esto mand que vinieran ante m todos los sabios de Babilonia para que me dieran la interpretacin del sueo.
Y vinieron magos, astrlogos, caldeos y adivinos, y les cont el sueo, pero no me pudieron dar su interpretacin,
hasta que entr ante m Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espritu de los dioses santos. Cont delante de l el sueo, diciendo:
"Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espritu de los dioses santos y que ningn misterio se te esconde, declrame las visiones de mi sueo que he visto, y su interpretacin.
Estas fueron las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama: "Me pareca ver en medio de la tierra un rbol cuya altura era grande.
Creca este rbol, y se haca fuerte, y su copa llegaba hasta el cielo y se le alcanzaba a ver desde todos los confines de la tierra.
Su follaje era hermoso, su fruto abundante y haba en l alimento para todos. Debajo de l, a su sombra, se ponan las bestias del campo, en sus ramas anidaban las aves del cielo y se mantena de l todo ser viviente.
"Vi en las visiones de mi cabeza, mientras estaba en mi cama, que un vigilante y santo descenda del cielo.
Clamaba fuertemente y deca as: "'Derribad el rbol y cortad sus ramas, quitadle el follaje y dispersad su fruto; vyanse las bestias que estn debajo de l, y las aves de sus ramas.
Mas la cepa de sus races dejaris en la tierra, con atadura de hierro y de bronce entre la hierba del campo; que lo empape el roco del cielo, y con las bestias sea su parte entre la hierba de la tierra.
Su corazn de hombre sea cambiado y le sea dado corazn de bestia, y pasen sobre l siete tiempos.
La sentencia es por decreto de los vigilantes y por dicho de los santos la resolucin, para que conozcan los vivientes que el Altsimo gobierna el reino de los hombres, que a quien l quiere lo da y sobre l constituye al ms humilde de los hombres'.
"Yo, el rey Nabucodonosor, he visto este sueo. T, pues, Beltsasar, dars su interpretacin, porque ninguno entre los sabios de mi reino lo ha podido interpretar; pero t puedes, porque habita en ti el espritu de los dioses santos"".
Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, qued atnito casi una hora, y sus pensamientos lo turbaban. El rey habl y dijo: -- Beltsasar, no te turben ni el sueo ni su interpretacin. Beltsasar respondi y dijo: -- Seor mo, el sueo sea para tus enemigos y su interpretacin para los que mal te quieren.
El rbol que viste, que creca y se haca fuerte, cuya copa llegaba hasta el cielo, que se vea desde todos los confines de la tierra,
cuyo follaje era hermoso y su fruto abundante, en el que haba alimento para todos, debajo del cual vivan las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo,
t mismo eres, oh rey, que creciste y te hiciste fuerte, pues creci tu grandeza y ha llegado hasta el cielo, y tu dominio hasta los confines de la tierra.
En cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que descenda del cielo y deca: "Cortad el rbol y destruidlo; mas la cepa de sus races dejaris en la tierra, con atadura de hierro y de bronce en la hierba del campo; que lo empape el roco del cielo, y con las bestias del campo sea su parte hasta que pasen sobre l siete tiempos",
esta es la interpretacin, oh rey, y la sentencia del Altsimo, que ha venido sobre mi seor, el rey:
Que te echarn de entre los hombres y con las bestias del campo ser tu habitacin, con hierba del campo te apacentarn como a los bueyes y con el roco del cielo sers baado; y siete tiempos pasarn sobre ti, hasta que conozcas que el Altsimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien l quiere.
Y en cuanto a la orden de dejar en la tierra la cepa de las races del mismo rbol, significa que tu reino te quedar firme, despus que reconozcas que es el cielo el que gobierna.
Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias con los oprimidos, pues tal vez ser eso una prolongacin de tu tranquilidad.
Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor:
Al cabo de doce meses, paseando por el palacio real de Babilonia,
habl el rey y dijo: "No es esta la gran Babilonia que yo edifiqu para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?".
An estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: "A ti se te dice, rey Nabucodonosor: "El reino te ha sido quitado;
de entre los hombres te arrojarn, con las bestias del campo ser tu habitacin y como a los bueyes te apacentarn; y siete tiempos pasarn sobre ti, hasta que reconozcas que el Altsimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien l quiere"".
En la misma hora se cumpli la palabra sobre Nabucodonosor: Fue echado de entre los hombres, coma hierba como los bueyes y su cuerpo se empapaba del roco del cielo, hasta que su pelo creci como plumas de guila y sus uas como las de las aves.
"Al fin del tiempo, yo, Nabucodonosor, alc mis ojos al cielo y mi razn me fue devuelta; bendije al Altsimo, y alab y glorifiqu al que vive para siempre: ""Su dominio es sempiterno; su reino, por todas las edades.
Considerados como nada son los habitantes todos de la tierra; l hace segn su voluntad en el ejrcito del cielo y en los habitantes de la tierra; no hay quien detenga su mano y le diga: 'Qu haces?' ".
"En el mismo tiempo mi razn me fue devuelta, la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a m, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue aadida.
"Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas y sus caminos justos; y l puede humillar a los que andan con soberbia".
El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus prncipes, y en presencia de los mil beba vino.
Belsasar, con el gusto del vino, mand que trajeran los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor, su padre, haba trado del templo de Jerusaln, para que bebieran de ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas.
Entonces trajeron los vasos de oro que haban trado del templo de la casa de Dios, que estaba en Jerusaln, y bebieron de ellos el rey y sus prncipes, sus mujeres y sus concubinas.
Bebieron vino y alabaron a los dioses de oro y plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra.
En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre que escriba delante del candelabro, sobre lo encalado de la pared del palacio real; y el rey vea la mano que escriba.
Entonces el rey palideci y sus pensamientos lo turbaron, se debilitaron sus caderas y sus rodillas daban la una contra la otra.
El rey grit en alta voz que hicieran venir magos, caldeos y adivinos; y dijo el rey a los sabios de Babilonia: "Cualquiera que lea esta escritura y me d su interpretacin, ser vestido de prpura, llevar en su cuello un collar de oro y ser el tercer seor en el reino".
Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la escritura ni dar al rey su interpretacin.
Entonces el rey Belsasar se turb sobremanera y palideci, y sus prncipes estaban perplejos.
La reina, por las palabras del rey y de sus prncipes, entr a la sala del banquete, y dijo: -- Rey, vive para siempre! No te turben tus pensamientos ni palidezca tu rostro.
En tu reino hay un hombre en el que mora el espritu de los dioses santos, y en los das de tu padre se hall en l luz, inteligencia y sabidura, como la sabidura de los dioses. El rey Nabucodonosor, tu padre, oh rey, lo constituy jefe sobre todos los magos, astrlogos, caldeos y adivinos,
por cuanto en l se hall ms espritu, ciencia y entendimiento para interpretar sueos, descifrar enigmas y resolver dudas; esto es, en Daniel, al cual el rey puso por nombre Beltsasar. Llmese, pues, ahora a Daniel, y l te dar la interpretacin.
Entonces trajeron a Daniel ante el rey. Y dijo el rey a Daniel: -- Eres t aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Jud, que mi padre trajo de Judea?
Yo he odo de ti que el espritu de los dioses santos est en ti, y que en ti se hall luz, entendimiento y mayor sabidura.
Y ahora trajeron ante m sabios y astrlogos para que leyeran esta escritura y me dieran su interpretacin; pero no han podido interpretarme el asunto.
Yo, pues, he odo de ti que puedes interpretar y resolver dificultades. Si ahora puedes leer esta escritura y darme su interpretacin, sers vestido de prpura, llevars en tu cuello un collar de oro y sers el tercer seor en el reino.
Entonces Daniel respondi y dijo al rey: -- Tus dones sean para ti; da tus recompensas a otros. Leer la escritura al rey y le dar la interpretacin.
"El Altsimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor, tu padre, el reino, la grandeza, la gloria y la majestad.
Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y teman delante de l. A quien le placa, mataba, y a quien le placa, daba vida; engrandeca a quien le placa, y a quien le placa, humillaba.
Pero cuando su corazn se ensoberbeci y su espritu se endureci en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino y despojado de su gloria.
Fue echado de entre los hijos de los hombres, su mente se hizo semejante a la de las bestias y con los asnos monteses fue su habitacin. Le hicieron comer hierba, como al buey, y su cuerpo se empap del roco del cielo, hasta que reconoci que el Altsimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre l al que le place.
Pero t, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazn sabiendo todo esto,
sino que contra el Seor del cielo te has ensoberbecido; hiciste traer ante ti los vasos de su Casa, y t y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas bebisteis vino de ellos; adems diste alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven ni oyen ni saben; pero nunca honraste al Dios en cuya mano est tu vida y de quien son todos tus caminos.
"Por eso, de su presencia envi l la mano que traz esta escritura.
Y la escritura que traz es: "Mene, Mene, Tekel, Uparsin".
Esta es la interpretacin del asunto: "Mene": Cont Dios tu reino y le ha puesto fin.
"Tekel": Pesado has sido en balanza y hallado falto.
"Peres": Tu reino ha sido roto y dado a los medos y a los persas.
Entonces Belsasar mand vestir a Daniel de prpura, poner en su cuello un collar de oro y proclamar que l era el tercer seor del reino.
La misma noche fue muerto Belsasar, rey de los caldeos.
Y Daro, de Media, cuando tena sesenta y dos aos, tom el reino.
Pareci bien a Daro constituir sobre el reino ciento veinte strapas que gobernaran en todo el reino.
Y sobre ellos tres gobernadores, de los cuales Daniel era uno, a quienes estos strapas dieran cuenta, para que el rey no fuera perjudicado.
Pero Daniel mismo era superior a estos strapas y gobernadores, porque haba en l un espritu superior; y el rey pens en ponerlo sobre todo el reino.
Los gobernadores y strapas buscaron ocasin para acusar a Daniel en lo relacionado con el reino; pero no podan hallar motivo alguno o falta, porque l era fiel, y ningn error ni falta hallaron en l.
Entonces dijeron aquellos hombres: "No hallaremos contra este Daniel motivo alguno para acusarlo, si no lo hallamos contra l en relacin con la ley de su Dios".
Entonces estos gobernadores y strapas se juntaron delante del rey, y le dijeron: -- Rey Daro, para siempre vive!
Todos los gobernadores del reino, magistrados, strapas, prncipes y capitanes han acordado por consejo que promulgues un edicto real, y lo confirmes, ordenando que cualquiera que en el espacio de treinta das demande peticin de cualquier dios u hombre fuera de ti, rey, sea echado al foso de los leones.
Ahora, pues, oh rey, confirma el edicto y frmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, que no puede ser abrogada.
Firm, pues, el rey Daro el edicto y la prohibicin.
Cuando Daniel supo que el edicto haba sido firmado, entr en su casa; abiertas las ventanas de su habitacin que daban a Jerusaln, se arrodillaba tres veces al da, oraba y daba gracias delante de su Dios como sola hacerlo antes.
Se juntaron entonces aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios.
Fueron luego ante el rey y le hablaron del edicto real: -- No has confirmado un edicto ordenando que cualquiera que en el espacio de treinta das pida a cualquier dios u hombre fuera de ti, rey, sea echado al foso de los leones? Respondi el rey diciendo: -- Verdad es, conforme a la ley de Media y de Persia, que no puede ser abrogada.
Entonces respondieron y dijeron delante del rey: -- Daniel, que es de los hijos de los cautivos de Jud, no te respeta a ti, rey, ni acata el edicto que confirmaste, sino que tres veces al da hace su peticin.
Cuando el rey oy el asunto, le pes en gran manera y resolvi librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabaj para librarlo.
Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: -- Sabes, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningn edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado.
Entonces el rey orden que trajeran a Daniel, y lo echaron al foso de los leones. El rey dijo a Daniel: -- El Dios tuyo, a quien t continuamente sirves, l te libre.
Trajeron una piedra y la pusieron sobre la puerta del foso, la cual sell el rey con su anillo y con el anillo de sus prncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se cambiara.
Luego el rey se fue a su palacio, y se acost en ayunas; no trajeron ante l instrumentos musicales, y se le fue el sueo.
El rey se levant muy de maana, y fue apresuradamente al foso de los leones.
Acercndose al foso, llam a gritos a Daniel con voz triste, y le dijo: -- Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien t continuamente sirves, te ha podido librar de los leones?
Entonces Daniel respondi al rey: -- Rey, vive para siempre!
Mi Dios envi su ngel, el cual cerr la boca de los leones para que no me hicieran dao, porque ante l fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo.
Se alegr el rey en gran manera a causa de l, y mand sacar a Daniel del foso. Sacaron, pues, del foso a Daniel, pero ninguna lesin se hall en l, porque haba confiado en su Dios.
Luego orden el rey que trajeran a aquellos hombres que haban acusado a Daniel, y fueron echados al foso de los leones ellos, sus hijos y sus mujeres; y an no haban llegado al fondo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos y quebraron todos sus huesos.
Entonces el rey Daro escribi a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: "Paz os sea multiplicada.
De parte ma es promulgada esta ordenanza: "Que en todo el dominio de mi reino, todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel. "Porque l es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, su reino no ser jams destruido y su dominio perdurar hasta el fin.
l salva y libra, y hace seales y maravillas en el cielo y en la tierra; l ha librado a Daniel del poder de los leones"".
Daniel prosper durante los reinados de Daro y de Ciro, el persa.
En el primer ao de Belsasar, rey de Babilonia, tuvo Daniel un sueo y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribi el sueo y relat lo principal del asunto.
Daniel dijo: "Miraba yo en mi visin de noche, y vi que los cuatro vientos del cielo combatan en el gran mar.
Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, suban del mar.
La primera era como un len, y tena alas de guila. Yo estaba mirando hasta que sus alas le fueron arrancadas; fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies, a manera de hombre, y se le dio corazn de hombre.
"Vi luego una segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado ms que del otro. En su boca, entre los dientes, tena tres costillas; y se le dijo: "Levntate y devora mucha carne".
"Despus de esto mir, y otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas. Esta bestia tena cuatro cabezas; y le fue dado dominio.
"Despus de esto miraba yo en las visiones de la noche, y vi la cuarta bestia, espantosa, terrible y en gran manera fuerte, la cual tena unos grandes dientes de hierro; devoraba y desmenuzaba, pisoteaba las sobras con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que haba visto antes de ella; y tena diez cuernos.
"Mientras yo contemplaba los cuernos, otro cuerno pequeo sali entre ellos, y delante de l fueron arrancados tres cuernos de los primeros. Este cuerno tena ojos como de hombre y una boca que hablaba con gran insolencia.
"Estuve mirando hasta que fueron puestos unos tronos y se sent un Anciano de das. Su vestido era blanco como la nieve; el pelo de su cabeza, como lana limpia; su trono, llama de fuego, y fuego ardiente las ruedas del mismo.
Un ro de fuego proceda y sala de delante de l; miles de miles lo servan, y millones de millones estaban delante de l. El Juez se sent y los libros fueron abiertos.
"Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes insolencias que hablaba el cuerno; y mientras miraba mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para quemarlo en el fuego.
Tambin a las otras bestias les haban quitado su dominio, pero les haba sido prolongada la vida hasta cierto tiempo.
"Miraba yo en la visin de la noche, y vi que con las nubes del cielo vena uno como un hijo de hombre; vino hasta el Anciano de das, y lo hicieron acercarse delante de l.
Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasar; y su reino es uno que nunca ser destruido.
"A m, Daniel, se me turb el espritu hasta lo ms hondo de mi ser, y las visiones de mi cabeza me asombraron.
Me acerqu a uno de los que all estaban y le pregunt la verdad acerca de todo aquello. Me habl y me hizo conocer la interpretacin de las cosas:
""Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarn en la tierra.
Despus recibirn el reino los santos del Altsimo, y poseern el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre".
"Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tena dientes de hierro y uas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y pisoteaba las sobras con sus pies;
asimismo acerca de los diez cuernos que tena en su cabeza, y del otro que le haba salido, ante el cual haban cado tres. Este mismo cuerno tena ojos y una boca que hablaba con gran insolencia, y pareca ms grande que sus compaeros.
Y vea yo que este cuerno haca guerra contra los santos y los venca,
hasta que vino el Anciano de das, y se hizo justicia a los santos del Altsimo; y lleg el tiempo, y los santos recibieron el reino.
"Dijo as: ""La cuarta bestia ser un cuarto reino en la tierra, el cual ser diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorar, trillar y despedazar.
Los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarn diez reyes; y tras ellos se levantar otro, el cual ser diferente de los primeros, y derribar a tres reyes.
Hablar palabras contra el Altsimo, a los santos del Altsimo quebrantar y pensar en cambiar los tiempos y la Ley; y sern entregados en sus manos hasta tiempo, tiempos y medio tiempo.
Pero se sentar el Juez, y le quitarn su dominio, para que sea destruido y arruinado hasta el fin,
y que el reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo sean dados al pueblo de los santos del Altsimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios lo servirn y obedecern".
"Aqu fue el fin de sus palabras. En cuanto a m, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demud; pero guard el asunto en mi corazn".
"En el ao tercero del reinado del rey Belsasar, yo, Daniel, tuve una visin, despus de aquella que haba tenido antes.
Miraba yo la visin, y en ella yo estaba en Susa, que es la capital del reino, en la provincia de Elam. En la visin, pues, me vea junto al ro Ulai.
Alc los ojos y mir, y haba un carnero que estaba delante del ro, y tena dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era ms alto que el otro, y el ms alto creci despus.
Vi que el carnero hera con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia poda parar delante de l, ni haba quien escapara de su poder. Haca conforme a su voluntad, y se engrandeca.
"Mientras yo consideraba esto, un macho cabro vena del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabro tena un cuerno notable entre sus ojos.
Vino hasta el carnero de dos cuernos que yo haba visto en la ribera del ro, y corri contra l con la furia de su fuerza.
Lo vi llegar junto al carnero; se levant contra l y lo hiri, y le quebr sus dos cuernos; y el carnero no tena fuerzas para hacerle frente. Lo derrib, por tanto, a tierra, lo pisote y no hubo quien librara de su poder al carnero.
"El macho cabro creci en gran manera; pero cuando estaba en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo.
De uno de ellos sali un cuerno pequeo, que creci mucho hacia el sur y el oriente, y hacia la tierra gloriosa.
Creci hasta llegar al ejrcito del cielo; y parte del ejrcito y de las estrellas ech por tierra, y las pisote.
Aun se engrandeci frente al prncipe de los ejrcitos; por l fue quitado el sacrificio continuo, y el lugar de su santuario fue echado por tierra.
A causa de la prevaricacin le fue entregado el ejrcito junto con el sacrificio continuo; ech por tierra la verdad e hizo cuanto quiso, y prosper.
"Entonces o hablar a un santo; y otro de los santos pregunt a aquel que hablaba: "Hasta cundo durar la visin del sacrificio continuo, la prevaricacin asoladora y la entrega del santuario y el ejrcito para ser pisoteados?".
Y l dijo: "Hasta dos mil trescientas tardes y maanas; luego el santuario ser purificado".
"Aconteci que mientras yo, Daniel, consideraba la visin y procuraba comprenderla, se puso delante de m uno con apariencia de hombre.
Y o una voz de hombre entre las riberas del Ulai, que grit y dijo: "Gabriel, ensea a este la visin".
"Vino luego cerca de donde yo estaba. Y al venir, me asust y me postr sobre mi rostro. Pero l me dijo: "Entiende, hijo de hombre, que la visin es para el tiempo del fin".
"Mientras l hablaba conmigo, ca dormido en tierra sobre mi rostro. l me toc y me hizo estar en pie.
Y dijo: "Yo te ensear lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin.
En cuanto al carnero que viste, que tena dos cuernos: estos son los reyes de Media y de Persia.
El macho cabro es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tena entre sus ojos es el rey primero.
En cuanto al cuerno que fue quebrado y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarn de esa nacin, aunque no con la fuerza de l.
"Al fin del reinado de estos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantar un rey altivo de rostro y entendido en enigmas.
Su poder se fortalecer, mas no con fuerza propia; causar grandes ruinas, prosperar, actuar arbitrariamente y destruir a los fuertes y al pueblo de los santos.
Con su sagacidad har prosperar el engao en su mano; en su corazn se engrandecer y, sin aviso, destruir a muchos. Se levantar contra el Prncipe de los prncipes, pero ser quebrantado, aunque no por mano humana.
La visin de las tardes y maanas que se ha referido es verdadera; y t guarda la visin, porque es para muchos das".
"Yo, Daniel, qued quebrantado, y estuve enfermo algunos das. Cuando me levant, atend los negocios del rey; pero estaba espantado a causa de la visin, y no la entenda".
"En el primer ao de Daro hijo de Asuero, de la nacin de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos,
en el primer ao de su reinado, yo, Daniel, mir atentamente en los libros el nmero de los aos de que habl Jehov al profeta Jeremas, en los que haban de cumplirse las desolaciones de Jerusaln: setenta aos.
Volv mi rostro a Dios, el Seor, buscndolo en oracin y ruego, en ayuno, ropas speras y ceniza.
Or a Jehov, mi Dios, e hice confesin diciendo: "Ahora, Seor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos,
hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos actuado impamente, hemos sido rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.
No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros prncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.
Tuya es, Seor, la justicia, y nuestra la confusin de rostro que en el da de hoy lleva todo hombre de Jud, los habitantes de Jerusaln y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelin con que se rebelaron contra ti.
Nuestra es, Jehov, la confusin de rostro, y de nuestros reyes, de nuestros prncipes y de nuestros padres, porque contra ti pecamos.
De Jehov, nuestro Dios, es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra l nos hemos rebelado
y no obedecimos a la voz de Jehov, nuestro Dios, para andar en sus leyes, que l puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas.
Todo Israel traspas tu Ley, apartndose para no obedecer a tu voz. Por lo cual ha cado sobre nosotros la maldicin y el juramento que est escrito en la ley de Moiss, siervo de Dios, porque contra Dios pecamos.
