Libro de la genealoga de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
Abraham engendr a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Jud y a sus hermanos;
Jud engendr, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendr a Esrom, y Esrom a Aram;
Aram engendr a Aminadab, Aminadab a Naasn, y Naasn a Salmn;
Salmn engendr, de Rahab, a Booz, Booz engendr, de Rut, a Obed, y Obed engendr a Isa;
Isa engendr al rey David. Y David engendr a Salomn de la [que haba sido mujer] de Uras.
Salomn engendr a Roboam, Roboam a Abas, y Abas a Asa;
Asa engendr a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzas;
Uzas engendr a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequas;
Ezequas engendr a Manass, Manass a Amn, y Amn a Josas;
Josas engendr a Jeconas y a sus hermanos durante la deportacin a Babilonia.
Despus de la deportacin a Babilonia, Jeconas engendr a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel;
Zorobabel engendr a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor;
Azor engendr a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud;
Eliud engendr a Eleazar, Eleazar a Matn, y Matn a Jacob;
Jacob engendr a Jos, el marido de Mara, de la cual naci Jess, llamado el Cristo.
De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones; y desde David hasta la deportacin a Babilonia, catorce generaciones; y desde la deportacin a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
Y el nacimiento de Jesucristo fue como sigue. Estando su madre Mara desposada con Jos, antes de que se consumara el matrimonio, se hall que haba concebido por [obra del] Espritu Santo.
Y Jos su marido, siendo un [hombre] justo y no queriendo difamarla, quiso abandonarla en secreto.
Pero mientras pensaba en esto, he aqu que se le apareci en sueos un ngel del Seor, diciendo: Jos, hijo de David, no temas recibir a Mara tu mujer, porque lo que se ha engendrado en ella es del Espritu Santo.
Y dar a luz un hijo, y le pondrs por nombre Jess, porque l salvar a su pueblo de sus pecados.
Todo esto sucedi para que se cumpliera lo que el Seor haba hablado por medio del profeta, diciendo:
HE AQU, LA VIRGEN CONCEBIR Y DAR A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRN POR NOMBRE EMMANUEL, que traducido significa: DIOS CON NOSOTROS.
Y cuando despert Jos del sueo, hizo como el ngel del Seor le haba mandado, y tom consigo a su mujer;
y la conserv virgen hasta que dio a luz un hijo; y le puso por nombre Jess.
Despus de nacer Jess en Beln de Judea, en tiempos del rey Herodes, he aqu, unos magos del oriente llegaron a Jerusaln, diciendo:
Dnde est el Rey de los judos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle.
Cuando [lo] oy el rey Herodes, se turb, y toda Jerusaln con l.
Entonces, reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, indag de ellos dnde haba de nacer el Cristo.
Y ellos le dijeron: En Beln de Judea, porque as est escrito por el profeta:
"Y T, BELN, TIERRA DE JUD, DE NINGN MODO ERES LA MS PEQUEA ENTRE LOS PRNCIPES DE JUD; PORQUE DE TI SALDR UN GOBERNANTE QUE PASTOREAR A MI PUEBLO ISRAEL."
Entonces Herodes llam a los magos en secreto y se cercior con ellos del tiempo en que haba aparecido la estrella.
Y envindolos a Beln, dijo: Id y buscad con diligencia al nio; y cuando [le] encontris, avisadme para que yo tambin vaya y le adore.
Y habiendo odo al rey, se fueron; y he aqu, la estrella que haban visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que lleg y se detuvo sobre [el lugar] donde estaba el nio.
Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegra.
Y entrando en la casa, vieron al nio con su madre Mara, y postrndose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra.
Y habiendo sido advertidos [por Dios] en sueos que no volvieran a Herodes, partieron para su tierra por otro camino.
Despus de haberse marchado ellos, un ngel del Seor se le apareci a Jos en sueos, diciendo: Levntate, toma al nio y a su madre y huye a Egipto, y qudate all hasta que yo te diga; porque Herodes va a buscar al nio para matarle.
Y l, levantndose, tom de noche al nio y a su madre, y se traslad a Egipto;
y estuvo all hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Seor habl por medio del profeta, diciendo: DE EGIPTO LLAM A MI HIJO.
Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureci en gran manera, y mand matar a todos los nios que haba en Beln y en todos sus alrededores, de dos aos para abajo, segn el tiempo que haba averiguado de los magos.
Entonces se cumpli lo que fue dicho por medio del profeta Jeremas, cuando dijo:
SE OY UNA VOZ EN RAM, LLANTO Y GRAN LAMENTACIN; RAQUEL QUE LLORA A SUS HIJOS, Y QUE NO QUISO SER CONSOLADA PORQUE [ya] NO EXISTEN.
Pero cuando muri Herodes, he aqu, un ngel del Seor se apareci en sueos a Jos en Egipto, diciendo:
Levntate, toma al nio y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del nio han muerto.
Y l, levantndose, tom al nio y a su madre, y vino a la tierra de Israel.
Pero cuando oy que Arquelao reinaba sobre Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir all; y advertido [por Dios] en sueos, parti para la regin de Galilea;
y lleg y habit en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio de los profetas: Ser llamado Nazareno.
En aquellos das lleg Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo:
Arrepentos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
Porque ste es aquel a quien se refiri el profeta Isaas, diciendo: VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: "PREPARAD EL CAMINO DEL SEOR, HACED DERECHAS SUS SENDAS."
Y l, Juan, tena un vestido de pelo de camello y un cinto de cuero a la cintura; y su comida era de langostas y miel silvestre.
Acuda entonces a l Jerusaln, toda Judea y toda la regin alrededor del Jordn;
y confesando sus pecados, eran bautizados por l en el ro Jordn.
Pero cuando vio que muchos de los fariseos y saduceos venan para el bautismo, les dijo: Camada de vboras! Quin os ense a huir de la ira que vendr?
Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento;
y no presumis que podis deciros a vosotros mismos: "Tenemos a Abraham por padre", porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras.
Y el hacha ya est puesta a la raz de los rboles; por tanto, todo rbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.
Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrs de m es ms poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; l os bautizar con el Espritu Santo y con fuego.
El bieldo est en su mano y limpiar completamente su era; y recoger su trigo en el granero, pero quemar la paja en fuego inextinguible.
Entonces Jess lleg de Galilea al Jordn, a [donde estaba] Juan, para ser bautizado por l.
Pero Juan trat de impedrselo, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, y t vienes a m?
Y respondiendo Jess, le dijo: Permte[lo] ahora; porque es conveniente que cumplamos as toda justicia. Entonces [Juan] se lo permiti .
Despus de ser bautizado, Jess sali del agua inmediatamente; y he aqu, los cielos se abrieron, y l vio al Espritu de Dios que descenda como una paloma y vena sobre l.
Y he aqu, [se oy] una voz de los cielos que deca: ste es mi Hijo amado en quien me he complacido.
Entonces Jess fue llevado por el Espritu al desierto para ser tentado por el diablo.
Y despus de haber ayunado cuarenta das y cuarenta noches, entonces tuvo hambre.
Y acercndose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
Pero l respondiendo, dijo: Escrito est: "NO SLO DE PAN VIVIR EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS."
Entonces el diablo le llev a la ciudad santa, y le puso sobre el pinculo del templo,
y le dijo : Si eres Hijo de Dios, lnzate abajo, pues escrito est: "A SUS NGELES TE ENCOMENDAR", y: "EN LAS MANOS TE LLEVARN, NO SEA QUE TU PIE TROPIECE EN PIEDRA."
Jess le dijo: Tambin est escrito: "NO TENTARS AL SEOR TU DIOS."
Otra vez el diablo le llev a un monte muy alto, y le mostr todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,
y le dijo: Todo esto te dar, si postrndote me adoras.
Entonces Jess le dijo : Vete, Satans! Porque escrito est: "AL SEOR TU DIOS ADORARS, Y SLO A L SERVIRS."
El diablo entonces le dej ; y he aqu, ngeles vinieron y le servan.
Cuando l oy que Juan haba sido encarcelado, se retir a Galilea;
y saliendo de Nazaret, fue y se estableci en Capernam, que est junto al mar, en la regin de Zabuln y de Neftal;
para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaas, cuando dijo:
TIERRA DE ZABULN Y TIERRA DE NEFTAL, CAMINO DEL MAR, AL OTRO LADO DEL JORDN, GALILEA DE LOS GENTILES!
EL PUEBLO ASENTADO EN TINIEBLAS VIO UNA GRAN LUZ, Y A LOS QUE VIVAN EN REGIN Y SOMBRA DE MUERTE, UNA LUZ LES RESPLANDECI.
Desde entonces Jess comenz a predicar y a decir: Arrepentos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
Y andando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simn, llamado Pedro, y Andrs su hermano, echando una red al mar, porque eran pescadores.
Y les dijo : Seguidme, y yo os har pescadores de hombres.
Entonces ellos, dejando al instante las redes, le siguieron.
Y pasando de all, vio a otros dos hermanos, Jacobo, [hijo] de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con su padre Zebedeo, remendando sus redes, y los llam.
Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
Y [Jess] iba por toda Galilea, enseando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Y se extendi su fama por toda Siria; y traan a l todos los que estaban enfermos, afectados con diversas enfermedades y dolores, endemoniados, epilpticos y paralticos; y l los sanaba.
Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decpolis, Jerusaln y Judea, y [del] otro lado del Jordn.
Y cuando vio las multitudes, subi al monte; y despus de sentarse, sus discpulos se acercaron a l.
Y abriendo su boca, les enseaba, diciendo:
Bienaventurados los pobres en espritu, pues de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, pues ellos sern consolados.
Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarn la tierra.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos sern saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirn misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazn, pues ellos vern a Dios.
Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos sern llamados hijos de Dios.
Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados seris cuando os insulten y persigan, y digan todo gnero de mal contra vosotros falsamente, por causa de m.
Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque as persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto inspida, con qu se har salada [otra vez]? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.
Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar;
ni se enciende una lmpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que estn en la casa.
As brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que est en los cielos.
No pensis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir.
Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perder ni la letra ms pequea ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla.
Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, [aun] de los ms pequeos, y as [lo] ensee a otros, ser llamado muy pequeo en el reino de los cielos; pero cualquiera que [los] guarde y [los] ensee, ste ser llamado grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no supera [la] de los escribas y fariseos, no entraris en el reino de los cielos.
Habis odo que se dijo a los antepasados: "NO MATARS" y: "Cualquiera que cometa homicidio ser culpable ante la corte."
Pero yo os digo que todo aquel que est enojado con su hermano ser culpable ante la corte; y cualquiera que diga: "Raca" a su hermano, ser culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: "Idiota", ser reo del infierno de fuego.
Por tanto, si ests presentando tu ofrenda en el altar, y all te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti,
deja tu ofrenda all delante del altar, y ve, reconcliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.
Reconcliate pronto con tu adversario mientras vas con l por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la crcel.
En verdad te digo que no saldrs de all hasta que hayas pagado el ltimo centavo.
Habis odo que se dijo: "NO COMETERS ADULTERIO."
Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometi adulterio con ella en su corazn.
Y si tu ojo derecho te es ocasin de pecar, arrncalo y cha[lo] de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.
Y si tu mano derecha te es ocasin de pecar, crtala y cha[la] de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno.
Tambin se dijo: "CUALQUIERA QUE REPUDIE A SU MUJER, QUE LE D CARTA DE DIVORCIO."
Pero yo os digo que todo el que repudia a su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer repudiada, comete adulterio.
Tambin habis odo que se dijo a los antepasados: "NO JURARS FALSAMENTE, SINO QUE CUMPLIRS TUS JURAMENTOS AL SEOR."
Pero yo os digo: no juris de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;
ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusaln, porque es LA CIUDAD DEL GRAN REY.
Ni jurars por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello.
Antes bien, sea vuestro hablar: "S, s" [o] "No, no"; y lo que es ms de esto, procede del mal.
Habis odo que se dijo: "OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE."
Pero yo os digo: no resistis al que es malo; antes, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vulvele tambin la otra.
Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la tnica, djale tambin la capa.
Y cualquiera que te obligue a ir una milla, ve con l dos.
Al que te pida, da[le;] y al que desee pedirte prestado no le vuelvas la espalda.
Habis odo que se dijo: "AMARS A TU PRJIMO y odiars a tu enemigo."
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen,
para que seis hijos de vuestro Padre que est en los cielos; porque l hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.
Porque si amis a los que os aman, qu recompensa tenis? No hacen tambin lo mismo los recaudadores de impuestos?
Y si saludis solamente a vuestros hermanos, qu hacis ms [que otros]? No hacen tambin lo mismo los gentiles?
Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.
Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendris recompensa de vuestro Padre que est en los cielos.
Por eso, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipcritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres. En verdad os digo [que ya] han recibido su recompensa.
Pero t, cuando des limosna, que no sepa tu [mano] izquierda lo que hace tu derecha,
para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensar.
Y cuando oris, no seis como los hipcritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo [que ya] han recibido su recompensa.
Pero t, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que est en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensar.
Y al orar, no usis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que sern odos por su palabrera.
Por tanto, no os hagis semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe lo que necesitis antes que vosotros le pidis.
Vosotros, pues, orad de esta manera: "Padre nuestro que ests en los cielos, santificado sea tu nombre.
"Venga tu reino. Hgase tu voluntad, as en la tierra como en el cielo.
"Danos hoy el pan nuestro de cada da.
"Y perdnanos nuestras deudas, como tambin nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
"Y no nos metas en tentacin, mas lbranos del mal. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jams. Amn."
Porque si perdonis a los hombres sus transgresiones, tambin vuestro Padre celestial os perdonar a vosotros.
Pero si no perdonis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonar vuestras transgresiones.
Y cuando ayunis, no pongis cara triste, como los hipcritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que estn ayunando. En verdad os digo [que ya] han recibido su recompensa.
Pero t, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,
para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que est en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensar.
No os acumulis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban;
sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban;
porque donde est tu tesoro, all estar tambin tu corazn.
La lmpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo est sano, todo tu cuerpo estar lleno de luz.
Pero si tu ojo est malo, todo tu cuerpo estar lleno de oscuridad. As que, si la luz que hay en ti es oscuridad, cun grande [no ser] la oscuridad!
Nadie puede servir a dos seores; porque o aborrecer a uno y amar al otro, o se apegar a uno y despreciar al otro. No podis servir a Dios y a las riquezas.
Por eso os digo, no os preocupis por vuestra vida, qu comeris o qu beberis; ni por vuestro cuerpo, qu vestiris. No es la vida ms que el alimento y el cuerpo [ms] que la ropa?
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y [sin embargo,] vuestro Padre celestial las alimenta. No sois vosotros de mucho ms valor que ellas?
Y quin de vosotros, por ansioso que est, puede aadir una hora al curso de su vida?
Y por la ropa, por qu os preocupis? Observad cmo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan;
pero os digo que ni Salomn en toda su gloria se visti como uno de stos.
Y si Dios viste as la hierba del campo, que hoy es y maana es echada al horno, no [har] mucho ms por vosotros, hombres de poca fe?
Por tanto, no os preocupis, diciendo: "Qu comeremos?" o "qu beberemos?" o "con qu nos vestiremos?"
Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitis todas estas cosas.
Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os sern aadidas.
Por tanto, no os preocupis por el [da de] maana; porque el [da de] maana se cuidar de s mismo. Bstele a cada da sus propios problemas.
No juzguis para que no seis juzgados.
Porque con el juicio con que juzguis, seris juzgados; y con la medida con que midis, se os medir.
Y por qu miras la mota que est en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que est en tu propio ojo?
O cmo puedes decir a tu hermano: "Djame sacarte la mota del ojo", cuando la viga est en tu ojo?
Hipcrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces vers con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.
No deis lo santo a los perros, ni echis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las hollen con sus patas, y volvindose os despedacen.
Pedid, y se os dar; buscad, y hallaris; llamad, y se os abrir.
Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrir.
O qu hombre hay entre vosotros que [si] su hijo le pide pan, le dar una piedra,
o si le pide un pescado, le dar una serpiente?
Pues si vosotros, siendo malos, sabis dar buenas ddivas a vuestros hijos, cunto ms vuestro Padre que est en los cielos dar cosas buenas a los que le piden?
Por eso, todo cuanto queris que os hagan los hombres, as tambin haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas.
Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdicin, y muchos son los que entran por ella.
Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceris. Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?
As, todo rbol bueno da frutos buenos; pero el rbol malo da frutos malos.
Un rbol bueno no puede producir frutos malos, ni un rbol malo producir frutos buenos.
Todo rbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego.
As que, por sus frutos los conoceris.
No todo el que me dice: "Seor, Seor", entrar en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que est en los cielos.
Muchos me dirn en aquel da: "Seor, Seor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"
Y entonces les declarar: "Jams os conoc; APARTAOS DE M, LOS QUE PRACTICIS LA INIQUIDAD."
Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mas y las pone en prctica, ser semejante a un hombre sabio que edific su casa sobre la roca;
y cay la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cay, porque haba sido fundada sobre la roca.
Y todo el que oye estas palabras mas y no las pone en prctica, ser semejante a un hombre insensato que edific su casa sobre la arena;
y cay la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cay, y grande fue su destruccin.
Cuando Jess termin estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseanza;
porque les enseaba como [uno] que tiene autoridad, y no como sus escribas.
Y cuando baj del monte, grandes multitudes le seguan.
Y he aqu, se le acerc un leproso y se postr ante l, diciendo: Seor, si quieres, puedes limpiarme.
Y extendiendo [Jess] la mano, lo toc, diciendo: Quiero; s limpio. Y al instante qued limpio de su lepra.
Entonces Jess le dijo : Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, mustrate al sacerdote y presenta la ofrenda que orden Moiss, para [que les sirva de] testimonio a ellos.
Y cuando entr Jess en Capernam se le acerc un centurin suplicndole,
y diciendo: Seor, mi criado est postrado en casa, paraltico, sufriendo mucho.
Y [Jess] le dijo : Yo ir y lo sanar.
Pero el centurin respondi y dijo: Seor, no soy digno de que entres bajo mi techo; mas solamente di la palabra y mi criado quedar sano.
Porque yo tambin soy hombre bajo autoridad, con soldados a mis rdenes; y digo a ste: "Ve", y va; y al otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y [lo] hace.
Al or[lo] Jess, se maravill y dijo a los que [le] seguan: En verdad os digo que en Israel no he hallado en nadie una fe tan grande.
Y os digo que vendrn muchos del oriente y del occidente, y se sentarn [a la mesa] con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.
Pero los hijos del reino sern arrojados a las tinieblas de afuera; all ser el llanto y el crujir de dientes.
Entonces Jess dijo al centurin: Vete; as como has credo, te sea hecho. Y el criado fue sanado en esa [misma] hora.
Al llegar Jess a casa de Pedro, vio a la suegra de ste que yaca en cama con fiebre.
Le toc la mano, y la fiebre la dej; y ella se levant y le serva.
Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expuls a los espritus con [su] palabra, y san a todos los que estaban enfermos,
para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaas cuando dijo: L MISMO TOM NUESTRAS FLAQUEZAS Y LLEV NUESTRAS ENFERMEDADES.
Viendo Jess una multitud a su alrededor, dio orden de pasar al otro lado.
Y un escriba se [le] acerc y le dijo: Maestro, te seguir adondequiera que vayas.
Y Jess le dijo : Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dnde recostar la cabeza.
Otro de los discpulos le dijo: Seor, permteme que vaya primero y entierre a mi padre.
Pero Jess le dijo : Sgueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.
Cuando entr Jess en la barca, sus discpulos le siguieron.
Y de pronto se desat una gran tormenta en el mar, de modo que las olas cubran la barca; pero Jess estaba dormido.
Y llegndose a l, le despertaron, diciendo: Seor, slva[nos], que perecemos!
Y l les dijo : Por qu estis amedrentados, hombres de poca fe? Entonces se levant, reprendi a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.
Y los hombres se maravillaron, diciendo: Quin es ste, que aun los vientos y el mar le obedecen?
Cuando lleg al otro lado, a la tierra de los gadarenos, le salieron al encuentro dos endemoniados que salan de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie poda pasar por aquel camino.
Y gritaron, diciendo: Qu tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? Has venido aqu para atormentarnos antes del tiempo?
A cierta distancia de ellos haba una piara de muchos cerdos paciendo;
y los demonios le rogaban, diciendo: Si vas a echarnos fuera, mndanos a la piara de cerdos.
Entonces l les dijo: Id! Y ellos salieron y entraron en los cerdos; y he aqu que la piara entera se precipit por un despeadero al mar, y perecieron en las aguas.
Los que cuidaban [la piara] huyeron; y fueron a la ciudad y lo contaron todo, incluso lo de los endemoniados.
Y toda la ciudad sali al encuentro de Jess; y cuando le vieron, [le] rogaron que se fuera de su comarca.
Y subiendo [Jess] en una barca, pas al otro lado y lleg a su ciudad.
Y le trajeron un paraltico echado en una camilla; y Jess, viendo la fe de ellos, dijo al paraltico: Anmate, hijo, tus pecados te son perdonados.
Y algunos de los escribas decan para s: ste blasfema.
Y Jess, conociendo sus pensamientos, dijo: Por qu pensis mal en vuestros corazones?
Porque, qu es ms fcil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levntate, y anda"?
Pues para que sepis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (entonces dijo al paraltico): Levntate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Y l levantndose, se fue a su casa.
Pero cuando las multitudes vieron [esto,] sintieron temor, y glorificaron a Dios, que haba dado tal poder a los hombres.
Cuando Jess se fue de all, vio a un hombre llamado Mateo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo : Sgueme! Y levantndose, le sigui.
Y sucedi que estando l sentado [a la mesa] en la casa, he aqu, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y se sentaron [a la mesa] con Jess y sus discpulos.
Y cuando vieron [esto,] los fariseos dijeron a sus discpulos: Por qu come vuestro Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores?
Al or l [esto,] dijo: Los que estn sanos no tienen necesidad de mdico, sino los que estn enfermos.
Mas id, y aprended lo que significa: "MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIO"; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
Entonces se le acercaron los discpulos de Juan, diciendo: Por qu nosotros y los fariseos ayunamos, pero tus discpulos no ayunan?
Y Jess les dijo: Acaso los acompaantes del novio pueden estar de luto mientras el novio est con ellos? Pero vendrn das cuando el novio les ser quitado, y entonces ayunarn.
Y nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo; porque el remiendo [al encogerse] tira del vestido y se produce una rotura peor.
Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.
Mientras les deca estas cosas, he aqu, vino un oficial [de la sinagoga] y se postr delante de l, diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivir.
Y levantndose Jess, lo sigui, [y tambin] sus discpulos.
Y he aqu, una mujer que haba estado sufriendo de flujo de sangre por doce aos, se le acerc por detrs y toc el borde de su manto;
pues deca para s: Si tan slo toco su manto, sanar.
Pero Jess, volvindose y vindola, dijo: Hija, ten nimo, tu fe te ha sanado. Y al instante la mujer qued sana.
Cuando entr Jess en la casa del oficial, y vio a los flautistas y al gento en ruidoso desorden,
[les] dijo: Retiraos, porque la nia no ha muerto, sino que est dormida. Y se burlaban de l.
Pero cuando haban echado fuera a la gente, l entr y la tom de la mano; y la nia se levant.
Y esta noticia se difundi por toda aquella tierra.
Al irse Jess de all, dos ciegos le siguieron, gritando y diciendo: Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
Y despus de haber entrado en la casa, se acercaron a l los ciegos, y Jess les dijo : Creis que puedo hacer esto? Ellos le respondieron : S, Seor.
Entonces les toc los ojos, diciendo: Hgase en vosotros segn vuestra fe.
Y se les abrieron los ojos. Y Jess les advirti rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie [lo] sepa.
Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella tierra.
Y al salir ellos de all, he aqu, le trajeron un mudo endemoniado.
Y despus que el demonio haba sido expulsado, el mudo habl; y las multitudes se maravillaban, y decan: Jams se ha visto cosa igual en Israel.
Pero los fariseos decan: l echa fuera los demonios por el prncipe de los demonios.
Y Jess recorra todas las ciudades y aldeas, enseando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.
Y viendo las multitudes, tuvo compasin de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discpulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos.
Por tanto, rogad al Seor de la mies que enve obreros a su mies.
Entonces llamando a sus doce discpulos, [Jess] les dio poder sobre los espritus inmundos para expulsarlos y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.
Y los nombres de los doce apstoles son stos: primero, Simn, llamado Pedro, y Andrs su hermano; y Jacobo, el [hijo] de Zebedeo, y Juan su hermano;
Felipe y Bartolom; Toms y Mateo, el recaudador de impuestos; Jacobo, el [hijo] de Alfeo, y Tadeo;
Simn el cananita, y Judas Iscariote, el que tambin le entreg.
A estos doce envi Jess despus de instruirlos, diciendo: No vayis por [el] camino de [los] gentiles, y no entris en [ninguna] ciudad de los samaritanos.
Sino id ms bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Y cuando vayis, predicad diciendo: "El reino de los cielos se ha acercado."
Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
No os proveis de oro, ni de plata, ni de cobre [para llevar] en vuestros cintos,
ni de alforja para el camino, ni de dos tnicas, ni de sandalias, ni de bordn; porque el obrero es digno de su sostn.
Y en cualquier ciudad o aldea donde entris, averiguad quin es digno en ella, y quedaos all hasta que os marchis.
Al entrar en la casa, dadle vuestro saludo [de paz].
Y si la casa es digna, que vuestro [saludo de] paz venga sobre ella; pero si no es digna, que vuestro [saludo de] paz se vuelva a vosotros.
Y cualquiera que no os reciba ni oiga vuestras palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies.
En verdad os digo que en el da del juicio ser ms tolerable [el castigo] para la tierra de Sodoma y Gomorra que para esa ciudad.
Mirad, yo os envo como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas.
Pero cuidaos de los hombres, porque os entregarn a los tribunales y os azotarn en sus sinagogas;
y hasta seris llevados delante de gobernadores y reyes por mi causa, como un testimonio a ellos y a los gentiles.
Pero cuando os entreguen, no os preocupis de cmo o qu hablaris; porque a esa hora se os dar lo que habris de hablar.
Porque no sois vosotros los que hablis, sino el Espritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
Y el hermano entregar a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarn contra los padres, y les causarn la muerte.
Y seris odiados de todos por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, se ser salvo.
Pero cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque en verdad os digo: no terminaris [de recorrer] las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre.
Un discpulo no est por encima del maestro, ni un siervo por encima de su seor.
Le basta al discpulo llegar a ser como su maestro, y al siervo como su seor. Si al dueo de la casa lo han llamado Beelzeb, cunto ms a los de su casa!
As que no les temis, porque nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, habladlo en la luz; y lo que os al odo, proclamadlo desde las azoteas.
Y no temis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; ms bien temed a aquel que puede [hacer] perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno.
No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y [sin embargo,] ni uno de ellos caer a tierra sin [permitirlo] vuestro Padre.
Y hasta los cabellos de vuestra cabeza estn todos contados.
As que no temis; vosotros valis ms que muchos pajarillos.
Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, yo tambin le confesar delante de mi Padre que est en los cielos.
Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo tambin lo negar delante de mi Padre que est en los cielos.
No pensis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada.
Porque vine a PONER AL HOMBRE CONTRA SU PADRE, A LA HIJA CONTRA SU MADRE, Y A LA NUERA CONTRA SU SUEGRA;
y LOS ENEMIGOS DEL HOMBRE [sern] LOS DE SU MISMA CASA.
El que ama al padre o a la madre ms que a m, no es digno de m; y el que ama al hijo o a la hija ms que a m, no es digno de m.
Y el que no toma su cruz y sigue en pos de m, no es digno de m.
El que ha hallado su vida, la perder; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallar.
El que os recibe a vosotros, a m me recibe; y el que me recibe a m, recibe al que me envi.
El que recibe a un profeta como profeta, recibir recompensa de profeta; y el que recibe a un justo como justo, recibir recompensa de justo.
Y cualquiera que como discpulo d de beber aunque slo sea un vaso de agua fra a uno de estos pequeos, en verdad os digo que no perder su recompensa.
Y sucedi que cuando termin Jess de dar instrucciones a sus doce discpulos, se fue de all a ensear y predicar en las ciudades de ellos.
Y al or Juan en la crcel de las obras de Cristo, mand por medio de sus discpulos
a decirle: Eres t el que ha de venir, o esperaremos a otro?
Y respondiendo Jess, les dijo: Id y contad a Juan lo que os y veis:
los CIEGOS RECIBEN LA VISTA y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los POBRES SE LES ANUNCIA EL EVANGELIO.
Y bienaventurado es el que no se escandaliza de m.
Mientras ellos se marchaban, Jess comenz a hablar a las multitudes acerca de Juan: Qu salisteis a ver en el desierto? Una caa sacudida por el viento?
Mas, qu salisteis a ver? Un hombre vestido con [ropas] finas? Mirad, los que usan [ropas] finas estn en los palacios de los reyes.
Pero, qu salisteis a ver? A un profeta? S, os digo, y uno que es ms que un profeta.
ste es de quien est escrito: "HE AQU, YO ENVO MI MENSAJERO DELANTE DE TU FAZ, QUIEN PREPARAR TU CAMINO DELANTE DE TI."
En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no se ha levantado [nadie] mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el ms pequeo en el reino de los cielos es mayor que l.
Y desde los das de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza.
Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.
Y si queris aceptar[lo,] l es Elas, el que haba de venir.
El que tiene odos, que oiga.
Pero, con qu comparar a esta generacin? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, que dan voces a los otros,
y dicen: "Os tocamos la flauta, y no bailasteis; entonamos endechas, y no os lamentasteis."
Porque vino Juan que no coma ni beba, y dicen: "Tiene un demonio."
Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: "Mirad, un hombre glotn y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores." Pero la sabidura se justifica por sus hechos.
Entonces comenz a increpar a las ciudades en las que haba hecho la mayora de sus milagros, porque no se haban arrepentido.
Ay de ti, Corazn! Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros que se hicieron en vosotras se hubieran hecho en Tiro y en Sidn, hace tiempo que se hubieran arrepentido en cilicio y ceniza.
Por eso os digo que en el da del juicio ser ms tolerable [el castigo] para Tiro y Sidn que para vosotras.
Y t, Capernam, acaso sers elevada hasta los cielos? Hasta el Hades descenders! Porque si los milagros que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodoma, [sta] hubiera permanecido hasta hoy.
Sin embargo, os digo que en [el] da del juicio ser ms tolerable [el castigo] para la tierra de Sodoma que para ti.
En aquel tiempo, hablando Jess, dijo: Te alabo, Padre, Seor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los nios.
S, Padre, porque as fue de tu agrado.
Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo [se lo] quiera revelar.
Venid a m, todos los que estis cansados y cargados, y yo os har descansar.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de m, que soy manso y humilde de corazn, y HALLARIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS.
Porque mi yugo es fcil y mi carga ligera.
Por aquel tiempo Jess pas por entre los sembrados en el da de reposo; sus discpulos tuvieron hambre, y empezaron a arrancar espigas y a comer.
Y cuando lo vieron los fariseos, le dijeron: Mira, tus discpulos hacen lo que no es lcito hacer en el da de reposo.
Pero l les dijo: No habis ledo lo que hizo David cuando l y sus compaeros tuvieron hambre,
cmo entr en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, que no les era lcito comer, ni a l ni a los que estaban con l, sino slo a los sacerdotes?
O no habis ledo en la ley, que en los das de reposo los sacerdotes en el templo profanan el da de reposo y estn sin culpa?
Pues os digo que algo mayor que el templo est aqu.
Pero si hubierais sabido lo que esto significa: "MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIO", no hubierais condenado a los inocentes.
Porque el Hijo del Hombre es Seor del da de reposo.
Pasando de all, entr en la sinagoga de ellos.
Y he aqu, [haba all] un hombre que tena una mano seca. Y para poder acusarle, le preguntaron, diciendo: Es lcito sanar en el da de reposo?
Y l les dijo: Qu hombre habr de vosotros que tenga una sola oveja, si sta se le cae en un hoyo en da de reposo, no le echa mano y la saca?
Pues, cunto ms vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lcito hacer bien en el da de reposo.
Entonces dijo al hombre: Extiende tu mano. Y l la extendi, y le fue restaurada, sana como la otra.
Pero cuando los fariseos salieron, se confabularon contra l, [para ver] cmo podran destruirle.
Mas Jess, sabindo[lo,] se retir de all. Y muchos le siguieron, y los san a todos.
Y les advirti que no revelaran quin era l;
para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaas, cuando dijo:
MIRAD, MI SIERVO, A QUIEN HE ESCOGIDO; MI AMADO EN QUIEN SE AGRADA MI ALMA; SOBRE L PONDR MI ESPRITU, Y A LAS NACIONES PROCLAMAR JUSTICIA.
NO CONTENDER, NI GRITAR, NI HABR QUIEN EN LAS CALLES OIGA SU VOZ.
NO QUEBRAR LA CAA CASCADA, NI APAGAR LA MECHA QUE HUMEA, HASTA QUE LLEVE A LA VICTORIA LA JUSTICIA.
Y EN SU NOMBRE PONDRN LAS NACIONES SU ESPERANZA.
Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo, y lo san, de manera que el mudo hablaba y vea.
Y todas las multitudes estaban asombradas, y decan: Acaso no es ste el Hijo de David?
Pero cuando los fariseos [lo] oyeron, dijeron: ste no expulsa los demonios sino por Beelzeb, el prncipe de los demonios.
Y conociendo [Jess] sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra s mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra s misma no se mantendr en pie.
Y si Satans expulsa a Satans, est dividido contra s mismo; cmo puede entonces mantenerse en pie su reino?
Y si yo expulso los demonios por Beelzeb, por quin [los] expulsan vuestros hijos? Por tanto, ellos sern vuestros jueces.
Pero si yo expulso los demonios por el Espritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.
O cmo puede alguien entrar en la casa de un [hombre] fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata? Y entonces saquear su casa.
El que no est conmigo, est contra m; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Por eso os digo: todo pecado y blasfemia ser perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espritu no ser perdonada.
Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonar; pero al que hable contra el Espritu Santo, no se le perdonar ni en este siglo ni en el venidero.
O haced bueno el rbol y bueno su fruto, o haced malo el rbol y malo su fruto; porque por el fruto se conoce el rbol.
Camada de vboras! Cmo podis hablar cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazn habla la boca.
El hombre bueno de [su] buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo de [su] mal tesoro saca cosas malas.
Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darn cuenta de ella en el da del juicio.
Porque por tus palabras sers justificado, y por tus palabras sers condenado.
Entonces le respondieron algunos de los escribas y fariseos, diciendo: Maestro, queremos ver una seal de parte tuya.
Pero respondiendo l, les dijo: Una generacin perversa y adltera demanda seal, y ninguna seal se le dar, sino la seal de Jons el profeta;
porque como ESTUVO JONS EN EL VIENTRE DEL MONSTRUO MARINO TRES DAS Y TRES NOCHES, as estar el Hijo del Hombre tres das y tres noches en el corazn de la tierra.
Los hombres de Nnive se levantarn con esta generacin en el juicio y la condenarn, porque ellos se arrepintieron con la predicacin de Jons; y mirad, algo ms [grande] que Jons est aqu.
La Reina del Sur se levantar con esta generacin en el juicio y la condenar, porque ella vino desde los confines de la tierra para or la sabidura de Salomn; y mirad, algo ms [grande] que Salomn est aqu.
Cuando el espritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares ridos buscando descanso y no [lo] halla.
Entonces dice: "Volver a mi casa de donde sal"; y cuando llega, [la] encuentra desocupada, barrida y arreglada.
Va entonces, y toma consigo otros siete espritus ms depravados que l, y entrando, moran all; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero. As ser tambin con esta generacin perversa.
Mientras l an estaba hablando a la multitud, he aqu, su madre y sus hermanos estaban afuera, deseando hablar con l.
Y alguien le dijo: He aqu, tu madre y tus hermanos estn afuera deseando hablar contigo.
Pero respondiendo l al que se lo deca, dijo: Quin es mi madre, y quines son mis hermanos?
Y extendiendo su mano hacia sus discpulos, dijo: He aqu mi madre y mis hermanos!
Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que est en los cielos, se es mi hermano y mi hermana y mi madre.
Ese mismo da sali Jess de la casa y se sent a la orilla del mar.
Y se congregaron [junto] a l grandes multitudes, por lo que subi a una barca y se sent; y toda la multitud estaba de pie en la playa.
Y les habl muchas cosas en parbolas, diciendo: He aqu, el sembrador sali a sembrar;
y al sembrar, parte [de la semilla] cay junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron.
Otra parte cay en pedregales donde no tena mucha tierra; y enseguida brot porque no tena profundidad de tierra;
pero cuando sali el sol, se quem; y porque no tena raz, se sec.
Otra parte cay entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron.
Y otra parte cay en tierra buena y dio fruto, algunas [semillas] a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta.
El que tiene odos, que oiga.
Y acercndose los discpulos, le dijeron: Por qu les hablas en parbolas?
Y respondiendo l, les dijo: Porque a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido.
Porque a cualquiera que tiene, se le dar [ms,] y tendr en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitar.
Por eso les hablo en parbolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
Y en ellos se cumple la profeca de Isaas que dice: "AL OR OIRIS, Y NO ENTENDERIS; Y VIENDO VERIS, Y NO PERCIBIRIS;
PORQUE EL CORAZN DE ESTE PUEBLO SE HA VUELTO INSENSIBLE Y CON DIFICULTAD OYEN CON SUS ODOS; Y SUS OJOS HAN CERRADO, NO SEA QUE VEAN CON LOS OJOS, Y OIGAN CON LOS ODOS, Y ENTIENDAN CON EL CORAZN, Y SE CONVIERTAN, Y YO LOS SANE."
Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros odos, porque oyen.
Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no [lo] vieron; y or lo que vosotros os, y no [lo] oyeron.
Vosotros, pues, escuchad la parbola del sembrador.
A todo el que oye la palabra del reino y no [la] entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazn. ste es aquel en quien se sembr la semilla junto al camino.
Y aquel en quien se sembr la semilla en pedregales, ste es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo;
pero no tiene raz [profunda] en s mismo, sino que [slo] es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la afliccin o la persecucin, enseguida tropieza [y cae].
Y aquel en quien se sembr la semilla entre espinos, ste es el que oye la palabra, mas las preocupaciones del mundo y el engao de las riquezas ahogan la palabra, y se queda sin fruto.
Pero aquel en quien se sembr la semilla en tierra buena, ste es el que oye la palabra y la entiende, ste s da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta.
[Jess] les refiri otra parbola, diciendo: El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembr buena semilla en su campo.
Pero mientras los hombres dorman, vino su enemigo y sembr cizaa entre el trigo, y se fue.
Cuando el trigo brot y produjo grano, entonces apareci tambin la cizaa.
Y los siervos del dueo fueron y le dijeron: "Seor, no sembraste buena semilla en tu campo? Cmo, pues, tiene cizaa?"
l les dijo: "Un enemigo ha hecho esto". Y los siervos le dijeron : "Quieres, pues, que vayamos y la recojamos?"
Pero l dijo : "No, no sea que al recoger la cizaa, arranquis el trigo junto con ella.
"Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega; y al tiempo de la siega dir a los segadores: 'Recoged primero la cizaa y atadla en manojos para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi granero.'"
Les refiri otra parbola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tom y sembr en su campo,
y que de todas las semillas es la ms pequea; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace rbol, de modo que LAS AVES DEL CIELO vienen y ANIDAN EN SUS RAMAS.
Les dijo otra parbola: El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tom y escondi en tres medidas de harina hasta que todo qued fermentado.
Todo esto habl Jess en parbolas a las multitudes, y nada les hablaba sin parbola,
para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta, cuando dijo: ABRIR MI BOCA EN PARBOLAS; HABLAR DE COSAS OCULTAS DESDE LA FUNDACIN DEL MUNDO.
Entonces dej a la multitud y entr en la casa. Y se le acercaron sus discpulos, diciendo: Explcanos la parbola de la cizaa del campo.
Y respondiendo l, dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre,
y el campo es el mundo; y la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaa son los hijos del maligno;
y el enemigo que la sembr es el diablo, y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ngeles.
Por tanto, as como la cizaa se recoge y se quema en el fuego, de la misma manera ser en el fin del mundo.
El Hijo del Hombre enviar a sus ngeles, y recogern de su reino a todos los [que son] piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad;
y los echarn en el horno de fuego; all ser el llanto y el crujir de dientes.
Entonces LOS JUSTOS RESPLANDECERN COMO EL SOL en el reino de su Padre. El que tiene odos, que oiga.
El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, [lo vuelve] a esconder, y de alegra por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.
El reino de los cielos tambin es semejante a un mercader que busca perlas finas,
y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendi todo lo que tena y la compr.
El reino de los cielos tambin es semejante a una red barredera que se ech en el mar, y recogi [peces] de toda clase;
y cuando se llen, la sacaron a la playa; y se sentaron y recogieron los [peces] buenos en canastas, pero echaron fuera los malos.
As ser en el fin del mundo; los ngeles saldrn, y sacarn a los malos de entre los justos,
y los arrojarn en el horno de fuego; all ser el llanto y el crujir de dientes.
Habis entendido todas estas cosas? Ellos le dijeron : S.
Y l les dijo: Por eso todo escriba que se ha convertido en un discpulo del reino de los cielos es semejante al dueo de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
Y sucedi que cuando Jess termin estas parbolas, se fue de all.
Y llegando a su pueblo, les enseaba en su sinagoga, de tal manera que se maravillaban y decan: Dnde [obtuvo] ste esta sabidura y [estos] poderes milagrosos?
No es ste el hijo del carpintero? No se llama su madre Mara, y sus hermanos Jacobo, Jos, Simn y Judas?
No estn todas sus hermanas con nosotros? Dnde, pues, [obtuvo] ste todas estas cosas?
Y se escandalizaban a causa de l. Pero Jess les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.
Y no hizo muchos milagros all a causa de la incredulidad de ellos.
Por aquel tiempo, Herodes el tetrarca oy la fama de Jess,
y dijo a sus sirvientes: ste es Juan el Bautista. l ha resucitado de entre los muertos, y por eso es que poderes milagrosos actan en l.
Porque Herodes haba prendido a Juan, lo haba atado y puesto en la crcel por causa de Herodas, mujer de su hermano Felipe;
porque Juan le deca: No te es lcito tenerla.
Y aunque Herodes quera matarlo, tena miedo al pueblo, porque consideraban a Juan como un profeta.
Pero cuando lleg el cumpleaos de Herodes, la hija de Herodas danz ante [ellos] y agrad a Herodes.
Por lo cual le prometi con juramento darle lo que ella pidiera.
Ella, instigada por su madre, dijo : Dame aqu, en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
Y aunque el rey se entristeci, a causa de sus juramentos y de sus invitados, orden que se [la] dieran;
y mand decapitar a Juan en la crcel.
Y trajeron su cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha, y ella [se la] llev a su madre.
Los discpulos de Juan llegaron y recogieron el cuerpo y lo sepultaron; y fueron y se lo comunicaron a Jess.
Al orlo Jess, se retir de all en una barca, solo, a un lugar desierto; y cuando las multitudes [lo] supieron, le siguieron a pie desde las ciudades.
Y al desembarcar, vio una gran multitud, y tuvo compasin de ellos y san a sus enfermos.
Al atardecer se le acercaron los discpulos, diciendo: El lugar est desierto y la hora es ya avanzada; despide, pues, a las multitudes para que vayan a las aldeas y se compren alimentos.
Pero Jess les dijo: No hay necesidad de que se vayan; dadles vosotros de comer.
Entonces ellos le dijeron : No tenemos aqu ms que cinco panes y dos peces.
l [les] dijo: Tradmelos ac.
Y ordenando a la muchedumbre que se recostara sobre la hierba, tom los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo [los alimentos], y partiendo los panes, se los dio a los discpulos y los discpulos a la multitud.
Y comieron todos y se saciaron. Y recogieron lo que sobr de los pedazos: doce cestas llenas.
Y los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin [contar] las mujeres y los nios.
Enseguida hizo que los discpulos subieran a la barca y fueran delante de l a la otra orilla, mientras l despeda a la multitud.
Despus de despedir a la multitud, subi al monte a solas para orar; y al anochecer, estaba all solo.
Pero la barca estaba ya a muchos estadios de tierra, [y] era azotada por las olas, porque el viento era contrario.
Y a la cuarta vigilia de la noche, [Jess] vino a ellos andando sobre el mar.
Y los discpulos, vindole andar sobre el mar, se turbaron, y decan: Es un fantasma! Y de miedo, se pusieron a gritar.
Pero enseguida Jess les habl, diciendo: Tened nimo, soy yo; no temis.
Respondindole Pedro, dijo: Seor, si eres t, mndame que vaya a ti sobre las aguas.
Y l dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, camin sobre las aguas, y fue hacia Jess.
Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse grit, diciendo: Seor, slvame!
Y al instante Jess, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo : Hombre de poca fe, por qu dudaste?
Cuando ellos subieron a la barca, el viento se calm.
Entonces los que estaban en la barca le adoraron, diciendo: En verdad eres Hijo de Dios.
Terminada la travesa, bajaron a tierra en Genesaret.
Y cuando los hombres de aquel lugar reconocieron a Jess, enviaron [a decirlo] por toda aquella comarca de alrededor y le trajeron todos los que tenan [algn] mal.
Y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que [lo] tocaban quedaban curados.
Entonces se acercaron a Jess [algunos] escribas y fariseos de Jerusaln, diciendo:
Por qu tus discpulos quebrantan la tradicin de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan.
Y respondiendo l, les dijo: Por qu tambin vosotros quebrantis el mandamiento de Dios a causa de vuestra tradicin?
Porque Dios dijo: "HONRA A [tu] PADRE Y A [tu] MADRE," y: "QUIEN HABLE MAL DE [su] PADRE O DE [su] MADRE, QUE MUERA."
Pero vosotros decs: "Cualquiera que diga a [su] padre o a [su] madre: 'Es ofrenda [a Dios] todo lo mo con que pudieras ser ayudado',
no necesitar ms honrar a su padre o a su madre." Y [as] invalidasteis la palabra de Dios por causa de vuestra tradicin.
Hipcritas! Bien profetiz Isaas de vosotros cuando dijo:
"ESTE PUEBLO CON LOS LABIOS ME HONRA, PERO SU CORAZN EST MUY LEJOS DE M.
"MAS EN VANO ME RINDEN CULTO, ENSEANDO COMO DOCTRINAS PRECEPTOS DE HOMBRES."
Y llamando junto a s a la multitud, les dijo: Od y entended:
no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.
Entonces, acercndose los discpulos, le dijeron : Sabes que los fariseos se escandalizaron cuando oyeron tus palabras?
Pero l contest y dijo: Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado, ser desarraigada.
Dejadlos; son ciegos guas de ciegos. Y si un ciego gua a otro ciego, ambos caern en el hoyo.
Respondiendo Pedro, le dijo: Explcanos la parbola.
Y l dijo: Tambin vosotros estis an faltos de entendimiento?
No entendis que todo lo que entra en la boca va al estmago y luego se elimina?
Pero lo que sale de la boca proviene del corazn, y eso es lo que contamina al hombre.
Porque del corazn provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios [y] calumnias.
Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.
Saliendo Jess de all, se retir a la regin de Tiro y de Sidn.
Y he aqu, una mujer cananea que haba salido de aquella comarca, comenz a gritar, diciendo: Seor, Hijo de David, ten misericordia de m; mi hija est terriblemente endemoniada.
Pero l no le respondi palabra. Y acercndose sus discpulos, le rogaban, diciendo: Atindela, pues viene gritando tras nosotros.
Y respondiendo l, dijo: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Pero acercndose ella, se postr ante l, diciendo: Seor, socrreme!
Y l respondi y dijo: No est bien tomar el pan de los hijos, y echr[selo] a los perrillos.
Pero ella dijo: S, Seor; pero tambin los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Entonces, respondiendo Jess, le dijo: Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas. Y su hija qued sana desde aquel momento.
Y pasando Jess de all, vino junto al mar de Galilea, y subiendo al monte, se sent all.
Y vinieron a l grandes multitudes trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros [enfermos] y los pusieron a sus pies y l los san;
de modo que la muchedumbre se maravill al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban restaurados, los cojos caminaban y los ciegos vean; y glorificaron al Dios de Israel.
Entonces Jess, llamando junto a s a sus discpulos, [les] dijo: Tengo compasin de la multitud, porque hace ya tres das que estn conmigo y no tienen qu comer; y no quiero despedirlos sin comer, no sea que desfallezcan en el camino.
Y los discpulos le dijeron : Dnde conseguiramos nosotros en el desierto tantos panes para saciar a una multitud tan grande?
Jess entonces les dijo : Cuntos panes tenis? Y ellos respondieron: Siete, y unos pocos pececillos.
Y l mand a la multitud que se recostara en el suelo;
y tom los siete panes y los peces; y despus de dar gracias, [los] parti y empez a dar[los] a los discpulos, y los discpulos a las multitudes.
Y comieron todos y se saciaron; y recogieron de lo que sobr de los pedazos, siete canastas llenas.
Los que comieron fueron cuatro mil hombres, sin [contar] las mujeres y los nios.
Y despus de despedir a la muchedumbre, subi a la barca y fue a la regin de Magadn.
Entonces los fariseos y los saduceos se acercaron [a Jess, y] para ponerle a prueba le pidieron que les mostrara una seal del cielo.
Pero respondiendo l, les dijo: Al caer la tarde decs: "[Har] buen tiempo, porque el cielo est rojizo."
Y por la maana: "Hoy [habr] tempestad, porque el cielo est rojizo y amenazador." Sabis discernir el aspecto del cielo, pero no podis [discernir] las seales de los tiempos?
Una generacin perversa y adltera busca seal, y no se le dar seal, sino la seal de Jons. Y dejndolos, se fue.
Los discpulos, al pasar al otro lado, se haban olvidado de tomar panes.
Y Jess les dijo: Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.
Y ellos discutan entre s, diciendo: [Lo dice] porque no tomamos panes.
Pero Jess, dndose cuenta, dijo: Hombres de poca fe, por qu discuts entre vosotros que no tenis pan?
Todava no entendis ni recordis los cinco panes de los cinco mil, y cuntas cestas recogisteis?
Ni los siete panes de los cuatro mil, y cuntas canastas recogisteis?
Cmo es que no entendis que no os habl de los panes? Pero guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.
Entonces entendieron que no les haba dicho que se guardaran de la levadura de los panes, sino de la enseanza de los fariseos y saduceos.
Cuando lleg Jess a la regin de Cesarea de Filipo, pregunt a sus discpulos, diciendo: Quin dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elas; pero otros, Jeremas o uno de los profetas.
l les dijo : Y vosotros, quin decs que soy yo?
Respondiendo Simn Pedro, dijo: T eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Y Jess, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simn, hijo de Jons, porque [esto] no te [lo] revel carne ni sangre, sino mi Padre que est en los cielos.
Yo tambin te digo que t eres Pedro, y sobre esta roca edificar mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecern contra ella.
Yo te dar las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, ser atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, ser desatado en los cielos.
Entonces orden a los discpulos que a nadie dijeran que l era el Cristo.
Desde entonces Jesucristo comenz a declarar a sus discpulos que deba ir a Jerusaln y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer da.
Y tomndole aparte, Pedro comenz a reprenderle, diciendo: No [lo] permita Dios, Seor! Eso nunca te acontecer.
Pero volvindose l, dijo a Pedro: Qutate de delante de m, Satans! Me eres piedra de tropiezo; porque no ests pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
Entonces Jess dijo a sus discpulos: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, tome su cruz y sgame.
Porque el que quiera salvar su vida, la perder; pero el que pierda su vida por causa de m, la hallar.
Pues qu provecho obtendr un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O qu dar un hombre a cambio de su alma?
Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ngeles, y ENTONCES RECOMPENSAR A CADA UNO SEGN SU CONDUCTA.
En verdad os digo que hay algunos de los que estn aqu que no probarn la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.
Seis das despus, Jess tom consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llev aparte a un monte alto;
y se transfigur delante de ellos; y su rostro resplandeci como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
Y he aqu, se les aparecieron Moiss y Elas hablando con l.
Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo a Jess: Seor, bueno es estarnos aqu; si quieres, har aqu tres enramadas, una para ti, otra para Moiss y otra para Elas.
Mientras estaba an hablando, he aqu, una nube luminosa los cubri; y una voz [sali] de la nube, diciendo: ste es mi Hijo amado en quien me he complacido; a l od.
Cuando los discpulos oyeron [esto,] cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor.
Entonces se [les] acerc Jess, y tocndolos, dijo: Levantaos y no temis.
Y cuando alzaron sus ojos no vieron a nadie, sino a Jess solo.
Mientras descendan del monte, Jess les orden, diciendo: No contis a nadie la visin hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.
Y sus discpulos le preguntaron, diciendo: Por qu, pues, dicen los escribas que Elas debe venir primero?
Y respondiendo l, dijo: Elas ciertamente viene, y restaurar todas las cosas;
pero yo os digo que Elas ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron todo lo que quisieron. As tambin el Hijo del Hombre va a padecer [a manos] de ellos.
Entonces los discpulos entendieron que les haba hablado de Juan el Bautista.
Cuando llegaron a la multitud, se le acerc un hombre, que arrodillndose delante de l, dijo:
Seor, ten misericordia de mi hijo, porque es epilptico y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua.
Y lo traje a tus discpulos y ellos no pudieron curarlo.
Respondiendo Jess, dijo: Oh generacin incrdula y perversa! Hasta cundo estar con vosotros? Hasta cundo os tendr que soportar? Tradmelo ac.
Y Jess lo reprendi y el demonio sali de l, y el muchacho qued curado desde aquel momento.
Entonces los discpulos, llegndose a Jess en privado, dijeron: Por qu nosotros no pudimos expulsarlo?
Y l les dijo : Por vuestra poca fe; porque en verdad os digo que si tenis fe como un grano de mostaza, diris a este monte: "Psate de aqu all", y se pasar; y nada os ser imposible.
Pero esta clase no sale sino con oracin y ayuno.
Mientras andaban juntos por Galilea, Jess les dijo: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres.
Y le matarn, y al tercer da resucitar. Y ellos se entristecieron mucho.
Cuando llegaron a Capernam, se acercaron a Pedro los que cobraban [el impuesto de] dos dracmas y dijeron: No paga vuestro maestro las dos dracmas?
l dijo : S. Y cuando l lleg a casa, Jess se le anticip, diciendo: Qu te parece, Simn? De quines cobran tributos o impuestos los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraos?
Y cuando respondi: De los extraos, Jess le dijo: Entonces los hijos estn exentos.
Sin embargo, para que no los escandalicemos, ve al mar, echa el anzuelo, y toma el primer pez que salga; y cuando le abras la boca hallars un estter; tmalo y dselo por ti y por m.
En aquel momento se acercaron los discpulos a Jess, diciendo: Quin es, entonces, el mayor en el reino de los cielos?
Y l, llamando a un nio, lo puso en medio de ellos,
y dijo: En verdad os digo que si no os converts y os hacis como nios, no entraris en el reino de los cielos.
As pues, cualquiera que se humille como este nio, se es el mayor en el reino de los cielos.
Y el que reciba a un nio como ste en mi nombre, a m me recibe.
Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeitos que creen en m, mejor le sera que le colgaran al cuello una piedra de molino de [las que mueve un] asno, y que se ahogara en lo profundo del mar.
Ay del mundo por [sus] piedras de tropiezo! Porque es inevitable que vengan piedras de tropiezo; pero ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!
Y si tu mano o tu pie te es ocasin de pecar, crtatelo y chalo de ti; te es mejor entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno.
Y si tu ojo te es ocasin de pecar, arrncatelo y chalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego.
Mirad que no despreciis a uno de estos pequeitos, porque os digo que sus ngeles en los cielos contemplan siempre el rostro de mi Padre que est en los cielos.
Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que se haba perdido.
Qu os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se ha descarriado, no deja las noventa y nueve en los montes, y va en busca de la descarriada?
Y si sucede que la halla, en verdad os digo que se regocija ms por sta que por las noventa y nueve que no se han descarriado.
As, no es la voluntad de vuestro Padre que est en los cielos que se pierda uno de estos pequeitos.
Y si tu hermano peca, ve y reprndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano.
Pero si no [te] escucha, lleva contigo a uno o a dos ms, para que TODA PALABRA SEA CONFIRMADA POR BOCA DE DOS O TRES TESTIGOS.
Y si rehsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si tambin rehsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuesto.
En verdad os digo: todo lo que atis en la tierra, ser atado en el cielo; y todo lo que desatis en la tierra, ser desatado en el cielo.
Adems os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan [aqu] en la tierra, les ser hecho por mi Padre que est en los cielos.
Porque donde estn dos o tres reunidos en mi nombre, all estoy yo en medio de ellos.
Entonces se [le] acerc Pedro, y le dijo: Seor, cuntas veces pecar mi hermano contra m que yo haya de perdonarlo? Hasta siete veces?
Jess le dijo : No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el reino de los cielos puede compararse a cierto rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.
Y al comenzar a ajustar[las,] le fue presentado uno que le deba diez mil talentos.
Pero no teniendo l [con qu] pagar, su seor orden que lo vendieran, junto con su mujer e hijos y todo cuanto posea, y que se [le] pagara la deuda.
Entonces el siervo cay postrado ante l, diciendo: "Ten paciencia conmigo y todo te lo pagar."
Y el seor de aquel siervo tuvo compasin, y lo solt y le perdon la deuda.
Pero al salir aquel siervo, encontr a uno de sus consiervos que le deba cien denarios, y echndole mano, [lo] ahogaba, diciendo: "Paga lo que debes."
Entonces su consiervo, cayendo [a sus pies,] le suplicaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo y te pagar."
Sin embargo, l no quiso, sino que fue y lo ech en la crcel hasta que pagara lo que deba.
As que cuando vieron sus consiervos lo que haba pasado, se entristecieron mucho, y fueron y contaron a su seor todo lo que haba sucedido.
Entonces, llamndolo su seor, le dijo : "Siervo malvado, te perdon toda aquella deuda porque me suplicaste.
"No deberas t tambin haberte compadecido de tu consiervo, as como yo me compadec de ti?"
Y enfurecido su seor, lo entreg a los verdugos hasta que pagara todo lo que le deba.
As tambin mi Padre celestial har con vosotros, si no perdonis de corazn cada uno a su hermano.
Y aconteci que cuando Jess termin estas palabras, parti de Galilea y se fue a la regin de Judea, al otro lado del Jordn;
y le siguieron grandes multitudes, y los san all.
Y se acercaron a l [algunos] fariseos para probarle, diciendo: Es lcito a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?
Y respondiendo l, dijo: No habis ledo que aquel que [los] cre, desde el principio LOS HIZO VARN Y HEMBRA,
y aadi: "POR ESTA RAZN EL HOMBRE DEJAR A [su] PADRE Y A [su] MADRE Y SE UNIR A SU MUJER, Y LOS DOS SERN UNA SOLA CARNE"?
Por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningn hombre lo separe.
Ellos le dijeron : Entonces, por qu mand Moiss DARLE CARTA DE DIVORCIO Y REPUDIARLA?
l les dijo : Por la dureza de vuestro corazn, Moiss os permiti divorciaros de vuestras mujeres; pero no ha sido as desde el principio.
Y yo os digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio.
Los discpulos le dijeron : Si as es la relacin del hombre con su mujer, no conviene casarse.
Pero l les dijo: No todos pueden aceptar este precepto, sino [slo] aquellos a quienes les ha sido dado.
Porque hay eunucos que as nacieron desde el seno de su madre, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y [tambin] hay eunucos que a s mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que pueda aceptar [esto,] que [lo] acepte.
Entonces le trajeron [algunos] nios para que pusiera las manos sobre ellos y orara; y los discpulos los reprendieron.
Pero Jess dijo: Dejad a los nios, y no les impidis que vengan a m, porque de los que son como stos es el reino de los cielos.
Y despus de poner las manos sobre ellos, se fue de all.
Y he aqu se le acerc uno y dijo: Maestro, qu bien har para obtener la vida eterna?
Y l le dijo: Por qu me preguntas acerca de lo bueno? [Slo] Uno es bueno; pero si deseas entrar en la vida, guarda los mandamientos.
l le dijo : Cules? Y Jess respondi: NO MATARS; NO COMETERS ADULTERIO; NO HURTARS; NO DARS FALSO TESTIMONIO;
HONRA A [tu] PADRE Y A [tu] MADRE; y AMARS A TU PRJIMO COMO A TI MISMO.
El joven le dijo : Todo esto lo he guardado; qu me falta todava?
Jess le dijo: Si quieres ser perfecto, ve [y] vende lo que posees y da a los pobres, y tendrs tesoro en los cielos; y ven, sgueme.
Pero al or el joven estas palabras, se fue triste, porque era dueo de muchos bienes.
Y Jess dijo a sus discpulos: En verdad os digo que es difcil que un rico entre en el reino de los cielos.
Y otra vez os digo que es ms fcil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios.
Al or [esto,] los discpulos estaban llenos de asombro, y decan: Entonces, quin podr salvarse?
Pero Jess, mirndo[los,] les dijo: Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible.
Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aqu, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; qu, pues, recibiremos?
Y Jess les dijo: En verdad os digo que vosotros que me habis seguido, en la regeneracin, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaris tambin sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Y todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por mi nombre, recibir cien veces ms, y heredar la vida eterna.
Pero muchos primeros sern ltimos, y los ltimos, primeros.
Porque el reino de los cielos es semejante a un hacendado que sali muy de maana para contratar obreros para su via.
Y habiendo convenido con los obreros en un denario al da, los envi a su via.
Y sali como a la hora tercera, y vio parados en la plaza a otros [que estaban] sin trabajo;
y a stos les dijo: "Id tambin vosotros a la via, y os dar lo que sea justo." Y ellos fueron.
Volvi a salir como a la hora sexta y a la novena, e hizo lo mismo.
Y saliendo como a la [hora] undcima, encontr a otros parados, y les dijo : "Por qu habis estado aqu parados todo el da sin trabajar?"
Ellos le dijeron : "Porque nadie nos contrat." l les dijo : "Id tambin vosotros a la via."
Y al atardecer, el seor de la via dijo a su mayordomo: "Llama a los obreros y pgales [su] jornal, comenzando por los ltimos hasta los primeros."
Cuando llegaron los que [haban sido contratados] como a la hora undcima, cada uno recibi un denario.
Y cuando llegaron los que [fueron contratados] primero, pensaban que recibiran ms; pero ellos tambin recibieron un denario cada uno.
Y al recibirlo, murmuraban contra el hacendado,
diciendo: "Estos ltimos han trabajado [slo] una hora, pero los has hecho iguales a nosotros que hemos soportado el peso y el calor abrasador del da."
Pero respondiendo l, dijo a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia; no conviniste conmigo en un denario?
"Toma lo que es tuyo, y vete; pero yo quiero darle a este ltimo lo mismo que a ti.
"No me es lcito hacer lo que quiero con lo que es mo? O es tu ojo malo porque yo soy bueno?"
As, los ltimos sern primeros, y los primeros, ltimos.
Cuando Jess iba subiendo a Jerusaln, tom aparte a los doce [discpulos,] y por el camino les dijo:
He aqu, subimos a Jerusaln, y el Hijo del Hombre ser entregado a los principales sacerdotes y escribas, y le condenarn a muerte;
y le entregarn a los gentiles para burlarse [de l,] azotar[le] y crucificar[le,] y al tercer da resucitar.
Entonces se le acerc la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrndose [ante l] y pidindole algo.
Y l le dijo: Qu deseas? Ella le dijo : Ordena que en tu reino estos dos hijos mos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Pero respondiendo Jess, dijo: No sabis lo que peds. Podis beber la copa que yo voy a beber? Ellos le dijeron : Podemos.
l les dijo : Mi copa ciertamente beberis, pero sentarse a mi derecha y a [mi] izquierda no es mo el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por mi Padre.
Al or [esto,] los diez se indignaron contra los dos hermanos.
Pero Jess, llamndolos junto a s, dijo: Sabis que los gobernantes de los gentiles se enseorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos.
No ha de ser as entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, ser vuestro servidor,
y el que quiera entre vosotros ser el primero, ser vuestro siervo;
as como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.
Al salir de Jeric, le sigui una gran multitud.
Y he aqu, dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al or que Jess pasaba, gritaron, diciendo: Seor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
Y la gente los reprenda para que se callaran, pero ellos gritaban ms an, diciendo: Seor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
Detenindose Jess, los llam, y dijo: Qu queris que yo haga por vosotros?
Ellos le dijeron : Seor, [deseamos] que nuestros ojos sean abiertos.
Entonces Jess, movido a compasin, toc los ojos de ellos, y al instante recobraron la vista, y le siguieron.
Cuando se acercaron a Jerusaln y llegaron a Betfag, [junto] al monte de los Olivos, Jess entonces envi a dos discpulos,
dicindoles: Id a la aldea [que est] enfrente de vosotros, y enseguida encontraris un asna atada y un pollino con ella; desatad[la] y tradme[los].
Y si alguien os dice algo, decid: "El Seor los necesita"; y enseguida los enviar.
Esto sucedi para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta, cuando dijo:
DECID A LA HIJA DE SIN: "MIRA, TU REY VIENE A TI, HUMILDE Y MONTADO EN UN ASNA, Y EN UN POLLINO, HIJO DE BESTIA DE CARGA."
Entonces fueron los discpulos e hicieron tal como Jess les haba mandado,
y trajeron el asna y el pollino; pusieron sobre ellos sus mantos, y [Jess] se sent encima.
La mayora de la multitud tendi sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los rboles y las tendan por el camino.
Y las multitudes que iban delante de l, y las que iban detrs, gritaban, diciendo: Hosanna al Hijo de David! BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEOR! Hosanna en las alturas!
Cuando l entr en Jerusaln, toda la ciudad se agit, y decan: Quin es ste?
Y las multitudes contestaban: ste es el profeta Jess, de Nazaret de Galilea.
Y entr Jess en el templo y ech fuera a todos los que compraban y vendan en el templo, y volc las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendan las palomas.
Y les dijo : Escrito est: "MI CASA SER LLAMADA CASA DE ORACIN", pero vosotros la estis haciendo CUEVA DE LADRONES.
Y en el templo se acercaron a l [los] ciegos y [los] cojos, y los san.
Pero cuando los principales sacerdotes y los escribas vieron las maravillas que haba hecho, y a los muchachos que gritaban en el templo y que decan: Hosanna al Hijo de David!, se indignaron
y le dijeron: Oyes lo que stos dicen? Y Jess les respondi : S, nunca habis ledo: "DE LA BOCA DE LOS PEQUEOS Y DE LOS NIOS DE PECHO TE HAS PREPARADO ALABANZA"?
Y dejndolos, sali fuera de la ciudad, a Betania, y se hosped all.
Por la maana, cuando regresaba a la ciudad, tuvo hambre.
Y al ver una higuera junto al camino, se acerc a ella, pero no hall nada en ella sino slo hojas, y le dijo : Nunca jams brote fruto de ti. Y al instante se sec la higuera.
Al ver [esto,] los discpulos se maravillaron y decan: Cmo es que la higuera se sec al instante?
Respondiendo Jess, les dijo: En verdad os digo que si tenis fe y no dudis, no slo haris lo de la higuera, sino que aun si decs a este monte: "Qutate y chate al mar", [as] suceder.
Y todo lo que pidis en oracin, creyendo, lo recibiris.
Cuando lleg Jess al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se le acercaron mientras enseaba, diciendo: Con qu autoridad haces estas cosas, y quin te dio esta autoridad?
Y respondiendo Jess, les dijo: Yo tambin os har una pregunta, que si me la contestis, yo tambin os dir con qu autoridad hago estas cosas.
De dnde era el bautismo de Juan?, del cielo o de los hombres? Y ellos discurran entre s, diciendo: Si decimos: "Del cielo", l nos dir: "Entonces, por qu no le cresteis?"
Y si decimos: "De los hombres", tememos a la multitud; porque todos tienen a Juan por profeta.
Y respondiendo a Jess, dijeron: No sabemos. l a su vez les dijo: Tampoco yo os dir con qu autoridad hago estas cosas.
Pero, qu os parece? Un hombre tena dos hijos, y llegndose al primero, [le] dijo: "Hijo, ve, trabaja hoy en la via."
Y respondiendo l, dijo: "No quiero;" [pero] despus, arrepentido, fue.
Y llegndose al otro, le dijo lo mismo; pero l respondi y dijo: "Yo [ir,] seor"; y no fue.
Cul de los dos hizo la voluntad del padre? Ellos dijeron : El primero. Jess les dijo : En verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros.
Porque Juan vino a vosotros en camino de justicia y no le cresteis, pero los recaudadores de impuestos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo [esto,] ni siquiera os arrepentisteis despus para creerle.
Escuchad otra parbola. Haba [una vez] un hacendado que PLANT UNA VIA Y LA CERC CON UN MURO, Y CAV EN ELLA UN LAGAR Y EDIFIC UNA TORRE, la arrend a unos labradores y se fue de viaje.
Y cuando se acerc el tiempo de la cosecha, envi sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.
Pero los labradores, tomando a los siervos, a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon.
Volvi a mandar otro grupo de siervos, mayor que el primero; y les hicieron lo mismo.
Finalmente les envi a su hijo, diciendo: "Respetarn a mi hijo."
Pero cuando los labradores vieron al hijo, dijeron entre s: "ste es el heredero; venid, matmoslo y apodermonos de su heredad."
Y echndole mano, [lo] arrojaron fuera de la via y [lo] mataron.
Cuando venga, pues, el dueo de la via, qu har a esos labradores?
Ellos le dijeron : Llevar a esos miserables a un fin lamentable, y arrendar la via a otros labradores que le paguen los frutos a su tiempo.
Jess les dijo : Nunca lesteis en las Escrituras: "LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS CONSTRUCTORES, SA, EN PIEDRA ANGULAR SE HA CONVERTIDO; ESTO FUE HECHO DE PARTE DEL SEOR, Y ES MARAVILLOSO A NUESTROS OJOS"?
Por eso os digo que el reino de Dios os ser quitado y ser dado a una nacin que produzca sus frutos.
Y el que caiga sobre esta piedra ser hecho pedazos; pero sobre quien ella caiga, lo esparcir como polvo.
Al or sus parbolas los principales sacerdotes y los fariseos, comprendieron que hablaba de ellos.
Y cuando procuraron prenderle, tuvieron miedo de la multitud, porque le tenan por profeta.
Tomando Jess la palabra, les habl otra vez en parbolas, diciendo:
El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un [banquete] de bodas para su hijo.
Y envi a sus siervos a llamar a los que haban sido invitados a las bodas, pero no quisieron venir.
De nuevo envi otros siervos, diciendo: Decid a los que han sido invitados: "Ved, ya he preparado mi banquete; he matado mis novillos y animales cebados, y todo est aparejado; venid a las bodas."
Pero ellos no hicieron caso y se fueron: uno a su campo, otro a sus negocios,
y los dems, echando mano a los siervos, los maltrataron y los mataron.
Entonces el rey se enfureci, y enviando sus ejrcitos, destruy a aquellos asesinos e incendi su ciudad.
Luego dijo a sus siervos: "La boda est preparada, pero los que fueron invitados no eran dignos.
"Id, por tanto, a las salidas de los caminos, e invitad a las bodas a cuantos encontris."
Y aquellos siervos salieron por los caminos, y reunieron a todos los que encontraron, tanto malos como buenos; y el saln de bodas se llen de comensales.
Pero cuando el rey entr a ver a los comensales, vio all a uno que no estaba vestido con traje de boda,
y le dijo : "Amigo, cmo entraste aqu sin traje de boda?" Y l enmudeci.
Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle las manos y los pies, y echadlo a las tinieblas de afuera; all ser el llanto y el crujir de dientes."
Porque muchos son llamados, pero pocos [son] escogidos.
Entonces se fueron los fariseos y deliberaron entre s cmo atraparle, [sorprendindole] en [alguna] palabra.
Y le enviaron sus discpulos junto con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz y que enseas el camino de Dios con verdad, y no buscas el favor de nadie, porque eres imparcial.
Dinos, pues, qu te parece: Es lcito pagar impuesto al Csar, o no?
Pero Jess, conociendo su malicia, dijo: Por qu me ponis a prueba, hipcritas?
Mostradme la moneda que se usa para [pagar ese] impuesto. Y le trajeron un denario.
Y l les dijo : De quin es esta imagen y esta inscripcin?
Ellos le dijeron : Del Csar. Entonces l les dijo : Pues dad al Csar lo que es del Csar, y a Dios lo que es de Dios.
Al or [esto,] se maravillaron; y dejndole, se fueron.
Ese da se le acercaron [algunos] saduceos (los que dicen que no hay resurreccin), y le preguntaron,
diciendo: Maestro, Moiss dijo: "SI ALGUNO MUERE SIN TENER HIJOS, SU HERMANO, COMO PARIENTE MS CERCANO, SE CASAR CON SU MUJER Y LEVANTAR DESCENDENCIA A SU HERMANO."
Ahora bien, haba entre nosotros siete hermanos; y el primero se cas, y muri; pero no teniendo descendencia, le dej la mujer a su hermano;
de igual manera tambin el segundo, y el tercero, hasta el sptimo.
Y despus de todos, muri la mujer.
Por tanto, en la resurreccin, de cul de los siete ser mujer? Porque todos ellos la tuvieron.
Pero Jess respondi y les dijo: Estis equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios.
Porque en la resurreccin, ni se casan ni son dados en matrimonio, sino que son como los ngeles de Dios en el cielo.
Y en cuanto a la resurreccin de los muertos, no habis ledo lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo:
"YO SOY EL DIOS DE ABRAHAM, Y EL DIOS DE ISAAC, Y EL DIOS DE JACOB"? l no es Dios de muertos, sino de vivos.
Al or [esto,] las multitudes se admiraban de su enseanza.
Pero al or los fariseos que [Jess] haba dejado callados a los saduceos, se agruparon;
y uno de ellos, intrprete de la ley, para ponerle a prueba le pregunt:
Maestro, cul es el gran mandamiento de la ley?
Y l le dijo: AMARS AL SEOR TU DIOS CON TODO TU CORAZN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE.
ste es el grande y el primer mandamiento.
Y el segundo es semejante a ste: AMARS A TU PRJIMO COMO A TI MISMO.
De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.
Estando reunidos los fariseos, Jess les hizo una pregunta,
diciendo: Cul es vuestra opinin sobre el Cristo? De quin es hijo? Ellos le dijeron : De David.
l les dijo : Entonces, cmo es que David en el Espritu le llama "Seor", diciendo:
"DIJO EL SEOR A MI SEOR: 'SINTATE A MI DIESTRA, HASTA QUE PONGA A TUS ENEMIGOS DEBAJO DE TUS PIES'"?
Pues si David le llama "Seor", cmo es l su hijo?
Y nadie pudo contestarle ni una palabra, ni ninguno desde ese da se atrevi a hacerle ms preguntas.
Entonces Jess habl a la muchedumbre y a sus discpulos,
diciendo: Los escribas y los fariseos se han sentado en la ctedra de Moiss.
De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen.
Atan cargas pesadas y difciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.
Sino que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres; pues ensanchan sus filacterias y alargan los flecos [de sus mantos];
aman el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
y los saludos respetuosos en las plazas y ser llamados por los hombres Rab.
Pero vosotros no [dejis] [que] os llamen Rab; porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llamis [a nadie] padre vuestro en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que est en los cielos.
Ni [dejis que] os llamen preceptores; porque uno es vuestro Preceptor, Cristo.
Pero el mayor de vosotros ser vuestro servidor.
Y cualquiera que se ensalce, ser humillado, y cualquiera que se humille, ser ensalzado.
Pero, ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas!, porque cerris el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entris, ni dejis entrar a los que estn entrando.
Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas!, porque devoris las casas de las viudas, aun cuando por pretexto hacis largas oraciones; por eso recibiris mayor condenacin.
Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas!, porque recorris el mar y la tierra para hacer un proslito, y cuando llega a serlo, lo hacis hijo del infierno dos veces ms que vosotros.
Ay de vosotros, guas ciegos!, que decs: "No es nada el que alguno jure por el templo; pero el que jura por el oro del templo, contrae obligacin."
Insensatos y ciegos!, porque qu es ms importante: el oro, o el templo que santific el oro?
Tambin [decs:] "No es nada el que alguno jure por el altar; pero el que jura por la ofrenda que est sobre l, contrae obligacin."
Ciegos!, porque qu es ms importante: la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?
Por eso, el que jura por el altar, jura por l y por todo lo que est sobre l;
y el que jura por el templo, jura por l y por el que en l habita;
y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por el que est sentado en l.
Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas!, porque pagis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habis descuidado los [preceptos] de ms peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y stas son las cosas que debais haber hecho, sin descuidar aqullas.
Guas ciegos, que colis el mosquito y [os] tragis el camello!
Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas!, porque limpiis el exterior del vaso y del plato, pero por dentro estn llenos de robo y de desenfreno.
Fariseo ciego! Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera tambin quede limpio.
Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro estn llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.
As tambin vosotros, por fuera parecis justos a los hombres, pero por dentro estis llenos de hipocresa y de iniquidad.
Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas!, porque edificis los sepulcros de los profetas y adornis los monumentos de los justos,
y decs: "Si nosotros hubiramos vivido en los das de nuestros padres, no hubiramos sido sus cmplices en [derramar] la sangre de los profetas."
As que dais testimonio en contra de vosotros mismos, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas.
Llenad, pues, la medida [de la culpa] de vuestros padres.
Serpientes! Camada de vboras! Cmo escaparis del juicio del infierno?
Por tanto, mirad, yo os envo profetas, sabios y escribas: de ellos, a unos los mataris y crucificaris, y a otros los azotaris en vuestras sinagogas y los perseguiris de ciudad en ciudad,
para que recaiga sobre vosotros [la culpa de] toda la sangre justa derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacaras, hijo de Berequas, a quien asesinasteis entre el templo y el altar.
En verdad os digo que todo esto vendr sobre esta generacin.
Jerusaln, Jerusaln, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! Cuntas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!
He aqu, vuestra casa se os deja desierta.
Porque os digo que desde ahora [en adelante] no me veris ms hasta que digis: "BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEOR."
Cuando sali Jess del templo, [y] se iba, se le acercaron sus discpulos para mostrarle los edificios del templo.
Mas respondiendo l, les dijo: Veis todo esto? En verdad os digo: no quedar aqu piedra sobre piedra que no sea derribada.
Y estando l sentado en el monte de los Olivos, se le acercaron los discpulos en privado, diciendo: Dinos, cundo suceder esto, y cul [ser] la seal de tu venida y de la consumacin de [este] siglo?
Respondiendo Jess, les dijo: Mirad que nadie os engae.
Porque muchos vendrn en mi nombre, diciendo: "Yo soy el Cristo", y engaarn a muchos.
Y habris de or de guerras y rumores de guerras. Cuidado! No os alarmis, porque es necesario que [todo esto] suceda; pero todava no es el fin.
Porque se levantar nacin contra nacin, y reino contra reino, y en diferentes lugares habr hambre y terremotos.
Pero todo esto [es slo el] comienzo de dolores.
Entonces os entregarn a tribulacin, y os matarn, y seris odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.
Muchos tropezarn entonces [y caern], y se traicionarn unos a otros, y unos a otros se odiarn.
Y se levantarn muchos profetas falsos, y a muchos engaarn.
Y debido al aumento de la iniquidad, el amor de muchos se enfriar.
Pero el que persevere hasta el fin, se ser salvo.
Y este evangelio del reino se predicar en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendr el fin.
Por tanto, cuando veis la ABOMINCACIN DE LA DESOLACIN, de que se habl por medio del profeta Daniel, colocada en el lugar santo (el que lea, que entienda),
entonces los que estn en Judea, huyan a los montes;
el que est en la azotea, no baje a sacar las cosas de su casa;
y el que est en el campo, no vuelva atrs a tomar su capa.
Pero, ay de las que estn encinta y de las que estn criando en aquellos das!
Orad para que vuestra huida no suceda en invierno, ni en da de reposo,
porque habr entonces una gran tribulacin, tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecer jams.
Y si aquellos das no fueran acortados, nadie se salvara; pero por causa de los escogidos, aquellos das sern acortados.
Entonces si alguno os dice: "Mirad, aqu [est] el Cristo", o "All [est]", no [le] creis.
Porque se levantarn falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarn grandes seales y prodigios, para as engaar, de ser posible, aun a los escogidos.
Ved que os lo he dicho de antemano.
Por tanto, si os dicen: "Mirad, l est en el desierto", no vayis; [o] "Mirad, l est en las habitaciones interiores", no [les] creis.
Porque as como el relmpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, as ser la venida del Hijo del Hombre.
Donde est el cadver, all se juntarn los buitres.
Pero inmediatamente despus de la tribulacin de esos das, EL SOL SE OSCURECER, LA LUNA NO DAR SU LUZ, LAS ESTRELLAS CAERN del cielo y las potencias de los cielos sern sacudidas.
Entonces aparecer en el cielo la seal del Hijo del Hombre; y entonces todas las tribus de la tierra harn duelo, y vern al HIJO DEL HOMBRE QUE VIENE SOBRE LAS NUBES DEL CIELO con poder y gran gloria.
Y l enviar a sus ngeles con UNA GRAN TROMPETA y REUNIRN a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.
Y de la higuera aprended la parbola: cuando su rama ya se pone tierna y echa las hojas, sabis que el verano est cerca.
As tambin vosotros, cuando veis todas estas cosas, sabed que l est cerca, a las puertas.
En verdad os digo que no pasar esta generacin hasta que todo esto suceda.
El cielo y la tierra pasarn, mas mis palabras no pasarn.
Pero de aquel da y hora nadie sabe, ni siquiera los ngeles del cielo, ni el Hijo, sino slo el Padre.
Porque como en los das de No, as ser la venida del Hijo del Hombre.
Pues as como en aquellos das antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casndose y dndose en matrimonio, hasta el da en que entr No en el arca,
y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llev a todos; as ser la venida del Hijo del Hombre.
Entonces estarn dos en el campo; uno ser llevado y el otro ser dejado.
Dos [mujeres] [estarn] moliendo en el molino; una ser llevada y la otra ser dejada.
Por tanto, velad, porque no sabis en qu da vuestro Seor viene.
Pero comprended esto: si el dueo de la casa hubiera sabido a qu hora de la noche iba a venir el ladrn, hubiera estado alerta y no hubiera permitido que entrara en su casa.
Por eso, tambin vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensis vendr el Hijo del Hombre.
Quin es, pues, el siervo fiel y prudente a quien su seor puso sobre los de su casa para que les diera la comida a su tiempo?
Dichoso aquel siervo a quien, cuando su seor venga, lo encuentre haciendo as.
De cierto os digo que lo pondr sobre todos sus bienes.
Pero si aquel siervo [es] malo, [y] dice en su corazn: "Mi seor tardar";
y empieza a golpear a sus consiervos, y come y bebe con los que se emborrachan,
vendr el seor de aquel siervo el da que no [lo] espera, y a una hora que no sabe,
y lo azotar severamente y le asignar un lugar con los hipcritas; all ser el llanto y el crujir de dientes.
Entonces el reino de los cielos ser semejante a diez vrgenes que tomando sus lmparas, salieron a recibir al novio.
Y cinco de ellas eran insensatas, y cinco prudentes.
Porque las insensatas, al tomar sus lmparas, no tomaron aceite consigo,
pero las prudentes tomaron aceite en frascos junto con sus lmparas.
Al tardarse el novio, a todas les dio sueo y se durmieron.
Pero a medianoche se oy un clamor: "Aqu est el novio! Salid a recibir[lo]."
Entonces todas aquellas vrgenes se levantaron y arreglaron sus lmparas.
Y las insensatas dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lmparas se apagan."
Pero las prudentes respondieron, diciendo: "No, no sea que no haya suficiente para nosotras y para vosotras; id ms bien a los que venden y comprad para vosotras."
Y mientras ellas iban a comprar, vino el novio, y las que estaban preparadas entraron con l al [banquete] de bodas, y se cerr la puerta.
Despus vinieron tambin las otras vrgenes, diciendo: "Seor, seor, brenos."
Pero respondiendo l, dijo: "En verdad os digo que no os conozco."
Velad, pues, porque no sabis ni el da ni la hora.
Porque [el reino de los cielos es] como un hombre que al emprender un viaje, llam a sus siervos y les encomend sus bienes.
Y a uno le dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y se fue de viaje.
El que haba recibido los cinco talentos, enseguida fue y negoci con ellos y gan otros cinco talentos.
Asimismo el que [haba] recibido los dos [talentos] gan otros dos.
Pero el que haba recibido uno, fue y cav en la tierra y escondi el dinero de su seor.
Despus de mucho tiempo vino el seor de aquellos siervos, y arregl cuentas con ellos.
Y llegando el que haba recibido los cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: "Seor, me entregaste cinco talentos; mira, he ganado otros cinco talentos."
Su seor le dijo: "Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondr; entra en el gozo de tu seor."
Llegando tambin el de los dos talentos, dijo: "Seor, me entregaste dos talentos; mira, he ganado otros dos talentos."
Su seor le dijo: "Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondr; entra en el gozo de tu seor."
Pero llegando tambin el que haba recibido un talento, dijo: "Seor, yo saba que eres un hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste,
y tuve miedo, y fui y escond tu talento en la tierra; mira, [aqu] tienes lo que es tuyo."
Pero su seor respondi, y le dijo: "Siervo malo y perezoso, sabas que siego donde no sembr, y que recojo donde no esparc.
"Debas entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses.
"Por tanto, quitadle el talento y ddselo al que tiene los diez talentos."
Porque a todo el que tiene, [ms] se le dar, y tendr en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitar.
Y al siervo intil, echadlo en las tinieblas de afuera; all ser el llanto y el crujir de dientes.
Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ngeles con l, entonces se sentar en el trono de su gloria;
y sern reunidas delante de l todas las naciones; y separar a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.
Y pondr las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.
Entonces el Rey dir a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundacin del mundo.
"Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis;
estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la crcel, y vinisteis a m."
Entonces los justos le respondern, diciendo: "Seor, cundo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber?
"Y cundo te vimos [como] forastero, y te recibimos, o desnudo, y te vestimos?
"Y cundo te vimos enfermo, o en la crcel, y vinimos a ti?"
Respondiendo el Rey, les dir: "En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos mos, [aun a] los ms pequeos, a m lo hicisteis."
Entonces dir tambin a los de su izquierda: "Apartaos de m, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ngeles.
"Porque tuve hambre, y no me disteis de comer, tuve sed, y no me disteis de beber;
fui forastero, y no me recibisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo, y en la crcel, y no me visitasteis."
Entonces ellos tambin respondern, diciendo: "Seor, cundo te vimos hambriento, o sediento, o [como] forastero, o desnudo, o enfermo, o en la crcel, y no te servimos?"
l entonces les responder, diciendo: "En verdad os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de los ms pequeos de stos, tampoco a m lo hicisteis."
Y stos irn al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna.
Cuando Jess termin todas estas palabras, dijo a sus discpulos:
Sabis que dentro de dos das se celebra la Pascua, y el Hijo del Hombre ser entregado para ser crucificado.
Entonces los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifs.
Y tramaron entre ellos prender a Jess con engao y matar[le].
Pero decan: No durante la fiesta, para que no haya un tumulto en el pueblo.
Y hallndose Jess en Betania, en casa de Simn el leproso,
se le acerc una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso, y lo derram sobre su cabeza cuando estaba sentado [a la mesa].
Pero al ver [esto,] los discpulos se indignaron, y decan: Para qu este desperdicio?
Porque este [perfume] poda haberse vendido a gran precio, y [el dinero] habrselo dado a los pobres.
Pero Jess, dndose cuenta, les dijo: Por qu molestis a la mujer? Pues buena obra ha hecho conmigo.
Porque a los pobres siempre los tendris con vosotros, pero a m no siempre me tendris.
Pues al derramar ella este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura.
En verdad os digo: Dondequiera que este evangelio se predique, en el mundo entero, se hablar tambin de lo que sta ha hecho, en memoria suya.
Entonces uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes,
y dijo: Qu estis dispuestos a darme para que yo os lo entregue? Y ellos le pesaron treinta piezas de plata.
Y desde entonces buscaba una oportunidad para entregarle.
El primer [da de la fiesta] de los panes sin levadura, se acercaron los discpulos a Jess, diciendo: Dnde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?
Y l respondi: Id a la ciudad, a cierto [hombre], y decidle: "El Maestro dice: 'Mi tiempo est cerca; [quiero] celebrar la Pascua en tu casa con mis discpulos.'"
Entonces los discpulos hicieron como Jess les haba mandado, y prepararon la Pascua.
Al atardecer, estaba l sentado [a la mesa] con los doce discpulos.
Y mientras coman, dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me entregar.
Y ellos, profundamente entristecidos, comenzaron a decirle uno por uno: Acaso soy yo, Seor?
Respondiendo l, dijo: El que meti la mano conmigo en el plato, se me entregar.
El Hijo del Hombre se va, segn est escrito de l; pero ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido.
Y respondiendo Judas, el que le iba a entregar, dijo: Acaso soy yo, Rab? [Y] l le dijo: T [lo] has dicho.
Mientras coman, Jess tom pan, y habindo[lo] bendecido, [lo] parti, y dndose[lo] a los discpulos, dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se [la] dio, diciendo: Bebed todos de ella;
porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdn de los pecados.
Y os digo que desde ahora no beber ms de este fruto de la vid, hasta aquel da cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
Y despus de cantar un himno, salieron hacia el monte de los Olivos.
Entonces Jess les dijo : Esta noche todos vosotros os apartaris por causa de m, pues escrito est: "HERIR AL PASTOR, Y LAS OVEJAS DEL REBAO SE DISPERSARN."
Pero despus de que yo haya resucitado, ir delante de vosotros a Galilea.
Entonces Pedro, respondiendo, le dijo: Aunque todos se aparten por causa de ti, yo nunca me apartar.
Jess le dijo: En verdad te digo que esta [misma] noche, antes que el gallo cante, me negars tres veces.
Pedro le dijo : Aunque tenga que morir contigo, jams te negar. Todos los discpulos dijeron tambin lo mismo.
Entonces Jess lleg con ellos a un lugar que se llama Getseman, y dijo a sus discpulos: Sentaos aqu mientras yo voy all y oro.
Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenz a entristecerse y a angustiarse.
Entonces les dijo : Mi alma est muy afligida, hasta el punto de la muerte; quedaos aqu y velad conmigo.
Y adelantndose un poco, cay sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mo, si es posible, que pase de m esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como t [quieras].
Vino entonces a los discpulos y los hall durmiendo, y dijo a Pedro: Conque no pudisteis velar una hora conmigo?
Velad y orad para que no entris en tentacin; el espritu est dispuesto, pero la carne es dbil.
Apartndose de nuevo, or por segunda vez, diciendo: Padre mo, si sta no puede pasar sin que yo la beba, hgase tu voluntad.
Y vino otra vez y los hall durmiendo, porque sus ojos estaban cargados [de sueo].
Dejndolos de nuevo, se fue y or por tercera vez, diciendo otra vez las mismas palabras.
Entonces vino a los discpulos y les dijo : Todava estis durmiendo y descansando? He aqu, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
Levantaos! Vamos! Mirad, est cerca el que me entrega.
Mientras todava estaba l hablando, he aqu, Judas, uno de los doce, lleg acompaado de una gran multitud con espadas y garrotes, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.
Y el que le entregaba les haba dado una seal, diciendo: Al que yo bese, se es; prendedle.
Y enseguida se acerc a Jess y dijo: Salve, Rab! Y le bes.
Y Jess le dijo: Amigo, [haz] lo que viniste a hacer. Entonces ellos se acercaron, echaron mano a Jess y le prendieron.
Y sucedi que uno de los que estaban con Jess, extendiendo la mano, sac su espada, e hiriendo al siervo del sumo sacerdote, le cort la oreja.
Entonces Jess le dijo : Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecern.
O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y l pondra a mi disposicin ahora mismo ms de doce legiones de ngeles?
Pero, cmo se cumpliran entonces las Escrituras de que as debe suceder?
En aquel momento Jess dijo a la muchedumbre: Como contra un ladrn habis salido con espadas y garrotes para arrestarme? Cada da sola sentarme en el templo para ensear, y no me prendisteis.
Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discpulos le abandonaron y huyeron.
Y los que prendieron a Jess le llevaron ante el sumo sacerdote Caifs, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos.
Y Pedro le fue siguiendo de lejos hasta el patio del sumo sacerdote, y entrando, se sent con los alguaciles para ver el fin [de todo aquello].
Y los principales sacerdotes y todo el concilio procuraban obtener falso testimonio contra Jess, con el fin de darle muerte,
y no [lo] hallaron a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Pero ms tarde se presentaron dos,
que dijeron: ste declar: "Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres das reedificarlo."
Entonces el sumo sacerdote, levantndose, le dijo: No respondes nada? Qu testifican stos contra ti?
Mas Jess callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si t eres el Cristo, el Hijo de Dios.
Jess le dijo : T [mismo] lo has dicho; sin embargo, os digo que desde ahora veris AL HIJO DEL HOMBRE SENTADO A LA DIESTRA DEL PODER, y VINIENDO SOBRE LAS NUBES DEL CIELO.
Entonces el sumo sacerdote rasg sus vestiduras, diciendo: Ha blasfemado! Qu necesidad tenemos de ms testigos? He aqu, ahora mismo habis odo la blasfemia;
qu os parece? Ellos respondieron y dijeron: Es reo de muerte!
Entonces le escupieron en el rostro y le dieron de puetazos; y otros le abofeteaban,
diciendo: Adivina, Cristo, quin es el que te ha golpeado?
Pedro estaba sentado fuera en el patio, y una sirvienta se le acerc y dijo: T tambin estabas con Jess el galileo.
Pero l [lo] neg delante de todos ellos, diciendo: No s de qu hablas.
Cuando sali al portal, lo vio otra [sirvienta] y dijo a los que estaban all: ste estaba con Jess el nazareno.
Y otra vez l [lo] neg con juramento: Yo no conozco a ese hombre!
Y un poco despus se acercaron los que estaban all y dijeron a Pedro: Seguro que t tambin eres [uno] de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.
Entonces l comenz a maldecir y a jurar: Yo no conozco a ese hombre! Y al instante un gallo cant.
Y Pedro se acord de lo que Jess haba dicho: Antes que el gallo cante, me negars tres veces. Y saliendo fuera, llor amargamente.
Cuando lleg la maana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jess para darle muerte.
Y despus de atarle, le llevaron y le entregaron a Pilato, el gobernador.
Entonces Judas, el que le haba entregado, viendo que [Jess] haba sido condenado, sinti remordimiento y devolvi las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,
diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: A nosotros, qu? All t!
Y l, arrojando las piezas de plata en el santuario, se march; y fue y se ahorc.
Y los principales sacerdotes tomaron las piezas de plata, y dijeron: No es lcito ponerlas en el tesoro del templo, puesto que es precio de sangre.
Y despus de celebrar consejo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para sepultura de los forasteros.
Por eso ese campo se ha llamado Campo de Sangre hasta hoy.
Entonces se cumpli lo anunciado por medio del profeta Jeremas, cuando dijo: Y TOMARON LAS TREINTA PIEZAS DE PLATA, EL PRECIO DE AQUL CUYO PRECIO HABA SIDO FIJADO por los hijos de Israel;
Y LAS DIERON POR EL CAMPO DEL ALFARERO, COMO EL SEOR ME HABA ORDENADO.
Y Jess compareci delante del gobernador, y ste le interrog, diciendo: Eres t el Rey de los judos? Y Jess le dijo: T [lo] dices.
Y al ser acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondi.
Entonces Pilato le dijo : No oyes cuntas cosas testifican contra ti?
Y [Jess] no le respondi ni a una sola pregunta, por lo que el gobernador estaba muy asombrado.
Ahora bien, en cada fiesta, el gobernador acostumbraba soltar un preso al pueblo, el que ellos quisieran.
Y tenan entonces un preso famoso, llamado Barrabs.
Por lo cual, cuando ellos se reunieron, Pilato les dijo: A quin queris que os suelte: a Barrabs o a Jess, llamado el Cristo?
Porque l saba que le haban entregado por envidia.
Y estando l sentado en el tribunal, su mujer le mand [aviso,] diciendo: No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueos por causa de l.
Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes que pidieran a Barrabs y que dieran muerte a Jess.
Y respondiendo, el gobernador les dijo: A cul de los dos queris que os suelte? Y ellos respondieron: A Barrabs.
Pilato les dijo : Qu har entonces con Jess, llamado el Cristo? Todos dijeron : Sea crucificado!
Y [Pilato] dijo: Por qu? Qu mal ha hecho? Pero ellos gritaban an ms, diciendo: Sea crucificado!
Y viendo Pilato que no consegua nada, sino que ms bien se estaba formando un tumulto, tom agua y se lav las manos delante de la multitud, diciendo: Soy inocente de la sangre de este justo; all vosotros!
Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
Entonces les solt a Barrabs, pero a Jess, despus de hacerle azotar, le entreg para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jess al Pretorio, y reunieron alrededor de l a toda la cohorte [romana].
Y desnudndole, le pusieron encima un manto de escarlata.
Y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y una caa en su [mano] derecha; y arrodillndose delante de l, le hacan burla, diciendo: Salve, Rey de los judos!
Y escupindole, tomaban la caa y le golpeaban en la cabeza.
Despus de haberse burlado de l, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron para crucificar[le].
Y cuando salan, hallaron a un hombre de Cirene llamado Simn, al cual obligaron a que llevara la cruz.
Cuando llegaron a un lugar llamado Glgota, que significa Lugar de la Calavera,
le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero despus de probar[lo,] no [lo] quiso beber.
Y habindole crucificado, se repartieron sus vestidos, echando suertes;
y sentados, le custodiaban all.
Y pusieron sobre su cabeza la acusacin contra l, que deca: STE ES JESS, EL REY DE LOS JUDOS.
Entonces fueron crucificados con l dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza
y diciendo: T que destruyes el templo y en tres das lo reedificas, slvate a ti mismo, si eres el Hijo de Dios, y desciende de la cruz.
De igual manera, tambin los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlndose [de l,] decan:
A otros salv; a s mismo no puede salvarse. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en l.
EN DIOS CONFA; QUE [le] LIBRE ahora SI L LE QUIERE; porque ha dicho: "Yo soy el Hijo de Dios."
En la misma forma le injuriaban tambin los ladrones que haban sido crucificados con l.
Y desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena.
Y alrededor de la hora novena, Jess exclam a gran voz, diciendo: EL, EL, LEM SABACTANI? Esto es: DIOS MO, DIOS MO, POR QU ME HAS ABANDONADO?
Algunos de los que estaban all, al orlo, decan: ste llama a Elas.
Y al instante, uno de ellos corri, y tomando una esponja, la empap en vinagre, y ponindola en una caa, le dio a beber.
Pero los otros dijeron: Deja, veamos si Elas viene a salvarle.
Entonces Jess, clamando otra vez a gran voz, exhal el espritu.
Y he aqu, el velo del templo se rasg en dos, de arriba abajo, y la tierra tembl y las rocas se partieron;
y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que haban dormido resucitaron;
y saliendo de los sepulcros, despus de la resurreccin de Jess, entraron en la santa ciudad y se aparecieron a muchos.
El centurin y los que estaban con l custodiando a Jess, cuando vieron el terremoto y las cosas que sucedan, se asustaron mucho, y dijeron: En verdad ste era Hijo de Dios.
Y muchas mujeres que haban seguido a Jess desde Galilea para servirle, estaban all, mirando de lejos;
entre las cuales estaban Mara Magdalena, Mara la madre de Jacobo y de Jos, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Y al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado Jos, que tambin se haba convertido en discpulo de Jess.
ste se present a Pilato y le pidi el cuerpo de Jess. Entonces Pilato orden que [se lo] entregaran.
Tomando Jos el cuerpo, lo envolvi en un lienzo limpio de lino,
y lo puso en su sepulcro nuevo que l haba excavado en la roca, y despus de rodar una piedra grande a la entrada del sepulcro, se fue.
Y Mara Magdalena estaba all, y la otra Mara, sentadas frente al sepulcro.
Al da siguiente, que es [el da] despus de la preparacin, se reunieron ante Pilato los principales sacerdotes y los fariseos,
y le dijeron: Seor, nos acordamos que cuando aquel engaador an viva, dijo: "Despus de tres das resucitar."
Por eso, ordena que el sepulcro quede asegurado hasta el tercer da, no sea que vengan sus discpulos, se lo roben, y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos"; y el ltimo engao ser peor que el primero.
Pilato les dijo: Una guardia tenis; id, aseguradla como vosotros sabis.
Y fueron y aseguraron el sepulcro; y adems de poner la guardia, sellaron la piedra.
Pasado el da de reposo, al amanecer del primer [da] de la semana, Mara Magdalena y la otra Mara vinieron a ver el sepulcro.
Y he aqu, se produjo un gran terremoto, porque un ngel del Seor descendiendo del cielo, y acercndose, removi la piedra y se sent sobre ella.
Su aspecto era como un relmpago, y su vestidura blanca como la nieve;
y de miedo a l los guardias temblaron y se quedaron como muertos.
Y hablando el ngel, dijo a las mujeres: Vosotras, no temis; porque yo s que buscis a Jess, el que fue crucificado.
No est aqu, porque ha resucitado, tal como dijo. Venid, ved el lugar donde yaca.
E id pronto, y decid a sus discpulos que l ha resucitado de entre los muertos; y he aqu, l va delante de vosotros a Galilea; all le veris. He aqu, os [lo] he dicho.
Y ellas, alejndose a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, corrieron a dar las noticias a sus discpulos.
Y he aqu que Jess les sali al encuentro, diciendo: Salve! Y ellas, acercndose, abrazaron sus pies y le adoraron.
Entonces Jess les dijo : No temis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, y all me vern.
Y mientras ellas iban, he aqu, algunos de la guardia fueron a la ciudad e informaron a los principales sacerdotes de todo lo que haba sucedido.
Y despus de reunirse con los ancianos y deliberar con ellos, dieron una gran cantidad de dinero a los soldados,
diciendo: Decid [esto:] "Sus discpulos vinieron de noche y robaron el cuerpo mientras nosotros dormamos."
Y si esto llega a odos del gobernador, nosotros lo convenceremos y os evitaremos dificultades.
Ellos tomaron el dinero e hicieron como se les haba instruido. Y este dicho se divulg extensamente entre los judos hasta hoy.
