En el comienzo de todo, Dios cre el cielo y la tierra.
La tierra no tena entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espritu de Dios se mova sobre el agua.
Entonces Dios dijo: "Que haya luz!" Y hubo luz.
Al ver Dios que la luz era buena, la separ de la oscuridad
y la llam "da", y a la oscuridad la llam "noche". De este modo se complet el primer da.
Despus Dios dijo: "Que haya una bveda que separe las aguas, para que estas queden separadas." Y as fue.
Dios hizo una bveda que separ las aguas: una parte de ellas qued debajo de la bveda, y otra parte qued arriba.
A la bveda la llam "cielo". De este modo se complet el segundo da.
Entonces Dios dijo: "Que el agua que est debajo del cielo se junte en un solo lugar, para que aparezca lo seco." Y as fue.
A la parte seca Dios la llam "tierra", y al agua que se haba juntado la llam "mar". Al ver Dios que todo estaba bien,
dijo: "Que produzca la tierra toda clase de plantas: hierbas que den semilla y rboles que den fruto." Y as fue.
La tierra produjo toda clase de plantas: hierbas que dan semilla y rboles que dan fruto. Y Dios vio que todo estaba bien.
De este modo se complet el tercer da.
Entonces Dios dijo: "Que haya luces en la bveda celeste, que alumbren la tierra y separen el da de la noche,
y que sirvan tambin para sealar los das, los aos y las fechas especiales." Y as fue.
Dios hizo las dos luces: la grande para alumbrar de da y la pequea para alumbrar de noche. Tambin hizo las estrellas.
Dios puso las luces en la bveda celeste para alumbrar la tierra
de da y de noche, y para separar la luz de la oscuridad, y vio que todo estaba bien.
De este modo se complet el cuarto da.
Luego Dios dijo: "Que produzca el agua toda clase de animales, y que haya tambin aves que vuelen sobre la tierra." Y as fue.
Dios cre los grandes monstruos del mar, y todos los animales que el agua produce y que viven en ella, y todas las aves. Al ver Dios que as estaba bien,
bendijo con estas palabras a los animales que haba hecho: "Que tengan muchas cras y llenen los mares, y que haya muchas aves en el mundo."
De este modo se complet el quinto da.
Entonces Dios dijo: "Que produzca la tierra toda clase de animales: domsticos y salvajes, y los que se arrastran por el suelo." Y as fue.
Dios hizo estos animales y vio que todo estaba bien.
Entonces dijo: "Ahora hagamos al hombre a nuestra imagen. l tendr poder sobre los peces, las aves, los animales domsticos y los salvajes, y sobre los que se arrastran por el suelo."
Cuando Dios cre al hombre, lo cre a su imagen; varn y mujer los cre,
y les dio su bendicin: "Tengan muchos, muchos hijos; llenen el mundo y gobirnenlo; dominen a los peces y a las aves, y a todos los animales que se arrastran."
Despus les dijo: "Miren, a ustedes les doy todas las plantas de la tierra que producen semilla, y todos los rboles que dan fruto. Todo eso les servir de alimento.
Pero a los animales salvajes, a los que se arrastran por el suelo y a las aves, les doy la hierba como alimento." As fue,
y Dios vio que todo lo que haba hecho estaba muy bien. De este modo se complet el sexto da.
El cielo y la tierra, y todo lo que hay en ellos, quedaron terminados.
El sptimo da termin Dios lo que haba hecho, y descans.
Entonces bendijo el sptimo da y lo declar da sagrado, porque en ese da descans de todo su trabajo de creacin.
Esta es la historia de la creacin del cielo y de la tierra. Cuando Dios el Seor hizo el cielo y la tierra,
an no haba plantas ni haba brotado la hierba, porque Dios el Seor todava no haba hecho llover sobre la tierra, ni haba nadie que la trabajara.
Sin embargo, de la tierra sala agua que regaba todo el terreno.
Entonces Dios el Seor form al hombre de la tierra misma, y sopl en su nariz y le dio vida. As el hombre se convirti en un ser viviente.
Despus Dios el Seor plant un jardn en la regin de Edn, en el oriente, y puso all al hombre que haba formado.
Hizo crecer tambin toda clase de rboles hermosos que daban fruto bueno para comer. En medio del jardn puso tambin el rbol de la vida y el rbol del conocimiento del bien y del mal.
En Edn naca un ro que regaba el jardn, y que de all se divida en cuatro.
El primero se llamaba Pisn, que es el que da vuelta por toda la regin de Havil, donde hay oro.
El oro de esa regin es fino, y tambin hay resina fina y piedra de nice.
El segundo ro se llamaba Guihn, y es el que da vuelta por toda la regin de Cus.
El tercero era el ro Tigris, que es el que pasa al oriente de Asiria. Y el cuarto era el ro Eufrates.
Cuando Dios el Seor puso al hombre en el jardn de Edn para que lo cultivara y lo cuidara,
le dio esta orden: "Puedes comer del fruto de todos los rboles del jardn,
menos del rbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese rbol, porque si lo comes, ciertamente morirs."
Luego, Dios el Seor dijo: "No es bueno que el hombre est solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para l."
Y Dios el Seor form de la tierra todos los animales y todas las aves, y se los llev al hombre para que les pusiera nombre.
El hombre les puso nombre a todos los animales domsticos, a todas las aves y a todos los animales salvajes, y ese nombre se les qued. Sin embargo, ninguno de ellos result ser la ayuda adecuada para l.
Entonces Dios el Seor hizo caer al hombre en un sueo profundo y, mientras dorma, le sac una de las costillas y le cerr otra vez la carne.
De esa costilla Dios el Seor hizo una mujer, y se la present al hombre,
el cual, al verla, dijo: "Esta s que es de mi propia carne y de mis propios huesos! Se va a llamar 'mujer', porque Dios la sac del hombre."
Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llegan a ser como una sola persona.
Tanto el hombre como su mujer estaban desnudos, pero ninguno de los dos senta vergenza de estar as.
La serpiente era ms astuta que todos los animales salvajes que Dios el Seor haba creado, y le pregunt a la mujer: -As que Dios les ha dicho que no coman del fruto de ningn rbol del jardn?
Y la mujer le contest: -Podemos comer del fruto de cualquier rbol,
menos del rbol que est en medio del jardn. Dios nos ha dicho que no debemos comer ni tocar el fruto de ese rbol, porque si lo hacemos, moriremos.
Pero la serpiente le dijo a la mujer: -No es cierto. No morirn.
Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman del fruto de ese rbol podrn saber lo que es bueno y lo que es malo, y que entonces sern como Dios.
La mujer vio que el fruto del rbol era hermoso, y le dieron ganas de comerlo y de llegar a tener entendimiento. As que cort uno de los frutos y se lo comi. Luego le dio a su esposo, y l tambin comi.
En ese momento se les abrieron los ojos, y los dos se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas.
El hombre y su mujer escucharon que Dios el Seor andaba por el jardn a la hora en que sopla el viento de la tarde, y corrieron a esconderse de l entre los rboles del jardn.
Pero Dios el Seor llam al hombre y le pregunt: -Dnde ests?
El hombre contest: -Escuch que andabas por el jardn y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escond.
Entonces Dios le pregunt: -Y quin te ha dicho que ests desnudo? Acaso has comido del fruto del rbol del que te dije que no comieras?
El hombre contest: -La mujer que me diste por compaera me dio de ese fruto, y yo lo com.
Entonces Dios el Seor le pregunt a la mujer: -Por qu lo hiciste? Y ella respondi: -La serpiente me enga, y por eso com del fruto.
Entonces Dios el Seor dijo a la serpiente: -Por esto que has hecho, maldita sers entre todos los dems animales. De hoy en adelante caminars arrastrndote y comers tierra.
Har que t y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastar la cabeza, y t le morders el taln.
A la mujer le dijo: -Aumentar tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los dars a luz. Pero tu deseo te llevar a tu marido, y l tendr autoridad sobre ti.
Al hombre le dijo: -Como le hiciste caso a tu mujer y comiste del fruto del rbol del que te dije que no comieras, ahora la tierra va a estar bajo maldicin por tu culpa; con duro trabajo la hars producir tu alimento durante toda tu vida.
La tierra te dar espinos y cardos, y tendrs que comer plantas silvestres.
Te ganars el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste formado, pues tierra eres y en tierra te convertirs.
El hombre llam Eva a su mujer, pues ella fue la madre de todos los que viven.
Dios el Seor hizo ropa de pieles de animales para que el hombre y su mujer se vistieran,
y dijo: "Ahora el hombre se ha vuelto como uno de nosotros, pues sabe lo que es bueno y lo que es malo. No vaya a tomar tambin del fruto del rbol de la vida, y lo coma y viva para siempre."
Por eso Dios el Seor sac al hombre del jardn de Edn, y lo puso a trabajar la tierra de la cual haba sido formado.
Despus de haber sacado al hombre, puso al oriente del jardn unos seres alados y una espada ardiendo que daba vueltas hacia todos lados, para evitar que nadie llegara al rbol de la vida.
El hombre se uni con su esposa Eva. Ella qued embarazada y dio a luz a su hijo Can, y dijo: "Ya tengo un hijo varn. El Seor me lo ha dado."
Despus dio a luz a Abel, hermano de Can. Abel se dedic a criar ovejas, y Can se dedic a cultivar la tierra.
Pas el tiempo, y un da Can llev al Seor una ofrenda del producto de su cosecha.
Tambin Abel llev al Seor las primeras y mejores cras de sus ovejas. El Seor mir con agrado a Abel y a su ofrenda,
pero no mir as a Can ni a su ofrenda, por lo que Can se enoj muchsimo y puso muy mala cara.
Entonces el Seor le dijo: "Por qu te enojas y pones tan mala cara?
Si hicieras lo bueno, podras levantar la cara; pero como no lo haces, el pecado est esperando el momento de dominarte. Sin embargo, t puedes dominarlo a l."
Un da, Can invit a su hermano Abel a dar un paseo, y cuando los dos estaban ya en el campo, Can atac a su hermano Abel y lo mat.
Entonces el Seor le pregunt a Can: -Dnde est tu hermano Abel? Y Can contest: -No lo s. Acaso es mi obligacin cuidar de l?
El Seor le dijo: -Por qu has hecho esto? La sangre de tu hermano, que has derramado en la tierra, me pide a gritos que yo haga justicia.
Por eso, quedars maldito y expulsado de la tierra que se ha bebido la sangre de tu hermano, a quien t mataste.
Aunque trabajes la tierra, no volver a darte sus frutos. Andars vagando por el mundo, sin poder descansar jams.
Entonces Can respondi al Seor: -Yo no puedo soportar un castigo tan grande.
Hoy me has echado fuera de esta tierra, y tendr que vagar por el mundo lejos de tu presencia, sin poder descansar jams. Y as, cualquiera que me encuentre me matar.
Pero el Seor le contest: -Pues si alguien te mata, ser castigado siete veces. Entonces el Seor le puso una seal a Can, para que el que lo encontrara no lo matara.
Can se fue del lugar donde haba estado hablando con el Seor, y se qued a vivir en la regin de Nod, que est al oriente de Edn.
Can se uni con su mujer, y ella qued embarazada y dio a luz a Henoc. Luego Can fund una ciudad, a la que le puso por nombre Henoc, como a su hijo.
Henoc fue el padre de Irad, Irad fue el padre de Mehujael, Mehujael fue el padre de Metusael, y Metusael fue el padre de Lmec.
Lmec tuvo dos esposas: una de ellas se llamaba Ad, y la otra se llamaba Sil.
Ad dio a luz a Jabal, de quien descienden los que viven en tiendas de campaa y cran ganado.
Jabal tuvo un hermano llamado Jubal, de quien descienden todos los que tocan el arpa y la flauta.
Por su parte, Sil dio a luz a Tubal-Can, que fue herrero y haca objetos de bronce y de hierro. Tubal-Can tuvo una hermana que se llamaba Naam.
Un da, Lmec les dijo a sus esposas Ad y Sil: "Escuchen bien lo que les digo: he matado a un hombre por herirme, a un muchacho por golpearme.
Si a Can lo vengarn siete veces, a m tendrn que vengarme setenta y siete veces."
Adn volvi a unirse con su esposa, y ella tuvo un hijo al que llam Set, pues dijo: "Dios me ha dado otro hijo en lugar de Abel, al que Can mat."
Tambin Set tuvo un hijo, al que llam Ens. Desde entonces se comenz a invocar el nombre del Seor.
Esta es la lista de los descendientes de Adn. Cuando Dios cre al hombre, lo hizo semejante a l;
los cre varn y mujer, y les dio su bendicin. El da en que fueron creados, Dios dijo: "Se llamarn hombres."
Adn tena ciento treinta aos cuando naci su hijo, al que llam Set, y que era semejante a l en todo.
Despus de esto, Adn vivi ochocientos aos ms, y tuvo otros hijos e hijas;
as que vivi novecientos treinta aos en total. A esa edad muri.
Set tena ciento cinco aos cuando naci su hijo Ens.
Despus de esto, Set vivi ochocientos siete aos ms, y tuvo otros hijos e hijas;
as que vivi novecientos doce aos en total. A esa edad muri.
Ens tena noventa aos cuando naci su hijo Cainn.
Despus de esto, Ens vivi ochocientos quince aos ms, y tuvo otros hijos e hijas;
as que vivi novecientos cinco aos en total. A esa edad muri.
Cainn tena setenta aos cuando naci su hijo Mahalalel.
Despus de esto, Cainn vivi ochocientos cuarenta aos ms, y tuvo otros hijos e hijas;
as que vivi novecientos diez aos en total. A esa edad muri.
Mahalalel tena sesenta y cinco aos cuando naci su hijo Jred.
Despus de esto, Mahalalel vivi ochocientos treinta aos ms, y tuvo otros hijos e hijas;
as que vivi ochocientos noventa y cinco aos en total. A esa edad muri.
Jred tena ciento sesenta y dos aos cuando naci su hijo Henoc.
Despus de esto, Jred vivi ochocientos aos ms, y tuvo otros hijos e hijas;
as que vivi novecientos sesenta y dos aos en total. A esa edad muri.
Henoc tena sesenta y cinco aos de edad cuando naci su hijo Matusaln.
Henoc vivi de acuerdo con la voluntad de Dios. Despus que Matusaln naci, Henoc vivi trescientos aos ms, y tuvo otros hijos e hijas;
as que vivi trescientos sesenta y cinco aos en total.
Como Henoc vivi de acuerdo con la voluntad de Dios, un da desapareci porque Dios se lo llev.
Matusaln tena ciento ochenta y siete aos cuando naci su hijo Lmec.
Despus de esto, Matusaln vivi setecientos ochenta y dos aos ms, y tuvo otros hijos e hijas;
as que vivi novecientos sesenta y nueve aos en total. A esa edad muri.
Lmec tena ciento ochenta y dos aos cuando naci un hijo suyo,
al que llam No, porque dijo: "El Seor maldijo la tierra, y tenemos que trabajar muy duro para cultivarla; pero este nio nos har descansar."
Despus que No naci, Lmec vivi quinientos noventa y cinco aos ms, y tuvo otros hijos e hijas;
as que vivi setecientos setenta y siete aos en total. A esa edad muri.
No tena ya quinientos aos cuando nacieron sus hijos Sem, Cam y Jafet.
Cuando los hombres comenzaron a poblar la tierra y tuvieron hijas,
los hijos de Dios vieron que estas mujeres eran hermosas. Entonces escogieron entre todas ellas, y se casaron con las que quisieron.
Pero el Seor dijo: "No voy a dejar que el hombre viva para siempre, porque l no es ms que carne. As que vivir solamente ciento veinte aos."
Los gigantes aparecieron en la tierra cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres para tener hijos con ellas, y tambin despus. Ellos fueron los famosos hroes de los tiempos antiguos.
El Seor vio que era demasiada la maldad del hombre en la tierra y que este siempre estaba pensando en hacer lo malo,
y le pes haber hecho al hombre. Con mucho dolor
dijo: "Voy a borrar de la tierra al hombre que he creado, y tambin a todos los animales domsticos, y a los que se arrastran, y a las aves. Me pesa haberlos hecho!"
Sin embargo, el Seor miraba a No con buenos ojos.
Esta es la historia de No. No era un hombre muy bueno, que siempre obedeca a Dios. Entre los hombres de su tiempo, solo l viva de acuerdo con la voluntad de Dios.
No tuvo tres hijos, que fueron Sem, Cam y Jafet.
Para Dios, la tierra estaba llena de maldad y violencia,
pues toda la gente se haba pervertido. Al ver Dios que haba tanta maldad en la tierra,
le dijo a No: "He decidido terminar con toda la gente. Por su culpa hay mucha violencia en el mundo, as que voy a destruirlos a ellos y al mundo entero.
Construye un arca de madera resinosa, haz cuartos en ella, y tapa con brea todas las rendijas del arca por dentro y por fuera, para que no le entre agua.
Haz el arca de estas medidas: ciento treinta y cinco metros de largo, veintids metros y medio de ancho, y trece metros y medio de alto.
Hazla de tres pisos, con una ventana como a medio metro del techo, y con una puerta en uno de los lados.
Yo voy a mandar un diluvio que inundar la tierra y destruir todo lo que tiene vida en todas partes del mundo. Todo lo que hay en la tierra morir.
Pero contigo establecer mi alianza, y en el arca entrarn tus hijos, tu esposa, tus nueras y t.
Tambin llevars al arca un macho y una hembra de todos los animales que hay en el mundo, para que queden con vida igual que t.
Contigo entrarn en el arca dos animales de cada clase: tanto de las aves y animales domsticos, como de los que se arrastran por el suelo, para que puedan seguir viviendo.
Junta adems toda clase de alimentos y gurdalos, para que t y los animales tengan qu comer."
Y No hizo todo tal como Dios se lo haba ordenado.
Despus el Seor le dijo a No: "Entre toda la gente de este tiempo, solo t vives de acuerdo con mi voluntad. Por lo tanto, entra en el arca junto con tu familia.
Toma siete machos y siete hembras de todo animal puro, pero solo un macho y una hembra de los impuros.
Toma tambin siete parejas de cada clase de aves, para que se conserve su especie en el mundo,
porque dentro de siete das har que llueva durante cuarenta das y cuarenta noches. Voy a borrar de la tierra todo lo que vive, y que yo he creado!"
Y No hizo todo tal como el Seor se lo haba ordenado.
Cuando el diluvio inund la tierra, No tena seiscientos aos.
Y entr No en el arca junto con sus hijos, su esposa y sus nueras, para protegerse del diluvio.
Los animales puros e impuros, los que vuelan y los que se arrastran,
entraron con No en el arca, de dos en dos, macho y hembra, como Dios se lo haba ordenado.
A los siete das, el diluvio comenz a inundar la tierra.
Era el da diecisiete del mes segundo. No tena entonces seiscientos aos. Precisamente en ese da, se reventaron las fuentes del gran mar abajo, y se abrieron las compuertas del cielo arriba.
Cuarenta das y cuarenta noches estuvo lloviendo sobre la tierra.
En aquel mismo da entr No en el arca con sus hijos Sem, Cam y Jafet, y con su esposa y sus tres nueras.
Con ellos entraron toda clase de animales salvajes y domsticos, y toda clase de animales que se arrastran y de aves.
Todos los animales entraron con No en el arca, de dos en dos.
Entraron un macho y una hembra de cada clase, tal como Dios se lo haba ordenado a No, y despus el Seor cerr la puerta del arca.
El diluvio dur cuarenta das. Al subir el agua, el arca se levant del suelo y comenz a flotar.
El agua segua subiendo ms y ms, pero el arca segua flotando.
Tanto subi el agua, que lleg a cubrir las montaas ms altas de la tierra;
y despus de haber cubierto las montaas, subi todava como siete metros ms.
As muri toda la gente que viva en la tierra, lo mismo que las aves, los animales domsticos y salvajes, y los que se arrastran por el suelo.
Todo lo que haba en tierra firme, y que tena vida y poda respirar, muri.
Solamente No y los que estaban en el arca quedaron vivos; los dems fueron destruidos: el hombre, los animales domsticos, las aves del cielo y los animales que se arrastran;
pues la tierra qued inundada durante ciento cincuenta das.
Entonces Dios se acord de No y de todos los animales que estaban con l en el arca. Hizo que el viento soplara sobre la tierra, y el agua comenz a bajar;
se cerraron las fuentes del mar profundo y tambin las compuertas del cielo. Dej de llover,
y el agua comenz a bajar poco a poco. Al cabo de ciento cincuenta das, el agua ya iba bajando,
y el da diecisiete del mes sptimo el arca se detuvo sobre las montaas de Ararat.
El agua sigui bajando, y el primer da del mes dcimo ya se podan ver las partes ms altas de los montes.
Despus de cuarenta das, No abri la ventana del arca que haba hecho
y solt un cuervo; pero el cuervo volaba de un lado para otro, esperando que la tierra se secara.
Despus del cuervo, No solt una paloma para ver si la tierra ya estaba seca;
pero la paloma regres al arca porque no encontr ningn lugar donde descansar, pues la tierra todava estaba cubierta de agua. As que No sac la mano, tom la paloma y la hizo entrar en el arca.
No esper otros siete das, y volvi a soltar la paloma.
Ya empezaba a anochecer cuando la paloma regres, trayendo una ramita de olivo en el pico. As No se dio cuenta de que la tierra se iba secando.
Esper siete das ms, y volvi a enviar la paloma; pero la paloma ya no regres.
Cuando No tena seiscientos un aos, la tierra qued seca. El primer da del mes primero, No quit el techo del arca y vio que la tierra estaba seca.
Para el da veintisiete del mes segundo, la tierra estaba ya bien seca.
Entonces Dios le dijo a No:
"Sal del arca, junto con tu esposa, tus hijos y tus nueras.
Saca tambin a todos los animales que estn contigo: las aves, los animales domsticos y los que se arrastran por el suelo, para que se vayan por toda la tierra y tengan muchas cras y llenen el mundo."
Entonces No y su esposa, y sus hijos y nueras, salieron del arca.
Tambin salieron todos los animales domsticos y salvajes, los que se arrastran y los que vuelan.
Luego No construy un altar en honor del Seor, tom animales y aves puros, uno de cada clase, y los ofreci en holocausto al Seor.
Cuando al Seor le lleg este olor tan agradable, dijo: "Nunca ms volver a maldecir la tierra por culpa del hombre, porque desde joven el hombre slo piensa en hacer lo malo. Tampoco volver a destruir a todos los animales, como lo hice esta vez.
"Mientras el mundo exista, habr siembra y cosecha; har calor y fro, habr invierno y verano y das con sus noches."
Dios bendijo a No y a sus hijos, con estas palabras: "Tengan muchos hijos y llenen la tierra.
Todos los animales del mundo temblarn de miedo delante de ustedes. Todos los animales en el aire, en la tierra y en el mar, estn bajo su poder.
Pueden comer todos los animales y verduras que quieran. Yo se los doy.
Pero hay una cosa que no deben comer: carne con sangre, porque en la sangre est la vida.
Yo pedir cuentas a cada hombre y a cada animal de la sangre de cada uno de ustedes. A cada hombre le pedir cuentas de la vida de su prjimo.
"Si alguien mata a un hombre, otro hombre lo matar a l, pues el hombre ha sido creado a imagen de Dios.
Pero ustedes, tengan muchos hijos y llenen el mundo con ellos!"
Dios tambin les dijo a No y a sus hijos:
"Miren, yo voy a establecer mi alianza con ustedes y con sus descendientes,
y con todos los animales que estn con ustedes y que salieron del arca: aves y animales domsticos y salvajes, y con todos los animales del mundo.
Mi alianza con ustedes no cambiar: no volver a destruir a los hombres y animales con un diluvio. Ya no volver a haber otro diluvio que destruya la tierra.
Esta es la seal de la alianza que para siempre hago con ustedes y con todos los animales:
he puesto mi arco iris en las nubes, y servir como seal de la alianza que hago con la tierra.
Cuando yo haga venir nubes sobre la tierra, mi arco iris aparecer entre ellas.
Entonces me acordar de la alianza que he hecho con ustedes y con todos los animales, y ya no volver a haber ningn diluvio que los destruya.
Cuando el arco iris est entre las nubes, yo lo ver y me acordar de la alianza que he hecho para siempre con todo hombre y todo animal que hay en el mundo.
Esta es la seal de la alianza que yo he establecido con todo hombre y animal aqu en la tierra." As habl Dios con No.
Los hijos de No que salieron del arca fueron Sem, Cam, padre de Canan, y Jafet.
Estos fueron los tres hijos de No, y con sus descendientes se volvi a poblar la tierra.
No comenz a cultivar la tierra, y plant una via.
Un da No bebi vino y se emborrach, y se qued tirado y desnudo en medio de su tienda de campaa.
Cuando Cam, o sea el padre de Canan, vio a su padre desnudo, sali a contrselo a sus dos hermanos.
Entonces Sem y Jafet tomaron una capa, se la pusieron sobre sus propios hombros, y con ella cubrieron a su padre. Para no verlo desnudo, se fueron caminando hacia atrs y mirando a otro lado.
Cuando No despert de su borrachera y supo lo que su hijo menor haba hecho con l,
dijo: "Maldito sea Canan! Ser el esclavo ms bajo de sus dos hermanos!"
Luego aadi: "Bendito sea el Seor, Dios de Sem, y que Canan sea su esclavo.
Dios permita que Jafet pueda extenderse; que viva en los campamentos de Sem, y que Canan sea su esclavo."
Despus del diluvio, No vivi todava trescientos cincuenta aos;
as que muri cuando tena novecientos cincuenta aos.
Estos son los descendientes de Sem, Cam y Jafet, los hijos de No, que despus del diluvio tuvieron sus propios hijos.
Los hijos de Jafet fueron Gmer, Magog, Madai, Javn, Tubal, Msec y Tirs.
Los hijos de Gmer fueron Asquenaz, Rifat y Togarm.
Los hijos de Javn fueron Elis, Tarsis, Quitim y Rodanim.
Estos fueron los descendientes de Jafet que poblaron las costas, cada nacin y clan en su propia tierra y con su propio idioma.
Los hijos de Cam fueron Cus, Misraim, Fut y Canan.
Los hijos de Cus fueron Seb, Havil, Sabt, Raam y Sabtec. Los hijos de Raam fueron Seb y Dedn.
Cus fue el padre de Nimrod, el primer hombre poderoso de la tierra.
Nimrod, por la voluntad del Seor, fue un gran cazador. De ah viene el dicho: "Igual a Nimrod, que por la voluntad del Seor fue un gran cazador."
Las principales ciudades de su reino fueron Babel, rec, Acad y Caln, en la regin de Sinar.
De esta regin sali Asur, que construy las ciudades de Nnive, Rehobot-ir, Qulah
y la gran ciudad de Resen, que est entre Nnive y Qulah.
De Misraim descienden los ludeos, los anameos, los lehabitas, los naftuhtas,
los patruseos, los casluhtas y los caftoritas, de quienes descienden los filisteos.
Canan fue padre de Sidn, su primer hijo, y de Het.
De Canan descienden los jebuseos, amorreos, gergeseos,
heveos, araceos, sineos,
arvadeos, semareos y hamateos. Despus, todos los clanes cananeos se dispersaron.
El territorio de los cananeos lleg a extenderse en direccin a la regin de Guerar, desde la ciudad de Sidn hasta el pueblo de Gaza, y en direccin de las ciudades de Sodoma, Gomorra, Adm y Sebom, hasta el pueblo de Lesa.
Estos fueron los descendientes de Cam, cada nacin y clan en su propia tierra y con su propio idioma.
Sem, que fue el hermano mayor de Jafet, tambin tuvo hijos. Todos los hijos de ber fueron descendientes de Sem.
Los hijos de Sem fueron Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram.
Los hijos de Aram fueron Us, Hul, Guter y Mas.
Arfaxad fue el padre de Slah, y Slah fue el padre de ber.
Despus ber tuvo dos hijos: uno de ellos se llamaba Pleg, porque en su tiempo la gente de la tierra se dividi; y el hermano de Pleg se llamaba Joctn.
Joctn fue el padre de Almodad, Slef, Hasar-mvet, Jrah,
Hadoram, Uzal, Dicl,
Obal, Abimael, Seb,
Ofir, Havil y Jobab. Todos estos fueron hijos de Joctn,
y vivieron en las tierras que se extienden desde la regin de Mes hasta la de Sefar, que es la regin montaosa del oriente.
Estos fueron los descendientes de Sem, cada nacin y clan en su propia tierra y con su propio idioma.
Estos son los clanes de los hijos de No, segn sus diferentes lneas de descendientes y sus territorios. Despus del diluvio, se esparcieron por todas partes y formaron las naciones del mundo.
En aquel tiempo todo el mundo hablaba el mismo idioma.
Cuando salieron de la regin oriental, encontraron una llanura en la regin de Sinar y all se quedaron a vivir.
Un da se dijeron unos a otros: "Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos en el fuego." As, usaron ladrillos en lugar de piedras y asfalto natural en lugar de mezcla.
Despus dijeron: "Vengan, vamos a construir una ciudad y una torre que llegue hasta el cielo. De este modo nos haremos famosos y no tendremos que dispersarnos por toda la tierra."
Pero el Seor baj a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo,
y pens: "Ellos son un solo pueblo y hablan un solo idioma; por eso han comenzado este trabajo, y ahora por nada del mundo van a dejar de hacerlo.
Es mejor que bajemos a confundir su idioma, para que no se entiendan entre ellos."
As fue como el Seor los dispers por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad.
En ese lugar el Seor confundi el idioma de todos los habitantes de la tierra, y de all los dispers por todo el mundo. Por eso la ciudad se llam Babel.
Estos fueron los descendientes de Sem. Dos aos despus del diluvio, cuando Sem tena cien aos, naci su hijo Arfaxad.
Despus de esto, Sem vivi quinientos aos ms, y tuvo otros hijos e hijas.
Arfaxad tena treinta y cinco aos cuando naci su hijo Slah.
Despus de esto, Arfaxad vivi cuatrocientos tres aos ms, y tuvo otros hijos e hijas.
Slah tena treinta aos cuando naci su hijo ber.
Despus de esto, Slah vivi cuatrocientos tres aos ms, y tuvo otros hijos e hijas.
ber tena treinta y cuatro aos cuando naci su hijo Pleg.
Despus de esto, ber vivi cuatrocientos treinta aos ms, y tuvo otros hijos e hijas.
Pleg tena treinta aos cuando naci su hijo Re.
Despus de esto, Pleg vivi doscientos nueve aos ms, y tuvo otros hijos e hijas.
Re tena treinta y dos aos cuando naci su hijo Serug.
Despus de esto, Re vivi doscientos siete aos ms, y tuvo otros hijos e hijas.
Serug tena treinta aos cuando naci su hijo Nahor.
Despus de esto, Serug vivi doscientos aos ms, y tuvo otros hijos e hijas.
Nahor tena veintinueve aos cuando naci su hijo Trah.
Despus de esto, Nahor vivi ciento diecinueve aos ms, y tuvo otros hijos e hijas.
Trah tena ya setenta aos cuando nacieron sus hijos Abram, Nahor y Harn.
Estos son los descendientes de Trah, que fue el padre de Abram, Nahor y Harn. Harn, el padre de Lot,
muri en Ur de Caldea, antes que su padre Trah. Muri en el mismo lugar donde haba nacido.
Abram se cas con Sarai, y Nahor se cas con Milc, que era hija de Harn y hermana de Isc.
Sarai no poda tener hijos porque era estril.
Trah sali de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canan, y se llev con l a su hijo Abram, a su nieto Lot y a su nuera Sarai. Sin embargo, cuando llegaron a la ciudad de Harn, se quedaron a vivir all.
Y Trah muri en Harn a la edad de doscientos cinco aos.
Un da el Seor le dijo a Abram: "Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te voy a mostrar.
Con tus descendientes voy a formar una gran nacin; voy a bendecirte y hacerte famoso, y sers una bendicin para otros.
Bendecir a los que te bendigan y maldecir a los que te maldigan; por medio de ti bendecir a todas las familias del mundo."
Abram sali de Harn tal como el Seor se lo haba ordenado. Tena setenta y cinco aos cuando sali de all para ir a la tierra de Canan.
Con l se llev a su esposa Sarai y a su sobrino Lot, y tambin todas las cosas que tenan y la gente que haban adquirido en Harn. Cuando llegaron a Canan,
Abram atraves toda esa regin hasta llegar a Siquem, donde est la encina sagrada de Mor. Los cananeos vivan entonces en aquella regin.
All el Seor se le apareci y le dijo: "Esta tierra se la voy a dar a tu descendencia." Entonces Abram construy un altar en honor del Seor, porque all se le haba aparecido.
Luego se fue a la regin montaosa que est al este de la ciudad de Betel, y all puso su campamento. Betel quedaba al oeste de donde l haba acampado, y la ciudad de Ai al este. En ese lugar Abram construy otro altar e invoc el nombre del Seor.
Despus sigui su camino, poco a poco, hacia la regin del Ngueb.
Por aquel entonces hubo una gran escasez de alimentos en toda aquella regin, y Abram se fue a vivir a Egipto durante algn tiempo, pues no haba nada de comer en el lugar donde viva.
Cuando ya estaba llegando a Egipto, Abram le dijo a su esposa Sarai: "Mira, yo s bien que t eres una mujer hermosa,
y que cuando los egipcios te vean, van a decir: 'Esta mujer es la esposa de ese hombre.' Entonces a m me matarn, y a ti te dejarn con vida para quedarse contigo.
Por eso, para que me vaya bien y no me maten por causa tuya, diles por favor que eres mi hermana."
Cuando Abram lleg a Egipto, los egipcios vieron que Sarai era muy hermosa.
Tambin la vieron los funcionarios del faran, rey de Egipto, y le fueron a decir que aquella mujer era muy hermosa. Entonces la llevaron al palacio del faran.
Por causa de Sarai, el faran trat muy bien a Abram. Le regal ovejas, vacas, esclavos, esclavas, asnos y camellos.
Pero tambin por causa de Sarai, el Seor castig al faran y a su familia con grandes plagas.
Por eso el faran mand llamar a Abram, y le dijo: "Por qu me has hecho esto? Por qu no me dijiste que esta mujer es tu esposa?
T dijiste que era tu hermana, y yo pude haberla tomado por esposa. Anda, aqu la tienes. Tmala y vete!"
Entonces el faran orden a sus hombres que hicieran salir de Egipto a Abram, junto con su esposa y con todo lo que tena.
Cuando Abram sali de Egipto, con su esposa y con todo lo que tena, regres a la regin del Ngueb. Su sobrino Lot se fue con ellos.
Abram era muy rico, pues tena oro, plata y muchos animales.
Del Ngueb regres poco a poco, hasta llegar al pueblo de Betel, y de ah se fue al lugar donde haba acampado primero, entre Betel y Ai.
Ese era el lugar donde antes haba construido un altar, y all invoc el nombre del Seor.
Lot tambin era muy rico, pues, al igual que su to Abram, tena muchas ovejas y vacas, y gente que acampaba con l;
pero el lugar donde estaban no bastaba para alimentar a tantos animales. Ya no podan vivir juntos,
pues los que cuidaban el ganado de Abram se peleaban con los que cuidaban el ganado de Lot. Adems, en aquel tiempo, los cananeos y ferezeos todava vivan all.
As que un da Abram le dijo a Lot: "T y yo somos parientes, as que no est bien que haya pleitos entre nosotros, ni entre tus pastores y los mos.
Ah est toda la tierra, para que escojas. Por favor, seprate de m. Si t te vas al norte, yo me voy al sur, y si t te vas al sur, yo me voy al norte."
Lot mir por todo el valle del ro Jordn y vio que, hasta el pueblecito de Sor, el valle tena bastante agua y era como un gran jardn. Se pareca a Egipto. (Esto era as antes de que el Seor destruyera las ciudades de Sodoma y Gomorra.)
Entonces Lot escogi todo el valle del Jordn, y se fue al oriente del lugar donde estaban. De esta manera, Abram y Lot se separaron.
Abram se qued en Canan, y Lot se fue a vivir a las ciudades del valle, cerca de la ciudad de Sodoma,
donde toda la gente era muy mala y cometa horribles pecados contra el Seor.
Despus que Lot se fue, el Seor le dijo a Abram: "Desde el lugar donde ests, mira bien al norte y al sur, al este y al oeste;
yo te dar toda la tierra que ves, y para siempre ser tuya y de tus descendientes.
Yo har que ellos sean tantos como el polvo de la tierra. As como no es posible contar los granitos de polvo, tampoco ser posible contar tus descendientes.
Levntate, recorre esta tierra a lo largo y a lo ancho, porque yo te la voy a dar!"
As pues, Abram levant su campamento y se fue a vivir al bosque de encinas de un hombre llamado Mamr, cerca de la ciudad de Hebrn. All construy un altar en honor del Seor.
En aquel tiempo Amrafel era rey de Sinar, Arioc era rey de Elasar, Quedorlamer era rey de Elam, y Tidal era rey de Gom.
Estos estuvieron en guerra contra Bera, rey de Sodoma, contra Birs, rey de Gomorra, contra Sinab, rey de Adm, contra Sember, rey de Sebom, y contra el rey de Bela, pueblo que tambin se llama Sor.
Estos cinco ltimos juntaron sus ejrcitos en el valle de Sidim, donde est el Mar Muerto.
El rey Quedorlamer los haba dominado durante doce aos, pero a los trece aos los cinco reyes decidieron luchar contra l.
Al ao siguiente, Quedorlamer y los reyes que estaban de su parte fueron a la regin de Astarot Carnaim, y all derrotaron a los refatas; luego derrotaron a los zuzitas en Ham, a los emitas los derrotaron en Sav-quiriataim,
y a los horeos los derrotaron en los montes de Ser y los persiguieron hasta El-parn, que est junto al desierto.
Al regresar Quedorlamer y los que estaban con l, llegaron a En-mispat, que tambin se llama Cads. Y destruyeron todo lo que encontraron a su paso en la regin de los amalecitas, y tambin hicieron lo mismo con los amorreos, que vivan en la regin de Hasesn-tamar.
Entonces los reyes de Sodoma, Gomorra, Adm, Sebom y Bela fueron al valle de Sidim.
All estos cinco reyes pelearon contra Quedorlamer, Tidal, Amrafel y Arioc, que eran los cuatro reyes de Elam, Gom, Sinar y Elasar.
En todo el valle de Sidim haba muchos pozos de asfalto natural, y cuando los reyes de Sodoma y Gomorra quisieron escapar de la batalla, fueron a caer en los pozos. Los otros reyes escaparon a los montes.
Los vencedores se llevaron entonces todos los alimentos y cosas de valor que haba en Sodoma y Gomorra, y se fueron de all.
Como en Sodoma viva Lot, el sobrino de Abram, tambin se lo llevaron prisionero junto con todo lo que tena.
Pero un hombre que haba escapado con vida vino a contarle todo esto a Abram el hebreo, que viva en el bosque de encinas de Mamr el amorreo. Mamr era hermano de Escol y de Aner, y ellos estaban de parte de Abram.
Cuando Abram supo que su sobrino estaba prisionero, junt a los criados de confianza que haban nacido en su casa, que eran trescientos dieciocho hombres en total, y sali con ellos a perseguir a los reyes hasta el pueblo de Dan.
Por la noche, Abram y su gente atacaron por sorpresa a los reyes y los persiguieron hasta Hob, que est al norte de la ciudad de Damasco,
y les quitaron todo lo que se haban llevado. As Abram libert a su sobrino Lot, y recobr todo lo que era de su sobrino. Tambin libert a las mujeres y dems gente.
Cuando Abram regres, despus de haber derrotado a Quedorlamer y a los reyes que estaban de su parte, el rey de Sodoma sali a recibirlo al valle de Sav, que es el Valle del Rey.
Tambin Melquisedec, que era rey de Salem y sacerdote del Dios altsimo, sac pan y vino
y bendijo a Abram con estas palabras: "Que te bendiga el Dios altsimo, creador del cielo y de la tierra;
y alabado sea el Dios altsimo que te hizo vencer a tus enemigos." Entonces Abram le dio a Melquisedec la dcima parte de lo que haba recobrado.
Luego el rey de Sodoma le dijo a Abram: -Dame las personas y qudate con las cosas.
Pero Abram le contest: -Le he jurado al Seor, al Dios altsimo que hizo el cielo y la tierra,
que no voy a tomar nada de lo que es tuyo, ni siquiera un hilo o una correa para mis sandalias, para que nunca digas que t fuiste el que me hizo rico.
Yo no quiero nada para m, excepto lo que ya comieron los criados. En cuanto a los hombres que me acompaaron, es decir, Aner, Escol y Mamr, ellos tomarn su parte.
Despus de esto, el Seor le habl a Abram en una visin y le dijo: -No tengas miedo, Abram, porque yo soy tu protector. Tu recompensa va a ser muy grande.
Pero Abram le contest: -Seor y Dios, de qu me sirve que me des recompensa, si t bien sabes que no tengo hijos?
Como no me has dado ningn hijo, el heredero de todo lo que tengo va a ser Elizer de Damasco, uno de mis criados.
El Seor le contest: -Tu heredero va a ser tu propio hijo, y no un extrao.
Entonces el Seor llev a Abram afuera, y le dijo: -Mira bien el cielo, y cuenta las estrellas, si es que puedes contarlas. Pues bien, as ser el nmero de tus descendientes.
Abram crey al Seor, y por eso el Seor lo acept como justo
y le dijo: -Yo soy el Seor; yo te saqu de Ur de los caldeos para darte esta tierra como herencia.
-Pero, Seor y Dios, cmo podr estar seguro de que voy a heredar esta tierra? -contest Abram.
Y Dios le dijo: -Treme una ternera, una cabra y un carnero, de tres aos cada uno, y tambin una trtola y un pichn de paloma.
Abram trajo todos estos animales a Dios, los parti por la mitad y puso una mitad frente a otra; pero no parti las aves.
Y los buitres bajaban sobre los cuerpos de los animales muertos, pero Abram los espantaba.
Cuando empezaba a anochecer, Abram se qued profundamente dormido. De pronto lo rode una gran oscuridad y sinti mucho miedo.
Entonces el Seor le dijo: -Debes saber que tus descendientes vivirn en un pas extranjero, y que all sern esclavos, y que sern maltratados durante cuatrocientos aos.
Pero yo tambin castigar a la nacin que va a hacerlos esclavos, y despus tus descendientes saldrn libres y dueos de grandes riquezas.
Por lo que a ti toca, morirs en paz cuando ya seas muy anciano, y as te reunirs con tus antepasados.
Despus de cuatro generaciones, tus descendientes regresarn a este lugar, porque todava no ha llegado al colmo la maldad de los amorreos.
Cuando ya era de noche y todo estaba oscuro, apareci un horno que echaba humo y una antorcha encendida que pasaba por en medio de los animales partidos.
Aquel mismo da el Seor hizo una alianza con Abram y le dijo: -Esta tierra se la dar a tus descendientes, desde el ro de Egipto hasta el ro grande, el Eufrates.
Es decir, la tierra de los quenitas, los quenizitas, los cadmoneos,
los hititas, los ferezeos, los refatas,
los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.
Sarai no poda darle hijos a su esposo Abram, pero tena una esclava egipcia que se llamaba Agar.
Entonces le dijo a Abram: -Mira, el Seor no me ha permitido tener hijos, pero te ruego que te unas a mi esclava Agar, pues tal vez tendr hijos por medio de ella. Abram acept lo que Sarai le dijo,
y entonces ella tom a Agar la egipcia y se la dio como mujer a Abram, cuando ya haca diez aos que estaban viviendo en Canan.
Abram se uni a Agar, la cual qued embarazada; pero cuando se dio cuenta de su estado comenz a mirar a su seora con desprecio.
Entonces Sarai le dijo a Abram: -T tienes la culpa de que Agar me desprecie! Yo misma te la di por mujer, y ahora que va a tener un hijo se cree ms que yo. Que el Seor diga quin tiene la culpa, si t o yo.
Y Abram le contest: -Mira, tu esclava est en tus manos; haz con ella lo que mejor te parezca. Entonces Sarai comenz a maltratarla tanto, que Agar huy.
Pero un ngel del Seor la encontr en el desierto, junto al manantial que est en el camino de Sur,
y le pregunt: -Agar, esclava de Sarai, de dnde vienes, y a dnde vas? -Estoy huyendo de mi seora Sarai -contest ella.
Entonces el ngel del Seor le dijo: -Regresa al lado de tu seora, y obedcela en todo.
Adems el ngel del Seor le dijo: "Aumentar tanto tus descendientes, que nadie los podr contar.
Ests encinta y tendrs un hijo, y le pondrs por nombre Ismael, porque el Seor escuch tu afliccin.
Ser arisco como un potro salvaje; luchar contra todos, y todos contra l; pero l afirmar su casa aunque sus hermanos se opongan."
Como Agar haba hablado con el Seor, le llam "el Dios que ve", pues se deca: "Dios me ha visto y todava estoy viva."
Tambin por eso el pozo se llama: "Pozo del que vive y me ve". Este pozo est entre Cads y Bred.
Y Agar le dio un hijo a Abram, y l lo llam Ismael.
Abram tena ochenta y seis aos cuando Ismael naci.
Cuando Abram tena noventa y nueve aos, el Seor se le apareci y le dijo: -Yo soy el Dios todopoderoso; vive una vida sin tacha delante de m,
y yo har una alianza contigo: har que tengas muchsimos descendientes.
Entonces Abram se inclin hasta tocar el suelo con la frente, mientras Dios segua dicindole:
-Esta es la alianza que hago contigo: T sers el padre de muchas naciones,
y ya no vas a llamarte Abram. Desde ahora te llamars Abraham, porque te voy a hacer padre de muchas naciones.
Har que tus descendientes sean muy numerosos; de ti saldrn reyes y naciones.
La alianza que hago contigo, y que har con todos tus descendientes en el futuro, es que yo ser siempre tu Dios y el Dios de ellos.
A ti y a ellos les dar toda la tierra de Canan, donde ahora vives, como su herencia para siempre; y yo ser su Dios.
Adems, Dios le dijo a Abraham: -Pero t, cumple con mi alianza t y todos tus descendientes.
Esta es la alianza que hago con ustedes y que debern cumplir tambin todos tus descendientes: todos los hombres entre ustedes debern ser circuncidados.
Debern cortarse ustedes la carne de su prepucio, y eso servir como seal de la alianza que hay entre ustedes y yo.
De hoy en adelante, todo varn entre ustedes deber ser circuncidado a los ocho das de nacido, lo mismo el nio que nazca en casa que el esclavo comprado por dinero a cualquier extranjero.
Tanto el uno como el otro deber ser circuncidado sin falta. As mi alianza quedar sealada en la carne de ustedes como una alianza para toda la vida.
Pero el que no sea circuncidado deber ser eliminado de entre ustedes, por no haber respetado mi alianza.
Tambin Dios le dijo a Abraham: -Tu esposa Sarai ya no se va a llamar as. De ahora en adelante se llamar Sara.
La voy a bendecir, y te dar un hijo por medio de ella. S, voy a bendecirla. Ella ser la madre de muchas naciones, y sus descendientes sern reyes de pueblos.
Abraham se inclin hasta tocar el suelo con la frente, y se ri, mientras pensaba: "Acaso un hombre de cien aos puede ser padre? Y acaso Sara va a tener un hijo a los noventa aos?"
Entonces le dijo a Dios: -Ojal Ismael pueda vivir con tu bendicin!
Y Dios le contest: -Lo que yo he dicho es que tu esposa Sara te dar un hijo, y t le pondrs por nombre Isaac. Con l confirmar mi alianza, la cual mantendr para siempre con sus descendientes.
En cuanto a Ismael, tambin te he odo, y voy a bendecirlo; har que tenga muchos hijos y que aumente su descendencia. Ismael ser el padre de doce jefes importantes, y har de l una nacin muy grande.
Pero mi alianza la mantendr con Isaac, el hijo que Sara te va a dar dentro de un ao, por estos das.
Cuando Dios termin de hablar con Abraham, se fue de all.
Ese mismo da Abraham circuncid a su hijo Ismael, y circuncid tambin a todos los siervos nacidos en su casa y a los que haba comprado con su dinero. Todos los hombres que vivan en su casa y le servan, fueron circuncidados, tal como Dios se lo haba ordenado.
Abraham tena noventa y nueve aos, y su hijo Ismael trece,
cuando se les circuncid la carne del prepucio.
Abraham y su hijo Ismael recibieron el rito de la circuncisin aquel mismo da,
junto con todos los hombres de su casa, lo mismo los siervos nacidos en su casa que los que haban sido comprados por dinero a los extranjeros.
El Seor se le apareci a Abraham en el bosque de encinas de Mamr, mientras Abraham estaba sentado a la entrada de su tienda de campaa, como a medioda.
Abraham levant la vista y vio que tres hombres estaban de pie frente a l. Al verlos, se levant rpidamente a recibirlos, se inclin hasta tocar el suelo con la frente,
y dijo: -Mi seor, por favor le suplico que no se vaya en seguida.
Si a usted le parece bien, voy a pedir un poco de agua para que se laven los pies y luego descansen un rato bajo la sombra del rbol.
Ya que han pasado por donde vive este servidor suyo, les voy a traer algo de comer para que repongan sus fuerzas antes de seguir su camino. -Bueno, est bien -contestaron ellos.
Abraham entr en su tienda de campaa y le dijo a Sara: -Rpido! Toma unos veinte kilos de la mejor harina y haz unos panes.
Luego Abraham corri a donde estaba el ganado, escogi el mejor de los becerros, y se lo dio a uno de sus sirvientes, quien lo prepar inmediatamente para la comida.
Adems del becerro, Abraham les ofreci cuajada y leche, y estuvo atento a servirles mientras ellos coman debajo del rbol.
Al terminar de comer, los visitantes le preguntaron a Abraham: -Dnde est tu esposa Sara? -All, en la tienda de campaa -respondi l.
Entonces uno de ellos dijo: -El ao prximo volver a visitarte, y para entonces tu esposa Sara tendr un hijo. Mientras tanto, Sara estaba escuchando toda la conversacin a espaldas de Abraham, a la entrada de la tienda.
Abraham y Sara ya eran muy ancianos, y Sara haba dejado de tener sus periodos de menstruacin.
Por eso Sara no pudo aguantar la risa, y pens: "Cmo voy a tener este gusto, ahora que mi esposo y yo estamos tan viejos?"
Pero el Seor le dijo a Abraham: -Por qu se re Sara? No cree que puede tener un hijo a pesar de su edad?
Hay acaso algo tan difcil que el Seor no pueda hacerlo? El ao prximo volver a visitarte, y para entonces Sara tendr un hijo.
Al escuchar esto, Sara tuvo miedo y quiso negar. Por eso dijo: -Yo no me estaba riendo. Pero el Seor le contest: -Yo s que te reste.
Despus los visitantes se pusieron de pie y empezaron a caminar hacia la ciudad de Sodoma. Abraham los acompa para despedirse de ellos.
Entonces el Seor pens: "Debo decirle a Abraham lo que voy a hacer,
ya que l va a ser el padre de una nacin grande y fuerte. Le he prometido bendecir por medio de l a todas las naciones del mundo.
Yo lo he escogido para que mande a sus hijos y descendientes que obedezcan mis enseanzas y hagan todo lo que es bueno y correcto, para que yo cumpla todo lo que le he prometido."
As que el Seor le dijo: -La gente de Sodoma y Gomorra tiene tan mala fama, y su pecado es tan grave,
que ahora voy all, para ver si en verdad su maldad es tan grande como se me ha dicho. As lo sabr.
Dos de los visitantes se fueron de all a Sodoma, pero Abraham se qued todava ante el Seor.
Se acerc un poco ms a l, y le pregunt: -Vas a destruir a los inocentes junto con los culpables?
Tal vez haya cincuenta personas inocentes en la ciudad. A pesar de eso, destruirs la ciudad y no la perdonars por esos cincuenta?
No es posible que hagas eso de matar al inocente junto con el culpable, como si los dos hubieran cometido los mismos pecados! No hagas eso! T, que eres el Juez supremo de todo el mundo, no hars justicia?
Entonces el Seor le contest: -Si encuentro cincuenta inocentes en la ciudad de Sodoma, por ellos perdonar a todos los que viven all.
Pero Abraham volvi a decirle: -Perdona que sea yo tan atrevido al hablarte as, pues t eres Dios y yo no soy ms que un simple hombre;
pero tal vez falten cinco inocentes para completar los cincuenta. Solo por faltar esos cinco vas a destruir toda la ciudad? Y el Seor contest: -Si encuentro cuarenta y cinco inocentes, no la destruir.
-Tal vez haya solo cuarenta inocentes ... -insisti Abraham. -Por esos cuarenta, no destruir la ciudad -dijo el Seor.
Pero Abraham volvi a suplicar: -Te ruego que no te enojes conmigo por insistir tanto en lo mismo, pero tal vez encuentres solamente treinta ... Y el Seor volvi a decirle: -Hasta por esos treinta, perdonar a la ciudad.
Abraham sigui insistiendo: -Mi Seor, he sido muy atrevido al hablarte as, pero, qu pasar si encuentras solamente veinte inocentes? Y el Seor respondi: -Por esos veinte, no destruir la ciudad.
Todava insisti Abraham: -Por favor, mi Seor, no te enojes conmigo, pero voy a hablar tan solo esta vez y no volver a molestarte: qu hars, en caso de encontrar nicamente diez? Y el Seor le dijo: -Hasta por esos diez, no destruir la ciudad.
Cuando el Seor termin de hablar con Abraham, se fue de all; y Abraham regres a su tienda de campaa.
Empezaba a anochecer cuando los dos ngeles llegaron a Sodoma. Lot estaba sentado a la entrada de la ciudad, que era el lugar donde se reuna la gente. Cuando los vio, se levant a recibirlos, se inclin hasta tocar el suelo con la frente
y les dijo: -Seores, por favor les ruego que acepten pasar la noche en la casa de su servidor. All podrn lavarse los pies, y maana temprano seguirn su camino. Pero ellos dijeron: -No, gracias. Pasaremos la noche en la calle.
Sin embargo, Lot insisti mucho y, al fin, ellos aceptaron ir con l a su casa. Cuando llegaron, Lot les prepar una buena cena, hizo panes sin levadura, y los visitantes comieron.
Todava no se haban acostado, cuando todos los hombres de la ciudad de Sodoma rodearon la casa y, desde el ms joven hasta el ms viejo,
empezaron a gritarle a Lot: -Dnde estn los hombres que vinieron a tu casa esta noche? Scalos! Queremos acostarnos con ellos!
Entonces Lot sali a hablarles y, cerrando bien la puerta detrs de l,
les dijo: -Por favor, amigos mos, no vayan a hacer una cosa tan perversa.
Yo tengo dos hijas que todava no han estado con ningn hombre; voy a sacarlas para que ustedes hagan con ellas lo que quieran, pero no les hagan nada a estos hombres, porque son mis invitados.
Pero ellos le contestaron: -Hazte a un lado! Solo faltaba que un extranjero como t nos quisiera mandar. Pues ahora te vamos a tratar peor que a ellos! En seguida comenzaron a maltratar a Lot y se acercaron a la puerta para echarla abajo,
pero los visitantes de Lot alargaron la mano y lo metieron dentro de la casa; luego cerraron la puerta,
e hicieron quedar ciegos a los hombres que estaban afuera. Todos, desde el ms joven hasta el ms viejo, quedaron ciegos. Y se cansaron de andar buscando la puerta.
Entonces los visitantes le dijeron a Lot: -Tienes ms familiares aqu? Toma a tus hijos, hijas y yernos, y todo lo que tengas en esta ciudad; scalos y llvatelos lejos de aqu,
porque vamos a destruir este lugar. Ya son muchas las quejas que el Seor ha tenido contra la gente de esta ciudad, y por eso nos ha enviado a destruirla.
Entonces Lot fue a ver a sus yernos, o sea, a los prometidos de sus hijas, y les dijo: -Levntense y vyanse de aqu, porque el Seor va a destruir esta ciudad! Pero sus yernos no tomaron en serio lo que Lot les deca.
Como ya estaba amaneciendo, los ngeles le dijeron a Lot: -De prisa! Levntate y llvate de aqu a tu esposa y a tus dos hijas, si no quieres morir cuando castiguemos a la ciudad.
Pero como Lot se tardaba, los ngeles lo tomaron de la mano, porque el Seor tuvo compasin de l. Tambin tomaron a su esposa y a sus hijas, y los sacaron de la ciudad para ponerlos a salvo.
Cuando ya estaban fuera de la ciudad, uno de los ngeles dijo: -Corre, ponte a salvo! No mires hacia atrs, ni te detengas para nada en el valle. Vete a las montaas, si quieres salvar tu vida.
Pero Lot les dijo: -No, seores mos, por favor!
Ustedes me han hecho ya muchos favores, y han sido muy buenos conmigo al salvarme la vida, pero yo no puedo ir a las montaas porque la destruccin me puede alcanzar en el camino, y entonces morir.
Cerca de aqu hay una ciudad pequea, a la que puedo huir. Djenme ir all para salvar mi vida, pues realmente es una ciudad muy pequea!
Entonces uno de ellos dijo: -Te he escuchado y voy a hacer lo que me has pedido. No voy a destruir la ciudad de que me has hablado,
pero anda!, vete all de una vez, porque no puedo hacer nada mientras no llegues a ese lugar. Por eso aquella ciudad fue llamada Sor.
Cuando ya haba amanecido y Lot haba llegado a Sor,
el Seor hizo llover fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra;
las destruy junto con todos los que vivan en ellas, y acab con todo lo que creca en aquel valle.
Pero la mujer de Lot, que vena siguindole, mir hacia atrs y all mismo qued convertida en una estatua de sal.
Al da siguiente por la maana, Abraham fue al lugar donde haba estado hablando con el Seor;
mir hacia Sodoma y Gomorra, y por todo el valle, y vio que de toda la regin suba humo, como si fuera un horno.
As fue como Dios destruy las ciudades del valle donde Lot viva, pero se acord de Abraham y sac a Lot del lugar de la destruccin.
Despus Lot tuvo miedo de quedarse en Sor y se fue con sus dos hijas a la regin montaosa, donde los tres se quedaron a vivir en una cueva.
Un da, la hija mayor le dijo a la menor: -Nuestro padre ya est viejo, y no hay en toda esta regin ningn hombre que se case con nosotras, tal como se acostumbra;
as que vamos a emborracharlo y a acostarnos con l para tener hijos suyos.
Esa misma noche le dieron vino a su padre, y la mayor se acost con l; pero su padre no se dio cuenta cuando ella se acost ni cuando se levant.
Al da siguiente, la mayor le dijo a la menor: -Mira, anoche me acost con nuestro padre, as que esta noche tambin lo emborracharemos para que te acuestes con l; as las dos tendremos hijos suyos.
Esa noche volvieron a darle vino a su padre, y la menor se acost con l; pero Lot tampoco se dio cuenta cuando ella se acost ni cuando se levant.
As las dos hijas de Lot quedaron embarazadas por parte de su padre.
La mayor tuvo un hijo, al que llam Moab, que fue el padre de los actuales moabitas.
Tambin la menor tuvo un hijo, al que llam Ben-am, que fue el padre de los actuales amonitas.
Abraham sali del lugar donde estaba y se fue a la regin del Ngueb, y se qued a vivir en la ciudad de Guerar, entre Cads y Sur.
Estando all, deca que Sara, su esposa, era su hermana. Entonces Abimlec, el rey de Guerar, mand traer a Sara para hacerla su mujer;
pero aquella noche Abimlec tuvo un sueo, en el que Dios le dijo: "Vas a morir, porque la mujer que has tomado es casada."
Sin embargo, como l no la haba tocado, le contest: "Mi Seor, acaso piensas matar a quien no ha hecho nada malo?
Abraham mismo me dijo que la mujer es su hermana, y ella tambin afirm que l es su hermano, as que yo hice todo esto de buena fe. No he hecho nada malo."
Y Dios le contest en el sueo: "Yo s muy bien que lo hiciste de buena fe. Por eso no te dej tocarla, para que no pecaras contra m.
Pero ahora, devulvele su esposa a ese hombre, porque l es profeta y rogar por ti para que vivas; pero si no se la devuelves, t y los tuyos ciertamente morirn."
Al da siguiente por la maana, Abimlec se levant y llam a sus siervos, y les cont todo lo que haba soado. Al orlo, ellos tuvieron mucho miedo.
Despus Abimlec llam a Abraham y le dijo: -Mira lo que nos has hecho! En qu te he ofendido, para que hayas trado un pecado tan grande sobre m y sobre mi gente? Esas cosas no se hacen.
Qu estabas pensando cuando hiciste todo esto? As le habl Abimlec a Abraham,
y Abraham contest: -Yo pens que en este lugar no tenan ningn respeto a Dios, y que me mataran por causa de mi esposa.
Pero es cierto que ella es mi hermana: es hija de mi padre, aunque no de mi madre; por eso pude casarme con ella.
Cuando Dios me dio la orden de salir de la casa de mi padre, le ped a ella que, en cada lugar a donde llegramos, dijera que yo era su hermano.
Entonces Abimlec le devolvi a Abraham su esposa Sara. Adems le regal ovejas, vacas, esclavos y esclavas,
y le dijo: -Mira, ah tienes mi pas; escoge el lugar que ms te guste para vivir.
A Sara le dijo: -Lo que le he dado a tu hermano vale mil monedas de plata, y eso va a servir para defender tu buena fama delante de todos los que estn contigo. Nadie podr hablar mal de ti.
Entonces Abraham or a Dios, y Dios les devolvi la salud a Abimlec y a su esposa. Tambin san a sus siervas, para que pudieran tener hijos,
pues por causa de Sara, el Seor haba hecho que ninguna mujer de la casa de Abimlec pudiera tener hijos.
De acuerdo con su promesa, el Seor prest atencin a Sara y cumpli lo que le haba dicho,
as que ella qued embarazada y le dio un hijo a Abraham cuando l ya era muy anciano. El nio naci en el tiempo que Dios le haba dicho.
El nombre que Abraham le puso al hijo que Sara le dio, fue Isaac;
y lo circuncid a los ocho das de nacido, tal como Dios se lo haba ordenado.
Abraham tena cien aos cuando Isaac naci.
Entonces Sara pens: "Dios me ha hecho rer, y todos los que sepan que he tenido un hijo, se reirn conmigo.
Quin le hubiera dicho a Abraham que yo llegara a darle hijos? Sin embargo, le he dado un hijo a pesar de que l ya est viejo."
El nio Isaac creci y lo destetaron. El da en que fue destetado, Abraham hizo una gran fiesta.
Pero Sara vio que el hijo que Agar la egipcia le haba dado a Abraham, se burlaba de Isaac.
Entonces fue a decirle a Abraham: "Que se vayan esa esclava y su hijo! Mi hijo Isaac no tiene por qu compartir su herencia con el hijo de esa esclava."
Esto le doli mucho a Abraham, porque se trataba de un hijo suyo.
Pero Dios le dijo: "No te preocupes por el muchacho ni por tu esclava. Haz todo lo que Sara te pida, porque tu descendencia vendr por medio de Isaac.
En cuanto al hijo de la esclava, yo har que tambin de l salga una gran nacin, porque es hijo tuyo."
Al da siguiente, muy temprano, Abraham le dio a Agar pan y un cuero con agua; se lo puso todo sobre la espalda, le entreg al nio Ismael y la despidi. Ella se fue, y estuvo caminando sin rumbo por el desierto de Beerseba.
Cuando se acab el agua que haba en el cuero, dej al nio debajo de un arbusto
y fue a sentarse a cierta distancia de all, pues no quera verlo morir. Cuando ella se sent, el nio comenz a llorar.
Dios oy que el muchacho lloraba; y desde el cielo el ngel de Dios llam a Agar y le dijo: "Qu te pasa, Agar? No tengas miedo, porque Dios ha odo el llanto del muchacho ah donde est.
Anda, ve a buscar al nio, y no lo sueltes de la mano, pues yo har que de l salga una gran nacin."
Entonces Dios hizo que Agar viera un pozo de agua. Ella fue y llen de agua el cuero, y dio de beber a Ismael.
Dios ayud al muchacho, el cual creci y vivi en el desierto de Parn, y lleg a ser un buen tirador de arco.
Ms tarde su madre lo cas con una mujer egipcia.
Ms o menos por ese tiempo, Abimlec fue a hablar con Abraham. Lo acompaaba Ficol, el jefe de su ejrcito. Y Abimlec dijo a Abraham: -Vemos que Dios te ayuda en todo lo que haces.
Por lo tanto, jrame por Dios, en este mismo lugar, que no nos hars mal ni a m ni a mis hijos ni a mis descendientes. Jrame que me tratars con la misma bondad con que yo te he tratado, y que hars lo mismo con la gente de este pas donde ahora vives.
-Te lo juro -contest Abraham.
Pero Abraham le llam la atencin a Abimlec acerca de un pozo de agua que los siervos de este le haban quitado.
Y Abimlec le contest: -Hasta hoy no he sabido nada de este asunto, pues t no me lo habas dicho. Yo no s quin ha podido hacer eso.
Entonces Abraham tom ovejas y vacas, y se las dio a Abimlec; y aquel mismo da los dos hicieron un trato.
Pero Abraham apart siete ovejas de su rebao,
por lo que Abimlec le pregunt: -Para qu has apartado estas siete ovejas?
Y Abraham contest: -Para que estas siete ovejas que yo te entrego sirvan como prueba de que yo hice este pozo.
Por esta razn ese lugar se llam Beerseba, pues all los dos hicieron un juramento.
Una vez hecho el trato en Beerseba, Abimlec y Ficol regresaron al pas de los filisteos.
All, en Beerseba, Abraham plant un rbol, un tamarisco, e invoc el nombre del Seor, el Dios eterno.
Durante mucho tiempo, Abraham vivi en el pas de los filisteos.
Despus de algn tiempo, Dios puso a prueba la fe de Abraham. Lo llam por su nombre, y l contest: -Aqu estoy.
Y Dios le dijo: -Toma a Isaac, tu nico hijo, al que tanto amas, y vete a la tierra de Moria. Una vez all, ofrcelo en holocausto sobre el cerro que yo te sealar.
Al da siguiente, muy temprano, Abraham se levant y ensill su asno; cort lea para el holocausto y se fue al lugar que Dios le haba dicho, junto con su hijo Isaac y dos de sus siervos.
Al tercer da, Abraham alcanz a ver el lugar desde lejos.
Entonces les dijo a sus siervos: -Qudense aqu con el asno. El muchacho y yo seguiremos adelante, adoraremos a Dios, y luego regresaremos.
Abraham tom la lea para el holocausto y la puso sobre los hombros de Isaac; luego tom el cuchillo y el fuego, y se fueron los dos juntos.
Poco despus Isaac le dijo a Abraham: -Padre! -Qu quieres, hijo? -le contest Abraham. -Mira -dijo Isaac-, tenemos la lea y el fuego, pero dnde est el cordero para el holocausto?
-Dios se encargar de que haya un cordero para el holocausto, hijito -respondi su padre. Y siguieron caminando juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le haba dicho, Abraham construy un altar y prepar la lea; luego at a su hijo Isaac y lo puso en el altar, sobre la lea;
pero en el momento de tomar el cuchillo para sacrificar a su hijo,
el ngel del Seor lo llam desde el cielo: -Abraham! Abraham! -Aqu estoy -contest l.
El ngel le dijo: -No le hagas ningn dao al muchacho, porque ya s que tienes temor de Dios, pues no te negaste a darme tu nico hijo.
Abraham se fij, y vio un carnero que estaba enredado por los cuernos entre las ramas de un arbusto; entonces fue, tom el carnero y lo ofreci en holocausto, en lugar de su hijo.
Despus Abraham le puso este nombre a aquel lugar: "El Seor da lo necesario." Por eso todava se dice: "En el cerro, el Seor da lo necesario."
El ngel del Seor llam a Abraham desde el cielo por segunda vez,
y le dijo: -El Seor ha dicho: 'Puesto que has hecho esto y no me has negado a tu nico hijo, juro por m mismo
que te bendecir mucho. Har que tu descendencia sea tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la orilla del mar. Adems, ellos siempre vencern a sus enemigos,
y todas las naciones del mundo sern bendecidas por medio de ellos, porque me has obedecido.'
Abraham regres al lugar donde se haban quedado sus siervos. Despus todos juntos se fueron a Beerseba, donde Abraham se qued a vivir.
Al cabo de algn tiempo, Abraham recibi la noticia de que Milc tambin le haba dado hijos a su hermano Nahor.
El primero que naci fue Us; luego naci su hermano Buz, y luego Quemuel, que fue el padre de Aram.
Luego nacieron Qused, Haz, Pilds, Idlaf y Betuel.
Este Betuel fue el padre de Rebeca. Estos son los ocho hijos que Milc le dio a Nahor, el hermano de Abraham.
Adems, Nahor tuvo hijos con Reum, su concubina. Ellos fueron Teba, Gham, Tahas y Maac.
Sara vivi ciento veintisiete aos,
y muri en Quiriat-arb, o sea la ciudad de Hebrn, en la tierra de Canan. Abraham llor por la muerte de Sara y le guard luto.
Luego sali de donde estaba el cadver de Sara y fue a decirles a los hititas de aquel lugar:
-Aunque soy un extranjero entre ustedes, vndanme un sepulcro para enterrar a mi esposa.
Y los hititas le contestaron:
-Por favor, seor, escchenos! Usted es entre nosotros un escogido de Dios. Entierre a su esposa en el mejor de nuestros sepulcros, pues ninguno de nosotros le negar su sepulcro para eso.
Entonces Abraham se puso de pie, hizo una reverencia ante los hititas,
y les dijo: -Si de veras quieren que yo entierre aqu a mi esposa, por favor pdanle de mi parte a Efrn, el hijo de Shar,
que me venda la cueva de Macpel, que est en la orilla de sus terrenos. Yo le pagar el precio total de la cueva, y as ser dueo de un sepulcro en este lugar.
Como Efrn el hitita estaba all entre ellos, le contest a Abraham de manera que pudieran escucharlo sus paisanos y tambin todos los que pasaban por la entrada de la ciudad:
-No, seor mo, por favor! Yo le regalo el terreno, y la cueva que est en el terreno. Mis paisanos son testigos de que yo se lo regalo. Entierre usted a su esposa.
Pero Abraham volvi a hacer una reverencia a los habitantes del lugar
y le contest a Efrn delante de todos: -Por favor, esccheme usted! Le ruego que acepte el dinero por el terreno, y despus enterrar all a mi esposa.
Entonces Efrn le contest:
-Esccheme, seor mo: el terreno vale cuatrocientas monedas de plata. Por esa cantidad no vamos a discutir, as que entierre usted a su esposa.
Abraham acept pagar la cantidad que Efrn haba mencionado en presencia de los hititas, y le pag en plata contante y sonante.
De esta manera el terreno de Efrn que estaba en Macpel, al oriente de Mamr, es decir, el terreno con la cueva y todos los rboles que estaban dentro del terreno,
pasaron a ser propiedad de Abraham. De ello fueron testigos los hititas y todos los que pasaban por la entrada de la ciudad.
Despus de esto Abraham enterr a Sara en la cueva que estaba en el terreno de Macpel, al oriente de Mamr, lugar que tambin es conocido con el nombre de Hebrn, y que est en Canan.
As qued en posesin del terreno y de la cueva que all haba, la cual los hititas le vendieron para sepultura.
Abraham era ya muy viejo, y el Seor lo haba bendecido en todo.
Un da llam al ms viejo de sus siervos, el que estaba a cargo de todo lo suyo, y le dijo: -Pon tu mano debajo de mi muslo,
y jrame por el Seor, el Dios del cielo y de la tierra, que no dejars que mi hijo Isaac se case con una mujer de esta tierra de Canan, donde yo vivo,
sino que irs a mi tierra y escogers una esposa para l entre las mujeres de mi familia.
El siervo le contest: -Pero si la mujer no quiere venir conmigo, qu hago? Debo entonces llevar a su hijo a la tierra de donde usted sali?
Abraham le dijo: -No, no lleves all a mi hijo!
El Seor, el Dios del cielo, que me sac de la casa de mi padre y de la tierra de mis parientes y me prometi dar esta tierra a mis descendientes, tambin enviar su ngel delante de ti para que traigas de all una esposa para mi hijo.
Si la mujer no quiere venir contigo, quedars libre de este compromiso, pero de ninguna manera lleves all a mi hijo!
Entonces el siervo puso la mano bajo el muslo de su amo Abraham, y le jur que hara lo que le haba pedido.
Despus escogi regalos entre lo mejor que su amo tena, tom diez de sus camellos y se fue a la ciudad de Nahor, en Mesopotamia.
Cuando el siervo lleg a las afueras de la ciudad, ya empezaba a oscurecer. A esa hora las mujeres van a sacar agua. El siervo hizo descansar a los camellos junto a un pozo de agua,
y comenz a orar: "Seor y Dios de mi amo Abraham, haz que hoy me vaya bien, y mustrate bondadoso con mi amo.
Voy a quedarme aqu, junto al pozo, mientras las muchachas de este lugar vienen a sacar agua.
Permite que la muchacha a la que yo le diga: 'Por favor, baje usted su cntaro para que yo beba', y que me conteste: 'Beba usted, y tambin les dar agua a sus camellos', que sea ella la que t has escogido para tu siervo Isaac. As podr estar seguro de que has sido bondadoso con mi amo."
Todava no haba terminado de orar, cuando vio que una muchacha vena con su cntaro al hombro. Era Rebeca, la hija de Betuel. Betuel era hijo de Milc y de Nahor, el hermano de Abraham.
Rebeca era muy hermosa, y adems virgen; ningn hombre la haba tocado. Baj al pozo, llen su cntaro, y ya regresaba
cuando el siervo corri a alcanzarla y le dijo: -Por favor, djeme usted beber un poco de agua de su cntaro.
-Beba usted, seor -contest ella. Y en seguida baj su cntaro, lo sostuvo entre las manos y le dio de beber.
Cuando el siervo termin de beber, Rebeca le dijo: -Tambin voy a sacar agua para sus camellos, para que beban toda la que quieran.
Rpidamente vaci su cntaro en el bebedero y corri varias veces al pozo, hasta que sac agua para todos los camellos.
Mientras tanto el siervo la miraba sin decir nada, pues quera estar seguro de que el Seor haba hecho que le fuera bien en su viaje.
Cuando los camellos terminaron de beber, el hombre tom un anillo de oro que pesaba como seis gramos, y se lo puso a ella en la nariz. Tambin le dio dos brazaletes de oro que pesaban ms de cien gramos,
y le dijo: -Dgame por favor de quin es usted hija, y si hay lugar en la casa de su padre donde mis hombres y yo podamos pasar la noche.
Y ella contest: -Soy hija de Betuel, el hijo de Milc y de Nahor.
En nuestra casa hay lugar para que usted pase la noche, y tambin suficiente paja y comida para los camellos.
Entonces el siervo se arrodill y ador al Seor,
diciendo: "Bendito sea el Seor, el Dios de mi amo Abraham, pues ha sido fiel y bondadoso con mi amo, y me ha dirigido en el camino a la casa de sus parientes!"
Rebeca fue corriendo a la casa de su madre, a contar todo lo que le haba pasado.
Tena ella un hermano llamado Labn, el cual corri al pozo a buscar al hombre,
pues haba visto el anillo y los brazaletes que su hermana llevaba en los brazos, y le haba odo contar lo que el hombre le haba dicho. Labn se acerc al siervo de Abraham, que todava estaba con los camellos junto al pozo,
y le dijo: -Venga usted, bendito del Seor. Cmo va usted a quedarse aqu afuera, si ya he preparado la casa y un lugar para los camellos!
Entonces el siervo fue a la casa. All Labn descarg los camellos y les dio de comer, y luego trajo agua para que el siervo y sus compaeros se lavaran los pies.
Cuando le sirvieron de comer, el siervo de Abraham dijo: -Yo no podra comer antes de haber dicho lo que tengo que decir. -Hable usted -dijo Labn.
El siervo dijo: -Yo soy siervo de Abraham.
El Seor ha bendecido mucho a mi amo y lo ha hecho rico: le ha dado ovejas, vacas, oro y plata, siervos, siervas, camellos y asnos.
Adems, Sara, su esposa, le dio un hijo cuando ya era muy anciana, y mi amo le ha dejado a su hijo todo lo que tiene.
Mi amo me hizo jurar, y me dijo: 'No dejes que mi hijo se case con una mujer de esta tierra de Canan, donde yo vivo.
Antes bien, ve a la familia de mi padre, y busca entre las mujeres de mi clan una esposa para l.'
Y yo le dije: 'Mi seor, y si la mujer no quiere venir conmigo?'
Entonces l me contest: 'Yo he andado en el camino del Seor, y l enviar su ngel contigo, para que te vaya bien en tu viaje y tomes una esposa para mi hijo de entre las mujeres de mi familia, es decir, de la familia de mi padre.
Solo en caso de que mis parientes no quieran darte la muchacha, quedars libre del juramento que me has hecho.'
"As fue como hoy llegu al pozo, y en oracin le dije al Seor, el Dios de mi amo Abraham: 'Si de veras vas a hacer que me vaya bien en este viaje,
te ruego que ahora que estoy junto al pozo, pase esto: que la muchacha que venga por agua y a la que yo le diga: Por favor, djeme usted beber un poco de agua de su cntaro,
y que me conteste: Beba usted, y tambin sacar agua para sus camellos, que sea esta la mujer que t, Seor, has escogido para el hijo de mi amo.'
Todava no terminaba yo de hacer esta oracin, cuando vi que Rebeca vena con su cntaro al hombro. Baj al pozo a sacar agua, y le dije: 'Dme usted agua, por favor.'
Ella baj en seguida su cntaro, y me dijo: 'Beba usted, y tambin les dar de beber a sus camellos.' Y ella me dio agua, y tambin a mis camellos.
Luego le pregunt: 'De quin es usted hija?' y ella me contest: 'Soy hija de Betuel, el hijo de Nahor y de Milc.' Entonces le puse un anillo en la nariz y dos brazaletes en los brazos,
y me arrodill y ador al Seor; alab al Seor, el Dios de mi amo Abraham, por haberme trado por el camino correcto para tomar la hija del pariente de mi amo para su hijo.
Ahora pues, dganme si van a ser buenos y sinceros con mi amo, y si no, dganmelo tambin, para que yo sepa lo que debo hacer."
Entonces Labn y Betuel le contestaron: -Todo esto viene del Seor, y nosotros no podemos decirle a usted que s o que no.
Mire usted, aqu est Rebeca; tmela y vyase. Que sea la esposa del hijo de su amo, tal como el Seor lo ha dispuesto.
Cuando el siervo de Abraham oy esas palabras, se arrodill delante del Seor hasta tocar el suelo con la frente.
Luego sac varios objetos de oro y plata, y vestidos, y se los dio a Rebeca. Tambin a su hermano y a su madre les hizo regalos.
Despus l y sus compaeros comieron y bebieron, y pasaron all la noche. Al da siguiente, cuando se levantaron, el siervo dijo: -Djenme regresar a la casa de mi amo.
Pero el hermano y la madre de Rebeca le dijeron: -Que se quede la muchacha con nosotros todava unos diez das, y despus podr irse con usted.
Pero el siervo les dijo: -No me detengan ms. Dios ha hecho que mi viaje haya salido bien, as que djenme regresar a la casa de mi amo.
Entonces ellos contestaron: -Vamos a llamar a la muchacha, a ver qu dice ella.
Llamaron a Rebeca y le preguntaron: -Quieres irte con este hombre? -S -contest ella.
Entonces dejaron ir a Rebeca y a la mujer que la haba cuidado siempre, y tambin al siervo de Abraham y a sus compaeros.
Y bendijeron a Rebeca de esta manera: "Oh, hermana nuestra, que seas madre de muchos millones! que tus descendientes conquisten las ciudades de sus enemigos!"
Entonces Rebeca y sus siervas montaron en los camellos y siguieron al siervo de Abraham. Fue as como el siervo tom a Rebeca y se fue de all.
Isaac haba vuelto del pozo llamado "El que vive y me ve", pues viva en la regin del Ngueb.
Haba salido a dar un paseo al anochecer. En esto vio que unos camellos se acercaban.
Por su parte, Rebeca tambin mir y, al ver a Isaac, se baj del camello
y le pregunt al siervo: -Quin es ese hombre que viene por el campo hacia nosotros? -Es mi amo -contest el siervo. Entonces ella tom su velo y se cubri la cara.
El siervo le cont a Isaac todo lo que haba hecho.
Luego Isaac llev a Rebeca a la tienda de campaa de su madre Sara, y se cas con ella. Isaac am mucho a Rebeca, y as se consol de la muerte de su madre.
Abraham tuvo otra esposa, que se llamaba Quetur.
Sus hijos con ella fueron Zimrn, Jocsn, Medn, Madin, Isbac y Sah.
Jocsn fue el padre de Seb y Dedn. Los descendientes de Dedn fueron los asureos, los letuseos y los leumeos.
Los hijos de Madin fueron Ef, fer, Hanoc, Abid y Elda. Todos estos fueron descendientes de Quetur.
Isaac hered todo lo que Abraham tena.
A los hijos de sus otras mujeres, Abraham solamente les hizo regalos, y cuando todava viva los separ de su hijo Isaac, envindolos a la regin del oriente.
Abraham vivi ciento setenta y cinco aos en total,
y muri de muerte natural, cuando ya era muy anciano. Y fue a reunirse con sus antepasados.
Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpel, que est al oriente de Mamr, en el terreno de Efrn, el hijo de Shar el hitita.
Este terreno era el que Abraham haba comprado a los hititas. All fue sepultado Abraham, junto a su esposa Sara.
Despus que Abraham muri, Dios bendijo a Isaac, que se haba quedado a vivir junto al pozo "El que vive y me ve".
Estos son los hijos de Ismael, el hijo de Abraham y de Agar, la esclava egipcia de Sara,
en el orden en que nacieron: Nebaiot, que fue su hijo mayor; luego Quedar, Adbeel, Mibsam,
Mism, Dum, Mas,
Hadar, Tem, Jetur, Nafs y Quedm.
Estos son los nombres de los doce hijos de Ismael, y con esos mismos nombres se conocieron sus propios territorios y campamentos. Cada uno era jefe de su propia gente.
Ismael tena ciento treinta y siete aos cuando muri, y fue a reunirse con sus antepasados.
Sus descendientes se establecieron en la regin que est entre Havil y Sur, frente a Egipto, en la ruta a Asiria. All se establecieron, a pesar de la oposicin de sus hermanos.
Esta es la historia de Isaac, el hijo de Abraham.
Isaac tena cuarenta aos cuando se cas con Rebeca, que era hija de Betuel y hermana de Labn, los arameos que vivan en Padn-aram.
Rebeca no poda tener hijos, as que Isaac le rog al Seor por ella. Y el Seor oy su oracin y Rebeca qued embarazada.
Pero como los mellizos se peleaban dentro de su vientre, ella pens: "Si esto va a ser as, para qu seguir viviendo?" Entonces fue a consultar el caso con el Seor,
y l le contest: "En tu vientre hay dos naciones, dos pueblos que estn en lucha desde antes de nacer. Uno ser ms fuerte que el otro, y el mayor estar sujeto al menor."
Lleg al fin el da en que Rebeca tena que dar a luz, y tuvo mellizos.
El primero que naci era pelirrojo, todo cubierto de vello, y lo llamaron Esa.
Luego naci su hermano, agarrado al taln de Esa con una mano, y por eso lo llamaron Jacob. Isaac tena sesenta aos cuando Rebeca los dio a luz.
Los nios crecieron. Esa lleg a ser un hombre del campo y muy buen cazador; Jacob, por el contrario, era un hombre tranquilo, y le agradaba quedarse en el campamento.
Isaac quera ms a Esa, porque le gustaba comer de lo que l cazaba, pero Rebeca prefera a Jacob.
Un da en que Jacob estaba cocinando, Esa regres muy cansado del campo
y le dijo: -Por favor, dame un poco de ese guiso rojo que tienes ah, porque me muero de hambre. (Por eso a Esa tambin se le conoce como Edom.)
-Primero dame a cambio tus derechos de hijo mayor -contest Jacob.
Entonces Esa dijo: -Como puedes ver, me estoy muriendo de hambre, de manera que los derechos de hijo mayor no me sirven de nada.
-Jramelo ahora mismo -insisti Jacob. Esa se lo jur, y as le cedi a Jacob sus derechos de hijo mayor.
Entonces Jacob le dio a Esa pan y guiso de lentejas. Cuando Esa termin de comer y beber, se levant y se fue, sin dar ninguna importancia a sus derechos de hijo mayor.
En ese tiempo hubo una gran escasez de alimentos en toda aquella regin, adems de la que hubo cuando Abraham an viva. Por eso Isaac se fue a Guerar, donde viva Abimlec, rey de los filisteos.
All el Seor se le apareci y le dijo: "No vayas a Egipto. Qudate donde yo te diga,
y por ahora sigue viviendo en este pas. Yo estar contigo y te bendecir, porque a ti y a tus descendientes les voy a dar todas estas tierras. As cumplir la promesa que le hice a tu padre Abraham.
Har que tus descendientes sean tantos como las estrellas del cielo, y les dar todas estas tierras. Adems, todas las naciones de la tierra sern bendecidas por medio de tus descendientes,
porque Abraham me obedeci y cumpli mis rdenes, mis mandamientos, mis leyes y mis enseanzas."
Entonces Isaac se qued en Guerar,
y cuando los que vivan en ese lugar le preguntaron en cuanto a Rebeca, Isaac tuvo miedo de decir que era su esposa y les dijo que era su hermana. Era tan hermosa Rebeca, que Isaac pens que los hombres del lugar lo mataran por causa de ella.
Pas el tiempo y l se qued all. Pero un da en que Abimlec estaba mirando por la ventana, vio que Isaac acariciaba a su esposa Rebeca.
Entonces lo mand llamar y le dijo: -As que ella es tu esposa, verdad? Entonces, por qu dijiste que era tu hermana? -Yo pens que tal vez me mataran por causa de ella -contest Isaac.
Pero Abimlec le dijo: -Por qu nos has hecho esto? Un poco ms y alguno del pueblo se habra acostado con tu esposa, y t nos habras hecho pecar.
Entonces Abimlec orden a todo su pueblo: -Si alguien molesta a este hombre o a su esposa, ser condenado a muerte.
Ese ao Isaac sembr en aquel lugar y recogi muy buena cosecha, pues el Seor lo bendijo.
Se hizo muy rico y lleg a tener muchas posesiones.
Eran tantas sus ovejas y vacas, y tantos sus siervos, que los filisteos le tenan envidia.
Cuando su padre Abraham an viva, los siervos de Abraham haban abierto pozos; pero despus los filisteos los haban tapado y llenado de tierra.
Por fin, Abimlec le dijo a Isaac: -Vete de aqu, porque has llegado a ser ms rico que nosotros.
Isaac se fue y acamp en el valle de Guerar, y all se qued a vivir.
Volvi a abrir los pozos de agua que haban sido abiertos en vida de su padre, y que los filisteos haban tapado despus de su muerte, y les puso los mismos nombres que su padre les haba dado.
Un da, los siervos de Isaac estaban haciendo un pozo en el valle, y encontraron un manantial.
Pero los pastores que cuidaban las ovejas en el valle de Guerar se pelearon con los pastores que cuidaban las ovejas de Isaac, porque decan que esa agua era de ellos. Por eso Isaac llam a ese pozo "Pelea", pues se haban peleado por l.
Despus sus siervos abrieron otro pozo, por el que volvieron a pelear, y a ese pozo Isaac lo llam "Enemistad".
Isaac se fue lejos de all, y abri otro pozo. Como ya no pelearon por l, lo llam "Libertad", pues dijo: "Ahora el Seor nos ha dejado en libertad de progresar en este lugar."
De all Isaac se fue a Beerseba.
Esa noche el Seor se le apareci y le dijo: "Yo soy el Dios de tu padre Abraham. No tengas miedo; yo estoy contigo. Por causa de mi siervo Abraham te bendecir y aumentar mucho tu descendencia."
Entonces Isaac construy un altar all, e invoc el nombre del Seor. Acamp en aquel lugar, y sus siervos abrieron un pozo.
Un da, Abimlec vino desde Guerar para hablar con Isaac. Lo acompaaban su amigo Ahuzat, y Ficol, que era el capitn de su ejrcito.
Isaac les dijo: -Si ustedes no me quieren, y hasta me echaron de su tierra, para qu vienen a verme?
Ellos le contestaron: -Hemos visto que el Seor est contigo, y hemos pensado proponerte que hagamos un pacto. El pacto ser este:
que t no nos hars ningn mal, pues nosotros no te hemos molestado. Al contrario, siempre te hemos tratado bien y te despedimos en forma amistosa, y ahora el Seor te est bendiciendo.
Entonces Isaac les hizo una gran fiesta, y ellos comieron y bebieron.
Al da siguiente por la maana, se levantaron y se hicieron juramentos entre s. Luego Isaac les dijo adis, y ellos se despidieron de l como amigos.
Aquel mismo da, los siervos de Isaac vinieron a darle la noticia de que haban encontrado agua en el pozo que estaban abriendo.
Isaac le puso a aquel pozo el nombre de Seb. Por eso aquella ciudad todava se llama Beerseba.
Cuando Esa tena cuarenta aos, se cas con Judit, que era hija de Beer el hitita. Tambin se cas con Basemat, que era hija de otro hitita llamado Eln.
Estas dos mujeres les amargaron la vida a Isaac y Rebeca.
Isaac estaba ya muy viejo, y se haba quedado ciego. Un da llam a Esa, su hijo mayor, y le dijo: -Hijo mo! -Dime, padre -contest Esa.
-Ya ves que estoy muy viejo -dijo Isaac-, y un da de estos me puedo morir.
Por eso quiero que vayas al monte con tu arco y tus flechas para cazar algn animal.
Prepara luego un guisado sabroso, como a m me gusta, y trelo para que yo lo coma. Entonces te dar mi bendicin antes de morir.
Pero Rebeca estaba oyendo lo que Isaac le deca a Esa. Por eso, en cuanto este se fue al monte a cazar algo para su padre,
ella dijo a Jacob, su hijo menor: -Mira, o que tu padre estaba hablando con tu hermano Esa, y que le deca:
'Caza algn animal, prepara un guisado sabroso para que yo lo coma, y te dar mi bendicin delante del Seor antes de morir.'
As que, hijo mo, escucha bien lo que te voy a decir:
Ve a donde est el rebao, y treme dos de los mejores cabritos; voy a prepararle a tu padre un guisado sabroso, como a l le gusta.
T se lo vas a llevar para que lo coma, y as te dar a ti su bendicin antes de morir.
Pero Jacob le dijo a su madre: -Mi hermano tiene mucho pelo en el cuerpo, y yo no.
Si mi padre llega a tocarme y me reconoce, va a pensar que me estoy burlando de l; entonces har que me maldiga en lugar de que me bendiga.
Pero su madre le contest: -Hijo mo, que esa maldicin recaiga sobre m. T haz lo que te digo y treme esos cabritos.
Jacob fue por los cabritos y se los trajo a su madre. Ella prepar entonces un guisado sabroso, como a Isaac le gustaba,
sac la mejor ropa de Esa, su hijo mayor, que estaba guardada en la casa, y se la puso a Jacob, su hijo menor.
Luego, con la piel de los cabritos, le cubri a Jacob los brazos y la parte del cuello donde no tena pelo,
y le dio el guisado y el pan que haba preparado.
Entonces Jacob entr donde estaba su padre, y le dijo: -Padre! -Aqu estoy. Cul de mis hijos eres t? -pregunt Isaac.
-Soy Esa, tu hijo mayor -contest Jacob-. Ya hice lo que me dijiste. Levntate, por favor; sintate y come del animal que he cazado, y dame tu bendicin.
Entonces Isaac le pregunt: -Cmo pudiste encontrarlo tan pronto, hijo mo? -El Seor tu Dios me ayud a encontrarlo -respondi Jacob.
Pero Isaac le dijo: -Acrcate y djame tocarte, a ver si de veras eres mi hijo Esa.
Jacob se acerc para que su padre lo tocara. Entonces Isaac dijo: "La voz es la de Jacob, pero los brazos son los de Esa."
As que no lo reconoci, porque sus brazos tenan mucho pelo, como los de su hermano Esa. Pero cuando iba a darle su bendicin,
volvi a preguntarle: -De veras eres mi hijo Esa? -S, yo soy Esa -respondi Jacob.
Entonces su padre le dijo: -Srveme, hijo mo, para que coma yo de lo que cazaste, y entonces te dar mi bendicin. Jacob le sirvi de comer a su padre, y tambin le trajo vino. Isaac comi y bebi,
y luego le dijo: -Acrcate, hijo, y dame un beso.
Cuando Jacob se acerc para besarlo, Isaac le oli la ropa. Entonces lo bendijo con estas palabras: "S, este olor es de mi hijo. Es como el olor de un campo bendecido por el Seor.
Que Dios te d la lluvia del cielo, las mejores cosechas de la tierra, mucho trigo y mucho vino.
Que mucha gente te sirva; que las naciones se arrodillen delante de ti. Gobierna a tus propios hermanos; que se arrodillen delante de ti! Los que te maldigan sern malditos, y los que te bendigan sern benditos."
Haba terminado Isaac de bendecir a Jacob, y apenas sala Jacob de donde estaba su padre, cuando Esa regres de cazar.
Tambin l prepar un guisado sabroso, se lo llev a su padre, y le dijo: -Levntate, padre; come del animal que tu hijo ha cazado, y dame tu bendicin.
Entonces Isaac le pregunt: -Quin eres t? -Soy Esa, tu hijo mayor -contest.
Isaac se qued muy sorprendido, y con voz temblorosa dijo: -Entonces, quin es el que fue a cazar y me trajo el guisado? Yo me lo com todo antes de que t llegaras, y le di mi bendicin, y ahora l ha quedado bendecido.
Cuando Esa oy lo que su padre deca, se puso a llorar amargamente, y grit: -Dame tambin a m tu bendicin, padre mo!
Pero Isaac le contest: -Ya vino tu hermano, y me enga, y se llev la bendicin que era para ti.
-Con razn le pusieron por nombre Jacob! -dijo Esa-. Ya van dos veces que me hace trampa! Primero me quit mis derechos de hijo mayor, y ahora me ha quitado la bendicin que me tocaba. No has guardado ninguna otra bendicin para m?
Entonces Isaac le contest: -Mira, yo le he dado a Jacob autoridad sobre ti; le he dado por siervos a todos sus parientes, y le he deseado que tenga mucho trigo y mucho vino. Qu puedo hacer ahora por ti, hijo mo?
Esa insisti: -No puedes dar ms que una sola bendicin, padre mo? Bendceme tambin a m! Y volvi a llorar a gritos.
Entonces Isaac le dijo: "Vivirs lejos de las tierras frtiles y de la lluvia que cae del cielo.
Tendrs que defenderte con tu espada y sers siervo de tu hermano; pero cuando te hagas fuerte, te librars de l."
Desde entonces Esa odi a Jacob por la bendicin que le haba dado su padre, y pensaba: "Ya pronto vamos a estar de luto por la muerte de mi padre; despus de eso, matar a mi hermano Jacob."
Cuando Rebeca supo lo que Esa estaba planeando, mand llamar a Jacob y le dijo: -Mira, tu hermano Esa quiere matarte para vengarse de ti.
Por eso, hijo, escchame; huye en seguida a Harn, a casa de mi hermano Labn.
Qudate con l por algn tiempo, hasta que se le pase el enojo a tu hermano
y olvide lo que le has hecho. Entonces te mandar avisar para que vuelvas. No quiero perder a mis dos hijos en un solo da!
Luego Rebeca le dijo a Isaac: -Estoy cansada de la vida por culpa de estas hititas con las que Esa se cas. Si Jacob se casa con una hitita como estas, de las que viven aqu en Canan, vale ms que me muera.
Entonces Isaac llam a Jacob, lo bendijo y le dio esta orden: "No te cases con ninguna mujer de esta tierra de Canan.
Vete a Padn-aram, a la casa de tu abuelo Betuel, y csate all con una de las hijas de tu to Labn.
Que el Dios todopoderoso te bendiga y te d muchos descendientes, para que de ti salgan muchas naciones.
Que te d a ti, y tambin a tus descendientes, la bendicin que le prometi a Abraham, para que sean dueos de esta tierra donde ahora vivimos como extranjeros, pues l se la prometi a Abraham."
As fue como Isaac envi a Jacob a Padn-aram. Jacob lleg a casa de Labn, que era hijo de Betuel el arameo y hermano de Rebeca, la madre de Jacob y Esa.
Esa haba visto cuando Isaac le dio su bendicin a Jacob y lo envi a Padn-aram para casarse all. Tambin se fij en que su padre, al bendecirlo, le encarg que no se casara con ninguna mujer de Canan,
y que Jacob se fue a Padn-aram como su padre y su madre le haban dicho.
De esa manera Esa se dio cuenta de que a su padre no le agradaban las mujeres de Canan;
por eso fue a ver a Ismael, hijo de Abraham, y tom por esposa a su hija Mahalat, que era hermana de Nebaiot, adems de las esposas cananeas que ya tena.
Jacob sali de Beerseba y tom el camino de Harn.
Lleg a cierto lugar y all se qued a pasar la noche, porque el sol ya se haba puesto. Tom como almohada una de las piedras que haba en el lugar, y se acost a dormir.
All tuvo un sueo, en el que vea una escalera que estaba apoyada en la tierra y llegaba hasta el cielo, y por la cual los ngeles de Dios suban y bajaban.
Tambin vea que el Seor estaba de pie junto a l, y que le deca: "Yo soy el Seor, el Dios de tu abuelo Abraham y de tu padre Isaac. A ti y a tus descendientes les dar la tierra en donde ests acostado.
Ellos llegarn a ser tantos como el polvo de la tierra, y se extendern al norte y al sur, al este y al oeste, y todas las familias del mundo sern bendecidas por medio de ti y de tus descendientes.
Yo estoy contigo; voy a cuidarte por dondequiera que vayas, y te har volver a esta tierra. No voy a abandonarte sin cumplir lo que te he prometido."
Cuando Jacob despert de su sueo, pens: "En verdad el Seor est en este lugar, y yo no lo saba."
Tuvo mucho miedo, y pens: "Este lugar es muy sagrado. Aqu est la casa de Dios; es la puerta del cielo!"
Al da siguiente Jacob se levant muy temprano, tom la piedra que haba usado como almohada, la puso de pie como un pilar, y la consagr derramando aceite sobre ella.
En ese lugar haba antes una ciudad que se llamaba Luz, pero Jacob le cambi el nombre y le puso Betel.
All Jacob hizo esta promesa: "Si Dios me acompaa y me cuida en este viaje que estoy haciendo, si me da qu comer y con qu vestirme,
y si regreso sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Seor ser mi Dios.
Esta piedra que he puesto como pilar, ser casa de Dios; y siempre te dar, oh Dios, la dcima parte de todo lo que t me des."
Jacob sigui su camino y se fue a la tierra de los del oriente.
En el campo vio un pozo, cerca del cual estaban descansando tres rebaos de ovejas, porque los animales beban agua de l. Sobre la boca del pozo haba una piedra muy grande,
y cuando todos los rebaos se juntaban all, los pastores quitaban la piedra para darles agua a las ovejas, y luego volvan a tapar el pozo.
Jacob pregunt a los pastores: -De dnde son ustedes, amigos mos? -Somos de Harn -contestaron ellos.
-Conocen ustedes a Labn, el hijo de Nahor? -volvi a preguntar. -S, lo conocemos -respondieron.
-Est bien de salud? -insisti Jacob. -S, Labn est bien -dijeron los pastores-. Mire usted, aqu viene su hija Raquel con sus ovejas.
Entonces Jacob dijo: -Todava es de da, y es muy temprano para encerrar las ovejas. Por qu no les dan agua y las llevan a pastar?
Pero ellos le contestaron: -No podemos hacerlo. Tenemos que esperar a que se junten todos los rebaos y los pastores quiten la piedra de la boca del pozo, para poder darles agua a las ovejas.
Mientras Jacob estaba hablando con ellos, Raquel lleg con las ovejas de su padre, pues ella era quien las cuidaba.
Tan pronto como Jacob la vio con las ovejas de su to Labn, fue y quit la piedra de la boca del pozo, y les dio agua a las ovejas;
luego la salud con un beso, y comenz a llorar.
Cuando Jacob le cont que l era hijo de Rebeca y sobrino de Labn, Raquel fue corriendo a contrselo a su padre.
Labn, al or hablar de Jacob, el hijo de su hermana, sali corriendo a recibirlo, lo abraz, lo salud con un beso y lo llev a su casa. Luego Jacob le cont todo lo que haba pasado.
Y Labn le dijo: "Verdaderamente t eres uno de mi propia sangre." Jacob se qued con Labn durante un mes.
Despus de ese tiempo, Labn le dijo: -No vas a trabajar para m sin ganar nada, solo porque eres mi pariente. Dime cunto quieres que te pague.
Labn tena dos hijas: la mayor se llamaba La, y la menor, Raquel.
La tena unos ojos muy tiernos, pero Raquel era hermosa de pies a cabeza.
Como Jacob se haba enamorado de Raquel, contest: -Por Raquel, tu hija menor, trabajar siete aos para ti.
Entonces Labn contest: -Es mejor drtela a ti que drsela a un extrao. Qudate conmigo.
Y as Jacob trabaj por Raquel durante siete aos, aunque a l le pareci muy poco tiempo porque la amaba mucho.
Cuando pasaron los siete aos, Jacob le dijo a Labn: -Dame mi mujer, para que me case con ella, porque ya termin el tiempo que promet trabajar por ella.
Entonces Labn invit a todos sus vecinos a la fiesta de bodas que hizo.
Pero por la noche Labn tom a La y se la llev a Jacob, y Jacob durmi con ella.
Adems, Labn le regal a La una de sus esclavas, llamada Zilp, para que la atendiera.
A la maana siguiente Jacob se dio cuenta de que haba dormido con La, y le reclam a Labn: -Qu cosa me has hecho? No trabaj contigo por Raquel? Entonces, por qu me has engaado?
Y Labn le contest: -Aqu no acostumbramos que la hija menor se case antes que la mayor.
Cumple con la semana de bodas de La y entonces te daremos tambin a Raquel, si es que te comprometes a trabajar conmigo otros siete aos.
Jacob acept, y cuando termin la semana de bodas de La, Labn le dio a Raquel por esposa.
Labn tambin le dio a Raquel una de sus esclavas, llamada Bilh, para que la atendiera.
Jacob se uni tambin a Raquel, y la am mucho ms que a La, aunque tuvo que trabajar con Labn durante siete aos ms.
Cuando el Seor vio que Jacob despreciaba a La, hizo que esta tuviera hijos, pero a Raquel la mantuvo estril.
La qued embarazada y tuvo un hijo, al que llam Rubn, porque dijo: "El Seor me vio triste. Por eso ahora mi esposo me amar."
Despus La tuvo otro hijo, al que llam Simen, y entonces dijo: "El Seor oy que me despreciaban, y por eso me dio un hijo ms."
Y otra vez tuvo un hijo, al cual llam Lev, porque dijo: "Ahora mi esposo se unir ms a m, porque ya le he dado tres hijos."
La tuvo an otro hijo, al cual llam Jud, porque dijo: "Esta vez alabar al Seor." Despus de esto, dej de tener hijos.
Cuando Raquel vio que ella no poda darle hijos a Jacob, sinti envidia de su hermana La, y le dijo a su esposo: -Dame hijos, porque si no, me voy a morir.
Pero Jacob se enoj con ella y le dijo: -Acaso soy Dios? l es quien no te deja tener hijos.
Entonces ella le dijo: -Mira, toma a mi esclava Bilh y nete con ella; y cuando ella tenga hijos, ser como si yo misma los tuviera. As podr tener hijos.
De esta manera Raquel le dio a Jacob su esclava Bilh, para que fuera su concubina. Jacob se uni con Bilh,
y ella le dio un hijo a Jacob.
Entonces Raquel dijo: "Este nio se va a llamar Dan, porque Dios oy mi oracin y me hizo justicia al darme un hijo."
Despus Bilh le dio otro hijo a Jacob,
y Raquel dijo: "Este nio se va a llamar Neftal, porque he luchado mucho contra mi hermana y la he vencido."
Cuando La vio que ya no poda tener hijos, tom a su esclava Zilp y se la dio a Jacob para que fuera su concubina.
Y cuando Zilp le dio un hijo a Jacob,
La dijo: "Qu suerte! Por eso el nio se va a llamar Gad."
Despus Zilp le dio otro hijo a Jacob,
y entonces La dijo: "Qu felicidad! Ahora las mujeres dirn que soy feliz. Por eso el nio se va a llamar Aser."
Un da fue Rubn al campo, durante la cosecha de trigo, y all encontr unas frutas llamadas mandrgoras, las cuales llev a su madre La. Cuando Raquel vio las frutas, le dijo a La: -Por favor, dame algunas de esas mandrgoras que tu hijo te trajo.
Pero La le contest: -Te parece poco haberme quitado el marido? Y ahora quieres tambin quitarme las mandrgoras de mi hijo! -Pues a cambio de las mandrgoras de tu hijo, esta noche Jacob dormir contigo -propuso Raquel.
Por la noche, cuando Jacob regres del campo, La sali a su encuentro y le dijo: -Hoy vas a dormir conmigo, porque te he alquilado a cambio de las mandrgoras de mi hijo. Esa noche Jacob durmi con La,
y ella le dio a Jacob su quinto hijo, porque Dios oy su oracin.
Entonces La dijo: "Este nio se va a llamar Isacar, pues Dios me ha premiado porque le di mi esclava a mi marido."
Despus La le dio a Jacob su sexto hijo,
y dijo: "Dios me ha dado un buen regalo. Ahora mi marido me estimar ms, porque ya le he dado seis hijos. Por eso este nio se va a llamar Zabuln."
Por ltimo, La tuvo una hija, a la cual llam Dina.
Pero Dios se acord de Raquel; oy su oracin y le permiti tener hijos.
Cuando tuvo el primero, dijo: "Dios me ha quitado la vergenza de no tener hijos.
Ojal me permita tener otro." Por eso lo llam Jos.
Despus que Raquel dio a luz a Jos, Jacob dijo a Labn: -Djame regresar a mi propia tierra.
Dame mis hijos y mis mujeres, pues por ellas he trabajado contigo, y djame ir. T bien sabes cmo he trabajado para ti.
Pero Labn le contest: -Por favor, qudate conmigo. He sabido por adivinacin que el Seor me ha bendecido por medio de ti.
Dime cunto quieres ganar, y te lo pagar.
Entonces Jacob le dijo: -T bien sabes cmo he trabajado para ti y cmo he cuidado tus animales;
lo poco que tenas antes que yo viniera, ha aumentado enormemente, pues desde que llegu, el Seor te ha bendecido; pero, cundo voy a comenzar a trabajar para mi propia familia?
-Cunto quieres que te pague? -insisti Labn. -No me pagues nada -respondi Jacob-. Volver a cuidar tus ovejas, si aceptas lo que te voy a proponer:
djame pasar hoy por entre tu rebao, para apartar todos los corderitos negros y todos los cabritos manchados y moteados. Ellos sern mi salario.
As, cuando ms adelante vengas a ver lo que he ganado, tendrs la prueba de mi honradez: pues si en mi rebao hay cabras que no sean manchadas o moteadas, o corderos que no sean negros, ser que te los he robado.
-Est bien, acepto lo que propones -dijo Labn.
Pero ese mismo da Labn apart todos los chivos rayados y moteados, y todas las cabras manchadas y moteadas o que tenan algo blanco, y todos los corderos negros, y se los dio a sus hijos para que los cuidaran.
Luego se fue con este rebao del lugar donde estaba Jacob, a una distancia de tres das de camino. Jacob, por su parte, sigui cuidando las otras ovejas de Labn.
Cort ramas verdes de lamo, almendro y castao, y las pel para que se pudieran ver rayas blancas;
luego puso las varas, ya peladas, frente a los rebaos, en el lugar donde tomaban agua.
All era donde los machos se unan con las hembras, y como lo hacan delante de las varas, sus cras nacan rayadas, manchadas y moteadas.
Entonces Jacob las apartaba y las pona frente a los animales rayados y negros del rebao de Labn. As Jacob fue formando su propio rebao, separndolo del rebao de Labn.
Cada vez que los animales ms gordos se unan para tener cras, Jacob pona las varas en el lugar donde tomaban agua, de manera que pudieran ver las varas en el momento de unirse;
pero cuando venan los animales ms flacos, no pona las varas. Por eso los animales ms flacos eran para Labn, y los ms gordos eran para Jacob.
De esa manera Jacob se hizo muy rico y lleg a tener muchas ovejas, esclavos, esclavas, camellos y asnos.
Pero Jacob supo que los hijos de Labn andaban diciendo: "Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y con eso se ha hecho rico."
Tambin Jacob se fij en que Labn ya no lo miraba con buenos ojos, como antes.
Entonces el Seor le dijo a Jacob: "Regresa a la tierra de tus padres, donde estn tus parientes, y yo te acompaar."
Jacob mand llamar a Raquel y a La, para que vinieran al campo donde estaba l con sus ovejas,
y les dijo: -Me he dado cuenta de que el padre de ustedes ya no me trata igual que antes; pero el Dios de mi padre siempre me ha acompaado.
Ustedes saben muy bien que yo he trabajado para su padre lo mejor que he podido,
y que l me ha engaado y continuamente me ha cambiado el salario. Sin embargo, Dios no le ha dejado hacerme ningn mal;
al contrario, cuando l deca: 'Te voy a pagar con los animales manchados', todas las hembras tenan cras manchadas; y cuando deca: 'Te voy a pagar con los rayados', entonces todas tenan cras rayadas.
As fue como Dios le quit sus animales para drmelos a m.
"Un da, cuando los animales estaban en celo, tuve un sueo en el que vea que los machos cabros que cubran a las hembras eran rayados, manchados y moteados.
En ese sueo el ngel de Dios me llam por mi nombre, y yo le contest: 'Aqu estoy.'
Entonces el ngel me dijo: 'Fjate bien, y vas a ver que todos los machos que cubren a las hembras son rayados, manchados y moteados, porque me he dado cuenta de todo lo que Labn te ha hecho.
Yo soy el Dios que se te apareci en Betel, all donde t consagraste la piedra y me hiciste una promesa. Vamos! Levntate y vete de este lugar; regresa a la tierra donde naciste.' "
Entonces Raquel y La le contestaron: -Nosotras ya no tenemos ninguna herencia en la casa de nuestro padre.
Al contrario, nos trata como si furamos extraas. Hasta nos vendi, y se aprovech de lo que le pagaste por casarte con nosotras!
En realidad, toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre, es nuestra y de nuestros hijos. As que haz todo lo que Dios te ha dicho.
Jacob se prepar para regresar a Canan, donde viva su padre Isaac.
Hizo montar a sus hijos y a sus mujeres en los camellos, tom todo lo que tena, y se puso en camino con todos los animales que haba recibido por su trabajo en Padn-aram.
Mientras Labn fue a otra parte a trasquilar sus ovejas, Raquel le rob sus dolos familiares.
As fue como Jacob enga a Labn el arameo, no dicindole que se iba.
Escap con todo lo que tena. Muy pronto cruz el ro Eufrates, y sigui adelante hacia los montes de Galaad.
Tres das despus, Labn supo que Jacob se haba escapado.
Entonces, acompaado de sus parientes, sali a perseguirlo, y siete das despus lo alcanz en los montes de Galaad.
Pero aquella noche Dios se le apareci a Labn el arameo en un sueo, y le dijo: "Escucha, no le hables a Jacob en forma brusca."
Labn alcanz a Jacob en los montes de Galaad, que era donde Jacob haba acampado. All mismo acamp Labn con sus parientes,
y le reclam a Jacob: -Qu has hecho? Por qu me engaaste? Has trado a mis hijas como si fueran prisioneras de guerra!
Por qu me engaaste y escapaste a escondidas, sin decirme nada? De haberlo sabido, yo te habra despedido con alegra y con msica de tambores y de arpa.
Ni siquiera me dejaste besar a mis hijas y a mis nietos. Has actuado como un necio!
Yo bien podra hacerles dao a todos ustedes, pero anoche me habl el Dios de tu padre y me dijo: 'Escucha, no le hables a Jacob en forma brusca.'
Pero, si tanto queras regresar a la casa de tu padre, y por eso te fuiste, por qu me robaste mis dioses?
Entonces Jacob le contest a Labn: -Es que tuve miedo. Yo pens que tal vez me ibas a quitar tus hijas por la fuerza.
Pero si alguno de los que aqu estn tiene tus dioses, que muera! Nuestros parientes son testigos: dime si yo tengo algo tuyo, y llvatelo. Pero Jacob no saba que Raquel haba robado los dolos.
Labn entr en la tienda de campaa de Jacob, luego en la de La y tambin en la de las dos esclavas, pero no encontr los dolos. Cuando sali de la tienda de campaa de La y entr en la de Raquel,
ella tom los dolos, los puso dentro de la montura del camello, y se sent sobre ellos. Labn estuvo buscando por toda la tienda, pero no los encontr.
Entonces Raquel le dijo: -Padre, no te enojes si no me levanto delante de ti, pero es que hoy tengo mi periodo de menstruacin. Como Labn anduvo buscando los dolos y no los encontr,
Jacob se enoj y le reclam a Labn con estas palabras: -Qu falta comet? Cul es mi pecado, que con tantas ansias me has perseguido?
Has registrado todas mis cosas, y qu has encontrado de las cosas de tu casa? Ponlo aqu, delante de tus parientes y de los mos, para que ellos digan quin de los dos tiene la razn!
Durante estos veinte aos que trabaj contigo, nunca abortaron tus ovejas ni tus cabras; nunca me com un solo carnero de tus rebaos;
nunca te traje los animales que las fieras mataban, sino que yo pagaba esa prdida; si de da o de noche robaban ganado, t me lo cobrabas.
De da me mora de calor; de noche me mora de fro, y hasta el sueo se me iba!
Veinte aos he estado en tu casa, y esto es lo que me toc: por tus dos hijas trabaj catorce aos a tu servicio; por tus animales trabaj seis aos; y continuamente me cambiabas mi salario.
De no haber estado conmigo el Dios de Abraham, el Dios que adoraba mi padre Isaac, estoy seguro que me habras mandado con las manos vacas. Pero Dios vio mi tristeza y el resultado de mi trabajo, y anoche te reprendi.
Entonces Labn le contest a Jacob: -Las hijas son mis hijas; los nietos son mis nietos; las ovejas son mis ovejas; todo lo que aqu ves es mo! Sin embargo, qu les puedo hacer ahora a mis hijas, o a los hijos que ellas han tenido?
Por eso, ven; t y yo vamos a hacer un pacto, que va a servir como testimonio entre nosotros dos.
Entonces Jacob tom una piedra, la puso de pie como un pilar,
y les dijo a sus parientes: -Junten piedras! Todos juntaron piedras para hacer un montn, y all comieron, junto al montn de piedras.
Labn llam a ese lugar en su idioma "Jegar Sahadut", y Jacob lo llam en el suyo "Galaad".
Entonces Labn dijo: -Hoy, este montn de piedras es testigo entre nosotros dos. Por eso se llam Galaad ese lugar,
y tambin se llam Misp, porque Labn dijo: -Que el Seor vigile entre nosotros dos, cuando ya no podamos vernos el uno al otro.
Si maltratas a mis hijas, o si te casas con otras mujeres adems de ellas, aunque no haya nadie como testigo entre nosotros, Dios mismo sea testigo.
Y Labn sigui dicindole a Jacob: -Mira, aqu estn el montn de piedras y el pilar que he puesto entre nosotros dos.
Ambos sern testigos de que ni t ni yo cruzaremos esta lnea para perjudicarnos.
Que decida entre nosotros el Dios de tu abuelo Abraham y el de mi abuelo Nahor. Entonces Jacob jur por el Dios que su padre Isaac adoraba.
Luego hizo Jacob sacrificios en el cerro, y llam a sus parientes a comer. Todos ellos comieron, y pasaron la noche en el cerro.
Al da siguiente por la maana, Labn se levant y les dio un beso a sus nietos y a sus hijas; despus los bendijo, y regres a su tierra.
Jacob sigui su camino, y unos ngeles de Dios le salieron al encuentro.
Cuando Jacob los vio, dijo: "Este es un ejrcito de Dios." Por eso llam Mahanaim a aquel lugar.
Jacob envi unos mensajeros a la tierra de Ser, que es la regin de Edom, para anunciarle su llegada a su hermano Esa,
y les dio este mensaje: "Dganle a mi hermano Esa: 'Su hermano Jacob se pone a sus rdenes, y le manda a decir: He vivido con Labn todo este tiempo,
y tengo vacas, asnos, ovejas, esclavos y esclavas. Envo este mensaje a mi seor, esperando ganarme su buena voluntad.' "
Cuando los mensajeros regresaron, le dijeron a Jacob: -Fuimos a ver a su hermano Esa, y ya viene l mismo para recibirlo a usted, acompaado de cuatrocientos hombres.
Al or esto, Jacob tuvo mucho miedo y se qued muy preocupado. Dividi entonces en dos grupos la gente que estaba con l, y tambin las ovejas, vacas y camellos,
pues pens: "Si Esa viene contra un grupo y lo ataca, el otro grupo podr escapar."
Luego comenz a orar: "Seor, Dios de mi abuelo Abraham y de mi padre Isaac, que me dijiste que regresara a mi tierra y a mis parientes, y que haras que me fuera bien:
no merezco la bondad y fidelidad con que me has tratado. Yo cruc este ro Jordn sin llevar nada ms que mi bastn, y ahora he llegado a tener dos campamentos.
Por favor, slvame de las manos de mi hermano Esa! Tengo miedo de que venga a atacarme y mate a las mujeres y a los nios.
T has dicho claramente que hars que me vaya bien, y que mis descendientes sern tan numerosos como los granitos de arena del mar, que no se pueden contar."
Aquella noche Jacob durmi all, y de lo que tena a la mano escogi regalos para su hermano Esa:
doscientas cabras, veinte chivos, doscientas ovejas, veinte carneros,
treinta camellas recin paridas, con sus cras, cuarenta vacas, diez novillos, veinte asnas y diez asnos.
Luego les entreg a sus siervos cada manada por separado, y les dijo: -Adelntense, y guarden alguna distancia entre manada y manada.
Al primero que envi, le orden: -Cuando te encuentre mi hermano Esa, y te pregunte quin es tu amo, a dnde vas y de quin son los animales que llevas,
contstale: 'Es un regalo para usted, mi seor Esa, de parte de Jacob, su servidor. Por cierto que l mismo viene detrs de nosotros.'
Tambin al segundo que envi, y al tercero, y a todos los que llevaban las manadas, les dijo: -Cuando encuentren a Esa, dganle lo mismo,
y dganle tambin: 'Jacob, su servidor, viene detrs de nosotros.' Y es que Jacob pensaba: "Voy a calmar su enojo con los regalos que le envo por delante, y luego lo ver personalmente. Tal vez as me recibir bien."
As, pues, los regalos se fueron antes, y l se qued a pasar la noche en su campamento.
Aquella misma noche Jacob se levant, tom a sus dos esposas, sus dos esclavas y sus once hijos, y los hizo cruzar el vado del ro Jaboc,
junto con todo lo que tena.
Cuando Jacob se qued solo, un hombre luch con l hasta que amaneci;
pero como el hombre vio que no poda vencer a Jacob, lo golpe en la coyuntura de la cadera, y esa parte se le zaf a Jacob mientras luchaba con l.
Entonces el hombre le dijo: -Sultame, porque ya est amaneciendo. -Si no me bendices, no te soltar -contest Jacob.
-Cmo te llamas? -pregunt aquel hombre. -Me llamo Jacob -respondi l.
Entonces el hombre le dijo: -Ya no te llamars Jacob. Tu nombre ser Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.
-Ahora dime cmo te llamas t -pregunt Jacob. Pero el hombre contest: -Para qu me preguntas mi nombre? Luego el hombre lo bendijo all mismo.
Y Jacob llam a aquel lugar Penuel, porque dijo: "He visto a Dios cara a cara, y sin embargo todava estoy vivo."
Ya Jacob estaba pasando de Penuel cuando el sol sali; pero debido a su cadera, iba cojeando.
Por eso hasta el da de hoy los descendientes de Israel no comen el tendn que est en la coyuntura de la cadera, porque Jacob fue golpeado en esa parte.
Cuando Jacob vio que Esa vena acompaado de cuatrocientos hombres, reparti a los nios entre La, Raquel y las dos esclavas.
Coloc primero a las esclavas con sus hijos, luego a La con sus hijos, y por ltimo a Raquel y Jos.
Luego se adelant a ellos, y se inclin hasta tocar el suelo con la frente siete veces, hasta que estuvo cerca de su hermano.
Pero Esa corri a su encuentro y, echndole los brazos al cuello, lo abraz y lo bes. Los dos lloraron.
Despus Esa se fij en las mujeres y en los nios, y pregunt: -Y estos, quines son? -Son los hijos que Dios le ha dado a tu servidor -dijo Jacob.
Entonces las esclavas y sus hijos se acercaron y se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente;
luego se acercaron La y sus hijos, y se inclinaron de la misma manera, y por ltimo se acercaron Jos y Raquel, y tambin se inclinaron.
De pronto Esa pregunt: -Qu piensas hacer con todas esas manadas que he venido encontrando? -Ganarme tu buena voluntad -respondi Jacob.
-No, hermano mo; yo tengo suficiente. Qudate con lo que es tuyo -dijo Esa.
Pero Jacob insisti: -No, por favor. Si me he ganado tu buena voluntad, acepta este regalo, pues verte en persona es como ver a Dios mismo, ya que t me has recibido muy bien.
Te ruego que aceptes el regalo que te he trado, pues Dios me ha hecho rico, y nada me falta. Tanto insisti Jacob, que al fin Esa acept el regalo;
pero dijo: -Bueno, vmonos de aqu. Yo ir delante de ti.
Y Jacob respondi: -Querido hermano, t sabes que los nios son dbiles, y que debo pensar en las ovejas y en las vacas con cra; si se les cansa, en un solo da pueden morir todas las ovejas.
Es mejor que t te adelantes a este servidor tuyo; yo ir poco a poco, al paso de los animales que van delante de m, y al paso de los nios, hasta reunirme contigo en Ser.
-Bueno -dijo Esa-, permteme dejarte algunos hombres de los que vienen conmigo. Pero Jacob contest: -No, por favor! Para qu te molestas?
Ese mismo da, Esa regres a Ser.
Jacob, en cambio, se fue a Sucot, y all hizo una casa para l y unas enramadas para sus animales. Por eso, a aquel lugar lo llam Sucot.
Cuando Jacob vino de Padn-aram, lleg sano y salvo a Canan y acamp frente a la ciudad de Siquem.
Por cien monedas compr un terreno a los hijos de Hamor, el padre de Siquem, y all puso su campamento.
Despus construy un altar, y lo llam El-eloh-Israel.
Dina, la hija que La le dio a Jacob, fue a visitar a las muchachas del lugar;
pero la vio Siquem, que era hijo de Hamor el heveo, el jefe de ese lugar, y por la fuerza se acost con ella y la deshonr.
Sin embargo, tanto se enamor de ella que trat de ganarse su cario.
Entonces habl con su padre Hamor, y le dijo: -Ve a pedir la mano de esta muchacha. Quiero casarme con ella.
Jacob supo que Siquem haba deshonrado a su hija Dina, pero como sus hijos estaban en el campo con sus animales, no dijo nada hasta que ellos regresaron.
Mientras tanto, Hamor, el padre de Siquem, fue a ver a Jacob para hablar con l.
Cuando los hijos de Jacob regresaron del campo y supieron lo que haba pasado, se enfurecieron, porque era una ofensa muy grande para Israel que Siquem se hubiera acostado con la hija de Jacob. Era algo que nunca deba haber hecho!
Pero Hamor habl con ellos, y les dijo: -Mi hijo Siquem est muy enamorado de la hermana de ustedes. Por favor, djenla que se case con l
y hganse nuestros parientes; as nosotros nos casaremos con las hijas de ustedes, y ustedes se casarn con las nuestras.
Qudense a vivir con nosotros. El pas est a su disposicin; vivan en l, hagan negocios, compren terrenos.
Por su parte, Siquem les dijo al padre y a los hermanos de Dina: -Yo les ruego que acepten. Les dar lo que me pidan.
No importa que sea una compensacin ms alta de lo acostumbrado y muchos regalos, yo se los dar; pero dejen que la muchacha se case conmigo.
Sin embargo, como Siquem haba deshonrado a Dina, los hijos de Jacob les contestaron a l y a su padre Hamor con engaos,
y les dijeron: -No podemos darle nuestra hermana a un hombre que no est circuncidado, porque eso sera una vergenza para nosotros.
Solo podemos aceptar con esta condicin: que ustedes sean como nosotros; es decir, que se circunciden todos los varones entre ustedes.
Entonces s, ustedes se casarn con nuestras hijas y nosotros nos casaremos con las de ustedes; viviremos entre ustedes y seremos un solo pueblo.
Pero si no aceptan nuestra condicin de circuncidarse, nos iremos de aqu y nos llevaremos a nuestra hermana.
Hamor y su hijo Siquem estuvieron de acuerdo con lo que ellos propusieron.
Sin perder ms tiempo, el joven se circuncid, porque la hija de Jacob le haba gustado. Como Siquem era el ms respetado en la familia de su padre,
fueron l y su padre Hamor a la entrada de la ciudad, donde se trataban los negocios, y all dijeron a los habitantes:
-Estos hombres son nuestros amigos, y van a vivir y hacer negocios en este lugar, pues hay suficiente terreno para ellos; nosotros podremos casarnos con sus hijas, y ellos podrn casarse con las nuestras.
Pero, para que seamos un solo pueblo, ellos aceptan vivir con nosotros solo con esta condicin: que todos nuestros varones se circunciden, tal como ellos lo acostumbran.
Todas sus pertenencias y todos sus animales sern nuestros. Solo tenemos que decir que s, y ellos se quedarn a vivir con nosotros.
Todos los hombres de la ciudad que estaban en edad militar estuvieron de acuerdo con Hamor y con su hijo Siquem, y fueron circuncidados.
Pero Simen y Lev, hijos de Jacob y hermanos de Dina, fueron a la ciudad al tercer da, cuando los hombres todava tenan los dolores de la circuncisin, y espada en mano los mataron a todos, pues no encontraron resistencia.
A filo de espada mataron a Hamor y a su hijo Siquem; luego sacaron a Dina de la casa de Siquem y se fueron.
Llegaron tambin los otros hijos de Jacob, y pasando sobre los muertos saquearon el pueblo para vengar la deshonra de su hermana.
Se llevaron ovejas, vacas, asnos y todo lo que haba en la ciudad y en el campo;
robaron todo lo que haba en las casas, y se llevaron prisioneros a todos los nios y mujeres.
Entonces Jacob les dijo a Simen y Lev: -Ustedes me han puesto en aprietos. Ahora los habitantes de este lugar, los cananeos y ferezeos, me van a odiar. Se juntarn contra m y me atacarn, y como tengo muy pocos hombres, nos matarn a m y a mi familia.
Pero ellos contestaron: -Acaso tena l que tratar a nuestra hermana como a una prostituta?
Dios le dijo a Jacob: "Levntate y vete a vivir a Betel. En ese lugar hars un altar al Dios que se te apareci cuando huas de tu hermano Esa."
Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que lo acompaaban: -Saquen todos los dioses extraos que hay entre ustedes, bense y cmbiense de ropa.
Vmonos pronto a Betel, pues all voy a construir un altar en honor del Dios que me ayud cuando yo estaba afligido, y que me ha acompaado por dondequiera que he andado.
Ellos le entregaron a Jacob todos los dioses extraos que tenan y los aretes que llevaban en las orejas, y Jacob los enterr debajo de una encina que estaba cerca de Siquem.
Cuando ellos salieron, Dios hizo que todos los pueblos vecinos tuvieran mucho miedo, y por eso no persiguieron a los hijos de Jacob.
Jacob y toda la gente que iba con l llegaron a Luz, ciudad que tambin se llama Betel y que est en Canan.
Y construy un altar, y llam al lugar El-betel, porque cuando hua de su hermano, Dios se le haba aparecido all.
Tambin all muri Dbora, la mujer que haba cuidado a Rebeca, y la enterraron debajo de una encina, cerca de Betel. Jacob llam a este lugar "La encina del llanto".
Cuando Jacob regresaba de Padn-aram, Dios se le apareci otra vez y lo bendijo
de esta manera: "T te llamas Jacob, pero ya no te llamars as; desde hoy tu nombre ser Israel." Despus que Dios le cambi el nombre,
le dijo: "Yo soy el Dios todopoderoso; ten muchos hijos y descendientes. De ti saldr una nacin y muchos pueblos, y entre tus descendientes habr reyes.
La tierra que les di a Abraham y a Isaac, tambin te la doy a ti, y despus de ti se la dar a tus descendientes."
Cuando Dios se fue del lugar en donde haba hablado con Jacob,
este tom una piedra y la puso de pie, como un pilar, en el lugar donde Dios le haba hablado; luego la consagr derramando aceite y vino sobre ella,
y llam Betel a aquel lugar.
Despus se fueron de Betel; pero todava estaban un poco lejos de Efrat cuando Raquel dio a luz, y tuvo un parto muy difcil.
En el momento ms difcil, la partera le dijo: "No tengas miedo, que has dado a luz otro varn."
Pero ella estaba a punto de morir, y en sus ltimos suspiros llam Ben-on al nio, aunque su padre lo llam Benjamn.
As fue como Raquel muri, y la enterraron en el camino de Efrat, que ahora es Beln.
Jacob levant un monumento sobre su sepulcro, y este es el monumento que todava seala el sepulcro de Raquel.
Israel sigui su camino, y acamp ms all de la torre de der.
Estando ya establecido Israel en ese lugar, Rubn fue y se acost con Bilh, que era concubina de su padre. Y cuando este lo supo, se enoj muchsimo. os hijos de Jacob fueron doce.
Los que tuvo con La fueron Rubn, su hijo mayor; Simen, Lev, Jud, Isacar y Zabuln.
Los que tuvo con Raquel fueron Jos y Benjamn.
Los que tuvo con Bilh, la esclava de Raquel, fueron Dan y Neftal;
y los que tuvo con Zilp, la esclava de La, fueron Gad y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob, que nacieron en Padn-aram.
Jacob fue a ver a su padre Isaac en Mamr, la ciudad que tambin se llama Arb o Hebrn. All haban vivido Abraham e Isaac.
Isaac tena ciento ochenta aos cuando muri.
Fue a reunirse con sus antepasados cuando ya era muy anciano, y sus hijos Esa y Jacob lo sepultaron.
Estos son los descendientes de Esa, o sea Edom.
Esa se cas con mujeres de Canan: con Ad, hija de Eln el hitita; con Oholibam, hija de An y nieta de Sibn el heveo;
y con Basemat, hija de Ismael y hermana de Nebaiot.
El hijo que Ad le dio a Esa fue Elifaz; Basemat dio a luz a Reuel;
y Oholibam dio a luz a Jes, Jaalam y Cor. Estos fueron los hijos de Esa, que nacieron cuando l viva en la tierra de Canan.
Esa tom a sus esposas, hijos e hijas, y a todos los que vivan con l, y se fue a otro lugar para alejarse de su hermano Jacob. Se llev todos los animales y todo lo que haba llegado a tener en Canan,
pues era tanto lo que tenan los dos que ya no podan vivir juntos; adems, la tierra donde vivan no bastaba para alimentar a sus animales.
Por eso Esa, o sea Edom, se fue a vivir a la regin montaosa de Ser.
Estos son los descendientes de Esa, antepasado de los edomitas, que vivieron en la regin montaosa de Ser.
Estos son los nombres de los hijos de Esa: Elifaz, hijo de Ad y de Esa; y Reuel, hijo de Basemat y de Esa.
Los hijos de Elifaz fueron Temn, Omar, Sef, Gatam y Quenaz.
Elifaz tuvo una concubina que se llamaba Timn; ella le dio un hijo que se llam Amalec. Estos fueron los descendientes de Ad, una de las esposas de Esa.
Los hijos de Reuel fueron Nhat, Zrah, Sam y Miz; estos fueron los descendientes de Basemat, otra de las esposas de Esa.
Oholibam fue otra esposa de Esa, y los hijos que ella le dio fueron Jes, Jaalam y Cor. Ella era hija de An y nieta de Sibn.
Los jefes de los descendientes de Esa fueron estos: De los descendientes de Elifaz, hijo mayor de Esa, los jefes fueron Temn, Omar, Sef, Quenaz,
Cor, Gatam y Amalec. Estos fueron los jefes de la lnea de Elifaz en la tierra de Edom, y todos ellos fueron descendientes de Ad.
De los hijos de Reuel, hijo de Esa, los jefes fueron Nhat, Zrah, Sam y Miz. Estos fueron los jefes de la lnea de Reuel en la tierra de Edom, y fueron descendientes de Basemat, esposa de Esa.
De los hijos de Oholibam, hija de An y esposa de Esa, los jefes fueron Jes, Jaalam y Cor.
Todos ellos fueron descendientes de Esa, o sea Edom, y jefes de sus tribus.
Los hijos de Ser el horeo, que vivan en aquella regin, fueron Lotn, Sobal, Sibn, An,
Disn, ser y Disn. Estos fueron los jefes de los horeos, que fueron descendientes de Ser, en la tierra de Edom.
Los hijos de Lotn fueron Hor y Hemam. Timn era hermana de Lotn.
Los hijos de Sobal fueron Alvn, Manhat, Ebal, Sef y Onam.
Los hijos de Sibn fueron Ai y An. An fue el que encontr manantiales en el desierto, mientras estaba cuidando los asnos de su padre Sibn.
An tuvo un hijo llamado Disn, y una hija llamada Oholibam.
Los hijos de Disn fueron Hemdn, Esbn, Itrn y Quern.
Los hijos de ser fueron Bilhn, Zaavn y Acn.
Los hijos de Disn fueron Us y Arn.
Los jefes de los horeos fueron Lotn, Sobal, Sibn, An,
Disn, ser y Disn. Estos fueron los jefes de los horeos, familia por familia, en la regin de Ser.
Estos fueron los reyes que gobernaron en Edom antes que los israelitas tuvieran rey:
Bela, que era hijo de Beor, fue rey de Edom, y su ciudad se llamaba Dinhaba.
Cuando Bela muri, gobern en su lugar Jobab, el hijo de Zrah, que era del pueblo de Bosr.
Cuando Jobab muri, gobern en su lugar Husam, que era de la regin de Temn.
Cuando Husam muri, gobern en su lugar Hadad, el hijo de Bedad, que derrot a Madin en el campo de Moab; y su ciudad se llamaba Avit.
Cuando muri Hadad, gobern en su lugar Saml, que era del pueblo de Masrec.
Cuando Saml muri, gobern en su lugar Sal, que era de Rehobot, el pueblo que est junto al ro.
Cuando Sal muri, gobern en su lugar Baal-hann, que era hijo de Acbor.
Y cuando muri Baal-hann, gobern en su lugar Hadad; y su ciudad se llamaba Pau. La esposa de Hadad se llamaba Mehetabel, y era hija de Matred y nieta de Mezaab.
Estos son los nombres de los clanes de Esa, por orden de familias, lugares y nombres: Timn, Alv, Jetet,
Oholibam, El, Pinn,
Quenaz, Temn, Mibsar,
Magdiel e Iram. Esa tambin se llamaba Edom, y estos fueron los jefes de Edom, de acuerdo con los lugares donde vivan y que eran suyos.
Jacob se qued a vivir en Canan, donde su padre haba vivido por algn tiempo.
Esta es la historia de la familia de Jacob. Cuando Jos era un muchacho de diecisiete aos, cuidaba las ovejas junto con sus hermanos, los hijos de Bilh y de Zilp, que eran las concubinas de su padre. Y Jos llevaba a su padre quejas de la mala conducta de sus hermanos.
Israel quera a Jos ms que a sus otros hijos, porque haba nacido cuando l ya era viejo. Por eso le hizo una tnica muy elegante.
Pero al darse cuenta sus hermanos de que su padre lo quera ms que a todos ellos, llegaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban.
Una vez Jos tuvo un sueo, y se lo cont a sus hermanos; pero ellos lo odiaron ms todava,
porque les dijo: -Escuchen, voy a contarles el sueo que tuve.
So que todos nosotros estbamos en el campo, haciendo manojos de trigo; de pronto, mi manojo se levant y qued derecho, pero los manojos de ustedes se pusieron alrededor del mo y le hicieron reverencias.
Entonces sus hermanos contestaron: -Quieres decir que t vas a ser nuestro rey, y que nos vas a dominar? Y lo odiaron todava ms por sus sueos y por la forma en que los contaba.
Despus Jos tuvo otro sueo, que tambin les cont a sus hermanos. Les dijo: -Saben que tuve otro sueo, en el que vea que el sol, la luna y once estrellas me hacan reverencias?
Cuando Jos cont este sueo a su padre y a sus hermanos, su padre le reprendi y le dijo: -Qu quieres decir con este sueo que tuviste? Acaso tu madre, tus hermanos y yo tendremos que hacerte reverencias?
Y sus hermanos le tenan envidia, pero su padre pensaba mucho en este asunto.
Un da los hermanos de Jos fueron a Siquem, buscando pastos para las ovejas de su padre.
Entonces Israel le dijo a Jos: -Mira, tus hermanos estn en Siquem cuidando las ovejas. Quiero que vayas a verlos. -Ir con mucho gusto -contest Jos.
-Bueno -dijo Israel-, ve y fjate cmo estn tus hermanos y las ovejas, y regresa luego a traerme la noticia. Israel mand a Jos desde el valle de Hebrn, y cuando Jos lleg a Siquem,
se perdi por el campo. Entonces un hombre lo encontr y le pregunt: -Qu andas buscando?
-Ando buscando a mis hermanos -respondi Jos-. Podra usted decirme dnde estn cuidando las ovejas?
-Ya se fueron de aqu -dijo el hombre-. Les o decir que se iban a Dotn. Jos fue en busca de sus hermanos y los encontr en Dotn.
Ellos lo vieron venir a lo lejos, y antes de que se acercara hicieron planes para matarlo.
Se dijeron unos a otros: -Miren, ah viene el de los sueos!
Vengan, vamos a matarlo; luego lo echaremos a un pozo y diremos que un animal salvaje se lo comi. Y vamos a ver qu pasa con sus sueos!
Cuando Rubn oy esto, quiso librarlo de sus hermanos, y dijo: -No lo matemos.
No derramen sangre. chenlo a este pozo que est en el desierto, pero no le pongan la mano encima. Rubn dijo esto porque quera poner a salvo a Jos y devolvrselo a su padre;
pero cuando Jos lleg a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron la tnica que llevaba puesta,
lo agarraron y lo echaron al pozo, que estaba vaco y seco.
Despus se sentaron a comer. En esto, vieron venir una caravana de ismaelitas que venan de Galaad y que traan en sus camellos perfumes, blsamo y mirra, para llevarlos a Egipto.
Entonces Jud les dijo a sus hermanos: -Qu ganamos con matar a nuestro hermano, y despus tratar de ocultar su muerte?
Es mejor que lo vendamos a los ismaelitas y no que lo matemos, porque despus de todo es nuestro hermano. Sus hermanos estuvieron de acuerdo con l,
y cuando los comerciantes madianitas pasaron por all, los hermanos de Jos lo sacaron del pozo y lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. As se llevaron a Jos a Egipto.
Cuando Rubn regres al pozo y no encontr a Jos all adentro, rasg su ropa en seal de dolor.
Luego volvi a donde estaban sus hermanos, y les dijo: -El muchacho ya no est! Ahora qu voy a hacer?
Entonces ellos tomaron la tnica de Jos y la mancharon con la sangre de un cabrito que mataron;
luego se la mandaron a su padre, con este mensaje: "Encontramos esto. Fjate bien si es o no la tnica de tu hijo."
En cuanto Jacob la reconoci, dijo: "S, es la tnica de mi hijo! Algn animal salvaje lo hizo pedazos y se lo comi."
Entonces Jacob rasg su ropa y se visti de luto, y por mucho tiempo llor la muerte de su hijo.
Todos sus hijos y sus hijas trataban de consolarlo, pero l no quera que lo consolaran; al contrario, lloraba por su hijo y deca: "Guardar luto por mi hijo, hasta que vaya a reunirme con l entre los muertos."
En Egipto, los madianitas vendieron a Jos a un hombre llamado Potifar, que era funcionario del faran, el rey de Egipto, y capitn de su guardia.
En aquel tiempo, Jud se apart de sus hermanos y se fue a vivir a la casa de un hombre llamado Hir, que era del pueblo de Adulam.
All conoci a la hija de un cananeo llamado Sa, y se cas con ella. Cuando se unieron,
ella qued embarazada y tuvo un hijo, al cual llam Er.
Volvi a quedar embarazada y tuvo otro hijo, al cual llam Onn.
Todava volvi a tener otro hijo, al cual llam Sel, que naci cuando Jud estaba en Quezib.
Jud cas a Er, su hijo mayor, con una mujer llamada Tamar.
Pero al Seor no le agradaba la mala conducta de Er, y le quit la vida.
Entonces Jud le dijo a Onn: -nete a la viuda de tu hermano y cumple as con tu deber de cuado, para que tu hermano pueda tener descendientes por medio de ti.
Pero Onn saba que los hijos que nacieran no seran considerados suyos. Por eso, cada vez que se una con la viuda de su hermano, procuraba que ella no quedara embarazada, para que su hermano no tuviera descendientes por medio de l.
El Seor se disgust mucho por lo que Onn haca, y tambin a l le quit la vida.
Entonces Jud le dijo a su nuera Tamar: -Qudate viuda en la casa de tu padre, hasta que mi hijo Sel sea mayor de edad. En realidad, Jud pensaba que tambin Sel podra morir como sus hermanos. As Tamar se fue a vivir a la casa de su padre.
Pas el tiempo y muri la esposa de Jud, la hija de Sa. Cuando Jud dej de guardar luto, fue al pueblo de Timnat, donde estaban los que trasquilaban sus ovejas, y su amigo Hir el adulamita lo acompa.
Cuando Tamar supo que su suegro haba ido a Timnat a trasquilar sus ovejas,
se quit el vestido de viuda, se cubri con un velo para que nadie la reconociera, y se sent a la entrada del pueblo de Enaim, que est en el camino a Timnat. Hizo esto porque se dio cuenta de que Sel ya era mayor de edad, y sin embargo no la haban casado con l.
Cuando Jud la vio, pens que era una prostituta, pues ella se haba cubierto la cara.
Entonces se apart del camino para acercarse a ella y, sin saber que era su nuera, le dijo: -Me dejas acostarme contigo? -Qu me vas a dar por acostarte conmigo? -le pregunt ella.
-Voy a mandarte uno de los cabritos de mi rebao -contest Jud. -Est bien -dijo ella-, pero djame algo tuyo como prenda hasta que me lo mandes.
-Qu quieres que te deje? -pregunt Jud. -Dame tu sello con el cordn, y el bastn que tienes en la mano -respondi ella. Jud se los dio y se acost con ella, y la dej embarazada.
Despus Tamar fue y se quit el velo que tena puesto, y volvi a ponerse su vestido de viuda.
Ms tarde Jud mand el cabrito por medio de su amigo adulamita, para que la mujer le devolviera las prendas, pero su amigo ya no la encontr.
Entonces les pregunt a los hombres de ese lugar: -Dnde est esa prostituta de Enaim, la que estaba junto al camino? -Aqu no ha estado ninguna prostituta -le contestaron.
Entonces l regres a donde estaba Jud, y le dijo: -No encontr a la mujer, y adems los hombres del lugar me dijeron que all no haba estado ninguna prostituta.
Y Jud contest: -Pues que se quede con las cosas, para que nadie se burle de nosotros; pero que conste que yo mand el cabrito y t no la encontraste.
Como tres meses despus, vinieron a decirle a Jud: -Tamar, la nuera de usted, se ha acostado con otros hombres, y como resultado de ello ha quedado embarazada. -Squenla y qumenla! -grit Jud.
Pero cuando la estaban sacando, ella le mand decir a su suegro: "El dueo de estas cosas es el que me dej embarazada. Fjese usted a ver de quin son este sello con el cordn y este bastn."
Cuando Jud reconoci las cosas, dijo: "Ella ha hecho bien, y yo mal, porque no la cas con mi hijo Sel." Y nunca ms volvi a acostarse con ella.
El da que Tamar dio a luz, tuvo mellizos.
Al momento de nacer, uno de ellos sac la mano. Entonces la partera le at un hilo rojo en la mano, y dijo: "Este sali primero."
Pero en ese momento el nio meti la mano, y fue su hermano el que naci primero. Por eso la partera lo llam Fares, pues dijo: "Cmo te abriste paso!"
Luego naci el otro nio, el que tena el hilo rojo en la mano, y lo llam Zrah.
Cuando Jos fue llevado a Egipto, un egipcio llamado Potifar lo compr a los ismaelitas que lo haban llevado all. Potifar era funcionario del faran y capitn de su guardia.
Pero el Seor estaba con Jos, y le fue muy bien mientras viva en la casa de su amo egipcio.
Su amo se dio cuenta de que el Seor estaba con Jos, y que por eso a Jos le iba bien en todo.
Esto hizo que Jos se ganara la simpata de su amo, que lo nombr su ayudante personal y mayordomo de su casa, y dej a su cargo todo lo que tena.
Desde el da en que Potifar dej a Jos a cargo de su casa y de todo lo suyo, el Seor bendijo a Potifar, tanto en su casa como en el campo.
Con Jos al cuidado de todo lo que tena, Potifar ya no se preocupaba mas que de comer. Jos era muy bien parecido y causaba buena impresin,
as que despus de algn tiempo la esposa de su amo se fij en l, y un da le dijo: -Acustate conmigo.
Pero Jos no quiso, y le contest: -Mire usted, mi amo ha dejado a mi cargo todo lo que tiene, y estando yo aqu, no tiene de qu preocuparse.
En esta casa nadie es ms que yo; mi amo no me ha negado nada, sino solo a usted, pues es su esposa; as que, cmo podra yo hacer algo tan malo, y pecar contra Dios?
Y aunque ella insista con Jos todos los das para que se acostara con ella y estuviera a su lado, l no le haca caso.
Pero un da Jos entr en la casa para hacer su trabajo y, como no haba nadie all,
ella lo agarr de la ropa y le dijo: -Acustate conmigo. Pero l sali corriendo y dej su ropa en las manos de ella.
Cuando ella vio que al salir le haba dejado la ropa en sus manos,
llam a los siervos de la casa y les dijo: -Miren, mi esposo nos trajo un hebreo que ahora se burla de nosotros. Entr a verme y quera acostarse conmigo, pero yo grit muy fuerte;
y cuando me oy gritar con todas mis fuerzas, sali corriendo y hasta dej aqu su ropa.
Luego, ella guard la ropa de Jos hasta que su amo lleg a la casa.
Entonces le cont lo mismo, y dijo: -El esclavo hebreo que nos trajiste entr en mi cuarto y quiso deshonrarme,
pero cuando grit con todas mis fuerzas, sali corriendo y dej su ropa aqu.
As me trat tu esclavo. El amo de Jos se enoj mucho al or lo que su esposa le estaba contando,
as que agarr a Jos y orden que lo metieran en la crcel, donde estaban los presos del rey. Pero aun en la crcel
el Seor sigui estando con Jos y mostrndole su bondad, pues hizo que se ganara la simpata del jefe de la crcel,
el cual dej todos los presos a su cargo. Jos era el que daba las rdenes para todo lo que all se haca,
y el jefe de la crcel no tena que revisar nada de lo que estaba a cargo de Jos, porque el Seor estaba con l y haca que todo le saliera bien.
Despus de esto, el copero, o sea el encargado de servirle vino al rey, y tambin el panadero, ofendieron a su amo, el rey de Egipto.
El faran, o sea el rey, se enoj contra estos dos funcionarios, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos,
y los mand presos a la casa del capitn de la guardia, donde estaba la crcel. Era el mismo lugar donde Jos estaba preso.
El capitn de la guardia encarg a Jos que atendiera a estos funcionarios, y ellos pasaron mucho tiempo en la crcel.
Una noche los dos presos, el copero y el panadero, tuvieron cada uno un sueo, y cada sueo tena su propio significado.
Por la maana, cuando Jos vino a verlos, los encontr muy preocupados;
as que les pregunt: -Por qu tienen hoy tan mala cara?
-Tuvimos un sueo y no hay quien nos explique lo que quiere decir -contestaron ellos. -Y acaso no es Dios quien da las interpretaciones? -pregunt Jos-. Vamos, cuntenme lo que soaron.
Entonces el jefe de los coperos le cont su sueo a Jos con estas palabras: -En mi sueo vea una vid,
que tena tres ramas. Y la vid retoaba y echaba flores, y las flores se convertan en racimos de uvas maduras.
Yo tena la copa del faran en la mano, y tomaba las uvas y las exprima en la copa. Luego, yo mismo pona la copa en manos del faran.
Y Jos le dijo: -El sueo de usted quiere decir esto: las tres ramas son tres das,
y dentro de tres das el faran revisar el caso de usted y lo pondr de nuevo en su trabajo, y usted volver a darle la copa al faran, tal como antes lo haca.
Cuando esto suceda, acurdese usted de m, y por favor hblele de m al faran para que me saque de este lugar. Compadzcase de m!
A m me robaron de la tierra de los hebreos, y no merezco estar en la crcel porque no he hecho nada malo.
Cuando el jefe de los panaderos vio que Jos haba dado una interpretacin favorable, le dijo: -Por mi parte, yo so que tena tres canastillos de pan blanco sobre mi cabeza.
El canastillo de arriba tena un gran surtido de pasteles para el faran, pero las aves venan a comer del canastillo que estaba sobre mi cabeza.
Entonces Jos le contest: -El sueo de usted quiere decir esto: los tres canastillos son tres das,
y dentro de tres das el faran revisar el caso de usted y har que lo cuelguen de un rbol, y las aves se comern su carne.
Al tercer da era el cumpleaos del faran, y l hizo una gran fiesta para todos sus funcionarios. Delante de sus invitados, el faran mand sacar de la crcel al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos.
Al copero lo puso de nuevo en su trabajo, y l volvi a darle la copa al faran, como antes;
pero al panadero lo mand ahorcar, tal como Jos lo haba interpretado.
Sin embargo, el copero no volvi a acordarse de Jos.
Pasaron dos aos. Un da, el faran so que estaba de pie a la orilla del ro Nilo,
y que del ro salan siete vacas hermosas y gordas, que coman hierba entre los juncos.
Detrs de ellas, siete vacas feas y flacas salieron del ro y se pusieron en la orilla, cerca de las otras.
Luego, estas vacas feas y flacas se comieron a las siete vacas hermosas y gordas. El faran se despert,
pero se volvi a dormir y tuvo otro sueo: vea que siete espigas de trigo llenas y hermosas crecan en un solo tallo.
Detrs de ellas salieron otras siete espigas, secas y quemadas por el viento del este,
y estas espigas secas se comieron a las siete espigas gruesas y llenas. El faran se despert, y se dio cuenta de que era un sueo.
Pero al da siguiente por la maana estaba muy preocupado, y orden que vinieran todos los adivinos y sabios de Egipto. El faran les cont sus sueos, pero ninguno de ellos pudo decirle lo que significaban.
Entonces el jefe de los coperos le dijo al faran: -Ahora me acuerdo de lo mal que me he portado.
Cuando Su Majestad se enoj con el jefe de los panaderos y con este servidor suyo, nos mand a los dos a la crcel del capitn de la guardia.
Una noche, el jefe de los panaderos tuvo un sueo y yo tuve otro, y cada sueo tena su propio significado.
En ese lugar estaba con nosotros un joven hebreo, que era esclavo del capitn de la guardia. Le contamos nuestros sueos y l los interpret, y nos dijo su significado.
Y todo pas tal como l nos lo haba dicho! Yo volv de nuevo a mi trabajo, y el otro fue ahorcado.
Entonces el faran mand llamar a Jos, y lo sacaron inmediatamente de la crcel. Jos se cort el pelo, se cambi de ropa y se present delante del faran.
Y el faran le dijo: -He tenido un sueo y no hay quien pueda interpretarlo, pero he sabido que cuando t oyes un sueo lo puedes interpretar.
-Eso no depende de m -contest Jos-; pero Dios le dar a Su Majestad una contestacin para su bien.
El faran le dijo a Jos: -En mi sueo, yo estaba de pie a la orilla del ro Nilo,
y del ro salieron siete vacas gordas y hermosas, que coman hierba entre los juncos.
Detrs de ellas salieron otras siete vacas, muy feas y flacas. Jams haba visto yo vacas tan feas en todo Egipto!
Estas vacas flacas y feas se comieron a las primeras siete vacas gordas;
pero aunque ya se las haban comido, nadie podra haberse dado cuenta, porque seguan tan flacas como antes. "Me despert,
pero despus tuve otro sueo en el que siete espigas de trigo, llenas y hermosas, crecan en un mismo tallo.
Detrs de ellas crecan otras siete espigas, secas, delgadas y quemadas por el viento del este.
Estas espigas secas se comieron a las siete espigas hermosas. Yo les cont esto a los adivinos, pero ninguno de ellos pudo decirme su significado."
Entonces Jos le contest al faran: -Los dos sueos que tuvo Su Majestad, son uno solo. Dios le ha anunciado a usted lo que l va a hacer.
Las siete vacas hermosas son siete aos, lo mismo que las siete espigas hermosas. Es el mismo sueo.
Las siete vacas flacas y feas que salieron detrs de las otras, tambin son siete aos; lo mismo que las siete espigas secas y quemadas por el viento del este. Estos sern siete aos de escasez.
Es tal como se lo he dicho: Dios le ha anunciado a Su Majestad lo que l va a hacer.
Van a venir siete aos de mucha abundancia en todo Egipto,
y despus vendrn siete aos de gran escasez. Nadie se acordar de la abundancia que hubo en Egipto, porque la escasez arruinar al pas.
Ser tan grande la escasez, que no quedarn seales de la abundancia que antes hubo.
Su Majestad tuvo el mismo sueo dos veces, porque Dios est decidido a hacer esto, y lo va a hacer muy pronto.
"Por lo tanto, sera bueno que Su Majestad buscara un hombre inteligente y sabio, para que se haga cargo del pas.
Haga Su Majestad lo siguiente: nombre Su Majestad gobernadores que vayan por todo el pas y recojan la quinta parte de todas las cosechas de Egipto, durante los siete aos de abundancia.
Que junten todo el trigo de los buenos aos que vienen; que lo pongan en un lugar bajo el control de Su Majestad, y que lo guarden en las ciudades para alimentar a la gente.
As el trigo quedar guardado para el pas, para que la gente no muera de hambre durante los siete aos de escasez que habr en Egipto."
El plan les pareci bien al faran y a sus funcionarios,
as que el faran les dijo: -Podremos encontrar otro hombre como este, que tenga el espritu de Dios?
Y a Jos le dijo: -No hay nadie ms inteligente y sabio que t, pues Dios te ha hecho saber todo esto.
T te hars cargo de mi palacio, y todo mi pueblo obedecer tus rdenes. Solo yo ser ms que t, porque soy el rey.
Mira, yo te nombro gobernador de todo el pas de Egipto. Al decir esto,
el faran se quit de la mano el anillo que tena su sello oficial y se lo puso a Jos. Luego orden que lo vistieran con ropas de lino muy fino y que le pusieran un collar de oro en el cuello.
Despus lo hizo subir en el carro que siempre iba despus del suyo, y orden que gritaran delante de l: "Abran paso!" As fue como Jos qued al frente de todo el pas de Egipto.
Luego el faran le dijo: -Aunque yo soy el faran, nadie en todo Egipto mover un dedo sin tu permiso.
El faran le puso a Jos el nombre egipcio de Safenat-panah, y lo cas con Asenat, la hija de Potifera, sacerdote de la ciudad de On. As qued Jos al frente de Egipto.
Jos tena treinta aos cuando lo llevaron ante el faran, el rey de Egipto. Jos se despidi del faran y comenz a viajar por todo Egipto.
La tierra produjo muchsimo durante los siete aos de abundancia,
y Jos recogi todo el trigo que hubo en el pas durante esos siete aos; lo guard en las ciudades, dejando en cada ciudad el trigo recogido en los campos vecinos.
Jos recogi trigo como si fuera arena del mar. Era tanto el trigo, que dej de medirlo, pues no se poda llevar la cuenta.
Antes de que empezaran los aos de escasez, Jos tuvo dos hijos con su esposa Asenat.
Al primero lo llam Manass, porque dijo: "Dios me ha hecho olvidar todos mis sufrimientos y a todos mis parientes."
Al segundo lo llam Efran, porque dijo: "Dios me ha hecho tener hijos en el pas donde he sufrido."
Pasaron los siete aos de abundancia que hubo en Egipto,
y comenzaron los siete aos de escasez, tal como Jos lo haba dicho. Hubo hambre en todos los pases, menos en Egipto, pues all haba qu comer;
y cuando los habitantes de Egipto comenzaron a tener hambre, fueron a pedirle trigo al faran. Entonces el faran les dijo a todos los egipcios: "Vayan a ver a Jos, y hagan lo que l les diga."
Cuando el hambre se extendi por todo el pas, Jos abri todos los graneros donde haba trigo, para venderlo a los egipcios; pues el hambre era cada vez peor.
Y venan de todos los pases a Egipto, a comprarle trigo a Jos, pues en ningn pas haba qu comer.
Cuando Jacob supo que en Egipto haba trigo, les dijo a sus hijos: "Qu hacen ah, mirndose unos a otros?
Me han dicho que en Egipto hay trigo. Vayan all y compren trigo para nosotros, para que podamos seguir viviendo."
Entonces diez de los hermanos de Jos fueron a Egipto a comprar trigo;
pero Jacob no dej ir a Benjamn, el hermano de Jos, porque pens que podra pasarle algo malo.
Los hijos de Israel fueron entre otros que tambin iban a comprar, porque en toda la tierra de Canan haba hambre.
Jos era el gobernador del pas, y el que venda trigo a la gente que llegaba de todas partes. Cuando sus hermanos se presentaron ante l, se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente.
Jos reconoci a sus hermanos en cuanto los vio; pero hizo como que no los conoca, y les pregunt en forma brusca: -Ustedes!, de dnde vienen? -Venimos de Canan, a comprar trigo -contestaron ellos.
Aunque Jos reconoci a sus hermanos, ellos no lo reconocieron a l.
Entonces Jos se acord de los sueos que haba tenido acerca de ellos, y les dijo: -Ustedes son espas. Solo vienen a ver cules son los puntos dbiles del pas.
-No, seor! -contestaron ellos-. Nosotros sus servidores hemos venido a comprar trigo.
Todos nosotros somos hijos del mismo padre. Somos gente honrada. Nunca hemos sido espas.
-No es cierto -insisti Jos-. Ustedes vienen a ver cules son los puntos dbiles del pas.
Pero ellos contestaron: -Los servidores de usted somos doce hermanos, hijos del mismo padre, y vivimos en Canan. Nuestro hermano menor se ha quedado con nuestro padre, y el otro ya no est con nosotros.
Sin embargo, Jos volvi a decirles: -Tal como dije! Ustedes son espas,
y con esto vamos a probarlo: les juro por el faran que no saldrn de aqu hasta que venga su hermano menor.
Que vaya uno de ustedes a traerlo. Los dems se quedarn presos. Vamos a ver si es cierto lo que han dicho, y si no es cierto, es que son espas. Lo juro por el faran!
Jos los tuvo presos a todos ellos durante tres das,
pero al tercer da les dijo: -Yo tengo temor de Dios. Hagan esto y se les perdonar la vida:
si son de veras honrados, dejen en la crcel a uno de sus hermanos, y los dems vayan y lleven trigo para que coman sus familias.
Triganme luego a su hermano menor, y veremos si han dicho la verdad. Si no, morirn. Ellos aceptaron,
pero se decan el uno al otro: -Verdaderamente nos portamos muy mal con nuestro hermano, pues no le hicimos caso cuando nos rogaba que le tuviramos compasin, aunque veamos que estaba afligido. Por eso ahora nos ha venido esta afliccin.
Y Rubn les contest: -Yo les dije que no le hicieran dao al muchacho; pero no me hicieron caso, y ahora tenemos que responder por su muerte.
Ellos no saban que Jos les entenda, porque l haba estado hablndoles por medio de un intrprete.
Jos se apart de ellos y se puso a llorar. Cuando regres a donde ellos estaban y pudo hablarles, apart a Simen y, a la vista de ellos, hizo que lo ataran.
Despus orden que les llenaran de trigo sus costales, que le devolvieran a cada uno su dinero, ponindolo dentro de cada costal, y que les dieran comida para el camino. As se hizo.
Entonces ellos cargaron el trigo en sus asnos, y se fueron de all.
Cuando llegaron al lugar donde iban a pasar la noche, uno de ellos abri su costal para darle de comer a su asno, y vio que su dinero estaba all, en la boca del costal.
Entonces les dijo a sus hermanos: -Miren, me devolvieron mi dinero! Aqu est, en mi costal! Todos ellos se asustaron mucho, y temblando de miedo se decan el uno al otro: -Qu es lo que Dios nos ha hecho?
Cuando llegaron a Canan, le contaron a su padre Jacob todo lo que les haba pasado, y le dijeron:
-El hombre que gobierna en aquel pas nos habl en forma muy brusca, y nos acus de haber ido a su pas como espas.
Pero nosotros le dijimos que ramos gente honrada y que nunca habamos sido espas;
que ramos doce hermanos, hijos del mismo padre; que uno ya no estaba con nosotros, y que el menor se haba quedado contigo en Canan.
Entonces l nos dijo: 'Con esto voy a ver si ustedes son de veras honrados. Dejen aqu conmigo a uno de sus hermanos y vayan a llevar un poco de trigo para sus familias,
pero triganme a su hermano menor. As podr estar seguro de que ustedes son gente honrada y no espas; entonces dejar libre a su otro hermano y ustedes podrn andar libremente por este pas.'
En el momento de vaciar sus costales, los hermanos de Jos vieron que en cada costal haba una bolsita con el dinero de cada uno de ellos. Al ver las bolsitas con el dinero, tanto ellos como su padre se asustaron.
Entonces Jacob les dijo: -Ustedes me estn dejando sin hijos. Jos ya no est con nosotros, Simen tampoco, y ahora me van a quitar a Benjamn! Y siempre el perjudicado soy yo!
Entonces Rubn le dijo a su padre: -Deja a Benjamn a mi cuidado, y yo te lo devolver. Si no te lo devuelvo, puedes matar a mis dos hijos.
Pero Jacob contest: -Mi hijo no ir con ustedes. Su hermano Jos ha muerto y solo queda l. Si le pasa algo malo en el viaje que van a hacer, ustedes tendrn la culpa de que este viejo se muera de tristeza.
El hambre aumentaba en el pas,
as que cuando Jacob y sus hijos se comieron lo que les quedaba del trigo que haban llevado de Egipto, Jacob les dijo: -Vayan otra vez y compren un poco de trigo para nosotros.
Pero Jud le contest: -Aquel hombre nos dijo bien claro: 'Si no traen aqu a su hermano menor, no vengan a verme.'
As pues, si lo dejas ir con nosotros, iremos a comprarte trigo;
pero si no lo dejas ir, no iremos. Aquel hombre nos dijo: 'Si no traen aqu a su hermano menor, no vengan a verme.'
Entonces dijo Israel: -Por qu me han hecho tanto mal? Por qu le dijeron a ese hombre que tenan otro hermano?
Y ellos contestaron: -Es que l nos preguntaba mucho acerca de nosotros y de nuestra familia. Nos dijo: 'Vive todava su padre? Tienen otro hermano?' Y nosotros no hicimos ms que contestar a sus preguntas. Cmo bamos a saber que nos dira: 'Traigan a su hermano'?
Jud le dijo a su padre Israel: -Si queremos vivir, deja que vaya el muchacho bajo mi cuidado, y nos iremos en seguida. As no moriremos ni t, ni nosotros, ni nuestros hijos.
Yo te respondo por l; a m me pedirs cuentas de lo que le pase. Si no te lo devuelvo en este mismo lugar, ser el culpable delante de ti para toda la vida.
Si no nos hubiramos demorado tanto aqu, ya hubiramos ido y venido dos veces!
Entonces su padre les contest: -Puesto que no hay otro remedio, hagan esto: lleven en sus costales un regalo para ese hombre. Llvenle de lo mejor que el pas produce: un poco de blsamo, un poco de miel, perfumes, mirra, nueces y almendras.
Lleven tambin el doble del dinero, y entreguen personalmente el dinero que les devolvieron; tal vez fue un error.
Vamos!, tomen a su hermano y vayan otra vez a ver a ese hombre.
Que el Dios todopoderoso le haga tener compasin de ustedes, para que deje libre a su otro hermano y a Benjamn. En cuanto a m, si he de quedarme sin hijos, pues me quedar sin hijos!
Los hijos de Jacob tomaron los regalos, el doble del dinero, y a Benjamn, y se fueron a Egipto. Cuando llegaron ante Jos,
y Jos vio que Benjamn estaba con ellos, le dijo al mayordomo de su casa: -Lleva a estos hombres a mi casa, y mata una vaca y preprala, porque ellos comern conmigo hoy al medioda.
El mayordomo hizo tal como Jos le orden, y los llev personalmente,
pero ellos se asustaron porque los llevaban a la casa de Jos, y se dijeron: -Esto es un pretexto! Nos han trado aqu por el dinero que nos devolvieron la vez pasada. Van a atacarnos y hacernos trabajar como esclavos, junto con nuestros animales.
As que al llegar a la puerta de la casa, se acercaron al mayordomo para hablar con l,
y le dijeron: -Ay, seor! La otra vez vinimos de veras a comprar trigo,
pero cuando llegamos al lugar donde bamos a pasar la noche, abrimos nuestros costales, y ah, en la boca de cada costal, estaba el dinero de cada uno de nosotros. El dinero estaba completo. Ahora lo hemos trado para devolverlo,
y tambin trajimos ms dinero para comprar trigo. Pero no sabemos quin puso nuestro primer dinero en los costales.
El mayordomo contest: -Clmense, no tengan miedo. El Dios de ustedes y de su padre debe de haber puesto ese dinero en sus costales, pues yo recib el dinero que ustedes pagaron. El mayordomo sac a Simen y lo llev a donde estaban ellos;
luego llev a todos a la casa de Jos, les dio agua para que se lavaran los pies, y tambin dio de comer a sus asnos.
Ellos prepararon los regalos y esperaron a que Jos llegara al medioda, pues haban sabido que all iban a comer.
Cuando Jos lleg a la casa, ellos le dieron los regalos que haban trado, y se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente.
Jos les pregunt cmo estaban, y tambin pregunt: -Cmo est su padre, el anciano del cual me hablaron? Vive todava?
Ellos hicieron una reverencia y dijeron: -Nuestro padre, su servidor, est bien. Todava vive.
Jos mir a su alrededor y vio a Benjamn, su hermano de padre y madre, y dijo: -Es este su hermano menor, del cual me hablaron? Que Dios te bendiga, hijo mo! Al decir esto,
Jos se sinti tan emocionado de ver a su hermano, que le dieron ganas de llorar. Rpidamente entr en su cuarto, y all se puso a llorar.
Cuando pudo contener el llanto, se lav la cara y sali, y dijo: "Sirvan ya la comida!"
A Jos le sirvieron en una mesa, a los hijos de Jacob en otra, y en otra distinta a los egipcios que coman con Jos; porque los egipcios tenan prohibido comer junto con los hebreos.
Los hermanos de Jos se sentaron cuando Jos as lo indic, por orden de edad, del mayor al menor; y estaban muy sorprendidos y mirndose unos a otros.
Jos les dio de comer de lo que l tena en su propia mesa, y a Benjamn le dio mucho ms que a los otros. Jos y sus hermanos bebieron juntos y se pusieron muy alegres.
Despus de esto Jos le orden a su mayordomo: -Llena los costales de estos hombres con todo el trigo que puedan llevar, y pon el dinero de cada uno de ellos en la boca de su costal.
Pon tambin mi copa de plata en la boca del costal del hermano menor, junto con el dinero que pag por su trigo. El mayordomo hizo lo que Jos le orden.
Con los primeros rayos del sol, Jos permiti que sus hermanos se fueran con sus asnos.
Todava no estaban muy lejos de la ciudad, cuando Jos le dijo a su mayordomo: -Ve a perseguir a esos hombres, y diles cuando los alcances: 'Por qu han pagado bien con mal? Por qu han robado la copa de plata
que mi amo usa para beber y para adivinar? Han hecho muy mal!'
Cuando el mayordomo los alcanz, les repiti las mismas palabras,
y ellos le contestaron: -Por qu nos habla usted de ese modo? Jams haramos semejante cosa!
Si regresamos desde Canan a devolver el dinero que encontramos en la boca de nuestros costales, cmo bamos a robar plata ni oro de la casa de su amo?
Que muera cualquiera de estos servidores suyos al que se le encuentre la copa, y hasta nosotros seremos sus esclavos!
Entonces el mayordomo dijo: -Se har como ustedes dicen, pero solo el que tenga la copa ser mi esclavo; los dems quedarn libres de culpa.
Cada uno de ellos baj rpidamente su costal hasta el suelo, y lo abri.
El mayordomo busc en cada costal, comenzando por el del hermano mayor hasta el del hermano menor, y encontr la copa en el costal de Benjamn.
Entonces ellos rasgaron su ropa en seal de dolor. Despus cada uno ech la carga sobre su asno, y regresaron a la ciudad.
Cuando Jud y sus hermanos llegaron a la casa de Jos, todava estaba l all. Entonces se inclinaron delante de l hasta tocar el suelo con la frente,
mientras Jos les deca: -Qu es lo que han hecho? No saben que un hombre como yo sabe adivinar?
Jud contest: -Qu podemos responderle a usted? Cmo podemos probar nuestra inocencia? Dios nos ha encontrado en pecado. Aqu nos tiene usted; somos sus esclavos, junto con el que tena la copa.
Pero Jos dijo: -De ninguna manera. Solo aquel que tena la copa ser mi esclavo. Los otros pueden regresar tranquilos a la casa de su padre. Nadie los molestar.
Entonces Jud se acerc a Jos y le dijo: -Yo le ruego a usted, seor, que me permita decirle algo en secreto. Por favor, no se enoje conmigo, pues usted es como si fuera el mismo faran.
Usted nos pregunt si tenamos padre o algn otro hermano,
y nosotros le contestamos que tenamos un padre anciano y un hermano todava muy joven, que naci cuando nuestro padre ya era anciano. Tambin le dijimos que nuestro padre lo quiere mucho, pues es el nico hijo que le queda de la misma madre, porque su otro hermano muri.
Entonces usted nos pidi que lo trajramos, porque quera conocerlo.
Nosotros le dijimos que el muchacho no poda dejar a su padre, porque si lo dejaba, su padre morira.
Pero usted nos dijo que si l no vena con nosotros, no volvera a recibirnos.
"Cuando regresamos junto a mi padre, le contamos todo lo que usted nos dijo.
Entonces nuestro padre nos orden: 'Regresen a comprar un poco de trigo';
pero nosotros le dijimos: 'No podemos ir, a menos que nuestro hermano menor vaya con nosotros; porque si l no nos acompaa, no podremos ver a ese seor.'
Y mi padre nos dijo: 'Ustedes saben que mi esposa me dio dos hijos;
uno de ellos se fue de mi lado, y desde entonces no lo he visto. Estoy seguro de que un animal salvaje lo despedaz.
Si se llevan tambin a mi otro hijo de mi lado, y le pasa algo malo, ustedes tendrn la culpa de que este viejo se muera de tristeza.'
"As que la vida de mi padre est tan unida a la vida del muchacho que, si el muchacho no va con nosotros cuando yo regrese,
nuestro padre morir al no verlo. As nosotros tendremos la culpa de que nuestro anciano padre se muera de tristeza.
Yo le dije a mi padre que me hara responsable del muchacho, y tambin le dije: 'Si no te lo devuelvo, ser el culpable delante de ti para toda la vida.'
Por eso yo le ruego a usted que me permita quedarme como su esclavo, en lugar del muchacho. Deje usted que l se vaya con sus hermanos.
Porque, cmo voy a regresar junto a mi padre, si el muchacho no va conmigo? No quiero ver el mal que sufrira mi padre."
Jos ya no pudo contenerse delante de todos los que estaban a su servicio, y grit: "Salgan todos de aqu!" As que ninguno de sus siervos estaba all con Jos cuando l se dio a conocer a sus hermanos.
Entonces se puso a llorar tan fuerte que todos los egipcios lo supieron, y la noticia lleg hasta el palacio del faran.
Jos les dijo a sus hermanos: -Yo soy Jos. Vive mi padre todava? Ellos estaban tan asustados de estar delante de l, que no podan contestarle.
Pero Jos les dijo: -Por favor, acrquense a m. Cuando ellos se acercaron, l les dijo: -Yo soy su hermano Jos, el que ustedes vendieron a Egipto;
pero, por favor, no se aflijan ni se enojen con ustedes mismos por haberme vendido, pues Dios me mand antes que a ustedes para salvar vidas.
Ya van dos aos de hambre en el pas, y todava durante cinco aos ms no se cosechar nada, aunque se siembre.
Pero Dios me envi antes que a ustedes para hacer que les queden descendientes sobre la tierra, y para salvarles la vida de una manera extraordinaria.
As que fue Dios quien me mand a este lugar, y no ustedes; l me ha puesto como consejero del faran y amo de toda su casa, y como gobernador de todo Egipto.
Vayan pronto a donde est mi padre, y dganle: 'As dice tu hijo Jos: Dios me ha puesto como seor de todo Egipto. Ven a verme. No tardes.
Vivirs en la regin de Gosen, junto con tus hijos y nietos, y con todos tus animales y todo lo que tienes. As estars cerca de m.
Aqu les dar alimentos a ti y a tu familia, y a todos los que estn contigo, para que no les falte nada; pues todava habr hambre durante cinco aos ms.'
Mi hermano Benjamn y ustedes son testigos de que yo mismo he dicho esto.
Cuntenle a mi padre acerca de toda mi autoridad en Egipto, y de todo lo que han visto aqu. Pronto, vayan a traer a mi padre!
Jos abraz a su hermano Benjamn, y comenz a llorar. Tambin Benjamn llor abrazado a Jos.
Luego Jos bes a todos sus hermanos, y llor al abrazarlos. Despus de esto, sus hermanos se atrevieron a hablarle.
Por el palacio del faran corri la noticia de que los hermanos de Jos haban llegado, y el faran se alegr junto con sus funcionarios.
Y le dijo el faran a Jos: -Di a tus hermanos que carguen sus animales y regresen a Canan,
y que me traigan a su padre y a sus familias. Yo les dar lo mejor de la tierra de Egipto, y comern de lo mejor que el pas produce.
Ordnales que de aqu, de Egipto, lleven carretas para traer a sus mujeres y nios, y tambin al padre de ustedes. Que vengan
y que no se preocupen por lo que tienen ahora, porque lo mejor de todo Egipto ser de ellos.
Los hijos de Israel lo hicieron as. Jos les dio las carretas que el faran haba ordenado, y alimentos para el camino;
tambin les dio ropa nueva para cambiarse, pero a Benjamn le dio trescientas monedas de plata y cinco mudas de ropa.
A su padre le mand diez asnos cargados con lo mejor que haba en Egipto, otros diez asnos cargados de trigo, y pan y comida para que su padre comiera en el camino.
Cuando Jos se despidi de sus hermanos, les dijo: -No vayan peleando por el camino. Ellos se fueron.
Salieron de Egipto y llegaron a Canan, donde viva su padre Jacob.
Cuando le contaron a Jacob que Jos viva todava, y que l era el que gobernaba en todo Egipto, no supo qu hacer o qu decir, pues no poda creer lo que le estaban diciendo.
Pero cuando ellos le contaron todo lo que Jos les haba dicho, y cuando vio las carretas que Jos haba mandado para llevarlo, se entusiasm muchsimo.
Entonces dijo: "Me basta saber que mi hijo Jos vive todava! Ir a verlo antes de morir."
Israel se puso en camino con todo lo que tena. Cuando lleg a Beerseba, ofreci sacrificios al Dios de su padre Isaac.
Esa noche Dios habl con Israel en una visin, llamndolo por su nombre, Jacob. Y l contest: -Aqu estoy.
Entonces Dios dijo: -Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de ir a Egipto, porque all har de tus descendientes una gran nacin.
Ir contigo a Egipto, y yo mismo sacar de all a tus descendientes. Adems, cuando mueras, Jos estar a tu lado.
Despus Jacob se fue de Beerseba. Los hijos de Israel pusieron a su padre, y a los hijos y mujeres de ellos, en las carretas que el faran haba enviado para llevarlos.
Jacob y todos los suyos se fueron a Egipto, y se llevaron sus vacas y ovejas y todo lo que haban llegado a tener en Canan.
Todos sus hijos, hijas, nietos y nietas, se fueron con l.
Estos son los nombres de los israelitas que fueron a Egipto; es decir, Jacob y sus descendientes: Rubn, el hijo mayor de Jacob.
Los hijos de Rubn: Hanoc, Fal, Hesrn y Carm.
Los hijos de Simen: Jemuel, Jamn, had, Jaqun, Shar y Sal, que era hijo de una mujer cananea.
Los hijos de Lev: Guersn, Quehat y Merar.
Los hijos de Jud: Er, Onn, Sel, Fares y Zrah. (Er y Onn haban muerto en Canan.) Los hijos de Fares fueron Hesrn y Hamul.
Los hijos de Isacar: Tol, Puv, Job y Simrn.
Los hijos de Zabuln: Sred, Eln y Jahleel.
Estos fueron los hijos que La le dio a Jacob cuando estaban en Padn-aram, adems de su hija Dina. Todos sus descendientes fueron treinta y tres personas, contando hombres y mujeres.
Los hijos de Gad: Sefn, Hagu, Esbn, Sun, Er, Arod y Arel.
Los hijos de Aser: Imn, Isv, Isv, Beri y la hermana de ellos, que se llamaba Srah. Los hijos de Beri fueron Hber y Malquiel.
Estos fueron los hijos que Zilp le dio a Jacob. Ella era la esclava que Labn le regal a su hija La, y sus descendientes fueron diecisis personas en total.
Los hijos de Raquel, la esposa de Jacob: Jos y Benjamn.
Los hijos que Jos tuvo con Asenat fueron Manass y Efran, que nacieron en Egipto. Asenat era hija de Potifera, sacerdote de On.
Los hijos de Benjamn fueron Bela, Bquer, Asbel, Guer, Naamn, Ehi, Ros, Mupim, Hupim y Ard.
Estos fueron los descendientes de Raquel y Jacob, catorce personas en total.
El hijo de Dan: Husim.
Los hijos de Neftal: Jahseel, Gun, Jezer y Silem.
Estos fueron los hijos que Bilh le dio a Jacob. Ella era la esclava que Labn le regal a su hija Raquel, y sus descendientes fueron siete personas en total.
Todas las personas que llegaron con Jacob a Egipto, y que eran de su misma sangre, fueron sesenta y seis, sin contar las esposas de sus hijos.
Los hijos de Jos fueron dos, que nacieron en Egipto. As que a Egipto llegaron setenta personas de la familia de Jacob.
Jacob envi antes a Jud a ver a Jos, para que viniera a recibirlo a la regin de Gosen. Cuando llegaron a Gosen,
Jos orden que prepararan su carro para ir a recibir a su padre. Cuando se present delante de su padre, lo abraz y estuvo llorando largo rato sobre su hombro.
Entonces Israel le dijo a Jos: -Despus de verte personalmente y encontrarte vivo todava, ya puedo morirme!
Jos les dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: -Voy a ver al faran, para darle la noticia. Le dir que mis hermanos y los parientes de mi padre, que vivan en Canan, han venido a quedarse conmigo;
y que han trado sus ovejas y vacas y todo lo que tenan, porque su trabajo es cuidar ovejas y criar ganado.
Entonces, cuando el faran los llame y les pregunte en qu trabajan,
ustedes dganle que siempre se han dedicado a criar ovejas, igual que sus antepasados. As podrn quedarse a vivir en la regin de Gosen, porque los egipcios tienen prohibido convivir con los pastores de ovejas.
Jos fue a darle la noticia al faran. Le dijo que su padre y sus hermanos haban llegado de Canan, y que ya estaban en la regin de Gosen con sus ovejas y vacas y todo lo que tenan.
Escogi a cinco de sus hermanos y se los present al faran, para que los conociera.
Entonces el faran pregunt a los hermanos de Jos: -A qu se dedican ustedes? Y ellos le contestaron: -Los servidores de Su Majestad somos pastores de ovejas, igual que nuestros antepasados.
Hemos venido para quedarnos en este pas, porque hay mucha hambre en Canan y no hay pasto para nuestras ovejas. Por favor, permita Su Majestad que nos quedemos a vivir en la regin de Gosen.
Entonces el faran le dijo a Jos: -Tu padre y tus hermanos han venido a reunirse contigo.
La tierra de Egipto est a su disposicin. Dales la regin de Gosen, que es lo mejor del pas, para que se queden a vivir all. Y si sabes que entre ellos hay hombres capaces, ponlos a cargo de mi ganado.
Jos llev tambin a su padre Jacob para presentrselo al faran. Jacob salud con mucho respeto al faran,
y el faran le pregunt: -Cuntos aos tienes ya?
Y Jacob le contest: -Ya tengo ciento treinta aos de ir de un lado a otro. Han sido pocos y malos aos, pues todava no he alcanzado a vivir lo que vivieron mis antepasados.
Despus Jacob se despidi del faran y sali de all.
Y Jos les dio terrenos en la mejor regin de Egipto, para que vivieran all, tal como el faran haba ordenado. As su padre y sus hermanos llegaron a tener terrenos en la regin de Ramss.
Adems, Jos les daba alimentos a todos sus familiares, segn las necesidades de cada familia.
En ninguna parte del pas haba trigo, y el hambre aumentaba ms y ms. Tanto en Egipto como en Canan la gente se mora de hambre.
Jos recogi todo el dinero que los de Egipto y los de Canan le haban pagado por el trigo comprado, y lo guard en el palacio del faran.
Cuando ya no haba dinero ni en Egipto ni en Canan, los egipcios fueron a decirle a Jos: -Dnos usted de comer! No es justo que nos deje morir de hambre, solo porque ya no tenemos dinero.
Y Jos les contest: -Si ya no tienen dinero, traigan sus animales y se los cambiar por trigo.
Los egipcios llevaron sus caballos, ovejas, vacas y asnos a Jos, y a cambio de ellos Jos les dio trigo durante todo ese ao.
Pero pas el ao, y al ao siguiente fueron a decirle a Jos: -No podemos negarle a usted que ya no tenemos dinero; adems, nuestros animales ya son suyos. Ya no tenemos otra cosa que darle, a no ser nuestras tierras y nuestros propios cuerpos.
Cmprenos usted a nosotros y a nuestras tierras, a cambio de trigo. Seremos esclavos del faran y trabajaremos nuestras tierras para l, con tal de que usted nos d semilla para que podamos vivir y para que la tierra no se eche a perder. Por qu tiene usted que dejarnos morir, junto con nuestras tierras?
Entonces Jos compr todas las tierras de Egipto para el faran, pues los egipcios vendieron sus terrenos, obligados por el hambre. As la tierra pas a poder del faran,
y los egipcios fueron hechos esclavos en todo el pas de Egipto.
Los nicos terrenos que Jos no compr fueron los de los sacerdotes, porque el faran les daba cierta cantidad de trigo; as que no tuvieron que vender sus terrenos, porque coman de lo que el faran les daba.
Luego Jos dijo a la gente: -Ahora ustedes y sus terrenos son del faran, pues yo los he comprado para l. Aqu tienen semilla para sembrar la tierra,
pero debern darle al faran la quinta parte de las cosechas; las otras cuatro partes sern para que siembren la tierra y para que coman ustedes, sus hijos y todos los que viven con ustedes.
Y ellos contestaron: -Usted es muy bondadoso con nosotros, pues nos ha salvado la vida. Seremos esclavos del faran!
As Jos puso por ley que en toda la tierra de Egipto se diera al faran la quinta parte de las cosechas. Esta ley todava existe; pero los sacerdotes no tienen que pagar nada, porque sus tierras nunca llegaron a ser del faran.
Los israelitas se quedaron a vivir en Egipto. Tomaron posesin de la regin de Gosen, y all llegaron a ser muy numerosos.
Jacob vivi diecisiete aos en Egipto, y lleg a la edad de ciento cuarenta y siete aos.
Un da Israel sinti que ya pronto iba a morir. Entonces mand llamar a su hijo Jos para decirle: -Si de veras quieres hacerme un favor, pon tu mano debajo de mi muslo y jrame que hars lo que te voy a pedir. Por favor, no me entierres en Egipto!
Cuando yo vaya a descansar junto con mis antepasados, scame de Egipto y entirrame en el sepulcro de ellos. -As lo har -contest Jos.
-Jramelo! -insisti su padre. Jos se lo jur, y entonces Israel se inclin sobre la cabecera de su cama.
Poco tiempo despus le dijeron a Jos que su padre estaba enfermo. Entonces Jos fue a verlo, y llev a sus dos hijos, Manass y Efran.
Cuando dieron aviso a Jacob de que su hijo Jos haba llegado a verlo, hizo un esfuerzo y se sent en la cama.
Y le dijo a Jos: -El Dios todopoderoso se me apareci en la ciudad de Luz, en la tierra de Canan, y me bendijo
con estas palabras: 'Mira, yo har que tengas muchos hijos, y que tus descendientes lleguen a formar un conjunto de naciones. Adems, a tu descendencia le dar esta tierra. Ser de ellos para siempre.'
Ahora bien, tus hijos Efran y Manass, que te nacieron aqu en Egipto antes de que yo viniera a reunirme contigo en este pas, me pertenecen a m. Ellos son tan mos como lo son Rubn y Simen.
Los hijos que tengas despus de ellos te pertenecern a ti y, por ser hermanos de Efran y Manass, tendrn parte en su herencia.
Cuando yo regresaba de Padn-aram, se me muri tu madre Raquel en Canan, poco antes de llegar a Efrat; y la enterr all, en el camino de Efrat, que ahora es Beln.
De pronto Israel se fij en los hijos de Jos, y pregunt: -Y estos, quines son?
-Son los hijos que Dios me ha dado aqu en Egipto -contest Jos. Entonces su padre le dijo: -Por favor, acrcalos ms a m, para que les d mi bendicin.
Israel era ya muy viejo y le fallaba la vista. No poda ver muy bien, as que Jos acerc los nios a su padre, y l los bes y abraz.
Luego le dijo a Jos: -Ya no esperaba volver a verte y, sin embargo, Dios me ha dejado ver tambin a tus hijos.
Jos quit a los nios de las rodillas de su padre, y se inclin hasta tocar el suelo con la frente.
Luego tom a los dos, a Efran con la mano derecha y a Manass con la izquierda, y los acerc a su padre. As Efran qued a la izquierda de Israel y Manass a su derecha.
Pero al extender Israel sus manos, las cruz y puso la mano derecha sobre la cabeza de Efran, que era el menor, y la mano izquierda sobre la cabeza de Manass, aunque l era el mayor.
Entonces bendijo a Jos de esta manera: "Que el Dios a quien obedecieron Abraham e Isaac, mis padres, el Dios que me ha cuidado desde el da en que nac,
el ngel que me libra de todo mal, bendiga a estos muchachos. Que por medio de ellos se recuerde mi nombre y el nombre de mis padres, Abraham e Isaac. Que lleguen a tener muchos hijos y sean grandes multitudes en el mundo."
Pero a Jos le pareci mal que su padre pusiera la mano derecha sobre la cabeza de Efran, as que tom la mano de su padre para quitarla de la cabeza de Efran y ponerla sobre la de Manass,
mientras le deca: -No, padre, as no! Este es el mayor. Pon tu mano derecha sobre su cabeza.
Pero su padre no quiso hacerlo, y contest: -Ya lo s, hijo, ya lo s! Tambin l llegar a ser una nacin muy importante. Sin embargo, su hermano menor ser ms importante que l, y sus descendientes llegarn a formar muchas naciones.
Ese mismo da Jacob los bendijo con estas palabras: -El pueblo de Israel usar el nombre de ustedes para las bendiciones, y dirn: 'Que Dios haga contigo como hizo con Efran y Manass.' As puso Israel a Efran antes de Manass.
Luego le dijo a Jos: -Mira, yo voy a morir; pero Dios estar con ustedes y los har regresar a la tierra de sus antepasados.
A ti te he dado ms que a tus hermanos: te doy Siquem, que les quit a los amorreos luchando contra ellos.
Jacob llam a sus hijos y les dijo: "Acrquense y les dir lo que les va a pasar en el futuro:
"Acrquense para or, hijos de Jacob, escuchen a su padre Israel.
"T, Rubn, eres mi hijo mayor, mi fuerza y primer fruto de mi vigor, el primero en honor y en poder.
Pero ya no sers el primero, porque eres como un torrente incontenible: pues deshonraste mi cama al acostarte con mi concubina.
"Simen y Lev son hermanos; sus armas son instrumentos de violencia.
Jams quiero estar presente en el lugar de sus reuniones! Pues cuando estaban enojados mataron gentes, y por puro capricho les rompieron las patas a los toros.
Maldito, s, maldito sea su enojo tan salvaje! Yo los dispersar por completo en todo el pueblo de Israel!
"Jud, tus hermanos te alabarn. Tomars por el cuello a tus enemigos, y tus propios hermanos te harn reverencias.
T, Jud, hijo mo! Eres como un cachorro de len cuando deja de devorar a su vctima: se agacha, se echa en el suelo, como si fuera un len grande. Y quin se atrever a molestarlo?
Nadie le quitar el poder a Jud ni el cetro que tiene en las manos, hasta que venga el dueo del cetro, a quien los pueblos obedecern.
El que amarra su burrito a las vias, el que lava toda su ropa con vino, con el jugo de las uvas!
Sus ojos son ms oscuros que el vino; sus dientes, ms blancos que la leche.
"Zabuln vivir a la orilla del mar, en donde habr puertos para barcos. Sus fronteras llegarn hasta Sidn.
"Isacar es un animal de carga que descansa en sus establos.
Cuando vio que el pas era bueno y agradable para descansar, dobl su espalda para llevar carga, y sin protestar se hizo esclavo.
"Dan gobernar a su propia gente como una de las tribus de Israel.
Dan ser igual a una vbora que est junto al camino, que muerde los talones del caballo y hace caer al jinete.
"Oh, Seor, espero que me salves!
"A Gad lo atacar un ejrcito, pero despus l lo perseguir.
"Aser tendr abundancia de pan; dar comidas dignas de reyes.
"Neftal es como una gacela que anda libre y que tiene hermosas cras.
"Jos es como una planta junto al agua, que produce mucho fruto y sus ramas trepan sobre el muro.
Los arqueros lo odian, le tiran flechas y siempre lo estn molestando;
pero Jos tiene brazos fuertes y mantiene firme su arco; gracias al Dios poderoso de Jacob!, gracias al nombre del Pastor, el protector de Israel!,
gracias al Dios de tu padre, que te ayudar; al Dios todopoderoso, que te bendecir! Con bendiciones del alto cielo! Con las bendiciones del mar profundo! Con bendiciones de los pechos y del vientre!
Tu padre te bendijo ms de lo que mis padres me bendijeron. Hasta el fin de los montes eternos, estas bendiciones estarn sobre la cabeza de Jos, que fue escogido entre sus hermanos.
"Benjamn es un lobo feroz, que en la maana se come a su vctima y en la tarde reparte las sobras."
Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al darle a cada uno su bendicin.
Un da, Jacob dio esta orden a sus hijos: "Ya me falta poco para morir. Entirrenme junto a mis antepasados en la cueva que est en el terreno de Efrn el hitita,
all en la tierra de Canan; es decir, la cueva que est en Macpel, frente a Mamr, la que Abraham compr junto con el mismo terreno de Efrn, para que fuera el sepulcro de la familia.
All enterraron a Abraham y a su esposa Sara, a Isaac y a su esposa Rebeca, y all tambin enterr a La.
El terreno y la cueva que all est fueron comprados a los hititas."
Cuando Jacob termin de dar estas instrucciones a sus hijos, volvi a acostarse y muri.
Entonces Jos se abraz al cuerpo de su padre, y llorando lo bes.
Despus orden a los mdicos que estaban a su servicio que embalsamaran el cuerpo de su padre Israel, y as lo hicieron.
Tardaron cuarenta das en embalsamarlo, porque ese es el tiempo que se necesita para hacerlo. Los egipcios guardaron luto por Israel durante setenta das,
y despus de los das de luto, Jos habl con los del palacio del faran y les dijo: -Si me he ganado el aprecio de ustedes, hganme el favor de decirle al faran
que cuando mi padre estaba por morir, me hizo jurarle que yo lo enterrara en el sepulcro que l mismo se prepar, y que est en la tierra de Canan. As que yo le ruego me permita ir a enterrar a mi padre; una vez que lo haya enterrado, regresar.
Y el faran contest: -Ve a enterrar a tu padre, tal como l te lo pidi.
Jos fue a enterrar a su padre, y lo acompaaron todos los funcionarios que tenan autoridad en el palacio del faran y en Egipto,
la propia familia de Jacob, la de Jos, y sus hermanos. En la tierra de Gosen dejaron solamente a los nios y los animales.
Tambin gente con carretas y de a caballo acompa a Jos, as que era muchsima gente.
Cuando llegaron a Goren-ha-atad, que est al oriente del ro Jordn, tuvieron una solemne ceremonia luctuosa. All Jos guard luto por su padre durante siete das.
Cuando los cananeos que vivan en esa regin vieron la ceremonia, dijeron: "Los egipcios tienen un entierro muy solemne." Por eso llamaron Abel-misraim a aquel lugar que est al oriente del Jordn.
Los hijos de Jacob hicieron con su padre todo lo que l les haba pedido,
pues lo llevaron a Canan y lo enterraron en la cueva del terreno de Macpel, que Abraham le haba comprado a Efrn el hitita para que fuera el sepulcro de la familia. Este terreno y la cueva estn al oriente de Mamr.
Despus de haber sepultado a su padre, Jos regres a Egipto junto con sus hermanos y con todos los que lo haban acompaado.
Como Jacob haba muerto, los hermanos de Jos pensaron: "Tal vez Jos nos odia, y se va a vengar de todo el mal que le hicimos."
Entonces le mandaron a decir: "Antes de que tu padre muriera, nos orden
que te dijramos: 'Por favor, te pido que perdones la maldad y pecado de tus hermanos, que tan mal te trataron.' Por eso te rogamos que perdones nuestra maldad, pues somos siervos del Dios de tu padre." Mientras los mensajeros le daban este mensaje, Jos lloraba.
Entonces llegaron sus propios hermanos, se inclinaron delante de l hasta tocar el suelo con la frente, y le dijeron: -Aqu nos tienes. Somos tus esclavos.
Pero Jos les contest: -No tengan miedo. Yo no puedo ponerme en lugar de Dios.
Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambi ese mal en bien para hacer lo que hoy vemos: para salvar la vida de mucha gente.
As que no tengan miedo. Yo les dar de comer a ustedes y a sus hijos. As Jos los tranquiliz, pues les habl con mucho cario.
Jos y la familia de su padre siguieron viviendo en Egipto. Jos vivi ciento diez aos,
y lleg a ver a los bisnietos de Efran. Tambin alcanz a recibir como miembros de la familia a los hijos de su nieto Maquir, que era hijo de Manass.
Un da Jos les dijo a sus hermanos: "Me falta poco para morir, pero Dios vendr a ayudarlos, y los sacar de este pas para llevarlos a la tierra que les prometi a Abraham, Isaac y Jacob."
Entonces hizo que los hijos de Israel le juraran, y les dijo: "En verdad, Dios vendr a ayudarlos. Cuando eso suceda, ustedes deben llevarse de aqu mis restos."
Jos muri en Egipto a la edad de ciento diez aos, y su cuerpo fue embalsamado y puesto en un atad.
Estos son los nombres de los israelitas que llegaron con Jacob a Egipto, cada uno con su familia:
Rubn, Simen, Lev, Jud,
Isacar, Zabuln, Benjamn,
Dan, Neftal, Gad y Aser.
Los descendientes de Jacob sumaban en total setenta personas. Jos ya estaba en Egipto.
Jos y sus hermanos, y todos los de esa generacin, murieron;
pero como los israelitas tenan muchos hijos, se multiplicaron de tal manera que llegaron a ser muy poderosos. El pas estaba lleno de ellos.
Ms tarde hubo un nuevo rey en Egipto, que no haba conocido a Jos, y que le dijo a su pueblo:
"Miren, el pueblo israelita es ms numeroso y ms poderoso que nosotros;
as que debemos tramar algo para impedir que sigan aumentando, porque puede ser que, en caso de guerra, se pongan de parte de nuestros enemigos para pelear contra nosotros y se vayan de este pas."
Por eso los egipcios pusieron capataces encargados de someter a los israelitas a trabajos muy duros. Les hicieron construir las ciudades de Pitn y Ramss, que el faran, rey de Egipto, usaba para almacenar provisiones.
Pero mientras ms los maltrataban, ms aumentaban. As que los egipcios les tenan mucho miedo.
Los egipcios esclavizaron cruelmente a los israelitas.
Les amargaron la vida sometindolos al rudo trabajo de preparar lodo y hacer adobes, y de atender a todos los trabajos del campo. En todo esto los israelitas eran tratados con crueldad.
Adems, el rey de Egipto habl con Sifr y Pu, que eran parteras de las hebreas, y les dijo:
-Cuando atiendan a las hebreas en sus partos, fjense en el sexo del recin nacido. Si es nia, djenla vivir, pero si es nio, mtenlo!
Sin embargo, las parteras tuvieron temor de Dios y no hicieron lo que el rey de Egipto les haba ordenado, sino que dejaron vivir a los nios.
Entonces el rey de Egipto las mand llamar y les dijo:-Por qu han dejado vivir a los nios?
-Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias -contestaron ellas-. Al contrario, son muy robustas y dan a luz antes de que nosotras lleguemos a atenderlas.
De esta manera el pueblo israelita segua creciendo en nmero, y cada vez se haca ms poderoso.
Adems, como las parteras tuvieron temor de Dios, l las favoreci y les concedi una familia numerosa.
El faran, por su parte, orden a todo su pueblo: "Echen al ro a todos los nios hebreos que nazcan, pero a las nias djenlas vivir."
Un hombre de la tribu de Lev se cas con una mujer de la misma tribu,
la cual qued embarazada y tuvo un hijo. Al ver ella que el nio era hermoso, lo escondi durante tres meses;
pero, no pudiendo tenerlo escondido por ms tiempo, tom un canastillo de junco, le tap todas las rendijas con asfalto natural y brea, para que no le entrara agua, y luego puso al nio dentro del canastillo y lo dej entre los juncos a la orilla del ro Nilo;
adems le dijo a una hermana del nio que se quedara a cierta distancia, y que estuviera al tanto de lo que pasara con l.
Ms tarde, la hija del faran baj a baarse al ro y, mientras sus sirvientas se paseaban por la orilla, vio el canastillo entre los juncos. Entonces mand a una de sus esclavas que se lo trajera.
Al abrir el canastillo y ver que all dentro haba un nio llorando, la hija del faran sinti compasin de l y dijo:-Este es un nio hebreo.
Entonces la hermana del nio propuso a la hija del faran:-Le parece a usted bien que llame a una nodriza hebrea, para que le d el pecho a este nio?
-Ve por ella -contest la hija del faran. Entonces la muchacha fue por la madre del nio,
y la hija del faran le dijo:-Toma a este nio y cramelo, y yo te pagar por tu trabajo. La madre del nio se lo llev y lo cri,
y ya grande se lo entreg a la hija del faran, la cual lo adopt como hijo suyo y lo llam Moiss, pues dijo:-Yo lo saqu del agua.
Cuando Moiss era ya hombre, sali un da a visitar a sus hermanos de raza y se dio cuenta de que sus trabajos eran muy duros. De pronto vio que un egipcio estaba golpeando a uno de sus hermanos hebreos.
Entonces mir bien a todos lados y, al no ver a nadie por all, mat al egipcio y lo enterr en la arena.
Al da siguiente volvi a salir, y vio que dos hebreos se estaban peleando. Entonces pregunt al que maltrataba al otro:-Por qu golpeas a uno de tu propia raza?
Y aquel hebreo le contest:-Y quin te ha puesto a ti como jefe y juez entre nosotros? Acaso piensas matarme, como mataste al egipcio? Al or esto, Moiss tuvo miedo, pues se dio cuenta de que ya se haba descubierto la muerte del egipcio.
En efecto, en cuanto el faran supo que Moiss haba dado muerte a un egipcio, lo mand buscar para matarlo; pero Moiss huy y se fue a vivir a la regin de Madin. All se sent cerca de un pozo.
Reuel, sacerdote de Madin, tena siete hijas. Aquel da, ellas haban ido al pozo a sacar agua para llenar los bebederos y dar de beber a las ovejas de su padre,
pero unos pastores vinieron y las echaron de all. Entonces Moiss se levant a defenderlas, y dio de beber a las ovejas.
Cuando ellas volvieron a donde estaba su padre, l les pregunt:-Cmo es que hoy regresaron tan pronto?
Y ellas contestaron:-Un egipcio nos defendi de los pastores, luego sac el agua por nosotras, y les dio de beber a las ovejas.
Entonces Reuel les dijo:-Y dnde est ese hombre? Por qu lo dejaron solo? Vayan a llamarlo para que venga a comer!
Y as Moiss acept quedarse a vivir en la casa de Reuel. Despus Reuel le dio a su hija Sfora como esposa,
y ella tuvo un hijo al que Moiss llam Guersn, porque dijo: "Soy un extranjero en tierra extraa."
Con el correr del tiempo, el rey de Egipto muri. Los israelitas, sin embargo, seguan quejndose y lamentando su esclavitud. Entonces Dios escuch sus lamentos
y atendi sus quejas, acordndose de la alianza que haba hecho con Abraham, Isaac y Jacob.
Los vio Dios, y se dio cuenta de su condicin.
Moiss cuidaba las ovejas de su suegro Jetr, que era sacerdote de Madin, y un da las llev a travs del desierto y lleg hasta el monte de Dios, que se llama Horeb.
All el ngel del Seor se le apareci en una llama de fuego, en medio de una zarza. Moiss se fij bien y se dio cuenta de que la zarza arda con el fuego, pero no se consuma.
Entonces pens: "Qu cosa tan extraa! Voy a ver por qu no se consume la zarza."
Cuando el Seor vio que Moiss se acercaba a mirar, lo llam desde la zarza:-Moiss! Moiss!-Aqu estoy -contest Moiss.
Entonces Dios le dijo:-No te acerques. Y desclzate, porque el lugar donde ests es sagrado.
Y aadi:-Yo soy el Dios de tus antepasados. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Moiss se cubri la cara, pues tuvo miedo de mirar a Dios,
pero el Seor sigui diciendo:-Claramente he visto cmo sufre mi pueblo que est en Egipto. Los he odo quejarse por culpa de sus capataces, y s muy bien lo que sufren.
Por eso he bajado, para salvarlos del poder de los egipcios; voy a sacarlos de ese pas y a llevarlos a una tierra grande y buena, donde la leche y la miel corren como el agua. Es el pas donde viven los cananeos, los hititas, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos.
Mira, he escuchado las quejas de los israelitas, y he visto tambin que los egipcios los maltratan mucho.
Por lo tanto, ponte en camino, que te voy a enviar ante el faran para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas.
Entonces Moiss le dijo a Dios:-Y quin soy yo para presentarme ante el faran y sacar de Egipto a los israelitas?
Y Dios le contest:-Yo estar contigo, y esta es la seal de que yo mismo te envo: cuando hayas sacado de Egipto a mi pueblo, todos ustedes me adorarn en este monte.
Pero Moiss le respondi:-El problema es que si yo voy y les digo a los israelitas: 'El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes,' ellos me van a preguntar: 'Cmo se llama?' Y entonces, qu les voy a decir?
Y Dios le contest:-YO SOY EL QUE SOY. Y dirs a los israelitas: 'YO SOY me ha enviado a ustedes.'
Adems, Dios le dijo a Moiss:-Di tambin a los israelitas: 'El Seor, el Dios de los antepasados de ustedes, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me ha enviado a ustedes.' Este es mi nombre eterno; este es mi nombre por todos los siglos.
Anda, rene a los ancianos de Israel y diles: 'El Seor, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareci y me dijo que ha puesto su atencin en ustedes, y que ha visto el trato que les dan en Egipto.
Tambin me dijo que los va a librar de los sufrimientos en Egipto, y que los va a llevar al pas de los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos; a una tierra donde la leche y la miel corren como el agua.'
Los ancianos te harn caso; entonces t irs con ellos a ver al rey de Egipto, y le dirs: 'El Seor, el Dios de los hebreos, ha salido a nuestro encuentro. Por lo tanto, djanos ir al desierto, a una distancia de tres das de camino, a ofrecer sacrificios al Seor nuestro Dios.'
Sin embargo, yo s muy bien que el rey de Egipto no los dejar salir, si no es por la fuerza.
Por lo tanto, yo mostrar mi poder y herir de muerte a los egipcios con todas las cosas asombrosas que har en su pas; despus de eso el faran los dejar salir.
Adems, yo har que los israelitas se ganen la buena voluntad de los egipcios, de modo que cuando salgan no se vayan con las manos vacas.
Cada mujer pedir a su vecina, o a cualquier otra mujer que viva con ella, que le d objetos de plata y de oro, y vestidos, con los que ustedes vestirn a sus hijos e hijas, despojando as a los egipcios de todo lo que tengan.
-Ellos no me creern, ni tampoco me harn caso -contest Moiss-. Al contrario, me dirn: 'El Seor no se te ha aparecido.'
-Qu es lo que tienes en la mano? -pregunt el Seor.-Un bastn -contest Moiss.
-Arrjalo al suelo -orden el Seor. Moiss lo arroj al suelo y, en ese mismo instante, el bastn se convirti en una serpiente. Moiss ech a correr para alejarse de ella,
pero el Seor le dijo:-Extiende la mano y agrrala de la cola. Moiss extendi la mano y, al agarrarla, la serpiente se convirti otra vez en bastn.
-Esto es para que crean que se te ha aparecido el Seor, Dios de tus antepasados, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob
-dijo el Seor-. Y ahora, mete tu mano en el pecho. Moiss meti su mano en el pecho y, al sacarla, vio que estaba enferma de lepra y blanca como la nieve.
Entonces Dios le dijo:-Vuelve a meter tu mano en el pecho. Moiss lo hizo as y, al sacar la mano de nuevo, ya estaba tan sana como todo su cuerpo.
Luego el Seor le dijo:-Si con la primera seal no te creen ni te hacen caso, entonces te creern con la segunda;
pero si no te creen ni te hacen caso con ninguna de estas dos seales, saca agua del ro y derrmala sobre el suelo. En cuanto el agua que saques del ro caiga al suelo, se convertir en sangre.
-Ay, Seor! -respondi Moiss-. Yo no tengo facilidad de palabra, y esto no es solo de ayer ni de ahora que ests hablando con este siervo tuyo, sino de tiempo atrs. Siempre que hablo, se me traba la lengua.
Pero el Seor le contest:-Y quin le ha dado la boca al hombre? Quin si no yo lo hace mudo, sordo, ciego, o que pueda ver?
As que, anda, que yo estar contigo cuando hables, y te ensear lo que debes decir.
Moiss insisti:-Ay, Seor, por favor, enva a alguna otra persona!
Entonces el Seor se enoj con Moiss, y le dijo:-Pues ah est tu hermano Aarn, el levita! Yo s que l habla muy bien. Adems l viene a tu encuentro, y se va a alegrar mucho de verte.
Habla con l, y explcale todo lo que tiene que decir; yo, por mi parte, estar con l y contigo cuando hablen, y les dar instrucciones de lo que deben hacer.
T le hablars a Aarn como si fuera yo mismo, y Aarn a su vez le comunicar al pueblo lo que le digas t.
Llvate este bastn, porque con l hars cosas asombrosas.
Moiss volvi a casa de su suegro Jetr, y le dijo:-Tengo que regresar a Egipto, donde estn mis hermanos de raza. Quiero ver si todava viven.-Anda, que te vaya bien -contest Jetr.
Cuando Moiss estaba an en la regin de Madin, el Seor le dijo:-Regresa a Egipto, porque ya han muerto todos los que queran matarte.
Moiss tom entonces a su esposa y a su hijo, los mont en un asno y regres a Egipto. En la mano llevaba el bastn de Dios.
Despus el Seor le dijo a Moiss:-Cuando llegues a Egipto, pon toda tu atencin en hacer ante el faran las maravillas que te he dado el poder de realizar. Yo, por mi parte, voy a hacer que l se ponga terco y que no deje salir a los israelitas.
Entonces le dirs al faran: 'As dice el Seor: Israel es mi hijo mayor.
Ya te he dicho que dejes salir a mi hijo, para que vaya a adorarme; pero como no has querido dejarlo salir, yo voy a matar a tu hijo mayor.'
Durante el camino, en el lugar donde Moiss y su familia iban a pasar la noche, el Seor sali al encuentro de Moiss y quiso matarlo.
Entonces Sfora tom un cuchillo de piedra y le cort el prepucio a su hijo; luego, tocando con el prepucio del nio los pies de Moiss, le dijo: "En verdad, t eres para m un esposo de sangre."
Entonces el Seor dej ir a Moiss. Y Sfora dijo que Moiss era un esposo de sangre debido a la circuncisin.
Mientras tanto, el Seor le haba dicho a Aarn: "Ve al desierto a encontrarte con Moiss." Y Aarn fue y encontr a Moiss en el monte de Dios. All lo salud con un beso.
Entonces Moiss le cont a Aarn todas las cosas que el Seor le haba ordenado decir, y tambin las grandes maravillas que le mandaba hacer.
Luego fueron los dos a reunir a los ancianos de Israel,
y Aarn les cont todo lo que el Seor haba dicho a Moiss, haciendo adems ante la gente las maravillas que Dios le haba ordenado hacer.
La gente qued convencida. Y al saber que el Seor haba puesto su atencin en ellos y que haba visto cmo sufran, se inclinaron en actitud de adoracin.
Despus de esto, Moiss y Aarn fueron a decirle al faran:-As ha dicho el Seor, el Dios de Israel: 'Deja ir a mi pueblo al desierto, para que haga all una fiesta en mi honor.'
Pero el faran contest:-Y quin es 'el Seor', para que yo le obedezca y deje ir a los israelitas? Ni conozco al Seor, ni tampoco voy a dejar ir a los israelitas.
Entonces ellos dijeron:-El Dios de los hebreos ha venido a nuestro encuentro; as que vamos a ir al desierto, a una distancia de tres das de camino, para ofrecer sacrificios al Seor nuestro Dios, no sea que nos haga morir por una peste o a filo de espada.
Pero el rey de Egipto les dijo:-Moiss y Aarn, por qu distraen a la gente de su trabajo? Vayan a seguir trabajando!
Tambin les dijo el faran:-Ahora que hay tantos israelitas en el pas, van ustedes a hacer que dejen de trabajar?
Ese mismo da el faran orden a los capataces y jefes de grupo:
-Ya no les den paja a los israelitas para que hagan adobes, como se ha estado haciendo; que vayan ellos mismos a recoger la paja!
Pero exjanles la misma cantidad de adobes que han hecho hasta ahora. Ni un solo adobe menos! Son unos holgazanes, y por eso gritan: 'Vayamos a ofrecer sacrificios a nuestro Dios!'
Hagan trabajar ms duro a esa gente; mantnganlos ocupados, para que no hagan caso de mentiras.
Los capataces y jefes de grupo salieron y fueron a decir a la gente:-El faran ha dado rdenes de que ya no se les d paja.
Ahora ustedes mismos tendrn que ir a recogerla en donde la encuentren. Pero no por eso se les va a rebajar la cantidad de adobes que tienen fijada.
Los israelitas se dispersaron por todo Egipto, en busca de rastrojo, para usarlo como paja.
Todos los das los capataces del faran les exigan la misma cantidad de adobes que hacan cuando se les daba paja, y adems golpeaban a los jefes de grupo israelitas, y les decan:
-Cmo es que ni ayer ni hoy completaron ustedes la misma cantidad de adobes que antes hacan?
Los jefes de grupo israelitas fueron a quejarse ante el faran, y le dijeron:-Por qu trata as Su Majestad a estos siervos suyos?
Ya no se nos da paja y, sin embargo, se nos exige que hagamos adobes, y adems se nos golpea. La culpa es de la gente de Su Majestad!
Pero el faran contest:-Ustedes no son otra cosa que unos holgazanes! Por eso andan diciendo: 'Vayamos a ofrecer sacrificios al Seor.'
Vyanse a trabajar! Y aunque no se les dar ya paja, aun as tendrn que entregar la misma cantidad de adobes.
Los jefes de grupo israelitas se vieron en aprietos cuando se les dijo que no deban reducir la produccin diaria de adobes.
Al salir de su entrevista con el faran, se encontraron con Moiss y Aarn, que los estaban esperando,
y les dijeron:-Que el Seor mire lo que ustedes han hecho y los castigue. Porque ustedes tienen la culpa de que el faran y sus funcionarios nos miren mal. Ustedes mismos les han puesto la espada en la mano para que nos maten.
Entonces Moiss dijo al Seor en oracin:-Seor, por qu tratas mal a este pueblo? Para qu me enviaste?
Desde que vine a hablar con el faran en tu nombre, l ha maltratado an ms a tu pueblo, y t no has hecho nada para salvarlo.
Y el Seor le contest:-Ahora vers lo que voy a hacer con el faran, porque solo por la fuerza los dejar salir de su pas; es ms, l mismo les dir que se vayan.
Dios se dirigi a Moiss y le dijo:-Yo soy EL SEOR.
Me manifest a Abraham, Isaac y Jacob con el nombre de Dios todopoderoso, pero no me di a conocer a ellos con mi verdadero nombre: EL SEOR.
Hice adems una alianza con ellos, y me compromet a darles la tierra de Canan, o sea la regin en la que vivieron como extranjeros por algn tiempo.
Y ahora que he sabido que los israelitas sufren, y que los egipcios los obligan a trabajar, me he acordado de mi alianza.
Por lo tanto, ve a decir a los israelitas que yo, el Seor, voy a librarlos de su esclavitud y de los duros trabajos a que han sido sometidos por los egipcios. Desplegar mi poder y los salvar con grandes actos de justicia;
los tomar a ustedes como pueblo mo, y yo ser su Dios. As sabrn que yo soy el Seor su Dios, que los libr de los duros trabajos a que haban sido sometidos por los egipcios.
Los llevar al pas que promet dar a Abraham, Isaac y Jacob, y que les dar a ustedes en propiedad. Yo soy el Seor.
Moiss les repiti esto a los israelitas, pero ellos no le hicieron caso, pues estaban muy desanimados por lo duro de su esclavitud.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:
-Ve a decirle al faran que deje salir de Egipto a los israelitas.
Pero Moiss le contest al Seor:-Ni siquiera los israelitas me hacen caso; y cmo me va a hacer caso el faran, si yo soy tan torpe para hablar?
Entonces el Seor mand a Moiss y Aarn que dijeran a los israelitas y al faran, que tenan rdenes precisas de sacar de Egipto a los israelitas.
Estos son los jefes de familia, por parte de sus padres. Los hijos de Rubn, el hijo mayor de Israel, fueron: Hanoc, Fal, Hesrn y Carm. Estos son los clanes de Rubn.
Los hijos de Simen fueron: Jemuel, Jamn, had, Jaqun, Shar y Sal, que fue hijo de una cananea. Estos son los clanes de Simen.
Lev vivi ciento treinta y siete aos. Estos son los nombres de sus hijos, de mayor a menor: Guersn, Quehat y Merar.
Los hijos de Guersn, en orden de clanes, fueron: Libn y Sim.
Quehat vivi ciento treinta y tres aos, y sus hijos fueron: Amram, Ishar, Hebrn y Uziel.
Los hijos de Merar fueron: Mahli y Mus. Estos son los clanes de Lev, de mayor a menor.
Amram se cas con su ta Jocabed, que dio a luz a Aarn y a Moiss. Amram vivi ciento treinta y siete aos.
Los hijos de Ishar fueron: Cor, Nfeg y Zicr.
Los hijos de Uziel fueron: Misael, Elsafn y Sitr.
Aarn se cas con Eliseba, que era hija de Aminadab y hermana de Nahasn, y que dio a luz a Nadab, Abih, Eleazar e Itamar.
Los hijos de Cor fueron Asir, Elcan y Abiasaf. Estos son los clanes de los coretas.
Eleazar, uno de los hijos de Aarn, se cas con una de las hijas de Futiel, la cual dio a luz a Finees. Estos son los jefes de familia de los levitas, en orden de clanes.
Estos son los mismos Aarn y Moiss a los que el Seor les dijo que sacaran de Egipto a los israelitas, formados como un ejrcito.
Son los mismos Moiss y Aarn que hablaron con el faran, rey de Egipto, para sacar de ese pas a los israelitas.
El da que el Seor habl con Moiss en Egipto,
le dijo:-Yo soy el Seor. Dile al faran, rey de Egipto, todo lo que voy a decirte.
Pero Moiss le contest:-Seor, yo soy muy torpe para hablar, as que, cmo va a hacerme caso el faran?
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Mira, voy a permitir que actes en mi lugar ante el faran, y que tu hermano Aarn hable por ti.
T le dirs a Aarn todo lo que yo te ordene; luego l hablar con el faran para que deje salir de su pas a los israelitas.
Pero yo voy a hacer que el faran se ponga terco, y har muchas seales y cosas asombrosas en Egipto.
El faran no les va a hacer caso a ustedes, pero yo descargar mi poder sobre Egipto, y con grandes actos de justicia sacar de all a mis ejrcitos, es decir, a mi pueblo, los israelitas.
Y cuando haya mostrado mi poder sobre Egipto, y haya sacado de all a los israelitas, los egipcios sabrn que yo soy el Seor.
Moiss y Aarn lo hicieron todo tal como el Seor se lo haba ordenado.
Moiss tena ochenta aos, y Aarn ochenta y tres, cuando hablaron con el faran.
El Seor les dijo a Moiss y Aarn:
-Si el faran les pide que hagan un milagro, le dirs a Aarn que tome su bastn y que lo arroje al suelo ante el faran, para que se convierta en una serpiente.
Moiss y Aarn fueron a ver al faran, e hicieron lo que el Seor haba ordenado: Aarn arroj su bastn al suelo delante del faran y de sus funcionarios, y el bastn se convirti en una serpiente.
El faran, por su parte, mand llamar a sus sabios y magos, los cuales con sus artes mgicas hicieron tambin lo mismo:
cada uno de ellos arroj su bastn al suelo, y cada bastn se convirti en una serpiente. Pero el bastn de Aarn se comi los bastones de los sabios y magos.
A pesar de eso, el faran se puso terco y no les hizo caso, tal como el Seor lo haba dicho.
Despus el Seor le dijo a Moiss:-El faran se ha puesto terco y no quiere dejar salir a los israelitas.
Pero maana temprano irs a verlo, cuando l baje al ro. Espralo en la orilla, y lleva contigo el bastn que se convirti en serpiente.
All le dirs: 'El Seor, el Dios de los hebreos, me ha enviado a decirte: Deja ir a mi pueblo, para que me adore en el desierto. Pero hasta ahora no has hecho caso.
Por lo tanto, el Seor ha dicho: Ahora vas a saber que yo soy el Seor. Cuando yo golpee el agua del ro con este bastn que tengo en la mano, el agua se convertir en sangre.
Los peces morirn, y el ro apestar tanto que los egipcios tendrn asco de beber de esa agua.'
Adems, el Seor le dijo a Moiss:-Dile a Aarn que tome su bastn y que extienda su brazo sobre los ros, arroyos, lagunas y depsitos de agua de Egipto; sobre todo lo que tenga agua, para que se convierta en sangre. As habr sangre hasta en los recipientes de madera y de piedra!
Moiss y Aarn hicieron lo que el Seor les haba ordenado. Aarn levant su bastn y golpe el agua del ro a la vista del faran y de sus funcionarios, y toda el agua se convirti en sangre.
Los peces murieron, y el ro mismo apestaba tanto que los egipcios no podan beber agua de l. Haba sangre por todo Egipto!
Pero los magos egipcios hicieron lo mismo por medio de sus artes mgicas, as que el faran se puso terco y no les hizo caso a Moiss y Aarn, tal como el Seor lo haba dicho.
El faran regres a su palacio sin darle importancia a este asunto,
y todos los egipcios tuvieron que hacer pozos en las orillas del ro para sacar agua limpia, pues el agua del ro no se poda beber.
Siete das despus de que el Seor golpeara el agua del ro,
el Seor le dijo a Moiss: -Ve a ver al faran, y dile: 'As dice el Seor: Deja ir a mi pueblo, para que me adore.
Porque si t no lo dejas ir, yo castigar con ranas a todo tu pas.
El ro hervir de ranas, las cuales saldrn y se metern en tu palacio, en el lugar donde duermes, sobre tu cama, en las casas de tus funcionarios y de tu gente, en tus hornos y en donde amasan tu pan.
Las ranas saltarn sobre ti, sobre tus funcionarios y sobre toda tu gente.'
El Seor le dijo a Moiss:-Dile a Aarn que extienda su bastn sobre los ros, arroyos y lagunas, para que de all salgan ranas y llenen el pas de Egipto.
Aarn lo extendi sobre las aguas de Egipto, y todo el pas se llen de las ranas que salieron de all.
Sin embargo, los magos hicieron lo mismo por medio de sus artes mgicas, y tambin trajeron ranas sobre el territorio egipcio.
Entonces el faran mand llamar a Moiss y Aarn, y les dijo:-Pdanle al Seor que nos quite las ranas a m y a mi gente, y dejar que tu gente vaya a ofrecer sacrificios al Seor.
Moiss le contest al faran:-Dime cundo quieres que yo le pida por ti, por tus funcionarios y por tu gente, para que las ranas se alejen de ti y de tu palacio, y se queden solo en el ro.
-Maana mismo -dijo el faran. Y Moiss contest:-As se har, para que sepas que no hay nadie como el Seor nuestro Dios.
Las ranas se irn de tu palacio y se quedarn solamente en el ro. Ya no te molestarn ni a ti, ni a tus funcionarios, ni a tu gente.
Moiss y Aarn salieron del palacio del faran. Despus Moiss pidi al Seor que alejara las ranas que haba enviado sobre el faran.
El Seor hizo lo que Moiss le peda, y murieron las ranas que haba en casas, patios y campos.
La gente recoga las ranas muertas y las amontonaba, y por todas partes ola mal.
Sin embargo, en cuanto el faran se vio libre de su problema, se puso terco y no les hizo caso a Moiss y Aarn, tal como el Seor lo haba dicho.
El Seor le dijo a Moiss:-Dile a Aarn que extienda su bastn y que golpee con l el polvo de la tierra, para que se convierta en mosquitos en todo Egipto.
As lo hicieron. Aarn extendi su bastn y golpe el polvo del suelo, y todo el polvo de Egipto se convirti en mosquitos que atacaban a hombres y animales.
Los magos trataron tambin de producir mosquitos por medio de sus artes mgicas, pero no pudieron. Mientras tanto, los mosquitos atacaban a hombres y animales.
Entonces los magos le dijeron al faran:-Aqu est la mano de Dios! Pero el faran se puso terco y no les hizo caso, tal como el Seor lo haba dicho.
El Seor le dijo a Moiss:-El faran va a ir maana temprano al ro, as que levntate de madrugada y ve a decirle: 'As ha dicho el Seor: Deja ir a mi pueblo, para que me adore.
Porque si t no lo dejas ir, yo enviar tbanos sobre ti, sobre tus funcionarios y tu gente, y sobre tus casas. Se llenarn de tbanos las casas de los egipcios, y hasta el suelo mismo.
Pero cuando eso suceda, har una excepcin con la regin de Gosen, donde vive mi pueblo. All no habr un solo tbano. As sabrs que yo, el Seor, estoy en este pas.
Har distincin entre mi pueblo y el tuyo. Esto tendr lugar maana.'
As lo hizo el Seor, y una espesa nube de tbanos invadi el palacio del faran, las casas de sus funcionarios y todo el territorio egipcio. Los tbanos dejaron el pas completamente arruinado.
Entonces el faran mand llamar a Moiss y Aarn, y les dijo:-Vayan a ofrecer sacrificios a su Dios, pero sin salir del pas.
Y Moiss contest:-No estara bien hacerlo as, porque los animales que ofrecemos al Seor nuestro Dios son sagrados para los egipcios. Si los egipcios nos vieran sacrificar los animales que ellos adoran, estoy seguro de que nos mataran a pedradas.
Debemos ir al desierto, a tres das de camino, y ofrecer all sacrificios al Seor nuestro Dios, tal como l nos lo ordene.
Entonces el faran dijo:-Los dejar ir al desierto para que ofrezcan sacrificios al Seor su Dios, con la condicin de que no se vayan demasiado lejos. Y pdanle tambin por m.
Y Moiss contest:-En cuanto yo salga de aqu, le pedir al Seor que maana se alejen los tbanos de ti, de tus funcionarios y de tu pueblo, siempre y cuando no sigas engandonos ni impidiendo que los israelitas vayan a ofrecer sacrificios al Seor.
En cuanto Moiss sali del palacio del faran, or al Seor,
y el Seor hizo lo que Moiss le pidi: los tbanos se alejaron del faran, de sus funcionarios y de su gente.
Pero el faran volvi a ponerse terco, y no dej ir a los israelitas.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Ve a ver al faran, y dile: 'As dice el Seor, el Dios de los hebreos: Deja ir a mi pueblo, para que me adore.
Si no los dejas ir, sino que los sigues deteniendo,
el Seor descargar su poder sobre tus ganados que estn en el campo, y habr una peste muy grave. Morirn los caballos, los asnos, los camellos, las vacas y las ovejas.
Pero el Seor har distincin entre los ganados de Israel y los de Egipto, para que no muera ningn animal de los israelitas.'
Adems el Seor puso un plazo, y dijo:-Yo har esto maana.
Al da siguiente, el Seor lo hizo. Todo el ganado egipcio muri, pero del ganado israelita no muri ni un solo animal.
El faran mand a ver el ganado de Israel, y result que ningn animal haba muerto. Sin embargo, se puso terco y no dej ir a los israelitas.
Entonces el Seor les dijo a Moiss y Aarn:-Tomen puados de ceniza de un horno, y que arroje Moiss la ceniza hacia arriba, en presencia del faran.
La ceniza se convertir en polvo y se extender por todo el pas, produciendo llagas en todos los hombres y animales de Egipto.
Moiss y Aarn tomaron ceniza de un horno y fueron a ver al faran. All Moiss arroj la ceniza hacia arriba, y tanto hombres como animales quedaron cubiertos de llagas.
Los magos no pudieron hacerle frente a Moiss, porque ellos, lo mismo que todos los egipcios, estaban cubiertos de llagas.
Pero el Seor hizo que el faran se pusiera terco y que no les hiciera caso a Moiss y Aarn, tal como el Seor le haba dicho a Moiss.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Levntate maana temprano, y ve a decirle al faran: 'As ha dicho el Seor, el Dios de los hebreos: Deja ir a mi pueblo, para que me adore;
porque esta vez voy a enviar todas mis plagas contra ti, y contra tus funcionarios y tu gente, para que sepas que no hay otro como yo en toda la tierra.
Yo podra haberte mostrado mi poder castigndote a ti y a tu pueblo con una plaga, y ya habras desaparecido de la tierra;
pero te he dejado vivir para que veas mi poder, y para darme a conocer en toda la tierra.
A pesar de eso, t sigues oponindote a mi pueblo y no lo dejas ir.
Pues bien! Maana a esta hora har que caiga una fuerte granizada, como no ha cado otra igual en toda la historia de Egipto.
As que manda poner en lugar seguro tu ganado y todo lo que tienes en el campo, porque el granizo, al caer, matar a todos los hombres y animales que estn al aire libre y no bajo techo.'
Algunos funcionarios del faran tuvieron miedo de la advertencia del Seor, y pusieron a sus esclavos y animales bajo techo;
pero hubo otros que no la tomaron en serio, y los dejaron al aire libre.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Levanta tu brazo hacia el cielo, para que en todo Egipto caiga granizo sobre hombres y animales, y sobre las plantas de los campos egipcios.
Moiss levant su brazo hacia el cielo, y el Seor envi truenos, rayos y granizo sobre la tierra. Hizo que granizara en todo Egipto,
y el granizo y los rayos caan sin parar. En toda la historia de Egipto jams haba cado una granizada tan fuerte.
El granizo destroz todo lo que haba en el territorio egipcio: destruy hombres y animales, y todas las plantas del campo, y desgaj adems todos los rboles del pas.
A pesar de eso, en la tierra de Gosen, donde vivan los israelitas, no cay un solo granizo.
Entonces el faran mand llamar a Moiss y Aarn, y les dijo:-Reconozco que he pecado. La culpa es ma y de mi pueblo, y no del Seor.
Demasiados truenos y granizo hemos tenido ya, as que no voy a detenerlos ms. Pidan ustedes al Seor por nosotros, y yo los dejar ir.
Y Moiss le contest:-Tan pronto como yo salga de la ciudad, levantar mis manos en oracin al Seor. Entonces dejar de granizar y no habr ms truenos, para que sepas que la tierra es del Seor.
Pero yo s bien que ni t ni tus funcionarios tienen todava temor de Dios el Seor.
Los sembrados de lino y de cebada quedaron destrozados, pues la cebada estaba ya en espiga y el lino estaba en flor.
Pero al trigo y al centeno no les pas nada porque brotan ms tarde.
Cuando Moiss sali de la ciudad, despus de haber estado con el faran, levant sus manos al Seor en oracin. Inmediatamente dej de granizar y de llover, y no hubo ms truenos.
Pero en cuanto el faran vio que ya no llova, ni granizaba, ni haba truenos, volvi a pecar. Y no solo l se puso terco, sino tambin sus funcionarios.
El faran se puso terco y no dej ir a los israelitas, tal como el Seor lo haba dicho antes por medio de Moiss.
El Seor le dijo a Moiss:-Ve a ver al faran, pues yo he hecho que l y sus funcionarios se pongan tercos para mostrarles las grandes maravillas que yo puedo hacer,
y para que t les cuentes a tus hijos y nietos la forma en que me burl de los egipcios, y las grandes maravillas que hice entre ellos. As sabrn ustedes que yo soy el Seor.
Moiss y Aarn fueron a ver al faran, y le dijeron:-As dice el Seor, el Dios de los hebreos: 'Hasta cundo te negars a humillarte delante de m? Deja ir a mi pueblo, para que me adore;
porque si te sigues oponiendo a dejarlo ir, maana har que vengan langostas sobre tu pas,
las cuales cubrirn la tierra en tal cantidad que no se podr ver el suelo. Se comern lo poco que haya quedado despus del granizo, y se comern tambin todos los rboles del campo.
Llenarn tus palacios, y las casas de tus funcionarios, y las casas de todos los egipcios. Ser algo como nunca vieron tus padres ni tus abuelos desde sus das hasta los nuestros!'Al terminar de hablar, Moiss dio media vuelta y sali del palacio del faran.
Entonces los funcionarios del faran dijeron:-Hasta cundo nos va a causar problemas este hombre? Deje Su Majestad que esa gente vaya a adorar a su Dios, el Seor. Todava no se da cuenta Su Majestad de que Egipto est arruinado?
El faran mand llamar otra vez a Moiss y Aarn, y les dijo:-Vayan a adorar al Seor su Dios. Pero antes dganme quines van a ir.
Moiss contest:-Tenemos que ir con nuestros nios y ancianos, hijos e hijas, y con nuestras ovejas y vacas, pues para nosotros es una gran fiesta del Seor.
Pero el faran les dijo:-Claramente se ven sus malas intenciones! Y ustedes creen que el Seor los va a acompaar, y que voy a dejar que ustedes y sus nios se vayan?
Pues no va a ser as. Vayan ustedes, los hombres adultos, a adorar al Seor, ya que eso es lo que quieren. Y el faran orden que los echaran de su presencia.
Pero el Seor le dijo a Moiss:-Extiende tu brazo sobre Egipto, para que vengan las langostas y acaben con todas las plantas del pas y con todo lo que qued despus del granizo.
Moiss extendi su brazo sobre Egipto, y el Seor hizo venir un viento del este que sopl sobre el pas todo el da y toda la noche. Al da siguiente, el viento del este haba trado las langostas,
las cuales invadieron todo el pas. Nunca antes hubo, ni habr despus, tantas langostas como en aquel da,
pues cubrieron la tierra en tal cantidad que no se poda ver el suelo, y se comieron todas las plantas y toda la fruta que haba quedado en los rboles despus del granizo. No qued nada verde en ningn lugar de Egipto: ni en el campo ni en los rboles.