Y l ha cumplido la palabra que habl contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan gran mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusaln.
Conforme est escrito en la ley de Moiss, todo este mal vino sobre nosotros; pero no hemos implorado el favor de Jehov, nuestro Dios, y no nos hemos convertido de nuestras maldades ni entendido tu verdad.
Por tanto, Jehov vel sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehov, nuestro Dios, en todas sus obras que ha hecho, y nosotros no obedecimos a su voz.
"Ahora pues, Seor, Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa y te hiciste renombre cual lo tienes hoy, hemos pecado, hemos actuado impamente.
Seor, conforme a todos tus actos de justicia, aprtese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusaln, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados y por la maldad de nuestros padres, Jerusaln y tu pueblo son el oprobio de todos los que nos rodean.
Ahora pues, Dios nuestro, oye la oracin y los ruegos de tu siervo, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Seor.
Inclina, Dios mo, tu odo, y oye; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.
Oye, Seor! Seor, perdona! Presta odo, Seor, y hazlo! No tardes, por amor de ti mismo, Dios mo, porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo".
"An estaba hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehov, mi Dios, por el monte santo de mi Dios;
an estaba hablando en oracin, cuando el varn Gabriel, a quien haba visto en la visin, al principio, volando con presteza vino a m como a la hora del sacrificio de la tarde.
Me hizo entender, y habl conmigo diciendo: "Daniel, ahora he salido para darte sabidura y entendimiento.
Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para ensertela, porque t eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visin.
"Setenta semanas estn determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricacin, poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, sellar la visin y la profeca y ungir al Santo de los santos.
Sabe, pues, y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusaln hasta el Mesas Prncipe, habr siete semanas y sesenta y dos semanas; se volvern a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.
Despus de las sesenta y dos semanas se quitar la vida al Mesas, y nada ya le quedar. El pueblo de un prncipe que ha de venir destruir la ciudad y el santuario, su final llegar como una inundacin, y hasta el fin de la guerra durarn las devastaciones.
Por otra semana ms confirmar el pacto con muchos; a la mitad de la semana har cesar el sacrificio y la ofrenda. Despus, con la muchedumbre de las abominaciones, vendr el desolador, hasta que venga la consumacin y lo que est determinado se derrame sobre el desolador"".
En el tercer ao de Ciro, rey de Persia, fue revelada palabra a Daniel, llamado Beltsasar. La palabra era verdadera y el conflicto grande, pero l comprendi la palabra y tuvo inteligencia en la visin.
"En aquellos das yo, Daniel, estuve afligido por espacio de tres semanas.
No com manjar delicado, ni entr en mi boca carne ni vino, ni me ung con perfume, hasta que se cumplieron las tres semanas.
El da veinticuatro del primer mes estaba yo a la orilla del gran ro Hidekel.
Alc mis ojos y mir, y vi un varn vestido de lino y ceida su cintura con oro de Ufaz.
Su cuerpo era como de berilo, su rostro pareca un relmpago, sus ojos como antorchas de fuego, sus brazos y sus pies como de color de bronce bruido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud.
"Slo yo, Daniel, vi aquella visin. No la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoder de ellos un gran temor y huyeron y se escondieron.
Qued, pues, yo solo ante esta gran visin, pero no quedaron fuerzas en m, antes bien, mis fuerzas se cambiaron en desfallecimiento, pues me abandonaron totalmente.
Pero o el sonido de sus palabras; y al oir el sonido de sus palabras ca sobre mi rostro en un profundo sueo, con mi rostro en tierra.
Y una mano me toc e hizo que me pusiera sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos.
Me dijo: "Daniel, varn muy amado, est atento a las palabras que he de decirte y ponte en pie, porque a ti he sido enviado ahora". "Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando.
Entonces me dijo: "Daniel, no temas, porque desde el primer da que dispusiste tu corazn a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron odas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.
Mas el prncipe del reino de Persia se me opuso durante veintin das; pero Miguel, uno de los principales prncipes, vino para ayudarme, y qued all con los reyes de Persia.
He venido para hacerte saber lo que ha de sucederle a tu pueblo en los ltimos das, porque la visin es para esos das".
"Mientras me deca estas palabras, yo tena los ojos puestos en tierra y haba enmudecido.
Pero uno con semejanza de hijo de hombre toc mis labios. Entonces abr la boca y habl, y dije al que estaba delante de m: "Seor mo, con la visin me han sobrevenido dolores y no me quedan fuerzas.
Cmo, pues, podr el siervo de mi seor hablar con mi seor? Porque al instante me faltaron las fuerzas, y no me qued aliento".
"Aquel que tena semejanza de hombre me toc otra vez, me fortaleci
y me dijo: "Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfurzate y cobra aliento". Mientras l me hablaba, recobr las fuerzas y dije: "Hable mi seor, porque me has fortalecido".
l me dijo: "Sabes por qu he venido a ti? Ahora tengo que volver para pelear contra el prncipe de Persia; al terminar con l, el prncipe de Grecia vendr.
Pero yo te declarar lo que est escrito en el libro de la verdad: nadie me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro prncipe".
"Tambin yo en el primer ao de Daro, el medo, estuve para animarlo y fortalecerlo.
"Ahora yo te mostrar la verdad. An habr tres reyes en Persia, y el cuarto se har de grandes riquezas, ms que todos ellos. Este, al hacerse fuerte con sus riquezas, levantar a todos contra el reino de Grecia.
Se levantar luego un rey valiente, que dominar con gran poder y har su voluntad.
Pero cuando se haya levantado, su reino ser quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; pero no ser para sus descendientes, ni segn el dominio con que l domin, porque su reino quedar deshecho y ser para otros aparte de ellos.
"El rey del sur se har fuerte, pero uno de sus prncipes ser ms fuerte que l, se har poderoso y su dominio ser grande.
Al cabo de unos aos harn alianza, y la hija del rey del sur vendr al rey del norte para hacer la paz. Pero ella no podr retener la fuerza de su brazo, y ni l ni su brazo permanecern; porque ella ser entregada a la muerte, y tambin los que la haban trado, y su hijo y los que estaban de parte de ella en aquel tiempo.
"Pero un renuevo de sus races se levantar sobre su trono, vendr con un ejrcito contra el rey del norte, entrar en la fortaleza y har con ellos a su arbitrio, y predominar.
Y aun a los dioses de ellos, sus imgenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro, llevar cautivos a Egipto; y durante aos se mantendr l alejado del rey del norte.
As entrar en el reino el rey del sur, y volver a su tierra.
"Pero los hijos de aquel se airarn y reunirn multitud de grandes ejrcitos. Vendr uno apresuradamente, inundar y pasar adelante; luego volver y llevar la guerra hasta su fortaleza.
Por eso se enfurecer el rey del sur, y saldr y pelear contra el rey del norte; este pondr en campaa una gran multitud, pero toda esa multitud ser entregada en manos de aquel.
Al llevarse l la multitud, se elevar su corazn y derribar a muchos millares; pero no prevalecer.
El rey del norte volver a poner en campaa una multitud, mayor que la primera, y al cabo de algunos aos vendr rpidamente, con un gran ejrcito y muchas riquezas.
"En aquellos tiempos se levantarn muchos contra el rey del sur. Hombres turbulentos de tu pueblo se levantarn, para que se cumpla la visin, pero caern.
Vendr, pues, el rey del norte, levantar baluartes y tomar la ciudad fuerte; y las fuerzas del sur no podrn sostenerse, ni sus tropas escogidas, porque no habr fuerzas para resistir.
El que vendr contra l har su propia voluntad, y no habr quien se le pueda enfrentar; y permanecer en la tierra gloriosa, que ser consumida bajo su poder.
Afirmar luego su rostro para venir con el poder de todo su reino. Har convenios con aquel, y le dar una hija por mujer, para destruirlo; pero no permanecer ni tendr xito.
Volver despus su rostro a las costas, y tomar muchas; pero un prncipe le har cesar en su afrenta, y aun har volver sobre l su oprobio.
Luego volver su rostro a las fortalezas de su tierra; pero tropezar y caer, y no ser hallado.
"En su lugar se levantar uno que har pasar un cobrador de tributos por la gloria del reino; pero en pocos das ser muerto, aunque no con ira ni en batalla.
"Ocupar su lugar un hombre despreciable, al cual no darn la honra del reino. Vendr sin aviso y tomar el reino con halagos.
Las fuerzas enemigas sern barridas delante de l como por inundacin de aguas; sern del todo destruidas, junto con el prncipe del pacto.
l, despus del pacto, engaar, subir y saldr vencedor con poca gente.
Estando la provincia en paz y en abundancia, entrar y har lo que no hicieron sus padres ni los padres de sus padres; botn, despojos y riquezas repartir entre sus soldados, y contra las fortalezas formar sus designios. Esto durar un tiempo.
"Despertar sus fuerzas y su ardor con un gran ejrcito, contra el rey del sur, y el rey del sur se empear en la guerra con un ejrcito grande y muy fuerte; pero no prevalecer, porque le harn traicin.
Aun los que coman de sus manjares lo quebrantarn; su ejrcito ser destruido, y muchos caern muertos.
En su corazn, estos dos reyes tramarn hacer mal. Sentados a una misma mesa, se mentirn el uno al otro; pero no servir de nada, porque el plazo an no habr llegado.
l volver a su tierra con gran riqueza, y pondr su corazn contra el pacto santo; har su voluntad y volver a su tierra.
Al tiempo sealado volver al sur; pero la ltima venida no ser como la primera.
Porque vendrn contra l naves de Quitim, y l se contristar y retroceder, se enojar contra el pacto santo y har segn su voluntad; volver, pues, y se entender con los que abandonen el santo pacto.
"Se levantarn sus tropas, que profanarn el santuario y la fortaleza, quitarn el sacrificio continuo y pondrn la abominacin desoladora.
Con lisonjas seducir a los violadores del pacto; pero el pueblo que conoce a su Dios se esforzar y actuar.
Los sabios del pueblo instruirn a muchos; pero durante algunos das caern a espada y a fuego, en cautividad y despojo.
En su cada sern ayudados con un pequeo socorro, y muchos se juntarn a ellos con lisonjas.
Tambin algunos de los sabios caern para ser depurados, limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo.
"El rey har su voluntad, se ensoberbecer y se engrandecer sobre todo dios; contra el Dios de los dioses hablar maravillas, y prosperar hasta que sea consumada la ira, porque lo determinado se cumplir.
Del Dios de sus padres no har caso, ni del amor de las mujeres, ni respetar a dios alguno, porque sobre todo se engrandecer.
Pero honrar en su lugar al dios de las fortalezas, un dios que sus padres no conocieron; lo honrar con oro y plata, con piedras preciosas y cosas de gran precio.
Con un dios ajeno se har de las fortalezas ms inexpugnables, colmar de honores a los que lo reconozcan, los har gobernar sobre muchos y repartir tierras como recompensa.
"Al cabo del tiempo, el rey del sur contender con l; y el rey del norte se levantar contra l como una tempestad, con carros y gente de a caballo y muchas naves; y entrar por las tierras, las invadir y pasar.
Entrar en la tierra gloriosa, y muchas provincias caern; pero escaparn de sus manos Edom, Moab y la mayora de los hijos de Amn.
Extender su mano contra las tierras, y no escapar el pas de Egipto.
Se apoderar de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto. Los de Libia y de Etiopa lo seguirn.
Pero noticias del oriente y del norte lo atemorizarn, y saldr con gran ira para destruir y matar a muchos.
Plantar las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo; pero llegar a su fin, y no tendr quien lo ayude.
"En aquel tiempo se levantar Miguel, el gran prncipe que est de parte de los hijos de tu pueblo. "Ser tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo ser libertado tu pueblo, todos los que se hallen inscritos en el libro.
Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra sern despertados: unos para vida eterna, otros para vergenza y confusin perpetua.
Los entendidos resplandecern como el resplandor del firmamento; y los que ensean la justicia a la multitud, como las estrellas, a perpetua eternidad.
""Pero t, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos corrern de aqu para all, y la ciencia aumentar".
"Yo, Daniel, mir y vi a otros dos que estaban en pie, uno a este lado del ro y el otro al otro lado.
Y dijo uno al varn vestido de lino que estaba sobre las aguas del ro: "Cundo ser el fin de estas maravillas?".
O al varn vestido de lino, que estaba sobre las aguas del ro, el cual alz su mano derecha y su mano izquierda al cielo y jur por el que vive por los siglos, que ser por tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersin del poder del pueblo santo, todas estas cosas se cumplirn.
"Yo o, pero no entend. Dije entonces: "Seor mo, cul ser el fin de estas cosas?".
l respondi: "Anda, Daniel, pues estas palabras estn cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.
Muchos sern limpios, emblanquecidos y purificados; los impos procedern impamente, y ninguno de los impos entender; pero los entendidos comprendern.
Desde el tiempo en que sea quitado el sacrificio continuo hasta la abominacin desoladora, habr mil doscientos noventa das.
Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco das.
En cuanto a ti, t irs hasta el fin, y reposars, y te levantars para recibir tu heredad al fin de los das"".
Palabra que Jehov dirigi a Oseas hijo de Beeri, en das de Uzas, Jotam, Acaz y Ezequas, reyes de Jud, y en das de Jeroboam hijo de Jos, rey de Israel.
Comienzo de la palabra que Jehov habl por medio de Oseas. Dijo Jehov a Oseas: "Ve, toma por mujer a una prostituta y ten hijos de prostitucin con ella, porque la tierra se prostituye apartndose de Jehov".
Fue, pues, y tom a Gomer, hija de Diblaim, la cual concibi y le dio a luz un hijo.
Entonces Jehov le dijo: "Ponle por nombre Jezreel, porque dentro de poco castigar a la casa de Jeh a causa de la sangre derramada en Jezreel, y har cesar el reinado de la casa de Israel.
Aquel da quebrar el arco de Israel en el valle de Jezreel".
Concibi Gomer otra vez y dio a luz una hija. Dios dijo a Oseas: "Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadecer ms de la casa de Israel, ni los perdonar.
"Pero de la casa de Jud tendr misericordia: los salvar por Jehov, su Dios. No los salvar con arco, ni con espada, ni con guerra, ni con caballos ni jinetes".
Despus de haber destetado a Lo-ruhama, Gomer concibi y dio a luz un hijo.
Y dijo Dios: "Llmalo Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo ni yo ser vuestro Dios".
Con todo, el nmero de los hijos de Israel ser como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar donde se les dijo: "Vosotros no sois mi pueblo", se les dir: "Sois hijos del Dios viviente".
Se congregarn los hijos de Jud y de Israel, nombrarn un solo jefe y se levantarn de la tierra, porque grande ser el da de Jezreel.
Decid a vuestros hermanos: "Pueblo mo", y a vuestras hermanas: "Compadecida".
Contended con vuestra madre, contended, porque ella no es mi mujer ni yo su marido! Que aparte de su rostro sus prostituciones, y sus adulterios de entre sus pechos,
no sea que yo la despoje, la desnude y la deje como el da en que naci; haga de ella un desierto, la convierta en tierra seca y la mate de sed.
No tendr misericordia de sus hijos, porque son hijos de prostitucin.
Pues su madre se prostituy, la que los dio a luz se deshonr, porque dijo: "Ir tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida".
Por tanto, cerrar con espinos su camino, la cercar con seto y no hallar sus caminos.
Seguir a sus amantes, pero no los alcanzar; los buscar, pero no los hallar. Entonces dir: "Regresar a mi primer marido, porque mejor me iba entonces que ahora".
Ella no reconoci que yo era quien le daba el trigo, el vino y el aceite, quien multiplicaba la plata y el oro que ofrecan a Baal.
Por tanto, volver y tomar mi trigo a su tiempo y mi vino en su estacin; le quitar mi lana y mi lino que le haba dado para cubrir su desnudez.
Ahora descubrir su locura delante de los ojos de sus amantes, y nadie la librar de mis manos.
Har cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas, sus sbados y todas sus solemnidades.
Har talar sus vides y sus higueras, de las cuales dijo: "Este es el salario que me dieron mis amantes". Las convertir en un matorral y se las comern las bestias del campo.
La castigar por los das en que quemaba incienso a los baales, cuando se adornaba con sortijas y collares y se iba tras sus amantes olvidndose de m, dice Jehov.
Por eso voy a seducirla; la llevar al desierto y hablar a su corazn.
Le dar sus vias desde all, y har del valle de Acor una puerta de esperanza. Y all cantar, como en los das de su juventud, como en el da de su subida de la tierra de Egipto.
En aquel tiempo, dice Jehov, me llamars Ishi, y nunca ms me llamars Baali.
Porque quitar de su boca los nombres de los baales, y nunca ms se mencionarn sus nombres.
En aquel tiempo har en favor de ellos un pacto con las bestias del campo, con las aves del cielo y las serpientes de la tierra. Quitar de la tierra el arco, la espada y la guerra, y te har dormir segura.
Te desposar conmigo para siempre; te desposar conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia.
Te desposar conmigo en fidelidad, y conocers a Jehov.
En aquel tiempo yo responder, dice Jehov; responder a los cielos, y ellos respondern a la tierra,
y la tierra responder al trigo, al vino y al aceite, y ellos respondern a Jezreel.
La sembrar para m en la tierra; tendr misericordia de Lo-ruhama y dir a Lo-ammi: "T eres mi pueblo!", y l dir: "Dios mo!".
Me dijo otra vez Jehov: "Ve y ama a una mujer amada de su compaero y adltera; as ama Jehov a los hijos de Israel, aunque ellos se vuelven a dioses ajenos y aman las tortas de pasas".
Entonces la compr para m por quince siclos de plata y un homer y medio de cebada.
Le dije: "T sers ma durante muchos das; no fornicars ni te entregars a otro hombre, y yo har lo mismo contigo".
Porque muchos das estarn los hijos de Israel sin rey, sin prncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines.
Despus volvern los hijos de Israel, buscarn a Jehov, su Dios, y a David, su rey; y temern a Jehov y a su bondad al fin de los das.
Od la palabra de Jehov, hijos de Israel, porque Jehov contiende con los moradores de la tierra, pues no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra.
El perjurio y la mentira, el asesinato, el robo y el adulterio prevalecen, y se comete homicidio tras homicidio.
Por lo cual se enlutar la tierra y se extenuar todo morador de ella; las bestias del campo, las aves del cielo y aun los peces del mar morirn.
"Que nadie acuse ni reprenda a otro! Tu pueblo es como los que resisten al sacerdote.
Tropezars por tanto en pleno da, y de noche tropezar contigo el profeta, y a tu madre destruir.
Mi pueblo fue destruido porque le falt conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echar del sacerdocio; puesto que olvidaste la ley de tu Dios, tambin yo me olvidar de tus hijos.
"Cuanto ms aumentaban, ms pecaban contra m; pues tambin yo cambiar su honra en afrenta.
Del pecado de mi pueblo comen, y en su maldad levantan su alma.
Lo mismo ser con el pueblo que con el sacerdote: los castigar por su conducta y les pagar conforme a sus obras.
Comern, mas no se saciarn; fornicarn, mas no se multiplicarn, porque dejaron de servir a Jehov.
"Fornicacin, vino y mosto quitan el juicio.
Mi pueblo consulta a su dolo de madera, y el leo le responde; porque un espritu de fornicacin lo hizo errar, y dejaron a su Dios por fornicar.
Sobre las cimas de los montes sacrificaron, y quemaron incienso sobre los collados, y debajo de las encinas, lamos y olmos, pues buena es su sombra. Por tanto, vuestras hijas fornicarn y vuestras nueras cometern adulterio.
No castigar a vuestras hijas cuando forniquen, ni a vuestras nueras cuando cometan adulterio; porque ellos mismos se van con rameras, y con malas mujeres sacrifican. Por tanto, el pueblo sin entendimiento caer.
"Si t, Israel, fornicas, que al menos no peque Jud. No entris en Gilgal, ni subis a Bet-avn, ni juris: "Vive Jehov"!
Porque como novilla indmita se apart Israel; los apacentar ahora Jehov como a corderos en ancho prado?
Efran es dado a dolos, djalo!
Su bebida se corrompi, fornicaron sin cesar, sus prncipes amaron lo que avergenza.
Un viento los llevar en sus alas, y se avergonzarn de sus sacrificios!".
"Sacerdotes, od esto, casa de Israel, estad atentos, casa del rey, escuchad: Contra vosotros es el juicio, pues habis sido un lazo en Mizpa, una red tendida sobre Tabor.
Haciendo vctimas han bajado hasta lo profundo; por tanto, los castigar a todos ellos.
Yo conozco a Efran, e Israel no me es desconocido; t, Efran, ahora te has prostituido, y se ha contaminado Israel".
No piensan en convertirse a su Dios, pues en medio de ellos hay un espritu de fornicacin y no conocen a Jehov.
La soberbia de Israel testificar en su contra; Israel y Efran tropezarn por su pecado, y Jud tropezar tambin con ellos.
Con sus ovejas y con sus vacas andarn buscando a Jehov, mas no lo hallarn: Se ha apartado de ellos!
Contra Jehov prevaricaron, porque han engendrado hijos de extraos; ahora sern consumidos en un solo mes ellos y sus heredades.
Tocad la bocina en Gabaa y la trompeta en Ram! Sonad la alarma en Bet-avn! Alerta, Benjamn!
Efran ser asolado en el da del castigo; entre las tribus de Israel hice conocer la verdad.
"Los prncipes de Jud han sido como los que traspasan los linderos; pero sobre ellos derramar a raudales mi ira!
Efran est oprimido, violados sus derechos, porque quiso andar en pos de vanidades.
Yo, pues, ser como polilla a Efran y como carcoma a la casa de Jud.
Ver Efran su enfermedad y Jud su llaga; ir entonces Efran a Asiria y pedir ayuda al gran rey, pero l no podr sanaros ni os curar la llaga.