Pero los once discpulos se fueron a Galilea, al monte que Jess les haba sealado.
Cuando le vieron, [le] adoraron; mas algunos dudaron.
Y acercndose Jess, les habl, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.
Id, pues, y haced discpulos de todas las naciones, bautizndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espritu Santo,
ensendoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aqu, yo estoy con vosotros todos los das, hasta el fin del mundo.
Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Como est escrito en el profeta Isaas: HE AQU, YO ENVO MI MENSAJERO DELANTE DE TU FAZ, EL CUAL PREPARAR TU CAMINO.
VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: "PREPARAD EL CAMINO DEL SEOR, HACED DERECHAS SUS SENDAS."
Juan el Bautista apareci en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdn de pecados.
Y acuda a l toda la regin de Judea, y toda la gente de Jerusaln, y confesando sus pecados, eran bautizados por l en el ro Jordn.
Juan estaba vestido de pelo de camello, tena un cinto de cuero a la cintura, y coma langostas y miel silvestre.
Y predicaba, diciendo: Tras m viene uno que es ms poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar, inclinndome, la correa de sus sandalias.
Yo os bautic con agua, pero l os bautizar con el Espritu Santo.
Y sucedi en aquellos das que Jess vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordn.
E inmediatamente, al salir del agua, vio que los cielos se abran, y que el Espritu como paloma descenda sobre l;
y vino una voz de los cielos, [que deca:] T eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.
Enseguida el Espritu le impuls [a ir] al desierto.
Y estuvo en el desierto cuarenta das, siendo tentado por Satans; y estaba entre las fieras, y los ngeles le servan.
Despus que Juan haba sido encarcelado, Jess vino a Galilea proclamando el evangelio de Dios,
y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentos y creed en el evangelio.
Mientras caminaba junto al mar de Galilea, vio a Simn y a Andrs, hermano de Simn, echando una red en el mar, porque eran pescadores.
Y Jess les dijo: Seguidme, y yo har que seis pescadores de hombres.
Y dejando al instante las redes, le siguieron.
Yendo un poco ms adelante vio a Jacobo, el [hijo] de Zebedeo, y a su hermano Juan, los cuales estaban tambin en la barca, remendando las redes.
Y al instante los llam; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras l.
Entraron en Capernam; y enseguida, en el da de reposo entrando [Jess] en la sinagoga [comenz a] ensear.
Y se admiraban de su enseanza; porque les enseaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Y he aqu estaba en la sinagoga de ellos un hombre con un espritu inmundo, el cual comenz a gritar,
diciendo: Qu tenemos que ver contigo, Jess de Nazaret? Has venido a destruirnos? Yo s quin eres: el Santo de Dios.
Jess lo reprendi, diciendo: Cllate, y sal de l!
Entonces el espritu inmundo, causndole convulsiones, grit a gran voz y sali de l.
Y todos se asombraron de tal manera que discutan entre s, diciendo: Qu es esto? Una enseanza nueva con autoridad! l manda aun a los espritus inmundos y le obedecen.
Y enseguida su fama se extendi por todas partes, por toda la regin alrededor de Galilea.
Inmediatamente despus de haber salido de la sinagoga, fueron a casa de Simn y Andrs, con Jacobo y Juan.
Y la suegra de Simn yaca enferma con fiebre; y enseguida le hablaron de ella.
[Jess] se le acerc, y tomndola de la mano la levant, y la fiebre la dej; y ella les serva.
A la cada de la tarde, despus de la puesta del sol, le trajeron todos los que estaban enfermos y los endemoniados.
Y toda la ciudad se haba amontonado a la puerta.
Y san a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y expuls muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque ellos saban quin era l.
Levantndose muy de maana, cuando todava estaba oscuro, sali, y se fue a un lugar solitario, y all oraba.
Y Simn y sus compaeros salieron a buscarle;
le encontraron y le dijeron : Todos te buscan.
Y l les dijo : Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que predique tambin all, porque para eso he salido.
Y fue por toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando demonios.
Y vino a l un leproso rogndole, y arrodillndose le dijo: Si quieres, puedes limpiarme.
Movido a compasin, extendiendo [Jess] la mano, lo toc, y le dijo : Quiero; s limpio.
Y al instante la lepra lo dej y qued limpio.
Entonces [Jess] lo amonest severamente y enseguida lo despidi,
y le dijo : Mira, no digas nada a nadie, sino ve, mustrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que Moiss orden, para testimonio a ellos.
Pero l, en cuanto sali comenz a proclamarlo abiertamente y a divulgar el hecho, a tal punto que Jess ya no poda entrar pblicamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera en lugares despoblados; y venan a l de todas partes.
Habiendo entrado de nuevo en Capernam varios das despus, se oy que estaba en casa.
Y se reunieron muchos, tanto que ya no haba lugar ni aun a la puerta; y l les expona la palabra.
Entonces vinieron a traerle un paraltico llevado entre cuatro.
Y como no pudieron acercarse a l a causa de la multitud, levantaron el techo [encima] de donde l estaba; y cuando haban hecho una abertura, bajaron la camilla en que yaca el paraltico.
Viendo Jess la fe de ellos, dijo al paraltico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
Pero estaban all sentados algunos de los escribas, los cuales pensaban en sus corazones:
Por qu habla ste as? Est blasfemando; quin puede perdonar pecados, sino slo Dios?
Y al instante Jess, conociendo en su espritu que pensaban de esa manera dentro de s mismos, les dijo : Por qu pensis estas cosas en vuestros corazones?
Qu es ms fcil, decir al paraltico: "Tus pecados te son perdonados", o decir[le:] "Levntate, toma tu camilla y anda"?
Pues para que sepis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paraltico):
A ti te digo: Levntate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Y l se levant, y tomando al instante la camilla, sali a vista de todos, de manera que todos estaban asombrados, y glorificaban a Dios, diciendo: Jams hemos visto cosa semejante.
Y l sali de nuevo a la orilla del mar, y toda la multitud vena a l, y les enseaba.
Y al pasar, vio a Lev, [hijo] de Alfeo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo : Sgueme. Y levantndose, le sigui.
Y sucedi que estando Jess sentado [a la mesa] en casa de l, muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban comiendo con Jess y sus discpulos; porque haba muchos de ellos que le seguan.
Al ver los escribas de los fariseos que l coma con pecadores y recaudadores de impuestos, decan a sus discpulos: Por qu l come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores?
Al or [esto,] Jess les dijo : Los que estn sanos no tienen necesidad de mdico, sino los que estn enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
Los discpulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron y le dijeron : Por qu ayunan los discpulos de Juan y los discpulos de los fariseos, pero tus discpulos no ayunan?
Y Jess les dijo: Acaso pueden ayunar los acompaantes del novio mientras el novio est con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.
Pero vendrn das cuando el novio les ser quitado, y entonces ayunarn en aquel da.
Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, porque entonces el remiendo [al encogerse] tira de l, lo nuevo de lo viejo, y se produce una rotura peor.
Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romper el odre, y se pierde el vino [y tambin] los odres; sino que [se echa] vino nuevo en odres nuevos.
Y aconteci que un da de reposo Jess pasaba por los sembrados, y sus discpulos, mientras se abran paso, comenzaron a arrancar espigas.
Entonces los fariseos le decan: Mira, por qu hacen lo que no es lcito en el da de reposo?
Y l les dijo : Nunca habis ledo lo que David hizo cuando tuvo necesidad y sinti hambre, l y sus compaeros,
cmo entr en la casa de Dios en tiempos de Abiatar, [el] sumo sacerdote, y comi los panes consagrados que no es lcito [a nadie] comer, sino a los sacerdotes, y dio tambin a los que estaban con l?
Y l les deca: El da de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el da de reposo.
Por tanto, el Hijo del Hombre es Seor aun del da de reposo.
Otra vez entr [Jess] en una sinagoga; y haba all un hombre que tena una mano seca.
Y le observaban [para ver] si le sanaba en el da de reposo, para poder acusarle.
Y dijo al hombre que tena la mano seca: Levntate [y ponte aqu] en medio.
Entonces les dijo : Es lcito en el da de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar? Pero ellos guardaban silencio.
Y mirndolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y l la extendi, y su mano qued sana.
Pero cuando los fariseos salieron, enseguida [comenzaron a] tramar con los herodianos en contra de Jess, [para ver] cmo podran destruirle.
Jess se retir al mar con sus discpulos; y una gran multitud de Galilea [le] sigui; y [tambin] de Judea,
de Jerusaln, de Idumea, del otro lado del Jordn, y de los alrededores de Tiro y Sidn; una gran multitud, [que] al or todo lo que [Jess] haca, vino a l.
Y dijo a sus discpulos que le tuvieran lista una barca por causa de la multitud, para que no le oprimieran;
porque haba sanado a muchos, de manera que todos los que tenan aflicciones se le echaban encima para tocarle.
Y siempre que los espritus inmundos le vean, caan delante de l y gritaban, diciendo: T eres el Hijo de Dios.
Y les adverta con insistencia que no revelaran su identidad.
Y subi al monte, llam a los que l quiso, y ellos vinieron a l.
Y design a doce, para que estuvieran con l y para enviarlos a predicar,
y para que tuvieran autoridad de expulsar demonios.
Design a los doce: Simn (a quien puso por nombre Pedro),
Jacobo, [hijo] de Zebedeo, y Juan hermano de Jacobo (a quienes puso por nombre Boanerges, que significa, hijos del trueno);
Andrs, Felipe, Bartolom, Mateo, Toms, Jacobo, [hijo] de Alfeo, Tadeo, Simn el cananita;
y Judas Iscariote, el que tambin le entreg.
[Jess] lleg a una casa, y la multitud se junt de nuevo, a tal punto que ellos ni siquiera podan comer.
Cuando sus parientes oyeron [esto,] fueron para hacerse cargo de l, porque decan: Est fuera de s.
Y los escribas que haban descendido de Jerusaln decan: Tiene a Beelzeb; y: Expulsa los demonios por el prncipe de los demonios.
Y llamndolos junto a s, les hablaba en parbolas: Cmo puede Satans expulsar a Satans?
Y si un reino est dividido contra s mismo, ese reino no puede perdurar.
Y si una casa est dividida contra s misma, esa casa no podr permanecer.
Y si Satans se ha levantado contra s mismo y est dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.
Pero nadie puede entrar en la casa de un [hombre] fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata; entonces podr saquear su casa.
En verdad os digo que todos los pecados sern perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen,
pero cualquiera que blasfeme contra el Espritu Santo no tiene jams perdn, sino que es culpable de pecado eterno.
Porque decan: Tiene un espritu inmundo.
Entonces llegaron su madre y sus hermanos, y quedndose afuera, le mandaron llamar.
Y haba una multitud sentada alrededor de l, y le dijeron : He aqu, tu madre y tus hermanos estn afuera [y] te buscan.
Respondindoles l, dijo : Quines son mi madre y mis hermanos?
Y mirando en torno a los que estaban sentados en crculo, a su alrededor, dijo : He aqu mi madre y mis hermanos.
[Porque] cualquiera que hace la voluntad de Dios, se es mi hermano y mi hermana y mi madre.
Comenz a ensear de nuevo junto al mar; y se lleg a l una multitud tan grande que tuvo que subirse a una barca [que estaba] en el mar, y se sent; y toda la multitud estaba en tierra a la orilla del mar.
Les enseaba muchas cosas en parbolas; y les deca en su enseanza:
Od! He aqu, el sembrador sali a sembrar;
y aconteci que al sembrar, una parte [de la semilla] cay junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron.
Otra [parte] cay en un pedregal donde no tena mucha tierra; y enseguida brot por no tener profundidad de tierra.
Pero cuando sali el sol, se quem; y por no tener raz, se sec.
Otra [parte] cay entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.
Y otras [semillas] cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollndose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno.
Y l deca: El que tiene odos para or, que oiga.
Cuando se qued solo, sus seguidores junto con los doce, le preguntaban [sobre] las parbolas.
Y les deca: A vosotros os ha sido dado el misterio del reino de Dios, pero los que estn afuera reciben todo en parbolas;
para que VIENDO VEAN PERO NO PERCIBAN, Y OYENDO OIGAN PERO NO ENTIENDAN, NO SEA QUE SE CONVIERTAN Y SEAN PERDONADOS.
Y les dijo : No entendis esta parbola? Cmo, pues, comprenderis todas las parbolas?
El sembrador siembra la palabra.
Y stos son los que estn junto al camino donde se siembra la palabra, [aquellos] que en cuanto [la] oyen, al instante viene Satans y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos.
Y de igual manera, estos en que se sembr la semilla en pedregales son los que al or la palabra enseguida la reciben con gozo;
pero no tienen raz [profunda] en s mismos, sino que [slo] son temporales. Entonces, cuando viene la afliccin o la persecucin por causa de la palabra, enseguida tropiezan [y caen.]
Otros son aquellos en los que se sembr la semilla entre los espinos; stos son los que han odo la palabra,
pero las preocupaciones del mundo, y el engao de las riquezas, y los deseos de las dems cosas entran y ahogan la palabra, y se vuelve estril.
Y otros son aquellos en que se sembr la semilla en tierra buena; los cuales oyen la palabra, la aceptan y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por uno.
Y les deca: Acaso se trae una lmpara para ponerla debajo de un almud o debajo de la cama? No es para ponerla en el candelero?
Porque nada hay oculto, si no es para que sea manifestado; ni [nada] ha estado en secreto, sino para que salga a la luz.
Si alguno tiene odos para or, que oiga.
Tambin les deca: Cuidaos de lo que os. Con la medida con que midis, se os medir, y aun ms se os dar.
Porque al que tiene, se le dar [ms,] pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitar.
Deca tambin: El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra,
y se acuesta y se levanta, de noche y de da, y la semilla brota y crece; cmo, l no lo sabe.
La tierra produce fruto por s misma; primero la hoja, luego la espiga, y despus el grano maduro en la espiga.
Y cuando el fruto lo permite, l enseguida mete la hoz, porque ha llegado [el tiempo de] la siega.
Tambin deca: A qu compararemos el reino de Dios, o con qu parbola lo describiremos?
[Es] como un grano de mostaza, el cual, cuando se siembra en la tierra, aunque es ms pequeo que todas las semillas que hay en la tierra,
sin embargo, cuando es sembrado, crece y llega a ser ms grande que todas las hortalizas y echa grandes ramas, tanto que LAS AVES DEL CIELO pueden ANIDAR BAJO SU SOMBRA.
Con muchas parbolas como stas les hablaba la palabra, segn podan or[la;]
y sin parbolas no les hablaba, sino que lo explicaba todo en privado a sus propios discpulos.
Ese da, cada ya la tarde, les dijo : Pasemos al otro lado.
Despidiendo a la multitud, le llevaron con ellos en la barca, como estaba; y haba otras barcas con l.
Pero se levant una violenta tempestad, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya se anegaba la barca.
l estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; entonces le despertaron y le dijeron : Maestro, no te importa que perezcamos?
Y levantndose, reprendi al viento, y dijo al mar: Clmate, sosigate! Y el viento ces, y sobrevino una gran calma.
Entonces les dijo: Por qu estis amedrentados? Cmo no tenis fe?
Y se llenaron de gran temor, y se decan unos a otros: Quin, pues, es ste que aun el viento y el mar le obedecen?
Y llegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos.
Y cuando l sali de la barca, enseguida vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espritu inmundo
que tena su morada entre los sepulcros; y nadie poda ya atarlo ni aun con cadenas;
porque muchas veces haba sido atado con grillos y cadenas, pero l haba roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo.
Y siempre, noche y da, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hirindose con piedras.
Cuando vio a Jess de lejos, corri y se postr delante de l;
y gritando a gran voz, dijo : Qu tengo yo que ver contigo, Jess, Hijo del Dios Altsimo? Te imploro por Dios que no me atormentes.
Porque [Jess] le deca: Sal del hombre, espritu inmundo.
Y le pregunt: Cmo te llamas? Y l le dijo : Me llamo Legin, porque somos muchos.
Entonces le rogaba con insistencia que no los enviara fuera de la tierra.
Y haba all una gran piara de cerdos paciendo junto al monte.
Y [los demonios] le rogaron, diciendo: Envanos a los cerdos para que entremos en ellos.
Y l les dio permiso. Y saliendo los espritus inmundos, entraron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se precipit por un despeadero al mar, y en el mar se ahogaron.
Y los que cuidaban los cerdos huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y [la gente] vino a ver qu era lo que haba sucedido.
Y vinieron a Jess, y vieron al que haba estado endemoniado, sentado, vestido y en su cabal juicio, el [mismo] que haba tenido la legin; y tuvieron miedo.
Y los que lo haban visto les describieron cmo le haba sucedido [esto] al endemoniado, y lo de los cerdos.
Y comenzaron a rogarle que se fuera de su comarca.
Al entrar l en la barca, el que haba estado endemoniado le rogaba que le dejara acompaarle.
Pero [Jess] no se lo permiti, sino que le dijo : Vete a tu casa, a los tuyos, y cuntales cun grandes cosas el Seor ha hecho por ti, y [cmo] tuvo misericordia de ti.
Y l se fue, y empez a proclamar en Decpolis cun grandes cosas Jess haba hecho por l; y todos se quedaban maravillados.
Cuando Jess pas otra vez en la barca al otro lado, se reuni una gran multitud alrededor de l; y l se qued junto al mar.
Y vino uno de los oficiales de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle se postr a sus pies.
Y le rogaba con insistencia, diciendo: Mi hijita est al borde de la muerte; [te ruego] que vengas y pongas las manos sobre ella para que sane y viva.
[Jess] fue con l; y una gran multitud le segua y le oprima.
Y una mujer que haba tenido flujo de sangre por doce aos,
y haba sufrido mucho a manos de muchos mdicos, y haba gastado todo lo que tena sin provecho alguno, sino que al contrario, haba empeorado;
cuando oy hablar de Jess, se lleg [a l] por detrs entre la multitud y toc su manto.
Porque deca: Si tan slo toco sus ropas, sanar.
Al instante la fuente de su sangre se sec, y sinti en su cuerpo que estaba curada de su afliccin.
Y enseguida Jess, dndose cuenta de que haba salido poder de l, volvindose entre la gente, dijo: Quin ha tocado mi ropa?
Y sus discpulos le dijeron: Ves que la multitud te oprime, y dices: "Quin me ha tocado?"
Pero l miraba a su alrededor para ver a la [mujer] que le haba tocado.
Entonces la mujer, temerosa y temblando, dndose cuenta de lo que le haba sucedido, vino y se postr delante de l y le dijo toda la verdad.
Y [Jess] le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz y queda sana de tu afliccin.
Mientras estaba todava hablando, vinieron de [casa del] oficial de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto, para qu molestas an al Maestro?
Pero Jess, oyendo lo que se hablaba, dijo al oficial de la sinagoga: No temas, cree solamente.
Y no permiti que nadie fuera con l sino [slo] Pedro, Jacobo y Juan, el hermano de Jacobo.
Fueron a la casa del oficial de la sinagoga, y [Jess] vio el alboroto, y [a los que] lloraban y se lamentaban mucho.
Y entrando les dijo : Por qu hacis alboroto y lloris? La nia no ha muerto, sino que est dormida.
Y se burlaban de l. Pero l, echando fuera a todos, tom consigo al padre y a la madre de la nia, y a los que estaban con l, y entr donde estaba la nia.
Y tomando a la nia por la mano, le dijo : Talita cumi (que traducido significa: Nia, a ti te digo, levntate!).
Al instante la nia se levant y [comenz a] caminar, pues tena doce aos. Y al momento se quedaron completamente atnitos.
Entonces les dio rdenes estrictas de que nadie se enterara de esto; y dijo que le dieran de comer a la nia.
l se march de all y lleg a su pueblo; y sus discpulos le siguieron .
Cuando lleg el da de reposo comenz a ensear en la sinagoga; y muchos que [le] escuchaban se asombraban, diciendo: Dnde [obtuvo] ste tales cosas, y cul es [esta] sabidura [que] le ha sido dada, y estos milagros que hace con sus manos?
No es ste el carpintero, el hijo de Mara, y hermano de Jacobo, Jos, Judas y Simn? No estn sus hermanas aqu con nosotros? Y se escandalizaban a causa de l.
Y Jess les dijo: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.
Y no pudo hacer all ningn milagro; slo san a unos pocos enfermos sobre los cuales puso sus manos.
Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y recorra las aldeas de alrededor enseando.
Entonces llam a los doce y comenz a enviarlos de dos en dos, dndoles autoridad sobre los espritus inmundos;
y les orden que no llevaran nada para el camino, sino slo un bordn; ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinto;
sino calzados con sandalias. No llevis dos tnicas
-- les dijo -- y dondequiera que entris en una casa, quedaos all hasta que salgis de la poblacin.
Y en cualquier lugar que no os reciban ni os escuchen, al salir de all, sacudid el polvo de la planta de vuestros pies en testimonio contra ellos.
Y saliendo, predicaban que [todos] se arrepintieran.
Y echaban fuera muchos demonios, y ungan con aceite a muchos enfermos y los sanaban.
El rey Herodes se enter [de esto,] pues el nombre de Jess se haba hecho clebre, y la [gente] deca: Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, por eso es que estos poderes milagrosos actan en l.
Pero otros decan: Es Elas. Y decan otros: [Es] un profeta, como uno de los profetas [antiguos].
Y al or [esto] Herodes, deca: Juan, a quien yo decapit, ha resucitado.
Porque Herodes mismo haba enviado a prender a Juan y lo haba encadenado en la crcel por causa de Herodas, mujer de su hermano Felipe, pues [Herodes] se haba casado con ella.
Porque Juan le deca a Herodes: No te es lcito tener la mujer de tu hermano.
Y Herodas le tena rencor y deseaba matarlo, pero no poda,
porque Herodes tema a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo mantena protegido. Y cuando le oa se quedaba muy perplejo, pero le gustaba escucharlo.
Pero lleg un da oportuno, cuando Herodes, siendo su cumpleaos, ofreci un banquete a sus nobles y comandantes y a los principales de Galilea;
y cuando la hija misma de Herodas entr y danz, agrad a Herodes y a los que se sentaban [a la mesa] con l; y el rey dijo a la muchacha: Pdeme lo que quieras y te lo dar.
Y le jur: Te dar lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.
Ella sali y dijo a su madre: Qu pedir? Y ella le respondi: La cabeza de Juan el Bautista.
Enseguida ella se present apresuradamente ante el rey con su peticin, diciendo: Quiero que me des ahora mismo la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja.
Y aunque el rey se puso muy triste, sin embargo a causa de [sus] juramentos y de los que se sentaban con l [a la mesa,] no quiso desairarla.
Y al instante el rey envi a un verdugo y [le] orden que trajera la cabeza de Juan. Y l fue y lo decapit en la crcel,
y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
Cuando sus discpulos oyeron [esto,] fueron y se llevaron el cuerpo y le dieron sepultura.
Los apstoles se reunieron con Jess, y le informaron sobre todo lo que haban hecho y enseado.
Y l les dijo : Venid, apartaos de los dems a un lugar solitario y descansad un poco. (Porque haba muchos que iban y venan, y ellos no tenan tiempo ni siquiera para comer.)
Y se fueron en la barca a un lugar solitario, apartado.
Pero [la gente] los vio partir, y muchos [los] reconocieron y juntos corrieron all a pie de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos.
Al desembarcar, l vio una gran multitud, y tuvo compasin de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y comenz a ensearles muchas cosas.
Y cuando era ya muy tarde, sus discpulos se le acercaron, diciendo: El lugar est desierto y ya es muy tarde;
despdelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y se compren algo de comer.
Pero respondiendo l, les dijo: Dadles vosotros de comer. Y ellos le dijeron : [Quieres] que vayamos y compremos doscientos denarios de pan y les demos de comer?
Y l les dijo : Cuntos panes tenis? Id y ved. Y cuando se cercioraron le dijeron : Cinco, y dos peces.
Y les mand que todos se recostaran por grupos sobre la hierba verde.
Y se recostaron por grupos de cien y de cincuenta.
Entonces l tom los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, [los] bendijo, y parti los panes [y los] iba dando a los discpulos para que se los sirvieran; tambin reparti los dos peces entre todos.
Todos comieron y se saciaron.
Y recogieron doce cestas llenas de los pedazos, y tambin de los peces.
Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.
Enseguida hizo que sus discpulos subieran a la barca y fueran delante de [l] al otro lado, a Betsaida, mientras l despeda a la multitud.
Y despus de despedirse de ellos, se fue al monte a orar.
Al anochecer, la barca estaba en medio del mar, y l [estaba] solo en tierra.
Y al verlos remar fatigados, porque el viento les era contrario, como a la cuarta vigilia de la noche, fue hacia ellos andando sobre el mar, y quera pasarles de largo.
Pero cuando ellos le vieron andando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar;
porque todos le vieron y se turbaron. Pero enseguida l habl con ellos y les dijo : Tened nimo; soy yo, no temis!
Y subi con ellos a la barca, y el viento se calm; y ellos estaban asombrados en gran manera,
porque no haban entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.
Terminada la travesa, llegaron a tierra en Genesaret, y atracaron.
Cuando salieron de la barca, enseguida [la gente] reconoci a Jess,
y recorrieron apresuradamente toda aquella comarca, y comenzaron a traer a los enfermos en sus camillas adonde oan [decir] que l estaba.
Y dondequiera que l entraba en aldeas, ciudades o campos, ponan a los enfermos en las plazas, y le rogaban que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que lo tocaban quedaban curados.
Los fariseos, y algunos de los escribas que haban venido de Jerusaln, se reunieron alrededor de l;
y vieron que algunos de sus discpulos coman el pan con manos inmundas, es decir, sin lavar.
(Porque los fariseos y todos los judos no comen a menos de que se laven las manos cuidadosamente, observando [as] la tradicin de los ancianos;
y [cuando vuelven] de la plaza, no comen a menos de que se laven; y hay muchas otras cosas que han recibido para observar[las,] como el lavamiento de los vasos, de los cntaros y de las vasijas de cobre.)
Entonces los fariseos y los escribas le preguntaron : Por qu tus discpulos no andan conforme a la tradicin de los ancianos, sino que comen con manos inmundas?
Y l les dijo: Bien profetiz Isaas de vosotros, hipcritas, como est escrito: "ESTE PUEBLO CON LOS LABIOS ME HONRA, PERO SU CORAZN EST MUY LEJOS DE M.
"MAS EN VANO ME RINDEN CULTO, ENSEANDO COMO DOCTRINAS PRECEPTOS DE HOMBRES."
Dejando el mandamiento de Dios, os aferris a la tradicin de los hombres.
Tambin les deca: Astutamente violis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradicin.
Porque Moiss dijo: "HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE"; y: "EL QUE HABLE MAL DE [su] PADRE O DE [su] MADRE, QUE MUERA;"
pero vosotros decs: "Si un hombre dice al padre o a la madre: 'Cualquier cosa ma con que pudieras beneficiarte es corbn (es decir, ofrenda [a Dios])'";
ya no le dejis hacer nada en favor de [su] padre o de [su] madre;
invalidando [as] la palabra de Dios por vuestra tradicin, la cual habis transmitido, y hacis muchas cosas semejantes a stas.
Y llamando de nuevo a la multitud, les deca: Escuchadme todos y entended:
no hay nada fuera del hombre que al entrar en l pueda contaminarlo; sino que lo que sale de adentro del hombre es lo que contamina al hombre.
Si alguno tiene odos para or, que oiga.
Y cuando dej a la multitud y entr en la casa, sus discpulos le preguntaron acerca de la parbola.
Y l les dijo : Tambin vosotros sois tan faltos de entendimiento? No comprendis que todo lo que de afuera entra al hombre no le puede contaminar,
porque no entra en su corazn, sino en el estmago, y se elimina? (Declarando [as] limpios todos los alimentos.)
Y deca: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
Porque de adentro, del corazn de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios,
avaricias, maldades, engaos, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez.
Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre.
Levantndose de all, se fue a la regin de Tiro, y entrando en una casa, no quera que nadie [lo] supiera, pero no pudo pasar inadvertido;
sino que enseguida, al or [hablar] de l, una mujer cuya hijita tena un espritu inmundo, fue y se postr a sus pies.
La mujer era gentil, sirofenicia de nacimiento; y le rogaba que echara fuera de su hija al demonio.
Y l le deca: Deja que primero los hijos se sacien, pues no est bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.
Pero ella respondi y le dijo : Es cierto, Seor; [pero] aun los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos.
Y l le dijo: Por esta respuesta, vete; el demonio ha salido de tu hija.
Cuando ella volvi a su casa, hall que la nia estaba acostada en la cama, y que el demonio haba salido.
Volviendo a salir de la regin de Tiro, pas por Sidn y [lleg] al mar de Galilea, atravesando la regin de Decpolis.
Y le trajeron a uno que era sordo y que hablaba con dificultad, y le rogaron que pusiera la mano sobre l.
Entonces [Jess,] tomndolo aparte de la multitud, a solas, le meti los dedos en los odos, y escupiendo, le toc la lengua [con la saliva;]
y levantando los ojos al cielo, suspir profundamente y le dijo : Effat!, esto es: brete!
Y al instante se abrieron sus odos, y desapareci el impedimento de su lengua, y hablaba con claridad.
Y [Jess] les orden que a nadie se lo dijeran; pero mientras ms se lo ordenaba, tanto ms ellos lo proclamaban.
Y se asombraron en gran manera, diciendo: Todo lo ha hecho bien; aun a los sordos hace or y a los mudos hablar.
En aquellos das, cuando de nuevo haba una gran multitud que no tena qu comer, [Jess] llam a sus discpulos y les dijo :
Tengo compasin de la multitud porque hace ya tres das que estn conmigo y no tienen qu comer;
y si los despido sin comer a sus casas, desfallecern en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.
Sus discpulos le respondieron: Dnde podr alguien [encontrar lo suficiente para] saciar de pan a stos aqu en el desierto?
Y l les pregunt: Cuntos panes tenis? Y ellos respondieron: Siete.
Entonces mand a la multitud que se recostara en el suelo; y tomando los siete panes, despus de dar gracias, [los] parti y [los] iba dando a sus discpulos para que los pusieran delante [de la gente;] y ellos [los] sirvieron a la multitud.
Tambin tenan unos pocos pececillos; y despus de bendecirlos, mand que stos tambin los sirvieran.
[Todos] comieron y se saciaron; y recogieron de lo que sobr de los pedazos, siete canastas.
[Los que comieron] eran unos cuatro mil; y los despidi.
Y subiendo enseguida a la barca con sus discpulos, fue a la regin de Dalmanuta.
Entonces salieron los fariseos y comenzaron a discutir con l, buscando de l una seal del cielo para ponerle a prueba.
Suspirando profundamente en su espritu, dijo : Por qu pide seal esta generacin? En verdad os digo que no se le dar seal a esta generacin.
Y dejndolos, se embarc otra vez y se fue al otro lado.
Y se haban olvidado de tomar panes; y no tenan consigo en la barca sino slo un pan.
Y l les encargaba diciendo: Tened cuidado! Guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.
Y ellos discutan entre s que no tenan panes.
Dndose cuenta Jess, les dijo : Por qu discuts que no tenis pan? An no comprendis ni entendis? Tenis el corazn endurecido?
TENIENDO OJOS, NO VEIS? Y TENIENDO ODOS, NO OS? No recordis
cuando part los cinco panes entre los cinco mil? Cuntas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos le dijeron : Doce.
Y cuando [part] los siete [panes] entre los cuatro mil, cuntas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos le dijeron : Siete.
Y les dijo: An no entendis?
Llegaron a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaron que lo tocara.
Tomando de la mano al ciego, lo sac fuera de la aldea; y despus de escupir en sus ojos y de poner las manos sobre l, le pregunt: Ves algo?
Y levantando la vista, dijo: Veo a los hombres, pero [los] veo como rboles que caminan.
Entonces [Jess] puso otra vez las manos sobre sus ojos, y l mir fijamente y fue restaurado; y lo vea todo con claridad.
Y lo envi a su casa diciendo: Ni aun en la aldea entres.
Sali Jess con sus discpulos a las aldeas de Cesarea de Filipo; y en el camino pregunt a sus discpulos, dicindoles: Quin dicen los hombres que soy yo?
Y le respondieron, diciendo: [Unos,] Juan el Bautista; y otros Elas; pero otros, uno de los profetas.
l les pregunt [de nuevo:] Pero vosotros, quin decs que soy yo? Respondiendo Pedro, le dijo : T eres el Cristo.
Y l les advirti severamente que no hablaran de l a nadie.
Y comenz a ensearles que el Hijo del Hombre deba padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y despus de tres das resucitar.
Y les deca estas palabras claramente. Y Pedro le llev aparte y comenz a reprenderlo.
Mas l volvindose y mirando a sus discpulos, reprendi a Pedro y le dijo : Qutate de delante de m, Satans!, porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres.
Y llamando a la multitud y a sus discpulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, tome su cruz, y sgame.
Porque el que quiera salvar su vida, la perder; pero el que pierda su vida por causa de m y del evangelio, la salvar.
Pues, de qu le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?
Pues qu dar un hombre a cambio de su alma?
Porque cualquiera que se avergence de m y de mis palabras en esta generacin adltera y pecadora, el Hijo del Hombre tambin se avergonzar de l, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ngeles.
Y les deca: En verdad os digo que hay algunos de los que estn aqu que no probarn la muerte hasta que vean el reino de Dios despus de que haya venido con poder.
Seis das despus, Jess tom consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llev aparte, solos, a un monte alto; y se transfigur delante de ellos;
y sus vestiduras se volvieron resplandecientes, muy blancas, tal como ningn lavandero sobre la tierra las puede emblanquecer.
Y se les apareci Elas junto con Moiss, y estaban hablando con Jess.
Entonces Pedro, interviniendo, dijo a Jess: Rab, bueno es estarnos aqu; hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moiss y otra para Elas.
Porque l no saba qu decir, pues estaban aterrados.
Entonces se form una nube, cubrindolos, y una voz sali de la nube: ste es mi Hijo amado, a l od.
Y enseguida miraron en derredor, pero ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jess solo.
Cuando bajaban del monte, les orden que no contaran a nadie lo que haban visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos.
Y se guardaron para s lo dicho, discutiendo entre s qu significara resucitar de entre los muertos.
Y le preguntaron, diciendo: Por qu dicen los escribas que Elas debe venir primero?
Y l les dijo: Es cierto que Elas, al venir primero, restaurar todas las cosas. Y, [sin embargo,] cmo est escrito del Hijo del Hombre que padezca mucho y sea despreciado?
Pero yo os digo que Elas ya ha venido, y le hicieron cuanto quisieron, tal como est escrito de l.
Cuando volvieron a los discpulos, vieron una gran multitud que les rodeaba, y a unos escribas que discutan con ellos.
Enseguida, cuando toda la multitud vio a Jess, qued sorprendida, y corriendo hacia l, le saludaban.
Y l les pregunt: Qu discuts con ellos?
Y uno de la multitud le respondi: Maestro, te traje a mi hijo que tiene un espritu mudo,
y siempre que se apodera de l, lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes y se va consumiendo. Y dije a tus discpulos que lo expulsaran, pero no pudieron.
Respondindoles [Jess,] dijo : Oh generacin incrdula! Hasta cundo estar con vosotros? Hasta cundo os tendr que soportar? Tradmelo!
Y se lo trajeron. Y cuando el espritu vio a Jess, al instante sacudi con violencia al muchacho, y [ste,] cayendo a tierra, se revolcaba echando espumarajos.
[Jess] pregunt al padre: Cunto tiempo hace que le sucede esto? Y l respondi: Desde su niez.
Y muchas veces lo ha echado en el fuego y tambin en el agua para destruirlo. Pero si t puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y aydanos.
Jess le dijo: "[Cmo] si t puedes?" Todas las cosas son posibles para el que cree.
Al instante el padre del muchacho grit y dijo: Creo; ayda[me en] mi incredulidad.
Cuando Jess vio que se agolpaba una multitud, reprendi al espritu inmundo, dicindole: Espritu mudo y sordo, yo te ordeno: Sal de l y no vuelvas a entrar en l.
Y despus de gritar y de sacudirlo con terribles convulsiones, sali: y [el muchacho] qued como muerto, tanto, que la mayora [de ellos] decan: Est muerto!
Pero Jess, tomndolo de la mano, lo levant, y l se puso en pie.
Cuando entr [Jess] en [la] casa, sus discpulos le preguntaban en privado: Por qu nosotros no pudimos echarlo fuera?
Y l les dijo: Esta clase con nada puede salir, sino con oracin.
Saliendo de all, iban pasando por Galilea, y l no quera que nadie [lo] supiera.
Porque enseaba a sus discpulos, y les deca: El Hijo del Hombre ser entregado en manos de los hombres y le matarn; y despus de muerto, a los tres das resucitar.
Pero ellos no entendan lo que deca, y tenan miedo de preguntarle.
Y llegaron a Capernam; y estando ya en la casa, les preguntaba: Qu discutais por el camino?
Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino haban discutido entre s quin [de ellos era] el mayor.
Sentndose, llam a los doce y les dijo : Si alguno desea ser el primero, ser el ltimo de todos y el servidor de todos.
Y tomando a un nio, lo puso en medio de ellos; y tomndolo en sus brazos les dijo:
El que reciba a un nio como ste en mi nombre, a m me recibe; y el que me recibe a m, no me recibe a m, sino a aquel que me envi.
Juan le dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedrselo, porque no nos segua.
Pero Jess dijo: No se lo impidis, porque no hay nadie que haga un milagro en mi nombre, y que pueda enseguida hablar mal de m.
Pues el que no est contra nosotros, por nosotros est.
Porque cualquiera que os d de beber un vaso de agua, por razn de vuestro nombre, ya que sois [seguidores] de Cristo, en verdad os digo que no perder su recompensa.
Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeitos que creen en m, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de [las que mueve un] asno, y lo hubieran echado al mar.
Y si tu mano te es ocasin de pecar, crtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego inextinguible,
donde EL GUSANO DE ELLOS NO MUERE, Y EL FUEGO NO SE APAGA.
Y si tu pie te es ocasin de pecar, crtalo; te es mejor entrar cojo a la vida, que teniendo los dos pies ser echado al infierno,
donde EL GUSANO DE ELLOS NO MUERE, Y EL FUEGO NO SE APAGA.
Y si tu ojo te es ocasin de pecar, scatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno,
donde EL GUSANO DE ELLOS NO MUERE, Y EL FUEGO NO SE APAGA.
Porque todos sern salados con fuego.
La sal es buena; pero si la sal se vuelve inspida, con qu la sazonaris? Tened sal en vosotros y estad en paz los unos con los otros.
Levantndose de all, [Jess] se fue a la regin de Judea y al otro lado del Jordn; y se reunieron de nuevo las multitudes junto a l, y una vez ms, como acostumbraba, les enseaba.
Y se le acercaron [algunos] fariseos, [y] para ponerle a prueba, le preguntaban si era lcito a un hombre divorciarse de su mujer.
Y respondiendo l, les dijo: Qu os mand Moiss?
Y ellos dijeron: Moiss permiti [al hombre] escribir CARTA DE DIVORCIO Y REPUDIAR [la].
Pero Jess les dijo: Por la dureza de vuestro corazn os escribi este mandamiento.
Pero desde el principio de la creacin, [Dios] LOS HIZO VARN Y HEMBRA.
POR ESTA RAZN EL HOMBRE DEJAR A SU PADRE Y A SU MADRE,
Y LOS DOS SERN UNA SOLA CARNE; por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne.
Por tanto, lo que Dios ha unido, ningn hombre lo separe.
Y [ya] en la casa, los discpulos volvieron a preguntarle sobre esto.
Y l les dijo : Cualquiera que se divorcie de su mujer y se case con otra, comete adulterio contra ella;
y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.
Y le traan nios para que los tocara; y los discpulos los reprendieron.
Pero cuando Jess vio esto, se indign y les dijo: Dejad que los nios vengan a m; no se lo impidis, porque de los que son como stos es el reino de Dios.
En verdad os digo: el que no reciba el reino de Dios como un nio, no entrar en l.
Y tomndolos en sus brazos, los bendeca, poniendo las manos sobre ellos.
Cuando sala para seguir su camino, vino uno corriendo, y arrodillndose delante de l, le pregunt: Maestro bueno, qu har para heredar la vida eterna?
Y Jess le dijo: Por qu me llamas bueno? Nadie es bueno, sino slo uno, Dios.
T sabes los mandamientos: "NO MATES, NO COMETAS ADULTERIO, NO HURTES, NO DES FALSO TESTIMONIO, no defraudes, HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE".
Y l le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.
Jess, mirndolo, lo am y le dijo: Una cosa te falta: ve [y] vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrs tesoro en el cielo; y ven, sgueme.
Pero l, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueo de muchos bienes.
Jess, mirando en derredor, dijo a sus discpulos: Qu difcil ser para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios!
Y los discpulos se asombraron de sus palabras. Pero Jess respondiendo de nuevo, les dijo : Hijos, qu difcil es entrar en el reino de Dios!
Es ms fcil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios.
Ellos se asombraron an ms, diciendo entre s: Y quin podr salvarse?
Mirndolos Jess, dijo : Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios.
[Entonces] Pedro comenz a decirle: He aqu, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
Jess dijo: En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de m y por causa del evangelio,
que no reciba cien veces ms ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna.
Pero muchos primeros sern ltimos, y los ltimos, primeros.
E iban por el camino subiendo a Jerusaln, y Jess iba delante de ellos; y estaban perplejos, y los que le seguan tenan miedo. Y tomando aparte de nuevo a los doce, comenz a decirles lo que le iba a suceder:
He aqu, subimos a Jerusaln, y el Hijo del Hombre ser entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarn a muerte y le entregarn a los gentiles.
Y se burlarn de l y le escupirn, le azotarn y le matarn, y tres das despus resucitar.
Y se le acercaron Jacobo y Juan, los dos hijos de Zebedeo, dicindole: Maestro, queremos que hagas por nosotros lo que te pidamos.
Y l les dijo: Qu queris que haga por vosotros?
Ellos le dijeron: Concdenos que en tu gloria nos sentemos uno a tu derecha y el otro a [tu] izquierda.
Pero Jess les dijo: No sabis lo que peds. Podis beber la copa que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que soy bautizado?
Y ellos le dijeron: Podemos. Y Jess les dijo: La copa que yo bebo, beberis; y seris bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado.
Pero el que os sentis a mi derecha o a [mi] izquierda, no es mo el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado.
Al or [esto,] los diez comenzaron a indignarse contra Jacobo y Juan.
Y llamndolos junto a s, Jess les dijo : Sabis que los que son reconocidos como gobernantes de los gentiles se enseorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos.
Pero entre vosotros no es as, sino que cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande ser vuestro servidor,
y cualquiera de vosotros que desee ser el primero ser siervo de todos.
Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Entonces llegaron a Jeric. Y cuando sala de Jeric con sus discpulos y una gran multitud, un mendigo ciego [llamado] Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino.
Y cuando oy que era Jess el Nazareno, comenz a gritar y a decir: Jess, Hijo de David, ten misericordia de m!
Y muchos lo reprendan para que se callara, pero l gritaba mucho ms: Hijo de David, ten misericordia de m!
Y Jess se detuvo y dijo: Llamadle. Y llamaron al ciego, dicindole: Anmate! Levntate, [que] te llama.
Y arrojando su manto, se levant de un salto y fue a Jess.
Y dirigindose a l, Jess [le] dijo: Qu deseas que haga por ti? Y el ciego le respondi: Rabon, que recobre la vista.
Y Jess le dijo: Vete, tu fe te ha sanado. Y al instante recobr la vista, y le segua por el camino.
Cuando se acercaban a Jerusaln, por Betfag y Betania, cerca del monte de los Olivos, envi a dos de sus discpulos,
y les dijo : Id a la aldea enfrente de vosotros, y tan pronto como entris en ella, encontraris un pollino atado en el cual nadie se ha montado todava; desatadlo y traedlo.
Y si alguien os dice: "Por qu hacis eso?" decid: "El Seor lo necesita"; y enseguida lo devolver ac.
Ellos fueron y encontraron un pollino atado junto a la puerta, afuera en la calle, y lo desataron .
Y algunos de los que estaban all les dijeron: Qu hacis desatando el pollino?
Ellos les respondieron tal como Jess [les] haba dicho, y les dieron permiso.
Entonces trajeron el pollino a Jess y echaron encima sus mantos, y [Jess] se sent sobre l.
Y muchos tendieron sus mantos en el camino, y otros [tendieron] ramas que haban cortado de los campos.
Los que iban delante y los que le seguan, gritaban: Hosanna! BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEOR;
Bendito el reino de nuestro padre David que viene; Hosanna en las alturas!
Y entr en Jerusaln, [lleg] al templo, y despus de mirar todo a su alrededor, sali para Betania con los doce, siendo ya avanzada la hora.
Al da siguiente, cuando salieron de Betania, [Jess] tuvo hambre.
Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue [a ver] si quiz pudiera hallar algo en ella; cuando lleg a ella, no encontr ms que hojas, porque no era tiempo de higos.
Y [Jess,] hablando [a la higuera,] le dijo: Nunca jams coma nadie fruto de ti. Y sus discpulos [le] estaban escuchando.
Llegaron a Jerusaln; y entrando [Jess] en el templo comenz a echar fuera a los que vendan y compraban en el templo, volc las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendan las palomas;
y no permita que nadie transportara objeto alguno a travs del templo.
Y les enseaba, diciendo: No est escrito: "MI CASA SER LLAMADA CASA DE ORACIN PARA TODAS LAS NACIONES"? Pero vosotros la habis hecho CUEVA DE LADRONES.
Los principales sacerdotes y los escribas oyeron [esto] y buscaban cmo destruirle, porque le tenan miedo, pues toda la multitud estaba admirada de su enseanza.
Y cuando atardeca, solan salir fuera de la ciudad.
Por la maana, cuando pasaban, vieron la higuera seca desde las races.
Entonces Pedro, acordndose, le dijo : Rab, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
Y Jess respondi , dicindoles: Tened fe en Dios.
En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: "Qutate y arrjate al mar", y no dude en su corazn, sino crea que lo que dice va a suceder, le ser [concedido.]
Por eso os digo que todas las cosas por las que oris y pidis, creed que [ya las] habis recibido, y os sern [concedidas].
Y cuando estis orando, perdonad si tenis algo contra alguien, para que tambin vuestro Padre que est en los cielos os perdone vuestras transgresiones.
Pero si vosotros no perdonis, tampoco vuestro Padre que est en los cielos perdonar vuestras transgresiones.
Llegaron de nuevo a Jerusaln; y cuando [Jess] andaba por el templo, se le acercaron los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,
y le dijeron: Con qu autoridad haces estas cosas, o quin te dio la autoridad para hacer esto?
Y Jess les dijo: Yo [tambin] os har una pregunta; responddme[la,] y [entonces] os dir con qu autoridad hago estas cosas.
El bautismo de Juan, era del cielo o de los hombres? Respondedme.
Y ellos discurran entre s, diciendo: Si decimos: "Del cielo", l dir: "Entonces, por qu no le cresteis?"
Mas si decimos: "De los hombres"? [Pero] teman a la multitud, porque todos consideraban que Juan verdaderamente haba sido un profeta.
Y respondiendo a Jess, dijeron : No sabemos. Y Jess les dijo : Tampoco yo os dir con qu autoridad hago estas cosas.
Entonces comenz a hablarles en parbolas: Un hombre PLANT UNA VIA Y LA CERC CON UN MURO, CAV UN ESTANQUE DEBAJO DEL LAGAR Y EDIFIC UNA TORRE; la arrend a labradores y se fue de viaje.
Al tiempo [de la vendimia] envi un siervo a los labradores para recibir de los labradores [su parte] de los frutos de la via.
Pero ellos, echndole mano, lo golpearon y lo enviaron con las manos vacas.
De nuevo les mand otro siervo, y a l lo hirieron en la cabeza y lo trataron vergonzosamente.
Y envi a otro y a ste lo mataron; y [as con] otros muchos, golpeando a unos y matando a otros.
Todava le quedaba uno, un hijo amado; y les envi a este ltimo, diciendo: "Respetarn a mi hijo."
Pero aquellos labradores se dijeron entre s: "ste es el heredero; venid, matmosle, y la heredad ser nuestra!"
Y echndole mano, lo mataron y lo arrojaron fuera de la via.
Qu har, entonces, el dueo de la via? Vendr y destruir a los labradores, y dar la via a otros.
Ni aun esta Escritura habis ledo: "LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS CONSTRUCTORES, SA, EN PIEDRA ANGULAR SE HA CONVERTIDO;
ESTO FUE HECHO DE PARTE DEL SEOR, Y ES MARAVILLOSO A NUESTROS OJOS"?
Y procuraban prenderle, pero teman a la multitud, porque comprendieron que contra ellos haba dicho la parbola. Y dejndole, se fueron.
Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos para sorprenderle en [alguna] palabra.
Y cuando ellos llegaron , le dijeron : Maestro, sabemos que eres veraz y que no buscas el favor de nadie, porque eres imparcial, y enseas el camino de Dios con verdad. Es lcito pagar impuesto al Csar, o no?
Pagaremos o no pagaremos? Pero l, dndose cuenta de su hipocresa, les dijo: Por qu me estis poniendo a prueba? Traedme un denario para verlo.
[Se lo] trajeron, y l les dijo : De quin es esta imagen y la inscripcin? Y ellos le dijeron: Del Csar.
Entonces Jess les dijo: Dad al Csar lo que es del Csar, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaban de l.
Y [algunos] saduceos (los que dicen que no hay resurreccin) se le acercaron , y le preguntaban, diciendo:
Maestro, Moiss nos dej escrito: SI EL HERMANO DE ALGUNO MUERE y deja mujer Y NO DEJA HIJO, que SU HERMANO TOME LA MUJER Y LEVANTE DESCENDENCIA A SU HERMANO.
Hubo siete hermanos; y el primero tom esposa, y muri sin dejar descendencia.
Y el segundo la tom, y muri sin dejar descendencia; y asimismo el tercero;
[y as] los siete, sin dejar descendencia. Y por ltimo muri tambin la mujer.
En la resurreccin, cuando resuciten, de cul de ellos ser mujer? Pues los siete la tuvieron por mujer.
Jess les dijo: No es sta la razn por la que estis equivocados: que no entendis las Escrituras ni el poder de Dios?
Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarn ni sern dados en matrimonio, sino que sern como los ngeles en los cielos.
Y en cuanto a que los muertos resucitan, no habis ledo en el libro de Moiss, [en el pasaje] sobre la zarza [ardiendo,] cmo Dios le habl, diciendo: "YO SOY EL DIOS DE ABRAHAM, Y EL DIOS DE ISAAC, Y EL DIOS DE JACOB"?
l no es Dios de muertos, sino de vivos; vosotros estis muy equivocados.
Cuando uno de los escribas se acerc, los oy discutir, y reconociendo que les haba contestado bien, le pregunt: Cul mandamiento es el ms importante de todos?
Jess respondi: El ms importante es: "ESCUCHA, ISRAEL; EL SEOR NUESTRO DIOS, EL SEOR UNO ES;
Y AMARS AL SEOR TU DIOS CON TODO TU CORAZN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE, Y CON TODA TU FUERZA."
El segundo es ste: "AMARS A TU PRJIMO COMO A TI MISMO." No hay otro mandamiento mayor que stos.
Y el escriba le dijo: Muy bien, Maestro; con verdad has dicho que L ES UNO, Y NO HAY OTRO ADEMS DE L;
Y QUE AMARLE CON TODO EL CORAZN Y CON TODO EL ENTENDIMIENTO Y CON TODAS LAS FUERZAS, Y AMAR AL PRJIMO COMO A UNO MISMO, es ms que todos los holocaustos y los sacrificios.
Viendo Jess que l haba respondido sabiamente, le dijo: No ests lejos del reino de Dios. Y despus de eso, nadie se aventuraba a hacerle ms preguntas.
Y tomando la palabra, Jess deca mientras enseaba en el templo: Por qu dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?
David mismo dijo por el Espritu Santo: "EL SEOR DIJO A MI SEOR: 'SINTATE A MI DIESTRA, HASTA QUE PONGA A TUS ENEMIGOS DEBAJO DE TUS PIES.'"
David mismo le llama "Seor." En qu sentido es, pues, su hijo? Y la gran multitud le escuchaba con gusto.
Y en su enseanza les deca: Cuidaos de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y [aman] los saludos respetuosos en las plazas,
los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes;
que devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones; stos recibirn mayor condenacin.
[Jess] se sent frente al [arca del] tesoro, y observaba cmo la multitud echaba dinero en el [arca del] tesoro; y muchos ricos echaban grandes cantidades.
Y lleg una viuda pobre y ech dos pequeas monedas de cobre, o sea, un cuadrante.
Y llamando a sus discpulos, les dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre ech ms que todos los contribuyentes al tesoro;
porque todos ellos echaron de lo que les sobra, pero ella, de su pobreza ech todo lo que posea, todo lo que tena para vivir.
Cuando sala del templo, uno de sus discpulos le dijo : Maestro, mira qu piedras y qu edificios!
Y Jess le dijo: Ves estos grandes edificios? No quedar piedra sobre piedra que no sea derribada.
Y estando l sentado en el monte de los Olivos, frente al templo, Pedro, Jacobo, Juan y Andrs le preguntaban en privado:
Dinos, cundo suceder esto, y qu seal [habr] cuando todas estas cosas se hayan de cumplir?
Y Jess comenz a decirles: Mirad que nadie os engae.
Muchos vendrn en mi nombre diciendo: "Yo soy [el Cristo]", y engaarn a muchos.
Y cuando oigis de guerras y de rumores de guerras, no os alarmis; es necesario que [todo esto] suceda, pero todava no [es] el fin.
Porque se levantar nacin contra nacin, y reino contra reino; y habr terremotos en diversos lugares; y habr hambres. Esto [slo] es [el] comienzo de dolores.
Pero estad alerta; porque os entregarn a los tribunales y seris azotados en las sinagogas, y compareceris delante de gobernadores y reyes por mi causa, para testimonio a ellos.
Pero primero el evangelio debe ser predicado a todas las naciones.
Y cuando os lleven y os entreguen, no os preocupis de antemano por lo que vais a decir, sino que lo que os sea dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que hablis, sino el Espritu Santo.
Y el hermano entregar a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarn contra los padres, y les causarn la muerte.
Y seris odiados de todos por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, se ser salvo.
Mas cuando veis la ABOMINCACIN DE LA DESOLACIN puesta donde no debe estar (el que lea, que entienda), entonces los que estn en Judea huyan a los montes;
y el que est en la azotea, no baje ni entre a sacar nada de su casa;
y el que est en el campo, no vuelva atrs a tomar su capa.
Pero, ay de las que estn encinta y de las que estn criando en aquellos das!
Orad para que esto no suceda en el invierno.
Porque aquellos das sern [de] tribulacin, tal como no ha acontecido desde el principio de la creacin que hizo Dios hasta ahora, ni acontecer jams.
Y si el Seor no hubiera acortado aquellos das, nadie se salvara; pero por causa de los escogidos que l eligi, acort los das.
Entonces, si alguno os dice: "Mirad, aqu [est] el Cristo", o: "Mirad, all [est]", no [le] creis.
Porque se levantarn falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarn seales y prodigios a fin de extraviar, de ser posible, a los escogidos.
Mas vosotros, estad alerta; ved que os lo he dicho todo de antemano.
Pero en aquellos das, despus de esa tribulacin, EL SOL SE OSCURECER Y LA LUNA NO DAR SU LUZ,
LAS ESTRELLAS IRN CAYENDO del cielo y las potencias que estn en los cielos sern sacudidas.
Entonces vern AL HIJO DEL HOMBRE QUE VIENE EN LAS NUBES con gran poder y gloria.
Y entonces enviar a los ngeles, y reunir a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
De la higuera aprended la parbola: cuando su rama ya se pone tierna y echa las hojas, sabis que el verano est cerca.
As tambin vosotros, cuando veis que suceden estas cosas, sabed que l est cerca, a las puertas.
En verdad os digo que no pasar esta generacin hasta que todo esto suceda.
El cielo y la tierra pasarn, mas mis palabras no pasarn.
Pero de aquel da o de [aquella] hora nadie sabe, ni siquiera los ngeles en el cielo, ni el Hijo, sino [slo] el Padre.
Estad alertas, velad; porque no sabis cundo es el tiempo [sealado.]
[Es] como un hombre que se fue de viaje, [y] al salir de su casa dej a sus siervos encargados, [asignndole] a cada uno su tarea, y orden al portero que estuviera alerta.
Por tanto, velad, porque no sabis cundo viene el seor de la casa, si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer;
no sea que venga de repente y os halle dormidos.
Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad!
Faltaban dos das para la Pascua y para [la fiesta] de los panes sin levadura; y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cmo prenderle con engao y matar[le];
porque decan: No durante la fiesta, no sea que haya un tumulto del pueblo.
Y estando l en Betania, sentado [a la mesa] en casa de Simn el leproso, vino una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso de nardo puro; [y] rompi el frasco y lo derram sobre la cabeza de Jess.
Pero algunos estaban indignados [y se decan] unos a otros: Para qu se ha hecho este desperdicio de perfume?
Porque este perfume poda haberse vendido por ms de trescientos denarios, y dado [el dinero] a los pobres. Y la reprendan.
Pero Jess dijo: Dejadla; por qu la molestis? Buena obra ha hecho conmigo.
Porque a los pobres siempre los tendris con vosotros; y cuando queris les podris hacer bien; pero a m no siempre me tendris.
Ella ha hecho lo que ha podido; se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.
Y en verdad os digo: Dondequiera que el evangelio se predique en el mundo entero, tambin se hablar de lo que sta ha hecho, para memoria suya.
Entonces Judas Iscariote, que era uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregarles a Jess.
Cuando ellos [lo] oyeron, se alegraron y prometieron darle dinero. Y l buscaba cmo entregarle en un momento oportuno.
El primer da [de la fiesta] de los panes sin levadura, cuando se sacrificaba [el cordero de] la Pascua, sus discpulos le dijeron : Dnde quieres que vayamos y hagamos los preparativos para que comas la Pascua?
Y envi a dos de sus discpulos, y les dijo : Id a la ciudad, y [all] os saldr al encuentro un hombre que lleva un cntaro de agua; seguidle;
y donde l entre, decid al dueo de la casa: "El Maestro dice: 'Dnde est mi habitacin en la que pueda comer la Pascua con mis discpulos?'"
Y l os mostrar un gran aposento alto, amueblado [y] preparado; haced los preparativos para nosotros all.
Salieron, pues, los discpulos y llegaron a la ciudad, y encontraron [todo] tal como l les haba dicho; y prepararon la Pascua.
Al atardecer lleg l con los doce.
Y estando sentados [a la mesa] comiendo, Jess dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me entregar; el que come conmigo.
Ellos comenzaron a entristecerse y a decirle uno por uno: Acaso soy yo?
Y l les dijo: [Es] uno de los doce, el que moja conmigo en el plato.
Porque el Hijo del Hombre se va tal y como est escrito de l; pero ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor [le fuera] a ese hombre no haber nacido.
Y mientras coman, tom pan, y habindo[lo] bendecido [lo] parti, se [lo] dio a ellos, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo.
Y tomando una copa, despus de dar gracias, se [la] dio a ellos, y todos bebieron de ella.
Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos.
En verdad os digo: Ya no beber ms del fruto de la vid hasta aquel da cuando lo beba nuevo en el reino de Dios.
Despus de cantar un himno, salieron para el monte de los Olivos.
Y Jess les dijo : Todos vosotros os apartaris, porque escrito est: "HERIR AL PASTOR, Y LAS OVEJAS SE DISPERSARN."
Pero despus de que yo haya resucitado, ir delante de vosotros a Galilea.
Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se aparten, yo, sin embargo, no [lo har.]
Y Jess le dijo : En verdad te digo que t, hoy, esta [misma] noche, antes que el gallo cante dos veces, me negars tres veces.
Pero [Pedro] con insistencia repeta: Aunque tenga que morir contigo, no te negar. Y todos decan tambin lo mismo.
Y llegaron a un lugar que se llama Getseman, y dijo a sus discpulos: Sentaos aqu hasta que yo haya orado.
Y tom consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenz a afligirse y a angustiarse mucho.
Y les dijo : Mi alma est muy afligida, hasta el punto de la muerte; quedaos aqu y velad.
Adelantndose un poco, se postr en tierra y oraba que si fuera posible, pasara de l aquella hora.
Y deca: Abba, Padre! Para ti todas las cosas son posibles; aparta de m esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que t [quieras].
Entonces vino y los hall durmiendo, y dijo a Pedro: Simn, duermes? No pudiste velar ni por una hora?
Velad y orad para que no entris en tentacin; el espritu est dispuesto, pero la carne es dbil.
Se fue otra vez y or, diciendo las mismas palabras.
Y vino de nuevo y los hall durmiendo, porque sus ojos estaban muy cargados [de sueo;] y no saban qu responderle.
Vino por tercera vez, y les dijo : Todava estis durmiendo y descansando? Basta ya; ha llegado la hora; he aqu, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores.
Levantaos, vmonos; mirad, est cerca el que me entrega.
En ese momento, mientras todava estaba l hablando, lleg Judas, uno de los doce, acompaado de una multitud con espadas y garrotes, de parte de los principales sacerdotes, de los escribas y de los ancianos.
Y el que le entregaba les haba dado una seal, diciendo: Al que yo bese, se es; prendedle y llevadle con seguridad.
Y habiendo llegado, inmediatamente se acerc a l diciendo: Rab! Y le bes.
Entonces ellos le echaron mano y le prendieron.
Pero uno de los que estaban all, sacando la espada, hiri al siervo del sumo sacerdote y le cort la oreja.
Y dirigindose Jess [a ellos,] les dijo: Habis salido con espadas y garrotes para arrestarme como contra un ladrn?
Cada da estaba con vosotros en el templo enseando, y no me prendisteis; pero [esto ha sucedido] para que se cumplan las Escrituras.
Y abandonndole, huyeron todos.
Cierto joven le segua, vestido [slo] con una sbana sobre [su cuerpo] desnudo; y lo prendieron ;
pero l, dejando la sbana, escap desnudo.
Y llevaron a Jess al sumo sacerdote; y se reunieron todos los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas.
Pedro le sigui de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; estaba sentado con los alguaciles, calentndose al fuego.
Y los principales sacerdotes y todo el concilio, procuraban obtener testimonio contra Jess para darle muerte, pero no lo hallaban.
Porque muchos daban falso testimonio contra l, pero sus testimonios no coincidan.
Y algunos, levantndose, daban falso testimonio contra l, diciendo:
Nosotros le omos decir: "Yo destruir este templo hecho por manos, y en tres das edificar otro no hecho por manos."
Y ni siquiera en esto coincida el testimonio de ellos.
Entonces el sumo sacerdote levantndose, [se puso] en medio [y] pregunt a Jess, diciendo: No respondes nada? Qu testifican stos contra ti?
Mas l callaba y nada responda. Le volvi a preguntar el sumo sacerdote, dicindole: Eres t el Cristo, el Hijo del Bendito?
Jess dijo: Yo soy; y veris al HIJO DEL HOMBRE SENTADO A LA DIESTRA DEL PODER y VINIENDO CON LAS NUBES DEL CIELO.
Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus ropas, dijo : Qu necesidad tenemos de ms testigos?
Habis odo la blasfemia; qu os parece? Y todos le condenaron, [diciendo] que era reo de muerte.
Y comenzaron algunos a escupirle, a cubrirle el rostro y a darle de puetazos, y a decirle: Profetiza! Y los alguaciles le recibieron a bofetadas.
Estando Pedro abajo en el patio, lleg una de las sirvientas del sumo sacerdote,
y al ver a Pedro calentndose, lo mir y dijo : T tambin estabas con Jess el Nazareno.
Pero l [lo] neg, diciendo: Ni s, ni entiendo de qu hablas. Y sali al portal, y un gallo cant.
Cuando la sirvienta lo vio, de nuevo comenz a decir a los que estaban all: ste es [uno] de ellos.
Pero l lo neg otra vez. Y poco despus los que estaban all volvieron a decirle a Pedro: Seguro que t eres [uno] de ellos, pues tambin eres galileo.
Pero l comenz a maldecir y a jurar: Yo no conozco a este hombre de quien hablis!
Al instante un gallo cant por segunda vez. Entonces Pedro record lo que Jess le haba dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negars tres veces. Y se ech a llorar.
Muy de maana, los principales sacerdotes prepararon enseguida una reunin con los ancianos, los escribas y todo el concilio; y atando a Jess, le llevaron y le entregaron a Pilato.
Pilato le pregunt: Eres t el Rey de los judos? Respondiendo l, le dijo : T [lo] dices.
Y los principales sacerdotes le acusaban de muchas cosas.
De nuevo Pilato le pregunt, diciendo: No respondes nada? Mira de cuntas cosas te acusan.
Pero Jess no respondi nada ms; de modo que Pilato estaba asombrado.
Ahora bien, en cada fiesta l acostumbraba soltarles un preso, el que ellos pidieran.
Y uno llamado Barrabs haba sido encarcelado con los sediciosos que haban cometido homicidio en la insurreccin.
Y subiendo la multitud, comenz a pedirle que [hiciera] como siempre les haba hecho.
Entonces Pilato les contest, diciendo: Queris que os suelte al Rey de los judos?
Porque saba que los principales sacerdotes le haban entregado por envidia.
Pero los principales sacerdotes incitaron a la multitud para [que le pidiera] que en vez [de Jess] les soltara a Barrabs.
Y Pilato, tomando de nuevo la palabra, les deca: Qu har, entonces, con el que llamis el Rey de los judos?
Ellos le respondieron a gritos: Crucifcale!
Y Pilato les deca: Por qu? Qu mal ha hecho? Y ellos gritaban an ms: Crucifcale!
Pilato, queriendo complacer a la multitud, les solt a Barrabs; y despus de hacer azotar a Jess, [le] entreg para que fuera crucificado.
Entonces los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al Pretorio, y convocaron a toda la cohorte [romana].
Le vistieron de prpura, y despus de tejer una corona de espinas, se la pusieron;
y comenzaron a vitorearle: Salve, Rey de los judos!
Le golpeaban la cabeza con una caa y le escupan, y ponindose de rodillas le hacan reverencias.
Y despus de haberse burlado de l, le quitaron la prpura, le pusieron sus ropas y le sacaron para crucificarle.
Y obligaron a uno que pasaba [y] que vena del campo, Simn de Cirene, el padre de Alejandro y Rufo, a que llevara la cruz de Jess.
Le llevaron al lugar [llamado] Glgota, que traducido significa: Lugar de la Calavera.
Y trataron de darle vino mezclado con mirra, pero l no lo tom.
Cuando le crucificaron , se repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos [para decidir] lo que cada uno tomara.
Era la hora tercera cuando le crucificaron.
Y la inscripcin de la acusacin contra l deca: EL REY DE LOS JUDOS.
Crucificaron con l a dos ladrones; uno a su derecha y otro a su izquierda.
Y se cumpli la Escritura que dice: Y con los transgresores fue contado.
Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: Bah! T que destruyes el templo y en tres das lo reedificas,
slvate a ti mismo descendiendo de la cruz!
De igual manera, tambin los principales sacerdotes junto con los escribas, burlndose [de l] entre ellos, decan: A otros salv, a s mismo no puede salvarse.
Que este Cristo, el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. Y los que estaban crucificados con l [tambin] le insultaban.
Cuando lleg la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena.
Y a la hora novena Jess exclam con fuerte voz: ELO, ELO, LEM SABACTANI?, que traducido significa, DIOS MO, DIOS MO, POR QU ME HAS ABANDONADO?
Algunos de los que estaban all, al or[lo,] decan: Mirad, a Elas llama.
Entonces uno corri y empap una esponja en vinagre, y ponindola en una caa, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si Elas viene a bajarle.
Y Jess dando un fuerte grito, expir.
Y el velo del templo se rasg en dos, de arriba abajo.
Viendo el centurin que estaba frente a l, la manera en que expir, dijo: En verdad este hombre era Hijo de Dios.
Haba tambin unas mujeres mirando de lejos, entre las que [estaban] Mara Magdalena, Mara, la madre de Jacobo el menor y de Jos, y Salom,
las cuales cuando [Jess] estaba en Galilea, le seguan y le servan; y [haba] muchas otras que haban subido con l a Jerusaln.
Ya al atardecer, como era el da de la preparacin, es decir, la vspera del da de reposo,
vino Jos de Arimatea, miembro prominente del concilio, que tambin esperaba el reino de Dios; y llenndose de valor, entr adonde estaba Pilato y le pidi el cuerpo de Jess.
Pilato se sorprendi de que ya hubiera muerto, y llamando al centurin, le pregunt si ya estaba muerto.
Y comprobando esto por medio del centurin, le concedi el cuerpo a Jos,
quien compr un lienzo de lino, y bajndole [de la cruz,] le envolvi en el lienzo de lino y le puso en un sepulcro que haba sido excavado en la roca; e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
Y Mara Magdalena y Mara, la [madre] de Jos, miraban [para saber] dnde le ponan.
Pasado el da de reposo, Mara Magdalena, Mara, la [madre] de Jacobo, y Salom, compraron especias aromticas para ir a ungirle.
Y muy de maana, el primer da de la semana, llegaron al sepulcro cuando el sol [ya] haba salido.
Y se decan unas a otras: Quin nos remover la piedra de la entrada del sepulcro?
Cuando levantaron los ojos, vieron que la piedra, aunque era sumamente grande, haba sido removida.
Y entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado al [lado] derecho, vestido con ropaje blanco; y ellas se asustaron.
Pero l les dijo : No os asustis; buscis a Jess nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no est aqu; mirad el lugar donde le pusieron.
Pero id, decid a sus discpulos y a Pedro: "l va delante de vosotros a Galilea; all le veris, tal como os dijo."
Y saliendo ellas, huyeron del sepulcro, porque un [gran] temblor y espanto se haba apoderado de ellas; y no dijeron nada a nadie porque tenan miedo.
Y despus de haber resucitado, muy temprano el primer da de la semana, [Jess] se apareci primero a Mara Magdalena, de la que haba echado fuera siete demonios.
[Y] ella fue y se lo comunic a los que haban estado con l, que estaban lamentndose y llorando.
Cuando ellos oyeron que l estaba vivo y que ella le haba visto, se negaron a creerlo.
Despus de esto, se apareci en forma distinta a dos de ellos cuando iban de camino al campo.
Y stos fueron y se lo comunicaron a los dems, pero a ellos tampoco les creyeron.
Despus se apareci a los once mismos cuando estaban sentados [a la mesa,] y los reprendi por su incredulidad y dureza de corazn, porque no haban credo a los que le haban visto resucitado.
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que crea y sea bautizado ser salvo; pero el que no crea ser condenado.
Y estas seales acompaarn a los que han credo: en mi nombre echarn fuera demonios, hablarn en nuevas lenguas;
tomarn serpientes en las manos, y aunque beban algo mortfero, no les har dao; sobre los enfermos pondrn las manos, y se pondrn bien.
Entonces, el Seor Jess, despus de hablar con ellos, fue recibido en el cielo y se sent a la diestra de Dios.
Y ellos salieron y predicaron por todas partes, colaborando el Seor con ellos, y confirmando la palabra por medio de las seales que la seguan. [Ellas comunicaron inmediatamente a Pedro y a sus compaeros todas estas instrucciones. Y despus de esto, Jess mismo envi por medio de ellos, desde el oriente hasta el occidente, el mensaje sacrosanto e incorruptible de la salvacin eterna.]
Por cuanto muchos han tratado de compilar una historia de las cosas que entre nosotros son muy ciertas,
tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra,
tambin a m me ha parecido conveniente, despus de haberlo investigado todo con diligencia desde el principio, escribrte[las] ordenadamente, excelentsimo Tefilo,
para que sepas la verdad precisa acerca de las cosas que te han sido enseadas.
Hubo en los das de Herodes, rey de Judea, cierto sacerdote llamado Zacaras, del grupo de Abas, que tena por mujer una de las hijas de Aarn que se llamaba Elisabet.
Ambos eran justos delante de Dios, y se conducan intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Seor.
No tenan hijos, porque Elisabet era estril, y ambos eran de edad avanzada.
Pero aconteci que mientras Zacaras ejerca su ministerio sacerdotal delante de Dios segn el orden [indicado] a su grupo,
conforme a la costumbre del sacerdocio, fue escogido por sorteo para entrar al templo del Seor y quemar incienso.
Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora de la ofrenda de incienso.
Y se le apareci un ngel del Seor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
Al ver[lo,] Zacaras se turb, y el temor se apoder de l.
Pero el ngel le dijo: No temas, Zacaras, porque tu peticin ha sido oda, y tu mujer Elisabet te dar a luz un hijo, y lo llamars Juan.
Y tendrs gozo y alegra, y muchos se regocijarn por su nacimiento.
Porque l ser grande delante del Seor; no beber ni vino ni licor, y ser lleno del Espritu Santo aun desde el vientre de su madre.
Y l har volver a muchos de los hijos de Israel al Seor su Dios.
E ir delante de l en el espritu y poder de Elas PARA HACER VOLVER LOS CORAZONES DE LOS PADRES A LOS HIJOS, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Seor un pueblo [bien] dispuesto.
Entonces Zacaras dijo al ngel: Cmo podr saber esto? Porque yo soy anciano y mi mujer es de edad avanzada.
Respondiendo el ngel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas.
Y he aqu, te quedars mudo, y no podrs hablar hasta el da en que todo esto acontezca, por cuanto no creste mis palabras, las cuales se cumplirn a su debido tiempo.
Y el pueblo estaba esperando a Zacaras, y se extraaba de su tardanza en el templo.
Pero cuando sali, no poda hablarles, y se dieron cuenta de que haba visto una visin en el templo; y l les hablaba por seas, y permaneca mudo.
Y cuando se cumplieron los das de su servicio sacerdotal, regres a su casa.
Y despus de estos das, Elisabet su mujer concibi, y se recluy por cinco meses, diciendo:
As ha obrado el Seor conmigo en los das en que [se dign] mirar[me] para quitar mi afrenta entre los hombres.
Y al sexto mes, el ngel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,
a una virgen desposada con un hombre que se llamaba Jos, de los descendientes de David; y el nombre de la virgen era Mara.
Y entrando el [ngel,] le dijo: Salve, muy favorecida! El Seor est contigo; bendita eres t entre las mujeres.
Pero ella se turb mucho por estas palabras, y se preguntaba qu clase de saludo sera ste.
Y el ngel le dijo: No temas, Mara, porque has hallado gracia delante de Dios.
Y he aqu, concebirs en tu seno y dars a luz un hijo, y le pondrs por nombre Jess.
ste ser grande y ser llamado Hijo del Altsimo; y el Seor Dios le dar el trono de su padre David;
y reinar sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendr fin.
Entonces Mara dijo al ngel: Cmo ser esto, puesto que soy virgen?
Respondiendo el ngel, le dijo: El Espritu Santo vendr sobre ti, y el poder del Altsimo te cubrir con su sombra; por eso lo santo que nacer ser llamado Hijo de Dios.
Y he aqu, tu parienta Elisabet en su vejez tambin ha concebido un hijo; y ste es el sexto mes para ella, la que llamaban estril.
Porque ninguna cosa ser imposible para Dios.
Entonces Mara dijo: He aqu la sierva del Seor; hgase conmigo conforme a tu palabra. Y el ngel se fue de su presencia.
En esos das Mara se levant y fue apresuradamente a la regin montaosa, a una ciudad de Jud;
y entr en casa de Zacaras y salud a Elisabet.
Y aconteci que cuando Elisabet oy el saludo de Mara, la criatura salt en su vientre; y Elisabet fue llena del Espritu Santo,
y exclam a gran voz y dijo: Bendita t entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
Por qu me ha acontecido esto a m, que la madre de mi Seor venga a m?
Porque he aqu, apenas la voz de tu saludo lleg a mis odos, la criatura salt de gozo en mi vientre.
Y bienaventurada la que crey que tendr cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Seor.
Entonces Mara dijo: Mi alma engrandece al Seor,
y mi espritu se regocija en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humilde condicin de [esta] su sierva; pues he aqu, desde ahora en adelante todas las generaciones me tendrn por bienaventurada.
Porque grandes cosas me ha hecho el Poderoso; y santo es su nombre.
Y DE GENERACIN EN GENERACIN ES SU MISERICORDIA PARA LOS QUE LE TEMEN.
Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
Ha quitado a los poderosos de [sus] tronos; y ha exaltado a los humildes;
A LOS HAMBRIENTOS HA COLMADO DE BIENES y ha despedido a los ricos con las manos vacas.
Ha ayudado a Israel, su siervo, para recuerdo de su misericordia
tal como dijo a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.
Y Mara se qued con Elisabet como tres meses, y [despus] regres a su casa.
Cuando a Elisabet se le cumpli el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo.
Y sus vecinos y parientes oyeron que el Seor haba demostrado su gran misericordia hacia ella; y se regocijaban con ella.
Y al octavo da vinieron para circuncidar al nio, y lo iban a llamar Zacaras segn el nombre de su padre.
Pero la madre respondi, y dijo: No, sino que se llamar Juan.
Y le dijeron: No hay nadie en tu familia que tenga ese nombre.
Entonces preguntaban por seas al padre, cmo lo quera llamar.
Y l pidi una tablilla y escribi lo siguiente: Su nombre es Juan. Y todos se maravillaron.
Al instante le fue abierta su boca y [suelta] su lengua, y comenz a hablar dando alabanza a Dios.
Y vino temor sobre todos los que vivan a su alrededor; y todas estas cosas se comentaban en toda la regin montaosa de Judea.
Y todos los que [las] oan [las] guardaban en su corazn, diciendo: Qu, pues, llegar a ser este nio? Porque la mano del Seor ciertamente estaba con l.
Y su padre Zacaras fue lleno del Espritu Santo, y profetiz diciendo:
Bendito [sea] el Seor, Dios de Israel, porque [nos] ha visitado y ha efectuado redencin para su pueblo,
y nos ha levantado un cuerno de salvacin en la casa de David su siervo,
tal como lo anunci por boca de sus santos profetas desde los tiempos antiguos,
salvacin DE NUESTROS ENEMIGOS y DE LA MANO DE TODOS LOS QUE NOS ABORRECEN;
para mostrar misericordia a nuestros padres, y para recordar su santo pacto,
el juramento que hizo a nuestro padre Abraham:
concedernos que, librados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor
en santidad y justicia delante de l, todos nuestros das.
Y t, nio, sers llamado profeta del Altsimo; porque irs DELANTE DEL SEOR PARA PREPARAR SUS CAMINOS;
para dar a su pueblo el conocimiento de la salvacin por el perdn de sus pecados,
por la entraable misericordia de nuestro Dios, con que la Aurora nos visitar desde lo alto,
PARA DAR LUZ A LOS QUE HABITAN EN TINIEBLAS Y EN SOMBRA DE MUERTE, para guiar nuestros pies en el camino de paz.
Y el nio creca y se fortaleca en espritu; y vivi en lugares desiertos hasta el da en que apareci en pblico a Israel.
Y aconteci en aquellos das que sali un edicto de Csar Augusto, para que se hiciera un censo de todo el mundo habitado.
ste fue el primer censo que se levant cuando Cirenio era gobernador de Siria.
Y todos se dirigan a inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad.
Y tambin Jos subi de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Beln, por ser l de la casa y de la familia de David,
para inscribirse junto con Mara, desposada con l, la cual estaba encinta.
Y sucedi que mientras estaban ellos all, se cumplieron los das de su alumbramiento.
Y dio a luz a su hijo primognito; le envolvi en paales y le acost en un pesebre, porque no haba lugar para ellos en el mesn.
En la misma regin haba pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaos [durante] las vigilias de la noche.
Y un ngel del Seor se les present, y la gloria del Seor los rode de resplandor, y tuvieron gran temor.
Mas el ngel les dijo: No temis, porque he aqu, os traigo buenas nuevas de gran gozo que sern para todo el pueblo;
porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Seor.
Y esto os [servir] de seal: hallaris a un nio envuelto en paales y acostado en un pesebre.
Y de repente apareci con el ngel una multitud de los ejrcitos celestiales, alabando a Dios y diciendo:
Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes l se complace.
Y aconteci que cuando los ngeles se fueron al cielo, los pastores se decan unos a otros: Vayamos, pues, hasta Beln y veamos esto que ha sucedido, que el Seor nos ha dado a saber.
Fueron a toda prisa, y hallaron a Mara y a Jos, y al nio acostado en el pesebre.
Y cuando [lo] vieron, dieron a saber lo que se les haba dicho acerca de este nio.
Y todos los que [lo] oyeron se maravillaron de las cosas que les fueron dichas por los pastores.
Pero Mara atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazn.
Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que haban odo y visto, tal como se les haba dicho.
Cuando se cumplieron los ocho das para circuncidarle, le pusieron por nombre Jess, el nombre dado por el ngel antes de que l fuera concebido en el seno materno.
Cuando se cumplieron los das para la purificacin de ellos, segn la ley de Moiss, le trajeron a Jerusaln para presentarle al Seor
(como est escrito en la Ley del Seor: TODO VARN QUE ABRA LA MATRIZ SER LLAMADO SANTO PARA EL SEOR),
y para ofrecer un sacrificio conforme a lo dicho en la Ley del Seor: UN PAR DE TRTOLAS O DOS PICHONES.
Y haba en Jerusaln un hombre que se llamaba Simen; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolacin de Israel; y el Espritu Santo estaba sobre l.
Y por el Espritu Santo se le haba revelado que no vera la muerte sin antes ver al Cristo del Seor.
Movido por el Espritu fue al templo. Y cuando los padres del nio Jess le trajeron para cumplir por l el rito de la ley,
l tom al nio en sus brazos, y bendijo a Dios y dijo:
Ahora, Seor, permite que tu siervo se vaya en paz, conforme a tu palabra;
porque han visto mis ojos tu salvacin
la cual has preparado en presencia de todos los pueblos;
LUZ DE REVELACIN A LOS GENTILES, y gloria de tu pueblo Israel.
Y los padres del nio estaban asombrados de las cosas que de l se decan.
Simen los bendijo, y dijo a su madre Mara: He aqu, este [nio] ha sido puesto para la cada y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser seal de contradiccin
(y una espada traspasar aun tu propia alma) a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.
Y haba una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad muy avanzada, y haba vivido con [su] marido siete aos despus de su matrimonio,
y despus de viuda, hasta los ochenta y cuatro aos. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y da con ayunos y oraciones.
Y llegando ella en ese preciso momento, daba gracias a Dios, y hablaba de l a todos los que esperaban la redencin de Jerusaln.
Habiendo ellos cumplido con todo conforme a la Ley del Seor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
Y el nio creca y se fortaleca, llenndose de sabidura; y la gracia de Dios estaba sobre l.
Sus padres acostumbraban ir a Jerusaln todos los aos a la fiesta de la Pascua.
Y cuando cumpli doce aos, subieron [all] conforme a la costumbre de la fiesta;
y al regresar ellos, despus de haber pasado todos los das [de la fiesta], el nio Jess se qued en Jerusaln sin que lo supieran sus padres,
y suponiendo que iba en la caravana, anduvieron camino de un da, y comenzaron a buscarle entre los familiares y conocidos.
Al no hallarle, volvieron a Jerusaln buscndole.
Y aconteci que despus de tres das le hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchndolos y hacindoles preguntas.
Y todos los que le oan estaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas.
Cuando [sus padres] le vieron, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: Hijo, por qu nos has tratado de esta manera? Mira, tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia.
Entonces l les dijo: Por qu me buscabais? Acaso no sabais que me era necesario estar en la casa de mi Padre?
Pero ellos no entendieron las palabras que l les haba dicho.
Y descendi con ellos y vino a Nazaret, y continu sujeto a ellos. Y su madre atesoraba todas estas cosas en su corazn.
Y Jess creca en sabidura, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres.
En el ao decimoquinto del imperio de Tiberio Csar, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de la regin de Iturea y Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,
durante el sumo sacerdocio de Ans y Caifs, vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacaras, en el desierto.
Y l fue por toda la regin contigua al Jordn, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdn de los pecados;
como est escrito en el libro de las palabras del profeta Isaas: VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: "PREPARAD EL CAMINO DEL SEOR, HACED DERECHAS SUS SENDAS.
"TODO VALLE SER RELLENADO, Y TODO MONTE Y COLLADO REBAJADO; LO TORCIDO SE HAR RECTO, Y LAS SENDAS SPERAS SE VOLVERN CAMINOS LLANOS;
Y TODA CARNE VER LA SALVACIN DE DIOS."
Por eso, deca a las multitudes que acudan para que l las bautizara: Camada de vboras! Quin os ense a huir de la ira que vendr?
Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no comencis a deciros a vosotros mismos: "Tenemos a Abraham por padre", porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras.
Y tambin el hacha ya est puesta a la raz de los rboles; por tanto, todo rbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.
Y las multitudes le preguntaban, diciendo: Qu, pues, haremos?
Respondiendo l, les deca: El que tiene dos tnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qu comer, haga lo mismo.
Vinieron tambin unos recaudadores de impuestos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, qu haremos?
Entonces l les respondi: No exijis ms de lo que se os ha ordenado.
Tambin [algunos] soldados le preguntaban, diciendo: Y nosotros, qu haremos? Y l les dijo: A nadie extorsionis, ni [a nadie] acusis falsamente, y contentaos con vuestro salario.
Como el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban en sus corazones acerca de Juan, si no sera l el Cristo,
Juan respondi, diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es ms poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias; l os bautizar con el Espritu Santo y fuego.
El bieldo est en su mano para limpiar completamente su era y recoger el trigo en su granero; pero quemar la paja en fuego inextinguible.
Y tambin con muchas otras exhortaciones [Juan] anunciaba las buenas nuevas al pueblo.
Pero Herodes el tetrarca, siendo reprendido por l por causa de Herodas, mujer de su hermano, y por todas las maldades que Herodes haba hecho,
aadi adems a todas ellas, sta: que encerr a Juan en la crcel.
Y aconteci que cuando todo el pueblo era bautizado, Jess tambin fue bautizado: y mientras l oraba, el cielo se abri,
y el Espritu Santo descendi sobre l en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, [que deca:] T eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.
Y cuando comenz [su ministerio], Jess mismo tena unos treinta aos, siendo, como se supona, hijo de Jos, [quien era hijo] de El,
[y El,] de Matat; [Matat,] de Lev; [Lev,] de Melqui; [Melqui,] de Jana; [Jana,] de Jos;
[Jos,] de Matatas; [Matatas,] de Ams; [Ams,] de Nahm; [Nahm,] de Esli; [Esli,] de Nagai;
[Nagai,] de Maat; [Maat,] de Matatas; [Matatas,] de Semei; [Semei,] de Jos; [Jos,] de Jud;
[Jud,] de Joana; [Joana,] de Resa; [Resa,] de Zorobabel; [Zorobabel,] de Salatiel; [Salatiel,] de Neri;
[Neri,] de Melqui; [Melqui,] de Adi; [Adi,] de Cosam; [Cosam,] de Elmodam; [Elmodam,] de Er;
[Er,] de Josu; [Josu,] de Eliezer; [Eliezer,] de Jorim; [Jorim,] de Matat; [Matat,] de Lev;
[Lev,] de Simen; [Simen,] de Jud; [Jud,] de Jos; [Jos,] de Jonn; [Jonn,] de Eliaquim;
[Eliaquim,] de Melea; [Melea,] de Mainn; [Mainn,] de Matata; [Matata,] de Natn; [Natn,] de David;
[David,] de Isa; [Isa,] de Obed; [Obed,] de Booz; [Booz,] de Salmn; [Salmn,] de Naasn;
[Naasn,] de Aminadab; [Aminadab,] de Admn; [Admn,] de Aram; [Aram,] de Esrom; [Esrom,] de Fares; [Fares,] de Jud;
[Jud,] de Jacob; [Jacob,] de Isaac; [Isaac,] de Abraham; [Abraham,] de Tar; [Tar,] de Nacor;
[Nacor,] de Serug; [Serug,] de Ragau; [Ragau,] de Peleg; [Peleg,] de Heber; [Heber,] de Sala;
[Sala,] de Cainn; [Cainn,] de Arfaxad; [Arfaxad,] de Sem; [Sem,] de No; [No,] de Lamec;
[Lamec,] de Matusaln; [Matusaln,] de Enoc; [Enoc,] de Jared; [Jared,] de Mahalaleel; [Mahalaleel,] de Cainn;
[Cainn,] de Ens; [Ens,] de Set; [Set,] de Adn; [y Adn,] de Dios.
Jess, lleno del Espritu Santo, volvi del Jordn y fue llevado por el Espritu en el desierto
por cuarenta das, siendo tentado por el diablo. Y no comi nada durante esos das, pasados los cuales tuvo hambre.
Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.
Jess le respondi: Escrito est: "NO SLO DE PAN VIVIR EL HOMBRE."
Llevndole a una altura, [el diablo] le mostr en un instante todos los reinos del mundo.
Y el diablo le dijo: Todo este dominio y su gloria te dar; pues a m me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy.
Por tanto, si te postras delante de m, todo ser tuyo.
Respondiendo Jess, le dijo: Escrito est: "AL SEOR TU DIOS ADORARS, Y A L SOLO SERVIRS."
Entonces [el diablo] le llev a Jerusaln y le puso sobre el pinculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lnzate abajo desde aqu,
pues escrito est: "A SUS NGELES TE ENCOMENDAR PARA QUE TE GUARDEN",
y: "EN LAS MANOS TE LLEVARN, NO SEA QUE TU PIE TROPIECE EN PIEDRA."
Respondiendo Jess, le dijo: Se ha dicho: "NO TENTARS AL SEOR TU DIOS."
Cuando el diablo hubo acabado toda tentacin, se alej de l esperando un tiempo [oportuno.]
Jess regres a Galilea en el poder del Espritu, y las nuevas acerca de l se divulgaron por toda [aquella] comarca.
Y enseaba en sus sinagogas, siendo alabado por todos.
Lleg a Nazaret, donde se haba criado, y segn su costumbre, entr en la sinagoga el da de reposo, y se levant a leer.
Le dieron el libro del profeta Isaas, y abriendo el libro, hall el lugar donde estaba escrito:
EL ESPRITU DEL SEOR EST SOBRE M, PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA RECUPERACIN DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS;
PARA PROCLAMAR EL AO FAVORABLE DEL SEOR.
Cerrando el libro, [lo] devolvi al asistente y se sent; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en l.
Y comenz a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que habis odo.
Y todos hablaban bien de l y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salan de su boca, y decan: No es ste el hijo de Jos?
Entonces l les dijo: Sin duda me citaris este refrn: "Mdico, crate a ti mismo"; [esto es,] todo lo que omos que se ha hecho en Capernam, hazlo tambin aqu en tu tierra.
Y dijo: En verdad os digo, que ningn profeta es bien recibido en su propia tierra.
Pero en verdad os digo: muchas viudas haba en Israel en los das de Elas, cuando el cielo fue cerrado por tres aos y seis meses [y] cuando hubo gran hambre sobre toda la tierra;
y sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elas, sino a una mujer viuda de Sarepta, [en la tierra] de Sidn.
Y muchos leprosos haba en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamn el sirio.
Y todos en la sinagoga se llenaron de ira cuando oyeron estas cosas,
y levantndose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para despearle.
Pero l, pasando por en medio de ellos, se fue.
Y descendi a Capernam, ciudad de Galilea. Y les enseaba en los das de reposo;
y se admiraban de su enseanza porque su mensaje era con autoridad.
Y estaba en la sinagoga un hombre posedo por el espritu de un demonio inmundo, y grit a gran voz:
Dja[nos] Qu tenemos que ver contigo, Jess de Nazaret? Has venido a destruirnos? Yo s quin eres: el Santo de Dios.
Jess entonces lo reprendi, diciendo: Cllate y sal de l! Y despus que el demonio lo derrib en medio [de ellos,] sali de l sin hacerle ningn dao.
Y todos se quedaron asombrados, y discutan entre s, diciendo: Qu mensaje es ste? Porque con autoridad y poder manda a los espritus inmundos y salen.
Y su fama se divulgaba por todos los lugares de la regin circunvecina.
Y levantndose, [sali] de la sinagoga y entr en casa de Simn. Y la suegra de Simn se hallaba sufriendo con una fiebre muy alta, y le rogaron por ella.
E inclinndose sobre ella, reprendi la fiebre, [y la fiebre] la dej; y al instante ella se levant y les serva.
Al ponerse el sol, todos los que tenan enfermos de diversas enfermedades se los llevaban a l; y poniendo l las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
Tambin de muchos salan demonios, gritando y diciendo: T eres el Hijo de Dios! Pero, reprendindolos, no les permita hablar, porque saban que l era el Cristo.
Cuando se hizo de da, sali y se fue a un lugar solitario; y las multitudes le buscaban, y llegaron adonde l [estaba] y procuraron detenerle para que no se separara de ellos.
Pero l les dijo: Tambin a las otras ciudades debo anunciar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto yo he sido enviado.
Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Y aconteci que mientras la multitud se agolpaba sobre l para or la palabra de Dios, estando Jess junto al lago de Genesaret,
vio dos barcas que estaban a la orilla del lago, pero los pescadores haban bajado de ellas y lavaban las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era de Simn, pidi que se separara de tierra un poco; y sentndose, enseaba a las multitudes desde la barca.
Cuando termin de hablar, dijo a Simn: Sal a la parte ms profunda y echad vuestras redes para pescar.
Respondiendo Simn, dijo: Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero porque t lo pides, echar las redes.
Y cuando lo hicieron, encerraron una gran cantidad de peces, de modo que sus redes se rompan;
entonces hicieron seas a sus compaeros [que estaban] en la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Y vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundan.
Al ver [esto,] Simn Pedro cay a los pies de Jess, diciendo: Aprtate de m, Seor, pues soy hombre pecador!
Porque el asombro se haba apoderado de l y de todos sus compaeros, por la redada de peces que haban hecho;
y lo mismo [les sucedi] tambin a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simn. Y Jess dijo a Simn: No temas; desde ahora sers pescador de hombres.
Y despus de traer las barcas a tierra, dejndolo todo, le siguieron.
Y aconteci que estando Jess en una de las ciudades, he aqu, [haba all] un hombre lleno de lepra; y cuando vio a Jess, cay sobre su rostro y le rog, diciendo: Seor, si quieres, puedes limpiarme.
Extendiendo [Jess] la mano, lo toc, diciendo: Quiero; s limpio. Y al instante la lepra lo dej.
Y l le mand que no se lo dijera a nadie. Pero anda -- [le dijo] -- , mustrate al sacerdote y da una ofrenda por tu purificacin segn lo orden Moiss, para que les sirva de testimonio.
Y su fama se difunda cada vez ms, y grandes multitudes se congregaban para or[le] y ser sanadas de sus enfermedades.
Pero [con frecuencia] l se retiraba a lugares solitarios y oraba.
Y un da que l estaba enseando, haba [all] sentados [algunos] fariseos y maestros de la ley que haban venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y [de] Jerusaln; y el poder del Seor estaba con l para sanar.
Y he aqu, unos hombres trajeron en una camilla a un hombre que estaba paraltico; y trataban de meterlo y ponerlo delante de Jess.
Y no hallando cmo introducirlo debido a la multitud, subieron a la azotea y lo bajaron con la camilla a travs del techo, ponindolo en medio, delante de Jess.
Viendo [Jess] la fe de ellos, dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.
Entonces los escribas y fariseos comenzaron a discurrir, diciendo: Quin es ste que habla blasfemias? Quin puede perdonar pecados, sino slo Dios?
Conociendo Jess sus pensamientos, respondi y les dijo: Por qu discurrs en vuestros corazones?
Qu es ms fcil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levntate y anda"?
Pues para que sepis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paraltico): A ti te digo: Levntate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Y al instante se levant delante de ellos, tom [la camilla] en que haba estado acostado, y se fue a su casa glorificando a Dios.
Y el asombro se apoder de todos y glorificaban a Dios; y se llenaron de temor, diciendo: Hoy hemos visto cosas extraordinarias.
Despus de esto, [Jess] sali y se fij en un recaudador de impuestos llamado Lev, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: Sgueme.
Y l, dejndolo todo, se levant y le segua.
Y Lev le ofreci un gran banquete en su casa; y haba un grupo grande de recaudadores de impuestos y de otros que estaban sentados [a la mesa] con ellos.
Y los fariseos y sus escribas se quejaban a los discpulos de Jess, diciendo: Por qu comis y bebis con los recaudadores de impuestos y con los pecadores?
Respondiendo Jess, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de mdico, sino los que estn enfermos.
No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
Y ellos le dijeron: Los discpulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones; los de los fariseos tambin hacen lo mismo, pero los tuyos comen y beben.
Entonces Jess les dijo: Acaso podis hacer que los acompaantes del novio ayunen mientras el novio est con ellos?
Pero vendrn das cuando el novio les ser quitado, entonces ayunarn en aquellos das.
Tambin les dijo una parbola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; porque entonces romper el nuevo, y el pedazo del nuevo no armonizar con el viejo.
Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino nuevo romper los odres y se derramar, y los odres se perdern,
sino que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos.
Y nadie, despus de beber [vino] aejo, desea [vino] nuevo, porque dice: "El aejo es mejor."
Y aconteci que un da de reposo Jess pasaba por unos sembrados, y sus discpulos arrancaban y coman espigas, restregndo[las] entre las manos.
Pero algunos de los fariseos dijeron: Por qu hacis lo que no es lcito en el da de reposo?
Respondindoles Jess, dijo: Ni siquiera habis ledo lo que hizo David cuando tuvo hambre, l y los que con l estaban;
cmo entr en la casa de Dios, y tom y comi los panes consagrados, que a nadie es lcito comer sino slo a los sacerdotes, y dio [tambin] a sus compaeros?
Y les deca: El Hijo del Hombre es Seor del da de reposo.
Y en otro da de reposo entr en la sinagoga y enseaba; y haba all un hombre que tena la mano derecha seca.
Y los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jess [para ver] si sanaba en el da de reposo, a fin de encontrar de qu acusarle.
Pero l saba lo que ellos estaban pensando, y dijo al hombre que tena la mano seca: Levntate y ven ac. Y l, levantndose, se le acerc.
Entonces Jess les dijo: Yo os pregunto: es lcito en el da de reposo hacer bien o hacer mal; salvar una vida o destruirla?
Y despus de mirarlos a todos a su alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y l lo hizo [as,] y su mano qued sana.
Pero ellos se llenaron de ira, y discutan entre s qu podran hacerle a Jess.
En esos das l se fue al monte a orar, y pas toda la noche en oracin a Dios.
Cuando se hizo de da, llam a sus discpulos y escogi doce de ellos, a los que tambin dio el nombre de apstoles:
Simn, a quien tambin llam Pedro, y Andrs su hermano; Jacobo y Juan; Felipe y Bartolom;
Mateo y Toms; Jacobo, [hijo] de Alfeo, y Simn, al que llamaban el Zelote;
Judas, [hijo] de Jacobo, y Judas Iscariote, que lleg a ser traidor.
Descendi con ellos y se detuvo en un lugar llano; y [haba] una gran multitud de sus discpulos, y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusaln y de la regin costera de Tiro y Sidn,
que haban ido para orle y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espritus inmundos eran curados.
Y toda la multitud procuraba tocarle, porque de l sala un poder que a todos sanaba.
Volviendo su vista hacia sus discpulos, deca: Bienaventurados [vosotros] los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenis hambre, porque seris saciados. Bienaventurados los que ahora lloris, porque reiris.
Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecen, cuando os apartan de s, os colman de insultos y desechan vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.
Alegraos en ese da y saltad [de gozo,] porque he aqu, vuestra recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetas.
Pero ay de vosotros los ricos!, porque ya estis recibiendo todo vuestro consuelo.
Ay de vosotros, los que ahora estis saciados!, porque tendris hambre. Ay [de vosotros,] los que ahora res!, porque os lamentaris y lloraris.
Ay [de vosotros,] cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque de la misma manera trataban sus padres a los falsos profetas.
Pero a vosotros los que os, os digo: amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen;
bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperan.
Al que te hiera en la mejilla, presntale tambin la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la tnica.
A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no [se lo] reclames.
Y as como queris que los hombres os hagan, haced con ellos de la misma manera.
Si amis a los que os aman, qu mrito tenis? Porque tambin los pecadores aman a los que los aman.
Si hacis bien a los que os hacen bien, qu mrito tenis? Porque tambin los pecadores hacen lo mismo.
Si prestis a aquellos de quienes esperis recibir, qu mrito tenis? Tambin los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos la misma [cantidad.]
Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa ser grande, y seris hijos del Altsimo; porque l es bondadoso para con los ingratos y perversos.
Sed misericordiosos, as como vuestro Padre es misericordioso.
No juzguis, y no seris juzgados; no condenis, y no seris condenados; perdonad, y seris perdonados.
Dad, y os ser dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarn en vuestro regazo. Porque con la medida con que midis, se os volver a medir.
Les dijo tambin una parbola: Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? No caern ambos en un hoyo?
Un discpulo no est por encima de su maestro; mas todo [discpulo,] despus de que se ha preparado bien, ser como su maestro.
Y por qu miras la mota que est en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que est en tu propio ojo?
O cmo puedes decir a tu hermano: "Hermano, djame sacarte la mota que est en tu ojo", cuando t mismo no ves la viga que est en tu ojo? Hipcrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces vers con claridad para sacar la mota que est en el ojo de tu hermano.
Porque no hay rbol bueno que produzca fruto malo, ni a la inversa, rbol malo que produzca fruto bueno.
Pues cada rbol por su fruto se conoce. Porque [los hombres] no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarza.
El hombre bueno, del buen tesoro de su corazn saca lo que es bueno; y el [hombre] malo, del mal [tesoro] saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazn habla su boca.
Y por qu me llamis: "Seor, Seor", y no hacis lo que yo digo?
Todo el que viene a m y oye mis palabras y las pone en prctica, os mostrar a quin es semejante:
es semejante a un hombre que al edificar una casa, cav hondo y ech cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundacin, el torrente rompi contra aquella casa, pero no pudo moverla porque haba sido bien construida.
Pero el que ha odo y no ha hecho [nada,] es semejante a un hombre que edific una casa sobre tierra, sin [echar] cimiento; y el torrente rompi contra ella y al instante se desplom, y fue grande la ruina de aquella casa.
Cuando [Jess] termin todas sus palabras al pueblo que le oa, se fue a Capernam.