El faran mand llamar inmediatamente a Moiss y Aarn, y les dijo:-He pecado contra el Seor su Dios, y contra ustedes,
pero les ruego que tan solo esta vez perdonen mi pecado, y que oren por m al Seor su Dios, para que por lo menos aleje de m esta plaga mortal.
En cuanto Moiss sali del palacio del faran, or al Seor.
Entonces el Seor cambi el rumbo del viento, y lo convirti en un fuerte viento del oeste que se llev las langostas y las ech en el Mar Rojo. No qued en todo Egipto una sola langosta.
Pero el Seor hizo que el faran se pusiera terco y que no dejara ir a los israelitas.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Extiende tu brazo hacia el cielo, para que en todo Egipto haya una oscuridad tan espesa que hasta se pueda tocar.
Moiss levant su brazo hacia el cielo y hubo una oscuridad tan grande en todo Egipto
que, durante tres das, nadie poda ver a su vecino ni moverse de su lugar. En cambio, en todas las casas de los israelitas haba luz.
Entonces el faran mand llamar a Moiss, y le dijo:-Vayan a adorar al Seor, y llvense tambin a sus hijos; pero dejen aqu sus ovejas y sus vacas.
Pero Moiss contest:-Al contrario, t mismo nos vas a dar los animales que vamos a sacrificar y quemar en honor del Seor nuestro Dios.
Adems, nuestros ganados irn con nosotros. Ni un solo animal debe quedarse, porque tenemos que escoger algunos de ellos para rendir culto al Seor. Mientras no lleguemos all, no sabremos qu vamos a necesitar para adorar al Seor.
Pero el Seor hizo que el faran se pusiera terco y que no los dejara ir.
Adems el faran le dijo a Moiss:-Vete de aqu, y cudate bien de no venir a verme otra vez, porque el da que vuelvas a presentarte ante m, morirs.
Y Moiss contest:-Bien dicho. No volver a verte.
El Seor le dijo a Moiss:-Todava voy a traer otra plaga sobre el faran y los egipcios. Despus de esto, el faran no solo va a dejar que ustedes salgan, sino que l mismo los va a echar de aqu.
Pero ahora diles a los israelitas, hombres y mujeres, que pidan a sus vecinos y vecinas objetos de oro y plata.
El Seor hizo que los egipcios fueran muy amables con los israelitas. Adems, los funcionarios del faran consideraban a Moiss como un hombre extraordinario, y lo mismo pensaban todos en Egipto.
Moiss dijo al faran:-As ha dicho el Seor: 'A la medianoche pasar por todo Egipto,
y morir el hijo mayor de cada familia egipcia, desde el hijo mayor del faran que ocupa el trono, hasta el hijo mayor de la esclava que trabaja en el molino. Tambin morirn todas las primeras cras de los animales.
En todo Egipto habr gritos de dolor, como nunca los ha habido ni los volver a haber.'
Y para que sepan ustedes que el Seor hace diferencia entre egipcios e israelitas, ni siquiera le ladrarn los perros a ningn hombre o animal de los israelitas.
Entonces vendrn a verme todos estos funcionarios tuyos, y de rodillas me pedirn: 'Vyanse, t y toda la gente que te sigue.' Antes de eso, no me ir. Y muy enojado, Moiss sali de la presencia del faran.
Despus, el Seor le dijo a Moiss:-El faran no les va a hacer caso a ustedes, y as sern ms las maravillas que yo har en Egipto.
Moiss y Aarn hicieron todas estas maravillas delante del faran, pero como el Seor lo haba hecho ponerse terco, el faran no dej salir de Egipto a los israelitas.
El Seor habl en Egipto con Moiss y Aarn, y les dijo:
"Este mes ser para ustedes el principal, el primer mes del ao.
Dganle a toda la comunidad israelita lo siguiente: 'El da diez de este mes, cada uno de ustedes tomar un cordero o un cabrito por familia, uno por cada casa.
Y si la familia es demasiado pequea para comerse todo el animal, entonces el dueo de la casa y su vecino ms cercano lo comern juntos, repartindoselo segn el nmero de personas que haya y la cantidad que cada uno pueda comer.
El animal deber ser de un ao, macho y sin defecto, y podr ser un cordero o un cabrito.
Lo guardarn hasta el catorce de este mes, y ese da todos y cada uno en Israel lo matarn al atardecer.
Tomarn luego la sangre del animal y la untarn por todo el marco de la puerta de la casa donde coman el animal.
Esa noche comern la carne asada al fuego, con hierbas amargas y pan sin levadura.
No coman ni un solo pedazo crudo o hervido. Todo el animal, lo mismo la cabeza que las patas y las entraas, tiene que ser asado al fuego,
y no deben dejar nada para el da siguiente. Si algo se queda, debern quemarlo.
Ya vestidos y calzados, y con el bastn en la mano, coman de prisa el animal, porque es la Pascua del Seor.
Esa noche yo pasar por todo Egipto, y herir de muerte al hijo mayor de cada familia egipcia y a las primeras cras de sus animales, y dictar sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Seor, lo he dicho.
'La sangre les servir para que ustedes sealen las casas donde se encuentren. Y as, cuando yo hiera de muerte a los egipcios, ninguno de ustedes morir, pues ver la sangre y pasar de largo.
Este es un da que ustedes debern recordar y celebrar con una gran fiesta en honor del Seor. Lo celebrarn como una ley permanente que pasar de padres a hijos.
Comern pan sin levadura durante siete das; por lo tanto, desde el primer da no deber haber levadura en sus casas. Cualquiera que coma pan con levadura durante estos siete das, ser eliminado del pueblo de Israel.
Tanto el primer da como el sptimo debern dedicarlos a una reunin santa. Esos das no se trabajar, a no ser para preparar la comida de cada persona.
La fiesta de los panes sin levadura es un da que ustedes debern celebrar, porque en ese mismo da los saqu de Egipto a todos ustedes. Lo celebrarn como una ley permanente que pasar de padres a hijos.
Comern pan sin levadura desde la tarde del da catorce del primer mes hasta la tarde del da veintiuno del mismo mes.
No deber haber levadura en sus casas durante siete das, porque cualquiera que coma pan con levadura ser eliminado de la comunidad israelita, tanto si es extranjero como si es del pas.
Por lo tanto, no coman nada que tenga levadura. Dondequiera que ustedes vivan, debern comer pan sin levadura.' "
Moiss mand llamar a todos los ancianos israelitas y les dijo: "Vayan y tomen un cordero o un cabrito para sus familias, y mtenlo para celebrar la Pascua.
La sangre debe quedar en una palangana; tomen despus un manojo de ramas de hisopo, mjenlo en la sangre, y unten la sangre por todo el marco de la puerta de la casa. Ninguno de ustedes debe salir de su casa antes del amanecer.
Cuando el Seor pase para herir de muerte a los egipcios, ver la sangre por todo el marco de la puerta, y pasar de largo por esa casa. As el Seor no dejar que el destructor entre en las casas de ustedes.
Esta orden la respetarn ustedes y sus descendientes, como una ley eterna.
Cuando ustedes hayan entrado ya en la tierra que el Seor les va a dar, tal como lo ha prometido, debern seguir celebrando esta ceremonia.
Y cuando sus hijos les pregunten: 'Qu significa esta ceremonia?',
ustedes debern contestar: 'Este animal se sacrifica en la Pascua, en honor del Seor. Cuando l hiri de muerte a los egipcios, pas de largo por las casas de los israelitas que vivan en Egipto, y as salv a nuestras familias.' "Entonces los israelitas se inclinaron en actitud de adoracin,
y luego fueron e hicieron todo tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss y Aarn.
A medianoche el Seor hiri de muerte al hijo mayor de cada familia egipcia, lo mismo al hijo mayor del faran que ocupaba el trono, que al hijo mayor del que estaba preso en la crcel, y tambin a las primeras cras de los animales.
El faran, sus funcionarios, y todos los egipcios, se levantaron esa noche, y hubo grandes gritos de dolor en todo Egipto. No haba una sola casa donde no hubiera algn muerto.
Esa misma noche el faran mand llamar a Moiss y Aarn, y les dijo:-Vyanse, aprtense de mi gente, ustedes y los israelitas. Vayan a adorar al Seor, tal como dijeron.
Llvense tambin sus ovejas y vacas, como queran, y vyanse. Y rueguen a Dios por m.
Los egipcios apuraron a los israelitas para que se fueran pronto de su pas, pues pensaban que todos iban a morir.
Los israelitas sacaron la masa, todava sin levadura, y con artesa y todo la envolvieron en sus ropas y se la echaron al hombro.
Adems, siguiendo las rdenes de Moiss, les pidieron a los egipcios objetos de oro y plata, y vestidos.
El Seor hizo que los egipcios dieran de buena gana todo lo que los israelitas pedan, y as los israelitas despojaron a los egipcios.
Los israelitas salieron de Ramss a Sucot. Sin contar mujeres y nios, eran como seiscientos mil hombres de a pie, en edad militar.
Con ellos se fue muchsima gente de toda clase, adems de muchas ovejas y vacas.
Como no haban tenido tiempo de preparar comida, pues los egipcios los haban echado de su pas, hicieron tortas sin levadura con la masa que haban sacado de Egipto, la cual estaba sin fermentar.
Los israelitas haban vivido en Egipto cuatrocientos treinta aos,
y el mismo da en que se cumplieron los cuatrocientos treinta aos, todos los ejrcitos del Seor salieron de aquel pas.
Esa noche el Seor estuvo vigilante para sacarlos de Egipto. Esa es la noche del Seor, la noche en que, en su honor, los israelitas tambin debern estar vigilantes, generacin tras generacin.
El Seor les dijo a Moiss y Aarn:"Esta es la ley para la Pascua: Ningn extranjero podr comer del animal sacrificado,
pero el esclavo comprado por dinero s podr comer de l, si ha sido circuncidado antes.
Ningn extranjero, ya sea que est de paso o que viva como asalariado, podr comer del animal,
el cual deber comerse en una sola casa. No se sacar de la casa ni un solo pedazo de carne del animal sacrificado, ni se le quebrarn los huesos.
Esto lo har toda la comunidad israelita.
Sin embargo, si un extranjero vive entre ustedes y quiere celebrar la Pascua en honor del Seor, primero ha de hacer que se circunciden todos los hombres de su familia, y despus podr celebrarla, pues entonces ser como los nacidos en el pas. Pero no podr comer del animal nadie que no est circuncidado.
La misma ley se aplicar a los nacidos en el pas y a los extranjeros que vivan entre ustedes."
Los israelitas lo hicieron todo tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss y Aarn.
Aquel mismo da, el Seor sac de Egipto a los ejrcitos israelitas.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Consgrame los hijos mayores, porque todo primer hijo de los israelitas me pertenece, lo mismo que toda primera cra de sus animales."
Entonces Moiss le dijo al pueblo: "Acurdense de este da, en que con gran poder el Seor los sac de Egipto, donde vivan como esclavos. No debern comer pan con levadura.
Ustedes salen este da, en el mes de Abib,
y en este mismo mes debern celebrar la fiesta, una vez que el Seor los haya llevado a la tierra donde la leche y la miel corren como el agua, es decir, al pas de los cananeos, hititas, amorreos, heveos y jebuseos, que ya haba prometido a sus antepasados que se lo dara a ustedes.
Comern pan sin levadura durante siete das, y en el sptimo da harn fiesta en honor del Seor.
Durante los siete das se comer pan sin levadura, y en ninguna parte de su territorio deber haber levadura o pan con levadura.
En ese da les dirn a sus hijos: 'Esto se hace por lo que el Seor hizo con nosotros cuando salimos de Egipto.
Y, como si tuvieran ustedes una marca en el brazo o en la frente, esto les har recordar que siempre deben hablar de la ley del Seor, pues l los sac de Egipto con gran poder.
Por eso deben celebrar esta ceremonia ao tras ao, en la fecha sealada.'
"Cuando el Seor los haya llevado al pas de los cananeos, es decir, cuando les entregue el pas, segn la promesa que les hizo a ustedes y a sus antepasados,
tendrn que dedicarle todos sus primeros hijos varones y todos los primeros machos que les nazcan a sus animales, porque pertenecen al Seor.
En el caso de la primera cra de una asna, debern dar un cordero o un cabrito como rescate por el asno, pero si no dan el cordero, entonces le rompern el cuello al asno. Tambin debern dar una ofrenda como rescate por cada hijo mayor,
y cuando el da de maana sus hijos les pregunten: 'Qu quiere decir esto?', les respondern: 'El Seor nos sac con gran poder de Egipto, donde vivamos como esclavos.
Cuando el faran se puso terco en no dejarnos salir, el Seor hiri de muerte al hijo mayor de cada familia egipcia y a todas las primeras cras de sus animales; por eso le ofrecemos al Seor todos los machos que nacen primero, y damos una ofrenda como rescate por nuestro hijo mayor.
Por lo tanto, como si tuvieran una marca en el brazo o en la frente, esta ceremonia les har recordar a ustedes que el Seor nos sac de Egipto con gran poder.' "
Cuando el faran dej salir al pueblo israelita, Dios no los llev por el camino que va al pas de los filisteos, que era el ms directo, pues pens que los israelitas no querran pelear cuando tuvieran que hacerlo, y que preferiran regresar a Egipto.
Por eso les hizo dar un rodeo por el camino del desierto que lleva al Mar Rojo. Los israelitas salieron de Egipto formados como un ejrcito.
Moiss se llev consigo los restos de Jos, pues Jos haba hecho que los hijos de Israel le prometieran hacerlo as. Les haba dicho: "En verdad, Dios vendr a ayudarlos; y cuando eso suceda, ustedes deben llevarse mis restos de aqu."
Los israelitas salieron de Sucot y acamparon en Etam, donde comienza el desierto.
De da, el Seor los acompaaba en una columna de nube, para sealarles el camino; y de noche, en una columna de fuego, para alumbrarlos. As pudieron viajar da y noche.
La columna de nube siempre iba delante de ellos durante el da, y la columna de fuego durante la noche.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas que regresen y acampen frente a Pi-hahirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal-sefn. Que pongan sus campamentos enfrente de este lugar, junto al mar.
As el faran pensar: 'Los israelitas no saben a dnde ir. Andan perdidos en el desierto.'
Pero yo voy a hacer que el faran se ponga terco y los persiga; entonces mostrar mi poder en l y en todo su ejrcito, y los egipcios sabrn que yo soy el Seor."Los israelitas lo hicieron as.
Mientras tanto, el rey de Egipto recibi aviso de que los israelitas se haban escapado. Entonces el rey y sus funcionarios cambiaron de parecer en cuanto a ellos, y se dijeron: "Pero cmo pudimos permitir que los israelitas se fueran y dejaran de trabajar para nosotros?"
En seguida el faran orden que prepararan su carro de combate, y se llev a su ejrcito.
Tom seiscientos de los mejores carros, adems de todos los carros de Egipto, que llevaban cada uno un oficial.
El Seor hizo que el faran se pusiera terco y persiguiera a los israelitas, aun cuando ellos haban salido ya con gran poder.
Los egipcios con todo su ejrcito, con carros y caballera, salieron a perseguir a los israelitas, y los alcanzaron a la orilla del mar, junto a Pi-hahirot y frente a Baal-sefn, donde estaban acampados.
Cuando los israelitas se dieron cuenta de que el faran y los egipcios se acercaban, tuvieron mucho miedo y pidieron ayuda al Seor.
Y a Moiss le dijeron:-Acaso no haba sepulcros en Egipto, que nos sacaste de all para hacernos morir en el desierto? Por qu nos has hecho esto? Por qu nos sacaste de Egipto?
Esto es precisamente lo que te decamos en Egipto: 'Djanos trabajar para los egipcios. Ms nos vale ser esclavos de ellos que morir en el desierto!'
Pero Moiss les contest:-No tengan miedo. Mantnganse firmes y fjense en lo que el Seor va a hacer hoy para salvarlos, porque nunca ms volvern a ver a los egipcios que hoy ven.
Ustedes no se preocupen, que el Seor va a pelear por ustedes.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Por qu me pides ayuda? Ordena a los israelitas que sigan adelante!
Y t, levanta tu bastn, extiende tu brazo y parte el mar en dos, para que los israelitas lo crucen en seco.
Yo voy a hacer que los egipcios se pongan tercos y los persigan; entonces mostrar mi poder en el faran y en todo su ejrcito, y en sus carros y caballera.
Cuando haya mostrado mi poder en el faran, y en sus carros y caballera, los egipcios sabrn que yo soy el Seor.
En ese momento el ngel de Dios y la columna de nube, que marchaban al frente de los israelitas, cambiaron de lugar y se pusieron detrs de ellos.
As la columna de nube qued entre el ejrcito egipcio y los israelitas; para los egipcios era una nube oscura, pero a los israelitas los alumbraba. Por eso los egipcios no pudieron alcanzar a los israelitas en toda la noche.
Moiss extendi su brazo sobre el mar, y el Seor envi un fuerte viento del este que sopl durante toda la noche y parti el mar en dos. As el Seor convirti el mar en tierra seca,
y por tierra seca lo cruzaron los israelitas, entre dos murallas de agua, una a la derecha y otra a la izquierda.
Toda la caballera y los carros del faran entraron detrs de ellos, y los persiguieron hasta la mitad del mar;
pero a la madrugada el Seor mir de tal manera al ejrcito de los egipcios, desde la columna de fuego y de nube, que provoc un gran desorden entre ellos;
descompuso adems las ruedas de sus carros, de modo que apenas podan avanzar. Entonces los egipcios dijeron:-Huyamos de los israelitas, pues el Seor pelea a favor de ellos y contra nosotros.
Pero el Seor le dijo a Moiss:-Extiende tu brazo sobre el mar, para que el agua regrese y caiga sobre los egipcios, y sobre sus carros y caballera.
Moiss extendi su brazo sobre el mar y, al amanecer, el agua volvi a su cauce normal. Cuando los egipcios trataron de huir, se toparon con el mar, y as el Seor los hundi en l.
Al volver el agua a su cauce normal, cubri los carros y la caballera, y todo el ejrcito que haba entrado en el mar para perseguir a los israelitas. Ni un solo soldado del faran qued vivo.
Sin embargo, los israelitas cruzaron el mar por tierra seca, entre dos murallas de agua, una a la derecha y otra a la izquierda.
En aquel da el Seor salv a los israelitas del poder de los egipcios, y los israelitas vieron los cadveres de los egipcios a la orilla del mar.
Al ver los israelitas el gran poder que el Seor haba desplegado contra Egipto, mostraron reverencia ante el Seor y tuvieron confianza en l y en su siervo Moiss.
Entonces Moiss y los israelitas entonaron este canto en honor del Seor:"Cantar en honor del Seor, que tuvo un triunfo maravilloso al hundir en el mar caballos y jinetes.
Mi canto es al Seor, quien es mi fuerza y salvacin. l es mi Dios, y he de alabarlo; es el Dios de mi padre, y he de enaltecerlo.
El Seor es un gran guerrero. El Seor, ese es su nombre!
El Seor hundi en el marlos carros y el ejrcito del faran;sus mejores oficiales se ahogaron en el Mar Rojo!
Cayeron hasta el fondo, como piedras, y el mar profundo los cubri.
Oh, Seor, fue tu mano derecha, fuerte y poderosa, la que destroz al enemigo.
Con tu gran poder aplastaste a los que se enfrentaron contigo; se encendi tu enojo, y ellos ardieron como paja.
Soplaste con furia, y el agua se amonton; las olas se levantaron como un muro;el centro del mar profundo se qued inmvil!
El enemigo haba pensado:'Los voy a perseguir hasta alcanzarlos, y voy a repartir lo que les quite hasta quedar satisfecho. Sacar la espada, y mi brazo los destruir.'
Pero soplaste, y el mar se los trag; se hundieron como plomo en el agua tempestuosa.
Oh, Seor,ningn dios puede compararse a ti!Nadie es santo ni grande como t!Haces cosas maravillosas y terribles!Eres digno de alabanza!
Desplegaste tu poder y se los trag la tierra!
Con tu amor vas dirigiendo a este pueblo que salvaste; con tu poder lo llevas a tu santa casa.
Las naciones temblarn cuando lo sepan, los filisteos se retorcern de dolor,
los capitanes de Edom se quedarn sin aliento, los jefes de Moab temblarn de miedo, y perdern el valor todos los cananeos.
Oh, Seor,que se asusten!, que tengan miedo!que se queden como piedras por la fuerza de tu brazo, hasta que haya pasado tu pueblo, el pueblo que has hecho tuyo!
Oh, Seor, llvanos a vivir a tu santo monte, al lugar que escogiste para vivir, al santuario que afirmaste con tus manos.
El Seor reina por toda la eternidad!"
Cuando los carros y la caballera del faran entraron en el mar, el Seor hizo que el agua del mar les cayera encima; pero los israelitas cruzaron el mar como por tierra seca.
Entonces la profetisa Mara, hermana de Aarn, tom una pandereta, y todas las mujeres la siguieron, bailando y tocando panderetas,
mientras ella les cantaba:"Canten en honor al Seor, que tuvo un triunfo maravilloso al hundir en el mar caballos y jinetes."
Moiss hizo que los israelitas se alejaran del Mar Rojo. Entonces ellos se fueron al desierto de Sur, y durante tres das caminaron por l, sin encontrar agua.
Cuando llegaron a Mar, no pudieron beber el agua que all haba, porque era amarga. Por eso llamaron Mar a ese lugar.
La gente empez a hablar mal de Moiss, y preguntaban: "Qu vamos a beber?"
Entonces Moiss pidi ayuda al Seor, y l le mostr un arbusto. Moiss ech el arbusto al agua, y el agua se volvi dulce. All el Seor los puso a prueba, y les dio una ley y una norma de conducta.
Les dijo: "Si ponen ustedes toda su atencin en lo que yo, el Seor su Dios, les digo, y si hacen lo que a m me agrada, obedeciendo mis mandamientos y cumpliendo mis leyes, no les enviar ninguna de las plagas que envi sobre los egipcios, pues yo soy el Seor, el que los sana a ustedes."
Despus llegaron a Elim, donde haba doce manantiales de agua y setenta palmeras, y all acamparon junto al agua.
Toda la comunidad israelita sali de Elim y lleg al desierto de Sin, que est entre Elim y Sina. Era el da quince del mes segundo despus de su salida de Egipto.
All, en el desierto, todos ellos comenzaron a murmurar contra Moiss y Aarn.
Y les decan:-Ojal el Seor nos hubiera hecho morir en Egipto! All nos sentbamos junto a las ollas de carne y comamos hasta llenarnos, pero ustedes nos han trado al desierto para matarnos de hambre a todos.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Voy a hacer que les llueva comida del cielo. La gente deber salir cada da, y recoger solo lo necesario para ese da. Quiero ver quin obedece mis instrucciones y quin no.
El sexto da, cuando preparen lo que van a llevar a casa, debern recoger el doble de lo que recogen cada da.
Moiss y Aarn dijeron entonces a los israelitas:-Por la tarde sabrn ustedes que el Seor fue quien los sac de Egipto,
y por la maana vern la gloria del Seor; pues ha odo que ustedes murmuraron contra l. Porque, quines somos nosotros para que ustedes nos critiquen?
Y Moiss aadi:-Por la tarde el Seor les va a dar carne para comer, y por la maana les va a dar pan en abundancia, pues ha odo que ustedes murmuraron contra l. Porque, quines somos nosotros? Ustedes no han murmurado contra nosotros, sino contra el Seor.
Luego Moiss le dijo a Aarn:-Di a todos los israelitas que se acerquen a la presencia del Seor, pues l ha escuchado sus murmuraciones.
En el momento en que Aarn estaba hablando con los israelitas, todos ellos miraron hacia el desierto, y la gloria del Seor se apareci en una nube.
Y el Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
-He odo murmurar a los israelitas. Habla con ellos y diles: 'Al atardecer, ustedes comern carne, y por la maana comern pan hasta quedar satisfechos. As sabrn que yo soy el Seor su Dios.'
Aquella misma tarde vinieron codornices, las cuales llenaron el campamento, y por la maana haba una capa de roco alrededor del campamento.
Despus que el roco se hubo evaporado, algo muy fino, parecido a la escarcha, qued sobre la superficie del desierto.
Como los israelitas no saban lo que era, al verlo se decan unos a otros: "Y esto qu es?" Y Moiss les dijo:-Este es el pan que el Seor les da como alimento.
Y esta es la orden que ha dado el Seor: Recoja cada uno de ustedes lo que necesite para comer y, segn el nmero de personas que haya en su casa, tome ms o menos dos litros por persona.
Los israelitas lo hicieron as. Unos recogieron ms, otros menos,
segn la medida acordada; y ni le sobr al que haba recogido mucho, ni le falt al que haba recogido poco. Cada uno haba recogido la cantidad que necesitaba para comer.
Luego Moiss les dijo:-Nadie debe dejar nada para el da siguiente.
Sin embargo, algunos de ellos no hicieron caso a Moiss y dejaron algo para el otro da; pero lo que guardaron se llen de gusanos y apestaba. Entonces Moiss se enoj con ellos.
Cada uno recoga por las maanas lo que necesitaba para comer, pues el calor del sol lo derreta.
Pero el sexto da recogieron doble porcin de comida, es decir, unos cuatro litros por persona; entonces los jefes de la comunidad fueron a contrselo a Moiss,
y Moiss les dijo:-Eso es lo que el Seor ha ordenado. Maana es sbado, un reposo consagrado al Seor. Cocinen hoy lo que tengan que cocinar y hiervan lo que tengan que hervir, y guarden para maana todo lo que les sobre.
De acuerdo con la orden de Moiss, ellos guardaron para el da siguiente lo que les haba sobrado, y no apestaba ni se llen de gusanos.
Entonces Moiss dijo:-Cmanlo hoy, que es el sbado consagrado al Seor, pues en este da no encontrarn ustedes nada en el campo.
Podrn recogerlo durante seis das, pero el sptimo da, que es sbado, no habr nada.
Algunos de ellos salieron el sptimo da a recoger algo, pero no encontraron nada.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Hasta cundo van ustedes a seguir desobedeciendo mis mandamientos y mis enseanzas?
Tomen en cuenta que yo, el Seor, les he dado un da de reposo; por eso el sexto da les doy comida para dos das. As que el sptimo da cada uno debe quedarse en su casa y no salir de ella.
Entonces la gente repos el da sptimo.
Los israelitas llamaron man a lo que recogan. Era blanco, como semilla de cilantro, y dulce como hojuelas con miel.
Despus Moiss dijo:-Esta es la orden que ha dado el Seor: 'Llenen de man una medida de dos litros, y gurdenla para sus descendientes, para que vean la comida que yo les di a ustedes en el desierto, cuando los saqu de Egipto.'
A Aarn le dijo:-Toma una canasta, y pon en ella unos dos litros de man. Ponla despus en la presencia del Seor, y que se guarde para los descendientes de ustedes.
De acuerdo con la orden que el Seor le dio a Moiss, Aarn puso la canasta ante el arca de la alianza, para que fuera guardada.
Los israelitas comieron man durante cuarenta aos, hasta que llegaron a tierras habitadas; es decir, lo comieron hasta que llegaron a las fronteras de la tierra de Canan.
(El gomer era la dcima parte de un efa.)
Toda la comunidad israelita sali del desierto de Sin, siguiendo su camino poco a poco, de acuerdo con las rdenes del Seor. Despus acamparon en Refidim, pero no haba agua para que el pueblo bebiera,
as que le reclamaron a Moiss, dicindole:-Danos agua para beber!-Por qu me hacen reclamaciones a m? Por qu ponen a prueba a Dios? -contest Moiss.
Pero el pueblo tena sed, y hablaron en contra de Moiss. Decan:-Para qu nos hiciste salir de Egipto? Para matarnos de sed, junto con nuestros hijos y nuestros animales?
Moiss clam entonces al Seor, y le dijo:-Qu voy a hacer con esta gente? Un poco ms y me matan a pedradas!
Y el Seor le contest:-Pasa delante del pueblo, y hazte acompaar de algunos ancianos de Israel. Llvate tambin el bastn con que golpeaste el ro, y ponte en marcha.
Yo estar esperndote all en el monte Horeb, sobre la roca. Cuando golpees la roca, saldr agua de ella para que beba la gente. Moiss lo hizo as, a la vista de los ancianos de Israel,
y llam a aquel lugar Merib porque los israelitas le haban hecho reclamaciones, y tambin lo llam Mas porque haban puesto a prueba a Dios, al decir: "Est o no est el Seor con nosotros?"
Los amalecitas se dirigieron a Refidim para pelear contra los israelitas.
Entonces Moiss le dijo a Josu:-Escoge algunos hombres y sal a pelear contra los amalecitas. Yo estar maana en lo alto del monte, con el bastn de Dios en la mano.
Josu hizo lo que Moiss le orden, y sali a pelear contra los amalecitas. Mientras tanto, Moiss, Aarn y Hur subieron a lo alto del monte.
Cuando Moiss levantaba su brazo, los israelitas dominaban en la batalla; pero cuando lo bajaba, dominaban los amalecitas.
Pero como a Moiss se le cansaban los brazos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentara en ella. Luego Aarn y Hur le sostuvieron los brazos, uno de un lado y el otro del otro. De esta manera los brazos de Moiss se mantuvieron firmes hasta que el sol se puso,
y Josu derrot al ejrcito amalecita a filo de espada.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Escribe esto en un libro, para que sea recordado; y dile a Josu que voy a borrar por completo el recuerdo de los amalecitas.
Moiss hizo un altar, al que puso por nombre "El Seor es mi bandera",
y dijo:"La bandera del Seor en la mano!El Seor est en guerra con Amalec de una generacin a otra!"
Jetr, el sacerdote de Madin y suegro de Moiss, supo todo lo que Dios haba hecho por Moiss y por su pueblo Israel, y supo tambin que el Seor los haba sacado de Egipto.
Moiss haba despedido a su esposa Sfora, y Jetr la haba recibido a ella
y a sus dos hijos. Uno de estos se llamaba Guersn, porque Moiss haba dicho: "He sido un extranjero en tierra extraa",
y el otro se llamaba Elizer, porque haba dicho: "El Dios de mi padre vino en mi ayuda, y me salv de la espada del faran."
Moiss haba acampado en el desierto, junto al monte de Dios, y all fue Jetr, acompaado por la esposa y los hijos de Moiss.
Y le dijo a Moiss:-Yo, tu suegro Jetr, he venido a verte, junto con tu esposa y sus dos hijos.
Moiss sali a recibir a su suegro. Se inclin delante de l y lo bes; y despus de saludarse entraron en la tienda de campaa.
All Moiss le cont a su suegro todo lo que el Seor les haba hecho al faran y a los egipcios en favor de Israel, todas las dificultades que haban tenido en el camino, y la forma en que el Seor los haba salvado.
Jetr se alegr por la mucha bondad que Dios haba mostrado a los israelitas al salvarlos del poder de los egipcios,
y dijo:-Bendito sea el Seor, que los ha librado a ustedes, pueblo de Israel, del poder del faran y de los egipcios; que los ha librado del poder opresor
y de la insolencia con que ellos los trataron. Ahora estoy convencido de que el Seor es ms grande que todos los dioses.
Jetr tom un animal para quemarlo en honor de Dios, y tambin otras ofrendas. Luego Aarn y todos los ancianos de Israel fueron a comer con el suegro de Moiss, en presencia de Dios.
Al da siguiente Moiss se sent para resolver los pleitos de los israelitas, los cuales acudan a l desde la maana hasta la tarde.
Al ver el trabajo que Moiss se tomaba, su suegro le dijo:-Por qu te tomas todo ese trabajo? La gente acude a ti desde la maana hasta la tarde. Por qu te dedicas a atenderlos t solo?
Y Moiss le contest:-Es que el pueblo viene a verme para consultar a Dios.
Cuando tienen dificultades entre ellos, vienen a verme para que yo decida quin es el que tiene la razn; entonces yo les hago saber las leyes y enseanzas de Dios.
Pero su suegro Jetr le advirti:-No est bien lo que haces,
pues te cansas t y se cansa la gente que est contigo. La tarea sobrepasa tus fuerzas, y t solo no vas a poder realizarla.
Escucha bien el consejo que te voy a dar, y que Dios te ayude. T debes presentarte ante Dios en lugar del pueblo, y presentarle esos problemas.
A ellos, instryelos en las leyes y enseanzas, y hazles saber cmo deben vivir y qu deben hacer.
Por lo que a ti toca, escoge entre el pueblo hombres capaces, que tengan temor de Dios y que sean sinceros, hombres que no busquen ganancias mal habidas, y a unos dales autoridad sobre grupos de mil personas, a otros sobre grupos de cien, a otros sobre grupos de cincuenta y a otros sobre grupos de diez.
Ellos dictarn sentencia entre el pueblo en todo momento; los problemas grandes te los traern a ti, y los problemas pequeos los atendern ellos. As te quitars ese peso de encima, y ellos te ayudarn a llevarlo.
Si pones esto en prctica, y si Dios as te lo ordena, podrs resistir; la gente, por su parte, se ir feliz a su casa.
Moiss le hizo caso a su suegro y puso en prctica todo lo que le haba dicho:
escogi a los hombres ms capaces de Israel, y les dio autoridad sobre grupos de mil personas, de cien, de cincuenta y de diez.
Ellos dictaban sentencia entre el pueblo en todo momento; los problemas difciles se los llevaban a Moiss, pero todos los problemas de menor importancia los resolvan ellos mismos.
Despus Moiss y su suegro se despidieron, y su suegro regres a su pas.
Los israelitas llegaron al desierto del Sina al tercer mes de haber salido de Egipto.
Despus de salir de Refidim, llegaron al desierto del Sina y acamparon all mismo, frente al monte.
All Moiss subi a encontrarse con Dios, pues el Seor lo llam desde el monte y le dijo:-Annciales estas mismas palabras a los descendientes de Jacob, a los israelitas:
'Ustedes han visto lo que yo hice con los egipcios, y cmo los he trado a ustedes a donde yo estoy, como si vinieran sobre las alas de un guila.
As que, si ustedes me obedecen en todo y cumplen mi alianza, sern mi pueblo preferido entre todos los pueblos, pues toda la tierra me pertenece.
Ustedes me sern un reino de sacerdotes, un pueblo consagrado a m.' Diles todo esto a los israelitas.
Moiss fue y llam a los ancianos del pueblo, y les expuso todo lo que el Seor le haba ordenado.
Entonces los israelitas contestaron a una voz:-Haremos todo lo que el Seor ha ordenado. Moiss llev entonces al Seor la respuesta del pueblo,
y el Seor le dijo:-Mira, voy a presentarme ante ti en medio de una nube espesa, para que la gente me oiga hablar contigo y as tengan siempre confianza en ti. Moiss le repiti al Seor la respuesta del pueblo,
y el Seor le dijo:-Ve y prepara al pueblo hoy y maana para que me rinda culto. Deben lavarse la ropa
y prepararse para pasado maana, porque pasado maana bajar yo, el Seor, al monte Sina, a la vista de todo el pueblo.
Pon lmites alrededor del monte para que la gente no pase, y diles que respeten el monte y que no suban a l ni se acerquen a sus alrededores, porque todo el que se acerque ser condenado a muerte.
Pero nadie debe ponerle la mano encima, sino que tendrn que matarlo a pedradas o a flechazos. No importa si es un hombre o un animal, no se le deber dejar con vida. La gente podr subir al monte solo cuando se oiga el toque del cuerno de carnero.
Moiss baj del monte a preparar al pueblo para que rindiera culto a Dios. La gente se lav la ropa,
y Moiss les dijo:-Preprense para pasado maana, y mientras tanto no tengan relaciones sexuales.
Al amanecer del tercer da hubo relmpagos y truenos, y una espesa nube se pos sobre el monte. Un fuerte sonido de trompetas hizo que todos en el campamento temblaran de miedo.
Entonces Moiss llev al pueblo fuera del campamento para encontrarse con Dios, y se detuvieron al pie del monte.
Todo el monte Sina echaba humo debido a que el Seor haba bajado a l en medio de fuego. El humo suba como de un horno, y todo el monte temblaba violentamente.
El sonido de trompetas fue hacindose cada vez ms fuerte; Moiss hablaba, y Dios le contestaba con voz de trueno.
El Seor baj a la parte ms alta del monte Sina, y le pidi a Moiss que subiera a ese mismo lugar. Moiss subi,
y el Seor le dijo:-Baja y advirtele a la gente que no pase del lmite ni trate de verme, no sea que muchos de ellos caigan muertos.
Aun los sacerdotes, que pueden acercarse a m, debern purificarse, no sea que yo haga destrozos entre ellos.
Moiss le contest al Seor:-El pueblo no se atrever a subir a este monte Sina, pues t nos ordenaste ponerle un lmite y declararlo sagrado.
Pero el Seor le dijo:-Anda, baja; despus subirs con Aarn. Pero los sacerdotes y el pueblo no deben pasar del lmite para subir a donde yo estoy, no sea que yo haga destrozos entre ellos.
Moiss baj y repiti esto a los israelitas.
Dios habl, y dijo todas estas palabras:
"Yo soy el Seor tu Dios, que te sac de Egipto, donde eras esclavo.
"No tengas otros dioses aparte de m.
"No te hagas ningn dolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra.
No te inclines delante de ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Seor tu Dios, Dios celoso que castiga la maldad de los padres que me odian, en sus hijos, nietos y bisnietos;
pero que trato con amor por mil generaciones a los que me aman y cumplen mis mandamientos.
"No hagas mal uso del nombre del Seor tu Dios, pues l no dejar sin castigo al que use mal su nombre.
"Acurdate del sbado, para consagrarlo al Seor.
Trabaja seis das y haz en ellos todo lo que tengas que hacer,
pero el sptimo da es de reposo consagrado al Seor tu Dios. No hagas ningn trabajo en ese da, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que viva contigo.
Porque el Seor hizo en seis das el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y descans el da sptimo. Por eso el Seor bendijo el sbado y lo declar da sagrado.
"Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas una larga vida en la tierra que te da el Seor tu Dios.
"No mates.
"No cometas adulterio.
"No robes.
"No digas mentiras en perjuicio de tu prjimo.
"No codicies la casa de tu prjimo: no codicies su mujer, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca."
Todos los israelitas fueron testigos de los truenos y relmpagos, del sonido de trompetas y del monte envuelto en humo; pero tenan miedo y se mantenan alejados.
As que le dijeron a Moiss:-Hblanos t, y obedeceremos; pero que no nos hable Dios, no sea que muramos.
Y Moiss les contest:-No tengan miedo. Dios ha venido para ponerlos a prueba y para que siempre sientan temor de l, a fin de que no pequen.
Y mientras el pueblo se mantena alejado, Moiss se acerc a la nube oscura en la que estaba Dios.
El Seor le dijo a Moiss:"Di lo siguiente a los israelitas: 'Ya ustedes han visto que he hablado desde el cielo con ustedes.
No hagan dolos de oro o plata para adorarlos como a m.
Hganme un altar de tierra, y ofrzcanme en l los animales de sus rebaos y ganados como holocaustos y sacrificios de reconciliacin. Yo vendr y los bendecir en cada lugar en el que yo quiera que se recuerde mi nombre.
Y si me hacen un altar de piedras, que no sea de piedras labradas, porque al labrar la piedra con herramientas se la hace indigna de un altar.
Y mi altar no debe tener escalones, para que al subir ustedes no muestren la parte desnuda del cuerpo.'
"Estas son las leyes que les dars:
"Si compras un esclavo hebreo, trabajar durante seis aos, pero al sptimo ao quedar libre, sin que tenga que pagar nada por su libertad.
Si lleg solo, se ir solo; si tena mujer, su mujer se ir con l;
si su amo le da una mujer, y ella le da hijos o hijas, la mujer y los hijos sern de su amo y el esclavo se ir solo.
Pero si el esclavo no acepta su libertad porque ama a su mujer, a sus hijos y a su amo,
entonces el amo lo llevar ante Dios, lo arrimar a la puerta o al marco de la puerta, y con un punzn le atravesar la oreja. As ser esclavo suyo para siempre.
"Si alguien vende a su hija como esclava, ella no saldr libre como los esclavos varones.
Si el amo decide no tomarla por esposa, porque la muchacha no le gusta, deber permitir que paguen su rescate; pero aunque la rechace, no podr venderla a ningn extranjero.
Si la da por esposa a su hijo, deber tratarla como a una hija.
Si toma otra esposa, no deber reducirle a la primera ni la comida, ni la ropa, ni sus derechos de esposa.
Pero si no le da ninguna de estas tres cosas, ella quedar libre, sin tener que pagar nada por su libertad.
"El que hiera a alguien, y lo mate, ser condenado a muerte.
Pero si no lo hizo a propsito, sino que de Dios estaba que muriera, yo te dir despus a qu lugar podr ir a refugiarse.
Pero al que se enoje con su prjimo y lo mate a sangre fra, lo buscars aunque se refugie en mi altar, y lo condenars a muerte.
"El que hiera a su padre o a su madre, ser condenado a muerte.
"El que secuestre a una persona, ya sea que la haya vendido o que an la tenga en su poder, ser condenado a muerte.
"El que insulte a su padre o a su madre, ser condenado a muerte.
"En casos de peleas, si un hombre hiere a otro de una pedrada o de un puetazo, y lo hace caer en cama, pero no lo mata,
el que hiri ser declarado inocente solo si el herido se levanta y puede salir a la calle con ayuda de un bastn, pero tendr que pagarle las curaciones y el tiempo perdido.
"Si alguien golpea con un palo a su esclavo o esclava, y lo mata, deber hacrsele pagar su crimen.
Pero si vive un da o ms, ya no se le castigar, pues el esclavo es de su propiedad.
"Si dos hombres se pelean y llegan a lastimar a una mujer embarazada, hacindola abortar, pero sin poner en peligro su vida, el culpable deber pagar de multa lo que el marido de la mujer exija, segn la decisin de los jueces.
Pero si la vida de la mujer es puesta en peligro, se exigir vida por vida,
ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.
"Si alguien golpea en el ojo a su esclavo o esclava, y lo deja tuerto, tendr que darle la libertad a cambio de su ojo.
Si le tumba un diente, tambin tendr que darle la libertad a cambio de su diente.
"Si un buey embiste a un hombre o a una mujer, y lo mata, se matar al buey a pedradas y no se comer su carne, pero no se castigar al dueo del buey.
Pero si el buey tena ya la costumbre de embestir, y llega a matar a alguien, se le matar a pedradas, lo mismo que al dueo, si es que el dueo lo saba pero no haca caso.
Si en vez de la pena de muerte le imponen una multa, tendr que pagar la multa que le impongan a cambio de su vida.
Esta misma ley vale en caso de que el embestido sea un muchacho o una muchacha.
Y si el buey embiste a un esclavo o a una esclava, se matar al buey a pedradas, y al amo del esclavo o de la esclava se le darn como pago treinta monedas de plata.
"Si alguien deja abierto un pozo, o hace un pozo y no lo tapa, y en l se cae un buey o un asno,
el dueo del pozo tendr que compensar al dueo del animal por esa prdida, pero podr quedarse con el animal muerto.
"Si el buey de alguien embiste y mata al buey de otro hombre, vendern el buey vivo y se repartirn por mitad el dinero y la carne del buey muerto.
Pero si se sabe que el buey ha tenido la costumbre de embestir y su dueo no haca caso, tendr que compensar al otro dueo con un buey vivo a cambio del muerto, y el buey muerto ser para l.
"En caso de que alguien robe un buey o una oveja, y lo mate o lo venda, tendr que pagar cinco reses por el buey y cuatro ovejas por la oveja.
"Si un ladrn es sorprendido en el momento del robo, y se le hiere y muere, su muerte no se considerar un asesinato.
Pero si ya es de da, su muerte s se considerar un asesinato."El que robe tendr que pagar el precio de lo que haya robado, pero si no tiene dinero, l mismo ser vendido para pagar lo robado.
"Si se le encuentra el animal robado en su poder y con vida, tendr que pagar el doble, ya sea un buey, un asno, o una oveja.
"Si alguien suelta a sus animales para que pasten en un campo o viedo, y sus animales pastan en el campo de otro, tendr que pagar el dao con lo mejor de su propio campo o de su propio viedo.
"Si alguien hace fuego, y el fuego se extiende a las zarzas y quema el trigo amontonado, o el que est por cosecharse, o toda la siembra, esa persona tendr que pagar los daos causados por el fuego.
"Si alguien le confa a otra persona dinero o cosas de valor, y a esa persona se los roban de su propia casa, el ladrn tendr que pagar el doble, si es que lo encuentran;
pero si no lo encuentran, entonces el dueo de la casa ser llevado ante Dios para ver si no ha echado mano de lo que el otro le confi.
"Si alguien se apropia de un buey, un asno o una oveja, o de algn vestido o cualquier otra cosa que se haya perdido y que alguno reclame como suyos, el caso de esas dos personas se llevar ante Dios, y el que resulte culpable pagar el doble al otro.
"Si alguien le confa a otra persona un asno, un buey o una oveja, o cualquier otro animal, y ese animal muere, o es lastimado, o es robado sin que nadie lo vea,
esa persona har un juramento al dueo, en el nombre del Seor, de que no ech mano de lo que el otro le confi. El dueo aceptar su palabra, y el otro no pagar nada.
Pero si le robaron el animal ante sus propios ojos, tendr que pagrselo al dueo.
Si el animal fue despedazado por un animal salvaje, para no pagar nada se debern presentar como prueba los restos del animal muerto.
"Si alguien pide a otro que le preste un animal, y el animal muere o resulta lastimado sin estar presente el dueo, el que lo pidi prestado tendr que pagar el dao;
pero si el dueo est presente, no tendr que pagar nada. Si el animal haba sido alquilado, el costo del alquiler ser el nico pago.
"En caso de que alguien seduzca a una mujer virgen que no est comprometida, y la deshonre, tendr que pagar la compensacin acostumbrada y casarse con ella.
Aun si el padre de la joven no quiere drsela como esposa, tendr que pagar la dote que se acostumbra dar por una mujer virgen.
"No dejes con vida a ninguna hechicera.
"El que se entregue a actos sexuales con un animal, ser condenado a muerte.
"El que ofrezca sacrificios a otros dioses, en vez de ofrecrselos solamente al Seor, ser condenado a muerte.
"No maltrates ni oprimas al extranjero, porque ustedes tambin fueron extranjeros en Egipto.
"No maltrates a las viudas ni a los hurfanos,
porque si los maltratas y ellos me piden ayuda, yo ir en su ayuda,
y con gran furia, a golpe de espada, les quitar a ustedes la vida. Entonces quienes se quedarn viudas y hurfanos sern las mujeres y los hijos de ustedes.
"Si le prestas dinero a alguna persona pobre de mi pueblo que viva contigo, no te portes con ella como un prestamista, ni le cobres intereses.
Si esa persona te da su ropa como garanta del prstamo, devulvesela al ponerse el sol,
porque esa ropa es lo nico que tiene para protegerse del fro. Si no, sobre qu va a acostarse? Y si l me pide ayuda, en su ayuda ir, porque yo s tener compasin.
"Nunca ofendas a Dios, ni maldigas al que gobierna a tu pueblo.
"No tardes en traerme ofrendas de todas tus cosechas y de todo tu vino."Tu primer hijo me lo dars,
lo mismo que la primera cra de tus vacas y de tus ovejas. Pueden quedarse siete das con su madre, pero a los ocho das de nacidos me los dars.
"Ustedes deben ser hombres consagrados a m."No coman la carne de animales despedazados por las fieras en el campo; chensela a los perros.
"No des informes falsos, ni te hagas cmplice del malvado para ser testigo en favor de una injusticia.
"No sigas a la mayora en su maldad."Cuando hagas declaraciones en un caso legal, no te dejes llevar por la mayora, inclinndote por lo que no es justo;
pero tampoco favorezcas indebidamente las demandas del pobre.
"Si encuentras el buey o el asno que tu enemigo haba perdido, devulveselo.
No dejes de ayudar a aquel que te odia; si ves que su asno cae bajo el peso de la carga, aydale a quitar la carga de encima.
"No le desconozcas al pobre sus derechos en un asunto legal.
"Aprtate de las acusaciones falsas y no condenes a muerte al hombre inocente y sin culpa, porque yo no declarar inocente al culpable.
"No aceptes soborno, porque el soborno vuelve ciegos a los hombres y hace que los inocentes pierdan el caso.
"No oprimas al extranjero, pues ustedes fueron extranjeros en Egipto y ya saben lo que es vivir en otro pas.
"Cultiva la tierra y recoge las cosechas durante seis aos,
pero el sptimo ao no la cultives: djala descansar para que la gente pobre de tu pas coma de ella, y para que los animales salvajes se coman lo que sobre. Haz lo mismo con tus viedos y tus olivos.
"Haz durante seis das todo lo que tengas que hacer, pero descansa el da sptimo, para que descansen tambin tu buey y tu asno, y recobren sus fuerzas tu esclavo y el extranjero.
"Cumplan con todo lo que les he dicho, y que jams se escuche en labios de ustedes el nombre de otros dioses.
"Haz fiesta en mi honor tres veces al ao.
Celebra la fiesta del pan sin levadura y, de acuerdo con lo que te he ordenado, come en ella pan sin levadura durante siete das. La fecha sealada es el mes de Abib, porque en ese mes saliste de Egipto. Y nadie podr venir a verme, si no trae algo.
"Celebra tambin la fiesta de la cosecha, de los primeros frutos de lo que sembraste en el campo, lo mismo que la fiesta de la cosecha de fin de ao, cuando coseches todo lo que hayas sembrado.
"Todos los hombres deben presentarse ante el Seor tres veces al ao.
"Cuando me hagas sacrificios de animales, no ofrezcas juntos su sangre y el pan con levadura, ni guardes su grasa para el da siguiente.
"Los mejores primeros frutos de tu tierra debes llevarlos al templo del Seor tu Dios."No cocines cabritos en la leche de su madre.
"Mira, yo enviar mi ngel delante de ti, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que te he preparado.
No te alejes de l; obedcelo y no le seas rebelde, porque l acta en mi nombre y no perdonar los pecados de ustedes.
Pero si de veras le obedeces y haces todo lo que yo he ordenado, ser enemigo de tus enemigos y me opondr a quienes se te opongan.
Mi ngel ir delante de ti, y te llevar al pas de los amorreos, hititas, ferezeos, cananeos, heveos y jebuseos, a quienes yo arrancar de raz.
No sigas el mal ejemplo de esos pueblos. No te arrodilles ante sus dioses, ni los adores; al contrario, destruye por completo sus dolos y piedras sagradas.
Adora al Seor tu Dios, y l bendecir tu pan y tu agua."Yo alejar de ti la enfermedad,
y har que no mueras antes de tiempo. No habr en tu pas ninguna mujer que aborte o que sea estril.
"Yo har que se extiendan el miedo y los gritos de angustia delante de ti, en cualquier nacin por donde pases, y har que tus enemigos huyan ante ti.
Har que el pnico se extienda a tu paso, y as huirn de tu presencia los heveos, los hititas y los cananeos.
No los arrojar de tu presencia en un ao, para que la tierra no se eche a perder ni aumenten los animales salvajes y te hagan dao.
Los arrojar de tu presencia poco a poco, hasta que tengas muchos hijos y tomes posesin de la tierra.
Tus fronteras las he marcado as: desde el Mar Rojo hasta el mar de los filisteos, y desde el desierto hasta el ro Eufrates. Yo he puesto en tus manos a los habitantes de ese pas, y t los arrojars de tu presencia.
"No entres en tratos con ellos ni con sus dioses,
ni los dejes quedarse en tu pas, para que no te hagan pecar contra m. Pues llegaras a adorar a sus dioses, y eso sera tu perdicin."
El Seor le dijo a Moiss:-Sube con Aarn, Nadab y Abih, y con setenta de los ancianos de Israel, al lugar donde yo estoy; pero qudense a cierta distancia, y arrodllense all.
Solo t podrs acercarte a m; los dems no debern acercarse, ni la gente subir contigo.
Moiss fue y le cont al pueblo todo lo que el Seor haba dicho y ordenado, y todos a una voz contestaron:-Haremos todo lo que el Seor ha ordenado!
Entonces Moiss escribi todo lo que el Seor haba dicho, y al da siguiente, muy temprano, se levant y construy un altar al pie del monte, y coloc doce piedras sagradas, una por cada tribu de Israel.
Luego mand a unos jvenes israelitas que mataran toros y los ofrecieran al Seor como holocaustos y sacrificios de reconciliacin.
Moiss tom la mitad de la sangre y la ech en unos tazones, y la otra mitad la roci sobre el altar.
Despus tom el libro de la alianza y se lo ley al pueblo, y ellos dijeron:-Pondremos toda nuestra atencin en hacer lo que el Seor ha ordenado.
Entonces Moiss tom la sangre y, rocindola sobre la gente, dijo:-Esta es la sangre que confirma la alianza que el Seor ha hecho con ustedes, sobre la base de todas estas palabras.
Moiss subi al monte con Aarn, Nadab, Abih y setenta ancianos de Israel.
All vieron al Dios de Israel: bajo sus pies haba algo brillante como un piso de zafiro y claro como el mismo cielo.
Dios no les hizo dao a estos hombres notables de Israel, los cuales vieron a Dios, y comieron y bebieron.
El Seor le dijo a Moiss:-Sube al monte, donde yo estoy, y esprame all, pues voy a darte unas tablas de piedra en las que he escrito la ley y los mandamientos para instruir a los israelitas.
Moiss se levant y subi al monte de Dios, junto con su ayudante Josu.
A los ancianos les dijo:-Esprennos en este lugar, hasta que regresemos. Aqu se quedan Aarn y Hur con ustedes, y si alguien tiene algn problema, que se lo presente a ellos.
Dicho esto, Moiss subi al monte, el cual qued cubierto por una nube.
La gloria del Seor vino a posarse sobre el monte Sina, y durante seis das la nube lo cubri. Al sptimo da el Seor llam a Moiss desde la nube.
La gloria del Seor se present a los ojos de los israelitas como un fuego devorador, sobre la parte ms alta del monte.
Moiss entr en la nube, subi al monte, y all se qued cuarenta das y cuarenta noches.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas que recojan una ofrenda para m. Deben recogerla entre todos los que quieran darla voluntariamente y de corazn;
y lo que deben recoger es lo siguiente: oro, plata, cobre,
tela morada, tela de prpura, tela roja, lino fino, pelo de cabra,
pieles de carnero teidas de rojo, pieles finas, madera de acacia,
aceite para lmparas, perfumes para el aceite de consagrar y para el incienso aromtico,
y piedras de cornalina y otras piedras finas para montarlas en el efod y el pectoral del sumo sacerdote.
Y hganme un santuario para que yo habite entre ellos.
Pero ese lugar donde yo he de habitar, y todos sus muebles, tienes que hacerlos exactamente iguales a los que te voy a mostrar.
"Haz un arca de madera de acacia, que mida un metro y diez centmetros de largo, sesenta y cinco centmetros de ancho, y sesenta y cinco centmetros de alto.
Recbrela de oro puro por dentro y por fuera, y ponle un ribete de oro alrededor.
Hazle tambin cuatro argollas de oro, y pnselas en las cuatro patas, dos de un lado y dos del otro.
Haz tambin travesaos de madera de acacia, recbrelos de oro,
y psalos a travs de las argollas que estn a los costados del arca, para que pueda ser levantada con ellos,
y ya no vuelvas a quitarlos; djalos ah, en las argollas del arca,
y coloca en el arca la ley que te voy a dar.
"Haz una tapa de oro puro, que mida un metro y diez centmetros de largo por sesenta y cinco centmetros de ancho,
con dos seres alados de oro labrado a martillo en los dos extremos.
La tapa y los seres alados deben ser de una sola pieza; uno de ellos estar en un extremo de la tapa y el otro en el otro extremo,
el uno frente al otro, pero con la cara hacia la tapa, y sus alas deben quedar extendidas por encima de la tapa cubrindola con ellas.
Coloca despus la tapa sobre el arca, y pon dentro del arca la ley que te voy a dar.
All me encontrar contigo y, desde lo alto de la tapa, de entre los dos seres alados que estn sobre el arca de la alianza, te har saber todas mis rdenes para los israelitas.
"Haz una mesa de madera de acacia, que mida noventa centmetros de largo, cuarenta y cinco centmetros de ancho, y sesenta y cinco centmetros de alto.
Recbrela de oro puro, y ponle un ribete de oro alrededor.
Hazla con un entrepao de siete centmetros de ancho, y ponle al entrepao un ribete de oro;
haz tambin cuatro argollas de oro, y pnselas en las cuatro esquinas que corresponden a las cuatro patas,
de tal manera que queden junto al entrepao, para que se pasen los travesaos por ellos y se pueda llevar la mesa.
Haz de madera de acacia los travesaos con los que se ha de llevar la mesa, y recbrelos de oro,
y haz de oro puro sus platos, cucharones, jarras y copas para las ofrendas de lquidos.
Pon siempre en la mesa, en presencia ma, el pan que se me consagra.
"Haz tambin un candelabro de oro puro labrado a martillo. Su base, tronco, copas, clices y ptalos formarn una sola pieza,
y de los costados le saldrn seis brazos, tres de un lado y tres del otro.
Cada uno de los seis brazos que salen del tronco del candelabro deber tener tres copas en forma de flor de almendro, con su cliz y sus ptalos,
y el tronco mismo tendr cuatro copas, tambin en forma de flor de almendro, con su cliz y sus ptalos.
Cada uno de los tres pares de brazos que salen del candelabro tendr un cliz en su parte inferior.
Los clices y los brazos debern formar una sola pieza con el candelabro, el cual ha de ser de oro puro labrado a martillo.
Hazle tambin siete lmparas, y colcalas de tal modo que alumbren hacia el frente,
y que sus tenazas y platillos sean tambin de oro puro.
Usa treinta y tres kilos de oro puro para hacer el candelabro y todos sus utensilios,
y pon tu atencin en hacerlos iguales a los modelos que se te mostraron en el monte.
"Haz el santuario con diez cortinas de lino torcido, tela morada, tela de prpura y tela roja; borda en ellas artsticamente dos seres alados.
Todas estas cortinas deben tener la misma medida: doce metros y medio de largo por dos de ancho.
Cose cinco cortinas juntas, una sobre la otra, lo mismo que las otras cinco,
y pon unos ojales de cordn morado en el borde de la primera cortina de un grupo, y tambin en el borde de la ltima cortina del otro grupo.
Tanto a la cortina del primer grupo como a la del segundo, debes hacerles cincuenta ojales, de manera que queden uno frente al otro.
Haz tambin cincuenta ganchos de oro para enganchar un grupo de cortinas al otro, de modo que el santuario forme un todo.
"Haz tambin once cortinas de pelo de cabra para formar una tienda de campaa que cubra el santuario.
Todas estas cortinas deben tener la misma medida: trece metros y medio de largo por dos de ancho.
Cose cinco cortinas juntas por una parte, y seis por otra, y dobla la sexta cortina por la parte delantera de la tienda de campaa.
Haz luego cincuenta ojales en el borde de la cortina que cierra el primer grupo, y otros cincuenta ojales en el borde de la cortina del segundo grupo.
Haz tambin cincuenta ganchos de bronce y engnchalos en los ojales, de modo que la tienda de campaa forme un todo.
Y como las cortinas de la tienda son ms largas, la mitad de la parte sobrante quedar colgando a espaldas del santuario.
As el santuario quedar cubierto por el largo sobrante, que colgar de los dos lados: cuarenta y cinco centmetros de un lado y cuarenta y cinco centmetros del otro.
"Haz para la tienda de campaa una cubierta de pieles de carnero teidas de rojo, y una cubierta de pieles finas para la parte superior.
"Haz unas tablas de madera de acacia, para el santuario, y ponlas bien derechas.
Cada tabla debe medir cuatro metros y medio de largo por sesenta y cinco centmetros de ancho,
y tener dos espigas para que cada tabla quede ensamblada con la otra. Haz as todas las tablas para el santuario.
Cuando las hagas, haz veinte tablas para el lado sur,
y pon cuarenta bases de plata debajo de ellas. Cada tabla debe tener dos bases debajo, para sus dos espigas.
"Tambin para el otro lado del santuario, o sea el lado norte, hars veinte tablas
con sus cuarenta bases de plata, para que debajo de cada tabla haya dos bases.
Para la parte posterior del santuario, o sea el lado oeste, haz seis tablas,
y dos tablas ms para las esquinas de la parte posterior.
Estas tablas deben formar pareja y quedar unidas por la parte de arriba hasta el primer anillo. As ha de hacerse con las dos tablas para las dos esquinas.
Habr entonces ocho tablas con sus correspondientes diecisis bases de plata, o sea dos bases debajo de cada tabla.
"Haz cinco travesaos de madera de acacia para las tablas de un lado del santuario,
cinco travesaos para las tablas del otro lado y otros cinco travesaos para las tablas de la parte trasera, la que da al oeste.
El travesao central tiene que pasar de un lado a otro, a la mitad de las tablas.
Despus recubre de oro las tablas, y hazles argollas de oro para que los travesaos, ya recubiertos de oro, pasen a travs de ellas.
En fin, construye el santuario exactamente igual al modelo que se te mostr en el monte.
"Haz un velo de tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido, y borda artsticamente dos seres alados en l.
Y luego, con unos ganchos de oro, culgalo de cuatro postes de madera de acacia, que deben estar recubiertos de oro, y sobre cuatro bases de plata.
Cuelga entonces el velo debajo de los ganchos, y all, tras el velo, pon el arca de la alianza. As la cortina les servir a ustedes de divisin entre el Lugar Santo y el Lugar Santsimo.
Coloca despus la tapa sobre el arca de la alianza, en el Lugar Santsimo.
Pon la mesa fuera del velo, en el lado norte del santuario, y el candelabro en el lado sur, frente a la mesa.
"Haz para la entrada de la tienda de campaa una cortina de tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido, bordada artsticamente.
Haz tambin, para la cortina, cinco postes de madera de acacia recubiertos de oro, con sus ganchos de oro, y funde cinco bases de bronce para los postes.
"Haz un altar cuadrado, de madera de acacia, que mida dos metros y veinticinco centmetros por cada lado, y un metro y veinticinco centmetros de alto.
Hazle cuatro cuernos para sus cuatro esquinas, los cuales deben formar una sola pieza con el altar, y recubre de bronce el altar.
Todos los utensilios del altar han de ser de bronce: los ceniceros, las palas, los tazones, los tenedores y los braseros.
Hazle tambin una rejilla de bronce, y pon cuatro argollas de bronce en las cuatro esquinas de la rejilla.
Coloca despus la rejilla debajo del borde del altar, para que quede a media altura del altar.
Haz tambin para el altar unos travesaos de madera de acacia, y recbrelos de bronce.
Los travesaos deben pasar a travs de las argollas y quedarse en los dos costados del altar, para que se pueda transportar.
El altar ha de ser hueco y de madera, igual al que viste en el monte.
"Haz un patio para el santuario. Por el lado sur, el patio debe tener cortinas de lino torcido, extendidas a lo largo de cuarenta y cinco metros.
Sus veinte postes y sus veinte bases sern de bronce, y sus ganchos y anillos sern de plata.
Asimismo, por el lado norte, deber haber cortinas a lo largo de cuarenta y cinco metros, con sus veinte postes y veinte bases de bronce, y sus ganchos y anillos de plata.
Por el lado occidental habr veintids metros y medio de cortinas, extendidas a lo ancho del patio, con diez postes y diez bases.
Por el lado oriental, a lo ancho del patio, habr tambin veintids metros y medio de cortinas.
De un lado de la entrada habr unos siete metros de cortinas, con tres postes y tres bases;
y del otro lado, tambin unos siete metros de cortinas, con tres postes y tres bases.
En la entrada misma del patio deber haber nueve metros de cortinas de tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido, bordadas artsticamente, con cuatro postes y cuatro bases.
Todos los postes alrededor del patio debern tener anillos de plata, ganchos de plata y bases de bronce.
El patio medir cuarenta y cinco metros de largo, veintids metros y medio de ancho por los dos lados, y dos metros y veinticinco centmetros de alto. Las cortinas sern de lino torcido, y las bases de bronce.
Todas las cosas necesarias para el culto en el santuario sern de bronce, lo mismo que todas sus estacas y las estacas del patio.
"Ordena a los israelitas que te traigan aceite puro de oliva, para mantener las lmparas siempre encendidas.
Aarn y sus hijos se encargarn de arreglar las lmparas, para que ardan delante del Seor toda la noche en la tienda del encuentro con Dios, fuera del velo que est junto al arca de la alianza. Esta es una ley permanente para los israelitas y sus descendientes.
"De entre los israelitas, mantn cerca de ti a tu hermano Aarn y a sus hijos Nadab, Abih, Eleazar e Itamar, para que sean mis sacerdotes.
Haz para tu hermano Aarn ropas especiales, que le den esplendor y belleza.
Habla t con todos los que tengan mayores aptitudes, con aquellos a quienes he llenado de cualidades artsticas, para que hagan las ropas de Aarn y as l sea consagrado como mi sacerdote.
Las ropas que han de hacer son estas: el pectoral, el efod, la capa, la tnica bordada, el turbante de lino y el cinturn. As que harn ropas especiales para tu hermano Aarn y para sus hijos, para que oficien como sacerdotes mos.
Los que hagan las ropas debern usar oro, tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido.
"El efod ha de ser de oro, tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido, bordado artsticamente
y con dos tirantes unidos a sus dos extremos.
El cinturn que va sobre el efod para sujetarlo, formar una sola pieza con l, y ser tambin de oro, tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido.
"Toma luego dos piedras de cornalina, y graba en ellas los nombres de los hijos de Israel,
en el orden en que nacieron; seis nombres en una piedra y seis nombres en la otra.
El grabado de los nombres en las piedras lo har un joyero, a la manera del grabado de un sello. Monta luego las dos piedras en monturas de oro,
y ponlas sobre los tirantes del efod, como piedras para recordar a los hijos de Israel. As Aarn llevar sobre sus hombros los nombres de ellos ante el Seor, para recordarlos.
Las monturas hazlas de oro;
haz luego una cadena con dos cordones de oro puro, y ponla alrededor de las monturas.
"El pectoral, con los instrumentos del juicio, lo hars de la misma manera que el efod, es decir, bordado artsticamente. Hazlo de oro, tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido,
doble y cuadrado, de veintids centmetros por cada lado.
Cbrelo de piedras preciosas distribuidas en cuatro hileras. La primera hilera debe tener un rub, un crisolito y una esmeralda;
la segunda, un granate, un zafiro y un jade;
la tercera, un jacinto, una gata y una amatista;
y la cuarta, un topacio, una cornalina y un jaspe. Las piedras deben estar montadas en monturas de oro,
y tienen que ser doce, pues doce son los nombres de los hijos de Israel. En cada piedra se grabar, en forma de sello, el nombre de una de las doce tribus.
"Haz para el pectoral unas cadenas de oro puro, torcidas como cordones.
Haz tambin dos argollas de oro, y ponlas en los dos extremos del pectoral;
pon luego las dos cadenas de oro en las dos argollas que estn en los dos extremos superiores del pectoral,
y pon las dos puntas de las dos cadenas sobre las dos monturas, asegurndolas sobre los tirantes del efod por su parte delantera.
Haz otras dos argollas de oro, y ponlas en los dos extremos inferiores del pectoral, sobre la orilla interior que queda junto al efod.
Haz dos argollas ms de oro, y ponlas en la parte delantera de los tirantes del efod, pero por debajo, junto a las costuras y un poco arriba del cinturn del efod.
Entonces se unirn las argollas del pectoral a las argollas del efod con un cordn morado, para que el pectoral quede arriba del cinturn del efod y no se separe del mismo.
Y as, cuando Aarn entre en el santuario llevando puesto el pectoral con los instrumentos del juicio, llevar tambin sobre su pecho los nombres de los hijos de Israel ante la presencia del Seor, para que l los recuerde siempre.
Pon en el pectoral el Urim y el Tumim, que son los instrumentos del juicio, para que Aarn los lleve sobre su pecho cuando se presente ante el Seor. As Aarn llevar siempre, sobre su pecho, los instrumentos del juicio ante el Seor.
"Haz de tela morada toda la capa del efod,
con una abertura en el centro para la cabeza. En la orilla de la abertura debe hacrsele un dobladillo, como el que tienen los chalecos de cuero, para que no se rompa.
Adorna el borde de la capa con granadas de tela morada, tela de prpura y tela roja, combinadas con campanitas de oro alrededor de todo el borde;
es decir, que ir una campanita de oro y luego una granada, otra campanita de oro y otra granada, y as por todo el borde de la capa.
Aarn debe llevar puesta la capa cuando oficie como sacerdote, para que cuando entre en el santuario ante el Seor, o cuando salga, se oiga el sonido de las campanas y as l no muera.
"Haz una placa de oro puro, y graba en ella, como si fuera un sello, las palabras 'Consagrado al Seor'.
Pon la placa en el turbante, por la parte delantera, atada con un cordn morado para que quede fija.
As estar siempre sobre la frente de Aarn, y Aarn cargar con las faltas que cometan los israelitas en las cosas santas y cuando consagren sus ofrendas; pero la placa har que el Seor acepte las ofrendas.
"Haz la tnica bordada y de lino, y haz tambin de lino el turbante. El cinturn ha de ser bordado artsticamente.
A los hijos de Aarn hazles tnicas, cinturones y turbantes que les den esplendor y belleza.
"As debers vestir a tu hermano Aarn y a sus hijos, y luego derramars aceite sobre su cabeza para darles plena autoridad y consagrarlos como sacerdotes mos.
Hazles tambin calzoncillos de lino que les cubran de la cintura a los muslos,
y que Aarn y sus hijos los lleven puestos cuando entren en la tienda del encuentro, o cuando se acerquen al altar, mientras oficien como sacerdotes en el santuario, para que no cometan ninguna falta y mueran. Esta es una ley permanente para l y sus descendientes.
"Para consagrarlos como mis sacerdotes, esto es lo que debes hacer con ellos: toma un becerro y dos carneros que no tengan ningn defecto;
con la mejor harina de trigo, haz panes y tortas sin levadura, amasadas con aceite, y hojuelas sin levadura rociadas con aceite,
y ponlos en un canastillo para llevarlos al santuario, junto con el becerro y los dos carneros.
Luego lleva a Aarn y a sus hijos a la entrada de la tienda del encuentro, y haz que se baen;
toma despus las ropas sacerdotales, y viste a Aarn con la tnica y la capa del efod, y con el efod mismo y el pectoral. Ajstale el cinturn del efod;
ponle el turbante en la cabeza y, sobre el turbante, la placa que lo consagra como sacerdote.
Toma entonces el aceite de consagrar, y consagra a Aarn como sacerdote, derramando el aceite sobre su cabeza.
Haz tambin que se acerquen sus hijos, y vstelos con las tnicas.
Tanto a Aarn como a ellos les ajustars el cinturn y les acomodars el turbante. De esta manera les dars plena autoridad, y su sacerdocio ser una ley permanente.
"Despus lleva el becerro hasta la tienda del encuentro, para que Aarn y sus hijos pongan las manos sobre la cabeza del animal,
y all, ante el Seor, a la entrada de la tienda del encuentro, mata al becerro.
Toma entonces con el dedo un poco de su sangre y ntala en los cuernos del altar, y derrama al pie del altar toda la sangre que quede.
A los intestinos, hgado y riones, qutales la grasa de que estn cubiertos, y qumalos en el altar;
pero la carne, la piel y el estircol del becerro, qumalos en las afueras del campamento, pues es un sacrificio por el pecado.
"Toma uno de los dos carneros, y que Aarn y sus hijos le pongan las manos sobre la cabeza.
Despus mtalo, y roca con su sangre los costados del altar;
luego crtalo en pedazos, lava sus intestinos y sus patas, y ponlas junto con los pedazos y la cabeza.
Entonces ofrece el carnero sobre el altar como holocausto en honor del Seor, como ofrenda quemada de olor agradable.
"Toma entonces el otro carnero, y que Aarn y sus hijos le pongan las manos sobre la cabeza.
Mata el carnero, toma un poco de su sangre y pnsela a Aarn y a sus hijos en la parte inferior de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho. Luego roca con el resto de la sangre del carnero los costados del altar.
Y de la sangre que quede sobre el altar, y del aceite para consagrar, toma un poco y rocalos sobre Aarn y sobre su ropa, y sobre sus hijos y la ropa de ellos. As quedarn consagrados Aarn y sus hijos, lo mismo que sus ropas.
"Despus toma la grasa que el carnero tiene en la cola y sobre los intestinos y en el hgado, y toma tambin sus dos riones y la grasa que los cubre, y su muslo derecho, porque es un carnero para la consagracin de sacerdotes.
De los panes sin levadura que estn en un canastillo ante el Seor, toma un pan redondo, un pan amasado con aceite y una hojuela;
pon todo esto en las manos de Aarn y de sus hijos, y celebra el rito de presentacin ante el Seor.
Luego retira esto de sus manos y qumalo en el altar, junto con el holocausto de aroma agradable al Seor. Es una ofrenda quemada en honor del Seor.
"Para la consagracin de Aarn, toma tambin el pecho del carnero y celebra el rito de presentacin ante el Seor. A ti te tocar esa parte.
Aparta el pecho presentado como ofrenda especial en ese rito, y el muslo que se ofrece como contribucin, pues son las partes que del carnero de la consagracin se reservan para Aarn y sus hijos.
Eso ser para Aarn y sus hijos. Es una ley permanente para los israelitas: esta ofrenda ser una contribucin hecha por los israelitas como sacrificio de reconciliacin al Seor.
"La ropa sagrada de Aarn la heredarn sus descendientes cuando sean consagrados y reciban plena autoridad como sacerdotes.
Y el sacerdote descendiente de Aarn que ocupe su lugar y que entre en la tienda del encuentro para oficiar en el santuario, deber llevar puesta esa ropa durante siete das.
"Toma despus el carnero de la consagracin, y cuece su carne en un lugar sagrado.
Aarn y sus descendientes comern la carne del carnero y el pan del canastillo, a la entrada de la tienda del encuentro.
Los comern porque fueron ofrecidos para obtener el perdn de sus pecados, cuando fueron consagrados y recibieron plena autoridad como sacerdotes. Pero ningn extrao deber comer de estas cosas, porque son sagradas.
Y si para el da siguiente queda algo del pan y de la carne de la consagracin, quema lo que haya quedado, y que nadie lo coma, porque es sagrado.
"Haz todo esto con Aarn y sus hijos, de acuerdo con todas mis instrucciones. Dedica siete das a investirlos de autoridad,
y ofrece cada da un becerro como sacrificio para obtener el perdn de los pecados; purifica el altar, ofreciendo sobre l un sacrificio por el pecado, y derrama aceite sobre l, para consagrarlo.
Durante siete das ofrecers sobre el altar sacrificios por el pecado; as lo consagrars a Dios, y ser un altar santsimo: cualquier cosa que toque el altar quedar consagrada.
"Diariamente y sin falta debes ofrecer sobre el altar dos corderos de un ao.
Uno de ellos lo ofrecers por la maana, y el otro lo ofrecers al atardecer.
Con el primer cordero ofrecers unos dos kilos de la mejor harina, mezclada con un litro de aceite de oliva, y derramars como ofrenda un litro de vino.
Lo mismo hars al atardecer con el otro cordero y con las ofrendas de harina y de vino, ofrendas quemadas de aroma agradable al Seor.
Estas ofrendas quemadas en mi honor son las que de padres a hijos se ofrecern siempre en mi presencia, a la entrada de la tienda del encuentro, que es donde me encontrar contigo para hablarte.
All me encontrar con los israelitas, y el lugar quedar consagrado por mi presencia.
Consagrar la tienda del encuentro y el altar, y consagrar tambin a Aarn y a sus hijos como sacerdotes mos.
Yo vivir entre los israelitas, y ser su Dios.
As sabrn que yo soy el Seor su Dios, el que los sac de Egipto para vivir entre ellos. Yo soy el Seor su Dios.
"Haz tambin un altar de madera de acacia, para quemar incienso.
Tiene que ser cuadrado, de cuarenta y cinco centmetros de largo por cuarenta y cinco centmetros de ancho, y de noventa centmetros de altura, y los cuernos del altar deben formar una sola pieza con el altar mismo.
Recubre de oro puro su parte superior, sus cuatro lados y sus cuernos, y ponle un ribete de oro alrededor.
Ponle tambin unas argollas de oro debajo del ribete, dos en las esquinas de un lado y dos en las esquinas del otro, para pasar por ellas los travesaos con que va a ser transportado.
Haz los travesaos de madera de acacia, y recbrelos de oro.
Pon luego el altar ante el velo que est junto al arca de la alianza, ante la tapa que lo cubre, donde yo me encontrar contigo.
Todas las maanas, a la hora de preparar las lmparas, Aarn quemar incienso aromtico sobre este altar,
y lo quemar tambin al atardecer, a la hora de encender las lmparas. Esto se har en la presencia del Seor siempre, a travs de los siglos.
No ofrezcas sobre este altar ningn otro incienso, ni holocaustos, ni ofrendas de cereales, ni tampoco ofrendas de vino derramado.
Este altar estar completamente consagrado al Seor, y una vez al ao ofrecer Aarn sobre los cuernos del altar la sangre del sacrificio para obtener el perdn de los pecados. Una vez al ao, todos los aos, sobre este altar se ofrecer el sacrificio para obtener el perdn de los pecados."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Cuando hagas un censo de los israelitas, cada uno de ellos deber dar una contribucin al Seor como rescate por su vida, a fin de que no haya ninguna plaga mortal con motivo del censo.
Todo el que sea registrado dar como contribucin al Seor cinco gramos de plata, que es la mitad del peso oficial del santuario.
Todos los registrados de veinte aos para arriba darn esta contribucin al Seor,
y al dar cada uno al Seor el rescate por su vida, ni el rico dar ms de cinco gramos de plata, ni el pobre menos de cinco.
As que recogers la plata que los israelitas den como rescate por su vida, y la entregars para el culto de la tienda del encuentro. Eso har que el Seor se acuerde de los israelitas, y de que dieron el rescate por su vida."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Haz una palangana de bronce, con su base del mismo metal, que sirva para lavarse; ponla entre la tienda del encuentro y el altar, y llnala de agua.
Aarn y sus hijos sacarn agua de all para lavarse las manos y los pies.
Y se los lavarn cuando entren en la tienda del encuentro, y cuando se acerquen al altar para oficiar y presentar al Seor la ofrenda quemada. As no morirn.
Para que no mueran, debern lavarse las manos y los pies. Esta ser una ley permanente a travs de los siglos para Aarn y sus descendientes."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Escoge t mismo las mejores plantas aromticas: unos seis kilos de la mejor mirra, unos tres kilos de canela y unos tres kilos de caa aromtica;
unos seis kilos de casia -pesados segn el peso oficial del santuario- y tres litros y medio de aceite de oliva.
Haz con todo esto el aceite santo de consagrar, de la misma manera que un perfumero prepara sus perfumes. Este ser el aceite santo de consagrar,
y debers derramarlo sobre la tienda del encuentro, el arca de la alianza,
la mesa con todos sus utensilios, el candelabro con sus utensilios, el altar del incienso,
el altar de los holocaustos con todos sus utensilios, y la palangana con su base.
As los consagrars y sern cosas santsimas; cualquier cosa que las toque, quedar consagrada.
"Derrama tambin de ese aceite sobre Aarn y sus hijos, para consagrarlos como mis sacerdotes,
y di a los israelitas lo siguiente: 'A travs de los siglos, este ser mi aceite santo de consagrar.
No lo derramen sobre cualquier hombre comn, ni preparen otro aceite igual a este. Es un aceite santo, y como cosa santa deben tratarlo.
Si alguien prepara un aceite igual a este, o lo derrama sobre cualquier extrao, ser eliminado de entre su gente.' "
El Seor le dijo a Moiss:"Toma una misma cantidad de las siguientes especias: resina, ua aromtica, incienso puro y glbano aromtico,
y prepara con ellas un incienso puro y santo, mezclndolo todo bien, como un perfumero al hacer sus perfumes.
Muele muy fina una parte, y ponla ante el arca de la alianza, en la tienda del encuentro, o sea donde yo me encontrar contigo. Este incienso ser de lo ms sagrado para ustedes,
y no deben preparar para su propio uso otro incienso igual a este que has preparado. Es del Seor, y para ti ser una cosa sagrada.
El que prepare un incienso igual para disfrutar de su aroma, ser eliminado de entre su gente."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Mira, de la tribu de Jud he escogido a Besalel, hijo de Ur y nieto de Hur,
y lo he llenado del espritu de Dios, y de sabidura, entendimiento, conocimientos y capacidad creativa,
para hacer diseos y trabajos en oro, plata y bronce,
para tallar y montar piedras preciosas, para tallar madera y para hacer cualquier trabajo artstico.
Le he puesto como ayudante a Oholiab, hijo de Ahisamac, que es de la tribu de Dan. Y a todos los sabios les he dado ms sabidura, a fin de que hagan todo lo que te he ordenado:
la tienda del encuentro, el arca de la alianza, la tapa que va sobre el arca, todos los utensilios de la tienda,
la mesa con sus utensilios, el candelabro de oro puro con sus utensilios, el altar del incienso,
el altar de los holocaustos con sus utensilios, la palangana con su base,
la ropa tejida, es decir, la ropa especial del sacerdote Aarn y la ropa de sus hijos para cuando oficien como sacerdotes,
el aceite de consagrar y el incienso aromtico para el santuario. Ellos deben hacerlo todo tal como te lo he ordenado."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Habla t mismo con los israelitas y diles lo siguiente: 'Deben respetar mis sbados, porque esa es la seal entre ustedes y yo a travs de los siglos, para que se sepa que yo, el Seor, los he escogido a ustedes.
El sbado ser sagrado para ustedes, y debern respetarlo. El que no respete ese da, ser condenado a muerte. Adems, la persona que trabaje en ese da ser eliminada de entre su gente.
Se podr trabajar durante seis das, pero el da sptimo ser da de reposo consagrado al Seor. Cualquiera que trabaje en el sbado, ser condenado a muerte.'
As que los israelitas han de respetar la prctica de reposar en el sbado como una alianza eterna a travs de los siglos.
Ser una seal permanente entre los israelitas y yo."Porque el Seor hizo el cielo y la tierra en seis das, y el da sptimo dej de trabajar y descans.
Cuando el Seor dej de hablar con Moiss en el monte Sina, le entreg dos tablas de piedra con la ley escrita por el dedo mismo de Dios.
Al ver los israelitas que Moiss tardaba en bajar del monte, se juntaron alrededor de Aarn y le dijeron:-Anda, haznos dioses que nos guen, porque no sabemos qu le ha pasado a este Moiss que nos sac de Egipto.
Y Aarn les contest:-Qutenles a sus mujeres, hijos e hijas, los aretes de oro que llevan en las orejas, y triganmelos aqu.
Todos se quitaron los aretes de oro que llevaban en las orejas, y se los llevaron a Aarn,
quien los recibi, y fundi el oro, y con un cincel lo trabaj hasta darle la forma de un becerro. Entonces todos dijeron:-Israel, este es tu dios, que te sac de Egipto!
Cuando Aarn vio esto, construy un altar ante el becerro, y luego grit:-Maana haremos fiesta en honor del Seor!
Al da siguiente por la maana se levantaron y ofrecieron holocaustos y sacrificios de reconciliacin. Despus el pueblo se sent a comer y beber, y luego se levantaron a divertirse.
Entonces el Seor le dijo a Moiss:-Anda, baja, porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha echado a perder.
Muy pronto se han apartado del camino que yo les orden seguir. Se han hecho un becerro de oro fundido, y lo estn adorando y presentndole ofrendas; y dicen: 'Israel, este es tu dios, que te sac de Egipto!'
Adems, el Seor le dijo a Moiss:-Me he fijado en esta gente, y me he dado cuenta de que son muy tercos.
Ahora djame en paz, que estoy ardiendo de enojo y voy a acabar con ellos! Pero de ti voy a hacer una gran nacin.
Moiss, sin embargo, trat de calmar al Seor su Dios con estas palabras:-Seor, por qu vas a arder de enojo contra tu pueblo, el que t mismo sacaste de Egipto con gran despliegue de poder?
Cmo vas a dejar que digan los egipcios: 'Dios los sac con la mala intencin de matarlos en las montaas, para borrarlos de la superficie de la tierra'? Deja ya de arder de enojo; renuncia a la idea de hacer dao a tu pueblo.
Acurdate de tus siervos Abraham, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo y les dijiste: 'Har que los descendientes de ustedes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y toda esta tierra que les he prometido a ustedes se la dar como su herencia para siempre.'
El Seor renunci a la idea que haba expresado de hacer dao a su pueblo.
Entonces Moiss se dispuso a bajar del monte, trayendo en sus manos las dos tablas de la ley, las cuales estaban escritas por los dos lados.
Dios mismo haba hecho las tablas, y Dios mismo haba grabado lo que estaba escrito en ellas.
Cuando Josu escuch los gritos de la gente, le dijo a Moiss:-Se oyen gritos de guerra en el campamento.
Pero Moiss contest:-No son cantos alegres de victoria, ni son cantos tristes de derrota; son otros cantos los que escucho.
En cuanto Moiss se acerc al campamento y vio el becerro y los bailes, ardi de enojo y arroj de sus manos las tablas, hacindolas pedazos al pie del monte;
en seguida agarr el becerro y lo arroj al fuego, luego lo moli hasta hacerlo polvo, y el polvo lo roci sobre el agua; entonces hizo que los israelitas bebieran de aquella agua.
Y le dijo a Aarn:-Qu te hizo este pueblo, que le has hecho cometer un pecado tan grande?
Y Aarn contest:-Seor mo, no te enojes conmigo. T bien sabes que a esta gente le gusta hacer lo malo.
Ellos me dijeron: 'Haznos un dios que nos gue, porque no sabemos qu pudo haberle pasado a este Moiss que nos sac de Egipto.'
Yo les contest: 'El que tenga oro, que lo aparte.' Ellos me dieron el oro, yo lo ech en el fuego, y sali este becerro!
Moiss se fij en que el pueblo estaba desenfrenado y expuesto a las burlas de sus enemigos, pues Aarn no lo haba controlado,
as que se puso de pie a la entrada del campamento y dijo:-Los que estn de parte del Seor, jntense conmigo. Y todos los levitas se le unieron.
Entonces Moiss les dijo:-As dice el Seor, el Dios de Israel: 'Tome cada uno de ustedes la espada, regresen al campamento, y vayan de puerta en puerta, matando cada uno de ustedes a su hermano, amigo o vecino.'
Los levitas cumplieron las rdenes de Moiss, y ese da murieron como tres mil hombres.
Entonces Moiss dijo:-Hoy reciben ustedes plena autoridad ante el Seor, por haberse opuesto unos a su hijo y otros a su hermano. As que hoy el Seor los bendice.
Al da siguiente, Moiss dijo a la gente:-Ustedes han cometido un gran pecado. Ahora voy a tener que subir a donde est el Seor, a ver si consigo que los perdone.
Y as Moiss volvi a donde estaba el Seor, y le dijo:-Realmente el pueblo cometi un gran pecado al hacerse un dios de oro.
Yo te ruego que los perdones; pero si no los perdonas, borra mi nombre del libro que has escrito!
Pero el Seor le contest:-Solo borrar de mi libro al que peque contra m.
As que, anda, lleva al pueblo al lugar que te dije. Mi ngel te guiar. Y cuando llegue el da del castigo, yo los castigar por su pecado.
Y el Seor envi una plaga sobre el pueblo por haber adorado al becerro que Aarn les hizo.
El Seor le dijo a Moiss:-Anda, vete de aqu con el pueblo que sacaste de Egipto. Vayan a la tierra que promet a Abraham, Isaac y Jacob que dara a sus descendientes.
Yo enviar mi ngel para que te gue, y echar fuera del pas a los cananeos, amorreos, hititas, ferezeos, heveos y jebuseos.
Vayan a la tierra donde la leche y la miel corren como el agua. Pero yo no ir entre ustedes, no vaya a ser que los destruya en el camino, pues ustedes son gente muy terca.
El pueblo se entristeci al escuchar estas duras palabras, y nadie se puso sus joyas,
pues el Seor le haba dicho a Moiss:-Diles a los israelitas: 'Ustedes son gente muy terca. Si yo estuviera entre ustedes aun por un momento, terminara por destruirlos! Qutense ahora mismo sus joyas, y ya ver entonces qu hacer con ustedes.'
Y as, a partir del monte Horeb, los israelitas dejaron de usar sus joyas.
Moiss tom la tienda de campaa y la puso a cierta distancia fuera del campamento, y la llam tienda del encuentro con Dios. Cuando alguien quera consultar al Seor, iba a la tienda, la cual estaba fuera del campamento.
Y cuando Moiss iba a la tienda, toda la gente se levantaba y permaneca de pie a la entrada de su propia tienda de campaa, siguiendo a Moiss con la mirada hasta que este entraba en la tienda.
En cuanto Moiss entraba en ella, la columna de nube bajaba y se detena a la entrada de la tienda, mientras el Seor hablaba a Moiss.
Y cuando la gente vea que la columna de nube se detena a la entrada de la tienda, cada uno se arrodillaba a la entrada de su propia tienda en actitud de adoracin.
Dios hablaba con Moiss cara a cara, como quien habla con un amigo, y despus Moiss regresaba al campamento. Pero su ayudante, el joven Josu, hijo de Nun, nunca se apartaba del interior de la tienda.
Moiss le dijo al Seor:-Mira, t me pides que yo dirija a este pueblo, pero no me dices a quin vas a enviar conmigo. Tambin dices que tienes mucha confianza en m y que me he ganado tu favor.
Pues si esto es cierto, hazme saber tus planes, para que yo pueda tener confianza en ti y pueda seguir contando con tu favor. Ten en cuenta que este pueblo es tu pueblo.
-Yo mismo te acompaar y te har descansar -dijo el Seor.
Pero Moiss le respondi:-Si t mismo no vas a acompaarnos, no nos hagas salir de aqu.
Porque si t no nos acompaas, de qu otra manera podr saberse que tu pueblo y yo contamos con tu favor? Solo as tu pueblo y yo podremos distinguirnos de todos los otros pueblos de la tierra.
-Esto que has dicho tambin lo voy a hacer, porque tengo confianza en ti y te has ganado mi favor -le afirm el Seor.
-Djame ver tu gloria! -suplic Moiss.
Pero el Seor contest:-Voy a hacer pasar toda mi bondad delante de ti, y delante de ti pronunciar mi nombre. Tendr misericordia de quien yo quiera, y tendr compasin tambin de quien yo quiera.
Pero te aclaro que no podrs ver mi rostro, porque ningn hombre podr verme y seguir viviendo.
Dijo tambin el Seor:-Mira, aqu junto a m hay un lugar. Ponte de pie sobre la roca.
Cuando pase mi gloria, te pondr en un hueco de la roca y te cubrir con mi mano hasta que yo haya pasado.
Despus quitar mi mano, y podrs ver mis espaldas; pero mi rostro no debe ser visto.
El Seor le dijo a Moiss:-Corta t mismo dos tablas de piedra iguales a las primeras, para que yo escriba en ellas las mismas palabras que estaban escritas en las primeras tablas, las que hiciste pedazos.
Preprate tambin para subir al monte Sina maana por la maana, y presntate ante m en la parte ms alta del monte.
Nadie debe subir contigo, ni se debe ver a nadie por todo el monte; tampoco debe haber ovejas o vacas pastando frente al monte.
Moiss cort dos tablas de piedra iguales a las primeras. Al da siguiente, muy temprano, tom las dos tablas de piedra y subi al monte Sina, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Entonces el Seor baj en una nube y estuvo all con Moiss, y pronunci su propio nombre.
Pas delante de Moiss, diciendo en voz alta:-El Seor! El Seor! Dios tierno y compasivo, paciente y grande en amor y verdad!
Por mil generaciones se mantiene fiel en su amor y perdona la maldad, la rebelda y el pecado; pero no deja sin castigo al culpable, sino que castiga la maldad de los padres en los hijos y en los nietos, en los bisnietos y en los tataranietos.
Rpidamente Moiss se inclin hasta tocar el suelo con la frente, y ador al Seor
diciendo:-Seor! Seor! Si en verdad me he ganado tu favor, acompanos. Esta gente es realmente muy terca, pero perdnanos nuestros pecados y maldad, y acptanos como tu pueblo.
El Seor dijo:"Pongan atencin: yo hago ahora una alianza ante todo tu pueblo. Voy a hacer cosas maravillosas que no han sido hechas en ninguna otra nacin de la tierra, y toda la gente entre la que ustedes se encuentran ver lo que el Seor puede hacer, pues ser maravilloso lo que yo har con ustedes.
"Cumplan lo que les he ordenado hoy, y yo arrojar de la presencia de ustedes a los amorreos, cananeos, hititas, ferezeos, heveos y jebuseos.
"No hagan ningn pacto con los que viven en el pas al que van a entrar, para que no los hagan caer en sus redes.
Al contrario, derriben sus altares y destrocen por completo sus piedras y troncos sagrados.
"No adoren a ningn otro dios, porque el Seor es celoso. Su nombre es Dios celoso.
"No hagan ningn pacto con los que viven en esa tierra, no sea que cuando ellos se rebajen a adorar a sus dioses y les presenten ofrendas, los inviten a ustedes y ustedes coman tambin de esas ofrendas,
o casen ellos a sus hijas con los hijos de ustedes, y cuando ellas cometan inmoralidades al adorar a sus dioses, hagan que los hijos de ustedes tambin se rebajen a adorarlos.
"Jams se hagan ustedes dolos de metal fundido.
"Celebren la fiesta del pan sin levadura y, de acuerdo con lo que les he ordenado, coman pan sin levadura durante siete das. La fecha sealada es el mes de Abib, porque en ese mes salieron de Egipto.
"Todo primer hijo que ustedes tengan, ser para m, lo mismo que toda primera cra de sus vacas, ovejas y cabras, si la cra es un macho.
En el caso de la primera cra de una asna, deben dar un cordero o un cabrito en lugar del asno; pero si no lo dan, le rompern el cuello al asno. Tambin deben dar una ofrenda en lugar de cada hijo mayor. Y nadie ha de venir a verme si no trae algo.
"Trabajen durante seis das, pero el da sptimo deben descansar, aun en tiempo de siembra o de cosecha.
"Celebren la fiesta de las Semanas, la de los primeros frutos de la cosecha de trigo, y la de la cosecha de fin del ao.
"Todos los hombres se presentarn tres veces al ao ante el Seor, el Dios de Israel.
Yo voy a arrojar de la presencia de ustedes a las dems naciones, y extender el territorio de ustedes. As nadie tratar de aduearse de su tierra mientras ustedes van a presentarse ante el Seor su Dios tres veces al ao.
"En los sacrificios de animales, no ofrezcan juntos la sangre y el pan con levadura, ni guarden para el da siguiente lo que sobre del animal sacrificado en la Pascua.
"Deben llevar los mejores primeros frutos de su tierra al templo del Seor su Dios."No cocinen cabritos en la leche de su madre."
El Seor le dijo a Moiss: "Escribe estas palabras, porque ellas son la base de la alianza que yo hago contigo y con los israelitas."
Moiss se qued all con el Seor cuarenta das y cuarenta noches, sin comer ni beber. All escribi sobre las tablas las palabras de la alianza, es decir, los diez mandamientos.
Despus baj Moiss del monte Sina llevando las dos tablas de la ley; pero al bajar del monte no se dio cuenta de que su cara resplandeca por haber hablado con el Seor.
Cuando Aarn y todos los israelitas vieron que la cara de Moiss resplandeca, sintieron miedo y no se acercaron a l.
Pero Moiss los llam, y cuando Aarn y todos los jefes de la comunidad volvieron a donde estaba Moiss, l habl con ellos.
Poco despus se acercaron todos los israelitas, y Moiss les dio todas las rdenes que el Seor le haba dado en el monte Sina.
Luego que termin de hablar con ellos, se puso un velo sobre la cara.
Cuando Moiss entraba a la presencia del Seor para hablar con l, se quitaba el velo y se quedaba as hasta que sala. Entonces comunicaba a los israelitas las rdenes que haba recibido del Seor.
Al ver los israelitas que la cara de Moiss resplandeca, l volva a ponerse el velo sobre la cara, y se lo dejaba puesto hasta que entraba a hablar de nuevo con el Seor.
Moiss reuni a toda la comunidad israelita y les dijo: "El Seor me ha dado rdenes de que se haga lo siguiente:
Se podr trabajar durante seis das, pero el da sptimo ser para ustedes un da sagrado, de completo reposo en honor del Seor. Cualquiera que en ese da trabaje, ser condenado a muerte.
Dondequiera que ustedes vivan, ni siquiera fuego debern hacer en el sbado."
Moiss se dirigi a toda la comunidad israelita, y les dijo: "Esto es lo que el Seor ha ordenado que se haga:
Recojan entre ustedes una ofrenda para el Seor. Todos los que quieran dar su ofrenda al Seor voluntariamente y de corazn, deben traer oro, plata, bronce,
telas moradas, telas de prpura y telas rojas, lino fino, pelo de cabra,
pieles de carnero teidas de rojo, pieles finas, madera de acacia,
aceite para lmparas, perfumes para el aceite de consagrar y para el incienso aromtico,
piedras de cornalina y otras piedras finas para montarlas en el efod y el pectoral del sumo sacerdote.
"Todos los que tengan capacidad artstica, deben venir y hacer todo lo que el Seor ha ordenado:
el santuario con su tienda de campaa, la cubierta de la tienda de campaa, sus ganchos, sus tablas, sus travesaos, sus postes, sus bases,
el arca con los travesaos y la tapa, y el velo que lo cubre,
la mesa con sus travesaos y todos sus utensilios, el pan que se consagra al Seor,
el candelabro para el alumbrado, con sus utensilios y sus lmparas, el aceite para las lmparas,
el altar del incienso con sus travesaos, el aceite de consagrar, el incienso aromtico, la cortina para la entrada del santuario,
el altar de los holocaustos con su rejilla de bronce, sus travesaos y todos sus utensilios, la palangana con su base,
las cortinas para el patio, con sus postes y bases, la cortina para la entrada del patio,
las estacas para el santuario y para el patio, con sus cuerdas,
la ropa tejida para oficiar en el culto del santuario, la ropa sagrada del sacerdote Aarn, y la ropa sacerdotal de sus hijos."
Toda la comunidad israelita se despidi de Moiss,
y despus, todos aquellos que se sintieron movidos de corazn y con sincera voluntad, volvieron con una ofrenda para el Seor, para que se hiciera la tienda del encuentro y todo lo que le era necesario, as como la ropa especial.
Vinieron hombres y mujeres, y todos ellos traan, voluntariamente y de corazn, prendedores, anillos, argollas, pendientes de oro y toda clase de artculos de oro. Cada uno trajo la ofrenda especial de oro que haba dedicado al Seor.
Los que tenan tela morada, tela de prpura y tela roja, lino fino, pelo de cabra, pieles de carnero teidas de rojo o pieles finas, lo traan.
Los que hacan una ofrenda de plata o de bronce, la traan ante el Seor; y los que tenan madera de acacia, la traan para que se hiciera todo lo necesario.
Las mujeres con capacidad artstica para tejer a mano, traan sus tejidos de tela morada, tela de prpura, tela roja y lino fino;
y las mujeres con capacidad artstica y que sintieron deseos de hacerlo, torcieron pelo de cabra.
Los jefes trajeron piedras de cornalina y otras piedras finas para montarlas en el efod y el pectoral del sumo sacerdote,
perfume y aceite para el alumbrado, para el aceite de consagrar y para el incienso aromtico.
Todos los hombres y mujeres israelitas que sintieron deseos de ayudar para que se hiciera lo que el Seor le haba ordenado a Moiss, trajeron su ofrenda voluntaria al Seor.
Moiss les dijo a los israelitas: "Miren, de la tribu de Jud el Seor ha escogido a Besalel, que es hijo de Ur y nieto de Hur,
y lo ha llenado del espritu de Dios, y de sabidura, entendimiento, conocimientos y capacidad creativa
para hacer diseos y trabajos en oro, plata y bronce,
para tallar y montar piedras preciosas, y para tallar madera y hacer cualquier trabajo artstico de diseo.
Tambin le ha dado capacidad para ensear. A l y a Oholiab, hijo de Ahisamac, que es de la tribu de Dan,
los ha llenado de capacidad artstica para hacer cualquier trabajo de tallado y de diseo, y de bordado en tela morada, tela de prpura, tela roja y lino fino, y para tejer cualquier labor de diseo artstico.
As que Besalel y Oholiab, y todo el que tenga capacidad artstica, y a quien el Seor le haya dado sabidura y entendimiento para hacer bien todo lo necesario para el culto del santuario, llevarn a cabo lo que el Seor ha ordenado."
Moiss llam a Besalel y a Oholiab, y a todos los que tenan capacidad artstica, y a quienes el Seor haba dado esa capacidad y se haban ofrecido voluntariamente para ayudar en este trabajo.
Ellos recibieron de manos de Moiss las ofrendas que los israelitas haban trado, para comenzar a hacer lo necesario para el culto del santuario. Mientras tanto, los israelitas seguan trayendo ofrendas voluntarias da tras da.
Entonces los artesanos que estaban haciendo lo necesario para el santuario, suspendieron su trabajo y fueron
a decirle a Moiss: "La gente est trayendo ms de lo que se necesita para el trabajo que el Seor orden hacer."
Moiss hizo correr por todo el campamento la voz de que ni hombres ni mujeres siguieran haciendo ms labores como ofrendas para el santuario. As se impidi que el pueblo siguiera trayendo ofrendas,
pues no solo haba material suficiente para llevar a cabo el trabajo, sino que sobraba.
Los que tenan ms capacidad artstica que el resto de los trabajadores, hicieron el santuario. Lo hicieron de diez cortinas de lino torcido, tela morada, tela de prpura y tela roja, en las que bordaron artsticamente dos seres alados.
Cada cortina meda doce metros y medio de largo por dos de ancho. Todas medan lo mismo.
Cinco cortinas las cosieron juntas, una sobre la otra, lo mismo que las otras cinco.
Luego pusieron unos ojales de cordn morado en el borde de la primera cortina de un grupo, y tambin en el borde de la ltima cortina del otro grupo.
Tanto a la cortina del primer grupo como a la del segundo grupo les hicieron cincuenta ojales, de tal manera que los ojales quedaran uno frente al otro.
Tambin hicieron cincuenta ganchos de oro para enganchar un grupo de cortinas sobre el otro, y as el santuario formaba un todo.
Besalel hizo tambin once cortinas de pelo de cabra para formar una tienda de campaa que cubriera el santuario.
Cada cortina meda trece metros y medio de largo por dos de ancho. Todas medan lo mismo.
Cosi cinco cortinas juntas por una parte, y seis por otra.
Luego hizo cincuenta ojales en el borde de la cortina que cerraba el primer grupo, y otros cincuenta ojales en el borde de la ltima cortina del segundo grupo.
Tambin hizo cincuenta ganchos de bronce para unir completamente la tienda de campaa.
Para la tienda de campaa, Besalel hizo una cubierta de pieles de carnero teidas de rojo, y para la parte superior hizo una cubierta de pieles finas.
Luego hizo las tablas de madera de acacia para el santuario, y las puso bien derechas.
Cada tabla meda cuatro metros y medio de largo por sesenta y cinco centmetros de ancho,
y tena dos espigas para quedar ensamblada con otra tabla. Todas las tablas para el santuario las hizo as.
Hizo veinte tablas para el lado sur,
y puso cuarenta bases de plata debajo de ellas. Cada tabla tena dos bases debajo, para sus dos espigas.
Tambin para el otro lado del santuario, o sea el lado norte, hizo veinte tablas
con sus cuarenta bases de plata, para que debajo de cada tabla hubiera dos bases.
Para la parte posterior del santuario, o sea el lado oeste, hizo seis tablas,
y dos tablas ms para las esquinas de la parte posterior.
Estas tablas formaban pareja y estaban unidas por la parte de arriba hasta el primer anillo. Esto fue lo que hizo con las dos tablas para las dos esquinas,
as que haba ocho tablas con sus correspondientes diecisis bases de plata, y debajo de cada tabla haba dos bases.
Besalel hizo tambin cinco travesaos de madera de acacia para las tablas de un lado del santuario,
cinco travesaos para las tablas del otro lado del santuario, y otros cinco travesaos para las tablas de la parte posterior, la que daba al oeste.
El travesao central lo hizo de modo que pasara de un lado al otro, a la mitad de las tablas.
Luego recubri de oro las tablas, y les hizo argollas de oro para pasar a travs de ellas los travesaos, ya recubiertos de oro.
Hizo adems el velo de tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido, y en l teji artsticamente dos seres alados.
Luego, con unos ganchos de oro, lo colg de cuatro postes de madera de acacia, los cuales estaban recubiertos de oro y sobre cuatro bases de plata.
Para la entrada de la tienda de campaa hizo una cortina de tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido, bordada artsticamente.
Tambin hizo cinco postes con ganchos y con sus cinco bases de bronce, y recubri de oro la parte superior de los postes y sus anillos.
Besalel hizo el arca de madera de acacia, que meda un metro y diez centmetros de largo, sesenta y cinco centmetros de ancho y sesenta y cinco centmetros de alto.
La recubri de oro puro por dentro y por fuera, y le puso un ribete de oro alrededor.
Tambin le hizo cuatro argollas de oro para sus cuatro patas, dos para un lado y dos para el otro.
Hizo adems unos travesaos de madera de acacia, los recubri de oro,
y luego los pas a travs de las argollas que estaban a los costados del arca, para poder transportarlo.
Hizo tambin una tapa de oro puro, que meda un metro y diez centmetros de largo por sesenta y cinco centmetros de ancho,
con dos seres alados de oro labrado a martillo en los dos extremos de la tapa.
La tapa y los seres alados formaban una sola pieza: uno de ellos sala de un extremo de la tapa y el otro sala del otro extremo,
as que quedaban uno frente al otro, pero con la cara hacia la tapa y con sus alas extendidas por encima de la tapa cubrindola con ellas.
Besalel hizo tambin una mesa de madera de acacia, que meda noventa centmetros de largo, cuarenta y cinco centmetros de ancho y sesenta y cinco centmetros de alto.
La recubri de oro puro y le puso un ribete de oro alrededor;
la hizo con un entrepao de siete centmetros de ancho, y al entrepao le puso un ribete de oro.
Tambin le hizo cuatro argollas de oro, y se las puso en las cuatro esquinas correspondientes a las cuatro patas,
de manera que quedaran junto al entrepao, para pasar los travesaos por ellas y as poder transportar la mesa.
Los travesaos para transportar la mesa los hizo de madera de acacia, y luego los recubri de oro.
Tambin hizo de oro puro los utensilios que deban estar sobre la mesa, es decir, sus platos, cucharones, jarras y copas para las ofrendas de lquidos.
Besalel hizo tambin el candelabro de oro puro labrado a martillo. Su base, tronco, copas, clices y ptalos formaban una sola pieza;
de los costados le salan seis brazos, tres de un lado y tres del otro.
Cada uno de los seis brazos que salan del tronco tena tres copas en forma de flor de almendro, con un cliz y sus ptalos,
y el tronco mismo tena cuatro copas, tambin en forma de flor de almendro, con su cliz y sus ptalos.
Cada uno de los tres pares de brazos que salan del candelabro tenan un cliz en su parte inferior.
Los clices y los brazos formaban una sola pieza con el candelabro, el cual era de oro puro labrado a martillo.
Tambin hizo de oro puro sus siete lmparas, sus tenazas y sus platillos.
Para hacer el candelabro y sus utensilios se usaron treinta y tres kilos de oro puro.
Besalel hizo el altar del incienso con madera de acacia. Era cuadrado, de cuarenta y cinco centmetros de largo por cuarenta y cinco centmetros de ancho, y de noventa centmetros de altura. Los cuernos del altar formaban una sola pieza con el altar mismo.
Despus recubri de oro puro su parte superior, sus cuatro lados y sus cuernos, y le puso un ribete de oro alrededor.
Tambin le puso unas argollas de oro debajo del ribete, dos para las esquinas de un lado y dos para las esquinas del otro, para pasar por ellas los travesaos y as poder transportar el altar.
Los travesaos los hizo de madera de acacia, y luego los recubri de oro.
Besalel hizo tambin el aceite santo de consagrar y el incienso de perfume puro, como lo hacen los perfumeros.
Con madera de acacia, Besalel hizo el altar de los holocaustos. Era cuadrado, de dos metros y veinticinco centmetros por cada lado, y un metro y veinticinco centmetros de alto.
Para sus cuatro esquinas le hizo cuatro cuernos, los cuales formaban una sola pieza con el altar y estaban recubiertos de bronce.
Hizo tambin de bronce todos los utensilios para el altar, los ceniceros, las palas, los tazones, los tenedores y los braseros.
Tambin hizo una rejilla de bronce, y la puso debajo de la orilla del altar, a media altura del mismo.
Hizo tambin cuatro argollas para las cuatro esquinas de la rejilla de bronce, para pasar por ellas los travesaos.
Luego hizo los travesaos de madera de acacia para el altar, los recubri de bronce,
y los pas a travs de las argollas que estaban en los costados del altar, para poder transportarlo. El altar lo hizo hueco y de madera.
Con los espejos de las mujeres que servan a la entrada de la tienda del encuentro, Besalel hizo la palangana de bronce y su base del mismo metal.
Besalel hizo el patio. Por el lado sur, el patio tena cuarenta y cinco metros de cortinas de lino torcido.
Sus veinte postes con sus veinte bases eran de bronce, y sus ganchos y anillos eran de plata.
Por el lado norte haba cortinas a lo largo de cuarenta y cinco metros, con sus veinte postes y veinte bases de bronce, y sus ganchos y anillos de plata.
Por el lado occidental haba veintids metros y medio de cortinas, con diez postes y diez bases. Los ganchos de los postes y sus anillos eran de plata.
Por el lado oriental tambin haba veintids metros y medio de cortinas.
De un lado de la entrada haba unos siete metros de cortinas, con tres postes y tres bases;
y del otro lado, de uno y otro lado de la entrada del patio, haba unos siete metros de cortinas, tres postes y tres bases.
Todas las cortinas alrededor del patio eran de lino torcido.
Las bases para los postes eran de bronce, los ganchos de los postes y sus anillos eran de plata, y la parte superior de los postes estaba recubierta de plata. Todos los postes del patio tenan anillos de plata.
La cortina a la entrada del patio estaba finamente bordada sobre tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido. Meda nueve metros de largo por dos metros y veinticinco centmetros de alto, igual que las cortinas del patio.
Tena cuatro postes con sus cuatro bases de bronce; sus ganchos y sus anillos eran de plata, y la parte superior de los postes estaba recubierta de plata.
Todas las estacas del santuario y del patio que lo rodeaba, eran de bronce.
Por rdenes de Moiss y bajo la direccin de Itamar, hijo del sacerdote Aarn, los levitas llevaron la cuenta de los metales usados en la construccin del santuario de la alianza.
Besalel, el hijo de Ur y nieto de Hur, de la tribu de Jud, hizo todo lo que el Seor haba ordenado a Moiss que se hiciera.
Lo ayud Oholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, que era herrero, tejedor y bordador en tela morada, tela de prpura, tela roja y lino fino.
Todo el oro que se us para hacer lo necesario para el santuario, fue oro ofrendado al Seor, y dio un total de novecientos sesenta y cinco kilos con treinta gramos, segn el peso oficial del santuario.
La plata recogida en el censo de la comunidad lleg a tres mil trescientos diecinueve kilos con quinientos veinticinco gramos, segn el peso oficial del santuario.
Todos los empadronados mayores de veinte aos fueron seiscientas tres mil quinientas cincuenta personas, y cada uno de ellos dio cinco gramos y medio de plata, segn el peso oficial del santuario.
Haba tambin tres mil trescientos kilos de plata para fundir las bases para el santuario y las bases para el velo. Toda esa plata se us en cien bases, o sea treinta y tres kilos de plata en cada base.
Con la plata que se recogi de toda la comunidad, Besalel hizo los ganchos de los postes, las cubiertas de su parte superior y sus anillos.
El bronce ofrendado al Seor lleg a dos mil trescientos treinta y seis kilos con cuatrocientos gramos,
y con ese bronce se hicieron las bases para la puerta de la tienda del encuentro, el altar de bronce y su rejilla de bronce, y todos los utensilios del altar,
as como las bases y las estacas para el patio que rodeaba al santuario, y las bases para la puerta del patio.
La ropa tejida para el servicio en el santuario se hizo de tela morada, tela de prpura y tela roja. Tambin se hizo as la ropa especial para Aarn, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Para hacer el efod se us oro, tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido.
Se forjaron a martillo unas placas de oro, las cuales se cortaron en hilos para entretejerlos, a manera de bordado, en la tela morada, en la tela de prpura, en la tela roja y en el lino.
Se le pusieron al efod dos tirantes unidos a sus dos extremos.
El cinturn que iba sobre el efod para sujetarlo, estaba hecho de la misma manera: de oro, tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Las piedras de cornalina se colocaron sobre monturas de oro, con los nombres de los hijos de Israel grabados en ellas como un sello.
Luego Besalel las puso sobre los tirantes del efod, para recordar a los hijos de Israel, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
El pectoral estaba hecho tambin con un fino bordado como el del efod: de oro, tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido.
Era doble y cuadrado, y de veintids centmetros por cada lado.
Estaba cubierto con cuatro hileras de piedras preciosas: la primera hilera tena un rub, un crisolito y una esmeralda;
la segunda, un granate, un zafiro y un jade;
la tercera, un jacinto, una gata y una amatista;
y la cuarta, un topacio, una cornalina y un jaspe. Las piedras estaban montadas en monturas de oro, y
eran doce, por los doce nombres de los hijos de Israel; cada una de ellas tena grabado en forma de sello el nombre de una de las doce tribus.
Sobre el pectoral hicieron unas cadenas de oro puro, torcidas como cordones.
Tambin hicieron dos monturas de oro y dos argollas de oro; pusieron las argollas de oro en los dos extremos superiores del pectoral,
y las cadenas de oro sobre las dos argollas.
Las puntas de las dos cadenas las pusieron sobre las dos monturas y las aseguraron sobre los tirantes del efod por su parte delantera.
Hicieron tambin otras dos argollas de oro y las pusieron en los dos extremos inferiores del pectoral, sobre la orilla interior que quedaba junto al efod.
Hicieron dos argollas ms de oro y las pusieron en la parte delantera de los tirantes del efod, pero por debajo, junto a las costuras y un poco arriba del cinturn del efod.
Luego unieron las argollas del pectoral a las argollas del efod con un cordn morado, para que el pectoral quedara arriba del cinturn del efod y no se separara del mismo, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Toda la capa del efod se hizo de un tejido de tela morada.
La orilla de la abertura del centro tena un dobladillo como el de los chalecos de cuero, para que no se rompiera.
Adornaron el borde de la capa con granadas de tela morada, tela de prpura, tela roja y lino torcido.
Hicieron tambin campanitas de oro puro y las combinaron con las granadas, ponindolas entre ellas alrededor de todo el borde
de la capa para oficiar: una campanita y una granada, otra campanita y otra granada, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Las tnicas de lino para Aarn y sus hijos fueron hechas por un tejedor,
lo mismo que el turbante, los tocados y los calzoncillos de lino torcido;
el cinturn de lino torcido, tela morada, tela de prpura y tela roja, fue bordado artsticamente, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Tambin hicieron la placa de oro puro que lo consagraba como sacerdote, y en ella grabaron, a manera de sello, "Consagrado al Seor".
Luego le pusieron un cordn morado para colocar la placa sobre el turbante por la parte superior, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
La construccin del santuario, la tienda del encuentro con Dios, lleg a su fin. Los israelitas hicieron todo exactamente como el Seor se lo haba ordenado a Moiss,
y le hicieron entrega a Moiss del santuario, la tienda del encuentro, y de todos sus utensilios: sus ganchos, tablas, travesaos, postes y bases,
la cubierta de pieles de carnero teidas de rojo, la cubierta de pieles finas, el velo para cubrir el arca,
el arca de la alianza y sus travesaos, la tapa,
la mesa y todos sus utensilios, el pan que se consagra al Seor,
el candelabro de oro puro y sus lmparas -o sea las lmparas que deban tenerse ordenadas-, y todos sus utensilios; el aceite para el alumbrado,
el altar de oro, el aceite de consagrar, el incienso aromtico, la cortina para la entrada de la tienda del encuentro,
el altar de bronce con su rejilla de bronce, sus travesaos y todos sus utensilios, la palangana y su base,
las cortinas del patio, sus postes y sus bases, la cortina para la entrada del patio, las cuerdas y estacas del patio, todos los utensilios para el servicio del santuario, la tienda del encuentro,
la ropa tejida para oficiar en el santuario, la ropa especial del sacerdote Aarn y la ropa sacerdotal de sus hijos.
Los israelitas hicieron todo tal y como el Seor se lo haba ordenado a Moiss,
y cuando Moiss vio que ellos lo haban hecho as, les dio su bendicin.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"El da primero del mes primero debes instalar el santuario, la tienda del encuentro con Dios.
Pon all dentro el arca de la alianza, y cbrela con el velo.
Pon tambin dentro la mesa y el candelabro. Arregla bien la mesa y colcale al candelabro sus lmparas.
Pon el altar de oro para el incienso delante del arca de la alianza, y cuelga la cortina de la entrada del santuario.
Pon luego el altar de los holocaustos a la entrada del santuario, la tienda del encuentro.
Pon despus la palangana entre la tienda del encuentro y el altar, y llnala de agua.
Instala entonces el patio alrededor, y cuelga la cortina de la entrada del patio.
"Toma despus el aceite de consagrar, y derrmalo sobre el santuario y sobre todo lo que est en l. As lo consagrars con todos sus utensilios, y ser un lugar santo.
Derrama tambin aceite de consagrar sobre el altar de los holocaustos y sobre todos sus utensilios. As lo consagrars y ser un altar santsimo.
Derrama aceite sobre la palangana y su base, y as la consagrars.
"Lleva despus a Aarn y a sus hijos cerca de la puerta de la tienda del encuentro, y haz que se baen
y que Aarn se ponga la ropa especial. Luego derrama aceite sobre l para consagrarlo como mi sacerdote.
Acerca luego a sus hijos, ponles las tnicas
y derrama aceite sobre ellos, como lo hiciste con Aarn, para que sean mis sacerdotes. Con este derramamiento de aceite sobre ellos se establece un sacerdocio eterno a travs de los siglos."
Moiss lo hizo todo tal como el Seor se lo haba ordenado.
Y as, al comenzar el segundo ao despus de la salida de Egipto, el da primero del mes primero, fue instalado el santuario.
Moiss instal el santuario y puso sus bases, coloc las tablas, puso los travesaos, levant los postes,
extendi la tienda de campaa sobre el santuario, y coloc la cubierta para la parte superior de la tienda, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Despus Moiss tom las tablas de la ley y las puso en el arca de la alianza; luego le puso al arca los travesaos, y su tapa para la parte superior, y la llev al interior del santuario;
colg entonces el velo y cubri el arca, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Luego puso la mesa dentro de la tienda del encuentro, al lado norte del santuario, pero fuera del velo.
Sobre la mesa acomod bien el pan ante la presencia del Seor, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Puso tambin el candelabro dentro de la tienda del encuentro, frente a la mesa, al lado sur del santuario,
y encendi las lmparas ante la presencia del Seor, tal como el Seor se lo haba ordenado.
El altar de oro lo puso dentro de la tienda del encuentro, delante del velo,
y quem en l incienso aromtico, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Despus Moiss colg la cortina para la entrada del santuario;
luego puso el altar de los holocaustos a la entrada del santuario, la tienda del encuentro, y en l quem animales y cereales como ofrendas, tal como el Seor se lo haba ordenado.
La palangana la puso entre la tienda del encuentro y el altar, y la llen de agua, para lavarse.
De all sacaban agua Moiss, y Aarn y sus hijos, para lavarse las manos y los pies.
Se lavaban cuando entraban en la tienda del encuentro y cuando se acercaban al altar, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Finalmente, Moiss instal el patio alrededor del santuario y el altar, y colg la cortina de la entrada del patio. Al terminar Moiss la construccin,
la nube cubri la tienda del encuentro y la gloria del Seor llen el santuario.
Moiss no poda entrar en la tienda del encuentro porque la nube se haba asentado sobre ella y la gloria del Seor llenaba el santuario.
Cuando la nube se levantaba de encima del santuario, los israelitas levantaban su campamento y seguan su camino,
pero si no se levantaba la nube, tampoco ellos levantaban su campamento, sino que esperaban hasta que la nube se levantaba.
A lo largo de todo el viaje de los israelitas, y a la vista de todos ellos, la nube del Seor estaba sobre el santuario durante el da, y durante la noche haba un fuego sobre l.
El Seor llam a Moiss desde la tienda del encuentro, y le dijo lo siguiente:
"Habla con los israelitas y diles que cuando alguno me traiga ofrendas de animales, me las deber traer de su ganado o de su rebao.
"Si el animal que ofrece en holocausto es de su ganado, tendr que ser un toro sin defecto. Para que le sea aceptado, deber ofrecerlo en presencia del Seor a la entrada de la tienda del encuentro,
poniendo la mano sobre la cabeza del animal. As el animal le ser aceptado para obtener el perdn de sus pecados.
Degollar el toro en presencia del Seor; luego los hijos de Aarn, los sacerdotes, ofrecern la sangre, y despus la rociarn con ella los costados del altar que est a la entrada de la tienda del encuentro.
El que presenta el animal en holocausto le quitar la piel y lo cortar en pedazos,
y los sacerdotes harn fuego sobre el altar y acomodarn la lea
para poner sobre ella los pedazos cortados del animal y la cabeza y la grasa de los intestinos.
El que presenta el holocausto deber lavar con agua las vsceras y las piernas del animal, y el sacerdote lo quemar todo sobre el altar como ofrenda quemada de aroma agradable al Seor.
"Si el animal que ofrece en holocausto es de su rebao de ovejas o de cabras, tendr que ser un macho sin defecto,
y lo deber degollar al lado norte del altar, ante el Seor. Los hijos de Aarn, los sacerdotes, rociarn con la sangre del animal los costados del altar;
luego se cortar el animal en pedazos, y el sacerdote pondr los pedazos cortados sobre la lea que arde en el altar, junto con la cabeza y la grasa de los intestinos.
Luego, el que presenta el holocausto deber lavar con agua las vsceras y las piernas del animal, y el sacerdote lo quemar todo sobre el altar como ofrenda quemada de aroma agradable al Seor.
"Si el animal que ofrece en holocausto en honor del Seor es un ave, tendr que ser una trtola o un pichn de paloma.
El sacerdote ofrecer el ave en el altar: le arrancar la cabeza y quemar el ave sobre el altar despus de exprimir su sangre en un costado del altar.
Le quitar el buche y su contenido, y lo echar hacia el lado oriente del altar, o sea en el lugar de la ceniza;
luego partir el ave en dos, tomndola por las alas, pero sin separar las dos partes, finalmente quemar el ave sobre la lea del altar como holocausto, como ofrenda quemada de aroma agradable al Seor.
"Cuando alguno traiga al Seor una ofrenda de cereales, deber traer harina de la mejor calidad, sobre la cual echar aceite e incienso;
luego la llevar a los hijos de Aarn, los sacerdotes, y uno de ellos tomar un puado de harina con aceite, junto con todo el incienso, y lo quemar sobre el altar como ofrenda quemada de recordacin, de aroma agradable al Seor.
Y la porcin restante de la ofrenda, que es una porcin muy sagrada entre las ofrendas que se queman en honor del Seor, ser para Aarn y sus descendientes.
"Cuando presentes una ofrenda de cereales cocida al horno, presntala de tortas de la mejor harina amasadas con aceite, pero sin levadura, o de hojuelas sin levadura rociadas de aceite.
"Si tu ofrenda es de cereales, cocinada en sartn, tendr que ser de la mejor harina, amasada con aceite y sin levadura;
la partirs en pedazos y le rociars aceite, pues es ofrenda de cereales.
"Si tu ofrenda es de cereales, cocinada en cacerola, deber estar hecha con la mejor harina y con aceite.
Una vez que hayas preparado la ofrenda con estas cosas, debers llevarla ante el Seor y entregarla al sacerdote, el cual la llevar hasta el altar.
All el sacerdote tomar un poco de la ofrenda para quemarla sobre el altar como ofrenda quemada de recordacin, de aroma agradable al Seor.
Y la porcin restante de la ofrenda, que es una porcin muy sagrada entre las ofrendas que se queman en honor del Seor, ser para Aarn y sus descendientes.
"No le pongan ustedes levadura a ninguna de las ofrendas de cereales que presentan al Seor. Es ms, ninguna clase de levadura ni de miel deber ser quemada como ofrenda al Seor.
Pueden presentar la levadura y la miel al Seor como ofrendas de primeros frutos, pero no ofrecerlas en el altar como aroma agradable.
"A todas tus ofrendas de cereales debes ponerles sal, y no permitas que en tu ofrenda de cereales falte la sal de la alianza de tu Dios. En todas tus ofrendas debes ofrecer sal.
"Si le presentas al Seor una ofrenda de cereales de tus primeros frutos, deber ser de espigas maduras tostadas al fuego y de grano fresco machacado de tus primeras cosechas.
Sobre la ofrenda debers echar aceite e incienso, pues es ofrenda de cereales.
Luego el sacerdote quemar un poco de grano machacado y de aceite, junto con todo el incienso, y ser una ofrenda de recordacin quemada en honor del Seor.
"Si alguien toma de sus ganados una vaca o un toro para ofrecer al Seor un sacrificio de reconciliacin, el animal ofrecido no deber tener ningn defecto.
El que presenta la ofrenda pondr la mano sobre la cabeza del animal ofrecido, y luego lo degollar a la entrada de la tienda del encuentro. Los sacerdotes, por su parte, rociarn con la sangre los costados del altar.
"El que presenta el animal para ofrecer un sacrificio de reconciliacin, deber presentar al Seor, como ofrenda quemada, la grasa que cubre las vsceras del animal,
los riones, la grasa que los cubre y que est sobre los lomos, y la parte grasosa del hgado, que deber quitar junto con los riones.
Los sacerdotes harn arder todo esto en el altar, junto con el animal que se va a quemar en la lea ardiente, como ofrenda quemada de aroma agradable al Seor.
"Si alguien ofrece al Seor un animal de sus rebaos como sacrificio de reconciliacin, deber ofrecer un macho o una hembra sin ningn defecto.
Si ofrece un cordero, al presentarlo ante el Seor
le pondr la mano en la cabeza, y luego lo degollar ante la tienda del encuentro. Entonces los sacerdotes rociarn con la sangre del animal los costados del altar.
"El que ofrece el animal como sacrificio de reconciliacin, deber presentar al Seor, como ofrenda quemada, la grasa, la cola entera cortada al ras del espinazo, la grasa que cubre las vsceras,
los dos riones, la grasa que los cubre y la que est sobre los lomos, y la parte grasosa del hgado, que habr de quitar junto con los riones.
Luego el sacerdote quemar todo esto sobre el altar, como ofrenda de alimento quemada en honor del Seor.
"Si el animal que ofrece es una cabra, al ofrecerla ante el Seor
le pondr la mano en la cabeza, y luego la degollar ante la tienda del encuentro. Entonces los sacerdotes rociarn con la sangre los costados del altar.
"El que ofrece el animal puede tomar y presentar, como ofrenda quemada en honor del Seor, toda la grasa que cubre las vsceras,
los dos riones, la grasa que los cubre y que est sobre los lomos, y la parte grasosa del hgado, que deber quitar junto con los riones.
Luego el sacerdote quemar todo esto sobre el altar, como ofrenda de alimento quemada, de aroma agradable. Toda la grasa es para el Seor.
"Esta es una ley permanente que pasar de padres a hijos, dondequiera que ustedes vivan: no coman nada de grasa ni de sangre."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas que, en aquellos casos en que alguien peque involuntariamente contra alguno de los mandamientos del Seor y haga algo que no est permitido, se har lo siguiente:
"Si el que peca es el sacerdote principal, haciendo as recaer la culpa sobre el pueblo, deber ofrecer al Seor un becerro sin defecto como sacrificio por el pecado cometido.
Lo llevar ante el Seor, a la entrada de la tienda del encuentro; all le pondr la mano en la cabeza, y luego lo degollar en presencia del Seor.
Despus l mismo tomar un poco de la sangre del becerro y la llevar a la tienda del encuentro;
all mojar su dedo en la sangre y la rociar siete veces ante el Seor, hacia el velo del santuario.
Untar tambin un poco de sangre en los cuernos del altar destinado al incienso aromtico -que est ante el Seor, en la tienda del encuentro-, y toda la sangre restante la derramar al pie del altar de los holocaustos, que est a la entrada de la tienda del encuentro.
Luego le quitar al becerro sacrificado por el pecado toda la grasa que cubre las vsceras,
los dos riones, la grasa que los cubre y que est sobre los lomos, y la parte grasosa del hgado, la cual deber quitar junto con los riones,
tal como se le quita al toro que se ofrece como ofrenda de reconciliacin. Luego el sacerdote lo quemar sobre el altar de los holocaustos.
Pero la piel del becerro y toda su carne, junto con la cabeza, las piernas, las vsceras y desechos
-o sea, todo el becerro-, los sacar a un lugar limpio fuera del campamento, donde se echa la ceniza, y all, sobre el montn de ceniza, les echar lea y les prender fuego.
"Si toda la comunidad israelita hace algo malo sin quererlo, y ninguno de ellos se da cuenta de que su accin est en contra de los mandamientos del Seor y que as se han hecho culpables,
en cuanto se sepa el pecado que han cometido debern ofrecer todos juntos un becerro como sacrificio por el pecado. Lo llevarn ante la tienda del encuentro,
en donde los ancianos de la comunidad pondrn sus manos sobre la cabeza del becerro, ante el Seor, y all mismo lo degollarn.
Luego el sacerdote principal llevar un poco de la sangre del becerro a la tienda del encuentro,
mojar su dedo en la sangre y la rociar siete veces ante el Seor, frente al velo.
Untar un poco de sangre en los cuernos del altar que est ante el Seor, en la tienda del encuentro. Y toda la sangre restante la derramar al pie del altar de los holocaustos, el cual est a la entrada de la tienda del encuentro.
Tambin le quitar al becerro toda la grasa, y la quemar en el altar;
es decir, que se har con este becerro exactamente lo mismo que se hace con el becerro que se sacrifica por el pecado; as el sacerdote obtendr el perdn por los pecados de ellos, y el pecado se les perdonar.
Luego sacar al becerro fuera del campamento, y lo quemar, tal como se hace con el primer becerro, pues es el sacrificio por el pecado de la comunidad.
"Si un jefe peca cometiendo algo que est en contra de los mandamientos del Seor su Dios, resultar culpable aun cuando lo haya hecho involuntariamente.
En cuanto se d cuenta del pecado que cometi, deber llevar como ofrenda un chivo sin ningn defecto.
Pondr la mano sobre la cabeza del chivo, y lo degollar ante el Seor, en el lugar donde se matan los animales que van a ser quemados, pues es sacrificio por el pecado.
Luego el sacerdote tomar con su dedo un poco de sangre del animal sacrificado por el pecado, y la untar en los cuernos del altar de los holocaustos, despus de lo cual luego derramar la sangre restante al pie del mismo altar
y quemar toda la grasa sobre el altar, tal como se hace con la grasa del sacrificio de reconciliacin. As el sacerdote obtendr el perdn por el pecado del jefe, y el pecado le ser perdonado.
"Si una persona de clase humilde peca involuntariamente, resultando culpable de haber hecho algo que est en contra de los mandamientos del Seor,
en cuanto se d cuenta del pecado que cometi, deber llevar una cabra sin ningn defecto como ofrenda por el pecado cometido.
Pondr la mano sobre la cabeza del animal que ofrece por el pecado, y luego lo degollar en el lugar de los holocaustos.
Entonces el sacerdote tomar con el dedo un poco de sangre y la untar en los cuernos del altar de los holocaustos, y toda la sangre restante la derramar al pie del altar.
Tambin deber quitarle toda la grasa, tal como se le quita al animal que se ofrece como sacrificio de reconciliacin, y quemarla en el altar como aroma agradable al Seor. As el sacerdote obtendr el perdn por el pecado de esa persona, y el pecado se le perdonar.
"Si esa persona trae una oveja como sacrificio por el pecado, deber traer una hembra sin ningn defecto.
Pondr la mano sobre la cabeza de la oveja, y luego la degollar como sacrificio por el pecado en el lugar donde se matan los animales que se van a quemar.
Entonces el sacerdote tomar con el dedo un poco de sangre del animal sacrificado por el pecado y la untar en los cuernos del altar de los holocaustos, y toda la sangre restante la derramar al pie del altar.
Luego le quitar toda la grasa, tal como se le quita al cordero que se ofrece como sacrificio de reconciliacin, y quemar la grasa en el altar, junto con las ofrendas quemadas en honor del Seor. As el sacerdote obtendr el perdn por el pecado que esa persona cometi, y el pecado le ser perdonado.
"Si alguien es llamado a declarar como testigo de algo que vio o escuch, y se niega a declarar, comete un pecado y debe cargar con la culpa.
"Si alguien toca alguna cosa impura, como el cadver de un animal impuro, sea salvaje o domstico, o de un reptil impuro, quedar tambin impuro, y ser culpable, aun cuando no se haya dado cuenta.
"Si alguien toca alguna impureza humana, cualquier cosa que lo pueda dejar impuro, pero no se da cuenta en ese momento, si despus se da cuenta ser culpable.
"Si alguien pronuncia a la ligera un juramento de hacer algo bueno o malo -de ese tipo de juramentos que se hacen sin pensar-, pero no se da cuenta en ese momento, si despus se da cuenta ser culpable de cualquiera de estas cosas.
"El que resulte culpable en cualquiera de estos casos, deber confesar el pecado que cometi
y le presentar al Seor una hembra de sus rebaos como sacrificio por el pecado cometido; puede ser una oveja o una cabra, y con este sacrificio el sacerdote obtendr el perdn de los pecados de esa persona.
"Si no tiene lo suficiente para comprar un cordero, deber llevar al Seor dos trtolas o dos pichones de paloma por el pecado cometido: uno de ellos como sacrificio por el pecado, y el otro como holocausto.
Deber llevarlos al sacerdote, el cual presentar primero el que se ofrece por el pecado, retorcindole el cuello pero sin arrancarle la cabeza por completo;
luego rociar un poco de sangre del sacrificio por el pecado en un costado del altar, y la sangre restante la exprimir al pie del altar, pues es sacrificio por el pecado.
Con el segundo har un holocausto, segn lo establecido; as el sacerdote obtendr el perdn del pecado cometido por esa persona, y el pecado le ser perdonado.
"Si no tiene ni siquiera para comprar dos trtolas o dos pichones de paloma, deber llevar como ofrenda por su pecado dos kilos de la mejor harina. No debe echarle aceite ni ponerle incienso encima, porque es una ofrenda por el pecado.
Deber llevrsela al sacerdote, el cual tomar un puado como recordacin y lo quemar en el altar junto con las ofrendas que se queman en honor del Seor. Es una ofrenda por el pecado,
para que el sacerdote obtenga el perdn de cualquier pecado que esa persona haya cometido, y el pecado se le perdonar. Y, como en el caso de las ofrendas de cereales, la parte restante ser para el sacerdote."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"La persona que peque involuntariamente y resulte culpable de fraude en las cosas sagradas del Seor, debe tomar de sus rebaos un carnero sin ningn defecto, como sacrificio por su culpa, y llevrselo al Seor. El valor del carnero se debe calcular en plata, segn el peso oficial del santuario para las ofrendas por la culpa.
Esa persona debe pagar lo defraudado de las cosas sagradas, ms una quinta parte, cantidad que entregar al sacerdote. Luego, con el carnero que se sacrifica por la culpa, el sacerdote obtendr el perdn por el pecado de esa persona, y el pecado se le perdonar.
"Si alguien peca haciendo algo que est en contra de los mandamientos del Seor, aunque no se d cuenta, ser culpable y deber cargar con la culpa.
Por lo tanto, deber tomar de sus rebaos un carnero sin ningn defecto, cuyo valor t debers calcular, y se lo llevar al sacerdote como sacrificio por la culpa, para obtener as el perdn del pecado que esa persona cometi involuntariamente, y el pecado se le perdonar.
Es un sacrificio por la culpa, pues esa persona es culpable ante el Seor."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Cuando alguien peque y resulte culpable de fraude ante el Seor por haber engaado a su prjimo en algo que este le haba confiado o prestado, o por robarle o quitarle algo a la fuerza,
o por negar haber encontrado un objeto perdido, o por hacer un juramento falso (cualquiera de esas cosas en que uno comete pecado),
ser culpable de ese pecado. Por lo tanto, tendr que devolver lo que haya robado o conseguido a la fuerza, o aquello que se le haba confiado, o el objeto encontrado,
o cualquiera otra cosa por la que haya jurado falsamente. Tendr que devolverlo todo a su dueo, ms una quinta parte, cuando presente su sacrificio por la culpa.
Su sacrificio al Seor ser un carnero sin ningn defecto, cuyo valor t debers calcular, y el cual deber l tomar del rebao y llevrselo al sacerdote como sacrificio por la culpa.
Entonces el sacerdote obtendr del Seor el perdn de cualquiera de aquellas cosas en que esa persona haya pecado, y el pecado se le perdonar."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Dales a Aarn y a sus hijos las siguientes instrucciones en cuanto a los holocaustos: El animal sacrificado deber dejarse sobre las brasas del altar durante toda la noche, para que el fuego lo queme.
El sacerdote se cubrir el cuerpo ponindose ropa y calzoncillos de lino; luego recoger las cenizas del animal que fue quemado sobre el altar, y las pondr a un lado del altar.
Despus se cambiar de ropa y se llevar las cenizas a un lugar limpio fuera del campamento.
"El fuego que arde en el altar no debe apagarse nunca. El sacerdote deber echarle lea todas las maanas y acomodar sobre el fuego el animal que se va a quemar, adems de quemar tambin en el altar la grasa de los sacrificios de reconciliacin.
El fuego del altar debe estar encendido siempre. No debe apagarse nunca.
"Las siguientes instrucciones se refieren a las ofrendas de cereales: Los sacerdotes deben ofrecerlas ante el altar, delante del Seor.
Uno de ellos tomar un puado de la harina ofrendada y de su aceite, junto con todo el incienso que va con la ofrenda, y los har arder en el altar como ofrenda quemada de recordacin, de aroma agradable al Seor.
Y la parte restante de la ofrenda se la comern Aarn y sus hijos, sin levadura y en un lugar consagrado, en el patio de la tienda del encuentro.
No deben cocerla con levadura. Se la he dado a ellos como la parte que les corresponde de mis ofrendas quemadas, y es una cosa santsima, como lo son los sacrificios por el pecado y por la culpa.
Para siempre en el futuro, todos los varones descendientes de Aarn podrn comer la parte que les corresponde de las ofrendas quemadas al Seor. Cualquier cosa que toque estas ofrendas quedar consagrada."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Esta es la ofrenda que Aarn y sus descendientes deben presentar al Seor cuando sean consagrados como sacerdotes: dos kilos de la mejor harina como ofrenda de cereales, presentando la mitad por la maana y la otra mitad al atardecer, sin faltar un solo da.
Deben preparar la ofrenda en una sartn, bien mezclada con aceite, y luego presentarla partida en pedazos como ofrenda de aroma agradable al Seor.
As debe prepararla el sacerdote principal descendiente de Aarn que sea consagrado en su lugar; le corresponde siempre al Seor, y deber ser quemada completamente.
Todas las ofrendas de los sacerdotes habrn de ser quemadas completamente; nadie deber comerlas."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Dales a Aarn y a sus hijos las siguientes instrucciones en cuanto a los sacrificios por el pecado: El animal que se ofrezca por el pecado deber ser degollado ante el Seor, en el lugar donde se matan los animales que se van a quemar, pues es una cosa santsima.
El sacerdote que ofrezca el sacrificio por el pecado, podr comer de l, pero deber comerlo en un lugar santo, en el patio de la tienda del encuentro.
Cualquier cosa que toque la carne del animal quedar consagrada, y si la ropa queda salpicada de sangre, deber ser lavada en un lugar santo.
La olla de barro en que se hirvi la carne de la ofrenda, deber romperse; pero si se hirvi en un recipiente de bronce, bastar con fregarlo y enjuagarlo.
"Este sacrificio es una cosa santsima. Solo podrn comer de l los sacerdotes.
Pero no se podr comer ningn animal ofrecido por el pecado cuya sangre haya sido llevada a la tienda del encuentro, para perdn de pecados en el santuario. Ese sacrificio deber ser quemado en el fuego.
"Los sacrificios por la culpa son una cosa santsima. Estas son las instrucciones en cuanto a ellos:
El animal ofrecido por la culpa deber ser degollado en el lugar donde se matan los animales que se ofrecen para ser quemados, y con su sangre se deber rociar los costados del altar.
Se deber ofrecer toda la grasa del animal: la que hay en la cola y la que cubre las vsceras,
los dos riones, la grasa que los cubre y la que est sobre los lomos, as como la parte grasosa que est sobre el hgado, la cual se deber quitar junto con los riones.
Luego el sacerdote quemar esto sobre el altar, como ofrenda quemada en honor del Seor. Es un sacrificio por la culpa,
y todos los sacerdotes podrn comer de l, aunque debern hacerlo en un lugar consagrado, pues es una cosa santsima.
"El sacrificio por la culpa es como el sacrificio por el pecado, y las instrucciones son las mismas para los dos: lo ofrecido ser para el sacerdote que oficie en el acto del perdn.
Igualmente, el sacerdote que sacrifique al animal que alguien haya ofrecido en holocausto, podr quedarse con la piel del animal.
Tambin todas las ofrendas de cereales horneadas, y todo lo preparado en cacerola y sartn, sern para el sacerdote que presente la ofrenda.
De la misma manera, todas las ofrendas de cereales, tanto las amasadas con aceite como las secas, sern para todos los descendientes de Aarn por partes iguales.
"Estas son las instrucciones en cuanto a los sacrificios de reconciliacin que se presentan al Seor:
Si el sacrificio es de accin de gracias, se ofrecern tambin tortas sin levadura amasadas con aceite, hojuelas sin levadura rociadas de aceite, y tortas de harina de la mejor calidad amasadas con aceite;
y, junto con el sacrificio de accin de gracias y de reconciliacin, se presentarn tortas de pan con levadura.
De toda ofrenda se tomar una parte y se presentar al Seor como contribucin, y ser para el sacerdote que roce la sangre del sacrificio de reconciliacin.
"La carne del animal ofrecido en accin de gracias y reconciliacin debe comerse el mismo da en que se ofrece; no se debe guardar un solo pedazo para el da siguiente.
En caso de que el animal se ofrezca en cumplimiento de una promesa, o de que sea una ofrenda voluntaria, deber comerse el mismo da en que se ofrece, pero lo que quede se podr comer al da siguiente;
si a los tres das todava queda carne del animal ofrecido, habr que quemarla toda.
Y si alguien come al tercer da carne del sacrificio de reconciliacin, el sacrificio no ser aceptado ni tomado en cuenta, y la carne ser considerada despreciable. El que coma de ella cargar con ese pecado.
"La carne que toque cualquier cosa impura no debe ser comida, sino quemada. "Todos los que estn puros podrn comer carne.
"La persona que estando impura coma carne del sacrificio de reconciliacin, el cual pertenece al Seor, ser eliminada de entre su pueblo.
"La persona que toque cualquier cosa impura -ya sea alguna impureza humana o impureza de animal, o cualquier otra cosa repugnante-, y luego coma carne del sacrificio de reconciliacin, el cual pertenece al Seor, ser eliminada de entre su pueblo."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: No deben comer nada de grasa de toro, de cordero o de cabra.
A la grasa de animales muertos o despedazados por las fieras pueden darle cualquier otro uso, pero no comerla.
"Cualquiera que coma grasa de animales de los que se presentan al Seor como ofrendas quemadas, ser eliminado de entre su pueblo.
"Dondequiera que ustedes vivan, no debern comer nada de sangre de aves ni de animales.
La persona que coma cualquier clase de sangre ser eliminada de entre su pueblo."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas que el que presente al Seor un sacrificio de reconciliacin, deber llevarlo ante el Seor.
Con sus propias manos deber llevar ante el Seor la ofrenda quemada, la grasa que cubre el pecho y el pecho mismo para celebrar ante el Seor el rito de presentacin.
El sacerdote quemar la grasa en el altar, pero el pecho ser para Aarn y sus descendientes.
El muslo derecho de los animales ofrecidos en reconciliacin se le dar al sacerdote como contribucin.
Ese muslo derecho le corresponder al sacerdote que ofrezca la grasa y la sangre del sacrificio de reconciliacin,
pues de los sacrificios de reconciliacin que los israelitas me hacen he tomado el pecho como ofrenda especial, y el muslo como contribucin, y se los he dado al sacerdote Aarn y a sus descendientes como la parte que siempre les corresponder de las ofrendas de los israelitas."
De las ofrendas que se queman en honor del Seor, estas son las porciones que les corresponden a Aarn y a sus descendientes, a partir del da que el Seor los consagr como sacerdotes suyos.
El Seor orden que los israelitas se las dieran, a partir del da que los consagr, como una obligacin permanente que pasara de padres a hijos.
Estas son las instrucciones en cuanto a los holocaustos, las ofrendas de cereales, los sacrificios por el pecado y por la culpa, las ofrendas de consagracin y los sacrificios de reconciliacin.
El Seor se las dio a Moiss en el monte Sina, cuando en el desierto de Sina orden a los israelitas que le presentaran ofrendas.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Toma a Aarn y a sus hijos, y toma adems las ropas sacerdotales, el aceite de consagrar, el becerro que se sacrifica por el pecado, los dos carneros y el canastillo de los panes sin levadura,
y rene a toda la comunidad a la entrada de la tienda del encuentro."
Moiss hizo lo que el Seor le haba ordenado, y la comunidad se reuni a la entrada de la tienda del encuentro.
Entonces Moiss dijo a la comunidad: "Esto es lo que el Seor ha ordenado que se haga."
Luego hizo Moiss que Aarn y sus hijos se acercaran, y los lav con agua.
Despus le puso a Aarn la tnica, le ajust el cinturn y lo visti con la capa; luego le puso encima el efod y se lo ajust bien con la misma cinta del efod.
Luego le puso encima el pectoral, y en el pectoral puso el Urim y el Tumim.
Luego le puso el turbante en la cabeza, y sobre l, por la parte de enfrente, coloc la placa de oro que lo consagraba como sacerdote, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Despus Moiss tom el aceite de consagrar y lo derram sobre el santuario y sobre todo lo que haba all dentro, y as lo consagr.
Con el mismo aceite roci el altar siete veces, y lo derram sobre el altar y sobre todos sus utensilios, y tambin sobre la palangana y su base, para consagrarlos.
Luego derram Moiss sobre la cabeza de Aarn el aceite de consagrar, para consagrarlo como sacerdote.
Hizo tambin que los hijos de Aarn se acercaran, y los visti con las tnicas, les ajust los cinturones y les puso los turbantes, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Despus Moiss mand traer el becerro que se sacrifica por el pecado, y Aarn y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro.
Entonces Moiss lo degoll y, tomando sangre con sus dedos, la unt en los cuernos alrededor del altar, para purificarlo, y la sangre restante la derram al pie del altar. As el altar qued consagrado para obtener all el perdn de los pecados.
Despus Moiss tom toda la grasa que cubre las vsceras, la parte grasosa que est sobre el hgado y los dos riones con su grasa, y lo quem todo sobre el altar;
pero al resto del becerro, es decir, a su piel, carne y desechos, les prendi fuego fuera del campamento, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Moiss hizo que acercaran el carnero que se ofrece en holocausto, y Aarn y sus hijos pusieron las manos sobre la cabeza del carnero.
Luego Moiss lo degoll, y roci con la sangre los costados del altar,
cort el carnero en pedazos, y quem la cabeza, los pedazos y la grasa;
luego lav con agua las vsceras y las piernas del carnero, y lo quem todo en el altar como holocausto, como ofrenda de aroma agradable al Seor, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Luego Moiss hizo que trajeran el otro carnero, el de la ceremonia de consagracin, y Aarn y sus hijos pusieron las manos sobre la cabeza del carnero.
Despus Moiss lo degoll, tom un poco de sangre y se la unt a Aarn en la parte inferior de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho.
Luego hizo que se acercaran los hijos de Aarn, y tambin les unt sangre en la parte inferior de su oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho; despus roci con la sangre los costados del altar.
Luego Moiss tom la grasa, la cola, toda la grasa que cubre las vsceras, la parte grasosa que est sobre el hgado, los dos riones con su grasa, y el muslo derecho.
Del canastillo de los panes sin levadura que se pone ante el Seor, tom Moiss una torta sin levadura, una torta amasada con aceite y una hojuela, y las puso junto con las grasas y el muslo derecho;
luego puso todo esto en las manos de Aarn y de sus hijos, para que hicieran ante el Seor el rito de presentacin.
Luego recogi Moiss todo esto de manos de ellos, y lo quem en el altar junto con el holocausto, como ofrenda de consagracin de aroma agradable: ofrenda quemada en honor del Seor.
Despus Moiss tom el pecho y celebr ante el Seor el rito de presentacin. Esa parte del carnero de la consagracin fue la que le toc a Moiss, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Tom luego Moiss un poco de aceite de consagrar y de la sangre que estaba sobre el altar, y los roci sobre Aarn y sus hijos, as como sobre la ropa sacerdotal de todos ellos. As consagr a Aarn y a sus hijos, y la ropa sacerdotal de todos ellos.
Despus Moiss les dijo a Aarn y a sus hijos: "Cuezan la carne a la entrada de la tienda del encuentro, y cmanla all mismo con el pan del canastillo de las consagraciones, tal como el Seor me lo orden cuando dijo: 'Aarn y sus hijos comern esta carne.'
Quemen despus la carne y el pan que sobren,
y no se alejen de la entrada de la tienda del encuentro durante siete das, que es lo que dura el periodo de su consagracin.
El Seor ha ordenado que el rito para obtener el perdn de los pecados cometidos por ustedes se haga tal como se ha hecho hoy.
Por lo tanto, ustedes debern quedarse da y noche a la entrada de la tienda del encuentro, durante siete das. Respeten la orden del Seor y no morirn, pues esa es la orden que recib."
Y Aarn y sus hijos hicieron todo lo que el Seor haba ordenado por medio de Moiss.
Al octavo da Moiss llam a Aarn y a sus hijos, y a los ancianos de Israel.
Y le dijo a Aarn: "Toma un becerro para el sacrificio por el pecado, y un carnero sin defecto para ofrecerlo en holocausto, y presntalos ante el Seor.
A los israelitas diles que tomen un chivo como sacrificio por el pecado, un becerro y un cordero que sean de un ao y que no tengan ningn defecto, para ofrecerlos como holocaustos,
y un toro y un carnero para matarlos ante el Seor como sacrificios de reconciliacin. Que traigan tambin una ofrenda de cereales amasada con aceite, porque el Seor se les va a manifestar hoy."
Los israelitas llevaron hasta delante de la tienda del encuentro lo que Moiss haba ordenado, y toda la comunidad se acerc y permaneci de pie ante el Seor.
Entonces Moiss dijo: "Esto es lo que el Seor ha ordenado. Hganlo, y el Seor se manifestar a ustedes con gran esplendor."
Luego le dijo Moiss a Aarn: "Acrcate al altar, y presenta tu sacrificio por el pecado y el animal que vas a ofrecer en holocausto para el perdn de tus pecados y de los pecados de los israelitas. Presenta tambin la ofrenda de los israelitas para el perdn de sus pecados, tal como el Seor lo ha ordenado."
Aarn se acerc al altar y degoll el becerro que ofreca por sus pecados.
En seguida sus hijos le acercaron la sangre, y Aarn, mojando sus dedos en ella, la unt en los cuernos del altar y derram la sangre restante al pie del altar.
Luego quem sobre el altar la grasa, los riones y la parte grasosa del hgado del animal sacrificado por el pecado, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Pero la carne y la piel las quem fuera del campamento.
Aarn degoll tambin el animal que se ofreca en holocausto, y sus hijos le llevaron la sangre, y con ella roci Aarn los costados del altar.
Luego le llevaron la cabeza y los pedazos cortados del animal que se ofreca en holocausto, y Aarn los quem sobre el altar;
luego lav las vsceras y las piernas, y las quem en el altar, lo mismo que el animal entero.
Aarn present tambin la ofrenda por los israelitas. Tom el chivo, que era el sacrificio por el pecado del pueblo, y lo degoll, ofrecindolo por el pecado como haba hecho con la ofrenda anterior.
Al presentar el animal que se ofrece en holocausto, lo hizo segn lo establecido.
Luego present la ofrenda de cereales, de la que tom un puado y lo quem sobre el altar, adems de los holocaustos de la maana.
Aarn degoll tambin el toro y el carnero que los israelitas ofrecan como sacrificio de reconciliacin. Sus hijos le entregaron la sangre, y l roci con ella los costados del altar.
Tambin le entregaron las grasas del toro y del carnero, la cola, la grasa que cubre las vsceras, los riones y la parte grasosa del hgado,
y pusieron las grasas junto con los pechos. Entonces Aarn quem las grasas en el altar,
pero con los pechos y los muslos derechos solo celebr ante el Seor el rito de presentacin, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Aarn levant sus manos sobre los israelitas y los bendijo, y despus de haber presentado el sacrificio por el pecado, el holocausto y el sacrificio de reconciliacin, se retir del altar.
Luego Moiss y Aarn entraron en la tienda del encuentro, y al salir bendijeron a los israelitas. Entonces el Seor se manifest con gran esplendor a todo el pueblo:
sali fuego de la presencia del Seor y consumi el animal que iba a ser quemado y las grasas que estaban sobre el altar. Al ver esto, todos los israelitas lanzaron gritos de alegra y se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente.
Nadab y Abih, hijos de Aarn, tomaron cada uno su brasero, pusieron lumbre e incienso en ellos y ofrecieron ante el Seor un fuego extrao que l no les haba ordenado.
Entonces sali fuego de la presencia del Seor y los quem por completo. As murieron ante el Seor.
Despus Moiss le dijo a Aarn: -Esto es lo que el Seor quera decir cuando dijo: 'A los que se acercan a m les mostrar mi santidad, y a todos los israelitas les mostrar mi gloria.' Y Aarn se qued callado.
Luego Moiss llam a Misael y a Elsafn, hijos de Uziel, to de Aarn, y les dijo: -Vengan ustedes a sacar del santuario a sus parientes, y llvenselos fuera del campamento.
Ellos se acercaron y en sus propias tnicas se los llevaron fuera del campamento, tal como lo haba ordenado Moiss.
Luego Moiss les dijo a Aarn y a sus hijos Eleazar e Itamar: -No se dejen suelto el pelo ni se rasguen la ropa en seal de luto, no sea que ustedes mueran y que Dios descargue su enojo sobre la comunidad. Lo que s deben lamentar sus hermanos de raza, todos los israelitas, es que el Seor haya tenido que provocar este incendio.
No se alejen tampoco de la entrada de la tienda del encuentro, para que no mueran, pues ustedes han sido consagrados con el aceite del Seor. Y tal como Moiss lo orden, as lo hicieron.
Adems, el Seor le habl a Aarn y le dijo:
"Cuando t o tus hijos tengan que entrar en la tienda del encuentro, no debern beber vino ni bebidas fermentadas, no sea que mueran. Es una ley permanente, que pasar de padres a hijos,
para que ustedes puedan distinguir entre lo sagrado y lo profano, y entre lo puro y lo impuro,
y puedan tambin instruir a los israelitas en todas las leyes que el Seor les ha dado por medio de Moiss."
Despus Moiss les dijo a Aarn y a Eleazar e Itamar, los dos hijos que le quedaban a Aarn: -Tomen la ofrenda de cereales que ha quedado de las ofrendas quemadas al Seor, y cmanla sin levadura junto al altar, porque es una cosa santsima.
Cmanla en un lugar sagrado, porque eso es lo que les ha tocado a ti y a tus hijos de las ofrendas que se queman en honor del Seor. Eso es lo que se me ha ordenado.
Y el pecho, que es la ofrenda especial, y el muslo, que es la contribucin, los debern comer en un lugar puro t, y tus hijos e hijas, porque esa es la parte que les corresponde de los sacrificios de reconciliacin de los israelitas.
El muslo, que es la contribucin, y el pecho, que es la ofrenda especial, sern llevados ante el Seor y presentados como ofrenda especial, junto con las grasas que se ofrecen para ser quemadas. Esta parte ser siempre tuya y de tus hijos, tal como el Seor lo ha ordenado.
Entonces Moiss pregunt por el chivo que se sacrifica por el pecado, y se encontr con que ya lo haban quemado. Entonces se enoj con Eleazar e Itamar, los dos hijos que le quedaban a Aarn, y les dijo:
-Por qu no comieron el sacrificio por el pecado en un lugar sagrado? Es una cosa santsima, y el Seor se lo dio a ustedes para que ustedes carguen con la culpa de la comunidad y obtengan del Seor el perdn de sus pecados.
Puesto que la sangre no fue llevada al interior del santuario, ustedes tenan que haber comido el sacrificio en ese lugar sagrado, tal como yo lo haba ordenado.
Y Aarn le contest: -Mira, hoy han presentado ellos ante el Seor sus sacrificios por el pecado y sus holocaustos, y a m me han sucedido cosas como estas. Si yo hubiera comido hoy del sacrificio por el pecado, le habra agradado al Seor?
Al or esto, Moiss se dio por satisfecho.
El Seor se dirigi a Moiss y Aarn, y les dijo:
"Digan a los israelitas que, de todos los animales que viven en tierra, pueden comer
los que sean rumiantes y tengan pezuas partidas;
pero no deben comer los siguientes animales, aunque sean rumiantes o tengan pezuas partidas: "El camello, porque es rumiante pero no tiene pezuas partidas. Deben considerarlo un animal impuro.
"El tejn, porque es rumiante pero no tiene pezuas partidas. Deben considerarlo un animal impuro.
"La liebre, porque es rumiante pero no tiene pezuas partidas. Deben considerarlo un animal impuro.
"El cerdo, porque tiene pezuas, y aunque las tiene partidas en dos, no es rumiante. Deben considerarlo un animal impuro.
"No deben comer la carne de estos animales, y ni siquiera tocar su cadver. Deben considerarlos animales impuros.
"De los animales que viven en el agua, ya sean de mar o de ro, pueden comer solamente de los que tienen aletas y escamas.
Pero a los que no tienen aletas y escamas deben considerarlos animales despreciables, aunque sean de mar o de ro, lo mismo los animales pequeos que los grandes.
No deben comer su carne; deben considerarlos animales despreciables, y despreciarn tambin su cadver.
Todo animal de agua que no tenga aletas y escamas, lo deben considerar despreciable.
"De las aves no deben comer las siguientes; al contrario, las deben considerar animales despreciables: el guila, el quebrantahuesos, el guila marina,
el milano, y toda clase de halcones,
toda clase de cuervos,
el avestruz, la lechuza, la gaviota, toda clase de gavilanes,
el bho, el cormorn, el ibis,
el cisne, el pelcano, el buitre,
la cigea, toda clase de garzas, la abubilla y el murcilago.
"A todo insecto que vuele y camine, deben considerarlo despreciable,
pero pueden comer de los que, aunque vuelen y caminen, tengan tambin piernas unidas a sus patas para saltar sobre el suelo.
De ellos pueden comer los siguientes: toda clase de langostas, langostones, grillos y saltamontes.
Pero a todo otro insecto que vuele y que camine, lo deben considerar despreciable.
"En los siguientes casos ustedes quedarn impuros: "Cualquiera que toque el cadver de uno de esos animales, quedar impuro hasta el anochecer.
"Cualquiera que levante el cadver de uno de esos animales, deber lavar su ropa y quedar impuro hasta el anochecer.
"A todo animal que, teniendo pezuas, no las tenga partidas ni sea rumiante, lo deben considerar un animal impuro, y cualquiera que lo toque quedar impuro tambin.
"A cualquier animal de cuatro patas y que para andar se apoye en sus plantas, lo deben considerar un animal impuro; cualquiera que toque el cadver de uno de ellos, quedar impuro hasta el anochecer.
As mismo, el que levante el cadver de uno de ellos, deber lavar su ropa y quedar impuro hasta el anochecer, pues ustedes deben considerar impuros a esos animales.
"De los animales que se arrastran sobre la tierra, deben considerar impuros a los siguientes: comadrejas, ratones y toda clase de reptiles,
como salamanquesas, cocodrilos, lagartos, lagartijas y camaleones.
"Entre los muchos animales que existen, a estos los debern considerar impuros. Cualquiera que toque el cadver de uno de estos animales, quedar impuro hasta el anochecer.
"Tambin quedar impura cualquier cosa sobre la que caiga el cadver de uno de esos animales. Ya sea un objeto de madera, un vestido, alguna cosa de piel, un costal, o cualquier instrumento de trabajo, se deber meter en agua y quedar impuro hasta el anochecer; despus de eso quedar puro.
"Si el cadver de cualquiera de esos animales cae en una olla de barro, todo lo que haya dentro de ella quedar impuro y la olla tendr que romperse.
Todo alimento sobre el que caiga agua de esa olla, quedar impuro; y toda bebida que haya en ella, quedar impura.
Todo aquello sobre lo que caiga el cadver de uno de esos animales, quedar impuro; aunque sea un horno o una doble hornilla: deber ser destruido. Es un objeto impuro, y as debern ustedes considerarlo.
"Sin embargo, el manantial o pozo de donde se toma agua, seguir siendo puro; pero quien toque los cadveres de esos animales, quedar impuro.
"Si el cadver de uno de esos animales cae sobre una semilla que se va a sembrar, la semilla seguir siendo pura;
pero si la semilla ha sido mojada y el cadver de uno de esos animales cae sobre ella, se la deber considerar impura.
"En caso de que muera alguno de los animales que ustedes tenan para comer, el que toque el cadver quedar impuro hasta el anochecer;
el que coma carne del animal muerto, deber lavar su ropa y quedar impuro hasta el anochecer; y el que saque el cadver del animal, tambin deber lavar su ropa, y quedar impuro hasta el anochecer.
"No deben comer ningn reptil que se arrastre sobre la tierra; es animal despreciable.
"De todos los animales que se arrastran sobre la tierra, no deben comer ninguno, ya sea que se arrastre sobre el vientre o que ande en cuatro o ms patas, pues son animales despreciables.
No se hagan despreciables e impuros ustedes mismos con ningn animal que se arrastra,
porque yo soy el Seor, su Dios. Ustedes deben purificarse completamente y ser santos, porque yo soy santo. No se hagan impuros con ningn animal que se arrastre por la tierra.
Yo soy el Seor, el que los hizo salir de Egipto para ser su Dios. Por lo tanto, ustedes deben ser santos porque yo soy santo."
Estas son las instrucciones en cuanto a los animales, aves y todo lo que vive y se mueve en el agua, y todos los animales que se arrastran sobre la tierra,
para que se pueda distinguir entre lo puro y lo impuro, y entre los animales que se pueden comer y los que no se pueden comer.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando una mujer quede embarazada y d a luz un varn, ser impura durante siete das, como cuando tiene su periodo natural.
El nio ser circuncidado a los ocho das de nacido.
La madre, sin embargo, continuar purificndose de su sangre treinta y tres das ms. No podr tocar ninguna cosa consagrada ni entrar en el santuario, mientras no se cumpla el trmino de su purificacin.
Pero si da a luz una nia, ser impura durante dos semanas, como en el caso de su periodo natural, y seguir purificndose de su sangre sesenta y seis das ms.
"Cuando se cumpla el trmino de la purificacin, ya sea de nio o de nia, la madre deber llevar a la entrada de la tienda del encuentro un cordero de un ao para ofrecerlo en holocausto, y un pichn de paloma o una trtola como sacrificio por el pecado. Se los entregar al sacerdote,
y el sacerdote los ofrecer ante el Seor para pedir el perdn de ella; as ella quedar purificada de su flujo de sangre." Estas son las instrucciones en cuanto a los nacimientos de nios o de nias.
Y si la madre no tiene lo suficiente para un cordero, podr tomar dos trtolas o dos pichones de paloma, uno para ofrecerlo en holocausto y otro como sacrificio por el pecado; entonces el sacerdote pedir el perdn de ella, y ella quedar purificada.
El Seor se dirigi a Moiss y Aarn, y les dijo:
"Cuando alguien tenga hinchazones, erupciones o manchas en la piel del cuerpo, o llagas que parezcan de lepra, deber ser llevado al sacerdote Aarn o a uno de los sacerdotes descendientes de l.
El sacerdote deber examinar la llaga en la piel, y si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco y la llaga se ve ms hundida que la piel, seguramente es llaga de lepra. Luego que el sacerdote haya examinado a esa persona, la declarar impura.
"Si la mancha de la piel es blanca, pero no se ve ms hundida que la piel, ni el pelo se ha vuelto blanco, entonces el sacerdote encerrar al enfermo durante siete das.
A los siete das lo volver a examinar, y si la llaga sigue igual y no se ha extendido por la piel, volver a encerrarlo otros siete das.
A los siete das lo examinar de nuevo, y si la llaga va desapareciendo y no se ha extendido por la piel, entonces el sacerdote declarar puro al enfermo, pues era solo una irritacin de la piel. Entonces el enfermo lavar su ropa y quedar puro.
"Pero si la irritacin sigue extendindose por la piel despus de que el enfermo fue examinado y declarado puro por el sacerdote, tendr que ir otra vez a que el sacerdote lo examine.
Si al examinar el sacerdote al enfermo, ve que la irritacin se ha extendido por toda la piel, entonces lo declarar impuro, pues est enfermo de lepra.
"Cuando una persona tenga llagas de lepra, deber ser llevada al sacerdote.
El sacerdote la examinar, y si la hinchazn de la piel es blanca y ha causado que el pelo se vuelva blanco, y si se ve la carne viva en la hinchazn,
es que se trata de lepra crnica de la piel. El sacerdote deber declarar impura a esa persona, y no ser necesario que la encierre, porque ya es impura.
"Si la lepra se desarrolla rpidamente, al grado de cubrir de pies a cabeza la piel del enfermo hasta donde el sacerdote pueda ver,
el sacerdote lo examinar; y si la lepra ha cubierto todo su cuerpo, el sacerdote lo declarar puro, pues la lepra se ha vuelto blanca y l ha quedado puro.
Pero el da que aparezca en l la carne viva, quedar impuro.
Entonces el sacerdote examinar la carne viva y lo declarar impuro, pues la carne viva es impura: es lepra.
"En caso de que la carne viva vuelva a ponerse blanca, el enfermo deber ir al sacerdote
para que lo examine, y si el sacerdote ve que la llaga se ha vuelto blanca, declarar puro al enfermo, pues ya ha quedado puro.
"Cuando alguien tenga una llaga en la piel, y llegue a sanar,
y quede en su lugar una hinchazn blanca, o una mancha blanco-rojiza, deber presentarse ante el sacerdote.
Si el sacerdote ve que la parte afectada aparece ms hundida que el resto de la piel, y que el pelo se ha vuelto blanco, entonces declarar impura a esa persona, pues lo que tiene es una llaga de lepra.
Si ve que la parte afectada no tiene ningn pelo blanco ni est ms hundida que el resto de la piel, sino que va desapareciendo, entonces encerrar a esa persona durante siete das.
Y si el mal sigue extendindose por la piel, entonces el sacerdote declarar impura a esa persona, pues tiene llagas leprosas.
Pero si la parte afectada se mantiene sin extenderse, entonces es solamente la cicatriz de la llaga, y el sacerdote lo declarar puro.
"Cuando alguien tenga una quemadura en la piel, y en la carne viva de la quemadura haya una mancha blanco-rojiza o blanca,
el sacerdote la examinar. Si el pelo en la mancha se ha puesto blanco, y la mancha aparece ms hundida que el resto de la piel, entonces es lepra lo que brot en la quemadura; as que el sacerdote lo declarar impuro por tener llaga de lepra.
Si al examinar el sacerdote la mancha, ve que no hay en ella ningn pelo blanco ni aparece ms hundida que la piel, sino que va desapareciendo, entonces encerrar a esa persona durante siete das.
A los siete das el sacerdote la examinar, y si la mancha se ha extendido por la piel, entonces declarar impura a esa persona, pues tiene llaga de lepra.
Pero si la mancha se mantiene sin extenderse por la piel y va desapareciendo, entonces no es ms que la hinchazn de la quemadura, as que el sacerdote declarar puro al enfermo, porque solo se trata de la cicatriz de la quemadura.
"Cuando un hombre o una mujer tenga una llaga en la cabeza o en la barba,
el sacerdote examinar la llaga. Si la llaga aparece ms hundida que la piel y tiene pelo amarillento y escaso, entonces el sacerdote declarar impura a esa persona, pues tiene tia, es decir, lepra de la cabeza y de la barba.
Y si al examinar el sacerdote la llaga tiosa ve que no est ms hundida que la piel ni tiene pelo negro, entonces encerrar a esa persona durante siete das.
Al sptimo da el sacerdote examinar la llaga, y si la tia no se ha extendido, ni aparece ms hundida que la piel, ni tiene pelo amarillento,
entonces ordenar el sacerdote que la persona enferma se afeite, excepto en la llaga tiosa, y lo encerrar por siete das ms.
Pasados los siete das el sacerdote volver a examinar la llaga, y si la tia no se ha extendido ni aparece ms hundida que la piel, entonces el sacerdote declarar pura a la persona enferma, la cual lavar sus ropas y quedar pura.
Pero en caso de que la tia siga extendindose por la piel despus de haber sido declarada pura,
el sacerdote deber examinar otra vez a la persona enferma; si la tia se ha extendido por la piel, no har falta que busque el pelo amarillo: esa persona es impura.
Pero si a l le parece que la tia se ha detenido, y que ha salido pelo negro, es que la tia ha sanado y la persona es pura. Entonces el sacerdote declarar pura a esa persona.
"Cuando un hombre o una mujer tenga manchas blancas en la piel,
el sacerdote examinar la piel, y si ve en ella manchas blancuzcas y opacas, es que le ha salido una simple erupcin en la piel; en ese caso la persona es pura.
"Si a un hombre se le cae el cabello y se queda calvo, es puro.
Si el cabello de la frente se le cae y la frente se le queda calva, tambin es puro.
Pero si aparece una llaga de color blanco-rojizo en las partes calvas, ya sea de atrs o de la frente, es que all le est brotando lepra.
Entonces el sacerdote lo examinar, y si la hinchazn de la llaga en las partes calvas es de color blanco-rojizo, tal como se ve la lepra en la piel del cuerpo,
ese hombre est enfermo de lepra, pues tiene la cabeza llagada. Es un hombre impuro, y as lo declarar el sacerdote.
"El que tenga llagas de lepra, deber llevar rasgada la ropa y descubierta la cabeza, y con la cara semicubierta gritar: 'Impuro!, Impuro!'
Y mientras tenga las llagas ser considerado hombre impuro; tendr que vivir solo y fuera del campamento.
"Cuando aparezca una mancha en un vestido de lana o de lino,
o en un tejido de lino o de lana, o en un cuero, o en cualquier objeto hecho de cuero,
y si la mancha en esos objetos es verdosa o rojiza, la mancha es de lepra y debe ser mostrada al sacerdote.
El sacerdote examinar la mancha, y encerrar durante siete das el objeto manchado.
Al sptimo da examinar la mancha; si se ha extendido en el vestido o tejido, o en el cuero u objeto de cuero, la mancha es de lepra maligna y los objetos son impuros.
As que cualquier objeto que tenga esa mancha, deber ser quemado por completo, pues se trata de lepra maligna;
pero si el sacerdote la examina y se encuentra con que la mancha no se ha extendido,
dar rdenes de que se lave la mancha y que se encierre el objeto por siete das ms.
"Despus que la mancha haya sido lavada, el sacerdote la examinar. Si ve que la mancha no ha desaparecido, es mancha impura y el objeto debe ser quemado, aun cuando la mancha no se haya extendido, pues se trata de una corrosin, tanto si est por dentro como por fuera.
Si al examinar la mancha el sacerdote nota que se ha desvanecido despus de lavada, la arrancar del vestido, cuero o tejido.
Pero si vuelve a aparecer y se extiende por aquel vestido, tejido u objeto de cuero, se quemar el objeto manchado.
En cuanto al vestido, tejido u objeto de cuero, del cual la mancha desaparezca al ser lavada, se lavar una vez ms y entonces quedar purificado."
Estas son las instrucciones acerca de las manchas de lepra en vestidos de lana o de lino, o en tejidos u objetos de cuero, para que se les pueda declarar puros o impuros.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Estas son las instrucciones para la purificacin de un enfermo de lepra: El enfermo ser llevado ante el sacerdote,
el cual saldr fuera del campamento para examinarlo. Si el sacerdote ve que la llaga leprosa del enfermo ha sanado,
mandar traer para el que se purifica dos pajarillos vivos y que sean puros, madera de cedro, tela roja e hisopo.
Ordenar que se mate uno de los pajarillos sobre una olla de barro que tenga agua de manantial,
y tomar el pajarillo vivo, la madera de cedro, la tela roja y el hisopo, y mojar estas cosas y el pajarillo vivo con la sangre del pajarillo muerto sobre el agua de manantial.
Luego rociar siete veces con la sangre al que va a ser purificado de la lepra, y lo declarar puro. Al pajarillo vivo lo dejar en libertad.
"El que se purifica debe lavar su ropa, y lavarse a s mismo, y afeitarse del todo, para quedar purificado. Despus podr entrar en el campamento, aunque durante siete das se quedar viviendo al aire libre.
Al sptimo da se rapar completamente la cabeza, se afeitar la barba, las cejas y todo el vello, lavar sus ropas y se lavar a s mismo, y entonces quedar purificado.
Al octavo da tomar dos corderos sin defecto, y una cordera de un ao y sin defecto; adems, seis kilos y medio de la mejor harina para una ofrenda de cereal amasada con aceite, y la tercera parte de un litro de aceite.
El sacerdote que va a realizar la purificacin, colocar a la persona que va a ser purificada, y a sus cosas, a la entrada de la tienda del encuentro, ante la presencia del Seor;
luego tomar uno de los corderos y lo ofrecer junto con la tercera parte de un litro de aceite, como sacrificio por la culpa, celebrando el rito de presentacin ante el Seor.
Deber matar el cordero en el lugar consagrado al degello de los animales para los sacrificios por el pecado y los holocaustos. El sacrificio por la culpa ser para el sacerdote, lo mismo que el sacrificio por el pecado, pues es una cosa santsima.
"Despus tomar el sacerdote un poco de sangre del sacrificio por la culpa, y se la untar al que se purifica, en la parte inferior de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho.
Tomar luego un poco de aceite y se lo echar en la palma de la mano izquierda;
mojar entonces su dedo derecho en el aceite que tiene en la mano, y con el mismo dedo rociar siete veces aceite ante el Seor.
Del aceite que le quede en la mano tomar el sacerdote un poco, para untrselo al que se purifica, en la parte inferior de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho, sobre la sangre del sacrificio por la culpa,
y el resto del aceite se lo untar en la cabeza al que se purifica. As el sacerdote obtendr del Seor el perdn por el pecado de esa persona.
Luego presentar el sacerdote el sacrificio por el pecado, realizando as la purificacin del que se encuentra impuro; despus sacrificar al animal que se va a ofrecer en holocausto,
ofrecindolo sobre el altar, junto con la ofrenda de cereales. De esta manera el sacerdote obtendr el perdn por el pecado de esa persona, y as quedar purificada.
"Si la persona enferma es pobre y no tiene para tanto, tomar un cordero como sacrificio por la culpa y lo presentar como ofrenda especial para obtener el perdn de sus pecados, con un poco ms de dos kilos de la mejor harina amasada con aceite, como ofrenda de cereales, y la tercera parte de un litro de aceite
y dos trtolas, o dos pichones de paloma, segn sus posibilidades, uno como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto.
Al octavo da llevar todo esto al sacerdote, para su purificacin; lo entregar en presencia del Seor, a la entrada de la tienda del encuentro.
El sacerdote tomar el cordero del sacrificio por la culpa y la tercera parte de un litro de aceite, y los presentar ante el Seor como ofrenda especial;
degollar el cordero del sacrificio por la culpa y, tomando un poco de la sangre del cordero, se la untar al que se purifica, en la parte inferior de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho;
luego se echar un poco de aceite en la palma de la mano izquierda,
y con el dedo derecho rociar siete veces ante el Seor parte del aceite que tiene en la mano.
Tambin le untar al que se purifica un poco de aceite en la parte inferior de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho, es decir, en el mismo lugar en que le puso la sangre del sacrificio por la culpa.
El resto del aceite lo untar el sacerdote en la cabeza del que se purifica, para que este obtenga as del Seor el perdn de su pecado.
Luego ofrecer el sacerdote una de las trtolas o uno de los pichones de paloma, segn lo que haya podido ofrecer el que se purifica.
Una de las aves ser como sacrificio por el pecado, y la otra como holocausto, adems de la ofrenda de cereales. As el sacerdote obtendr del Seor el perdn para el que se purifica."
Estas son las instrucciones para los enfermos con llagas de lepra, que no puedan dar una ofrenda mayor por su purificacin.
El Seor se dirigi a Moiss y Aarn, y les dijo:
"Cuando ustedes estn ya en la tierra de Canan, la cual les entrego en propiedad, y yo enve una plaga de lepra sobre alguna casa de su pas,
el dueo de la casa ir a ver al sacerdote, y le dir: 'Me parece que hay una plaga en mi casa.'
"El sacerdote, antes de entrar en la casa, ordenar que la desocupen, para que no se vuelva impuro todo lo que hay en ella. Despus entrar a examinar la plaga.
"Si al examinar la plaga nota el sacerdote que las paredes de la casa presentan manchas profundas de color verdoso o rojizo, las cuales se hunden en la pared,
saldr de la casa y ordenar mantenerla cerrada durante siete das.
Al sptimo da volver el sacerdote a examinarla, y si la plaga se ha extendido por las paredes de la casa,
dar rdenes de que se quiten las piedras que tengan esa mancha y se arrojen en un lugar impuro fuera de la ciudad;
dar rdenes tambin de que se raspe todo el interior de la casa, y de que el polvo raspado se arroje a un lugar impuro fuera de la ciudad.
Se tomarn entonces otras piedras para reponer las que fueron quitadas, y barro nuevo para recubrir la casa.
"Si la plaga vuelve a aparecer en la casa despus de haberse quitado las piedras, raspado la pared y haberla recubierto de nuevo,
el sacerdote entrar a examinarla. Si la plaga se ha extendido por la casa, se trata de lepra maligna y la casa es impura.
Por lo tanto, la casa deber ser derribada y todos sus escombros arrojados a un lugar impuro fuera de la ciudad.
Cualquiera que entre en la casa durante el tiempo en que el sacerdote haya ordenado mantenerla cerrada, ser considerado impuro hasta el anochecer.
Cualquiera que coma o duerma en la casa, deber lavar su ropa para purificarla.
"Si al entrar el sacerdote a examinar la casa, nota que la plaga no se ha extendido despus de haber sido recubierta, la declarar casa pura, porque la plaga ha terminado.
Para purificar la casa, tomar dos pajarillos, madera de cedro, tela roja e hisopo.
Matar uno de los pajarillos sobre una olla de barro con agua de manantial.
Luego tomar el cedro, el hisopo, la tela roja y el pajarillo vivo, y los mojar con la sangre del pajarillo muerto y con el agua de manantial, y rociar la casa siete veces.
As purificar la casa con la sangre del pajarillo y el agua de manantial, y con el pajarillo vivo, el cedro, el hisopo y la tela roja.
Despus dejar en libertad al pajarillo vivo en las afueras de la ciudad, y as cumplir con lo requerido para la purificacin de la casa."
Estas son las instrucciones acerca de cualquier plaga de lepra y de tia,
de lepra en la ropa y en las casas,
de hinchazones, erupciones y manchas,
para que se pueda distinguir entre lo puro y lo impuro. Hasta aqu las instrucciones acerca de la lepra.
El Seor se dirigi a Moiss y Aarn, y les dijo:
"Digan a los israelitas lo siguiente: Cuando un hombre sufra de flujo de su miembro, este flujo ser impuro.
La impureza del hombre debida al flujo existir tanto si su miembro deja correr el semen como si queda obstruido a causa del mismo. De todos modos es impuro.
"Cualquier lugar en que ese hombre se acueste y donde su flujo se derrame, ser considerado impuro. "Cualquier objeto en el que se siente, ser considerado impuro.
"Cualquiera que toque el lugar en que ese hombre se acost, deber lavarse la ropa y lavarse a s mismo con agua, y ser considerado impuro hasta el anochecer.
"Cualquiera que se siente en el objeto en que ese hombre se haya sentado, deber lavarse la ropa y lavarse a s mismo con agua, y ser considerado impuro hasta el anochecer.
"Cualquiera que toque al que sufre de flujo, deber lavarse la ropa y lavarse a s mismo con agua, y ser considerado impuro hasta el anochecer.
"Si el que sufre de flujo escupe sobre una persona pura, esa persona deber lavarse la ropa y lavarse a s misma con agua, y ser considerada impura hasta el anochecer.
"Cualquier silla de montar que use el que sufre de flujo ser considerada impura.
"Cualquiera que toque algo sobre lo cual se haya sentado el que sufre de flujo ser considerado impuro hasta el anochecer. "Cualquiera que lleve alguna de esas cosas, deber lavarse la ropa y lavarse a s mismo con agua, y ser considerado impuro hasta el anochecer.
"Cualquiera a quien toque el que sufre de flujo, sin haberse lavado las manos, deber lavarse la ropa y lavarse a s mismo con agua, y ser considerado impuro hasta el anochecer.
"La olla de barro que toque el que sufre de flujo deber romperse; los objetos de madera debern lavarse.
"Si ese hombre sana de su flujo, deber contar siete das para su purificacin; se lavar la ropa y se lavar a s mismo en agua de manantial, y entonces quedar purificado.
Al octavo da tomar dos trtolas o dos pichones de paloma, e ir a la entrada de la tienda del encuentro para entregrselos al sacerdote en presencia del Seor.
El sacerdote ofrecer uno como sacrificio por el pecado y otro como holocausto, y as realizar ante el Seor la purificacin del hombre que sufre de flujo.
"Cuando un hombre tenga un derrame de semen, se lavar con agua todo el cuerpo y ser considerado impuro hasta el anochecer.
"Cualquier ropa o cuero en que caiga parte del semen, deber lavarse con agua y quedar impuro hasta el anochecer.
"Si un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales, los dos debern lavarse con agua y quedarn impuros hasta el anochecer.
"Cuando una mujer tenga su periodo normal de menstruacin, ser considerada impura durante siete das. "Cualquiera que la toque, ser considerado impuro hasta el anochecer.
"Cualquier cosa en la que ella se acueste durante su periodo de menstruacin, ser considerada impura. "Cualquier cosa en la que se siente, ser considerada impura.
"Cualquiera que toque el lugar donde ella se haya acostado, deber lavarse la ropa y lavarse a s mismo con agua, y ser considerado impuro hasta el anochecer.
"Cualquiera que toque algn objeto en el que ella se haya sentado, deber lavarse la ropa y lavarse a s mismo con agua, y ser considerado impuro hasta el anochecer.
Ya sea que toque el lugar en el que ella se haya acostado o sentado, ser considerado impuro hasta el anochecer.
"Si algn hombre se acuesta con ella, comparte su impureza, y ser considerado impuro durante siete das, lo mismo que el lugar donde l se acueste.
"En caso de que una mujer tenga flujo de sangre fuera de su periodo normal de menstruacin, y que el flujo le dure muchos das, o en caso de que su menstruacin le dure ms de lo normal, ser considerada impura mientras le dure el flujo, como si estuviera en su periodo de menstruacin.
"Cualquier lugar en que ella duerma, y cualquier objeto en que se siente mientras le dura el flujo, ser considerado impuro, como si estuviera ella en su periodo de menstruacin.
"Cualquiera que toque estas cosas, ser considerado impuro. Deber lavarse la ropa y lavarse a s mismo con agua, y ser considerado impuro hasta el anochecer.
"Cuando el flujo se detenga, podr contar siete das, y despus quedar purificada.
Al octavo da tomar dos trtolas o dos pichones de paloma, y se los llevar al sacerdote, a la entrada de la tienda del encuentro.
El sacerdote ofrecer uno de ellos como sacrificio por el pecado, y otro como holocausto. As realizar el sacerdote ante el Seor la purificacin de esa mujer por el flujo que tuvo,
y de esa manera alejarn ustedes a los israelitas de sus impurezas, para que no mueran por manchar con ellas el lugar donde yo habito entre ellos."
Estas son las instrucciones acerca de los que sufren de flujo y los que tienen derrames de semen, quedando impuros por esa razn;
y acerca de las mujeres que estn en su menstruacin, en una palabra, todo el que sufre de derrames, sea hombre o mujer, y de los hombres que se acuesten con una mujer durante su menstruacin.
El Seor habl con Moiss despus de la muerte de los dos hijos de Aarn que murieron por haberse acercado demasiado a la presencia del Seor.
Y dijo el Seor a Moiss: "Dile a tu hermano Aarn que no entre a cualquier hora en el santuario que est tras el velo, ni ante la tapa que est sobre el arca, para que no muera; porque yo me manifestar en una nube sobre la tapa.
Aarn debe entrar en el santuario con un becerro como sacrificio por el pecado y con un carnero para ofrecerlo en holocausto.
Debe ir vestido con la tnica de lino consagrada, cubierto su cuerpo con calzoncillos de lino, y llevar puestos el cinturn y el turbante de lino. Esta es ropa consagrada, as que, antes de ponrsela, l debe lavarse con agua.
"De parte de la comunidad israelita tomar Aarn dos chivos como sacrificio por el pecado, y un carnero para ofrecerlo en holocausto.
Ofrecer entonces el becerro como su propio sacrificio por el pecado, para obtener el perdn de sus propios pecados y de los de su familia.
Despus tomar los dos chivos y los ofrecer ante el Seor, a la entrada de la tienda del encuentro;
luego echar suertes sobre los dos chivos: una suerte ser por el Seor, y la otra por Azazel.
El chivo sobre el que recaiga la suerte por el Seor, lo ofrecer Aarn como sacrificio por el pecado;
pero el chivo sobre el que recaiga la suerte de Azazel, lo presentar vivo ante el Seor para obtener el perdn de los pecados, y despus lo echar al desierto, donde est Azazel.
"Aarn ofrecer el becerro como su propio sacrificio por el pecado, para obtener el perdn de sus propios pecados y de los de su familia.
Luego tomar un incensario lleno de brasas tomadas del altar que est ante el Seor, y dos puados de incienso aromtico molido, y los llevar detrs del velo;
echar el incienso sobre el fuego en presencia del Seor, y el humo del incienso cubrir la tapa que est sobre el arca de la alianza. De esa manera Aarn no morir.
Tomar tambin un poco de sangre del becerro, y con su dedo la rociar sobre la tapa, por el lado oriental. Luego rociar sangre con su dedo siete veces, por la parte delantera de la tapa,
y despus de eso matar al chivo como sacrificio por el pecado del pueblo y llevar la sangre a la parte que est tras el velo; all adentro la rociar encima y delante de la tapa, tal como lo hizo con la sangre del becerro.
De esa manera limpiar el santuario de todas las impurezas, rebeliones y pecados de los israelitas. Lo mismo debe hacer con la tienda del encuentro, la cual est en medio de ellos y de sus impurezas.
"Mientras Aarn est dentro del santuario para obtener el perdn de los pecados, y hasta que l salga, nadie deber estar en la tienda del encuentro. Una vez que haya obtenido el perdn de los pecados de l y de su familia, y de toda la comunidad israelita,
saldr para ir a purificar el altar que est delante del Seor. Tomar un poco de la sangre del becerro y del chivo, y la untar sobre los cuernos y alrededor del altar,
y con el dedo rociar sangre sobre el altar siete veces. As lo purificar de las impurezas de los israelitas, y lo consagrar.
"Cuando Aarn haya terminado de purificar el santuario, la tienda del encuentro y el altar, mandar traer el chivo que an est vivo
y, poniendo sus manos sobre la cabeza del animal, confesar sobre l todas las maldades, rebeliones y pecados de los israelitas. De esta manera pondr los pecados sobre la cabeza del chivo, y una persona se encargar de llevarlo y soltarlo en el desierto.
As, al perderse el chivo en el desierto, se llevar todas las maldades de ellos a tierras deshabitadas.
Luego entrar Aarn en la tienda del encuentro y se quitar la ropa de lino que se puso para entrar en el santuario, y la dejar all.
All mismo en el santuario se lavar con agua y, despus de vestirse, saldr para presentar su propio holocausto y el que debe ofrecer por el pueblo, y as obtendr el perdn por sus pecados y los del pueblo.
La grasa del sacrificio por el pecado la quemar en el altar;
y el que haya llevado el chivo para soltarlo a Azazel, se lavar la ropa y se lavar a s mismo con agua, y despus podr entrar en el campamento.
"El becerro y el chivo que fueron sacrificados por el pecado, y cuya sangre fue llevada al santuario para obtener el perdn de los pecados, sern llevados fuera del campamento, y su piel, carne y desechos sern quemados.
La persona que los queme deber lavarse la ropa y lavarse a s misma con agua, y despus podr entrar en el campamento.
"Esta ser una ley permanente para ustedes: el da diez del mes sptimo debern ustedes dedicarlo al ayuno y suspender todas sus labores, lo mismo los israelitas que los extranjeros que vivan entre ustedes,
pues en ese da se obtendr el perdn de los pecados de ustedes delante del Seor, y quedarn limpios de todos ellos.
Es una ley permanente: ese da ser para ustedes un da especial de reposo y dedicado al ayuno.
El sacerdote que haya sido escogido y a quien se le haya dado plena autoridad para ocupar el lugar de su padre como sacerdote, celebrar el rito para obtener el perdn de los pecados; se vestir con la ropa de lino consagrada
y har la purificacin del Lugar Santsimo, y de la tienda del encuentro, y del altar, y obtendr el perdn de los pecados de los sacerdotes y de toda la comunidad.
"Esta ser una ley permanente para ustedes: una vez al ao se celebrar el rito para obtener el perdn de los pecados que hayan cometido los israelitas." Y se hizo tal como el Seor se lo orden a Moiss.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Diles a Aarn y a sus hijos, y a todos los israelitas, que el Seor ha dado las siguientes rdenes:
"Cualquier israelita que mate un toro, un cordero o una cabra, dentro o fuera del campamento,
y que no lo traiga a la entrada de la tienda del encuentro para presentarlo como ofrenda al Seor ante su santuario, ser culpable de derramamiento de sangre y, por lo tanto, ser eliminado de entre su gente.
Esto es para que los israelitas ofrezcan al Seor los animales que maten al aire libre, y los lleven al sacerdote a la entrada de la tienda del encuentro, para que l los ofrezca por ellos como sacrificio de reconciliacin.
El sacerdote rociar la sangre sobre el altar del Seor, a la entrada de la tienda del encuentro, y quemar la grasa como aroma agradable al Seor.
Y nunca ms volvern a presentar sus sacrificios a esos demonios, a los que han adorado y por los que se han corrompido. Esta ser una ley permanente para ustedes, que pasar de padres a hijos.
"Diles tambin que cualquier israelita o extranjero que viva entre ustedes y presente un holocausto o cualquier otro sacrificio,
y que no lo lleve a la entrada de la tienda del encuentro para ofrecrselo al Seor, ser eliminado de entre su pueblo.
"Yo estar en contra de todo israelita o extranjero que viva entre ustedes y que coma sangre, en la forma que sea. Yo lo eliminar de entre su pueblo.
Porque todo ser vive por la sangre que est en l, y yo se la he dado a ustedes en el altar para que por medio de ella puedan ustedes pagar el rescate por su vida, pues es la sangre la que paga el rescate por la vida.
"Por lo tanto, digo a los israelitas: Ninguno de ustedes, ni de los extranjeros que viven entre ustedes, debe comer sangre.
Cualquier israelita o extranjero que viva entre ustedes y que cace un animal o un ave de los que se pueden comer, deber derramar la sangre de la presa y cubrirla con tierra,
porque la sangre es la vida de todo ser viviente. Por eso les he dicho que no coman sangre, porque ella es la vida de todo ser viviente, y cualquiera que la coma ser eliminado.
"Cualquier israelita o extranjero que coma carne de algn animal muerto o despedazado por una fiera, deber lavar su ropa y lavarse a s mismo con agua, y ser considerado impuro hasta el anochecer. Despus quedar purificado.
Pero si no lava su ropa ni se lava a s mismo, cargar con su maldad."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: "Yo soy el Seor su Dios.
"No sigan las costumbres de Egipto, pas en el cual vivieron. "No sigan las costumbres de Canan, pas al cual voy a llevarlos, ni vivan conforme a sus leyes.
"Cumplan mis decretos; pongan en prctica mis leyes; vivan conforme a ellos. Yo soy el Seor su Dios.
"Pongan en prctica mis leyes y decretos. El hombre que los cumpla, vivir. Yo soy el Seor.
"Ningn hombre debe acercarse a una mujer de su propia familia para tener relaciones sexuales con ella. Yo soy el Seor.
"No deshonres a tu padre teniendo relaciones sexuales con tu madre; adems, ella es tu madre y no debes hacerlo.
"No deshonres a tu padre teniendo relaciones sexuales con su mujer.
"No tengas relaciones sexuales con tu hermana. Ya sea tu hermana por parte de padre o por parte de madre; ya sea que haya nacido en la casa o fuera de ella, no debes tener relaciones sexuales con ella.
"No te deshonres a ti mismo teniendo relaciones sexuales con tu nieta, sea por parte de tu hijo o de tu hija. No debes tener relaciones con ella.
"No tengas relaciones con la hija de la mujer de tu padre. Ha sido engendrada por tu padre, y es tu hermana. No debes tener relaciones con ella.
"No tengas relaciones sexuales con la hermana de tu padre; es de la misma sangre que tu padre.
"No tengas relaciones sexuales con la hermana de tu madre; es de la misma sangre que tu madre.
"No deshonres a tu to teniendo relaciones sexuales con su mujer, pues es tu ta.
"No tengas relaciones sexuales con tu nuera, pues es la mujer de tu hijo; no debes tener relaciones sexuales con ella.
"No deshonres a tu hermano teniendo relaciones sexuales con su mujer.
"No tengas relaciones sexuales con una mujer y con la hija de esa mujer, ni tomes a su nieta, ya sea por parte de su hijo o de su hija, para tener tambin relaciones sexuales con ella. Esa es una conducta depravada, pues son de la misma sangre.
"No tomes como mujer a la hermana de tu esposa, ni tengas relaciones sexuales con ella mientras tu esposa viva, para no crear enemistad entre ellas.
"No tengas relaciones sexuales con una mujer en su periodo de menstruacin.
"No te acuestes con la mujer de tu prjimo ni tengas relaciones sexuales con ella, para que no te hagas impuro por esa causa.
"No entregues a ninguno de tus hijos como ofrenda al dios Moloc. No ofendas as el nombre de tu Dios. Yo soy el Seor.
"No te acuestes con un hombre como si te acostaras con una mujer. Ese es un acto infame.
"No te entregues a actos sexuales con ningn animal, para que no te hagas impuro por esa causa. Tampoco la mujer debe entregarse a actos sexuales con un animal. Eso es una infamia.
"No se hagan impuros con ninguna de estas cosas. Con ellas se han hecho impuros los pueblos que yo voy a arrojar de la presencia de ustedes,
y tambin su pas qued impuro; pero yo les ped cuentas de su maldad y el pas arroj de s a sus habitantes.
Pero ustedes los israelitas, y los extranjeros que viven entre ustedes, pongan en prctica mis leyes y mis decretos, y no cometan ninguno de estos actos infames,
pues todas estas infamias las cometieron los que habitaron el pas antes que ustedes, y la tierra qued impura.
Que no los arroje de s el pas por hacerlo impuro, tal como arroj a la gente que lo habit antes que ustedes!
El que cometa cualquiera de estas infamias, ser eliminado de entre su pueblo.
Por lo tanto, pongan en prctica mi precepto y no caigan en las prcticas infames cometidas antes de ustedes, ni se hagan impuros con ellas. Yo soy el Seor su Dios."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Dile a la comunidad israelita lo siguiente: "Sean ustedes santos, pues yo, el Seor su Dios, soy santo.
"Respete cada uno a su padre y a su madre. "Respeten tambin mis sbados. Yo soy el Seor su Dios.
"No recurran a los dolos, ni se hagan dioses de metal fundido. Yo soy el Seor su Dios.
"Cuando presenten al Seor sacrificios de reconciliacin, hganlo de tal manera que Dios se los acepte.
El animal presentado se debe comer el mismo da, y tambin se puede comer al da siguiente, pero lo que sobre para el tercer da deber ser quemado.
Si se come la ofrenda al tercer da, ser considerada despreciable y Dios no la aceptar;
el que la coma, cargar con la maldad y ser eliminado de entre su pueblo por haber profanado lo consagrado al Seor.
"Cuando llegue el tiempo de la cosecha, no recojas hasta el ltimo grano de tu campo ni rebusques las espigas que hayan quedado.
No rebusques todas las uvas de tu viedo ni recojas las uvas cadas; djalas para los pobres y los extranjeros. Yo soy el Seor, el Dios de ustedes.
"No roben. No mientan ni se engaen unos a otros.
"No hagas promesas falsas en mi nombre, pues profanas el nombre de tu Dios. Yo soy el Seor.
"No uses la violencia contra tu prjimo ni le arrebates lo que es suyo. "No retengas la paga del trabajador hasta el da siguiente.
"No maldigas al sordo. "No pongas ningn tropiezo en el camino del ciego. Muestra tu reverencia a Dios. Yo soy el Seor.
"No actes con injusticia cuando dictes sentencia: ni favorezcas al dbil, ni te rindas ante el poderoso. Apgate a la justicia cuando dictes sentencia.
"No andes con chismes entre tu gente. "No tomes parte en el asesinato de tu prjimo. Yo soy el Seor.
"No abrigues en tu corazn odio contra tu hermano. "Reprende a tu prjimo cuando debas reprenderlo. No te hagas cmplice de su pecado.
"No seas vengativo ni rencoroso con tu propia gente. Ama a tu prjimo, que es como t mismo. Yo soy el Seor.
"Pon en prctica mis leyes. "No cruces tu ganado con animales de diferente especie. "No siembres tu campo con diferentes semillas entremezcladas. "No te pongas ninguna ropa hecha con tela de materiales mezclados.
"Si alguno se acuesta con una esclava destinada a otro hombre, pero que an no ha sido comprada ni puesta en libertad, tendr que pagar indemnizacin; pero no se les condenar a muerte, porque ella no es libre.
El hombre presentar al Seor un carnero como sacrificio por la culpa, el cual deber llevar hasta la entrada de la tienda del encuentro.
Con este carnero como sacrificio por la culpa, el sacerdote pedir al Seor que perdone el pecado de ese hombre, y el pecado cometido se le perdonar.
"Cuando entren ustedes en el pas y siembren rboles frutales, no debern cortar ni comer sus frutos durante tres aos.
Al cuarto ao todos sus frutos sern consagrados al Seor en una celebracin,
y al quinto ao ya podrn ustedes comer su fruto. As el rbol les dar ms. Yo soy el Seor su Dios.
"No coman nada que tenga sangre. "No practiquen la adivinacin ni pretendan predecir el futuro.
"No se corten el pelo en redondo, ni se recorten la punta de la barba.
"No se hagan heridas en el cuerpo por causa de un muerto. No se hagan ninguna clase de tatuaje. Yo soy el Seor.
"No deshonres a tu hija, convirtindola en una prostituta. No corrompas el pas llenndolo de depravaciones.
"Respeten mis sbados. Guarden reverencia por mi santuario. Yo soy el Seor.
"No recurran a espritus y adivinos. No se hagan impuros por consultarlos. Yo soy el Seor su Dios.
"Ponte de pie y muestra respeto ante los ancianos. Muestra reverencia por tu Dios. Yo soy el Seor.
"No hagan sufrir al extranjero que viva entre ustedes.
Trtenlo como a uno de ustedes; menlo, pues es como ustedes. Adems, tambin ustedes fueron extranjeros en Egipto. Yo soy el Seor su Dios.
"No hagan trampa en la exactitud de medidas lineales, de peso o de capacidad.
Deben usar balanzas, pesas y medidas exactas. Yo soy el Seor su Dios, que los sac de Egipto.
"As que pongan en prctica mis leyes y decretos; cmplanlos. Yo soy el Seor."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: "Cualquier israelita o extranjero que viva en Israel y que entregue alguno de sus hijos al dios Moloc, deber ser muerto a pedradas por la gente del pas.
Yo me pondr en contra de ese hombre y lo eliminar de entre su pueblo, por haber hecho impuro mi santuario y haber profanado mi santo nombre al entregar un hijo suyo a Moloc.
Si la gente del pas se desentiende del asunto y no condena a muerte a ese hombre,
yo me pondr en contra de l y de su familia, y lo eliminar de entre su pueblo junto con todos los que se corrompieron con l y recurrieron a Moloc.
Y si alguien recurre a espritus y adivinos, y se corrompe por seguirlos, yo me pondr en contra de esa persona y la eliminar de entre su pueblo.
"Consgrense completamente a m, y sean santos, pues yo soy el Seor su Dios.
Pongan en prctica mis leyes; cmplanlas. Yo soy el Seor, que los consagra para m.
"A cualquiera que maldiga a su padre o a su madre, se le condenar a muerte. Ha maldecido a su padre o a su madre, y ser el responsable de su propia muerte.
"Si alguien comete adulterio con la mujer de su prjimo, se condenar a muerte tanto al adltero como a la adltera.
"Si alguien se acuesta con la mujer de su padre, deshonra a su propio padre. Por lo tanto, se condenar a muerte al hombre y a la mujer, y sern responsables de su propia muerte.
"Si alguien se acuesta con su nuera, los dos sern condenados a muerte y sern responsables de su propia muerte, pues eso es una infamia.
"Si alguien se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenar a muerte a los dos y sern responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame.
"Si alguien toma como esposas a una mujer y a la madre de esa mujer, comete un acto depravado y tanto l como ellas debern ser quemados vivos. As no habr tales depravaciones entre ustedes.
"Si un hombre se entrega a actos sexuales con un animal, ser condenado a muerte. Tambin se deber matar al animal.
"Si una mujer se entrega a actos sexuales con un animal, tanto a la mujer como al animal se les matar. Ellos sern responsables de su propia muerte.
"Si alguien toma como mujer a su hermana, ya sea por parte de padre o de madre, y tienen relaciones sexuales, los dos sern eliminados a la vista de sus compatriotas, pues tener relaciones sexuales con la propia hermana es un hecho vergonzoso, y el que lo hace deber cargar con su culpa.
"Si alguien se acuesta con una mujer en periodo de menstruacin y tiene relaciones sexuales con ella, pone al descubierto la fuente de menstruacin de la mujer, y ella misma la ha descubierto; por lo tanto, los dos debern ser eliminados de entre su pueblo.
"No tengas relaciones sexuales con la hermana de tu madre ni con la hermana de tu padre, pues es tenerlas con una parienta cercana y los dos tendrn que cargar con su maldad.
"Si alguien se acuesta con la mujer de su to, deshonra a su propio to; los dos cargarn con su pecado: morirn sin tener descendencia.
"Si alguien le quita la esposa a su hermano, deshonra a su propio hermano. Este es un acto odioso, y los dos se quedarn sin hijos.
"Pongan en prctica mis leyes y decretos; cmplanlos todos. As no los arrojar de s el pas al cual los llevo para que vivan en l.
No sigan las prcticas de la gente que voy a arrojar de delante de ustedes; ellos hicieron todas estas cosas, y por eso no pude aguantarlos.
Yo les prometo que ustedes sern los dueos del pas de ellos; yo mismo les dar posesin de ese pas, donde la leche y la miel corren como el agua. "Yo soy el Seor su Dios, que los ha distinguido de los dems pueblos.
Por lo tanto, tambin ustedes deben hacer distincin entre animales puros e impuros, y entre aves puras e impuras. No se hagan despreciables por causa de los animales, aves y reptiles que he sealado como animales impuros.
Ustedes deben ser santos para conmigo, porque yo, el Seor, soy santo y los he distinguido de los dems pueblos para que sean mos.
"El hombre o la mujer que estn posedos por un espritu, o que practiquen la adivinacin, sern muertos a pedradas y sern responsables de su propia muerte."
El Seor le dijo a Moiss: "Habla con los sacerdotes descendientes de Aarn, y diles que no se hagan impuros por causa del cadver de alguno de sus parientes,
excepto en el caso de algn pariente cercano, como su madre, su padre, su hijo o su hija, su hermano
o su hermana soltera, que an vive con l porque no se ha casado; por ellos podr hacerse impuro.
Pero no deber hacerse impuro ni mancharse por una parienta casada.
"No debern raparse la cabeza, ni afeitarse la barba, ni hacerse heridas en el cuerpo,
sino consagrarse completamente a su Dios y no profanar su nombre, porque ellos son los que presentan las ofrendas quemadas y el pan de su Dios; as que debern mantenerse consagrados.
"Tampoco debern casarse con una prostituta, ni con una mujer violada o divorciada, porque han sido consagrados a su Dios.
Mantenlos apartados de todo, porque ellos son los que presentan el pan de tu Dios. Y sern santos para ti, porque yo, el Seor, soy santo y soy quien los hace santos.
"Si la hija de un sacerdote se rebaja y se convierte en prostituta, deshonra a su padre y deber ser quemada viva.
"El jefe de los sacerdotes ha recibido plena autoridad para vestir la ropa sagrada, por medio del aceite de consagrar que se le puso en la cabeza. Por lo tanto, no debe dejarse suelto el pelo ni rasgarse la ropa en seal de luto;
tampoco debe entrar donde haya un cadver: ni siquiera por causa de su padre o de su madre debe hacerse impuro.
No debe salir del santuario de su Dios, ni rebajar el carcter sagrado del santuario, porque sobre l ha sido puesto el aceite de consagrar de su Dios. Yo soy el Seor.
"Por esposa deber tomar una mujer virgen.
En ningn caso debe casarse con una viuda o divorciada, violada o prostituta; su esposa debe ser virgen y de su propio clan,
para no rebajar a sus descendientes entre su gente; pues yo, el Seor, lo he consagrado."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Dile a Aarn que, ahora y en el futuro, a ninguno de sus descendientes con algn defecto fsico se le permitir presentar la ofrenda de pan de su Dios.
A decir verdad, nadie que tenga un defecto fsico podr presentarse a hacerlo: sea ciego, impedido, con la nariz o las orejas deformes,
con las piernas o los brazos quebrados,
jorobado, enano, con nubes en los ojos, sarnoso o con erupciones en la piel, o con los testculos daados.
Ningn descendiente del sacerdote Aarn que tenga algn defecto fsico presentar al Seor las ofrendas que se queman; tiene un defecto y, por lo tanto, no podr presentar la ofrenda de pan de su Dios.
Podr comer de ese pan y de las cosas santas y santsimas,
pero no podr entrar tras el velo ni acercarse al altar, para no rebajar con su defecto el carcter sagrado de mi santuario. Yo soy el Seor, que los ha consagrado."
Y Moiss repiti esto mismo a Aarn, a sus hijos y a todos los israelitas.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a Aarn y a sus descendientes que deben tener cuidado con las cosas santas que los israelitas me consagran, para que no profanen mi santo nombre. Yo soy el Seor.
"Diles que, ahora y en el futuro, cualquiera de sus descendientes que estando impuro haga la presentacin de las cosas sagradas que los israelitas consagran al Seor, ser eliminado de mi presencia. Yo soy el Seor.
"Ninguno de los descendientes de Aarn que est enfermo de lepra o sufra derrames, comer de las cosas sagradas hasta que haya sido purificado. "El que toque alguna cosa impura a causa de un cadver, o toque a quien haya tenido un derrame de semen,
o el que se haga impuro por tocar un reptil o a un hombre que por encontrarse impuro hace impuro al que lo toca,
ser considerado impuro hasta el anochecer, y no podr comer de las cosas sagradas si antes no se lava con agua.
Quedar purificado al ponerse el sol, despus de lo cual podr comer de las cosas sagradas, pues son su alimento.
No debe comer carne de un animal muerto o despedazado por una fiera, para no hacerse impuro con ella. Yo soy el Seor.
"Diles que cumplan mi precepto y que no carguen con ningn pecado por faltar a l, y as no morirn. Yo soy el Seor, que los ha consagrado.
"Ningn extrao al sacerdocio podr comer de lo que es sagrado. "Ni el husped del sacerdote ni el que trabaje para l podrn comer de lo que es sagrado.
"Si el sacerdote compra un esclavo con su dinero, el esclavo podr comer de lo que es sagrado. Tambin los que hayan nacido en casa del sacerdote podrn comer de sus alimentos.
"Si la hija del sacerdote est casada con alguien extrao al sacerdocio, no podr comer de las ofrendas que se dan a los sacerdotes.
Pero si es viuda o divorciada, y no tiene hijos, y vuelve a la casa de su padre como cuando era soltera, podr comer de los alimentos de su padre. Por lo dems, ningn extrao al sacerdocio podr comerlos.
"Si alguien come involuntariamente de las cosas sagradas, tendr que restituir al sacerdote lo que se comi, ms una quinta parte;
pero los sacerdotes no deben permitir que los israelitas profanen las cosas sagradas que se ofrecen al Seor,
ni que carguen con la maldad de su pecado por comer de las cosas sagradas. Yo soy el Seor, que los ha consagrado."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Habla con Aarn y sus hijos, y con todos los israelitas, y diles lo siguiente: Si alguno de los israelitas o de los extranjeros que vivan entre ellos presenta al Seor un animal en holocausto, ya sea en cumplimiento de una promesa o como ofrenda voluntaria,
deber presentar un macho sin defecto para que le sea aceptado. Podr ser un toro, un cordero o un chivo,
pero no un animal con defecto, porque no le ser aceptado.
"Cualquiera que presente al Seor un sacrificio de reconciliacin, ya sea en cumplimiento de una promesa o como ofrenda voluntaria, deber ofrecer toros u ovejas sin defecto para que le sean aceptados.
No le presenten al Seor animales ciegos, o lastimados, o mancos, o con verrugas, sarna o erupciones en la piel, ni los den para ser quemados como ofrendas en el altar del Seor.
Como ofrenda voluntaria podrs ofrecer un toro o un carnero que tenga las patas disparejas, pero en cumplimiento de una promesa no te ser aceptado.
Tampoco deben presentar al Seor animales con los testculos heridos, golpeados, arrancados o cortados. No practiquen estas cosas en su tierra.
Tampoco reciban de un extranjero estos animales como alimento para el Dios de ustedes, porque son animales con defecto y no les sern aceptados."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Cuando nazca un ternero, un cordero o un cabrito, deber quedarse al lado de su madre durante siete das, pero a partir del octavo da podr ser aceptado para quemarlo como ofrenda al Seor.
"No mates en un mismo da a una vaca u oveja y a su cra.
"Cuando presentes una ofrenda de accin de gracias al Seor, hazla de tal manera que sea bien recibida.
Adems, cmela el mismo da y no dejes nada para el da siguiente. Yo soy el Seor.
"Pongan en prctica mis mandamientos; cmplanlos. Yo soy el Seor.
"No profanen mi santo nombre, y as ser santificado entre los israelitas. Yo soy el Seor, que los ha consagrado a ustedes
y los ha sacado de Egipto para ser su Dios. Yo soy el Seor."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Estas son las fechas especialmente dedicadas al Seor, y que ustedes llamarn reuniones santas.
"Trabajars durante seis das, pero el da sptimo no debers hacer ningn trabajo; ser un da especial de reposo y habr una reunin santa. Dondequiera que vivas, ese da ser de reposo en honor del Seor.
"Estas son las fechas especiales para celebrar las reuniones santas en honor del Seor, y en las cuales debern reunirse:
"El da catorce del mes primero, al atardecer, se celebrar la Pascua en honor del Seor.
"El da quince del mismo mes se celebrar la fiesta de los panes sin levadura en honor del Seor. Durante siete das se comer pan sin levadura.
El primer da se celebrar una reunin santa. No hagan ninguna clase de trabajo pesado.
Durante siete das debern ustedes quemar ofrendas al Seor, y el da sptimo celebrarn una reunin santa. No debern realizar ninguna clase de trabajo."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando hayan entrado ustedes en la tierra que yo les voy a dar, y hayan cosechado su trigo, debern presentar al sacerdote el primer manojo de su cosecha.
Al da siguiente del da de reposo, el sacerdote lo presentar al Seor como ofrenda especial, para que les sea aceptado.
Y el mismo da en que presenten el manojo, presentarn tambin un cordero de un ao, sin defecto, como holocausto en honor del Seor.
Traern, adems, cuatro kilos y medio de la mejor harina amasada con aceite, para presentrsela al Seor como ofrenda quemada de aroma agradable. Como ofrenda para derramar, se deber presentar un litro de vino.
Hasta el da en que lleven ustedes su ofrenda al Seor, no deben comer pan, ni trigo tostado o fresco. Esta es una ley permanente, que pasar de padres a hijos y dondequiera que ustedes vivan.
"A partir del da en que lleven ustedes el manojo de trigo como ofrenda especial, es decir, a partir del da siguiente al da de reposo, deben contar siete semanas completas.
Y con el da siguiente al sptimo da de reposo, se completarn cincuenta das. Entonces presentarn al Seor su ofrenda de trigo nuevo,
y llevarn de sus casas dos panes de la mejor harina cocidos con levadura, de unos cuatro kilos cada uno, como ofrenda especial de primeros frutos para el Seor.
Junto con los panes llevarn siete corderos de un ao y sin defecto, un becerro y dos carneros, como holocausto en honor del Seor, ofrenda quemada de aroma agradable a l, adems de sus ofrendas de cereal y de vino.
"Ofrecern adems un chivo como sacrificio por el pecado, y dos corderos de un ao como sacrificio de reconciliacin.
El sacerdote ofrecer los animales como ofrenda especial en presencia del Seor, junto con el pan de los primeros frutos y los dos corderos. Sern consagrados al Seor, para el sacerdote.
"Ese mismo da deben celebrar ustedes una reunin santa, y no hacer ninguna clase de trabajo pesado. Esta es una ley permanente, que pasar de padres a hijos y dondequiera que ustedes vivan.
"Cuando llegue el tiempo de cosechar, no recojas hasta el ltimo grano de tu campo ni rebusques las espigas que se hayan quedado. Djalas para los pobres y los extranjeros. Yo soy el Seor, el Dios de ustedes."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: El da primero del mes sptimo celebrarn ustedes un da de reposo y una reunin santa conmemorativa con toque de trompetas.
Debern quemar una ofrenda en honor del Seor, y no harn ninguna clase de trabajo pesado."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"El da diez del mismo mes sptimo ser el Da del perdn. Debern celebrar una reunin santa, y dedicar ese da al ayuno, y quemar una ofrenda en honor del Seor.
No hagan ningn trabajo ese mismo da, porque es el Da del perdn, en que ustedes obtendrn el perdn ante el Seor su Dios.
El que no dedique ese da al ayuno, quienquiera que sea, ser eliminado de entre su pueblo.
Y al que haga algn trabajo ese da, quienquiera que sea, lo har desaparecer de su pueblo.
"No hagan ningn trabajo. Es una ley permanente, que pasar de padres a hijos y dondequiera que ustedes vivan.
Ser para ustedes un da de reposo y dedicado al ayuno, y lo contarn del atardecer del da nueve del mes hasta el atardecer del da siguiente."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: El da quince del mismo mes sptimo, y durante siete das, se celebrar la fiesta de las Enramadas en honor del Seor,
con una reunin santa el primer da. No hagan ninguna clase de trabajo.
Durante esos siete das quemarn ofrendas en honor del Seor, y el octavo da celebrarn tambin una reunin santa y quemarn una ofrenda al Seor. Es un da de fiesta, y no deben hacer ninguna clase de trabajo pesado.
"Estas son las fechas especialmente dedicadas al Seor, a las que ustedes deben declarar reuniones santas y en las que presentarn al Seor ofrendas quemadas, holocaustos, ofrendas de cereales, sacrificios y ofrendas de vino, segn el da que corresponda,
aparte de los das de reposo en honor del Seor, y de los regalos y ofrendas prometidas o voluntarias que ustedes le hagan.
"El da quince del mes sptimo, cuando ustedes hayan recogido ya la cosecha, celebrarn una fiesta de siete das en honor del Seor, con reposo el primer da y el octavo.
El primer da tomarn frutos de los mejores rboles, hojas de palmera y de rboles frondosos y de lamos del ro, y durante siete das se alegrarn en presencia del Seor su Dios.
Cada ao, en el mes sptimo, celebrarn una fiesta de siete das en honor del Seor. Es una ley permanente que pasar de padres a hijos.
Durante esos siete das todos ustedes, los israelitas de nacimiento, vivirn bajo enramadas,
para que todos sus descendientes sepan que, cuando yo saqu de Egipto a los israelitas, los hice vivir bajo enramadas. Yo soy el Seor su Dios."
De esta manera inform Moiss a los israelitas acerca de las fechas especialmente dedicadas al Seor.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Ordena a los israelitas que te traigan aceite puro de oliva, para mantener las lmparas siempre encendidas.
Aarn se encargar de arreglarlas, para que durante toda la noche ardan sin cesar delante del Seor en la tienda del encuentro, fuera del velo que est junto al arca de la alianza. Esta es una ley permanente, que pasar de padres a hijos.
Ha de arreglar las lmparas en el candelabro de oro puro para que ardan delante del Seor.
"Toma de la mejor harina y cuece doce tortas, de cuatro kilos y medio cada una,
y ponlas sobre la mesa de oro puro que est ante el Seor, en dos hileras de seis tortas cada una.
Pon en cada hilera incienso puro, que le servir al pan como ofrenda de recordacin quemada en honor del Seor.
Esto deber ser puesto sin falta ante el Seor cada sbado, como una alianza eterna por parte de los israelitas.
Es la parte que les corresponder siempre a Aarn y a sus descendientes, los cuales debern comer ese pan en un lugar santo, porque de las ofrendas que se queman en honor del Seor, esta es una de las ms sagradas."
Entre los israelitas haba un hombre nacido de madre israelita y padre egipcio. Su madre se llamaba Selomit, y era hija de Dibr, de la tribu de Dan.
Este hombre y un israelita tuvieron una discusin en el campamento, durante la cual el hijo de madre israelita ofendi y maldijo el nombre del Seor. Entonces lo llevaron ante Moiss,
y lo tuvieron bajo vigilancia mientras el Seor les deca lo que tenan que hacer.
Y el Seor le habl a Moiss y le dijo:
"Saca del campamento al que me maldijo; que pongan la mano sobre su cabeza todos los que lo oyeron, y que lo maten a pedradas todos los de la comunidad.
Por lo que toca a los israelitas, diles lo siguiente: El que ofenda y maldiga el nombre del Seor su Dios, tendr que cargar con su pecado y ser muerto a pedradas por toda la comunidad.
Tanto si es extranjero como si es natural del pas, si ofende el nombre del Seor, ser condenado a muerte.
"El que le quite la vida a otra persona, ser condenado a muerte.
"El que mate una cabeza de ganado, tendr que reponerla: animal por animal.
"El que cause dao a alguno de su pueblo, tendr que sufrir el mismo dao que hizo:
fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; tendr que sufrir en carne propia el mismo dao que haya causado.
"El que mate un animal, tendr que reponerlo. El que mate a un hombre, ser condenado a muerte.
"La misma ley vale tanto para los extranjeros como para los naturales del pas. Yo soy el Seor su Dios."
Moiss habl entonces con los israelitas, y ellos sacaron del campamento al que haba maldecido a Dios, y all lo mataron a pedradas. Lo hicieron los israelitas tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
El Seor se dirigi a Moiss en el monte Sina, y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando ustedes hayan entrado en la tierra que les voy a dar, la tierra deber tener reposo en honor del Seor.
Podrn sembrar sus campos durante seis aos. Tambin durante seis aos podrn podar sus viedos y recoger sus frutos,
pero el sptimo ao ser de completo reposo de la tierra en honor del Seor; no siembren ese ao sus campos ni poden sus viedos.
Tampoco corten el trigo que nazca por s mismo despus de la ltima cosecha, ni recojan las uvas de su viedo no podado; la tierra debe tener reposo completo.
Lo que la tierra produzca por s misma durante su reposo, alcanzar para que coman ustedes, sus siervos y sus siervas, y los trabajadores y extranjeros que vivan con ustedes,
y sus ganados y los animales feroces del pas. Todo lo que la tierra produzca, les servir de alimento.
"Deben contar siete semanas de aos, es decir, siete aos multiplicados por siete, lo cual dar un total de cuarenta y nueve aos,
y el da diez del mes sptimo, que es el Da del perdn, harn sonar el cuerno de carnero en todo el pas.
El ao cincuenta lo declararn ustedes ao santo: ser un ao de liberacin, y en l anunciarn libertad para todos los habitantes del pas. Todo hombre volver al seno de su familia y a la posesin de sus tierras.
El ao cincuenta ser para ustedes ao de liberacin, y en l no debern sembrar, ni cortar el trigo que nazca por s mismo, ni podar los viedos ni recoger sus uvas,
porque es un ao santo y de liberacin para ustedes. Comern solo lo que la tierra produzca por s misma.
"En este ao de liberacin todos ustedes volvern a tomar posesin de sus tierras.
Si alguien vende o compra a otra persona algn terreno, no trate de aprovecharse de ella;
el que compra debe pagar segn el tiempo transcurrido desde el ao de liberacin, y el que vende debe cobrar segn los aos de cosecha que an falten:
cuantos ms aos de cosecha falten, mayor ser el precio; si quedan pocos aos, el precio ser menor, pues lo que se vende es el nmero de cosechas.
"No abuse nadie de nadie. Muestren reverencia por su Dios, pues yo soy el Seor su Dios.
Cumplan mis leyes, pongan en prctica mis decretos. Cmplanlos y vivirn tranquilos en el pas;
la tierra dar frutos, y ustedes vivirn tranquilamente en ella y comern de sus frutos hasta quedar satisfechos.
"Tal vez se pregunten ustedes: 'Y qu vamos a comer durante el sptimo ao, si no podemos sembrar ni recoger la cosecha?'
Pues bien, yo les enviar mi bendicin durante el sexto ao, y la cosecha ser suficiente para tres aos;
as comern del grano almacenado mientras siembran de nuevo en el ao octavo, y aun hasta el ao noveno podrn comer del grano almacenado, mientras llega la cosecha.
"La tierra no debe venderse a perpetuidad: la tierra es ma, y ustedes solo estn de paso por ella como huspedes mos.
Por lo tanto, para cualquier terreno que ustedes tengan en propiedad, deben conceder a los dueos anteriores el derecho de volver a comprarlo.
"Si uno de tus compatriotas se queda en la ruina y te vende alguno de sus terrenos, su pariente ms cercano podr venir y rescatar lo que su pariente haba vendido.
"En el caso de alguien que no tenga un pariente que pueda rescatar su propiedad, pero que logre reunir lo suficiente para rescatarla l mismo,
calcular el tiempo transcurrido desde que la vendi, devolver al que la compr la cantidad de dinero que resulte a su favor, y l volver a tomar posesin de su propiedad.
Pero si no logra reunir lo suficiente para rescatar la propiedad, esta se quedar en poder del comprador hasta el ao de liberacin, durante el cual ser liberada la propiedad, y el que la vendi volver a tomar posesin de ella.
"Si alguien vende una vivienda en una ciudad con murallas, tendr derecho a volver a comprarla durante un ao completo a partir de la fecha de venta.
Pero en caso de que la vivienda no sea rescatada en el trmino de un ao, se quedar para siempre en poder del que la compr y de sus descendientes. No podr ser liberada en el ao de liberacin.
En cambio, las casas de pueblos sin murallas sern consideradas igual que los campos: podrn ser rescatadas, y sern liberadas en el ao de liberacin.
"Los levitas tendrn siempre el derecho de volver a comprar las casas que estn dentro de las ciudades de ellos.
Si el que rescata es un levita, deber abandonar la casa en el ao de liberacin e irse a la ciudad donde tiene su propiedad, porque la nica propiedad de los levitas entre los israelitas es la casa que tienen en su ciudad.
Las tierras de pastoreo pertenecientes a las ciudades de los levitas, no podrn ser vendidas, porque son su propiedad permanente.
"Si alguno de tus compatriotas se queda en la ruina y recurre a ti, debes ayudarlo como a un extranjero de paso, y lo acomodars en tu casa.
No le quites nada ni le cargues intereses sobre los prstamos que le hagas; al contrario, muestra temor por tu Dios y acomoda a tu compatriota en tu casa.
No le cargues inters al dinero que le prestes, ni aumentes el precio de los alimentos que le des.
Yo soy el Seor, el Dios de ustedes, que los sac de Egipto para darles la tierra de Canan y para ser su Dios.
"Si uno de tus compatriotas se queda en la ruina estando contigo, y se vende a ti, no lo hagas trabajar como esclavo;
trtalo como a un trabajador o como a un husped. Trabajar para ti hasta el ao de liberacin,
despus del cual podr abandonar tu casa junto con sus hijos, para volver otra vez a su clan y a sus propiedades familiares;
pues ellos son mis siervos; yo los saqu de Egipto, y no deben ser vendidos como esclavos.
No los trates con crueldad; al contrario, muestra temor de tu Dios.
"Si quieres tener esclavos o esclavas, cmpralos de las otras naciones que te rodean.
Tambin puedes comprar a la gente extranjera que vive entre ustedes, y a los hijos que les nazcan mientras estn en el pas de ustedes; a ellos pueden comprarlos en propiedad
y dejarlos como herencia a sus hijos cuando ustedes mueran; siempre podrn servirse de ellos. Pero ninguno de ustedes, los israelitas, debe dominar ni tratar con crueldad a sus hermanos de raza.
"Si un extranjero que vive en tu tierra se hace rico, y en cambio uno de tus compatriotas, vecino del extranjero, se queda en la ruina y se vende a ese extranjero o a algn otro extranjero,
tendr derecho a que se compre su libertad aun despus de haberse vendido. Podr ser rescatado por uno de sus hermanos,
un to, un primo o cualquier pariente cercano; tambin podr rescatarse l mismo, si tiene medios para hacerlo,
calculando con el que lo compr desde el ao en que se vendi hasta el ao de liberacin: el precio de venta deber corresponder al nmero de aos, y el tiempo que haya trabajado se calcular segn la paga que se da a los trabajadores.
Si an quedan muchos aos por delante, en proporcin con ellos dar por su rescate parte del dinero que recibi por venderse;
pero si falta poco tiempo para el ao de liberacin, dar por su rescate la cantidad correspondiente a los aos que falten.
Se le deber tratar como a un trabajador contratado por ao; no permitas que se le trate con crueldad.
"Si acaso no es rescatado en este tiempo, quedar en libertad en el ao de liberacin, junto con sus hijos,
pues los israelitas son mis siervos, mis propios siervos; yo los saqu de Egipto. Yo soy el Seor su Dios.
"No se hagan dolos ni imgenes; no levanten en su pas piedras sagradas ni piedras grabadas; no se inclinen ante ellas, porque yo soy el Seor su Dios.
Respeten mis sbados; tengan reverencia por mi santuario: yo soy el Seor.
"Si siguen mis leyes, y cumplen mis mandamientos y los practican,
yo les enviar la lluvia a su tiempo, y la tierra y los rboles del campo darn su fruto;
tendrn trigo hasta la cosecha de las uvas, y uvas hasta el tiempo de la siembra; comern pan hasta quedar satisfechos, y gozarn de tranquilidad en el pas.
Les dar bienestar en el pas, y dormirn sin sobresaltos, pues yo librar al pas de animales feroces y de guerras.
Ustedes harn huir a sus enemigos, y ellos caern a filo de espada ante ustedes;
cinco de ustedes harn huir a cien, y cien de ustedes harn huir a diez mil; sus enemigos caern ante ustedes a filo de espada.
Los mirar a ustedes con buenos ojos, y los har crecer en nmero, y mantendr con ustedes mi alianza.
Comern del trigo almacenado en aos anteriores, y hasta tendrn que desalojarlo para almacenar el trigo nuevo.
"Yo vivir entre ustedes, y no los rechazar;
constantemente andar entre ustedes, y ser su Dios, y ustedes sern mi pueblo.
Yo soy el Seor su Dios, que los sac de Egipto para que no siguieran siendo esclavos de ellos; yo romp el yugo que pesaba sobre ustedes, y los hice andar con la frente en alto.
"Pero si ustedes no me obedecen ni ponen en prctica todos estos mandamientos,
sino que rechazan y menosprecian mis leyes y decretos y no cumplen con ninguno de mis mandamientos, faltando as a mi alianza,
yo tambin har lo siguiente con ustedes: les enviar mi terror, epidemia mortal, fiebre, enfermedades de los ojos y decaimiento del cuerpo; de nada les servir sembrar, porque sus enemigos se comern la cosecha.
Yo me pondr en contra de ustedes, y sern derrotados por sus enemigos; sern dominados por aquellos que los odian, y tendrn que huir aunque nadie los persiga.
"Si a pesar de esto no me obedecen, los volver a castigar siete veces por sus pecados.
Har pedazos su necio orgullo; har que el cielo les niegue su lluvia y la tierra sus frutos.
En vano gastarn sus fuerzas, porque la tierra no les producir nada, ni los rboles del campo les darn frutos.
"Si siguen oponindose a m y negndose a obedecerme, yo volver a castigarlos siete veces ms, conforme a sus pecados.
Lanzar sobre ustedes bestias salvajes que los dejarn sin hijos, que despedazarn sus ganados y que reducirn el nmero de ustedes hasta que no haya quien transite por sus caminos.
"Si a pesar de todo esto no se corrigen, sino que siguen oponindose a m,
yo tambin me opondr a ustedes y los castigar an siete veces ms por sus pecados.
Har venir sobre ustedes una espada que vengue la alianza; ustedes corrern a refugiarse en sus ciudades, pero yo les enviar enfermedades, y ustedes caern en poder del enemigo.
"Cuando yo destruya su provisin de alimentos, diez mujeres cocern en un solo horno el pan de ustedes, y lo racionarn tanto que ustedes comern y no quedarn satisfechos.
"Si a pesar de esto no me obedecen, sino que siguen oponindose a m,
yo tambin me opondr a ustedes, y con enojo los castigar an otras siete veces ms por sus pecados.
Entonces se comern ustedes a sus propios hijos e hijas.
Yo destruir sus santuarios paganos y partir en dos sus altares de incienso; amontonar los cuerpos sin vida de ustedes sobre los cuerpos sin vida de sus dolos, y les mostrar mi desprecio;
dejar en ruinas sus ciudades y destruidos sus santuarios, y no me deleitar ms en el aroma de sus perfumes.
"Destruir el pas, y los enemigos de ustedes que vengan a vivir en l se quedarn asombrados.
A ustedes los esparcir entre las naciones, y con la espada desnuda los perseguir; su pas se convertir en un desierto y sus ciudades en espantosas ruinas.
Entonces la tierra disfrutar de tranquilidad todo el tiempo que permanezca desolada y que ustedes estn en el pas de sus enemigos; as descansar y se desquitar de lo que antes no descans.
Todo el tiempo que permanezca desolada, la tierra disfrutar de los das de reposo que no tuvo mientras ustedes habitaron en ella.
"A aquellos de ustedes que queden con vida en terreno enemigo, les har sentir tanto miedo que huirn con el simple ruido de una hoja al caer; huirn como si los persiguieran con una espada, y caern sin que nadie los persiga;
tropezarn unos contra otros como si huyeran de la guerra, aunque nadie los persiga; ninguno de ustedes podr hacer frente a sus enemigos!
Sern destruidos entre las naciones, y el pas de sus enemigos acabar con ustedes;
y los que queden con vida en terreno enemigo, morirn por culpa de su maldad; morirn junto con sus padres, por la maldad de ellos!
"Aunque ustedes reconozcan su maldad y la maldad de sus padres, lo mismo que su infidelidad y su oposicin a m,
yo tambin me opondr a ustedes y los llevar al pas de sus enemigos; all su mente pagana quedar humillada, y pagarn por su pecado.
Entonces yo me acordar de la alianza que hice con Jacob, con Isaac y con Abraham, y tambin me acordar de la tierra,
la cual quedar libre de ustedes y disfrutar de sus das de reposo mientras ustedes no la habiten; y pagarn ustedes por su maldad, porque despreciaron mis decretos y rechazaron mis leyes.