Porque yo ser como len a Efran y como cachorro de len a la casa de Jud; yo, yo mismo los despedazar, y me ir; los arrebatar, y nadie podr librarlos.
"Volver luego a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En medio de su angustia me buscarn!".
Venid y volvamos a Jehov, pues l nos destroz, mas nos curar; nos hiri, mas nos vendar.
Despus de dos das nos har revivir, al tercer da nos levantar, y viviremos delante de l.
Esforcmonos por conocer a Jehov: cierta como el alba es su salida. Vendr a nosotros como la lluvia, como la lluvia tarda y temprana viene a la tierra.
"Qu har contigo, Efran? Qu har contigo, Jud? Vuestra piedad es como nube matinal, como el roco de la madrugada, que se desvanece.
Por eso los he quebrantado mediante los profetas; con las palabras de mi boca los mat, y tus juicios brotarn como la luz.
Porque misericordia quiero y no sacrificios, conocimiento de Dios ms que holocaustos.
"Pero ellos, cual Adn, violaron el pacto; all han pecado contra m.
Galaad, ciudad de malhechores, toda manchada de sangre.
Como ladrones al acecho de un hombre, as una compaa de sacerdotes mata y comete infamias en el camino hacia Siquem.
En la casa de Israel he visto cosas horribles: all fornic Efran y se contamin Israel.
Para ti tambin, Jud, est preparada una siega, cuando yo haga volver el cautiverio de mi pueblo".
"Mientras curaba yo a Israel, se descubri la iniquidad de Efran y las maldades de Samaria, pues practican el engao; el ladrn entra y el salteador despoja afuera.
No consideran en su corazn que tengo memoria de toda su maldad. Ahora los acorralan sus propias obras, que estn delante de m.
"Con su maldad alegran al rey; con sus mentiras, a los prncipes.
Todos ellos son adlteros; son como horno encendido, que el hornero cesa de avivar desde que se amasa la harina hasta que se ha fermentado.
En el da de nuestro rey, los prncipes lo hicieron enfermar con copas de vino; l extendi su mano con los que se burlaban.
Disponen su corazn para la intriga, como se prepara un horno; toda la noche duerme su hornero, pero a la maana est encendido como llama de fuego.
Todos ellos arden como un horno y devoran a sus jueces. As han cado todos sus reyes; no hay entre ellos quien me invoque.
Efran se ha mezclado con los dems pueblos; Efran es como torta no volteada.
Gente extraa ha devorado su fuerza, y l no lo sabe. Ya se ha cubierto de canas, y l no lo sabe.
La soberbia de Israel testificar en su contra. Con todo, ellos no se vuelven ni buscan a Jehov, su Dios.
Efran es como paloma incauta, sin discernimiento: claman a Egipto, acuden a Asiria.
Cuando vayan all, tender sobre ellos mi red, los har caer como aves del cielo, los castigar conforme a lo anunciado en sus asambleas.
"Ay de ellos! porque se apartaron de m; destruccin vendr sobre ellos, porque contra m se rebelaron. Yo los redimira, pero ellos hablan mentiras contra m.
No clamaron a m de corazn, cuando se lamentaban sobre sus lechos; Por trigo y mosto se congregaron, y se han rebelado contra m.
Aunque yo los ense y fortalec sus brazos, traman el mal contra m.
Volvieron, pero no al Altsimo; fueron como arco que yerra. Sus prncipes cayeron a espada por la soberbia de su lengua: esto ser motivo de burla en la tierra de Egipto!".
"Lleva a tu boca la trompeta, pues un guila viene sobre la casa de Jehov, porque traspasaron mi pacto y se rebelaron contra mi Ley.
A m clamar Israel: "Dios mo, te hemos conocido".
Israel desech el bien: el enemigo lo perseguir.
"Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por m; constituyeron prncipes, mas yo no lo supe; de su plata y de su oro hicieron dolos para s, para ser ellos mismos destruidos.
Tu becerro, Samaria, te hizo alejarte. Se encendi mi enojo contra ellos: Cundo alcanzaris la purificacin?
Porque ese becerro es de Israel; un artfice lo hizo. No es Dios, por lo que ser deshecho en pedazos el becerro de Samaria.
Porque sembraron vientos, segarn tempestades. No tendrn mies ni su espiga dar harina; y si la da, los extranjeros la comern.
Devorado ser Israel! Pronto ser entre las naciones como vasija que no se estima,
pues ellos subieron a Asiria como un solitario asno salvaje. Efran se ha alquilado amantes.
Aunque las alquile entre las naciones, ahora los reunir, y sern afligidos un poco de tiempo bajo la carga del rey y de los prncipes.
"Porque multiplic Efran los altares para pecar, tuvo altares solo para pecar.
Le escrib las grandezas de mi Ley, y fueron tenidas por cosa extraa.
En los sacrificios de mis ofrendas sacrificaron carne y comieron; Jehov no los quiso aceptar. Ahora se acordar l de su iniquidad, castigar su pecado y tendrn que volver a Egipto.
Olvid, pues, Israel a su Hacedor, y edific templos. Jud multiplic sus ciudades fortificadas, mas yo mandar a sus ciudades fuego que consumir sus palacios".
No te alegres, Israel, no saltes de gozo como otros pueblos, pues has fornicado al apartarte de tu Dios. Amaste el salario de rameras en todas las eras de trigo.
La era y el lagar no los sustentarn, y les fallar el mosto.
No se quedarn en la tierra de Jehov, sino que Efran volver a Egipto y a Asiria, donde comern vianda inmunda.
No harn libaciones a Jehov ni sus sacrificios le sern gratos; cual pan de duelo ser para ellos, y todos los que coman de l sern impuros. Su pan ser, pues, para ellos mismos: ese pan no entrar en la casa de Jehov.
Qu haris en el da de la solemnidad, y en el da de la fiesta de Jehov?
Ellos se fueron a causa de la destruccin. Egipto los recoger, Menfis los enterrar. La ortiga conquistar lo deseable de su plata, y el espino crecer en sus moradas.
Vinieron los das del castigo, vinieron los das de la retribucin. Israel lo sabr! Necio es el profeta, insensato es el hombre de espritu, a causa de la enormidad de tu maldad y de la inmensidad de tu odio.
El profeta, atalaya de Efran, est junto a mi Dios; lazos de cazador se le tienden en todos sus caminos, se le odia aun en la casa de su Dios.
Llegaron hasta lo ms bajo en su corrupcin, como en los das de Gabaa. l se acordar de su iniquidad y castigar su pecado.
"Como uvas en el desierto hall a Israel; vi a vuestros padres en sus primicias como la fruta temprana de la higuera. Pero al acudir ellos a Baal-peor, se apartaron para vergenza, y se hicieron abominables como aquello que amaban.
La gloria de Efran volar cual ave, de modo que no habr nacimientos ni embarazos ni concepciones.
Aunque lleguen a crecer sus hijos, los quitar de entre los hombres. Ay de ellos tambin, cuando de ellos me aparte!
Efran, segn veo, es semejante a Tiro, situado en un lugar delicioso; pero Efran llevar sus hijos a la matanza".
Dales, Jehov, lo que les has de dar; dales matriz que aborte y pechos enjutos.
"Toda la maldad de ellos se manifest en Gilgal; all, pues, les tom aversin. Por la perversidad de sus obras los echar de mi Casa. Ya no los amar ms; todos sus prncipes son desleales.
Efran fue herido, su raz est seca, no dar ms fruto. Aunque engendren, yo har morir el precioso fruto de su vientre".
Mi Dios los desechar porque ellos no lo oyeron, y andarn errantes entre las naciones.
Israel es una frondosa via que da de s abundante fruto. Cuanto ms abundante era su fruto, ms se multiplicaban los altares; cuanto mayor era la bondad de su tierra, mejor haca sus dolos.
Su corazn est dividido. Ahora sern hallados culpables. Jehov demoler sus altares y destruir sus dolos.
Seguramente dirn ahora: "No tenemos rey porque no temimos a Jehov. Pero, qu hara el rey por nosotros?".
Ellos pronuncian palabras, juran en vano al hacer un pacto; por tanto, el juicio florecer como ajenjo en los surcos del campo.
Por las becerras de Bet-avn sern atemorizados los moradores de Samaria. S, su pueblo se lamentar a causa del becerro, lo mismo que los sacerdotes que se regocijaban de su gloria, la cual ser disipada.
El propio becerro ser llevado a Asiria como presente al gran rey. Efran ser avergonzado, e Israel se avergonzar de su consejo.
De Samaria fue cortado su rey como espuma sobre la superficie de las aguas.
Los lugares altos de Avn, el pecado de Israel, sern destruidos; sobre sus altares crecer espino y cardo. Y dirn a los montes: "Cubridnos!"; y a los collados: "Caed sobre nosotros!".
"Desde los das de Gabaa, t has pecado, Israel. All se han quedado! No tomar la guerra en Gabaa a estos inicuos?
Los castigar cuando lo desee; los pueblos se juntarn contra ellos cuando sean castigados por su doble crimen.
"Efran es como una novilla domada a la que le gusta trillar. Mas yo pasar el yugo sobre su lozana cerviz; yo uncir a Efran, Jud tendr que arar y Jacob quebrar sus terrones.
Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho, porque es el tiempo de buscar a Jehov, hasta que venga y os ensee justicia.
Habis arado impiedad y segasteis iniquidad; comeris fruto de mentira. Porque confiaste en tu camino y en la multitud de tus valientes,
en medio de tus pueblos se levantar un alboroto; todas tus fortalezas sern destruidas, como destruy Salmn a Bet-arbel en el da de la batalla, cuando fue destrozada la madre con sus hijos.
As har con vosotros Bet-el, por causa de vuestra gran maldad: al despuntar el da desaparecer para siempre el rey de Israel".
"Cuando Israel era muchacho, yo lo am, y de Egipto llam a mi hijo.
Cuanto ms yo los llamaba, tanto ms se alejaban de m. A los baales sacrificaban, y a los dolos quemaban incienso.
Con todo, yo enseaba a andar a Efran, tomndolo por los brazos; ms ellos no comprendieron que yo los cuidaba.
Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.
No volver a tierra de Egipto, sino que el asirio mismo ser su rey, porque no se quisieron convertir.
La espada caer sobre sus ciudades y consumir sus aldeas; las consumir a causa de sus propios consejos.
Mi pueblo est aferrado a la rebelin contra m; aunque me llaman el Altsimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer.
"Cmo podr abandonarte, Efran? Te entregar yo, Israel? Cmo podr hacerte como a Adma, o dejarte igual que a Zeboim? Mi corazn se conmueve dentro de m, se inflama toda mi compasin.
No ejecutar el ardor de mi ira ni volver a destruir a Efran, porque Dios soy, no hombre; soy el Santo en medio de ti, y no entrar en la ciudad".
En pos de Jehov caminarn. l rugir como un len; rugir, y los hijos vendrn temblando desde el occidente.
"Como aves acudirn velozmente de Egipto, y de la tierra de Asiria como palomas; y yo los har habitar en sus casas", dice Jehov.
"Me rode Efran de mentira, y la casa de Israel de engao. Pero Jud an gobierna con Dios, y es fiel con los santos".
"Efran se apacienta de viento, anda tras el viento del este todo el da; multiplica la mentira y la violencia, porque hicieron pacto con los asirios y llevan el aceite a Egipto".
Pleito tiene Jehov con Jud para castigar a Jacob conforme a su conducta; le pagar conforme a sus obras.
En el seno materno tom por el calcaar a su hermano, y con su poder venci al ngel.
Luch con el ngel y prevaleci; llor y le rog; lo hall en Bet-el, y all habl con nosotros.
Mas Jehov es Dios de los ejrcitos: Jehov es su nombre!
T, pues, vulvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confa siempre.
"Canan tiene en su mano pesas falsas, le gusta defraudar.
Efran dijo: "Ciertamente me he enriquecido, me he labrado una fortuna; nadie hallar iniquidad en m, ni pecado en todos mis trabajos".
Pero yo soy Jehov, tu Dios, desde la tierra de Egipto; an te har morar en tiendas, como en los das de la fiesta.
"He hablado a los profetas, multipliqu las profecas y por medio de los profetas habl en parbolas.
Es Galaad iniquidad? Ciertamente vanidad han sido: En Gilgal sacrificaron bueyes, y sus altares son como montones de piedras sobre los surcos del campo".
Pero Jacob huy a la tierra de Aram; Israel sirvi para adquirir una mujer, y por adquirir una mujer fue pastor.
Por medio de un profeta, Jehov hizo subir a Israel de Egipto, y por un profeta fue guardado.
Efran ha irritado a Dios amargamente; por tanto, su Seor har recaer sobre l la sangre derramada y le pagar sus agravios.
Cuando Efran hablaba, cunda el temor; fue exaltado en Israel, mas pec en Baal y muri.
Ahora siguen en su pecado; con su plata se han hecho imgenes de fundicin, dolos de su invencin, todo obra de artfices! Y entonces dicen a los sacrificadores que besen a los becerros.
Por tanto, sern como la niebla de la maana y como el roco de la madrugada, que se disipa; como la paja que la tempestad arroja de la era, como el humo que sale por la chimenea.
"Mas yo soy Jehov, tu Dios, desde la tierra de Egipto; no conocers, pues, otro dios fuera de m, ni otro salvador sino a m.
Yo te conoc en el desierto, en tierra seca.
"En sus pastos se saciaron y, una vez repletos, se ensoberbeci su corazn; por esta causa se olvidaron de m.
Por tanto, yo ser para ellos como len; como un leopardo en el camino los acechar.
Como osa que ha perdido a sus hijos los atacar y desgarrar las fibras de su corazn, y all los devorar como len; fiera del campo los despedazar.
Te perdiste, Israel, mas en m est tu ayuda.
Dnde est tu rey, para que te salve en todas tus ciudades, y tus jueces, a los que dijiste: "Dame un rey y prncipes"?
Te di un rey en mi furor, y te lo quit en mi ira.
"Atada est la maldad de Efran, su pecado est guardado.
Le vendrn dolores de mujer que da a luz; pero es un hijo insensato, pues no se coloc a tiempo en el punto mismo de nacer.
De manos del seol los redimir, los librar de la muerte. Muerte, yo ser tu muerte; yo ser tu destruccin, seol. La compasin se ocultar de mi vista.
Aunque l fructifique entre sus hermanos, vendr el viento del este, el viento de Jehov que sube del desierto, y se secar su manantial, se agotar su fuente. l despojar el tesoro de todas sus preciosas alhajas.
Samaria ser asolada, porque se rebel contra su Dios; caern a espada, sus nios sern estrellados, y abiertas sus mujeres encintas".
Vuelve, Israel, a Jehov, tu Dios, pues por tu pecado has cado!
Llevad con vosotros palabras de splica, volved a Jehov y decidle: "Quita toda iniquidad, acepta lo bueno, te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios.
No nos librar el asirio; ya no montaremos a caballo, ni nunca ms diremos a la obra de nuestras manos: "Dioses nuestros", porque en ti el hurfano alcanzar misericordia".
"Yo los sanar de su rebelin, los amar de pura gracia, porque mi ira se apart de ellos.
Yo ser a Israel como roco: l florecer como lirio y hundir sus races como el Lbano.
Se extendern sus ramas, su gloria ser como la del olivo y perfumar como el Lbano.
Volvern a sentarse a su sombra; sern vivificados como el trigo y florecern como la vid; su olor ser como de vino del Lbano.
Efran dir: "Qu tengo que ver con los dolos?". Yo lo oir y velar por l; yo ser para l como un pino siempre verde; de m proceder tu fruto".
Quin es sabio para que sepa esto, y prudente para que lo comprenda? Porque los caminos de Jehov son rectos, por ellos andarn los justos, mas los rebeldes caern en ellos.
Palabra de Jehov que vino a Joel hijo de Petuel.
"Od esto, ancianos, y escuchad, todos los moradores de la tierra. Ha acontecido algo semejante en vuestros das o en los das de vuestros padres?
De esto contaris a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la siguiente generacin.
Lo que dej la oruga se lo comi el saltn; lo que dej el saltn se lo comi el revoltn; y la langosta se comi lo que el revoltn haba dejado.
"Despertad, borrachos, y llorad; gemid, todos los que bebis vino, porque el vino se os ha quitado de vuestra boca.
Porque un pueblo fuerte e innumerable subi a mi tierra; sus dientes son dientes de len, y sus muelas, muelas de len.
Asol mi vid y descortez mi higuera; del todo la desnud y derrib; sus ramas quedaron blancas.
"Llora t, como joven vestida de ropas speras por el marido de su juventud.
Desapareci de la casa de Jehov la ofrenda y la libacin; los sacerdotes ministros de Jehov estn de duelo.
El campo est asolado y se enlut la tierra, porque el trigo fue destruido, el mosto est pasado y se perdi el aceite.
"Confundos, labradores; gemid, viadores, por el trigo y la cebada, porque se perdi la mies del campo.
La vid est seca y pereci la higuera; tambin el granado, la palmera y el manzano: Todos los rboles del campo se secaron. Y as se extingui el gozo de los hijos de los hombres.
"Vestos de luto y lamentad, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid, dormid con ropas speras, ministros de mi Dios; porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libacin.
Proclamad ayuno, convocad asamblea, congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehov, vuestro Dios, y clamad a Jehov.
"Ay del da!, porque cercano est el da de Jehov; vendr como destruccin de parte del Todopoderoso.
No fue arrebatado el alimento de delante de nuestros ojos, la alegra y el placer de la casa de nuestro Dios?
El grano se pudri debajo de los terrones; los graneros fueron asolados y los silos destruidos porque se haba secado el trigo.
Cmo geman las bestias! Cun turbados andaban los hatos de los bueyes, porque no tenan pastos! Y fueron tambin asolados los rebaos de las ovejas.
"A ti, Jehov, clamar; porque el fuego consumi los pastos del desierto, la llama abras los rboles del campo.
Las bestias del campo bramarn tambin a ti, pues se secaron los arroyos de las aguas, y el fuego consumi las praderas del desierto.
"Tocad la trompeta en Sin y dad la alarma en mi santo monte. Tiemblen todos cuantos moran en la tierra, porque viene el da de Jehov, porque est cercano:
da de tinieblas y de oscuridad, da de nube y de sombra. "Como sobre los montes se extiende el alba, as vendr un pueblo grande y fuerte; semejante a l no lo hubo jams, ni despus de l lo habr en los aos de muchas generaciones.
"Delante de l consumir el fuego; detrs de l abrasar la llama. Como el huerto del Edn ser la tierra delante de l, y detrs de l como desierto asolado; nadie habr que de l escape.
Su aspecto, como aspecto de caballos, y como gente de a caballo corrern.
Como estruendo de carros saltarn sobre las cumbres de los montes; como sonido de llama de fuego que consume hojarascas, como pueblo fuerte dispuesto para la batalla.
Delante de l temern los pueblos; se pondrn plidos todos los semblantes.
Como valientes corrern, como hombres de guerra escalarn el muro; cada cual marchar por su camino y no torcer su rumbo.
Nadie empujar a su compaero, cada uno ir por su carrera; y aun cayendo sobre la espada no se herirn.
Irn por la ciudad, corrern por el muro, subirn por las casas, entrarn por las ventanas a manera de ladrones.
"Delante de l temblar la tierra y se estremecern los cielos; el sol y la luna se oscurecern, y las estrellas perdern su resplandor.
Y Jehov dar su orden delante de su ejrcito, porque muy grande es su campamento y fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el da de Jehov y muy terrible. Quin podr soportarlo?
"Ahora, pues, dice Jehov, convertos ahora a m con todo vuestro corazn, con ayuno, llanto y lamento.
Rasgad vuestro corazn y no vuestros vestidos, y convertos a Jehov, vuestro Dios; porque es misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y se duele del castigo.
Quin sabe si volver, se arrepentir y dejar bendicin tras s; esto es, ofrenda y libacin para Jehov, vuestro Dios!
Tocad trompeta en Sin, proclamad ayuno, convocad asamblea,
reunid al pueblo, santificad la reunin, juntad a los ancianos, congregad a los nios, aun a los que maman, y salga de su alcoba el novio y de su lecho nupcial la novia!
Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehov, y digan: "Perdona, Jehov, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad para que no la dominen las naciones. Por qu han de decir entre los pueblos: 'Dnde est su Dios'?".
"Y Jehov, solcito por su tierra, perdonar a su pueblo.
Responder Jehov y dir a su pueblo: Yo os envo pan, mosto y aceite, y seris saciados de ellos; y nunca ms os pondr en oprobio entre las naciones.
Har alejar de vosotros al del norte, y lo echar en tierra seca y desierta: su faz hacia el mar oriental, y su final hacia al mar occidental. Exhalar su hedor y subir su pudricin, porque hizo grandes cosas.
"Tierra, no temas; algrate y gzate, porque Jehov har grandes cosas.
Animales del campo, no temis, porque los pastos del desierto reverdecern y los rboles llevarn su fruto; la higuera y la vid darn sus frutos.
Vosotros tambin, hijos de Sin, alegraos y gozaos en Jehov, vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y har descender sobre vosotros lluvia temprana y tarda, como al principio.
Las eras se llenarn de trigo y los lagares rebosarn de vino y aceite.
"Yo os restituir los aos que comi la oruga, el saltn, el revoltn y la langosta, mi gran ejrcito que envi contra vosotros.
Comeris hasta saciaros, y alabaris el nombre de Jehov, vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jams ser mi pueblo avergonzado.
Conoceris que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehov, vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jams ser avergonzado.
"Despus de esto derramar mi espritu sobre todo ser humano, y profetizarn vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soarn sueos, y vuestros jvenes vern visiones.
Tambin sobre los siervos y las siervas derramar mi espritu en aquellos das.
Har prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego y columnas de humo.
El sol se convertir en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el da, grande y espantoso, de Jehov.