Y el siervo de cierto centurin, a quien ste apreciaba mucho, estaba enfermo y a punto de morir.
Al or [hablar] de Jess, [el centurin] envi a l unos ancianos de los judos, pidindole que viniera y salvara a su siervo.
Cuando ellos llegaron a Jess, le rogaron con insistencia, diciendo: [El centurin] es digno de que le concedas esto;
porque l ama a nuestro pueblo y fue l quien nos edific la sinagoga.
Jess iba con ellos, pero cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurin envi a unos amigos, dicindole: Seor, no te molestes ms, porque no soy digno de que entres bajo mi techo;
por eso ni siquiera me consider digno de ir a ti, tan slo di la palabra y mi siervo ser sanado.
Pues yo tambin soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis rdenes; y digo a ste: "Ve", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace.
Al or esto, Jess se maravill de l, y volvindose, dijo a la multitud que le segua: Os digo que ni aun en Israel he hallado una fe tan grande.
Y cuando los que haban sido enviados regresaron a la casa, encontraron sano al siervo.
Aconteci poco despus que [Jess] fue a una ciudad llamada Nan; y sus discpulos iban con l acompaados por una gran multitud.
Y cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, he aqu, sacaban fuera a un muerto, hijo nico de su madre, y ella era viuda; y un grupo numeroso de la ciudad estaba con ella.
Al verla, el Seor tuvo compasin de ella, y le dijo: No llores.
Y acercndose, toc el fretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y [Jess] dijo: Joven, a ti te digo: Levntate!
El que haba muerto se incorpor y comenz a hablar, y [Jess] se lo entreg a su madre.
El temor se apoder de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y: Dios ha visitado a su pueblo.
Y este dicho que se deca de l, se divulg por toda Judea y por toda la regin circunvecina.
Entonces los discpulos de Juan le informaron de todas estas cosas.
Y llamando Juan a dos de sus discpulos, los envi al Seor, diciendo: Eres t el que ha de venir, o esperamos a otro?
Cuando los hombres llegaron a l, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, diciendo: "Eres t el que ha de venir, o esperamos a otro?"
En esa misma hora cur a muchos de enfermedades y aflicciones, y malos espritus, y a muchos ciegos les dio la vista.
Y respondiendo l, les dijo: Id y contad a Juan lo que habis visto y odo: los CIEGOS RECIBEN LA VISTA, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos son resucitados [y a] los POBRES SE LES ANUNCIA EL EVANGELIO.
Y bienaventurado es el que no se escandaliza de m.
Cuando los mensajeros de Juan se fueron, [Jess] comenz a hablar a las multitudes acerca de Juan: Qu salisteis a ver en el desierto? Una caa sacudida por el viento?
Mas, qu salisteis a ver? Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que visten con esplendor y viven en deleites estn en los palacios de los reyes.
Pero, qu salisteis a ver? Un profeta? S, os digo, y uno que es ms que un profeta.
ste es aquel de quien est escrito: "HE AQU, YO ENVO MI MENSAJERO DELANTE DE TU FAZ, QUIEN PREPARAR TU CAMINO DELANTE DE TI."
Os digo que entre los nacidos de mujer, no hay nadie mayor que Juan; sin embargo, el ms pequeo en el reino de Dios es mayor que l.
Cuando todo el pueblo y los recaudadores de impuestos [le] oyeron, reconocieron la justicia de Dios, siendo bautizados con el bautismo de Juan.
Pero los fariseos y los intrpretes de la ley rechazaron los propsitos de Dios para con ellos, al no ser bautizados por Juan.
A qu, entonces, comparar los hombres de esta generacin, y a qu son semejantes?
Son semejantes a los muchachos que se sientan en la plaza y se llaman unos a otros, y dicen: "Os tocamos la flauta, y no bailasteis; entonamos endechas, y no llorasteis."
Porque ha venido Juan el Bautista, que no come pan, ni bebe vino, y vosotros decs: "Tiene un demonio."
Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decs: "Mirad, un hombre glotn y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores."
Pero la sabidura es justificada por todos sus hijos.
Uno de los fariseos le peda que comiera con l; y entrando en la casa del fariseo, se sent [a la mesa.]
Y he aqu, haba en la ciudad una mujer que era pecadora, y cuando se enter de que [Jess] estaba sentado [a la mesa] en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
y ponindose detrs [de l] a sus pies, llorando, comenz a regar sus pies con lgrimas y [los] secaba con los cabellos de su cabeza, besaba sus pies y [los] unga con el perfume.
Pero al ver [esto] el fariseo que le haba invitado, dijo para s: Si ste fuera un profeta, sabra quin y qu clase de mujer es la que le est tocando, que es una pecadora.
Y respondiendo Jess, le dijo: Simn, tengo algo que decirte: Y l dijo : Di, Maestro.
Cierto prestamista tena dos deudores; uno [le] deba quinientos denarios y el otro cincuenta;
[y] no teniendo ellos con qu pagar, perdon generosamente a los dos. Cul de ellos, entonces, le amar ms?
Simn respondi, y dijo: Supongo que aquel a quien le perdon ms. Y [Jess] le dijo: Has juzgado correctamente.
Y volvindose hacia la mujer, le dijo a Simn: Ves esta mujer? Yo entr a tu casa [y] no me diste agua para los pies, pero ella ha regado mis pies con sus lgrimas y [los] ha secado con sus cabellos.
No me diste beso, pero ella, desde que entr, no ha cesado de besar mis pies.
No ungiste mi cabeza con aceite, pero ella ungi mis pies con perfume.
Por lo cual te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque am mucho; pero a quien poco se le perdona, poco ama.
Y a ella le dijo: Tus pecados han sido perdonados.
Los que estaban sentados [a la mesa] con l comenzaron a decir entre s: Quin es ste que hasta perdona pecados?
Pero [Jess] dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.
Y poco despus, l comenz a recorrer las ciudades y aldeas, proclamando y anunciando las buenas nuevas del reino de Dios; con l [iban] los doce,
y [tambin] algunas mujeres que haban sido sanadas de espritus malos y de enfermedades: Mara, llamada Magdalena, de la que haban salido siete demonios,
y Juana, mujer de Chuza, mayordomo de Herodes, y Susana, y muchas otras que de sus bienes personales contribuan al sostenimiento de ellos.
Habindose congregado una gran multitud, y los que de varias ciudades acudan a l, [les] habl por parbola:
El sembrador sali a sembrar su semilla; y al sembrarla, una parte cay junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron.
Otra [parte] cay sobre la roca, y tan pronto como creci, se sec, porque no tena humedad.
Otra [parte] cay en medio de los espinos; y los espinos, al crecer con ella, la ahogaron.
Y otra [parte] cay en tierra buena, y creci y produjo una cosecha a ciento por uno. Y al hablar estas cosas, [Jess] exclamaba: El que tiene odos para or, que oiga.
Sus discpulos le preguntaban qu quera decir esta parbola,
y l dijo: A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de Dios, pero a los dems [les hablo] en parbolas, para que VIENDO, NO VEAN; Y OYENDO, NO ENTIENDAN.
La parbola es sta: la semilla es la palabra de Dios.
Y aqullos a lo largo del camino son los que han odo, [pero] despus viene el diablo y arrebata la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Y aqullos sobre la roca son los que, cuando oyen, reciben la palabra con gozo; pero stos no tienen raz [profunda;] creen por algn tiempo, y en el momento de la tentacin sucumben.
Y la [semilla] que cay entre los espinos, stos son los que han odo, y al continuar su camino son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y su fruto no madura.
Pero la [semilla] en la tierra buena, stos son los que han odo la palabra con corazn recto y bueno, y la retienen, y dan fruto con [su] perseverancia.
Nadie enciende una lmpara y la cubre con una vasija, o [la] pone debajo de una cama, sino que [la] pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz.
Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz.
Por tanto, tened cuidado de cmo os; porque al que tiene, [ms] le ser dado; y al que no tiene, aun lo que cree que tiene se le quitar.
Entonces su madre y sus hermanos llegaron a [donde] l [estaba,] pero no podan acercarse a l debido al gento.
Y le avisaron: Tu madre y tus hermanos estn afuera y quieren verte.
Pero respondiendo l, les dijo: Mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y [la] hacen.
Y uno de [aquellos] das, entr en una barca con sus discpulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y se hicieron a la mar.
Pero mientras ellos navegaban, l se durmi; y una violenta tempestad descendi sobre el lago, y comenzaron a anegarse y corran peligro.
Y llegndose a l, le despertaron, diciendo: Maestro, Maestro, que perecemos! Y l, levantndose, reprendi al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma.
Y l les dijo: Dnde est vuestra fe? Pero ellos estaban atemorizados y asombrados, dicindose unos a otros: Quin, pues, es ste que aun a los vientos y al agua manda y le obedecen?
Navegaron hacia la tierra de los gadarenos que est al lado opuesto de Galilea;
y cuando l baj a tierra, le sali al encuentro un hombre de la ciudad posedo por demonios, y que por mucho tiempo no se haba puesto ropa alguna, ni viva en una casa, sino en los sepulcros.
Al ver a Jess, grit y cay delante de l, y dijo en alta voz: Qu tengo yo que ver contigo, Jess, Hijo del Dios Altsimo? Te ruego que no me atormentes.
Porque l mandaba al espritu inmundo que saliera del hombre, pues muchas veces se haba apoderado de l, y estaba atado con cadenas y grillos y bajo guardia; [a pesar de todo] rompa las ataduras y era impelido por el demonio a los desiertos.
Entonces Jess le pregunt: Cmo te llamas? Y l dijo: Legin; porque muchos demonios haban entrado en l.
Y le rogaban que no les ordenara irse al abismo.
Y haba una piara de muchos cerdos paciendo all en el monte; y [los demonios] le rogaron que les permitiera entrar en los cerdos. Y l les dio permiso.
Los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos; y la piara se precipit por el despeadero al lago, y se ahogaron.
Y cuando los que los cuidaban vieron lo que haba sucedido, huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos.
Sali entonces [la gente] a ver qu haba sucedido; y vinieron a Jess, y encontraron al hombre de quien haban salido los demonios, sentado a los pies de Jess, vestido y en su cabal juicio, y se llenaron de temor.
Y los que [lo] haban visto, les contaron cmo el que estaba endemoniado haba sido sanado.
Entonces toda la gente de la regin alrededor de los gadarenos le pidi [a Jess] que se alejara de ellos, porque estaban posedos de un gran temor. Y l entrando a una barca, regres.
Pero el hombre de quien haban salido los demonios le rogaba que le permitiera acompaarle; mas l lo despidi, diciendo:
Vuelve a tu casa, y cuenta cun grandes cosas Dios ha hecho por ti. Y l se fue, proclamando por toda la ciudad cun grandes cosas Jess haba hecho por l.
Cuando Jess volvi, la multitud le recibi [con gozo], porque todos le haban estado esperando.
Y he aqu, lleg un hombre llamado Jairo, que era un oficial de la sinagoga; y cayendo a los pies de Jess le rogaba que entrara a su casa;
porque tena una hija nica, como de doce aos, que estaba al borde de la muerte. Pero mientras l iba, la muchedumbre le apretaba.
Y una mujer que haba tenido un flujo de sangre por doce aos y que haba gastado en mdicos todo cuanto tena y no poda ser curada por nadie,
se acerc [a Jess] por detrs y toc el borde de su manto, y al instante ces el flujo de su sangre.
Y Jess dijo: Quin es el que me ha tocado? Mientras todos lo negaban, Pedro dijo, y los que con l estaban: Maestro, las multitudes te aprietan y te oprimen.
Pero Jess dijo: Alguien me toc, porque me di cuenta que de m haba salido poder.
Al ver la mujer que ella no haba pasado inadvertida, se acerc temblando, y cayendo delante de l, declar en presencia de todo el pueblo la razn por la cual le haba tocado, y cmo al instante haba sido sanada.
Y l le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz.
Mientras estaba todava hablando, vino alguien de [la casa del] oficial de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; no molestes ms al Maestro.
Pero cuando Jess [lo] oy, le respondi: No temas; cree solamente, y ella ser sanada.
Y cuando l lleg a la casa, no permiti que nadie entrara con l sino [slo] Pedro, Juan y Jacobo, y el padre y la madre de la muchacha.
Todos la lloraban y se lamentaban; pero l dijo: No lloris, porque no ha muerto, sino que duerme.
Y se burlaban de l, sabiendo que ella haba muerto.
Pero l, tomndola de la mano, clam, diciendo: Nia, levntate!
Entonces le volvi su espritu, y se levant al instante, y l mand que le dieran de comer.
Y sus padres estaban asombrados; pero l les encarg que no dijeran a nadie lo que haba sucedido.
Reuniendo a los doce, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades.
Y los envi a proclamar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.
Y les dijo: No tomis nada para el camino, ni bordn, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengis dos tnicas cada uno.
En cualquier casa donde entris, quedaos all, y sea de all [vuestra] salida.
Y en cuanto a los que no os reciban, al salir de esa ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.
Entonces salieron, e iban por las aldeas anunciando el evangelio y sanando por todas partes.
Herodes el tetrarca se enter de todo lo que estaba pasando, y estaba muy perplejo, porque algunos decan que Juan haba resucitado de entre los muertos,
otros, que Elas haba aparecido, y otros, que algn profeta de los antiguos haba resucitado.
Entonces Herodes dijo: A Juan yo lo hice decapitar; quin es, entonces, ste de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.
Y cuando los apstoles regresaron, dieron cuenta a Jess de todo lo que haban hecho. Y l, tomndolos consigo, se retir aparte a una ciudad llamada Betsaida.
Pero cuando la gente se dio cuenta de esto, le sigui; y [Jess,] recibindolos, les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que tenan necesidad de ser curados.
El da comenzaba a declinar, y acercndose los doce, le dijeron: Despide a la multitud, para que vayan a las aldeas y campos de los alrededores, y hallen alojamiento y consigan alimentos; porque aqu estamos en un lugar desierto.
Pero l les dijo: Dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos ms que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos y compremos alimentos para toda esta gente.
(Porque haba como cinco mil hombres.) Y [Jess] dijo a sus discpulos: Haced que se recuesten en grupos como de cincuenta cada uno.
As lo hicieron, haciendo recostar a todos.
Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y [los] parti, y [los] iba dando a los discpulos para que [los] sirvieran a la gente.
Todos comieron y se saciaron; y se recogieron de lo que les sobr de los pedazos: doce cestas [llenas].
Y mientras Jess oraba a solas, estaban con l los discpulos, y les pregunt, diciendo: Quin dicen las multitudes que soy yo?
Entonces ellos respondieron, y dijeron: [Unos,] Juan el Bautista, otros, Elas, y otros, que algn profeta de los antiguos ha resucitado.
Y l les dijo: Y vosotros quin decs que soy yo? Y Pedro respondiendo, dijo: El Cristo de Dios.
Pero l, advirtindoles severamente, [les] mand que no dijeran esto a nadie,
diciendo: El Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer da.
Y deca a todos: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, tome su cruz cada da y sgame.
Porque el que quiera salvar su vida, la perder, pero el que pierda su vida por causa de m, se la salvar.
Pues, de qu le sirve a un hombre haber ganado el mundo entero, si l mismo se destruye o se pierde?
Porque el que se avergence de m y de mis palabras, de ste se avergonzar el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y [la] del Padre, y [la] de los santos ngeles.
Pero de verdad os digo que hay algunos de los que estn aqu, que no probarn la muerte hasta que vean el reino de Dios.
Y como ocho das despus de estas palabras, [Jess] tom consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subi al monte a orar.
Mientras oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su ropa [se hizo] blanca [y] resplandeciente.
Y he aqu, dos hombres hablaban con l, los cuales eran Moiss y Elas,
quienes apareciendo en gloria, hablaban de la partida de Jess, que l estaba a punto de cumplir en Jerusaln.
Pedro y sus compaeros haban sido vencidos por el sueo, pero cuando estuvieron bien despiertos, vieron la gloria de Jess y a los dos varones que estaban con l.
Y sucedi que al retirarse ellos de l, Pedro dijo a Jess: Maestro, bueno es estarnos aqu; hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moiss y otra para Elas; no sabiendo lo que deca.
Entonces, mientras l deca esto, se form una nube que los cubri; y tuvieron temor al entrar en la nube.
Y una voz sali de la nube, que deca: ste es mi Hijo, [mi] Escogido; a l od.
Cuando la voz se oy, Jess fue hallado solo. Ellos se [lo] callaron, y por aquellos das no contaron a nadie nada de lo que haban visto.
Y aconteci que al da siguiente, cuando bajaron del monte, una gran multitud le sali al encuentro.
Y he aqu, un hombre de la multitud grit, diciendo: Maestro, te suplico que veas a mi hijo, pues es el nico que tengo,
y sucede que un espritu se apodera de l, y de repente da gritos, y [el espritu] le hace caer con convulsiones, echando espumarajos; y magullndole, a duras penas se aparta de l.
Entonces rogu a tus discpulos que lo echaran fuera, y no pudieron.
Respondiendo Jess, dijo: Oh generacin incrdula y perversa! Hasta cundo he de estar con vosotros y os he de soportar? Trae ac a tu hijo.
Cuando ste se acercaba, el demonio lo derrib y lo hizo caer con convulsiones. Pero Jess reprendi al espritu inmundo, y san al muchacho y se lo devolvi a su padre.
Y todos estaban admirados de la grandeza de Dios. Mientras todos se maravillaban de todas las cosas que haca, [Jess] dijo a sus discpulos:
Haced que estas palabras penetren en vuestros odos, porque el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres.
Pero ellos no entendan estas palabras, y les estaban veladas para que no las comprendieran; y teman preguntarle acerca de ellas.
Y se suscit una discusin entre ellos, sobre quin de ellos sera el mayor.
Entonces Jess, sabiendo lo que pensaban en sus corazones, tom a un nio y lo puso a su lado,
y les dijo: El que reciba a este nio en mi nombre, a m me recibe; y el que me recibe a m, recibe a aquel que me envi; porque el que es ms pequeo entre todos vosotros, se es grande.
Y respondiendo Juan, dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedrselo porque no anda con nosotros.
Pero Jess le dijo: No [se lo] impidis; porque el que no est contra vosotros, est con vosotros.
Y sucedi que cuando se cumplan los das de su ascensin, l, con determinacin, afirm su rostro para ir a Jerusaln.
Y envi mensajeros delante de l; y ellos fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos.
Pero no le recibieron, porque saban que haba determinado ir a Jerusaln.
Al ver [esto,] sus discpulos Jacobo y Juan, dijeron: Seor, quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma?
Pero l, volvindose, los reprendi, y dijo: Vosotros no sabis de qu espritu sois,
porque el Hijo del Hombre no ha venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.
Y mientras ellos iban por el camino, uno le dijo: Te seguir adondequiera que vayas.
Y Jess le dijo: Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dnde recostar su cabeza.
A otro dijo: Sgueme. Pero l dijo: Seor, permteme que vaya primero a enterrar a mi padre.
Mas l le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero t, ve y anuncia por todas partes el reino de Dios.
Tambin otro dijo: Te seguir, Seor; pero primero permteme despedirme de los de mi casa.
Pero Jess le dijo: Nadie, que despus de poner la mano en el arado mira atrs, es apto para el reino de Dios.
Despus de esto, el Seor design a otros setenta, y los envi de dos en dos delante de l, a toda ciudad y lugar adonde l haba de ir.
Y les deca: La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, por tanto, al Seor de la mies que enve obreros a su mies.
Id; mirad que os envo como corderos en medio de lobos.
No llevis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y a nadie saludis por el camino.
En cualquier casa que entris, decid primero: "Paz a esta casa."
Y si hay all un hijo de paz, vuestra paz reposar sobre l; pero si no, se volver a vosotros.
Permaneced entonces en esa casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os pasis de casa en casa.
En cualquier ciudad donde entris y os reciban, comed lo que os sirvan;
sanad a los enfermos que haya en ella, y decidles: "Se ha acercado a vosotros el reino de Dios."
Pero en cualquier ciudad donde entris, y no os reciban, salid a sus calles, y decid:
"Hasta el polvo de vuestra ciudad que se pega a nuestros pies, nos lo sacudimos [en protesta] contra vosotros; empero sabed esto: que el reino de Dios se ha acercado."
Os digo que en aquel da ser ms tolerable [el castigo] para Sodoma que para aquella ciudad.
Ay de ti Corazn! Ay de ti Betsaida! Porque si los milagros que se hicieron en vosotras hubieran sido hechos en Tiro y Sidn, hace tiempo que se hubieran arrepentido sentados en cilicio y ceniza.
Por eso, en el juicio ser ms tolerable [el castigo] para Tiro y Sidn que para vosotras.
Y t, Capernam, acaso sers elevada hasta los cielos? Hasta el Hades sers hundida!
El que a vosotros escucha, a m me escucha, y el que a vosotros rechaza, a m me rechaza; y el que a m me rechaza, rechaza al que me envi.
Los setenta regresaron con gozo, diciendo: Seor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre.
Y l les dijo: Yo vea a Satans caer del cielo como un rayo.
Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os har dao.
Sin embargo, no os regocijis en esto, de que los espritus se os sometan, sino regocijaos de que vuestros nombres estn escritos en los cielos.
En aquella misma hora l se regocij mucho en el Espritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Seor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a nios. S, Padre, porque as fue de tu agrado.
Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie sabe quin es el Hijo sino el Padre, ni quin es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo [se lo] quiera revelar.
Y volvindose hacia los discpulos, les dijo aparte: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis;
porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no [lo] vieron, y or lo que vosotros os, y no [lo] oyeron.
Y he aqu, cierto intrprete de la ley se levant, y para ponerle a prueba dijo: Maestro, qu har para heredar la vida eterna?
Y l le dijo: Qu est escrito en la ley? Qu lees [en ella?]
Respondiendo l, dijo: AMARS AL SEOR TU DIOS CON TODO TU CORAZN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU FUERZA, Y CON TODA TU MENTE; Y A TU PRJIMO COMO A TI MISMO.
Entonces [Jess] le dijo: Has respondido correctamente; HAZ ESTO Y VIVIRS.
Pero queriendo l justificarse a s mismo, dijo a Jess: Y quin es mi prjimo?
Respondiendo Jess, dijo: Cierto hombre bajaba de Jerusaln a Jeric, y cay en manos de salteadores, los cuales despus de despojarlo y de darle golpes, se fueron, dejndolo medio muerto.
Por casualidad cierto sacerdote bajaba por aquel camino, y cuando lo vio, pas por el otro lado [del camino.]
Del mismo modo, tambin un levita, cuando lleg al lugar y lo vio, pas por el otro lado [del camino.]
Pero cierto samaritano, que iba de viaje, lleg adonde l [estaba;] y cuando lo vio, tuvo compasin,
y acercndose, le vend sus heridas, derramando aceite y vino sobre [ellas;] y ponindolo sobre su propia cabalgadura, lo llev a un mesn y lo cuid.
Al da siguiente, sacando dos denarios, se los dio al mesonero, y dijo: "Cudalo, y todo lo dems que gastes, cuando yo regrese te lo pagar."
Cul de estos tres piensas t que demostr ser prjimo del que cay en [manos de] los salteadores?
Y l dijo: El que tuvo misericordia de l. Y Jess le dijo: Ve y haz t lo mismo.
Mientras iban ellos de camino, l entr en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibi en su casa.
Y ella tena una hermana que se llamaba Mara, que sentada a los pies del Seor, escuchaba su palabra.
Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos; y acercndose [a l, le] dijo: Seor, no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.
Respondiendo el Seor, le dijo: Marta, Marta, t ests preocupada y molesta por tantas cosas;
pero una sola cosa es necesaria, y Mara ha escogido la parte buena, la cual no le ser quitada.
Y aconteci que estando Jess orando en cierto lugar, cuando termin, le dijo uno de sus discpulos: Seor, ensanos a orar, as como Juan ense tambin a sus discpulos.
Y l les dijo: Cuando oris, decid: "Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.
"Danos hoy el pan nuestro de cada da.
"Y perdnanos nuestros pecados, porque tambin nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentacin."
Tambin les dijo: Supongamos que uno de vosotros tiene un amigo, y va a l a medianoche y le dice: "Amigo, prstame tres panes,
porque un amigo mo ha llegado de viaje a mi [casa,] y no tengo nada que ofrecerle";
y aqul, respondiendo desde adentro, le dice: "No me molestes; la puerta ya est cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme para darte [nada.]"
Os digo que aunque no se levante a darle [algo] por ser su amigo, no obstante, por su importunidad se levantar y le dar cuanto necesite.
Y yo os digo: Pedid, y se os dar; buscad, y hallaris; llamad, y se os abrir.
Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrir.
O suponed que a uno de vosotros que es padre, su hijo le pide pan; acaso le dar una piedra? O si [le pide] un pescado; acaso le dar una serpiente en lugar del pescado?
O si le pide un huevo; acaso le dar un escorpin?
Pues si vosotros siendo malos, sabis dar buenas ddivas a vuestros hijos, cunto ms [vuestro] Padre celestial dar el Espritu Santo a los que se lo pidan?
Estaba [Jess] echando fuera un demonio, que era mudo, y sucedi que cuando el demonio sali, el mudo habl; y las multitudes se maravillaron.
Pero algunos de ellos dijeron: l echa fuera los demonios por Beelzeb, prncipe de los demonios.
Y otros, para ponerle a prueba, demandaban de l una seal del cielo.
Pero conociendo l sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra s mismo es asolado; y una casa dividida contra s misma, se derrumba.
Y si tambin Satans est dividido contra s mismo, cmo permanecer en pie su reino? Porque vosotros decs que yo echo fuera demonios por Beelzeb.
Y si yo echo fuera demonios por Beelzeb, por quin los echan fuera vuestros hijos? Por consiguiente, ellos sern vuestros jueces.
Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un [hombre] fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes estn seguros.
Pero cuando uno ms fuerte que l lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales haba confiado y distribuye su botn.
El que no est conmigo, contra m est; y el que conmigo no recoge, desparrama.
Cuando el espritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares ridos buscando descanso; y al no hallarlo, dice: "Volver a mi casa de donde sal."
Y cuando llega, la encuentra barrida y arreglada.
Entonces va y toma consigo otros siete espritus peores que l, y entrando, moran all; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero.
Y sucedi que mientras deca estas cosas, una de las mujeres en la multitud alz su voz y le dijo: Dichosa la matriz que te concibi y los senos que te criaron!
Pero l dijo: Al contrario, dichosos los que oyen la palabra de Dios y [la] guardan.
Como la multitud se aglomeraba, comenz a decir: Esta generacin es una generacin perversa; busca seal, y ninguna seal se le dar, sino la seal de Jons.
Porque de la misma manera que Jons vino a ser una seal para los ninivitas, as tambin lo ser el Hijo del Hombre para esta generacin.
La Reina del Sur se levantar en el juicio con los hombres de esta generacin y los condenar, porque ella vino desde los confines de la tierra para or la sabidura de Salomn; y mirad, algo ms [grande] que Salomn est aqu.
Los hombres de Nnive se levantarn en el juicio con esta generacin y la condenarn, porque ellos se arrepintieron con la predicacin de Jons; y mirad, algo ms [grande] que Jons est aqu.
Nadie, cuando enciende una lmpara, la pone en un stano ni debajo de un almud, sino sobre el candelero, para que los que entren vean la luz.
La lmpara de tu cuerpo es tu ojo; cuando tu ojo est sano, tambin todo tu cuerpo est lleno de luz; pero cuando est malo, tambin tu cuerpo est lleno de oscuridad.
Mira, pues, que la luz que en ti hay no sea oscuridad.
As que, si todo tu cuerpo est lleno de luz, sin tener parte alguna en tinieblas, estar totalmente iluminado como cuando la lmpara te alumbra con sus rayos.
Cuando termin de hablar, un fariseo le rog que comiera con l; y [Jess] entr y se sent [a la mesa.]
Cuando el fariseo vio [esto,] se sorprendi de que [Jess] no se hubiera lavado primero antes de comer, [segn el ritual judo].
Pero el Seor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiis lo de fuera del vaso y del plato; pero por dentro estis llenos de robo y de maldad.
Necios, el que hizo lo de fuera, no hizo tambin lo de adentro?
Dad ms bien lo que est dentro como obra de caridad, y entonces todo os ser limpio.
Mas ay de vosotros, fariseos!, porque pagis el diezmo de la menta y la ruda y toda [clase de] hortaliza, y [sin embargo] pasis por alto la justicia y el amor de Dios; pero esto es lo que debais haber practicado sin descuidar lo otro.
Ay de vosotros, fariseos!, porque amis los primeros asientos en las sinagogas y los saludos respetuosos en las plazas.
Ay de vosotros!, porque sois como sepulcros que no se ven, sobre [los que] andan los hombres sin saber[lo.]
Respondiendo uno de los intrpretes de la ley, le dijo : Maestro, cuando dices esto, tambin a nosotros nos insultas.
Y l dijo: Ay tambin de vosotros, intrpretes de la ley!, porque cargis a los hombres con cargas difciles de llevar, y vosotros ni siquiera tocis las cargas con uno de vuestros dedos.
Ay de vosotros!, porque edificis los sepulcros de los profetas, y [fueron] vuestros padres [quienes] los mataron.
De modo que sois testigos, y aprobis las acciones de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificis [sus sepulcros.]
Por eso la sabidura de Dios tambin dijo: "Les enviar profetas y apstoles, y de ellos, matarn [a algunos] y perseguirn [a otros,]
para que la sangre de todos los profetas, derramada desde la fundacin del mundo, se le cargue a esta generacin,
desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacaras, que pereci entre el altar y la casa [de Dios;] s, os digo que le ser cargada a esta generacin."
Ay de vosotros, intrpretes de la ley!, porque habis quitado la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que estaban entrando se lo impedisteis.
Cuando sali de all, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarle en gran manera, y a interrogarle minuciosamente sobre muchas cosas,
tramando contra l para atrapar[le] en algo que dijera.
En estas circunstancias, cuando una multitud de miles y miles se haba reunido, tanto que se atropellaban unos a otros, [Jess] comenz a decir primeramente a sus discpulos: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresa.
Y nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse.
Por lo cual, todo lo que habis dicho en la oscuridad se oir a la luz, y lo que habis susurrado en las habitaciones interiores, ser proclamado desde las azoteas.
Y yo os digo, amigos mos: no temis a los que matan el cuerpo, y despus de esto no tienen ms nada que puedan hacer.
Pero yo os mostrar a quin debis temer: temed al que, despus de matar, tiene poder para arrojar al infierno; s, os digo: a ste, temed!
No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Y [sin embargo,] ni uno de ellos est olvidado ante Dios.
Es ms, aun los cabellos de vuestra cabeza estn todos contados. No temis; vosotros valis ms que muchos pajarillos.
Y os digo, que a todo el que me confiese delante de los hombres, el Hijo del Hombre le confesar tambin ante los ngeles de Dios;
pero el que me niegue delante de los hombres, ser negado delante de los ngeles de Dios.
Y a todo el que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonar; pero al que blasfeme contra el Espritu Santo, no se le perdonar.
Y cuando os lleven a las sinagogas y ante los gobernantes y las autoridades, no os preocupis de cmo o de qu hablaris en defensa propia, o qu vais a decir;
porque el Espritu Santo en esa misma hora os ensear lo que debis decir.
Uno de la multitud le dijo: Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo.
Pero l le dijo: Hombre! Quin me ha puesto por juez o rbitro sobre vosotros?
Y les dijo: Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque [aun] cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes.
Tambin les refiri una parbola, diciendo: La tierra de cierto hombre rico haba producido mucho.
Y pensaba dentro de s, diciendo: "Qu har, ya que no tengo dnde almacenar mis cosechas?"
Entonces dijo: "Esto har: derribar mis graneros y edificar otros ms grandes, y all almacenar todo mi grano y mis bienes.
"Y dir a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos aos; descansa, come, bebe, divirtete."
Pero Dios le dijo: "Necio! Esta [misma] noche te reclaman el alma; y [ahora,] para quin ser lo que has provisto?"
As es el que acumula tesoro para s, y no es rico para con Dios.
Y dijo a sus discpulos: Por eso os digo: No os preocupis por [vuestra] vida, qu comeris; ni por vuestro cuerpo, qu vestiris.
Porque la vida es ms que el alimento, y el cuerpo ms que la ropa.
Considerad los cuervos, que ni siembran ni siegan; no tienen bodega ni granero, y [sin embargo,] Dios los alimenta; cunto ms valis vosotros que las aves!
Y quin de vosotros, por ansioso que est, puede aadir una hora al curso de su vida?
Si vosotros, pues, no podis hacer algo tan pequeo, por qu os preocupis por lo dems?
Considerad los lirios, cmo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo que ni Salomn en toda su gloria se visti como uno de stos.
Y si Dios viste as la hierba del campo, que hoy es y maana es echada al horno, cunto ms [har] por vosotros, hombres de poca fe!
Vosotros, pues no busquis qu habis de comer, ni qu habis de beber, y no estis preocupados.
Porque los pueblos del mundo buscan ansiosamente todas estas cosas; pero vuestro Padre sabe que necesitis estas cosas.
Mas buscad su reino, y estas cosas os sern aadidas.
No temas, rebao pequeo, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino.
Vended vuestras posesiones y dad limosnas; haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca [ningn] ladrn ni la polilla destruye.
Porque donde est vuestro tesoro, all tambin estar vuestro corazn.
Estad siempre preparados y [mantened] las lmparas encendidas,
y sed semejantes a hombres que esperan a su seor que regresa de las bodas, para abrirle tan pronto como llegue y llame.
Dichosos aquellos siervos a quienes el seor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceir [para servir], y los sentar [a la mesa,] y acercndose, les servir.
Y ya sea que venga en la segunda vigilia, o aun en la tercera, y [los] halla as, dichosos son aquellos [siervos.]
Podis estar seguros de que si el dueo de la casa hubiera sabido a qu hora iba a venir el ladrn, no hubiera permitido que entrara en su casa.
Vosotros tambin estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendr a la hora que no esperis.
Entonces Pedro dijo: Seor, nos dices esta parbola a nosotros, o tambin a todos [los dems]?
Y el Seor dijo: Quin es, pues, el mayordomo fiel y prudente a quien su seor pondr sobre sus siervos para que a su tiempo les d sus raciones?
Dichoso aquel siervo a quien, cuando su seor venga, lo encuentre haciendo as.
De verdad os digo que lo pondr sobre todos sus bienes.
Pero si aquel siervo dice en su corazn: "Mi seor tardar en venir"; y empieza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer, a beber y a embriagarse;
el seor de aquel siervo llegar un da, cuando l no [lo] espera y a una hora que no sabe, y lo azotar severamente, y le asignar un lugar con los incrdulos.
Y aquel siervo que saba la voluntad de su seor, y que no se prepar ni obr conforme a su voluntad, recibir muchos azotes;
pero el que no [la] saba, e hizo cosas que merecan castigo, ser azotado poco. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandar de l; y al que mucho le han confiado, ms le exigirn.
Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y cmo quisiera que ya estuviera encendido!
Pero de un bautismo tengo que ser bautizado, y cmo me angustio hasta que se cumpla!
Pensis que vine a dar paz en la tierra? No, os digo, sino ms bien divisin.
Porque desde ahora en adelante, cinco en una casa estarn divididos; tres contra dos y dos contra tres.
Estarn divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.
Deca tambin a las multitudes: Cuando veis una nube que se levanta en el poniente, al instante decs: "Viene un aguacero", y as sucede.
Y cuando sopla el viento del sur, decs: "Va a hacer calor", y [as] pasa.
Hipcritas! Sabis examinar el aspecto de la tierra y del cielo; entonces, por qu no examinis este tiempo presente?
Y por qu no juzgis por vosotros mismos lo que es justo?
Porque mientras vas con tu adversario para comparecer ante el magistrado, procura en el camino arreglarte con l, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te eche en la crcel.
Te digo que no saldrs de all hasta que hayas pagado aun el ltimo centavo.
En esa misma ocasin haba all algunos que le contaron acerca de los galileos cuya sangre Pilato haba mezclado con la de sus sacrificios.
Respondiendo [Jess,] les dijo: Pensis que estos galileos eran [ms] pecadores que todos los [dems] galileos, porque sufrieron esto?
Os digo que no; al contrario, si no os arrepents, todos pereceris igualmente.
O pensis que aquellos dieciocho, sobre los que cay la torre en Silo y los mat, eran [ms] deudores que todos los hombres que habitan en Jerusaln?
Os digo que no; al contrario, si no os arrepents, todos pereceris igualmente.
Y les dijo esta parbola: Cierto hombre tena una higuera plantada en su via; y fue a buscar fruto de ella, y no [lo] hall.
Y dijo al viador: "Mira, hace tres aos que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. Crtala. Por qu ha de cansar la tierra?"
l entonces, respondiendo, le dijo: "Seor, djala por este ao todava, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono,
y si da fruto el ao que viene, [bien;] y si no, crtala."
[Jess] estaba enseando en una de las sinagogas un da de reposo,
y haba [all] una mujer que durante dieciocho aos haba tenido una enfermedad causada por un espritu; estaba encorvada, y de ninguna manera se poda enderezar.
Cuando Jess la vio, la llam y le dijo: Mujer, has quedado libre de tu enfermedad.
Y puso las manos sobre ella, y al instante se enderez y glorificaba a Dios.
Pero el oficial de la sinagoga, indignado porque Jess haba sanado en da de reposo, reaccion diciendo a la multitud: Hay seis das en los cuales se debe trabajar; venid, pues, en esos [das] y sed sanados, y no en da de reposo.
Entonces el Seor le respondi, y dijo: Hipcritas, no desata cada uno de vosotros su buey o su asno del pesebre en da de reposo y lo lleva a beber?
Y sta, que es hija de Abraham, a la que Satans ha tenido atada durante dieciocho largos aos, no deba ser libertada de esta ligadura en da de reposo?
Y al decir l esto, todos sus adversarios se avergonzaban, pero toda la multitud se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por l.
Entonces deca: A qu es semejante el reino de Dios y con qu lo comparar?
Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tom y ech en su huerto; y creci y se hizo rbol, y LAS AVES DEL CIELO ANIDARON EN SUS RAMAS.
Y volvi a decir: A qu comparar el reino de Dios?
Es semejante a la levadura que una mujer tom y escondi en tres medidas de harina hasta que todo qued fermentado.
Pasaba [Jess] por ciudades y aldeas, enseando, mientras prosegua camino a Jerusaln.
Y alguien le dijo: Seor, son pocos los que se salvan? Y l les dijo:
Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarn de entrar y no podrn.
Despus que el dueo de la casa se levante y cierre la puerta, y vosotros, estando fuera, comencis a llamar a la puerta, diciendo: "Seor, brenos", l respondiendo, os dir: "No s de dnde sois."
Entonces comenzaris a decir: "Comimos y bebimos en tu presencia, y enseaste en nuestras calles;"
y l dir: "Os digo que no s de dnde sois; APARTAOS DE M, TODOS LOS QUE HACIS INIQUIDAD."
All ser el llanto y el crujir de dientes cuando veis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros echados fuera.
Y vendrn del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarn [a la mesa] en el reino de Dios.
Y he aqu, hay ltimos que sern primeros, y hay primeros que sern ltimos.
En ese momento llegaron unos fariseos dicindole: Sal y vete de aqu, porque Herodes te quiere matar.
Y l les dijo: Id y decidle a ese zorro: "Yo expulso demonios, y hago curaciones hoy y maana, y al tercer [da] cumplo mi propsito."
Sin embargo, debo seguir mi camino, hoy, maana y pasado maana; porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusaln.
Jerusaln, Jerusaln, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! Cuntas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!
He aqu, vuestra casa se os deja desierta; y os digo que no me veris [ms,] hasta que llegue [el tiempo] en que digis: "BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEOR."
Y aconteci que cuando Jess entr en casa de uno de los principales de los fariseos un da de reposo para comer pan, ellos le estaban observando cuidadosamente.
Y all, frente a l, estaba un hombre hidrpico.
Y dirigindose Jess, a los intrpretes de la ley y a los fariseos, [les] habl diciendo: Es lcito sanar en el da de reposo, o no?
Pero ellos guardaron silencio. Y l, tomndolo [de la mano,] lo san y lo despidi.
Y a ellos les dijo: A quin de vosotros se le cae un hijo o un buey en un hoyo un da de reposo, y no lo saca inmediatamente?
Y no pudieron responderle a esto.
Y comenz a referir una parbola a los invitados, cuando advirti cmo escogan los lugares de honor [a la mesa], dicindoles:
Cuando seas invitado por alguno a un [banquete] de bodas, no tomes el lugar de honor, no sea que l haya invitado a otro ms distinguido que t,
y viniendo el que te invit a ti y a l, te diga: "Dale [el] lugar a ste"; y entonces, avergonzado, tengas que irte al ltimo lugar.
Sino que cuando seas invitado, ve y sintate en el ltimo lugar, para que cuando llegue el que te invit, te diga: "Amigo, ven ms adelante"; entonces sers honrado delante de todos los que se sientan [a la mesa] contigo.
Porque todo el que se ensalce, ser humillado; y el que se humille ser ensalzado.
Y dijo tambin al que le haba convidado: Cuando ofrezcas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos a su vez tambin te conviden y tengas ya tu recompensa.
Antes bien, cuando ofrezcas un banquete, llama a pobres, mancos, cojos, ciegos,
y sers bienaventurado, ya que ellos no tienen para recompensarte; pues t sers recompensado en la resurreccin de los justos.
Cuando uno de los que estaban sentados con l [a la mesa] oy esto, le dijo: Bienaventurado todo el que coma pan en el reino de Dios!
Pero l le dijo: Cierto hombre dio una gran cena, e invit a muchos;
y a la hora de la cena envi a su siervo a decir a los que haban sido invitados: "Venid, porque ya todo est preparado."
Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: "He comprado un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses."
Y otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me excuses."
Tambin otro dijo: "Me he casado, y por eso no puedo ir."
Cuando el siervo regres, inform [de todo] esto a su seor. Entonces, enojado el dueo de la casa, dijo a su siervo: "Sal enseguida por las calles y callejones de la ciudad, y trae ac a los pobres, los mancos, los ciegos y los cojos."
Y el siervo dijo: "Seor, se ha hecho lo que ordenaste, y todava hay lugar."
Entonces el seor dijo al siervo: "Sal a los caminos y por los cercados, y oblga[los] a entrar para que se llene mi casa.
"Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron invitados probar mi cena."
Grandes multitudes le acompaaban; y l, volvindose, les dijo:
Si alguno viene a m, y no aborrece a su padre y madre, a [su] mujer e hijos, a [sus] hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discpulo.
El que no carga su cruz y viene en pos de m, no puede ser mi discpulo.
Porque, quin de vosotros, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo, para ver si tiene [lo suficiente] para terminarla?
No sea que cuando haya echado los cimientos y no pueda terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de l,
diciendo: "Este hombre comenz a edificar y no pudo terminar."
O qu rey, cuando sale al encuentro de otro rey para la batalla, no se sienta primero y delibera si con diez mil [hombres] es [bastante] fuerte como para enfrentarse al que viene contra l con veinte mil?
Y si no, cuando el otro todava est lejos, le enva una delegacin y pide condiciones de paz.
As pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discpulo.
Por tanto, buena es la sal, pero si tambin la sal ha perdido su sabor, con qu ser sazonada?
No es til ni para la tierra ni para el muladar; la arrojan fuera. El que tenga odos para or, que oiga.
Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a Jess para orle;
y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ste recibe a los pecadores y come con ellos.
Entonces l les refiri esta parbola, diciendo:
Qu hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la que est perdida hasta que la halla?
Al encontrar[la, la] pone sobre sus hombros, gozoso;
y cuando llega a su casa, rene a los amigos y a los vecinos, dicindoles: "Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja que se haba perdido."
Os digo que de la misma manera, habr [ms] gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.
O qu mujer, si tiene diez monedas de plata y pierde una moneda, no enciende una lmpara y barre la casa y busca con cuidado hasta hallar[la]?
Cuando [la] encuentra, rene a las amigas y vecinas, diciendo: "Alegraos conmigo porque he hallado la moneda que haba perdido."
De la misma manera, os digo, hay gozo en la presencia de los ngeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
Y [Jess] dijo: Cierto hombre tena dos hijos;
y el menor de ellos le dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y l les reparti sus bienes.
No muchos das despus, el hijo menor, juntndolo todo, parti a un pas lejano, y all malgast su hacienda viviendo perdidamente.
Cuando lo haba gastado todo, vino una gran hambre en aquel pas, y comenz a pasar necesidad.
Entonces fue y se acerc a uno de los ciudadanos de aquel pas, y l lo mand a sus campos a apacentar cerdos.
Y deseaba llenarse el estmago de las algarrobas que coman los cerdos, pero nadie le daba [nada.]
Entonces, volviendo en s, dijo: "Cuntos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, pero yo aqu perezco de hambre!
"Me levantar e ir a mi padre, y le dir: 'Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;
ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores.'"
Y levantndose, fue a su padre. Y cuando todava estaba lejos, su padre lo vio y sinti compasin [por l,] y corri, se ech sobre su cuello y lo bes.
Y el hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo."
Pero el padre dijo a sus siervos: "Pronto; traed la mejor ropa y vestidlo, y poned un anillo en su mano y sandalias en los pies;
y traed el becerro engordado, matad[lo,] y comamos y regocijmonos;
porque este hijo mo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron a regocijarse.
Y su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y se acerc a la casa, oy msica y danzas.
Y llamando a uno de los criados, le pregunt qu era [todo] aquello.
Y l le dijo: "Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro engordado porque lo ha recibido sano y salvo."
Entonces l se enoj y no quera entrar. Sali su padre y le rogaba [que entrara.]
Pero respondiendo l, le dijo al padre: "Mira, por tantos aos te he servido y nunca he desobedecido ninguna orden tuya, y [sin embargo,] nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos;
pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, mataste para l el becerro engordado."
Y l le dijo: "Hijo [mo,] t siempre has estado conmigo, y todo lo mo es tuyo.
"Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque ste, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la vida; [estaba] perdido y ha sido hallado."
Deca tambin [Jess] a los discpulos: Haba cierto hombre rico que tena un mayordomo; y ste fue acusado ante l de derrochar sus bienes.
Entonces lo llam y le dijo: "Qu es esto que oigo acerca de ti? Rinde cuentas de tu administracin, porque no puedes ser ms mayordomo."
Y el mayordomo se dijo a s mismo: "Qu har? Pues mi seor me quita la administracin. No tengo fuerzas para cavar, y me da vergenza mendigar.
"Ya s lo que har, para que cuando se me destituya de la administracin me reciban en sus casas."
Y llamando a cada uno de los deudores de su seor, dijo al primero: "Cunto le debes a mi seor?"
Y l dijo: "Cien barriles de aceite." Y le dijo: "Toma tu factura, sintate pronto y escribe cincuenta."
Despus dijo a otro: "Y t, cunto debes?" Y l respondi: "Cien medidas de trigo." l le dijo : "Toma tu factura y escribe ochenta."
El seor elogi al mayordomo injusto porque haba procedido con sagacidad, pues los hijos de este siglo son ms sagaces en las relaciones con sus semejantes que los hijos de luz.
Y yo os digo: Haceos amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando falten, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo muy poco, es fiel tambin en lo mucho; y el que es injusto en lo muy poco, tambin es injusto en lo mucho.
Por tanto, si no habis sido fieles en [el uso de] las riquezas injustas, quin os confiar las [riquezas] verdaderas?
Y si no habis sido fieles en [el uso de] lo ajeno, quin os dar lo que es vuestro?
Ningn siervo puede servir a dos seores, porque o aborrecer a uno y amar al otro, o se apegar a uno y despreciar al otro. No podis servir a Dios y a las riquezas.
Los fariseos, que eran amantes del dinero, oan todas estas cosas y se burlaban de l.
Y l les dijo: Vosotros sois los que os justificis a vosotros mismos ante los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, porque lo que entre los hombres es de alta estima, abominable es delante de Dios.
La ley y los profetas [se proclamaron] hasta Juan; desde entonces se anuncian las buenas nuevas del reino de Dios, y todos se esfuerzan por entrar en l.
Pero ms fcil es que el cielo y la tierra pasen, que un pice de la ley deje de cumplirse.
Todo el que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la que est divorciada del marido, comete adulterio.
Haba cierto hombre rico que se vesta de prpura y lino fino, celebrando cada da fiestas con esplendidez.
Y un pobre llamado Lzaro yaca a su puerta cubierto de llagas,
ansiando saciarse de las [migajas] que caan de la mesa del rico; adems, hasta los perros venan y le laman las llagas.
Y sucedi que muri el pobre y fue llevado por los ngeles al seno de Abraham; y muri tambin el rico y fue sepultado.
En el Hades alz sus ojos, estando en tormentos, y vio a Abraham a lo lejos, y a Lzaro en su seno.
Y gritando, dijo: "Padre Abraham, ten misericordia de m, y enva a Lzaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, pues estoy en agona en esta llama."
Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que durante tu vida recibiste tus bienes, y Lzaro, igualmente, males; pero ahora l es consolado aqu, y t ests en agona.
"Y adems de todo esto, hay un gran abismo puesto entre nosotros y vosotros, de modo que los que quieran pasar de aqu a vosotros no puedan, y tampoco nadie pueda cruzar de all a nosotros."
Entonces l dijo: "Te ruego, pues, padre, que lo enves a la casa de mi padre,
pues tengo cinco hermanos, de modo que l los prevenga, para que ellos no vengan tambin a este lugar de tormento."
Pero Abraham dijo : "Ellos tienen a Moiss y a los profetas; que los oigan."
Y l dijo: "No, padre Abraham, sino que si alguno va a ellos de entre los muertos, se arrepentirn."
Mas [Abraham] le contest: "Si no escuchan a Moiss y a los profetas, tampoco se persuadirn si alguno se levanta de entre los muertos."
Y [Jess] dijo a sus discpulos: Es inevitable que vengan tropiezos, pero ay de aquel por quien vienen!
Mejor le sera si se le colgara una piedra de molino al cuello y fuera arrojado al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeos.
Tened cuidado! Si tu hermano peca, reprndelo; y si se arrepiente, perdnalo.
Y si peca contra ti siete veces al da, y vuelve a ti siete veces, diciendo: "Me arrepiento", perdnalo.
Y los apstoles dijeron al Seor: Aumntanos la fe!
Entonces el Seor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, dirais a este sicmoro: "Desarrigate y plntate en el mar." Y os obedecera.
Quin de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando [ovejas,] y cuando regresa del campo, le dice: "Ven enseguida y sintate [a comer]"?
No le dir ms bien: "Preprame algo para cenar, y vstete [adecuadamente,] y srveme hasta que haya comido y bebido; y despus comers y bebers t"?
Acaso le da las gracias al siervo porque hizo lo que se le orden?
As tambin vosotros, cuando hayis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: "Siervos intiles somos; hemos hecho [slo] lo que debamos haber hecho."
Y aconteci que mientras iba camino a Jerusaln, pasaba entre Samaria y Galilea,
y al entrar en cierta aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia,
y alzaron la voz, diciendo: Jess, Maestro! Ten misericordia de nosotros!
Cuando l los vio, les dijo: Id y mostraos a los sacerdotes. Y sucedi que mientras iban, quedaron limpios.
Entonces uno de ellos, al ver que haba sido sanado, se volvi glorificando a Dios en alta voz.
Y cay sobre su rostro a los pies de Jess, dndole gracias; y ste era samaritano.
Respondiendo Jess, dijo: No fueron diez los que quedaron limpios? Y los [otros] nueve... dnde estn?
No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero?
Y le dijo: Levntate y vete; tu fe te ha sanado.
Habindole preguntado los fariseos cundo vendra el reino de Dios, [Jess] les respondi, y dijo: El reino de Dios no viene con seales visibles,
ni dirn: "Mirad, aqu [est!]" o: "All [est!]" Porque he aqu, el reino de Dios entre vosotros est.
Y dijo a los discpulos: Vendrn das cuando ansiaris ver uno de los das del Hijo del Hombre, y no lo veris.
Y os dirn: "Mirad all! Mirad aqu!" No vayis, ni corris tras [ellos].
Porque como el relmpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, as ser el Hijo del Hombre en su da.
Pero primero es necesario que l padezca mucho y sea rechazado por esta generacin.
Tal como ocurri en los das de No, as ser tambin en los das del Hijo del Hombre.
Coman, beban, se casaban y se daban en casamiento, hasta el da en que No entr en el arca, y vino el diluvio y los destruy a todos.
Fue lo mismo que ocurri en los das de Lot: coman, beban, compraban, vendan, plantaban, construan;
pero el da en que Lot sali de Sodoma, llovi fuego y azufre del cielo y los destruy a todos.
Lo mismo acontecer el da en que el Hijo del Hombre sea revelado.
En ese da, el que est en la azotea y tenga sus bienes en casa, no descienda a llevrselos; y de igual modo, el que est en el campo no vuelva atrs.
Acordaos de la mujer de Lot.
Todo el que procure preservar su vida, la perder; y todo el que la pierda, la conservar.
Os digo que en aquella noche estarn dos en una cama; uno ser tomado y el otro ser dejado.
Estarn dos [mujeres] moliendo en el mismo lugar; una ser tomada y la otra ser dejada.
Dos estarn en el campo; uno ser tomado y el otro ser dejado.
Respondiendo ellos, le dijeron : Dnde, Seor? Y l les dijo: Donde [est] el cuerpo, all tambin se juntarn los buitres.
Y les refera [Jess] una parbola para ensear[les] que ellos deban orar en todo tiempo, y no desfallecer,
diciendo: Haba en cierta ciudad un juez que ni tema a Dios ni respetaba a hombre alguno.
Y haba en aquella ciudad una viuda, la cual vena a l [constantemente,] diciendo: "Hazme justicia de mi adversario."
Por algn tiempo l no quiso, pero despus dijo para s: "Aunque ni temo a Dios, ni respeto a hombre alguno,
sin embargo, porque esta viuda me molesta, le har justicia; no sea que por venir continuamente me agote la paciencia."
Y el Seor dijo: Escuchad lo que dijo el juez injusto.
Y no har Dios justicia a sus escogidos, que claman a l da y noche? Se tardar mucho en responderles?
Os digo que pronto les har justicia. No obstante, cuando el Hijo del Hombre venga, hallar fe en la tierra?
Refiri tambin esta parbola a unos que confiaban en s mismos como justos, y despreciaban a los dems:
Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos.
El fariseo puesto en pie, oraba para s de esta manera: "Dios, te doy gracias porque no soy como los dems hombres: estafadores, injustos, adlteros; ni aun como este recaudador de impuestos.
"Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano."
Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quera ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "Dios, ten piedad de m, pecador."
Os digo que ste descendi a su casa justificado pero aqul no; porque todo el que se ensalza ser humillado, pero el que se humilla ser ensalzado.
Y le traan aun a los nios muy pequeos para que los tocara, pero al ver [esto] los discpulos, los reprendan.
Mas Jess, llamndolos a su lado, dijo: Dejad que los nios vengan a m, y no se lo impidis, porque de los que son como stos es el reino de Dios.
En verdad os digo: el que no recibe el reino de Dios como un nio, no entrar en l.
Y cierto [hombre] prominente le pregunt, diciendo: Maestro bueno, qu har para heredar la vida eterna?
Jess le respondi: Por qu me llamas bueno? Nadie es bueno, sino slo uno, Dios.
T sabes los mandamientos: "NO COMETAS ADULTERIO, NO MATES, NO HURTES, NO DES FALSO TESTIMONIO, HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE."
Y l dijo: Todo esto lo he guardado desde [mi] juventud.
Cuando Jess oy [esto,] le dijo: Te falta todava una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrs tesoro en los cielos; y ven, sgueme.
Pero al or esto, se puso muy triste, pues era sumamente rico.
Mirndolo Jess, dijo: Qu difcil es que entren en el reino de Dios los que tienen riquezas!
Porque es ms fcil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios.
Los que oyeron [esto,] dijeron: Y quin podr salvarse?
Y l respondi: Lo imposible para los hombres, es posible para Dios.
Y Pedro dijo: He aqu, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
Entonces l les dijo: En verdad os digo: no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres o hijos por la causa del reino de Dios,
que no reciba muchas veces ms en este tiempo, y en el siglo venidero, la vida eterna.
Tomando aparte a los doce, [Jess] les dijo: Mirad, subimos a Jerusaln, y se cumplirn todas las cosas que estn escritas por medio de los profetas acerca del Hijo del Hombre.
Pues ser entregado a los gentiles, y ser objeto de burla, afrentado y escupido;
y despus de azotarle, le matarn, y al tercer da resucitar.
Pero ellos no comprendieron nada de esto; este dicho les estaba encubierto, y no entendan lo que se [les] deca.
Y aconteci que al acercarse a Jeric, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando.
Al or que pasaba una multitud, preguntaba qu era aquello.
Y le informaron que pasaba Jess de Nazaret.
Entonces grit, diciendo: Jess, Hijo de David, ten misericordia de m!
Y los que iban delante lo reprendan para que se callara; pero l gritaba mucho ms: Hijo de David, ten misericordia de m!
Jess se detuvo y orden que se lo trajeran; y cuando estuvo cerca, le pregunt:
Qu deseas que haga por ti? Y l dijo: Seor, que recobre la vista.
Jess entonces le dijo: Recibe la vista, tu fe te ha sanado.
Y al instante recobr la vista, y le segua glorificando a Dios; cuando toda la gente vio [aquello,] dieron gloria a Dios.
Habiendo entrado [Jess] en Jeric, pasaba por la ciudad.
Y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico,
trataba de ver quin era Jess; pero no poda a causa de la multitud, ya que l era de pequea estatura.
Y corriendo delante, se subi a un sicmoro para verle, porque [Jess] estaba a punto de pasar por all.
Cuando Jess lleg al lugar, mir hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa.
Entonces l se apresur a descender y le recibi con gozo.
Y al ver [esto,] todos murmuraban, diciendo: Ha ido a hospedarse con un hombre pecador.
Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Seor: He aqu, Seor, la mitad de mis bienes dar a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, [se lo] restituir cuadruplicado.
Y Jess le dijo: Hoy ha venido la salvacin a esta casa, ya que l tambin es hijo de Abraham;
porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se haba perdido.
Estando ellos oyendo estas cosas, continuando [Jess,] dijo una parbola, porque l estaba cerca de Jerusaln y ellos pensaban que el reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.
Por eso dijo: Cierto hombre [de familia] noble fue a un pas lejano a recibir un reino para s y [despus] volver.
Y llamando a diez de sus siervos, les dio diez minas y les dijo: "Negociad [con esto] hasta que regrese."
Pero sus ciudadanos lo odiaban, y enviaron una delegacin tras l, diciendo: "No queremos que ste reine sobre nosotros."
Y sucedi que al regresar l, despus de haber recibido el reino, mand llamar a su presencia a aquellos siervos a los cuales haba dado el dinero, para saber lo que haban [ganado] negociando.
Y se present el primero, diciendo: "Seor, tu mina ha producido diez minas ms."
Y l le dijo: "Bien hecho, buen siervo, puesto que has sido fiel en lo muy poco, ten autoridad sobre diez ciudades."
Entonces vino el segundo, diciendo: "Tu mina, seor, ha producido cinco minas."
Y dijo tambin a ste: "Y t vas a estar sobre cinco ciudades."
Y vino otro, diciendo: "Seor, aqu est tu mina, que he tenido guardada en un pauelo;
pues te tena miedo, porque eres un hombre exigente, que recoges lo que no depositaste y siegas lo que no sembraste."
l le contest : "Siervo intil, por tus propias palabras te voy a juzgar. Sabas que yo soy un hombre exigente, que recojo lo que no deposit y siego lo que no sembr?
"Entonces, por qu no pusiste mi dinero en el banco, y al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?"
Y dijo a los que estaban presentes: "Quitadle la mina y dd[sela] al que tiene las diez minas."
Y ellos le dijeron: "Seor, l [ya] tiene diez minas."
Os digo, que a cualquiera que tiene, [ms] le ser dado, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitar.
Pero a estos mis enemigos, que no queran que reinara sobre ellos, traedlos ac y matadlos delante de m.
Habiendo dicho esto, iba delante, subiendo hacia Jerusaln.
Y aconteci que cuando se acerc a Betfag y a Betania, cerca del monte que se llama de los Olivos, envi a dos de los discpulos,
diciendo: Id a la aldea que est enfrente, en la cual, al entrar, encontraris un pollino atado sobre el cual nunca se ha montado nadie; desatadlo y traed[lo].
Y si alguien os pregunta: "Por qu [lo] desatis?", de esta manera hablaris: "Porque el Seor lo necesita."
Entonces los enviados fueron y [lo] encontraron como l les haba dicho.
Mientras desataban el pollino, sus dueos les dijeron: Por qu desatis el pollino?
Y ellos respondieron: Porque el Seor lo necesita.
Y lo trajeron a Jess, y echando sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jess [sobre l.]
Y mientras l iba avanzando, tendan sus mantos por el camino.
Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discpulos, regocijndose, comenz a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que haban visto,
diciendo: BENDITO EL REY QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEOR! Paz en el cielo y gloria en las alturas!
Entonces algunos de los fariseos de [entre] la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discpulos.
Respondiendo l, dijo: Os digo que si stos callan, las piedras clamarn.
Cuando se acerc, al ver la ciudad, llor sobre ella,
diciendo: Si t tambin hubieras sabido en este da lo que conduce a la paz! Pero ahora est oculto a tus ojos.
Porque sobre ti vendrn das, cuando tus enemigos echarn terrapln delante de ti, te sitiarn y te acosarn por todas partes.
Y te derribarn a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarn en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de tu visitacin.
Y entrando en el templo, comenz a echar fuera a los que vendan,
dicindoles: Escrito est: "Y MI CASA SER CASA DE ORACIN", pero vosotros la habis hecho CUEVA DE LADRONES.
Y enseaba diariamente en el templo, pero los principales sacerdotes, los escribas y los ms prominentes del pueblo procuraban matarle;
y no encontraban la manera de hacerlo, porque todo el pueblo estaba pendiente de l, escuchndole.
Y aconteci que en uno de los das cuando l enseaba a la gente en el templo y anunciaba el evangelio, [se le] enfrentaron los principales sacerdotes y los escribas con los ancianos,
y le hablaron, dicindole: Dinos, con qu autoridad haces estas cosas, o quin te dio esta autoridad?
Respondiendo l, les dijo: Yo tambin os har una pregunta; decidme:
El bautismo de Juan, era del cielo o de los hombres?
Y ellos discurran entre s, diciendo: Si decimos: "Del cielo", l dir: "Por qu no le cresteis?"
Pero si decimos: "De los hombres", todo el pueblo nos matar a pedradas, pues estn convencidos de que Juan era un profeta.
Y respondieron que no saban de dnde [era.]
Jess entonces les dijo: Tampoco yo os dir con qu autoridad hago estas cosas.
Y comenz a referir al pueblo esta parbola: Un hombre plant una via, y la arrend a labradores, y se fue de viaje por mucho tiempo.
Y al tiempo [de la vendimia] envi un siervo a los labradores para que le dieran [parte] del fruto de la via; pero los labradores, despus de golpearlo, lo enviaron con las manos vacas.
Volvi a enviar otro siervo; y ellos tambin a ste, despus de golpearlo y ultrajarlo, lo enviaron con las manos vacas.
Volvi a enviar un tercero; y a ste tambin lo hirieron y echaron fuera.
Entonces el dueo de la via dijo: "Qu har? Enviar a mi hijo amado; quiz a l lo respetarn."
Pero cuando los labradores lo vieron, razonaron entre s, diciendo: "ste es el heredero; matmoslo para que la heredad sea nuestra."
Y arrojndolo fuera de la via, lo mataron. Por tanto, qu les har el dueo de la via?
Vendr y destruir a estos labradores, y dar la via a otros. Y cuando ellos oyeron [esto,] dijeron: Nunca suceda tal cosa!
Pero l, mirndolos fijamente, dijo: Entonces, qu quiere decir esto que est escrito: "LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS CONSTRUCTORES, SA, EN PIEDRA ANGULAR SE HA CONVERTIDO"?
Todo el que caiga sobre esa piedra ser hecho pedazos; y aquel sobre quien ella caiga, lo esparcir como polvo.
Los escribas y los principales sacerdotes procuraron echarle mano en aquella misma hora, pero temieron al pueblo; porque comprendieron que contra ellos haba dicho esta parbola.
Y acechndole, enviaron espas que fingieran ser justos, para sorprenderle en alguna declaracin a fin de entregarle al poder y autoridad del gobernador.
Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que hablas y enseas rectamente, y no te guas por las apariencias, sino que enseas con verdad el camino de Dios.
Nos es lcito pagar impuesto al Csar, o no?
Pero l, percibiendo su astucia, les dijo:
Mostradme un denario. De quin es la imagen y la inscripcin que lleva? Y ellos le dijeron: Del Csar.
Entonces l les dijo: Pues dad al Csar lo que es del Csar, y a Dios lo que es de Dios.
Y no podan sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo; y maravillados de su respuesta, callaron.
Y acercndose [a l] algunos de los saduceos (los que dicen que no hay resurreccin), le preguntaron,
diciendo: Maestro, Moiss nos escribi: "SI EL HERMANO DE ALGUNO MUERE, teniendo MUJER, Y NO DEJA HIJOS, que SU HERMANO TOME LA MUJER Y LEVANTE DESCENDENCIA A SU HERMANO."
Eran, pues, siete hermanos; y el primero tom esposa, y muri sin dejar hijos;
y el segundo
y el tercero la tomaron; y de la misma manera tambin los siete, y murieron sin dejar hijos.
Por ltimo, muri tambin la mujer.
Por tanto, en la resurreccin, de cul de ellos ser mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.
Y Jess les dijo: Los hijos de este siglo se casan y son dados en matrimonio,
pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurreccin de entre los muertos, ni se casan ni son dados en matrimonio;
porque tampoco pueden ya morir, pues son como ngeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurreccin.
Pero que los muertos resucitan, aun Moiss lo ense, [en aquel pasaje] sobre la zarza [ardiendo,] donde llama al Seor, EL DIOS DE ABRAHAM, Y DIOS DE ISAAC, Y DIOS DE JACOB.
l no es Dios de muertos, sino de vivos; porque todos viven para l.
Y algunos de los escribas respondieron, y dijeron: Maestro, bien has hablado.
Porque ya no se atrevan a preguntarle nada.
Entonces l les dijo: Cmo [es que] dicen que el Cristo es el hijo de David?
Pues David mismo dice en el libro de los Salmos: EL SEOR DIJO A MI SEOR: "SINTATE A MI DIESTRA,
HASTA QUE PONGA A TUS ENEMIGOS POR ESTRADO DE TUS PIES."
David, por tanto, le llama "Seor." Cmo, pues, es l su hijo?
Mientras todo el pueblo escuchaba, dijo a los discpulos:
Cuidaos de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y son amantes de los saludos respetuosos en las plazas, y de [ocupar] los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes;
que devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones; ellos recibirn mayor condenacin.
Levantando [Jess] la vista, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el [arca del] tesoro.
Y vio tambin a una viuda pobre que echaba all dos pequeas monedas de cobre;
y dijo: En verdad os digo, que esta viuda [tan] pobre ech ms que todos [ellos;]
porque todos ellos echaron en la ofrenda de lo que les sobraba, pero ella, de su pobreza, ech todo lo que tena para vivir.
Y mientras algunos estaban hablando del templo, de cmo estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, [Jess] dijo:
[En cuanto a] estas cosas que estis mirando, vendrn das en que no quedar piedra sobre piedra que no sea derribada.
Y le preguntaron, diciendo: Maestro, cundo suceder esto, y qu seal [habr] cuando estas cosas vayan a suceder?
Y l dijo: Mirad que no seis engaados; porque muchos vendrn en mi nombre, diciendo: "Yo soy [el Cristo]", y: "El tiempo est cerca". No los sigis.
Y cuando oigis de guerras y disturbios, no os aterroricis; porque estas cosas tienen que suceder primero, pero el fin no [suceder] inmediatamente.
Entonces les dijo: Se levantar nacin contra nacin y reino contra reino;
[habr] grandes terremotos, y plagas y hambres en diversos lugares; y habr terrores y grandes seales del cielo.
Pero antes de todas estas cosas os echarn mano, y os perseguirn, entregndoos a las sinagogas y crceles, llevndoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre.
Esto os dar oportunidad de testificar.
Por tanto, proponed en vuestros corazones no preparar de antemano vuestra defensa;
porque yo os dar palabras y sabidura que ninguno de vuestros adversarios podr resistir ni refutar.
Pero seris entregados aun por padres, hermanos, parientes y amigos; y matarn [a algunos] de vosotros,
y seris odiados de todos por causa de mi nombre.
Sin embargo, ni un cabello de vuestra cabeza perecer.
Con vuestra perseverancia ganaris vuestras almas.
Pero cuando veis a Jerusaln rodeada de ejrcitos, sabed entonces que su desolacin est cerca.
Entonces los que estn en Judea, huyan a los montes, y los que estn en medio de la ciudad, aljense; y los que estn en los campos, no entren en ella;
porque stos son das de venganza, para que se cumplan todas las cosas que estn escritas.
Ay de las que estn encinta y de las que estn criando en aquellos das! Porque habr una gran calamidad sobre la tierra, e ira para este pueblo;
y caern a filo de espada, y sern llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusaln ser hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.
Y habr seales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra, angustia entre las naciones, perplejas a causa del rugido del mar y de las olas,
desfalleciendo los hombres por el temor y la expectacin de las cosas que vendrn sobre el mundo; porque las potencias de los cielos sern sacudidas.
Y entonces vern AL HIJO DEL HOMBRE QUE VIENE EN UNA NUBE con poder y gran gloria.
Cuando estas cosas empiecen a suceder, erguos y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra redencin.
Y les refiri una parbola: Mirad la higuera y todos los rboles.
Cuando ya brotan [las hojas,] al verlo, sabis por vosotros mismos que el verano ya est cerca.
As tambin vosotros, cuando veis que suceden estas cosas, sabed que el reino de Dios est cerca.
En verdad os digo que no pasar esta generacin hasta que todo [esto] suceda.
El cielo y la tierra pasarn, mas mis palabras no pasarn.
Estad alerta, no sea que vuestro corazn se cargue con disipacin y embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel da venga sbitamente sobre vosotros como un lazo;
porque vendr sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.
Mas velad en todo tiempo, orando para que tengis fuerza para escapar de todas estas cosas que estn por suceder, y podis estar en pie delante del Hijo del Hombre.
Durante el da enseaba en el templo, pero al oscurecer sala y pasaba la noche en el monte llamado de los Olivos.
Y todo el pueblo madrugaba [para ir] al templo a escucharle.
Se acercaba la fiesta de los panes sin levadura, llamada la Pascua.
Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cmo dar muerte a Jess, pues teman al pueblo.
Entonces Satans entr en Judas, llamado Iscariote, que perteneca al nmero de los doce;
y l fue y discuti con los principales sacerdotes y con los oficiales sobre cmo se lo entregara.
Ellos se alegraron y convinieron en darle dinero.
l acept, y buscaba una oportunidad para entregarle, sin hacer un escndalo.
Lleg el da [de la fiesta] de los panes sin levadura en que deba sacrificarse [el cordero de] la Pascua.
Entonces [Jess] envi a Pedro y a Juan, diciendo: Id y preparad la Pascua para nosotros, para que [la] comamos.
Ellos le dijeron: Dnde deseas que [la] preparemos?
Y l les respondi: He aqu, al entrar en la ciudad, os saldr al encuentro un hombre que lleva un cntaro de agua; seguidle a la casa donde entre.
Y diris al dueo de la casa: "El Maestro te dice: 'Dnde est la habitacin, en la cual pueda comer la Pascua con mis discpulos?'"
Entonces l os mostrar un gran aposento alto, dispuesto; preparad[la] all.
Entonces ellos fueron y encontraron [todo] tal como l les haba dicho; y prepararon la Pascua.
Cuando lleg la hora, se sent [a la mesa,] y con l los apstoles,
y les dijo: Intensamente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;
porque os digo que nunca ms volver a comerla hasta que se cumpla en el reino de Dios.
Y habiendo tomado una copa, despus de haber dado gracias, dijo: Tomad esto y repartidlo entre vosotros;
porque os digo que de ahora en adelante no beber del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.
Y habiendo tomado pan, despus de haber dado gracias, [lo] parti, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de m.
De la misma manera [tom] la copa despus de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros.
Mas he aqu, la mano del que me entrega est conmigo en la mesa.
Porque en verdad, el Hijo del Hombre va segn se ha determinado, pero ay de aquel hombre por quien l es entregado!
Entonces ellos comenzaron a discutir entre s quin de ellos sera el que iba a hacer esto.
Se suscit tambin entre ellos un altercado, [sobre] cul de ellos debera ser considerado como el mayor.
Y [Jess] les dijo: Los reyes de los gentiles se enseorean de ellos; y los que tienen autoridad sobre ellos son llamados bienhechores.
Pero no es as con vosotros; antes, el mayor entre vosotros hgase como el menor, y el que dirige como el que sirve.
Porque, cul es mayor, el que se sienta [a la mesa,] o el que sirve? No lo es el que se sienta [a la mesa?] Sin embargo, entre vosotros yo soy como el que sirve.
Vosotros sois los que habis permanecido conmigo en mis pruebas;
y as como mi Padre me ha otorgado un reino, yo os otorgo
que comis y bebis a mi mesa en mi reino; y os sentaris en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.
Simn, Simn, mira que Satans os ha reclamado para zarandearos como a trigo;
pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y t, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos.
Y [Pedro] le dijo: Seor, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la crcel como a la muerte.
Pero [Jess le] dijo: Te digo, Pedro, que el gallo no cantar hoy hasta que t hayas negado tres veces que me conoces.
Y les dijo: Cuando os envi sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, acaso os falt algo? Y ellos contestaron: [No,] nada.
Entonces les dijo: Pero ahora, el que tenga una bolsa, que la lleve consigo, de la misma manera tambin una alforja, y el que no tenga espada, venda su manto y compre una.
Porque os digo que es necesario que en m se cumpla esto que est escrito: "Y CON LOS TRANSGRESORES FUE CONTADO"; pues ciertamente, lo que se refiere a m, tiene [su] cumplimiento.
Y ellos dijeron: Seor, mira, aqu hay dos espadas. Y l les dijo: Es suficiente.
Y saliendo, se encamin, como de costumbre, hacia el monte de los Olivos; y los discpulos tambin le siguieron.
Cuando lleg al lugar, les dijo: Orad para que no entris en tentacin.
Y se apart de ellos como a un tiro de piedra, y ponindose de rodillas, oraba,
diciendo: Padre, si es tu voluntad, aparta de m esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Entonces se le apareci un ngel del cielo, fortalecindole.
Y estando en agona, oraba con mucho fervor; y su sudor se volvi como gruesas gotas de sangre, que caan sobre la tierra.
Cuando se levant de orar, fue a los discpulos y los hall dormidos a causa de la tristeza,
y les dijo: Por qu dorms? Levantaos y orad para que no entris en tentacin.
Mientras todava estaba l hablando, he aqu, [lleg] una multitud, y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos, y se acerc a Jess para besarle.
Pero Jess le dijo: Judas, con un beso entregas al Hijo del Hombre?
Y cuando los que rodeaban a Jess vieron lo que iba a suceder, dijeron: Seor, heriremos a espada?
Y uno de ellos hiri al siervo del sumo sacerdote y le cort la oreja derecha.
Respondiendo Jess, dijo: Deteneos! Basta de esto. Y tocando la oreja [al siervo,] lo san.
Entonces Jess dijo a los principales sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos que haban venido contra l: Habis salido con espadas y garrotes como contra un ladrn?
Cuando estaba con vosotros cada da en el templo, no me echasteis mano; pero esta hora y el poder de las tinieblas son vuestros.
Habindole arrestado, se lo llevaron y le condujeron a la casa del sumo sacerdote; mas Pedro [le] segua de lejos.
Despus de encender ellos una hoguera en medio del patio, y de sentarse juntos, Pedro se sent entre ellos.
Y una sirvienta, al verlo sentado junto a la lumbre, fijndose en l detenidamente, dijo: Tambin ste estaba con l.
Pero l [lo] neg, diciendo: Mujer, yo no le conozco.
Un poco despus, otro al verlo, dijo: T tambin eres [uno] de ellos! Pero Pedro dijo: Hombre, no es cierto!
Pasada como una hora, otro insista, diciendo: Ciertamente ste tambin estaba con l, pues l tambin es galileo.
Pero Pedro dijo: Hombre, yo no s de qu hablas. Y al instante, estando l todava hablando, cant un gallo.
Entonces el Seor se volvi y mir a Pedro. Y record Pedro la palabra del Seor, cmo le haba dicho: Antes que el gallo cante hoy, me negars tres veces.
Y saliendo fuera, llor amargamente.
Los hombres que tenan a Jess bajo custodia, se burlaban de l y le golpeaban;
y vendndole los ojos, le preguntaban, diciendo: Adivina, quin es el que te ha golpeado?
Tambin decan muchas otras cosas contra l, blasfemando.
Cuando se hizo de da, se reuni el concilio de los ancianos del pueblo, tanto los principales sacerdotes como los escribas, y llevaron a Jess ante su concilio, diciendo:
Si t eres el Cristo, dnoslo. Pero l les dijo: Si os lo digo, no creeris;
y si os pregunto, no responderis.
Pero de ahora en adelante, EL HIJO DEL HOMBRE ESTAR SENTADO A LA DIESTRA del poder DE DIOS.
Dijeron todos: Entonces, t eres el Hijo de Dios? Y l les respondi: Vosotros decs que yo soy.
Y ellos dijeron: Qu necesidad tenemos ya de testimonio? Pues nosotros mismos lo hemos odo de su propia boca.
Entonces toda la asamblea de ellos se levant, y llevaron a Jess ante Pilato.
Y comenzaron a acusarle, diciendo: Hemos hallado que ste pervierte a nuestra nacin, prohibiendo pagar impuesto al Csar, y diciendo que l mismo es Cristo, un rey.
Pilato entonces le pregunt, diciendo: Eres t el Rey de los judos? Y [Jess] respondindole, dijo: T [lo] dices.
Y Pilato dijo a los principales sacerdotes y a la multitud: No encuentro delito en este hombre.
Pero ellos insistan, diciendo: l alborota al pueblo, enseando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aqu.
Cuando Pilato oy [esto,] pregunt si el hombre era galileo.
Y al saber que [Jess] perteneca a la jurisdiccin de Herodes, le remiti a Herodes, que tambin estaba en Jerusaln en aquellos das.
Herodes, al ver a Jess se alegr en gran manera, pues haca mucho tiempo que quera verle por lo que haba odo hablar de l, y esperaba ver alguna seal que l hiciera.
Y le interrog extensamente, pero Jess nada le respondi.
Los principales sacerdotes y los escribas tambin estaban all, acusndole con vehemencia.
Entonces Herodes, con sus soldados, despus de tratarle con desprecio y burlarse de l, le visti con un esplndido manto y le envi de nuevo a Pilato.
Aquel mismo da Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes haban estado enemistados el uno con el otro.
Entonces Pilato convoc a los principales sacerdotes, a los gobernantes y al pueblo,
y les dijo: Me habis presentado a este hombre como uno que incita al pueblo a la rebelin, pero habindole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado ningn delito en este hombre de las acusaciones que hacis contra l.
Ni tampoco Herodes, pues nos lo ha remitido de nuevo; y he aqu que nada ha hecho que merezca la muerte.
Por consiguiente, despus de castigarle, le soltar.
Y tena obligacin de soltarles un [preso] en cada fiesta.
Pero todos ellos gritaron a una, diciendo: Fuera con ste, y sultanos a Barrabs!
(ste haba sido echado en la crcel por un levantamiento ocurrido en la ciudad, y por homicidio.)
Pilato, queriendo soltar a Jess, les volvi a hablar,
pero ellos continuaban gritando, diciendo: Crucifca[le!] Crucifcale!
Y l les dijo por tercera vez: Por qu? Qu mal ha hecho ste? No he hallado en l ningn delito [digno de] muerte; por tanto, le castigar y [le] soltar.
Pero ellos insistan, pidiendo a grandes voces que fuera crucificado. Y sus voces comenzaron a predominar.
Entonces Pilato decidi que se les concediera su demanda.
Y solt al que ellos pedan, al que haba sido echado en la crcel por sedicin y homicidio, pero a Jess lo entreg a la voluntad de ellos.
Cuando le llevaban, tomaron a un cierto Simn de Cirene que vena del campo y le pusieron la cruz encima para que la llevara detrs de Jess.
Y le segua una gran multitud del pueblo y de mujeres que lloraban y se lamentaban por l.
Pero Jess, volvindose a ellas, dijo: Hijas de Jerusaln, no lloris por m; llorad ms bien por vosotras mismas y por vuestros hijos.
Porque he aqu, vienen das en que dirn: "Dichosas las estriles, y los vientres que nunca concibieron, y los senos que nunca criaron."
Entonces comenzarn A DECIR A LOS MONTES: "CAED SOBRE NOSOTROS"; Y A LOS COLLADOS: "CUBRIDNOS."
Porque si en el rbol verde hacen esto, qu suceder en el seco?
Y llevaban tambin a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos con l.
Cuando llegaron al lugar llamado "La Calavera", crucificaron all a Jess y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Y Jess deca: Padre, perdnalos, porque no saben lo que hacen. Y echaron suertes, repartindose entre s sus vestidos.
Y el pueblo estaba [all] mirando; y aun los gobernantes se mofaban de l, diciendo: A otros salv; que se salve a s mismo si ste es el Cristo de Dios, su Escogido.
Los soldados tambin se burlaban de l, acercndose y ofrecindole vinagre,
y diciendo: Si t eres el Rey de los judos, slvate a ti mismo.
Haba tambin una inscripcin sobre l, [que deca:] STE ES EL REY DE LOS JUDOS.
Y uno de los malhechores que estaban colgados [all] le lanzaba insultos, diciendo: No eres t el Cristo? Slvate a ti mismo y a nosotros!
Pero el otro le contest, y reprendindole, dijo: Ni siquiera temes t a Dios a pesar de que ests bajo la misma condena?
Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero ste nada malo ha hecho.
Y deca: Jess, acurdate de m cuando vengas en tu reino.
Entonces l le dijo: En verdad te digo: hoy estars conmigo en el paraso.
Era ya como la hora sexta, cuando descendieron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena
al eclipsarse el sol. El velo del templo se rasg en dos.
Y Jess, clamando a gran voz, dijo: Padre, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPRITU. Y habiendo dicho esto, expir.
Cuando el centurin vio lo que haba sucedido, glorificaba a Dios, diciendo: Ciertamente, este hombre era inocente.
Y cuando todas las multitudes que se haban reunido para [presenciar] este espectculo, al observar lo que haba acontecido, se volvieron golpendose el pecho.
Pero todos sus conocidos y las mujeres que le haban acompaado desde Galilea, estaban a cierta distancia viendo estas cosas.
Y haba un hombre llamado Jos, miembro del concilio, varn bueno y justo
(el cual no haba asentido al plan y al proceder de los dems) [que era] de Arimatea, ciudad de los judos, [y] que esperaba el reino de Dios.
ste fue a Pilato y le pidi el cuerpo de Jess,
y bajndo[le,] le envolvi en un lienzo de lino, y le puso en un sepulcro excavado en la roca donde nadie haba sido puesto todava.
Era el da de la preparacin, y estaba para comenzar el da de reposo.
Y las mujeres que haban venido con l desde Galilea siguieron detrs, y vieron el sepulcro y cmo fue colocado el cuerpo.
Y cuando regresaron, prepararon especias aromticas y perfumes. Y en el da de reposo descansaron segn el mandamiento.
Pero el primer [da] de la semana, al rayar el alba, [las mujeres] vinieron al sepulcro trayendo las especias aromticas que haban preparado.
Y encontraron [que] la piedra [haba sido] removida del sepulcro,
y cuando entraron, no hallaron el cuerpo del Seor Jess.
Y aconteci que estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron junto a ellas dos varones en vestiduras resplandecientes;
y estando ellas aterrorizadas e inclinados sus rostros a tierra, ellos les dijeron: Por qu buscis entre los muertos al que vive?
No est aqu, sino que ha resucitado. Acordaos cmo os habl cuando estaba an en Galilea,
diciendo que el Hijo del Hombre deba ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer da resucitar.
Entonces ellas se acordaron de sus palabras,
y regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los once y a todos los dems.
Eran Mara Magdalena y Juana y Mara, la [madre] de Jacobo; tambin las dems [mujeres] con ellas referan estas cosas a los apstoles.
Y a ellos estas palabras les parecieron como disparates, y no las creyeron.
Pero Pedro se levant y corri al sepulcro; e inclinndose para mirar [adentro,] vio slo las envolturas de lino; y se fue a su casa, maravillado de lo que haba acontecido.
Y he aqu que aquel mismo da dos de ellos iban a una aldea llamada Emas, que estaba como a once kilmetros de Jerusaln.
Y conversaban entre s acerca de todas estas cosas que haban acontecido.
Y sucedi que mientras conversaban y discutan, Jess mismo se acerc y caminaba con ellos.
Pero sus ojos estaban velados para que no le reconocieran.
Y l les dijo: Qu discusiones son estas que tenis entre vosotros mientras vais andando? Y ellos se detuvieron, con semblante triste.
Respondiendo uno [de ellos,] llamado Cleofas, le dijo: Eres t el nico visitante en Jerusaln que no sabe las cosas que en ella han acontecido en estos das?
Entonces l les dijo: Qu cosas? Y ellos le dijeron: Las referentes a Jess el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;
y cmo los principales sacerdotes y nuestros gobernantes le entregaron a sentencia de muerte y le crucificaron.
Pero nosotros esperbamos que l era el que iba a redimir a Israel. Pero adems de todo esto, ste es el tercer da desde que estas cosas acontecieron.
Y tambin algunas mujeres de entre nosotros nos asombraron; [pues] cuando fueron de madrugada al sepulcro,
y al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que tambin haban visto una aparicin de ngeles que decan que l viva.
Algunos de los que estaban con nosotros fueron al sepulcro, y [lo] hallaron tal como tambin las mujeres haban dicho; pero a l no le vieron.
Entonces Jess les dijo: Oh insensatos y tardos de corazn para creer todo lo que los profetas han dicho!
No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria?
Y comenzando por Moiss y [continuando] con todos los profetas, les explic lo referente a l en todas las Escrituras.
Se acercaron a la aldea adonde iban, y l hizo como que iba ms lejos.
Y ellos le instaron, diciendo: Qudate con nosotros, porque est atardeciendo, y el da ya ha declinado. Y entr a quedarse con ellos.
Y sucedi que al sentarse [a la mesa] con ellos, tom pan, y [lo] bendijo; y partindo[lo,] les dio.
Entonces les fueron abiertos los ojos y le reconocieron; pero l desapareci de [la presencia de] ellos.
Y se dijeron el uno al otro: No arda nuestro corazn dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abra las Escrituras?
Y levantndose en esa misma hora, regresaron a Jerusaln, y hallaron reunidos a los once y a los que estaban con ellos,
que decan: Es verdad que el Seor ha resucitado y se ha aparecido a Simn.
Y ellos contaban sus experiencias en el camino, y cmo le haban reconocido en el partir del pan.
Mientras ellos relataban estas cosas, Jess se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
Pero ellos, aterrorizados y asustados, pensaron que vean un espritu.
Y l les dijo: Por qu estis turbados, y por qu surgen dudas en vuestro corazn?
Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.
Y cuando dijo esto les mostr las manos y los pies.
Como ellos todava no [lo] crean a causa de la alegra y que estaban asombrados, les dijo: Tenis aqu algo de comer?
Entonces ellos le presentaron parte de un pescado asado.
Y l lo tom y comi delante de ellos.
Y les dijo: Esto es lo que yo os deca cuando todava estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre m est escrito en la ley de Moiss, en los profetas y en los salmos.
Entonces les abri la mente para que comprendieran las Escrituras,
y les dijo: As est escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer da;
y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdn de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusaln.
Vosotros sois testigos de estas cosas.
Y he aqu, yo enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; pero vosotros, permaneced en la ciudad hasta que seis investidos con poder de lo alto.
Entonces los condujo fuera [de la ciudad,] hasta cerca de Betania, y alzando sus manos, los bendijo.
Y aconteci que mientras los bendeca, se separ de ellos y fue llevado arriba al cielo.
Ellos, despus de adorarle, regresaron a Jerusaln con gran gozo,
y estaban siempre en el templo alabando a Dios.
En el principio exista el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
l estaba en el principio con Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de l, y sin l nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
En l estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.
Vino [al mundo] un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan.
ste vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de l.
No era l la luz, sino [que vino] para dar testimonio de la luz.
Exista la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre.
En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de l, y el mundo no le conoci.
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, [es decir,] a los que creen en su nombre,
que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.
Y el Verbo se hizo carne, y habit entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unignito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan dio testimonio de l y clam, diciendo: ste era del que yo deca: "El que viene despus de m, es antes de m, porque era primero que yo."
Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia.
Porque la ley fue dada por medio de Moiss; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo.
Nadie ha visto jams a Dios; el unignito Dios, que est en el seno del Padre, l [le] ha dado a conocer.
ste es el testimonio de Juan, cuando los judos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusaln a preguntarle: Quin eres t?
Y l confes y no neg; confes: Yo no soy el Cristo.
Y le preguntaron: Entonces, qu? Eres Elas? Y l dijo : No soy. Eres el profeta? Y respondi: No.
Entonces le dijeron: Quin eres?, para que podamos dar respuesta a los que nos enviaron. Qu dices de ti mismo?
l dijo: Yo soy LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: "ENDEREZAD EL CAMINO DEL SEOR", como dijo el profeta Isaas.
Los que haban sido enviados eran de los fariseos.
Y le preguntaron, y le dijeron: Entonces, por qu bautizas, si t no eres el Cristo, ni Elas, ni el profeta?
Juan les respondi, diciendo: Yo bautizo en agua, [pero] entre vosotros est Uno a quien no conocis.
[l es] el que viene despus de m, a quien yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.
Estas cosas sucedieron en Betania, al otro lado del Jordn, donde Juan estaba bautizando.
Al da siguiente vio a Jess que vena hacia l, y dijo : He ah el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
ste es aquel de quien yo dije: "Despus de m viene un hombre que es antes de m porque era primero que yo."
Y yo no le conoca, pero para que l fuera manifestado a Israel, por esto yo vine bautizando en agua.
Juan dio tambin testimonio, diciendo: He visto al Espritu que descenda del cielo como paloma, y se pos sobre l.
Y yo no le conoca, pero el que me envi a bautizar en agua me dijo: "Aquel sobre quien veas al Espritu descender y posarse sobre l, ste es el que bautiza en el Espritu Santo."
Y yo [le] he visto y he dado testimonio de que ste es el Hijo de Dios.
Al da siguiente Juan estaba otra vez all con dos de sus discpulos,
y vio a Jess que pasaba, y dijo : He ah el Cordero de Dios.
Y los dos discpulos le oyeron hablar, y siguieron a Jess.
Jess se volvi, y viendo que le seguan, les dijo : Qu buscis? Y ellos le dijeron: Rab (que traducido quiere decir, Maestro), dnde te hospedas?
l les dijo : Venid y veris. Entonces fueron y vieron dnde se hospedaba; y se quedaron con l aquel da, porque era como la hora dcima.
Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron [a Jess] era Andrs, hermano de Simn Pedro.
l encontr primero a su hermano Simn, y le dijo : Hemos hallado al Mesas (que traducido quiere decir, Cristo).
[Entonces] lo trajo a Jess. Jess mirndolo, dijo: T eres Simn, hijo de Juan; t sers llamado Cefas (que quiere decir: Pedro).
Al da siguiente Jess se propuso salir para Galilea, y encontr a Felipe, y le dijo : Sgueme.
Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrs y de Pedro.
Felipe encontr a Natanael y le dijo : Hemos hallado a aquel de quien escribi Moiss en la ley, y [tambin] los profetas, a Jess de Nazaret, el hijo de Jos.
Y Natanael le dijo: Puede algo bueno salir de Nazaret? Felipe le dijo : Ven, y ve.
Jess vio venir a Natanael y dijo de l: He aqu un verdadero israelita en quien no hay engao.
Natanael le dijo : Cmo es que me conoces? Jess le respondi y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
Natanael le respondi: Rab, t eres el Hijo de Dios, t eres el Rey de Israel.
Respondi Jess y le dijo: Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que stas vers.
Y le dijo : En verdad, en verdad os digo que veris el cielo abierto y a los ngeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.
Al tercer da se celebr una boda en Can de Galilea, y estaba all la madre de Jess;
y tambin Jess fue invitado, con sus discpulos, a la boda.
Cuando se acab el vino, la madre de Jess le dijo : No tienen vino.
Y Jess le dijo : Mujer, qu [nos va] a ti y a m [en esto]? Todava no ha llegado mi hora.
Su madre dijo a los que servan: Haced todo lo que l os diga.
Y haba all seis tinajas de piedra, puestas para ser usadas en el rito de la purificacin de los judos; en cada una caban dos o tres cntaros.
Jess les dijo : Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde.
Entonces les dijo : Sacad ahora [un poco] y llevadlo al maestresala. Y [se] lo llevaron.
Cuando el maestresala prob el agua convertida en vino, y [como] no saba de dnde era (pero los que servan, que haban sacado el agua, lo saban), el maestresala llam al novio,
y le dijo : Todo hombre sirve primero el vino bueno, y cuando ya han tomado bastante, [entonces] el inferior; [pero] t has guardado hasta ahora el vino bueno.
Este principio de [sus] seales hizo Jess en Can de Galilea, y manifest su gloria, y sus discpulos creyeron en l.
Despus de esto baj a Capernam, l, con su madre, [sus] hermanos y sus discpulos; pero all no se quedaron muchos das.
La Pascua de los judos estaba cerca, y Jess subi a Jerusaln,
y encontr en el templo a los que vendan bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero [all] sentados.
Y haciendo un azote de cuerdas, ech a todos fuera del templo, con las ovejas y los bueyes; desparram las monedas de los cambistas y volc las mesas;
y dijo a los que vendan palomas: Quitad esto de aqu; no hagis de la casa de mi Padre una casa de comercio.
Sus discpulos se acordaron de que estaba escrito: EL CELO POR TU CASA ME CONSUMIR.
Entonces los judos respondieron y le dijeron: Ya que haces estas cosas, qu seal nos muestras?
Jess respondi y les dijo: Destruid este templo, y en tres das lo levantar.
Entonces los judos dijeron: En cuarenta y seis aos fue edificado este templo, y t lo levantars en tres das?
Pero l hablaba del templo de su cuerpo.
Por eso, cuando resucit de los muertos, sus discpulos se acordaron de que haba dicho esto; y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jess haba hablado.
Cuando estaba en Jerusaln durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las seales que haca.
Pero Jess, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conoca a todos,
y no tena necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues l saba lo que haba en el hombre.
Haba un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente entre los judos.
ste vino a Jess de noche y le dijo: Rab, sabemos que has venido de Dios [como] maestro, porque nadie puede hacer las seales que t haces si Dios no est con l.
Respondi Jess y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.
Nicodemo le dijo : Cmo puede un hombre nacer siendo [ya] viejo? Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?
Jess respondi: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espritu no puede entrar en el reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espritu, espritu es.
No te asombres de que te haya dicho: "Os es necesario nacer de nuevo."
El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dnde viene ni adnde va; as es todo aquel que es nacido del Espritu.
Respondi Nicodemo y le dijo: Cmo puede ser esto?
Jess respondi y le dijo: T eres maestro de Israel, y no entiendes estas cosas?
En verdad, en verdad te digo que hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no recibs nuestro testimonio.
Si os he hablado de las cosas terrenales, y no creis, cmo creeris si os hablo de las celestiales?
Nadie ha subido al cielo, sino el que baj del cielo, [es decir,] el Hijo del Hombre que est en el cielo.
Y como Moiss levant la serpiente en el desierto, as es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre,
para que todo aquel que cree, tenga en l vida eterna.
Porque de tal manera am Dios al mundo, que dio a su Hijo unignito, para que todo aquel que cree en l, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque Dios no envi a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por l.
El que cree en l no es condenado; [pero] el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha credo en el nombre del unignito Hijo de Dios.
Y ste es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron ms las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas.
Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas.
Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios.
Despus de esto vino Jess con sus discpulos a la tierra de Judea, y estaba all con ellos, y bautizaba.
Juan tambin bautizaba en Enn, cerca de Salim, porque all haba mucha agua; y [muchos] venan y eran bautizados.
Porque Juan todava no haba sido metido en la crcel.
Surgi entonces una discusin entre los discpulos de Juan y un judo acerca de la purificacin.
Y vinieron a Juan y le dijeron: Rab, mira, el que estaba contigo al otro lado del Jordn, de quien diste testimonio, est bautizando y todos van a l.
Respondi Juan y dijo: Un hombre no puede recibir nada si no le es dado del cielo.
Vosotros mismos me sois testigos de que dije: "Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de l."
El que tiene la novia es el novio, pero el amigo del novio, que est [all] y le oye, se alegra en gran manera con la voz del novio. [Y] por eso, este gozo mo se ha completado.
Es necesario que l crezca, y que yo disminuya.
El que procede de arriba est por encima de todos; el que es de la tierra, procede de la tierra y habla de la tierra. El que procede del cielo est sobre todos.
Lo que l ha visto y odo, de eso da testimonio; y nadie recibe su testimonio.
El que ha recibido su testimonio ha certificado [esto:] que Dios es veraz.
Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues l da el Espritu sin medida.
El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en su mano.
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no ver la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre l.
Por tanto, cuando el Seor supo que los fariseos haban odo que l haca y bautizaba ms discpulos que Juan
(aunque Jess mismo no bautizaba, sino sus discpulos),
sali de Judea y parti otra vez para Galilea.
Y tena que pasar por Samaria.
Lleg , pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la parcela de tierra que Jacob dio a su hijo Jos;
y all estaba el pozo de Jacob. Entonces Jess, cansado del camino, se sent junto al pozo. Era como la hora sexta.
Una mujer de Samaria vino a sacar agua, [y] Jess le dijo : Dame de beber.
Pues sus discpulos haban ido a la ciudad a comprar alimentos.
Entonces la mujer samaritana le dijo : Cmo es que t, siendo judo, me pides de beber a m, que soy samaritana? (Porque los judos no tienen tratos con los samaritanos.)
Respondi Jess y le dijo: Si t conocieras el don de Dios, y quin es el que te dice: "Dame de beber", t le habras pedido a l, y l te hubiera dado agua viva.
Ella le dijo : Seor, no tienes con qu sacarla, y el pozo es hondo; de dnde, pues, tienes esa agua viva?
Acaso eres t mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo del cual bebi l mismo, y sus hijos, y sus ganados?
Respondi Jess y le dijo: Todo el que beba de esta agua volver a tener sed,
pero el que beba del agua que yo le dar, no tendr sed jams, sino que el agua que yo le dar se convertir en l en una fuente de agua que brota para vida eterna.
La mujer le dijo : Seor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga hasta aqu a sacar[la.]
l le dijo : Ve, llama a tu marido y ven ac.
Respondi la mujer y le dijo: No tengo marido. Jess le dijo : Bien has dicho: "No tengo marido",
porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad.
La mujer le dijo : Seor, me parece que t eres profeta.
Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decs que en Jerusaln est el lugar donde se debe adorar.
Jess le dijo : Mujer, creme; la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusaln adoraris al Padre.
Vosotros adoris lo que no conocis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvacin viene de los judos.
Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarn al Padre en espritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren.
Dios es espritu, y los que le adoran deben adorarle en espritu y en verdad.
La mujer le dijo : S que el Mesas viene (el que es llamado Cristo); cuando l venga nos declarar todo.
Jess le dijo : Yo soy, el que habla contigo.
En esto llegaron sus discpulos y se admiraron de que hablara con una mujer, pero ninguno le pregunt: Qu tratas de averiguar? o: Por qu hablas con ella?
Entonces la mujer dej su cntaro, fue a la ciudad y dijo a los hombres:
Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. No ser ste el Cristo?
Y salieron de la ciudad e iban a l.
Mientras tanto, los discpulos le rogaban, diciendo: Rab, come.
Pero l les dijo: Yo tengo para comer una comida que vosotros no sabis.
Los discpulos entonces se decan entre s: Le habr trado alguien de comer?
Jess les dijo : Mi comida es hacer la voluntad del que me envi y llevar a cabo su obra.
No decs vosotros: "Todava faltan cuatro meses, y [despus] viene la siega"? He aqu, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos que [ya] estn blancos para la siega.
Ya el segador recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se regocije juntamente con el que siega.
Porque en este [caso] el dicho es verdadero: "Uno es el que siembra y otro el que siega."
Yo os envi a segar lo que no habis trabajado; otros han trabajado y vosotros habis entrado en su labor.
Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en l por la palabra de la mujer que daba testimonio, [diciendo:] l me dijo todo lo que yo he hecho.
De modo que cuando los samaritanos vinieron a l, le rogaban que se quedara con ellos; y se qued all dos das.
Y muchos ms creyeron por su palabra,
y decan a la mujer: Ya no creemos por lo que t has dicho, porque nosotros mismos [le] hemos odo, y sabemos que ste es en verdad el Salvador del mundo.
Despus de los dos das, sali de all para Galilea.
Porque Jess mismo dio testimonio de que a un profeta no se le honra en su propia tierra.
As que cuando lleg a Galilea, los galileos le recibieron, [pues] haban visto todo lo que hizo en Jerusaln durante la fiesta; porque ellos tambin haban ido a la fiesta.
Entonces vino otra vez a Can de Galilea, donde haba convertido el agua en vino. Y haba [all] cierto oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo en Capernam.
Cuando l oy que Jess haba venido de Judea a Galilea, fue a su encuentro y [le] suplicaba que bajara y sanara a su hijo, porque estaba al borde de la muerte.
Jess entonces le dijo: Si no veis seales y prodigios, no creeris.
El oficial del rey le dijo : Seor, baja antes de que mi hijo muera.
Jess le dijo : Vete, tu hijo vive. Y el hombre crey la palabra que Jess le dijo y se fue.
Y mientras bajaba, [sus] siervos le salieron al encuentro y le dijeron que su hijo viva.
Entonces les pregunt a qu hora haba empezado a mejorar. Y le respondieron: Ayer a la hora sptima se le quit la fiebre.
El padre entonces se dio cuenta que [fue] a la hora en que Jess le dijo: Tu hijo vive. Y crey l y toda su casa.
sta [fue] la segunda seal que Jess hizo cuando fue de Judea a Galilea.