"A pesar de esto, y aunque ustedes estn en un pas enemigo, no los despreciar ni los rechazar; no los destruir ni faltar a la alianza que hice con sus antepasados, porque yo soy el Seor su Dios.
Por el contrario, me acordar de la alianza que hice con ellos cuando los saqu de Egipto en presencia de las naciones para ser su Dios. Yo soy el Seor."
Estas son las leyes, decretos y enseanzas que por medio de Moiss estableci el Seor en el monte Sina, entre l y los israelitas.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando alguien quiera pagar una promesa al Seor conforme al valor correspondiente de una persona,
a un varn de veinte a sesenta aos le fijars una contribucin de cincuenta monedas de plata, segn la medida oficial del santuario;
en el caso de una mujer, la contribucin ser de treinta monedas.
Para las personas de cinco a veinte aos, la contribucin ser de veinte monedas si es hombre, y de diez monedas si es mujer.
Para los nios de un mes a cinco aos, la contribucin ser de cinco monedas de plata, y de tres para las nias.
Para las personas mayores de sesenta aos, la contribucin ser de quince monedas para los hombres, y de diez monedas para las mujeres.
Y si la persona es demasiado pobre para pagar la contribucin establecida, se llevar el caso al sacerdote para que este fije una nueva contribucin, de acuerdo con las posibilidades del que hizo la promesa.
"En el caso de los animales que se pueden ofrecer al Seor, todo animal que se entregue al Seor quedar consagrado,
y no podr ser cambiado por otro animal, ya sea mejor o peor. En caso de que haya cambio, tanto el animal ofrecido como el animal dado a cambio quedarn consagrados.
"En el caso de un animal impuro, que no puede ser ofrecido al Seor, se llevar el animal al sacerdote
para que este fije la contribucin correspondiente, segn la calidad del animal. La contribucin fijada por el sacerdote deber ser aceptada,
y si se quiere recuperar el animal, se deber dar una quinta parte ms de la contribucin establecida.
"Si alguien consagra su casa al Seor, el sacerdote establecer su valor segn la calidad de la casa. El clculo del sacerdote deber ser aceptado.
Pero en caso de que el que consagr la casa quiera rescatarla, deber dar una quinta parte ms del valor en que haba sido calculada, y la casa volver a ser suya.
"Si alguien consagra al Seor una parte de su terreno, el valor del terreno se calcular segn lo que pueda producir, a razn de cincuenta monedas de plata por cada doscientos veinte litros de cebada.
Si consagra el terreno a partir del ao de liberacin, quedar en pie el valor establecido;
pero si lo consagra despus del ao de liberacin, el sacerdote har el clculo de la plata que se debe dar, descontando del valor calculado la cantidad que corresponda a los aos que restan hasta el ao de liberacin.
"Si el que consagr el terreno quiere recuperarlo, deber dar una quinta parte ms sobre el valor calculado, y el terreno seguir siendo suyo;
pero si no lo recupera, y el terreno se vende a otra persona, ya no podr volver a recuperarlo.
Cuando el terreno quede libre en el ao de liberacin, ser dedicado para uso exclusivo del Seor, y el sacerdote tomar posesin de l.
"Si alguien consagra al Seor un terreno comprado, que no es su herencia de familia,
el sacerdote calcular con esa persona el precio del terreno hasta el ao de liberacin, y esa persona pagar ese mismo da la cantidad estimada como valor del terreno, y la consagrar al Seor.
En el ao de liberacin, el terreno volver a poder del que lo vendi, es decir, a poder del propietario real del terreno.
"Todos tus clculos deben tener como base el siclo de veinte geras, que es el peso oficial del santuario.
"En cuanto a las primeras cras del ganado, que son del Seor por ser las primeras, nadie debe consagrarlas. Ya sea un ternerito o un corderito, es del Seor.
Si se trata de un animal impuro, podr ser rescatado segn el precio que se le fije, ms una quinta parte de ese precio. Pero si no es rescatado, podr ser vendido en el precio fijado.
"Si alguien consagra al Seor parte de sus pertenencias, ya sean personas, animales o terrenos heredados de su familia, nada de lo consagrado podr ser vendido ni recuperado; todo lo consagrado ser una cosa santsima dedicada al Seor.
Y tampoco podr rescatarse a ninguna persona que haya sido destinada a la destruccin: tendr que morir.
"La dcima parte de los productos de la tierra, tanto de semillas como de rboles frutales, pertenece al Seor y est consagrada a l.
Si alguien quiere recuperar algo de esa dcima parte, tendr que pagar lo que valga, ms una quinta parte.
"Uno de cada diez animales del ganado o del rebao ser consagrado al Seor como dcima parte,
sin escoger los mejores ni los peores, ni cambiar uno por otro. En caso de hacer un cambio, tanto el primer animal como el animal dado a cambio quedarn consagrados y, por lo tanto, no podrn ser recuperados."
Estos son los mandamientos que el Seor dio a Moiss para los israelitas, en el monte Sina.
El da primero del segundo mes del segundo ao, cuando haca poco ms de un ao que los israelitas haban salido de Egipto, el Seor se dirigi a Moiss en el desierto de Sina, en la tienda del encuentro con Dios, y le dijo:
"Hagan un censo de todos los israelitas, por clanes y familias, para saber el nombre y nmero exacto de todos los hombres
de veinte aos para arriba, aptos para la guerra. Regstrenlos segn el orden militar, con la ayuda de Aarn
y de un jefe de familia por cada tribu.
Estos son los nombres de los jefes que debern ayudarles: "Por la tribu de Rubn: Elisur, hijo de Seder.
"Por la de Simen: Selumiel, hijo de Surisadai.
"Por la de Jud: Nahasn, hijo de Aminadab.
"Por la de Isacar: Natanael, hijo de Suar.
"Por la de Zabuln: Eliab, hijo de Heln.
"Por las tribus de los hijos de Jos: Elisam, hijo de Amihud, por la de Efran; y Gamaliel, hijo de Pedasur, por la de Manass.
"Por la tribu de Benjamn: Abidn, hijo de Guidon.
"Por la de Dan: Ahizer, hijo de Amisadai.
"Por la de Aser: Paguiel, hijo de Ocrn.
"Por la de Gad: Eliasaf, hijo de Reuel.
"Por la de Neftal: Ahir, hijo de Enn."
Estos fueron los jefes de tribu escogidos de entre la comunidad israelita para representar a sus propios clanes.
El da primero del segundo mes del ao, Moiss y Aarn reunieron a estos hombres expresamente designados por Dios, lo mismo que a todo el pueblo,
e hicieron el censo de todos los israelitas, anotando en orden de clanes y familias el nombre de cada uno de ellos y el nmero total de hombres de veinte aos para arriba,
tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss. Este censo se hizo en el desierto de Sina.
Una vez hecho el censo por tribus, clanes y familias, y anotados ya el nombre de cada uno y el nmero total de hombres mayores de veinte aos, el resultado fue el siguiente:
De la tribu de Rubn, el hijo mayor de Israel, se contaron cuarenta y seis mil quinientos hombres aptos para la guerra.
De la tribu de Simen
se contaron cincuenta y nueve mil trescientos.
De la tribu de Gad
se contaron cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta.
De la tribu de Jud
se contaron setenta y cuatro mil seiscientos.
De la tribu de Isacar
se contaron cincuenta y cuatro mil cuatrocientos.
De la tribu de Zabuln
se contaron cincuenta y siete mil cuatrocientos.
De los descendientes de Jos
se contaron cuarenta mil quinientos de la tribu de Efran
y treinta y dos mil doscientos
de la tribu de Manass.
De la tribu de Benjamn
se contaron treinta y cinco mil cuatrocientos.
De la tribu de Dan
se contaron sesenta y dos mil setecientos.
De la tribu de Aser
se contaron cuarenta y un mil quinientos.
De la tribu de Neftal
se contaron cincuenta y tres mil cuatrocientos.
Este fue el resultado del censo que hicieron Moiss, Aarn y los doce jefes israelitas que representaban a sus respectivas tribus y familias:
los israelitas de veinte aos para arriba, aptos para la guerra,
fueron seiscientos tres mil quinientos cincuenta en total.
Los levitas no fueron contados entre las tribus de sus antepasados,
porque el Seor le haba dicho a Moiss:
"Cuando hagas el censo de los israelitas, no cuentes entre ellos a la tribu de Lev.
A los levitas debers ponerlos a cargo del servicio del santuario de la alianza, de todos sus utensilios y de todo lo que corresponde al santuario. Ellos se ocuparn de transportar el santuario y sus utensilios, y de todo lo relacionado con su servicio. Tambin debern acampar alrededor del santuario,
y cuando haya que transportarlo, ellos sern quienes lo desarmen y quienes lo instalen de nuevo cuando tengan que acampar. Toda persona ajena que se acerque al santuario, ser condenada a muerte.
Los dems israelitas acamparn a la manera militar, cada uno en su propio campamento y bajo su propia bandera.
Los levitas, por su parte, acamparn alrededor del santuario de la alianza, y cuidarn de l, para que el Seor no se enoje contra los israelitas."
Los israelitas lo hicieron todo tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
El Seor se dirigi a Moiss y Aarn, y les dijo:
"Los israelitas debern acampar a cierta distancia alrededor de la tienda del encuentro, cada uno bajo su propia bandera y con los distintivos de su propia familia.
"Al este acamparn los ejrcitos que marchan bajo la bandera de Jud. El ejrcito de la tribu de Jud tiene como jefe a Nahasn, hijo de Aminadab,
y segn el censo se compone de setenta y cuatro mil seiscientos hombres.
Junto a ellos acampar el ejrcito de la tribu de Isacar, que tiene como jefe a Natanael, hijo de Suar,
y que segn el censo se compone de cincuenta y cuatro mil cuatrocientos hombres.
Tambin acampar con ellos el ejrcito de la tribu de Zabuln, que tiene como jefe a Eliab, hijo de Heln,
y que segn el censo se compone de cincuenta y siete mil cuatrocientos hombres.
De esta manera el campamento de Jud se compondr de tres ejrcitos, con un total de ciento ochenta y seis mil cuatrocientos hombres, que marcharn al frente de los israelitas.
"Al sur acamparn los ejrcitos que marchan bajo la bandera de Rubn. El ejrcito de la tribu de Rubn tiene como jefe a Elisur, hijo de Seder,
y segn el censo se compone de cuarenta y seis mil quinientos hombres.
Junto a ellos acampar el ejrcito de la tribu de Simen, que tiene como jefe a Selumiel, hijo de Surisadai,
y que segn el censo se compone de cincuenta y nueve mil trescientos hombres.
Tambin acampar con ellos el ejrcito de la tribu de Gad, que tiene como jefe a Eliasaf, hijo de Reuel,
y que segn el censo se compone de cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta hombres.
De esta manera el campamento de Rubn se compondr de tres ejrcitos, con un total de ciento cincuenta y un mil cuatrocientos cincuenta hombres, que marcharn en segundo lugar.
"Los levitas marcharn en seguida, entre los cuatro campamentos, llevando con ellos la tienda del encuentro. Los cuatro campamentos marcharn uno tras otro, en el orden en que hayan acampado y bajo su propia bandera.
"Al oeste acamparn los ejrcitos que marchan bajo la bandera de Efran. El ejrcito de la tribu de Efran tiene como jefe a Elisam, hijo de Amihud,
y segn el censo se compone de cuarenta mil quinientos hombres.
Junto a ellos acampar el ejrcito de la tribu de Manass, que tiene como jefe a Gamaliel, hijo de Pedasur,
y que segn el censo se compone de treinta y dos mil doscientos hombres.
Tambin acampar con ellos el ejrcito de la tribu de Benjamn, que tiene como jefe a Abidn, hijo de Guidon,
y que segn el censo se compone de treinta y cinco mil cuatrocientos hombres.
De esta manera el campamento de Efran se compondr de tres ejrcitos, con un total de ciento ocho mil cien hombres, que marcharn en tercer lugar.
"Al norte acamparn los ejrcitos que marchan bajo la bandera de Dan. El ejrcito de la tribu de Dan tiene como jefe a Ahizer, hijo de Amisadai,
y segn el censo se compone de sesenta y dos mil setecientos hombres.
Junto a ellos acampar el ejrcito de la tribu de Aser, que tiene como jefe a Paguiel, hijo de Ocrn,
y que segn el censo se compone de cuarenta y un mil quinientos hombres.
Tambin acampar con ellos el ejrcito de la tribu de Neftal, que tiene como jefe a Ahir, hijo de Enn,
y que segn el censo se compone de cincuenta y tres mil cuatrocientos hombres.
De esta manera el campamento de Dan se compondr de tres ejrcitos, con un total de ciento cincuenta y siete mil seiscientos hombres, que cerrarn la marcha tras su bandera."
El censo de las familias israelitas dio como resultado un ejrcito de seiscientos tres mil quinientos cincuenta hombres.
Pero, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss, los levitas no fueron contados en el censo.
Los israelitas lo hicieron todo tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss: cada cual acamp bajo su propia bandera y march con su propio clan y su propia familia.
Por el tiempo en que el Seor habl a Moiss en el monte Sina, los descendientes de Aarn y de Moiss eran estos:
Los hijos de Aarn: Nadab, que era el mayor, Abih, Eleazar e Itamar.
Los cuatro fueron consagrados y ordenados para oficiar como sacerdotes,
pero Nadab y Abih murieron delante del Seor porque en el desierto de Sina le ofrecieron un fuego extrao. Ellos no tuvieron hijos. Entonces Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio bajo la vigilancia de Aarn, su padre.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Llama a los de la tribu de Lev, para que se pongan a las rdenes del sacerdote Aarn y le sirvan.
Estarn al servicio de Aarn y de todo el pueblo, ante la tienda del encuentro, y se encargarn del servicio del santuario.
Cuidarn tambin de los utensilios de la tienda del encuentro, y estarn al servicio de los israelitas en todos los oficios del santuario.
Aparta a los levitas de los dems israelitas, para que se dediquen especialmente a servir a Aarn y a sus descendientes,
y deja en manos de Aarn y sus descendientes las funciones del sacerdocio. Si alguien oficia como sacerdote sin serlo, ser condenado a muerte."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"De entre los israelitas he escogido a los levitas, a cambio del primer hijo de cada familia. Ellos me pertenecen,
porque a m me pertenece todo primer hijo. Cuando hice morir a todos los hijos mayores de los egipcios, reserv para m los hijos mayores de los israelitas y las primeras cras de sus animales. Por lo tanto, me pertenecen. Yo soy el Seor."
El Seor se dirigi a Moiss en el desierto de Sina, y le dijo:
"Haz un censo de los levitas por orden de familias y clanes, y registra a todos los levitas varones de un mes de edad para arriba."
Y Moiss hizo el censo, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Los hijos de Lev fueron Guersn, Quehat y Merar.
Los descendientes de Guersn, por orden de clanes, fueron Libn y Sim.
Los descendientes de Quehat, por orden de clanes, fueron Amram, Ishar, Hebrn y Uziel.
Los descendientes de Merar, por orden de clanes, fueron Mahli y Mus. Todos estos fueron los clanes de Lev por orden de familias.
Los clanes de Guersn eran los de Libn y Sim.
El total de sus varones registrados de un mes de edad para arriba, fue de siete mil quinientos.
Estos clanes acampaban al oeste, detrs del santuario.
El jefe de las familias descendientes de Guersn era Eliasaf, el hijo de Lael.
En la tienda del encuentro ellos se encargaban del cuidado del santuario, de la tienda, de su cubierta de pieles, de la cortina que est a la entrada de la tienda,
de las cortinas del patio, de la cortina que est a la entrada del patio que rodea el santuario y el altar, y de las cuerdas correspondientes.
Los clanes de Quehat eran los de Amram, Ishar, Hebrn y Uziel,
y el total de varones registrados de un mes de edad para arriba, fue de ocho mil trescientos. Estos clanes estaban al cuidado del santuario
y acampaban al lado sur del santuario.
El jefe de estos clanes era Elisafn, hijo de Uziel.
Estos clanes tenan bajo su cuidado el arca de la alianza, la mesa, el candelabro, los altares, los objetos sagrados necesarios para el servicio religioso, el velo y todos los utensilios correspondientes.
El jefe principal de los levitas era Eleazar, hijo del sacerdote Aarn, y estaba encargado de vigilar a los que cuidaban el santuario.
Los clanes de Merar eran los de Mahli y Mus.
El total de sus varones registrados de un mes de edad para arriba, fue de seis mil doscientos.
Su jefe era Suriel, hijo de Abihail, y acampaban al lado norte del santuario.
Los descendientes de Merar tenan bajo su cuidado las tablas del santuario, con sus travesaos, sus postes, sus bases y todos sus utensilios,
lo mismo que los postes que rodeaban el patio, con sus bases, sus estacas y sus cuerdas.
Por el lado oriental, frente al santuario y delante de la tienda del encuentro, acampaban Moiss y Aarn y los hijos de Aarn, los cuales cuidaban el santuario en nombre de los dems israelitas. Si alguien oficiaba como sacerdote sin serlo, era condenado a muerte.
Cuando Moiss y Aarn hicieron el censo de los levitas por orden de clanes, tal como el Seor se lo haba ordenado, result que los varones de un mes de edad para arriba eran veintids mil en total.
El Seor dijo a Moiss: "Haz un censo de los hijos mayores de los israelitas, de un mes de edad para arriba, y registra sus nombres.
Luego, a cambio de los hijos mayores de los israelitas, resrvame a los levitas. Yo soy el Seor. De la misma manera, a cambio de las primeras cras del ganado de los israelitas, resrvame el ganado de los levitas."
Moiss hizo el censo de los hijos mayores de los israelitas, tal como el Seor se lo haba ordenado,
y todos los varones registrados de un mes de edad para arriba fueron veintids mil doscientos setenta y tres.
Y el Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Toma a los levitas a cambio de los hijos mayores de los israelitas, y el ganado de los levitas a cambio del ganado de los israelitas, pues los levitas me pertenecen. Yo soy el Seor.
Pero los hijos mayores de los israelitas son ms numerosos que los levitas; as que, para rescatar a esos doscientos setenta y tres hijos mayores que hay de ms,
pide una contribucin de cinco monedas de plata por persona, segn el peso oficial del santuario, que es la moneda de plata de once gramos,
y entrega ese dinero a Aarn y a sus hijos como rescate por ellos."
Moiss recogi el dinero del rescate por los hijos mayores israelitas que haba de ms,
y recogi mil trescientas sesenta y cinco monedas de plata, conforme al peso oficial del santuario.
Despus entreg este dinero a Aarn y a sus hijos, tal como el Seor se lo haba ordenado.
El Seor se dirigi a Moiss y Aarn, y les dijo:
"Haz un censo, por orden de clanes y familias, de los levitas descendientes de Quehat
que estn entre los treinta y los cincuenta aos de edad, y que sean aptos para el servicio de la tienda del encuentro.
"El trabajo de los descendientes de Quehat es muy sagrado, y consiste en lo siguiente:
Cuando el pueblo tenga que ponerse en camino, Aarn y sus hijos quitarn el velo que est a la entrada del Lugar Santsimo y con l cubrirn el arca de la alianza.
Encima le pondrn una cubierta de pieles finas, y sobre eso extendern una tela morada de una sola pieza, y le pondrn los palos para transportarlo.
Extendern tambin una tela morada sobre la mesa de la Presencia, y sobre ella colocarn los platos, los cucharones, las copas y las jarras para las ofrendas de vino, lo mismo que el pan que se ofrece continuamente.
Encima de todo eso extendern una tela roja, y lo cubrirn con una cubierta de pieles finas, y le pondrn los palos para transportarlo.
Luego tomarn una tela morada y cubrirn con ella el candelabro, las lmparas, las tenazas, los platillos y todos los vasos que se utilizan para el aceite.
Todo eso lo envolvern con una cubierta de pieles finas y lo pondrn sobre unos palos para transportarlo.
"Tambin extendern una tela morada sobre el altar de oro, lo envolvern con una cubierta de pieles finas y le pondrn palos para transportarlo.
Luego recogern los utensilios usados en el servicio del santuario y los pondrn en una tela morada, los envolvern en una cubierta de pieles finas y los llevarn tambin sobre unos palos.
Deben limpiar de grasa y ceniza el altar, y cubrirlo despus con una tela de prpura.
Encima pondrn todo lo que se usa para los oficios religiosos en el altar: los braseros, los tenedores, las palas, los tazones; en fin, todos los utensilios del altar. A todo eso le pondrn una cubierta de pieles finas y los palos para transportarlo.
Cuando Aarn y sus hijos hayan terminado de envolver todos los objetos sagrados, y estn ya listos para ponerse en camino, podrn venir los descendientes de Quehat para transportar todas estas cosas. Pero no deben tocar nada sagrado con las manos, para que no mueran. Todas estas cosas de la tienda del encuentro son las que deben transportar los descendientes de Quehat.
Eleazar, hijo del sacerdote Aarn, deber encargarse del aceite para las lmparas, del incienso perfumado, de los cereales para las ofrendas que siempre me deben ofrecer, y del aceite de consagrar. Tambin tendr que cuidar del santuario y de todo lo que hay en l, lo mismo que de los objetos sagrados correspondientes."
El Seor se dirigi a Moiss y Aarn, y les dijo:
"No permitan que los clanes de Quehat desaparezcan de entre los levitas.
Para que ellos no sean castigados con la muerte por tocar las cosas sagradas, debern hacer lo siguiente: Aarn y sus hijos se encargarn de decir a cada uno de ellos lo que ha de hacer y lo que le toca llevar.
As ellos no tendrn que entrar en ningn momento a ver las cosas sagradas, y tampoco morirn."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Haz tambin un censo, por orden de clanes y familias, de los descendientes de Guersn
que estn entre los treinta y los cincuenta aos de edad, y que sean aptos para el servicio de la tienda del encuentro.
"El trabajo de los descendientes de Guersn ser el siguiente:
Debern transportar las cortinas del santuario, la tienda del encuentro, la cubierta de pieles finas que se le pone encima, la cortina de la entrada a la tienda del encuentro,
las cortinas del patio, la cortina para la entrada del patio que rodea el santuario y el altar, las cuerdas correspondientes y todos los utensilios que necesitan para su oficio y para su trabajo.
Aarn y sus hijos dirigirn a los descendientes de Guersn en los trabajos que han de hacer y en las cosas que han de transportar. Ustedes los harn responsables de lo que ellos hayan de hacer.
Este es el servicio que los clanes de los descendientes de Guersn han de prestar en la tienda del encuentro, bajo la direccin de Itamar, hijo del sacerdote Aarn.
"Haz tambin un censo de los descendientes de Merar, por orden de clanes y familias.
Registra a todos los que tengan entre treinta y cincuenta aos de edad, es decir, que sean aptos para el servicio de la tienda del encuentro.
Su trabajo en relacin con la tienda del encuentro ser el de transportar las tablas del santuario, los travesaos, los postes, las bases,
los postes del patio que rodea el santuario, con sus bases, estacas y cuerdas y todo lo que necesitan para su trabajo. T debers decirle a cada uno exactamente qu cosas ha de transportar.
Este es el trabajo, en relacin con la tienda del encuentro, que estar a cargo de los clanes descendientes de Merar y que se har bajo la direccin de Itamar, hijo del sacerdote Aarn."
Moiss, Aarn y los jefes del pueblo hicieron el censo, por orden de clanes y familias, de los descendientes de Quehat
que estaban entre los treinta y los cincuenta aos de edad, y que eran aptos para el servicio de la tienda del encuentro,
y los hombres registrados fueron dos mil setecientos cincuenta en total.
Este fue el nmero de los descendientes de Quehat que podan prestar servicio en la tienda del encuentro, segn el censo que hicieron Moiss y Aarn y conforme a la orden que el Seor haba dado a Moiss.
Los descendientes de Guersn, por orden de clanes y familias,
que estaban entre los treinta y los cincuenta aos de edad y que eran aptos para el servicio de la tienda del encuentro,
fueron dos mil seiscientos treinta.
Este fue el nmero de los descendientes de Guersn que podan prestar servicio en la tienda del encuentro, segn el censo que hicieron Moiss y Aarn por orden del Seor.
Los descendientes de Merar, por orden de clanes y familias,
que estaban entre los treinta y los cincuenta aos de edad y que eran aptos para el servicio de la tienda del encuentro,
fueron tres mil doscientos.
Este fue el nmero de los descendientes de Merar que podan prestar servicio en la tienda del encuentro, segn el censo que hicieron Moiss y Aarn y conforme a la orden que el Seor haba dado a Moiss.
El nmero total de levitas contados por Moiss, Aarn y los jefes de Israel, por orden de clanes y familias,
que estaban entre los treinta y los cincuenta aos de edad y que eran aptos para el servicio de la tienda del encuentro,
fue de ocho mil quinientos ochenta.
Este censo se hizo segn la orden que el Seor haba dado a Moiss, y a cada uno se le dijo lo que tena que hacer y lo que le tocaba llevar, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Ordena a los israelitas que saquen fuera del campamento a todas las personas que tengan lepra, o que sufran de flujo, o que hayan quedado impuras por tocar un cadver.
Que los saquen fuera del campamento, sean hombres o mujeres. As no harn impuro el campamento, donde yo vivo en medio de ellos."
Los israelitas obedecieron la orden que el Seor dio a Moiss y sacaron fuera del campamento a aquellas personas.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando un hombre o una mujer es infiel al Seor y causa algn perjuicio a otra persona, comete un pecado
y deber reconocerlo. Adems deber dar a la persona perjudicada, como compensacin, el equivalente al dao causado ms una quinta parte.
Si la persona perjudicada ya ha muerto y no hay ningn pariente cercano a quien darle la compensacin, esta ser para el Seor y en beneficio del sacerdote, adems del carnero que el sacerdote deber ofrecer para obtener el perdn por el pecado de esa persona.
"Toda contribucin y ofrenda que los israelitas consagren al Seor, y que lleven ante el sacerdote, ser para el sacerdote.
Todo lo que se consagre al Seor y se le lleve al sacerdote, ser para el sacerdote."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Puede darse el caso de que una mujer sea infiel a su marido
y tenga relaciones con otro hombre sin que su marido lo sepa, y que, aunque ella cometa este acto que la hace impura, no haya pruebas de ello y la cosa quede oculta por no haber sido ella sorprendida en el acto mismo.
En ese caso, puede ser que el marido se ponga celoso por causa de su mujer. Pero tambin puede darse el caso de que el marido se ponga celoso aun cuando su mujer sea inocente.
En ambos casos, el marido llevar a su mujer ante el sacerdote, y presentar como ofrenda por ella dos kilos de harina de cebada. Pero no derramar aceite ni incienso sobre la harina, pues es una ofrenda por causa de celos, una ofrenda para poner al descubierto un pecado.
"El sacerdote har que la mujer se acerque, y la presentar al Seor.
Luego tomar un poco de agua sagrada en una vasija de barro y mezclar con ella un poco de polvo del suelo del santuario.
Har as mismo que la mujer se coloque delante del Seor, le soltar el pelo y le pondr en las manos la ofrenda por causa de celos para poner al descubierto un pecado; l, por su parte, tomar en sus manos el agua amarga que trae maldicin.
Entonces le tomar juramento a la mujer, y le dir: 'Si no has tenido relaciones con otro hombre ni le has sido infiel a tu marido, ni has cometido con otro hombre un acto que te haga impura, que no te pase nada al beber esta agua amarga que trae maldicin.
Pero si le has sido infiel a tu marido, si has tenido relaciones con otro hombre y has cometido as un acto que te hace impura,
que el Seor te convierta en ejemplo de maldicin ante el pueblo, y haga que el vientre se te hinche y que tu criatura se malogre.
Ese castigo te vendr al beber esta agua que trae maldicin.' Y la mujer responder: 'Amn.'
"Entonces el sacerdote pondr esta maldicin por escrito y la borrar con el agua amarga.
Despus har que la mujer beba esa agua, para que le provoque amargura dentro de s,
y recibir de manos de ella la ofrenda por causa de celos para presentarla ante el Seor; luego colocar la ofrenda sobre el altar,
y en seguida tomar un puado de la ofrenda de cereales y lo quemar en el altar como ofrenda de recordacin. "Despus que el sacerdote haya hecho beber a la mujer el agua amarga,
si ella ha sido infiel a su marido, esta agua que trae maldicin provocar amargura dentro de ella, y har que el vientre se le hinche y que la criatura se malogre, y la mujer se convertir en ejemplo de maldicin entre su pueblo.
Pero si la mujer es inocente, no le pasar nada y podr tener hijos.
"Esta es la ley para los casos en que una mujer le sea infiel a su marido y l se ponga celoso,
o en los que simplemente se ponga celoso el marido por causa de su mujer. El marido deber presentar a su mujer ante el Seor, y el sacerdote har con ella lo que manda esta ley.
El marido no ser considerado culpable, pero si la mujer es culpable, ella sufrir su castigo."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Si un hombre o una mujer hace la promesa de consagrarse al Seor como nazareo,
no podr beber vino ni ninguna bebida fermentada, ni vinagre hecho de vino o de bebidas fermentadas, ni jugo de uva; tampoco podr comer uvas ni pasas.
Mientras dure su promesa no podr comer nada de lo que produce la vid, sea lo que sea.
Tampoco podr cortarse el cabello, sino que se lo dejar crecer hasta que termine el plazo fijado a su promesa, pues debe mantenerse consagrado al Seor.
Durante ese tiempo tampoco podr acercarse a un cadver,
ni siquiera en el caso de que muera su padre, su madre, o algn hermano o hermana, para no quedar impuro, pues est obligado a mantenerse consagrado al Seor.
Todo el tiempo que dure su promesa, estar consagrado al Seor.
"Si alguien muere de repente junto a l y le vuelve as impuro el pelo, que l tena consagrado al Seor, deber raparse la cabeza siete das ms tarde, es decir, el da sealado para su purificacin.
El octavo da llevar al sacerdote dos trtolas o dos pichones de paloma, a la entrada de la tienda del encuentro.
El sacerdote ofrecer uno de ellos como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto, y celebrar el rito para obtener el perdn por el pecado cometido al tocar el cadver. Ese da volver a consagrar su pelo al Seor,
y comenzar un nuevo periodo de consagracin al Seor. El tiempo anterior no se tomar en cuenta, porque el pelo que haba consagrado qued impuro. Tambin deber llevar al Seor un cordero de un ao como sacrificio por la culpa.
"Cuando termine el plazo de su consagracin, el nazareo deber ir a la entrada de la tienda del encuentro
y ofrecer al Seor un cordero de un ao y sin ningn defecto como holocausto, una oveja de un ao y sin ningn defecto como sacrificio por el pecado, y un carnero sin ningn defecto como sacrificio de reconciliacin.
Tambin deber ofrecer un canastillo de panes hechos de la mejor harina, sin levadura y amasados con aceite; hojuelas sin levadura rociadas con aceite, junto con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
El sacerdote ofrecer ante el Seor el sacrificio por el pecado y el holocausto,
y ofrecer el carnero como sacrificio de reconciliacin, junto con el canastillo de panes sin levadura, y har la ofrenda de cereales y de vino.
El nazareo se rapar la cabeza a la entrada de la tienda del encuentro, y tomar el pelo que haba consagrado y lo echar al fuego que arde bajo el sacrificio de reconciliacin.
El sacerdote tomar la espaldilla del carnero, ya cocida, un pan sin levadura del canastillo y una hojuela sin levadura, y lo pondr todo en manos del nazareo, despus que este se haya rapado la cabeza.
Entonces el sacerdote celebrar el rito de presentacin ante el Seor. El pecho del animal con que se celebra el rito de presentacin y el muslo que se da como contribucin al Seor, son cosas sagradas y reservadas al sacerdote. Despus de esto, el nazareo podr beber vino.
"Esta es la ley para el que hace la promesa de consagrarse al Seor como nazareo, y estas son las ofrendas que le debe presentar, sin contar cualquier otra cosa que est en capacidad de ofrecer. Deber cumplir lo prometido, de acuerdo con lo establecido para estos casos."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Diles a Aarn y a sus hijos que cuando bendigan a los israelitas lo hagan de esta manera:
'Que el Seor te bendiga y te proteja;
que el Seor te mire con agrado y te muestre su bondad;
que el Seor te mire con amor y te conceda la paz.'
"As ellos pronunciarn mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendecir."
El da en que Moiss termin de construir el santuario, lo consagr con aceite, junto con todos los utensilios del santuario y los del altar.
Luego los jefes de las tribus, los que haban ayudado a hacer el censo, fueron
y presentaron al Seor como ofrenda seis carretas cubiertas y doce bueyes, es decir, una carreta por cada dos jefes y un buey por cada uno. Todo esto lo pusieron delante del santuario.
Entonces el Seor dijo a Moiss:
"Recbeles las carretas y los bueyes, y dselos a los levitas para que los usen en los trabajos relacionados con la tienda del encuentro, segn el trabajo que cada uno deba realizar."
Moiss recibi las carretas y los bueyes, y los reparti entre los levitas.
A los descendientes de Guersn les dio dos carretas y cuatro bueyes, que era lo que necesitaban para sus trabajos.
A los descendientes de Merar les dio cuatro carretas y ocho bueyes, que era lo que necesitaban para hacer su trabajo bajo la direccin de Itamar, hijo del sacerdote Aarn.
En cambio, a los descendientes de Quehat no les dio carretas ni bueyes, porque las cosas sagradas que ellos tenan que transportar deban llevarlas en hombros.
Cuando se consagr el altar, los jefes de las tribus llevaron sus ofrendas y las pusieron delante del altar.
Entonces el Seor dijo a Moiss: "Cada da ser un jefe de tribu distinto el que lleve su ofrenda para la consagracin del altar."
El primer da llev su ofrenda Nahasn, hijo de Aminadab, de la tribu de Jud.
Su ofrenda consista en una bandeja de plata que pesaba mil cuatrocientos treinta gramos y un tazn de plata que pesaba setecientos setenta gramos (segn el peso oficial del santuario), ambos llenos de la mejor harina, amasada con aceite, para la ofrenda de cereales;
adems, un cucharn de oro que pesaba ciento diez gramos, lleno de incienso,
un becerro, un carnero, un cordero de un ao para ofrecerlo como holocausto,
un chivo para el sacrificio por el pecado,
y por ltimo, para el sacrificio de reconciliacin, dos toros, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un ao. Esta fue la ofrenda de Nahasn, hijo de Aminadab.
El segundo da llev su ofrenda Natanael, hijo de Suar, jefe de la tribu de Isacar,
y ofrend lo mismo que Nahasn.
El tercer da llev su ofrenda Eliab, hijo de Heln, jefe de la tribu de Zabuln,
y ofrend lo mismo que los anteriores.
El cuarto da llev su ofrenda Elisur, hijo de Seder, jefe de la tribu de Rubn,
y ofrend lo mismo que los anteriores.
El quinto da llev su ofrenda Selumiel, hijo de Surisadai, jefe de la tribu de Simen,
y ofrend lo mismo que los anteriores.
El sexto da llev su ofrenda Eliasaf, hijo de Reuel, jefe de la tribu de Gad,
y ofrend lo mismo que los anteriores.
El sptimo da llev su ofrenda Elisam, hijo de Amihud, jefe de la tribu de Efran,
y ofrend lo mismo que los anteriores.
El octavo da llev su ofrenda Gamaliel, hijo de Pedasur, jefe de la tribu de Manass,
y ofrend lo mismo que los anteriores.
El noveno da llev su ofrenda Abidn, hijo de Guidon, jefe de la tribu de Benjamn,
y ofrend lo mismo que los anteriores.
El dcimo da llev su ofrenda Ahizer, hijo de Amisadai, jefe de la tribu de Dan,
y ofrend lo mismo que los anteriores.
El da once llev su ofrenda Paguiel, hijo de Ocrn, jefe de la tribu de Aser,
y ofrend lo mismo que los anteriores.
El da doce llev su ofrenda Ahir, hijo de Enn, jefe de la tribu de Neftal
y ofrend lo mismo que los anteriores.
As pues, cuando se consagr el altar, los jefes de las tribus de Israel ofrecieron doce bandejas de plata, doce tazones de plata y doce cucharones de oro.
Cada bandeja de plata pesaba mil cuatrocientos treinta gramos, y cada tazn, setecientos setenta gramos. En total, la plata de todas las bandejas y de todos los tazones pesaba veintisis mil cuatrocientos gramos, segn el peso oficial del santuario.
Haba tambin doce cucharones de oro llenos de incienso, que pesaban ciento diez gramos cada uno, segn el peso oficial del santuario. El oro de todos los cucharones pesaba en total mil trescientos veinte gramos.
Los animales para el holocausto fueron en total doce becerros, doce carneros, doce corderos de un ao, con sus correspondientes ofrendas de cereales, y doce chivos para el sacrificio por el pecado.
Los animales para el sacrificio de reconciliacin fueron en total veinticuatro becerros, sesenta carneros, sesenta chivos y sesenta corderos de un ao. Estas fueron las ofrendas para la dedicacin del altar, despus de su consagracin.
Cuando Moiss entr en la tienda del encuentro para hablar con el Seor, escuch que el Seor le hablaba desde encima de la tapa del arca de la alianza, de entre los dos seres alados.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Dile a Aarn que, cuando acomode las lmparas, haga que su luz d hacia el frente del candelabro."
Aarn cumpli lo que el Seor orden a Moiss, y acomod las lmparas de modo que alumbraran hacia el frente del candelabro.
El candelabro estaba hecho de oro labrado a martillo, desde su base hasta la punta de sus ptalos. Moiss hizo el candelabro segn el modelo que el Seor le haba mostrado.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Aparta a los levitas de entre los dems israelitas, y purifcalos.
El rito para la purificacin ser el siguiente: T los rociars con el agua de la purificacin, y despus ellos se afeitarn todo el cuerpo y lavarn su ropa; as quedarn puros.
Luego tomarn un becerro y un poco de la mejor harina, amasada con aceite, para hacer la ofrenda de cereales correspondiente, adems de otro becerro para el sacrificio por el pecado.
T hars que los levitas se acerquen a la tienda del encuentro y que todos los israelitas se renan.
En seguida hars que los levitas se presenten delante de m y que los israelitas les vayan poniendo las manos sobre la cabeza.
Aarn celebrar ante m el rito de presentacin de los levitas por parte de los israelitas, y as los levitas quedarn dedicados a mi servicio.
Despus los levitas pondrn las manos sobre la cabeza de los becerros, y uno de los becerros ser ofrecido como sacrificio por el pecado, y el otro como holocausto para purificar a los levitas.
Luego t los colocars ante Aarn y sus hijos, y celebrars el rito de presentacin para dedicrmelos;
as apartars a los levitas de entre los dems israelitas para que sean mos.
Despus irn ellos a prestar su servicio en la tienda del encuentro. Debers purificarlos y presentrmelos como una ofrenda especial,
porque de entre todos los israelitas, ellos estn dedicados a m. Yo los he aceptado a cambio de todos los primeros hijos de los israelitas,
porque a m me pertenecen todos los primeros hijos de los israelitas, as como las primeras cras de sus animales. Cuando hice morir a los hijos mayores de los egipcios, reserv para m los hijos mayores de los israelitas.
Pero a cambio de ellos acept a los levitas.
Yo escog a los levitas de entre los dems israelitas, y se los entregu a Aarn y a sus hijos, para que, en nombre de los israelitas, se encarguen del servicio en la tienda del encuentro y obtengan el perdn del Seor para los israelitas. As los israelitas no tendrn que acercarse al santuario, y no les pasar nada malo."
Moiss, Aarn y todo el pueblo de Israel cumplieron lo que el Seor orden a Moiss con respecto a los levitas.
Los levitas se purificaron y lavaron su ropa, y Aarn los present como ofrenda especial ante el Seor, celebrando el rito de purificacin por ellos.
Despus de todo esto, los levitas fueron a cumplir con sus deberes en la tienda del encuentro, bajo la vigilancia de Aarn y sus hijos. Tal como el Seor se lo orden a Moiss, as se hizo con los levitas.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Los levitas deben comenzar a prestar sus servicios en la tienda del encuentro a los veinticinco aos de edad,
y retirarse de servicio a los cincuenta.
Despus de esa edad podrn ayudar a sus compaeros en sus oficios en la tienda del encuentro, pero no prestar servicio regular. As debers organizar el servicio de los levitas."
Un ao despus de que los israelitas salieron de Egipto, en el primer mes del ao, el Seor se dirigi a Moiss en el desierto de Sina, y le dijo:
"Los israelitas deben celebrar la fiesta de la Pascua en la fecha sealada,
es decir, el da catorce de este mes al atardecer, siguiendo al pie de la letra todas las instrucciones que he dado para su celebracin."
Entonces Moiss orden a los israelitas que celebraran la Pascua,
y ellos lo hicieron as el da catorce de aquel mes, al atardecer, en el desierto de Sina, haciendo todo tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Pero haba unos hombres que estaban impuros por haber tocado un cadver, y por eso no pudieron celebrar la Pascua aquel da. Estos fueron a ver a Moiss y a Aarn en el mismo da,
y le dijeron a Moiss: -Nosotros hemos tocado un cadver, y por lo tanto estamos impuros. Acaso no se nos va a permitir presentar al Seor la ofrenda en la fecha sealada, junto con los dems israelitas?
Moiss les respondi: -Esperen a que reciba yo instrucciones del Seor en cuanto a ustedes.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo: "Di a los israelitas lo siguiente:
Todos ustedes y sus descendientes deben celebrar la Pascua en mi honor. Los que estn impuros por haber tocado un cadver, o los que se encuentren lejos, de viaje,
la celebrarn el da catorce del mes segundo, al atardecer. Deben comer el cordero con hierbas amargas y pan sin levadura,
y no dejar nada para el da siguiente ni quebrarle ningn hueso. Celebren la Pascua siguiendo toda las instrucciones que he dado.
Pero el que deje de celebrar la Pascua a pesar de estar puro y no encontrarse de viaje, deber ser eliminado de entre su gente. Y puesto que no present al Seor la ofrenda en la fecha sealada, recibir el castigo por su pecado.
"Los extranjeros que vivan entre ustedes debern celebrar la Pascua en mi honor conforme a todas las instrucciones que he dado. Las mismas normas valdrn tanto para los extranjeros como para los nacidos en el pas."
El da en que instalaron el santuario, es decir, la tienda de la alianza, la nube lo cubri. Y desde el atardecer apareca sobre el santuario una especie de fuego que duraba hasta el amanecer.
As suceda siempre: de da, la nube cubra la tienda, y de noche se vea una especie de fuego.
Cuando la nube se levantaba de encima de la tienda, los israelitas se ponan en camino, y en el lugar donde la nube se detena, all acampaban.
Cuando el Seor lo ordenaba, los israelitas se ponan en camino o acampaban, y all se quedaban todo el tiempo que la nube permaneca sobre el santuario.
Si la nube se quedaba sobre el santuario bastante tiempo, los israelitas detenan su marcha para ocuparse del servicio del Seor.
Si la nube se quedaba sobre el santuario solo unos cuantos das, a una orden del Seor se ponan en camino, y a otra orden suya se detenan.
A veces la nube se quedaba solo por la noche, y por la maana se levantaba; entonces ellos se ponan en camino. Lo mismo de da que de noche, cuando la nube se levantaba, ellos se ponan en camino.
Y si la nube se detena sobre el santuario un par de das, un mes o un ao, los israelitas acampaban y no seguan adelante. Pero en cuanto la nube se levantaba, ellos seguan su viaje.
A una orden del Seor acampaban, y a otra orden suya se ponan en camino. Mientras tanto, se ocupaban del servicio del Seor, como l lo haba ordenado por medio de Moiss.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Haz dos trompetas de plata labrada a martillo, las cuales te servirn para reunir a la gente y para dar la seal de partida.
Cuando se toquen las dos trompetas, todo el pueblo deber reunirse ante ti, a la entrada de la tienda del encuentro con Dios.
Pero cuando se toque una sola, se reunirn solamente los principales jefes de tribu.
Cuando el toque de trompetas vaya acompaado de fuertes gritos, se pondrn en camino los que estn acampados en el lado este,
y al segundo toque se pondrn en camino los que estn acampados en el lado sur. El toque de trompetas acompaado de gritos ser la seal de partida.
El simple toque de trompetas ser la seal para que se rena la gente.
Los encargados de tocar las trompetas sern los sacerdotes, los descendientes de Aarn. Esta ser para ustedes una ley permanente.
"Cuando un enemigo los ataque en su propio territorio y ustedes tengan que salir a pelear, toquen las trompetas y lancen fuertes gritos. As yo, el Seor su Dios, me acordar de ustedes y los salvar de sus enemigos.
Toquen tambin las trompetas en das alegres, como los das de fiesta o de luna nueva, cuando ofrecen holocaustos y sacrificios de reconciliacin. As yo me acordar de ustedes. Yo soy el Seor su Dios."
El da veinte del mes segundo del segundo ao, se levant la nube de encima del santuario de la alianza.
Los israelitas se pusieron en marcha, partiendo del desierto de Sina. La nube se detuvo en el desierto de Parn.
Tal como el Seor lo haba ordenado por medio de Moiss,
en primer lugar iban los ejrcitos que marchaban bajo la bandera de Jud, y que tenan como jefe a Nahasn, hijo de Aminadab.
Al frente del ejrcito de la tribu de Isacar estaba Natanael, hijo de Suar.
Al frente del ejrcito de la tribu de Zabuln estaba Eliab, hijo de Heln.
Entonces desarmaron el santuario, y los descendientes de Guersn y de Merar, que eran los encargados de transportarlo, se pusieron en camino.
En seguida iban los ejrcitos que marchaban bajo la bandera de Rubn, y que tenan como jefe a Elisur, hijo de Seder.
Al frente del ejrcito de la tribu de Simen estaba Selumiel, hijo de Surisadai.
Al frente del ejrcito de la tribu de Gad estaba Eliasaf, hijo de Reuel.
En seguida iban los descendientes de Quehat, que llevaban los utensilios sagrados. Cuando ellos llegaban, ya encontraban el santuario instalado.
Despus seguan los ejrcitos que marchaban bajo la bandera de Efran, y que tenan como jefe a Elisam, hijo de Amihud.
Al frente del ejrcito de la tribu de Manass estaba Gamaliel, hijo de Pedasur.
Al frente del ejrcito de la tribu de Benjamn estaba Abidn, hijo de Guidon.
Por ltimo, detrs de los otros ejrcitos, seguan los que marchaban bajo la bandera de Dan, y que tenan como jefe a Ahizer, hijo de Amisadai.
Al frente del ejrcito de la tribu de Aser estaba Paguiel, hijo de Ocrn.
Al frente del ejrcito de la tribu de Neftal estaba Ahir, hijo de Enn.
Este era el orden que seguan los ejrcitos israelitas cuando se ponan en camino.
Un da Moiss le dijo a su cuado Hobab, hijo de Reuel el madianita: -Nosotros nos vamos al pas que el Seor ha prometido darnos. Ven con nosotros y te trataremos bien, pues el Seor ha prometido tratar con bondad a Israel.
Pero Hobab le contest: -No, yo prefiero volver a mi tierra, donde estn mis parientes.
-No te vayas -insisti Moiss-. T conoces bien los lugares donde se puede acampar en el desierto, y puedes servirnos de gua.
Si vienes con nosotros, compartiremos contigo todo lo bueno que el Seor nos conceda.
As pues, se fueron del monte del Seor y caminaron durante tres das. El arca de la alianza del Seor iba delante de ellos, buscndoles un lugar donde descansar.
Durante el da, apenas se ponan en camino, la nube del Seor iba encima de ellos.
En cuanto el arca se pona en marcha, Moiss deca: "Levntate, Seor! Que se dispersen tus enemigos! Que al verte huyan los que te odian!"
Pero cuando el arca se detena, deca Moiss: "Vuelve ahora, Seor, a los incontables ejrcitos de Israel!"
Un da los israelitas se pusieron a murmurar contra el Seor debido a las dificultades por las que estaban pasando. Al orlos, el Seor se enoj mucho y les envi un fuego que incendi los alrededores del campamento.
El pueblo grit pidiendo ayuda a Moiss, y Moiss rog al Seor por ellos. Entonces el fuego se apag.
Por eso aquel lugar se llam Taber, porque all el fuego del Seor ardi contra ellos.
Entre los israelitas se haba mezclado gente de toda clase, que solo pensaba en comer. Y los israelitas, dejndose llevar por ellos, se pusieron a llorar y a decir: "Ojal tuviramos carne para comer!
Cmo nos viene a la memoria el pescado que comamos gratis en Egipto! Y tambin comamos pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos.
Pero ahora nos estamos muriendo de hambre, y no se ve otra cosa que man."
(El man era parecido a la semilla del cilantro; tena un color amarillento, como el de la resina,
y saba a tortas de harina con aceite. La gente sala a recogerlo, y luego lo molan o machacaban, y lo cocinaban o lo preparaban en forma de panes.
Por la noche, cuando caa el roco sobre el campamento, caa tambin el man.)
Moiss oy que los israelitas y sus familiares lloraban a la entrada de sus tiendas. El Seor estaba muy enojado. Y Moiss tambin se disgust,
y le dijo al Seor: -Por qu me tratas mal a m, que soy tu siervo? Qu tienes contra m, que me has hecho cargar con este pueblo?
Acaso soy yo su padre o su madre para que me pidas que los lleve en brazos, como a nios de pecho, hasta el pas que prometiste a sus antepasados?
De dnde voy a sacar carne para dar de comer a toda esta gente? Vienen llorando a decirme: 'Danos carne para comer.'
Yo no puedo ya encargarme de llevar solo a todo este pueblo; es una carga demasiado pesada para m.
Si vas a seguir tratndome as, mejor qutame la vida, si es que de veras me estimas. As no tendr que verme en tantas dificultades.
Pero el Seor le contest: -Reneme a setenta ancianos israelitas, de los que sepas que tienen autoridad entre el pueblo, y trelos a la tienda del encuentro y que esperen all contigo.
Yo bajar y hablar all contigo, y tomar una parte del espritu que t tienes y se la dar a ellos para que te ayuden a sobrellevar a este pueblo. As no estars solo.
Luego manda al pueblo que se purifique para maana, y comern carne. Ya los he odo llorar y decir: 'Ojal tuviramos carne para comer! Estbamos mejor en Egipto!' Pues bien, yo les voy a dar carne para que coman,
y no solo un da o dos, ni cinco o diez o veinte. No.
Comern carne durante todo un mes, hasta que les salga por las narices y les d asco, porque me han rechazado a m, el Seor, que estoy en medio de ellos, y han llorado y han dicho ante m: 'Para qu salimos de Egipto?'
Entonces Moiss respondi: -El pueblo que viene conmigo es de seiscientos mil hombres de a pie, y dices que nos vas a dar a comer carne durante un mes entero?
Dnde hay tantas ovejas y vacas que se puedan matar y que alcancen para todos? Aun si les diramos todo el pescado del mar, no les alcanzara.
Pero el Seor le contest: -Crees que es tan pequeo mi poder? Ahora vas a ver si se cumple o no lo que he dicho.
Moiss sali y cont al pueblo lo que el Seor le haba dicho, y reuni a setenta ancianos israelitas y los coloc alrededor de la tienda.
Entonces el Seor baj en la nube y habl con Moiss; luego tom una parte del espritu que Moiss tena y se lo dio a los setenta ancianos. En cuanto el espritu repos sobre ellos, comenzaron a hablar como profetas; pero esto no volvi a repetirse.
Dos hombres, el uno llamado Eldad y el otro Medad, haban sido escogidos entre los setenta, pero no fueron a la tienda sino que se quedaron en el campamento. Sin embargo, tambin sobre ellos repos el espritu, y comenzaron a hablar como profetas en el campamento.
Entonces un muchacho fue corriendo a decirle a Moiss: -Eldad y Medad estn hablando como profetas en el campamento!
Entonces Josu, hijo de Nun, que desde joven era ayudante de Moiss, dijo: -Seor mo, Moiss, prohbeles que lo hagan!
Pero Moiss le contest: -Ya ests celoso por m? Ojal el Seor le diera su espritu a todo su pueblo, y todos fueran profetas!
Entonces Moiss y los ancianos de Israel volvieron al campamento.
El Seor hizo que soplara del mar un viento que trajo bandadas de codornices, las cuales cayeron en el campamento y sus alrededores, cubriendo una distancia de hasta un da de camino alrededor del campamento, y formando un tendido de casi un metro de altura.
Todo ese da y toda la noche y todo el da siguiente la gente estuvo recogiendo codornices. El que menos recogi, recogi diez montones de codornices, que pusieron a secar en los alrededores del campamento.
Pero apenas estaban masticando los israelitas la carne de las codornices, cuando el Seor se enfureci contra ellos y los castig, haciendo morir a mucha gente.
Por eso le pusieron a ese lugar el nombre de Quibrot-hataav, porque all enterraron a los que solo pensaban en comer.
De Quibrot-hataav sigui el pueblo su camino hasta Haserot, y all se qued.
Mara y Aarn empezaron a hablar mal de Moiss, porque este se haba casado con una mujer etope.
Adems dijeron: "El Seor no ha hablado solamente con Moiss; tambin ha hablado con nosotros." Y el Seor lo oy.
En realidad, Moiss era el hombre ms humilde del mundo.
Por eso el Seor les dijo a Moiss, Aarn y Mara: "Vayan ustedes tres a la tienda del encuentro." Los tres fueron all.
Entonces el Seor baj en una espesa nube y se coloc a la entrada de la tienda; luego llam a Aarn y a Mara, y cuando ellos se presentaron
el Seor les dijo: "Escuchen esto que les voy a decir: Cuando hay entre ustedes un profeta de mi parte, yo me comunico con l en visiones y le hablo en sueos;
pero con mi siervo Moiss no lo hago as. l es el ms fiel de todos mis siervos,
y con l hablo cara a cara y en un lenguaje claro. Y si l me ve cara a cara, cmo se atreven ustedes a hablar mal de l?"
El Seor se enoj mucho con ellos, y se fue.
Y en cuanto la nube se alej de la tienda, Mara se puso leprosa, con la piel toda blanca. Cuando Aarn se volvi para mirar a Mara, y vio que estaba leprosa,
le dijo a Moiss: "Por favor, mi seor, no nos castigues por este pecado que tontamente hemos cometido.
No permitas que ella quede como una criatura muerta antes de nacer, que sale con la piel medio deshecha."
Entonces Moiss suplic al Seor: "Por favor, oh Dios, te ruego que la sanes."
Y el Seor le respondi: "Si su padre le escupiera en la cara, quedara deshonrada durante siete das. Pues entonces, que la echen fuera del campamento durante siete das, y despus podr volver."
Y as Mara fue echada fuera del campamento durante siete das. Mientras tanto, el pueblo no se movi de all.
En cuanto Mara se reuni con ellos, se pusieron en camino desde Haserot, y acamparon en el desierto de Parn.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Enva unos hombres a que exploren la tierra de Canan, que yo voy a dar a los israelitas. Enva de cada tribu a uno que sea hombre de autoridad."
Tal como el Seor se lo orden, Moiss los envi desde el desierto de Parn. Todos eran hombres de autoridad entre los israelitas,
y eran los siguientes: Sama, hijo de Zacur, de la tribu de Rubn;
Safat, hijo de Hor, de la tribu de Simen;
Caleb, hijo de Jefun, de la tribu de Jud;
Igal, hijo de Jos, de la tribu de Isacar;
Oseas, hijo de Nun, de la tribu de Efran;
Palt, hijo de Raf, de la tribu de Benjamn;
Gadiel, hijo de Sod, de la tribu de Zabuln;
Gad, hijo de Sus, de la tribu de Jos (es decir, la tribu de Manass);
Amiel, hijo de Guemal, de la tribu de Dan;
Setur, hijo de Micael, de la tribu de Aser;
Nahb, hijo de Vaps, de la tribu de Neftal;
Gueuel, hijo de Maqu, de la tribu de Gad.
Estos son los nombres de los hombres que Moiss envi a explorar el pas. A Oseas, hijo de Nun, le cambi el nombre y le puso Josu.
Moiss, pues, los envi a explorar la tierra de Canan, y les dijo: -Vayan por el Ngueb y suban a la regin montaosa.
Fjense en cmo es el pas, y en si la gente que vive en l es fuerte o dbil, y en si son pocos o muchos.
Vean si sus ciudades estn hechas de tiendas de campaa o si son fortificadas, y si la tierra en que viven es buena o mala,
frtil o estril, y si tiene rboles o no. No tengan miedo; traigan algunos frutos de la regin. Esto sucedi en la poca en que se recogen las primeras uvas.
Los hombres fueron y exploraron el pas desde el desierto de Sin, en el sur, hasta Rehob, en el norte, junto a la entrada de Hamat.
Entraron por el Ngueb y llegaron hasta Hebrn. All vivan Ahimn, Sesai y Talmai, descendientes de Anac. Hebrn fue construida siete aos antes que Soan en Egipto.
Llegaron hasta el arroyo de Escol, cortaron all una rama que tena un racimo de uvas, y entre dos se lo llevaron colgado de un palo. Tambin recogieron granadas e higos.
A ese arroyo le pusieron por nombre Escol, por el racimo que cortaron all los israelitas.
Despus de explorar la tierra durante cuarenta das, regresaron
a Cads, en el desierto de Parn. All estaban Moiss, Aarn y todos los israelitas. Y les contaron lo que haban averiguado y les mostraron los frutos del pas.
Le dijeron a Moiss: -Fuimos a la tierra a la que nos enviaste. Realmente es una tierra donde la leche y la miel corren como el agua, y estos son los frutos que produce.
Pero la gente que vive all es fuerte, y las ciudades son muy grandes y fortificadas. Adems de eso, vimos all descendientes del gigante Anac.
En la regin del Ngueb viven los amalecitas, en la regin montaosa viven los hititas, los jebuseos y los amorreos, y por el lado del mar y junto al ro Jordn viven los cananeos.
Entonces Caleb hizo callar al pueblo que estaba ante Moiss, y dijo: -Pues vamos a conquistar esa tierra! Nosotros podemos conquistarla!
Pero los que haban ido con l respondieron: -No, no podemos atacar a esa gente! Ellos son ms fuertes que nosotros.
Y se pusieron a decir a los israelitas que el pas que haban ido a explorar era muy malo. Decan: -La tierra que fuimos a explorar mata a la gente que vive en ella, y todos los hombres que vimos all eran enormes.
Vimos tambin a los gigantes, a los descendientes de Anac. Al lado de ellos nos sentamos como langostas, y as nos miraban ellos tambin.
Entonces los israelitas comenzaron a gritar, y aquella noche se la pasaron llorando.
Todos ellos se pusieron a hablar mal de Moiss y de Aarn. Decan: "Ojal hubiramos muerto en Egipto, o aqu en el desierto!
Para qu nos trajo el Seor a este pas? Para morir en la guerra, y que nuestras mujeres y nuestros hijos caigan en poder del enemigo? Ms nos valdra regresar a Egipto!"
Y empezaron a decirse unos a otros: "Pongamos a uno de jefe y volvamos a Egipto!"
Moiss y Aarn se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente delante de todo el pueblo,
y Josu y Caleb, que haban estado explorando el pas, se rasgaron la ropa en seal de dolor
y dijeron a todos los israelitas: -La tierra que fuimos a explorar es excelente!
Si el Seor nos favorece, nos ayudar a entrar a esa tierra y nos la dar. Es un pas donde la leche y la miel corren como el agua.
Pero no se rebelen contra el Seor, ni le tengan miedo a la gente de ese pas, porque ellos van a ser pan comido para nosotros; a ellos no hay quien los proteja, mientras que nosotros tenemos de nuestra parte al Seor. No tengan miedo!
A pesar de esto, la gente quera apedrearlos. Entonces la gloria del Seor se apareci en la tienda del encuentro, a la vista de todos los israelitas,
y el Seor dijo a Moiss: -Hasta cundo va a seguir menosprecindome este pueblo? Hasta cundo van a seguir dudando de m, a pesar de los milagros que he hecho entre ellos?
Les voy a enviar una epidemia mortal que les impida tomar posesin de esa tierra; pero de ti har un pueblo ms grande y ms fuerte que ellos.
Pero Moiss respondi al Seor: -T, con tu poder, sacaste de Egipto a este pueblo. Cuando los egipcios sepan lo que vas a hacer,
se lo contarn a los habitantes del pas de Canan. Ellos tambin han odo decir que t, Seor, ests en medio de este pueblo, que te dejas ver cara a cara y tu nube est sobre ellos, y que de da vas delante de ellos en una columna de nubes y de noche en una columna de fuego.
Si matas a este pueblo de un solo golpe, las naciones que saben de tu fama van a decir:
'El Seor no pudo hacer que este pueblo entrara en la tierra que haba jurado darles, y por eso los mat en el desierto.'
Por eso, Seor, muestra ahora tu gran poder, tal como lo has prometido. T has dicho
que no te enojas fcilmente, que es muy grande tu amor y que perdonas la maldad y la rebelda, aunque no dejas sin castigo al culpable, sino que castigas la maldad de los padres en los hijos, los nietos, los bisnietos y los tataranietos.
Puesto que tu amor es tan grande, perdnale a este pueblo su maldad, ya que has tenido paciencia con ellos desde Egipto hasta este lugar.
El Seor respondi: -Bien, yo los perdono, tal como me lo pides.
Pero, eso s, tan cierto como que yo vivo y que mi gloria llena toda la tierra,
ninguno de los que han visto mi gloria y los milagros que hice en Egipto y en el desierto, y que me han puesto a prueba una y otra vez en el desierto y no han querido obedecer mis rdenes,
ninguno de ellos ver la tierra que promet a sus antepasados. Ninguno de los que me han menospreciado la ver.
Solamente mi siervo Caleb ha tenido un espritu diferente y me ha obedecido fielmente. Por eso a l s lo dejar entrar en el pas que fue a explorar, y sus descendientes se establecern all.
(Los amalecitas y los cananeos viven en la llanura.) En cuanto a ustedes, den la vuelta maana y sigan por el desierto en direccin al Mar Rojo.
El Seor se dirigi a Moiss y Aarn, y les dijo:
-Hasta cundo voy a tener que soportar las habladuras de estos malvados israelitas? Ya les he odo hablar mal de m.
Pues ve a decirles de mi parte: 'Yo, el Seor, juro por mi vida que voy a hacer que les suceda a ustedes lo mismo que les he odo decir.
Todos los mayores de veinte aos que fueron registrados en el censo y que han hablado mal de m, morirn, y sus cadveres quedarn tirados en este desierto.
Con la excepcin de Caleb y de Josu, ninguno de ustedes entrar en la tierra donde solemnemente les promet que los iba a establecer.
En cambio, a sus hijos, de quienes ustedes decan que iban a caer en poder de sus enemigos, los llevar al pas que ustedes han despreciado, para que ellos lo disfruten.
Los cadveres de ustedes quedarn tirados en este desierto,
en el que sus hijos vivirn como pastores durante cuarenta aos. De este modo ellos pagarn por la infidelidad de ustedes, hasta que todos ustedes mueran aqu en el desierto.
Ustedes estuvieron cuarenta das explorando el pas; pues tambin estarn cuarenta aos pagando su castigo: un ao por cada da. As sabrn lo que es ponerse en contra de m.'
Yo, el Seor, lo afirmo: As voy a tratar a este pueblo perverso que se ha unido contra m. En este desierto encontrarn su fin; aqu morirn.
En cuanto a los hombres que Moiss haba enviado a explorar el pas
y que al volver dieron tan malos informes, haciendo que la gente murmurara, el Seor los hizo caer muertos.
De todos ellos, solo Josu y Caleb quedaron con vida.
Cuando Moiss cont a los israelitas lo que el Seor haba dicho, todos ellos se pusieron muy tristes.
A la maana siguiente se levantaron temprano, subieron a la parte alta de la regin montaosa y dijeron: -Ya estamos aqu! Vayamos al lugar que el Seor nos ha prometido, pues en verdad hemos pecado.
Pero Moiss les dijo: -Por qu desobedecen las rdenes del Seor? Ese intento va a fracasar!
No sigan adelante, porque el Seor no est con ustedes. Sus enemigos los van a derrotar.
All delante los esperan los amalecitas y los cananeos, para pelear con ustedes y matarlos. Y puesto que ustedes han abandonado al Seor, l ya no est con ustedes.
Ellos, sin embargo, se empearon en subir a la parte alta de la regin montaosa; pero ni el arca de la alianza del Seor ni Moiss se movieron del campamento.
Entonces salieron los amalecitas y los cananeos que vivan en la regin, y persiguieron a los israelitas hasta Horm, derrotndolos completamente.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando entren ustedes en el pas que yo voy a darles para que vivan en l,
y me ofrezcan un toro o una oveja para quemarlo en mi honor como sacrificio u holocausto de olor agradable, ya sea en cumplimiento de alguna promesa o como ofrenda voluntaria, o en ocasin de alguna fiesta,
el que presente la ofrenda deber aadir dos kilos de harina fina amasada con un litro de aceite.
Adems, a los sacrificios indicados se deber aadir una ofrenda de un litro de vino por cada cordero.
Si se trata del sacrificio de un carnero, se aadirn cuatro kilos de harina amasada con poco ms de un litro de aceite
y algo ms de un litro de vino, como ofrenda de olor agradable para m.
Si se trata del sacrificio de un becerro, para ofrecerlo como holocausto o como sacrificio de reconciliacin, o en cumplimiento de una promesa,
se aadirn seis kilos de harina amasada con dos litros de aceite,
ms dos litros de vino, como ofrenda quemada de olor agradable para m.
Esto es lo que deber hacerse por cada toro, cada carnero, cada cordero o cada cabrito que se ofrezca.
Por cada animal que se ofrezca se har su ofrenda correspondiente, segn el nmero de animales.
Todo israelita deber cumplir estas normas cuando me haga una ofrenda quemada de olor agradable.
"Si un extranjero, ya sea que se encuentre de paso o que viva permanentemente entre ustedes, quiere presentarme una ofrenda quemada de olor agradable, deber cumplir las mismas normas que todos ustedes.
La misma norma vale para ustedes y para los extranjeros; ser una ley permanente, que pasar de padres a hijos.
Una misma ley y una misma norma habr para ustedes y para los extranjeros."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando hayan entrado en el pas adonde los voy a llevar,
y empiecen a disfrutar del trigo que se produce en l, debern separar una parte para ofrecrmela.
Y as como me ofrecen la primera porcin del trigo trillado, as tambin con la primera masa que preparen me harn una ofrenda de pan.
Esta ofrenda debern hacerla siempre.
"Cuando involuntariamente dejen ustedes de hacer cualquiera de las cosas que le he ordenado a Moiss
desde el primer da en adelante, para que ustedes y sus descendientes las cumplan, debern hacer lo siguiente:
"Si la falta ha sido involuntaria y de todo el pueblo, todo el pueblo me ofrecer un becerro como holocausto de olor agradable, con su correspondiente ofrenda de cereales y de vino, como Dios lo ha ordenado; adems, me ofrecern un chivo como sacrificio por el pecado.
Luego el sacerdote celebrar el rito para obtener el perdn a favor de todo el pueblo de Israel, y yo los perdonar, pues se trata de una falta involuntaria y ellos me presentaron su ofrenda y su sacrificio por el pecado.
Yo perdonar a todo el pueblo de Israel y a los extranjeros que vivan entre ustedes, si la falta del pueblo ha sido involuntaria.
"Si la falta involuntaria la comete una persona en particular, esa persona ofrecer como sacrificio por el pecado una cabrita de un ao.
El sacerdote celebrar ante m el rito para obtener el perdn por el pecado involuntario de esa persona, y yo la perdonar.
La misma norma vale para los israelitas y para los extranjeros que vivan entre ustedes, si la falta cometida ha sido involuntaria.
"Pero si una persona peca voluntariamente, ya sea israelita o extranjera, me ofende a m. Por lo tanto, esa persona ser eliminada de entre su gente,
pues despreci mi palabra y no cumpli mis rdenes; ser eliminada del todo y cargar con su maldad."
Cuando los israelitas estaban en el desierto, encontraron a un hombre recogiendo lea en sbado.
Los que lo encontraron lo llevaron ante Moiss y Aarn, y ante todo el pueblo,
y ellos lo tuvieron bajo vigilancia, pues an no se haba decidido lo que se deba hacer con l.
Entonces dijo el Seor a Moiss: "Ese hombre debe ser condenado a muerte. Que todos los israelitas lo apedreen fuera del campamento."
Entonces los israelitas lo sacaron del campamento y lo apedrearon hasta que muri, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Ustedes y sus descendientes debern llevar borlas con flecos en el borde de su ropa. Las borlas deben ser de hilo morado.
As, cuando ustedes vean las borlas, se acordarn de todos los mandamientos que yo les he dado y los cumplirn, y no se dejarn llevar por sus propios pensamientos y deseos, por los cuales ustedes han dejado de serme fieles.
As se acordarn de todos mis mandamientos y los cumplirn, y estarn consagrados a m, que soy su Dios.
Yo soy el Seor, el Dios de ustedes, que los saqu de Egipto para ser su Dios. Yo soy el Seor su Dios."
Un levita descendiente de Quehat, llamado Cor, hijo de Ishar, y tres hombres ms de la tribu de Rubn, llamados Datn y Abiram, hijos de Eliab, y On, hijo de Plet,
se rebelaron contra Moiss. A ellos se les unieron otros doscientos cincuenta israelitas, hombres de autoridad en el pueblo, que pertenecan al grupo de consejeros y tenan buena fama.
Todos ellos se reunieron, se enfrentaron con Moiss y Aarn, y les dijeron: -Basta ya de privilegios! Todo el pueblo ha sido consagrado por Dios, y el Seor est con todos nosotros. Por qu se levantan ustedes como autoridad suprema sobre el pueblo del Seor?
Al or esto, Moiss se inclin hasta tocar el suelo con la frente,
y dijo a Cor y a los que lo seguan: -Maana por la maana el Seor har saber quin le pertenece y quin le est consagrado y puede presentarle las ofrendas. Solo podr presentarle ofrendas aquel a quien l escoja.
Hagan lo siguiente: traigan los incensarios de Cor y sus compaeros,
pnganles brasas, chenles incienso y colquenlos maana delante del Seor. El hombre a quien el Seor escoja, es el que le est consagrado. Y basta ya, levitas!
Luego dijo Moiss a Cor: -iganme, levitas:
Les parece poco que el Dios de Israel los haya escogido a ustedes de entre el pueblo de Israel, y que estn cerca de l y se ocupen de los oficios del santuario del Seor y presten este servicio al pueblo?
El Seor ha querido que t y los dems miembros de tu tribu, los levitas, estn cerca de l, y ahora ambicionan tambin el sacerdocio?
Realmente Aarn no es nadie para que hablen mal de l; es contra el Seor contra quien t y tus compaeros se han rebelado.
Luego Moiss mand llamar a Datn y a Abiram, hijos de Eliab, pero ellos respondieron: -No queremos ir.
Te parece poco habernos sacado de un pas donde la leche y la miel corren como el agua, para hacernos morir en el desierto, que adems quieres ser nuestro jefe supremo?
T no nos has llevado a ningn pas donde la leche y la miel corran como el agua, ni nos has dado campos ni viedos. Quieres que todos se dejen llevar como si fueran ciegos? No, no iremos a verte.
Entonces Moiss se enoj mucho, y dijo al Seor: -No aceptes sus ofrendas! Yo no les he quitado a ellos ni siquiera un asno, y tampoco le he hecho mal a ninguno de ellos.
Despus Moiss dijo a Cor: -Presntense maana t y tus compaeros, delante del Seor. Aarn tambin estar all.
Que cada uno lleve su incensario y le ponga incienso. T y Aarn llevarn tambin su incensario y lo pondrn, junto con los otros doscientos cincuenta, delante del Seor.
Entonces cada uno tom su incensario, le puso brasas e incienso y se coloc, junto con Moiss y Aarn, delante de la tienda del encuentro.
Cor ya haba reunido contra ellos a todo el pueblo frente a la tienda del encuentro. La gloria del Seor se apareci entonces ante todo el pueblo,
y el Seor les dijo a Moiss y Aarn:
-Aprtense de ese pueblo, que voy a destruirlo en un momento!
Pero ellos, inclinndose hasta tocar el suelo con la frente, dijeron: -Oh Dios, t que das la vida a todos los hombres, vas a enojarte con todo el pueblo por el pecado de un solo hombre?
Y el Seor respondi a Moiss:
-Diles a todos los israelitas que se aparten de la tienda donde estn Cor, Datn y Abiram.
Moiss se levant, seguido por los ancianos de Israel, y fue a donde estaban Datn y Abiram.
Entonces le dijo al pueblo: -Aprtense de las tiendas de esos hombres perversos, y no toquen nada de lo que les pertenece, no vaya a ser que tambin ustedes mueran por el pecado de ellos.
El pueblo se apart de donde estaban Cor, Datn y Abiram. Datn y Abiram estaban a la entrada de su tienda, con sus mujeres y sus hijos.
Y Moiss continu: -Con esto les voy a probar que es el Seor quien me ha enviado a hacer todas estas cosas, y que no las hago por mi propia voluntad.
Si estos hombres mueren de muerte natural, como los dems hombres, es que el Seor no me ha enviado;
pero si el Seor hace algo extraordinario, y la tierra se abre y se los traga a ellos con todo lo que tienen, y caen vivos al fondo de la tierra, entonces sabrn ustedes que son estos hombres los que han menospreciado al Seor.
En cuanto Moiss termin de hablar, la tierra se abri debajo de ellos
y se trag a todos los hombres que se haban unido a Cor, junto con sus familias y todo lo que tenan.
Cayeron vivos al fondo de la tierra, con todas sus cosas, y luego la tierra volvi a cerrarse. As fueron eliminados de entre los israelitas.
Al orlos gritar, todos los israelitas que se encontraban alrededor salieron corriendo y diciendo: "No nos vaya a tragar la tierra a nosotros tambin!"
Adems, el Seor envi un fuego que mat a los doscientos cincuenta hombres que haban ofrecido incienso.
Y el Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Ordena a Eleazar, hijo de Aarn, que saque los incensarios de entre los restos del incendio, y que arroje lejos las brasas que an haya en ellos.
Los incensarios de estos hombres, que han muerto por haber pecado, han quedado consagrados porque fueron usados para presentar incienso delante de m. Conviertan, pues, ese metal en lminas para recubrir el altar, y para que sirva de advertencia a los israelitas."
El sacerdote Eleazar recogi los incensarios de bronce que haban presentado los hombres que murieron en el incendio, y orden que los convirtieran en lminas para recubrir el altar.
Esta fue una advertencia a los israelitas de que nadie, aparte de los descendientes de Aarn, poda acercarse al altar para ofrecer incienso al Seor; de lo contrario, le pasara lo que a Cor y a sus compaeros. Y todo se hizo tal como el Seor se lo haba ordenado a Eleazar por medio de Moiss.
Al da siguiente, todo el pueblo de Israel empez a hablar contra Moiss y Aarn. Decan: -Ustedes estn matando al pueblo del Seor!
Y todos se arremolinaban alrededor de Moiss y Aarn; pero ellos se dirigieron a la tienda del encuentro. En ese momento la nube la cubri y se apareci la gloria del Seor.
Entonces Moiss y Aarn fueron al frente de la tienda del encuentro,
y el Seor le dijo a Moiss:
-Aprtense de toda esa gente, que los voy a destruir en un momento! Moiss y Aarn se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente,
y Moiss le dijo a Aarn: -Trae tu incensario, ponle brasas del altar y chale incienso; vete en seguida a donde est el pueblo y pide a Dios perdn por ellos, porque la ira del Seor se ha encendido y la plaga ya comenz.
Aarn hizo lo que le dijo Moiss, y se fue corriendo a donde estaba el pueblo reunido. La plaga enviada por Dios ya estaba haciendo estragos entre el pueblo. Entonces Aarn puso incienso y pidi a Dios perdn por el pueblo.
Luego se coloc entre los que ya haban muerto y los que todava estaban con vida, y la plaga se detuvo,
aunque ya para entonces haban muerto catorce mil setecientas personas, sin contar los que haban muerto antes, durante la rebelin de Cor.
Cuando la plaga termin, Aarn volvi a la entrada de la tienda del encuentro para reunirse con Moiss.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Ordena a los israelitas que cada uno de los jefes de tribu traiga un bastn, o sea doce bastones en total. T escribirs el nombre de cada uno en su bastn,
y en el bastn correspondiente a la tribu de Lev escribirs el nombre de Aarn, pues debe haber un bastn por cada jefe de tribu.
Los colocars en la tienda del encuentro, frente al arca de la alianza, que es donde yo me encuentro con ustedes.
Voy a hacer que retoe el bastn de mi elegido, y as los israelitas no seguirn hablando mal de ustedes delante de m."
Moiss dijo esto mismo a los israelitas, y cada uno de los jefes de tribu le dio un bastn, reuniendo as doce bastones en total. Entre ellos estaba tambin el bastn de Aarn.
Moiss coloc los bastones delante del Seor en la tienda de la alianza,
y al da siguiente, cuando fue a la tienda, vio que el bastn de Aarn, correspondiente a la tribu de Lev, haba retoado: haba echado retoos, y dado flores, y tena almendras maduras.
Entonces Moiss sac de la presencia del Seor todos los bastones y se los mostr a los israelitas. Despus de verlos, cada uno tom su bastn.
Entonces el Seor dijo a Moiss: "Vuelve a poner el bastn de Aarn delante del arca de la alianza, y gurdalo all como advertencia para este pueblo rebelde. As hars que dejen de hablar mal delante de m, y no morirn."
Moiss hizo todo tal como el Seor se lo orden,
pero los israelitas dijeron a Moiss: "Estamos perdidos! Todos vamos a morir!
Todos los que se acercan al santuario del Seor, mueren. Acaso vamos a morir todos?"
El Seor le dijo a Aarn: "T y tus hijos, junto con los dems miembros de la tribu de Lev, a la que perteneces, sern responsables por las faltas que se cometan contra el santuario; pero solamente t y tus hijos sern responsables por las faltas que cometan ustedes en sus funciones sacerdotales.
Pero debes hacer que los dems miembros de la tribu de Lev, a la cual perteneces, te ayuden a ti y a tus hijos en el servicio ante la tienda de la alianza.
Ellos estarn a tu servicio y al servicio de la tienda, pero no debern acercarse a los utensilios del santuario ni al altar; de lo contrario, morirn ellos y ustedes tambin.
Debern acompaarte en el servicio de la tienda del encuentro y en todos los oficios correspondientes. Pero ninguna persona extraa debe acercarse a ustedes;
ustedes son los encargados del servicio del santuario y el altar. As no volver a enojarme con los israelitas.
Yo separ a tus hermanos los levitas de los dems israelitas para drselos a ustedes, a fin de que sirvan en los oficios de la tienda del encuentro;
pero solamente t y tus hijos podrn desempear las funciones sacerdotales relacionadas con el altar o que se realizan tras el velo. Este oficio les corresponde a ustedes, pues yo les he dado el derecho de ejercer las funciones sacerdotales. Si alguien oficia como sacerdote, sin serlo, ser condenado a muerte."
El Seor le dijo a Aarn: "Yo he puesto bajo tu cuidado las ofrendas que se me hacen. Todas las ofrendas sagradas que los israelitas me hacen, te las doy a ti y a tus hijos como la parte que les corresponde; esta ser una norma para siempre.
De los sacrificios que se queman, te tocarn a ti todas las ofrendas de cereales y los sacrificios que por el pecado o por la culpa me ofrezcan los israelitas; todas estas ofrendas sagradas sern para ti y para tus hijos.
Todo varn de entre ustedes podr comer de estas ofrendas, pero habr de comerlas en un lugar consagrado, pues son sagradas.
"Tambin te doy a ti, y a tus hijos e hijas que an vivan contigo, las ofrendas especiales que los israelitas me presenten. Esta ser una ley permanente. Cualquier persona de tu familia que est ritualmente pura, podr comerlas.
Tambin te doy los primeros frutos que los israelitas me traen cada ao: lo mejor del aceite, lo mejor del vino y del trigo.
Igualmente los primeros frutos de las cosechas que ellos me ofrecen, sern para ti. Cualquier persona de tu familia que est ritualmente pura, podr comerlos.
Toda ofrenda que los israelitas me consagren, ser para ti.
"Todos los primeros hijos de los israelitas o las primeras cras de los animales, que me ofrecen, sern para ti. Pero en el caso de los primeros hijos de los hombres y de las primeras cras de los animales impuros, pedirs un rescate a cambio.
El rescate deber pagarse un mes despus del nacimiento, y ser de cinco monedas de plata, segn la moneda oficial del santuario, que pesa once gramos.
Pero no permitirs que sean rescatadas las primeras cras de las vacas, las ovejas o las cabras. Esas estn reservadas para m, y tendrs que matarlas; su sangre la derramars sobre el altar, y su grasa la quemars como ofrenda de olor agradable para m.
T podrs quedarte con la carne, lo mismo que con el pecho del animal, que es la ofrenda especial, y con el muslo derecho.
Todas las contribuciones que los israelitas aparten para m, te las doy a ti, y a tus hijos e hijas que an vivan contigo. Esta es una ley permanente. Es una alianza invariable, eterna, que yo hago contigo y con tus descendientes."
El Seor le dijo a Aarn: "T no tendrs tierra ni propiedades en Israel, como los dems israelitas. Yo ser tu propiedad y tu herencia en Israel.
A los levitas les doy como propiedad esa dcima parte que los israelitas deben entregar de sus productos, en pago del servicio que prestan en la tienda del encuentro.
Los dems israelitas no debern acercarse a la tienda del encuentro, porque cometeran un pecado que les traera la muerte.
Los levitas sern los nicos que se ocuparn del servicio de la tienda del encuentro, y sern responsables de las faltas que cometan. Esta ser una ley permanente, que pasar de padres a hijos. Los levitas no tendrn territorio propio en Israel.
A ellos les he dado en propiedad la dcima parte que los israelitas deben ofrecerme de sus productos. Por eso les he dicho que no tendrn territorio propio en Israel."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Diles a los levitas que cuando reciban de los israelitas esa dcima parte de sus productos que yo les he dado como su propiedad, debern reservar un dcimo de ella para ofrecrmelo a m.
Esa ser su contribucin, semejante a la contribucin que hacen los israelitas cuando dan una parte de su trigo y de su vino.
As, de esa dcima parte que les dan los israelitas, los levitas apartarn su contribucin al Seor y se la darn al sacerdote Aarn.
De todo lo que les den, debern separar una parte como contribucin para m; y la parte que me consagren debe ser la mejor.
"Diles tambin: 'Una vez que hayan separado la mejor parte para m, el resto pueden considerarlo como si fuera su trigo y su vino,
y pueden comerlo ustedes y sus familias en cualquier lugar. Ese es su salario por el servicio que prestan en la tienda del encuentro.
Una vez que hayan separado la mejor parte para m, podrn comer el resto sin cometer pecado; de esta manera no profanarn las ofrendas sagradas de los israelitas, y no sern condenados a muerte.' "
El Seor se dirigi a Moiss y Aarn, y les dijo:
"Yo, el Seor, doy esta orden: Di a los israelitas que te traigan una vaca de pelo rojizo, que no tenga ningn defecto y a la que nunca antes le hayan puesto el yugo.
Ustedes se la entregarn al sacerdote Eleazar, y l la sacar fuera del campamento y ordenar que la maten en su presencia.
El sacerdote Eleazar tomar con el dedo un poco de sangre, y rociar con ella siete veces hacia la tienda del encuentro.
Luego quemarn la vaca en su presencia, y quemarn tambin el cuero, la carne, la sangre y el estircol.
El sacerdote tomar en seguida madera de cedro, una ramita de hisopo y tela roja, y lo echar todo al fuego en que se quema la vaca;
luego lavar su ropa y se lavar a s mismo con agua, y despus podr entrar en el campamento, aunque quedar ritualmente impuro hasta la tarde.
En cuanto al hombre que quem la vaca, lavar tambin su ropa y se lavar a s mismo con agua, y quedar ritualmente impuro hasta la tarde.
Otro hombre, que est ritualmente puro, recoger la ceniza de la vaca y la pondr en un lugar puro fuera del campamento. Esa ceniza la utilizar el pueblo de Israel para preparar el agua de purificacin. Todo esto es un sacrificio por el pecado.
El que recogi la ceniza, lavar su ropa, y quedar ritualmente impuro hasta la tarde. Esta es una ley permanente, que vale tanto para ustedes los israelitas como para los extranjeros que vivan entre ustedes.
"El que toque el cadver de cualquier persona, quedar impuro durante siete das.
Al tercero y al sptimo da deber purificarse con el agua de purificacin, y quedar puro. Si no se purifica al tercero y al sptimo da, no quedar puro.
Si alguien toca el cadver de una persona y no se purifica, profana el santuario del Seor y, por lo tanto, deber ser eliminado de Israel. Puesto que no ha sido rociado con el agua de purificacin, se encuentra en estado de impureza.
"Las normas para cuando alguien muere en una tienda de campaa, son las siguientes: Todos los que se encuentren dentro de la tienda y todos los que entren en ella, quedarn impuros durante siete das.
Todas las vasijas que estn destapadas, o con la tapa mal puesta, tambin quedarn impuras.
"En campo abierto, todo el que toque el cadver de una persona asesinada o muerta de muerte natural, o unos huesos humanos, o una tumba, quedar impuro durante siete das.
"En tales casos de impureza, se tomar un poco de la ceniza de la vaca sacrificada por el pecado, y se pondr en una vasija para echarle encima agua de manantial.
Luego, un hombre que est puro tomar una ramita de hisopo, la mojar en el agua y rociar con ella la tienda, las vasijas y las personas que estaban all, y tambin al que toc los huesos o el cadver de la persona asesinada o muerta de muerte natural, o la tumba.
El hombre ritualmente puro debe rociar al impuro en los das tercero y sptimo. Al sptimo da ya lo habr purificado. Entonces la persona impura lavar su ropa y se lavar a s misma con agua, pero quedar impura hasta la tarde.
Si una persona ritualmente impura no se purifica, debe ser eliminada de entre su pueblo, pues profana el santuario del Seor. Puesto que no fue rociada con el agua de purificacin, sigue estando impura.
Esta es una ley permanente. El que roca a otro con el agua de purificacin, deber lavar su ropa. El que toque el agua de purificacin, quedar impuro hasta la tarde.
Todo lo que sea tocado por una persona impura, quedar impuro; y el que toque a una persona impura, quedar tambin impuro hasta la tarde."
En el primer mes del ao, los israelitas llegaron al desierto de Sin, y se quedaron por un tiempo en Cads. All muri Mara, y all fue enterrada.
Como la gente no tena agua, se reunieron todos para protestar contra Moiss y Aarn,
y le dijeron a Moiss: -Ojal hubiramos muerto junto con los otros israelitas que hizo morir el Seor!
Para qu trajeron ustedes al pueblo del Seor a este desierto? Acaso quieren que muramos nosotros y nuestro ganado?
Para qu nos sacaron de Egipto y nos trajeron a este lugar tan horrible? Aqu no se puede sembrar nada; no hay higueras, ni viedos, ni granados; ni siquiera hay agua para beber!
Moiss y Aarn se alejaron del pueblo y se fueron a la entrada de la tienda del encuentro, y all se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente. Entonces la gloria del Seor se les apareci,
y el Seor le dijo a Moiss:
-Toma el bastn y, con la ayuda de tu hermano Aarn, rene a la gente. Luego, delante de todos, ordnale a la roca que les d agua, y vers que de la roca brotar agua para que beban ellos y el ganado.
Moiss tom el bastn que estaba delante del Seor, tal como l se lo orden;
luego Moiss y Aarn reunieron a la gente delante de la roca, y Moiss les dijo: -Escuchen, rebeldes: acaso tendremos que sacar agua de esta roca para darles de beber?
Y diciendo esto, Moiss levant la mano y golpe dos veces la roca con el bastn, y brot mucha agua. As la gente y el ganado se pusieron a beber.
Pero el Seor dijo a Moiss y a Aarn: -Puesto que ustedes no tuvieron confianza en m ni me honraron delante de los israelitas, no entrarn con esta gente en el pas que les he dado.
Ese es el manantial de Merib, donde los israelitas le hicieron reclamaciones al Seor y l les mostr su santidad.
Desde Cads, Moiss envi unos mensajeros al rey de Edom, a decirle: "Tus hermanos israelitas te mandan decir: 'T bien sabes las dificultades por las que hemos pasado.
Nuestros antepasados se fueron a Egipto y vivieron all mucho tiempo, pero los egipcios nos maltrataron a nosotros, igual que a nuestros antepasados;
entonces pedimos ayuda al Seor, y l escuch nuestros gritos y envi un ngel y nos sac de Egipto. Y aqu estamos ahora, en la ciudad de Cads, en la frontera de tu pas.
Te pedimos que nos dejes pasar por tu territorio. No pasaremos por los campos sembrados ni por los viedos, ni beberemos agua de tus pozos. Iremos por el camino real, y no nos apartaremos de l hasta que hayamos cruzado tu territorio.' "
Pero el rey de Edom les respondi: -No pasen por mi territorio, pues de lo contrario saldr a su encuentro con mi ejrcito!
Los israelitas le explicaron: -Seguiremos el camino principal, y si nosotros o nuestro ganado llegamos a beber agua de tus pozos, te la pagaremos. Lo nico que queremos es pasar a pie por tu territorio.
Pero el rey de Edom les contest: -Pues no pasarn! Y sali al encuentro de los israelitas con un ejrcito fuerte y bien armado,
empeado en no dejarlos pasar por su territorio. Entonces los israelitas buscaron otro camino.
Todo el pueblo de Israel sali de Cads en direccin al monte Hor.
All, junto a la frontera de Edom, el Seor les dijo a Moiss y a Aarn:
"Aarn va a morir, y no entrar en el pas que yo he dado a los israelitas, porque junto al manantial de Merib ustedes desobedecieron mis rdenes.
T, Moiss, lleva a Aarn y a su hijo Eleazar a la cumbre del monte Hor;
all le quitars a Aarn la ropa sacerdotal y se la pondrs a Eleazar. Aarn morir all."
Moiss hizo lo que el Seor le orden. A la vista de todos los israelitas, subieron al monte Hor,
y all Moiss le quit a Aarn la ropa sacerdotal y se la puso a Eleazar. All mismo, en la cumbre del monte, muri Aarn; y Moiss y Eleazar bajaron del monte.
Al darse cuenta los israelitas de que Aarn haba muerto, lloraron por l durante treinta das.
Cuando el rey cananeo de la ciudad de Arad, que viva en el Ngueb, oy decir que los israelitas venan por el camino de Atarim, sali a pelear contra ellos e hizo algunos prisioneros.
Entonces los israelitas prometieron al Seor que, si l les ayudaba a conquistar aquel pas, ellos destruiran por completo todas sus ciudades.
El Seor concedi a los israelitas lo que ellos le haban pedido, y les ayud a derrotar a los cananeos, y los israelitas destruyeron por completo a los cananeos, lo mismo que a sus ciudades, por lo que a aquel lugar le pusieron por nombre Horm.
Los israelitas salieron del monte Hor en direccin al Mar Rojo, dando un rodeo para no pasar por el territorio de Edom. En el camino, la gente perdi la paciencia
y empez a hablar contra Dios y contra Moiss. Decan: -Para qu nos sacaron ustedes de Egipto? Para hacernos morir en el desierto? No tenemos ni agua ni comida. Ya estamos cansados de esta comida miserable!
El Seor les envi serpientes venenosas, que los mordieron, y muchos israelitas murieron.
Entonces fueron a donde estaba Moiss y le dijeron: -Hemos pecado al hablar contra el Seor y contra ti! Pdele al Seor que aleje de nosotros las serpientes! Moiss pidi al Seor que perdonara a los israelitas,
y el Seor le dijo: -Hazte una serpiente como esas, y ponla en el asta de una bandera. Cuando alguien sea mordido por una serpiente, que mire hacia la serpiente del asta, y se salvar.
Moiss hizo una serpiente de bronce y la puso en el asta de una bandera, y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y se salvaba.
Los israelitas siguieron su camino y acamparon en Obot.
De Obot siguieron adelante y acamparon en Ii-abarim, en el desierto, al oriente del territorio de Moab.
De all siguieron y acamparon en el arroyo Zred.
Luego siguieron adelante y acamparon al otro lado del ro Arnn. Este ro se encuentra en el desierto que se extiende desde el territorio de los amorreos, y sirve de frontera entre el territorio de Moab y el de los amorreos.
A eso se refiere lo que dice el Libro de las Guerras del Seor: "Pasamos por Vaheb, en la regin de Suf, por los arroyos y por el Arnn,
y por la orilla de los arroyos que se extienden hasta la regin de Ar y llegan hasta la frontera de Moab."
Del ro Arnn siguieron hasta Beer. All est el pozo donde el Seor dijo a Moiss: "Rene al pueblo y yo les dar agua."
Fue en esta ocasin cuando los israelitas cantaron: "Brota, agua del pozo! Cntenle al pozo!
Los jefes lo cavaron con sus varas de mando, los nobles del pueblo lo abrieron con sus bastones!" Del desierto continuaron los israelitas hasta Matan;
de Matan a Nahaliel, de Nahaliel a Bamot,
y de Bamot al valle que est en el territorio de Moab, hacia las alturas de Pisg, desde donde se ve el desierto.
Los israelitas mandaron unos mensajeros a Sihn, rey de los amorreos, a que le dijeran:
"Quisiramos pasar por tu territorio. No nos meteremos en los campos sembrados ni en los viedos, ni beberemos agua de tus pozos. Atravesaremos tu territorio yendo por el camino real."
Pero Sihn no dej que los israelitas pasaran por su territorio, sino que junt a toda su gente y sali al encuentro de ellos en el desierto, y al llegar a Jahas los atac.
Pero los israelitas se defendieron y lo derrotaron, y ocuparon su territorio desde el ro Arnn hasta el ro Jaboc, es decir, hasta la frontera con el territorio de los amonitas, la cual estaba fortificada.
As pues, Israel ocup todas esas ciudades de los amorreos, es decir, Hesbn y sus pueblos dependientes, y se qued a vivir en ellas.
Hesbn era la ciudad donde viva Sihn, el rey de los amorreos. Sihn haba estado en guerra con el anterior rey de Moab y le haba quitado todo aquel territorio hasta el ro Arnn.
Por eso dicen los poetas: "Vengan a Hesbn, la capital del rey Sihn! Reconstryanla, fortifquenla!
Desde Hesbn, la ciudad de Sihn, brotaron las llamas de un incendio, que destruyeron a Ar de Moab y las alturas que dominan el Arnn.
Lstima de ti, Moab! Ests perdido, pueblo del dios Quems! l ha dejado que tus hombres salgan huyendo, que tus mujeres caigan en poder del rey Sihn.
Fue destruido el poder de Hesbn; de Dibn a Nfah todo qued en ruinas, y el fuego lleg hasta Medeb."
As pues, Israel ocup el territorio amorreo.
Adems, Moiss envi algunos hombres a explorar la ciudad de Jazer, y los israelitas conquistaron las ciudades vecinas y expulsaron a los amorreos que vivan all.
Despus volvieron en direccin de Basn, pero Og, el rey de Basn, sali con todo su ejrcito a pelear contra ellos en Edrei.
Entonces el Seor dijo a Moiss: "No le tengas miedo, que yo voy a ponerlo en tus manos, junto con todo su ejrcito y su pas, y t hars con l lo mismo que hiciste con Sihn, el rey amorreo que viva en Hesbn."
Y as, los israelitas mataron a Og y a sus hijos, y a todo su ejrcito. No dejaron a nadie con vida, y se apoderaron de su territorio.
Los israelitas siguieron su camino y acamparon en las llanuras de Moab, al oriente del ro Jordn, frente a Jeric.
Balac, hijo de Sipor, se fij en lo que los israelitas haban hecho con los amorreos.
Tambin la gente de Moab se llen de miedo al ver que los israelitas eran tan numerosos.
Entonces dijo la gente de Moab a los ancianos de Madin: "Toda esta gente va a acabar con nuestra tierra, como un buey acaba con el pasto del campo." Por aquel tiempo Balac era rey de Moab,
y mand llamar a Balaam, hijo de Beor, quien se encontraba en Petor, junto al ro Eufrates, en el pas de Amav. Balac orden a sus mensajeros que dijeran a Balaam: "De Egipto ha venido un pueblo que se ha extendido por todo el pas, y ahora se ha establecido delante de m.
Ven en seguida y maldice a este pueblo por m, pues es ms fuerte que nosotros. Quiz as pueda yo derrotarlos y expulsarlos del pas. Yo s que tus bendiciones y tus maldiciones siempre se cumplen."
Los ancianos de Moab y de Madin se fueron con dinero en la mano para pagar las maldiciones, y al llegar a donde estaba Balaam le dieron el mensaje de parte de Balac.
Y Balaam les dijo: -Qudense aqu esta noche, y yo les responder segn lo que el Seor me ordene. Y los ancianos de Moab se quedaron con l.
Pero Dios se le apareci a Balaam, y le pregunt: -Quines son esos hombres que estn contigo?
Balaam le respondi: -Balac, hijo de Sipor, que es rey de Moab, los envi a que me dijeran
que un pueblo ha salido de Egipto, y que se ha extendido por todo el pas. Balac quiere que yo vaya en seguida a maldecirlos, para ver si as puede derrotarlos y echarlos fuera de su territorio.
Entonces Dios le dijo a Balaam: -No vayas con ellos ni maldigas a ese pueblo, porque a ese pueblo lo he bendecido yo.
Al da siguiente Balaam se levant y les dijo a los jefes que haba enviado Balac: -Regresen a su tierra. El Seor no me permite ir con ustedes.
Los jefes de Moab regresaron a donde estaba Balac, y le dijeron: -Balaam no quiso venir con nosotros.
Pero Balac insisti y volvi a enviar otros jefes, esta vez en mayor nmero y de ms importancia que los primeros.
Ellos fueron a ver a Balaam y le dijeron: -Balac, hijo de Sipor, te manda a decir: "Por favor, no te niegues a venir.
Yo te dar los ms grandes honores, y har todo lo que me pidas; pero ven y hazme el favor de maldecir a este pueblo."
Pero Balaam les respondi: -Aunque Balac me diera todo el oro y la plata que caben en su palacio, yo no podra hacer nada, ni grande ni pequeo, que fuera contra las rdenes del Seor mi Dios.
Sin embargo, qudense ustedes aqu tambin esta noche, y ver qu me dice esta vez el Seor.
Por la noche, Dios se le apareci a Balaam y le dijo: -Si esos hombres han venido por ti, levntate y vete con ellos, pero tendrs que hacer solamente lo que yo te diga.
Balaam se levant al da siguiente, ensill su asna y se fue con los jefes moabitas.
Balaam iba montado en su asna, y lo acompaaban dos criados suyos. Pero Dios se enoj con l porque se haba ido, y el ngel del Seor se interpuso en su camino para cerrarle el paso.
Cuando el asna vio que el ngel del Seor estaba en medio del camino con una espada en la mano, se apart del camino y se fue por el campo; pero Balaam la golpe para hacerla volver al camino.
Luego el ngel del Seor se par en un lugar estrecho, donde el camino pasaba entre viedos y tena paredes de piedra a los dos lados.
Cuando el asna vio al ngel del Seor, se recost contra una de las paredes, oprimindole la pierna a Balaam. Entonces Balaam le volvi a pegar.
Pero el ngel del Seor se adelant a ellos y se par en un lugar muy estrecho, donde no poda uno desviarse a ningn lado.
Cuando el asna vio al ngel del Seor, se ech al suelo. Entonces Balaam se enoj y la azot con una vara.
En ese momento el Seor hizo que el asna hablara, y que le dijera a Balaam: -Qu te he hecho? Con esta van tres veces que me pegas.
-Te ests burlando de m -le respondi Balaam-. Si tuviera a la mano un cuchillo, ahora mismo te matara.
Pero el asna le dijo: -Yo soy el asna que t has montado toda tu vida, y bien sabes que nunca me he portado as contigo. -Es verdad -respondi Balaam.
Entonces el Seor hizo que Balaam pudiera ver a su ngel, que estaba en medio del camino con una espada en la mano. Balaam se inclin hasta tocar el suelo con la frente,
pero el ngel del Seor le dijo: -Por qu le pegaste tres veces a tu asna? Yo soy quien ha venido a cerrarte el paso, porque tu viaje me disgusta.
El asna me vio, y me esquiv las tres veces. Si no me hubiera esquivado, ya te hubiera yo matado, aunque a ella la habra dejado con vida.
Y Balaam respondi al ngel del Seor: -He pecado, pues no saba que t estabas all, cerrndome el camino. Si te parece mal que yo vaya, regresar.
Pero el ngel del Seor le contest: -Puedes ir con esos hombres, pero dirs solamente lo que yo te diga. Balaam se fue con los jefes que Balac haba enviado,
y cuando Balac supo que Balaam vena, sali a recibirlo a una ciudad de Moab situada junto al ro Arnn, en la frontera del pas,
y le dijo: -Te mand a llamar con insistencia; por qu no queras venir? Pensabas que no soy capaz de hacerte muchos honores?
Y Balaam le respondi: -Pues aqu estoy, ya vine a verte. Pero no tengo poder para hablar por mi cuenta; yo solo podr decir lo que Dios me comunique.
Luego Balaam se fue con Balac a Quiriat-husot,
donde Balac mand que mataran vacas y ovejas y que se las llevaran a Balaam y a los jefes que lo acompaaban.
A la maana siguiente, Balac busc a Balaam y lo hizo subir a Bamot-baal, desde donde pudo ver los alrededores del campamento de los israelitas.
Entonces Balaam le dijo: -Constryeme aqu siete altares, y preprame siete becerros y siete carneros.
Balac hizo lo que Balaam le dijo, y entre los dos sacrificaron un becerro y un carnero en cada altar.
Luego Balaam le dijo a Balac: -Qudate junto al sacrificio, mientras voy a ver si el Seor viene a encontrarse conmigo. Luego te comunicar lo que l me d a conocer. Y Balaam se fue a una colina desierta,
donde Dios se le apareci. Balaam le dijo: -He preparado siete altares, y en cada uno he ofrecido un becerro y un carnero.
Entonces el Seor puso en labios de Balaam lo que tena que decir, y le dijo: -Regresa a donde est Balac y dile lo mismo que yo te he dicho.
Balaam regres y encontr a Balac de pie, junto al sacrificio, en compaa de todos los jefes moabitas.
Entonces Balaam pronunci esta profeca: "Desde las montaas del oriente, desde Aram, me hizo venir Balac, rey de Moab. 'Ven -me dijo-, maldceme a Israel, desale el mal al pueblo de Jacob.'
Pero, cmo maldecir al que Dios no maldice? Cmo desear el mal, si el Seor no lo hace?
Desde estas altas rocas puedo verlo, desde estas colinas lo miro: es un pueblo que vive apartado, distinto de los otros pueblos.
Son como el polvo; quin puede contarlos? Quin puede saber su nmero? Ojal muera yo como esos hombres justos, y sea mi fin como el de ellos!"
Entonces Balac le reclam a Balaam: -Qu ests haciendo? Yo te traje para que maldijeras a mis enemigos, y t te has puesto a bendecirlos.
Y Balaam contest: -Habamos quedado en que yo dira solamente lo que el Seor pusiera en mis labios.
Pero Balac insisti: -Ven conmigo a otra parte, desde donde solo podrs ver los alrededores del campamento, pero no el campamento completo. Maldcemelos desde all.
Y Balac llev a Balaam al campo de Sofim, en la cumbre del monte Pisg, donde construy siete altares y sacrific en cada uno un becerro y un carnero.
All Balaam dijo a Balac: -Qudate aqu, junto al sacrificio, mientras yo voy a encontrarme con Dios.
El Seor sali al encuentro de Balaam y puso en sus labios lo que tena que decir. Adems le dijo: -Regresa a donde est Balac y dile lo mismo que yo te he dicho.
Balaam regres y encontr a Balac de pie, junto al sacrificio, en compaa de los jefes moabitas. Y Balac le pregunt: -Qu te dijo el Seor?
Entonces Balaam pronunci esta profeca: "Balac, hijo de Sipor, escchame con atencin.
Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinin. Cuando l dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple.
Yo tengo rdenes de bendecir; si Dios bendice, yo no puedo contradecirlo.
Nadie ha visto engao ni maldad en Israel, el pueblo de Jacob. El Seor su Dios est con ellos, y ellos lo aclaman como rey.
Dios, que los sac de Egipto, es para ellos lo que son para el bfalo sus cuernos.
Contra Jacob no valen maleficios; contra Israel no sirven brujeras. Ahora es preciso decir a Israel: 'Cuntas maravillas ha hecho Dios contigo!'
Este pueblo se levanta amenazante como un len, y no descansar hasta devorar su presa y beber la sangre de sus vctimas."
Balac dijo entonces a Balaam: -Ya que no puedes maldecir a este pueblo, por lo menos no lo bendigas!
A lo cual respondi Balaam: -No te haba dicho ya, que yo solo puedo hacer lo que el Seor me ordene?
Entonces Balac le dijo: -Ven, que te voy a llevar a otra parte. Puede ser que a Dios no le disguste que maldigas a Israel desde all.
Y as Balac se llev a Balaam a la cumbre del monte Peor, desde donde se ve todo el desierto.
All Balaam le dijo a Balac: -Constryeme aqu siete altares y preprame siete becerros y siete carneros.
Balac hizo lo que Balaam le dijo, y en cada altar sacrific un becerro y un carnero.
Pero como Balaam vio que al Seor le pareca bien bendecir a Israel, ya no fue a recibir profecas de parte de l, como lo haba hecho las otras veces, sino que volvi la mirada hacia el desierto.
Y al ver Balaam a Israel acampado por tribus, el espritu de Dios se apoder de l;
entonces Balaam pronunci esta profeca: "Mensaje de Balaam, hijo de Beor, hombre de mirada penetrante,
que al caer en xtasis ve con ms claridad, que recibe mensajes y tiene visiones de parte del Dios todopoderoso.
Jacob, qu bellas son tus tiendas! Qu bello, Israel, tu campamento!
Parecen largas filas de palmeras, jardines junto a un ro, loes plantados por el Seor, cedros a la orilla del agua!
Israel tendr agua en abundancia para beber y regar sus sembrados. Su rey dominar a Agag; su poder real ser muy grande.
Dios, que los sac de Egipto, es para ellos lo que son para el bfalo sus cuernos. Israel devorar a las naciones enemigas; les romper los huesos, y los herir con sus flechas.
Cuando se acuesta a descansar, parece un len: nadie se atreve a despertarlo. Bendito sea el que te bendiga, y maldito el que te maldiga!"
Al or esto, Balac se enoj mucho con Balaam, y golpeando las manos le dijo: -Yo te llam para que maldijeras a mis enemigos, y resulta que ya van tres veces que los bendices.
Ms te vale volver a tu casa! Yo haba prometido hacerte grandes honores, pero el Seor lo ha impedido.
Y Balaam le respondi: -Ya les advert a tus mensajeros
que, aunque me dieras todo el oro y la plata que caben en tu palacio, yo no podra desobedecer las rdenes del Seor ni hacer nada bueno ni malo por mi propia cuenta, y que solo dira lo que el Seor me ordenara decir.
Pues bien, regreso a mi pas; pero antes voy a decirte lo que este pueblo har en el futuro con tu pueblo.
Entonces Balaam pronunci esta profeca: "Mensaje de Balaam, hijo de Beor, hombre de mirada penetrante,
que al caer en xtasis ve con ms claridad, que conoce lo que el Altsimo conoce, que recibe mensajes y tiene visiones de parte del Dios todopoderoso.
Veo algo en el futuro, diviso algo all muy lejos: es una estrella que sale de Jacob, un rey que se levanta en Israel. Le aplastar la cabeza a Moab, aplastar a todos los descendientes de Set.
Conquistar Edom, se apoderar de Ser, que es su enemigo. Israel realizar grandes hazaas.
Un vencedor saldr de Jacob y destruir a los que queden en la ciudad."
Despus vio Balaam a Amalec, y pronunci esta profeca: "Amalec es una nacin importante, pero terminar destruida por completo."
Tambin vio a los quenitas, y pronunci esta profeca: "Descendientes de Can: aunque sus refugios sean firmes, aunque hayan puesto su nido entre las rocas,
ese nido ser destruido por el fuego cuando Asiria los haga prisioneros."
Despus pronunci esta profeca: "Ay! Quin vivir todava cuando Dios haga estas cosas?
Vienen naves de la costa de Chipre, y dejarn en ruinas a Asiria y a ber, pues tambin ber ser destruido."
Despus de esto Balaam se puso en camino y volvi a su casa. Balac tambin se puso en camino.
Cuando los israelitas se establecieron en Sitim, sus hombres empezaron a corromperse con las mujeres moabitas,
las cuales los invitaban a los sacrificios que ofrecan a sus dioses. Los israelitas tomaban parte en esas comidas y adoraban a los dioses de las moabitas,
y as se dejaron arrastrar al culto de Baal-peor. Entonces el Seor se enfureci contra Israel,
y le dijo a Moiss: -Rene a todos los jefes del pueblo, y ejectalos delante de m a plena luz del da. As se calmar mi ira contra Israel.
Moiss orden entonces a los jueces israelitas: -Cada uno de ustedes deber matar a los hombres de su tribu que se dejaron arrastrar al culto de Baal-peor.
Pero un israelita llev consigo a una mujer madianita, a la vista de Moiss y de todos los israelitas reunidos, mientras ellos se encontraban llorando a la entrada de la tienda del encuentro.
Al ver esto, Finees, hijo de Eleazar y nieto del sacerdote Aarn, se apart de los israelitas reunidos, empu una lanza
y se fue tras aquel israelita hasta la alcoba, y all atraves por el estmago al israelita y a la mujer. As se termin la plaga que estaba haciendo morir a los israelitas,
aunque ya haban muerto veinticuatro mil de ellos.
Entonces el Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
-Finees ha hecho que se calme mi ira contra los israelitas, porque l ha tenido el mismo celo que yo tengo por ellos. Por eso no me he dejado llevar del celo y no termin con ellos.
Dile, pues, que yo hago con l una alianza de paz,
por la cual le entrego, a l y a sus descendientes, el sacerdocio para siempre, porque tuvo celo por m y obtuvo as el perdn para los israelitas.
El israelita que fue atravesado junto con la madianita se llamaba Zimr, y era hijo de Sal y jefe de una familia de la tribu de Simen.
La mujer madianita se llamaba Cozb, y era hija de Sur, jefe de un grupo de familias de Madin.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
-Ataquen a los madianitas y derrtenlos,
as como ellos los atacaron a ustedes con sus malas maas y hacindolos adorar a Baal-peor, y en el caso de Cozb, la hija del jefe madianita, que fue muerta con una lanza cuando yo les envi una plaga por haber adorado a Baal-peor.
as como ellos los atacaron a ustedes con sus malas maas y hacindolos adorar a Baal-peor, y en el caso de Cozb, la hija del jefe madianita, que fue muerta con una lanza cuando yo les envi una plaga por haber adorado a Baal-peor. [ (Numbers 25:19) Despus de aquella plaga mortal, ] 
el Seor dijo a Moiss y a Eleazar, hijo del sacerdote Aarn:
"Hagan un censo, por familias, de todos los israelitas de veinte aos para arriba, aptos para la guerra."
Moiss y Eleazar ordenaron entonces a los israelitas en las llanuras de Moab, junto al ro Jordn, frente a Jeric,
que se registraran todos los que tuvieran de veinte aos para arriba, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss. Estos eran los israelitas que haban salido de Egipto:
Los clanes descendientes de Rubn, el hijo mayor de Israel, fueron los de Henoc, Fal,
Hesrn y Carm;
segn el censo, los descendientes de Rubn sumaban cuarenta y tres mil setecientos treinta hombres.
De Fal naci Eliab,
y de Eliab nacieron Nemuel, Datn y Abiram. Datn y Abiram fueron aquellos del grupo de consejeros que, junto con Cor, se rebelaron contra el Seor y al mismo tiempo contra Moiss y Aarn,
pero se abri la tierra y se los trag a ellos dos y a Cor, y todo el grupo muri, pues doscientos cincuenta hombres murieron en el fuego. Esto sirvi de advertencia para los dems.
Sin embargo, los hijos de Cor no murieron.
Los clanes descendientes de Simen fueron los de Nemuel, Jamn, Jaqun,
Zrah y Sal;
segn el censo, los descendientes de Simen sumaban veintids mil doscientos hombres.
Los clanes descendientes de Gad fueron los de Sefn, Hagu, Sun,
Ozn, Er,
Arod y Arel;
segn el censo, los descendientes de Gad sumaban cuarenta mil quinientos hombres.
De los hijos de Jud, murieron Er y Onn en el pas de Canan,
as que los clanes descendientes de Jud fueron los de Sel, Fares y Zrah.
Los clanes descendientes de Fares fueron los de Hesrn y Hamul;
segn el censo, los descendientes de Jud sumaban setenta y seis mil quinientos hombres.
Los clanes descendientes de Isacar fueron los de Tol, Puv,
Jasub y Simrn;
segn el censo, los descendientes de Isacar sumaban sesenta y cuatro mil trescientos hombres.
Los clanes descendientes de Zabuln fueron los de Sred, Eln y Jahleel;
segn el censo, los descendientes de Zabuln sumaban sesenta mil quinientos hombres.
Los clanes descendientes de Jos fueron los de las tribus de Manass y Efran.
De Manass, el clan de Maquir; de Maquir, el clan de Galaad;
de Galaad, los clanes de Izer, de Hlec,
de Asriel, de Siquem,
de Semid y de Hfer.
Selofhad, que era hijo de Hfer, no tuvo hijos sino hijas, las cuales se llamaban Mahl, No, Hogl, Milc y Tirs.
Segn el censo, los descendientes de Manass sumaban cincuenta y dos mil setecientos hombres.
Los clanes descendientes de Efran fueron los de Sutlah, Bquer y Tahn.
Los descendientes de Sutlah eran los del clan de Ern.
Segn el censo, los descendientes de Efran sumaban treinta y dos mil quinientos hombres. Estos son los descendientes de Jos, por orden de clanes.
Los clanes descendientes de Benjamn fueron los de Bela, Asbel, Ahiram,
Sufam y Hufam.
Los clanes descendientes de Bela fueron los de Ard y Naamn, hijos de Bela.
Segn el censo, los descendientes de Benjamn sumaban cuarenta y cinco mil seiscientos hombres.
Los descendientes de Dan fueron los del clan de Suham.
Segn el censo, los descendientes de Suham sumaban sesenta y cuatro mil cuatrocientos hombres.
Los clanes descendientes de Aser fueron los de Imn, Isv y Beri.
Los clanes descendientes de Beri fueron los de Hber y Malquiel.
Aser tuvo una hija, que se llam Srah.
Segn el censo, los descendientes de Aser sumaban cincuenta y tres mil cuatrocientos hombres.
Los clanes descendientes de Neftal fueron los de Jahseel, Gun,
Jezer y Silem.
Segn el censo, los descendientes de Neftal sumaban cuarenta y cinco mil cuatrocientos hombres.
Los israelitas contados en el censo sumaban seiscientos un mil setecientos treinta hombres en total.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Entre estas personas ser repartida la tierra, segn el nmero que haya sido registrado.
A los grupos ms numerosos les dars una porcin mayor, y a los grupos menos numerosos una porcin menor. A cada grupo se le dar una porcin de tierra de acuerdo con el censo.
La reparticin de la tierra se har por suertes. Cada uno recibir su parte segn la tribu a la que pertenezca por parte de padre.
La distribucin se har por suertes, tanto entre los grupos numerosos como entre los pequeos."
Los clanes de la tribu de Lev contados en el censo fueron los de Guersn, Quehat y Merar.
Los clanes de los libnitas, hebronitas, mahlitas, musitas y coretas, eran clanes levitas. Quehat fue padre de Amram.
Amram se cas con una hija de Lev que se llamaba Jocabed, y que naci cuando Lev an estaba en Egipto. Amram y Jocabed fueron los padres de Aarn, Moiss y Mara.
Los hijos de Aarn fueron Nadab, Abih, Eleazar e Itamar.
Nadab y Abih murieron cuando ofrecieron ante el Seor un fuego extrao.
El total de varones descendientes de Lev, de un mes de edad para arriba, fue de veintitrs mil. Ellos no haban sido registrados con los dems israelitas, porque a ellos no se les haba dado ninguna propiedad.
Este fue el resultado del censo de los israelitas hecho por Moiss y el sacerdote Eleazar en las llanuras de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric.
Entre todos ellos no haba uno solo de los que estuvieron cuando Moiss y Aarn hicieron el censo en el desierto de Sina,
pues el Seor les haba anunciado que moriran en el desierto. Con excepcin de Caleb, hijo de Jefun, y de Josu, hijo de Nun, no qued uno solo de ellos.
En la tribu de Manass haba cinco hermanas, que se llamaban Mahl, No, Hogl, Milc y Tirs. Eran hijas de Selofhad, descendientes directas de Hfer, Galaad, Maquir, Manass y Jos.
Estas cinco hermanas fueron a la entrada de la tienda del encuentro para hablar con Moiss y el sacerdote Eleazar, y con los jefes de la comunidad, y les dijeron:
"Nuestro padre muri en el desierto, pero l no perteneca al grupo de Cor que se rebel contra el Seor. Muri a causa de su propio pecado y sin dejar hijos varones.
Pero no es justo que el nombre de nuestro padre desaparezca de su clan simplemente porque no tuvo un hijo varn. Danos una porcin de tierra a nosotras entre los hermanos de nuestro padre."
Moiss present al Seor el caso de estas mujeres,
y el Seor le respondi:
"Las hijas de Selofhad tienen razn. Asgnales una porcin de tierra entre los hermanos de su padre, y que la herencia de su padre pase a ellas.
Di adems a los israelitas que si alguien muere sin dejar hijo varn, su herencia pasar a manos de su hija;
pero si no tiene ninguna hija, dejar su herencia a sus hermanos;
y si no tiene hermanos, dejar su herencia a los hermanos de su padre.
En caso de que su padre no haya tenido hermanos, dejar su herencia a su pariente ms cercano. Esta ser una ley para los israelitas, tal como yo te lo he ordenado a ti."
El Seor le dijo a Moiss: -Sube a este monte de Abarim, y mira la tierra que les he dado a los israelitas.
Despus que la hayas visto, morirs y te reunirs con tus antepasados, como tu hermano Aarn,
ya que ustedes dos desobedecieron mis rdenes en el desierto de Sin cuando el pueblo me hizo reclamaciones, y no me honraron delante de ellos cuando pidieron agua. (Esto se refiere al manantial de Merib, en Cads, en el desierto de Sin.)
Y Moiss dijo al Seor:
-Dios y Seor, t que das la vida a todos los hombres, nombra un jefe que se ponga al frente de tu pueblo
y lo gue por todas partes, para que no ande como rebao sin pastor.
El Seor respondi a Moiss: -Josu, hijo de Nun, es un hombre de espritu. Tmalo y pon tus manos sobre su cabeza.
Luego presntalo ante el sacerdote Eleazar y ante todo el pueblo, y dale el cargo delante de todos ellos;
pon sobre l parte de tu autoridad, para que todo el pueblo de Israel le obedezca.
Pero Josu deber presentarse ante el sacerdote Eleazar, y Eleazar me consultar en su nombre por medio del Urim. Josu ser el que d las rdenes a los israelitas, para todo lo que hagan.
Moiss hizo tal como el Seor se lo haba ordenado. Tom a Josu y lo present ante el sacerdote Eleazar y ante todo el pueblo.
Le puso las manos sobre la cabeza y le dio el cargo, tal como el Seor lo haba ordenado por medio de Moiss.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Ordena a los israelitas que no dejen de ofrecerme puntualmente pan y ofrendas quemadas en las fiestas especiales, como ofrendas de olor agradable para m.
"Diles tambin que estas son las ofrendas que debern quemar en mi honor: diariamente y sin falta, dos corderos de un ao que no tengan ningn defecto.
Uno ser sacrificado por la maana y el otro al atardecer.
La ofrenda de cereales ser de dos kilos de la mejor harina amasada con un litro de aceite de oliva.
(Este era el sacrificio que se quemaba continuamente en el monte Sina, como ofrenda de olor agradable al Seor.)
La ofrenda de vino ser de un litro por cada cordero. Este vino deber derramarse en el santuario, en honor del Seor.
El segundo cordero ser sacrificado al atardecer, y se le aadir una ofrenda de cereales y una ofrenda de vino iguales a las de la ofrenda de la maana. Es una ofrenda de olor agradable, que se quema en honor del Seor.
"En los sbados debern ofrecer ustedes dos corderos de un ao, sin defecto, y cuatro kilos de la mejor harina amasada con aceite como ofrenda de cereales, con su correspondiente ofrenda de vino.
Este holocausto se ofrecer en los sbados, con su correspondiente ofrenda de vino, adems del holocausto diario.
"El primer da de cada mes ofrecern como holocausto al Seor dos becerros, un carnero y siete corderos de un ao, sin defecto.
Por cada becerro ofrecern seis kilos de la mejor harina amasada con aceite; por cada carnero, cuatro kilos de harina amasada con aceite,
y por cada cordero, dos kilos de harina amasada con aceite. Es un holocausto de olor agradable que se quema en honor del Seor.
La ofrenda correspondiente de vino ser de dos litros por cada becerro, un litro y medio por cada carnero y un litro por cada cordero. Estos son los holocaustos que deben ofrecer todos los meses del ao.
Adems del holocausto diario, debern ofrecerle al Seor un chivo como sacrificio por el pecado, con su correspondiente ofrenda de vino.
"El da catorce del primer mes del ao se celebrar la Pascua en honor del Seor,
y el da quince ser da de fiesta. Durante siete das se comer pan sin levadura.
En el primero de esos siete das se celebrar una reunin santa. Ese da no harn ustedes ninguna clase de trabajo.
Como holocausto, ofrecern al Seor dos becerros, un carnero y siete corderos de un ao, sin defecto.
Junto con estos sacrificios harn la correspondiente ofrenda de harina amasada con aceite, de la siguiente manera: seis kilos de harina por cada becerro, cuatro kilos por cada carnero
y dos kilos por cada cordero.
Ofrecern tambin un chivo como sacrificio para obtener el perdn de sus pecados.
Todo esto lo ofrecern adems del holocausto que se ofrece todos los das por la maana.
As lo harn cada uno de los siete das de la fiesta, como ofrenda de olor agradable quemada en honor del Seor. Esto deber ofrecerse con su correspondiente ofrenda de vino, adems del holocausto diario.
El sptimo da tambin tendrn reunin santa. Ese da no harn ninguna clase de trabajo.
"En la fiesta de los primeros frutos, cuando ofrecen al Seor los cereales de una nueva cosecha, es decir, en la fiesta de las Semanas, tendrn tambin una reunin santa. Ese da no harn ninguna clase de trabajo.
Ofrecern al Seor, como holocausto de olor agradable, dos becerros, un carnero y siete corderos de un ao.
La correspondiente ofrenda de harina amasada con aceite ser de seis kilos por cada becerro, cuatro kilos por el carnero
y dos kilos por cada cordero.
Ofrecern tambin un chivo como sacrificio para obtener el perdn de sus pecados.
Este holocausto y su correspondiente ofrenda de cereales y de vino lo presentarn adems del holocausto diario. Los animales no han de tener ningn defecto.
"El da primero del mes sptimo tendrn ustedes una reunin santa. Ese da no harn ninguna clase de trabajo, y anunciarn el da con toque de trompetas.
Como holocausto de olor agradable al Seor, ofrecern un becerro, un carnero y siete corderos de un ao, sin defecto.
La correspondiente ofrenda de harina amasada con aceite ser de seis kilos por el becerro, cuatro kilos por el carnero
y dos kilos por cada cordero.
Ofrecern tambin un chivo como sacrificio para obtener el perdn de sus pecados,
adems del holocausto de cada mes y del holocausto diario, con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino, como Dios lo ha ordenado. Esta ser una ofrenda de olor agradable quemada en honor del Seor.
"El da diez del mismo mes sptimo, tambin tendrn ustedes reunin santa. Dedicarn ese da al ayuno, y no harn ninguna clase de trabajo.
Como holocausto de olor agradable al Seor, ofrecern un becerro, un carnero y siete corderos de un ao, sin defecto.
La correspondiente ofrenda de harina amasada con aceite ser de seis kilos por el becerro, cuatro kilos por el carnero
y dos kilos por cada cordero.
Ofrecern tambin un chivo como sacrificio por el pecado, adems del sacrificio por el pecado que se ofrece el Da del Perdn, y del holocausto diario, con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
"El da quince del mes sptimo tendrn ustedes reunin santa. Ese da no harn ninguna clase de trabajo. Durante siete das celebrarn fiesta en honor del Seor.
El primer da ofrecern, como holocausto de olor agradable al Seor, trece becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto.
La correspondiente ofrenda de harina amasada con aceite ser de seis kilos por cada becerro, cuatro kilos por cada carnero
y dos kilos por cada cordero.
Ofrecern tambin un chivo como sacrificio por el pecado, adems del holocausto diario con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
"El segundo da se ofrecern doce becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto.
Adems se harn las ofrendas de cereales y de vino de acuerdo con el nmero de becerros, carneros y corderos, como Dios lo ha ordenado.
Se ofrecer tambin un chivo como sacrificio por el pecado, adems del holocausto diario con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
"El tercer da se ofrecern once becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto.
Adems se harn las ofrendas de cereales y de vino de acuerdo con el nmero de becerros, carneros y corderos, como Dios lo ha ordenado.
Tambin se ofrecer un chivo como sacrificio por el pecado, adems del holocausto diario con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
"El da cuarto se ofrecern diez becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto.
Adems se harn las ofrendas de cereales y de vino de acuerdo con el nmero de becerros, carneros y corderos, como Dios lo ha ordenado.
Tambin se ofrecer un chivo como sacrificio por el pecado, adems del holocausto diario con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
"El da quinto se ofrecern nueve becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto.
Adems se harn las ofrendas de cereales y de vino de acuerdo con el nmero de becerros, carneros y corderos, como Dios lo ha ordenado.
Tambin se ofrecer un chivo como sacrificio por el pecado, adems del holocausto diario con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
"El da sexto se ofrecern ocho becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto.
Adems se harn las ofrendas de cereales y de vino de acuerdo con el nmero de becerros, carneros y corderos, como Dios lo ha ordenado.
Se ofrecer tambin un chivo como sacrificio por el pecado, adems del holocausto diario con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
"El da sptimo se ofrecern siete becerros, dos carneros y catorce corderos de un ao, sin defecto.
Adems se harn las ofrendas de cereales y de vino de acuerdo con el nmero de becerros, carneros y corderos, como Dios lo ha ordenado.
Se ofrecer tambin un chivo como sacrificio por el pecado, adems del holocausto diario con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
"El da octavo lo celebrarn con una reunin solemne, y no harn ese da ninguna clase de trabajo.
Ofrecern como holocausto de olor agradable al Seor un becerro, un carnero y siete corderos de un ao, sin defecto.
Adems se harn las ofrendas de cereales y de vino por el becerro, el carnero y los corderos, como Dios lo ha ordenado.
Se ofrecer tambin un chivo como sacrificio por el pecado, adems del holocausto diario con sus correspondientes ofrendas de cereales y de vino.
"Estos son los sacrificios que deben ofrecer al Seor en fechas determinadas, adems de sus ofrendas en cumplimiento de una promesa o como ofrenda voluntaria, ya sea como holocaustos u ofrendas de cereales y de vino, o como sacrificios de reconciliacin."
Y Moiss comunic a los israelitas todo lo que el Seor le haba ordenado.
Moiss dijo a los jefes de las tribus israelitas: "El Seor ha ordenado
que cuando una persona le haga una promesa o se comprometa formalmente con juramento, deber cumplir su palabra y hacer todo lo que haya prometido.
"Cuando una mujer joven, que an depende de su padre, haga una promesa al Seor o se comprometa a algo,
si su padre, al enterarse de su promesa o compromiso, no le dice nada en contra, estar obligada a cumplir su promesa o compromiso.
Pero si su padre, al enterarse, no lo aprueba, entonces ya no estar obligada a cumplir su promesa o compromiso. Puesto que su padre no lo aprueba, el Seor no le exigir que lo cumpla.
"Cuando se trate de una mujer que haya hecho promesas al Seor o haya tomado un compromiso a la ligera, y que luego se case,
si su marido, al enterarse, no le dice nada en contra, estar obligada a cumplir sus promesas y sus compromisos.
Pero si su marido, al enterarse, no los aprueba, entonces ya no estar obligada a cumplir sus promesas y sus compromisos tomados a la ligera. El Seor no le exigir que los cumpla.
"Si la que hace una promesa es viuda o divorciada, est obligada a cumplir todos los compromisos que contraiga.
"Cuando una mujer casada haga una promesa o se comprometa a algo con juramento, estando en casa de su marido,
si su marido, al enterarse, no le dice nada en contra ni desaprueba lo que hace, ella estar obligada a cumplir sus promesas y compromisos.
Pero si su marido, al enterarse, los anula, ya no estar obligada a cumplirlos, puesto que el marido se los anul. El Seor no le exigir que los cumpla.
"El marido puede confirmar o anular cualquier promesa o juramento que haga su mujer y que la obligue a ayunar.
Si l no le dice nada en contra, y as pasa uno y otro da, con su silencio confirma todas las promesas o compromisos que ella haya tomado.
Si los anula un tiempo despus de enterarse, entonces l se hace responsable del incumplimiento de la mujer."
Estas son las leyes que el Seor dio a Moiss sobre las relaciones entre el hombre y su mujer, y entre el padre y su hija, cuando esta es joven y an depende de su padre.
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Vngate de los madianitas en nombre de los israelitas, y despus de eso morirs."
Moiss dijo entonces al pueblo: -rmense algunos de ustedes para la guerra, y ataquen a Madin para vengarse de ellos en nombre del Seor.
Cada tribu debe enviar mil hombres a la guerra.
As pues, de los ejrcitos de cada tribu se escogieron mil hombres, doce mil en total, armados para la guerra.
Moiss los envi a la batalla en compaa de Finees, hijo del sacerdote Eleazar, quien llevaba los objetos sagrados y las trompetas para dar la orden de ataque.
Y pelearon contra los madianitas y los mataron a todos, tal como el Seor se lo orden a Moiss.
Mataron a Ev, Rquem, Sur, Hur y Reba, es decir, los cinco reyes madianitas, y tambin a Balaam, hijo de Beor.
Los israelitas se llevaron prisioneras a las mujeres madianitas y a sus hijos pequeos, y les quitaron los animales, el ganado y los objetos de valor;
adems de eso, quemaron todas sus ciudades y campamentos.
Y todo lo que les quitaron, tanto personas como animales,
se lo llevaron a Moiss, al sacerdote Eleazar y al pueblo de Israel, los cuales estaban acampados en la llanura de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric.
Moiss, el sacerdote Eleazar y todos los jefes del pueblo salieron a recibirlos fuera del campamento.
Pero Moiss se enoj con los jefes que estaban al frente de mil y de cien soldados, que venan de la batalla,
y les dijo: -Por qu dejaron con vida a las mujeres?
Precisamente fueron ellas las que, cuando el caso de Balaam, llevaron a los israelitas a rebelarse contra el Seor y adorar a Baal-peor. Por eso el Seor castig con una plaga a su pueblo.
Maten ahora mismo a todos los nios varones y a todas las mujeres que no sean vrgenes.
A las muchachas vrgenes djenlas con vida y qudense con ellas.
Y todos los que hayan matado a alguien o hayan tocado un cadver, qudense fuera del campamento durante siete das. Tanto ustedes como los prisioneros debern purificarse al tercero y al sptimo da.
Purifiquen tambin toda la ropa y todos los objetos de cuero, de pelo de cabra o de madera.
El sacerdote Eleazar dijo a todos los soldados que haban estado en la batalla: -Esta es una ley que el Seor le dio a Moiss:
los objetos de oro, plata, bronce, hierro, estao o plomo
-en una palabra, todo lo que resista al fuego-, debern purificarlos ponindolos en el fuego y lavndolos con el agua de purificacin. Las cosas que no resistan al fuego, debern purificarlas solo con agua.
El sptimo da debern lavar su ropa, y quedarn puros. Despus podrn entrar en el campamento.
El Seor le dijo a Moiss:
"Con la ayuda del sacerdote Eleazar y de los jefes de familia del pueblo, haz la cuenta de la gente y de los animales quitados a los madianitas,
divdelos en dos partes iguales, y distribuye una parte entre los que fueron a pelear y la otra entre el resto del pueblo.
Recoge adems una parte para m: de lo que les toque a los soldados, tanto de la gente como de los bueyes, asnos y ovejas, tomars uno de cada quinientos
y se lo dars al sacerdote Eleazar como contribucin para m.
De la mitad correspondiente al resto de los israelitas, tanto de la gente como de los bueyes, asnos y ovejas, o sea de todos los animales, tomars uno de cada cincuenta y se lo dars a los levitas encargados del servicio de mi santuario."
Moiss y Eleazar lo hicieron tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Todo lo que se le quit al enemigo, sin contar lo que los soldados recogieron por su parte, fueron seiscientas setenta y cinco mil ovejas,
setenta y dos mil bueyes,
sesenta y un mil asnos
y treinta y dos mil muchachas vrgenes.
Por lo tanto, la mitad que les toc a los soldados fueron trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas,
de las que se dieron seiscientas setenta y cinco como contribucin para el Seor;
de los treinta y seis mil bueyes se dieron sesenta y dos como contribucin para el Seor;
de los treinta mil quinientos asnos se dieron sesenta y uno como contribucin para el Seor;
y de las diecisis mil muchachas se dieron treinta y dos como contribucin para el Seor.
Moiss entreg la contribucin para el Seor al sacerdote Eleazar, tal como el Seor se lo haba ordenado.
La otra mitad, que era la parte que le tocaba al resto de los israelitas y que Moiss haba separado de la parte que les toc a los soldados,
fue exactamente la misma, o sea: trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas,
treinta y seis mil bueyes,
treinta mil quinientos asnos
y diecisis mil muchachas.
De esta mitad, Moiss sac uno de cada cincuenta, lo mismo de personas que de animales, y se lo dio a los levitas que servan en el santuario del Seor, tal como el Seor se lo haba ordenado.
Entonces los jefes que haban estado al frente de mil y de cien soldados, fueron a ver a Moiss
y le dijeron: "Nosotros, tus servidores, hemos hecho la cuenta de los soldados que tenamos a nuestro cargo, y no falta ninguno.
Aqu traemos los objetos de oro que cada uno encontr: brazaletes, pulseras, anillos, aretes y otros adornos, para ofrecrselos al Seor como rescate por nosotros mismos."
Moiss y Eleazar recibieron de ellos todas las joyas de oro.
El oro que ofrecieron como contribucin los jefes al mando de mil y de cien soldados, pes ms de ciento ochenta y cuatro kilos,
pues cada soldado haba trado algo de lo que se le haba quitado al enemigo.
As pues, Moiss y Eleazar recibieron de los jefes el oro que haban trado, y lo llevaron a la tienda del encuentro para que el Seor se acordara de los israelitas.
Las tribus de Rubn y Gad tenan muchsimo ganado. Cuando vieron que los territorios de Jazer y de Galaad eran muy buenos para la cra de ganado,
fueron a ver a Moiss, al sacerdote Eleazar y a los jefes del pueblo, y les dijeron:
-Miren: las regiones de Atarot, Dibn, Jazer, Nimr, Hesbn, Elal, Sebam, Nebo y Ben,
que el Seor ha conquistado para el pueblo de Israel, son tierras de pasto para el ganado, y lo que tenemos nosotros, tus servidores, es precisamente ganado.
Si te parece bien, danos ese territorio a nosotros, y no nos hagas pasar el ro Jordn.
Pero Moiss les respondi: -Quieren ustedes quedarse aqu, mientras sus compatriotas van a la guerra?
Por qu quieren desanimar a los israelitas para que no pasen al pas que el Seor les ha dado?
Eso mismo fue lo que hicieron los padres de ustedes cuando los envi desde Cads-barnea a explorar esa regin.
Llegaron hasta el arroyo de Escol y exploraron la regin, y despus desanimaron a los israelitas para que no entraran en el pas que el Seor les haba dado.
Por eso el Seor se enoj aquel da, y jur
que las personas que haban salido de Egipto y que tenan de veinte aos para arriba no veran la tierra que solemnemente haba prometido a Abraham, Isaac y Jacob, porque no lo siguieron con fidelidad.
Solo Caleb, hijo de Jefun el quenizita, y Josu, hijo de Nun, siguieron fielmente al Seor.
El Seor se enoj con los israelitas y los hizo andar por el desierto durante cuarenta aos, hasta que no qued con vida ni uno solo de los que lo haban ofendido con sus malas acciones.
Y ahora ustedes, hijos de padres pecadores, quieren seguir el ejemplo de sus padres, para provocar otra vez la ira del Seor contra Israel.
Si ustedes no quieren seguir al Seor, l har que los israelitas se queden ms tiempo en el desierto, y ustedes tendrn la culpa de que ellos sean destruidos.
Entonces se acercaron a Moiss y le dijeron: -Lo que queremos es construir aqu corrales para nuestras ovejas y vacas, y ciudades para nuestras familias.
Despus nosotros mismos nos armaremos a toda prisa e iremos al frente de los dems israelitas, hasta que los llevemos a su territorio. Entre tanto, nuestras familias se quedarn en las ciudades, seguras y a salvo de los que viven en esta regin.
No volveremos a nuestras casas mientras todos los israelitas no hayan tomado posesin de su propia tierra.
Como lo que va a ser nuestro territorio est de este lado, al oriente del ro Jordn, no reclamaremos tierras del otro lado del Jordn, ni ms all.
Y Moiss les respondi: -Pues si cumplen su palabra y se arman para combatir a las rdenes del Seor,
si todos ustedes cruzan armados el ro Jordn bajo las rdenes del Seor, y se quedan all hasta que el Seor expulse a todos sus enemigos
y haya conquistado el pas, entonces podrn volver, pues quedarn libres de su obligacin para con el Seor y para con Israel. Esta tierra ser propiedad de ustedes con la aprobacin del Seor.
Pero si no lo hacen as, sepan que cometen un pecado contra el Seor y que algn da les llegar el castigo por ese pecado.
Construyan, pues, ciudades para sus familias y corrales para sus ovejas, pero cumplan su palabra.
Los descendientes de Gad y de Rubn le contestaron: -Estos servidores tuyos harn lo que les has mandado.
Nuestras mujeres y nuestros hijos pequeos, con el ganado y todos nuestros animales, se quedarn aqu, en las ciudades de Galaad,
y nosotros, tus servidores, nos armaremos e iremos a la guerra bajo las rdenes del Seor, tal como t nos lo has mandado.
Entonces Moiss dio las siguientes instrucciones al sacerdote Eleazar, a Josu y a los jefes de familia de las diversas tribus de Israel:
-Si todos los hombres de las tribus de Gad y de Rubn cruzan con ustedes el Jordn armados para pelear bajo las rdenes del Seor hasta que ustedes conquisten el pas, entonces ustedes les darn a ellos el pas de Galaad como territorio propio.
Pero si no pasan armados, entonces les tocar un territorio entre ustedes en el pas de Canan.
Los descendientes de Gad y Rubn respondieron: -Haremos lo que el Seor ha ordenado a estos servidores tuyos.
Pasaremos armados al pas de Canan obedeciendo al Seor, pero nos quedaremos con el territorio al oriente del Jordn como nuestra propiedad.
Y as, a las tribus de Gad y Rubn, y a la media tribu de Manass, Moiss les dio los territorios de Sihn, rey amorreo, y de Og, rey de Basn, con las ciudades que les pertenecan y los campos que las rodeaban.
Los de la tribu de Gad reconstruyeron las ciudades de Dibn, Atarot, Aroer,
Atarot-sofn, Jazer, Jogbeh,
Bet-nimr y Bet-arn, y las fortificaron e hicieron corrales para sus ovejas.
Los de la tribu de Rubn reconstruyeron las ciudades de Hesbn, Elal, Quiriataim,
Nebo, Baal-men y Sibm, cambiando el nombre a algunas de ellas y poniendo su propio nombre a las que reconstruyeron.
Los descendientes de Maquir, hijo de Manass, invadieron la regin de Galaad y se apoderaron de ella, expulsando a los amorreos que haba all.
Entonces Moiss asign a los descendientes de Maquir la regin de Galaad, y ellos se establecieron all.
Jar, descendiente de Manass, se apoder de unos campamentos de los amorreos y les puso el nombre de Havot-jar.
El grupo de Nbah se apoder de Quenat y de los pueblos que dependan de ella, y le puso su propio nombre, Nbah.
Estas son las etapas del viaje que hicieron los israelitas cuando salieron de Egipto en formacin militar, guiados por Moiss y Aarn.
Moiss iba anotando los nombres de los lugares de donde salan, etapa por etapa, segn se lo ordenaba el Seor. Estas son las etapas con sus puntos de partida.
Los israelitas salieron de Ramss el da quince del primer mes del ao, al da siguiente de la celebracin de la Pascua. Salieron con gran poder y a la vista de todos los egipcios,
mientras los egipcios estaban enterrando a todos sus hijos mayores, pues el Seor los haba hecho morir, con lo cual haba dictado sentencia contra sus dioses.
Los israelitas salieron de Ramss y acamparon en Sucot.
Salieron de Sucot y acamparon en Etam, en los lmites del desierto.
Salieron de Etam, dieron la vuelta hacia Pi-hahirot, que est al oriente de Baal-sefn, y acamparon frente a Migdol.
Salieron de Pi-hahirot, cruzaron el mar y llegaron al desierto. Caminaron tres das por el desierto de Etam y acamparon en Mar.
Salieron de Mar y llegaron a Elim, donde haba doce manantiales y setenta palmeras, y acamparon all.
Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo.
Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin.
Salieron del desierto de Sin y acamparon en Dofc.
Salieron de Dofc y acamparon en Als.
Salieron de Als y acamparon en Refidim, donde la gente no tena agua para beber.
Salieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sina.
Salieron del desierto de Sina y acamparon en Quibrot-hataav.
Salieron de Quibrot-hataav y acamparon en Haserot.
Salieron de Haserot y acamparon en Ritm.
Salieron de Ritm y acamparon en Rimn-peres.
Salieron de Rimn-peres y acamparon en Libn.
Salieron de Libn y acamparon en Ris.
Salieron de Ris y acamparon en Quehelata.
Salieron de Quehelata y acamparon en el monte Sfer.
Salieron del monte Sfer y acamparon en Harad.
Salieron de Harad y acamparon en Maquelot.
Salieron de Maquelot y acamparon en That.
Salieron de That y acamparon en Trah.
Salieron de Trah y acamparon en Mitc.
Salieron de Mitc y acamparon en Hasmon.
Salieron de Hasmon y acamparon en Moserot.
Salieron de Moserot y acamparon en Ben-jaacn.
Salieron de Ben-jaacn y acamparon en Hor de Guidgad.
Salieron de Hor de Guidgad y acamparon en Jotbata.
Salieron de Jotbata y acamparon en Abron.
Salieron de Abron y acamparon en Esin-guber.
Salieron de Esin-guber y acamparon en el desierto de Sin, es decir, en Cads.
Salieron de Cads y acamparon en el monte Hor, en la frontera con Edom.
Por orden del Seor, el sacerdote Aarn subi al monte Hor, y all muri el da primero del mes quinto del ao cuarenta, contando a partir de la fecha en que los israelitas salieron de Egipto.
Cuando Aarn muri, en el monte Hor, tena ciento veintitrs aos.
El rey cananeo de Arad, que viva en el Ngueb de Canan, se enter de la llegada de los israelitas.
Salieron del monte Hor y acamparon en Salmon.
Salieron de Salmon y acamparon en Punn.
Salieron de Punn y acamparon en Obot.
Salieron de Obot y acamparon en Ii-abarim, en la frontera con Moab.
Salieron de Ii-abarim y acamparon en Dibn-gad.
Salieron de Dibn-gad y acamparon en Almn-diblataim.
Salieron de Almn-diblataim y acamparon en los montes de Abarim, al oriente del Nebo.
Salieron de los montes de Abarim y acamparon en las llanuras de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric.
El campamento junto al Jordn se extenda desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en las llanuras de Moab.
En las llanuras de Moab, junto al ro Jordn, frente a Jeric, el Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando ustedes crucen el Jordn y entren en el pas de Canan,
expulsen a todos los habitantes del pas, destruyan todas sus estatuas de piedra y de metal fundido, y echen abajo todos los lugares de culto que tienen en las colinas.
Conquisten el pas y establzcanse en l, porque yo se lo entrego a ustedes para que lo ocupen.
Pero debern repartirlo por suertes entre los clanes de todas las tribus; a los clanes numerosos se les dar un territorio grande, y a los pequeos, un territorio pequeo; cada clan recibir lo que la suerte le seale.
Y si ustedes no expulsan a los habitantes del pas, los que se queden all les molestarn como una astilla en el ojo o como espinas en el cuerpo, cuando ustedes se instalen en el pas;
entonces yo har con ustedes lo que pensaba hacer con ellos."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Da las siguientes instrucciones a los israelitas: Pronto van a entrar ustedes en el pas de Canan. Este es el pas que ser propiedad de ustedes, y estos sern sus lmites:
"La frontera sur limitar con el desierto de Sin y el territorio de Edom. Partiendo del este, la frontera comenzar en el extremo sur del Mar Muerto,
seguir hacia el sur hasta la cuesta de Acrabim, pasar por Sin y llegar hasta Cads-barnea. Luego seguir por Hasar-adar hasta Asmn,
y de Asmn seguir hasta el arroyo que limita con Egipto, y terminar en el mar Mediterrneo.
"La frontera oeste limitar con la costa del mar Mediterrneo.
"Para la frontera norte, tracen una lnea desde el mar Mediterrneo hasta el monte Hor,
y desde el monte Hor hasta la entrada de Hamat, y luego hasta Sedad.
Desde Sedad, esta frontera norte seguir hasta Zifrn y terminar en Hasar-enn.
"Para la frontera oriental, tracen una lnea desde Hasar-enn hasta Sefam,
y de Sefam a Ribl, al oriente de Ain; de all la frontera bajar por el lado oriental del lago Quinret,
y seguir por el ro Jordn hasta terminar en el Mar Muerto. "Estas fronteras sern los lmites del pas de ustedes."
Moiss dio las siguientes instrucciones a los israelitas: "Este es el pas que ustedes se van a repartir por suertes; es el pas que el Seor ha ordenado que se d a las nueve tribus y media que quedan,
puesto que dos tribus y media, es decir, las tribus de Rubn y de Gad y la media tribu de Manass,
ya recibieron por familias el territorio que les perteneca, al oriente del Jordn, frente a Jeric."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Los que van a repartir la tierra entre ustedes son el sacerdote Eleazar y Josu, hijo de Nun.
Pero llamen adems a un jefe por cada tribu, para repartir la tierra.
Los hombres a quienes deben llamar son los siguientes: "Por la tribu de Jud: Caleb, hijo de Jefun.
"Por la de Simen: Samuel, hijo de Amihud.
"Por la de Benjamn: Elidad, hijo de Quisln.
"Por la de Dan: el jefe Buqu, hijo de Jogl.
"Por las tribus de los hijos de Jos: el jefe Haniel, hijo de Efod, por la de Manass;
y el jefe Quemuel, hijo de Siftn, por la de Efran.
"Por la tribu de Zabuln: el jefe Elisafn, hijo de Parnac.
"Por la de Isacar: el jefe Paltiel, hijo de Azn.
"Por la de Aser: el jefe Ahihud, hijo de Selom.
"Por la de Neftal: el jefe Pedahel, hijo de Amihud."
A estos encarg el Seor repartir el pas de Canan entre los israelitas.
El Seor se dirigi a Moiss en las llanuras de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric, y le dijo:
"Ordena a los israelitas que, del territorio que les corresponde, den a los levitas ciudades para que vivan, y que les den tambin los campos de pastoreo que rodean las ciudades.
Los levitas vivirn en esas ciudades, y en los campos tendrn su ganado y dems animales.
Los campos de pastoreo que deben darles se extendern alrededor de la ciudad, cuatrocientos cincuenta metros hacia afuera de la muralla.
Todo el terreno formar un cuadrado de novecientos metros por lado, es decir, que medir lo mismo por el este y por el oeste, por el norte y por el sur. La ciudad quedar en medio, con los campos de pastoreo alrededor.
"De las ciudades que les den a los levitas, seis sern ciudades de refugio, donde pueda buscar proteccin la persona que haya matado a alguien. Aparte de estas seis ciudades, les darn ustedes otras cuarenta y dos;
en total, deben dar a los levitas cuarenta y ocho ciudades con sus campos de pastoreo.
Cuando del territorio propio de los israelitas den las ciudades para los levitas, cada tribu deber dar en proporcin a lo que le haya tocado: de los territorios ms grandes se tomarn ms ciudades, y de los ms pequeos, menos ciudades."
El Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando ustedes crucen el ro Jordn para entrar en Canan,
debern escoger algunas ciudades como ciudades de refugio, donde pueda buscar refugio la persona que sin intencin haya matado a otra.
All quedar a salvo del pariente del muerto que quiera vengarlo, y no morir hasta que se haya presentado ante el pueblo para ser juzgado.
De las ciudades dadas, seis sern para refugio:
tres al oriente del Jordn y tres en Canan.
Estas seis ciudades sern ciudades de refugio, tanto para los israelitas como para los extranjeros que vivan o estn de paso entre ustedes. All podr refugiarse todo el que sin intencin haya matado a otra persona.
"Si alguien hiere a otro con un objeto de hierro, y el herido muere, se trata de un asesinato, y el asesino ser condenado a muerte.
"Si alguien golpea a otro con una piedra que pueda causar la muerte, y el golpeado muere, se trata de un asesinato, y el asesino ser condenado a muerte.
"Si alguien golpea a otro con un palo que pueda causar la muerte, y el golpeado muere, se trata de un asesinato, y el asesino ser condenado a muerte.
El pariente ms cercano del muerto se encargar de dar muerte al asesino cuando lo encuentre.
"Si alguien empuja a otro por odio, o si le lanza alguna cosa con malas intenciones,
o si por enemistad lo golpea con las manos, y el otro muere, el culpable ser condenado a muerte porque es un asesino. El pariente ms cercano del muerto se encargar de dar muerte al asesino cuando lo encuentre.
"Pero si alguien empuja a otro accidentalmente, no por enemistad, o si le lanza alguna cosa sin mala intencin,
o sin fijarse lanza una piedra que pueda causar la muerte, y la piedra le cae encima y lo mata no siendo ellos enemigos ni queriendo l hacerle dao,
entonces el pueblo actuar como juez entre el que caus la muerte y el pariente que quiera vengar a la vctima, segn estas reglas.
El pueblo deber proteger de la venganza del pariente al que caus la muerte, y deber hacer que vuelva a la ciudad de refugio donde haba buscado refugio. El que mat deber quedarse all hasta que muera el sumo sacerdote debidamente consagrado.
Pero si sale del territorio de la ciudad de refugio,
el pariente de la vctima no cometer ningn crimen si lo encuentra fuera y lo mata.
El que mat deber quedarse en la ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote. Despus podr volver a su tierra.
"Estas disposiciones sern para ustedes una ley que pasar de padres a hijos, dondequiera que ustedes vivan.
"Solo por el testimonio de varios testigos podr ser condenado a muerte un asesino. Un solo testigo no basta para condenar a muerte a nadie.
"No se podr aceptar dinero como rescate por la vida de un asesino condenado a muerte; ese hombre deber morir.
"No se podr aceptar dinero por permitir que un asesino que ha buscado refugio en una de las ciudades sealadas pueda regresar a su tierra antes de la muerte del sumo sacerdote.
"No profanen con asesinatos el pas en que van a vivir, pues el asesinato profana el pas, y no hay ms rescate por un asesinato que la muerte del que lo cometi.
"No profanen la tierra en que van a vivir y en la que yo tambin vivir, pues yo, el Seor, vivo entre los israelitas."
Los jefes de familia de los clanes de Galaad, descendiente directo de Maquir, Manass y Jos, fueron a ver a Moiss y a los jefes de familia israelitas, y les dijeron:
-El Seor orden que t, Moiss, repartieras por suertes entre los israelitas el territorio que le ha de tocar a cada uno, y tambin te orden que la parte que corresponda a Selofhad, que era de nuestra familia, se la dieras a sus hijas.
Pero si ellas se casan con hombres de otra tribu israelita, la tierra que les toc a ellas dejar de pertenecer a nuestra tribu y pasar a ser de la tribu de aquellos con quienes ellas se casen. As se nos ir quitando parte de lo que nos toc en suerte.
Luego, cuando llegue el ao de liberacin en Israel, la tierra de ellas pasar a ser definitivamente de aquella otra tribu y dejar de pertenecer a la nuestra.
Entonces Moiss, segn las instrucciones que le dio el Seor, orden lo siguiente a los israelitas: -Los hombres de la tribu de Jos tienen razn.
El Seor permitir que las hijas de Selofhad se casen con quien quieran, con tal de que sea alguien de un clan de la tribu a la que ellas pertenecen por parte de padre.
La tierra que a cada uno en Israel le ha tocado no debe pasar de una tribu a otra; todo israelita debe conservar su herencia en su propia tribu.
Si una mujer de cualquier tribu hereda tierras, deber casarse con un hombre de un clan de su misma tribu. As cada israelita conservar la herencia recibida de sus padres.
Ninguna herencia debe pasar de una tribu a otra. Cada tribu de Israel debe conservar el territorio que le toc.
Entonces Mahl, Tirs, Hogl, Milc y No, hijas de Selofhad, hicieron lo que el Seor le haba ordenado a Moiss,
y se casaron con hijos de sus tos paternos,
que eran descendientes de Manass, hijo de Jos. As su herencia qued dentro de la tribu a la que perteneca su padre.
Estas fueron las rdenes y normas que el Seor dio a los israelitas por medio de Moiss en las llanuras de Moab, junto al Jordn, frente a Jeric.
Estas son las palabras que Moiss dirigi a todo Israel cuando estaban en el desierto, al este del ro Jordn, es decir, en el Arab, frente a Suf y entre las regiones de Parn, Tfel, Labn, Haserot y Dizahab.
Desde el monte Horeb hasta Cads-barnea hay once das de camino, siguiendo la ruta del monte de Ser.
El da primero del mes undcimo, en el ao cuarenta, despus de haber derrotado Moiss a Sihn, rey de los amorreos, que viva en Hesbn, y a Og, rey de Basn, que viva en Astarot, en la regin de Edrei,
Moiss comunic a los israelitas todas las cosas que el Seor le haba ordenado que ellos cumplieran.
Cuando estaban al este del ro Jordn, en el pas de Moab, Moiss comenz a dar las siguientes instrucciones:
"El Seor nuestro Dios nos dijo esto en Horeb: 'Ustedes han estado ya mucho tiempo en este monte.
Recojan sus cosas y vayan a las montaas de los amorreos y a todas sus regiones vecinas: el Arab, la regin montaosa, la llanura, el Ngueb, la costa, el pas de los cananeos y el Lbano, hasta el gran ro Eufrates.
Yo les he entregado el pas; vayan y tomen posesin de la tierra que yo, el Seor, jur dar a los antepasados de ustedes, es decir, a Abraham, Isaac y Jacob, y a sus descendientes.'
"En aquella misma ocasin yo les dije a ustedes: 'Yo solo no puedo hacerme cargo de todos ustedes.
Tantos hijos les ha dado el Seor su Dios, que ahora son ustedes un pueblo tan numeroso como las estrellas del cielo.
Que el Seor y Dios de sus antepasados los haga mil veces ms numerosos de lo que ahora son, y los bendiga conforme a la promesa que les hizo!
Yo solo, sin embargo, no puedo llevar la pesada carga de atender todos sus problemas y pleitos.
Por lo tanto, escojan de cada tribu hombres sabios, inteligentes y experimentados, para que yo los ponga como jefes de ustedes.'
"Y ustedes me respondieron: 'Nos parece muy bien lo que propones.'
"Entonces tom de cada tribu de ustedes los hombres ms sabios y experimentados, y les di autoridad sobre ustedes; a unos los puse a cargo de mil hombres, a otros a cargo de cien, a otros de cincuenta, a otros de diez, y a otros los puse a cargo de cada tribu.
Al mismo tiempo les di a sus jueces las siguientes instrucciones: 'Atiendan a todos y hganles justicia, tanto a sus compatriotas como a los extranjeros;
y al dictar sentencia, no hagan ninguna distincin de personas: atiendan tanto a los humildes como a los poderosos, sin tenerle miedo a nadie, porque el juicio es de Dios. Y si se les presenta algn caso difcil, psenmelo para que yo lo atienda.'
"En aquella ocasin les di amplias instrucciones acerca de todo lo que deban hacer.
"Cuando salimos de Horeb, nos dirigimos a los montes de los amorreos, obedeciendo as las rdenes del Seor nuestro Dios. Recorrimos todo aquel grande y terrible desierto que ustedes vieron, hasta que llegamos a Cads-barnea.
All les dije: 'Ya hemos llegado a los montes de los amorreos, que el Seor nuestro Dios nos da.
El Seor, el Dios de ustedes, les entrega esta tierra. Adelante, pues, y ocpenla tal como lo ha dicho el Seor, el Dios de sus antepasados. No tengan miedo ni se desanimen.'
Pero ustedes vinieron a decirme: 'Ser mejor que algunos de nosotros se adelanten y exploren este pas, y que luego regresen a decirnos qu camino debemos seguir y en qu ciudades podemos entrar.'
"Lo que ustedes propusieron me pareci bien, y entonces escog a doce de ustedes, uno de cada tribu,
los cuales se encaminaron hacia la regin montaosa y llegaron al valle de Escol y recorrieron toda la regin.
Despus tomaron frutos de aquella tierra y nos los trajeron, con este informe: 'La tierra que el Seor nuestro Dios nos da es magnfica.'
Pero ustedes no quisieron ir, sino que desobedecieron la orden que el Seor nuestro Dios les haba dado,
y en sus casas se pusieron a murmurar y a decir: 'El Seor no nos quiere; nos sac de Egipto tan solo para ponernos en manos de los amorreos y acabar con nosotros.
Y ahora, a dnde vamos a ir? Nuestros compatriotas dicen que all hay gente ms poderosa y alta que nosotros, y grandes ciudades rodeadas de altsimas murallas, y que hasta vieron descendientes del gigante Anac. Todo eso nos ha desanimado por completo.'
"Entonces yo les respond: 'No se alarmen. No les tengan miedo.
El Seor su Dios marcha al frente de ustedes y combatir por ustedes, tal como vieron que lo hizo en Egipto
y en el desierto. El Seor su Dios los ha tomado en sus brazos durante todo el camino que han recorrido hasta llegar a este lugar, como un padre que toma en brazos a su hijo.'
Sin embargo, ustedes no confiaron en el Seor su Dios,
el cual iba delante de ustedes para escoger el lugar donde deban acampar. De noche les sealaba con fuego el camino que tenan que seguir, y de da se lo sealaba con una nube.
"Cuando el Seor oy las murmuraciones de ustedes, se enoj mucho e hizo este juramento:
'Ni una sola persona de esta mala generacin ver la buena tierra que promet dar a sus antepasados.
Har una excepcin con Caleb, hijo de Jefun; l s la ver, y a l y a sus descendientes les dar la tierra donde pongan el pie, por haber seguido con toda fidelidad al Seor.'
"Y por culpa de ustedes, el Seor se enoj conmigo y me dijo: 'Tampoco t entrars en esa tierra.
En tu lugar entrar tu ayudante Josu, hijo de Nun. Anmalo, pues l ser quien entregue el pas a Israel.
Y aunque ustedes creyeron que el enemigo les arrebatara a sus mujeres y nios, sern esos nios, que todava no tienen uso de razn, los que entrarn en el pas; yo se lo dar a ellos en propiedad.
En cuanto a ustedes, vuelvan al desierto!, vayan de nuevo al Mar Rojo!'
"Entonces ustedes me contestaron: 'Hemos pecado contra el Seor, pero ahora iremos y lucharemos tal como el Seor nuestro Dios nos lo ha ordenado.' Y tomaron ustedes sus armas, creyendo que era muy fcil subir al monte.
Pero el Seor me dijo que les advirtiera: 'No vayan a pelear; no se expongan a que sus enemigos los derroten, pues yo no estoy con ustedes.'
"Yo les hice esa advertencia, pero ustedes no me hicieron caso, sino que se rebelaron contra la orden del Seor, y con aires de grandeza subieron a la regin montaosa.
Entonces los amorreos, que vivan en aquellos montes, salieron al encuentro de ustedes y, como avispas, los persiguieron y los derrotaron en Ser y hasta Horm.
Cuando ustedes regresaron, lloraron ante el Seor, pero l no escuch sus lamentos.
Por eso tuvieron ustedes que quedarse a vivir tanto tiempo en la regin de Cads.
"Despus nos fuimos al desierto por el camino del Mar Rojo, tal como el Seor me lo haba ordenado, y pasamos mucho tiempo caminando alrededor de las montaas de Ser.
Entonces el Seor me dijo:
'Ya llevan demasiado tiempo rodeando estas montaas; vyanse ahora hacia el norte.
Dale esta orden al pueblo: Ustedes van a pasar por el territorio de los descendientes de Esa, que viven en Ser y son parientes de ustedes. Ellos tienen miedo de ustedes; sin embargo, tengan mucho cuidado
y no los ataquen, pues yo no les dar a ustedes ni una sola parte de ese pas, porque las montaas de Ser son propiedad de los descendientes de Esa. Yo se las di a ellos.
Ustedes les pedirn que les vendan los alimentos que necesiten, y pagarn por ellos y aun por el agua que beban.'
El Seor y Dios de ustedes los ha bendecido en todo lo que han hecho; durante estos cuarenta aos ha estado con ustedes y los ha cuidado en su marcha por este inmenso desierto, sin que nada les haya faltado.
"Despus nos alejamos camino del Arab, de Elat y Esin-guber, y pasamos por las tierras de nuestros parientes, los descendientes de Esa que viven en Ser, y all hicimos un rodeo para tomar el camino del desierto de Moab.
Entonces el Seor me dijo: 'No molestes ni ataques a los moabitas, pues son descendientes de Lot, y no te dar ni la ms pequea parte de su pas. Yo les he dado en propiedad la regin de Ar.'
(Este pas fue habitado en tiempos antiguos por los emitas, que eran gente grande y numerosa, y alta como los descendientes del gigante Anac.
En realidad, la gente crea que eran refatas, aunque los moabitas los llamaban emitas.
Esta regin de Ser fue habitada antes por los horeos, pero los descendientes de Esa exterminaron a sus habitantes y ocuparon el pas, quedndose a vivir all tal como lo ha hecho Israel con el pas que el Seor le ha dado.)
'Y ahora -dijo el Seor-, pnganse en marcha y crucen el arroyo Zred.' Y entonces cruzamos el arroyo.
"Desde que salimos de Cads-barnea hasta el da en que cruzamos el arroyo Zred, pasaron treinta y ocho aos. Para entonces ya haba muerto toda la generacin de hombres de guerra que haba en el campamento, tal como el Seor se lo haba jurado.
El poder del Seor cay sobre ellos, hasta que todos murieron.
"Cuando ya no quedaba vivo ninguno de aquellos hombres de guerra,
el Seor me habl y me dijo:
'Hoy mismo pasars la frontera de Moab y te dirigirs a Ar,
pero cuando te encuentres con los amonitas, que son tambin descendientes de Lot, no los molestes ni los ataques, pues no voy a darte ninguna parte de su territorio, ya que se lo he dado a ellos en propiedad.'
(Tambin este pas era tenido por tierra de refatas, porque antiguamente haban vivido all los refatas, a quienes los amonitas llamaban zamzumitas;
se trataba de un pueblo grande y numeroso, y de gente alta como los descendientes del gigante Anac, pero el Seor los destruy por medio de los amonitas, los cuales se quedaron a vivir para siempre en el pas.
El caso era semejante al de los descendientes de Esa, que habitaban en Ser y que exterminaron a los horeos para quedarse a vivir all.
Lo mismo les pas a los heveos, que vivan en aldeas cerca de Gaza y que fueron exterminados por los filisteos, los cuales vinieron de Creta y se quedaron a vivir all.)
'Vamos -dijo el Seor-, pnganse en marcha y crucen el ro Arnn! Yo har caer en manos de ustedes al amorreo Sihn, que es rey de Hesbn, y a su pas. Entren en su territorio y declrenle la guerra!
A partir de hoy har que ante ustedes todos los pueblos de la tierra se llenen de espanto. Cuando oigan hablar de ustedes, se pondrn a temblar y la angustia se aduear de ellos.'
"Desde el desierto de Cademot envi unos mensajeros a Sihn, rey de Hesbn, para proponerle de manera amistosa lo siguiente:
'Pienso pasar por tu territorio, siguiendo siempre el camino principal y sin tocar ningn otro punto de tu pas.
Te pagaremos con dinero los alimentos que necesitemos y el agua que bebamos. Solamente te pido que nos dejes pasar,
como nos lo han permitido los descendientes de Esa que viven en Ser y los moabitas que viven en Ar, hasta que crucemos el ro Jordn y lleguemos al pas que el Seor nuestro Dios nos va a dar.'
"Pero el rey Sihn no quiso dejarnos pasar por su tierra, porque el Seor, el Dios de ustedes, hizo que se negara rotundamente a ello, con el fin de ponerlo en manos de ustedes, como todava lo est hoy.
"Entonces el Seor me dijo: 'A partir de este momento te entrego a Sihn y a todo su pas; entra ya en su territorio y apodrate de l.'
"Sihn nos sali al encuentro con todo su ejrcito, para presentarnos batalla en Jahas;
pero el Seor nuestro Dios lo hizo caer en nuestras manos y lo derrotamos a l, a sus hijos y a todo su ejrcito.
Todas sus ciudades cayeron en nuestro poder y las destinamos a la destruccin; matamos hombres, mujeres y nios; no dejamos a nadie con vida.
Lo nico que tomamos para nosotros fue el ganado y las cosas de valor que hallamos en las ciudades conquistadas.
Desde la ciudad de Aroer, que est junto al ro Arnn, y la ciudad que est en el valle, hasta Galaad, no hubo ciudad que resistiera nuestro ataque; el Seor nuestro Dios hizo que todas cayeran en nuestro poder.
Los nicos territorios que no atacamos fueron los siguientes: el de los amonitas, toda la regin del ro Jaboc, las ciudades de la montaa, y todos los dems lugares que el Seor nuestro Dios nos haba ordenado no atacar.
"Despus tomamos otro camino, y nos dirigimos a Basn. Pero Og, el rey de este pas, sali con todo su ejrcito para pelear contra nosotros en Edrei.
"Entonces el Seor me dijo: 'No le tengas miedo, pues a l, con su ejrcito y todo su pas, lo he puesto en tus manos, para que hagas con l lo mismo que hiciste con Sihn, rey de los amorreos, que viva en Hesbn.'
"As fue como el Seor nuestro Dios hizo caer en nuestro poder al rey Og y a todo su ejrcito, y los matamos a todos, sin dejar a nadie con vida.
Tambin conquistamos todas sus ciudades; no hubo ni una sola que no tomramos. Fueron en total sesenta ciudades, es decir, todas las de la regin de Argob, del reino de Og, en Basn.
Todas ellas estaban fortificadas con altos muros, puertas y barras, sin contar muchas otras ciudades que no tenan murallas.
Las destinamos a la destruccin, tal como lo habamos hecho con Sihn, rey de Hesbn, y acabamos con hombres, mujeres y nios,
quedndonos solo con los animales y las cosas de valor de nuestros enemigos.
"As pues, en aquel tiempo cayeron en nuestro poder los territorios de los dos reyes amorreos que vivan al este del ro Jordn, desde el ro Arnn hasta el monte Hermn.
(A este monte los sidonios lo llaman Sirin, y los amorreos Senir.)
Todas las ciudades de la meseta, todo Galaad y Basn, hasta Salc y Edrei, ciudades que pertenecan al reino de Og, en Basn, cayeron en nuestras manos.
(El rey Og era el nico que quedaba de los refatas; su cama era de hierro y meda cuatro metros de largo por casi dos de ancho, como puede verse todava en la ciudad amonita de Rab.) del Jordn
"Del territorio que ocupamos, en aquella ocasin entregu a las tribus de Rubn y de Gad el territorio que va desde Aroer, a orillas del ro Arnn, hasta la mitad de los montes de Galaad, con sus ciudades.
La parte restante de Galaad, toda la regin de Basn que haba pertenecido al reino de Og, y toda la regin de Argob, conocida como la tierra de los refatas, se las di a la media tribu de Manass.
(Jar, descendiente de Manass, se apoder de la regin de Argob hasta el lmite de los territorios de Guesur y Maac, y puso su propio nombre a Basn, llamndole Havot-jar, que es el nombre que todava tiene.)
A Maquir le di la regin de Galaad,
y a las tribus de Rubn y de Gad les di la regin comprendida entre Galaad y el ro Arnn, teniendo por lmite el centro del valle, y hasta el ro Jaboc, que es la frontera de los amonitas.
Hacia el oriente les di el Arab, en la falda oriental del monte Pisg, regin que tiene como lmite el ro Jordn, y que va del lago Quinret hasta el mar de Arab, que es el Mar Muerto.
"En aquella ocasin les di a ustedes esta orden: 'El Seor su Dios les entrega este pas en propiedad. Que todos los que sepan pelear, tomen las armas y marchen al frente de sus compatriotas israelitas.
Solo se quedarn, en las ciudades que les he dado, las mujeres, los nios y el mucho ganado que yo s que ustedes tienen.
Y mientras yo, el Seor, no haya dado a los hermanos de ustedes la misma tranquilidad que a ustedes les he dado, ni ellos hayan tomado posesin del pas que les voy a dar al otro lado del ro Jordn, tampoco ustedes podrn volver al territorio que les he dado.'
"A Josu le di esta orden: 'Con tus propios ojos has visto todo lo que el Seor tu Dios ha hecho con esos dos reyes; y lo mismo har con todos los reinos por los que vas a pasar.
No les tengas miedo, porque el Seor tu Dios pelear en favor de ustedes.'
"En esta misma ocasin le supliqu al Seor:
'Seor, t has comenzado a mostrar a este siervo tuyo tu grandeza y tu poder. No hay otro Dios en el cielo ni en la tierra que pueda hacer las cosas tan maravillosas que t haces.
Te ruego que me permitas pasar al otro lado del ro Jordn, pues quiero ver aquella buena tierra, esa hermosa regin montaosa y el Lbano.'
Pero el Seor se enoj conmigo por culpa de ustedes, y no me concedi lo que le ped, sino que me dijo: 'Basta! No me hables ms de este asunto.
Sube a lo alto del monte Pisg, y desde all mira al norte y al sur, al este y al oeste, pero el Jordn no lo cruzars.
Da instrucciones a Josu; anmalo y dale valor, porque l ser quien vaya al frente del pueblo y le haga tomar posesin del pas que ahora vas a ver.'
"Y nos quedamos en el valle, enfrente de Bet-peor.
"Ahora pues, israelitas, escuchen las leyes y decretos que les he enseado, y pnganlos en prctica, para que vivan y ocupen el pas que el Seor y Dios de sus antepasados les va a dar.
No aadan ni quiten nada a lo que yo les ordeno; cumplan los mandamientos del Seor su Dios, que yo les ordeno.
Ustedes mismos han visto lo que el Seor hizo en Baal-peor, y cmo extermin de entre ustedes a todos los que adoraron al dios de aquel lugar;
pero todos ustedes, los que se mantuvieron fieles al Seor su Dios, todava estn vivos.
Yo les he enseado las leyes y los decretos que el Seor mi Dios me orden, para que los pongan en prctica en el pas que van a ocupar.
Cmplanlos y practquenlos, porque de esta manera los pueblos reconocern que en ustedes hay sabidura y entendimiento, ya que cuando conozcan estas leyes no podrn menos que decir: 'Qu sabia y entendida es esta gran nacin!'
Porque, qu nacin hay tan grande que tenga los dioses tan cerca de ella, como tenemos nosotros al Seor nuestro Dios cada vez que lo invocamos?
Y qu nacin hay tan grande que tenga leyes y decretos tan justos como toda esta enseanza que yo les presento hoy?
As pues, tengan mucho cuidado de no olvidar las cosas que han visto, ni de apartarlas jams de su pensamiento; por el contrario, explquenlas a sus hijos y a sus nietos.
"El da que ustedes estuvieron ante el Seor su Dios en el monte Horeb, el Seor me dijo: 'Rene al pueblo para que escuchen mis palabras y aprendan a honrarme todos los das de su vida, y enseen a sus hijos a hacer lo mismo.'
Ustedes se acercaron al pie del monte, del cual salan llamas de fuego que suban a gran altura y formaban una nube espesa y negra;
entonces el Seor les habl de en medio del fuego. Ustedes oyeron sus palabras, pero, aparte de or su voz, no vieron ninguna figura.
El Seor les dio a conocer su alianza, que eran diez mandamientos que escribi en dos tablas de piedra y que les orden poner en prctica.
A m me orden que les enseara las leyes y decretos que han de cumplir en la tierra que van a ocupar.
"El da en que el Seor habl con ustedes de en medio del fuego, en el monte Horeb, no vieron ninguna figura. Tengan, pues, mucho cuidado
de no caer en la perversin de hacer figuras que tengan forma de hombre o de mujer,
ni figuras de animales, aves,
reptiles o peces.
Y cuando miren al cielo y vean el sol, la luna, las estrellas y todos los astros, no caigan en la tentacin de adorarlos, porque el Seor su Dios cre los astros para todos los pueblos del mundo.
En cuanto a ustedes, el Seor los tom y los sac de aquel horno para fundir hierro, que es Egipto, y los hizo lo que ahora son: el pueblo de su propiedad.
Sin embargo, el Seor se enoj conmigo por culpa de ustedes, y jur que yo no pasara el ro Jordn ni entrara en la buena tierra que l les va a dar en propiedad.
As que, aunque yo voy a morir en este pas y no cruzar el Jordn, ustedes s lo cruzarn, y tomarn posesin de esa buena tierra.
Pero tengan cuidado de no olvidarse de la alianza que el Seor su Dios ha hecho con ustedes. No se hagan ningn dolo ni figura de las que el Seor su Dios les ha prohibido hacer,
porque el Seor su Dios es un Dios celoso, un fuego que todo lo consume!
"Cuando ustedes tengan hijos y nietos, y se hayan hecho viejos en este pas, si llegan a rebajarse haciendo imgenes o figuras que representen cualquier cosa, cometiendo as una maldad delante del Seor su Dios y provocando su enojo,
yo pongo hoy al cielo y a la tierra por testigos de que pronto desaparecern ustedes del pas que van a ocupar al otro lado del Jordn. No vivirn mucho tiempo en esa tierra, sino que sern exterminados por completo.
El Seor los dispersar por todas las naciones, y solo un pequeo nmero de ustedes sobrevivir en ellas.
All servirn a dioses hechos por el hombre, dolos de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni respiran.
Pero si all buscan al Seor su Dios con todo su corazn y con toda su alma, lo encontrarn.
Cuando finalmente pasen ustedes por todos estos sufrimientos y angustias, si se vuelven al Seor y le obedecen,
l, que es bondadoso, no los abandonar ni los destruir, ni se olvidar de la alianza que hizo con los antepasados de ustedes y que jur cumplir.
"Busquen en los tiempos anteriores a ustedes, y desde los tiempos antiguos, cuando Dios cre al hombre en el mundo; vayan por toda la tierra y pregunten si alguna vez ha sucedido o se ha sabido de algo tan grande como esto.
Existe algn pueblo que haya odo, como ustedes, la voz de Dios hablndole de en medio del fuego, y que no haya perdido la vida?
Ha habido algn dios que haya escogido a un pueblo de entre los dems pueblos, con tantas pruebas, seales, milagros y guerras, desplegando tan gran poder y llevando a cabo tales hechos aterradores, como los que realiz ante ustedes y por ustedes el Seor su Dios en Egipto?
Esto les ha sido mostrado para que sepan que el Seor es el verdadero Dios, y que fuera de l no hay otro.
l les habl desde el cielo para corregirlos, y en la tierra les mostr su gran fuego, y oyeron sus palabras de en medio del fuego.
l am a los antepasados de ustedes y escogi a sus descendientes, liberndolos de Egipto por medio de su gran poder.
Arroj de la presencia de ustedes a naciones ms numerosas y poderosas que ustedes, con el fin de que ustedes ocuparan sus pases y los recibieran en propiedad, como ahora est sucediendo.
"Por lo tanto, grbense bien en la mente que el Seor es Dios, tanto en el cielo como en la tierra, y que no hay otro ms que l.
Cumplan sus leyes y mandamientos que yo les doy en este da, y les ir bien a ustedes y a sus descendientes, y vivirn muchos aos en el pas que el Seor su Dios les va a dar para siempre."
Entonces Moiss escogi tres ciudades al este del ro Jordn,
para que el que matara sin querer a otra persona con la cual nunca antes hubiera peleado, pudiera refugiarse en una de ellas y ponerse a salvo.
Estas ciudades fueron: Bser, en la meseta del desierto, para la tribu de Rubn; Ramot, en Galaad, para la tribu de Gad; y Goln, en Basn, para la media tribu de Manass.
Esta es la enseanza que Moiss entreg a los israelitas,
y los mandatos, leyes y decretos que les comunic cuando salieron de Egipto,
cuando estaban todava al este del Jordn, en el valle que est frente a Bet-peor, en la tierra de Sihn, rey de los amorreos. Sihn viva en Hesbn, y fue derrotado por Moiss y los israelitas cuando estos salieron de Egipto.
Los israelitas ocuparon su territorio y el del rey Og de Basn, dos reyes amorreos que vivan al este del Jordn.
Su territorio se extenda desde Aroer, a orillas del ro Arnn, hasta el monte Sirin, tambin llamado Hermn,
y por todo el Arab, al este del Jordn, hasta el Mar Muerto, al pie del monte Pisg.
Moiss reuni a todo el pueblo de Israel y les dijo: "Escuchen, israelitas, las leyes y decretos que hoy voy a comunicarles. Aprndanlos bien, y pnganlos en prctica.
"El Seor nuestro Dios hizo una alianza con nosotros en el monte Horeb.
No la hizo solamente con nuestros antepasados, sino tambin con todos nosotros, los que hoy estamos aqu reunidos.
El Seor habl con ustedes en el monte, cara a cara, de en medio del fuego.
Yo estaba entonces entre el Seor y ustedes, para comunicarles la palabra del Seor, ya que ustedes tenan miedo del fuego y no subieron al monte. Y el Seor dijo:
'Yo soy el Seor tu Dios, que te sac de Egipto, donde eras esclavo.
'No tengas otros dioses aparte de m.
'No te hagas ningn dolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra.
No te inclines delante de ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Seor tu Dios, Dios celoso que castiga la maldad de los padres que me odian, en sus hijos, nietos y bisnietos,
pero que trato con amor por mil generaciones a los que me aman y cumplen mis mandamientos.
'No hagas mal uso del nombre del Seor tu Dios, pues l no dejar sin castigo al que use mal su nombre.
'Ten en cuenta el sbado para consagrarlo al Seor, tal como el Seor tu Dios te lo ha ordenado.
Trabaja seis das y haz en ellos todo lo que tengas que hacer,
pero el sptimo da es da de reposo consagrado al Seor tu Dios. No hagas ningn trabajo en ese da, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus animales, ni el extranjero que vive en tus ciudades, para que tu esclavo y tu esclava descansen igual que t.
Recuerda que tambin t fuiste esclavo en Egipto, y que el Seor tu Dios te sac de all desplegando gran poder. Por eso el Seor tu Dios te ordena respetar el da sbado.
'Honra a tu padre y a tu madre, tal como el Seor tu Dios te lo ha ordenado, para que vivas una larga vida y te vaya bien en la tierra que te da el Seor tu Dios.
'No mates.
'No cometas adulterio.
'No robes.
'No digas mentiras en perjuicio de tu prjimo.
'No codicies la mujer de tu prjimo. No ambiciones la casa de tu prjimo, ni su campo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca.'
"Estas son las palabras que el Seor pronunci en voz alta, de en medio del fuego y de una nube espesa, cuando todos estaban reunidos al pie del monte. Despus ya no dijo ms, y escribi estas palabras en dos tablas de piedra, y me las entreg.
Pero cuando ustedes oyeron aquella voz que sala de entre las tinieblas, y vieron el monte en llamas, todos ustedes, los jefes de las tribus y los ancianos, vinieron a hablar conmigo
y me dijeron: 'Verdaderamente el Seor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su poder, y hemos odo su voz, que sala de en medio del fuego. Hoy hemos comprobado que Dios puede hablar con los hombres sin que estos mueran.
Sin embargo, para qu exponernos a morir consumidos por este terrible fuego? Si volvemos a escuchar la voz del Seor nuestro Dios, moriremos;
pues, qu hombre hay que pueda escuchar la voz del Dios viviente hablando de en medio del fuego, como la hemos odo nosotros, sin que le cueste la vida?
Mejor acrcate t, y escucha todo lo que el Seor nuestro Dios te diga, y ya luego nos dirs lo que te haya comunicado, y nosotros cumpliremos lo que se nos diga.'
"Mientras ustedes me hablaban, el Seor estaba escuchando lo que decan, y entonces me dijo: 'He odo todo lo que ha dicho este pueblo, y me ha parecido muy bien.
Ojal piensen siempre de la misma manera, y me honren y cumplan mis mandamientos todos los das, para que tanto ellos como sus hijos tengan siempre una vida dichosa!
Ve y diles que regresen a sus tiendas de campaa;
pero t qudate aqu conmigo, porque te voy a decir todos los mandamientos, leyes y decretos que les has de ensear, para que los pongan en prctica en el pas que les voy a dar en propiedad.'
As que pongan en prctica todo lo que el Seor su Dios les ha ordenado, sin desviarse de ello para nada.
Sigan el camino que el Seor su Dios les ha sealado, para que les vaya bien y vivan muchos aos en la tierra que l les va a dar en propiedad.
"Estos son los mandamientos, leyes y decretos que el Seor su Dios me ha ordenado ensearles, para que los pongan en prctica en el pas del cual van a tomar posesin.
De esta manera honrarn al Seor su Dios, y cumplirn durante toda su vida las leyes y los mandamientos que yo les mando a ustedes, a sus hijos y a sus nietos; y as vivirn muchos aos.
Por lo tanto, israelitas, pnganlos en prctica. As les ir bien y llegarn a ser un pueblo numeroso en esta tierra donde la leche y la miel corren como el agua, tal como el Seor y Dios de sus antepasados se lo ha prometido.
"Oye, Israel: El Seor nuestro Dios es el nico Seor.
"Ama al Seor tu Dios con todo tu corazn, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
"Grbate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho,
y ensaselas continuamente a tus hijos; hblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes.
Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como seales,
y escrbelos tambin en los postes y en las puertas de tu casa.
"El Seor y Dios de ustedes los va a hacer entrar en el pas que a sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob jur que les dara. Es un pas con grandes y hermosas ciudades que ustedes no construyeron;
con casas llenas de todo lo mejor, que ustedes no llenaron; con pozos que ustedes no cavaron, y viedos y olivos que ustedes no plantaron, pero de los cuales comern hasta quedar satisfechos.
Cuando eso suceda, procuren no olvidarse del Seor, que los sac de Egipto, donde eran esclavos.
Adoren al Seor su Dios y srvanle solo a l, y cuando tengan que hacer un juramento, hganlo solo en el nombre del Seor.
No vayan tras los dioses que adoran los pueblos vecinos,
porque el Seor su Dios, que est con ustedes, es un Dios celoso y puede enojarse contra ustedes y destruirlos totalmente.
"No pongan a prueba al Seor su Dios, como lo hicieron en Mas.
Cumplan fielmente los mandamientos del Seor su Dios, y los mandatos y leyes que les ha ordenado.
Hagan lo que es recto y agradable a los ojos del Seor, para que les vaya bien y tomen posesin de la buena tierra que el Seor jur dar a los antepasados de ustedes,
y para que el Seor haga huir a todos los enemigos que se enfrenten con ustedes, tal como lo ha prometido.
"Cuando algn da sus hijos les pregunten: 'Qu significan estos mandatos, leyes y decretos que nos ha ordenado el Seor nuestro Dios?',
ustedes les respondern: 'Nosotros ramos esclavos del faran, en Egipto, y el Seor nos sac de all con gran poder.
Nosotros vimos los grandes y terribles prodigios y las seales que el Seor realiz en Egipto contra el faran y toda la casa real;
pero a nosotros nos sac de all, y nos llev al pas que haba prometido a nuestros antepasados, y nos lo dio.
Despus el Seor nuestro Dios nos mand poner en prctica todos estos mandamientos y tenerle reverencia, para que nos vaya bien y para que l nos conserve la vida como hasta ahora.
Y tendremos justicia cuando cumplamos cuidadosamente estos mandamientos ante el Seor nuestro Dios, tal como nos lo ha ordenado.'
"El Seor, el Dios de ustedes, los va a hacer entrar en el pas del cual han de tomar posesin, y echar de la presencia de ustedes a siete naciones ms grandes y poderosas que ustedes: los hititas, los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos.
Cuando el Seor su Dios haya hecho caer a estas naciones en poder de ustedes, y ustedes las hayan derrotado, debern destinarlas a la destruccin y no hacer con ellas ningn pacto ni tenerles compasin.
Tampoco debern ustedes emparentar con ellas, ni casar a sus hijos e hijas con las jvenes y los muchachos de esa gente,
porque ellos harn que los hijos de ustedes se aparten del Seor y adoren a otros dioses; entonces la ira del Seor se encender contra ustedes y los destruir en un abrir y cerrar de ojos.
Lo que tienen que hacer es derribar los altares paganos de ellos, destruir por completo las piedras y los troncos a los que ellos rinden culto, y quemar sus dolos.
Porque ustedes son un pueblo apartado especialmente para el Seor su Dios; el Seor los ha elegido de entre todos los pueblos de la tierra, para que ustedes le sean un pueblo especial.
"Si el Seor los ha preferido y elegido a ustedes, no es porque ustedes sean la ms grande de las naciones, ya que en realidad son la ms pequea de todas ellas.
El Seor los sac de Egipto, donde ustedes eran esclavos, y con gran poder los libr del dominio del faran, porque los ama y quiso cumplir la promesa que haba hecho a los antepasados de ustedes.
Reconozcan, pues, que el Seor su Dios es el Dios verdadero, que cumple fielmente su alianza generacin tras generacin, para con los que le aman y cumplen sus mandamientos;
pero que destruye a aquellos que le odian, dndoles su merecido. Sin tardanza da su merecido a los que le odian!
Cumplan, pues, los mandamientos, leyes y decretos que en este da les ordeno que pongan en prctica.
"Si despus de haber escuchado ustedes estos decretos, los cumplen y los ponen en prctica, entonces el Seor su Dios cumplir fielmente su alianza y la promesa que hizo a los antepasados de ustedes.
Los amar a ustedes, los bendecir y los har crecer en nmero; bendecir a sus hijos, sus cosechas, su trigo, su vino y su aceite, y las cras de sus vacas y ovejas, en el pas que a sus antepasados jur que les dara.
Ustedes sern bendecidos ms que todos los pueblos; no habr entre ustedes mujer que no pueda concebir hijos ni hombre que no pueda engendrarlos, ni tampoco entre sus ganados habr machos ni hembras estriles.
El Seor alejar de ustedes toda enfermedad y todas las terribles plagas que, como bien saben, envi sobre Egipto; en cambio, har sufrir con ellas a todos sus enemigos.
Pero ustedes deben exterminar a todos los pueblos que el Seor su Dios ponga en sus manos; no les tengan compasin ni adoren a sus dioses, porque eso ser la perdicin de ustedes.
"Tal vez ustedes lleguen a pensar: 'Estas naciones son ms numerosas que nosotros; cmo podremos desalojarlas?'
Pues no les tengan miedo! Acurdense de lo que hizo el Seor su Dios con el faran y con todos los egipcios;
piensen en las grandes pruebas de las que ustedes fueron testigos, y en las seales y prodigios y en el gran poder que despleg el Seor su Dios cuando los sac de Egipto. Eso mismo har el Seor con todos los pueblos a quienes ustedes temen.
Adems, el Seor enviar un tremendo pnico entre ellos, que acabar con los que hayan quedado con vida o se hayan escondido.
As que no tiemblen ante ellos, porque el Seor su Dios, el Dios grande y terrible, est con ustedes.
Poco a poco el Seor ir expulsando a estas naciones; ustedes no podrn acabar con ellas de una sola vez, porque el nmero de bestias salvajes aumentara a su alrededor y los atacara.
Pero el Seor su Dios pondr estas naciones en sus manos e ir acabando con ellas hasta que sean destruidas.
A sus reyes los someter al poder de ustedes, y ustedes harn que nadie en el mundo vuelva a acordarse de ellos. Ninguno de ellos podr resistir el ataque de ustedes, as que ustedes los exterminarn a todos.
Quemarn ustedes las imgenes de sus dioses, pero no intenten quedarse con el oro y la plata que las recubren; no caigan en esa tentacin, pues cometeran una accin despreciable ante el Seor.
Por lo tanto, no lleven a su casa nada que sea despreciable, para que ustedes no sean tambin destruidos. Eso est destinado a la destruccin, as que deben considerarlo como algo despreciable.
"Pongan ustedes en prctica los mandamientos que yo les he ordenado hoy, para que as puedan vivir y llegar a ser un pueblo numeroso, y conquisten este pas que el Seor prometi a sus antepasados.
Acurdense de todo el camino que el Seor su Dios les hizo recorrer en el desierto durante cuarenta aos, para humillarlos y ponerlos a prueba, a fin de conocer sus pensamientos y saber si iban a cumplir o no sus mandamientos.
Y aunque los hizo sufrir y pasar hambre, despus los aliment con man, comida que ni ustedes ni sus antepasados haban conocido, para hacerles saber que no solo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de los labios del Seor.
Durante esos cuarenta aos no se les gast la ropa, ni se les hincharon los pies.
Dense cuenta de que el Seor su Dios los ha corregido del mismo modo que un padre corrige a su hijo.
Cumplan, pues, los mandamientos del Seor su Dios, y hnrenlo y sigan las enseanzas que l les ha dado.
Porque el Seor los va a llevar a una buena tierra, a un pas lleno de arroyos, fuentes y manantiales que brotan en los valles y en los montes;
es una tierra donde hay trigo, cebada, viedos, higueras, granados, olivos y miel.
En ese pas no tendrn ustedes que preocuparse por la falta de alimentos, ni por ninguna otra cosa; en sus piedras encontrarn hierro, y de sus montes sacarn cobre.
Pero despus que hayan comido y se sientan satisfechos, deben alabar al Seor su Dios por la buena tierra que les ha dado.
"Tengan cuidado de no olvidarse del Seor su Dios. No dejen de cumplir sus mandamientos, decretos y leyes que les he ordenado hoy.
Cuando hayan comido y estn satisfechos, y vivan en las buenas casas que hayan construido,
y vean que sus vacas y ovejas han aumentado, lo mismo que su oro y su plata y todas sus propiedades,
no se llenen de orgullo ni se olviden del Seor su Dios, que los sac de Egipto, donde eran esclavos;
que los hizo marchar por el grande y terrible desierto, lleno de serpientes venenosas y escorpiones, y donde no haba agua. Pero l sac agua de una dura roca y les dio de beber,
y en el desierto los aliment con man, comida que los antepasados de ustedes no haban conocido, para humillarlos y ponerlos a prueba, y para bien de ustedes al fin de cuentas.
"No se les ocurra pensar: 'Toda esta riqueza la hemos ganado con nuestro propio esfuerzo.'
Deben acordarse del Seor su Dios, ya que ha sido l quien les ha dado las fuerzas para adquirirla, cumpliendo as con ustedes la alianza que antes haba hecho con los antepasados de ustedes.
"Pero si se olvidan ustedes del Seor su Dios, y se van tras otros dioses y les rinden culto, yo les aseguro desde ahora que ustedes sern destruidos por completo.
De la misma manera que el Seor destruir a las naciones que ustedes encuentren a su paso, as tambin ustedes sern destruidos por haber desobedecido al Seor su Dios.
"Escuchen, israelitas: ha llegado el momento de que crucen ustedes el Jordn y se lancen a la conquista de naciones ms grandes y poderosas que ustedes, y de grandes ciudades rodeadas de murallas muy altas;
sus habitantes son grandes y altos como los descendientes del gigante Anac, y ya ustedes conocen el dicho: 'Quin puede hacer frente a los descendientes del gigante Anac?'
"Ahora pues, deben saber que el Seor su Dios es el que marcha al frente de ustedes, y que es como un fuego devorador que ante ustedes destruir y humillar a esas naciones. Ustedes los desalojarn y los destruirn en un abrir y cerrar de ojos, tal como el Seor se lo ha prometido.
Cuando el Seor su Dios los haya arrojado de la presencia de ustedes, no se digan a s mismos: 'Gracias a nuestros mritos, el Seor nos ha dado posesin de este pas'; pues si el Seor los expulsa, es por causa de la maldad de ellos.
No, no es por los mritos ni por la bondad de ustedes por lo que van a tomar posesin de su pas; el Seor los arroja de la presencia de ustedes a causa de la maldad de ellos y para cumplir la promesa que hizo a Abraham, Isaac y Jacob, antepasados de ustedes.
Han de saber que no es debido a los mritos de ustedes por lo que el Seor su Dios les da la posesin de esa buena tierra, pues ustedes son un pueblo muy terco.
"Nunca deben ustedes olvidar que han contrariado al Seor su Dios en el desierto. Desde que salieron de Egipto y hasta que llegaron a este lugar, siempre le han sido rebeldes.
Ya en el monte Horeb hicieron enojar al Seor, y tanto se enoj l contra ustedes que estuvo a punto de destruirlos.
Yo sub al monte para recoger las tablas de piedra, las tablas de la alianza que el Seor haba hecho con ustedes, y me qued all cuarenta das y cuarenta noches sin comer ni beber.
El Seor me dio entonces las dos tablas de piedra, escritas por l mismo, que contenan todas las palabras que l les haba dicho en el monte, de en medio del fuego, el da en que todos nos reunimos.
Pasados esos cuarenta das y cuarenta noches, el Seor me dio las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza,
y me dijo: 'Anda, baja pronto de aqu, porque el pueblo que sacaste de Egipto se ha descarriado. Muy pronto han dejado de cumplir lo que yo les orden, y se han hecho un dolo de metal fundido.'
"El Seor tambin me dijo: 'Ya he visto que este pueblo es muy terco.
Qutate de mi camino, que voy a destruirlos y a borrar de la tierra su memoria; pero de ti har una nacin ms fuerte y numerosa que ellos.'
"Cuando baj del monte, el cual estaba ardiendo, traa yo en mis manos las dos tablas de la alianza.
Pero al ver que ustedes haban pecado contra el Seor, y que se haban hecho un becerro de metal fundido, abandonando as el camino que el Seor les haba ordenado seguir,
arroj las dos tablas que traa en las manos, y las hice pedazos delante de ustedes.
Despus me arrodill delante del Seor y, tal como ya lo haba hecho antes, estuve cuarenta das y cuarenta noches sin comer ni beber nada, por causa del pecado que ustedes haban cometido, con lo que ofendieron al Seor y provocaron su ira.
Yo estaba asustado del enojo y furor que el Seor manifest contra ustedes, hasta el punto de querer destruirlos; pero una vez ms el Seor me escuch.
Tambin estaba el Seor muy enojado contra Aarn, y quera destruirlo, pero yo intervine en favor de l;
luego agarr el becerro que ustedes se haban hecho y con el cual pecaron, y lo arroj al fuego, y despus de molerlo hasta convertirlo en polvo, lo ech al arroyo que baja del monte.
"Tambin en Taber, en Mas y en Quibrot-hataav, provocaron ustedes la ira del Seor.
Y cuando el Seor les orden partir de Cads-barnea para ir a tomar posesin del pas que l les haba dado, tambin se opusieron a su mandato y no tuvieron fe en l ni quisieron obedecerlo.
Desde que yo los conozco, ustedes han sido rebeldes al Seor!
Como el Seor haba amenazado con destruirlos, yo me qued arrodillado delante del Seor durante cuarenta das y cuarenta noches,
y con ruegos le dije: 'Seor, no destruyas a este pueblo, que es tuyo, que t liberaste con tu grandeza y sacaste de Egipto con gran poder.
Acurdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. No tengas en cuenta la terquedad de este pueblo, ni su maldad y pecado,
para que no se diga en el pas del que nos sacaste: El Seor no pudo hacerlos entrar en el pas que les haba prometido, y como los odiaba, los hizo salir de aqu para hacerlos morir en el desierto.
Pero ellos son tu pueblo, son tuyos; t los sacaste de Egipto con gran despliegue de poder.'
"Entonces el Seor me dijo: 'Corta t mismo dos tablas de piedra iguales a las primeras, y haz tambin un cofre de madera, y sube al monte para hablar conmigo.
Yo voy a escribir en esas tablas las mismas palabras que estaban escritas en las primeras, las que t rompiste, y las guardars en el cofre.'
"Hice, pues, un cofre de madera de acacia, y cort las dos tablas de piedra, y sub con ellas al monte.
Y el Seor escribi en las tablas los Diez Mandamientos, tal como lo haba hecho la primera vez que les habl a ustedes en el monte, de en medio del fuego, cuando todos estbamos reunidos. Me las dio,
y yo baj del monte; luego puse las tablas en el cofre, tal como el Seor me lo haba ordenado, y todava estn all."
(Los israelitas partieron de Beerot-ben-jaacn, y se dirigieron a Moser. All muri Aarn, y fue sepultado, y su hijo Eleazar ocup su lugar como sacerdote.
De all salieron para Gudgoda, y de Gudgoda fueron a Jotbata, regin en la que abunda el agua.
Fue entonces cuando el Seor escogi a la tribu de Lev para que llevara el arca de la alianza del Seor y estuviera en su presencia para ofrecerle culto y dar la bendicin en su nombre, como lo siguen haciendo hasta hoy.
Por eso los levitas no han tenido parte ni herencia entre sus hermanos, porque su herencia es el Seor, tal como el Seor mismo lo anunci.)
"Yo estuve en el monte cuarenta das y cuarenta noches, lo mismo que la primera vez, y tambin esta vez el Seor me escuch y no quiso destruirlos a ustedes,
sino que me dijo: 'Anda, preprate a salir al frente del pueblo, para que vayan y conquisten el pas que promet dar a sus antepasados.'
"Y ahora, israelitas, qu pide de ustedes el Seor su Dios? Solamente que lo honren y sigan todos sus caminos; que lo amen y lo adoren con todo su corazn y con toda su alma,
y que cumplan sus mandamientos y sus leyes, para que les vaya bien.
Tengan en cuenta que del Seor su Dios son los cielos y lo ms alto de los cielos, la tierra y todo lo que hay en ella.
Sin embargo, el Seor prefiri a los antepasados de ustedes y los am, y despus escogi a los descendientes de ellos, que son ustedes, de entre todos los dems pueblos, tal como se puede ver hoy.
"Pongan en su corazn la marca de la alianza, y no sigan siendo tercos,
porque el Seor su Dios es el Dios de dioses y el Seor de seores; l es el Dios soberano, poderoso y terrible, que no hace distinciones ni se deja comprar con regalos;
que hace justicia al hurfano y a la viuda, y que ama y da alimento y vestido al extranjero que vive entre ustedes.
Ustedes, pues, amen al extranjero, porque tambin ustedes fueron extranjeros en Egipto.
"Honren al Seor su Dios, y adrenlo solo a l; sanle fieles, y cuando tengan que hacer un juramento, hganlo en su nombre.
Porque l es el motivo de la alabanza de ustedes; l es su Dios, que ha hecho por ustedes estas cosas grandes y maravillosas que han visto.
Cuando los antepasados de ustedes llegaron a Egipto, eran solo setenta personas, pero ahora el Seor su Dios los ha hecho aumentar en nmero como las estrellas del cielo.
"Amen ustedes al Seor su Dios, y cumplan sus preceptos, leyes, decretos y mandamientos.
Reconozcan hoy la correccin del Seor su Dios, que los hijos de ustedes no conocen ni han visto. Reconozcan su grandeza y su gran despliegue de poder,
y las seales y grandes hechos que realiz en Egipto contra el faran y todo su pas,
lo que hizo con el ejrcito egipcio, con sus caballos y carros de guerra, y cmo los hundi en las aguas del Mar Rojo cuando ellos los perseguan a ustedes. El Seor los destruy para siempre.
Acurdense tambin de todo lo que hizo por ustedes en el desierto, hasta que llegaron aqu;
y lo que hizo con Datn y Abiram, hijos de Eliab y descendientes de Rubn, y cmo la tierra se abri y se los trag junto con sus familias y tiendas de campaa, y con todo cuanto tenan, a la vista de todo Israel.
Ustedes mismos son testigos de las grandes cosas que ha hecho el Seor.
"Cumplan ustedes todos los mandamientos que hoy les he dado, para que se hagan fuertes y tomen posesin del pas que van a conquistar,
y para que vivan muchos aos en esta tierra que el Seor prometi dar a los antepasados de ustedes y a sus descendientes; tierra donde la leche y la miel corren como el agua.
La tierra que van a conquistar no es como Egipto, de donde ustedes salieron; all sembraban ustedes la semilla y regaban con los pies, como se hace en las huertas,
pero el pas del que van a tomar posesin es un pas de montes y valles, regado por la lluvia del cielo.
Es una tierra que el Seor mismo cuida; en ella tiene puestos los ojos todo el ao.
"Si ustedes cumplen los mandamientos que les he dado en este da, y aman al Seor su Dios, y lo adoran con todo su corazn y con toda su alma,
l har que vengan a su tiempo las lluvias de otoo y las de primavera, para que ustedes cosechen su trigo y tengan vino y aceite.
Tambin har que crezca hierba en el campo para el ganado de ustedes, y que ustedes tengan comida en abundancia.
Pero tengan cuidado de no dejarse engaar; no se aparten del Seor por rendir culto a otros dioses; no se inclinen ante ellos,
porque el Seor se enojar contra ustedes y no les enviar lluvia; entonces la tierra no dar sus frutos, y muy pronto ustedes morirn en esa buena tierra que el Seor les va a dar.
"Grbense estas palabras en la mente y en el pensamiento; tenlas como seales en sus manos y en su frente.
Instruyan a sus hijos hablndoles de ellas tanto en la casa como en el camino, y cuando se acuesten y cuando se levanten.
Escrbanlas en los postes y en las puertas de su casa,
para que su vida y la de sus hijos en la tierra que el Seor prometi dar a sus antepasados sea tan larga como la existencia del cielo sobre la tierra.
"Si cumplen fielmente todos estos mandamientos que hoy les ordeno poner en prctica, y si aman al Seor su Dios y lo siguen fielmente en todos sus caminos,
el Seor arrojar de la presencia de ustedes a todas esas naciones, y ustedes conquistarn a pueblos ms numerosos y fuertes.
Donde ustedes planten el pie, all se quedarn. Sus fronteras se extendern desde el desierto hasta el Lbano, y desde el ro Eufrates hasta el mar Mediterrneo.
Nadie podr hacerles frente. El Seor su Dios har cundir el pnico y el terror por dondequiera que ustedes pasen, tal como se lo ha prometido.
"En este da les doy a elegir entre bendicin y maldicin.
Bendicin, si obedecen los mandamientos del Seor su Dios, que hoy les he ordenado.
Maldicin, si por seguir a dioses desconocidos, desobedecen los mandamientos del Seor su Dios y se apartan del camino que hoy les he ordenado.
"Cuando el Seor su Dios los haya hecho entrar en el pas que van a conquistar, pondrn la bendicin en el monte Guerizim, y la maldicin en el monte Ebal.
Estos montes estn al otro lado del Jordn, en direccin de la ruta occidental, en la tierra de los cananeos que viven en la llanura, frente a Guilgal y junto a las encinas de Mor.
Ustedes estn a punto de cruzar el Jordn y conquistar el pas que el Seor su Dios les va a dar. Cuando ya lo hayan conquistado y vivan en l,
pongan en prctica todas las leyes y decretos que hoy les he entregado.
"Estas son las leyes y los decretos que ustedes debern poner en prctica durante toda su vida, en la tierra que el Seor y Dios de sus antepasados les va a dar en posesin.
"Destruyan por completo todos los lugares donde los pueblos que van a conquistar adoran a sus dioses: en los montes, en las colinas y bajo los rboles frondosos.
Derriben sus altares, hagan pedazos las piedras y quemen los troncos a los que rinden culto, y destruyan las imgenes de sus dioses; borren de aquellos lugares su recuerdo.
"Al Seor su Dios no deben adorarlo de esa manera.
Entre las tribus de ustedes, el Seor escoger un lugar como residencia de su nombre, y a ese lugar podrn ustedes ir a adorarlo.
All sacrificarn y quemarn animales en su honor, y le llevarn sus diezmos, contribuciones, promesas y ofrendas voluntarias, as como las primeras cras de sus vacas y ovejas.
Comern all, delante del Seor su Dios, y en compaa de sus familias se alegrarn del fruto de su trabajo con que el Seor su Dios los haya bendecido.
"All no debern hacer ustedes lo que ahora hacemos aqu, donde cada uno de nosotros hace lo que mejor le parece.
Realmente todava no han llegado ustedes al lugar tranquilo que el Seor su Dios les va a dar en posesin.
Pero una vez que hayan cruzado el Jordn y vivan en el pas que l les va a entregar, y ya estn libres de todos los enemigos que los rodean, y sin ningn temor,
entonces, en el lugar que el Seor su Dios escoja como residencia de su nombre, le ofrecern ustedes todo lo que les he ordenado: animales sacrificados y quemados en su honor, diezmos, contribuciones y todo lo ms escogido de las promesas que le hayan hecho al Seor.
Y harn fiesta en presencia del Seor su Dios, junto con sus hijos y sus siervos, y con los levitas que vivan entre ustedes, ya que ellos no han recibido entre ustedes ninguna tierra en propiedad.
"Cudense de no quemar animales al Seor en cualquier lugar que encuentren;
nicamente podrn hacerlo en el lugar que el Seor su Dios escoja en una de sus tribus. All cumplirn todo lo que les he ordenado.
"Sin embargo, podrn matar y comer carne en sus poblaciones en cualquier momento, segn los bienes que el Seor su Dios les haya dado. La podrn comer todos ustedes, estn o no ritualmente puros, como si fuera carne de gacela o de ciervo.
Pero la sangre no deben comerla, sino derramarla en la tierra como agua.
"No podrn ustedes comer dentro de su ciudad el diezmo de su trigo, de su vino o de su aceite, ni las primeras cras de sus vacas y ovejas, ni nada de lo que hayan prometido al Seor, ni de sus ofrendas voluntarias.
Solo podrn hacerlo delante del Seor su Dios, en el lugar que l escoja; all, en presencia del Seor su Dios y en compaa de sus hijos y sus criados, y de los levitas que vivan entre ustedes, se alegrarn del fruto de su trabajo.
Mientras ustedes vivan en el pas, no abandonen jams a los levitas.
"Cuando el Seor su Dios haya extendido el territorio de ustedes, tal como se lo ha prometido, si a ustedes les apetece comer carne, podrn comerla en cualquier momento.
Si el lugar que el Seor su Dios escogi para poner all su nombre est lejos de donde ustedes viven, podrn matar de las vacas y ovejas que el Seor les haya dado y comer todo lo que quieran all donde ustedes habiten, tal como se lo he ordenado.
Igual que en el caso de la carne de gacela o de ciervo, todos ustedes podrn comerla, estn o no ritualmente puros.
Pero de ninguna manera deben comer la sangre, porque la sangre es la vida; as que no deben comer la vida junto con la carne.
Lo que deben hacer es derramarla en la tierra como agua.
No la coman, y les ir bien a ustedes y a sus hijos por hacer lo recto a los ojos del Seor.
En cuanto a las cosas que hayan dedicado como ofrenda, y las promesas que hayan hecho, las presentarn en el lugar que el Seor escoja,
y all, sobre el altar del Seor su Dios, ofrecern sus holocaustos. La sangre de los animales que ustedes ofrezcan la derramarn sobre el altar del Seor su Dios, pero la carne podrn comerla.
"Escuchen y cumplan todo lo que les he ordenado, para que a ustedes y a sus hijos les vaya bien siempre, por hacer lo que es agradable y recto a los ojos del Seor su Dios.
"Cuando el Seor su Dios haya destruido las naciones que ustedes van a conquistar, y despus de destruidas ustedes ocupen su territorio y vivan en l,
tengan cuidado de no seguir el ejemplo de esas naciones, ni de recurrir a sus dioses con la idea de rendirles culto tambin.
No le hagan eso al Seor su Dios, porque todas las cosas despreciables que el Seor no soporta son las que esas naciones cometen para honrar a sus dioses, llegando al extremo de sacrificar a sus propios hijos en el fuego.
"Pongan siempre en prctica todo lo que les he ordenado, sin aadir ni quitar nada.
"Si aparece entre ustedes un profeta o visionario y les anuncia una seal o un prodigio,
en caso de que se cumpla lo que les haba anunciado y les diga: 'Vamos y sigamos a otros dioses que ustedes no conocen; vamos a rendirles culto!',
no le hagan caso. Porque el Seor su Dios quiere ponerlos a prueba para saber si ustedes lo aman con todo su corazn y con toda su alma.
Sigan y honren solo al Seor su Dios; cumplan sus mandamientos, escuchen su voz y rndanle culto; vivan unidos a l.
Y ese profeta o visionario ser condenado a muerte por haberles aconsejado rebelarse contra el Seor su Dios, que los libr de la esclavitud a que estaban sometidos en Egipto, y por tratar de que ustedes se apartaran del camino que el Seor su Dios les ha ordenado seguir. As acabarn con el mal que haya entre ustedes.
"Si aun tu propio hermano, o tu hijo, o tu hija, o tu esposa amada, o tu ms ntimo amigo, te empuja en secreto a dar culto a otros dioses que ni t ni tus padres conocieron,
como son los dioses de los pueblos que, cercanos o lejanos, los rodean de un extremo al otro de la tierra,
no te sometas a sus deseos ni le hagas caso; ni siquiera tengas compasin de l; no le tengas lstima, ni lo encubras;
al contrario, mtalo. Y t sers el primero en levantar la mano contra l, y despus de ti har lo mismo todo el pueblo.
Apedralo hasta que muera, por haber querido apartarte del Seor tu Dios, que te sac de Egipto, donde eras esclavo.
De esta manera todo Israel lo sabr y tendr miedo de volver a cometer una maldad como esta.
"Si en alguna de las ciudades que el Seor su Dios les ha dado para vivir llegan a saber que han aparecido
hombres que desobedecen a Dios y descarran a los habitantes de esa ciudad, empujndolos a rendir culto a dioses desconocidos,
debern ustedes investigar bien el asunto. Y si resulta que los rumores son ciertos y que se ha cometido entre ustedes cosa tan despreciable,
entonces matarn a filo de espada a los habitantes de esa ciudad y a todos sus animales, y destinarn a la destruccin todo lo que haya en ella.
Juntarn todas sus riquezas en el centro de la plaza, y prendern fuego a la ciudad y a todo lo que le hayan quitado al enemigo, destruyndolo todo como ofrenda quemada en honor del Seor su Dios. Esa ciudad quedar para siempre convertida en un montn de ruinas, y nunca ms ser reconstruida.
"No se queden ustedes con nada de lo que haya sido destinado a la destruccin, y el Seor nunca se enojar contra ustedes; al contrario, tendr compasin de ustedes y los har crecer en nmero, tal como lo prometi a los antepasados de ustedes,
siempre y cuando obedezcan al Seor su Dios y cumplan todos los mandamientos que yo les he dado hoy y hagan lo que es recto a sus ojos.
"Ustedes son los hijos del Seor su Dios. No se hagan heridas en el cuerpo, ni se rapen la cabeza por delante cuando alguien muera.
Porque ustedes son un pueblo consagrado al Seor su Dios; l los ha elegido entre todos los pueblos de la tierra para que sean el pueblo de su propiedad.
"No coman nada impuro.
"Esta es la lista de los animales que ustedes pueden comer: toros, corderos, cabritos,
ciervos, gacelas, gamos, cabras monteses y toda clase de antlopes.
Pueden, pues, comer de todo animal rumiante que tenga las pezuas partidas, separadas en dos partes,
pero no deben comer de los siguientes animales, aunque sean rumiantes o tengan pezuas partidas: "El camello, la liebre y el tejn; deben considerarlos animales impuros, porque son rumiantes pero no tienen pezuas partidas.
"El cerdo, porque tiene pezuas partidas pero no es rumiante. Deben considerarlo impuro. No coman la carne de estos animales ni toquen sus cuerpos muertos.
"De los animales que viven en el agua podrn comer de los que tienen aletas y escamas,
pero no coman de los que no tienen aletas y escamas; deben considerarlos animales impuros.
"Pueden comer de toda ave pura,
pero hay algunas de las cuales no deben comer: el guila, el quebrantahuesos, el guila marina,
el milano, y toda clase de halcones,
toda clase de cuervos,
el avestruz, la lechuza, la gaviota, toda clase de gavilanes,
el bho, el ibis, el cisne,
el pelcano, el buitre, el cormorn,
la cigea, la abubilla y el murcilago.
"Todo insecto con alas ser considerado impuro. No debern comerlo.
Pero las aves consideradas puras s podrn comerlas.
"No coman ningn animal que muera por s solo, pues ustedes son un pueblo consagrado al Seor su Dios; pero se lo podrn dar al extranjero que viva en las ciudades de ustedes; l s puede comerlo. Y tambin pueden vendrselo al extranjero que est de paso. "No cocinen cabritos en la leche de su madre.
"Cada ao, sin falta, debern ustedes apartar la dcima parte de todo el grano que cosechen.
De esa dcima parte de trigo, de vino y de aceite, y de las primeras cras de sus vacas y ovejas, comern ustedes delante del Seor su Dios, en el lugar que l escoja como residencia de su nombre, para que aprendan a reverenciar siempre al Seor.
Y si el Seor los bendice, pero ustedes tienen que hacer un largo viaje para llevar esa dcima parte por vivir muy lejos del lugar que el Seor ha escogido para poner all su nombre,
entonces vendern ustedes esa dcima parte y el dinero de la venta lo llevarn al lugar que el Seor haya escogido.
Con ese dinero comprarn all lo que crean ms conveniente: bueyes, ovejas, vino o cualquier bebida fermentada; en fin, lo que ustedes quieran, y lo comern all, delante del Seor su Dios, y harn fiesta junto con su familia.
"No desamparen nunca a los levitas que vivan en su poblacin, ya que a ellos no les ha tocado tener su propia tierra como a ustedes.
"Cada tres aos debern ustedes apartar la dcima parte de su cosecha del ao, y almacenarla en su ciudad,
para que cuando vengan los levitas, a quienes no les ha tocado tener su propia tierra, o los extranjeros que viven entre ustedes, o los hurfanos y las viudas, puedan comer hasta quedar satisfechos. As el Seor su Dios los bendecir en todo lo que hagan.
"Cada siete aos perdonars lo que otros te deban.
"Este perdn consistir en lo siguiente: Toda persona que haya prestado algo a su prjimo, le perdonar lo que le haya prestado. Ya no deber exigir a su prjimo o a su compatriota que le pague, porque ser proclamado el ao del perdn de deudas en honor del Seor.
Al extranjero le podrs exigir que te pague el prstamo que le hiciste, pero a tu compatriota debers perdonarle lo que haya recibido de ti.
De esta manera no habr pobres entre ustedes, pues el Seor tu Dios te bendecir en el pas que l te va a dar como herencia,
siempre y cuando le obedezcas y pongas en prctica todos estos mandamientos que yo te he dado hoy.
S, el Seor tu Dios te bendecir, tal como te lo ha prometido, y tendrs para prestar a muchas naciones, pero t no tendrs que pedir prestado; dominars a muchas naciones, pero ellas no te dominarn a ti.
"Si hay algn pobre entre tus compatriotas en alguna de las ciudades del pas que el Seor tu Dios te da, no seas inhumano ni le niegues tu ayuda a tu compatriota necesitado;
al contrario, s generoso con l y prstale lo que necesite.
No des lugar en tu mente a este malvado pensamiento: 'Ya est cerca el ao sptimo, el ao en que se perdonan las deudas', y entonces pongas mala cara a tu compatriota que se halla en la pobreza, y no le prestes nada; porque l clamar contra ti al Seor, y tal accin se te contar como pecado.
Debes ayudarlo siempre y sin que te pese, porque por esta accin el Seor tu Dios te bendecir en todo lo que hagas y emprendas.
Nunca dejar de haber necesitados en la tierra, y por eso yo te mando que seas generoso con aquellos compatriotas tuyos que sufran pobreza y miseria en tu pas.
"Si alguno de tus compatriotas hebreos, sea hombre o mujer, se vende a ti como esclavo, solo te servir seis aos; al sptimo ao lo dejars en libertad.
Y cuando lo despidas, no lo dejars ir con las manos vacas,
sino que le dars animales de tu rebao y mucho trigo y vino; es decir, compartirs con l los bienes que el Seor tu Dios te haya dado.
No olvides que tambin t fuiste esclavo en Egipto, y que el Seor tu Dios te dio libertad. Por eso ahora te doy esa orden.
"Pero si tu esclavo dice que no quiere dejarte porque siente cario por ti y por tu familia, y porque lo tratas bien,
entonces tomars un punzn y, arrimndolo a la puerta de tu casa, le atravesars la oreja; de esta manera ser esclavo tuyo para siempre. Lo mismo hars si se trata de tu esclava.
No te parezca mal dejar en libertad a tus esclavos, pues durante seis aos te han servido por la mitad de lo que le habras pagado a un jornalero; adems, el Seor tu Dios te bendecir en todo lo que hagas.
"Todo primer macho que nazca de tus vacas o de tus ovejas, debers consagrarlo al Seor tu Dios. "No hagas trabajar al primer ternerito de tus vacas, ni esquiles al primer corderito de tus ovejas.
Cada ao los comers junto con tu familia y delante del Seor tu Dios, en el lugar que l haya escogido.
Pero si tiene algn defecto, o es cojo o ciego, o tiene cualquier otra falta, no lo presentars en sacrificio al Seor.
Lo comers en la ciudad donde vivas, y todos podrn comer de l, estn o no estn ritualmente puros, como cuando se come la carne de gacela o de ciervo.
Pero no debes comer su sangre, sino derramarla en la tierra como agua.
"Cuando llegue el mes de Abib, cumplan con la celebracin de la Pascua en honor del Seor su Dios, porque fue en una noche de ese mes cuando el Seor su Dios los sac de Egipto.
"Durante la Pascua ofrecern vacas y ovejas en sacrificio al Seor su Dios, en el lugar que l haya escogido como residencia de su nombre.
"El animal sacrificado lo comern con pan sin levadura. Durante siete das comern pan sin levadura, que es el pan del sufrimiento, pues tuvieron que salir de Egipto muy aprisa; as, mientras ustedes vivan, se acordarn del da en que salieron de Egipto.
En estos siete das no deber haber levadura en todo el territorio de ustedes, y de la carne que se ofrece en sacrificio la tarde del primer da no debe quedar nada para la maana siguiente.
No deben ofrecer el sacrificio de la Pascua en cualquier ciudad de las que el Seor su Dios les da,
sino nicamente en el lugar que l escoja como residencia de su nombre, y deben ofrecerlo por la tarde, al ponerse el sol, que es la hora en que ustedes salieron de Egipto.
La carne ofrecida la cocern y comern en el lugar que el Seor su Dios haya escogido, y a la maana siguiente regresarn a su casa.
Durante seis das comern pan sin levadura, y el da sptimo se celebrar una reunin especial en honor del Seor su Dios; ese da no debern ustedes hacer ninguna clase de trabajo.
"Cuando hayan pasado siete semanas, a partir del da en que comenz la cosecha de trigo,
celebrarn la fiesta de las Semanas en honor del Seor su Dios, y presentarn sus ofrendas voluntarias segn los bienes con que el Seor su Dios los haya bendecido.
Y harn fiesta delante del Seor su Dios, en el lugar que l haya escogido como residencia de su nombre, junto con sus hijos y sus esclavos, y con los levitas, extranjeros, hurfanos y viudas que habiten en su poblacin.
Recuerden que tambin ustedes fueron esclavos en Egipto; por lo tanto, pongan en prctica todas estas leyes.
"Una vez que hayan terminado de cosechar su trigo y de exprimir sus uvas, celebrarn durante siete das la fiesta de las Enramadas.
Algrense en esta fiesta junto con sus hijos y sus esclavos, y con los levitas, extranjeros, hurfanos y viudas que vivan en su ciudad.
Esta fiesta la celebrarn en honor del Seor su Dios durante siete das, en el lugar que l haya escogido; porque el Seor su Dios los bendecir en todas sus cosechas y en todo su trabajo, y sern ustedes completamente dichosos.
"Todos los varones debern presentarse tres veces al ao ante el Seor su Dios, en el lugar que l haya escogido, durante las siguientes fiestas: la de los Panes sin levadura, la de las Semanas y la de las Enramadas. Nadie deber presentarse ante el Seor con las manos vacas,
sino que cada uno llevar sus ofrendas conforme a los bienes con que el Seor su Dios lo haya bendecido.
"Nombren jueces y oficiales para todas las ciudades que el Seor su Dios le va a dar a cada tribu, para que juzguen al pueblo con verdadera justicia.
No perviertan la justicia; no hagan ninguna diferencia entre unas personas y otras, ni se dejen sobornar, pues el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de las personas justas.
La justicia, y solo la justicia, es lo que ustedes deben seguir, para que vivan y posean el pas que el Seor su Dios les da.
"No planten ningn rbol para honrar a un dolo, ni lo pongan junto al altar del Seor su Dios.
No levanten piedras de culto pagano, pues esto le repugna al Seor su Dios.
"No ofrezcan como sacrificio al Seor su Dios ningn toro ni oveja que tenga defecto o alguna cosa mala, porque eso le es repugnante.
"Si en alguna de las poblaciones que el Seor su Dios les da se descubre que algn hombre o mujer hace lo que al Seor le desagrada, y falta a su alianza
adorando a otros dioses y arrodillndose ante ellos, ya sea ante el sol, la luna o las estrellas, que es algo que el Seor no ha mandado,
y si llegan a saberlo, investiguen bien el asunto; y si resulta verdad que un acto tan repugnante se ha cometido en Israel,
llevarn ante el tribunal de la ciudad a quien haya cometido esta mala accin y lo condenarn a morir apedreado.
"La sentencia de muerte se dictar solo cuando haya declaracin de dos o tres testigos, pues por la declaracin de un solo testigo nadie podr ser condenado a muerte.
Los testigos sern los primeros en arrojarle piedras al condenado, y despus lo har todo el pueblo. As acabarn con el mal que haya en medio de ustedes.
"Si tienen que juzgar un caso demasiado difcil, ya sea de muerte, pleito, heridas corporales o cualquiera otra cosa que ocurra en su ciudad, vayan al lugar que el Seor su Dios haya escogido
y pnganse en contacto con los sacerdotes levitas y con el juez de turno para exponerles el caso. Ellos dictarn entonces la sentencia que corresponda al caso,
y ustedes la aplicarn siguiendo al pie de la letra sus instrucciones.
Hagan todo tal y como ellos lo indiquen, aplicando la sentencia que dicten sin hacerle ningn cambio.
Pero al que acte movido por la soberbia y desobedezca la decisin del sacerdote que est all sirviendo al Seor, o la del juez, se le condenar a muerte. As acabarn ustedes con la maldad en Israel,
y cuando el pueblo lo sepa, tendr miedo y dejar de hacer las cosas con soberbia.
"Si cuando hayan entrado en el pas que el Seor su Dios les va a dar, y lo hayan conquistado y vivan en l, dicen: 'Queremos tener un rey que nos gobierne, como lo tienen todas nuestras naciones vecinas',
debern poner como rey de su nacin a aquel compatriota de ustedes que el Seor su Dios escoja. No deben tomar como rey a un extranjero, a uno que no sea su compatriota.
Pero ese rey no deber adquirir muchos caballos, ni enviar gente a Egipto para aumentar su caballera, pues el Seor les ha dicho: 'Nunca ms vuelvan por este camino.'
Tampoco deber tener muchas mujeres, para que no se descarre; ni adquirir grandes cantidades de oro y plata.
"Cuando el rey tome posesin del poder, mandar que le hagan una copia escrita de esta enseanza, tomada del original que est al cuidado de los sacerdotes levitas.
Siempre deber tener esa copia consigo, y leerla todos los das de su vida, para que aprenda a reverenciar al Seor su Dios, a respetar todo el contenido de esta enseanza y a poner en prctica sus mandatos,
para que no se crea superior a sus compatriotas ni se aparte para nada de estos mandamientos. As, tanto l como sus descendientes tendrn un largo reinado en Israel.
"Los sacerdotes levitas, es decir, todos los de la tribu de Lev, no tendrn parte ni herencia como los dems israelitas. Tendrn que mantenerse de los sacrificios que se ofrecen al Seor, y de lo que a l le corresponde.
No recibirn herencia como sus compatriotas, ya que su herencia es el Seor, como l lo ha dicho.
"Los derechos que los sacerdotes tienen sobre los sacrificios de toros o corderos ofrecidos por la gente, son los siguientes: les tocar la espaldilla, la quijada y el cuajar,
y tambin los primeros frutos de trigo, vino y aceite, y la primera lana que se corte a las ovejas;
pues el Seor su Dios los ha elegido a ellos, de entre todas las tribus, para que de padres a hijos tengan siempre a su cargo el culto al Seor.
"Cuando un levita de alguna poblacin de ustedes, de cualquier lugar de Israel, se sienta movido a venir al lugar escogido por el Seor,
podr oficiar all como sacerdote en el nombre del Seor, lo mismo que todos sus compaeros levitas que estn all sirviendo al Seor,
y recibir la misma porcin de alimentos que ellos reciben, adems de lo que obtenga de la herencia de su padre.
"Cuando hayan entrado ustedes en el pas que el Seor su Dios les va a dar, no imiten las horribles costumbres de esas naciones.
Que nadie de ustedes ofrezca en sacrificio a su hijo hacindolo pasar por el fuego, ni practique la adivinacin, ni pretenda predecir el futuro, ni se dedique a la hechicera
ni a los encantamientos, ni consulte a los adivinos y a los que invocan a los espritus, ni consulte a los muertos.
Porque al Seor le repugnan los que hacen estas cosas. Y si el Seor su Dios arroja de la presencia de ustedes a estas naciones, es precisamente porque tienen esas horribles costumbres.
Ustedes deben ser perfectos en su relacin con Dios.
Esas naciones, cuyo territorio van ustedes a poseer, hacen caso a los que pretenden predecir el futuro y a los adivinos, pero a ustedes el Seor su Dios no les permite semejante cosa.
"El Seor su Dios har que salga de entre ustedes un profeta como yo, y debern obedecerlo.
Esto es en realidad lo que ustedes pidieron al Seor su Dios en el monte Horeb, el da en que todos se reunieron all y dijeron: 'No queremos or otra vez la voz del Seor nuestro Dios, ni ver este gran fuego, para no morir.'
Entonces el Seor me dijo: 'Est bien lo que han dicho.
Yo har que salga de entre ellos un profeta como t, uno que sea compatriota de ellos y que les diga lo que yo le ordene decir, y les repita lo que yo le mande.
A todo aquel que no haga caso de lo que ese profeta diga en mi nombre, yo le pedir cuentas.
Pero el profeta que presuma de hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir, o hable en nombre de otros dioses, ser condenado a muerte.'
Y si ustedes piensan: 'Cmo podremos saber que lo que se ha dicho no es la palabra del Seor?', deben tener esto en cuenta:
Si lo que el profeta ha dicho en nombre del Seor no se cumple, es seal de que el Seor no lo dijo, sino que el profeta habl movido solo por su orgullo; por lo tanto, no le tengan miedo.
"Cuando el Seor su Dios haya destruido a las naciones y les d a ustedes posesin de las tierras que ahora son de ellas, y ustedes ocupen sus ciudades y sus casas,
apartarn tres ciudades del pas que el Seor su Dios les da en propiedad,
y arreglarn el camino que lleva a ellas. Adems, dividirn en tres partes el territorio que el Seor su Dios les da en posesin, para que todo aquel que mate a una persona pueda refugiarse en cualquiera de ellas.
El que mat podr huir all y salvar su vida, si demuestra que lo hizo sin intencin y sin que hubiera enemistad entre ellos.
Por ejemplo, si alguien va con su compaero al bosque a cortar lea y, al dar el hachazo, se le escapa el hacha del mango y alcanza a su compaero y lo mata, podr huir a una de esas ciudades, y de esta manera salvar su vida.
De lo contrario, si el camino es largo, un pariente cercano del muerto, que quiera vengarlo, perseguir con rabia al que lo mat y puede alcanzarlo y matarlo, cuando en realidad no mereca la muerte, puesto que nunca antes fueron enemigos.
Por eso les mando que aparten tres ciudades,
y cuando el Seor su Dios agrande el territorio de ustedes y les d toda la tierra, tal como lo prometi a los antepasados de ustedes,
entonces aadirn ustedes otras tres ciudades de refugio a las tres que ya tenan (siempre y cuando pongan en prctica estos mandamientos que hoy les doy, o sea, que amen al Seor su Dios y sigan siempre sus caminos).
De esta manera no se derramar sangre inocente dentro de este pas que el Seor su Dios les da en propiedad, ni caer sobre ustedes la responsabilidad de ninguna muerte.
"Pero si un hombre es enemigo de otro y le sigue los pasos, y llegada la ocasin se lanza sobre l y lo mata, y huye despus a una de las ciudades de refugio,
entonces los ancianos de su ciudad darn la orden de que se le arreste y se le entregue en manos del pariente ms cercano del muerto, para que sea condenado a muerte.
No le tengan compasin, y as evitarn que se derrame sangre inocente en Israel. Entonces todas las cosas les saldrn bien.
"En el pas que el Seor su Dios les va a dar, respetarn los lmites de la propiedad de su vecino, tal como fueron fijados en tiempos pasados.
"La acusacin de un solo testigo no ser suficiente para demostrar que una persona ha cometido un crimen, delito o falta. Solo valdr la acusacin cuando la presenten dos o tres testigos.
"Si algn malvado se presenta como testigo falso contra alguien, y lo acusa de haber cometido un delito,
entonces las dos personas en pleito se presentarn ante el Seor y ante los sacerdotes y jueces que en aquellos das estn en funciones.
Los jueces examinarn el caso con toda atencin, y si resulta falsa la declaracin presentada por el testigo contra la otra persona,
se le har sufrir la misma sentencia que l quera para el otro. As acabarn con la maldad que haya en medio de ustedes.
Y cuando los dems lo sepan, tendrn miedo y ya no se atrevern a cometer una accin tan mala.
No tengan compasin: cobren vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
"Si al salir ustedes a combatir a sus enemigos ven que ellos cuentan con caballera y carros de guerra, y con un ejrcito ms numeroso que el de ustedes, no les tengan miedo, pues ustedes cuentan con el Seor su Dios, que los sac de Egipto.
Y cuando llegue la hora de la batalla, el sacerdote se dirigir al ejrcito
y dir: 'Escuchen, israelitas, hoy van a luchar contra sus enemigos. No se desanimen ni tengan miedo; no tiemblen ni se asusten,
porque el Seor su Dios est con ustedes; l luchar contra los enemigos de ustedes y les dar la victoria.'
"Luego hablarn los jefes, y dirn: 'Si alguno de ustedes ha construido una casa nueva y todava no ha vivido en ella, que se vaya a su casa, no sea que muera en la batalla y sea otro el que la estrene.
Y si alguno de ustedes ha plantado un viedo y an no ha podido disfrutar de l, que se vaya a su casa, no sea que muera en el combate y sea otro el que recoja las uvas.
Y si alguien est comprometido en matrimonio y todava no se ha casado, que se vaya a su casa, no sea que muera en la lucha y otro se case con su prometida.'
"Despus los jefes se dirigirn de nuevo al ejrcito y dirn: 'Si alguno tiene miedo y le falta valor, que se vaya a su casa para que no acobarde tambin a sus compaeros.'
Y cuando los jefes hayan terminado de hablar, los capitanes se pondrn a la cabeza del ejrcito.
"Cuando se acerquen ustedes a una ciudad para atacarla, primero deben proponer la paz.
Si los habitantes de la ciudad aceptan la paz y los dejan entrar, entonces les servirn a ustedes como esclavos en trabajos forzados.
Pero si no hacen la paz con ustedes, sino que les declaran la guerra, ustedes rodearn la ciudad y la atacarn.