Y todo aquel que invoque el nombre de Jehov, ser salvo; porque en el monte Sin y en Jerusaln habr salvacin, como ha dicho Jehov, y entre el resto al cual l habr llamado.
"Ciertamente en aquellos das, en aquel tiempo en que har volver la cautividad de Jud y de Jerusaln,
reunir a todas las naciones y las har descender al valle de Josafat; all entrar en juicio con ellas a causa de mi pueblo, de Israel, mi heredad, al cual ellas esparcieron entre las naciones, y repartieron mi tierra.
"Echaron suertes sobre mi pueblo, cambiaron los nios por una ramera y vendieron las nias por vino para beber.
"Qu tengo yo con vosotras, Tiro y Sidn, y con todo el territorio de Filistea? Queris vengaros de m? Y si de m os vengis, bien pronto har yo recaer la paga sobre vuestra cabeza.
Porque os habis llevado mi plata y mi oro, y mis cosas preciosas y hermosas metisteis en vuestros templos;
y vendisteis los hijos de Jud y los hijos de Jerusaln a los hijos de los griegos, para alejarlos de su tierra.
Yo los levantar del lugar donde los vendisteis y volver vuestra paga sobre vuestra cabeza;
vender vuestros hijos y vuestras hijas a los hijos de Jud, y ellos los vendern a los sabeos, nacin lejana; porque Jehov ha hablado.
"Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes! Acrquense, vengan todos los hombres de guerra!
Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces y diga el dbil: "Fuerte soy!"
Juntaos y venid, naciones todas de alrededor, y congregaos. Haz venir all, Jehov, a tus fuertes!
Despirtense las naciones y suban al valle de Josafat, porque all me sentar para juzgar a todas las naciones de alrededor.
Meted la hoz, porque la mies est ya madura. Venid, descended, porque el lagar est lleno y rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos.
Muchos pueblos en el valle de la Decisin; porque cercano est el da de Jehov en el valle de la Decisin.
"El sol y la luna se oscurecern, y las estrellas perdern su resplandor.
"Jehov rugir desde Sin, dar su voz desde Jerusaln y temblarn los cielos y la tierra; pero Jehov ser la esperanza de su pueblo, la fortaleza de los hijos de Israel.
Entonces conoceris que yo soy Jehov, vuestro Dios, que habito en Sin, mi santo monte. Jerusaln ser santa y extraos no pasarn ms por ella.
"Suceder en aquel tiempo, que los montes destilarn mosto, de los collados fluir leche y por todos los arroyos de Jud corrern las aguas. Saldr una fuente de la casa de Jehov y regar el valle de Sitim.
Egipto ser destruido y Edom ser vuelto en desierto asolado, a causa de la injuria hecha a los hijos de Jud; porque derramaron en su tierra sangre inocente.
Pero Jud ser habitada para siempre, y Jerusaln por generacin y generacin.
Yo limpiar la sangre de los que no haba limpiado. Y Jehov morar en Sin".
Las palabras de Ams, que fue uno de los pastores de Tecoa, que profetiz acerca de Israel en das de Uzas, rey de Jud, y en das de Jeroboam hijo de Jos, rey de Israel, dos aos antes del terremoto.
Dijo: "Jehov rugir desde Sin, dar su voz desde Jerusaln, los campos de los pastores se enlutarn y se secar la cumbre del Carmelo".
As ha dicho Jehov: "Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no revocar su castigo: porque trillaron a Galaad con trillos de hierro.
Prender fuego a la casa de Hazael y consumir los palacios de Ben-adad.
Quebrar los cerrojos de Damasco y destruir a los moradores del valle de Avn y a los gobernadores de Bet-edn, y el pueblo de Siria ser transportado a Kir, dice Jehov".
As ha dicho Jehov: "Por tres pecados de Gaza, y por el cuarto, no revocar su castigo: porque llev cautivo a todo un pueblo para entregarlo a Edom.
Prender fuego al muro de Gaza y consumir sus palacios.
Destruir a los moradores de Asdod y a los gobernadores de Ascaln; volver mi mano contra Ecrn y el resto de los filisteos perecer, ha dicho Jehov, el Seor".
As ha dicho Jehov: "Por tres pecados de Tiro, y por el cuarto, no revocar su castigo: porque entregaron a todo un pueblo cautivo a Edom y no se acordaron del pacto de hermanos.
Prender fuego al muro de Tiro y consumir sus palacios".
As ha dicho Jehov: "Por tres pecados de Edom, y por el cuarto, no revocar su castigo: porque persigui a espada a su hermano y viol todo afecto natural; en su furor le ha robado siempre y ha guardado perpetuamente el rencor.
Prender fuego a Temn y consumir los palacios de Bosra".
As ha dicho Jehov: "Por tres pecados de los hijos de Amn, y por el cuarto, no revocar su castigo: porque para ensanchar sus tierras abrieron a las mujeres de Galaad que estaban embarazadas.
Encender fuego en el muro de Rab y consumir sus palacios con estruendo en el da de la batalla, con tempestad en da tempestuoso;
y su rey ir en cautiverio con todos sus prncipes, dice Jehov".
As ha dicho Jehov: "Por tres pecados de Moab, y por el cuarto, no revocar su castigo: porque quem los huesos del rey de Edom hasta calcinarlos.
Prender fuego a Moab y consumir los palacios de Queriot; y morir Moab en el tumulto, con estrpito y sonido de trompeta.
Quitar al juez de en medio de l y matar con l a todos sus prncipes, dice Jehov".
As ha dicho Jehov: "Por tres pecados de Jud, y por el cuarto, no revocar su castigo: porque menospreciaron la ley de Jehov, no guardaron sus ordenanzas y los hicieron errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres.
Prender, por tanto, fuego a Jud, el cual consumir los palacios de Jerusaln".
As ha dicho Jehov: "Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocar su castigo: porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos.
Pisotean en el polvo de la tierra las cabezas de los desvalidos y tuercen el camino de los humildes. El hijo y el padre se allegan a la misma joven, profanando mi santo nombre.
Sobre las ropas empeadas se acuestan junto a cualquier altar, y el vino de los multados beben en la casa de sus dioses.
Yo destru delante de ellos a los amorreos que eran altos como los cedros y fuertes como las encinas; destru su fruto arriba y sus races abajo.
A vosotros os hice subir de la tierra de Egipto y os conduje por el desierto cuarenta aos, para que tomarais posesin de la tierra del amorreo.
Y levant profetas entre vuestros hijos y nazareos entre vuestros jvenes. No es esto cierto, hijos de Israel?, dice Jehov.
Mas vosotros disteis a beber vino a los nazareos, y a los profetas mandasteis diciendo: "No profeticis".
Por eso, yo os apretar en vuestro lugar, como se aprieta el carro lleno de gavillas:
el ligero no podr huir, al fuerte no le ayudar su fuerza ni el valiente librar su vida;
el que maneja el arco no resistir, ni escapar el ligero de pies ni el jinete salvar su vida.
El esforzado entre los valientes huir desnudo aquel da, dice Jehov".
Od esta palabra que ha hablado Jehov contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto:
"A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigar por todas vuestras maldades".
Andarn dos juntos si no estn de acuerdo?
Rugir el len en la selva sin haber presa? Rugir el cachorro de len desde su guarida sin haber cazado nada?
Caer el ave a tierra, en la trampa, si no hay cebo? Saltar la trampa del suelo si no ha atrapado algo?
Se tocar la trompeta en la ciudad y no se alborotar el pueblo? Habr algn mal en la ciudad, que Jehov no haya enviado?
Porque no har nada Jehov, el Seor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas.
Si el len ruge, quin no temer? Si habla Jehov, el Seor, quin no profetizar?
Proclamad en los palacios de Asdod y en los palacios de la tierra de Egipto, y decid: "Reunos sobre los montes de Samaria y ved las muchas opresiones en medio de ella y las violencias cometidas en su medio".
No saben hacer lo recto, dice Jehov; atesoran rapia y despojo en sus palacios.
Por eso, Jehov, el Seor, ha dicho: "Un enemigo vendr por todos lados de la tierra y derribar tu fortaleza, y tus palacios sern saqueados".
As ha dicho Jehov: "De la manera como el pastor libra de la boca del len dos piernas o la punta de una oreja, as escaparn los hijos de Israel que moran en Samaria, que se sientan en un rincn del divn, en un cmodo lecho".
Od y testificad contra la casa de Jacob, dice Jehov, Dios de los ejrcitos:
"El da que castigue las rebeliones de Israel, castigar tambin los altares de Bet-el; los cuernos del altar sern cortados y caern a tierra.
Derribar la casa de invierno junto con la casa de verano, y las casas de marfil desaparecern. Muchas casas sern destruidas, dice Jehov".
Od esta palabra, vacas de Basn, que estis en el monte de Samaria, que oprims a los pobres y quebrantis a los menesterosos, que decs a vuestros seores: "Traed de beber".
Jehov, el Seor, jur por su santidad: "Sobre vosotras vienen das en que os llevarn con ganchos, y a vuestros descendientes con anzuelos de pescador;
saldris por las brechas una tras otra y seris echadas del palacio, dice Jehov".
Id a Bet-el y pecad! Aumentad en Gilgal la rebelin! Traed de maana vuestros sacrificios, y vuestros diezmos cada tres das.
Ofreced sacrificio de alabanza con pan leudado y proclamad, publicad ofrendas voluntarias, pues que as lo queris, hijos de Israel, dice Jehov, el Seor.
Os hice pasar hambre en todas vuestras ciudades y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos; mas no os volvisteis a m, dice Jehov.
Tambin os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; hice llover sobre una ciudad y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovi, y la parte sobre la cual no llovi se sec.
Venan entonces dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban. Con todo, no os volvisteis a m, dice Jehov.
Os her con viento del este y con oruga; la langosta devor vuestros muchos huertos y vuestras vias, vuestros higuerales y vuestros olivares, pero nunca os volvisteis a m, dice Jehov.
Envi contra vosotros mortandad tal como en Egipto; mat a espada a vuestros jvenes, vuestros caballos fueron capturados e hice subir el hedor de vuestros campamentos hasta vuestras narices; mas no os volvisteis a m, dice Jehov.
Os trastorn como Dios trastorn a Sodoma y a Gomorra, y fuisteis como tizn escapado del fuego; mas no os volvisteis a m, dice Jehov.
Por eso, Israel, har lo mismo contigo; y porque te he de hacer esto, preprate, Israel, para venir al encuentro de tu Dios.
Ciertamente el que forma los montes y crea el viento, el que anuncia al hombre su pensamiento, hace de las tinieblas maana y pasa sobre las alturas de la tierra: Jehov, Dios de los ejrcitos, es su nombre.
Od esta palabra de lamentacin que yo levanto sobre vosotros, casa de Israel.
Cay la virgen de Israel y no podr levantarse ya ms; postrada qued sobre su tierra y no hay quien la levante.
Porque as ha dicho Jehov, el Seor: "La ciudad que salga con mil, volver con cien, y la que salga con cien volver con diez, en la casa de Israel".
Pero as dice Jehov a la casa de Israel: "Buscadme y viviris;
mas no busquis a Bet-el ni entris en Gilgal ni pasis a Beerseba, porque Gilgal ser llevada en cautiverio y Bet-el ser deshecha".
Buscad a Jehov y vivid, no sea que acometa como fuego a la casa de Jos y la consuma, sin haber en Bet-el quien lo apague.
Ay de los que convierten en ajenjo el juicio y echan por tierra la justicia!
Buscad al que hace las Plyades y el Orin, vuelve las tinieblas en maana y hace oscurecer el da como noche; el que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra: Jehov es su nombre.
l trae la ruina sobre el fuerte y hace caer la destruccin sobre la fortaleza.
Ellos aborrecieron al reprensor en la puerta de la ciudad, y al que hablaba lo recto detestaron.
Por tanto, puesto que humillis al pobre y recibs de l carga de trigo, no habitaris las casas de piedra labrada que edificasteis ni beberis del vino de las hermosas vias que plantasteis.
Yo s de vuestras muchas rebeliones y de vuestros grandes pecados; s que afligs al justo, recibs cohecho y en los tribunales hacis perder su causa a los pobres.
Por tanto, el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo.
Buscad lo bueno y no lo malo, para que vivis; y as Jehov, Dios de los ejrcitos, estar con vosotros, como decs.
Aborreced el mal, amad el bien y estableced la justicia en juicio; quiz Jehov, Dios de los ejrcitos, tendr piedad del remanente de Jos.
Por tanto, esto ha dicho Jehov, Dios de los ejrcitos: "En todas las plazas habr llanto y en todas las calles dirn: "Ay! Ay!"; al labrador llamarn a lloro, y a endecha a los que sepan endechar.
Y en todas las vias habr llanto; porque pasar en medio de ti, dice Jehov".
Ay de los que desean el da de Jehov! Para qu queris este da de Jehov? Ser de tinieblas y no de luz.
Ser como el que huye del len y se encuentra con el oso; o como el que, al entrar en casa, apoya su mano en la pared y lo muerde una culebra.
No ser el da de Jehov tinieblas y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?
Aborrec, despreci vuestras solemnidades y no me complacer en vuestras asambleas.
Y si me ofrecis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibir, ni mirar las ofrendas de paz de vuestros animales engordados.
Quita de m la multitud de tus cantares, pues no escuchar las salmodias de tus instrumentos.
Pero corra el juicio como las aguas y la justicia como arroyo impetuoso.
Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto en cuarenta aos, casa de Israel?
Antes bien, llevabais el tabernculo de vuestros Moloc y Quin, dolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis.
Os har, pues, transportar ms all de Damasco, ha dicho Jehov, cuyo nombre es Dios de los ejrcitos.
Ay de los que reposan en Sin y de los que confan en el monte de Samaria, los notables y principales entre las naciones, a quienes acude la casa de Israel!
Pasad a Calne y mirad; de all id a la gran Hamat y descended luego a Gat de los filisteos. Sois vosotros mejores que esos reinos? Es su territorio ms extenso que el vuestro?
Vosotros, que creis alejar el da malo, acercis el reino de la maldad!
Duermen en camas de marfil y reposan sobre sus lechos; comen los corderos del rebao y los novillos sacados del establo;
gorjean al son de la flauta e inventan instrumentos musicales, como David;
beben vino en tazones y se ungen con los perfumes ms preciosos, pero no se afligen por el quebrantamiento de Jos.
Por tanto, ahora irn a la cabeza de los que van a cautividad, y se acercar el duelo de los que se entregan a los placeres.
Jehov, el Seor, jur por s mismo, Jehov, Dios de los ejrcitos, ha dicho: "Desprecio la grandeza de Jacob, aborrezco sus palacios; entregar al enemigo la ciudad y cuanto hay en ella".
Acontecer que, si diez hombres quedan en una casa, morirn.
Y un pariente tomar a cada uno y lo quemar para sacar los huesos de casa; y dir al que est en el rincn de la casa: "Hay an alguien contigo?". El otro dir: "No"; y aadir: "Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehov".
Porque Jehov mandar, y herir con hendiduras la casa mayor, y la casa menor con aberturas.
Corrern los caballos por las peas? Ararn en ellas con bueyes? Por qu habis convertido vosotros el juicio en veneno y el fruto de justicia en ajenjo?
Vosotros, que os alegris por nada, que decs: "No hemos adquirido poder con nuestra fuerza?".
Pues de cierto, casa de Israel, dice Jehov, Dios de los ejrcitos, levantar yo sobre vosotros a una nacin que os oprimir desde la entrada de Hamat hasta el arroyo del Arab.
Esto me ha mostrado Jehov, el Seor: l criaba langostas cuando comenzaba a crecer el heno tardo, el heno tardo que viene despus de las siegas del rey.
Y aconteci que cuando acabaron de comer la hierba de la tierra, yo dije: "Seor, Jehov, perdona ahora, pero quin levantar a Jacob, que es tan pequeo?".
Se arrepinti Jehov de esto: "No ser", dijo Jehov.
Jehov, el Seor, me mostr esto: Jehov, el Seor, llamaba al fuego para juzgar; y el fuego consumi el gran abismo y tambin una parte de la tierra.
Y dije: "Seor, Jehov, cesa ahora; pues quin levantar a Jacob, que es tan pequeo?".
Se arrepinti Jehov de esto: "No ser esto tampoco", dijo Jehov, el Seor.
Me mostr tambin esto: El Seor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano tena una plomada de albail.
Jehov entonces me pregunt: -- Qu ves, Ams? Yo respond: -- Una plomada de albail. Y el Seor dijo: -- Yo pongo plomada de albail en medio de mi pueblo Israel; no lo tolerar ms.
Los lugares altos de Isaac sern destruidos, los santuarios de Israel sern asolados y me levantar con espada sobre la casa de Jeroboam.
Entonces el sacerdote Amasas de Bet-el envi a decir a Jeroboam, rey de Israel: "Ams se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras.
Porque as ha dicho Ams: "Jeroboam morir a espada, e Israel ser llevado de su tierra en cautiverio"".
Y Amasas dijo a Ams: -- Vidente, vete, huye a tierra de Jud, come all tu pan y profetiza all;
pero no profetices ms en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino.
Entonces respondi Ams y dijo a Amasas: -- No soy profeta ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero y recojo higos silvestres.
Y Jehov me tom de detrs del ganado, y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo Israel".
"Ahora, pues, oye palabra de Jehov. T dices: "No profetices contra Israel ni hables contra la casa de Isaac".
Por tanto, as ha dicho Jehov: "Tu mujer ser ramera en medio de la ciudad, tus hijos y tus hijas caern a espada y tu tierra ser repartida por suertes; t morirs en tierra inmunda e Israel ser llevado cautivo lejos de su tierra".
Esto me mostr Jehov, el Seor: un canastillo de fruta de verano.
Y me pregunt: -- Qu ves, Ams? Y respond: -- Un canastillo de fruta de verano. Y me dijo Jehov: -- Ha venido el fin sobre mi pueblo Israel; no lo tolerar ms.
Y los cantores del Templo gemirn en aquel da, dice Jehov, el Seor. Muchos sern los cuerpos muertos, y en silencio sern arrojados en cualquier lugar.
Od esto, los que explotis a los menesterosos y arruinis a los pobres de la tierra,
diciendo: "Cundo pasar el mes y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los graneros del pan? Entonces achicaremos la medida, subiremos el precio, falsearemos con engao la balanza,
compraremos a los pobres por dinero y a los necesitados por un par de zapatos, y venderemos los desechos del trigo".
Jehov jur por la gloria de Jacob: "No olvidar jams ninguna de sus obras".
No se estremecer la tierra por esto? No llorarn todos sus habitantes? Subir toda ella como un ro; crecer y mermar como el ro de Egipto.
Aquel da, dice Jehov, el Seor, har que se ponga el sol a medioda: cubrir de tinieblas la tierra en el da claro.
Cambiar vuestras fiestas en lloro y todos vuestros cantares en lamentaciones; har que toda cintura vista tela spera y que se rape toda cabeza. Y volver la tierra como en llanto por el hijo nico, y su final ser como da amargo.
Ciertamente vienen das, dice Jehov, el Seor, en los cuales enviar hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oir la palabra de Jehov.
E irn errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente andarn buscando palabra de Jehov, y no la hallarn.
En aquel tiempo, las muchachas hermosas y los jvenes desmayarn de sed.
Los que juran por el pecado de Samaria y dicen: "Por tu Dios, Dan", y: "Por el camino de Beerseba", caern y nunca ms se levantarn.
Vi al Seor, que estaba sobre el altar y dijo: "Derriba el capitel y estremzcanse las puertas, y hazlos pedazos sobre la cabeza de todos. Al postrero de ellos matar a espada; no habr de ellos quien huya ni quien escape.
Aunque caven hasta el seol, de all los tomar mi mano; y aunque suban hasta el cielo, de all los har descender.
Si se esconden en la cumbre del Carmelo, all los buscar y los tomar; y aunque de delante de mis ojos se escondan en lo profundo del mar, all mandar a la serpiente y los morder.
Y si van en cautiverio delante de sus enemigos, all mandar la espada y los matar; y pondr sobre ellos mis ojos para mal y no para bien.
El Seor, Jehov de los ejrcitos, toca la tierra y esta se derrite, y lloran todos los que en ella moran; crecer toda ella como un ro y mermar luego como el ro de Egipto.
l edific en el cielo su habitacin y ha establecido su expansin sobre la tierra; l llama a las aguas del mar y sobre la faz de la tierra las derrama: Jehov es su nombre.
Hijos de Israel, no me sois vosotros como hijos de etopes?, dice Jehov. No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, de Caftor a los filisteos, y de Kir a los arameos?
Ciertamente, los ojos de Jehov, el Seor, estn contra el reino pecador y yo lo borrar de la faz de la tierra: mas no destruir del todo la casa de Jacob, dice Jehov.
Porque, yo mandar que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba sin que caiga un granito en la tierra.
A espada morirn todos los pecadores de mi pueblo, que dicen: "No se acercar ni nos alcanzar el mal"".
En aquel da yo levantar el tabernculo cado de David: cerrar sus portillos, levantar sus ruinas y lo edificar como en el tiempo pasado,
para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom y todas las naciones, dice Jehov, que hace esto.
Ciertamente vienen das, dice Jehov, cuando el que ara alcanzar al segador, y el que pisa las uvas al que lleve la simiente; los montes destilarn mosto y todos los collados se derretirn.
Traer del cautiverio a mi pueblo Israel: ellos edificarn las ciudades asoladas y las habitarn; plantarn vias y bebern de su vino, y harn huertos y comern de su fruto.
Pues los plantar sobre su tierra y nunca ms sern arrancados de la tierra que yo les di, ha dicho Jehov, tu Dios.
Visin de Abdas. Jehov, el Seor, ha dicho as en cuanto a Edom: "Hemos odo el pregn de Jehov, un mensajero ha sido enviado a las naciones: "Levantaos! Levantmonos en batalla contra este pueblo".