Despus de esto, se celebraba una fiesta de los judos, y Jess subi a Jerusaln.
Y hay en Jerusaln, junto a la [puerta] de las ovejas, un estanque que en hebreo se llama Betesda y que tiene cinco prticos.
En stos yaca una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralticos que esperaban el movimiento del agua;
porque un ngel del Seor descenda de vez en cuando al estanque y agitaba el agua; y el primero que descenda al estanque despus del movimiento del agua, quedaba curado de cualquier enfermedad que tuviera.
Y estaba all un hombre que haca treinta y ocho aos que estaba enfermo.
Cuando Jess lo vio acostado [all] y supo que ya llevaba mucho tiempo [en aquella condicin,] le dijo : Quieres ser sano?
El enfermo le respondi: Seor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitada; y mientras yo llego, otro baja antes que yo.
Jess le dijo : Levntate, toma tu camilla y anda.
Y al instante el hombre qued sano, y tom su camilla y ech a andar. Y aquel da era da de reposo.
Por eso los judos decan al que fue sanado: Es da de reposo, y no te es permitido cargar tu camilla.
Pero l les respondi: El mismo que me san, me dijo: "Toma tu camilla y anda."
Le preguntaron: Quin es el hombre que te dijo: "Toma [tu camilla] y anda"?
Pero el que haba sido sanado no saba quin era, porque Jess, sigilosamente, se haba apartado de la multitud que estaba en [aquel] lugar.
Despus de esto Jess lo hall en el templo y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques ms, para que no te suceda algo peor.
El hombre se fue, y dijo a los judos que Jess era el que lo haba sanado.
A causa de esto los judos perseguan a Jess, porque haca estas cosas en el da de reposo.
Pero l les respondi: Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo tambin trabajo.
Entonces, por esta causa, los judos an ms procuraban matarle, porque no slo violaba el da de reposo, sino que tambin llamaba a Dios su propio Padre, hacindose igual a Dios.
Por eso Jess, respondiendo, les deca: En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso tambin hace el Hijo de igual manera.
Pues el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que l mismo hace; y obras mayores que stas le mostrar, para que os admiris.
Porque as como el Padre levanta a los muertos y les da vida, asimismo el Hijo tambin da vida a los que l quiere.
Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo,
para que todos honren al Hijo as como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envi.
En verdad, en verdad os digo: el que oye mi palabra y cree al que me envi, tiene vida eterna y no viene a condenacin, sino que ha pasado de muerte a vida.
En verdad, en verdad os digo que viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirn la voz del Hijo de Dios, y los que oigan vivirn.
Porque as como el Padre tiene vida en s mismo, as tambin le dio al Hijo el tener vida en s mismo;
y le dio autoridad para ejecutar juicio, porque es [el] Hijo del Hombre.
No os admiris de esto, porque viene la hora en que todos los que estn en los sepulcros oirn su voz,
y saldrn: los que hicieron lo bueno, a resurreccin de vida, y los que practicaron lo malo, a resurreccin de juicio.
Yo no puedo hacer nada por iniciativa ma; como oigo, juzgo, y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envi.
Si yo [solo] doy testimonio de m mismo, mi testimonio no es verdadero.
Otro es el que da testimonio de m, y yo s que el testimonio que da de m es verdadero.
Vosotros habis enviado [a preguntar] a Juan, y l ha dado testimonio de la verdad.
Pero el testimonio que yo recibo no es de hombre; mas digo esto para que vosotros seis salvos.
El era la lmpara que arda y alumbraba, y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que [el de] Juan; porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de m, de que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envi, se ha dado testimonio de m. Pero no habis odo jams su voz ni habis visto su apariencia.
Y su palabra no la tenis morando en vosotros, porque no creis en aquel que l envi.
Examinis las Escrituras porque vosotros pensis que en ellas tenis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de m;
y no queris venir a m para que tengis vida.
No recibo gloria de los hombres;
pero os conozco, que no tenis el amor de Dios en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibs; si otro viene en su propio nombre, a se recibiris.
Cmo podis creer, cuando recibs gloria los unos de los otros, y no buscis la gloria que viene del Dios nico?
No pensis que yo os acusar delante del Padre; el que os acusa es Moiss, en quien vosotros habis puesto vuestra esperanza.
Porque si creyerais a Moiss, me creerais a m, porque de m escribi l.
Pero si no creis sus escritos, cmo creeris mis palabras?
Despus de esto, Jess se fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias.
Y le segua una gran multitud, pues vean las seales que realizaba en los enfermos.
Jess subi al monte y se sent all con sus discpulos.
Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judos.
Entonces Jess, alzando los ojos y viendo que una gran multitud vena hacia l, dijo a Felipe: Dnde compraremos pan para que coman stos?
Pero deca esto para probarlo, porque l saba lo que iba a hacer.
Felipe le respondi: Doscientos denarios de pan no les bastarn para que cada uno reciba un pedazo.
Uno de sus discpulos, Andrs, hermano de Simn Pedro, dijo a Jess:
Aqu hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero qu es esto para tantos?
Jess dijo: Haced que la gente se recueste. Y haba mucha hierba en aquel lugar. As que los hombres se recostaron, en nmero de unos cinco mil.
Entonces Jess tom los panes, y habiendo dado gracias, [los] reparti a [los] que estaban recostados; y lo mismo [hizo] con los pescados, [dndoles] todo lo que queran.
Cuando se saciaron, dijo a sus discpulos: Recoged los pedazos que sobran, para que no se pierda nada.
[Los] recogieron, pues, y llenaron doce cestas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que haban comido.
La gente entonces, al ver la seal que [Jess] haba hecho, deca: Verdaderamente ste es el Profeta que haba de venir al mundo.
Por lo que Jess, dndose cuenta de que iban a venir y llevrselo por la fuerza para hacerle rey, se retir otra vez al monte l solo.
Al atardecer, sus discpulos descendieron al mar,
y subiendo en una barca, se dirigan al otro lado del mar, hacia Capernam. Ya haba oscurecido, y Jess todava no haba venido a ellos;
y el mar estaba agitado porque soplaba un fuerte viento.
Cuando haban remado unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jess caminando sobre el mar y acercndose a la barca; y se asustaron.
Pero l les dijo : Soy yo; no temis.
Entonces ellos queran recibirle en la barca, e inmediatamente la barca lleg a la tierra adonde iban.
Al da siguiente, la multitud que haba quedado al otro lado del mar se dio cuenta de que all no haba ms que una barca, y que Jess no haba entrado en ella con sus discpulos, sino que sus discpulos se haban ido solos.
Vinieron otras barcas de Tiberias cerca del lugar donde haban comido el pan despus de que el Seor haba dado gracias.
Por tanto, cuando la gente vio que Jess no estaba all, ni tampoco sus discpulos, subieron a las barcas y se fueron a Capernam buscando a Jess.
Cuando le hallaron al otro lado del mar, le dijeron: Rab, cundo llegaste ac?
Jess les respondi y dijo: En verdad, en verdad os digo: me buscis, no porque hayis visto seales, sino porque habis comido de los panes y os habis saciado.
Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dar, porque a ste [es a quien] el Padre, Dios, ha marcado con su sello.
Entonces le dijeron: Qu debemos hacer para poner en prctica las obras de Dios?
Respondi Jess y les dijo: sta es la obra de Dios: que creis en el que l ha enviado.
Le dijeron entonces: Qu, pues, haces t como seal para que veamos y te creamos? Qu obra haces?
Nuestros padres comieron el man en el desierto, como est escrito: "LES DIO A COMER PAN DEL CIELO."
Entonces Jess les dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moiss el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.
Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo.
Entonces le dijeron: Seor, danos siempre este pan.
Jess les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a m no tendr hambre, y el que cree en m nunca tendr sed.
Pero [ya] os dije que aunque me habis visto, no creis.
Todo lo que el Padre me da, vendr a m; y al que viene a m, de ningn modo lo echar fuera.
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envi.
Y esta es la voluntad del que me envi: que de todo lo que l me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el da final.
Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en l, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitar en el da final.
Por eso los judos murmuraban de l, porque haba dicho: Yo soy el pan que descendi del cielo.
Y decan: No es ste Jess, el hijo de Jos, cuyo padre y madre nosotros conocemos? Cmo es que ahora dice: "Yo he descendido del cielo"?
Respondi Jess y les dijo: No murmuris entre vosotros.
Nadie puede venir a m si no lo trae el Padre que me envi, y yo lo resucitar en el da final.
Escrito est en los profetas: "Y TODOS SERN ENSEADOS POR DIOS." Todo el que ha odo y aprendido del Padre, viene a m.
No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que viene de Dios, ste ha visto al Padre.
En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida.
Vuestros padres comieron el man en el desierto, y murieron.
ste es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de l, no muera.
Yo soy el pan vivo que descendi del cielo; si alguno come de este pan, vivir para siempre; y el pan que yo tambin dar por la vida del mundo es mi carne.
Los judos entonces contendan entre s, diciendo: Cmo puede ste darnos a comer [su] carne?
Entonces Jess les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no comis la carne del Hijo del Hombre y bebis su sangre, no tenis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitar en el da final.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en m y yo en l.
Como el Padre que vive me envi, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, l tambin vivir por m.
ste es el pan que descendi del cielo; no como [el que] vuestros padres comieron, y murieron; el que come este pan vivir para siempre.
Esto dijo [Jess] en la sinagoga, cuando enseaba en Capernam.
Por eso muchos de sus discpulos, cuando oyeron [esto,] dijeron: Dura es esta declaracin; quin puede escucharla?
Pero Jess, sabiendo en su interior que sus discpulos murmuraban por esto, les dijo: Esto os escandaliza?
Pues [qu] si vierais al Hijo del Hombre ascender adonde antes estaba?
El Espritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espritu y son vida.
Pero hay algunos de vosotros que no creis. Porque Jess saba desde el principio quines eran los que no crean, y quin era el que le iba a traicionar.
Y deca: Por eso os he dicho que nadie puede venir a m si no se lo ha concedido el Padre.
Como resultado de esto muchos de sus discpulos se apartaron y ya no andaban con l.
Entonces Jess dijo a los doce: Acaso queris vosotros iros tambin?
Simn Pedro le respondi: Seor, a quin iremos? T tienes palabras de vida eterna.
Y nosotros hemos credo y conocido que t eres el Santo de Dios.
Jess les respondi: No os escog yo a vosotros, los doce, y [sin embargo] uno de vosotros es un diablo?
Y l se refera a Judas, [hijo] de Simn Iscariote, porque ste, uno de los doce, le iba a entregar.
Despus de esto, Jess andaba por Galilea, pues no quera andar por Judea porque los judos procuraban matarle.
Y la fiesta de los judos, la de los Tabernculos, estaba cerca.
Por eso sus hermanos le dijeron: Sal de aqu, y vete a Judea para que tambin tus discpulos vean las obras que t haces.
Porque nadie hace nada en secreto cuando procura ser [conocido] en pblico. Si haces estas cosas, mustrate al mundo.
Porque ni aun sus hermanos crean en l.
Entonces Jess les dijo : Mi tiempo an no ha llegado, pero vuestro tiempo es siempre oportuno.
El mundo no puede odiaros a vosotros, pero a m me odia, porque yo doy testimonio de l, que sus acciones son malas.
Subid vosotros a la fiesta; yo no subo a esta fiesta porque an mi tiempo no se ha cumplido.
Y habindoles dicho esto, se qued en Galilea.
Pero cuando sus hermanos subieron a la fiesta, entonces l tambin subi; no abiertamente, sino en secreto.
Por eso los judos le buscaban en la fiesta y decan: Dnde est se?
Y haba mucha murmuracin entre la gente acerca de l. Unos decan: l es bueno. Otros decan: No, al contrario, extrava a la gente.
Sin embargo, nadie hablaba abiertamente de l por miedo a los judos.
Pero ya a mitad de la fiesta, Jess subi al templo y se puso a ensear.
Entonces los judos se maravillaban, diciendo: Cmo puede ste saber de letras sin haber estudiado?
Jess entonces les respondi y dijo: Mi enseanza no es ma, sino del que me envi.
Si alguien quiere hacer su voluntad, sabr si mi enseanza es de Dios o [si] hablo de m mismo.
El que habla de s mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le envi, ste es verdadero y no hay injusticia en l.
No os dio Moiss la ley, y [sin embargo] ninguno de vosotros la cumple? Por qu procuris matarme?
La multitud contest: Tienes un demonio! Quin procura matarte?
Respondi Jess y les dijo: Una sola obra hice y todos os admiris.
Por eso Moiss os ha dado la circuncisin (no porque sea de Moiss, sino de los padres), y en el da de reposo circuncidis al hombre.
[Y] si para no violar la ley de Moiss un hombre recibe la circuncisin en el da de reposo, [por qu] estis enojados conmigo porque san por completo a un hombre en el da de reposo?
No juzguis por la apariencia, sino juzgad con juicio justo.
Entonces algunos de Jerusaln decan: No es ste al que procuran matar?
Y ved, habla en pblico y no le dicen nada. No ser que en verdad los gobernantes reconocen que ste es el Cristo?
Sin embargo, nosotros sabemos de dnde es ste; pero cuando venga el Cristo, nadie sabr de dnde es.
Jess entonces, mientras enseaba en el templo, exclam en alta voz, diciendo: Vosotros me conocis y sabis de dnde soy. Yo no he venido por mi propia cuenta, pero el que me envi es verdadero, a quien vosotros no conocis.
Yo le conozco, porque procedo de l, y l me envi.
Procuraban, pues, prenderle; pero nadie le ech mano porque todava no haba llegado su hora.
Pero muchos de la multitud creyeron en l, y decan: Cuando el Cristo venga, acaso har ms seales que las que ste ha hecho?
Los fariseos oyeron a la multitud murmurando estas cosas acerca de l, y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendieran.
Entonces Jess dijo: Por un poco ms de tiempo estoy con vosotros; despus voy al que me envi.
Me buscaris y no me hallaris; y donde yo est, vosotros no podis ir.
Decan entonces los judos entre s: Adnde piensa irse ste que no le hallemos? Ser acaso que quiere irse a la dispersin entre los griegos y ensear a los griegos?
Qu quiere decir esto que ha dicho: "Me buscaris y no me hallaris; y donde yo est, vosotros no podis ir"?
Y en el ltimo da, el gran [da] de la fiesta, Jess puesto en pie, exclam en alta voz, diciendo: Si alguno tiene sed, que venga a m y beba.
El que cree en m, como ha dicho la Escritura: "De lo ms profundo de su ser brotarn ros de agua viva."
Pero l deca esto del Espritu, que los que haban credo en l haban de recibir; porque el Espritu no haba [sido dado] todava, pues Jess an no haba sido glorificado.
Entonces [algunos] de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decan: Verdaderamente ste es el Profeta.
Otros decan: ste es el Cristo. Pero otros decan: Acaso el Cristo ha de venir de Galilea?
No ha dicho la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David, y de Beln, la aldea de donde era David?
As que se suscit una divisin entre la multitud por causa de l.
Y algunos de ellos queran prenderle, pero nadie le ech mano.
Entonces los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y fariseos, y stos les dijeron: Por qu no le trajisteis?
Los alguaciles respondieron: Jams hombre alguno ha hablado como este hombre habla!
Entonces los fariseos les contestaron: Es que tambin vosotros os habis dejado engaar?
Acaso ha credo en l alguno de los gobernantes, o de los fariseos?
Pero esta multitud que no conoce de la ley, maldita es.
Nicodemo, el que haba venido a Jess antes, y que era uno de ellos, les dijo :
Acaso juzga nuestra ley a un hombre a menos que le oiga primero y sepa lo que hace?
Respondieron y le dijeron: Es que t tambin eres de Galilea? Investiga, y vers que ningn profeta surge de Galilea.
Y cada uno se fue a su casa.
Pero Jess se fue al Monte de los Olivos.
Y al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo vena a l; y sentndose, les enseaba.
Los escribas y los fariseos trajeron a una mujer sorprendida en adulterio, y ponindola en medio,
le dijeron : Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio.
Y en la ley, Moiss nos orden apedrear a esta clase de mujeres; t, pues, qu dices?
Decan esto, probndole, para tener de qu acusarle. Pero Jess se inclin y con el dedo escriba en la tierra.
Pero como insistan en preguntarle, [Jess] se enderez y les dijo: El que de vosotros est sin pecado, sea [el] primero en tirarle una piedra.
E inclinndose de nuevo, escriba en la tierra.
Pero al or ellos [esto,] se fueron retirando uno a uno comenzando por los de mayor edad, y dejaron solo [a Jess] y a la mujer que estaba en medio.
Enderezndose Jess, le dijo: Mujer, dnde estn ellos? Ninguno te ha condenado?
Y ella respondi: Ninguno, Seor. Entonces Jess le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques ms.
Jess les habl otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andar en tinieblas, sino que tendr la luz de la vida.
Entonces los fariseos le dijeron: T das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
Respondi Jess y les dijo: Aunque yo doy testimonio de m mismo, mi testimonio es verdadero, porque yo s de dnde he venido y adnde voy; pero vosotros no sabis de dnde vengo ni adnde voy.
Vosotros juzgis segn la carne; yo no juzgo a nadie.
Pero si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que me envi.
Aun en vuestra ley est escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.
Yo soy el que doy testimonio de m mismo, y el Padre que me envi da testimonio de m.
Entonces le decan: Dnde est tu Padre? Jess respondi: No me conocis a m ni a mi Padre. Si me conocierais a m, conocerais tambin a mi Padre.
Estas palabras las pronunci en el [lugar del] tesoro, cuando enseaba en el templo; y nadie le prendi, porque todava no haba llegado su hora.
Entonces les dijo de nuevo: Yo me voy, y me buscaris, y moriris en vuestro pecado; adonde yo voy, vosotros no podis ir.
Por eso los judos decan: Acaso se va a suicidar, puesto que dice: "Adonde yo voy, vosotros no podis ir"?
Y [Jess] les deca: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
Por eso os dije que moriris en vuestros pecados; porque si no creis que yo soy, moriris en vuestros pecados.
Entonces le decan: T quin eres? Jess les dijo: Qu os he estado diciendo [desde] el principio?
Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros, pero el que me envi es veraz; y yo, las cosas que o de l, stas digo al mundo.
No comprendieron que les hablaba del Padre.
Por eso Jess dijo: Cuando levantis al Hijo del Hombre, entonces sabris que yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me ense.
Y El que me envi est conmigo; no me ha dejado solo, porque yo siempre hago lo que le agrada.
Al hablar estas cosas, muchos creyeron en l.
Entonces Jess deca a los judos que haban credo en l: Si vosotros permanecis en mi palabra, verdaderamente sois mis discpulos;
y conoceris la verdad, y la verdad os har libres.
Ellos le contestaron: Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. Cmo dices t: "Seris libres"?
Jess les respondi: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado;
y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo [s] permanece para siempre.
As que, si el Hijo os hace libres, seris realmente libres.
S que sois descendientes de Abraham; y sin embargo, procuris matarme porque mi palabra no tiene cabida en vosotros.
Yo hablo lo que he visto con [mi] Padre; vosotros, entonces, hacis tambin lo que osteis de [vuestro] padre.
Ellos le contestaron, y le dijeron: Abraham es nuestro padre. Jess les dijo : Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham.
Pero ahora procuris matarme, a m que os he dicho la verdad que o de Dios. Esto no lo hizo Abraham.
Vosotros hacis las obras de vuestro padre. Ellos le dijeron: Nosotros no nacimos de fornicacin; tenemos un Padre, [es decir,] Dios.
Jess les dijo: Si Dios fuera vuestro Padre, me amarais, porque yo sal de Dios y vine [de l], pues no he venido por mi propia iniciativa, sino que l me envi.
Por qu no entendis lo que digo? Porque no podis or mi palabra.
Sois de [vuestro] padre el diablo y queris hacer los deseos de vuestro padre. l fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en l. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.
Pero porque yo digo la verdad, no me creis.
Quin de vosotros me prueba [que tengo] pecado? Y si digo verdad, por qu vosotros no me creis?
El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escuchis, porque no sois de Dios.
Contestaron los judos, y le dijeron: No decimos con razn que t eres samaritano y que tienes un demonio?
Jess respondi: Yo no tengo ningn demonio, sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonris a m.
Pero yo no busco mi gloria; hay Uno que [la] busca, y juzga.
En verdad, en verdad os digo que si alguno guarda mi palabra, no ver jams la muerte.
Los judos le dijeron: Ahora s sabemos que tienes un demonio. Abraham muri, y [tambin] los profetas, y t dices: "Si alguno guarda mi palabra no probar jams la muerte."
Eres t acaso mayor que nuestro padre Abraham que muri? Los profetas tambin murieron; quin crees que eres?
Jess respondi: Si yo mismo me glorifico, mi gloria no es nada; es mi Padre el que me glorifica, de quien vosotros decs: "l es nuestro Dios."
Y vosotros no le habis conocido, pero yo le conozco; y si digo que no le conozco ser un mentiroso como vosotros; pero [s] le conozco y guardo su palabra.
Vuestro padre Abraham se regocij esperando ver mi da; y [lo] vio y se alegr.
Por esto los judos le dijeron: An no tienes cincuenta aos, y has visto a Abraham?
Jess les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy.
Entonces tomaron piedras para tirrselas, pero Jess se ocult y sali del templo.
Al pasar [Jess,] vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discpulos le preguntaron, diciendo: Rab, quin pec, ste o sus padres, para que naciera ciego?
Jess respondi: Ni ste pec, ni sus padres; sino [que est ciego] para que las obras de Dios se manifiesten en l.
Nosotros debemos hacer las obras del que me envi mientras es de da; la noche viene cuando nadie puede trabajar.
Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo.
Habiendo dicho esto, escupi en tierra, e hizo barro con la saliva y le unt el barro en los ojos,
y le dijo: Ve [y] lvate en el estanque de Silo (que quiere decir, Enviado). l fue, pues, y se lav y regres viendo.
Entonces los vecinos y los que antes le haban visto que era mendigo, decan: No es ste el que se sentaba y mendigaba?
Unos decan: l es; [y] otros decan: No, pero se parece a l. l deca: Yo soy.
Entonces le decan: Cmo te fueron abiertos los ojos?
l respondi: El hombre que se llama Jess hizo barro, [lo] unt [sobre] mis ojos y me dijo: "Ve al Silo y lvate." As que fui, me lav y recib la vista.
Y le dijeron: Dnde est l? l dijo : No s.
Llevaron ante los fariseos al que antes haba sido ciego.
Y era da de reposo el da en que Jess hizo el barro y le abri los ojos.
Entonces los fariseos volvieron tambin a preguntarle cmo haba recibido la vista. Y l les dijo: Me puso barro sobre los ojos, y me lav y veo.
Por eso algunos de los fariseos decan: Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el da de reposo. Pero otros decan: Cmo puede un hombre pecador hacer tales seales? Y haba divisin entre ellos.
Entonces dijeron otra vez al ciego: Qu dices t de l, ya que te abri los ojos? Y l dijo: Es un profeta.
Entonces los judos no le creyeron que haba sido ciego, y que haba recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que haba recibido la vista,
y les preguntaron, diciendo: Es ste vuestro hijo, el que vosotros decs que naci ciego? Cmo es que ahora ve?
Sus padres entonces les respondieron, y dijeron: Sabemos que ste es nuestro hijo, y que naci ciego;
pero cmo es que ahora ve, no lo sabemos; o quin le abri los ojos, nosotros no lo sabemos. Preguntadle a l; edad tiene, l hablar por s mismo.
Sus padres dijeron esto porque tenan miedo a los judos; porque los judos ya se haban puesto de acuerdo en que si alguno confesaba que Jess era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga.
Por eso sus padres dijeron: Edad tiene; preguntadle a l.
Por segunda vez llamaron al hombre que haba sido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que este hombre es un pecador.
Entonces l les contest: Si es pecador, no lo s; una cosa s: que yo era ciego y ahora veo.
Le dijeron entonces: Qu te hizo? Cmo te abri los ojos?
l les contest: Ya os lo dije y no escuchasteis; por qu queris or[lo] otra vez? Es que tambin vosotros queris haceros discpulos suyos?
Entonces lo insultaron, y le dijeron: T eres discpulo de ese [hombre;] pero nosotros somos discpulos de Moiss.
Nosotros sabemos que Dios habl a Moiss, pero en cuanto a ste, no sabemos de dnde es.
Respondi el hombre y les dijo: Pues en esto hay algo asombroso, que vosotros no sepis de dnde es, y [sin embargo,] a m me abri los ojos.
Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien teme a Dios y hace su voluntad, a ste oye.
Desde el principio jams se ha odo [decir] que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento.
Si ste no viniera de Dios, no podra hacer nada.
Respondieron ellos y le dijeron: T naciste enteramente en pecados, y t nos enseas a nosotros? Y lo echaron fuera.
Jess oy decir que lo haban echado fuera, y hallndolo, [le] dijo: Crees t en el Hijo del Hombre?
l respondi y dijo: Y quin es, Seor, para que yo crea en l?
Jess le dijo: Pues t le has visto, y el que est hablando contigo, se es.
l entonces dijo: Creo, Seor. Y le ador.
Y Jess dijo: Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos.
[Algunos] de los fariseos que estaban con l oyeron esto y le dijeron: Acaso nosotros tambin somos ciegos?
Jess les dijo: Si fuerais ciegos, no tendrais pecado; pero ahora, [porque] decs: "Vemos", vuestro pecado permanece.
En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, se es ladrn y salteador.
Pero el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas.
A ste le abre el portero, y las ovejas oyen su voz; llama a sus ovejas por nombre y las conduce afuera.
Cuando saca todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz.
Pero a un desconocido no seguirn, sino que huirn de l, porque no conocen la voz de los extraos.
Jess les habl [por medio de] esta alegora, pero ellos no entendieron qu era lo que les deca.
Entonces Jess les dijo de nuevo: En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.
Todos los que vinieron antes de m son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso.
Yo soy la puerta; si alguno entra por m, ser salvo; y entrar y saldr y hallar pasto.
El ladrn slo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que [la] tengan [en] abundancia.
Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.
[Pero] el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueo de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y [las] dispersa.
[l huye] porque [slo] trabaja por el pago y no le importan las ovejas.
Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mas me conocen,
de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas.
Tengo otras ovejas que no son de este redil; a sas tambin me es necesario traerlas, y oirn mi voz, y sern un rebao [con] un solo pastor.
Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo.
Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recib de mi Padre.
Se volvi a suscitar una divisin entre los judos por estas palabras.
Y muchos de ellos decan: Tiene un demonio y est loco. Por qu le hacis caso?
Otros decan: stas no son palabras de un endemoniado. Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?
En esos das se celebraba en Jerusaln la fiesta de la Dedicacin.
Era invierno, y Jess andaba por el templo, en el prtico de Salomn.
Entonces los judos le rodearon, y le decan: Hasta cundo nos vas a tener en suspenso? Si t eres el Cristo, dnoslo claramente.
Jess les respondi: Os lo he dicho, y no creis; las obras que yo hago en el nombre de mi Padre, stas dan testimonio de m.
Pero vosotros no creis porque no sois de mis ovejas.
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen;
y yo les doy vida eterna y jams perecern, y nadie las arrebatar de mi mano.
Mi Padre que me [las] dio es mayor que todos, y nadie [las] puede arrebatar de la mano del Padre.
Yo y el Padre somos uno.
Los judos volvieron a tomar piedras para apedrearle.
Jess les dijo: Os he mostrado muchas obras buenas [que son] del Padre. Por cul de ellas me apedreis?
Los judos le contestaron: No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por blasfemia; y porque t, siendo hombre, te haces Dios.
Jess les respondi: No est escrito en vuestra ley: "YO DIJE: SOIS DIOSES"?
Si a aquellos, a quienes vino la palabra de Dios, los llam dioses (y la Escritura no se puede violar),
a quien el Padre santific y envi al mundo, vosotros decs: "Blasfemas", porque dije: "Yo soy el Hijo de Dios"?
Si no hago las obras de mi Padre, no me creis;
pero si las hago, aunque a m no me creis, creed las obras; para que sepis y entendis que el Padre est en m y yo en el Padre.
Por eso procuraban otra vez prenderle, pero se les escap de entre las manos.
Se fue de nuevo al otro lado del Jordn, al lugar donde primero haba estado bautizando Juan, y se qued all.
Y muchos vinieron a l y decan: Aunque Juan no hizo ninguna seal, sin embargo, todo lo que Juan dijo de ste era verdad.
Y muchos creyeron en l all.
Y estaba enfermo cierto [hombre llamado] Lzaro, de Betania, la aldea de Mara y de su hermana Marta.
Mara, cuyo hermano Lzaro estaba enfermo, fue la que ungi al Seor con perfume y le sec los pies con sus cabellos.
Las hermanas entonces mandaron a decir a Jess: Seor, mira, el que t amas est enfermo.
Cuando Jess [lo] oy, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella.
Y Jess amaba a Marta, a su hermana y a Lzaro.
Cuando oy, pues, que [Lzaro] estaba enfermo, entonces se qued dos das [ms] en el lugar donde estaba.
Luego, despus de esto, dijo a sus discpulos: Vamos de nuevo a Judea.
Los discpulos le dijeron : Rab, hace poco que los judos procuraban apedrearte, y vas otra vez all?
Jess respondi: No hay doce horas en el da? Si alguno anda de da no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
Pero si alguno anda de noche, tropieza, porque la luz no est en l.
Dijo esto, y despus de esto aadi: Nuestro amigo Lzaro se ha dormido; voy a despertarlo.
Los discpulos entonces le dijeron: Seor, si se ha dormido, se recuperar.
Pero Jess haba hablado de la muerte de Lzaro, mas ellos creyeron que hablaba literalmente del sueo.
Entonces Jess, por eso, les dijo claramente: Lzaro ha muerto;
y por causa de vosotros me alegro de no haber estado all, para que creis; pero vamos a [donde est] l.
Toms, llamado el Ddimo, dijo entonces a [sus] condiscpulos: Vamos nosotros tambin para morir con l.
Lleg, pues, Jess y hall que ya haca cuatro das que estaba en el sepulcro.
Betania estaba cerca de Jerusaln, como a tres kilmetros;
y muchos de los judos haban venido a [casa de] Marta y Mara, para consolarlas por [la muerte de su] hermano.
Entonces Marta, cuando oy que Jess vena, fue a su encuentro, pero Mara se qued sentada en casa.
Y Marta dijo a Jess: Seor, si hubieras estado aqu, mi hermano no habra muerto.
Aun ahora, yo s que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo conceder.
Jess le dijo : Tu hermano resucitar.
Marta le contest : Yo s que resucitar en la resurreccin, en el da final.
Jess le dijo: Yo soy la resurreccin y la vida; el que cree en m, aunque muera, vivir,
y todo el que vive y cree en m, no morir jams. Crees esto?
Ella le dijo : S, Seor; yo he credo que t eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.
Y habiendo dicho esto, se fue y llam a su hermana Mara, dicindole en secreto: El Maestro est aqu, y te llama.
Tan pronto como ella [lo] oy, se levant rpidamente y fue hacia l.
Pues Jess an no haba entrado en la aldea, sino que todava estaba en el lugar donde Marta le haba encontrado.
Entonces los judos que estaban con ella en la casa consolndola, cuando vieron que Mara se levant de prisa y sali, la siguieron, suponiendo que iba al sepulcro a llorar all.
Cuando Mara lleg adonde estaba Jess, al verle, se arroj entonces a sus pies, dicindole: Seor, si hubieras estado aqu, mi hermano no habra muerto.
Y cuando Jess la vio llorando, y a los judos que vinieron con ella llorando tambin, se conmovi profundamente en el espritu, y se entristeci,
y dijo: Dnde lo pusisteis? Le dijeron : Seor, ven y ve.
Jess llor.
Por eso los judos decan: Mirad, cmo lo amaba.
Pero algunos de ellos dijeron: No poda ste, que abri los ojos del ciego, haber evitado tambin que [Lzaro] muriera?
Entonces Jess, de nuevo profundamente conmovido en su interior, fue al sepulcro. Era una cueva, y tena una piedra puesta sobre ella.
Jess dijo : Quitad la piedra. Marta, hermana del que haba muerto, le dijo : Seor, ya hiede, porque hace cuatro das [que muri.]
Jess le dijo : No te dije que si crees, vers la gloria de Dios?
Entonces quitaron la piedra. Jess alz los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has odo.
Yo saba que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que [me] rodea, para que crean que t me has enviado.
Habiendo dicho esto, grit con fuerte voz: Lzaro, ven fuera!
Y el que haba muerto sali, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jess les dijo : Desatadlo, y dejadlo ir.
Por esto muchos de los judos que haban venido [a ver] a Mara, y vieron lo que [Jess] haba hecho, creyeron en l.
Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jess haba hecho.
Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio, y decan: Qu hacemos? Porque este hombre hace muchas seales.
Si le dejamos [seguir] as, todos van a creer en l, y los romanos vendrn y nos quitarn nuestro lugar y nuestra nacin.
Pero uno de ellos, Caifs, que era sumo sacerdote ese ao, les dijo: Vosotros no sabis nada,
ni tenis en cuenta que os es ms conveniente que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nacin perezca.
Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el sumo sacerdote ese ao, profetiz que Jess iba a morir por la nacin;
y no slo por la nacin, sino tambin para reunir en uno a los hijos de Dios que estn esparcidos.
As que, desde ese da planearon entre s para matarle.
Por eso Jess ya no andaba pblicamente entre los judos, sino que se fue de all a la regin cerca del desierto, a una ciudad llamada Efran; y se qued all con los discpulos.
Y estaba cerca la Pascua de los judos, y muchos de la regin subieron a Jerusaln antes de la Pascua para purificarse.
Entonces buscaban a Jess, y estando ellos en el templo, se decan unos a otros: Qu os parece? Que no vendr a la fiesta?
Y los principales sacerdotes y los fariseos haban dado rdenes de que si alguien saba dnde estaba [Jess,] diera aviso para que le prendieran.
Entonces Jess, seis das antes de la Pascua, vino a Betania donde estaba Lzaro, al que Jess haba resucitado de entre los muertos.
Y le hicieron una cena all, y Marta serva; pero Lzaro era uno de los que estaban [a la mesa] con l.
Entonces Mara, tomando una libra de perfume de nardo puro que costaba mucho, ungi los pies de Jess, y se los sec con los cabellos, y la casa se llen con la fragancia del perfume.
Y Judas Iscariote, uno de sus discpulos, el que le iba a entregar, dijo :
Por qu no se vendi este perfume por trescientos denarios y se dio a los pobres?
Pero dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrn, y como tena la bolsa del dinero, sustraa de lo que se echaba en ella.
Entonces Jess dijo: Djala, para que lo guarde para el da de mi sepultura.
Porque a los pobres siempre los tendris con vosotros; pero a m no siempre me tendris.
Entonces la gran multitud de judos se enter de que [Jess] estaba all; y vinieron no slo por causa de Jess, sino tambin por ver a Lzaro, a quien haba resucitado de entre los muertos.
Pero los principales sacerdotes resolvieron matar tambin a Lzaro;
porque por causa de l muchos de los judos se apartaban y crean en Jess.
Al da siguiente, cuando la gran multitud que haba venido a la fiesta, oy que Jess vena a Jerusaln,
tomaron hojas de las palmas y salieron a recibirle, y gritaban: Hosanna! BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEOR, el Rey de Israel.
Jess, hallando un asnillo, se mont en l; como est escrito:
NO TEMAS, HIJA DE SIN; HE AQU, TU REY VIENE, MONTADO EN UN POLLINO DE ASNA.
Sus discpulos no entendieron esto al principio, pero [despus,] cuando Jess fue glorificado, entonces se acordaron de que esto se haba escrito de l, y de que le haban hecho estas cosas.
Y as, la multitud que estaba con l cuando llam a Lzaro del sepulcro y lo resucit de entre los muertos, daba testimonio [de l.]
Por eso la multitud fue tambin a recibirle, porque haban odo que l haba hecho esta seal.
Entonces los fariseos se decan unos a otros: Veis que no consegus nada? Mirad, [todo] el mundo se ha ido tras l.
Y haba unos griegos entre los que suban a adorar en la fiesta;
stos, pues, fueron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaban, diciendo: Seor, queremos ver a Jess.
Felipe fue y se lo dijo a Andrs; Andrs y Felipe fueron y se lo dijeron a Jess.
Jess les respondi , diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.
En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda l solo; pero si muere, produce mucho fruto.
El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservar para vida eterna.
Si alguno me sirve, que me siga; y donde yo estoy, all tambin estar mi servidor; si alguno me sirve, el Padre lo honrar.
Ahora mi alma se ha angustiado; y qu dir: "Padre, slvame de esta hora"? Pero para esto he llegado a esta hora.
Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y [le] he glorificado, y de nuevo [le] glorificar.
Por eso la multitud que estaba [all] y [la] oy, deca que haba sido un trueno; otros decan: Un ngel le ha hablado.
Respondi Jess y dijo: Esta voz no ha venido por causa ma, sino por causa de vosotros.
Ya est aqu el juicio de este mundo; ahora el prncipe de este mundo ser echado fuera.
Y yo, si soy levantado de la tierra, atraer a todos a m mismo.
Pero l deca esto para indicar de qu clase de muerte iba a morir.
Entonces la multitud le respondi: Hemos odo en la ley que el Cristo permanecer para siempre; y cmo dices t: "El Hijo del Hombre tiene que ser levantado"? Quin es este Hijo del Hombre?
Jess entonces les dijo: Todava, por un poco de tiempo, la luz estar entre vosotros. Caminad mientras tenis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que anda en la oscuridad no sabe adnde va.
Mientras tenis la luz, creed en la luz, para que seis hijos de luz. Estas cosas habl Jess, y se fue y se ocult de ellos.
Pero aunque haba hecho tantas seales delante de ellos, no crean en l,
para que se cumpliera la palabra del profeta Isaas, que dijo: SEOR, QUIN HA CREDO A NUESTRO ANUNCIO? Y A QUIN SE HA REVELADO EL BRAZO DEL SEOR?
Por eso no podan creer, porque Isaas dijo tambin:
L HA CEGADO SUS OJOS Y ENDURECIDO SU CORAZN, PARA QUE NO VEAN CON LOS OJOS Y ENTIENDAN CON EL CORAZN, Y SE CONVIERTAN Y YO LOS SANE.
Esto dijo Isaas porque vio su gloria, y habl de l.
Sin embargo, muchos, aun de los gobernantes, creyeron en l, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.
Porque amaban ms el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios.
Jess exclam y dijo: El que cree en m, no cree en m, sino en aquel que me ha enviado.
Y el que me ve, ve al que me ha enviado.
Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo el que cree en m no permanezca en tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, sa lo juzgar en el da final.
Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento [sobre] lo que he de decir y lo que he de hablar.
Y s que su mandamiento es vida eterna; por eso lo que hablo, lo hablo tal como el Padre me lo ha dicho.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jess que su hora haba llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am hasta el fin.
Y durante la cena, como ya el diablo haba puesto en el corazn de Judas Iscariote, [hijo] de Simn, el que lo entregara,
[Jess,] sabiendo que el Padre haba puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios haba salido y a Dios volva,
se levant de la cena y se quit su manto, y tomando una toalla, se la ci.
Luego ech agua en una vasija, y comenz a lavar los pies de los discpulos y a secrselos con la toalla que tena ceida.
Entonces lleg a Simn Pedro. ste le dijo : Seor, t lavarme a m los pies?
Jess respondi, y le dijo: Ahora t no comprendes lo que yo hago, pero lo entenders despus.
Pedro le contest : Jams me lavars los pies! Jess le respondi: Si no te lavo, no tienes parte conmigo.
Simn Pedro le dijo : Seor, [entonces] no slo los pies, sino tambin las manos y la cabeza.
Jess le dijo : El que se ha baado no necesita lavarse, excepto los pies, pues est todo limpio; y vosotros estis limpios, pero no todos.
Porque saba quin le iba a entregar; por eso dijo: No todos estis limpios.
Entonces, cuando acab de lavarles los pies, tom su manto, y sentndose [a la mesa] otra vez, les dijo: Sabis lo que os he hecho?
Vosotros me llamis Maestro y Seor; y tenis razn, porque lo soy.
Pues si yo, el Seor y el Maestro, os lav los pies, vosotros tambin debis lavaros los pies unos a otros.
Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros tambin hagis.
En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su seor, ni un enviado es mayor que el que le envi.
Si sabis esto, seris felices si lo practicis.
No hablo de todos vosotros; yo conozco a los que he escogido; pero [es] para que se cumpla la Escritura: "EL QUE COME MI PAN HA LEVANTADO CONTRA M SU CALCAAR."
Os lo digo desde ahora, antes de que pase, para que cuando suceda, creis que yo soy.
En verdad, en verdad os digo: el que recibe al que yo enve, me recibe a m; y el que me recibe a m, recibe al que me envi.
Habiendo dicho Jess esto, se angusti en espritu, y testific y dijo: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregar.
Los discpulos se miraban unos a otros, y estaban perplejos [sin saber] de quin hablaba.
Uno de sus discpulos, el que Jess amaba, estaba [a la mesa] reclinado en el pecho de Jess.
Por eso Simn Pedro le hizo seas, y le dijo : Di[nos] de quin habla.
l, recostndose de nuevo sobre el pecho de Jess, le dijo : Seor, quin es?
Entonces Jess respondi : Es aquel a quien yo dar el bocado que voy a mojar. Y despus de mojar el bocado, lo tom y se lo dio a Judas, [hijo] de Simn Iscariote.
Y despus del bocado, Satans entr en l. Entonces Jess le dijo : Lo que vas a hacer, hazlo pronto.
Pero ninguno de los que estaban sentados [a la mesa] entendi por qu le dijo esto.
Porque algunos pensaban que como Judas tena la bolsa del dinero, Jess le deca: Compra lo que necesitamos para la fiesta, o que diera algo a los pobres.
Y Judas, despus de recibir el bocado, sali inmediatamente; y [ya] era de noche.
Entonces, cuando sali, Jess dijo : Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en l.
Si Dios es glorificado en l, Dios tambin le glorificar en s mismo, y le glorificar enseguida.
Hijitos, estar con vosotros un poco ms de tiempo. Me buscaris, y como dije a los judos, ahora tambin os digo a vosotros: adonde yo voy, vosotros no podis ir.
Un mandamiento nuevo os doy: que os amis los unos a los otros; que como yo os he amado, as tambin os amis los unos a los otros.
En esto conocern todos que sois mis discpulos, si os tenis amor los unos a los otros.
Simn Pedro le dijo : Seor, adnde vas? Jess respondi: Adonde yo voy, t no me puedes seguir ahora, pero me seguirs despus.
Pedro le dijo : Seor, por qu no te puedo seguir ahora mismo? Yo dar mi vida por ti!
Jess [le] respondi : Tu vida dars por m? En verdad, en verdad te digo: no cantar el gallo sin que antes me hayas negado tres veces.
No se turbe vuestro corazn; creed en Dios, creed tambin en m.
En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no [fuera as,] os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros.
Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendr otra vez y os tomar conmigo; para que donde yo estoy, [all] estis tambin vosotros.
Y conocis el camino adonde voy.
Toms le dijo : Seor, [si] no sabemos adnde vas, cmo vamos a conocer el camino?
Jess le dijo : Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por m.
Si me hubierais conocido, tambin hubierais conocido a mi Padre; desde ahora le conocis y le habis visto.
Felipe le dijo : Seor, mustranos al Padre, y nos basta.
Jess le dijo : Tanto tiempo he estado con vosotros, y [todava] no me conoces, Felipe? El que me ha visto a m, ha visto al Padre; cmo dices t: "Mustranos al Padre"?
No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en m? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en m es el que hace las obras.
Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en m; y si no, creed por las obras mismas.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en m, las obras que yo hago, l las har tambin; y aun mayores que stas har, porque yo voy al Padre.
Y todo lo que pidis en mi nombre, lo har, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si me peds algo en mi nombre, yo [lo] har.
Si me amis, guardaris mis mandamientos.
Y yo rogar al Padre, y l os dar otro Consolador para que est con vosotros para siempre;
[es decir,] el Espritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, [pero] vosotros s le conocis porque mora con vosotros y estar en vosotros.
No os dejar hurfanos; vendr a vosotros.
Un poco ms de tiempo y el mundo no me ver ms, pero vosotros me veris; porque yo vivo, vosotros tambin viviris.
En ese da conoceris que yo estoy en mi Padre, y vosotros en m, y yo en vosotros.
El que tiene mis mandamientos y los guarda, se es el que me ama; y el que me ama ser amado por mi Padre; y yo lo amar y me manifestar a l.
Judas (no el Iscariote) le dijo : Seor, y qu ha pasado que te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?
Jess respondi, y le dijo: Si alguno me ama, guardar mi palabra; y mi Padre lo amar, y vendremos a l, y haremos con l morada.
El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que os no es ma, sino del Padre que me envi.
Estas cosas os he dicho estando con vosotros.
Pero el Consolador, el Espritu Santo, a quien el Padre enviar en mi nombre, l os ensear todas las cosas, y os recordar todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazn, ni tenga miedo.
Osteis que yo os dije: "Me voy, y vendr a vosotros." Si me amarais, os regocijarais porque voy al Padre, ya que el Padre es mayor que yo.
Y os lo he dicho ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, creis.
No hablar mucho ms con vosotros, porque viene el prncipe de este mundo, y l no tiene nada en m;
pero para que el mundo sepa que yo amo al Padre, y como el Padre me mand, as hago. Levantaos, vmonos de aqu.
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viador.
Todo sarmiento que en m no da fruto, lo quita; y todo [el] que da fruto, lo poda para que d ms fruto.
Vosotros ya estis limpios por la palabra que os he hablado.
Permaneced en m, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por s mismo si no permanece en la vid, as tampoco vosotros si no permanecis en m.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en m y yo en l, se da mucho fruto, porque separados de m nada podis hacer.
Si alguno no permanece en m, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman.
Si permanecis en m, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queris y os ser hecho.
En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y [as] probis que sois mis discpulos.
Como el Padre me ha amado, [as] tambin yo os he amado; permaneced en mi amor.
Si guardis mis mandamientos, permaneceris en mi amor, as como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Estas cosas os he hablado, para que mi gozo est en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto.
ste es mi mandamiento: que os amis los unos a los otros, as como yo os he amado.
Nadie tiene un amor mayor que ste: que uno d su vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su seor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he odo de mi Padre.
Vosotros no me escogisteis a m, sino que yo os escog a vosotros, y os design para que vayis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidis al Padre en mi nombre os [lo] conceda.
Esto os mando: que os amis los unos a los otros.
Si el mundo os odia, sabis que me ha odiado a m antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo amara lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escog de entre el mundo, por eso el mundo os odia.
Acordaos de la palabra que yo os dije: "Un siervo no es mayor que su seor." Si me persiguieron a m, tambin os perseguirn a vosotros; si guardaron mi palabra, tambin guardarn la vuestra.
Pero todo esto os harn por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envi.
Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendran pecado, pero ahora no tienen excusa por su pecado.
El que me odia a m, odia tambin a mi Padre.
Si yo no hubiera hecho entre ellos las obras que ningn otro ha hecho, no tendran pecado; pero ahora las han visto, y me han odiado a m y tambin a mi Padre.
Pero [han hecho esto] para que se cumpla la palabra que est escrita en su ley: "ME ODIARON SIN CAUSA."
Cuando venga el Consolador, a quien yo enviar del Padre, [es decir,] el Espritu de verdad que procede del Padre, l dar testimonio de m,
y vosotros daris testimonio tambin, porque habis estado conmigo desde el principio.
Estas cosas os he dicho para que no tengis tropiezo.
Os expulsarn de la sinagoga; pero viene la hora cuando cualquiera que os mate pensar que [as] rinde un servicio a Dios.
Y harn estas cosas porque no han conocido ni al Padre ni a m.
Pero os he dicho estas cosas para que cuando llegue la hora, os acordis de que ya os haba hablado de ellas. Y no os dije estas cosas al principio, porque yo estaba con vosotros.
Pero ahora voy al que me envi, y ninguno de vosotros me pregunta: "Adnde vas?"
Mas porque os he dicho estas cosas, la tristeza ha llenado vuestro corazn.
Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendr a vosotros; pero si me voy, os lo enviar.
Y cuando l venga, convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio;
de pecado, porque no creen en m;
de justicia, porque yo voy al Padre y no me veris ms;
y de juicio, porque el prncipe de este mundo ha sido juzgado.
An tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no [las] podis soportar.
Pero cuando l, el Espritu de verdad, venga, os guiar a toda la verdad, porque no hablar por su propia cuenta, sino que hablar todo lo que oiga, y os har saber lo que habr de venir.
l me glorificar, porque tomar de lo mo y os [lo] har saber.
Todo lo que tiene el Padre es mo; por eso dije que l toma de lo mo y os [lo] har saber.
Un poco [ms], y ya no me veris; y de nuevo un poco, y me veris.
Entonces [algunos] de sus discpulos se decan unos a otros: Qu es esto que nos dice: "Un poco [ms,] y no me veris, y de nuevo un poco, y me veris" y "Porque yo voy al Padre"?
Por eso decan: Qu es esto que dice: "Un poco"? No sabemos de qu habla.
Jess saba que queran preguntarle, y les dijo: Estis discutiendo entre vosotros sobre esto, porque dije: "Un poco ms, y no me veris, y de nuevo un poco, y me veris"?
En verdad, en verdad os digo que lloraris y os lamentaris, pero el mundo se alegrar; estaris tristes, pero vuestra tristeza se convertir en alegra.
Cuando la mujer est para dar a luz, tiene afliccin, porque ha llegado su hora; pero cuando da a luz al nio, ya no se acuerda de la angustia, por la alegra de que un nio haya nacido en el mundo.
Por tanto, ahora vosotros tenis tambin afliccin; pero yo os ver otra vez, y vuestro corazn se alegrar, y nadie os quitar vuestro gozo.
En aquel da no me preguntaris nada. En verdad, en verdad os digo: si peds algo al Padre, os [lo] dar en mi nombre.
Hasta ahora nada habis pedido en mi nombre; pedid y recibiris, para que vuestro gozo sea completo.
Estas cosas os he hablado en lenguaje figurado; viene el tiempo cuando no os hablar ms en lenguaje figurado, sino que os hablar del Padre claramente.
En ese da pediris en mi nombre, y no os digo que yo rogar al Padre por vosotros,
pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habis amado y habis credo que yo sal del Padre.
Sal del Padre y he venido al mundo; de nuevo, dejo el mundo y voy al Padre.
Sus discpulos le dijeron : He aqu que ahora hablas claramente y no usas lenguaje figurado.
Ahora entendemos que t sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que t viniste de Dios.
Jess les respondi: Ahora creis?
Mirad, la hora viene, y [ya] ha llegado, en que seris esparcidos, cada uno por su lado, y me dejaris solo; y [sin embargo] no estoy solo, porque el Padre est conmigo.
Estas cosas os he hablado para que en m tengis paz. En el mundo tenis tribulacin; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Estas cosas habl Jess, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti,
por cuanto le diste autoridad sobre todo ser humano para que d vida eterna a todos los que t le has dado.
Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el nico Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Yo te glorifiqu en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera.
Y ahora, glorifcame t, Padre, junto a ti, con la gloria que tena contigo antes que el mundo existiera.
He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; eran tuyos y me los diste, y han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todo lo que me has dado viene de ti;
porque yo les he dado las palabras que me diste; y [las] recibieron, y entendieron que en verdad sal de ti, y creyeron que t me enviaste.
Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has dado; porque son tuyos;
y todo lo mo es tuyo, y lo tuyo, mo; y he sido glorificado en ellos.
Ya no estoy en el mundo, [pero] ellos s estn en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, gurdalos en tu nombre, el [nombre] que me has dado, para que sean uno, as como nosotros.
Cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el [nombre] que me diste; y los guard y ninguno se perdi, excepto el hijo de perdicin, para que la Escritura se cumpliera.
Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo para que tengan mi gozo completo en s mismos.
Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifcalos en la verdad; tu palabra es verdad.
Como t me enviaste al mundo, yo tambin los he enviado al mundo.
Y por ellos yo me santifico, para que ellos tambin sean santificados en la verdad.
Mas no ruego slo por stos, sino tambin por los que han de creer en m por la palabra de ellos,
para que todos sean uno. Como t, oh Padre, [ests] en m y yo en ti, que tambin ellos estn en nosotros, para que el mundo crea que t me enviaste.
La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, as como nosotros somos uno:
yo en ellos, y t en m, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que t me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a m.
Padre, quiero que los que me has dado, estn tambin conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la [gloria] que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundacin del mundo.
Oh Padre justo, aunque el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y stos han conocido que t me enviaste.
Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo dar a conocer, para que el amor con que me amaste est en ellos y yo en ellos.
Despus de haber dicho esto, Jess sali con sus discpulos al otro lado del torrente Cedrn, donde haba un huerto en el cual entr l con sus discpulos.
Tambin Judas, el que le iba a entregar, conoca el lugar, porque Jess se haba reunido all a menudo con sus discpulos.
Entonces Judas, tomando la cohorte [romana], y a [varios] alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue all con linternas, antorchas y armas.
Jess, pues, sabiendo todo lo que le iba a sobrevenir, sali y les dijo : A quin buscis?
Ellos le respondieron: A Jess el Nazareno. l les dijo : Yo soy. Y Judas, el que le entregaba, estaba con ellos.
Y cuando l les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron a tierra.
Jess entonces volvi a preguntarles: A quin buscis? Y ellos dijeron: A Jess el Nazareno.
Respondi Jess: Os he dicho que yo soy; por tanto, si me buscis a m, dejad ir a stos;
para que se cumpliera la palabra que haba dicho: De los que me diste, no perd ninguno.
Entonces Simn Pedro, que tena una espada, la sac e hiri al siervo del sumo sacerdote, y le cort la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco.
Jess entonces dijo a Pedro: Mete la espada en la vaina. La copa que el Padre me ha dado, acaso no la he de beber?
Entonces la cohorte [romana,] el comandante y los alguaciles de los judos prendieron a Jess y le ataron,
y le llevaron primero ante Ans, porque era suegro de Caifs, que era sumo sacerdote ese ao.
Y Caifs era el que haba aconsejado a los judos que convena que un hombre muriera por el pueblo.
Y Simn Pedro segua a Jess, y [tambin] otro discpulo. Este discpulo era conocido del sumo sacerdote, y entr con Jess al patio del sumo sacerdote,
pero Pedro estaba fuera, a la puerta. As que el otro discpulo, que era conocido del sumo sacerdote, sali y habl a la portera, e hizo entrar a Pedro.
Entonces la criada que cuidaba la puerta dijo a Pedro: No eres t tambin [uno] de los discpulos de este hombre? [Y] l dijo : No lo soy.
Y los siervos y los alguaciles estaban de pie calentndose [junto] a unas brasas que haban encendido porque haca fro; y Pedro estaba tambin con ellos de pie y calentndose.
Entonces el sumo sacerdote interrog a Jess acerca de sus discpulos y de sus enseanzas.
Jess le respondi: Yo he hablado al mundo abiertamente; siempre ense en la sinagoga y en el templo, donde se renen todos los judos, y nada he hablado en secreto.
Por qu me preguntas a m? Pregntales a los que han odo lo que habl; he aqu, stos saben lo que he dicho.
Cuando dijo esto, uno de los alguaciles que estaba cerca, dio una bofetada a Jess, diciendo: As respondes al sumo sacerdote?
Jess le respondi: Si he hablado mal, da testimonio de lo que [he hablado] mal; pero si [habl] bien, por qu me pegas?
Ans entonces le envi atado a Caifs, el sumo sacerdote.
Simn Pedro estaba de pie, calentndose; entonces le dijeron: No eres t tambin [uno] de sus discpulos? l lo neg y dijo: No lo soy.
Uno de los siervos del sumo sacerdote, que era pariente de aquel a quien Pedro le haba cortado la oreja, dijo : No te vi yo en el huerto con l?
Y Pedro [lo] neg otra vez, y al instante cant un gallo.
Entonces llevaron a Jess [de casa] de Caifs al Pretorio. Era muy de maana. Y ellos no entraron al Pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua.
Pilato entonces sali fuera hacia ellos y dijo : Qu acusacin trais contra este hombre?
Ellos respondieron, y le dijeron: Si este hombre no fuera malhechor, no te lo hubiramos entregado.
Entonces Pilato les dijo: Llevadle vosotros, y juzgadle conforme a vuestra ley. Los judos le dijeron: A nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie.
Para que se cumpliera la palabra que Jess haba hablado, dando a entender de qu clase de muerte iba a morir.
Entonces Pilato volvi a entrar al Pretorio, y llam a Jess y le dijo: Eres t el Rey de los judos?
Jess respondi: Esto lo dices por tu cuenta, o [porque] otros te lo han dicho de m?
Pilato respondi: Acaso soy yo judo? Tu nacin y los principales sacerdotes te entregaron a m. Qu has hecho?
Jess respondi: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearan para que yo no fuera entregado a los judos; mas ahora mi reino no es de aqu.
Pilato entonces le dijo: As que t eres rey? Jess respondi: T dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.
Pilato le pregunt : Qu es la verdad? Y habiendo dicho esto, sali otra vez adonde [estaban] los judos y les dijo : Yo no encuentro ningn delito en l.
Pero es costumbre entre vosotros que os suelte a uno en la Pascua. Queris, pues, que os suelte al Rey de los judos?
Entonces volvieron a gritar, diciendo: No a ste, sino a Barrabs. Y Barrabs era un ladrn.
Pilato, pues, tom entonces a Jess y [le] azot.
Y los soldados tejieron una corona de espinas, la pusieron sobre su cabeza y le vistieron con un manto de prpura;
y acercndose a l, le decan: Salve, Rey de los judos! Y le daban bofetadas.
Pilato sali otra vez, y les dijo : Mirad, os lo traigo fuera, para que sepis que no encuentro ningn delito en l.
Jess entonces sali fuera llevando la corona de espinas y el manto de prpura. Y [Pilato] les dijo : He aqu el Hombre!
Entonces, cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, gritaron, diciendo: Crucifca[le!] Crucifca[le!] Pilato les dijo : Tomadle vosotros, y crucificad[le,] porque yo no encuentro ningn delito en l.
Los judos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y segn esa ley l debe morir, porque pretendi ser el Hijo de Dios.
Entonces Pilato, cuando oy estas palabras, se atemoriz an ms.
Entr de nuevo al Pretorio y dijo a Jess: De dnde eres t? Pero Jess no le dio respuesta.
Pilato entonces le dijo : A m no me hablas? No sabes que tengo autoridad para soltarte, y que tengo autoridad para crucificarte?
Jess respondi: Ninguna autoridad tendras sobre m si no te hubiera sido dada de arriba; por eso el que me entreg a ti tiene mayor pecado.
Como resultado de esto, Pilato procuraba soltarle, pero los judos gritaron, diciendo: Si sueltas a ste, no eres amigo del Csar; todo el que se hace rey se opone al Csar.
Entonces Pilato, cuando oy estas palabras, sac fuera a Jess y se sent en el tribunal, en un lugar llamado el Empedrado, y en hebreo Gabata.
Y era el da de la preparacin para la Pascua; era como la hora sexta. Y [Pilato] dijo a los judos: He aqu vuestro Rey.
Entonces ellos gritaron: Fuera! Fuera! Crucifcale! Pilato les dijo : He de crucificar a vuestro Rey? Los principales sacerdotes respondieron: No tenemos ms rey que el Csar.
As que entonces le entreg a ellos para que fuera crucificado.
Tomaron, pues, a Jess, y l sali cargando su cruz al [sitio] llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Glgota,
donde le crucificaron, y con l a otros dos, uno a cada lado y Jess en medio.
Pilato tambin escribi un letrero y lo puso sobre la cruz. Y estaba escrito: JESS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDOS.
Entonces muchos judos leyeron esta inscripcin, porque el lugar donde Jess fue crucificado quedaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, en latn [y] en griego.
Por eso los principales sacerdotes de los judos decan a Pilato: No escribas, "el Rey de los judos"; sino que l dijo: "Yo soy Rey de los judos."
Pilato respondi: Lo que he escrito, he escrito.
Entonces los soldados, cuando crucificaron a Jess, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro partes, una parte para cada soldado. Y [tomaron tambin] la tnica; y la tnica era sin costura, tejida en una sola pieza.
Por tanto, se dijeron unos a otros: No la rompamos; sino echemos suertes sobre ella, [para ver] de quin ser; para que se cumpliera la Escritura: REPARTIERON ENTRE S MIS VESTIDOS, Y SOBRE MI ROPA ECHARON SUERTES.
Por eso los soldados hicieron esto. Y junto a la cruz de Jess estaban su madre, y la hermana de su madre, Mara, la [mujer] de Cleofas, y Mara Magdalena.
Y cuando Jess vio a su madre, y al discpulo a quien l amaba que estaba all cerca, dijo a su madre: Mujer, he ah tu hijo!
Despus dijo al discpulo: He ah tu madre! Y desde aquella hora el discpulo la recibi en su propia [casa].
Despus de esto, sabiendo Jess que todo se haba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo : Tengo sed.
Haba all una vasija llena de vinagre; colocaron, pues, una esponja empapada del vinagre en [una rama de] hisopo, y se la acercaron a la boca.
Entonces Jess, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es! E inclinando la cabeza, entreg el espritu.
Los judos entonces, como era el da de preparacin [para la Pascua,] a fin de que los cuerpos no se quedaran en la cruz el da de reposo (porque ese da de reposo era muy solemne), pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y se los llevaran.
Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero, y [tambin las] del otro que haba sido crucificado con Jess;
pero cuando llegaron a Jess, como vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas;
pero uno de los soldados le traspas el costado con una lanza, y al momento sali sangre y agua.
Y el que [lo] ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero; y l sabe que dice la verdad, para que vosotros tambin creis.
Porque esto sucedi para que se cumpliera la Escritura: NO SER QUEBRADO HUESO SUYO.
Y tambin otra Escritura dice: MIRARN AL QUE TRASPASARON.
Despus de estas cosas, Jos de Arimatea, que era discpulo de Jess, aunque en secreto por miedo a los judos, pidi [permiso] a Pilato para llevarse el cuerpo de Jess. Y Pilato concedi el permiso. Entonces l vino, y se llev el cuerpo de Jess.
Y Nicodemo, el que antes haba venido a Jess de noche, vino tambin, trayendo una mezcla de mirra y loe como de cien libras.
Entonces tomaron el cuerpo de Jess, y lo envolvieron en telas de lino con las especias aromticas, como es costumbre sepultar entre los judos.
En el lugar donde fue crucificado haba un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual todava no haban sepultado a nadie.
Por tanto, por causa del da de la preparacin de los judos, como el sepulcro estaba cerca, pusieron all a Jess.
Y el primer [da] de la semana Mara Magdalena fue temprano al sepulcro, cuando todava estaba oscuro, y vio que [ya] la piedra haba sido quitada del sepulcro.
Entonces corri y fue a Simn Pedro y al otro discpulo a quien Jess amaba, y les dijo : Se han llevado al Seor del sepulcro, y no sabemos dnde le han puesto.
Salieron, pues, Pedro y el otro discpulo, e iban hacia el sepulcro.
Los dos corran juntos, pero el otro discpulo corri ms aprisa que Pedro, y lleg primero al sepulcro;
e inclinndose para mirar [adentro], vio las envolturas de lino puestas [all,] pero no entr.
Entonces lleg tambin Simn Pedro tras l, entr al sepulcro, y vio las envolturas de lino puestas [all,]
y el sudario que haba estado sobre la cabeza de Jess, no puesto con las envolturas de lino, sino enrollado en un lugar aparte.
Entonces entr tambin el otro discpulo, el que haba llegado primero al sepulcro, y vio y crey.
Porque todava no haban entendido la Escritura, que Jess deba resucitar de entre los muertos.
Los discpulos entonces se fueron de nuevo a sus casas.
Pero Mara estaba fuera, llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclin y mir dentro del sepulcro;
y vio dos ngeles vestidos de blanco, sentados donde haba estado el cuerpo de Jess, uno a la cabecera y otro a los pies.
Y ellos le dijeron : Mujer, por qu lloras? Ella les dijo : Porque se han llevado a mi Seor, y no s dnde le han puesto.
Al decir esto, se volvi y vio a Jess que estaba [all,] pero no saba que era Jess.
Jess le dijo : Mujer, por qu lloras? A quin buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo : Seor, si t le has llevado, dime dnde le has puesto, y yo me lo llevar.
Jess le dijo : Mara! Ella, volvindose, le dijo en hebreo: Rabon! (que quiere decir, Maestro).
Jess le dijo : Sultame porque todava no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos, y diles: "Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios."
Fue Mara Magdalena y anunci a los discpulos: He visto al Seor!, y que l le haba dicho estas cosas.
Entonces, al atardecer de aquel da, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas [del lugar] donde los discpulos se encontraban por miedo a los judos, Jess vino y se puso en medio de ellos, y les dijo : Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les mostr las manos y el costado. Entonces los discpulos se regocijaron al ver al Seor.
Jess entonces les dijo otra vez: Paz a vosotros; como el Padre me ha enviado, [as] tambin yo os envo.
Despus de decir esto, sopl sobre [ellos] y les dijo : Recibid el Espritu Santo.
A quienes perdonis los pecados, [stos] les son perdonados; a quienes retengis los [pecados, stos] les son retenidos.
Toms, uno de los doce, llamado el Ddimo, no estaba con ellos cuando Jess vino.
Entonces los otros discpulos le decan: Hemos visto al Seor! Pero l les dijo: Si no veo en sus manos la seal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creer.
Ocho das despus, sus discpulos estaban otra vez dentro, y Toms con ellos. Y estando las puertas cerradas, Jess vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros.
Luego dijo a Toms: Acerca aqu tu dedo, y mira mis manos; extiende aqu tu mano y mtela en mi costado; y no seas incrdulo, sino creyente.
Respondi Toms y le dijo: Seor mo y Dios mo!
Jess le dijo : Porque me has visto has credo? Dichosos los que no vieron, y [sin embargo] creyeron.
Y muchas otras seales hizo tambin Jess en presencia de sus discpulos, que no estn escritas en este libro;
pero stas se han escrito para que creis que Jess es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengis vida en su nombre.
Despus de esto, Jess se manifest otra vez a los discpulos junto al mar de Tiberias, y se manifest de esta manera:
Estaban juntos Simn Pedro, Toms llamado el Ddimo, Natanael de Can de Galilea, los [hijos] de Zebedeo y otros dos de sus discpulos.
Simn Pedro les dijo : Me voy a pescar. Ellos le dijeron : Nosotros tambin vamos contigo. Fueron y entraron en la barca, y aquella noche no pescaron nada.
Cuando ya amaneca, Jess estaba en la playa; pero los discpulos no saban que era Jess.
Entonces Jess les dijo : Hijos, acaso tenis algn pescado? Le respondieron: No.
Y l les dijo: Echad la red al lado derecho de la barca y hallaris [pesca.] Entonces la echaron, y no podan sacarla por la gran cantidad de peces.
Entonces aquel discpulo a quien Jess amaba, dijo a Pedro: Es el Seor! Oyendo, pues, Simn Pedro que era el Seor, se ci la ropa (porque se la haba quitado [para poder trabajar]), y se ech al mar.
Pero los otros discpulos vinieron en la barca, porque no estaban lejos de tierra, sino a unos cien metros, arrastrando la red [llena] de peces.
Entonces, cuando bajaron a tierra, vieron brasas [ya] puestas y un pescado colocado sobre ellas, y pan.
Jess les dijo : Traed algunos de los peces que habis pescado ahora.
Simn Pedro subi [a la barca,] y sac la red a tierra, llena de peces grandes, ciento cincuenta y tres; y aunque haba tantos, la red no se rompi.
Jess les dijo : Venid [y] desayunad. Ninguno de los discpulos se atrevi a preguntarle: Quin eres t?, sabiendo que era el Seor.
Jess vino , tom el pan y se lo dio ; y lo mismo [hizo con] el pescado.
sta fue la tercera vez que Jess se manifest a los discpulos, despus de haber resucitado de entre los muertos.
Entonces, cuando haban acabado de desayunar, Jess dijo a Simn Pedro: Simn, [hijo] de Juan, me amas ms que stos? [Pedro] le dijo : S, Seor, t sabes que te quiero. [Jess] le dijo : Apacienta mis corderos.
Y volvi a decirle por segunda vez: Simn, [hijo] de Juan, me amas? [Pedro] le dijo : S, Seor, t sabes que te quiero. [Jess] le dijo : Pastorea mis ovejas.
Le dijo por tercera vez: Simn, [hijo] de Juan, me quieres? Pedro se entristeci porque la tercera vez le dijo: Me quieres? Y le respondi: Seor, t lo sabes todo; t sabes que te quiero. Jess le dijo : Apacienta mis ovejas.
En verdad, en verdad te digo: cuando eras ms joven te vestas y andabas por donde queras; pero cuando seas viejo extenders las manos y otro te vestir, y te llevar adonde no quieras.
Esto dijo, dando a entender la clase de muerte con que [Pedro] glorificara a Dios. Y habiendo dicho esto, le dijo : Sgueme.
Pedro, volvindose, vio que [les] segua el discpulo a quien Jess amaba, el que en la cena se haba recostado sobre el pecho [de Jess] y haba dicho: Seor, quin es el que te va a entregar?
Entonces Pedro, al verlo, dijo a Jess: Seor, y ste, qu?
Jess le dijo : Si yo quiero que l se quede hasta que yo venga, a ti, qu? T, sgueme.
Por eso el dicho se propag entre los hermanos que aquel discpulo no morira; pero Jess no le dijo que no morira, sino: Si yo quiero que se quede hasta que yo venga, a ti, qu?
ste es el discpulo que da testimonio de estas cosas y el que escribi esto, y sabemos que su testimonio es verdadero.
Y hay tambin muchas otras cosas que Jess hizo, que si se escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podra contener los libros que se escribiran .
El primer relato que escrib, Tefilo, [trat] de todo lo que Jess comenz a hacer y a ensear,
hasta el da en que fue recibido arriba, despus de que por el Espritu Santo haba dado instrucciones a los apstoles que haba escogido.
A stos tambin, despus de su padecimiento, se present vivo con muchas pruebas convincentes, aparecindoseles durante cuarenta das y hablndoles de lo concerniente al reino de Dios.
Y reunindolos, les mand que no salieran de Jerusaln, sino que esperaran la promesa del Padre: La cual, [les dijo,] osteis de m;
pues Juan bautiz con agua, pero vosotros seris bautizados con el Espritu Santo dentro de pocos das.
Entonces los que estaban reunidos, le preguntaban, diciendo: Seor, restaurars en este tiempo el reino a Israel?
[Y] l les dijo: No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las pocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad;
pero recibiris poder cuando el Espritu Santo venga sobre vosotros; y me seris testigos en Jerusaln, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.
Despus de haber dicho estas cosas, fue elevado mientras ellos miraban, y una nube le recibi [y le ocult] de sus ojos.
Y estando mirando fijamente al cielo mientras l ascenda, aconteci que se presentaron junto a ellos dos varones en vestiduras blancas,
que [les] dijeron: Varones galileos, por qu estis mirando al cielo? Este [mismo] Jess, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendr de la misma manera, tal como le habis visto ir al cielo.
Entonces regresaron a Jerusaln desde el monte llamado de los Olivos, que est cerca de Jerusaln, camino de un da de reposo.
Cuando hubieron entrado [en la ciudad,] subieron al aposento alto donde estaban hospedados Pedro, Juan, Jacobo y Andrs, Felipe y Toms, Bartolom y Mateo, Jacobo [hijo] de Alfeo, Simn el Zelote y Judas, [hijo] de Jacobo.
Todos stos estaban unnimes, entregados de continuo a la oracin junto con [las] mujeres, y [con] Mara la madre de Jess, y con los hermanos de l.
Por aquel tiempo Pedro se puso de pie en medio de los hermanos (un grupo como de ciento veinte personas estaba reunido all), y dijo:
Varones hermanos, tena que cumplirse la Escritura [en] que por boca de David el Espritu Santo predijo acerca de Judas, el que se hizo gua de los que prendieron a Jess.
Porque era contado entre nosotros y recibi parte en este ministerio.
(ste, pues, con el precio de su infamia adquiri un terreno, y cayendo de cabeza se revent por el medio, y todas sus entraas se derramaron.
Y [esto] lleg al conocimiento de todos los que habitaban en Jerusaln, de manera que aquel terreno se llam en su propia lengua Acldama, es decir, campo de sangre.)
Pues en el libro de los Salmos est escrito: QUE SEA HECHA DESIERTA SU MORADA, Y NO HAYA QUIEN HABITE EN ELLA; y: QUE OTRO TOME SU CARGO.
Por tanto, es necesario que de los hombres que nos han acompaado todo el tiempo que el Seor Jess vivi entre nosotros,
comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el da en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea constituido testigo con nosotros de su resurreccin.
Presentaron a dos: a Jos, llamado Barsabs (al que tambin llamaban Justo) y a Matas.
Y habiendo orado, dijeron: T, Seor, que conoces el corazn de todos, mustra[nos] a cul de estos dos has escogido
para ocupar este ministerio y apostolado, del cual Judas se desvi para irse al lugar que le corresponda.
Echaron suertes y la suerte cay sobre Matas, y fue contado con los once apstoles.
Cuando lleg el da de Pentecosts, estaban todos juntos en un mismo lugar.
De repente vino del cielo un ruido como el de una rfaga de viento impetuoso que llen toda la casa donde estaban sentados,
y se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartindose, se posaron sobre cada uno de ellos.
Todos fueron llenos del Espritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, segn el Espritu les daba habilidad para expresarse.
Y haba judos que moraban en Jerusaln, hombres piadosos, procedentes de todas las naciones bajo el cielo.
Y al ocurrir este estruendo, la multitud se junt; y estaban desconcertados porque cada uno les oa hablar en su propia lengua.
Y estaban asombrados y se maravillaban, diciendo: Mirad, no son galileos todos estos que estn hablando?
Cmo es que cada uno de nosotros [les] omos hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido?
Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia,
de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judos como proslitos,
cretenses y rabes, les omos hablar en nuestros idiomas de las maravillas de Dios.
Todos estaban asombrados y perplejos, dicindose unos a otros: Qu quiere decir esto?
Pero otros se burlaban y decan: Estn borrachos.
Entonces Pedro, ponindose en pie con los once, alz la voz y les declar: Varones judos y todos los que vivs en Jerusaln, sea esto de vuestro conocimiento y prestad atencin a mis palabras,
porque stos no estn borrachos como vosotros suponis, pues [apenas] es la hora tercera del da;
sino que esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel:
Y SUCEDER EN LOS LTIMOS DAS -- dice Dios -- QUE DERRAMAR DE MI ESPRITU SOBRE TODA CARNE; Y VUESTROS HIJOS Y VUESTRAS HIJAS PROFETIZARN, VUESTROS JVENES VERN VISIONES, Y VUESTROS ANCIANOS SOARN SUEOS;
Y AUN SOBRE MIS SIERVOS Y SOBRE MIS SIERVAS DERRAMAR DE MI ESPRITU EN ESOS DAS, y profetizarn.
Y MOSTRAR PRODIGIOS ARRIBA EN EL CIELO Y SEALES ABAJO EN LA TIERRA: SANGRE, FUEGO Y COLUMNA DE HUMO.
EL SOL SE CONVERTIR EN TINIEBLAS, Y LA LUNA EN SANGRE, ANTES QUE VENGA EL DA GRANDE Y GLORIOSO DEL SEOR.
Y SUCEDER QUE TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEOR SER SALVO.
Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jess el Nazareno, varn confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y seales que Dios hizo en medio vuestro a travs de l, tal como vosotros mismos sabis,
a ste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impos y [le] matasteis,
a quien Dios resucit, poniendo fin a la agona de la muerte, puesto que era imposible que l quedara bajo el dominio de ella.
Porque David dice de l: VEA SIEMPRE AL SEOR EN MI PRESENCIA; PUES EST A MI DIESTRA PARA QUE YO NO SEA CONMOVIDO.
POR LO CUAL MI CORAZN SE ALEGR Y MI LENGUA SE REGOCIJ; Y AUN HASTA MI CARNE DESCANSAR EN ESPERANZA;
PUES T NO ABANDONARS MI ALMA EN EL HADES, NI PERMITIRS QUE TU SANTO VEA CORRUPCIN.
ME HAS HECHO CONOCER LOS CAMINOS DE LA VIDA; ME LLENARS DE GOZO CON TU PRESENCIA.
Hermanos, del patriarca David os puedo decir confiadamente que muri y fue sepultado, y su sepulcro est entre nosotros hasta el da de hoy.
Pero siendo profeta, y sabiendo que DIOS LE HABA JURADO SENTAR [a uno] DE SUS DESCENDIENTES EN SU TRONO,
mir hacia el futuro y habl de la resurreccin de Cristo, que NI FUE ABANDONADO EN EL HADES, NI su carne SUFRI CORRUPCIN.
A este Jess resucit Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
As que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y os.
Porque David no ascendi a los cielos, pero l [mismo] dice: DIJO EL SEOR A MI SEOR: "SINTATE A MI DIESTRA,
HASTA QUE PONGA A TUS ENEMIGOS POR ESTRADO DE TUS PIES."
Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jess a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Seor y Cristo.
Al or [esto,] compungidos de corazn, dijeron a Pedro y a los dems apstoles: Varones hermanos, qu haremos?
Y Pedro les [dijo:] Arrepentos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdn de vuestros pecados, y recibiris el don del Espritu Santo.
Porque la promesa es para vosotros y [para] vuestros hijos, y para todos los que estn lejos; [para] tantos como el Seor nuestro Dios llame.
Y con muchas otras palabras testificaba solemnemente y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generacin.
Entonces los que haban recibido su palabra fueron bautizados; y se aadieron aquel da como tres mil almas.
Y se dedicaban continuamente a las enseanzas de los apstoles, a la comunin, al partimiento del pan y a la oracin.
Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y seales eran hechas por los apstoles.
Todos los que haban credo estaban juntos y tenan todas las cosas en comn;
vendan todas sus propiedades y sus bienes, y los compartan con todos, segn la necesidad de cada uno.
Da tras da continuaban unnimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, coman juntos con alegra y sencillez de corazn,
alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Seor aada cada da al nmero de ellos los que iban siendo salvos.
Y [cierto] [da] Pedro y Juan suban al templo a la hora novena, la de la oracin.
Y [haba] un hombre, cojo desde su nacimiento, al que llevaban y ponan diariamente a la puerta del templo llamada la Hermosa para que pidiera limosna a los que entraban al templo.
ste, viendo a Pedro y a Juan que iban a entrar al templo, les peda limosna.
Entonces Pedro, junto con Juan, fijando su vista en l, [le] dijo: Mranos!
Y l les mir atentamente, esperando recibir algo de ellos.
Pero Pedro dijo: No tengo plata ni oro, mas lo que tengo, te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazareno, anda!
Y asindolo de la mano derecha, lo levant; al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza,
y de un salto se puso en pie y andaba. Entr al templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios.
Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios,
y reconocieron que era el mismo que se sentaba a la puerta del templo, la Hermosa, a [pedir] limosna, y se llenaron de asombro y admiracin por lo que le haba sucedido.
Y estando l asido de Pedro y de Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corri al prtico llamado de Salomn, donde ellos estaban.
Al ver [esto] Pedro, dijo al pueblo: Varones israelitas, por qu os maravillis de esto, o por qu nos miris [as,] como si por nuestro propio poder o piedad le hubiramos hecho andar?
El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jess, [al que] vosotros entregasteis y repudiasteis en presencia de Pilato, cuando ste haba resuelto ponerle en libertad.
Mas vosotros repudiasteis al Santo y Justo, y pedisteis que se os concediera un asesino,
y disteis muerte al Autor de la vida, [al] que Dios resucit de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
Y por la fe en su nombre, [es] el nombre de Jess lo que ha fortalecido a este [hombre] a quien veis y conocis; y la fe que [viene] por medio de l, le ha dado esta perfecta sanidad en presencia de todos vosotros.
Y ahora, hermanos, yo s que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros gobernantes.
Pero Dios ha cumplido as lo que anunci de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo debera padecer.
Por tanto, arrepentos y convertos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Seor,
y l enve a Jess, el Cristo designado de antemano para vosotros,
a quien el cielo debe recibir hasta el da de la restauracin de todas las cosas, acerca de lo cual Dios habl por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos.
Moiss dijo: EL SEOR DIOS OS LEVANTAR UN PROFETA COMO YO DE VUESTROS HERMANOS; A L PRESTARIS ATENCIN en todo cuanto os diga.
Y suceder que todo el que no preste atencin a aquel profeta, ser totalmente destruido de entre el pueblo.
Y asimismo todos los profetas que han hablado desde Samuel y [sus] sucesores en adelante, tambin anunciaron estos das.
Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con vuestros padres, al decir a Abraham: Y EN TU SIMIENTE SERN BENDITAS TODAS LAS FAMILIAS DE LA TIERRA.
Para vosotros en primer lugar, Dios, habiendo resucitado a su Siervo, le ha enviado para que os bendiga, a fin de apartar a cada uno [de vosotros] de vuestras iniquidades.
Mientras ellos hablaban al pueblo, se les echaron encima los sacerdotes, el capitn [de la guardia] del templo, y los saduceos,
indignados porque enseaban al pueblo, y anunciaban en Jess la resurreccin de entre los muertos.
Les echaron mano, y los pusieron en la crcel hasta el da siguiente, pues ya era tarde.
Pero muchos de los que haban odo el mensaje creyeron, llegando el nmero de los hombres como a cinco mil.
Y sucedi que al da siguiente se reunieron en Jerusaln sus gobernantes, ancianos y escribas;
[estaban all] el sumo sacerdote Ans, Caifs, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes.
Y habindolos puesto en medio [de ellos, les] interrogaban: Con qu poder, o en qu nombre, habis hecho esto?
Entonces Pedro, lleno del Espritu Santo, les dijo: Gobernantes y ancianos del pueblo,
si se nos est interrogando hoy por [causa del] beneficio hecho a un hombre enfermo, de qu manera ste ha sido sanado,
sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis [y] a quien Dios resucit de entre los muertos, por l, este [hombre] se halla aqu sano delante de vosotros.
ste [Jess] es la PIEDRA DESECHADA por vosotros LOS CONSTRUCTORES, [pero] QUE HA VENIDO A SER LA PIEDRA ANGULAR.
Y en ningn otro hay salvacin, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos.
Al ver la confianza de Pedro y de Juan, y dndose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparacin, se maravillaban, y reconocan que ellos haban estado con Jess.
Y viendo junto a ellos de pie al hombre que haba sido sanado, no tenan nada que decir en contra.
Pero habindoles ordenado salir fuera del concilio, deliberaban entre s,
diciendo: Qu haremos con estos hombres? Porque el hecho de que un milagro notable ha sido realizado por medio de ellos es evidente a todos los que viven en Jerusaln, y no podemos negarlo.
Mas a fin de que no se divulgue ms entre el pueblo, amenacmosles para que no hablen ms a hombre alguno en este nombre.
Cuando los llamaron, les ordenaron no hablar ni ensear en el nombre de Jess.
Mas respondiendo Pedro y Juan, les dijeron: Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios;
porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y odo.
Y ellos, despus de amenazarlos otra vez, los dejaron ir (no hallando la manera de castigarlos) por causa del pueblo, porque todos glorificaban a Dios por lo que haba acontecido;
porque el hombre en quien se haba realizado este milagro de sanidad tena ms de cuarenta aos.
Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y [les] contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les haban dicho.
Al or ellos [esto,] unnimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Seor, t eres el que HICISTE EL CIELO Y LA TIERRA, EL MAR Y TODO LO QUE EN ELLOS HAY,
el que por el Espritu Santo, [por] boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste: POR QU SE ENFURECIERON LOS GENTILES, Y LOS PUEBLOS TRAMARON COSAS VANAS?
SE PRESENTARON LOS REYES DE LA TIERRA, Y LOS GOBERNANTES SE JUNTARON A UNA CONTRA EL SEOR Y CONTRA SU CRISTO.
Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jess, a quien t ungiste,
para hacer cuanto tu mano y tu propsito haban predestinado que sucediera.
Y ahora, Seor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza,
mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, seales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jess.
Despus que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembl, y todos fueron llenos del Espritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor.
La congregacin de los que creyeron era de un corazn y un alma; y ninguno deca ser suyo lo que posea, sino que todas las cosas eran de propiedad comn.
Con gran poder los apstoles daban testimonio de la resurreccin del Seor Jess, y abundante gracia haba sobre todos ellos.
No haba, pues, ningn necesitado entre ellos, porque todos los que posean tierras o casas las vendan, traan el precio de lo vendido,
y lo depositaban a los pies de los apstoles, y se distribua a cada uno segn su necesidad.
Y Jos, un levita natural de Chipre, a quien tambin los apstoles llamaban Bernab (que traducido significa hijo de consolacin),
posea un campo y lo vendi, y trajo el dinero y lo deposit a los pies de los apstoles.
Pero cierto hombre llamado Ananas, con Safira su mujer, vendi una propiedad,
y se qued con [parte] del precio, sabindolo tambin su mujer; trayendo una parte del mismo lo puso a los pies de los apstoles.
Mas Pedro dijo: Ananas, por qu ha llenado Satans tu corazn para mentir al Espritu Santo, y sustraer [parte] del precio del terreno?
Mientras estaba [sin venderse,] no te perteneca? Y despus de vendida, no estaba bajo tu poder? Por qu concebiste este asunto en tu corazn? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
Al or Ananas estas palabras, cay y expir; y vino un gran temor sobre todos los que lo supieron.
Y los jvenes se levantaron y lo cubrieron, y sacndolo, le dieron sepultura.
Despus de un lapso como de tres horas entr su mujer, no sabiendo lo que haba sucedido.
Y Pedro le pregunt: Dime, vendisteis el terreno en tanto? Y ella dijo: S, se fue el precio.
Entonces Pedro le [dijo:] Por qu os pusisteis de acuerdo para poner a prueba al Espritu del Seor? Mira, los pies de los que sepultaron a tu marido estn a la puerta, y te sacarn [tambin] a ti.
Al instante ella cay a los pies de l, y expir. Al entrar los jvenes, la hallaron muerta, y la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido.
Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que supieron estas cosas.
Por mano de los apstoles se realizaban muchas seales y prodigios entre el pueblo; y estaban todos unnimes en el prtico de Salomn.
Pero ninguno de los dems se atreva a juntarse con ellos; sin embargo, el pueblo los tena en gran estima.
Y ms y ms creyentes en el Seor, multitud de hombres y de mujeres, se aadan constantemente [al nmero de ellos],
a tal punto que aun sacaban los enfermos a las calles, y los tendan en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cayera sobre alguno de ellos.
Tambin la gente de las ciudades en los alrededores de Jerusaln acuda trayendo enfermos y atormentados por espritus inmundos, y todos eran sanados.
Pero levantndose el sumo sacerdote, y todos los que estaban con l (es decir, la secta de los saduceos), se llenaron de celo,
y echaron mano a los apstoles y los pusieron en una crcel pblica.
Pero un ngel del Seor, durante la noche, abri las puertas de la crcel, y sacndolos, dijo:
Id, y puestos de pie en el templo, hablad al pueblo todo el mensaje de esta Vida.
Habiendo odo [esto,] entraron al amanecer en el templo y enseaban. Cuando llegaron el sumo sacerdote y los que estaban con l, convocaron al concilio, es decir, a todo el senado de los hijos de Israel, y enviaron [rdenes] a la crcel para que los trajeran.
Pero los alguaciles que fueron no los encontraron en la crcel; volvieron, pues, e informaron,
diciendo: Encontramos la crcel cerrada con toda seguridad y los guardias de pie a las puertas; pero cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.
Cuando oyeron estas palabras el capitn [de la guardia] del templo y los principales sacerdotes, se quedaron muy perplejos a causa de ellos, [pensando] en qu terminara aquello.
Pero alguien se present y les inform: Mirad, los hombres que pusisteis en la crcel estn en el templo enseando al pueblo.
Entonces el capitn fue con los alguaciles y los trajo sin violencia (porque teman al pueblo, no fuera que los apedrearan).
Cuando los trajeron los pusieron ante el concilio, y el sumo sacerdote los interrog,
diciendo: Os dimos rdenes estrictas de no continuar enseando en este nombre, y he aqu, habis llenado a Jerusaln con vuestras enseanzas, y queris traer sobre nosotros la sangre de este hombre.
Mas respondiendo Pedro y los apstoles, dijeron: Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres.
El Dios de nuestros padres resucit a Jess, a quien vosotros habais matado colgndole en una cruz.
A ste Dios exalt a su diestra como Prncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdn de pecados.
Y nosotros somos testigos de estas cosas; y [tambin] el Espritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen.
Cuando ellos oyeron [esto,] se sintieron profundamente ofendidos y queran matarlos.
Pero cierto fariseo llamado Gamaliel, maestro de la ley, respetado por todo el pueblo, se levant en el concilio y orden que sacaran fuera a los hombres por un momento.
Y les dijo: Varones de Israel, tened cuidado de lo que vais a hacer con estos hombres.
Porque hace algn tiempo Teudas se levant pretendiendo ser alguien; y un grupo como de cuatrocientos hombres se uni a l. Y fue muerto, y todos los que lo seguan fueron dispersos y reducidos a nada.
Despus de l, se levant Judas de Galilea en los das del censo, y llev [mucha] gente tras s; l tambin pereci, y todos los que lo seguan se dispersaron.
Por tanto, en este caso os digo: no tengis nada que ver con estos hombres y dejadlos en paz, porque si este plan o accin es de los hombres, perecer;
pero si es de Dios, no podris destruirlos; no sea que os hallis luchando contra Dios.
Ellos aceptaron su consejo, y despus de llamar a los apstoles, los azotaron y les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jess y los soltaron.
Ellos, pues, salieron de la presencia del concilio, regocijndose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su Nombre.
Y todos los das, en el templo y de casa en casa, no cesaban de ensear y predicar a Jess [como] el Cristo.
Por aquellos das, al multiplicarse [el nmero] [de] los discpulos, surgi una queja de parte de los [judos] helenistas en contra de los judos [nativos,] porque sus viudas eran desatendidas en la distribucin diaria [de los alimentos].
Entonces los doce convocaron a la congregacin de los discpulos, y dijeron: No es conveniente que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir mesas.
Por tanto, hermanos, escoged de entre vosotros siete hombres de buena reputacin, llenos del Espritu [Santo] y de sabidura, a quienes podamos encargar esta tarea.
Y nosotros nos entregaremos a la oracin y al ministerio de la palabra.
Lo propuesto tuvo la aprobacin de toda la congregacin, y escogieron a Esteban, un hombre lleno de fe y del Espritu Santo, y a Felipe, a Prcoro, a Nicanor, a Timn, a Parmenas y a Nicols, un proslito de Antioqua;
los cuales presentaron ante los apstoles, y despus de orar, pusieron sus manos sobre ellos.
Y la palabra de Dios creca, y el nmero de los discpulos se multiplicaba en gran manera en Jerusaln, y muchos de los sacerdotes obedecan a la fe.
Y Esteban, lleno de gracia y [de] poder, haca grandes prodigios y seales entre el pueblo.
Pero se levantaron algunos de la sinagoga llamada de los Libertos, [incluyendo] tanto cireneos como alejandrinos, y algunos de Cilicia y de Asia, y discutan con Esteban.
Pero no podan resistir a la sabidura y al Espritu con que hablaba.
Entonces, en secreto persuadieron a [algunos] hombres para que dijeran: Le hemos odo hablar palabras blasfemas contra Moiss y [contra] Dios.
Y alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y cayendo sobre l, lo arrebataron y lo trajeron en presencia del concilio.
Y presentaron testigos falsos que dijeron: Este hombre continuamente habla en contra de este lugar santo y de la ley;
porque le hemos odo decir que este nazareno, Jess, destruir este lugar, y cambiar las tradiciones que Moiss nos leg.
Y al fijar la mirada en l, todos los que estaban sentados en el concilio vieron su rostro como el rostro de un ngel.
Y el sumo sacerdote dijo: Es esto as?
Y l dijo: Escuchadme, hermanos y padres. El Dios de gloria apareci a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Harn,
y le dijo: "SAL DE TU TIERRA Y DE TU PARENTELA, Y VE A LA TIERRA QUE YO TE MOSTRAR."
Entonces l sali de la tierra de los caldeos y se radic en Harn. Y de all, despus de la muerte de su padre, [Dios] lo traslad a esta tierra en la cual ahora vosotros habitis.
No le dio en ella heredad, ni siquiera [la medida de] la planta del pie, y [sin embargo,] aunque no tena hijo, prometi que SE LA DARA EN POSESIN A L Y A SU DESCENDENCIA DESPUS DE L.
Y Dios dijo as: "Que SUS DESCENDIENTES SERAN EXTRANJEROS EN UNA TIERRA EXTRAA, Y QUE SERAN ESCLAVIZADOS Y MALTRATADOS POR CUATROCIENTOS AOS.
"PERO YO MISMO JUZGAR A CUALQUIER NACIN DE LA CUAL SEAN ESCLAVOS" -- dijo Dios -- "Y DESPUS DE ESO SALDRN Y ME SERVIRN EN ESTE LUGAR."
Y [Dios] le dio el pacto de la circuncisin; y as [Abraham] vino a ser el padre de Isaac, y lo circuncid al octavo da; e Isaac [vino a ser el padre] de Jacob, y Jacob [de] los doce patriarcas.
Y los patriarcas tuvieron envidia de Jos y lo vendieron para Egipto. Pero Dios estaba con l,
y lo rescat de todas sus aflicciones, y le dio gracia y sabidura delante de Faran, rey de Egipto, y [ste] lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.
Entonces vino hambre sobre todo Egipto y Canan, y [con ella] gran afliccin; y nuestros padres no hallaban alimentos.
Pero cuando Jacob supo que haba grano en Egipto, envi a nuestros padres [all] la primera vez.
En la segunda [visita,] Jos se dio a conocer a sus hermanos, y conoci Faran el linaje de Jos.
Y Jos, enviando [mensaje,] mand llamar a Jacob su padre y a toda su parentela, [en total] setenta y cinco personas.
Y Jacob descendi a Egipto, y [all] muri l y [tambin] nuestros padres.
Y [de all] fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que por una suma de dinero haba comprado Abraham a los hijos de Hamor en Siquem.
Pero a medida que se acercaba el tiempo de la promesa que Dios haba confirmado a Abraham, el pueblo creca y se multiplicaba en Egipto,
hasta que SURGI OTRO REY EN EGIPTO QUE NO SABA NADA DE JOS.
ste [rey,] obrando con astucia contra nuestro pueblo, maltrat a nuestros padres, a fin de que expusieran [a la muerte] a sus nios para que no vivieran.
Fue por ese tiempo que Moiss naci. Era hermoso a la vista de Dios, y fue criado por tres meses en la casa de su padre.
Despus de ser abandonado [para morir,] la hija de Faran se lo llev y lo cri como su propio hijo.
Y Moiss fue instruido en toda la sabidura de los egipcios, y era un hombre poderoso en palabras y en hechos.
Pero cuando iba a cumplir la edad de cuarenta aos, sinti en su corazn el deseo de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.
Y al ver que uno [de ellos] era tratado injustamente, lo defendi y veng al oprimido matando al egipcio.
Pensaba que sus hermanos entendan que Dios les estaba dando libertad por medio de l, pero ellos no entendieron.
Al da siguiente se les present, cuando [dos de] ellos rean, y trat de poner paz entre ellos, diciendo: "Varones, vosotros sois hermanos, por qu os hers el uno al otro?"
Pero el que estaba hiriendo a su prjimo lo empuj, diciendo: "QUIN TE HA PUESTO POR GOBERNANTE Y JUEZ SOBRE NOSOTROS?
"ACASO QUIERES MATARME COMO MATASTE AYER AL EGIPCIO?"
Al or estas palabras, MOISS HUY Y SE CONVIRTI EN EXTRANJERO EN LA TIERRA DE MADIN, donde fue padre de dos hijos.
Y pasados cuarenta aos, SE LE APARECI UN NGEL EN EL DESIERTO DEL MONTE Sina, EN LA LLAMA DE UNA ZARZA QUE ARDA.
Al ver esto, Moiss se maravillaba de la visin, y al acercarse para ver mejor, vino [a l] la voz del Seor:
"YO SOY EL DIOS DE TUS PADRES, EL DIOS DE ABRAHAM, DE ISAAC, Y DE JACOB." Moiss temblando, no se atreva a mirar.
PERO EL SEOR LE DIJO: "QUTATE LAS SANDALIAS DE LOS PIES, PORQUE EL LUGAR DONDE ESTS ES TIERRA SANTA.
"CIERTAMENTE HE VISTO LA OPRESIN DE MI PUEBLO EN EGIPTO Y HE ODO SUS GEMIDOS, Y HE DESCENDIDO PARA LIBRARLOS; VEN AHORA Y TE ENVIAR A EGIPTO."
Este Moiss, a quien ellos rechazaron, diciendo: "QUIN TE HA PUESTO POR GOBERNANTE Y JUEZ?" es el [mismo] que Dios envi [para ser] gobernante y libertador con la ayuda del ngel que se le apareci en la zarza.
Este hombre los sac, haciendo prodigios y seales en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto por cuarenta aos.
ste es el [mismo] Moiss que dijo a los hijos de Israel: "DIOS OS LEVANTAR UN PROFETA COMO YO DE ENTRE VUESTROS HERMANOS."
ste es el que estaba en la congregacin en el desierto junto con el ngel que le hablaba en el monte Sina, y con nuestros padres, y el que recibi palabras de vida para transmitirlas a vosotros;
al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo repudiaron, y en sus corazones regresaron a Egipto,
DICIENDO A AARN: "HAZNOS DIOSES QUE VAYAN DELANTE DE NOSOTROS, PORQUE A ESTE MOISS QUE NOS SAC DE LA TIERRA DE EGIPTO, NO SABEMOS LO QUE LE HAYA PASADO."
En aquellos das hicieron un becerro y ofrecieron sacrificio al dolo, y se regocijaban en las obras de sus manos.
Pero Dios se apart [de ellos] y los entreg para que sirvieran al ejrcito del cielo, como est escrito en el libro de los profetas: ACASO FUE A M A QUIEN OFRECISTEIS VCTIMAS Y SACRIFICIOS EN EL DESIERTO POR CUARENTA AOS, CASA DE ISRAEL?
TAMBIN LLEVASTEIS EL TABERNCULO DE MOLOC, Y LA ESTRELLA DEL DIOS RENFN, LAS IMGENES QUE HICISTEIS PARA ADORARLAS. YO TAMBIN OS DEPORTAR MS ALL DE BABILONIA.
Nuestros padres tuvieron el tabernculo del testimonio en el desierto, tal como [le] haba ordenado que lo hiciera el que habl a Moiss, conforme al modelo que haba visto.
A su vez, habindolo recibido, nuestros padres lo introdujeron con Josu al tomar posesin de las naciones que Dios arroj de delante de nuestros padres, hasta los das de David.
Y [David] hall gracia delante de Dios, y pidi [el favor] de hallar una morada para el Dios de Jacob.
Pero fue Salomn quien le edific una casa.
Sin embargo, el Altsimo no habita en [casas] hechas por manos [de hombres;] como dice el profeta:
EL CIELO ES MI TRONO, Y LA TIERRA EL ESTRADO DE MIS PIES; QU CASA ME EDIFICARIS? -- dice el Seor -- O CUL ES EL LUGAR DE MI REPOSO?
NO FUE MI MANO LA QUE HIZO TODAS ESTAS COSAS?
Vosotros, que sois duros de cerviz e incircuncisos de corazn y de odos, resists siempre al Espritu Santo; como hicieron vuestros padres, as tambin hacis vosotros.
A cul de los profetas no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que antes haban anunciado la venida del Justo, del cual ahora vosotros os hicisteis entregadores y asesinos;
vosotros que recibisteis la ley por disposicin de ngeles, y [sin embargo] no la guardasteis.
Al or esto, se sintieron profundamente ofendidos, y crujan los dientes contra l.
Pero [Esteban,] lleno del Espritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jess de pie a la diestra de Dios;
y dijo: He aqu, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios.
Entonces ellos gritaron a gran voz, y tapndose los odos arremetieron a una contra l.
Y echndolo fuera de la ciudad, comenzaron a apedrearle; y los testigos pusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo.
Y mientras apedreaban a Esteban, l invocaba [al Seor] y deca: Seor Jess, recibe mi espritu.
Y cayendo de rodillas, clam en alta voz: Seor, no les tomes en cuenta este pecado. Habiendo dicho esto, durmi.
Y Saulo estaba en completo acuerdo [con ellos] en su muerte. En aquel da se desat una gran persecucin en contra de la iglesia en Jerusaln, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apstoles.
Y [algunos] hombres piadosos sepultaron a Esteban, y lloraron a gran voz por l.
Pero Saulo haca estragos en la iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en la crcel.
As que los que haban sido esparcidos iban predicando la palabra.
Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.
Y las multitudes unnimes prestaban atencin a lo que Felipe deca, al or y ver las seales que haca.
Porque [de] muchos que tenan espritus inmundos, [stos] salan [de ellos] gritando a gran voz; y muchos que haban sido paralticos y cojos eran sanados.
Y haba gran regocijo en aquella ciudad.
Y haba cierto hombre llamado Simn, que haba estado ejerciendo la magia en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran [personaje];
y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atencin, diciendo: ste es el que se llama el Gran Poder de Dios.
Le prestaban atencin porque por mucho tiempo los haba asombrado con sus artes mgicas.
Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Cristo Jess, se bautizaban, tanto hombres como mujeres.
Y aun Simn mismo crey; y despus de bautizarse, continu con Felipe, y estaba atnito al ver las seales y los grandes milagros que se hacan.
Cuando los apstoles que [estaban] en Jerusaln oyeron que Samaria haba recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan,
quienes descendieron y oraron por ellos, para que recibieran el Espritu Santo,
pues todava no haba descendido sobre ninguno de ellos; slo haban sido bautizados en el nombre del Seor Jess.
Entonces les imponan las manos, y reciban el Espritu Santo.
Cuando Simn vio que el Espritu se daba por la imposicin de las manos de los apstoles, les ofreci dinero,
diciendo: Dadme tambin a m esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espritu Santo.
Entonces Pedro le dijo: Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podas obtener el don de Dios con dinero.
No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazn no es recto delante de Dios.
Por tanto, arrepintete de esta tu maldad, y ruega al Seor que si es posible se te perdone el intento de tu corazn.