El Seor su Dios la har caer en poder de ustedes, y ustedes matarn a filo de espada a todos sus habitantes.
Las mujeres, los nios, el ganado y todo lo que haya en la ciudad, ser para ustedes; podrn disfrutar de todo lo que el Seor su Dios les permita tomar del enemigo.
Esto mismo harn ustedes con todas las ciudades que estn lejos de donde habiten y que no formen parte de estas naciones.
Pero en las ciudades de estas naciones que el Seor su Dios les da en propiedad, no deben ustedes dejar nada con vida,
sino que destinarn a la destruccin, como sacrificio al Seor, a los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, tal como l lo ha ordenado,
para que no les enseen a ustedes a hacer las mismas cosas horribles que ellos hacen en honor de sus dioses, y les hagan pecar contra el Seor su Dios.
"Si para tomar ustedes una ciudad tienen que sitiarla por mucho tiempo, no derriben sus rboles a golpe de hacha, pues necesitarn sus frutos como alimento; adems, son tan solo rboles del campo, y no hombres que puedan defenderse del ataque de ustedes.
Sin embargo, podrn derribar los rboles que no sean frutales y que les sirvan para sitiar la ciudad que estn atacando, hasta que caiga en su poder.
"Si en el pas que el Seor su Dios les va a dar en propiedad se encuentra en el campo el cadver de una persona asesinada, sin que se sepa quin la mat,
los ancianos y los jueces calcularn la distancia que haya entre el lugar donde se encuentre el cadver y las ciudades ms cercanas.
Entonces los ancianos de la ciudad ms cercana tomarn una ternera a la que todava no se le haya puesto yugo,
la bajarn a un arroyo que siempre lleve agua y donde nunca se haya labrado ni sembrado, y all mismo le rompern el pescuezo.
"Despus se acercarn los sacerdotes levitas, pues el Seor los eligi para que tengan a su cargo los servicios del culto y bendigan en el nombre del Seor. En todo caso de pleito o disputa, su decisin ser final.
Luego, todos los ancianos de la ciudad se lavarn las manos sobre la ternera muerta,
y harn la siguiente declaracin: 'Nosotros no matamos a ese hombre, ni vimos cmo lo mataron.
Perdona, Seor, a tu pueblo Israel, que t has rescatado, y no lo culpes de la muerte de un inocente.' As no se les pedir cuentas de la muerte de esa persona,
y ustedes harn lo que es recto a los ojos del Seor y quitarn de entre ustedes la culpa de esa muerte.
"Cuando presenten batalla contra sus enemigos, y el Seor su Dios los haga caer prisioneros en manos de ustedes,
si alguno de ustedes ve entre ellos una mujer hermosa, y se enamora de ella y la toma por esposa,
deber llevarla a su casa y har que se rape la cabeza, se corte las uas,
se quite el vestido que llevaba cuando cay prisionera y se quede a vivir en casa de l, llorando a sus padres durante todo un mes. Despus de eso podr el israelita entrar en relaciones con ella; l ser su marido, y ella su mujer.
Si despus resulta que no le gusta, podr dejarla en libertad; pero no podr venderla por dinero ni tratarla como esclava, ya que la ha deshonrado.
"Si un hombre tiene dos mujeres, y ama a una y a la otra no, pero las dos le dan hijos y el hijo mayor es de la mujer a la que no ama,
cuando llegue el da en que ese hombre reparta sus bienes entre sus hijos, no podr tratar como hijo mayor al de la mujer que ama, pues perjudicara al hijo de la mujer aborrecida, que es realmente el mayor.
Tendr que reconocer a este como su hijo mayor y darle una doble parte de los bienes que le correspondan, porque l es el primer fruto de su fuerza y tiene todos los derechos de hijo mayor.
"Si alguien tiene un hijo desobediente y rebelde, que no hace caso de lo que le dicen sus padres, y que ni siquiera cuando lo castigan los obedece,
sus padres debern llevarlo ante el tribunal de los ancianos de la ciudad,
y decirles: 'Nuestro hijo es desobediente y rebelde; no nos obedece en nada, es un pervertido y un borracho.'
Entonces todos los hombres de la ciudad lo matarn a pedradas. As acabarn ustedes con la maldad que haya en medio de su pueblo y, al saberlo, los israelitas sentirn temor.
"Si un hombre es condenado a morir colgado de un rbol por haber cometido un grave delito,
su cuerpo no deber dejarse all toda la noche, sino que tendr que ser enterrado el mismo da, porque es maldito de Dios el que muere colgado de un rbol, y ustedes no deben convertir en impura la tierra que el Seor su Dios les va a dar en propiedad.
"Si alguno de ustedes ve perdido el buey o la oveja de su compatriota, no debe desentenderse de ello, sino llevrselo a su compatriota.
Pero si el dueo no es vecino ni conocido suyo, entonces llevar el animal a su casa y lo tendr all hasta que su compatriota lo reclame; entonces deber devolvrselo.
Lo mismo debern hacer con el asno, el manto o cualquier otra cosa que alguien pierda y que alguno de ustedes encuentre. No se desentiendan del asunto.
"Si alguno de ustedes ve cado en el camino el asno o el buey de su compatriota, no debe desentenderse de ello, sino ayudarle a levantarlo.
"La mujer no debe usar ropa de hombre, ni el hombre debe usar ropa de mujer, porque al Seor le repugna todo aquel que hace estas cosas.
"Si alguien encuentra en su camino algn nido de pjaros en un rbol o en el suelo, con polluelos o huevos, y la madre echada sobre ellos, no debe quedarse con la madre y los polluelos;
debe quedarse solo con los polluelos y dejar que la madre se vaya. As ser dichoso y tendr una larga vida.
"Cuando alguno de ustedes construya una casa nueva, deber poner un muro de proteccin alrededor de la azotea; as evitar que su familia sea culpable de una muerte en caso de que alguien se caiga de la casa.
"No siembren en su viedo ms de una clase de semilla, para que no se les impida usar tanto lo que sembraron como toda la cosecha del viedo.
"No aren su campo con una yunta formada por un buey y un asno.
"No se pongan ropa tejida con una mezcla de lana y lino.
"Pongan borlas con flecos en las cuatro puntas del manto con que se cubren.
"Si un hombre toma a una mujer por esposa, y despus de unirse a ella le pierde cario
y, alegando que ella le ha faltado, le crea mala fama diciendo: 'Yo me cas con esta mujer, pero en nuestras relaciones me encontr con que ya no era virgen',
entonces los padres de la joven tomarn la prueba de su virginidad y la presentarn al tribunal de los ancianos de la ciudad,
y el padre de la joven dir a los ancianos: 'Yo di mi hija por esposa a este hombre, pero ahora l ha dejado de quererla
y la acusa de haberle faltado, alegando que mi hija ya no era virgen. Sin embargo, aqu est la prueba de que s lo era.' Y diciendo esto, extender la sbana delante de los ancianos.
Entonces ellos apresarn al hombre y lo castigarn,
condenndolo a pagar una multa de cien monedas de plata, que deber entregar al padre de la joven por crearle mala fama a una muchacha virgen de Israel. Adems, ella seguir siendo su mujer y no podr divorciarse de ella en toda su vida.
"Pero si resulta cierto que la joven ya no era virgen,
la sacarn a las puertas de la casa de su padre y los hombres de la ciudad la matarn a pedradas, por cometer una maldad tan grande en Israel y deshonrar la casa misma de su padre. As acabarn con el mal que haya en medio de ustedes.
"Si un hombre es sorprendido acostado con una mujer casada, los dos sern condenados a muerte. As acabarn ustedes con el mal que haya en Israel.
"Si una muchacha virgen es prometida de un hombre, y otro hombre la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella,
sern llevados los dos ante el tribunal de la ciudad, donde sern condenados a morir apedreados: la joven por no pedir socorro estando en plena ciudad, y el hombre por deshonrar a la mujer de su prjimo. As acabarn con el mal que haya en medio de ustedes.
"Pero si un hombre encuentra en el campo a la prometida de otro hombre y la obliga a acostarse con l, entonces solo se dar muerte al hombre que se acost con ella.
A la joven no se le har nada, porque no ha cometido ningn delito que merezca la muerte; se trata de un caso semejante del hombre que ataca a otro hombre y lo mata;
porque l encontr a la joven sola en el campo y, aunque ella hubiera gritado, nadie habra podido socorrerla.
"Si un hombre encuentra a una muchacha virgen y sin compromiso de matrimonio, y la obliga a acostarse con l, y son descubiertos,
entonces el hombre tendr que entregar al padre de la joven cincuenta monedas de plata; y, como la ha deshonrado, tendr que tomarla por mujer y no podr divorciarse de ella en toda su vida.
"Nadie debe tener relaciones sexuales con la mujer de su padre, pues con ello lo deshonra.
"El que tenga los testculos aplastados o amputado su miembro viril, no podr ser admitido en la congregacin del Seor.
"El hijo bastardo no podr ser admitido en la congregacin del Seor, ni aun despus de la dcima generacin.
"Los amonitas y los moabitas no sern nunca admitidos en la congregacin del Seor, ni aun despus de la dcima generacin;
porque cuando ustedes pasaron por su territorio, despus de haber salido de Egipto, ellos no les ofrecieron agua ni alimentos; y adems pagaron a Balaam, hijo de Beor, que vena de Petor de Mesopotamia, para que pronunciara una maldicin contra ustedes.
Pero el Seor su Dios no escuch a Balaam, sino que convirti su maldicin en una bendicin para ustedes, porque los ama.
No busquen, pues, ni la paz ni el bienestar de ellos en todos los das de su vida.
"Sin embargo, no deben despreciar a los edomitas, porque son parientes de ustedes; ni tampoco a los egipcios, porque ustedes vivieron en su pas;
la tercera generacin de sus descendientes podr entrar a formar parte de la congregacin del Seor.
"Cuando se encuentren ustedes en guerra contra sus enemigos y hagan vida de campaa, procuren no cometer ningn acto indecente.
Si alguno de ustedes se encuentra en estado de impureza por haber tenido un derrame durante el sueo, deber salir del campamento y no entrar en l en todo el da.
Al caer la tarde se lavar con agua, y al ponerse el sol podr entrar nuevamente en el campamento.
"Para sus necesidades debern ustedes tener un lugar fuera del campamento.
En su equipo debern llevar siempre una estaca, para que cuando tengan que hacer sus necesidades, hagan un hoyo con la estaca y luego, cuando hayan terminado, tapen con tierra el excremento.
Porque el Seor su Dios anda entre ustedes, en el campamento, para protegerlos y darles la victoria sobre sus enemigos; por lo tanto, el campamento de ustedes debe ser un lugar santo, para que Dios no vea ninguna cosa indecente en l, pues de lo contrario se apartara de ustedes.
"Si un esclavo huye de su amo y les pide a ustedes asilo, no lo entreguen a su antiguo dueo.
Djenlo que se quede a vivir con ustedes en la ciudad que ms le guste y en el lugar que l escoja, y nadie deber molestarlo.
"Ningn hombre ni ninguna mujer israelita deber consagrarse a la prostitucin practicada en cultos paganos.
No permitan ustedes que en el templo del Seor su Dios se pague una promesa con el dinero ganado en ese tipo de prostitucin, porque esa prctica le repugna al Seor.
"No exigirn de un compatriota que les pague inters por el prstamo que le hayan hecho, sea de dinero, de comestibles o de cualquier cosa de las que se prestan cobrando inters.
Al extranjero podrn exigirle que les pague inters sobre un prstamo, pero no debern hacerlo con un compatriota. As el Seor su Dios los bendecir en todo lo que hagan en el pas que van a ocupar.
"Cuando hagan una promesa al Seor su Dios, no tarden en cumplirla, pues tengan por seguro que el Seor su Dios les pedir cuentas de ello y sern culpables de pecado.
Si no hacen ninguna promesa, no cometern ningn pecado;
pero si de una manera voluntaria hacen una promesa al Seor su Dios, entonces debern cumplirla.
"Cuando entren en el viedo de su prjimo, podrn comer todas las uvas que quieran, pero no podrn llevarse ninguna en la cesta.
Si entran en su trigal, podrn arrancar espigas con la mano, pero no cortar el trigo con una hoz.
"Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, pero despus resulta que no le gusta por haber encontrado en ella algo indecente, le dar por escrito un certificado de divorcio y la despedir de su casa.
Ella, despus que haya abandonado la casa, podr casarse con otro;
pero si su segundo marido tambin llega a despreciarla y le entrega un certificado de divorcio, despidindola de su casa, o si este segundo marido se muere,
entonces el que fue su primer marido no podr volver a casarse con ella debido al estado de impureza en que ella se encuentra; esto sera un acto repugnante para el Seor, y ustedes no deben deshonrar el pas que el Seor su Dios les da en propiedad.
"Si un hombre est recin casado, no deber ir a la guerra ni se le har cumplir ninguna otra clase de servicio durante un ao; as podr estar libre en su casa todo ese tiempo, para felicidad de su mujer.
"No pidan a nadie en prenda su molino de mano o la piedra de moler, pues eso sera como pedirle en prenda su propia vida.
"Si un israelita es sorprendido raptando a un compatriota para convertirlo en esclavo o para venderlo, se le condenar a muerte, para acabar as con la maldad que haya en medio de ustedes.
"En caso de lepra, cumplan fielmente todas las instrucciones que les den los sacerdotes levitas. Deben hacerlo todo tal y como yo se lo he ordenado a ellos.
Recuerden lo que hizo el Seor su Dios con Mara en el camino, despus que ustedes salieron de Egipto.
"Si hacen un prstamo a su prjimo, no entren en su casa para tomar ninguna prenda suya.
Qudense afuera, y esperen a que l saque lo que va a dar en prenda.
Y si se trata de una persona pobre, no deben retener la prenda durante la noche;
tienen que devolvrsela a la puesta del sol, para que as pueda taparse con su manto cuando se vaya a dormir. As l los bendecir y ustedes harn una buena accin delante del Seor su Dios.
"No exploten al que se halle en la miseria, ni le retengan su paga, ya sea que se trate de un compatriota de ustedes o de un extranjero que habite en alguna de sus ciudades.
Pguenle su jornal el mismo da, antes de ponerse el sol, porque es pobre y necesita ese dinero para poder vivir. De otra manera clamar contra ustedes al Seor, y ustedes sern culpables de pecado.
"Los padres no podrn ser condenados a muerte por culpa de lo que hayan hecho sus hijos, ni los hijos por lo que hayan hecho sus padres, sino que cada uno morir por su propio pecado.
"No cometan ninguna injusticia con los extranjeros ni con los hurfanos, ni tampoco tomen en prenda la ropa de las viudas.
No olviden que ustedes fueron esclavos en Egipto, y que el Seor su Dios los sac de all; por eso les ordeno que cumplan todo esto.
"Si al estar recogiendo la cosecha de su campo se olvidan ustedes de recoger un manojo de trigo, no regresen a buscarlo; djenlo para que lo recoja algn extranjero de los que viven entre ustedes, o algn hurfano, o alguna viuda, a fin de que el Seor su Dios los bendiga a ustedes en todo lo que hagan.
"Cuando recojan las aceitunas de sus olivos, no repasen cada una de las ramas; las aceitunas que se queden, djenlas para los extranjeros, los hurfanos y las viudas.
"Al recoger las uvas de su viedo, no repasen ustedes cada una de las plantas; lo que quede, djenlo para los extranjeros, los hurfanos y las viudas.
Recuerden que tambin ustedes fueron esclavos en Egipto; por eso les ordeno que cumplan todo esto.
"Cuando algunos tengan un pleito, debern presentarse ante el tribunal para que se les juzgue, y los jueces declararn inocente al que lo sea y condenarn al culpable.
Si el culpable merece ser azotado, el juez ordenar que se le tienda en el suelo y que en su presencia se le den los azotes que merezca la falta que ha cometido.
En ningn caso se darn ms de cuarenta azotes, para evitar que aquel compatriota sufra un castigo demasiado duro y se sienta humillado ante ustedes.
"No le pongan bozal al buey cuando est trillando el grano.
"Si dos hermanos comparten el mismo techo y uno de ellos muere sin dejar ningn hijo, la viuda no podr casarse con ningn hombre de otra familia. El hermano de su marido deber tomarla por esposa, y as cumplir con ella su deber de cuado.
El primer hijo que ella d a luz llevar el nombre del hermano muerto, con el fin de que su nombre no desaparezca de Israel.
Pero si el hombre no quiere casarse con su cuada, ella se presentar ante el tribunal y dir a los ancianos: 'Mi cuado no quiere que el nombre de su hermano se mantenga vivo en Israel; no quiere cumplir conmigo su deber de cuado.'
Entonces los ancianos de la ciudad lo llamarn y hablarn con l, y si l insiste en no casarse con ella,
entonces su cuada se acercar a l y en presencia de los ancianos le quitar la sandalia del pie, le escupir en la cara y dir: 'As se hace con el hombre que no quiere dar descendencia a su hermano!'
Y su familia ser conocida en Israel con el nombre de 'la familia del Descalzado'.
"Si dos hombres se estn golpeando, y se acerca la mujer de uno de ellos para defender a su marido y agarra al otro por las partes genitales,
ustedes ordenarn sin ninguna compasin que se le corte la mano a la mujer.
"No usen en sus compras y ventas
pesas y medidas falsas,
sino pesas exactas y completas, para que vivan muchos aos en el pas que el Seor su Dios les va a dar.
Porque al Seor le repugnan todos los que hacen estas cosas y cometen injusticias.
"Recuerden ustedes lo que les hizo Amalec cuando estaban en camino, despus de haber salido de Egipto;
recuerden que, sin ningn temor de Dios, los atac en el camino y se aprovech de que ustedes estaban cansados y fatigados, y atac por la espalda a los que estaban dbiles y se haban quedado atrs.
Por lo tanto, cuando el Seor su Dios los haya librado de todos los enemigos que les rodean en el pas que l les da en propiedad, debern borrar de la tierra la memoria de Amalec. No lo olviden!
"Cuando hayas entrado en la tierra que el Seor tu Dios te va a dar en propiedad, y te hayas establecido en ella,
tomars los primeros frutos de la cosecha que te d la tierra, y los llevars en una cesta al lugar que el Seor tu Dios haya escogido como residencia de su nombre.
All te presentars al sacerdote en funciones, y le dirs: 'Yo declaro hoy, ante el Seor mi Dios, que ya he entrado en el pas que el Seor jur a nuestros antepasados que nos dara.'
El sacerdote tomar la cesta que t le entregues, y la pondr ante el altar del Seor tu Dios;
entonces pronunciars ante el Seor tu Dios la siguiente declaracin: 'Mis antepasados fueron un pequeo grupo de arameos errantes, que emigraron a Egipto y se quedaron a vivir all, convirtindose despus en una nacin grande, poderosa y numerosa.
Pero los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos hicieron sufrir cruel esclavitud.
Entonces pedimos al Seor y Dios de nuestros padres que nos ayudara, y l escuch nuestras splicas, y vio la miseria, los trabajos y la opresin de que ramos vctimas;
despleg su gran poder y, en medio de un gran terror y de acontecimientos extraordinarios, nos sac de Egipto
y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra donde la leche y la miel corren como el agua.
Por eso traigo ahora los primeros frutos de la tierra que el Seor me ha dado.' "En seguida pondrs la cesta delante del Seor tu Dios y te arrodillars en su presencia.
Despus hars fiesta por todos los bienes que el Seor tu Dios te ha dado a ti y a tu familia. Tambin se unirn a tu alegra los levitas y los extranjeros que vivan entre ustedes.
"Cuando llegue el tercer ao, que es cuando se da la dcima parte de todo, y cuando hayas apartado ya la dcima parte de todos tus frutos y se la hayas dado a los levitas y a los extranjeros que viven en tu pas, y a los hurfanos y las viudas, para que puedan comer en tus poblaciones todo lo que quieran,
declarars ante el Seor tu Dios: 'Ya he apartado de mi casa la parte de la cosecha que debe ser consagrada, y la he repartido entre los levitas y extranjeros que viven en nuestro pas, y entre los hurfanos y las viudas, cumpliendo todo lo que t me mandaste y sin desobedecer ni olvidar ninguno de tus mandamientos.
No he comido nada de ello mientras estuve de luto o en estado de impureza, ni lo he ofrecido a los muertos. Seor mi Dios, te he obedecido y he cumplido todo lo que me has ordenado.
Mira desde los cielos, desde tu santa mansin, y bendice a tu pueblo Israel y a la tierra que nos has dado, donde la leche y la miel corren como el agua, tal como lo prometiste a nuestros antepasados.'
"El Seor tu Dios te manda hoy que pongas en prctica estas leyes y estos mandamientos; cmplelos de todo corazn y con toda tu alma.
T has declarado hoy que el Seor es tu Dios, y has prometido seguir sus caminos y cumplir sus leyes, mandamientos y decretos, y obedecerlo siempre.
Tambin el Seor ha declarado hoy que t, Israel, eres el pueblo de su propiedad, tal como te lo haba prometido, y que cumplirs todos sus mandamientos.
l va a hacer de ti una nacin superior en gloria, fama y honor a las dems naciones que hizo, y sers, como l lo ha dicho, un pueblo consagrado al Seor tu Dios."
Moiss y los ancianos de Israel dieron al pueblo las siguientes rdenes: "Cumplan todo lo que hoy les he ordenado.
Cuando crucen el ro Jordn y entren en la tierra que el Seor su Dios les va a dar, levantarn unas piedras grandes y las blanquearn con cal,
para escribir en ellas todas estas instrucciones que les he dado. Hganlo en cuanto entren en esa tierra donde la leche y la miel corren como el agua, y que el Seor su Dios les va a dar, tal como lo prometi a los antepasados de ustedes.
As que, cuando hayan cruzado el ro Jordn, debern levantar sobre el monte Ebal las piedras que les he dicho, y blanquearlas con cal.
Tambin debern construir all un altar de piedra para el Seor su Dios. Las piedras debern ser enteras y sin labrar.
All, en ese altar, ofrecern al Seor su Dios holocaustos
y sacrificios de reconciliacin; y all, ante el Seor su Dios, comern y harn fiesta.
En las piedras debern escribir con toda claridad estas instrucciones que les he dado."
Despus Moiss, acompaado de los sacerdotes levitas, dijo a los israelitas: "Guarden silencio, israelitas, y escuchen. Hoy se han convertido ustedes en el pueblo del Seor su Dios.
Por lo tanto, deben obedecerle y poner en prctica sus mandamientos y sus leyes que yo les ordeno hoy."
Ese mismo da Moiss dio al pueblo esta orden:
"Cuando ustedes hayan cruzado el ro Jordn, las tribus de Simen, Lev, Jud, Isacar, Jos y Benjamn se colocarn en el monte Guerizim para la bendicin del pueblo,
y las tribus de Rubn, Gad, Aser, Zabuln, Dan y Neftal se colocarn en el monte Ebal para la maldicin.
Los levitas se dirigirn a todos los israelitas, y en voz alta pronunciarn la siguiente declaracin:
'Maldito sea el que haga un dolo o una figura de metal fundido, hecha por un artesano, y la ponga en un lugar oculto, pues eso le repugna al Seor.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que trate con desprecio a su padre o a su madre.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que cambie los lmites de la propiedad de su vecino para robarle terreno.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que desve de su camino a un ciego.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que cometa una injusticia con un extranjero, una viuda o un hurfano.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que se acueste con la mujer de su padre, pues con ello lo deshonra.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que tenga relaciones sexuales con un animal.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que se acueste con su hermana, ya sea por parte de padre o por parte de madre.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que se acueste con su suegra.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que mate a traicin a su prjimo.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que reciba dinero por matar a una persona inocente.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
'Maldito sea el que no respete estas instrucciones, ni las ponga en prctica.' Y todo el pueblo dir: 'Amn.'
"Si de veras obedeces al Seor tu Dios, y pones en prctica todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy, entonces el Seor te pondr por encima de todos los pueblos de la tierra.
Adems, todas estas bendiciones vendrn sobre ti y te alcanzarn por haber obedecido al Seor tu Dios.
Sers bendito en la ciudad y en el campo.
Sern benditos tus hijos y tus cosechas, y las cras de tus vacas, de tus ovejas y de todos tus animales.
Sern benditos tu cesta y el lugar donde amasas la harina,
y t sers bendito en todo lo que hagas.
"El Seor pondr en tus manos a tus enemigos cuando te ataquen. Avanzarn contra ti en formacin ordenada, pero huirn de ti en completo desorden.
"El Seor enviar su bendicin sobre tus graneros y sobre todo lo que hagas, y te har vivir feliz en el pas que va a darte.
"Si cumples sus mandamientos y sigues sus caminos, el Seor tu Dios te mantendr como pueblo consagrado a l, tal como te lo ha jurado.
Entonces todos los pueblos de la tierra vern que sobre ti se invoca el nombre del Seor, y te tendrn miedo.
El Seor te mostrar su bondad dndote muchos hijos, muchas cras de tus ganados y abundantes cosechas en la tierra que a tus antepasados jur que te dara.
Y te abrir su rico tesoro, que es el cielo, para darle a tu tierra la lluvia que necesite; y har prosperar todo tu trabajo. Podrs prestar a muchas naciones, pero t no tendrs que pedir prestado a nadie.
El Seor te pondr en el primer lugar, y no en el ltimo; siempre estars por encima de los dems, y nunca por debajo, con tal de que atiendas a los mandamientos del Seor tu Dios, que yo te ordeno hoy, y los pongas en prctica,
sin apartarte de ellos por seguir a otros dioses y rendirles culto.
"Pero si no obedeces al Seor tu Dios, ni pones en prctica todos sus mandamientos y leyes que yo te he ordenado hoy, vendrn sobre ti y te alcanzarn todas estas maldiciones:
Sers maldito en la ciudad y en el campo.
Sern malditos tu cesta y el lugar donde amasas la harina.
Sern malditos tus hijos y tus cosechas, y las cras de tus vacas, de tus ovejas y de todos tus animales.
Y maldito sers t en todo lo que hagas.
"El Seor te enviar maldicin, confusin y angustia en todo lo que hagas, y en muy poco tiempo te destruirn por completo, por haberlo abandonado con tus malas acciones.
El Seor te enviar una peste que acabar contigo en el pas que vas a ocupar.
Tambin te enviar epidemias mortales, fiebres malignas, inflamaciones, calor sofocante, sequa y plagas sobre tus trigales, epidemias que te perseguirn hasta destruirte.
All arriba, el cielo te negar su lluvia; y aqu abajo, la tierra te negar sus frutos.
El Seor har caer sobre ti polvo y arena en vez de lluvia, hasta que seas destruido
y aplastado por tus enemigos. Avanzars contra ellos en formacin ordenada, pero huirs de ellos en completo desorden, y sers motivo de espanto para todos los reinos de la tierra.
Las aves y las fieras devorarn tu cadver sin que nadie las espante.
"El Seor te har sufrir con llagas, como a los egipcios, y con tumores, sarna y tia, y no podrs curarte de estas enfermedades.
Tambin te har padecer locura, ceguera y confusin,
y andars a tientas, como el ciego en la oscuridad. Nada de lo que hagas te saldr bien; te vers siempre oprimido y explotado, y nadie vendr en tu ayuda.
Te comprometers para casarte, pero otro se acostar con tu prometida; te construirs una casa, pero no llegars a habitarla; plantars un viedo, pero no disfrutars de sus frutos;
degollarn a tu toro delante de ti, pero no comers de su carne; te quitarn tu asno en tu propia cara, y no te lo devolvern; tus ovejas caern en manos de tus enemigos, y no habr quien te ayude a rescatarlas.
Ante tus propios ojos, tus hijos y tus hijas sern entregados a gente extranjera, y a todas horas querrs volver a verlos, pero nada podrs hacer.
Las cosechas de tu tierra y el fruto de todo tu trabajo se lo comer gente que nunca antes conociste, y sufrirs continuamente opresin y malos tratos.
Cuando veas todas estas cosas, te volvers loco.
El Seor te har sufrir con llagas malignas en las rodillas y en los muslos y en todo el cuerpo, sin que puedas ser curado.
"El Seor har que a ti y a tu rey se los lleven a una nacin que ni t ni tus padres conocieron. All tendrs que servir a otros dioses, hechos de madera y de piedra,
y sers motivo de horror, de refrn y de burla en todos los pueblos donde te lleve el Seor.
Sembrars mucha semilla, pero recogers poco fruto porque la langosta lo devorar.
Plantars viedos y los cuidars, pero no bebers su vino ni recogers sus uvas porque los gusanos acabarn con todo.
Tendrs olivos en toda tu tierra, pero no te perfumars con su aceite porque las aceitunas se caern solas.
Tendrs hijos e hijas, pero no estarn contigo porque sern llevados cautivos a otros pases.
Todos los rboles y los frutos de tu tierra sern destruidos por la langosta.
Los extranjeros que vivan en tu pas se harn ms y ms poderosos, mientras que t perders ms y ms tu poder.
Ellos podrn hacerte prstamos, y t, por el contrario, no tendrs nada que prestar; los primeros lugares sern para ellos, y para ti los ltimos.
"Todas estas maldiciones vendrn sobre ti, y te perseguirn y te alcanzarn hasta acabar contigo, porque no quisiste obedecer al Seor tu Dios ni cumplir los mandamientos y leyes ordenados por l.
Estas cosas sern una prueba contundente contra ti y tu descendencia, para siempre,
por no haber adorado al Seor tu Dios con alegra y sinceridad cuando tantos bienes te haba dado.
Tendrs que servir a los enemigos que el Seor enviar contra ti; sufrirs hambre, sed, falta de ropa y toda clase de miserias. El Seor te har sufrir una dura esclavitud, hasta que seas destruido.
Desde el pas ms lejano del mundo, el Seor lanzar contra ti, con la rapidez de un guila en vuelo, una nacin cuya lengua no entiendes;
gente de aspecto feroz, que no respetar a los ancianos ni tendr compasin de los nios.
Se comer las cras de tu ganado y los frutos de tu tierra, hasta arruinarte; no te dejar trigo, ni vino, ni aceite, ni las cras de tus vacas ni de tus ovejas, y morirs de hambre.
"Rodear todas tus ciudades y las atacar, hasta que se derrumben las murallas ms altas y fortificadas en que habas puesto tu confianza; s, rodear y atacar todas las ciudades del pas que te ha dado el Seor tu Dios.
Durante el ataque enemigo a tus ciudades, ser tanta tu hambre que te comers a tus propios hijos, los hijos y las hijas que el Seor tu Dios te dio.
Aun el hombre ms delicado y amable entre ustedes mirar con malos ojos a su hermano, a su esposa amada y a los hijos que todava le queden,
para no compartir con ellos la carne de sus hijos que l se coma. Y no habr nada que comer durante el ataque a las ciudades y la horrible angustia que tu enemigo te har sufrir en todas tus ciudades.
Aun la mujer ms delicada y fina entre ustedes, que de tan delicada que era no quera pisar descalza el suelo, mirar con malos ojos a su esposo amado y a sus hijos
para no compartir con ellos los hijos que d a luz y la placenta que salga de sus entraas; todo ello se lo comer a escondidas, pues no habr nada que comer durante el ataque del enemigo a tus ciudades.
"Si no pones en prctica todas las instrucciones escritas en este libro, ni respetas este glorioso e imponente nombre del Seor tu Dios,
l enviar grandes y terribles plagas sobre ti y sobre tus descendientes, y enfermedades malignas e incurables.
Har que se repitan sobre ti todas las plagas de Egipto, que tanto espanto te causaron, y tendrs que sufrirlas constantemente.
Adems, te enviar otras enfermedades y plagas que no se mencionan en este libro de la enseanza, hasta acabar contigo.
Y t, Israel, que eras tan numeroso como las estrellas del cielo, quedars reducido a un pequeo nmero, por no haber obedecido al Seor tu Dios.
Y as como el Seor se complaca en hacerte bien y multiplicarte, ahora se complacer en tu ruina y tu destruccin, pues sers arrancado violentamente del pas que vas a ocupar.
El Seor te esparcir por todas las naciones, de un extremo a otro de la tierra, y all adorars a dioses ajenos, dioses de madera y de piedra, que ni t ni tus antepasados conocieron.
Y mientras vivas en esas naciones no tendrs tranquilidad ni reposo, porque el Seor te har vivir asustado, con los ojos tristes y lleno de ansiedad.
Tu vida estar siempre en peligro; tendrs miedo de da y de noche, y nunca tendrs segura la vida.
Ser tanto el miedo que tendrs, y tales las cosas que vers, que por la maana dirs: 'Ojal que ya fuera de noche!', y por la noche dirs: 'Ojal que ya fuera de da!'
Y aunque el Seor te dijo que no volveras otra vez por el camino de Egipto, sin embargo te har volver all en barcos, y te vender como esclavo a tus enemigos; pero no habr nadie que te quiera comprar."
Estos son los trminos de la alianza que el Seor orden a Moiss hacer con los israelitas en el pas de Moab, adems de la alianza que ya haba hecho con ellos en el monte Horeb.
Moiss reuni a todos los israelitas y les dijo: "Ustedes han visto todo lo que el Seor hizo en Egipto al faran, a sus funcionarios y a todo su pas,
y son testigos de esas grandes pruebas, seales y maravillas.
Pero hasta ahora el Seor no les ha dado entendimiento ni les ha permitido comprender el significado de todo ello.
Durante cuarenta aos yo los he guiado por el desierto, y en ese tiempo no se les ha gastado la ropa ni el calzado.
No han comido pan ni bebido vino, ni han tomado ninguna bebida fuerte, para que sepan que el Seor es el Dios de ustedes.
"Cuando llegamos a esta regin, salieron a atacarnos Sihn, rey de Hesbn, y Og, rey de Basn, pero los derrotamos
y nos apoderamos de su pas, y se lo dimos en propiedad a las tribus de Rubn y Gad y a la media tribu de Manass.
Por lo tanto, cumplan los trminos de esta alianza y pnganlos en prctica, para que les vaya bien en todo lo que hagan.
"Hoy estn reunidos todos ustedes delante del Seor su Dios: los jefes de sus tribus, los ancianos, los oficiales, todos los hombres de Israel,
los nios, las mujeres y los extranjeros que viven entre ustedes, desde el leador hasta el aguador,
para comprometerse bajo juramento en la alianza que el Seor su Dios hace hoy con ustedes.
Hoy queda establecido que ustedes son su pueblo y que l es su Dios, como ya se lo haba prometido a Abraham, Isaac y Jacob, los antepasados de ustedes.
Pero no solo con ustedes hace el Seor esta alianza y este juramento,
sino tambin con los que no estn hoy aqu con nosotros delante de l.
Ustedes saben muy bien cmo hemos vivido en Egipto y de qu manera hemos tenido que pasar por las naciones que hemos encontrado en nuestro camino,
donde hemos visto los falsos dioses y los despreciables dolos de madera, piedra, plata y oro, que esa gente adora.
Que no haya entre ustedes ni hombre ni mujer, ni familia ni tribu, que abandone hoy al Seor nuestro Dios por adorar a los dioses de esas naciones. Que ninguno de ustedes sea como una planta de raz amarga y venenosa.
"Si despus de haber escuchado los trminos de este juramento, alguno de ustedes se cree demasiado bueno y piensa: 'Todo me ha de salir bien, aunque haga yo lo que me d la gana', l ser la causa de la ruina de todos.
El Seor no va a estar dispuesto a perdonarlo, sino que descargar su ira y su indignacin sobre ese hombre, y caern sobre l todas las maldiciones anunciadas en este libro, y el Seor borrar de la tierra su descendencia.
El Seor apartar de todas las tribus de Israel a ese hombre, y lo har caer en desgracia, conforme a todas las maldiciones de la alianza que est escrita en este libro de la ley.
La generacin futura, los descendientes de ustedes que han de venir despus, as como los extranjeros que lleguen de pases lejanos, vern las plagas y las enfermedades que el Seor enviar sobre esta tierra;
vern que todo el pas no es ms que azufre, sal y tierra quemada. No se podr sembrar en esa tierra, ni nada podr producir; ni siquiera una hierba podr crecer en ella, tal como sucedi en la destruccin de las ciudades de Sodoma, Gomorra, Adm y Sebom, las cuales destruy el Seor en su ira y furor.
"Entonces todo el mundo preguntar: 'Por qu hizo esto el Seor con este pas? Por qu se encendi tanto su furor?'
Y la respuesta ser: 'Porque abandonaron la alianza que el Seor, el Dios de sus antepasados, hizo con ellos cuando los sac de Egipto,
y se fueron a rendir culto e inclinarse ante otros dioses que no conocan ni nunca les dieron nada.
Por eso se enoj el Seor contra esta tierra, e hizo caer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro;
y los arroj de su pas con ira, furor y gran indignacin, echndolos a otros pases, como est sucediendo ahora.'
"Hay cosas que no sabemos: esas pertenecen al Seor nuestro Dios; pero hay cosas que nos han sido reveladas a nosotros y a nuestros hijos para que las cumplamos siempre: todos los mandamientos de esta ley.
"Cuando les sobrevenga a ustedes todo lo que les he anunciado, la bendicin y la maldicin que les he dado a elegir, y reflexionen sobre ellas en las naciones donde el Seor su Dios los arroje,
si se vuelven al Seor y lo obedecen de todo corazn y con toda su alma, ustedes y los hijos de ustedes, como yo se lo ordeno ahora,
entonces el Seor su Dios cambiar la suerte de ustedes y les tendr compasin. Los reunir otra vez de entre los pases donde antes los arroj,
y aunque los desterrados de ustedes estn esparcidos por los lugares ms lejanos del mundo, de all los har venir el Seor su Dios, y hasta all ir a buscarlos.
El Seor los har volver de nuevo al pas que los antepasados de ustedes ocuparon, y ustedes volvern a ocuparlo; los har prosperar y les dar ms hijos que a sus antepasados.
Pondr la marca de la alianza en el corazn de ustedes y en el de sus descendientes, para que lo amen con todo su corazn y con toda su alma, a fin de que tengan vida.
El Seor su Dios har caer todas estas maldiciones sobre los enemigos de ustedes y sobre los que los persiguieron con odio,
y ustedes se volvern al Seor y lo obedecern, y pondrn en prctica todos los mandamientos que yo les ordeno hoy.
Entonces el Seor les har prosperar en todo lo que hagan, y en hijos, en cras de ganado y en cosechas; s, el Seor su Dios volver a complacerse en hacerles bien, como antes se complaca en hacerlo a los antepasados de ustedes,
si es que obedecen al Seor su Dios y cumplen sus mandamientos y leyes escritos en este libro de la ley, y se vuelven a l con todo su corazn y con toda su alma.
"Este mandamiento que hoy les doy no es demasiado difcil para ustedes, ni est fuera de su alcance.
No est en el cielo, para que se diga: 'Quin puede subir al cielo por nosotros, para que nos lo traiga y nos lo d a conocer, y lo pongamos en prctica?'
Tampoco est del otro lado del mar, para que se diga: 'Quin cruzar el mar por nosotros, para que nos lo traiga y nos lo d a conocer, y lo pongamos en prctica?'
Al contrario, el mandamiento est muy cerca de ustedes; est en sus labios y en su pensamiento, para que puedan cumplirlo.
"Miren, hoy les doy a elegir entre la vida y el bien, por un lado, y la muerte y el mal, por el otro.
Si obedecen lo que hoy les ordeno, y aman al Seor su Dios, y siguen sus caminos, y cumplen sus mandamientos, leyes y decretos, vivirn y tendrn muchos hijos, y el Seor su Dios los bendecir en el pas que van a ocupar.
Pero si no hacen caso de todo esto, sino que se dejan arrastrar por otros dioses para rendirles culto y arrodillarse ante ellos,
en este mismo momento les advierto que morirn sin falta, y que no estarn mucho tiempo en el pas que van a conquistar despus de haber cruzado el Jordn.
En este da pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que les he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendicin y la maldicin. Escojan, pues, la vida, para que vivan ustedes y sus descendientes;
amen al Seor su Dios, obedzcanlo y sanle fieles, porque de ello depende la vida de ustedes y el que vivan muchos aos en el pas que el Seor jur dar a Abraham, Isaac y Jacob, antepasados de ustedes."
Moiss habl de nuevo a todo Israel, y dijo lo siguiente:
"Yo tengo ciento veinte aos, y ya no tengo fuerzas para andar de un lado para otro. Adems, el Seor me ha dicho que no cruzar el Jordn.
Pero el Seor su Dios marchar delante de ustedes, y al paso de ustedes destruir estas naciones, para que ocupen su territorio. Josu ir al frente de ustedes, como jefe, tal como lo ha dicho el Seor.
El Seor har con estas naciones lo mismo que hizo con Sihn y con Og, reyes de los amorreos, y con sus pases, a los cuales destruy.
Y cuando el Seor haga que estas naciones caigan en poder de ustedes, deben hacer con ellas todo lo que les he ordenado.
Tengan valor y firmeza; no tengan miedo ni se asusten cuando se enfrenten con ellas, porque el Seor su Dios est con ustedes y no los dejar ni los abandonar."
Despus llam Moiss a Josu, y le dijo en presencia de todo Israel: "Ten valor y firmeza, porque t tienes que llevar esta gente al pas que el Seor jur a los antepasados de ustedes que les dara, y t sers quien los haga tomar posesin.
El Seor mismo ir delante de ti, y estar contigo; no te abandonar ni te desamparar; por lo tanto, no tengas miedo ni te acobardes."
Moiss puso esta ley por escrito, y la entreg a los sacerdotes levitas encargados de llevar el arca de la alianza del Seor, y a todos los ancianos de Israel,
dndoles tambin esta orden: "Cada siete aos, al llegar el ao del perdn de las deudas, durante la fiesta de las Enramadas,
cuando todos los israelitas se renan delante del Seor su Dios en el lugar que l haya escogido, se leer esta ley en presencia de todos ellos.
Todo el pueblo deber reunirse, tanto los hombres como las mujeres, y los nios y los extranjeros que vivan en sus ciudades, para que escuchen la lectura de la ley y aprendan a respetar al Seor su Dios, y pongan en prctica todo lo que se dice en ella.
As los hijos de ustedes, que nada saben de ella, podrn tambin orla y aprendern a respetar al Seor su Dios durante toda su vida en el pas que ustedes van a ocupar despus de cruzar el Jordn."
Luego el Seor dijo a Moiss: "Mira, ya se va acercando la hora de tu muerte; as que llama a Josu, y presntense los dos en la tienda del encuentro, para que yo le d mis rdenes." Moiss y Josu fueron a la tienda del encuentro,
y all se les apareci el Seor en una columna de nubes, la cual se coloc sobre la entrada de la tienda.
Entonces el Seor dijo a Moiss: "Ya pronto vas a morir, y este pueblo se va a corromper con los dioses del pas extranjero que va a ocupar; entonces me abandonar y romper la alianza que he hecho con l.
Pero mi furor se encender contra ellos, y los abandonar; no me preocupar de ellos para nada, y sern tantos los males y aflicciones que les vendrn, que finalmente dirn: 'No ser que estamos sufriendo estos males porque nuestro Dios ya no est con nosotros?'
Pero cuando llegue ese momento, yo me apartar de ellos an ms, por todo el mal que habrn hecho y por haber adorado a otros dioses.
"Ahora pues, escriban este cntico y ensenselo a los israelitas, para que lo canten y me sirva de testimonio contra ellos.
Porque cuando yo los haya hecho entrar en la tierra que bajo juramento promet a sus antepasados, tierra donde la leche y la miel corren como el agua, y cuando hayan comido hasta estar satisfechos y engordar, entonces se irn tras otros dioses y los adorarn, y a m me despreciarn y rompern mi alianza.
Pero cuando les vengan muchos males y aflicciones, entonces este cntico ser un testimonio contra ellos, pues sus descendientes lo recordarn y lo cantarn; porque ya desde antes de hacerlos entrar en el pas que les he prometido, s muy bien hacia dnde se inclinan sus pensamientos."
Aquel mismo da escribi Moiss el cntico, e hizo que los israelitas lo aprendieran.
A Josu, hijo de Nun, el Seor le dio la siguiente orden: "Ten valor y firmeza, porque t eres quien har entrar a los israelitas en el pas que les he prometido, y yo estar a tu lado."
Cuando Moiss termin de escribir estas leyes en un libro,
dijo a los levitas encargados de llevar el arca de la alianza del Seor:
"Tomen este libro de la ley y pnganlo al lado del arca de la alianza del Seor su Dios, para que est all como testimonio contra ustedes.
Porque yo s que ustedes son un pueblo rebelde y testarudo; y si hoy, que todava vivo entre ustedes, se han rebelado contra el Seor, qu ser despus de mi muerte?
Traigan aqu a todos los ancianos y jefes de sus tribus, para que yo les hable de estas cosas y ponga al cielo y a la tierra como testigos contra ellos.
Porque yo s que despus de mi muerte se van a corromper y van a dejar el camino que les he ordenado seguir; y s tambin que en el futuro les sobrevendr la desgracia, por hacer lo malo a los ojos del Seor y provocar con ello su enojo."
Entonces Moiss pronunci este cntico, de principio a fin, ante todos los israelitas reunidos:
"Escucha, cielo, que voy a hablar; atiende, tierra, a mis palabras.
"Mi enseanza caer como la lluvia, mi discurso ser como el roco, como llovizna sobre la hierba, como gotas de agua sobre el pasto.
"Proclamar el nombre del Seor: reconozcan la grandeza del Dios nuestro!
l es nuestro protector; sus obras son perfectas, sus acciones son justas. Es el Dios de la verdad, en l no hay injusticia; l es justo y verdadero!
"Gente malvada y perversa, que ha ofendido a Dios, que son indignos de ser sus hijos:
As es como le pagan al Seor? Pueblo necio y sin sabidura, no es l tu padre, tu creador? l te cre y te dio el ser!
"Vuelve atrs la mirada, piensa en los tiempos pasados; pide a tu padre que te lo diga, y a los ancianos que te lo cuenten:
Hubo una vez en que el Altsimo hizo reparto de hombres y naciones, y fij las fronteras de los pueblos. Pero tom en cuenta a los israelitas,
pues la herencia del Seor, la gente suya, es el pueblo de Jacob.
Los encontr por el desierto, por tierras secas y azotadas por el viento; los envolvi en sus brazos, los instruy y los cuid como a la nia de sus ojos.
Como guila que revolotea sobre el nido y anima a sus polluelos a volar, as el Seor extendi sus alas y, tomndolos, los llev a cuestas.
"El Seor los gui, y nadie ms; ningn dios extrao tuvo que ayudarlo!
Los llev en marcha triunfal por las regiones altas del pas, los aliment con los frutos del campo, de la roca les dio a beber miel y del duro pedernal les dio aceite;
de sus ganados tuvieron leche y cuajada, y comieron lo mejor de los corderos, carneros de Basn y machos cabros; comieron el mejor grano de trigo y bebieron el vino, la sangre de las uvas.
"Pero engord Jesurn, y dio coces (tanto engord que brillaba de gordo), y abandon a Dios, su creador; despreci a su protector y salvador.
Provocaron los celos y la ira de Dios al adorar dolos repugnantes;
ofrecieron sacrificios a demonios, a dioses falsos que nunca antes conocieron; dioses nuevos, recin llegados, a los que jams sus padres dieron culto.
"Olvidaste, Israel, a tu padre y protector; olvidaste al Dios que te dio la vida.
Y Dios se enoj al ver esto, y rechaz a sus hijos y a sus hijas;
y dijo: 'Voy a volverles la espalda, y a ver en qu van a parar! Realmente son gente malvada, hijos en los que no se puede confiar.
Me provocan a celos con un dios que no es dios, me irritan con sus dioses ilusorios; pues yo los provocar a celos con un pueblo que no es pueblo, los har enojar con un pueblo que no quiere entender!
Mi furor se ha encendido como un fuego, y arder hasta las regiones ms profundas; consumir la tierra y sus frutos, pondr fuego a las bases de los montes.
Sobre ellos lanzar todos los males, contra ellos lanzar todas mis flechas;
morirn de hambre y de fiebre; una amarga peste los destruir; mandar contra ellos fieras salvajes y serpientes venenosas.
En las calles caern sus hijos a filo de espada, y en las casas reinar el espanto; morirn muchachos y muchachas, ancianos y nios de pecho.
'Yo haba pensado dispersarlos y borrar de la tierra su memoria,
pero no quise soportar las burlas del enemigo; no quise que se jactaran mis adversarios y que dijeran: No fue el Seor quien hizo esto; lo hicimos nosotros con nuestro poder.'
"Israel es un pueblo que ha perdido el juicio; no tiene entendimiento!
Si fueran sabios, lo entenderan; comprenderan en qu van a parar.
Cmo es que uno solo hizo huir a mil? Y cmo es que dos pusieron en fuga a diez mil? Tan solo porque el Seor, su protector, decidi entregarlos al enemigo!
"Bien saben nuestros enemigos que su protector no puede compararse al nuestro.
Ellos son cual viedos corruptos, descendientes de Sodoma y de Gomorra, que producen uvas amargas y venenosas;
su vino es veneno de vboras, veneno mortal de serpientes!
"Todo esto me lo estoy reservando; lo estoy guardando como un tesoro,
para el da en que me vengue y les d su merecido, para cuando llegue el momento de su cada. Ya est cerca el da de su destruccin, ya se les acerca la hora!'
"El Seor saldr en defensa de su pueblo cuando vea que le faltan las fuerzas; el Seor se compadecer de sus siervos cuando vea que ya no quedan ni dbiles ni fuertes.
Entonces les dir: 'Dnde estn sus dioses, esos protectores en los que confiaban,
esos que coman la grasa de sus sacrificios y beban el vino que les ofrecan? Que se levanten a ayudarlos! Que vengan a protegerlos!
Yo soy el nico Dios; no hay otros dioses fuera de m. Yo doy la vida, y la quito; yo causo la herida, y la curo. No hay quien se libre de mi poder!
Levanto mi mano al cielo, y juro por mi eternidad
que cuando afile mi brillante espada y comience a impartir justicia, me vengar de mis enemigos. Dar su merecido a los que me odian!
Empapar en sangre mis flechas, y mi espada acabar con ellos; sangre de heridos y de prisioneros!, de los jefes enemigos, de largas melenas!'
"Algrense, naciones, con el pueblo de Dios! l vengar la muerte de sus siervos, tomar venganza de sus enemigos y perdonar a su pas y a su pueblo!"
Moiss se present ante todo el pueblo de Israel y, junto con Josu, hijo de Nun,
pronunci este cntico de principio a fin.
Despus dijo a los israelitas: "Piensen bien en todo lo que hoy les he dicho, y ordenen a sus hijos que pongan en prctica todos los trminos de esta ley.
Porque no es algo que ustedes puedan tomar a la ligera; esta ley es vida para ustedes, y por ella vivirn ms tiempo en la tierra que est al otro lado del ro Jordn, de la cual van a tomar posesin."
Aquel mismo da el Seor se dirigi a Moiss y le dijo:
"Ve a las montaas de Abarim y sube al monte Nebo, que est en territorio moabita, frente a Jeric, y mira desde all la tierra de Canan, la cual voy a dar en propiedad a los israelitas.
All, en ese monte al que vas a subir, morirs e irs a reunirte con los tuyos, tal como tu hermano Aarn, que muri en el monte Hor y fue a reunirse con los suyos.
Ustedes dos me fueron infieles delante de los israelitas, cuando estaban en las aguas de Merib-cads, en el desierto de Sin, pues no me honraron delante de ellos.
Por lo tanto, vas a contemplar desde lejos la tierra que voy a dar a los israelitas, pero no entrars en ella."
Poco antes de morir, Moiss, hombre de Dios, bendijo a los israelitas
de la siguiente manera: "El Seor viene del Sina; desde Ser nos ha alumbrado. Resplandeci desde los montes de Parn y avanza desde Merib-cads; en su derecha nos trae el fuego de la ley.
El Seor ama a su pueblo, protege a los que se consagran a l; ellos se rinden a sus pies y reciben rdenes suyas.
Moiss nos dio la ley como herencia de la comunidad de Jacob,
y hubo rey en Jesurn al reunirse los jefes del pueblo, al juntarse las tribus de Israel."
Acerca de Rubn dijo: "Viva Rubn! Que no muera, aunque sean pocos sus hombres!"
Acerca de Jud dijo: "Seor, escucha la voz de Jud; haz que se rena con su pueblo. Defindelo con tu poder; aydalo contra sus enemigos."
Acerca de Lev dijo: "Tuyos son, Seor, el Tumim y el Urim; tuyos y del hombre que te es fiel, del que pusiste a prueba en Mas, con quien reiste en las aguas de Merib,
el que dijo a sus padres: 'Jams los he visto', y a sus hermanos: 'Los desconozco', y a sus hijos: 'No s quines son.' Ellos cumplen tus palabras, se han entregado a tu alianza por completo.
Instruyen a Jacob, a Israel, en tus leyes y decretos; colocan en tu altar, en tu presencia, incienso y ofrendas de animales.
Bendice, Seor, sus esfuerzos, y recibe con agrado su trabajo. Rmpeles la espalda a sus enemigos, y que no vuelvan a levantarse los que lo odian."
Acerca de Benjamn dijo: "El amado del Seor vive tranquilo; el Altsimo lo proteger siempre. Vivir bajo su proteccin!"
Acerca de Jos dijo: "Que el Seor bendiga su tierra con lo mejor del roco de los cielos y del agua que est en lo profundo de la tierra,
con las mejores cosechas del ao y los mejores frutos de los meses,
con lo principal de los montes antiguos, con lo mejor de las alturas eternas,
con lo mejor de los frutos que llenan la tierra y con la buena voluntad del que habita en la zarza. Venga todo esto sobre Jos, que fue escogido entre sus hermanos.
Es hermoso como el primer hijo de un toro, poderoso como un bfalo, y cornear a todos los pueblos hasta los extremos de la tierra. Tales son las multitudes de Efran; tales son los millares de Manass."
Acerca de Zabuln e Isacar dijo: "Algrate, Zabuln, por tus salidas, y t, Isacar, por tus tiendas de campaa.
Llamarn a las naciones al monte, y all ofrecern los sacrificios requeridos; disfrutarn de la riqueza de los mares y de los tesoros ocultos de las playas."
Acerca de Gad dijo: "Bendito el que le da grandes territorios! Gad se tiende al acecho, como leona, y desgarra brazos y cabeza.
Gad se qued con la mejor parte, con una tierra digna de capitanes. Entr al frente del pueblo, cumpli con lo que el Seor exiga y actu con justicia en Israel."
Acerca de Dan dijo: "Dan es un cachorro de len que salta desde Basn."
Acerca de Neftal dijo: "Neftal es bien visto por el Seor, cuenta con mltiples bendiciones suyas, es dueo del lago hasta su extremo sur!"
Acerca de Aser dijo: "Sea bendito Aser entre los hijos de Jacob, y bien querido por sus hermanos. Que empape sus pies en aceite;
que tengan sus puertas cerrojos de hierro y bronce, y que dure su fuerza tanto como su vida.
"Nada es comparable al Dios de Jesurn, que cabalga con majestad sobre las nubes del cielo para venir en tu ayuda.
El Dios eterno es tu refugio, su eterno poder es tu apoyo; hizo huir de tu presencia al enemigo y a ti te orden destruirlo.
Israel vivir confiado, sus descendientes vivirn en paz. En sus tierras habr trigales y viedos, y nunca les faltar lluvia del cielo.
Dichoso t, Israel, quin se te puede comparar? El Seor mismo te ha salvado; l te protege y te ayuda, l es tu espada victoriosa! Tus enemigos se rendirn ante ti, y t aplastars su orgullo."
Moiss subi del desierto de Moab al monte Nebo, a la cumbre del monte Pisg, que est frente a Jeric. Desde all el Seor le hizo contemplar toda la regin de Galaad hasta el territorio de Dan,
las regiones de Neftal, Efran y Manass, todo el territorio de Jud hasta el mar Mediterrneo,
el Ngueb, el valle del Jordn y la llanura de Jeric, ciudad de las palmeras, hasta Sor.
Y el Seor le dijo: "Este es el pas que yo jur a Abraham, Isaac y Jacob que dara a sus descendientes. He querido que lo veas con tus propios ojos, aunque no vas a entrar en l."
Y as Moiss, el siervo de Dios, muri en la tierra de Moab, tal como el Seor lo haba dicho,
y fue enterrado en un valle de la regin de Moab, frente a Bet-peor, en un lugar que hasta la fecha nadie conoce.
Muri a los ciento veinte aos de edad, habiendo conservado hasta su muerte buena vista y buena salud.
Los israelitas lloraron a Moiss durante treinta das en el desierto de Moab, cumpliendo as los das de llanto y luto por su muerte.
Y Josu, hijo de Nun, recibi de Moiss sabidura, pues Moiss puso sus manos sobre l; as que los israelitas le obedecieron e hicieron como el Seor haba ordenado a Moiss.
Sin embargo, nunca ms hubo en Israel otro profeta como Moiss, con quien el Seor hablara cara a cara,
o que hiciera todos los prodigios y maravillas que el Seor le mand hacer en Egipto contra el faran, sus funcionarios y todo su pas,
o que le igualara en poder y en los hechos grandes e importantes que hizo a la vista de todo Israel.
Despus que muri Moiss, el siervo del Seor, habl el Seor con Josu, hijo de Nun y ayudante de Moiss, y le dijo:
"Como mi siervo Moiss ha muerto, ahora eres t quien debe cruzar el ro Jordn con todo el pueblo de Israel, para ir a la tierra que voy a darles a ustedes.
Tal como se lo promet a Moiss, yo les dar toda la tierra en donde ustedes pongan el pie.
Les dar el territorio que va desde el desierto y la sierra del Lbano hasta el gran ro Eufrates, con todo el territorio de los hititas, y hasta el mar Mediterrneo.
Nadie te podr derrotar en toda tu vida, y yo estar contigo as como estuve con Moiss, sin dejarte ni abandonarte jams.
Ten valor y firmeza, que t vas a repartir la tierra a este pueblo, pues es la herencia que yo promet a sus antepasados.
Lo nico que te pido es que tengas mucho valor y firmeza, y que cumplas toda la ley que mi siervo Moiss te dio. Cmplela al pie de la letra para que te vaya bien en todo lo que hagas.
Repite siempre lo que dice el libro de la ley de Dios, y medita en l de da y de noche, para que hagas siempre lo que este ordena. As todo lo que hagas te saldr bien.
Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Seor y Dios, estar contigo dondequiera que vayas."
Entonces Josu les dio rdenes a los jefes del pueblo:
"Vayan por todo el campamento y ordenen a todos que preparen provisiones, porque dentro de tres das vamos a cruzar el ro Jordn para tomar posesin de la tierra que el Seor nuestro Dios nos va a dar."
Josu habl tambin a las tribus de Rubn y de Gad y a la media tribu de Manass, y les dijo:
-Acurdense de lo que les mand Moiss, el siervo del Seor, cuando les dijo que el Seor, el Dios de ustedes, les dara esta tierra para que pudieran descansar.
Dejen aqu sus mujeres, nios y animales, en esta tierra que Moiss les dio de este lado del Jordn. Pero todos los hombres aptos para la guerra tomen sus armas y vayan delante de sus hermanos, para ayudarlos,
hasta que el Seor les d a ellos un lugar de descanso, como se lo dio a ustedes, y hasta que ellos tambin sean dueos de la tierra que el Seor les va a dar. Despus, ustedes podrn regresar a sus tierras de este lado oriental del ro, para tomar posesin definitiva de esta tierra que les dio Moiss, el siervo de Dios.
Y ellos contestaron: -Haremos todo lo que nos has ordenado, e iremos a donde nos mandes.
Siempre te obedeceremos, como antes obedecimos a Moiss. Lo nico que pedimos es que el Seor tu Dios te acompae como acompa a Moiss.
Todo el que se te oponga o no obedezca cuanto t mandes, morir. Solo pedimos que tengas valor y firmeza.
Desde Sitim, Josu mand en secreto a dos espas, y les dijo: "Vayan a explorar la regin y la ciudad de Jeric." Ellos fueron, y llegaron a la casa de una prostituta de Jeric que se llamaba Rahab, en donde se quedaron a pasar la noche.
Pero alguien dio aviso al rey de Jeric, dicindole: -Unos israelitas han venido esta noche a explorar la regin.
Entonces el rey mand a decir a Rahab: -Saca a los hombres que vinieron a verte y que estn en tu casa, porque son espas.
Pero ella los escondi y dijo: -Es verdad que unos hombres me visitaron, pero yo no supe de dnde eran.
Se fueron al caer la noche, porque a esa hora se cierra la puerta de la ciudad, y no s a dnde se fueron. Pero si ustedes salen en seguida a perseguirlos, los podrn alcanzar.
En realidad, ella los haba hecho subir a la azotea, y estaban all escondidos, entre unos manojos de lino puestos a secar.
Los hombres del rey los persiguieron en direccin del ro Jordn, hasta los vados. Tan pronto como los soldados salieron, fue cerrada la puerta de la ciudad.
Entonces, antes que los espas se durmieran, Rahab subi a la azotea y les dijo:
-Yo s que el Seor les ha dado esta tierra a ustedes, porque l ha hecho que nosotros les tengamos mucho miedo. Todos los que viven aqu estn muertos de miedo por causa de ustedes.
Sabemos que cuando ustedes salieron de Egipto, Dios sec el agua del Mar Rojo para que ustedes lo pasaran. Tambin sabemos que ustedes aniquilaron por completo a Sihn y a Og, los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del ro Jordn.
Es tanto el miedo que nos ha dado al saberlo, que nadie se atreve a enfrentarse con ustedes. Porque el Seor, el Dios de ustedes, es Dios lo mismo arriba en el cielo que abajo en la tierra.
Por eso yo les pido que me juren aqu mismo, por el Seor, que van a tratar bien a mi familia, de la misma manera que yo los he tratado bien a ustedes. Denme una prueba de su sinceridad,
y perdonen la vida a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es de ellos. Slvennos de la muerte!
Ellos le contestaron: -Con nuestra propia vida respondemos de la vida de ustedes, con tal de que t no digas nada de este asunto. Cuando el Seor nos haya dado esta tierra, nosotros te trataremos bien y con lealtad.
Como Rahab viva en una casa construida sobre la muralla misma de la ciudad, con una soga los hizo bajar por la ventana.
Y les dijo: -Vyanse a la montaa, para que no los encuentren los que andan buscndolos. Escndanse all durante tres das, hasta que ellos vuelvan a la ciudad. Despus podrn ustedes seguir su camino.
Y ellos le contestaron: -Nosotros cumpliremos el juramento que nos has pedido hacerte.
Pero cuando entremos en el pas, t debers colgar esta soga roja de la ventana por la que nos has hecho bajar. Rene entonces en tu casa a tu padre, tu madre, tus hermanos y toda la familia de tu padre.
Si alguno de ellos sale de tu casa, ser responsable de su propia muerte; la culpa no ser nuestra. Pero si alguien toca a quien est en tu casa contigo, nosotros seremos los responsables.
Y si t dices algo de este asunto, nosotros ya no estaremos obligados a cumplir el juramento que te hemos hecho.
-Estamos de acuerdo -contest ella. Entonces los despidi, y ellos se fueron. Despus ella at la soga roja a su ventana.
Los dos espas se fueron a las montaas y se escondieron all durante tres das, mientras los soldados los buscaban por todas partes sin encontrarlos, hasta que por fin volvieron a Jeric.
Entonces los espas bajaron de las montaas, cruzaron el ro y regresaron a donde estaba Josu, a quien contaron todo lo que les haba pasado.
Le dijeron: "El Seor ha puesto toda la regin en nuestras manos. Por causa nuestra, todos los que viven en el pas estn muertos de miedo."
Al da siguiente, muy temprano, Josu y todos los israelitas salieron de Sitim y llegaron al ro Jordn; pero antes de cruzarlo acamparon all.
Pasados tres das, los jefes recorrieron el campamento
y dieron esta orden a los israelitas: "En cuanto vean ustedes que el arca del Seor pasa, llevada por los sacerdotes levitas, salgan de donde estn y sganla.
As sabrn por dnde tienen que ir, porque ninguno de ustedes ha pasado antes por ese camino. Pero no se acerquen al arca, sino qudense siempre detrs de ella, como a un kilmetro de distancia."
Y Josu les dijo: "Purifquense, porque maana vern al Seor hacer milagros."
A los sacerdotes les dijo: "Tomen el arca de la alianza y crucen el ro delante de la gente." Los sacerdotes tomaron el arca de la alianza y pasaron delante de la gente.
Entonces el Seor le dijo a Josu: "A partir de hoy te har cada vez ms importante a los ojos de los israelitas. As ellos vern que yo estoy contigo como estuve con Moiss.
T, por tu parte, ordena a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza que, cuando lleguen a la orilla del Jordn, se paren dentro del ro."
Entonces Josu les dijo a los israelitas: "Vengan y escuchen lo que dice el Seor su Dios.
Esta ser la prueba de que el Dios viviente est en medio de ustedes, y de que al paso de ustedes l ir barriendo a los cananeos, los hititas, los heveos, los ferezeos, los gergeseos, los amorreos y los jebuseos.
Miren, el arca de la alianza del Seor de toda la tierra va a cruzar el Jordn delante de ustedes.
Por eso, escojan ahora doce hombres, uno de cada una de las doce tribus de Israel.
Cuando los sacerdotes que llevan el arca del Seor de toda la tierra metan los pies en el agua, el ro se dividir en dos partes, y el agua que viene de arriba dejar de correr y se detendr como formando un embalse."
Los israelitas salieron de sus tiendas de campaa para cruzar el ro, y delante de ellos iban los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza.
Pero en cuanto los sacerdotes entraron en el ro y sus pies se mojaron con el agua de la orilla (durante el tiempo de la cosecha el Jordn se desborda) el agua que vena de arriba dej de correr y se detuvo como formando un embalse, bastante lejos, en Adam, la ciudad que est junto a la fortaleza de Saretn. Y el agua que bajaba hacia el Mar Muerto sigui corriendo hasta que se termin.
As se dividi el agua del ro, y los israelitas lo cruzaron frente a la ciudad de Jeric.
Todo el pueblo cruz en seco el Jordn, mientras los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza del Seor permanecan en medio del Jordn, firmes y en terreno seco.
Despus que todos terminaron de cruzar el Jordn, el Seor le dijo a Josu:
"Escoge doce hombres del pueblo, uno de cada tribu,
y diles que saquen doce piedras de en medio del ro, del lugar donde estn parados los sacerdotes, y que las lleven y las pongan en el lugar en que van a acampar esta noche."
Entonces Josu llam a los doce hombres que haba escogido,
y les dijo: "Entren hasta el centro del Jordn, delante del arca del Seor, el Dios de ustedes, y cada uno de ustedes chese all una piedra al hombro, una piedra por cada tribu de Israel, para que sean doce en total.
Ellas les servirn como prueba para que, en el futuro, cuando sus hijos les pregunten: 'Qu significan estas piedras?',
ustedes les contesten: 'Cuando el arca de la alianza del Seor pas el Jordn, el agua del ro se dividi en dos partes delante del arca. Estas piedras sirven para que los israelitas recuerden siempre lo que pas aqu.' "
Ellos hicieron lo que Josu les mand. Tomaron doce piedras del Jordn, una por cada tribu de Israel, y las llevaron hasta el campamento y all las colocaron, tal como el Seor le haba dicho a Josu.
Adems Josu coloc otras doce piedras en el lugar del ro donde se pararon los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza. Esas piedras estn all todava.
Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza se quedaron en medio del Jordn mientras los israelitas hacan todas las cosas que el Seor les haba ordenado por medio de Josu. Todo se hizo segn Moiss lo haba mandado a Josu. La gente pas de prisa,
y luego que todos estuvieron al otro lado, pasaron los sacerdotes con el arca del Seor, y se pusieron a la cabeza de todo el pueblo.
Tambin pasaron el ro los guerreros de las tribus de Rubn y de Gad y los de la media tribu de Manass. Pasaron armados, e iban delante de los otros israelitas, segn Moiss les haba mandado.
Cerca de cuarenta mil hombres armados y listos para la guerra desfilaron ante el Seor, y fueron hacia los llanos de Jeric.
Aquel da el Seor hizo que todo Israel admirara y respetara a Josu, como lo haba hecho con Moiss durante toda su vida.
Entonces el Seor le dijo a Josu:
"Ordena a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza, que salgan del Jordn."
Josu les orden que salieran,
y tan pronto como los sacerdotes salieron del Jordn y pusieron los pies en un lugar seco, el agua del ro volvi a su lugar y corri desbordada como antes.
Los israelitas salieron del Jordn el da diez del mes primero, y acamparon en Guilgal, al este de Jeric.
All Josu coloc las doce piedras que trajeron del Jordn,
y dijo a los israelitas: "En el futuro, cuando sus hijos les pregunten: 'Qu significan estas piedras?',
cuntenles cmo Israel pas el ro Jordn en seco,
y cmo el Seor su Dios sec el agua del Jordn mientras ustedes pasaban, tal como antes haba secado el Mar Rojo mientras pasbamos nosotros.
As todos los pueblos del mundo sabrn lo poderoso que es el Seor, y ustedes honrarn siempre al Seor su Dios."
Todos los reyes amorreos que estaban en el lado oeste del Jordn, y los reyes cananeos que estaban cerca del mar Mediterrneo, supieron que el Seor haba secado el agua del ro Jordn mientras los israelitas lo cruzaban, y les dio mucho miedo, y no se atrevan a hacer frente a los israelitas.
Fue entonces cuando el Seor le dijo a Josu: "Haz unos cuchillos de piedra, y vuelve a circuncidar a los israelitas."
Josu hizo los cuchillos, y circuncid a los hombres israelitas en el monte de Aralot.
Los circuncid porque todos los hombres que estaban en edad militar cuando salieron de Egipto ya haban muerto por el camino, en el desierto.
Y aunque todos los que salieron de Egipto estaban circuncidados, los que nacieron despus, por el camino, en el desierto, no lo estaban.
Como los israelitas anduvieron cuarenta aos por el desierto, ya haban muerto todos los hombres que haban salido de Egipto en edad militar. Esos hombres no obedecieron al Seor, y por eso l les jur que no les dejara ver la tierra que a sus antepasados haba prometido darles, tierra donde la leche y la miel corren como el agua.
Por eso Josu circuncid a los hijos de aquellos hombres, es decir, a los que el Seor haba puesto en lugar de ellos, los cuales no haban sido circuncidados antes porque estaban de camino.
Cuando todos estuvieron ya circuncidados, se quedaron descansando en el campamento hasta que sanaron.
Entonces el Seor le dijo a Josu: "Con esta circuncisin les he quitado la vergenza de los egipcios." Por esta razn, aquel lugar todava se llama Guilgal.
Los israelitas acamparon en Guilgal, y el da catorce del mes, por la tarde, celebraron la Pascua en los llanos de Jeric.
Ese mismo da comieron panes sin levadura y trigo tostado, pero al da siguiente comieron ya de lo que la tierra produca.
Desde entonces no volvi a haber man, as que los israelitas se alimentaron aquel ao de lo que produca la tierra de Canan.
Un da, estando Josu cerca de Jeric, vio delante de l a un hombre con una espada en la mano. Josu se le acerc y le pregunt: -Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?
-Ni lo uno ni lo otro -contest el hombre-. Vengo como jefe del ejrcito del Seor. Entonces Josu se inclin hasta tocar el suelo con la frente, y le pregunt: -Qu le manda mi Seor a este siervo suyo?
El jefe del ejrcito del Seor le contest: -Desclzate, porque el lugar donde ests es sagrado. Y Josu le obedeci.
Nadie poda entrar ni salir de Jeric, pues se haban cerrado las puertas de la ciudad para defenderla de los israelitas.
Pero el Seor le dijo a Josu: "Yo te he entregado Jeric, con su rey y sus soldados.
Ustedes, soldados israelitas, den una vuelta diaria alrededor de la ciudad durante seis das.
Siete sacerdotes irn delante del arca de la alianza, cada uno con una trompeta de cuerno de carnero, y el sptimo da darn siete vueltas a la ciudad, mientras los sacerdotes tocan las trompetas.
Cuando ustedes oigan que las trompetas dan un toque especial, griten con todas sus fuerzas, y la muralla de la ciudad se vendr abajo. Entonces cada uno deber avanzar directamente contra la ciudad."
Josu llam a los sacerdotes y les dijo: "Lleven el arca de la alianza del Seor, y siete de ustedes vayan delante del arca, con trompetas de cuerno de carnero."
Y al pueblo le dijo: "Vayan y denle la vuelta a la ciudad. Los hombres de combate, que vayan delante del arca del Seor."
Todos hicieron lo que Josu les mand. Los siete sacerdotes iban delante del arca de la alianza del Seor, tocando las siete trompetas, y el arca los segua.
Los hombres de combate iban delante de los sacerdotes, y la retaguardia iba detrs del arca, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas sin cesar.
Pero al ejrcito Josu le orden que marchara en silencio, hasta el momento en que l les diera la orden de gritar con todas sus fuerzas.
Josu hizo que el arca del Seor diera una vuelta alrededor de la ciudad. Despus volvieron al campamento, y all pasaron la noche.
Al da siguiente, muy temprano, Josu se levant y los sacerdotes tomaron el arca del Seor.
Los siete sacerdotes iban delante del arca del Seor, sin dejar de caminar ni de tocar sus trompetas. Los hombres de combate iban delante de ellos, y los otros iban detrs del arca. Las trompetas no dejaban de sonar.
Al segundo da le dieron otra vuelta a la ciudad y volvieron al campamento. Y durante seis das hicieron lo mismo.
Al sptimo da se levantaron de madrugada y marcharon alrededor de la ciudad, como lo haban hecho antes, pero ese da le dieron siete vueltas.
Cuando los sacerdotes tocaron las trompetas por sptima vez, Josu orden a la gente: "Griten! El Seor les ha entregado la ciudad.
La ciudad, con todo lo que hay en ella, ser consagrada a completa destruccin, porque el Seor as lo ha ordenado. Solo se les perdonar la vida a Rahab la prostituta y a los que estn refugiados en su casa, porque ella escondi a los espas que mandamos.
En cuanto a ustedes, cudense de no tomar ni tocar nada de lo que hay en la ciudad y que el Seor ha consagrado a la destruccin, pues de lo contrario pondrn bajo maldicin el campamento de Israel y le acarrearn la desgracia.
Pero el oro y la plata, y todas las cosas de bronce y de hierro, sern dedicadas al Seor, y se pondrn en su tesoro."
La gente grit y las trompetas sonaron. Al or los israelitas el sonido de las trompetas, comenzaron a gritar a voz en cuello, y la muralla de la ciudad se vino abajo. Entonces avanzaron directamente contra la ciudad, y la tomaron.
Despus mataron a filo de espada a hombres, mujeres, jvenes y viejos, y aun a los bueyes, las ovejas y los asnos. Todo lo destruyeron por completo.
Josu les dijo a los dos espas que haban explorado la tierra: "Vayan a casa de la prostituta y squenla de all con todos los suyos, tal como ustedes se lo prometieron."
Ellos entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y a todos sus parientes, y los llevaron a un lugar seguro fuera del campamento de Israel.
Luego los israelitas quemaron la ciudad y todo lo que haba en ella. Lo nico que sacaron fue la plata, el oro y las cosas de bronce y de hierro, que pusieron en el tesoro del Seor.
Pero Josu les perdon la vida a Rahab y a su familia, porque ella haba escondido a los espas que Josu haba enviado a Jeric. Y desde entonces los descendientes de Rahab viven entre los israelitas.
Luego Josu hizo el siguiente juramento: "Maldito sea a los ojos del Seor el que intente reconstruir la ciudad de Jeric. Sean echados los cimientos sobre su hijo mayor, y sobre su hijo menor sean puestas las puertas."
El Seor ayud a Josu, y la fama de Josu se extendi por toda la regin.
Pero un miembro de la tribu de Jud, que se llamaba Acn y era hijo de Carm, nieto de Zabd y bisnieto de Zrah, tom varias cosas de las que estaban consagradas a la destruccin, con lo cual todos los israelitas resultaban culpables ante el Seor de haber tomado lo que l haba ordenado destruir. Por eso la ira del Seor se encendi contra ellos.
Josu haba mandado unos hombres desde Jeric, para que fueran hasta Ai, que estaba al oriente de Betel, cerca de Bet-avn, con rdenes de explorar la regin. Ellos fueron y exploraron Ai,
y al volver le dijeron a Josu: "No hace falta que todo el pueblo ataque Ai, pues dos o tres mil hombres son suficientes para tomar la ciudad. No mandes a todo el pueblo, pues los que defienden la ciudad son pocos."
As pues, unos tres mil hombres subieron para atacar Ai. Pero los de Ai los derrotaron y los hicieron huir;
mataron como a treinta y seis israelitas, y a los dems los persiguieron desde las puertas de la ciudad hasta las canteras, y en la bajada los destrozaron. Por esta razn la gente se desanim y perdi el valor.
Josu y los ancianos de Israel rasgaron sus ropas y se echaron polvo sobre la cabeza en seal de dolor; luego se inclinaron ante el arca del Seor tocando el suelo con la frente, hasta la cada de la tarde.
Y deca Josu: -Ay, Seor! Para qu hiciste que este pueblo pasara el ro Jordn? Acaso fue para entregarnos a los amorreos, y para que ellos nos destruyeran? Ojal nos hubiramos quedado al otro lado del Jordn!
Ay, Seor! Qu puedo decir, ahora que los israelitas han huido de sus enemigos?
Los cananeos y todos los que viven en la regin se van a enterar de lo que ha pasado, y nos atacarn juntos, y no quedar de nosotros ni el recuerdo. Entonces, qu ser de tu gran nombre?
Y el Seor le contest: -Levntate. Qu haces ah, en el suelo?
Los israelitas han pecado, y han roto la alianza que yo hice con ellos. Tomaron de las cosas que debieron ser destruidas; las robaron sabiendo que hacan mal, y las han escondido entre sus pertenencias.
Por eso los israelitas no podrn hacer frente a sus enemigos. Tendrn que huir de ellos, pues ahora los israelitas mismos merecen ser destruidos. Y si ustedes no destruyen pronto lo que orden que se destruyera, no estar ms con ustedes.
Levntate y convoca al pueblo. Diles que se preparen para presentarse maana delante de m, porque yo, el Seor y Dios de Israel, digo as: 'T, Israel, has tomado lo que debi ser destruido por completo, y mientras no lo destruyas y lo eches fuera de ti, no podrs hacer frente a tus enemigos.'
Maana presntense todos por tribus, y la tribu que yo seale presentar a cada uno de sus clanes; el clan que yo seale presentar a cada una de sus familias, y la familia que yo seale presentar a cada uno de sus hombres.
Y el que tenga en su poder lo que debi ser destruido, ser quemado con su familia y con todas sus posesiones, por haber hecho una cosa indigna en Israel y no haber cumplido la alianza del Seor.
Al da siguiente, Josu se levant muy temprano y mand que la gente se presentara repartida en tribus. Y el Seor seal a la tribu de Jud.
Entonces Josu hizo que la tribu de Jud presentara a cada uno de sus clanes, y fue sealado el clan de Zrah. De entre los de Zrah fue sealada la familia de Zabd.
Cuando los hombres de la familia de Zabd se acercaron uno por uno, fue sealado Acn, el hijo de Carm, que era nieto de Zabd y bisnieto de Zrah, de la tribu de Jud.
Entonces Josu le dijo a Acn: -Hijo mo, da honor y alabanza al Seor y Dios de Israel, dicindome lo que has hecho. No me lo ocultes!
Y Acn le contest: -En verdad, confieso que he pecado contra el Seor y Dios de Israel. Esto es lo que hice:
Entre las cosas que tomamos en Jeric, vi un bello manto de Babilonia, doscientas monedas de plata y una barra de oro que pesaba ms de medio kilo. Me gustaron esas cosas, y me qued con ellas, y las he enterrado debajo de mi tienda de campaa, poniendo el dinero en el fondo.
Josu mand en seguida unos hombres a la tienda de Acn, los cuales encontraron todo lo que all estaba escondido, con la plata en el fondo.
Lo tomaron y se lo llevaron a Josu y a los israelitas, los cuales se lo presentaron al Seor.
Luego se llevaron a Acn al valle de Acor junto con la plata, el manto, la barra de oro, sus hijos y sus hijas, sus bueyes, asnos y ovejas, y su tienda y todo lo que era suyo.
Josu le dijo: -Por qu trajiste esta desgracia sobre nosotros? Ahora, que el Seor haga caer sobre ti la desgracia que nos trajiste. Dicho esto, todos los israelitas mataron a pedradas a Acn y a los suyos, y luego los quemaron.
Despus pusieron sobre l un gran montn de piedras, que todava sigue en pie. Por esta razn ese lugar se llama todava valle de Acor. As se calm la ira del Seor contra Israel.
El Seor le dijo a Josu: "No tengas miedo ni te desanimes. Toma a todo tu ejrcito y ponte en marcha contra la ciudad de Ai, pues yo te dar la victoria sobre el rey de Ai y su gente. Su ciudad y sus territorios sern tuyos,
y t hars con Ai y su rey lo mismo que hiciste con Jeric y su rey, aunque en este caso podrn ustedes quedarse con las cosas y los animales de los vencidos. Prepara un ataque por sorpresa, por la parte de atrs de la ciudad."
Josu se prepar con todo su ejrcito para marchar contra Ai. Escogi treinta mil guerreros, a los cuales envi de noche
con esta orden: "Oigan bien: vayan por la parte de atrs de la ciudad, escndanse cerca de ella y mantnganse listos para atacar.
El resto de la gente se acercar conmigo a la ciudad, y cuando los de la ciudad salgan a atacarnos, nosotros huiremos de ellos, como la vez pasada.
Ellos nos perseguirn cuando huyamos de la ciudad, pues pensarn que otra vez nos han puesto en fuga.
Entonces ustedes saldrn de su escondite y tomarn la ciudad, pues el Seor su Dios se la va a entregar.
Una vez que la hayan tomado, qumenla, tal como el Seor lo ha dicho. Es una orden."
Entonces Josu les dio la orden de partir, y ellos fueron y se escondieron entre Betel y Ai, al oeste de Ai, mientras que Josu pas la noche en el campamento.
Al da siguiente, Josu se levant muy temprano y pas revista a su gente. Luego se puso al frente de ellos, junto con los ancianos de Israel, y se dispuso a atacar Ai.
Todos sus hombres se acercaron a la ciudad por la parte de delante, y acamparon al norte de ella, teniendo el valle entre ellos y la ciudad.
Josu escondi unos cinco mil hombres entre Betel y Ai, al oeste de la ciudad,
de modo que el ejrcito qued repartido en dos grupos, uno escondido al oeste de la ciudad, y el otro en el campamento, al norte. Josu se adelant aquella noche hasta la mitad del valle.
Cuando el rey de Ai vio la situacin, se dio prisa y sali con todo su ejrcito para luchar contra los israelitas en el valle del Jordn, sin saber que otros israelitas estaban escondidos detrs de la ciudad.
Josu y sus hombres fingieron ponerse en fuga, y huyeron de los de Ai por el camino del desierto.
Entonces todo el ejrcito de Ai recibi rdenes de perseguirlos, y al perseguir a Josu se alejaron de la ciudad.
No hubo un solo hombre de Ai ni de Betel que no saliera a perseguir a los israelitas; pero en sus ansias por perseguirlos dejaron indefensa la ciudad.
Entonces el Seor le dijo a Josu: "Da ya la seal de atacar la ciudad de Ai, que yo te la voy a entregar." Josu dio la seal, ordenando el ataque.
Entonces los que estaban escondidos salieron rpidamente de su escondite, se lanzaron contra la ciudad y la tomaron, prendindole fuego en seguida.
Cuando los hombres de Ai volvieron atrs la mirada, vieron que el humo de su ciudad suba hasta el cielo. No tenan escape por ningn lado, porque los israelitas que antes huan hacia el desierto, ahora se lanzaban al ataque.
En efecto, al ver Josu y todos los israelitas que los que se haban escondido haban tomado ya la ciudad, y que le haban prendido fuego, se volvieron y atacaron a los de Ai.
Luego, los que haban tomado la ciudad salieron de ella, de modo que los de Ai quedaron atrapados entre las dos fuerzas israelitas, las cuales atacaron a los de Ai hasta matarlos a todos.
Solo dejaron con vida al rey de Ai, al cual capturaron y llevaron ante Josu.
Despus de matar a filo de espada a todos los de Ai que haban salido a perseguirlos, los israelitas regresaron a Ai y mataron a los que quedaban.
Aquel da murieron los doce mil habitantes de Ai, hombres y mujeres,
pues Josu mantuvo la orden de atacar la ciudad hasta que los destruyeron a todos por completo.
Los israelitas se quedaron con los animales y las cosas que haba en la ciudad, como el Seor le haba dicho a Josu,
y Josu quem Ai y la dej en ruinas para siempre, tal como se ve todava.
Al rey de Ai lo colg Josu de un rbol hasta el atardecer, y cuando el sol se puso, mand que lo bajaran y echaran su cadver a la entrada de la ciudad, y que amontonaran piedras encima de l. El montn de piedras est all todava.
Entonces Josu construy en el monte Ebal un altar al Seor, el Dios de Israel,
tal como Moiss, el siervo del Seor, se lo haba ordenado a los israelitas, y conforme a lo que est escrito en el libro de la ley de Moiss: "Un altar de piedras sin labrar." Entonces los israelitas ofrecieron holocaustos sobre el altar, y presentaron sacrificios de reconciliacin.
Luego, en presencia de los israelitas, Josu grab en las piedras del altar la ley que Moiss les haba dado.
Entonces todo el pueblo, tanto los descendientes de Israel como los extranjeros, y todos los ancianos, oficiales y jueces, se pusieron a los lados del arca de la alianza del Seor, frente a los sacerdotes levitas que la llevaban en hombros. Para la bendicin del pueblo de Israel, la mitad de ellos estaba del lado del monte Guerizim, y la otra mitad del lado del monte Ebal, tal como lo haba ordenado desde el principio Moiss, el siervo del Seor.
Despus Josu ley cada una de las palabras del libro de la ley, tanto las bendiciones como las maldiciones.
No hubo una sola palabra de todo lo que Moiss haba mandado, que no leyera Josu ante toda la comunidad de Israel, incluyendo a las mujeres y nios, y aun a los extranjeros que vivan entre ellos.
Los reyes hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos se enteraron de lo sucedido. (Estos reyes vivan en la orilla occidental del ro Jordn, en las montaas, en la llanura y en toda la costa del mar Mediterrneo hasta las regiones del Lbano.)
Entonces todos ellos se pusieron de acuerdo y se aliaron para enfrentarse con Josu y los israelitas.
Sin embargo, los heveos que vivan en Gaban supieron lo que Josu haba hecho con las ciudades de Jeric y de Ai,
y decidieron engaarlo. Se pusieron en camino, echando sobre sus asnos costales y cueros de vino viejos, rotos y remendados;
tambin se pusieron ropa y sandalias viejas y remendadas, y tomaron para el camino nicamente pan seco y mohoso.
Cuando llegaron al campamento de Guilgal, dijeron a Josu y a los israelitas: -Venimos de tierras lejanas. Hagan ustedes un pacto con nosotros.
Los israelitas les contestaron a los heveos: -A lo mejor ustedes viven por aqu, cerca de nosotros; cmo vamos entonces a hacer un pacto con ustedes?
Pero ellos dijeron a Josu: -Nosotros nos ponemos al servicio de usted. l les pregunt: -Quines son ustedes? De dnde vienen?
Y ellos respondieron: -Venimos de muy lejos, debido a la fama del Seor su Dios. Hemos sabido todo lo que l hizo en Egipto,
y lo que les hizo a los dos reyes amorreos al otro lado del ro Jordn, es decir, a Sihn de Hesbn y a Og de Basn, que viva en Astarot.
Por eso, nuestros jefes y nuestros compatriotas nos dijeron: 'Tomen ustedes provisiones para el camino y vayan a donde ellos estn. Dganles que nos ponemos a su servicio y que queremos hacer un pacto con ellos.'
Cuando salimos en busca de ustedes, este pan todava estaba caliente, y ahora ya est mohoso y seco.
Tambin estos cueros estaban nuevos cuando los llenamos de vino, y ahora ya estn rotos. Y lo mismo ha pasado con nuestra ropa y nuestras sandalias, pues el camino ha sido largo.
Los israelitas probaron las provisiones de los gabaonitas, pero no consultaron al Seor.
Entonces Josu hizo un pacto de paz con ellos, comprometindose a perdonarles la vida; y los dems jefes israelitas juraron hacer lo mismo.
Tres das despus, los israelitas se enteraron de que los gabaonitas eran vecinos suyos, y de que vivan cerca de ellos.
Entonces salieron en busca de los gabaonitas, y al tercer da llegaron a sus ciudades, que eran Gaban, Quefir, Beerot y Quiriat-jearim.
Pero los israelitas no los mataron, porque los jefes les haban jurado por el Seor y Dios de Israel que les perdonaran la vida. Por esta razn el pueblo murmuraba contra sus jefes,
pero los jefes les dijeron: -Nosotros les hemos jurado por el Seor, el Dios de Israel, que no los mataramos. Por eso, ahora no podemos hacerles nada.
Tenemos que dejarlos vivir, porque si rompemos el juramento, Dios se enojar con nosotros.
As pues, los jefes israelitas ordenaron que se les dejara con vida, pero que fueran puestos como leadores y aguadores para todo el pueblo. De esa manera los jefes mantuvieron su promesa.
Por su parte, Josu llam a los gabaonitas y les pregunt: -Por qu nos engaaron dicindonos que venan de muy lejos, cuando la verdad es que viven aqu mismo?
Por esta razn quedarn ustedes bajo maldicin, y para siempre sern sirvientes. Tendrn que cortar la lea y sacar el agua que se necesite para la casa de mi Dios.
Y ellos contestaron a Josu: -Nosotros lo hicimos porque tenamos mucho miedo de que usted nos fuera a matar, pues nos enteramos de que el Seor su Dios le haba ordenado a Moiss, su siervo, darles a ustedes toda esta regin, y destruir a todos los que vivan aqu.
Pero estamos en sus manos; haga usted con nosotros lo que le parezca ms conveniente.
Josu, pues, no permiti que los israelitas mataran a los gabaonitas,
pero los destin a ser leadores y aguadores para el pueblo y para el altar del Seor, en el lugar que el Seor escogiera. Y todava hoy los gabaonitas tienen esa ocupacin.
Adonisdec, el rey de Jerusaln, tuvo mucho miedo cuando supo que Josu haba tomado y destruido Ai, y que haba hecho con ella y con su rey lo mismo que antes haba hecho con Jeric y su rey, y que los gabaonitas haban hecho la paz con los israelitas y ahora vivan entre ellos.
Esto ltimo le caus mucho miedo, pues Gaban era una ciudad importante, ms grande que Ai y comparable a las gobernadas por un rey, y los gabaonitas eran valientes.
Por esta razn Adonisdec les mand el siguiente mensaje a los reyes Hoham de Hebrn, Piram de Jarmut, Jafa de Laquis, y Debir de Egln:
"Vengan ac y aydenme a pelear contra Gaban, pues ha hecho un pacto con Josu y los israelitas."
As que los cinco reyes amorreos, o sea los reyes de Jerusaln, Hebrn, Jarmut, Laquis y Egln, se juntaron y marcharon con sus ejrcitos para acampar ante Gaban y atacarla.
Por su parte, los que vivan en Gaban le mandaron este mensaje a Josu, que estaba en el campamento de Guilgal: "No se niegue usted a ayudar a sus servidores. Venga pronto a ayudarnos y defendernos, pues todos los reyes amorreos de las montaas se han unido para atacarnos."
Entonces Josu sali de Guilgal con todo su ejrcito de valientes,
y el Seor le dijo: "No les tengas miedo, porque yo voy a entregrtelos, y ninguno de ellos va a poder hacerte frente."
Josu sali de Guilgal y, avanzando por la noche, atac por sorpresa a los amorreos.
El Seor hizo que ellos se asustaran mucho ante los israelitas, y as Josu mat a muchsimos en Gaban. Despus los persigui por el camino de Bet-horn, y sigui matando amorreos hasta Azec y Maqued.
Al bajar los amorreos la cuesta de Bet-horn, mientras huan de los israelitas, el Seor solt sobre ellos grandes piedras de granizo, que mataron ms amorreos que las espadas de los israelitas.
Cuando el Seor entreg a los amorreos en manos de los israelitas, Josu le habl al Seor delante del pueblo y dijo: "Prate, sol, en Gaban; prate, luna, en el valle de Aialn."
Y el sol y la luna se detuvieron hasta que el pueblo se veng del enemigo. Esto es lo que dice el Libro del Justo. El sol se detuvo en medio del cielo, y por casi un da entero no se puso.
Ni antes ni despus ha habido otro da como aquel en que el Seor escuch la voz de un hombre, pues el Seor peleaba a favor de Israel.
Despus Josu y los israelitas volvieron al campamento de Guilgal,
y los cinco reyes huyeron y se escondieron en una cueva en Maqued.
Pero ms tarde fueron hallados en esa cueva, y as se lo dijeron a Josu.
Entonces Josu dio las siguientes rdenes: "Rueden piedras hasta la entrada de la cueva y tpenla, y pongan guardias a la entrada para que los vigilen.
Mientras tanto, no se detengan ustedes aqu. Vayan tras el enemigo y atquenlo por la retaguardia. No los dejen regresar a sus ciudades, porque el Seor y Dios de ustedes los ha entregado en sus manos."
Despus que Josu y los israelitas derrotaron por completo a los amorreos, matando a muchsimos de ellos, los amorreos que quedaron con vida se refugiaron en sus ciudades.
Pero el pueblo israelita regres sano y salvo al campamento de Maqued, donde estaba Josu. Y nadie se atreva a hablar mal de los israelitas.
Entonces Josu dijo: "Destapen la entrada de la cueva y saquen a los cinco reyes."
As lo hicieron los israelitas, y sacaron de la cueva a los reyes de Jerusaln, Hebrn, Jarmut, Laquis y Egln.
Cuando los trajeron ante Josu, l llam a todos los hombres de Israel, y dijo a los jefes militares que estaban con l: "Acrquense y pongan el pie sobre el cuello de estos reyes." Ellos lo hicieron as,
y entonces Josu les dijo: "No tengan miedo ni se desanimen; al contrario, tengan valor y firmeza, porque esto mismo har el Seor con todos los enemigos de ustedes."
Despus Josu mat a los reyes y mand que colgaran a cada uno de un rbol, y all los dejaron hasta el atardecer.
Cuando ya el sol se iba a poner, mand Josu que los bajaran de los rboles y los echaran en la misma cueva en que se haban escondido. Despus taparon la entrada de la cueva con unas piedras enormes que, por cierto, todava estn all.
Ese mismo da, Josu tom la ciudad de Maqued y la destruy por completo; mat a filo de espada a todos los que vivan en ella, y no dej a nadie con vida. Hizo con el rey de Maqued lo mismo que haba hecho con el de Jeric.
De all, Josu y los israelitas se fueron a la ciudad de Libn y la atacaron.
El Seor les entreg tambin esta ciudad y su rey. No qued nada ni nadie con vida, e hizo con el rey de Libn lo mismo que con el de Jeric.
Despus Josu y los israelitas se fueron de Libn a Laquis, y acamparon ante la ciudad y la atacaron.
Al segundo da, el Seor les entreg Laquis y, como en Libn, los israelitas mataron a filo de espada a todas las personas y los animales que vivan all.
Horam, el rey de Guzer, sali con su ejrcito a defender Laquis, pero Josu lo derrot y no dej a nadie con vida.
Despus de Laquis, Josu y los israelitas fueron a la ciudad de Egln, acamparon ante ella y la atacaron.
Ese mismo da la tomaron, y mataron a filo de espada a todos los que vivan all, destruyndolos por completo como haban hecho con Laquis.
De Egln siguieron a la ciudad de Hebrn, y la atacaron.
Cuando la tomaron, la destruyeron por completo y mataron a filo de espada al rey y a todas las personas y los animales que vivan all y en los pueblos vecinos, tal como lo haban hecho en Egln.
De all, Josu y los israelitas se dirigieron a la ciudad de Debir y la atacaron,
matando a filo de espada a su rey y a los habitantes de los pueblos vecinos. Ni un solo habitante de Debir qued con vida; todos fueron aniquilados, tal como lo haban hecho con Hebrn y Libn y con sus reyes.
As pues, Josu conquist toda la regin. Derrot a los reyes de las montaas, del Ngueb, de los llanos y de las cuestas. Lo destruy todo y los mat a todos; no qued nada, ni dej vivo a nadie, tal y como el Seor, el Dios de Israel, se lo haba ordenado.
De una sola vez derrot a los reyes y conquist todos sus territorios entre Cads-barnea y Gaza, y toda la regin de Gosen hasta la ciudad de Gaban,
porque el Seor, el Dios de Israel, peleaba en favor de los israelitas.
Despus Josu volvi al campamento de Guilgal con todos los israelitas.
Cuando Jabn, el rey de Hasor, supo todo esto, mand mensajeros para hacer un pacto con el rey Jobab de Madn y con los reyes de Simrn y de Acsaf,
y con todos los reyes de la regin montaosa del norte, del valle del Jordn al sur del lago Quinret, de la llanura y de las cercanas de Dor hacia el oeste,
con los cananeos del este y del oeste, con los amorreos, los hititas, los ferezeos, los jebuseos de las montaas y los heveos del monte Hermn, en la regin de Misp.
Todos estos reyes salieron con sus ejrcitos y con muchsimos caballos y carros de guerra. Eran tantos los soldados que no se podan contar, como los granitos de arena a la orilla del mar.
Todos ellos hicieron un pacto, y acamparon junto a las aguas de Merom, para atacar a los israelitas.
Pero el Seor le dijo a Josu: "No les tengas miedo, porque yo har que maana, a esta misma hora, todos ellos caigan muertos delante de ustedes. Y t, rmpeles las patas a sus caballos y prende fuego a sus carros de guerra."
Entonces Josu y todos sus guerreros los atacaron por sorpresa junto a las aguas de Merom,
y el Seor les dio la victoria a los israelitas, de modo que los fueron atacando y persiguiendo hasta la gran ciudad de Sidn y Misrefot-maim, y por el oriente hasta el llano de Misp. Ni uno solo de ellos qued con vida.
Josu cumpli con lo que el Seor le haba ordenado, pues les rompi las patas a los caballos del enemigo y quem sus carros de guerra.
Despus regres y tom la ciudad de Hasor, que haba sido el centro de aquel pacto, y mat a su rey
y a todos los que vivan all. Todo lo destruyeron por completo, y quemaron la ciudad.
Y lo mismo hizo con las dems ciudades de aquel pacto: las tom y mat a sus reyes, y los destruy por completo, tal como se lo haba mandado Moiss, el siervo del Seor.
Sin embargo, los israelitas no quemaron ninguna de las ciudades que estaban sobre colinas, sino solamente a Hasor.
Mataron a filo de espada a todos los que vivan en esas ciudades, sin dejar con vida a ninguno, y tomaron posesin de todos los animales y cosas que haba en ellas.
El Seor le haba dado sus rdenes a Moiss, y Moiss se las dio a Josu, quien las cumpli en todo, sin pasar por alto ninguna de ellas.
Josu conquist toda aquella regin, es decir, la regin montaosa, todo el Ngueb, toda la tierra de Gosen, la llanura y el valle del Jordn, y todas las montaas y los llanos de Israel.
Desde el monte Halac, que se levanta hacia Ser, hasta Baal-gad, que est en los llanos del Lbano, al pie del monte Hermn, Josu captur y mat a todos los reyes de la regin,
tras pelear contra ellos por mucho tiempo.
La nica ciudad que hizo un pacto con los israelitas fue la de los heveos de Gaban. Todo lo dems fue tomado a la fuerza,
pues el Seor hizo que los enemigos se pusieran tercos y resistieran a los israelitas, para que los israelitas los destruyeran por completo y sin misericordia, tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Tambin por aquel entonces, Josu conquist y destruy por completo todas las ciudades de los anaquitas que vivan en el monte Hebrn, en Debir, en Anab y en todos los montes de Jud y de Israel,
de modo que no qued ni un solo descendiente del gigante Anac en todo el territorio de Israel. Solo quedaron descendientes del gigante Anac en Gaza, Gat y Asdod.
As pues, Josu conquist toda la tierra, de acuerdo con todo lo que el Seor le haba dicho a Moiss. Luego la reparti entre las tribus de Israel, para que fuera su herencia. Despus de eso hubo paz en la regin.
Estos son los reyes que los israelitas derrotaron al este del ro Jordn, y los territorios que conquistaron desde el ro Arnn hasta el monte Hermn, con toda la regin oriental del valle del Jordn:
Sihn, rey de los amorreos, que viva en Hesbn. Su reino se extenda desde Aroer, a la orilla del ro Arnn, y desde la parte central del valle hasta el ro Jaboc, donde empezaba el territorio de los amonitas (es decir, como la mitad de Galaad),
y dominaba tambin la parte oriental del valle del Jordn, desde el lago Quinret hasta el Mar Muerto, en direccin de Bet-jesimot, y hacia el sur hasta el pie del monte Pisg.
Og, rey de Basn, uno de los ltimos refatas, que viva en Astarot y en Edrei.
Su dominio se extenda desde el monte Hermn, y desde Salc, y desde toda la regin de Basn, hasta la frontera de Guesur y de Maac, y hasta la otra mitad de Galaad, que era de Sihn, el rey de Hesbn.
Moiss y los israelitas derrotaron a estos reyes, y Moiss les dio estos territorios a las tribus de Rubn y de Gad y a la media tribu de Manass.
Estos son los reyes que Josu y los israelitas derrotaron en la regin occidental del ro Jordn, comprendida entre Baal-gad, en el valle del Lbano, y el monte Halac, que se levanta hacia Ser. Josu reparti las tierras de estos reyes entre las tribus israelitas, dndoles en propiedad permanente
la regin montaosa, la llanura, el valle del Jordn, las laderas, las tierras del desierto y el Ngueb. Estas tierras haban sido de los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos.
Los reyes derrotados fueron los siguientes: el de Jeric, el de Ai, ciudad cercana a Betel,
el de Jerusaln, el de Hebrn,
el de Jarmut, el de Laquis,
el de Egln, el de Guzer,
el de Debir, el de Guder,
el de Horm, el de Arad,
el de Libn, el de Adulam,
el de Maqued, el de Betel,
el de Tapah, el de Hfer,
el de Afec, el de Sarn,
el de Madn, el de Hasor,
el de Simron-mern, el de Acsaf,
el de Taanac, el de Meguido,
el de Quedes, el de Jocneam del Carmelo,
el de Dor, en la provincia de Dor, el de Gom de Guilgal
y el de Tirs. Fueron treinta y un reyes en total.
Cuando Josu era ya muy anciano, el Seor le dijo: "T ests ya entrado en aos, y todava queda mucha tierra por conquistar.
Queda todo el territorio de los filisteos y de los guesureos,
que va desde el ro Sihor, al este de Egipto, hasta la frontera de Ecrn, al norte, y que es considerado territorio cananeo; en l hay cinco jefes filisteos, que son los jefes de Gaza, Asdod, Ascaln, Gat y Ecrn. Queda tambin la regin de los aveos,
en el sur, y toda la tierra de los cananeos, desde las ciudades de los sidonios hasta Afec, en la frontera con los amorreos.
Queda adems la tierra de los guiblitas, y todo el Lbano hacia el este, desde Baal-gad, al pie del monte Hermn, hasta la entrada de Hamat.
Voy a echar de delante de los israelitas a los sidonios y a todos los que viven en las montaas, desde el Lbano hasta Misrefot-maim. T ocpate de repartir y dar posesin de la tierra a los israelitas, tal como yo te lo he ordenado.
Reparte esta tierra entre las nueve tribus y la media tribu de Manass."
Las tribus de Rubn y de Gad y la mitad de la tribu de Manass recibieron su parte cuando Moiss les dio tierras en la regin oriental del Jordn.
Les toc la regin que va desde Aroer, a orillas del ro Arnn, y la ciudad que est en medio del valle, y toda la meseta de Medeb, hasta Dibn,
incluyendo todas las ciudades de Sihn, el rey amorreo de Hesbn, hasta la frontera de los amonitas.
Les toc tambin Galaad y el territorio de los guesureos y de los maacateos, ms el monte Hermn y toda la tierra de Basn hasta Salc,
incluyendo los dominios de Og, rey de Basn, que gobernaba en Astarot y Edrei, y que era el ltimo de los refatas, a los que Moiss haba derrotado y echado del lugar.
Los de Guesur y Maac no fueron echados de all, sino que siguieron viviendo entre los israelitas como hasta hoy.
A la tribu de Lev no le dio posesiones Moiss, pues para ellos seran las ofrendas que se queman en honor del Seor y Dios de Israel, segn l mismo haba dicho.
Moiss reparti tierras a la tribu de Rubn segn el nmero de sus clanes,
de modo que su territorio se extendi desde Aroer, a orillas del ro Arnn, y la ciudad que est en medio del valle, y por toda la meseta de Medeb,
hasta Hesbn y todas las ciudades que estn en la meseta: Dibn, Bamot-baal, Bet-baal-men,
Jahas, Cademot, Mefat,
Quiriataim, Sibm, Sret-shar, que est en la colina del valle,
Bet-peor, Bet-jesimot y las laderas del monte Pisg,
es decir, las ciudades de la meseta y todo el reino de Sihn, rey amorreo de Hesbn. Moiss haba derrotado a Sihn y a los prncipes de Madin que le servan: Ev, Rquem, Sur, Hur y Reba.
Adems los israelitas mataron al adivino Balaam, hijo de Beor, y a muchos ms.
El territorio de la tribu de Rubn, repartido segn el nmero de sus clanes, inclua todas estas ciudades y aldeas, y llegaba hasta el ro Jordn.
Tambin a los de la tribu de Gad les reparti tierras Moiss, segn el nmero de sus clanes.
Les toc Jazer y todas las ciudades de Galaad, la mitad del territorio de los amonitas hasta la ciudad de Aroer, que est frente a Rab,
y la regin que est entre Hesbn, Ramat-misp y Betonim, y entre Mahanaim y la frontera de Debir.
En el valle, les toc Bet-aram, Bet-nimr, Sucot y Safn, que era lo nico que quedaba del reino de Sihn, rey de Hesbn. As que su territorio se extenda del lado este del ro Jordn hasta el extremo sur del lago Quinret.
Estas fueron las ciudades que, con sus aldeas, les tocaron a los de la tribu de Gad, segn el nmero de sus clanes.
Tambin a los de la media tribu de Manass les dio tierras Moiss, repartidas segn el nmero de sus clanes.
Les toc todo lo que antes haba sido de Og, rey de Basn, es decir, todo Basn desde Mahanaim, con las sesenta poblaciones que pertenecen a Jar,
la mitad de Galaad, y las ciudades de Astarot y Edrei. Todo esto fue para la mitad de los descendientes de Maquir, hijo de Manass, segn el nmero de sus clanes.
Estas son las tierras que Moiss les dio en propiedad en los llanos de Moab, al este del ro Jordn, frente a Jeric.
Pero a los de la tribu de Lev no les dio tierras en propiedad, sino que les dijo: "El Seor y Dios de Israel es su herencia."
Estos son los territorios de Canan que los israelitas recibieron como posesin, tal y como se los dieron el sacerdote Eleazar, Josu y los jefes de clanes de las tribus israelitas.
Los territorios se repartieron por sorteo entre las nueve tribus y media, como el Seor le haba mandado a Moiss que lo hiciera.
Ya antes Moiss les haba dado tierras al otro lado del Jordn a las tribus de Rubn y de Gad y a la media tribu de Manass; pero a los levitas no les dio tierras.
Los descendientes de Jos formaban dos tribus, la de Manass y la de Efran, pero a los levitas no les toc ninguna porcin de tierra, sino solamente ciudades habitables, con campos para criar ganado y rebaos.
Los israelitas hicieron el reparto de la tierra tal como el Seor se lo haba ordenado a Moiss.
Los descendientes de Jud fueron a Guilgal para hablar con Josu, y Caleb el quenezita, hijo de Jefun, le dijo a Josu: "Acurdate de lo que el Seor le dijo a su siervo Moiss en Cads-barnea, en cuanto a ti y a m.
Yo tena cuarenta aos cuando Moiss me envi desde Cads-barnea a explorar la regin, y cuando volv le habl con toda sinceridad.
Los que fueron conmigo hicieron que la gente se asustara, pero yo me mantuve fiel a mi Dios y Seor.
Entonces Moiss me jur: 'La tierra en que has puesto el pie ser siempre tuya y de tus descendientes, porque te mantuviste fiel a mi Dios y Seor.'
Ya han pasado cuarenta y cinco aos desde que el Seor le dijo esto a Moiss, que fue cuando los israelitas andaban todava por el desierto, y conforme a su promesa me ha conservado con vida. Ahora ya tengo ochenta y cinco aos,
pero todava estoy tan fuerte como cuando Moiss me mand a explorar la tierra, y puedo moverme y pelear igual que entonces.
Por eso te pido que me des ahora la regin montaosa que el Seor me prometi. T sabes desde entonces que los descendientes del gigante Anac viven all, y que tienen ciudades grandes y bien fortificadas. Pero yo espero que el Seor me acompae y me ayude a echarlos de all, como l lo ha dicho."
Entonces Josu bendijo a Caleb, y le dio Hebrn para que fuera de l y de sus descendientes.
As fue como Hebrn lleg a ser de Caleb y de sus descendientes hasta el da de hoy, porque Caleb se mantuvo fiel al Seor, Dios de Israel.
El nombre antiguo de Hebrn era Quiriat-arb, pues Arb fue un famoso descendiente del gigante Anac. Despus de esto hubo paz en la regin.
El territorio que les toc en suerte a los clanes de la tribu de Jud llegaba hasta la frontera de Edom, y por el sur hasta el desierto de Sin.
Por ese lado la frontera parta de la punta que est en el extremo sur del Mar Muerto,
corra despus hacia el sur por la cuesta de Acrabim, pasando por el desierto de Sin y al sur de Cads-barnea; luego segua hasta Hesrn, suba hasta Adar y daba la vuelta hacia Carc,
de donde continuaba hasta Asmn, para salir al arroyo de Egipto y terminar en el mar Mediterrneo. Esta era la frontera por el sur.
Por el este, la frontera era el Mar Muerto hasta la desembocadura del Jordn. De all parta la frontera norte,
que suba por Bet-hogl y pasaba al norte de Bet-arab, y de all a la Pea de Bohan Ben-Rubn;
despus suba del valle de Acor a Debir y volva hacia Guilgal, que est frente a la cuesta de Adumim, al sur del arroyo; despus la frontera pasaba por el manantial de En-semes y segua hasta el de En-roguel;
entonces pasaba por el valle de Ben-hinom, al sur de la cuesta de Jebs, es decir, Jerusaln; luego suba por la cumbre del monte que est al oeste del valle de Hinom, y al norte del valle de Refam,
para dar la vuelta desde la cumbre del monte hasta el manantial de Neftah, y luego hasta las ciudades del monte de Efrn, pasando por Baal, que tambin se llama Quiriat-jearim.
De Baal, la frontera se volva hacia el oeste hasta el monte de Ser, y pasaba por Quesaln, al costado norte del monte Jearim, para despus bajar hasta Bet-semes y pasar por Timn
y por las cuestas al norte de Ecrn, girar hacia Sicrn, pasar por el monte de Baal, y salir a Jabneel para terminar en el mar Mediterrneo.
Por ltimo, la frontera occidental era el mar Mediterrneo. Estas eran las fronteras de las posesiones que les tocaron a los de la tribu de Jud, y que se repartieron entre los clanes de la tribu.
Josu dio a Caleb, el hijo de Jefun, una parte de los territorios de la tribu de Jud. Conforme a lo ordenado por el Seor, le dio Hebrn, la ciudad principal de los descendientes del gigante Anac.
Caleb ech de all a tres descendientes de Anac, llamados Sesai, Ahimn y Talmai.
Despus march contra los que vivan en Debir, que antes se llamaba Quiriat-sfer,
y dijo: "Al que ataque y conquiste esta ciudad, yo le dar por esposa a mi hija Acsa."
El que conquist la ciudad fue su sobrino Otoniel, el hijo de Quenaz, y Caleb le dio por esposa a su hija Acsa.
Cuando iban a salir hacia su casa, Otoniel convenci a Acsa de que le pidiera a su padre tierras de cultivo. Entonces ella se baj del asno, y Caleb le pregunt: -Qu se te ofrece?
-Quiero pedirte un favor -contest ella-. Ya que me diste tierras en el desierto del Ngueb, dame tambin manantiales. Y l le dio los manantiales de arriba y los de abajo.
Estas fueron las posesiones de la tribu de Jud, que se repartieron segn el nmero de sus clanes.
Las ciudades que les tocaron en la regin sur, hacia la frontera de Edom, fueron: Cabseel, der, Jagur,
Quin, Dimon, Adad,
Quedes, Hasor, Itnn,
Zif, Tlem, Bealot,
Hasor-hadat, Queriot, Hesrn (que tambin se llama Hasor),
Amam, Sem, Molad,
Hasar-gad, Hesmn, Bet-plet,
Hasar-sual, Beerseba, con sus aldeas,
Baal, Iim, sem,
Eltolad, Quesil, Horm,
Siclag, Madman, Sansan,
Lebaot, Silhim y En-rimn. En total, veintinueve ciudades con sus aldeas.
En la llanura les tocaron las siguientes ciudades: Estaol, Sor, Asn,
Zanah, En-ganim, Tapah, Enam,
Jarmut, Adulam, Soc, Azec,
Saaraim, Aditaim, Gueder y Guederotaim, o sea catorce ciudades con sus aldeas.
Las ciudades de Senn, Hadas, Migdal-gad,
Dilen, Misp, Jocteel,
Laquis, Boscat, Egln,
Cabn, Lahmam, Quitls,
Guederot, Bet-dagn, Naam y Maqued, o sea diecisis ciudades con sus aldeas.
Las ciudades de Libn, ter, Asn,
Iftah, Asn, Nesib,
Queil, Aczib y Mares, o sea nueve ciudades con sus aldeas.
La ciudad de Ecrn con sus pueblos y aldeas,
y de Ecrn al mar todo el territorio cercano a Asdod, junto con sus aldeas.
La ciudad de Asdod con sus pueblos y aldeas, y la ciudad de Gaza con sus pueblos y aldeas, hasta el arroyo de Egipto y los lmites del mar Mediterrneo.
En la regin montaosa les tocaron a los de Jud las siguientes ciudades: Samir, Jatir, Soc,
Dan, Quiriat-san (llamada tambin Debir),
Anab, Estemoa, Anim,
Gosen, Holn y Guil, o sea once ciudades con sus aldeas.
Las ciudades de Arab, Dum, Esn,
Janum, Bet-tapah, Afec,
Humt, Quiriat-arb (llamada tambin Hebrn), y Sior, o sea nueve ciudades con sus aldeas.
Las ciudades de Man, Carmel, Zif, Jut,
Jezreel, Jocdeam, Zanah,
Can, Guibe y Timn, o sea diez ciudades con sus aldeas.
Las ciudades de Halhul, Bet-sur, Guedor,
Maarat, Bet-anot y Eltecn, o sea seis ciudades con sus aldeas.
Las ciudades de Quiriat-baal, llamada tambin Quiriat-jearim, y Rab, con sus aldeas.
En el desierto les tocaron las ciudades de Bet-arab, Midn, Secac,
Nibsn, Ciudad de la Sal, y En-Gad, o sea seis ciudades con sus aldeas.
Los descendientes de Jud no pudieron echar de Jerusaln a los jebuseos que all vivan, de modo que hasta la fecha los jebuseos viven en Jerusaln junto con los descendientes de Jud.
El territorio que les toc en suerte a los descendientes de Jos empezaba, por el este, en el ro Jordn, a la altura de los manantiales de Jeric, y de all se extenda por el desierto, a lo largo de las montaas que van de Jeric a Betel.
De Betel, es decir, Luz, pasaba por el territorio de los arquitas hasta Atarot;
luego se extenda hacia el oeste por el territorio de los jafletitas, hasta la frontera con Bet-horn de Abajo, y hasta Guzer. De all sala al mar Mediterrneo.
Las posesiones que recibieron las tribus de Manass y Efran, descendientes de Jos, fueron las siguientes:
Los lmites del territorio de los clanes de la tribu de Efran se extendan, al este, de Atarot-adar hasta Bet-horn de Arriba.
De all se extendan hasta el mar Mediterrneo. El extremo norte de sus territorios era Micmetat, y de all la frontera se extenda hacia el este, hasta Taanat-sil, para luego pasar por Janah
y bajar a Atarot y Naar, hasta tocar Jeric y salir al ro Jordn.
Desde Tapah, la frontera se extiende hacia el oeste hasta el arroyo de Can y el mar Mediterrneo. Este es el territorio que le toc a la tribu de Efran, y que se reparti entre sus clanes.
Hubo adems algunas ciudades y aldeas dentro del territorio de la tribu de Manass, que les tocaron a los de Efran.
Pero los de la tribu de Efran no echaron de Guzer a los cananeos que all vivan, sino que los dejaron vivir entre ellos, aunque los obligaron a pagarles tributo. Y hasta la fecha los cananeos viven all.
Este es el territorio que le toc a la tribu de Manass, el hijo mayor de Jos. A Maquir, hombre de guerra, que era el hijo mayor de Manass y padre de Galaad, le toc el territorio de Galaad y de Basn, al este del Jordn.
Tambin se sortearon las tierras que les tocaran, segn el nmero de sus clanes, a los dems hijos de Manass: a Abizer, Hlec, Asriel, Siquem, Hfer y Semid, que eran hijos de Manass y nietos de Jos.
Pero Selofhad, que era hijo de Hfer y nieto de Galaad, el hijo de Maquir y nieto de Manass, no haba tenido ningn hijo, sino solo cinco hijas, que eran Mahl, No, Hogl, Milc y Tirs.
Estas fueron a ver al sacerdote Eleazar y a Josu y a los jefes del pueblo, y les dijeron: "El Seor le mand a Moiss que nos diera tierras, lo mismo que a nuestros parientes." Entonces Josu les dio tierras como a los parientes de su padre, tal como el Seor le haba ordenado.
De esta manera la tribu de Manass recibi diez partes, adems de los territorios de Galaad y Basn, que estn al este del Jordn,
porque a las hijas de Manass se les dieron tierras como a los varones. La regin de Galaad fue para los otros descendientes de Manass.
El territorio de la tribu de Manass se extenda de Aser a Micmetat, que est frente a Siquem, y continuaba hacia el sur, hasta la fuente de Tapah.
Aunque la regin de Tapah era de la tribu de Manass, la ciudad misma de Tapah, que estaba junto a la frontera de Manass, perteneca a la tribu de Efran.
Despus la frontera bajaba hacia el sur hasta el arroyo de Can, de modo que estas ciudades de Efran estaban entre las ciudades de Manass, aun cuando la frontera norte del arroyo perteneca a Manass, junto con la salida al mar.
Efran quedaba al sur del arroyo, y Manass al norte, teniendo como lmite el mar Mediterrneo, con los territorios de la tribu de Aser al norte y los de Isacar al este.
Tambin le tocaron a Manass las siguientes ciudades en los territorios de Isacar y de Aser, cada una con sus aldeas cercanas: Bet-sen, Ibleam, Dor, Endor, Taanac y Meguido, y las tres colinas.
Pero los de la tribu de Manass no pudieron tomar posesin de estas ciudades, porque los cananeos opusieron resistencia y se quedaron all.
Despus, cuando los israelitas se hicieron ms fuertes, obligaron a los cananeos a pagarles tributo, pero no los echaron de all.
Los descendientes de Jos le dijeron a Josu: -Por qu nos has dado en suerte una sola porcin del terreno, si nosotros somos muchos y el Seor nos ha bendecido?
Josu les contest: -Ya que ustedes son tantos que no caben en los montes de Efran, vayan al bosque y desmonten tierras en la regin de los ferezeos y de los refatas.
Y ellos dijeron: -Es verdad que estos montes no nos alcanzan. Pero los cananeos que viven en el llano tienen carros de hierro, lo mismo los que viven en Bet-sen y en sus aldeas que los que viven en el valle de Jezreel.
Entonces Josu respondi as a los descendientes de Jos, es decir, a las tribus de Efran y Manass: -Ustedes son muchos y tienen mucho poder, de modo que no les tocar solamente una parte del territorio,
sino que ese monte cubierto de bosques tambin ser suyo, y ustedes aprovecharn sus bosques. En cuanto a los cananeos, ustedes los echarn de all, aunque ellos sean fuertes y tengan carros de hierro.
Toda la comunidad israelita se reuni en Sil, para establecer all la tienda del encuentro con Dios. Ya para entonces la tierra haba sido conquistada,
aunque todava quedaban siete tribus israelitas a las que no se les haba dado su parte.
Entonces Josu les dijo a los israelitas: "Qu esperan para tomar posesin de la tierra que les ha dado el Seor, el Dios de sus antepasados?
Escojan tres hombres de cada tribu, para que yo los mande a recorrer toda la regin y a que me traigan un informe del modo en que puede repartirse.
Estos hombres debern dividir la regin en siete partes, dejando a Jud sus territorios al sur, y a los descendientes de Jos sus territorios al norte.
Despus que hayan dividido la regin en siete partes, me traern la descripcin y yo echar las suertes en presencia del Seor nuestro Dios.
A los levitas no les tocar ninguna parte, pues lo que les toca a ellos es el sacerdocio del Seor. En cuanto a las tribus de Gad y de Rubn y la media tribu de Manass, ya tienen sus posesiones en la regin este del ro Jordn, la cual les dio Moiss, el siervo del Seor."
Los que iban a preparar la descripcin de la regin se dispusieron a salir, y Josu les orden: "Vayan por toda la regin y divdanla, y vuelvan en cuanto terminen, para que yo la sortee aqu en Sil, delante del Seor."
Aquellos hombres fueron y recorrieron toda la regin, dividieron las ciudades en siete grupos y lo pusieron todo por escrito. Despus volvieron al campamento de Sil, donde estaba Josu.
Entonces Josu reparti el territorio entre los israelitas all en Sil, sortendolo delante del Seor.
Una vez hecho el sorteo, a los clanes de la tribu de Benjamn les tocaron tierras entre los territorios de Jud y los de Jos.
La frontera de este territorio empezaba, por el norte, en el ro Jordn, y se extenda hacia el lado norte de Jeric, continuaba por la regin montaosa hacia el oeste, y vena a salir al desierto de Bet-avn.
De all segua hacia Luz (es decir, Betel) por el lado sur, y bajaba hasta Atarot-adar en el monte que est al sur de Bet-horn de Abajo;
luego la frontera se volva hacia el mar Mediterrneo por el costado sur del monte que est frente a Bet-horn, hasta Quiriat-baal, llamada tambin Quiriat-jearim, que pertenece a la tribu de Jud. Esa era la frontera oeste.
La frontera sur sala del extremo de Quiriat-jearim, en direccin oeste hasta el manantial de Neftah,
y bajaba hasta el extremo del monte que est frente al valle de Ben-hinom, al norte del valle de Refam. Despus bajaba al valle de Hinom, pasaba al sur de la cuesta de Jebs, y segua hasta el manantial de En-roguel.
Luego se volva hacia el norte y sala a En-semes, de donde segua hasta Guelilot, que est frente a la cuesta de Adumim, y bajaba hasta la Pea de Bohan Ben-Rubn;
pasaba luego por el lado norte de la cuesta, frente al valle del Jordn, y bajando hasta el Jordn
pasaba al norte de Bet-hogl, para terminar en la baha norte del Mar Muerto, donde desemboca el ro Jordn. Esta era la frontera sur.
El ro Jordn era la frontera del este. Estas eran las fronteras del territorio que se reparti entre los clanes de la tribu de Benjamn.
Las ciudades que les tocaron a los clanes de la tribu de Benjamn fueron, por una parte: Jeric, Bet-hogl, mec-quess,
Bet-arab, Semaraim, Betel,
Avim, Par, Ofr,
Quefar-haamon, Ofn y Gueba, o sea doce ciudades con sus aldeas.
Adems Gaban, Ram, Beerot,
Misp, Quefir, Mos,
Rquem, Irpeel, Taral,
Sel, lef, Jebs (es decir, Jerusaln), Guibe y Quiriat, o sea catorce ciudades con sus aldeas. Este es el territorio que les toc a los clanes de la tribu de Benjamn.
El segundo territorio sorteado les toc a los clanes de la tribu de Simen. Este territorio quedaba dentro del de la tribu de Jud,
y comprenda las ciudades de Beerseba, Seb, Molad,
Hasar-sual, Bal, sem,
Eltolad, Betul, Horm,
Siclag, Bet-marcabot, Hasar-sus,
Bet-lebaot y Saruhn, en total trece ciudades con sus aldeas.
Adems les tocaron las ciudades de En-rimn, ter y Asn, con sus aldeas,
ms las aldeas que haba hasta Baalat-beer, que es la ciudad de Ramat, en el Ngueb. Estas son las tierras que les tocaron a los clanes de Simen.
La parte de la tribu de Simen quedaba dentro del territorio de Jud, porque esta tribu tena demasiada tierra, y se les dio a los de Simen parte de la tierra que le haba tocado a Jud.
El tercer territorio que se sorte les toc a los clanes de la tribu de Zabuln. Su frontera se extenda hasta Sarid,
segua hacia el occidente hasta Maral y luego hasta Dabset, para terminar en el arroyo que est frente a Jocneam.
De Sarid, esta frontera iba hacia el oriente hasta Quislot-tabor, y de all pasaba a Daberat y suba hasta Jafa.
De all, la frontera iba por el este hacia Gat-hfer, pasaba por It-casn y llegaba hasta Rimn, dando la vuelta por Ne.
Por el norte, la frontera daba la vuelta hasta Hanatn y sala al valle de Jeft-el.
Haba en este territorio doce ciudades con sus aldeas vecinas, entre ellas: Catat, Nahalal, Simrn, Idal y Beln.
Este es el territorio que les toc a los clanes de la tribu de Zabuln, con sus ciudades y aldeas.
El cuarto territorio que se sorte les toc a los clanes de la tribu de Isacar.
Su territorio inclua las ciudades de Jezreel, Quesulot, Sunem,
Hafaraim, Sihn, Anaharat,
Rabit, Quisin, Ebes,
Rmet, En-ganim, En-had y Bet-pass.
La frontera llegaba a Tabor, Sahasim y Bet-semes, y terminaba en el ro Jordn; en total, diecisis ciudades con sus aldeas.
Este es el territorio que les toc a los clanes de la tribu de Isacar, con sus ciudades y aldeas.
El quinto territorio que se sorte les toc a los clanes de la tribu de Aser,
e inclua las ciudades de Helcat, Hal, Beten, Acsaf,
Alamlec, Amad y Misal, de modo que llegaba por el oeste hasta el monte Carmelo y Sihor-libnat.
La frontera oriental corra hacia el norte hasta Bet-dagn, tocando el territorio de la tribu de Zabuln, el valle de Jeft-el, Bet-mec, Neiel, y siguiendo ms all de Cabul,
de modo que abarcaba Abdn, Rehob, Hamn y Can, hasta llegar a la gran ciudad de Sidn.
Despus la frontera daba la vuelta hacia Ram, y hasta la ciudad fortificada de Tiro, para luego seguir hacia Hos y salir al mar Mediterrneo. Con Mahaleb, Aczib,
Um, Afec y Rehob, sumaban veintids ciudades con sus aldeas vecinas.
Este es el territorio que les toc a los clanes de la tribu de Aser.
El sexto territorio que se sorte les toc a los clanes de la tribu de Neftal.
Su territorio iba desde Hlef, Eln-saananim, Adam-nqueb y Jabneel, hasta Lacum, llegando al Jordn.
Por el oeste, la frontera iba por Aznot-tabor, y luego por Hucoc, de modo que por el lado sur colindaba con el territorio de la tribu de Zabuln, y por el oeste con el territorio de la tribu de Aser. Por el este, el territorio de la tribu de Neftal llegaba hasta el ro Jordn.
Las ciudades fortificadas que les tocaron fueron: Sidim, Ser, Hamat, Racat, Quinret,
Adam, Ram, Hasor,
Quedes, Edrei, En-hasor,
Irn, Migdal-el, Horem, Bet-anat y Bet-semes. En total eran diecinueve ciudades con sus aldeas vecinas.
Este fue el territorio, con sus ciudades y aldeas, que les toc a los clanes de la tribu de Neftal.
El sptimo territorio que se sorte les toc a los clanes de la tribu de Dan.
En este territorio estaban Sora, Estaol, Ir-semes,
Saalbim, Aialn, Jetl,
Eln, Timnat, Ecrn,
Eltequ, Guibetn, Baalat,
Jehd, Ben-berac, Gat-rimn,
Mejarcn y Racn, con el territorio que queda frente a Jope.
Pero como este territorio no les alcanzaba, fueron los de la tribu de Dan a atacar la ciudad de Lsem, y tomaron posesin de ella despus de matar a todos los que vivan all. Y as se quedaron a vivir en esa ciudad, y le cambiaron el nombre, llamndola Dan en honor de su antepasado.
Este es el territorio que, con sus ciudades y aldeas, les toc a los clanes de la tribu de Dan.
Despus que los israelitas terminaron de repartir los territorios que le tocaban a cada tribu, le dieron su parte a Josu dentro de los territorios de los dems.
Tal como el Seor lo haba ordenado, le dieron la ciudad de Timnat-srah, en la regin montaosa de Efran, que fue la que Josu pidi. Y Josu reconstruy la ciudad y vivi en ella.
Todos estos fueron los territorios que el sacerdote Eleazar, Josu y los jefes del pueblo sortearon entre las tribus israelitas, en presencia del Seor, a la entrada de la tienda del encuentro, en Sil. Y as el reparto de la tierra qued completo.
El Seor le habl a Josu y le dijo:
"Habla con los israelitas y diles que escojan ciudades de refugio, tal como lo orden por medio de Moiss.
Si uno mata a otro accidentalmente, sin intencin, puede huir a una de esas ciudades para protegerse de la venganza del pariente ms cercano del muerto.
El que busque refugio en uno de esos lugares llegar a la puerta de la ciudad y har su declaracin ante los ancianos de la ciudad. Entonces ellos le permitirn entrar y le darn un lugar para vivir.
Si el pariente ms cercano del muerto lo persigue, los ancianos de la ciudad no entregarn al refugiado, pues mat a su prjimo sin intencin y no por tenerle odio.
Pero el refugiado tendr que quedarse en la ciudad hasta que se presente ante todo el pueblo para ser juzgado, y hasta que muera el sumo sacerdote que en aquel tiempo est en funciones. Despus podr volver el refugiado al lugar de donde huy, es decir, a su propia casa y ciudad."
Entonces los israelitas escogieron como ciudades de refugio a Quedes en Galilea, en las montaas de Neftal, a Siquem en los montes de Efran, y a Quiriat-arb, llamada tambin Hebrn, en los montes de Jud.
Del otro lado del Jordn, en la meseta del desierto al este de Jeric, escogieron a Bser, de la tribu de Rubn; en la regin de Galaad escogieron a Ramot, de la tribu de Gad; y en la regin de Basn escogieron a Goln, de la tribu de Manass.
Estas fueron las ciudades de refugio que escogieron para todos los israelitas y para los extranjeros que vivieran entre ellos. All poda refugiarse cualquiera que matara a otro por accidente, para que de este modo el pariente ms cercano del muerto no pudiera vengarse y matarlo antes que el pueblo lo juzgara.
Los jefes de familias levitas fueron a Sil, en la regin de Canan, para hablar con el sacerdote Eleazar, con Josu y con los jefes de familia de las tribus israelitas.
All les dijeron: "Por medio de Moiss, el Seor orden que se nos dieran ciudades donde vivir, junto con campos de pastoreo para nuestros ganados."
Entonces los israelitas dieron a los levitas algunas de sus propias ciudades y campos de pastoreo, conforme a lo dicho por el Seor.
Primero se hizo el sorteo para los clanes levitas que descendan de Quehat. A los quehatitas descendientes del sacerdote Aarn les tocaron trece ciudades, que eran de las tribus de Jud, Simen y Benjamn.
A los otros quehatitas les tocaron diez ciudades, que eran de las tribus de Efran y de Dan y de la media tribu de Manass.
Despus de esto, a los clanes levitas que descendan de Guersn les tocaron en suerte trece ciudades, que eran de las tribus de Isacar, de Aser, de Neftal y de la media tribu de Manass que est en Basn.
Y a los clanes levitas que descendan de Merar les tocaron doce ciudades, que eran de las tribus de Rubn, Gad y Zabuln.
Los israelitas repartieron entre los levitas, por sorteo, ciudades y campos de pastoreo, tal como el Seor lo haba ordenado por medio de Moiss.
Estas ciudades, que van a ser mencionadas, las dieron los de la tribu de Jud y los de la tribu de Simen,
y les tocaron a los levitas pertenecientes a los clanes de Quehat, que descendan de Aarn, porque a ellos les toc la suerte en primer lugar.
En la regin montaosa de Jud les dieron Hebrn, la ciudad principal de los descendientes del gigante Anac, con sus campos de pastoreo.
Pero los terrenos y las aldeas de esta ciudad se le dieron en propiedad a Caleb, el hijo de Jefun.
Adems de Hebrn, que era ciudad de refugio para quienes haban matado a alguien, se les dieron a los descendientes del sacerdote Aarn las siguientes ciudades: Libn,
Jatir, Estemoa,
Holn, Debir,
Ain, Jut y Bet-semes. Estas nueve ciudades contaban con sus propios campos de pastoreo.
Y de la tribu de Benjamn les dieron Gaban, Gueba,
Anatot y Almn, o sea cuatro ciudades con sus propios campos de pastoreo,
de modo que las ciudades de los sacerdotes descendientes de Aarn fueron trece en total, cada una con sus propios campos de pastoreo.
A los otros clanes levitas descendientes de Quehat se les repartieron ciudades de la tribu de Efran.
En los montes de Efran les dieron Siquem, como ciudad de refugio para quien matara a alguien, y adems Guzer,
Quibsaim y Bet-horn, o sea cuatro ciudades con sus propios campos de pastoreo.
De la tribu de Dan recibieron Eltequ, Guibetn,
Aialn y Gat-rimn, o sea cuatro ciudades con sus campos de pastoreo;
y de la media tribu de Manass recibieron dos ciudades, Taanac y Gat-rimn, con sus campos de pastoreo;
as que las ciudades de estos clanes quehatitas fueron diez en total, con sus propios campos de pastoreo.
A los levitas descendientes de Guersn les dieron dos ciudades, que eran de la media tribu de Manass, con sus propios campos de pastoreo: Goln, que estaba en Basn, para que sirviera como ciudad de refugio, y Beester.
De la tribu de Isacar les dieron Quisin, Daberat,
Jarmut y En-ganim, o sea cuatro ciudades con sus propios campos de pastoreo.
De la tribu de Aser les dieron Misael, Abdn,
Helcat y Rehob, o sea cuatro ciudades con sus propios campos de pastoreo.
De la tribu de Neftal les dieron tres ciudades con sus propios campos de pastoreo: Quedes, que estaba en Galilea, para que sirviera como ciudad de refugio, Hamot-dor y Cartn;
de modo que las ciudades de los clanes guersonitas fueron trece en total, cada una con sus propios campos de pastoreo.
A los clanes levitas que an quedaban, o sea a los descendientes de Merar, les dieron de la tribu de Zabuln: Jocneam, Cart,
Dimn y Nahalal, o sea cuatro ciudades con sus propios campos de pastoreo.
De la tribu de Rubn les dieron Bser, Jahas,
Cademot y Mefat, o sea cuatro ciudades con sus propios campos de pastoreo.
De la tribu de Gad les dieron Ramot de Galaad, para que sirviera como ciudad de refugio, Mahanaim,
Hesbn y Jazer, o sea cuatro ciudades con sus propios campos de pastoreo,
de modo que las ciudades que les tocaron a los clanes levitas que an quedaban, es decir, a los descendientes de Merar, fueron doce en total.
Las ciudades levitas dentro del territorio israelita fueron cuarenta y ocho en total, cada una con sus propios campos de pastoreo,
los cuales rodeaban a cada ciudad. El caso era el mismo en cada una de estas ciudades.
As fue como el Seor les dio a los israelitas todo el territorio que les haba prometido bajo juramento a sus antepasados, y ellos se establecieron y vivieron all.
El Seor cumpli su promesa, y les dio paz en todo el territorio. Sus enemigos no pudieron hacerles frente, porque el Seor les dio la victoria sobre ellos.
Ni una sola palabra qued sin cumplirse de todas las buenas promesas que el Seor haba hecho a los israelitas.
Entonces Josu llam a las tribus de Rubn y de Gad y a la media tribu de Manass,
y les dijo: "Ustedes han cumplido todo lo que les orden Moiss, el siervo del Seor, y han obedecido todas mis rdenes.
Hasta el da de hoy, y durante todo este tiempo, no han abandonado a sus hermanos, y han cumplido fielmente los mandamientos del Seor y Dios de ustedes.
Ahora que l ha cumplido su promesa y que los hermanos de ustedes tienen paz, vuelvan a sus tiendas de campaa y a las tierras que Moiss, el siervo del Seor, les dio al este del ro Jordn.
Lo nico que les pido es que cumplan fielmente el mandamiento y la ley que les dio Moiss, el siervo del Seor, es decir, que amen al Seor y Dios de ustedes, que anden siempre en sus caminos y obedezcan sus mandatos, y que le sigan y le sirvan con todo el corazn y con toda el alma."
Despus de esto, Josu los bendijo y los despidi, y ellos se fueron a sus tiendas.
A una mitad de la tribu de Manass, Moiss le haba dado tierras en la regin de Basn. A la otra mitad de la tribu de Manass, Josu le dio tierras entre los israelitas al oeste del Jordn, y a los primeros los bendijo y los mand de regreso.
Y les dijo: "Ustedes vuelven ahora a sus tierras con grandes riquezas y muchos animales, con oro, plata, bronce y hierro, y con mucha ropa. Compartan con sus hermanos esto que le han quitado al enemigo."
As fue como las tribus de Rubn y de Gad y la media tribu de Manass se separaron del resto de los israelitas en Sil, en la regin de Canan, para regresar a sus posesiones en la regin de Galaad, donde tenan tierras segn el Seor lo haba ordenado por medio de Moiss.
Cuando las tribus de Rubn y de Gad y la media tribu de Manass llegaron al ro Jordn, todava en territorio cananeo, levantaron junto al ro un gran altar.
A los otros israelitas les lleg la noticia de que las tribus de Rubn y de Gad y la media tribu de Manass haban construido un altar en la frontera de Canan, junto al Jordn, en territorio israelita;
y en cuanto los israelitas lo supieron, se reunieron en Sil para ir a pelear contra ellos.
Mandaron antes a Finees, hijo del sacerdote Eleazar, para que fuera a Galaad, donde estaban las tribus de Rubn y de Gad y la media tribu de Manass.
Con l iban diez principales jefes israelitas, cada uno de los cuales representaba a su clan y a su tribu.
Todos ellos fueron a Galaad, donde estaban las tribus de Rubn y de Gad y la media tribu de Manass, y les dijeron:
-Nosotros hablamos en el nombre del pueblo del Seor. Qu traicin es esta que ustedes han cometido contra el Dios de Israel? Por qu le han abandonado y se han construido un altar en rebelda contra el Seor?
Acaso no ha sido bastante el pecado de Peor, con el que todava estamos manchados y por el que murieron tantos del pueblo del Seor?
No les basta con eso, para que ahora ustedes tambin se aparten del Seor? Si ustedes se rebelan hoy contra el Seor, maana l se enojar con todo el pueblo israelita.
Si les parece que este territorio que les ha tocado es impuro, vengan a la tierra del Seor, donde est el santuario del Seor. Tomen un territorio entre nosotros. Pero no se rebelen contra el Seor ni contra nosotros construyendo otro altar adems del altar del Seor nuestro Dios.
Acurdense que Acn, el hijo de Zrah, pec al tomar de lo que estaba consagrado a la destruccin, y que por su culpa el Seor se enoj con toda la comunidad de Israel. Y Acn no fue el nico que muri a causa de su pecado!
Entonces los de Rubn y Gad y los de la media tribu de Manass contestaron a los jefes israelitas:
-El Seor y Dios de todos los dioses sabe que no hicimos este altar por rebelda o para apartarnos de l. l lo sabe y se lo hace saber a todos ustedes; si fue por estas razones, no nos perdones la vida!
Si construimos este altar para apartarnos del Seor, o para presentar holocaustos, ofrendas de cereales o sacrificios de reconciliacin, que el mismo Seor nos pida cuentas.
La verdad es que lo hicimos porque no queremos que algn da los hijos de ustedes les digan a los nuestros: 'Qu tienen ustedes que ver con el Seor y Dios de Israel?
El Seor ha puesto el Jordn para separarnos de ustedes, los de las tribus de Rubn y de Gad. Ustedes no tienen nada que ver con el Seor.' As los hijos de ustedes haran que nuestros hijos dejaran de sentir reverencia por el Seor.
Por eso pensamos en construir un altar, no para ofrecer holocaustos al Seor ni presentar otros sacrificios,
sino para que sea un testimonio entre ustedes y nosotros, y entre nuestros descendientes, de que nosotros podemos servir al Seor y presentarnos ante l con nuestros holocaustos y con nuestros sacrificios por el pecado y de reconciliacin. As los descendientes de ustedes no podrn decirles a los nuestros: 'Ustedes no tienen nada que ver con el Seor.'
Pensamos que si alguien nos dice eso a nosotros o a nuestros descendientes, nosotros podremos responder: 'Miren! Nuestros antepasados construyeron este altar del Seor, no para ofrecer holocaustos ni sacrificios, sino para que sirva de testimonio entre ustedes y nosotros.'
Dios nos libre de rebelarnos contra l o de abandonarle, construyendo otro altar para ofrecer holocaustos u ofrendas de cereales, o para otros sacrificios, aparte del altar del Seor nuestro Dios que est delante de su santuario.
Cuando el sacerdote Finees, los jefes de la comunidad y los jefes de clanes que iban con l oyeron lo que decan los de Rubn y de Gad y los de la media tribu de Manass, les pareci bien.
Entonces Finees, el hijo del sacerdote Eleazar, les dijo: -Ahora estamos seguros de que el Seor est con nosotros, pues ustedes no trataron de rebelarse contra l, y as nos han salvado del castigo del Seor.
Despus de esto, Finees y los que iban con l se despidieron de ellos, y regresaron de la regin de Galaad a la de Canan, donde estaban los israelitas. Cuando les contaron a los que estaban en Canan lo que haban contestado los de las otras tribus,
la respuesta les pareci bien, y alabaron a Dios. Desde entonces no hablaron ms de atacar a las tribus de Rubn y de Gad, ni de destruir sus tierras.
Los descendientes de Rubn y de Gad le pusieron al altar el nombre de "Testimonio", diciendo: "Este altar ser un testimonio entre nosotros de que el Seor es Dios."
Mucho tiempo despus de que el Seor les diera a los israelitas paz con sus enemigos, y cuando ya Josu estaba viejo,
mand llamar Josu a todos los israelitas, con sus ancianos, jefes, jueces y oficiales, y les dijo: "Yo ya estoy viejo, y los aos me pesan.
Ustedes han visto todo lo que el Seor les hizo a todos estos pueblos que se les oponan, pues l es quien ha peleado por ustedes.
Yo repart por sorteo todas estas tierras entre las tribus. No repart solo los territorios ya conquistados, sino tambin los que quedan por conquistar, desde el ro Jordn al este hasta el mar Mediterrneo al oeste.
El Seor va a echar de esas tierras a los que viven en ellas, y ustedes las tomarn, tal como el Seor su Dios lo ha prometido.
"Esfurcense en cumplir todo lo que dice el libro de la ley de Moiss; cmplanlo al pie de la letra.
No se mezclen con la otra gente que todava vive aqu entre ustedes. No adoren a sus dioses, ni los obedezcan; ni siquiera mencionen el nombre de esos dioses, ni juren por ellos.
Sigan siempre al Seor su Dios, como lo han hecho hasta ahora.
El Seor ha arrojado de delante de ustedes a pueblos grandes y fuertes, y hasta el da de hoy nadie ha podido resistir ante ustedes.
Uno solo de ustedes puede hacer huir a mil, porque el Seor su Dios pelea a su favor, como l mismo lo prometi.
Tengan, pues, cuidado de ustedes mismos, y amen al Seor su Dios.
Porque quiero que sepan esto: que si se apartan de Dios y se mezclan con esta gente que ha quedado entre ustedes, y hacen matrimonios unos con otros,
el Seor su Dios no echar a estos pueblos de la presencia de ustedes, sino que los usar como red y como trampa para que ustedes caigan, y como ltigo sobre sus espaldas y como espinas en sus ojos, hasta que no quede ni uno solo de ustedes en esta tierra tan buena que el Seor su Dios les ha dado.
"Yo ya me voy a morir, pero antes quiero que ustedes reconozcan de todo corazn y con toda el alma que se han cumplido todas las cosas buenas que el Seor les prometi. Ni una sola de sus promesas qued sin cumplirse.
Pero, as como se cumpli todo lo bueno que el Seor les prometi, as tambin l traer sobre ustedes todo tipo de calamidades, hasta que no quede ni uno solo de ustedes en esta tierra buena que l les dio,
si no cumplen la alianza que el Seor hizo con ustedes. Si van y adoran a otros dioses, y se inclinan delante de ellos, el Seor se enojar con ustedes, y muy pronto sern borrados de esta tierra tan buena que l les ha dado."
Josu reuni en Siquem a todas las tribus de Israel. Llam a los ancianos, jefes, jueces y oficiales y, en presencia del Seor,
dijo a todo el pueblo: -Esto dice el Seor y Dios de Israel: 'Antiguamente, Trah y sus hijos Abraham y Nahor, antepasados de ustedes, vivan a orillas del ro Eufrates y adoraban a otros dioses.
De las orillas del Eufrates tom a Abraham, y lo hice andar por toda la regin de Canan. Lo hice crecer en nmero, dndole primero a su hijo Isaac,
y a Isaac le di dos hijos, Jacob y Esa. A Esa le di la regin montaosa de Ser, pero Jacob y sus hijos se fueron a Egipto.
Entonces yo envi a Moiss y Aarn, y her de muerte a los egipcios, hasta que los saqu a ustedes de all.
Cuando los antepasados de ustedes salieron de Egipto, los egipcios los persiguieron con carros de guerra y caballos, hasta el Mar Rojo.
Ellos me llamaron, y yo puse una gran oscuridad entre ellos y los egipcios, e hice que el mar cayera sobre los egipcios y los cubriera. Ustedes fueron testigos de lo que hice en Egipto. 'Despus pasaron ustedes mucho tiempo en el desierto,
hasta que los traje a la tierra de los amorreos, en el lado oriental del Jordn. Ellos pelearon contra ustedes, pero yo los hice caer en manos de ustedes, y ustedes los derrotaron y se aduearon de la regin.
Despus Balac, hijo de Sipor, rey de los moabitas, vino a pelear contra ustedes. Balac mand a buscar a Balaam, el hijo de Beor, para que los maldijera a ustedes.
Pero yo no dej que Balaam los maldijera, y tuvo que bendecirlos. As los salv a ustedes.
Entonces ustedes cruzaron el ro Jordn y llegaron hasta Jeric. Los que vivan en Jeric (amorreos, ferezeos, cananeos, hititas, gergeseos, heveos y jebuseos) pelearon contra ustedes, pero yo hice que ustedes los derrotaran.
A los dos reyes amorreos no los derrotaron ustedes con espadas ni con arcos, sino que yo envi mi pnico delante de ustedes, de modo que ellos huyeron antes que ustedes llegaran.
Yo les di a ustedes tierras que no haban trabajado y ciudades que no haban construido. Ahora viven en ellas, y comen uvas y aceitunas que no plantaron.' " Y aadi Josu:
-Por todo esto, respeten al Seor y srvanle con sinceridad y lealtad. Aprtense de los dioses que sus antepasados adoraron a orillas del ro Eufrates y en Egipto, y sirvan al Seor.
Pero si no quieren servir al Seor, elijan hoy a quin van a servir: si a los dioses a los que sus antepasados servan a orillas del Eufrates, o a los dioses de los amorreos que viven en esta tierra. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Seor.
Entonces el pueblo dijo: -No permita el Seor que lo abandonemos por servir a otros dioses!
El Seor fue quien nos sac a nosotros y a nuestros antepasados de Egipto, donde ramos esclavos. l fue quien hizo tantas maravillas delante de nuestros ojos, y quien nos protegi y nos defendi durante el camino, cuando pasamos entre tantos pueblos.
l ech de delante de nosotros a todos los pueblos que estaban en nuestro camino, y a los amorreos que vivan aqu. Por todo esto, nosotros tambin serviremos al Seor, pues l es nuestro Dios.
Pero Josu les dijo: -Ustedes no van a poder servir al Seor, porque l es un Dios santo y celoso, que no va a tolerar las rebeliones y pecados de ustedes.
Si ustedes lo abandonan y sirven a otros dioses, el Seor responder hacindoles mal, y los destruir a pesar de haberles hecho tanto bien.
El pueblo le contest: -Eso no va a pasar. Nosotros serviremos al Seor.
Entonces Josu dijo: -Ustedes son sus propios testigos de que han escogido servir al Seor. -Lo somos -respondieron ellos.
Les dijo Josu: -Quiten entonces todos los otros dioses que hay entre ustedes, y vulvanse de todo corazn al Seor y Dios de Israel.
Y el pueblo respondi: -Nosotros serviremos al Seor nuestro Dios, y haremos lo que l nos diga.
Aquel mismo da, all en Siquem, Josu hizo un pacto con el pueblo, y les dio leyes y decretos,
los cuales escribi en el libro de la ley de Dios. Despus tom una gran piedra y la puso debajo de la encina que estaba en el santuario del Seor,
y le dijo a todo el pueblo: -Esta piedra va a servirnos de testimonio, pues ella es testigo de todo lo que el Seor nos ha dicho. Ser un testimonio contra ustedes, para que no sean falsos con su Dios.
Despus Josu mand a cada uno a su territorio.
Poco despus muri Josu hijo de Nun, siervo del Seor, a la edad de ciento diez aos.
Lo enterraron en su propiedad, en Timnat-srah, que est en los montes de Efran, al norte del monte de Gaas.
Los israelitas sirvieron al Seor mientras vivi Josu, y aun despus, mientras vivieron los ancianos que saban todo lo que el Seor haba hecho por los israelitas.
Los restos de Jos, que los israelitas haban trado desde Egipto, fueron enterrados en Siquem, en el terreno que Jacob haba comprado por cien monedas de plata a los hijos de Hamor, el padre de Siquem, y que luego pas a ser propiedad de los descendientes de Jos.
Cuando muri Eleazar, hijo de Aarn, lo enterraron en la colina de su hijo Finees, la cual le fue dada en los montes de Efran.
Despus que muri Josu, los israelitas consultaron al Seor para saber cul de las tribus deba atacar primero a los cananeos.
El Seor respondi que Jud deba atacar primero, y que a Jud le entregara ese territorio.
Entonces los de la tribu de Jud invitaron a sus hermanos, los de la tribu de Simen, a unirse a ellos para invadir juntos el territorio que le tocaba a Jud, y despus invadir juntos tambin el territorio que le tocaba a Simen. Los de Simen aceptaron unirse a los de Jud,
y as los de Jud invadieron el territorio de los cananeos y el de los ferezeos, a quienes el Seor entreg en sus manos.
En Bzec derrotaron a diez mil de ellos, entre los que se encontraba Adonisdec.
Y aunque Adonisdec huy, ellos lo persiguieron y lo atraparon, y le cortaron los pulgares de las manos y los dedos gordos de los pies.
Entonces l dijo: "Antes yo les cort a setenta reyes los pulgares de las manos y los dedos gordos de los pies, y los tuve recogiendo las sobras debajo de mi mesa. Pero ahora Dios me ha hecho a m lo mismo que yo les hice a ellos." Y lo llevaron a Jerusaln, donde muri.
Los de la tribu de Jud atacaron y tomaron Jerusaln, y despus de matar a filo de espada a toda la poblacin, quemaron la ciudad.
Luego atacaron a los cananeos que vivan en las montaas, en la regin del Ngueb y en la llanura.
Tambin atacaron a los cananeos de la ciudad de Hebrn, que antes se llamaba Quiriat-arb, y derrotaron a Sesai, a Ahimn y a Talmai.
Luego atacaron la ciudad de Debir, que antes se llamaba Quiriat-sfer.
Y Caleb prometi que al que conquistara Debir le dara por esposa a su hija Acsa.
El que la conquist fue Otoniel, hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb; entonces Caleb le dio por esposa a su hija Acsa.
Pero cuando lleg ella, Otoniel la convenci para que le pidiera un terreno a su padre. Al ver Caleb que Acsa se bajaba de su asno, le pregunt: -Qu te pasa?
-Quiero que me concedas algo -contest ella-. Ya que me has dado tierras en el Ngueb, dame tambin manantiales. Y Caleb le dio los manantiales de arriba y los de abajo.
Los descendientes de Hobab el quenita, suegro de Moiss, salieron de la ciudad de las palmeras con la tribu de Jud, y fueron al desierto de Jud, al sur de Arad, donde se quedaron a vivir con la gente de la regin.
Entonces los de la tribu de Jud fueron con los de Simen, segn haban acordado, y atacaron a los cananeos que vivan en Sefat, destruyendo por completo aquella ciudad. Por eso le pusieron el nombre de Horm.
Sin embargo, no pudieron tomar Gaza, Ascaln y Ecrn, ni sus territorios vecinos.
Y aunque el Seor acompaaba a los de Jud, y ellos pudieron conquistar las montaas, no pudieron echar de los llanos a los que all vivan, porque estos tenan carros de hierro.
A Caleb le toc Hebrn, tal como Moiss se lo haba prometido, y Caleb desaloj a los tres hijos de Anac.
Pero los de la tribu de Benjamn no pudieron echar de Jerusaln a los jebuseos que all vivan. Por eso, hasta el da de hoy, los jebuseos y los de la tribu de Benjamn siguen viviendo juntos en Jerusaln.
Los de las tribus de Jos decidieron atacar Betel, ciudad que antes se llamaba Luz, y mandaron espas all.
El Seor los ayudaba.
Y los espas vieron a un hombre que sala de la ciudad, y le dijeron: "Si t nos enseas cmo entrar en la ciudad, nosotros seremos generosos contigo."
El hombre les ense cmo entrar en la ciudad, y ellos mataron a filo de espada a todos los que all vivan; pero le perdonaron la vida al que les haba enseado el camino y a toda su familia.
Entonces aquel hombre se fue a la tierra de los hititas y construy una nueva ciudad, y la llam Luz, nombre que an hoy conserva.
Los de la tribu de Manass no pudieron echar de Bet-sen, Taanac, Dor, Ibleam y Meguido a los que all vivan, ni a los que vivan en las aldeas cercanas a esas ciudades, as que los cananeos siguieron viviendo en ellas.
Cuando los israelitas se hicieron ms poderosos, lograron someter a los cananeos a trabajos forzados, pero no pudieron desalojarlos.
Los de la tribu de Efran tampoco pudieron echar de Guzer a los cananeos que all vivan, de modo que los cananeos siguieron viviendo entre ellos.
Los de la tribu de Zabuln tampoco pudieron echar de Quitrn y Nahalal a los cananeos que all vivan, de modo que los cananeos siguieron viviendo entre ellos, aunque sometidos a trabajos forzados.
Los de la tribu de Aser tampoco pudieron echar de Aco, Sidn, Ahlab, Aczib, Helb, Afec y Rehob a los cananeos que all vivan;
y como no pudieron echarlos de esas ciudades, se quedaron a vivir entre ellos.
Los de la tribu de Neftal tampoco pudieron echar de Bet-semes y Bet-anat a los cananeos que all vivan, pero los sometieron a trabajos forzados y se quedaron a vivir entre ellos.
Los amorreos rechazaron a los de la tribu de Dan hasta las montaas, y no los dejaron bajar a las llanuras.
Y as los amorreos siguieron viviendo en Heres, Aialn y Saalbim. Pero cuando los descendientes de Jos se hicieron ms fuertes, sometieron a los amorreos a trabajos forzados.
La frontera de los edomitas iba desde la cuesta de Acrabim hasta Sel, y segua hacia arriba.
El ngel del Seor fue de Guilgal a Boquim, y les dijo a los israelitas: "Yo los saqu a ustedes de Egipto, y los he trado a esta tierra que les promet a sus antepasados cuando les dije: 'Nunca romper mi alianza con ustedes,
con tal de que ustedes no hagan ningn pacto con los habitantes de esa tierra, sino que destruyan sus altares.' Pero ustedes no me obedecieron, y miren lo que han hecho!
Por eso ahora les digo: No voy a echar a esos pueblos de delante de ustedes, y ellos y sus dioses sern una trampa para ustedes."
Cuando el ngel del Seor termin de hablar, todos los israelitas se echaron a llorar a voz en cuello.
Por eso llamaron Boquim a aquel lugar, y all ofrecieron sacrificios al Seor.
Cuando Josu se despidi de los israelitas, cada uno se fue a tomar posesin de la tierra que le haba tocado.
Mientras l vivi, los israelitas mantuvieron el culto al Seor; y tambin mientras vivieron los ancianos que sobrevivieron a Josu, que haban visto todos los grandes hechos del Seor en favor de Israel.
Pero muri Josu, a la edad de ciento diez aos,
y lo enterraron en su propio terreno de Timnat-srah, que est al norte del monte de Gaas, en los montes de Efran.
Murieron tambin todos los israelitas de la poca de Josu. Y as, los que nacieron despus no saban nada del Seor ni de sus hechos en favor de Israel.
Pero los hechos de los israelitas fueron malos a los ojos del Seor, pues empezaron a adorar a las diferentes representaciones de Baal.
Dejaron al Seor, el Dios de sus antepasados que los haba sacado de Egipto, y se entregaron a adorar a los dioses de la gente que viva alrededor, provocando as el enojo del Seor.
Dejaron al Seor por adorar a Baal y a las diferentes representaciones de Astart,
y por eso el Seor se enoj contra Israel e hizo que los ladrones los despojaran de lo que tenan, y que sus enemigos de los alrededores los derrotaran sin que ellos pudieran hacerles frente.
Cada vez que ellos marchaban a la batalla, el Seor se pona en su contra y les iba mal, segn l mismo se lo haba anunciado. Sin embargo, aunque el Seor puso a los israelitas en aprietos,
tambin hizo surgir caudillos que los libraran de quienes los despojaban.
Pero los israelitas no hicieron caso a estos caudillos, sino que fueron infieles al Seor y adoraron a otros dioses. Sus antepasados haban obedecido los mandamientos del Seor; pero ellos no siguieron su ejemplo.
Cada vez que el Seor haca surgir un caudillo, tambin lo ayudaba, y durante la vida del caudillo libraba a los israelitas del poder de sus enemigos, pues senta compasin de ellos al orlos gemir por causa de la opresin que sufran.
Pero cuando el caudillo mora, ellos volvan a corromperse, y llegaban a ser peores que sus padres, sirviendo y adorando a otros dioses. No abandonaban sus malas prcticas, ni su terca conducta.
Por eso el Seor se enfureci contra Israel, y dijo: "Esta gente rompe la alianza que yo hice con sus antepasados, y no quiere obedecerme.
Por lo tanto, no volver a desalojar ante ellos a ninguno de los pueblos que Josu no desaloj antes de morir."
Con esto el Seor quera ver si los israelitas seguiran el camino del Seor, como antes lo haban seguido sus antepasados, o no.
Por eso el Seor no desaloj en seguida a las naciones que no haba entregado en manos de Josu, sino que les permiti quedarse.
Estos son los pueblos que el Seor dej en la regin para poner a prueba a los israelitas que an no haban nacido cuando se luch por conquistar Canan.
El Seor los dej para que aprendieran a pelear los que nunca haban estado en el campo de batalla.
Quedaron los cinco jefes filisteos, todos los cananeos, los sidonios y los heveos que vivan en los montes del Lbano, desde el monte de Baal-hermn hasta el paso de Hamat.
Con ellos el Seor quiso poner a prueba a los israelitas, para ver si obedecan los mandamientos que l haba dado a los antepasados de ellos por medio de Moiss.
Y as los israelitas empezaron a vivir entre los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos,
y los hijos y las hijas de los israelitas se casaron con los hijos y las hijas de aquellos pueblos, y adoraron a sus dioses.
Los hechos de los israelitas fueron malos a los ojos del Seor, pues se olvidaron de l y adoraron a las diferentes representaciones de Baal y de Aser.
Por esto el Seor se enoj contra ellos y los entreg al poder de Cusn-risataim, rey de Mesopotamia. Durante ocho aos los israelitas tuvieron que servir a Cusn-risataim,
hasta que le suplicaron al Seor y l hizo que surgiera alguien para salvarlos. Este salvador fue Otoniel, hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb:
el espritu del Seor vino sobre Otoniel, el cual acaudill a los israelitas; sali a la batalla, y el Seor le dio la victoria sobre Cusn-risataim.
Despus de eso hubo paz en la regin durante cuarenta aos. Despus de la muerte de Otoniel,
los israelitas volvieron a hacer lo malo a los ojos del Seor, y por eso el Seor dio a Egln, rey de Moab, ms poder que a Israel.
Egln hizo una alianza con los amonitas y los amalecitas, y atac a Israel, tomando posesin de la ciudad de las palmeras.
Durante dieciocho aos, los israelitas tuvieron que servir a Egln,
hasta que le suplicaron al Seor y l hizo que surgiera alguien para salvarlos. Ese salvador fue un zurdo llamado Ehud, hijo de Guer, de la tribu de Benjamn. Un da, los israelitas enviaron el tributo a Egln por medio de Ehud.
Pero Ehud se hizo una espada de dos filos, como de medio metro de largo, y se la puso al cinto por debajo de la ropa y al lado derecho;
luego se fue a llevarle el tributo a Egln, que era muy gordo.
Despus de entregarle a Egln el tributo, Ehud sali con los que haban venido con l,
pero al llegar a los dolos que estn cerca de Guilgal, Ehud regres a donde estaba Egln y le dijo: -Tengo un mensaje para Su Majestad, pero debo drselo en privado. El rey orden entonces a los que estaban a su servicio que guardaran silencio y salieran de su presencia.
En cuanto Ehud se qued a solas con Egln, que estaba sentado en la sala de verano, se acerc a l y le dijo: -El mensaje que traigo a Su Majestad es de parte de Dios. Al or esto, Egln se levant de su trono,
pero Ehud, que era zurdo, se llev la mano izquierda al lado derecho, sac su espada y se la clav a Egln en el vientre.
Se la clav tan fuerte que no solo entr toda la hoja sino tambin la empuadura, quedando cubierta la espada por la gordura de Egln, pues Ehud no se la sac.
Despus Ehud cerr las puertas con el cerrojo, y sali por la ventana.
Cuando ya se haba ido, vinieron los que estaban al servicio del rey, y al ver las puertas cerradas pensaron que el rey se haba encerrado en la sala de verano para hacer sus necesidades.
Pero despus de mucho esperar, empezaron a preocuparse al ver que el rey no sala. Entonces tomaron la llave, y al abrir encontraron a su amo tendido en el suelo.
Mientras aquellos perdan tiempo, Ehud huy, y despus de pasar los dolos de Guilgal se refugi en Seirat.
Cuando lleg a territorio israelita, dio un toque de trompeta en los montes de Efran para llamar a los israelitas, y todos ellos bajaron de los montes con Ehud a la cabeza.
Ehud les dijo que lo siguieran, pues el Seor les dara la victoria sobre sus enemigos los moabitas. Entonces ellos lo siguieron y tomaron posesin de los vados del Jordn, y no dejaron pasar a nadie.
En aquella ocasin mataron a unos diez mil moabitas, todos ellos soldados fuertes y valientes. Ni uno solo escap con vida.
As fue como los israelitas derrotaron a Moab. Despus de eso hubo paz en la regin durante ochenta aos.
El siguiente caudillo fue Samgar, hijo de Anat, que mat a seiscientos filisteos con una aguijada. Samgar tambin salv a Israel.
Despus de la muerte de Ehud, los israelitas volvieron a hacer lo malo a los ojos del Seor,
as que el Seor los entreg al poder de Jabn, un rey cananeo que gobernaba en la ciudad de Hasor. El jefe de su ejrcito se llamaba Ssara, y viva en Harset-gom.
Jabn tena novecientos carros de hierro, y durante veinte aos haba oprimido cruelmente a los israelitas, hasta que por fin estos le suplicaron al Seor que los ayudara.
En aquel tiempo juzgaba a Israel una profetisa llamada Dbora, esposa de Lapidot.
Dbora acostumbraba sentarse bajo una palmera (conocida como "la palmera de Dbora"), que haba en los montes de Efran, entre Ram y Betel, y los israelitas acudan a ella para resolver sus pleitos.
Un da, Dbora mand llamar a un hombre llamado Barac, hijo de Abinam, que viva en Quedes, un pueblo de la tribu de Neftal, y le dijo: -El Seor, el Dios de Israel, te ordena lo siguiente: 'Ve al monte Tabor, y rene all a diez mil hombres de las tribus de Neftal y Zabuln.
Yo voy a hacer que Ssara, jefe del ejrcito de Jabn, venga al arroyo de Quisn para atacarte con sus carros y su ejrcito. Pero yo voy a entregarlos en tus manos.'
-Solo ir si t vienes conmigo -contest Barac-. Pero si t no vienes, yo no ir.
-Pues ir contigo -respondi Dbora-. Solo que la gloria de esta campaa que vas a emprender no ser para ti, porque el Seor entregar a Ssara en manos de una mujer. Entonces Dbora fue con Barac a Quedes.
All Barac llam a las tribus de Zabuln y Neftal, y reuni bajo su mando un ejrcito de diez mil hombres. Dbora iba con l.
Cerca de Quedes, junto a la encina de Saanaim, estaba el campamento de Hber el quenita, quien se haba separado de los dems quenitas que, como l, descendan de Hobab, el suegro de Moiss.
Cuando Ssara supo que Barac haba subido al monte Tabor,
reuni sus novecientos carros de hierro y a todos sus soldados, y march con ellos desde Harset-gom hasta el arroyo de Quisn.
Entonces Dbora le dijo a Barac: -Adelante, que ahora es cuando el Seor va a entregar en tus manos a Ssara! Ya el Seor va al frente de tus soldados! Barac baj del monte Tabor con sus diez mil soldados,
y el Seor sembr el pnico entre los carros y los soldados de Ssara en el momento de enfrentarse con la espada de Barac; hasta el mismo Ssara se baj de su carro y huy a pie.
Mientras tanto, Barac persigui a los soldados y los carros hasta Harset-gom. Aquel da no qued con vida ni un solo soldado del ejrcito de Ssara: todos murieron.
Como Jabn, el rey de Hasor, estaba en paz con la familia de Hber el quenita, Ssara lleg a pie, en su huida, hasta la tienda de Jael, la esposa de Hber,
la cual sali a recibirlo y le dijo: -Por aqu, mi seor, por aqu; no tenga usted miedo. Ssara entr, y Jael lo escondi tapndolo con una manta;
entonces Ssara le pidi agua, pues tena mucha sed. Jael destap el cuero donde guardaba la leche y le dio de beber; despus volvi a taparlo.
Ssara le dijo: -Qudate a la entrada de la tienda, y si alguien viene y te pregunta si hay alguien aqu dentro, dile que no.
Pero Ssara estaba tan cansado que se qued profundamente dormido. Entonces Jael tom un martillo y una estaca de las que usaban para sujetar la tienda de campaa, y acercndose sin hacer ruido hasta donde estaba Ssara, le clav la estaca en la sien contra la tierra. As muri Ssara.
Y cuando Barac lleg en busca de Ssara, Jael sali a recibirlo y le dijo: -Ven, que te voy a mostrar al que andas buscando. Barac entr en la tienda y encontr a Ssara tendido en el suelo, ya muerto y con la estaca clavada en la cabeza.
As humill el Seor aquel da a Jabn, el rey cananeo, delante de los israelitas.
Y desde entonces los israelitas trataron a Jabn cada vez con mayor dureza, hasta que lo destruyeron.
Aquel da, Dbora y Barac, hijo de Abinam, cantaron as:
"Alaben todos al Seor, porque an hay en Israel hombres dispuestos a pelear; porque an hay entre el pueblo hombres que responden al llamado de la guerra.
Escchenme, ustedes los reyes! iganme, ustedes los gobernantes! Voy a cantarle al Seor!, voy a cantar al Dios de Israel!
"Cuando t, Seor, saliste de Ser; cuando te fuiste de los campos de Edom, tembl la tierra, se estremeci el cielo, las nubes derramaron su lluvia.
Delante de ti, Seor, delante de ti, Dios de Israel, temblaron los montes, tembl el Sina.
En los tiempos de Samgar, hijo de Anat, y en los tiempos de Jael, los viajeros abandonaron los caminos y anduvieron por senderos escabrosos;
las aldeas de Israel quedaron del todo abandonadas. Fue entonces cuando yo me levant, yo, Dbora, una madre de Israel!
"No falt quien se escogiera nuevos dioses mientras se luchaba a las puertas de la ciudad, pero no se vea un escudo ni una lanza entre cuarenta mil israelitas.
"Yo doy mi corazn por los altos jefes de Israel, por la gente de mi pueblo que respondi al llamado de la guerra! Alaben todos al Seor!
"Dganlo ustedes, los que montan asnas pardas; y ustedes, los que se sientan en tapetes; tambin ustedes, los viajeros:
all, entre los abrevaderos, y al son de sonoros platillos, proclamen las victorias del Seor, las victorias de sus aldeas en Israel!
"Despierta, Dbora, despierta, despierta y entona una cancin! Y t, Barac, hijo de Abinam, levntate y llvate a tus prisioneros!
"Entonces bajaron los israelitas a luchar contra los poderosos; bajaron por m las tropas del Seor a luchar contra los hombres de guerra.
Algunos hombres de Efran bajaron al valle, y tras ellos fueron las tropas de Benjamn. De los de Maquir, bajaron sus jefes, y de los de Zabuln, sus gobernantes.
Tambin acompaaron a Dbora los jefes de Isacar; Isacar fue el apoyo de Barac, pues se lanz tras l al valle. "Si en los escuadrones de Rubn hay grandes hombres de corazn resuelto,
por qu se quedaron entre los rediles, oyendo a los pastores llamar a sus ovejas? En los escuadrones de Rubn hay grandes hombres de corazn miedoso!
"Galaad se qued acampando al otro lado del ro Jordn; Dan se qued junto a los barcos, y Aser se qued en la costa y no se movi de sus puertos;
pero en las alturas de los campos, Zabuln y Neftal arriesgaron la vida.
"Entonces los reyes vinieron a Taanac, junto a las aguas de Meguido; los reyes cananeos vinieron en plan de guerra, pero no obtuvieron plata ni riquezas.
Desde el cielo, desde sus rbitas, las estrellas lucharon contra Ssara;
el arroyo, el arroyo antiguo, el arroyo de Quisn los barri a todos ellos. T aplastars la garganta de los poderosos!
"Resuenan los cascos de los caballos! Galopan, galopan los briosos corceles!
Y el ngel del Seor anuncia: 'Que caiga una dura maldicin sobre Meroz y sus habitantes!' Pues no acudieron, como los valientes, en ayuda del Seor.
"Bendita sea entre las mujeres Jael, la esposa de Hber el quenita! Bendita sea entre las mujeres del campamento!
Agua pidi Ssara; leche le dio Jael. Crema le dio en un tazn especial!
Mientras tanto, tom la estaca con la izquierda y el mazo de trabajo con la derecha, y dando a Ssara un golpe en la cabeza le rompi y atraves las sienes.
Ssara se retorca a los pies de Jael; retorcindose de dolor cay al suelo, y all donde cay, all qued muerto.
"La madre de Ssara, afligida, se asoma a la ventana y dice: 'Por qu tarda tanto en llegar su carro? Por qu se retrasa su carro de guerra?'
Algunas damas sabihondas le responden, y aun ella misma se repite:
'Seguramente se estn repartiendo lo que ganaron en la guerra. Una esclava, y aun dos, para cada guerrero; para Ssara las telas de colores: una tela, y aun dos, bordadas de varios colores, para el cuello del vencedor.'
"Que as sean destruidos, Seor, todos tus enemigos, y que brillen los que te aman, como el sol en todo su esplendor!" Despus de eso hubo paz en la regin durante cuarenta aos.
Pero los hechos de los israelitas fueron malos a los ojos del Seor, y durante siete aos el Seor los entreg al poder de los madianitas.
Como los madianitas opriman cada vez ms a los israelitas, estos, por temor a los madianitas, se hicieron escondites en los cerros, en las cuevas y en lugares difciles de alcanzar.
Siempre que los israelitas tenan algo sembrado, los madianitas, los amalecitas y la gente del oriente los atacaban.
Acampaban en los territorios de Israel y destruan las cosechas hasta la regin de Gaza, sin dejarles a los israelitas nada que comer, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.
Con sus tiendas de campaa y su ganado invadan el pas y lo destruan todo. Venan con sus camellos en grandes multitudes, como una plaga de langostas.
Por causa de los madianitas, los israelitas pasaban por muchas miserias, y finalmente le pidieron ayuda al Seor.
Cuando los israelitas le pidieron al Seor que los librara de los madianitas,
l les envi un profeta que les dijo: "As dice el Seor y Dios de Israel: 'Yo los saqu a ustedes de Egipto, donde vivan como esclavos,
y no solo los libr a ustedes de los egipcios, sino tambin de todos los que los opriman. A ellos los fui echando de delante de ustedes, y a ustedes les di la tierra de ellos.
Y les dije a ustedes que yo soy el Seor su Dios, y que no tuvieran miedo de los dioses de los amorreos, en cuya tierra viven ustedes ahora; pero ustedes no me hicieron caso.' "
Entonces vino el ngel del Seor y se sent bajo la encina que estaba en Ofr, y que perteneca a Jos, que era del clan de Abizer. Geden, el hijo de Jos, estaba limpiando el trigo a escondidas, en el lugar donde se pisaba la uva para hacer vino, para que los madianitas no lo vieran.
El ngel del Seor se le apareci y le dijo: -El Seor est contigo, hombre fuerte y valiente!
Y Geden contest: -Perdn, seor, pero si el Seor est con nosotros, por qu nos pasa todo esto? Dnde estn todos los milagros de que nos hablan nuestros antepasados, cuando dicen que el Seor nos sac de Egipto? El Seor nos ha abandonado, y nos ha entregado al poder de los madianitas.
El Seor lo mir, y le dijo: -Usa la fuerza que tienes, para ir a salvar a Israel del poder de los madianitas. Yo soy el que te enva.
Pero Geden volvi a contestar: -Una vez ms, perdn, seor, pero cmo voy a salvar a Israel? Mi clan es el ms pobre de toda la tribu de Manass, y yo soy el ms pequeo de mi familia.
Y el Seor le respondi: -Podrs hacerlo porque yo estar contigo. Derrotars a los madianitas como quien derrota a un solo hombre.
Entonces Geden dijo: -Si me he ganado tu favor, dame una prueba de que realmente eres t quien habla conmigo.
Por favor, no te vayas de aqu hasta que yo vuelva con una ofrenda que te quiero presentar. Y el Seor le asegur: -Aqu estar esperando tu regreso.
Geden se fue y prepar un cabrito, y con unos veinte litros de harina hizo unos panes sin levadura; luego puso la carne en una canasta y el caldo en una olla, y se lo llev todo hasta la encina.
El ngel de Dios le mand poner sobre una roca la carne y los panes sin levadura, y derramar el caldo. Despus que Geden hizo lo que se le haba mandado,
el ngel toc la carne y los panes con la punta del bastn que tena en la mano, y de la roca sali fuego, el cual consumi la carne y los panes; luego el ngel del Seor desapareci de su vista.
Al darse cuenta Geden de que se trataba del ngel del Seor, dijo: -Ay Seor, Seor! He visto cara a cara al ngel del Seor!
Pero el Seor le contest: -No tengas miedo, que no vas a morir. Recibe mi paz.
Entonces Geden construy all un altar en honor del Seor, y lo llam "El Seor es la paz". Este altar todava est en Ofr, ciudad del clan de Abizer.
Aquella misma noche el Seor le dijo a Geden: -Toma un toro del ganado de tu padre, el segundo toro, el de siete aos, y echa abajo el altar de Baal que tiene tu padre. Echa abajo tambin el rbol sagrado que est junto al altar de Baal,
y en lo alto de esa fortaleza construye un altar al Seor tu Dios. Toma luego el toro, el segundo, y ofrcemelo como holocausto, usando para ello la lea del rbol sagrado que habrs echado abajo.
Entonces Geden tom a diez de sus sirvientes e hizo todo lo que el Seor le haba mandado; solo que no lo hizo de da, sino durante la noche, por miedo a la familia de su padre y a los hombres de la ciudad.
A la maana siguiente, cuando la gente de la ciudad se levant, se encontr con que el altar de Baal haba sido echado abajo, lo mismo que el rbol sagrado que estaba junto al altar, y que adems un toro haba sido ofrecido en holocausto sobre el nuevo altar.
Unos a otros se preguntaban: "Quin habr hecho esto?" Cuando, despus de mucho buscar y preguntar, supieron que lo haba hecho Geden, el hijo de Jos, fueron y le dijeron a Jos:
-Saca a tu hijo, que lo vamos a matar. Ha echado abajo el altar de Baal y el rbol sagrado que estaba junto al altar!
Pero Jos respondi a quienes le rodeaban: -Van ustedes a defender a Baal, y a pelear en su favor? Pues que muera antes del amanecer cualquiera que defienda a Baal! Si Baal es Dios, djenlo que se defienda solo, puesto que era suyo el altar derribado.
Desde entonces comenzaron a llamar Jerubaal a Geden, y decan: "Que Baal se defienda de l", pues Geden haba echado abajo el altar de Baal.
Entonces todos los madianitas y los amalecitas y la gente del oriente, se juntaron y cruzaron el ro Jordn, y acamparon en el valle de Jezreel.
Pero el espritu del Seor se adue de Geden, y este toc un cuerno de carnero para que se le unieran los del clan de Abizer;
adems mand mensajeros para que llamaran a toda la tribu de Manass a que se le uniera. Tambin envi mensajeros a llamar a las tribus de Aser, Zabuln y Neftal, que tambin salieron a reunirse con l.
Y Geden le dijo a Dios: "Si de veras me vas a usar para salvar a Israel, como t mismo has dicho,
voy a poner el cuero lanudo de una oveja en el lugar donde se trilla el trigo. Si por la maana la lana est mojada de roco, pero la tierra est seca, sabr que de veras vas a usarme para salvar a Israel, como t mismo has dicho."
En efecto, as sucedi. Cuando Geden se levant por la maana, exprimi el cuero lanudo y sac de l una taza llena de roco.
Sin embargo, Geden dijo: "No te enojes conmigo si vuelvo a insistir. Pero quiero hacer una sola prueba ms. Esta vez hars que la lana quede seca y que el roco humedezca la tierra."
Aquella noche Dios lo hizo as. Y a la maana siguiente, la lana estaba seca y toda la tierra cubierta de roco.
Geden, a quien ahora llamaban Jerubaal, y todos los que estaban con l, se levantaron de madrugada y fueron a acampar junto al manantial de Harod. El campamento de los madianitas les quedaba entonces al norte, en el valle que est al pie del monte de Mor.
El Seor le dijo a Geden: "Traes tanta gente contigo que si hago que los israelitas derroten a los madianitas, van a alardear ante m creyendo que se han salvado ellos mismos.
Por eso, dile a la gente que cualquiera que tenga miedo puede irse a su casa." De este modo Geden los puso a prueba, y se fueron veintids mil hombres, quedndose diez mil.
Pero el Seor insisti: "Son muchos todava. Llvalos a tomar agua, y all yo los pondr a prueba y te dir quines irn contigo y quines no."
Geden llev entonces a la gente a tomar agua, y el Seor le dijo: "Aparta a los que beban agua en sus manos, lamindola como perros, de aquellos que se arrodillen para beber."
Los que bebieron agua llevndosela de las manos a la boca y lamindola como perros fueron trescientos. Todos los dems se arrodillaron para beber.
Entonces el Seor le dijo a Geden: "Con estos trescientos hombres voy a salvarlos a ustedes, y derrotar a los madianitas. Todos los dems pueden irse."
Geden mand entonces que todos los dems regresaran a sus tiendas; pero antes de que se fueran les recogi sus cntaros y sus cuernos de carnero. Solo se qued con los trescientos hombres escogidos, acampando ms arriba de los madianitas, que estaban en el valle.
Aquella noche el Seor le orden a Geden: "Levntate y baja a atacar a los madianitas, pues los voy a entregar en tus manos.
Pero si tienes miedo de atacarlos, baja antes al campamento con Pur, tu criado,
y escucha lo que digan. Despus te sentirs con ms nimo para atacarlos." Entonces Geden baj con Pur, su criado, hasta los puestos avanzados del campamento enemigo.
Los madianitas, los amalecitas y la gente del oriente se haban esparcido por el valle como una plaga de langostas. Tenan tantos camellos como arena hay a la orilla del mar.
Al acercarse Geden al campamento enemigo, oy que un soldado le contaba a otro un sueo que haba tenido. Le deca: -So que un pan de cebada vena rodando hasta nuestro campamento, y que al chocar contra una tienda la haca caer.
Y su compaero le contest: -Eso no es otra cosa que la espada de Geden, hijo de Jos, el israelita. Dios va a entregar en manos de Geden a los madianitas y a todo su campamento.
Al or cmo se haba contado e interpretado el sueo, Geden ador al Seor. Despus volvi al campamento israelita y orden: -Arriba, que el Seor va a entregarnos el campamento madianita!
En seguida dividi sus trescientos hombres en tres grupos, y les dio cuernos de carnero a todos y unos cntaros vacos que llevaban dentro antorchas encendidas.
Y les dijo: -Cuando llegue yo al otro lado del campamento enemigo, fjense en m y hagan lo mismo que me vean hacer.
Cuando yo y los que van conmigo toquemos el cuerno, tquenlo ustedes tambin alrededor de todo el campamento, y griten: 'Por el Seor y por Geden!'
As pues, Geden y sus cien hombres llegaron al otro lado del campamento cuando estaba por comenzar el turno de guardia de medianoche. Entonces tocaron los cuernos de carnero y rompieron los cntaros que llevaban en las manos,
y los tres grupos tocaron al mismo tiempo los cuernos de carnero y rompieron los cntaros. En la mano izquierda llevaban las antorchas encendidas, y los cuernos de carnero en la derecha, y gritaban: "Guerra! Por el Seor y por Geden!"
Y como los israelitas se quedaron quietos en sus puestos alrededor del campamento, y todos en el ejrcito madianita gritaban y salan huyendo
mientras los trescientos israelitas seguan tocando los cuernos de carnero, el Seor hizo que los madianitas lucharan entre s, y que salieran huyendo hasta Bet-sit, camino de Serer, y hasta la frontera de Abel-mehol, junto a Tabat.
Entonces se llam a los israelitas de las tribus de Neftal, de Aser y de todo Manass, para que persiguieran a los madianitas.
Geden mand mensajeros por los montes de Efran, ordenando que los hombres de esta tribu bajaran a luchar contra los madianitas y ocuparan los lugares por donde se poda cruzar el ro en Bet-bar y en el Jordn, antes de que ellos llegaran. Los de Efran cumplieron estas rdenes,
y adems capturaron a dos jefes madianitas llamados Oreb y Zeeb. A Oreb lo mataron en la pea que ahora se conoce como Pea de Oreb. A Zeeb lo mataron en el lugar que lleva su nombre, y que era donde se pisaba la uva para hacer vino. Y despus de perseguir a los madianitas, llevaron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Geden, que estaba al otro lado del Jordn.
Los de la tribu de Efran se enojaron y discutieron con Geden porque l no los haba mandado llamar cuando sali a pelear contra los madianitas.
Pero l les contest: -No se dan cuenta de que ustedes hicieron ms an de lo que yo hice? Lo poco que ustedes hicieron vale ms que lo mucho que hicimos nosotros.
Dios les entreg a Oreb y a Zeeb, los jefes madianitas. Qu hice yo que se pueda comparar con lo que ustedes hicieron? Cuando los de Efran oyeron estas palabras de Geden, se les pas el enojo contra l.
Geden y sus trescientos hombres llegaron al Jordn y lo cruzaron, aunque estaban rendidos de cansancio por ir persiguiendo al enemigo.
En Sucot, Geden les pidi a los que all vivan: -Por favor, den algo de comer a los que vienen conmigo, porque estn rendidos de cansancio. Andamos persiguiendo a los reyes madianitas Zbah y Salmun.
Pero los jefes de Sucot le respondieron: -Acaso ya has capturado a Zbah y Salmun, para que alimentemos a tu ejrcito?
Y Geden les contest: -Despus que el Seor me entregue a Zbah y Salmun, regresar y les desgarrar a ustedes la carne con espinas y zarzas del desierto!
De all fue a Penuel, donde pidi lo mismo que en Sucot. Pero como los de Penuel le respondieron igual que los de Sucot,
Geden les dijo: -Cuando yo regrese vencedor, echar abajo esa torre!
Zbah y Salmun estaban en Carcor con unos quince mil hombres, que era todo lo que quedaba del ejrcito del oriente, pues haban muerto ciento veinte mil de ellos.
Geden avanz por el camino que bordea el desierto, al este de Nbah y Jogbeh, y atac su campamento cuando ellos menos lo esperaban.
Zbah y Salmun salieron huyendo, pero Geden los persigui y los captur, y llen de espanto a todo el ejrcito.
Cuando Geden regresaba de la batalla por el paso de Heres,
captur a un joven de Sucot y lo interrog; y aquel joven le dio por escrito los nombres de los setenta y siete jefes y ancianos de Sucot.
Entonces Geden fue a Sucot y les dijo a los de este pueblo: -Recuerdan cmo se burlaron de m por causa de Zbah y de Salmun? Recuerdan que les negaron pan a mis hombres, que estaban rendidos de cansancio, dicindonos que todava no los tenamos cautivos? Pues aqu los tienen!
Entonces Geden tom espinas y zarzas del desierto, y con ellas castig a los ancianos de Sucot.
Tambin ech abajo la torre de Penuel, y mat a la gente de esta ciudad.
Luego les pregunt a Zbah y a Salmun: -Cmo eran los hombres que ustedes mataron en Tabor? Y ellos le contestaron: -Se parecan a ti. Cada uno de ellos pareca un prncipe.
Entonces Geden grit: -Mis hermanos! Mataron a mis propios hermanos! Tan cierto como que el Seor vive, que si ustedes no los hubieran matado, yo tampoco los matara a ustedes ahora.
En seguida le orden a Jter, su hijo mayor: -Levntate y mtalos! Pero Jter era todava muy joven, y no se atrevi a sacar su espada.
Entonces Zbah y Salmun le dijeron a Geden: -Pues mtanos t! Al hombre se le conoce por su valenta! Geden se levant y los mat, y tom los adornos que llevaban al cuello los camellos de Zbah y Salmun.
Entonces los israelitas le dijeron: -Ya que t nos has librado del poder de los madianitas, queremos que t y tus descendientes nos gobiernen.
Pero Geden les contest: -Ni yo ni mi hijo los gobernaremos a ustedes. El Seor ser quien los gobierne.
Lo que s quiero es pedirles que me den los anillos que han capturado. Esos anillos de oro los usaban los soldados enemigos, porque eran gente del desierto.
Los israelitas, tendiendo una capa en el suelo, echaron en ella los anillos que haban tomado, y le dijeron a Geden: -Aqu los tienes.
Todo el oro de los anillos pes casi diecinueve kilos, sin contar los adornos ni las joyas y telas de prpura que llevaban los reyes de Madin, ni los collares de sus camellos.
Con ese oro Geden hizo un efod, que puso en Ofr, su ciudad, y todo Israel le fue infiel al Seor por causa del efod, el cual se volvi una trampa para Geden y su familia.
As fue como los madianitas quedaron sometidos a Israel, y nunca ms volvieron a levantar cabeza. Durante cuarenta aos, mientras Geden vivi, hubo paz en la regin.
Jerubaal, o sea Geden, se fue a vivir a su propia casa,
y tuvo setenta hijos, pues tena muchas esposas.
Una concubina que l tena en Siquem, tambin le dio un hijo, y l le puso por nombre Abimlec.
Geden muri ya entrado en aos, y lo enterraron en la tumba de su padre Jos, en Ofr, ciudad del clan de Abizer.
Despus que muri Geden, los israelitas volvieron a abandonar a Dios para adorar a las diferentes representaciones de Baal, y escogieron como su dios a Baal-berit.
Se olvidaron del Seor su Dios, que los haba salvado de todos los enemigos que los rodeaban,
y no correspondieron con bondad a la familia de Jerubaal, o sea Geden, por todo lo bueno que l haba hecho por ellos.
Abimlec, hijo de Jerubaal, fue a Siquem para hablar con sus parientes por parte de madre. Y les dijo:
-En nombre de nuestro parentesco, les ruego que convenzan a la gente de Siquem de que es mejor que los gobierne un solo hombre, y no todos los setenta hijos de Jerubaal.
Y como Abimlec era pariente de ellos, se pusieron de parte suya y fueron a convencer a los de Siquem para que lo siguieran.
Adems, tomaron setenta monedas de plata del templo de Baal-berit y se las dieron a Abimlec. Con ese dinero, Abimlec alquil unos matones para que lo siguieran. Aquellos hombres fueron con l
a Ofr, donde haba vivido su padre Jerubaal, y contra una misma piedra mataron a los setenta hermanos de Abimlec. Solo pudo esconderse y salvarse Jotam, el hijo menor de Jerubaal.
Despus todos los de Siquem y de Bet-mil se reunieron junto a la encina y la piedra sagrada que haba en Siquem, y nombraron rey a Abimlec.
Cuando Jotam lo supo, subi al monte Guerizim, y desde all grit bien fuerte, para que todos le oyeran: "iganme bien, hombres de Siquem! Y as Dios los oiga a ustedes!
"En cierta ocasin los rboles quisieron tener rey, y le pidieron al olivo que fuera su rey.
Pero el olivo les dijo que no, pues para ser rey de los rboles tendra que dejar de dar aceite, el cual sirve para honrar tanto a los hombres como a Dios.
"Entonces los rboles le pidieron a la higuera que fuera su rey.
Pero la higuera les dijo que no, pues para ser rey de los rboles tendra que dejar de dar sus dulces y sabrosos higos.
"Entonces los rboles le pidieron a la vid que fuera su rey.
Pero la vid les dijo que no, pues para ser rey de los rboles tendra que dejar de dar su vino, el cual sirve para alegrar tanto a los hombres como a Dios.
"Por fin, los rboles le pidieron a un espino que fuera su rey.
Y el espino les dijo que, si de veras queran que l fuera su rey, todos tendran que ponerse bajo su sombra; pero si no queran que l fuera su rey, saldra de l un fuego que destruira los cedros del Lbano.
"Y ahora, yo les pregunto: Han actuado ustedes con verdad y honradez al hacer rey a Abimlec? Han tratado a Jerubaal y a su familia con la misma bondad con que l los trat a ustedes?
Porque mi padre arriesg su vida por ustedes cuando pele para librarlos del poder de los madianitas;
ustedes, en cambio, se han rebelado contra la familia de mi padre, y han matado a sus setenta hijos contra una misma piedra. Por si fuera poco, han nombrado rey a Abimlec, hijo de la concubina de Jerubaal, solo porque l es pariente de ustedes.
Pero yo les digo hoy: Si ustedes han tratado con verdad y honradez a Jerubaal y a su familia, que les vaya bien con Abimlec, y a l con ustedes;
pero si no, que salga de Abimlec un fuego que destruya a todos los de Siquem y de Bet-mil, y que de Siquem y de Bet-mil salga un fuego que lo destruya a l!"
Despus de haber dicho esto, Jotam huy y se fue a vivir en Beer, porque le tena miedo a su hermano Abimlec.
Abimlec domin a los israelitas durante tres aos,
pero Dios interpuso un espritu maligno entre Abimlec y los de Siquem, para que estos se rebelaran contra l
y as pagara Abimlec el sangriento asesinato de los setenta hijos de Jerubaal, y los de Siquem pagaran por haberle ayudado.
Los de Siquem tenan gente en los montes, que se esconda y asaltaba a todos los que pasaban por el camino cercano. Y Abimlec se enter de esto.
Un da, Gal, el hijo de bed, pas con sus hermanos por Siquem y se gan la confianza de los de aquella ciudad,
los cuales salieron al campo a recoger la uva e hicieron vino y celebraron una gran fiesta, comiendo y bebiendo en el templo de sus dioses y maldiciendo a Abimlec.
Y Gal deca: "Quin se cree este Abimlec? No es ms que un hijo de Jerubaal, y Zebul es su ayudante. Y nosotros, los de Siquem, quines somos para andar como esclavos delante de ellos? Seamos esclavos de Hamor, el fundador de Siquem, pero no de Abimlec.
Ah! Si yo fuera el jefe de ustedes, en seguida me deshara de Abimlec!" Adems dijo: "Anda, Abimlec, rene tu ejrcito y ven a pelear!"
Cuando Zebul, gobernador de la ciudad, se enter de lo que andaba diciendo Gal, se puso furioso
y le envi el siguiente mensaje a Abimlec, que estaba en Arum: "Gal, el hijo de bed, ha venido con sus hermanos a Siquem, y estn predisponiendo a la gente de la ciudad contra ti.
Por lo tanto, sal de noche con tus soldados y escndanse en el campo.
Por la maana, al salir el sol, ataca la ciudad, y cuando Gal y su gente salgan a pelear contigo, haz con l lo que creas ms conveniente."
As pues, Abimlec y toda su gente salieron de noche y se escondieron alrededor de Siquem, repartidos en cuatro grupos.
Cuando Gal sali a la puerta de la ciudad, Abimlec y su gente salieron de sus escondites.
Al verlos, Gal le dijo a Zebul: -Mira, de los cerros viene bajando un ejrcito! -No -le contest Zebul-. Solo son las sombras de los cerros, que a ti te parecen gente.
Pero Gal sigui diciendo: -Tambin de la colina que llaman 'Ombligo de la tierra' viene bajando un ejrcito! Y otro grupo viene por el camino de la Encina de los Adivinos!
-Habla ahora, fanfarrn! -le dijo Zebul-. T, que decas que Abimlec no era nadie para que furamos sus esclavos! Ah est el ejrcito que te pareca poca cosa. Anda, sal ahora a pelear contra ellos!
Gal sali al frente de la gente de Siquem a pelear contra Abimlec.
Pero Abimlec lo persigui, y Gal huy de l. Hasta en la puerta misma de la ciudad hubo muchos muertos.
Abimlec se qued en Arum, y Zebul arroj de Siquem a Gal y sus hermanos.
Al da siguiente, los de Siquem salieron al campo. Cuando Abimlec lo supo,
dividi su ejrcito en tres grupos y se escondi en el campo; y cuando vio que los de Siquem salan de la ciudad, sali de su escondite y los atac.
l y su grupo se lanzaron a tomar la puerta de la ciudad, mientras los otros dos grupos atacaban y mataban a los que andaban por el campo;
y el resto del da lo pas Abimlec atacando a Siquem, hasta que la tom. Entonces destruy la ciudad y mat a todos sus habitantes, y la ciudad misma la sembr de sal.
Cuando los de Migdal-siquem se enteraron de lo que haba hecho Abimlec, fueron a refugiarse en la fortaleza del templo de El-berit.
Y al saber Abimlec que todos estaban reunidos all,
fue con toda su gente al monte Salmn y con un hacha cort una rama de un rbol; luego se la puso sobre el hombro y dijo a todos sus hombres que hicieran rpidamente lo mismo que l.
Todos cortaron sus ramas y siguieron a Abimlec hasta la fortaleza del templo, donde amontonaron todas las ramas y les prendieron fuego, matando as a todos los de Migdal-siquem, que eran unos mil hombres y mujeres.
Despus Abimlec march sobre Tebs, se prepar para atacarla y la tom.
En el centro de aquella ciudad haba una torre, y en ella se escondieron todos los habitantes de la ciudad, hombres y mujeres. Cerraron bien las puertas y subieron al techo;
pero Abimlec lleg hasta la puerta de la torre y la atac. Ya se dispona a prenderle fuego,
cuando una mujer arroj una piedra de molino, la cual le cay en la cabeza y le rompi el crneo.
Abimlec llam rpidamente a su ayudante de armas y le dijo: "Saca tu espada y mtame, porque no quiero que se diga que una mujer me mat." Entonces su ayudante lo atraves con la espada, y as muri.
Cuando los israelitas vieron que Abimlec haba muerto, regresaron a sus casas.
De esta manera Dios hizo pagar a Abimlec el crimen que haba cometido contra su padre al matar a sus setenta hermanos.
Y Dios hizo tambin que los de Siquem pagaran por todos sus crmenes. As se cumpli en ellos la maldicin de Jotam, el hijo de Jerubaal.
Despus de Abimlec, un hombre de la tribu de Isacar llamado Tol, hijo de Pu y nieto de Dod, se levant para salvar a Israel. Tol viva en Samir, en los montes de Efran,
y gobern a Israel durante veintitrs aos, hasta que muri y lo enterraron en Samir.
Despus se levant Jar, que era de Galaad, y gobern a Israel durante veintids aos.
Jar tuvo treinta hijos, cada uno de los cuales montaba en asno y tena una ciudad en la regin de Galaad. Esas treinta ciudades se conocen todava como "las ciudades de Jar".
Cuando Jar muri, fue enterrado en Camn.
Pero los israelitas volvieron a hacer lo malo a los ojos del Seor, y adoraron a las diferentes representaciones de Baal y de Astart, lo mismo que a los dioses de Siria, de Sidn, de Moab, de Amn y de los filisteos. Abandonaron al Seor y dejaron de rendirle culto.
Por eso el Seor se enfureci contra ellos y los entreg al poder de los filisteos y de los amonitas.
Desde entonces, y durante dieciocho aos, los filisteos y los amonitas oprimieron cruelmente a todos los israelitas que vivan en Galaad, al otro lado del Jordn, en territorio amorreo.
Los amonitas cruzaron el Jordn para pelear tambin contra las tribus de Jud, Benjamn y Efran, y los israelitas se vieron en grave aprieto.
Entonces le pidieron ayuda al Seor, y le dijeron: "Dios nuestro, hemos pecado contra ti, pues te hemos abandonado por adorar a falsos dioses."
Y el Seor les contest: "Ustedes fueron oprimidos por los egipcios, los amorreos, los amonitas, los filisteos,
los sidonios, los amalecitas y los madianitas; pero cuando ustedes clamaron a m, yo los salv.
A pesar de eso, ustedes me han abandonado por ir a adorar a otros dioses, as que yo no volver a salvarlos.
Vayan y pidan ayuda a los dioses que se han escogido! Que ellos los salven a ustedes cuando estn en aprietos!"
Entonces los israelitas le respondieron al Seor: "Hemos pecado. Haz con nosotros lo que mejor te parezca, pero, por favor, slvanos ahora!"
Y los israelitas se deshicieron de los dioses extranjeros para volver a adorar al Seor, y el Seor ya no pudo soportar que los israelitas siguieran sufriendo.
Los amonitas se reunieron y acamparon en Galaad. Los israelitas, por su parte, se reunieron y acamparon en Misp.
Los israelitas que vivan en Galaad, y sus jefes, acordaron entre s que el que dirigiera la batalla contra los amonitas sera caudillo de todos los habitantes de Galaad.
Jeft era un valiente guerrero de la regin de Galaad. Era hijo de una prostituta y de un hombre llamado Galaad,
y como la esposa de Galaad le haba dado otros hijos, cuando ellos crecieron echaron de la casa a Jeft y le dijeron que no heredara nada de su padre, por ser hijo de otra mujer.
Entonces Jeft huy de sus hermanos y se fue a vivir a la regin de Tob, donde reuni una banda de desalmados que junto con l salan a hacer correras.
Pasado algn tiempo los amonitas atacaron a Israel,
y los jefes de Galaad mandaron traer a Jeft de la regin de Tob,
y le dijeron: -Ven, queremos que seas nuestro jefe en la guerra contra los amonitas.
Jeft les contest: -Pues no me odiaban ustedes, y hasta me obligaron a irme de la casa de mi padre? Por qu vienen a buscarme ahora que estn en aprietos?
-Precisamente porque estamos en aprietos venimos a buscarte -dijeron ellos-. Queremos que vengas con nosotros y pelees contra los amonitas, y que seas el jefe de todos los que vivimos en Galaad.
-Pues si ustedes quieren que yo regrese para pelear contra los amonitas, y si el Seor me da la victoria, ser el jefe de ustedes -respondi Jeft.
Y los jefes le aseguraron: -El Seor es testigo nuestro de que haremos todo lo que has dicho.
Entonces Jeft fue con ellos, y el pueblo lo nombr su jefe y caudillo. En Misp, Jeft repiti ante el Seor lo que antes haba dicho.
Despus mand unos mensajeros al rey de los amonitas, para que le preguntaran: "Qu tienes t contra m, para que vengas ahora a atacar mi pas?"
Y el rey de los amonitas les contest a los mensajeros de Jeft: "Cuando ustedes los israelitas salieron de Egipto, nos quitaron nuestras tierras, desde el ro Arnn hasta los ros Jaboc y Jordn. Ahora, pues, devulvemelas por las buenas."
Jeft envi entonces otros mensajeros al rey de los amonitas,
con este mensaje: "Esta es la respuesta de Jeft: Nosotros los israelitas no les hemos quitado tierras ni a los moabitas ni a los amonitas.
Cuando salimos de Egipto, cruzamos el desierto hasta el Mar Rojo, y llegamos hasta Cads.
Entonces mandamos unos mensajeros al rey de Edom pidindole que nos dejara pasar por sus territorios, pero l no nos dej pasar. Se lo pedimos tambin al rey de Moab, pero l tampoco nos dej pasar. Por eso nos quedamos en Cads.
Despus, andando por el desierto, fuimos rodeando los territorios de Edom y de Moab, hasta llegar al este de Moab, y acampamos all, al otro lado del ro Arnn. Pero no lo cruzamos, porque all empezaba el territorio de Moab.
Entonces mandamos unos mensajeros a Sihn, el rey amorreo de Hesbn, pidindole que nos dejara pasar por sus territorios para dirigirnos a nuestra tierra.
Pero Sihn desconfi y no nos permiti pasar por su territorio; por el contrario, reuni a todo su ejrcito y acamp en Jahas, y nos atac.
Pero el Seor, el Dios de Israel, su pueblo, nos dio la victoria, y derrotamos a Sihn y a su ejrcito, y nos adueamos de todo el territorio de los amorreos de esa regin:
tomamos toda la tierra de los amorreos, desde el ro Arnn hasta el Jaboc y desde el desierto hasta el Jordn.
Y ahora quieres t despojarnos de lo que el Seor les quit a los amorreos y nos dio a nosotros?
Si Quems, tu dios, te da algo en posesin, t lo consideras propiedad tuya, no es cierto? Pues tambin nosotros consideramos nuestro lo que el Seor nos ha dado en propiedad.
Acaso te crees mejor que Balac, hijo de Sipor, el rey de Moab? Pues bien, l no vino a pelear contra nosotros.
Ya hace trescientos aos que vivimos en Hesbn, Aroer y las aldeas vecinas, y en todas las ciudades a orillas del Arnn; por qu no han reclamado ustedes esas tierras en todo este tiempo?
Yo no te he hecho ningn mal. Eres t quien est actuando mal al venir a atacarnos. Pero el Seor es el juez, y l ser quien juzgue a israelitas y amonitas."
A pesar de todo, el rey de los amonitas no hizo caso del mensaje de Jeft.
Entonces el espritu del Seor vino sobre Jeft, y este recorri Galaad y Manass, pasando por Misp de Galaad, para invadir el territorio de los amonitas.
Y Jeft le hizo esta promesa al Seor: "Si me das la victoria sobre los amonitas,
yo te ofrecer en holocausto a quien primero salga de mi casa a recibirme cuando yo regrese de la batalla."
Jeft invadi el territorio de los amonitas, y los atac, y el Seor le dio la victoria.
Mat Jeft a muchos enemigos, y conquist veinte ciudades entre Aroer, Minit y Abel-queramim. De este modo los israelitas dominaron a los amonitas.
Cuando Jeft volvi a su casa en Misp, la nica hija que tena sali a recibirlo bailando y tocando panderetas. Aparte de ella, no tena otros hijos,
as que, al verla, se rasg la ropa en seal de desesperacin y le dijo: -Ay, hija ma, qu gran dolor me causas! Y eres t misma la causa de mi desgracia, pues le he hecho una promesa al Seor, y ahora tengo que cumplrsela!
Y ella le respondi: -Padre mo, haz conmigo lo que le prometiste al Seor, ya que l ha cumplido su parte al darte la victoria sobre tus enemigos los amonitas.
Te ruego, sin embargo, que me concedas dos meses para andar por los montes, con mis amigas, llorando por tener que morir sin haberme casado.
Jeft le concedi los dos meses, y en ese tiempo ella anduvo por los montes, con sus amigas, llorando porque iba a morir sin haberse casado.
Despus de ese tiempo volvi a donde estaba su padre, y l cumpli la promesa que le haba hecho al Seor. La hija de Jeft muri sin haber tenido relaciones sexuales con ningn hombre.
Por eso es costumbre entre los israelitas que todos los aos las jvenes vayan a llorar a la hija de Jeft durante cuatro das.
Los hombres de la tribu de Efran se reunieron y cruzaron el Jordn en direccin a Safn, y le dijeron a Jeft: -Por qu te lanzaste a atacar a los amonitas, sin avisarnos para que furamos contigo? Ahora vamos a quemar tu casa contigo dentro!
Jeft les contest: -Mi gente y yo tuvimos un pleito con los amonitas, y yo los llam a ustedes, pero ustedes no vinieron a defendernos.
Como vi que ustedes no venan en nuestra ayuda, arriesgu mi propia vida y ataqu a los amonitas, y el Seor me dio la victoria. Por qu vienen ustedes ahora a pelear conmigo?
Entonces Jeft reuni a todos los hombres de Galaad, y pele con los de Efran y los derrot. Los de Efran decan que los de Galaad, que vivan entre Efran y Manass, eran gente que haba abandonado a Efran.
Los de Galaad les quitaron a los de Efran los vados del Jordn, y cuando alguno de Efran que llegaba huyendo les peda paso, ellos le preguntaban si era de Efran. Si aquel responda que no,
le pedan que dijera "Shibolet", y si deca "Sibolet", porque no poda pronunciarlo de otro modo, lo agarraban y lo mataban all mismo, junto a los vados del Jordn. En aquella ocasin los muertos de Efran fueron cuarenta y dos mil hombres.
Jeft fue caudillo de los israelitas durante seis aos. Cuando muri, lo enterraron en Galaad, su ciudad natal.
Despus de Jeft, fue caudillo de los israelitas Ibsn, de Beln,
que tuvo treinta hijos y treinta hijas, y a todos los cas con gente de fuera. Ibsn fue caudillo de Israel durante siete aos,
y cuando muri lo enterraron en Beln.
Despus de l, Eln, de la tribu de Zabuln, fue caudillo de los israelitas durante diez aos
y cuando muri lo enterraron en Aialn, en el territorio de su tribu.
Despus de l, Abdn, el hijo de Hilel, de Piratn, fue caudillo de los israelitas
durante ocho aos. Abdn tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, cada uno de los cuales montaba un asno.
Cuando muri, lo enterraron en Piratn, que est en el territorio de Efran, en los montes de Amalec.
Pero los israelitas volvieron a hacer lo malo a los ojos del Seor, y el Seor los entreg al poder de los filisteos durante cuarenta aos.
En Sor, de la tribu de Dan, haba un hombre que se llamaba Manoa. Su mujer nunca haba tenido hijos, porque era estril.
Pero el ngel del Seor se le apareci a ella y le dijo: "T nunca has podido tener hijos, pero ahora vas a quedar embarazada y tendrs un nio.
Pero no tomes vino ni ninguna otra bebida fuerte, ni comas nada impuro,
pues vas a tener un hijo al que no se le deber cortar el cabello, porque ese nio estar consagrado a Dios como nazareo desde antes de nacer, para que sea l quien comience a librar a los israelitas del poder de los filisteos."
La mujer fue a contrselo a su marido, y le dijo: "Un hombre de Dios vino a donde yo estaba, y me impresion mucho, pues pareca el ngel mismo del Seor. Ni yo le pregunt quin era, ni tampoco l me lo dijo.
Lo que s me dijo fue que yo voy a tener un hijo, y que desde ahora no debo tomar vino ni ninguna otra bebida fuerte, ni comer nada impuro, porque el nio va a estar consagrado a Dios como nazareo desde antes de nacer y hasta su muerte."
Entonces Manoa dijo al Seor en oracin: "Yo te ruego, Seor, que enves otra vez ese hombre a nosotros, para que nos diga lo que debemos hacer con el nio que va a nacer."
Dios respondi a la peticin de Manoa, y su ngel se le apareci otra vez a la mujer, cuando estaba en el campo. Como Manoa no estaba all,
ella fue corriendo a decirle: -Oye, el hombre que vi el otro da, se me ha vuelto a aparecer!
Manoa se levant y fue con ella a donde estaba el hombre, al cual le dijo: -Es usted el que habl con mi mujer el otro da? Y aquel hombre contest: -S, yo soy.
Entonces Manoa dijo: -Cuando se cumpla lo que usted nos ha dicho, cmo debemos criar al nio? Qu tendremos que hacer con l?
El ngel del Seor respondi: -Que tu mujer haga todo lo que le he dicho:
que no tome vino ni ningn otro producto de la uva, ni ninguna otra bebida fuerte, ni coma nada impuro. Simplemente, que haga lo que le he ordenado.
Manoa, sin saber que aquel hombre era el ngel del Seor, le dijo: -Por favor, qudese usted con nosotros a comer un cabrito que vamos a prepararle.
Pero el ngel le contest: -Aun si me quedara, no podra yo compartir contigo tu comida. Pero puedes ofrecer el cabrito en holocausto al Seor.
Entonces Manoa le dijo al ngel: -Dganos al menos cmo se llama usted, para que le estemos agradecidos cuando se cumpla lo que nos ha dicho.
Pero el ngel respondi: -Para qu quieres saber mi nombre? Es un secreto maravilloso.
Manoa tom el cabrito y la ofrenda de cereales, los puso sobre una roca y los ofreci en holocausto al Seor. Entonces el Seor hizo algo maravilloso ante los ojos de Manoa y de su mujer:
cuando el fuego subi del altar, Manoa y su mujer vieron al ngel del Seor subir al cielo en medio de las llamas. Entonces se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente.
Manoa se dio cuenta de que aquel hombre era el ngel del Seor, pues no se les volvi a aparecer ni a l ni a su mujer;
y le dijo a su mujer: -Con toda seguridad vamos a morir, porque hemos visto a Dios.
Pero ella le contest: -Si el Seor nos hubiera querido matar, no habra aceptado nuestro holocausto ni nuestra ofrenda, ni nos habra dejado ver estas cosas. Tampoco nos habra anunciado todo esto.
A su tiempo, la mujer tuvo un hijo, y le puso por nombre Sansn. El nio creca, y el Seor lo bendeca.
Y un da en que Sansn estaba en el campamento de Dan, entre Sor y Estaol, el espritu del Seor comenz a manifestarse en l.
Sansn baj un da al pueblo de Timn y se fij en una mujer filistea,
y cuando regres a casa se lo cont a sus padres. Les dijo: -Por favor, quiero que hagan todos los arreglos para casarme con una mujer filistea que vi en Timn.
Pero sus padres le dijeron: -Para qu tienes que ir a buscar esposa entre esos filisteos paganos? Acaso ya no hay mujeres entre nuestros parientes, o entre todos los israelitas? Sansn respondi: -Esa muchacha es la que me gusta, y es la que quiero que me consigan como esposa.
Sus padres no saban que era el Seor quien haba dispuesto que todo esto fuera as, pues estaba buscando la ocasin de atacar a los filisteos, que en esa poca dominaban a Israel.
De modo que Sansn y sus padres fueron a Timn. Cuando Sansn lleg a los viedos de la ciudad, un len joven lo atac rugiendo.
Entonces el espritu del Seor se apoder de Sansn, que a mano limpia hizo pedazos al len, como si fuera un cabrito; pero no les cont a sus padres lo sucedido.
Luego fue y habl con la muchacha que le haba gustado.
Unos das despus, cuando Sansn volvi para casarse con la muchacha, se apart del camino para ir a ver el len muerto, y se encontr con que en el cuerpo del len haba un enjambre de abejas y un panal de miel.
Rasp el panal con las manos para sacar la miel, y se la fue comiendo. Cuando se encontr con sus padres, les dio miel y comieron, pero no les dijo que la haba sacado del len muerto.
El padre de Sansn fue a ver a la muchacha; y Sansn dio all una fiesta, segn se acostumbraba entre los jvenes.
Pero como los filisteos le tenan miedo, llevaron treinta amigos para que estuvieran con l.
A estos treinta, Sansn les dijo: -Les voy a decir una adivinanza. Si en los siete das que va a durar la fiesta me dan la respuesta correcta, yo le dar a cada uno de ustedes una capa de lino fino y una muda de ropa de fiesta.
Pero si no dan con la respuesta, cada uno de ustedes me tendr que dar a m una capa de lino fino y una muda de ropa de fiesta. Y ellos le contestaron: -Dinos, pues, tu adivinanza. Somos todo odos.
Sansn recit su adivinanza: "Del que coma sali comida; del que era fuerte sali dulzura." Tres das despus, ellos no haban logrado resolver la adivinanza;
as que al cuarto da le dijeron a la mujer de Sansn: -Procura que tu marido nos d la solucin de su adivinanza, pues de lo contrario te quemaremos a ti y a la familia de tu padre. Parece que ustedes nos invitaron solo para quitarnos lo que es nuestro!
Entonces ella fue a ver a Sansn, y llorando le dijo: -T no me quieres! T me odias! Les has propuesto una adivinanza a mis paisanos, pero a m no me has dado a conocer la respuesta. Y Sansn le contest: -Si ni a mi padre ni a mi madre se lo he dicho, mucho menos te lo voy a decir a ti.
Pero ella sigui llorando junto a l los siete das que dur la fiesta, y tanto le insisti que, por fin, al sptimo da le dio la respuesta. Entonces ella fue y se la dio a conocer a sus paisanos.
Al sptimo da, antes de que el sol se pusiera, los filisteos fueron a decirle a Sansn: "Nada hay ms dulce que la miel, ni nada ms fuerte que el len." Sansn les respondi: "Solo porque araron con mi ternera, pudieron dar con la respuesta."
En seguida el espritu del Seor se apoder de Sansn; entonces Sansn fue a Ascaln y mat a treinta hombres de aquel lugar, y con la ropa que les quit pag la apuesta a los que haban resuelto la adivinanza. Despus volvi furioso a casa de su padre,
y su mujer fue dada a uno de los amigos de Sansn.
Pasado algn tiempo, durante la cosecha del trigo, Sansn fue a visitar a su mujer y le llev un cabrito. Al llegar, dijo: -Voy a entrar a ver a mi mujer, en su cuarto. Pero el suegro no lo dej entrar,
sino que le dijo: -Yo pens que ya no la queras, as que se la di a uno de tus amigos. Sin embargo, su hermana menor es ms linda que ella; tmala en lugar de la mayor.
Pero Sansn le contest: -Ahora s que no respondo del mal que yo les haga a los filisteos!
Entonces fue y atrap trescientas zorras, las at por el rabo de dos en dos, y a cada par le amarr una antorcha entre los rabos;
luego prendi fuego a las antorchas y solt las zorras en los campos sembrados de los filisteos. De ese modo quem el trigo que ya estaba amontonado y el que todava estaba en pie, y hasta los viedos y los olivares.
Los filisteos se pusieron a averiguar quin lo haba hecho, y cuando supieron que haba sido Sansn en venganza de que su suegro el timnateo le haba quitado a su mujer y se la haba dado a su amigo, fueron y quemaron a la mujer y a su padre.
Entonces Sansn dijo: -Ya que ustedes se portan de esa manera, juro que no descansar hasta que me haya vengado de ustedes!
Y los atac con tal furia que no les dej hueso sano. Despus se fue a vivir a la cueva que est en la pea de Etam.
Los filisteos vinieron y acamparon en Jud, extendindose hasta Lehi,
y los de Jud les preguntaron: -Por qu han venido a pelear contra nosotros? Y ellos contestaron: -Hemos venido a capturar a Sansn, para que pague lo que nos ha hecho.
Al or esto, tres mil hombres de la tribu de Jud fueron a la cueva de la pea de Etam y le dijeron a Sansn: -No sabes que los filisteos son ms fuertes que nosotros? Por qu nos has puesto en esta situacin? Sansn les contest: -Yo no he hecho ms que pagarles con la misma moneda.
Entonces ellos le dijeron: -Pues nosotros hemos venido a capturarte para entregarte a los filisteos. Sansn respondi: -Jrenme que no me van a matar ustedes mismos.
Y ellos le aseguraron: -No, no te vamos a matar. Solo queremos capturarte y entregarte a los filisteos. Entonces lo ataron con dos sogas nuevas, y lo sacaron de su escondite.
Cuando llegaron a Lehi, los filisteos salieron a su encuentro, gritando de alegra. Pero el espritu del Seor se apoder de Sansn, el cual rompi las sogas que le sujetaban los brazos y las manos, como si fueran cordeles de lino quemados;
luego tom una quijada de asno que haba por all y que an no estaba reseca, y con ella mat a mil filisteos.
Despus dijo: "Con la quijada de un asno hice uno y dos montones; con la quijada de un asno a mil hombres mat."
Despus arroj la quijada, y por eso aquel lugar se llama Ramat-lehi.
Y como Sansn tena muchsima sed, llam al Seor y le dijo: "Cmo es posible que me hayas dado esta victoria tan grande, para ahora dejarme morir de sed y en manos de estos paganos?"
Entonces Dios abri el hoyo que hay en Lehi, y Sansn bebi del agua que brotaba del hoyo, y se sinti reanimado. Por eso, al manantial que hasta la fecha est en Lehi se le llam En-hacor.
Sansn fue caudillo de Israel durante veinte aos, en la poca en que los filisteos dominaban la regin.
Un da Sansn fue a la ciudad de Gaza. All vio a una prostituta, y entr en su casa para pasar la noche con ella.
Cuando los de Gaza supieron que Sansn estaba en la ciudad, la rodearon; y se quedaron vigilando las puertas de la ciudad todo aquel da. Por la noche se fueron a descansar, pensando que lo mataran cuando amaneciera.
Pero Sansn estuvo acostado solo hasta la medianoche. A esa hora se levant y arranc las puertas de la ciudad junto con sus pilares y su tranca, y echndose todo ello al hombro se lo llev a lo alto del monte que est frente a Hebrn.
Despus Sansn se enamor de una mujer llamada Dalila, que viva en el valle de Sorec.
Los jefes de los filisteos fueron a ver a Dalila, y le dijeron: -Engaa a Sansn y averigua de dnde le vienen sus fuerzas extraordinarias, y cmo podramos vencerlo; as podremos atarlo y tenerlo sujeto. A cambio de tus servicios, cada uno de nosotros te dar mil cien monedas de plata.
Entonces ella le dijo a Sansn: -Por favor, dime de dnde te vienen tus fuerzas tan extraordinarias. Hay algn modo de atarte sin que te puedas soltar?
Y Sansn le respondi: -Si me atan con siete cuerdas de arco que todava no estn secas, perder mi fuerza y ser un hombre comn y corriente.
Los jefes de los filisteos le llevaron a Dalila siete cuerdas de arco nuevas, y con ellas Dalila at a Sansn.
Y como ya antes haba escondido a unos hombres en su cuarto, grit: -Sansn, te atacan los filisteos! Entonces Sansn rompi las cuerdas, como si fueran un cordn quemado. Y los filisteos no pudieron averiguar de dnde le vena su fuerza.
Dalila le dijo: -Me engaaste! Me has estado mintiendo! Pero ahora s, por favor, dime qu hay que hacer para atarte.
Y Sansn le respondi: -Si me atan con sogas nuevas que nunca se hayan usado, perder mi fuerza y ser un hombre comn y corriente.
Entonces Dalila tom unas sogas nuevas, lo at con ellas, y grit: -Sansn, te atacan los filisteos! Tambin esta vez ella haba escondido unos hombres en su cuarto; pero Sansn rompi las sogas, como si fueran hilos delgados.
Dalila le dijo a Sansn: -Todava me sigues engaando! Todava me ests mintiendo! Dime qu hay que hacer para atarte! Y Sansn le contest: -Lo que tienes que hacer es entretejer siete trenzas de mi cabello con la tela del telar, y clavar bien la estaca en el suelo. As yo perder mi fuerza y ser un hombre comn y corriente. Entonces Dalila hizo dormir a Sansn, y tomando las siete trenzas de su cabello, las entreteji con la tela del telar,
despus de lo cual clav bien la estaca en el suelo y grit: -Sansn, te atacan los filisteos! Pero Sansn se levant y arranc del suelo la estaca y el telar.
Entonces ella le dijo: -Mentiroso! Cmo te atreves a decir que me quieres? Ya van tres veces que te burlas de m, y todava no me has dicho de dnde te viene toda tu fuerza.
Como era tanta la insistencia de Dalila, que a todas horas le haca la misma pregunta, Sansn estaba tan fastidiado que tena ganas de morirse;
as que finalmente le cont a Dalila su secreto: -Nadie me ha cortado jams el cabello, porque desde antes de nacer estoy consagrado a Dios como nazareo. Si me llegaran a cortar el cabello, perdera mi fuerza y sera tan dbil como un hombre comn y corriente.
Cuando Dalila se dio cuenta de que esta vez s le haba descubierto su secreto, mand a decir a los jefes filisteos: -Ahora s, vengan, que Sansn me ha descubierto su secreto! Entonces ellos fueron a verla con el dinero en la mano.
Dalila hizo que Sansn se durmiera con la cabeza recostada en sus piernas, y llam a un hombre para que le cortara las siete trenzas de su cabellera. Luego ella comenz a maltratarlo,
y le grit: -Sansn, te atacan los filisteos! Sansn se despert, creyendo que se librara como las otras veces, pero no saba que el Seor lo haba abandonado.
Entonces los filisteos lo agarraron y le sacaron los ojos, y se lo llevaron a Gaza, en donde lo sujetaron con cadenas de bronce y lo pusieron a trabajar en el molino de la crcel.
Sin embargo, su cabello empez a crecerle de nuevo.
Los jefes de los filisteos se reunieron para celebrar su triunfo y ofrecer sacrificios a su dios Dagn. Y cantaban: "Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a Sansn, nuestro enemigo."
Y cuando la gente lo vio, tambin cant y alab a su dios, diciendo: "Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a Sansn, nuestro enemigo, que destrua nuestros campos y mataba a muchos de los nuestros."
Tan contentos estaban, que pidieron que les llevaran a Sansn para divertirse con l. Lo sacaron, pues, de la crcel, y se divirtieron a costa de l, y lo pusieron de pie entre dos columnas.
Entonces Sansn le dijo al muchacho que lo llevaba de la mano: -Ponme donde yo pueda tocar las columnas que sostienen el templo. Quiero apoyarme en ellas.
Todos los jefes de los filisteos se hallaban en el templo, que estaba lleno de hombres y mujeres. Haba, adems, como tres mil personas en la parte de arriba, mirando cmo los otros se divertan con Sansn.
Entonces Sansn clam al Seor, y le dijo: "Te ruego, Seor, que te acuerdes de m tan solo una vez ms, y que me des fuerzas para cobrarles a los filisteos mis dos ojos de una vez por todas."
Luego busc con las manos las dos columnas centrales, sobre las que descansaba todo el templo, y apoyando sus dos manos contra ellas,
grit: "Mueran conmigo los filisteos!" Entonces empuj con toda su fuerza, y el templo se derrumb sobre los jefes de los filisteos y sobre todos los que estaban all. Fueron ms los que mat Sansn al morir, que los que haba matado en toda su vida.
Despus vinieron los hermanos y todos los parientes de Sansn, y recogieron su cuerpo y lo enterraron entre Sor y Estaol, en la tumba de Manoa, su padre. Durante veinte aos Sansn haba sido caudillo de los israelitas.
En los montes de Efran viva un hombre que se llamaba Micaas,
el cual le confes a su madre: -En cuanto a las mil cien monedas de plata que te robaron, y por las que maldijiste al ladrn, yo las tengo.
Yo fui quien te las rob; pero ahora te las devuelvo, pues te o decir que las habas consagrado al Seor para mandar hacer un dolo tallado y recubierto de plata. Y le devolvi la plata. Entonces su madre exclam: -Que el Seor te bendiga, hijo mo!
Despus que Micaas devolvi el dinero a su madre, ella le entreg a un platero doscientas monedas de plata para que le hiciera un dolo tallado y recubierto de plata, que luego puso en casa de Micaas.
Micaas tena un lugar de culto en su casa. Y se hizo un efod y dioses familiares, y nombr sacerdote a uno de sus hijos.
Como en aquella poca an no haba rey en Israel, cada cual haca lo que le daba la gana.
Haba en el pueblo de Beln un joven forastero de la tribu de Jud, que era levita.
Este joven sali de Beln en busca de otro lugar donde vivir, y andando por los montes de Efran lleg a casa de Micaas.
-De dnde vienes? -le pregunt Micaas. -Vengo de Beln -contest el joven-. Soy levita y ando buscando dnde vivir.
-Pues qudate aqu conmigo -le propuso Micaas-, para que seas mi sacerdote y como mi propio padre. Yo te pagar diez monedas de plata al ao, adems de ropa y comida.
El levita acept quedarse a vivir con Micaas, y lleg a ser como uno de sus hijos.
Micaas lo hizo su sacerdote, y l se qued a vivir all.
Entonces Micaas pens que tena aseguradas las bendiciones de Dios, pues tena un levita como sacerdote.
En aquella poca an no haba rey en Israel. La tribu de Dan tampoco tena un territorio propio todava, as que andaba buscando dnde establecerse.
Por eso los de Dan mandaron desde Sor y Estaol a cinco de sus hombres ms valientes, para que sirvieran de espas y exploraran la regin. Estos cinco espas fueron a los montes de Efran, y llegaron a casa de Micaas, donde se quedaron a pasar la noche.
Ya cerca de la casa de Micaas, reconocieron el modo de hablar del joven levita, y fueron a preguntarle: -Quin te trajo por ac? Por qu ests en este lugar? Qu buscas aqu?
El levita les cont el trato que Micaas haba hecho con l, y cmo lo haba contratado para que fuera su sacerdote.
Entonces ellos le dijeron: -Consulta a Dios para saber si nos va a ir bien en este viaje.
Y el sacerdote levita les contest: -Vayan tranquilos, que el Seor los proteger por dondequiera que vayan.
De all, los cinco espas se fueron a Lais. La gente de esta ciudad viva confiada, como acostumbraban los sidonios; vivan tranquilos y en paz, sin que nadie los molestara para nada y sin que nada les faltara. Estaban lejos de los sidonios, y no tenan relaciones con nadie.
Entonces los cinco espas volvieron a Sor y Estaol, donde estaban sus compaeros, que les preguntaron: -Cmo les fue? Y ellos respondieron:
-Hemos recorrido esa regin y encontramos que la tierra es magnfica. En marcha! Vamos a atacarlos! No se queden ah sentados, sin hacer nada! Hay que ir a conquistar esa tierra!
Al llegar all, se van a encontrar con gente confiada y que tiene mucha tierra, a la que no le falta nada. Dios les dar posesin de ella.
Seiscientos hombres de la tribu de Dan salieron de Sor y de Estaol bien armados,
y llegaron a Jud y acamparon all, al oeste de Quiriat-jearim, en el lugar que ahora se llama Campamento de Dan.
De all se fueron a los montes de Efran, y llegaron a la casa de Micaas.
Entonces los cinco espas que haban explorado la regin de Lais les dijeron a sus compaeros: -Saben una cosa? En esta casa hay un efod y dioses familiares, y un dolo tallado y recubierto de plata. Qu piensan hacer?
Entonces los espas se apartaron de los dems y fueron a casa del joven levita, es decir, a la casa de Micaas, y lo saludaron.
Mientras tanto, los seiscientos soldados danitas bien armados esperaban a la puerta.
Los cinco espas entraron antes en la casa y tomaron el dolo tallado y recubierto de plata, y el efod y los dioses familiares, mientras el sacerdote se quedaba a la puerta con los seiscientos soldados.
Al ver el sacerdote que los cinco entraban en casa de Micaas y tomaban el dolo, el efod y los dioses familiares, les dijo: -Qu estn haciendo?
Y ellos le contestaron: -Cllate, y ven con nosotros! Queremos que nos sirvas como sacerdote y que seas como un padre para nosotros! No te parece que es mejor ser sacerdote de toda una tribu de Israel, que de la familia de un solo hombre?
Esto le gust al sacerdote, y tomando el dolo, el efod y los dioses familiares, se fue con los danitas,
los cuales se pusieron nuevamente en marcha con los nios, el ganado y sus posesiones al frente.
Ya haban caminado bastante cuando Micaas y sus vecinos se juntaron y salieron a perseguirlos.
Al or los gritos de los que los perseguan, los danitas se volvieron y le preguntaron a Micaas: -Qu te pasa? Por qu nos gritas tanto?
Y Micaas les respondi: -Ustedes se llevan mis dioses, que yo haba hecho, y se llevan tambin a mi sacerdote, y me dejan sin nada, y todava se atreven a preguntarme qu me pasa?
Pero los danitas le contestaron: -No nos alces la voz, no sea que algunos de los nuestros pierdan la paciencia y te ataquen, y acaben perdiendo la vida tanto t como tus familiares.
Al ver Micaas que ellos eran muchos, regres a su casa; pero los danitas siguieron su camino
con las cosas que Micaas haba hecho, y con su sacerdote, y llegaron hasta Lais. All la gente estaba tranquila y confiada, de modo que los danitas mataron a todos a filo de espada y quemaron la ciudad.
Como la ciudad estaba lejos de Sidn, y no tena relaciones con nadie, no hubo quien la defendiera. Estaba en el valle que pertenece a Bet-rehob. Despus los danitas reconstruyeron la ciudad y se quedaron a vivir en ella.
Aunque antes se llamaba Lais, ellos la llamaron Dan, en honor de su antepasado del mismo nombre, que era hijo de Israel.
All los danitas colocaron el dolo tallado, para adorarlo, y su sacerdote fue Jonatn, hijo de Guersn y nieto de Moiss. Despus los descendientes de Jonatn fueron sacerdotes de los danitas, hasta el exilio.
All estuvo entre ellos el dolo que Micaas haba hecho, todo el tiempo que el santuario del Seor estuvo en Sil.
En los das en que an no haba rey en Israel, un levita que viva en la parte ms lejana de los montes de Efran tom como concubina a una mujer de Beln de Jud.
Pero ella se enoj con l y se fue a vivir a Beln, con su padre. Despus de estar ella cuatro meses all,
el levita fue a buscarla para convencerla de que volviera con l. Llev un criado y dos asnos, y ella lo recibi en casa de su padre.
Tambin el padre lo recibi con alegra, y lo invit a quedarse con ellos. El levita y su criado se quedaron tres das en casa del padre de ella, comiendo, bebiendo y durmiendo,
y al cuarto da por la maana se levantaron temprano para irse. Pero cuando ya se iban, el padre de la muchacha le dijo a su yerno: -Come aunque sea un pedazo de pan antes de irte, para que tengas fuerza.
Y los dos se sentaron juntos a comer y a beber, y el padre de ella le pidi que se quedara y pasara contento una noche ms.
Y aunque el levita se levant para irse, su suegro le insisti tanto que se qued.
Al quinto da, el levita se levant temprano para irse, pero otra vez el padre de la muchacha le rog que comiera algo antes de salir, para que recobrara las fuerzas; as que comieron juntos hasta que se hizo tarde.
Cuando el levita se levant para irse con su concubina y su criado, su suegro le hizo ver que ya era muy tarde y que el da se estaba yendo, y lo invit a quedarse otra noche y pasarla contento, y salir al otro da temprano.
Pero el levita no quiso quedarse otra noche ms, sino que se fue con su concubina y su criado y sus dos asnos ensillados. Cuando tuvieron ante ellos a Jebs, es decir, Jerusaln,
el criado le dijo al levita: -Qu le parece a usted si pasamos la noche en esa ciudad de jebuseos?
Y el levita le respondi: -No vamos a ir a ninguna ciudad que no sea israelita. Sigamos hasta Guibe,
y procuremos pasar la noche ya sea en Guibe o en Ram.
As pues, siguieron adelante, y cuando el sol se pona llegaron a Guibe, ciudad de la tribu de Benjamn.