"Pequeo te he hecho entre las naciones; ests abatido en gran manera.
La soberbia de tu corazn te ha engaado, a ti, que moras en las hendiduras de las peas, en tu altsima morada, que dices en tu corazn: "Quin me derribar a tierra?".
Aunque te remontaras como guila y entre las estrellas pusieras tu nido, de ah te derribar, dice Jehov.
"Si ladrones vinieran a ti, o robadores de noche (cmo has sido destruido!), no hurtaran lo que necesitan? Si entraran a ti vendimiadores, no dejaran algn rebusco?
Cmo fueron saqueadas las cosas de Esa! Sus tesoros escondidos fueron buscados.
Todos tus aliados te han engaado; hasta los confines te hicieron llegar; los que estaban en paz contigo te han derrotado; los que coman tu pan pusieron trampa debajo de ti. No hay en l inteligencia!
"Aquel da, dice Jehov, har que perezcan los sabios de Edom y la prudencia del monte de Esa.
Y tus valientes, Temn, sern amedrentados, y ser exterminado todo hombre del monte de Esa.
"Por haber maltratado a tu hermano Jacob te cubrir vergenza y sers exterminado para siempre.
Cuando extraos llevaban cautivo su ejrcito, cuando extraos entraban por sus puertas y echaban suertes sobre Jerusaln, t estabas all presente y te portaste como uno de ellos.
No debiste alegrarte del da de tu hermano, del da de su desgracia. No debiste alegrarte de los hijos de Jud el da en que perecieron, ni debiste burlarte en el da de su angustia.
No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el da de su quebrantamiento; no, no debiste alegrarte de su mal en el da de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el da de su calamidad.
Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapaban; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el da de angustia.
"Porque cercano est el da de Jehov sobre todas las naciones. Como t hiciste se har contigo; tu recompensa volver sobre tu cabeza.
"De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, bebern continuamente todas las naciones; bebern, engullirn y sern como si no hubieran existido.
Mas en el monte Sin habr un resto que se salvar; ser santo y la casa de Jacob recuperar sus posesiones.
La casa de Jacob ser fuego, la casa de Jos ser llama y la casa de Esa estopa; los quemarn y los consumirn: ni siquiera un resto quedar de la casa de Esa, porque Jehov lo ha dicho".
Los del Neguev poseern el monte de Esa y los de la Sefela a los filisteos; poseern tambin los campos de Efran y los campos de Samaria; y Benjamn a Galaad.
Los cautivos de este ejrcito de los hijos de Israel poseern lo de los cananeos hasta Sarepta, y los cautivos de Jerusaln que estn en Sefarad poseern las ciudades del Neguev.
Y subirn salvadores al monte Sin para juzgar al monte de Esa. El reino ser de Jehov!
Jehov dirigi su palabra a Jons hijo de Amitai y le dijo:
"Levntate y ve a Nnive, aquella gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha subido hasta m".
Pero Jons se levant para huir de la presencia de Jehov a Tarsis, y descendi a Jope, donde encontr una nave que parta para Tarsis; pag su pasaje, y se embarc para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehov.
Pero Jehov hizo soplar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pens que se partira la nave.
Los marineros tuvieron miedo y cada uno clamaba a su dios. Luego echaron al mar los enseres que haba en la nave, para descargarla de ellos. Mientras tanto, Jons haba bajado al interior de la nave y se haba echado a dormir.
Entonces el patrn de la nave se le acerc y le dijo: "Qu tienes, dormiln? Levntate y clama a tu Dios. Quiz tenga compasin de nosotros y no perezcamos".
Entre tanto, cada uno deca a su compaero: "Venid y echemos suertes, para que sepamos quin es el culpable de que nos haya venido este mal". Echaron, pues, suertes, y la suerte cay sobre Jons.
Entonces ellos le dijeron: -- Explcanos ahora por qu nos ha venido este mal. Qu oficio tienes y de dnde vienes? Cul es tu tierra y de qu pueblo eres?
l les respondi: -- Soy hebreo y temo a Jehov, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.
Aquellos hombres sintieron un gran temor y le dijeron: -- Por qu has hecho esto? Pues ellos supieron que hua de la presencia de Jehov por lo que l les haba contado.
Como el mar se embraveca cada vez ms, le preguntaron: -- Qu haremos contigo para que el mar se nos aquiete?
l les respondi: -- Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietar, pues s que por mi causa os ha sobrevenido esta gran tempestad.
Aquellos hombres se esforzaron por hacer volver la nave a tierra, pero no pudieron, porque el mar se embraveca cada vez ms contra ellos.
Entonces clamaron a Jehov y dijeron: "Te rogamos ahora, Jehov, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni nos hagas responsables de la sangre de un inocente; porque t, Jehov, has obrado como has querido".
Tomaron luego a Jons y lo echaron al mar; y se aquiet el furor del mar.
Sintieron aquellos hombres gran temor por Jehov, le ofrecieron un sacrificio y le hicieron votos.
Pero Jehov tena dispuesto un gran pez para que se tragara a Jons, y Jons estuvo en el vientre del pez tres das y tres noches.
Entonces or Jons a Jehov, su Dios, desde el vientre del pez,
y dijo: "Invoqu en mi angustia a Jehov, y l me oy; desde el seno del seol clam, y mi voz oste.
Me echaste a lo profundo, en medio de los mares; me envolvi la corriente. Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre m.
Entonces dije: "Desechado soy de delante de tus ojos, mas an ver tu santo Templo".
Las aguas me envolvieron hasta el alma, me cerc el abismo, el alga se enred en mi cabeza.
Descend a los cimientos de los montes. La tierra ech sus cerrojos sobre m para siempre; mas t sacaste mi vida de la sepultura, Jehov, Dios mo.
Cuando mi alma desfalleca en m, me acord de Jehov, y mi oracin lleg hasta ti, hasta tu santo Templo.
Los que siguen vanidades ilusorias, su fidelidad abandonan.
Mas yo, con voz de alabanza, te ofrecer sacrificios; Cumplir lo que te promet. La salvacin viene de Jehov!".
Entonces Jehov dio orden al pez, el cual vomit a Jons en tierra.
Jehov se dirigi por segunda vez a Jons y le dijo:
"Levntate y ve a Nnive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te dir".
Jons se levant y fue a Nnive, conforme a la palabra de Jehov. Nnive era una ciudad tan grande, tanto que eran necesarios tres das para recorrerla.
Comenz Jons a adentrarse en la ciudad, y camin todo un da predicando y diciendo: "Dentro de cuarenta das Nnive ser destruida!".
Los hombres de Nnive creyeron a Dios, proclamaron ayuno y, desde el mayor hasta el ms pequeo, se vistieron con ropas speras.
Cuando la noticia lleg al rey de Nnive, este se levant de su silla, se despoj de su vestido, se cubri con ropas speras y se sent sobre ceniza.
Luego hizo anunciar en Nnive, por mandato del rey y de sus grandes, una proclama que deca: "Hombres y animales, bueyes y ovejas, no prueben cosa alguna; no se les d alimento ni beban agua,
sino cbranse hombres y animales con ropas speras, y clamen a Dios con fuerza. Que cada uno se convierta de su mal camino y de la violencia que hay en sus manos.
Quiz Dios se detenga y se arrepienta, se calme el ardor de su ira y no perezcamos!".
Vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino, y se arrepinti del mal que haba anunciado hacerles, y no lo hizo.
Pero Jons se disgust en extremo, y se enoj.
As que or a Jehov y le dijo: -- Ah, Jehov!, no es esto lo que yo deca cuando an estaba en mi tierra? Por eso me apresur a huir a Tarsis, porque yo saba que t eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de gran misericordia, que te arrepientes del mal.
Ahora, pues, Jehov, te ruego que me quites la vida, porque mejor me es la muerte que la vida.
Pero Jehov le respondi: -- Haces bien en enojarte tanto?
Jons sali de la ciudad y acamp hacia el oriente de ella; all se hizo una enramada y se sent a su sombra, para ver qu sucedera en la ciudad.
Entonces Jehov Dios dispuso que una calabacera creciera sobre Jons para que su sombra le cubriera la cabeza y lo librara de su malestar. Jons se alegr mucho por la calabacera.
Pero, al amanecer del da siguiente, Dios dispuso que un gusano daara la calabacera, y esta se sec.
Y aconteci que, al salir el sol, envi Dios un fuerte viento del este. El sol hiri a Jons en la cabeza, y sinti que se desmayaba. Entonces, deseando la muerte, deca: -- Mejor sera para m la muerte que la vida.
Pero Dios dijo a Jons: -- Tanto te enojas por la calabacera? -- Mucho me enojo, hasta la muerte -- respondi l.
Entonces Jehov le dijo: -- T tienes lstima de una calabacera en la que no trabajaste, ni a la cual has hecho crecer, que en espacio de una noche naci y en espacio de otra noche pereci,
y no tendr yo piedad de Nnive, aquella gran ciudad donde hay ms de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?
Palabra de Jehov que fue dirigida a Miqueas de Moreset en los das de Jotam, Acaz y Ezequas, reyes de Jud; lo que vio sobre Samaria y Jerusaln.
"Od, pueblos todos; est atenta, tierra, y cuanto hay en ti. Jehov, el Seor, el Seor desde su santo templo, sea testigo contra vosotros.
Porque Jehov sale de su lugar, desciende y camina sobre las alturas de la tierra.
Los montes se derretirn debajo de l y los valles se hendirn como la cera delante del fuego, como las aguas que corren por una pendiente.
Todo esto por la rebelin de Jacob, por los pecados de la casa de Israel. Cul es la rebelin de Jacob? No es acaso Samaria? Cul es el lugar alto de Jud? No es acaso Jerusaln?
"Har, pues, de Samaria montones de ruinas, tierra para plantar vias. Derramar sus piedras por el valle y descubrir sus cimientos.
Todas sus estatuas sern despedazadas, todos sus dones sern quemados en el fuego, y asolar todos sus dolos, porque con salarios de prostitutas los junt, y salario de prostitucin volvern a ser.
"Por esto me lamentar y gemir; andar descalzo y desnudo, aullando como los chacales, lamentndome como los avestruces.
Porque su herida es dolorosa, y lleg hasta Jud; lleg hasta la puerta de mi pueblo, hasta Jerusaln.
No lo digis en Gat, ni lloris mucho; revolcaos en el polvo de Bet-le-afra.
Retrate, morador de Safir, desnudo y con vergenza! No sale el morador de Zaann! Hay llanto en Betesel! A vosotros se os quitar la ayuda.
Porque los moradores de Marot anhelaron ansiosamente el bien, pues Jehov ha hecho que el mal descienda hasta las puertas de Jerusaln.
Uncid al carro bestias veloces, moradores de Laquis. All comenz el pecado de la hija de Sin, porque en vosotros se hallaron las rebeliones de Israel.
Por tanto, dars dones a Moreset-gat; las casas de Aczib servirn de trampa a los reyes de Israel.
"An os enviar un nuevo conquistador, moradores de Maresa, y la flor de Israel huir hasta Adulam.
Arrncate los cabellos, crtalos, por los hijos que tanto amas; hazte calvo como el buitre, porque van al cautiverio lejos de ti".
"Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la maana lo ejecutan, porque tienen en sus manos el poder!
Codician campos y los roban; casas, y las toman; oprimen al hombre y a su familia, al hombre y a su heredad.
Por tanto, as ha dicho Jehov: Yo planeo contra esta gente un mal del cual no libraris el cuello, ni andaris erguidos, porque el tiempo ser malo.
En aquel tiempo se os dedicar un refrn, y se os entonar una lamentacin diciendo: "Del todo fuimos destruidos; l ha cambiado la heredad de mi pueblo. Cmo nos quit nuestros campos! Los dio y los reparti a otros!".
Por tanto, no habr quien reparta heredades a suerte en la congregacin de Jehov.
"No profeticis, dicen a los que profetizan; no les profeticen, porque no les alcanzar la vergenza.
T que te dices casa de Jacob, acaso se ha agotado el espritu de Jehov? Son estas sus obras? No hacen mis palabras bien al que camina rectamente?
El que ayer era mi pueblo, se ha levantado como enemigo; a los que pasaban confiados les quitasteis el manto de encima del vestido, como adversarios de guerra.
A las mujeres de mi pueblo echasteis fuera de las casas que eran su delicia; a sus nios quitasteis mi perpetua alabanza.
Levantaos y andad, porque este no es lugar de reposo, pues est contaminado, corrompido grandemente.
Si alguno anda inventando falsedades y, mintiendo, dice: "Por vino y sidra profetizar para ti", ese s ser el profeta de este pueblo.
"De cierto te juntar todo, Jacob, recoger ciertamente el resto de Israel; lo reunir como ovejas de Bosra, como un rebao en medio de su aprisco, y harn el estruendo de una multitud.
Subir el que abre caminos delante de ellos; abrirn camino, pasarn la puerta y saldrn por ella. Su rey pasar delante de ellos, y Jehov a su cabeza!".
Despus dije: "Od ahora, prncipes de Jacob, y jefes de la casa de Israel: No concierne a vosotros saber lo que es justo?
Pero vosotros aborrecis lo bueno y amis lo malo, le quitis a la gente la piel y la carne de encima de sus huesos;
asimismo comis la carne de mi pueblo, arrancis la piel de sobre ellos, les quebris los huesos y los despedazis como para el caldero, como si fuera carne en la olla.
Un da clamaris a Jehov, pero l no os responder, antes esconder de vosotros su rostro en ese tiempo, por cuanto hicisteis obras malvadas.
"As ha dicho Jehov acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo, y claman: "Paz!", cuando tienen algo que comer, y al que no les da de comer, le declaran la guerra:
"Por eso, de la profeca se os har noche, y oscuridad del adivinar. Sobre los profetas se pondr el sol, el da se oscurecer sobre ellos.
Sern avergonzados los profetas y se confundirn los adivinos. Todos ellos cerrarn sus labios, porque no hay respuesta de Dios.
Mas yo estoy lleno del poder del espritu de Jehov, de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelin y a Israel su pecado.
"Od ahora esto, jefes de la casa de Jacob y capitanes de la casa de Israel, que abominis el juicio y perverts todo derecho,
que edificis a Sin con sangre y a Jerusaln con injusticia.
Sus jefes juzgan por cohecho, sus sacerdotes ensean por precio, sus profetas adivinan por dinero, y se apoyan en Jehov, diciendo: "No est Jehov entre nosotros? No vendr sobre nosotros ningn mal".
Por eso, a causa de vosotros, Sin ser un campo arado, Jerusaln se convertir en montones de ruinas y el monte de la Casa se cubrir de bosque".
"Acontecer en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehov ser colocado a la cabeza de los montes, ms alto que los collados, y acudirn a l los pueblos.
Vendrn muchas naciones, y dirn: "Venid, subamos al monte de Jehov, a la casa del Dios de Jacob; l nos ensear en sus caminos y andaremos por sus veredas", porque de Sin saldr la Ley, y de Jerusaln la palabra de Jehov.
l juzgar entre muchos pueblos y corregir a naciones poderosas y lejanas. Ellos convertirn sus espadas en azadones y sus lanzas en hoces. Ninguna nacin alzar la espada contra otra nacin ni se preparar ms para la guerra.
Se sentar cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habr quien les infunda temor. La boca de Jehov de los ejrcitos ha hablado!
Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, con todo, nosotros andaremos en el nombre de Jehov, nuestro Dios, eternamente y para siempre.
"En aquel da, dice Jehov, recoger a las ovejas cojas, reunir a las descarriadas y a la que aflig.
De las cojas har un remanente, de las descarriadas, una nacin robusta. Entonces reinar Jehov sobre ellos en el monte Sin, desde ahora y para siempre.
Y t, torre del rebao, fortaleza de la hija de Sin, t recobrars el seoro de antao, el reino de la hija de Jerusaln.
"Ahora, por qu gritas tanto? Acaso no tienes rey? Pereci tu consejero y te atenaza el dolor como a una mujer de parto?
Qujate y gime, hija de Sin, como mujer que est de parto, porque ahora saldrs de la ciudad y morars en el campo. Llegars hasta Babilonia y all sers librada; all te redimir Jehov de manos de tus enemigos.
"Ahora se han juntado muchas naciones en contra tuya, y dicen: "Que sea profanada y se recreen nuestros ojos a la vista de Sin!".
Mas ellos no conocieron los pensamientos de Jehov, ni entendieron su consejo, por lo cual los junt como gavillas en la era.
Levntate y trilla, hija de Sin! Porque har tu cuerno como de hierro, y tus uas, de bronce: desmenuzars a muchos pueblos y consagrars a Jehov su botn, y sus riquezas, al Seor de toda la tierra".
"Rodate ahora de muros, hija de guerreros, pues nos han sitiado y herirn con vara en la mejilla al juez de Israel.
Pero t, Beln Efrata, tan pequea entre las familias de Jud, de ti ha de salir el que ser Seor en Israel; sus orgenes se remontan al inicio de los tiempos, a los das de la eternidad.
Pero los dejar hasta el tiempo que d a luz la que ha de dar a luz, y el resto de sus hermanos volver junto a los hijos de Israel.
Y l se levantar y los apacentar con el poder de Jehov, con la grandeza del nombre de Jehov, su Dios; y morarn seguros, porque ahora ser engrandecido hasta los confines de la tierra.
l ser nuestra paz. Cuando el asirio venga a nuestra tierra y entre en nuestros palacios, entonces enviaremos contra l siete pastores y ocho hombres principales,
que devastarn a espada la tierra de Asiria, a filo de espada, la tierra de Nimrod. l nos librar del asirio cuando venga contra nuestra tierra y pise nuestras fronteras.
El remanente de Jacob ser en medio de muchos pueblos como el roco de Jehov, como lluvias que caen sobre la hierba, las cuales no esperan al hombre, ni aguardan para nada a los hijos de los hombres.
Asimismo el remanente de Jacob ser entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el len entre las bestias de la selva, como el cachorro del len entre las manadas de ovejas, el cual pasa, pisotea y arrebata, y no hay presa que de l escape.
Tu mano se alzar sobre tus enemigos, y todos tus adversarios sern destruidos.
"Acontecer en aquel da, dice Jehov, que har matar los caballos que posees y har destruir tus carros.
Har tambin destruir las ciudades de tu tierra y arruinar todas tus fortalezas.
Asimismo extirpar de tus manos las hechiceras, y no se hallarn en ti adivinos.
Destruir de en medio de ti tus esculturas y tus imgenes, y nunca ms te inclinars ante la obra de tus manos.
Arrancar de en medio de ti tus imgenes de Asera y destruir tus ciudades.
Con ira y con furor me vengar de las naciones que no obedecieron".
"Od ahora lo que dice Jehov: Levntate, pelea contra los montes y oigan los collados tu voz!
Od, montes y fuertes cimientos de la tierra, el pleito de Jehov, porque Jehov tiene un pleito con su pueblo y altercar con Israel.
"Pueblo mo, qu te he hecho o en qu te he molestado? Di algo en mi contra.
Te hice subir de la tierra de Egipto, te redim de la casa de servidumbre y envi delante de ti a Moiss, a Aarn y a Mara.
Pueblo mo, acurdate ahora qu aconsej Balac, rey de Moab, y qu le respondi Balaam hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias de Jehov.
"Con qu me presentar ante Jehov y adorar al Dios Altsimo? Me presentar ante l con holocaustos, con becerros de un ao?
Se agradar Jehov de millares de carneros o de diez mil arroyos de aceite? Dar mi primognito por mi rebelin, el fruto de mis entraas por el pecado de mi alma?
Hombre, l te ha declarado lo que es bueno, lo que pide Jehov de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios.
"La voz de Jehov clama a la ciudad. Es de sabios temer a tu nombre! "Prestad atencin al castigo y a quien lo establece.
Hay an en casa del impo tesoros de impiedad y medida escasa que sea detestable?
Dar por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engaosas?
Sus ricos se colmaron de rapia, sus moradores hablaron mentira y tienen en su boca una lengua engaosa.
Por eso yo tambin te debilit, devastndote por tus pecados.
Comers, mas no te saciars, tu abatimiento estar en medio de ti; recogers, mas no salvars nada, y lo que logres salvar lo entregar yo a la espada.
Sembrars, mas no segars; pisars aceitunas, mas no te ungirs con el aceite; tambin uvas, mas no bebers el vino.
Has guardado los mandamientos de Omri y toda obra de la casa de Acab, y en los consejos de ellos has andado; por eso yo te entregar a la desolacin, y a tus moradores a la burla. Llevaris, por tanto, el oprobio de mi pueblo"".
"Ay de m! porque estoy como cuando han recogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado despus de la vendimia y no queda racimo para comer, ni uno de esos frutos que tanto desea mi alma.
Falt el misericordioso de la tierra; no queda entre los hombres ningn justo. Todos acechan en busca de sangre; cada cual tiende una red a su hermano.
Para completar la maldad con sus manos, el prncipe demanda y el juez juzga por recompensa; el poderoso habla segn el capricho de su alma, y ellos lo confirman.
El mejor de ellos es como el espino, el ms recto, como zarzal. El da de tu castigo viene, el que anunciaron tus atalayas; ahora ser su confusin.
No creis en amigo ni confiis en prncipe; de la que duerme a tu lado cudate, no abras tu boca.
Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa.
Mas yo volver mis ojos a Jehov, esperar al Dios de mi salvacin; el Dios mo me oir.
"T, enemiga ma, no te alegres de m, porque aunque ca, me levantar; aunque more en tinieblas, Jehov ser mi luz.
La ira de Jehov soportar, porque pequ contra l, hasta que juzgue mi causa y me haga justicia. l me sacar a la luz y yo ver su justicia.
Lo ver mi enemiga y se cubrir de vergenza, la que me deca: "Dnde est Jehov, tu Dios?". Mis ojos se recrearn al verla, cuando sea pisoteada como el lodo en las calles.
"Viene el da en que se edificarn tus muros; aquel da se extendern los lmites.