Porque veo que ests en hiel de amargura y en cadena de iniquidad.
Pero Simn respondi y dijo: Rogad vosotros al Seor por m, para que no me sobrevenga nada de lo que habis dicho.
Y ellos, despus de haber testificado solemnemente y hablado la palabra del Seor, iniciaron el regreso a Jerusaln anunciando el evangelio en muchas aldeas de los samaritanos.
Un ngel del Seor habl a Felipe, diciendo: Levntate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusaln a Gaza. (ste es un [camino] desierto.)
l se levant y fue; y he aqu, haba un eunuco etope, alto oficial de Candace, reina de los etopes, el cual estaba encargado de todos sus tesoros, y haba venido a Jerusaln para adorar.
Regresaba sentado en su carruaje, y lea al profeta Isaas.
Y el Espritu dijo a Felipe: Ve y jntate a ese carruaje.
Cuando Felipe se acerc corriendo, le oy leer al profeta Isaas, y [le] dijo: Entiendes lo que lees?
Y l respondi: Cmo podr, a menos que alguien me gue? E invit a Felipe a que subiera y se sentara con l.
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era ste: COMO OVEJA FUE LLEVADO AL MATADERO; Y COMO CORDERO, MUDO DELANTE DEL QUE LO TRASQUILA, NO ABRE L SU BOCA.
EN SU HUMILLACIN NO SE LE HIZO JUSTICIA; QUIN CONTAR SU GENERACIN? PORQUE SU VIDA ES QUITADA DE LA TIERRA.
El eunuco respondi a Felipe y dijo: Te ruego [que me digas,] de quin dice esto el profeta? De s mismo, o de algn otro?
Entonces Felipe abri su boca, y comenzando desde esta Escritura, le anunci el evangelio de Jess.
Yendo por el camino, llegaron a un [lugar donde haba] agua; y el eunuco dijo : Mira, agua. Qu impide que yo sea bautizado?
Y Felipe dijo: Si crees con todo tu corazn, puedes. Respondi l y dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
Y mand parar el carruaje; ambos descendieron al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautiz.
Al salir ellos del agua, el Espritu del Seor arrebat a Felipe; y no lo vio ms el eunuco, que continu su camino gozoso.
Mas Felipe se encontr en Azoto, y por donde pasaba, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que lleg a Cesarea.
Saulo, respirando todava amenazas y muerte contra los discpulos del Seor, fue al sumo sacerdote,
y le pidi cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos que pertenecieran al Camino, tanto hombres como mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusaln.
Y sucedi que mientras viajaba, al acercarse a Damasco, de repente resplandeci en su derredor una luz del cielo;
y al caer a tierra, oy una voz que le deca: Saulo, Saulo, por qu me persigues?
Y l dijo: Quin eres, Seor? Y l [respondi:] Yo soy Jess a quien t persigues;
levntate, entra en la ciudad, y se te dir lo que debes hacer.
Los hombres que iban con l se detuvieron atnitos, oyendo la voz, pero sin ver a nadie.
Saulo se levant del suelo, y aunque sus ojos estaban abiertos, no vea nada; y llevndolo por la mano, lo trajeron a Damasco.
Y estuvo tres das sin ver, y no comi ni bebi.
Haba en Damasco un cierto discpulo llamado Ananas; y el Seor le dijo en una visin: Ananas. Y l dijo: Heme aqu, Seor.
Y el Seor le [dijo:] Levntate y ve a la calle que se llama Derecha, y pregunta en la casa de Judas por un hombre de Tarso llamado Saulo, porque, he aqu, est orando,
y ha visto en una visin a un hombre llamado Ananas, que entra y pone las manos sobre l para que recobre la vista.
Pero Ananas respondi: Seor, he odo de muchos acerca de este hombre, cuanto mal ha hecho a tus santos en Jerusaln,
y aqu tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.
Pero el Seor le dijo: Ve, porque l me es un instrumento escogido, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel;
porque yo le mostrar cunto debe padecer por mi nombre.
Ananas fue y entr en la casa, y despus de poner las manos sobre l, dijo: Hermano Saulo, el Seor Jess, que se te apareci en el camino por donde venas, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espritu Santo.
Al instante cayeron de sus ojos como unas escamas, y recobr la vista; y se levant y fue bautizado.
Tom alimentos y cobr fuerzas. Y por varios das estuvo con los discpulos que estaban en Damasco.
Y enseguida se puso a predicar a Jess en las sinagogas, diciendo: l es el Hijo de Dios.
Y todos los que [lo] escuchaban estaban asombrados y decan: No es ste el que en Jerusaln destrua a los que invocaban este nombre, y [el que] haba venido aqu con este propsito: para llevarlos atados ante los principales sacerdotes?
Pero Saulo segua fortalecindose y confundiendo a los judos que habitaban en Damasco, demostrando que este [Jess] es el Cristo.
Despus de muchos das, los judos tramaron deshacerse de l,
pero su conjura lleg al conocimiento de Saulo. Y aun vigilaban las puertas da y noche con el intento de matarlo;
pero sus discpulos lo tomaron de noche y lo sacaron por [una abertura en] la muralla, bajndolo en una canasta.
Cuando lleg a Jerusaln, trataba de juntarse con los discpulos; y todos le teman, no creyendo que era discpulo.
Pero Bernab lo tom y lo present a los apstoles, y les cont cmo [Saulo] haba visto al Seor en el camino, y que l le haba hablado, y cmo en Damasco haba hablado con valor en el nombre de Jess.
Y estaba con ellos movindose libremente en Jerusaln, hablando con valor en el nombre del Seor.
Tambin hablaba y discuta con los [judos] helenistas; mas stos intentaban matarlo.
Pero cuando los hermanos [lo] supieron, lo llevaron a Cesarea, y [de all] lo enviaron a Tarso.
Entretanto la iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaria, y era edificada; y andando en el temor del Seor y en la fortaleza del Espritu Santo, segua creciendo.
Y mientras Pedro viajaba por todas [aquellas regiones,] vino tambin a los santos que vivan en Lida.
All encontr a un hombre llamado Eneas, que haba estado postrado en cama por ocho aos, porque estaba paraltico.
Y Pedro le dijo: Eneas, Jesucristo te sana; levntate, y haz tu cama. Y al instante se levant.
Todos los que vivan en Lida y en Sarn lo vieron, y se convirtieron al Seor.
Haba entonces en Jope una discpula llamada Tabita (que traducido [al griego] es Dorcas); esta mujer era rica en obras buenas y de caridad que haca continuamente.
Y sucedi que en aquellos das se enferm y muri; y lavado su cuerpo, lo pusieron en un aposento alto.
Como Lida estaba cerca de Jope, los discpulos, al or que Pedro estaba all, le enviaron dos hombres, rogndo[le:] No tardes en venir a nosotros.
Entonces Pedro se levant y fue con ellos. Cuando lleg lo llevaron al aposento alto, y todas las viudas lo rodearon llorando, mostrando todas las tnicas y ropas que Dorcas sola hacer cuando estaba con ellas.
Mas Pedro, haciendo salir a todos, se arrodill y or, y volvindose al cadver, dijo: Tabita, levntate. Y ella abri los ojos, y al ver a Pedro, se incorpor.
Y l le dio la mano y la levant; y llamando a los santos y a las viudas, la present viva.
Y esto se supo en todo Jope, y muchos creyeron en el Seor.
Y aconteci que [Pedro] se qued en Jope muchos das con un tal Simn, curtidor.
Haba en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurin de la cohorte llamada la Italiana,
piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que daba muchas limosnas al pueblo [judo] y oraba a Dios continuamente.
Como a la hora novena del da, vio claramente en una visin a un ngel de Dios que entraba a [donde] l [estaba] y le deca: Cornelio.
Mirndolo fijamente y atemorizado, [Cornelio] dijo: Qu quieres, Seor? Y l le dijo: Tus oraciones y limosnas han ascendido como memorial delante de Dios.
Despacha ahora [algunos] hombres a Jope, y manda traer a un [hombre llamado] Simn, que tambin se llama Pedro.
ste se hospeda con un curtidor [llamado] Simn, cuya casa est junto al mar.
Y despus que el ngel que le hablaba se haba ido, [Cornelio] llam a dos de los criados y a un soldado piadoso de los que constantemente le servan,
y despus de explicarles todo, los envi a Jope.
Al da siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subi a la azotea a orar como a la hora sexta.
Tuvo hambre y deseaba comer; pero mientras [le] preparaban [algo de comer,] le sobrevino un xtasis;
y vio el cielo abierto y un objeto semejante a un gran lienzo que descenda, bajado a la tierra por las cuatro puntas;
haba en l toda [clase de] cuadrpedos y reptiles de la tierra, y aves del cielo.
Y oy una voz: Levntate, Pedro, mata y come.
Mas Pedro dijo: De ninguna manera, Seor, porque yo jams he comido nada impuro o inmundo.
De nuevo, por segunda vez, [lleg] a l una voz: Lo que Dios ha limpiado, no lo llames t impuro.
Y esto sucedi tres veces, e inmediatamente el lienzo fue recogido al cielo.
Mientras Pedro estaba perplejo [pensando] en lo que significara la visin que haba visto, he aqu, los hombres que haban sido enviados por Cornelio, despus de haber preguntado por la casa de Simn, aparecieron a la puerta;
y llamando, preguntaron si all se hospedaba Simn, el que tambin se llamaba Pedro.
Y mientras Pedro meditaba sobre la visin, el Espritu le dijo: Mira, tres hombres te buscan.
Levntate, pues, desciende y no dudes en acompaarlos, porque yo los he enviado.
Pedro descendi a [donde estaban] los hombres, y [les] dijo: He aqu, yo soy el que buscis; cul es la causa por la que habis venido?
Y ellos dijeron: A Cornelio el centurin, un hombre justo y temeroso de Dios, y que es muy estimado por toda la nacin de los judos, [le] fue ordenado por un santo ngel que te hiciera venir a su casa para or tus palabras.
Entonces los invit a entrar y los hosped. Al da siguiente se levant y fue con ellos, y algunos de los hermanos de Jope lo acompaaron.
Al otro da entr en Cesarea. Cornelio los estaba esperando y haba reunido a sus parientes y amigos ntimos.
Y sucedi que cuando Pedro iba a entrar, Cornelio sali a recibirlo, y postrndose a sus pies, [lo] ador.
Mas Pedro lo levant, diciendo: Ponte de pie; yo tambin soy hombre.
Y conversando con l, entr y hall mucha gente reunida.
Y les dijo: Vosotros sabis cun ilcito es para un judo asociarse con un extranjero o visitarlo, pero Dios me ha mostrado que a ningn hombre debo llamar impuro o inmundo;
por eso, cuando fui llamado, vine sin poner ninguna objecin. Pregunto, pues, por qu causa me habis enviado a llamar?
Y Cornelio dijo: A esta misma hora, hace cuatro das, estaba yo orando en mi casa a la hora novena; y he aqu, un hombre con vestiduras resplandecientes, se puso delante de m,
y dijo : "Cornelio, tu oracin ha sido oda, y tus obras de caridad han sido recordadas delante de Dios.
"Enva, pues, a Jope, y haz llamar a Simn, que tambin se llama Pedro; l est hospedado en casa de Simn [el] curtidor, junto al mar."
Por tanto, envi por ti al instante, y has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aqu presentes delante de Dios, para or todo lo que el Seor te ha mandado.
Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: Ciertamente [ahora] entiendo que Dios no hace acepcin de personas,
sino que en toda nacin el que le teme y hace lo justo, le es acepto.
El mensaje que l envi a los hijos de Israel, predicando paz por medio de Jesucristo (l es Seor de todos),
vosotros sabis lo que ocurri en toda Judea, comenzando desde Galilea, despus del bautismo que Juan predic.
[Vosotros sabis] cmo Dios ungi a Jess de Nazaret con el Espritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con l.
Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judos y en Jerusaln. Y tambin le dieron muerte, colgndole en una cruz.
A ste Dios le resucit al tercer da e hizo que se manifestara,
no a todo el pueblo, sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por Dios, [es decir,] a nosotros que comimos y bebimos con l despus que resucit de los muertos.
Y nos mand predicar al pueblo, y testificar con toda solemnidad que este Jess es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos.
De ste dan testimonio todos los profetas, de que por su nombre, todo el que cree en l recibe el perdn de los pecados.
Mientras Pedro an hablaba estas palabras, el Espritu Santo cay sobre todos los que escuchaban el mensaje.
Y todos los creyentes [que eran] de la circuncisin, que haban venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espritu Santo haba sido derramado tambin sobre los gentiles,
pues les oan hablar en lenguas y exaltar a Dios. Entonces Pedro dijo:
Puede acaso alguien negar el agua para que sean bautizados stos que han recibido el Espritu Santo lo mismo que nosotros?
Y mand que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedara [con ellos] unos das.
Los apstoles y los hermanos que estaban por toda Judea oyeron que tambin los gentiles haban recibido la palabra de Dios.
Y cuando Pedro subi a Jerusaln, los que eran de la circuncisin le reprocharon,
diciendo: T entraste en casa de incircuncisos y comiste con ellos.
Entonces Pedro comenz a explicarles en orden [lo sucedido], diciendo:
Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en xtasis una visin: un objeto semejante a un gran lienzo que descenda, bajado del cielo por las cuatro puntas, y vino hasta m.
Cuando fij mis ojos en l y lo observaba, vi cuadrpedos terrestres, fieras, reptiles y aves del cielo.
Tambin o una voz que me deca: "Levntate Pedro, mata y come."
Pero yo dije: "De ninguna manera, Seor, porque nada impuro o inmundo ha entrado jams en mi boca."
Pero una voz del cielo respondi por segunda vez: "Lo que Dios ha limpiado, no lo llames t impuro."
Esto sucedi tres veces, y todo volvi a ser llevado arriba al cielo.
Y he aqu, en aquel momento se aparecieron tres hombres delante de la casa donde estbamos, los cuales haban sido enviados a m desde Cesarea.
Y el Espritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Estos seis hermanos fueron tambin conmigo y entramos en la casa de [aquel] hombre,
y l nos cont cmo haba visto al ngel de pie en su casa, el cual le dijo: "Enva a Jope y haz traer a Simn, que tambin se llama Pedro,
quien te dir palabras por las cuales sers salvo, t y toda tu casa."
Cuando comenc a hablar, el Espritu Santo descendi sobre ellos, tal como [lo hizo] sobre nosotros al principio.
Entonces me acord de las palabras del Seor, cuando dijo: "Juan bautiz con agua, pero vosotros seris bautizados con el Espritu Santo."
Por tanto, si Dios les dio a ellos el mismo don que tambin nos [dio] a nosotros despus de creer en el Seor Jesucristo, quin era yo para poder estorbar a Dios?
Y al or esto se calmaron, y glorificaron a Dios, diciendo: As que tambin a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento [que conduce] a la vida.
Ahora bien, los que haban sido esparcidos a causa de la persecucin que sobrevino cuando [la muerte de] Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioqua, no hablando la palabra a nadie, sino slo a los judos.
Pero haba algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioqua, hablaban tambin a los griegos, predicando al Seor Jess.
Y la mano del Seor estaba con ellos, y gran nmero que crey se convirti al Seor.
Y la noticia de esto lleg a odos de la iglesia de Jerusaln y enviaron a Bernab a Antioqua,
el cual, cuando vino y vio la gracia de Dios, se regocij y animaba a todos para que con corazn firme permanecieran [fieles] al Seor;
porque era un hombre bueno, y lleno del Espritu Santo y de fe. Y grandes multitudes fueron agregadas al Seor.
Y [Bernab] sali rumbo a Tarso para buscar a Saulo;
y cuando lo encontr, lo trajo a Antioqua. Y se reunieron con la iglesia por todo un ao, y enseaban a las multitudes; y a los discpulos se les llam cristianos por primera vez en Antioqua.
Por aquellos das unos profetas descendieron de Jerusaln a Antioqua.
Y levantndose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espritu, que ciertamente habra una gran hambre en toda la tierra. Y esto ocurri durante el [reinado] de Claudio.
Los discpulos, conforme a lo que cada uno tena, determinaron enviar [una contribucin] para el socorro de los hermanos que habitaban en Judea.
Y as lo hicieron, mandndola a los ancianos por mano de Bernab y de Saulo.
Por aquel tiempo el rey Herodes ech mano a algunos que pertenecan a la iglesia, para maltratarlos.
E hizo matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan.
Y viendo que esto agradaba a los judos, hizo arrestar tambin a Pedro. Esto sucedi durante los das de los panes sin levadura.
Y habindolo tomado preso, lo puso en la crcel, entregndolo a cuatro piquetes de soldados para que lo guardaran, con la intencin de llevarlo ante el pueblo despus de la Pascua.
As pues, Pedro era custodiado en la crcel, pero la iglesia haca oracin ferviente a Dios por l.
Y esa noche, cuando Herodes estaba a punto de sacarlo, Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas; y unos guardias delante de la puerta custodiaban la crcel.
Y he aqu, se le apareci un ngel del Seor, y una luz brill en la celda; y [el ngel] toc a Pedro en el costado, y lo despert diciendo: Levntate pronto. Y las cadenas cayeron de sus manos.
Y el ngel le dijo: Vstete y ponte las sandalias. Y as lo hizo. Y le dijo [el ngel:] Envulvete en tu manto y sgueme.
Y saliendo, [lo] segua, y no saba que lo que haca el ngel era de verdad, sino que crea ver una visin.
Cuando haban pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abri por s misma; y salieron y siguieron por una calle, y enseguida el ngel se apart de l.
Cuando Pedro volvi en s, dijo: Ahora s en verdad que el Seor ha enviado a su ngel, y me ha rescatado de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judos.
Al darse cuenta [de esto,] fue a la casa de Mara, la madre de Juan, llamado tambin Marcos, donde muchos estaban reunidos y oraban.
Y cuando llam a la puerta de la entrada, una sirvienta llamada Rode sali a ver quin era.
Al reconocer la voz de Pedro, de alegra no abri la puerta, sino que corri adentro y anunci que Pedro estaba a la puerta.
Y ellos le dijeron: Ests loca! Pero ella insista en que as era. Y ellos decan: Es su ngel.
Mas Pedro continuaba llamando; y cuando ellos abrieron, lo vieron y se asombraron.
Y hacindoles seal con la mano para que guardaran silencio, les cont cmo el Seor lo haba sacado de la crcel. Y [les] dijo: Informad de estas cosas a Jacobo y a los hermanos. Entonces sali, y se fue a otro lugar.
Cuando se hizo de da, hubo un alboroto no pequeo entre los soldados [sobre] qu habra sido de Pedro.
Y Herodes, despus de buscarlo y no encontrar[lo,] interrog a los guardias y orden que los llevaran [para ejecutarlos]. Despus descendi de Judea a Cesarea, y se qued all por un tiempo.
[Herodes] estaba muy enojado con los de Tiro y de Sidn; pero ellos, de comn acuerdo se presentaron ante l, y habindose ganado a Blasto, camarero del rey, pedan paz pues su territorio era abastecido por el del rey.
El da sealado, Herodes, vestido con ropa real, se sent en la tribuna y les arengaba.
Y la gente gritaba: Voz de un dios y no de un hombre [es sta!]
Al instante un ngel del Seor lo hiri, por no haber dado la gloria a Dios; y muri comido de gusanos.
Pero la palabra del Seor creca y se multiplicaba.
Y Bernab y Saulo regresaron de Jerusaln despus de haber cumplido su misin, llevando [consigo] a Juan, llamado tambin Marcos.
En la iglesia que estaba en Antioqua haba profetas y maestros: Bernab, Simn llamado Niger, Lucio de Cirene, Manan, que se haba criado con Herodes el tetrarca, y Saulo.
Mientras ministraban al Seor y ayunaban, el Espritu Santo dijo: Apartadme a Bernab y a Saulo para la obra a la que los he llamado.
Entonces, despus de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron.
Ellos, pues, enviados por el Espritu Santo, descendieron a Seleucia y de all se embarcaron para Chipre.
Llegados a Salamina, proclamaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judos; y tenan tambin a Juan de ayudante.
Despus de haber recorrido toda la isla hasta Pafos, encontraron a cierto mago, un falso profeta judo llamado Barjess,
que estaba con el procnsul Sergio Paulo, hombre inteligente. ste hizo venir a Bernab y a Saulo, y deseaba or la palabra de Dios.
Pero Elimas, el mago (pues as se traduce su nombre), se les opona, tratando de desviar de la fe al procnsul.
Entonces Saulo, [llamado] tambin Pablo, lleno del Espritu Santo, fijando la mirada en l,
dijo: T, hijo del diablo, que ests lleno de todo engao y fraude, enemigo de toda justicia, no cesars de torcer los caminos rectos del Seor?
Ahora, he aqu, la mano del Seor est sobre ti; te quedars ciego y no vers el sol por algn tiempo. Al instante niebla y oscuridad cayeron sobre l, e iba buscando quien lo guiara de la mano.
Entonces el procnsul, cuando vio lo que haba sucedido, crey, maravillado de la doctrina del Seor.
Pablo y sus compaeros zarparon de Pafos, y llegaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartndose de ellos, regres a Jerusaln,
mas ellos, saliendo de Perge, llegaron a Antioqua de Pisidia; y en el da de reposo entraron a la sinagoga y se sentaron.
Despus de la lectura de la ley y los profetas, los oficiales de la sinagoga les mandaron a decir: Hermanos, si tenis alguna palabra de exhortacin para el pueblo, hablad.
Pablo se levant, y haciendo seal con la mano, dijo: Hombres de Israel, y vosotros que temis a Dios, escuchad:
El Dios de este pueblo de Israel, escogi a nuestros padres y engrandeci al pueblo durante su estancia en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sac de ella.
Y por un perodo como de cuarenta aos los soport en el desierto.
Despus de destruir siete naciones en la tierra de Canan, reparti sus tierras en herencia; [todo esto dur] como cuatrocientos cincuenta aos.
Y despus de esto, [les] dio jueces hasta el profeta Samuel.
Entonces ellos pidieron un rey, y Dios les dio a Sal, hijo de Cis, varn de la tribu de Benjamn, durante cuarenta aos.
Despus de quitarlo, les levant por rey a David, del cual Dios tambin testific y dijo: "HE HALLADO A DAVID, [hijo] de Isa, UN HOMBRE CONFORME A MI CORAZN, que har toda mi voluntad."
De la descendencia de ste, conforme a la promesa, Dios ha dado a Israel un Salvador, Jess,
despus de que Juan predic, antes de su venida, un bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel.
Cuando Juan estaba a punto de terminar su carrera, deca: "Quin pensis que soy yo? Yo no soy [el Cristo;] mas he aqu, viene tras m uno de quien yo no soy digno de desatar las sandalias de sus pies."
Hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temis a Dios, a nosotros nos es enviada la palabra de esta salvacin.
Pues los que habitan en Jerusaln y sus gobernantes, sin reconocerle a l ni las palabras de los profetas que se leen todos los das de reposo, cumplieron [estas escrituras,] condenndo[le.]
Y aunque no hallaron causa para [darle] muerte, pidieron a Pilato que le hiciera matar.
Y cuando haban cumplido todo lo que estaba escrito acerca de l, le bajaron de la cruz y le pusieron en un sepulcro.
Pero Dios le levant de entre los muertos;
y por muchos das se apareci a los que haban subido con l de Galilea a Jerusaln, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo.
Y nosotros os anunciamos la buena nueva de que la promesa hecha a los padres,
Dios la ha cumplido a nuestros hijos al resucitar a Jess, como tambin est escrito en el salmo segundo: HIJO MO ERES T; YO TE HE ENGENDRADO HOY.
[Y en cuanto a] que le resucit de entre los muertos para nunca ms volver a corrupcin, [Dios] ha hablado de esta manera: OS DAR LAS SANTAS [y] FIELES [misericordias] [prometidas] A DAVID.
Por tanto dice tambin en otro [salmo:] NO PERMITIRS QUE TU SANTO VEA CORRUPCIN.
Porque David, despus de haber servido el propsito de Dios en su propia generacin, durmi, y fue sepultado con sus padres, y vio corrupcin.
Pero aquel a quien Dios resucit no vio corrupcin.
Por tanto, hermanos, sabed que por medio de l os es anunciado el perdn de los pecados;
y que de todas las cosas de que no pudisteis ser justificados por la ley de Moiss, por medio de l, todo aquel que cree es justificado.
Tened, pues, cuidado de que no venga sobre [vosotros] aquello de que se habla en los profetas:
MIRAD, BURLADORES, MARAVILLAOS Y PERECED; PORQUE YO HAGO UNA OBRA EN VUESTROS DAS, UNA OBRA QUE NUNCA CREERAIS AUNQUE ALGUNO OS LA DESCRIBIERA.
Al salir Pablo y Bernab, la gente les rogaba que el siguiente da de reposo les hablaran de estas cosas.
Y terminada [la reunin de] la sinagoga, muchos de los judos y de los proslitos temerosos de Dios siguieron a Pablo y a Bernab, quienes, hablndoles, les instaban a perseverar en la gracia de Dios.
El siguiente da de reposo casi toda la ciudad se reuni para or la palabra del Seor.
Pero cuando los judos vieron la muchedumbre, se llenaron de celo, y blasfemando, contradecan lo que Pablo deca.
Entonces Pablo y Bernab hablaron con valor y dijeron: Era necesario que la palabra de Dios os fuera predicada primeramente a vosotros; mas ya que la rechazis y no os juzgis dignos de la vida eterna, he aqu, nos volvemos a los gentiles.
Porque as nos lo ha mandado el Seor: TE HE PUESTO COMO LUZ PARA LOS GENTILES, A FIN DE QUE LLEVES LA SALVACIN HASTA LOS CONFINES DE LA TIERRA.
Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Seor; y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna.
Y la palabra del Seor se difunda por toda la regin.
Pero los judos instigaron a las mujeres piadosas [y] distinguidas, y a los hombres ms prominentes de la ciudad, y provocaron una persecucin contra Pablo y Bernab, y los expulsaron de su comarca.
Entonces stos sacudieron el polvo de sus pies contra ellos, y se fueron a Iconio.
Y los discpulos estaban continuamente llenos de gozo y del Espritu Santo.
Aconteci que en Iconio entraron juntos en la sinagoga de los judos, y hablaron de tal manera que crey una gran multitud, tanto de judos como de griegos.
Pero los judos que no creyeron, excitaron y llenaron de odio los nimos de los gentiles contra los hermanos.
Con todo, se detuvieron [all] mucho tiempo hablando valientemente [confiados] en el Seor que confirmaba la palabra de su gracia, concediendo que se hicieran seales y prodigios por medio de sus manos.
Pero la multitud de la ciudad estaba dividida, y unos estaban con los judos y otros con los apstoles.
Y cuando los gentiles y los judos, con sus gobernantes, prepararon un atentado para maltratarlos y apedrearlos,
[los apstoles] se dieron cuenta de ello y huyeron a las ciudades de Licaonia, Listra, Derbe, y sus alrededores;
y all continuaron anunciando el evangelio.
Y [haba] en Listra un hombre [que] estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo desde el seno de su madre [y] que nunca haba andado.
ste escuchaba hablar a Pablo, el cual, fijando la mirada en l, y viendo que tena fe para ser sanado,
dijo con fuerte voz: Levntate derecho sobre tus pies. Y l dio un salto y anduvo.
Cuando la multitud vio lo que Pablo haba hecho, alzaron la voz, diciendo en el idioma de Licaonia: Los dioses se han hecho semejantes a hombres y han descendido a nosotros.
Y llamaban a Bernab, Jpiter, y a Pablo, Mercurio, porque ste era el que diriga la palabra.
Y el sacerdote de Jpiter, cuyo [templo] estaba en las afueras de la ciudad, trajo toros y guirnaldas a las puertas, y quera ofrecer sacrificios juntamente con la multitud.
Pero cuando lo oyeron los apstoles Bernab y Pablo, rasgaron sus ropas y se lanzaron en medio de la multitud, gritando
y diciendo: Varones, por qu hacis estas cosas? Nosotros tambin somos hombres como vosotros, y os anunciamos el evangelio para que os volvis de estas cosas vanas a un Dios vivo, QUE HIZO EL CIELO, LA TIERRA Y EL MAR, Y TODO LO QUE EN ELLOS HAY;
el cual en las generaciones pasadas permiti que todas las naciones siguieran sus propios caminos;
y sin embargo, no dej de dar testimonio de s mismo, haciendo bien y dndoos lluvias del cielo y estaciones fructferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegra.
Y [aun] diciendo estas palabras, apenas pudieron impedir que las multitudes les ofrecieran sacrificio.
Pero vinieron [algunos] judos de Antioqua y de Iconio, y habiendo persuadido a la multitud, apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.
Pero mientras los discpulos lo rodeaban, l se levant y entr en la ciudad. Y al da siguiente parti con Bernab a Derbe.
Y despus de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discpulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioqua,
fortaleciendo los nimos de los discpulos, exhortndolos a que perseveraran en la fe, y [diciendo:] Es necesario que a travs de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.
Despus que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Seor en quien haban credo.
Pasaron por Pisidia y llegaron a Panfilia.
Y despus de predicar la palabra en Perge, descendieron a Atalia;
y de all se embarcaron para Antioqua, donde haban sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que haban cumplido.
Cuando llegaron y reunieron a la iglesia, informaron de todas las cosas que Dios haba hecho con ellos, y cmo haba abierto a los gentiles la puerta de la fe.
Y se quedaron mucho tiempo con los discpulos.
Y algunos descendieron de Judea y enseaban a los hermanos: Si no os circuncidis conforme al rito de Moiss, no podis ser salvos.
Como Pablo y Bernab tuvieran gran disensin y debate con ellos, [los hermanos] determinaron que Pablo y Bernab, y algunos otros de ellos subieran a Jerusaln a los apstoles y a los ancianos para tratar esta cuestin.
As que, siendo enviados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, relatando detalladamente la conversin de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos.
Cuando llegaron a Jerusaln, fueron recibidos por la iglesia, los apstoles y los ancianos, e informaron de todo lo que Dios haba hecho con ellos.
Pero algunos de la secta de los fariseos, que haban credo, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la ley de Moiss.
Entonces los apstoles y los ancianos se reunieron para considerar este asunto.
Y despus de mucho debate, Pedro se levant y les dijo: Hermanos, vosotros sabis que en los primeros das Dios escogi de entre vosotros que por mi boca los gentiles oyeran la palabra del evangelio y creyeran.
Y Dios, que conoce el corazn, les dio testimonio dndoles el Espritu Santo, as como tambin [nos lo dio] a nosotros;
y ninguna distincin hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.
Ahora pues, por qu tentis a Dios poniendo sobre el cuello de los discpulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?
Creemos ms bien que somos salvos por la gracia del Seor Jess, de la misma manera que ellos tambin lo son.
Toda la multitud hizo silencio, y escuchaban a Bernab y a Pablo, que relataban las seales y prodigios que Dios haba hecho entre los gentiles por medio de ellos.
Cuando terminaron de hablar, Jacobo respondi, diciendo: Escuchadme, hermanos.
Simn ha relatado cmo Dios al principio tuvo a bien tomar de entre los gentiles un pueblo para su nombre.
Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como est escrito:
DESPUS DE ESTO VOLVER, Y REEDIFICAR EL TABERNCULO DE DAVID QUE HA CADO. Y REEDIFICAR SUS RUINAS, Y LO LEVANTAR DE NUEVO,
PARA QUE EL RESTO DE LOS HOMBRES BUSQUE AL SEOR, Y TODOS LOS GENTILES QUE SON LLAMADOS POR MI NOMBRE,
DICE EL SEOR, QUE HACE SABER TODO ESTO DESDE TIEMPOS ANTIGUOS.
Por tanto, yo juzgo que no molestemos a los que de entre los gentiles se convierten a Dios,
sino que les escribamos que se abstengan de cosas contaminadas por los dolos, de fornicacin, de lo estrangulado y de sangre.
Porque Moiss desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, pues todos los das de reposo es ledo en las sinagogas.
Entonces pareci bien a los apstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, escoger de entre ellos [algunos] hombres para enviarlos a Antioqua con Pablo y Bernab: a Judas, llamado Barsabs, y a Silas, hombres prominentes entre los hermanos,
y enviaron esta carta con ellos: Los apstoles, y los hermanos que son ancianos, a los hermanos en Antioqua, Siria y Cilicia que son de los gentiles, saludos.
Puesto que hemos odo que algunos de entre nosotros, a quienes no autorizamos, os han inquietado con [sus] palabras, perturbando vuestras almas,
nos pareci bien, habiendo llegado a un comn acuerdo, escoger [algunos] hombres para enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernab y Pablo,
hombres que han arriesgado su vida por el nombre de nuestro Seor Jesucristo.
Por tanto, hemos enviado a Judas y a Silas, quienes tambin os informarn las mismas cosas verbalmente.
Porque pareci bien al Espritu Santo y a nosotros no imponeros mayor carga que estas [cosas] esenciales:
que os abstengis de cosas sacrificadas a los dolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicacin. Si os guardis de tales cosas, bien haris. Pasadlo bien.
As que ellos, despus de ser despedidos, descendieron a Antioqua; y reuniendo a la congregacin, entregaron la carta;
y cuando la leyeron, se regocijaron por el consuelo [que les imparta.]
Siendo Judas y Silas tambin profetas, exhortaron y confortaron a los hermanos con un largo mensaje.
Y despus de pasar [all] algn tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos [para volver] a aquellos que los haban enviado.
Pero a Silas le pareci bien quedarse all.
Mas Pablo y Bernab se quedaron en Antioqua, enseando y predicando con muchos otros, la palabra del Seor.
Despus de algunos das Pablo dijo a Bernab: Volvamos y visitemos a los hermanos en todas las ciudades donde hemos proclamado la palabra del Seor, [para ver] cmo estn.
Bernab quera llevar tambin con ellos a Juan, llamado Marcos,
pero Pablo consideraba que no deban llevar consigo a quien los haba desertado en Panfilia y no los haba acompaado en la obra.
Se produjo un desacuerdo tan grande que se separaron el uno del otro, y Bernab tom consigo a Marcos y se embarc rumbo a Chipre.
Mas Pablo escogi a Silas y parti, siendo encomendado por los hermanos a la gracia del Seor.
Y viajaba por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.
Lleg tambin a Derbe y a Listra. Y estaba all cierto discpulo llamado Timoteo, hijo de una mujer juda creyente, pero de padre griego,
del cual hablaban elogiosamente los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.
Pablo quiso que ste fuera con l, y lo tom y lo circuncid por causa de los judos que haba en aquellas regiones, porque todos saban que su padre era griego.
Y conforme pasaban por las ciudades, entregaban los acuerdos tomados por los apstoles y los ancianos que estaban en Jerusaln, para que los observaran.
As que las iglesias eran confirmadas en la fe, y diariamente crecan en nmero.
Pasaron por la regin de Frigia y Galacia, habiendo sido impedidos por el Espritu Santo de hablar la palabra en Asia,
y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espritu de Jess no se lo permiti.
Y pasando por Misia, descendieron a Troas.
Por la noche se le mostr a Pablo una visin: un hombre de Macedonia estaba de pie, suplicndole y diciendo: Pasa a Macedonia y aydanos.
Cuando tuvo la visin, enseguida procuramos ir a Macedonia, persuadidos de que Dios nos haba llamado para anunciarles el evangelio.
As que, zarpando de Troas, navegamos con rumbo directo a Samotracia, y al da siguiente a Nepolis,
y de all a Filipos, que es una ciudad principal de la provincia de Macedonia, una colonia [romana]; en esta ciudad nos quedamos por varios das.
Y en el da de reposo salimos fuera de la puerta, a la orilla de un ro, donde pensbamos que habra un lugar de oracin; nos sentamos y comenzamos a hablar a las mujeres que se haban reunido.
Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de prpura, que adoraba a Dios; y el Seor abri su corazn para que recibiera lo que Pablo deca.
Cuando ella y su familia se bautizaron, nos rog, diciendo: Si juzgis que soy fiel al Seor, venid a mi casa y quedaos [en ella.] Y nos persuadi [a ir.]
Y sucedi que mientras bamos al lugar de oracin, nos sali al encuentro una muchacha esclava que tena espritu de adivinacin, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando.
sta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altsimo, quienes os proclaman el camino de salvacin.
Y esto lo haca por muchos das; mas desagradando [esto] a Pablo, se volvi y dijo al espritu: Te ordeno, en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella! Y sali en aquel mismo momento.
Pero cuando sus amos vieron que se les haba ido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los arrastraron hasta la plaza, ante las autoridades;
y despus de haberlos presentado a los magistrados superiores, dijeron: Estos hombres, siendo judos, alborotan nuestra ciudad,
y proclaman costumbres que no nos es lcito aceptar ni observar, puesto que somos romanos.
La multitud se levant a una contra ellos, y los magistrados superiores, rasgndoles sus ropas, ordenaron que [los] azotaran con varas.
Y despus de darles muchos azotes, los echaron en la crcel, ordenando al carcelero que los guardara con seguridad;
el cual, habiendo recibido esa orden, los ech en el calabozo interior y les asegur los pies en el cepo.
Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban.
De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la crcel fueron sacudidos; al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron.
Al despertar el carcelero y ver abiertas todas las puertas de la crcel, sac su espada y se iba a matar, creyendo que los prisioneros se haban escapado.
Mas Pablo clam a gran voz, diciendo: No te hagas ningn mal, pues todos estamos aqu.
Entonces l pidi luz y se precipit adentro, y temblando, se postr ante Pablo y Silas,
y despus de sacarlos, dijo: Seores, qu debo hacer para ser salvo?
Ellos respondieron: Cree en el Seor Jess, y sers salvo, t y [toda] tu casa.
Y le hablaron la palabra del Seor a l y a todos los que estaban en su casa.
Y l los tom en aquella [misma] hora de la noche, y les lav las heridas; enseguida fue bautizado, l y todos los suyos.
Llevndolos a su hogar, les dio de comer, y se regocij grandemente por haber credo en Dios con todos los suyos.
Cuando se hizo de da, los magistrados superiores enviaron a sus oficiales, diciendo: Suelta a esos hombres.
El carcelero comunic a Pablo estas palabras, [diciendo:] Los magistrados superiores han dado orden de que se os suelte. As que, salid ahora e id en paz.
Mas Pablo les dijo: Aunque somos romanos, nos han azotado pblicamente sin hacernos juicio y nos han echado a la crcel; y ahora nos sueltan en secreto? De ninguna manera! Que ellos mismos vengan a sacarnos.
Y los oficiales informaron esto a los magistrados superiores, y al saber que eran romanos, tuvieron temor.
Entonces vinieron, y les suplicaron, y despus de sacarlos, les rogaban que salieran de la ciudad.
Cuando salieron de la crcel, fueron a [casa de] Lidia, y al ver a los hermanos, los consolaron y partieron.
Despus de pasar por Anfpolis y Apolonia, llegaron a Tesalnica, donde haba una sinagoga de los judos.
Y Pablo, segn su costumbre, fue a ellos y por tres das de reposo discuti con ellos [basndose] en las Escrituras,
explicando y presentando evidencia de que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y [diciendo:] Este Jess, a quien yo os anuncio, es el Cristo.
Algunos de ellos creyeron, y se unieron a Pablo y a Silas, juntamente con una gran multitud de griegos temerosos de Dios y muchas de las mujeres principales.
Pero los judos, llenos de envidia, llevaron algunos hombres malvados de la plaza pblica, organizaron una turba y alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasn, procuraban sacarlos al pueblo.
Al no encontrarlos, arrastraron a Jasn y a algunos de los hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Esos que han trastornado al mundo han venido ac tambin;
y Jasn los ha recibido, y todos ellos actan contra los decretos del Csar, diciendo que hay otro rey, Jess.
Y alborotaron a la multitud y a las autoridades de la ciudad que oan esto.
Pero despus de recibir una fianza de Jasn y de los otros, los soltaron.
Enseguida los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas a Berea, los cuales, al llegar, fueron a la sinagoga de los judos.
stos eran ms nobles que los de Tesalnica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriando diariamente las Escrituras, [para ver] si estas cosas eran as.
Por eso muchos de ellos creyeron, as como tambin un buen nmero de griegos, hombres y mujeres de distincin.
Pero cuando los judos de Tesalnica supieron que la palabra de Dios haba sido proclamada por Pablo tambin en Berea, fueron tambin all para agitar y alborotar a las multitudes.
Entonces los hermanos inmediatamente enviaron a Pablo para que fuera hasta el mar; pero Silas y Timoteo se quedaron all.
Los que conducan a Pablo lo llevaron hasta Atenas; y despus de recibir rdenes de que Silas y Timoteo se unieran a l lo ms pronto posible, partieron.
Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espritu se enardeca dentro de l al contemplar la ciudad llena de dolos.
As que discuta en la sinagoga con los judos y con los [gentiles] temerosos de Dios, y diariamente en la plaza con los que estuvieran presentes.
Tambin disputaban con l algunos de los filsofos epicreos y estoicos. Y algunos decan: Qu quiere decir este palabrero? Y otros: Parece ser un predicador de divinidades extraas -- porque [les] predicaba a Jess y la resurreccin.
Lo tomaron y lo llevaron al Arepago, diciendo: Podemos saber qu es esta nueva enseanza que proclamas?
Porque te omos decir cosas extraas; por tanto, queremos saber qu significan.
(Pues todos los atenienses y los extranjeros de visita all, no pasaban el tiempo en otra cosa sino en decir o en or algo nuevo.)
Entonces Pablo ponindose en pie en medio del Arepago, dijo: Varones atenienses, percibo que sois muy religiosos en todo sentido.
Porque mientras pasaba y observaba los objetos de vuestra adoracin, hall tambin un altar con esta inscripcin: AL DIOS DESCONOCIDO. Pues lo que vosotros adoris sin conocer, eso os anuncio yo.
El Dios que hizo el mundo y todo lo que en l [hay], puesto que es Seor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos [de hombres],
ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que l da a todos vida y aliento y todas las cosas;
y de uno hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado [sus] tiempos sealados y los lmites de su habitacin,
para que buscaran a Dios, si de alguna manera, palpando, le hallen, aunque no est lejos de ninguno de nosotros;
porque en l vivimos, nos movemos y existimos, as como algunos de vuestros mismos poetas han dicho: "Porque tambin nosotros somos linaje suyo."
Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la naturaleza divina sea semejante a oro, plata o piedra, esculpidos por el arte y el pensamiento humano.
Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan,
porque l ha establecido un da en el cual juzgar al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos.
Y cuando oyeron de la resurreccin de los muertos, algunos se burlaban, pero otros dijeron: Te escucharemos otra vez acerca de esto.
Entonces Pablo sali de entre ellos.
Pero algunos se unieron a l y creyeron, entre los cuales estaban Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dmaris y otros con ellos.
Despus de esto [Pablo] sali de Atenas y fue a Corinto.
Y se encontr con un judo que se llamaba Aquila, natural del Ponto, quien acababa de llegar de Italia con Priscila su mujer, pues Claudio haba ordenado a todos los judos que salieran de Roma. Fue a ellos,
y como l era del mismo oficio, se qued con ellos y trabajaban [juntos,] pues el oficio de ellos era hacer tiendas.
Y discuta en la sinagoga todos los das de reposo, y trataba de persuadir a judos y a griegos.
Cuando Silas y Timoteo descendieron de Macedonia, Pablo se dedicaba por completo a la [predicacin de la] palabra, testificando solemnemente a los judos que Jess era el Cristo.
Pero cuando ellos se le opusieron y blasfemaron, l sacudi sus ropas y les dijo: Vuestra sangre [sea] sobre vuestras cabezas; yo soy limpio; desde ahora me ir a los gentiles.
Y partiendo de all, se fue a la casa de un [hombre] llamado Ticio Justo, que adoraba a Dios, cuya casa estaba junto a la sinagoga.
Y Crispo, el oficial de la sinagoga, crey en el Seor con toda su casa, y muchos de los corintios, al or, crean y eran bautizados.
Y por medio de una visin durante la noche, el Seor dijo a Pablo: No temas, sigue hablando y no calles;
porque yo estoy contigo, y nadie te atacar para hacerte dao, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.
Y se qued [all] un ao y seis meses, enseando la palabra de Dios entre ellos.
Pero siendo Galin procnsul de Acaya, los judos se levantaron a una contra Pablo y lo trajeron ante el tribunal,
diciendo: ste persuade a los hombres a que adoren a Dios [en forma] contraria a la ley.
Y cuando Pablo iba a hablar, Galin dijo a los judos: Si fuera cuestin de una injusticia o de un crimen depravado, oh judos, yo os tolerara, como sera razonable.
Pero si son cuestiones de palabras y nombres, y de vuestra propia ley, all vosotros; no estoy dispuesto a ser juez de estas cosas.
Y los ech del tribunal.
Entonces todos ellos le echaron mano a Sstenes, el oficial de la sinagoga, y lo golpeaban frente al tribunal, pero Galin no haca caso de nada de esto.
Y Pablo, despus de quedarse muchos das ms, se despidi de los hermanos y se embarc hacia Siria, y con l iban Priscila y Aquila. Y en Cencrea se hizo cortar el cabello, porque tena hecho un voto.
Llegaron a feso y los dej all. Y entrando l a la sinagoga, discuta con los judos.
Cuando le rogaron que se quedara ms tiempo, no consinti,
sino que se despidi de ellos, diciendo: Volver a vosotros otra vez, si Dios quiere. Y zarp de feso.
Al desembarcar en Cesarea, subi [a Jerusaln] para saludar a la iglesia, y [luego] descendi a Antioqua.
Y despus de pasar [all] algn tiempo, sali, recorriendo por orden la regin de Galacia y de Frigia, fortaleciendo a todos los discpulos.
Lleg entonces a feso un judo que se llamaba Apolos, natural de Alejandra, hombre elocuente, [y] que era poderoso en las Escrituras.
ste haba sido instruido en el camino del Seor, y siendo ferviente de espritu, hablaba y enseaba con exactitud las cosas referentes a Jess, aunque slo conoca el bautismo de Juan.
Y comenz a hablar con denuedo en la sinagoga. Pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios.
Cuando l quiso pasar a Acaya, los hermanos lo animaron, y escribieron a los discpulos que lo recibieran; y cuando lleg, ayud mucho a los que por la gracia haban credo,
porque refutaba vigorosamente en pblico a los judos, demostrando por las Escrituras que Jess era el Cristo.
Y aconteci que mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo, habiendo recorrido las regiones superiores, lleg a feso y encontr a algunos discpulos,
y les dijo: Recibisteis el Espritu Santo cuando cresteis? Y ellos le [respondieron:] No, ni siquiera hemos odo si hay un Espritu Santo.
Entonces l dijo: En qu [bautismo,] pues, fuisteis bautizados? Ellos contestaron: En el bautismo de Juan.
Y Pablo dijo: Juan bautiz con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en aquel que vendra despus de l, es decir, en Jess.
Cuando oyeron [esto,] fueron bautizados en el nombre del Seor Jess.
Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban.
Eran en total unos doce hombres.
Entr [Pablo] en la sinagoga, y por tres meses continu hablando denodadamente, discutiendo y persuadindo[les] acerca del reino de Dios.
Pero cuando algunos se endurecieron y se volvieron desobedientes hablando mal del Camino ante la multitud, [Pablo] se apart de ellos llevndose a los discpulos, y discuta diariamente en la escuela de Tirano.
Esto continu por dos aos, de manera que todos los que vivan en Asia oyeron la palabra del Seor, tanto judos como griegos.
Y Dios haca milagros extraordinarios por mano de Pablo,
de tal manera que incluso llevaban pauelos o delantales de su cuerpo a los enfermos, y las enfermedades los dejaban y los malos espritus se iban de ellos.
Pero tambin algunos de los judos, exorcistas ambulantes, trataron de invocar el nombre del Seor Jess sobre los que tenan espritus malos, diciendo: Os ordeno por Jess, a quien Pablo predica.
Y siete hijos de un tal Esceva, uno de los principales sacerdotes judos, hacan esto.
Pero el espritu malo respondi, y les dijo: A Jess conozco, y s quin es Pablo, pero vosotros, quines sois?
Y el hombre en quien estaba el espritu malo se lanz sobre ellos, y los domin y pudo ms que ellos, de manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
Y supieron esto todos los habitantes de feso, tanto judos como griegos; y el temor se apoder de todos ellos, y el nombre del Seor Jess era exaltado.
Tambin muchos de los que haban credo continuaban viniendo, confesando y declarando las cosas que practicaban.
Y muchos de los que practicaban la magia, juntando [sus] libros, los quemaban a la vista de todos; calcularon su precio y hallaron que [llegaba a] cincuenta mil piezas de plata.
As creca poderosamente y prevaleca la palabra del Seor.
Pasadas estas cosas, Pablo decidi en el espritu ir a Jerusaln despus de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Despus que haya estado all, debo visitar tambin Roma.
Y habiendo enviado a Macedonia a dos de sus ayudantes, Timoteo y Erasto, l se qued en Asia por algn tiempo.
Por aquel tiempo se produjo un alboroto no pequeo por motivo del Camino.
Porque cierto platero que se llamaba Demetrio, que labraba templecillos de plata de Diana y produca no pocas ganancias a los artfices,
reuni a stos junto con los obreros de [oficios] semejantes, y dijo: Compaeros, sabis que nuestra prosperidad depende de este comercio.
Y veis y os que no slo en feso, sino en casi toda Asia, este Pablo ha persuadido a una gran cantidad de gente, y la ha apartado, diciendo que los [dioses] hechos con las manos no son dioses [verdaderos].
Y no slo corremos el peligro de que nuestro oficio caiga en descrdito, sino tambin de que el templo de la gran diosa Diana se considere sin valor, y que ella, a quien adora toda Asia y el mundo entero, sea despojada de su grandeza.
Cuando oyeron [esto,] se llenaron de ira, [y] gritaban, diciendo: Grande es Diana de los efesios!
Y la ciudad se llen de confusin, y a una se precipitaron en el teatro, arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, los compaeros de viaje de Pablo, [que eran] de Macedonia.
Cuando Pablo quiso ir a la asamblea, los discpulos no se lo permitieron.
Tambin algunos de los asiarcas, que eran amigos de Pablo, enviaron a l y repetidamente le rogaron que no se aventurara [a presentarse] en el teatro.
As que unos gritaban una cosa y otros otra, porque haba confusin en la asamblea, y la mayora no saba por qu razn se haban reunido.
Y algunos de la multitud dedujeron [que se trataba de] Alejandro, puesto que los judos lo haban empujado hacia adelante. Entonces Alejandro, haciendo seal [de silencio] con la mano, quera hacer su defensa ante la asamblea.
Mas cuando se dieron cuenta de que era judo, un clamor se levant de todos ellos, gritando como por dos horas: Grande es Diana de los efesios!
Entonces el secretario, despus de calmar a la multitud, dijo : Ciudadanos de feso, hay acaso algn hombre que no sepa que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran Diana y de la [imagen] que descendi del cielo?
Puesto que estos hechos son innegables, debis guardar calma y no hacer nada precipitadamente.
Porque habis trado a estos hombres que ni roban templos, ni blasfeman a nuestra diosa.
As pues, si Demetrio y los artfices que estn con l tienen queja contra alguno, los tribunales estn abiertos y los procnsules [dispuestos;] presenten sus acusaciones unos contra otros.
Pero si demandis algo ms que esto, se decidir en asamblea legtima.
Porque ciertamente corremos peligro de ser acusados de sedicin en relacin con lo acontecido hoy, ya que no existe causa [justificada para esto,] y por ello no podremos explicar este alboroto.
Y habiendo dicho esto, despidi la asamblea.
Despus que ces el alboroto, Pablo mand llamar a los discpulos, y habindolos exhortado, despidindose, parti para ir a Macedonia.
Y despus de recorrer aquellas regiones y de haberlos exhortado mucho, lleg a Grecia.
Pas [all] tres meses, y habindose tramado una conjura en su contra de parte de los judos cuando estaba por embarcarse para Siria, tom la decisin de regresar por Macedonia.
Y lo acompaaban Spater de Berea, [hijo] de Pirro; Aristarco y Segundo de los tesalonicenses; Gayo de Derbe, y Timoteo; Tquico y Trfimo de Asia.
Pero stos se haban adelantado y nos esperaban en Troas.
Nos embarcamos en Filipos despus de los das de los panes sin levadura, y en cinco das llegamos adonde ellos [estaban] en Troas; y all nos quedamos siete das.
Y el primer [da] de la semana, cuando estbamos reunidos para partir el pan, Pablo les hablaba, pensando partir al da siguiente, y prolong su discurso hasta la medianoche.
Haba muchas lmparas en el aposento alto donde estbamos reunidos;
y estaba sentado en la ventana un joven llamado Eutico; y como Pablo continuaba hablando, [Eutico] fue cayendo en un profundo sueo hasta que, vencido por el sueo, cay desde el tercer piso y lo levantaron muerto.
Pero Pablo baj y se tendi sobre l, y despus de abrazarlo, dijo: No os alarmis, porque est vivo.
Y volviendo arriba, despus de partir el pan y de comer, convers largamente con ellos hasta el amanecer, y entonces se march.
Y se llevaron vivo al muchacho, y quedaron grandemente consolados.
Entonces nosotros, adelantndonos a [tomar] la nave, zarpamos para Asn, con el propsito de recoger all a Pablo, pues as lo haba decidido, deseando ir por tierra [hasta Asn.]
Cuando nos encontr en Asn, lo recibimos a bordo y nos dirigimos a Mitilene.
Y zarpando de all, al da siguiente llegamos frente a Quo; y al da siguiente atracamos en Samos; habiendo hecho escala en Trogilio, al [da] siguiente llegamos a Mileto.
Porque Pablo haba decidido dejar a un lado a feso para no detenerse en Asia, pues se apresuraba para estar, si le era posible, el da de Pentecosts en Jerusaln.
Y desde Mileto mand [mensaje] a feso y llam a los ancianos de la iglesia.
Cuando vinieron a l, les dijo: Vosotros bien sabis cmo he sido con vosotros todo el tiempo, desde el primer da que estuve en Asia,
sirviendo al Seor con toda humildad, y con lgrimas y con pruebas que vinieron sobre m por causa de las intrigas de los judos;
cmo no rehu declarar a vosotros nada que fuera til, y de ensearos pblicamente y de casa en casa,
testificando solemnemente, tanto a judos como a griegos, del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Seor Jesucristo.
Y ahora, he aqu que yo, atado en espritu, voy a Jerusaln sin saber lo que all me suceder,
salvo que el Espritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones.
Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para m mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recib del Seor Jess, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.
Y ahora, he aqu, yo s que ninguno de vosotros, entre quienes anduve predicando el reino, volver a ver mi rostro.
Por tanto, os doy testimonio en este da de que soy inocente de la sangre de todos,
pues no rehu declarar a vosotros todo el propsito de Dios.
Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual l compr con su propia sangre.
S que despus de mi partida, vendrn lobos feroces entre vosotros que no perdonarn el rebao,
y que de entre vosotros mismos se levantarn algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discpulos tras ellos.
Por tanto, estad alerta, recordando que por tres aos, de noche y de da, no ces de amonestar a cada uno con lgrimas.
Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificar[os] y dar[os] la herencia entre todos los santificados.
Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado.
Vosotros sabis que estas manos me sirvieron para mis [propias] necesidades y las de los que estaban conmigo.
En todo os mostr que as, trabajando, debis ayudar a los dbiles, y recordar las palabras del Seor Jess, que dijo: "Ms bienaventurado es dar que recibir."
Cuando termin de hablar, se arrodill y or con todos ellos.
Y comenzaron a llorar desconsoladamente, y abrazando a Pablo, lo besaban,
afligidos especialmente por la palabra que haba dicho de que ya no volveran a ver su rostro. Y lo acompaaron hasta el barco.
Despus de separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con rumbo directo a Cos, al da siguiente a Rodas, y de all a Ptara;
y encontrando un barco que parta para Fenicia, subimos a bordo y nos hicimos a la vela.
Cuando avistamos Chipre, dejndola a la izquierda, navegamos hacia Siria, y desembarcamos en Tiro porque la nave deba dejar su cargamento all.
Despus de hallar a los discpulos, nos quedamos all siete das, y ellos le decan a Pablo, por el Espritu, que no fuera a Jerusaln.
Y pasados aquellos das partimos y emprendimos nuestro viaje mientras que todos ellos, con sus mujeres e hijos, nos acompaaron hasta las afueras de la ciudad. Despus de arrodillarnos y orar en la playa, nos despedimos unos de otros.
Entonces subimos al barco y ellos regresaron a sus hogares.
Terminado el viaje desde Tiro, llegamos a Tolemaida, y despus de saludar a los hermanos, nos quedamos con ellos un da.
Al da siguiente partimos y llegamos a Cesarea, y entrando en la casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, nos quedamos con l.
ste tena cuatro hijas doncellas que profetizaban.
Y detenindonos all varios das, descendi de Judea cierto profeta llamado Agabo,
quien vino a [ver]nos, y tomando el cinto de Pablo, se at las manos y los pies, y dijo: As dice el Espritu Santo: "As atarn los judos en Jerusaln al dueo de este cinto, y lo entregarn en manos de los gentiles."
Al escuchar esto, tanto nosotros como los que vivan all le rogbamos que no subiera a Jerusaln.
Entonces Pablo respondi: Qu hacis, llorando y quebrantndome el corazn? Porque listo estoy no slo a ser atado, sino tambin a morir en Jerusaln por el nombre del Seor Jess.
Como no se dejaba persuadir, nos callamos, diciendo: Que se haga la voluntad del Seor.
Despus de estos das nos preparamos y emprendimos el camino hacia Jerusaln.
Y nos acompaaron tambin [algunos] de los discpulos de Cesarea, quienes nos condujeron a Mnasn, de Chipre, un antiguo discpulo con quien deberamos hospedarnos.
Cuando llegamos a Jerusaln, los hermanos nos recibieron con regocijo.
Y al da siguiente Pablo fue con nosotros [a ver] a Jacobo, y todos los ancianos estaban presentes.
Y despus de saludarlos, comenz a referirles una por una las cosas que Dios haba hecho entre los gentiles mediante su ministerio.
Y ellos, cuando [lo] oyeron, glorificaban a Dios, y le dijeron: Hermano, ya ves cuntos miles hay entre los judos que han credo, y todos son celosos de la ley;
y se les ha contado acerca de ti, que enseas a todos los judos entre los gentiles que se aparten de Moiss, dicindoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones.
Entonces, qu es [lo que se debe hacer?] Porque sin duda la multitud se reunir [pues] oirn que has venido.
Por tanto, haz esto que te decimos: Tenemos cuatro hombres que han hecho un voto;
tmalos y purifcate junto con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos sabrn que no hay nada [cierto] en lo que se les ha dicho acerca de ti, sino que t tambin vives ordenadamente, acatando la ley.
Pero en cuanto a los gentiles que han credo, nosotros [les] hemos escrito, habiendo decidido que deben abstenerse de lo sacrificado a los dolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicacin.
Entonces Pablo tom [consigo] a los hombres, y al da siguiente, purificndose junto con ellos, fue al templo, notificando de la terminacin de los das de purificacin, hasta que el sacrificio se ofreciera por cada uno de ellos.
Cuando estaban para cumplirse los siete das, los judos de Asia, al verlo en el templo, comenzaron a incitar a todo el pueblo, y le echaron mano,
gritando: Israelitas, ayudadnos! ste es el hombre que ensea a todos, por todas partes, contra nuestro pueblo, la ley y este lugar; adems, incluso ha trado griegos al templo, y ha profanado este lugar santo.
Pues anteriormente haban visto a Trfimo el efesio con l en la ciudad, y pensaban que Pablo lo haba trado al templo.
Se alborot toda la ciudad, y lleg el pueblo corriendo de todas partes; apoderndose de Pablo lo arrastraron fuera del templo, y al instante cerraron las puertas.
Mientras procuraban matarlo, se le avis al comandante de la compaa [romana] que toda Jerusaln estaba en confusin.
Inmediatamente tom consigo [algunos] soldados y centuriones, y corri hacia ellos; cuando vieron al comandante y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.
Entonces el comandante lleg y lo prendi, y orden que lo ataran con dos cadenas; y preguntaba quin era y qu haba hecho.
Pero entre la muchedumbre unos gritaban una cosa [y] otros otra, y como l no pudo averiguar con certeza [los hechos,] debido al tumulto, orden que lo llevaran al cuartel.
Cuando lleg a las gradas, sucedi que los soldados tuvieron que cargarlo por causa de la violencia de la turba;
porque la multitud del pueblo [lo] segua, gritando: Muera!
Cuando estaban para meter a Pablo en el cuartel, dijo al comandante: Puedo decirte algo? Y l dijo : Sabes griego?
Entonces t no eres el egipcio que hace tiempo levant una revuelta, y capitane los cuatro mil hombres de los asesinos al desierto?
Pablo respondi: Yo soy judo de Tarso de Cilicia, ciudadano de una ciudad no sin importancia; te suplico que me permitas hablar al pueblo.
Cuando le concedi el permiso, Pablo, de pie sobre las gradas, hizo seal al pueblo con su mano, y cuando hubo gran silencio, les habl en el idioma hebreo, diciendo:
Hermanos y padres, escuchad mi defensa que ahora [presento] ante vosotros.
Cuando oyeron que se diriga a ellos en el idioma hebreo, observaron an ms silencio; y l dijo :
Yo soy judo, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, educado bajo Gamaliel en estricta conformidad a la ley de nuestros padres, siendo [tan] celoso de Dios como todos vosotros lo sois hoy.
Y persegu este Camino hasta la muerte, encadenando y echando en crceles tanto a hombres como a mujeres,
de lo cual pueden testificar el sumo sacerdote y todo el concilio de los ancianos. Tambin de ellos recib cartas para los hermanos, y me puse en marcha para Damasco con el fin de traer presos a Jerusaln tambin a los que estaban all, para que fueran castigados.
Y aconteci que cuando iba de camino, estando ya cerca de Damasco, como al medioda, de repente una luz muy brillante fulgur desde el cielo a mi derredor,
y ca al suelo, y o una voz que me deca: "Saulo, Saulo, por qu me persigues?"
Y respond: "Quin eres, Seor?" Y l me dijo: "Yo soy Jess el Nazareno, a quien t persigues."
Y los que estaban conmigo vieron la luz, ciertamente, pero no comprendieron la voz del que me hablaba.
Y yo dije: "Qu debo hacer, Seor?" Y el Seor me dijo: "Levntate y entra a Damasco; y all se te dir todo lo que se ha ordenado que hagas."
Pero como yo no vea por causa del resplandor de aquella luz, los que estaban conmigo me llevaron de la mano y entr a Damasco.
Y uno llamado Ananas, hombre piadoso segn las normas de la ley, [y] de quien daban buen testimonio todos los judos que vivan all,
vino a m, y ponindose [a mi lado,] me dijo: "Hermano Saulo, recibe la vista." En ese mismo instante [alc los ojos y] lo mir.
Y l dijo: "El Dios de nuestros padres te ha designado para que conozcas su voluntad, y para que veas al Justo y oigas palabra de su boca.
"Porque testigo suyo sers a todos los hombres de lo que has visto y odo.
"Y ahora, por qu te detienes? Levntate y s bautizado; y lava tus pecados invocando su nombre."
Y aconteci que cuando regres a Jerusaln y me hallaba orando en el templo, ca en un xtasis,
y vi [al Seor] que me deca: "Apresrate y sal pronto de Jerusaln porque no aceptarn tu testimonio acerca de m."
Y yo dije: "Seor, ellos saben bien que en una sinagoga tras otra, yo encarcelaba y azotaba a los que crean en ti.
"Y cuando se derramaba la sangre de tu testigo Esteban, all estaba tambin yo dando mi aprobacin, y cuidando los mantos de los que lo estaban matando."
Pero l me dijo: "Ve, porque te voy a enviar lejos, a los gentiles."
Lo oyeron hasta que dijo esto, y [entonces] alzaron sus voces y dijeron: Quita de la tierra a ese individuo! No se le debe permitir que viva.
Como ellos vociferaban, y arrojaban sus mantos, y echaban polvo al aire,
el comandante orden que lo llevaran al cuartel, diciendo que deba ser sometido a azotes para saber la razn por qu gritaban contra l de aquella manera.
Cuando lo estiraron con correas, Pablo dijo al centurin que estaba all: Os es lcito azotar a uno que es romano sin haberle hecho juicio?
Al or [esto] el centurin, fue al comandante y le avis, diciendo: Qu vas hacer? Porque este hombre es romano.
Vino el comandante a [Pablo] y le dijo: Dime, eres romano? Y l dijo: S.
Y el comandante respondi: Yo adquir esta ciudadana por una gran cantidad de dinero. Y Pablo dijo: Pero yo soy [ciudadano] de nacimiento.
Entonces los que iban a someterlo [a] [azotes], al instante lo soltaron; y tambin el comandante tuvo temor cuando supo que [Pablo] era romano, y porque lo haba atado [con cadenas].
Al da siguiente, queriendo saber con certeza la causa por la cual los judos lo acusaban, lo solt, y orden a los principales sacerdotes y a todo el concilio que se reunieran; llev a Pablo y lo puso ante ellos.
Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Hermanos, hasta este da yo he vivido delante de Dios con una conciencia perfectamente limpia.
Y el sumo sacerdote Ananas orden a los que estaban junto a l, que lo golpearan en la boca.
Entonces Pablo le dijo: Dios te golpear a ti, pared blanqueada! Te sientas t para juzgarme conforme a la ley, y violas la ley ordenando que me golpeen?
Los que estaban all observando, dijeron: Al sumo sacerdote de Dios injurias?
Y Pablo dijo: No saba, hermanos, que l era el sumo sacerdote; porque escrito est: NO HABLARS MAL DE UNA DE LAS AUTORIDADES DE TU PUEBLO.
Entonces Pablo, dndose cuenta de que una parte eran saduceos y otra fariseos, alz la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos; se me juzga a causa de la esperanza de la resurreccin de los muertos.
Cuando dijo esto, se produjo un altercado entre los fariseos y los saduceos; y la asamblea se dividi.
Porque los saduceos dicen que no hay resurreccin, ni ngel, ni espritu, mas los fariseos creen todo esto.
Se produjo entonces un gran alboroto; y levantndose algunos de los escribas del grupo de los fariseos, discutan acaloradamente, diciendo: No encontramos nada malo en este hombre; pero y si un espritu o un ngel le ha hablado?
Y al surgir un gran altercado, el comandante tuvo temor de que Pablo fuera despedazado por ellos, y orden que las tropas descendieran, lo sacaran de entre ellos a la fuerza y lo llevaran al cuartel.
A la noche siguiente se le apareci el Seor, y le dijo: Ten nimo, porque como has testificado fielmente de mi causa en Jerusaln, as has de testificar tambin en Roma.
Cuando se hizo de da, los judos tramaron una conspiracin y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comeran ni beberan hasta que hubieran matado a Pablo.
Y los que tramaron esta conjura eran ms de cuarenta,
los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos, y dijeron: Nos hemos comprometido bajo solemne juramento a no probar nada hasta que hayamos matado a Pablo.
Ahora, pues, vosotros y el concilio, avisad al comandante para que lo haga comparecer ante vosotros, como si quisierais hacer una investigacin ms minuciosa para resolver su caso; nosotros por nuestra parte estamos listos para matarlo antes de que llegue.
Pero el hijo de la hermana de Pablo se enter de la emboscada, y fue y entr al cuartel, y dio aviso a Pablo.
Y Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven al comandante, porque tiene algo que informarle.
l entonces, tomndolo [consigo,] lo condujo al comandante, y [le] dijo : Pablo, el preso, me llam y me pidi que te trajera a este joven, pues tiene algo que decirte.
Y el comandante, tomndolo de la mano, y llevndolo aparte, le pregunt: Qu es lo que me tienes que informar?
Y l respondi: Los judos se han puesto de acuerdo en pedirte que maana lleves a Pablo al concilio con el pretexto de hacer una indagacin ms a fondo sobre l.
Pero no les prestes atencin, porque ms de cuarenta hombres de ellos, que se han comprometido bajo juramento a no comer ni beber hasta que lo hayan matado, esperan emboscados; ya estn listos esperando promesa de parte tuya.
Entonces el comandante dej ir al muchacho, encomendndole: No digas a nadie que me has informado de estas cosas.
Y llamando a dos de los centuriones, dijo: Preparad doscientos soldados para la hora tercera de la noche, con setenta jinetes y doscientos lanceros, para que vayan a Cesarea.
[Deban] preparar tambin cabalgaduras para Pablo, y llevarlo a salvo al gobernador Flix.
Y [el comandante] escribi una carta en estos trminos:
Claudio Lisias, al excelentsimo gobernador Flix: Salud.
Cuando este hombre fue arrestado por los judos, y estaba a punto de ser muerto por ellos, al saber que era romano, fui con las tropas y lo rescat.
Y queriendo cerciorarme de la causa por la cual lo acusaban, lo llev a su concilio
y hall que lo acusaban sobre cuestiones de su ley, pero no de nada que mereciera muerte o prisin.
Cuando se me inform de que haba una conjura en contra del hombre, te lo envi enseguida, instruyendo tambin a sus acusadores que presenten los cargos contra l delante de ti.
As que los soldados, de acuerdo con las rdenes [que tenan,] tomaron a Pablo y lo llevaron de noche a Antpatris.
Y al da siguiente regresaron al cuartel dejando que los de a caballo siguieran con l,
los cuales, despus de llegar a Cesarea y de entregar la carta al gobernador, le presentaron tambin a Pablo.
Cuando la ley, pregunt de qu provincia era; y al enterarse de que era de Cilicia,
dijo: Te oir cuando estn presentes tambin tus acusadores. Y mand que lo guardaran en el Pretorio de Herodes.
Cinco das ms tarde el sumo sacerdote Ananas descendi con algunos ancianos, [y] con un abogado [llamado] Trtulo; y presentaron al gobernador sus cargos contra Pablo.
Despus que trajeron a Pablo, Trtulo comenz a acusarlo, diciendo [al gobernador:] Ya que por ti hemos obtenido mucha paz, y que por providencia tuya se estn llevando a cabo reformas en favor de esta nacin,
nosotros, por todos los medios y en todas partes, reconocemos [esto] con profunda gratitud, oh excelentsimo Flix.
Pero para no importunarte ms, te suplico que, con tu [habitual] bondad, nos concedas una breve audiencia.
Pues hemos descubierto que este hombre es verdaderamente una plaga, y que provoca disensiones entre todos los judos por el mundo entero, y [es] lder de la secta de los nazarenos.
Hasta trat de profanar el templo; entonces lo arrestamos y quisimos juzgarlo conforme a nuestra ley.
Pero interviniendo el comandante Lisias, con gran violencia lo quit de nuestras manos,
mandando a sus acusadores que vinieran a ti. Si t mismo lo interrogas sobre todo lo que he dicho, podrs confirmar las cosas de que lo acusamos.
Los judos se unieron tambin a la acusacin, asegurando que, [efectivamente,] as era todo.
Despus que el gobernador le hizo una seal para que hablara, Pablo respondi: Sabiendo que por muchos aos t has sido juez de esta nacin, con gusto presento mi defensa,
puesto que t puedes comprobar el hecho de que no hace ms de doce das que sub a Jerusaln a adorar.
Y ni en el templo, ni en las sinagogas, ni en la ciudad [misma] me encontraron discutiendo con nadie o provocando un tumulto.
Ni tampoco pueden probarte de lo que ahora me acusan.
Pero esto admito ante ti, que segn el Camino que ellos llaman secta, yo sirvo al Dios de nuestros padres, creyendo todo lo que es conforme a la ley y que est escrito en los profetas;
teniendo [la misma] esperanza en Dios que stos tambin abrigan, de que ciertamente habr una resurreccin tanto de los justos como de los impos.
Por esto, yo tambin me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres.
Y, despus de varios aos, he venido para traer limosnas a mi nacin y a presentar ofrendas;
haciendo lo cual me encontraron en el templo, despus de haberme purificado, no con multitud ni con alboroto. Pero [estaban all] ciertos judos de Asia,
y que deberan haberse presentado [aqu] ante ti y acusar[me], si tuvieran algo contra m.
O si no, que stos mismos digan qu delito encontraron cuando comparec ante el concilio,
a no ser por esta sola declaracin que hice en alta voz mientras estaba entre ellos: "Por la resurreccin de los muertos soy juzgado hoy ante vosotros."
Entonces Flix, conociendo con mayor exactitud acerca del Camino, pospuso [el fallo,] diciendo: Cuando venga el comandante Lisias decidir vuestro caso.
Y dio rdenes al centurin de que guardara a Pablo bajo custodia, pero con [alguna medida] de libertad, y que no impidiera a ninguno de sus amigos que lo sirvieran.
Pero pocos das ms tarde, lleg Flix con Drusila, su mujer que era juda, y mand traer a Pablo, y lo oy [hablar] acerca de la fe en Cristo Jess.
Y al disertar Pablo sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero, Flix, atemorizado dijo: Vete por ahora, pero cuando tenga tiempo te mandar llamar.
Al mismo tiempo, tena esperanzas de que Pablo le diera dinero; por eso acostumbraba llamarlo con frecuencia y conversar con l.
Pero transcurridos dos aos, Porcio Festo lleg como sucesor de Flix, y deseando hacer un favor a los judos, Flix dej preso a Pablo.
Festo, entonces, tres das despus de haber llegado a la provincia, subi a Jerusaln desde Cesarea.
Y los principales sacerdotes y los judos ms influyentes acusaron a Pablo, e instaban [a Festo,]
pidindole, contra Pablo, un favor: que lo hiciera traer a Jerusaln (preparando ellos, [al mismo tiempo,] una emboscada para matarlo en el camino).
Pero Festo respondi que Pablo estaba bajo custodia en Cesarea, y que en breve l mismo partira [para all.]
Por tanto, dijo , que los ms influyentes de vosotros vayan all conmigo, y si hay algo malo en el hombre, que lo acusen.
Despus de haberse quedado no ms de ocho o diez das entre ellos, descendi a Cesarea, y al da siguiente se sent en el tribunal y orden que trajeran a Pablo.
Cuando ste lleg, lo rodearon los judos que haban descendido de Jerusaln, presentando contra l muchas y graves acusaciones que no podan probar,
mientras Pablo deca en defensa propia: No he cometido ningn delito, ni contra la ley de los judos, ni contra el templo, ni contra el Csar.
Pero Festo, queriendo hacer un favor a los judos, respondi a Pablo, y dijo: Ests dispuesto a subir a Jerusaln y a ser juzgado delante de m por estas [acusaciones]?
Entonces Pablo respondi: Ante el tribunal del Csar estoy, que es donde debo ser juzgado. Ningn agravio he hecho a [los] judos, como tambin t muy bien sabes.
Si soy, pues, un malhechor, y he hecho algo digno de muerte, no rehso morir; pero si ninguna de esas cosas de que stos me acusan es [verdad,] nadie puede entregarme a ellos. Apelo al Csar.
Entonces Festo, habiendo deliberado con el consejo, respondi: Al Csar has apelado, al Csar irs.
Pasados varios das, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea y fueron a saludar a Festo.
Como estuvieron all muchos das, Festo present el caso de Pablo ante el rey, diciendo: Hay un hombre que Flix dej preso,
acerca del cual, estando en Jerusaln, los principales sacerdotes y los ancianos de los judos presentaron acusaciones contra l, pidiendo sentencia condenatoria contra l.
Yo les respond que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre sin que antes el acusado confronte a sus acusadores, y tenga la oportunidad de defenderse de los cargos.
As que cuando se reunieron aqu, no tard, sino que al da siguiente me sent en el tribunal y orden traer al hombre.
Y levantndose los acusadores, presentaban acusaciones contra l, [pero] no de la clase de crmenes que yo supona;
sino que [simplemente] tenan contra l ciertas cuestiones sobre su propia religin, y sobre cierto Jess, [ya] muerto, de quien Pablo afirmaba que estaba vivo.
Pero estando yo perplejo cmo investigar estas cuestiones, le pregunt si estaba dispuesto a ir a Jerusaln y ser juzgado de estas cosas all.
Pero como Pablo apel que se lo tuviera bajo custodia para que el emperador [diera] el fallo, orden que continuase bajo custodia hasta que yo lo enviara al Csar.
Entonces Agripa [dijo] a Festo: A m tambin me gustara or al hombre. Maana -- dijo [Festo] -- lo oirs.
As que al da siguiente, cuando Agripa y Berenice entraron al auditorio en medio de gran pompa, acompaados por los comandantes y los hombres importantes de la ciudad, por orden de Festo, fue trado Pablo.
Y Festo dijo : Rey Agripa y todos los dems aqu presentes con nosotros; [aqu] veis a este [hombre] acerca de quien todo el pueblo de los judos, tanto en Jerusaln como aqu, me hizo una peticin declarando a gritos que no debe vivir ms.
Pero yo encontr que no haba hecho nada digno de muerte; y como l mismo apel al emperador, he decidido enviarlo.
Pero no tengo nada definido sobre l para escribirle a mi seor. Por eso lo he trado ante vosotros, y especialmente ante ti, rey Agripa, para que despus de que se le interrogue, yo tenga algo que escribir.
Porque me parece absurdo, al enviar un preso, no informar tambin de los cargos en su contra.
Y Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar en tu favor. Entonces Pablo, extendiendo la mano, comenz su defensa:
Con respecto a todo aquello de que los judos me acusan, me considero afortunado, [oh] rey Agripa, de poder presentar hoy mi defensa delante de ti,
sobre todo, porque eres experto en todas las costumbres y controversias entre [los] judos; por lo cual te ruego que me escuches con paciencia.
Pues bien, todos los judos conocen mi vida desde mi juventud, que desde el principio transcurri entre los de mi pueblo y en Jerusaln;
puesto que ellos han sabido de m desde hace mucho tiempo, si estn dispuestos a testificar, que viv [como] fariseo, de acuerdo con la secta ms estricta de nuestra religin.
Y ahora soy sometido a juicio por la esperanza de la promesa hecha por Dios a nuestros padres:
que nuestras doce tribus esperan alcanzar al servir fielmente [a Dios] noche y da. Y por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judos.
Por qu se considera increble entre vosotros que Dios resucite a los muertos?
Yo ciertamente haba credo que deba hacer muchos males en contra del nombre de Jess de Nazaret.
Y esto es precisamente lo que hice en Jerusaln; no slo encerr en crceles a muchos de los santos con la autoridad recibida de los principales sacerdotes, sino que tambin, cuando eran condenados a muerte, yo daba mi voto contra [ellos].
Y castigndolos con frecuencia en todas las sinagogas, procuraba obligarlos a blasfemar; y locamente enfurecido contra ellos, segua persiguindolos aun hasta en las ciudades extranjeras.
Ocupado en esto, cuando iba para Damasco con autoridad y comisin de los principales sacerdotes,
al medioda, oh rey, [yendo] de camino, vi una luz procedente del cielo ms brillante que el sol, que resplandeca en torno mo y de los que viajaban conmigo.
Y despus de que todos camos al suelo, o una voz que me deca en el idioma hebreo: "Saulo, Saulo, por qu me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijn."
Yo entonces dije: "Quin eres, Seor?" Y el Seor dijo: "Yo soy Jess a quien t persigues.
"Pero levntate y ponte en pie; porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo, no slo de las cosas que has visto, sino tambin de aquellas en que me aparecer a ti;
librndote del pueblo [judo] y de los gentiles, a los cuales yo te envo,
para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satans a Dios, para que reciban, por la fe en m, el perdn de pecados y herencia entre los que han sido santificados."
Por consiguiente, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visin celestial,
sino que anunciaba, primeramente a los que [estaban] en Damasco y [tambin] en Jerusaln, y [despus] por toda la regin de Judea, y [aun] a los gentiles, que deban arrepentirse y volverse a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.
Por esta causa, [algunos] judos me prendieron en el templo y trataron de matarme.
As que habiendo recibido ayuda de Dios, contino hasta este da testificando tanto a pequeos como a grandes, no declarando ms que lo que los profetas y Moiss dijeron que sucedera:
que el Cristo haba de padecer, [y] que por motivo de [su] resurreccin de entre los muertos, l deba ser el primero en proclamar luz tanto al pueblo [judo] como a los gentiles.
Mientras [Pablo] deca esto en su defensa, Festo dijo a gran voz: Pablo, ests loco! [Tu] mucho saber te est haciendo perder la cabeza!
Mas Pablo dijo : No estoy loco, excelentsimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura.
Porque el rey entiende estas cosas, y tambin le hablo con confianza, porque estoy persuadido de que l no ignora nada de esto; pues esto no se ha hecho en secreto.
Rey Agripa, crees [en] los profetas? Yo s que crees.
Y Agripa [respondi] a Pablo: En poco tiempo me persuadirs a que me haga cristiano.
Y Pablo [dijo:] Quisiera Dios que, ya fuera en poco tiempo o en mucho, no slo t, sino tambin todos los que hoy me oyen, llegaran a ser tal como yo soy, a excepcin de estas cadenas.
Entonces el rey, el gobernador, Berenice y los que estaban sentados con ellos se levantaron,
y mientras se retiraban, hablaban entre ellos, diciendo: Este hombre no ha hecho nada que merezca muerte o prisin.
Y Agripa dijo a Festo: Podra ser puesto en libertad este hombre, si no hubiera apelado al Csar.
Cuando se decidi que deberamos embarcarnos para Italia, fueron entregados Pablo y algunos otros presos a un centurin de la compaa Augusta, llamado Julio.
Y embarcndonos en una nave adramitena que estaba para zarpar hacia las regiones de la costa de Asia, nos hicimos a la mar acompaados por Aristarco, un macedonio de Tesalnica.
Al [da] siguiente llegamos a Sidn. Julio trat a Pablo con benevolencia, permitindole ir a sus amigos y ser atendido [por ellos].
De all partimos y navegamos al abrigo de [la isla de] Chipre, porque los vientos eran contrarios.
Y despus de navegar atravesando el mar frente a las costas de Cilicia y de Panfilia, llegamos a Mira de Licia.
All el centurin hall una nave alejandrina que iba para Italia, y nos embarc en ella.
Y despus de navegar lentamente por muchos das, y de llegar con dificultad frente a Gnido, pues el viento no nos permiti [avanzar] ms, navegamos al abrigo de Creta, frente a Salmn;
y costendola con dificultad, llegamos a un lugar llamado Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.
Cuando ya haba pasado mucho tiempo y la navegacin se haba vuelto peligrosa, pues hasta el Ayuno haba pasado ya, Pablo los amonestaba,
dicindoles: Amigos, veo que de seguro este viaje va a ser con perjuicio y graves prdidas, no slo del cargamento y de la nave, sino tambin de nuestras vidas.
Pero el centurin se persuadi ms [por lo dicho] por el piloto y el capitn del barco, que por lo que Pablo deca.
Y como el puerto no era adecuado para invernar, la mayora tom la decisin de hacerse a la mar desde all, por si les era posible arribar a Fenice, un puerto de Creta que mira hacia el nordeste y el sudeste, y pasar el invierno [all.]
Cuando comenz a soplar un moderado viento del sur, creyendo que haban logrado su propsito, levaron anclas y navegaban costeando a Creta.
Pero no mucho despus, desde tierra comenz a soplar un viento huracanado que se llama Euroclidn,
y siendo azotada la nave, y no pudiendo hacer frente al viento nos abandonamos [a l] y nos dejamos llevar a la deriva.
Navegando al abrigo de una pequea isla llamada Clauda, con mucha dificultad pudimos sujetar el esquife.
Despus que lo alzaron, usaron amarras para ceir la nave; y temiendo encallar en [los bancos] de Sirte, echaron el ancla flotante y se abandonaron a la deriva.
Al da siguiente, mientras ramos sacudidos furiosamente por la tormenta, comenzaron a arrojar la carga;
y al tercer da, con sus propias manos arrojaron al mar los aparejos de la nave.
Como ni el sol ni las estrellas aparecieron por muchos das, y una tempestad no pequea se abata sobre [nosotros,] desde entonces fuimos abandonando toda esperanza de salvarnos.
Cuando haban pasado muchos das sin comer, Pablo se puso en pie en medio de ellos y dijo: Amigos, debierais haberme hecho caso y no haber zarpado de Creta, evitando as este perjuicio y prdida.
Pero ahora os exhorto a tener buen nimo, porque no habr prdida de vida entre vosotros, sino [slo] del barco.
Porque esta noche estuvo en mi presencia un ngel del Dios de quien soy y a quien sirvo,
diciendo: "No temas, Pablo; has de comparecer ante el Csar; y he aqu, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo."
Por tanto, tened buen nimo amigos, porque yo confo en Dios, que acontecer exactamente como se me dijo.
Pero tenemos que encallar en cierta isla.
Y llegada la dcimocuarta noche, mientras ramos llevados a la deriva en el mar Adritico, a eso de la medianoche los marineros presentan que se estaban acercando a tierra.
Echaron la sonda y hallaron [que haba] veinte brazas; pasando un poco ms adelante volvieron a echar la sonda y hallaron quince brazas [de profundidad.]
Y temiendo que furamos a dar contra los escollos, echaron cuatro anclas por la popa y ansiaban que amaneciera.
Como los marineros trataban de escapar de la nave, y haban bajado el esquife al mar, bajo pretexto de que se proponan echar las anclas desde la proa,
Pablo dijo al centurin y a los soldados: Si stos no permanecen en la nave, vosotros no podris salvaros.
Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife, y dejaron que se perdiera.
Y hasta que estaba a punto de amanecer, Pablo exhortaba a todos a que tomaran alimento, diciendo: Hace ya catorce das que, velando continuamente, estis en ayunas, sin tomar ningn [alimento.]
Por eso os aconsejo que tomis alimento, porque esto es necesario para vuestra supervivencia; pues ni un solo cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecer.
Habiendo dicho esto, tom pan y dio gracias a Dios en presencia de todos; y partindo[lo], comenz a comer.
Entonces todos, teniendo [ya] buen nimo, tomaron tambin alimento.
En total ramos en la nave doscientas setenta y seis personas.
Una vez saciados, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar.
Cuando se hizo de da, no reconocan la tierra, pero podan distinguir una baha que tena playa, y decidieron lanzar la nave hacia ella, si les era posible.
Y cortando las anclas, las dejaron en el mar, aflojando al mismo tiempo las amarras de los timones; e izando la vela de proa al viento, se dirigieron hacia la playa.
Pero chocando contra un escollo donde se encuentran dos corrientes, encallaron la nave; la proa se clav y qued inmvil, pero la popa se rompa por la fuerza [de las olas.]
Y el plan de los soldados era matar a los presos, para que ninguno [de ellos] escapara a nado;
pero el centurin, queriendo salvar a Pablo, impidi su propsito, y orden que los que pudieran nadar se arrojaran primero por la borda y llegaran a tierra,
y que los dems [siguieran,] algunos en tablones, y otros en diferentes objetos de la nave. Y as sucedi que todos llegaron salvos a tierra.
Y una vez que ellos estaban a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta.
Y los habitantes nos mostraron toda clase de atenciones, porque a causa de la lluvia que caa y del fro, encendieron una hoguera y nos acogieron a todos.
Pero cuando Pablo recogi una brazada de lea y la ech al fuego, una vbora sali huyendo del calor y se le prendi en la mano.
Y los habitantes, al ver el animal colgando de su mano, decan entre s: Sin duda que este hombre es un asesino, pues aunque fue salvado del mar, Justicia no le ha concedido vivir.
[Pablo,] sin embargo, sacudiendo [la mano,] arroj el animal al fuego y no sufri ningn dao.
Y ellos esperaban que comenzara a hincharse, o que sbitamente cayera muerto. Pero despus de esperar por largo rato, y de no observar nada anormal en l, cambiaron de parecer y decan que era un dios.
Y cerca de all haba unas tierras que pertenecan al hombre principal de la isla, que se llamaba Publio, el cual nos recibi y nos hosped con toda amabilidad por tres das.
Y sucedi que el padre de Publio yaca [en cama,] enfermo con fiebre y disentera; y Pablo entr a [ver]lo, y despus de orar puso las manos sobre l, y lo san.
Cuando esto sucedi, los dems habitantes de la isla que tenan enfermedades venan a l y eran curados.
Tambin nos honraron con muchas demostraciones de respeto, y cuando estbamos para zarpar, [nos] suplieron con todo lo necesario.
Despus de tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que haba invernado en la isla, y que tena por insignia a los Hermanos Gemelos.
Cuando llegamos a Siracusa, nos quedamos all por tres das.
Y zarpando de all, seguimos [la costa] hasta llegar a Regio. Y al da siguiente se levant un viento del sur, y en dos das llegamos a Puteoli.
All encontramos [algunos] hermanos, que nos invitaron a permanecer con ellos por siete das. Y as llegamos a Roma.
Cuando los hermanos tuvieron noticia de nuestra llegada, vinieron desde all a recibirnos hasta el Foro de Apio y Las Tres Tabernas; y cuando Pablo los vio, dio gracias a Dios y cobr nimo.
Cuando entramos en Roma, el centurin entreg los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permiti vivir aparte, con el soldado que lo custodiaba.
Y aconteci que tres das despus convoc a los principales de los judos, y cuando se reunieron, les dijo: Hermanos, sin haber hecho nada contra nuestro pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres, desde Jerusaln fui entregado preso en manos de los romanos.
Y cuando me interrogaron, quisieron ponerme en libertad, pues no encontraron causa para condenarme a muerte.
Pero cuando los judos se opusieron, me vi obligado a apelar al Csar, [pero] no porque tuviera acusacin alguna contra mi pueblo.
Por tanto, por esta razn he pedido veros y hablaros, porque por causa de la esperanza de Israel llevo encima esta cadena.
Y ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas de Judea sobre ti, ni ha venido aqu ninguno de los hermanos que haya informado o hablado algo malo acerca de ti.
Pero deseamos or de ti lo que enseas, porque lo que sabemos de esta secta es que en todas partes se habla contra ella.
Y habindole fijado un da, vinieron en gran nmero adonde l posaba, y desde la maana hasta la tarde les explicaba testificando fielmente sobre el reino de Dios, y procurando persuadirlos acerca de Jess, tanto por la ley de Moiss como por los profetas.
Algunos eran persuadidos con lo que se deca, pero otros no crean.
Y al no estar de acuerdo entre s, comenzaron a marcharse despus de que Pablo dijo una [ltima] palabra: Bien habl el Espritu Santo a vuestros padres por medio de Isaas el profeta,
diciendo: VE A ESTE PUEBLO Y DI: "AL OR OIRIS, Y NO ENTENDERIS; Y VIENDO VERIS, Y NO PERCIBIRIS;
PORQUE EL CORAZN DE ESTE PUEBLO SE HA VUELTO INSENSIBLE, Y CON DIFICULTAD OYEN CON SUS ODOS; Y SUS OJOS HAN CERRADO; NO SEA QUE VEAN CON LOS OJOS, Y OIGAN CON LOS ODOS, Y ENTIENDAN CON EL CORAZN, Y SE CONVIERTAN, Y YO LOS SANE."
Sabed, por tanto, que esta salvacin de Dios ha sido enviada a los gentiles. Ellos s oirn.
Y cuando hubo dicho esto, los judos se fueron, teniendo gran discusin entre s.
Y [Pablo] se qued por dos aos enteros en la [habitacin] que alquilaba, y reciba a todos los que iban a verlo,
predicando el reino de Dios, y enseando todo lo concerniente al Seor Jesucristo con toda libertad, sin estorbo.
Pablo, siervo de Cristo Jess, llamado [a ser] apstol, apartado para el evangelio de Dios,
que l ya haba prometido por medio de sus profetas en las santas Escrituras,
acerca de su Hijo, que naci de la descendencia de David segn la carne,
[y] que fue declarado Hijo de Dios con poder, conforme al Espritu de santidad, por la resurreccin de entre los muertos: nuestro Seor Jesucristo,
por medio de quien hemos recibido la gracia y el apostolado para [promover la] obediencia a la fe entre todos los gentiles, por amor a su nombre;
entre los cuales estis tambin vosotros, llamados de Jesucristo;
a todos los amados de Dios que estn en Roma, llamados [a ser] santos: Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.
En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos vosotros, porque por todo el mundo se habla de vuestra fe.
Pues Dios, a quien sirvo en mi espritu en [la predicacin del] evangelio de su Hijo, me es testigo de cmo sin cesar hago mencin de vosotros
siempre en mis oraciones, implorando que ahora, al fin, por la voluntad de Dios, logre ir a vosotros.
Porque anhelo veros para impartiros algn don espiritual, a fin de que seis confirmados;
es decir, para que [cuando est] entre vosotros nos confortemos mutuamente, cada uno por la fe del otro, tanto la vuestra como la ma.
Y no quiero que ignoris, hermanos, que con frecuencia he hecho planes para ir a visitaros (y hasta ahora me he visto impedido) a fin de obtener algn fruto tambin entre vosotros, as como entre los dems gentiles.
Tengo obligacin tanto para con los griegos como para con los brbaros, para con los sabios como para con los ignorantes.
As que, por mi parte, ansioso estoy de anunciar el evangelio tambin a vosotros que estis en Roma.
Porque no me avergenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvacin de todo el que cree; del judo primeramente y tambin del griego.
Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe [y] para fe; como est escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIR.
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad;
porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente.
Porque desde la creacin del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.
Pues aunque conocan a Dios, no le honraron como a Dios ni [le] dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazn fue entenebrecido.
Profesando ser sabios, se volvieron necios,
y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrpedos y de reptiles.
Por consiguiente, Dios los entreg a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre s sus propios cuerpos;
porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos. Amn.
Por esta razn Dios los entreg a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la funcin natural por la que es contra la naturaleza;
y de la misma manera tambin los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en s mismos el castigo correspondiente a su extravo.
Y as como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entreg a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen;
estando llenos de toda injusticia, maldad, avaricia [y] malicia; colmados de envidia, homicidios, pleitos, engaos [y] malignidad; [son] chismosos,
detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de lo malo, desobedientes a los padres,
sin entendimiento, indignos de confianza, sin amor, despiadados;
los cuales, aunque conocen el decreto de Dios que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no slo las hacen, sino que tambin dan su aprobacin a los que las practican.
Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quienquiera [que seas t] que juzgas, pues al juzgar a otro, a ti mismo te condenas, porque t que juzgas practicas las mismas cosas.
Y sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas.
Y piensas esto, oh hombre, t que condenas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, que escapars al juicio de Dios?
O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te gua al arrepentimiento?
Mas por causa de tu terquedad y de [tu] corazn no arrepentido, ests acumulando ira para ti en el da de la ira y de la revelacin del justo juicio de Dios,
el cual PAGAR A CADA UNO CONFORME A SUS OBRAS:
a los que por la perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad: vida eterna;
pero a los que son ambiciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignacin.
[Habr] tribulacin y angustia para toda alma humana que hace lo malo, del judo primeramente y tambin del griego;
pero gloria y honor y paz para todo el que hace lo bueno, al judo primeramente, y tambin al griego.
Porque en Dios no hay acepcin de personas.
Pues todos los que han pecado sin la ley, sin la ley tambin perecern; y todos los que han pecado bajo la ley, por la ley sern juzgados;
porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los que cumplen la ley, [sos] sern justificados.
Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los [dictados] de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para s mismos,
ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusndolos unas veces y otras defendindolos,
en el da en que, segn mi evangelio, Dios juzgar los secretos de los hombres mediante Cristo Jess.
Pero si t, que llevas el nombre de judo y te apoyas en la ley; que te gloras en Dios,
y conoces [su] voluntad; que apruebas las cosas que son esenciales, siendo instruido por la ley,
y te confas en que eres gua de los ciegos, luz de los que estn en tinieblas,
instructor de los necios, maestro de los faltos de madurez; que tienes en la ley la expresin misma del conocimiento y de la verdad;
t, pues, que enseas a otro, no te enseas a ti mismo? T que predicas que no se debe robar, robas?
T que dices que no se debe cometer adulterio, adulteras? T que abominas a los dolos, saqueas templos?
T que te jactas de la ley, violando la ley deshonras a Dios?
Porque EL NOMBRE DE DIOS ES BLASFEMADO ENTRE LOS GENTILES POR CAUSA DE VOSOTROS, tal como est escrito.
Pues ciertamente la circuncisin es de valor si t practicas la ley, pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisin se ha vuelto incircuncisin.
Por tanto, si el incircunciso cumple los requisitos de la ley, no se considerar su incircuncisin como circuncisin?
Y si el que es fsicamente incircunciso guarda la ley, no te juzgar a ti, que aunque tienes la letra [de la ley] y eres circuncidado, eres transgresor de la ley?
Porque no es judo el que lo es exteriormente, ni la circuncisin es la externa, en la carne;
sino que es judo el que lo es interiormente, y la circuncisin es la del corazn, por el Espritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios.
Cul es, entonces, la ventaja del judo? O cul el beneficio de la circuncisin?
Grande, en todo sentido. En primer lugar, porque a ellos les han sido confiados los orculos de Dios.
Entonces qu? Si algunos fueron infieles, acaso su infidelidad anular la fidelidad de Dios?
De ningn modo! Antes bien, sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre [sea hallado] mentiroso; como est escrito: PARA QUE SEAS JUSTIFICADO EN TUS PALABRAS, Y VENZAS CUANDO SEAS JUZGADO.
Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, qu diremos? Acaso es injusto el Dios que expresa [su] ira? (Hablo en trminos humanos.)
De ningn modo! Pues de otra manera, cmo juzgara Dios al mundo?
Pero si por mi mentira la verdad de Dios abund para su gloria, por qu tambin soy yo an juzgado como pecador?
Y por qu no [decir] (como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos): Hagamos el mal para que venga el bien? La condenacin de los tales es justa.
Entonces qu? Somos nosotros mejores [que ellos]? De ninguna manera; porque ya hemos denunciado que tanto judos como griegos estn todos bajo pecado;
como est escrito: NO HAY JUSTO, NI AUN UNO;
NO HAY QUIEN ENTIENDA, NO HAY QUIEN BUSQUE A DIOS;
TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON INTILES; NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO.
SEPULCRO ABIERTO ES SU GARGANTA, ENGAAN DE CONTINUO CON SU LENGUA, VENENO DE SERPIENTES HAY BAJO SUS LABIOS;
LLENA EST SU BOCA DE MALDICIN Y AMARGURA;
SUS PIES SON VELOCES PARA DERRAMAR SANGRE;
DESTRUCCIN Y MISERIA HAY EN SUS CAMINOS,
Y LA SENDA DE PAZ NO HAN CONOCIDO.
NO HAY TEMOR DE DIOS DELANTE DE SUS OJOS.
Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley, lo dice a los que estn bajo la ley, para que toda boca se calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios;
porque por las obras de la ley ningn ser humano ser justificado delante de l; pues por medio de la ley [viene] el conocimiento del pecado.
Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas;
es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distincin;
por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,
siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redencin que es en Cristo Jess,
a quien Dios exhibi pblicamente como propiciacin por su sangre a travs de la fe, a fin de demostrar su justicia, porque en su tolerancia Dios pas por alto los pecados cometidos anteriormente,
para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que l sea justo y [sea] el que justifica al que tiene fe en Jess.
Dnde est, pues, la jactancia? Queda excluida. Por cul ley? La de las obras? No, sino por la ley de la fe.
Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley.
O es Dios [el Dios] de los judos solamente? No es tambin [el Dios] de los gentiles? S, tambin de los gentiles,
porque en verdad Dios es uno, el cual justificar [en virtud] de la fe a los circuncisos y por medio de la fe a los incircuncisos.
Anulamos entonces la ley por medio de la fe? De ningn modo! Al contrario, confirmamos la ley.
Qu diremos, entonces, que hall Abraham, nuestro padre segn la carne?
Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qu jactarse, pero no para con Dios.
Porque qu dice la Escritura? Y CREY ABRAHAM A DIOS, Y LE FUE CONTADO POR JUSTICIA.
Ahora bien, al que trabaja, el salario no se le cuenta como favor, sino como deuda;
mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impo, su fe se le cuenta por justicia.
Como tambin David habla de la bendicin [que viene] sobre el hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras:
BIENAVENTURADOS AQULLOS CUYAS INIQUIDADES HAN SIDO PERDONADAS, Y CUYOS PECADOS HAN SIDO CUBIERTOS.
BIENAVENTURADO EL HOMBRE CUYO PECADO EL SEOR NO TOMAR EN CUENTA.
Es, pues, esta bendicin [slo] para los circuncisos, o tambin para los incircuncisos? Porque decimos: A ABRAHAM, LA FE LE FUE CONTADA POR JUSTICIA.
Entonces, cmo le fue contada? Siendo circunciso o incircunciso? No siendo circunciso, sino siendo incircunciso;
y recibi la seal de la circuncisin [como] sello de la justicia de la fe que tena mientras an era incircunciso, para que fuera padre de todos los que creen sin ser circuncidados, a fin de que la justicia tambin a ellos les fuera imputada;
y padre de la circuncisin para aquellos que no solamente son de la circuncisin, sino que tambin siguen en los pasos de la fe que tena nuestro padre Abraham cuando era incircunciso.
Porque la promesa a Abraham o a su descendencia de que l sera heredero del mundo, no fue hecha por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe.
Porque si los que son de la ley son herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa;
porque la ley produce ira, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresin.
Por eso [es] por fe, para que [est] de acuerdo con la gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda la posteridad, no slo a los que son de la ley, sino tambin a los que son de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros
(como est escrito: TE HE HECHO PADRE DE MUCHAS NACIONES), delante de aquel en quien crey, [es decir] Dios, que da vida a los muertos y llama a las cosas que no son, como si fueran.
l crey en esperanza contra esperanza, a fin de llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se [le] haba dicho: AS SER TU DESCENDENCIA.
Y sin debilitarse en la fe contempl su propio cuerpo, que ya estaba como muerto puesto que tena como cien aos, y la esterilidad de la matriz de Sara;
sin embargo, respecto a la promesa de Dios, [Abraham] no titube con incredulidad, sino que se fortaleci en fe, dando gloria a Dios,
y estando plenamente convencido de que lo que [Dios] haba prometido, poderoso era tambin para cumplirlo.
Por lo cual tambin [su fe] LE FUE CONTADA POR JUSTICIA.
Y no slo por l fue escrito que le fue contada,
sino tambin por nosotros, a quienes ser contada: [como] los que creen en aquel que levant de los muertos a Jess nuestro Seor,
el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado por causa de nuestra justificacin.
Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Seor Jesucristo,
por medio de quien tambin hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Y no slo esto, sino que tambin nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulacin produce paciencia;
y la paciencia, carcter probado; y el carcter probado, esperanza;
y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espritu Santo que nos fue dado.