Entonces se apartaron del camino y entraron en Guibe para pasar la noche, y el levita fue y se sent en la plaza de la ciudad porque nadie les ofreca alojamiento.
Por fin, ya de noche, pas un anciano que regresaba de trabajar en el campo. Este anciano era de los montes de Efran, y viva all como forastero, pues los que vivan en Guibe eran de la tribu de Benjamn.
Cuando el anciano vio en la plaza al viajero, le pregunt: -De dnde vienes, y a dnde vas?
Y el levita respondi: -Estamos de paso. Venimos de Beln de Jud, y vamos a la parte ms lejana de los montes de Efran, donde yo vivo. Estuve en Beln, y ahora voy de regreso a casa, pero no he encontrado aqu a nadie que me d alojamiento.
Tenemos paja y forraje para mis asnos, y pan y vino para nosotros, es decir, para mi mujer, para mi siervo y para m. No nos hace falta nada.
Pero el anciano le respondi: -S bienvenido. Yo me har cargo de todo lo que necesites. No voy a permitir que pases la noche en la plaza.
El anciano los llev a su casa, y mientras los viajeros se lavaban los pies, y coman y beban, l dio de comer a los asnos.
En el momento en que ms contentos estaban, unos hombres pervertidos de la ciudad rodearon la casa y empezaron a golpear la puerta, y a decirle al anciano, dueo de la casa: -Saca al hombre que tienes de visita! Queremos acostarnos con l!
Pero el dueo de la casa les rog: -No, amigos mos, por favor! No cometan tal perversidad, pues este hombre es mi husped!
Miren, ah est mi hija, que todava es virgen. Y tambin est la concubina de este hombre. Voy a sacarlas para que las humillen y hagan con ellas lo que quieran. Pero con este hombre no cometan tal perversidad.
Pero ellos no le hicieron caso al anciano, as que el levita tom a su concubina y la ech a la calle, y aquellos hombres la violaron y abusaron de ella toda la noche, hasta que amaneci. Entonces la dejaron.
Ya estaba amaneciendo cuando la mujer regres a la casa del anciano, donde estaba su marido, y cay muerta delante de la puerta.
Cuando su marido se levant y abri la puerta para seguir su camino, se encontr a su concubina tendida ante el umbral de la puerta, con las manos sobre el umbral.
Entonces le dijo: -Levntate y vmonos. Pero ella no le respondi. Entonces l coloc el cadver sobre un asno, y se puso en camino hacia su casa.
Al llegar, tom un cuchillo y descuartiz el cadver de su concubina en doce pedazos, y los mand por todo el territorio de Israel.
Todos los que lo vean, decan: -Desde que los israelitas salieron de Egipto, nunca se haba visto nada semejante. Hay que pensar en esto y decidir lo que haremos al respecto.
Entonces todos los israelitas, desde Dan hasta Beerseba y Galaad, se reunieron como un solo hombre en Misp, delante del Seor.
Todos los jefes de las tribus de Israel estaban presentes, y del pueblo de Dios se reunieron cuatrocientos mil soldados de a pie.
Los de la tribu de Benjamn se enteraron de que las otras tribus israelitas se haban reunido en Misp. Y los israelitas le preguntaron al levita cmo haba ocurrido aquel crimen.
El levita, marido de la vctima, les dijo: -Yo llegu con mi concubina a la ciudad de Guibe, de la tribu de Benjamn, para pasar la noche all.
Pero esa misma noche los habitantes de la ciudad rodearon la casa en que estbamos alojados, con la idea de matarme, y de tal manera abusaron de mi concubina, que ella muri.
Entonces yo tom el cadver y lo descuartic, y mand los pedazos por todo el pas, para que en todo Israel se enteraran de este crimen tan infame.
A ustedes les toca ahora, como israelitas, opinar y decidir lo que se debe hacer.
Como un solo hombre, todos se pusieron de pie y dijeron: -Ninguno de nosotros volver a su tienda o a su casa.
Lo que tenemos que hacer es echar a suertes quines debern atacar Guibe.
Uno de cada diez hombres de todas las tribus, se encargar de conseguir comida para el ejrcito; los dems irn a darle su merecido a Guibe por esta infamia que se ha cometido en Israel.
Todos los israelitas se unieron, como un solo hombre, para atacar la ciudad.
Mandaron mensajeros por todo el territorio de la tribu de Benjamn, para decirles: "Qu crimen es este que han cometido algunos de ustedes?
Entrguennos a esos pervertidos que estn en Guibe, para matarlos y purificar a Israel de la maldad." Pero los de Benjamn no hicieron caso a sus hermanos israelitas,
sino que los benjaminitas de todas las ciudades se juntaron en Guibe para ir a pelear contra los otros israelitas.
Los soldados de las ciudades de Benjamn que se alistaron eran veintisis mil, sin contar setecientos hombres escogidos que eran de Guibe.
Entre todos estos hombres haba setecientos zurdos que manejaban tan bien la honda que podan darle con la piedra a un cabello, sin fallar nunca.
Por su parte, los otros israelitas reunieron cuatrocientos mil guerreros experimentados.
Los israelitas fueron a Betel, y all consultaron a Dios para saber qu tribu deba atacar primero a los de Benjamn. El Seor les respondi que Jud deba ser la primera.
As pues, los israelitas se levantaron temprano y acamparon frente a Guibe.
Avanzaron contra los de Benjamn, y se colocaron frente a Guibe en orden de batalla.
Pero los de Benjamn salieron de la ciudad, y aquel da mataron a veintids mil israelitas.
Por eso los israelitas fueron a Betel a lamentarse en presencia del Seor hasta el anochecer,
y all le consultaron si deban volver a atacar a sus hermanos de la tribu de Benjamn.
Como el Seor les orden atacar, cobraron nimo, y al da siguiente volvieron a presentar batalla contra los benjaminitas en el mismo lugar donde la haban presentado el da anterior.
Pero por segunda vez los benjaminitas salieron de Guibe a atacarlos, y mataron a otros dieciocho mil soldados israelitas.
Entonces todos los soldados de Israel y todo el pueblo fueron nuevamente a Betel, a lamentarse delante del Seor. Todo el da se lo pasaron sin comer, y le ofrecieron al Seor holocaustos y sacrificios de reconciliacin.
En aquel tiempo el arca de la alianza de Dios estaba en Betel, y su sacerdote era Finees, hijo de Eleazar y nieto de Aarn.
Y los israelitas consultaron al Seor: "Debemos atacar una vez ms a nuestros hermanos de la tribu de Benjamn, o es mejor que nos demos por vencidos?" El Seor les dijo: "Ataquen, que maana yo les dar la victoria."
Entonces algunos soldados israelitas se escondieron alrededor de Guibe,
mientras los dems marchaban aquel tercer da contra los de Benjamn y se colocaban en orden de batalla frente a Guibe, como las otras dos veces.
Una vez ms, los de la tribu de Benjamn salieron de la ciudad, alejndose de ella para atacar a los israelitas. Lograron matar como a treinta israelitas por los caminos de Betel y Guibe, y por los campos,
creyendo que los israelitas huan de ellos, derrotados como las dos veces anteriores. Los israelitas, sin embargo, se estaban alejando de la ciudad para que el enemigo los persiguiera hasta los caminos.
De pronto los israelitas salieron de donde estaban y se colocaron en orden de batalla en Baal-tamar; por su parte, los que estaban escondidos en la pradera, alrededor de Guibe, salieron de sus escondites
y atacaron la ciudad. Eran diez mil de los mejores guerreros israelitas los que atacaron a Guibe. La lucha fue dura, y los de Benjamn no saban que estaban a punto de perder.
El Seor les dio a los israelitas la victoria sobre los benjaminitas, y aquel da los israelitas mataron veinticinco mil cien soldados de la tribu de Benjamn.
Entonces los benjaminitas se dieron cuenta de que haban perdido. Los israelitas se haban ido retirando ante el ataque de los benjaminitas, porque confiaban en los hombres que estaban escondidos para atacar Guibe.
Estos hombres atacaron por sorpresa a Guibe y mataron a filo de espada a todos los de la ciudad.
Los que estaban escondidos para atacar la ciudad se haban puesto de acuerdo con los otros israelitas para avisarles con una gran columna de humo cuando hubieran tomado la ciudad.
En el momento en que los israelitas que parecan huir vieran la columna de humo, se volveran y haran frente a los de Benjamn. Los benjaminitas lograron matar a unos treinta israelitas, con lo cual se confiaron, pensando que los haban derrotado, como en la primera batalla;
pero en esto empez a salir humo de la ciudad, y cuando los benjaminitas miraron atrs, las llamas y el humo de la ciudad entera llegaban al cielo.
Entonces los israelitas les hicieron frente, y los benjaminitas se acobardaron al darse cuenta del desastre que se les vena encima.
Salieron huyendo de los israelitas por el camino del desierto, pero no podan escapar, pues los que salan de la ciudad les cortaban el paso y los mataban.
Los benjaminitas quedaron rodeados por los israelitas, los cuales los persiguieron y los fueron aplastando desde Menuh hasta el oriente de Guibe.
As murieron dieciocho mil soldados de la tribu de Benjamn.
Los dems se volvieron y salieron huyendo hacia el desierto, en direccin a la pea de Rimn, pero cinco mil de ellos fueron muertos en los caminos. Los israelitas siguieron persiguindolos, y los destrozaron, matando a dos mil hombres.
En total, ese da murieron veinticinco mil de los mejores soldados de la tribu de Benjamn.
Pero seiscientos benjaminitas se volvieron y huyeron hacia el desierto, y se quedaron cuatro meses en la pea de Rimn.
Los israelitas atacaron luego a los dems benjaminitas, y pasaron a cuchillo a los hombres de cada ciudad, matando animales y todo lo que encontraban a su paso, y quemando las ciudades.
Los israelitas haban jurado en Misp que no dejaran que sus hijas se casaran con ningn benjaminita.
Pero luego se reunieron en Betel y estuvieron en presencia de Dios hasta el anochecer, llorando y quejndose:
"Oh Seor, Dios de Israel! Por qu nos ha sucedido esto? Cmo es posible que ahora falte una tribu en Israel?"
Al da siguiente los israelitas se levantaron temprano, hicieron un altar y le ofrecieron al Seor holocaustos y sacrificios de reconciliacin.
Y se preguntaban: "Quin de entre todos nosotros no asisti a la reunin en Misp?", pues haban jurado matar a quienes no asistieran a la reunin.
Los israelitas estaban muy tristes por lo que les haba sucedido a sus hermanos los benjaminitas, y decan: "En este da ha sido arrancada de Israel una de sus tribus.
Qu haremos para conseguirles mujeres a los benjaminitas que quedan vivos? Nosotros hemos jurado por el Seor no permitir que nuestras hijas se casen con ellos.
Hay aqu algn israelita que no se haya presentado ante el Seor en Misp?" Recordaron entonces que de Jabs de Galaad nadie haba asistido a la reunin,
pues al pasar lista no haba respondido nadie de este lugar.
Entonces el pueblo entero envi a doce mil de los mejores soldados con rdenes de matar a filo de espada a todos los de Jabs,
incluyendo a los nios y a las mujeres que no fueran vrgenes.
Entre los que vivan en Jabs se encontraron cuatrocientas jvenes que no haban tenido relaciones sexuales con ningn hombre, y las trajeron al campamento que estaba en Sil, en Canan.
Entonces el pueblo entero mand buscar a los benjaminitas que estaban en la pea de Rimn, y los invitaron a hacer la paz.
Los de Benjamn regresaron, y los israelitas les dieron las mujeres que haban trado de Jabs. Pero no hubo mujeres suficientes para todos ellos.
Los israelitas sentan lstima por la tribu de Benjamn, porque el Seor haba dejado un vaco en las tribus de Israel.
Y los jefes del pueblo se preguntaban: "Cmo vamos a conseguir mujeres para los dems, si las mujeres benjaminitas fueron exterminadas?
Benjamn debe seguir manteniendo el lugar que le corresponde entre nuestras tribus, por medio de los que le han quedado con vida, para que no falte ninguna de las tribus de Israel.
Pero nosotros no podemos darles nuestras hijas para que se casen con ellos, porque todos los israelitas hemos jurado no darles nuestras hijas a los benjaminitas, bajo pena de maldicin.
Sin embargo, cada ao hay una gran fiesta del Seor en Sil, que est al norte de Betel, al este del camino que va de Betel a Siquem, y al sur de Lebon."
Entonces los jefes de Israel les mandaron este mensaje a los benjaminitas: "Vayan, escndanse en los viedos cercanos a Sil,
y mantnganse atentos. Cuando las muchachas de Sil salgan bailando en grupos, salgan tambin ustedes de sus escondites y rbese cada uno una mujer, y vyanse a sus tierras.
Y si los padres o los hermanos de las muchachas vienen a hacernos alguna reclamacin, les diremos: 'Nosotros les rogamos, como un favor personal, que los perdonen, porque nosotros no pudimos conseguir mujeres para todos ellos en la guerra contra Jabs. Adems, como ustedes no se las dieron, realmente no han faltado al juramento.' "
Los benjaminitas aceptaron hacer lo que se les propona, as que cada uno se rob una muchacha de las que estaban bailando, y se la llev. Luego regresaron a sus tierras, y volvieron a construir sus ciudades y a vivir en ellas.
Los otros israelitas tambin se fueron, y cada uno regres a su propia tierra, a su tribu y a su clan.
En aquella poca an no haba rey en Israel, y cada cual haca lo que le daba la gana.
En el tiempo en que Israel era gobernado por caudillos, hubo una poca de hambre en toda la regin. Entonces un hombre de Beln de Jud, llamado Elimlec, se fue a vivir por algn tiempo al pas de Moab.
Con l fueron tambin su esposa Noem y sus dos hijos, Mahln y Quilin. Todos ellos eran efrateos, es decir, de Beln. Llegaron, pues, a Moab, y se quedaron a vivir all.
Pero sucedi que muri Elimlec, el marido de Noem, y ella se qued sola con sus dos hijos.
Ms tarde, ellos se casaron con dos mujeres moabitas; una de ellas se llamaba Orf y la otra Rut. Pero al cabo de unos diez aos
murieron tambin Mahln y Quilin, y Noem se encontr desamparada, sin hijos y sin marido.
Un da Noem oy decir en Moab que el Seor se haba compadecido de su pueblo y que haba puesto fin a la poca de hambre.
Entonces decidi volver a Jud y, acompaada de sus nueras, sali del lugar donde vivan;
pero en el camino les dijo: -Anden, vuelvan a su casa, con su madre. Que el Seor las trate siempre con bondad, como tambin ustedes nos trataron a m y a mis hijos,
y que les permita casarse otra vez y formar un hogar feliz. Luego Noem les dio un beso de despedida, pero ellas se echaron a llorar
y le dijeron: -No! Nosotras volveremos contigo a tu pas!
Noem insisti: -Vyanse, hijas mas, para qu quieren seguir conmigo? Yo ya no voy a tener ms hijos que puedan casarse con ustedes.
Anden, vuelvan a su casa. Yo soy muy vieja para volverme a casar. Y aunque tuviera an esa esperanza, y esta misma noche me casara y llegara a tener ms hijos,
iban ustedes a esperar hasta que fueran mayores, para casarse con ellos? Se quedaran sin casar por esperarlos? No, hijas mas, de ninguna manera. El Seor me ha enviado amargos sufrimientos, pero ms amarga sera mi pena si las viera sufrir a ustedes.
Ellas se pusieron a llorar nuevamente. Por fin, Orf se despidi de su suegra con un beso, pero Rut se qued con ella.
Entonces Noem le dijo: -Mira, tu concuada se vuelve a su pas y a sus dioses. Vete t con ella.
Pero Rut le contest: -No me pidas que te deje y que me separe de ti! Ir a donde t vayas, y vivir donde t vivas. Tu pueblo ser mi pueblo, y tu Dios ser mi Dios.
Morir donde t mueras, y all quiero ser enterrada. Que el Seor me castigue con toda dureza si me separo de ti, a menos que sea por la muerte!
Al ver Noem que Rut estaba decidida a acompaarla, no le insisti ms,
y as las dos siguieron su camino hasta que llegaron a Beln. Cuando entraron en Beln, hubo un gran revuelo en todo el pueblo. Las mujeres decan: -No es esta Noem?
Pero ella les responda: -Ya no me llamen Noem; llmenme Mar, porque el Dios todopoderoso me ha llenado de amargura.
Sal de aqu con las manos llenas, y ahora las traigo vacas porque as lo ha querido el Seor. Por qu me llaman Noem, si el Seor todopoderoso me ha condenado y afligido?
As fue como Noem volvi de Moab con Rut, su nuera moabita. Llegaron a Beln cuando comenzaba la cosecha de la cebada.
Noem tena un pariente por parte de su esposo Elimlec, que se llamaba Booz y era muy rico e influyente.
Un da Rut le dijo a Noem: -Djame que vaya al campo, a ver si algn segador me permite ir detrs de l recogiendo espigas. -Ve, hija ma -le respondi su suegra.
Rut, pues, fue al campo y se puso a recoger las espigas que dejaban los segadores. Y tuvo la suerte de que aquel campo fuera de Booz, el pariente de Elimlec.
En eso, Booz lleg de Beln y salud a los segadores: -Que el Seor est con ustedes! -Que el Seor le bendiga a usted! -le respondieron ellos.
Luego Booz le pregunt al capataz de los segadores: -De qu familia es esa muchacha?
El capataz le contest: -Es una moabita, que vino de Moab con Noem.
Me pidi permiso para ir detrs de los segadores recogiendo espigas, y se ha pasado trabajando toda la maana, hasta ahora mismo que ha venido a descansar un poco.
Entonces Booz le dijo a Rut: -Escucha, hija ma, no vayas a recoger espigas a ningn otro campo. Qudate aqu, con mis criadas,
y luego sguelas a donde veas que los segadores estn trabajando. Ya he dado rdenes a mis criados para que nadie te moleste. Cuando tengas sed, ve a donde estn las vasijas del agua y toma de la que ellos sacan.
Rut se inclin hasta el suelo en seal de respeto, y le pregunt a Booz: -Por qu se ha fijado usted en m y es tan amable conmigo, siendo yo una extranjera?
Booz respondi: -S muy bien todo lo que has hecho por tu suegra desde que muri tu marido, y tambin s que dejaste a tus padres y a tu patria por venir a vivir con nosotros, que ramos gente desconocida para ti.
Que Dios te lo pague! Que el Seor y Dios de Israel, en quien has buscado amparo, te premie por todo lo que has hecho!
Ella le contest: -Usted es muy amable conmigo, y sus palabras me llenan de aliento. Me ha hablado usted con cario, aunque yo ni siquiera soy como una de sus criadas.
A la hora de comer, Booz llam a Rut y le dijo: -Ven ac, toma un pedazo de pan y mjalo en esta salsa de vinagre. Rut se sent junto a los segadores, y Booz le dio grano tostado. Ella comi hasta quedar satisfecha, y todava le sobr.
Luego, cuando fue otra vez a recoger espigas, Booz orden a sus criados: -Dejen que tambin recoja espigas entre los manojos de cebada. No se lo impidan.
Y aun dejen caer algunas espigas de sus propios manojos, para que ella las recoja. Que nadie la moleste!
Rut recogi espigas en el campo de Booz hasta que lleg la noche. Y lo recogido por ella dio, al desgranarlo, ms de veinte kilos de cebada.
Regres entonces a la ciudad cargada con el grano, y fue a mostrrselo a su suegra. Despus sac lo que le haba sobrado de la comida y se lo dio a Noem.
-Dnde trabajaste hoy? -le pregunt Noem-. Dnde recogiste tantas espigas? Bendito sea el que te ha ayudado de esa manera! Rut le cont a su suegra con quin haba estado trabajando. -El hombre con quien he trabajado se llama Booz -le dijo.
Y Noem le contest: -Que el Seor lo bendiga! l ha sido bondadoso con nosotras ahora, como antes lo fue con los que ya han muerto. Ese hombre es pariente cercano de nosotras, y por eso es uno de los que tienen el deber de protegernos.
Rut aadi: -Tambin me dijo que siga yo trabajando con sus criadas hasta que se termine la cosecha.
Entonces Noem respondi a su nuera: -Hija ma, me parece bien que te quedes con sus criadas y que no vayas a ningn otro campo, para que nadie te moleste.
Rut sigui, pues, recogiendo espigas con las criadas de Booz hasta que se termin la cosecha de la cebada y el trigo. Mientras tanto, viva en compaa de su suegra.
Un da Noem le dijo a Rut: -Hija ma, yo debo buscarte un esposo que te haga feliz.
Mira, nuestro pariente Booz, con cuyas criadas estuviste trabajando, va a ir esta noche al campo a separar el grano de la paja.
Haz, pues, lo siguiente: Bate, perfmate y ponte tu mejor vestido, y vete all. Pero no dejes que Booz te reconozca antes que termine de comer y beber.
Fjate bien en dnde se acuesta a dormir. Entonces ve y destpale los pies, y acustate all. Luego, l mismo te dir lo que debes hacer.
Rut contest: -Har todo lo que me has dicho.
Rut se fue al campo e hizo todo lo que su suegra le haba mandado.
Booz comi, bebi y se mostr muy contento. Luego se acost a dormir junto al montn de grano. Ms tarde Rut lleg sin hacer ruido, le destap los pies y se acost all.
A medianoche, Booz se despert de pronto, y al darse una vuelta se sorprendi de que una mujer estuviera acostada a sus pies.
-Quin eres t? -pregunt Booz. -Soy Rut, su servidora -contest ella-. Usted es mi pariente ms cercano y tiene el deber de ampararme. Quiero que se case usted conmigo.
-Que el Seor te bendiga! -dijo Booz-. Ahora ms que nunca has mostrado que eres fiel a tu difunto esposo. Bien podras haber buscado a otro ms joven que yo, pobre o rico, pero no lo has hecho.
No tengas miedo, hija ma, que todos en mi pueblo saben ya que eres una mujer ejemplar. Por eso, yo har lo que me pidas.
Sin embargo, aunque es verdad que soy pariente cercano tuyo, t tienes otro pariente an ms cercano que yo.
Qudate aqu esta noche. Si maana l quiere cumplir con sus deberes de pariente, que lo haga; pero si no lo hace, te prometo delante del Seor que yo lo har. Ahora durmete hasta que amanezca.
Rut durmi aquella noche a los pies de Booz. Al da siguiente se levant antes del amanecer, cuando todava estaba muy oscuro, porque Booz haba dicho: "Nadie debe saber que esta mujer ha venido al campo."
Entonces Booz le dijo: -Qutate la capa y sujtala bien. Mientras Rut sostena su capa, Booz ech en ella ms de cuarenta kilos de cebada. Luego la ayud a echarse la carga sobre el hombro, y ella se fue a la ciudad.
Cuando Rut lleg a donde estaba su suegra, esta le pregunt: -Qu tal te fue, hija ma? Rut le cont todo lo que Booz haba hecho por ella,
y aadi: -Me dio toda esta cebada, y me dijo: "No debes volver a tu suegra con las manos vacas."
Entonces Noem dijo: -Ahora, hija ma, espera a ver qu pasa. Este hombre no descansar hoy hasta dejar resuelto el asunto.
Ms tarde, Booz fue a sentarse a la entrada del pueblo, que era el lugar donde se reuna la gente. En aquel momento pasaba por all el pariente del cual Booz haba hablado. -Oye -le dijo Booz-, ven ac y sintate. El pariente fue y se sent.
En seguida Booz llam a diez ancianos del pueblo, y tambin les pidi que se sentaran con l. Cuando ellos se sentaron,
Booz le dijo a su pariente: -Noem, que ha vuelto de Moab, est decidida a vender el terreno que perteneci a nuestro pariente Elimlec.
Quiero que lo sepas, para que, si te interesa comprarlo, lo hagas ahora delante de estos testigos y de los ancianos del pueblo. Como t eres el pariente ms cercano de Elimlec, tienes el derecho de comprar su tierra. Pero si t no la compras, hzmelo saber, pues despus de ti yo soy quien tiene ese derecho. El pariente contest: -La compro.
Entonces Booz le hizo esta aclaracin: -Ten en cuenta que si compras el terreno de Noem, quedas tambin obligado a casarte con Rut, la viuda moabita, para que la propiedad siga a nombre del difunto.
Al or esto, el pariente contest: -En ese caso no puedo hacer la compra, porque podra perjudicar mi herencia. Pero si t quieres comprar, hazlo; yo te cedo mis derechos de compra.
En aquellos tiempos haba en Israel una costumbre: cuando uno ceda a otro el derecho de parentesco, o cuando se cerraba un contrato de compra-venta, el que ceda o venda se quitaba una sandalia y se la daba al otro. De acuerdo, pues, con esta costumbre,
el pariente de Booz se quit la sandalia, se la dio a Booz y le dijo: -Compra t.
Entonces Booz dijo a los ancianos y a los all presentes: -Todos ustedes son hoy testigos de que le compro a Noem las propiedades de Elimlec, Quilin y Mahln.
Tambin son testigos de que tomo por esposa a Rut, la viuda moabita, para que la propiedad se mantenga a nombre de Mahln, su difunto esposo. As no se borrar el nombre de Mahln de entre los suyos, ni ser olvidado en este pueblo. Hoy son ustedes testigos.
Los ancianos y todos los presentes contestaron: -S, lo somos. El Seor haga que la mujer que va a entrar en tu casa sea como Raquel y La, de quienes descendemos todos los israelitas! Y t, s un hombre ilustre en Efrat, un hombre notable en Beln.
Que el Seor te d muchos hijos de esta mujer. Que tengas una familia numerosa, como la tuvo Fares, el hijo de Tamar y Jud.
As fue como Booz se cas con Rut. Y se uni a ella, y el Seor permiti que quedara embarazada y que tuviera un hijo.
Entonces las mujeres decan a Noem: -Alabado sea el Seor, que te ha dado hoy un nieto para que cuide de ti! Ojal tu nieto sea famoso en Israel!
l te dar nimos y te sostendr en tu vejez, porque es el hijo de tu nuera, la que tanto te quiere y que vale para ti ms que siete hijos.
Noem tom al nio en su regazo y se encarg de criarlo.
Al verlo, las vecinas decan: -Le ha nacido un hijo a Noem! Y le pusieron por nombre Obed. Este fue el padre de Jes y abuelo de David.
Estos fueron los descendientes de Fares: Fares fue el padre de Hesrn,
Hesrn fue el padre de Ram, Ram fue el padre de Aminadab,
Aminadab fue el padre de Nahasn, Nahasn fue el padre de Salmn,
Salmn fue el padre de Booz, Booz fue el padre de Obed,
Obed fue el padre de Jes, y Jes fue el padre de David.
En un lugar de los montes de Efran, llamado Ram, viva un hombre de la familia de Suf, cuyo nombre era Elcan. Era hijo de Jeroham y nieto de Elih. Su bisabuelo fue Tohu, hijo de Suf, que perteneca a la tribu de Efran.
Elcan tena dos esposas. Una se llamaba Ana, y la otra Penin. Penin tena hijos, pero Ana no los tena.
Todos los aos sala Elcan de su pueblo para rendir culto y ofrecer sacrificios en Sil al Seor todopoderoso. All haba dos hijos del sacerdote El, llamados Hofn y Finees, que tambin eran sacerdotes del Seor.
Cuando Elcan ofreca el sacrificio, daba su racin correspondiente a Penin y a todos los hijos e hijas de ella,
pero a Ana le daba una racin especial, porque la amaba mucho, a pesar de que el Seor le haba impedido tener hijos.
Por esto Penin, que era su rival, la molestaba y se burlaba de ella, humillndola porque el Seor la haba hecho estril.
Cada ao, cuando iban al templo del Seor, Penin la molestaba de este modo; por eso Ana lloraba y no coma.
Entonces le deca Elcan, su marido: "Ana, por qu lloras? Por qu ests triste y no comes? Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?"
En cierta ocasin, estando en Sil, Ana se levant despus de la comida. El sacerdote El estaba sentado en un silln, cerca de la puerta de entrada del templo del Seor.
Y Ana, llorando y con el alma llena de amargura, se puso a orar al Seor
y le hizo esta promesa: "Seor todopoderoso: Si te dignas contemplar la afliccin de esta sierva tuya, y te acuerdas de m y me concedes un hijo, yo lo dedicar toda su vida a tu servicio, y en seal de esa dedicacin no se le cortar el pelo."
Como Ana estuvo orando largo rato ante el Seor, El se fij en su boca;
pero ella oraba mentalmente. No se escuchaba su voz; solo se movan sus labios. El crey entonces que estaba borracha,
y le dijo: -Hasta cundo vas a estar borracha? Deja ya el vino!
-No es eso, seor -contest Ana-. No es que haya bebido vino ni ninguna bebida fuerte, sino que me siento angustiada y estoy desahogando mi pena delante del Seor.
No piense usted que soy una mala mujer, sino que he estado orando todo este tiempo porque estoy preocupada y afligida.
-Vete en paz -le contest El-, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.
-Muchsimas gracias -contest ella. Luego Ana regres por donde haba venido, y fue a comer, y nunca ms volvi a estar triste.
A la maana siguiente madrugaron y, despus de adorar al Seor, regresaron a su casa en Ram. Despus Elcan se uni con su esposa Ana, y el Seor tuvo presente la peticin que ella le haba hecho.
As Ana qued embarazada, y cuando se cumpli el tiempo dio a luz un hijo y le puso por nombre Samuel, porque se lo haba pedido al Seor.
Luego fue Elcan con toda su familia a Sil, para cumplir su promesa y ofrecer el sacrificio anual;
pero Ana no fue, porque le dijo a su marido: -No ir hasta que destete al nio. Entonces lo llevar para dedicrselo al Seor y que se quede all para siempre.
Elcan, su marido, le respondi: -Haz lo que mejor te parezca. Qudate hasta que lo hayas destetado. Y que el Seor cumpla su promesa. As ella se qued y cri a su hijo hasta que lo destet.
Y cuando le quit el pecho, y siendo todava l un nio pequeo, lo llev consigo al templo del Seor en Sil. Tambin llev tres becerros, veintids litros de trigo y un cuero de vino.
Entonces sacrificaron un becerro y presentaron el nio a El.
Y Ana le dijo: -Perdone usted, seor, pero tan cierto como que usted vive es que yo soy aquella mujer que estuvo orando al Seor aqu, cerca de usted.
Le ped al Seor que me diera este hijo, y l me lo concedi.
Yo, por mi parte, lo he dedicado al Seor, y mientras viva estar dedicado a l. Entonces El se inclin hasta tocar el suelo con la frente, delante del Seor.
Y Ana or de esta manera: "Seor, yo me alegro en ti de corazn porque t me das nuevas fuerzas. Puedo hablar contra mis enemigos porque t me has ayudado. Estoy alegre!
Nadie es santo como t, Seor! Nadie protege como t, Dios nuestro! Nadie hay fuera de ti!
Que nadie hable con orgullo, que nadie se jacte demasiado, porque el Seor es el Dios que todo lo sabe, y l pesa y juzga lo que hace el hombre.
l destruye los arcos de los poderosos, y reviste de poder a los dbiles;
los que antes tenan de sobra, ahora se alquilan por un pedazo de pan; pero los que tenan hambre, ahora ya no la tienen. La mujer que no poda tener hijos, ha dado a luz siete veces; pero la que tena muchos hijos, ahora est completamente marchita.
El Seor quita la vida y la da; nos hace bajar al sepulcro y de l nos hace subir.
El Seor nos hace pobres o ricos; nos hace caer y nos levanta.
Dios levanta del suelo al pobre y saca del basurero al mendigo, para sentarlo entre grandes hombres y hacerle ocupar un lugar de honor; porque el Seor es el dueo de las bases de la tierra, y sobre ellas coloc el mundo.
l cuida los pasos de sus fieles, pero los malvados mueren en la oscuridad, porque nadie triunfa por la fuerza.
El Seor har pedazos a sus enemigos, y desde el cielo enviar truenos contra ellos. El Seor juzgar al mundo entero; dar poder al rey que ha escogido y har crecer su poder."
Luego regres Elcan a su casa, en Ram, pero el nio se qued sirviendo al Seor bajo las rdenes del sacerdote El.
Los hijos de El eran unos malvados, y no les importaba el Seor
ni los deberes de los sacerdotes para con el pueblo; pues cuando alguien ofreca un sacrificio, llegaba un criado del sacerdote con un tenedor en la mano y, mientras la carne estaba cocindose,
meta el tenedor en el perol, en la olla, en el caldero o en la cazuela, y todo lo que sacaba con el tenedor era para el sacerdote. As hacan con todo israelita que llegaba a Sil.
Adems, antes de que quemaran la grasa en el altar, llegaba el criado del sacerdote y deca al que iba a ofrecer el sacrificio: "Dame carne para asrsela al sacerdote; porque no te va a aceptar la carne ya cocida, sino cruda."
Y si la persona le responda que primero tenan que quemar la grasa, y que luego l podra tomar lo que quisiera, el criado contestaba: "No, me la tienes que dar ahora! De lo contrario, te la quitar a la fuerza."
As pues, el pecado que estos jvenes cometan ante el Seor era gravsimo, porque trataban con desprecio las ofrendas que pertenecan al Seor.
Mientras tanto, el joven Samuel, vestido con un efod de lino, continuaba al servicio del Seor.
Y cada ao, cuando su madre iba al templo con su marido para ofrecer el sacrificio anual, le llevaba una capa pequea que le haba hecho.
Entonces El bendeca a Elcan y a su esposa, diciendo: "Que el Seor te recompense dndote hijos de esta mujer, a cambio del que ella le ha dedicado." Despus de esto regresaban a su hogar,
y el Seor bendeca a Ana, la cual quedaba embarazada. De esa manera, Ana dio a luz tres hijos y dos hijas, y el nio Samuel segua creciendo ante el Seor.
En cuanto a El, era ya muy viejo, pero estaba enterado de todo lo que sus hijos les hacan a los israelitas, y que hasta se acostaban con las mujeres que estaban de servicio a la entrada de la tienda del encuentro con Dios.
Por tanto les dijo: "Todo el mundo me habla de las malas acciones de ustedes. Por qu se portan as?
No, hijos mos, no es nada bueno lo que s que el pueblo del Seor anda contando acerca de ustedes.
Si una persona comete una falta contra otra, el Seor puede intervenir en su favor; pero si una persona ofende al Seor, quin la defender?" Pero ellos no hicieron caso de lo que su padre les dijo, porque el Seor haba decidido quitarles la vida.
Mientras tanto, el joven Samuel segua creciendo, y su conducta agradaba tanto al Seor como a los hombres.
Por ese tiempo lleg un profeta a visitar a El, y le dijo: "El Seor ha declarado lo siguiente: 'Cuando tus antepasados estaban en Egipto al servicio del faran, claramente me manifest a ellos.
Y de entre todas las tribus de Israel los escog para que fueran mis sacerdotes, para que ofrecieran holocaustos sobre mi altar, y quemaran incienso, y llevaran el efod en mi presencia. Adems conced a tus antepasados todas las ofrendas que los israelitas queman en honor del Seor.
Por qu, pues, han despreciado los sacrificios y ofrendas que yo he ordenado realizar? Por qu das ms preferencia a tus hijos que a m, engordndolos con lo mejor de todas las ofrendas de Israel, mi pueblo?'
Por lo tanto, el Seor, el Dios de Israel, que haba dicho que t y tu familia le serviran siempre, ahora declara: 'Jams permitir tal cosa, sino que honrar a los que me honren, y los que me desprecien sern puestos en ridculo. Yo, el Seor, lo afirmo.
Ya se acerca el momento en que voy a destruir tu poder y el de tus antepasados, y ninguno de tu familia llegar a viejo.
Contemplars con angustia y envidia todo el bien que yo har en Israel, y jams nadie en tu familia llegar a viejo.
Pero dejar a alguno de tus parientes cerca de mi altar, para que se consuman de envidia sus ojos y de dolor su alma, y todos tus otros descendientes sern asesinados.
Te servir de muestra lo que ocurrir a tus dos hijos, Hofn y Finees: los dos morirn el mismo da.
Luego pondr un sacerdote digno de confianza y que acte de acuerdo con mi voluntad y criterio, al que le dar una descendencia continua y le har estar siempre al servicio del rey que yo haya escogido.
Entonces, todo el que haya quedado vivo en tu familia vendr a inclinarse ante l a cambio de una moneda de plata o un trozo de pan, rogndole que le d algn trabajo entre los sacerdotes para poder ganarse el alimento.' "
El joven Samuel segua sirviendo al Seor bajo las rdenes de El. En aquella poca era muy raro que el Seor comunicara a alguien un mensaje; no era frecuente que alguien tuviera una visin.
Pero un da El, que haba comenzado a quedarse ciego y no poda ver bien, estaba durmiendo en su habitacin.
Samuel estaba acostado en el templo del Seor, donde se encontraba el arca de Dios. La lmpara del santuario segua encendida.
Entonces el Seor lo llam: -Samuel! -Aqu estoy! -contest l.
Luego corri adonde estaba El, y le dijo: -Aqu me tiene usted; para qu me quera? -Yo no te he llamado -contest El-. Vuelve a acostarte. Entonces Samuel fue y se acost.
Pero el Seor llam otra vez: -Samuel! Y Samuel se levant y fue junto a El, diciendo: -Aqu me tiene usted; para qu me quera? -Yo no te he llamado, hijo mo -respondi El-. Vuelve a acostarte.
Samuel no conoca al Seor todava, pues l an no le haba manifestado nada.
Pero por tercera vez llam el Seor a Samuel, y este se levant y fue a decirle a El: -Aqu me tiene usted; para qu me quera? El, comprendiendo entonces que era el Seor quien llamaba al joven,
dijo a este: -Ve a acostarte; y si el Seor te llama, respndele: 'Habla, que tu siervo escucha.' Entonces Samuel se fue y se acost en su sitio.
Despus lleg el Seor, se detuvo y lo llam igual que antes: -Samuel! Samuel! -Habla, que tu siervo escucha -contest Samuel.
Y el Seor le dijo: -Voy a hacer algo en Israel que hasta los odos le dolern a todo el que lo oiga.
Ese da, sin falta, cumplir a El todo lo que le he dicho respecto a su familia.
Le he anunciado que voy a castigar a los suyos para siempre, por la maldad que l ya sabe; pues sus hijos me han maldecido y l no los ha reprendido.
Por tanto, he jurado contra la familia de El que su maldad no se borrar jams, ni con sacrificios ni con ofrendas.
Despus de esto, Samuel se acost hasta la maana siguiente, y entonces abri las puertas del templo del Seor. Samuel tena miedo de contarle a El la visin que haba tenido,
pero El lo llam y le dijo: -Samuel, hijo mo! -Aqu estoy -respondi l.
Y El le pregunt: -Qu es lo que te ha dicho el Seor? Te ruego que no me ocultes nada. Que Dios te castigue duramente si me ocultas algo de todo lo que l te ha dicho!
Samuel le declar todo el asunto, sin ocultarle nada, y El exclam: -l es el Seor! Hgase lo que a l le parezca mejor!
Samuel creci, y el Seor lo ayud y no dej de cumplir ninguna de sus promesas.
Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, reconoci que Samuel era un verdadero profeta del Seor.
Y el Seor volvi a revelarse en Sil, pues all era donde l daba a conocer a Samuel su mensaje;
despus Samuel se lo comunicaba a todo Israel. Por aquel entonces se juntaron los filisteos para luchar contra Israel, por lo cual salieron los israelitas a hacer frente a los filisteos, y acamparon junto a Eben-zer. Los filisteos establecieron su campamento en Afec,
desplegndose para atacar a los israelitas, y al entablarse la lucha, los filisteos vencieron a los israelitas y mataron a cuatro mil de sus hombres en el campo de batalla.
Cuando el ejrcito israelita volvi al campamento, los ancianos de Israel dijeron: "Por qu permiti hoy el Seor que nos derrotaran los filisteos? Vamos a traernos de Sil el arca de la alianza del Seor, para que l marche en medio de nosotros y nos libre de nuestros enemigos!"
Por consiguiente, los israelitas enviaron un destacamento a Sil, y trajeron de all el arca de la alianza del Seor todopoderoso, que tiene su trono sobre los querubines. Hofn y Finees, los dos hijos de El, acompaaban tambin al arca de la alianza de Dios.
Y ocurri que al llegar al campamento el arca de la alianza del Seor, los israelitas gritaron con tanta alegra que hasta retumb la tierra.
Cuando los filisteos escucharon aquel gritero, preguntaron: "Por qu hay tanto alboroto en el campamento de los hebreos?" Pero al saber que el arca del Seor haba llegado al campamento,
tuvieron miedo y dijeron: "Dios ha llegado al campamento! Ay de nosotros, porque hasta ahora no haba sido as!
Ay de nosotros! Quin nos librar de caer en las manos de este Dios tan poderoso? l es quien destruy a los egipcios en el desierto con toda clase de plagas!
rmense, pues, de valor, soldados filisteos, y luchen con ardor para que no lleguen a ser esclavos de los hebreos, como ellos lo han sido de ustedes!"
Entonces los filisteos atacaron y derrotaron a los israelitas, los cuales huyeron a su campamento. La matanza que hicieron fue tremenda, pues de la infantera israelita cayeron treinta mil hombres.
Tambin capturaron el arca de Dios, y mataron a Hofn y Finees, los dos hijos de El.
Pero un soldado de la tribu de Benjamn logr escapar del campo de batalla, y corriendo lleg a Sil el mismo da. Llevaba rasgada la ropa y llena de tierra la cabeza.
Cuando lleg, El estaba sentado en un silln, junto a la puerta, vigilando el camino, porque se senta muy preocupado por el arca de Dios. Aquel hombre entr en la ciudad y dio la noticia; en seguida todos sus habitantes comenzaron a gritar.
Al escuchar El aquel gritero, pregunt: -Qu significa todo ese alboroto? Aquel hombre se apresur entonces a comunicar la noticia a El,
que tena ya noventa y ocho aos y se haba quedado completamente ciego.
Le dijo: -Acabo de llegar del campo de batalla. Hoy he logrado escapar del combate. -Qu ha pasado, hijo mo? -pregunt El.
-Los israelitas huyeron ante los filisteos -respondi el mensajero-. Adems, ha habido una gran matanza de gente, en la que tambin murieron tus dos hijos, Hofn y Finees, y el arca de Dios ha cado en manos de los filisteos.
En cuanto el mensajero mencion el arca de Dios, El cay de espaldas al lado de la puerta, fuera del silln, y como era ya un hombre viejo y pesado, se rompi la nuca y muri. Haba sido caudillo de Israel durante cuarenta aos.
A su nuera, la mujer de Finees, que estaba embarazada y pronto iba a dar a luz, le vinieron los dolores de parto al saber que haban capturado el arca de Dios y que su suegro y su marido haban muerto; entonces, retorcindose de dolor, dio a luz.
Y al ver las que la asistan que ella se mora, le dijeron: "No tengas miedo, que has dado a luz un nio." Pero ella no respondi ni les hizo caso;
y al nio le puso por nombre Icabod, diciendo: "Israel se ha quedado sin honor, porque han capturado el arca de Dios." Con ello aluda a la captura del arca y a la muerte de su suegro y de su marido.
Una vez capturado el arca de Dios, los filisteos lo llevaron de Eben-zer a Asdod;
luego lo tomaron y lo metieron en el templo del dios Dagn, colocndolo junto al dios.
A la maana siguiente, cuando llegaron los de Asdod, encontraron a Dagn tirado en el suelo ante el arca del Seor. Entonces levantaron a Dagn y lo volvieron a poner en su sitio.
Pero a la maana siguiente llegaron nuevamente los de Asdod, y otra vez encontraron a Dagn tirado en el suelo ante el arca del Seor. Su cabeza y sus dos manos se haban quebrado y estaban sobre el umbral. Lo nico que le quedaba entero era el tronco.
Por eso hasta ahora, cuando los sacerdotes de Dagn entran en el templo de Asdod, no pisan el umbral.
Despus el Seor castig severamente y llen de terror a los de Asdod y su territorio, hirindolos con tumores.
Y cuando los habitantes de Asdod vieron lo que pasaba, dijeron: "El arca del Dios de Israel no debe quedarse entre nosotros, porque ese dios nos est castigando muy duramente, tanto a nosotros como a Dagn, nuestro dios."
Por tanto, mandaron decir a todos los jefes filisteos que se reunieran con ellos, y les preguntaron: -Qu hacemos con el arca del Dios de Israel? -Llvenlo a la ciudad de Gat -respondieron ellos. Y los filisteos lo llevaron all.
Pero despus que lo trasladaron, el Seor sembr el pnico en la ciudad, hiriendo a sus habitantes con unos tumores que les salieron a grandes y pequeos.
Entonces los filisteos trasladaron el arca de Dios a Ecrn; pero cuando el arca lleg all, los habitantes de Ecrn gritaron: "Nos han trado el arca del Dios de Israel para matarnos a todos!"
Y como por toda la ciudad se extendi un pnico mortal a causa del duro castigo que Dios les haba enviado, mandaron llamar a todos los jefes filisteos y les dijeron: "Llvense de aqu el arca del Dios de Israel. Devulvanlo a su lugar, para que no nos mate a todos."
Los gritos de la ciudad llegaban hasta el cielo, pues los que no se moran tenan el cuerpo lleno de tumores.
El arca del Seor haba estado siete meses en territorio filisteo.
Y convocaron los filisteos a los sacerdotes y adivinos para preguntarles: -Qu haremos con el arca del Seor? Dgannos cmo debemos devolverlo a su lugar.
Ellos les contestaron: -Si devuelven el arca del Dios de Israel, no lo manden sin nada, sino ofrezcan algo en desagravio al Seor. Entonces ustedes volvern a estar sanos y comprendern por qu no ha dejado de castigarlos.
-Qu podemos ofrecerle en desagravio? -preguntaron los filisteos. -Cinco figuras de oro en forma de tumor -contestaron los sacerdotes-, una por cada jefe filisteo; y cinco ratones del mismo metal, ya que ustedes y sus jefes sufren de la misma plaga.
Por consiguiente, hagan las figuras de los tumores y de los ratones que destrozan el pas, y den honra al Dios de Israel; pues tal vez deje de castigarlos a ustedes, y a los dioses y a la tierra de ustedes.
Por qu tienen ustedes que ser testarudos, como fueron los egipcios y el faran, que solo cuando el Dios de Israel los trat con dureza dejaron ir a los israelitas?
Manden ustedes construir una carreta nueva; tomen despus dos vacas que estn criando y que nunca hayan llevado yugo, y nzanlas a la carreta; pero no dejen que sus becerros las sigan, sino djenlos en el establo.
Tomen luego el arca del Seor y pnganlo en la carreta, colocando a un costado, en una caja, los objetos de oro que le van a ofrecer en desagravio. Despus dejen que la carreta se vaya sola.
Pero fjense en esto: si la carreta toma la direccin de Bet-semes, su propia tierra, es que el Dios de Israel ha sido la causa de nuestra gran desgracia; en caso contrario, sabremos que no fue l quien nos castig, sino que nos ha ocurrido un accidente.
Aquellos hombres lo hicieron as. Tomaron dos vacas que estaban criando y, despus de encerrar sus becerros en el establo, las uncieron a la carreta;
luego pusieron el arca del Seor en la carreta, con la caja donde estaban los ratones de oro y las figuras de los tumores.
Despus las vacas echaron a andar por el camino que va a Bet-semes, mugiendo y siguiendo una direccin fija, sin desviarse a ningn lado. Los filisteos caminaron detrs de ellas hasta la frontera de Bet-semes.
Los habitantes de Bet-semes, que estaban en el valle cosechando el trigo, al alzar la vista y ver el arca se llenaron de alegra.
Cuando la carreta lleg al campo de Josu, el de Bet-semes, se detuvo. All haba una gran piedra. Entonces los de Bet-semes hicieron lea con la madera de la carreta, y ofrecieron las vacas en holocausto al Seor.
Los levitas haban descargado ya el arca y la caja en que estaban los objetos de oro, colocndolos sobre la gran piedra; y ese da los habitantes de Bet-semes ofrecieron al Seor holocaustos y otros sacrificios.
Despus de ver esto, los cinco jefes de los filisteos regresaron aquel mismo da a Ecrn.
Los cinco tumores de oro que los filisteos ofrecieron en desagravio al Seor, correspondan a Asdod, Gaza, Ascaln, Gat y Ecrn;
y el nmero de ratones de oro era igual al total de las ciudades filisteas de aquellos cinco jefes, contando tanto las ciudades fortificadas como las aldeas sin murallas. La gran piedra sobre la que pusieron el arca del Seor todava puede verse en el campo de Josu, el de Bet-semes.
Pero el Seor hizo morir a algunos de los habitantes de Bet-semes por haber curioseado dentro del arca. Les quit la vida a setenta hombres, y la poblacin llor por la gran mortandad que el Seor haba causado entre ellos.
Entonces dijeron los habitantes de Bet-semes: "Quin se puede sostener ante el Seor, ante este Dios santo? Contra quin ir cuando se aparte de nosotros?"
Y enviaron a los habitantes de Quiriat-jearim el siguiente mensaje: "Los filisteos han devuelto el arca del Seor; as que vengan a llevrselo."
Fueron entonces los habitantes de Quiriat-jearim y se llevaron el arca del Seor, y lo metieron en la casa de Abinadab, la cual estaba en una colina; luego consagraron a su hijo Eleazar para que lo cuidara.
Veinte aos pasaron desde el da en que se coloc el arca en Quiriat-jearim, y todo Israel buscaba con ansia al Seor.
Por esto, Samuel dijo a todos los israelitas: "Si ustedes se vuelven de todo corazn al Seor, deben echar fuera los dioses extranjeros y las representaciones de Astart, y dedicar sus vidas al Seor, rindindole culto solamente a l. Entonces l los librar del dominio de los filisteos."
Los israelitas echaron fuera las diferentes representaciones de Baal y de Astart, y rindieron culto nicamente al Seor.
Despus Samuel orden: "Renan a todo Israel en Misp, y yo rogar al Seor por ustedes."
Los israelitas se reunieron en Misp, y all sacaron agua y la derramaron como ofrenda al Seor. Aquel da ayunaron y reconocieron pblicamente que haban pecado contra el Seor. All, en Misp, Samuel se convirti en caudillo de los israelitas.
Y cuando los filisteos supieron que los israelitas estaban reunidos en Misp, los jefes filisteos marcharon contra ellos. Los israelitas, al saberlo, tuvieron miedo
y le dijeron a Samuel: "No dejes de rogar al Seor nuestro Dios por nosotros, para que nos salve del poder de los filisteos."
Samuel tom un corderito y lo ofreci entero en holocausto al Seor; luego rog al Seor en favor de Israel, y el Seor le respondi.
Cuando Samuel estaba ofreciendo el holocausto, los filisteos avanzaron para atacar a los israelitas; entonces el Seor lanz un trueno enorme contra ellos y los asust, y de este modo fueron vencidos por los israelitas.
Inmediatamente salieron los israelitas de Misp a perseguir a los filisteos, y los atacaron hasta ms abajo de Bet-car.
Despus tom Samuel una piedra y la coloc entre Misp y Sen, y la llam Eben-zer, pues dijo: "Hasta ahora el Seor nos ha ayudado."
Los filisteos fueron derrotados y no volvieron a invadir el territorio israelita; y mientras Samuel vivi, el Seor estuvo contra los filisteos.
Las ciudades que los filisteos haban tomado a los israelitas, desde Ecrn hasta Gat, volvieron a ser de Israel. De esta manera, los israelitas liberaron su territorio del dominio filisteo, y hubo paz entre los israelitas y los amorreos.
Samuel fue caudillo de Israel durante toda su vida,
y todos los aos iba a Betel, Guilgal y Misp, para atender los asuntos de Israel en todos estos lugares.
Luego regresaba a Ram, donde tena su residencia, y desde all gobernaba a Israel. Tambin construy all un altar al Seor.
Al hacerse viejo, Samuel nombr caudillos de Israel a sus hijos.
Su primer hijo, que se llamaba Joel, y su segundo hijo, Abas, gobernaban en Beerseba.
Sin embargo, los hijos no se comportaron como su padre, sino que se volvieron ambiciosos, y se dejaron sobornar, y no obraron con justicia.
Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a entrevistarse con Samuel en Ram,
para decirle: "T ya eres un anciano, y tus hijos no se portan como t; por lo tanto, nombra un rey que nos gobierne, como es costumbre en todas las naciones."
Samuel, disgustado porque le pedan que nombrara un rey para que los gobernara, se dirigi en oracin al Seor;
pero el Seor le respondi: "Atiende cualquier peticin que el pueblo te haga, pues no es a ti a quien rechazan, sino a m, para que yo no reine sobre ellos.
Desde el da en que los saqu de Egipto, hasta el presente, han hecho conmigo lo mismo que ahora te hacen a ti, pues me han abandonado para rendir culto a otros dioses.
As pues, atiende su peticin; pero antes advirteles seriamente de todos los privilegios que sobre ellos tendr el rey que los gobierne."
Entonces Samuel comunic la respuesta del Seor al pueblo que le peda un rey.
Les dijo: -Esto es lo que les espera con el rey que los va a gobernar: Llamar a filas a los hijos de ustedes, y a unos los destinar a los carros de combate, a otros a la caballera y a otros a su guardia personal.
A unos los nombrar jefes de mil soldados, y a otros jefes de cincuenta. A algunos de ustedes los pondr a arar sus tierras y recoger sus cosechas, o a fabricar sus armas y el material de sus carros de combate.
Y tomar tambin a su servicio a las hijas de ustedes, para que sean sus perfumistas, cocineras y panaderas.
Se apoderar de las mejores tierras y de los mejores viedos y olivares de ustedes, y los entregar a sus funcionarios.
Les quitar la dcima parte de sus cereales y viedos, y la entregar a los funcionarios y oficiales de su corte.
Tambin les quitar a ustedes sus criados y criadas, y sus mejores bueyes y asnos, y los har trabajar para l.
Se apropiar, adems, de la dcima parte de sus rebaos, y hasta ustedes mismos tendrn que servirle.
Y el da en que se quejen por causa del rey que hayan escogido, el Seor no les har caso.
Pero el pueblo, sin tomar en cuenta la advertencia de Samuel, respondi: -No importa. Queremos tener rey,
para ser como las otras naciones, y para que reine sobre nosotros y nos gobierne y dirija en la guerra.
Despus de escuchar Samuel las palabras del pueblo, se las repiti al Seor,
y el Seor le respondi: -Atiende su peticin y nmbrales un rey. Entonces Samuel orden a los israelitas que regresaran, cada uno a la ciudad de donde vena.
En la tribu de Benjamn haba un hombre llamado Quis, que era hijo de Abiel y nieto de Seror; su bisabuelo haba sido Becorat, hijo de Afah. Quis, hombre muy respetado,
tena un hijo, joven y bien parecido, que se llamaba Sal. No haba otro israelita tan bien parecido como l, pues en estatura ninguno le pasaba del hombro.
Un da, a Quis se le perdieron sus asnas. Entonces le dijo a su hijo Sal: -Preprate y ve a buscar las asnas. Llvate a uno de los criados.
Sal se fue, atraves la regin montaosa de Efran y pas por la regin de Salis; pero no encontr las asnas. Pas tambin por la regin de Saalim y por la de Benjamn, y tampoco las hall.
Al llegar a la regin de Suf, dijo Sal al criado que lo acompaaba: -Vamos a regresar, pues mi padre debe de estar ya ms preocupado por nosotros que por las asnas.
El criado le contest: -En esta ciudad hay un profeta a quien todos respetan, porque todo lo que anuncia sucede sin falta. Vamos all, y quiz l nos indique el camino que debemos seguir.
-Vamos, pues -contest Sal-. Pero, qu le llevaremos a ese hombre? Ya ni siquiera nos queda pan en las alforjas. No tenemos nada que ofrecerle al profeta.
El criado respondi: -Tengo en mi poder una pequea moneda de plata. Se la daremos al profeta para que nos indique el camino.
(Antiguamente, cuando algn israelita quera consultar a Dios, deca: "Vamos a ver al vidente"; pues al que ahora se le llama "profeta", antes se le llamaba "vidente".)
-De acuerdo -dijo Sal-. Vamos all. Los dos se dirigieron a la ciudad donde viva el profeta,
y cuando iban subiendo la cuesta, en direccin a la ciudad, se encontraron con unas muchachas que iban a sacar agua y les preguntaron: -Es aqu dnde podemos encontrar al vidente?
Ellas les respondieron: -S, pero se encuentra ms adelante. Dense prisa, pues ha venido a la ciudad porque hoy se celebra el sacrificio en el santuario.
En cuanto lleguen ustedes all, bsquenlo, antes de que se vaya al santuario para la comida. La gente no comer hasta que l llegue, pues l tiene que bendecir el sacrificio, despus de lo cual comern los invitados. Por eso, vayan ahora, porque en este momento lo encontrarn.
Ellos continuaron subiendo, rumbo a la ciudad. Y precisamente cuando iban llegando a ella, Samuel sala en direccin contraria, para ir al santuario.
El da anterior a la llegada de Sal, el Seor haba hecho la siguiente revelacin a Samuel:
"Maana, a esta misma hora, te mandar un hombre de la regin de Benjamn, a quien debers consagrar como gobernante de mi pueblo Israel. l lo librar del dominio de los filisteos, porque me he compadecido de mi pueblo cuando sus quejas han llegado hasta m."
Cuando Samuel vio a Sal, el Seor le dijo: "Ah tienes al hombre de quien te habl. Este gobernar a mi pueblo."
Estando ya en la entrada del pueblo, Sal se acerc a Samuel y le dijo: -Por favor, indqueme usted dnde est la casa del vidente.
-Yo soy el vidente -respondi Samuel-. Sube delante de m al santuario, y come hoy conmigo all. Maana temprano te contestar todo lo que me quieras preguntar, y luego te dejar marchar.
En cuanto a las asnas que se te perdieron hace tres das, no te preocupes por ellas porque ya las han encontrado. Adems, todo lo ms deseable de Israel ser para ti y para tu familia.
Sal respondi: -Pero si yo soy de la tribu de Benjamn, la ms pequea de las tribus de Israel! Adems, mi familia es la ms insignificante de todas las familias de la tribu de Benjamn. Por qu me dices todo eso?
Entonces Samuel tom a Sal y a su criado, los llev al saln y les ofreci el lugar principal entre los presentes, que eran unas treinta personas.
Luego Samuel dijo al cocinero: -Trae la racin de carne que te entregu y que te dije que apartaras.
Inmediatamente el cocinero sac una pierna entera y se la sirvi a Sal. Y Samuel le dijo: -Ah tienes lo que estaba apartado para ti. Srvete y come, porque yo la haba apartado para ti en esta ocasin en que invit al pueblo. Sal comi con Samuel aquel da.
Y cuando bajaron del santuario a la ciudad, prepararon una cama en la azotea para Sal,
y Sal se acost. Al da siguiente, Samuel llam a Sal en la azotea y le dijo: -Levntate, y sigue tu viaje. Sal se levant. Despus salieron l y Samuel a la calle,
y cuando bajaban hacia las afueras de la ciudad, Samuel le dijo a Sal: -Manda al criado que se adelante, y t espera un poco, que tengo que comunicarte lo que Dios me ha dicho.
Entonces Samuel tom un recipiente con aceite y, derramndolo sobre la cabeza de Sal, lo bes y le dijo: -El Seor te consagra hoy gobernante de Israel, su pueblo. T lo gobernars y lo librars de los enemigos que lo rodean. Y esta ser la prueba de que el Seor te ha declarado gobernante de su pueblo:
Ahora que te separas de m, encontrars dos hombres cerca de la tumba de Raquel, en Selsah, en el territorio de Benjamn. Ellos te dirn que ya se han encontrado las asnas que buscabas, y que tu padre ya no est preocupado por ellas sino por ustedes, y se pregunta qu puede hacer por ti.
Ms adelante, cuando llegues a la encina de Tabor, saldrn a tu encuentro tres hombres que suben a Betel para adorar a Dios. Uno llevar tres chivos, otro tres panes, y el tercero un cuero de vino.
Te saludarn y te ofrecern dos panes. Acptalos.
Despus llegars a Guibe de Dios, donde hay una guarnicin filistea. Al entrar en la ciudad, te encontrars con un grupo de profetas en trance, que bajan del santuario. Delante de ellos ir gente tocando salterios, panderos, flautas y arpas.
Entonces el espritu del Seor se apoderar de ti, y caers en trance como ellos, y te transformars en otro hombre.
Cuando te ocurran estas cosas, haz lo que creas conveniente, que Dios te ayudar.
Y adelntate a Guilgal, donde yo me reunir contigo ms tarde para ofrecer holocaustos y sacrificios de reconciliacin. Espera all siete das, hasta que yo llegue y te indique lo que tienes que hacer.
Tan pronto como Sal se despidi de Samuel para irse, Dios le cambi el corazn; y aquel mismo da se cumplieron todas las seales.
Despus, cuando Sal y su criado llegaron a Guibe, el grupo de profetas en trance les sali al encuentro. Entonces el espritu de Dios se apoder de Sal, y este cay en trance proftico, como ellos.
Pero todos los que lo conocan de antes, al verlo caer en trance junto con los profetas, se decan unos a otros: "Qu le ha pasado al hijo de Quis? Tambin Sal es uno de los profetas?"
Uno de all aadi: "Y quin es el padre de ellos?" De ah viene el refrn: "Tambin Sal es uno de los profetas?"
Pasado el trance proftico, Sal lleg a su casa.
Y su to les pregunt a l y a su criado: -A dnde fueron? Sal respondi: -A buscar las asnas. Pero viendo que no aparecan, fuimos a ver a Samuel.
El to de Sal contest: -Y qu les dijo Samuel? Cuntamelo, por favor.
Sal respondi a su to: -Nos dijo claramente que ya haban encontrado las asnas. Pero Sal no le mencion nada del asunto del reino, del cual le haba hablado Samuel.
Despus llam Samuel a los israelitas, para adorar al Seor en Misp;
all les dijo: -El Seor, Dios de Israel, dice: 'Yo saqu de Egipto a ustedes los israelitas, y los libr del poder de los egipcios y de todos los reinos que los opriman.'
Pero ahora ustedes desprecian a su Dios, que los ha librado de todos sus problemas y aflicciones, y lo han rechazado al pedir que les ponga un rey que los gobierne. Por lo tanto, presntense ahora delante del Seor por tribus y por clanes.
Luego orden Samuel que se acercaran todas las tribus de Israel, y la suerte cay sobre la tribu de Benjamn.
A continuacin orden que se acercaran los de la tribu de Benjamn, y la suerte cay sobre el clan de Matr, y de ella la suerte cay sobre Sal, hijo de Quis. Pero lo buscaron y no lo encontraron,
por lo que consultaron otra vez al Seor, para saber si Sal se encontraba all. Y el Seor respondi que Sal ya estaba all, y que se haba escondido entre el equipaje.
Entonces corrieron a sacarlo de su escondite. Y cuando Sal se present ante el pueblo, se vio que ningn israelita le pasaba del hombro.
Samuel pregunt a todos: -Ya vieron al que el Seor ha escogido como rey? No hay un solo israelita que pueda compararse con l! -Viva el rey! -respondieron los israelitas.
En seguida Samuel expuso al pueblo las leyes del reino, y las escribi en un libro que deposit en el santuario del Seor. Despus Samuel orden a todos que volvieran a sus casas.
Tambin Sal se fue a su casa, en Guibe, y Dios influy en el nimo de varios valientes para que lo acompaaran.
Pero no faltaron malas lenguas, que dijeron: "Y este es el que va a salvarnos?" Y lo menospreciaron y no le rindieron honores; pero Sal se hizo el desentendido.
Nahas, rey de Amn, fue a Jabs de Galaad y prepar su ejrcito para atacar la ciudad. Pero los habitantes de Jabs le dijeron: -Haz un pacto con nosotros, y nos someteremos a ti.
Nahas el amonita les respondi: -Har un pacto con ustedes, pero con la condicin de que acepten que yo le saque a cada uno de ustedes el ojo derecho, para as poner en ridculo a los israelitas.
Entonces los ancianos de Jabs le contestaron: -Concdenos un plazo de siete das para enviar mensajeros por todo el territorio israelita; y si nadie viene en nuestra ayuda, nos rendiremos a ti.
Los mensajeros llegaron a Guibe, donde viva Sal, y dieron la noticia a la gente. Todos se pusieron a llorar amargamente.
En esto, Sal volva del campo con los bueyes, y pregunt: -Qu le pasa a la gente? Por qu lloran? La gente le cont la noticia que haban trado los hombres de Jabs.
Al or Sal aquello, el espritu de Dios se apoder de l; y se llen Sal de furia.
Entonces tom un par de bueyes y los descuartiz, y por medio de unos mensajeros mand los trozos por todo el territorio israelita. Y los mensajeros decan: "Esto mismo se har con los bueyes de aquel que no se una a Sal y Samuel, y los siga." Un miedo tremendo invadi a la gente, y como un solo hombre salieron a unirse con ellos.
Y cuando Sal cont a su gente en Bzec, haba reunidos trescientos mil hombres de Israel y treinta mil de Jud.
Luego dijo a los mensajeros que haban llegado: -Digan a los habitantes de Jabs que maana al medioda los salvaremos. Los mensajeros fueron y comunicaron esto a los habitantes de Jabs, los cuales se alegraron mucho
y dijeron a Nahas: -Maana nos entregaremos a ti, para que hagas con nosotros lo que mejor te parezca.
Al da siguiente, Sal organiz su ejrcito en tres escuadrones, y antes de que amaneciera penetraron en medio del campamento enemigo, haciendo entre los amonitas una matanza que dur hasta el medioda. Los que quedaron con vida se dispersaron de tal modo que no quedaron dos de ellos juntos.
Luego algunos del pueblo dijeron a Samuel: -Quines fueron los que dudaron de que Sal podra ser nuestro rey? Entrguennos esos hombres para que los matemos.
Pero Sal intervino diciendo: -En este da no morir nadie, porque el Seor ha salvado hoy a Israel.
Y Samuel dijo a todos: -Vayamos a Guilgal para iniciar all el reinado.
Por lo tanto todo el pueblo se dirigi a Guilgal, y all, en presencia del Seor, proclamaron rey a Sal. Luego ofrecieron al Seor sacrificios de reconciliacin, y Sal y todos los israelitas se llenaron de alegra.
Luego Samuel dijo ante todos los israelitas: -Ustedes han visto que yo los he atendido en todo lo que me han pedido, y que les he puesto un rey.
Aqu tienen al rey que habr de dirigirlos. Por mi parte, yo estoy ya viejo y lleno de canas, y mis hijos estn entre ustedes. Yo soy quien los ha dirigido a ustedes desde mi juventud hasta el presente,
y aqu me tienen: Si me he apropiado del buey o del asno de alguien, o si he oprimido o maltratado a alguno, o si me he dejado sobornar, pueden acusarme ante el Seor y ante el rey que l ha escogido, y yo pagar lo que deba.
-Nunca nos has oprimido ni maltratado, ni te has dejado sobornar -dijeron ellos.
-El Seor y el rey que l ha escogido son testigos de que ustedes no me han encontrado culpable de nada -recalc Samuel. -As es -afirmaron.
Adems, Samuel dijo al pueblo: -El Seor es quien actu por medio de Moiss y de Aarn, sacando de Egipto a los antepasados de ustedes.
Por lo tanto preprense, que en presencia del Seor voy a discutir con ustedes acerca de todos los beneficios que l les ha hecho a ustedes y a los antepasados de ustedes.
Cuando Jacob y sus descendientes se fueron a Egipto y los egipcios los oprimieron, los antepasados de ustedes se quejaron ante el Seor, y l envi a Moiss y a Aarn, quienes sacaron de Egipto a los antepasados de ustedes y los establecieron en este lugar.
Pero ellos se olvidaron del Seor su Dios, y l los entreg al poder de Ssara, general del ejrcito de Jabn, rey de Hasor, y al poder de los filisteos y del rey de Moab, los cuales pelearon contra ellos.
Pero luego ellos reconocieron ante el Seor que haban pecado al abandonarlo para adorar a las diferentes representaciones de Baal y de Astart, y le suplicaron que los librara del dominio de sus enemigos, comprometindose a rendirle culto solo a l.
"Por consiguiente, el Seor envi a Jerubaal, Barac, Jeft, y Samuel para librarlos a ustedes del dominio de sus enemigos, y as ustedes pudieron vivir tranquilos.
Pero ustedes, cuando vieron que Nahas, rey de los amonitas, iba a atacarlos, me pidieron un rey que los gobernara, siendo que el rey de ustedes es el Seor su Dios.
Pero aqu tienen ustedes al rey que han escogido. El Seor les ha dado el rey que le pidieron.
Ahora les toca a ustedes honrar al Seor y rendirle culto, atender su voz y no desobedecer sus mandatos, y vivir, tanto ustedes como el rey que los gobierne, conforme a la voluntad del Seor su Dios. As les ir bien.
Porque si no lo obedecen, sino que rechazan sus mandatos, l los castigar a ustedes y a su rey.
"As que no se muevan de donde estn, y vern la grandiosa seal que el Seor va a realizar ante los ojos de ustedes.
Ahora que es el tiempo de la cosecha de trigo, no llueve, verdad? Pues yo clamar al Seor y l mandar truenos y lluvia, para que ustedes reconozcan y comprendan que, tal como lo ve el Seor, ustedes han hecho muy mal en pedir un rey."
En seguida Samuel clam al Seor, y al instante l mand truenos y lluvia; entonces todo el pueblo tuvo mucho miedo del Seor y de Samuel.
Por eso, todos dijeron a Samuel: -Ruega al Seor tu Dios por estos siervos tuyos, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos aadido el de pedir un rey.
Samuel les contest: -No tengan miedo. Es cierto que ustedes han hecho muy mal; pero ahora no se aparten del Seor, sino rndanle culto de todo corazn.
No sigan a dioses falsos, que no pueden ayudar ni salvar porque son falsos.
Pues el Seor, haciendo honor a su nombre, no los abandonar; porque l quiere que ustedes sean su pueblo.
En cuanto a m, que el Seor me libre de pecar contra l dejando de rogar por ustedes. Antes bien, les ensear a comportarse de manera buena y recta.
Ustedes solo tienen que respetar al Seor y rendirle culto con verdad y de todo corazn, teniendo en cuenta lo mucho que l ha hecho por ustedes.
Pero si se empean en hacer lo malo, tanto ustedes como su rey sern destruidos.
Sal era mayor de edad cuando comenz a reinar en Israel; y cuando llevaba ya algunos aos reinando,
escogi tres mil soldados entre los israelitas. Dos mil se quedaron con l en Micms y en los montes de Betel, y los otros mil se quedaron con Jonatn en Guibe de Benjamn. Al resto de la gente, Sal le orden volver a casa.
Jonatn acab con la guarnicin filistea que estaba en Guibe, y los filisteos lo supieron. Entonces Sal mand tocar la trompeta en todo el pas, para poner sobre aviso a los hebreos.
Todos los israelitas supieron que Sal haba acabado con la guarnicin filistea y que por eso los filisteos aborrecan a los israelitas, as que el ejrcito se reuni con Sal en Guilgal.
Los filisteos, a su vez, se juntaron para luchar contra los israelitas. Tenan treinta mil carros de combate, seis mil soldados de caballera y una infantera tan numerosa como la arena del mar. Luego se dirigieron a Micms y establecieron su campamento all, al oriente de Bet-avn.
Los israelitas se vieron en grave aprieto, pues de tal manera fueron atacados por los filisteos que tuvieron que esconderse en cuevas y hoyos, y entre las peas, y en zanjas y pozos.
Muchos de ellos cruzaron el Jordn, hacia la regin de Gad y de Galaad; pero Sal se qued todava en Guilgal, y todo su ejrcito lo segua lleno de miedo.
All esper Sal siete das, segn el plazo que le haba indicado Samuel; pero Samuel no llegaba a Guilgal, y la gente comenzaba a irse.
Entonces Sal orden: -Triganme animales para los holocaustos y los sacrificios de reconciliacin. Y l mismo ofreci el holocausto.
En el momento en que Sal terminaba de ofrecer el holocausto, lleg Samuel. Entonces Sal sali para recibirlo y saludarlo,
pero Samuel le dijo: -Por qu has hecho eso? Sal respondi: -Cuando vi que la gente comenzaba a irse, y que t no llegabas en la fecha indicada, y que los filisteos estaban reunidos en Micms,
pens que ellos bajaran a atacarme en Guilgal, sin que yo me hubiera encomendado al Seor; por eso me vi en la necesidad de ofrecer yo mismo el holocausto.
Samuel le contest: -Lo que has hecho es una locura! Si hubieras obedecido la orden que el Seor te dio, l habra confirmado para siempre tu reinado en Israel.
Pero ahora, tu reinado no permanecer. El Seor buscar un hombre de su agrado y lo nombrar jefe de su pueblo, porque t has desobedecido la orden que l te dio.
En seguida Samuel se fue de Guilgal para seguir su camino. El resto del ejrcito sigui a Sal para entablar combate, y de Guilgal llegaron a Guibe de Benjamn. All cont Sal las tropas que le acompaaban, y eran unos seiscientos hombres.
Sal y su hijo Jonatn, y las tropas que iban con ellos, se quedaron en Guibe de Benjamn, mientras que los filisteos acamparon en Micms,
aunque tres grupos de guerrilleros filisteos salieron de su campamento; uno de ellos se dirigi hacia Ofr, en la regin de Sual,
otro fue hacia Bet-horn, y el tercero hacia la colina que se eleva sobre el valle de Sebom, hacia el desierto.
En todo el territorio de Israel no haba un solo herrero, porque los filisteos pensaban que de esa manera los hebreos no podran fabricar espadas ni lanzas.
Todos los israelitas tenan que recurrir a los filisteos para afilar cada cual su reja de arado, su azadn, su hacha o su pico.
Se cobraban dos tercios de siclo por afilar rejas y azadones, y un tercio de siclo por afilar las hachas y arreglar las aguijadas.
Por lo tanto, ninguno de los que acompaaban a Sal y Jonatn tena espada o lanza el da de la batalla. Solo ellos dos las tenan.
Mientras tanto, un destacamento filisteo avanz hacia el paso de Micms.
Cierto da Jonatn, el hijo de Sal, dijo a su ayudante: -Ven, crucemos el ro y ataquemos al destacamento filisteo que est al otro lado. Pero Jonatn no dijo nada de esto a su padre,
que haba acampado en el extremo de una colina y estaba debajo de un granado, en un lugar donde trillaban trigo, acompaado por una tropa compuesta de seiscientos hombres.
El encargado de llevar el efod era Ahas, que era hijo de Ahitub y sobrino de Icabod, el hijo de Finees y nieto de El, el sacerdote del Seor en Sil. La gente no saba que Jonatn se haba ido.
Mientras tanto, l trataba de llegar hasta donde se encontraba el destacamento filisteo. El paso estaba entre dos grandes peascos, llamados Boss y Sene,
uno al norte, frente a Micms, y el otro al sur, frente a Guibe.
Y Jonatn dijo a su ayudante: -Anda, vamos al otro lado, hasta donde se encuentra el destacamento de esos paganos. Quiz el Seor haga algo por nosotros, ya que para l no es difcil darnos la victoria con mucha gente o con poca.
-Haz todo lo que tengas en mente, que estoy dispuesto a apoyarte en tus propsitos -respondi su ayudante.
Entonces Jonatn le dijo: -Mira, vamos a pasar al otro lado, a donde estn esos hombres, y dejaremos que nos vean.
Si nos dicen que esperemos a que bajen hasta donde estamos, nos quedaremos all y no subiremos adonde ellos estn.
Pero si nos dicen que subamos, lo haremos as, porque eso ser una seal de que el Seor nos dar la victoria.
As pues, los dos dejaron que los filisteos del destacamento los vieran. Y estos, al verlos, dijeron: "Miren, ya estn saliendo los hebreos de las cuevas en que se haban escondido."
Y en seguida les gritaron a Jonatn y a su ayudante: -Suban adonde estamos, que les vamos a contar algo! Entonces Jonatn le dijo a su ayudante: -Sgueme, porque el Seor va a entregarlos en manos de los israelitas.
Jonatn subi trepando con pies y manos, seguido de su ayudante. A los que Jonatn haca rodar por tierra, su ayudante los remataba en seguida.
En este primer ataque, Jonatn y su ayudante mataron a unos veinte hombres en corto espacio.
Todos los que estaban en el campamento y fuera de l se llenaron de miedo. Los soldados del destacamento y los grupos de guerrilleros tambin tuvieron miedo. Al mismo tiempo hubo un temblor de tierra, y se produjo un pnico enorme.
Los centinelas de Sal, que estaban en Guibe de Benjamn, vieron a los filisteos correr en tropel de un lado a otro.
Entonces Sal dijo al ejrcito que lo acompaaba: -Pasen revista para ver quin falta de los nuestros. Al pasar revista, se vio que faltaban Jonatn y su ayudante.
Y como ese da el efod de Dios se hallaba entre los israelitas, Sal le dijo a Ahas: -Trae aqu el efod de Dios.
Pero mientras Sal hablaba con el sacerdote, la confusin en el campamento filisteo iba en aumento. Entonces Sal le dijo al sacerdote: -Ya no lo traigas.
En seguida Sal y todas sus tropas se reunieron y se lanzaron a la batalla. Era tal la confusin que haba entre los filisteos, que acabaron matndose entre s.
Adems, los hebreos que desde haca tiempo estaban con los filisteos y haban salido con ellos como parte de su ejrcito, se pasaron al lado de los israelitas que acompaaban a Sal y Jonatn.
Y cuando los israelitas que se haban refugiado en los montes de Efran supieron que los filisteos huan, se lanzaron a perseguirlos y a darles batalla.
El combate se extendi hasta Bet-avn, y el Seor libr a Israel en esta ocasin.
Sin embargo, los israelitas estaban muy agotados aquel da, pues nadie haba probado alimento porque Sal haba puesto al pueblo bajo juramento, diciendo: "Maldito aquel que coma algo antes de la tarde, antes de que yo me haya vengado de mis enemigos."
Y el ejrcito lleg a un bosque donde haba miel en el suelo.
Cuando la gente entr en el bosque, la miel corra como agua; pero nadie la prob siquiera, por miedo al juramento.
Pero Jonatn, que no haba escuchado el juramento bajo el cual su padre haba puesto al ejrcito, extendi la vara que llevaba en la mano, moj la punta en un panal de miel y comi de ella, con lo cual se reanim en seguida.
Entonces uno de los soldados israelitas le dijo: -Tu padre ha puesto al ejrcito bajo juramento, y ha dicho que quien hoy coma alguna cosa, ser maldito. Por eso la gente est muy agotada.
Jonatn respondi: -Mi padre ha causado un perjuicio a la nacin. Mira qu reanimado estoy despus de haber probado un poco de esta miel,
y ms lo estara la gente si hubiera comido hoy de lo que le quit al enemigo. Y qu tremenda habra sido la derrota de los filisteos!
Aquel da los israelitas derrotaron a los filisteos, luchando desde Micms hasta Aialn. Pero el ejrcito israelita estaba muy agotado,
as que finalmente se lanz sobre lo que se le haba quitado al enemigo, y tomando ovejas, vacas y becerros, los degollaron en el suelo y comieron la carne con sangre y todo.
Pero algunos fueron a decirle a Sal: -La gente est pecando contra el Seor, porque est comiendo carne con sangre. Entonces Sal dijo: -Son ustedes unos traidores! Triganme hasta aqu rodando una piedra grande.
Adems, hablen con la gente y dganles que cada uno me traiga aqu su toro o su oveja, para que ustedes los degellen y coman, y no pequen contra el Seor comiendo carne con sangre. Esa misma noche, cada uno llev personalmente su toro, y lo degollaron all.
Sal, por su parte, construy un altar al Seor, que fue el primero que le dedic.
Despus propuso Sal: -Bajemos esta noche a perseguir a los filisteos y hagamos un saqueo hasta el amanecer, sin dejar vivo a ninguno. Todos respondieron: -Haz lo que te parezca mejor. Pero el sacerdote dijo: -Antes que nada, consultemos a Dios.
Entonces Sal consult a Dios: -Debo perseguir a los filisteos? Los entregars en manos de los israelitas? Pero el Seor no le respondi ese da.
Por lo tanto Sal dijo: -Acrquense aqu todos los jefes del ejrcito, y averigen quin ha cometido hoy este pecado.
Juro por el Seor, el salvador de Israel, que aunque haya sido mi hijo Jonatn, tendr que morir! Nadie en el ejrcito respondi;
por eso Sal dijo a todos los israelitas: -Pnganse ustedes de este lado, y del otro nos pondremos mi hijo Jonatn y yo. -Haz lo que te parezca mejor -contest la tropa.
Entonces Sal exclam: -Seor y Dios de Israel, por qu no has respondido hoy a tu servidor? Si la culpa es ma, o de mi hijo Jonatn, al echar las suertes saldr el Urim; pero si la culpa es de Israel, tu pueblo, al echar las suertes saldr el Tumim. La suerte cay sobre Jonatn y Sal, y el pueblo qued libre de culpa.
Luego Sal dijo: -Echen suertes entre mi hijo Jonatn y yo. Y la suerte cay sobre Jonatn,
por lo cual dijo Sal a Jonatn: -Confisame lo que has hecho. Jonatn confes: -Realmente prob un poco de miel con la punta de la vara que llevaba en la mano. Pero aqu estoy, dispuesto a morir.
Sal exclam: -Que Dios me castigue con toda dureza si no mueres, Jonatn!
Pero el pueblo respondi a Sal: -Cmo es posible que muera Jonatn, si ha dado una gran victoria a Israel! Nada de eso! Por vida del Seor, que no caer al suelo ni un pelo de su cabeza! Porque lo que ha hecho hoy, lo ha hecho con la ayuda de Dios. De este modo el pueblo libr a Jonatn de morir.
Sal, a su vez, dej de perseguir a los filisteos, los cuales regresaron a su territorio.
As pues, Sal tom posesin del reino de Israel, y en todas partes combati contra sus enemigos, que eran Moab, Amn, Edom, el rey de Sob y los filisteos. Y dondequiera que iba, venca.
Reuni un ejrcito y venci a Amalec, librando as a Israel de las bandas de salteadores.
Los hijos de Sal fueron: Jonatn, Isv y Malquisa. Sus dos hijas fueron: Merab, la mayor, y Mical, la menor.
La mujer de Sal se llamaba Ahinam, hija de Ahimaas. El general de su ejrcito se llamaba Abner, hijo de Ner, to de Sal.
Quis, padre de Sal, y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel.
La guerra contra los filisteos fue muy dura durante toda la vida de Sal; por eso Sal alistaba en su ejrcito a todo hombre fuerte y valiente.
Un da, Samuel dijo a Sal: -El Seor me envi para consagrarte como rey de Israel, su pueblo. Por lo tanto, escucha lo que el Seor te quiere decir.
As dice el Seor todopoderoso: 'Voy a castigar a los amalecitas por lo que le hicieron a Israel, pues se interpusieron en su camino cuando vena de Egipto.
Por lo tanto, ve y atcalos; destryelos junto con todas sus posesiones, y no les tengas compasin. Mata hombres y mujeres, nios y recin nacidos, y tambin toros y ovejas, camellos y asnos.'
Sal mand llamar al pueblo y le pas revista en Telam. Eran doscientos mil hombres de infantera y diez mil hombres de Jud.
Despus Sal se dirigi a la capital de Amalec y tom posiciones junto al arroyo,
y dijo a los quenitas: -Aprtense! Salgan de en medio de los amalecitas, para que no los destruya a ustedes junto con ellos; pues ustedes se portaron bien con los israelitas cuando venan de Egipto! Los quenitas se apartaron de los amalecitas.
Entonces Sal atac a los amalecitas desde Havil hasta la entrada de Sur, que est en la frontera de Egipto, y los derrot;
tom prisionero a Agag, su rey, y mat a filo de espada a todo su ejrcito.
Sin embargo, Sal y su ejrcito dejaron con vida a Agag, y no mataron las mejores ovejas, ni los toros, ni los becerros ms gordos, ni los carneros, ni destruyeron las cosas de valor, aunque s destruyeron todo lo que era intil y de poco valor.
Luego el Seor le habl a Samuel, y le dijo:
-Me pesa haber hecho rey a Sal, porque se ha apartado de m y no ha cumplido mis rdenes. Samuel se qued muy molesto, y durante toda la noche estuvo rogando al Seor.
A la maana siguiente madrug para ir al encuentro de Sal, pero le avisaron que este se haba ido a Carmel, que all se haba levantado un monumento, y que luego, dando un rodeo, haba continuado hacia Guilgal.
Entonces Samuel fue a donde estaba Sal, el cual le dijo: -El Seor te bendiga. Ya he cumplido la orden del Seor.
-Qu significan entonces esos balidos de ovejas y esos bramidos de toros que estoy escuchando? -respondi Samuel.
-Los han trado de Amalec -contest Sal -, porque la gente ha conservado las mejores ovejas y los mejores toros para ofrecerlos en sacrificio al Seor tu Dios. Pero hemos destruido lo dems.
-Calla, que te voy a comunicar lo que el Seor me dijo anoche! -le interrumpi Samuel. -Habla -respondi Sal.
Y Samuel le dijo: -No te considerabas t de poca importancia? Sin embargo, has llegado a ser el jefe de las tribus israelitas, y el Seor te ha consagrado como rey de Israel.
Ahora bien, si el Seor te envi con la orden estricta de destruir a esos pecadores amalecitas, y de atacarlos hasta acabar con ellos,
por qu desobedeciste sus rdenes y te lanzaste sobre lo que se le quit al enemigo, actuando mal a los ojos del Seor?
Sal contest: -Yo obedec las rdenes del Seor, y cumpl la misin que l me encomend: he trado prisionero a Agag, rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
Pero la tropa se qued con ovejas y toros, lo mejor de lo que estaba destinado a la destruccin, para sacrificarlos en honor del Seor tu Dios en Guilgal.
Entonces Samuel dijo: "Ms le agrada al Seor que se le obedezca, y no que se le ofrezcan sacrificios y holocaustos; vale ms obedecerlo y prestarle atencin que ofrecerle sacrificios y grasa de carneros.
Tanto peca el que se rebela contra l como el que practica la adivinacin; semejante a quien adora a los dolos es aquel que lo desobedece. Y como t has rechazado sus mandatos, ahora l te rechaza como rey."
Entonces Sal dijo a Samuel: -S, he pecado, pues pas por alto la orden del Seor y tus instrucciones, porque tuve miedo de la gente y atend su peticin.
Pero yo te ruego que perdones mi pecado y que regreses conmigo para adorar al Seor.
-No voy a regresar contigo -le respondi Samuel-, porque t has rechazado el mandato del Seor, y ahora l te rechaza como rey de Israel.
Samuel se volvi para marcharse, pero Sal lo agarr por el borde de su capa y se la desgarr.
Entonces Samuel le dijo a Sal: -De esta misma manera, el Seor ha desgarrado hoy de ti el reino de Israel. Te lo ha quitado para entregrselo a un compatriota tuyo, que es mejor que t.
Porque Dios, que es la gloria de Israel, no miente ni se arrepiente, pues no es un simple hombre para arrepentirse.
-Yo he pecado -repiti Sal-. Pero te ruego que ante los ancianos de Israel y ante todo el pueblo me sigas respetando como rey. As que vuelve conmigo para adorar al Seor tu Dios.
Samuel volvi entonces con Sal, y este ador al Seor.
Luego Samuel orden: -Traigan ante m a Agag, rey de Amalec. Agag se present muy tranquilo ante Samuel, pensando que ya haba pasado el peligro de una muerte amarga.
Pero Samuel le dijo: -Con tu espada dejaste sin hijos a muchas mujeres. Pues igual que ellas quedar tu madre. Y sin ms, Samuel lo descuartiz en Guilgal, ante el Seor.
Despus se fue a Ram, y Sal regres a su casa, en Guibe de Sal.
Y Samuel nunca ms volvi a ver a Sal, aunque le caus mucha tristeza que el Seor se hubiera arrepentido de haber hecho a Sal rey de Israel.
El Seor dijo a Samuel: -Hasta cundo vas a estar triste por causa de Sal? Ya no quiero que l siga siendo rey de Israel. Anda, llena de aceite tu cuerno, que quiero que vayas a la casa de Jes, el de Beln, porque ya escog como rey a uno de sus hijos.
-Y cmo har para ir? -respondi Samuel-. Si Sal llega a saberlo, me matar! El Seor le contest: -Toma una ternera y di que vas a ofrecrmela en sacrificio.
Despus invita a Jes al sacrificio, y yo te dir lo que debes hacer. Consagra como rey a quien yo te diga.
Samuel hizo lo que el Seor le mand. Y cuando lleg a Beln, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con cierto temor, y le preguntaron: -Vienes en son de paz?
-As es -respondi Samuel-. Vengo a ofrecer un sacrificio al Seor. Purifquense y acompenme a participar en el sacrificio. Luego Samuel purific a Jes y a sus hijos, y los invit al sacrificio.
Cuando ellos llegaron, Samuel vio a Eliab y pens: "Con toda seguridad este es el hombre que el Seor ha escogido como rey."
Pero el Seor le dijo: "No te fijes en su apariencia ni en su elevada estatura, pues yo lo he rechazado. No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazn."
Entonces Jes llam a Abinadab, y se lo present a Samuel; pero Samuel coment: -Tampoco a este ha escogido el Seor.
Luego le present Jes a Sam; pero Samuel dijo: -Tampoco ha escogido a este.
Jes present a Samuel siete de sus hijos, pero Samuel tuvo que decirle que a ninguno de ellos lo haba elegido el Seor.
Finalmente le pregunt: -No tienes ms hijos? -Falta el ms pequeo, que es el que cuida el rebao -respondi Jes. -Manda a buscarlo -dijo Samuel-, porque no comenzaremos la ceremonia hasta que l llegue.
Jes lo mand llamar. Y el chico era de piel sonrosada, agradable y bien parecido. Entonces el Seor dijo a Samuel: -Este es. As que levntate y consgralo como rey.
En seguida Samuel tom el recipiente con aceite, y en presencia de sus hermanos consagr como rey al joven, que se llamaba David. A partir de aquel momento, el espritu del Seor se apoder de l. Despus Samuel se despidi y se fue a Ram.
Entre tanto, el espritu del Seor se haba apartado de Sal, y un espritu maligno, enviado por el Seor, lo atormentaba.
Por eso, los que estaban a su servicio le dijeron: -Como usted ve, seor nuestro, un espritu maligno de parte de Dios lo est atormentando a usted.
Por eso, ordene usted a estos servidores suyos que busquen a alguien que sepa tocar el arpa, para que, cuando le ataque a usted el espritu maligno, l toque el arpa y usted se sienta mejor.
-Pues busquen a alguien que sepa tocar bien, y triganmelo -contest Sal.
Entonces uno de ellos dijo: -Yo he visto que uno de los hijos de Jes, el de Beln, sabe tocar muy bien; adems, es un guerrero valiente, y habla con sensatez; es bien parecido y cuenta con la ayuda del Seor.
Entonces Sal mand mensajeros a Jes, para que le dijeran: "Envame a tu hijo David, el que cuida las ovejas",
y Jes envi su hijo David a Sal. Con l le envi a Sal un asno cargado de pan, un cuero de vino y un cabrito.
As David se present ante Sal y qued a su servicio, y Sal lleg a estimarlo muchsimo y lo nombr su ayudante.
Y Sal envi un mensaje a Jes, rogndole que dejara a David con l, porque le haba agradado mucho.
As que, cuando el espritu maligno de parte de Dios atacaba a Sal, David tomaba el arpa y se pona a tocar. Con eso Sal recobraba el nimo y se senta mejor, y el espritu maligno se apartaba de l.
Los filisteos juntaron sus ejrcitos para la guerra y se reunieron en Soc, pueblo que pertenece a Jud, acampando en Efes-damim, entre Soc y Azec.
A su vez, Sal y los israelitas se reunieron y acamparon en el valle de El, preparndose para presentar batalla a los filisteos.
Estos tenan sus posiciones en un monte, y los israelitas en otro, quedando separados por el valle.
De pronto, de entre las filas de los filisteos sali un guerrero como de tres metros de estatura. Se llamaba Goliat y era de la ciudad de Gat.
En la cabeza llevaba un casco de bronce, y sobre su cuerpo una coraza, tambin de bronce, que pesaba cincuenta y cinco kilos.
Del mismo metal eran las placas que le protegan las piernas y la jabalina que llevaba al hombro.
El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y su punta de hierro pesaba ms de seis kilos. Delante de l iba su ayudante.
Goliat se detuvo y dijo a los soldados israelitas: -Para qu han salido en orden de combate? Puesto que yo soy un filisteo, y ustedes estn al servicio de Sal, elijan a uno de ustedes para que baje a luchar conmigo.
Si es capaz de pelear conmigo y vencerme, nosotros seremos esclavos de ustedes; pero si yo lo venzo, ustedes sern nuestros esclavos.
En este da, yo lanzo este desafo al ejrcito de Israel: Denme un hombre para que luche conmigo!
Al or Sal y todos los israelitas las palabras del filisteo, perdieron el nimo y se llenaron de miedo.
Haba un hombre de Beln llamado Jes, que en tiempos de Sal era ya de edad muy avanzada. Este hombre tena ocho hijos, uno de los cuales era David.
Sus tres hijos mayores, Eliab, Abinadab y Sam, se haban ido ya con Sal a la guerra.
David, que era el menor,
iba al campamento de Sal, y volva a Beln para cuidar las ovejas de su padre.
Mientras tanto, aquel filisteo sala a provocar a los israelitas por la maana y por la tarde, y as lo estuvo haciendo durante cuarenta das.
Un da, Jes le dijo a su hijo David: -Toma unos veinte litros de este trigo tostado, y estos diez panes, y llvalos pronto al campamento, a tus hermanos.
Llvate tambin estos diez quesos para el comandante del batalln. Mira cmo estn tus hermanos y treme algo que compruebe que se encuentran bien.
Mientras tanto, Sal y los hermanos de David y todos los israelitas estaban en el valle de El luchando contra los filisteos.
Al da siguiente, David madrug y, dejando las ovejas al cuidado de otro, se puso en camino llevando consigo las provisiones que le entreg Jes. Cuando lleg al campamento, el ejrcito se dispona a salir a la batalla y lanzaba gritos de guerra.
Los israelitas y los filisteos se alinearon frente a frente.
David dej lo que llevaba al cuidado del encargado de armas y provisiones, y corriendo a las filas se meti en ellas para preguntar a sus hermanos cmo estaban.
Mientras hablaba con ellos, aquel guerrero filisteo llamado Goliat, de la ciudad de Gat, sali de entre las filas de los filisteos y volvi a desafiar a los israelitas como lo haba estado haciendo hasta entonces. David lo oy.
En cuanto los israelitas vieron a aquel hombre, sintieron mucho miedo y huyeron de su presencia,
diciendo: "Ya vieron al hombre que ha salido? Ha venido a desafiar a Israel! A quien sea capaz de vencerlo, el rey le dar muchas riquezas, le dar su hija como esposa y liberar a su familia de pagar tributos."
Entonces David pregunt a los que estaban a su lado: -Qu darn al hombre que mate a este filisteo y borre esta ofensa de Israel? Porque, quin es este filisteo pagano para desafiar as al ejrcito del Dios viviente?
Ellos respondieron lo mismo que antes haban dicho, en cuanto a lo que le daran a quien matara a Goliat.
Pero Eliab, el hermano mayor de David, que le haba odo hablar con aquellos hombres, se enfureci con l y le dijo: -A qu has venido aqu? Con quin dejaste esas cuantas ovejas que estn en el desierto? Yo conozco tu atrevimiento y tus malas intenciones, porque has venido solo para poder ver la batalla.
-Y qu he hecho ahora -contest David-, si apenas he hablado?
Luego se apart de su hermano, y al preguntarle a otro, recibi la misma respuesta.
Algunos que oyeron a David preguntar, fueron a contrselo a Sal, y este lo mand llamar.
Entonces David le dijo a Sal: -Nadie debe desanimarse por culpa de ese filisteo, porque yo, un servidor de Su Majestad, ir a pelear contra l.
-No puedes ir t solo a luchar contra ese filisteo -contest Sal-, porque an eres muy joven; en cambio, l ha sido hombre de guerra desde su juventud.
David contest: -Cuando yo, el servidor de Su Majestad, cuidaba las ovejas de mi padre, si un len o un oso vena y se llevaba una oveja del rebao,
iba detrs de l y se la quitaba del hocico; y si se volva para atacarme, lo agarraba por la quijada y le daba de golpes hasta matarlo.
As fuera un len o un oso, este servidor de Su Majestad lo mataba. Y a este filisteo pagano le va a pasar lo mismo, porque ha desafiado al ejrcito del Dios viviente.
El Seor, que me ha librado de las garras del len y del oso, tambin me librar de las manos de este filisteo. Entonces Sal le dijo: -Anda, pues, y que el Seor te acompae.
Luego hizo Sal que vistieran a David con la misma ropa que l usaba, y que le pusieran un casco de bronce en la cabeza y lo cubrieran con una coraza.
Finalmente, David se colg la espada al cinto, sobre su ropa, y trat de andar as, porque no estaba acostumbrado a todo aquello. Pero en seguida le dijo a Sal: -No puedo andar con esto encima, porque no estoy acostumbrado a ello. Entonces se quit todo aquello,
tom su bastn, escogi cinco piedras lisas del arroyo, las meti en la bolsa que traa consigo y, con su honda en la mano, se enfrent con el filisteo.
El filisteo, a su vez, se acercaba poco a poco a David. Delante de l iba su ayudante.
Cuando el filisteo mir a David, y vio que era joven, de piel sonrosada y bien parecido, no lo tom en serio,
sino que le dijo: -Acaso soy un perro, para que vengas a atacarme con palos? Y en seguida maldijo a David en nombre de su dios.
Adems le dijo: -Ven aqu, que voy a dar tu carne como alimento a las aves del cielo y a las fieras!
David le contest: -T vienes contra m con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Seor todopoderoso, el Dios de los ejrcitos de Israel, a los que t has desafiado.
Ahora el Seor te entregar en mis manos, y hoy mismo te matar y te cortar la cabeza, y los cadveres del ejrcito filisteo se los dar a las aves del cielo y a las fieras. As todo el mundo sabr que hay un Dios en Israel;
todos los aqu reunidos sabrn que el Seor no salva con espada ni con lanza. Esta batalla es del Seor, y l los entregar a ustedes en nuestras manos.
El filisteo se levant y sali al encuentro de David, quien, a su vez, rpidamente se dispuso a hacer frente al filisteo:
meti su mano en la bolsa, sac una piedra y, arrojndola con la honda contra el filisteo, lo hiri en la frente. Con la piedra clavada en la frente, el filisteo cay de cara al suelo.
As fue como David venci al filisteo. Con solo una honda y una piedra, David lo hiri de muerte. Y como no llevaba espada,
corri a ponerse al lado del filisteo y, apoderndose de su espada, la desenvain y con ella lo remat. Despus de esto, le cort la cabeza. Cuando los filisteos vieron muerto a su mejor guerrero, salieron huyendo.
Entonces los hombres de Israel y de Jud, lanzando gritos de guerra, salieron a perseguirlos hasta la entrada de Gat y las puertas de Ecrn. Por todo el camino que va de Saaraim a Gat y Ecrn se vean cadveres de soldados filisteos.
Despus de haber perseguido a los filisteos, los israelitas volvieron y saquearon su campamento.
Entonces David tom la cabeza del filisteo y la llev a Jerusaln, pero las armas las puso en su tienda de campaa.
Antes Sal haba preguntado a Abner, general de su ejrcito, cuando vio que David sala al encuentro del filisteo: -Abner, quin es el padre de ese muchacho?
-Juro a Su Majestad que no lo s -respondi Abner. -Pues encrgate de averiguarlo -dijo el rey.
Por lo tanto, cuando David volva de matar al filisteo, trayendo an su cabeza en la mano, Abner lo tom y lo llev ante Sal,
quien le pregunt: -Dime, muchacho, de quin eres hijo? David respondi: -Soy hijo de Jes, el de Beln, servidor de Su Majestad.
Despus que David termin de hablar con Sal, Jonatn se hizo muy amigo de David, y lleg a quererlo como a s mismo.
Sal, por su parte, aquel mismo da lo tom a su servicio y no lo dej volver a casa de su padre.
Y Jonatn y David se juraron eterna amistad, porque Jonatn quera a David como a s mismo.
Adems, Jonatn se quit la capa y la tnica que llevaba puestas, y se las dio a David, junto con su espada, su arco y su cinturn.
Tanta capacidad demostr David para cumplir con todo lo que Sal le ordenaba hacer, que Sal lo puso al mando de hombres de guerra. Esto agrad a todo el ejrcito y a los oficiales de Sal.
Sin embargo, cuando las tropas regresaron despus que David mat al filisteo, de todas las ciudades de Israel salieron mujeres a recibir al rey Sal cantando y bailando alegremente con panderos y platillos.
Y mientras cantaban y bailaban, las mujeres repetan: "Mil hombres mat Sal, y diez mil mat David."
Esto le molest mucho a Sal, y muy enojado dijo: -A David le atribuyen la muerte de diez mil hombres, y a m nicamente la de mil. Ya solo falta que lo hagan rey!
A partir de entonces, Sal miraba a David con recelo.
Al da siguiente, el espritu maligno mandado por Dios se apoder de Sal, y este se puso como loco dentro de su palacio. David estaba tocando el arpa, como de costumbre, y Sal tena su lanza en la mano.
De pronto Sal levant la lanza con la intencin de clavar a David en la pared, pero David esquiv a Sal dos veces.
Sal tena miedo de David, porque el Seor ayudaba a David pero ya no lo ayudaba a l.
Por eso lo retir de su lado y lo nombr comandante de un batalln, al frente del cual sala a campaa y volva.
Y como el Seor lo ayudaba, David tena xito en todo lo que haca.
Por eso Sal tena miedo de l, al ver cmo prosperaba.
Pero todos en Israel y Jud queran a David, porque l era quien los diriga cuando salan a campaa y volvan.
Un da Sal le dijo a David: -Te voy a dar como esposa a Merab, mi hija mayor, con la condicin de que me seas un guerrero valiente y pelees las batallas del Seor. Sal pensaba que no necesitaba matarlo l personalmente, sino que de ello se encargaran los filisteos.
Pero David le respondi: -Nada soy yo, ni nada son mis familiares en Israel, para que yo sea yerno del rey.
Sin embargo, cuando lleg la fecha en que Sal deba dar su hija Merab como esposa a David, en vez de drsela a l se la dio a Adriel, de Mehol.
Pero Mical, la otra hija de Sal, estaba enamorada de David. Y cuando se lo dijeron a Sal, le agrad saberlo,
pues pens drsela a David como esposa para que ella lo hiciera caer en manos de los filisteos. Entonces le dijo a David por segunda vez: -Ahora s vas a ser mi yerno.
Despus Sal orden a sus servidores: -Hablen ustedes en privado con David y dganle que yo, el rey, lo quiero mucho, y que todos mis servidores lo estiman, y que l debe ser mi yerno.
Los servidores de Sal fueron a decirle todo esto a David, pero David les contest: -Y creen ustedes que llegar a ser yerno del rey es tan fcil para alguien pobre e insignificante como yo?
Los servidores de Sal fueron y le contaron a este lo que David haba dicho.
Entonces Sal, con la intencin de que David cayera en manos de los filisteos, les contest: -Dganle a David que en lugar de la compensacin que se acostumbra dar por la esposa, yo, el rey, prefiero que me entregue cien prepucios de filisteos, para vengarme de mis enemigos.
Los servidores de Sal le comunicaron estas noticias a David, y David consider apropiada la oportunidad de llegar a ser yerno del rey. Antes de que el plazo se cumpliera,
David tom a sus hombres, y fue y mat a doscientos filisteos; luego llev los prepucios de estos al rey, y se los entreg para poder ser su yerno. Entonces Sal le concedi a su hija Mical por esposa.
Pero al ver y comprobar Sal que el Seor ayudaba a David y que su hija Mical lo amaba,
lleg a tenerle ms miedo que antes, y se convirti en su eterno enemigo.
Por otra parte, siempre que los jefes filisteos salan a campaa, David tena ms xito que todos los dems oficiales de Sal, por lo cual lleg a ser muy respetado.
Sal orden a su hijo Jonatn y a todos sus oficiales que mataran a David. Pero Jonatn, que quera mucho a David,
lo puso sobre aviso. Le dijo: -Sal, mi padre, est tratando de matarte. As que maana temprano ten cuidado y qudate escondido en algn lugar secreto.
Yo saldr, en compaa de mi padre, al campo donde t vas a estar. Hablar con l acerca de ti, a ver qu pasa, y luego te lo har saber.
Y Jonatn habl con Sal en favor de David. Le dijo: -Su Majestad no debiera cometer ningn mal contra su siervo David, porque l no le ha hecho ningn mal a Su Majestad, y s mucho bien;
pues jugndose la vida mat al filisteo, y as el Seor libr por completo a todo Israel. Su Majestad lo vio y se alegr de ello. Por qu habr de atentar Su Majestad contra la vida de un inocente, tratando de matar a David sin motivo?
Al escuchar Sal las razones de Jonatn, exclam: -Juro por el Seor que David no morir.
Entonces Jonatn llam a David y le inform de toda esta conversacin. Despus lo llev ante Sal, y David sigui al servicio de Sal igual que antes.
Volvi a estallar la guerra, y David sali a luchar contra los filisteos y los venci, ocasionndoles una gran derrota y hacindolos huir.
En cuanto a Sal, otra vez lo atac el espritu maligno de parte del Seor; y estando sentado en su habitacin, con su lanza en la mano, mientras David tocaba,
intent clavar con ella a David en la pared. Pero David pudo esquivar el golpe, y la lanza de Sal se clav en la pared. Aquella misma noche David se escap y huy.
Inmediatamente Sal dio rdenes a sus hombres de que fueran a casa de David, para que lo vigilaran y lo mataran a la maana siguiente. Pero Mical, la mujer de David, lo puso sobre aviso, dicindole: -Si no te pones a salvo esta noche, maana sers hombre muerto.
En seguida Mical descolg a David por una ventana, y David pudo escapar.
Luego Mical tom un dolo y lo meti en la cama, le puso en la cabecera un tejido de pelo de cabra y lo tap con una sbana.
Y cuando Sal orden a sus hombres que apresaran a David, Mical les dijo que estaba enfermo.
Pero Sal volvi a mandar a sus hombres en busca de David, y les dio esta orden: -Aunque est en la cama, squenlo de all y triganmelo para que lo mate!
Los hombres de Sal entraron en casa de David, pero en la cama encontraron solamente el dolo con el tejido de pelo de cabra en la cabecera.
Entonces Sal dijo a Mical: -Por qu me has engaado de este modo, dejando que escape mi enemigo? Mical le respondi: -Porque l jur que me matara si no lo dejaba escapar.
As fue como David logr escapar. Y fue a ver a Samuel en Ram, y le cont todo lo que Sal le haba hecho. Luego David y Samuel se fueron a vivir a Naiot.
Y cuando Sal se enter de que David se hallaba en Naiot de Ram,
envi a sus hombres a que lo apresaran. Al llegar, los hombres de Sal vieron a un grupo de profetas en trance, a los que diriga Samuel. De pronto, el espritu de Dios se apoder de los hombres de Sal, y tambin ellos cayeron en trance proftico.
Cuando Sal lo supo, mand a otros hombres, pero tambin ellos cayeron en trance proftico. Por tercera vez mand Sal a unos hombres, y tambin a ellos les ocurri lo mismo.
Entonces Sal fue personalmente a Ram, y cuando lleg al gran depsito de agua que hay en Sec, pregunt por Samuel y David. No falt quien le dijera que estaban en Naiot de Ram,
y Sal se dirigi all. Pero el espritu de Dios tambin se apoder de l, y Sal cay en trance proftico, y as sigui su camino hasta llegar a Naiot de Ram;
adems se quit la ropa, y as, desnudo, permaneci en trance delante de Samuel todo el da y toda la noche. De all viene el dicho: "Tambin Sal es uno de los profetas?"
David huy de Naiot de Ram, y fue adonde estaba Jonatn, para decirle: -Qu he hecho yo? Cul es mi culpa? Qu pecado he cometido contra tu padre, para que l busque matarme?
Y Jonatn le contest: -Dios no lo quiera! No te matar! Ten en cuenta que mi padre no hace nada, sea o no importante, sin comunicrmelo. Por qu razn iba mi padre a ocultarme este asunto? No puede ser!
Pero David insisti: -Tu padre sabe muy bien que yo cuento con tu estimacin, y no querr que lo sepas para evitarte un disgusto. Pero te juro por el Seor y por ti mismo que estoy a un paso de la muerte!
Entonces Jonatn le pregunt: -Qu quieres que haga yo por ti?
David respondi: -Mira, maana es la fiesta de luna nueva, y debo sentarme a comer con el rey. Pero djame que me esconda en el campo hasta pasado maana por la tarde,
y si tu padre pregunta por m, dile que yo te ped con urgencia permiso para ir a mi pueblo, a Beln, porque toda mi familia celebra all el sacrificio anual.
Si contesta que est bien, quiere decir que puedo estar tranquilo; pero si se enoja, sabrs que ha decidido hacerme dao.
As que hazme este favor, ya que soy tu servidor y nos hemos jurado amistad ante el Seor. Ahora bien, si la culpa es ma, mtame t mismo. No es necesario que me lleves ante tu padre.
Pero Jonatn respondi: -No pienses tal cosa! Si llego a saber que mi padre est resuelto a hacerte mal, te lo comunicar.
Entonces David le pregunt: -Quin me avisar en caso de que tu padre te responda de mal modo?
Jonatn respondi: -Ven conmigo. Salgamos al campo. Los dos salieron al campo,
y all Jonatn le dijo a David: -Te juro por el Seor y Dios de Israel que entre maana y pasado maana, a esta misma hora, tratar de conocer las intenciones de mi padre. Si su actitud hacia ti es buena, te mandar aviso;
pero si mi padre intenta hacerte mal, que el Seor me castigue duramente si no te aviso y te ayudo a escapar tranquilamente. Y que el Seor te ayude como ayud a mi padre!
Ahora bien, si para entonces vivo todava, trtame con la misma bondad con que el Seor te ha tratado. Y si muero,
no dejes de ser bondadoso con mi familia. Que el Seor les pida cuentas a tus enemigos, y los destruya por completo!
De esta manera, Jonatn hizo un pacto con David,
y por el cario que Jonatn le tena, volvi a hacerle el juramento, pues lo quera tanto como a s mismo.
Luego le dijo: -Maana es la fiesta de luna nueva, y como tu asiento va a estar desocupado, te echarn de menos.
Pero al tercer da se notar an ms tu ausencia. Por tanto, vete al sitio donde te escondiste la vez pasada, y colcate junto a aquel montn de piedras.
Yo lanzar tres flechas hacia aquel lado, como si estuviera tirando al blanco,
y le dir a mi criado: 'Ve a buscar las flechas.' Si le digo: 'Las flechas estn ms ac de ti; anda, tmalas', podrs salir tranquilo, porque nada te va a pasar. Te lo juro por el Seor.
Pero si le digo: 'Las flechas estn ms all', vete, porque el Seor quiere que te vayas.
En cuanto a la promesa que nos hemos hecho, el Seor es nuestro testigo para siempre.
David se escondi en el campo, y cuando lleg la fiesta de luna nueva, el rey se sent a la mesa para comer.
Se sent en el lugar de costumbre, junto a la pared. Jonatn se coloc enfrente, y Abner se sent al lado de Sal. El asiento de David qued vaco.
Aquel da Sal no dijo nada, porque se imagin que algo impuro le habra ocurrido y no estara purificado.
Pero al da siguiente, que era el segundo da de la fiesta, el asiento de David qued tambin vaco. Entonces le pregunt Sal a su hijo Jonatn: -Por qu no vino ayer el hijo de Jes a la comida, ni tampoco hoy?
Y Jonatn le respondi: -David me pidi con urgencia permiso para ir a Beln.
Me rog que le diera permiso, pues su familia celebraba un sacrificio en su pueblo y su hermano le ordenaba ir. Tambin me dijo que si yo le haca ese favor, se dara una escapada para visitar a sus parientes. Por eso no se ha sentado a comer con Su Majestad.
Entonces Sal se enfureci con Jonatn, y le dijo: -Hijo de mala madre! Acaso no s que t eres el amigo ntimo del hijo de Jes, para vergenza tuya y de tu madre?
Mientras l est vivo en esta tierra, ni t ni tu reino estarn seguros. As que manda a buscarlo, y tremelo, porque merece la muerte!
Pero Jonatn le contest: -Y por qu habra de morir? Qu es lo que ha hecho?
Sal levant su lanza para herir a Jonatn, con lo que este comprendi que su padre estaba decidido a matar a David.
Entonces, lleno de furia, se levant Jonatn de la mesa y no particip en la comida del segundo da de la fiesta, porque senta un gran pesar por David, ya que su padre lo haba ofendido.
A la maana siguiente, a la hora de la cita con David, Jonatn sali al campo acompaado de un criado joven,
al cual le orden: -Corre a buscar en seguida las flechas que yo dispare. El criado ech a correr, mientras Jonatn disparaba una flecha de modo que cayera lejos de l.
Y cuando el criado lleg al lugar donde haba cado la flecha, Jonatn le grit al criado con todas sus fuerzas: -La flecha est ms all de ti!
Y una vez ms Jonatn le grit al criado: -Date prisa, corre, no te detengas! El criado de Jonatn recogi las flechas y se las trajo a su amo,
pero no se dio cuenta de nada, porque solo Jonatn y David conocan la contrasea.
Despus Jonatn entreg sus armas a su criado, y le orden llevarlas de vuelta a la ciudad.
En cuanto el criado se fue, David sali de detrs del montn de piedras, y ya ante Jonatn se inclin tres veces hasta tocar el suelo con la frente. Luego se besaron y lloraron juntos hasta que David se desahog.
Por ltimo, Jonatn le dijo a David: -Vete tranquilo, pues el juramento que hemos hecho los dos ha sido en el nombre del Seor, y hemos pedido que para siempre est l entre nosotros dos y en las relaciones entre tus descendientes y los mos.
Por ltimo, Jonatn le dijo a David: -Vete tranquilo, pues el juramento que hemos hecho los dos ha sido en el nombre del Seor, y hemos pedido que para siempre est l entre nosotros dos y en las relaciones entre tus descendientes y los mos. [ (I Samuel 20:43) Despus David se puso en camino, y Jonatn regres a la ciudad. ] 
David se dirigi a Nob, a ver al sacerdote Ahimlec, que sorprendido sali a su encuentro y le dijo: -Cmo es que vienes solo, sin que nadie te acompae?
David le contest: -El rey me ha ordenado atender un asunto, y me ha dicho que nadie deba saber para qu me ha enviado ni cules son las rdenes que traigo. En cuanto a los hombres bajo mis rdenes, los he citado en cierto lugar.
A propsito, qu provisiones tienes a mano? Dame cinco panes o lo que encuentres.
Y el sacerdote le contest: -El pan que tengo a mano no es pan comn y corriente, sino que est consagrado. Pero te lo dar, si tus hombres se han mantenido alejados de las mujeres.
David le respondi con firmeza: -Como siempre que salimos a campaa, hemos estado alejados de las mujeres. Y aunque este es un viaje ordinario, ya mis hombres estaban limpios cuando salimos, as que con ms razn lo han de estar ahora.
Entonces el sacerdote le entreg el pan consagrado, pues all no haba ms que los panes que se consagran al Seor y que ese mismo da se haban quitado del altar, para poner en su lugar pan caliente.
En aquella ocasin estaba all uno de los oficiales de Sal, que haba tenido que quedarse en el santuario. Era un edomita llamado Doeg, jefe de los pastores de Sal.
David le dijo a Ahimlec: -Tienes a mano una lanza o una espada? Pues era tan urgente la orden del rey que no tuve tiempo de tomar mi espada ni mis otras armas.
El sacerdote le respondi: -S. Tengo la espada de Goliat, el filisteo que t venciste en el valle de El. Est ah, detrs del efod, envuelta en una capa. Puedes llevrtela, si quieres; ms armas no tengo. David contest: -Ninguna otra sera mejor. Dmela.
Aquel mismo da David sigui huyendo de Sal, y fue a presentarse a Aqus, el rey de Gat.
Y los oficiales de Aqus le dijeron: -Pero si este es David, servidor de Sal, el rey de esta tierra! l es de quien cantaban en las danzas: 'Mil hombres mat Sal, y diez mil mat David'!
David tom muy en cuenta estos comentarios, y tuvo miedo de Aqus, rey de Gat.
Por eso, delante de ellos cambi su conducta normal, y fingindose loco escriba garabatos en las puertas y dejaba que la saliva le corriera por la barba.
Entonces Aqus dijo a sus oficiales: -Si ustedes ven que este hombre est loco, para qu me lo trajeron?
Acaso me hacen falta locos, que me han trado a este para que haga sus locuras en mi propia casa?
David se fue de all y huy a la cueva de Adulam. Cuando sus hermanos y todos sus parientes lo supieron, fueron a reunirse con l.
Tambin se le unieron todos los oprimidos, todos los que tenan deudas y todos los descontentos, y David lleg a ser su capitn. Los que andaban con l eran como cuatrocientos hombres.
Desde all, David se dirigi a Misp, en Moab, y dijo al rey de Moab: -Te ruego que mi padre y mi madre se queden con ustedes hasta que yo sepa lo que Dios va a hacer conmigo.
Y as David llev a sus padres ante el rey de Moab, y ellos vivieron con l todo el tiempo que David estuvo en la fortaleza.
Entonces Gad, el profeta, aconsej a David: -No te quedes en la fortaleza. Ponte en camino y vete a la regin de Jud. As pues, David se fue y lleg al bosque de Hret.
Mientras tanto, Sal estaba en Guibe, sentado bajo el tamarisco del santuario, con su lanza en la mano y rodeado de todos sus oficiales. Y cuando se enter de que David y sus hombres haban sido localizados,
dijo a los oficiales que lo rodeaban: -Hombres de Benjamn, escchenme: Acaso creen que el hijo de Jes les va a dar tambin a todos ustedes tierras y viedos, y que a todos los va a nombrar comandantes y capitanes?
Todos ustedes han conspirado contra m, pues nadie me ha dicho que mi hijo ha hecho un pacto con el hijo de Jes; ninguno de ustedes se ha preocupado por m; ninguno me ha dicho que mi hijo ha puesto en contra ma a mi ayudante para que me tienda emboscadas, como lo hace ahora.
Entonces Doeg, el edomita, que se encontraba entre los oficiales de Sal, respondi con estas palabras: -Yo vi al hijo de Jes cuando fue a Nob para entrevistarse con Ahimlec, el hijo de Ahitub.
Ahimlec consult al Seor acerca de David, y le entreg a este provisiones y la espada de Goliat el filisteo.
Entonces el rey mand llamar al sacerdote Ahimlec y a todos los sacerdotes de Nob, que eran parientes suyos. Y cuando todos llegaron ante el rey,
Sal le dijo a Ahimlec: -Escchame bien, hijo de Ahitub. -Estoy a la disposicin de Su Majestad -contest Ahimlec.
Y Sal le pregunt: -Por qu t y el hijo de Jes conspiraron contra m? T le has dado pan y una espada, y has consultado a Dios acerca de David, para que se ponga en contra ma y me tienda emboscadas, como lo hace ahora.
Entonces Ahimlec contest al rey: -Quin entre todos los oficiales de Su Majestad es tan fiel como David, que adems es yerno de Su Majestad y jefe de la guardia real, y tan digno de honra en palacio?
Acaso es la primera vez que consulto a Dios acerca de l? Nada de eso! Por lo tanto, no haga Su Majestad ninguna acusacin contra este servidor suyo ni contra su familia, porque su servidor no sabe ni poco ni mucho de este asunto.
Pero el rey insisti: -Ten por seguro, Ahimlec, que t y toda tu parentela morirn!
Y en seguida el rey orden a su guardia personal: -Maten a los sacerdotes del Seor! Tambin ellos estn de parte de David, pues sabiendo ellos que l estaba huyendo, no me lo hicieron saber. Pero la guardia real no se atrevi a levantar la mano contra los sacerdotes del Seor.
Por lo tanto, el rey orden a Doeg, el edomita: -Mtalos t! Entonces Doeg se lanz contra los sacerdotes, y en aquella ocasin mat a ochenta y cinco hombres que vestan efod de lino.
Luego entr en Nob, la ciudad de los sacerdotes, y a filo de espada mat a hombres, mujeres, nios y hasta recin nacidos. Tambin mat bueyes, asnos y ovejas.
Pero uno de los hijos de Ahimlec, llamado Abiatar, logr escapar de la matanza y huy hasta donde estaba David.
All le comunic que Sal haba asesinado a los sacerdotes del Seor,
y David le respondi: -Ya saba yo aquel da que, estando all Doeg, sin duda se lo contara a Sal. Yo tengo la culpa de que hayan muerto todos los miembros de tu familia.
Pero qudate conmigo y no tengas miedo, que quien quiere matarte tambin quiere matarme a m. Pero conmigo estars seguro.
Un da, los filisteos atacaron a la ciudad de Queil, y robaron el trigo recin trillado. Cuando le contaron esto a David,
l fue y consult al Seor. Le dijo: -Me permites ir a luchar contra estos filisteos? Y el Seor le respondi: -S, combtelos y libera la ciudad de Queil.
Pero los hombres de David le dijeron: -Si estando aqu en Jud tenemos miedo, con ms razn lo tendremos si vamos a Queil a luchar contra el ejrcito filisteo!
Entonces David consult de nuevo al Seor, y el Seor le contest: -Ponte en marcha hacia Queil, pues yo pondr en tus manos a los filisteos.
David y sus hombres se pusieron en marcha hacia Queil, y all lucharon contra los filisteos, y los derrotaron por completo y se apoderaron de sus ganados. De esa manera salv David a los habitantes de Queil.
Mientras tanto, Abiatar, el hijo de Ahimlec, haba huido con la intencin de unirse a David en Queil, llevndose consigo el efod.
Por otra parte, a Sal le haban informado que David estaba en Queil, y pens: "Dios lo ha puesto en mis manos, porque al haberse metido en la ciudad ha quedado encerrado tras sus puertas y cerrojos."
En seguida, Sal mand llamar a todo su ejrcito con el fin de dirigirse a Queil y sitiar a David y a sus hombres.
Pero al saber David que Sal pensaba atacarlo, orden al sacerdote Abiatar que le trajera el efod para consultar al Seor.
Y dijo David: -Seor y Dios de Israel, este siervo tuyo sabe que Sal se propone venir a Queil y destruirla por causa ma.
Vendr Sal a buscarme, segn he sabido? Me entregarn a l los habitantes de Queil? Seor y Dios de Israel, este siervo tuyo te ruega que se lo digas! Y el Seor contest: -Sal vendr.
Entonces David pregunt: -Nos entregarn los habitantes de Queil, a m y a mis hombres, en poder de Sal? Y el Seor respondi: -Los entregarn.
Entonces David y sus hombres, que eran alrededor de seiscientos, salieron de Queil y anduvieron sin rumbo fijo. Y cuando le lleg a Sal la noticia de que David haba escapado de Queil, ya no hizo nada por perseguirlo.
As David se qued a vivir en unas fortalezas que haba en un monte del desierto de Zif, y aunque Sal lo buscaba todos los das, Dios no lo puso en sus manos.
Sin embargo, David tena miedo de Sal, porque haba salido con la intencin de matarlo. Por eso se qued en Hores, en el desierto de Zif.
Un da, Jonatn, el hijo de Sal, fue a ver a David en Hores, y a darle nimo fortaleciendo su confianza en Dios.
Le dijo: -No tengas miedo, porque Sal mi padre no podr encontrarte. T llegars a ser rey de Israel, y yo ser el segundo en importancia. Esto, hasta Sal mi padre lo sabe.
Entonces los dos hicieron un pacto, y pusieron al Seor por testigo. Despus Jonatn regres a su casa, y David se qued en Hores.
Pero los habitantes de Zif fueron a Guibe para hablar con Sal, y le dijeron: -David est escondido en nuestro territorio, en unas fortalezas que hay en el monte de Haquil, en Hores, al sur del desierto.
Por lo tanto, cuando Su Majestad guste venir, hgalo, y nosotros se lo entregaremos.
Sal les contest: -Que Dios los bendiga por haberse compadecido de m!
Ahora les ruego que vayan y averigen el lugar exacto donde se encuentra, y quin lo ha visto all, porque me han dicho que l es muy astuto.
Fjense bien en todos los escondites en que se mete, y vuelvan a m con datos seguros, y entonces yo ir con ustedes. Y si en verdad est en esa regin, yo lo buscar palmo a palmo entre todos los clanes de Jud.
Los de Zif se despidieron, y con el permiso de Sal regresaron a su ciudad. David y sus hombres se hallaban en el desierto de Man, en el llano que hay al sur del desierto,
y Sal y su gente se pusieron en camino para buscarlo. Cuando le dieron aviso de esto a David, l baj al peasco que est en el desierto de Man. Al saberlo, Sal se lanz al desierto de Man, en persecucin de David.
Por un costado del monte avanzaban Sal y su gente, y por el otro iban David y sus hombres, dndose prisa para alejarse de Sal. Y cuando ya Sal y su gente haban rodeado a David y los suyos, y estaban a punto de capturarlos,
lleg un mensajero a decirle a Sal: -Regrese inmediatamente Su Majestad, porque los filisteos han invadido el pas!
Entonces Sal dej de perseguir a David y fue a enfrentarse con los filisteos. Por esa razn aquel lugar fue conocido como 'Peasco de la Separacin'.
De all David se fue a vivir a las fortalezas de En-Gad.
Y cuando regres Sal de perseguir a los filisteos, le dieron la noticia de que David estaba en el desierto de En-Gad.
Entonces Sal escogi a tres mil hombres de todo Israel y fue a buscar a David y sus hombres por las peas ms escarpadas.
En su camino lleg a unos rediles de ovejas, cerca de los cuales haba una cueva en la que estaban escondidos David y sus hombres. Sal se meti en ella para hacer sus necesidades,
y los hombres de David le dijeron a este: -Hoy se cumple la promesa que te hizo el Seor de que pondra en tus manos a tu enemigo. Haz con l lo que mejor te parezca. Entonces David se levant, y con mucha precaucin cort un pedazo de la capa de Sal;
pero despus de hacerlo le remordi la conciencia,
y les dijo a sus hombres: -El Seor me libre de alzar mi mano contra mi seor el rey! Si l es rey, es porque el Seor lo ha escogido!
De este modo refren David a sus hombres y no les permiti atacar a Sal, el cual sali de la cueva y sigui su camino.
Pero en seguida David sali de la cueva tras l, y le grit: -Majestad, Majestad! Sal mir hacia atrs, y David, inclinndose hasta el suelo en seal de reverencia,
le dijo: -Por qu hace caso Su Majestad a quienes le dicen que yo busco su mal?
Su Majestad ha podido comprobar que, aunque el Seor puso hoy a Su Majestad en mis manos all en la cueva, yo no quise matar a Su Majestad, sino que le perdon la vida, pues me dije que si Su Majestad es rey, es porque el Seor lo ha escogido.
"Mire bien Su Majestad lo que tengo en la mano: es un pedazo de la capa de Su Majestad, a quien bien podra haber matado. Con eso puede darse cuenta Su Majestad de que yo no he pensado en hacerle dao ni en traicionarlo, ni tampoco le he faltado. Sin embargo, Su Majestad me persigue para quitarme la vida.
Que el Seor juzgue entre nosotros dos, y me vengue de Su Majestad! Por lo que a m toca, jams levantar mi mano contra Su Majestad.
Un antiguo refrn dice: 'La maldad viene de los malvados'; por eso yo jams levantar mi mano contra Su Majestad.
Adems, tras de quin ha salido el rey de Israel? A quin est persiguiendo? A m, que soy como un perro muerto, o como una pulga!
Por lo tanto, que el Seor decida y juzgue entre nosotros dos; que sea l quien examine mi causa y me defienda de Su Majestad!"
Cuando David termin de hablar, Sal exclam: -Pero si eres t, David, hijo mo, quien me habla! Y echndose a llorar,
le dijo: -La razn est de tu lado, pues me has devuelto bien a cambio del mal que te he causado.
Hoy me has demostrado que t buscas mi bien, pues habindome puesto el Seor en tus manos, no me mataste.
En realidad, no hay nadie que, al encontrar a su enemigo, lo deje ir sano y salvo. Por lo tanto, que el Seor te pague con bien lo que hoy has hecho conmigo!
Ahora me doy perfecta cuenta de que t sers el rey, y de que bajo tu direccin el reino de Israel habr de prosperar.
Jrame, pues, por el Seor, que no acabars con mis descendientes ni borrars mi nombre de mi familia.
David se lo jur a Sal, y despus Sal regres a su palacio, en tanto que David y los suyos se fueron a la fortaleza.
Samuel muri, y todos los israelitas se reunieron para llorar su muerte. Lo enterraron en su casa, en Ram. Despus David se fue al desierto de Parn.
Haba en Man un hombre muy rico, dueo de tres mil ovejas y mil cabras, que tena sus negocios en la ciudad de Carmel, donde acostumbraba trasquilar sus ovejas.
Este hombre se llamaba Nabal, y era descendiente de Caleb; era un hombre rudo y de mala conducta. Por el contrario, Abigail, su esposa, era hermosa e inteligente.
Cuando David, que estaba en el desierto, supo que Nabal se encontraba en Carmel trasquilando sus ovejas,
envi a diez de sus criados con la orden de saludar a Nabal de su parte
y darle el siguiente mensaje: "Recibe, hermano mo, mis mejores deseos de bienestar para ti y tu familia y todos los tuyos.
He sabido que te encuentras trasquilando tus ovejas. Tambin t sabrs que tus pastores han estado en Carmel con nosotros, y que mientras ellos estuvieron con nosotros nunca se les molest ni se les quit nada.
Puedes preguntar esto a tus criados, y ellos te lo confirmarn. Por esta razn te ruego que tengas ahora consideracin con estos muchachos, que en buen momento llegan, y que nos des, tanto a ellos como a m, lo que tengas a mano, pues soy como tu hijo."
Los criados de David fueron y transmitieron este recado a Nabal, y se quedaron esperando la respuesta.
Pero Nabal les contest: -Quin es David? Quin es ese hijo de Jes? Hoy en da son muchos los esclavos que andan huyendo de sus dueos!
Acaso voy a tomar la comida y la bebida y la carne que he preparado para mis trasquiladores, y voy a drselas a gente que no s ni de dnde es?
Los criados de David tomaron el camino de regreso, y cuando llegaron ante David le contaron todo lo que Nabal haba dicho.
Entonces David orden a sus hombres: -Todos a las armas! Sus hombres se colocaron la espada al cinto, lo mismo que David; y as cuatrocientos hombres se fueron con l, mientras que otros doscientos se quedaron cuidando el material.
Pero uno de los criados de Nabal fue a decirle a Abigail, la mujer de Nabal: -Desde el desierto, David envi unos mensajeros a saludar a nuestro amo, pero l reaccion muy groseramente.
Sin embargo, esos hombres se han portado muy bien con nosotros. Durante todo el tiempo que anduvimos con ellos por el campo, nunca nos molestaron ni nos quitaron nada.
Al contrario, de da y de noche nos protegan, tanto a nosotros como a nuestros rebaos.
Pero como el marido de usted tiene tan mal genio que no se le puede hablar, piense usted y vea lo que debe hacer, porque con toda seguridad algo malo va a venir contra l y contra toda su familia.
Rpidamente Abigail tom doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas asadas, unos cuarenta litros de grano tostado, cien tortas de uvas pasas y doscientas tortas de higos secos; luego lo carg todo en asnos,
y dijo a sus criados: -Adelntense ustedes, que yo los seguir ms tarde. Sin decir nada de esto a su marido,
Abigail mont en un asno y, a escondidas, comenz a bajar del monte. De pronto vio que David y sus hombres venan a su encuentro, y fue a recibirlos.
David vena pensando que de balde haba protegido todo lo que Nabal tena en el desierto, sin quitarle nada de su propiedad, pues l le haba pagado mal por bien.
As que jur: "Que Dios me castigue duramente si de aqu a maana no acabo con todos los varones parientes suyos!"
En cuanto Abigail vio a David, se baj del asno y se inclin hasta el suelo en seal de respeto.
Luego se ech a sus pies y le dijo: -Que la culpa, mi seor, recaiga sobre m! Yo le ruego a usted que me permita hablarle, y que escuche mis razones.
No haga usted caso de Nabal, ese hombre grosero, porque l, haciendo honor a su nombre, es realmente un estpido. Siempre acta con estupidez. Esta servidora de usted no vio a los criados que usted mand.
Sin embargo, con toda seguridad, el Seor no ha permitido que venga usted a derramar sangre y a hacerse justicia por su propia mano. Quiera el Seor que todos los enemigos de usted, y todos los que procuran hacerle dao, corran la misma suerte que Nabal!
Y ahora le ruego a usted que estos regalos que yo le he trado sean repartidos entre los criados que le acompaan,
y que perdone usted a esta servidora suya. Ciertamente el Seor va a mantener a usted y a su dinasta en el poder, ya que usted lucha por la causa del Seor, y en toda su vida no sufrir ningn mal.
Si alguien lo persigue a usted e intenta matarlo, la vida de usted estar segura bajo la proteccin del Seor su Dios. En cuanto a los enemigos de usted, el Seor los arrojar como quien tira piedras con una honda.
As pues, cuando el Seor haga realidad todo lo bueno que ha anunciado respecto a usted, y lo nombre jefe de Israel,
no tendr usted el pesar ni el remordimiento de haber derramado sangre inocente ni de haberse hecho justicia por su propia mano. Y cuando el Seor le d a usted prosperidad, acurdese de esta servidora suya.
David le respondi: -Bendito sea el Seor, Dios de Israel, que te envi hoy a mi encuentro,
y bendita seas t por tu buen juicio, porque hoy has evitado que yo llegue a derramar sangre y a hacerme justicia por mi propia mano.
Pero te juro por el Seor, el Dios de Israel, que ha evitado que yo te haga dao, que si no te hubieras dado prisa en venir a mi encuentro, maana no le quedara a Nabal ni un solo varn vivo.
Luego David recibi de manos de ella lo que le haba llevado, y le dijo: -Puedes irte tranquila a tu casa. Como ves, he atendido a tus razones y te he concedido lo que me pediste.
Cuando Abigail volvi a donde estaba Nabal, vio que este se hallaba celebrando en su casa un banquete digno de un rey. Estaba muy contento y completamente borracho. Por eso, ella no le dijo nada hasta el otro da.
A la maana siguiente, cuando ya se le haba pasado la borrachera a Nabal, Abigail le explic claramente lo ocurrido, y Nabal sufri un ataque repentino que lo dej paralizado.
Diez das despus, el Seor lo hiri de nuevo, y Nabal muri.
Cuando David supo que Nabal haba muerto, dijo: -Bendito sea el Seor, que me ha vengado de la ofensa que me hizo Nabal! Me ha librado de hacer lo malo, y ha hecho recaer la maldad de Nabal sobre Nabal mismo! Despus David envi a Abigail una proposicin de matrimonio.
Y cuando los criados de David llegaron a Carmel para hablar con ella, le dijeron: -David nos ha enviado por usted, porque quiere hacerla su esposa.
Abigail se inclin hasta el suelo, en actitud de reverencia, y contest: -Yo soy una simple servidora de David, dispuesta a lavar los pies de sus esclavos, si l as me lo ordena.
Despus de haber dicho esto, se prepar rpidamente y, acompaada por cinco criadas, mont en un asno y se puso en camino tras los enviados de David, y se cas con l.
David se cas tambin con Ahinam de Jezreel, y las dos fueron sus mujeres.
Sal haba entregado su hija Mical, la mujer de David, a Palt, el hijo de Lais, que era de Galim.
Los habitantes de Zif fueron a Guibe a ver a Sal, y le dijeron: "David est escondido en la colina de Haquil, frente al desierto."
Entonces Sal se puso en marcha, acompaado de tres mil de los mejores soldados israelitas, y se fue al desierto de Zif en busca de David.
Acamp en la colina de Haquil, que est junto al camino y frente al desierto. Pero David, que estaba en el desierto, se dio cuenta de que Sal lo haba seguido hasta all,
as que envi espas para saber hasta dnde haba llegado Sal.
Despus fue hasta el lugar en que Sal haba acampado y se fij en dnde dorman Sal y Abner, el hijo de Ner, que era jefe del ejrcito de Sal. Result que Sal dorma dentro del campamento, rodeado de su gente.
Entonces David habl con Ahimlec el hitita y con Abisai, que era hijo de Serui y hermano de Joab, y les pregunt: -Quin est dispuesto a bajar conmigo al campamento para llegar hasta Sal? -Yo bajar contigo -respondi Abisai.
Aquella misma noche, David y Abisai fueron al campamento. Sal estaba durmiendo dentro del campamento, y a su cabecera tena su lanza hincada en tierra. Abner y la tropa estaban acostados alrededor de l.
Entonces dijo Abisai a David: -Dios ha puesto hoy en tus manos a tu enemigo. Djame que lo mate ahora y que lo clave en tierra con su propia lanza. Un solo golpe ser suficiente.
Pero David le contest: -No lo mates, pues nadie que intente matar al rey escogido por el Seor quedar sin castigo.
Juro por el Seor que l ser quien le quite la vida, ya sea que le llegue la hora de la muerte, o que muera al entrar en combate.
Que el Seor me libre de intentar matar al rey que l ha escogido. As que toma la lanza que est a su cabecera y la jarra del agua, y vmonos.
De esta manera David tom la lanza y la jarra del agua que estaban a la cabecera de Sal, y se fueron. Nadie los vio ni oy; nadie se despert, porque todos estaban dormidos, pues el Seor hizo que cayeran en un profundo sueo.
Despus David pas al otro lado del valle y se puso sobre la cumbre de un monte, a cierta distancia. Entre ellos quedaba un gran espacio.
Entonces David llam en alta voz a Abner y al ejrcito: -Abner, contstame! Abner respondi: -Quin eres t para gritarle al rey?
David le dijo: -No eres t ese hombre a quien nadie en Israel se le puede comparar? Cmo es que no has protegido a tu seor el rey? Uno del pueblo ha entrado con intenciones de matarlo.
No est bien lo que has hecho. Yo les juro por el Seor que ustedes merecen la muerte, pues no han protegido a su seor, el rey que el Seor ha escogido. Busca la lanza del rey y la jarra del agua que estaban a su cabecera, a ver si las encuentras!
Cuando Sal reconoci la voz de David, exclam: -Pero si eres t, David, hijo mo, quien me habla! Y David contest: -S, Majestad, soy yo.
Pero, por qu persigue Su Majestad a este servidor suyo? Qu he hecho? Qu mal he cometido?
Yo le ruego a Su Majestad que escuche a este siervo suyo: si es el Seor quien ha puesto a Su Majestad en contra ma, ojal acepte una ofrenda; pero si es cosa de los hombres, que el Seor los maldiga. Porque me han arrojado ahora de esta tierra, que es del Seor, con lo cual me empujan a servir a otros dioses.
Yo no quisiera que mi sangre fuera derramada lejos de la presencia del Seor, pero Su Majestad ha salido en busca de una pulga, y me persigue por los montes como a una perdiz!
Entonces Sal dijo: -David, hijo mo, reconozco que he pecado! Me he portado como un necio, y he cometido un gran error! Pero regresa, que no volver a buscar tu mal, ya que en este mismo da has mostrado respeto por mi vida.
David le contest: -Aqu est la lanza de Su Majestad. Que venga uno de los criados a recogerla,
y que el Seor recompense a cada cual segn su lealtad y sinceridad. Aunque el Seor puso hoy a Su Majestad en mis manos, no quise alzar mi mano contra el rey que l ha escogido.
Y as como hoy he respetado la vida de Su Majestad, as quiera el Seor respetar la ma y me libre de toda angustia.
Sal exclam entonces: -Bendito seas, David, hijo mo! T emprenders grandes cosas, y tendrs xito en todo! Despus de esto, Sal regres a su casa, y David sigui su camino.
Sin embargo, David pensaba: "Tarde o temprano, Sal me va a matar. Por eso, lo mejor que puedo hacer es huir al pas filisteo para que Sal me deje tranquilo y no me ande buscando por todo el territorio de Israel. As escapar de sus manos."
Y as David y los seiscientos hombres que le acompaaban se pusieron en camino para ponerse al servicio de Aqus, hijo de Maoc y rey de Gat.
David y sus hombres vivieron en Gat, con Aqus, cada cual con su familia. David se llev a sus dos mujeres: Ahinam, la de Jezreel, y Abigail, la viuda de Nabal, el de Carmel.
Cuando Sal supo que David haba huido a Gat, dej de perseguirlo.
Y David le dijo a Aqus: -Si Su Majestad tiene a bien favorecerme, le ruego que me conceda vivir en alguna de las ciudades del pas, pues no est bien que este servidor suyo viva con Su Majestad en la capital del reino.
Aquel mismo da, Aqus le dio la ciudad de Siclag. Por eso, hasta la fecha, Siclag es parte del reino de Jud.
David vivi durante un ao y cuatro meses en territorio filisteo.
Y sala con sus hombres a saquear a los de Guesur, Guzer y Amalec, que habitaban en aquella regin, desde Telam, en la direccin de Sur, hasta Egipto.
Atacaba a aquella regin y no dejaba vivo hombre ni mujer. Adems se llevaba las ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y hasta la ropa. Despus volva adonde estaba Aqus,
y este le preguntaba: "Qu pueblo has saqueado hoy?" Y David le contestaba: "Al sur de Jud", o "Al sur de Jerahmeel", o "Al sur del territorio de los quenitas."
David no dejaba hombre ni mujer con vida, para evitar que fueran a Gat y dieran aviso de lo que l haca. Todo el tiempo que vivi en tierra filistea lo hizo as.
Y Aqus confiaba en David, y pensaba: "David se est volviendo odioso a Israel, y as ser siempre mi servidor."
Por aquellos das, los filisteos reunieron sus ejrcitos para luchar contra Israel, y Aqus dijo a David: -Como t bien sabes, t y tus hombres tienen que salir conmigo a campaa.
David le respondi: -Muy bien. Ahora va a saber Su Majestad lo que este siervo suyo es capaz de hacer. -En ese caso -contest Aqus a David-, te nombrar jefe permanente de mi guardia personal.
Para entonces ya Samuel haba muerto, y todos en Israel haban llorado su muerte, despus de lo cual lo haban enterrado en Ram, su ciudad natal. Sal, por su parte, haba expulsado del pas a los adivinos y a los que invocaban a los muertos.
Los filisteos se reunieron y fueron a establecer su campamento en Sunem, y Sal junt a todo Israel y tom posiciones en Guilboa.
Pero cuando vio el campamento filisteo, tuvo miedo y se sinti dominado por el terror.
Entonces consult al Seor, pero el Seor no le respondi ni por sueos, ni por el Urim, ni por los profetas.
Por eso orden a sus oficiales: -Busquen alguna mujer que invoque a los muertos, para que yo vaya a hacerle una consulta. Y sus oficiales le respondieron: -En Endor hay una mujer que invoca a los muertos.
Sal se disfraz, vistindose con otra ropa, y acompaado por dos hombres fue de noche a visitar a aquella mujer. Y le dijo: -Te ruego que me adivines la suerte, y que hagas venir el espritu de quien yo te diga.
La mujer le respondi: -T sabes lo que ha hecho Sal, que ha expulsado del pas a los adivinos y a los que invocan a los muertos. Por qu me metes en algo que me puede costar la vida?
Pero Sal, jurando por el Seor, le dijo: -Te juro por el Seor que no te pasar nada malo por esto.
-A quin quieres que haga venir? -contest la mujer. -Llmame a Samuel -dijo Sal.
De repente la mujer vio a Samuel, y dio un grito; luego le dijo a Sal: -Por qu me has engaado? T eres Sal!
Pero el rey le dijo: -No tengas miedo. Qu has visto? -Veo un dios que sube de la tierra -contest la mujer.
-Qu aspecto tiene? -pregunt Sal. -Es un hombre anciano, vestido con una capa -respondi ella. Sal comprendi en seguida que era Samuel, y se inclin hasta tocar el suelo con la frente.
Entonces le dijo Samuel: -Para qu me has molestado, hacindome venir? Sal respondi: -Es que estoy muy angustiado, pues me estn atacando los filisteos y Dios me ha abandonado. No me responde ya ni por medio de los profetas ni por sueos. Por eso te he llamado, para que me indiques lo que debo hacer.
Samuel le contest: -Por qu me preguntas a m, si el Seor ya te ha abandonado y se ha vuelto tu enemigo?
El Seor ha hecho contigo lo que te anunci por medio de m. Te ha arrebatado el reino y se lo ha entregado a tu compaero David,
ya que t no obedeciste el mandato del Seor, ni cumpliste su orden de destruir a los amalecitas. Por eso ahora el Seor ha hecho esto contigo.
Adems, el Seor va a entregar a los israelitas y a ti en poder de los filisteos, y maana t y tus hijos estarn conmigo. Tambin har el Seor que el campamento de Israel caiga en poder de los filisteos.
De pronto Sal cay al suelo cuan largo era. Estaba tan asustado por las palabras de Samuel, que se desmay. Para colmo, no haba comido nada en todo el da ni en toda la noche.
Al ver la mujer que Sal estaba tan aturdido, se acerc a l y le dijo: -Esta servidora tuya ha atendido tu peticin. Jugndome la vida, he obedecido tus rdenes.
As que ahora te ruego que me hagas caso: te voy a servir un poco de comida, para que te reanimes y puedas seguir adelante.
Sal no quera comer, pero sus oficiales y la mujer insistieron tanto que al fin acept. En seguida se levant del suelo y se sent en una cama.
Mientras tanto, la mujer mat un becerro gordo que tena en su casa, y amas harina para cocer unas tortas sin levadura.
Luego les llev esto a Sal y a sus oficiales, los cuales, despus de haber comido, se despidieron, y aquella misma noche se fueron.
Los filisteos reunieron todas sus tropas en Afec, en tanto que los israelitas acamparon en el manantial que est en Jezreel.
Y cuando los jefes filisteos avanzaban por compaas y batallones, David y sus hombres marchaban con Aqus en la retaguardia.
Entonces los jefes filisteos le preguntaron a Aqus: -Qu hacen aqu estos hebreos? Aqus les respondi: -Este es David, que era oficial de Sal, rey de Israel. Pero ha estado conmigo durante algunos aos, y desde el da que se pas a mi lado hasta hoy no he encontrado en l ninguna falta.
Pero los jefes filisteos se enojaron con Aqus, y le dijeron: -Pues ordnale que se vaya al lugar que le has dado y que no nos acompae en la batalla; no sea que se convierta en nuestro enemigo en medio del combate. La mejor manera que l tendra de quedar bien con su seor sera presentndole las cabezas de estos soldados!
Este es el mismo David de quien cantaban en las danzas: 'Mil hombres mat Sal, y diez mil mat David'!
Entonces Aqus llam a David y le dijo: -Tan cierto como que el Seor vive, que t eres un hombre recto! Y me ha gustado mucho la forma en que te has portado en el campamento. No he encontrado nada malo en ti desde el da en que viniste a verme. Pero no les caes bien a los jefes filisteos,
as que regresa ahora tranquilo, para no hacer nada que les desagrade.
David le contest: -Qu he hecho yo? Qu ha visto en m Su Majestad en todo este tiempo, que no me deja luchar contra sus enemigos?
Aqus respondi: -Yo estoy seguro de que eres tan bueno como un ngel de Dios, pero los jefes filisteos han decidido que no entres con nosotros en la batalla.
Por lo tanto, t y los servidores de tu seor que han venido contigo se levantarn maana, en cuanto amanezca, y emprendern el regreso.
As pues, David y sus hombres se levantaron al da siguiente por la maana y regresaron al pas filisteo, mientras que los filisteos avanzaban hacia Jezreel.
Al tercer da, David y sus hombres llegaron a Siclag, y se encontraron con que los amalecitas haban invadido el Ngueb y atacado a Siclag, destruyndola e incendindola.
Tambin se haban llevado prisioneras a las mujeres y a todos los nios y adultos que estaban all, aunque no haban matado a nadie.
Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad y vieron que estaba quemada y que se haban llevado prisioneros a sus mujeres, hijos e hijas,
se pusieron a llorar a voz en cuello hasta quedarse sin fuerzas.
Tambin haban hecho prisioneras a las dos mujeres de David: a Ahinam, la de Jezreel, y a Abigail, la viuda de Nabal, el de Carmel.
David estaba muy preocupado porque la tropa quera apedrearlo, pues todos estaban muy disgustados por lo que haba sucedido a sus hijos. Sin embargo, puso su confianza en el Seor su Dios,
y le dijo al sacerdote Abiatar, hijo de Ahimlec: -Por favor, treme el efod. En cuanto Abiatar llev el efod a David,
este consult al Seor. Le pregunt: -Debo perseguir a esa banda de ladrones? Podr alcanzarla? Y el Seor contest: -Persguela, pues la alcanzars y rescatars a los prisioneros.
Inmediatamente David se puso en camino con los seiscientos hombres que le acompaaban, y llegaron al arroyo de Besor. All se quedaron
doscientos hombres que estaban muy cansados para cruzar el arroyo, y con los otros cuatrocientos continu David la persecucin.
Ms tarde encontraron en el llano a un egipcio, y lo llevaron ante David, aunque antes tuvieron que darle de comer y de beber:
le dieron una rebanada de torta de higo y dos tortas de uvas pasas. Despus de comer, el egipcio se sinti ms reanimado, pues haca tres das y tres noches que no haba comido ni bebido nada.
Entonces le pregunt David: -Quin es tu amo? De dnde vienes? El egipcio le respondi: -Soy egipcio, criado de un amalecita, pero hace tres das mi amo me abandon porque ca enfermo,
pues fuimos a saquear la parte sur del territorio de los quereteos, y de los de Jud y de Caleb. Tambin le prendimos fuego a Siclag.
-Me quieres conducir hasta esa banda de ladrones? -le pregunt David. Y el egipcio contest: -Si me juras por Dios que no me matars ni me entregars a mi amo, te llevar hasta ellos.
Y lo llev hasta donde estaban los ladrones, los cuales se haban desparramado por todo el campo y estaban comiendo, bebiendo y haciendo fiesta por todo lo que haban robado en territorio filisteo y en territorio de Jud.
Entonces David los atac desde la maana hasta la tarde, y los destruy por completo, menos a cuatrocientos muchachos que montaron en sus camellos y lograron escapar.
David rescat todo lo que los amalecitas haban robado, y rescat tambin a sus dos mujeres.
No les falt ni la ms pequea cosa de todo lo que les haban quitado, ni tampoco falt un solo nio ni adulto, pues David lo recuper todo.
Tambin se apoder David de todas sus ovejas y vacas, y los que arreaban el ganado decan que aquello era lo que haba ganado David.
Cuando David lleg adonde estaban los doscientos hombres que por estar demasiado cansados no lo haban acompaado, sino que se haban quedado en el arroyo de Besor, salieron ellos a recibirlo a l y a sus acompaantes. David se acerc a ellos y los salud.
Pero algunos de sus hombres, que eran gente malvada y perversa, protestaron y dijeron que a quienes no haban ido con ellos no se les deba dar nada de lo que ellos haban obtenido, excepto sus mujeres e hijos, y que deberan irse despus de recuperarlos.
Sin embargo, David dijo: -No hagan eso, amigos mos, despus de todo lo que el Seor nos ha dado, y de que nos ha conservado la vida y ha puesto en nuestras manos a esa banda de ladrones que nos haba atacado.
En este caso nadie va a darles la razn, porque en el reparto lo mismo les toca a los que se quedan cuidando el equipo que a los que van a la batalla.
(Desde entonces, y hasta el presente, esta fue la prctica general en Israel.)
Cuando David lleg a Siclag, envi a sus amigos, los ancianos de Jud, una parte de lo que le haba quitado al enemigo, junto con este mensaje: "Aqu tienen ustedes este regalo, que es parte de lo que les quit a los enemigos del Seor."
Y envi regalos a los que estaban en Betel, en Ramot del Ngueb, en Jatir,
en Aroer, en Sifmot, en Estemoa
y en Racal, y tambin a los que estaban en las ciudades de Jerahmeel, en las ciudades de los quenitas,
y en Horm, en Corasn, en Atac,
en Hebrn y en todos los sitios por donde l y sus hombres haban andado.
Los filisteos atacaron a Israel, y los israelitas huyeron ante ellos, pues fueron muchos los muertos en el monte Guilboa.
Y los filisteos se fueron en persecucin de Sal y de sus hijos, y mataron a Jonatn, a Abinadab y a Malquisa.
Luego concentraron todo su ataque sobre Sal; y como los arqueros lograron alcanzarlo con sus flechas, le entr mucho miedo de ellos.
Por lo tanto, le dijo a su ayudante de armas: -Saca tu espada y atravisame con ella, para que no vengan estos paganos y sean ellos quienes me maten y se diviertan conmigo. Pero su ayudante no quiso hacerlo, porque tena mucho miedo. Entonces Sal tom su espada y se dej caer sobre ella.
Y cuando su ayudante vio que Sal haba muerto, tambin l se dej caer sobre su propia espada y muri con l.
As murieron aquel da Sal, sus tres hijos, su ayudante y todos sus hombres.
Y cuando los israelitas que vivan al otro lado del valle y al este del Jordn vieron que las tropas de Israel haban huido, y que Sal y sus hijos haban muerto, abandonaron las ciudades y huyeron tambin. Entonces los filisteos llegaron y se quedaron a vivir en ellas.
Al da siguiente, cuando los filisteos fueron a despojar a los muertos, encontraron a Sal y a sus tres hijos tendidos en el monte Guilboa.
Entonces le cortaron la cabeza y le quitaron las armas, y enviaron mensajeros por todo el territorio filisteo para que dieran la noticia al pueblo en el templo de sus dioses.
Luego pusieron las armas de Sal en el templo de Astart y colgaron su cuerpo en la muralla de Bet-sn.
Cuando los habitantes de Jabs de Galaad supieron lo que los filisteos haban hecho con Sal,
se pusieron de acuerdo todos los hombres valientes y, despus de haber caminado durante toda la noche, tomaron de la muralla de Bet-sn los cuerpos de Sal y de sus hijos y regresaron a Jabs, donde los quemaron.
Luego enterraron sus restos en Jabs, debajo de un rbol. Despus de esto guardaron siete das de ayuno.
Despus de la muerte de Sal, David volvi a Siclag tras haber derrotado a los amalecitas, y all se qued dos das.
Pero al tercer da lleg del campamento de Sal un hombre que traa la ropa rasgada y la cabeza cubierta de tierra en seal de dolor. Cuando lleg ante David, se inclin hasta el suelo en seal de reverencia.
David le pregunt: -De dnde vienes? -He logrado escapar del campamento israelita -respondi aquel hombre.
-Pues qu ha ocurrido? Dmelo, por favor! -exigi David. -Pues que el ejrcito huy del combate, y que muchos de ellos murieron -contest aquel hombre-. Y tambin murieron Sal y su hijo Jonatn!
-Y cmo sabes que Sal y su hijo Jonatn han muerto? -pregunt David al criado que le haba trado la noticia.
Este respondi: -Pues de pura casualidad estaba yo en el monte Guilboa, y vi a Sal apoyndose en su lanza y a los carros de combate y la caballera enemiga a punto de alcanzarlo.
En ese momento l mir hacia atrs, y al verme me llam. Yo me puse a sus rdenes.
Luego me pregunt quin era yo, y yo le respond que era amalecita.
Entonces me pidi que me acercara a l y lo matara de una vez, porque ya haba entrado en agona y, sin embargo, todava estaba vivo.
As que me acerqu a l y lo mat, porque me di cuenta de que no podra vivir despus de su cada. Luego le quit la corona de su cabeza y el brazalete que tena en el brazo, para trarselos a usted, mi seor.
Entonces David y los que lo acompaaban se rasgaron la ropa en seal de dolor,
y lloraron y lamentaron la muerte de Sal y de su hijo Jonatn, lo mismo que la derrota que haban sufrido los israelitas, el ejrcito del Seor, y ayunaron hasta el atardecer.
Despus David le pregunt al joven que le haba trado la noticia: -T de dnde eres? -Soy extranjero, un amalecita -contest l.
-Y cmo es que te atreviste a levantar tu mano contra el rey escogido por el Seor? -exclam David,
y llamando a uno de sus hombres, le orden: -Anda, mtalo! Y l hiri mortalmente al amalecita y lo mat,
mientras David deca: -T eres responsable de tu propia muerte, pues t mismo te declaraste culpable al confesar que habas matado al rey escogido por el Seor.
David enton este lamento por la muerte de Sal y de su hijo Jonatn,
y orden que se le enseara a la gente de Jud. Este lamento se halla escrito en el Libro del Justo:
"Oh, Israel, herida fue tu gloria en tus montaas! Cmo han cado los valientes!
No lo anuncien en Gat ni lo cuenten en las calles de Ascaln, para que no se alegren las mujeres filisteas, para que no salten de gozo esas paganas.
"Que no caiga ms sobre ustedes lluvia ni roco, montes de Guilboa, pues son campos de muerte! All fueron pisoteados los escudos de los hroes. All perdi su brillo el escudo de Sal.
"Jams Sal y Jonatn volvieron sin haber empapado espada y flechas en la sangre y la grasa de los guerreros ms valientes.
"Sal y Jonatn, amados y queridos, ni en su vida ni en su muerte estuvieron separados. Ms veloces eran que las guilas! Ms fuertes que los leones!
"Hijas de Israel, lloren por Sal, que las vesta de prpura y lino fino, que las adornaba con brocados de oro!
Cmo han cado los valientes en el campo de batalla! Jonatn ha sido muerto en lo alto de tus montes!
"Angustiado estoy por ti, Jonatn, hermano mo! Con cunta dulzura me trataste! Para m tu cario super al amor de las mujeres.
Cmo han cado los valientes! Las armas han sido destruidas!"
Despus de esto, David consult al Seor y le dijo: -Debo ir a alguna de las ciudades de Jud? El Seor le contest: -S, debes ir. Entonces David pregunt: -A dnde debo ir? Y el Seor respondi: -A Hebrn.
David fue all con sus dos mujeres: Ahinam, la del pueblo de Jezreel, y Abigail, la viuda de Nabal, el de Carmel.
Tambin se llev a sus compaeros, con sus respectivas familias, y se establecieron en las ciudades de Hebrn.
Llegaron despus los hombres de Jud, y consagraron all a David como rey de Jud. Cuando le contaron a David que los de Jabs de Galaad eran los que haban enterrado a Sal,
envi David unos mensajeros a decirles: "Que el Seor los bendiga por tratar con tanta bondad a Sal, su seor, dndole sepultura.
Y que el Seor los trate a ustedes con bondad y fidelidad. Yo, por mi parte, los tratar bien a ustedes por esto que han hecho.
Pero ahora, cobren ustedes nimo y valor, pues aunque ha muerto Sal, su seor, la tribu de Jud me ha consagrado para que yo sea su rey."
Pero Abner, hijo de Ner, jefe del ejrcito de Sal, tom a Is-bset, el hijo de Sal, y lo llev a Mahanaim,
donde lo consagr como rey de Galaad, de Guesur, de Jezreel, de Efran, de Benjamn y de todo Israel.
Cuando Is-bset comenz a reinar en Israel, tena cuarenta aos, y rein durante dos aos. Pero la tribu de Jud reconoca como rey a David,
as que David fue rey de Jud durante siete aos y seis meses, y la capital de su reino fue Hebrn.
Abner sali entonces de Mahanaim a Gaban, al frente de las tropas de Is-bset.
Por su parte Joab, hijo de Serui, y las tropas de David, salieron de Hebrn y se encontraron con ellos junto al depsito de agua de Gaban. Los dos ejrcitos tomaron posiciones, unos a un lado del depsito y otros al lado opuesto.
Entonces Abner le propuso a Joab: -Que salgan a luchar los jvenes delante de todos nosotros. -De acuerdo -contest Joab.
As pues, para luchar por parte de Benjamn y de Is-bset, hijo de Sal, pasaron al frente doce jvenes soldados, y otros doce por parte de las tropas de David.
Cada cual agarr a su contrario por la cabeza y le clav la espada en el costado, de modo que cayeron todos muertos a la vez. Por eso aquel lugar, que est en Gaban, fue llamado Helcat-hasurim.
El combate fue muy duro aquel da, y Abner y las tropas de Israel fueron derrotados por los soldados de David.
All estaban los tres hijos de Serui: Joab, Abisai y Asael. Este ltimo corra veloz, como un ciervo a campo abierto,
y se lanz en persecucin de Abner sin darle ninguna oportunidad de escapar.
Y cuando Abner mir hacia atrs, exclam: -Pero si eres t, Asael! -Claro que soy yo! -respondi l.
Entonces Abner le dijo: -Deja ya de perseguirme. Mejor agarra a alguno de los criados y qudate con todo lo que lleva encima. Pero como Asael no quiso dejar de perseguirlo,
Abner volvi a decirle: -Deja ya de perseguirme, o me ver obligado a derribarte por tierra! Y luego, con qu cara voy a presentarme ante tu hermano Joab?
Como Asael no quiso apartarse, Abner le clav en el vientre la punta posterior de su lanza, la cual le sali por la espalda, y Asael cay muerto all mismo. Y todos los que llegaban al sitio donde haba cado muerto Asael, se paraban a verlo.
Pero Joab y Abisai siguieron persiguiendo a Abner. A la puesta del sol llegaron a la colina de Am, que est frente a Guah, en el camino al desierto de Gaban.
All los benjaminitas se reunieron con Abner, y formando un solo ejrcito tomaron posiciones en la cumbre de un cerro.
Entonces Abner le grit a Joab: -No va a tener fin esta matanza? No te das cuenta de que esto solo nos traer amargura? Cundo vas a ordenar a tu gente que deje de perseguir a sus hermanos?
Y Joab contest: -Te juro por Dios que si no hubieras dicho esto, mi gente habra seguido persiguiendo a sus hermanos hasta el amanecer.
En seguida Joab orden que tocaran las trompetas, y toda la gente se detuvo, dejando de perseguir a los israelitas y de luchar contra ellos.
Abner y sus hombres caminaron por la llanura de Arab toda aquella noche, y cortando camino a travs del Jordn y de todo Bitrn, llegaron a Mahanaim.
Joab dej de perseguir a Abner y reuni todas sus tropas, y al pasar lista result que haban muerto diecinueve oficiales de David, adems de Asael.
Sin embargo, los seguidores de David haban matado a trescientos sesenta hombres de Benjamn y de Abner.
Ms tarde, el cuerpo de Asael fue llevado a Beln y enterrado all, en el sepulcro de su padre. Joab y sus hombres caminaron toda aquella noche, y al amanecer estaban en Hebrn.
La guerra entre la casa de Sal y la casa de David fue larga, pero mientras que la de David iba hacindose ms y ms fuerte, la de Sal se iba debilitando.
Los hijos que le nacieron a David cuando estaba en Hebrn, fueron: el mayor, Amnn, hijo de Ahinam, la de Jezreel;
el segundo, Quilab, hijo de Abigail, la viuda de Nabal, el de Carmel; el tercero, Absaln, hijo de Maac, la hija de Talmai, rey de Guesur;
el cuarto, Adonas, hijo de Haguit; el quinto, Sefatas, hijo de Abital;
el sexto, Itream, hijo de Egl, otra mujer de David. Estos nacieron cuando David estaba en Hebrn.
Mientras continuaba la guerra entre la casa de Sal y la casa de David, Abner adquira cada vez ms poder sobre la casa de Sal.
Sal haba tenido una concubina llamada Risp, hija de Ai, con la que Abner tuvo relaciones. Por lo tanto, Is-bset le reclam a Abner: -Por qu te acostaste con la concubina de mi padre?
Abner se enoj mucho por la reclamacin de Is-bset, y le contest: -Acaso soy un perro al servicio de Jud? Yo he sido fiel a la casa de Sal, tu padre, y a sus parientes y amigos, y no te he entregado en manos de David. Y t me acusas ahora de haber pecado con una mujer?
Que el Seor me castigue duramente si no hago con David lo que el Seor le ha prometido,
quitando del trono a la dinasta de Sal, y estableciendo a David en el trono de Israel y de Jud, desde Dan hasta Beerseba!
Is-bset no pudo responderle a Abner una sola palabra, porque le tena miedo.
Abner, por su parte, envi mensajeros a decirle a David: "De quin es el pas? Hagamos un trato: yo har cuanto est a mi alcance para que todo Israel se ponga de tu parte."
David le contest: "Estoy de acuerdo en hacer un pacto contigo, pero con una condicin: que no te presentes ante m sin traer contigo, cuando vengas a verme, a Mical, la hija de Sal."
Adems, David envi mensajeros a Is-bset, dicindole: "Entrgame a Mical, mi mujer, con la que me cas a cambio de cien prepucios de filisteos."
Entonces Is-bset mand que se la quitaran a Paltiel, hijo de Lais, que era su marido;
pero Paltiel se fue detrs de ella, llorando, y la sigui hasta Bahurim. All Abner le orden que regresara, y Paltiel regres.
Ms tarde Abner habl con los ancianos de Israel, y les dijo: "Ya hace tiempo que ustedes andan buscando que David sea su rey.
Pues bien, ha llegado el momento de actuar, porque el Seor ha prometido a David, su siervo, que por medio de l librar a Israel, su nacin, del dominio de los filisteos y del poder de todos sus enemigos."
Abner habl tambin con la gente de Benjamn, y despus fue a Hebrn para comunicarle a David el parecer de Israel y de toda la tribu de Benjamn.
Lleg con veinte hombres a Hebrn, donde estaba David, y David hizo un banquete para l y los que le acompaaban.
Luego Abner le dijo a David: -Ahora debo irme para reunir a todo Israel, para que hagan un pacto con Su Majestad, y que as Su Majestad reine conforme a sus deseos. Y David despidi a Abner, el cual se fue tranquilamente.
Joab y los seguidores de David llegaron en ese momento de una de sus correras, trayendo consigo gran cantidad de cosas que le haban quitado al enemigo. Abner no estaba ya con David en Hebrn, pues se haba ido tranquilamente despus que David lo despidi.
Al llegar Joab con todo el ejrcito que le acompaaba, le contaron que Abner, hijo de Ner, haba estado antes con el rey, y que se haba ido despus que el rey lo despidi.
Entonces Joab fue a ver al rey, y le dijo: -Qu es lo que ha hecho Su Majestad? Abner ha venido a ver a Su Majestad, y Su Majestad ha dejado que se vaya.
Acaso no sabe Su Majestad que Abner, hijo de Ner, ha venido solo a engaarle, y a espiar sus movimientos, y a enterarse de todo lo que Su Majestad hace?
En cuanto Joab sali de hablar con David, envi mensajeros en busca de Abner, sin que David lo supiera, y estos lo hicieron volver desde el pozo de Sir.
Cuando Abner lleg a Hebrn, Joab lo llev a un lado de la puerta de la ciudad, para hablar con l a solas, y all lo hiri de muerte en el vientre, para vengar la muerte de su hermano Asael.
Ms tarde, cuando David lo supo, dijo: "Ante el Seor, yo y mi reino somos completamente inocentes del asesinato de Abner, hijo de Ner.
Que caiga la culpa sobre la cabeza de Joab y sobre toda su familia, y que nunca falte en su casa quien sufra de flujo, lepra o cojera, ni quien sea asesinado o padezca hambre!"
Joab y Abisai mataron a Abner porque en la batalla de Gaban Abner haba matado al hermano de ellos.
Despus David orden a Joab y a todo el grupo que le acompaaba: "Rsguense la ropa y vstanse con ropas speras, y guarden luto por la muerte de Abner." El rey David march detrs de la camilla,
y enterraron a Abner en Hebrn. All el rey se puso a llorar a voz en cuello junto al sepulcro de Abner, y lo mismo hizo toda la gente.
Entonces el rey enton este lamento por Abner: "Por qu tenas que morir, Abner, de manera tan absurda,
si no tenas atadas las manos ni encadenados los pies? Has muerto como quien muere a manos de gente malvada!" Tambin la gente sigui llorando por l.
Luego fueron a rogarle a David que comiera algo antes de que terminara el da, pero David jur, diciendo: -Que Dios me castigue duramente, si pruebo pan o alguna otra cosa antes de que se ponga el sol!
Todos comprendieron esto y les pareci bien, pues todo lo que el rey haca agradaba a la gente.
Aquel da todos los israelitas quedaron convencidos de que el rey no haba tenido nada que ver con la muerte de Abner, hijo de Ner.
Luego el rey dijo a sus oficiales: -Como ustedes saben, hoy ha cado en Israel un jefe principal, una gran personalidad.
Por eso yo, a pesar de ser el rey que Dios ha escogido, me siento dbil ante la extremada violencia de los hijos de Serui. Que el Seor le d su merecido a quien cometi esta maldad!
Cuando Is-bset, hijo de Sal, supo que Abner haba muerto en Hebrn, perdi el nimo por completo, y todos en Israel se llenaron de miedo.
Is-bset tena a su servicio dos hombres que eran jefes de una banda de ladrones. Uno se llamaba Baan, y el otro Recab. Eran hijos de Rimn de Beerot, y por lo tanto descendientes de Benjamn, pues al pueblo de Beerot se le consideraba como parte de la tribu de Benjamn
aun cuando los de Beerot huyeron a Guitaim, donde han vivido como forasteros hasta el presente.
Ahora bien, Jonatn, hijo de Sal, tena un hijo, llamado Mefi-bset, que era invlido de los dos pies. Cuando Mefi-bset tena cinco aos de edad, lleg de Jezreel la noticia de que Sal y Jonatn haban muerto; entonces su nodriza tom a Mefi-bset y huy con l, pero con las prisas de la huida este se cay y qued invlido.
Recab y Baan, los hijos de Rimn de Beerot, se dirigieron a casa de Is-bset, y llegaron a la hora de ms calor del da, cuando l estaba durmiendo la siesta.
La portera de la casa haba estado limpiando trigo, pero finalmente se haba quedado dormida, de modo que Recab y su hermano Baan pudieron entrar sin ser vistos.
Cuando entraron en la casa, Is-bset estaba acostado sobre la cama de su dormitorio; entonces lo asesinaron y le cortaron la cabeza, despus de lo cual se la llevaron consigo y caminaron toda la noche por el camino del Arab
para entregrsela a David, que estaba en Hebrn. Le dijeron al rey: -Aqu tiene Su Majestad la cabeza de Is-bset, el hijo de Sal, que era enemigo de Su Majestad y que procuraba quitarle la vida. Pero hoy el Seor ha concedido a Su Majestad vengarse de Sal y sus descendientes.
Y David les respondi: -Les juro por el Seor, que me ha librado de toda angustia,
que cuando uno, creyendo que me daba buenas noticias, vino a contarme que Sal haba muerto, la noticia le vali que yo lo apresara y lo matara en Siclag.
Con mayor razn har eso mismo con ustedes, malvados, que han asesinado a un hombre inocente mientras este se hallaba acostado y en su propia casa! Por lo tanto, voy a hacerles pagar su muerte! Voy a borrarlos de este mundo!
En seguida David dio rdenes a sus oficiales, y estos los mataron; les cortaron las manos y los pies, y los colgaron junto al depsito de agua de Hebrn. Despus tomaron la cabeza de Is-bset y la enterraron en Hebrn, en el sepulcro de Abner.
Ms tarde, todas las tribus de Israel fueron a Hebrn para hablar con David, y le dijeron: "Nosotros somos de tu misma sangre,
y en realidad, aunque Sal era nuestro rey, t eras el que verdaderamente diriga a Israel en sus campaas. Adems, el Seor te ha prometido que t sers quien dirija y gobierne a Israel."
De esta manera, todos los ancianos de Israel fueron y hablaron con el rey David en Hebrn, y l hizo un pacto con ellos, poniendo al Seor por testigo. Entonces ellos consagraron a David como rey de Israel.
David tena treinta aos cuando empez a reinar, y rein cuarenta aos:
en Hebrn fue rey de Jud durante siete aos y medio, y luego en Jerusaln fue rey de todo Israel y Jud durante treinta y tres aos.
El rey David y sus hombres se dirigieron hacia Jerusaln para atacar a los jebuseos, habitantes de aquella regin. Y los jebuseos, creyendo que David no lograra entrar en la ciudad, le dijeron: "T no podrs entrar aqu, pues se bastan los ciegos y los invlidos para no dejarte entrar."
Sin embargo, David captur la fortaleza de Sin, ahora conocida como la Ciudad de David.
David haba dicho en aquella ocasin: "Todo el que ataque a los jebuseos, que entre por el canal del agua y mate a los ciegos y a los invlidos, a los cuales aborrezco con toda mi alma." De all viene el dicho: "Ni los ciegos ni los invlidos pueden entrar en el templo del Seor."
Despus se instal David en la fortaleza y la llam Ciudad de David, y le construy murallas alrededor, desde el terrapln hasta el palacio.
El poder de David iba aumentando, y el Seor, el Dios todopoderoso, estaba con l.
Por eso Hiram, rey de Tiro, envi sus embajadores a David, adems de carpinteros y canteros, los cuales llevaron madera de cedro y construyeron el palacio de David.
Entonces David comprendi que el Seor lo haba confirmado como rey de Israel, y que haba hecho prosperar su reinado en atencin a su pueblo Israel.
Despus de haberse trasladado de Hebrn a Jerusaln, David tom all ms esposas y concubinas, las cuales le dieron ms hijos e hijas.
Los hijos que le nacieron en Jerusaln se llamaban: Sama, Sobab, Natn, Salomn,
Ibhar, Elisa, Nfeg, Jafa,
Elisam, Eliad y Eliflet.
Cuando los filisteos supieron que David haba sido consagrado como rey de Israel, se lanzaron todos en busca suya; pero David lo supo y se retir a la fortaleza.
Entonces los filisteos avanzaron y ocuparon el valle de Refam.
Por esto, David consult al Seor, y le pregunt: -Puedo atacar a los filisteos? Me dars la victoria sobre ellos? Y el Seor le respondi: -S, atcalos, porque te dar la victoria sobre ellos.
David lleg a Baal-perasim, y all los venci. Por eso dijo: "Como un torrente de agua, el Seor me ha abierto paso entre mis enemigos." Y llam a aquel lugar Baal-perasim.
Adems, los filisteos dejaron abandonados sus dolos, y David y sus hombres los recogieron.
Pero los filisteos volvieron a ocupar el valle de Refam,
as que David consult al Seor, y el Seor le contest: -No los ataques de frente, sino rodalos y atcalos por la retaguardia cuando llegues a los rboles de blsamo.
Cuando escuches ruido de pasos por encima de las copas de los rboles, lnzate al ataque, porque eso significa que yo voy delante de ti para herir de muerte al ejrcito filisteo.
David hizo lo que el Seor le haba ordenado, y derrot a los filisteos desde Gaban hasta Guzer.
David reuni de nuevo a todos los soldados escogidos de Israel, que eran treinta mil,
y partiendo de Baal de Jud con todas las tropas que le acompaaban, se dispuso a trasladar de all el arca de Dios, sobre el que se invoca el nombre del Seor todopoderoso, que tiene su trono sobre los querubines.
Pusieron el arca sobre una carreta nueva y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en una colina.
Uz y Ahi, hijos de Abinadab, iban guiando la carreta en que llevaban el arca de Dios, y Ahi iba delante del arca.
Mientras tanto, David y todos los israelitas iban delante de Dios cantando y danzando con todas sus fuerzas, al son de la msica de arpas, salterios, panderos, castauelas y platillos.
Cuando llegaron al lugar conocido como Era de Nacn, Uz alarg la mano hacia el arca de Dios, para sostenerla, porque haban tropezado los bueyes.
Pero el Seor se enfureci con Uz por aquel atrevimiento, y le quit la vida all mismo, cayendo Uz muerto junto al arca de Dios.
David se disgust mucho porque el Seor le quit la vida a Uz, y por eso llam a aquel lugar Peres-uz, nombre que tiene hasta el presente.
Pero ese mismo da David tuvo mucho miedo ante el Seor, y exclam: "Ni pensar en llevarme el arca del Seor!"
Y como ya no quiso llevarse el arca del Seor a la Ciudad de David, orden que lo llevaran a casa de Obed-edom, un hombre de Gat.
El arca del Seor se qued tres meses en casa de Obed-edom, y el Seor lo bendijo a l y a toda su familia.
Cuando le contaron al rey David que por causa del arca el Seor haba bendecido a la familia de Obed-edom junto con todas sus pertenencias, David fue y con gran alegra traslad el arca de Dios de la casa de Obed-edom a la Ciudad de David.
Y cuando los que llevaban el arca del Seor haban dado ya seis pasos, David sacrific un toro y un carnero gordo.
David iba vestido con un efod de lino, y danzaba con todas sus fuerzas,
y tanto l como todos los israelitas llevaban el arca del Seor entre gritos de alegra y toque de trompetas.
Cuando el arca del Seor lleg a la Ciudad de David, Mical, la hija de Sal, se asom a la ventana; y al ver al rey David saltando y bailando delante del Seor, sinti un profundo desprecio por l.
El arca del Seor fue llevado y puesta en su lugar, dentro de una tienda de campaa que David haba levantado con ese propsito. En seguida David ofreci holocaustos y sacrificios de reconciliacin delante del Seor,
y cuando termin de ofrecerlos bendijo al pueblo en el nombre del Seor todopoderoso,
y a todos los israelitas all presentes, hombres y mujeres, les dio un pan, una torta de dtiles y otra de pasas. Despus todos se volvieron a sus casas.
Tambin David volvi a su casa para bendecir a su familia; pero Mical, la hija de Sal, sali a recibirlo y le dijo: -Qu bien ha quedado hoy el rey de Israel, mostrndose delante de las esclavas de sus criados como un desvergonzado cualquiera!
David le respondi: -Es verdad; he estado bailando, pero ha sido delante del Seor, que me escogi en lugar de tu padre y de toda tu familia para ser el jefe de su pueblo Israel. Por eso bailo delante de l.
Y an me humillar ms que ahora; me rebajar, segn tu opinin, pero ser honrado por esas mismas esclavas de que t hablas.
Y Mical no tuvo hijos en toda su vida.
Cuando el rey David estuvo ya instalado en su palacio, y el Seor le haba concedido la paz con todos sus enemigos de alrededor,
le dijo a Natn, el profeta: -Como puedes ver, yo habito en un palacio de cedro, mientras que el arca de Dios habita bajo simples cortinas.
Y Natn le contest: -Pues haz todo lo que te has propuesto, porque cuentas con el apoyo del Seor.
Pero aquella misma noche, el Seor se dirigi a Natn y le dijo:
"Ve y habla con mi siervo David, y comuncale que yo, el Seor, he dicho: 'No sers t quien me construya un templo para que habite en l.
Desde el da en que saqu de Egipto a los israelitas, hasta el presente, nunca he habitado en templos, sino que he andado en simples tiendas de campaa.
En todo el tiempo que anduve con ellos, jams le ped a ninguno de sus caudillos, a quienes puse para que gobernaran a mi pueblo Israel, que me construyera un templo de madera de cedro.'
Por lo tanto, dile a mi siervo David que yo, el Seor todopoderoso, le digo: 'Yo te saqu del redil, y te quit de andar tras el rebao, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel;
te he acompaado por dondequiera que has ido, he acabado con todos los enemigos que se te enfrentaron, y te he dado gran fama, como la que tienen los hombres importantes de este mundo.
Adems he preparado un lugar para mi pueblo Israel, y all los he instalado para que vivan en un sitio propio, donde nadie los moleste ni los malhechores los opriman como al principio,
cuando puse caudillos que gobernaran a mi pueblo Israel. Yo har que te veas libre de todos tus enemigos. Y te hago saber que te dar descendientes,
y que cuando tu vida llegue a su fin y mueras, yo establecer a uno de tus descendientes y lo confirmar en el reino.
l me construir un templo, y yo afirmar su reino para siempre.
Yo le ser un padre, y l me ser un hijo. Y cuando cometa una falta, yo lo castigar y lo azotar como todo padre lo hace con su hijo,
pero no le retirar mi bondad como se la retir a Sal, al cual quit para ponerte a ti en su lugar.
Tu dinasta y tu reino estarn para siempre seguros bajo mi proteccin, y tambin tu trono quedar establecido para siempre.' "
Natn le cont todo esto a David, exactamente como lo haba visto y odo.
Entonces el rey David entr para hablar delante del Seor, y dijo: "Seor, quin soy yo y qu es mi familia para que me hayas hecho llegar hasta aqu?
Y tan poca cosa te ha parecido esto, Seor, que hasta has hablado del porvenir de la dinasta de tu siervo! Ningn hombre acta como t, Seor!
Qu ms te puedo decir, Seor, si t conoces a este siervo tuyo?
Todas estas maravillas las has hecho, segn lo prometiste y lo quisiste, para que yo las conociera;
por lo tanto, Seor mo, qu grandeza la tuya! Porque no hay nadie como t, ni existe otro dios aparte de ti, segn todo lo que nosotros mismos hemos odo.
En cuanto a Israel, tu pueblo, no hay otro como l, pues es nacin nica en la tierra! T, oh Dios, lo libertaste para que fuera tu pueblo, y lo hiciste famoso haciendo por l cosas grandes y maravillosas. T arrojaste de delante de tu pueblo, al que rescataste de Egipto, a las dems naciones y a sus dioses,
porque t has determinado que Israel sea tu pueblo para siempre, y que t, Seor, sers su Dios.
"As pues, Seor y Dios, mantn para siempre la promesa que has hecho a tu siervo y a su dinasta, y cumple lo que has dicho.
Que tu nombre sea siempre engrandecido, y se diga que el Seor todopoderoso es el Dios de Israel! Que la dinasta de David, tu siervo, se mantenga firme con tu proteccin!
T, Seor todopoderoso, me has hecho saber que vas a establecer mi dinasta; por eso yo, aunque soy tu siervo, me atrevo a hacerte esta splica.
T, Seor, eres Dios, y tus palabras son verdaderas, y has prometido a tu siervo tanta bondad;
dgnate, pues, bendecir la dinasta de tu siervo para que permanezca siempre bajo tu proteccin. T, Seor Dios, lo has prometido, y con tu bendicin la dinasta de tu siervo ser bendita para siempre."
Despus de esto David venci a los filisteos, sometindolos y arrebatndoles de las manos las riendas del poder.
Tambin derrot a los moabitas, a quienes hizo que se tendieran en el suelo y los midi con un cordel: los que quedaban dentro de cada dos medidas de cordel, eran condenados a muerte, y los que quedaban dentro de una medida eran dejados con vida. As los moabitas fueron sometidos a David y tuvieron que pagarle tributo.
David venci tambin a Hadad-zer, hijo de Rehob, que era rey de Sob, cuando este iba a recuperar su dominio sobre la regin del ro Eufrates.
De ellos, David hizo prisioneros a mil setecientos soldados de caballera y a veinte mil de infantera; y adems les rompi las patas a todos los caballos de los carros de combate, con la excepcin de los caballos necesarios para cien carros.
Llegaron luego los sirios de Damasco para prestar ayuda a Hadad-zer, el rey de Sob, pero David venci a los sirios, matando a veintids mil de ellos.
Luego puso David guarniciones en Siria de Damasco, y los sirios quedaron sometidos a l y sujetos al pago de tributo. As pues, el Seor le daba la victoria a David por dondequiera que iba.
Despus David se apoder de los escudos de oro que usaban los oficiales de Hadad-zer, y los llev a Jerusaln.
Tambin se apoder de una gran cantidad de bronce de Btah y de Berotai, ciudades que pertenecan a Hadad-zer.
Cuando Toi, rey de Hamat, se enter de que David haba derrotado a todo el ejrcito de Hadad-zer,
envi a su hijo Joram con objetos de plata, de oro y de bronce, para que saludara y felicitara al rey David por haber luchado con Hadad-zer y haberlo vencido, pues Toi tambin haba estado en guerra con l.
David dedic todos estos objetos al Seor, junto con el oro y la plata que le haba consagrado, y que vena de todas las naciones que haba sometido:
de Edom, de Moab, de Amn, de los filisteos y de los amalecitas, y de lo que le haba quitado en la guerra a Hadad-zer, hijo de Rehob, rey de Sob.
David se hizo famoso. Y cuando regresaba de haber vencido a los edomitas, derrot a dieciocho mil edomitas en el Valle de la Sal.
Luego puso guarniciones en todo Edom, y todos los edomitas quedaron sometidos a David, a quien el Seor daba la victoria por dondequiera que iba.
David rein sobre todo Israel, actuando con justicia y rectitud para con todo su pueblo.
El jefe del ejrcito era Joab, hijo de Serui; y Josafat, hijo de Ahilud, era el secretario del rey.
Sadoc, hijo de Ahitub, y Ahimlec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; Seraas era el cronista,
y Benaas, hijo de Joiad, estaba al mando de la guardia de quereteos y peleteos. Los hijos de David eran sacerdotes.
Un da David pregunt: "Ha quedado algn superviviente de la familia de Sal, a quien yo pueda favorecer en memoria de Jonatn?"
Haba un sirviente de la familia de Sal, llamado Sib, al cual llamaron para que se presentara ante David. Cuando Sib se present, le pregunt el rey: -Eres t Sib? -Para servir a Su Majestad -respondi l.
Entonces el rey le pregunt: -Queda todava alguien de la familia de Sal por quien yo pueda hacer algo en el nombre de Dios? Y Sib le respondi: -Queda todava un hijo de Jonatn, que es invlido de los dos pies.
-Dnde est? -dijo el rey. -En Lodebar, en casa de Maquir, hijo de Amiel -respondi Sib.
Entonces el rey David orden que lo trajeran de aquel lugar;
y cuando Mefi-bset, hijo de Jonatn y nieto de Sal, lleg ante David, se inclin en seal de reverencia. -Mefi-bset! -exclam David. -A las rdenes de Su Majestad -respondi l.
David le dijo: -No tengas miedo, porque yo te voy a tratar muy bien, en memoria de Jonatn, tu padre. Har que se te devuelvan todas las tierras de tu abuelo Sal, y comers siempre a mi mesa.
Pero Mefi-bset se inclin y dijo: -Por qu se fija Su Majestad en este siervo suyo, si soy como un perro muerto?
Sin embargo, el rey llam a Sib, el antiguo sirviente de Sal, y le dijo: -Le he entregado al nieto de tu amo todo lo que perteneci a l y a su familia.
Por lo tanto t, con tus hijos y tus criados, labrars la tierra para l y almacenars lo que produzca, para que as pueda mantenerse la familia de tu amo, aunque Mefi-bset, su nieto, comer siempre a mi mesa. Sib, que tena quince hijos y veinte criados,
respondi al rey: -Todo lo que ha ordenado Su Majestad a este siervo suyo, se har. Y Mefi-bset coma siempre a la mesa de David, como uno de los hijos del rey.
Adems tena un hijo pequeo que se llamaba Micaas, y todos los que vivan en casa de Sib estaban al servicio de Mefi-bset.
Pero Mefi-bset, que era invlido de ambos pies, viva en Jerusaln, porque coma siempre a la mesa del rey.
Despus de algn tiempo muri Nahas, el rey de los amonitas, y en su lugar rein su hijo Hann.
Entonces David pens que deba tratar a Hann, el hijo de Nahas, con la misma bondad con que su padre lo haba tratado a l, y envi a unos de sus oficiales para que le dieran a Hann el psame por la muerte de su padre. Pero cuando los oficiales de David llegaron al pas amonita,
los jefes amonitas le dijeron a Hann, su soberano: "Y cree Su Majestad que David ha enviado esos hombres a dar el psame, tan solo para honrar al padre de Su Majestad? Seguramente los ha enviado para inspeccionar y espiar la ciudad, y luego destruirla!"
Entonces Hann orden que apresaran a los oficiales de David, y que les afeitaran media barba y les rasgaran la ropa por la mitad, hasta las nalgas. Despus los despidi.
Cuando David lo supo, mand que fueran a recibirlos, porque estaran sumamente avergonzados, y que les ordenaran quedarse en Jeric hasta que les creciera la barba, y que entonces regresaran.
Los amonitas comprendieron que se haban hecho odiosos a David, por lo que tomaron a sueldo a veinte mil soldados sirios de Bet-rehob y de Sob, al rey de Maac con mil hombres, y a doce mil hombres de Is-tob.
Pero David lo supo y mand a Joab con todos los soldados del ejrcito.
Los amonitas avanzaron y se prepararon para la batalla a la entrada misma de la ciudad, mientras que los soldados sirios de Sob y Rehob, y las tropas de Is-tob y Maac, tomaron posiciones en el campo.
Cuando Joab vio que iba a ser atacado por el frente y por la retaguardia, escogi los mejores soldados israelitas y se prepar para atacar a los sirios.
Luego puso el resto de la tropa bajo el mando de su hermano Abisai, para que este hiciera frente a los amonitas,
y le dijo: "Si los sirios pueden ms que yo, t vendrs a ayudarme, y si los amonitas pueden ms que t, ir a ayudarte yo.
Ten nimo, y luchemos con valor por nuestra nacin y por las ciudades de nuestro Dios. Y que el Seor haga lo que le parezca mejor!"
Joab avanz con sus tropas para atacar a los sirios, pero estos huyeron ante l.
Y cuando los amonitas vieron que los sirios huan, ellos tambin huyeron de Abisai y se metieron en la ciudad. Joab dej entonces de luchar contra los amonitas y regres a Jerusaln.
Cuando los sirios se dieron cuenta de que Israel los haba vencido, se juntaron otra vez.
Hadad-zer mand traer a los sirios que estaban al otro lado del ro Eufrates, los cuales llegaron a Helam. Al frente de ellos estaba Sobac, jefe del ejrcito de Hadad-zer.
Pero le contaron esto a David, quien, movilizando en seguida a todo Israel, atraves el ro Jordn y lleg a Helam. All los sirios se enfrentaron con David y lucharon contra l,
pero finalmente huyeron de los israelitas, pues las bajas que les caus David fueron de cuarenta mil soldados de caballera y setecientos de los carros de combate; adems, David hiri de muerte a Sobac, el jefe del ejrcito sirio, el cual muri all.
Al ver todos los reyes aliados de Hadad-zer que los israelitas los haban derrotado, hicieron la paz con los israelitas y quedaron sometidos a ellos. A partir de entonces, los sirios tuvieron miedo de volver a ayudar a los amonitas.
En cierta ocasin, durante la primavera, que es cuando los reyes acostumbran salir a campaa, David envi a Joab y a sus oficiales, con todo el ejrcito israelita, y destruyeron a los amonitas y sitiaron la ciudad de Rab. David, sin embargo, se qued en Jerusaln.
Una tarde, al levantarse David de su cama y pasearse por la azotea del palacio real, vio desde all a una mujer muy hermosa que se estaba baando.
Esta mujer estaba apenas purificndose de su periodo de menstruacin. David mand que averiguaran quin era ella, y le dijeron que era Betsab, hija de Eliam y esposa de Uras el hitita.
David orden entonces a unos mensajeros que se la trajeran, y se acost con ella, despus de lo cual ella volvi a su casa.
La mujer qued embarazada, y as se lo hizo saber a David.
Entonces David orden a Joab que mandara traer a Uras el hitita, y as lo hizo Joab.
Y cuando Uras se present ante David, este le pregunt cmo estaban Joab y el ejrcito, y qu noticias haba de la guerra.
Despus le orden que se fuera a su casa y se lavara los pies. En cuanto Uras sali del palacio real, el rey le envi comida especial como regalo;
pero Uras, en lugar de ir a su casa, pas la noche a las puertas del palacio, con los soldados de la guardia real.
Cuando le contaron a David que Uras no haba ido a su casa, David le pregunt: -Por qu no fuiste a tu casa, despus del viaje que has hecho?
Y Uras le respondi: -Tanto el arca sagrada como los soldados de Israel y de Jud tienen como techo simples enramadas; igualmente Joab, mi jefe, y los oficiales de Su Majestad, duermen a campo abierto; y yo habra de entrar en mi casa para comer y beber y acostarme con mi mujer? Por vida de Su Majestad que yo no har tal cosa!
Pero David le orden: -Qudate hoy todava, y maana dejar que te vayas. Y as Uras se qued en Jerusaln hasta el da siguiente.
David lo invit a comer y beber con l, y lo emborrach. Ya por la noche, Uras sali y se fue a dormir con los soldados de la guardia real, pero no fue a su casa.
A la maana siguiente, David escribi una carta a Joab, y la envi por medio de Uras.
En la carta deca: "Pongan a Uras en las primeras lneas, donde sea ms dura la batalla, y luego djenlo solo para que caiga herido y muera."
As pues, cuando Joab rode la ciudad para atacarla, puso a Uras en el lugar donde l saba que estaban los soldados ms valientes,
y en un momento en que los que defendan la ciudad salieron para luchar contra Joab, cayeron en combate algunos de los oficiales de David, entre los cuales se encontraba Uras.
Joab envi a David un informe detallado de la batalla,
y le dio al mensajero las siguientes instrucciones: "Cuando acabes de informar al rey de todo lo relacionado con la batalla,
puede ser que el rey se enoje y te pregunte: 'Por qu se acercaron tanto al atacar la ciudad? Acaso no saben que ellos lanzan objetos desde la muralla,
igual que cuando en Tebs una mujer mat a Abimlec, el hijo de Jerubaal, arrojndole desde la muralla una piedra de molino? Por qu, pues, se acercaron tanto a la muralla?' Entonces t le contestars: 'Tambin ha muerto Uras el hitita, oficial de Su Majestad.' "
El mensajero se fue, y al llegar cont a David todo lo que Joab le haba ordenado. David, en efecto, se enoj mucho contra Joab, y le dijo al mensajero: -Por qu se acercaron tanto al atacar la ciudad? Acaso no saben que ellos lanzan objetos desde la muralla, igual que cuando en Tebs una mujer mat a Abimlec, el hijo de Jerubaal, arrojndole desde la muralla una piedra de molino? Por qu, pues, se acercaron tanto a la muralla?
Entonces el mensajero le respondi: -Los soldados que salieron a luchar contra nosotros a campo abierto nos llevaban ventaja, pero los hicimos retroceder hasta la entrada de la ciudad.
Fue entonces cuando los arqueros dispararon sus flechas desde la muralla contra las tropas de Su Majestad, y murieron algunos de los oficiales, entre ellos Uras el hitita.
Entonces David respondi al mensajero: -Dile a Joab que no se preocupe demasiado por esto, pues son cosas de la guerra. Pero que ataque la ciudad con ms bro, hasta destruirla. Y t dale nimo.
Cuando la mujer de Uras supo que su marido haba muerto, guard luto por l;
pero despus que pas el luto, David mand que la trajeran y la recibi en su palacio, la hizo su mujer y ella le dio un hijo. Pero al Seor no le agrad lo que David haba hecho.
El Seor envi al profeta Natn a ver a David. Cuando Natn se present ante l, le dijo: -En una ciudad haba dos hombres. Uno era rico y el otro pobre.
El rico tena gran cantidad de ovejas y vacas,
pero el pobre no tena ms que una ovejita que haba comprado. Y l mismo la cri, y la ovejita creci en compaa suya y de sus hijos; coma de su misma comida, beba en su mismo vaso y dorma en su pecho. Aquel hombre la quera como a una hija!
Un da, un viajero lleg a visitar al hombre rico; pero este no quiso tomar ninguna de sus ovejas o vacas para preparar comida a su visitante, sino que le quit al hombre pobre su ovejita y la prepar para drsela al que haba llegado.
David se enfureci mucho contra aquel hombre, y le dijo a Natn: -Te juro por Dios que quien ha hecho tal cosa merece la muerte!
Y debe pagar cuatro veces el valor de la ovejita, porque actu sin mostrar ninguna compasin!
Entonces Natn le dijo: -T eres ese hombre! Y esto es lo que ha declarado el Seor, el Dios de Israel: 'Yo te escog como rey de Israel, y te libr del poder de Sal;
te di el palacio y las mujeres de tu seor, y aun el reino de Israel y Jud. Por si esto fuera poco, te habra aadido muchas cosas ms.
Por qu despreciaste mi palabra, e hiciste lo que no me agrada? Has asesinado a Uras el hitita, usando a los amonitas para matarlo, y te has apoderado de su mujer.
Puesto que me has menospreciado al apoderarte de la esposa de Uras el hitita para hacerla tu mujer, jams se apartar de tu casa la violencia.
Yo, el Seor, declaro: Voy a hacer que el mal contra ti surja de tu propia familia, y en tu propia cara tomar a tus mujeres y se las entregar a uno de tu familia, el cual se acostar con ellas a plena luz del sol.
Si t has actuado en secreto, yo voy a actuar en presencia de todo Israel y a plena luz del sol.'
David admiti ante Natn: -He pecado contra el Seor. Y Natn le respondi: -El Seor no te va a castigar a ti por tu pecado, y no morirs.
Pero como has ofendido gravemente al Seor, tu hijo recin nacido tendr que morir.
Y cuando Natn volvi a su casa, el Seor hizo que el nio que David haba tenido con la mujer de Uras se enfermara gravemente.
Entonces David rog a Dios por el nio, y ayun y se pas las noches acostado en el suelo.
Los ancianos que vivan en su palacio iban a rogarle que se levantara del suelo, pero l se negaba a hacerlo, y tampoco coma con ellos.
Siete das despus muri el nio, y los oficiales de David tenan miedo de decrselo, pues pensaban: "Si cuando el nio an viva, le hablbamos y no nos haca caso, cmo vamos ahora a decirle que el nio ha muerto? Puede cometer una barbaridad!"
Pero al ver David que sus oficiales hacan comentarios entre s, comprendi que el nio haba muerto; as que les pregunt: -Ha muerto el nio? -S, ya ha muerto -respondieron ellos.
Entonces David se levant del suelo, se ba, se perfum y se cambi de ropa, y entr en el templo para adorar al Seor. Despus fue a su casa, y pidi de comer y comi.
Entonces sus oficiales le preguntaron: -Pero qu est haciendo Su Majestad? Cuando el nio an viva, Su Majestad ayunaba y lloraba por l; y ahora que el nio ha muerto, Su Majestad se levanta y se pone a comer!
David respondi: -Cuando el nio viva, yo ayunaba y lloraba pensando que quiz el Seor tendra compasin de m y lo dejara vivir.
Pero ahora que ha muerto, qu objeto tiene que yo ayune, si no puedo hacer que vuelva a la vida? Yo ir a reunirme con l, pero l no volver a reunirse conmigo!
Despus David consol a Betsab, su mujer. Fue a visitarla y se uni a ella, y ella dio a luz un hijo al que David llam Salomn. El Seor am a este nio,
y as se lo hizo saber a David por medio del profeta Natn. David entonces, en atencin al Seor, llam al nio Jedidas.
Mientras tanto, Joab lanz un ataque contra la ciudad amonita de Rab, y cuando ya estaba a punto de capturar la ciudad real,
envi a David el siguiente mensaje: "He estado atacando Rab, y ya he capturado la ciudadela que protega el abastecimiento de agua.
Por lo tanto rena ahora Su Majestad el resto de las tropas, y ataque la ciudad y captrela, para que no sea yo quien lo haga y le pongan mi nombre."
Entonces David reuni todas sus tropas y march contra Rab, la atac y la captur.
Despus tom de la cabeza de su rey la corona de oro, que tena piedras preciosas y pesaba treinta y tres kilos, y se la pusieron a David. Tambin sac David de la ciudad muchsimas cosas de valor,
y a la gente que an quedaba en la ciudad la sac de all y la puso a trabajar con sierras y con trillos y hachas de hierro, as como en los hornos de ladrillo. Lo mismo hizo con todas las ciudades amonitas, y despus regres con todas sus tropas a Jerusaln.
Absaln, hijo de David, tena una hermana muy hermosa, llamada Tamar. Y sucedi que Amnn, hijo tambin de David, se enamor de ella,
a tal grado que acab por enfermarse de angustia, pues como su hermana Tamar no haba tenido an relaciones con ningn hombre, l encontraba muy difcil hacerle algo.
Pero Amnn tena un amigo muy astuto, llamado Jonadab, que era hijo de Sim, hermano de David.
Un da Jonadab le pregunt: -Qu te pasa, prncipe? Por qu ests cada da ms desmejorado? No me lo vas a contar? Amnn le respondi: -Es que estoy enamorado de Tamar, la hermana de mi hermano Absaln.
Entonces Jonadab le aconsej: -Mtete en la cama y hazte el enfermo. Y cuando vaya a verte tu padre, dile que, por favor, mande a tu hermana Tamar para que te d de comer y prepare alguna comida all mismo, para que t la veas y comas lo que ella te d.
Amnn se meti en la cama y se hizo el enfermo. Y cuando el rey fue a verlo, Amnn le dijo: -Por favor! Que venga mi hermana Tamar y haga aqu mismo un par de tortas, y que ella misma me sirva.
Entonces David mand a Tamar a la casa, y le dijo: -Ve, por favor, a casa de tu hermano Amnn, y preprale algo de comer.
Tamar fue a casa de su hermano Amnn, que estaba acostado. Y tom ella harina, y la amas, y all mismo prepar las tortas y las coci;
luego tom la sartn y le sirvi las tortas; pero Amnn no quiso comer, y orden que salieran todos los que all estaban.
Cuando ya todos haban salido, Amnn le dijo a Tamar: -Trae la comida a mi habitacin, y srveme t misma. Tamar tom las tortas que haba hecho y se las llev a su hermano Amnn a su habitacin,
pero cuando se las acerc para que comiera, l la sujet y le dijo: -Ven, hermana ma, acustate conmigo.
Ella le respondi: -No, hermano mo, no me deshonres, porque esto no se hace en Israel. No cometas tal infamia!
A dnde podra ir yo con mi vergenza? Y por lo que a ti toca, seras considerado en Israel como un necio. Te ruego que hables con el rey, que l no se opondr a que yo sea tuya.
Amnn no quiso hacerle caso, y como era ms fuerte que Tamar, la forz y se acost con ella.
Pero fue tal el odio que Amnn sinti despus hacia ella, que termin aborrecindola ms de lo que la haba amado. As que le orden: -Levntate y vete.
Tamar le contest: -No, hermano mo, porque el echarme ahora de aqu sera una maldad peor que la que has cometido conmigo! Amnn no quiso hacerle caso;
por el contrario, llam a su criado y le orden: -Echa de aqu a esta mujer, y luego cierra bien la puerta!
El criado la ech fuera de la casa, y luego cerr bien la puerta. Entonces Tamar, que llevaba puesta una tnica muy elegante, ropa que acostumbraban usar las princesas solteras,
se ech ceniza en la cabeza, rasg la tnica que llevaba puesta y, con las manos sobre la cabeza, se fue llorando por el camino.
Entonces su hermano Absaln le pregunt: -As que fue tu hermano Amnn quien te hizo esto? En tal caso, guarda silencio, hermana ma, pues es tu hermano. No te preocupes demasiado por este asunto. Tamar, al verse abandonada, se qued en casa de su hermano Absaln.
Cuando el rey David se enter de todo lo sucedido, se puso muy furioso; pero no reprendi a su hijo Amnn porque, como era su hijo mayor, lo quera mucho.
Absaln, por su parte, no le dijo nada a Amnn, pero lo odiaba por haber deshonrado a su hermana Tamar.
Dos aos despus, la gente de Absaln estaba trasquilando sus ovejas en Baal-hasor, cerca del pueblo de Efran, y Absaln invit a comer a todos los hijos del rey.
Adems fue a ver al rey, y le dijo: -Ahora que mis hombres estn trasquilando mis ovejas, deseara que Su Majestad y sus oficiales honraran con su compaa a este siervo suyo.
Pero el rey le respondi: -No, hijo mo, no podemos ir todos nosotros, para no ocasionarte demasiados gastos. Y aunque Absaln insisti, el rey no quiso ir, pero le dio su bendicin.
Entonces Absaln dijo: -Si eso no es posible, permita al menos Su Majestad que nos acompae mi hermano Amnn. -Y por qu quieres que te acompae Amnn? -pregunt el rey.
Pero Absaln insisti tanto, que el rey permiti que Amnn y sus dems hijos fueran con l. Absaln haba preparado un banquete digno de un rey,
y haba ordenado a sus criados: "Fjense bien cuando a Amnn ya se le haya subido el vino, y cuando yo les diga que lo maten, mtenlo. No tengan miedo de hacerlo, pues son rdenes mas. As que tengan nimo y valor."
Por lo tanto, cumpliendo las rdenes de Absaln, sus criados mataron a Amnn. Entonces todos los hijos del rey se levantaron, y montando en sus mulas huyeron.
Cuando an estaban de camino, le lleg a David el rumor de que Absaln haba matado a todos sus hijos, y que ninguno de ellos haba quedado vivo.
Entonces el rey se levant, se rasg la ropa en seal de dolor y se tendi en el suelo. Todos sus oficiales all presentes se rasgaron tambin la ropa;
pero Jonadab, el hijo de Sim, hermano de David, tom la palabra y dijo: -No piense Su Majestad que han matado a todos sus hijos. Solo han matado a Amnn, pues as lo haba decidido Absaln desde el da que Amnn viol a su hermana Tamar.
Por lo tanto, no crea Su Majestad que todos los prncipes han muerto. El nico que ha muerto es Amnn.
Mientras Absaln se daba a la fuga, el joven que estaba de centinela alz la vista y vio un grupo numeroso de gente que bajaba por el camino de Horonaim, por la ladera de la montaa. Entonces el centinela fue a decirle al rey que haba visto gente bajando por el camino de Horonaim.
Y Jonadab dijo al rey: -Ya vienen los hijos de Su Majestad, tal como haba pensado este servidor suyo.
Apenas haba terminado l de hablar, cuando llegaron los hijos del rey y se pusieron a llorar a voz en cuello. Tambin el rey y todos sus oficiales lloraron muchsimo.
Absaln, por su parte, huy y se fue con Talmai, hijo de Amihud, rey de Guesur, y all se qued durante tres aos.
Y David lloraba todos los das por la muerte de su hijo Amnn,
pero cuando se consol de su muerte, sinti un profundo deseo de ver a Absaln.
Joab, hijo de Serui, saba que el rey echaba mucho de menos a Absaln,
as que mand traer de Tecoa a una mujer muy astuta que all viva. Le dijo: "Finge que ests de duelo y vstete de luto; y no te eches perfume, pues debes parecer una mujer que durante mucho tiempo ha estado de luto por algn muerto.
Luego presntate ante el rey y repite exactamente lo que te voy a decir." Luego que Joab le dijo lo que tena que repetir,
aquella mujer de Tecoa fue ante el rey, e inclinndose hasta tocar el suelo con la frente en seal de reverencia, le dijo: -Dgnese Su Majestad ayudarme!
-Qu te pasa? -le pregunt el rey. Ella respondi: -Yo soy viuda, mi marido ha muerto,
y dos hijos que tena esta servidora de Su Majestad tuvieron una pelea en el campo; y como no hubo quien los separara, uno de ellos hiri al otro y lo mat.
Y ahora todos mis parientes se han puesto en contra ma y quieren que yo les entregue al que mat a su hermano, para vengar la muerte del que fue asesinado y al mismo tiempo quitar de en medio al nico heredero. As van a apagar la nica brasa que me ha quedado, y van a dejar a mi marido sin ningn descendiente que lleve su nombre en la tierra.
Entonces el rey respondi a la mujer: -Vete a tu casa, que yo voy a dar rdenes en favor tuyo.
La mujer le contest: -Mi rey y seor, si alguien ha de cargar con la culpa, que seamos yo y mi familia paterna, pero no Su Majestad ni su gobierno.
Y el rey contest: -Al que te amenace, tremelo, y no volver a molestarte ms.
Pero ella insisti: -Ruego a Su Majestad que invoque al Seor su Dios, para que el pariente que quiera vengar la muerte de mi hijo no aumente la destruccin matando a mi otro hijo! El rey afirm: -Te juro por el Seor que no caer al suelo ni un pelo de la cabeza de tu hijo!
Pero la mujer sigui diciendo: -Permita Su Majestad que esta servidora suya diga tan solo una palabra ms. -Habla -dijo el rey.
Entonces la mujer pregunt: -Por qu, pues, piensa Su Majestad hacer esto mismo contra el pueblo de Dios? Segn lo que Su Majestad mismo ha dicho, resulta culpable por no dejar que regrese su hijo desterrado.
Es un hecho que todos tenemos que morir; somos como agua que se derrama en el suelo, que no se puede recoger. Sin embargo, Dios no quita la vida a nadie, sino que pone los medios para que el desterrado no siga alejado de l.
Ahora bien, si yo he venido a decir esto a Su Majestad, mi seor, es porque la gente me atemoriz. Por eso decidi esta servidora suya hablar, por si acaso Su Majestad aceptaba hacer lo que he pedido.
Si Su Majestad me atiende, podr librarme de quien quiere arrancarnos, a mi hijo y a m, de esta tierra que pertenece a Dios.
Esta servidora suya espera que la respuesta de Su Majestad la tranquilice, pues Su Majestad sabe distinguir entre lo bueno y lo malo, igual que un ngel de Dios. Que Dios el Seor quede con Su Majestad!
El rey respondi a la mujer: -Te ruego que no me ocultes nada de lo que voy a preguntarte. -Hable Su Majestad -contest la mujer.
Entonces el rey le pregunt: -No es verdad que Joab te ha metido en todo esto? Y la mujer contest: -Juro por Su Majestad que nada hay ms cierto que lo que Su Majestad ha dicho. En efecto, Joab, oficial de Su Majestad, es quien me orden venir, y l mismo me dijo todo lo que yo tena que decir.
Pero lo hizo con el deseo de que cambien las cosas. Sin embargo, Su Majestad es tan sabio que conoce como un ngel de Dios todo lo que ocurre en el pas.
Como consecuencia de esto, el rey dijo a Joab: -Mira, ya he resuelto este asunto. Ve y haz que regrese el joven Absaln.
Entonces Joab se inclin hasta tocar el suelo con la frente en seal de reverencia, bendijo al rey y le dijo: -Hoy he podido ver que cuento con el favor de Su Majestad, ya que Su Majestad ha hecho lo que este servidor suyo le sugiri hacer.
En seguida Joab se levant y fue a Guesur para traer a Absaln a Jerusaln.
Pero el rey orden que se fuera directamente a su casa y no se presentara ante l; por tanto, Absaln se fue a su casa sin ver al rey.
En todo Israel no haba un hombre tan bien parecido como Absaln, y tan alabado por ello. De pies a cabeza no tena defecto alguno.
Cuando se cortaba el pelo, lo cual haca cada fin de ao, porque le molestaba, sus cabellos pesaban ms de dos kilos, segn el peso real.
Y Absaln tena tres hijos y una hija, llamada Tamar, que era muy hermosa.
Durante dos aos, Absaln estuvo en Jerusaln sin poder presentarse ante el rey
as que Absaln pidi a Joab que fuera a visitar al rey de su parte; pero Joab no quiso ir. Por segunda vez Absaln le pidi que fuera, pero Joab tampoco fue.
Entonces orden Absaln a sus criados: -Miren, el campo de Joab est junto al mo, y lo tiene sembrado de cebada; vayan y prndanle fuego! Los criados de Absaln fueron y prendieron fuego al campo de Joab,
el cual fue inmediatamente a casa de Absaln y le pregunt: -Por qu han prendido fuego tus criados a mi campo?
Absaln le respondi: -Te mand a decir que vinieras aqu para enviarte a ver al rey y decirle de mi parte que no tuvo objeto que yo me viniera de Guesur; que hubiera sido mejor que me quedara all. Yo quiero ver al rey, y si soy culpable de algo, que me mate.
Entonces Joab fue a ver al rey y le comunic lo que deca Absaln, y el rey lo mand llamar. Y al llegar Absaln ante el rey, se inclin hasta tocar el suelo con la frente. El rey, por su parte, lo recibi con un beso.
Pasado algn tiempo, Absaln consigui un carro de combate y caballos, y form una guardia personal de cincuenta hombres.
Se levantaba temprano y se pona a la orilla del camino, a la entrada de la ciudad, y a todo el que llegaba para que el rey le hiciera justicia en algn pleito, lo llamaba y le preguntaba de qu ciudad vena. Si aquella persona responda que era de alguna de las tribus de Israel,
Absaln le deca: "Realmente tu demanda es justa y razonable, pero no hay quien te atienda por parte del rey."
Y aada: "Ojal yo fuera el juez de este pas, para que vinieran a verme todos los que tienen pleitos legales y yo les hiciera justicia!"
Adems, cuando alguien se acercaba a saludarlo, Absaln le tenda la mano, y lo abrazaba y lo besaba.
Esto lo haca con todo israelita que iba a ver al rey para que le hiciera justicia, y as les robaba el corazn a los israelitas.
Al cabo de cuatro aos, Absaln le dijo al rey: -Ruego a Su Majestad que me permita ir a Hebrn, a cumplir la promesa que hice al Seor.
Cuando este servidor de Su Majestad viva en Guesur, en Siria, promet al Seor que si l me conceda volver a Jerusaln, yo le rendira culto.
-Puedes ir tranquilo -le respondi el rey. Entonces Absaln se fue a Hebrn.
Pero al mismo tiempo envi unos mensajeros a todas las tribus de Israel para decirles que, en cuanto escucharan el toque de trompeta, anunciaran que Absaln haba sido proclamado rey en Hebrn.
Invit adems a doscientas personas de Jerusaln, las cuales fueron con l de buena fe y sin saber nada del asunto.
As mismo, Absaln mand llamar a uno de los consejeros de David, llamado Ahitfel, el cual viva en Guil, su ciudad, para que lo acompaara mientras l ofreca los sacrificios. De modo que la conspiracin iba tomando fuerza y seguan aumentando los seguidores de Absaln.
Un mensajero fue a decirle a David que los israelitas estaban hacindose partidarios de Absaln.
Entonces David orden a todos los oficiales que estaban con l en Jerusaln: -Huyamos ahora mismo o no podremos escapar de Absaln! Vamos, dense prisa, no sea que nos alcance y nos cause mucho dao y mate a filo de espada a todos en la ciudad!
Y ellos respondieron al rey: -Nosotros estamos dispuestos a hacer lo que Su Majestad ordene.
As pues, el rey sali acompaado de toda la casa real, dejando solo a diez de sus concubinas para que cuidaran del palacio.
Y despus de haber salido el rey con todos sus acompaantes, se detuvieron en la ltima casa de la ciudad.
A su lado se pusieron todos sus oficiales, mientras que todos los quereteos y peleteos de la guardia real, y los seiscientos geteos que lo haban seguido desde Gat, desfilaban ante l.
En ese momento el rey dijo a Itai, el de Gat: -Por qu has venido t tambin con nosotros? Es mejor que te vuelvas y te quedes con el nuevo rey, pues al fin y al cabo t eres un extranjero desterrado de tu pas.
Apenas ayer llegaste, y cmo voy a pedirte hoy que vengas con nosotros, si ni yo mismo s a dnde voy? Es mejor que te vuelvas y te lleves contigo a tus paisanos. Que el Seor te bendiga y te acompae siempre!
Itai respondi al rey: -Juro por el Seor y por Su Majestad, que dondequiera que Su Majestad se encuentre, sea para vida o para muerte, all tambin estar este servidor suyo.
-Entonces ven con nosotros -le contest David. De esa manera se fue Itai con David, junto con todos sus hombres y la gente que lo acompaaba.
Todo el mundo lloraba amargamente. Pasaron todos el arroyo Cedrn; luego pas el rey, y toda la gente sigui delante de l por el camino del desierto.
Tambin iba Sadoc con todos los levitas que llevaban el arca de la alianza de Dios, el cual dejaron junto a Abiatar hasta que toda la gente sali de la ciudad.
Pero el rey le dijo a Sadoc: -Lleva el arca de Dios de vuelta a la ciudad, pues si el Seor me favorece, har que yo regrese y vea el arca y el lugar donde este se halla.
Pero si me dice que no le agrado, aqu me tiene; que haga conmigo lo que mejor le parezca.
Dijo tambin el rey a Sadoc, el sacerdote: -Mira, t y Abiatar regresen tranquilamente a la ciudad con sus dos hijos. T con tu hijo Ahimaas, y Abiatar con su hijo Jonatn.
Mientras tanto, yo me quedar en los llanos del desierto, hasta que me lleguen noticias de ustedes.
Sadoc y Abiatar llevaron el arca de Dios de vuelta a Jerusaln, y se quedaron all.
David subi la cuesta de los Olivos; iba descalzo y llorando, y con la cabeza cubierta en seal de dolor. Toda la gente que lo acompaaba llevaba tambin cubierta la cabeza y suba llorando.
Y cuando le contaron a David que Ahitfel era uno de los que conspiraban con Absaln, David rog al Seor que hiciera fracasar los planes de Ahitfel.
Al llegar David a la cumbre del monte, donde se renda culto a Dios, le sali al encuentro Husai, de la tribu de los arquitas, con la ropa rasgada y la cabeza cubierta de tierra.
David le dijo: -Si te vienes conmigo, me sers una carga;
pero si vuelves a Jerusaln y le dices a Absaln: 'Majestad, este siervo suyo estar a su servicio igual que antes estuvo al servicio de su padre', me ayudars a deshacer los planes de Ahitfel,
pues all cuentas con los sacerdotes Sadoc y Abiatar. Por tanto, comuncales siempre todo lo que escuches en palacio.
Sus hijos Ahimaas y Jonatn tambin estn all, as que hganme saber por medio de ellos todo lo que sepan.
Y Husai, el amigo de David, lleg a Jerusaln en el momento en que Absaln haca su entrada en la ciudad.
Apenas haba pasado David un poco ms all de la cumbre del monte, cuando Sib, el criado de Mefi-bset, sali a su encuentro. Llevaba un par de asnos aparejados y cargados con doscientos panes, cien tortas de uvas pasas, cien frutas del tiempo y un cuero de vino.
El rey le pregunt: -Para qu traes esto? Y Sib contest: -Los asnos son para que monte en ellos la familia real; los panes y la fruta para que coman los soldados, y el vino para que beban los que se cansen en el desierto.
-Dnde est el nieto de tu amo? -pregunt el rey. -Se ha quedado en Jerusaln -respondi Sib-, porque piensa que ahora los israelitas le devolvern el reino que le corresponda a su abuelo.
-Pues bien -contest el rey-, ahora es tuyo todo lo que antes era de Mefi-bset. -Ojal cuente yo siempre con el favor de Su Majestad! -respondi Sib, inclinndose ante el rey.
Cuando el rey David lleg a Bahurim, un hombre de la familia de Sal sali de all. Era hijo de Guer, y se llamaba Sim, e iba maldiciendo
y tirando piedras contra David y contra todos sus oficiales; y aunque el rey estaba protegido por la gente y por su guardia personal,
Sim lo maldeca diciendo: -Largo de aqu, malvado asesino!
El Seor te ha castigado por todos los crmenes que cometiste contra la familia de Sal para reinar en su lugar! Ahora el Seor ha entregado el reino a tu hijo Absaln, y aqu ests, vctima de tu propia maldad, pues no eres otra cosa que un asesino!
Entonces Abisai, hijo de Serui, dijo al rey: -Por qu este perro muerto ha de ofender a Su Majestad? Ahora mismo voy a cortarle la cabeza!
Pero el rey respondi: -Este no es asunto de ustedes, hijos de Serui. Si l me maldice, ser porque el Seor se lo ha ordenado. Y en tal caso, quin puede pedirle cuentas de lo que hace?
Luego, dirigindose a Abisai y a todos sus oficiales, dijo: -Si hasta mi propio hijo procura quitarme la vida, cunto ms uno de la tribu de Benjamn! Djenlo que me maldiga, pues el Seor se lo habr ordenado!
Quiz cuando el Seor vea mi afliccin, me enve bendiciones en lugar de las maldiciones que hoy escucho.
Y David y sus hombres siguieron su camino, mientras que Sim se fue por la ladera del monte, paralelo a David, maldiciendo y arrojando piedras y levantando polvo.
Cuando el rey y la gente que le acompaaba llegaron al ro Jordn, iban muy cansados, y descansaron all.
Mientras tanto, Absaln entr en Jerusaln acompaado por todos los israelitas y por Ahitfel.
Por su parte, Husai el arquita, amigo de David, fue al encuentro de Absaln, gritando: -Viva el rey, viva el rey!
Entonces Absaln le pregunt: -Es esta tu lealtad hacia tu amigo? Por qu no te fuiste con l?
-No puedo -le respondi Husai-, porque yo debo estar y quedarme con quien el Seor y todo el pueblo israelita hayan escogido.
Y en segundo lugar, si a alguien debo servir, que sea al hijo de mi amigo. As que yo servir a Su Majestad de la misma manera que he servido a su padre.
Ms tarde Absaln pregunt a Ahitfel: -Qu aconsejan ustedes que hagamos?
Y Ahitfel respondi a Absaln: -Acustate con las concubinas de tu padre, las que l dej para que cuidaran el palacio. As todos en Israel comprendern que te has hecho odioso a tu padre, y tendrn ms nimo todos los que estn de tu parte.
Entonces pusieron para Absaln una tienda de campaa sobre la azotea, y all se acost Absaln con las concubinas de su padre, a la vista de todos los israelitas;
pues, en aquel tiempo, pedir un consejo a Ahitfel era como consultar la palabra de Dios. Tal era el prestigio de Ahitfel, tanto para David como para Absaln.
Despus Ahitfel le dijo a Absaln: -Djame escoger a doce mil hombres, y esta misma noche saldr en persecucin de David.
Y cuando l est dbil y cansado, caer sobre l y lo llenar de miedo, y toda la gente que est con l, huir. No matar ms que al rey,
y luego har que todo el pueblo se reconcilie contigo, como cuando la recin casada se reconcilia con su esposo. Lo que t buscas es la muerte de un hombre; y todo el pueblo quedar en paz.
El plan pareci bueno a Absaln y a todos los consejeros de Israel.
Pero Absaln orden que llamaran tambin a Husai el arquita, para que diera su opinin.
Cuando Husai lleg ante Absaln, este le dijo: -El plan de Ahitfel es este. Lo llevaremos a cabo, o no? Danos tu opinin.
Husai le contest: -Esta vez el plan de Ahitfel no es conveniente.
T bien sabes que tu padre y sus hombres son muy valientes, y que ahora deben estar furiosos como una osa salvaje a la que le han quitado sus cras. Adems, tu padre es un hombre acostumbrado a la guerra y no pasar la noche con la dems gente.
Ahora mismo ha de estar escondido en una cueva o en algn otro lugar. Por otra parte, apenas corra la voz de que en el primer encuentro han cado algunos de los tuyos, no faltar quien piense que tus seguidores han sido derrotados,
y hasta el ms valiente, aun el que sea bravo como un len, se desanimar por completo; porque todos en Israel saben que tu padre y sus seguidores son gente valiente.
Ahora bien, yo te aconsejara que se renan contigo todos los israelitas que hay desde Dan hasta Beerseba, que son tantos como los granos de arena que hay a la orilla del mar, y que t personalmente los dirijas en la batalla.
Entonces atacaremos a tu padre en cualquier lugar donde se encuentre. Caeremos sobre l como el roco sobre la tierra, y no quedarn con vida ni l ni ninguno de sus hombres.
Incluso si se refugia en alguna ciudad, todos los israelitas llevaremos cuerdas y, piedra por piedra, arrastraremos esa ciudad hasta el arroyo, y no quedar all ni una sola piedra.
Absaln y todos los israelitas estuvieron de acuerdo en que el plan de Husai era mejor que el de Ahitfel. (Y es que el Seor haba determinado frustrar el plan acertado de Ahitfel, para acarrear el desastre sobre Absaln.)
Despus Husai inform a los sacerdotes Sadoc y Abiatar del consejo que Ahitfel haba dado a Absaln y a los ancianos de Israel, y del consejo que l mismo les haba dado,
a fin de que avisaran rpidamente a David, advirtindole que no pasara aquella noche en los llanos del desierto, sino que pasara sin falta al otro lado del Jordn para que no los mataran ni a l ni a sus hombres.
Como Jonatn y Ahimaas estaban en En-roguel, pues no podan arriesgarse a que los vieran en la ciudad, una criada fue a avisarles, e inmediatamente ellos salieron a contrselo al rey David.
Sin embargo, un muchacho los vio y fue a decrselo a Absaln. Entonces ellos se dieron prisa y llegaron a la casa de un vecino de Bahurim, y se metieron en un pozo que haba en el patio.
Luego la esposa de ese hombre puso una tapa sobre el pozo, y encima esparci trigo trillado. De esto nadie supo nada.
Y cuando llegaron los seguidores de Absaln, preguntaron a la mujer: -Dnde estn Ahimaas y Jonatn? -Pasaron por aqu, en direccin al ro -les contest la mujer. Entonces los seguidores de Absaln fueron en su busca, pero al no encontrarlos regresaron a Jerusaln.
Y despus que aquellos se fueron, Ahimaas y Jonatn salieron del pozo y corrieron a poner sobre aviso al rey David; le dijeron que se levantara en seguida y cruzara el ro, porque Ahitfel haba aconsejado que los atacaran.
Entonces David y toda la gente que le acompaaba se levantaron rpidamente y cruzaron el ro Jordn. Al amanecer del da siguiente, no haba nadie que no lo hubiera cruzado.
Cuando Ahitfel vio que su plan no se haba puesto en prctica, aparej su asno y se fue a su casa, en su pueblo natal, y despus de arreglar sus asuntos familiares, se ahorc. As muri, y fue enterrado en el sepulcro de su padre.
David lleg a Mahanaim en el momento en que Absaln cruzaba el Jordn con todos los israelitas.
Absaln haba puesto a Amas al frente del ejrcito, en lugar de Joab. Amas era hijo de un ismaelita llamado Itr, que haba tenido relaciones ntimas con Abigail, hija de Nahas y hermana de Serui, la madre de Joab.
Absaln acamp con los israelitas en territorio de Galaad,
y cuando David lleg a Mahanaim, salieron a recibirlo Sob, hijo de Nahas, que era de Rab de Amn; Maquir, hijo de Amiel, que era de Lodebar; y Barzilai, que era de Roguelim de Galaad.
Y le llevaron camas, palanganas y ollas de barro, y tambin trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas,
miel, cuajada y queso de vaca y de oveja, para que comiera David y la gente que lo acompaaba; pues pensaron que, viniendo del desierto, estaran cansados, hambrientos y sedientos.
David pas revista a su ejrcito, y puso jefes al frente de grupos de mil y de cien soldados.
Despus envi una tercera parte del ejrcito bajo el mando de Joab, otra tercera parte bajo el mando de Abisai, hijo de Serui y hermano de Joab, y la otra tercera parte bajo el mando de Itai, el de Gat. Y a todo el ejrcito le dijo: -Yo ir con ustedes a la batalla.
Pero ellos le respondieron: -No, no haga eso Su Majestad, porque al enemigo poco le importa que huyamos o que muera la mitad de nosotros, pero Su Majestad vale tanto como diez mil de nosotros. Por eso es mejor que Su Majestad se quede en la ciudad para enviarnos refuerzos desde aqu.
-Har lo que les parezca mejor -les respondi el rey, ponindose inmediatamente a un lado de la entrada de la ciudad, mientras el ejrcito sala en grupos de mil y de cien soldados.
Adems, el rey orden a Joab, a Abisai y a Itai que, en atencin a l, trataran con consideracin al joven Absaln, y todo el ejrcito escuch la orden que el rey dio a los jefes acerca de Absaln.
As pues, las tropas marcharon al campo para enfrentarse con las tropas de Israel. La batalla tuvo lugar en el bosque de Efran, y
los de Israel fueron derrotados por los seguidores de David. Hubo una gran matanza aquel da, pues murieron veinte mil hombres.
La lucha se haba extendido por todo el territorio, y en esta ocasin el bosque mismo caus ms muertes que la espada.
Absaln, que iba montado en un mulo, se encontr de repente frente a los seguidores de David. Entonces el mulo se meti debajo de una gran encina, y a Absaln se le qued trabada la cabeza en las ramas, por lo que se qued colgado en el aire, pues el mulo sigui de largo.
Alguien que vio esto, fue a decirle a Joab: -He visto a Absaln colgado de una encina.
Y Joab les respondi: -Pues si lo viste, por qu no lo derribaste all mismo? Yo con mucho gusto te habra dado diez monedas de plata y un cinturn.
Pero aquel hombre contest a Joab: -Aunque me dieras mil monedas de plata, no atentara contra el hijo del rey; porque nosotros escuchamos que el rey te orden a ti, a Abisai y a Itai, que protegieran al joven Absaln.
Por otro lado, si yo hubiera hecho tal cosa, habra sido en vano, porque no hay nada oculto para el rey, y t no habras hecho nada para protegerme.
-No voy a perder ms tiempo contigo -le respondi Joab; y tomando tres dardos, los clav en el corazn de Absaln, que an estaba vivo en la encina.
Luego, diez asistentes de Joab rodearon a Absaln, y lo remataron.
A continuacin Joab orden que tocaran la trompeta, y las tropas dejaron de perseguir a los de Israel, porque Joab las detuvo.
Entonces tomaron el cuerpo de Absaln, lo echaron en un gran hoyo que haba en el bosque, y sobre l levantaron un enorme montn de piedras. Despus todos los israelitas huyeron a sus casas.
En vida, Absaln se haba mandado hacer un monumento de piedra, el que est en el Valle del Rey, y le haba puesto su nombre, ya que no tena ningn hijo que se lo conservara. Y hasta el presente se le conoce como "el monumento de Absaln".
Luego Ahimaas, el hijo de Sadoc, dijo a Joab: -Te ruego que me dejes ir corriendo a avisar al rey que el Seor le ha hecho justicia librndolo del poder de sus enemigos.
Pero Joab le respondi: -T no eres hoy la persona ideal para llevar la noticia. Ya lo sers en otra ocasin, pero no hoy, porque el hijo del rey ha muerto.
Sin embargo, Joab dijo a un soldado etope: -Ve t, e informa al rey de lo que has visto. El etope hizo una reverencia a Joab y sali corriendo.
Ahimaas, por su parte, volvi a decir a Joab: -De todos modos, djame correr detrs del etope. Pero Joab le contest: -Para qu quieres ir t, hijo mo, si no vas a recibir un premio por tu noticia?
-No importa, ir corriendo -contest Ahimaas. -Pues corre! -le respondi Joab. Entonces Ahimaas ech a correr por el valle, y se adelant al etope.
Mientras tanto, David estaba sentado entre las dos puertas de la entrada de la ciudad, y el centinela haba subido a la azotea, encima de la puerta de la muralla. Al levantar la vista, el centinela vio a un hombre solo, que vena corriendo,
y lo anunci al rey en voz alta. El rey exclam: -Si viene solo es que trae buenas noticias. Mientras el hombre se acercaba,
el centinela vio a otro hombre que corra, y le grit al guardin de la puerta: -Viene otro hombre corriendo! -Tambin ha de traer buenas noticias -respondi el rey.
El centinela aadi: -Por su modo de correr, me parece que el primero es Ahimaas, el hijo de Sadoc. -l es un buen hombre -coment el rey-, y seguramente traer buenas noticias.
Ahimaas se acerc, e inclinndose hasta el suelo delante del rey, lo salud y le dijo: -Bendito sea el Seor, el Dios de Su Majestad, porque ha quitado de en medio a los que se rebelaron contra Su Majestad.
-Est bien el joven Absaln? -pregunt el rey. Y Ahimaas respondi: -Yo vi un gran alboroto en el momento en que Joab, servidor de Su Majestad, me enviaba, pero no supe lo que pasaba.
Entonces el rey le orden: -Colcate a un lado y qudate ah. Ahimaas lo hizo as.
En aquel momento lleg el etope, y dijo: -Reciba estas buenas noticias Su Majestad: hoy el Seor ha hecho justicia a Su Majestad, librndolo del poder de todos los que se rebelaron contra Su Majestad.
El rey pregunt al etope: -Y el joven Absaln, est bien? El etope contest: -Ojal que los enemigos de Su Majestad y todos los que se rebelen contra Su Majestad y busquen su mal, acaben como ese muchacho.
El rey se conmovi, y subiendo al cuarto que estaba encima de la puerta, se ech a llorar. Y mientras caminaba, deca: "Absaln, hijo mo! Absaln, hijo mo! Ojal yo hubiera muerto en tu lugar! Hijo mo, Absaln, hijo mo!"
Cuando la gente supo que el rey lloraba y lamentaba la muerte de su hijo Absaln, fueron a decrselo a Joab.
Y as aquel da la victoria se convirti en motivo de tristeza.
El ejrcito mismo procur disimular su entrada en la ciudad: avanzaban los soldados avergonzados, como si hubieran huido del campo de batalla.
Mientras tanto el rey, cubrindose la cara, gritaba a voz en cuello: "Absaln, hijo mo! Absaln, hijo mo, hijo mo!"