En ese da vendrn hasta ti desde Asiria y las ciudades fortificadas, y desde las ciudades fortificadas hasta el Ro, de mar a mar y de monte a monte.
La tierra ser asolada a causa de sus moradores, por el fruto de sus obras.
"Apacienta a tu pueblo con tu cayado, al rebao de tu heredad que mora solo en la montaa, en campo frtil; que sean apacentados en Basn y Galaad, como en el tiempo pasado.
Como en los das en que saliste de Egipto, yo les mostrar maravillas.
Las naciones lo vern y se avergonzarn de todo su podero; se pondrn la mano sobre la boca y ensordecern sus odos.
Lamern el polvo como la culebra, como las serpientes de la tierra; temblarn en sus encierros, se volvern amedrentados ante Jehov, nuestro Dios, y temern ante ti.
"Qu Dios hay como t, que perdona la maldad y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en la misericordia.
l volver a tener misericordia de nosotros; sepultar nuestras iniquidades y echar a lo profundo del mar todos nuestros pecados.
Mantendrs tu fidelidad a Jacob, y a Abraham tu misericordia, tal como lo juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos".
Profeca sobre Nnive. Libro de la visin de Nahm de Elcos.
"Jehov es Dios celoso y vengador; Jehov es vengador y est lleno de indignacin; se venga de sus adversarios y se enoja con sus enemigos.
Jehov es tardo para la ira y grande en poder, y no tendr por inocente al culpable. Jehov marcha sobre la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies.
Amenaza al mar y lo seca, y agota todos los ros; el Basn y el Carmelo languidecen, y la flor del Lbano se marchita.
Ante l tiemblan los montes, y los collados se derriten. La tierra se conmueve en su presencia, el mundo y todos los que en l habitan.
Quin puede resistir su ira? Quin quedar en pie ante el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego y ante l se quiebran las peas.
Jehov es bueno, fortaleza en el da de la angustia, y conoce a los que en l confan.
Mas con inundacin impetuosa consumir a sus adversarios, y las tinieblas perseguirn a sus enemigos.
Qu pensis contra Jehov? l extermina por completo; no tomar venganza dos veces de sus enemigos!
Aunque sean como espinos entretejidos y estn empapados en su embriaguez, sern consumidos como hojarasca completamente seca.
"De ti sali el que tram el mal contra Jehov, un consejero perverso.
"As ha dicho Jehov: "Aunque tengan reposo y sean tantos, aun as sern talados, y l pasar. Bastante te he afligido; no te afligir ms,
porque ahora quebrar el yugo que pesa sobre ti, y romper tus cadenas".
"Pero acerca de ti mandar Jehov que no quede ni memoria de tu nombre: De la casa de tu dios destruir escultura y estatua de fundicin; all pondr tu sepulcro, porque fuiste vil".
"Mirad! Sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz. Celebra, Jud, tus fiestas, cumple tus votos, porque nunca ms te invadir el malvado; ha sido destruido del todo.
"Un destructor avanza contra ti! Monta guardia en la fortaleza! Vigila el camino! Cete la cintura! Rene todas tus fuerzas!
Porque Jehov restaurar la gloria de Jacob, as como la gloria de Israel, porque saqueadores los saquearon y estropearon sus sarmientos.
El escudo de sus valientes est enrojecido, los hombres de su ejrcito visten de grana, el carro flamea como fuego de antorchas; el da que se prepare, temblarn los cipreses.
Los carros se precipitan a las plazas, con estruendo ruedan por las calles; su aspecto es como de antorchas encendidas, corren como relmpagos.
Se convoca a los valientes, se atropellan en su marcha, se apresuran hacia el muro donde se prepara la defensa.
Las puertas de los ros se abren y el palacio es destruido.
Llevan cautiva a la reina, le ordenan que suba, y sus criadas la llevan gimiendo como palomas, golpendose sus pechos.
Nnive es como un estanque cuyas aguas se escapan. Gritan: "Deteneos, deteneos!", pero ninguno mira.
Saquead plata, saquead oro! Hay riquezas sin fin, y toda clase de objetos suntuosos y codiciables!
"Vaca, agotada y desolada est, su corazn desfallece, le tiemblan las rodillas, tiene dolor en las entraas; los rostros estn demudados.
Qu queda de la cueva de los leones y de la guarida de los cachorros de los leones, donde se recogan el len y la leona, y los cachorros del len, y no haba quien los espantara?
El len arrebataba en abundancia para sus cachorros, y despedazaba para sus leonas, llenaba de presas sus cavernas, y de robo sus guaridas".
"Aqu estoy contra ti!, dice Jehov de los ejrcitos. Quemar y reducir a humo tus carros, y la espada devorar tus leoncillos; acabar con el robo en tu tierra y nunca ms se oir la voz de tus mensajeros.
"Ay de ti, ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de pillaje! Tu rapia no tiene fin!
Chasquido de ltigo, estrpito de ruedas, caballos al galope, carros que saltan,
cargas de caballera, resplandor de espada y resplandor de lanza. Multitud de heridos, multitud de cadveres! Cadveres sin fin! La gente tropieza con ellos.
Y todo por culpa de las fornicaciones de la ramera de hermosa gracia, maestra en hechizos, que seduce a las naciones con sus fornicaciones y a los pueblos con sus hechizos.
"Aqu estoy contra ti!, dice Jehov de los ejrcitos. Te levantar las faldas hasta el rostro y mostrar a las naciones tu desnudez, a los reinos tu vergenza.
Echar sobre ti inmundicias, te avergonzar y te pondr como estircol.
Todos los que te vean se apartarn de ti y dirn: "Nnive ha quedado desolada! Quin se compadecer de ella? Dnde te buscar consoladores?".
Eres t mejor que Tebas, que estaba asentada junto al Nilo, rodeada de aguas, cuyo baluarte era el mar y tena aguas por muro?
Etiopa y Egipto eran su fortaleza, y eso sin lmite; Fut y Libia fueron sus aliados.
Sin embargo, ella fue llevada en cautiverio; tambin sus pequeos fueron estrellados en las encrucijadas de todas las calles; sobre sus nobles echaron suertes, y todos sus grandes fueron aprisionados con grillos.
T tambin sers embriagada y sers encerrada; t tambin buscars refugio a causa del enemigo.
Todas tus fortalezas sern cual higueras cargadas de brevas, que, si las sacuden, caen en la boca del que las ha de comer.
Tus tropas, dentro de ti, son como mujeres. Las puertas de tu tierra se abrirn de par en par a tus enemigos y el fuego consumir tus cerrojos.
Provete de agua para el asedio, refuerza tus fortalezas, entra en el lodo y pisa el barro, y refuerza el horno.
All te consumir el fuego, te talar la espada, te devorar como el pulgn. Multiplcate como la langosta! Multiplcate como el saltamontes!
Multiplicaste tus mercaderes ms que las estrellas del cielo; la langosta hace presa y vuela.
Tus prncipes sern como langostas y tus grandes como nubes de langostas que se posan sobre las cercas en los das de fro; al salir el sol se van, sin que nadie sepa a dnde.
"Se han dormido tus pastores, rey de Asiria! Reposan tus valientes, tu ejrcito se dispers por los montes y no hay quien lo junte.
No hay medicina para tu quebradura, tu herida es incurable! Todos los que oyen acerca de ti aplauden tu ruina, porque sobre quin no ha pasado sin tregua tu maldad?".
Profeca que el profeta Habacuc recibi en una visin
"Hasta cundo, Jehov, gritar sin que t escuches, y clamar a causa de la violencia sin que t salves?
Por qu me haces ver iniquidad y haces que vea tanta maldad? Ante m solo hay destruccin y violencia; pleito y contienda se levantan.
Por eso la Ley se debilita y el juicio no se ajusta a la verdad; el impo asedia al justo, y as se tuerce la justicia.
"Mirad entre las naciones, ved y asombraos, porque har una obra en vuestros das, que, aun cuando se os contara, no la creerais.
Porque yo levanto a los caldeos, nacin cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas.
Formidable es y terrible; de ella misma proceden su justicia y su dignidad.
Sus caballos son ms ligeros que leopardos, ms feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se multiplicarn. Vienen de lejos sus jinetes, vuelan como guilas que se apresuran a devorar.
Toda ella acude a la violencia; el terror va delante de ella, y recoge cautivos como arena.
Se mofa de los reyes, y de los prncipes hace burla; se re de las fortalezas, levanta terraplenes y las toma.
Luego pasa como el huracn, y peca porque hace de su fuerza su dios.
"No eres t desde el principio, Jehov, Dios mo, Santo mo? No moriremos. Jehov, para juicio lo pusiste; y t, Roca, lo estableciste para castigar.
Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; por qu, pues, ves a los criminales y callas cuando destruye el impo al que es ms justo que l?
Tratas a los hombres como a peces del mar, como a reptiles que no tienen dueo.
A todos los pesca con anzuelo, los recoge con su red, los junta en sus mallas; por lo cual se alegra y se regocija.
Por eso ofrece sacrificios a su red y quema incienso a sus mallas, porque gracias a ellas su porcin es abundante y sabrosa su comida.
Vaciar sin cesar su red y seguir aniquilando sin piedad a las naciones?".
"En mi puesto de guardia estar, sobre la fortaleza afirmar el pie. Velar para ver lo que se me dir y qu he de responder tocante a mi queja.
"Jehov me respondi y dijo: "Escribe la visin, grbala en tablas, para que pueda leerse de corrido.
Aunque la visin tarda en cumplirse, se cumplir a su tiempo, no fallar. Aunque tarde, esprala, porque sin duda vendr, no tardar.
Aquel cuya alma no es recta se enorgullece; mas el justo por su fe vivir".
"Adems, el que es dado al vino es traicionero, hombre orgulloso, que no prosperar; ensancha como el seol su garganta y es insaciable como la muerte, aunque rena para s todas las naciones y acapare para s todos los pueblos.
"No entonarn todos estos contra l refranes y sarcasmos? Dirn: "Ay del que multiplic lo que no era suyo! Hasta cundo seguir acumulando prenda tras prenda?".
"No se levantarn de repente tus deudores y se despertarn los que te harn temblar? T sers como despojo para ellos.
Por cuanto has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarn a ti, a causa de la sangre de los hombres, y de las violencias hechas a la tierra, a las ciudades y a todos los que en ellas habitaban.
"Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal!
Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos y has pecado contra tu vida.
Porque la piedra clamar desde el muro y la tabla del enmaderado le responder.
"Ay del que edifica con sangre la ciudad y del que la funda sobre la maldad!
No viene esto de Jehov de los ejrcitos? Los pueblos, pues, trabajarn para el fuego, y las naciones se fatigarn en vano.
Porque la tierra se llenar del conocimiento de la gloria de Jehov, como las aguas cubren el mar.
"Ay del que da de beber a su prjimo! Ay de ti, que le acercas tu hiel y lo embriagas para mirar su desnudez!
Te has llenado de deshonra ms que de honra; bebe t tambin y sers descubierto; el cliz de la mano derecha de Jehov vendr hasta ti y convertir en humillacin tu gloria.
Porque la rapia del Lbano caer sobre ti y la destruccin de las fieras te quebrantar, a causa de la sangre de los hombres, y de las violencias hechas a la tierra, a las ciudades y a todos los que en ellas habitaban.
"De qu sirve la escultura que esculpi el que la hizo, la estatua de fundicin que ensea mentira, para que el artfice confe en su obra haciendo imgenes mudas?
"Ay del que dice al palo: "Despirtate"; y a la piedra muda: "Levntate"! Podrn acaso ensear? Aunque est cubierto de oro y plata, no hay espritu dentro de l.
Mas Jehov est en su santo Templo: calle delante de l toda la tierra!".
Oracin del profeta Habacuc, sobre Sigionot
"Jehov, he odo tu palabra, y tem! Jehov, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acurdate de la misericordia!
Dios viene de Temn; el Santo, desde el monte Parn. Selah "Su gloria cubri los cielos, la tierra se llen de su alabanza.
Su resplandor es como la luz. Rayos brillantes salen de su mano; all est escondido su poder.
Delante de su rostro va la mortandad, y tras sus pies salen carbones encendidos.
Se levanta y mide la tierra; mira, y se estremecen las naciones. Los montes antiguos se desmoronan, los collados antiguos se derrumban; pero sus caminos son eternos.
"He visto las tiendas de Cusn en afliccin; las tiendas de la tierra de Madin tiemblan.
Te has airado, Jehov, contra los ros? Contra los ros te has airado? Arde tu ira contra el mar cuando montas en tus caballos, en tus carros de victoria?
"Tienes tu arco preparado; los juramentos a las tribus fueron palabra segura. Selah "Has hendido la tierra con los ros.
Te ven los montes y temen; pasa la inundacin; el abismo deja oir su voz y alza sus manos a lo alto.
El sol y la luna se detienen en su lugar, a la luz de tus saetas que cruzan, al resplandor de tu refulgente lanza.
Con ira pisas la tierra, con furor pisoteas las naciones.
Has salido para socorrer a tu pueblo, para socorrer a tu ungido. Has abatido la cabeza de la casa del impo, has descubierto el cimiento hasta la roca. Selah
"Traspasaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros, que como tempestad acometieron para dispersarme, regocijados como si fueran a devorar al pobre en secreto.
"Caminas en el mar con tus caballos, sobre la mole de las muchas aguas.
O, y se conmovieron mis entraas; al oir la voz temblaron mis labios. Pudricin entr en mis huesos, y dentro de m me estremec. Tranquilo espero el da de la angustia que vendr sobre el pueblo que nos ataca.
"Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento, aunque las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales,
con todo, yo me alegrar en Jehov, me gozar en el Dios de mi salvacin.
Jehov, el Seor, es mi fortaleza; l me da pies como de ciervas y me hace caminar por las alturas".
Palabra que Jehov dirigi a Sofonas hijo de Cusi hijo de Gedalas, hijo de Amaras, hijo de Ezequas, en das de Josas hijo de Amn, rey de Jud:
"Destruir por completo todas las cosas de sobre la faz de la tierra, dice Jehov.
Destruir hombres y bestias, destruir las aves del cielo y los peces del mar, har perecer a los malvados, y extirpar a los hombres de sobre la faz de la tierra, dice Jehov.
"Extender mi mano contra Jud y contra todos los habitantes de Jerusaln. Exterminar de este lugar los restos de Baal y el nombre de los ministros idlatras junto con sus sacerdotes.
Exterminar a los que sobrelos terrados se postran ante el ejrcito del cielo, a los que se postran jurando por Jehov y jurando por Milcom,
a los que se apartan de Jehov, a los que no buscaron a Jehov ni lo consultaron.
"Calla en la presencia de Jehov, el Seor, porque el da de Jehov est cercano, porque Jehov ha preparado un sacrificio y ha consagrado a sus convidados.
"En el da del sacrificio de Jehov castigar a los prncipes, a los hijos del rey y a todos los que visten como extranjeros.
Asimismo castigar en aquel da a todos los que saltan la puerta y a los que llenan las casas de sus seores de robo y de engao.
"As dice Jehov: Habr en aquel da voz de clamor desde la puerta del Pescado, aullido desde la segunda puerta y gran quebrantamiento desde los collados.
Aullad, habitantes de Mactes, porque todo el pueblo mercader ha sido destruido; extirpados han sido todos los que trafican con dinero.
"Acontecer en aquel tiempo que yo escudriar a Jerusaln con linterna y castigar a los hombres que reposan tranquilos como el vino asentado, los cuales dicen en su corazn: "Jehov ni har bien ni har mal".
Por tanto, sern saqueados sus bienes y sus casas asoladas; edificarn casas, mas no las habitarn, plantarn vias, mas no bebern de su vino.
"Cercano est el da grande de Jehov! Cercano, muy prximo! Amargo ser el clamor del da de Jehov; hasta el valiente all gritar.
Da de ira aquel da, da de angustia y de aprieto, da de alboroto y de asolamiento, da de tiniebla y de oscuridad, da de nublado y de entenebrecimiento,
da de trompeta y de alarido sobre las ciudades fortificadas y sobre las altas torres.
Llenar de tribulacin a los hombres, y ellos andarn como ciegos, porque pecaron contra Jehov. Su sangre ser derramada como polvo y su carne como estircol.
"Ni su plata ni su oro podrn librarlos en el da de la ira de Jehov, pues toda la tierra ser consumida con el fuego de su celo, porque l exterminar repentinamente a todos los habitantes de la tierra".
"Congregaos y meditad, nacin sin pudor,
antes que tenga efecto el decreto y el da se pase como el tamo; antes que venga sobre vosotros el furor de la ira de Jehov; antes que el da de la ira de Jehov venga sobre vosotros.
Buscad a Jehov todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quiz seris guardados en el da del enojo de Jehov.
"Porque Gaza ser desamparada y Ascaln asolada; saquearn a Asdod en pleno da y Ecrn ser desarraigada.
Ay de los que moran en la costa del mar, del pueblo de los cereteos! Jehov ha pronunciado esta palabra contra vosotros: Canan, tierra de filisteos, te har destruir hasta dejarte sin morador!
La costa del mar se convertir en praderas para pastores, en corrales de ovejas.
Ser aquel lugar para el resto de la casa de Jud; all apacentarn. En las casas de Ascaln dormirn de noche, porque Jehov, su Dios, los visitar y levantar su cautiverio.
"He odo los insultos de Moab y las ofensas con que los hijos de Amn deshonraron a mi pueblo y se engrandecieron sobre su territorio.
Por tanto, vivo yo, dice Jehov de los ejrcitos, Dios de Israel, que Moab quedar como Sodoma, y los hijos de Amn como Gomorra: sern un campo de ortigas, una mina de sal, un lugar desolado para siempre. El resto de mi pueblo los saquear y el resto de mi pueblo los heredar.
"Esto les vendr por su soberbia, porque afrentaron al pueblo de Jehov de los ejrcitos y se engrandecieron contra l.
Terrible ser Jehov con ellos, porque destruir a todos los dioses de la tierra, y se inclinarn ante l, desde sus lugares, todas las costas de la tierra.
Tambin vosotros, los de Etiopa, seris muertos con mi espada.
Luego extender su mano contra el norte y destruir a Asiria, y convertir a Nnive en un lugar desolado, rido como un desierto.
Rebaos de ganado se echarn en ella, y todas las bestias del campo; el pelcano y el erizo dormirn en sus dinteles, su voz resonar en las ventanas; habr desolacin en las puertas, porque su artesonado de cedro quedar al descubierto.
Esta es la ciudad alegre que estaba confiada, la que deca en su corazn: "Yo, y nadie ms". Cmo fue asolada, hecha guarida de fieras! Todos los que pasen junto a ella se burlarn y sacudirn la mano".
"Ay de la ciudad rebelde, contaminada y opresora!
"No escuch la voz ni recibi la correccin; no confi en Jehov ni se acerc a su Dios.
Sus prncipes son, en medio de ella, leones rugientes; sus jueces, lobos nocturnos que no dejan ni un hueso para la maana.
Sus profetas son altaneros, hombres fraudulentos; sus sacerdotes contaminaron el santuario, falsearon la Ley.
Jehov es justo en medio de ella, no cometer iniquidad; cada maana, al despuntar el da, emite sin falta su juicio; pero el perverso no conoce la vergenza.
"Hice destruir naciones, sus habitaciones estn asoladas; he dejado desiertas sus calles hasta no quedar quien pase. Sus ciudades han quedado desoladas, no ha quedado ni un hombre ni un habitante.
Me deca: "Ciertamente me temer, recibir correccin y no ser destruida su morada cuando yo la visite". Mas ellos se apresuraron a corromper todos sus hechos.
Por tanto, esperadme, dice Jehov, hasta el da en que me levante para juzgaros, porque mi determinacin es reunir las naciones, juntar los reinos para derramar sobre ellos mi enojo, todo el ardor de mi ira, hasta que el fuego de mi celo consuma toda la tierra.
"En aquel tiempo devolver yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehov, para que le sirvan de comn consentimiento.
De la regin ms all de los ros de Etiopa me suplicarn; la hija de mis esparcidos traer mi ofrenda.
En aquel da no sers avergonzada por ninguna de las obras con que te rebelaste contra m, porque entonces quitar de en medio de ti a los que se alegran en tu soberbia, y nunca ms te ensoberbecers en mi santo monte.
Y dejar en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiar en el nombre de Jehov.
El resto de Israel no har injusticia ni dir mentira, ni en boca de ellos se hallar lengua engaosa, porque ellos sern apacentados y reposarn, y no habr quien los atemorice.
"Canta, hija de Sin! Da voces de jbilo, Israel! Gzate y regocjate de todo corazn, hija de Jerusaln!
Jehov ha retirado su juicio contra ti; ha echado fuera a tus enemigos. Jehov es Rey de Israel en medio de ti; no temers ya ningn mal.
En aquel tiempo se dir a Jerusaln: "No temas, Sin, que no se debiliten tus manos!".
Jehov est en medio de ti; l es poderoso y te salvar! Se gozar por ti con alegra, callar de amor, se regocijar por ti con cnticos.
"Como en da de fiesta apartar de ti la desgracia; te librar del oprobio que pesa sobre ti.
En aquel tiempo yo apremiar a todos tus opresores; salvar a la oveja que cojea y recoger a la descarriada. Cambiar su vergenza en alabanza y renombre en toda la tierra.
En aquel tiempo yo os traer; en aquel tiempo os reunir, y os dar renombre y fama entre todos los pueblos de la tierra, cuando levante vuestro cautiverio ante vuestros propios ojos, dice Jehov".
En el ao segundo del rey Daro, en el mes sexto, en el primer da del mes, fue dirigida esta palabra de Jehov, por medio del profeta Hageo, a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Jud, y a Josu hijo de Josadac, el sumo sacerdote:
"As ha hablado Jehov de los ejrcitos: Este pueblo dice: "No ha llegado an el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehov sea reedificada"".