Porque mientras an ramos dbiles, a su tiempo Cristo muri por los impos.
Porque a duras penas habr alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno.
Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo an pecadores, Cristo muri por nosotros.
Entonces mucho ms, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira [de Dios] por medio de l.
Porque si cuando ramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho ms, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida.
Y no slo esto, sino que tambin nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Seor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliacin.
Por tanto, tal como el pecado entr en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, as tambin la muerte se extendi a todos los hombres, porque todos pecaron;
pues antes de la ley haba pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa cuando no hay ley.
Sin embargo, la muerte rein desde Adn hasta Moiss, aun sobre los que no haban pecado con una transgresin semejante a la de Adn, el cual es figura del que haba de venir.
Pero no sucede con la ddiva como con la transgresin. Porque si por la transgresin de uno murieron los muchos, mucho ms, la gracia de Dios y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo, abundaron para los muchos.
Tampoco sucede con el don como con [lo que vino] por medio de aquel que pec; porque ciertamente el juicio [surgi a causa] de una [transgresin,] resultando en condenacin; pero la ddiva [surgi a causa] de muchas transgresiones resultando en justificacin.
Porque si por la transgresin de uno, por ste rein la muerte, mucho ms reinarn en vida por medio de uno, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.
As pues, tal como por una transgresin result la condenacin de todos los hombres, as tambin por un acto de justicia result la justificacin de vida para todos los hombres.
Porque as como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, as tambin por la obediencia de uno los muchos sern constituidos justos.
Y la ley se introdujo para que abundara la transgresin, pero donde el pecado abund, sobreabund la gracia,
para que as como el pecado rein en la muerte, as tambin la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Seor.
Qu diremos, entonces? Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?
De ningn modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, cmo viviremos an en l?
O no sabis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jess, hemos sido bautizados en su muerte?
Por tanto, hemos sido sepultados con l por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucit de entre los muertos por la gloria del Padre, as tambin nosotros andemos en novedad de vida.
Porque si hemos sido unidos [a l] en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos tambin [en la semejanza] de su resurreccin,
sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con [l], para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado;
porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado.
Y si hemos muerto con Cristo, creemos que tambin viviremos con l,
sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volver a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre l.
Porque por cuanto l muri, muri al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto vive, vive para Dios.
As tambin vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jess.
Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que [no] obedezcis sus lujurias;
ni presentis los miembros de vuestro cuerpo al pecado [como] instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios [como] instrumentos de justicia.
Porque el pecado no tendr dominio sobre vosotros, pues no estis bajo la ley sino bajo la gracia.
Entonces qu? Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? De ningn modo!
No sabis que cuando os presentis a alguno [como] esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?
Pero gracias a Dios, que [aunque] erais esclavos del pecado, os hicisteis obedientes de corazn a aquella forma de doctrina a la que fuisteis entregados;
y habiendo sido libertados del pecado, os habis hecho siervos de la justicia.
Hablo en trminos humanos, por causa de la debilidad de vuestra carne. Porque de la manera que presentasteis vuestros miembros [como] esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad, as ahora presentad vuestros miembros [como] esclavos a la justicia, para santificacin.
Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia.
Qu fruto tenais entonces en aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzis? Porque el fin de esas cosas es muerte.
Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenis por vuestro fruto la santificacin, y como resultado la vida eterna.
Porque la paga del pecado es muerte, pero la ddiva de Dios es vida eterna en Cristo Jess Seor nuestro.
Acaso ignoris, hermanos (pues hablo a los que conocen la ley), que la ley tiene jurisdiccin sobre una persona mientras vive?
Pues la mujer casada est ligada por la ley a su marido mientras l vive; pero si su marido muere, queda libre de la ley en cuanto al marido.
As que, mientras vive su marido, ser llamada adltera si ella se une a otro hombre; pero si su marido muere, est libre de la ley, de modo que no es adltera aunque se una a otro hombre.
Por tanto, hermanos mos, tambin a vosotros se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que seis unidos a otro, a aquel que resucit de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.
Porque mientras estbamos en la carne, las pasiones pecaminosas [despertadas] por la ley, actuaban en los miembros de nuestro cuerpo a fin de llevar fruto para muerte.
Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba, de modo que sirvamos en la novedad del Espritu y no en el arcasmo de la letra.
Qu diremos entonces? Es pecado la ley? De ningn modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no [hubiera sido] por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: NO CODICIARS.
Pero el pecado, aprovechndose del mandamiento, produjo en m toda clase de codicia; porque aparte de la ley el pecado [est] muerto.
Y en un tiempo yo viva sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivi, y yo mor;
y este mandamiento, que era para vida, a m me result para muerte;
porque el pecado, aprovechndose del mandamiento, me enga, y por medio de l me mat.
As que la ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno.
Entonces lo que es bueno vino a ser [causa de] muerte para m? De ningn modo! Al contrario, fue el pecado, a fin de mostrarse que es pecado al producir mi muerte por medio de lo que es bueno, para que por medio del mandamiento el pecado llegue a ser en extremo pecaminoso.
Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado.
Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero [hacer,] sino que lo que aborrezco, eso hago.
Y si lo que no quiero [hacer,] eso hago, estoy de acuerdo con la ley, [reconociendo] que es buena.
As que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en m.
Porque yo s que en m, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer est presente en m, pero el hacer el bien, no.
Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico.
Y si lo que no quiero [hacer,] eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en m.
As que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal habita en m.
Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios,
pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que est en mis miembros.
Miserable de m! Quin me libertar de este cuerpo de muerte?
Gracias a Dios, por Jesucristo Seor nuestro. As que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado.
Por consiguiente, no hay ahora condenacin para los que estn en Cristo Jess, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espritu.
Porque la ley del Espritu de vida en Cristo Jess te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.
Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era dbil por causa de la carne, Dios [lo hizo]: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y [como ofrenda] por el pecado, conden al pecado en la carne,
para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espritu.
Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que [viven] conforme al Espritu, en las cosas del Espritu.
Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espritu es vida y paz;
ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede [hacerlo,]
y los que estn en la carne no pueden agradar a Dios.
Sin embargo, vosotros no estis en la carne sino en el Espritu, si en verdad el Espritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espritu de Cristo, el tal no es de l.
Y si Cristo est en vosotros, aunque el cuerpo est muerto a causa del pecado, sin embargo, el espritu est vivo a causa de la justicia.
Pero si el Espritu de aquel que resucit a Jess de entre los muertos habita en vosotros, el [mismo] que resucit a Cristo Jess de entre los muertos, tambin dar vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espritu que habita en vosotros.
As que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne,
porque si vivs conforme a la carne, habris de morir; pero si por el Espritu hacis morir las obras de la carne, viviris.
Porque todos los que son guiados por el Espritu de Dios, los tales son hijos de Dios.
Pues no habis recibido un espritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habis recibido un espritu de adopcin como hijos, por el cual clamamos: Abba, Padre!
El Espritu mismo da testimonio a nuestro espritu de que somos hijos de Dios,
y si hijos, tambin herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con [l] a fin de que tambin seamos glorificados con [l].
Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada.
Porque el anhelo profundo de la creacin es aguardar ansiosamente la revelacin de los hijos de Dios.
Porque la creacin fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la someti, en la esperanza
de que la creacin misma ser tambin liberada de la esclavitud de la corrupcin a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.
Pues sabemos que la creacin entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora.
Y no slo [ella], sino que tambin nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopcin como hijos, la redencin de nuestro cuerpo.
Porque en esperanza hemos sido salvos, pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues, por qu esperar lo que uno ve?
Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.
Y de la misma manera, tambin el Espritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiramos, pero el Espritu mismo intercede [por nosotros] con gemidos indecibles;
y aquel que escudria los corazones sabe cul es el sentir del Espritu, porque l intercede por los santos conforme a [la voluntad de] Dios.
Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, [esto es,] para los que son llamados conforme a [su] propsito.
Porque a los que de antemano conoci, tambin [los] predestin [a ser] hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos;
y a los que predestin, a sos tambin llam; y a los que llam, a sos tambin justific; y a los que justific, a sos tambin glorific.
Entonces, qu diremos a esto? Si Dios [est] por nosotros, quin [estar] contra nosotros?
El que no eximi ni a su propio Hijo, sino que lo entreg por todos nosotros, cmo no nos conceder tambin con l todas las cosas?
Quin acusar a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
Quin es el que condena? Cristo Jess es el que muri, s, ms an, el que resucit, el que adems est a la diestra de Dios, el que tambin intercede por nosotros.
Quin nos separar del amor de Cristo? Tribulacin, o angustia, o persecucin, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
Tal como est escrito: POR CAUSA TUYA SOMOS PUESTOS A MUERTE TODO EL DA; SOMOS CONSIDERADOS COMO OVEJAS PARA EL MATADERO.
Pero en todas estas cosas somos ms que vencedores por medio de aquel que nos am.
Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ngeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes,
ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podr separar del amor de Dios que es en Cristo Jess Seor nuestro.
Digo la verdad en Cristo, no miento, dndome testimonio mi conciencia en el Espritu Santo,
de que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazn.
Porque deseara yo mismo ser anatema, [separado] de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes segn la carne,
que son israelitas, a quienes pertenece la adopcin como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgacin de la ley, el culto y las promesas,
de quienes son los patriarcas, y de quienes, segn la carne, procede el Cristo, el cual est sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amn.
Pero no [es] que la palabra de Dios haya fallado. Porque no todos los [descendientes] de Israel son Israel;
ni son todos hijos por ser descendientes de Abraham, sino que POR ISAAC SER LLAMADA TU DESCENDENCIA.
Esto es, no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendientes.
Porque esta es una palabra de promesa: POR ESTE TIEMPO VOLVER, Y SARA TENDR UN HIJO.
Y no slo esto, sino que tambin Rebeca, cuando concibi [mellizos] de uno, nuestro padre Isaac
(porque an cuando [los mellizos] no haban nacido, y no haban hecho nada, ni bueno ni malo, para que el propsito de Dios conforme a [su] eleccin permaneciera, no por las obras, sino por aquel que llama),
se le dijo a ella: EL MAYOR SERVIR AL MENOR.
Tal como est escrito: A JACOB AM, PERO A ESA ABORREC.
Qu diremos entonces? Que hay injusticia en Dios? De ningn modo!
Porque l dice a Moiss: TENDR MISERICORDIA DEL QUE YO TENGA MISERICORDIA, Y TENDR COMPASIN DEL QUE YO TENGA COMPASIN.
As que no [depende] del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.
Porque la Escritura dice a Faran: PARA ESTO MISMO TE HE LEVANTADO, PARA DEMOSTRAR MI PODER EN TI, Y PARA QUE MI NOMBRE SEA PROCLAMADO POR TODA LA TIERRA.
As que del que quiere tiene misericordia, y al que quiere endurece.
Me dirs entonces: Por qu, pues, todava reprocha [Dios]? Porque quin resiste a su voluntad?
Al contrario, quin eres t, oh hombre, que le contestas a Dios? Dir acaso el objeto modelado al que lo modela: Por qu me hiciste as?
O no tiene el alfarero derecho sobre el barro de hacer de la misma masa un vaso para uso honroso y otro para uso deshonroso?
Y qu, si Dios, aunque dispuesto a demostrar su ira y hacer notorio su poder, soport con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destruccin?
[Lo hizo] para dar a conocer las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano l prepar para gloria,
[es decir,] nosotros, a quienes tambin llam, no slo de entre los judos, sino tambin de entre los gentiles.
Como tambin dice en Oseas: A LOS QUE NO ERAN MI PUEBLO, LLAMAR: "PUEBLO MO", Y A LA QUE NO ERA AMADA: "AMADA [ma]."
Y ACONTECER QUE EN EL LUGAR DONDE LES FUE DICHO: "VOSOTROS NO SOIS MI PUEBLO", ALL SERN LLAMADOS HIJOS DEL DIOS VIVIENTE.
Isaas tambin exclama en cuanto a Israel: AUNQUE EL NMERO DE LOS HIJOS DE ISRAEL SEA COMO LA ARENA DEL MAR, [slo] EL REMANENTE SER SALVO;
PORQUE EL SEOR EJECUTAR SU PALABRA SOBRE LA TIERRA CABALMENTE Y CON BREVEDAD.
Y como Isaas predijo: SI EL SEOR DE LOS EJRCITOS NO NOS HUBIERA DEJADO DESCENDENCIA, HUBIRAMOS LLEGADO A SER COMO SODOMA, Y HECHOS SEMEJANTES A GOMORRA.
Qu diremos entonces? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, alcanzaron justicia, es decir, la justicia que es por fe;
pero Israel, que iba tras una ley de justicia, no alcanz [esa] ley.
Por qu? Porque no [iban tras ella] por fe, sino como por obras. Tropezaron en la piedra de tropiezo,
tal como est escrito: HE AQU, PONGO EN SIN UNA PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCNDALO; Y EL QUE CREA EN L NO SER AVERGONZADO.
Hermanos, el deseo de mi corazn y mi oracin a Dios por ellos es para [su] salvacin.
Porque yo testifico a su favor de que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento.
Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.
Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree.
Porque Moiss escribe que el hombre que practica la justicia que es de la ley, vivir por ella.
Pero la justicia que es de la fe, dice as: NO DIGAS EN TU CORAZN: "QUIN SUBIR AL CIELO?" (esto es, para hacer bajar a Cristo),
o "QUIN DESCENDER AL ABISMO?" (esto es, para subir a Cristo de entre los muertos).
Mas, qu dice? CERCA DE TI EST LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU CORAZN, es decir, la palabra de fe que predicamos:
que si confiesas con tu boca a Jess [por] Seor, y crees en tu corazn que Dios le resucit de entre los muertos, sers salvo;
porque con el corazn se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvacin.
Pues la Escritura dice: TODO EL QUE CREE EN L NO SER AVERGONZADO.
Porque no hay distincin entre judo y griego, pues el mismo [Seor] es Seor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan;
porque: TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEOR SER SALVO.
Cmo, pues, invocarn a aquel en quien no han credo? Y cmo creern en aquel de quien no han odo? Y cmo oirn sin haber quien les predique?
Y cmo predicarn si no son enviados? Tal como est escrito: CUAN HERMOSOS SON LOS PIES DE LOS QUE ANUNCIAN EL EVANGELIO DEL BIEN!
Sin embargo, no todos hicieron caso al evangelio, porque Isaas dice: SEOR, QUIN HA CREDO A NUESTRO ANUNCIO?
As que la fe [viene] del or, y el or, por la palabra de Cristo.
Pero yo digo, acaso nunca han odo? Ciertamente que s: POR TODA LA TIERRA HA SALIDO SU VOZ, Y HASTA LOS CONFINES DEL MUNDO SUS PALABRAS.
Y aado: Acaso Israel no saba? En primer lugar, Moiss dice: YO OS PROVOCAR A CELOS CON UN [pueblo] QUE NO ES PUEBLO; CON UN PUEBLO SIN ENTENDIMIENTO OS PROVOCAR A IRA.
E Isaas es muy osado, y dice: FUI HALLADO POR LOS QUE NO ME BUSCABAN; ME MANIFEST A LOS QUE NO PREGUNTABAN POR M.
Pero en cuanto a Israel, dice: TODO EL DA HE EXTENDIDO MIS MANOS A UN PUEBLO DESOBEDIENTE Y REBELDE.
Digo entonces: Acaso ha desechado Dios a su pueblo? De ningn modo! Porque yo tambin soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamn.
Dios no ha desechado a su pueblo, al cual conoci con anterioridad. O no sabis lo que dice la Escritura en [el pasaje sobre] Elas, cmo suplica a Dios contra Israel:
Seor, HAN DADO MUERTE A TUS PROFETAS, HAN DERRIBADO TUS ALTARES; Y YO SOLO HE QUEDADO Y ATENTAN CONTRA MI VIDA?
Pero, qu le dice la respuesta divina?: Me HE RESERVADO SIETE MIL HOMBRES QUE NO HAN DOBLADO LA RODILLA A BAAL.
Y de la misma manera, tambin ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la eleccin de la gracia [de Dios.]
Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
Entonces qu? Aquello que Israel busca no lo ha alcanzado, pero los que fueron escogidos lo alcanzaron y los dems fueron endurecidos;
tal como est escrito: DIOS LES DIO UN ESPRITU DE ESTUPOR, OJOS CON QUE NO VEN Y ODOS CON QUE NO OYEN, HASTA EL DA DE HOY.
Y David dice: SU BANQUETE SE CONVIERTA EN LAZO Y EN TRAMPA, Y EN PIEDRA DE TROPIEZO Y EN RETRIBUCIN PARA ELLOS.
OSCURZCANSE SUS OJOS PARA QUE NO PUEDAN VER, Y DOBLA SUS ESPALDAS PARA SIEMPRE.
Digo entonces: Acaso tropezaron para caer? De ningn modo! Pero por su transgresin [ha venido] la salvacin a los gentiles, para causarles celos.
Y si su transgresin es riqueza para el mundo, y su fracaso es riqueza para los gentiles, cunto ms ser su plenitud!
Pero a vosotros hablo, gentiles. Entonces, puesto que yo soy apstol de los gentiles, honro mi ministerio,
si en alguna manera puedo causar celos a mis compatriotas y salvar a algunos de ellos.
Porque si el excluirlos a ellos es la reconciliacin del mundo, qu ser [su] admisin, sino vida de entre los muertos?
Y si el primer pedazo [de masa] es santo, tambin lo es [toda] la masa; y si la raz es santa, tambin lo son las ramas.
Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y t, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raz del olivo,
no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, [recuerda que] t no eres el que sustenta la raz, sino la raz [la que te sustenta] a ti.
Dirs entonces: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado.
Muy cierto; fueron desgajadas por su incredulidad, pero t por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme;
porque si Dios no perdon a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonar.
Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en [su] bondad; de lo contrario tambin t sers cortado.
Y tambin ellos, si no permanecen en [su] incredulidad, sern injertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo.
Porque si t fuiste cortado de lo que por naturaleza es un olivo silvestre, y contra lo que es natural fuiste injertado en un olivo cultivado, cunto ms stos, que son las [ramas] naturales, sern injertados en su propio olivo?
Porque no quiero, hermanos, que ignoris este misterio, para que no seis sabios en vuestra propia opinin: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;
y as, todo Israel ser salvo; tal como est escrito: EL LIBERTADOR VENDR DE SIN; APARTAR LA IMPIEDAD DE JACOB.
Y STE ES MI PACTO CON ELLOS, CUANDO YO QUITE SUS PECADOS.
En cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la eleccin [de Dios,] son amados por causa de los padres;
porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.
Pues as como vosotros en otro tiempo fuisteis desobedientes a Dios, pero ahora se os ha mostrado misericordia por razn de la desobediencia de ellos,
as tambin ahora stos han sido desobedientes, para que por la misericordia mostrada a vosotros, tambin a ellos ahora les sea mostrada misericordia.
Porque Dios ha encerrado a todos en desobediencia para mostrar misericordia a todos.
Oh, profundidad de las riquezas y de la sabidura y del conocimiento de Dios! Cun insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!
Pues, QUIN HA CONOCIDO LA MENTE DEL SEOR?, O QUIN LLEG A SER SU CONSEJERO?,
O QUIN LE HA DADO A L PRIMERO PARA QUE SE LE TENGA QUE RECOMPENSAR?
Porque de l, por l y para l son todas las cosas. A l [sea] la gloria para siempre. Amn.
Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentis vuestros cuerpos [como] sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, [que es] vuestro culto racional.
Y no os adaptis a este mundo, sino transformaos mediante la renovacin de vuestra mente, para que verifiquis cul es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.
Porque en virtud de la gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de vosotros que no piense ms alto de s que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, segn la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno.
Pues as como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma funcin,
as nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros.
Pero teniendo dones que difieren, segn la gracia que nos ha sido dada, [usmoslos:] si el de profeca, [sese] en proporcin a la fe;
si el de servicio, en servir; o el que ensea, en la enseanza;
el que exhorta, en la exhortacin; el que da, con liberalidad; el que dirige, con diligencia; el que muestra misericordia, con alegra.
El amor [sea] sin hipocresa; aborreciendo lo malo, aplicndoos a lo bueno.
[Sed] afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, daos preferencia unos a otros;
no seis perezosos en [lo que requiere] diligencia; fervientes en espritu, sirviendo al Seor,
gozndo[os] en la esperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicados a la oracin,
contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad.
Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigis.
Gozaos con los que se gozan y llorad con los que lloran.
Tened el mismo sentir unos con otros; no seis altivos en vuestro pensar, sino condescendiendo con los humildes. No seis sabios en vuestra propia opinin.
Nunca paguis a nadie mal por mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres.
Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres.
Amados, nunca os venguis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira [de Dios,] porque escrito est: MA ES LA VENGANZA, YO PAGAR, dice el Seor.
PERO SI TU ENEMIGO TIENE HAMBRE, DALE DE COMER; Y SI TIENE SED, DALE DE BEBER, PORQUE HACIENDO ESTO, CARBONES ENCENDIDOS AMONTONARS SOBRE SU CABEZA.
No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal.
Somtase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas.
Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre s recibirn condenacin.
Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrs elogios de ella,
pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo.
Por tanto, es necesario someterse, no slo por razn del castigo, sino tambin por causa de la conciencia.
Pues por esto tambin pagis impuestos, porque [los gobernantes] son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto.
Pagad a todos lo que debis; al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor.
No debis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a su prjimo, ha cumplido la ley.
Porque esto: NO COMETERS ADULTERIO, NO MATARS, NO HURTARS, NO CODICIARS, y cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume: AMARS A TU PRJIMO COMO A TI MISMO.
El amor no hace mal al prjimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.
Y [haced todo] esto, conociendo el tiempo, que ya es hora de despertaros del sueo; porque ahora la salvacin est ms cerca de nosotros que cuando cremos.
La noche est muy avanzada, y el da est cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistmonos con las armas de la luz.
Andemos decentemente, como de da, no en orgas y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias;
antes bien, vestos del Seor Jesucristo, y no pensis en proveer para las lujurias de la carne.
Aceptad al que es dbil en la fe, [pero] no para juzgar [sus] opiniones.
Uno tiene fe en que puede comer de todo, pero el que es dbil [slo] come legumbres.
El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado.
Quin eres t para juzgar al criado de otro? Para su propio amo est en pie o cae, y en pie se mantendr, porque poderoso es el Seor para sostenerlo en pie.
Uno juzga que un da es superior a otro, otro juzga [iguales] todos los das. Cada cual est plenamente convencido segn su propio sentir.
El que guarda cierto da, para el Seor lo guarda; y el que come, para el Seor come, pues da gracias a Dios; y el que no come, para el Seor se abstiene, y da gracias a Dios.
Porque ninguno de nosotros vive para s mismo, y ninguno muere para s mismo;
pues si vivimos, para el Seor vivimos, y si morimos, para el Seor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Seor somos.
Porque para esto Cristo muri y resucit, para ser Seor tanto de los muertos como de los vivos.
Pero t, por qu juzgas a tu hermano? O tambin, t, por qu menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios.
Porque est escrito: VIVO YO -- DICE EL SEOR -- QUE ANTE M SE DOBLAR TODA RODILLA, Y TODA LENGUA ALABAR A DIOS.
De modo que cada uno de nosotros dar a Dios cuenta de s mismo.
Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino ms bien decidid esto: no poner obstculo o piedra de tropiezo al hermano.
Yo s, y estoy convencido en el Seor Jess, de que nada es inmundo en s mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para l lo es.
Porque si por causa de la comida tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo muri.
Por tanto, no permitis que se hable mal de lo que para vosotros es bueno.
Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espritu Santo.
Porque el que de esta [manera] sirve a Cristo, es aceptable a Dios y aprobado por los hombres.
As que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificacin mutua.
No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. En realidad, todas las cosas son limpias, pero son malas para el hombre que escandaliza [a otro] al comer.
Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni [hacer nada] en que tu hermano tropiece.
La fe que t tienes, ten[la] conforme a tu propia conviccin delante de Dios. Dichoso el que no se condena a s mismo en lo que aprueba.
Pero el que duda, si come se condena, porque no [lo hace] por fe; y todo lo que no procede de fe, es pecado.
As que, nosotros los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los dbiles y no agradarnos a nosotros mismos.
Cada uno de nosotros agrade a su prjimo en lo que es bueno para [su] edificacin.
Pues ni aun Cristo se agrad a s mismo; antes bien, como est escrito: LOS VITUPERIOS DE LOS QUE TE INJURIABAN CAYERON SOBRE M.
Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseanza se escribi, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.
Y que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener el mismo sentir los unos para con los otros conforme a Cristo Jess,
para que unnimes, a una voz, glorifiquis al Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo.
Por tanto, aceptaos los unos a los otros, como tambin Cristo nos acept para gloria de Dios.
Pues [os] digo que Cristo se hizo servidor de la circuncisin para demostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas [dadas] a los padres,
y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia; como est escrito: POR TANTO, TE CONFESAR ENTRE LOS GENTILES, Y A TU NOMBRE CANTAR.
Y vuelve a decir: REGOCIJAOS, GENTILES, CON SU PUEBLO.
Y de nuevo: ALABAD AL SEOR TODOS LOS GENTILES, Y ALBENLE TODOS LOS PUEBLOS.
Y a su vez, Isaas dice: RETOAR LA RAZ DE ISA, Y EL QUE SE LEVANTA A REGIR A LOS GENTILES; LOS GENTILES PONDRN EN L SU ESPERANZA.
Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundis en esperanza por el poder del Espritu Santo.
En cuanto a vosotros, hermanos mos, yo mismo estoy tambin convencido de que vosotros estis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento y capaces tambin de amonestaros los unos a los otros.
Pero os he escrito con atrevimiento sobre algunas cosas, para as haceros recordar otra vez, por la gracia que me fue dada por Dios
para ser ministro de Cristo Jess a los gentiles, ministrando a manera de sacerdote el evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda [que hago] de los gentiles sea aceptable, santificada por el Espritu Santo.
Por tanto, en Cristo Jess he hallado razn para gloriarme en las cosas que se refieren a Dios.
Porque no me atrever a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de m para la obediencia de los gentiles, en palabra y en obra,
con el poder de seales y prodigios, en el poder del Espritu; de manera que desde Jerusaln y por los alrededores hasta el Ilrico he predicado en toda su plenitud el evangelio de Cristo.
De esta manera trat, y [de ello] me honro, de anunciar el evangelio, no donde Cristo era [ya] conocido, para no edificar sobre el fundamento de otro;
sino como est escrito: AQULLOS A QUIENES NUNCA LES FUE ANUNCIADO ACERCA DE L, VERN, Y LOS QUE NO HAN ODO, ENTENDERN.
Por esta razn muchas veces me he visto impedido de ir a vosotros,
pero ahora, no quedando ya ms lugares para m en estas regiones, y puesto que por muchos aos he tenido un gran deseo de ir a vosotros,
cuando vaya a Espaa [ir a vosotros.] Porque espero veros al pasar y que me ayudis a continuar hacia all, despus de que haya disfrutado un poco de vuestra compaa.
Pero ahora voy a Jerusaln para el servicio de los santos,
pues Macedonia y Acaya han tenido a bien hacer una colecta para los pobres de entre los santos [que estn] en Jerusaln.
S, tuvieron a bien [hacerlo] y [a la verdad que] estn en deuda con ellos. Porque si los gentiles han participado de sus bienes espirituales, tambin estn obligados a servir [a los santos] en los bienes materiales.
As que cuando haya cumplido esto y les haya entregado esta ofrenda, ir a Espaa [llegando] de paso a [ver]os.
Y s que cuando vaya a vosotros, ir en la plenitud de la bendicin de Cristo.
Os ruego, hermanos, por nuestro Seor Jesucristo y por el amor del Espritu, que os esforcis juntamente conmigo en vuestras oraciones a Dios por m,
para que sea librado de los que son desobedientes en Judea, y [que] mi servicio a Jerusaln sea aceptable a los santos,
y para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y encuentre [confortante] reposo con vosotros.
El Dios de paz sea con todos vosotros. Amn.
Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea;
que la recibis en el Seor de una manera digna de los santos, y que la ayudis en cualquier asunto en que ella necesite de vosotros, porque ella tambin ha ayudado a muchos y [aun] a m mismo.
Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jess,
los cuales expusieron su vida por m, a quienes no slo yo doy gracias, sino tambin todas las iglesias de los gentiles.
[Saludad] tambin a la iglesia que est en su casa. Saludad a mi querido [hermano] Epeneto, que es el primer convertido a Cristo en Asia.
Saludad a Mara, que ha trabajado mucho por vosotros.
Saludad a Andrnico y a Junias, mis parientes y compaeros de prisin, que se destacan entre los apstoles [y] quienes tambin vinieron a Cristo antes que yo.
Saludad a Amplias, mi querido [hermano] en el Seor.
Saludad a Urbano, nuestro colaborador en Cristo, y a mi querido [hermano] Estaquis.
Saludad a Apeles, el aprobado en Cristo. Saludad a los de la [casa] de Aristbulo.
Saludad a Herodin, mi pariente. Saludad a los de la [casa] de Narciso, que son del Seor.
Saludad a Trifena y a Trifosa, obreras del Seor. Saludad a la querida [hermana] Prsida, que ha trabajado mucho en el Seor.
Saludad a Rufo, escogido en el Seor, tambin a su madre y ma.
Saludad a Asncrito, a Flegonte, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos con ellos.
Saludad a Fillogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas y a todos los santos que estn con ellos.
Saludaos los unos a los otros con un beso santo. Todas las iglesias de Cristo os saludan.
Y os ruego, hermanos, que vigilis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartis de ellos.
Porque los tales son esclavos, no de Cristo nuestro Seor, sino de sus propios apetitos, y por medio de palabras suaves y lisonjeras engaan los corazones de los ingenuos.
Porque la [noticia] de vuestra obediencia se ha extendido a todos; por tanto, me regocijo por vosotros, pero quiero que seis sabios para lo bueno e inocentes para lo malo.
Y el Dios de paz aplastar pronto a Satans debajo de vuestros pies. La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con vosotros.
Timoteo, mi colaborador, os saluda, y [tambin] Lucio, Jasn y Sospater, mis parientes.
Yo, Tercio, que escribo esta carta, os saludo en el Seor.
Gayo, hospedador mo y de toda la iglesia, os saluda. Erasto, el tesorero de la ciudad, os saluda, y el hermano Cuarto.
La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con todos vosotros. Amn.
Y a aquel que es poderoso para afirmaros conforme a mi evangelio y a la predicacin de Jesucristo, segn la revelacin del misterio que ha sido mantenido en secreto durante siglos sin fin,
pero que ahora ha sido manifestado, y por las Escrituras de los profetas, conforme al mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las naciones para [guiarlas a] la obediencia de la fe,
al nico [y] sabio Dios, por medio de Jesucristo, sea la gloria para siempre. Amn.
Pablo, llamado [a ser] apstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Sstenes, nuestro hermano,
a la iglesia de Dios que est en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jess, llamados [a ser] santos, con todos los que en cualquier parte invocan el nombre de nuestro Seor Jesucristo, [Seor] de ellos y nuestro:
Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.
Siempre doy gracias a mi Dios por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jess,
porque en todo fuisteis enriquecidos en l, en toda palabra y en todo conocimiento,
as como el testimonio acerca de Cristo fue confirmado en vosotros;
de manera que nada os falta en ningn don, esperando ansiosamente la revelacin de nuestro Seor Jesucristo;
el cual tambin os confirmar hasta el fin, [para que seis] irreprensibles en el da de nuestro Seor Jesucristo.
Fiel es Dios, por medio de quien fuisteis llamados a la comunin con su Hijo Jesucristo, Seor nuestro.
Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Seor Jesucristo, que todos os pongis de acuerdo, y que no haya divisiones entre vosotros, sino que estis enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer.
Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos mos, por [los] de Clo, que hay contiendas entre vosotros.
Me refiero a que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo, yo de Apolos, yo de Cefas, yo de Cristo.
Est dividido Cristo? Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?
Doy gracias a Dios que no bautic a ninguno de vosotros, excepto a Crispo y a Gayo,
para que nadie diga que fuisteis bautizados en mi nombre.
Tambin bautic a los de la casa de Estfanas; por lo dems, no s si bautic a algn otro.
Pues Cristo no me envi a bautizar, sino a predicar el evangelio, no con palabras elocuentes, para que no se haga vana la cruz de Cristo.
Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios.
Porque est escrito: DESTRUIR LA SABIDURA DE LOS SABIOS, Y EL ENTENDIMIENTO DE LOS INTELIGENTES DESECHAR.
Dnde est el sabio? Dnde el escriba? Dnde el polemista de este siglo? No ha hecho Dios que la sabidura de este mundo sea necedad?
Porque ya que en la sabidura de Dios el mundo no conoci a Dios por medio de [su propia] sabidura, agrad a Dios, mediante la necedad de la predicacin, salvar a los que creen.
Porque en verdad los judos piden seales y los griegos buscan sabidura;
pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judos, y necedad para los gentiles;
mas para los llamados, tanto judos como griegos, Cristo [es] poder de Dios y sabidura de Dios.
Porque la necedad de Dios es ms sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es ms fuerte que los hombres.
Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;
sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo dbil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte;
y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es;
para que nadie se jacte delante de Dios.
Mas por obra suya estis vosotros en Cristo Jess, el cual se hizo para nosotros sabidura de Dios, y justificacin, y santificacin, y redencin,
para que, tal como est escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORE EN EL SEOR.
Cuando fui a vosotros, hermanos, proclamndoos el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabra o de sabidura,
pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y ste crucificado.
Y estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y mucho temblor.
Y ni mi mensaje ni mi predicacin fueron con palabras persuasivas de sabidura, sino con demostracin del Espritu y de poder,
para que vuestra fe no descanse en la sabidura de los hombres, sino en el poder de Dios.
Sin embargo, hablamos sabidura entre los que han alcanzado madurez; pero una sabidura no de este siglo, ni de los gobernantes de este siglo, que van desapareciendo,
sino que hablamos sabidura de Dios en misterio, la [sabidura] oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestin para nuestra gloria;
[la sabidura] que ninguno de los gobernantes de este siglo ha entendido, porque si la hubieran entendido no habran crucificado al Seor de gloria;
sino como est escrito: COSAS QUE OJO NO VIO, NI ODO OY, NI HAN ENTRADO AL CORAZN DEL HOMBRE, [son] LAS COSAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN.
Pero Dios nos [las] revel por medio del Espritu, porque el Espritu todo lo escudria, aun las profundidades de Dios.
Porque entre los hombres, quin conoce los [pensamientos] de un hombre, sino el espritu del hombre que est en l? Asimismo, nadie conoce los [pensamientos] de Dios, sino el Espritu de Dios.
Y nosotros hemos recibido, no el espritu del mundo, sino el Espritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente,
de lo cual tambin hablamos, no con palabras enseadas por sabidura humana, sino con las enseadas por el Espritu, combinando [pensamientos] espirituales con [palabras] espirituales.
Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espritu de Dios, porque para l son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente.
En cambio, el que es espiritual juzga todas las cosas; pero l no es juzgado por nadie.
Porque QUIN HA CONOCIDO LA MENTE DEL SEOR, PARA QUE LE INSTRUYA? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.
As que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a nios en Cristo.
Os di a beber leche, no alimento slido, porque todava no podais [recibirlo]. En verdad, ni aun ahora podis,
porque todava sois carnales. Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, no sois carnales y andis como hombres?
Porque cuando uno dice: Yo soy de Pablo, y otro: Yo soy de Apolos, no sois [simplemente] hombres?
Qu es, pues, Apolos? Y qu es Pablo? Servidores mediante los cuales vosotros habis credo, segn el Seor dio [oportunidad] a cada uno.
Yo plant, Apolos reg, pero Dios ha dado el crecimiento.
As que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios que da el crecimiento.
Ahora bien, el que planta y el que riega son una misma cosa, pero cada uno recibir su propia recompensa conforme a su propia labor.
Porque nosotros somos colaboradores de Dios, [y] vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.
Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como sabio arquitecto, puse el fundamento, y otro edifica sobre l. Pero cada uno tenga cuidado cmo edifica encima.
Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya est puesto, el cual es Jesucristo.
Ahora bien, si sobre el fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja,
la obra de cada uno se har evidente; porque el da la dar a conocer, pues con fuego [ser] revelada; el fuego mismo probar la calidad de la obra de cada uno.
Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre [el fundamento,] recibir recompensa.
Si la obra de alguno es consumida [por el fuego,] sufrir prdida; sin embargo, l ser salvo, aunque as como por fuego.
No sabis que sois templo de Dios y que el Espritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruir a l, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que vosotros sois.
Nadie se engae a s mismo. Si alguno de vosotros se cree sabio segn este mundo, hgase necio a fin de llegar a ser sabio.
Porque la sabidura de este mundo es necedad ante Dios. Pues escrito est: [l es] EL QUE PRENDE A LOS SABIOS EN SU [propia] ASTUCIA.
Y tambin: EL SEOR CONOCE LOS RAZONAMIENTOS de los sabios, LOS CUALES SON INTILES.
As que nadie se jacte en los hombres, porque todo es vuestro:
ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es vuestro,
y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
Que [todo] hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
Ahora bien, adems se requiere de los administradores que [cada] uno sea hallado fiel.
En cuanto a m, es de poca importancia que yo sea juzgado por vosotros, o por [cualquier] tribunal humano; de hecho, ni aun yo me juzgo a m mismo.
Porque no estoy consciente de nada en contra ma; mas no por eso estoy sin culpa, pues el que me juzga es el Seor.
Por tanto, no juzguis antes de tiempo, [sino esperad] hasta que el Seor venga, el cual sacar a la luz las cosas ocultas en las tinieblas y tambin pondr de manifiesto los designios de los corazones; y entonces cada uno recibir su alabanza de parte de Dios.
Esto, hermanos, lo he aplicado en sentido figurado a m mismo y a Apolos por amor a vosotros, para que en nosotros aprendis a no sobrepasar lo que est escrito, para que ninguno de vosotros se vuelva arrogante a favor del uno contra el otro.
Porque quin te distingue? Qu tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, por qu te jactas como si no lo hubieras recibido?
Ya estis saciados, ya os habis hecho ricos, [ya] habis llegado a reinar sin [necesidad de] nosotros; y ojal hubierais llegado a reinar, para que nosotros reinsemos tambin con vosotros.
Porque pienso que Dios nos ha exhibido a nosotros los apstoles en ltimo lugar, como a sentenciados a muerte; porque hemos llegado a ser un espectculo para el mundo, los ngeles y los hombres.
Nosotros somos necios por amor de Cristo, mas vosotros, prudentes en Cristo; nosotros somos dbiles, mas vosotros, fuertes; vosotros sois distinguidos, mas nosotros, sin honra.
Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, andamos mal vestidos, somos maltratados y no tenemos dnde vivir;
nos agotamos trabajando con nuestras propias manos; cuando nos ultrajan, bendecimos; cuando somos perseguidos, lo soportamos;
cuando nos difaman, tratamos de reconciliar; hemos llegado a ser, hasta ahora, la escoria del mundo, el desecho de todo.
No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos mos amados.
Porque aunque tengis innumerables maestros en Cristo, sin embargo no [tenis] muchos padres; pues en Cristo Jess yo os engendr por medio del evangelio.
Por tanto, os exhorto: sed imitadores mos.
Por esta razn os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Seor, y l os recordar mis caminos, los [caminos] en Cristo, tal como enseo en todas partes, en cada iglesia.
Y algunos se han vuelto arrogantes, como si yo no hubiera de ir a vosotros.
Pero ir a vosotros pronto, si el Seor quiere, y conocer, no las palabras de los arrogantes sino su poder.
Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.
Qu queris? Ir a vosotros con vara, o con amor y espritu de mansedumbre?
En efecto, se oye que entre vosotros hay inmoralidad, y una inmoralidad tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguno tiene la mujer de su padre.
Y os habis vuelto arrogantes en lugar de haberos entristecido, para que el que de entre vosotros ha cometido esta accin fuera expulsado de en medio de vosotros.
Pues yo, por mi parte, aunque ausente en cuerpo pero presente en espritu, como si estuviera presente, ya he juzgado al que cometi tal [accin.]
En el nombre de nuestro Seor Jess, cuando vosotros estis reunidos, y yo con vosotros en espritu, con el poder de nuestro Seor Jess,
entregad a ese tal a Satans para la destruccin de su carne, a fin de que su espritu sea salvo en el da del Seor Jess.
Vuestra jactancia no es buena. No sabis que un poco de levadura fermenta toda [la masa]?
Limpiad la levadura vieja para que seis masa nueva, as como [lo] sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado.
Por tanto, celebremos la fiesta no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura de sinceridad y de verdad.
En mi carta os escrib que no anduvierais en compaa de personas inmorales;
no [me refera a] la gente inmoral de este mundo, o a los avaros y estafadores, o a los idlatras, porque entonces tendrais que salir del mundo.
Sino que en efecto os escrib que no anduvierais en compaa de ninguno que, llamndose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idlatra, o difamador, o borracho, o estafador; con se, ni siquiera comis.
Pues por qu he de juzgar yo a los de afuera? No juzgis vosotros a los que estn dentro [de la iglesia]?
Pero Dios juzga a los que estn fuera. EXPULSAD DE ENTRE VOSOTROS AL MALVADO.
Se atreve alguno de vosotros, cuando tiene algo contra su prjimo, a ir a juicio ante los incrdulos y no ante los santos?
O no sabis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo es juzgado por vosotros, no sois competentes para [juzgar] los casos ms triviales?
No sabis que hemos de juzgar a los ngeles? Cunto ms asuntos de esta vida!
Entonces, si tenis tribunales que juzgan los casos de esta vida, [por qu] ponis por jueces a los que nada son en la iglesia?
Para vergenza vuestra [lo] digo. [Acaso] no hay entre vosotros algn hombre sabio que pueda juzgar entre sus hermanos,
sino que hermano contra hermano litiga, y esto ante incrdulos?
As que, en efecto, es ya un fallo entre vosotros el hecho de que tengis litigios entre vosotros. Por qu no sufrs mejor la injusticia? Por qu no ser mejor defraudados?
Por el contrario, vosotros mismos cometis injusticias y defraudis, y esto a los hermanos.
O no sabis que los injustos no heredarn el reino de Dios? No os dejis engaar: ni los inmorales, ni los idlatras, ni los adlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,
ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarn el reino de Dios.
Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Seor Jesucristo y en el Espritu de nuestro Dios.
Todas las cosas me son lcitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son lcitas, pero yo no me dejar dominar por ninguna.
Los alimentos son para el estmago y el estmago para los alimentos, pero Dios destruir a los dos. Sin embargo, el cuerpo no es para la fornicacin, sino para el Seor, y el Seor es para el cuerpo.
Y Dios, que resucit al Seor, tambin nos resucitar a nosotros mediante su poder.
No sabis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Tomar, acaso, los miembros de Cristo y los har miembros de una ramera? De ningn modo!
O no sabis que el que se une a una ramera es un cuerpo [con ella?] Porque l dice: LOS DOS VENDRN A SER UNA SOLA CARNE.
Pero el que se une al Seor, es un espritu [con l].
Huid de la fornicacin. Todos [los dems] pecados que un hombre comete estn fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo.
O no sabis que vuestro cuerpo es templo del Espritu Santo, que est en vosotros, el cual tenis de Dios, y que no sois vuestros?
Pues por precio habis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espritu, los cuales son de Dios.
En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno es para el hombre no tocar mujer.
No obstante, por razn de las inmoralidades, que cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.
Que el marido cumpla su deber para con su mujer, e igualmente la mujer [lo cumpla] con el marido.
La mujer no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino el marido. Y asimismo el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.
No os privis el uno del otro, excepto de comn acuerdo [y] por cierto tiempo, para dedicaros a la oracin; volved despus a juntaros a fin de que Satans no os tiente por causa de vuestra falta de dominio propio.
Mas esto digo por va de concesin, no como una orden.
Sin embargo, yo deseara que todos los hombres fueran como yo. No obstante, cada cual ha recibido de Dios su propio don, uno de esta manera y otro de aqulla.
A los solteros y a las viudas digo que es bueno para ellos si se quedan como yo.
Pero si carecen de dominio propio, csense; que mejor es casarse que quemarse.
A los casados instruyo, no yo, sino el Seor: que la mujer no debe dejar al marido
(pero si lo deja, qudese sin casar, o [de lo contrario] que se reconcilie con su marido), y que el marido no abandone a su mujer.
Pero a los dems digo yo, no el Seor, que si un hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con l, no la abandone.
Y la mujer cuyo marido no es creyente, y l consiente en vivir con ella, no abandone a su marido.
Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer; y la mujer que no es creyente es santificada por medio de su marido creyente; de otra manera vuestros hijos seran inmundos, mas ahora son santos.
Sin embargo, si el que no es creyente se separa, que se separe; en tales [casos] el hermano o la hermana no estn obligados, sino que Dios nos ha llamado [para vivir] en paz.
Pues cmo sabes t, mujer, si salvars a tu marido? O cmo sabes t, marido, si salvars a tu mujer?
Fuera de esto, segn el Seor ha asignado a cada uno, segn Dios llam a cada cual, as ande. Y esto ordeno en todas las iglesias.
Fue llamado alguno [ya] circuncidado? Qudese circuncidado. Fue llamado alguno estando incircuncidado? No se circuncide.
La circuncisin nada es, y nada es la incircuncisin, sino el guardar los mandamientos de Dios.
Cada uno permanezca en la condicin en que fue llamado.
Fuiste llamado siendo esclavo? No te preocupes; aunque si puedes obtener tu libertad, prefirelo.
Porque el que fue llamado por el Seor siendo esclavo, liberto es del Seor; de la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo.
Comprados fuisteis por precio; no os hagis esclavos de los hombres.
Hermanos, cada uno permanezca con Dios en la condicin en que fue llamado.
En cuanto a las doncellas no tengo mandamiento del Seor, pero doy mi opinin como el que habiendo recibido la misericordia del Seor es digno de confianza.
Creo, pues, que esto es bueno en vista de la presente afliccin; [es decir,] que es bueno que el hombre se quede como est.
Ests unido a mujer? No procures separarte. Ests libre de mujer? No busques mujer.
Pero si te casas, no has pecado; y si una doncella se casa, no ha pecado. Sin embargo, ellos tendrn problemas en esta vida, y yo os [los] quiero evitar.
Mas esto digo, hermanos: el tiempo ha sido acortado; de modo que de ahora en adelante los que tienen mujer sean como si no la tuvieran;
y los que lloran, como si no lloraran; y los que se regocijan, como si no se regocijaran; y los que compran, como si no tuvieran nada;
y los que aprovechan el mundo, como si no [lo] aprovecharan plenamente; porque la apariencia de este mundo es pasajera.
Mas quiero que estis libres de preocupacin. El soltero se preocupa por las cosas del Seor, cmo puede agradar al Seor;
pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cmo agradar a su mujer,
y [sus intereses] estn divididos. Y la mujer que no est casada y la doncella se preocupan por las cosas del Seor, para ser santas tanto en cuerpo como en espritu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cmo agradar a su marido.
Y esto digo para vuestro propio beneficio; no para poneros restriccin, sino para [promover] lo que es honesto y para [asegurar vuestra] constante devocin al Seor.
Pero si alguno cree que no est obrando correctamente con respecto a su [hija] virgen, si ella es de edad madura, y si es necesario que as se haga, que haga lo que quiera, no peca; que se case.
Pero el que est firme en su corazn, y sin presin alguna, y tiene control sobre su propia voluntad, y ha decidido en su corazn conservar soltera a su [hija,] bien har.
As los dos, el que da en matrimonio a su [hija] virgen, hace bien; y el que no la da en matrimonio, hace mejor.
La mujer est ligada mientras el marido vive; pero si el marido muere, est en libertad de casarse con quien desee, slo que en el Seor.
Pero en mi opinin, ser ms feliz si se queda como est; y creo que yo tambin tengo el Espritu de Dios.
En cuanto a lo sacrificado a los dolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica.
Si alguno cree que sabe algo, no ha aprendido todava como debe saber;
pero si alguno ama a Dios, se es conocido por l.
Por tanto, en cuanto al comer de lo sacrificado a los dolos, sabemos que un dolo no es nada en el mundo, y que no hay sino un solo Dios.
Porque aunque haya [algunos] llamados dioses, ya sea en el cielo o en la tierra, como por cierto hay muchos dioses y muchos seores,
sin embargo, para nosotros [hay] un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para l; y un Seor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual [existimos] nosotros.
Sin embargo, no todos tienen este conocimiento; sino que algunos, estando acostumbrados al dolo hasta ahora, comen [alimento] como si ste fuera sacrificado a un dolo; y su conciencia, siendo dbil, se mancha.
Pero la comida no nos recomendar a Dios, [pues] ni somos menos si no comemos, ni [somos] ms si comemos.
Mas tened cuidado, no sea que esta vuestra libertad de alguna manera se convierta en piedra de tropiezo para el dbil.
Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado [a la mesa] en un templo de dolos, no ser estimulada su conciencia, si l es dbil, a comer lo sacrificado a los dolos?
Y por tu conocimiento se perder el que es dbil, el hermano por quien Cristo muri.
Y as, al pecar contra los hermanos y herir su conciencia cuando [sta] es dbil, pecis contra Cristo.
Por consiguiente, si la comida hace que mi hermano tropiece, no comer carne jams, para no hacer tropezar a mi hermano.
No soy libre? No soy apstol? No he visto a Jess nuestro Seor? No sois vosotros mi obra en el Seor?
Si para otros no soy apstol, por lo menos para vosotros s lo soy; pues vosotros sois el sello de mi apostolado en el Seor.
Mi defensa contra los que me examinan es sta:
Acaso no tenemos derecho a comer y beber?
Acaso no tenemos derecho a llevar con nosotros una esposa creyente, as como los dems apstoles y los hermanos del Seor y Cefas?
O acaso slo Bernab y yo no tenemos el derecho a no trabajar?
Quin ha servido alguna vez como soldado a sus propias expensas? Quin planta una via y no come de su fruto? O quin cuida un rebao y no bebe de la leche del rebao?
Acaso digo esto segn el juicio humano? No dice tambin la ley esto mismo?
Pues en la ley de Moiss est escrito: NO PONDRS BOZAL AL BUEY CUANDO TRILLA. Acaso le preocupan a Dios los bueyes?
O lo dice especialmente por nosotros? S, se escribi por nosotros, porque el que ara debe arar con esperanza, y el que trilla [debe trillar] con la esperanza de recibir [de la cosecha].
Si en vosotros sembramos lo espiritual, ser demasiado que de vosotros cosechemos lo material?
Si otros tienen este derecho sobre vosotros, no lo [tenemos] an ms nosotros? Sin embargo, no hemos usado este derecho, sino que sufrimos todo para no causar estorbo al evangelio de Cristo.
No sabis que los que desempean los servicios sagrados comen la [comida] del templo, [y] los que regularmente sirven al altar, del altar reciben su parte?
As tambin orden el Seor que los que proclaman el evangelio, vivan del evangelio.
Mas yo de nada de esto me he aprovechado. Y no escribo esto para que as se haga conmigo; porque mejor me fuera morir, que permitir que alguno me prive de esta gloria.
Porque si predico el evangelio, no tengo nada de qu gloriarme, pues estoy bajo el deber [de hacerlo;] pues ay de m si no predico el evangelio!
Porque si hago esto voluntariamente, tengo recompensa; pero si [lo hago] en contra de mi voluntad, un encargo se me ha confiado.
Cul es, entonces, mi recompensa? Que al predicar el evangelio, pueda ofrecerlo gratuitamente sin hacer pleno uso de mi derecho en el evangelio.
Porque aunque soy libre de todos, de todos me he hecho esclavo para ganar a mayor nmero.
A los judos me hice como judo, para ganar a los judos; a los que estn bajo [la] ley, como bajo [la] ley (aunque yo no estoy bajo [la] ley) para ganar a los que estn bajo [la] ley;
a los que estn sin ley, como sin ley (aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo) para ganar a los que estn sin ley.
A los dbiles me hice dbil, para ganar a los dbiles; a todos me he hecho todo, para que por todos los medios salve a algunos.
Y todo lo hago por amor del evangelio, para ser partcipe de l.
No sabis que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero [slo] uno obtiene el premio? Corred de tal modo que ganis.
Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos [lo hacen] para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.
Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire,
sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado.
Porque no quiero que ignoris, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron por el mar;
y en Moiss todos fueron bautizados en la nube y en el mar;
y todos comieron el mismo alimento espiritual;
y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque beban de una roca espiritual que los segua; y la roca era Cristo.
Sin embargo, Dios no se agrad de la mayor parte de ellos, pues quedaron tendidos en el desierto.
Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, a fin de que no codiciemos lo malo, como ellos [lo] codiciaron.
No seis, [pues,] idlatras, como [fueron] algunos de ellos, segn est escrito: EL PUEBLO SE SENT A COMER Y A BEBER, Y SE LEVANT A JUGAR.
Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y en un da cayeron veintitrs mil.
Ni provoquemos al Seor, como algunos de ellos le provocaron, y fueron destruidos por las serpientes.
Ni murmuris, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destructor.
Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos.
Por tanto, el que cree que est firme, tenga cuidado, no sea que caiga.
No os ha sobrevenido ninguna tentacin que no sea comn a los hombres; y fiel es Dios, que no permitir que vosotros seis tentados ms all de lo que podis [soportar,] sino que con la tentacin proveer tambin la va de escape, a fin de que podis resistir[la.]
Por tanto, amados mos, huid de la idolatra.
[Os] hablo como a sabios; juzgad vosotros lo que digo.
La copa de bendicin que bendecimos, no es la participacin en la sangre de Cristo? El pan que partimos, no es la participacin en el cuerpo de Cristo?
Puesto que el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.
Considerad al pueblo de Israel: los que comen los sacrificios, no participan del altar?
Qu quiero decir, entonces? Que lo sacrificado a los dolos es algo, o que un dolo es algo?
[No,] sino que [digo que] lo que los gentiles sacrifican, lo sacrifican a los demonios y no a Dios; no quiero que seis partcipes con los demonios.
No podis beber la copa del Seor y la copa de los demonios; no podis participar de la mesa del Seor y de la mesa de los demonios.
O provocaremos a celos al Seor? Somos, acaso, ms fuertes que l?
Todo es lcito, pero no todo es de provecho. Todo es lcito, pero no todo edifica.
Nadie busque su propio [bien,] sino el de su prjimo.
Comed de todo lo que se vende en la carnicera sin preguntar nada por motivos de conciencia;
PORQUE DEL SEOR ES LA TIERRA Y TODO LO QUE EN ELLA HAY.
Si algn incrdulo os invita y queris ir, comed de todo lo que se os ponga delante sin preguntar nada por motivos de conciencia.
Pero si alguien os dice: Esto ha sido sacrificado a los dolos, no [la] comis, por causa del que [os] lo dijo, y por motivos de conciencia; PORQUE DEL SEOR ES LA TIERRA Y TODO LO QUE EN ELLA HAY.
Quiero decir, no vuestra conciencia, sino la del otro; pues por qu ha de ser juzgada mi libertad por la conciencia ajena?
Si participo con agradecimiento, por qu he de ser censurado a causa de aquello por lo cual doy gracias?
Entonces, ya sea que comis, que bebis, o que hagis cualquiera otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
No seis motivo de tropiezo ni a judos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios;
as como tambin yo [procuro] agradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.
Sed imitadores de m, como tambin yo [lo soy] de Cristo.
Os alabo porque en todo os acordis de m y guardis las tradiciones con firmeza, tal como yo os las entregu.
Pero quiero que sepis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios.
Todo hombre que cubre su cabeza mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza.
Pero toda mujer que tiene la cabeza descubierta mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza; porque se hace una con la que est rapada.
Porque si la mujer no se cubre [la cabeza,] que tambin se corte [el cabello;] pero si es deshonroso para la mujer cortarse [el cabello,] o raparse, que se cubra.
Pues el hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que l es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre.
Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre;
pues en verdad el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre.
Por tanto, la mujer debe tener [un smbolo de] autoridad sobre la cabeza, por causa de los ngeles.
Sin embargo, en el Seor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre independiente de la mujer.
Porque as como la mujer procede del hombre, tambin el hombre [nace] de la mujer; y todas las cosas proceden de Dios.
Juzgad vosotros mismos: es propio que la mujer ore a Dios [con la cabeza] descubierta?
No os ensea la misma naturaleza que si el hombre tiene el cabello largo le es deshonra,
pero que si la mujer tiene el cabello largo le es una gloria? Pues a ella el cabello le es dado por velo.
Pero si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni [la tienen] las iglesias de Dios.
Pero al daros estas instrucciones, no os alabo, porque no os congregis para lo bueno, sino para lo malo.
Pues, en primer lugar, oigo que cuando os reuns como iglesia hay divisiones entre vosotros; y en parte lo creo.
Porque es necesario que entre vosotros haya bandos, a fin de que se manifiesten entre vosotros los que son aprobados.
Por tanto, cuando os reuns, esto [ya] no es comer la cena del Seor,
porque al comer, cada uno toma primero su propia cena; y uno pasa hambre y otro se embriaga.
Qu? No tenis casas para comer y beber? O menospreciis la iglesia de Dios y avergonzis a los que nada tienen? Qu os dir? Os alabar? En esto no os alabar.
Porque yo recib del Seor lo mismo que os he enseado: que el Seor Jess, la noche en que fue entregado, tom pan,
y despus de dar gracias, [lo] parti y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de m.
De la misma manera [tom] tambin la copa despus de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces [la] bebis en memoria de m.
Porque todas las veces que comis este pan y bebis [esta] copa, la muerte del Seor proclamis hasta que l venga.
De manera que el que coma el pan o beba la copa del Seor indignamente, ser culpable del cuerpo y de la sangre del Seor.
Por tanto, examnese cada uno a s mismo, y entonces coma del pan y beba de la copa.
Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo [del Seor,] come y bebe juicio para s.
Por esta razn hay muchos dbiles y enfermos entre vosotros, y muchos duermen.
Pero si nos juzgramos a nosotros mismos, no seramos juzgados.
Pero cuando somos juzgados, el Seor nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo.
As que, hermanos mos, cuando os reunis para comer, esperaos unos a otros.
Si alguno tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunis para juicio. Los dems asuntos los arreglar cuando vaya.
En cuanto a los [dones] espirituales, no quiero, hermanos, que seis ignorantes.
Sabis que cuando erais paganos, de una manera u otra erais arrastrados hacia los dolos mudos.
Por tanto, os hago saber que nadie hablando por el Espritu de Dios, dice: Jess es anatema; y nadie puede decir: Jess es el Seor, excepto por el Espritu Santo.
Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espritu es el mismo.
Y hay diversidad de ministerios, pero el Seor es el mismo.
Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.
Pero a cada uno se le da la manifestacin del Espritu para el bien comn.
Pues a uno le es dada palabra de sabidura por el Espritu; a otro, palabra de conocimiento segn el mismo Espritu;
a otro, fe por el mismo Espritu; a otro, dones de sanidad por el nico Espritu;
a otro, poder de milagros; a otro, profeca; a otro, discernimiento de espritus; a otro, [diversas] clases de lenguas, y a otro, interpretacin de lenguas.
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espritu, distribuyendo individualmente a cada uno segn la voluntad de l.
Porque as como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, as tambin es Cristo.
Pues por un mismo Espritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espritu.
Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
Si el pie dijera: Porque no soy mano, no soy [parte] del cuerpo, no por eso deja de ser [parte] del cuerpo.
Y si el odo dijera: Porque no soy ojo, no soy [parte] del cuerpo, no por eso deja de ser [parte] del cuerpo.
Si todo el cuerpo fuera ojo, qu sera del odo? Si todo fuera odo, qu sera del olfato?
Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo segn le agrad.
Y si todos fueran un solo miembro, qu sera del cuerpo?
Sin embargo, hay muchos miembros, pero un solo cuerpo.
Y el ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No os necesito.
Por el contrario, la verdad es que los miembros del cuerpo que parecen ser [los] ms dbiles, son [los ms] necesarios;
y las [partes] del cuerpo que estimamos menos honrosas, a stas las vestimos con ms honra; [de manera que] las [partes que consideramos] ms ntimas, reciben un trato ms honroso,
ya que nuestras [partes] presentables no [lo] necesitan. Mas [as] form Dios el cuerpo, dando mayor honra a la [parte] que careca de ella,
a fin de que en el cuerpo no haya divisin, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros.
Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con l; [y] si [un] miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con l.
Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y [cada uno] individualmente un miembro de l.
Y en la iglesia, Dios ha designado: primeramente, apstoles; en segundo [lugar,] profetas; en tercer [lugar,] maestros; luego, milagros; despus, dones de sanidad, ayudas, administraciones, [diversas] clases de lenguas.
Acaso son todos apstoles? Acaso son todos profetas? Acaso son todos maestros? Acaso son todos [obradores de] milagros?
Acaso tienen todos dones de sanidad? Acaso hablan todos en lenguas? Acaso interpretan todos?
Mas desead ardientemente los mejores dones. Y an yo os muestro un camino ms excelente.
Si yo hablara lenguas humanas y anglicas, pero no tengo amor, he llegado a ser [como] metal que resuena o cmbalo que retie.
Y si tuviera [el don de] profeca, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar montaas, pero no tengo amor, nada soy.
Y si diera todos mis bienes para dar de comer [a los pobres,] y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha.
El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante;
no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal [recibido];
no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad;
todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca deja de ser; pero si [hay dones de] profeca, se acabarn; si [hay] lenguas, cesarn; si [hay] conocimiento, se acabar.
Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabar.
Cuando yo era nio, hablaba como nio, pensaba como nio, razonaba como nio; [pero] cuando llegu a ser hombre, dej las cosas de nio.
Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces [veremos] cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conocer plenamente, como he sido conocido.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.
Procurad alcanzar el amor; pero tambin desead ardientemente [los dones] espirituales, sobre todo que profeticis.
Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie [lo] entiende, sino que en [su] espritu habla misterios.
Pero el que profetiza habla a los hombres para edificacin, exhortacin y consolacin.
El que habla en lenguas, a s mismo se edifica, pero el que profetiza edifica a la iglesia.
Yo quisiera que todos hablarais en lenguas, pero [an] ms, que profetizarais; pues el que profetiza es superior al que habla en lenguas, a menos de que [las] interprete para que la iglesia reciba edificacin.
Ahora bien, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, de qu provecho os ser a menos de que os hable por medio de revelacin, o de conocimiento, o de profeca, o de enseanza?
Aun las cosas inanimadas, como la flauta o el arpa, al producir un sonido, si no dan con distincin los sonidos, cmo se sabr lo que se toca en la flauta o en el arpa?
Porque si la trompeta da un sonido incierto, quin se preparar para la batalla?
As tambin vosotros, a menos de que con la boca pronunciis palabras inteligibles, cmo se sabr lo que decs? Pues hablaris al aire.
Hay, quizs, muchas variedades de idiomas en el mundo, y ninguno carece de significado.
Pues si yo no s el significado de las palabras, ser para el que habla un extranjero, y el que habla ser un extranjero para m.
As tambin vosotros, puesto que anhelis [dones] espirituales, procurad abundar [en ellos] para la edificacin de la iglesia.
Por tanto, el que habla en lenguas, pida en oracin para que pueda interpretar.
Porque si yo oro en lenguas, mi espritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.
Entonces qu? Orar con el espritu, pero tambin orar con el entendimiento; cantar con el espritu, pero tambin cantar con el entendimiento.
De otra manera, si bendices [slo] en el espritu, cmo dir el Amn a tu accin de gracias el que ocupa el lugar del que no tiene [ese] don, puesto que no sabe lo que dices?
Porque t das gracias bien, pero el otro no es edificado.
Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas ms que todos vosotros;
sin embargo, en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para instruir tambin a otros, antes que diez mil palabras en lenguas.
Hermanos, no seis nios en la manera de pensar; ms bien, sed nios en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros.
En la ley est escrito: POR HOMBRES DE LENGUAS EXTRAAS Y POR BOCA DE EXTRAOS HABLAR A ESTE PUEBLO, Y NI AUN AS ME ESCUCHARN, dice el Seor.
As que las lenguas son una seal, no para los que creen, sino para los incrdulos; pero la profeca [es una seal,] no para los incrdulos, sino para los creyentes.
Por tanto, si toda la iglesia se rene y todos hablan en lenguas, y entran [algunos] sin [ese] don o incrdulos, no dirn que estis locos?
Pero si todos profetizan, y entra un incrdulo, o uno sin [ese] don, por todos ser convencido, por todos ser juzgado;
los secretos de su corazn quedarn al descubierto, y l se postrar y adorar a Dios, declarando que en verdad Dios est entre vosotros.
Qu hay [que hacer,] pues, hermanos? Cuando os reuns, cada cual aporte salmo, enseanza, revelacin, lenguas [o] interpretacin. Que todo se haga para edificacin.
Si alguno habla en lenguas, que [hablen] dos, o a lo ms tres, y por turno, y que uno interprete;
pero si no hay intrprete, que guarde silencio en la iglesia y que hable para s y para Dios.
Y que dos o tres profetas hablen, y los dems juzguen.
Pero si a otro que est sentado le es revelado algo, el primero calle.
Porque todos podis profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados.
Los espritus de los profetas estn sujetos a los profetas;
porque Dios no es [Dios] de confusin, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos.
Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, antes bien, que se sujeten como dice tambin la ley.
Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa; porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia.
Acaso la palabra de Dios sali de vosotros, o slo a vosotros ha llegado?
Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Seor.
Pero si alguno no reconoce [esto,] l no es reconocido.
Por tanto, hermanos mos, anhelad el profetizar, y no prohibis hablar en lenguas.
Pero que todo se haga decentemente y con orden.
Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqu, el cual tambin recibisteis, en el cual tambin estis firmes,
por el cual tambin sois salvos, si retenis la palabra que os prediqu, a no ser que hayis credo en vano.
Porque yo os entregu en primer lugar lo mismo que recib: que Cristo muri por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
que fue sepultado y que resucit al tercer da, conforme a las Escrituras;
que se apareci a Cefas y despus a los doce;
luego se apareci a ms de quinientos hermanos a la vez, la mayora de los cuales viven an, pero algunos ya duermen;
despus se apareci a Jacobo, luego a todos los apstoles,
y al ltimo de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareci tambin a m.
Porque yo soy el ms insignificante de los apstoles, que no soy digno de ser llamado apstol, pues persegu a la iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no result vana; antes bien he trabajado mucho ms que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en m.
Sin embargo, [haya sido] yo o ellos, as predicamos y as cresteis.
Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, cmo dicen algunos entre vosotros que no hay resurreccin de muertos?
Y si no hay resurreccin de muertos, [entonces] ni siquiera Cristo ha resucitado;
y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicacin, y vana tambin vuestra fe.
An ms, somos hallados testigos falsos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que l resucit a Cristo, a quien no resucit, si en verdad los muertos no resucitan.
Pues si los muertos no resucitan, [entonces] ni siquiera Cristo ha resucitado;
y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todava estis en vuestros pecados.
Entonces tambin los que han dormido en Cristo han perecido.
Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los ms dignos de lstima.
Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron.
Porque ya que la muerte [entr] por un hombre, tambin por un hombre [vino] la resurreccin de los muertos.
Porque as como en Adn todos mueren, tambin en Cristo todos sern vivificados.
Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida;
entonces [vendr] el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, despus que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder.
Pues l debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
[Y] el ltimo enemigo que ser abolido es la muerte.
Porque L HA PUESTO TODO EN SUJECIN BAJO SUS PIES. Pero cuando dice que todas las cosas [le] estn sujetas, es evidente que se excepta a aquel que ha sometido a l todas las cosas.
Y cuando todo haya sido sometido a l, entonces tambin el Hijo mismo se sujetar a aquel que sujet a l todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
De no ser as, qu harn los que se bautizan por los muertos? Si de ninguna manera los muertos resucitan, por qu, entonces, se bautizan por ellos?
[Y] tambin, por qu estamos en peligro a toda hora?
Os aseguro, hermanos, por la satisfaccin que siento por vosotros en Cristo Jess nuestro Seor, que cada da estoy en peligro de muerte.
Si por motivos humanos luch contra fieras en feso, de qu me aprovecha? Si los muertos no resucitan, COMAMOS Y BEBAMOS, QUE MAANA MORIREMOS.
No os dejis engaar: Las malas compaas corrompen las buenas costumbres.
Sed sobrios, como conviene, y dejad de pecar; porque algunos no tienen conocimiento de Dios. Para vergenza vuestra [lo] digo.
Pero alguno dir: Cmo resucitan los muertos? Y con qu clase de cuerpo vienen?
Necio! Lo que t siembras no llega a tener vida si antes no muere;
y lo que siembras, no siembras el cuerpo que nacer, sino grano desnudo, quizs de trigo o de alguna otra especie.
Pero Dios le da un cuerpo como l quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.
No toda carne es la misma carne, sino que una es [la] de los hombres, otra la de las bestias, otra la de las aves y otra [la] de los peces.
Hay, asimismo, cuerpos celestiales y cuerpos terrestres, pero la gloria del celestial es una, y la del terrestre es otra.
Hay una gloria del sol, y otra gloria de la luna, y otra gloria de las estrellas; pues [una] estrella es distinta de [otra] estrella en gloria.
As es tambin la resurreccin de los muertos. Se siembra un [cuerpo] corruptible, se resucita un [cuerpo] incorruptible;
se siembra en deshonra, se resucita en gloria; se siembra en debilidad, se resucita en poder;
se siembra un cuerpo natural, se resucita un cuerpo espiritual. Si hay un cuerpo natural, hay tambin un [cuerpo] espiritual.
As tambin est escrito: El primer HOMBRE, Adn, FUE HECHO ALMA VIVIENTE. El ltimo Adn, espritu que da vida.
Sin embargo, el espiritual no es primero, sino el natural; luego el espiritual.
El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo.
Como es el terrenal, as son tambin los que son terrenales; y como es el celestial, as son tambin los que son celestiales.
Y tal como hemos trado la imagen del terrenal, traeremos tambin la imagen del celestial.
Y esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible.
He aqu, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados
en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonar y los muertos resucitarn incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupcin, y esto mortal se vista de inmortalidad.
Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupcin, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplir la palabra que est escrita: DEVORADA HA SIDO LA MUERTE en victoria.
DNDE EST, OH MUERTE, TU VICTORIA? DNDE, OH SEPULCRO, TU AGUIJN?
El aguijn de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley;
pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Seor Jesucristo.
Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Seor, sabiendo que vuestro trabajo en el Seor no es [en] vano.
Ahora bien, en cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros tambin como instru a las iglesias de Galacia.
Que el primer [da] de la semana, cada uno de vosotros aparte [y] guarde segn haya prosperado, para que cuando yo vaya no se recojan entonces ofrendas.
Y cuando yo llegue, enviar con cartas a quienes vosotros hayis designado, para que lleven vuestra contribucin a Jerusaln.
Y si es conveniente que yo tambin vaya, irn conmigo.
Ir a vosotros cuando haya pasado por Macedonia (pues voy a pasar por Macedonia),
y tal vez me quede con vosotros, o aun pase [all] el invierno, para que me encaminis adonde haya de ir.
Pues no deseo veros ahora [slo] de paso, porque espero permanecer con vosotros por algn tiempo, si el Seor [me lo] permite.
Pero me quedar en feso hasta Pentecosts;
porque se me ha abierto una puerta grande para [el servicio] eficaz, y hay muchos adversarios.
Si llega Timoteo, ved que est con vosotros sin temor, pues l hace la obra del Seor como tambin yo.
Por tanto, nadie lo desprecie. Ms bien, enviadlo en paz para que venga a m, porque lo espero con los hermanos.
En cuanto a nuestro hermano Apolos, mucho lo anim a que fuera a vosotros con los hermanos, pero de ninguna manera tuvo el deseo de ir ahora; sin embargo, ir cuando tenga oportunidad.
Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes.
Todas vuestras cosas sean hechas con amor.
Os exhorto, hermanos ([ya] conocis a [los de] la casa de Estfanas, que fueron los primeros convertidos de Acaya, y que se han dedicado al servicio de los santos),
que tambin vosotros estis en sujecin a los que son como ellos, y a todo el que ayuda en la obra y trabaja.
Y me regocijo por la venida de Estfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido lo que faltaba de vuestra parte.
Porque ellos han recreado mi espritu y el vuestro. Por tanto, reconoced a tales personas.
Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que est en su casa, os saludan muy afectuosamente en el Seor.
Todos los hermanos os saludan. Saludaos los unos a los otros con beso santo.
Este saludo es de mi puo y letra -- Pablo.
Si alguno no ama al Seor, que sea anatema. Maranata!
La gracia del Seor Jess sea con vosotros.
Mi amor [sea] con todos vosotros en Cristo Jess. Amn.
Pablo, apstol de Cristo Jess por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que est en Corinto, con todos los santos que estn en toda Acaya:
Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.
Bendito [sea] el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolacin,
el cual nos consuela en toda tribulacin nuestra, para que nosotros podamos consolar a los que estn en cualquier afliccin con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios.
Porque as como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, as tambin abunda nuestro consuelo por medio de Cristo.
Pero si somos atribulados, es para vuestro consuelo y salvacin; o si somos consolados, es para vuestro consuelo, que obra al soportar las mismas aflicciones que nosotros tambin sufrimos.
Y nuestra esperanza respecto de vosotros [est] firmemente establecida, sabiendo que como sois copartcipes de los sufrimientos, as tambin [lo sois] de la consolacin.
Porque no queremos que ignoris, hermanos, acerca de nuestra afliccin sufrida en Asia, porque fuimos abrumados sobremanera, ms all de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de [salir con] vida.
De hecho, dentro de nosotros mismos [ya] tenamos la sentencia de muerte, a fin de que no confiramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos,
el cual nos libr de tan gran [peligro de] muerte y [nos] librar, [y] en quien hemos puesto nuestra esperanza de que l an nos ha de librar,
cooperando tambin vosotros con nosotros con la oracin, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don que nos ha sido impartido por medio de [las oraciones de] muchos.
Porque nuestra satisfaccin es sta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad [que viene] de Dios, no en sabidura carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia vosotros.
Porque ninguna otra cosa os escribimos sino lo que leis y entendis, y espero que entenderis hasta el fin,
as como tambin nos habis entendido en parte, que nosotros somos el motivo de vuestra gloria, as como tambin vosotros la nuestra en el da de nuestro Seor Jess.
Y con esta confianza me propuse ir primero a vosotros para que dos veces recibierais bendicin,
es decir, [quera] visitaros de paso a Macedonia, y de Macedonia ir de nuevo a vosotros y ser encaminado por vosotros en mi viaje a Judea.
Por tanto, cuando me propuse esto, acaso obr precipitadamente? O lo que me propongo, me lo propongo conforme a la carne, para que en m haya [al mismo tiempo] el s, s, y el no, no?
Pero como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es s y no.
Porque el Hijo de Dios, Cristo Jess, que fue predicado entre vosotros por nosotros (por m y Silvano y Timoteo) no fue s y no, sino que ha sido s en l.
Pues tantas como sean las promesas de Dios, en l [todas] son s; por eso tambin por medio de l, Amn, para la gloria de Dios por medio de nosotros.
Ahora bien, el que nos confirma con vosotros en Cristo, y [el que] nos ungi, es Dios,
quien tambin nos sell y [nos] dio el Espritu en nuestro corazn como garanta.
Mas yo invoco a Dios como testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he vuelto a Corinto.
No es que nos enseoreemos de vuestra fe, sino que somos colaboradores [con vosotros] para vuestro gozo; porque en la fe permanecis firmes.
Pero en m mismo decid esto: no ir otra vez a vosotros con tristeza.
Porque si yo os causo tristeza, quin [ser] el que me alegre sino aquel a quien entristec?
Y esto mismo [os] escrib, para que cuando yo llegue no tenga tristeza de parte de los que debieran alegrarme, confiando en todos vosotros de que mi gozo sea [el mismo] de todos vosotros.
Pues por la mucha afliccin y angustia de corazn os escrib con muchas lgrimas, no para entristeceros, sino para que conozcis el amor que tengo especialmente por vosotros.
Pero si alguno ha causado tristeza, no me [la] ha causado a m, sino hasta cierto punto (para no exagerar) a todos vosotros.
Es suficiente para tal [persona] este castigo que [le fue impuesto] por la mayora;
as que, por el contrario, vosotros ms bien deberais perdonar[lo] y consolar[lo,] no sea que en alguna manera ste sea abrumado por tanta tristeza.
Por lo cual os ruego que reafirmis [vuestro] amor hacia l.
Pues tambin con este fin os escrib, para poneros a prueba y [ver] si sois obedientes en todo.
Pero a quien perdonis algo, yo tambin [lo perdono;] porque en verdad, lo que yo he perdonado, si algo he perdonado, [lo hice] por vosotros en presencia de Cristo,
para que Satans no tome ventaja sobre nosotros, pues no ignoramos sus ardides.
Cuando llegu a Troas para [predicar] el evangelio de Cristo, y se me abri una puerta en el Seor,
no tuve reposo en mi espritu al no encontrar a Tito, mi hermano; despidindome, pues, de ellos, sal para Macedonia.
Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento.
Porque fragante aroma de Cristo somos para Dios entre los que se salvan y entre los que se pierden;
para unos, olor de muerte para muerte, y para otros, olor de vida para vida. Y para estas cosas quin est capacitado?
Pues no somos como muchos, que comercian con la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios [y] delante de Dios hablamos en Cristo.
Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? O acaso necesitamos, como algunos, cartas de recomendacin para vosotros o de parte de vosotros?
Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leda por todos los hombres,
siendo manifiesto que sois carta de Cristo redactada por nosotros, no escrita con tinta, sino con el Espritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de corazones humanos.
Y esta confianza tenemos hacia Dios por medio de Cristo:
no que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna [procede] de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios,
el cual tambin nos hizo suficientes [como] ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espritu; porque la letra mata, pero el Espritu da vida.
Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, de tal manera que los hijos de Israel no podan fijar la vista en el rostro de Moiss por causa de la gloria de su rostro, que se desvaneca,
cmo no ser an con ms gloria el ministerio del Espritu?
Porque si el ministerio de condenacin tiene gloria, mucho ms abunda en gloria el ministerio de justicia.
Pues en verdad, lo que tena gloria, en este caso no tiene gloria por razn de la gloria que [lo] sobrepasa.
Porque si lo que se desvanece [fue] con gloria, mucho ms [es] con gloria lo que permanece.
Teniendo, por tanto, tal esperanza, hablamos con mucha franqueza,
y no [somos] como Moiss, [que] pona un velo sobre su rostro para que los hijos de Israel no fijaran su vista en el fin de aquello que haba de desvanecerse.
Pero el entendimiento de ellos se endureci; porque hasta el da de hoy, en la lectura del antiguo pacto el mismo velo permanece sin alzarse, pues [slo] en Cristo es quitado.
Y hasta el da de hoy, cada vez que se lee a Moiss, un velo est puesto sobre sus corazones;
pero cuando alguno se vuelve al Seor, el velo es quitado.
Ahora bien, el Seor es el Espritu; y donde est el Espritu del Seor, [hay] libertad.
Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Seor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Seor, el Espritu.
Por tanto, puesto que tenemos este ministerio, segn hemos recibido misericordia, no desfallecemos;
sino que hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino que, mediante la manifestacin de la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios.
Y si todava nuestro evangelio est velado, para los que se pierden est velado,
en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrdulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios.
Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jess como Seor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jess.
Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandecer la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminacin del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo.
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros.
Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados;
perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos;
llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jess, para que tambin la vida de Jess se manifieste en nuestro cuerpo.
Porque nosotros que vivimos, constantemente estamos siendo entregados a muerte por causa de Jess, para que tambin la vida de Jess se manifieste en nuestro cuerpo mortal.
As que en nosotros obra la muerte, pero en vosotros, la vida.
Pero teniendo el mismo espritu de fe, segn lo que est escrito: CRE, POR TANTO HABL, nosotros tambin creemos, por lo cual tambin hablamos;
sabiendo que aquel que resucit al Seor Jess, a nosotros tambin nos resucitar con Jess, y nos presentar juntamente con vosotros.
Porque todo [esto es] por amor a vosotros, para que la gracia que se est extendiendo por medio de muchos, haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Dios.
Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de da en da.
Pues [esta] afliccin leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparacin,
al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada, es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos.
Pues, en verdad, en esta [morada] gemimos, anhelando ser vestidos con nuestra habitacin celestial;
y una vez vestidos, no seremos hallados desnudos.
Porque asimismo, los que estamos en esta tienda, gemimos agobiados, pues no queremos ser desvestidos, sino vestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.
Y el que nos prepar para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espritu como garanta.
Por tanto, animados siempre y sabiendo que mientras habitamos en el cuerpo, estamos ausentes del Seor
(porque por fe andamos, no por vista);
pero cobramos nimo y preferimos ms bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Seor.
Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables.
Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo.
Por tanto, conociendo el temor del Seor, persuadimos a los hombres, pero a Dios somos manifiestos, y espero que tambin seamos manifiestos en vuestras conciencias.
No nos recomendamos otra vez a vosotros, sino que os damos oportunidad de estar orgullosos de nosotros, para que tengis [respuesta] para los que se jactan en las apariencias y no en el corazn.
Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros.
Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusin: que uno muri por todos, por consiguiente, todos murieron;
y por todos muri, para que los que viven, ya no vivan para s, sino para aquel que muri y resucit por ellos.
De manera que nosotros de ahora en adelante [ya] no conocemos a nadie segn la carne; aunque hemos conocido a Cristo segn la carne, sin embargo, ahora ya no [le] conocemos [as.]
De modo que si alguno est en Cristo, nueva criatura [es]; las cosas viejas pasaron; he aqu, son hechas nuevas.
Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcili consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliacin;
a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliacin.
Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: Reconciliaos con Dios!
Al que no conoci pecado, le hizo pecado por nosotros, para que furamos hechos justicia de Dios en l.
Y como colaboradores [con l], tambin os exhortamos a no recibir la gracia de Dios en vano;
pues l dice: EN EL TIEMPO PROPICIO TE ESCUCH, Y EN EL DA DE SALVACIN TE SOCORR. He aqu, ahora es EL TIEMPO PROPICIO; he aqu, ahora es EL DA DE SALVACIN.
No dando [nosotros] en nada motivo de tropiezo, para que el ministerio no sea desacreditado,
sino que en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias,
en azotes, en crceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos,
en pureza, en conocimiento, en paciencia, en bondad, en el Espritu Santo, en amor sincero,
en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda;
en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama; como impostores, pero veraces;
como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, y he aqu, vivimos; como castigados, pero no condenados a muerte;
como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyndolo todo.
Nuestra boca, oh corintios, os ha hablado con toda franqueza. Nuestro corazn se ha abierto de par en par.
No estis limitados por nosotros, sino que estis limitados en vuestros sentimientos.
Ahora bien, en igual reciprocidad (os hablo como a nios) vosotros tambin abrid de par en par [vuestro corazn.]
No estis unidos en yugo desigual con los incrdulos, pues qu asociacin tienen la justicia y la iniquidad? O qu comunin la luz con las tinieblas?
O qu armona tiene Cristo con Belial? O qu tiene en comn un creyente con un incrdulo?
O qu acuerdo tiene el templo de Dios con los dolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: HABITAR EN ELLOS, Y ANDAR ENTRE ELLOS; Y SER SU DIOS, Y ELLOS SERN MI PUEBLO.
Por tanto, SALID DE EN MEDIO DE ELLOS Y APARTAOS, dice el Seor; Y NO TOQUIS LO INMUNDO, y yo os recibir.
Y yo ser para vosotros padre, y vosotros seris para m hijos e hijas, dice el Seor Todopoderoso.
Por tanto, amados, teniendo estas promesas, limpimonos de toda inmundicia de la carne y del espritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
Aceptadnos [en vuestro corazn;] a nadie hemos ofendido, a nadie hemos corrompido, de nadie hemos tomado ventaja.
No hablo para condenar[os;] porque he dicho antes que estis en nuestro corazn para morir juntos y para vivir juntos.
Mucha es mi confianza en vosotros, tengo mucho orgullo de vosotros, lleno estoy de consuelo y sobreabundo de gozo en toda nuestra afliccin.
Pues aun cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningn reposo, sino que nos vimos atribulados por todos lados: por fuera, conflictos; por dentro, temores.
Pero Dios, que consuela a los deprimidos, nos consol con la llegada de Tito;
y no slo con su llegada, sino tambin con el consuelo con que l fue consolado en vosotros, hacindonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto y vuestro celo por m; de manera que me regocij an ms.
Porque si bien os caus tristeza con mi carta, no me pesa; aun cuando me pes, [pues] veo que esa carta os caus tristeza, aunque slo por poco tiempo;
[pero] ahora me regocijo, no de que fuisteis entristecidos, sino de que fuisteis entristecidos para arrepentimiento; porque fuisteis entristecidos conforme a [la voluntad de] Dios, para que no sufrierais prdida alguna de parte nuestra.
Porque la tristeza que es conforme a [la voluntad de] Dios produce un arrepentimiento [que conduce] a la salvacin, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte.
Porque mirad, qu solicitud ha producido en vosotros esto, esta tristeza piadosa, qu vindicacin de vosotros mismos, qu indignacin, qu temor, qu gran afecto, qu celo, qu castigo del mal! En todo habis demostrado ser inocentes en el asunto.
As que, aunque os escrib, no [fue] por causa del que ofendi, ni por causa del ofendido, sino para que vuestra solicitud por nosotros se manifestara a vosotros delante de Dios.
Por esta razn hemos sido consolados. Y aparte de nuestro consuelo, mucho ms nos regocijamos por el gozo de Tito, pues su espritu ha sido confortado por todos vosotros.
Porque si en algo me he jactado con l acerca de vosotros, no fui avergonzado, sino que [as] como os hemos dicho todo con verdad, as tambin nuestra jactancia ante Tito result ser [la] verdad.
Y su amor hacia vosotros abunda an ms al acordarse de la obediencia de todos vosotros, [y de] cmo lo recibisteis con temor y temblor.
Me gozo de que en todo tengo confianza en vosotros.
Ahora, hermanos, [deseamos] haceros saber la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia;
pues en medio de una gran prueba de afliccin, abund su gozo, y su profunda pobreza sobreabund en la riqueza de su liberalidad.
Porque yo testifico que segn sus posibilidades, y aun ms all de sus posibilidades, [dieron] de su propia voluntad,
suplicndonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos;
y [esto] no como lo habamos esperado, sino que primeramente se dieron a s mismos al Seor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios.
En consecuencia, rogamos a Tito que como l ya haba comenzado antes, as tambin llevara a cabo en vosotros esta obra de gracia.
Mas as como vosotros abundis en todo: en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud, y en el amor que hemos inspirado en vosotros, [ved] que tambin abundis en esta obra de gracia.
No digo [esto] como un mandamiento, sino para probar, por la solicitud de otros, tambin la sinceridad de vuestro amor.
Porque conocis la gracia de nuestro Seor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos.
Y doy [mi] opinin en este asunto, porque esto os conviene a vosotros, que fuisteis los primeros en comenzar hace un ao no slo a hacer [esto,] sino tambin a desear [hacerlo.]
Ahora pues, acabad tambin de hacerlo; para que como [hubo] la buena voluntad para desearlo, as tambin [la haya] para llevarlo a cabo segn lo que tengis.
Porque si hay buena voluntad, se acepta segn lo que se tiene, no segn lo que no se tiene.
[Esto] no es para holgura de otros [y] para afliccin vuestra, sino para [que haya] igualdad;
en el momento actual vuestra abundancia [suple] la necesidad de ellos, para que tambin la abundancia de ellos supla vuestra necesidad, de modo que haya igualdad.
Como est escrito: EL QUE [recogi] MUCHO, NO TUVO DEMASIADO; Y EL QUE [recogi] POCO, NO TUVO ESCASEZ.
Pero gracias a Dios que pone la misma solicitud por vosotros en el corazn de Tito.
Pues l no slo acept nuestro ruego, sino que, siendo de por s muy diligente, ha ido a vosotros por su propia voluntad.
Y junto con l hemos enviado al hermano cuya fama en [las cosas del] evangelio [se ha divulgado] por todas las iglesias;
y no slo [esto], sino que tambin ha sido designado por las iglesias como nuestro compaero de viaje en esta obra de gracia, la cual es administrada por nosotros para la gloria del Seor mismo, y [para manifestar] nuestra buena voluntad;
teniendo cuidado de que nadie nos desacredite en esta generosa ofrenda administrada por nosotros;
pues nos preocupamos por lo que es honrado, no slo ante los ojos del Seor, sino tambin ante los ojos de los hombres.
Y con ellos hemos enviado a nuestro hermano, de quien hemos comprobado con frecuencia que fue diligente en muchas cosas, pero que ahora es mucho ms diligente debido a [la] gran confianza [que tiene] en vosotros.
En cuanto a Tito, [es] mi compaero y colaborador entre vosotros; en cuanto a nuestros hermanos, [son] mensajeros de las iglesias [y] gloria de Cristo.
Por tanto, mostradles abiertamente ante las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestra razn para jactarnos respecto a vosotros.
Porque me es por dems escribiros acerca de este servicio a los santos;
pues conozco vuestra [buena] disposicin, de la que me gloro por vosotros ante los macedonios, [es decir,] que Acaya ha estado preparada desde el ao pasado; y vuestro celo ha estimulado a la mayora [de ellos.]
Pero he enviado a los hermanos para que nuestra jactancia acerca de vosotros no sea hecha vana en este caso, a fin de que, como deca, estis preparados;
no sea que algunos macedonios vayan conmigo y os encuentren desprevenidos, [y] nosotros (por no decir vosotros) seamos avergonzados por esta confianza.
As que cre necesario exhortar a los hermanos a que se adelantaran en ir a vosotros, y prepararan de antemano vuestra generosa ofrenda, ya prometida, para que la misma estuviera lista como ofrenda generosa, y no como por codicia.
Pero esto [digo:] El que siembra escasamente, escasamente tambin segar; y el que siembra abundantemente, abundantemente tambin segar.
Que cada uno [d] como propuso en su corazn, no de mala gana ni por obligacin, porque Dios ama al dador alegre.
Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundis para toda buena obra;
como est escrito: L ESPARCI, DIO A LOS POBRES; SU JUSTICIA PERMANECE PARA SIEMPRE.
Y el que suministra semilla al sembrador y pan para [su] alimento, suplir y multiplicar vuestra sementera y aumentar la siega de vuestra justicia;
seris enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual por medio de nosotros produce accin de gracias a Dios.
Porque la ministracin de este servicio no slo suple con plenitud lo que falta a los santos, sino que tambin sobreabunda a travs de muchas acciones de gracias a Dios.
Por la prueba dada por esta ministracin, glorificarn a Dios por [vuestra] obediencia a vuestra confesin del evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribucin para ellos y para todos;
mientras que tambin ellos, mediante la oracin a vuestro favor, demuestran su anhelo por vosotros debido a la sobreabundante gracia de Dios en vosotros.
Gracias a Dios por su don inefable!
Y yo mismo, Pablo, os ruego por la mansedumbre y la benignidad de Cristo, yo, que soy humilde cuando [estoy] delante de vosotros, pero osado para con vosotros cuando [estoy] ausente,
ruego, pues, que cuando est presente, no tenga que ser osado con la confianza con que me propongo proceder resueltamente contra algunos que nos consideran como si anduviramos segn la carne.
Pues aunque andamos en la carne, no luchamos segn la carne;
porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destruccin de fortalezas;
destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo,
y estando preparados para castigar toda desobediencia cuando vuestra obediencia sea completa.
Vosotros veis las cosas segn la apariencia exterior. Si alguno tiene confianza en s mismo de que es de Cristo, considere esto dentro de s otra vez: que as como l es de Cristo, tambin lo somos nosotros.
Pues aunque yo me glore ms todava respecto de nuestra autoridad, que el Seor [nos] dio para edificacin y no para vuestra destruccin, no me avergonzar,
para que no parezca como que deseo asustaros con mis cartas.
Porque ellos dicen: Las cartas son severas y duras, pero la presencia fsica es poco impresionante, y la manera de hablar menospreciable.
Esto tenga en cuenta tal persona: que lo que somos en palabra por carta, estando ausentes, lo [somos] tambin en hechos, estando presentes.
Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a s mismos; pero ellos, midindose a s mismos y comparndose consigo mismos, carecen de entendimiento.
Mas nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino dentro de la medida de la esfera que Dios nos seal como lmite para llegar tambin hasta vosotros.
Pues no nos excedemos a nosotros mismos, como si no os hubiramos alcanzado, ya que nosotros fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo;
no glorindonos desmedidamente, [esto es,] en los trabajos de otros, sino teniendo la esperanza de que conforme vuestra fe crezca, nosotros seremos, dentro de nuestra esfera, engrandecidos an ms por vosotros,
para anunciar el evangelio aun a las regiones [que estn] ms all de vosotros, [y] para no gloriarnos en lo que ya se ha hecho en la esfera de otro.
Pero EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORE EN EL SEOR.
Porque no es aprobado el que se alaba a s mismo, sino aquel a quien el Seor alaba.
Ojal que me soportarais un poco de insensatez; y en verdad me soportis.
Porque celoso estoy de vosotros con celo de Dios; pues os despos a un esposo para presentaros [como] virgen pura a Cristo.
Pero temo que, as como la serpiente con su astucia enga a Eva, vuestras mentes sean desviadas de la sencillez y pureza [de la devocin] a Cristo.
Porque si alguien viene y predica a otro Jess, a quien no hemos predicado, o recibs un espritu diferente, que no habis recibido, o [aceptis] un evangelio distinto, que no habis aceptado, bien lo toleris.
Pues yo no me considero inferior en nada a los ms eminentes apstoles.
Pero aunque yo sea torpe en el hablar, no [lo soy] en el conocimiento; de hecho, por todos los medios os [lo] hemos demostrado en todas las cosas.
O comet un pecado al humillarme a m mismo para que vosotros fuerais exaltados, porque os prediqu el evangelio de Dios gratuitamente?
A otras iglesias despoj, tomando salario [de ellas] para serviros a vosotros;
y cuando estaba con vosotros y tuve necesidad, a nadie fui carga; porque cuando los hermanos llegaron de Macedonia, suplieron plenamente mi necesidad, y en todo me guard, y me guardar, de seros carga.
Como la verdad de Cristo est en m, este gloriarme no se me impedir en las regiones de Acaya.
Por qu? Porque no os amo? Dios lo sabe!
Pero lo que hago continuar hacindolo, a fin de privar de oportunidad a aquellos que desean una oportunidad de ser considerados iguales a nosotros en aquello en que se gloran.
Porque los tales son falsos apstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apstoles de Cristo.
Y no es de extraar, pues aun Satans se disfraza como ngel de luz.
Por tanto, no es de sorprender que sus servidores tambin se disfracen como servidores de justicia; cuyo fin ser conforme a sus obras.
Otra vez digo: nadie me tenga por insensato; pero si [vosotros lo hacis,] recibidme aunque sea como insensato, para que yo tambin me glore un poco.
Lo que digo, no lo digo como lo dira el Seor, sino como en insensatez, en esta confianza de gloriarme.
Pues ya que muchos se gloran segn la carne, yo tambin me gloriar.
Porque vosotros, siendo [tan] sabios, con gusto toleris a los insensatos.
Pues toleris si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno se aprovecha de vosotros, si alguno se exalta a s mismo, si alguno os golpea en el rostro.
Para vergenza [ma] digo que [en comparacin] nosotros hemos sido dbiles. Pero en cualquier otra cosa que alguien [ms] sea osado (hablo con insensatez), yo soy igualmente osado.
Son ellos hebreos? Yo tambin. Son israelitas? Yo tambin. Son descendientes de Abraham? Yo tambin.
Son servidores de Cristo? (Hablo como si hubiera perdido el juicio.) Yo ms. En muchos ms trabajos, en muchas ms crceles, en azotes un sinnmero de veces, a menudo en peligros de muerte.
Cinco veces he recibido de los judos treinta y nueve [azotes].
Tres veces he sido golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces naufragu, y he pasado una noche y un da en lo profundo.
Con frecuencia en viajes, en peligros de ros, peligros de salteadores, peligros de [mis] compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;
en trabajos y fatigas, en muchas noches de desvelo, en hambre y sed, a menudo sin comida, en fro y desnudez.
Adems de tales cosas externas, est sobre m la presin cotidiana [de] la preocupacin por todas las iglesias.
Quin es dbil sin que yo sea dbil? A quin se le hace pecar sin que yo no me preocupe intensamente?
Si tengo que gloriarme, me gloriar en cuanto a mi debilidad.
El Dios y Padre del Seor Jess, el cual es bendito para siempre, sabe que no miento.
En Damasco, el gobernador bajo el rey Aretas, vigilaba la ciudad de los damascenos con el fin de prenderme,
pero me bajaron en un cesto por una ventana en la muralla, y [as] escap de sus manos.
El gloriarse es necesario, aunque no es provechoso; pasar entonces a las visiones y revelaciones del Seor.
Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce aos (no s si en el cuerpo, no s si fuera del cuerpo, Dios lo sabe) el tal fue arrebatado hasta el tercer cielo.
Y conozco a tal hombre (si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo s, Dios lo sabe)
que fue arrebatado al paraso, y escuch palabras inefables que al hombre no se le permite expresar.
De tal [hombre s] me gloriar; pero en cuanto a m mismo, no me gloriar sino en [mis] debilidades.
Porque si quisiera gloriarme, no sera insensato, pues dira la verdad; mas me abstengo [de hacerlo] para que nadie piense de m ms de lo que ve [en] m, u oye de m.
Y dada la extraordinaria grandeza de las revelaciones, por esta razn, para impedir que me enalteciera, me fue dada una espina en la carne, un mensajero de Satans que me abofetee, para que no me enaltezca.
Acerca de esto, tres veces he rogado al Seor para que [lo] quitara de m.
Y l me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriar ms bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en m.
Por eso me complazco en [las] debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy dbil, entonces soy fuerte.
Me he vuelto insensato; vosotros me obligasteis [a ello.] Pues yo debiera haber sido encomiado por vosotros, porque en ningn sentido fui inferior a los ms eminentes apstoles, aunque nada soy.
Entre vosotros se operaron las seales de un verdadero apstol, con toda perseverancia, por medio de seales, prodigios, y milagros.
Pues en qu fuisteis tratados como inferiores a las dems iglesias, excepto en que yo mismo no fui una carga para vosotros? Perdonadme este agravio!
He aqu, esta es la tercera vez que estoy preparado para ir a vosotros, y no os ser una carga, pues no busco lo que es vuestro, sino a vosotros; porque los hijos no tienen la responsabilidad de atesorar para [sus] padres, sino los padres para [sus] hijos.
Y yo muy gustosamente gastar [lo mo,] y [aun yo mismo] me gastar por vuestras almas. Si os amo ms, ser amado menos?
Pero, en todo caso, yo no os fui carga; no obstante, siendo astuto, os sorprend con engao.
Acaso he tomado ventaja de vosotros por medio de alguno de los que os he enviado?
A Tito le rogu [que fuera], y con l envi al hermano. Acaso obtuvo Tito ventaja de vosotros? No nos hemos conducido nosotros en el mismo espritu [y seguido] las mismas pisadas?
Todo este tiempo habis estado pensando que nos defendamos ante vosotros. [En realidad,] es delante de Dios que hemos estado hablando en Cristo; y todo, amados, para vuestra edificacin.
Porque temo que quiz cuando yo vaya, halle que no sois lo que deseo, y yo sea hallado por vosotros que no soy lo que deseis; que quiz [haya] pleitos, celos, enojos, rivalidades, difamaciones, chismes, arrogancia, desrdenes;
temo que cuando os visite de nuevo, mi Dios me humille delante de vosotros, y yo tenga que llorar por muchos que han pecado anteriormente y no se han arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad que han practicado.
sta es la tercera vez que voy a vosotros. POR EL TESTIMONIO DE DOS O TRES TESTIGOS SE JUZGARN TODOS LOS ASUNTOS.
Dije previamente, cuando [estuve] presente la segunda vez, y aunque ahora estoy ausente, lo digo de antemano a los que pecaron anteriormente y [tambin] a todos los dems, que si voy otra vez, no ser indulgente,
puesto que buscis una prueba del Cristo que habla en m, el cual no es dbil para con vosotros, sino poderoso en vosotros.
Porque ciertamente l fue crucificado por debilidad, pero vive por el poder de Dios. As tambin nosotros somos dbiles en l, sin embargo, viviremos con l por el poder de Dios para con vosotros.
Poneos a prueba [para ver] si estis en la fe; examinaos a vosotros mismos. O no os reconocis a vosotros mismos que Jesucristo est en vosotros, a menos de que en verdad no pasis la prueba?
Mas espero que reconoceris que nosotros no estamos reprobados.
Y rogamos a Dios que no hagis nada malo; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagis lo bueno, aunque nosotros aparezcamos reprobados.
Porque nada podemos hacer contra la verdad, sino [slo] a favor de la verdad.
Pues nos regocijamos cuando nosotros somos dbiles, pero vosotros sois fuertes; tambin oramos por esto, para que vosotros seis hechos perfectos.
Por esta razn os escribo estas cosas estando ausente, a fin de que cuando [est] presente no tenga que usar de severidad segn la autoridad que el Seor me dio para edificacin y no para destruccin.
Por lo dems, hermanos, regocijaos, sed perfectos, confortaos, sed de un mismo sentir, vivid en paz; y el Dios de amor y paz ser con vosotros.
Saludaos los unos a los otros con beso santo.
Todos los santos os saludan.
La gracia del Seor Jesucristo, el amor de Dios y la comunin del Espritu Santo sean con todos vosotros.
Pablo, apstol (no de parte de hombres ni mediante hombre [alguno,] sino por medio de Jesucristo y de Dios el Padre que le resucit de entre los muertos),
y todos los hermanos que estn conmigo, a las iglesias de Galacia:
Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo,
que se dio a s mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,
a quien [sea] la gloria por los siglos de los siglos. Amn.
Me maravillo de que tan pronto hayis abandonado al que os llam por la gracia de Cristo, para [seguir] un evangelio diferente;
que [en realidad] no es otro [evangelio,] slo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Pero si aun nosotros, o un ngel del cielo, os anunciara [otro] evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema.
Como hemos dicho antes, tambin repito ahora: Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema.
Porque busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todava estuviera tratando de agradar a los hombres, no sera siervo de Cristo.
Pues quiero que sepis, hermanos, que el evangelio que fue anunciado por m no es segn el hombre.