Joab fue entonces a palacio, y le dijo al rey: -Su Majestad ha puesto en vergenza a sus servidores, que hoy han salvado la vida de Su Majestad y de sus hijos, hijas, esposas y concubinas.
Su Majestad ha demostrado hoy que nada le importan sus jefes y oficiales, pues ama a quienes lo odian, y odia a quienes lo aman. Hoy me he dado cuenta de que para Su Majestad sera mejor que Absaln estuviera vivo, aunque todos nosotros hubiramos muerto.
Salga, pues, ahora Su Majestad, y aliente con sus palabras a sus seguidores, pues de lo contrario juro por el Seor a Su Majestad que esta noche no le quedar ni un solo partidario. Esto ser para Su Majestad peor que todos los males que le han ocurrido desde su juventud hasta el presente.
Entonces el rey se levant y fue a sentarse a la puerta de la ciudad. Y cuando se inform a todo el pueblo de que el rey estaba sentado a la puerta, fueron todos a presentarse ante l. En cuanto a los de Israel, todos ellos haban huido a sus casas.
Y en todas las tribus de Israel la gente discuta y deca: "El rey David nos libr del dominio de nuestros enemigos, los filisteos; y, sin embargo, por causa de Absaln, ha tenido que huir del pas.
Y Absaln, a quien nosotros habamos consagrado como nuestro rey, ha muerto en la batalla. Qu esperamos, pues, que no hacemos volver al rey David?"
Este comentario de todo Israel lleg hasta la casa del rey David. Entonces l mand recado a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, dicindoles: "Hablen ustedes con los ancianos de Jud, y pregntenles por qu se retrasan en hacer que yo regrese a mi palacio;
dganles que no hay razn para que ellos sean los ltimos en hacerme volver, puesto que son mis hermanos de tribu."
Orden, adems, que se dijera a Amas: "T eres de mi misma sangre, as que de ahora en adelante t sers el general de mi ejrcito, en lugar de Joab. Y si no te lo cumplo, que el Seor me castigue duramente."
As convenci a los hombres de Jud, y todos ellos, como un solo hombre, mandaron decir al rey que volviera con todos sus oficiales.
Entonces el rey emprendi el regreso, y lleg al ro Jordn. Los de Jud, por su parte, fueron a Guilgal para recibirlo y ayudarlo a cruzar el Jordn.
Tambin Sim, que era hijo de Guer, de la tribu de Benjamn, y natural de Bahurim, se apresur a bajar con los hombres de Jud para recibir al rey David.
Le acompaaban mil hombres de Benjamn. A su vez, Sib, el criado de la familia de Sal, acompaado de sus quince hijos y sus veinte esclavos, lleg al Jordn antes que el rey y
atraves el vado del ro para ayudar a la familia del rey a cruzarlo, y as quedar bien con l. Cuando el rey se dispona a cruzar el Jordn, Sim se inclin delante de l,
y le dijo: -Ruego a Su Majestad que no tome en cuenta mi falta ni recuerde el delito que este servidor suyo cometi el da en que Su Majestad sali de Jerusaln. No me guarde rencor,
pues yo mismo reconozco mi culpa, y de toda la casa de Jos hoy he sido el primero en salir a recibir a Su Majestad.
Entonces Abisai, hijo de Serui, dijo: -Acaso no merece la muerte Sim, por haber maldecido al rey escogido por el Seor?
Pero David respondi: -Esto no es asunto de ustedes, hijos de Serui! Por qu se oponen a m? Ahora s bien que soy el rey de Israel, as que nadie en Israel morir en este da.
Luego, dirigindose a Sim, le jur que no morira.
Tambin sali a recibirlo Mefi-bset, el hijo de Sal. Desde el da en que el rey sali, y hasta que volvi sano y salvo, no se haba lavado los pies, ni cortado la barba, ni lavado su ropa.
Y cuando vino a Jerusaln para recibir al rey, este le dijo: -Mefi-bset, por qu no viniste conmigo?
l respondi: -Mi criado me enga, Majestad. Como soy invlido, le orden que me aparejara un asno para montar en l e irme con Su Majestad.
Pero l me ha calumniado ante Su Majestad. Sin embargo, Su Majestad es como un ngel de Dios y har lo que mejor le parezca.
Y aunque toda mi familia paterna era digna de muerte ante Su Majestad, este siervo suyo fue invitado a comer en la mesa de Su Majestad. Qu ms puedo pedir de Su Majestad?
El rey le respondi: -No hay nada ms que hablar. Ya he ordenado que t y Sib se repartan las tierras.
Pero Mefi-bset le contest: -Que se quede l con todas. Lo importante es que Su Majestad ha vuelto sano y salvo a su palacio.
En cuanto a Barzilai, el de Galaad, haba bajado de Roguelim para acompaar al rey a cruzar el Jordn y all despedirse de l.
Era ya muy anciano, pues tena ochenta aos, y durante el tiempo en que el rey estuvo en Mahanaim haba dado al rey todo lo necesario, porque era muy rico.
El rey dijo entonces a Barzilai: -Vente conmigo a Jerusaln, y all me har cargo de ti.
Pero Barzilai le respondi: -Me quedan pocos aos de vida para irme ahora a Jerusaln con Su Majestad,
pues ya tengo ochenta aos; he perdido el gusto de lo que como y lo que bebo, y ya no puedo decir si tiene buen o mal sabor; tampoco puedo or ya la voz de los cantores y cantoras. Por qu he de convertirme en una carga para Su Majestad?
Si nicamente voy a acompaar a Su Majestad a cruzar el Jordn, por qu ha de ofrecerme Su Majestad esta recompensa?
Antes rogara a Su Majestad que me permita volver a mi pueblo para morir all y ser enterrado en la tumba de mis padres. Pero aqu tiene Su Majestad a otro servidor: mi hijo Quimham. Que vaya l con Su Majestad, y haga Su Majestad por l lo que crea ms conveniente.
El rey contest: -Que venga conmigo Quimham, y har por l lo que t creas ms conveniente. Y todo lo que me pidas, te lo conceder.
Toda la gente cruz el Jordn. Y cuando el rey lo cruz, dio a Barzilai un beso de despedida. Entonces Barzilai regres al lugar donde viva.
El rey, por su parte, se dirigi a Guilgal, acompaado de Quimham y de toda la gente de Jud, as como de la mitad de la gente de Israel.
Todos los israelitas fueron entonces a ver al rey, y le dijeron: -Por qu han de ser nuestros hermanos de Jud quienes se adueen de Su Majestad, y quienes lo escolten a l y a la familia real, y a todo su ejrcito, en el paso del Jordn?
Todos los de Jud respondieron a los de Israel: -Porque el rey es nuestro pariente cercano. Pero no hay razn para que ustedes se enojen. Acaso comemos nosotros a costa del rey, o hemos tomado algo para nosotros?
Los de Israel contestaron: -Nosotros tenemos sobre el rey diez veces ms derecho que ustedes. Adems, como tribus, somos los hermanos mayores de ustedes. As pues, por qu nos menosprecian? Acaso no fuimos nosotros los primeros en decidir que regresara nuestro rey? Sin embargo, los de Jud discutieron con mayor violencia que los de Israel.
Un malvado de la tribu de Benjamn, que se llamaba Seb y era hijo de Bicr, se encontraba en Guilgal. Este Seb incit al pueblo a levantarse en armas, diciendo: "Nosotros no tenemos parte ni herencia con David, el hijo de Jes! Todos a sus casas, israelitas!"
Todos los hombres de Israel abandonaron a David para seguir a Seb, hijo de Bicr. Pero los de Jud, desde el Jordn hasta Jerusaln, se mantuvieron fieles a su rey.
Cuando David regres a su palacio, en Jerusaln, tom a las diez concubinas que haba dejado cuidando el palacio y las meti en una casa, bajo vigilancia. All sigui cuidando de ellas, pero no volvi a tener relaciones sexuales con ellas. As ellas se quedaron encerradas, viviendo como viudas hasta el da de su muerte.
Despus el rey orden a Amas: -Llama a los hombres de Jud, y dentro de tres das presntate aqu con ellos.
Amas fue a reunirlos, pero tard ms tiempo del que se le haba sealado.
Entonces dijo David a Abisai: -Seb nos va a causar ms dao que Absaln. As que toma el mando de mis tropas y persguelo, no sea que encuentre algunas ciudades amuralladas y se nos escape.
Los hombres de Joab, con los quereteos y peleteos de la guardia real, y los mejores soldados, salieron de Jerusaln con Abisai, para perseguir a Seb.
Cuando se encontraban cerca de la gran roca que est en Gaban, Amas les sali al encuentro. Joab llevaba puesto su uniforme de batalla, ajustado con un cinturn, y al costado una espada envainada, la cual poda desenvainar con solo tirar hacia abajo.
Y mientras Joab tomaba a Amas por la barba con la mano derecha para besarlo, le pregunt: -Te ha ido bien, hermano?
Amas no prest atencin a la espada que Joab llevaba en la mano. De pronto, Joab lo hiri con ella en el vientre, y todas sus entraas se derramaron por el suelo. Muri sin que Joab tuviera que rematarlo. Luego Joab y su hermano Abisai siguieron persiguiendo a Seb, hijo de Bicr.
Entonces uno de los soldados de Joab se puso al lado del cuerpo de Amas, y dijo: -El que est a favor de Joab y de David, que siga a Joab!
Pero Amas segua en medio del camino, revolcndose en su sangre; y viendo aquel soldado que toda la gente se detena, hizo a Amas a un lado del camino y lo tap con una capa, pues se dio cuenta de que todos los que llegaban se quedaban parados junto a l.
Despus de apartarlo del camino, pasaron todos los que andaban con Joab en persecucin de Seb.
Seb pas por todas las tribus de Israel hasta Abel-bet-maac, y todos los descendientes de Bicr se reunieron y entraron tras l en la ciudad.
Cuando los hombres de Joab llegaron a Abel-bet-maac, construyeron una rampa sobre la muralla exterior, para atacar la ciudad, y luego entre todos trataron de derribar la muralla.
De pronto, una mujer muy astuta grit desde la muralla de la ciudad: -Escchenme! Escchenme, por favor! Dganle de mi parte a Joab que se acerque, porque quiero hablar con l!
Cuando Joab se acerc, la mujer le pregunt: -T eres Joab? -Yo soy Joab -respondi l. Ella dijo: -Escucha las palabras de esta sierva tuya. -Te escucho -contest l.
Entonces ella comenz a decir: -Antiguamente decan: "Quien quiera saber algo, que pregunte en Abel." Y as se solucionaba el asunto.
Nuestra ciudad es una de las ms pacficas y fieles de Israel, una de las ms importantes! Sin embargo, t ests tratando de destruirla. Por qu quieres destruir lo que pertenece al Seor?
Joab le contest: -Eso ni pensarlo! No es mi intencin destruirla ni dejarla en ruinas.
No se trata de eso, sino que un hombre de los montes de Efran, llamado Seb, se ha levantado en armas contra el rey David. Entrguenmelo a l solo, y yo me retirar de la ciudad. -Te echaremos su cabeza desde el muro -respondi la mujer a Joab.
En seguida fue ella a convencer con su astucia a toda la gente de la ciudad, y le cortaron la cabeza a Seb y se la arrojaron a Joab. Entonces Joab orden que tocaran retirada, y se alejaron de la ciudad, cada cual a su casa, mientras que Joab regres a Jerusaln para hablar con el rey.
Joab qued al mando de todo el ejrcito de Israel, en tanto que Benaas, hijo de Joiad, estaba al mando de la guardia de quereteos y peleteos.
Adoram era el encargado del trabajo obligatorio, y el secretario del rey era Josafat, hijo de Ahilud.
Sev era el cronista, y Sadoc y Abiatar los sacerdotes.
Ir, del pueblo de Jar, era tambin sacerdote de David.
En tiempos de David hubo un hambre que dur tres aos seguidos. Entonces David consult al Seor, y el Seor le respondi: "El hambre se debe a los crmenes de Sal y de su familia, porque asesinaron a los gabaonitas."
David llam a los gabaonitas y habl con ellos. (Los gabaonitas no eran israelitas, sino un grupo que an quedaba de los amorreos con quienes los israelitas haban hecho un juramento, y a quienes Sal, en su celo por la gente de Israel y de Jud, haba tratado de exterminar.)
David les pregunt: -Qu puedo hacer por ustedes? Cmo puedo reparar el dao que se les hizo, para que bendigan al pueblo del Seor?
Los gabaonitas le respondieron: -No es cuestin de dinero lo que tenemos pendiente con Sal y su familia, ni queremos que muera nadie en Israel. David les dijo: -Dganme entonces qu quieren que haga por ustedes.
Y ellos contestaron: -Del hombre que quiso destruirnos e hizo planes para eliminarnos y para que no permaneciramos en todo el territorio de Israel,
queremos que se nos entreguen siete de sus descendientes, y nosotros los colgaremos ante el Seor en Guibe de Sal, el escogido del Seor. El rey acept entregrselos,
aunque se compadeci de Mefi-bset, hijo de Jonatn y nieto de Sal, por el sagrado juramento que se haban hecho l y Jonatn.
Sin embargo apres a los dos hijos que Risp, hija de Ai, haba tenido con Sal, y que se llamaban Armon y Mefi-bset, y a los cinco hijos que Merab, hija de Sal, tuvo con Adriel, hijo de Barzilai de Mehol,
y se los entreg a los de Gaban, los cuales los ahorcaron en el monte delante del Seor. As murieron juntos los siete, en los primeros das de la cosecha de la cebada.
Entonces Risp, la hija de Ai, se visti con ropas speras en seal de luto, y se tendi sobre una pea. All se qued, desde el comienzo de la cosecha de cebada hasta que llegaron las lluvias, sin dejar que los pjaros se acercaran a los cadveres durante el da, ni los animales salvajes durante la noche.
Cuando le contaron a David lo que haba hecho Risp, la concubina de Sal,
fue y recogi los restos de Sal y de su hijo Jonatn, que estaban en posesin de los habitantes de Jabs de Galaad. Estos los haban robado de la plaza de Bet-sn, donde los filisteos los colgaron el da que derrotaron a Sal en Guilboa.
Luego orden David que trasladaran los restos de Sal y de Jonatn, y que recogieran los restos de los ahorcados;
y enterraron los restos de Sal y de Jonatn en el sepulcro de Quis, el padre de Sal, en Sel, en el territorio de Benjamn. Todo se hizo como el rey lo haba ordenado. Y despus de esto, Dios atendi las splicas en favor del pas.
Los filisteos declararon de nuevo la guerra a Israel. Entonces David y sus oficiales salieron a luchar contra ellos. David se cans demasiado,
y un gigante llamado Isb-benob trat de matarlo. Su lanza pesaba ms de treinta kilos, y al cinto llevaba una espada nueva.
Pero Abisai, el hijo de Serui, fue en ayuda de David, y atac al filisteo y lo mat. Entonces los hombres de David le hicieron prometer que ya no saldra ms a la guerra con ellos, para que no se apagara la lmpara de Israel.
Despus hubo en Gob otra batalla contra los filisteos. En aquella ocasin, Sibecai el husatita mat a Saf, que era descendiente de los gigantes.
Y en otra batalla que hubo contra los filisteos, tambin en Gob, Elhann, hijo de Jar, de Beln, mat a Goliat el de Gat, cuya lanza tena el asta tan grande como el rodillo de un telar.
En Gat hubo otra batalla. Haba all un hombre de gran estatura, que tena veinticuatro dedos: seis en cada mano y seis en cada pie. Era tambin descendiente de los gigantes,
pero desafi a Israel y lo mat Jonatn, hijo de Sim, el hermano de David.
Estos cuatro gigantes eran descendientes de Rfah, el de Gat, pero cayeron a manos de David y de sus oficiales.
David enton este canto al Seor cuando el Seor lo libr de caer en manos de Sal y de todos sus enemigos.
Dijo as: "T, Seor, eres mi protector, mi lugar de refugio, mi libertador,
mi Dios, la roca que me protege, mi escudo, el poder que me salva, mi ms alto escondite, mi ms alto refugio, mi salvador. Me salvaste de la violencia!
T, Seor, eres digno de alabanza: cuando te llamo, me salvas de mis enemigos.
"Pues la muerte me enred en sus olas; sent miedo ante el torrente destructor.
La muerte me envolvi en sus lazos; me encontr en trampas mortales!
En mi angustia llam al Seor, ped ayuda a mi Dios, y l me escuch desde su templo; mis gritos llegaron a sus odos!
"Hubo entonces un fuerte temblor de tierra: temblaron las bases del cielo; fueron sacudidas por la furia del Seor.
De su nariz brotaba humo, y de su boca un fuego destructor; por la boca lanzaba carbones encendidos!
Descorri la cortina del cielo, y descendi. Debajo de sus pies haba grandes nubarrones!
Mont en un ser alado, y vol; se le vea sobre las alas del viento.
Tom como tienda de campaa la densa oscuridad que le rodeaba y los nubarrones cargados de agua.
Un fulgor relampagueante sali de su presencia; llovieron carbones encendidos.
"El Seor, el Altsimo, hizo or su voz de trueno desde el cielo:
lanz sus flechas, sus relmpagos, y a mis enemigos hizo huir en desorden.
El fondo del mar qued al descubierto; las bases del mundo quedaron a la vista, por la voz amenazante del Seor, por el fuerte soplo que lanz.
"Dios me tendi la mano desde lo alto, y con su mano me sac del mar inmenso.
Me salv de enemigos poderosos que me odiaban y eran ms fuertes que yo.
Me atacaron cuando yo estaba en desgracia, pero el Seor me dio su apoyo:
me sac a la libertad; me salv porque me amaba!
El Seor me ha dado la recompensa que mereca mi limpia conducta,
pues yo he seguido el camino del Seor; jams he renegado de mi Dios!
Yo tengo presentes todos sus decretos; jams me he desviado de sus leyes!
Me he conducido ante l sin tacha alguna; me he alejado de la maldad.
El Seor me ha recompensado por mi limpia conducta en su presencia.
"T, Seor, eres fiel con el que es fiel, irreprochable con el que es irreprochable,
sincero con el que es sincero, pero sagaz con el que es astuto.
T salvas a los humildes, pero te fijas en los orgullosos y los humillas.
T, Seor, eres mi luz; t, Dios mo, alumbras mi oscuridad.
Con tu ayuda atacar al enemigo y pasar sobre el muro de sus ciudades.
"El camino de Dios es perfecto; la promesa del Seor es digna de confianza. Dios protege a todos los que en l confan!
Quin es Dios, fuera del Seor? Qu otro dios hay que pueda protegernos?
Dios es mi refugio poderoso, quien hace intachable mi conducta,
quien me da pies ligeros, como de ciervo, quien me hace estar firme en las alturas,
quien me entrena para la batalla, quien me da fuerzas para tensar arcos de bronce.
"T me proteges y me salvas; tu bondad me ha hecho prosperar.
Has hecho fcil mi camino, y mis pies no han resbalado.
"Persegu a mis enemigos, los destru, y solo volv despus de exterminarlos.
Los extermin! Los hice pedazos! Ya no se levantaron: cayeron debajo de mis pies!
T me diste fuerza en la batalla; hiciste que los rebeldes se inclinaran ante m,
y que delante de mi huyeran mis enemigos. As pude destruir a los que me odiaban.
Pedan ayuda, y nadie los ayud; llamaban al Seor, y no les contest.
Los deshice como a polvo del suelo! Los pisote como a barro de las calles!
Me libraste de las luchas de mi pueblo, me mantuviste como jefe de las naciones, y me sirve gente que yo no conoca.
En cuanto me oyen, me obedecen; gente extranjera me halaga,
gente extranjera se acobarda y sale temblando de sus refugios.
"Viva el Seor! Bendito sea mi protector! Sea enaltecido Dios, que me salva y me protege!
l es el Dios que me ha vengado y que me ha sometido los pueblos.
l me libra de mis enemigos, de los rebeldes que se alzaron contra m. T, Seor, me salvas de los hombres violentos!
Por eso te alabo entre las naciones y canto himnos a tu nombre.
Concedes grandes victorias al rey que has escogido; siempre tratas con amor a David y a su descendencia."
Estas son las ltimas palabras de David: "David, el hijo de Jes, el hombre a quien Dios ha enaltecido, el rey escogido por el Dios de Jacob, el dulce cantor de himnos de Israel, ha declarado:
"El Espritu del Seor habla por medio de m; su palabra est en mi lengua.
El Dios de Israel ha hablado; el Protector de Israel me ha dicho: 'El que gobierne a los hombres con justicia, el que gobierne en el temor de Dios,
ser como la luz de la aurora, como la luz del sol en una maana sin nubes, que hace crecer la hierba despus de la lluvia.'
Por eso mi descendencia est firme en Dios, pues l hizo conmigo una alianza eterna, totalmente reglamentada y segura. l me da la victoria completa y hace que se cumplan todos mis deseos.
Pero todos los malhechores sern como espinos desechados, que nadie toma con la mano.
Para tocarlos, se toma un hierro o una lanza, y se les echa en el fuego para que se quemen por completo."
Estos son los nombres de los mejores soldados de David: Is-bset, el hacmonita, jefe de los tres ms valientes, que en una ocasin mat ochocientos hombres con su lanza.
Despus de l segua Eleazar, hijo de Dod, el ahohta, que era uno de los tres ms valientes. Estuvo con David en Pas-damim, cuando los filisteos se juntaron all para la batalla y los israelitas se retiraron.
Pero l se mantuvo firme, y estuvo matando filisteos hasta que la mano se le cans y se le qued pegada a la espada. Aquel da el Seor alcanz una gran victoria. Luego el ejrcito sigui a Eleazar para apoderarse de lo que se le haba quitado al enemigo.
Tras Eleazar segua Sam, hijo de Agu, el ararita. Cuando los filisteos se reunieron en Lehi, donde haba un campo sembrado de lentejas, las tropas israelitas huyeron ante ellos.
Pero Sam se plant en medio del campo y lo defendi, derrotando a los filisteos. As el Seor alcanz una gran victoria.
Una vez, en el tiempo de la cosecha, tres de los treinta valientes fueron a encontrarse con David en la cueva de Adulam. Las fuerzas filisteas estaban acampadas en el valle de Refam.
David se hallaba en la fortaleza, al tiempo que un destacamento filisteo se encontraba en Beln.
Y David expres este deseo: "Ojal alguien me diera a beber agua del pozo que est en la puerta de Beln!"
Entonces los tres valientes penetraron en el campamento filisteo y sacaron agua del pozo que est a la entrada de Beln, y se la llevaron a David. Pero l no quiso beberla, sino que la derram como ofrenda al Seor,
diciendo: "El Seor me libre de beberla! Sera como beberme la sangre de estos hombres, que arriesgando sus vidas fueron a traerla!" Y no quiso beberla. Esta hazaa la realizaron los tres valientes.
Abisai, hermano de Joab e hijo de Serui, era jefe de los treinta valientes. En cierta ocasin atac a trescientos hombres con su lanza, y los mat. As gan fama entre los treinta,
y recibi ms honores que todos ellos, pues lleg a ser su jefe. Pero no igual a los tres primeros.
Benaas, hijo de Joiad, del pueblo de Cabseel, era un hombre valiente que realiz muchas hazaas. l fue quien mat a los dos hijos de Ariel de Moab. Un da en que estaba nevando baj a un foso, y all dentro mat a un len.
Tambin mat a un egipcio de gran estatura, que iba armado con una lanza: Benaas lo atac con un palo, le arrebat la lanza de la mano, y lo mat con su propia lanza.
Esta accin de Benaas, hijo de Joiad, le hizo ganar fama entre los treinta valientes;
y recibi ms honores que ellos, pero no igual a los tres primeros. Y David lo puso al mando de su guardia personal.
Entre los treinta valientes estaban: Asael, hermano de Joab; Elhann, hijo de Dod, de Beln;
Sam, de Harod; Elic, tambin de Harod;
Heles, el paltita; Ir, hijo de Iqus, de Tecoa;
Abizer, de Anatot; Sibecai, de Husah;
Salmn, el ahohta; Maharai, de Netof;
Hled, hijo de Baan, tambin de Netof; Itai, hijo de Ribai, de Guibe, que est en el territorio de Benjamn;
Benaas, de Piratn; Hidai, del arroyo de Gaas;
Ab-albn, el arbatita; Azmvet, de Bahurim;
Eliahb, el saalbonita; los hijos de Jasn; Jonatn;
Sam, el ararita; Ahiam, hijo de Sarar, tambin ararita;
Eliflet, hijo de Ahasbai, hijo del de Maac; Eliam, hijo de Ahitfel, de Guil;
Hesrai, de Carmel; Paarai, el arbita;
Igal, hijo de Natn, de Sob; Ban, de Gad;
Slec, de Amn; Naharai, de Beerot, asistente de Joab, hijo de Serui;
Ir, de Jatir; Gareb, tambin de Jatir;
y Uras, el hitita. En total, treinta y siete.
El Seor volvi a encenderse en ira contra los israelitas, e incit a David contra ellos, ordenndole que hiciera un censo de Israel y Jud.
Entonces el rey orden a Joab, jefe del ejrcito, que lo acompaaba: -Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz el censo de la poblacin, para que yo sepa cuntos habitantes hay.
Pero Joab respondi al rey: -Que el Seor, el Dios de Su Majestad, aumente su pueblo cien veces ms de lo que es ahora, y que Su Majestad viva para verlo; pero, para qu desea Su Majestad hacer un censo?
Sin embargo, la orden del rey se impuso a Joab y a los jefes del ejrcito, y por lo tanto Joab y los jefes del ejrcito se retiraron de la presencia del rey para hacer el censo del pueblo de Israel.
Atravesaron el ro Jordn y comenzaron por Aroer y por la ciudad que est en medio del valle, en direccin a Gad y Jazer.
Despus fueron a Galaad y a Cads, en el pas de los hititas. Llegaron luego a Dan, y desde Dan dieron la vuelta por Sidn.
Despus fueron a la fortaleza de Tiro y a todas las ciudades de los heveos y los cananeos, hasta salir al sur de Jud, a Beerseba.
Al cabo de nueve meses y veinte das, y tras haber recorrido todo el pas, llegaron a Jerusaln.
Joab entreg al rey cifras del censo de la poblacin, y result que haba en Israel ochocientos mil hombres aptos para la guerra, y quinientos mil en Jud.
Pero David se sinti culpable por haber hecho el censo de la poblacin, y confes al Seor: -He cometido un grave pecado al hacer esto. Pero te ruego, Seor, que perdones ahora el pecado de este siervo tuyo, pues me he portado como un necio.
A la maana siguiente, cuando se levant David, dijo el Seor al profeta Gad, vidente al servicio de David:
"Ve a ver a David, y dile de mi parte que le propongo tres cosas, y que escoja la que l quiera que yo haga."
Gad fue a ver a David, y le pregunt: -Qu prefieres: siete aos de hambre en el pas, tres meses huyendo t de la persecucin de tus enemigos, o tres das de peste en el pas? Piensa y decide ahora lo que he de responder al que me ha enviado.
Y David contest a Gad: -Estoy en un grave aprieto. Ahora bien, es preferible que caigamos en manos del Seor, pues su bondad es muy grande, y no en manos de los hombres.
Entonces mand el Seor una peste sobre Israel, desde aquella misma maana hasta la fecha indicada, y desde Dan hasta Beerseba murieron setenta mil personas.
Y cuando el ngel estaba a punto de destruir Jerusaln, le pes al Seor aquel dao y orden al ngel que estaba hiriendo al pueblo: "Basta ya, no sigas!" En aquel momento el ngel del Seor se encontraba junto al lugar donde Arauna el jebuseo trillaba el trigo.
Y cuando David vio al ngel que hera a la poblacin, dijo al Seor: -Yo soy quien ha pecado! Yo soy el culpable! Pero qu han hecho estos inocentes? Yo te ruego que tu castigo caiga sobre m y sobre mi familia!
Aquel mismo da, Gad fue a ver a David, y le dijo que levantara un altar al Seor en el lugar donde Arauna el jebuseo trillaba el trigo.
Entonces David fue a hacer lo que Gad le haba dicho por orden del Seor.
Arauna estaba mirando a lo lejos, cuando vio que el rey y sus servidores se dirigan hacia l. Entonces Arauna se adelant, e inclinndose delante del rey
le dijo: -A qu se debe la visita de Su Majestad a su criado? David respondi: -Quiero comprarte el lugar donde trillas el trigo, para construir all un altar al Seor, a fin de que la peste se retire del pueblo.
Y Arauna le contest: -Tome Su Majestad lo que le parezca mejor, y ofrezca holocaustos. Aqu hay toros para el holocausto, y los trillos y los yugos de las yuntas pueden servir de lea.
Todo esto se lo doy a Su Majestad! Adems, Arauna exclam: -Ojal Su Majestad pueda complacer al Seor su Dios!
Pero el rey respondi: -Te lo agradezco, pero tengo que comprrtelo todo pagndote lo que vale, pues no presentar al Seor mi Dios holocaustos que no me hayan costado nada. De esta manera David compr aquel lugar y los toros por cincuenta monedas de plata,
y all construy un altar al Seor y ofreci holocaustos y sacrificios de reconciliacin. Entonces el Seor atendi las splicas en favor del pas, y la peste se retir de Israel.
El rey David era ya anciano, de edad muy avanzada. Aunque lo cubran y arropaban bien, no poda entrar en calor.
Por esto, sus servidores le dijeron: "Debe buscarse para Su Majestad una muchacha soltera que le sirva y lo cuide, y que duerma con Su Majestad para que le d calor."
Buscaron una muchacha hermosa por todo el territorio de Israel, y hallaron una que se llamaba Abisag, del pueblo de Sunem, la cual llevaron al rey.
Abisag era muy hermosa, y cuidaba al rey y le serva, pero el rey nunca tuvo relaciones sexuales con ella.
Entre tanto, Adonas, hijo de David y de Haguit, se levant en armas y dijo que l sera rey. Se hizo de carros de combate, y de caballera, y de una guardia personal de cincuenta hombres.
Su padre no lo haba contrariado en toda su vida, ni le haba preguntado por qu haca lo que haca. Adonas, que haba nacido despus de Absaln, era muy bien parecido.
Haba hecho un trato con Joab, el hijo de Serui, y con el sacerdote Abiatar, los cuales le apoyaban.
Pero ni el sacerdote Sadoc, ni Benaas, hijo de Joiad, ni el profeta Natn, ni Sim, hombre de confianza del rey, ni los mejores soldados de David estaban a favor de Adonas.
Por aquel tiempo, Adonas prepar un banquete junto a la pea de Zohlet, que est cerca del manantial de Roguel. Mat ovejas y toros y los becerros ms gordos, e invit a todos sus hermanos, hijos del rey, y a todos los hombres de Jud que estaban al servicio del rey;
pero no invit al profeta Natn, ni a Benaas, ni a los soldados de David, ni a su hermano Salomn.
Entonces habl Natn con Betsab, la madre de Salomn, y le dijo: -No te has enterado de que Adonas, el hijo de Haguit, se ha proclamado rey sin que lo sepa David, nuestro seor?
Pues ven, que voy a darte un consejo para que puedas salvar tu vida y la de tu hijo Salomn.
Ve y presntate al rey David, y dile: 'Su Majestad me haba jurado que mi hijo Salomn reinara despus de Su Majestad, y que subira al trono. Por qu, entonces, est reinando Adonas?'
Y mientras t hablas con el rey, yo entrar y confirmar tus palabras.
Betsab fue entonces a ver al rey a su habitacin. El rey ya estaba muy anciano, y Abisag la sunamita lo atenda.
Betsab se inclin ante el rey hasta tocar el suelo con la frente, y el rey le pregunt: -Qu te pasa?
Ella le respondi: -Su Majestad me jur por el Seor su Dios, que mi hijo Salomn reinara despus de Su Majestad, y que subira al trono.
Pero sucede que Adonas se ha proclamado rey, y Su Majestad no lo sabe.
Ha matado toros y becerros y muchas ovejas, y ha invitado a los hijos de Su Majestad; tambin ha invitado al sacerdote Abiatar y a Joab, general del ejrcito, pero no ha invitado a Salomn, servidor de Su Majestad.
Ahora bien, seor, todo Israel est pendiente de que Su Majestad diga quin habr de reinar despus de Su Majestad.
De lo contrario, cuando Su Majestad muera, mi hijo Salomn y yo seremos condenados a muerte.
Mientras ella hablaba con el rey, lleg el profeta Natn,
y se lo hicieron saber al rey. Cuando el profeta se present ante el rey, se inclin delante de l hasta tocar el suelo con la frente,
y le pregunt: -Ha ordenado Su Majestad que Adonas reine despus de Su Majestad?
Porque resulta que hoy ha bajado, ha matado toros y becerros y muchas ovejas, y ha convidado a los hijos de Su Majestad, a los capitanes del ejrcito y al sacerdote Abiatar. Y ah estn comiendo y bebiendo con l, y gritando: 'Viva el rey Adonas!'
Sin embargo, no me han invitado a m, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaas, hijo de Joiad, ni a Salomn, hijo de Su Majestad.
Acaso ha ordenado esto Su Majestad sin haber informado a este siervo suyo acerca de quin ocupara el trono despus de Su Majestad?
El rey David orden entonces que llamaran a Betsab. Al llegar Betsab ante el rey, se qued de pie delante de l.
El rey hizo entonces el siguiente juramento: -Juro por el Seor, que me ha librado de toda angustia,
que lo que te jur por el Seor, el Dios de Israel, te lo cumplir hoy mismo: tu hijo Salomn subir al trono en mi lugar y reinar despus de m.
Betsab se inclin ante el rey hasta tocar el suelo con la frente, y exclam: -Viva para siempre mi seor, el rey David!
Luego el rey David orden que llamaran al sacerdote Sadoc, al profeta Natn y a Benaas, hijo de Joiad. Cuando estos se presentaron ante el rey,
l les dijo: -Hganse acompaar de los funcionarios del reino, monten a mi hijo Salomn en mi mula y llvenlo a Guihn;
y en cuanto el sacerdote Sadoc y el profeta Natn lo consagren como rey de Israel, toquen el cuerno de carnero y griten: 'Viva el rey Salomn!'
Luego srvanle de escolta, para que venga y se siente en mi trono y reine en mi lugar, pues he dispuesto que l sea el jefe de Israel y de Jud.
Benaas, el hijo de Joiad, respondi al rey: -Amn, y que as lo ordene el Seor, el Dios de Su Majestad!
Y del mismo modo que el Seor ha estado con Su Majestad, as est con Salomn, y haga que su reino sea mayor an que el de Su Majestad, mi seor David.
Luego el sacerdote Sadoc, el profeta Natn, Benaas, hijo de Joiad, y los quereteos y los peleteos, fueron y montaron a Salomn en la mula del rey David, y lo llevaron a Guihn.
All el sacerdote Sadoc tom del santuario el cuerno con el aceite y consagr como rey a Salomn. A continuacin tocaron el cuerno de carnero, y todo el pueblo grit: "Viva el rey Salomn!"
Luego todos lo siguieron, tocando flautas. Era tal su alegra que pareca que la tierra se parta en dos por causa de sus voces.
Adonas y todos sus invitados acababan de comer cuando oyeron el ruido. Al or Joab el sonido del cuerno, coment: -Por qu habr tanto alboroto en la ciudad?
Mientras l hablaba, lleg Jonatn, el hijo del sacerdote Abiatar. Adonas le dijo: -Entra, pues t eres un hombre importante y debes traer buenas noticias.
Jonatn respondi a Adonas: -Al contrario. David, nuestro seor y rey, ha hecho rey a Salomn,
y ha ordenado que el sacerdote Sadoc y el profeta Natn, as como Benaas, hijo de Joiad, y los quereteos y los peleteos, acompaen a Salomn; y ellos lo han montado en la mula del rey.
Adems, el sacerdote Sadoc y el profeta Natn lo han consagrado como rey en Guihn, y han regresado de all muy contentos. Por eso est alborotada la ciudad, y ese es el ruido que ustedes han escuchado.
Adems, Salomn ya ha tomado posesin del trono,
y los funcionarios del rey David han ido a felicitarlo y a desearle que Dios haga prosperar a Salomn y extienda su dominio ms que el suyo. Incluso el propio rey David se inclin en su cama para adorar a Dios,
y dijo: 'Bendito sea el Seor, el Dios de Israel, que ha permitido hoy que un descendiente mo suba al trono, y que yo lo vea.'
Los invitados de Adonas se pusieron a temblar; luego se levantaron todos, y cada uno se fue por su lado.
Adonas, por su parte, por miedo a Salomn se levant y se fue al santuario, y all busc refugio agarrndose a los cuernos del altar.
Alguien fue a decirle a Salomn: -Adonas tiene miedo de Su Majestad, y se ha refugiado en el altar. Pide que Su Majestad le jure ahora mismo que no lo va a matar.
Salomn respondi: -Si se porta como un hombre de bien, no caer al suelo ni un pelo de su cabeza; pero si se descubre alguna maldad en l, morir.
En seguida Salomn mand que lo retiraran del altar. Luego Adonas fue y se inclin ante el rey Salomn, y este le orden que se fuera a su casa.
La muerte de David se acercaba por momentos, as que David orden a su hijo Salomn:
"Voy a emprender el ltimo viaje, como todo el mundo. Ten valor y prtate como un hombre.
Cumple las ordenanzas del Seor tu Dios, haciendo su voluntad y cumpliendo sus leyes, mandamientos, decretos y mandatos, segn estn escritos en la ley de Moiss, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas.
Tambin para que el Seor confirme la promesa que me hizo, de que si mis hijos cuidaban su conducta y se conducan con verdad delante de l, con todo su corazn y toda su alma, nunca faltara en mi familia quien ocupara el trono de Israel.
"Ahora bien, t ya sabes lo que me hizo Joab, el hijo de Serui, es decir, lo que hizo con dos generales del ejrcito israelita: con Abner, el hijo de Ner, y con Amas, el hijo de Jter, a quienes mat en tiempo de paz para vengar la sangre derramada en guerra, hacindome responsable de ese asesinato.
Por lo tanto, acta con inteligencia y no lo dejes tener una muerte tranquila.
En cuanto a los hijos de Barzilai, el de Galaad, trtalos con bondad y hazlos participar de tu mesa, pues ellos me protegieron cuando yo hua de tu hermano Absaln.
Por otra parte, fjate que est contigo Sim, hijo de Guer, el benjaminita de Bahurim. l fue quien me lanz una maldicin terrible el da que yo iba hacia Mahanaim. Despus, sin embargo, sali a recibirme al ro Jordn, y yo tuve que jurarle por el Seor que no lo matara.
No lo perdones. Eres inteligente, y sabrs qu hacer con l. Pero procura que su muerte sea violenta."
David muri y fue enterrado con sus antepasados en la Ciudad de David.
Fue rey de Israel durante cuarenta aos, de los cuales rein siete en Hebrn y treinta y tres en Jerusaln.
Luego rein Salomn en lugar de David, su padre, y su reinado fue muy estable.
Adonas, el hijo de Haguit, fue a ver a Betsab, la madre de Salomn. Ella le pregunt: -Vienes en son de paz? -S -respondi l.
Y aadi-: Tengo algo que decirte. -Dime -contest ella.
-T sabes -dijo Adonas- que el reino me perteneca, y que todo Israel estaba esperando que yo fuera rey. Pero el derecho a reinar se le concedi a mi hermano, porque ya el Seor haba dispuesto que fuera para l.
Ahora solo quiero pedirte un favor. No me lo niegues. -Habla -respondi ella.
l dijo: -Te ruego que le pidas al rey Salomn que me d por esposa a Abisag la sunamita. l no te lo negar.
-De acuerdo, yo hablar al rey por ti -respondi Betsab.
As pues, Betsab fue a hablar con el rey Salomn en favor de Adonas. El rey se levant a recibir a su madre y se inclin ante ella. Luego volvi a sentarse en su trono y orden que trajeran un silln para su madre; entonces ella se sent a su derecha,
y le dijo: -Quiero pedirte un pequeo favor. Te ruego que no me lo niegues. -Pdeme lo que quieras, madre ma -contest el rey-, que no te lo negar.
-Permite que Abisag la sunamita sea dada por esposa a tu hermano Adonas - dijo ella.
-Por qu pides a Abisag la sunamita para Adonas? -respondi el rey a su madre-. Solo falta que me pidas que le entregue el reino, porque es mi hermano mayor y porque tiene a su favor al sacerdote Abiatar y a Joab, el hijo de Serui!
Dicho esto, el rey Salomn jur por el Seor: "Que Dios me castigue con toda dureza, si esto que ha dicho Adonas no le cuesta la vida.
Juro por el Seor, que me ha colocado y confirmado en el trono de David mi padre y que me ha establecido una dinasta, que Adonas morir hoy mismo!"
En seguida dio rdenes a Benaas, hijo de Joiad, de matar a Adonas, y este fue y lo mat.
En cuanto al sacerdote Abiatar, el rey le orden: "Lrgate a Anatot, a tus tierras! Mereces la muerte, pero no te matar porque has transportado el arca del Seor delante de David, mi padre, y has sufrido las mismas penalidades que l."
De este modo Salomn quit a Abiatar del sacerdocio del Seor, y as se cumpli lo que el Seor haba dicho en Sil en cuanto a la familia de El.
Joab se haba puesto de parte de Adonas, pero no de parte de Absaln; as que cuando le lleg esta noticia a Joab, huy al santuario del Seor y se refugi en el altar.
Pero informaron al rey Salomn de que Joab haba huido al santuario del Seor, y de que se haba refugiado en el altar. Entonces mand Salomn a Benaas, hijo de Joiad, que fuera a matarlo,
y Benaas fue al santuario y le dijo a Joab: -El rey ordena que salgas. Pero Joab contest: -No! Aqu morir! Benaas fue al rey con la respuesta, y le cont lo que Joab le haba respondido.
Entonces el rey contest: -Dmosle gusto. Mtalo y entirralo, y borra de la casa de mi padre, y de m tambin, la culpa de los asesinatos cometidos por Joab.
El Seor har recaer sobre l la culpa de su propia muerte, porque, sin saberlo mi padre, Joab acuchill a dos hombres ms honrados y mejores que l: a Abner, hijo de Ner, jefe del ejrcito israelita, y a Amas, hijo de Jter, jefe del ejrcito de Jud.
La culpa de su muerte recaer sobre Joab y sobre su descendencia para siempre. Por el contrario, la paz del Seor estar siempre con David y su descendencia, y con su dinasta y su trono.
Entonces Benaas fue y mat a Joab. Y Joab fue enterrado en su casa, en el desierto.
Luego el rey puso a Benaas al mando del ejrcito en lugar de Joab, y al sacerdote Sadoc en lugar de Abiatar.
Despus mand llamar a Sim, y le orden: -Constryete una casa en Jerusaln, para que vivas all. Pero no salgas de all a ninguna parte,
porque el da que salgas y cruces el arroyo Cedrn, ten la seguridad de que morirs, y t tendrs la culpa.
Sim respondi al rey: -Est bien. Har lo que ha ordenado Su Majestad. Sim vivi mucho tiempo en Jerusaln.
Pero al cabo de tres aos, dos esclavos suyos se escaparon y se fueron a vivir con Aqus, hijo de Maac, que era rey de Gat. Cuando le avisaron a Sim que sus dos esclavos estaban en Gat,
se levant y aparej su asno y se fue a Gat, donde estaba Aqus, en busca de sus esclavos. Cuando ya Sim regresaba de Gat con sus esclavos,
supo Salomn que Sim haba salido de Jerusaln a Gat, y que ya vena de regreso.
Entonces mand el rey llamar a Sim, y le dijo: -No te hice jurar por el Seor, y te advert, que el da que salieras a alguna parte, con toda seguridad moriras? Acaso no me respondiste que estaba bien, y que me ibas a obedecer?
Por qu no cumpliste tu juramento al Seor, ni obedeciste lo que te mand?
T sabes perfectamente el dao que hiciste a David, mi padre. Por eso el Seor ha hecho que el mal que hiciste se vuelva contra ti.
Pero el rey Salomn ser bendecido, y el trono de David quedar establecido para siempre delante del Seor.
Despus el rey dio rdenes a Benaas, hijo de Joiad, y este sali y mat a Sim. As se afirm el reino en manos de Salomn.
Salomn emparent con el faran, rey de Egipto, pues se cas con su hija y la llev a la Ciudad de David mientras terminaba de construir su palacio y el templo del Seor y la muralla alrededor de Jerusaln.
La gente, sin embargo, ofreca sus sacrificios en los lugares altos de culto pagano, porque hasta entonces no se haba construido un templo para el Seor.
Salomn amaba al Seor y cumpla las leyes establecidas por David, su padre, aun cuando l mismo ofreca sacrificios e incienso en los lugares altos,
e incluso iba a Gaban para ofrecer all sacrificios, porque aquel era el lugar alto ms importante; y ofreca en aquel lugar mil holocaustos.
Una noche, en Gaban, el Seor se apareci en sueos a Salomn y le dijo: "Pdeme lo que quieras, y yo te lo dar."
Salomn respondi: "T trataste con gran bondad a mi padre, tu siervo David, pues l se condujo delante de ti con lealtad, justicia y rectitud de corazn para contigo. Por eso lo trataste con tanta bondad y le concediste que un hijo suyo se sentara en su trono, como ahora ha sucedido.
T, Seor y Dios mo, me has puesto para que reine en lugar de David, mi padre, aunque yo soy un muchacho joven y sin experiencia.
Pero estoy al frente del pueblo que t escogiste: un pueblo tan grande que, por su multitud, no puede contarse ni calcularse.
Dame, pues, un corazn atento para gobernar a tu pueblo, y para distinguir entre lo bueno y lo malo; porque quin hay capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan numeroso?"
Al Seor le agrad que Salomn le hiciera tal peticin,
y le dijo: "Porque me has pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino inteligencia para saber or y gobernar,
voy a hacer lo que me has pedido: yo te concedo sabidura e inteligencia como nadie las ha tenido antes que t ni las tendr despus de ti.
Adems, te doy riquezas y esplendor, cosas que t no pediste, de modo que en toda tu vida no haya otro rey como t.
Y si haces mi voluntad, y cumples mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, tu padre, te conceder una larga vida."
Al despertar, Salomn se dio cuenta de que haba sido un sueo. Y cuando lleg a Jerusaln, se present ante el arca de la alianza del Seor y ofreci holocaustos y sacrificios de reconciliacin. Despus dio un banquete a todos sus funcionarios.
Por aquel tiempo fueron a ver al rey dos prostitutas. Cuando estuvieron en su presencia,
una de ellas dijo: -Ay, Majestad! Esta mujer y yo vivimos en la misma casa, y yo di a luz estando ella conmigo en casa.
A los tres das de que yo di a luz, tambin dio a luz esta mujer. Estbamos las dos solas. No haba ninguna persona extraa en casa con nosotras; solo estbamos nosotras dos.
Pero una noche muri el hijo de esta mujer, porque ella se acost encima de l.
Entonces se levant a medianoche, mientras yo estaba dormida, y quit de mi lado a mi hijo y lo acost con ella, poniendo junto a m a su hijo muerto.
Por la maana, cuando me levant para dar el pecho a mi hijo, vi que estaba muerto. Pero a la luz del da lo mir, y me di cuenta de que aquel no era el hijo que yo haba dado a luz.
La otra mujer dijo: -No, mi hijo es el que est vivo, y el tuyo es el muerto. Pero la primera respondi: -No, tu hijo es el muerto, y mi hijo el que est vivo. As estuvieron discutiendo delante del rey.
Entonces el rey se puso a pensar: "Esta dice que su hijo es el que est vivo, y que el muerto es el de la otra; pero la otra dice exactamente lo contrario!"
Luego orden: -Triganme una espada! Cuando le llevaron la espada al rey,
orden: -Corten en dos al nio vivo, y denle una mitad a cada una.
Pero la madre del nio vivo se angusti profundamente por su hijo, y suplic al rey: -Por favor! No mate Su Majestad al nio vivo! Mejor dselo a esta mujer! Pero la otra dijo: -Ni para m ni para ti. Que lo partan!
Entonces intervino el rey y orden: -Entreguen a aquella mujer el nio vivo. No lo maten, porque ella es su verdadera madre.
Todo Israel se enter de la sentencia con que el rey haba resuelto el pleito, y sintieron respeto por l, porque vieron que Dios le haba dado sabidura para administrar justicia.
Salomn fue rey de todo Israel.
Y sus funcionarios fueron estos: Azaras, hijo del sacerdote Sadoc;
Elihref y Ahas, hijos de Sis, los cronistas; Josafat, hijo de Ahilud, secretario del rey;
Benaas, hijo de Joiad, jefe del ejrcito; Sadoc y Abiatar, sacerdotes;
Azaras, hijo de Natn, superintendente; Zabud, hijo del sacerdote Natn, consejero particular del rey;
Ahisar, mayordomo de palacio; y Adoniram, hijo de Abd, encargado del trabajo obligatorio.
Salomn tena doce intendentes sobre todo Israel, cuya obligacin era proveer de todo al rey y a su familia. Cada uno de ellos deba proveerlo de todo durante un mes al ao.
Estos doce intendentes eran: Ben-hur, en los montes de Efran;
Ben-dquer, en Macs, Saalbim, Bet-semes, Eln y Bet-hann;
Ben-hsed, en Arubot, y tambin en Soc y en todo el pas de Hfer;
Ben-abinadab, en toda la provincia de Dor; su mujer era Tafat, hija de Salomn;
Baan, hijo de Ahilud, en Taanac, Meguido y toda Bet-sen, que est junto a Saretn, ms abajo de Jezreel, desde Bet-sen hasta Abel-mehol, ms all de Jocmeam;
Ben-guber, en Ramot de Galaad, que tena a su cargo las aldeas de Galaad, que pertenecan a Jar hijo de Manass, y tambin la regin de Argob, que estaba en Basn, donde haba sesenta grandes ciudades con murallas y cerrojos de bronce;
Ahinadab, hijo de Id, en Mahanaim;
Ahimaas, que se cas con Basemat, hija de Salomn, en Neftal;
Baan, hijo de Husai, en Aser y en Alot;
Josafat, hijo de Parah, en Isacar;
Sim, hijo de El, en Benjamn;
Guber, hijo de Ur, en la regin de Gad, pas de Sihn, rey de los amorreos, y de Og, rey de Basn. Haba, adems, un intendente general sobre todo el pas.
Jud e Israel tenan una poblacin incontable, como la arena que hay a la orilla del mar. Haba abundancia de comida y bebida, y reinaba la alegra.
Salomn era soberano de todos los reinos comprendidos desde el ro Eufrates hasta el pas filisteo y hasta la frontera de Egipto, los cuales pagaron tributo y estuvieron sometidos a Salomn mientras l vivi.
La provisin diaria para Salomn era de seis mil seiscientos litros de flor de harina, trece mil doscientos litros de harina,
diez toros de los ms gordos, veinte toros criados con hierba, y cien ovejas, sin contar ciervos, gacelas, gamos y aves bien gordas,
pues Salomn dominaba en toda la regin al oeste del Eufrates, desde Tfsah hasta Gaza, y sobre todos los reyes de esta regin, y haba pacificado todo el territorio de alrededor.
Mientras Salomn vivi, los habitantes de Jud e Israel, desde Dan hasta Beerseba, vivieron tranquilos, cada cual debajo de su parra y de su higuera.
Salomn tena adems cuatro mil caballerizas para los caballos de sus carros, y doce mil soldados de caballera.
Los intendentes ya mencionados provean de lo necesario, en el mes que les tocaba, al rey Salomn y a sus huspedes, procurando que nada faltara.
En su turno correspondiente, mandaban al lugar donde se les indicaba la cebada y la paja para los caballos y los animales de tiro.
Dios concedi a Salomn mucha sabidura e inteligencia, y una comprensin tan abundante como la arena que est a la orilla del mar,
hasta el punto de que la sabidura de Salomn sobrepas a la de los egipcios y los orientales.
Fue ms sabio que ningn hombre: ms sabio que Etn, el descendiente de Zrah, y que Hemn, Calcol y Dard, hijos de Mahol. Su fama se extendi por todas las naciones de alrededor.
Pronunci tres mil proverbios y compuso mil cinco poemas.
Habl acerca de los rboles y las plantas, desde el cedro del Lbano hasta la hierba que crece en las paredes; tambin habl sobre los animales, las aves, los reptiles y los peces.
De todas las naciones y reinos de la tierra donde haban odo hablar de la inteligencia de Salomn, vena gente a escucharlo.
Cuando Hiram, rey de Tiro, supo que haban consagrado rey a Salomn en lugar de David, su padre, envi sus embajadores, pues Hiram siempre haba estimado a David.
Entonces Salomn mand decir a Hiram:
"T ya sabes que David, mi padre, no pudo construir un templo al Seor su Dios, por las guerras en que se vio envuelto, hasta que el Seor someti a sus enemigos.
Pero ahora el Seor mi Dios nos ha dado calma en todas partes, pues no tenemos enemigos ni calamidades.
Por lo tanto he decidido construir un templo al Seor mi Dios, conforme a la promesa que l le hizo a David, mi padre, cuando le dijo que su hijo, a quien l hara reinar en su lugar, sera quien construira un templo en su honor.
Ordena, pues, que me corten cedros del Lbano. Mis servidores ayudarn a los tuyos, y yo te pagar lo que me pidas como salario de tus servidores, pues t bien sabes que ninguno de nosotros sabe cortar la madera como los sidonios."
Cuando Hiram escuch el mensaje de Salomn, se puso muy contento y exclam: "Bendito sea hoy el Seor, porque ha concedido a David un hijo tan sabio para que gobierne esa gran nacin!"
Luego Hiram mand decir a Salomn: "He recibido el mensaje que me enviaste, y cumplir tu pedido de madera de cedro y de pino.
Mis servidores la bajarn del Lbano hasta el mar, y de all har que la transporten, en forma de balsas, hasta el lugar que me indiques. All se desatarn las balsas, y t recogers la madera. Por lo que a ti toca, cumple mi deseo de proveer alimentos para mi palacio."
Por lo tanto, Hiram dio a Salomn toda la madera de cedro y de pino que quiso,
y Salomn provey a Hiram de alimentos para su palacio: cuatro millones cuatrocientos mil litros de trigo y cuatro mil cuatrocientos litros de aceite puro de oliva. Salomn entregaba esto a Hiram cada ao.
As pues, el Seor concedi sabidura a Salomn, como le haba prometido. Adems, Hiram y Salomn hicieron un pacto, y hubo paz entre ellos.
Entonces el rey Salomn decret una leva de trabajo obligatorio en todo Israel, y en la leva se reuni a treinta mil hombres,
los cuales fueron enviados al Lbano por turnos mensuales de diez mil hombres cada vez. De esa manera, estos hombres estaban un mes en el Lbano y dos meses en sus casas. El encargado del trabajo obligatorio era Adoniram.
Salomn tena adems setenta mil cargadores y ochenta mil canteros en la montaa,
sin contar los tres mil trescientos capataces que tena en las obras para dirigir a los trabajadores.
El rey mand sacar piedras grandes y costosas para los cimientos del templo, y piedras labradas.
Los constructores de Salomn y de Hiram, y los vecinos de Guebal, prepararon la madera y labraron las piedras para la construccin del templo.
Salomn comenz la construccin del templo del Seor en el cuarto ao de su reinado en Israel, en el mes de Ziv, que es el segundo mes del ao, cuando haca ya cuatrocientos ochenta aos que los israelitas haban salido de Egipto.
El templo que el rey Salomn construy para el Seor tena veintisiete metros de largo, nueve de ancho y trece y medio de alto.
El vestbulo que haba en la parte delantera del templo meda nueve metros de largo, igual que la anchura del templo, y cuatro metros y medio de ancho en la parte frontal del edificio.
Salomn le hizo al templo ventanas con rejas.
Tambin construy un anexo junto al muro que rodeaba el edificio, contra los muros que rodeaban el templo, tanto alrededor de la sala central como del cuarto posterior, y construy celdas alrededor.
La planta baja del anexo meda dos metros y veinticinco centmetros de ancho; la planta intermedia, dos metros con setenta centmetros; y la planta alta, tres metros con quince centmetros; pues por fuera haba reducido las medidas del templo para no empotrar las vigas en los muros del templo.
En la construccin del templo se emplearon piedras totalmente labradas, as que al edificarlo no se escucharon en el templo ni martillos ni piquetas ni ningn otro instrumento de hierro.
La puerta de la celda de la planta baja estaba al lado derecho del templo; y para subir a los pisos intermedio y tercero haba una escalera de caracol.
Cuando Salomn termin de construir el templo, lo cubri con vigas y artesonado de cedro.
Edific tambin el anexo que rodeaba todo el templo, cuya altura era de dos metros y veinticinco centmetros, y que sujet al muro del templo con vigas de cedro.
Entonces el Seor se dirigi a Salomn y le dijo:
"En cuanto al templo que ests construyendo, quiero decirte que, si te conduces conforme a mis leyes y decretos, y cumples todos mis mandamientos portndote conforme a ellos, yo cumplir la promesa que hice a David, tu padre, respecto a ti;
y vivir entre los israelitas, y no abandonar a Israel, mi pueblo."
Salomn termin de construir el templo.
Cubri las paredes interiores del edificio con tablas de cedro. Lo recubri de madera de arriba abajo, y cubri el piso con madera de pino.
Tambin recubri de arriba abajo, con tablas de cedro, un espacio de nueve metros en la parte posterior del templo, y lo acondicion para que fuera el Lugar Santsimo.
La nave del templo, que estaba frente al Lugar Santsimo, meda dieciocho metros de largo.
El revestimiento interior del templo era de madera de cedro, con tallas de flores y frutos. Todo era de cedro. No se vea una sola piedra.
Salomn prepar el Lugar Santsimo en el templo, para colocar all el arca de la alianza del Seor.
El interior del Lugar Santsimo meda nueve metros de largo, nueve de ancho y nueve de alto. Frente al Lugar Santsimo, Salomn hizo un altar de cedro y lo recubri de oro.
Tambin recubri de oro puro el interior del templo y el Lugar Santsimo, y delante de este puso cadenas de oro.
De modo que recubri de oro todo el templo, lo mismo que el altar que haba delante del Lugar Santsimo.
Hizo tambin dos seres alados de madera de olivo para el Lugar Santsimo. Cada uno de ellos tena cuatro metros y medio de altura,
y cada una de sus alas meda dos metros y veinticinco centmetros. As que, de una punta a otra de las alas, cada uno de ellos meda cuatro metros y medio.
Los dos seres alados tenan las mismas medidas; es decir, los dos medan cuatro metros y medio, y tambin tenan la misma forma.
Su altura era tambin de cuatro metros y medio.
Salomn los puso en el Lugar Santsimo. Y aquellos seres alados tenan sus alas extendidas, de modo que el ala de uno tocaba una pared y el ala del otro tocaba la pared opuesta, y las otras dos alas se tocaban entre s en el centro del Lugar Santsimo.
Luego Salomn recubri de oro los seres alados,
y en todas las paredes interiores y exteriores del templo labr figuras de seres alados, palmeras y flores.
Tambin cubri de oro el piso del templo, por dentro y por fuera.
Para la entrada del Lugar Santsimo hizo puertas de madera de olivo, y el dintel y los postes formaban una figura de cinco lados.
Las dos puertas eran de madera de olivo, y en ellas labr figuras de seres alados, palmeras y flores; luego recubri de oro todas estas figuras.
Para la entrada de la sala central del templo, hizo postes de madera de olivo formando un cuadro.
Las dos hojas de la puerta eran de madera de pino, y ambas eran giratorias.
Labr en ellas seres alados, palmeras y flores, y luego recubri estas figuras con lminas de oro.
Construy tambin el atrio interior con tres hileras de piedras labradas y una hilera de vigas de cedro.
En el cuarto ao del reinado de Salomn, en el mes de Ziv, se echaron los cimientos del templo del Seor;
y en el ao once de su reinado, en el mes de Bul, que es el octavo mes del ao, se termin el templo en todos sus detalles, segn la totalidad del proyecto. En siete aos lo construy Salomn.
Salomn construy su propio palacio, y lo termin completamente en trece aos.
Tambin edific el palacio llamado "Bosque del Lbano", el cual tena cuarenta y cinco metros de largo, veintids y medio de ancho, y trece y medio de alto, y estaba sostenido por cuatro hileras de columnas de cedro, sobre las que descansaban vigas de cedro.
Estas vigas eran cuarenta y cinco, distribuidas en tres series de quince cada una, y se apoyaban sobre las columnas. Sobre las vigas haba un artesonado de cedro.
Haba tres filas de ventanas ordenadas de tres en tres, unas frente a las otras.
Todas las puertas y ventanas eran cuadradas y estaban unas frente a las otras, en tres hileras.
Tambin hizo la Sala de las Columnas, que tena veintids metros y medio de largo por trece metros y medio de ancho. Y frente a esta, otra sala con columnas y techo.
Hizo adems la Sala del Tribunal, o Sala de Justicia, para celebrar all los juicios, y la cubri de arriba abajo con madera de cedro.
El palacio donde Salomn viva, tena un patio en la parte de atrs, y una sala de igual construccin. Y el palacio que construy para la hija del faran que tom por esposa, tena una sala semejante.
Todas estas construcciones, desde los cimientos hasta las cornisas y desde la fachada hasta el patio mayor, eran de piedras costosas, labradas y cortadas a la medida con sierras, lo mismo por fuera que por dentro.
Los cimientos eran tambin de piedras costosas y grandes, unas de cuatro metros y medio, y otras de tres metros y sesenta centmetros.
La parte superior era tambin de piedras costosas, labradas a la medida, y de madera de cedro.
Y alrededor del patio grande haba tres hileras de piedras y una hilera de vigas de cedro, lo mismo que en el atrio interior y en el vestbulo del templo del Seor.
El rey Salomn mand traer de Tiro a Hiram,
que era hijo de una viuda de la tribu de Neftal y de un nativo de Tiro experto en trabajar el bronce. Hiram era muy hbil e inteligente, y conoca la tcnica para realizar cualquier trabajo en bronce, as que se present ante el rey Salomn y realiz todos sus trabajos.
Fundi dos columnas de bronce, que medan ocho metros de alto y cinco metros y medio de circunferencia.
Hizo tambin dos capiteles de bronce para colocarlos en la parte superior de las columnas. La altura de cada capitel era de dos metros y veinticinco centmetros.
Adems hizo dos rejillas, trenzadas en forma de cadenas, para los capiteles que haba en la parte superior de las columnas: una rejilla para cada capitel.
Hizo tambin dos hileras de granadas alrededor de cada rejilla, para cubrir los capiteles de las columnas. Hizo lo mismo con ambos capiteles.
Los capiteles que haba sobre las columnas del vestbulo medan casi dos metros, y tenan forma de lirio.
Alrededor y en lo alto de cada capitel, en su parte ms ancha, en forma de globo, junto a la rejilla, haba doscientas granadas en dos hileras.
Hiram puso estas columnas en el vestbulo del templo. Y cuando las puso en su lugar, a la columna de la derecha la llam Jaqun, y a la columna de la izquierda la llam Boaz.
La parte superior de las columnas tena forma de lirio. As qued terminado el trabajo de las columnas.
Hiram hizo despus una enorme pila de bronce, para el agua. Era redonda, y meda cuatro metros y medio de un borde al otro. Su altura era de dos metros y veinticinco centmetros, y su circunferencia, de trece metros y medio.
Por debajo del borde, alrededor de la pila, hizo dos enredaderas con frutos, en nmero de diez por cada cuarenta y cinco centmetros, formando una sola pieza con la pila.
Esta descansaba sobre doce toros de bronce, de los cuales tres miraban al norte, tres al sur, tres al este y tres al oeste. Sus patas traseras estaban hacia dentro, y la pila descansaba sobre ellos.
Las paredes de la pila tenan ocho centmetros de grueso; su borde imitaba el cliz de un lirio, y caban en ella cuarenta y cuatro mil litros de agua.
Tambin hizo diez bases de bronce, cada una de un metro y ochenta centmetros de largo, otro tanto de ancho y un metro y treinta y cinco centmetros de alto.
Las bases estaban hechas de este modo: tenan unos entrepaos sujetos por un marco,
y sobre los entrepaos enmarcados haba figuras de leones, de toros y de seres alados. Por encima y por debajo de los toros y de los leones haba adornos de guirnaldas.
Cada base tena cuatro ruedas de bronce, con ejes tambin de bronce. En las cuatro esquinas de la base, por debajo de la pila, haba unas repisas de bronce que a cada lado tenan guirnaldas.
La boca de la pila estaba dentro de un cerco que sobresala hacia arriba cuarenta y cinco centmetros. La boca era redonda, y lo que le serva de soporte tena sesenta y ocho centmetros de alto. Tambin sobre la boca haba grabados, cuyos marcos no eran redondos, sino cuadrados.
Las cuatro ruedas estaban debajo de los entrepaos, y los ejes de las ruedas sujetos a la base. La altura de cada rueda era de sesenta y ocho centmetros,
y tenan la misma forma que las ruedas de los carros. Los ejes, aros, radios y cubos de las ruedas eran todos de bronce.
Las cuatro repisas que haba en las cuatro esquinas de cada base, formaban con esta una sola pieza.
La parte superior terminaba en un borde circular de veintids centmetros y medio de altura; y los entrepaos y molduras que haba en lo alto de la base, formaban una sola pieza con esta.
Hiram grab seres alados, leones y palmeras sobre los entrepaos y las molduras, segn lo permita el espacio de cada uno, y guirnaldas alrededor.
As fue como hizo las diez bases, todas fundidas iguales y con la misma forma y medida.
Hizo tambin diez pilas de bronce. Cada una meda un metro y ochenta centmetros, con capacidad para ochocientos ochenta litros, y cada una fue puesta sobre una de las diez bases,
cinco bases al lado derecho del templo y cinco al lado izquierdo. La pila grande fue puesta al lado derecho del edificio, hacia el sudeste.
Hiram hizo adems ollas, palas y tazones, y as termin todo el trabajo que hizo para Salomn en el templo del Seor,
el cual consisti en las dos columnas, los capiteles redondos que estaban en la parte superior de las mismas, las dos rejillas para cubrir los capiteles,
las cuatrocientas granadas para las dos rejillas, en dos hileras para cada una de las rejillas, con que se cubran los dos capiteles redondos que haba en lo alto de las columnas;
las diez bases, las diez pilas que iban sobre ellas,
la pila grande para el agua, con los doce toros que tena debajo,
adems de las ollas, las palas y los tazones. Todos estos utensilios que Hiram le hizo al rey Salomn para el templo del Seor, eran de bronce pulido.
El rey los fundi en moldes de arena, en la regin del Jordn, entre Sucot y Saretn.
Eran tantos los utensilios de bronce, que Salomn no se preocup por hacer que los pesaran.
Tambin mand hacer Salomn todos los dems utensilios que haba en el templo del Seor: el altar de oro, la mesa de oro sobre la que se ponan los panes que se consagran al Seor,
los candelabros de oro puro que haba frente al Lugar Santsimo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda, con sus figuras de flores, las lmparas, las tenazas de oro,
las copas, las despabiladeras, los tazones, los cucharones y los incensarios, que eran todos de oro puro. Tambin eran de oro los goznes de las puertas del Lugar Santsimo, en el interior del templo, y los de las puertas del templo mismo.
Y cuando se acabaron todas las obras que el rey Salomn mand realizar en el templo del Seor, llev Salomn los utensilios de oro y de plata que David, su padre, haba dedicado al Seor, y los deposit en los tesoros del templo del Seor.
Entonces Salomn reuni ante s en Jerusaln a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a las personas principales de las familias israelitas, para trasladar el arca de la alianza del Seor desde Sin, la Ciudad de David.
Y en el da de la fiesta solemne, en el mes de Etanim, que es el sptimo mes del ao, se reunieron con el rey Salomn todos los israelitas.
Llegaron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca
y la trasladaron junto con la tienda del encuentro con Dios y con todos los utensilios sagrados que haba en ella, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas.
El rey Salomn y toda la comunidad israelita que se haba reunido con l, estaban delante del arca ofreciendo en sacrificio ovejas y toros en cantidad tal que no se podan contar.
Despus llevaron los sacerdotes el arca de la alianza del Seor al interior del templo, hasta el Lugar Santsimo, bajo las alas de los seres alados,
los cuales tenan sus alas extendidas sobre el sitio donde estaba el arca, cubriendo por encima tanto el arca como sus travesaos.
Pero los travesaos eran tan largos que sus extremos se vean desde el Lugar Santo, frente al Lugar Santsimo, aunque no podan verse por fuera; y as han quedado hasta hoy.
En el arca no haba ms que las dos tablas de piedra que Moiss haba puesto all en Horeb, las tablas de la alianza que el Seor hizo con los israelitas cuando salieron de Egipto.
Al salir los sacerdotes del Lugar Santo, la nube llen el templo del Seor,
y por causa de la nube los sacerdotes no pudieron quedarse para celebrar el culto, porque la gloria del Seor haba llenado su templo.
Entonces Salomn dijo: "T, Seor, has dicho que vives en la oscuridad.
Pero yo te he construido un templo para que lo habites, un lugar donde vivas para siempre."
Luego el rey se volvi, de frente a toda la comunidad israelita, que estaba de pie, y la bendijo
diciendo: "Bendito sea el Seor, Dios de Israel, que ha cumplido lo que prometi a David, mi padre, cuando le dijo:
'Desde el da en que saqu de Egipto a mi pueblo Israel, no haba escogido yo ninguna ciudad entre todas las tribus de Israel para que en ella se construyera un templo donde residiera mi nombre. Pero escog a David para que gobernara a mi pueblo Israel.'
Y David, mi padre, tuvo el deseo de construir un templo en honor del Seor, Dios de Israel.
Sin embargo, el Seor le dijo: 'Haces bien en querer construirme un templo;
pero no sers t quien lo construya, sino el hijo que tendrs. l ser quien me construya el templo.'
"Pues bien, el Seor ha cumplido su promesa. Tal como dijo, yo he tomado el lugar de David, mi padre, y me he sentado en el trono de Israel y he construido un templo al Seor, el Dios de Israel.
Adems, he destinado en l un lugar para el arca donde est la alianza que el Seor hizo con nuestros antepasados cuando los sac de Egipto."
Despus se puso Salomn delante del altar del Seor, en presencia de toda la comunidad israelita, y extendiendo sus manos al cielo,
exclam: "Seor, Dios de Israel: ni en el cielo ni en la tierra hay un Dios como t, que cumples tu alianza y muestras tu bondad para con los que te sirven de todo corazn;
que has cumplido lo que prometiste a tu siervo David, mi padre, uniendo as la accin a la palabra en este da.
Por lo tanto, Seor, Dios de Israel, cumple tambin lo que prometiste a tu siervo David, mi padre: que no le faltara un descendiente que, con tu favor, subiera al trono de Israel, con tal de que sus hijos cuidaran su conducta y se comportaran en tu presencia como l se comport.
As pues, Dios de Israel, haz que se cumpla la promesa que hiciste a mi padre, tu servidor David.
"Pero ser verdad que Dios puede vivir sobre la tierra? Si el cielo, en toda su inmensidad, no puede contenerte, cunto menos este templo que he construido para ti!
No obstante, Seor y Dios mo, atiende mi ruego y mi splica; escucha el clamor y la oracin que este siervo tuyo te dirige hoy.
No dejes de mirar, ni de da ni de noche, este templo, lugar donde t has dicho que estars presente. Escucha la oracin que aqu te dirige este siervo tuyo.
Escucha mis splicas y las de tu pueblo Israel cuando oremos hacia este lugar. Escchalas en el cielo, lugar donde vives, y concdenos tu perdn.
"Cuando alguien cometa una falta contra su prjimo, y le obliguen a jurar ante tu altar en este templo,
escucha t desde el cielo, y acta; haz justicia a tus siervos. Condena al culpable, haciendo recaer sobre l el castigo por sus malas acciones, y haz justicia al inocente, segn le corresponda.
"Cuando el enemigo derrote a tu pueblo Israel por haber pecado contra ti, si luego este se vuelve a ti y alaba tu nombre, y en sus oraciones te suplica en este templo,
escchalo t desde el cielo, perdona su pecado, y hazlo volver al pas que diste a sus antepasados.
"Cuando haya una sequa y no llueva porque el pueblo pec contra ti, si luego ora hacia este lugar, y alaba tu nombre, y se arrepiente de su pecado a causa de tu castigo,
escchalo t desde el cielo y perdona el pecado de tus siervos, de tu pueblo Israel, y ensales el buen camino que deben seguir. Enva entonces tu lluvia a esta tierra que diste en herencia a tu pueblo.
"Cuando en el pas haya hambre, o peste, o las plantas se sequen por el calor, o vengan plagas de hongos, langostas o pulgn; cuando el enemigo rodee nuestras ciudades y las ataque, o venga cualquier otra desgracia o enfermedad,
escucha entonces toda oracin o splica hecha por cualquier persona, o por todo tu pueblo Israel, que al ver su desgracia y dolor extienda sus manos en oracin hacia este templo.
Escucha t desde el cielo, desde el lugar donde habitas, y concede tu perdn; intervn y da a cada uno segn merezcan sus acciones, pues solo t conoces las intenciones y el corazn del hombre.
As te honrarn mientras vivan en la tierra que diste a nuestros antepasados.
"Aun si un extranjero, uno que no sea de tu pueblo, por causa de tu nombre viene de tierras lejanas
y ora hacia este templo (ya que se oir hablar de tu nombre grandioso y de tu gran despliegue de poder),
escucha t desde el cielo, desde el lugar donde habitas, y concdele todo lo que te pida, para que todas las naciones de la tierra te conozcan y te honren como lo hace tu pueblo Israel, y comprendan que tu nombre es invocado en este templo que yo te he construido.
"Cuando tu pueblo salga a luchar contra sus enemigos, dondequiera que t lo enves, si ora a ti en direccin de la ciudad que t escogiste y del templo que yo te he construido,
escucha t desde el cielo su oracin y su ruego, y defiende su causa.
"Y cuando pequen contra ti, pues no hay nadie que no peque, y t te enfurezcas con ellos y los entregues al enemigo para que los haga cautivos y se los lleve a su pas, sea lejos o cerca,
si en el pas adonde hayan sido desterrados se vuelven a ti y te suplican y reconocen que han pecado y hecho lo malo,
si se vuelven a ti con todo su corazn y toda su alma en el pas enemigo adonde los hayan llevado cautivos, y oran a ti en direccin de esta tierra que diste a sus antepasados, y de la ciudad que escogiste, y del templo que te he construido,
escucha t sus oraciones y splicas desde el cielo, desde el lugar donde habitas, y defiende su causa.
Perdnale a tu pueblo sus pecados contra ti, y todas sus rebeliones contra ti. Y concede que quienes lo desterraron tengan piedad de l.
Porque es tu pueblo y te pertenece; t lo sacaste de Egipto, que era como un horno de fundicin.
"Atiende, pues, la oracin de tu servidor y la splica de tu pueblo Israel. yenos, oh Dios, cuando clamemos a ti!
Porque t, Seor, los apartaste como propiedad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, segn dijiste por medio de tu servidor Moiss, cuando sacaste de Egipto a nuestros antepasados."
Cuando Salomn termin esta oracin y splica al Seor, la cual hizo de rodillas delante del altar y levantando sus manos al cielo,
se puso de pie y bendijo a toda la comunidad israelita, diciendo en voz alta:
"Bendito sea el Seor, que ha concedido la paz a su pueblo Israel, segn todo lo que ha prometido! Pues no ha dejado de cumplir ninguna de las buenas promesas que hizo por medio de su siervo Moiss.
"Y ahora, que el Seor nuestro Dios est con nosotros como estuvo con nuestros antepasados. Que no nos abandone ni nos deje,
sino que incline nuestro corazn hacia l para que en todo hagamos su voluntad y cumplamos los mandamientos, leyes y decretos que mand cumplir a nuestros antepasados.
Que estas cosas que he pedido al Seor nuestro Dios, las tenga l siempre presentes, da y noche, para que haga justicia a su siervo y a su pueblo Israel, segn sea necesario,
y para que todas las naciones de la tierra conozcan que el Seor es Dios y que no hay otro.
Por lo tanto, sean ustedes sinceros con el Seor nuestro Dios, y cumplan sus leyes y obedezcan sus mandamientos como en este da."
Despus de esto, el rey y todo Israel ofrecieron sacrificios al Seor.
Y Salomn ofreci al Seor veintids mil toros y ciento veinte mil ovejas, como sacrificios de reconciliacin. As fue como el rey y todos los israelitas consagraron el templo del Seor.
El mismo da, el rey consagr el centro del atrio que est frente al templo del Seor, pues all ofreci los holocaustos, las ofrendas de cereales y la grasa de los sacrificios de reconciliacin, porque el altar de bronce que haba delante del Seor era pequeo y no caban los holocaustos, las ofrendas de cereales y la grasa de los sacrificios de reconciliacin.
En dicha ocasin, Salomn y todo Israel, una gran muchedumbre que haba venido desde la entrada de Hamat hasta el arroyo de Egipto, celebraron la fiesta de las Enramadas en honor del Seor nuestro Dios, y otra fiesta de siete das; en total, catorce das de fiesta.
Al da siguiente despidi al pueblo, y ellos bendijeron al rey y se fueron a sus casas alegres y satisfechos por todo el bien que el Seor haba hecho a David, su servidor, y a su pueblo Israel.
Cuando Salomn termin de construir el templo del Seor, el palacio real y todo lo que quiso hacer,
se le apareci el Seor por segunda vez, como se le haba aparecido en Gaban,
y le dijo: "He escuchado la oracin y el ruego que me has hecho, y he consagrado este templo que has construido como residencia perpetua de mi nombre. Siempre lo cuidar y lo tendr presente.
Ahora bien, si t te comportas en mi presencia como lo hizo David, tu padre, con un corazn intachable y recto, poniendo en prctica todo lo que te he ordenado y obedeciendo mis leyes y decretos,
yo confirmar para siempre tu reinado en Israel, como se lo promet a David, tu padre, cuando le dije que nunca faltara un descendiente suyo en el trono de Israel.
Pero si ustedes y sus hijos se apartan de m, y no cumplen los mandamientos y leyes que les he dado, sino que sirven y adoran a otros dioses,
yo arrancar a Israel de la tierra que le he dado, arrojar de mi presencia el templo que he consagrado e Israel ser motivo de burla constante entre todas las naciones.
En cuanto a este templo, ser convertido en un montn de ruinas, y todo el que pase junto a l se asombrar y se burlar, y preguntar por qu actu el Seor as con este pas y con este templo.
Y le respondern que fue porque abandonaron al Seor su Dios, que sac de Egipto a sus antepasados, y porque se aferraron a adorar y servir a otros dioses; que por eso el Seor hizo venir sobre ellos tan grande mal."
Pasaron veinte aos despus de haber construido Salomn los dos edificios, el templo del Seor y el palacio real,
para los que Hiram, rey de Tiro, haba provisto a Salomn de madera de cedro y de pino, y de todo el oro que quiso. El rey Salomn, a su vez, entreg a Hiram veinte ciudades en la regin de Galilea.
Pero cuando Hiram fue a ver las ciudades que le haba dado Salomn, no le agradaron,
y dijo: "Qu clase de ciudades son estas que me has dado, hermano mo?" Por eso, a la regin donde estaban esas ciudades la llam Cabul, nombre que lleva hasta ahora.
En cuanto a la cantidad de oro que Hiram envi al rey Salomn, fueron tres mil novecientos sesenta kilos.
Ahora bien, el motivo del trabajo obligatorio que impuso el rey Salomn para construir el templo del Seor, su propio palacio, el terrapln y las murallas de Jerusaln, adems de las ciudades de Hasor, Meguido y Guzer, fue el siguiente:
el faran, rey de Egipto, haba llegado y conquistado la ciudad de Guzer; despus la quem, y mat a todos los cananeos que vivan en la ciudad, y luego la entreg como dote a su hija, la esposa de Salomn.
Entonces Salomn reconstruy Guzer, Bet-horn de abajo,
Baalat y Tamar, en el desierto de Jud.
Adems reconstruy todas las ciudades donde almacenaba los alimentos, as como los cuarteles de los carros de combate, los cuarteles de la caballera y todo lo que quiso construir en Jerusaln, en el Lbano y en todo el territorio bajo su dominio.
En cuanto a los habitantes amorreos, hititas, ferezeos, heveos y jebuseos que quedaron, los cuales no eran israelitas,
es decir, a sus descendientes, que quedaron despus de ellos en el pas y que los israelitas no pudieron aniquilar, Salomn los someti a trabajos forzados, y as siguen hasta el da de hoy.
Pero no oblig a ningn israelita a servir como esclavo, sino como soldados, oficiales, jefes, capitanes y comandantes de los carros de combate y de la caballera.
En cuanto a los capataces que Salomn tena a cargo de los trabajos, eran quinientos cincuenta, los cuales dirigan a la gente que los realizaba.
La hija del faran se traslad de la Ciudad de David al palacio que Salomn haba edificado para ella. Entonces l construy el terrapln.
Tres veces al ao, Salomn ofreca holocaustos y sacrificios de reconciliacin sobre el altar que haba construido al Seor, y quemaba incienso delante del Seor. As se termin de construir el templo.
El rey Salomn construy tambin barcos en Esin-guber, que est junto a Elat, a orillas del Mar Rojo, en el territorio de Edom.
Hiram envi en los barcos a sus oficiales, marinos expertos y conocedores del mar, junto con los oficiales de Salomn,
y llegaron a Ofir, de donde tomaron casi catorce mil kilos de oro y se los llevaron al rey Salomn.
La reina de Sab oy hablar de la fama que Salomn haba alcanzado para honra del Seor, y fue a Jerusaln para ponerlo a prueba con preguntas difciles.
Lleg rodeada de gran esplendor, con camellos cargados de perfumes y con gran cantidad de oro y piedras preciosas. Cuando lleg ante Salomn, le pregunt todo lo que tena pensado,
y Salomn respondi a todas sus preguntas. No hubo una sola pregunta de la cual no supiera la respuesta.
Al ver la reina de Sab la sabidura de Salomn, y el palacio que haba construido,
los manjares de su mesa, los lugares que ocupaban sus oficiales, el porte y la ropa de sus criados, sus coperos, y los holocaustos que ofreca en el templo, se qued tan asombrada
que dijo al rey: "Lo que escuch en mi pas acerca de tus hechos y de tu sabidura, es verdad;
pero solo he podido creerlo ahora que he venido y lo he visto con mis propios ojos. En realidad, no me haban contado ni la mitad, pues tu sabidura y tus bienes son ms de lo que yo haba odo.
Qu felices deben de ser tus esposas, y qu contentos han de sentirse estos servidores tuyos, que siempre estn a tu lado escuchando tus sabias palabras!
Bendito sea el Seor tu Dios, que te vio con agrado y te entreg el reino de Israel! Por el amor que el Seor ha tenido siempre a Israel, te ha hecho rey para que gobiernes con rectitud y justicia!"
Luego entreg ella al rey tres mil novecientos sesenta kilos de oro, y gran cantidad de perfumes y piedras preciosas. Nunca lleg a Israel tal cantidad de perfumes como la que regal la reina de Sab al rey Salomn.
Adems, la flota mercante de Hiram, que haba trado oro de Ofir, trajo tambin de all mucha madera de sndalo y piedras preciosas.
Con la madera de sndalo hizo el rey barandas para el templo del Seor y para el palacio real, y tambin arpas y salterios para los msicos. Nunca haba llegado, ni se ha visto hasta hoy, tanta madera de sndalo.
Por su parte, el rey Salomn dio a la reina de Sab todo lo que ella quiso pedirle, adems de lo que l personalmente le regal. Despus la reina regres a su pas acompaada de la gente a su servicio.
El oro que Salomn reciba cada ao llegaba a unos veintids mil kilos,
sin contar el tributo que le pagaban los comerciantes, los negociantes y todos los reyes de Arabia y gobernadores del pas.
El rey Salomn mand hacer doscientos escudos grandes de oro batido, empleando en cada uno seis kilos de oro.
Mand hacer tambin trescientos escudos ms pequeos, empleando en cada uno poco ms de un kilo y medio de oro batido, y los puso en el palacio llamado "Bosque del Lbano".
Mand hacer tambin un gran trono de marfil, y orden que lo recubrieran de oro puro.
El trono tena seis escalones; su respaldo tena un dosel redondo y brazos a cada lado del asiento, junto a los cuales haba dos leones de pie.
Haba tambin doce leones de pie, uno a cada lado de los seis escalones. Jams se haba construido en ningn otro reino nada semejante!
Adems, todas las copas del rey eran de oro, lo mismo que toda la vajilla del palacio "Bosque del Lbano". No haba nada de plata, porque en tiempos de Salomn esta no era de mucho valor,
ya que los barcos de Tarsis que el rey tena llegaban una vez cada tres aos, junto con los barcos de Hiram, trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
El rey Salomn superaba a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabidura.
Todo el mundo quera verlo y escuchar la sabidura que Dios le haba dado,
y todos le llevaban cada ao un regalo: objetos de plata y de oro, capas, armas, sustancias aromticas, caballos y mulas.
Salomn reuni carros y jinetes. Tena mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, los cuales destin a los cuarteles de carros de combate y a la guardia real en Jerusaln.
El rey hizo que en Jerusaln hubiera tanta plata como piedras; y que abundara el cedro como las higueras silvestres en la llanura.
Los caballos para Salomn eran llevados de Musri y de Cilicia, pues los comerciantes de la corte los compraban all.
Un carro importado de Egipto vala seiscientas monedas de plata, y un caballo, ciento cincuenta. Y todos los reyes hititas y sirios los compraban por medio de los agentes de Salomn.
Adems de la hija del faran, el rey Salomn am a muchas mujeres extranjeras: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas;
es decir, mujeres de las naciones con las que el Seor haba prohibido a los israelitas establecer relaciones matrimoniales porque seguramente haran que sus corazones se desviaran hacia sus dioses. Pero Salomn, enamorado, se uni con ellas.
Tuvo setecientas esposas de rango real y trescientas concubinas, las cuales desviaron su corazn.
Cuando Salomn ya era anciano, sus mujeres hicieron que su corazn se desviara hacia otros dioses, pues no se haba entregado por completo al Seor su Dios, como lo haba hecho David, su padre.
Salomn rindi culto a Astart, diosa de los sidonios, y a Milcom, dolo repugnante de los amonitas.
As pues, los hechos de Salomn fueron malos a los ojos del Seor, pues no sigui fielmente al Seor, como lo haba hecho David, su padre.
Por aquel tiempo, Salomn construy, en el monte que est al oriente de Jerusaln, un santuario a Quems, dolo repugnante de Moab, y a Moloc, dolo repugnante de los amonitas.
Lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales ofrecan incienso y sacrificios a sus dioses.
El Seor, Dios de Israel, se enoj con Salomn, porque su corazn se haba apartado de l, que se le haba aparecido dos veces
y que le haba ordenado no rendir culto a otros dioses. Sin embargo, l no hizo caso de lo que el Seor le haba ordenado.
Por lo tanto, el Seor le dijo a Salomn: "Ya que te has comportado as, y no has cumplido la alianza y las leyes que te orden, voy a quitarte el reino y a drselo a uno de los que te sirven.
Sin embargo, por consideracin a David, tu padre, no lo har mientras vivas; pero se lo quitar a tu hijo.
Aunque no le quitar todo el reino: le dejar una tribu, por consideracin a tu padre y a Jerusaln, la ciudad que he escogido."
Entonces el Seor hizo que se levantara un enemigo contra Salomn: Hadad, un edomita, de la familia real de Edom.
Cuando David venci a Edom, Joab, el jefe del ejrcito, que haba ido a enterrar a los cados en combate, mat a todos los hombres de Edom;
durante seis meses se qued all, con todos los israelitas, hasta que aniquil a todos los hombres de Edom.
Pero Hadad, que entonces era un nio, huy a Egipto con algunos de sus paisanos que estaban al servicio de su padre.
Salieron de Madin y llegaron a Parn, donde tomaron a su servicio algunos hombres del lugar. Llegaron a Egipto y se presentaron al faran, rey de Egipto, y este les dio casa y comida, y les regal tierras.
Hadad se gan de tal modo el favor del faran, que el faran le dio por esposa a su cuada, la hermana de la reina Tahpens.
La hermana de Tahpens dio a Hadad un hijo que se llam Guenubat, al cual Tahpens cri en el palacio del faran, junto con sus propios hijos.
Pero cuando Hadad supo en Egipto que David haba muerto, y que tambin haba muerto Joab, el jefe del ejrcito, dijo Hadad al faran: -Dame permiso para regresar a mi tierra.
El faran le respondi: -Y para qu quieres regresar a tu tierra? Te hace falta algo aqu conmigo? Hadad respondi: -No me falta nada, pero te ruego que me permitas regresar.
Adems, Dios hizo que tambin Rezn se levantara contra Salomn. Rezn era hijo de Eliad, que se haba escapado de su amo, Hadad-zer, el rey de Sob.
Haba reunido algunos hombres y era el jefe de una banda de ladrones. Cuando David les mat gente, Rezn se fue a Damasco y se estableci all como rey.
Fue enemigo de Israel mientras vivi Salomn, y esto se uni al dao que causaba Hadad, pues aborreca a Israel. De este modo, Rezn lleg a ser rey de Siria.
Tambin Jeroboam, hijo de Nabat, se rebel contra el rey. Jeroboam era un funcionario de Salomn, de la ciudad de Sered y de la tribu de Efran. Su madre era una viuda llamada Sera.
La razn por la que Jeroboam se rebel contra el rey fue la siguiente: Salomn estaba construyendo el terrapln y cerrando la brecha de la Ciudad de David, su padre.
Jeroboam era un hombre fuerte y decidido; y al ver Salomn que este joven era muy activo, lo puso a cargo de todo lo relacionado con los descendientes de Jos.
Por aquel entonces, un da en que Jeroboam sali de Jerusaln, se encontr en el camino con el profeta Ahas, el de Sil, que iba cubierto con una capa nueva. Los dos estaban solos en el campo,
y tomando Ahas la capa nueva que llevaba puesta, la rasg en doce pedazos
y dijo a Jeroboam: "Toma para ti diez pedazos, porque el Seor, Dios de Israel, te dice: 'Voy a quitarle el reino a Salomn, y a darte a ti diez tribus.
A Salomn le dejar solo una tribu, por consideracin a mi siervo David y a Jerusaln, la ciudad que he escogido entre todas las ciudades de las tribus de Israel.
Porque Salomn me ha rechazado, y se ha puesto a adorar a Astart, diosa de los sidonios; a Quems, dios de los moabitas; y a Milcom, dios de los amonitas. Sus hechos no han sido buenos a mis ojos, y no ha cumplido mis leyes y decretos como lo hizo David, su padre.
Sin embargo, no le quitar todo el reino, sino que lo mantendr como gobernante mientras viva, por consideracin a mi siervo David, a quien escog, y quien cumpli mis mandamientos y mis leyes.
Pero le quitar el reino a su hijo, y te lo entregar a ti; es decir, diez tribus.
Solo dejar una tribu a su hijo, para que la lmpara de David, mi siervo, se mantenga siempre encendida ante m en Jerusaln, la ciudad que escog como residencia de mi nombre.
Yo te tomar a ti, para que reines sobre todo lo que quieras y seas el rey de Israel.
Y si obedeces todo lo que yo te mande y tus hechos son rectos a mis ojos, y si cumples mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, mi siervo, yo estar contigo y establecer firmemente tu dinasta, como establec la de David; y te entregar Israel.
En cuanto a la descendencia de David, la castigar por este motivo, pero no para siempre.' "
Por causa de esto, Salomn procur matar a Jeroboam; pero Jeroboam huy a Egipto, donde reinaba Sisac, y all se qued hasta la muerte de Salomn.
El resto de la historia de Salomn y de su sabidura, y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de Salomn.
Salomn rein en Jerusaln sobre todo Israel durante cuarenta aos,
y cuando muri lo enterraron en la Ciudad de David, su padre. Despus rein en su lugar su hijo Roboam.
Roboam fue a Siquem, porque todo Israel haba ido all para proclamarlo rey.
Pero lo supo Jeroboam, hijo de Nabat, que estaba todava en Egipto, adonde haba huido del rey Salomn y donde se haba quedado a vivir.
Cuando lo mandaron llamar, Jeroboam y todo el pueblo de Israel fueron a hablar con Roboam, y le dijeron:
-Tu padre fue muy duro con nosotros; ahora alivia t la dura servidumbre y el pesado yugo que l nos impuso, y te serviremos.
Roboam les contest: -Vyanse, y vuelvan a verme dentro de tres das. La gente se fue,
y entonces el rey Roboam consult a los ancianos que haban servido a Salomn, su padre, cuando este viva. Les pregunt: -Qu me aconsejan ustedes que responda yo a esta gente?
Ellos le dijeron: -Si hoy te pones al servicio de este pueblo y les respondes con buenas palabras, ellos te servirn siempre.
Pero Roboam no hizo caso del consejo de los ancianos, sino que consult a los muchachos que se haban criado con l y que estaban a su servicio,
preguntndoles: -Qu me aconsejan ustedes que responda yo a esta gente que me ha pedido que aligere el yugo que mi padre les impuso?
Aquellos jvenes, que se haban criado con l, le respondieron: -A esta gente que te ha pedido que aligeres el yugo que tu padre les impuso, debes responderle lo siguiente: 'Si mi padre fue duro, yo lo soy mucho ms;
si l les impuso un yugo pesado, yo lo har ms pesado todava; y si l los azotaba con correas, yo los azotar con ltigos de puntas de hierro.'
Al tercer da volvi Jeroboam a presentarse con todo el pueblo ante Roboam, como el rey les haba dicho.
Pero el rey les contest duramente, sin hacer caso del consejo que le haban dado los ancianos,
y les repiti lo que le haban aconsejado los muchachos: que si su padre les haba impuesto un yugo pesado, l les impondra uno ms pesado todava, y que si su padre los haba azotado con correas, l los azotara con ltigos de puntas de hierro.
El rey, pues, no hizo caso del pueblo, porque el Seor haba dispuesto que sucediera as para que se cumpliera lo que el Seor haba prometido a Jeroboam, hijo de Nabat, por medio de Ahas, el de Sil.
Cuando todo el pueblo de Israel vio que el rey no le haba hecho caso, le respondi de este modo: "No tenemos nada que ver con David! Ninguna herencia compartimos con el hijo de Jes! A sus casas, israelitas! Y David que cuide de su familia!" Al momento, los israelitas se fueron a sus casas.
En cuanto a los israelitas que vivan en las ciudades de Jud, Roboam sigui reinando sobre ellos.
Y cuando Roboam envi a Adoram, que era el encargado del trabajo obligatorio, todo Israel lo mat a pedradas. Entonces el rey Roboam subi rpidamente a su carro y huy a Jerusaln.
De este modo se rebel Israel contra la dinasta de David hasta el da de hoy.
Al enterarse los de Israel de que Jeroboam haba vuelto, lo mandaron llamar para que se presentara ante la comunidad, y lo proclamaron rey de todo Israel, sin quedar nadie que siguiera fiel a la dinasta de David, aparte de la tribu de Jud.
Cuando Roboam lleg a Jerusaln, junt ciento ochenta mil soldados escogidos de todas las familias de Jud y de la tribu de Benjamn, para luchar contra Israel y recuperar su reino.
Pero Dios habl a Semaas, hombre de Dios, y le orden:
"Di a Roboam, hijo de Salomn y rey de Jud, a todas las familias de Jud y de Benjamn, y al resto del pueblo,
que les ordeno que no luchen contra sus hermanos israelitas. Que se vuelvan todos a sus casas, porque as lo he dispuesto." Al or ellos lo que el Seor les deca, regresaron, como les ordenaba el Seor.
Jeroboam reconstruy la ciudad de Siquem, que est en los montes de Efran, y se estableci en ella. Luego reconstruy tambin Penuel.
Pero pens: "La dinasta de David puede recuperar el reino,
si esta gente va a Jerusaln para ofrecer sacrificios en el templo del Seor. Volvern a sentir afecto por Roboam, rey de Jud, y entonces me matarn y se volvern a Roboam, rey de Jud."
Despus de haber consultado el asunto, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: "Ustedes, israelitas, ya han ido bastante a Jerusaln. Aqu tienen a sus dioses, que los sacaron de Egipto."
Entonces puso uno en Betel y el otro en Dan.
Y esto fue causa de que Israel pecara, pues la gente iba a Betel y a Dan para adorarlos.
Construy tambin santuarios en lugares altos y nombr sacerdotes a gente del pueblo, que no eran levitas.
Adems estableci una fiesta religiosa el da quince del mes octavo, como la fiesta que se celebraba en Jud, y l mismo ofreci sacrificios sobre el altar. Esto lo hizo en Betel, ofreciendo sacrificios a los becerros que haba fabricado y nombrando sacerdotes para los santuarios paganos que haba construido.
As pues, el da quince del mes octavo, Jeroboam ofreci sacrificios sobre el altar que haba construido en Betel. Este era el mes de la fiesta que l invent a su antojo, declarndola fiesta religiosa para los israelitas, el mismo mes en que subi al altar a quemar incienso.
Cuando Jeroboam estaba quemando incienso sobre el altar, lleg a Betel un profeta de Jud mandado por el Seor.
Y por orden del Seor habl con fuerte voz contra el altar, diciendo: "Altar, altar: El Seor ha dicho: 'De la dinasta de David nacer un nio, que se llamar Josas y que sacrificar sobre ti a los sacerdotes de los santuarios en lugares altos que sobre ti queman incienso; y sobre ti quemarn huesos humanos.' "
Aquel mismo da, el profeta dio una seal prodigiosa. Dijo: "Esta es la seal prodigiosa que el Seor ha anunciado: El altar se har pedazos y la ceniza que hay sobre l se esparcir."
Cuando el rey Jeroboam escuch la sentencia que el profeta haba pronunciado contra el altar de Betel, extendi su mano desde el altar y dijo: "Aprsenlo!" Pero la mano que haba extendido para sealarlo se le qued tiesa y no pudo ya moverla.
En aquel momento el altar se hizo pedazos y las cenizas que haba sobre l se esparcieron, conforme a la seal que el profeta haba dado por orden del Seor.
Entonces el rey, dirigindose al profeta, dijo: -Te ruego que ores por m al Seor tu Dios, para que mi mano se cure. El profeta rog al Seor, y la mano del rey qued sana, como antes.
Luego dijo el rey al profeta: -Ven conmigo a mi casa, para que comas algo, y te har un regalo.
Pero el profeta respondi al rey: -Aunque me des la mitad de tu palacio, no ir contigo, ni comer pan ni beber agua en este lugar;
porque as me lo ha ordenado el Seor. Me dijo: 'No comas pan, ni bebas agua, ni vuelvas por el mismo camino por el que has ido.'
Y el profeta se fue por otro camino distinto, para no volver por el mismo camino por el que haba ido a Betel.
En aquel tiempo viva en Betel un profeta anciano, cuyos hijos fueron y le contaron todo lo que el profeta de Jud haba hecho aquel da en Betel; y tambin le contaron a su padre lo que haba dicho el rey.
Y su padre les pregunt: -Por qu camino se fue? Sus hijos le indicaron el camino por el que haba regresado el profeta de Jud.
Entonces les dijo a sus hijos: -Aparjenme el asno. Ellos lo hicieron as, y el profeta mont y
sali tras el profeta de Jud. Lo encontr sentado debajo de una encina, y le pregunt: -Eres t el profeta que ha venido de Jud? -Yo soy -le respondi.
-Ven a mi casa, a comer pan conmigo -dijo el profeta anciano.
Pero el profeta de Jud le contest: -No puedo acompaarte, ni entrar en tu casa, ni comer pan ni beber agua contigo en este lugar;
porque el Seor me ha ordenado claramente: 'No comas pan ni bebas agua aqu, ni regreses por el mismo camino por el que te fuiste.'
Pero el anciano insisti: -Yo tambin soy profeta, lo mismo que t, y un ngel de parte del Seor me ha ordenado que te lleve a mi casa y te d de comer y de beber. Y aunque el anciano le menta,
el profeta de Jud se fue con l y comi y bebi en su casa.
Y estando ellos sentados a la mesa, el Seor habl al profeta anciano que haba hecho volver al profeta de Jud,
y en voz alta dijo el anciano a este: -El Seor ha dicho que por haber t desobedecido las rdenes que te dio,
pues te volviste para comer y beber donde el Seor te orden que no lo hicieras, no reposar tu cuerpo en el sepulcro de tus antepasados.
Cuando el profeta de Jud acab de comer y beber, el profeta anciano le aparej el asno,
y el profeta de Jud se fue. Pero en el camino le sali al encuentro un len y lo mat, y su cuerpo qued tirado en el camino. El asno y el len, sin embargo, se quedaron junto al cadver.
En eso pasaron unos hombres y vieron el cadver tirado en el camino, y que el len estaba todava junto a l. Y cuando llegaron a la ciudad donde viva el profeta anciano, contaron lo que haban visto.
Al saberlo, el profeta anciano que haba hecho volver al otro, exclam: "Ese es el profeta que desobedeci la orden del Seor. Por eso el Seor lo ha entregado a un len, que lo ha despedazado y matado, conforme a lo que el Seor le dijo."
En seguida pidi a sus hijos que le aparejaran un asno, y ellos lo hicieron as.
Entonces el profeta anciano se fue y encontr el cadver tirado en el camino y, junto a l, al asno y al len. El len no haba devorado el cadver ni despedazado al asno.
Entonces el profeta anciano levant el cuerpo del profeta de Jud, lo ech sobre el asno y volvi con l a su ciudad, para hacerle duelo y enterrarlo.
Lo enterr en su propio sepulcro, y llor por l, diciendo: "Ay, hermano mo!"
Despus de enterrarlo, dijo a sus hijos: -Cuando yo muera, entirrenme en el mismo sepulcro en que he enterrado a este hombre de Dios. Pongan mis restos junto a los suyos,
porque sin duda se cumplir lo que l anunci por orden del Seor contra el altar de Betel y contra todos los santuarios en lugares altos que hay en las ciudades de Samaria.
A pesar de esto, Jeroboam no abandon su mala conducta, sino que volvi a nombrar sacerdotes de entre el pueblo para los santuarios en lugares altos. A quien as lo deseaba, Jeroboam lo consagraba sacerdote de tales santuarios.
Tal proceder fue la causa de que la descendencia de Jeroboam pecara, y que, por lo mismo, fuera exterminada por completo.
Por aquel tiempo, Abas, el hijo de Jeroboam, cay enfermo.
Y dijo Jeroboam a su mujer: -Anda, ponte un disfraz para que no reconozcan que eres mi mujer, y vete a Sil. All vive Ahas, el profeta que me dijo que yo sera rey de esta nacin.
Toma diez panes, tortas y una jarra de miel, y ve a verlo para que te diga lo que va a ser de este nio.
As lo hizo la mujer de Jeroboam. Se prepar y fue a Sil, y lleg a casa de Ahas. Ahas no poda ver, pues su vista se haba ido apagando a causa de su vejez,
pero el Seor le haba hecho saber que la mujer de Jeroboam ira a consultarle acerca de su hijo, que estaba enfermo. Tambin le hizo saber lo que deba responderle, y le advirti que llegara disfrazada.
Cuando Ahas oy sus pasos al entrar ella por la puerta, le dijo: -Entra, mujer de Jeroboam. Por qu te haces pasar por otra? Yo he recibido el encargo de hablarte duramente,
as que vuelve y dile a Jeroboam que el Seor, Dios de Israel, ha dicho: 'Yo te saqu de entre el pueblo, y te hice jefe de mi pueblo Israel.
Yo le quit el reino a la dinasta de David, para drtelo a ti. Pero t no has sido como David, mi siervo, que cumpli mis mandamientos y me sigui con todo su corazn, y cuyos hechos fueron rectos a mis ojos;
t te has comportado peor que todos los que hubo antes de ti; t, para hacerme enojar, te has hecho otros dioses e imgenes de hierro fundido, y me has despreciado.
Por eso voy a traer el mal sobre tu descendencia: har que mueran todos tus descendientes varones en Israel; ninguno quedar con vida. Barrer por completo tu descendencia, como si barriera estircol.
A tus parientes que mueran en la ciudad se los comern los perros; y a los que mueran en el campo se los comern las aves de rapia, porque yo, el Seor, as lo he dispuesto.'
"En cuanto a ti, mujer, levntate y vete a tu casa. Tan pronto pongas un pie en la ciudad, el nio morir.
Entonces todo Israel har lamentacin por l, y lo enterrarn; pues l ser el nico descendiente de Jeroboam que tendr sepultura. Porque de toda la descendencia de Jeroboam, solo en l ha encontrado el Seor, Dios de Israel, algo que le agrade.
Despus pondr en Israel un rey que acabar con la dinasta de Jeroboam en su da. De ahora en adelante
el Seor va a sacudir a Israel como la corriente del ro sacude las caas. Lo arrancar de esta buena tierra que dio a sus antepasados, y lo arrojar ms all del ro Eufrates, por haber hecho representaciones de Astart, causando con ello la irritacin del Seor.
El Seor entregar a Israel por los pecados que Jeroboam ha cometido y que ha hecho cometer a Israel."
Entonces la mujer de Jeroboam se levant y se fue, y lleg a Tirs; y en cuanto cruz el umbral de la casa, el nio muri.
Todo Israel fue a su entierro y llor por l, segn lo haba anunciado el Seor por medio de su siervo, el profeta Ahas.
El resto de la historia de Jeroboam, las batallas en que tom parte y otros detalles de su reinado, estn escritos en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Jeroboam rein durante veintids aos, y despus de su muerte rein en su lugar su hijo Nadab.
En Jud reinaba Roboam, hijo de Salomn. Tena cuarenta y un aos cuando comenz a reinar, y rein durante diecisiete aos en Jerusaln, la ciudad que el Seor escogi entre todas las ciudades de las tribus de Israel como residencia de su nombre. La madre de Roboam se llamaba Naam, y era amonita.
Pero los hechos de Roboam fueron malos a los ojos del Seor, y le irritaron ms que todos los pecados que cometieron sus antepasados,
pues tambin ellos construyeron santuarios en lugares altos y levantaron piedras y troncos sagrados en toda colina alta y debajo de todo rbol frondoso.
Tambin los hombres del pas practicaban la prostitucin como un culto, y se cometan todas las infamias practicadas por las naciones paganas que el Seor haba arrojado de la presencia de los israelitas.
En el quinto ao del reinado de Roboam, Sisac, rey de Egipto, fue y atac a Jerusaln,
apoderndose de los tesoros del templo del Seor y del palacio real. Todo lo saque, y se llev tambin todos los escudos de oro que haba hecho Salomn.
El rey Roboam hizo en su lugar escudos de bronce, y los dej al cuidado de los oficiales de la guardia que vigilaba la entrada del palacio real.
Y cada vez que el rey iba al templo del Seor, los guardias los llevaban. Luego volvan a ponerlos en el cuarto de guardia.
El resto de la historia de Roboam y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Hubo guerra continuamente entre Roboam y Jeroboam.
Y cuando Roboam muri, fue enterrado con sus antepasados en la Ciudad de David. Su madre se llamaba Naam, y era de Amn. Despus rein en su lugar su hijo Abiam.
Abiam comenz a reinar en Jud en el ao dieciocho del reinado de Jeroboam, hijo de Nabat.
Rein en Jerusaln durante tres aos. Su madre se llamaba Maac, y era hija de Absaln.
Abiam cometi los mismos pecados que su padre haba cometido antes que l, y su corazn no fue fiel al Seor su Dios, como lo fue el de David, antepasado suyo.
Sin embargo, por consideracin a David, el Seor concedi que su lmpara continuara encendida en Jerusaln, al poner a su hijo en el trono despus de l y afirmar a Jerusaln;
pues David se haba conducido de manera digna de aprobacin por parte del Seor, ya que nunca en su vida se apart de lo que el Seor le haba mandado, excepto en el asunto de Uras el hitita.
Hubo guerra continuamente entre Roboam y Jeroboam mientras Roboam vivi. Y tambin hubo guerra entre Abiam y Jeroboam.
El resto de la historia de Abiam y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Y cuando Abiam muri, lo enterraron en la Ciudad de David. Despus rein en su lugar su hijo As.
As comenz a reinar en Jud en el ao veinte del reinado de Jeroboam en Israel,
y rein en Jerusaln cuarenta aos. Su abuela se llamaba Maac, y era hija de Absaln.
Los hechos de As fueron buenos a los ojos del Seor, como los de su antepasado David.
Ech fuera del pas a los hombres que practicaban la prostitucin como un culto, y quit todos los dolos que sus antepasados haban hecho.
Tambin quit la categora de reina madre a Maac, su abuela, porque haba mandado hacer una imagen de Aser. As destruy aquella imagen, y la quem en el arroyo Cedrn.
Y aunque no se quitaron los santuarios en lugares altos, As fue siempre fiel al Seor,
y puso en el templo del Seor todo el oro y la plata que tanto l como su padre haban dedicado al Seor.
Hubo guerra continuamente entre As y Baas, rey de Israel.
Y cuando Baas fue a atacar a Jud, fortific Ram para cortarle toda comunicacin al rey de Jud.
Entonces As tom todo el oro y la plata que an haba en los tesoros del templo del Seor y del palacio real, y por medio de sus funcionarios los envi a Ben-hadad, rey de Siria, que era hijo de Tabrimn y nieto de Hezin, y tena su residencia en Damasco. Tambin le envi este mensaje:
"Hagamos t y yo un pacto, como hicieron nuestros padres. Aqu te envo oro y plata como regalo. Rompe el pacto que tienes con Baas, rey de Israel, y as me dejar en paz."
Ben-hadad acept la proposicin del rey As y envi a los jefes de sus tropas a atacar las ciudades de Israel. As conquist Iin, Dan, Abel-bet- maac, toda Quinret y toda la regin de Neftal.
Cuando Baas lo supo, dej de fortificar Ram y regres a Tirs.
Entonces el rey As mand llamar a todo Jud, sin que faltara nadie, y se llevaron de Ram las piedras y la madera que Baas haba usado para fortificarla, y con ellas el rey As fortific Gueba de Benjamn y Misp.
El resto de la historia completa de As y de sus hazaas, y lo que hizo, y las ciudades que construy, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud. En su ancianidad, As enferm de los pies;
y cuando muri, lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David. Despus rein en su lugar su hijo Josafat.
En el segundo ao del reinado de As en Jud, Nadab, hijo de Jeroboam, comenz a reinar en Israel, y su reinado dur dos aos.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor; cometi los mismos pecados que su padre haba cometido, y con los cuales hizo pecar a los israelitas.
Pero Baas, hijo de Ahas, que perteneca a la tribu de Isacar, form un complot contra l y lo mat en Guibetn, ciudad filistea que Nadab estaba sitiando con todo el ejrcito israelita.
Baas mat a Nadab en el tercer ao del reinado de As en Jud, y rein en su lugar.
Y tan pronto como empez a reinar, mat a toda la familia de Jeroboam. Conforme a lo que el Seor haba anunciado por medio de Ahas de Sil, Baas extermin por completo a la familia de Jeroboam. No dej vivo a nadie.
Esto fue a causa de los pecados que Jeroboam haba cometido, con los cuales hizo pecar a los israelitas, provocando as la ira del Seor, Dios de Israel.
El resto de la historia de Nadab y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Entre As y Baas, rey de Israel, hubo guerra continuamente.
En el tercer ao del reinado de As en Jud, Baas, hijo de Ahas, comenz a reinar en Tirs sobre todo Israel, y rein durante veinticuatro aos.
Pero los hechos de Baas fueron malos a los ojos del Seor, pues cometi los mismos pecados con que Jeroboam hizo pecar a los israelitas.
Entonces el Seor se dirigi a Jeh, hijo de Hanan, para decir en contra de Baas:
"Yo te levant del polvo y te puse como jefe de Israel, mi pueblo. Pero t, al igual que Jeroboam, has hecho pecar a Israel, mi pueblo. Has provocado mi ira con tus pecados.
Por lo tanto, Baas, voy a acabar contigo y con tu familia; voy a hacer con ella lo mismo que hice con la de Jeroboam, hijo de Nabat.
Cualquier pariente tuyo que muera en la ciudad, ser devorado por los perros; y al que muera en el campo, se lo comern las aves de rapia."
El resto de la historia de Baas, y de lo que hizo, y de sus hazaas, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Cuando muri Baas, lo enterraron en Tirs. Despus rein en su lugar su hijo El.
Por medio del profeta Jeh, hijo de Hanan, el Seor pronunci sentencia contra Baas y su familia, porque sus hechos fueron malos a sus ojos. Baas irrit al Seor, porque sus acciones fueron semejantes a las de Jeroboam y su familia, a quienes destruy.
En el ao veintisis del reinado de As en Jud, El, hijo de Baas, comenz a reinar sobre Israel en Tirs, y rein durante dos aos;
pero Zimr, un oficial suyo al mando de la mitad de los carros de combate, form un complot contra l. Un da en que El estaba en Tirs, en casa de Ars, su mayordomo, bebi hasta emborracharse.
De pronto lleg Zimr y lo mat, para reinar en su lugar. Esto sucedi en el ao veintisiete del reinado de As en Jud.
Tan pronto como Zimr subi al trono y comenz a reinar, mat a toda la familia de Baas, sin dejar vivo a ningn varn, pariente o amigo, que pudiera vengarlo.
As pues, Zimr aniquil a toda la familia de Baas, conforme a la sentencia que el Seor haba pronunciado contra Baas por medio del profeta Jeh,
a causa de todos los pecados de Baas y de su hijo El, con los cuales hicieron pecar tambin a los israelitas, irritando con su idolatra al Seor, Dios de Israel.
El resto de la historia de El y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
En el ao veintisiete del reinado de As en Jud, y estando el ejrcito israelita acampado para atacar la ciudad filistea de Guibetn, Zimr comenz a reinar en Tirs. Pero solo rein siete das,
porque el mismo da en que el ejrcito que estaba en el campamento supo que Zimr haba conspirado contra el rey y lo haba matado, todos en el campamento proclamaron rey de Israel a Omr, general del ejrcito.
Entonces Omr y todo el ejrcito israelita dejaron de atacar Guibetn y atacaron Tirs.
Al ver Zimr que la ciudad haba sido tomada, se meti en el reducto del palacio real, prendi fuego al palacio estando l dentro, y as muri.
Esto sucedi por causa de los pecados que cometi y por sus malas acciones a los ojos del Seor, pues cometi los mismos pecados que Jeroboam, con los cuales hizo pecar tambin a los israelitas.
El resto de la historia de Zimr y de su conspiracin contra el rey El, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Entonces el pueblo de Israel se dividi en dos bandos. Unos estaban a favor de Tibn, hijo de Guinat, para que fuera el rey, y otros estaban a favor de Omr.
Finalmente, el partido de Omr se impuso al partido de Tibn, hijo de Guinat. Tibn muri, y as Omr lleg a ser rey.
Omr comenz a reinar en Israel en el ao treinta y uno del reinado de As en Jud, y rein durante doce aos, de los cuales rein seis en Tirs.
Le compr a Smer el monte de Samaria por sesenta y seis kilos de plata, y all construy una ciudad fortificada a la que llam Samaria, porque el dueo anterior del monte se llamaba Smer.
Los hechos de Omr fueron malos a los ojos del Seor, e incluso peores que los de los reyes anteriores a l,
pues cometi los mismos pecados que Jeroboam, hijo de Nabat, con los cuales hizo pecar tambin a los israelitas, provocando con su idolatra la ira del Seor, Dios de Israel.
El resto de la historia de Omr y de todo lo que hizo, y de sus hazaas, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Cuando muri, lo enterraron en Samaria. Despus rein en su lugar su hijo Ahab.
En el ao treinta y ocho del reinado de As en Jud, Ahab, hijo de Omr, comenz a reinar en Israel. Y rein sobre Israel durante veintids aos, en la ciudad de Samaria.
Pero su conducta fue reprobable a los ojos del Seor, e incluso peor que la de los reyes anteriores a l,
pues no le import cometer los mismos pecados de Jeroboam, hijo de Nabat. Para colmo, se cas con Jezabel, hija de Et-baal, rey de Sidn, y acab por adorar y rendir culto a Baal,
y construy un altar y un templo a Baal en Samaria.
Hizo tambin una imagen de Aser, con lo que irrit al Seor, Dios de Israel, ms que todos los reyes de Israel anteriores a l.
En tiempos de Ahab, Hiel, el de Betel, reconstruy la ciudad de Jeric. A costa de Abiram, su hijo mayor, ech los cimientos, y a costa de Segub, su hijo menor, puso las puertas, conforme a lo que el Seor haba dicho por medio de Josu, hijo de Nun.
El profeta Elas, que era de Tisb, de la regin de Galaad, dijo a Ahab: "Juro por el Seor, Dios de Israel, a quien sirvo, que en estos aos no llover, ni caer roco hasta que yo lo diga!"
Por eso el Seor le dijo a Elas:
"Vete de aqu, hacia el oriente, y escndete en el arroyo Querit, que est al oriente del Jordn.
All podrs beber agua del arroyo, y he ordenado a los cuervos que te lleven comida."
Elas hizo lo que el Seor le orden, y fue y se qued a vivir junto al arroyo Querit, al oriente del ro Jordn.
Y los cuervos le llevaban pan y carne por la maana y por la tarde. El agua la beba del arroyo.
Pero al cabo de unos das el arroyo se sec, porque no llova en el pas.
Entonces el Seor le dijo a Elas:
"Levntate y vete a la ciudad de Sarepta, en Sidn, y qudate a vivir all. Ya le he ordenado a una viuda que all vive, que te d de comer."
Elas se levant y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba recogiendo lea. La llam y le dijo: -Por favor, treme en un vaso un poco de agua para beber.
Ya iba ella a trarselo, cuando Elas la volvi a llamar y le dijo: -Por favor, treme tambin un pedazo de pan.
Ella le contest: -Te juro por el Seor tu Dios que no tengo nada de pan cocido. No tengo ms que un puado de harina en una tinaja y un poco de aceite en una jarra, y ahora estaba recogiendo un poco de lea para ir a cocinarlo para mi hijo y para m. Comeremos, y despus nos moriremos de hambre.
Elas le respondi: -No tengas miedo. Ve a preparar lo que has dicho. Pero primero, con la harina que tienes, hazme una torta pequea y tremela, y haz despus otras para ti y para tu hijo.
Porque el Seor, Dios de Israel, ha dicho que no se acabar la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra hasta el da en que el Seor haga llover sobre la tierra.
La viuda fue e hizo lo que Elas le haba ordenado. Y ella y su hijo y Elas tuvieron comida para muchos das.
No se acab la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra, tal como el Seor lo haba dicho por medio de Elas.
Algn tiempo despus cay enfermo el hijo de la viuda, y su enfermedad fue gravsima, tanto que hasta dej de respirar.
Entonces la viuda le dijo a Elas: -Qu tengo yo que ver contigo, hombre de Dios? Has venido a recordarme mis pecados y a hacer que mi hijo se muera?
-Dame ac tu hijo -le respondi l. Y tomndolo del regazo de la viuda, lo subi al cuarto donde l estaba alojado y lo acost sobre su cama.
Luego clam al Seor en voz alta: "Seor y Dios mo, tambin has de causar dolor a esta viuda, en cuya casa estoy alojado, haciendo morir a su hijo?"
Y en seguida se tendi tres veces sobre el nio, y clam al Seor en voz alta: "Seor y Dios mo, te ruego que devuelvas la vida a este nio!"
El Seor atendi a los ruegos de Elas, e hizo que el nio reviviera.
Inmediatamente Elas tom al nio, lo baj de su cuarto a la planta baja de la casa y lo entreg a su madre, dicindole: -Mira, tu hijo est vivo!
Y la mujer le respondi: -Ahora s que realmente eres un hombre de Dios, y que lo que dices es la verdad del Seor.
El tiempo pas. Tres aos despus, el Seor se dirigi a Elas y le dijo: "Ve y presntate ante Ahab, pues voy a mandar lluvia sobre la tierra."
Elas fue y se present ante Ahab. El hambre que haba en Samaria era tremenda.
Ahab llam a Abdas, su mayordomo, que adoraba al Seor con profunda reverencia
y que, cuando Jezabel comenz a matar a los profetas del Seor, haba recogido a cien de ellos y, despus de dividirlos en dos grupos de cincuenta, los haba escondido en dos cuevas y les haba dado el alimento necesario.
Ahab le dijo a Abdas: -Anda, vamos a recorrer el pas y todos los manantiales y los ros, a ver si podemos encontrar pasto para mantener vivos los caballos y las mulas. De lo contrario, nos quedaremos sin bestias.
As pues, se repartieron las zonas del pas que deban recorrer, y Ahab se fue por un camino y Abdas por otro.
Ya en el camino, Elas sali al encuentro de Abdas, que al reconocerlo se inclin ante l y exclam: -Pero si es mi seor Elas!
-S, yo soy -respondi Elas. Y aadi-: Anda, dile a tu amo que estoy aqu.
Abdas contest: -Qu falta he cometido yo para que me entregues a Ahab y que l me mate?
Juro por el Seor tu Dios que no hay nacin ni reino adonde mi amo no haya enviado a buscarte; y cuando respondan que no estabas all, mi amo les haca jurar que en verdad no te haban hallado.
Y ahora me pides que vaya y le diga a mi amo que ests aqu!
Lo que va a pasar es que, al separarme yo de ti, el espritu del Seor te llevar a donde yo no sepa. Y cuando yo vaya a darle la noticia a Ahab, l no te encontrar y me matar. Este siervo tuyo, desde su juventud, siempre ha honrado al Seor.
Acaso no te han contado lo que hice cuando Jezabel estaba matando a los profetas del Seor? Pues escond a cien de ellos, y en grupos de cincuenta los met en dos cuevas y les di el alimento necesario.
Y ahora me pides que vaya y le diga a mi amo que t ests aqu? Me matar!
Elas le respondi: -Juro por el Seor todopoderoso, a quien sirvo, que hoy mismo me presentar ante Ahab.
Abdas fue a buscar a Ahab y darle el aviso, y entonces Ahab fue a encontrarse con Elas.
Cuando lo vio, le dijo: -As que t eres el que est trastornando a Israel?
-Yo no lo estoy trastornando -contest Elas-, sino t y tu gente, por dejar los mandamientos del Seor y rendir culto a las diferentes representaciones de Baal.
Manda ahora gente que rena a todos los israelitas en el monte Carmelo, con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de Aser, a quienes Jezabel mantiene.
Ahab mand llamar a todos los israelitas, y reuni a los profetas en el monte Carmelo.
Entonces Elas, acercndose a todo el pueblo, dijo: -Hasta cundo van a continuar ustedes con este doble juego? Si el Seor es el verdadero Dios, sganlo a l, y si Baal lo es, a l debern seguirlo. El pueblo no respondi palabra.
Y Elas continu diciendo: -Yo soy el nico profeta del Seor que ha quedado con vida, en tanto que de Baal hay cuatrocientos cincuenta profetas.
Pues bien, que se nos den dos becerros, y que ellos escojan uno, y lo descuarticen y lo pongan sobre la lea, pero que no le prendan fuego. Yo, por mi parte, preparar el otro becerro y lo pondr sobre la lea, pero tampoco le prender fuego.
Luego ustedes invocarn a sus dioses, y yo invocar al Seor, y el dios que responda enviando fuego, ese es el Dios verdadero! -Buena propuesta! -respondi todo el pueblo.
Entonces Elas dijo a los profetas de Baal: -Escojan uno de los becerros, y preprenlo primero, ya que ustedes son muchos. Luego invoquen a su dios, pero no enciendan fuego.
As pues, ellos tomaron el becerro que se les entreg, y lo prepararon, y desde la maana hasta el medioda invocaron a Baal. Decan: "Contstanos, Baal!", y daban pequeos brincos alrededor del altar que haban construido, pero ninguna voz les responda.
Hacia el medioda, Elas se burlaba de ellos dicindoles: -Griten ms fuerte, porque es un dios. A lo mejor est ocupado, o est haciendo sus necesidades, o ha salido de viaje. Tal vez est dormido y haya que despertarlo!
Ellos seguan gritando y cortndose con cuchillos y lancetas, como tenan por costumbre, hasta quedar baados en sangre.
Pero pas el medioda, y aunque ellos continuaron gritando y saltando como locos hasta la hora de ofrecer el sacrificio, no hubo ninguna respuesta. Nadie contest ni escuch!
Entonces Elas dijo a toda la gente: -Acrquense a m. Toda la gente se acerc a l, y l se puso a reparar el altar del Seor, que estaba derrumbado.
Tom doce piedras, conforme al nmero de las tribus de los hijos de Jacob, a quien el Seor dijo que se llamara Israel,
y construy con ellas un altar al Seor; hizo luego una zanja alrededor del altar, donde cabran unos veinte litros de grano,
y tras acomodar la lea, descuartiz el becerro y lo puso sobre ella.
Luego dijo: -Llenen cuatro cntaros de agua, y vacenlos sobre el holocausto y la lea. Luego mand que lo hicieran por segunda y tercera vez, y as lo hicieron ellos.
El agua corra alrededor del altar, y tambin llen la zanja.
A la hora de ofrecer el holocausto, el profeta Elas se acerc y exclam: "Seor, Dios de Abraham, Isaac e Israel: haz que hoy se sepa que t eres el Dios de Israel, y que yo soy tu siervo, y que hago todo esto porque me lo has mandado!
Respndeme, Seor; respndeme, para que esta gente sepa que t eres Dios, y que los invitas a volverse de nuevo a ti!"
En aquel momento, el fuego del Seor cay y quem el holocausto, la lea y hasta las piedras y el polvo, y consumi el agua que haba en la zanja.
Al ver esto, toda la gente se inclin hasta tocar el suelo con la frente, y dijo: "El Seor es Dios, el Seor es Dios!"
Entonces Elas les dijo: -Atrapen a los profetas de Baal! Que no escape ninguno! La gente los atrap, y Elas los llev al arroyo Quisn y all los degoll.
Despus Elas dijo a Ahab: -Vete a comer y beber, porque ya se oye el ruido del aguacero.
Ahab se fue a comer y beber. Pero Elas subi a lo alto del monte Carmelo y, arrodillndose en el suelo, se inclin hasta poner la cara entre las rodillas,
dijo a su criado: -Ve y mira hacia el mar. l fue y mir, y luego dijo: -No hay nada. Pero Elas le orden: -Vuelve siete veces.
La sptima vez el criado dijo: -All, subiendo del mar, se ve una nubecita del tamao de una mano! Entonces Elas le dijo: -Ve y dile a Ahab que enganche su carro y se vaya antes que se lo impida la lluvia.
Ahab subi a su carro y se fue a Jezreel. Mientras tanto, el cielo se oscureci con nubes y viento, y cay un fuerte aguacero.
En cuanto a Elas, el Seor le dio fuerzas; y luego de arreglarse la ropa, corri hasta Jezreel y lleg antes que Ahab.
Ahab cont a Jezabel todo lo que Elas haba hecho y cmo haba degollado a todos los profetas de Baal.
Entonces Jezabel mand un mensajero a decirle a Elas: "Si t eres Elas, yo soy Jezabel! Y que los dioses me castiguen duramente, si maana a esta hora no he hecho contigo lo mismo que t hiciste con esos profetas."
Elas se dio cuenta de que corra peligro, y para salvar su vida se fue a Beerseba, que pertenece a Jud, y all dej a su criado.
Luego l se fue hacia el desierto, y camin durante un da, hasta que finalmente se sent bajo una retama. Era tal su deseo de morirse, que dijo: "Basta ya, Seor! Qutame la vida, pues yo no soy mejor que mis padres!"
Y se acost all, bajo la retama, y se qued dormido. Pero un ngel lleg, y tocndolo le dijo: "Levntate y come."
Elas mir a su alrededor, y vio que cerca de su cabecera haba una torta cocida sobre las brasas y una jarra de agua. Entonces se levant, y comi y bebi; despus se volvi a acostar.
Pero el ngel del Seor vino por segunda vez, y tocndolo le dijo: "Levntate y come, porque si no el viaje sera demasiado largo para ti."
Elas se levant, y comi y bebi. Y aquella comida le dio fuerzas para caminar cuarenta das y cuarenta noches hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.
Al llegar, entr en una cueva, y all pas la noche. Pero el Seor se dirigi a l, y le dijo: "Qu haces aqu, Elas?"
l respondi: "He sentido mucho celo por ti, Seor, Dios todopoderoso, porque los israelitas han abandonado tu alianza y derrumbado tus altares, y a filo de espada han matado a tus profetas. Solo yo he quedado, y me estn buscando para quitarme la vida."
Y el Seor le dijo: "Sal fuera y qudate de pie ante m, sobre la montaa." En aquel momento pas el Seor, y un viento fuerte y poderoso desgaj la montaa y parti las rocas ante el Seor; pero el Seor no estaba en el viento. Despus del viento hubo un terremoto; pero el Seor tampoco estaba en el terremoto.
Y tras el terremoto hubo un fuego; pero el Seor no estaba en el fuego. Pero despus del fuego se oy un sonido suave y delicado.
Al escucharlo, Elas se cubri la cara con su capa, y sali y se qued a la entrada de la cueva. En esto lleg a l una voz que le deca: "Qu haces ah, Elas?"
l contest: "He sentido mucho celo por ti, Seor, Dios todopoderoso, porque los israelitas han abandonado tu alianza y derrumbado tus altares, y a filo de espada han matado a tus profetas. Solo yo he quedado, y me andan buscando para quitarme la vida."
Entonces el Seor le dijo: "Anda, regresa por donde viniste al desierto de Damasco. Ve y consagra a Hazael como rey de Siria,
y a Jeh, nieto de Nims, como rey de Israel; a Eliseo, hijo de Safat, del pueblo de Abel- mehol, consgralo como profeta en lugar tuyo.
De esta manera, a quien escape de la espada de Hazael, lo matar Jeh, y a quien escape de la espada de Jeh, lo matar Eliseo.
No obstante, yo dejar en Israel siete mil personas que no se han arrodillado ante Baal ni lo han besado."
Elas se fue de all y encontr a Eliseo, que estaba arando. Delante de Eliseo iban doce yuntas de bueyes, y l mismo llevaba la ltima. Elas se dirigi a l y le ech su capa encima.
Al instante Eliseo dej los bueyes, corri tras Elas, y le dijo: -Djame dar a mis padres un beso de despedida, y luego te seguir. -Puedes ir -dijo Elas-, pero recuerda lo que he hecho contigo.
Eliseo se apart de Elas, y fue, tom dos toros y los descuartiz, y con la madera del yugo as la carne y dio de comer a la gente. Despus se fue tras Elas y qued a su servicio.
Ben-hadad, rey de Siria, reuni a todo su ejrcito, y a treinta y dos reyes aliados, con su caballera y sus carros de combate, y fue a la ciudad de Samaria, la rode y la atac.
Al mismo tiempo envi mensajeros a esta ciudad para que le dijeran a Ahab, rey de Israel:
"Ben-hadad dice: 'Tus riquezas me pertenecen, lo mismo que tus mujeres y tus mejores hijos.' "
El rey de Israel contest: "Tal como Su Majestad lo ha dicho, yo y todo lo que tengo es suyo."
Los mensajeros fueron una vez ms a ver a Ahab, y le dijeron: "Ben-hadad dice: 'Ya te he mandado a decir que tienes que darme tus riquezas, tus mujeres y tus hijos.
Adems, maana a estas horas enviar a mis oficiales a que registren tu palacio y las casas de tus funcionarios, y todo lo que les guste lo tomarn para s.' "
Entonces el rey de Israel mand llamar a todos los ancianos del pas, y les dijo: -Como ustedes podrn darse cuenta, este hombre est buscando hacerme dao, a pesar de que yo no me he negado a entregarle mis mujeres, mis hijos y mis riquezas.
-Pues no lo escuches ni le hagas caso -respondieron los ancianos y toda la gente.
Entonces Ahab dijo a los enviados de Ben-hadad: -Digan a Su Majestad que har todo lo que me orden al principio, pero que no puedo hacer lo que ahora me exige. Los enviados llevaron la respuesta a Ben-hadad,
y Ben-hadad mand a decir a Ahab: "Que los dioses me castiguen duramente, si de Samaria queda polvo suficiente para darle un puado a cada uno de mis seguidores!"
Por su parte, el rey de Israel le mand a decir: "No cantes victoria antes de tiempo."
Cuando Ben-hadad recibi la respuesta, estaba bebiendo con los otros reyes en las enramadas que haban improvisado. Entonces dijo a sus oficiales: "Al ataque!" Y todos se dispusieron a atacar la ciudad.
Mientras tanto, un profeta se present ante Ahab, rey de Israel, y le dijo: -El Seor ha dicho: 'Aunque veas esa gran multitud de enemigos, yo la voy a entregar hoy en tus manos, para que sepas que yo soy el Seor.'
-Y por medio de quin me la va a entregar? -pregunt Ahab. -El Seor ha dicho que por medio de los jvenes que ayudan a los gobernadores de las provincias -respondi el profeta. -Y quin atacar primero? -insisti Ahab. -T -respondi el profeta.
Entonces Ahab pas revista a los jvenes que ayudaban a los gobernadores de las provincias, que eran doscientos treinta y dos, y a todo el ejrcito israelita, compuesto de siete mil hombres.
Salieron al medioda, mientras Ben-hadad y los treinta y dos reyes aliados suyos seguan emborrachndose en las enramadas que haban improvisado,
y avanzaron en primer lugar los ayudantes de los gobernadores. Cuando Ben-hadad recibi aviso de que algunos hombres haban salido de Samaria,
orden: "Sea que hayan salido en son de paz o en son de guerra, los quiero vivos!"
Los ayudantes de los gobernadores salieron de la ciudad, seguidos por el ejrcito.
Y cada uno de ellos mat a un contrario, y los sirios huyeron. Los israelitas los persiguieron, pero Ben-hadad, rey de los sirios, escap a caballo con algunos soldados de caballera.
Entonces el rey de Israel avanz y se apoder de sus caballos y carros de combate, y les caus a los sirios una tremenda derrota.
Despus el profeta se present ante el rey de Israel, y le dijo: -Ve y refuerza tu ejrcito, y piensa bien lo que debes hacer; porque dentro de un ao el rey de Siria volver a atacarte.
Los oficiales del rey de Siria, por su parte, dijeron a este: -Los dioses de los israelitas son dioses de las montaas; por eso nos han vencido. Pero si luchamos contra ellos en la llanura, con toda seguridad los venceremos.
Lo que ahora debe hacer Su Majestad es quitar de su puesto a los reyes, y poner oficiales en su lugar,
organizar luego un ejrcito como el que fue derrotado, caballo por caballo y carro por carro. Entonces lucharemos contra ellos en el llano, y sin duda los venceremos. Ben-hadad prest atencin a este consejo y lo sigui.
Un ao despus, Ben- hadad pas revista a los sirios y se traslad a Afec para luchar contra Israel.
Tambin los israelitas pasaron revista a sus fuerzas y les dieron provisiones, y salieron al encuentro de los sirios. Acampados frente a los sirios, parecan apenas dos rebaos de cabras, pues los sirios ocupaban todo el terreno.
En esto se present un profeta ante el rey de Israel, y le dijo: -As dice el Seor: 'Puesto que los sirios han dicho que yo soy un dios de las montaas y no un dios de los valles, voy a entregar en tus manos a toda esta gran multitud. As sabrs que yo soy el Seor.'
Durante siete das, sirios e israelitas estuvieron acampados frente a frente, y el sptimo da tuvo lugar la batalla. Ese da los israelitas mataron a cien mil soldados sirios de infantera.
El resto del ejrcito huy a la ciudad de Afec, pero la muralla de la ciudad cay sobre los veintisiete mil hombres que haban logrado escapar. Ben-hadad tambin huy, y lleg a la ciudad, y se escondi de habitacin en habitacin.
Entonces sus oficiales le dijeron: -Hemos sabido que los reyes israelitas cumplen los tratos que hacen; as que pongmonos ropas speras y una soga en el cuello, y vayamos ante el rey de Israel, a ver si nos perdona la vida.
Entonces se pusieron ropas speras y una soga en el cuello, y se presentaron ante el rey de Israel y le dijeron: -Ben-hadad ruega a Su Majestad que le perdone la vida. Ahab respondi: -Vive todava? Para m es como un hermano!
A los hombres les pareci esto una buena seal, y tomndole la palabra contestaron inmediatamente: -Ben-hadad es hermano de Su Majestad! -Pues vayan a traerlo! -contest Ahab. Entonces Ben-hadad se present ante Ahab, y Ahab le hizo subir en su carro.
Luego Ben-hadad le dijo: -Te devolver las ciudades que mi padre le quit al tuyo; y t puedes tener negocios en Damasco, como mi padre los tena en Samaria. -Yo, por mi parte, me comprometo a dejarte ir -contest Ahab. De este modo, Ahab hizo un pacto con Ben-hadad y le dej que se fuera.
Sin embargo, un hombre que perteneca al grupo de los profetas pidi a un compaero suyo, por orden del Seor: -Hireme, por favor! Pero el otro no quiso hacerlo.
Entonces el profeta le dijo: -Por no haber hecho caso a la orden del Seor, un len te atacar cuando te separes de m. En efecto, en cuanto el otro se separ del profeta, un len le sali al encuentro y lo mat.
Despus se encontr el profeta con otro hombre, y le pidi tambin que lo hiriera, y aquel hombre lo golpe y lo hiri.
Entonces el profeta fue a esperar al rey en el camino, disfrazado con un vendaje sobre los ojos.
Y cuando el rey estaba pasando, el profeta le dijo en voz alta: -Este servidor de Su Majestad march al frente de batalla, y de entre las filas sali un soldado y me trajo un prisionero. Me pidi que me hiciera cargo de l, advirtindome que, si se me escapaba, yo le respondera con mi vida o tendra que pagarle tres mil monedas de plata.
Y como este servidor de Su Majestad se entretuvo con otras cosas, el prisionero se me escap. El rey de Israel le contest: -T mismo te has declarado culpable, y has pronunciado tu sentencia.
Pero el profeta se quit rpidamente el vendaje de los ojos, y el rey se dio cuenta de que era uno de los profetas.
Entonces el profeta le dijo: -As dice el Seor: 'Como t dejaste escapar al hombre que l haba condenado a morir, con tu vida pagars por la suya, y con tu pueblo por el suyo.'
Entonces el rey de Israel se fue a Samaria, triste y malhumorado, y se meti en su palacio.
Algn tiempo despus sucedi que un hombre de Jezreel, llamado Nabot, tena un viedo en aquel pueblo, junto al palacio de Ahab, el rey de Samaria.
Un da, Ahab le dijo a Nabot: -Dame tu viedo para que yo pueda tener en l una huerta, ya que est al lado de mi palacio. A cambio de l te dar un viedo mejor; o, si lo prefieres, te pagar su valor en dinero.
Pero Nabot respondi a Ahab: -No permita Dios que yo te d lo que he heredado de mis padres.
Ahab se fue a su casa triste y malhumorado a causa de la respuesta de Nabot, pues le haba dicho que no le dara lo que haba heredado de sus padres. Lleg y se acost de cara a la pared, y no quiso comer.
Entonces Jezabel, su mujer, se acerc a l y le dijo: -Por qu ests tan triste, y no quieres comer?
Ahab contest: -Habl con Nabot, el de Jezreel, y le ped que me vendiera su viedo; o, si l lo prefera, le dara otro viedo a cambio. Pero l no me lo quiere ceder.
Entonces Jezabel, su esposa, le respondi: -Pero t eres quien manda en Israel! Anda, come y tranquilzate. Yo voy a conseguirte el viedo de Nabot!
En seguida escribi ella cartas en nombre de Ahab, y les puso el sello real; luego las envi a los ancianos y jefes que vivan en el mismo pueblo de Nabot.
En las cartas les deca: "Anuncien ayuno y sienten a Nabot delante del pueblo.
Luego sienten a dos testigos falsos delante de l y hganlos declarar en contra suya, afirmando que ha maldecido a Dios y al rey. Despus, squenlo y mtenlo a pedradas."
Los hombres del pueblo de Nabot, junto con los ancianos y los jefes, hicieron lo que Jezabel les orden en las cartas que les haba enviado:
Anunciaron ayuno y sentaron a Nabot delante del pueblo.
Luego llegaron dos testigos falsos y declararon contra Nabot delante de todo el pueblo, afirmando que Nabot haba maldecido a Dios y al rey. Entonces lo sacaron de la ciudad y lo mataron a pedradas.
Luego mandaron a decir a Jezabel que Nabot haba sido apedreado y haba muerto.
En cuanto Jezabel lo supo, le dijo a Ahab: -Ve y toma posesin del viedo de Nabot, el de Jezreel, que no te lo quera vender. Nabot ya no vive; ahora est muerto.
Al enterarse Ahab de que Nabot haba muerto, fue y se apoder de su viedo.
Entonces el Seor se dirigi a Elas, el de Tisb, y le dijo:
"Ve en seguida a ver a Ahab, rey de Israel, que vive en Samaria. En este momento se encuentra en el viedo de Nabot, del cual ha ido a tomar posesin.
Le dirs: 'As dice el Seor: Puesto que mataste a Nabot y le quitaste lo que era suyo, en el mismo lugar donde los perros lamieron su sangre, lamern tambin la tuya.' "
Ahab le respondi a Elas: -As que t, mi enemigo, me encontraste? -S, te encontr -contest Elas-. Porque no cometes ms que malas acciones a los ojos del Seor.
Por lo tanto, el Seor ha dicho: 'Voy a traer sobre ti la desgracia, y voy a acabar con toda tu descendencia; destruir a todos los varones descendientes tuyos que haya en Israel.
Adems, har con tu familia lo mismo que hice con la de Jeroboam, hijo de Nabat, y con la de Baas, hijo de Ahas, por haber provocado mi enojo al hacer pecar a Israel.'
En cuanto a Jezabel, el Seor ha dicho: 'Los perros se comern a Jezabel en los campos de Jezreel.'
Y al familiar tuyo que muera en la ciudad, se lo comern los perros; y al que muera en el campo, se lo comern las aves de rapia.
(No hubo nadie como Ahab, que, incitado por su esposa Jezabel, solo cometi malas acciones a los ojos del Seor.
Cometi una infamia al rendir culto a los dolos, como lo hacan todos los amorreos, a quienes el Seor haba arrojado de la presencia de los israelitas.)
Cuando Ahab escuch todo esto, se rasg la ropa, se puso ropas speras y ayun. Dorma con esas ropas, y andaba muy triste.
Entonces el Seor dijo a Elas:
"Has visto cmo Ahab se ha humillado ante m? Pues por haberse humillado ante m, no traer el mal sobre su familia mientras l viva, sino en vida de su hijo."
Pasaron tres aos sin que hubiera guerra entre sirios e israelitas.
Pero al tercer ao, Josafat, rey de Jud, fue a visitar al rey de Israel.
Y el rey de Israel dijo a sus funcionarios: -Ya saben ustedes que Ramot de Galaad nos pertenece. Entonces, por qu no hacemos algo para rescatarla del dominio del rey sirio?
A Josafat le pregunt: -Quieres acompaarme a atacar a Ramot de Galaad? Josafat le respondi: -Yo, lo mismo que mi ejrcito y mi caballera, estamos contigo y con tu gente.
Pero antes consulta la voluntad del Seor.
El rey de Israel reuni a los profetas, que eran cerca de cuatrocientos, y les pregunt: -Debo atacar a Ramot de Galaad, o no? Y ellos respondieron: -Atcala, porque el Seor te la va a entregar.
Pero Josafat pregunt: -No hay por aqu algn otro profeta del Seor a quien tambin podamos consultar?
El rey de Israel contest a Josafat: -Hay uno ms, por medio del cual podemos consultar al Seor. Es Micaas, hijo de Iml. Pero lo aborrezco, porque nunca me anuncia cosas buenas, sino solamente cosas malas. Pero Josafat le dijo: -No digas eso.
En seguida el rey de Israel llam a un oficial, y le orden: -Pronto, que venga Micaas, hijo de Iml!
Tanto el rey de Israel como Josafat, el rey de Jud, tenan puesta su armadura y estaban sentados en sus tronos en la explanada a la entrada de Samaria, y todos los profetas caan en trance proftico delante de ellos.
Sedequas, hijo de Quenaan, se haba hecho unos cuernos de hierro, y gritaba: "As ha dicho el Seor: 'Con estos cuernos atacars a los sirios hasta exterminarlos!' "
Todos los profetas anunciaban lo mismo. Decan al rey: "Ataca a Ramot de Galaad y obtendrs la victoria, pues el Seor va a entregarte la ciudad."
El mensajero que haba ido a llamar a Micaas, le dijo a este: -Todos los profetas, sin excepcin, han dado una respuesta favorable al rey. As pues, te ruego que hables como todos ellos y anuncies algo favorable.
Micaas le contest: -Juro por el Seor que solo dir lo que el Seor me ordene decir!
Luego se present ante el rey, y el rey le pregunt: -Micaas, debemos atacar a Ramot de Galaad o no? Y Micaas dijo: -Atcala, y obtendrs la victoria, pues el Seor te la va a entregar.
Pero el rey le respondi: -Cuntas veces te he de decir que bajo juramento me declares solo la verdad en el nombre del Seor?
Entonces Micaas dijo: "He visto a todos los israelitas desparramados por los montes, como ovejas sin pastor. Y el Seor ha dicho: 'Estos no tienen dueo; que cada uno vuelva en paz a su casa.' "
El rey de Israel dijo a Josafat: -No te he dicho que este hombre nunca me anuncia cosas buenas, sino solo cosas malas?
Micaas aadi: -Por eso que has dicho, escucha la palabra del Seor: Vi al Seor sentado en su trono, y a todo el ejrcito del cielo que estaba de pie, junto a l, a su derecha y a su izquierda.
Entonces el Seor pregunt quin ira a incitar a Ahab para que atacara a Ramot de Galaad y cayera all. Unos decan una cosa y otros otra.
Pero un espritu se present delante del Seor y dijo que l lo hara. El Seor le pregunt cmo lo iba a hacer,
y el espritu respondi que iba a inspirar mentiras en todos los profetas del rey. Entonces el Seor le dijo que, en efecto, conseguira engaarlo, y que fuera a hacerlo.
Y ahora ya sabes que el Seor ha puesto un espritu mentiroso en labios de todos estos profetas tuyos, y que ha determinado tu ruina.
Entonces Sedequas, hijo de Quenaan, acercndose a Micaas le dio una bofetada y dijo: -Por dnde se me fue el espritu del Seor para hablarte a ti?
Y Micaas le respondi: -Lo sabrs el da que andes escondindote de habitacin en habitacin.
Entonces el rey de Israel orden: -Agarren a Micaas y llvenlo preso ante Amn, el gobernador de la ciudad, y ante Jos, mi hijo!
Dganles que yo ordeno que lo metan en la crcel y lo tengan a racin escasa de pan y agua, hasta que yo regrese sano y salvo.
Todava aadi Micaas: "Si t vuelves sano y salvo, el Seor no ha hablado por medio de m."
As pues, el rey de Israel, y Josafat, el rey de Jud, avanzaron contra Ramot de Galaad.
Y el rey de Israel dijo a Josafat: -Yo voy a entrar en la batalla disfrazado, y t te pondrs mi ropa. As el rey de Israel se disfraz y entr en combate.
Pero el rey de Siria haba ordenado a los treinta y dos capitanes de sus carros de combate que no atacaran a nadie que no fuera el rey de Israel.
Y cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, pensaron que l era el rey de Israel y lo rodearon para atacarlo. Entonces Josafat grit pidiendo ayuda,
y al ver ellos que no era el rey de Israel, dejaron de perseguirlo.
Pero un soldado dispar su arco al azar, e hiri de muerte al rey de Israel por entre las juntas de la armadura. Entonces este le orden al conductor de su carro: -Da la vuelta y scame del combate, porque estoy gravemente herido.
La batalla fue dura aquel da, y al rey se le mantuvo en pie en su carro, haciendo frente a los sirios. Pero a la tarde muri, pues la sangre de su herida corra por la plataforma del carro.
Cuando ya el sol se pona, corri la voz entre las filas del ejrcito: "Cada cual a su pueblo y a su tierra,
porque el rey ha muerto!" Entonces el rey fue llevado a Samaria, y all lo enterraron.
Despus lavaron el carro en el estanque de Samaria, donde se baaban las prostitutas, y los perros lamieron la sangre de Ahab, conforme a lo que el Seor haba anunciado.
El resto de la historia de Ahab y de todo lo que hizo, y del palacio de marfil y las ciudades que construy, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Muri Ahab, y despus rein en su lugar su hijo Ocozas.
En el cuarto ao del reinado de Ahab en Israel, Josafat, hijo de As, comenz a reinar en Jud.
Tena entonces treinta y cinco aos, y veinticinco aos rein en Jerusaln. Su madre se llamaba Azub, y era hija de Silh.
Josafat se condujo en todo con rectitud, como As, su padre. Sus hechos fueron rectos a los ojos del Seor.
Sin embargo, los santuarios paganos, donde el pueblo ofreca sacrificios y quemaba incienso a los dolos, no fueron quitados.
Josafat hizo un tratado de paz con el rey de Israel.
El resto de su historia y de sus hazaas, y de las guerras en que tom parte, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Josafat fue quien desterr del pas a los que an practicaban la prostitucin como un culto, los que haban quedado desde el tiempo de As, su padre.
(En Edom no haba entonces rey, sino solo un intendente.)
Josafat construy tambin barcos como los de Tarsis, para traer oro de Ofir; pero no pudieron ir porque se hicieron pedazos en Esin-guber.
Entonces Ocozas, hijo de Ahab, dijo a Josafat que permitiera a sus marinos acompaar a los suyos en los barcos, pero Josafat no lo permiti.
Josafat muri y fue enterrado en la Ciudad de David, su antepasado. Despus rein en su lugar su hijo Joram.
En el ao diecisiete del reinado de Josafat en Jud, Ocozas, hijo de Ahab, comenz a reinar sobre Israel en Samaria, y rein durante dos aos.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pues sigui el mal camino de su padre y de su madre, y de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pues sigui el mal camino de su padre y de su madre, y de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel. [ (I Kings 22:54) Adems rindi culto a Baal y lo ador, como antes haba hecho su padre, provocando as la ira del Seor, el Dios de Israel. ] 
Despus de la muerte de Ahab, Moab se rebel contra Israel.
En cuanto a Ocozas, se cay por una ventana del piso alto de su palacio en Samaria y qued muy lastimado. Entonces envi mensajeros a que consultaran a Baal-zebub, dios de Ecrn, si se iba a recuperar,
pero el ngel del Seor le dijo a Elas, el de Tisb: "Ve al encuentro de los mensajeros del rey de Samaria, y pregntales si acaso no hay Dios en Israel, para que tengan que consultar a Baal-zebub, el dios de Ecrn.
Y diles tambin que yo, el Seor, digo a Ocozas: 'Ya no te levantars de la cama, sino que vas a morir.' " Elas fue y lo hizo as.
Y cuando los mensajeros regresaron ante el rey, este les pregunt: -Por qu han regresado?
Ellos respondieron: -Porque un hombre nos sali al paso y nos dijo que nos volviramos al rey que nos haba mandado, y que le dijramos: 'As dice el Seor: Acaso no hay Dios en Israel, para que mandes a consultar a Baal-zebub, el dios de Ecrn? Por esto que has hecho, ya no te levantars de la cama, sino que vas a morir.'
El rey les pregunt: -Cmo era ese hombre que les sali al encuentro y les dijo esto?
-Era un hombre vestido con una capa peluda, y con un cinturn de cuero en la cintura -respondieron ellos. -Es Elas, el de Tisb! -exclam el rey.
Y en seguida envi por l a un capitn con cincuenta soldados. Cuando llegaron, Elas estaba sentado en la cima de un monte. Entonces el capitn le dijo: -Profeta, el rey ordena que bajes!
Elas respondi: -Si yo soy profeta, que caiga fuego del cielo y te consuma a ti y a tus cincuenta soldados. Al instante cay fuego del cielo y los consumi.
El rey envi a otro capitn con otros cincuenta soldados, el cual fue y dijo a Elas: -Profeta, el rey ordena que bajes inmediatamente!
Elas le respondi: -Si yo soy profeta, que caiga fuego del cielo y te consuma a ti y a tus cincuenta soldados. Y al instante cay fuego del cielo y los consumi.
Despus mand el rey por tercera vez un capitn con otros cincuenta soldados. Pero el tercer capitn subi hasta donde estaba Elas, y arrodillndose delante de l, le rog: -Por favor, profeta, respeta mi vida y la de estos cincuenta servidores tuyos;
pues antes cay fuego del cielo y consumi a los otros dos capitanes y a sus hombres. Yo te ruego que me tengas consideracin.
Entonces el ngel del Seor orden a Elas: -Ve con l, no le tengas miedo. Elas baj y fue con el capitn a ver al rey,
y le dijo: -As dice el Seor: 'Puesto que enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub, el dios de Ecrn, como si en Israel no hubiera Dios a quien consultar, ya no te levantars de tu cama, sino que vas a morir.'
Y en efecto, Ocozas muri, tal como el Seor lo haba dicho por medio de Elas. Y como Ocozas nunca tuvo hijos, rein en su lugar su hermano Joram. Esto fue en el segundo ao del reinado de Joram, hijo de Josafat, en Jud.
El resto de la historia de Ocozas y de lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Cuando lleg el momento en que el Seor iba a llevarse a Elas al cielo en un torbellino, Elas y Eliseo salieron de Guilgal.
Y Elas le dijo a Eliseo: -Qudate aqu, porque el Seor me ha enviado a Betel. Pero Eliseo le contest: -Juro por el Seor, y por ti mismo, que no voy a dejarte solo. Entonces fueron juntos hasta Betel.
Pero los profetas que vivan en Betel salieron al encuentro de Eliseo y le dijeron: -Sabes que el Seor va a quitarte hoy a tu maestro? -S, ya lo s -contest Eliseo-, pero ustedes no digan nada.
Despus Elas le dijo a Eliseo: -Qudate aqu, porque el Seor me ha enviado a Jeric. Pero Eliseo le contest: -Juro por el Seor, y por ti mismo, que no voy a dejarte solo. Entonces fueron juntos hasta Jeric.
Pero los profetas que vivan en Jeric salieron al encuentro de Eliseo y le dijeron: -Sabes que el Seor va a quitarte hoy a tu maestro? -S, ya lo s -respondi Eliseo-, pero ustedes no digan nada.
Luego le dijo Elas: -Qudate aqu, porque el Seor me ha enviado al Jordn. Pero Eliseo le contest: -Te juro por el Seor, y por ti mismo, que no voy a dejarte solo. Entonces fueron los dos.
Pero cincuenta profetas llegaron y se detuvieron a cierta distancia, frente a ellos; Elas y Eliseo, por su parte, se detuvieron a la orilla del ro Jordn.
Entonces Elas tom su capa, la enroll y golpe el agua, y el agua se hizo a uno y otro lado, y los dos cruzaron el ro como por terreno seco.
En cuanto cruzaron, dijo Elas a Eliseo: -Dime qu quieres que haga por ti antes que sea yo separado de tu lado. Eliseo respondi: -Quiero recibir una doble porcin de tu espritu.
-No es poco lo que pides -dijo Elas-. Pero si logras verme cuando sea yo separado de ti, te ser concedido. De lo contrario, no se te conceder.
Y mientras ellos iban caminando y hablando, de pronto apareci un carro de fuego, con caballos tambin de fuego, que los separ, y Elas subi al cielo en un torbellino.
Al ver esto, Eliseo grit: "Padre mo, padre mo, que has sido para Israel como un poderoso ejrcito!" Despus de esto no volvi a ver a Elas. Entonces Eliseo tom su ropa y la rasg en dos.
Luego recogi la capa que se le haba cado a Elas, y regres al Jordn y se detuvo en la orilla.
Acto seguido, golpe el agua con la capa, y exclam: "Dnde est el Seor, el Dios de Elas?" Apenas haba golpeado el agua, cuando esta se hizo a uno y otro lado, y Eliseo volvi a cruzar el ro.
Los profetas de Jeric, que estaban enfrente, dijeron al verlo: "El espritu de Elas reposa ahora en Eliseo!" Fueron entonces a su encuentro, e inclinndose ante l
le dijeron: -Mira, entre nosotros, tus servidores, hay cincuenta valientes. Deja que vayan en busca de tu maestro, no sea que el espritu de Dios lo haya alzado y arrojado sobre alguna montaa o en algn valle. Pero l dijo: -No, no manden ustedes a nadie.
Sin embargo, fue tanta la insistencia de ellos que al fin los dej que mandaran a aquellos cincuenta hombres, los cuales estuvieron buscando a Elas durante tres das, pero no lo encontraron.
Entonces regresaron a Jeric, donde se haba quedado Eliseo, y este les dijo: -Yo les advert que no fueran.
Los habitantes de la ciudad dijeron entonces a Eliseo: -Mira, la ciudad tiene una buena situacin, como puedes ver, pero el agua es mala y la tierra estril.
-Triganme un tazn nuevo, con sal -respondi Eliseo. En cuanto le llevaron el tazn,
Eliseo fue al manantial y arroj all la sal, diciendo: -As dice el Seor: 'Yo he purificado esta agua, y nunca ms causar muerte ni har estril la tierra.'
Desde entonces el agua qued purificada, tal como lo haba dicho Eliseo.
Despus Eliseo se fue de all a Betel. Cuando suba por el camino, un grupo de muchachos de la ciudad sali y comenz a burlarse de l. Le gritaban: "Sube, calvo! Sube, calvo!"
Eliseo se volvi hacia ellos, los mir y los maldijo en el nombre del Seor. Al instante salieron dos osos del bosque y despedazaron a cuarenta y dos de ellos.
Luego Eliseo se fue al monte Carmelo, y de all regres a Samaria.
En el ao dieciocho del reinado de Josafat en Jud, Joram, hijo de Ahab, comenz a reinar sobre Israel, y rein en Samaria doce aos.
Sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pero no tanto como los de su padre y su madre, ya que l quit la piedra sagrada de Baal que su padre haba hecho.
No obstante, cometi los mismos pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, con los cuales haba hecho pecar a Israel.
Mes, el rey de Moab, se dedicaba a criar ovejas, y tena que entregar como tributo al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con su lana.
Pero cuando Ahab muri, el rey de Moab se rebel contra el rey de Israel.
Entonces el rey Joram sali de Samaria y pas revista a todo el ejrcito de Israel.
Luego mand decir al rey de Jud: "El rey de Moab se ha rebelado contra m. Quieres acompaarme a luchar contra l?" El rey de Jud respondi: "Te acompaar, pues yo, lo mismo que mi ejrcito y mi caballera, estamos contigo y con tu gente.
Pero, por qu camino atacaremos?" Y Joram contest: "Por el camino del desierto de Edom."
As pues, los reyes de Israel, Jud y Edom se pusieron en marcha. Pero como tuvieron que dar un rodeo de siete das, se les termin el agua para el ejrcito y sus animales.
Entonces dijo el rey de Israel: -Vaya! Parece que el Seor nos ha trado a nosotros, los tres reyes, para entregarnos en manos de los moabitas.
Y Josafat pregunt: -No hay por aqu algn profeta del Seor, para que consultemos al Seor por medio de l? Uno de los oficiales del rey de Israel dijo: -Aqu est Eliseo, hijo de Safat, que era asistente de Elas.
-Pues tendr algo que decir de parte del Seor -contest Josafat. Inmediatamente el rey de Israel, Josafat y el rey de Edom fueron a ver a Eliseo;
pero Eliseo dijo al rey de Israel: -Qu tengo yo que ver contigo? Ve a consultar a los profetas de tus padres. El rey de Israel insisti: -No, porque el Seor nos ha trado para que los tres reyes caigamos en manos de los moabitas.
Entonces Eliseo le dijo: -Juro por el Seor todopoderoso, que me est viendo, que si no fuera porque respeto a Josafat, rey de Jud, no te prestara yo atencin ni te mirara siquiera.
Vamos, triganme a un msico! Y cuando el msico se puso a tocar, el Seor se posesion de Eliseo;
y Eliseo dijo: -El Seor ha dicho: 'Hagan muchas represas en este valle,
porque aunque no habr viento ni vern ustedes llover, este valle se llenar de agua y todos ustedes bebern, lo mismo que sus ganados y sus bestias.
Y esto es solo una pequea muestra de lo que el Seor puede hacer, porque adems l va a entregar a los moabitas en las manos de ustedes,
y ustedes destruirn todas las ciudades amuralladas y ciudades importantes, y cortarn todos los rboles frutales, cegarn todos los manantiales de agua y llenarn de piedras todos los terrenos de cultivo.
En efecto, a la maana siguiente, a la hora de presentar la ofrenda, de la parte de Edom vino el agua, la cual inund el terreno.
Mientras tanto, los moabitas se haban enterado de que los reyes llegaban para atacarlos, por lo que llamaron a filas a todos los jvenes y adultos en edad militar, y tomaron posiciones en la frontera.
Por la maana temprano, cuando se levantaron, el sol se reflejaba sobre el agua, y los moabitas la vieron frente a ellos roja como la sangre.
Entonces dijeron: "Eso es sangre. Lo que ha ocurrido es que los reyes han luchado entre s, y se han destruido unos a otros. Moabitas, vamos ahora a apoderarnos de las cosas que han dejado!"
Pero al entrar los moabitas en el campamento israelita, los israelitas los atacaron y los hicieron huir. Entonces los israelitas los persiguieron y los mataron.
Luego destruyeron las ciudades, llenaron de piedras los terrenos de cultivo, cegaron todos los manantiales y cortaron todos los rboles frutales. Solo qued en pie la ciudad de Quir-harset. Pero los honderos la rodearon y la conquistaron.
Cuando el rey de Moab se dio cuenta de que el ataque era superior a sus fuerzas, tom setecientos soldados de infantera para abrir una brecha hacia donde estaba el rey de Edom. Pero no lograron hacerlo.
Entonces tom a su hijo mayor, que haba de reinar en su lugar, y lo ofreci en holocausto sobre la muralla. Esto caus gran enojo contra los israelitas, por lo que ellos levantaron el campamento y regresaron a su pas.
Cierta mujer, que haba sido esposa de uno de los profetas, fue a quejarse a Eliseo, dicindole: -Mi marido ha muerto, y usted sabe que l honraba al Seor. Ahora el prestamista ha venido y quiere llevarse a mis dos hijos como esclavos.
Eliseo le pregunt: -Qu puedo hacer por ti? Dime qu tienes en casa. Ella le contest: -Esta servidora de usted no tiene nada en casa, excepto un jarrito de aceite.
Entonces Eliseo le dijo: -Pues ve ahora y pide prestados a tus vecinos algunos jarros, todos los jarros vacos que puedas conseguir!
Luego mtete en tu casa con tus hijos, cierra la puerta y ve llenando de aceite todos los jarros y poniendo aparte los llenos.
La mujer se despidi de Eliseo y se encerr con sus hijos. Entonces empez a llenar los jarros que ellos le iban llevando.
Y cuando todos los jarros estuvieron llenos, le orden a uno de ellos: -Treme otro jarro ms. Pero su hijo le respondi: -No hay ms jarros. En ese momento el aceite dej de correr.
Despus fue ella y se lo cont al profeta, y este le dijo: -Ve ahora a vender el aceite, y paga tu deuda. Con el resto podrn vivir t y tus hijos.
Un da en que Eliseo pas por Sunem, una mujer importante que all viva lo invit con mucha insistencia a que pasara a comer. Y cada vez que Eliseo pasaba por all, se quedaba a comer.
Entonces ella le dijo a su marido: -Mira, yo s que este hombre que cada vez que pasa nos visita, es un santo profeta de Dios.
Vamos a construir en la azotea un cuarto para l. Le pondremos una cama, una mesa, una silla y una lmpara. As, cuando l venga a visitarnos, podr quedarse all.
Una vez en que lleg a ese cuarto para quedarse a dormir en l,
le dijo a Guehaz, su criado: -Llama a la seora sunamita. El criado la llam, y cuando ella se present ante l, Eliseo orden al criado:
-Dile a esta seora que ha sido tan amable con nosotros, que si podemos hacer algo por ella; que si quiere que hablemos en su favor con el rey o con el jefe del ejrcito. -Yo estoy bien aqu entre mi propia gente -respondi ella.
-Entonces, qu podemos hacer por ella? -No s -respondi Guehaz-. No tiene hijos, y su marido es anciano.
-Llmala -dijo Eliseo. El criado fue a llamarla, pero ella se qued de pie en la puerta.
Entonces Eliseo le dijo: -Para el ao que viene, por este tiempo, tendrs un hijo en tus brazos. Ella respondi: -No, mi seor, no engae un hombre de Dios a su servidora.
Pero tal como Eliseo se lo anunci, ella qued embarazada y al ao siguiente dio a luz un hijo.
Y el nio creci. Pero un da en que sali a ver a su padre, que estaba con los segadores,
comenz a gritarle a este: -Ay, mi cabeza! Me duele la cabeza! Entonces su padre dijo a un criado: -Llvalo con su madre.
El criado lo tom y lo llev a donde estaba su madre, la cual lo sent sobre sus rodillas hasta el medioda. Entonces el nio muri.
Pero ella lo subi al cuarto del profeta, lo puso sobre la cama y sali, dejando cerrada la puerta.
Luego llam a su marido y le dijo: -Envame un criado con una asna, para que yo vaya a ver al profeta. Luego volver.
-Por qu vas a verlo hoy? -pregunt su marido-. No es luna nueva ni sbado. -No te preocupes -contest ella.
Y orden que le aparejaran el asna, y dijo a su criado: -Vamos, adelntate. Y hasta que yo te lo diga, no hagas que me detenga.
As ella se fue y lleg al monte Carmelo, donde estaba el profeta. Cuando Eliseo la vio venir a lo lejos, dijo a Guehaz, su criado: -Mira, es la seora sunamita.
Corre a recibirla y pregntale cmo est, y cmo estn su marido y su hijo. El criado fue, y ella le dijo que estaban bien.
Luego lleg al monte en donde se encontraba Eliseo, y se abraz a sus pies. Guehaz se acerc para apartarla, pero Eliseo le orden: -Djala, porque est muy angustiada, y hasta ahora el Seor no me ha dicho lo que le ocurre.
Entonces ella le dijo: -Seor, acaso le ped a usted tener un hijo? No le ped a usted que no me engaara?
Eliseo dijo entonces a Guehaz: -Preprate, toma mi bastn y ve all. Si te encuentras con alguien, no lo saludes; y si alguien te saluda, no le respondas. Luego coloca mi bastn sobre la cara del nio.
Pero la madre del nio dijo a Eliseo: -Juro por el Seor, y por usted mismo, que de aqu no me ir sin usted. Entonces Eliseo se fue con ella.
Mientras tanto, Guehaz se haba adelantado a ellos y haba colocado el bastn sobre la cara del muchacho, pero este no daba la menor seal de vida; as que Guehaz fue al encuentro de Eliseo y le dijo: -El nio no vuelve en s.
Cuando Eliseo entr en la casa, el nio ya estaba muerto, tendido sobre la cama.
Entonces entr, y cerrando la puerta se puso a orar al Seor. Solo l y el nio estaban adentro.
Luego se subi a la cama y se acost sobre el nio, colocando su boca, sus ojos y sus manos contra los del nio y estrechando su cuerpo contra el suyo. El cuerpo del nio empez a entrar en calor.
Eliseo se levant entonces y anduvo de un lado a otro por la habitacin; luego se subi otra vez a la cama y volvi a estrechar su cuerpo contra el del nio. De pronto el muchacho estornud siete veces, y abri los ojos.
Eliseo llam a Guehaz, y le dijo: -Llama a la seora sunamita. Guehaz lo hizo as, y cuando ella lleg a donde estaba Eliseo, este le dijo: -Aqu tienes a tu hijo.
La mujer se acerc y se arroj a los pies de Eliseo; luego tom a su hijo y sali de la habitacin.
Despus de esto, Eliseo regres a Guilgal. Por aquel tiempo hubo mucha hambre en aquella regin, y una vez en que los profetas estaban sentados alrededor de Eliseo, dijo este a su criado: "Pon la olla grande en el fuego, y haz un guisado para los profetas."
Uno de ellos sali al campo a recoger algunas hierbas, y encontr un arbusto silvestre del cual tom unos frutos, como calabazas silvestres, con los que llen su capa. Cuando volvi, los reban y los ech dentro del guisado, sin saber lo que eran.
Despus se sirvi de comer a los profetas, y al empezar a comer el guisado, ellos gritaron: -Profeta, este guisado est envenenado! Y ya no lo comieron.
Pero Eliseo orden: -Triganme un poco de harina. Y echando la harina dentro de la olla, orden: -Ahora srvanle de comer a la gente! Y la gente comi, y ya no haba nada malo en la olla.
Despus lleg un hombre de Baal-salis llevando a Eliseo veinte panes de cebada recin horneados, y trigo fresco en su morral. Eliseo orden entonces a su criado: -Dselo a la gente para que coma.
Pero el criado respondi: -Cmo voy a dar esto a cien personas? Y Eliseo contest: -Dselo a la gente para que coma, porque el Seor ha dicho que comern y habr de sobra.
As pues, el criado les sirvi, y ellos comieron y hubo de sobra, como el Seor lo haba dicho.
Haba un hombre llamado Naamn, jefe del ejrcito del rey de Siria, muy estimado y favorecido por su rey, porque el Seor haba dado la victoria a Siria por medio de l. Pero este hombre estaba enfermo de lepra.
En una de las correras de los sirios contra los israelitas, una muchachita fue hecha cautiva, y se qued al servicio de la mujer de Naamn.
Esta muchachita dijo a su ama: -Si mi amo fuera a ver al profeta que est en Samaria, quedara curado de su lepra.
Naamn fue y le cont a su rey lo que haba dicho aquella muchacha.
Y el rey de Siria le respondi: -Est bien, ve, que yo mandar una carta al rey de Israel. Entonces Naamn se fue. Tom treinta mil monedas de plata, seis mil monedas de oro y diez mudas de ropa,
y le llev al rey de Israel la carta, que deca: "Cuando recibas esta carta, sabrs que envo a Naamn, uno de mis oficiales, para que lo sanes de su lepra."
Cuando el rey de Israel ley la carta, se rasg la ropa en seal de afliccin y dijo: -Acaso soy Dios, que da la vida y la quita, para que este me mande un hombre a que lo cure de su lepra? Fjense bien y vern que est buscando un pretexto contra m!
Al enterarse el profeta Eliseo de que el rey se haba rasgado la ropa por aquella carta, le mand a decir: "Por qu te has rasgado la ropa? Que venga ese hombre a verme, y sabr que hay un profeta en Israel."
Naamn fue, con su carro y sus caballos, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo.
Pero Eliseo envi un mensajero a que le dijera: "Ve y lvate siete veces en el ro Jordn, y tu cuerpo quedar limpio de la lepra."
Naamn se enfureci, y se fue diciendo: -Yo pens que iba a salir a recibirme, y que de pie iba a invocar al Seor su Dios, y que luego iba a mover su mano sobre la parte enferma, y que as me quitara la lepra.
No son los ros de Damasco, el Aban y el Farfar, mejores que todos los ros de Israel? No podra yo haber ido a lavarme en ellos y quedar limpio? Y muy enojado se fue de all.
Pero sus criados se acercaron a l y le dijeron: -Seor, si el profeta le hubiera mandado hacer algo difcil, no lo habra hecho usted? Pues con mayor razn si solo le ha dicho que se lave usted y quedar limpio.
Naamn fue y se sumergi siete veces en el Jordn, segn se lo haba ordenado el profeta, y su carne se volvi como la de un jovencito, y qued limpio.
Entonces l y todos sus acompaantes fueron a ver a Eliseo. Al llegar ante l, Naamn le dijo: -Ahora estoy convencido de que en toda la tierra no hay Dios, sino solo en Israel! Por lo tanto, te ruego que aceptes un regalo de este servidor tuyo.
Pero Eliseo le contest: -Juro por el Seor, que me est viendo, que no lo aceptar. Y aunque Naamn insisti, Eliseo se neg a aceptarlo.
Entonces Naamn dijo: -En ese caso permite que me lleve dos cargas de mula de tierra de Israel; porque este servidor tuyo no volver a ofrecer holocaustos ni sacrificios a otros dioses, sino al Seor.
Solamente ruego al Seor que me perdone una cosa: que cuando mi soberano vaya a adorar al templo de Rimn, y se apoye en mi brazo, y yo tenga que arrodillarme en ese templo, que el Seor me perdone por esto.
Eliseo le respondi: -Vete tranquilo. Naamn se fue de all. Y cuando ya iba a cierta distancia,
Guehaz, el criado del profeta Eliseo, pens: "Mi seor ha dejado ir a Naamn el sirio sin aceptar nada de lo que l trajo. Juro por el Seor que voy a seguirlo rpidamente, a ver qu puedo conseguir de l."
Y se fue Guehaz tras Naamn; y cuando este lo vio detrs de l, se baj de su carro para recibirlo, y le pregunt: -Pasa algo malo?
-No, nada -contest Guehaz-. Pero mi amo me ha enviado a decirle a usted que acaban de llegar dos profetas jvenes, que vienen de los montes de Efran, y ruega a usted que les d tres mil monedas de plata y dos mudas de ropa.
Naamn respondi: -Por favor, toma seis mil monedas de plata. E insistiendo Naamn en que las aceptara, las meti en dos sacos junto con las dos mudas de ropa, y se lo entreg todo a dos de sus criados para que lo llevaran delante de Guehaz.
Cuando llegaron a la colina, Guehaz tom la plata que llevaban los criados, la guard en la casa y los despidi.
Luego fue y se present ante su amo, y Eliseo le pregunt: -De dnde vienes, Guehaz? -Yo no he ido a ninguna parte -contest Guehaz.
Pero Eliseo insisti: -Cuando cierto hombre se baj de su carro para recibirte, yo estaba all contigo, en el pensamiento. Pero este no es el momento de recibir dinero y mudas de ropa, ni de comprar huertos, viedos, ovejas, bueyes, criados y criadas.
Por lo tanto, la lepra de Naamn se te pegar a ti y a tu descendencia para siempre. Y cuando Guehaz se separ de Eliseo, estaba tan leproso que se vea blanco como la nieve.
Un da, los profetas dijeron a Eliseo: -Mira, el lugar donde vivimos contigo es demasiado estrecho para nosotros.
Permtenos ir al ro Jordn y tomar cada uno de nosotros un tronco, para construir all un lugar donde vivir. -Vayan, pues -respondi Eliseo.
-Por favor, acompanos -dijo uno de ellos. -Muy bien, los acompaar -contest l.
Y Eliseo fue con ellos hasta el Jordn, y all se pusieron a cortar rboles.
Pero ocurri que, al cortar uno un tronco, el hacha se le cay al agua. Entonces grit: -Ay, maestro! Esa hacha era prestada!
-Dnde cay? -le pregunt el profeta. El otro seal el lugar. Entonces Eliseo cort un palo, lo arroj all e hizo que el hacha saliera a flote.
-Recgela -orden Eliseo. El otro extendi la mano y recogi el hacha.
El rey de Siria estaba en guerra con Israel, y en un consejo que celebr con sus oficiales, dijo en qu lugares planeaba acampar.
Entonces Eliseo mand decir al rey de Israel que procurara no pasar por aquellos lugares, porque los sirios iban hacia all.
De esa manera el rey de Israel envi su ejrcito al lugar que el profeta le haba dicho al prevenirlo, y as se salv en varias ocasiones.
El rey de Siria estaba muy confuso por ese motivo, as que llam a sus oficiales y les dijo: -Dganme quin de los nuestros est de parte del rey de Israel!
Uno de ellos contest: -Nadie, Majestad. Pero Eliseo, el profeta que est en Israel, le hace saber al rey de Israel todo lo que Su Majestad dice incluso en la intimidad de su dormitorio.
Entonces el rey de Siria orden: -Averigen dnde est, para que enve yo unos hombres a que lo capturen. Cuando le dijeron que estaba en Dotn,
envi un destacamento de caballera, y carros de combate, y mucha infantera, que llegaron de noche a Dotn y rodearon la ciudad.
A la maana siguiente se levant el criado de Eliseo, y al salir vio aquel ejrcito que rodeaba la ciudad con caballera y carros de combate; entonces fue a decirle a Eliseo: -Y ahora, maestro, qu vamos a hacer?
Eliseo le respondi: -No tengas miedo, porque son ms los que estn con nosotros que los que estn con ellos.
Y or Eliseo al Seor, diciendo: "Te ruego, Seor, que abras sus ojos, para que vea." El Seor abri entonces los ojos del criado, y este vio que la montaa estaba llena de caballera y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
Cuando ya los sirios iban a atacarlo, Eliseo rog al Seor: "Te pido que dejes ciega a esta gente." Y el Seor los dej ciegos, conforme a la peticin de Eliseo.
Entonces Eliseo les dijo: -Este no es el camino, ni es esta la ciudad que buscan. Sganme, y yo los llevar hasta el hombre que buscan. Y los llev a Samaria.
Al llegar all, Eliseo hizo esta oracin: "Ahora, Seor, breles los ojos, para que puedan ver." Entonces ellos vieron que estaban dentro de Samaria.
Y cuando el rey de Israel los vio, pregunt a Eliseo: -Los mato, padre mo, los mato?
Pero Eliseo respondi: -No, no los mates. Acaso acostumbras matar a quienes has hecho prisioneros con tu espada y con tu arco? Dales de comer y beber, y luego devulvelos a su seor.
Se les hizo entonces una gran fiesta, y comieron y bebieron. Luego el rey los despidi, y ellos volvieron a su seor. Desde entonces los sirios dejaron de hacer correras en territorio israelita.
Despus de esto, Ben-hadad, rey de Siria, reuni todo su ejrcito y fue y rode a Samaria para atacarla.
Hubo entonces gran hambre en Samaria, pues el cerco fue tan cerrado que una cabeza de asno lleg a costar ochenta monedas de plata, y un cuarto de litro de estircol de paloma, cinco monedas de plata.
Un da, el rey de Israel pasaba sobre la muralla, y una mujer le grit: -Majestad, aydeme!
El rey respondi: -Si el Seor no te ayuda, cmo quieres que lo haga yo? Acaso puedo darte trigo, o vino?
Qu es lo que te pasa? Ella contest: -Esta mujer me dijo que entregara mi hijo para que nos lo comiramos hoy, y que maana nos comeramos el suyo.
Entonces guisamos a mi hijo, y nos lo comimos. Al da siguiente yo le dije que entregara a su hijo para que nos lo comiramos, pero ella lo ha escondido.
Al escuchar el rey lo que esa mujer deca, se rasg las ropas en seal de furor. Como estaba sobre la muralla, la gente vio que sobre la piel vesta ropas speras.
Y el rey exclam: "Que Dios me castigue duramente si este mismo da no le corto la cabeza a Eliseo, el hijo de Safat!"
Eliseo estaba en su casa, sentado con los ancianos. Mientras tanto, el rey haba enviado a uno de sus hombres. Pero antes de que el enviado del rey llegara, Eliseo dijo a los ancianos: -Vean cmo este hijo de un asesino ha enviado a alguien a cortarme la cabeza. Pero pongan atencin, y cuando llegue su enviado cierren la puerta y sostnganla contra l, pues detrs de l se oyen los pasos de su amo.
An estaba hablando con ellos, cuando el mensajero lleg ante Eliseo y dijo: -Ya que esta desgracia nos la ha enviado el Seor, qu ms puedo esperar de l?
Eliseo respondi: -Escucha la palabra del Seor. El Seor dice: 'Maana a estas horas, a la entrada de Samaria se podrn comprar siete litros de harina por una sola moneda de plata, y tambin por una moneda de plata se podrn comprar quince litros de cebada.'
El ayudante personal del rey respondi al profeta: -Aun si el Seor abriera ventanas en el cielo, no podra suceder lo que has dicho. Pero Eliseo contest: -Pues t lo vers con tus propios ojos, pero no comers de ello.
Mientras tanto, cuatro leprosos que haba a la entrada de la ciudad se dijeron entre s: -Qu hacemos aqu sentados esperando la muerte?
Si nos decidimos a entrar en la ciudad, moriremos, pues hay una gran hambre all dentro; y si nos quedamos aqu sentados, tambin moriremos. Pasmonos, pues, al campamento sirio; si nos perdonan la vida, viviremos; y si nos matan, de todos modos vamos a morir.
As pues, se levantaron al anochecer y se dirigieron al campamento sirio; pero cuando ya estuvieron cerca, se dieron cuenta de que no haba nadie.
Y era que el Seor haba hecho que el ejrcito sirio oyera ruido de carros de combate, de caballera y de un gran ejrcito; los sirios pensaron entonces que el rey de Israel haba contratado a los reyes hititas y a los reyes egipcios, para que los atacaran.
Por eso se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas de campaa, sus caballos y sus asnos, y dejando el campamento tal como estaba para escapar con vida.
Al llegar los leprosos a los alrededores del campamento, penetraron en una tienda y se pusieron a comer y beber; se apoderaron de plata, oro y ropa, y luego fueron y lo escondieron. Despus volvieron y entraron en otra tienda, y tambin de all tomaron cosas y fueron a esconderlas.
Pero luego dijeron entre s: -No estamos haciendo bien. Hoy es da de llevar buenas noticias, y nosotros nos las estamos callando. Si esperamos hasta la maana, nos considerarn culpables. Es mejor que vayamos al palacio y demos aviso.
Fueron entonces y llamaron a los centinelas de la ciudad, y les dijeron: -Hemos ido al campamento sirio, y no haba absolutamente nadie; ni siquiera se oa hablar a nadie. Solo estaban los caballos y los asnos atados, y las tiendas de campaa tal como las instalaron.
Los que vigilaban la entrada de la ciudad llamaron en seguida a los de palacio.
Entonces se levant el rey, y aunque era de noche dijo a sus oficiales: -Voy a explicarles lo que tratan de hacernos los sirios. Como saben que estamos sufriendo hambre, han salido del campamento y se han escondido en el campo, pensando que cuando nosotros salgamos de la ciudad, ellos nos atraparn vivos y entrarn en la ciudad.
Pero uno de sus oficiales dijo: -Que se enven unos hombres en cinco de los caballos que quedan, y veamos qu pasa. Si viven o mueren, su situacin no ser mejor ni peor que la de los dems israelitas que quedamos aqu.
As que tomaron dos carros con caballos, y el rey los mand al campamento sirio con rdenes de inspeccionar.
Ellos fueron siguiendo el rastro de los sirios hasta el Jordn, y vieron que todo el camino estaba lleno de ropa y objetos que los sirios haban arrojado con las prisas por escapar. Luego regresaron los enviados del rey y le contaron lo que haban visto.
En seguida la gente sali y saque el campamento sirio. Y, conforme a lo anunciado por el Seor, la harina se vendi a razn de siete litros por una moneda de plata; y la cebada, a razn de quince litros por una moneda de plata.
El rey orden a su ayudante personal que se encargara de cuidar la entrada de la ciudad, pero la gente lo atropell en la puerta y muri, conforme a lo que haba dicho el profeta cuando el rey fue a verlo.
Ocurri, pues, lo que el profeta haba anunciado al rey cuando le dijo que a la entrada de Samaria se compraran siete litros de harina, o quince litros de cebada, con una sola moneda de plata.
El oficial haba respondido al profeta que, aun si el Seor abriera ventanas en el cielo, no podra suceder aquello. Eliseo, por su parte, le haba contestado que lo vera con sus propios ojos, pero no comera de ello.
En efecto, as sucedi, porque la gente lo atropell a la entrada de la ciudad y muri.
Eliseo habl con la mujer a cuyo hijo haba revivido, y le dijo que se fueran ella y su familia a vivir a otro lugar, porque el Seor haba anunciado una gran hambre en el pas, que durara siete aos.
La mujer se prepar e hizo lo que el profeta le aconsej: se fue con su familia a territorio filisteo, y all se qued a vivir siete aos.
Pasado este tiempo, la mujer regres de territorio filisteo, y fue a ver al rey para reclamar la devolucin de su casa y sus tierras.
El rey estaba hablando con Guehaz, el criado del profeta Eliseo, pues le haba pedido que le contara todas las maravillas que Eliseo haba realizado.
Y en el momento en que Guehaz le estaba contando al rey cmo Eliseo haba revivido al hijo de una mujer, lleg esta a reclamar al rey su casa y sus tierras. Entonces Guehaz dijo al rey: -Majestad, esta es la mujer, y este es su hijo, a quien Eliseo revivi.
El rey hizo preguntas a la mujer, y ella le cont su historia. Despus el rey orden a un oficial de su confianza que se encargara de que fueran devueltas a la mujer todas sus propiedades y todo lo que haban producido sus tierras desde que haba salido del pas hasta aquel momento.
Despus Eliseo fue a Damasco. En aquel tiempo estaba enfermo Ben-hadad, el rey de Siria, y le dijeron que haba llegado el profeta.
Entonces dijo el rey a Hazael: -Toma un regalo y vete a ver al profeta. Pdele que consulte al Seor para saber si sobrevivir a esta enfermedad.
Hazael fue a ver al profeta, y le llev regalos de los mejores productos de Damasco, cargados en cuarenta camellos. Cuando lleg ante l, le dijo: -Ben-hadad, rey de Siria, quien te ve como a un padre, me enva a preguntarte si sobrevivir a su enfermedad.
Eliseo le respondi: -Ve y dile que sobrevivir a su enfermedad, aunque el Seor me ha hecho saber que de todos modos va a morir.
De pronto Eliseo se qued mirando fijamente a Hazael, lo que hizo que este se sintiera incmodo. Luego el profeta se ech a llorar,
y Hazael le pregunt: -Por qu lloras, mi seor? Eliseo respondi: -Porque s que vas a causarles dao a los israelitas, pues vas a prender fuego a sus fortalezas, a matar a filo de espada a sus jvenes, a asesinar a sus pequeuelos y a abrirles el vientre a las mujeres embarazadas.
Hazael contest: -Pero si yo no soy ms que un pobre perro! Cmo podra hacer tal cosa? Y Eliseo respondi: -El Seor me ha hecho saber que t vas a ser rey de Siria.
Hazael se despidi de Eliseo y se present ante su soberano, quien le pregunt: -Qu te ha dicho Eliseo? Hazael contest: -Me ha dicho que vas a sobrevivir a tu enfermedad.
Pero al da siguiente Hazael fue y tom una manta, y luego de empaparla de agua, se la puso al rey sobre la cara, y el rey muri. Despus de esto, Hazael rein en su lugar.
En el quinto ao del reinado de Joram, hijo de Ahab, en Israel, Joram, hijo de Josafat, comenz a reinar en Jud.
Tena treinta y dos aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln ocho aos.
Pero sigui los pasos de los reyes de Israel y de la descendencia de Ahab, pues su mujer era de la descendencia de Ahab; as que sus hechos fueron malos a los ojos del Seor.
Pero el Seor no quiso destruir a Jud, por consideracin a su siervo David, a quien prometi que siempre tendra ante l una lmpara encendida.
Durante el reinado de Joram, Edom se rebel contra el dominio de Jud y nombr su propio rey.
Entonces Joram se dirigi a Sar con todos sus carros de combate, y durante la noche se levantaron l y los capitanes de los carros de combate y atacaron a los edomitas que los haban rodeado, y los hicieron huir.
Pero Edom logr hacerse independiente de Jud hasta el presente. Tambin en aquel tiempo se hizo independiente la ciudad de Libn.
El resto de la historia de Joram y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Cuando Joram muri, lo enterraron con sus padres en la Ciudad de David. Despus rein en su lugar su hijo Ocozas.
En el ao doce del reinado de Joram, hijo de Ahab, en Israel, Ocozas, hijo de Joram, rey de Jud, comenz a reinar.
Tena veintids aos cuando empez a reinar, y rein en Jerusaln un ao. Su madre se llamaba Atala, y era descendiente de Omr, rey de Israel.
Ocozas sigui los pasos de Ahab y su dinasta, y por causa de sus relaciones familiares con la casa de Ahab, sus hechos fueron malos a los ojos del Seor.
Ocozas se ali con Joram, hijo de Ahab, para pelear en Ramot de Galaad contra Hazael, rey de Siria. Pero los sirios hirieron a Joram,
y este regres a Jezreel para curarse de las heridas que le haban hecho los sirios en Ramot durante el combate contra Hazael, rey de Siria. Entonces, como Joram estaba enfermo, Ocozas fue a Jezreel a visitarlo.
El profeta Eliseo llam a uno del grupo de los profetas, y le dijo: -Preprate para salir. Toma este recipiente con aceite y ve a Ramot de Galaad;
cuando llegues all, ve en busca de Jeh, hijo de Josafat y nieto de Nims. Entra en donde l se encuentre, aprtalo de sus compaeros y llvalo a otra habitacin;
toma entonces el recipiente con aceite y derrmalo sobre su cabeza, diciendo: 'As dice el Seor: Yo te consagro como rey de Israel.' Abre luego la puerta y huye sin detenerte.
El joven profeta fue a Ramot de Galaad,
y cuando lleg all, encontr reunidos a los capitanes del ejrcito. Entonces dijo: -Tengo algo que comunicar a mi capitn. -A cul de todos nosotros? -respondi Jeh. -A usted, mi capitn -contest el profeta.
En seguida Jeh se levant y entr en la habitacin. Entonces el profeta derram el aceite sobre su cabeza, y le anunci: -El Seor, Dios de Israel, dice: 'Yo te consagro como rey de Israel, mi pueblo.
T acabars con la descendencia de Ahab, tu amo, y as vengars la sangre de mis profetas y de todos mis siervos, derramada por Jezabel.
Toda la familia de Ahab ser destruida; acabar con todos sus varones en Israel, y ninguno quedar con vida.
Voy a hacer con la descendencia de Ahab lo mismo que hice con la de Jeroboam, hijo de Nabat, y con la de Baas, hijo de Ahas.
En cuanto a Jezabel, se la comern los perros en el campo de Jezreel, y no habr quien la entierre.' Dicho esto, el profeta abri la puerta y huy.
Y cuando Jeh fue a reunirse con los oficiales de su amo, estos le preguntaron: -Qu pasa? Para qu ha venido a verte ese loco? -Pues ustedes lo conocen, y conocen tambin su modo de hablar -dijo Jeh.
-No nos engaes -contestaron ellos-. Vamos, cuntanoslo todo! Entonces Jeh les respondi: -Pues me dijo lo siguiente: 'As dice el Seor: Yo te consagro como rey de Israel.'
Al momento cada uno de ellos tom su capa y la tendi a sus pies, sobre los escalones. Luego tocaron el cuerno de carnero y gritaron: "Jeh es el rey!"
Jeh, hijo de Josafat y nieto de Nims, conspir contra Joram. Joram, que haba estado con todos los de Israel defendiendo Ramot de Galaad del ataque de Hazael, rey de Siria,
haba vuelto a Jezreel para curarse de las heridas que le haban hecho los sirios en el combate contra Hazael. Jeh dijo entonces a sus compaeros que, si en verdad queran que l fuera su rey, no permitieran que nadie saliera de la ciudad para dar la noticia en Jezreel.
Luego mont en su carro de combate y se fue a Jezreel, donde Joram estaba en cama. Tambin Ocozas, rey de Jud, haba ido a visitar a Joram.
Cuando el centinela que estaba en la torre de Jezreel vio acercarse el grupo de Jeh, grit: -Viene gente! Entonces Joram orden: -Manden a su encuentro un hombre a caballo, para que les pregunte si vienen en son de paz.
El jinete fue al encuentro de Jeh, y le dijo: -El rey manda preguntar si vienen en son de paz. Jeh le contest: -Eso no es asunto tuyo. Ponte ah detrs de m! Entonces el centinela inform: -El mensajero ha llegado hasta ellos, pero no se le ve regresar.
Al momento envi el rey otro hombre a caballo, el cual lleg a ellos y dijo: -El rey manda preguntar si vienen en son de paz. Jeh respondi: -Eso no es asunto tuyo. Ponte ah detrs de m!
El centinela inform de nuevo: -El otro ha llegado tambin hasta ellos, pero no se le ve regresar. Y parece que quien conduce el carro es Jeh, el nieto de Nims, porque lo conduce como un loco, conforme a su manera de ser.
Entonces Joram orden: -Enganchen mi carro de combate! Engancharon su carro, y Joram, rey de Israel, y Ocozas, rey de Jud, salieron, cada uno en su carro de combate, al encuentro de Jeh. Lo encontraron en la propiedad de Nabot de Jezreel.
Y al ver Joram a Jeh, le dijo: -Vienes en son de paz, Jeh? Jeh respondi: -Qu paz puede haber mientras tu madre, Jezabel, siga con sus prostituciones y sus muchas hechiceras?
En seguida Joram dio la vuelta y huy, mientras le gritaba a Ocozas: -Traicin, Ocozas!
Pero Jeh tendi su arco y dispar una flecha contra Joram, la cual le entr por la espalda y le atraves el corazn, y Joram cay herido de muerte sobre su carro.
Jeh orden entonces a Bidcar, su ayudante: -Scalo de ah y chalo en el campo de Nabot de Jezreel, porque recuerdo que cuando t y yo conducamos juntos los carros de combate de Ahab, su padre, el Seor pronunci esta sentencia contra l:
'As como ayer vi la sangre de Nabot y de sus hijos, as te dar tu merecido en este mismo terreno. Yo, el Seor, lo afirmo.' As que agrralo y chalo en el campo de Nabot, segn lo anunci el Seor.
Cuando Ocozas, rey de Jud, vio lo que suceda, huy hacia Bet-hagan. Pero Jeh lo persigui, y orden: -Mtenlo a l tambin! Lo hirieron de muerte en su carro, en la cuesta de Gur, junto a Ibleam, pero l huy hasta Meguido. All muri.
Despus sus criados lo llevaron a Jerusaln en un carro, y lo enterraron en su sepulcro familiar en la Ciudad de David.
Ocozas haba comenzado a reinar sobre Jud en el ao once del reinado de Joram, hijo de Ahab.
Jeh se fue entonces a Jezreel. Al saberlo, Jezabel se pint sombras alrededor de los ojos y se adorn el cabello; luego se asom a una ventana.
Y cuando Jeh lleg a la entrada de la ciudad, ella le dijo: -Cmo ests, Zimr, asesino de tu seor?
Jeh mir hacia la ventana, y dijo: -Quin est de mi parte? Dos o tres oficiales de palacio se asomaron a verlo,
y Jeh les orden: -chenla abajo! Ellos la echaron abajo, y parte de su sangre salpic la pared y los caballos, los cuales pisotearon a Jezabel.
Luego Jeh se fue a comer y beber. Ms tarde, Jeh orden: -Encrguense de esa maldita mujer, y entirrenla; porque despus de todo era hija de un rey.
Pero cuando fueron a enterrarla, solo encontraron de ella el crneo, los pies y las palmas de las manos.
Entonces regresaron a comunicrselo a Jeh, y Jeh coment: -Ya el Seor haba dicho por medio de su siervo Elas, el de Tisb, que los perros se comeran el cuerpo de Jezabel en el campo de Jezreel,
y que su cadver quedara esparcido, como estircol, sobre el terreno del campo de Jezreel, hasta el punto de que nadie podra reconocer sus restos.
Ahab tena setenta hijos en Samaria, as que Jeh escribi cartas a las autoridades de la ciudad, a los ancianos y a los tutores de los hijos de Ahab, en las que les deca:
"Puesto que ustedes tienen consigo a los hijos de su seor, as como sus caballos y sus carros de combate, su plaza fuerte y sus armas, cuando esta carta llegue a ustedes,
escojan al mejor y ms apto de los hijos de su seor, pnganlo en el trono de su padre y luchen por la casa de su seor."
Esto les caus mucho miedo, y dijeron: "Si dos reyes no pudieron resistir frente a l, cmo vamos a resistir nosotros?"
Entonces el mayordomo de palacio, el gobernador de la ciudad, los ancianos y los tutores mandaron a decir a Jeh: "Nosotros estamos a tus rdenes, y haremos todo lo que nos mandes, pero no vamos a nombrar rey a nadie. Haz lo que te parezca mejor."
Por segunda vez les escribi Jeh, dicindoles: "Si ustedes estn de mi parte y quieren obedecer mis rdenes, tomen las cabezas de los hijos de su seor, y maana a estas horas vengan a verme a Jezreel." Los setenta hijos varones del rey estaban con los grandes personajes de la ciudad que los haban criado,
as que al recibir estos la carta, tomaron a los setenta varones y los mataron; luego echaron sus cabezas en unas canastas y las enviaron a Jezreel.
Cuando el mensajero lleg, le dijo a Jeh: -Han trado las cabezas de los hijos del rey. Jeh orden: -Pnganlas en dos montones a la entrada de la ciudad, y djenlas all hasta maana.
Al da siguiente sali Jeh, y puesto de pie dijo a todo el pueblo: -Ustedes son inocentes. Yo fui quien conspir contra mi seor y lo mat; pero, quin ha matado a todos estos?
Sepan bien que nada de lo que el Seor habl contra la familia de Ahab dejar de cumplirse. El Seor mismo ha hecho lo que anunci por medio de Elas, su siervo.
Y Jeh dio muerte en Jezreel al resto de la familia de Ahab, a todos sus hombres importantes y amigos ntimos, y a sus sacerdotes. No dej a nadie con vida.
Despus se dirigi a Samaria, y en el camino lleg a Bet-equed de los Pastores,
donde encontr a los hermanos de Ocozas, rey de Jud. Jeh les pregunt: -Quines son ustedes? Ellos le respondieron: -Somos hermanos de Ocozas, y hemos venido a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina.
Entonces Jeh orden a sus seguidores: -Atrpenlos vivos. Los seguidores de Jeh los atraparon vivos, y los degollaron junto al pozo de Bet-equed de los Pastores. Eran cuarenta y dos hombres, y no dejaron a ninguno de ellos con vida.
Cuando Jeh se fue de all, se encontr con Jonadab, hijo de Recab, que haba ido a verlo. Jeh lo salud y le dijo: -Son buenas tus intenciones hacia m, como lo son las mas hacia ti? -As es -respondi Jonadab. -En ese caso, dame la mano -dijo Jeh. Jonadab le dio la mano, y Jeh lo hizo subir con l a su carro,
dicindole: -Acompame y vers mi celo por el Seor. As pues, lo llev en su carro.
Y al entrar en Samaria, Jeh mat a todos los descendientes de Ahab que an quedaban con vida. Los extermin por completo, segn el Seor se lo haba anunciado a Elas.
Despus reuni Jeh a todo el pueblo, y les dijo: -Ahab rindi un poco de culto a Baal, pero yo le voy a rendir mucho culto.
Por lo tanto, llamen a todos los profetas, adoradores y sacerdotes de Baal, sin que falte ninguno, porque he preparado un gran sacrificio en honor de Baal. El que falte ser condenado. Pero Jeh haba planeado este engao para aniquilar a los adoradores de Baal;
por eso orden que se anunciara una fiesta solemne a Baal, y as se hizo.
Despus envi mensajeros por todo Israel, y todos los que adoraban a Baal llegaron al templo. Ninguno de ellos falt, as que el templo de Baal estaba lleno de lado a lado.
Jeh dijo entonces al encargado del guardarropa que sacara trajes de ceremonia para todos los adoradores de Baal, y el encargado lo hizo as.
A continuacin, Jeh y Jonadab entraron en el templo de Baal, y Jeh dijo a los adoradores de Baal: -Procuren que no haya entre ustedes ninguno de los adoradores del Seor, sino solo adoradores de Baal.
Los adoradores de Baal entraron en el templo para ofrecer sacrificios y holocaustos. Mientras tanto, Jeh puso ochenta hombres afuera, y les advirti: -Quien deje escapar a alguno de los hombres que he puesto en sus manos, lo pagar con su vida.
Y al terminar Jeh de ofrecer el holocausto, orden a los guardias y oficiales: -Entren y mtenlos! Que no escape ninguno! Los hombres de Jeh los mataron a filo de espada, y luego los arrojaron de all. Despus entraron en el santuario del templo de Baal,
y sacaron los troncos sagrados y los quemaron.
Derribaron tambin el altar y el templo de Baal, y lo convirtieron todo en un muladar, que existe hasta el presente.
As Jeh elimin de Israel a Baal.
Sin embargo, no se apart de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a los israelitas, pues sigui rindiendo culto a los becerros de oro que haba en Dan y en Betel.
El Seor dijo a Jeh: "Ya que ante m has actuado bien y a mis ojos tus acciones han sido rectas, pues has hecho con la familia de Ahab todo lo que yo me haba propuesto, tus descendientes se sentarn en el trono de Israel hasta la cuarta generacin."
A pesar de esto, Jeh no se preocup por cumplir fielmente la ley del Seor, el Dios de Israel, pues no se apart de los pecados con que Jeroboam hizo pecar a los israelitas.
Por aquel tiempo, el Seor comenz a recortar el territorio de Israel. Hazael atac a los israelitas por todas sus fronteras:
desde el este del Jordn, por toda la regin de Galaad, Gad, Rubn y Manass, y desde Aroer, que est junto al arroyo Arnn, incluyendo Galaad y Basn.
El resto de la historia de Jeh y de todo lo que hizo, y de sus hazaas, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Cuando muri, lo enterraron en Samaria, y rein en su lugar su hijo Joacaz.
Jeh rein sobre Israel durante veinticinco aos, en la ciudad de Samaria.
Cuando Atala, madre de Ocozas, supo que su hijo haba muerto, fue y elimin a toda la familia real.
Pero Joseba, hija del rey Joram y hermana de Ocozas, apart a Jos, hijo de Ocozas, de los otros hijos del rey a los que estaban matando, y lo escondi de Atala, junto con su nodriza, en un dormitorio. As que no lo mataron,
y Jos estuvo escondido con su nodriza en el templo del Seor durante seis aos. Mientras tanto, Atala gobern el pas.
Al sptimo ao, Joiad mand llamar a los capitanes, y a los quereteos y los guardias, y los hizo entrar en el templo del Seor, donde l estaba. All hizo con ellos un pacto bajo juramento, y les mostr al prncipe Jos.
Luego les orden: "Esto es lo que van a hacer ustedes: una tercera parte de ustedes estar de guardia en el palacio en el sbado;
otra tercera parte estar en la puerta de Sur; y la otra tercera parte en la puerta posterior del cuartel de la guardia. As cubrirn ustedes por turnos la guardia del palacio.
Ahora bien, las dos secciones que salen de guardia el sbado, montarn la guardia en el templo del Seor, junto al rey.
Ustedes formarn un crculo alrededor del rey, cada uno con sus armas en la mano, y el que intente penetrar en las filas, morir. Ustedes acompaarn al rey dondequiera que l vaya."
Los capitanes hicieron todo lo que el sacerdote Joiad les haba ordenado. Cada cual tom el mando de sus hombres, tanto los que entraban de guardia en sbado como los que salan, y se presentaron al sacerdote Joiad.
Entonces el sacerdote entreg a los capitanes las lanzas y los escudos que haban pertenecido al rey David, y que estaban en el templo del Seor.
Los guardias tomaron sus puestos, desde el ala derecha hasta el ala izquierda del templo, y alrededor del altar, cada cual con su arma en la mano para proteger al rey.
Entonces Joiad sac al hijo del rey, le puso la corona y las insignias reales, y despus de derramar aceite sobre l lo proclam rey. Luego todos aplaudieron y gritaron: "Viva el rey!"
Cuando Atala oy las aclamaciones de los guardias y de la gente, fue al templo del Seor, donde estaban todos.
Vio all al rey, de pie junto a la columna, segn era la costumbre. A su lado estaban los jefes y la banda de msica, y la gente muy alegre y tocando trompetas. Entonces Atala rasg sus vestidos, y grit: -Traicin! Traicin!
Pero el sacerdote Joiad orden a los capitanes que estaban al mando del ejrcito: -Squenla de entre las filas, y pasen a cuchillo al que la siga! Como el sacerdote haba ordenado que no la mataran en el templo del Seor,
la apresaron y la sacaron por la entrada de la caballera al palacio real, y all la mataron.
Despus Joiad hizo una alianza entre el Seor, el rey y el pueblo, de que ellos seran el pueblo del Seor, y tambin entre el rey y el pueblo.
Luego fueron todos al templo de Baal y lo derribaron, destrozando por completo sus altares y sus dolos. En cuanto a Matn, el sacerdote de Baal, lo degollaron ante los altares. A continuacin, el sacerdote puso una guardia en el templo del Seor;
luego tom a los capitanes, a los quereteos, a los guardias y a toda la gente, y juntos acompaaron al rey desde el templo del Seor hasta el palacio real, entrando por la puerta de la guardia. Jos se sent en el trono,
y todo el pueblo se alegr. Y como Atala haba muerto a filo de espada en el palacio real, la ciudad qued tranquila.
Jos tena siete aos cuando comenz a reinar,
lo cual sucedi en el sptimo ao del reinado de Jeh; y rein en Jerusaln durante cuarenta aos. Su madre se llamaba Sibi, y era de Beerseba.
Los hechos de Jos fueron rectos a los ojos del Seor, porque lo haba educado Joiad, el sacerdote.
Sin embargo, no se quitaron los santuarios paganos, en los que el pueblo segua ofreciendo sacrificios y quemaba incienso.
Un da, Jos dijo a los sacerdotes: -Recojan ustedes todo el dinero de las ofrendas que se traigan al templo del Seor, tanto la cuota que debe pagar cada persona como el total de las ofrendas voluntarias que cada uno traiga al templo del Seor.
Pdanselo a los administradores del tesoro, para que se hagan todas las reparaciones necesarias en el templo.
Pero lleg el ao veintitrs del reinado de Jos, y los sacerdotes an no haban reparado el templo.
Entonces el rey Jos llam al sacerdote Joiad y a los otros sacerdotes, y les dijo: -Por qu no han reparado ustedes el templo? De ahora en adelante no recibirn ms dinero de los administradores del tesoro; y el que tengan, debern entregarlo para la reparacin del templo.
Los sacerdotes estuvieron de acuerdo en no recibir ms dinero de la gente, y en no tener a su cargo la reparacin del templo.
Entonces el sacerdote Joiad tom un cofre, le hizo un agujero en la tapa y lo coloc al lado derecho del altar, segn se entra en el templo del Seor; y los sacerdotes que vigilaban la entrada del templo ponan all todo el dinero que se llevaba al templo del Seor.
Cuando vean que el cofre tena ya mucho dinero, llegaban el cronista del rey y el sumo sacerdote y contaban el dinero que encontraban en el templo del Seor; luego lo echaban en unas bolsas,
y una vez registrada la cantidad, lo entregaban a los encargados de las obras del templo para que pagaran a los carpinteros y maestros de obras que trabajaban en el templo del Seor,
as como a los albailes y canteros, y para que compraran madera y piedras de cantera para reparar el templo y cubrieran los dems gastos del mismo.
Pero aquel dinero que se llevaba al templo del Seor no se usaba para hacer copas de plata, despabiladeras, tazones, trompetas u otros utensilios de oro y plata,
sino que era entregado a los encargados de las obras para que hicieran con l la reparacin del templo del Seor.
Sin embargo, no se pedan cuentas a los hombres a quienes se entregaba el dinero para pagar a los obreros, porque actuaban con honradez.
Ahora bien, el dinero de las ofrendas por la culpa y por el pecado no se llevaba al templo, porque era para los sacerdotes.
En aquel tiempo, Hazael, rey de Siria, lanz un ataque contra Gat y la tom, y despus se dirigi contra Jerusaln.
Pero Jos, rey de Jud, tom todos los objetos sagrados que haban dedicado al culto los reyes Josafat, Joram y Ocozas, antepasados suyos en el reino de Jud; tom tambin los que l mismo haba dedicado, ms todo el oro que se encontr en los tesoros del templo y del palacio real, y todo junto lo envi a Hazael, y este dej entonces de atacar a Jerusaln.
El resto de la historia de Jos y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Sus propios oficiales tramaron un complot contra l, y lo mataron en el edificio del terrapln que est en la bajada de Sil.
As pues, Josacar, hijo de Simat, y Jozabad, hijo de Somer, oficiales suyos, lo hirieron de muerte, y cuando muri lo enterraron en la Ciudad de David. Despus rein en su lugar su hijo Amasas.
En el ao veintitrs del reinado de Jos, hijo de Ocozas, en Jud, Joacaz, hijo de Jeh, comenz a reinar en Israel, y rein en Samaria durante diecisiete aos.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pues cometi los mismos pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel, sin apartarse de ellos.
Por lo tanto se encendi la ira del Seor contra Israel, y por mucho tiempo los entreg en manos de Hazael, rey de Siria, y de Ben-hadad, su hijo.
Entonces Joacaz or al Seor, y el Seor atendi su oracin, porque haba visto de qu manera el rey de Siria oprima a los israelitas.
Y dio el Seor a Israel un libertador, y as los israelitas se libraron del poder de Siria y volvieron a vivir tranquilos en sus casas, como antes.
Sin embargo, no se apartaron de los pecados cometidos por los descendientes de Jeroboam, el cual hizo pecar a Israel, sino que siguieron pecando, y la representacin de Aser sigui estando en Samaria.
A Joacaz no le haba quedado ms ejrcito que cincuenta soldados de caballera, diez carros de combate y diez mil soldados de infantera, porque el rey de Siria los haba destruido y hecho polvo.
El resto de la historia de Joacaz y de todo lo que hizo, y de sus hazaas, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Cuando muri, lo enterraron en Samaria. Despus rein en su lugar su hijo Jos.
En el ao treinta y siete del reinado de Jos, rey de Jud, Jos, hijo de Joacaz, comenz a reinar en Israel, y rein en Samaria durante diecisis aos.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pues no se apart de todos los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel, sino que sigui cometindolos.
El resto de la historia de Jos y de todo lo que hizo, y de sus hazaas, y de cmo luch contra Amasas, rey de Jud, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Cuando Jos muri, lo enterraron en Samaria con los reyes de Israel. Despus subi al trono Jeroboam.
Eliseo estaba enfermo de muerte, y Jos, rey de Israel, fue a verlo, y llor y lo abraz, diciendo: -Padre mo, padre mo, que has sido para Israel como un poderoso ejrcito!
Eliseo le dijo: -Toma un arco y algunas flechas. El rey tom un arco y unas flechas.
Entonces Eliseo le dijo: -Preprate a disparar una flecha. Mientras el rey haca esto, Eliseo puso sus manos sobre las del rey
y le dijo: -Abre la ventana que da al oriente. El rey la abri, y Eliseo le orden: -Ahora, dispara! Y el rey dispar la flecha. Entonces Eliseo exclam: -Flecha salvadora del Seor! Flecha salvadora contra Siria! T vas a derrotar a los sirios en Afec, y acabars con ellos!
Despus le dijo al rey: -Toma las flechas. Al tomarlas el rey, Eliseo le orden: -Ahora golpea el suelo. El rey golpe el suelo tres veces, y se detuvo.
Entonces el profeta se enoj con l y le dijo: -Si hubieras golpeado el suelo cinco o seis veces, habras podido derrotar a los sirios hasta acabar con ellos; pero ahora los derrotars solo tres veces.
Eliseo muri, y lo enterraron. Y como ao tras ao bandas de ladrones moabitas invadan el pas,
en cierta ocasin en que unos israelitas estaban enterrando a un hombre, al ver que una de esas bandas vena, arrojaron al muerto dentro de la tumba de Eliseo y se fueron. Pero tan pronto el muerto roz los restos de Eliseo, resucit y se puso de pie.
Hazael, rey de Siria, oprimi a Israel mientras Joacaz vivi.
Pero el Seor tuvo misericordia y compasin de ellos, y por causa de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, puso su atencin en ellos y no quiso destruirlos ni arrojarlos de su presencia. Y hasta ahora no lo ha hecho.
Cuando Hazael, rey de Siria, muri, rein en su lugar su hijo Ben-hadad.
Entonces Jos, hijo de Joacaz, rescat del poder de Ben-hadad las ciudades que este le haba quitado en la guerra a Joacaz, su padre. Y derrot Jos a Ben-hadad tres veces, y recuper las ciudades de Israel.
En el segundo ao del reinado de Jos, hijo de Joacaz, rey de Israel, Amasas, hijo de Jos, comenz a reinar en Jud.
Amasas tena veinticinco aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln durante veintinueve aos. Su madre se llamaba Joadn, y era de Jerusaln.
Los hechos de Amasas fueron rectos a los ojos del Seor, pero no tanto como los de su antepasado David. Pues hizo lo mismo que su padre Jos,
y no se quitaron los santuarios paganos, en los que el pueblo sigui ofreciendo sacrificios y quemando incienso.
Cuando Amasas se afirm en el poder, mat a todos los oficiales que haban asesinado a su padre.
Pero no dio muerte a los hijos de los asesinos, pues, segn lo escrito en el libro de la ley de Moiss, el Seor orden: "Los padres no podrn ser condenados a muerte por culpa de lo que hayan hecho sus hijos, ni los hijos por lo que hayan hecho sus padres, sino que cada uno morir por su propio pecado."
Amasas fue quien mat a diez mil edomitas en el Valle de la Sal y conquist Sel, y la llam Jocteel, que es su nombre hasta el da de hoy.
Despus de esto, envi un mensaje a Jos, hijo de Joacaz y nieto de Jeh, rey de Israel, en el que le deca: "Ven, y nos veremos las caras."
Pero Jos le envi la siguiente respuesta: "El cardo le mand decir al cedro del Lbano: 'Dale tu hija a mi hijo, para que sea su mujer.' Pero una fiera pas por all y aplast al cardo.
Tengo que reconocer que has derrotado a los edomitas, y que eso te hace sentirte orgulloso. Muy bien, sintete orgulloso; pero mejor qudate en tu casa. Por qu quieres provocar tu propia desgracia y la desgracia de Jud?"
Sin embargo, Amasas no le hizo caso. Entonces Jos se puso en marcha para enfrentarse con Amasas, en Bet-semes, que est en territorio de Jud.
Y Jud fue derrotado por Israel, y cada cual huy a su casa.
Jos, rey de Israel, hizo prisionero en Bet-semes a Amasas, rey de Jud, y luego se dirigi a Jerusaln, en cuyo muro abri una brecha de ciento ochenta metros, desde la Puerta de Efran hasta la Puerta de la Esquina.
Adems se apoder de todo el oro y la plata, y de todos los objetos que haba en el templo del Seor y en los tesoros del palacio real. Y despus de tomar a algunas personas como rehenes, regres a Samaria.
El resto de la historia de Jos y de lo que hizo, as como de sus hazaas y de la guerra que tuvo con Amasas, rey de Jud, est escrito en el libro de los reyes de Israel.
Cuando muri, lo enterraron en Samaria junto con los reyes de Israel. Despus rein en su lugar su hijo Jeroboam.
Amasas, hijo de Jos, rey de Jud, vivi an quince aos despus de la muerte de Jos, hijo de Joacaz y rey de Israel.
El resto de la historia de Amasas est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
En Jerusaln se haba conspirado contra Amasas, el cual huy a Laquis; pero lo persiguieron hasta esa ciudad, y all le dieron muerte.
Luego lo llevaron sobre un caballo y lo enterraron en Jerusaln con sus antepasados, en la Ciudad de David.
Entonces todo el pueblo de Jud tom a Azaras, y lo hicieron rey en lugar de su padre Amasas. Azaras tena entonces diecisis aos,
y l fue quien, despus de la muerte de su padre, reconstruy la ciudad de Elat y la recuper para Jud.
En el ao quince del reinado de Amasas, hijo de Jos, rey de Jud, Jeroboam, hijo de Jos, rey de Israel, comenz a reinar en Israel, y rein en Samaria cuarenta y un aos.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pues no se apart de ninguno de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel.
Jeroboam volvi a establecer las fronteras de Israel, desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arab, tal como lo haba anunciado el Seor, el Dios de Israel, por medio de su siervo Jons, hijo de Amitai, profeta de Gat-hfer.
Porque el Seor se dio cuenta del amargo sufrimiento de Israel, del que nadie haba escapado, y de que Israel no contaba con ninguna ayuda.
Entonces los salv por medio de Jeroboam, hijo de Jos, pues an no haba decidido borrar de este mundo el nombre de Israel.
El resto de la historia de Jeroboam y de todo lo que hizo, as como de sus hazaas y de las guerras que emprendi, y de cmo recuper Damasco y Hamat para Israel, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Cuando Jeroboam muri, lo enterraron con los reyes de Israel. Despus rein en su lugar su hijo Zacaras.
En el ao veintisiete del reinado de Jeroboam, rey de Israel, comenz a reinar Azaras, hijo de Amasas, rey de Jud.
Tena diecisis aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln cincuenta y dos aos. Su madre se llamaba Jecolas, y era de Jerusaln.
Los hechos de Azaras fueron rectos a los ojos del Seor, como lo haban sido los de Amasas, su padre.
Sin embargo, no se quitaron los santuarios paganos, donde la gente todava ofreca sacrificios y quemaba incienso.
El Seor castig al rey con lepra hasta el da en que muri, as que el rey vivi aislado en su palacio, relevado de sus obligaciones, y Jotam, su hijo, se hizo cargo de la regencia y gobern a la nacin.
El resto de la historia de Azaras y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Cuando Azaras muri, lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David. Despus rein en su lugar su hijo Jotam.
En el ao treinta y ocho del reinado de Azaras, rey de Jud, Zacaras, hijo de Jeroboam, comenz a reinar en Israel, y rein en Samaria seis meses.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, como los de sus antepasados, pues no se apart de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel.
Ahora bien, Salum, hijo de Jabs, conspir contra l, y lo atac en Ibleam y lo mat, reinando despus en su lugar.
El resto de la historia de Zacaras est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
As se cumpli el anuncio que hizo el Seor a Jeh, cuando le dijo que sus hijos se sentaran en el trono de Israel hasta la cuarta generacin.
Salum, hijo de Jabs, comenz a reinar en el ao treinta y nueve del reinado de Ozas, rey de Jud. Pero rein solo un mes completo en Samaria,
pues Menahem, hijo de Gad, lleg de Tirs a Samaria y atac a Salum, y despus de matarlo rein en su lugar.
El resto de la historia de Salum, incluyendo su conspiracin contra Zacaras, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Entonces Menahem destruy Tfsah y saque todo lo que haba en ella y en su territorio, a partir de Tirs, y tambin les abri el vientre a todas las mujeres embarazadas. Lo hizo porque no le haban abierto las puertas de la ciudad.
En el ao treinta y nueve del reinado de Azaras, rey de Jud, Menahem, hijo de Gad, comenz a reinar sobre Israel, y rein diez aos en Samaria.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pues no se apart de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel. En sus das,
Pul, el rey de Asiria, invadi el pas, y Menahem le entreg treinta y tres mil kilos de plata para que le ayudara a fortalecer su reinado.
Para pagarle tal cantidad al rey de Asiria, Menahem orden que todos los ricos de Israel pagaran un impuesto de ms de medio kilo de plata. De ese modo el rey de Asiria se volvi a su tierra, y no se detuvo ms en el pas.
El resto de la historia de Menahem y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
Despus de su muerte, rein en su lugar su hijo Pecahas.
En el ao cincuenta del reinado de Azaras, rey de Jud, Pecahas, hijo de Menahem, comenz a reinar sobre Israel, y rein en Samaria dos aos.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pues no se apart de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel.
Pero un oficial suyo, llamado Pcah, hijo de Remalas, conspir contra l y, con la ayuda de cincuenta hombres de Galaad, lo atac en la fortaleza del palacio real y lo mat, despus de lo cual rein en su lugar.
El resto de la historia de Pecahas y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
En el ao cincuenta y dos del reinado de Azaras, rey de Jud, Pcah, hijo de Remalas, comenz a reinar sobre Israel, y rein en Samaria veinte aos.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pues no se apart de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel.
En el tiempo en que Pcah era rey de Israel, lleg Tiglat-pilser, rey de Asiria, y conquist Iin, Abel-bet-maac, Janah, Quedes, Hasor, Galaad, Galilea y toda la regin de Neftal, y a sus habitantes los llev cautivos a Asiria.
Entonces Oseas, hijo de El, conspir contra Pcah, hijo de Remalas, y lo atac y lo mat. De esa manera lleg a reinar en su lugar, en el ao veinte del reinado de Jotam, hijo de Ozas.
El resto de la historia de Pcah y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Israel.
En el segundo ao del reinado de Pcah, hijo de Remalas, Jotam, el hijo de Ozas, comenz a reinar en Jud.
Tena veinticinco aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln diecisis aos. Su madre se llamaba Jerus, hija de Sadoc.
Los hechos de Jotam fueron rectos a los ojos del Seor, como lo haban sido los de Ozas, su padre,
pues construy la puerta superior del templo del Seor. Sin embargo, no se quitaron los santuarios paganos, donde el pueblo segua ofreciendo sacrificios y quemando incienso.
El resto de la historia de Jotam y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Por aquel tiempo empez el Seor a enviar contra Jud a Resn, rey de Siria, y a Pcah, hijo de Remalas.
Cuando muri Jotam, lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David, su antepasado. Despus rein en su lugar su hijo Ahaz.
En el ao diecisiete del reinado de Pcah, hijo de Remalas, comenz a reinar Ahaz, hijo de Jotam, rey de Jud.
Tena veinte aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln diecisis aos; pero sus hechos no fueron rectos a los ojos del Seor su Dios, como los de su antepasado David,
sino que sigui los pasos de los reyes de Israel, pues hasta hizo quemar a su hijo en sacrificio, conforme a las prcticas infames de las naciones que el Seor haba arrojado de la presencia de los israelitas.
Adems ofreci sacrificios y quem incienso en los santuarios en lugares altos, en las colinas y bajo todo rbol frondoso.
Por aquel tiempo, Resn, rey de Siria, y Pcah, hijo de Remalas, rey de Israel, se dirigieron a Jerusaln para atacarla. Y sitiaron a Ahaz, pero no pudieron tomar la ciudad.
Entonces el rey de Edom recuper para Edom la ciudad de Elat; y los edomitas llegaron, y despus de arrojar de Elat a los de Jud, se quedaron a vivir all hasta el da de hoy.
Entonces Ahaz envi unos mensajeros a Tiglat-pilser, rey de Asiria, para que le dijeran de su parte: "Este servidor tuyo es como un hijo tuyo. Por lo tanto, ven y lbrame del rey de Siria y del rey de Israel, que me estn atacando."
Ahaz tom, adems, la plata y el oro que haba en el templo del Seor y en los tesoros del palacio real, y los envi como regalo al rey de Asiria,
el cual atendi su peticin y organiz un ataque contra Damasco, y la conquist, despus de lo cual desterr a sus habitantes a Quir y dio muerte a Resn.
Cuando el rey Ahaz fue a Damasco para encontrarse con Tiglat-pilser, rey de Asiria, vio el altar que all haba. Entonces envi al sacerdote Uras un plano exacto de la construccin del altar,
y Uras construy un altar siguiendo todas las indicaciones que el rey Ahaz le haba enviado desde Damasco, y lo tuvo listo para cuando el rey Ahaz regres de Damasco.
Cuando el rey lleg de Damasco y vio el altar, se acerc y ofreci sobre l un holocausto;
lo quem, al igual que su ofrenda de cereales, y derram sobre el altar su ofrenda de vino, y roci sobre l la sangre de sus sacrificios de reconciliacin.
En cuanto al altar de bronce que estaba frente al templo del Seor, Ahaz lo quit de all y lo puso al lado norte del altar, ya que ahora quedaba entre el nuevo altar y el templo del Seor.
Despus orden al sacerdote Uras que en el altar grande quemara el holocausto de la maana y la ofrenda de cereales de la tarde, as como el holocausto y la ofrenda de cereales del rey, y el holocausto y ofrendas de cereales y de vino del pueblo en general. Tambin le dijo que rociara sobre ese altar toda la sangre de los holocaustos y los sacrificios, pero que el altar de bronce sera solo para que l consultara al Seor.
El sacerdote Uras hizo todo lo que el rey Ahaz le orden.
Luego el rey Ahaz cort los entrepaos de las bases y quit la enorme pila para el agua de encima de los toros de bronce que la sostenan, y la coloc sobre un pavimento de piedra.
Y para agradar al rey de Asiria, quit del templo del Seor el estrado que haban construido para el sbado, y la puerta exterior reservada al rey.
El resto de la historia de Ahaz y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Cuando muri, lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David. Despus rein en su lugar su hijo Ezequas.
En el ao doce del reinado de Ahaz, rey de Jud, Oseas, hijo de El, comenz a reinar sobre Israel, y rein nueve aos en Samaria.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, aunque no tanto como los de los reyes que hubo antes de l en Israel.
Salmanasar, rey de Asiria, atac a Oseas, y este fue hecho su siervo y tributario.
Pero descubri Salmanasar que Oseas estaba conspirando contra l, y que haba enviado unos agentes a So, rey de Egipto, adems de que ya no le pagaba el tributo anual. Orden entonces Salmanasar que arrestaran a Oseas y lo pusieran en prisin;
luego invadi el pas entero y atac a Samaria, manteniendo el ataque durante tres aos.
Finalmente, en el ao nueve del reinado de Oseas, el rey de Asiria tom Samaria, y a los israelitas los llev cautivos a Asiria y los estableci en Halah, en la regin del Habor, ro de Gozn, y en las ciudades de los medos.
Esto sucedi porque los israelitas haban pecado contra el Seor su Dios, que los hizo salir de Egipto y los libr del dominio del faran, rey de Egipto, pues adoraron a otros dioses
y siguieron las prcticas de las naciones que el Seor haba arrojado de la presencia de ellos, as como las establecidas por los reyes de Israel.
Adems, los israelitas pronunciaron palabras impropias contra el Seor su Dios, y construyeron santuarios paganos en todas sus ciudades, lo mismo en las torres de vigilancia que en las ciudades fortificadas.
Tambin levantaron piedras sagradas y representaciones de Aser en cada colina y bajo todo rbol frondoso,
y conforme a las prcticas de las naciones que el Seor haba desterrado de la presencia de ellos, quemaron incienso y cometieron acciones malvadas, provocando as la ira del Seor.
Adoraron dolos, cosa que el Seor les haba prohibido expresamente.
Ya por medio de todos los profetas y videntes, el Seor haba advertido a los israelitas que se convirtieran de sus malos caminos y cumplieran los mandamientos y leyes de toda la enseanza que l haba dado a sus antepasados por medio de sus siervos los profetas.
Pero ellos no hicieron caso, sino que fueron tan tercos como sus antepasados, los cuales no confiaron en el Seor su Dios;
despreciaron sus leyes, y la alianza que haba hecho con sus antepasados, y los mandatos que les haba dado. Adems siguieron a dioses sin ningn valor, con lo que tambin ellos perdieron su valor, e imitaron a las naciones que haba a su alrededor, cosa que les haba prohibido el Seor.
Dejaron todos los mandamientos del Seor su Dios, y se hicieron dos becerros de bronce fundido y una representacin de Aser, y adems adoraron a todos los astros del cielo y a Baal.
Tambin hicieron quemar a sus hijos e hijas, practicaron la adivinacin y los augurios, y se entregaron a hacer lo malo a los ojos del Seor, provocando as su ira.
Por lo tanto, el Seor se enfureci contra Israel y lo arroj de su presencia, y no dej ms que a la tribu de Jud.
Pero tampoco Jud cumpli los mandamientos del Seor su Dios, sino que sigui las prcticas que los de Israel haban establecido.
Entonces el Seor rechaz a todos los descendientes de los israelitas y los humill, entregndolos en manos de salteadores hasta arrojarlos de su presencia.
Separ de la dinasta de David a Israel, y los de Israel hicieron rey a Jeroboam, hijo de Nabat, quien hizo que los israelitas se apartaran del Seor y pecaran gravemente.
As los de Israel cometieron los mismos pecados que haba cometido Jeroboam, y no los abandonaron.
Finalmente el Seor apart de su presencia a Israel, como lo haba anunciado por medio de todos los profetas, sus siervos, y as los de Israel fueron llevados cautivos a Asiria, donde estn hasta el da de hoy.
El rey de Asiria llev gente de Babilonia, Cuta, Av, Hamat y Sefarvaim, y la estableci en las ciudades de Samaria, en lugar de los israelitas. As tomaron posesin de Samaria y vivieron en sus ciudades.
Pero como esta gente no renda culto al Seor, cuando comenzaron a establecerse el Seor les mand leones, los cuales mataron a algunos de ellos.
Fueron entonces a decirle al rey de Asiria: "La gente que has llevado a las ciudades de Samaria para que se establezca all, no conoce la religin del dios de ese pas y, por no conocerla, l les ha mandado leones, que los estn matando."
As pues, el rey de Asiria orden: "Enven alguno de los sacerdotes que trajeron cautivos, para que vaya a vivir all y les ensee la religin del dios del pas."
Entonces uno de los sacerdotes que ellos haban desterrado de Samaria fue y se estableci en Betel, y les ense a rendir culto al Seor.
Pero cada nacin se hizo su propio dios en la ciudad donde habitaba, y lo puso en los santuarios de los lugares altos que haban construido los samaritanos.
Los de Babilonia hicieron una representacin de Sucot-benot; los de Cuta, una de Nergal, y los de Hamat, una de Asim.
Los de Av hicieron un Nibhaz y un Tartac, y los de Sefarvaim quemaban a sus hijos en el fuego como sacrificio a Adramlec y a Anamlec, sus dioses.
Adems rendan culto al Seor, pero nombraron sacerdotes de entre ellos mismos para que prestaran servicio en los santuarios paganos.
As que, aunque rendan culto al Seor, seguan adorando a sus propios dioses, segn la costumbre de las naciones de donde haban sido desterrados.
Todava hoy hacen lo mismo que antes hacan, pues no rinden culto al Seor ni actan de acuerdo con sus leyes y decretos, ni segn la enseanza y los mandamientos que el Seor orden cumplir a los descendientes de Jacob, a quien dio el nombre de Israel.
Cuando el Seor hizo una alianza con ellos, les orden: "No rindan culto a otros dioses, ni los adoren ni les sirvan ofrecindoles sacrificios.
Rndanme culto a m, el Seor su Dios, que los sac de Egipto con gran despliegue de poder. Solo a m deben rendirme culto, y adorarme y ofrecerme sacrificios.
Adems cumplan fielmente las leyes y decretos, y la enseanza y mandamientos que les he dado por escrito, y no rindan culto a otros dioses.
No olviden la alianza que he hecho con ustedes, ni rindan culto a otros dioses,
sino solo a m, el Seor su Dios, y yo los librar del dominio de sus enemigos."
Sin embargo, esas naciones no hicieron caso, sino que siguieron con sus prcticas anteriores; y, a la vez que rendan culto al Seor, tambin seguan adorando a sus dolos. Y sus descendientes hicieron lo mismo que sus antepasados, y hasta el da de hoy lo hacen as.
En el tercer ao del reinado de Oseas, hijo de El, rey de Israel, Ezequas, hijo de Ahaz, rey de Jud, comenz a reinar.
Tena entonces veinticinco aos de edad, y rein en Jerusaln veintinueve aos. Su madre se llamaba Ab, y era hija de Zacaras.
Los hechos de Ezequas fueron rectos a los ojos del Seor, como todos los de su antepasado David.
l fue quien quit los santuarios paganos, hizo pedazos las piedras sagradas, rompi las representaciones de Aser y destroz la serpiente de bronce que Moiss haba hecho y a la que hasta entonces los israelitas quemaban incienso y llamaban Nehustn.
Ezequas puso su confianza en el Seor, el Dios de Israel. Entre todos los reyes de Jud que hubo antes o despus de l, no hubo ninguno como l.
Permaneci fiel al Seor y nunca se apart de l, sino que cumpli los mandamientos que el Seor haba ordenado a Moiss.
Por eso el Seor le favoreca y le haca tener xito en todo lo que emprenda. Ezequas se rebel contra el rey de Asiria y se neg a someterse a l.
Adems derrot a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de vigilancia hasta las ciudades fortificadas.
En el cuarto ao del reinado de Ezequas, que era el sptimo del reinado de Oseas, hijo de El, rey de Israel, Salmanasar, rey de Asiria, rode la ciudad de Samaria y la atac,
y al cabo de tres aos la tom. Era el ao seis del reinado de Ezequas y el nueve del reinado de Oseas en Israel, cuando Samaria fue tomada.
El rey de Asiria desterr a los israelitas a Asiria y los estableci en Halah, en la regin del Habor, ro de Gozn, y en las ciudades de los medos.
Esto sucedi porque no obedecieron al Seor su Dios, sino que violaron su alianza y no hicieron caso de todo lo que Moiss, siervo del Seor, les haba mandado, ni lo pusieron en prctica.
En el ao catorce del reinado de Ezequas, Senaquerib, rey de Asiria, atac a todas las ciudades fortificadas de Jud y las tom.
Entonces Ezequas, rey de Jud, envi un mensaje al rey de Asiria, que estaba en Laquis, en el que deca: "He cometido un error. Retrate de mi pas y te pagar el tributo que me impongas." Por lo tanto, el rey de Asiria impuso a Ezequas, rey de Jud, un tributo de nueve mil novecientos kilos de plata y novecientos noventa kilos de oro.