Entonces lleg esta palabra de Jehov por medio del profeta Hageo:
"Es acaso para vosotros tiempo de habitar en vuestras casas artesonadas, mientras esta Casa est en ruinas?
Pues as ha dicho Jehov de los ejrcitos: Meditad bien sobre vuestros caminos.
Sembris mucho, pero recogis poco; comis, pero no os saciis; bebis, pero no quedis satisfechos; os vests, pero no os calentis; y el que trabaja a jornal recibe su salario en saco roto.
As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Meditad sobre vuestros caminos.
Subid al monte, traed madera y reedificad la Casa; yo me complacer en ella y ser glorificado, ha dicho Jehov.
Buscis mucho, pero hallis poco; lo que guardis en casa yo lo disipar con un soplo. Por qu?, dice Jehov de los ejrcitos. Por cuanto mi Casa est desierta, mientras cada uno de vosotros corre a su propia casa.
Por eso los cielos os han negado la lluvia, y la tierra retuvo sus frutos.
Yo llam la sequa sobre esta tierra y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de sus manos".
Entonces Zorobabel hijo de Salatiel, y Josu hijo de Josadac, el sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo oyeron la voz de Jehov, su Dios, y las palabras del profeta Hageo, tal como le haba encargado Jehov, su Dios; y temi el pueblo delante de Jehov.
Entonces Hageo, el enviado de Jehov, habl por mandato de Jehov al pueblo, diciendo: "Yo estoy con vosotros, dice Jehov".
As despert Jehov el espritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Jud, y el espritu de Josu hijo de Josadac, el sumo sacerdote, y el espritu de todo el resto del pueblo. Ellos fueron y comenzaron a trabajar en la casa de Jehov de los ejrcitos, su Dios.
Era el da veinticuatro del mes sexto del segundo ao del rey Daro.
En el mes sptimo, a los veintin das del mes, lleg esta palabra de Jehov por medio del profeta Hageo:
"Habla ahora a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Jud, y a Josu hijo de Josadac, el sumo sacerdote, y al resto del pueblo, y diles:
Quin queda entre vosotros que haya visto esta Casa en su antiguo esplendor? Cmo la veis ahora? No es ella como nada ante vuestros ojos?
Pues ahora, Zorobabel, anmate, dice Jehov; anmate t tambin, sumo sacerdote Josu hijo de Josadac; cobrad nimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehov, y trabajad, porque yo estoy con vosotros, dice Jehov de los ejrcitos.
Segn el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, as mi espritu estar en medio de vosotros, no temis.
Porque as dice Jehov de los ejrcitos: De aqu a poco yo har temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca;
har temblar a todas las naciones; vendr el Deseado de todas las naciones y llenar de gloria esta Casa, ha dicho Jehov de los ejrcitos.
Ma es la plata y mo es el oro, dice Jehov de los ejrcitos.
La gloria de esta segunda Casa ser mayor que la de la primera, ha dicho Jehov de los ejrcitos; y dar paz en este lugar, dice Jehov de los ejrcitos".
A los veinticuatro das del noveno mes, en el segundo ao de Daro, lleg esta palabra de Jehov por medio del profeta Hageo:
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca de la Ley, y diles:
Si alguno lleva carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella toca el pan o la vianda, el vino o el aceite, o cualquier otra comida, ser santificada?". Los sacerdotes respondieron diciendo que no.
Entonces Hageo continu: "Si uno que est impuro por haber tocado un cadver, toca alguna cosa de estas, quedar ella inmunda?". Los sacerdotes respondieron: "Inmunda quedar".
Hageo respondi: "As es este pueblo y esta gente que est delante de m, dice Jehov; asimismo es toda la obra de sus manos: todo lo que aqu ofrecen es inmundo.
Ahora, pues, meditad en vuestro corazn desde este da en adelante, antes que pongan piedra sobre piedra en el templo de Jehov.
Antes que sucedieran estas cosas, venan al montn de veinte efas, y solo haba diez; venan al lagar para sacar cincuenta cntaros, y solo haba veinte.
Os her con un viento sofocante, con tizoncillo y con granizo en toda la obra de vuestras manos, pero no os convertisteis a m, dice Jehov.
Meditad, pues, en vuestro corazn, desde este da en adelante, desde el da veinticuatro del noveno mes, desde el da que se ech el cimiento del templo de Jehov; meditad, pues, en vuestro corazn.
No est an el grano en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el rbol de olivo ha florecido todava; pero desde este da, yo os bendecir".
Hageo recibi por segunda vez esta palabra de Jehov, a los veinticuatro das del mismo mes:
"Habla a Zorobabel, gobernador de Jud, y dile: Yo har temblar los cielos y la tierra;
trastornar el trono de los reinos y destruir la fuerza de los reinos de las naciones; trastornar los carros y a los que en ellos suben; caballos y jinetes caern bajo la espada de sus propios hermanos.
En aquel da, dice Jehov de los ejrcitos, te tomar, Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mo, dice Jehov, y te pondr como anillo de sellar, porque yo te he escogido, dice Jehov de los ejrcitos".
En el octavo mes del ao segundo de Daro, lleg esta palabra de Jehov al profeta Zacaras hijo de Berequas hijo de Iddo:
"Se enoj mucho Jehov contra vuestros padres.
Diles, pues: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Volveos a m, dice Jehov de los ejrcitos, y yo me volver a vosotros, dice Jehov de los ejrcitos.
"No seis como vuestros padres, a quienes los primeros profetas clamaron diciendo: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras"; pero ellos no atendieron ni me escucharon, dice Jehov.
"Vuestros padres, dnde estn?; y los profetas, acaso han de vivir para siempre?
En cambio, mis palabras y mis ordenanzas, que yo mand a mis siervos los profetas, no alcanzaron a vuestros padres? "Por eso ellos se volvieron y dijeron: "Como Jehov de los ejrcitos haba decidido tratarnos, conforme a nuestros caminos y conforme a nuestras obras, as nos ha tratado"".
A los veinticuatro das del mes undcimo, que es el mes de Sebat, en el ao segundo de Daro, lleg esta palabra de Jehov al profeta Zacaras hijo de Berequas hijo de Iddo:
Tuve una visin durante la noche: Vi a un hombre que cabalgaba sobre un caballo alazn y estaba entre los mirtos que haba en la hondonada, y detrs de l haba caballos alazanes, overos y blancos.
Entonces pregunt: -- Quines son estos, seor mo? Y el ngel que hablaba conmigo me respondi: -- Yo te ensear quines son estos.
Y el hombre que estaba entre los mirtos dijo: -- Estos son los que Jehov ha enviado a recorrer la tierra.
Entonces ellos hablaron a aquel ngel de Jehov que estaba entre los mirtos, y le dijeron: -- Hemos recorrido la tierra, y hemos visto que toda la tierra est tranquila y en calma.
El ngel de Jehov exclam: -- Jehov de los ejrcitos, hasta cundo no tendrs piedad de Jerusaln y de las ciudades de Jud, con las cuales has estado enojado por espacio de setenta aos?
Jehov dirigi palabras buenas, palabras de consuelo, al ngel que hablaba conmigo.
Entonces el ngel que hablaba conmigo me dijo: "Proclama: "As ha dicho Jehov de los ejrcitos: "Cel con gran celo a Jerusaln y a Sin.
Pero siento gran ira contra las naciones despreocupadas, pues cuando yo estaba un poco enojado, ellas se aprovecharon para agravar el mal.
Por tanto, as ha dicho Jehov: Me vuelvo a Jerusaln con misericordia; en ella ser edificada mi Casa, dice Jehov de los ejrcitos, y la plomada ser tendida sobre Jerusaln".
"Proclama tambin: ""As dice Jehov de los ejrcitos: An rebosarn mis ciudades con la abundancia del bien; an consolar Jehov a Sin y an escoger a Jerusaln"".
Despus alc mis ojos y mir; y vi cuatro cuernos.
Y pregunt al ngel que hablaba conmigo: -- Qu son estos? Me respondi: -- Estos son los cuernos que dispersaron a Jud, a Israel y a Jerusaln.
Me mostr luego Jehov cuatro carpinteros.
Pregunt: -- Qu vienen estos a hacer? l me respondi: -- Aquellos son los cuernos que dispersaron a Jud, tanto que ninguno alz su cabeza; pero estos han venido para hacerlos temblar, para derribar los cuernos de las naciones que alzaron el cuerno sobre la tierra de Jud para dispersarla.
Alc despus mis ojos y tuve una visin. Vi a un hombre que tena en su mano un cordel de medir.
Y le dije: -- A dnde vas? l me respondi: -- A medir a Jerusaln, para ver cunta es su anchura y cunta su longitud.
Mientras se iba aquel ngel que hablaba conmigo, otro ngel le sali al encuentro
y le dijo: "Corre, hblale a este joven y dile: ""A causa de la multitud de hombres y de ganado que habitar en medio de ella, Jerusaln no tendr muros.
Yo ser para ella, dice Jehov, un muro de fuego a su alrededor, y en medio de ella mostrar mi gloria".
"Eh, eh!, huid de la tierra del norte, dice Jehov, pues por los cuatro vientos de los cielos os esparc, dice Jehov.
Eh, Sin, t que moras con la hija de Babilonia, escpate!".
Porque as ha dicho Jehov de los ejrcitos: "Tras la gloria me enviar l a las naciones que os despojaron, porque el que os toca, toca a la nia de mi ojo.
Yo alzo mi mano sobre ellos, y sern saqueados por sus propios siervos". As sabris que Jehov de los ejrcitos me envi.
"Canta y algrate, hija de Sin, porque yo vengo a habitar en medio de ti, ha dicho Jehov.
Muchas naciones se unirn a Jehov en aquel da, y me sern por pueblo, y habitar en medio de ti", y entonces conocers que Jehov de los ejrcitos me ha enviado a ti.
Jehov poseer a Jud, su heredad en la tierra santa, y escoger an a Jerusaln.
Que calle todo el mundo delante de Jehov, porque l se ha levantado de su santa morada!
Luego me mostr al sumo sacerdote Josu, el cual estaba delante del ngel de Jehov, mientras el Satn estaba a su mano derecha para acusarlo.
Entonces dijo Jehov al Satn: "Jehov te reprenda, Satn! Jehov, que ha escogido a Jerusaln, te reprenda! No es este un tizn arrebatado del incendio?".
Josu, que estaba cubierto de vestiduras viles, permaneca en pie delante del ngel.
Habl el ngel y orden a los que estaban delante de l: "Quitadle esas vestiduras viles". Y a l dijo: "Mira que he quitado de ti tu pecado y te he hecho vestir de ropas de gala".
Despus dijo: "Pongan un turbante limpio sobre su cabeza". Pusieron un turbante limpio sobre su cabeza y lo vistieron de gala. Y el ngel de Jehov segua en pie.
Despus el ngel de Jehov amonest a Josu dicindole:
"As dice Jehov de los ejrcitos: "Si andas por mis caminos y si guardas mi ordenanza, entonces t gobernars mi Casa y guardars mis atrios, y entre estos que aqu estn te dar lugar.
Escucha pues, ahora, Josu, sumo sacerdote, t y tus amigos que se sientan delante de ti, pues sois como una seal proftica: Yo traigo a mi siervo, el Renuevo.
Mirad la piedra que puse delante de Josu: es nica y tiene siete ojos. Yo mismo grabar su inscripcin, dice Jehov de los ejrcitos, y quitar en un solo da el pecado de la tierra.
En aquel da, dice Jehov de los ejrcitos, cada uno de vosotros convidar a su compaero, debajo de su vid y debajo de su higuera".
Volvi el ngel que hablaba conmigo, y me despert como a un hombre a quien se despierta de su sueo.
Y me pregunt: -- Qu ves? Respond: -- Veo un candelabro de oro macizo, con un depsito arriba, con sus siete lmparas y siete tubos para las lmparas que estn encima de l.
Junto al candelabro hay dos olivos, el uno a la derecha del depsito y el otro a su izquierda.
Prosegu y pregunt a aquel ngel que hablaba conmigo: -- Qu es esto, seor mo?
Y el ngel que hablaba conmigo me respondi: -- No sabes qu es esto? Le dije: -- No, seor mo.
Entonces sigui dicindome: "Esta es palabra de Jehov para Zorobabel, y dice: "No con ejrcito, ni con fuerza, sino con mi espritu, ha dicho Jehov de los ejrcitos.
Quin eres t, gran monte? Delante de Zorobabel sers reducido a llanura; l sacar la primera piedra entre aclamaciones de: Qu bella, qu bella es!".
"Despus me fue dirigida esta palabra de Jehov:
"Las manos de Zorobabel echarn el cimiento de esta Casa, y sus manos la acabarn. As conocers que Jehov de los ejrcitos me envi a vosotros.
Porque los que menospreciaron el da de las pequeeces, se alegrarn al ver la plomada en la mano de Zorobabel". "Estos siete son los ojos de Jehov, que recorren toda la tierra".
Habl una vez ms y le pregunt: -- Qu significan estos dos olivos que estn a la derecha y a la izquierda del candelabro?
Y an le pregunt de nuevo: -- Qu significan las dos ramas de olivo que por los dos tubos de oro vierten su aceite dorado?
l me respondi: -- No sabes qu es esto? Yo dije: -- No, Seor mo.
Y l me respondi: -- Estos son los dos ungidos que estn delante del Seor de toda la tierra.
De nuevo alc mis ojos y tuve una visin: Vi un rollo que volaba.
Me pregunt: -- Qu ves? Respond: -- Veo un rollo que vuela, de veinte codos de largo y diez codos de ancho.
Entonces me dijo: -- Esta es la maldicin que se extiende sobre la faz de toda la tierra; porque todo aquel que hurta (segn est escrito en un lado del rollo) ser destruido; y todo aquel que jura falsamente (como est del otro lado del rollo) ser destruido.
"Yo la he enviado, dice Jehov de los ejrcitos, para que entre en la casa del ladrn y en la casa del que jura falsamente en mi nombre; permanecer en medio de su casa y la consumir junto con sus maderas y sus piedras.
Sali aquel ngel que hablaba conmigo, y me dijo: -- Alza ahora tus ojos y mira qu es esto que sale.
Pregunt: -- Qu es? l respondi: -- Este es un efa que sale. Adems dijo: -- Esta es la maldad de ellos en toda la tierra.
Entonces levantaron la tapa de plomo, y una mujer estaba sentada en medio de aquel efa.
Y l dijo: -- Esta es la Maldad. La arroj dentro del efa y ech la masa de plomo en la boca del efa.
Alc luego mis ojos y tuve una visin: Aparecieron dos mujeres que tenan alas como de cigea; el viento impulsaba sus alas, y alzaron el efa entre la tierra y los cielos.
Pregunt al ngel que hablaba conmigo: -- A dnde llevan el efa?
l me respondi: -- Le van a edificar una casa en tierra de Sinar; y cuando est preparada, lo pondrn sobre su base.
De nuevo alc mis ojos y tuve una visin. Vi cuatro carros que salan de entre dos montes; y aquellos montes eran de bronce.
El primer carro iba tirado por caballos alazanes, el segundo carro por caballos negros,
el tercer carro por caballos blancos y el cuarto carro por caballos overos rucios rodados.
Pregunt entonces al ngel que hablaba conmigo: -- Seor mo, qu es esto?
El ngel me respondi: -- Estos son los cuatro vientos de los cielos, que salen despus de presentarse delante del Seor de toda la tierra.
El carro con los caballos negros sale hacia la tierra del norte, los blancos salen tras ellos y los overos salen hacia la tierra del sur.
Los alazanes salieron y se afanaron por ir a recorrer la tierra. Les dijo: -- Id, recorred la tierra. Y recorrieron la tierra.
Luego me llam para decirme: -- Mira, los que salieron hacia la tierra del norte hicieron reposar mi espritu en la tierra del norte.
Me fue dirigida palabra de Jehov, que deca:
"Toma de los del cautiverio a Heldai, a Tobas y a Jedaas, los cuales volvieron de Babilonia. Irs t en aquel da y entrars en casa de Josas hijo de Sofonas.
Tomars, pues, plata y oro, hars coronas y las pondrs en la cabeza del sumo sacerdote Josu hijo de Josadac.
Y le dirs: "As ha hablado Jehov de los ejrcitos: "Aqu est el varn cuyo nombre es el Renuevo; l brotar de sus races y edificar el Templo de Jehov.
l edificar el templo de Jehov, tendr gloria, se sentar y dominar en su trono, y el sacerdote se sentar a su lado; y entre ambos habr concordia y paz.
"Las coronas servirn a Helem, a Tobas, a Jedaas y a Hen hijo de Sofonas, como memoria en el templo de Jehov"".
Los que estn lejos vendrn y ayudarn a edificar el templo de Jehov. As conoceris que Jehov de los ejrcitos me ha enviado a vosotros. Esto suceder si escuchis obedientes la voz de Jehov, vuestro Dios.
Aconteci que en el ao cuarto del rey Daro, a los cuatro das del mes noveno, que es Quisleu, lleg palabra de Jehov a Zacaras.
En aquel tiempo el pueblo de Bet-el haba enviado a Sarezer, con Regem-melec y sus hombres, a implorar el favor de Jehov,
y a preguntar a los sacerdotes que estaban en la casa de Jehov de los ejrcitos, y a los profetas: "Lloraremos en el mes quinto? Haremos abstinencia, como la hemos venido haciendo desde hace algunos aos?".
Recib, pues, esta palabra de Jehov de los ejrcitos:
"Di a todo el pueblo del pas, y a los sacerdotes: "Cuando ayunabais y llorabais en el quinto y en el sptimo mes durante estos setenta aos, habis ayunado para m?
Y cuando comais y bebais, no comais y bebais para vosotros mismos?"".
Acaso no son estas las palabras que proclam Jehov por medio de los primeros profetas, cuando Jerusaln estaba habitada y tranquila, y las ciudades de sus alrededores y el Neguev y la Sefela estaban tambin habitados?
Recibi tambin Zacaras esta palabra de Jehov:
"As habl Jehov de los ejrcitos: Juzgad conforme a la verdad; haced misericordia y piedad cada cual con su hermano;
no oprimis a la viuda, al hurfano, al extranjero ni al pobre, ni ninguno piense mal en su corazn contra su hermano".
Pero no quisieron escuchar, sino que volvieron la espalda y se taparon los odos para no oir;
endurecieron su corazn como diamante, para no oir la Ley ni las palabras que Jehov de los ejrcitos enviaba por su espritu, por medio de los primeros profetas. Por tanto, Jehov de los ejrcitos se enoj mucho.
"Y aconteci que, as como l clam y no escucharon, tambin ellos clamaron y yo no escuch, dice Jehov de los ejrcitos,
sino que los esparc como con un torbellino por todas las naciones que ellos no conocan, y la tierra fue desolada tras ellos, sin quedar quien fuera ni viniera; pues convirtieron en desierto la tierra deseable".
Recib de Jehov de los ejrcitos esta palabra:
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Cel a Sin con gran celo, y con gran ira la cel.
"As dice Jehov: "Yo he restaurado a Sin y habitar en medio de Jerusaln. Jerusaln se llamar ciudad de la Verdad, y el monte de Jehov de los ejrcitos, monte de Santidad.
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: "An han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusaln, cada cual con un bastn en la mano por lo avanzado de su edad.
Y las calles de la ciudad estarn llenas de muchachos y muchachas que jugarn en ellas.
"As dice Jehov de los ejrcitos: "Si esto parece imposible a los ojos del resto de este pueblo en aquellos das, tambin ser imposible para m?, dice Jehov de los ejrcitos.
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: "Yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente y de la tierra donde se pone el sol;
los traer y habitarn en medio de Jerusaln. Ellos sern mi pueblo, y yo ser su Dios en verdad y en justicia.
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Cobrad nimo, vosotros que os en estos das estas palabras de la boca de los profetas, desde el da que se ech el cimiento a la casa de Jehov de los ejrcitos, para edificar el Templo.
Porque antes de estos das no ha habido paga de hombre ni paga de bestia, ni hubo paz para el que sala ni para el que entraba, a causa del enemigo, pues yo dej que todos los hombres se enfrentaran unos con otros.
Mas ahora no har con el resto de este pueblo como en aquellos pasados das, dice Jehov de los ejrcitos.
Porque habr simiente de paz: la vid dar su fruto, la tierra, su producto, y los cielos, su roco; y har que el resto de este pueblo posea todo esto.
Y as como fuisteis maldicin entre las naciones, casa de Jud y casa de Israel, as os salvar y seris bendicin. No temis! Cobrad nimo!
"Porque as ha dicho Jehov de los ejrcitos: Como pens haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice Jehov de los ejrcitos, y no me arrepent,
as en cambio he pensado hacer bien a Jerusaln y a la casa de Jud en estos das. No temis.
Estas son las cosas que habis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prjimo; juzgad segn la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas.
Ninguno de vosotros piense mal en su corazn contra su prjimo, ni amis el juramento falso, porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehov".
Recib esta palabra de Jehov de los ejrcitos:
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Los ayunos del cuarto, el quinto, el sptimo, y el dcimo mes, se convertirn para la casa de Jud en gozo y alegra, y en fiestas solemnes. Amad, pues, la verdad y la paz.
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: "An vendrn pueblos y habitantes de muchas ciudades.
Vendrn los habitantes de una ciudad a otra y dirn: "Vamos a implorar el favor de Jehov y a buscar a Jehov de los ejrcitos!". Yo tambin ir!
Y vendrn muchos pueblos y naciones poderosas a buscar a Jehov de los ejrcitos en Jerusaln y a implorar el favor de Jehov.
"As ha dicho Jehov de los ejrcitos: En aquellos das acontecer que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarn del manto a un judo, y le dirn: "Iremos con vosotros, porque hemos odo que Dios est con vosotros"".
Profeca. Palabra de Jehov en la tierra de Hadrac y en Damasco: "A Jehov deben mirar los ojos de los hombres y todas las tribus de Israel.