Pues ni lo recib de hombre, ni me fue enseado, sino [que lo recib] por medio de una revelacin de Jesucristo.
Porque vosotros habis odo acerca de mi antigua manera de vivir en el judasmo, de cun desmedidamente persegua yo a la iglesia de Dios y trataba de destruirla,
y [cmo] yo aventajaba en el judasmo a muchos de mis compatriotas contemporneos, mostrando mucho ms celo por las tradiciones de mis antepasados.
Pero cuando Dios, que me apart desde el vientre de mi madre y me llam por su gracia, tuvo a bien
revelar a su Hijo en m para que yo le anunciara entre los gentiles, no consult enseguida con carne y sangre,
ni sub a Jerusaln a los que eran apstoles antes que yo, sino que fui a Arabia, y regres otra vez a Damasco.
Entonces, tres aos despus, sub a Jerusaln para conocer a Pedro, y estuve con l quince das.
Pero no vi a ningn otro de los apstoles, sino a Jacobo, el hermano del Seor.
(En lo que os escribo, os aseguro delante de Dios que no miento.)
Despus fui a las regiones de Siria y Cilicia.
Pero [todava] no era conocido en persona en las iglesias de Judea que eran en Cristo;
sino que slo oan [decir:] El que en otro tiempo nos persegua, ahora predica la fe que en un tiempo quera destruir.
Y glorificaban a Dios por causa de m.
Entonces, despus de catorce aos, sub otra vez a Jerusaln con Bernab, llevando tambin a Tito.
Sub por causa de una revelacin y les present el evangelio que predico entre los gentiles, pero [lo hice] en privado a los que tenan [alta] reputacin, para cerciorarme de que no corra ni haba corrido en vano.
Pero ni aun Tito, que estaba conmigo, fue obligado a circuncidarse, aunque era griego.
Y [esto fue] por causa de los falsos hermanos introducidos secretamente, que se haban infiltrado para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jess, a fin de someternos a esclavitud,
a los cuales ni por un momento cedimos, para no someternos, a fin de que la verdad del evangelio permanezca con vosotros.
Y de aquellos que tenan reputacin de ser algo (lo que eran, nada me importa; Dios no hace acepcin de personas), pues bien, los que tenan reputacin, nada me ensearon.
Sino al contrario, al ver que se me haba encomendado el evangelio a los de la incircuncisin, as como Pedro [lo haba sido] a los de la circuncisin
(porque aquel que obr eficazmente para con Pedro en [su] apostolado a los de la circuncisin, tambin obr eficazmente para conmigo [en mi apostolado] a los gentiles),
y al reconocer la gracia que se me haba dado, Jacobo, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a m y a Bernab la diestra de compaerismo, para que nosotros [furamos] a los gentiles y ellos a los de la circuncisin.
Slo [nos pidieron] que nos acordramos de los pobres, lo mismo que yo estaba tambin deseoso de hacer.
Pero cuando Pedro vino a Antioqua, me opuse a l cara a cara, porque era de condenar.
Porque antes de venir algunos de parte de Jacobo, l coma con los gentiles, pero cuando vinieron, empez a retraerse y apartarse, porque tema a los de la circuncisin.
Y el resto de los judos se le uni en [su] hipocresa, [de tal manera] que aun Bernab fue arrastrado por la hipocresa de ellos.
Pero cuando vi que no andaban con rectitud en cuanto a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si t, siendo judo, vives como los gentiles y no como los judos, por qu obligas a los gentiles a vivir como judos?
Nosotros [somos] judos de nacimiento y no pecadores de entre los gentiles;
sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de [la] ley, sino mediante la fe en Cristo Jess, tambin nosotros hemos credo en Cristo Jess, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de [la] ley; puesto que por las obras de [la] ley nadie ser justificado.
Pero si buscando ser justificados en Cristo, tambin nosotros hemos sido hallados pecadores, es Cristo, entonces, ministro de pecado? De ningn modo!
Porque si yo reedifico lo que [en otro tiempo] destru, yo mismo resulto transgresor.
Pues mediante [la] ley yo mor a [la] ley, a fin de vivir para Dios.
Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en m; y la [vida] que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me am y se entreg a s mismo por m.
No hago nula la gracia de Dios, porque si la justicia [viene] por medio de [la] ley, entonces Cristo muri en vano.
Oh, glatas insensatos! Quin os ha fascinado a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado pblicamente [como] crucificado?
Esto es lo nico que quiero averiguar de vosotros: recibisteis el Espritu por las obras de [la] ley, o por el or con fe?
Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espritu, vais a terminar ahora por la carne?
Habis padecido tantas cosas en vano? Si es que en realidad fue en vano!
Aquel, pues, que os suministra el Espritu y hace milagros entre vosotros, lo hace por las obras de [la] ley o por el or con fe?
As Abraham CREY A DIOS Y LE FUE CONTADO COMO JUSTICIA.
Por consiguiente, sabed que los que son de fe, stos son hijos de Abraham.
Y la Escritura, previendo que Dios justificara a los gentiles por la fe, anunci de antemano las buenas nuevas a Abraham, [diciendo:] EN TI SERN BENDITAS TODAS LAS NACIONES.
As que, los que son de fe son bendecidos con Abraham, el creyente.
Porque todos los que son de las obras de [la] ley estn bajo maldicin, pues escrito est: MALDITO TODO EL QUE NO PERMANECE EN TODAS LAS COSAS ESCRITAS EN EL LIBRO DE LA LEY, PARA HACERLAS.
Y que nadie es justificado ante Dios por [la] ley es evidente, porque EL JUSTO VIVIR POR LA FE.
Sin embargo, la ley no es de fe; al contrario, EL QUE LAS HACE, VIVIR POR ELLAS.
Cristo nos redimi de la maldicin de la ley, habindose hecho maldicin por nosotros (porque escrito est: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO),
a fin de que en Cristo Jess la bendicin de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiramos la promesa del Espritu mediante la fe.
Hermanos, hablo en trminos humanos: un pacto, aunque sea humano, una vez ratificado nadie lo invalida ni le aade condiciones.
Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: y a las descendencias, como [refirindose] a muchas, sino [ms bien] a una: y a tu descendencia, es decir, Cristo.
Lo que digo es esto: La ley, que vino cuatrocientos treinta aos ms tarde, no invalida un pacto ratificado anteriormente por Dios, como para anular la promesa.
Porque si la herencia depende de la ley, ya no depende de una promesa; pero Dios se la concedi a Abraham por medio de una promesa.
Entonces, para qu [fue dada] la ley? Fue aadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia a la cual haba sido hecha la promesa, [ley] que fue promulgada mediante ngeles por mano de un mediador.
Ahora bien, un mediador no es de uno [solo,] pero Dios es uno.
Es entonces la ley contraria a las promesas de Dios? De ningn modo! Porque si se hubiera dado una ley capaz de impartir vida, entonces la justicia ciertamente hubiera dependido de la ley.
Pero la Escritura lo encerr todo bajo pecado, para que la promesa [que es] por fe en Jesucristo fuera dada a todos los que creen.
Y antes de venir la fe, estbamos encerrados bajo la ley, confinados para la fe que haba de ser revelada.
De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo [para conducirnos] a Cristo, a fin de que seamos justificados por fe.
Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo ayo,
pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jess.
Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habis revestido.
No hay judo ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jess.
Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos segn la promesa.
Digo, pues: Mientras el heredero es menor de edad en nada es diferente del siervo, aunque sea el dueo de todo,
sino que est bajo guardianes y tutores hasta la edad sealada por el padre.
As tambin nosotros, mientras ramos nios, estbamos sujetos a servidumbre bajo las cosas elementales del mundo.
Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envi a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo [la] ley,
a fin de que redimiera a los que estaban bajo [la] ley, para que recibiramos la adopcin de hijos.
Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: Abba! Padre!
Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, tambin heredero por medio de Dios.
Pero en aquel tiempo, cuando no conocais a Dios, erais siervos de aquellos que por naturaleza no son dioses.
Pero ahora que conocis a Dios, o ms bien, que sois conocidos por Dios, cmo es que os volvis otra vez a las cosas dbiles, intiles y elementales, a las cuales deseis volver a estar esclavizados de nuevo?
Observis los das, los meses, las estaciones y los aos.
Temo por vosotros, que quiz en vano he trabajado por vosotros.
Os ruego, hermanos, haceos como yo, pues yo tambin [me he hecho] como vosotros. Ningn agravio me habis hecho;
pero sabis que fue por causa de una enfermedad fsica que os anunci el evangelio la primera vez;
y lo que para vosotros fue una prueba en mi condicin fsica, no despreciasteis ni rechazasteis, sino que me recibisteis como un ngel de Dios, como a Cristo Jess [mismo].
Dnde est, pues, aquel sentido de bendicin que tuvisteis? Pues testigo soy en favor vuestro de que de ser posible, os hubierais sacado los ojos y me los hubierais dado.
Me he vuelto, por tanto, vuestro enemigo al deciros la verdad?
Ellos os tienen celo, no con buena intencin, sino que quieren excluiros a fin de que mostris celo por ellos.
Es bueno mostrar celo con buena intencin siempre, y no slo cuando yo estoy presente con vosotros.
Hijos mos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros,
quisiera estar presente con vosotros ahora y cambiar mi tono, pues perplejo estoy en cuanto a vosotros.
Decidme, los que deseis estar bajo [la] ley, no os a la ley?
Porque est escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la sierva y otro de la libre.
Pero el hijo de la sierva naci segn la carne, y el hijo de la libre por medio de la promesa.
Esto contiene una alegora, pues estas [mujeres] son dos pactos; uno [procede] del monte Sina que engendra hijos para ser esclavos; ste es Agar.
Ahora bien, Agar es el monte Sina en Arabia, y corresponde a la Jerusaln actual, porque ella est en esclavitud con sus hijos.
Pero la Jerusaln de arriba es libre; sta es nuestra madre.
Porque escrito est: REGOCJATE, OH ESTRIL, LA QUE NO CONCIBES; PRORRUMPE Y CLAMA, T QUE NO TIENES DOLORES DE PARTO, PORQUE MS SON LOS HIJOS DE LA DESOLADA, QUE DE LA QUE TIENE MARIDO.
Y vosotros, hermanos, como Isaac, sois hijos de la promesa.
Pero as como entonces el que naci segn la carne persigui al que [naci] segn el Espritu, as tambin [sucede] ahora.
Pero, qu dice la Escritura? ECHA FUERA A LA SIERVA Y A SU HIJO, PUES EL HIJO DE LA SIERVA NO SER HEREDERO CON EL HIJO DE LA LIBRE.
As que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre.
Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometis otra vez al yugo de esclavitud.
Mirad, yo, Pablo, os digo que si os dejis circuncidar, Cristo de nada os aprovechar.
Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que est obligado a cumplir toda la ley.
De Cristo os habis separado, vosotros que procuris ser justificados por [la] ley; de la gracia habis cado.
Pues nosotros, por medio del Espritu, esperamos por la fe la esperanza de justicia.
Porque en Cristo Jess ni la circuncisin ni la incircuncisin significan nada, sino la fe que obra por amor.
Vosotros corrais bien, quin os impidi obedecer a la verdad?
Esta persuasin no [vino] de aquel que os llama.
Un poco de levadura fermenta toda la masa.
Yo tengo confianza respecto a vosotros en el Seor de que no optaris por otro punto de vista; pero el que os perturba llevar su castigo, quienquiera que sea.
Pero yo, hermanos, si todava predico la circuncisin, por qu soy perseguido an? En tal caso, el escndalo de la cruz ha sido abolido.
Ojal que los que os perturban tambin se mutilaran!
Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; slo que no [usis] la libertad como pretexto para la carne, sino servos por amor los unos a los otros.
Porque toda la ley en una palabra se cumple en el [precepto:] AMARS A TU PRJIMO COMO A TI MISMO.
Pero si os mordis y os devoris unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumis unos a otros.
Digo, pues: Andad por el Espritu, y no cumpliris el deseo de la carne.
Porque el deseo de la carne es contra el Espritu, y el [del] Espritu [es] contra la carne, pues stos se oponen el uno al otro, de manera que no podis hacer lo que deseis.
Pero si sois guiados por el Espritu, no estis bajo la ley.
Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad,
idolatra, hechicera, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos,
envidias, borracheras, orgas y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarn el reino de Dios.
Mas el fruto del Espritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad,
mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley.
Pues los que son de Cristo Jess han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Si vivimos por el Espritu, andemos tambin por el Espritu.
No nos hagamos vanagloriosos, provocndonos unos a otros, envidindonos unos a otros.
Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espritu de mansedumbre, mirndote a ti mismo, no sea que t tambin seas tentado.
Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid as la ley de Cristo.
Porque si alguno se cree que es algo, no siendo nada, se engaa a s mismo.
Pero que cada uno examine su propia obra, y entonces tendr [motivo para] gloriarse solamente con respecto a s mismo, y no con respecto a otro.
Porque cada uno llevar su propia carga.
Y al que se le ensea la palabra, que comparta toda cosa buena con el que le ensea.
No os dejis engaar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso tambin segar.
Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segar corrupcin, pero el que siembra para el Espritu, del Espritu segar vida eterna.
Y no nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos.
As que entonces, hagamos bien a todos segn tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe.
Mirad con qu letras tan grandes os escribo de mi propia mano.
Los que desean agradar en la carne tratan de obligaros a que os circuncidis, simplemente para no ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo.
Porque ni aun los mismos que son circuncidados guardan la ley, mas ellos desean haceros circuncidar para gloriarse en vuestra carne.
Pero jams acontezca que yo me glore, sino en la cruz de nuestro Seor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para m y yo para el mundo.
Porque ni la circuncisin es nada, ni la incircuncisin, sino una nueva creacin.
Y a los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia [sea] sobre ellos y sobre el Israel de Dios.
De aqu en adelante nadie me cause molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jess.
Hermanos, la gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con vuestro espritu. Amn.
Pablo, apstol de Cristo Jess por la voluntad de Dios, a los santos que estn en feso y [que son] fieles en Cristo Jess:
Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.
Bendito [sea] el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendicin espiritual en los [lugares] celestiales en Cristo,
segn nos escogi en l antes de la fundacin del mundo, para que furamos santos y sin mancha delante de l. En amor
nos predestin para adopcin como hijos para s mediante Jesucristo, conforme al beneplcito de su voluntad,
para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado.
En l tenemos redencin mediante su sangre, el perdn de nuestros pecados segn las riquezas de su gracia
que ha hecho abundar para con nosotros. En toda sabidura y discernimiento
nos dio a conocer el misterio de su voluntad, segn el beneplcito que se propuso en l,
con miras a una [buena] administracin en el cumplimiento de los tiempos, [es decir,] de reunir todas las cosas en Cristo, [tanto] las [que estn] en los cielos, [como] las [que estn] en la tierra. En l
tambin hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados segn el propsito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad,
a fin de que nosotros, que fuimos los primeros en esperar en Cristo, seamos para alabanza de su gloria.
En l tambin vosotros, despus de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvacin, y habiendo credo, fuisteis sellados en l con el Espritu Santo de la promesa,
que nos es dado como garanta de nuestra herencia, con miras a la redencin de la posesin [adquirida de Dios], para alabanza de su gloria.
Por esta razn tambin yo, habiendo odo de la fe en el Seor Jess que [hay] entre vosotros, y [de] vuestro amor por todos los santos,
no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo mencin [de vosotros] en mis oraciones;
[pidiendo] que el Dios de nuestro Seor Jesucristo, el Padre de gloria, os d espritu de sabidura y de revelacin en un mejor conocimiento de l.
[Mi oracin es que] los ojos de vuestro corazn sean iluminados, para que sepis cul es la esperanza de su llamamiento, cules son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,
y cul es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder,
el cual obr en Cristo cuando le resucit de entre los muertos y le sent a su diestra en los [lugares] celestiales,
muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no slo en este siglo sino tambin en el venidero.
Y todo someti bajo sus pies, y a l lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,
la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo.
Y [l] [os dio vida] a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
en los cuales anduvisteis en otro tiempo segn la corriente de este mundo, conforme al prncipe de la potestad del aire, el espritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
entre los cuales tambin todos nosotros en otro tiempo vivamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y ramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los dems.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos am,
aun cuando estbamos muertos en [nuestros] delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habis sido salvados),
y con l [nos] resucit, y con l [nos] sent en los [lugares] celestiales en Cristo Jess,
a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por [su] bondad para con nosotros en Cristo Jess.
Porque por gracia habis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, [sino que es] don de Dios;
no por obras, para que nadie se glore.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jess para [hacer] buenas obras, las cuales Dios prepar de antemano para que anduviramos en ellas.
Recordad, pues, que en otro tiempo vosotros los gentiles en la carne, llamados incircuncisin por la tal llamada circuncisin, hecha por manos en la carne,
[recordad] que en ese tiempo estabais separados de Cristo, excluidos de la ciudadana de Israel, extraos a los pactos de la promesa, sin tener esperanza, y sin Dios en el mundo.
Pero ahora en Cristo Jess, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habis sido acercados por la sangre de Cristo.
Porque l mismo es nuestra paz, quien de ambos [pueblos] hizo uno, derribando la pared intermedia de separacin,
aboliendo en su carne la enemistad, la ley de [los] mandamientos [expresados] en ordenanzas, para crear en s mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo [as] la paz,
y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo dado muerte en ella a la enemistad.
Y VINO Y ANUNCI PAZ A VOSOTROS QUE ESTABAIS LEJOS, Y PAZ A LOS QUE ESTABAN CERCA;
porque por medio de l los unos y los otros tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espritu.
As pues, ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios,
edificados sobre el fundamento de los apstoles y profetas, siendo Cristo Jess mismo la [piedra] angular,
en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para [ser] un templo santo en el Seor,
en quien tambin vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espritu.
Por esta causa yo, Pablo, prisionero de Cristo Jess por amor de vosotros los gentiles
(si en verdad habis odo de la dispensacin de la gracia de Dios que me fue dada para vosotros;
que por revelacin me fue dado a conocer el misterio, tal como antes os escrib brevemente.
En vista de lo cual, leyendo, podris comprender mi discernimiento del misterio de Cristo,
que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora ha sido revelado a sus santos apstoles y profetas por el Espritu;
[a saber,] que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, participando igualmente de la promesa en Cristo Jess mediante el evangelio,
del cual fui hecho ministro, conforme al don de la gracia de Dios que se me ha concedido segn la eficacia de su poder.
A m, que soy menos que el ms pequeo de todos los santos, se me concedi esta gracia: anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo,
y sacar a luz cul es la dispensacin del misterio que por los siglos ha estado oculto en Dios, creador de todas las cosas;
a fin de que la infinita sabidura de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los [lugares] celestiales,
conforme al propsito eterno que llev a cabo en Cristo Jess nuestro Seor,
en quien tenemos libertad y acceso [a Dios] con confianza por medio de la fe en l.
Ruego, por tanto, que no desmayis a causa de mis tribulaciones por vosotros, porque son vuestra gloria).
Por esta causa, [pues,] doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Seor Jesucristo,
de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra,
que os conceda, conforme a las riquezas de su gloria, ser fortalecidos con poder por su Espritu en el hombre interior;
de manera que Cristo more por la fe en vuestros corazones; [y] que arraigados y cimentados en amor,
seis capaces de comprender con todos los santos cul es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad,
y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seis llenos hasta [la medida de] toda la plenitud de Dios.
Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho ms abundantemente de lo que pedimos o entendemos, segn el poder que obra en nosotros,
a l [sea] la gloria en la iglesia y en Cristo Jess por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amn.
Yo, pues, prisionero del Seor, os ruego que vivis de una manera digna de la vocacin con que habis sido llamados,
con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportndoos unos a otros en amor,
esforzndoos por preservar la unidad del Espritu en el vnculo de la paz.
[Hay] un solo cuerpo y un solo Espritu, as como tambin vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocacin;
un solo Seor, una sola fe, un solo bautismo,
un solo Dios y Padre de todos, que est sobre todos, por todos y en todos.
Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
Por tanto, dice: CUANDO ASCENDI A LO ALTO, LLEV CAUTIVA UNA HUESTE DE CAUTIVOS, Y DIO DONES A LOS HOMBRES.
(Esta [expresin:] Ascendi, qu significa, sino que l tambin haba descendido a las profundidades de la tierra?
El que descendi es tambin el mismo que ascendi mucho ms arriba de todos los cielos, para poder llenarlo todo.)
Y l dio a algunos [el ser] apstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros,
a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificacin del cuerpo de Cristo;
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condicin de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
para que ya no seamos nios, sacudidos por las olas y llevados de aqu para all por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimaas engaosas del error;
sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos [los aspectos] en aquel que es la cabeza, [es decir,] Cristo,
de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesin que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificacin en amor.
Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Seor: que ya no andis as como andan tambin los gentiles, en la vanidad de su mente,
entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazn;
y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas.
Pero vosotros no habis aprendido a Cristo de esta manera,
si en verdad lo osteis y habis sido enseados en l, conforme a la verdad que hay en Jess,
que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojis del viejo hombre, que se corrompe segn los deseos engaosos,
y que seis renovados en el espritu de vuestra mente,
y os vistis del nuevo hombre, el cual, en [la semejanza de] Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.
Por tanto, dejando a un lado la falsedad, HABLAD VERDAD CADA CUAL CON SU PRJIMO, porque somos miembros los unos de los otros.
AIRAOS, PERO NO PEQUIS; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,
ni deis oportunidad al diablo.
El que roba, no robe ms, sino ms bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qu compartir con el que tiene necesidad.
No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino slo la que sea buena para edificacin, segn la necesidad [del momento,] para que imparta gracia a los que escuchan.
Y no entristezcis al Espritu Santo de Dios, por el cual fuisteis sellados para el da de la redencin.
Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, as como toda malicia.
Sed ms bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonndoos unos a otros, as como tambin Dios os perdon en Cristo.
Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados;
y andad en amor, as como tambin Cristo os am y se dio a s mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma.
Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos;
ni obscenidades, ni necedades, ni groseras, que no son apropiadas, sino ms bien acciones de gracias.
Porque con certeza sabis esto: que ningn inmoral, impuro, o avaro, que es idlatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.
Que nadie os engae con palabras vanas, pues por causa de estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia.
Por tanto, no seis partcipes con ellos;
porque antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Seor; andad como hijos de luz
(porque el fruto de la luz [consiste] en toda bondad, justicia y verdad),
examinando qu es lo que agrada al Seor.
Y no participis en las obras estriles de las tinieblas, sino ms bien, desenmascaradlas;
porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto.
Pero todas las cosas se hacen visibles cuando son expuestas por la luz, pues todo lo que se hace visible es luz.
Por esta razn dice: Despierta, t que duermes, y levntate de entre los muertos, y te alumbrar Cristo.
Por tanto, tened cuidado cmo andis; no como insensatos, sino como sabios,
aprovechando bien el tiempo, porque los das son malos.
As pues, no seis necios, sino entended cul es la voluntad del Seor.
Y no os embriaguis con vino, en lo cual hay disolucin, sino sed llenos del Espritu,
hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazn al Seor;
dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Seor Jesucristo, a Dios, el Padre;
sometindoos unos a otros en el temor de Cristo.
Las mujeres [estn sometidas] a sus propios maridos como al Seor.
Porque el marido es cabeza de la mujer, as como Cristo es cabeza de la iglesia, [siendo] l mismo el Salvador del cuerpo.
Pero as como la iglesia est sujeta a Cristo, tambin las mujeres [deben estarlo] a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres, as como Cristo am a la iglesia y se dio a s mismo por ella,
para santificarla, habindola purificado por el lavamiento del agua con la palabra,
a fin de presentrsela a s mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada.
As tambin deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a s mismo se ama.
Porque nadie aborreci jams su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, as como tambin Cristo a la iglesia;
porque somos miembros de su cuerpo.
POR ESTO EL HOMBRE DEJAR A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIR A SU MUJER, Y LOS DOS SERN UNA SOLA CARNE.
Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia.
En todo caso, cada uno de vosotros ame tambin a su mujer como a s mismo, y que la mujer respete a su marido.
Hijos, obedeced a vuestros padres en el Seor, porque esto es justo.
HONRA A TU PADRE Y A [tu] MADRE (que es el primer mandamiento con promesa),
PARA QUE TE VAYA BIEN, Y PARA QUE TENGAS LARGA VIDA SOBRE LA TIERRA.
Y [vosotros,] padres, no provoquis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instruccin del Seor.
Siervos, obedeced a vuestros amos en la tierra, con temor y temblor, con la sinceridad de vuestro corazn, como a Cristo;
no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazn la voluntad de Dios.
Servid de buena voluntad, como al Seor y no a los hombres,
sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibir del Seor, sea siervo o sea libre.
Y [vosotros,] amos, haced lo mismo con ellos, y dejad las amenazas, sabiendo que el Seor de ellos y de vosotros est en los cielos, y que para l no hay acepcin de personas.
Por lo dems, fortaleceos en el Seor y en el poder de su fuerza.
Revestos con toda la armadura de Dios para que podis estar firmes contra las insidias del diablo.
Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las [huestes] espirituales de maldad en las [regiones] celestes.
Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podis resistir en el da malo, y habindolo hecho todo, estar firmes.
Estad, pues, firmes, CEIDA VUESTRA CINTURA CON LA VERDAD, REVESTIDOS CON LA CORAZA DE LA JUSTICIA,
y calzados LOS PIES CON EL APRESTO DEL EVANGELIO DE LA PAZ;
en todo, tomando el escudo de la fe con el que podris apagar todos los dardos encendidos del maligno.
Tomad tambin el YELMO DE LA SALVACIN, y la espada del Espritu que es la palabra de Dios.
Con toda oracin y splica orad en todo tiempo en el Espritu, y as, velad con toda perseverancia y splica por todos los santos;
y [orad] por m, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio,
por el cual soy embajador en cadenas; que [al proclamar]lo hable con denuedo, como debo hablar.
Pero a fin de que tambin vosotros sepis mi situacin [y] lo que hago, todo os lo har saber Tquico, amado hermano y fiel ministro en el Seor,
a quien he enviado a vosotros precisamente para esto, para que sepis de nosotros y para que consuele vuestros corazones.
Paz sea a los hermanos, y amor con fe de Dios el Padre y del Seor Jesucristo.
La gracia sea con todos los que aman a nuestro Seor Jesucristo con [amor] incorruptible.
Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jess, a todos los santos en Cristo Jess que estn en Filipos, incluyendo a los obispos y diconos:
Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.
Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros,
orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros,
por vuestra participacin en el evangelio desde el primer da hasta ahora,
estando convencido precisamente de esto: que el que comenz en vosotros la buena obra, la perfeccionar hasta el da de Cristo Jess.
Es justo que yo sienta esto acerca de todos vosotros, porque os llevo en el corazn, pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmacin del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia.
Porque Dios me es testigo de cunto os aoro a todos con el entraable amor de Cristo Jess.
Y esto pido en oracin: que vuestro amor abunde an ms y ms en conocimiento verdadero y [en] todo discernimiento,
a fin de que escojis lo mejor, para que seis puros e irreprensibles para el da de Cristo;
llenos del fruto de justicia que [es] por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios.
Y quiero que sepis, hermanos, que las circunstancias [en que me he visto,] han redundado en el mayor progreso del evangelio,
de tal manera que mis prisiones por [la causa de] Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los dems;
y que la mayora de los hermanos, confiando en el Seor por causa de mis prisiones, tienen mucho ms valor para hablar la palabra de Dios sin temor.
Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero tambin otros [lo hacen] de buena voluntad;
stos [lo hacen] por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio;
aqullos proclaman a Cristo por ambicin personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones.
Entonces qu? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado; y en esto me regocijo, s, y me regocijar.
Porque s que esto resultar en mi liberacin mediante vuestras oraciones y la suministracin del Espritu de Jesucristo,
conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada ser avergonzado, sino [que] con toda confianza, aun ahora, como siempre, Cristo ser exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte.
Pues para m, el vivir es Cristo y el morir es ganancia.
Pero si el vivir en la carne, esto [significa] para m [una] labor fructfera, entonces, no s cul escoger,
pues de ambos [lados] me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues [eso] es mucho mejor;
y sin embargo, continuar en la carne es ms necesario por causa de vosotros.
Y convencido de esto, s que permanecer y continuar con todos vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe,
para que vuestra profunda satisfaccin por m abunde en Cristo Jess a causa de mi visita otra vez a vosotros.
Solamente comportaos de una manera digna del evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a veros, o que permanezca ausente, pueda or que vosotros estis firmes en un mismo espritu, luchando unnimes por la fe del evangelio;
de ninguna manera amedrentados por [vuestros] adversarios, lo cual es seal de perdicin para ellos, pero de salvacin para vosotros, y esto, de Dios.
Porque a vosotros se os ha concedido por amor de Cristo, no slo creer en l, sino tambin sufrir por l,
sufriendo el mismo conflicto que visteis en m, y que ahora os [que est] en m.
Por tanto, si hay algn estmulo en Cristo, si hay algn consuelo de amor, si hay alguna comunin del Espritu, si algn afecto y compasin,
haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espritu, dedicados a un mismo propsito.
Nada hagis por egosmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como ms importante que a s mismo,
no buscando cada uno sus propios intereses, sino ms bien los intereses de los dems.
Haya, [pues,] en vosotros esta actitud que hubo tambin en Cristo Jess,
el cual, aunque exista en forma de Dios, no consider el ser igual a Dios como algo a qu aferrarse,
sino que se despoj a s mismo tomando forma de siervo, hacindose semejante a los hombres.
Y hallndose en forma de hombre, se humill a s mismo, hacindose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Por lo cual Dios tambin le exalt hasta lo sumo, y le confiri el nombre que es sobre todo nombre,
para que al nombre de Jess SE DOBLE TODA RODILLA de los que estn en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra,
y toda lengua confiese que Jesucristo es Seor, para gloria de Dios Padre.
As que, amados mos, tal como siempre habis obedecido, no slo en mi presencia, sino ahora mucho ms en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvacin con temor y temblor;
porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para [su] beneplcito.
Haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones,
para que seis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generacin torcida y perversa, en medio de la cual resplandecis como luminares en el mundo,
sosteniendo firmemente la palabra de vida, a fin de que yo tenga motivo para gloriarme en el da de Cristo, ya que no habr corrido en vano ni habr trabajado en vano.
Pero aunque yo sea derramado como libacin sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me regocijo y comparto mi gozo con todos vosotros.
Y tambin vosotros, [os ruego,] regocijaos de la misma manera, y compartid vuestro gozo conmigo.
Mas espero en el Seor Jess enviaros pronto a Timoteo, a fin de que yo tambin sea alentado al saber de vuestra condicin.
Pues a nadie [ms] tengo del mismo sentir mo [y] que est sinceramente interesado en vuestro bienestar.
Porque todos buscan sus propios intereses, no los de Cristo Jess.
Pero vosotros conocis sus probados mritos, que sirvi conmigo en la propagacin del evangelio como un hijo [sirve] a su padre.
Por tanto, a ste espero enviarlo inmediatamente tan pronto vea cmo [van] las cosas conmigo;
y confo en el Seor que tambin yo mismo ir pronto.
Pero cre necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compaero de milicia, quien tambin es vuestro mensajero y servidor para mis necesidades;
porque l os aoraba a todos vosotros, y estaba angustiado porque habais odo que se haba enfermado.
Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de l, y no slo de l, sino tambin de m, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza.
As que lo he enviado con mayor solicitud, para que al verlo de nuevo, os regocijis y yo est ms tranquilo [en cuanto a vosotros.]
Recibidlo, pues, en el Seor con todo gozo, y tened en alta estima a los [que son] como l;
porque estuvo al borde de la muerte por la obra de Cristo, arriesgando su vida para completar lo que faltaba en vuestro servicio hacia m.
Por lo dems, hermanos mos, regocijaos en el Seor. A m no me es molesto escribiros [otra vez] lo mismo, y para vosotros es motivo de seguridad.
Cuidaos de los perros, cuidaos de los malos obreros, cuidaos de la falsa circuncisin;
porque nosotros somos la [verdadera] circuncisin, que adoramos en el Espritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jess, no poniendo la confianza en la carne,
aunque yo mismo podra confiar tambin en la carne. Si algn otro cree [tener motivo para] confiar en la carne, yo mucho ms:
circuncidado el octavo da, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamn, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;
en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, hallado irreprensible.
Pero todo lo que para m era ganancia, lo he estimado como prdida por amor de Cristo.
Y an ms, yo estimo como prdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jess, mi Seor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo,
y ser hallado en l, no teniendo mi propia justicia derivada de [la] ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que [procede] de Dios sobre la base de la fe,
[y] conocerle a l, el poder de su resurreccin y la participacin en sus padecimientos, llegando a ser como l en su muerte,
a fin de llegar a la resurreccin de entre los muertos.
No que ya [lo] haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual tambin fui alcanzado por Cristo Jess.
Hermanos, yo mismo no considero haber[lo] ya alcanzado; pero una cosa [hago:] olvidando lo que [queda] atrs y extendindome a lo que [est] delante,
prosigo hacia la meta para [obtener] el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jess.
As que todos los que somos perfectos, tengamos esta [misma] actitud; y si en algo tenis una actitud distinta, eso tambin os lo revelar Dios;
sin embargo, continuemos viviendo segn la misma [norma] que hemos alcanzado.
Hermanos, sed imitadores mos, y observad a los que andan segn el ejemplo que tenis en nosotros.
Porque muchos andan como os he dicho muchas veces, y ahora os lo digo aun llorando, [que son] enemigos de la cruz de Cristo,
cuyo fin es perdicin, cuyo dios es [su] apetito y [cuya] gloria est en su vergenza, los cuales piensan slo en las cosas terrenales.
Porque nuestra ciudadana est en los cielos, de donde tambin ansiosamente esperamos a un Salvador, el Seor Jesucristo,
el cual transformar el cuerpo de nuestro estado de humillacin en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a s mismo.
As que, hermanos mos, amados y aorados, gozo y corona ma, estad as firmes en el Seor, amados.
Ruego a Evodia y a Sntique, que vivan en armona en el Seor.
En verdad, fiel compaero, tambin te ruego que ayudes a estas [mujeres] que han compartido mis luchas en [la causa] del evangelio, junto con Clemente y los dems colaboradores mos, cuyos nombres estn en el libro de la vida.
Regocijaos en el Seor siempre. Otra vez [lo] dir: Regocijaos!
Vuestra bondad sea conocida de todos los hombres. El Seor est cerca.
Por nada estis afanosos; antes bien, en todo, mediante oracin y splica con accin de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardar vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jess.
Por lo dems, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad.
Lo que tambin habis aprendido y recibido y odo y visto en m, esto practicad, y el Dios de paz estar con vosotros.
Me alegr grandemente en el Seor de que ya al fin habis reavivado vuestro cuidado para conmigo; en verdad, [antes] os preocupabais, pero os faltaba la oportunidad.
No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situacin.
S vivir en pobreza, y s vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como [de] tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Sin embargo, habis hecho bien en compartir [conmigo] en mi afliccin.
Y vosotros mismos tambin sabis, filipenses, que al comienzo [de la predicacin] del evangelio, despus que part de Macedonia, ninguna iglesia comparti conmigo en cuestin de dar y recibir, sino vosotros solos;
porque aun a Tesalnica enviasteis [ddivas] ms de una vez para mis necesidades.
No es que busque la ddiva en s, sino que busco fruto que aumente en vuestra cuenta.
Pero lo he recibido todo y tengo abundancia; estoy bien abastecido, habiendo recibido de Epafrodito lo que habis enviado: fragante aroma, sacrificio aceptable, agradable a Dios.
Y mi Dios proveer a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jess.
A nuestro Dios y Padre [sea] la gloria por los siglos de los siglos. Amn.
Saludad a todos los santos en Cristo Jess. Los hermanos que estn conmigo os saludan.
Todos los santos os saludan, especialmente los de la casa del Csar.
La gracia del Seor Jesucristo sea con vuestro espritu.
Pablo, apstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,
a los santos y fieles hermanos en Cristo [que estn] en Colosas: Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre.
Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Seor Jesucristo, orando siempre por vosotros,
al or de vuestra fe en Cristo Jess y del amor que tenis por todos los santos,
a causa de la esperanza reservada para vosotros en los cielos, de la cual osteis antes en la palabra de verdad, el evangelio,
que ha llegado hasta vosotros; as como en todo el mundo est dando fruto constantemente y creciendo, as [lo ha estado haciendo] tambin en vosotros, desde el da que osteis y comprendisteis la gracia de Dios en verdad;
tal como [lo] aprendisteis de Epafras, nuestro amado consiervo, quien es fiel servidor de Cristo de parte nuestra,
el cual tambin nos inform acerca de vuestro amor en el Espritu.
Por esta razn, tambin nosotros, desde el da que [lo] supimos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar que seis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabidura y comprensin espiritual,
para que andis como es digno del Seor, agradndo[le] en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios;
fortalecidos con todo poder segn la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo
dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en luz.
Porque l nos libr del dominio de las tinieblas y nos traslad al reino de su Hijo amado,
en quien tenemos redencin: el perdn de los pecados.
l es la imagen del Dios invisible, el primognito de toda creacin.
Porque en l fueron creadas todas las cosas, [tanto] en los cielos [como] en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de l y para l.
Y l es antes de todas las cosas, y en l todas las cosas permanecen.
l es tambin la cabeza del cuerpo [que es] la iglesia; y l es el principio, el primognito de entre los muertos, a fin de que l tenga en todo la primaca.
Porque agrad [al Padre] que en l habitara toda la plenitud,
y por medio de l reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de l, [repito,] ya sean las que estn en la tierra o las que estn en los cielos.
Y aunque vosotros antes estabais alejados y [erais] de nimo hostil, [ocupados] en malas obras,
sin embargo, ahora l os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de l,
si en verdad permanecis en la fe bien cimentados y constantes, sin moveros de la esperanza del evangelio que habis odo, que fue proclamado a toda la creacin debajo del cielo, y del cual yo, Pablo, fui hecho ministro.
Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros, y en mi carne, completando lo que falta de las aflicciones de Cristo, hago mi parte por su cuerpo, que es la iglesia,
de la cual fui hecho ministro conforme a la administracin de Dios que me fue dada para beneficio vuestro, a fin de llevar a cabo [la predicacin de] la palabra de Dios,
[es decir,] el misterio que ha estado oculto desde los siglos y generaciones [pasadas,] pero que ahora ha sido manifestado a sus santos,
a quienes Dios quiso dar a conocer cules son las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria.
A l nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseando a todos los hombres con toda sabidura, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo.
Y con este fin tambin trabajo, esforzndome segn su poder que obra poderosamente en m.
Porque quiero que sepis qu gran lucha tengo por vosotros y por los que estn en Laodicea, y por todos los que no me han visto en persona,
para que sean alentados sus corazones, y unidos en amor, [alcancen] todas las riquezas que [proceden] de una plena seguridad de comprensin, [resultando] en un verdadero conocimiento del misterio de Dios, [es decir,] de Cristo,
en quien estn escondidos todos los tesoros de la sabidura y del conocimiento.
Esto lo digo para que nadie os engae con razonamientos persuasivos.
Porque aunque estoy ausente en el cuerpo, sin embargo estoy con vosotros en espritu, regocijndome al ver vuestra buena disciplina y la estabilidad de vuestra fe en Cristo.
Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo Jess el Seor, [as] andad en l;
firmemente arraigados y edificados en l y confirmados en vuestra fe, tal como fuisteis instruidos, rebosando de gratitud.
Mirad que nadie os haga cautivos por medio de [su] filosofa y vanas sutilezas, segn la tradicin de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no segn Cristo.
Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en l,
y habis sido hechos completos en l, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad;
en l tambin fuisteis circuncidados con una circuncisin no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisin de Cristo;
habiendo sido sepultados con l en el bautismo, en el cual tambin habis resucitado con l por la fe en la accin [del poder] de Dios, que le resucit de entre los muertos.
Y cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisin de vuestra carne, os dio vida juntamente con l, habindonos perdonado todos los delitos,
habiendo cancelado el documento de deuda que consista en decretos contra nosotros [y] que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavndolo en la cruz.
[Y] habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectculo pblico, triunfando sobre ellos por medio de l.
Por tanto, que nadie se constituya en vuestro juez con respecto a comida o bebida, o en cuanto a da de fiesta, o luna nueva, o da de reposo;
cosas que [slo] son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo.
Nadie os defraude de vuestro premio deleitndose en la humillacin de s mismo y en la adoracin de los ngeles, basndose en las [visiones] que ha visto, hinchado sin causa por su mente carnal,
pero no asindose a la Cabeza, de la cual todo el cuerpo, nutrido y unido por las coyunturas y ligamentos, crece con un crecimiento [que es] de Dios.
Si habis muerto con Cristo a los principios elementales del mundo, por qu, como si [an] vivierais en el mundo, os sometis a preceptos tales como:
no manipules, ni gustes, ni toques
(todos los cuales [se refieren a] cosas destinadas a perecer con el uso), segn los preceptos y enseanzas de los hombres?
Tales cosas tienen a la verdad, la apariencia de sabidura en una religin humana, en la humillacin de s mismo y en el trato severo del cuerpo, [pero] carecen de valor alguno contra los apetitos de la carne.
Si habis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde est Cristo sentado a la diestra de Dios.
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Porque habis muerto, y vuestra vida est escondida con Cristo en Dios.
Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros tambin seris manifestados con l en gloria.
Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicacin, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatra.
Pues la ira de Dios vendr sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas,
en las cuales vosotros tambin anduvisteis en otro tiempo cuando vivais en ellas.
Pero ahora desechad tambin vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje soez de vuestra boca.
No mintis los unos a los otros, puesto que habis desechado al viejo hombre con sus [malos] hbitos,
y os habis vestido del nuevo [hombre,] el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo cre;
[una renovacin] en la cual no hay [distincin entre] griego y judo, circunciso e incircunciso, brbaro, escita, esclavo [o] libre, sino que Cristo es todo, y en todos.
Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestos de tierna compasin, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia;
soportndoos unos a otros y perdonndoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdon, as tambin [hacedlo] vosotros.
Y sobre todas estas cosas, [vestos de] amor, que es el vnculo de la unidad.
Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.
Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabidura ensendoos y amonestndoos unos a otros con salmos, himnos [y] canciones espirituales, cantando a Dios con accin de gracias en vuestros corazones.
Y todo lo que hacis, de palabra o de hecho, [hacedlo] todo en el nombre del Seor Jess, dando gracias por medio de l a Dios el Padre.
Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Seor.
Maridos, amad a vuestras mujeres y no seis speros con ellas.
Hijos, sed obedientes a vuestros padres en todo, porque esto es agradable al Seor.
Padres, no exasperis a vuestros hijos, para que no se desalienten.
Siervos, obedeced en todo a vuestros amos en la tierra, no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino con sinceridad de corazn, temiendo al Seor.
Y todo lo que hagis, hacedlo de corazn, como para el Seor y no para los hombres,
sabiendo que del Seor recibiris la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Seor a quien servs.
Porque el que procede con injusticia sufrir las consecuencias del mal que ha cometido, y eso, sin acepcin de personas.
Amos, tratad con justicia y equidad a vuestros siervos, sabiendo que vosotros tambin tenis un Seor en el cielo.
Perseverad en la oracin, velando en ella con accin de gracias;
orando al mismo tiempo tambin por nosotros, para que Dios nos abra una puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual tambin he sido encarcelado,
para manifestarlo como debo hacerlo.
Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo.
Que vuestra conversacin sea siempre con gracia, sazonada [como] con sal, para que sepis cmo debis responder a cada persona.
En cuanto a todos mis asuntos, os informar Tquico, [nuestro] amado hermano, fiel ministro y consiervo en el Seor.
[Porque] precisamente para esto os lo he enviado, para que sepis de nuestras circunstancias y que conforte vuestros corazones;
y con l a Onsimo, fiel y amado hermano, que es uno de vosotros. Ellos os informarn acerca de todo lo que aqu pasa.
Aristarco, mi compaero de prisin, os enva saludos; tambin Marcos, el primo de Bernab (acerca del cual recibisteis instrucciones; si va a vosotros, recibidle bien);
y [tambin] Jess, llamado Justo; stos son los nicos colaboradores [conmigo] en el reino de Dios que son de la circuncisin, y ellos han resultado ser un estmulo para m.
Epafras, que es uno de vosotros, siervo de Jesucristo, os enva saludos, siempre esforzndose intensamente a favor vuestro en sus oraciones, para que estis firmes, perfectos y completamente seguros en toda la voluntad de Dios.
Porque le soy testigo de que tiene profundo inters por vosotros y por los que estn en Laodicea y en Hierpolis.
Lucas, el mdico amado, os enva saludos, y [tambin] Demas.
Saludad a los hermanos que estn en Laodicea, tambin a Ninfas y a la iglesia que est en su casa.
Cuando esta carta se haya ledo entre vosotros, hacedla leer tambin en la iglesia de los laodicenses; y vosotros, por vuestra parte, leed la carta [que viene] de Laodicea.
Y decid a Arquipo: Cuida el ministerio que has recibido del Seor, para que lo cumplas.
Yo, Pablo, escribo este saludo con mi propia mano. Acordaos de mis cadenas. La gracia sea con vosotros.
Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Seor Jesucristo: Gracia a vosotros y paz.
Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros, haciendo mencin [de vosotros] en nuestras oraciones;
teniendo presente sin cesar delante de nuestro Dios y Padre vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor y la firmeza de vuestra esperanza en nuestro Seor Jesucristo;
sabiendo, hermanos amados de Dios, [su] eleccin de vosotros,
pues nuestro evangelio no vino a vosotros solamente en palabras, sino tambin en poder y en el Espritu Santo y con plena conviccin; como sabis qu clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros.
Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Seor, habiendo recibido la palabra, en medio de mucha tribulacin, con el gozo del Espritu Santo,
de manera que llegasteis a ser un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya.
Porque [saliendo] de vosotros, la palabra del Seor ha resonado, no slo en Macedonia y Acaya, sino que tambin por todas partes vuestra fe en Dios se ha divulgado, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada.
Pues ellos mismos cuentan acerca de nosotros, de la acogida que tuvimos por parte de vosotros, y de cmo os convertisteis de los dolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero,
y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucit de entre los muertos, [es decir,] a Jess, quien nos libra de la ira venidera.
Porque vosotros mismos sabis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no fue en vano,
sino que despus de haber sufrido y sido maltratados en Filipos, como sabis, tuvimos el valor, [confiados] en nuestro Dios, de hablaros el evangelio de Dios en medio de mucha oposicin.
Pues nuestra exhortacin no [procede] de error ni de impureza ni [es] con engao;
sino que as como hemos sido aprobados por Dios para que se nos confiara el evangelio, as hablamos, no como agradando a los hombres, sino a Dios que examina nuestros corazones.
Porque como sabis, nunca fuimos a [vosotros] con palabras lisonjeras, ni con pretexto para lucrar, Dios es testigo,
ni buscando gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros, aunque como apstoles de Cristo hubiramos podido imponer nuestra autoridad.
Ms bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cra con ternura a sus propios hijos.
Teniendo as un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no slo el evangelio de Dios, sino tambin nuestras propias vidas, pues llegasteis a sernos muy amados.
Porque recordis, hermanos, nuestros trabajos y fatigas, [cmo,] trabajando de da y de noche para no ser carga a ninguno de vosotros, os proclamamos el evangelio de Dios.
Vosotros sois testigos, y [tambin] Dios, de cun santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes;
as como sabis de qu manera os exhortbamos, alentbamos e implorbamos a cada uno de vosotros, como un padre [lo hara] con sus propios hijos,
para que anduvierais como es digno del Dios que os ha llamado a su reino y a su gloria.
Por esto tambin nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibisteis de nosotros la palabra del mensaje de Dios, [la] aceptasteis no [como] la palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual tambin hace su obra en vosotros los que creis.
Pues vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jess que estn en Judea, porque tambin vosotros padecisteis los mismos sufrimientos a manos de vuestros propios compatriotas, tal como ellos [padecieron] a manos de los judos,
los cuales mataron tanto al Seor Jess como a los profetas, y nos expulsaron, y no agradan a Dios sino que son contrarios a todos los hombres,
impidindonos hablar a los gentiles para que se salven, con el resultado de que siempre llenan la medida de sus pecados. Pero la ira ha venido sobre ellos hasta el extremo.
Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por breve tiempo, en persona pero no en espritu, estbamos muy ansiosos, con profundo deseo de ver vuestro rostro.
Ya que queramos ir a vosotros (al menos yo, Pablo, ms de una vez) pero Satans nos lo ha impedido.
Porque quin es nuestra esperanza o gozo o corona de gloria? No lo sois vosotros en la presencia de nuestro Seor Jess en su venida?
Pues vosotros sois nuestra gloria y nuestro gozo.
Por lo cual, no pudiendo soportar[lo] ms, pensamos que era mejor quedarnos solos en Atenas,
y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, para fortaleceros y alentaros respecto a vuestra fe;
a fin de que nadie se inquiete por [causa de] estas aflicciones, porque vosotros mismos sabis que para esto hemos sido destinados.
Porque en verdad, cuando estbamos con vosotros os predecamos que bamos a sufrir afliccin, y as ha acontecido, como sabis.
Por eso tambin yo, cuando ya no pude soportar ms, envi para informarme de vuestra fe, por temor a que el tentador os hubiera tentado y que nuestro trabajo resultara en vano.
Pero ahora Timoteo ha regresado de vosotros a nosotros, y nos ha trado buenas noticias de vuestra fe y amor y de que siempre tenis buen recuerdo de nosotros, aorando vernos, como tambin nosotros a vosotros;
por eso, hermanos, en toda nuestra necesidad y afliccin fuimos consolados respecto a vosotros por medio de vuestra fe;
porque ahora [s que] vivimos, si vosotros estis firmes en el Seor.
Pues qu accin de gracias podemos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos regocijamos delante de nuestro Dios a causa de vosotros,
segn oramos intensamente de noche y de da que podamos ver vuestro rostro y que completemos lo que falta a vuestra fe?
Ahora, [pues,] que el mismo Dios y Padre nuestro, y Jess nuestro Seor, dirijan nuestro camino a vosotros;
y que el Seor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como tambin nosotros [lo hacemos] para con vosotros;
a fin de que l afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Seor Jess con todos sus santos.
Por lo dems, hermanos, os rogamos, pues, y os exhortamos en el Seor Jess, que como habis recibido de nosotros [instrucciones] acerca de la manera en que debis andar y agradar a Dios (como de hecho ya andis), as abundis [en ello] ms y ms.
Pues sabis qu preceptos os dimos por autoridad del Seor Jess.
Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificacin; [es decir,] que os abstengis de inmoralidad sexual;
que cada uno de vosotros sepa cmo poseer su propio vaso en santificacin y honor,
no en pasin de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios;
[y] que nadie peque y defraude a su hermano en este asunto, porque el Seor es [el] vengador en todas estas cosas, como tambin antes os lo dijimos y advertimos solemnemente.
Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificacin.
Por consiguiente, el que rechaza [esto] no rechaza a hombre, sino al Dios que os da su Espritu Santo.
Mas en cuanto al amor fraternal, no tenis necesidad de que [nadie] os escriba, porque vosotros mismos habis sido enseados por Dios a amaros unos a otros;
porque en verdad lo practicis con todos los hermanos que estn en toda Macedonia. Pero os instamos, hermanos, a que abundis [en ello] ms y ms,
y a que tengis por vuestra ambicin el llevar una vida tranquila, y os ocupis en vuestros propios asuntos y trabajis con vuestras manos, tal como os hemos mandado;
a fin de que os conduzcis honradamente para con los de afuera, y no tengis necesidad de nada.
Pero no queremos, hermanos, que ignoris acerca de los que duermen, para que no os entristezcis como lo hacen los dems que no tienen esperanza.
Porque si creemos que Jess muri y resucit, as tambin Dios traer con l a los que durmieron en Jess.
Por lo cual os decimos esto por la palabra del Seor: que nosotros los que estemos vivos [y] que permanezcamos hasta la venida del Seor, no precederemos a los que durmieron.
Pues el Seor mismo descender del cielo con voz de mando, con voz de arcngel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarn primero.
Entonces nosotros, los que estemos vivos [y] que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Seor en el aire, y as estaremos con el Seor siempre.
Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.
Ahora bien, hermanos, con respecto a los tiempos y a las pocas, no tenis necesidad de que se os escriba [nada.]
Pues vosotros mismos sabis perfectamente que el da del Seor vendr as como un ladrn en la noche;
[que] cuando estn diciendo: Paz y seguridad, entonces la destruccin vendr sobre ellos repentinamente, como dolores de parto a una mujer que est encinta, y no escaparn.
Mas vosotros, hermanos, no estis en tinieblas, para que el da os sorprenda como ladrn;
porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del da. No somos de la noche ni de las tinieblas.
Por tanto, no durmamos como los dems, sino estemos alertas y seamos sobrios.
Porque los que duermen, de noche duermen, y los que se emborrachan, de noche se emborrachan.
Pero puesto que nosotros somos del da, seamos sobrios, habindonos puesto la coraza de la fe y del amor, y por yelmo la esperanza de la salvacin.
Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvacin por medio de nuestro Seor Jesucristo,
que muri por nosotros, para que ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con l.
Por tanto, alentaos los unos a los otros, y edificaos el uno al otro, tal como lo estis haciendo.
Pero os rogamos hermanos, que reconozcis a los que con diligencia trabajan entre vosotros, y os dirigen en el Seor y os instruyen,
y que los tengis en muy alta estima con amor, por causa de su trabajo. Vivid en paz los unos con los otros.
Y os exhortamos, hermanos, a que amonestis a los indisciplinados, animis a los desalentados, sostengis a los dbiles [y] seis pacientes con todos.
Mirad que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino procurad siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos.
Estad siempre gozosos;
orad sin cesar;
dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jess.
No apaguis el Espritu;
no menospreciis las profecas.
Antes bien, examinadlo todo [cuidadosamente], retened lo bueno;
absteneos de toda forma de mal.
Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Seor Jesucristo.
Fiel es el que os llama, el cual tambin [lo] har.
Hermanos, orad por nosotros.
Saludad a todos los hermanos con beso santo.
Os encargo solemnemente por el Seor que se lea esta carta a todos los hermanos.
La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con vosotros.
Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios nuestro Padre y en el Seor Jesucristo:
Gracia a vosotros y paz de Dios el Padre y del Seor Jesucristo.
Siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es justo, porque vuestra fe aumenta grandemente, y el amor de cada uno de vosotros hacia los dems abunda [ms y ms;
de manera que nosotros mismos hablamos con orgullo de vosotros entre las iglesias de Dios, por vuestra perseverancia y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportis.
[sta es] una seal evidente del justo juicio de Dios, para que seis considerados dignos del reino de Dios, por el cual en verdad estis sufriendo.
Porque despus de todo, es justo delante de Dios retribuir con afliccin a los que os afligen,
[y daros] alivio a vosotros que sois afligidos, y tambin a nosotros, cuando el Seor Jess sea revelado desde el cielo con sus poderosos ngeles en llama de fuego,
dando retribucin a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Seor Jess.
stos sufrirn el castigo de eterna destruccin, excluidos de la presencia del Seor y de la gloria de su poder,
cuando l venga para ser glorificado en sus santos en aquel da y para ser admirado entre todos los que han credo; porque nuestro testimonio ha sido credo por vosotros.
Con este fin tambin nosotros oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os considere dignos de vuestro llamamiento y cumpla todo deseo de bondad y la obra de fe, con poder,
a fin de que el nombre de nuestro Seor Jess sea glorificado en vosotros, y vosotros en l, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Seor Jesucristo.
Pero con respecto a la venida de nuestro Seor Jesucristo y a nuestra reunin con l, os rogamos, hermanos,
que no seis sacudidos fcilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarmis, ni por espritu, ni por palabra, ni por carta como [si fuera] de nosotros, en el sentido de que el da del Seor ha llegado.
Que nadie os engae en ninguna manera, porque [no vendr] sin que primero venga la apostasa y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdicin,
el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o [es] objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentndose como si fuera Dios.
No os acordis de que cuando yo estaba todava con vosotros os deca esto?
Y vosotros sabis lo que lo detiene [por] ahora, para ser revelado a su [debido] tiempo.
Porque el misterio de la iniquidad ya est en accin, slo [que] aquel que [por] ahora lo detiene, [lo har] hasta que l mismo sea quitado de en medio.
Y entonces ser revelado ese inicuo, a quien el Seor matar con el espritu de su boca, y destruir con el resplandor de su venida;
[inicuo] cuya venida es conforme a la actividad de Satans, con todo poder y seales y prodigios mentirosos,
y con todo engao de iniquidad para los que se pierden, porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.
Por esto Dios les enviar un poder engaoso, para que crean en la mentira,
a fin de que sean juzgados todos los que no creyeron en la verdad sino que se complacieron en la iniquidad.
Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Seor, porque Dios os ha escogido desde el principio para salvacin mediante la santificacin por el Espritu y la fe en la verdad.
Y fue para esto que l os llam mediante nuestro evangelio, para que alcancis la gloria de nuestro Seor Jesucristo.
As que, hermanos, estad firmes y conservad las doctrinas que os fueron enseadas, ya de palabra, ya por carta nuestra.
Y que nuestro Seor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que nos am y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia,
consuele vuestros corazones y [os] afirme en toda obra y palabra buena.
Finalmente, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Seor se extienda rpidamente y sea glorificada, as como [sucedi] tambin con vosotros;
y para que seamos librados de hombres perversos y malos, porque no todos tienen fe.
Pero fiel es el Seor quien os fortalecer y proteger del maligno.
Y tenemos confianza en el Seor respecto de vosotros, de que hacis y haris lo que ordenamos.
Que el Seor dirija vuestros corazones hacia el amor de Dios y hacia la perseverancia de Cristo.
Ahora bien, hermanos, os mandamos en el nombre de nuestro Seor Jesucristo, que os apartis de todo hermano que ande desordenadamente, y no segn la doctrina que recibisteis de nosotros.
Pues vosotros mismos sabis cmo debis seguir nuestro ejemplo, porque no obramos de manera indisciplinada entre vosotros,
ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con trabajo y fatiga trabajamos da y noche a fin de no ser carga a ninguno de vosotros;
no porque no tengamos derecho [a ello], sino para ofrecernos como modelo a vosotros a fin de que sigis nuestro ejemplo.
Porque aun cuando estbamos con vosotros os ordenbamos esto: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.
Porque omos que algunos entre vosotros andan desordenadamente, sin trabajar, pero andan metindose en todo.
A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Seor Jesucristo, que trabajando tranquilamente, coman su propio pan.
Pero vosotros, hermanos, no os cansis de hacer el bien.
Y si alguno no obedece nuestra enseanza en esta carta, sealad al tal y no os asociis con l, para que se avergence.
Sin embargo, no lo tengis por enemigo, sino amonestadle como a un hermano.
Y que el mismo Seor de paz siempre os conceda paz en todas las circunstancias. El Seor sea con todos vosotros.
Yo, Pablo, escribo este saludo con mi propia mano, y sta es una seal distintiva en todas [mis] cartas; as escribo yo.
La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con todos vosotros.
Pablo, apstol de Cristo Jess por mandato de Dios nuestro Salvador, y de Cristo Jess nuestra esperanza,
a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz de Dios Padre y [de] Cristo Jess nuestro Seor.
Como te rogu al partir para Macedonia que te quedaras en feso para que instruyeras a algunos que no ensearan doctrinas extraas,
ni prestaran atencin a mitos y genealogas interminables, lo que da lugar a discusiones intiles en vez de [hacer avanzar] el plan de Dios que es por fe, [as te encargo ahora.
Pero el propsito de nuestra instruccin es el amor [nacido] de un corazn puro, de una buena conciencia y de una fe sincera.
[Pues] algunos, desvindose de estas cosas, se han apartado hacia una vana palabrera,
queriendo ser maestros de la ley, aunque no entienden lo que dicen ni las cosas acerca de las cuales hacen declaraciones categricas.
Pero nosotros sabemos que la ley es buena, si uno la usa legtimamente,
reconociendo esto: que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los transgresores y rebeldes, para los impos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,
para los inmorales, homosexuales, secuestradores, mentirosos, perjuros, y para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina,
segn el glorioso evangelio del Dios bendito, que me ha sido encomendado.
Doy gracias a Cristo Jess nuestro Seor, que me ha fortalecido, porque me tuvo por fiel, ponindome en el ministerio;
aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostr misericordia porque lo hice por ignorancia en [mi] incredulidad.
Pero la gracia de nuestro Seor fue ms que abundante, con la fe y el amor que [se hallan] en Cristo Jess.
Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jess vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.
Sin embargo, por esto hall misericordia, para que en m, como el primero, Jesucristo demostrara toda su paciencia como un ejemplo para los que habran de creer en l para vida eterna.
Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, nico Dios, [a l sea] honor y gloria por los siglos de los siglos. Amn.
Esta comisin te confo, hijo Timoteo, conforme a las profecas que antes se hicieron en cuanto a ti, a fin de que por ellas pelees la buena batalla,
guardando la fe y una buena conciencia, que algunos han rechazado y naufragaron en lo que toca a la fe.
Entre los cuales estn Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satans, para que aprendan a no blasfemar.
Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones [y] acciones de gracias por todos los hombres;
por los reyes y por todos los que estn en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad.
[Porque] esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad.
Porque hay un solo Dios, [y] tambin un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jess hombre,
quien se dio a s mismo en rescate por todos, testimonio [dado] a su debido tiempo.
Y para esto yo fui constituido predicador y apstol (digo la verdad en Cristo, no miento) como maestro de los gentiles en fe y verdad.
Por consiguiente, quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones.
Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos;
sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad.
Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia.
Yo no permito que la mujer ensee ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada.
Porque Adn fue creado primero, despus Eva.
Y Adn no [fue el] engaado, sino que la mujer, siendo engaada completamente, cay en transgresin.
Pero se salvar engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia.
Palabra fiel [es sta]: Si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea [hacer.]
Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para ensear,
no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso.
Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad
(pues si un hombre no sabe cmo gobernar su propia casa, cmo podr cuidar de la iglesia de Dios?);
no un recin convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenacin [en que cay] el diablo.
Debe gozar tambin de una buena reputacin entre los de afuera [de la iglesia], para que no caiga en descrdito y en el lazo del diablo.
De la misma manera, tambin los diconos [deben ser] dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas,
[sino] guardando el misterio de la fe con limpia conciencia.
Que tambin stos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diconos.
De igual manera, las mujeres [deben ser] dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.
Que los diconos sean maridos de una [sola] mujer, [y] que gobiernen bien [sus] hijos y sus propias casas.
Pues los que han servido bien como diconos obtienen para s una posicin honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jess.
Te escribo estas cosas, esperando ir a ti pronto,
pero en caso que me tarde, [te escribo] para que sepas cmo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostn de la verdad.
E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: l fue manifestado en la carne, vindicado en el Espritu, contemplado por ngeles, proclamado entre las naciones, credo en el mundo, recibido arriba en gloria.
Pero el Espritu dice claramente que en los ltimos tiempos algunos apostatarn de la fe, prestando atencin a espritus engaadores y a doctrinas de demonios,
mediante la hipocresa de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia;
prohibiendo casarse [y mandando] abstenerse de alimentos que Dios ha creado para que con accin de gracias participen [de ellos] los que creen y que han conocido la verdad.
Porque todo lo creado por Dios es bueno y nada se debe rechazar si se recibe con accin de gracias;
porque es santificado mediante la palabra de Dios y la oracin.
Al sealar estas cosas a los hermanos sers un buen ministro de Cristo Jess, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.
Pero nada tengas que ver con las fbulas profanas propias de viejas. Ms bien disciplnate a ti mismo para la piedad;
porque el ejercicio fsico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y [tambin] para la futura.
Palabra fiel [es sta], y digna de ser aceptada por todos.
Porque por esto trabajamos y nos esforzamos, porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes.
Esto manda y ensea.
No permitas que nadie menosprecie tu juventud; antes, s ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe [y] pureza.
Entretanto que llego, ocpate en la lectura [de las Escrituras,] la exhortacin y la enseanza.
No descuides el don espiritual que est en ti, que te fue conferido por medio de la profeca con la imposicin de manos del presbiterio.
Reflexiona sobre estas cosas; dedcate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos.
Ten cuidado de ti mismo y de la enseanza; persevera en estas cosas, porque hacindolo asegurars la salvacin tanto para ti mismo como para los que te escuchan.
No reprendas con dureza al anciano, sino, [ms bien,] exhrta[lo] como a padre; a los ms jvenes, como a hermanos,
a las ancianas, como a madres; a las ms jvenes, como a hermanas, con toda pureza.
Honra a las viudas que en verdad son viudas;
pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, que aprendan [stos] primero a mostrar piedad para con su propia familia y a recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios.
Pero la que en verdad es viuda y se ha quedado sola, tiene puesta su esperanza en Dios y contina en splicas y oraciones noche y da.
Mas la que se entrega a los placeres desenfrenados, [aun] viviendo, est muerta.
Ordena tambin estas cosas, para que sean irreprochables.
Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrdulo.
Que la viuda sea puesta en la lista slo si no es menor de sesenta aos, [habiendo sido] la esposa de un solo marido,
que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraos, si ha lavado los pies de los santos, si ha ayudado a los afligidos [y] si se ha consagrado a toda buena obra.
Pero rehsa [poner en la lista] a viudas ms jvenes, porque cuando sienten deseos sensuales, contrarios a Cristo, se quieren casar,
incurriendo [as] en condenacin, por haber abandonado su promesa anterior.
Y adems, aprenden [a estar] ociosas, yendo de casa en casa; y no slo ociosas, sino tambin charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no [son] dignas.
Por tanto, quiero que las [viudas] ms jvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden [su] casa [y] no den al adversario ocasin de reproche.
Pues algunas ya se han apartado para seguir a Satans.
Si alguna creyente tiene viudas [en la familia], que las mantenga, y que la iglesia no lleve la carga para que pueda ayudar a las que en verdad son viudas.
Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicacin y en la enseanza.
Porque la Escritura dice: NO PONDRS BOZAL AL BUEY CUANDO TRILLA, y: El obrero es digno de su salario.
No admitas acusacin contra un anciano, a menos de que haya dos o tres testigos.
A los que continan en pecado, reprndelos en presencia de todos para que los dems tengan temor [de pecar].
Te encargo solemnemente en la presencia de Dios y de Cristo Jess y de [sus] ngeles escogidos, que conserves estos [principios] sin prejuicios, no haciendo nada con [espritu de] parcialidad.
No impongas las manos sobre nadie con ligereza, compartiendo as [la responsabilidad por] los pecados de otros; gurdate libre de pecado.
Ya no bebas agua [sola,] sino usa un poco de vino por causa de tu estmago y de tus frecuentes enfermedades.
Los pecados de algunos hombres son ya evidentes, yendo delante de ellos al juicio; mas a otros, [sus pecados] los siguen.
De la misma manera, las buenas obras son evidentes, y las que no lo son no se pueden ocultar.
Todos los que estn bajo yugo como esclavos, consideren a sus propios amos como dignos de todo honor, para que el nombre de Dios y [nuestra] doctrina no sean blasfemados.
Y los que tienen amos [que son] creyentes, no les falten el respeto, porque son hermanos, sino srvanles an mejor, ya que son creyentes y amados los que se benefician de su servicio. Ensea y predica estos [principios.]
Si alguno ensea una doctrina diferente y no se conforma a las sanas palabras, las de nuestro Seor Jesucristo, y a la doctrina [que es] conforme a la piedad,
est envanecido [y] nada entiende, sino que tiene un inters morboso en discusiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas,
y constantes rencillas entre hombres de mente depravada, que estn privados de la verdad, que suponen que la piedad es un medio de ganancia.
Pero la piedad, [en efecto,] es un medio de gran ganancia cuando [va] acompaada de contentamiento.
Porque nada hemos trado al mundo, as que nada podemos sacar de l.
Y si tenemos qu comer y con qu cubrirnos, con eso estaremos contentos.
Pero los que quieren enriquecerse caen en tentacin y lazo y en muchos deseos necios y daosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdicin.
Porque la raz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codicindolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores.
Pero t, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidad.
Pelea la buena batalla de la fe; echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y [de la que] hiciste buena profesin en presencia de muchos testigos.
Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jess, que dio testimonio de la buena profesin delante de Poncio Pilato,
que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestacin de nuestro Seor Jesucristo,
la cual manifestar a su debido tiempo el bienaventurado y nico Soberano, el Rey de reyes y Seor de seores;
el nico que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible; a quien ningn hombre ha visto ni puede ver. A l [sea] la honra y el dominio eterno. Amn.
A los ricos en este mundo, ensales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos.
[Ensales] que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir,
acumulando para s el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida.
Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, y evita las palabreras vacas [y] profanas, y las objeciones de lo que falsamente se llama ciencia,
la cual profesndola algunos, se han desviado de la fe. La gracia sea contigo.
Pablo, apstol de Cristo Jess por la voluntad de Dios, segn la promesa de vida en Cristo Jess,
a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia [y] paz de Dios Padre y de Cristo Jess nuestro Seor.
Doy gracias a Dios, a quien sirvo con limpia conciencia como lo hicieron mis antepasados, de que sin cesar, noche y da, me acuerdo de ti en mis oraciones,
deseando verte, al acordarme de tus lgrimas, para llenarme de alegra.
Porque tengo presente la fe sincera [que hay] en ti, la cual habit primero en tu abuela Loida y [en] tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti tambin.
Por lo cual te recuerdo que avives el [fuego del] don de Dios que hay en ti por la imposicin de mis manos.
Porque no nos ha dado Dios espritu de cobarda, sino de poder, de amor y de dominio propio.
Por tanto, no te avergences del testimonio de nuestro Seor, ni de m, prisionero suyo, sino participa conmigo en las aflicciones por el evangelio, segn el poder de Dios,
quien nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no segn nuestras obras, sino segn su propsito y [segn la] gracia que nos fue dada en Cristo Jess desde la eternidad,
y que ahora ha sido manifestada por la aparicin de nuestro Salvador Cristo Jess, quien aboli la muerte y sac a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio,
para el cual yo fui constituido predicador, apstol y maestro.
Por lo cual tambin sufro estas cosas, pero no me avergenzo; porque yo s en quin he credo, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depsito hasta aquel da.
Retn la norma de las palabras sanas que has odo de m, en la fe y el amor en Cristo Jess.
Guarda, mediante el Espritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que [te] ha sido encomendado.
Ya sabes esto, que todos los que estn en Asia me han vuelto la espalda, entre los cuales estn Figelo y Hermgenes.
Conceda el Seor misericordia a la casa de Onesforo, porque muchas veces me dio refrigerio y no se avergonz de mis cadenas,
antes bien, cuando estuvo en Roma, me busc con afn y me hall;
que el Seor le conceda hallar misericordia del Seor en aquel da. Adems, los servicios que prest en feso, t lo sabes mejor.
T, pues, hijo mo, fortalcete en la gracia que [hay] en Cristo Jess.
Y lo que has odo de m en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idneos para ensear tambin a otros.
Sufre penalidades [conmigo,] como buen soldado de Cristo Jess.
Ningn soldado en servicio activo se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclut como soldado.
Y tambin el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglas.
El labrador que trabaja debe ser el primero en recibir su parte de los frutos.
Considera lo que digo, pues el Seor te dar entendimiento en todo.
Acurdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio;
por el cual sufro penalidades, hasta el encarcelamiento como un malhechor; pero la palabra de Dios no est presa.
Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que tambin ellos obtengan la salvacin que [est] en Cristo Jess, [y] con [ella] gloria eterna.
Palabra fiel [es sta]: Que si morimos con l, tambin viviremos con l;
si perseveramos, tambin reinaremos con l; si le negamos, l tambin nos negar;
si somos infieles, l permanece fiel, pues no puede negarse a s mismo.
Recurda[les] esto, encargndo[les] solemnemente en la presencia de Dios, que no contiendan sobre palabras, [lo cual] para nada aprovecha [y lleva] a los oyentes a la ruina.
Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, [como] obrero que no tiene de qu avergonzarse, que maneja con precisin la palabra de verdad.
Evita las palabreras vacas [y] profanas, porque [los dados a ellas,] conducirn ms y ms a la impiedad,
y su palabra se extender como gangrena; entre los cuales estn Himeneo y Fileto,
que se han desviado de la verdad diciendo que la resurreccin ya tuvo lugar, trastornando as la fe de algunos.
No obstante, el slido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: El Seor conoce a los que son suyos, y: Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el nombre del Seor.
Ahora bien, en una casa grande no solamente hay vasos de oro y de plata, sino tambin de madera y de barro, y unos para honra y otros para deshonra.
Por tanto, si alguno se limpia de estas [cosas], ser un vaso para honra, santificado, til para el Seor, preparado para toda buena obra.
Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor [y] la paz, con los que invocan al Seor con un corazn puro.
Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen altercados.
Y el siervo del Seor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para ensear, sufrido,
corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad,
y volviendo en s, [escapen] del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de l para [hacer] su voluntad.
Pero debes saber esto: que en los ltimos das vendrn tiempos difciles.
Porque los hombres sern amadores de s mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes,
sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno,
traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios;
teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder; a los tales evita.
Porque entre ellos estn los que se meten en las casas y llevan cautivas a mujercillas cargadas de pecados, llevadas por diversas pasiones,
siempre aprendiendo, pero que nunca pueden llegar al pleno conocimiento de la verdad.
Y as como Janes y Jambres se opusieron a Moiss, de la misma manera stos tambin se oponen a la verdad; hombres de mente depravada, reprobados en lo que respecta a la fe.
Pero no progresarn ms, pues su insensatez ser manifiesta a todos, como tambin sucedi con la de aquellos [dos].
Pero t has seguido mi enseanza, conducta, propsito, fe, paciencia, amor, perseverancia,
persecuciones, sufrimientos, como los que me acaecieron en Antioqua, en Iconio [y] en Listra. Qu persecuciones sufr! Y de todas ellas me libr el Seor.
Y en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jess, sern perseguidos.
Pero los hombres malos e impostores irn [de mal] en peor, engaando y siendo engaados.
T, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y [de las cuales] te convenciste, sabiendo de quines [las] has aprendido;
y que desde la niez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabidura que lleva a la salvacin mediante la fe en Cristo Jess.
Toda Escritura es inspirada por Dios y til para ensear, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,
a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra.
Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jess, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestacin y por su reino:
Predica la palabra; insiste a tiempo [y] fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instruccin.
Porque vendr tiempo cuando no soportarn la sana doctrina, sino que teniendo comezn de odos, acumularn para s maestros conforme a sus propios deseos;
y apartarn sus odos de la verdad, y se volvern a mitos.
Pero t, s sobrio en todas las cosas, sufre penalidades, haz el trabajo de un evangelista, cumple tu ministerio.
Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libacin, y el tiempo de mi partida ha llegado.
He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe.
En el futuro me est reservada la corona de justicia que el Seor, el Juez justo, me entregar en aquel da; y no slo a m, sino tambin a todos los que aman su venida.
Procura venir a verme pronto,
pues Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente, y se ha ido a Tesalnica; Crescente [se fue] a Galacia y Tito a Dalmacia.
Slo Lucas est conmigo. Toma a Marcos y trelo contigo, porque me es til para el ministerio.
Pero a Tquico lo envi a feso.
Cuando vengas, trae la capa que dej en Troas con Carpo, y los libros, especialmente los pergaminos.
Alejandro, el calderero, me hizo mucho dao; el Seor le retribuir conforme a sus hechos.
T tambin cudate de l, pues se opone vigorosamente a nuestra enseanza.
En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta.
Pero el Seor estuvo conmigo y me fortaleci, a fin de que por m se cumpliera cabalmente la proclamacin [del mensaje] y que todos los gentiles oyeran. Y fui librado de la boca del len.
El Seor me librar de toda obra mala y me traer a salvo a su reino celestial. A l [sea] la gloria por los siglos de los siglos. Amn.
Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesforo.
Erasto se qued en Corinto, pero a Trfimo lo dej enfermo en Mileto.
Procura venir antes del invierno. Eubulo te saluda, tambin Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos.
El Seor sea con tu espritu. La gracia sea con vosotros.
Pablo, siervo de Dios y apstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y al pleno conocimiento de la verdad que es segn la piedad,
con la esperanza de vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometi desde los tiempos eternos,
y manifest a su debido tiempo su palabra por la predicacin que me fue confiada conforme al mandamiento de Dios nuestro Salvador,
a Tito, verdadero hijo en la comn fe: Gracia y paz de Dios el Padre y de Cristo Jess nuestro Salvador.
Por esta causa te dej en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos en cada ciudad como te mand,
[esto es,] si alguno es irreprensible, marido de una [sola] mujer, que tenga hijos creyentes, no acusados de disolucin ni de rebelda.
Porque el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas,
sino hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueo de s mismo,
reteniendo la palabra fiel que es conforme a la enseanza, para que sea capaz tambin de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen.
Porque hay muchos rebeldes, habladores vanos y engaadores, especialmente los de la circuncisin,
a quienes es preciso tapar la boca, porque estn trastornando familias enteras, enseando, por ganancias deshonestas, cosas que no deben.
Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos.
Este testimonio es verdadero. Por eso, reprndelos severamente para que sean sanos en la fe,
no prestando atencin a mitos judaicos y a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.
Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrdulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia estn corrompidas.
Profesan conocer a Dios, pero con [sus] hechos [lo] niegan, siendo abominables y desobedientes e intiles para cualquier obra buena.
Pero en cuanto a ti, ensea lo que est de acuerdo con la sana doctrina.
Los ancianos deben ser sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia.
Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en [su] conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseen lo bueno,
que enseen a las jvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos,
[a ser] prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.
Asimismo, exhorta a los jvenes a que sean prudentes;
mustrate en todo como ejemplo de buenas obras, [con] pureza de doctrina, [con] dignidad,
[con] palabra sana [e] irreprochable, a fin de que el adversario se avergence al no tener nada malo que decir de nosotros.
[Exhorta] a los siervos a que se sujeten a sus amos en todo, que sean complacientes, no contradiciendo,
no defraudando, sino mostrando toda buena fe, para que adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador en todo respecto.
Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvacin a todos los hombres,
ensendonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente,
aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestacin de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jess,
quien se dio a s mismo por nosotros, para REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD y PURIFICAR PARA S UN PUEBLO PARA POSESIN SUYA, celoso de buenas obras.
Esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. Que nadie te desprecie.
Recurdales que estn sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes, que estn preparados para toda buena obra;
que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, [sino] amables, mostrando toda consideracin para [con] todos los hombres.
Porque nosotros tambin en otro tiempo ramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles [y] odindonos unos a otros.
Pero cuando se manifest la bondad de Dios nuestro Salvador, y [su] amor hacia la humanidad,
l nos salv, no por obras de justicia que nosotros hubiramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneracin y la renovacin por el Espritu Santo,
que l derram sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador,
para que justificados por su gracia fusemos hechos herederos segn [la] esperanza de la vida eterna.
Palabra fiel [es sta], y en cuanto a estas cosas quiero que hables con firmeza, para que los que han credo en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y tiles para los hombres.
Pero evita controversias necias, genealogas, contiendas y discusiones acerca de la ley, porque son sin provecho y sin valor.
Al hombre que cause divisiones, despus de la primera y segunda amonestacin, deschalo,
sabiendo que el tal es perverso y peca, habindose condenado a s mismo.
Cuando te enve a Artemas o a Tquico, procura venir a m en Nicpolis, porque he decidido pasar all el invierno.
Encamina con diligencia a Zenas, intrprete de la ley, y a Apolos, para que nada les falte.
Y que nuestro [pueblo] aprenda a ocuparse en buenas obras, atendiendo a las necesidades apremiantes, para que no estn sin fruto.
Todos los que estn conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en [la] fe. La gracia sea con todos vosotros.
Pablo, prisionero de Cristo Jess, y el hermano Timoteo, a Filemn nuestro amado [hermano] y colaborador,
y a la hermana Apia, y a Arquipo, nuestro compaero de milicia, y a la iglesia que est en tu casa:
Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.
Doy gracias a mi Dios siempre, haciendo mencin de ti en mis oraciones,
porque oigo de tu amor y de la fe que tienes hacia el Seor Jess y hacia todos los santos;
[y ruego] que la comunin de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros mediante Cristo.
Pues he llegado a tener mucho gozo y consuelo en tu amor, porque los corazones de los santos han sido confortados por ti, hermano.
Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte [hacer] lo que conviene,
no obstante, por causa del amor [que te tengo, te] ruego, siendo como soy, Pablo, anciano, y ahora tambin prisionero de Cristo Jess,
te ruego por mi hijo Onsimo, a quien he engendrado en mis prisiones,
el cual en otro tiempo te era intil, pero ahora [nos] es til a ti y a m.
Y te lo he vuelto a enviar en persona, es decir, [como si fuera] mi propio corazn,
a quien hubiera querido retener conmigo, para que me sirviera en lugar tuyo en mis prisiones por el evangelio;
pero no quise hacer nada sin tu consentimiento, para que tu bondad no fuera como por obligacin, sino por [tu propia] voluntad.
Porque quiz por esto se apart [de ti] por algn tiempo, para que lo volvieras a recibir para siempre,
no ya como esclavo, sino [como] ms que un esclavo, [como] un hermano amado, especialmente para m, pero cunto ms para ti, tanto en la carne como en el Seor.
Si me tienes pues por compaero, acptalo como [me aceptaras] a m.
Y si te ha perjudicado en alguna forma, o te debe algo, crgalo a mi cuenta.
Yo, Pablo, escribo [esto] con mi propia mano; yo [lo] pagar (por no decirte que aun t mismo te me debes a m).
S, hermano, permteme disfrutar este beneficio de ti en el Seor; recrea mi corazn en Cristo.
Te escribo confiado en tu obediencia, sabiendo que hars aun ms de lo que digo.
Y al mismo tiempo, preprame tambin alojamiento, pues espero que por vuestras oraciones os ser concedido.
Te saluda Epafras, mi compaero de prisin en Cristo Jess;
[tambin] Marcos, Aristarco, Demas [y] Lucas, mis colaboradores.
La gracia del Seor Jesucristo sea con vuestro espritu.
Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas,
en estos ltimos das nos ha hablado por [su] Hijo, a quien constituy heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo tambin el universo.
l es el resplandor de su gloria y la expresin exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Despus de llevar a cabo la purificacin de los pecados, se sent a la diestra de la Majestad en las alturas,
siendo mucho mejor que los ngeles, por cuanto ha heredado un nombre ms excelente que ellos.
Porque a cul de los ngeles dijo Dios jams: HIJO MO ERES T, YO TE HE ENGENDRADO HOY; y otra vez: YO SER PADRE PARA L, Y L SER HIJO PARA M?
Y de nuevo, cuando trae al Primognito al mundo, dice: Y ADRENLE TODOS LOS NGELES DE DIOS.
Y de los ngeles dice: EL QUE HACE A SUS NGELES, ESPRITUS, Y A SUS MINISTROS, LLAMA DE FUEGO.
Pero del Hijo [dice:] TU TRONO, OH DIOS, ES POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS; Y EL CETRO DE TU REINO ES CETRO DE EQUIDAD.
HAS AMADO LA JUSTICIA Y ABORRECIDO LA INIQUIDAD; POR LO CUAL DIOS, TU DIOS, TE HA UNGIDO CON LEO DE ALEGRA MS QUE A TUS COMPAEROS.
Y: T, SEOR, EN EL PRINCIPIO PUSISTE LOS CIMIENTOS DE LA TIERRA, Y LOS CIELOS SON OBRA DE TUS MANOS;
ELLOS PERECERN, PERO T PERMANECES; Y TODOS ELLOS COMO UNA VESTIDURA SE ENVEJECERN,
Y COMO UN MANTO LOS ENROLLARS; COMO UNA VESTIDURA SERN MUDADOS. PERO T ERES EL MISMO, Y TUS AOS NO TENDRN FIN.
Pero, a cul de los ngeles ha dicho jams: SINTATE A MI DIESTRA, HASTA QUE PONGA A TUS ENEMIGOS POR ESTRADO DE TUS PIES?
No son todos ellos espritus ministradores, enviados para servir por causa de los que heredarn la salvacin?
Por tanto, debemos prestar mucha mayor atencin a lo que hemos odo, no sea que nos desviemos.
Porque si la palabra hablada por medio de ngeles result ser inmutable, y toda transgresin y desobediencia recibi una justa retribucin,
cmo escaparemos nosotros si descuidamos una salvacin tan grande? La cual, [despus que] fue anunciada primeramente por medio del Seor, nos fue confirmada por los que oyeron,
testificando Dios juntamente con ellos, tanto por seales como por prodigios, y por diversos milagros, y por dones del Espritu Santo segn su propia voluntad.
Porque no sujet a los ngeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando.
Pero uno ha testificado en cierto lugar, diciendo: QU ES EL HOMBRE PARA QUE DE L TE ACUERDES, O EL HIJO DEL HOMBRE PARA QUE TE INTERESES EN L?
LE HAS HECHO UN POCO INFERIOR A LOS NGELES; LE HAS CORONADO DE GLORIA Y HONOR, Y LE HAS PUESTO SOBRE LAS OBRAS DE TUS MANOS;
TODO LO HAS SUJETADO BAJO SUS PIES. Porque al sujetar[lo] todo a l, no dej nada que no le sea sujeto. Pero ahora no vemos an todas las cosas sujetas a l.
Pero vemos a aquel que fue hecho un poco inferior a los ngeles, [es decir,] a Jess, coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos.
Porque convena que aquel para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvacin de ellos.
Porque tanto el que santifica como los que son santificados, son todos de un [Padre]; por lo cual [l] no se avergenza de llamarlos hermanos,
diciendo: ANUNCIAR TU NOMBRE A MIS HERMANOS, EN MEDIO DE LA CONGREGACIN TE CANTAR HIMNOS.
Y otra vez: YO EN L CONFIAR. Y otra vez: HE AQU, YO Y LOS HIJOS QUE DIOS ME HA DADO.
As que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, l igualmente particip tambin de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tena el poder de la muerte, es decir, el diablo;
y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida.
Porque ciertamente no ayuda a los ngeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham.
Por tanto, tena que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios ataen, para hacer propiciacin por los pecados del pueblo.
Pues por cuanto l mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jess, el Apstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe.
El cual fue fiel al que le design, como tambin lo fue Moiss en toda la casa de Dios.
Porque l ha sido considerado digno de ms gloria que Moiss, as como el constructor de la casa tiene ms honra que la casa.
Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios.
Y Moiss fue fiel en toda la casa de Dios como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir ms tarde;
pero Cristo [fue fiel] como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza.
Por lo cual, como dice el Espritu Santo: SI OS HOY SU VOZ,
NO ENDUREZCIS VUESTROS CORAZONES, COMO EN LA PROVOCACIN, COMO EN EL DA DE LA PRUEBA EN EL DESIERTO,
DONDE VUESTROS PADRES [me] TENTARON AL PONER [me] A PRUEBA, Y VIERON MIS OBRAS POR CUARENTA AOS.
POR LO CUAL ME DISGUST CON AQUELLA GENERACIN, Y DIJE: "SIEMPRE SE DESVAN EN SU CORAZN, Y NO HAN CONOCIDO MIS CAMINOS";
COMO JUR EN MI IRA: "NO ENTRARN EN MI REPOSO."
Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazn malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo.
Antes exhortaos los unos a los otros cada da, mientras [todava] se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engao del pecado.
Porque somos hechos partcipes de Cristo, si es que retenemos el principio de nuestra seguridad firme hasta el fin,
en cuanto se dice: SI OS HOY SU VOZ, NO ENDUREZCIS VUESTROS CORAZONES, COMO EN LA PROVOCACIN.
Porque quines, habiendo odo, le provocaron? Acaso no [fueron] todos los que salieron de Egipto [guiados] por Moiss?
Y con quines se disgust por cuarenta aos? No fue con aquellos que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?
Y a quines jur que no entraran en su reposo, sino a los que fueron desobedientes?
Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de [su] incredulidad.
Por tanto, temamos, no sea que permaneciendo an la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado.
Porque en verdad, a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva, como tambin a ellos; pero la palabra que ellos oyeron no les aprovech por no ir acompaada por la fe en los que oyeron.
Porque los que hemos credo entramos en ese reposo, tal como l ha dicho: COMO JUR EN MI IRA: "NO ENTRARN EN MI REPOSO", aunque las obras de l estaban acabadas desde la fundacin del mundo.
Porque as ha dicho en cierto lugar acerca del sptimo [da:] Y DIOS REPOS EN EL SPTIMO DA DE TODAS SUS OBRAS;
y otra vez en este [pasaje:] NO ENTRARN EN MI REPOSO.
Por tanto, puesto que todava falta que algunos entren en l, y aquellos a quienes antes se les anunci la buena nueva no entraron por causa de [su] desobediencia,
[Dios] otra vez fija un da: Hoy. Diciendo por medio de David despus de mucho tiempo, como se ha dicho antes: SI OS HOY SU VOZ, NO ENDUREZCIS VUESTROS CORAZONES.
Porque si Josu les hubiera dado reposo, [Dios] no habra hablado de otro da despus de se.
Queda, por tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios.
Pues el que ha entrado a su reposo, l mismo ha reposado de sus obras, como Dios repos de las suyas.
Por tanto, esforcmonos por entrar en ese reposo, no sea que alguno caiga [siguiendo] el mismo ejemplo de desobediencia.
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y ms cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la divisin del alma y del espritu, de las coyunturas y los tutanos, y [es poderosa] para discernir los pensamientos y las intenciones del corazn.
Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas estn al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendi los cielos, Jess, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe.
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como [nosotros], [pero] sin pecado.
Por tanto, acerqumonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.
Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en las cosas que a Dios se refieren, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados;
[y] puede obrar con benignidad para con los ignorantes y extraviados, puesto que l mismo est sujeto a flaquezas;
y por esa causa est obligado a ofrecer [sacrificios] por los pecados, por s mismo tanto como por el pueblo.
Y nadie toma este honor para s mismo, sino que [lo recibe] cuando es llamado por Dios, as como lo fue Aarn.
De la misma manera, Cristo no se glorific a s mismo para hacerse sumo sacerdote, sino que [lo glorific] el que le dijo: HIJO MO ERES T, YO TE HE ENGENDRADO HOY;
como tambin dice en otro [pasaje:] T ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE SEGN EL ORDEN DE MELQUISEDEC.
Cristo, en los das de su carne, habiendo ofrecido oraciones y splicas con gran clamor y lgrimas al que poda librarle de la muerte, fue odo a causa de su temor reverente;
[y] aunque era Hijo, aprendi obediencia por lo que padeci;
y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvacin para todos los que le obedecen,
siendo constituido por Dios sumo sacerdote segn el orden de Melquisedec.
Acerca de esto tenemos mucho que decir, y [es] difcil de explicar, puesto que os habis hecho tardos para or.
Pues aunque ya debierais ser maestros, otra vez tenis necesidad de que alguien os ensee los principios elementales de los orculos de Dios, y habis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento slido.
Porque todo el que toma [slo] leche, no est acostumbrado a la palabra de justicia, porque es nio.
Pero el alimento slido es para los adultos, los cuales por la prctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.
Por tanto, dejando las enseanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas y de la fe hacia Dios,
de la enseanza sobre lavamientos, de la imposicin de manos, de la resurreccin de los muertos y del juicio eterno.
Y esto haremos, si Dios lo permite.
Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partcipes del Espritu Santo,
que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,
pero [despus] cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para s mismos al Hijo de Dios y lo exponen a la ignominia pblica.
Porque la tierra que bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella y produce vegetacin til a aquellos a causa de los cuales es cultivada, recibe bendicin de Dios;
pero si produce espinos y abrojos no vale nada, est prxima a ser maldecida, y termina por ser quemada.
Pero en cuanto a vosotros, amados, aunque hablemos de esta manera, estamos persuadidos de las cosas que son mejores y que pertenecen a la salvacin.
Porque Dios no es injusto como para olvidarse de vuestra obra y del amor que habis mostrado hacia su nombre, habiendo servido, y sirviendo [an,] a los santos.
Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena seguridad de la esperanza,
a fin de que no seis indolentes, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.
Pues cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por uno mayor, jur por s mismo,
diciendo: CIERTAMENTE TE BENDECIR Y CIERTAMENTE TE MULTIPLICAR.
Y as, habiendo esperado con paciencia, obtuvo la promesa.
Porque los hombres juran por uno mayor [que ellos mismos], y para ellos un juramento [dado] como confirmacin es el fin de toda discusin.
De la misma manera Dios, deseando mostrar ms plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su propsito, interpuso un juramento,
a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, seamos grandemente animados los que hemos huido para refugiarnos, echando mano de la esperanza puesta delante de nosotros,
la cual tenemos como ancla del alma, una [esperanza] segura y firme, y que penetra hasta detrs del velo,
donde Jess entr por nosotros como precursor, hecho, segn el orden de Melquisedec, sumo sacerdote para siempre.
Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altsimo, el cual se encontr con Abraham cuando [ste] regresaba de la matanza de los reyes, y lo bendijo,
[y] a quien Abraham le entreg el diezmo de todos [los despojos, cuyo nombre] significa primeramente rey de justicia, y luego tambin rey de Salem, esto es, rey de paz,
sin padre, sin madre, sin genealoga, no teniendo principio de das ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad.
Considerad, pues, la grandeza de este [hombre] a quien Abraham, el patriarca, dio el diezmo de lo mejor del botn.
Y en verdad los de los hijos de Lev que reciben el oficio de sacerdote, tienen mandamiento en la ley de recoger el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque stos son descendientes de Abraham.
Pero aquel cuya genealoga no viene de ellos, recibi el diezmo de Abraham y bendijo al que tena las promesas.
Y sin discusin alguna, el menor es bendecido por el mayor.
Aqu, ciertamente hombres mortales reciben el diezmo, pero all, [los recibe] uno de quien se da testimonio de que vive.
Y, por decirlo as, por medio de Abraham aun Lev, que reciba diezmos, pagaba diezmos,
porque an estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le sali al encuentro.
Ahora bien, si la perfeccin era por medio del sacerdocio levtico (pues sobre esa base recibi el pueblo la ley), qu necesidad [haba] de que se levantara otro sacerdote segn el orden de Melquisedec, y no designado segn el orden de Aarn?
Porque cuando se cambia el sacerdocio, necesariamente ocurre tambin un cambio de la ley.
Pues aquel de quien se dicen estas cosas, pertenece a otra tribu, de la cual nadie ha servido en el altar.
Porque es evidente que nuestro Seor descendi de Jud, una tribu de la cual Moiss no dijo nada tocante a sacerdotes.
Y esto es an ms evidente, si a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote,
que ha llegado a ser[lo,] no sobre la base de una ley de requisitos fsicos, sino segn el poder de una vida indestructible.
Pues [de l] se da testimonio: TU ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE SEGN EL ORDEN DE MELQUISEDEC.
Porque ciertamente, queda anulado el mandamiento anterior por ser dbil e intil
(pues la ley nada hizo perfecto), y se introduce una mejor esperanza, mediante la cual nos acercamos a Dios.
Y por cuanto no [fue] sin juramento,
pues en verdad ellos llegaron a ser sacerdotes sin juramento, pero l por un juramento del que le dijo: EL SEOR HA JURADO Y NO CAMBIAR: "T ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE",
por eso, Jess ha venido a ser fiador de un mejor pacto.
Los sacerdotes [anteriores] eran ms numerosos porque la muerte les impeda continuar,
pero l conserva su sacerdocio inmutable puesto que permanece para siempre.
Por lo cual l tambin es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de l se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.
Porque convena que tuviramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado ms all de los cielos,
que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y despus por los [pecados] del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreci a s mismo.
Porque la ley designa como sumos sacerdotes a hombres dbiles, pero la palabra del juramento, que vino despus de la ley, [designa] al Hijo, hecho perfecto para siempre.
Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho [es ste:] tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos,
[como] ministro del santuario y del tabernculo verdadero, que el Seor erigi, no el hombre.
Porque todo sumo sacerdote est constituido para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual es necesario que ste tambin tenga algo que ofrecer.
As que si l estuviera sobre la tierra, ni siquiera sera sacerdote, habiendo [sacerdotes] que presentan las ofrendas segn la ley;
los cuales sirven a [lo que es] copia y sombra de las cosas celestiales, tal como Moiss fue advertido [por Dios] cuando estaba a punto de erigir el tabernculo; pues, dice l: Mira, haz todas las cosas CONFORME AL MODELO QUE TE FUE MOSTRADO EN EL MONTE.
Pero ahora l ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es tambin el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.
Pues si aquel primer [pacto] hubiera sido sin defecto, no se hubiera buscado lugar para el segundo.
Porque reprochndolos, l dice: MIRAD QUE VIENEN DAS, DICE EL SEOR, EN QUE ESTABLECER UN NUEVO PACTO CON LA CASA DE ISRAEL Y CON LA CASA DE JUD;
NO COMO EL PACTO QUE HICE CON SUS PADRES EL DA QUE LOS TOM DE LA MANO PARA SACARLOS DE LA TIERRA DE EGIPTO; PORQUE NO PERMANECIERON EN MI PACTO, Y YO ME DESENTEND DE ELLOS, DICE EL SEOR.
PORQUE STE ES EL PACTO QUE YO HAR CON LA CASA DE ISRAEL DESPUS DE AQUELLOS DAS, DICE EL SEOR: PONDR MIS LEYES EN LA MENTE DE ELLOS, Y LAS ESCRIBIR SOBRE SUS CORAZONES. Y YO SER SU DIOS, Y ELLOS SERN MI PUEBLO.
Y NINGUNO DE ELLOS ENSEAR A SU CONCIUDADANO NI NINGUNO A SU HERMANO, DICIENDO: "CONOCE AL SEOR", PORQUE TODOS ME CONOCERN, DESDE EL MENOR HASTA EL MAYOR DE ELLOS.
PUES TENDR MISERICORDIA DE SUS INIQUIDADES, Y NUNCA MS ME ACORDAR DE SUS PECADOS.
Cuando l dijo: Un nuevo [pacto], hizo anticuado al primero; y lo que se hace anticuado y envejece, est prximo a desaparecer.
Ahora bien, aun el primer [pacto] tena ordenanzas de culto y el santuario terrenal.
Porque haba un tabernculo preparado en la parte anterior, en el cual [estaban] el candelabro, la mesa y el pan sagrado; ste se llama el Lugar Santo.
Y detrs del segundo velo [haba] un tabernculo llamado el Lugar Santsimo,
el cual tena el altar de oro del incienso y el arca del pacto cubierta toda de oro, en la cual [haba] una urna de oro que contena el man y la vara de Aarn que reto y las tablas del pacto;
y sobre ella [estaban] los querubines de gloria que daban sombra al propiciatorio; pero de estas cosas no se puede hablar ahora en detalle.
As preparadas estas cosas, los sacerdotes entran continuamente al primer tabernculo para oficiar en el culto;
pero en el segundo slo [entra] el sumo sacerdote una vez al ao, no sin [llevar] sangre, la cual ofrece por s mismo y por los pecados del pueblo cometidos en ignorancia.
Queriendo el Espritu Santo dar a entender esto: que el camino al Lugar Santsimo an no haba sido revelado en tanto que el primer tabernculo permaneciera en pie;
lo cual [es] un smbolo para el tiempo presente, segn el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto en su conciencia al que practica [ese] culto,
puesto que [tienen que ver] slo con comidas y bebidas, y diversas abluciones y ordenanzas para el cuerpo, impuestas hasta el tiempo de reformar [las cosas].
Pero cuando Cristo apareci [como] sumo sacerdote de los bienes futuros, a travs de un mayor y ms perfecto tabernculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creacin,
y no por medio de la sangre de machos cabros y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entr al Lugar Santsimo una vez para siempre, habiendo obtenido redencin eterna.
Porque si la sangre de los machos cabros y de los toros, y la ceniza de la becerra esparcida sobre los que se han contaminado, santifican para la purificacin de la carne,
cunto ms la sangre de Cristo, el cual por el Espritu eterno se ofreci a s mismo sin mancha a Dios, purificar vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?
Y por eso l es el mediador de un nuevo pacto, a fin de que habiendo tenido lugar una muerte para la redencin de las transgresiones [que se cometieron] bajo el primer pacto, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
Porque donde hay un testamento, necesario es que ocurra la muerte del testador.
Pues un testamento es vlido [slo] en caso de muerte, puesto que no se pone en vigor mientras vive el testador.
Por tanto, ni aun el primer [pacto] se inaugur sin sangre.
Porque cuando Moiss termin de promulgar todos los mandamientos al pueblo, conforme a la ley, tom la sangre de los becerros y de los machos cabros, con agua, lana escarlata e hisopo, y roci el libro mismo y a todo el pueblo,
diciendo: STA ES LA SANGRE DEL PACTO QUE DIOS OS ORDENO.
Y de la misma manera roci con sangre tanto el tabernculo como todos los utensilios del ministerio.
Y segn la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdn.
Por tanto, fue necesario que las representaciones de las cosas en los cielos fueran purificadas de esta manera, pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que stos.
Porque Cristo no entr en un lugar santo hecho por manos, una representacin del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros,
y no para ofrecerse a s mismo muchas veces, como el sumo sacerdote entra al Lugar Santsimo cada ao con sangre ajena.
De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundacin del mundo; pero ahora, una sola vez en la consumacin de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de s mismo.
Y as como est decretado que los hombres mueran una [sola] vez, y despus de esto, el juicio,
as tambin Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecer por segunda vez, sin [relacin con] el pecado, para salvacin de los que ansiosamente le esperan.
Pues ya que la ley [slo] tiene la sombra de los bienes futuros [y] no la forma misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ellos ofrecen continuamente ao tras ao, hacer perfectos a los que se acercan.
De otra manera, no habran cesado de ofrecerse, ya que los adoradores, una vez purificados, no tendran ya ms conciencia de pecado?
Pero en esos [sacrificios] hay un recordatorio de pecados ao tras ao.
Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabros quite los pecados.
Por lo cual, al entrar l en el mundo, dice: SACRIFICIO Y OFRENDA NO HAS QUERIDO, PERO UN CUERPO HAS PREPARADO PARA M;
EN HOLOCAUSTOS Y [sacrificios] POR EL PECADO NO TE HAS COMPLACIDO.
ENTONCES DIJE: "HE AQU, YO HE VENIDO (EN EL ROLLO DEL LIBRO EST ESCRITO DE M) PARA HACER, OH DIOS, TU VOLUNTAD."