As que Ezequas le entreg toda la plata que encontr en el templo del Seor y en los tesoros del palacio real.
En aquella misma ocasin, Ezequas quit del templo del Seor las puertas y sus marcos, que l mismo haba cubierto de oro, y se las dio al rey de Asiria.
Despus el rey de Asiria envi al rey Ezequas un alto oficial, un funcionario de su confianza y otro alto oficial, al frente de un poderoso ejrcito, y estos fueron de Laquis a Jerusaln, para atacarla. Cuando llegaron a Jerusaln, acamparon junto al canal del estanque de arriba, por el camino que va al campo del Lavador de Paos.
Luego llamaron al rey, y Eliaquim, hijo de Hilquas, que era el mayordomo de palacio, y Sebn, el cronista, y Joah, hijo de Asaf, el secretario del rey, salieron a encontrarse con ellos.
All el oficial asirio les dijo: -Comuniquen a Ezequas este mensaje del gran rey, el rey de Asiria: 'De qu te sientes tan seguro?
Piensas acaso que las palabras bonitas valen lo mismo que la tctica y la fuerza para hacer la guerra? En quin confas para rebelarte contra m?
Veo que confas en el apoyo de Egipto. Pues bien, Egipto es una caa astillada, que si uno se apoya en ella, se le clava y le atraviesa la mano. Eso es el faran, rey de Egipto, para todos los que confan en l.
Y si me dicen ustedes: Nosotros confiamos en el Seor nuestro Dios, acaso no suprimi Ezequas los lugares de culto y los altares de ese Dios, y orden que la gente de Jud y Jerusaln le diera culto solamente en el altar de Jerusaln?
Haz un trato con mi amo, el rey de Asiria: yo te doy dos mil caballos, si consigues jinetes para ellos.
T no eres capaz de hacer huir ni al ms insignificante de los oficiales asirios, y esperas conseguir jinetes y caballos en Egipto?
Adems, crees que yo he venido a atacar y destruir este pas sin contar con el Seor? l fue quien me orden atacarlo y destruirlo!'
Eliaquim, Sebn y Joah respondieron al oficial asirio: -Por favor, hblenos usted en arameo, pues nosotros lo entendemos. No nos hable usted en hebreo, pues toda la gente que hay en la muralla est escuchando.
Pero el oficial asirio dijo: -No fue a tu amo, ni a ustedes, a quienes el rey de Asiria me mand que dijera esto; fue precisamente a la gente que est sobre la muralla, pues ellos, lo mismo que ustedes, tendrn que comerse su propio excremento y beberse sus propios orines.
Entonces el oficial, de pie, grit bien fuerte en hebreo: -Oigan lo que les dice el gran rey, el rey de Asiria:
'No se dejen engaar por Ezequas; l no puede salvarlos de mi mano.'
Si Ezequas quiere convencerlos de que confen en el Seor, y les dice: 'El Seor ciertamente nos salvar; l no permitir que esta ciudad caiga en poder del rey de Asiria',
no le hagan caso. El rey de Asiria me manda a decirles que hagan las paces con l, y que se rindan, y as cada uno podr comer del producto de su viedo y de su higuera y beber el agua de su propia cisterna.
Despus los llevar a un pas parecido al de ustedes, un pas de trigales y viedos, para hacer pan y vino, un pas de aceite de oliva y miel. Entonces podrn vivir bien y no morirn. Pero no le hagan caso a Ezequas, porque los engaa al decir que el Seor los va a librar.
Acaso alguno de los dioses de los otros pueblos pudo salvar a su pas del poder del rey de Asiria?
Dnde estn los dioses de Hamat y de Arpad? Dnde estn los dioses de Sefarvaim, Hen e Iv? Acaso pudieron salvar del poder de Asiria a Samaria?
Cul de todos los dioses de esos pases pudo salvar a su nacin del poder del rey de Asiria? Por qu piensan que el Seor puede salvar a Jerusaln?
La gente se qued callada y no le respondi ni una palabra, porque el rey haba ordenado que no respondieran nada.
Entonces Eliaquim, mayordomo de palacio, Sebn, el cronista, y Joah, secretario del rey, afligidos se rasgaron la ropa y se fueron a ver a Ezequas para contarle lo que haba dicho el alto oficial asirio.
Cuando el rey Ezequas oy esto, se rasg sus vestiduras, se puso ropas speras en seal de dolor y se fue al templo del Seor.
Y envi a Eliaquim, mayordomo de palacio, al cronista Sebn y a los sacerdotes ms ancianos, con ropas speras en seal de dolor, a ver al profeta Isaas, hijo de Ams,
y a decirle de parte del rey: "Hoy estamos en una situacin de angustia, castigo y humillacin, como una mujer que, a punto de dar a luz, se quedara sin fuerzas.
Ojal el Seor tu Dios haya odo las palabras del oficial enviado por su amo, el rey de Asiria, para insultar al Dios viviente, y ojal lo castigue por las cosas que el Seor mismo, tu Dios, habr odo. Ofrece, pues, una oracin por los que an quedan."
Los funcionarios del rey Ezequas fueron a ver a Isaas,
e Isaas les encarg que respondieran a su amo: "El Seor dice: 'No tengas miedo de esas palabras ofensivas que dijeron contra m los criados del rey de Asiria.
Mira, yo voy a hacer que llegue a l un rumor que lo obligue a volver a su pas, y all lo har morir asesinado.' "
El oficial asirio se enter de que el rey de Asiria se haba ido de la ciudad de Laquis. Entonces se fue de Jerusaln, y encontr al rey de Asiria atacando a Libn.
All el rey de Asiria oy decir que el rey Tirhaca de Etiopa haba emprendido una campaa militar contra l. Una vez ms, el rey de Asiria envi embajadores al rey Ezequas de Jud,
a decirle: "Tu Dios, en el que t confas, te asegura que Jerusaln no caer en mi poder; pero no te dejes engaar por l.
T has odo lo que han hecho los reyes de Asiria con todos los pases que han querido destruir. Y te vas a salvar t?
Acaso los dioses salvaron a los otros pueblos que mis antepasados destruyeron: a Gozn, a Harn, a Rsef, y a la gente de Bet-edn que viva en Telasar?
Dnde estn los reyes de Hamat, de Arpad, de Sefarvaim, de Hen y de Iv?"
Ezequas tom la carta que le entregaron los embajadores, y la ley. Luego se fue al templo y, extendiendo la carta delante del Seor,
or as: "Seor, Dios de Israel, que tienes tu trono sobre los querubines: t solo eres Dios de todos los reinos de la tierra; t creaste el cielo y la tierra.
Pon atencin, Seor, y escucha. Abre tus ojos, Seor, y mira. Escucha las palabras que Senaquerib mand decirme, palabras todas ellas ofensivas contra ti, el Dios viviente.
Es cierto, Seor, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras,
y que han echado al fuego sus dioses, porque en realidad no eran dioses, sino objetos de madera o de piedra hechos por el hombre. Por eso los destruyeron.
Ahora pues, Seor y Dios nuestro, slvanos de su poder, para que todas las naciones de la tierra sepan que t, Seor, eres el nico Dios."
Entonces Isaas mand a decir a Ezequas: "Esto dice el Seor, Dios de Israel: 'Yo he escuchado la oracin que me hiciste acerca de Senaquerib, rey de Asiria.' "
Estas son las palabras que dijo el Seor acerca del rey de Asiria: "La ciudad de Sin, como una muchacha, se re de ti, Senaquerib. Jerusaln mueve burlonamente la cabeza cuando t te retiras.
A quin has ofendido e insultado? Contra quin alzaste la voz y levantaste los ojos altaneramente? Contra el Dios Santo de Israel!
Por medio de tus mensajeros insultaste al Seor. "Dijiste: 'Con mis innumerables carros de guerra sub a las cumbres de los montes, a lo ms empinado del Lbano. Cort sus cedros ms altos, sus pinos ms bellos. Llegu a sus cumbres ms altas, a sus bosques, que parecen jardines.
En tierras extraas cav pozos y beb de esa agua, y con las plantas de mis pies sequ todos los ros de Egipto.'
Pero no sabas que soy yo, el Seor, quien ha dispuesto todas estas cosas? Desde tiempos antiguos lo haba planeado, y ahora lo he realizado; por eso t destruyes ciudades fortificadas y las conviertes en montones de ruinas.
Sus habitantes, impotentes, llenos de miedo y vergenza, han sido como hierba del campo, como pasto verde, como hierba que crece en los tejados y que es quemada por el viento del este.
Yo conozco todos tus movimientos y todas tus acciones; yo s que te has enfurecido contra m.
Y como conozco tu furia y tu arrogancia, voy a ponerte una argolla en la nariz, un freno en la boca, y te har volver por el camino por donde viniste."
Isaas dijo entonces a Ezequas: "Esta ser una seal de lo que va a suceder: este ao y el siguiente comern ustedes el trigo que nace por s solo, pero al tercer ao podrn sembrar y cosechar, plantar viedos y comer de sus frutos.
Los sobrevivientes de Jud sern como plantas: echarn races y producirn fruto.
Porque un resto quedar en Jerusaln; en el monte Sin habr sobrevivientes. Esto lo har el ardiente amor del Seor todopoderoso.
"Acerca del rey de Asiria dice el Seor: 'No entrar en Jerusaln, no le disparar ni una flecha, no la atacar con escudos ni construir una rampa a su alrededor.
Por el mismo camino por donde vino, se volver; no entrar en esta ciudad. Yo, el Seor, doy mi palabra.
Yo proteger esta ciudad y la salvar, por consideracin a mi siervo David y a m mismo.' "
Aquella misma noche el ngel del Seor fue y mat a ciento ochenta y cinco mil hombres del campamento asirio, y al da siguiente todos amanecieron muertos.
Entonces Senaquerib, rey de Asiria, levant el campamento y regres a Nnive.
Y un da, cuando estaba adorando en el templo de Nisroc, su dios, sus hijos Adramlec y Sarzer fueron y lo asesinaron, y huyeron a la regin de Ararat. Despus rein en su lugar su hijo Esarhadn.
Por aquel tiempo, Ezequas cay gravemente enfermo, y el profeta Isaas, hijo de Ams, fue a verlo y le dijo: -El Seor dice: 'Da tus ltimas instrucciones a tu familia, porque vas a morir; no te curars.'
Ezequas volvi la cara hacia la pared y or as al Seor:
"Yo te suplico, Seor, que te acuerdes de cmo te he servido fiel y sinceramente, haciendo lo que te agrada." Y llor amargamente.
Y ocurri que antes de que Isaas saliera al patio central del palacio, el Seor se dirigi a Isaas y le dijo:
"Vuelve y dile a Ezequas, jefe de mi pueblo: 'El Seor, Dios de tu antepasado David, dice: Yo he escuchado tu oracin y he visto tus lgrimas. Voy a sanarte, y dentro de tres das podrs ir al templo del Seor.
Voy a darte quince aos ms de vida. A ti y a Jerusaln los librar del rey de Asiria. Yo proteger esta ciudad, por consideracin a mi siervo David y a m mismo.' "
Isaas mand hacer una pasta de higos, y la hicieron y se la aplicaron al rey en la parte enferma, y el rey se cur.
Entonces Ezequas pregunt a Isaas: -Por medio de qu seal voy a darme cuenta de que el Seor me va a sanar, y de que dentro de tres das podr ir al templo del Seor?
Isaas respondi: -Esta es la seal que el Seor te dar en prueba de que te cumplir su promesa: Quieres que la sombra avance diez gradas, o que las retroceda?
Y Ezequas le contest: -Que la sombra avance es cosa fcil. Lo difcil es que retroceda.
Entonces el profeta Isaas invoc al Seor, y el Seor hizo que la sombra retrocediera las diez gradas que haba avanzado en el reloj de sol de Ahaz.
Por aquel tiempo, el rey Merodac-baladn, hijo de Baladn, rey de Babilonia, oy decir que Ezequas haba estado enfermo, y por medio de unos mensajeros le envi cartas y un regalo.
Ezequas los atendi y les mostr su tesoro, la plata y el oro, los perfumes, el aceite fino y su depsito de armas, y todo lo que se encontraba en sus depsitos. No hubo nada en su palacio ni en todo su reino que no les mostrara.
Entonces fue el profeta Isaas a ver al rey Ezequas y le pregunt: -De dnde vinieron esos hombres, y qu te dijeron? Ezequas respondi: -Vinieron de un pas lejano; vinieron de Babilonia.
Isaas le pregunt: -Y qu vieron en tu palacio? Ezequas contest: -Vieron todo lo que hay en l. No hubo nada en mis depsitos que yo no les mostrara.
Isaas dijo entonces a Ezequas: -Escucha este mensaje del Seor:
'Van a venir das en que todo lo que hay en tu palacio y todo lo que juntaron tus antepasados hasta el da de hoy, ser llevado a Babilonia. No quedar aqu nada.
Aun a algunos de tus propios descendientes se los llevarn a Babilonia, los castrarn y los pondrn como criados en el palacio del rey.'
Ezequas, pensando que al menos durante su vida habra paz y seguridad, respondi a Isaas: -El mensaje que me has trado de parte del Seor es favorable.
El resto de la historia de Ezequas y de sus hazaas, y de cmo construy el estanque y el canal para llevar el agua a la ciudad, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Cuando muri Ezequas, rein en su lugar su hijo Manass.
Manass tena doce aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln cincuenta y cinco aos. Su madre se llamaba Hepsiba.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, pues practic las mismas infamias de las naciones que el Seor haba arrojado de la presencia de los israelitas:
reconstruy los santuarios paganos que Ezequas, su padre, haba destruido; levant altares a Baal e hizo una imagen de Aser, como haba hecho Ahab, rey de Israel; adems ador y rindi culto a todos los astros del cielo,
y construy altares en el templo del Seor, acerca del cual el Seor haba dicho que sera la residencia de su nombre en Jerusaln.
Levant otros altares en los dos atrios del templo del Seor, y los dedic a todos los astros del cielo.
Adems hizo quemar a sus hijos en sacrificio, practic la invocacin de espritus y la adivinacin, y estableci el espiritismo y la hechicera. Tan malos fueron sus hechos a los ojos del Seor, que acab por provocar su indignacin.
Tambin coloc una imagen de Aser en el templo del Seor, acerca del cual el Seor haba dicho a David y a su hijo Salomn: "Este templo en Jerusaln, que he escogido entre todas las tribus de Israel, ser para siempre la residencia de mi nombre.
No volver a arrojar a los israelitas de la tierra que di a sus antepasados, con tal de que cumplan y practiquen todo lo que les he ordenado, y todas las enseanzas que les dio mi siervo Moiss."
Pero ellos no hicieron caso. Por el contrario, Manass los llev a actuar con ms perversidad que las naciones que el Seor haba aniquilado ante los israelitas.
Por lo tanto, el Seor habl por medio de sus siervos los profetas, y dijo:
"Por haber cometido Manass tantas infamias, y por ser su maldad mayor que la de los amorreos que hubo antes que l, ya que ha hecho que Jud peque con sus dolos,
yo, el Seor, el Dios de Israel, declaro: Voy a acarrear tal desastre sobre Jerusaln y Jud, que hasta le van a doler los odos a quien lo oiga.
Medir a Jerusaln con la misma medida que a Samaria y a la descendencia de Ahab; la voy a dejar limpia, como cuando se limpia un plato y se pone boca abajo.
En cuanto al resto de mi pueblo, lo abandonar y lo entregar en manos de sus enemigos, para que sean saqueados y despojados por ellos.
Porque sus hechos han sido malos a mis ojos, y me han estado irritando desde el da en que sus antepasados salieron de Egipto hasta el presente."
Adems de los pecados que Manass hizo cometer a Jud y de sus malas acciones a los ojos del Seor, fue tanta la sangre inocente que derram en Jerusaln, que la llen de extremo a extremo.
El resto de la historia de Manass y de todo lo que hizo, y los pecados que cometi, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Cuando muri, lo enterraron en el jardn de su palacio, en el jardn de Uz. Despus rein en su lugar su hijo Amn.
Amn tena veintids aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln dos aos. Su madre se llamaba Mesulmet, y era hija de Hars, de Jotb.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, como los de su padre Manass,
pues sigui sus mismos malos pasos y rindi culto y ador a los mismos dolos que su padre haba adorado.
As abandon al Seor, el Dios de sus antepasados, y no actu conforme a su voluntad.
Los oficiales de Amn conspiraron contra l, y lo asesinaron en su palacio.
Pero la gente del pueblo mat a los que haban conspirado contra el rey Amn, y en su lugar hicieron reinar a su hijo Josas.
El resto de la historia de Amn y de lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Lo enterraron en su sepulcro del jardn de Uz. Despus rein en su lugar su hijo Josas.
Josas tena ocho aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln durante treinta y un aos. Su madre se llamaba Jedid, hija de Adaas, y era de Boscat.
Los hechos de Josas fueron rectos a los ojos del Seor, pues sigui en todo la conducta de David, su antepasado, sin desviarse de ella para nada.
En el ao dieciocho del reinado de Josas, el rey envi al templo del Seor a su cronista Safn, hijo de Asalas y nieto de Mesulam. Le dijo:
-Ve a ver a Hilquas, el sumo sacerdote, y dile que rena el dinero que ha sido llevado al templo del Seor y que los porteros han recogido de entre la gente,
y que lo entregue a los encargados de las obras del templo del Seor, para que ellos a su vez paguen a los que trabajan en la reparacin del templo,
es decir, a los carpinteros, maestros de obras y albailes, y tambin para que compren madera y piedras de cantera para reparar el templo.
Dile tambin que no les pida cuentas del dinero que se les entregue, porque actan con honradez.
Hilquas, el sumo sacerdote, le cont a Safn, el cronista, que haba encontrado el libro de la Ley en el templo del Seor; y le entreg el libro, y Safn lo ley.
Despus Safn fue a informar de esto al rey, y le dijo: -Los siervos de Su Majestad han fundido la plata que haba en el templo, y la han entregado a los encargados de reparar el templo del Seor.
Tambin inform Safn al rey de que el sacerdote Hilquas le haba entregado un libro, y lo ley Safn al rey.
Al escuchar el rey lo que deca el libro de la Ley, se rasg la ropa,
y en seguida orden a Hilquas, a Ahicam, hijo de Safn, a Acbor, hijo de Micaas, a Safn, el cronista, y a Asaas, oficial del rey:
-Vayan a consultar al Seor por m y por el pueblo y por todo Jud, en cuanto al contenido de este libro que se ha encontrado; pues el Seor debe estar muy furioso contra nosotros, ya que nuestros antepasados no prestaron atencin a lo que dice este libro ni pusieron en prctica todo lo que est escrito en l.
Hilquas, Ahicam, Acbor, Safn y Asaas, fueron a ver a la profetisa Huld, esposa de Salum, hijo de Ticv y nieto de Harhs, encargado del guardarropa del templo. Huld viva en el Segundo Barrio de Jerusaln, y cuando le hablaron,
ella les contest: -Esta es la respuesta del Seor, Dios de Israel: 'Dganle a la persona que los ha enviado a consultarme,
que yo, el Seor, digo: Voy a acarrear un desastre sobre este lugar y sobre sus habitantes, conforme a todo lo anunciado en el libro que ha ledo el rey de Jud.
Pues me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses, provocando mi irritacin con todas sus prcticas; por eso se ha encendido mi ira contra este lugar, y no se apagar.
Dganle, pues, al rey de Jud, que los ha enviado a consultar al Seor, que el Seor, el Dios de Israel, dice tambin: Por haber prestado atencin a lo que has odo,
y porque te has conmovido y sometido a m al escuchar mi declaracin contra este lugar y sus habitantes, que sern arrasados y malditos, y por haberte rasgado la ropa y haber llorado delante de m, yo tambin por mi parte te he escuchado. Yo, el Seor, te lo digo.
Por lo tanto, te conceder morir en paz y reunirte con tus antepasados, sin que llegues a ver el desastre que voy a acarrear sobre este lugar.' Los enviados del rey regresaron para llevarle a este la respuesta.
Entonces el rey mand llamar a todos los ancianos de Jud y de Jerusaln, para que se reunieran con l.
Luego el rey y todos los hombres de Jud, y los habitantes de Jerusaln, y los sacerdotes, los profetas y la nacin entera, desde el ms pequeo hasta el ms grande, fueron al templo del Seor. All el rey les ley en voz alta todo lo que deca el libro de la alianza que haba sido encontrado en el templo del Seor.
Luego el rey se puso de pie junto a la columna, y se comprometi ante el Seor a obedecerle, a poner en prctica fielmente y con toda sinceridad sus mandamientos, mandatos y leyes, y a cumplir las condiciones de la alianza que estaban escritas en el libro. Y todo el pueblo acept tambin el compromiso.
Entonces el rey orden a Hilquas, sumo sacerdote, y a su segundo sacerdote y a los porteros, que sacaran del templo del Seor todos los objetos del culto de Baal y de Aser y de todos los astros del cielo, y los quem en las afueras de Jerusaln, en los campos de Cedrn, y llev luego las cenizas a Betel.
Despus quit de sus puestos a los sacerdotes que los reyes de Jud haban nombrado para que quemaran incienso en los santuarios en lugares altos que haba en las ciudades de Jud y en los alrededores de Jerusaln, y a los sacerdotes que quemaban incienso a Baal, al sol, a la luna, a los planetas y a todos los astros del cielo.
Sac fuera de Jerusaln la imagen de Aser que estaba en el templo del Seor, la quem en el arroyo Cedrn hasta convertirla en ceniza y luego la esparci sobre la fosa comn.
Tambin derrumb las habitaciones dedicadas a la prostitucin entre hombres, que era practicada como un culto en el templo del Seor, donde las mujeres tejan mantos para la diosa Aser.
Despus orden que vinieran todos los sacerdotes de las ciudades de Jud, y profan todos los santuarios en lugares altos, desde Gueba hasta Beerseba, donde esos sacerdotes haban quemado incienso, y derrib los altares de los demonios que haba en la puerta de Josu, gobernador de la ciudad, situados a la entrada de la ciudad, al lado izquierdo.
Pero los sacerdotes de los santuarios en lugares altos no iban al altar del Seor en Jerusaln, sino que coman pan sin levadura con sus compaeros sacerdotes.
Josas tambin profan el quemadero que haba en el valle de Ben-hinom, para que nadie quemara a su hijo o a su hija como sacrificio a Moloc.
Quit los caballos que los reyes de Jud haban dedicado al sol, los cuales estaban a la entrada del templo del Seor, junto a la habitacin de Natn-mlec, el encargado de las dependencias, y quem tambin el carro del sol.
Adems derrib los altares que los reyes de Jud haban construido en la parte alta de la sala de Ahaz, y los altares que Manass haba construido en los patios del templo del Seor; los destroz y arroj sus escombros al arroyo Cedrn.
El rey profan tambin los santuarios paganos que haba al oriente de Jerusaln, en la parte sur del monte de los Olivos, los cuales haba construido Salomn, rey de Israel, para Astart, diosa aborrecible de los sidonios; para Quems, dolo aborrecible de los moabitas, y para Milcom, dolo aborrecible de los amonitas.
Tambin hizo pedazos las piedras y los troncos sagrados, y llen de huesos humanos los lugares donde haban estado.
En cuanto al altar y al santuario pagano de Betel, que fueron construidos por Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a los israelitas, Josas los destroz hasta hacerlos polvo, y les prendi fuego; y le prendi fuego tambin a la representacin de Aser.
Cuando Josas regres y vio los sepulcros que haba en la colina misma, mand que sacaran los huesos que hubiera en ellos, y los quem sobre el altar, profanndolo. As se cumpli la palabra del Seor trasmitida por el profeta que haba anunciado esto.
Luego pregunt: -Qu monumento es ese que veo all? Los hombres de la ciudad le respondieron: -Es el sepulcro del profeta que vino de Jud y anunci lo que Su Majestad ha hecho con el altar de Betel.
Entonces Josas orden: -Djenlo as. Que nadie toque sus huesos. As se respetaron sus restos y los del profeta que haba venido de Samaria.
En cuanto a todos los edificios de los santuarios paganos que haba en Samaria, y que los reyes de Israel haban construido provocando la ira del Seor, Josas los elimin e hizo con ellos lo mismo que haba hecho en Betel.
Despus mat sobre los altares a todos los sacerdotes de los santuarios paganos que all haba, y sobre ellos quem huesos humanos. Despus regres a Jerusaln.
El rey orden a todo el pueblo que celebrara la Pascua en honor del Seor su Dios, segn estaba escrito en el libro de la alianza.
Nunca se haba celebrado una Pascua como esta desde la poca de los caudillos que gobernaron en Israel, ni en todo el tiempo de los reyes de Israel y de Jud.
Fue en el ao dieciocho del reinado de Josas cuando en Jerusaln se celebr aquella Pascua en honor del Seor.
Josas elimin tambin a los brujos y adivinos, a los dolos familiares y a otros dolos, y a todos los aborrecibles objetos de culto que se vean en Jud y en Jerusaln. Lo hizo para cumplir los trminos de la ley escritos en el libro que el sacerdote Hilquas haba encontrado en el templo del Seor.
No hubo ningn rey, ni antes ni despus de l, que como l se volviera al Seor con todo su corazn y con toda su alma y con todas sus fuerzas, conforme a la ley de Moiss.
A pesar de ello, el Seor sigui enojado, pues todava estaba enfurecido contra Jud por todas las ofensas con que Manass le haba provocado.
Por eso dijo el Seor que iba a apartar de su presencia a Jud, como haba apartado a Israel, y que iba a rechazar la ciudad de Jerusaln que haba escogido, y el templo en el que haba dicho que residira su nombre.
El resto de la historia de Josas y de todo lo que hizo, est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
En su tiempo, el faran Necao, rey de Egipto, se dirigi hacia el ro Eufrates para ayudar al rey de Asiria. El rey Josas le sali al encuentro; pero en Meguido, en cuanto Necao lo vio, lo mat.
Sus oficiales pusieron su cadver en un carro y lo llevaron desde Meguido a Jerusaln, donde lo enterraron en su sepulcro. La gente del pueblo tom entonces a Joacaz, hijo de Josas, y lo consagraron como rey en lugar de su padre.
Joacaz tena veintitrs aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln tres meses. Su madre se llamaba Hamutal, hija de Jeremas, y era de Libn.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, igual que los de sus antepasados.
El faran Necao lo tuvo preso en Ribl, en la regin de Hamat, para que no reinara en Jerusaln, y oblig al pas a pagar un tributo de tres mil trescientos kilos de plata y treinta y tres kilos de oro.
Adems, el faran Necao puso como rey a Eliaquim, hijo de Josas, en lugar de su padre, y le cambi el nombre y le puso Joaquim, y a Joacaz lo tom y lo llev a Egipto, donde muri.
Joaquim entreg a Necao la plata y el oro que este exiga, para lo cual tuvo que imponer una contribucin a la gente del pas. Y cada uno pag en plata y en oro el impuesto que se le calcul, para entregrselo al faran Necao.
Joaquim tena veinticinco aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln once aos. Su madre se llamaba Zebud, hija de Pedaas, y era de Rum.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, igual que los de sus antepasados.
Durante el reinado de Joaquim, Nabucodonosor, rey de Babilonia, invadi el pas, y Joaquim estuvo sometido a l durante tres aos. Luego cambi de parecer y se rebel contra l.
Pero el Seor mand contra Joaquim bandas de ladrones caldeos, sirios, moabitas y amonitas. Las envi contra Jud, para que la destruyeran, conforme al anuncio que haba hecho el Seor por medio de sus siervos los profetas.
Esto ocurri con Jud porque el Seor as lo dispuso, para apartarla de su presencia por todos los pecados que Manass haba cometido,
y tambin por la sangre inocente que haba derramado y con la cual haba llenado Jerusaln. Por eso el Seor no quiso perdonar ms.
El resto de la historia de Joaquim y de todo lo que hizo est escrito en el libro de las crnicas de los reyes de Jud.
Cuando muri, rein en su lugar su hijo Joaqun.
Desde entonces, el rey de Egipto no sali ms de su pas, porque el rey de Babilonia haba conquistado todas sus posesiones, desde el arroyo de Egipto hasta el ro Eufrates.
Joaqun tena dieciocho aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln tres meses. Su madre se llamaba Nehust, hija de Elnatn, y era de Jerusaln.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, igual que los de su padre.
En aquel tiempo, las tropas de Nabucodonosor, rey de Babilonia, marcharon contra Jerusaln y la rodearon para atacarla.
Durante el ataque a la ciudad, lleg Nabucodonosor.
Entonces Joaqun, rey de Jud, junto con su madre, sus oficiales, jefes y hombres de confianza, se rindieron al rey de Babilonia, quien los hizo prisioneros. Esto sucedi en el ao ocho del reinado de Nabucodonosor.
Despus Nabucodonosor sac de all todos los tesoros del templo del Seor y del palacio real y, tal como el Seor lo haba anunciado, rompi todos los objetos de oro que Salomn, rey de Israel, haba hecho para el templo del Seor.
Luego se llev cautivos a todos los habitantes de Jerusaln, a todos los jefes y los mejores soldados, y a todos los artesanos y herreros, hasta completar diez mil prisioneros. No qued nadie en el pas, a excepcin de la gente ms pobre.
Nabucodonosor se llev tambin cautivos a Joaqun y a su madre, a sus esposas, a sus oficiales, y a las personas ms importantes del pas. Los llev cautivos de Jerusaln a Babilonia.
El total de prisioneros de renombre que el rey de Babilonia se llev, fue de siete mil; y mil el de artesanos y herreros, adems de todos los hombres fuertes y aptos para la guerra.
Luego el rey de Babilonia nombr rey a Matanas, en lugar de su sobrino Joaqun, y le cambi su nombre y le puso Sedequas.
Sedequas tena veintin aos cuando comenz a reinar, y rein once aos en Jerusaln. Su madre se llamaba Hamutal, hija de Jeremas, y era de Libn.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, igual que los de Joaquim.
Por eso el Seor se enoj con Jerusaln y con Jud, y los ech de su presencia. Despus Sedequas se rebel contra el rey de Babilonia.
El da diez del mes dcimo del ao noveno del reinado de Sedequas, el rey Nabucodonosor march con todo su ejrcito contra Jerusaln, y la siti. Acamp frente a ella, y a su alrededor construy rampas para atacarla.
La ciudad estuvo sitiada hasta el ao once del reinado de Sedequas.
El da nueve del mes cuarto de ese ao aument el hambre en la ciudad, y la gente no tena ya nada que comer.
Entonces hicieron un boquete en las murallas de la ciudad, y aunque los caldeos la tenan sitiada, el rey y todos los soldados huyeron de la ciudad durante la noche. Salieron por la puerta situada entre las dos murallas, por el camino de los jardines reales, y tomaron el camino del valle del Jordn.
Pero los soldados caldeos persiguieron al rey Sedequas, y lo alcanzaron en la llanura de Jeric. Todo su ejrcito lo abandon y se dispers.
Los caldeos capturaron al rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, que estaba en Ribl, en el territorio de Hamat. All Nabucodonosor dict sentencia contra Sedequas,
y en presencia de este mand degollar a sus hijos. En cuanto a Sedequas, mand que le sacaran los ojos y que lo encadenaran para llevarlo a Babilonia.
El da siete del mes quinto del ao diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nebuzaradn, oficial del rey y comandante de la guardia real, lleg a Jerusaln
e incendi el templo, el palacio real y todas las casas de la ciudad, especialmente las casas de todos los personajes notables,
y el ejrcito caldeo que lo acompaaba derrib las murallas que rodeaban Jerusaln.
Luego Nebuzaradn llev desterrados a Babilonia tanto a los que an quedaban en la ciudad como a los que se haban puesto del lado del rey de Babilonia, y al resto de los artesanos.
Solo dej a algunos de entre la gente ms pobre, para que cultivaran los viedos y los campos.
Los caldeos hicieron pedazos los objetos de bronce que haba en el templo: las columnas, las bases y la enorme pila para el agua, y se llevaron todo el bronce a Babilonia.
Tambin se llevaron los ceniceros, las palas, las despabiladeras, los cucharones y todos los utensilios de bronce para el culto.
Igualmente, el comandante de la guardia se llev todos los objetos de oro y plata: los braseros y los tazones.
Por lo que se refiere a las dos columnas, la enorme pila para el agua y las bases que el rey Salomn haba mandado hacer para el templo, su peso no poda calcularse.
Cada columna tena ms de ocho metros de altura, y en su parte superior tena un capitel de bronce, de ms de dos metros de altura, alrededor del cual haba una rejilla toda de bronce, adornada con granadas. Las dos columnas eran iguales.
El comandante de la guardia apres tambin a Seraas, sumo sacerdote, a Sofonas, sacerdote que le segua en dignidad, y a los tres guardianes del umbral del templo.
De la gente de la ciudad apres al oficial que mandaba las tropas, a cinco hombres del servicio personal del rey que se encontraron en la ciudad, al funcionario militar que reclutaba hombres para el ejrcito y a sesenta ciudadanos notables que estaban en la ciudad.
Nebuzaradn llev a todos estos ante el rey de Babilonia, que estaba en Ribl, en el territorio de Hamat. All el rey de Babilonia mand que los mataran.
As fue desterrado de su pas el pueblo de Jud.
Nabucodonosor, rey de Babilonia, nombr gobernador a Guedalas, hijo de Ahicam y nieto de Safn, para que se hiciera cargo de la gente que l haba dejado en Jud.
Y cuando los jefes del ejrcito de Jud y sus hombres supieron esto, fueron a Misp para hablar con Guedalas. Eran Ismael, hijo de Netanas; Johann, hijo de Carah; Seraas, hijo de Tanhmet, de Netof; y Jaazanas, hijo de un hombre de Maac. Fueron acompaados de sus hombres.
Guedalas les hizo un juramento a ellos y a sus hombres, y les dijo que no tuvieran miedo de los oficiales caldeos, que se quedaran a vivir en el pas y sirvieran al rey de Babilonia, y que les ira bien.
Pero en el mes sptimo, Ismael, hijo de Netanas y nieto de Elisam, que era de la familia real de Jud, lleg acompaado de diez hombres, y entre todos mataron a Guedalas y a los judos y caldeos que haba con l en Misp.
Entonces toda la gente, por miedo a los caldeos, se levant y se fue a Egipto, lo mismo grandes y pequeos que oficiales del ejrcito.
El da veintisiete del mes doce del ao treinta y siete del destierro del rey Joaqun de Jud, comenz a reinar en Babilonia el rey Evil-merodac, el cual se mostr bondadoso con Joaqun y lo sac de la crcel,
lo trat bien y le dio preferencia sobre los otros reyes que estaban con l en Babilonia.
De esta manera, Joaqun pudo quitarse la ropa que usaba en la prisin y comer con el rey por el resto de su vida.
Adems, durante toda su vida, Joaqun recibi una pensin diaria de parte del rey de Babilonia.
Adn, Set, Ens,
Cainn, Mahalalel, Jred,
Henoc, Matusaln, Lmec,
No. Hijos de No: Sem, Cam y Jafet.
Hijos de Jafet: Gmer, Magog, Madai, Javn, Tubal, Msec y Tirs.
Hijos de Gmer: Asquenaz, Rifat y Togarm.
Hijos de Javn: Elis, Tarsis, Quitim y Rodanim.
Hijos de Cam: Cus, Misraim, Fut y Canan.
Hijos de Cus: Seb, Havil, Sabt, Raam y Sabtec. Hijos de Raam: Seb y Dedn.
Cus fue el padre de Nimrod, el primer hombre poderoso de la tierra.
De Misraim descienden los ludeos, los anameos, los lehabitas,los naftuhtas,
los patruseos, los casluhtas y los caftoritas, de quienes descienden los filisteos.
Canan fue padre de Sidn, su primer hijo, y de Het.
De Canan descienden los jebuseos, amorreos, gergeseos,
heveos, araceos, sineos,
arvadeos, semareos y hamateos.
Hijos de Sem: Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram. Los hijos de Aram fueron Us, Hul, Guter y Mas.
Arfaxad fue el padre de Slah, y Slah fue el padre de ber.
ber tuvo dos hijos: el primero se llamaba Pleg, porque en su tiempo la gente de la tierra se dividi. El hermano de Pleg se llamaba Joctn.
Joctn fue el padre de Almodad, Slef, Hasar-mvet, Jrah,
Hadoram, Uzal, Dicl,
Obal, Abimael, Seb,
Ofir, Havil y Jobab. Todos estos fueron hijos de Joctn.
Sem, Arfaxad, Slah,
ber, Pleg, Re,
Serug, Nahor, Trah
y Abram, que es Abraham.
Hijos de Abraham: Isaac e Ismael.
Sus descendientes fueron: Nebaiot, hijo mayor de Ismael, Quedar, Adbeel, Mibsam,
Mism, Dum, Mas, Hadad, Tem,
Jetur, Nafs y Quedm. Estos fueron los hijos de Ismael.
Hijos de Quetur, concubina de Abraham: Zimrn, Jocsn, Medn, Madin, bac y Sah. Hijos de Jocsn: Seb y Dedn.
Hijos de Madin: Ef, fer, Hanoc, Abid y Elda. Todos estos fueron descendientes de Quetur.
Abraham fue el padre de Isaac. Hijos de Isaac: Esa e Israel.
Hijos de Esa: Elifaz, Reuel, Jes, Jaalam y Cor.
Hijos de Elifaz: Temn, Omar, Sef, Gatam y Quenaz; de Timn tuvo a Amalec.
Hijos de Reuel: Nhat, Zrah, Sam y Miz.
Hijos de Ser: Lotn, Sobal, Sibn, An, Disn, ser y Disn.
Hijos de Lotn: Hor y Hemam. Timn era hermana de Lotn.
Hijos de Sobal: Alvn, Manhat, Ebal, Sef y Onam. Hijos de Sibn: Ai y An.
An fue padre de Disn. Hijos de Disn: Hemdn, Esbn, Itrn y Quern.
Hijos de ser: Bilhn, Zaavn y Jaacn. Hijos de Disn: Us y Arn.
Estos fueron los reyes que gobernaron en Edom antes que los israelitas tuvieran rey: Bela, hijo de Beor; su ciudad se llamaba Dinhaba.
Cuando Bela muri, gobern en su lugar Jobab, el hijo de Zrah, que era del pueblo de Bosr.
Cuando Jobab muri, gobern en su lugar Husam, que era de la regin de Temn.
Cuando Husam muri, gobern en su lugar Hadad, el hijo de Bedad, que derrot a Madin en el campo de Moab; y su ciudad se llamaba Avit.
Cuando muri Hadad, gobern en su lugar Saml, que era del pueblo de Masrec.
Cuando Saml muri, gobern en su lugar Sal, que era de Rehobot, el pueblo que est junto al ro.
Cuando Sal muri, gobern en su lugar Baal-hann, que era hijo de Acbor.
Y cuando muri Baal-hann, gobern en su lugar Hadad; y su ciudad se llamaba Pau. La esposa de Hadad se llamaba Mehetabel y era hija de Matred y nieta de Mezaab.
Despus de la muerte de Hadad, los jefes de Edom fueron: Timn, Alv, Jetet,
Oholibam, El, Pinn,
Quenaz, Temn, Mibsar,
Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom.
En la regin de Us haba un hombre llamado Job, que viva una vida recta y sin tacha, y que era un fiel servidor de Dios, cuidadoso de no hacer mal a nadie.
Job tena siete hijos y tres hijas,
y era dueo de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas. Tena tambin un gran nmero de esclavos. Era el hombre ms rico de todo el oriente.
Los hijos de Job acostumbraban celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, y siempre invitaban a sus tres hermanas.
Terminados los das del banquete, Job llamaba a sus hijos y, levantndose de maana, ofreca holocaustos por cada uno de ellos, para purificarlos de su pecado. Esto lo haca Job siempre, pensando que sus hijos podan haber pecado maldiciendo a Dios en su interior.
Un da en que deban presentarse ante el Seor sus servidores celestiales, se present tambin el ngel acusador entre ellos.
El Seor le pregunt: -De dnde vienes? Y el acusador contest: -He andado recorriendo la tierra de un lado a otro.
Entonces le dijo el Seor: -Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie en la tierra como l, que me sirva tan fielmente y viva una vida tan recta y sin tacha, cuidando de no hacer mal a nadie.
Pero el acusador respondi: -Pues no de balde te sirve con tanta fidelidad.
T no dejas que nadie lo toque, ni a l ni a su familia ni a nada de lo que tiene; t bendices todo lo que hace, y l es el hombre ms rico en ganado de todo el pas.
Pero qutale todo lo que tiene y vers cmo te maldice en tu propia cara.
El Seor respondi al acusador: -Est bien. Haz lo que quieras con todas las cosas de Job, con tal de que a l mismo no le hagas ningn dao. Entonces el acusador se retir de la presencia del Seor.
Un da, mientras los hijos y las hijas de Job estaban celebrando un banquete en casa del hermano mayor,
un hombre lleg a casa de Job y le dio esta noticia: -Estbamos arando el campo con los bueyes, y las asnas estaban pastando cerca;
de repente llegaron los sabeos, y se robaron el ganado y mataron a cuchillo a los hombres. Solo yo pude escapar para venir a avisarte.
An no haba terminado de hablar aquel hombre, cuando lleg otro y dijo: -Cay un rayo y mat a los pastores y las ovejas. Solo yo pude escapar para venir a avisarte.
An no haba terminado de hablar ese hombre, cuando lleg un tercero y dijo: -Tres grupos de caldeos nos atacaron y se robaron los camellos, y mataron a cuchillo a los hombres. Solo yo pude escapar para venir a avisarte.
An no haba terminado de hablar este hombre, cuando lleg uno ms y dijo: -Tus hijos y tus hijas estaban celebrando un banquete en la casa de tu hijo mayor,
cuando de pronto un viento del desierto vino y sacudi la casa por los cuatro costados, derrumbndola sobre tus hijos. Todos ellos murieron. Solo yo pude escapar para venir a avisarte.
Entonces Job se levant, y lleno de dolor se rasg la ropa, se rap la cabeza y se inclin en actitud de adoracin.
Entonces dijo: -Desnudo vine a este mundo, y desnudo saldr de l. El Seor me lo dio todo, y el Seor me lo quit; bendito sea el nombre del Seor!
As pues, a pesar de todo, Job no pec ni dijo nada malo contra Dios.
Cuando lleg el da en que deban presentarse ante el Seor sus servidores celestiales, se present tambin el ngel acusador entre ellos.
El Seor le pregunt: -De dnde vienes? Y el acusador contest: -He andado recorriendo la tierra de un lado a otro.
Entonces el Seor le dijo: -Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie en la tierra como l, que me sirva tan fielmente y viva una vida tan recta y sin tacha, cuidando de no hacer mal a nadie. Y aunque t me hiciste arruinarlo sin motivo alguno, l se mantiene firme en su conducta intachable.
Pero el acusador contest al Seor: -Mientras no lo tocan a uno en su propio pellejo, todo va bien. El hombre est dispuesto a sacrificarlo todo por salvar su vida.
Pero tcalo en su propia persona y vers cmo te maldice en tu propia cara.
El Seor respondi al acusador: -Est bien, haz con l lo que quieras, con tal de que respetes su vida.
El acusador se alej de la presencia del Seor, y envi sobre Job una terrible enfermedad de la piel que lo cubri de pies a cabeza.
Entonces Job fue a sentarse junto a un montn de basura, y tom un pedazo de olla rota para rascarse.
Pero su mujer le dijo: -Todava te empeas en seguir siendo bueno? Maldice a Dios y murete!
Job respondi: -Mujer, no digas tonteras! Si aceptamos los bienes que Dios nos enva, por qu no vamos a aceptar tambin los males? As pues, a pesar de todo, Job no pec ni siquiera de palabra.
Ahora bien, Job tena tres amigos: Elifaz, de la regin de Temn, Bildad, de la regin de Sah, y Sofar, de la regin de Naamat. Al enterarse estos de todas las desgracias que le haban sucedido a Job, decidieron ir a consolarlo y acompaarlo en su dolor.
A cierta distancia alcanzaron a ver a Job, y como apenas podan reconocerlo, empezaron a gritar y llorar, y llenos de dolor se rasgaron la ropa y lanzaron polvo al aire y sobre sus cabezas.
Luego se sentaron en el suelo con l, y durante siete das y siete noches estuvieron all, sin decir una sola palabra, pues vean que el dolor de Job era muy grande.
Por fin Job rompi el silencio,
y maldijo el da en que haba nacido.
Maldita sea la noche en que fui concebido! Maldito sea el da en que nac!
Ojal aquel da se hubiera convertido en noche, y Dios lo hubiera pasado por alto y no hubiera amanecido!
Ojal una sombra espesa lo hubiera oscurecido, o una nube negra lo hubiera envuelto, o un eclipse lo hubiera llenado de terror!
Ojal aquella noche se hubiera perdido en las tinieblas y aquel da no se hubiera contado entre los das del mes y del ao!
Ojal hubiera sido una noche estril, en que faltaran los gritos de alegra!
Ojal la hubieran maldecido los hechiceros, que tienen poder sobre Leviatn!
Ojal aquella maana no hubieran brillado los luceros, ni hubiera llegado la luz tan esperada, ni se hubiera visto parpadear la aurora!
Maldita sea aquella noche, que me dej nacer y no me ahorr ver tanta miseria!
Por qu no habr muerto en el vientre de mi madre, o en el momento mismo de nacer?
Por qu hubo rodillas que me recibieran y pechos que me alimentaran?
Si yo hubiera muerto entonces, ahora estara durmiendo tranquilo, descansando en paz,
con los reyes y ministros que se construyen grandes pirmides,
o con los gobernantes que llenan sus palacios de oro y plata.
Por qu no me enterraron como a los abortos, como a los nios muertos antes de nacer?
En la tumba tiene fin la agitacin de los malvados, y los cansados alcanzan su reposo;
all encuentran paz los prisioneros, y dejan de escuchar los gritos del capataz;
all estn grandes y pequeos por igual, y el esclavo se ve libre de su amo.
Por qu deja Dios ver la luz al que sufre? Por qu le da vida al que est lleno de amargura,
al que espera la muerte y no le llega, aunque la busque ms que a un tesoro escondido?
La alegra de ese hombre llega cuando por fin baja a la tumba.
Dios lo hace caminar a ciegas, le cierra el paso por todos lados.
Los gemidos son mi alimento; mi bebida, las quejas de dolor.
Todo lo que yo tema, lo que ms miedo me causaba, ha cado sobre m.
No tengo descanso ni sosiego; no encuentro paz, sino inquietud.
Elifaz de Temn tom la palabra y dijo:
Seguramente, Job, te ser molesto que alguien se atreva a hablarte, pero no es posible quedarse callado.
T, que dabas lecciones a muchos y fortalecas al dbil;
t, que animabas a levantarse al que caa y sostenas al que estaba por caer,
te acobardas y pierdes el valor ahora que te toca sufrir?
T, que eres un fiel servidor de Dios, un hombre de recta conducta, cmo es que no tienes plena confianza?
Piensa, a ver si recuerdas un solo caso de un inocente que haya sido destruido.
La experiencia me ha enseado que los que siembran crimen y maldad cosechan lo que antes sembraron.
Dios, en su furor, sopla sobre ellos y los destruye por completo.
Por ms que gruan y rujan como leones, Dios los har callar rompindoles los dientes.
Morirn como leones que no hallaron presa, y sus hijos sern dispersados.
Calladamente me lleg un mensaje, tan suave que apenas escuch un murmullo.
Por la noche, cuando el sueo cae sobre los hombres, tuve una inquietante pesadilla.
El terror se apoder de m; todos los huesos me temblaban.
Un soplo me roz la cara y la piel se me eriz.
Alguien estaba all, y pude ver su silueta pero no el aspecto que tena. Todo en silencio... Luego o una voz:
"Puede el hombre ser justo ante Dios? Puede ser puro ante su creador?
Ni aun sus servidores celestiales merecen toda su confianza. Si hasta en sus ngeles encuentra Dios defectos,
cunto ms en el hombre, ser tan dbil como una casa de barro construida sobre el polvo, y que puede ser aplastado como la polilla!
Entre la maana y la tarde es destruido; muere para siempre, y a nadie le importa.
Su vida acaba como un hilo que se corta; muere sin haber alcanzado sabidura."
Grita, Job, a ver quin te responde. A qu ngel vas a recurrir?
Entregarse a la amargura o a la pasin es una necedad que lleva a la muerte.
He visto al necio empezar a prosperar, mas su casa fue pronto destruida.
Sus hijos no tienen quien los ayude; en los tribunales los tratan injustamente y no hay quien los defienda.
Sus cosechas se las comen los hambrientos sacndolas de entre los espinos, y los sedientos les envidian sus riquezas.
La maldad no brota del suelo; la desdicha no nace de la tierra:
es el hombre el que causa la desdicha, as como del fuego salen volando las chispas.
En tu lugar, yo me volvera hacia Dios y pondra mi causa en sus manos;
l hace tantas y tan grandes maravillas, cosas que nadie es capaz de comprender!
l enva la lluvia a la tierra, y con ella riega los campos;
l enaltece a los humildes y da seguridad a los afligidos;
l desbarata los planes del astuto y los hace fracasar.
l atrapa al astuto en su propia astucia, y hace que fracasen sus planes malvados:
a plena luz del da andan ellos a tientas, envueltos en tinieblas, como si fuera de noche!
Dios salva al pobre y oprimido del poder de los malvados;
l es la esperanza de los dbiles, l les tapa la boca a los malvados!
Feliz el hombre a quien Dios reprende; no rechaces la reprensin del Todopoderoso.
Si l hace una herida, tambin la vendar; si con su mano da el golpe, tambin da el alivio.
Una y otra vez te librar del peligro, y no dejar que el mal llegue a ti.
En tiempo de hambre te librar de la muerte, y en tiempo de guerra te salvar de la espada.
Te proteger de las malas lenguas, y no habrs de temer cuando llegue el desastre.
Te reirs de hambres y calamidades, y no tendrs miedo a los animales salvajes.
Las piedras no estorbarn en tus campos, y las fieras sern tus amigas.
En tu casa tendrs prosperidad, y al revisar tu ganado lo encontrars completo.
Tendrs tanta descendencia como hierba hay en el campo.
Llegars a la vejez en pleno vigor, como un manojo de espigas maduras.
La experiencia nos ensea que esto es as; escucha esto, y comprubalo t mismo.
Job tom la palabra y dijo:
Si todas mis penas y desgracias pudieran pesarse en una balanza,
pesaran ms que la arena del mar. Por eso he hablado con pasin.
El Todopoderoso ha clavado en m sus flechas, y el veneno de ellas me corre por el cuerpo. Dios me ha llenado de terror con sus ataques.
Acaso rebuzna el asno, si tiene hierba? O brama el toro, si tiene pasto?
Quin come sin sal una cosa desabrida? Qu gusto tiene una cosa sin sabor?
Pues lo que jams quise comer es ahora mi alimento.
Ojal Dios me conceda lo que le pido; ojal me cumpla lo que deseo!
Ojal Dios se decida por fin a aplastarme y acabar con mi vida!
A pesar de la violencia del dolor, eso sera un gran consuelo para m, pues siempre he respetado las leyes del Dios santo.
Ya no me quedan fuerzas para resistir, ni razn alguna para seguir viviendo.
No tengo la dureza de la roca, ni la consistencia del bronce.
No puedo valerme por m mismo, ni cuento con ningn apoyo.
Al amigo que sufre se le ama, aun cuando no haya sido fiel al Todopoderoso.
Pero ustedes, mis amigos, me han fallado, como arroyos que se quedan secos.
El agua baja turbia, revuelta con el hielo y la nieve;
pero pasa el deshielo y se secan los arroyos, viene el calor y se acaba el agua.
Hacen que las caravanas se desven de su camino, y que avancen por el desierto y mueran.
Las caravanas de Tem y de Sab buscan llenas de esperanza esos arroyos,
pero al llegar se ven decepcionadas, queda frustrada su esperanza.
As son ustedes para m: ven mi horrible situacin, y sienten miedo.
Pero yo no les he pedido nada, ni que den dinero por salvarme,
ni que me libren de un enemigo, ni que me rescaten de las manos de los bandidos.
Denme lecciones, y guardar silencio: mustrenme el error que he cometido.
Nadie puede rechazar un argumento correcto; pero ustedes me acusaron sin razn.
Ustedes me critican por mis palabras, palabras locas que se lleva el viento.
Capaces son de jugarse la vida de un hurfano y de vender aun a su propio amigo!
Mrenme ahora cara a cara; dganme si miento.
Retiren lo dicho, no sean injustos; reconozcan que tengo razn.
Acaso creen que soy un mentiroso que no se da cuenta de lo que dice?
La vida del hombre aqu en la tierra es la de un soldado que cumple su servicio,
la de un esclavo que suspira por la sombra, la de un pen que espera con ansias su salario.
Me ha tocado vivir meses enteros de desengao, noche tras noche de sufrimiento.
Me acuesto y la noche se me hace interminable; me canso de dar vueltas hasta el alba, y pienso: Cundo me levantar?
Tengo el cuerpo lleno de gusanos y de costras, y me supuran las heridas de la piel.
Mis das se acercan a su fin, sin esperanza, con la rapidez de una lanzadera de telar.
Recuerda, oh Dios, que mi vida es como un suspiro, y que nunca ms tendr felicidad.
Nadie podr volver a verme; pondrs en m tus ojos, y dejar de existir.
Como nube que pasa y se deshace, as es el que baja al sepulcro:
jams regresa de all, sus familiares no vuelven a verlo.
Por eso no puedo quedarme callado. En mi dolor y mi amargura voy a dar rienda suelta a mis quejas.
Soy acaso un monstruo del mar para que as me vigiles?
Cuando pienso que en la cama encontrar descanso y que el sueo aliviar mi pena,
me llenas de terror en mis sueos; me espantas con pesadillas!
Sera mejor que me estrangularas; prefiero la muerte a esta vida.
No puedo ms. No quiero seguir viviendo. Djame en paz, que mi vida es como un suspiro.
Qu es el hombre, que le das tanta importancia? Por qu te preocupas por l?
Por qu lo vigilas da tras da, y lo pones a prueba a cada instante?
Por qu no apartas tu vista de m, y me dejas siquiera tragar saliva?
Si peco, qu perjuicio te causo, vigilante de los hombres? Por qu me tomas por blanco de tus flechas? Acaso soy una carga para ti?
No puedes perdonarme mi pecado? No puedes perdonar el mal que he cometido? Pronto estar tendido en el polvo: me buscars, y ya no existir.
Bildad de Sah tom la palabra y dijo:
Hasta cundo vas a seguir hablando as, hablando como un viento huracanado?
Dios, el Todopoderoso, nunca tuerce la justicia ni el derecho.
Seguramente tus hijos pecaron contra Dios, y l les dio el castigo merecido.
Busca a Dios, al Todopoderoso, y pdele que tenga compasin de ti.
Si t actas con pureza y rectitud, l velar por ti, y te dar el hogar que justamente mereces.
La riqueza que tenas no ser nada comparada con lo que tendrs despus.
Consulta a las generaciones pasadas, aprende de la experiencia de los antiguos.
Nosotros somos apenas de ayer, y nada sabemos; nuestros das en esta tierra pasan como una sombra.
Pero los antiguos podrn hablarte y ensearte muchas cosas.
El junco y el papiro crecen solo donde abunda el agua;
sin embargo, estando an verdes y sin cortar, se secan antes que otras hierbas.
Lo mismo pasa con los malvados, con los que se olvidan de Dios: sus esperanzas quedan frustradas.
Su confianza y su seguridad son como el hilo de una telaraa.
Querrn agarrarse al hilo, y no resistir; o apoyarse en la telaraa, y no los soportar.
Los malvados son como verdes hierbas al sol, que se extienden por todo el jardn;
enredan sus races entre las rocas y se adhieren a las piedras,
pero si alguien las arranca de su sitio nadie podr saber que estuvieron all.
As termina su prosperidad, y en su lugar brotan otras hierbas.
Dios no abandona al hombre intachable, ni brinda su apoyo a los malvados.
l har que vuelvas a rer y que grites de alegra;
en cambio, tus enemigos se cubrirn de vergenza y la casa de los malvados ser destruida.
Job tom la palabra y dijo:
Yo s muy bien que esto es as, y que ante Dios el hombre no puede alegar inocencia.
Si alguno quisiera discutir con l, de mil argumentos no podra rebatirle uno solo.
Dios es grande en poder y sabidura, quin podr hacerle frente y salir bien librado?
Dios, en su furor, remueve las montaas; las derrumba, y nadie se da cuenta.
l hace que la tierra se sacuda y que sus bases se estremezcan.
l ordena al sol que no salga, y a las estrellas, que no brillen.
Sin ayuda de nadie extendi el cielo y aplast al monstruo del mar.
l cre las constelaciones: la Osa Mayor, el Orin y las Plyades, y el grupo de estrellas del sur.
l hace tantas y tan grandes maravillas, cosas que nadie es capaz de comprender!
Si Dios pasa junto a m, no lo podr ver; pasar y no me dar cuenta.
Si de algo se aduea, quin podr reclamrselo? Quin podr pedirle cuentas de lo que hace?
Si Dios se enoja, no se calma fcilmente; a sus pies quedan humillados los aliados de Rahab.
Cmo, pues, encontrar palabras para contradecir a Dios?
Por muy inocente que yo sea, no puedo responderle; l es mi juez, y solo puedo pedirle compasin.
Si yo lo llamara a juicio, y l se presentara, no creo que hiciera caso a mis palabras.
Hara que me azotara una tempestad, y aumentara mis heridas sin motivo;
me llenara de amargura y no me dejara tomar aliento.
Acudir a la fuerza? l es ms poderoso. Citarlo a juicio? Y quin lo har presentarse?
Por ms recto e intachable que yo fuera, l me declarara culpable y malo.
Yo soy inocente, pero poco importa; ya estoy cansado de vivir.
Todo es lo mismo. Y esto es lo que pienso: que l destruye lo mismo a culpables que a inocentes.
Si en un desastre muere gente inocente, Dios se re de su desesperacin.
Deja el mundo en manos de los malvados y a los jueces les venda los ojos. Y si no ha sido Dios, quin, entonces?
Mis das huyen en veloz carrera, sin haber visto la felicidad.
Se van como barcos ligeros, como guila que se lanza tras la presa.
Si trato de olvidar mis penas y de parecer alegre,
todo mi dolor vuelve a asustarme, pues s que Dios no me cree inocente.
Y si l me tiene por culpable, de nada sirve que yo me esfuerce.
Aunque me lave las manos con jabn y me las frote con leja,
Dios me hundir en el fango, y hasta mi ropa sentir asco de m.
Yo no puedo encararme con Dios como con otro hombre, ni decirle que vayamos los dos a un tribunal.
Ojal entre nosotros hubiera un juez que tuviera autoridad sobre los dos,
que impidiera que Dios me siga castigando y me siga llenando de terror!
Entonces yo hablara sin tenerle miedo, pues no creo haberle faltado.
Ya estoy cansado de vivir! Voy a desahogarme con mis quejas, voy a dar rienda suelta a mi amargura.
Oh Dios, no me declares culpable! Dime de qu me acusas!
Siendo as que t mismo me creaste, te parece bien maltratarme y despreciarme, y mostrarte favorable a los planes de los malos?
Acaso ves las cosas como las ven los hombres?
Acaso es tu vida tan corta como la de un mortal?
Entonces, por qu andas buscndome faltas y pecados,
aun cuando sabes que yo no soy culpable y que nadie me puede salvar de tu poder?
T me formaste con tus propias manos, y ahora me quieres destruir!
Recuerda que me hiciste de barro: vas ahora a convertirme otra vez en polvo?
Hiciste que mi cuerpo se formara como se forma el queso al cuajarse la leche;
me revestiste de carne y de piel, entrelazaste mis huesos y tendones;
me diste vida, me brindaste amor, y con tus cuidados me has mantenido con vida.
Pero ahora veo que all en tu corazn tenas una intencin secreta:
me estabas observando para ver si yo pecaba, y as poder condenarme por mi falta.
Si soy culpable, estoy perdido; si soy inocente, de poco puedo alegrarme, pues me tienes humillado y afligido.
Si me muestro arrogante, t, como un len, me persigues y hasta haces milagros para destruirme.
Nunca te faltan testigos contra m; tu ira contra m va en aumento; como un ejrcito, me atacas sin cesar!
Por qu me dejaste nacer? Deb morir antes que nadie pudiera verme.
Habra pasado del seno de mi madre a la tumba; sera como si nunca hubiera existido.
Ya que mi vida es corta, djame en paz! Djame tener un poco de alegra
antes de irme al viaje sin regreso, al pas de la oscuridad y las tinieblas,
al pas de las sombras y la confusin, donde la luz misma es igual a las tinieblas.
Sofar de Naamat tom la palabra y dijo:
Toda esa palabrera merece una respuesta, pues no por hablar mucho se tiene la razn.
Crees que con tu verborrea nos vas a hacer callar, y que nadie es capaz de responder a tus burlas?
T dices que tu doctrina es recta, y t mismo te consideras puro.
Ojal Dios hablara para responderte!
l te enseara los secretos de la sabidura, que son muy difciles de entender. As veras que Dios no te ha castigado tanto como mereces.
Crees que puedes penetrar en los misterios de Dios y llegar hasta lo ms profundo de su ser?
Qu puedes hacer, si son ms altos que el cielo? Qu sabes t, si son ms profundos que el abismo?
Son ms grandes que la tierra y ms anchos que el mar.
Si Dios viene, y arresta y llama a juicio, quin habr que se lo impida?
l sabe quin es mentiroso; l ve la maldad, o crees que no se da cuenta?
El da que el asno salvaje deje de serlo, ese da el necio entrar en razn.
Decdete a actuar con rectitud, y dirige tus splicas a Dios.
Si ests cargado de pecado, aljalo de ti; no des lugar en tu casa a la maldad.
As podrs alzar limpia la frente, y estars tranquilo y sin temor;
echars en el olvido tus sufrimientos; los olvidars como al agua que pasa.
Tu vida brillar ms que el sol a medioda; tus horas ms oscuras sern como el amanecer.
Tendrs esperanza y podrs vivir confiado; bajo el cuidado de Dios dormirs tranquilo.
Nada te asustar cuando descanses. Muchos vendrn a buscar tu favor.
Los malos, en cambio, buscarn ayuda en vano; no encontrarn lugar donde refugiarse, y la muerte ser su nica esperanza.
Job tom la palabra y dijo:
No hay duda de que ustedes son la voz del pueblo, y de que cuando mueran no habr ms sabidura!
Pero tambin yo tengo entendimiento, y en nada soy inferior a ustedes. Quin no sabe todo esto?
Aunque soy inocente e intachable, y en otro tiempo Dios oa mis splicas, mis amigos se ren de m.
El que est seguro desprecia al infeliz; no le importa empujar al que est a punto de caer.
Los bandidos tienen paz en sus hogares; los que ofenden a Dios viven tranquilos, pensando que lo tienen en un puo.
Pregunta a las bestias o a las aves: ellas te pueden ensear.
Tambin a la tierra y a los peces del mar puedes pedirles que te instruyan.
Hay alguien todava que no sepa que Dios lo hizo todo con su mano?
En su mano est la vida de todo ser viviente.
El odo distingue las palabras, igual que el paladar reconoce los sabores.
Los ancianos tienen sabidura; la edad les ha dado entendimiento.
Pero Dios es sabio y poderoso; l hace planes, y los lleva a cabo.
Lo que Dios destruye, nadie lo puede reconstruir; al que Dios encierra, nadie lo puede libertar.
Si l retiene la lluvia, todo se seca; si le da salida, se inunda la tierra.
Su poder le da siempre la victoria. Sujetos a l estn el engaado y el que engaa.
l hace que los sabios pierdan su inteligencia y que los jueces se vuelvan locos.
Deja sin autoridad a los reyes y los hace ir cautivos y desnudos.
Quita a los sacerdotes de su oficio y derroca a los que estn en el poder.
A los consejeros de confianza deja sin palabra y quita el buen juicio a los ancianos.
Hace que los seores queden sin honra y que los fuertes pierdan su fuerza.
Da a conocer los secretos ms ocultos y saca a la luz las cosas ms oscuras.
l engrandece y destruye a las naciones, las dispersa y las rene.
Quita la inteligencia a los jefes de un pas y los hace perderse en un desierto sin camino,
donde andan a tientas en la oscuridad, tambalendose como borrachos.
Todo esto lo he visto con mis propios ojos, lo he escuchado con mis propios odos.
Lo que ustedes saben, tambin yo lo s; en nada soy inferior a ustedes.
Pero prefiero hablar con Dios, prefiero discutir con el Todopoderoso.
Ustedes cubren la verdad con sus mentiras; son mdicos que a nadie curan.
Si al menos guardaran ustedes silencio, podran pasar por personas sabias!
Escuchen, por favor, con atencin, mientras yo expongo mis razones.
Creen acaso que defienden a Dios con sus mentiras, y que le hacen un servicio con palabras engaosas?
Ustedes se han puesto de su parte y quieren defender su causa,
pero, qu pasar si Dios los examina? Podrn ustedes engaarlo como a un hombre?
Si con disimulo se ponen de su parte, l los reprender duramente.
La grandeza de Dios los llenar de espanto y de terror.
Sus anticuados argumentos son puro polvo; es como querer defenderse con murallas de barro.
Y ahora, cllense, que voy a hablar, pseme lo que me pase!
Voy a arriesgar mi vida, voy a jugarme el todo por el todo.
Aunque l me mate, me mantendr firme, con tal de presentarle mi defensa cara a cara.
Quiz en eso est mi salvacin, pues un malvado no entrara hasta su presencia.
Escuchen, pues, con atencin la exposicin que voy a hacerles.
Voy a presentar mi defensa, y s que tengo la razn.
Si alguien tiene de qu acusarme, yo guardar silencio y morir.
Concdeme solo dos cosas, oh Dios, y no me esconder de ti:
Deja ya de castigarme y no me hagas sentir tanto miedo.
Llmame, y yo te responder; o yo hablar primero, y t me responders.
Dime, cules son mis pecados y delitos? Cules son mis crmenes?
Por qu te escondes de m? Por qu me tratas como a un enemigo?
Soy como una hoja al viento, por qu quieres destruirme? No soy ms que paja seca, por qu me persigues?
Traes amargas acusaciones contra m; me pides cuentas de las faltas de mi juventud.
Me pones cadenas en los pies, vigilas todos mis pasos y examinas todas mis pisadas.
Me voy deshaciendo, como algo podrido, como ropa que se come la polilla.
El hombre, nacido de mujer, tiene una vida corta y llena de zozobras.
Es como una flor que se abre y luego se marchita; pasa y desaparece como una sombra.
Y en este hombre has puesto los ojos, y contra l quieres entablar un juicio?
No hay nadie que pueda sacar pureza de la impureza.
Si t eres quien determina cunto ha de vivir el hombre, y le pones un lmite que no puede pasar,
aparta de l tus ojos y djalo en paz; djalo disfrutar de su vida de asalariado!
Cuando se corta un rbol, queda an la esperanza de que retoe y de que jams le falten renuevos.
Aunque ya est vieja la raz y el tronco se est pudriendo en el suelo,
al sentir la frescura del agua, reverdecer; echar ramas como una planta tierna.
En cambio, el hombre muere sin remedio; y al morir, a dnde va?
El agua del mar podr evaporarse, y los ros quedarse secos;
pero mientras el cielo exista, el hombre no se levantar de su tumba, no despertar de su sueo.
Ojal me escondieras en el reino de la muerte mientras pasa tu ira, y fijaras un plazo para acordarte de m!
Si un hombre muere, volver a vivir? Yo esperara todo el tiempo que durara mi servicio hasta que viniera el alivio de mis penas.
T me llamaras, y yo te respondera; me miraras con afecto, pues eres mi creador.
Si ahora vigilas cada uno de mis pasos, entonces no te fijaras en mis pecados;
echaras mis faltas al olvido y me limpiaras de mis delitos.
Aun las montaas acaban por derrumbarse, y los peascos por cambiar de sitio.
As como el agua desgasta la piedra y las lluvias arrastran el polvo del suelo, as destruyes t la esperanza del hombre.
Lo derrotas para siempre, lo echas de su tierra, y l se va desfigurado.
Si sus hijos alcanzan honores, l no se entera; si caen en desgracia, l no se da cuenta;
solo siente los dolores de su propio cuerpo, el sufrimiento de su propio ser.
Elifaz de Temn tom la palabra y dijo:
El que es sabio no responde con palabras huecas ni se hincha con razones que solo son viento;
no habla solo por hablar ni usa argumentos sin valor.
Pero t acabas con la reverencia a Dios: destruyes la devocin sincera!
Tu mala conciencia hace que hables as y que uses palabras engaosas.
No hace falta que yo te acuse, pues tu propia boca te condena.
Piensas que antes de ti no hubo ningn hombre, y que ni siquiera existan las montaas?
Acaso te crees el consejero privado de Dios, o el nico sabio del mundo?
Qu sabes t que nosotros no sepamos? Qu conoces t que nosotros ignoremos?
Nosotros somos gente ya madura, con ms experiencia que tu propio padre!
No te basta con que Dios mismo te consuele y con que te hablemos suavemente?
Por qu te dejas llevar de la pasin y echas chispas por los ojos?
Por qu te enfureces contra Dios y das rienda suelta a tus protestas?
No hay hombre que sea puro ni que est libre de culpa.
Si ni aun los ngeles merecen toda su confianza, si ni siquiera el cielo es puro a sus ojos,
mucho menos el hombre, corrompido y despreciable, que hace el mal como quien bebe agua!
Escchame, pues te voy a decir algo que s por experiencia,
algo que los sabios nos ensean. Ellos lo aprendieron de sus antepasados,
a quienes fue dada la tierra y entre quienes no hubo mezcla de extranjeros.
La vida del hombre malvado y violento es corta y llena de tormentos.
Oye ruidos que lo asustan; cuando ms seguro est, lo asaltan los ladrones.
No tiene esperanza de escapar de la oscuridad: un pual est en espera de matarlo!
Su cadver servir de alimento a los buitres; l sabe que su ruina es inevitable.
La oscuridad lo llenar de terror, y lo asaltarn la angustia y la desgracia, como cuando un rey ataca en la batalla.
Esto le pasa al que levanta su mano contra Dios, al que se atreve a desafiar al Todopoderoso,
al que, protegido con un escudo, se lanza en forma insolente contra Dios.
Llenos de grasa tiene la cara y los costados.
Las ciudades donde viva quedarn en ruinas; las casas quedarn abandonadas y convertidas en un montn de escombros.
No ser rico por mucho tiempo, ni se extendern sus posesiones en la tierra.
No podr escapar de las tinieblas. Ser como una planta cuyos retoos quema el fuego o cuyas flores arranca el viento.
Que no confe tontamente en el engao, pues no lograr ms que ser engaado.
Antes de tiempo se marchitarn sus ramas y no volvern a reverdecer.
Ser como una vid cuyas uvas no maduran, como un olivo cuyas flores se caen.
Los impos no tendrn descendencia, y sus casas, enriquecidas con soborno, ardern en el fuego.
Estn preados de maldad y dan a luz desdicha; el fruto que producen es el engao.
Job tom la palabra y dijo:
Ya he odo muchas veces cosas parecidas. Ustedes, en vez de consolarme, me atormentan.
Es que no hay fin para las palabras huecas? Qu mana es esa de contradecirme?
Si ustedes estuvieran ahora en mi lugar, tambin yo hablara como ustedes; movera burlonamente la cabeza y les lanzara un torrente de palabras,
palabras amables y consoladoras, para darles nimo y valor.
Pero ni el hablar calma mi dolor, ni el callar me trae alivio.
Dios ha acabado con mis fuerzas; me ha quitado todos mis amigos
y me ha puesto en prisin. Ha levantado testimonios contra m; contra m ha presentado acusaciones falsas.
El Seor me persigue y me desgarra, me amenaza como una fiera, me clava los ojos cual si fuera mi enemigo.
La gente se amontona contra m, me hace muecas y me da de bofetadas para humillarme.
Dios me ha puesto en manos de gente malvada y criminal.
Yo estaba en paz, y l me agarr del cuello; me estruj, me hizo pedazos. Me convirti en el blanco de sus flechas.
De todos lados me dispara; atraviesa mi cuerpo sin ninguna compasin, y se esparcen mis entraas por el suelo.
Me abre herida tras herida, se lanza contra m como un guerrero.
Lleno de tristeza, me puse speras ropas y hund en el polvo mi cabeza.
La cara se me ha hinchado de llorar; se me ha nublado la vista,
a pesar de que nunca hice violencia a nadie y de que ha sido pura mi oracin.
Este crimen contra m, clama justicia; tierra, no sepultes mi clamor!
Alguien debe de haber en el cielo que declare en mi favor,
que interprete ante Dios mis pensamientos, para que l vea mis lgrimas;
alguien que hable ante Dios en mi favor, como se habla ante un hombre en favor de otro.
Los pocos aos que me quedan van pasando, y pronto emprender el viaje sin regreso.
Me estoy quedando sin aliento; mi vida va acercndose a su fin; me est esperando la tumba.
Junto a m no hay ms que gente burlona; da y noche veo sus provocaciones.
Pero t, Seor, puedes responder por m; quin sino t puede hacerlo?
T, que les has entorpecido el entendimiento, no dejes que me venzan.
Sufrirn hambre los hijos de quienes, por una recompensa, traicionan a sus amigos.
T has hecho que todos hablen mal de m y que me escupan en la cara.
Los ojos se me nublan de dolor; mi cuerpo es apenas una sombra.
Al ver esto, los buenos se quedan asombrados; se enojan y me tienen por impo.
Insisten en que ellos son justos, en que tienen limpias las manos.
Pero vengan aqu, todos ustedes, y no encontrar entre ustedes un solo sabio.
Van pasando los das de mi vida, y mis planes y deseos se ven frustrados.
Pero ustedes convierten la noche en da; a pesar de la oscuridad, dicen que la luz se acerca!
Lo nico que puedo esperar es la muerte, y tenderme a dormir en las tinieblas.
Mi padre, mi madre, mis hermanos, son los gusanos y el sepulcro!
Dnde ha quedado mi esperanza? Dnde est mi bienestar?
Bajarn conmigo al reino de la muerte, para que juntos reposemos en el polvo?
Bildad de Sah tom la palabra y dijo:
Cundo va a dejar de hablar esta gente? Si fuera razonable, podramos hablar.
Por qu se nos trata como animales y se nos considera estpidos?
Crees t que por desgarrarte rabiosamente va a quedar desierta la tierra o las rocas van a cambiar de lugar?
Al malvado se le apagar la luz, y su fuego no volver a dar llama.
Su lmpara se apagar; en su casa no brillar la luz.
Su paso firme perder fuerza, y quedar atrapado en su propia trampa.
Se pondr una red a su paso, y en esa red quedar atrapado.
Se tender un lazo a sus pies, y alrededor del tobillo se le cerrar el nudo.
La trampa estar oculta en el camino para atraparle cuando pase.
Por todas partes se siente amenazado; se siente perseguido a cada paso.
Sus fuerzas se acaban por el hambre; la desgracia est lista a caerle encima.
La enfermedad, hija preferida de la muerte, le devora la carne poco a poco.
Arrancado es tambin de la paz de su hogar y llevado a rastras ante el rey del terror.
Se prende fuego a su casa; sus posesiones son rociadas con azufre.
Es como un rbol de races secas y ramas marchitas.
Su recuerdo se borrar de la tierra y no se volver a pronunciar su nombre.
Lo arrojarn de la luz a las tinieblas; lo expulsarn de este mundo.
No tendr descendientes en su pueblo; nadie en su casa quedar con vida.
Cuando sepan su destino, en oriente y occidente quedarn espantados, llenos de terror.
En eso acaba la vida del malvado, del hombre que desprecia a Dios.
Job tom la palabra y dijo:
Hasta cundo van a atormentarme y herirme con sus palabras?
Una y otra vez me insultan; no se avergenzan de tratarme as?
Aun cuando yo fuera culpable, mi culpa solo a m me afectara.
Ustedes se creen mejores que yo, y me echan en cara mi desgracia.
Pues sepan bien que Dios me ha derribado, que es l quien me ha hecho caer en la trampa.
Yo grito: "Me matan!", y nadie responde; pido ayuda, y nadie me hace justicia.
Dios me ha cerrado el camino para que yo no pase; ha envuelto mis caminos en oscuridad.
Me ha despojado de mis riquezas; me ha quitado mi corona.
Me ha dejado en la ms completa ruina; ha dejado sin races mi esperanza!
Descarg su ira contra m y me trat como a un enemigo.
Todas sus tropas se lanzaron contra m; acamparon alrededor de mi casa y prepararon el ataque.
Dios ha hecho que mis hermanos y amigos se alejen de m y me traten como a un extrao.
Mis parientes y amigos me han abandonado; los que vivan en mi casa me han olvidado.
Mis criadas me tienen por un extrao; ya no me reconocen.
Si llamo a un criado, no contesta, por ms que se lo ruegue.
Si me acerco a mi esposa, me rechaza; a mis propios hijos les repugno.
Aun los nios me desprecian; apenas me levanto, hablan mal de m.
Mis ms ntimos amigos me aborrecen; los que ms estimo se han vuelto contra m.
La piel se me pega a los huesos, y a duras penas logro seguir con vida.
Tengan compasin de m, ustedes mis amigos, porque Dios ha dejado caer su mano sobre m.
Por qu me persiguen ustedes como Dios? No me han mordido ya bastante?
Ojal alguien escribiera mis palabras y las dejara grabadas en metal!
Ojal alguien con un cincel de hierro las grabara en plomo o en piedra para siempre!
Yo s que mi defensor vive, y que l ser mi abogado aqu en la tierra.
Y aunque la piel se me caiga a pedazos, yo, en persona, ver a Dios.
Con mis propios ojos he de verlo, yo mismo y no un extrao. Las fuerzas me fallaron
al or que ustedes decan: "Cmo podremos perseguirlo? La raz de sus males est en l mismo."
Pero tengan miedo a la espada, la espada con que Dios castiga el mal. Sepan que hay uno que juzga.
Sofar de Naamat tom la palabra y dijo:
T me pones inquieto e impaciente; por eso quiero contestarte.
Con tus reproches me insultas, pero yo s cmo responderte.
T sabes que siempre ha sido as desde que el hombre existe sobre la tierra:
la alegra del malvado dura poco; su gozo es solo por un momento.
Aunque sea tan alto como el cielo y su cabeza llegue hasta las nubes,
acabar como el estircol y sus amigos no sabrn su paradero.
Desaparecer como un sueo, como una visin nocturna, y nadie podr encontrarlo.
Los que vivan con l y lo vean, no lo volvern a ver.
Sus hijos tendrn que devolver a los pobres lo que l haba robado.
En pleno vigor y juventud bajar a la tumba.
El mal le parece tan delicioso que lo saborea con la lengua;
retiene su sabor en la boca y lo paladea lentamente.
Pero luego, en el estmago, se le convierte en veneno de serpiente.
Vomita las riquezas que haba devorado; Dios se las saca del estmago.
Estaba chupando veneno de serpiente, y ese veneno lo matar.
No podr disfrutar de la abundancia de la leche y la miel, que corren como ros.
Todo lo que haba ganado, tendr que devolverlo; no podr aprovecharlo ni gozar de sus riquezas.
Explot y abandon a los pobres; se adue de casas que no haba construido.
Nunca quedaba satisfecho su apetito, ni nada se libraba de su ambicin;
nada escapaba a su voracidad. Por eso no podr durar su dicha.
Cuanta ms abundancia tenga, ms infeliz ser; sobre l caer la mano de los malvados.
Cuando trate de llenar su estmago, Dios descargar su ira sobre l: har llover sobre l su enojo.
Si escapa de un arma de hierro, lo alcanzarn con un arco de bronce.
La flecha le atravesar el cuerpo, y la punta le saldr por el hgado. Se llenar de terror;
total oscuridad lo envolver. Un fuego que no har falta avivar acabar con l y con toda su casa.
El cielo pondr al descubierto su pecado, y la tierra se levantar para acusarlo.
Cuando la ira de Dios se desborde sobre l, se perdern todas sus riquezas.
Esto es lo que Dios ha destinado para el malo; esta es la suerte que le tiene preparada.
Job tom la palabra y dijo:
El mejor consuelo que ustedes pueden darme es escuchar mis palabras.
Tengan paciencia mientras hablo, y despus, ranse si quieren.
Mi pleito no es con ningn hombre; por eso estoy tan impaciente.
Si me ponen atencin, se quedarn mudos de miedo.
Si yo mismo pienso en ello, me espanto; mi cuerpo se estremece.
Por qu siguen con vida los malvados, y llegan a viejos, llenos de poder?
Ven crecer a sus hijos y a sus nietos, que a su lado gozan de seguridad.
Nada amenaza la paz de sus hogares; Dios no los castiga.
Su ganado es siempre fecundo; las cras nunca se malogran.
Sus hijos corretean y juegan como corderitos,
y alegres bailan y saltan al son del arpa, los tambores y las flautas.
Terminan su vida en la prosperidad; bajan tranquilos a la tumba.
A Dios le dicen: "Djanos en paz, no queremos conocer tus leyes!
Quin es el Todopoderoso, para que le sirvamos? Qu ganamos con orar ante l?"
(Pero los malvados no son dueos de su bienestar. Lejos de m pensar como ellos!)
Cundo se ha apagado la luz de los malvados? Cundo han cado en la desgracia? Cundo se ha enojado Dios con ellos y los ha hecho sufrir?
Cundo han sido dispersados como paja que arrastra el viento en sus torbellinos?
Se dice que Dios hace pagar a los hijos por las faltas de sus padres. Pero es el propio malvado quien debe pagar y escarmentar.
l debe recibir el castigo de la ira del Todopoderoso.
Qu le importa lo que pueda pasarle a su familia una vez que l haya muerto?
(Pero, quin puede dar lecciones a Dios, que juzga aun a los habitantes del cielo?)
Hay quienes llegan a la muerte llenos de vigor, felices y tranquilos,
llenos de prosperidad y de salud.
Otros, en cambio, viven amargados y mueren sin haber probado la felicidad.
Sin embargo, todos en la tumba son iguales; a unos y a otros se los comen los gusanos.
Yo s lo que ustedes piensan de m y las ideas perversas que tienen.
Se preguntan: "Dnde ha quedado la casa de aquel malvado tirano?"
No han hablado ustedes con la gente que viaja? No han odo las cosas que ellos cuentan:
que cuando Dios se enoja, manda una desgracia y al malvado no le pasa nada?
Nadie le echa en cara su conducta, nadie le da su merecido.
Y cuando al fin lo llevan a enterrar, todos en cortejo lo acompaan, unos delante y otros detrs,
y hacen guardia en el sepulcro, y hasta la tierra es suave para l.
Es absurdo que ustedes quieran consolarme! Es mentira todo lo que dicen!
Elifaz de Temn tom la palabra y dijo:
Crees t que el hombre, por muy sabio que sea, puede serle a Dios de alguna utilidad?
Qu inters o beneficio obtiene el Todopoderoso de que t seas recto e intachable?
Si l te corrige y te llama a juicio, no es porque t le sirvas con fidelidad,
sino porque tu maldad es mucha y tus pecados no tienen lmite.
T, sin necesitarlo, exigas prenda a tus hermanos; les quitabas su ropa y los dejabas desnudos.
A quien tena sed, no le dabas agua; a quien tena hambre, no le dabas de comer.
Como eras poderoso y respetable, te creas el dueo de la tierra!
Dejabas ir a las viudas con las manos vacas, y maltratabas a los hurfanos.
Por eso ahora el peligro te rodea y te sientes de pronto lleno de terror.
Todo es oscuridad, no puedes ver nada; un torrente de agua te inunda.
Dios est en lo ms alto del cielo; las estrellas ms altas quedan a sus pies.
Cmo puedes decir que Dios no se da cuenta, que las densas nubes le impiden juzgar?
Cmo puedes decir que Dios no ve porque anda paseando de un lado a otro del cielo?
Piensas seguir por el camino oscuro que han seguido los malvados?
Ellos murieron muy pronto como arrebatados por un ro crecido.
Decan a Dios: "Djanos en paz! Qu puede hacer el Todopoderoso por nosotros?"
(Y sin embargo, l fue quien llen sus casas de bienes. Lejos de m pensar como los malos!)
Los justos ven esto y se alegran; los inocentes se ren
al ver que las riquezas de los malos acaban devoradas por el fuego.
Ponte de nuevo en paz con Dios, y volvers a tener prosperidad.
Deja que l te instruya, grbate en la mente sus palabras.
Si te humillas, y te vuelves al Todopoderoso, y alejas el mal de tu casa,
y si miras aun el oro ms precioso como si fuera polvo, como piedras del arroyo,
el Todopoderoso ser entonces tu oro y tu plata en abundancia.
l ser tu alegra, y podrs mirarlo con confianza.
Si le pides algo, l te escuchar, y t cumplirs las promesas que le hagas.
Tendrs xito en todo lo que emprendas; la luz brillar en tu camino.
Porque Dios humilla al orgulloso y salva al humilde.
l te librar, si eres inocente, si ests limpio de pecado.
Job tom la palabra y dijo:
Una vez ms mis quejas son amargas porque Dios ha descargado su mano sobre m.
Ojal supiera yo dnde encontrarlo, y cmo llegar a donde vive!
Presentara ante l mi caso, pues me sobran argumentos.
Ya sabra cmo responder a lo que l me contestara!
Pero l no usara la fuerza como argumento, sino que me escuchara
y reconocera que tengo la razn; me declarara inocente, me dejara libre para siempre!
Pero busco a Dios en el oriente, y no est all; lo busco en el occidente, y no lo encuentro.
Me dirijo al norte, y no lo veo; me vuelvo al sur, y no lo percibo.
l conoce cada uno de mis pasos; puesto a prueba, saldr puro como el oro.
Yo siempre he seguido sin desviarme el camino que l me ha sealado.
Siempre he cumplido sus leyes y mandatos, y no mi propia voluntad.
Cuando l decide realizar algo, lo realiza; nada le hace cambiar de parecer.
Lo que l ha dispuesto hacer conmigo, eso har, junto con otras cosas semejantes.
Por eso le tengo miedo; solo el pensarlo me llena de terror.
Dios, el Todopoderoso, me tiene acobardado.
Ojal la noche me hiciera desaparecer y me envolviera la oscuridad!
Por qu el Todopoderoso no seala fechas para actuar, de modo que sus amigos puedan verlas?
Los malvados cambian los linderos de los campos, roban ovejas para aumentar sus rebaos,
despojan de sus animales a los hurfanos y las viudas.
Apartan a los pobres del camino, y la gente humilde tiene que esconderse.
Los pobres, como asnos salvajes del desierto, salen a buscar con trabajo su comida, y del desierto sacan alimento para sus hijos.
Van a recoger espigas en campos ajenos o a rebuscar en los viedos de los malos.
Pasan la noche sin nada con que cubrirse, sin nada que los proteja del fro.
La lluvia de las montaas los empapa, y se abrazan a las rocas en busca de refugio.
Les quitan a las viudas sus recin nacidos, y a los pobres les exigen prendas.
Los pobres andan casi desnudos, cargando trigo mientras se mueren de hambre.
Mueven las piedras del molino para sacar aceite; pisan las uvas para hacer vino, y mientras tanto se mueren de sed.
Lejos de la ciudad, los que agonizan lloran y lanzan gemidos, pero Dios no escucha su oracin.
Hay algunos que odian la luz, y en todos sus caminos se apartan de ella.
El asesino madruga para matar al pobre, y al anochecer se convierte en ladrn.
El adltero espera a que oscurezca, y se tapa bien la cara, pensando: "As nadie me ve."
El ladrn se mete de noche en las casas. Todos ellos se encierran de da; son enemigos de la luz.
La luz del da es para ellos densa oscuridad; prefieren los horrores de la noche.
El malvado es arrastrado por el agua. Sus tierras quedan bajo maldicin y nadie vuelve a trabajar en sus viedos.
Con el calor de la sequa, la nieve se derrite; y en el sepulcro, el pecador desaparece.
Su propia madre se olvidar de l; los gusanos se lo comern, y nadie volver a acordarse de l. El malo caer como un rbol cortado.
Con las mujeres sin hijos y con las viudas fue siempre cruel; jams las ayud.
Pero Dios, con su fuerza, derriba a los poderosos; cuando l acta, nadie tiene segura la vida.
Dios los deja vivir confiados, pero vigila cada uno de sus pasos.
Por un momento se levanta el malo, pero pronto deja de existir. Se marchita como hierba arrancada, como espiga que se dobla.
Y si esto no es as, quin podr desmentirme y probar que estoy equivocado?
Bildad de Sah tom la palabra y dijo:
Dios es poderoso y temible; l establece la paz en el cielo.
Sus ejrcitos son incontables, su luz brilla sobre todos.
Podr, pues, un simple hombre ser puro e inocente frente a Dios?
A sus ojos, ni la luna tiene brillo ni son puras las estrellas,
mucho menos el hombre; este gusano miserable!
Job tom la palabra y dijo:
Qu manera de ayudar al dbil, de salvar al que ya no tiene fuerzas!
Qu bien sabes dar consejos e instruir al ignorante!
Con ayuda de quin has dicho esas palabras? Quin te ha inspirado para hablar as?
Los muertos, que habitan el mar profundo, tiemblan de miedo en el fondo del mar.
El sepulcro, reino de la muerte, no encierra misterios para Dios.
Dios extendi el cielo sobre el vaco y colg la tierra sobre la nada.
l encierra el agua en las nubes sin que las nubes revienten con el peso;
oscurece la cara de la luna cubrindola con una nube;
ha puesto el horizonte del mar como lmite entre la luz y las tinieblas.
Cuando Dios amenaza, tiemblan de miedo los montes en que se apoya el cielo.
Con su fuerza domin al mar; con su habilidad derrot al monstruo Rahab.
Con su soplo dej el cielo despejado; con su mano mat a la serpiente escurridiza.
Y esto no es ms que una parte de sus obras; lo que hemos odo es apenas un murmullo. Quin podr entender su trueno poderoso?
Job continu diciendo:
Juro por Dios, por el Todopoderoso, quien se niega a hacerme justicia y me llena de amargura,
que mientras l me d fuerza para respirar,
jams dir mentiras ni pronunciar palabras falsas!
Mientras yo viva, insistir en mi inocencia; no admitir que ustedes tengan razn al acusarme!
No dejar de insistir en mi honradez, pues no tengo nada que reprocharme.
Que todo el que se declare mi enemigo corra la suerte del malvado y del injusto!
Qu esperanza habr para el impo cuando Dios le quite la vida?
Cuando se encuentre en dificultades, Dios no har caso de sus ruegos.
Pues l no encuentra su alegra en el Todopoderoso, ni lo invoca en ningn momento.
Voy a mostrarles el gran poder de Dios, los planes del Todopoderoso.
Y si todos ustedes ya lo han visto, por qu dicen cosas absurdas?
Este es el castigo que Dios, el Todopoderoso, dar a los hombres crueles y malvados:
aunque sus hijos sean muchos, morirn en la guerra o por no encontrar qu comer.
A los que queden con vida, los matar la peste, y sus viudas no los llorarn.
Aunque el malvado amontone plata como tierra, y tenga ropa en grandes cantidades,
ser un hombre honrado el que use esa ropa y algn hombre honrado el que disfrute de esa plata.
La casa del malvado es frgil como un nido, como la choza de quien cuida los campos.
Se acostar rico por ltima vez, y al despertar, ya no tendr nada.
El terror le llegar de da, la tempestad se lo llevar de noche.
El viento huracanado del oriente lo arrancar de su casa;
soplar contra l sin compasin, por ms que trate de escapar.
El viento lo perseguir con estruendos y silbidos.
Hay minas de donde se saca la plata y lugares donde se refina el oro.
El hierro se saca de la tierra, y las piedras, al fundirse, producen el cobre.
El hombre ha puesto fin a las tinieblas: baja a los lugares ms profundos y all, en la oscuridad, busca piedras.
Balancendose suspendidos de una soga, abren minas en lugares solitarios, en lugares por donde nadie pasa, lejos de las ciudades.
La tierra, por encima, produce trigo, y por debajo est revuelta como por fuego.
All se encuentran zafiros, y oro mezclado con tierra.
Ni los halcones ni otras aves de rapia han visto jams esos senderos.
Las fieras no pasan por ellos ni los frecuentan los leones.
El hombre pone la mano en el pedernal y arranca de raz las montaas.
Abre tneles en los peascos y descubre toda clase de tesoros.
Explora los nacimientos de los ros y saca a la luz cosas escondidas.
Pero de dnde viene la sabidura? En qu lugar est la inteligencia?
El hombre no sabe lo que ella vale, ni la encuentra en este mundo.
El ocano dice: "Aqu no est", y el mar: "Yo no la tengo."
No se puede conseguir con oro, ni se puede comprar con plata.
No se puede pagar con el oro ms precioso, ni con joyas de cornalina o de zafiro.
Vale ms que el oro y el cristal; no se puede cambiar por objetos de oro puro.
La sabidura es ms preciosa que el coral, y que el cristal de roca y las perlas.
El crisolito de Etiopa no la iguala, ni se puede pagar con el oro ms fino.
De dnde, pues, viene la sabidura? En qu lugar est la inteligencia?
Est escondida a la vista de las fieras, oculta a las aves del cielo.
Aun la destruccin y la muerte dicen: "Solo de odas hemos sabido de ella."
Pero Dios conoce el camino de la sabidura; solo l sabe dnde encontrarla,
pues l ve hasta el ltimo rincn de la tierra y todo lo que hay debajo del cielo.
Cuando Dios le fij la fuerza al viento y puso un lmite al agua,
cuando estableci las leyes de la lluvia y seal el camino a la tormenta,
tambin vio a la sabidura, vio su justo valor, la examin y le dio su aprobacin.
Y dijo Dios a los hombres: "Servir fielmente al Seor: eso es sabidura; apartarse del mal: eso es inteligencia."
Job continu diciendo:
Ojal pudiera yo volver a aquellos tiempos en que Dios me protega!
Cuando l me iluminaba con su luz y yo poda andar en la oscuridad;
cuando yo estaba en plena madurez y Dios cuidaba de mi hogar;
cuando el Todopoderoso estaba a mi lado y mis hijos me hacan compaa;
cuando la leche corra por el suelo y el aceite brotaba de las rocas;
cuando yo tomaba asiento en el lugar de reunin de la ciudad.
Los jvenes, al verme, se hacan a un lado y los ancianos se ponan de pie.
Aun los hombres importantes dejaban de hablar y hacan seas de guardar silencio.
Los gobernantes bajaban la voz; se les pegaba la lengua al paladar.
La gente, al verme o escucharme, me felicitaba y hablaba bien de m,
pues yo socorra al hurfano y al pobre, gente a la que nadie ayudaba.
El que estaba en la ruina me daba las gracias; mi ayuda era a las viudas motivo de alegra.
La justicia y la honradez eran parte de m mismo: eran mi ropa de todos los das.
Yo era ojos para el ciego y pies para el lisiado,
padre de los necesitados y defensor de los extranjeros!
Yo les rompa la quijada a los malvados y les quitaba la presa de los dientes.
Yo pensaba: "Mis das sern tantos como la arena; morir anciano y en mi propio hogar.
Soy como un rbol plantado junto al agua, cuyas ramas baa el roco de la noche.
Mi esplendor se renovar conmigo, y no me faltarn las fuerzas."
Todos me escuchaban y esperaban en silencio mis consejos.
Despus de hablar yo, ninguno replicaba. Mis palabras caan gota a gota sobre ellos,
y ellos las esperaban ansiosos, como se espera la lluvia en tiempo de calor.
Cuando yo les sonrea, apenas lo crean, y no dejaban de mirar mi rostro alegre.
Yo estableca mi autoridad sobre ellos y decida lo que ellos deban hacer, como un rey al frente de sus tropas. Cuando estaban tristes, yo los consolaba.
Pero ahora se ren de m muchachos ms jvenes que yo, cuyos padres no hubiera yo aceptado para estar con los perros que cuidaban mis rebaos.
De qu me hubiera servido la fuerza de sus brazos? Ellos eran gente desgastada
por el hambre terrible y la necesidad. De noche, en el desierto solitario, tenan que roer races secas;
arrancaban hierbas amargas de los matorrales, y hasta races de retama coman.
Eran gente rechazada por la sociedad, perseguida a gritos como los ladrones;
tenan que vivir en cuevas, en los barrancos y entre los peascos;
aullaban en la maleza, amontonados bajo los matorrales.
Gente intil, hijos de nadie, indignos de vivir en el pas.
Pero ahora ellos se burlan y hacen chistes a costa ma.
Con repugnancia se alejan de m, y hasta me escupen en la cara.
Ahora que estoy desarmado y humillado, no me tienen ningn respeto.
A mi lado se presentan en montn, me hacen caer, me atacan y procuran darme muerte.
Me cierran el camino, para destruirme, y nadie los detiene.
Como por un boquete abierto en la muralla, se lanzan sobre m con gran estruendo.
El terror cay sobre m; mi dignidad huy como el viento; mi prosperidad, como una nube.
Ya no tengo ganas de vivir; la afliccin se ha apoderado de m.
El dolor me penetra hasta los huesos; sin cesar me atormenta por las noches.
Dios me ha agarrado por el cuello, y con fuerza me sacude la ropa.
Me ha arrojado en el lodo, como si yo fuera polvo y ceniza.
Te pido ayuda, oh Dios, y no respondes, te suplico y no me haces caso.
Te has vuelto cruel conmigo, me persigues con rigor.
Haces que el viento me arrebate, que la tempestad me sacuda.
Ya s que t quieres llevarme a la muerte, al destino reservado a todo ser viviente.
Acaso no he ayudado al pobre y lo he salvado de su miseria?
Acaso no he llorado por el que sufre, ni tenido compasin del necesitado?
Yo esperaba la felicidad, y vino la desdicha; aguardaba la luz, y lleg la oscuridad.
Mi corazn se agita sin descanso; solo me esperan das de afliccin.
Llevo una vida triste, sin luz de sol; delante de todos pido ayuda.
Parezco hermano de los chacales, amigo de los avestruces.
Mi piel se ha vuelto negra, mi cuerpo arde a causa de la fiebre.
La msica de las arpas y las flautas se convirti para m en llanto de dolor.
Yo me he impuesto la norma de no codiciar ni siquiera a las solteras.
Cul es la recompensa que el Todopoderoso da a cada hombre desde lo alto del cielo?
No es acaso al malvado y pecador a quien corresponde la desgracia?
O es que Dios no ve lo que hago ni observa cada uno de mis pasos?
Juro que nunca he procedido con malicia ni he intentado engaar a nadie.
Que Dios me pese con balanza justa, y se convencer de mi inocencia!
Si me he desviado del camino recto, si me he dejado llevar de la codicia, si algo ajeno se ha encontrado en mi poder,
que otros se coman lo que yo he sembrado y arranquen de raz lo que plant.
Si me he dejado seducir de una mujer o me he puesto a espiar a la mujer de mi vecino,
que mi esposa sea esclava de otros y que extraos se acuesten con ella.
Pues mis acciones seran infames; seran actos dignos de castigo.
Seran como un incendio destructor que destruira todo lo que tengo.
Si mis criados me reclamaban algo, yo siempre atenda a sus peticiones.
De qu otra manera podra yo presentarme ante Dios? Qu le respondera cuando l me pidiera cuentas?
Un mismo Dios nos form en el vientre, y tanto a ellos como a m nos dio la vida.
Nunca dej de socorrer al pobre en su necesidad, ni permit que las viudas pasaran hambre.
Nunca com yo solo mi bocado sin compartirlo con el hurfano.
Siempre trat al hurfano como un padre; siempre fui protector de las viudas.
Cuando yo vea que alguien mora por falta de ropa, o que un pobre no tena con qu cubrirse,
con la lana de mis propias ovejas le daba calor, y l me quedaba agradecido.
Jams amenac a un hurfano valindome de mi influencia con los jueces.
Y si esto no es verdad, que los brazos se me rompan; que se me caigan de los hombros.
Yo tema el castigo de Dios; no habra podido resistir su majestad!
Jams el oro ha sido para m la base de mi confianza y seguridad.
Jams mi dicha ha consistido en tener grandes riquezas o en ganar mucho dinero.
He visto brillar el sol y avanzar la luna en todo su esplendor,
pero jams los ador en secreto ni les envi besos con la mano.
Esto habra sido digno de castigo; habra sido negar al Dios del cielo!
Nunca me alegr del mal de mi enemigo, ni de que le hubiera venido una desgracia.
Jams lanc sobre l una maldicin ni le dese la muerte.
Si algunos de los que vivan conmigo queran abusar de un extranjero,
yo no lo dejaba pasar la noche en la calle. Siempre abr las puertas de mi casa a los viajeros.
Jams he ocultado mis faltas, como hacen otros, ni he tratado de tenerlas en secreto
por miedo de la gente. Jams me he quedado encerrado y en silencio por temor al desprecio de mis familiares.
Ojal que alguien me escuchara! Con mi firma respaldo lo que he dicho; ahora, que el Todopoderoso me responda! Las acusaciones que me hagan por escrito,
las llevar conmigo honrosamente; me las pondr por corona.
Yo dar cuenta a Dios de todas mis acciones, me acercar con dignidad a su presencia.
Mis tierras no claman al cielo contra m, ni sus surcos lloran afligidos.
Pero si a alguien le he robado sus productos, o si he explotado a los campesinos,
que mis tierras produzcan espinos en vez de trigo, y mala hierba en vez de cebada! Con esto termin Job su defensa.
Al ver los tres hombres que Job insista en que era inocente, dejaron de discutir con l.
Entonces un hombre llamado Elih, hijo de Baraquel el buzita, descendiente de Ram, no pudo contener ms su enojo contra Job, al ver que insista en su inocencia y culpaba a Dios.
Pero tambin se enoj con los tres amigos de Job, porque, al no haber sabido responderle, haban hecho quedar mal a Dios.
Como Elih era el ms joven de todos, esper a que los otros terminaran de hablar con Job;
pero al ver que ellos no saban ya cmo responderle, no se pudo contener
y comenz a hablar. Como yo soy joven y ustedes ancianos, no me atreva a expresarles mi opinin.
Y pens: "Que hable la voz de la experiencia; que muestren los muchos aos su sabidura."
Aunque en realidad todo hombre tiene entendimiento, pues el Todopoderoso le infundi su espritu.
Los muchos aos no hacen sabio a nadie, ni las barbas traen consigo una recta comprensin.
Por eso dije: "Ahora, que me escuchen, pues yo tambin tengo algo que decir."
Yo he estado atento y he escuchado los argumentos presentados por ustedes. Les he visto buscar las mejores palabras,
y he visto tambin que ninguno de ustedes ha podido darle a Job la debida respuesta.
Pues para que no se crean ustedes tan sabios, Dios, y no un hombre, le responder.
Pero, ni Job se ha dirigido a m, ni yo voy a contestarle como ustedes.
Job, estos tres estn confundidos y les faltan palabras para responderte;
pero no creas que yo voy a callar porque ellos callan, porque se quedan sin responderte.
Voy a tomar parte en el asunto y dir lo que tengo que decir.
Estoy tan lleno de palabras que ya no puedo contenerme;
estoy a punto de estallar, como el vino encerrado en cueros nuevos.
Tengo que hablar para desahogarme, tengo que darte una respuesta.
No voy a halagar a nadie; tratar a todos por igual.
En realidad, yo no acostumbro hacer halagos; el Creador me castigara en seguida si los hiciera!
Por lo tanto, Job, escucha mis palabras; pon atencin a lo que voy a decirte.
Ya tengo en los labios la respuesta:
voy a hablar con sinceridad y a decir francamente lo que pienso.
Dios, el Todopoderoso, me hizo, e infundi en m su aliento.
Respndeme, si puedes; preprate a hacerme frente.
T y yo somos iguales ante Dios; yo tambin fui formado de barro.
As que no tienes por qu asustarte de m, pues no te voy a imponer mi autoridad.
Me parece que te o decir (tales son las palabras que escuch):
"Yo soy puro e inocente, y no tengo falta ni pecado.
Pero Dios busca de qu acusarme, y me trata como a su enemigo;
me ha puesto cadenas en los pies, y vigila cada uno de mis pasos."
Pero tal afirmacin es incorrecta, pues Dios es ms grande que los hombres.
Por qu le echas en cara que no conteste a ninguno de tus argumentos?
Dios habla de muchas maneras, pero no nos damos cuenta.
A veces lo hace en las noches, en un sueo o una visin, cuando los hombres ya duermen, cuando el sueo los domina.
Dios habla al odo de los hombres; los reprende y los llena de miedo,
para apartarlos de sus malas obras y prevenirlos contra el orgullo.
As los libra de la tumba, los salva de la muerte.
Otras veces Dios corrige al hombre con enfermedades, con fuertes dolores en todo su cuerpo.
Todo alimento, aun el ms delicioso, le resulta entonces insoportable.
La carne se le va desgastando, se le pueden ver los huesos.
Su vida est al borde del sepulcro, a las puertas de la muerte.
Pero si hay cerca de l un ngel, uno entre mil que hable en su favor y d testimonio de su rectitud,
que le tenga compasin y diga a Dios: "Lbralo de la muerte, pues he encontrado su rescate",
entonces su cuerpo recobrar la salud y volver a ser como en su juventud.
Har splicas a Dios, y l lo atender; con alegra ver a Dios cara a cara, y cantar a los hombres la bondad de Dios.
Dir: "Pequ, comet injusticias, pero Dios no quiso castigarme;
por el contrario, me salv de la muerte y todava puedo ver la luz."
As trata Dios al hombre una y otra vez;
lo salva de la muerte, lo deja seguir viendo la luz.
Escchame, Job, con atencin; guarda silencio mientras hablo.
Si tienes algo que decir, respndeme; si tienes razn, lo admitir con gusto;
pero si no, escchame en silencio, y yo te ensear a ser sabio.
Elih continu diciendo:
Ustedes, sabios e instruidos, escuchen mis palabras.
El odo distingue las palabras, igual que el paladar reconoce los sabores.
As tambin, examinemos nosotros el caso y decidamos lo que nos parezca mejor.
Job afirma: "Yo soy inocente, pero Dios se niega a hacerme justicia.
Sera una mentira el admitir que soy culpable; mi herida no sana, aun cuando no he pecado."
No hay nadie como Job! Se burla de Dios como quien bebe agua;
le gusta juntarse con los malvados, andar con la gente mala.
Dice que nada gana el hombre con tratar de agradar a Dios.
Pero ustedes, gente sensata, escchenme. Ni pensar que Dios, el Todopoderoso, haga el mal o cometa injusticias!
l paga a cada uno segn sus obras; hace que cada cual reciba lo que merece.
En verdad, Dios, el Todopoderoso, no hace nada malo ni injusto;
de nadie recibi el poder para gobernar al mundo entero.
Si les quita a los hombres el aliento de vida,
todos ellos mueren por igual y otra vez vuelven al polvo.
Si t eres sensato, escchame; pon atencin a mis palabras.
Si Dios odiara la justicia, no podra gobernar. Cmo puedes condenar a quien es inmensamente justo?
Si los reyes y los nobles son malvados, Dios no duda en echrselo en cara.
l no se pone de parte de los gobernantes, ni favorece ms a los ricos que a los pobres, pues l fue quien los hizo a todos.
Los hombres mueren en un instante, en medio de la noche; la gente se alborota y desaparece; el poderoso es eliminado sin esfuerzo humano.
Dios vigila los pasos del hombre y conoce todas sus andanzas.
No hay tinieblas tan oscuras que puedan ocultar a un malhechor.
Dios no fija un plazo al hombre para que se presente ante l a juicio.
No necesita investigar para derribar a los grandes y dar a otros su lugar.
Dios conoce lo que hacen, llega de noche y los destroza.
Los azota como a criminales, a la vista de todos,
porque no quisieron obedecerle ni aceptar sus normas de conducta.
Hicieron que los gritos de los pobres y oprimidos llegaran hasta Dios, y l los escuch.
Pero si Dios calla, quin podr condenarlo? Si oculta su rostro, quin podr verlo? l vigila a pueblos e individuos
para que no gobierne al pueblo un malvado que lo engae.
Acaso le has dicho a Dios: "Me dej engaar; no volver a pecar.
Mustrame las faltas que yo no veo. Si he actuado mal, no lo volver a hacer"?
Acaso quieres que Dios te recompense como mejor te parezca, aunque t lo hayas rechazado? Ya que eres t quien decide, y no yo, dinos lo que sabes.
Los hombres sabios que me escuchan, y las personas sensatas, me dirn:
"Job est hablando sin saber; sus palabras no tienen sentido.
Que se examine a fondo a Job, pues sus respuestas son las de un malvado!
Job no solo es pecador, sino rebelde; delante de nosotros se burla de Dios y se pone a discutir con l."
Elih reanud su discurso diciendo:
Te parece justo, Job, afirmar que Dios debe darte la razn?
Pues le has dicho a Dios: "Qu te importa si yo peco? En que te perjudica mi pecado?"
Pues yo te voy a responder a ti, y tambin a tus amigos.
Fjate en el cielo, y mira qu altas estn las nubes sobre ti.
Si pecas, eso no afecta a Dios; por muchos pecados que cometas, no le haces nada.
Y si actas bien, nada le das; no le haces ningn beneficio.
Es a los hombres como t a quienes afecta tu pecado y a quienes benefician tus buenas acciones.
Bajo el peso de la opresin, los hombres gritan y buscan quien los salve de los poderosos;
pero no buscan al Dios que los cre, al que da fuerzas en las horas ms oscuras,
al que nos instruye y nos ensea por medio de los animales y las aves.
Gritan, pero Dios no les contesta, porque son hombres malos y orgullosos.
Dios, el Todopoderoso, no hace caso a las falsedades.
Aun cuando dices que no ves a Dios, espralo, pues tu caso est en su presencia.
Dices que l no se enoja ni castiga, que no presta mucha atencin al pecado.
Pero, Job, ests diciendo cosas sin sentido, ests hablando mucho y sin inteligencia!
Prosigui Elih y dijo:
Ten un poco de paciencia, y te instruir, pues an tengo argumentos a favor de Dios.
Usar mis amplios conocimientos para mostrar que mi Creador tiene razn.
Te aseguro que no dir nada falso; tienes delante a un sabio consumado.
Dios es poderoso e inmensamente sabio, y no desprecia al inocente.
No perdona la vida al malvado, pero hace justicia a los pobres;
siempre protege a los hombres rectos; afirma a los reyes en sus tronos, y los mantiene en alta posicin.
Pero si son sujetados con cadenas y el dolor los atormenta,
Dios les hace ver el mal que cometieron y cmo se dejaron llevar por el orgullo.
Les habla para corregirlos y pedirles que dejen su maldad.
Si le hacen caso y se someten, gozan de dicha y felicidad por el resto de sus das.
Pero si no hacen caso, mueren y bajan al sepulcro antes de que puedan darse cuenta.
Los impos se llenan de furor, y ni aun estando presos piden ayuda.
Mueren en plena juventud; su vida termina en forma vergonzosa.
Por medio del sufrimiento, Dios salva al que sufre; por medio del dolor lo hace entender.
A ti tambin te libr de los peligros, y te dio abundancia y libertad; llen tu mesa de comidas deliciosas.
En ti se cumple la sentencia del malvado, y no podrs evitar que se te juzgue y condene.
Cuida de no dejarte sobornar, de no dejarte seducir por el mucho dinero.
En la angustia no te servirn de nada tus gritos ni todo tu poder.
No suspires por que llegue la noche, cuando los pueblos desaparecen.
Cuida de no volver a la maldad, t que fuiste probado por el sufrimiento.
Fjate en el gran poder de Dios. Ningn maestro es comparable a l;
nadie puede decirle lo que tiene que hacer, ni echarle en cara el haber hecho mal.
Todo el mundo alaba sus obras; acurdate tambin t de alabarlas.
Todo hombre puede verlas, aunque sea de lejos.
Dios es tan grande, que no podemos comprenderlo; tampoco podemos contar sus aos.
l recoge en un depsito las gotas de agua, y luego las convierte en lluvia.
La lluvia chorrea de las nubes y cae en aguaceros sobre la gente.
Quin entiende por qu avanzan las nubes, o por qu resuena el trueno en el cielo?
Dios extiende el relmpago sobre el mar, dejando oculto el fondo del ocano.
As alimenta a los pueblos y les da comida en abundancia.
Sujeta el rayo entre sus manos, y este da en el blanco, tal como l lo ordena.
El trueno anuncia a Dios, la tempestad proclama su ira.
Al ver la tempestad, mi corazn palpita como si fuera a salrseme del pecho.
Escuchen el estruendo de la voz de Dios, el trueno que sale de su boca.
l lanza el relmpago por todo el cielo y de un extremo a otro de la tierra.
Luego se oye un estruendo, cuando hace resonar su voz majestuosa; y mientras se oye el trueno, los relmpagos no cesan.
Cuando Dios hace tronar su voz, se producen maravillas; suceden grandes cosas que nadie puede comprender.
Ordena a la nieve caer sobre la tierra y hace que la lluvia caiga con violencia.
Hace que los hombres se queden en sus casas, y que todos reconozcan que l es quien acta.
Los animales entran en sus cuevas, y all se quedan escondidos.
Del sur viene el huracn, y del norte viene el fro.
Por el soplo de Dios se forma el hielo y las aguas extensas se congelan.
l carga de humedad las nubes, y hace que de ellas surja el rayo;
y el rayo va, zigzagueando por el cielo, cumpliendo as las rdenes de Dios en toda la superficie de la tierra.
De todo ello se vale Dios para castigar a la tierra o para mostrarle su bondad.
Job, ten paciencia y escucha, considera las cosas admirables que hace Dios.
Sabes t cmo Dios dispone todo esto, y cmo brilla el relmpago en la nube?
Sabes t cmo flotan las nubes en el aire, prueba admirable de su perfecta inteligencia?
T te sofocas de calor entre tu ropa cuando el viento del sur adormece la tierra.
Puedes t ayudar a Dios a extender el cielo y dejarlo firme como una hoja de metal?
Ensanos qu debemos decirle a Dios, pues estamos a oscuras y sin argumentos.
Yo ni siquiera le dira que quiero hablar, pues sera como querer que me destruya.
No es posible ver la luz del sol cuando las nubes lo ocultan; pero si el viento sopla, el cielo se aclara.
Resplandores de oro aparecen por el norte, cuando Dios se rodea de terrible majestad.
No podemos comprender al Todopoderoso, pues l es inmensamente fuerte y justo; es recto y no oprime a nadie.
Por eso los hombres le temen; nada significan los sabios para l.
Entonces el Seor le habl a Job de en medio de la tempestad.
Quin eres t para dudar de mi providencia y mostrar con tus palabras tu ignorancia?
Mustrame ahora tu valenta, y respndeme a estas preguntas:
Dnde estabas cuando yo afirm la tierra? Dmelo, si de veras sabes tanto!
Sabes quin decidi cunto habra de medir, y quin fue el arquitecto que la hizo?
Sobre qu descansan sus cimientos? Quin le puso la piedra principal de apoyo,
mientras cantaban a coro las estrellas de la aurora entre la alegra de mis servidores celestiales?
Cuando el mar brot del seno de la tierra, quin le puso compuertas para contenerlo?
Yo le di una nube por vestido y la niebla por paales.
Yo le puse un lmite al mar y cerr con llave sus compuertas.
Y le dije: "Llegars hasta aqu, y de aqu no pasars; aqu se rompern tus olas arrogantes."
Alguna vez en tu vida has dado rdenes de que salga la aurora y amanezca el da?
Y de que la luz se difunda por la tierra y los malvados vayan a esconderse?
Entonces aparecen los relieves de la tierra y se tien de color como un vestido;
se les niega la luz a los malvados y se pone fin a su amenaza.
Has visitado el misterioso abismo donde tiene sus fuentes el ocano?
Has visto dnde estn las puertas del tenebroso reino de la muerte?
Tienes idea de la anchura de la tierra? Dmelo, si en verdad lo sabes todo!
En dnde estn guardadas la luz y las tinieblas?
Sabes hacerlas llegar hasta el ltimo rincn y que luego regresen a su casa?
Debes de saberlo, pues tienes tantos aos que para entonces ya habras nacido!
Has visitado los depsitos donde guardo la nieve y el granizo
para enviarlos en tiempos de desgracia, en tiempos de batallas y de guerra?
Qu caminos sigue la luz al repartirse? Cmo se extiende el viento del este sobre el mundo?
Quin abre una salida al aguacero y seala el camino a la tormenta,
para que llueva en el desierto, en lugares donde nadie vive,
para que riegue la tierra desolada y haga brotar la hierba?
Quin es el padre de la lluvia y del roco?
Quin es la madre del hielo y de la escarcha?
Quin vuelve el agua dura como la piedra y congela la superficie del ocano?
Eres t quien mantiene juntas a las Plyades y separadas las estrellas de Orin?
Eres t quien saca a su hora al lucero de la maana? Eres t quien gua a las estrellas de la Osa Mayor y de la Osa Menor?
Conoces t las leyes que gobiernan el cielo? Eres t quien aplica esas leyes en la tierra?
Puedes dar rdenes a las nubes de que te inunden con agua?
Si mandas al rayo que vaya a alguna parte, acaso te responde: "Aqu estoy, a tus rdenes"?
Quin dio instinto inteligente a aves como el ibis o el gallo?
Quin es tan sabio que sepa cuntas nubes hay? Quin puede vaciarlas para que den su lluvia,
para que el polvo se convierta en barro y se peguen los terrones entre s?
Eres t quien busca presa para las leonas, para que coman sus cachorros hasta llenarse,
cuando se esconden en su guarida o se ponen al acecho en la maleza?
Quin da de comer a los cuervos, cuando sus cras andan buscando comida y con grandes chillidos me la piden?
Sabes cundo dan a luz las cabras monteses? Has visto parir a las hembras del venado?
Sabes cuntos meses necesitan para que den a luz?
Al dar a luz se encorvan, y entonces nacen sus cras.
Luego estas se hacen fuertes, crecen en el campo, y al fin se van y no regresan.
Quin dio libertad al asno salvaje? Quin lo dej andar suelto?
Yo le seal, como lugar donde vivir, el desierto y las llanuras salitrosas.
No le gusta el ruido de la ciudad, ni obedece a los gritos del arriero.
Recorre las lomas en busca de pasto, buscando cualquier hierba verde para comer.
Crees que el toro salvaje querr servirte y pasar la noche en tu establo?
Podrs atarlo al yugo y obligarlo a arar, o a ir detrs de ti rastrillando el campo?
Podrs confiar en l porque es tan fuerte, y dejar que te haga tus trabajos?
Crees que te servir para recoger tu cosecha y para juntar el grano en tu era?
Ah tienes al avestruz: aletea alegremente, como si tuviera alas de cigea,
y abandona los huevos en la arena para que se incuben al calor del sol.
No piensa que alguien puede aplastarlos, que algn animal puede pisotearlos.
Es cruel con sus cras, como si no fueran suyas, y no le importa que resulte intil su trabajo.
Es que yo no le di inteligencia; le negu el buen sentido.
Pero cuando se levanta y echa a correr, se re de caballos y jinetes.
Acaso fuiste t quien dio fuerza al caballo, quien adorn su cuello con la crin?
Acaso t lo haces saltar como langosta, con ese soberbio resoplido que impone terror?
Escarba arrogante en la llanura, y sin temor se lanza a la batalla.
Se re del terror y no se asusta, ni se acobarda ante la espada,
por ms que resuene la aljaba del jinete y lancen chispas las lanzas y las jabalinas.
Con mpetu incontenible devora las distancias; suena la trompeta y ya no puede estarse quieto.
Contesta con relinchos al toque de trompeta; desde lejos siente el olor de la batalla y oye las voces de mando y el gritero.
Acaso eres tan sabio que enseas a volar al halcn, y a tender su vuelo hacia el sur?
Eres t quien ha ordenado al guila que ponga su nido en las alturas?
Ella vive da y noche en los peascos, levanta su fortaleza en un picacho.
Desde all arriba mira y acecha a su presa.
Sus cras se alimentan de sangre, y donde hay cadveres, all se la encuentra.
Y el Seor dijo a Job:
T, que queras entablarme juicio a m, al Todopoderoso, insistes todava en responder?
Y Job respondi al Seor:
Qu puedo responder yo, que soy tan poca cosa? Prefiero guardar silencio.
Ya he hablado una y otra vez, y no tengo nada que aadir.
Volvi el Seor a hablarle a Job de en medio de la tempestad.
Mustrame ahora tu valenta, y respndeme a estas preguntas:
Pretendes declararme injusto y culpable, a fin de que t aparezcas inocente?
Acaso eres tan fuerte como yo? Es tu voz de trueno, como la ma?
Revstete entonces de grandeza y majestad, cbrete de gloria y esplendor.
Mira a todos los orgullosos: da rienda suelta a tu furor y humllalos.
S, derrbalos con tu mirada, aplasta a los malvados donde se encuentren.
Sepltalos a todos en la tierra, encirralos en la prisin de los muertos.
Entonces yo mismo reconocer que fue tu poder el que te dio la victoria.
Fjate en el monstruo Behemot, criatura ma igual que t: come hierba, como los bueyes;
mira qu fuertes son sus lomos, y qu poderosos sus msculos.
Su cola es dura como el cedro, los tendones de sus patas forman nudos.
Sus huesos son como tubos de bronce, como barras de hierro.
Es mi obra maestra; solo yo, su creador, puedo derrotarlo.
De los montes, donde juegan las fieras, le traen hierba para que coma.
Se echa debajo de los lotos, se esconde entre las caas del pantano.
Los lotos le dan sombra, los lamos del arroyo lo rodean.
Si el ro crece, no se asusta; aunque el agua le llegue al hocico, est tranquilo.
Quin es capaz de agarrarlo y sacarle los ojos, o de pasarle un lazo por la nariz?
Y a Leviatn, lo pescars con un anzuelo? Podrs atarle la lengua con una cuerda?
Podrs pasarle un cordel por las narices o atravesarle con un gancho la quijada?
Acaso va a rogarte que le tengas compasin, y a suplicarte con palabras tiernas?
Acaso hars que te prometa ser tu esclavo toda la vida?
Jugars con l como con un pajarito? Lo atars como juguete de tus hijas?
Se pondrn a regatear por l en el mercado? Lo cortarn en pedazos para venderlo?
Podrs atravesarle el cuero con flechas, o la cabeza con arpones?
Si llegas a ponerle la mano encima, te dar tal batalla que no la olvidars, y nunca volvers a hacerlo.
Con solo ver a Leviatn, cualquiera se desmaya de miedo.
Si alguien lo provoca, se pone furioso; nadie es capaz de hacerle frente.
Quin, que se le enfrente, saldr sano y salvo? Nadie en todo el mundo!
No dejar de mencionar sus patas y su fuerza sin igual.
Quin puede quitarle el cuero que lo cubre, o atravesar su doble coraza protectora?
Quin puede abrirle el hocico, con su cerco de terribles dientes?
Sus lomos son hileras de escudos cerrados y duros como la piedra.
Tan apretados estn unos contra otros, que ni el aire puede pasar entre ellos.
Tan unidos y trabados estn, que nadie puede separarlos.
Sus estornudos son como relmpagos; sus ojos brillan como el sol cuando amanece.
De su hocico salen llamaradas y se escapan chispas de fuego.
De sus narices sale humo, como de una caldera que hierve al fuego.
Su aliento enciende las brasas, de su hocico salen llamas.
Su cuello es tan fuerte que ante l todos se llenan de miedo.
Aun la parte carnosa de su cuerpo es dura e impenetrable, como hierro fundido.
Tiene el corazn duro como la roca, duro como piedra de moler.
Cuando l se levanta, los dioses se espantan y huyen llenos de terror.
Ni espada ni lanza ni flecha ni dardo sirven de nada para atacarlo.
Para l, el hierro es como paja, y el bronce como madera podrida.
Las flechas no lo hacen huir; lanzarle piedras es como lanzarle paja.
Un golpe de mazo le es como un golpe de caa; se re al or silbar las jabalinas.
Cuando se arrastra, abre surcos en el barro, como si lo hiciera con afilados trillos.
Hace hervir como una olla al mar profundo; como una caldera para mezclar ungentos.
Va dejando en el agua una estela blanca y brillante como melena de canas.
No hay en la tierra nada que se le parezca; fue hecho para no sentir miedo jams.
Hace frente aun a los ms arrogantes, y es el rey de todas las fieras.
Y Job respondi al Seor:
Yo s que t lo puedes todo y que no hay nada que no puedas realizar.
Quin soy yo para dudar de tu providencia, mostrando as mi ignorancia? Yo estaba hablando de cosas que no entiendo, cosas tan maravillosas que no las puedo comprender.
T me dijiste: "Escucha, que quiero hablarte; respndeme a estas preguntas."
Hasta ahora, solo de odas te conoca, pero ahora te veo con mis propios ojos.
Por eso me retracto arrepentido, sentado en el polvo y la ceniza.
Despus que el Seor dijo estas cosas a Job, dijo tambin a Elifaz: "Estoy muy enojado contigo y con tus dos amigos, porque no dijeron la verdad acerca de m, como lo hizo mi siervo Job.
Tomen ahora siete toros y siete carneros y vayan a ver a mi siervo Job, y ofrzcanlos como holocausto por ustedes. Mi siervo Job orar por ustedes, y yo aceptar su oracin y no les har ningn dao, aunque se lo merecen por no haber dicho la verdad acerca de m, como lo hizo mi siervo Job."
Elifaz, Bildad y Sofar fueron e hicieron lo que el Seor les orden, y el Seor acept la oracin de Job.
Despus que Job or por sus amigos, Dios le devolvi su prosperidad anterior, y aun le dio dos veces ms de lo que antes tena.
Entonces fueron a visitarlo todos sus hermanos, hermanas y amigos, y todos sus antiguos conocidos, y en su compaa celebraron un banquete en su casa. Le ofrecieron sus condolencias y lo consolaron por todas las calamidades que el Seor le haba enviado, y cada uno de ellos le dio una cantidad de dinero y un anillo de oro.
Dios bendijo a Job en sus ltimos aos ms abundantemente que en los anteriores. Lleg a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.
Tambin tuvo catorce hijos y tres hijas.
A la mayor la llam Jemim, a la segunda, Quesi y a la tercera, Queren-hapuc.
No haba en todo el mundo mujeres tan bonitas como las hijas de Job. Su padre las hizo herederas de sus bienes, junto con sus hermanos.
Despus de esto, Job vivi ciento cuarenta aos, y muri a una edad muy avanzada, llegando a ver a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.
Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa comn con los que se burlan de Dios,
Se pone al acecho, por las aldeas, y a escondidas mata al inocente. No pierde de vista al indefenso:
como si fuera un len en su cueva, espa al pobre desde su escondite, esperando el momento de caer sobre l, y cuando lo atrapa, lo arrastra en su red.
Se agacha, se encoge, y caen en sus garras los indefensos.
El malvado cree que Dios se olvida, que se tapa la cara y que nunca ve nada.
Levntate, Seor, levanta tu brazo! No olvides a los afligidos!
Por qu, Dios mo, han de burlarse los malos, pensando que no habrs de pedirles cuentas?
T mismo has visto su irritante maldad; la has visto, y les dars su merecido! A ti se acogen los indefensos; t eres la ayuda de los hurfanos.
Rmpeles el brazo a los malvados! Pdeles cuentas de su maldad hasta que no quede nada pendiente!
El Seor es el Rey eterno; los paganos sern echados de su pas!
Seor, t escuchas la oracin de los humildes, t los animas y los atiendes.
Haz justicia al hurfano y al oprimido: que el hombre, hecho de tierra, no vuelva a sembrar el terror!
Yo busco mi refugio en el Seor. Es por dems que me digan: "Huye a los montes, como las aves. {Del maestro de coro. De David.}
Fjate en los malvados: ponen la flecha en la cuerda, tensan el arco y, desde un lugar escondido, disparan contra los hombres honrados.
Y cuando las bases mismas se vienen abajo, qu puede hacer el hombre honrado?"
El Seor est en su santo templo. El Seor tiene su trono en el cielo, y con ojos bien abiertos vigila atentamente a los hombres.
El Seor vigila a justos y a malvados, y odia con toda su alma a los que aman la violencia.
El Seor har llover sobre los malos brasas, fuego y azufre, y traer un viento que todo lo quemar. El Seor les dar su merecido!
El Seor es justo y ama lo que es justo; por eso lo vern cara a cara los sinceros!
Slvanos, Seor, pues ya no hay creyentes fieles; ya no hay hombres sinceros. {Del maestro de coro, con instrumentos de ocho cuerdas. Salmo de David.}
Unos a otros se mienten; hablan con hipocresa y doble sentido.
Arranca, Seor, de raz a los hipcritas y fanfarrones,
a los que dicen: "Con tener boca nos basta; nuestra lengua nos defiende. Quin se atreve a darnos rdenes?"
Esto ha dicho el Seor: "A los pobres y dbiles se les oprime y se les hace sufrir. Por eso voy ahora a levantarme, y les dar la ayuda que tanto anhelan."
Las promesas del Seor son puras; son como la plata ms pura, refinada en el horno siete veces!
T, Seor, nos cuidars; siempre nos protegers de tales gentes!
Los malvados rondan por todos lados y todo el mundo alaba la maldad.
Seor, hasta cundo me olvidars? Me olvidars para siempre? Hasta cundo te esconders de m? {Del maestro de coro. Salmo de David.}
Hasta cundo mi alma y mi corazn habrn de sufrir y estar tristes todo el da? Hasta cundo habr de estar sometido al enemigo?
Seor, Dios mo, mrame, respndeme, llena mis ojos de luz! Que no caiga yo en el sueo de la muerte!
Que no diga mi enemigo: "Lo he vencido"! Que no se alegre si yo fracaso!
Yo confo en tu amor; mi corazn se alegra porque t me salvas.
Cantar al Seor por el bien que me ha hecho!
Los necios piensan que no hay Dios: todos se han pervertido; han hecho cosas horribles; no hay nadie que haga lo bueno! {Del maestro de coro. De David.}
Desde el cielo mira el Seor a los hombres para ver si hay alguien con entendimiento, alguien que busque a Dios.
Pero todos se han ido por mal camino; todos por igual se han pervertido. Ya no hay quien haga lo bueno! No hay ni siquiera uno!
No tienen entendimiento los malhechores, los que se comen a mi pueblo como quien come pan, los que no invocan el nombre del Seor.
Temblarn llenos de miedo, pues Dios est con los que lo obedecen.
Se burlan de los anhelos del humilde, pero el Seor lo protege.
Ojal que del monte Sin venga la salvacin de Israel! Cuando el Seor haga cambiar la suerte de su pueblo, se alegrarn los descendientes de Jacob, todo el pueblo de Israel.
Seor, quin puede residir en tu santuario?, quin puede habitar en tu santo monte? {Salmo de David.}
Solo el que vive sin tacha y practica la justicia; el que dice la verdad de todo corazn;
el que no habla mal de nadie; el que no hace dao a su amigo ni ofende a su vecino;
el que mira con desprecio a quien desprecio merece, pero honra a quien honra al Seor; el que cumple sus promesas aunque le vaya mal;
el que presta su dinero sin exigir intereses; el que no acepta soborno en contra del inocente. El que as vive, jams caer.
Cuida, oh Dios, de m, pues en ti busco proteccin! {Poema de David.}
Yo te he dicho: "T eres mi Seor, mi bien; nada es comparable a ti."
Los dioses del pas son poderosos, segn dicen los que en ellos se complacen,
los que aumentan el nmero de sus dolos y los siguen con gran devocin. Jams tomar parte en sus sangrientos sacrificios! Jams pronunciar sus nombres con mis labios!
T, Seor, eres mi todo; t me colmas de bendiciones; mi vida est en tus manos.
Primoroso lugar me ha tocado en suerte; hermosa es la herencia que me ha correspondido!
Bendecir al Seor, porque l me gua, y en lo ntimo de mi ser me corrige por las noches.
Siempre tengo presente al Seor; con l a mi derecha, nada me har caer.
Por eso, dentro de m, mi corazn est lleno de alegra. Todo mi ser vivir confiadamente,
pues no me dejars en el sepulcro, no abandonars en la fosa a tu amigo fiel!
Me mostrars el camino de la vida. Hay gran alegra en tu presencia; hay dicha eterna junto a ti.
Seor, escucha mi causa justa, atiende a mi clamor, presta odo a mi oracin, pues no sale de labios mentirosos. {Oracin de David.}
Que venga de ti mi sentencia, pues t sabes lo que es justo!
T has penetrado mis pensamientos; de noche has venido a vigilarme; me has sometido a pruebas de fuego, y no has encontrado maldad en m. No he dicho cosas indebidas,
como hacen los dems; me he alejado de caminos de violencia, de acuerdo con tus mandatos.
He seguido firme en tus caminos; jams me he apartado de ellos.
Oh Dios, a ti mi voz elevo, porque t me contestas; prstame atencin, escucha mis palabras.
Dame una clara muestra de tu amor, t, que salvas de sus enemigos a los que buscan proteccin en tu poder.
Cudame como a la nia de tus ojos; protgeme bajo la sombra de tus alas
de los malvados que me atacan, de los enemigos mortales que me rodean!
Son engredos, hablan con altanera;
han seguido de cerca mis pasos esperando el momento de echarme por tierra.
Parecen leones, feroces leones que agazapados en su escondite esperan con ansias dar el zarpazo.
Levntate, Seor, enfrntate con ellos! Hazles doblar las rodillas! Con tu espada, ponme a salvo del malvado;
con tu poder, Seor, lbrame de ellos; arrjalos de este mundo, que es su herencia en esta vida! Deja que ellos se llenen de riquezas, que sus hijos coman hasta que revienten, y que an sobre para sus nietos.
Pero yo, en verdad, quedar satisfecho con mirarte cara a cara, con verme ante ti cuando despierte!
T, Seor, eres mi fuerza; yo te amo! {Del maestro de coro. De David, el servidor del Seor, que enton este canto cuando el Seor lo libr de caer en manos de Sal y de todos sus enemigos. l dijo:}
T eres mi protector, mi lugar de refugio, mi libertador, mi Dios, la roca que me protege, mi escudo, el poder que me salva, mi ms alto escondite.
T, Seor, eres digno de alabanza: cuando te llamo, me salvas de mis enemigos.
La muerte me enred en sus lazos; sent miedo ante el torrente destructor.
La muerte me envolvi en sus lazos; me encontr en trampas mortales!
En mi angustia llam al Seor, ped ayuda a mi Dios, y l me escuch desde su templo; mis gritos llegaron a sus odos!
Hubo entonces un fuerte temblor de tierra: los montes se estremecieron hasta sus bases; fueron sacudidos por la furia del Seor.
De su nariz brotaba humo, y de su boca un fuego destructor; por la boca lanzaba carbones encendidos!
Descorri la cortina del cielo, y descendi. Debajo de sus pies haba grandes nubarrones!
Mont en un ser alado, y vol deslizndose sobre las alas del viento.
Tom como escondite, como tienda de campaa, la densa oscuridad que lo rodeaba y los nubarrones cargados de agua.
Un fulgor relampagueante sali de su presencia; brotaron de las nubes granizos y carbones encendidos.
El Seor, el Altsimo, hizo or su voz de trueno desde el cielo; granizos y carbones encendidos.
Lanz sus rayos como flechas, y a mis enemigos hizo huir en desorden.
El fondo del mar qued al descubierto; las bases del mundo quedaron a la vista por la voz amenazante del Seor, por el fuerte soplo que lanz.
Dios me tendi la mano desde lo alto, y con su mano me sac del mar inmenso.
Me salv de enemigos poderosos que me odiaban y eran ms fuertes que yo.
Me atacaron cuando yo estaba en desgracia, pero el Seor me dio su apoyo:
me sac a la libertad; me salv porque me amaba!
El Seor me ha dado la recompensa que mereca mi limpia conducta,
pues yo he seguido el camino del Seor; jams he renegado de mi Dios!
Yo tengo presentes todos sus decretos; jams he rechazado sus leyes!
Me he conducido ante l sin tacha alguna; me he alejado de la maldad.
El Seor me ha recompensado por mi limpia conducta en su presencia.
T, Seor, eres fiel con el que es fiel, irreprochable con el que es irreprochable,
sincero con el que es sincero, pero sagaz con el que es astuto.
T salvas a los humildes, pero humillas a los orgullosos.
T, Seor, me das luz; t, Dios mo, alumbras mi oscuridad.
Con tu ayuda atacar al enemigo, y sobre el muro de sus ciudades pasar.
El camino de Dios es perfecto; la promesa del Seor es digna de confianza; Dios protege a cuantos en l confan!
Quin es Dios, fuera del Seor? Qu otro dios hay que pueda protegernos?
Dios es quien me da fuerzas, quien hace intachable mi conducta,
quien me da pies ligeros, como de ciervo, quien me hace estar firme en las alturas,
quien me entrena para la batalla, quien me da fuerzas para tensar arcos de bronce.
T me proteges y me salvas, me sostienes con tu mano derecha; tu bondad me ha hecho prosperar.
Has hecho fcil mi camino, y mis pies no han resbalado.
Persegu a mis enemigos y los alcanc, y solo volv despus de destruirlos.
Los hice pedazos. Ya no se levantaron. Cayeron debajo de mis pies!
T me diste fuerza en la batalla; hiciste que los rebeldes se inclinaran ante m,
y que delante de m huyeran mis enemigos. As pude destruir a los que me odiaban.
Pedan ayuda, y nadie los ayud; llamaban al Seor, y no les contest.
Los deshice como a polvo que se lleva el viento! Los pisote como a barro de las calles!
Me libraste de un pueblo rebelde, me hiciste jefe de naciones y me sirve gente que yo no conoca.
En cuanto me oyen, me obedecen; gente extranjera me halaga,
gente extranjera se acobarda y sale temblando de sus refugios.
Viva el Seor! Bendito sea mi protector! Sea enaltecido Dios mi salvador!
l es el Dios que me ha vengado y que me ha sometido los pueblos.
l me salva de la furia de mis enemigos, de los rebeldes que se alzaron contra m. T, Seor, me salvas de los hombres violentos!
Por eso te alabo entre las naciones y canto himnos a tu nombre.
Concedes grandes victorias al rey que has escogido; siempre tratas con amor a David y a su descendencia.
El cielo proclama la gloria de Dios; de su creacin nos habla la bveda celeste. {Del maestro de coro. Salmo de David.}
Los das se lo cuentan entre s; las noches hacen correr la voz.
Aunque no se escuchan palabras ni se oye voz alguna,
su mensaje llega a toda la tierra, hasta el ltimo rincn del mundo. All Dios puso un lugar para el sol,
y este sale como un novio de la habitacin nupcial, y se alegra como un atleta al emprender su camino.
Sale el sol por un lado del cielo y da la vuelta hasta llegar al otro, sin que nada pueda huir de su calor.
La enseanza del Seor es perfecta, porque da nueva vida. El mandato del Seor es fiel, porque hace sabio al hombre sencillo.
Los preceptos del Seor son justos, porque traen alegra al corazn. El mandamiento del Seor es puro y llena los ojos de luz.
El temor del Seor es limpio y permanece para siempre. Los decretos del Seor son verdaderos, todos ellos son justos,
son de ms valor que el oro fino!, son ms dulces que la miel del panal!
Son tambin advertencias a este siervo tuyo, y le es provechoso obedecerlas.
Quin se da cuenta de sus propios errores? Perdona, Seor, mis faltas ocultas!
Qutale el orgullo a tu siervo; no permitas que el orgullo me domine. As ser un hombre sin tacha; estar libre de gran pecado.
Sean aceptables a tus ojos mis palabras y mis pensamientos, oh Seor, refugio y libertador mo.
Que el Seor te escuche cuando ests angustiado; que el Dios mismo de Jacob te defienda. {Del maestro de coro. Salmo de David.}
Que te enve auxilio y ayuda desde el santuario de Sin.
Que se acuerde de todas tus ofrendas y acepte con agrado tus holocaustos.
Que cumpla todos tus deseos y lleve a cabo todos tus planes.
Celebraremos as tu victoria, y levantaremos banderas en el nombre del Dios nuestro. Que el Seor cumpla todas tus peticiones!
Estoy convencido de que el Seor dar la victoria al rey que ha escogido; de que le contestar desde su santo cielo, dndole grandes victorias con su poder.
Unos cuentan con sus carros de guerra y otros cuentan con sus caballos; pero nosotros contamos con el Seor nuestro Dios.
A ellos se les doblan las rodillas, y caen, pero nosotros seguimos firmes y en pie.
Seor, dale la victoria al rey! Respndenos cuando te llamemos!
Seor, el rey est alegre porque le has dado fuerzas; est muy alegre porque le has dado la victoria! {Del maestro de coro. Salmo de David.}
Has cumplido sus deseos; no le has negado sus peticiones.
Lo recibiste con grandes bendiciones y le pusiste una corona de oro.
Te pidi vida, y se la diste: vida larga y duradera.
Gracias a tu ayuda, es grande su poder; le has dado honor y dignidad.
Lo has bendecido para siempre; con tu presencia lo llenas de alegra.
T, oh rey, jams caers, pues confas en el Seor; confas en el amor del Altsimo!
Tu poder alcanzar a todos tus enemigos; tu derecha alcanzar a los que te odian;
los pondrs en un horno encendido cuando aparezcas para juzgar. El Seor, en su furor, los consumir con un fuego destructor.
Borrars del mundo y de entre los hombres a sus hijos y sus descendientes.
Aunque quieran hacerte dao y hagan planes contra ti, no se saldrn con la suya,
pues t los pondrs en fuga; con tu arco apuntars contra ellos.
Levntate con tu poder, Seor! Celebraremos con himnos tus victorias!
Dios mo, Dios mo, por qu me has abandonado?, por qu no vienes a salvarme?, por qu no atiendes a mis lamentos? {Del maestro de coro, segn la meloda de "La cierva de la aurora". Salmo de David.}
Dios mo, da y noche te llamo, y no respondes; no hay descanso para m!
Pero t eres santo; t reinas, alabado por Israel.
Nuestros padres confiaron en ti; confiaron, y t los libertaste;
te pidieron ayuda, y les diste libertad; confiaron en ti, y no los defraudaste.
Pero yo no soy un hombre, sino un gusano; soy el hazmerrer de la gente!
Los que me ven, se burlan de m; me hacen muecas, mueven la cabeza
y dicen: "Este confiaba en el Seor; pues que el Seor lo libre. Ya que tanto lo quiere, que lo salve."
Y as es: t me hiciste nacer del vientre de mi madre; en su pecho me hiciste descansar.
Desde antes que yo naciera, fui puesto bajo tu cuidado; desde el vientre de mi madre, mi Dios eres t.
No te alejes de m, pues estoy al borde de la angustia y no tengo quien me ayude.
Mis enemigos me han rodeado como toros, como bravos toros de Basn;
rugen como leones feroces, abren la boca y se lanzan contra m.
Soy como agua que se derrama; mis huesos estn dislocados. Mi corazn es como cera que se derrite dentro de m.
Tengo la boca seca como una teja; tengo la lengua pegada al paladar. Me has hundido hasta el polvo de la muerte!
Como perros, una banda de malvados me ha rodeado por completo; me han desgarrado las manos y los pies.
Puedo contarme los huesos! Mis enemigos no me quitan la vista de encima;
se han repartido mi ropa entre s, y sobre ella echan suertes.
Pero t, Seor, que eres mi fuerza, no te alejes!, ven pronto en mi ayuda!
Lbrame de morir a filo de espada, no dejes que me maten esos perros,
slvame de la boca de esos leones, defindeme de los cuernos de esos toros!
Yo hablar de ti a mis hermanos, te alabar en sus reuniones.
Ustedes, los que honran al Seor, albenlo! Glorifquenlo todos los descendientes de Jacob! Adrenlo todos los descendientes de Israel!
Pues l no desprecia ni pasa por alto el sufrimiento de los pobres, ni se esconde de ellos. l los oye cuando le piden ayuda!
En presencia de tu pueblo numeroso alabar tu fidelidad; delante de los que te honran te cumplir mis promesas.
Coman, ustedes los oprimidos, hasta que estn satisfechos; alaben al Seor, ustedes que lo buscan, y vivan muchos aos.
Razas y naciones todas, gente de todos los rincones de la tierra: acurdense del Seor, y vengan a l; arrodllense delante de l!
Porque el Seor es el Rey, y l gobierna las naciones.
Inclnense y adrenlo solo a l todos los que viven en abundancia, todos los que han de volver al polvo, pues en s mismos no tienen vida.
Mis descendientes adorarn al Seor y hablarn de l toda la vida;
a los que nazcan despus, les contarn de su justicia y de sus obras.
El Seor es mi pastor; nada me falta. {Salmo de David.}
En verdes praderas me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce,
me da nuevas fuerzas y me lleva por caminos rectos, haciendo honor a su nombre.
Aunque pase por el ms oscuro de los valles, no temer peligro alguno, porque t, Seor, ests conmigo; tu vara y tu bastn me inspiran confianza.
Me has preparado un banquete ante los ojos de mis enemigos; has vertido perfume en mi cabeza, y has llenado mi copa a rebosar.
Tu bondad y tu amor me acompaan a lo largo de mis das, y en tu casa, oh Seor, por siempre vivir.
Del Seor es el mundo entero, con todo lo que en l hay, con todo lo que en l vive. {Salmo de David.}
Porque el Seor puso las bases de la tierra y la afirm sobre los mares y los ros.
Quin puede subir al monte del Seor? Quin puede permanecer en su santo templo?
El que tiene las manos y la mente limpias de todo pecado; el que no adora dolos ni hace juramentos falsos.
El Seor, su Dios y Salvador, lo bendecir y le har justicia.
As deben ser los que buscan al Seor, los que buscan la presencia del Dios de Jacob.
branse, puertas eternas! Qudense abiertas de par en par, y entrar el Rey de la gloria!
Quin es este Rey de la gloria? Es el Seor, el fuerte y valiente! Es el Seor, valiente en la batalla!
branse, puertas eternas! Qudense abiertas de par en par, y entrar el Rey de la gloria!
Quin es este Rey de la gloria? Es el Seor todopoderoso! l es el Rey de la gloria!
Seor, a ti dirijo mi oracin; {De David.}
mi Dios, en ti confo: no dejes que me hunda en la vergenza. Que no se ran de m mis enemigos!
Que no sea jams avergonzado ninguno de los que en ti confan! Que sean puestos en vergenza los que sin motivo se rebelan contra ti!
Seor, mustrame tus caminos; guame por tus senderos;
guame, encamname en tu verdad, pues t eres mi Dios y Salvador. En ti confo a todas horas!
Seor, acurdate del amor y la ternura que siempre nos has manifestado,
pero no te acuerdes de mis pecados ni del mal que hice en mi juventud. Seor, acurdate de m, por tu gran amor y bondad.
El Seor es bueno y justo; l corrige la conducta de los pecadores
y gua por su camino a los humildes; los instruye en la justicia!
l siempre procede con amor y fidelidad, con los que cumplen su alianza y sus mandamientos.
Seor, es grande mi maldad; perdname, haz honor a tu nombre.
Al hombre que honra al Seor, l le muestra el camino que debe seguir;
lo rodea de bienestar y da a sus descendientes posesin del pas.
El Seor es amigo de quienes lo honran, y les da a conocer su alianza.
Siempre dirijo mis ojos al Seor, porque l me libra de todo peligro.
Mrame, Seor, y ten compasin de m, porque estoy solo y afligido.
Mi corazn se aflige ms y ms; lbrame de mis angustias.
Mira mis tristezas y trabajos, y perdona mis pecados.
Mira cuntos enemigos tengo que sienten por m un odio mortal.
Cudame, slvame la vida! No dejes que me hunda en la vergenza, pues en ti busco proteccin!
Que me protejan mi honradez y mi inocencia, pues en ti he puesto mi confianza.
Dios mo, salva a Israel de todas sus angustias!
Seor, hazme justicia, pues mi vida no tiene tacha. En ti, Seor, confo firmemente; {De David.}
examname, ponme a prueba!, pon a prueba mis pensamientos y mis sentimientos ms profundos!
Yo tengo presente tu amor y te he sido fiel;
jams conviv con los mentirosos ni me junt con los hipcritas.
Odio las reuniones de los malvados; jams conviv con los perversos!
Lavadas ya mis manos y limpias de pecado, quiero, Seor, acercarme a tu altar,
y entonar cantos de alabanza, y proclamar tus maravillas.
Yo amo, Seor, el templo donde vives, el lugar donde reside tu gloria.
No me quites la vida junto con los pecadores; no me hagas correr la suerte de los asesinos,
de esos que tienen las manos llenas de maldad y soborno.
Pero mi vida es intachable; slvame, ten compasin de m!
Mis pies estn en terreno firme; bendecir al Seor en presencia de su pueblo!
El Seor es mi luz y mi salvacin, de quin podr tener miedo? El Seor defiende mi vida, a quin habr de temer? {De David.}
Los malvados, mis enemigos, se juntan para atacarme y destruirme; pero ellos son los que tropiezan y caen.
Aunque un ejrcito me rodee, mi corazn no tendr miedo; aunque se preparen para atacarme, yo permanecer tranquilo.
Solo una cosa he pedido al Seor, solo una cosa deseo: estar en el templo del Seor todos los das de mi vida, para adorarlo en su templo y contemplar su hermosura.
Cuando lleguen los das malos, el Seor me dar abrigo en su templo; bajo su sombra me proteger. Me pondr a salvo sobre una roca!
Entonces podr levantar la cabeza por encima de mis enemigos; entonces podr ofrecer sacrificios en el templo, y gritar de alegra, y cantar himnos al Seor.
A ti clamo, Seor: escchame. Ten compasin de m, respndeme!
El corazn me dice: "Busca la presencia del Seor." Y yo, Seor, busco tu presencia.
No te escondas de m! No me rechaces con ira! Mi nica ayuda eres t! No me dejes solo y sin amparo, pues t eres mi Dios y salvador.
Aunque mi padre y mi madre me abandonen, t, Seor, te hars cargo de m.
Seor, mustrame tu camino; guame por el buen camino a causa de mis enemigos;
no me entregues a su voluntad, pues se han levantado contra m testigos falsos y violentos.
Pero yo estoy convencido de que llegar a ver la bondad del Seor a lo largo de esta vida.
Ten confianza en el Seor! Ten valor, no te desanimes! S, ten confianza en el Seor!
Seor, mi protector, a ti clamo. No te niegues a responderme! Pues si te niegas a responderme, ya puedo contarme entre los muertos. {De David.}
Oye mis gritos cuando te pido ayuda, cuando extiendo mis manos hacia tu santo templo.
No me arrastres junto con los malvados, no me hagas correr la suerte de los malhechores, que por fuera se muestran amistosos pero por dentro son todo maldad.
Dales su merecido, conforme a sus malas acciones; pgales con la misma moneda, conforme al mal que han cometido.
Ya que no tienen presentes las cosas que hizo el Seor, que l los destruya y no los vuelva a levantar!
Bendito sea el Seor, que ha escuchado mis ruegos!
El Seor es mi poderoso protector; en l confi plenamente, y l me ayud. Mi corazn est alegre; cantar y dar gracias al Seor.
El Seor es la fuerza de su pueblo; es ayuda y refugio de su rey escogido.
Salva a tu pueblo, Seor; bendice a los tuyos. Cudalos como un pastor; llvalos en tus brazos para siempre!
Alaben al Seor, seres celestiales: alaben el poder y la gloria del Seor, {Salmo de David.}
alaben el glorioso nombre del Seor, adoren al Seor en su hermoso santuario.
La voz del Seor resuena sobre el mar; el Dios glorioso hace tronar: el Seor est sobre el mar inmenso!
La voz del Seor resuena con fuerza; la voz del Seor resuena imponente;
la voz del Seor desgaja los cedros. El Seor desgaja los cedros del Lbano!
Hace temblar los montes Lbano y Sirin; los hace saltar como toros y becerros!
La voz del Seor lanza llamas de fuego;
la voz del Seor hace temblar al desierto; el Seor hace temblar al desierto de Cads!
La voz del Seor sacude las encinas y deja sin rboles los bosques. En su templo, todos le rinden honor.
El Seor gobierna las lluvias; el Seor gobierna cual rey eterno!
El Seor da fuerza a su pueblo; el Seor bendice a su pueblo con paz.
Seor, yo te alabo porque t me libertaste, porque no has permitido que mis enemigos se burlen de m. {Salmo. Canto para la dedicacin del templo. De David.}
Seor, mi Dios, te ped ayuda, y me sanaste;
t, Seor, me salvaste de la muerte; me diste vida, me libraste de morir.
Ustedes, fieles del Seor, cntenle himnos!, alaben su santo nombre!
Porque su enojo dura un momento, pero su buena voluntad, toda la vida. Si lloramos por la noche, por la maana tendremos alegra.
Yo me sent seguro, y pens: "Nada me har caer jams."
Pero t, Seor, en tu bondad me habas afirmado en lugar seguro, y apenas me negaste tu ayuda el miedo me dej confundido.
A ti, Seor, clamo; a ti, Seor, suplico:
Qu se gana con que yo muera, con que sea llevado al sepulcro? El polvo no puede alabarte ni hablar de tu fidelidad!
Seor, yeme y ten compasin de m; Seor, aydame!
Has cambiado en danzas mis lamentos; me has quitado el luto y me has vestido de fiesta.
Por eso, Seor y Dios, no puedo quedarme en silencio: te cantar himnos de alabanza y siempre te dar gracias!
Seor, en ti busco proteccin; no me defraudes jams! Ponme a salvo, pues t eres justo! {Del maestro de coro. Salmo de David.}
Dgnate escucharme; date prisa, lbrame ya! S t mi roca protectora, s t mi castillo de refugio y salvacin!
T eres mi roca y mi castillo! Guame y protgeme; haz honor a tu nombre!
Scame de la trampa que me han tendido, pues t eres mi protector!
En tus manos encomiendo mi espritu; resctame, Seor, Dios de la verdad!
Odio a los que adoran dolos intiles. He puesto mi confianza en el Seor.
Tu amor me trae gozo y alegra. T has visto mis tristezas, conoces mis aflicciones;
no me entregaste en manos del enemigo; me hiciste poner pie en lugar seguro!
Seor, ten compasin de m, pues estoy en peligro. El dolor debilita mis ojos, mi cuerpo, todo mi ser!
El dolor y los lamentos acaban con los aos de mi vida! La tristeza acaba con mis fuerzas; mi cuerpo se est debilitando!
Soy el hazmerrer de mis enemigos, objeto de burla de mis vecinos, horror de quienes me conocen. Huyen de m cuantos me ven en la calle!
Me han olvidado por completo, como si ya estuviera muerto. Soy como un jarro hecho pedazos.
Puedo or que la gente cuchichea: "Hay terror por todas partes." Como un solo hombre, hacen planes contra m; hacen planes para quitarme la vida!
Pero yo, Seor, confo en ti; yo he dicho: "T eres mi Dios!"
Mi vida est en tus manos; lbrame de mis enemigos, que me persiguen!
Mira con bondad a este siervo tuyo, y slvame, por tu amor.
A ti clamo, Seor; no me hundas en la vergenza! Hunde en la vergenza a los malvados; hndelos en el silencio del sepulcro!
Queden en silencio los labios mentirosos, que hablan con burla y desprecio, y ofenden al hombre honrado.
Qu grande es tu bondad para aquellos que te honran! La guardas como un tesoro y, a la vista de los hombres, la repartes a quienes confan en ti.
Con la proteccin de tu presencia los libras de los planes malvados del hombre; bajo tu techo los proteges de los insultos de sus enemigos.
Bendito sea el Seor, que con su amor hizo grandes cosas por m en momentos de angustia.
En mi inquietud llegu a pensar que me habas echado de tu presencia; pero cuando te ped ayuda, t escuchaste mis gritos.
Amen al Seor, todos sus fieles. El Seor cuida de los sinceros, pero a los altaneros les da con creces su merecido.
Den nimo y valor a sus corazones todos los que confan en el Seor.
Feliz el hombre a quien sus culpas y pecados le han sido perdonados por completo. {Instruccin de David.}
Feliz el hombre que no es mal intencionado y a quien el Seor no acusa de falta alguna.
Mientras no confes mi pecado, mi cuerpo iba decayendo por mi gemir de todo el da,
pues de da y de noche tu mano pesaba sobre m. Como flor marchita por el calor del verano, as me senta decaer.
Pero te confes sin reservas mi pecado y mi maldad; decid confesarte mis pecados, y t, Seor, los perdonaste.
Por eso, en momentos de angustia los fieles te invocarn, y aunque las aguas caudalosas se desborden, no llegarn hasta ellos.
T eres mi refugio: me proteges del peligro, me rodeas de gritos de liberacin.
El Seor dice: "Mis ojos estn puestos en ti. Yo te dar instrucciones, te dar consejos, te ensear el camino que debes seguir.
No seas como el mulo o el caballo, que no pueden entender y hay que detener su bro con el freno y con la rienda, pues de otra manera no se acercan a ti."
Los malvados tendrn muchos dolores, pero el amor del Seor envuelve a los que en l confan.
Algrense en el Seor, hombres buenos y honrados; algrense y griten de alegra!
Aclamen al Seor, hombres buenos; en labios de los buenos, la alabanza es hermosa.
Den gracias al Seor al son del arpa, cntenle himnos con msica de salterio,
cntenle un nuevo canto, toquen con arte al aclamarlo!
La palabra del Seor es verdadera; sus obras demuestran su fidelidad.
El Seor ama lo justo y lo recto; su amor llena toda la tierra!
Por la palabra del Seor fueron hechos los cielos, por el soplo de su boca, todos los astros.
l junta y almacena las aguas del mar profundo.
Honren al Seor todos en la tierra; hnrenlo todos los habitantes del mundo!
Pues l habl, y todo fue hecho; l orden, y todo qued firme.
El Seor hace fracasar por completo los proyectos de los pueblos paganos,
pero los proyectos del Seor permanecen firmes para siempre.
Feliz el pueblo cuyo Dios es el Seor, el pueblo que ha escogido como suyo.
El Seor mira desde el cielo y ve a todos los hombres;
desde el lugar donde vive observa a los que habitan la tierra;
l es quien form sus corazones y quien vigila todo lo que hacen.
Ningn rey se salva por su gran ejrcito, ni se salvan los valientes por su mucha fuerza;
los caballos no sirven para salvar a nadie; aunque son muy poderosos, no pueden salvar.
Pero el Seor cuida siempre de quienes lo honran y confan en su amor,
para salvarlos de la muerte y darles vida en pocas de hambre.
Nosotros confiamos en el Seor; l nos ayuda y nos protege!
Nuestro corazn se alegra en el Seor; confiamos plenamente en su santo nombre.
Que tu amor, Seor, nos acompae, tal como esperamos de ti!
Bendecir al Seor a todas horas; mis labios siempre lo alabarn. {De David, cuando se retir de la presencia de Abimlec, ante quien haba fingido sufrir un ataque de locura.}
Yo me siento orgulloso del Seor; iganlo y algrense, hombres humildes!
Alabemos juntos y a una voz la grandeza del nombre del Seor.
Recurr al Seor, y l me contest, y me libr de todos mis temores.
Los que miran al Seor quedan radiantes de alegra y jams se vern defraudados.
Este pobre grit, y el Seor lo oy y lo libr de todas sus angustias.
El ngel del Seor protege y salva a los que honran al Seor.
Prueben, y vean que el Seor es bueno. Feliz el hombre que en l confa!
Honren al Seor, los consagrados a l, pues nada faltar a los que lo honran.
Los ricos se vuelven pobres, y sufren hambre, pero a los que buscan al Seor nunca les faltar ningn bien.
Vengan, hijos mos, y escchenme: voy a ensearles a honrar al Seor.
Quieres vivir mucho tiempo? Quieres gozar de la vida?
Pues refrena tu lengua de hablar mal, y nunca digan mentiras tus labios.
Aljate de la maldad, y haz lo bueno; busca la paz, y sguela.
El Seor cuida de los hombres honrados y presta odo a sus clamores.
El Seor est en contra de los malhechores, para borrar de la tierra su recuerdo.
El Seor atiende al clamor del hombre honrado, y lo libra de todas sus angustias.
El Seor est cerca, para salvar a los que tienen el corazn hecho pedazos y han perdido la esperanza.
El hombre honrado pasa por muchos males, pero el Seor lo libra de todos ellos.
l le protege todos los huesos; ni uno solo le rompern.
A los malvados los mata su propia maldad; los que odian al hombre honrado sern castigados.
Pero el Seor salva la vida a sus siervos; no sern castigados los que en l confan!
Seor, oponte a los que se oponen a m; ataca a los que me atacan. {De David.}
Toma tu escudo y ven en mi ayuda;
toma tu lanza y haz frente a los que me persiguen; dime que eres t mi salvador!
Huyan avergonzados los que quieren matarme; huyan avergonzados los que quieren hacerme dao;
sean como paja que se lleva el viento, arrojados por el ngel del Seor!
Sea su camino oscuro y resbaladizo, perseguidos por el ngel del Seor!
Sin motivo me pusieron una trampa; sin motivo hicieron un hoyo para que yo cayera en l.
Que los sorprenda la desgracia! Que caigan en su propia trampa! Que caigan en desgracia!
Entonces me alegrar en el Seor, porque l me habr salvado.
De todo corazn dir: "Quin como t, Seor? A los pobres y necesitados los libras de quienes son ms fuertes que ellos, de quienes los explotan."
Se levantan testigos malvados y me preguntan cosas que yo no s.
Me han pagado mal por bien, y esto me causa mucha tristeza;
pues cuando ellos se enfermaban yo me afliga por ellos, me pona ropas speras y ayunaba, y en mi interior no dejaba de orar.
Andaba yo triste y decado, como si estuviera de luto por mi madre, por un amigo o por mi propio hermano.
Pero cuando ca, todos juntos se rieron de m; como si fueran gente extraa y desconocida, me maltrataron sin cesar.
Me atormentaron, se burlaron de m, me lanzaron miradas cargadas de odio.
Seor, cunto tiempo seguirs viendo esto? Slvame la vida, mi nica vida, de esos leones que andan rugiendo!
Te dar gracias ante tu pueblo numeroso; te alabar ante la gran multitud!
Que no se alegren de m mis enemigos; que no se guien el ojo los que me odian sin razn.
Pues ellos no buscan la paz, sino que hacen planes traicioneros contra la gente pacfica del pas;
abren tamaa boca contra m, y dicen: "Miren lo que hemos llegado a ver!"
A ti te consta, Seor! No te quedes en silencio! No te alejes de m!
Levntate, Seor y Dios mo, despierta! Hazme justicia, ponte de mi parte.
Jzgame, Seor y Dios mo, de acuerdo con tu justicia. Que no se ran de m!
Que no digan ni piensen: "Esto es lo que queramos! Lo hemos arruinado por completo!"
Que queden cubiertos de vergenza los que se alegran de mi desgracia; que queden totalmente cubiertos de vergenza los que se creen superiores a m.
Pero que se alegren y griten de alegra los que quieren verme victorioso; que digan constantemente: "El Seor es grande, y le agrada el bienestar de su siervo!"
Con mi lengua hablar de tu justicia; todo el da te alabar!
La maldad habla al malvado en lo ntimo de su corazn. Jams tiene l presente que hay que temer a Dios. {Del maestro de coro. De David, el servidor del Seor.}
Se cree tan digno de alabanzas, que no encuentra odiosa su maldad.
Es malhablado y mentiroso, perdi el buen juicio, dej de hacer el bien.
Acostado en su cama, planea hacer lo malo; tan aferrado est a su mal camino que no quiere renunciar a la maldad.
Pero tu amor, Seor, llega hasta el cielo; tu fidelidad alcanza al cielo azul.
Tu justicia es como las grandes montaas; tus decretos son como el mar grande y profundo. T, Seor, cuidas de hombres y animales.
Qu maravilloso es tu amor, oh Dios! Bajo tus alas, los hombres buscan proteccin!
Quedan completamente satisfechos con la abundante comida de tu casa; t les das a beber de un ro delicioso,
porque en ti est la fuente de la vida y en tu luz podemos ver la luz.
Brinda siempre tu amor y tu justicia a los que te conocen, a los hombres honrados.
No dejes que me pisoteen los orgullosos ni que me zarandeen los malvados.
Vean cmo caen los malhechores! Caen para no volver a levantarse!
No te enojes por causa de los malvados, ni sientas envidia de los malhechores, {De David.}
pues pronto se secan, como el heno; se marchitan como la hierba!
Confa en el Seor y haz lo bueno, vive en la tierra y mantente fiel.
Ama al Seor con ternura, y l cumplir tus deseos ms profundos.
Pon tu vida en las manos del Seor; confa en l, y l vendr en tu ayuda.
Har brillar tu rectitud y tu justicia como brilla el sol de medioda.
Guarda silencio ante el Seor; espera con paciencia a que l te ayude. No te irrites por el que triunfa en la vida, por el que hace planes malvados.
Deja el enojo, abandona el furor; no te enojes, porque eso empeora las cosas.
Pues los malvados sern arrojados del pas, pero los que confan en el Seor tomarn posesin de l.
Dentro de poco no habr malvados; por ms que los busques, no volvers a encontrarlos.
Pero los humildes heredarn la tierra y disfrutarn de completa paz.
El malvado trama hacer dao al hombre bueno, y le lanza miradas cargadas de odio.
Pero el Seor se re, porque sabe que al malvado se le acerca su hora.
Los malvados sacan la espada y tensan el arco para hacer caer a los pobres y humildes, para matar a los de buena conducta!
Pero su propia espada se les clavar en el corazn, y sus arcos quedarn hechos pedazos.
Lo poco que tiene el hombre bueno es mejor que la mucha riqueza de los malos.
Porque el Seor pondr fin a los malos, pero sostendr a los buenos.
El Seor cuida de los que viven sin tacha, y la herencia de ellos durar para siempre.
En pocas malas, cuando haya hambre, no pasarn vergenza, pues tendrn suficiente comida.
Los malvados ardern como hierba seca; Los enemigos del Seor se desvanecern como el humo.
El malvado pide prestado y no paga, pero el hombre bueno es compasivo y generoso.
Los que el Seor bendice heredarn la tierra, pero los que l maldice sern destruidos.
El Seor dirige los pasos del hombre y lo pone en el camino que a l le agrada;
aun cuando caiga, no quedar cado, porque el Seor lo tiene de la mano.
Yo fui joven, y ya soy viejo, pero nunca vi desamparado al hombre bueno ni jams vi a sus hijos pedir limosna.
A todas horas siente compasin, y da prestado; sus hijos son una bendicin.
Aljate de la maldad y haz lo bueno, y tendrs siempre un lugar donde vivir.
Pues el Seor ama la justicia y no abandona a quienes le son fieles; pero destruye a los malvados y los deja sin descendencia.
Los hombres buenos heredarn la tierra y vivirn en ella para siempre.
El hombre bueno habla con sabidura; el hombre bueno habla con justicia.
Lleva en el corazn la enseanza de su Dios; jams resbalarn sus pies!
El malvado espa al hombre bueno, con la intencin de matarlo;
pero el Seor no dejar que caiga en sus manos, ni dejar tampoco que lo declaren culpable.
T confa en el Seor, y obedcelo, pues l te enaltecer y te dar el pas como herencia. Con tus ojos vers la destruccin de los malvados!
He visto al malvado, lleno de altanera, extenderse como un rbol frondoso;
pero se fue, dej de existir; lo busqu, y no pude encontrarlo.
Fjate en el hombre honrado y sin tacha: el futuro de ese hombre es la paz.
Pero los rebeldes sern destruidos por completo; el futuro de los malos ser su destruccin.
La ayuda a los hombres buenos viene del Seor, que es su refugio en tiempos difciles.
El Seor los ayuda a escapar. Los hace escapar de los malvados, y los salva, porque en l buscaron proteccin.
Seor, no me reprendas en tu enojo ni me castigues en tu furor. {Salmo de David, para hacer recordar.}
Pues en m se han clavado tus flechas; tu mano has descargado sobre m!
Por tu enojo debido a mis pecados, todo mi cuerpo est enfermo; no tengo un solo hueso sano!
Mis maldades me tienen abrumado; son una carga que no puedo soportar.
Por causa de mi necedad, mis heridas se pudren y apestan.
Todo el da ando triste, cabizbajo y deprimido.
La espalda me arde de fiebre; tengo enfermo todo el cuerpo!
Estoy completamente molido y sin fuerzas; mis quejas son quejas del corazn!
Seor, t conoces todos mis deseos, mis suspiros no son un secreto para ti!
Mi corazn late de prisa, las fuerzas me abandonan, aun la vista se me nubla!
Mis mejores amigos, y hasta mis parientes, se mantienen a distancia, lejos de mis llagas.
Los que me quieren matar, me ponen trampas; los que me quieren perjudicar, hablan de arruinarme y a todas horas hacen planes traicioneros.
Pero yo me hago el sordo, como si no oyera; como si fuera mudo, no abro la boca.
Soy como el que no oye ni puede decir nada en su defensa.
Yo espero de ti, Seor y Dios mo, que seas t quien les conteste.
Tan solo pido que no se ran de m, que no canten victoria cuando yo caiga.
En verdad, estoy a punto de caer; mis dolores no me dejan ni un momento.
Voy a confesar mis pecados, pues me llenan de inquietud!
Mis enemigos han aumentado; muchos son los que me odian sin motivo.
Me han pagado mal por bien; porque busco hacer el bien se ponen en contra ma.
Seor, no me dejes solo! Dios mo, no te alejes de m!
Dios y Salvador mo, ven pronto en mi ayuda!
Yo haba prometido cuidar mi conducta, y no pecar con mi lengua, y ponerle un freno a mis labios mientras hubiera malvados delante de m. {Del maestro de coro. De Jedutn. Salmo de David.}
Y me haca el mudo: no deca nada. Ni siquiera hablaba de lo bueno! Pero mi dolor iba en aumento;
el corazn me arda en el pecho! Pensando en ello, un fuego se encendi dentro de m, y dije entonces con voz fuerte:
"Seor, hazme saber qu fin tendr y cunto tiempo voy a vivir, para que comprenda cun breve es mi vida.
Me has dado una vida muy corta; no es nada mi vida delante de ti. Todo hombre dura lo que un suspiro!
Todo hombre pasa como una sombra! De nada le sirve amontonar riquezas, pues no sabe quin se quedar con ellas.
Y as, Seor, qu puedo ya esperar? Mi esperanza est en ti!
Lbrame de mis pecados; no dejes que los necios se burlen de m.
"Me hice el mudo y no abr la boca, porque t eres el que acta.
Aparta de m tus golpes; estoy acabado por los golpes de tu brazo.
T corriges al hombre castigando su maldad, y reduces a polvo lo que ms ama. Todo hombre es un suspiro!
"Seor, escucha mi oracin, presta odo a mis lamentos!, no te quedes callado ante mis lgrimas! Yo soy para ti un extranjero, un ave de paso, como mis antepasados.
Deja ya de mirarme, dame un momento de respiro, antes que me vaya y deje de existir."
Puse mi esperanza en el Seor, y l se inclin para escuchar mis gritos; {Del maestro de coro. Salmo de David.}
me salv de la fosa mortal, me libr de hundirme en el pantano. Afirm mis pies sobre una roca; dio firmeza a mis pisadas.
Hizo brotar de mis labios un nuevo canto, un canto de alabanza a nuestro Dios. Muchos, al ver esto, se sintieron conmovidos y pusieron su confianza en el Seor.
Feliz el hombre que confa en el Seor y no busca a los insolentes ni a los que adoran a dioses falsos!
Seor y Dios mo, muchas son las maravillas que t has hecho y las consideraciones que nos tienes. Nada es comparable a ti! Quisiera anunciarlas, hablar de ellas, pero son ms de las que puedo contar.
T no te complaces en los sacrificios ni en las ofrendas de cereales; tampoco has pedido holocaustos ni ofrendas para quitar el pecado. En cambio, me has abierto los odos.
Por eso he dicho: Aqu estoy, tal como el libro dice de m.
A m me agrada hacer tu voluntad, Dios mo; llevo tu enseanza en el corazn!
En presencia de tu pueblo numeroso he dado a conocer lo que es justo. T bien sabes, Seor, que no he guardado silencio!
No me he quedado callado acerca de tu justicia; he hablado de tu fidelidad y salvacin. Jams he ocultado tu amor y tu verdad ante tu pueblo numeroso.
Y t, Seor, no me niegues tu ternura! Que siempre me protejan tu amor y tu fidelidad!
Pues me han pasado tantas desgracias que ni siquiera las puedo contar. Me han atrapado mis propias maldades; hasta he perdido la vista! Son ms que los pelos de mi cabeza, y hasta el nimo he perdido.
Seor, por favor, ven a librarme! Seor, ven pronto en mi ayuda!
Que sean puestos en completo ridculo los que tratan de acabar con mi vida! Que huyan en forma vergonzosa los que quieren hacerme dao!
Que huyan avergonzados los que se burlan de m!
Pero que todos los que te buscan se llenen de alegra; que cuantos desean tu salvacin digan siempre: "El Seor es grande!"
Y a m, que estoy pobre y afligido, no me olvides, Seor. T eres quien me ayuda y me liberta; no te tardes, Dios mo!
Dichoso el que piensa en el dbil y pobre; el Seor lo librar en tiempos malos. {Del maestro de coro. Salmo de David.}
El Seor lo proteger, le dar vida y felicidad en la tierra, y no lo abandonar al capricho de sus enemigos.
El Seor le dar fuerzas en el lecho del dolor; convertir su enfermedad en salud!
Yo he dicho: "Seor, tenme compasin; crame, aunque he pecado contra ti."
Mis enemigos me desean lo peor: "Cundo morir y se perder su recuerdo?"
Vienen a verme, y no son sinceros; guardan en su memoria todo lo malo, y al salir a la calle lo dan a saber.
Los que me odian se juntan y hablan de m; piensan que estoy sufriendo por mi culpa,
y dicen: "Su enfermedad es cosa del demonio; ha cado en cama y no volver a levantarse."
Aun mi mejor amigo, en quien yo confiaba, el que coma conmigo, se ha vuelto contra m.
Pero t, Seor, tenme compasin; haz que me levante y les d su merecido.
En esto conocer que te he agradado: en que mi enemigo no cante victoria sobre m.
En cuanto a m, que he vivido una vida sin tacha, tmame en tus manos, mantenme siempre en tu presencia.
Bendito sea el Seor, Dios de Israel, ahora y siempre! Amn!
Como ciervo sediento en busca de un ro, as, Dios mo, te busco a ti. {Del maestro de coro. Poemas de los hijos de Cor.}
Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. Cundo volver a presentarme ante Dios?
Da y noche, mis lgrimas son mi alimento, mientras a todas horas me preguntan: "Dnde est tu Dios?"
Cuando pienso en estas cosas, doy rienda suelta a mi dolor. Recuerdo cuando yo iba con la gente, conducindola al templo de Dios entre gritos de alegra y gratitud. Qu gran fiesta entonces!
Por qu voy a desanimarme? Por qu voy a estar preocupado? Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todava seguir alabando. l es mi Dios y Salvador!
Me siento muy desanimado. Por eso pienso tanto en ti desde la regin del ro Jordn, desde los montes Hermn y Misar.
Se escucha en los precipicios el eco atronador de tus cascadas; los torrentes de agua que t mandas han pasado sobre m.
De da el Seor me enva su amor, y de noche no cesa mi canto ni mi oracin al Dios de mi vida.
Le digo a Dios, mi defensor: "Por qu me has olvidado? Por qu tengo que andar triste y oprimido por mis enemigos?"
Hasta los huesos me duelen por las ofensas de mis enemigos, que a todas horas me preguntan: "Dnde est tu Dios?"
Por qu voy a desanimarme? Por qu voy a estar preocupado? Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todava seguir alabando. l es mi Dios y Salvador!
Oh Dios, hazme justicia; ponte de mi parte contra esta gente pagana! Ponme a salvo del mentiroso y del malvado,
porque t eres mi Dios y protector! Por qu me has alejado de ti? Por qu tengo que andar triste y oprimido por mis enemigos?
Enva tu luz y tu verdad, para que ellas me enseen el camino que lleva a tu santo monte, al lugar donde t vives.
Llegar entonces a tu altar, oh Dios, y all te alabar al son del arpa, pues t, mi Dios, llenas mi vida de alegra.
Por qu voy a desanimarme? Por qu voy a estar preocupado? Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todava seguir alabando. l es mi Dios y Salvador!
Oh Dios, hemos odo con nuestros odos, y nuestros padres nos han contado lo que t hiciste en sus das, en aquellos tiempos pasados: {Del maestro de coro. Poema de los hijos de Cor.}
con tu propia mano echaste fuera a los paganos, castigaste a las naciones y estableciste all a nuestros padres.
Pues no fue su brazo ni su espada lo que les dio la victoria; ellos no conquistaron la tierra. Fue tu poder y tu fuerza! Fue el resplandor de tu presencia, porque t los amabas!
Mi Rey! Mi Dios! T diste las victorias a tu pueblo;
por ti vencimos a nuestros enemigos; en tu nombre aplastamos a los que nos atacaban!
Porque no confiara yo en mi arco, ni mi espada podra darme la victoria;
fuiste t quien nos hizo vencer a nuestros enemigos, quien puso en ridculo a los que nos odiaban.
Siempre estaremos orgullosos de ti, oh Dios, y siempre alabaremos tu nombre!
Pero nos has rechazado; nos has cubierto de vergenza. Ya no sales con nuestros ejrcitos.
Nos has hecho dar la espalda a nuestros enemigos; los que nos odian nos roban y se llevan lo que quieren.
Nos has entregado cual si furamos ovejas para el matadero; nos has dispersado entre los paganos;
has vendido a tu pueblo muy barato, y nada has ganado con venderlo.
Nos has convertido en objeto de insultos; nuestros vecinos nos ofenden y ridiculizan.
Has hecho que los paganos se burlen de nosotros; al vernos, mueven burlones la cabeza.
No hay momento en que no me vea humillado; se me cae la cara de vergenza
por culpa del enemigo, que trata de vengarse y que me ofende y ultraja.
Esto que nos ha pasado no fue por haberte olvidado. No hemos faltado a tu alianza!
No hemos pensado abandonarte ni hemos dejado tus caminos.
Sin embargo, t nos has aplastado en lugares de miseria. Nos has cubierto de terrible oscuridad!
Si te hubiramos olvidado, oh Dios, y adorado en tu lugar a un dios extrao,
t te habras dado cuenta, pues conoces los ms ntimos secretos.
Pero por causa tuya estamos siempre expuestos a la muerte; nos tratan como a ovejas para el matadero.
Por qu duermes, Seor? Despierta, despierta! No nos rechaces para siempre!
Por qu te escondes? Por qu te olvidas de nosotros, que sufrimos tanto, tanto?
Estamos rendidos y humillados, arrastrando nuestros cuerpos por el suelo.
Levntate, ven a ayudarnos y slvanos por tu gran amor!. {Del maestro de coro, segn la meloda de "Los lirios". Poema de los hijos de Cor. Canto de amor}
Palabras hermosas bullen en mi mente; mi lengua es como la pluma de un buen escritor. Voy a recitar mi poesa ante el rey!
Eres el ms hermoso de los hombres! El encanto brota de tus labios! Por eso Dios te bendijo para siempre.
Ponte la espada a la cintura, valiente! Ella es tu adorno esplendoroso!
Tu gloria consiste en avanzar triunfante, luchando en favor de la verdad y haciendo justicia a los humildes. Tu mano derecha realiza grandes proezas!
Los pueblos caen a tus pies, oh rey; tus flechas son agudas y se clavan en el corazn de tus enemigos.
Tu reinado, oh Dios, es eterno, y es un reinado de justicia.
Amas el bien y odias el mal. Por eso te ha escogido Dios, tu Dios, y te ha colmado de alegra ms que a tus compaeros.
Toda tu ropa es perfume de mirra, loe y canela; con msica de instrumentos de cuerda te alegran en los palacios de marfil.
Entre las damas de tu corte hay princesas; a la derecha de tu trono est la reina, adornada con el oro ms fino.
Escucha, hijita; fjate bien en lo que voy a decirte: Olvdate de tu familia y de tu gente,
pues el rey desea tu belleza; l es tu seor, y debes obedecerlo.
Princesa de Tiro, los ms ricos del pueblo procuran con regalos ganarse tu favor.
Aqu entra la princesa, en toda su hermosura! Su vestido es de brocado de oro!
Esplndidamente vestida la llevan ante el rey, seguida de sus damas de honor, del cortejo de sus amigas.
Avanzan con gran alegra; alegres entran en el palacio del rey.
Tus hijos, oh rey, ocuparn el trono de tus antepasados, y hars que gobiernen en todo el pas.
Yo har que tu nombre se recuerde en cada nueva generacin, y que los pueblos te alaben por siempre.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia. {Del maestro de coro. Canto para flautas de los hijos de Cor.}
Por eso no tendremos miedo, aunque se deshaga la tierra, aunque se hundan los montes en el fondo del mar,
aunque ruja el mar y se agiten sus olas, aunque tiemblen los montes a causa de su furia.
Un ro alegra con sus brazos la ciudad de Dios, la ms santa de las ciudades del Altsimo.
Dios est en medio de ella, y la sostendr; Dios la ayudar al comenzar el da.
Las naciones rugen, los reinos tiemblan, la tierra se deshace cuando l deja or su voz.
El Seor todopoderoso est con nosotros! El Dios de Jacob es nuestro refugio!
Vengan a ver las cosas sorprendentes que el Seor ha hecho en la tierra:
ha puesto fin a las guerras hasta el ltimo rincn del mundo; ha roto los arcos, ha hecho pedazos las lanzas, ha prendido fuego a los carros de guerra!
"Rndanse! Reconozcan que yo soy Dios! Yo estoy por encima de las naciones! Yo estoy por encima de toda la tierra!"
El Seor todopoderoso est con nosotros! El Dios de Jacob es nuestro refugio!
Aplaudan, pueblos todos! Aclamen a Dios con gritos de alegra! {Del maestro de coro. Salmo de los hijos de Cor.}
Porque el Seor, el Altsimo, es terrible; es el gran Rey de toda la tierra.
Destroz pueblos y naciones y los someti a nuestro yugo.
Nos ha escogido nuestra herencia, que es orgullo de Jacob, a quien am.
Dios el Seor ha subido a su trono entre gritos de alegra y toques de trompeta!
Canten, canten himnos a Dios! Canten, canten himnos a nuestro Rey!
Canten un poema a Dios, porque l es el Rey de toda la tierra!
Dios es el Rey de las naciones! Dios est sentado en su santo trono!
Los hombres importantes de las naciones se unen al pueblo del Dios de Abraham, pues de Dios son los poderes del mundo. l est por encima de todo!
El Seor es grande! Nuestro Dios es digno de alabanza en su ciudad y en su santo monte! {Cntico. Salmo de los hijos de Cor.}
Qu hermosa altura la del monte Sin, all, en el extremo norte! Es la alegra de toda la tierra! Es la ciudad del gran Rey!
Dios est en los palacios de Jerusaln; Dios se ha dado a conocer como un refugio seguro.
Pues los reyes se reunieron y juntos avanzaron contra ella;
pero al ver la ciudad se sorprendieron, se inquietaron y huyeron.
El miedo se adue de ellos: se retorcan de dolor, como mujer de parto;
como el viento del este, que destroza los barcos de Tarsis.
En la ciudad de nuestro Dios, el Seor todopoderoso, hemos visto con nuestros ojos lo mismo que nos haban contado: Dios afirmar para siempre a Jerusaln!
Oh Dios, en medio de tu templo pensamos en tu gran amor.
Oh Dios, por toda la tierra eres alabado como corresponde a tu nombre. Con tu poder haces plena justicia.
Que se alegre el monte Sin! Que salten de alegra las ciudades de Jud por tus justas decisiones!
Caminen alrededor de Sin y cuenten las torres que tiene;
fjense en su muralla y en sus palacios, para que puedan contar a las generaciones futuras
que as es nuestro Dios por toda la eternidad. l es nuestro gua eternamente!
Oigan bien esto, pueblos y habitantes de todo el mundo, {Del maestro de coro. Salmo de los hijos de Cor.}
lo mismo los ricos que los pobres, lo mismo los poderosos que los humildes.
Voy a hablar con sabidura y expresar pensamientos profundos;
pondr atencin a los refranes, y dir mi secreto al son del arpa.
Por qu voy a tener miedo cuando vengan los das malos, cuando me encuentre rodeado de la maldad de mis enemigos?
Ellos confan en sus riquezas y se jactan de sus muchos bienes,
pero nadie puede salvarse a s mismo ni pagarle a Dios porque le salve la vida.
No hay dinero que pueda comprar la vida de un hombre,
para que viva siempre y se libre de la muerte!
Pues se ve que todos mueren por igual, lo mismo los sabios que los tontos, y se quedan para otros sus riquezas.
Aunque dieron su nombre a sus tierras, el sepulcro ser su hogar eterno; all se quedarn para siempre!
El hombre no es eterno, por muy rico que sea; muere lo mismo que los animales.
As acaban los que en s mismos confan; as terminan los que a s mismos se alaban.
Para esa gente, la muerte es el pastor que los conduce al sepulcro como si fueran ovejas. Cuando llegue la maana, los buenos triunfarn sobre ellos; su fuerza ir decayendo y el sepulcro ser su hogar.
Pero Dios me salvar del poder de la muerte, pues me llevar con l.
No te inquietes si alguien se hace rico y aumenta el lujo de su casa,
pues cuando muera no podr llevarse nada, ni su lujo le seguir al sepulcro.
Aunque se sienta feliz mientras vive, y la gente lo alabe por ser rico,
llegar el da en que se muera, y no volver a ver la luz.
El hombre no es eterno, por muy rico que sea; muere lo mismo que los animales.
El Seor, el Dios de los dioses, ha hablado; ha llamado a los que habitan la tierra del oriente al occidente. {Salmo de Asaf.}
Dios resplandece desde Sin, la ciudad de belleza perfecta.
Nuestro Dios viene, pero no en silencio: delante de l, un fuego destructor; a su alrededor, una fuerte tormenta.
Desde lo alto, Dios llama al cielo y a la tierra a presenciar el juicio de su pueblo:
"Renan a los que me son fieles, a los que han hecho una alianza conmigo ofrecindome un sacrificio."
Y el cielo declara que Dios es juez justo.
"Escucha, Israel, pueblo mo; voy a poner las cosas en claro contigo. Yo soy Dios! Yo soy tu Dios!
No te censuro por los sacrificios y holocaustos que siempre me ofreces.
No te pido becerros de tu ganado ni machos cabros de tus corrales,
pues mos son todos los animales salvajes, lo mismo que los ganados de las serranas;
mas son las aves de las montaas y todo lo que bulle en el campo.
Si yo tuviera hambre, no te lo dira a ti, pues el mundo es mo, con todo lo que hay en l.
Acaso me alimento de carne de toros, o bebo sangre de machos cabros?
Sea la gratitud tu ofrenda a Dios; cumple al Altsimo tus promesas!
Llmame cuando ests angustiado; yo te librar, y t me honrars."
Pero al malvado Dios le dice: "Qu derecho tienes de citar mis leyes o de mencionar mi alianza,
si no te agrada que yo te corrija ni das importancia a mis palabras?
Al ladrn lo recibes con los brazos abiertos; te juntas con gente adltera!
Para el mal y para inventar mentiras se te sueltan la lengua y los labios.
Calumnias a tu hermano; contra tu propio hermano lanzas ofensas!
Todo esto has hecho, y me he callado; pensaste que yo era igual que t. Pero voy a acusarte cara a cara, voy a ajustarte las cuentas!
"Entiendan bien esto, ustedes que olvidan a Dios, no sea que empiece yo a despedazarlos y no haya quien los libre:
el que me ofrece su gratitud, me honra. Yo salvo al que permanece en mi camino!"
Por tu amor, oh Dios, ten compasin de m; por tu gran ternura, borra mis culpas. {Del maestro de coro. Salmo de David, despus que el profeta Natn lo reprendi por haber cometido adulterio con Betsab.}
Lvame de mi maldad! Lmpiame de mi pecado!
Reconozco que he sido rebelde; mi pecado no se borra de mi mente.
Contra ti he pecado, y solo contra ti, haciendo lo malo, lo que t condenas. Por eso tu sentencia es justa; irreprochable tu juicio.
En verdad, soy malo desde que nac; soy pecador desde el seno de mi madre.
En verdad, t amas al corazn sincero, y en lo ntimo me has dado sabidura.
Purifcame con hisopo, y quedar limpio; lvame, y quedar ms blanco que la nieve.
Llname de gozo y alegra; algrame de nuevo, aunque me has quebrantado.
Aleja de tu vista mis pecados y borra todas mis maldades.
Oh Dios, pon en m un corazn limpio!, dame un espritu nuevo y fiel!
No me apartes de tu presencia ni me quites tu santo espritu.
Hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvacin; sostenme con tu espritu generoso,
para que yo ensee a los rebeldes tus caminos y los pecadores se vuelvan a ti.
Lbrame de cometer homicidios, oh Dios, Dios de mi salvacin, y anunciar con cantos que t eres justo.
Seor, abre mis labios, y con mis labios te cantar alabanzas.
Pues t no quieres ofrendas ni holocaustos; yo te los dara, pero no es lo que te agrada.
Las ofrendas a Dios son un espritu dolido; t no desprecias, oh Dios, un corazn hecho pedazos!
Haz bien a Sin, por tu buena voluntad; vuelve a levantar los muros de Jerusaln.
Entonces aceptars los sacrificios requeridos, las ofrendas y los holocaustos; entonces se ofrecern becerros sobre tu altar.
Por qu presumes de tu maldad, oh poderoso? El amor de Dios es constante! {Del maestro de coro. Instruccin de David, cuando Doeg el edomita fue a contarle a Sal que David haba estado en la casa de Ahimlec.}
Solo piensas en hacer lo malo; tu lengua es traicionera como un cuchillo afilado.
Prefieres lo malo a lo bueno, prefieres la mentira a la verdad.
Lengua embustera, prefieres las palabras destructivas;
pero Dios tambin te destruir para siempre: te tomar y te echar de tu casa; te quitar la vida.
Los que obedecen a Dios, vern esto y sentirn temor; pero se burlarn de aquel hombre, diciendo:
"Miren al que no busca proteccin en Dios; al que confa en sus grandes riquezas y persiste en su maldad."
Pero yo soy como un olivo verde en el templo de Dios; siempre confiar en su amor!
Oh Dios, siempre te dar gracias por lo que has hecho; esperar en ti delante de tus fieles, porque eres bueno.
Los necios piensan que no hay Dios: todos se han pervertido, han hecho cosas malvadas; no hay nadie que haga lo bueno! {Del maestro de coro, para la enfermedad. Instruccin de David.}
Desde el cielo, Dios mira a los hombres para ver si hay alguien con entendimiento, alguien que busque a Dios.
Pero todos se han desviado, todos por igual se han pervertido. Ya no hay quien haga lo bueno! No hay ni siquiera uno!
No tienen entendimiento los malhechores, los que se comen a mi pueblo como quien come pan, los que no invocan el nombre de Dios.
Aunque no haya razn para temblar, ellos temblarn de miedo, porque Dios esparce los huesos del enemigo. Quedarn en ridculo, porque Dios los rechaza.
Ojal que del monte Sin venga la salvacin de Israel! Cuando Dios cambie la suerte de su pueblo, se alegrarn los descendientes de Jacob, todo el pueblo de Israel.
Slvame, Dios mo, por tu nombre! Defindeme con tu poder! {Del maestro de coro, con instrumentos de cuerda. Instruccin de David, cuando los habitantes de Zif fueron a decir a Sal: "No se ha escondido David entre nosotros?"}
Escucha, Dios mo, mi oracin; presta odo a mis palabras,
pues gente arrogante y violenta se ha puesto en contra ma y quiere matarme. No tienen presente a Dios!
Sin embargo, Dios me ayuda; el Seor me mantiene con vida.
l har que la maldad de mis enemigos se vuelva contra ellos mismos. Destryelos, Seor, pues t eres fiel!
Yo te ofrecer sacrificios voluntarios y alabar tu nombre, porque eres bueno,
porque me has librado de todas mis angustias y he visto vencidos a mis enemigos.
Dios mo, escucha mi oracin; no desatiendas mi splica. {Del maestro de coro, con instrumentos de cuerda. Instruccin de David.}
Hazme caso, contstame; en mi angustia te invoco. Me hacen temblar la voz del enemigo y los gritos de los malvados.
Me han cargado de aflicciones; me atacan rabiosamente.
El corazn me salta en el pecho; el terror de la muerte ha cado sobre m.
Me ha entrado un temor espantoso; estoy temblando de miedo!
Y digo: "Ojal tuviera yo alas como de paloma; volara entonces y podra descansar.
Volando me ira muy lejos; me quedara a vivir en el desierto.
Correra presuroso a protegerme de la furia del viento y de la tempestad."
Destryelos, Seor, confunde su lenguaje, pues tan solo veo violencia y discordia,
que da y noche rondan la ciudad. Hay en ella maldad e intrigas; hay en ella corrupcin;
sus calles estn llenas de violencia y engao.
No me ha ofendido un enemigo, lo cual yo podra soportar; ni se ha alzado contra m el que me odia, de quien yo podra esconderme.
Has sido t, mi propio camarada, mi ms ntimo amigo,
con quien me reuna en el templo de Dios para conversar amigablemente, con quien caminaba entre la multitud!
Que sorprenda la muerte a mis enemigos! Que caigan vivos en el sepulcro, pues la maldad est en su corazn!
Pero yo clamar a Dios; el Seor me salvar.
Me quejar y llorar maana, tarde y noche, y l escuchar mi voz.
En las batallas me librar; me salvar la vida, aunque sean muchos mis adversarios.
Dios, el que reina eternamente, me oir y los humillar, pues ellos no cambian de conducta ni tienen temor de Dios.
Levantan la mano contra sus amigos; no cumplen su promesa de amistad.
Usan palabras ms suaves que la mantequilla, pero sus pensamientos son de guerra. Usan palabras ms suaves que el aceite, pero no son sino espadas afiladas.
Deja tus preocupaciones al Seor, y l te mantendr firme; nunca dejar que caiga el hombre que lo obedece.
Dios mo, los asesinos y mentirosos no vivirn ni la mitad de su vida; t hars que caigan al fondo del sepulcro, pero yo confo en ti.
Ten compasin de m, Dios mo, pues hay gente que me persigue; a todas horas me atacan y me oprimen. {Del maestro de coro, segn la meloda de "La paloma de los dioses lejanos". Poema de David, cuando los filisteos lo capturaron en Gat.}
A todas horas me persiguen mis enemigos; son muchos los que me atacan con altanera.
Cuando tengo miedo, confo en ti.
Confo en Dios y alabo su palabra; confo en Dios y no tengo miedo. Qu me puede hacer el hombre?
A todas horas me hieren con palabras; solo piensan en hacerme dao.
Andan escondindose aqu y all, siguindome los pasos, esperando el momento de matarme.
Acaso escaparn de su propia maldad? Oh, Dios, humilla a los pueblos con tu enojo.
T llevas la cuenta de mis huidas; t recoges cada una de mis lgrimas. Acaso no las tienes anotadas en tu libro?
Mis enemigos se pondrn en retirada cuando yo te pida ayuda. Yo s muy bien que Dios est de mi parte.
Confo en Dios y alabo su palabra; confo en el Seor y alabo su palabra;
confo en Dios y no tengo miedo. Qu me puede hacer el hombre?
Las promesas que te hice, oh Dios, te las cumplir con alabanzas,
porque me has salvado de la muerte, porque me has librado de caer, a fin de que yo ande en la luz de la vida, en la presencia de Dios.
Ten compasin de m, Dios mo, ten compasin de m, pues en ti busco proteccin. Quiero protegerme debajo de tus alas hasta que el peligro haya pasado. {Del maestro de coro. "No destruyas". Poema de David, cuando huy de Sal y se escondi en la cueva.}
Voy a clamar al Dios altsimo, al Dios que en todo me ayuda.
l enviar desde el cielo su amor y su verdad, y me salvar de quienes con rabia me persiguen.
Tendido estoy, por el suelo, entre leones que se comen a la gente; sus dientes son como lanzas y flechas, su lengua es una espada afilada.
Dios mo, t ests por encima del cielo. Tu gloria llena toda la tierra!
Mis enemigos me pusieron una trampa para doblegar mi nimo; hicieron un hoyo a mi paso, pero ellos mismos cayeron en l.
Mi corazn est dispuesto, Dios mo, mi corazn est dispuesto a cantarte himnos.
Despierta, alma ma; despierten, arpa y salterio; despertar al nuevo da!
Te alabar con himnos, Seor, en medio de pueblos y naciones.
Pues tu amor es grande hasta los cielos; tu lealtad alcanza al cielo azul.
Dios mo, t ests por encima del cielo. Tu gloria llena toda la tierra!
Ustedes, los poderosos, en verdad dictan sentencias justas y juzgan rectamente a los hombres? {Del maestro de coro. "No destruyas". Poema de David.}
Al contrario, actan con mala intencin; abren camino a la violencia en el pas.
Los malvados se pervierten desde el vientre; los mentirosos se descarran desde antes de nacer.
Son venenosos como vboras; son como una serpiente venenosa que se hace la sorda, que se tapa los odos
para no or la msica del mago, del experto en encantamientos.
Dios mo, rmpeles los dientes! Seor, rmpeles los colmillos a esos leones!
Que desaparezcan, como el agua que se escurre; que se sequen, como la hierba del camino;
que se deshagan, como el caracol en su baba, como el nio abortado que nunca vio la luz!,
que ardan como espinos antes que se den cuenta; que sean arrancados con furia, como hierba verde.
El que es fiel se alegrar de verse vengado; empapar sus pies en la sangre del malvado!
Y entonces se dir: "Vale la pena ser fiel! Hay un Dios que juzga al mundo!"
Dios mo, lbrame de mis enemigos; ponme a salvo de mis agresores. {Del maestro de coro. "No destruyas". Poema de David, cuando Sal orden que vigilaran la casa de David para darle muerte.}
Lbrame de los malhechores, slvame de los asesinos,
porque hay hombres poderosos que esperan el momento de matarme. Seor, no he sido rebelde ni he pecado;
no he hecho nada malo, y, sin embargo, se apresuran a atacarme. Despierta! Ven a mi encuentro y mira!
T, Seor, Dios todopoderoso, Dios de Israel, despierta y castiga a esos paganos; no tengas compasin de esos malvados traidores.
Regresan por la noche, ladrando como perros, y rondan la ciudad.
Echando espuma por la boca, dicen con tono hiriente: "No hay nadie que nos oiga!"
Pero t, Seor, te res de ellos; t te burlas de esos paganos.
En ti estar protegido, Dios mo, pues t eres mi fortaleza y proteccin.
El Dios que me ama vendr a mi encuentro; me har ver la derrota de mis enemigos.
No les tengas compasin, para que mi pueblo lo tenga presente; disprsalos con tu poder, y humllalos. El Seor es nuestro protector!
Pecan en todo lo que dicen; pues que sean presa de su propio orgullo y de sus falsos juramentos!
Acbalos, acbalos con tu enojo! Que dejen de existir! Que se sepa que Dios es Rey en Jacob y hasta lo ltimo de la tierra!
Cuando vuelvan por la noche ladrando como perros, y ronden la ciudad en busca de comida,
aullarn por no encontrar suficiente.
En cuanto a m, te cantar por la maana; anunciar a voz en cuello tu amor y tu poder. Pues t has sido mi proteccin, mi refugio en momentos de angustia.
A ti cantar himnos, Dios mo, pues t eres mi fortaleza y proteccin; t eres el Dios que me ama!
En tu enojo, oh Dios, nos has abandonado, nos has deshecho; devulvenos ahora nuestra fuerza! {Del maestro de coro, segn la meloda de "Los lirios del testimonio". Poema didctico de David, cuando sali a luchar contra los arameos de Naharaim y de Sob, y Joab, al volver, derrot a doce mil hombres de Edom en el Valle de la Sal.}
Hiciste que la tierra temblara y se abriera; cierra ahora sus grietas, pues se desmorona!
Has hecho pasar a tu pueblo duras pruebas, nos has dado un vino que enloquece.
Diste a los que te honran la seal para que escaparan de las flechas.
Respndenos, slvanos con tu poder! Libera a los que amas!
Dios ha dicho en su santuario: "Con qu alegra dividir Siquem y repartir el valle de Sucot!
Galaad y Manass me pertenecen; Efran es el casco que cubre mi cabeza; Jud es mi bastn de mando;
Moab es la palangana en que me lavo; sobre Edom arrojar mi sandalia; gritar de triunfo sobre los filisteos!"
Quin me llevar a la ciudad amurallada? Quin me guiar hasta Edom?
Pues t, oh Dios, nos has rechazado; no sales ya con nuestras tropas!
Aydanos contra el enemigo, pues nada vale la ayuda del hombre.
Con la ayuda de Dios haremos grandes cosas; l aplastar a nuestros enemigos!
Dios mo, escucha mis gritos de dolor, atiende a mi oracin! {Del maestro de coro, con instrumentos de cuerda. De David.}
Desde el ltimo rincn de la tierra clamo a ti, pues mi corazn desfallece. Ponme a salvo sobre una alta roca,
pues t eres mi refugio. Eres como una torre fuerte que me libra del enemigo!
Quiero vivir en tu casa para siempre, protegido debajo de tus alas.
T, Dios mo, has escuchado mis promesas, y me has dado la herencia de los que honran tu nombre.
Concdele al rey una larga vida; que viva muchos, muchsimos aos,
y que reine siempre con tu bendicin. Cudalo con tu amor y fidelidad;
as alabar tu nombre en todo tiempo y cumplir mis promesas da tras da.
Solo en Dios encuentro paz; mi salvacin viene de l. {Del maestro de coro. De Jedutn. Salmo de David.}
Solo l me salva y me protege. No caer, porque l es mi refugio.
Hasta cundo me atacarn ustedes y tratarn de echarme abajo, cual si fuera una pared que se derrumba o una cerca a punto de caer al suelo?
Solo piensan en derribarme; su mayor placer es la mentira. Me alaban con los labios, pero me maldicen con el pensamiento.
Solo en Dios encuentro paz; pues mi esperanza viene de l.
Solo l me salva y me protege. No caer, porque l es mi refugio.
De Dios dependen mi salvacin y mi honor; l es mi proteccin y mi refugio.
Pueblo mo, confa siempre en l! Hblenle en oracin con toda confianza! Dios es nuestro refugio!
El hombre es pura ilusin, tanto el pobre como el rico; si en una balanza los pesaran juntos, pesaran menos que nada.
No confen en la violencia; no se endiosen con el pillaje! Si llegan a ser ricos, no pongan su confianza en el dinero.
Ms de una vez he escuchado esto que Dios ha dicho: que el poder y el amor le pertenecen, y que l recompensa a cada uno conforme a lo que haya hecho.
Dios mo, t eres mi Dios! Con ansias te busco, pues tengo sed de ti; mi ser entero te desea, cual tierra rida, sedienta, sin agua. {Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Jud.}
Quiero verte en tu santuario, y contemplar tu poder y tu gloria,
pues tu amor vale ms que la vida! Con mis labios te alabar;
toda mi vida te bendecir, y a ti levantar mis manos en oracin.
Quedar muy satisfecho, como el que disfruta de un banquete delicioso, y mis labios te alabarn con alegra.
Por las noches, ya acostado, te recuerdo y pienso en ti;
pues t eres quien me ayuda. Soy feliz bajo tus alas!
Mi vida entera est unida a ti; tu mano derecha no me suelta.
Los que tratan de matarme caern al fondo del sepulcro;
morirn a filo de espada y sern devorados por los lobos!
Pero el rey se alegrar en Dios; cantarn alabanzas todos los que juran por l, pero a los que mienten se les tapar la boca.
Dios mo, escucha mi queja; protege mi vida de terribles enemigos. {Del maestro de coro. Salmo de David.}
Escndeme de los malvados y de sus planes secretos; lbrame de la conspiracin de los malvados,
que afilan su lengua como espada y lanzan como flechas palabras venenosas.
Desde su escondite disparan contra el inocente; disparan por sorpresa y sin temor.
Se animan entre s a hacer lo malo; planean poner trampas escondidas y piensan que nadie podr verlos,
que nadie investigar sus maldades. Pero aquel que puede conocer los pensamientos ms ntimos del hombre, har la investigacin.
Dios los herir con sus flechas, los herir por sorpresa;
caern por sus propias palabras, y quienes los vean se burlarn de ellos.
Todos entonces honrarn a Dios y hablarn de sus acciones; comprendern lo que l ha hecho.
El hombre bueno se alegrar en el Seor y buscar proteccin en l, y todos los hombres honrados se sentirn satisfechos.
Oh Dios de Sin, t eres digno de alabanza!, t mereces que te cumplan lo prometido, {Del maestro de coro. Salmo y cntico de David.}
pues escuchas la oracin! Todo el mundo viene a ti.
Nuestras maldades nos dominan, pero t perdonas nuestros pecados.
Feliz el hombre a quien escoges y lo llevas a vivir cerca de ti, en las habitaciones de tu templo. Que seamos colmados con lo mejor de tu casa, con la santidad de tu templo!
Dios y Salvador nuestro, t nos respondes con maravillosos actos de justicia; la tierra entera confa en ti, y tambin el mar lejano;
t mantienes firmes las montaas con tu poder y tu fuerza.
T calmas el estruendo de las olas y el alboroto de los pueblos;
aun los que habitan en lejanas tierras tiemblan ante tus maravillas; por ti hay gritos de alegra del oriente al occidente.
T tienes cuidado de la tierra; le envas lluvia y la haces producir; t, con arroyos caudalosos, haces crecer los trigales. As preparas el campo!
T empapas los surcos de la tierra y nivelas sus terrones; ablandas la tierra con lluvias abundantes y bendices sus productos.
T colmas el ao de bendiciones, tus nubes derraman abundancia;
los pastos del desierto estn verdes y los montes se visten de gala;
los llanos se cubren de rebaos, los valles se revisten de trigales; todos cantan y gritan de alegra!
Canten a Dios con alegra, habitantes de toda la tierra; {Del maestro de coro. Salmo, cntico.}
canten himnos a su glorioso nombre; cntenle gloriosas alabanzas.
Dganle a Dios: "Tus obras son maravillosas. Por tu gran poder tus enemigos caen aterrados ante ti;
todo el mundo te adora y canta himnos a tu nombre."
Vengan a ver las obras de Dios, las maravillas que ha hecho por los hombres:
convirti el mar en tierra seca, y nuestros antepasados cruzaron el ro a pie; alegrmonos en Dios!
Con su poder, gobierna para siempre; vigila su mirada a las naciones, para que los rebeldes no se levanten contra l.
Naciones, bendigan a nuestro Dios! hagan resonar himnos de alabanza!
Porque nos ha mantenido con vida; no nos ha dejado caer.
Dios nuestro, t nos has puesto a prueba, nos has purificado como a la plata!
Nos has hecho caer en la red; nos cargaste con un gran peso.
Dejaste que un cualquiera nos pisoteara; hemos pasado a travs de agua y fuego, pero al fin nos has dado respiro.
Entrar en tu templo y te ofrecer holocaustos; as cumplir mis promesas,
las promesas que te hice cuando me hallaba en peligro.
Te presentar holocaustos de animales engordados; te ofrecer toros y machos cabros, y sacrificios de carneros.
Vengan todos ustedes, los que tienen temor de Dios! Escuchen, que voy a contarles lo que ha hecho por m!
Con mis labios y mi lengua lo llam y lo alab.
Si yo tuviera malos pensamientos, el Seor no me habra escuchado;
pero l me escuch y atendi mis oraciones!
Bendito sea Dios, que no rechaz mi oracin ni me neg su amor!
Que el Seor tenga compasin y nos bendiga, que nos mire con buenos ojos, {Del maestro de coro, con instrumentos de cuerda. Salmo y cntico.}
para que todas las naciones de la tierra conozcan su voluntad y salvacin.
Oh Dios, que te alaben los pueblos; que todos los pueblos te alaben!
Que las naciones griten de alegra, pues t gobiernas los pueblos con justicia; t diriges las naciones del mundo!
Oh Dios, que te alaben los pueblos; que todos los pueblos te alaben!
La tierra ha dado su fruto; nuestro Dios nos ha bendecido!
Que Dios nos bendiga! Que le rinda honor el mundo entero!
Cuando Dios entra en accin, sus enemigos se dispersan; los que le odian huyen de su presencia; {Del maestro de coro. Salmo y cntico de David.}
desaparecen como el humo en el aire, se derriten como la cera en el fuego; ante Dios estn perdidos los malvados!
Pero los buenos se alegran; ante Dios se llenan de gozo, saltan de alegra!
Canten ustedes a Dios, canten himnos a su nombre; alaben al que cabalga sobre las nubes. Algrense en el Seor! Algrense en su presencia!
Dios, que habita en su santo templo, es padre de los hurfanos y defensor de las viudas;
Dios da a los solitarios un hogar donde vivir, libera a los prisioneros y les da prosperidad; pero los rebeldes vivirn en tierra estril.
Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo marchando a travs del desierto,
la tierra tembl, la lluvia cay del cielo, el Sina tembl delante de Dios, delante del Dios de Israel.
Oh Dios, t hiciste llover en abundancia; tu pueblo estaba agotado, y t le diste fuerza.
Tu pueblo se estableci all y t, oh Dios, por tu bondad, le diste al pobre lo necesario.
El Seor dio un mensaje; muchas mujeres lo anunciaban:
"Estn huyendo los reyes y sus ejrcitos!" En casa, las mujeres se repartan lo que se le haba quitado al enemigo,
pero ustedes se quedaron entre los rediles. Alas de paloma cubiertas de plata! Sus plumas cubiertas de oro fino!
Cuando el Todopoderoso hizo huir a los reyes, nevaba sobre el monte Salmn.
Qu altos son los montes de Basn, y qu elevadas sus cumbres!
Ustedes, que son montes tan altos, por qu miran con envidia el monte donde Dios quiso residir? El Seor vivir all para siempre!
Dios cuenta por millones sus carros de combate; del Sina vino en ellos a su templo.
Oh Dios, subiste a lo alto llevando cautivos; recibiste tributo entre los hombres y hasta los rebeldes se rindieron a ti, Seor.
Bendito sea el Seor, nuestro Dios y Salvador, que da tras da lleva nuestras cargas!
Nuestro Dios es un Dios que salva y que puede librarnos de la muerte.
Dios partir la cabeza de sus enemigos, la cabeza de los que siguen pecando.
El Seor ha dicho: "Te har volver de Basn; te har volver del mar profundo,
para que baes tus pies en la sangre de tus enemigos y tus perros se la beban."
Oh Dios, mi Dios y Rey, en tu santuario se ven las procesiones que celebran en tu honor.
Los cantores van al frente y los msicos detrs, y en medio las jovencitas van tocando panderetas.
Bendigan todos ustedes a Dios el Seor! Bendgalo todo Israel reunido!
Al frente de ellos va Benjamn, el menor, con muchos jefes de Jud, de Zabuln y de Neftal.
Dios mo, demuestra tu poder; reafirma lo que has hecho por nosotros!
Desde tu alto templo, en Jerusaln, adonde los reyes te traen regalos,
reprende a Egipto, a esa bestia de los juncos, a esa manada de toros bravos y de becerros que en su afn de riquezas humillan a los pueblos; dispersa a la gente que ama la guerra!
De Egipto vendrn embajadores; Etiopa levantar sus manos a Dios.
Canten a Dios, reinos de la tierra, canten himnos al Seor,
al que cabalga en los cielos, en los cielos eternos! Escuchen cmo resuena su voz, su voz poderosa.
Reconozcan el poder de Dios: su majestad se extiende sobre Israel, su poder alcanza el cielo azul.
Maravilloso es Dios en su santuario; el Dios de Israel da poder y fuerza a su pueblo. Bendito sea Dios!
Slvame, Dios mo, porque estoy a punto de ahogarme; {Del maestro de coro, segn la meloda de "Los lirios". De David.}
me estoy hundiendo en un pantano profundo y no tengo dnde apoyar los pies. He llegado a lo ms hondo del agua y me arrastra la corriente.
Ya estoy ronco de tanto gritar; la garganta me duele; mis ojos estn cansados de tanto esperar a mi Dios!
Son ms los que me odian sin motivo que los pelos de mi cabeza; han aumentado mis enemigos, los que sin razn me destruyen y me exigen que devuelva lo que no he robado.
Dios mo, t sabes cun necio he sido; no puedo esconderte mis pecados.
Seor, Dios todopoderoso, que no pasen vergenza por mi culpa los que confan en ti! Dios de Israel, que no se decepcionen por mi causa los que con ansia te buscan!
Por ti he soportado ofensas; mi cara se ha cubierto de vergenza;
soy como un extrao y desconocido para mis propios hermanos!
Me consume el celo por tu casa; en m han recado las ofensas de los que te insultan.
Cuando lloro y ayuno, se burlan de m;
si me visto de luto, soy el hazmerrer de todos.
Ando de boca en boca, y los borrachos me hacen canciones.
Pero yo, Seor, a ti clamo. Dios mo, aydame ahora! Por tu gran amor, respndeme! Por tu constante ayuda, slvame!
No dejes que me hunda en el lodo! Ponme a salvo de los que me odian y de las aguas profundas!
No dejes que me arrastre la corriente! No dejes que el profundo remolino me trague y se cierre tras de m!
Seor, respndeme; t eres bueno y todo amor! Por tu inmensa ternura, fjate en m;
no rechaces a este siervo tuyo! Respndeme pronto, que estoy en peligro!
Acrcate a m, y slvame; lbrame de mis enemigos!
T conoces las ofensas, la vergenza y la deshonra que he sufrido; t sabes quines son mis enemigos.
Las ofensas me han roto el corazn; estoy sin nimo y sin fuerzas! Intilmente he buscado quien me consuele y compadezca.
En mi comida pusieron veneno, y cuando tuve sed me dieron a beber vinagre.
Que su mesa y sus comidas de amistad se conviertan en trampa para ellos!
Haz que se queden ciegos y que siempre les tiemblen las piernas!
Descarga tu enojo sobre ellos; que tu furia encendida los alcance!
Que su campamento se vuelva un desierto, y que nadie viva en sus tiendas;
pues persiguen al que has afligido y se burlan del dolor del que has herido.
Devulveles mal por mal; que no alcancen tu perdn!
Brralos del libro de la vida! No los pongas en la lista de los justos!
Pero a m, que estoy enfermo y afligido, levntame, Dios mo, y slvame.
Alabar con cantos el nombre de Dios; lo alabar con gratitud,
y el Seor quedar ms complacido que si le ofreciera un toro en sacrificio o un novillo con cuernos y pezuas.
Al ver esto, se alegrarn los afligidos y se animar el corazn de los que buscan a Dios;
pues el Seor escucha a los pobres y no desprecia a los suyos que estn presos.
Alaben al Seor el cielo, la tierra y el mar, y todos los seres que en ellos viven!
Pues Dios salvar a Sin y reconstruir las ciudades de Jud. Los hijos de sus siervos heredarn la ciudad; all vivirn y tomarn posesin de ella; los que aman su nombre la habitarn!
Dios mo, ven a librarme! Seor, ven pronto en mi ayuda! {Del maestro de coro. De David, para hacer recordar.}
Que sean puestos en ridculo los que tratan de matarme! Que huyan en forma vergonzosa los que quieren hacerme dao!
Que huyan avergonzados los que se burlan de m!
Pero que todos los que te buscan se llenen de alegra; que los que desean tu salvacin digan siempre: "Dios es grande!"
Y a m, que estoy pobre y afligido, Dios mo, ven pronto a ayudarme! T eres quien me ayuda y me liberta; no te tardes, Seor!
Seor, en ti busco proteccin; no me defraudes jams!
Lbrame, ponme a salvo, pues t eres justo! Dgnate escucharme, y slvame.
S t mi roca protectora, s t mi castillo de refugio y salvacin! T eres mi roca y mi castillo!
Dios mo, lbrame de las manos del malvado, de las manos del criminal y del violento,
pues t, Seor, desde mi juventud eres mi esperanza y mi seguridad.
An estaba yo en el vientre de mi madre y ya me apoyaba en ti. T me hiciste nacer! Yo te alabar siempre!
He sido motivo de asombro para muchos, pero t eres mi refugio.
Todo el da estn llenos mis labios de alabanzas a tu gloria;
no me desprecies cuando ya sea viejo; no me abandones cuando ya no tenga fuerzas.
Mis enemigos, los que quieren matarme, se han aliado y hacen planes contra m.
Dicen: "Persganlo y agrrenlo, pues Dios lo ha abandonado y nadie puede salvarlo!"
No te alejes de m, Dios mo; ven pronto a ayudarme!
Que sean avergonzados y destruidos los enemigos de mi vida! Que sean puestos en ridculo los que quieren mi desgracia!
Pero yo esperar en todo momento, y ms y ms te alabar;
todo el da anunciar con mis labios que t nos has salvado y nos has hecho justicia. Esto es algo que no alcanzo a comprender!
Contar las grandes cosas que t, Seor, has hecho; proclamar que solo t eres justo!
Dios mo, t me has enseado desde mi juventud, y an sigo anunciando tus grandes obras.
Dios mo, no me abandones aun cuando ya est yo viejo y canoso, pues an tengo que hablar de tu gran poder a esta generacin y a las futuras.
Tu justicia, oh Dios, llega hasta el cielo; t has hecho grandes cosas; no hay nadie como t!
Aunque me has hecho ver muchas desgracias y aflicciones, me hars vivir de nuevo; me levantars de lo profundo de la tierra,
aumentars mi grandeza y volvers a consolarme.
Yo, por mi parte, cantar himnos y alabar tu lealtad al son del arpa y del salterio, Dios mo, Santo de Israel.
Mis labios se alegrarn al cantarte, lo mismo que todo mi ser, que t has salvado.
Tambin mi lengua dir a todas horas que t eres justo, pues los que queran mi desgracia han quedado cubiertos de vergenza.
Concede, oh Dios, al rey, tu propia justicia y rectitud, {De Salomn.}
para que con rectitud y justicia gobierne a tu pueblo y a tus pobres.
Ofrezcan las montaas y los cerros paz y rectitud al pueblo.
Que haga justicia el rey a los pobres! Que salve a los hijos de los necesitados y aplaste a los explotadores!
Que tenga el rey temor de ti por siempre, mientras el sol y la luna existan!
Que sea como la lluvia y el roco que riegan la tierra y los pastos!
Que abunden la paz y la rectitud en los das de su reinado, hasta que la luna deje de existir!
Que domine de mar a mar, del ro Eufrates al ltimo rincn del mundo!
Que sus enemigos, que habitan en el desierto, se rindan humillados ante l!
Que le traigan regalos y tributos los reyes de Tarsis y de las islas, los reyes de Sab y de Seb!
Que todos los reyes se arrodillen ante l! Que todas las naciones le sirvan!
Pues l salvar al pobre que suplica y al necesitado que no tiene quien lo ayude.
Tendr compasin de los humildes y salvar la vida a los pobres.
Los salvar de la opresin y la violencia, pues sus vidas le son de gran valor.
Viva el rey! Que le den el oro de Sab! Que siempre se pida a Dios por l! Que sea siempre bendecido!
Que haya mucho trigo en el pas y que abunde en la cumbre de los montes! Que brote el grano como el Lbano y que haya tantas espigas como hierba en el campo!
Que el nombre del rey permanezca siempre; que su fama dure tanto como el sol! Que todas las naciones del mundo reciban bendiciones por medio de l! Que todas las naciones lo llamen feliz!
Bendito sea Dios, Seor y Dios de Israel, el nico que hace grandes cosas;
bendito sea por siempre su glorioso nombre. Que toda la tierra se llene de su gloria! Amn!
Aqu terminan las oraciones de David, el hijo de Jes.
Qu bueno es Dios con Israel, con los de limpio corazn! {Salmo de Asaf.}
Un poco ms, y yo hubiera cado; mis pies casi resbalaron.
Pues tuve envidia al ver cmo prosperan los orgullosos y malvados.
A ellos no les preocupa la muerte, pues estn llenos de salud;
no han sufrido las penas humanas ni han estado en apuros como los dems.
Por eso el orgullo es su collar y la violencia su vestido;
estn tan gordos que los ojos se les saltan, y son demasiadas sus malas intenciones.
Con burla, orgullo y descaro, amenazan hacer maldad y violencia;
atacan al cielo con sus labios y recorren la tierra con su lengua.
Por eso la gente los alaba y no encuentra ninguna falta en ellos.
Preguntan: "Acaso Dios va a saberlo? Acaso se dar cuenta el Altsimo?"
Miren a estos malvados! Con toda tranquilidad aumentan sus riquezas.
De nada me sirve tener limpio el corazn y limpiarme las manos de toda maldad!
Pues a todas horas recibo golpes, y soy castigado todas las maanas.
Si yo hubiera pensado como ellos, habra traicionado a tus hijos.
Trat de comprender esto, pero me fue muy difcil.
Solo cuando entr en el santuario de Dios comprend a dnde van ellos a parar:
los has puesto en lugar resbaladizo y los empujas a la ruina.
En un momento quedarn destruidos! El miedo acabar con ellos!
Cuando t, Seor, te levantes, como cuando uno despierta de un sueo, despreciars su falsa apariencia.
Yo estuve lleno de amargura y en mi corazn senta dolor,
porque era un necio que no entenda; era ante ti igual que una bestia!
Sin embargo, siempre he estado contigo. Me has tomado de la mano derecha,
me has dirigido con tus consejos y al final me recibirs con honores.
A quin tengo en el cielo? Solo a ti! Estando contigo nada quiero en la tierra.
Todo mi ser se consume, pero Dios es mi herencia eterna y el que sostiene mi corazn.
Los que se alejen de ti, morirn; destruirs al que no te sea fiel.
Pero yo me acercar a Dios, pues para m eso es lo mejor. T, Seor y Dios, eres mi refugio, y he de proclamar todo lo que has hecho.
Oh Dios, por qu nos has abandonado para siempre? por qu se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado? {Poema de Asaf.}
Acurdate de tu pueblo, el que adquiriste desde el principio, el que rescataste para hacerlo tribu tuya; acurdate del monte Sin, donde has vivido.
Ven a ver estas ruinas sin fin; el enemigo lo ha destruido todo en el santuario!
Tus enemigos cantan victoria en tu santuario; han puesto sus banderas extranjeras
sobre el portal de la entrada! Cual si fueran leadores en medio de un bosque espeso,
a golpe de hacha y martillo destrozaron los ornamentos de madera.
Prendieron fuego a tu santuario; deshonraron tu propio templo, derrumbndolo hasta el suelo!
Decidieron destruirnos del todo; quemaron todos los lugares del pas donde nos reunamos para adorarte!
Ya no vemos nuestros smbolos sagrados; ya no hay ningn profeta, y ni siquiera sabemos lo que esto durar.
Oh Dios, hasta cundo nos ofender el enemigo? Hasta cundo seguir hablando mal de ti?
Por qu escondes tu mano poderosa? Por qu te quedas cruzado de brazos?
Desde tiempos antiguos, t eres mi Rey. T, oh Dios, alcanzaste muchas victorias en medio de la tierra:
t dividiste el mar con tu poder, les rompiste la cabeza a los monstruos del mar,
aplastaste las cabezas del monstruo Leviatn y lo diste por comida a las fieras del desierto.
T hiciste brotar fuentes y ros, y secaste los ros inagotables.
Tuyos son el da y la noche; t afirmaste la luna y el sol;
t marcaste los lmites del mundo; t hiciste el verano y el invierno.
Ten en cuenta, Seor, que el enemigo te ofende, y que gente necia habla mal de ti.
No te olvides tanto de nosotros! Somos dbiles como trtolas; no nos entregues a las fieras!
Acurdate de tu alianza, porque el pas est lleno de violencia hasta el ltimo rincn!
No dejes que se humille al oprimido; haz que te alaben el pobre y el humilde!
Levntate, oh Dios! Defiende tu causa! Recuerda que los necios te ofenden sin cesar!
No olvides los gritos de tus enemigos, el creciente clamor de los rebeldes.
Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias; invocamos tu nombre y cantamos tus maravillas. {Del maestro de coro. "No destruyas". Salmo y cntico de Asaf.}
El Seor dice: "En el momento que yo escoja, juzgar con toda rectitud.
Cuando tiembla la tierra, con todos sus habitantes, soy yo quien mantiene firmes sus bases."
A los presumidos y a los malvados digo: "No sean tan altivos y orgullosos;
no hagan tanto alarde de su poder ni sean tan insolentes al hablar."
Pues el juicio no viene ni del este ni del oeste, ni del desierto ni de las montaas,
sino que el Juez es Dios: a unos los humilla y a otros los levanta.
El Seor tiene en la mano la copa de su ira, con vino mezclado y fermentado. Cuando l derrame el vino, todos los malvados de la tierra lo bebern hasta la ltima gota.
Yo siempre anunciar al Dios de Jacob y le cantar alabanzas;
porque l destruir el orgullo de los malvados, pero aumentar el poder del hombre bueno.
Dios es conocido en Jud; su nombre es famoso en Israel. {Del maestro de coro, con instrumentos de cuerda. Salmo y cntico de Asaf.}
Su templo est sobre el monte Sin, en Jerusaln;
all rompi las armas de guerra: escudos, espadas, arcos y flechas.
T eres glorioso, oh Dios! Eres ms grandioso que las montaas eternas!
Los ms valientes fueron despojados; los ms fuertes nada pudieron hacer; durmieron su ltimo sueo!
Ni aun moverse pueden el carro y el caballo cuando t, Dios de Jacob, los amenazas.
T eres terrible! Quin puede estar en pie delante de ti cuando se enciende tu furor?
Desde el cielo das a conocer tu juicio; la tierra tiene miedo y se queda quieta,
oh Dios, cuando te levantas para hacer justicia y salvar a todos los oprimidos de este mundo.
El enojo del hombre se convierte en tu alabanza; aun su ms mnimo enojo se convierte en tu corona!
Hagan ustedes promesas al Seor, su Dios, pero cmplanselas. Ustedes, que rodean al que es digno de temor, triganle ofrendas!
Pues l quita la vida a los gobernantes y causa temor a los reyes del mundo.
A Dios clamo con fuerte voz para que l me escuche. {Del maestro de coro. De Jedutn. Salmo de Asaf.}
El da que estoy triste busco al Seor, y sin cesar levanto mis manos en oracin por las noches. Mi alma no encuentra consuelo.
Me acuerdo de Dios, y lloro; me pongo a pensar, y me desanimo.
T, Seor, no me dejas pegar los ojos; estoy tan aturdido, que no puedo hablar!
Pienso en los das y los aos de antes;
recuerdo cuando cantaba por las noches. En mi interior medito, y me pregunto:
Acaso va a estar siempre enojado el Seor? No volver a tratarnos con bondad?
Acaso su amor se ha terminado? Se ha acabado su promesa para siempre?
Acaso se ha olvidado Dios de su bondad? Est tan enojado, que ya no tiene compasin?
Lo que ms me duele es pensar que el Altsimo ya no es el mismo con nosotros.
Recordar las maravillas que hizo el Seor en otros tiempos;
pensar en todo lo que ha hecho.
Oh Dios, t eres santo en tus acciones; qu dios hay tan grande como t?
T eres el Dios que hace maravillas! Diste a conocer tu poder a las naciones!
Con tu poder rescataste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de Jos.
Oh Dios, cuando el mar te vio, tuvo miedo, y temblaron sus aguas ms profundas;
las nubes dejaron caer su lluvia, y hubo truenos en el cielo y relmpagos por todas partes.
Se oan tus truenos en el torbellino; el mundo se ilumin con tus relmpagos y la tierra se sacudi con temblores.
Te abriste paso por el mar; atravesaste muchas aguas, pero nadie encontr tus huellas.
Dirigiste a tu pueblo como a un rebao, por medio de Moiss y de Aarn.
Pueblo mo, atiende a mi enseanza; inclnate a escuchar lo que te digo! {Poema didctico de Asaf.}
Voy a hablar por medio de refranes; dir cosas que han estado en secreto desde tiempos antiguos.
Lo que hemos odo y sabemos y nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a nuestros hijos. Con las generaciones futuras alabaremos al Seor y hablaremos de su poder y maravillas.
Dios estableci una ley para Jacob; puso una norma de conducta en Israel, y orden a nuestros antepasados que la ensearan a sus descendientes,
para que la conocieran las generaciones futuras, los hijos que haban de nacer, y que ellos, a su vez, la ensearan a sus hijos;
para que tuvieran confianza en Dios y no olvidaran lo que l haba hecho; para que obedecieran sus mandamientos
y no fueran como sus antepasados, rebeldes y necios, faltos de firmeza en su corazn y espritu; generacin infiel a Dios!
Los de la tribu de Efran, que estaban armados con arcos y flechas, dieron la espalda el da del combate;
no respetaron su alianza con Dios ni quisieron obedecer sus enseanzas.
Se olvidaron de lo que l haba hecho, de las maravillas que les hizo ver.
Dios hizo maravillas delante de sus padres en la regin de Soan, que est en Egipto:
parti en dos el mar, y los hizo pasar por l, deteniendo el agua como un muro.
De da los gui con una nube, y de noche con luz de fuego.
En el desierto parti en dos las peas, y les dio a beber agua en abundancia.
Dios hizo brotar de la pea un torrente de aguas caudalosas!
Pero ellos siguieron pecando contra Dios; se rebelaron contra el Altsimo en el desierto.
Quisieron ponerle a prueba pidiendo comida a su antojo.
Hablaron contra l, diciendo: "Acaso puede Dios servir una mesa en el desierto?
Es verdad que Dios parti la pea; que de ella brot agua como un ro, y que la tierra se inund; pero, podr dar tambin pan? podr dar carne a su pueblo?"
Cuando el Seor oy esto, se enoj; su furor, como un fuego, se encendi contra Jacob!
Porque no confiaron en Dios ni creyeron en su ayuda.
Sin embargo, Dios dio rdenes a las nubes y abri las puertas del cielo;
hizo llover sobre su pueblo el man, trigo del cielo, para que comieran!
El hombre comi pan de ngeles! Dios les dio de comer en abundancia!
El viento del este y el viento del sur soplaron en el cielo; Dios los trajo con su poder!
Hizo llover carne sobre su pueblo; llovieron aves como arena del mar!
Dios las hizo caer en medio del campamento y alrededor de las tiendas de campaa.
Y comieron hasta hartarse, y as Dios les cumpli su deseo.
Pero an no haban calmado su apetito, todava tenan la comida en la boca,
cuando el furor de Dios cay sobre ellos y mat a los hombres ms fuertes. Hizo morir a los mejores hombres de Israel!
A pesar de todo, volvieron a pecar; no creyeron en las maravillas de Dios.
Por eso Dios puso fin a sus vidas como si fueran un suspiro y en medio de un terror espantoso.
Si Dios los haca morir, entonces lo buscaban; se volvan a l y lo buscaban sin descanso;
entonces se acordaban del Dios altsimo que los protega y los rescataba.
Pero con su boca y su lengua le decan hermosas mentiras,
pues nunca le fueron sinceros ni fieles a su alianza.
Pero Dios tena compasin, perdonaba su maldad y no los destrua; muchas veces hizo a un lado el enojo y no se dej llevar por la furia.
Dios se acord de que eran simples hombres; de que eran como el viento, que se va y no vuelve.
Cuntas veces desobedecieron a Dios y le causaron dolor en el desierto!
Pero volvan a ponerlo a prueba; entristecan al Santo de Israel!
No se acordaron de aquel da cuando Dios, con su poder, los salv del enemigo;
cuando en los campos de Soan, en Egipto, hizo cosas grandes y asombrosas;
cuando convirti en sangre los ros, y los egipcios no pudieron beber de ellos.
Mand sobre ellos tbanos y ranas, que todo lo devoraban y destruan;
entreg a la langosta las cosechas por las que ellos haban trabajado.
Con granizo y escarcha destruy sus higueras y sus vias.
Sus vacas y sus ovejas murieron bajo el granizo y los rayos.
Dios les envi la furia de su enojo: furor, condenacin y angustia, como mensajeros de calamidades.
Dio rienda suelta a su furor! No les perdon la vida, sino que los entreg a la muerte;
hizo morir en Egipto mismo al primer hijo de toda familia egipcia!
Sac a Israel como a un rebao de ovejas; llev a su pueblo a travs del desierto.
Los llev con paso seguro para que no tuvieran miedo, pero a sus enemigos el mar los cubri.
Dios trajo a su pueblo a su tierra santa, a las montaas que l mismo conquist!
Quit a los paganos de la vista de Israel; reparti la tierra en lotes entre sus tribus, y las hizo vivir en sus campamentos.