Tambin Hamat, que est en su frontera, y Tiro y Sidn, aunque sean muy sabias.
Tiro se edific fortaleza, y amonton plata como polvo y oro como lodo de las calles,
pero el Seor la empobrecer, hundir en el mar su podero y ser consumida por el fuego.
"Lo ver Ascaln y temer; Gaza tambin, y se doler mucho; asimismo Ecrn, porque su esperanza ser confundida. Perecer el rey de Gaza, y Ascaln no ser habitada.
Habitar en Asdod un extranjero, y pondr fin a la soberbia de los filisteos.
Quitar la sangre de su boca y sus abominaciones de entre sus dientes. Quedar tambin un resto para nuestro Dios; sern como capitanes en Jud, y Ecrn ser como el jebuseo.
Entonces montar guardia alrededor de mi Casa, para que ninguno vaya ni venga. No pasar ms sobre ellos el opresor, porque ahora vigilo con mis propios ojos".
Algrate mucho, hija de Sin! Da voces de jbilo, hija de Jerusaln! Mira que tu rey vendr a ti, justo y salvador, pero humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.
l destruir los carros de Efran y los caballos de Jerusaln; los arcos de guerra sern quebrados, y proclamar la paz a las naciones. Su seoro ser de mar a mar, desde el ro hasta los confines de la tierra.
T tambin, por la sangre de tu pacto, sers salva; he sacado a tus presos de la cisterna en que no hay agua.
Volveos a la fortaleza, prisioneros de la esperanza; hoy tambin os anuncio que os dar doble recompensa.
Porque he tensado para m a Jud como un arco, e hice a Efran su flecha. Lanzar a tus hijos, Sin, contra tus hijos, Grecia, y te har como espada de valiente.
Jehov ser visto sobre ellos, y su dardo saldr como relmpago; Jehov, el Seor, tocar la trompeta y avanzar entre los torbellinos del sur.
Jehov de los ejrcitos los amparar; ellos devorarn y pisotearn las piedras de la honda. Bebern y harn ruido como si estuvieran bajo los efectos del vino; se llenarn como tazn, como los cuernos del altar.
Jehov, su Dios, los salvar en aquel da como rebao de su pueblo, y como piedras de diadema sern enaltecidos en su tierra.
Porque cunta es su bondad y cunta su hermosura! El trigo alegrar a los jvenes y el vino a las doncellas.
Pedid a Jehov lluvia en la estacin tarda. Jehov har relmpagos, y os dar lluvia abundante y hierba verde en el campo a cada uno.
Porque los dolos han dado vanos orculos y los adivinos han visto mentira, predicen sueos vanos y vano es su consuelo. Por eso el pueblo vaga como un rebao y sufre porque no tiene pastor.
"Contra los pastores se ha encendido mi enojo, y castigar a los jefes". Pero Jehov de los ejrcitos visitar su rebao, la casa de Jud, y los pondr como su caballo de honor en la guerra.
De l saldr la piedra angular, de l la clavija, de l el arco de guerra, de l tambin todos los jefes.
Sern como valientes que en la batalla pisotean al enemigo en el lodo de las calles; pelearn, porque Jehov estar con ellos, y los que cabalgan en caballos sern avergonzados.
"Yo fortalecer la casa de Jud y guardar la casa de Jos. Los har volver, porque de ellos tendr piedad; sern como si no los hubiera desechado, porque yo soy Jehov, su Dios, y los oir.
Ser Efran como valiente y se alegrar su corazn como con el vino; sus hijos lo vern y tambin se alegrarn, su corazn se gozar en Jehov.
"Yo los llamar con un silbido y los reunir, porque los he redimido; sern multiplicados tanto como lo fueron antes.
Pero yo los esparcir entre los pueblos, y aun en lejanos pases se acordarn de m; vivirn con sus hijos y volvern.
Porque yo los traer de la tierra de Egipto y los recoger de Asiria; los traer a la tierra de Galaad y del Lbano, y no les bastar.
La tribulacin pasar por el mar: l herir en el mar las ondas y se secarn todas las profundidades del ro. La soberbia de Asiria ser derribada y se perder el cetro de Egipto.
Yo los fortalecer en Jehov, y caminarn en mi nombre, dice Jehov".
Lbano, abre tus puertas, y que el fuego consuma tus cedros!
Alla, ciprs, porque el cedro cay, porque los rboles magnficos son derribados. Aullad, encinas de Basn, porque el bosque espeso es derribado.
Voz de aullido de pastores, porque su magnificencia es asolada; estruendo de rugidos de cachorros de leones, porque la gloria del Jordn es destruida.
As ha dicho Jehov, mi Dios: "Apacienta las ovejas destinadas a la matanza,
a las cuales matan sus compradores sin sentirse culpables; y el que las vende dice: "Bendito sea Jehov, porque me he enriquecido". Ni an sus pastores tienen piedad de ellas.
Por tanto, no tendr ya ms piedad de los habitantes de la tierra, dice Jehov. Entregar a los hombres, a cada uno en manos de su compaero y en manos de su rey. Ellos asolarn la tierra y yo no los librar de sus manos".
Apacent, pues, las ovejas destinadas a la matanza, esto es, a los pobres del rebao. Tom para m dos cayados: a uno le puse por nombre Gracia, y al otro, Ataduras. Apacent las ovejas,
y en un mes desped a tres pastores, pues mi alma se impacient contra ellos, y su alma tambin se hasti de m.
Entonces dije: "No os apacentar ms! La que prefiera morir, que muera; si alguna se pierde, que se pierda! Las que queden, que se coman unas a otras!".
Tom luego mi cayado Gracia y lo quebr, para romper el pacto que haba concertado con todos los pueblos.
El pacto qued deshecho ese da, y as conocieron los pobres del rebao que me observaban que aquella era palabra de Jehov.
Yo les dije: "Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo". Entonces pesaron mi salario: treinta piezas de plata.
Jehov me dijo: "chalo al tesoro. Hermoso precio con que me han apreciado!". Tom entonces las treinta piezas de plata y las ech en el tesoro de la casa de Jehov.
Quebr luego el otro cayado, Ataduras, para romper la hermandad entre Jud e Israel.
Jehov me dijo: "Toma ahora los aperos de un pastor insensato;
porque yo levanto en la tierra a un pastor que no visitar las perdidas, ni buscar la pequea, ni curar la perniquebrada, ni llevar la cansada a cuestas, sino que comer la carne de la gorda y romper sus pezuas.
"Ay del pastor intil que abandona el ganado! Que la espada hiera su brazo y su ojo derecho! Que se le seque del todo el brazo y su ojo derecho quede enteramente oscurecido!".
Profeca. Palabra de Jehov acerca de Israel. Jehov, que extiende los cielos, funda la tierra y forma el espritu del hombre dentro de l, ha dicho:
"Yo pongo a Jerusaln como una copa que har temblar a todos los pueblos de alrededor; tambin contra Jud, cuando se ponga sitio a Jerusaln.
En aquel da yo pondr a Jerusaln como una piedra pesada para todos los pueblos; todos los que intenten cargarla sern despedazados. Y todas las naciones de la tierra se juntarn contra ella.
En aquel da, dice Jehov, herir con pnico a todo caballo, y con locura al jinete; pero pondr mis ojos sobre la casa de Jud y a todo caballo de los pueblos herir con ceguera.
Entonces dirn los capitanes de Jud en su corazn: "La fuerza de los habitantes de Jerusaln est en Jehov de los ejrcitos, su Dios".
En aquel da pondr a los capitanes de Jud como brasero de fuego entre la lea y como antorcha ardiendo entre gavillas; consumirn a diestra y siniestra a todos los pueblos alrededor, mientras los habitantes de Jerusaln otra vez vivirn en su propia ciudad.
"Jehov librar las tiendas de Jud primero, para que la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusaln no se engrandezca sobre Jud.
En aquel da Jehov defender al habitante de Jerusaln; el que entre ellos sea dbil, en aquel tiempo ser como David, y la casa de David ser como Dios, como el ngel de Jehov que va delante de ellos.
En aquel da yo procurar destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusaln.
"Pero sobre la casa de David y los habitantes de Jerusaln derramar un espritu de gracia y de oracin. Mirarn hacia m, a quien traspasaron, y llorarn como se llora por el hijo unignito, y se afligirn por l como quien se aflige por el primognito.
En aquel da habr gran llanto en Jerusaln, como el llanto de Hadad-rimn en el valle de Meguido.
Esta tierra se lamentar, familia por familia; la familia de la casa de David por su lado, y sus mujeres aparte; la familia de la casa de Natn por su lado, y sus mujeres aparte;
la familia de la casa de Lev por su lado, y sus mujeres aparte; la familia de Simei por su lado, y sus mujeres aparte;
y as todas las otras familias, cada una por su lado, y sus mujeres aparte".
"En aquel tiempo habr un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusaln, para la purificacin del pecado y de la inmundicia.
Y en aquel da, dice Jehov de los ejrcitos, quitar de la tierra los nombres de las imgenes, y nunca ms sern recordados; tambin exterminar de la tierra a los profetas y al espritu de inmundicia.
"Y acontecer que si alguno contina profetizando, le dirn el padre y la madre que lo engendraron: "T no vivirs, porque has hablado mentira en el nombre de Jehov". Y el padre y la madre que lo engendraron lo traspasarn cuando profetice.
Suceder en aquel tiempo, que todos los profetas se avergonzarn de su visin cuando profeticen; nunca ms vestirn el manto velloso para mentir.
Cada cual dir: "No soy profeta; labrador soy de la tierra, pues he estado en el campo desde mi juventud".
Y si alguien le pregunta: "Qu heridas son estas en tus manos?", l responder: "Las recib en casa de mis amigos"".
"Levntate, espada, contra el pastor y contra el hombre que me acompaa!, dice Jehov de los ejrcitos. Hiere al pastor y sern dispersadas las ovejas; yo tornar mi mano contra los pequeitos.
Y acontecer en toda la tierra, dice Jehov, que dos tercios sern exterminados y se perdern, mas el otro tercio quedar en ella.
A este tercio lo meter en el fuego, lo fundir como se funde la plata, lo probar como se prueba el oro. l invocar mi nombre, y yo lo oir. Yo dir: "Pueblo mo". l dir: "Jehov es mi Dios"".
Viene el da de Jehov, y en medio de ti sern repartidos tus despojos.
Porque yo reunir a todas las naciones para combatir contra Jerusaln. La ciudad ser tomada, las casas sern saqueadas, y violadas las mujeres. La mitad de la ciudad ir al cautiverio, pero el resto del pueblo no ser sacado de la ciudad.
Despus saldr Jehov y pelear contra aquellas naciones, como pele en el da de la batalla.
En aquel da se afirmarn sus pies sobre el monte de los Olivos, que est en frente de Jerusaln, al oriente. El monte de los Olivos se partir por la mitad, de este a oeste, formando un valle muy grande; la mitad del monte se apartar hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur.
Y huiris al valle de los montes, porque el valle de los montes llegar hasta Azal. Huiris de la manera que huisteis a causa del terremoto en los das de Uzas, rey de Jud. Y vendr Jehov, mi Dios, y con l todos los santos.
Acontecer que en ese da no habr luz, ni fro, ni hielo.
Ser un da nico, solo conocido por Jehov, en el que no habr ni da ni noche, pero suceder que al caer la tarde habr luz.
En aquel da saldrn de Jerusaln aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno.
Y Jehov ser rey sobre toda la tierra. En aquel da, Jehov ser nico, y nico ser su nombre.
Toda esta tierra se volver como llanura desde Geba hasta Rimn, al sur de Jerusaln; ser enaltecida y habitada en su lugar, desde la puerta de Benjamn hasta el lugar de la puerta primera y hasta la puerta del ngulo, y desde la torre de Hananeel hasta los lagares del rey.
Morarn en ella y no habr nunca ms maldicin, sino que morarn confiadamente en Jerusaln.
Esta ser la plaga con que herir Jehov a todos los pueblos que pelearon contra Jerusaln: su carne se corromper cuando an estn con vida, se les consumirn en las cuencas sus ojos y la lengua se les deshar en la boca.
En aquel da habr entre ellos un gran pnico enviado por Jehov; cada uno agarrar la mano de su compaero, y levantarn la mano unos contra otros.
Jud tambin pelear en Jerusaln. Entonces sern reunidas las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro, plata y ropas de vestir, en gran abundancia.
As tambin ser la plaga de los caballos, de los mulos, de los camellos, de los asnos y de todas las bestias que estn en aquellos campamentos.
Todos los que sobrevivan de las naciones que vinieron contra Jerusaln, subirn de ao en ao para adorar al Rey, a Jehov de los ejrcitos, y para celebrar la fiesta de los Tabernculos.
Y acontecer que si alguna familia de la tierra no sube a Jerusaln para adorar al Rey, a Jehov de los ejrcitos, no habr lluvia para ellos.
Y si la familia de Egipto no sube ni viene, no habr lluvia para ellos, sino que vendr la plaga con que Jehov herir a las naciones que no suban a celebrar la fiesta de los Tabernculos.
Esta ser la pena del pecado de Egipto y del pecado de todas las naciones que no suban para celebrar la fiesta de los Tabernculos.
En aquel da estar grabado sobre las campanillas de los caballos: "Consagrado a Jehov"; y las ollas de la casa de Jehov sern como los tazones del altar.
Toda olla en Jerusaln y Jud ser consagrada a Jehov de los ejrcitos; todos los que ofrezcan sacrificios vendrn y las tomarn para cocinar en ellas. En aquel da no habr ms mercader en la casa de Jehov de los ejrcitos.
Profeca. Palabra de Jehov contra Israel, por medio de Malaquas:
"Yo os he amado, dice Jehov. Pero vosotros dijisteis: "En qu nos amaste?". No era Esa hermano de Jacob?, dice Jehov; sin embargo, am a Jacob
y a Esa aborrec; convert sus montes en desolacin y abandon su heredad a los chacales del desierto.
Edom dice: "Nos hemos empobrecido, pero volveremos a edificar lo arruinado"; pero as ha dicho Jehov de los ejrcitos: Ellos edificarn y yo destruir; los llamarn territorio de impiedad y pueblo contra el cual Jehov est indignado para siempre.
Vuestros ojos lo vern, y diris: "Sea Jehov engrandecido ms all de los lmites de Israel".
"El hijo honra al padre y el siervo a su seor. Si, pues, yo soy padre, dnde est mi honra?; y si soy seor, dnde est mi temor?, dice Jehov de los ejrcitos a vosotros, sacerdotes, que menospreciis mi nombre y decs: "En qu hemos menospreciado tu nombre?".
En que ofrecis sobre mi altar pan inmundo. Y todava decs: "En qu te hemos deshonrado?". En que pensis que la mesa de Jehov es despreciable.
Cuando ofrecis el animal ciego para el sacrificio, acaso no es malo? Asimismo, cuando ofrecis el cojo o el enfermo, acaso no es malo? Presntalo, pues, a tu prncipe; acaso le sers grato o te acoger benvolo?, dice Jehov de los ejrcitos".
Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero, "cmo podis agradarle, si hacis estas cosas?, dice Jehov de los ejrcitos.
Quin hay entre vosotros que cierre las puertas o alumbre de balde mi altar? Yo no me complazco en vosotros, dice Jehov de los ejrcitos, ni de vuestra mano aceptar ofrenda.
Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia. Grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehov de los ejrcitos;
pero vosotros lo profanis cuando decs: "Inmunda es la mesa de Jehov", y cuando decs que su alimento es despreciable.
Adems, habis dicho: "Qu fastidio es esto!", y me despreciis, dice Jehov de los ejrcitos. Trajisteis lo robado, o cojo, o enfermo, y me lo presentasteis como ofrenda. Aceptar yo eso de vuestras manos?, dice Jehov.
Maldito el que engaa, el que teniendo machos en su rebao promete y sacrifica a Jehov lo daado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehov de los ejrcitos, y mi nombre es temible entre las naciones.
"Ahora, pues, sacerdotes, para vosotros es este mandamiento.
Si no escuchis y si no decids de corazn dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehov de los ejrcitos, enviar maldicin sobre vosotros y maldecir vuestras bendiciones; y ya las he maldecido, porque no os habis decidido de corazn.
"Yo os daar la sementera, os echar al rostro el estircol, el estircol de vuestros animales sacrificados, y seris arrojados juntamente con l.
As sabris que yo os envi este mandamiento, para que permanezca mi pacto con Lev, ha dicho Jehov de los ejrcitos.
"Mi pacto con l fue de vida y de paz. Se las di para que me temiera, y l tuvo temor de m y ante mi nombre guardaba reverencia.
La ley de verdad estuvo en su boca, iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la maldad.
Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabidura, y de su boca el pueblo buscar la Ley; porque es mensajero de Jehov de los ejrcitos.
"Mas vosotros os habis apartado del camino; habis hecho tropezar a muchos en la Ley; habis corrompido el pacto de Lev, dice Jehov de los ejrcitos.
Por eso yo os he hecho despreciables, viles ante todo el pueblo, porque no habis guardado mis caminos y hacis acepcin de personas al aplicar la Ley".
Acaso no tenemos todos un mismo Padre? No nos ha creado un mismo Dios? Por qu, pues, somos desleales los unos con los otros, profanando el pacto de nuestros padres?
Prevaric Jud; en Israel y en Jerusaln se ha cometido abominacin, porque Jud ha profanado el santuario de Jehov, el que l am, al casarse con la hija de un dios extrao.
Jehov arrancar de las tiendas de Jacob al hombre que haga esto, al que vela, al que responde y al que ofrece ofrenda a Jehov de los ejrcitos.
Pero an hacis ms: Cubrs el altar de Jehov de lgrimas, de llanto y de clamor; as que no mirar ms la ofrenda, ni la aceptar con gusto de vuestras manos.
Mas diris: "Por qu?". Porque Jehov es testigo entre ti y la mujer de tu juventud, con la cual has sido desleal, aunque ella era tu compaera y la mujer de tu pacto.
No hizo l un solo ser, en el cual hay abundancia de espritu? Y por qu uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espritu y no seis desleales para con la mujer de vuestra juventud.
Porque dice Jehov, Dios de Israel, que l aborrece el repudio y al que mancha de maldad su vestido, dijo Jehov de los ejrcitos. Guardaos, pues, en vuestro espritu y no seis desleales.
Habis hecho cansar a Jehov con vuestras palabras. Y preguntis: "En qu lo hemos cansado?". En que decs: "Cualquiera que hace mal, agrada a Jehov; en los tales se complace"; o si no: "Dnde est el Dios de justicia?".
"Yo envo mi mensajero para que prepare el camino delante de m. Y vendr sbitamente a su Templo el Seor a quien vosotros buscis; y el ngel del pacto, a quien deseis vosotros, ya viene", ha dicho Jehov de los ejrcitos.
Pero quin podr soportar el tiempo de su venida? o quin podr estar en pie cuando l se manifieste? Porque l es como fuego purificador y como jabn de lavadores.
l se sentar para afinar y limpiar la plata: limpiar a los hijos de Lev, los afinar como a oro y como a plata, y traern a Jehov ofrenda en justicia.
Entonces ser grata a Jehov la ofrenda de Jud y de Jerusaln, como en los das pasados, como en los aos antiguos.
"Vendr a vosotros para juicio, y testificar sin vacilar contra los hechiceros y adlteros, contra los que juran falsamente; contra los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al hurfano, contra los que hacen injusticia al extranjero, sin tener temor de m", dice Jehov de los ejrcitos.
"Porque yo, Jehov, no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habis sido consumidos.
Desde los das de vuestros padres os apartis de mis leyes y no las guardis. Volveos a m y yo me volver a vosotros!, ha dicho Jehov de los ejrcitos. Pero vosotros decs: "En qu hemos de volvernos?".
Robar el hombre a Dios? Pues vosotros me habis robado. Y an preguntis: "En qu te hemos robado?". En vuestros diezmos y ofrendas.
Malditos sois con maldicin, porque vosotros, la nacin toda, me habis robado.
Traed todos los diezmos al alfol y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice Jehov de los ejrcitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendicin hasta que sobreabunde.
Reprender tambin por vosotros al devorador, y no os destruir el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo ser estril, dice Jehov de los ejrcitos.
Todas las naciones os dirn bienaventurados, porque seris tierra deseable, dice Jehov de los ejrcitos.
"Vuestras palabras contra m han sido violentas, dice Jehov. Y todava preguntis: "Qu hemos hablado contra ti?".
Habis dicho: "Por dems es servir a Dios. Qu aprovecha que guardemos su Ley y que andemos afligidos en presencia de Jehov de los ejrcitos?
Hemos visto que los soberbios son felices, que los que hacen impiedad no solo prosperan, sino que tientan a Dios, y no les pasa nada"".
Entonces los que teman a Jehov hablaron entre s. Jehov escuch y oy, y fue escrito ante l un memorial de los que temen a Jehov y honran su nombre.
"Sern para m especial tesoro, dice Jehov de los ejrcitos, en el da en que yo acte. Los perdonar como un hombre perdona al hijo que lo sirve.
Entonces os volveris y discerniris la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve".
"Ciertamente viene el da, ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad sern estopa. Aquel da que vendr, los abrasar, dice Jehov de los ejrcitos, y no les dejar ni raz ni rama.
Mas para vosotros, los que temis mi nombre, nacer el sol de justicia y en sus alas traer salvacin. Saldris y saltaris como becerros de la manada.
Pisotearis a los malos, los cuales sern ceniza bajo las plantas de vuestros pies en el da en que yo acte, dice Jehov de los ejrcitos.
"Acordaos de la ley de Moiss, mi siervo, al cual encargu, en Horeb, ordenanzas y leyes para todo Israel.
"Yo os envo al profeta Elas antes que venga el da de Jehov, grande y terrible.
l har volver el corazn de los padres hacia los hijos, y el corazn de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y castigue la tierra con maldicin".