Habiendo dicho arriba: SACRIFICIOS Y OFRENDAS Y HOLOCAUSTOS, Y [sacrificios] POR EL PECADO NO HAS QUERIDO, NI [en ellos] TE HAS COMPLACIDO (los cuales se ofrecen segn la ley),
entonces dijo: HE AQU, YO HE VENIDO PARA HACER TU VOLUNTAD. l quita lo primero para establecer lo segundo.
Por esta voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo una vez para siempre.
Y ciertamente todo sacerdote est de pie, da tras da, ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
pero l, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, SE SENT A LA DIESTRA DE DIOS,
esperando de ah en adelante HASTA QUE SUS ENEMIGOS SEAN PUESTOS POR ESTRADO DE SUS PIES.
Porque por una ofrenda l ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados.
Y tambin el Espritu Santo nos da testimonio; porque despus de haber dicho:
STE ES EL PACTO QUE HAR CON ELLOS DESPUS DE AQUELLOS DAS -- DICE EL SEOR: PONDR MIS LEYES EN SU CORAZN, Y EN SU MENTE LAS ESCRIBIR, [aade:]
Y NUNCA MS ME ACORDAR DE SUS PECADOS E INIQUIDADES.
Ahora bien, donde hay perdn de estas cosas, ya no hay ofrenda por el pecado.
Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santsimo por la sangre de Jess,
por un camino nuevo y vivo que l inaugur para nosotros por medio del velo, es decir, su carne,
y puesto que [tenemos] un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
acerqumonos con corazn sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazn purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura.
Mantengamos firme la profesin de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometi;
y consideremos cmo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras,
no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortndonos [unos a otros], y mucho ms al ver que el da se acerca.
Porque si continuamos pecando deliberadamente despus de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados,
sino cierta horrenda expectacin de juicio, y la furia de UN FUEGO QUE HA DE CONSUMIR A LOS ADVERSARIOS.
Cualquiera que viola la ley de Moiss muere sin misericordia por [el testimonio de] dos o tres testigos.
Cunto mayor castigo pensis que merecer el que ha hollado bajo sus pies al Hijo de Dios, y ha tenido por inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado, y ha ultrajado al Espritu de gracia?
Pues conocemos al que dijo: MA ES LA VENGANZA, YO PAGAR. Y otra vez: EL SEOR JUZGAR A SU PUEBLO.
Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!
Pero recordad los das pasados, cuando despus de haber sido iluminados, soportasteis una gran lucha de padecimientos;
por una parte, siendo hechos un espectculo pblico en oprobios y aflicciones, y por otra, siendo compaeros de los que eran tratados as.
Porque tuvisteis compasin de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, sabiendo que tenis para vosotros mismos una mejor y ms duradera posesin.
Por tanto, no desechis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa.
Porque tenis necesidad de paciencia, para que cuando hayis hecho la voluntad de Dios, obtengis la promesa.
PORQUE DENTRO DE MUY POCO TIEMPO, EL QUE HA DE VENIR VENDR Y NO TARDAR.
MAS MI JUSTO VIVIR POR LA FE; Y SI RETROCEDE, MI ALMA NO SE COMPLACER EN L.
Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdicin, sino de los que tienen fe para la preservacin del alma.
Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la conviccin de lo que no se ve.
Porque por ella recibieron aprobacin los antiguos.
Por la fe entendemos que el universo fue preparado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas visibles.
Por la fe Abel ofreci a Dios un mejor sacrificio que Can, por lo cual alcanz el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todava habla.
Por la fe Enoc fue trasladado [al cielo] para que no viera muerte; Y NO FUE HALLADO PORQUE DIOS LO TRASLAD; porque antes de ser trasladado recibi testimonio de haber agradado a Dios.
Y sin fe es imposible agradar [a Dios;] porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que l existe, y que es remunerador de los que le buscan.
Por la fe No, siendo advertido [por Dios] acerca de cosas que an no se vean, con temor prepar un arca para la salvacin de su casa, por la cual conden al mundo, y lleg a ser heredero de la justicia que es segn la fe.
Por la fe Abraham, al ser llamado, obedeci, saliendo para un lugar que haba de recibir como herencia; y sali sin saber adnde iba.
Por la fe habit como extranjero en la tierra de la promesa como en [tierra] extraa, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa,
porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Tambin por la fe Sara misma recibi fuerza para concebir, aun pasada ya la edad propicia, pues consider fiel al que lo haba prometido.
Por lo cual tambin naci de uno (y [ste] casi muerto con respecto a esto) [una descendencia] COMO LAS ESTRELLAS DEL CIELO EN NMERO, E INNUMERABLE COMO LA ARENA QUE EST A LA ORILLA DEL MAR.
Todos stos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habindolas visto y aceptado con gusto desde lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
Porque los que dicen tales cosas, claramente dan a entender que buscan una patria propia.
Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella [patria] de donde salieron, habran tenido oportunidad de volver.
Pero en realidad, anhelan una [patria] mejor, es decir, celestial. Por lo cual, Dios no se avergenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad.
Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreci a Isaac; y el que haba recibido las promesas ofreca a su nico [hijo;]
[fue a l] a quien se le dijo: EN ISAAC TE SER LLAMADA DESCENDENCIA.
l consider que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde tambin, en sentido figurado, lo volvi a recibir.
Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esa, aun respecto a cosas futuras.
Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de Jos, y ador, [apoyndose] sobre el extremo de su bastn.
Por la fe Jos, al morir, mencion el xodo de los hijos de Israel, y dio instrucciones acerca de sus huesos.
Por la fe Moiss, cuando naci, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un nio hermoso y no temieron el edicto del rey.
Por la fe Moiss, cuando era ya grande, rehus ser llamado hijo de la hija de Faran,
escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado,
considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tena la mirada puesta en la recompensa.
Por la fe sali de Egipto sin temer la ira del rey, porque se mantuvo firme como viendo al Invisible.
Por la fe celebr la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primognitos no los tocara.
Por la fe pasaron el mar Rojo como por tierra seca, y cuando los egipcios lo intentaron [hacer,] se ahogaron.
Por la fe cayeron los muros de Jeric, despus de ser rodeados por siete das.
Por la fe la ramera Rahab no pereci con los desobedientes, por haber recibido a los espas en paz.
Y qu ms dir? Pues el tiempo me faltara para contar de Geden, Barac, Sansn, Jeft, David, Samuel y los profetas;
quienes por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, obtuvieron promesas, cerraron bocas de leones,
apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada; siendo dbiles, fueron hechos fuertes, se hicieron poderosos en la guerra, pusieron en fuga a ejrcitos extranjeros.
Las mujeres recibieron a sus muertos mediante la resurreccin; y otros fueron torturados, no aceptando su liberacin, a fin de obtener una mejor resurreccin.
Otros experimentaron vituperios y azotes, y hasta cadenas y prisiones.
Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada; anduvieron de aqu para all [cubiertos con] pieles de ovejas [y] de cabras; destituidos, afligidos, maltratados
(de los cuales el mundo no era digno), errantes por desiertos y montaas, por cuevas y cavernas de la tierra.
Y todos stos, habiendo obtenido aprobacin por su fe, no recibieron la promesa,
porque Dios haba provisto algo mejor para nosotros, a fin de que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotros.
Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojmonos tambin de todo peso y del pecado que tan fcilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
puestos los ojos en Jess, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de l soport la cruz, menospreciando la vergenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.
Considerad, pues, a aquel que soport tal hostilidad de los pecadores contra s mismo, para que no os cansis ni os desanimis en vuestro corazn.
Porque todava, en vuestra lucha contra el pecado, no habis resistido hasta el punto de derramar sangre;
adems, habis olvidado la exhortacin que como a hijos se os dirige: HIJO MO, NO TENGAS EN POCO LA DISCIPLINA DEL SEOR, NI TE DESANIMES AL SER REPRENDIDO POR L;
PORQUE EL SEOR AL QUE AMA, DISCIPLINA, Y AZOTA A TODO EL QUE RECIBE POR HIJO.
Es para [vuestra] correccin que sufrs; Dios os trata como a hijos; porque qu hijo hay a quien [su] padre no discipline?
Pero si estis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegtimos y no hijos [verdaderos].
Adems, tuvimos padres terrenales para disciplinar[nos,] y [los] respetbamos, con cunta ms razn no estaremos sujetos al Padre de nuestros espritus, y viviremos?
Porque ellos nos disciplinaban por pocos das como les pareca, pero l [nos disciplina] para [nuestro] bien, para que participemos de su santidad.
Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da despus fruto apacible de justicia.
Por tanto, fortaleced las manos dbiles y las rodillas que flaquean,
y haced sendas derechas para vuestros pies, para que la [pierna] coja no se descoyunte, sino que se sane.
Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie ver al Seor.
Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados;
de que no [haya] ninguna persona inmoral ni profana como Esa, que vendi su primogenitura por una comida.
Porque sabis que aun despus, cuando quiso heredar la bendicin, fue rechazado, pues no hall ocasin para el arrepentimiento, aunque la busc con lgrimas.
Porque no os habis acercado a [un monte] que se puede tocar, ni a fuego ardiente, ni a tinieblas, ni a oscuridad, ni a torbellino,
ni a sonido de trompeta, ni a ruido de palabras [tal,] que los que oyeron rogaron que no se les hablara ms;
porque no podan soportar el mandato: SI AUN UNA BESTIA TOCA EL MONTE, SER APEDREADA.
Tan terrible era el espectculo, [que] Moiss dijo: ESTOY ATERRADO Y TEMBLANDO.
Vosotros, en cambio, os habis acercado al monte Sion y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusaln celestial, y a miradas de ngeles,
a la asamblea general e iglesia de los primognitos que estn inscritos en los cielos, y a Dios, el Juez de todos, y a los espritus de los justos hechos [ya] perfectos,
y a Jess, el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que [la sangre] de Abel.
Mirad que no rechacis al que habla. Porque si aqullos no escaparon cuando rechazaron al que [les] amonest sobre la tierra, mucho menos [escaparemos] nosotros si nos apartamos de aquel que [nos amonesta] desde el cielo.
Su voz hizo temblar entonces la tierra, pero ahora l ha prometido, diciendo: AN UNA VEZ MS, YO HAR TEMBLAR NO SLO LA TIERRA, SINO TAMBI EL CIELO.
Y esta [expresin:] An, una vez ms, indica la remocin de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles.
Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia;
porque nuestro Dios es fuego consumidor.
Permanezca el amor fraternal.
No os olvidis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ngeles.
Acordaos de los presos como si [estuvierais] presos con ellos; y de los maltratados, puesto que vosotros tambin estis en el cuerpo.
[Sea] el matrimonio honroso en todos, y el lecho [matrimonial] sin mancilla, porque a los inmorales y a los adlteros los juzgar Dios.
[Sea vuestro] carcter sin avaricia, contentos con lo que tenis, porque l mismo ha dicho: NUNCA TE DEJAR NI TE DESAMPARAR
de manera que decimos confiadamente: EL SEOR ES EL QUE ME AYUDA; NO TEMER QU PODR HACERME EL HOMBRE?
Acordaos de vuestros guas, que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe.
Jesucristo [es] el mismo ayer y hoy y por los siglos.
No os dejis llevar por doctrinas diversas y extraas, porque buena cosa es para el corazn el ser fortalecido con la gracia, no con alimentos, de los que no recibieron beneficio los que de ellos se ocupaban.
Nosotros tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que sirven al tabernculo.
Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es llevada al santuario por el sumo sacerdote [como ofrenda] por el pecado, son quemados fuera del campamento.
Por lo cual tambin Jess, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeci fuera de la puerta.
As pues, salgamos a l fuera del campamento, llevando su oprobio.
Porque no tenemos aqu una ciudad permanente, sino que buscamos [la] que est por venir.
Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante l, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre.
Y no os olvidis de hacer el bien y de la ayuda mutua; porque de tales sacrificios se agrada Dios.
Obedeced a vuestros pastores y sujetaos [a ellos;] porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegra y no quejndose, porque eso no sera provechoso para vosotros.
Orad por nosotros, pues confiamos en que tenemos una buena conciencia, deseando conducirnos honradamente en todo.
Y an ms, [os] exhorto a hacer esto, a fin de que yo os sea restituido ms pronto.
Y el Dios de paz, que resucit de entre los muertos a Jess nuestro Seor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno,
os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando l en nosotros lo que es agradable delante de l mediante Jesucristo, a quien [sea] la gloria por los siglos de los siglos. Amn.
Os ruego, hermanos, que soportis la palabra de exhortacin, pues os he escrito brevemente.
Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido puesto en libertad, con el cual, si viene pronto, os he de ver.
Saludad a todos vuestros pastores y a todos los santos. Los de Italia os saludan.
La gracia sea con todos vosotros. Amn.
Santiago, siervo de Dios y del Seor Jesucristo, a las doce tribus que estn en la dispersin: Saludos.
Tened por sumo gozo, hermanos mos, el que [os] hallis en diversas pruebas,
sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia,
y que la paciencia ha de tener [su] perfecto resultado, para que seis perfectos y completos, sin que [os] falte nada.
Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabidura, que [la] pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le ser dada.
Pero que pida con fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra.
No piense, pues, ese hombre, que recibir cosa alguna del Seor,
[siendo] hombre de doble nimo, inestable en todos sus caminos.
Pero que el hermano de condicin humilde se glore en su alta posicin,
y el rico en su humillacin, pues l pasar como la flor de la hierba.
Porque el sol sale con calor abrasador y seca la hierba, y su flor se cae y la hermosura de su apariencia perece; as tambin se marchitar el rico en medio de sus empresas.
Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibir la corona de la vida que [el Seor] ha prometido a los que le aman.
Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y l mismo no tienta a nadie.
Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasin.
Despus, cuando la pasin ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte.
Amados hermanos mos, no os engais.
Toda buena ddiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variacin.
En el ejercicio de su voluntad, l nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que furamos las primicias de sus criaturas.
[Esto] sabis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para or, tardo para hablar, tardo para la ira;
pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Por lo cual, desechando toda inmundicia y [todo] resto de malicia, recibid con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar vuestras almas.
Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engaan a s mismos.
Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo;
pues despus de mirarse a s mismo e irse, inmediatamente se olvida de qu clase de persona es.
Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la [ley] de la libertad, y permanece [en ella,] no habindose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, ste ser bienaventurado en lo que hace.
Si alguno se cree religioso, pero no refrena su lengua, sino que engaa a su [propio] corazn, la religin del tal es vana.
La religin pura y sin mcula delante de [nuestro] Dios y Padre es sta: visitar a los hurfanos y a las viudas en sus aflicciones, [y] guardarse sin mancha del mundo.
Hermanos mos, no tengis vuestra fe en nuestro glorioso Seor Jesucristo con [una actitud] de favoritismo.
Porque si en vuestra congregacin entra un hombre con anillo de oro y vestido de ropa lujosa, y tambin entra un pobre con ropa sucia,
y dais atencin especial al que lleva la ropa lujosa, y decs: T sintate aqu, en un buen lugar; y al pobre decs: T estate all de pie, o sintate junto a mi estrado;
no habis hecho distinciones entre vosotros mismos, y habis venido a ser jueces con malos pensamientos?
Hermanos mos amados, escuchad: No escogi Dios a los pobres de este mundo [para ser] ricos en fe y herederos del reino que l prometi a los que le aman?
Pero vosotros habis menospreciado al pobre. No son los ricos los que os oprimen y personalmente os arrastran a los tribunales?
No blasfeman ellos el buen nombre por el cual habis sido llamados?
Si en verdad cumpls la ley real conforme a la Escritura: AMARS A TU PRJIMO COMO A TI MISMO, bien hacis.
Pero si mostris favoritismo, cometis pecado [y] sois hallados culpables por la ley como transgresores.
Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un [punto,] se ha hecho culpable de todos.
Pues el que dijo: NO COMETAS ADULTERIO, tambin dijo: NO MATES. Ahora bien, si t no cometes adulterio, pero matas, te has convertido en transgresor de la ley.
As hablad y as proceded, como los que han de ser juzgados por [la] ley de la libertad.
Porque el juicio [ser] sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio.
De qu sirve, hermanos mos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? Acaso puede esa fe salvarle?
Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario,
y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para [su] cuerpo, de qu sirve?
As tambin la fe por s misma, si no tiene obras, est muerta.
Pero alguno dir: T tienes fe y yo tengo obras. Mustrame tu fe sin las obras, y yo te mostrar mi fe por mis obras.
T crees que Dios es uno. Haces bien; tambin los demonios creen, y tiemblan.
Pero, ests dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estril?
No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre cuando ofreci a Isaac su hijo sobre el altar?
Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada;
y se cumpli la Escritura que dice: Y ABRAHAM CREY A DIOS Y LE FUE CONTADO POR JUSTICIA, y fue llamado amigo de Dios.
Vosotros veis que el hombre es justificado por [las] obras y no slo por [la] fe.
Y de la misma manera, no fue la ramera Rahab tambin justificada por [las] obras cuando recibi a los mensajeros y los envi por otro camino?
Porque as como el cuerpo sin [el] espritu est muerto, as tambin la fe sin [las] obras est muerta.
Hermanos mos, no os hagis maestros muchos [de vosotros], sabiendo que recibiremos un juicio ms severo.
Porque todos tropezamos de muchas maneras. Si alguno no tropieza en lo que dice, es un hombre perfecto, capaz tambin de refrenar todo el cuerpo.
Ahora bien, si ponemos el freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, dirigimos tambin todo su cuerpo.
Mirad tambin las naves; aunque son tan grandes e impulsadas por fuertes vientos, son, sin embargo, dirigidas mediante un timn muy pequeo por donde la voluntad del piloto quiere.
As tambin la lengua es un miembro pequeo, y [sin embargo,] se jacta de grandes cosas. Mirad, qu gran bosque se incendia con tan pequeo fuego!
Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua est puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de [nuestra] vida.
Porque todo gnero de fieras y de aves, de reptiles y de [animales] marinos, se puede domar y ha sido domado por el gnero humano,
pero ningn hombre puede domar la lengua; [es] un mal turbulento [y] lleno de veneno mortal.
Con ella bendecimos a [nuestro] Seor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios;
de la misma boca proceden bendicin y maldicin. Hermanos mos, esto no debe ser as.
Acaso una fuente por la misma abertura echa [agua] dulce y amarga?
Acaso, hermanos mos, puede una higuera producir aceitunas, o una vid higos? Tampoco [la fuente de agua] salada [puede] producir agua dulce.
Quin es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.
Pero si tenis celos amargos y ambicin personal en vuestro corazn, no seis arrogantes y [as] mintis contra la verdad.
Esta sabidura no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diablica.
Porque donde hay celos y ambicin personal, all hay confusin y toda cosa mala.
Pero la sabidura de lo alto es primeramente pura, despus pacfica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilacin, sin hipocresa.
Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz.
De dnde [vienen] las guerras y los conflictos entre vosotros? No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?
Codiciis y no tenis, [por eso] cometis homicidio. Sois envidiosos y no podis obtener, [por eso] combats y hacis guerra. No tenis, porque no peds.
Peds y no recibs, porque peds con malos propsitos, para gastar[lo] en vuestros placeres.
[Oh almas] adlteras! No sabis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
O pensis que la Escritura dice en vano: l celosamente anhela el Espritu que ha hecho morar en nosotros?
Pero l da mayor gracia. Por eso dice: DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES.
Por tanto, someteos a Dios. Resistid, pues, al diablo y huir de vosotros.
Acercaos a Dios, y l se acercar a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores; y vosotros de doble nimo, purificad vuestros corazones.
Afligos, lamentad y llorad; que vuestra risa se torne en llanto y vuestro gozo en tristeza.
Humillaos en la presencia del Seor y l os exaltar.
Hermanos, no hablis mal los unos de los otros. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley; pero si t juzgas a la ley, no eres cumplidor de la ley, sino juez [de ella.]
[Slo] hay un dador de la ley y juez, que es poderoso para salvar y para destruir; pero t, quin eres que juzgas a tu prjimo?
Od ahora, los que decs: Hoy o maana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos all un ao, haremos negocio y tendremos ganancia.
Sin embargo, no sabis cmo ser vuestra vida maana. [Slo] sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece.
Ms bien, [debierais] decir: Si el Seor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.
Pero ahora os jactis en vuestra arrogancia; toda jactancia semejante es mala.
A aquel, pues, que sabe hacer [lo] bueno y no lo hace, le es pecado.
Od ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros.
Vuestras riquezas se han podrido y vuestras ropas estn comidas de polilla.
Vuestro oro y vuestra plata se han enmohecido, su moho ser un testigo contra vosotros y consumir vuestra carne como fuego. Es en los ltimos das que habis acumulado tesoros.
Mirad, el jornal de los obreros que han segado vuestros campos [y] que ha sido retenido por vosotros, clama [contra vosotros;] y el clamor de los segadores ha llegado a los odos del Seor de los ejrcitos.
Habis vivido lujosamente sobre la tierra, y [habis] llevado una vida de placer desenfrenado; habis engordado vuestros corazones en el da de la matanza.
Habis condenado [y] dado muerte al justo; l no os hace resistencia.
Por tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Seor. Mirad [cmo] el labrador espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello hasta que recibe [la lluvia] temprana y [la] tarda.
Sed tambin vosotros pacientes; fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Seor est cerca.
Hermanos, no os quejis unos contra otros, para que no seis juzgados; mirad, el Juez est a las puertas.
Hermanos, tomad como ejemplo de paciencia y afliccin a los profetas que hablaron en el nombre del Seor.
Mirad [que] tenemos por bienaventurados a los que sufrieron. Habis odo de la paciencia de Job, y habis visto el resultado del proceder del Seor, que el Seor es muy compasivo, y misericordioso.
Y sobre todo, hermanos mos, no juris, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningn otro juramento; antes bien, sea vuestro s, s, y vuestro no, no, para que no caigis bajo juicio.
Sufre alguno entre vosotros? Que haga oracin. Est alguno alegre? Que cante alabanzas.
Est alguno entre vosotros enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por l, ungindole con aceite en el nombre del Seor;
y la oracin de fe restaurar al enfermo, y el Seor lo levantar, y si ha cometido pecados le sern perdonados.
Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seis sanados. La oracin eficaz del justo puede lograr mucho.
Elas era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y or fervientemente para que no lloviera, y no llovi sobre la tierra por tres aos y seis meses.
Y otra vez or, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto.
Hermanos mos, si alguno de entre vosotros se extrava de la verdad y alguno le hace volver,
sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvar su alma de muerte, y cubrir multitud de pecados.
Pedro, apstol de Jesucristo, a los expatriados, de la dispersin en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos
segn el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Que la gracia y la paz os sean multiplicadas.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, quien segn su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurreccin de Jesucristo de entre los muertos,
para [obtener] una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitar, reservada en los cielos para vosotros,
que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvacin que est preparada para ser revelada en el ltimo tiempo.
En lo cual os regocijis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, seis afligidos con diversas pruebas,
para que la prueba de vuestra fe, ms preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelacin de Jesucristo;
a quien sin haber[le] visto, [le] amis, [y] a quien ahora no veis, pero creis en l, [y] os regocijis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria,
obteniendo, como resultado de vuestra fe, la salvacin de vuestras almas.
Acerca de esta salvacin, los profetas que profetizaron de la gracia que [vendra] a vosotros, diligentemente inquirieron e indagaron,
procurando saber qu persona o tiempo indicaba el Espritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguiran.
A ellos les fue revelado que no se servan a s mismos, sino a vosotros, en estas cosas que ahora os han sido anunciadas mediante los que os predicaron el evangelio por el Espritu Santo enviado del cielo; cosas a las cuales los ngeles anhelan mirar.
Por tanto, ceid vuestro entendimiento para la accin; sed sobrios [en espritu], poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traer en la revelacin de Jesucristo.
Como hijos obedientes, no os conformis a los deseos que antes [tenais] en vuestra ignorancia,
sino que as como aquel que os llam es santo, as tambin sed vosotros santos en toda [vuestra] manera de vivir;
porque escrito est: SED SANTOS, PORQUE YO SOY SANTO.
Y si invocis como Padre a aquel que imparcialmente juzga segn la obra de cada uno, conducos en temor durante el tiempo de vuestra peregrinacin;
sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas [como] oro o plata,
sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, [la sangre] de Cristo.
Porque l estaba preparado [desde] antes de la fundacin del mundo, pero se ha manifestado en estos ltimos tiempos por amor a vosotros
que por medio de l sois creyentes en Dios, que le resucit de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y esperanza sean en Dios.
Puesto que en obediencia a la verdad habis purificado vuestras almas para un amor sincero de hermanos, amaos unos a otros entraablemente, de corazn puro.
[Pues] habis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino [de una que es] incorruptible, [es decir,] mediante la palabra de Dios que vive y permanece.
Porque: TODA CARNE ES COMO LA HIERBA, Y TODA SU GLORIA COMO LA FLOR DE LA HIERBA. SCASE LA HIERBA, CESE LA FLOR,
MAS LA PALABRA DEL SEOR PERMANECE PARA SIEMPRE. Y esta es la palabra que os fue predicada.
Por tanto, desechando toda malicia y todo engao, e hipocresas, envidias y toda difamacin,
desead como nios recin nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcis para salvacin,
si [es que] habis probado la benignidad del Seor.
Y viniendo a l como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios,
tambin vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.
Pues [esto] se encuentra en la Escritura: HE AQU, PONGO EN SIN UNA PIEDRA ESCOGIDA, UNA PRECIOSA [piedra] ANGULAR, Y EL QUE CREA EN L NO SER AVERGONZADO.
Este precioso valor es, pues, para vosotros los que creis; pero para los que no creen, LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS CONSTRUCTORES, SA, EN PIEDRA ANGULAR SE HA CONVERTIDO,
y, PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCNDALO; pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban tambin destinados.
Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nacin santa, pueblo [adquirido] para posesin [de Dios], a fin de que anunciis las virtudes de aquel que os llam de las tinieblas a su luz admirable;
pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habais recibido misericordia, pero ahora habis recibido misericordia.
Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengis de las pasiones carnales que combaten contra el alma.
Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razn de vuestras buenas obras, al considerar[las,] glorifiquen a Dios en el da de la visitacin.
Someteos, por causa del Seor, a toda institucin humana, ya sea al rey, como autoridad,
o a los gobernadores, como enviados por l para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien.
Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagis enmudecer la ignorancia de los hombres insensatos.
[Andad] como libres, pero no usis la libertad como pretexto para la maldad, sino [empleadla] como siervos de Dios.
Honrad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey.
Siervos, estad sujetos a vuestros amos con todo respeto, no slo a los que son buenos y afables, sino tambin a los que son insoportables.
Porque esto [halla] gracia, si por causa de la conciencia ante Dios, alguno sobrelleva penalidades sufriendo injustamente.
Pues qu mrito hay, si cuando pecis y sois tratados con severidad lo soportis con paciencia? Pero si cuando hacis lo bueno sufrs [por ello] y lo soportis con paciencia, esto [halla] gracia con Dios.
Porque para este propsito habis sido llamados, pues tambin Cristo sufri por vosotros, dejndoos ejemplo para que sigis sus pisadas,
EL CUAL NO COMETI PECADO, NI ENGAO ALGUNO SE HALL EN SU BOCA;
[y] quien cuando le ultrajaban, no responda ultrajando; cuando padeca, no amenazaba, sino que [se] encomendaba a aquel que juzga con justicia;
y l mismo llev nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.
Pues vosotros andabais descarriados como ovejas, pero ahora habis vuelto al Pastor y Guardin de vuestras almas.
Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos [de ellos] son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres
al observar vuestra conducta casta y respetuosa.
Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos,
sino [que sea] el yo interno, con el adorno incorruptible de un espritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.
Porque as tambin se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos.
As obedeci Sara a Abraham, llamndolo seor, y vosotras habis llegado a ser hijas de ella, si hacis el bien y no estis amedrentadas por ningn temor.
[Y] vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva [con vuestras mujeres,] como con un vaso ms frgil, puesto que es mujer, dndole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas.
En conclusin, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espritu humilde;
no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino ms bien bendiciendo, porque fuisteis llamados con el propsito de heredar bendicin.
Pues EL QUE QUIERE AMAR LA VIDA Y VER DAS BUENOS, REFRENE SU LENGUA DEL MAL Y SUS LABIOS NO HABLEN ENGAO.
APRTESE DEL MAL Y HAGA EL BIEN; BUSQUE LA PAZ Y SGALA.
PORQUE LOS OJOS DEL SEOR ESTN SOBRE LOS JUSTOS, Y SUS ODOS ATENTOS A SUS ORACIONES; PERO EL ROSTRO DEL SEOR EST CONTRA LOS QUE HACEN EL MAL.
Y quin os podr hacer dao si demostris tener celo por lo bueno?
Pero aun si sufrs por causa de la justicia, dichosos [sois]. Y NO OS AMEDRENTIS POR TEMOR A ELLOS NI OS TURBIS,
sino santificad a Cristo como Seor en vuestros corazones, [estando] siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razn de la esperanza que hay en vosotros, pero [hacedlo] con mansedumbre y reverencia;
teniendo buena conciencia, para que en aquello en que sois calumniados, sean avergonzados los que difaman vuestra buena conducta en Cristo.
Pues es mejor padecer por hacer el bien, si as es la voluntad de Dios, que por hacer el mal.
Porque tambin Cristo muri por [los] pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espritu;
en el cual tambin fue y predic a los espritus encarcelados,
quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los das de No, durante la construccin del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas a travs [del] agua.
Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino [como] una peticin a Dios de una buena conciencia) mediante la resurreccin de Jesucristo,
quien est a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo despus de que le haban sido sometidos ngeles, autoridades y potestades.
Por tanto, puesto que Cristo ha padecido en la carne, armaos tambin vosotros con el mismo propsito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado,
para vivir el tiempo que [le] queda en la carne, no ya para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios.
Porque el tiempo ya pasado [os] es suficiente para haber hecho lo que agrada a los gentiles, habiendo andado en sensualidad, lujurias, borracheras, orgas, embriagueces y abominables idolatras.
Y en [todo] esto, se sorprenden de que no corris con [ellos] en el mismo desenfreno de disolucin, [y os] ultrajan;
pero ellos darn cuenta a aquel que est preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.
Porque con este fin fue predicado el evangelio aun a los muertos, para que aunque sean juzgados en la carne como hombres, vivan en el espritu conforme a [la voluntad de] Dios.
Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed pues prudentes y de [espritu] sobrio para la oracin.
Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados.
Sed hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones.
Segn cada uno ha recibido un don [especial], selo sirvindoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
El que habla, [que hable] conforme a las palabras de Dios; el que sirve, [que lo haga] por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amn.
Amados, no os sorprendis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraa os estuviera aconteciendo;
antes bien, en la medida en que comparts los padecimientos de Cristo, regocijaos, para que tambin en la revelacin de su gloria os regocijis con gran alegra.
Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, por ellos l es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.
Que de ninguna manera sufra alguno de vosotros como homicida, o ladrn, o malhechor, o por entrometido.
Pero si [alguno sufre] como cristiano, que no se avergence, sino que como tal glorifique a Dios.
Porque [es] tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si [comienza] por nosotros primero, cul [ser] el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios?
Y SI EL JUSTO CON DIFICULTAD SE SALVA, QU SER DEL IMPO Y DEL PECADOR?
Por consiguiente, los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo el bien.
Por tanto, a los ancianos entre vosotros, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y tambin participante de la gloria que ha de ser revelada:
pastoread el rebao de Dios entre vosotros, velando por l, no por obligacin, sino voluntariamente, como [quiere] Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo;
tampoco como teniendo seoro sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebao.
Y cuando aparezca el Prncipe de los pastores, recibiris la corona inmarcesible de gloria.
Asimismo, [vosotros] los ms jvenes, estad sujetos a los mayores; y todos, revestos de humildad en vuestro trato mutuo, porque DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS, PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES.
Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que l os exalte a su debido tiempo,
echando toda vuestra ansiedad sobre l, porque l tiene cuidado de vosotros.
Sed [de espritu] sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda [al acecho] como len rugiente, buscando a quien devorar.
Pero resistidle firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en vuestros hermanos en [todo] el mundo.
Y despus de que hayis sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que os llam a su gloria eterna en Cristo, l mismo [os] perfeccionar, afirmar, fortalecer [y] establecer.
A l [sea] el dominio por los siglos de los siglos. Amn.
Por conducto de Silvano, nuestro fiel hermano (porque as [lo] considero), os he escrito brevemente, exhortando y testificando que esta es la verdadera gracia de Dios. Estad firmes en ella.
La que est en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, os saluda, y [tambin] mi hijo Marcos.
Saludaos unos a otros con un beso de amor. La paz sea con todos vosotros los que estis en Cristo.
Simn Pedro, siervo y apstol de Jesucristo, a los que han recibido una fe como la nuestra, mediante la justicia de nuestro Dios y Salvador, Jesucristo:
Gracia y paz os sean multiplicadas en el conocimiento de Dios y de Jess nuestro Seor.
Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llam por su gloria y excelencia,
por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguis a ser partcipes de [la] naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupcin que hay en el mundo por [causa de la] concupiscencia.
Por esta razn tambin, obrando con toda diligencia, aadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento;
al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad,
a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor.
Pues estas [virtudes,] al estar en vosotros y al abundar, no os dejarn ociosos ni estriles en el verdadero conocimiento de nuestro Seor Jesucristo.
Porque el que carece de estas [virtudes] es ciego [o] corto de vista, habiendo olvidado [la] purificacin de sus pecados pasados.
As que, hermanos, sed tanto ms diligentes para hacer firme vuestro llamado y eleccin [de parte de Dios;] porque mientras hagis estas cosas nunca tropezaris;
pues de esta manera os ser concedida ampliamente la entrada al reino eterno de nuestro Seor y Salvador Jesucristo.
Por tanto, siempre estar listo para recordaros estas cosas, aunque vosotros [ya las] sabis y habis sido confirmados en la verdad que est presente [en vosotros].
Y considero justo, mientras est en este cuerpo, estimularos recordndoos estas cosas,
sabiendo que mi separacin del cuerpo [terrenal] es inminente, tal como me lo ha declarado nuestro Seor Jesucristo.
Tambin yo procurar con diligencia, que en todo tiempo, despus de mi partida, podis recordar estas cosas.
Porque cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Seor Jesucristo, no seguimos fbulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad.
Pues cuando l recibi honor y gloria de Dios Padre, la majestuosa Gloria le hizo esta declaracin: ste es mi Hijo amado en quien me he complacido;
y nosotros mismos escuchamos esta declaracin, hecha desde el cielo cuando estbamos con l en el monte santo.
Y [as] tenemos la palabra proftica ms segura, a la cual hacis bien en prestar atencin como a una lmpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el da despunte y el lucero de la maana aparezca en vuestros corazones.
Pero ante todo sabed esto, que ninguna profeca de la Escritura es [asunto] de interpretacin personal,
pues ninguna profeca fue dada jams por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espritu Santo hablaron de parte de Dios.
Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, as como habr tambin falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirn herejas destructoras, negando incluso al Seor que los compr, trayendo sobre s una destruccin repentina.
Muchos seguirn su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad ser blasfemado;
y en [su] avaricia os explotarn con palabras falsas. El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no est ocioso, ni su perdicin dormida.
Porque si Dios no perdon a los ngeles cuando pecaron, sino que los arroj al infierno y los entreg a fosos de tinieblas, reservados para juicio;
si no perdon al mundo antiguo, sino que guard a No, un predicador de justicia, con otros siete, cuando trajo el diluvio sobre el mundo de los impos;
si conden a la destruccin las ciudades de Sodoma y Gomorra, reducindo[las] a cenizas, ponindo[las] de ejemplo para los que habran de vivir impamente despus;
si rescat al justo Lot, abrumado por la conducta sensual de hombres libertinos
(porque [ese] justo, por lo que vea y oa mientras viva entre ellos, diariamente senta [su] alma justa atormentada por sus hechos inicuos),
el Seor, [entonces,] sabe rescatar de tentacin a los piadosos, y reservar a los injustos bajo castigo para el da del juicio,
especialmente a los que andan tras la carne en [sus] deseos corrompidos y desprecian la autoridad. Atrevidos [y] obstinados, no tiemblan cuando blasfeman de las majestades anglicas,
cuando los ngeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio injurioso contra ellos delante del Seor.
Pero stos, como animales irracionales, nacidos como criaturas de instinto para ser capturados y destruidos, blasfemando de lo que ignoran, sern tambin destruidos con la destruccin de esas criaturas,
sufriendo el mal como pago de [su] iniquidad. Cuentan por deleite andar en placeres disolutos durante el da; son manchas e inmundicias, deleitndose en sus engaos mientras banquetean con vosotros.
Tienen los ojos llenos de adulterio y nunca cesan de pecar; seducen a las almas inestables; tienen un corazn ejercitado en la avaricia; [son] hijos de maldicin.
Abandonando el camino recto, se han extraviado, siguiendo el camino de Balaam, el [hijo] de Beor, quien am el pago de la iniquidad,
pero fue reprendido por su transgresin, [pues] una muda bestia de carga, hablando con voz humana, reprimi la locura del profeta.
stos son manantiales sin agua, bruma impulsada por una tormenta, para quienes est reservada la oscuridad de las tinieblas.
Pues hablando con arrogancia y vanidad, seducen mediante deseos carnales, por sensualidad, a los que hace poco escaparon de los que viven en el error.
Les prometen libertad, mientras que ellos mismos son esclavos de la corrupcin, pues uno es esclavo de aquello que le ha vencido.
Porque si despus de haber escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento de nuestro Seor y Salvador Jesucristo, de nuevo son enredados en ellas y vencidos, su condicin postrera viene a ser peor que la primera.
Pues hubiera sido mejor para ellos no haber conocido el camino de la justicia, que habindolo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado.
Les ha sucedido a ellos segn el proverbio verdadero: EL PERRO VUELVE A SU PROPIO VMITO, y: La puerca lavada, [vuelve] a revolcarse en el cieno.
Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento,
para que recordis las palabras dichas de antemano por los santos profetas, y el mandamiento del Seor y Salvador [declarado] por vuestros apstoles.
Ante todo, sabed esto: que en los ltimos das vendrn burladores, con [su] sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones,
y diciendo: Dnde est la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo contina tal como estaba desde el principio de la creacin.
Pues cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existan desde hace mucho tiempo, y tambin la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios,
por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado con agua;
pero los cielos y la tierra actuales estn reservados por su palabra para el fuego, guardados para el da del juicio y de la destruccin de los impos.
Pero, amados, no ignoris esto: que para el Seor un da es como mil aos, y mil aos como un da.
El Seor no se tarda [en cumplir] su promesa, segn algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.
Pero el da del Seor vendr como ladrn, en el cual los cielos pasarn con gran estruendo, y los elementos sern destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras [que hay] en ella sern quemadas.
Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, qu clase de personas no debis ser vosotros en santa conducta y en piedad,
esperando y apresurando la venida del da de Dios, en el cual los cielos sern destruidos por fuego y los elementos se fundirn con intenso calor!
Pero, segn su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.
Por tanto, amados, puesto que aguardis estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por l en paz, sin mancha e irreprensibles.
Considerad la paciencia de nuestro Seor [como] salvacin, tal como os escribi tambin nuestro amado hermano Pablo, segn la sabidura que le fue dada.
Asimismo en todas [sus] cartas habla en ellas de esto; en las cuales hay algunas cosas difciles de entender, que los ignorantes e inestables tuercen -- como tambin [tuercen] el resto de las Escrituras -- para su propia perdicin.
Por tanto, amados, sabiendo esto de antemano, estad en guardia, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigis de vuestra firmeza;
antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Seor y Salvador Jesucristo. A l [sea] la gloria ahora y hasta el da de la eternidad. Amn.
Lo que exista desde el principio, lo que hemos odo, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos, acerca del Verbo de vida
(pues la vida fue manifestada, y nosotros [la] hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifest);
lo que hemos visto y odo, os proclamamos tambin a vosotros, para que tambin vosotros tengis comunin con nosotros; y en verdad nuestra comunin es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
Os escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo.
Y ste es el mensaje que hemos odo de l y que os anunciamos: Dios es luz, y en l no hay tiniebla alguna.
Si decimos que tenemos comunin con l, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad;
mas si andamos en la luz, como l est en la luz, tenemos comunin los unos con los otros, y la sangre de Jess su Hijo nos limpia de todo pecado.
Si decimos que no tenemos pecado, nos engaamos a nosotros mismos y la verdad no est en nosotros.
Si confesamos nuestros pecados, l es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.
Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a l mentiroso y su palabra no est en nosotros.
Hijitos mos, os escribo estas cosas para que no pequis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
l mismo es la propiciacin por nuestros pecados, y no slo por los nuestros, sino tambin por [los] del mundo entero.
Y en esto sabemos que hemos llegado a conocerle: si guardamos sus mandamientos.
El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no est en l;
pero el que guarda su palabra, en l verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado. En esto sabemos que estamos en l.
El que dice que permanece en l, debe andar como l anduvo.
Amados, no os escribo un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, que habis tenido desde el principio; el mandamiento antiguo es la palabra que habis odo.
Por otra parte, os escribo un mandamiento nuevo, el cual es verdadero en l y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya est alumbrando.
El que dice que est en la luz, y aborrece a su hermano, est an en tinieblas.
El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay causa de tropiezo en l.
Pero el que aborrece a su hermano, est en tinieblas y anda en tinieblas, y no sabe adnde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
Os escribo a vosotros, hijos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.
Os escribo a vosotros, padres, porque conocis al que ha sido desde el principio. Os escribo a vosotros, jvenes, porque habis vencido al maligno. Os he escrito a vosotros, nios, porque conocis al Padre.
Os he escrito a vosotros, padres, porque conocis al que ha sido desde el principio. Os he escrito a vosotros, jvenes, porque sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros y habis vencido al maligno.
No amis al mundo ni las cosas [que estn] en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no est en l.
Porque todo lo que hay en el mundo, la pasin de la carne, la pasin de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
Y el mundo pasa, y [tambin] sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Hijitos, es la ltima hora, y as como osteis que el anticristo viene, tambin ahora han surgido muchos anticristos; por eso sabemos que es la ltima hora.
Salieron de nosotros, pero [en realidad] no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habran permanecido con nosotros; pero [salieron,] a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros.
Pero vosotros tenis uncin del Santo, y todos vosotros lo sabis.
No os he escrito porque ignoris la verdad, sino porque la conocis y porque ninguna mentira procede de la verdad.
Quin es el mentiroso, sino el que niega que Jess es el Cristo? ste es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene tambin al Padre.
En cuanto a vosotros, que permanezca en vosotros lo que osteis desde el principio. Si lo que osteis desde el principio permanece en vosotros, vosotros tambin permaneceris en el Hijo y en el Padre.
Y esta es la promesa que l mismo nos hizo: la vida eterna.
Os he escrito estas cosas respecto a los que estn tratando de engaaros.
Y en cuanto a vosotros, la uncin que recibisteis de l permanece en vosotros, y no tenis necesidad de que nadie os ensee; pero as como su uncin os ensea acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y as como os ha enseado, permanecis en l.
Y ahora, hijos, permaneced en l, para que cuando se manifieste, tengamos confianza y no nos apartemos de l avergonzados en su venida.
Si sabis que l es justo, sabis tambin que todo el que hace justicia es nacido de l.
Mirad cun gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y [eso] somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoci a l.
Amados, ahora somos hijos de Dios y an no se ha manifestado lo que habremos de ser. [Pero] sabemos que cuando l se manifieste, seremos semejantes a l porque le veremos como l es.
Y todo el que tiene esta esperanza [puesta] en l, se purifica, as como l es puro.
Todo el que practica el pecado, practica tambin la infraccin de la ley, pues el pecado es infraccin de la ley.
Y vosotros sabis que l se manifest a fin de quitar los pecados, y en l no hay pecado.
Todo el que permanece en l, no peca; todo el que peca, ni le ha visto ni le ha conocido.
Hijos mos, que nadie os engae; el que practica la justicia es justo, as como l es justo.
El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifest con este propsito: para destruir las obras del diablo.
Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en l; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.
Porque ste es el mensaje que habis odo desde el principio: que nos amemos unos a otros;
no como Can [que] era del maligno, y mat a su hermano. Y por qu causa lo mat? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
Hermanos, no os maravillis si el mundo os odia.
Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte.
Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y vosotros sabis que ningn homicida tiene vida eterna permanente en l.
En esto conocemos el amor: en que l puso su vida por nosotros; tambin nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazn contra l, cmo puede morar el amor de Dios en l?
Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
En esto sabremos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de l
en cualquier cosa en que nuestro corazn nos condene; porque Dios es mayor que nuestro corazn y sabe todas las cosas.
Amados, si nuestro corazn no nos condena, confianza tenemos delante de Dios;
y todo lo que pidamos [lo] recibimos de l, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de l.
Y ste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y [que] nos amemos unos a otros como l nos ha mandado.
El que guarda sus mandamientos permanece en l y Dios en l. Y en esto sabemos que l permanece en nosotros: por el Espritu que nos ha dado.
Amados, no creis a todo espritu, sino probad los espritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo.
En esto conocis el Espritu de Dios: todo espritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios;
y todo espritu que no confiesa a Jess, no es de Dios; y ste es el [espritu] del anticristo, del cual habis odo que viene, y que ahora ya est en el mundo.
Hijos mos, vosotros sois de Dios y los habis vencido, porque mayor es el que est en vosotros que el que est en el mundo.
Ellos son del mundo; por eso hablan de parte del mundo, y el mundo los oye.
Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espritu de la verdad y el espritu del error.
Amados, ammonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios.
El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifest el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unignito al mundo para que vivamos por [medio de] l.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que l nos am a nosotros y envi a su Hijo [como] propiciacin por nuestros pecados.
Amados, si Dios as nos am, tambin nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie le ha visto jams. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se perfecciona en nosotros.
En esto sabemos que permanecemos en l y l en nosotros: en que nos ha dado de su Espritu.
Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envi al Hijo [para ser] el Salvador del mundo.
Todo aquel que confiesa que Jess es el Hijo de Dios, Dios permanece en l y l en Dios.
Y nosotros hemos llegado a conocer y hemos credo el amor que Dios tiene para nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios permanece en l.
En esto se perfecciona el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el da del juicio, pues como l es, as somos tambin nosotros en este mundo.
En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor.
Nosotros amamos, porque l nos am primero.
Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto.
Y este mandamiento tenemos de l: que el que ama a Dios, ame tambin a su hermano.
Todo aquel que cree que Jess es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al Padre, ama al que ha nacido de l.
En esto sabemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos.
Porque ste es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos.
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe.
Y quin es el que vence al mundo, sino el que cree que Jess es el Hijo de Dios?
ste es el que vino mediante agua y sangre, Jesucristo; no slo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espritu es el que da testimonio, porque el Espritu es la verdad.
Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espritu Santo, y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra:
el Espritu, el agua y la sangre, y los tres concuerdan.
Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque ste es el testimonio de Dios: que l ha dado testimonio acerca de su Hijo.
El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en s mismo; el que no cree a Dios, ha hecho a Dios mentiroso, porque no ha credo en el testimonio que Dios ha dado respecto a su Hijo.
Y el testimonio es ste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida est en su Hijo.
El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.
Estas cosas os he escrito a vosotros que creis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepis que tenis vida eterna.
Y esta es la confianza que tenemos delante de l, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, l nos oye.
Y si sabemos que l nos oye [en] cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho.
Si alguno ve a su hermano cometiendo un pecado [que] no [lleva] a la muerte, pedir, y por l [Dios] dar vida a los que cometen pecado [que] no [lleva] a la muerte. Hay un pecado [que lleva] a la muerte; yo no digo que deba pedir por se.
Toda injusticia es pecado, y hay pecado [que] no [lleva] a la muerte.
Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca; sino que aquel que naci de Dios le guarda y el maligno no lo toca.
Sabemos que somos de Dios, y [que] todo el mundo yace bajo [el poder del] maligno.
Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento a fin de que conozcamos al que es verdadero; y nosotros estamos en aquel que es verdadero, en su Hijo Jesucristo. ste es el verdadero Dios y la vida eterna.
Hijos, guardaos de los dolos.
El anciano a la seora escogida y a sus hijos, a quienes amo en verdad, y no slo yo, sino tambin todos los que conocen la verdad,
a causa de la verdad que permanece en nosotros y que estar con nosotros para siempre:
Gracia, misericordia [y] paz sern con nosotros, de Dios Padre y de Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor.
Mucho me alegr al encontrar [algunos] de tus hijos andando en la verdad, tal como hemos recibido mandamiento del Padre.
Y ahora te ruego, seora, no como escribindote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros.
Y ste es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos. ste es el mandamiento tal como lo habis odo desde el principio, para que andis en l.
Pues muchos engaadores han salido al mundo que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. se es el engaador y el anticristo.
Tened cuidado para que no perdis lo que hemos logrado, sino que recibis abundante recompensa.
Todo el que se desva y no permanece en la enseanza de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la enseanza tiene tanto al Padre como al Hijo.
Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseanza, no le recibis en casa, ni le saludis,
pues el que le saluda participa en sus malas obras.
Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no quiero [hacerlo] con papel y tinta, sino que espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que vuestro gozo sea completo.
Te saludan los hijos de tu hermana escogida.
El anciano al amado Gayo, a quien yo amo en verdad.
Amado, ruego que seas prosperado en todo as como prospera tu alma, y que tengas buena salud.
Pues me alegr mucho cuando [algunos] hermanos vinieron y dieron testimonio de tu verdad, [esto es,] de cmo andas en la verdad.
No tengo mayor gozo que ste: or que mis hijos andan en la verdad.
Amado, ests obrando fielmente en lo que haces por los hermanos, y sobre todo [cuando se trata de] extraos;
pues ellos dan testimonio de tu amor ante la iglesia. Hars bien en ayudarles a proseguir su viaje de una manera digna de Dios.
Pues ellos salieron por amor al Nombre, no aceptando nada de los gentiles.
Por tanto, debemos acoger a tales hombres, para que seamos colaboradores [en pro de] la verdad.
Escrib algo a la iglesia, pero Ditrefes, a quien le gusta ser el primero entre ellos, no acepta lo que decimos.
Por esta razn, si voy, llamar la atencin a las obras que hace, acusndonos injustamente con palabras maliciosas; y no satisfecho con esto, l mismo no recibe a los hermanos, se lo prohbe a los que quieren [hacerlo] y [los] expulsa de la iglesia.
Amado, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; el que hace lo malo no ha visto a Dios.
Demetrio tiene [buen] testimonio de parte de todos y de [parte de] la verdad misma; tambin nosotros damos testimonio y t sabes que nuestro testimonio es verdadero.
Tena muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribrte[las] con pluma y tinta,
pues espero verte en breve y hablaremos cara a cara.
pues espero verte en breve y hablaremos cara a cara. [ (III John 1:15) [La] paz [sea] contigo. Los amigos te saludan. Saluda a los amigos, a cada uno por nombre. ] 
Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo, a los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo:
Misericordia, paz y amor os sean multiplicados.
Amados, por el gran empeo que tena en escribiros acerca de nuestra comn salvacin, he sentido la necesidad de escribiros exhortndoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos.
Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenacin, impos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro nico Soberano y Seor, Jesucristo.
Ahora quiero recordaros, aunque ya definitivamente lo sepis todo, que el Seor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, destruy despus a los que no creyeron.
Y a [los] ngeles que no conservaron su seoro original, sino que abandonaron su morada legtima, [los] ha guardado en prisiones eternas, bajo tinieblas para el juicio del gran da.
As [tambin] Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas, a semejanza de aqullos, puesto que ellas se corrompieron y siguieron carne extraa, son exhibidas como ejemplo al sufrir el castigo del fuego eterno.
No obstante, de la misma manera tambin estos hombres, soando, mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las majestades anglicas.
Pero cuando el arcngel Miguel contenda con el diablo y disputaba acerca del cuerpo de Moiss, no se atrevi a proferir juicio de maldicin contra l, sino que dijo: El Seor te reprenda.
Mas stos blasfeman las cosas que no entienden, y las cosas que como animales irracionales conocen por instinto, por estas cosas son ellos destruidos.
Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Can, y por lucro se lanzaron al error de Balaam, y perecieron en la rebelin de Cor.
stos son escollos ocultos en vuestros gapes, cuando banquetean con vosotros sin temor, apacentndose a s mismos; [son] nubes sin agua llevadas por los vientos, rboles de otoo sin fruto, dos veces muertos y desarraigados;
[son] olas furiosas del mar, que arrojan como espuma su propia vergenza; estrellas errantes para quienes la oscuridad de las tinieblas ha sido reservada para siempre.
De stos tambin profetiz Enoc, [en] la sptima [generacin] desde Adn, diciendo: He aqu, el Seor vino con muchos millares de sus santos,
para ejecutar juicio sobre todos, y para condenar a todos los impos de todas sus obras de impiedad, que han hecho impamente, y de todas las cosas ofensivas que pecadores impos dijeron contra l.
stos son murmuradores, quejumbrosos, que andan tras sus [propias] pasiones; hablan con arrogancia, adulando a la gente para [obtener] beneficio.
Pero vosotros, amados, acordaos de las palabras que antes fueron dichas por los apstoles de nuestro Seor Jesucristo,
quienes os decan: En los ltimos tiempos habr burladores que irn tras sus propias pasiones impas.
stos son los que causan divisiones; [individuos] mundanos que no tienen el Espritu.
Pero vosotros, amados, edificndoos en vuestra santsima fe, orando en el Espritu Santo,
conservaos en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Seor Jesucristo para vida eterna.
Y tened misericordia de algunos que dudan;
a otros, salvad, arrebatndolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por la carne.
Y a aquel que es poderoso para guardaros sin cada y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegra,
al nico Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Seor, [sea] gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora y por todos los siglos. Amn.
La revelacin de Jesucristo, que Dios le dio, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y [la] dio a conocer, envindo[la] por medio de su ngel a su siervo Juan,
el cual dio testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, [y] de todo lo que vio.
Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profeca y guardan las cosas que estn escritas en ella, porque el tiempo est cerca.
Juan, a las siete iglesias que estn en Asia: Gracia a vosotros y paz, de aquel que es y que era y que ha de venir, y de los siete Espritus que estn delante de su trono,
y de Jesucristo, el testigo fiel, el primognito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libert de nuestros pecados con su sangre,
e hizo de nosotros un reino y sacerdotes para su Dios y Padre, a l [sea] la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amn.
HE AQU, VIENE CON LAS NUBES y todo ojo le ver, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harn lamentacin por l; s. Amn.
Yo soy el Alfa y la Omega -- dice el Seor Dios -- el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
Yo, Juan, vuestro hermano y compaero en la tribulacin, en el reino y en la perseverancia en Jess, me encontraba en la isla llamada Patmos, a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jess.
Estaba yo en el Espritu en el da del Seor, y o detrs de m una gran voz, como [sonido] de trompeta,
que deca: Escribe en un libro lo que ves, y enva[lo] a las siete iglesias: a feso, Esmirna, Prgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.
Y me volv para ver [de quin era] la voz que hablaba conmigo. Y al volverme, vi siete candeleros de oro;
y en medio de los candeleros, [vi] a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una tnica que le llegaba hasta los pies y ceido por el pecho con un cinto de oro.
Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos eran como llama de fuego;
sus pies semejantes al bronce bruido cuando se le ha hecho refulgir en el horno, y su voz como el ruido de muchas aguas.
En su mano derecha tena siete estrellas, y de su boca sala una aguda espada de dos filos; su rostro era como el sol [cuando] brilla con [toda] su fuerza.
Cuando lo vi, ca como muerto a sus pies. Y l puso su mano derecha sobre m, diciendo: No temas, yo soy el primero y el ltimo,
y el que vive, y estuve muerto; y he aqu, estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
Escribe, pues, las cosas que has visto, y las que son, y las que han de suceder despus de stas.
En cuanto al misterio de las siete estrellas que viste en mi [mano] derecha y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ngeles de las siete iglesias, y los siete candeleros son las siete iglesias.
Escribe al ngel de la iglesia en feso: "El que tiene las siete estrellas en su [mano] derecha, el que anda entre los siete candeleros de oro, dice esto:
'Yo conozco tus obras, tu fatiga y tu perseverancia, y que no puedes soportar a los malos, y has sometido a prueba a los que se dicen ser apstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos.
'Tienes perseverancia, y has sufrido por mi nombre y no has desmayado.
'Pero tengo [esto] contra ti: que has dejado tu primer amor.
'Recuerda, por tanto, de dnde has cado y arrepintete, y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendr a ti y quitar tu candelero de su lugar, si no te arrepientes.
'Sin embargo tienes esto, que aborreces las obras de los nicolatas, las cuales yo tambin aborrezco.
'El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias. Al vencedor le dar a comer del rbol de la vida, que est en el paraso de Dios.'"
Y escribe al ngel de la iglesia en Esmirna: "El primero y el ltimo, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida, dice esto:
'Yo conozco tu tribulacin y tu pobreza (pero t eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judos y no lo son, sino que son sinagoga de Satans.
'No temas lo que ests por sufrir. He aqu, el diablo echar a algunos de vosotros en la crcel para que seis probados, y tendris tribulacin por diez das. S fiel hasta la muerte, y yo te dar la corona de la vida.
'El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrir dao de la muerte segunda.'"
Y escribe al ngel de la iglesia en Prgamo: "El que tiene la espada aguda de dos filos, dice esto:
'Yo s dnde moras, donde est el trono de Satans. Guardas fielmente mi nombre y no has negado mi fe, aun en los das de Antipas, mi testigo, mi [siervo] fiel, que fue muerto entre vosotros, donde mora Satans.
'Pero tengo unas pocas cosas contra ti, porque tienes ah a los que mantienen la doctrina de Balaam, que enseaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los dolos y a cometer [actos de] inmoralidad.
'As t tambin tienes algunos que de la misma manera mantienen la doctrina de los nicolatas.
'Por tanto, arrepintete; si no, vendr a ti pronto y pelear contra ellos con la espada de mi boca.
'El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias. Al vencedor le dar del man escondido y le dar una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe.'"
Y escribe al ngel de la iglesia en Tiatira: "El Hijo de Dios, que tiene ojos como llama de fuego, y cuyos pies son semejantes al bronce bruido, dice esto:
'Yo conozco tus obras, tu amor, tu fe, tu servicio y tu perseverancia, y que tus obras recientes son mayores que las primeras.
'Pero tengo [esto] contra ti: que toleras a esa mujer Jezabel, que se dice ser profetisa, y ensea y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los dolos.
'Le he dado tiempo para arrepentirse, y no quiere arrepentirse de su inmoralidad.
'Mira, la postrar en cama, y a los que cometen adulterio con ella [los arrojar] en gran tribulacin, si no se arrepienten de las obras de ella.
'Y a sus hijos matar con pestilencia, y todas las iglesias sabrn que yo soy el que escudria las mentes y los corazones, y os dar a cada uno segn vuestras obras.
'Pero a vosotros, a los dems que estn en Tiatira, a cuantos no tienen esta doctrina, que no han conocido las cosas profundas de Satans, como ellos [las] llaman, os digo: No os impongo otra carga.
'No obstante, lo que tenis, retenedlo hasta que yo venga.
'Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, LE DAR AUTORIDAD SOBRE LAS NACIONES;
Y LAS REGIR CON VARA DE HIERRO, COMO LOS VASOS DEL ALFARERO SON HECHOS PEDAZOS, como yo tambin he recibido [autoridad] de mi Padre;
y le dar el lucero de la maana.
'El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias.'"
Y escribe al ngel de la iglesia en Sardis: "El que tiene los siete Espritus de Dios y las siete estrellas, dice esto: 'Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, pero ests muerto.
'Ponte en vela y afirma las cosas que quedan, que estaban a punto de morir, porque no he hallado completas tus obras delante de mi Dios.
'Acurdate, pues, de lo que has recibido y odo; gurda[lo] y arrepintete. Por tanto, si no velas, vendr como ladrn, y no sabrs a qu hora vendr sobre ti.
'Pero tienes unos pocos en Sardis que no han manchado sus vestiduras, y andarn conmigo [vestidos] de blanco, porque son dignos.
'As el vencedor ser revestido de vestiduras blancas y no borrar su nombre del libro de la vida, y reconocer su nombre delante de mi Padre y delante de sus ngeles.
'El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias.'"
Y escribe al ngel de la iglesia en Filadelfia: "El Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre, dice esto:
'Yo conozco tus obras. Mira, he puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar, porque tienes un poco de poder, has guardado mi palabra y no has negado mi nombre.
'He aqu, yo entregar a [aquellos] de la sinagoga de Satans que se dicen ser judos y no lo son, sino que mienten; he aqu, yo har que vengan y se postren a tus pies, y sepan que yo te he amado.
'Porque has guardado la palabra de mi perseverancia, yo tambin te guardar de la hora de la prueba, esa [hora] que est por venir sobre todo el mundo para probar a los que habitan sobre la tierra.
'Vengo pronto; retn firme lo que tienes, para que nadie tome tu corona.
'Al vencedor le har una columna en el templo de mi Dios, y nunca ms saldr de all; escribir sobre l el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusaln, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.
'El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias.'"
Y escribe al ngel de la iglesia en Laodicea: "El Amn, el Testigo fiel y verdadero, el Principio de la creacin de Dios, dice esto:
'Yo conozco tus obras, que ni eres fro ni caliente. Ojal fueras fro o caliente!
'As, puesto que eres tibio, y no fro ni caliente, te vomitar de mi boca.
'Porque dices: "Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad"; y no sabes que eres un miserable y digno de lstima, y pobre, ciego y desnudo,
te aconsejo que de m compres oro refinado por fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que puedas ver.
'Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; s, pues, celoso y arrepintete.
'He aqu, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrar a l, y cenar con l y l conmigo.
'Al vencedor, le conceder sentarse conmigo en mi trono, como yo tambin venc y me sent con mi Padre en su trono.
'El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias.'"
Despus de esto mir, y vi una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que yo haba odo, como [sonido] de trompeta que hablaba conmigo, deca: Sube ac y te mostrar las cosas que deben suceder despus de stas.
Al instante estaba yo en el Espritu, y vi un trono colocado en el cielo, y a uno sentado en el trono.
Y el que estaba sentado [era] de aspecto semejante a una piedra de jaspe y sardio, y alrededor del trono [haba] un arco iris, de aspecto semejante a la esmeralda.
Y alrededor del trono [haba] veinticuatro tronos; y sentados en los tronos, veinticuatro ancianos vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en la cabeza.
Del trono salan relmpagos, voces y truenos; y delante del trono [haba] siete lmparas de fuego ardiendo, que son los siete Espritus de Dios.
Delante del trono [haba] como un mar transparente semejante al cristal; y en medio del trono y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrs.
El primer ser viviente [era] semejante a un len; el segundo ser era semejante a un becerro; el tercer ser tena el rostro como el de un hombre, y el cuarto ser [era] semejante a un guila volando.
Y los cuatro seres vivientes, cada uno de ellos con seis alas, estaban llenos de ojos alrededor y por dentro, y da y noche no cesaban de decir: SANTO, SANTO, SANTO, [es] EL SEOR DIOS, EL TODOPODEROSO, el que era, el que es y el que ha de venir.
Y cada vez que los seres vivientes dan gloria, honor y accin de gracias al que est sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,
los veinticuatro ancianos se postran delante del que est sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
Digno eres, Seor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque t creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
Y vi en la [mano] derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.
Y vi a un ngel poderoso que pregonaba a gran voz: Quin es digno de abrir el libro y de desatar sus sellos?
Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, poda abrir el libro ni mirar su contenido.
Y yo lloraba mucho, porque nadie haba sido hallado digno de abrir el libro ni de mirar su contenido.
Entonces uno de los ancianos me dijo : No llores; mira, el Len de la tribu de Jud, la Raz de David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos.
Mir, y vi entre el trono (con los cuatro seres vivientes) y los ancianos, a un Cordero, de pie, como inmolado, que tena siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espritus de Dios enviados por toda la tierra.
Y vino, y tom [el libro] de la [mano] derecha del que estaba sentado en el trono.
Cuando tom el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; cada uno tena un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos.
Y cantaban un cntico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque t fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios [a gente] de toda tribu, lengua, pueblo y nacin.
Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarn sobre la tierra.
Y mir, y o la voz de muchos ngeles alrededor del trono y [de] los seres vivientes y [de] los ancianos; y el nmero de ellos era miradas de miradas, y millares de millares,
que decan a gran voz: El Cordero que fue inmolado digno es de recibir el poder, las riquezas, la sabidura, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza.
Y a toda cosa creada que est en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que en ellos [hay], o decir: Al que est sentado en el trono, y al Cordero, [sea] la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos.
Y los cuatro seres vivientes decan: Amn. Y los ancianos se postraron y adoraron.
Vi cuando el Cordero abri uno de los siete sellos, y o a uno de los cuatro seres vivientes que deca, como con voz de trueno: Ven.
Mir, y he aqu, un caballo blanco; y el que estaba montado en l tena un arco; se le dio una corona, y sali conquistando y para conquistar.
Cuando abri el segundo sello, o al segundo ser viviente que deca: Ven.
Entonces sali otro caballo, rojo; y al que estaba montado en l se le concedi quitar la paz de la tierra y que [los hombres] se mataran unos a otros; y se le dio una gran espada.
Cuando abri el tercer sello, o al tercer ser viviente que deca: Ven. Y mir, y he aqu, un caballo negro; y el que estaba montado en l tena una balanza en la mano.
Y o como una voz en medio de los cuatro seres vivientes que deca: Un litro de trigo por un denario, y tres litros de cebada por un denario, y no daes el aceite y el vino.
Cuando abri el cuarto sello, o la voz del cuarto ser viviente que deca: Ven.
Y mir, y he aqu, un caballo amarillento; y el que estaba montado en l se llamaba Muerte; y el Hades lo segua. Y se les dio autoridad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con pestilencia y con las fieras de la tierra.
Cuando [el Cordero] abri el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que haban sido muertos a causa de la palabra de Dios y del testimonio que haban mantenido;
y clamaban a gran voz, diciendo: Hasta cundo, oh Seor santo y verdadero, esperars para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?
Y se les dio a cada uno una vestidura blanca; y se les dijo que descansaran un poco ms de tiempo, hasta que se completara tambin [el nmero] [de] sus consiervos y [de] sus hermanos que habran de ser muertos como ellos lo haban sido.
Vi cuando [el Cordero] abri el sexto sello, y hubo un gran terremoto, y el sol se puso negro como cilicio [hecho] de cerda, y la luna toda se volvi como sangre,
y las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como la higuera deja caer sus higos verdes al ser sacudida por un fuerte viento.
Y el cielo desapareci como un pergamino que se enrolla, y todo monte e isla fueron removidos de su lugar.
Y los reyes de la tierra, y los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, y todo siervo y [todo] libre, se escondieron en las cuevas y entre las peas de los montes;
y decan a los montes y a las peas: Caed sobre nosotros y escondednos de la presencia del que est sentado en el trono y de la ira del Cordero,
porque ha llegado el gran da de la ira de ellos, y quin podr sostenerse?
Despus de esto, vi a cuatro ngeles de pie en los cuatro extremos de la tierra, deteniendo los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara viento alguno, ni sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningn rbol.
Y vi a otro ngel que suba de donde sale el sol y que tena el sello del Dios vivo; y grit a gran voz a los cuatro ngeles a quienes se les haba concedido hacer dao a la tierra y al mar,
diciendo: No hagis dao, ni a la tierra ni al mar ni a los rboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios.
Y o el nmero de los que fueron sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel;
de la tribu de Jud [fueron] sellados doce mil; de la tribu de Rubn, doce mil; de la tribu de Gad, doce mil;
de la tribu de Aser, doce mil; de la tribu de Neftal, doce mil; de la tribu de Manass, doce mil;
de la tribu de Simen, doce mil; de la tribu de Lev, doce mil; de la tribu de Isacar, doce mil;
de la tribu de Zabuln, doce mil; de la tribu de Jos, doce mil, [y] de la tribu de Benjamn [fueron] sellados doce mil.
Despus de esto mir, y vi una gran multitud, que nadie poda contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos.
Y clamaban a gran voz, diciendo: La salvacin [pertenece] a nuestro Dios que est sentado en el trono, y al Cordero.
Y todos los ngeles estaban de pie alrededor del trono y [alrededor] de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, y cayeron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,
diciendo: Amn! La bendicin, la gloria, la sabidura, la accin de gracias, el honor, el poder y la fortaleza, [sean] a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amn.
Y uno de los ancianos habl dicindome: stos que estn vestidos con vestiduras blancas, quines son y de dnde han venido?
Y yo le respond: Seor mo, t lo sabes. Y l me dijo: stos son los que vienen de la gran tribulacin, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.
Por eso estn delante del trono de Dios, y le sirven da y noche en su templo; y el que est sentado en el trono extender su tabernculo sobre ellos.
Ya no tendrn hambre ni sed, ni el sol los abatir, ni calor alguno,
pues el Cordero en medio del trono los pastorear y los guiar a manantiales de aguas de vida, y Dios enjugar toda lgrima de sus ojos.
Cuando [el Cordero] abri el sptimo sello, hubo silencio en el cielo como por media hora.
Y vi a los siete ngeles que estn de pie delante de Dios, y se les dieron siete trompetas.
Otro ngel vino y se par ante el altar con un incensario de oro, y se le dio mucho incienso para que [lo] aadiera a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono.
Y de la mano del ngel subi ante Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.
Y el ngel tom el incensario, lo llen con el fuego del altar y lo arroj a la tierra, y hubo truenos, ruidos, relmpagos y un terremoto.
Entonces los siete ngeles que tenan las siete trompetas se prepararon para tocarlas.
El primero toc la trompeta, y vino granizo y fuego mezclados con sangre, y fueron arrojados a la tierra; y se quem la tercera parte de la tierra, se quem la tercera parte de los rboles y se quem toda la hierba verde.
El segundo ngel toc la trompeta, y [algo] como una gran montaa ardiendo en llamas fue arrojado al mar, y la tercera parte del mar se convirti en sangre.
Y muri la tercera parte de los seres que [estaban] en el mar y que tenan vida; y la tercera parte de los barcos fue destruida.
El tercer ngel toc la trompeta, y cay del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cay sobre la tercera parte de los ros y sobre los manantiales de las aguas.
Y el nombre de la estrella es Ajenjo; y la tercera parte de las aguas se convirti en ajenjo, y muchos hombres murieron por causa de las aguas, porque se haban vuelto amargas.
El cuarto ngel toc la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas, para que la tercera parte de ellos se oscureciera y el da no resplandeciera en su tercera parte, y asimismo la noche.
Entonces mir, y o volar a un guila en medio del cielo, que deca a gran voz: Ay, ay, ay, de los que habitan en la tierra, a causa de los toques de trompeta que faltan, que los otros tres ngeles estn para tocar!
El quinto ngel toc la trompeta, y vi una estrella que haba cado del cielo a la tierra, y se le dio la llave del pozo del abismo.
Cuando abri el pozo del abismo, subi humo del pozo como el humo de un gran horno, y el sol y el aire se oscurecieron por el humo del pozo.
Y del humo salieron langostas sobre la tierra, y se les dio poder como tienen poder los escorpiones de la tierra.
Se les dijo que no daaran la hierba de la tierra, ni ninguna cosa verde, ni ningn rbol, sino [slo] a los hombres que no tienen el sello de Dios en la frente.
No se les permiti matar a nadie, sino atormentar[los] por cinco meses; y su tormento era como el tormento de un escorpin cuando pica al hombre.
En aquellos das los hombres buscarn la muerte y no la hallarn; y ansiarn morir, y la muerte huir de ellos.
Y el aspecto de las langostas era semejante al de caballos dispuestos para la batalla, y sobre sus cabezas [tenan] como coronas que parecan de oro, y sus caras eran como rostros humanos.
Tenan cabellos como cabellos de mujer, y sus dientes eran como de leones.
Tambin tenan corazas como corazas de hierro; y el ruido de sus alas era como el estruendo de carros, de muchos caballos que se lanzan a la batalla.
Tienen colas parecidas a escorpiones, y aguijones; y en sus colas [est] su poder para hacer dao a los hombres por cinco meses.
Tienen sobre ellos por rey al ngel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadn, y en griego se llama Apolin.
El primer ay! ha pasado; he aqu, an vienen dos ayes despus de estas cosas.
El sexto ngel toc la trompeta, y o una voz que sala de los cuatro cuernos del altar de oro que est delante de Dios,
y deca al sexto ngel que tena la trompeta: Suelta a los cuatro ngeles que estn atados junto al gran ro ufrates.
Y fueron desatados los cuatro ngeles que haban sido preparados para la hora, el da, el mes y el ao, para matar a la tercera parte de la humanidad.
Y el nmero de los ejrcitos de los jinetes [era] de doscientos millones; yo escuch su nmero.
Y as es como vi en la visin los caballos y a los que los montaban: [los jinetes] tenan corazas [color] de fuego, de jacinto y de azufre; las cabezas de los caballos [eran] como cabezas de leones, y de sus bocas sala fuego, humo y azufre.
La tercera parte de la humanidad fue muerta por estas tres plagas: por el fuego, el humo y el azufre que salan de sus bocas.
Porque el poder de los caballos est en su boca y en sus colas; pues sus colas son semejantes a serpientes, tienen cabezas y con ellas hacen dao.
Y el resto de la humanidad, los que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios y a los dolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni or ni andar;
y no se arrepintieron de sus homicidios ni de sus hechiceras ni de su inmoralidad ni de sus robos.
Y vi a otro ngel poderoso que descenda del cielo, envuelto en una nube; y el arco iris [estaba] sobre su cabeza, y su rostro [era] como el sol, y sus pies como columnas de fuego;
y tena en su mano un librito abierto. Y puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra;
y grit a gran voz, como ruge un len; y cuando grit, los siete truenos emitieron sus voces.
Despus que los siete truenos hablaron, iba yo a escribir, cuando o una voz del cielo que deca: Sella las cosas que los siete truenos han dicho y no las escribas.
Entonces el ngel que yo haba visto de pie sobre el mar y sobre la tierra, levant su mano derecha al cielo,
y jur por el que vive por los siglos de los siglos, QUIEN CRE EL CIELO Y LAS COSAS QUE EN L [hay,] Y LA TIERRA Y LAS COSAS QUE EN ELLA [hay,] Y EL MAR Y LAS COSAS QUE EN L [hay], que ya no habr dilacin,
sino que en los das de la voz del sptimo ngel, cuando est para tocar la trompeta, entonces el misterio de Dios ser consumado, como l lo anunci a sus siervos los profetas.
Y la voz que yo haba odo del cielo, la [o] de nuevo hablando conmigo, y diciendo: Ve, toma el libro que est abierto en la mano del ngel que est de pie sobre el mar y sobre la tierra.
Entonces fui al ngel y le dije que me diera el librito. Y l me dijo : Tma[lo] y devralo; te amargar las entraas, pero en tu boca ser dulce como la miel.
Tom el librito de la mano del ngel y lo devor, y fue en mi boca dulce como la miel; y cuando lo com, me amarg las entraas.
Y me dijeron : Debes profetizar otra vez acerca de muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.
Me fue dada una caa de medir semejante a una vara, y alguien dijo: Levntate y mide el templo de Dios y el altar, y a los que en l adoran.
Pero excluye el patio que est fuera del templo, no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones, y [stas] hollarn la ciudad santa por cuarenta y dos meses.
Y otorgar [autoridad] a mis dos testigos, y ellos profetizarn por mil doscientos sesenta das, vestidos de cilicio.
stos son los dos olivos y los dos candeleros que estn delante del Seor de la tierra.
Y si alguno quiere hacerles dao, de su boca sale fuego y devora a sus enemigos; as debe morir cualquiera que quisiera hacerles dao.
stos tienen poder para cerrar el cielo a fin de que no llueva durante los das en que ellos profeticen; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda [suerte de] plagas todas las veces que quieran.
Cuando hayan terminado [de dar] su testimonio, la bestia que sube del abismo har guerra contra ellos, los vencer y los matar.
Y sus cadveres [yacern] en la calle de la gran ciudad, que simblicamente se llama Sodoma y Egipto, donde tambin su Seor fue crucificado.
Y [gente] de [todos] los pueblos, tribus, lenguas y naciones, contemplarn sus cadveres por tres das y medio, y no permitirn que sus cadveres sean sepultados.
Y los que moran en la tierra se regocijarn por ellos y se alegrarn, y se enviarn regalos unos a otros, porque estos dos profetas atormentaron a los que moran en la tierra.
Pero despus de los tres das y medio, el aliento de vida de parte de Dios vino a ellos y se pusieron en pie, y gran temor cay sobre quienes los contemplaban.
Entonces oyeron una gran voz del cielo que les deca: Subid ac. Y subieron al cielo en la nube, y sus enemigos los vieron.
En aquella misma hora hubo un gran terremoto y la dcima parte de la ciudad se derrumb, y siete mil personas murieron en el terremoto, y los dems, aterrorizados, dieron gloria al Dios del cielo.
El segundo ay! ha pasado; he aqu, el tercer ay! viene pronto.
El sptimo ngel toc la trompeta, y se levantaron grandes voces en el cielo, que decan: El reino del mundo ha venido a ser [el reino] de nuestro Seor y de su Cristo; y l reinar por los siglos de los siglos.
Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios,
diciendo: Te damos gracias, oh Seor Dios Todopoderoso, el que eres y el que eras, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar.
Y las naciones se enfurecieron, y vino tu ira y [lleg] el tiempo de juzgar a los muertos y de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeos y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.
El templo de Dios que est en el cielo fue abierto; y el arca de su pacto se vea en su templo, y hubo relmpagos, voces y truenos, y un terremoto y una fuerte granizada.
Y una gran seal apareci en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza;
estaba encinta, y gritaba , estando de parto y con dolores de alumbramiento.
Entonces apareci otra seal en el cielo: he aqu, un gran dragn rojo que tena siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas [haba] siete diademas.
Su cola arrastr la tercera parte de las estrellas del cielo y las arroj sobre la tierra. Y el dragn se par delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo cuando ella diera a luz.
Y ella dio a luz un hijo varn, que ha de regir a todas las naciones con vara de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono.
Y la mujer huy al desierto, donde tena un lugar preparado por Dios, para ser sustentada all, por mil doscientos sesenta das.
[Entonces] hubo guerra en el cielo: Miguel y sus ngeles combatieron contra el dragn. Y el dragn y sus ngeles lucharon,
pero no pudieron vencer, ni se hall ya lugar para ellos en el cielo.
Y fue arrojado el gran dragn, la serpiente antigua que se llama el Diablo y Satans, el cual engaa al mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ngeles fueron arrojados con l.
Y o una gran voz en el cielo, que deca: Ahora ha venido la salvacin, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios da y noche, ha sido arrojado.
Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, [llegando] hasta [sufrir] la muerte.
Por lo cual regocijaos, cielos y los que moris en ellos. Ay de la tierra y del mar!, porque el diablo ha descendido a vosotros con gran furor, sabiendo que tiene poco tiempo.
Cuando el dragn vio que haba sido arrojado a la tierra, persigui a la mujer que haba dado a luz al [hijo] varn.
Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran guila a fin de que volara de la presencia de la serpiente al desierto, a su lugar, donde fue sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempo.
Y la serpiente arroj de su boca, tras la mujer, agua como un ro, para hacer que fuera arrastrada por la corriente.
Pero la tierra ayud a la mujer, y la tierra abri su boca y trag el ro que el dragn haba arrojado de su boca.
Entonces el dragn se enfureci contra la mujer, y sali para hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jess.
El [dragn] se par sobre la arena del mar. Y vi que suba del mar una bestia que tena diez cuernos y siete cabezas; en sus cuernos [haba] diez diademas, y en sus cabezas [haba] nombres blasfemos.
La bestia que vi era semejante a un leopardo, sus pies eran como los de un oso y su boca como la boca de un len. Y el dragn le dio su poder, su trono y gran autoridad.
Y [vi] una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada. Y la tierra entera se maravill y [segua] tras la bestia;
y adoraron al dragn, porque haba dado autoridad a la bestia; y adoraron a la bestia, diciendo: Quin es semejante a la bestia, y quin puede luchar contra ella?
Se le dio una boca que hablaba palabras arrogantes y blasfemias, y se le dio autoridad para actuar durante cuarenta y dos meses.
Y abri su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre y su tabernculo, [es decir, contra] los que moran en el cielo.
Se le concedi hacer guerra contra los santos y vencerlos; y se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nacin.
Y la adorarn todos los que moran en la tierra, cuyos nombres no han sido escritos, desde la fundacin del mundo, en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado.
Si alguno tiene odo, que oiga.
Si alguno es destinado a la cautividad, a la cautividad va; si alguno ha de morir a espada, a espada ha de morir. Aqu est la perseverancia y la fe de los santos.
Y vi otra bestia que suba de la tierra; tena dos cuernos semejantes a los de un cordero y hablaba como un dragn.
Ejerce toda la autoridad de la primera bestia en su presencia, y hace que la tierra y los que moran en ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada.
Tambin hace grandes seales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra en presencia de los hombres.
Adems engaa a los que moran en la tierra a causa de las seales que se le concedi hacer en presencia de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que hagan una imagen de la bestia que tena la herida de la espada y que ha vuelto a vivir.
Se le concedi dar aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen de la bestia tambin hablara e hiciera dar muerte a todos los que no adoran la imagen de la bestia.
Y hace que a todos, pequeos y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les d una marca en la mano derecha o en la frente,
y que nadie pueda comprar ni vender, sino el que tenga la marca: el nombre de la bestia o el nmero de su nombre.
Aqu hay sabidura. El que tiene entendimiento, que calcule el nmero de la bestia, porque el nmero es el de un hombre, y su nmero es seiscientos sesenta y seis.
Mir, y he aqu que el Cordero [estaba] de pie sobre el Monte Sion, y con l ciento cuarenta y cuatro mil que tenan el nombre de l y el nombre de su Padre escrito en la frente.
Y o una voz del cielo, como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de un gran trueno; y la voz que o [era] como [el sonido] de arpistas tocando sus arpas.
Y cantaban un cntico nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos; y nadie poda aprender el cntico, sino los ciento cuarenta y cuatro mil que haban sido rescatados de la tierra.
stos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. stos [son] los que siguen al Cordero adondequiera que va. stos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero.
En su boca no fue hallado engao; estn sin mancha.
Y vi volar en medio del cielo a otro ngel que tena un evangelio eterno para anunciar[lo] a los que moran en la tierra, y a toda nacin, tribu, lengua y pueblo,
diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
Y [le] sigui otro ngel, el segundo, diciendo: Cay, cay la gran Babilonia!; la que ha hecho beber a todas las naciones del vino de la pasin de su inmoralidad.
Entonces los sigui otro ngel, el tercero, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe una marca en su frente o en su mano,
l tambin beber del vino del furor de Dios, que est preparado puro en el cliz de su ira; y ser atormentado con fuego y azufre delante de los santos ngeles y en presencia del Cordero.
Y el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos; y no tienen reposo, ni de da ni de noche, los que adoran a la bestia y a su imagen, y cualquiera que reciba la marca de su nombre.
Aqu est la perseverancia de los santos que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jess.
Y o una voz del cielo que deca: Escribe: "Bienaventurados los muertos que de aqu en adelante mueren en el Seor." S -- dice el Espritu -- para que descansen de sus trabajos, porque sus obras van con ellos.
Y mir, y he aqu una nube blanca, y sentado en la nube [estaba] uno semejante a hijo de hombre, que tena en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz afilada.
Entonces sali del templo otro ngel clamando a gran voz al que estaba sentado en la nube: Mete tu hoz y siega, porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra est madura.
Y el que estaba sentado en la nube blandi su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada.
Sali otro ngel del templo que est en el cielo, que tambin tena una hoz afilada.
Y otro ngel, el que tiene poder sobre el fuego, sali del altar; y llam a gran voz al que tena la hoz afilada, dicindo[le:] Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la vid de la tierra, porque sus uvas estn maduras.
El ngel blandi su hoz sobre la tierra, y vendimi [los racimos de] la vid de la tierra y [los] ech en el gran lagar del furor de Dios.
Y el lagar fue pisado fuera de la ciudad, y del lagar sali sangre [que subi] hasta los frenos de los caballos por una distancia como de trescientos veinte kilmetros.
Y vi otra seal en el cielo, grande y maravillosa: siete ngeles que tenan siete plagas, las ltimas, porque en ellas se ha consumado el furor de Dios.
Vi tambin como un mar de cristal mezclado con fuego, y a los que haban salido victoriosos sobre la bestia, sobre su imagen y sobre el nmero de su nombre, en pie sobre el mar de cristal, con arpas de Dios.
Y cantaban el cntico de Moiss, siervo de Dios, y el cntico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, oh Seor Dios, Todopoderoso! Justos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de las naciones!
Oh Seor! Quin no temer y glorificar tu nombre? Pues slo t eres santo; porque TODAS LAS NACIONES VENDRN Y ADORARN EN TU PRESENCIA, pues tus justos juicios han sido revelados.
Despus de estas cosas mir, y se abri el templo del tabernculo del testimonio en el cielo,
y salieron del templo los siete ngeles que tenan las siete plagas, vestidos de lino puro [y] resplandeciente, y ceidos alrededor del pecho con cintos de oro.
Entonces uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ngeles siete copas de oro llenas del furor de Dios, que vive por los siglos de los siglos.
Y el templo se llen con el humo de la gloria de Dios y de su poder; y nadie poda entrar al templo hasta que se terminaran las siete plagas de los siete ngeles.
Y o una gran voz que desde el templo deca a los siete ngeles: Id y derramad en la tierra las siete copas del furor de Dios.
El primer [ngel] fue y derram su copa en la tierra; y se produjo una llaga repugnante y maligna en los hombres que tenan la marca de la bestia y que adoraban su imagen.
El segundo [ngel] derram su copa en el mar, y se convirti en sangre como de muerto; y muri todo ser viviente que [haba] en el mar.
El tercer [ngel] derram su copa en los ros y en las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre.
Y o al ngel de las aguas, que deca: Justo eres t, el que eres, y el que eras, oh Santo, porque has juzgado estas cosas;
pues ellos derramaron sangre de santos y profetas y t les has dado a beber sangre; lo merecen.
Y o al altar, que deca: S, oh Seor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios.
El cuarto [ngel] derram su copa sobre el sol; y [al sol] le fue dado quemar a los hombres con fuego.
Y los hombres fueron quemados con el intenso calor; y blasfemaron el nombre de Dios que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.
El quinto [ngel] derram su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se qued en tinieblas, y se mordan la lengua de dolor.
Y blasfemaron contra el Dios del cielo por causa de sus dolores y de sus llagas, y no se arrepintieron de sus obras.
El sexto [ngel] derram su copa sobre el gran ro ufrates; y sus aguas se secaron para que fuera preparado el camino para los reyes del oriente.
Y vi [salir] de la boca del dragn, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta, a tres espritus inmundos semejantes a ranas;
pues son espritus de demonios que hacen seales, los cuales van a los reyes de todo el mundo, a reunirlos para la batalla del gran da del Dios Todopoderoso.
(He aqu, vengo como ladrn. Bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, no sea que ande desnudo y vean su vergenza.)
Y los reunieron en el lugar que en hebreo se llama Armagedn.
Y el sptimo [ngel] derram su copa en el aire; y una gran voz sali del templo, del trono, que deca: Hecho est.
Entonces hubo relmpagos, voces y truenos; y hubo un gran terremoto tal como no lo haba habido desde que el hombre est sobre la tierra; [fue] tan grande [y] poderoso terremoto.
La gran ciudad qued dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron. Y la gran Babilonia fue recordada delante de Dios para darle el cliz del vino del furor de su ira.
Y toda isla huy, y los montes no fueron hallados.
Y enormes granizos, como de un talento cada uno, cayeron sobre los hombres; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo, porque su plaga fue sumamente grande.
Y uno de los siete ngeles que tenan las siete copas, vino y habl conmigo, diciendo: Ven; te mostrar el juicio de la gran ramera que est sentada sobre muchas aguas;
con ella los reyes de la tierra cometieron [actos] inmorales, y los moradores de la tierra fueron embriagados con el vino de su inmoralidad.
Y me llev en el Espritu a un desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata, llena de nombres blasfemos, y que tena siete cabezas y diez cuernos.
La mujer estaba vestida de prpura y escarlata, y adornada con oro, piedras preciosas y perlas, y tena en la mano una copa de oro llena de abominaciones y de las inmundicias de su inmoralidad,
y sobre su frente [haba] un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.
Y vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los testigos de Jess. Y al verla, me asombr grandemente.
Y el ngel me dijo: Por qu te has asombrado? Yo te dir el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva, la que tiene las siete cabezas y los diez cuernos.
La bestia que viste, era y no es, y est para subir del abismo e ir a la destruccin. Y los moradores de la tierra, cuyos nombres no se han escrito en el libro de la vida desde la fundacin del mundo, se asombrarn al ver la bestia que era y no es, y [que] vendr.
Aqu est la mente que tiene sabidura. Las siete cabezas son siete montes sobre los que se sienta la mujer;
y son siete reyes; cinco han cado, uno es [y] el otro an no ha venido; y cuando venga, es necesario que permanezca un poco de tiempo.
Y la bestia que era y no es, es el octavo [rey,] y es [uno] de los siete y va a la destruccin.
Y los diez cuernos que viste son diez reyes que todava no han recibido reino, pero que por una hora reciben autoridad como reyes con la bestia.
stos tienen un [mismo] propsito, y entregarn su poder y autoridad a la bestia.
stos pelearn contra el Cordero, y el Cordero los vencer, porque l es Seor de seores y Rey de reyes, y los que estn con l [son] llamados, escogidos y fieles.
Y me dijo : Las aguas que viste donde se sienta la ramera, son pueblos, multitudes, naciones y lenguas.
Y los diez cuernos que viste y la bestia, stos odiarn a la ramera y la dejarn desolada y desnuda, y comern sus carnes y la quemarn con fuego;
porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar su propsito: que tengan ellos un propsito unnime, y den su reino a la bestia hasta que las palabras de Dios se cumplan.
Y la mujer que viste es la gran ciudad, que reina sobre los reyes de la tierra.
Despus de esto vi a otro ngel descender del cielo, que tena gran poder, y la tierra fue iluminada con su gloria.
Y clam con potente voz, diciendo: Cay, cay la gran Babilonia! Se ha convertido en habitacin de demonios, en guarida de todo espritu inmundo y en guarida de toda ave inmunda y aborrecible.
Porque todas las naciones han bebido del vino de la pasin de su inmoralidad, y los reyes de la tierra han cometido [actos] inmorales con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con la riqueza de su sensualidad.
Y o otra voz del cielo que deca: Salid de ella, pueblo mo, para que no participis de sus pecados y para que no recibis de sus plagas;
porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus iniquidades.
Pagadle tal como ella ha pagado, y devolved[le] doble segn sus obras; en la copa que ella ha preparado, preparad el doble para ella.
Cuanto ella se glorific a s misma y vivi sensualmente, as dadle tormento y duelo, porque dice en su corazn: "YO [estoy] SENTADA [como] REINA, Y NO SOY VIUDA y nunca ver duelo."
Por eso, en un [solo] da, vendrn sus plagas: muerte, duelo y hambre, y ser quemada con fuego; porque el Seor Dios que la juzga es poderoso.
Y los reyes de la tierra que cometieron [actos de] inmoralidad y vivieron sensualmente con ella, llorarn y se lamentarn por ella cuando vean el humo de su incendio,
[mirando] de pie desde lejos por causa del temor de su tormento, [y] diciendo: "Ay, ay, la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte!, porque en una hora ha llegado tu juicio."
Y los mercaderes de la tierra lloran y se lamentan por ella, porque ya nadie compra sus mercaderas:
cargamentos de oro, plata, piedras preciosas, perlas, lino fino, prpura, seda y escarlata; toda [clase de] maderas olorosas y todo objeto de marfil y todo objeto [hecho] de maderas preciosas, bronce, hierro y mrmol;
y canela, especias aromticas, incienso, perfume, mirra, vino, aceite de oliva; y flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos, carros, esclavos y vidas humanas.
Y el fruto que tanto has anhelado se ha apartado de ti, y todas las cosas que eran lujosas y esplndidas se han alejado de ti, y nunca ms las hallarn.
Los mercaderes de estas cosas que se enriquecieron a costa de ella, se pararn lejos a causa del temor de su tormento, llorando y lamentndose,
diciendo: "Ay, ay, la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, prpura y escarlata, y adornada de oro, piedras preciosas y perlas!,
porque en una hora ha sido arrasada tanta riqueza." Y todos los capitanes, pasajeros y marineros, y todos los que viven del mar, se pararon a lo lejos,
y al ver el humo de su incendio gritaban, diciendo: "Qu [ciudad] es semejante a la gran ciudad?"
Y echaron polvo sobre sus cabezas, y gritaban, llorando y lamentndose, diciendo: "Ay, ay, la gran ciudad en la cual todos los que tenan naves en el mar se enriquecieron a costa de sus riquezas!, porque en una hora ha sido asolada."
Regocjate sobre ella, cielo, y [tambin vosotros,] santos, apstoles y profetas, porque Dios ha pronunciado juicio por vosotros contra ella.
Entonces un ngel poderoso tom una piedra, como una gran piedra de molino, y la arroj al mar, diciendo: As ser derribada con violencia Babilonia, la gran ciudad, y nunca ms ser hallada.
Y el sonido de arpistas, de msicos, de flautistas y de trompeteros no se oir ms en ti; artfice de oficio alguno no se hallar ms en ti; ruido de molino no se oir ms en ti;
luz de lmpara no alumbrar ms en ti; y la voz del novio y de la novia no se oir ms en ti; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra, pues todas las naciones fueron engaadas por tus hechiceras.
Y en ella fue hallada la sangre de los profetas, de los santos y de todos los que haban sido muertos sobre la tierra.
Despus de esto o como una gran voz de una gran multitud en el cielo, que deca: Aleluya! La salvacin y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios,
PORQUE SUS JUICIOS SON VERDADEROS Y JUSTOS, pues ha juzgado a la gran ramera que corrompa la tierra con su inmoralidad, y HA VENGADO LA SANGRE DE SUS SIERVOS EN ELLA.
Y dijeron por segunda vez: Aleluya! EL HUMO DE ELLA SUBE POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.
Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron y adoraron a Dios, que [est] sentado en el trono, [y] decan: Amn! Aleluya!
Y del trono sali una voz que deca: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, los que le temis, los pequeos y los grandes.
Y o como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, que deca: Aleluya! Porque el Seor nuestro Dios Todopoderoso reina.
Regocijmonos y alegrmonos, y dmosle a l la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado.
Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente [y] limpio, porque las acciones justas de los santos son el lino fino.
Y el [ngel] me dijo : Escribe: "Bienaventurados los que estn invitados a la cena de las bodas del Cordero." Y me dijo : stas son palabras verdaderas de Dios.
Entonces ca a sus pies para adorarle. Y me dijo : No hagas eso; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que poseen el testimonio de Jess; adora a Dios. Pues el testimonio de Jess es el espritu de la profeca.
Y vi el cielo abierto, y he aqu, un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra.
Sus ojos [son] una llama de fuego, y sobre su cabeza [hay] muchas diademas, y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino l.
Y [est] vestido de un manto empapado en sangre, y su nombre es: El Verbo de Dios.
Y los ejrcitos que estn en los cielos, vestidos de lino fino, blanco [y] limpio, le seguan sobre caballos blancos.
De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones, y las regir con vara de hierro; y l pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso.
Y en su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: REY DE REYES Y SEOR DE SEORES.
Y vi a un ngel que estaba de pie en el sol. Y clam a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, congregaos para la gran cena de Dios,
para que comis carne de reyes, carne de comandantes y carne de poderosos, carne de caballos y de sus jinetes, y carne de todos [los hombres], libres y esclavos, pequeos y grandes.
Entonces vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejrcitos reunidos para hacer guerra contra el que iba montado en el caballo y contra su ejrcito.
Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que haca seales en su presencia, con las cuales engaaba a los que haban recibido la marca de la bestia y a los que adoraban su imagen; los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con azufre.
Y los dems fueron muertos con la espada que sala de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de sus carnes.
Y vi a un ngel que descenda del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en su mano.
Prendi al dragn, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satans, y lo at por mil aos;
y lo arroj al abismo, y [lo] cerr y [lo] sell sobre l, para que no engaara ms a las naciones, hasta que se cumplieran los mil aos; despus de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.
Tambin vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y se les concedi [autoridad para] juzgar. Y [vi] las almas de los que haban sido decapitados por causa del testimonio de Jess y de la palabra de Dios, y a los que no haban adorado a la bestia ni a su imagen, ni haban recibido la marca sobre su frente ni sobre su mano; y volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil aos.
Los dems muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil aos. sta es la primera resurreccin.
Bienaventurado y santo es el que tiene parte en la primera resurreccin; la muerte segunda no tiene poder sobre stos sino que sern sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarn con l por mil aos.
Cuando los mil aos se cumplan, Satans ser soltado de su prisin,
y saldr a engaar a las naciones que estn en los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlas para la batalla; el nmero de ellas es como la arena del mar.
Y subieron sobre la anchura de la tierra, rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendi fuego del cielo y los devor.
Y el diablo que los engaaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde tambin estn la bestia y el falso profeta; y sern atormentados da y noche por los siglos de los siglos.
Y vi un gran trono blanco y al que [estaba] sentado en l, de cuya presencia huyeron la tierra y el cielo, y no se hall lugar para ellos.
Y vi a los muertos, grandes y pequeos, de pie delante del trono, y [los] libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, que es [el libro] de la vida, y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, segn sus obras.
Y el mar entreg los muertos que estaban en l, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en ellos; y fueron juzgados, cada uno segn sus obras.
Y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. sta es la muerte segunda: el lago de fuego.
Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.
Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe.
Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusaln, que descenda del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo.
Entonces o una gran voz que deca desde el trono: He aqu, el tabernculo de Dios est entre los hombres, y l habitar entre ellos y ellos sern su pueblo, y Dios mismo estar entre ellos.
l enjugar toda lgrima de sus ojos, y ya no habr muerte, ni habr ms duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado.
Y el que est sentado en el trono dijo: He aqu, yo hago nuevas todas las cosas. Y aadi : Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas.
Tambin me dijo: Hecho est. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le dar gratuitamente de la fuente del agua de la vida.
El vencedor heredar estas cosas, y yo ser su Dios y l ser mi hijo.
Pero los cobardes, incrdulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idlatras y todos los mentirosos tendrn su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.
Y vino uno de los siete ngeles que tenan las siete copas llenas de las ltimas siete plagas, y habl conmigo, diciendo: Ven, te mostrar la novia, la esposa del Cordero.
Y me llev en el Espritu a un monte grande y alto, y me mostr la ciudad santa, Jerusaln, que descenda del cielo, de Dios,
y tena la gloria de Dios. Su fulgor era semejante al de una piedra muy preciosa, como una piedra de jaspe cristalino.
Tena un muro grande y alto con doce puertas, y en las puertas doce ngeles; y [en ellas haba] nombres escritos, que son [los] de las doce tribus de los hijos de Israel.
[Haba] tres puertas al este, tres puertas al norte, tres puertas al sur y tres puertas al oeste.
El muro de la ciudad tena doce cimientos, y en ellos [estaban] los doce nombres de los doce apstoles del Cordero.
Y el que hablaba conmigo tena una vara de medir de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro.
Y la ciudad est asentada en [forma de] cuadro, y su longitud es igual que su anchura. Y midi la ciudad con la vara, doce mil estadios; y su longitud, anchura y altura son iguales.
Y midi su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, [segn] medida humana, que es [tambin] de ngel.
El material del muro era jaspe, y la ciudad era [de] oro puro semejante al cristal puro.
Los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas: el primer cimiento, jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, gata; el cuarto, esmeralda;
el quinto, sardnice; el sexto, sardio; el sptimo, crislito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el dcimo, crisopraso; el undcimo, jacinto; y el duodcimo, amatista.
Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era de una sola perla; y la calle de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente.
Y no vi en ella templo alguno, porque su templo es el Seor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero.
La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero [es] su lumbrera.
Y las naciones andarn a su luz, y los reyes de la tierra traern a ella su gloria.
Sus puertas nunca se cerrarn de da (pues all no habr noche);
y traern a ella la gloria y el honor de las naciones;
y jams entrar en ella nada inmundo, ni el que practica abominacin y mentira, sino slo aquellos cuyos nombres estn escritos en el libro de la vida del Cordero.
Y me mostr un ro de agua de vida, resplandeciente como cristal, que sala del trono de Dios y del Cordero,
en medio de la calle de la ciudad. Y a cada lado del ro estaba el rbol de la vida, que produce doce [clases de] fruto, dando su fruto cada mes; y las hojas del rbol [eran] para sanidad de las naciones.
Y ya no habr ms maldicin; y el trono de Dios y del Cordero estar all, y sus siervos le servirn.
Ellos vern su rostro, y su nombre [estar] en sus frentes.
Y ya no habr ms noche, y no tendrn necesidad de luz de lmpara ni de luz del sol, porque el Seor Dios los iluminar, y reinarn por los siglos de los siglos.
Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas; y el Seor, el Dios de los espritus de los profetas, envi a su ngel para mostrar a sus siervos las cosas que pronto han de suceder.
He aqu, yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profeca de este libro.
Yo, Juan, [soy] el que oy y vio estas cosas. Y cuando o y vi, me postr para adorar a los pies del ngel que me mostr estas cosas.
Y me dijo : No hagas eso; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.
Tambin me dijo: No selles las palabras de la profeca de este libro, porque el tiempo est cerca.
Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro, que el justo siga practicando la justicia, y que el que es santo siga guardndose santo.
He aqu, yo vengo pronto, y mi recompensa [est] conmigo para recompensar a cada uno segn sea su obra.
Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el ltimo, el principio y el fin.
Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al rbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad.
Afuera estn los perros, los hechiceros, los inmorales, los asesinos, los idlatras y todo el que ama y practica la mentira.
Yo, Jess, he enviado a mi ngel a fin de daros testimonio de estas cosas para las iglesias. Yo soy la raz y la descendencia de David, el lucero resplandeciente de la maana.
Y el Espritu y la esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que desea, que tome gratuitamente del agua de la vida.
Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profeca de este libro: Si alguno aade a ellas, Dios traer sobre l las plagas que estn escritas en este libro;
y si alguno quita de las palabras del libro de esta profeca, Dios quitar su parte del rbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro.
El que testifica de estas cosas dice: S, vengo pronto. Amn. Ven, Seor Jess.
La gracia del Seor Jess sea con todos. Amn.