Pero ellos pusieron a prueba al Dios altsimo rebelndose contra l y desobedeciendo sus mandatos;
pues, lo mismo que sus padres, lo abandonaron y le fueron infieles; se torcieron igual que un arco falso!
Lo hicieron enojar con sus altares paganos; adorando dolos, lo provocaron a celos.
Dios se enoj al ver esto, y rechaz por completo a Israel,
y abandon el santuario de Sil, que era su casa entre los hombres.
Permiti que sus enemigos capturaran el smbolo de su gloria y su poder.
Tan furioso estaba contra su pueblo, que los entreg a la espada del enemigo.
Los muchachos murieron quemados; no hubo cancin de bodas para las novias!
Los sacerdotes murieron a filo de espada, y sus viudas no los lloraron.
Pero despert el Seor, como de un sueo, como guerrero que vuelve en s del vino,
y derrot a sus enemigos, y los hizo huir; los cubri de vergenza para siempre!
Rechaz adems a la casa de Jos, y no escogi a la tribu de Efran;
eligi en cambio a la tribu de Jud y a su amado monte Sin.
Construy un santuario, alto como el cielo, y lo afirm para siempre, como a la tierra.
Escogi a su siervo David, el que era pastor de ovejas;
lo quit de andar tras los rebaos, para que cuidara a su pueblo, para que fuera pastor de Israel.
Y David cuid del pueblo de Dios; los cuid y los dirigi con mano hbil y corazn sincero.
Oh Dios, los paganos han invadido tu propiedad! Han profanado tu santo templo y han convertido en ruinas a Jerusaln! {Salmo de Asaf.}
Han dejado los cadveres de tus siervos, de los que te fueron fieles, para que sirvan de alimento a los buitres y a los animales salvajes!
Como agua han derramado su sangre por toda Jerusaln, y no hay quien los entierre.
Somos la burla de nuestros vecinos; el hazmerrer de cuantos nos rodean.
Oh Seor, hasta cundo estars enojado? Arder siempre tu enojo como el fuego?
Descarga tu furia sobre los reinos paganos que no te conocen ni te invocan!
Porque ellos devoraron a Jacob y convirtieron en ruinas el pas.
No nos hagas pagar a nosotros por la maldad de nuestros antepasados; que venga tu ternura pronto a nuestro encuentro, porque estamos abatidos!
Oh Dios, Salvador nuestro, aydanos, lbranos y perdnanos, por la gloria de tu nombre!
No tienen por qu decir los paganos: "Dnde est su Dios?" Permtenos ver vengada la muerte de tus siervos! Que los paganos tambin lo sepan!
Atiende las quejas de los presos, y salva con tu gran poder a los sentenciados a muerte.
Oh Seor, vngate siete veces de nuestros vecinos por las ofensas que te han hecho;
y nosotros, que somos tu pueblo, que somos ovejas de tus prados, gracias te daremos siempre, cantaremos tus alabanzas por todos los siglos!
Pastor de Israel, que guas a Jos como a un rebao, que tienes tu trono sobre los querubines, escucha! Mira con buenos ojos a Efran, {Del maestro de coro, segn la meloda de "Los lirios". Testimonio y salmo de Asaf.}
Benjamn y Manass! Despierta y ven a salvarnos con tu poder!
Oh Dios, haz que volvamos a ser lo que fuimos! Mranos con buenos ojos y estaremos a salvo!
Seor, Dios todopoderoso, hasta cundo estars enojado con la oracin de tu pueblo?
Nos has dado lgrimas por comida; por bebida, lgrimas en abundancia.
Nos has convertido en la burla de nuestros vecinos, y nuestros enemigos se ren de nosotros.
Dios todopoderoso, haz que volvamos a ser lo que fuimos! Mranos con buenos ojos y estaremos a salvo!
De Egipto sacaste una vid; arrojaste a los paganos y la plantaste.
Limpiaste el terreno para ella, y la vid ech races y llen el pas.
Cubri los montes con su sombra, y con sus ramas los rboles ms altos.
Se extendieron sus ramas hasta el mar, y hasta el ro Eufrates sus retoos.
Por qu has derribado su cerca, dejando que le arranquen uvas los que van por el camino?
El jabal la destroza; los animales salvajes la devoran!
Dios todopoderoso, regresa, por favor; mira atentamente desde el cielo y ten consideracin de esta vid,
de la vid que t mismo plantaste, del retoo que t mismo afirmaste.
Destruye con tu furor a quienes la cortan y la queman;
pero ayuda al hombre que has escogido, al retoo de hombre que t mismo afirmaste,
y nunca ms nos apartaremos de ti. Danos vida, y solo a ti te invocaremos!
Oh Seor, Dios todopoderoso, haz que volvamos a ser lo que fuimos! Mranos con buenos ojos y estaremos a salvo!
Canten alegres a Dios, que es nuestra fuerza! Alaben con gritos de alegra al Dios de Jacob! {Del maestro de coro, con la ctara de Gat. De Asaf.}
Canten al son del pandero, de la dulce arpa y del salterio.
Toquen la trompeta al llegar la luna nueva, y tambin al llegar la luna llena, que es el da de nuestra gran fiesta.
Porque este es el mandamiento que el Dios de Jacob dio a Israel;
es el mandato dado a Jos cuando Dios sali contra Egipto. O una voz que yo no conoca:
"Te he quitado la carga de los hombros, te he aliviado del trabajo duro.
En tu angustia me llamaste, y te salv; te contest desde la nube que tronaba; te puse a prueba junto a las aguas de Merib.
Escucha, pueblo mo, mi advertencia; ojal me obedezcas, Israel!
No tengas dioses extranjeros; no adores dioses extraos.
Yo soy el Seor, tu Dios, el que te sac de la tierra de Egipto; abre tu boca, y yo te satisfar.
"Pero mi pueblo no quiso orme; Israel no quiso obedecerme!
Por eso los dej seguir con su capricho, y vivieron como mejor les pareci.
Si mi pueblo me hubiera escuchado! Si Israel hubiera seguido mis caminos,
en un abrir y cerrar de ojos yo habra humillado a sus enemigos y castigado a sus contrarios!"
Los que odian al Seor caeran aterrados, y su condenacin quedara sellada.
Dios alimentara a su pueblo con lo mejor del trigo, y con miel silvestre apagara su sed.
Dios se alza en la asamblea divina y dicta sentencia en medio de los dioses: {Salmo de Asaf.}
"Hasta cundo harn ustedes juicios falsos y se pondrn de parte de los malvados?
Hagan justicia al dbil y al hurfano! Hagan justicia al pobre y al necesitado!
Libren a los dbiles y pobres, y defindanlos de los malvados!
"Pero ustedes no saben, no entienden; andan en la oscuridad. Tiemblan los cimientos de la tierra.
Yo dije que ustedes son dioses; que todos son hijos del Altsimo.
Sin embargo, morirn como todo hombre, caern como cualquier tirano!"
Oh Dios, disponte a juzgar la tierra, pues t eres el dueo de todas las naciones!
Oh Dios, no te quedes en silencio!, no te quedes inmvil y callado! {Cntico y salmo de Asaf.}
Mira a tus enemigos, a los que te odian: alborotan y se rebelan contra ti.
Han hecho planes astutos en contra de tu pueblo, en contra de tus protegidos!
Han pensado venir a destruirnos para que dejemos de existir como nacin, para que no vuelva a recordarse el nombre de Israel.
Han hecho un pacto en contra tuya, han conspirado como un solo hombre:
los campamentos de Edom y de Ismael, los descendientes de Agar y de Moab,
Guebal, Amn y Amalec, los filisteos, los que viven en Tiro,
y hasta los asirios se han unido a ellos, y son el brazo fuerte de los hijos de Lot.
Haz con ellos como hiciste con Madin, como hiciste con Ssara, como hiciste con Jabn en el arroyo de Quisn,
que fueron destruidos en Endor, que fueron convertidos en estircol de la tierra!
Haz con sus hombres importantes como hiciste con Oreb y con Zeeb; haz con todos sus jefes como hiciste con Zbah y con Salmun,
que quisieron apropiarse de los pastizales de Dios.
Dios mo, haz que rueden como zarzas, como hojas secas arrastradas por el viento;
y as como el fuego quema el bosque y consume los montes con sus llamas,
as persguelos con tus tormentas y espntalos con tus tempestades!
Avergnzalos, Seor, para que recurran a ti!
Que sean avergonzados para siempre; que se avergencen y mueran!
Que sepan que solo t eres el Seor, que solo t eres el Altsimo sobre toda la tierra!
Cun hermoso es tu santuario, Seor todopoderoso! {Del maestro de coro, con la ctara de Gat. De los hijos de Cor. Salmo.}
Con qu ansia y fervor deseo estar en los atrios de tu templo! Con todo el corazn canto alegre al Dios de la vida!
Aun el gorrin y la golondrina hallan lugar en tus altares donde hacerles nido a sus polluelos, oh Seor todopoderoso, Rey mo y Dios mo.
Felices los que viven en tu templo y te alaban sin cesar!
Felices los que en ti encuentran ayuda, los que desean peregrinar hasta tu monte!
Cuando pasen por el valle de las Lgrimas lo convertirn en manantial, y aun la lluvia lo llenar de bendiciones;
irn sus fuerzas en aumento, y en Sin vern al Dios supremo.
Seor, Dios todopoderoso, Dios de Jacob, escucha mi oracin!
Mira, oh Dios, con buenos ojos a aquel que es nuestro escudo, a quien t has escogido como rey.
Ms vale estar un da en tus atrios, que mil fuera de ellos! Prefiero ser portero del templo de mi Dios, que vivir en lugares de maldad.
Porque Dios el Seor nos alumbra y nos protege; el Seor ama y honra a los que viven sin tacha, y nada bueno les niega.
Seor todopoderoso, felices los que en ti confan!
Seor, t has sido muy bueno con este pas tuyo; has cambiado la suerte de Jacob; {Del maestro de coro. Salmo de los hijos de Cor.}
has perdonado la maldad de tu pueblo y todos sus pecados;
has calmado por completo tu enojo y tu furor.
Dios y Salvador nuestro, slvanos tambin ahora y no sigas enojado con nosotros!
Acaso vas a prolongar por siempre tu enojo contra nosotros?
No volvers a darnos vida, para que tu pueblo se alegre por ti?
Oh Seor, mustranos tu amor, y slvanos!
Escuchar lo que el Seor va a decir; pues va a hablar de paz a su pueblo, a los que le son fieles, para que no vuelvan a hacer locuras.
En verdad, Dios est muy cerca, para salvar a los que le honran; su gloria vivir en nuestra tierra.
El amor y la verdad se darn cita, la paz y la justicia se besarn,
la verdad brotar de la tierra y la justicia mirar desde el cielo.
El Seor mismo traer la lluvia, y nuestra tierra dar su fruto.
La justicia ir delante de l, y le preparar el camino.
Seor, dgnate escucharme, porque estoy muy triste y pobre; {Oracin de David.}
protgeme, pues te soy fiel. T eres mi Dios; salva a este siervo tuyo que en ti confa!
Seor, ten compasin de m, que a ti clamo a todas horas.
Seor, alegra el nimo de este siervo tuyo, pues a ti dirijo mi oracin.
Porque t, Seor, eres bueno y perdonas; eres todo amor con los que te invocan.
Seor, escucha mi oracin, atiende mi plegaria!
En mi angustia clamo a ti, porque t me respondes.
No hay dios comparable a ti, Seor! No hay nada que iguale a tus obras!
Oh Seor, t has formado a todas las naciones, y ellas vendrn a ti para adorarte y para glorificar tu nombre.
Porque solo t eres Dios; t eres grande y haces maravillas!
Oh Seor, ensame tu camino, para que yo lo siga fielmente. Haz que mi corazn honre tu nombre.
Mi Seor y Dios, te alabar con todo el corazn y glorificar siempre tu nombre.
Inmenso es tu amor por m! Me has librado de caer en el sepulcro!
Oh Dios, una banda de insolentes y violentos, que no te tienen presente, se han puesto en contra ma y quieren matarme.
Pero t, Seor, eres Dios tierno y compasivo, paciente, todo amor y verdad.
Mrame, ten compasin de m! Salva a este siervo tuyo! Dale tu fuerza!
Dame una clara prueba de tu bondad, y que al verla se avergencen los que me odian. T, Seor, me das ayuda y consuelo!
Los cimientos de la ciudad de Dios estn sobre los montes santos. {Salmo y cntico de los hijos de Cor.}
El Seor ama las puertas de Sin ms que a todas las casas de Jacob.
Ciudad de Dios, qu cosas tan hermosas se dicen de ti:
"Entre los pueblos que me conocen puedo nombrar a Egipto y Babilonia, Filistea, Tiro y Etiopa; todos ellos nacieron en ti."
De la ciudad de Sin dirn: "Este y aquel nacieron en ella." El Altsimo mismo la ha afirmado.
El Seor escribe en el libro donde constan los nombres de los pueblos: "Este naci en ella."
Y los que cantan y los que bailan dicen: "Mi hogar est en ti."
Seor, mi Dios y Salvador, da y noche te pido ayuda, {Cntico y salmo de los hijos de Cor. Del maestro de coro, para la enfermedad. Instruccin de Hemn el ezrahta, para ser entonada.}
acepta mi oracin!, atiende a mi plegaria!
Tanto es el mal que ha cado sobre m, que me encuentro al borde de la muerte;
ya me pueden contar entre los muertos, pues me he quedado sin fuerzas!
Estoy abandonado entre difuntos; soy como los que han muerto en combate y ya han sido enterrados; como los que han perdido tu proteccin y ya han sido olvidados por ti.
Me has echado en lo ms hondo del hoyo, en lugares oscuros y profundos.
Has descargado tu enojo sobre m, me has hundido bajo el peso de tus olas!
Has hecho que mis amigos me abandonen; me has hecho insoportable para ellos. Soy como un preso que no puede escapar!
De tanto llorar me estoy quedando ciego. Todos los das clamo a ti, Seor, y a ti levanto las manos!
Acaso hars milagros por los muertos? Acaso podrn los muertos darte gracias?
Acaso se hablar de tu verdad y de tu amor en el sepulcro, en el reino de la muerte?
En las sombras de la muerte, donde todo se olvida, habr quin reconozca tu rectitud y maravillas?
Pero yo, Seor, a ti clamo; de maana elevo a ti mi oracin.
Por qu me desprecias, Seor? Por qu te escondes de m?
Desde los das de mi juventud he estado afligido y al borde de la muerte; he soportado cosas terribles de tu parte, y ya no puedo ms.
Tu furor terrible ha pasado sobre m, y me ha vencido;
me rodea por completo a todas horas, como una inundacin.
Has alejado de m amigos y compaeros, y ahora solo tengo amistad con las tinieblas.
Seor, siempre dir en mi canto que t eres bondadoso; constantemente contar que t eres fiel. {Instruccin de Etn el ezrahta.}
Proclamar que tu amor es eterno; que tu fidelidad es invariable, invariable como el mismo cielo.
Hiciste una alianza con David; prometiste a tu siervo escogido:
"Har que tus descendientes reinen siempre en tu lugar."
Oh Seor, todos los seres celestiales alaban tu fidelidad y tus maravillas.
Ningn dios, nadie en el cielo puede compararse a ti, Seor!
Dios grande y terrible, rodeado de seres celestiales.
Seor, Dios todopoderoso, todo el poder es tuyo y la verdad te rodea; no hay nadie igual a ti!
T dominas el mar embravecido y aquietas sus olas encrespadas;
aplastaste al monstruo marino como si fuera un cadver; dispersaste a tus enemigos con la fuerza de tu brazo.
El cielo y la tierra son tuyos; t formaste el mundo y todo lo que hay en l.
T creaste el norte y el sur; los montes Tabor y Hermn cantan alegres a tu nombre.
Tu brazo es poderoso; tu mano derecha es fuerte y victoriosa.
Tu trono est afirmado en la justicia y el derecho; el amor y la fidelidad salen a tu encuentro.
Oh Seor, feliz el pueblo que sabe alabarte con alegra y camina alumbrado por tu luz,
que en tu nombre se alegra todo el tiempo y se entusiasma por tu rectitud.
En verdad, t eres su fuerza y hermosura; nuestro poder aumenta por tu buena voluntad.
Nuestro escudo es el Seor! Nuestro Rey es el Santo de Israel!
En otro tiempo hablaste en una visin, y dijiste a tus siervos fieles: "He escogido a un valiente de mi pueblo, lo he puesto en alto y lo he ayudado.
He encontrado a mi siervo David! Con mi aceite sagrado lo he designado rey,
y nunca le faltar mi ayuda. Con mi poder lo fortalecer,
y no lo atacarn sus enemigos ni lo vencern los malvados.
Aplastar a sus enemigos; los quitar de su vista! Destrozar a los que lo odian!
l contar con mi amor y fidelidad, y por m aumentar su poder.
Afirmar su poder y dominio desde el Mediterrneo hasta el Eufrates.
l me dir: 'T eres mi Padre; eres mi Dios, que me salva y me protege.'
Y yo le dar los derechos de hijo mayor, por encima de los reyes del mundo.
Mi amor por l ser constante, y mi alianza con l ser firme.
Sus descendientes reinarn en su lugar siempre, mientras el cielo exista.
"Pero si ellos abandonan mi enseanza y no viven de acuerdo con mis mandatos,
si faltan a mis leyes y no obedecen mis mandamientos,
castigar su rebelin y maldad con golpes de vara;
Pero no dejar de amar a David, ni faltar a mi fidelidad hacia l.
No romper mi alianza ni faltar a mi palabra.
Una vez le he jurado por mi santidad, y no le mentir:
sus descendientes reinarn en su lugar, siempre, mientras el sol exista.
Siempre firmes, como la luna! Siempre firmes, mientras el cielo exista!"
Sin embargo, has rechazado y despreciado al rey que t escogiste; te has enojado con l!
Has roto la alianza con tu siervo; has arrojado al suelo su corona.
Abriste brechas en todos sus muros; convertiste en ruinas sus ciudades!
Todo el mundo pasa y roba lo que quiere; sus vecinos se burlan de l.
Has hecho que sus enemigos levanten la mano alegres y triunfantes.
Le quitaste el filo a su espada y no lo sostuviste en la batalla.
Has apagado su esplendor; has arrojado su trono por los suelos;
le has quitado aos de vida y lo has llenado de vergenza.
Oh Seor, hasta cundo estars escondido? Arder siempre tu enojo, como el fuego?
Seor, recuerda que mi vida es corta; que el hombre, que t has creado, vive poco tiempo.
Nadie puede vivir y no morir nunca! Nadie puede librarse del poder de la muerte!
Seor, dnde est tu amor primero, que en tu fidelidad prometiste a David?
Seor, recuerda que a tus siervos los ofende mucha gente; que llevo esos insultos en mi pecho.
Oh Seor, as nos ofenden tus enemigos! as ofenden a tu escogido a cada paso!
Bendito sea el Seor por siempre. Amn!
Seor, t has sido nuestro refugio por todas las edades. {Oracin de Moiss, el hombre de Dios.}
Desde antes que se formaran los montes y que existieran la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, t eres Dios.
Haces que el hombre vuelva al polvo cuando dices: "Vuelvan al polvo, seres humanos."
En verdad, mil aos, para ti, son como el da de ayer, que pas. Son como unas cuantas horas de la noche!
Arrastras a los hombres con violencia, cual si fueran solo un sueo;
son como la hierba, que brota y florece a la maana, pero a la tarde se marchita y muere.
En verdad, tu furor nos consume, nos deja confundidos!
Nuestros pecados y maldades quedan expuestos ante ti.
En verdad, toda nuestra vida termina a causa de tu enojo; nuestros aos se van como un suspiro.
Setenta son los aos que vivimos; los ms fuertes llegan hasta ochenta; pero el orgullo de vivir tanto solo trae molestias y trabajo. Los aos pronto pasan, lo mismo que nosotros!
Quin conoce la violencia de tu enojo? Quin conoce tu furor?
Ensanos a contar bien nuestros das, para que nuestra mente alcance sabidura.
Seor, vulvete a nosotros! Cunto ms tardars? Ten compasin de estos siervos tuyos!
Llnanos de tu amor al comenzar el da, y alegres cantaremos toda nuestra vida.
Danos tantos aos de alegra como los aos de afliccin que hemos tenido.
Haz que tus siervos y sus descendientes puedan ver tus obras y tu gloria!
Que la bondad del Seor, nuestro Dios, est sobre nosotros. Afirma, Seor, nuestro trabajo! Afirma, s, nuestro trabajo!
El que vive bajo la sombra protectora del Altsimo y Todopoderoso,
dice al Seor: "T eres mi refugio, mi castillo, mi Dios, en quien confo!"
Solo l puede librarte de trampas ocultas y plagas mortales,
pues te cubrir con sus alas, y bajo ellas estars seguro. Su fidelidad te proteger como un escudo!
No tengas miedo a los peligros nocturnos, ni a las flechas lanzadas de da,
ni a las plagas que llegan con la oscuridad, ni a las que destruyen a pleno sol;
pues mil caern muertos a tu izquierda y diez mil a tu derecha, pero a ti nada te pasar.
Solamente lo habrs de presenciar: vers a los malvados recibir su merecido.
Ya que has hecho del Seor tu refugio, del Altsimo tu lugar de proteccin,
no te sobrevendr ningn mal ni la enfermedad llegar a tu casa;
pues l mandar que sus ngeles te cuiden por dondequiera que vayas.
Te levantarn con sus manos para que no tropieces con piedra alguna.
Podrs andar entre leones, entre monstruos y serpientes.
"Yo lo pondr a salvo, fuera del alcance de todos, porque l me ama y me conoce.
Cuando me llame, le contestar; yo mismo estar con l! Lo librar de la angustia y lo colmar de honores;
lo har disfrutar de una larga vida: lo har gozar de mi salvacin!"
Altsimo Seor, qu bueno es darte gracias y cantar himnos en tu honor! {Salmo y cntico para el sbado.}
Anunciar por la maana y por la noche tu gran amor y fidelidad,
al son de instrumentos de cuerda, con msica suave de arpa y de salterio.
Oh Seor, t me has hecho feliz con tus acciones! Tus obras me llenan de alegra!
Oh Seor, qu grandes son tus obras!, qu profundos tus pensamientos!
Solo los necios no pueden entenderlo!
Si los malvados y malhechores crecen como la hierba, y prosperan, es solo para ser destruidos para siempre.
Pero t, Seor, por siempre ests en lo alto.
Una cosa es cierta, Seor: que tus enemigos sern destruidos; que todos los malhechores sern dispersados.
T aumentas mis fuerzas como las fuerzas de un toro, y viertes perfume sobre mi cabeza.
He de ver cmo caen mis enemigos; he de or las quejas de esos malvados!
Los buenos florecen como las palmas y crecen como los cedros del Lbano.
Estn plantados en el templo del Seor; florecen en los atrios de nuestro Dios.
Aun en su vejez, darn fruto; siempre estarn fuertes y lozanos,
y anunciarn que el Seor, mi protector, es recto y no hay en l injusticia.
El Seor es Rey! El Seor se ha vestido de esplendor y se ha rodeado de poder! l afirm el mundo, para que no se mueva.
Desde entonces, Seor, tu trono est firme. T siempre has existido!
Oh Seor, los ros braman y levantan grandes olas;
pero t, Seor, en las alturas, eres ms poderoso que las olas y que el rugir de los mares.
Oh Seor, tus mandatos son muy firmes. La santidad es el adorno eterno de tu templo!
Mustrate, Seor, Dios de las venganzas!
T eres el Juez del mundo; levntate contra los orgullosos y dales su merecido!
Hasta cundo, Seor, hasta cundo se alegrarn los malvados?
Todos esos malhechores son insolentes y altaneros; son unos fanfarrones!
Oh Seor, ellos destrozan a tu pueblo; humillan a los tuyos!
Matan viudas y extranjeros; asesinan hurfanos.
Dicen que el Seor no ve, que el Dios de Jacob no se da cuenta.
Entiendan, gente torpe y necia! Cundo podrn comprender?
Acaso no habr de or el que ha hecho los odos? Y acaso no habr de ver el que ha formado los ojos?
Acaso no ha de castigar el que corrige a las naciones? Y acaso no ha de saber el que instruye en el saber al hombre?
El Seor sabe que el hombre solo piensa tonteras.
Oh Seor, feliz aquel a quien corriges y le das tus enseanzas
para que tenga tranquilidad cuando lleguen los das malos, mientras que al malvado se le prepara la fosa.
El Seor no abandonar a su pueblo, ni dejar solos a los suyos.
La justicia volver a los tribunales, y todo hombre honrado la seguir.
Quin se levantar a defenderme de los malvados y malhechores?
Si el Seor no me hubiera ayudado, yo estara ya en el silencio de la muerte.
Cuando alguna vez dije: "Mis pies resbalan", tu amor, Seor, vino en mi ayuda.
En medio de las preocupaciones que se agolpan en mi mente, t me das consuelo y alegra.
T no puedes ser amigo de jueces injustos, que actan mal y en contra de la ley;
que conspiran contra el inocente y honrado, y lo condenan a muerte.
Pero el Seor es mi refugio; mi Dios es la roca que me defiende.
El Seor har que los malvados sean destruidos por su propia maldad. Nuestro Dios los destruir!
Vengan, cantemos al Seor con alegra; cantemos a nuestro protector y Salvador.
Entremos a su presencia con gratitud, y cantemos himnos en su honor.
Porque el Seor es Dios grande, el gran Rey de todos los dioses.
l tiene en su mano las regiones ms profundas de la tierra; suyas son las ms altas montaas.
El mar le pertenece, pues l lo form; con sus propias manos form la tierra seca!
Vengan, adoremos de rodillas; arrodillmonos delante del Seor, pues l nos hizo.
l es nuestro Dios, y nosotros su pueblo; somos ovejas de sus prados. Escuchen hoy lo que l les dice:
"No endurezcan su corazn, como en Merib; como aquel da en Mas, en el desierto,
cuando me pusieron a prueba sus antepasados, aunque haban visto mis obras.
Cuarenta aos estuve enojado con aquella generacin, y dije: 'Esta gente anda muy descarriada; no obedecen mis mandatos!'
Por eso jur en mi furor que no entraran en el lugar de mi reposo."
Canten al Seor una cancin nueva; canten al Seor, habitantes de toda la tierra;
canten al Seor, bendigan su nombre; anuncien da tras da su salvacin.
Hablen de su gloria y de sus maravillas ante todos los pueblos y naciones,
porque el Seor es grande y muy digno de alabanza: ms terrible que todos los dioses!
Los dioses de otros pueblos no son nada, pero el Seor hizo los cielos.
Hay gran esplendor en su presencia! Hay poder y belleza en su santuario!
Den al Seor, familias de los pueblos, den al Seor el poder y la gloria;
den al Seor la honra que merece; entren a sus atrios con ofrendas,
adoren al Seor en su hermoso santuario. Que todo el mundo tiemble delante de l!
Digan a las naciones: "El Seor es Rey!" l afirm el mundo, para que no se mueva; l gobierna a los pueblos con igualdad.
Que se alegren los cielos y la tierra! Que brame el mar y todo lo que contiene!
Que se alegre el campo y todo lo que hay en l! Que griten de alegra los rboles del bosque,
delante del Seor, que viene! S, l viene a gobernar la tierra, y gobernar a los pueblos del mundo con justicia y con verdad!
Algrese toda la tierra! Algrense las islas numerosas! El Seor es Rey!
Est rodeado de espesas nubes; la justicia y el derecho sostienen su trono;
el fuego va delante de l y quema a los enemigos que lo rodean.
Sus relmpagos iluminan el mundo; la tierra tiembla al verlos!
Las montaas se derriten como cera ante el Seor, ante el dueo de toda la tierra.
Los cielos anuncian su justicia; todos los pueblos ven su gloria.
Quedan humillados los que adoran dolos, los que se sienten orgullosos de ellos. Todos los dioses se inclinan ante l!
Oh Seor, Sin y las ciudades de Jud se alegran mucho por tus decretos;
pues t, Seor altsimo, ests por encima de toda la tierra y mucho ms alto que todos los dioses.
El Seor ama a los que odian el mal; protege la vida de los que le son fieles; los libra de caer en manos de malvados.
La luz brilla para el hombre bueno; la alegra es para la gente honrada.
Algrense en el Seor, hombres buenos, y alaben su santo nombre!
Canten al Seor una cancin nueva, pues ha hecho maravillas! Ha alcanzado la victoria con su gran poder, con su santo brazo! {Salmo.}
El Seor ha anunciado su victoria, ha mostrado su justicia a la vista de las naciones;
ha tenido presentes su amor y su lealtad hacia el pueblo de Israel. Hasta el ltimo rincn del mundo ha sido vista la victoria de nuestro Dios!
Canten a Dios con alegra, habitantes de toda la tierra; den rienda suelta a su alegra y cntenle himnos.
Canten himnos al Seor al son del arpa, al son de los instrumentos de cuerda.
Canten con alegra ante el Seor, el Rey, al son de los instrumentos de viento.
Que brame el mar y todo lo que contiene, el mundo y sus habitantes;
que aplaudan los ros; que se unan las montaas en gritos de alegra
delante del Seor, que viene a gobernar la tierra. l gobernar a los pueblos del mundo con rectitud e igualdad.
El Seor es Rey! l tiene su trono sobre los querubines! Tiemblen las naciones, y aun la tierra entera.
El Seor es grande en el monte Sin; el Seor est por encima de todos los pueblos.
Sea alabado su nombre, grande y terrible; Dios es santo!
T eres un Rey poderoso que ama la justicia; t mismo estableciste la igualdad. Has tratado a los hijos de Jacob con justicia y rectitud.
Alaben al Seor, nuestro Dios, y arrodllense delante de sus pies! Dios es santo!
Moiss y Aarn estn entre sus sacerdotes; Samuel est entre los que alabaron su nombre. El Seor les responda cuando ellos pedan su ayuda.
Dios habl con ellos desde la columna de nube, y ellos cumplieron sus mandatos y la ley que les dio.
Seor, Dios nuestro, t les respondas! Fuiste para ellos un Dios de perdn, pero tambin castigaste sus maldades.
Alaben al Seor nuestro Dios, arrodllense ante su santo monte! Nuestro Dios, el Seor, es santo!
Canten al Seor con alegra, habitantes de toda la tierra! {Salmo para la accin de gracias.}
Con alegra adoren al Seor; con gritos de alegra vengan a su presencia!
Reconozcan que el Seor es Dios; l nos hizo y somos suyos; somos pueblo suyo y ovejas de su prado!
Vengan a las puertas y a los atrios de su templo con himnos de alabanza y gratitud. Denle gracias, bendigan su nombre!
Porque el Seor es bueno; su amor es eterno y su fidelidad no tiene fin.
Quiero alabar el amor y la justicia; quiero, Seor, cantarte himnos; {Salmo de David.}
quiero vivir con rectitud. Cundo vendrs a m? Ser intachable mi conducta aun en mi propio palacio;
no pondr jams la mira en propsitos perversos. Odio a quienes son desleales a Dios; jams permitir que se me acerquen!
Alejar de m los pensamientos perversos: no quiero hacer nada malo!
Har callar a aquellos que a escondidas hablan mal de su vecino; no soporto al altanero y arrogante!
Pondr mis ojos en los hombres leales, para que vivan junto a m; solo estar a mi servicio el que lleve una vida recta.
Para el tramposo no habr lugar en mi palacio; ningn mentiroso podr estar en mi presencia!
Da tras da reducir al silencio a todos los malvados del pas; arrojar de la ciudad del Seor a todos los malhechores!
Seor, escucha mi oracin, permite que mi grito llegue a ti! {Oracin de un afligido que en su desaliento da rienda suelta a su queja delante del Seor.}
No escondas de m tu rostro cuando me encuentre angustiado; dgnate escucharme!, respndeme pronto cuando te llame!
Pues mi vida se acaba como el humo, mis huesos arden como brasas,
mi corazn est decado como la hierba marchita; ni aun deseos tengo de comer!
La piel se me pega a los huesos de tanto gemir.
Soy como una lechuza del desierto, como un bho entre las ruinas.
No duermo. Soy como un pjaro solitario en el tejado.
Mis enemigos me ofenden sin cesar y usan mi nombre para maldecir.
En vez de pan, como ceniza; en mi bebida se mezclan mis lgrimas,
por causa de tu enojo y tu furor, pues me alzaste para derribarme despus.
Mis das pasan como una sombra; me voy marchitando como la hierba.
Pero t, Seor, reinas por siempre; tu nombre ser siempre recordado!
Levntate, compadcete de Sin, pues ya se cumpli el tiempo; ya es hora de que la perdones!
Tus siervos aman sus piedras; sienten dolor por sus ruinas!
Todas las naciones y reyes de la tierra honrarn el nombre glorioso del Seor
cuando l reconstruya a Sin y aparezca en su gloria,
cuando atienda a la oracin del desamparado y no desoiga sus ruegos.
Que esto quede escrito para las generaciones futuras, para que alaben al Seor los que an han de nacer.
El Seor mir la tierra desde el cielo, desde su santa altura,
para atender los lamentos de los prisioneros y libertar a los condenados a muerte;
para que en Sin, en Jerusaln, se proclame y se alabe el nombre del Seor
cuando gentes de todas las naciones se renan para adorarlo.
l me ha quitado fuerzas a medio camino; ha hecho ms corta mi vida.
Yo le digo: "Dios mo, no me lleves en la mitad de mi vida." Tus aos no tienen fin!
Afirmaste la tierra desde el principio; t mismo hiciste el cielo.
Todo ello dejar de existir, pero t permaneces firme. Todo ello se gastar, como la ropa; t lo cambiars y quedar cambiado, como quien se cambia de ropa!
Pero t eres el mismo; tus aos nunca terminarn.
Dars seguridad a los descendientes de tus siervos; en tu presencia misma los establecers.
Bendecir al Seor con toda mi alma; bendecir con todo mi ser su santo nombre. {De David.}
Bendecir al Seor con toda mi alma; no olvidar ninguno de sus beneficios.
l es quien perdona todas mis maldades, quien sana todas mis enfermedades,
quien libra mi vida del sepulcro, quien me colma de amor y ternura,
quien me satisface con todo lo mejor y me rejuvenece como un guila.
El Seor juzga con verdadera justicia a los que sufren violencia.
Dio a conocer sus caminos y sus hechos a Moiss y al pueblo de Israel.
El Seor es tierno y compasivo; es paciente y todo amor.
No nos reprende en todo tiempo ni su rencor es eterno;
no nos ha dado el pago que merecen nuestras maldades y pecados;
tan inmenso es su amor por los que lo honran como inmenso es el cielo sobre la tierra.
Nuestros pecados ha alejado de nosotros, como ha alejado del oriente el occidente.
El Seor es, con los que lo honran, tan tierno como un padre con sus hijos;
pues l sabe de qu estamos hechos: sabe bien que somos polvo.
La vida del hombre es como la hierba; brota como una flor silvestre:
tan pronto la azota el viento, deja de existir, y nadie vuelve a saber de ella.
Pero el amor del Seor es eterno para aquellos que lo honran; su justicia es infinita por todas las generaciones,
para los que cumplen con su alianza y no se olvidan de obedecer sus mandatos.
El Seor ha puesto su trono en el cielo, y su reino domina sobre todo.
Bendigan al Seor, ngeles poderosos! Ustedes, que cumplen sus rdenes, que estn atentos a obedecerlo.
Bendigan al Seor todos sus ejrcitos, que lo sirven y hacen su voluntad!
Bendiga al Seor la creacin entera, en todos los lugares de su reino! Bendecir al Seor con toda mi alma!
Bendecir al Seor con toda mi alma! Cun grande eres, Seor y Dios mo! Te has vestido de gloria y esplendor;
te has envuelto en un manto de luz. T extendiste el cielo como un velo!
T afirmaste sobre el agua los pilares de tu casa, all en lo alto! Conviertes las nubes en tu carro; viajas sobre las alas del viento!
Los vientos son tus mensajeros, y las llamas de fuego tus servidores.
Pusiste la tierra sobre sus bases para que nunca se mueva de su lugar.
El mar profundo cubra la tierra como si fuera un vestido. El agua cubra las montaas.
Pero t la reprendiste, y se fue; huy de prisa al escuchar tu voz de trueno.
Subiendo a los montes y bajando a los valles, se fue al lugar que le habas sealado,
al lmite que le ordenaste no cruzar, para que no volviera a cubrir la tierra.
T envas el agua de los manantiales a los ros que corren por las montaas.
De esa agua beben los animales salvajes; con ella apagan su sed los asnos del monte.
A la orilla de los ros anidan las aves del cielo; all cantan, entre las ramas de los rboles!
T eres quien riega los montes desde tu casa, all en lo alto; con los torrentes del cielo satisfaces a la tierra.
Haces crecer los pastos para los animales, y las plantas que el hombre cultiva para sacar su pan de la tierra,
el pan que le da fuerzas, y el vino, que alegra su vida y hace brillar su cara ms que el aceite.
Sacian su sed los rboles, los cedros del Lbano que el Seor plant.
En ellos anidan las aves ms pequeas, y en los pinos viven las cigeas.
Los montes altos son para las cabras, y en las peas se esconden los tejones.
Hiciste la luna para medir el tiempo; el sol sabe cundo debe ocultarse.
Tiendes el manto oscuro de la noche, y entonces salen los animales del bosque.
Los leones rugen por la vctima; piden que Dios les d su comida.
Pero al salir el sol, se van y se acuestan en sus cuevas.
Entonces sale el hombre a su labor y trabaja hasta la noche.
Cuntas cosas has hecho, Seor! Todas las hiciste con sabidura; la tierra est llena de todo lo que has creado!
All est el mar, ancho y extenso, donde abundan incontables animales, grandes y pequeos;
all navegan los barcos, all est el Leviatn, el monstruo que hiciste para jugar con l.
Todos ellos esperan de ti que les des su comida a su tiempo.
T les das, y ellos recogen; abres la mano, y se llenan de lo mejor;
si escondes tu rostro, se espantan; si les quitas el aliento, mueren y vuelven a ser polvo.
Pero si envas tu aliento de vida, son creados, y as renuevas el aspecto de la tierra.
La gloria del Seor es eterna! El Seor se alegra en su creacin!
La tierra tiembla cuando l la mira; echan humo los montes cuando l los toca!
Mientras yo exista y tenga vida, cantar himnos al Seor mi Dios.
Quiera el Seor agradarse de mis pensamientos, pues solo en l encuentro mi alegra.
Que desaparezcan de la tierra los pecadores! Que dejen de existir los malvados! Bendecir al Seor con toda mi alma! Aleluya!
Den gracias al Seor! Proclamen su nombre! Cuenten a los pueblos sus acciones.
Canten himnos en su honor. Hablen de sus grandes hechos!
Sintanse orgullosos de su santo nombre. Sintase alegre el corazn de los que buscan al Seor!
Recurran al Seor, y a su poder; recurran al Seor en todo tiempo.
Recuerden sus obras grandes y maravillosas, y los decretos que ha pronunciado;
ustedes, descendientes de su siervo Abraham; ustedes, hijos de Jacob, sus escogidos.
l es el Seor, nuestro Dios; l gobierna toda la tierra!
Ni aunque pasen mil generaciones se olvidar de las promesas de su alianza,
de la alianza que hizo con Abraham, del juramento que hizo a Isaac
y que confirm como ley para Jacob, como alianza eterna para Israel,
cuando dijo: "Voy a darte la tierra de Canan como la herencia que te toca."
Aunque ellos eran pocos, unos cuantos extranjeros en la tierra,
que iban de nacin en nacin y de reino en reino,
Dios no permiti que nadie los maltratara, y aun advirti a los reyes:
"No toquen a mis escogidos ni maltraten a mis profetas."
Hizo venir hambre a aquella tierra, y les quit todo alimento.
Pero envi delante de ellos a Jos, al que haban vendido como esclavo.
Le lastimaron los pies con cadenas; lo aprisionaron con hierros!
La palabra del Seor puso a prueba a Jos, hasta que se cumpli lo que Jos haba anunciado.
El rey, el que gobernaba a mucha gente, orden que le dieran libertad;
lo nombr amo y seor de su casa y de todo cuanto tena,
para que enseara e hiciera sabios a los jefes y a los ancianos.
Vino despus Israel, que es Jacob, y vivi como extranjero en Egipto, en la tierra de Cam.
Dios hizo grande en nmero a su pueblo, y ms fuerte que los egipcios.
Pero hizo que los egipcios se pusieran en contra de su pueblo y engaaran a los siervos de Dios.
Entonces Dios envi a su siervo Moiss, y a Aarn, a quien haba escogido,
y ellos realizaron seales de Dios en el desierto: grandes maravillas en la tierra de Cam!
Envi Dios una oscuridad que todo lo cubri, pero los egipcios desatendieron sus palabras.
Convirti en sangre el agua de sus ros, y mat a sus peces;
infest de ranas el pas, y aun la alcoba del rey.
Habl Dios, y nubes de tbanos y mosquitos invadieron el territorio egipcio.
En vez de lluvia, envi granizo y llamas de fuego sobre el pas.
Destroz sus vias y sus higueras; destroz los rboles de Egipto!
Habl Dios, y llegaron las langostas; tantas eran, que no se podan contar!
Devoraron la hierba del campo y todo lo que la tierra haba producido!
Hiri de muerte, en Egipto mismo, al primer hijo de toda familia egipcia!
Dios sac despus a su pueblo cargado de oro y plata, y nadie entre las tribus tropez.
Los egipcios se alegraron de verlos partir, pues estaban aterrados.
Dios extendi una nube para cubrirlos y un fuego para alumbrarlos de noche.
Pidieron comida, y les mand codornices, y con pan del cielo los dej satisfechos.
Parti la roca, y de ella brot agua que corri por el desierto como un ro.
Pues se acord de la santa promesa que haba hecho a su siervo Abraham.
Fue as como Dios sac a su pueblo escogido, entre gritos de alegra,
y les dio las tierras de otras naciones y el fruto del trabajo de otros pueblos,
para que respetaran y atendieran las leyes y enseanzas del Seor. Aleluya!
Aleluya! Den gracias al Seor, porque l es bueno, porque su amor es eterno.
Quin podr describir las victorias del Seor? Quin podr alabarlo como merece?
Felices los que practican la justicia y hacen siempre lo que es justo.
Acurdate de m, Seor, cuando hagas bien a tu pueblo; tenme presente cuando vengas a salvar,
para que vea yo la dicha de tus escogidos, para que me alegre y enorgullezca con el pueblo que te pertenece.
Hemos pecado igual que nuestros padres; nos hemos pervertido; hemos hecho lo malo.
Nuestros padres, all en Egipto, no dieron importancia a tus grandes hechos; se olvidaron de tu gran amor, y junto al Mar Rojo se rebelaron contra ti.
Pero Dios los salv, y dio a conocer su poder haciendo honor a su nombre.
Reprendi al Mar Rojo y lo dej seco. Los hizo pasar por el fondo del mar como por un desierto.
As los salv de sus enemigos, del poder de quienes los odiaban.
El agua cubri a sus rivales y ni uno de ellos qued con vida.
Entonces creyeron en las promesas de Dios y le cantaron alabanzas.
Pero muy pronto olvidaron los hechos de Dios, y no esperaron a conocer sus planes.
All, en la soledad del desierto, pusieron a prueba a Dios exigindole que les cumpliera sus deseos.
Y Dios les dio lo que pidieron, pero les mand una enfermedad mortal.
En el campamento tuvieron envidia de Moiss, y tambin de Aarn, el consagrado del Seor.
Entonces se abri la tierra y se trag a Datn, y tambin a la pandilla de Abiram.
El fuego ardi contra todos ellos! Las llamas quemaron a los malvados!
En el monte Horeb hicieron un becerro, un dolo de oro fundido, y lo adoraron:
cambiaron al Dios glorioso por la imagen de un buey que come hierba!
Olvidaron a Dios, su Salvador, que haba hecho grandes cosas en Egipto,
que haba hecho maravillas en el pas de Cam y cosas sorprendentes en el Mar Rojo.
Dios habl de destruirlos; pero Moiss, su escogido, se interpuso y calm el furor de Dios, evitando que los destruyera.
Ms tarde despreciaron un pas hermoso, y no creyeron en las promesas de Dios;
dentro de sus tiendas hablaron mal del Seor, y no obedecieron sus rdenes.
Entonces l levant la mano y les jur que los hara morir en el desierto,
que hara morir a sus descendientes y los dispersara entre las naciones paganas.
Se hicieron esclavos de Baal-peor, y comieron de lo sacrificado a dioses sin vida.
Con sus malas acciones provocaron a Dios, y se extendi una plaga entre ellos.
Pero Finees se levant y ejecut al culpable, y as la plaga se detuvo.
Y Dios le tom en cuenta esa justa accin, para siempre y de padres a hijos.
Hicieron tambin que Dios se enojara junto a las aguas de Merib, y por causa de ellos le fue muy mal a Moiss,
pues le amargaron el nimo y l habl sin pensar lo que deca.
No destruyeron a los pueblos que el Seor haba ordenado destruir.
Por el contrario, se mezclaron con los paganos y aprendieron sus costumbres:
adoraron dolos paganos, los cuales fueron causa de su ruina,
pues ofrecieron a sus hijos y a sus hijas en sacrificio a esos demonios.
Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas, y la ofrecieron a los dioses de Canan. La tierra se manch con su sangre,
y ellos se mancharon y prostituyeron con todas sus malas acciones.
El Seor se enfureci contra su pueblo, y reneg de ellos, de los que eran suyos;
los abandon en manos de los paganos, y sus enemigos los dominaron;
sus enemigos los aplastaron, los humillaron bajo su poder.
Dios los salv muchas veces, pero ellos se opusieron a sus planes y se hundieron en su propia maldad.
Sin embargo, al verlos angustiados y al escuchar sus lamentos,
se acord de su alianza con ellos y cambi de parecer, porque su amor es muy grande:
hizo que aun sus conquistadores los trataran con bondad!
Slvanos, Seor y Dios nuestro! Recgenos de entre las naciones para que alabemos tu santo nombre, para que alegres te alabemos!
Bendito sea el Seor, Dios de Israel, por toda la eternidad! Que todos digan: "Amn"! Aleluya!
Den gracias al Seor, porque l es bueno, porque su amor es eterno.
Dganlo los que el Seor ha salvado, los que salv del poder del enemigo,
los que reuni de entre los pases del norte y del sur, del este y del oeste.
Andaban perdidos por el desierto arenoso, sin hallar el camino a una ciudad donde vivir;
tenan hambre y sed, estaban a punto de morir!
Pero en su angustia clamaron al Seor, y l los libr de la afliccin.
Despus los puso en el buen camino hacia una ciudad donde vivir.
Den gracias al Seor por su amor, por lo que hace en favor de los hombres!
Pues l apaga la sed del sediento y da abundante comida al hambriento.
Vivan en profunda oscuridad, presos de la tristeza y las cadenas,
por rebelarse contra las rdenes del Seor, por despreciar los planes del Altsimo.
Dios los someti a duros trabajos; tropezaban, y nadie los ayudaba.
Pero en su angustia clamaron al Seor, y l los salv de la afliccin;
los sac de la profunda oscuridad y los libr de las cadenas.
Den gracias al Seor por su amor, por lo que hace en favor de los hombres!
l hizo pedazos puertas de bronce! l hizo pedazos barras de hierro!
Enfermos y afligidos por sus propias maldades y pecados,
no soportaban ningn alimento; ya estaban a las puertas de la muerte!
Pero en su angustia clamaron al Seor, y l los salv de la afliccin;
envi su palabra, y los san; los libr del sepulcro!
Den gracias al Seor por su amor, por lo que hace en favor de los hombres!
Ofrzcanle sacrificios de gratitud y hablen con alegra de sus actos.
Se hicieron a la mar los comerciantes. Surcaron las aguas con sus barcos,
y all, en alta mar, vieron la creacin maravillosa del Seor.
A la voz del Seor se desat una tormenta que levantaba grandes olas;
eran lanzados hasta el cielo y hundidos hasta el fondo del mar; perdieron el valor ante el peligro!
Se tambaleaban como borrachos; de nada les serva su pericia!
Pero en su angustia clamaron al Seor, y l los sac de la afliccin;
convirti en brisa la tempestad, y las olas se calmaron.
Al ver tranquilas las olas, se alegraron, y Dios los llev hasta el puerto deseado.
Den gracias al Seor por su amor, por lo que hace en favor de los hombres!
Aclmenlo al reunirse el pueblo! Albenlo en la reunin de ancianos!
El Seor convierte ros y manantiales en desiertos y tierras secas;
convierte tierras frtiles en salitrosas, por la maldad de sus habitantes;
convierte desiertos en lagunas y tierras secas en manantiales;
all establece a los que tienen hambre, y ellos construyen sus ciudades.
Siembran campos, plantan viedos y recogen cosechas abundantes.
l los bendice, hace que aumenten y que crezca el nmero de sus ganados.
Y si mueren y su nmero decrece a causa de la opresin, de la desgracia y el dolor,
Dios desprecia a los opresores y los hace perderse en desiertos sin camino.
l saca a los pobres de su tristeza; hace crecer sus familias como rebaos!
Al ver esto, los hombres honrados se alegran, y los malvados cierran la boca.
El que es inteligente, debe tener esto en cuenta y comprender el amor del Seor.
Mi corazn est dispuesto, Dios mo, dispuesto a cantarte himnos! Despierta, alma ma; {Cntico y salmo de David.}
despierten, arpa y salterio; despertar al nuevo da!
Te alabar con himnos, Seor, en medio de pueblos y naciones.
Pues tu amor es ms grande que los cielos. Tu lealtad alcanza al cielo azul!
Dios mo, t ests por encima del cielo; tu gloria llena toda la tierra!
Slvanos con tu poder, para que sean libertados los que amas. Respndenos!
Dios habl desde su santuario: "Con qu alegra dividir Siquem y repartir el valle de Sucot!
Galaad y Manass me pertenecen; Efran es el casco que cubre mi cabeza; Jud es mi bastn de mando;
Moab es la palangana en que me lavo; sobre Edom arrojar mi sandalia; cantar victoria sobre los filisteos!"
Quin me llevar a la ciudad amurallada? Quin me guiar hasta Edom?
Pues t, oh Dios, nos has rechazado; no sales ya con nuestras tropas!
Aydanos contra el enemigo, pues nada vale la ayuda del hombre.
Con la ayuda de Dios haremos grandes cosas; l aplastar a nuestros enemigos!
Oh Dios, no te quedes callado ante mi oracin, {Del maestro de coro. Salmo de David.}
pues labios mentirosos y malvados hablan mal de m, y es falso lo que de m dicen.
Sus expresiones de odio me rodean; me atacan sin motivo!
A cambio de mi amor, me atacan; pero yo hago oracin.
Me han pagado mal por bien, y a cambio de mi amor, me odian.
Pon como juez suyo a un malvado, y que lo acuse su propio abogado;
que lo declaren culpable en el juicio; que lo condene su propia defensa.
Que viva poco tiempo y que otro se apodere de sus bienes!
Que sus hijos queden hurfanos y viuda su esposa!
Que sus hijos anden vagando y pidiendo limosna! Que los echen de las ruinas de su casa!
Que se lleve el prestamista todo lo que le perteneca. Que gente extraa le arrebate el fruto de su trabajo.
Que no haya quien tenga compasin de l ni de sus hijos hurfanos.
Que se acabe su descendencia, que se borre para siempre su apellido.
Que se acuerde el Seor de la maldad de su padre y nunca borre el pecado de su madre;
que el Seor los tenga siempre presentes y borre de la tierra su recuerdo.
Nunca pens en ser compasivo; a los pobres y humildes y afligidos los persigui hasta matarlos.
Ya que prefiri la maldicin, que lo maldigan! No quiso bendicin, pues que nunca lo bendigan!
Que lo cubra la maldicin como un vestido; que le entre en el vientre y en los huesos cual si fuera agua o aceite;
que lo cubra como un vestido y lo oprima como un cinto!
As pague el Seor a mis enemigos y a los que hablan mal de m!
Pero t, Seor, haz honor a tu nombre, y trtame bien. Slvame, por la bondad de tu amor!
Estoy muy pobre y afligido, tengo herido el corazn,
me voy desvaneciendo como una sombra, el viento me arrastra como a una langosta!
De no comer me tiemblan las rodillas; adelgazo por falta de alimento.
Soy el hazmerrer de la gente! Al verme, mueven burlones la cabeza!
Aydame, Seor y Dios mo; slvame, por tu amor!
Que sepan que t, Seor, has hecho esto con tu mano.
No importa que me maldigan, con tal que t me bendigas. Que ellos se avergencen mientras tu siervo se alegra.
Que mis enemigos se llenen de vergenza! Que los cubra la vergenza como una capa!
Con mis labios dar al Seor gracias infinitas; lo alabar en medio de mucha gente!
Porque l aboga en favor del pobre y lo pone a salvo de los que lo condenan.
El Seor dijo a mi seor: "Sintate a mi derecha, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies." {Salmo de David.}
Desde Sin, el Seor te entrega el cetro, smbolo de tu poder. Domina, pues, a tus enemigos!
Tu pueblo se te entrega en el da de tu victoria. Sobre los montes santos, y como el roco que nace de la aurora, tu juventud se renueva de da en da.
El Seor ha hecho un juramento, y no va a desdecirse: "T eres sacerdote para siempre, de la misma clase que Melquisedec."
El Seor est a tu mano derecha; en el da de su furor, destruir reyes;
dictar sentencia contra las naciones; amontonar cadveres; estrellar cabezas en toda la tierra!
En el camino, beber agua de un arroyo, y el agua le dar nuevas fuerzas.
Aleluya! Alabar al Seor de todo corazn en la reunin de los hombres honrados, en la comunidad entera.
Las obras del Seor son grandes, y quienes las aman, las estudian.
Su obra es bella y esplendorosa, y su justicia permanece para siempre.
Ha hecho inolvidables sus maravillas. El Seor es tierno y compasivo;
da alimentos a los que lo honran; se acuerda siempre de su alianza!
Mostr a su pueblo el poder de sus obras, dndole lo que era posesin de los paganos.
Lo que l hace es justo y verdadero; se puede confiar en sus mandamientos,
pues son firmes hasta la eternidad y estn hechos con verdad y rectitud.
Dio libertad a su pueblo y afirm su alianza para siempre. Dios es santo y terrible.
La mayor sabidura consiste en honrar al Seor; los que lo honran, tienen buen juicio. Dios ser siempre alabado!
Aleluya! Feliz el hombre que honra al Seor y se complace en sus mandatos.
Los descendientes del hombre honrado sern bendecidos y tendrn poder en la tierra.
En su casa hay abundantes riquezas, y su generosidad es constante.
Brilla una luz en la oscuridad para los hombres honrados, para el que es compasivo, clemente y justo.
El hombre de bien presta con generosidad y maneja con honradez sus negocios;
por eso jams llegar a caer. El hombre justo ser siempre recordado!
No tiene miedo de malas noticias; su corazn est firme, confiado en el Seor.
Su corazn est firme; no tiene miedo, y aun mira con burla a sus enemigos.
Reparte limosna entre los pobres, su generosidad es constante, levanta la frente con honor.
El malvado se enfurece al verlo; en su impotencia rechina los dientes. La ambicin de los malvados fracasar.
Aleluya! Siervos del Seor, alaben su nombre!
Bendito sea ahora y siempre el nombre del Seor!
Alabado sea el nombre del Seor del oriente al occidente!
El Seor est por encima de las naciones; su gloria est por encima del cielo!
Nadie es comparable al Seor nuestro Dios, que reina all en lo alto;
y que, sin embargo, se inclina para mirar el cielo y la tierra.
El Seor levanta del suelo al pobre, y saca del lugar ms bajo al necesitado
para sentarlo entre gente importante, entre la gente importante de su pueblo.
A la mujer que no tuvo hijos le da la alegra de ser madre y de tener su propio hogar. Aleluya!
Cuando Israel, la casa de Jacob, sali de Egipto, del pas extrao,
Jud lleg a ser el santuario del Seor; Israel lleg a ser su dominio.
Cuando el mar vio a Israel, huy, y el ro Jordn se hizo atrs.
Los cerros y las montaas saltaron como carneros y corderitos!
Qu te pas, mar, que huiste? qu te pas, Jordn, que te hiciste atrs?
qu les pas, cerros y montaas, que saltaron como carneros y corderitos?
Tiembla t, tierra, delante del Seor, Dios de Jacob!
l convirti las peas en lagunas! l convirti las rocas en manantiales!
Seor, glorifcate a ti mismo, y no a nosotros; glorifcate, por tu amor y tu verdad!
Por qu han de preguntar los paganos dnde est nuestro Dios?
Nuestro Dios est en el cielo; l ha hecho todo lo que quiso.
Los dolos de los paganos son oro y plata, objetos que el hombre fabrica con sus manos:
tienen boca, pero no pueden hablar; tienen ojos, pero no pueden ver;
tienen orejas, pero no pueden or; tienen narices, pero no pueden oler;
tienen manos, pero no pueden tocar; tienen pies, pero no pueden andar; ni un solo sonido sale de su garganta!
Iguales a esos dolos son quienes los fabrican y quienes en ellos creen.
Israelitas, confen en el Seor! l nos ayuda y nos protege.
Sacerdotes, confen en el Seor! l nos ayuda y nos protege.
Ustedes que honran al Seor, confen en l! l nos ayuda y nos protege.
El Seor se ha acordado de nosotros y nos bendecir! Bendecir a los israelitas, bendecir a los sacerdotes,
bendecir a los que lo honran, a grandes y pequeos.
Que el Seor les aumente la descendencia a ustedes y a sus hijos!
Que el Seor, creador del cielo y de la tierra, les d a ustedes su bendicin!
El cielo pertenece al Seor, y al hombre le dio la tierra.
Los que han bajado al mundo del silencio, los que ya han muerto, no pueden alabar al Seor;
pero nosotros lo alabaremos ahora y siempre. Aleluya!
Amo al Seor porque ha escuchado mis splicas,
porque me ha prestado atencin. Toda mi vida lo invocar!
La muerte me enred en sus lazos, la angustia del sepulcro me alcanz y me hall preso del miedo y del dolor.
Entonces invoqu el nombre del Seor y le rogu que me salvara la vida.
El Seor es justo y compasivo; nuestro Dios es todo ternura.
El Seor cuida de los sencillos. Cuando yo estaba sin fuerzas, me salv.
Ahora s, puedo volver a sentirme tranquilo porque el Seor ha sido bueno conmigo,
porque me ha librado de la muerte, porque me ha librado de llorar y de caer.
Ser obediente al Seor en el mundo de los que viven.
Yo tena fe, a pesar de que deca que era grande mi afliccin.
Desesperado, afirm que todo hombre es mentiroso.
Cmo podr pagar al Seor todo el bien que me ha hecho?
Levantar la copa de la salvacin e invocar su nombre!
Cumplir mis promesas al Seor en presencia de todo su pueblo.
Mucho le cuesta al Seor ver morir a los que lo aman.
Oh Seor, yo soy tu siervo! Yo soy el hijo de tu sierva! T has roto los lazos que me ataban.
En gratitud, te ofrecer sacrificios, e invocar, Seor, tu nombre.
Cumplir mis promesas al Seor en presencia de todo su pueblo,
en los atrios del templo del Seor, en medio de ti, Jerusaln! Aleluya!
Naciones y pueblos todos, alaben al Seor,
pues su amor por nosotros es muy grande; la fidelidad del Seor es eterna! Aleluya!
Den gracias al Seor, porque l es bueno, porque su amor es eterno.
Que digan los israelitas: "El amor del Seor es eterno."
Que digan los sacerdotes: "El amor del Seor es eterno."
Que digan los que honran al Seor: "El amor del Seor es eterno."
En mi angustia llam al Seor; l me escuch y me dio libertad.
El Seor est conmigo; no tengo miedo. Qu me puede hacer el hombre?
El Seor est conmigo; l me ayuda. He de ver derrotados a los que me odian!
Es mejor confiar en el Seor que confiar en el hombre.
Es mejor confiar en el Seor que confiar en grandes hombres.
Todas las naciones me rodearon, pero en el nombre del Seor las derrot.
Me rodearon por todos lados, pero en el nombre del Seor las derrot.
Me rodearon como avispas, pero su furia se apag como fuego de espinos; en el nombre del Seor las derrot!
Me empujaron con violencia, para que cayera, pero el Seor vino en mi ayuda.
Yo canto al Seor, que me da fuerzas. l es mi Salvador!
En las casas de los hombres fieles hay alegres cantos victoriosos: "El poder del Seor alcanz la victoria!
El poder del Seor es extraordinario! El poder del Seor alcanz la victoria!"
No morir, sino que he de vivir para contar lo que el Seor ha hecho!
El Seor me ha castigado con dureza, pero no me ha dejado morir.
Abran las puertas del templo, que quiero entrar a dar gracias al Seor!
Esta es la puerta del Seor, y por ella entrarn los que le son fieles.
Te doy gracias, Seor, porque me has respondido y porque eres mi salvador.
La piedra que los constructores despreciaron se ha convertido en la piedra principal.
Esto lo ha hecho el Seor, y estamos maravillados.
Este es el da en que el Seor ha actuado: estemos hoy contentos y felices!
Por favor, Seor, slvanos! Por favor, Seor, haz que nos vaya bien!
Bendito el que viene en el nombre del Seor! Bendecimos a ustedes desde el templo del Seor.
El Seor es Dios; l nos alumbra! Comiencen la fiesta y lleven ramas hasta los cuernos del altar.
Te doy gracias y alabo tu grandeza, porque t eres mi Dios.
Den gracias al Seor, porque l es bueno, porque su amor es eterno.
Felices los que se conducen sin tacha y siguen la enseanza del Seor.
Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan de todo corazn,
los que no hacen nada malo, los que siguen el camino del Seor.
T has ordenado que tus preceptos se cumplan estrictamente.
Ojal yo me mantenga firme en la obediencia a tus leyes!
No tendr de qu avergonzarme cuando atienda a todos tus mandamientos.
Te alabar con corazn sincero cuando haya aprendido tus justos decretos.
Quiero cumplir tus leyes! No me abandones jams!
Cmo podr el joven llevar una vida limpia? Viviendo de acuerdo con tu palabra!
Yo te busco de todo corazn; no dejes que me aparte de tus mandamientos.
He guardado tus palabras en mi corazn para no pecar contra ti.
Bendito t, Seor! Ensame tus leyes!
Con mis labios contar todos los decretos que pronuncies.
Me alegrar en el camino de tus mandatos, ms que en todas las riquezas.
Meditar en tus preceptos y pondr mi atencin en tus caminos.
Me alegrar con tus leyes y no me olvidar de tu palabra.
Concdele vida a este siervo tuyo! Obedecer tu palabra!
Abre mis ojos, para que contemple las maravillas de tu enseanza.
Yo soy extranjero en esta tierra; no escondas de m tus mandamientos.
Me siento oprimido a todas horas por el deseo de conocer tus decretos.
T reprendes a los insolentes y malditos que se apartan de tus mandamientos.
Aljame de sus ofensas y desprecios, pues he atendido a tus mandatos.
Aunque hombres poderosos tramen hacerme dao, este siervo tuyo meditar en tus leyes.
Yo me alegro con tus mandatos; ellos son mis consejeros.
Estoy a punto de morir; dame vida, conforme a tu promesa!
Te he expuesto mi conducta, y me has respondido. Ensame tus leyes!
Dame entendimiento para seguir tus preceptos, pues quiero meditar en tus maravillas.
Estoy ahogado en lgrimas de dolor; mantenme firme, conforme a tu promesa!
Aljame del camino de la mentira y favorceme con tu enseanza.
He escogido el camino de la verdad y deseo tus decretos.
Seor, me he apegado a tus mandatos; no me llenes de vergenza!
Me apresuro a cumplir tus mandamientos porque llenas de alegra mi corazn.
Seor, ensame el camino de tus leyes, pues quiero seguirlo hasta el fin.
Dame entendimiento para guardar tu enseanza; quiero obedecerla de todo corazn!
Llvame por el camino de tus mandamientos, pues en l est mi felicidad.
Haz que mi corazn prefiera tus mandatos a las ganancias mal habidas.
No dejes que me fije en falsos dioses; dame vida para seguir tu camino!
Confirma a este siervo tuyo las promesas que haces a los que te honran.
Aleja de m la ofensa que temo, pues tus decretos son buenos.
Yo he deseado tus preceptos; dame vida, pues t eres justo!
Mustrame, Seor, tu amor y salvacin, tal como lo has prometido.
As podr responder al que me ofenda, pues confo en tu palabra.
No quites de mi boca la palabra de verdad, pues he puesto mi esperanza en tus decretos.
Quiero poner en prctica tu enseanza, siempre, por toda la eternidad!
As podr vivir en libertad, pues he seguido tus preceptos.
Hablar de tus mandatos ante los reyes y no sentir vergenza.
Pues amo tus mandamientos y me alegro con ellos.
Amo y anhelo tus mandamientos, y pienso mucho en tus leyes.
Recuerda la palabra que diste a este siervo tuyo: en ella me hiciste poner la esperanza.
Este es mi consuelo en la tristeza: que con tus promesas me das vida.
Los insolentes me ofenden sin cesar, pero yo no me aparto de tu enseanza.
Recuerdo tus decretos de otros tiempos, y en ellos, Seor, encuentro consuelo.
Los malvados que abandonan tu enseanza me llenan de furor.
Tus leyes han sido mis canciones en esta tierra donde soy un extranjero.
Seor, por las noches me acuerdo de ti; quiero poner en prctica tu enseanza!
Esto es lo que me corresponde: obedecer tus preceptos.
T, Seor, eres todo lo que tengo; he prometido poner en prctica tus palabras.
De todo corazn he procurado agradarte; trtame bien, conforme a tu promesa.
Me puse a pensar en mi conducta, y volv a obedecer tus mandatos.
Me he dado prisa, no he tardado en poner en prctica tus mandamientos.
Me han rodeado con trampas los malvados, pero no me he olvidado de tu enseanza.
A medianoche me levanto a darte gracias por tus justos decretos.
Yo soy amigo de los que te honran y de los que cumplen tus preceptos.
Seor, la tierra est llena de tu amor; ensame tus leyes!
Seor, t has tratado bien a este siervo tuyo, conforme a tu promesa.
Ensame a tener buen juicio y conocimiento, pues confo en tus mandamientos.
Antes de ser humillado comet muchos errores, pero ahora obedezco tu palabra.
T eres bueno, y haces el bien; ensame tus leyes!
Los insolentes me acusan falsamente, pero yo cumplo tus preceptos de todo corazn.
Ellos tienen la mente entorpecida, pero yo me alegro con tu enseanza.
Me hizo bien haber sido humillado, pues as aprend tus leyes.
Para m vale ms la enseanza de tus labios, que miles de monedas de oro y plata.
T mismo me hiciste y me formaste; dame inteligencia para aprender tus mandamientos!
Los que te honran se alegrarn al verme, porque he puesto mi esperanza en tu palabra.
Seor, yo s que tus decretos son justos y que tienes razn cuando me afliges.
Que tu amor me sirva de consuelo, conforme a la promesa que me hiciste!
Mustrame tu ternura, y hazme vivir, pues me siento feliz con tu enseanza.
Sean avergonzados los insolentes que sin razn me maltratan; yo quiero meditar en tus preceptos.
Que se renan conmigo los que te honran, los que conocen tus mandatos.
Que mi corazn sea perfecto en tus leyes, para no tener de qu avergonzarme.
Con ansia espero que me salves; he puesto mi esperanza en tu palabra!
Mis ojos se consumen esperando tu promesa, y digo: "Cundo vendrs a consolarme?"
Aunque soy un viejo intil y olvidado, no me he olvidado de tus leyes.
Cunto ms habr de esperar? Cundo juzgars a los que me persiguen?
Gente insolente que no sigue tu enseanza ha cavado trampas a mi paso.
Aydame, pues soy perseguido sin motivo! Tus mandamientos son todos verdaderos!
Casi he sido borrado de la tierra, pero no he descuidado tus preceptos.
Dame vida, de acuerdo con tu amor, y cumplir los mandatos de tus labios.
Seor, tu palabra es eterna; afirmada est en el cielo!
Tu fidelidad permanece para siempre; t afirmaste la tierra, y qued en pie.
Todas las cosas siguen firmes, conforme a tus decretos, porque todas ellas estn a tu servicio.
Si tu enseanza no me trajera alegra, la tristeza habra acabado conmigo.
Jams me olvidar de tus preceptos, pues por ellos me has dado vida.
Slvame, pues soy tuyo y he seguido tus preceptos!
Los malvados esperan el momento de destruirme, pero yo estoy atento a tus mandatos.
He visto que todas las cosas tienen su fin, pero tus mandamientos son infinitos.
Cunto amo tu enseanza! Todo el da medito en ella!
Tus mandamientos son mos para siempre; me han hecho ms sabio que mis enemigos.
Entiendo ms que todos mis maestros porque pienso mucho en tus mandatos.
Entiendo ms que los ancianos porque obedezco tus preceptos.
He alejado mis pies de todo mal camino para cumplir tu palabra.
No me he apartado de tus decretos porque t eres quien me ensea.
Tu promesa es ms dulce a mi paladar que la miel a mi boca.
De tus preceptos he sacado entendimiento; por eso odio toda conducta falsa.
Tu palabra es una lmpara a mis pies y una luz en mi camino.
Hice un juramento, y lo voy a cumplir: pondr en prctica tus justos decretos!
Seor, me siento muy afligido; dame vida, conforme a tu promesa!
Acepta, Seor, las ofrendas de mis labios, y ensame tus decretos.
Siempre estoy en peligro de muerte, pero no me olvido de tu enseanza.
Los malvados me ponen trampas, pero no me aparto de tus preceptos.
Mi herencia eterna son tus mandatos, porque ellos me alegran el corazn.
De corazn he decidido practicar tus leyes, para siempre y hasta el fin.
Odio a la gente hipcrita, pero amo tu enseanza.
T eres quien me ampara y me protege; en tu palabra he puesto mi esperanza.
Aljense de m, malvados, que quiero cumplir los mandatos de mi Dios!
Dame fuerzas, conforme a tu promesa, y vivir; no defraudes mi esperanza!
Aydame, y estar a salvo; as cumplir siempre tus leyes.
T desprecias a los que se apartan de tus leyes, porque sus pensamientos no tienen sentido.
Los malvados de la tierra son para ti como basura; por eso yo amo tus mandatos.
Mi cuerpo tiembla de temor delante de ti; siento reverencia por tus decretos!
Nunca he dejado de hacer lo que es justo; no me abandones en manos de mis opresores.
Hazte responsable de mi bienestar; que no me maltraten los insolentes.
Mis ojos se consumen esperando que me salves, esperando que me libres, conforme a tu promesa.
Trata a este siervo tuyo de acuerdo con tu amor; ensame tus leyes!
Yo soy tu siervo. Dame entendimiento, pues quiero conocer tus mandatos.
Seor, ya es tiempo de que hagas algo, pues han desobedecido tu enseanza.
Por eso yo amo tus mandamientos mucho ms que el oro fino.
Por eso me guo por tus preceptos y odio toda conducta falsa.
Tus mandatos son maravillosos; por eso los obedezco.
La explicacin de tus palabras ilumina, instruye a la gente sencilla.
Con gran ansia abro la boca, pues deseo tus mandamientos.
Mrame, y ten compasin de m, como haces con los que te aman.
Hazme andar conforme a tu palabra; no permitas que la maldad me domine.
Lbrame de la violencia humana, pues quiero cumplir tus preceptos.
Mira con buenos ojos a este siervo tuyo, y ensame tus leyes.
Ros de lgrimas salen de mis ojos porque no se respeta tu enseanza.
Seor, t eres justo; rectos son tus decretos.
Todos tus mandatos son justos y verdaderos.
Me consume el celo que siento por tus palabras, pues mis enemigos se han olvidado de ellas.
Tu promesa ha pasado las ms duras pruebas; por eso la ama este siervo tuyo.
Humilde soy, y despreciado, pero no me olvido de tus preceptos.
Tu justicia es siempre justa, y tu enseanza es la verdad.
Me he visto angustiado y en aprietos, pero tus mandamientos me alegraron.
Tus mandatos son siempre justos; dame entendimiento para que pueda yo vivir!
Seor, te llamo con todo el corazn; respndeme, pues quiero cumplir tus leyes!
A ti clamo, aydame para que cumpla tus mandatos.
Antes de amanecer, me levanto a pedirte ayuda; he puesto mi esperanza en tu promesa.
Antes de anochecer, mis ojos ya estn velando para meditar en tu promesa.
Oye mi voz, Seor, por tu amor; dame vida, conforme a tu justicia.
Estn cerca mis crueles perseguidores, pero estn lejos de tu enseanza.
T, Seor, ests cerca, y todos tus mandamientos son verdaderos.
Desde hace mucho conozco tus mandatos, establecidos por ti eternamente.
Mira mi afliccin y lbrame, pues no me he olvidado de tu enseanza.
Defiende mi caso y resctame; dame vida, conforme a tu promesa!
Tu ayuda est lejos de los malvados, porque no siguen tus leyes.
Seor, es muy grande tu ternura; dame vida, conforme a tu justicia.
Muchos son mis enemigos y opresores, pero yo no me aparto de tus mandatos.
No soporto a los traidores, a los que no obedecen tus mandamientos.
Seor, mira cmo amo tus preceptos; dame vida, por tu amor!
En tu palabra se resume la verdad; eternos y justos son todos tus decretos.
Hombres poderosos me persiguen sin motivo, pero mi corazn reverencia tus palabras.
Yo me siento feliz con tu promesa, como quien se encuentra un gran tesoro.
Odio la mentira, no la soporto; pero amo tu enseanza.
A todas horas te alabo por tus justos decretos.
Los que aman tu enseanza gozan de mucha paz, y nada los hace caer.
Seor, espero que me salves, pues he puesto en prctica tus mandamientos.
Yo obedezco tus mandatos y los amo de todo corazn.
Yo obedezco tus preceptos y mandatos; t conoces toda mi conducta!
Lleguen mis gritos, Seor, a tu presencia; dame entendimiento, conforme a tu palabra!
Llegue mi oracin a tu presencia; lbrame, conforme a tu promesa!
Brote de mis labios la alabanza, pues t me has enseado tus leyes.
Entonen mis labios un canto a tu promesa, porque todos tus mandamientos son justos.
Est lista tu mano a darme ayuda, porque he preferido tus preceptos.
Seor, deseo que me salves! Yo me siento feliz con tu enseanza!
Quiero vivir para alabarte; que tu justicia me ayude.
Me he extraviado como una oveja; ven en busca ma, pues no me he olvidado de tus mandamientos!
Cuando estoy angustiado, llamo al Seor, y l me responde. {Cntico de las subidas.}
Seor, lbrame de los labios mentirosos y de la lengua embustera.
Qu ms puedes recibir, lengua embustera?
Flechas puntiagudas de guerrero! Ardientes brasas de retama!
Pobre de m, que vivo como extranjero en Msec, que he acampado entre las tiendas de Quedar!
Demasiado he vivido entre los que odian la paz;
cuando yo hablo de paz, ellos hablan de guerra!
Al contemplar las montaas me pregunto: "De dnde vendr mi ayuda?" {Cntico de las subidas.}
Mi ayuda vendr del Seor, creador del cielo y de la tierra.
Nunca permitir que resbales! Nunca se dormir el que te cuida!
No, l nunca duerme; nunca duerme el que cuida de Israel.
El Seor es quien te cuida; el Seor es quien te protege, quien est junto a ti para ayudarte.
El sol no te har dao de da, ni la luna de noche.
El Seor te protege de todo peligro; l protege tu vida.
El Seor te protege en todos tus caminos, ahora y siempre.
Qu alegra cuando me dicen: "Vamos al templo del Seor"! {Cntico de las subidas, de David.}
Jerusaln, ya estamos dentro de tus puertas!
Jerusaln, ciudad construida para que en ella se rena la comunidad.
A ella vienen las tribus del Seor para alabar su nombre, como se le orden a Israel.
En ella estn los tribunales de justicia, los tribunales de la casa real de David.
Digan ustedes de corazn: "Que haya paz en ti, Jerusaln; que vivan tranquilos los que te aman.
Que haya paz en tus murallas; que haya seguridad en tus palacios."
Y ahora, por mis hermanos y amigos dir: "Que haya paz en ti.
Por el templo del Seor nuestro Dios, procurar tu bien."
Hacia ti, Seor, miro suplicante; hacia ti, que reinas en el cielo. {Cntico de las subidas.}
Suplicantes miramos al Seor nuestro Dios, como mira el criado la mano de su amo, como mira la criada la mano de su ama, esperando que l nos tenga compasin.
Ten compasin de nosotros, Seor; ten compasin de nosotros, pues ya no soportamos sus insultos.
Demasiado hemos sufrido la burla de los ricos y el desprecio de los orgullosos!
Si el Seor no hubiera estado de nuestra parte -que lo diga ahora Israel-, {Cntico de las subidas, de David.}
si el Seor no hubiera estado de nuestra parte cuando los hombres se levantaron para atacarnos,
nos habran tragado vivos al encenderse su furor contra nosotros.
Entonces las aguas nos habran arrastrado; un ro habra pasado sobre nosotros!
Entonces las aguas turbulentas habran pasado sobre nosotros!
Bendito sea el Seor, que no dej que nos despedazaran con sus dientes!
Nos hemos escapado de la trampa como un ave que escapa del cazador; la trampa se rompi, y nosotros escapamos.
La ayuda nos viene del Seor, creador del cielo y de la tierra.
Los que confan en el Seor son inconmovibles; igual que el monte Sin, permanecen para siempre. {Cntico de las subidas.}
As como los montes rodean a Jerusaln, el Seor rodea a su pueblo ahora y siempre.
El mal gobierno no siempre dominar en la tierra que Dios ha dado a su pueblo, no sea que su pueblo comience a practicar la maldad.
Seor, haz bien a los hombres buenos, a los hombres de corazn sincero;
pero a los que van por mal camino hazlos correr la suerte de los malhechores. Que haya paz en Israel!
Cuando el Seor cambi la suerte de Sin, nos pareci que estbamos soando. {Cntico de las subidas.}
Entonces nuestra boca y nuestros labios se llenaron de risas y gritos de alegra; entonces los paganos decan: "El Seor ha hecho grandes cosas por ellos!"
S, el Seor haba hecho grandes cosas por nosotros, y estbamos alegres.
Seor, haz que cambie de nuevo nuestra suerte, como cambia el desierto con las lluvias!
Los que siembran con lgrimas, cosecharn con gritos de alegra.
Aunque lloren mientras llevan el saco de semilla, volvern cantando de alegra, con manojos de trigo entre los brazos.
Si el Seor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Seor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas. {Cntico de las subidas, de Salomn.}
De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen.
Los hijos que nos nacen son ricas bendiciones del Seor.
Los hijos que nos nacen en la juventud son como flechas en manos de un guerrero.
Feliz el hombre que tiene muchas flechas como esas! No ser avergonzado por sus enemigos cuando se defienda de ellos ante los jueces.
Feliz t, que honras al Seor y le eres obediente. {Cntico de las subidas.}
Comers del fruto de tu trabajo, sers feliz y te ir bien.
En la intimidad de tu hogar, tu mujer ser como una vid cargada de uvas; tus hijos, alrededor de tu mesa, sern como retoos de olivo.
As bendecir el Seor al hombre que lo honra.
Que el Seor te bendiga desde el monte Sin! Que veas el bienestar de Jerusaln todos los das de tu vida!
Que llegues a ver a tus nietos! Que haya paz en Israel!
Por muchas angustias he pasado desde mi juventud -que lo diga ahora Israel-, {Cntico de las subidas.}
por muchas angustias he pasado desde mi juventud, pero no han podido conmigo.
Me han herido la espalda con azotes, y me han abierto grandes surcos,
pero el Seor, que es justo, me ha librado del dominio de los malvados.
Que sean avergonzados y huyan los enemigos de Sin!
Que sean como la hierba que crece en los tejados, que antes de arrancarla se marchita!
Hierba que nunca llena las manos del que cosecha el trigo y lo ata en manojos;
hierba de la que nadie que pase dir: "El Seor los ha bendecido!" Nosotros los bendecimos a ustedes en el nombre del Seor.
Desde el fondo del abismo clamo a ti, Seor: {Cntico de las subidas.}
escucha, Seor, mi voz! atiendan tus odos mi grito suplicante!
Seor, Seor, si tuvieras en cuenta la maldad, quin podra mantenerse en pie?
Pero en ti encontramos perdn, para que te honremos.
Con toda mi alma espero al Seor, y confo en su palabra.
Yo espero al Seor ms que los centinelas a la maana. As como los centinelas esperan a la maana,
espera t, Israel, al Seor, pues en l hay amor y completa libertad.
l librar a Israel de toda su maldad!
Seor, no es orgulloso mi corazn, ni son altaneros mis ojos, ni voy tras cosas grandes y extraordinarias que estn fuera de mi alcance. {Cntico de las subidas, de David.}
Al contrario, estoy callado y tranquilo, como un nio recin amamantado que est en brazos de su madre. Soy como un nio recin amamantado!
Israel, espera en el Seor ahora y siempre.
Acurdate, Seor, de David y de todas sus aflicciones; {Cntico de las subidas.}
acurdate del firme juramento, que te hizo a ti, el Poderoso de Jacob:
"No me pondr bajo techo ni me acostar a descansar,
no cerrar los ojos ni dormir un solo instante,
mientras no encuentre casa para el Seor, el Poderoso de Jacob."
En Efrat omos hablar del arca de la alianza, y la encontramos en los campos de Jar.
Vayamos al santuario del Seor! Arrodillmonos ante el estrado de sus pies!
Levntate, Seor, con tu arca poderosa, y ven al monte donde has de descansar.
Que tus sacerdotes se revistan de justicia; que tus fieles griten de alegra.
Por consideracin a David, tu siervo, no rechaces al rey que has escogido.
El Seor hizo a David un firme juramento, juramento del que no va a desdecirse:
"Pondr en tu trono a uno de tus descendientes. Si tus hijos cumplen con mi alianza y con los mandatos que voy a ensearles, tambin los hijos de ellos ocuparn tu trono para siempre."
El Seor ha escogido el monte Sin! Lo ha elegido para vivir all!
"Este es el monte donde siempre quiero estar; en l vivir, porque as me agrad.
Bendecir mucho sus alimentos y saciar el hambre de sus pobres.
Revestir de salvacin a sus sacerdotes y har que griten de alegra los que le son fieles.
All har que renazca el poder de David. Ya he preparado una lmpara para el rey que he escogido.
A sus enemigos los llenar de vergenza, pero a l lo cubrir de esplendor."
Vean qu bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos! {Cntico de las subidas, de David.}
Es como el buen perfume que corre por la cabeza de los sacerdotes y baja por su barba hasta el cuello de su ropaje.
Es como el roco del monte Hermn, que cae sobre los montes de Sin. All es donde el Seor enva la bendicin de una larga vida.
Vamos, siervos del Seor! Bendigan al Seor todos ustedes, que estn en su templo por las noches! {Cntico de las subidas.}
Eleven sus manos al santuario y bendigan al Seor!
Que el Seor, creador del cielo y de la tierra, te bendiga desde el monte Sin!
Aleluya! Alaben el nombre del Seor; albenlo ustedes, siervos suyos,
que estn en el templo del Seor, en los atrios del templo del Dios nuestro.
Alaben al Seor, porque l es bueno; canten himnos a su nombre, porque l es bondadoso.
Pues escogi a Jacob, a Israel, para que fuera su tesoro propio.
Yo s muy bien que el Seor nuestro Dios es ms grande que todos los dioses.
El Seor hace todo lo que quiere, lo mismo en el cielo que en la tierra, lo mismo en el mar que en sus profundidades.
Levanta las nubes desde el extremo del mundo, hace los relmpagos que anuncian la lluvia, y de sus depsitos saca al viento.
l fue quien hiri de muerte al hijo mayor de toda familia egipcia y a las primeras cras de sus animales.
En pleno corazn de Egipto, envi seales maravillosas contra el faran y sus ministros.
Hiri de muerte a muchas naciones, quit la vida a reyes poderosos:
a Sihn, el rey amorreo, a Og, el rey de Basn, y a todos los reyes de Canan;
y las tierras de esos reyes se las dio como herencia a su pueblo Israel.
Seor, tu nombre es eterno; por siempre sers recordado.
El Seor, hace justicia a su pueblo; tiene compasin de sus siervos.
Los dolos de los paganos son oro y plata, objetos que el hombre fabrica con sus manos.
Tienen boca, pero no pueden hablar; tienen ojos, pero no pueden ver;
tienen orejas, pero no pueden or; ni siquiera tienen vida!
Iguales a esos dolos son quienes los fabrican y quienes en ellos creen.
Israelitas, bendigan al Seor; sacerdotes, bendigan al Seor;
levitas, bendigan al Seor; ustedes que honran al Seor, bendganlo.
Bendito sea en Sin el Seor, el que vive en Jerusaln! Aleluya!
Den gracias al Seor, porque l es bueno, porque su amor es eterno.
Den gracias al Dios de dioses, porque su amor es eterno.
Den gracias al Seor de seores, porque su amor es eterno.
Al nico que hace grandes maravillas, porque su amor es eterno.
Al que hizo los cielos con sabidura, porque su amor es eterno.
Al que extendi la tierra sobre las aguas, porque su amor es eterno.
Al que hizo el sol y la luna, porque su amor es eterno:
el sol, para alumbrar de da, porque su amor es eterno;
la luna y las estrellas, para alumbrar de noche, porque su amor es eterno.
Al que hiri al primer hijo de toda familia egipcia, porque su amor es eterno.
Al que sac de Egipto a los israelitas, porque su amor es eterno;
extendiendo su brazo con gran poder, porque su amor es eterno.
Al que parti en dos el Mar Rojo, porque su amor es eterno.
Al que hizo pasar a Israel por en medio del mar, porque su amor es eterno.
Al que hundi en el Mar Rojo al Faran y su ejrcito, porque su amor es eterno.
Al que llev a su pueblo por el desierto, porque su amor es eterno.
Al que hiri de muerte a grandes reyes, porque su amor es eterno.
Al que a reyes poderosos quit la vida, porque su amor es eterno:
a Sihn, el rey amorreo, porque su amor es eterno;
y a Og, el rey de Basn, porque su amor es eterno.
Al que reparti la tierra de esos reyes, porque su amor es eterno,
y la dio como herencia a su siervo Israel, porque su amor es eterno.
Al que nos recuerda cuando estamos abatidos, porque su amor es eterno.
Al que nos libra de nuestros enemigos, porque su amor es eterno.
Al que da de comer a hombres y animales, porque su amor es eterno.
Den gracias al Dios del cielo, porque su amor es eterno!
Sentados junto a los ros de Babilonia, llorbamos al acordarnos de Sin.
En los lamos que hay en la ciudad colgbamos nuestras arpas.
All, los que nos haban llevado cautivos, los que todo nos lo haban arrebatado, nos pedan que cantramos con alegra; que les cantramos canciones de Sin!
Cantar nosotros canciones del Seor en tierra extraa?
Si llego a olvidarte, Jerusaln, que se me seque la mano derecha!
Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no te pongo, Jerusaln, por encima de mi propia alegra!
Seor, acurdate de los edomitas, que cuando Jerusaln cay, decan: "Destryanla, destryanla hasta sus cimientos!"
T, Babilonia, sers destruida! Feliz el que te d tu merecido por lo que nos hiciste!
Feliz el que agarre a tus nios y los estrelle contra las rocas!
Te dar gracias, Seor, de todo corazn; te cantar himnos delante de los dioses. {De David.}
Me arrodillar en direccin a tu santo templo para darte gracias por tu amor y tu verdad, pues has puesto tu nombre y tu palabra por encima de todas las cosas.
Cuando te llam, me respondiste, y aumentaste mis fuerzas.
Todos los reyes del mundo te alabarn al escuchar tus promesas.
Alabarn al Seor por lo que l ha dispuesto, porque grande es la gloria del Seor.
Aunque el Seor est en lo alto, se fija en el hombre humilde, y de lejos reconoce al orgulloso.
Cuando me encuentro en peligro, t me mantienes con vida; despliegas tu poder y me salvas de la furia de mis enemigos.
El Seor llevar a feliz trmino su accin en mi favor! Seor, tu amor es eterno; no dejes incompleto lo que has emprendido!
Seor, t me has examinado y me conoces; {Del maestro de coro. Salmo de David.}
t conoces todas mis acciones; aun de lejos te das cuenta de lo que pienso.
Sabes todas mis andanzas, sabes todo lo que hago!
An no tengo la palabra en la lengua, y t, Seor, ya la conoces.
Por todos lados me has rodeado; tienes puesta tu mano sobre m.
Sabidura tan admirable est fuera de mi alcance; es tan alta que no alcanzo a comprenderla!
A dnde podra ir, lejos de tu espritu? A dnde huira, lejos de tu presencia?
Si yo subiera a las alturas de los cielos, all ests t; y si bajara a las profundidades de la tierra, tambin ests all;
si levantara el vuelo hacia el oriente, o habitara en los lmites del mar occidental,
aun all me alcanzara tu mano; tu mano derecha no me soltara!
Si pensara esconderme en la oscuridad, o que se convirtiera en noche la luz que me rodea,
la oscuridad no me ocultara de ti, y la noche sera tan brillante como el da. La oscuridad y la luz son lo mismo para ti!
T fuiste quien form todo mi cuerpo; t me formaste en el vientre de mi madre.
Te alabo porque estoy maravillado, porque es maravilloso lo que has hecho. De ello estoy bien convencido!
No te fue oculto el desarrollo de mi cuerpo mientras yo era formado en lo secreto, mientras era formado en lo ms profundo de la tierra.
Tus ojos vieron mi cuerpo en formacin; todo eso estaba escrito en tu libro. Habas sealado los das de mi vida cuando an no exista ninguno de ellos.
Oh Dios, qu profundos me son tus pensamientos; infinito es el conjunto de ellos!
Si yo quisiera contarlos, seran ms que la arena; y si acaso terminara, an estara contigo.
Oh Dios, qutales la vida a los malvados y aleja de m a los asesinos,
a los que hablan mal de ti y se levantan en vano en contra tuya.
Seor, no odio acaso a los que te odian y desprecio a los que te desafan?
Los odio con toda mi alma! Los considero mis enemigos!
Oh Dios, examname, reconoce mi corazn; ponme a prueba, reconoce mis pensamientos;
mira si voy por el camino del mal, y guame por el camino eterno.
Seor, lbrame de los malvados; protgeme de los violentos, {Del maestro de coro. Salmo de David.}
de los que traman el mal y a todas horas provocan peleas.
Su lengua es aguda, como de serpiente; sus palabras son como veneno de vbora.
Seor, protgeme del poder de los malvados, protgeme de los violentos, de los que hacen planes para que yo caiga.
Esos orgullosos me han puesto una trampa; me han tendido red y lazos; me han puesto trampas junto al camino.
Le he dicho al Seor: "T eres mi Dios; escucha, pues, mi grito suplicante!
Seor, Seor, mi Salvador poderoso, t proteges mi cabeza en el combate."
Seor, no concedas al malvado sus deseos; no dejes que sus planes sigan adelante.
Los que me rodean levantan la cabeza; que caiga sobre ellos la maldicin que lanzan!
Que caigan sobre ellos carbones encendidos; que los echen en pozos, de donde no salgan ms.
Que no permanezca en la tierra el deslenguado; que el mal persiga al violento y lo destruya.
Yo s que el Seor hace justicia al pobre y defiende el derecho del afligido.
Los hombres honrados alabarn tu nombre; los hombres rectos vivirn en tu presencia!
A ti clamo, Seor: ven pronto!, escucha mi voz cuando te invoco! {Salmo de David.}
Sea mi oracin como incienso en tu presencia, y mis manos levantadas, como ofrenda de la tarde.
Seor, ponle a mi boca un guardin; viglame cuando yo abra los labios.
Aleja mi pensamiento de la maldad; no me dejes andar en malas acciones ni tomar parte en banquetes de malhechores.
Es un favor que el hombre honrado me castigue, un perfume delicado que me reprenda. Tales cosas no rechazar; a pesar de sus golpes, seguir orando.
Los jefes de los malvados sern despeados, y vern que mis palabras eran agradables.
Sus huesos sern esparcidos junto al sepulcro, como cuando se abren surcos en la tierra.
Seor, Seor, mis ojos estn puestos en ti. En ti busco proteccin: no me abandones.
Lbrame de la trampa que me han puesto; lbrame de la trampa de los malhechores.
Que caigan los malvados en su propia red, mientras yo sigo adelante.
Con fuerte voz clamo al Seor, con fuerte voz le pido misericordia. {Instruccin y oracin de David, cuando estaba en la cueva.}
En su presencia expongo mi queja, en su presencia doy a conocer mi angustia
cuando me encuentro totalmente deprimido. Seor, t conoces mi camino: en el camino por donde voy, me han puesto una trampa.
Vuelvo la mirada a la derecha y nadie viene en mi ayuda. No hay nadie que me defienda! No hay nadie que se preocupe de m!
A ti clamo, Seor, y te digo: "T eres mi refugio; t eres todo lo que tengo en esta vida."
Presta atencin a mis gritos, porque me encuentro sin fuerzas. Lbrame de los que me persiguen, porque son ms fuertes que yo.
Scame de mi prisin para que pueda yo alabarte. Los hombres honrados me rodearn cuando me hayas tratado bien.
Seor, escucha mi oracin; pon atencin a mi splica. Respndeme, pues t eres justo y fiel! {Salmo de David.}
No llames a cuentas a tu siervo, porque ante ti nadie es inocente.
Mis enemigos me persiguen, me han aplastado contra el suelo; me obligan a vivir en la oscuridad, como los que han muerto hace tiempo.
Me encuentro totalmente deprimido; turbado tengo el corazn.
Me acuerdo de tiempos anteriores, y pienso en todo lo que has hecho.
Hacia ti tiendo las manos, sediento de ti, cual tierra seca.
Seor, respndeme pronto, pues ya se me acaba el aliento! No me niegues tu ayuda, porque entonces ser como los muertos.
Por la maana hazme saber de tu amor, porque en ti he puesto mi confianza. Hazme saber cul debe ser mi conducta, porque a ti dirijo mis anhelos.
Lbrame, Seor, de mis enemigos, porque en ti busco refugio.
Ensame a hacer tu voluntad, porque t eres mi Dios. Que tu buen espritu me lleve por un camino recto!
Por tu nombre, Seor, hazme vivir! Porque eres justo, scame de la angustia!
Porque eres fiel, destruye a mis enemigos! destruye a todos mis enemigos, pues yo soy tu siervo!
Bendito sea el Seor, mi protector! l es quien me entrena y me prepara para combatir en la batalla; {De David.}
l es mi amigo fiel, mi lugar de proteccin, mi ms alto escondite, mi libertador; l es mi escudo, y con l me protejo; l es quien pone a los pueblos bajo mi poder.
Seor, qu es el hombre, para que pienses en l? Qu es el ser humano, para que tanto lo estimes?
El hombre es como un suspiro; su vida pasa como una sombra.
Seor, descorre la cortina de los cielos, y baja; toca los montes para que echen humo;
lanza tus flechas, los relmpagos, y haz huir en desorden a tus enemigos.
Extiende tu mano desde lo alto, y lbrame del mar inmenso; lbrame del poder de gente extraa,
de los que dicen mentiras y levantan su derecha para jurar en falso.
Seor, voy a cantarte una cancin nueva; voy a cantarte himnos con el salterio.
T, que das la victoria a los reyes; t, que libraste a tu siervo David, lbrame de la espada mortal;
lbrame del poder de gente extraa, de los que dicen mentiras y levantan su derecha para jurar en falso.
Nuestros hijos crecen como plantas en un jardn; nuestras hijas son cual columnas labradas que sostienen la estructura del templo.
Nuestros graneros estn llenos, repletos de toda clase de alimentos. Nuestros rebaos aumentan por millares, por miles y miles en nuestros campos.
Nuestras vacas quedan preadas, y no tienen su cra antes de tiempo. No hay gritos de alarma en nuestras calles.
Feliz el pueblo que tiene todo esto! Feliz el pueblo cuyo Dios es el Seor!
Hablar de tu grandeza, mi Dios y Rey; bendecir tu nombre por siempre. {Alabanza de David.}
Diariamente te bendecir; alabar tu nombre por siempre.
El Seor es grande y muy digno de alabanza; su grandeza excede nuestro entendimiento.
De padres a hijos se alabarn tus obras, se anunciarn tus hechos poderosos.
Se hablar de tu majestad gloriosa, y yo hablar de tus maravillas.
Se hablar de tus hechos poderosos y terribles, y yo hablar de tu grandeza.
Se hablar de tu bondad inmensa, y a gritos se dir que t eres justo.
El Seor es tierno y compasivo, es paciente y todo amor.
El Seor es bueno para con todos, y con ternura cuida sus obras.
Que te alaben, Seor, todas tus obras! Que te bendigan tus fieles!
Que hablen del esplendor de tu reino! Que hablen de tus hechos poderosos!
Que se haga saber a los hombres tu poder y el gran esplendor de tu reino!
Tu reino es un reino eterno, tu dominio es por todos los siglos.
El Seor sostiene a los que caen y levanta a los que desfallecen.
Los ojos de todos esperan de ti que t les des su comida a su tiempo.
Abres tu mano, y con tu buena voluntad satisfaces a todos los seres vivos.
El Seor es justo en sus caminos, bondadoso en sus acciones.
El Seor est cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan con sinceridad.
l cumple los deseos de los que lo honran; cuando le piden ayuda, los oye y los salva.
El Seor protege a los que lo aman, pero destruye a los malvados.
Que mis labios alaben al Seor! Que todos bendigan su santo nombre, ahora y siempre!
Aleluya! Alabar al Seor con toda mi alma.
Alabar al Seor mientras yo viva; cantar himnos a mi Dios mientras yo exista.
No pongan su confianza en hombres importantes, en simples hombres que no pueden salvar,
pues cuando mueren regresan al polvo, y ese mismo da terminan sus proyectos.
Feliz quien recibe ayuda del Dios de Jacob, quien pone su esperanza en el Seor su Dios.
l hizo cielo, tierra y mar, y todo lo que hay en ellos. l siempre mantiene su palabra.
Hace justicia a los oprimidos y da de comer a los hambrientos. El Seor da libertad a los presos;
el Seor devuelve la vista a los ciegos; el Seor levanta a los cados; el Seor ama a los hombres honrados;
el Seor protege a los extranjeros y sostiene a los hurfanos y a las viudas, pero hace que los malvados pierdan el camino.
Oh Sin, el Seor reinar por siempre; tu Dios reinar por todos los siglos. Aleluya!
Aleluya! Qu bueno es cantar himnos a nuestro Dios! A l se le deben dulces alabanzas!
El Seor reconstruye a Jerusaln y rene a los dispersos de Israel.
l sana a los que tienen roto el corazn, y les venda las heridas.
l determina el nmero de las estrellas, y a cada una le pone nombre.
Grande es nuestro Dios, y grande su poder; su inteligencia es infinita.
El Seor levanta a los humildes, pero humilla por completo a los malvados.
Canten al Seor con gratitud; canten himnos a nuestro Dios, al son del arpa.
l cubre de nubes el cielo, prepara la lluvia para la tierra, hace crecer los pastos en los montes,
da de comer a los animales y a las cras de los cuervos cuando chillan.
No es la fuerza del caballo ni los msculos del hombre lo que ms agrada al Seor;
a l le agradan los que lo honran, los que confan en su amor.
Jerusaln, alaba al Seor; Sin, alaba a tu Dios.
Pues l reforz los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de la ciudad.
l trae la paz a tu territorio y te satisface con lo mejor del trigo.
l enva su palabra a la tierra, y su palabra corre a toda prisa.
l produce la nieve como si fuera lana, y esparce la escarcha como si fuera polvo.
l enva el hielo en forma de granizo; con el fro que enva, el agua se congela.
Pero enva su palabra, y la derrite; hace soplar el viento, y el agua corre.
l dio a conocer a Jacob, a Israel, su palabra, sus leyes y decretos.
No hizo lo mismo con las otras naciones, las cuales nunca conocieron sus decretos. Aleluya!
Aleluya! Alaben al Seor desde el cielo! Alaben al Seor desde lo alto!
Albenlo ustedes, todos sus ngeles! Albenlo ustedes, ejrcitos del cielo!
Albenlo, sol y luna! Albenlo ustedes, brillantes luceros!
Albalo t, altsimo cielo, y t, agua que ests encima del cielo!
Alaben el nombre del Seor, pues l dio una orden y todo fue creado;
l lo estableci todo para siempre, y dict una ley que no puede ser violada.
Alaben al Seor desde la tierra, monstruos del mar, y mar profundo!
El rayo y el granizo, la nieve y la neblina! El viento tempestuoso que cumple sus mandatos!
Los montes y las colinas! Todos los cedros y los rboles frutales!
Los animales domsticos y los salvajes! Las aves y los reptiles!
Los reyes del mundo y todos los pueblos! Todos los jefes y gobernantes del mundo!
Hombres y mujeres, jvenes y viejos!
Alaben todos el nombre del Seor, pues solo su nombre es altsimo! Su honor est por encima del cielo y de la tierra!
l ha dado poder a su pueblo! Alabanza de todos sus fieles, de los israelitas, su pueblo cercano! Aleluya!
Aleluya! Canten al Seor un canto nuevo; albenlo en la comunidad de los fieles.
Algrense los israelitas, el pueblo de Sin, porque Dios es su Creador y Rey.
Alaben su nombre con danzas, cntenle himnos al son de arpas y panderos.
Porque el Seor se complace en su pueblo; da a los humildes el honor de la victoria.
Algrense los fieles con el triunfo, y aun dormidos canten de alegra.
Haya alabanzas a Dios en sus labios, y en su mano una espada de dos filos
para vengarse de los paganos, para castigar a las naciones,
para encadenar a los reyes y gente poderosa con pesadas cadenas de hierro,
para cumplir en ellos la sentencia escrita. Esto ser una honra para todos sus fieles! Aleluya!
Aleluya! Alaben a Dios en su santuario! Albenlo en su majestuosa bveda celeste!
Albenlo por sus hechos poderosos! Albenlo por su grandeza infinita!
Albenlo con toques de trompeta! Albenlo con arpa y salterio!
Albenlo danzando al son de panderos! Albenlo con flautas e instrumentos de cuerda!
Albenlo con platillos sonoros! Albenlo con platillos vibrantes!
Que todo lo que respira alabe al Seor! Aleluya!
sino que pone su amor en la ley del Seor y en ella medita noche y da.
Ese hombre es como un rbol plantado a la orilla de un ro, que da su fruto a su tiempo y jams se marchitan sus hojas. Todo lo que hace, le sale bien!
Con los malvados no pasa lo mismo, pues son como paja que se lleva el viento.
Por eso los malvados caern bajo el juicio de Dios y no tendrn parte en la comunidad de los justos.
El Seor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malos lleva al desastre.
Por qu se alborotan los pueblos paganos? Por qu hacen planes sin sentido?
Los reyes y gobernantes de la tierra se rebelan, y juntos conspiran contra el Seor y su rey escogido.
Y gritan: "Vamos a quitarnos sus cadenas! Vamos a librarnos de sus ataduras!"
El Seor, el que reina en el cielo, se re de ellos;
luego, enojado, los asusta; lleno de furor les dice:
"Ya he consagrado a mi rey sobre Sin, mi monte santo."
Voy a anunciar la decisin del Seor: l me ha dicho: "T eres mi hijo; yo te he engendrado hoy.
Pdeme que te d las naciones como herencia y hasta el ltimo rincn del mundo en propiedad, y yo te los dar.
Con cetro de hierro destrozars a los reyes; los hars pedazos como a ollas de barro!"
Reyes y gobernantes de la tierra, entiendan esto, aprendan bien esta leccin!
Adoren al Seor con alegra y reverencia; inclnense ante l con temblor, no sea que se enoje y ustedes mueran en el camino, pues su furor se enciende fcilmente. Felices los que buscan proteccin en l!
Seor, muchos son mis enemigos, muchos son los que se han puesto en contra ma, {Salmo de David, cuando hua de su hijo Absaln.}
muchos son los que dicen de m: "Dios no va a salvarlo"!
Pero t, Seor, eres mi escudo protector, eres mi gloria, eres quien me reanima.
A gritos pido ayuda al Seor y l me contesta desde su monte santo.
Me acuesto y duermo, y vuelvo a despertar, porque el Seor me da su apoyo.
No me asusta ese enorme ejrcito que me rodea dispuesto a atacarme.
Levntate, Seor! Slvame, Dios mo! T golpears en la cara a mis enemigos; les rompers los dientes a los malvados!
T, Seor, eres quien salva; bendice, pues, a tu pueblo!
Dios y defensor mo, contstame cuando te llame! T, que en mi angustia me diste alivio, ten compasin de m y escucha mi oracin! {Del maestro de coro, con instrumentos de cuerda. Salmo de David.}
Ustedes, que se creen grandes seores, hasta cundo ofendern mi honor?, hasta cundo desearn y buscarn lo que no tiene sentido, lo que solo es falsedad?
Sepan que el Seor prefiere al hombre que le es fiel; sepan que el Seor me escucha cuando lo llamo.
Tiemblen y no pequen ms! Ya acostados, y en silencio, examinen su propia conciencia;
ofrezcan sacrificios sinceros y confen en el Seor.
Muchos dicen: "Quin nos mostrar la dicha?" Seor, mranos con buenos ojos!
T has puesto en mi corazn ms alegra que en quienes tienen trigo y vino en abundancia.
Yo me acuesto tranquilo y me duermo en seguida, pues t, Seor, me haces vivir confiado.
Seor, Rey mo y Dios mo, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, {Del maestro de coro, para flautas. Salmo de David.}
oye mis splicas, pues a ti elevo mi oracin.
De maana escuchas mi voz; muy temprano te expongo mi caso, y quedo esperando tu respuesta.
No eres t un Dios que se complace en lo malo; los malvados no pueden vivir a tu lado,
ni en tu presencia hay lugar para los orgullosos. T odias a los malhechores,
destruyes a los mentirosos y rechazas a los traidores y asesinos.
En cambio yo, por tu gran amor, puedo entrar en tu templo; puedo adorarte con toda reverencia mirando hacia tu santo templo!
Seor, por causa de mis enemigos guame en tu justicia, llvame por el buen camino.
Ellos nunca hablan con sinceridad; estn corrompidos por dentro! Sepulcro abierto es su garganta; su lengua es mentirosa!
Castgalos, Dios mo! Haz que fracasen sus intrigas! Rechzalos por sus muchos pecados, porque se han rebelado contra ti.
Algrense los que buscan tu proteccin; canten siempre de alegra porque t los proteges. Los que te aman, se alegran por causa tuya,
pues t, Seor, bendices al que es fiel; tu bondad lo rodea como un escudo.
Seor, no me reprendas en tu enojo, no me castigues en tu furor. {Del maestro de coro, con instrumentos de ocho cuerdas. Salmo de David.}
Seor, ten compasin de m, pues me siento sin fuerzas. Seor, devulveme la salud, pues todo el cuerpo me tiembla.
Estoy temblando de miedo! Y t, Seor, cundo vendrs?
Ven, Seor, salva mi vida!, slvame, por tu amor!
Nadie que est muerto puede acordarse de ti; quin podr alabarte en el sepulcro?
Estoy cansado de llorar. Noche tras noche lloro tanto que inundo de lgrimas mi almohada.
El dolor me nubla la vista; se me nubla por culpa de mis enemigos!
Aprtense de m, malhechores, que el Seor ha escuchado mis sollozos!
El Seor ha escuchado mis ruegos, el Seor ha aceptado mi oracin!
Mis enemigos, muertos de miedo, quedarn en ridculo; en un abrir y cerrar de ojos huirn avergonzados!
Seor, mi Dios, en ti busco proteccin; slvame de todos los que me persiguen! {Lamentacin de David, cuando cant al Seor, a propsito de Cus, el benjaminita.}
Lbrame, pues son como leones; no sea que me despedacen y no haya quien me salve!
Seor, mi Dios, en cul de estas cosas he incurrido? Acaso he cometido un crimen?
Acaso he pagado a mi amigo mal por bien? Acaso he oprimido sin razn a mi enemigo?
De ser as, que mi enemigo me persiga; que me alcance y me arrastre por el suelo, y que haga rodar por el suelo mi honor.
Levntate, Seor, con furor! Haz frente a la furia de mis enemigos! T, que has decretado hacer justicia, ponte de mi parte!
Rodate del conjunto de las naciones y pon tu trono en lo alto, por encima de ellas.
Seor, t juzgas a las naciones: jzgame conforme a mi honradez; jzgame conforme a mi inocencia.
Dios justo, que examinas los pensamientos y los sentimientos ms profundos, pon fin a la maldad de los malvados, pero al hombre honrado mantenlo firme!
Mi proteccin es el Dios altsimo, que salva a los de corazn sincero.
Dios es un juez justo que condena la maldad en todo tiempo.
Si el hombre no se vuelve a Dios, Dios afilar su espada; ya tiene su arco tenso,
ya apunta sus flechas encendidas, ya tiene listas sus armas mortales!
Miren al malvado: tiene dolores de parto, est preado de maldad y dar a luz mentira.
Ha hecho una fosa muy honda, y en su propia fosa caer.
Su maldad y su violencia caern sobre su propia cabeza!
Alabar al Seor porque l es justo; cantar himnos al nombre del Seor, al nombre del Altsimo.
Seor, soberano nuestro, tu nombre domina en toda la tierra!, tu gloria se extiende ms all del cielo! {Del maestro de coro, con la ctara de Gat. Salmo de David.}
Con la alabanza de los pequeos, de los niitos de pecho, has construido una fortaleza por causa de tus enemigos, para acabar con rebeldes y adversarios.
Cuando veo el cielo que t mismo hiciste, y la luna y las estrellas que pusiste en l,
pienso: Qu es el hombre? Qu es el ser humano? Por qu lo recuerdas y te preocupas por l?
Pues lo hiciste casi como un dios, lo rodeaste de honor y dignidad,
le diste autoridad sobre tus obras, lo pusiste por encima de todo:
sobre las ovejas y los bueyes, sobre los animales salvajes,
sobre las aves que vuelan por el cielo, sobre los peces que viven en el mar, sobre todo lo que hay en el mar!
Seor, soberano nuestro, tu nombre domina en toda la tierra!
Oh Seor, quiero alabarte con todo el corazn y contar tus muchas maravillas. {Del maestro de coro, para flautas y arpas. Salmo de David.}
Oh Altsimo, por ti quiero gritar lleno de alegra; quiero cantar himnos a tu nombre!
Mis enemigos huyen delante de ti; caen y mueren.
T eres juez justo: te has sentado en tu trono, para hacerme justicia.
Has reprendido a los paganos, has destruido a los malvados, has borrado su recuerdo para siempre!
El enemigo ha muerto, y con l han muerto sus ciudades; t las destruiste, y no qued de ellas ni el recuerdo.
Pero el Seor es Rey por siempre; ha afirmado su trono para el juicio:
juzgar al mundo con justicia, dictar a los pueblos justa sentencia.
El Seor protege a los oprimidos; l los protege en tiempos de angustia.
Seor, los que te conocen, confan en ti, pues nunca abandonas a quienes te buscan.
Canten himnos al Seor, que reina en Sin; anuncien a los pueblos lo que ha hecho.
Dios se acuerda de los afligidos y no olvida sus lamentos; castiga a quienes les hacen violencia.
Seor, ten compasin de m, mira cmo me afligen los que me odian, scame de las puertas de la muerte!
Y as, a las puertas de Jerusaln, dir a todo el mundo que t eres digno de alabanza, y que yo soy feliz porque me has salvado.
Los paganos caen en su propia trampa; sus pies quedan atrapados en la red que ellos mismos escondieron.
El Seor se ha dado a conocer: ha hecho justicia! El malvado queda preso en la trampa tendida por l mismo.
Los malvados y paganos, los que se olvidan de Dios, acabarn en el reino de la muerte;
pues no siempre sern olvidados los pobres, ni para siempre se perder su esperanza.
Levntate, Seor; no consientas la altanera del hombre; juzga a los paganos en tu presencia!
Hazles sentir temor, Seor; hazles saber que no son ms que hombres!
Seor, por qu te quedas tan lejos?, por qu te escondes en tiempos de angustia?
Con altanera, el malvado persigue rabiosamente al humilde; pero ha de quedar atrapado en las trampas que l mismo ha puesto.
El malvado se jacta de sus propios deseos; el ambicioso maldice y desprecia al Seor.
Levanta insolente la nariz, y dice: "No hay Dios. No hay quien me pida cuentas." Eso es todo lo que piensa.
Siempre tiene xito en lo que hace. Para l, tus juicios estn lejos, muy lejos de su vista. Se burla de sus enemigos,
y piensa que nadie lo har caer, que jams tendr problemas.
Su boca est llena de maldiciones, de mentiras y de ofensas; sus palabras ocultan opresin y maldad.
Dichos de Salomn, hijo de David, rey de Israel,
que tienen como propsito: comunicar sabidura e instruccin, ayudar a comprender palabras llenas de sentido,
adquirir instruccin, prudencia, justicia, rectitud y equilibrio;
hacer sagaces a los jvenes inexpertos, y darles conocimiento y reflexin.
El que es sabio e inteligente, los escucha, y adquiere as ms sabidura y experiencia
para entender los dichos de los sabios, y sus palabras, ejemplos y adivinanzas.
La sabidura comienza por honrar al Seor; los necios desprecian la sabidura y la instruccin.
Hijo mo, atiende la instruccin de tu padre y no abandones la enseanza de tu madre,
pues sern para ti un bello adorno: como un collar o una corona.
Si los pecadores quieren engaarte, no se lo permitas, hijo mo!
Tal vez te digan: "Ven con nosotros; por capricho tenderemos una trampa para matar a algn inocente cuando pase.
Nos tragaremos vivos a los hombres honrados como se traga la muerte a quienes caen en el sepulcro.
Tendremos toda clase de riquezas, llenaremos nuestras casas con todo lo robado!
Ven y comparte tu suerte con nosotros, y comparte tambin nuestro fondo comn."
Pero no vayas con ellos, hijo mo! Aljate de sus malos caminos,
pues tienen prisa por hacer lo malo; tienen prisa por derramar sangre!
Aunque no vale la pena tender una trampa si los pjaros pueden verla,
esos hombres se tienden la trampa a s mismos y ponen su vida en peligro.
Tal es el final de los ambiciosos: su propia ambicin los mata.
Por calles y avenidas la sabidura hace or su voz;
proclama sus palabras por las puertas, por los puntos ms concurridos de la ciudad:
"Jvenes inexpertos, burlones y necios, hasta cundo amarn la inexperiencia, y hallarn placer en sus burlas, y despreciarn el saber?
Presten atencin a mis correcciones y yo los colmar de mi espritu; les dar a conocer mis pensamientos.
Yo los he llamado, los he invitado a venir, pero ustedes no han querido hacerme caso.
Al contrario, han rechazado mis consejos; no han querido recibir mi correccin.
Ya me tocar rer cuando les llegue la desgracia! Ya me burlar cuando estn muertos de miedo,
cuando vengan sobre ustedes temores y problemas, desesperacin y angustia, como un torbellino que todo lo destruye!
"Ese da me llamarn, pero no responder; me buscarn, pero no me encontrarn;
pues desprecian la sabidura y no quieren honrar al Seor.
No desean recibir mis consejos; desprecian mis correcciones.
Pues sufrirn las consecuencias de su conducta! Quedarn hartos de sus malas intenciones!
A los inexpertos los mata su falta de experiencia, y a los necios los destruye su despreocupacin;
pero el que me preste atencin, vivir en paz y sin temor de ningn peligro."
Haz tuyas mis palabras, hijo mo; guarda en tu mente mis mandamientos.
Presta odo a la sabidura; entrega tu mente a la inteligencia.
Pide con todas tus fuerzas inteligencia y buen juicio;
entrgate por completo a buscarlos, cual si buscaras plata o un tesoro escondido.
Entonces sabrs lo que es honrar al Seor; descubrirs lo que es conocer a Dios!
Pues el Seor es quien da la sabidura; la ciencia y el conocimiento brotan de sus labios.
El Seor da su ayuda y proteccin a los que viven rectamente y sin tacha;
cuida de los que se conducen con justicia, y protege a los que le son fieles.
Sabrs tambin lo que es recto y justo, y estars atento a todo lo bueno,
pues tu mente obtendr sabidura y probars la dulzura del saber.
La discrecin y la inteligencia sern tus constantes protectoras;
ellas te librarn del mal camino y de los hombres perversos,
de los que dejan el buen camino y se van por senderos oscuros,
que se divierten haciendo dao y festejan sus malas acciones,
que andan por caminos torcidos y se han desviado del recto sendero.
Te librarn tambin de la mujer ajena, de la extraa de palabras seductoras
que abandona al compaero de su juventud y olvida su compromiso con Dios.
Tomar el camino que lleva a la casa de ella es tomar el camino que lleva a la muerte;
los que entran en su casa ya no vuelven, jams vuelven a recorrer el sendero de la vida.
Anda, pues, por el buen camino, y practica la conducta de los justos.
Porque los que viven rectamente y sin tacha vivirn para siempre en la tierra;
pero los malvados y traidores sern arrancados y expulsados de ella.
No olvides mis enseanzas, hijo mo; guarda en tu memoria mis mandamientos,
y tendrs una vida larga y llena de felicidad.
No abandones nunca el amor y la verdad; llvalos contigo como un collar. Grbatelos en la mente,
y tendrs el favor y el aprecio de Dios y de los hombres.
Confa de todo corazn en el Seor y no en tu propia inteligencia.
Ten presente al Seor en todo lo que hagas, y l te llevar por el camino recto.
No te creas demasiado sabio; honra al Seor y aprtate del mal:
esa es la mejor medicina para fortalecer tu cuerpo!
Honra al Seor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas;
as se llenarn a reventar tus graneros y tus depsitos de vino.
No rechaces, hijo mo, la correccin del Seor, ni te disgustes por sus reprensiones;
porque el Seor corrige a quien l ama, como un padre corrige a su hijo favorito.
Feliz el que halla sabidura, el que obtiene inteligencia;
porque son ms provechosas que la plata y rinden mayores beneficios que el oro.
La sabidura vale ms que las piedras preciosas; ni aun las cosas ms deseables se le pueden comparar!
Con la derecha ofrece larga vida, y con la izquierda, riquezas y honores.
Seguir sus pasos es muy agradable; andar por sus senderos es vivir en paz.
La sabidura es vida para quien la obtiene; felices los que saben retenerla!
Con sabidura e inteligencia, el Seor afirm los cielos y la tierra;
con sabidura hizo que el mar se dividiera y que de las nubes brotara el roco.
Conserva siempre el buen juicio, hijo mo, y no pierdas de vista la discrecin,
pues sern para ti fuente de vida y te adornarn como un collar.
Podrs andar confiado por el camino y jams tropezars.
Cuando descanses, no tendrs que temer; cuando te acuestes, dormirs tranquilo.
No temers a los peligros repentinos ni a la ruina que vendr sobre los malvados,
porque el Seor te infundir confianza y evitar que caigas en alguna trampa.
Nunca niegues un favor a tus dueos, cuando en tu mano est el hacerlo.
No dejes para maana la ayuda que puedas dar hoy.
No hagas planes perversos contra el que vive confiado en ti.
No busques pelea con nadie, si nadie te ha hecho dao.
No envidies al desalmado ni trates de imitar su conducta;
porque al Seor le repugnan los malvados, pero a los buenos les brinda su confianza.
El Seor maldice la casa del malvado, pero bendice el hogar del hombre justo.
El Seor se burla de los burlones, pero trata con bondad a los humildes.
La honra es el premio de los sabios, pero los necios se destacan por su deshonra.
Hijos, atiendan a los consejos de su padre; pongan atencin, para que adquieran buen juicio.
Yo les he dado una buena instruccin, as que no descuiden mis enseanzas.
Pues yo tambin he sido hijo: mi madre me amaba con ternura
y mi padre me instrua de esta manera: "Grbate en la mente mis palabras; haz lo que te ordeno, y vivirs.
Adquiere sabidura y buen juicio; no eches mis palabras al olvido.
Ama a la sabidura, no la abandones y ella te dar su proteccin.
Antes que cualquier otra cosa, adquiere sabidura y buen juicio.
mala, y te enaltecer; abrzala, y te honrar;
te obsequiar con la ms bella guirnalda y te coronar con ella!"
Atiende a mis palabras, hijo mo, hazlas tuyas y aumentarn los aos de tu vida.
Yo te llevar por el camino de la sabidura: te har andar por el buen camino,
en el que no habr estorbos a tu paso, en el que no tropezars aun cuando corras.
Afrrate a la instruccin y no la descuides; ponla en prctica, pues es vida para ti.
No vayas tras los pasos de los malvados, no sigas su mala conducta.
Evita el pasar por su camino; aprtate de ellos y sigue adelante,
pues no estn en paz si no hacen lo malo; pierden el sueo, si no hacen caer a alguno.
Su comida y su bebida son la maldad y la violencia!
El camino de los justos es como la luz de un nuevo da: va en aumento hasta brillar en todo su esplendor.
Pero el camino de los malvados es oscuro; ni siquiera saben contra qu tropiezan!
Atiende a mis palabras, hijo mo; prstales atencin.
Jams las pierdas de vista, grbatelas en la mente!
Ellas dan vida y salud a todo el que las halla.
Cuida tu mente ms que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida.
Evita el decir cosas falsas; aprtate de la mentira.
Mira siempre adelante, mira siempre de frente.
Fjate bien en dnde pones los pies, y siempre pisars terreno firme.
No te desves de tu camino; evita el andar en malos pasos.
Atiende a mi sabidura, hijo mo; presta atencin a mi inteligencia.
As sabrs ser discreto y podrs hablar con conocimiento.
Pues la mujer ajena habla con dulzura y su voz es ms suave que el aceite;
pero termina siendo ms amarga que el ajenjo y ms cortante que una espada de dos filos.
Andar con ella conduce a la muerte; sus pasos llevan directamente al sepulcro.
A ella no le importa el camino de la vida ni se fija en lo inseguro de sus pasos.
Por lo tanto, hijo mo, atindeme, no te apartes de mis enseanzas.
Aljate de la mujer ajena; ni siquiera te acerques a la puerta de su casa,
para que no pierdas la riqueza de tus aos en manos de gente extraa y cruel;
para que ningn extrao se llene con el fruto de tu esfuerzo y tu trabajo.
De lo contrario, acabars por lamentarlo cuando tu cuerpo se consuma poco a poco.
Y dirs: "Cmo pude despreciar la correccin! Cmo pude rechazar las reprensiones!
No quise escuchar a mis maestros, no atend a los que me instruan,
y por poco llego al colmo de la desgracia ante la comunidad entera!"
Calma tu sed con el agua que brota de tu propio pozo.
No derrames el agua de tu manantial; no la desperdicies derramndola por la calle.
Pozo y agua son tuyos, y de nadie ms; no los compartas con extraos!
Bendita sea tu propia fuente! Goza con la compaera de tu juventud,
delicada y amorosa cervatilla! Que nunca te falten sus caricias! Que siempre te envuelva con su amor!
Por qu enredarte, hijo mo, con la mujer ajena? Por qu arrojarte en brazos de una extraa?
El Seor est pendiente de la conducta del hombre; no pierde de vista ninguno de sus pasos.
Al malvado lo atrapa su propia maldad; su propio pecado lo sujeta como un lazo.
Su indisciplina lo llevar a la muerte; su gran necedad, a la perdicin.
Hijo mo, si das fianza por tu amigo o te haces responsable de un extrao,
t solo te pones la trampa: quedas atrapado en tus propias palabras.
Para librarte, hijo mo, pues ests en las manos de otro, haz lo siguiente: trgate el orgullo y cbrale a tu amigo.
No te duermas, no te des ni un momento de descanso;
huye, como un venado del cazador; huye, como un ave de la trampa.
Anda a ver a la hormiga, perezoso; fjate en lo que hace, y aprende la leccin:
aunque no tiene quien la mande ni quien le diga lo que ha de hacer,
asegura su comida en el verano, la almacena durante la cosecha.
Basta ya de dormir, perezoso! Basta ya de estar acostado!
Mientras t sueas y cabeceas, y te cruzas de brazos para dormir mejor,
la pobreza vendr y te atacar como un vagabundo armado.
El que es malvado y perverso anda siempre contando mentiras;
guia los ojos, hace seas con los pies, seala con los dedos;
su mente es perversa, piensa siempre en hacer lo malo y en andar provocando peleas.
Por eso, en un instante le vendr el desastre; en un abrir y cerrar de ojos quedar arruinado sin remedio.
Hay seis cosas, y hasta siete, que el Seor aborrece por completo:
los ojos altaneros, la lengua mentirosa, las manos que asesinan a gente inocente,
la mente que elabora planes perversos, los pies que corren ansiosos al mal,
el testigo falso y mentiroso, y el que provoca peleas entre hermanos.
Hijo mo, guarda siempre en tu memoria los mandamientos y enseanzas de tus padres.
Llvalos siempre sobre tu corazn, talos alrededor de tu cuello;
te guiarn cuando andes de viaje, te protegern cuando ests dormido, hablarn contigo cuando despiertes.
En verdad, los mandamientos y las enseanzas son una lmpara encendida; las correcciones y los consejos son el camino de la vida.
Te protegern de la mujer malvada, de las palabras melosas de la mujer ajena.
No permitas que su belleza encienda tu pasin; no te dejes atrapar por sus miradas!
La prostituta va tras un bocado de pan, pero la adltera va tras el hombre que vale.
El que se echa fuego en el pecho, sin duda se quema la ropa.
El que camina sobre las brasas, se quema los pies.
El que se enreda con la mujer ajena, no quedar sin castigo.
Nadie desprecia al ladrn que roba para calmar su hambre;
aunque si lo encuentran robando, tendr que devolver siete veces lo robado, y aun tendr que dar todo cuanto tenga.
Qu imprudente es el que anda con la mujer ajena! El que lo hace se destruye a s mismo!
Tendr que afrontar golpes y ofensas, y no habr nada que borre su deshonra.
Porque el hombre celoso es como un fuego, y no perdona a la hora de vengarse;
no acepta desagravio alguno, ni se calma ante muchos regalos.
Obedece mis palabras, hijo mo; guarda en tu mente mis mandamientos.
Obedece mis mandamientos y enseanzas; cudalos como a las nias de tus ojos, y vivirs.
talos a tus dedos, grbatelos en la mente.
Haz de la sabidura tu hermana, haz de la inteligencia tu amiga.
Ellas te librarn de la mujer adltera, de la extraa de palabras seductoras.
Un da estaba yo mirando entre las rejas de mi ventana
a unos jvenes sin experiencia, y me fij en el ms imprudente de ellos.
Al llegar a la esquina cruz la calle en direccin a la casa de aquella mujer.
La tarde iba cayendo, y comenzaba a oscurecer.
De pronto la mujer sali a su encuentro, con toda la apariencia y los gestos de una prostituta,
de una mujer ligera y caprichosa que no puede estarse en su casa
y que anda por calles, plazas y esquinas esperando atrapar al primero que pase.
La mujer abraz y bes al joven, y descaradamente le dijo:
"Yo haba prometido sacrificios de reconciliacin, y hoy he cumplido mi promesa.
Por eso he salido a tu encuentro; tena ganas de verte, y te he encontrado!
Sobre mi cama he tendido una hermosa colcha de lino egipcio,
la he perfumado con aroma de mirra, loe y canela.
Ven, vaciemos hasta el fondo la copa del amor; gocemos del amor hasta que amanezca,
pues mi esposo no est en casa: ha salido para un largo viaje;
se ha llevado una bolsa de dinero y no volver hasta el da de la luna llena."
Sus palabras melosas e insistentes acabaron por convencer al muchacho,
que sin ms se fue tras ella: como un buey rumbo al matadero, como un ciervo que cae en la trampa
y al que luego una flecha le parte el corazn; como un ave que se lanza contra la red sin saber que eso le va a costar la vida.
As pues, hijo mo, escchame; presta atencin a mis palabras.
No desves hacia esa mujer tus pensamientos; no te pierdas por ir tras ella,
porque a muchos los ha herido de muerte; sus vctimas son numerosas!
Tomar el camino de su casa es tomar el camino de la muerte.
La sabidura clama a voz en cuello; la inteligencia hace or su voz.
Se para en lo alto de las colinas, se detiene donde se cruzan los caminos,
se hace or junto a las puertas, a la entrada de la ciudad:
"Para ustedes los hombres van estas palabras mas.
Jvenes inexpertos y necios, aprendan a ser prudentes y entendidos!
Atiendan, que voy a decirles cosas importantes e irreprochables.
Lo que voy a decir es la verdad; no me gusta hablar mentira.
Todas mis palabras son justas; no hay en ellas la menor falsedad.
Para el inteligente y entendido, mis palabras son claras e irreprochables.
En vez de plata y oro fino, adquieran instruccin y conocimiento."
Vale ms sabidura que piedras preciosas; ni lo ms deseable se le puede comparar!
"Yo, la sabidura, habito con la inteligencia, y s hallar los mejores consejos.
Honrar al Seor es odiar el mal. Yo odio el orgullo y la altanera, el mal camino y la mentira.
En m estn el plan y su realizacin, yo soy el buen juicio y la fuerza.
Gracias a m reinan los reyes y los gobernantes establecen el derecho.
Gracias a m dominan los jefes de estado y dictan sentencia las autoridades.
Yo amo a los que me aman, y los que me buscan, me encuentran.
Yo doy riquezas y honra, grandes honores y prosperidad.
Lo que yo doy es mejor que el oro ms refinado; lo que yo ofrezco es mejor que la plata ms fina.
Yo voy por el camino recto, por las sendas de la justicia.
A los que me aman les doy su parte: lleno sus casas de tesoros.
"El Seor me cre al principio de su obra, antes de que l comenzara a crearlo todo.
Me form en el principio del tiempo, antes de que creara la tierra.
Me engendr antes de que existieran los grandes mares, antes de que brotaran los ros y los manantiales.
Antes de afirmar los cerros y los montes, el Seor ya me haba engendrado;
an no haba creado l la tierra y sus campos, ni el polvo de que el mundo est formado.
Cuando l afirm la bveda del cielo sobre las aguas del gran mar, all estaba yo.
Cuando afirm las nubes en el cielo y reforz las fuentes del mar profundo,
cuando orden a las aguas del mar no salirse de sus lmites, cuando puso las bases de la tierra,
all estaba yo, fielmente, a su lado. Yo era su constante fuente de alegra, y jugueteaba en su presencia a todas horas;
jugueteaba en el mundo creado, me senta feliz por el gnero humano!
"Y ahora, hijos mos, escchenme; sigan mi ejemplo y sern felices.
Atiendan a la instruccin; no rechacen la sabidura.
Feliz aquel que me escucha, y que da tras da se mantiene vigilante a las puertas de mi casa.
Porque hallarme a m es hallar la vida y ganarse la buena voluntad del Seor;
pero apartarse de m es poner la vida en peligro; odiarme es amar la muerte!"
La sabidura construy su casa, la adorn con siete columnas;
mat animales para el banquete, prepar un vino especial, puso la mesa
y envi a sus criadas a gritar desde lo alto de la ciudad:
"Vengan ac, jvenes inexpertos!" Mand a decir a los imprudentes:
"Vengan a comer de mi pan y a beber del vino que he preparado.
Dejen de ser imprudentes, y vivirn; condzcanse como gente inteligente."
Corrige al insolente y malvado, y solo logrars que te insulte y ofenda.
Reprende al insolente y te ganars su odio; corrige al sabio y te ganars su aprecio.
Dale al sabio y se har ms sabio; ensea al hombre bueno y aumentar su saber.
La sabidura comienza por honrar al Seor; conocer al Santsimo es tener inteligencia.
Gracias a la sabidura, vivirs mucho tiempo y aumentarn los aos de tu vida.
Si eres sabio, tuyo ser el provecho; si eres insolente, tuya ser la responsabilidad.
La necedad es como una mujer chismosa, tonta e ignorante.
Se sienta en una silla, a las puertas de su casa, en la parte ms alta de la ciudad,
y llama a los caminantes que van por buen camino:
"Vengan ac, jvenes inexpertos!" Manda a decir a los imprudentes:
"El agua robada es ms sabrosa; el pan comido a escondidas sabe mejor."
Pero ellos no saben que sus invitados son ahora sombras en el reino de la muerte.
Dichos de Salomn: El hijo sabio alegra a sus padres; el hijo necio los hace sufrir.
Las riquezas mal habidas no son de provecho, pero la honradez libra de la muerte.
El Seor no deja con hambre al que es bueno, pero impide al malvado calmar su apetito.
Poco trabajo, pobreza; mucho trabajo, riqueza.
Cosechar en el verano es de sabios; dormirse en la cosecha es de descarados.
Sobre el hombre bueno llueven bendiciones, pero al malvado lo ahoga la violencia.
Al hombre bueno se le recuerda con bendiciones; al malvado, muy pronto se le olvida.
El que es sabio acepta mandatos; el que dice necedades acaba en la ruina.
El que nada debe, nada teme; el que mal anda, mal acaba.
El que guia el ojo acarrea grandes males; el que dice necedades acaba en la ruina.
Las palabras del justo son fuente de vida, pero al malvado lo ahoga la violencia.
El odio provoca peleas, pero el amor perdona todas las faltas.
En labios del sabio hay sabidura; para el imprudente, un garrotazo en la espalda.
Los sabios se reservan sus conocimientos, mas cuando los necios hablan, el peligro amenaza.
La defensa del rico es su riqueza; la ruina del pobre, su pobreza.
La recompensa del justo es la vida; la cosecha del malvado es el pecado.
El que atiende la correccin va camino a la vida; el que la desatiende, va camino a la perdicin.
Es de mentirosos disimular el odio, y es de necios divulgar chismes.
El que mucho habla, mucho yerra; callar a tiempo es de sabios.
Plata fina es la lengua del justo; la mente del malo no vale nada.
Los labios del justo instruyen a muchos, pero el necio muere por su imprudencia.
La bendicin del Seor es riqueza que no trae dolores consigo.
El necio goza cometiendo infamias; el sabio goza con la sabidura.
Lo que ms teme el malvado, eso le sucede, pero al justo se le cumplen sus deseos.
Pasa el huracn y el malvado desaparece, pero el justo permanece para siempre.
El perezoso es, para el que lo enva, como el vinagre a los dientes o el humo a los ojos.
El honrar al Seor alarga la vida, pero a los malvados se les acorta.
Para los justos, el porvenir es alegre; para los malvados, ruinoso.
El Seor protege a los que hacen bien, pero destruye a los que hacen mal.
Jams el justo fracasar, pero el malvado no permanecer en la tierra.
De los labios del justo brota sabidura, pero al perverso le cortarn la lengua.
El justo dice cosas agradables; el malvado, solo cosas perversas.
El Seor reprueba las balanzas falsas y aprueba las pesas exactas.
El orgullo acarrea deshonra; la sabidura est con los humildes.
A los hombres rectos los gua su rectitud; a los hombres falsos los destruye su falsedad.
De nada servirn las riquezas el da del juicio, pero la justicia libra de la muerte.
La justicia endereza el camino del justo, pero el malvado cae por su propia maldad.
La justicia libera a los hombres rectos, pero la codicia aprisiona a los traidores.
Cuando el malvado muere, mueren con l sus esperanzas e ilusiones.
Dios libra de la angustia al justo, y en su lugar pone al malvado.
Las palabras del malvado destruyen a sus semejantes, pero la inteligencia del justo los salva.
Cuando los justos prosperan, la ciudad se alegra; cuando los malvados mueren, salta de alegra.
Con la bendicin de los justos se construye una ciudad, pero las palabras de los malvados la destruyen.
El imprudente habla mal de su amigo; el prudente guarda silencio.
El chismoso todo lo cuenta; la persona digna de confianza guarda el secreto.
Si no hay buen gobierno, la nacin fracasa; el triunfo depende de los muchos consejeros.
Mal resulta salir fiador de un extrao; el que evita dar fianzas vive tranquilo.
La mujer agraciada recibe honores, y el hombre audaz obtiene riquezas.
El que es compasivo se hace bien a s mismo, pero el que es cruel provoca su propio mal.
El malvado recibe una paga engaosa; el que acta con justicia, recompensa efectiva.
Ir tras la justicia conduce a la vida, pero ir tras la maldad conduce a la muerte.
El Seor aborrece a los de mente perversa, pero mira con agrado a los de conducta intachable.
Ciertamente el malvado no quedar sin castigo, pero los justos saldrn bien librados.
Anillo de oro en hocico de cerdo es la mujer bella de poco cerebro.
El deseo de los justos siempre resulta bien; el capricho de los malvados solo provoca enojo.
Hay gente desprendida que recibe ms de lo que da, y gente tacaa que acaba en la pobreza.
El que es generoso, prospera; el que da, tambin recibe.
Al que acapara trigo, la gente lo maldice; al que lo vende, lo bendice.
El que anda tras el bien, busca ser aprobado; al que anda tras el mal, mal le ir.
El que confa en sus riquezas, caer como hoja seca, pero los justos reverdecern como las ramas.
Al que descuida su casa, nada le queda; el necio siempre ser esclavo del sabio.
La justicia da vida, la violencia la quita.
Si el justo recibe su paga aqu en la tierra, con cunta ms razn el malvado y el pecador!
Amar la disciplina es amar el saber; odiar la reprensin es ser ignorante.
Al hombre bueno el Seor lo aprueba, y al pcaro lo condena.
El mal no es base firme para nadie; los justos tienen raz permanente.
La mujer ejemplar hace de su marido un rey, pero la mala esposa lo destruye por completo.
Los hombres justos piensan en la justicia; los malvados, solo en el engao.
Las palabras del malvado son una trampa mortal; las del hombre justo, salvacin.
Los malvados caen, y ese es su fin, pero la casa de los justos queda en pie.
Al hombre se le alaba segn su inteligencia, pero el tonto solo merece desprecio.
Ms vale menospreciado pero servido, que reverenciado pero mal comido.
El justo sabe que sus animales sienten, pero el malvado nada entiende de compasin.
El que trabaja su tierra tiene abundancia de pan; el imprudente se ocupa en cosas sin provecho.
Los malos deseos son la red de los malvados; la raz de los justos es permanente.
El malvado se enreda en sus propias mentiras, pero el hombre justo sale bien del apuro.
Cada uno recoge el fruto de lo que dice y recibe el pago de lo que hace.
El necio cree que todo lo que hace est bien, pero el sabio atiende los consejos.
El necio muestra en seguida su enojo; el prudente pasa por alto la ofensa.
El testigo verdadero declara la verdad; el testigo falso afirma mentiras.
Hay quienes hieren con sus palabras, pero hablan los sabios y dan el alivio.
El que dice la verdad permanece para siempre, pero el mentiroso, solo un instante.
En los planes de los malvados hay mentira; en los consejos del hombre de paz, alegra.
El hombre justo jams sufrir ningn mal, pero el malvado recibir todos los males juntos.
El Seor aborrece a los mentirosos, pero mira con agrado a los que actan con verdad.
El inteligente no hace alarde de su saber, pero el necio hace gala de su estupidez.
El que trabaja, dominar; el perezoso ser dominado.
La angustia deprime al hombre; la palabra amable lo alegra.
El justo sirve de gua a su prjimo, pero los malvados pierden el camino.
El cazador perezoso no alcanza presa, pero el diligente alcanza grandes riquezas.
El camino de la justicia lleva a la vida; el de la imprudencia lleva a la muerte.
El hijo sabio acepta la correccin del padre; el insolente no hace caso de reprensiones.
Cada uno recoge el fruto de lo que dice, pero los traidores tienen hambre de violencia.
Cuidar las palabras es cuidarse uno mismo; el que habla mucho se arruina solo.
El perezoso desea y no consigue; el que trabaja, prospera.
El hombre justo odia la mentira; el malvado es motivo de vergenza y deshonra.
La rectitud protege al hombre intachable; la maldad destruye al pecador.
Hay quienes no tienen nada y presumen de ricos, y hay quienes todo lo tienen y aparentan ser pobres.
La riqueza del rico le salva la vida; el pobre jams escucha amenazas.
Los justos son como una luz brillante; los malvados, como lmpara que se apaga.
El orgullo solo provoca peleas; la sabidura est con los humildes.
La riqueza ilusoria, disminuye; el que la junta poco a poco, la aumenta.
Esperanza frustrada, corazn afligido, pero el deseo cumplido es como un rbol de vida.
El que desatiende una orden, lo lamentar; el que respeta el mandato ser recompensado.
La enseanza del sabio es fuente de vida y libra de los lazos de la muerte.
El buen juicio se gana el aprecio, pero los traidores marchan a su ruina.
El que es prudente acta con inteligencia, pero el necio hace gala de su necedad.
El mensajero malvado acarrea problemas, pero el mensajero fiel los alivia.
Pobreza y deshonra tendr quien desprecia el consejo; grandes honores, quien atiende la correccin.
El deseo cumplido es causa de alegra. Los necios no soportan alejarse del mal.
Jntate con sabios y obtendrs sabidura; jntate con necios y te echars a perder.
Los pecadores son perseguidos por el mal; los justos, recompensados con el bien.
El hombre bueno deja herencia a sus nietos; el pecador amasa fortunas que sern del justo.
En el campo del pobre hay comida abundante, pero mucho se pierde donde no hay justicia.
Quien no corrige a su hijo, no lo quiere; el que lo ama, lo corrige.
El justo come hasta estar satisfecho, pero el malvado se queda con hambre.
La mujer sabia construye su casa; la necia, con sus propias manos la destruye.
El de recta conducta honra al Seor; el de conducta torcida lo desprecia.
De la boca del necio brota el orgullo; de los labios del sabio, su proteccin.
Cuando no hay bueyes, el trigo falta; con la fuerza del buey, la cosecha aumenta.
El testigo verdadero no miente; el testigo falso dice mentiras.
El insolente busca sabidura y no la encuentra; para el inteligente, el saber es cosa fcil.
Aljate del necio, pues de sus labios no obtendrs conocimiento.
La sabidura hace al sabio entender su conducta, pero al necio lo engaa su propia necedad.
Los necios se burlan de sus culpas, pero entre los hombres honrados hay buena voluntad.
El corazn conoce sus propias amarguras, y no comparte sus alegras con ningn extrao.
La casa de los malvados ser destruida; la de los hombres honrados prosperar.
Hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos est la muerte
Hasta de rerse duele el corazn, y al final la alegra acaba en llanto.
El necio est satisfecho de su conducta; el hombre bueno lo est de sus acciones.
El imprudente cree todo lo que le dicen; el prudente se fija por dnde anda.
El sabio teme al mal y se aparta de l, pero al necio nada parece importarle.
El que es impulsivo acta sin pensar; el que es reflexivo mantiene la calma.
Los imprudentes son herederos de la necedad; los prudentes se rodean de conocimientos.
Los malvados se inclinarn ante los buenos; los malos suplicarn a las puertas de los justos.
Al pobre, hasta sus propios amigos lo odian; al rico le sobran amigos.
El que desprecia a su amigo comete un pecado, pero feliz aquel que se compadece del pobre!
Los que buscan hacer lo malo, pierden el camino; los que buscan hacer lo bueno son objeto de amor y lealtad.
De todo esfuerzo se saca provecho; del mucho hablar, solo miseria.
La corona del sabio es su inteligencia; la de los necios, su necedad.
El testigo verdadero salva a otros la vida; el testigo falso es causa de muerte.
El honrar al Seor es una firme esperanza que da seguridad a los hijos.
El honrar al Seor es fuente de vida que libra de los lazos de la muerte.
Gobernar a muchos es una honra para el rey; gobernar a pocos es su ruina.
Ser paciente es muestra de mucha inteligencia; ser impaciente es muestra de gran estupidez.
La mente tranquila es vida para el cuerpo, pero la envidia corroe hasta los huesos.
Ofende a su Creador quien oprime al pobre, pero lo honra quien le tiene compasin.
Al malvado lo arruina su propia maldad; al hombre honrado lo protege su honradez.
La sabidura habita en mentes que razonan, pero entre los necios es desconocida.
La justicia es el orgullo de una nacin; el pecado es su vergenza.
El siervo capaz se gana el favor del rey, pero el incapaz se gana su enojo.
La respuesta amable calma el enojo; la respuesta violenta lo excita ms.
De la lengua de los sabios brota sabidura; de la boca de los necios, necedades.
El Seor est en todo lugar vigilando a los buenos y a los malos.
La lengua amable es un rbol de vida; la lengua perversa hace dao al espritu.
El necio desprecia la correccin de su padre; el que la atiende, demuestra inteligencia.
Gran abundancia hay en casa del hombre honrado, pero al malvado no le aprovechan sus ganancias.
Los sabios esparcen sabidura con sus labios; los necios, con su mente, hacen todo lo contrario.
El Seor no soporta las ofrendas de los malvados, pero recibe con agrado la oracin de los justos.
El Seor no soporta la conducta de los malvados, pero ama a quien vive una vida recta.
Al que deja el buen camino se le corrige con dureza; el que odia la reprensin, morir.
Si a la vista del Seor estn la muerte y el sepulcro, con mayor razn los pensamientos de los hombres!
El insolente no ama al que le reprende, ni busca la compaa de los sabios.
Corazn alegre, cara feliz; corazn enfermo, semblante triste.
La mente inteligente busca el saber, pero los necios se alimentan de necedades.
Para quien est afligido, todos los das son malos; para quien est contento, son una fiesta constante.
Ms vale ser pobre y honrar al Seor, que ser rico y vivir angustiado.
Ms vale comer verduras con amor, que carne de res con odio.
El que es impulsivo provoca peleas; el que es paciente las apacigua.
Para el perezoso, el camino est lleno de espinas; para el hombre recto, el camino es amplia calzada.
El hijo sabio alegra a sus padres; el hijo necio los menosprecia.
El imprudente goza con su necedad; el inteligente corrige sus propios pasos.
Cuando no hay consulta, los planes fracasan; el xito depende de los muchos consejeros.
Qu grato es hallar la respuesta apropiada, y an ms cuando es oportuna!
El camino de la vida va cuesta arriba, y libra al sabio de bajar al sepulcro.
El Seor destruye la casa del orgulloso, pero mantiene invariable la propiedad de la viuda.
El Seor no soporta los planes malvados, pero le agradan las palabras sin malicia.
El que se da a la codicia arruina su propia casa, pero el que rechaza el soborno, vivir.
El hombre justo piensa lo que ha de responder, pero el malvado lanza maldad por la boca.
El Seor se aleja de los malvados, pero atiende a la oracin de los justos.
Los ojos radiantes alegran el corazn; las buenas noticias dan nuevas fuerzas.
El que atiende a la reprensin que da vida, tendr un lugar entre los sabios.
El que desprecia la correccin no se aprecia a s mismo; el que atiende a la reprensin adquiere entendimiento.
El honrar al Seor instruye en la sabidura; para recibir honores, primero hay que ser humilde.
Los planes son del hombre; la palabra final la tiene el Seor.
Al hombre le parece bueno todo lo que hace, pero el Seor es quien juzga las intenciones.
Pon tus actos en las manos del Seor y tus planes se realizarn.
El Seor lo ha creado todo con un propsito: aun al hombre malvado para el da del castigo.
El Seor no soporta a los orgullosos; tarde o temprano tendrn su castigo.
Con amor y verdad se perdona el pecado; honrando al Seor se aleja uno del mal.
Cuando al Seor le agrada la conducta de un hombre, hasta a sus enemigos los pone en paz con l.
Vale ms lo poco ganado honradamente, que lo mucho ganado en forma injusta.
Al hombre le toca hacer planes, y al Seor dirigir sus pasos.
El rey habla de parte de Dios y no dicta sentencias injustas.
Pesas y medidas caen bajo el juicio del Seor; todas las pesas han sido creadas por l.
Los reyes reprueban las malas acciones, porque el trono se basa en la justicia.
Los reyes aman y ven con agrado a quien habla con honradez y sinceridad.
La ira del rey es mensajera de muerte, y es de sabios procurar calmarla.
La alegra del rey es promesa de vida, y su buena voluntad es como nube de lluvia.
Ms vale adquirir sabidura que oro; ms vale entendimiento que plata.
La norma de los justos es apartarse del mal; cuidar la propia conducta es cuidarse uno mismo.
Tras el orgullo viene el fracaso; tras la altanera, la cada.
Ms vale humillarse con los pobres que hacerse rico con los orgullosos.
Al que bien administra, bien le va; feliz aquel que confa en el Seor!
Al que piensa sabiamente, se le llama inteligente; las palabras amables convencen mejor.
Tener buen juicio es tener una fuente de vida; instruir a los necios es tambin necedad.
El que piensa sabiamente, se sabe expresar, y sus palabras convencen mejor.
Las palabras dulces son un panal de miel: endulzan el nimo y dan nuevas fuerzas.
Hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos est la muerte.
El apetito del que trabaja lo impulsa a trabajar; el hambre que siente lo empuja a ello.
El malvado es un horno de maldad; aun sus palabras parecen llamas de fuego!
El perverso provoca peleas; el chismoso es causa de enemistades.
El violento engaa a su amigo y lo desva por el mal camino.
Guia los ojos quien piensa hacer lo malo; se muerde los labios quien ya lo ha cometido.
Las canas son una digna corona, ganada por una conducta honrada.
Ms vale ser paciente que valiente; ms vale vencerse uno mismo que conquistar ciudades.
El hombre echa las suertes, pero el Seor es quien lo decide todo.
Ms vale comer pan duro y vivir en paz que tener muchas fiestas y vivir peleando.
El siervo capaz llega a ser amo del hijo indigno, y tiene parte en la herencia como los otros hermanos.
El oro y la plata, el fuego los prueba; los pensamientos los prueba el Seor.
El malvado y el mentiroso hacen caso de las malas lenguas.
El que se burla del pobre ofende a su Creador; el que se alegra de su desgracia no quedar sin castigo.
La corona de los ancianos son sus nietos; el orgullo de los hijos son sus padres.
Ni al tonto le sienta bien el hablar con elegancia, ni al hombre respetable el hablar con engaos.
El que practica el soborno cree tener poderes mgicos, pues alcanza el xito en todo lo que emprende.
Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de amor; quien insiste en ella, aleja al amigo.
Cala ms un regao en el entendido que cien azotes en el necio.
El revoltoso solo busca pelea, pero le enviarn un mensajero cruel.
Vale ms toparse con una osa furiosa que con un necio empeado en algo.
Jams el mal se apartar de la casa del que paga mal por bien.
Ro desbordado es el pleito que se inicia; vale ms retirarse que complicarse en l.
Perdonar al culpable y condenar al inocente son dos cosas que no soporta el Seor.
Por qu viene el necio, dinero en mano, a comprar sabidura, si no tiene entendimiento?
Un amigo es siempre afectuoso, y en tiempos de angustia es como un hermano.
El imprudente da fianza por su amigo y se hace responsable de l.
Al que le gusta ofender, le gusta pelear; el fanfarrn provoca su propia ruina.
Jams la mente perversa se encontrar con el bien; la lengua embustera caer en la desgracia.
Ser padre de un necio trae solo dolor; ser padre de un tonto no es ninguna alegra.
Buen remedio es el corazn alegre, pero el nimo triste resta energas.
El malvado acepta soborno en secreto, para torcer el curso de la justicia.
La sabidura es la meta del inteligente, pero el necio no tiene meta fija.
El hijo necio es para sus padres motivo de enojo y amargura.
No est bien multar al inocente ni azotar al hombre honorable.
Es de sabios hablar poco, y de inteligentes mantener la calma.
Hasta el necio pasa por sabio e inteligente cuando se calla y guarda silencio.
El egosta solo busca su inters, y se opone a todo buen consejo.
El necio no tiene deseos de aprender; solo le importa presumir de lo que sabe.
Con la maldad viene la vergenza; con el orgullo, la deshonra.
Las palabras del hombre son aguas profundas, ro que corre, pozo de sabidura.
No est bien que los jueces favorezcan al culpable y le nieguen sus derechos al inocente.
Con sus labios, el necio se mete en los; con sus palabras se busca buenos azotes.
Las palabras del necio son su propia ruina; con sus labios se echa la soga al cuello.
Los chismes son como golosinas, pero calan hasta lo ms profundo.
Los perezosos y los destructores hasta hermanos resultan!
El nombre del Seor es una torre poderosa a la que acuden los justos en busca de proteccin.
El rico cree que sus riquezas son una ciudad protegida por altos muros.
Tras el orgullo viene el fracaso; tras la humildad, la prosperidad.
Es una necedad y una vergenza responder antes de escuchar.
Al enfermo lo levanta su nimo, pero al nimo decado, quin podr levantarlo?
Los sabios e inteligentes adquieren los conocimientos que buscan.
Con un regalo se abren todas las puertas y se llega hasta la gente importante.
El primero en defenderse parece tener la razn, pero llega su contrario y lo desmiente.
El juicio divino pone fin a los pleitos y separa a las partes en pugna.
Ms se cierra el hermano ofendido que una ciudad amurallada. Los pleitos separan como las rejas de un palacio.
Cada uno comer hasta el cansancio del fruto de sus palabras.
La vida y la muerte dependen de la lengua; los que hablan mucho sufrirn las consecuencias.
Encontrar esposa es encontrar lo mejor: es recibir una muestra del favor de Dios.
El pobre habla con ruegos; el rico responde con altanera.
Algunas amistades se rompen fcilmente, pero hay amigos ms fieles que un hermano.
Ms vale ser pobre y honrado, que necio y calumniador.
No es bueno el afn sin reflexin; las muchas prisas provocan errores.
La necedad del hombre le hace perder el camino, y luego el hombre le echa la culpa al Seor.
La riqueza atrae multitud de amigos, pero el pobre hasta sus amigos pierde.
El testigo falso no quedar sin castigo; el mentiroso no saldr bien librado.
Al que es dadivoso y desprendido, todo el mundo lo busca y se hace su amigo.
Si al pobre hasta sus hermanos lo desprecian, con mayor razn sus amigos se alejarn de l.
El que aprende y pone en prctica lo aprendido, se estima a s mismo y prospera.
El testigo falso no quedar sin castigo; al mentiroso le espera la muerte.
No es propio del necio hacer derroche de lujos, ni mucho menos del esclavo gobernar a grandes seores.
La prudencia consiste en refrenar el enojo, y la honra, en pasar por alto la ofensa.
La ira del rey es como el rugido del len, pero su buena voluntad es como roco sobre la hierba.
Un hijo necio hace sufrir a su padre. Como gotera constante es la mujer pendenciera.
De los padres se reciben casa y riquezas; del Seor, la esposa inteligente.
La pereza hace dormir profundamente, y el perezoso habr de pasar hambre.
El que cumple el mandamiento protege su vida; el que desprecia la enseanza del Seor, muere.
Un prstamo al pobre es un prstamo al Seor, y el Seor mismo pagar la deuda.
Corrige a tu hijo mientras an pueda ser corregido, pero no vayas a matarlo a causa del castigo.
El que mucho se enoja, recibe su merecido; librarlo del castigo es empeorar las cosas.
Atiende al consejo y acepta la correccin; as llegars a ser sabio.
El hombre hace muchos planes, pero solo se realiza el propsito divino.
Lo que se quiere del hombre es lealtad; ms vale ser pobre que tramposo.
La reverencia al Seor conduce a la vida; uno vive contento y sin sufrir ningn mal.
El perezoso mete la mano en el plato, pero no es capaz ni de llevrsela a la boca.
Del castigo al insolente, el imprudente aprende; el sabio aprende con la sola correccin.
Maltratar al padre y echar de la casa a la madre son actos vergonzosos y reprobables en un hijo.
Hijo mo, si dejas de atender a la reprensin te apartars de los buenos consejos.
El testigo falso se burla de la justicia; el malvado lanza maldad por la boca.
Listas estn las varas para los insolentes; los buenos azotes para la espalda de los necios.
El vino hace insolente al hombre; las bebidas fuertes lo alborotan; bajo sus efectos nadie acta sabiamente.
Un rey furioso es como un len rugiente; quien lo provoca, pone su vida en peligro.
Es honra del hombre evitar discusiones, mas cualquier necio puede iniciarlas.
Cuando es tiempo de arar, el perezoso no ara; pero al llegar la cosecha, buscar y no encontrar.
Las intenciones secretas son como aguas profundas, pero el que es inteligente sabe descubrirlas.
Hay muchos que presumen de leales, pero no se halla a nadie en quien se pueda confiar.
Felices los hijos que deja quien ha vivido con rectitud y honradez!
Cuando el rey toma asiento en el tribunal, le basta una sola mirada para barrer el mal.
Nadie puede decir: "Tengo puro el corazn, estoy limpio de pecado."
Pesas falsas y medidas con trampa son dos cosas que el Seor aborrece.
Por sus acciones se conoce si un joven se conduce con rectitud.
El odo para or y el ojo para ver fueron creados por el Seor.
No te entregues al sueo, o te quedars pobre; mantente despierto y tendrs pan de sobra.
"Que mala mercanca!", dice el comprador, pero una vez comprada se felicita a s mismo.
Vale ms quien habla con sabidura, que todo el oro y las joyas del mundo.
Al que salga fiador por un extrao, qutale la ropa y tmasela en prenda.
Al hombre le gusta alimentarse de mentiras, aunque a la larga le resulte como bocado de tierra.
Los planes se afirman con un buen consejo; la guerra se hace con una buena estrategia.
El chismoso no sabe guardar un secreto, as que no te juntes con gente chismosa.
El que maldice a su padre o a su madre, morir en la ms espantosa oscuridad.
Lo que al principio se adquiere fcilmente, al final no es motivo de alegra.
Nunca hables de tomar venganza; confa en el Seor, y l te har triunfar.
El Seor aborrece el uso de pesas falsas; las balanzas falsas son reprobables.
El Seor dirige los pasos del hombre; nadie conoce su propio destino.
Es peligroso que el hombre le prometa algo a Dios y que despus reconsidere su promesa.
El rey sabio aleja de s a los malvados y los aplasta bajo una rueda.
El espritu que Dios ha dado al hombre es luz que alumbra lo ms profundo de su ser.
El rey se mantiene seguro en su trono cuando practica el amor y la verdad.
El orgullo de los jvenes est en su fuerza; la honra de los ancianos, en sus canas.
La maldad se cura con golpes y heridas; los golpes hacen sanar la conciencia.
La mente del rey, en manos del Seor, sigue, como los ros, el curso que el Seor quiere.
Al hombre le parece bien todo lo que hace, pero el Seor es quien juzga las intenciones.
Practica la rectitud y la justicia, pues Dios prefiere eso a los sacrificios.
Ojos altivos, mente orgullosa; la luz de los malvados es pecado.
Los planes bien meditados dan buen resultado; los que se hacen a la ligera causan la ruina.
Las riquezas que se obtienen por medio de mentiras son ilusin pasajera de los que buscan la muerte.
A los malvados los destruir su propia violencia, por no haber querido practicar la justicia.
La conducta del malvado es torcida e insegura; las acciones del hombre honrado son limpias.
Ms vale vivir en el borde de la azotea, que en una amplia mansin con una mujer pendenciera.
El malvado solo piensa en hacer el mal; jams mira con bondad a sus semejantes.
Del castigo al insolente, el imprudente aprende; el sabio aprende con la sola explicacin.
El Dios justo observa la casa del malvado, y entrega a los malvados a la ruina.
El que no atiende a los ruegos del pobre tampoco obtendr respuesta cuando pida ayuda.
El regalo hecho con discrecin calma aun el enojo ms fuerte.
Cuando se hace justicia, el justo se alegra, y a los malhechores les llega la ruina.
El que no sigue una conducta prudente, ir a parar entre los muertos.
El que se entrega al placer, el vino y los perfumes, terminar en la pobreza.
El hombre falso y malvado sufrir en lugar del justo y honrado.
Vale ms vivir en el desierto que con una mujer irritable y pendenciera.
En casa del sabio hay riquezas y perfumes, pero el necio gasta todo lo que tiene.
El que busca ser recto y leal, encuentra vida y honor.
El sabio ataca una ciudad bien defendida, y acaba con el poder en que ella confiaba.
El que tiene cuidado de lo que dice, nunca se mete en aprietos.
Pedante, orgulloso e insolente se le llama al que acta con demasiada pedantera.
De deseos se muere el perezoso, porque sus manos no quieren trabajar;
todo el da se lo pasa deseando. El justo, en cambio, da sin tacaeras.
El Seor aborrece las ofrendas de los malvados, porque las ofrecen con malas intenciones.
El testigo falso ser destruido; pero quien sabe escuchar, siempre podr responder.
El malvado aparenta seguridad; el honrado est seguro de su conducta.
Ante el Seor no hay sabidura que valga, ni inteligencia ni buenas ideas.
El hombre prepara el caballo para entrar en batalla, pero el Seor es quien da la victoria.
Vale ms tener buena fama y reputacin, que abundancia de oro y plata.
El rico y el pobre tienen algo en comn: a los dos los ha creado el Seor.
El prudente ve el peligro y lo evita; el imprudente sigue adelante y sufre el dao.
La humildad y la reverencia al Seor traen como premio riquezas, honores y vida.
El camino del malvado est lleno de trampas; pero el que tiene cuidado de su propia vida, las evita.
Dale buena educacin al nio de hoy, y el viejo de maana jams la abandonar.
Entre los pobres, el rico es rey; entre los deudores, el prestamista.
El que siembra maldad, cosechar calamidades; el Seor lo destruir con el cetro de su furia!
El que mira a otros con bondad, ser bendecido por compartir su pan con los pobres.
Despedido el insolente, se va la discordia y se acaban los pleitos y las ofensas.
El rey aprecia al de corazn sincero, y brinda su amistad al que habla con gracia.
El Seor vigila atentamente al sabio y desmiente las afirmaciones del mentiroso.
Para no trabajar, el perezoso pretexta que en la calle hay un len que lo quiere matar.
Los labios de la adltera son un pozo profundo donde caen los que el Seor maldice.
La necedad es parte de las ideas juveniles, pero se quita cuando se corrige con golpes.
El que para enriquecerse oprime al pobre o le da al rico, terminar en la pobreza.
Presta toda tu atencin a los dichos de los sabios; concntrate en lo que te enseo.
Te agradar guardarlos en tu memoria y poder repetirlos todos juntos.
Hoy te los hago saber para que pongas tu confianza en el Seor.
Yo te he escrito treinta dichos que contienen consejos y conocimientos,
para ensearte a conocer la verdad, para que puedas dar un fiel informe a quien te pregunte.
No abuses del pobre por ser pobre, ni oprimas ante los jueces al indefenso,
pues el Seor saldr en su defensa y oprimir a quienes los opriman.
No te hagas amigo ni compaero de gente violenta y malhumorada,
no sea que aprendas sus malas costumbres y te eches la soga al cuello.
Nunca te hagas responsable de las deudas de otra persona,
pues si no tienes con qu pagar, hasta la cama te quitarn.
No cambies de lugar los linderos establecidos por tus antepasados.
El que hace bien su trabajo, estar al servicio de reyes y no de gente insignificante.
Cuando un gran seor te invite a comer, piensa bien delante de quin te encuentras.
Aunque tengas mucha hambre, controla tu apetito;
no codicies sus deliciosos manjares, porque te puede estar engaando.
No te esfuerces por hacerte rico; deja de preocuparte por eso.
Si te fijas bien, vers que no hay riquezas; de pronto se van volando, como guilas, como si les hubieran salido alas.
No te sientes a la mesa de un tacao, ni codicies sus deliciosos manjares,
que son como un pelo en la garganta: l te invita a comer y beber, pero no lo dice en serio;
vomitars despus lo que comiste y de nada te habrn servido tus palabras amables.
No hables a odos del necio, pues se burlar de tus sabias palabras.
No cambies de lugar los linderos antiguos, ni invadas el terreno de los hurfanos,
porque ellos tienen un poderoso libertador que saldr contra ti en su defensa.
Aplica tu mente y tus odos a la instruccin y a los conocimientos.
No dejes de corregir al joven, que unos cuantos azotes no lo matarn;
por el contrario, si lo corriges, lo librars de la muerte.
Cuando alcances la sabidura, hijo mo, no habr nadie ms feliz que yo;
sentir una profunda alegra al orte hablar como es debido.
No tengas envidia de los pecadores; antes bien, honra siempre al Seor;
entonces tendrs un buen fin y tu esperanza jams ser destruida.
Atiende bien, hijo mo, y aprende; procura seguir el buen camino.
No te juntes con los borrachos ni con los que comen demasiado,
pues los borrachos y los glotones acaban en la ruina, y los perezosos se visten de harapos.
Atiende a tu padre, que te engendr; no desprecies a tu madre cuando sea anciana.
Compra la verdad y la sabidura, la instruccin y el entendimiento, y no los vendas!
El padre del hijo bueno y sabio tiene razn para estar feliz y orgulloso;
haz, pues, que tu padre y tu madre se sientan felices y orgullosos!
Pon toda tu atencin en m, hijo mo, y mira con buenos ojos mi ejemplo;
porque la mujer extraa, la prostituta, es como un pozo profundo y angosto;
se pone al acecho, como un ladrn, y hace que muchos hombres se pierdan.
Quin sufre? Quin se queja? Quin anda en pleitos y lamentos? Quin es herido sin motivo? Quin tiene turbia la mirada?
El que no abandona jams el vino y anda ensayando nuevas bebidas.
No te fijes en el vino. Qu rojo se pone y cmo brilla en la copa! Con qu suavidad se resbala!
Pero al final es como una serpiente que muerde y causa dolor.
Te har ver cosas extraas, y pensar y decir tonteras;
te har sentir que ests en alta mar, recostado en la punta del palo mayor,
y dirs: "Me golpearon, y no lo sent; me azotaron, y no me di cuenta; pero en cuanto me despierte ir en busca de ms vino."
No tengas envidia de los malvados ni ambiciones estar en su compaa,
porque solo piensan en la violencia y no hablan ms que de hacer lo malo.
Con sabidura se construye la casa, y con inteligencia se ponen sus cimientos;
con conocimientos se llenan sus cuartos de objetos valiosos y de buen gusto.
Vale ms hombre sabio que hombre fuerte; vale ms el saber que el poder,
pues la guerra se hace con buenos planes y la victoria depende de los muchos consejeros.
El necio no sabe qu decir ante el tribunal, pues la sabidura est fuera de su alcance.
Quien solo piensa en hacer dao, gana fama de malintencionado.
La intencin del necio es el pecado; no hay quien soporte al insolente!
Si te desanimas cuando ests en aprietos, no son muchas las fuerzas que tienes.
Salva a los condenados a muerte; libra del peligro a los que estn por morir.
Pues aunque afirmes que no lo sabas, el que juzga los motivos habr de darse cuenta; bien lo sabr el que te vigila, el que paga a cada uno segn sus acciones.
Come, hijo mo, la dulce miel del panal; prueba lo deliciosa que est.
As de dulces te parecern la sabidura y el conocimiento; si los encuentras, tendrs un buen fin y tu esperanza jams ser destruida.
No hagas planes malvados en contra del hombre honrado, ni causes destrozos en la casa donde vive,
porque aunque caiga siete veces, otras tantas se levantar; pero los malvados se hundirn en la desgracia.
No te alegres ni hagas fiesta por los tropiezos y cadas de tu enemigo,
porque al Seor no le agradar ver esto, y entonces su enojo se apartar de l.
No te enojes por causa de los malvados ni sientas envidia de los perversos,
porque el malvado no tendr un buen fin: el malvado se apagar como una lmpara!
Honra a Dios y al rey, hijo mo; no te juntes con los enemigos,
porque su ruina llega en un instante y nadie sabe el castigo que Dios y el rey pueden dar.
Tambin estos son dichos de los sabios: No est bien que en los tribunales se discrimine a nadie.
Al que declara inocente al culpable, los pueblos lo maldicen y las naciones lo desprecian;
pero a quienes lo castigan, les va bien y la gente los cubre de bendiciones.
El que da buenas respuestas es como si diera un beso en los labios.
Arregla tus negocios en la calle y realiza tus tareas en el campo, y luego podrs construir tu casa.
No declares sin razn contra tu prjimo ni hagas afirmaciones falsas.
No pienses jams en vengarte, hacindole al otro lo mismo que l te hizo.
Pas por el campo del perezoso y por el viedo del hombre falto de seso:
y lo que vi fue un terreno lleno de espinos, con su cerca de piedras derrumbada.
Al ver esto, lo grab en mi mente; lo vi y aprend esta leccin:
mientras t sueas y cabeceas, y te cruzas de brazos para dormir mejor,
la pobreza vendr y te atacar como un vagabundo armado.
Tambin estos son dichos de Salomn, copiados por gente al servicio de Ezequas, rey de Jud:
Es gloria de Dios tener secretos, y honra de los reyes penetrar en ellos.
La altura del cielo, la profundidad de la tierra y los pensamientos de los reyes, son cosas en las que no es posible penetrar.
Aparta de la plata las impurezas, y el platero producir una copa;
aparta del servicio del rey al malvado, y su trono se afirmar en la justicia.
No te des importancia ante el rey, ni tomes el lugar de la gente importante;
vale ms que te inviten a subir all, que ser humillado ante los grandes seores. Lo que veas con tus propios ojos
no lo lleves en seguida a los tribunales, porque otro testigo puede desmentirte y al final no sabrs qu hacer.
Defindete de quien te acuse, pero no descubras el secreto ajeno;
pues alguien puede orte y ponerte en vergenza, y tu mala fama ser cosa sin remedio.
"Las palabras en el momento oportuno son como manzanas de oro incrustadas en plata.
Como un anillo y un collar del oro ms fino, es la sabia reprensin en quien sabe recibirla.
El mensajero fiel es para el que lo enva cual frescura de nieve en da caluroso, pues da nuevos nimos a su seor.
Nubes y viento y nada de lluvia, es quien presume de dar y nunca da nada.
La paciencia calma el enojo; las palabras suaves rompen la resistencia.
Si encuentras miel, no comas ms de la cuenta, no sea que de mucho comer la vomites.
Si visitas a tu amigo, no lo hagas con frecuencia, no sea que se canse de ti y llegue a odiarte.
Mazo, espada, flecha puntiaguda, eso es quien declara en falso contra su amigo!
Confiar en un traidor en momentos de angustia es como andar con una pierna rota o comer con un diente picado.
Cantar canciones al corazn afligido es como echar vinagre en la llaga o quitarse la ropa en tiempo de fro.
Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber;
as hars que le arda la cara de vergenza, y el Seor te lo pagar.
Por el viento del norte viene la lluvia, y por las malas lenguas las malas caras.
Ms vale vivir en el borde de la azotea, que en una amplia mansin con una mujer pendenciera.
Como agua fresca en garganta sedienta as caen las buenas noticias de tierras lejanas.
Manantial de agua turbia y revuelta es el inocente que tiembla ante el culpable.
No hace bien comer mucha miel, pero es una honra investigar lo difcil.
Como ciudad sin muralla y expuesta al peligro, as es quien no sabe dominar sus impulsos.
No le va bien la nieve al verano ni la lluvia a la cosecha ni los honores al necio.
Como gorrin perdido o golondrina sin nido, la maldicin sin motivo jams llegar a su destino.
Al caballo hay que domarlo, al asno hay que frenarlo y al necio hay que azotarlo.
El que al necio no responde, por necio no pasa.
El que al necio sabe responder, como tal le hace parecer.
Confiar al necio un mensaje es cortarse los pies y buscarse problemas.
No va lejos el cojo con sus piernas ni el proverbio dicho por un necio.
Tan absurdo es atar la piedra a la honda como dar honra a los necios.
Ni el borracho la espina siente, ni el necio el proverbio entiende.
Arquero que apunta a todo el que pasa es quien da al necio trabajo en su casa.
El perro vuelve a su vmito y el necio a su necedad.
Ms se puede esperar del necio que de quien se cree muy sabio.
Para no trabajar, el perezoso pretexta que en la calle hay un len al acecho.
La puerta gira en sus bisagras y el perezoso gira en la cama.
El perezoso mete la mano en el plato, pero luego es incapaz de llevrsela a la boca.
El perezoso se cree ms sabio que siete personas que saben responder.
Meterse en pleitos ajenos es agarrar a un perro por las orejas.
Como un loco que lanza mortales flechas de fuego,
as es quien engaa a su amigo y luego dice que todo era un juego.
Sin lea se apaga el fuego, y sin chismes se acaba el pleito.
Para hacer brasas, el carbn; para hacer fuego, la lea; y para entablar pleitos, el pendenciero.
Los chismes son como golosinas, pero calan hasta lo ms profundo.
Bao de plata sobre olla de barro son las palabras suaves que llevan mala intencin.
El que odia, lo disimula cuando habla, pero en su interior hace planes malvados.
No le creas si te habla con ternura, pues su mente est llena de maldad;
aunque trate de ocultar su odio, su maldad se descubrir ante todos.
El que cava una fosa, en ella cae; al que hace rodar una roca, la roca lo aplasta.
El mentiroso odia la verdad, el de suaves palabras provoca el desorden.
No presumas del da de maana, pues no sabes lo que el maana traer.
Deja que sean otros los que te alaben; no est bien que te alabes t mismo.
Las piedras y la arena son pesadas, pero ms pesado es el enojo del necio.
La ira es cruel, y el enojo destructivo, pero los celos son incontrolables.
Vale ms reprender con franqueza que amar en secreto.
Ms se puede confiar en el amigo que hiere que en el enemigo que besa.
El que est lleno, hasta la miel desprecia; al que tiene hambre, hasta lo amargo le sabe dulce.
Como ave que vaga lejos de su nido es el que anda lejos del lugar donde naci.
Para alegrar el corazn, buenos perfumes; para endulzar el alma, un consejo de amigos.
Nunca abandones a tus amigos ni a los amigos de tu padre. Nunca vayas con tus problemas a la casa de tu hermano. Ms vale vecino cercano que hermano lejano.
S sabio, hijo mo, y me hars feliz; as podr responder a los que me ofendan.
El prudente ve el peligro y lo evita; el imprudente sigue adelante y sufre el dao.
Al que salga fiador por un extrao, qutale la ropa y tmasela en prenda.
Saludar al amigo a gritos y de madrugada, es para l lo mismo que insultarlo.
Lo mismo es una mujer pendenciera que una gotera constante en tiempo de lluvia.
Querer detenerla es querer detener el viento o retener el aceite en la mano.
El hierro se afila con hierro, y el hombre con otro hombre.
El que cuida de la higuera come los higos; el que cuida de su amo recibe honores.
As como las caras se reflejan en el agua, as tambin los hombres se reflejan en su mente.
La muerte, el sepulcro y la codicia del hombre jams quedan satisfechos.
Al oro y la plata, el fuego los prueba; al hombre lo prueban las alabanzas.
Al necio no se le quita lo necio ni aunque lo muelas y lo remuelas.
mantente al tanto de tus ovejas, preocpate por tus rebaos,
pues ni riquezas ni coronas duran eternamente.
Cuando el pasto aparezca, y brote el verdor, y se recoja la hierba de los montes,
de tus corderos tendrs lana para vestirte, de tus cabritos dinero para comprar terrenos
y de tus cabras leche abundante para alimentarte t y tu familia y todos los que estn a tu servicio.
El malvado huye aunque nadie lo persiga, pero los justos viven confiados como el len.
Cuando el pas anda mal, los gobernantes aumentan, pero el buen dirigente sabe mantener el orden.
El malvado que oprime a los pobres es como fuerte lluvia que destruye las cosechas.
Los que se apartan de la ley alaban al malvado; los que la cumplen estn en contra de l.
Los malvados no entienden nada de la justicia, pero los que recurren al Seor lo entienden todo.
Ms vale ser pobre y honrado que rico y malintencionado.
El que cumple la ley de Dios es un hijo inteligente, pero el que anda con glotones es la vergenza de su padre.
El que amontona riquezas cobrando intereses, las amontona para el que se compadece de los pobres.
Si alguno no quiere atender la ley de Dios, tampoco Dios soportar sus oraciones.
El que lleva a los buenos por mal camino, caer en su propia trampa; pero los hombres intachables recibirn lo mejor.
El rico se cree muy sabio, pero el pobre e inteligente puede ponerlo a prueba.
Cuando triunfan los justos, se hace gran fiesta; cuando triunfan los malvados, la gente se esconde.
Al que disimula el pecado, no le ir bien; pero el que lo confiesa y lo deja, ser perdonado.
Feliz el hombre que honra siempre al Seor; pero el terco caer en la desgracia.
Igual que un len rugiente o un oso voraz es el malvado que gobierna a un pueblo pobre.
El gobernante insensato aumenta la opresin; pero el que no es codicioso tendr larga vida.
El que ha cometido un asesinato no parar hasta caer en la tumba: que nadie intente detenerlo!
El hombre honrado ser puesto a salvo, pero el perverso caer en la desgracia.
Al que cultiva su campo, hasta le sobra comida; al que anda con ociosos, lo que le sobra es pobreza.
Quien es digno de confianza, ser alabado; quien tiene ansias de riquezas, no quedar sin castigo.
No est bien discriminar a nadie; hasta por un pedazo de pan se puede pecar.
El ambicioso tiene prisa por ser rico, y no sabe que sobre l vendr la pobreza.
Con el tiempo, ms se aprecia al que critica que al que alaba.
Amigo de criminales es quien roba a sus padres y alega que no ha pecado.
El que mucho ambiciona, provoca peleas; pero el que confa en el Seor, prospera.
Solo un necio confa en sus propias ideas; el que acta con sabidura saldr bien librado.
Al que ayuda al pobre, nada le faltar; pero al que le niega su ayuda, mucho se le maldecir.
Cuando triunfan los malvados, la gente se esconde; cuando les llega su fin, predominan los justos.
El que se pone terco cuando lo reprenden, pronto ser destruido sin remedio.
Cuando predominan los justos, la gente se alegra; cuando los malvados gobiernan, la gente sufre.
El hijo sabio hace feliz a su padre; el que anda con prostitutas derrocha el dinero.
El rey que hace justicia, afirma a su pas; el que solo exige impuestos, lo arruina.
El que siempre alaba a su amigo, en realidad le est tendiendo una trampa.
La trampa del malvado son sus propios pecados; pero el hombre honrado vive alegre y feliz.
El justo toma en cuenta los derechos del pobre, pero al malvado nada le importa.
Los alborotadores agitan a una ciudad; los sabios saben calmar los nimos.
El sabio que entabla pleito contra un necio, se enoja, recibe burlas y no arregla nada.
Los asesinos y desalmados odian a muerte al hombre honrado.
El necio da rienda suelta a sus impulsos, pero el sabio acaba por refrenarlos.
El gobernante que hace caso de mentiras corrompe a todos sus servidores.
El oprimido y el opresor tienen algo en comn: el Seor les ha dado la vista a ambos.
El rey que gobierna a los pobres con lealtad, afirma su trono para siempre.
A golpes y reprensiones se aprende, pero el hijo consentido avergenza a su madre.
Si los malvados abundan, abunda el pecado; pero los hombres honrados los vern fracasar.
Corrige a tu hijo y te har vivir tranquilo, y te dar muchas satisfacciones.
Donde no hay direccin divina, no hay orden; feliz el pueblo que cumple la ley de Dios!
Con palabras no se corrige al esclavo, porque entiende pero no hace caso.
Ms se puede esperar de un necio que de quien habla sin pensar.
El que consiente a su esclavo desde pequeo, al final tendr que lamentarlo.
El que es violento e impulsivo, provoca peleas y comete muchos errores.
Al que es orgulloso se le humilla, pero al que es humilde se le honra.
El cmplice del ladrn es enemigo de s mismo, pues aunque oye maldiciones no confiesa.
El miedo a los hombres es una trampa, pero el que confa en el Seor estar protegido.
Muchos buscan el favor del gobernante, pero solo el Seor hace justicia.
Los hombres honrados no soportan a los malvados, y los malvados no soportan a los honrados.
Dichos de Agur, hijo de Jaqu de Mas. Agur habl a Itiel y a Ucal de la siguiente manera:
Soy el ms estpido de los hombres, no hay en m entendimiento humano.
No he adquirido sabidura, ni s nada acerca del Santsimo.
Quin ha subido y bajado del cielo? Quin puede contener el viento en su puo? Quin envuelve al mar en su capa? Quin estableci los lmites de la tierra? No me digas que sabes su nombre, y aun el nombre de su hijo!
El Seor protege a los que en l confan; todas sus promesas son dignas de confianza.
No aadas nada a lo que l diga; de lo contrario, te puede reprender y te har quedar como mentiroso.
Solo dos cosas te he pedido, oh Dios; concdemelas antes de que muera:
aleja de m la falsedad y la mentira, y no me hagas rico ni pobre; dame solo el pan necesario,
porque si me sobra, podra renegar de ti y decir que no te conozco; y si me falta, podra robar y ofender as tu divino nombre.
No hables mal del esclavo delante de su amo, pues te puede maldecir y sufrirs las consecuencias.
Hay quienes maldicen a su padre y no bendicen a su madre.
Hay quienes se creen muy limpios, y no se han limpiado de sus impurezas.
Hay quienes se creen importantes, y miran a otros con altanera.
Hay quienes tienen espadas en vez de dientes y puales en vez de muelas, para acabar por completo con la gente pobre del pas.
Dos hijas tiene la sanguijuela, que solo saben pedir. Hay tres cosas, y hasta cuatro, que nunca se satisfacen:
el sepulcro, la mujer estril, la tierra falta de agua y el fuego insatisfecho.
El que mira a su padre con desprecio y se burla de su madre anciana, merece que los cuervos le saquen los ojos y que las guilas lo devoren.
Hay tres cosas, y hasta cuatro, que me asombran y no alcanzo a comprender:
el camino del guila en el cielo, el camino de la vbora en las rocas, el camino de un barco en alta mar y el camino del hombre en la mujer.
La mujer infiel hace lo siguiente: come, se limpia la boca y afirma que no ha hecho nada malo.
Hay tres tipos de gente, y hasta cuatro, que son insoportables y hacen temblar a un pas:
el esclavo que llega a ser rey, el tonto que tiene comida de sobra,
la mujer despreciada que encuentra marido y la esclava que toma el lugar de su seora.
Hay cuatro animalitos en la tierra que son ms sabios que los sabios:
las hormigas, gran ejrcito sin fuerza que asegura su comida en el verano;
los tejones, grupo no muy numeroso que vive entre las peas;
las langostas, que sin tener rey marchan en orden perfecto;
las lagartijas, que caben en un puo y llegan hasta el palacio del rey.
Hay tres valientes, y hasta cuatro, que tienen un paso airoso:
el len, el animal ms terrible, que no huye ante nada ni ante nadie;
el gallo orgulloso, el macho cabro y el rey que marcha al frente de su ejrcito.
Si tontamente te has dado importancia y has hecho planes malvados, ponte a pensar
que si bates la leche, obtendrs mantequilla, si te suenas fuerte, te sangrar la nariz, y si irritas a otro, acabars en una pelea.
Dichos del rey Lemuel de Mas, con los cuales su madre le dio instruccin:
Hijo mo, fruto de mis entraas, respuesta de Dios a mis ruegos, qu ms te puedo decir?
Que no gastes tu energa con mujeres, pues por ellas los reyes se pierden.
Y no est bien, Lemuel, que reyes y gobernantes beban vino y bebidas fuertes,
pues podran olvidarse de la ley y violar los derechos de los ms humildes.
Deja el vino y las bebidas fuertes para los decados y deprimidos;
que beban y no vuelvan a acordarse de su pobreza y sufrimientos!
Levanta la voz por los que no tienen voz; defiende a los indefensos!
Levanta la voz, y hazles justicia; defiende a los pobres y a los humildes!
Mujer ejemplar no es fcil hallarla; vale ms que las piedras preciosas!
Su esposo confa plenamente en ella, y nunca le faltan ganancias.
Brinda a su esposo grandes satisfacciones todos los das de su vida.
Va en busca de lana y lino, y con placer realiza labores manuales.
Cual si fuera un barco mercante, trae de muy lejos sus provisiones.
Antes de amanecer se levanta y da de comer a sus hijos y a sus criadas.
Inspecciona un terreno y lo compra, y con sus ganancias planta viedos.
Se reviste de fortaleza y con nimo se dispone a trabajar.
Cuida de que el negocio marche bien, y de noche trabaja hasta tarde.
Con sus propias manos hace hilados y tejidos.
Siempre les tiende la mano a los pobres y necesitados.
No teme por su familia cuando nieva, pues todos los suyos andan bien abrigados.
Ella misma hace sus colchas, y se viste con las telas ms finas.
Su esposo es bien conocido en la ciudad, y se cuenta entre los ms respetados del pas.
Ella hace tnicas y cinturones, y los vende a los comerciantes.
Se reviste de fuerza y dignidad, y el da de maana no le preocupa.
Habla siempre con sabidura, y da con amor sus enseanzas.
Est atenta a la marcha de su casa, y jams come lo que no ha ganado.
Sus hijos y su esposo la alaban y le dicen:
"Mujeres buenas hay muchas, pero t eres la mejor de todas."
Los encantos son una mentira, la belleza no es ms que ilusin, pero la mujer que honra al Seor es digna de alabanza.
Albenla ante todo el pueblo! Denle crdito por todo lo que ha hecho!
Estos son los dichos del Predicador, hijo de David, que rein en Jerusaln.
Vana ilusin, vana ilusin! Todo es vana ilusin!
Qu provecho saca el hombre de tanto trabajar en este mundo?
Unos nacen, otros mueren, pero la tierra jams cambia.
Sale el sol, se oculta el sol, y vuelve pronto a su lugar para volver a salir.
Sopla el viento hacia el sur, y gira luego hacia el norte. Gira y gira el viento! Gira y vuelve a girar!
Los ros van todos al mar, pero el mar nunca se llena; y vuelven los ros a su origen para recorrer el mismo camino.
No hay nadie capaz de expresar cunto aburren todas las cosas; nadie ve ni oye lo suficiente como para quedar satisfecho.
Nada habr que antes no haya habido; nada se har que antes no se haya hecho. Nada hay nuevo en este mundo!
Nunca faltar quien diga: "Esto s que es algo nuevo!" Pero aun eso ya ha existido siglos antes de nosotros.
Las cosas pasadas han cado en el olvido, y en el olvido caern las cosas futuras entre los que vengan despus.
Yo, el Predicador, fui rey de Israel en Jerusaln,
y me entregu de lleno a investigar y estudiar con sabidura todo lo que se hace en este mundo. Vaya carga pesada que ha puesto Dios sobre los hombres para humillarlos con ella!
Y pude darme cuenta de que todo lo que se hace en este mundo es vana ilusin, es querer atrapar el viento.
Ni se puede enderezar lo torcido, ni hacer cuentas con lo que no se tiene!
Entonces me dije a m mismo: "Aqu me tienen, hecho un gran personaje, ms sabio que todos los que antes de m reinaron en Jerusaln; entregado por completo a profundizar en la sabidura y el conocimiento,
y tambin en la estupidez y la necedad, tan solo para darme cuenta de que tambin esto es querer atrapar el viento."
En realidad, a mayor sabidura, mayores molestias; cuanto ms se sabe, ms se sufre.
Tambin me dije a m mismo: "Ahora voy a hacer la prueba divirtindome; voy a darme buena vida." Pero hasta eso result vana ilusin!
Y conclu que la risa es locura y que el placer de nada sirve.
Con mi mente bajo el control de la sabidura, quise probar el estmulo del vino, y me entregu a l para saber si eso es lo que ms le conviene al hombre durante sus contados das en este mundo.
Realic grandes obras; me constru palacios; tuve mis propios viedos.
Cultiv mis propios huertos y jardines, y en ellos plant toda clase de rboles frutales.
Constru represas de agua para regar los rboles plantados;
compr esclavos y esclavas, y aun tuve criados nacidos en mi casa; tambin tuve ms vacas y ovejas que cualquiera otro antes de m en Jerusaln.
Junt montones de oro y plata, tesoros que antes fueron de otros reyes y de otras provincias. Tuve cantores y cantoras, placeres humanos y concubina tras concubina.
Fui un gran personaje, y llegu a tener ms que todos los que fueron antes de m en Jerusaln. Adems de eso, la sabidura no me abandonaba.
Nunca me negu ningn deseo; jams me negu ninguna diversin. Goc de corazn con todos mis trabajos, y ese gozo fue mi recompensa.
Me puse luego a considerar mis propias obras y el trabajo que me haba costado realizarlas, y me di cuenta de que todo era vana ilusin, un querer atrapar el viento, y de que no hay nada de provecho en este mundo.
Despus me puse a reflexionar sobre la sabidura, la estupidez y la necedad: Qu ms podr hacer el que reine despus de m, sino lo que ya antes ha sido hecho?
Y encontr que es ms provechosa la sabidura que la necedad, as como es ms provechosa la luz que la oscuridad.
El sabio usa bien los ojos, pero el necio anda a oscuras. Sin embargo, me di cuenta de que a todos les espera lo mismo,
y me dije: "Lo que le espera al necio tambin me espera a m, as que de nada me sirve tanta sabidura. Hasta eso es vana ilusin!
Porque nunca nadie se acordar ni del sabio ni del necio; con el correr del tiempo todo se olvida, y sabios y necios mueren por igual."
Llegu a odiar la vida, pues todo lo que se hace en este mundo resultaba en contra ma. Realmente, todo es vana ilusin, es querer atrapar el viento!
Llegu a odiar tambin todo el trabajo que haba realizado en este mundo, pues todo ello tendra que dejrselo a mi sucesor.
Y una cosa era segura: que l, ya fuera sabio o necio, se adueara de todo lo que con tanto trabajo y sabidura logr alcanzar en este mundo. Y esto tambin es vana ilusin!
Al ver lo que yo haba hecho en este mundo, lament haber trabajado tanto,
pues hay quien pone sabidura, conocimientos y experiencia en su trabajo, tan solo para dejrselo todo a quien no trabaj para obtenerlo. Y tambin esto es vana ilusin y una gran injusticia!
En fin, qu saca el hombre de tanto trabajar y de tanto preocuparse en este mundo?
Toda su vida es de sufrimientos, es una carga molesta; ni siquiera de noche descansa su mente. Y esto tambin es vana ilusin!
Lo mejor que puede hacer el hombre es comer y beber, y disfrutar del fruto de su trabajo, pues he encontrado que tambin esto viene de parte de Dios.
Porque, quin puede comer, o gozar, si no es por l?
De hecho, Dios da sabidura, conocimiento y alegra a quien l mira con buenos ojos; pero al que peca le deja la carga de prosperar y amontonar tesoros para luego drselos a quien l mira con buenos ojos. Tambin esto es vana ilusin y querer atrapar el viento!
En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre:
Un momento para nacer, y un momento para morir. Un momento para plantar, y un momento para arrancar lo plantado.
Un momento para matar, y un momento para curar. Un momento para destruir, y un momento para construir.
Un momento para llorar, y un momento para rer. Un momento para estar de luto, y un momento para estar de fiesta.
Un momento para esparcir piedras, y un momento para recogerlas. Un momento para abrazarse, y un momento para separarse.
Un momento para intentar, y un momento para desistir. Un momento para guardar, y un momento para tirar.
Un momento para rasgar, y un momento para coser. Un momento para callar, y un momento para hablar.
Un momento para el amor, y un momento para el odio. Un momento para la guerra, y un momento para la paz.
Qu provecho saca el hombre de tanto trabajar?
Me doy cuenta de la carga que Dios ha puesto sobre los hombres para humillarlos con ella.
l, en el momento preciso, todo lo hizo hermoso; puso adems en la mente humana la idea de lo infinito, aun cuando el hombre no alcanza a comprender en toda su amplitud lo que Dios ha hecho y lo que har.
Yo s que lo mejor que puede hacer el hombre es divertirse y disfrutar de la vida,
pues si comemos y bebemos y contemplamos los beneficios de nuestro trabajo, es porque Dios nos lo ha concedido.
Y tambin s que todo lo que Dios ha hecho permanecer para siempre. No hay nada que aadirle ni nada que quitarle; Dios lo ha hecho as, para que ante l se guarde reverencia.
Nada existe que no haya existido antes, y nada existir que no exista ya. Dios hace que el pasado se repita.
He podido ver tambin que en este mundo hay corrupcin y maldad donde debiera haber justicia y rectitud.
Por lo tanto digo que Dios juzgar al hombre honrado y al malvado, porque hay un momento para todo lo que ocurre y para todo lo que se hace.
Tambin digo, en cuanto a la conducta humana, que Dios est poniendo a prueba a los hombres para que se den cuenta de que tambin ellos son como animales.
En realidad, hombres y animales tienen el mismo destino: unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el mismo para todos. Nada de ms tiene el hombre que el animal: todo es vana ilusin,
y todos paran en el mismo lugar; del polvo fueron hechos todos, y al polvo todos volvern.
Quin puede asegurar que el espritu del hombre sube a las alturas de los cielos, y que el espritu del animal baja a las profundidades de la tierra?
Me he dado cuenta de que no hay nada mejor para el hombre que disfrutar de su trabajo, pues eso es lo que le ha tocado, ya que nadie lo traer a que vea lo que habr de ocurrir despus de su muerte.
Dirig luego mi atencin a los actos de opresin que se cometen en este mundo. Y vi que los oprimidos lloran, pero no hay quien los consuele; sus opresores les hacen violencia, pero no hay quien los consuele.
Por eso consider ms felices a los que ya han muerto que a los que an viven;
aunque en mejores condiciones que estos dos estn los que an no han nacido, pues todava no han visto la maldad que se comete en este mundo.
Vi tambin que el mucho trabajar y el xito en una empresa provocan la envidia de unos contra otros, y esto tambin es vana ilusin y querer atrapar el viento.
La gente dice: "El necio se cruza de brazos y se destruye a s mismo."
Pero yo digo: "Ms vale un puado de descanso que dos de fatiga por querer atrapar el viento."
Al volverme hacia otro lado, vi otra vana ilusin en este mundo:
un hombre solo, sin amigos ni hijos ni hermanos, que jams se toma un momento de descanso y que nunca se cansa de contemplar sus riquezas, ni se pregunta: "Y para quin trabajo tanto? Para qu me niego el bienestar?" Pues tambin esto es vana ilusin y una pesada carga.
Ms valen dos que uno, pues mayor provecho obtienen de su trabajo.
Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. Pero ay del que cae estando solo, pues no habr quien lo levante!
Adems, si dos se acuestan juntos, uno a otro se calientan; pero uno solo, cmo va a entrar en calor?
Uno solo puede ser vencido, pero dos podrn resistir. Y adems, la cuerda de tres hilos no se rompe fcilmente.
Por otra parte, ms vale el joven pobre pero sabio que el rey viejo pero necio, porque este ya no admite consejos.
Aunque el joven que luego reinar en lugar de ese rey haya llegado de la crcel al trono, o haya subido de la pobreza al reinado,
he visto a la gente de este mundo darle su apoyo.
Y aunque es incontable el pueblo sobre el cual reinar, ni a ellos ni a sus descendientes los dejar contentos. Y tambin esto es vana ilusin y querer atrapar el viento.
Cuando vayas al templo de Dios, cuida tu conducta: en vez de ofrecer sacrificios como la gente tonta que no se da cuenta de que hace mal, acrcate dispuesto a obedecer.
No te apresures, ni con los labios ni con el pensamiento, a hacer promesas a Dios, pues Dios est en el cielo y t en la tierra. Por eso, habla lo menos que puedas,
porque por mucho pensar se tienen pesadillas, y por mucho hablar se dicen tonteras.
Cuando hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a l no le agradan los necios. Cumple lo que prometes,
pues vale ms no prometer, que prometer y no cumplir.
No permitas que tus labios te hagan pecar, y luego digas ante el enviado de Dios que lo hiciste por error. Por qu hacer que Dios se enoje por lo que dices y destruya lo que has hecho?
Por lo tanto, en medio de tantas pesadillas y de tantas palabras y cosas sin sentido, t debes mostrar reverencia hacia Dios.
No te sorprendas si en algn pas ves que se oprime al pobre y que se hace violencia a la justicia y al derecho, porque a un alto oficial lo encubre otro ms alto, y otros ms altos oficiales encubren a estos dos.
Y a eso se le llama progreso del pas y estar el rey al servicio del campo!
El que ama el dinero, siempre quiere ms; el que ama las riquezas, nunca cree tener bastante. Esto es tambin vana ilusin,
porque mientras ms se tiene, ms se gasta. Y qu se gana con tener, aparte de contemplar lo que se tiene?
El que trabaja, coma poco o mucho, siempre duerme a gusto; al rico, en cambio, sus riquezas no lo dejan dormir.
Una cosa realmente lamentable he visto en este mundo: que el amontonar riquezas va en perjuicio de su dueo,
pues un mal negocio puede acabar con toda esa riqueza, y si l tiene un hijo, ya no tendr despus nada que dejarle.
Y tal como vino a este mundo, as se ir: tan desnudo como cuando naci, y sin llevarse nada del fruto de su trabajo.
Esto es realmente lamentable: que tal como vino al mundo, as tambin se ir. Y qu sac de tanto trabajar para nada?
Para colmo, toda su vida se la pas en tinieblas, y con muchas molestias, dolores y resentimientos.
He encontrado que lo mejor y ms agradable es comer y beber, y disfrutar del fruto de tanto trabajar en este mundo durante la corta vida que Dios nos da, pues eso es lo que nos ha tocado.
Por otra parte, a todo aquel a quien Dios da abundantes riquezas, le da tambin la facultad de comer de ellas y de tomar lo que le corresponde, pues el disfrutar de tanto trabajo viene de parte de Dios.
Y como Dios le llena de alegra el corazn, no se preocupa mucho por el curso de su vida.
En este mundo hay otro mal muy comn entre los hombres, segn he podido ver:
Dios les da a algunos abundantes riquezas y esplendor, y nunca les falta nada de lo que desean; pero no les permite gozar de todo ello, sino que otros lo disfrutan. Esto es tambin una ilusin vana y realmente lamentable!
Un hombre puede tener cien hijos y vivir muchos aos; pero por mucho que viva, si no disfruta completamente de lo bueno, y si ni siquiera recibe sepultura, yo sostengo que un nio abortado vale ms que ese hombre.
Pues aunque ese nio se pierda en la nada, en la oscuridad, donde su nombre quedar ignorado,
y aunque no llegue a ver el sol ni a saber nada, al menos habr tenido ms descanso que aquel hombre,
el cual podra haber vivido dos mil aos y, sin embargo, no disfrutar de sus bienes. Y al fin de cuentas, todos van al mismo lugar!
El hombre trabaja y trabaja para comer, pero nunca queda satisfecho.
Qu tiene el sabio que no tenga el necio, a no ser sus conocimientos para hacerle frente a la vida?
Vale ms lo que uno ve que lo que se imagina. Pero tambin esto es vana ilusin, es querer atrapar el viento.
Lo que ahora existe, hace mucho que recibi su nombre, y se sabe cul es. Nadie puede luchar con quien es ms poderoso que l.
Una cosa es cierta: donde abundan las palabras, abundan los disparates; y nada se gana con eso.
De hecho, nadie sabe lo que es mejor para el hombre durante los contados das de esta vana ilusin que es su vida. Sus das pasarn como una sombra, y quin podr decirle lo que ha de ocurrir en este mundo despus de su muerte?
Vale ms la buena fama que el buen perfume. Vale ms el da en que se muere que el da en que se nace.
Vale ms ir a un funeral que ir a divertirse; pues la muerte es el fin de todo hombre, y los que viven debieran recordarlo.
Vale ms llorar que rer, pues podr hacerle mal al semblante pero le hace bien al corazn.
El sabio piensa en la muerte, pero el necio, en ir a divertirse.
Vale ms or reprensiones de sabios que alabanzas de necios.
Las risas del necio se parecen al crujir de las zarzas en el fuego, y tambin son vana ilusin.
La violencia entorpece al sabio, y el soborno corrompe su carcter.
Vale ms terminar un asunto que comenzarlo. Vale ms ser paciente que valiente.
No te dejes llevar por el enojo, porque el enojo es propio de gente necia.
Nunca te preguntes por qu todo tiempo pasado fue mejor, pues esa no es una pregunta inteligente.
Buena y provechosa es la sabidura para los que viven en este mundo, si adems va acompaada de una herencia.
Porque la sabidura protege lo mismo que el dinero, pero la sabidura tiene la ventaja de darle vida al sabio.
Fjate bien en lo que Dios ha hecho: quin podr enderezar lo que l ha torcido?
Cuando te vaya bien, disfruta ese bienestar; pero cuando te vaya mal, ponte a pensar que lo uno y lo otro son cosa de Dios, y que el hombre nunca sabe lo que ha de traerle el futuro.
Todo esto he visto durante esta vana ilusin que es mi vida: hombres buenos que mueren a pesar de su bondad, y malvados que a pesar de su maldad viven muchos aos.
No hay que pasarse de bueno, ni tampoco pasarse de listo. Para qu arruinarse uno mismo?
No hay que pasarse de malo, ni tampoco pasarse de tonto. Para qu morir antes de tiempo?
Lo mejor es agarrar bien esto sin soltar de la mano aquello. El que honra a Dios saldr bien de todas estas cosas.
Da ms fuerza la sabidura al sabio, que diez gobernantes a una ciudad.
Sin embargo, no hay nadie en la tierra tan perfecto que haga siempre el bien y nunca peque.
No hagas caso de todo lo que se dice, y as no oirs cuando tu siervo hable mal de ti.
Aunque tambin t, y lo sabes muy bien, muchas veces has hablado mal de otros.
Todo esto lo examin con sabidura, pues me haba propuesto ser sabio; pero estaba fuera de mi alcance.
Fuera de mi alcance est todo lo que existe! Es demasiado profundo y nadie puede comprenderlo!
Me dediqu entonces a adquirir conocimientos, y a estudiar y buscar algunas sabias conclusiones. Y pude darme cuenta de que es malo ser necio, y una locura ser estpido.
He encontrado algo que es ms amargo que la muerte: la mujer que tiende trampas con el corazn y aprisiona con los brazos. El que agrada a Dios escapar de ella, pero el pecador caer en sus redes.
En mi intento de encontrar la razn de las cosas, yo, el Predicador, he hallado lo siguiente:
que todava no he dado con lo que realmente busco! He encontrado un hombre entre mil, pero ni una sola mujer entre todas ellas.
Solamente he encontrado lo siguiente: que Dios hizo perfecto al hombre, pero este se ha complicado la vida.
Quin puede compararse al sabio? Quin conoce el sentido de las cosas? La sabidura ilumina la cara del hombre; hace que cambie su duro semblante.
Cumple las rdenes del rey, pues as lo has jurado ante Dios.
No salgas de su presencia con demasiada rapidez. No tomes parte en asuntos malvados, porque l puede hacer lo que se le antoje.
La palabra del rey tiene autoridad final, y nadie puede pedirle cuenta de sus actos.
Al que cumple una orden, no le pasar nada malo, y el que es sabio entiende cundo y cmo debe cumplirla.
En realidad, hay un momento y un modo de hacer todo lo que se hace, pero el gran problema del hombre
es que nunca sabe lo que va a suceder, ni hay nadie que se lo pueda advertir.
No hay quien tenga poder sobre la vida, como para retenerla, ni hay tampoco quien tenga poder sobre la muerte. No hay quien escape de esta batalla. Al malvado no lo salvar su maldad.
Todo esto he visto al entregarme de lleno a conocer lo que se hace en este mundo y el poder que el hombre tiene de hacer dao a sus semejantes.
Tambin he visto que a gente malvada, que se mantuvo alejada del lugar santo, la alaban el da de su entierro; y en la ciudad donde cometi su maldad, nadie despus lo recuerda. Y esto no tiene sentido,
porque al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca que el hombre solo piense en hacer lo malo.
As resulta que el que peca y sigue pecando vive muchos aos! (Lo que yo saba es que a los que honran a Dios y guardan reverencia ante l, les va bien;
y que, por el contrario, a los malvados les va mal y su vida pasa como una sombra porque no muestran reverencia ante Dios.)
Y as se da en este mundo el caso sin sentido de hombres buenos que sufren como si fueran malos, y de hombres malos que gozan como si fueran buenos. Yo digo que tampoco esto tiene sentido!
Por eso, me declaro en favor de la alegra. Y lo mejor que puede hacer el hombre en este mundo es comer, beber y divertirse, porque eso es lo nico que le queda de su trabajo en los das de vida que Dios le da en este mundo.
Mientras ms me entregu a aprender y a saber y a observar todo lo que se hace en este mundo -llega un momento en que no puede uno dormir a ninguna hora-,
ms cuenta me di de que el hombre no puede comprender lo que Dios hace ni lo que ocurre en este mundo. Por ms que luche buscando la respuesta, no la encontrar; aun cuando el sabio diga conocerla, en realidad no ha podido encontrarla.
A todo esto me he entregado de lleno, tan solo para descubrir que las obras de buenos y de sabios estn en las manos de Dios. Nada sabe el hombre del amor ni del odio, aun cuando los tenga ante sus ojos.
Al fin y al cabo, a todos les espera lo mismo: al justo y al injusto, al bueno y al malo, al puro y al impuro, al que ofrece sacrificios y al que no los ofrece; lo mismo al bueno que al pecador, al que hace juramentos y al que no los hace.
Esto es lo malo de todo lo que pasa en este mundo: que a todos les espera lo mismo. Por otra parte, el pensamiento del hombre est lleno de maldad; la estupidez domina su mente durante toda su vida; y al fin de cuentas, al cementerio!
Tiene ms esperanza aquel a quien se concede seguir viviendo, pues vale ms perro vivo que len muerto.
Adems, los que viven saben que han de morir, pero los muertos ni saben nada ni ganan nada, porque se les echa al olvido.
All terminan su amor, su odio y sus pasiones, y nunca ms vuelven a tomar parte en nada de lo que se hace en este mundo.
Vamos, pues! Disfruta del pan que comes; goza del vino que bebes, porque a Dios le han agradado tus acciones.
Vstete siempre con ropas blancas; ponte siempre perfume en la cabeza.
Goza de la vida con la mujer amada, cada instante de esta vida sin sentido que Dios te ha dado en este mundo; eso es lo nico que sacars de tanto trabajar en este mundo.
Y todo lo que est en tu mano hacer, hazlo con todo empeo; porque en el sepulcro, que es donde irs a parar, no se hace nada ni se piensa nada, ni hay conocimientos ni sabidura.
En este mundo he visto algo ms: que no son los veloces los que ganan la carrera, ni los valientes los que ganan la batalla; que no siempre los sabios tienen pan, ni los inteligentes son ricos, ni los instruidos son bien recibidos; todos ellos dependen de un momento de suerte.
Por otra parte, nunca sabe nadie cundo le llegar su hora: as como los peces quedan atrapados en la red y las aves en la trampa, as tambin el hombre, cuando menos lo espera, se ve atrapado en un mal momento.
Tambin he visto en este mundo algo que me parece encerrar una gran enseanza:
una ciudad pequea, con pocos habitantes, es atacada por un rey poderoso que levanta alrededor de ella una gran maquinaria de ataque.
Y en la ciudad vive un hombre pobre, pero sabio, que con su sabidura podra salvar a la ciudad, y nadie se acuerda de l!
Sin embargo, yo afirmo que vale ms ser sabio que valiente, aun cuando la sabidura del hombre pobre no sea tomada en cuenta ni se preste atencin a lo que dice.
Ms se oyen las palabras tranquilas de los sabios que el gritero del rey de los necios.
Vale ms la sabidura que las armas de guerra. Un solo error causa grandes destrozos.
Una mosca muerta apesta y echa a perder el buen perfume. Cuenta ms la tontera ms ligera que la sabidura ms respetable.
La mente del sabio se inclina al bien, pero la del necio se inclina al mal.
El necio, en todo lo que hace, muestra la pobreza de sus ideas, aun cuando vaya diciendo que los necios son los dems.
Si el que gobierna se enoja contigo, no pierdas la cabeza; el remedio para los grandes errores es tomar las cosas con calma.
Me he dado cuenta de un error que se comete en este mundo, y que tiene su origen en los propios gobernantes:
que al necio se le da un alto cargo, mientras que la gente que vale ocupa puestos humildes.
He visto esclavos andar a caballo, y prncipes andar a pie como si fueran esclavos.
El que hace el hoyo, en l se cae. Al que rompe el muro, la serpiente lo muerde.
El que labra piedras, se lastima con ellas. El que parte lea, corre el riesgo de cortarse.
Si el hacha se desafila y no se la vuelve a afilar, habr que golpear con ms fuerza. Vale ms hacer las cosas bien y con sabidura.
De qu sirve un encantador, si la serpiente muerde antes de ser encantada?
Las palabras del sabio le atraen simpatas, pero las del necio son su propia ruina:
comienza diciendo puras tonteras, y acaba diciendo las peores estupideces.
Al necio no le faltan las palabras! Quin puede decir lo que ha de suceder, si nadie sabe nada del futuro?
Tanto se mata el necio trabajando, que no sabe ni el camino a la ciudad.
Ay del pas que tiene por rey a un chiquillo, y en el que sus prncipes amanecen en banquetes!
Dichoso el pas que tiene un rey honorable, y en el que los gobernantes comen a la hora debida, para reponer sus fuerzas y no para emborracharse!
Al holgazn se le cae el techo; al que no hace nada, toda la casa.
El pan es para disfrutarlo, y el vino para gozar de la vida; mas para eso hace falta dinero.
No critiques al rey ni siquiera con el pensamiento. No hables mal del rico, aunque ests a solas, porque las aves vuelan y pueden ir a contrselo.
Echa tu pan al agua; despus de algn tiempo lo encontrars.
Comparte lo que tienes lo ms que puedas, pues no sabes el mal que puede venir sobre el pas.
Si las nubes estn cargadas, la lluvia cae sobre la tierra. Caiga el rbol al norte o caiga el rbol al sur, en el lugar donde caiga all se habr de quedar.
El que mira al viento, no siembra, y el que mira a las nubes, no cosecha.
As como no sabes por dnde va el viento, ni cmo se forma el nio en el vientre de la madre, tampoco sabes nada de lo que hace Dios, creador de todas las cosas.
Siembra tu semilla por la maana, y por la tarde simbrala tambin, porque nunca se sabe qu va a resultar mejor, si la primera siembra o la segunda, o si las dos prosperarn.
Muy agradable es la luz, y es bueno que los ojos vean el sol;
pero aunque uno viva muchos aos y disfrute de todos ellos, debe recordar que los das de oscuridad sern muchos, y que todo lo que est por venir es vana ilusin.
Divirtete, joven, ahora que ests lleno de vida; disfruta de lo bueno ahora que puedes. Djate llevar por los impulsos de tu corazn y por todo lo que ves, pero recuerda que de todo ello Dios te pedir cuentas.
Aleja de tu mente las preocupaciones y echa fuera de ti el sufrimiento, porque aun los mejores das de la juventud son vana ilusin.
Acurdate de tu Creador ahora que eres joven y que an no han llegado los tiempos difciles; ya vendrn aos en que digas: "No me trae ningn placer vivirlos."
Hazlo ahora, cuando an no se apaga la luz del sol, de la luna y de las estrellas, y cuando an hay nubes despus de la lluvia.
Llegar un da en que tiemblen los guardianes del palacio y se doblen los valientes; quedarn tan pocas molineras, que dejarn de moler; las que miran por las ventanas, comenzarn a perder la vista.
Cuando llegue ese da, se cerrarn las puertas que dan a la calle; el ruido del molino se ir apagando; las aves dejarn or su canto, pero las canciones dejarn de orse;
la altura causar miedo, y en el camino habr peligros. El almendro comenzar a florecer, la langosta resultar una carga y la alcaparra no servir para nada. Pues el hombre va a su hogar eterno, y en la calle se escucha ya a los que lloran su muerte.
Acurdate de tu Creador ahora que an no se ha roto el cordn de plata ni se ha hecho pedazos la olla de oro; ahora que an no se ha roto el cntaro a la orilla de la fuente ni se ha hecho pedazos la polea del pozo.
Despus de eso el polvo volver a la tierra, como antes fue, y el espritu volver a Dios, que es quien lo dio.
Yo, el Predicador, repito: Vana ilusin, vana ilusin! Todo es vana ilusin!
Y mientras ms sabio lleg a ser el Predicador, ms conocimientos imparti a la gente. Tambin se dio a la tarea de estudiar gran nmero de proverbios, y de clasificarlos ordenadamente.
Hizo todo lo posible por encontrar las palabras ms adecuadas, para escribir convenientemente dichos verdaderos.
Los dichos de los sabios son como aguijones, y una vez reunidos en colecciones son como estacas bien clavadas, puestas por un solo pastor.
Lo que uno saca de ellos son grandes advertencias. El hacer muchos libros no tiene fin, y el mucho estudio cansa.
El discurso ha terminado. Ya todo ha sido dicho. Honra a Dios y cumple sus mandamientos, porque eso es el todo del hombre.
Dios habr de pedirnos cuentas de todos nuestros actos, sean buenos o malos, y aunque los hayamos hecho en secreto.
El ms hermoso de los poemas de Salomn.
Dame un beso de tus labios! Son ms dulces que el vino tus caricias,
deliciosos al olfato tus perfumes, tu nombre es perfume derramado. Por eso te aman las mujeres!
Llvame pronto contigo! Llvame, oh rey, a tus habitaciones! Contigo estaremos muy alegres; evocaremos tus caricias ms que el vino. Con razn te aman las mujeres!
Mujeres de Jerusaln, soy morena, pero hermosa; morena como los campamentos de Quedar, hermosa como las cortinas de Salomn.
No se fijen en que soy morena, ni en que el sol me ha quemado la piel. Mis hermanos se enojaron conmigo y me pusieron a cuidar las vias, y mi propia via descuid!
Dime, amor de mi vida, dnde apacientas tus rebaos?, dnde los llevas a descansar al medioda? Por qu he de andar como una vagabunda, junto a los rebaos de tus compaeros?
Si no lo sabes t, hermosa entre las hermosas, sigue las pisadas del rebao y apacienta tus cabritos junto a las chozas de los pastores.
T eres para m, amor mo, cual fina yegua del carro del faran.
Qu lindas son tus mejillas entre los pendientes! Qu lindo es tu cuello entre los collares de perlas!
Te haremos pendientes de oro con incrustaciones de plata!
Mientras el rey se sienta a la mesa, mi nardo esparce su fragancia.
Mi amado es para m como el saquito de mirra que est siempre entre mis pechos.
Mi amado es para m como flor de alhea en los viedos de En-Gad.
Qu hermosa eres, amor mo, qu hermosa eres! Tus ojos son dos palomas!
Qu hermoso eres, amor mo, qu hermoso eres! La verde hierba es nuestro lecho!
Los cedros son las vigas de la casa, y los cipreses, el techo que nos cubre.
Soy la flor de los llanos de Sarn, soy la rosa de los valles.
Mi amada es, entre las mujeres, como una rosa entre los espinos.
Mi amado es, entre los hombres, como un manzano entre los rboles del bosque. Qu agradable es sentarme a su sombra! Qu dulce me sabe su fruta!
Me llev a la sala de banquetes y sus miradas para m fueron de amor.
Reanmenme con tortas de pasas, alimntenme con manzanas, porque me muero de amor!
Que ponga l su izquierda bajo mi cabeza, y que con su derecha me abrace!
Promtanme, mujeres de Jerusaln, por las gacelas y cervatillas del bosque, no interrumpir el sueo de mi amor. Djenla dormir hasta que quiera despertar!
Ya viene mi amado! Ya escucho su voz! Viene saltando sobre los montes, viene saltando por las colinas.
Mi amado es como un venado: como un venado pequeo. Aqu est ya, tras la puerta, asomndose a la ventana, espiando a travs de la reja!
Mi amado me dijo: "Levntate, amor mo; anda, cario, vamos.
Mira! El invierno ha pasado y con l se han ido las lluvias.
Ya han brotado flores en el campo, ya ha llegado el tiempo de cantar, ya se escucha en nuestra tierra el arrullo de las trtolas.
Ya tiene higos la higuera, y los viedos esparcen su aroma. "Levntate, amor mo; anda, cario, vamos.
"Paloma ma, que te escondes en las rocas, en altos y escabrosos escondites, djame ver tu rostro, djame escuchar tu voz. Es tan agradable el verte! Es tan dulce el escucharte!"
Atrapen las zorras, las zorras pequeas que arruinan nuestros viedos, nuestros viedos en flor.
Mi amado es mo, y yo soy suya. l apacienta sus rebaos entre las rosas.
Mientras llega el da y huyen las sombras, vuelve, amado mo; s como un venado, como un venado pequeo por los montes escarpados.
En mi cama, por las noches, busqu al amor de mi vida. Lo busqu y no lo encontr.
Entonces me levant y recorr la ciudad buscando al amor de mi vida por las calles y las plazas. Lo busqu y no lo encontr.
Pregunt a los guardias que hacen la ronda de la ciudad: "No han visto ustedes al amor de mi vida?"
Apenas me haba alejado de ellos, cuando encontr al amor de mi vida. Lo tom de la mano, y sin soltarlo lo llev a las habitaciones de mi madre.
Promtanme, mujeres de Jerusaln, por las gacelas y cervatillas del bosque, no interrumpir el sueo de mi amor. Djenla dormir hasta que quiera despertar!
Qu es eso que viene del desierto y avanza entre columnas de humo, entre humo de mirra y de incienso y de toda clase de perfumes?
Es la litera de Salomn! Viene escoltada por sesenta soldados de los ms valientes de Israel;
todos ellos manejan la espada y son expertos guerreros; cada uno lleva la espada al cinto en previsin de peligros nocturnos.
El rey Salomn se ha hecho una litera con finas maderas del Lbano.
Las columnas son de plata; el respaldo, de oro; el asiento, tapizado de prpura; el interior, decorado con amor por las mujeres de Jerusaln.
Mujeres de Sin, salgan a ver al rey Salomn! Lleva puesta la corona que le hizo su madre para el da de su boda, para el da ms feliz de su vida.
Qu hermosa eres, amor mo! Qu hermosa eres! Tus ojos son dos palomas escondidas tras tu velo; tus cabellos son como cabritos que retozan por los montes de Galaad.
Tus dientes, todos perfectos, son cual rebao de ovejas recin salidas del bao y listas para la trasquila.
Tus labios son rojos como hilos de escarlata, y encantadoras tus palabras. Tus mejillas son dos gajos de granada escondidos tras tu velo.
Tu cuello es semejante a la bella torre de cantera que se construy para David. De ella cuelgan mil escudos, escudos de valientes.
Tus pechos son dos gacelas, dos gacelas mellizas que pastan entre las rosas.
Mientras llega el da y huyen las sombras, me ir al monte de la mirra, a la colina del incienso.
T eres hermosa, amor mo; hermosa de pies a cabeza! En ti no hay defecto alguno!
Baja conmigo del Lbano, novia ma; baja conmigo del Lbano. Contempla el valle desde la cumbre del Aman, desde la cumbre del Senir y del Hermn; desde las cuevas de los leones, desde los montes de los leopardos.
Me robaste el corazn, hermanita, novia ma; me robaste el corazn con una sola mirada tuya, con uno de los hilos de tu collar.
Qu gratas son tus caricias, hermanita, novia ma! Son tus caricias ms dulces que el vino, y ms deliciosos tus perfumes que todas las especias aromticas!
Novia ma, de tus labios brota miel. Miel y leche hay debajo de tu lengua! Como fragancia del Lbano es la fragancia de tu vestido!
T, hermanita, novia ma, eres jardn cerrado, cerrada fuente, sellado manantial;
jardn donde brotan los granados de frutos exquisitos; jardn donde hay flores de alhea,
nardos y azafrn, caa aromtica y canela, y toda clase de rboles de incienso, de mirra y de loe; todas las mejores especias aromticas!
La fuente del jardn es un pozo del cual brota el agua que baja desde el Lbano.
Viento del norte, despierta! Viento del sur, ven ac! Soplen en mi jardn y esparzan su perfume! Ven, amado mo, a tu jardn, y come de sus frutos exquisitos.
Ya he entrado en mi jardn, hermanita, novia ma. Ya he tomado mi mirra y mis perfumes, ya he probado la miel de mi panal, ya he bebido mi vino y mi leche. Queridos amigos, coman y beban, beban todo lo que quieran!
Yo dorma, pero no mi corazn. Y o que mi amado llamaba a la puerta: "breme, amor mo; hermanita, palomita virginal! Mi cabeza est empapada de roco! El roco nocturno me corre por el cabello!"
"Ya me he quitado la ropa; tendra que volver a vestirme! Ya me he lavado los pies; se me volveran a llenar de polvo!"
Mi amado meti la mano por el agujero de la puerta. Eso me conmovi profundamente!
Entonces me levant para abrirle a mi amado. De mis manos y mis dedos cayeron gotitas de mirra sobre el pasador de la puerta. Al orlo hablar sent que me mora!
Abr la puerta a mi amado, pero l ya no estaba all. Lo busqu y no lo encontr, lo llam y no me respondi.
Me encontraron los guardias que hacen la ronda de la ciudad; me golpearon, me hirieron; los que cuidan la entrada de la ciudad me arrancaron el velo con violencia!
Mujeres de Jerusaln, si encuentran a mi amado, promtanme decirle que me estoy muriendo de amor.
Qu de especial tiene tu amado, hermosa entre las hermosas? Qu de especial tiene tu amado que nos pides hacerte tal promesa?
Mi amado es trigueo claro, inconfundible entre miles de hombres.
Su cabeza es oro puro; su cabello es ondulado y negro como un cuervo;
sus ojos son dos palomas baadas en leche, posadas junto a un estanque;
sus mejillas son amplios jardines de fragantes flores. Sus labios son rosas por las que ruedan gotitas de mirra;
sus manos son abrazaderas de oro cubiertas de topacios; su cuerpo es pulido marfil con incrustaciones de zafiros;
sus piernas son columnas de mrmol afirmadas sobre bases de oro puro; su aspecto es distinguido como los cedros del Lbano;
su paladar es dulcsimo. Todo l es un encanto! As es mi amado, as es el amor mo, mujeres de Jerusaln.
A dnde se ha ido tu amado, hermosa entre las hermosas? A dnde se ha dirigido? Iremos contigo a buscarlo!
Mi amado ha ido a su jardn, a su jardn perfumado, a apacentar su rebao y cortar las rosas.
Yo soy de mi amado, y l es mo. l apacienta sus rebaos entre las rosas.
T, amor mo, eres hermosa y encantadora como las ciudades de Tirs y Jerusaln; irresistible como un ejrcito en marcha.
Deja ya de mirarme, pues tus ojos me han vencido! Tus cabellos son como cabritos que retozan por los montes de Galaad.
Tus dientes, todos perfectos, son cual rebao de ovejas recin salidas del bao y listas para la trasquila.
Tus mejillas son dos gajos de granada escondidos tras tu velo.
Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas y muchsimas las doncellas,
pero mi palomita virginal es una sola; una sola es la hija preferida de la mujer que la dio a luz. Al verla, las jvenes la felicitan; reinas y concubinas la alaban.
Quin es esta que se asoma como el sol en la maana? Es hermosa como la luna, radiante como el sol, irresistible como un ejrcito en marcha!
Fui al bosque de los nogales a admirar el verdor en el arroyo; quera ver los brotes de los viedos y las flores de los granados.
Despus ya no supe qu pas hasta que me vi en un carro junto a mi prncipe.
Regresa, Sulamita, regresa! Regresa, queremos verte! Y qu quieren ver de la Sulamita? Una danza, como en los campamentos!
Qu hermosos son tus pies en las sandalias, princesa! Las curvas de tus caderas son como adornos de oro fino hechos por manos expertas.
Tu ombligo es una copa redonda donde no falta el buen vino; tu vientre es una pila de trigo rodeada de rosas.
Tus pechos son dos gacelas, dos gacelas mellizas.
Tu cuello es una torre de marfil; tus ojos son dos estanques de la ciudad de Hesbn, junto a la puerta de Bat-rabim; tu nariz es como la torre del Lbano que mira hacia la ciudad de Damasco.
Tu cabeza, sobre tu cuerpo, es como el monte Carmelo; hilos de prpura son tus cabellos: un rey est preso entre sus rizos!
Amor mo, mujer encantadora, qu bella, qu hermosa eres!
Tu porte es como el porte de una palmera; tus pechos son como racimos.
Yo pienso subir a la palmera y aduearme de sus racimos. Tus pechos sern entonces como racimos de uvas; tu aliento, perfume de manzanas;
tu paladar, como el buen vino que resbala suavemente por los labios y los dientes.
Yo soy de mi amado: los impulsos de su amor lo atraen a m.
Anda, amado mo, vayamos al campo! Pasaremos la noche entre flores de alhea.
Por la maana iremos a los viedos, a ver si ya tienen brotes, si se abren ya sus botones, si ya han florecido los granados. All te dar mi amor!
Las mandrgoras esparcen su aroma. A nuestra puerta hay fruta de todas clases: fruta seca y fruta recin cortada, que para ti, amado mo, apart.
Ojal fueras t un hermano mo, criado a los pechos de mi madre! As, al encontrarte en la calle, podra besarte y nadie se burlara de m;
podra llevarte a la casa de mi madre, te hara entrar en ella, y t seras mi maestro. Yo te dara a beber del mejor vino y del jugo de mis granadas.
Que ponga l su izquierda bajo mi cabeza, y que con su derecha me abrace!
Promtanme, mujeres de Jerusaln, no interrumpir el sueo de mi amor. Djenla dormir hasta que quiera despertar!
Quin es esta que viene del desierto, recostada en el hombro de su amado? Bajo un manzano interrump tu sueo: all donde tu madre tuvo dolores; all donde tu madre te dio a luz.
Llvame grabada en tu corazn, llvame grabada en tu brazo! El amor es inquebrantable como la muerte; la pasin, inflexible como el sepulcro. El fuego ardiente del amor es una llama divina!
El agua de todos los mares no podra apagar el amor; tampoco los ros podran extinguirlo. Si alguien ofreciera todas sus riquezas a cambio del amor, burlas tan solo recibira.
Nuestra hermanita no tiene pechos. Qu vamos a hacer con ella cuando vengan a pedirla?
Si fuera una muralla, construiramos sobre ella almenas de plata; si fuera una puerta, la recubriramos con tablas de cedro.
Yo soy como una muralla, y mis pechos como torres. Por eso, a los ojos de l, ya he encontrado la felicidad.
Salomn tena un viedo en Baal-hamn. Lo dej al cuidado de unos guardianes, que al llegar la cosecha le entregaban mil monedas de plata cada uno.
Las mil monedas son para ti, Salomn, y doscientas para los guardianes; yo cuido mi propia via!
Djame or tu voz, oh reina de los jardines! Nuestros amigos esperan escucharla!
Corre, amado mo, corre como un venado, como el hijo de una gacela sobre los montes llenos de aromas!
Profecas que Isaas, hijo de Ams, recibi por revelacin acerca de Jud y Jerusaln, durante los reinados de Ozas, Jotam, Ahaz y Ezequas en Jud.
Cielo y tierra, escuchen lo que el Seor dice: "Cri hijos hasta que fueron grandes, pero ellos se rebelaron contra m.
El buey reconoce a su dueo y el asno el establo de su amo; pero Israel, mi propio pueblo, no reconoce ni tiene entendimiento."
Ay, gente pecadora, pueblo cargado de maldad, descendencia de malhechores, hijos pervertidos! Se han alejado del Seor, se han apartado del Dios Santo de Israel, lo han abandonado.
Ustedes se empean en ser rebeldes, y en su cuerpo ya no hay donde castigarlos. Tienen herida toda la cabeza, han perdido las fuerzas por completo.
De la punta del pie a la cabeza no hay nada sano en ustedes; todo es heridas, golpes, llagas abiertas; nadie se las ha curado ni vendado, ni les ha calmado los dolores con aceite.
Su pas ha quedado hecho un desierto, y arden en llamas las ciudades. En la propia cara de ustedes los enemigos se comen lo que ustedes sembraron. Todo ha quedado hecho un desierto, como Sodoma cuando fue destruida.
Sin nada ms ha quedado en pie, sola cual choza en medio de un viedo, sola cual cobertizo en medio de un melonar, sola cual ciudad rodeada por el enemigo.
Si el Seor todopoderoso no hubiera dejado a unos cuantos de nosotros, ahora mismo estaramos como Sodoma y Gomorra.
Jefes de Sodoma, escuchen la palabra del Seor; pueblo de Gomorra, oye atentamente lo que nuestro Dios te va a ensear.
El Seor dice: "Para qu me traen tantos sacrificios? Ya estoy harto de sus holocaustos de carneros y de la grasa de los terneros; me repugna la sangre de los toros, carneros y cabritos.
Ustedes vienen a presentarse ante m, pero quin les pidi que pisotearan mis atrios?
No me traigan ms ofrendas sin valor; no soporto el humo de ellas. Ustedes llaman al pueblo a celebrar la luna nueva y el sbado, pero yo no soporto las fiestas de gente que practica el mal.
Aborrezco sus fiestas de luna nueva y sus reuniones; se me han vuelto tan molestas que ya no las aguanto!
Cuando ustedes levantan las manos para orar, yo aparto mis ojos de ustedes; y aunque hacen muchas oraciones, yo no las escucho. Tienen las manos manchadas de sangre.
Lvense, lmpiense! Aparten de mi vista sus maldades! Dejen de hacer el mal!
Aprendan a hacer el bien, esfurcense en hacer lo que es justo, ayuden al oprimido, hagan justicia al hurfano, defiendan los derechos de la viuda!"
El Seor dice: "Vengan, vamos a discutir este asunto. Aunque sus pecados sean como el rojo ms vivo, yo los dejar blancos como la nieve; aunque sean como tela teida de prpura, yo los dejar blancos como la lana.
Si aceptan ser obedientes, comern de lo mejor que produce la tierra;
pero si insisten en ser rebeldes, morirn sin remedio en la guerra." El Seor mismo lo ha dicho.
Cmo has llegado, ciudad fiel, a ser igual que una prostituta! Antes toda tu gente actuaba con justicia y viva rectamente, pero ahora no hay ms que asesinos.
Eras plata y te has convertido en basura, eras buen vino y te has vuelto agua.
Tus gobernantes son rebeldes y amigos de bandidos. Todos se dejan comprar con dinero y buscan que les hagan regalos. No hacen justicia al hurfano ni les importan los derechos de la viuda.
Por eso, el Seor todopoderoso, el Poderoso de Israel, afirma: "Basta! Yo ajustar las cuentas a mis enemigos. Me vengar de ellos.
Voy a levantar de nuevo mi mano contra ti y a quemar por completo tu basura; voy a limpiarte de toda tu impureza.
Har que vuelvas a tener jueces como antes y consejeros como los del principio. Despus que yo lo haya hecho, volvern a llamarte 'Ciudad de justicia', 'Ciudad fiel'.
Con mi justicia y accin salvadora libertar a los habitantes de Sin que se vuelvan a m;
pero har pedazos a los rebeldes y pecadores, y los que me abandonen morirn.
Se avergonzarn ustedes de esas encinas y jardines que tanto les gustan, donde dan culto a los dolos.
Ustedes sern como encina de hojas marchitas, y semejantes a un jardn sin agua.
El hombre fuerte se convertir en paja, y sus obras en chispa: los dos ardern al mismo tiempo y no habr quien los apague."
Estas son las profecas que Isaas, hijo de Ams, recibi por revelacin acerca de Jud y Jerusaln:
En los ltimos tiempos quedar afirmado el monte donde se halla el templo del Seor. Ser el monte ms alto, ms alto que cualquier otro monte. Todas las naciones vendrn a l;
pueblos numerosos llegarn, diciendo: "Vengan, subamos al monte del Seor, al templo del Dios de Jacob, para que l nos ensee sus caminos y podamos andar por sus senderos." Porque de Sin saldr la enseanza del Seor, de Jerusaln vendr su palabra.
El Seor juzgar entre las naciones y decidir los pleitos de pueblos numerosos. Ellos convertirn sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. Ningn pueblo volver a tomar las armas contra otro ni a recibir instruccin para la guerra.
Vamos, pueblo de Jacob, caminemos a la luz del Seor!
Seor, has abandonado a tu gente, al pueblo de Jacob; el pas est lleno de adivinos venidos del oriente, de magos como entre los filisteos, y se hacen tratos con extranjeros.
El pas est lleno de oro y plata, de tesoros inmensos; el pas est lleno de caballos y de infinidad de carros.
Pero tambin est lleno de dolos! La gente adora los dioses que ha hecho con sus manos, con sus propios dedos.
Se han humillado, se han rebajado. No los perdones!
La gente se meter entre las rocas, debajo del suelo; se esconder de la presencia terrible del Seor, del resplandor de su majestad.
Los orgullosos tendrn que bajar la vista; los altaneros se vern humillados. Solo el Seor mostrar su grandeza en aquel da,
el da en que el Seor todopoderoso acte contra todo hombre orgulloso y soberbio, contra todo hombre altanero, para humillarlo;
contra todos los que se creen cedros del Lbano, altos y elevados, o robles de Basn;
contra todos los que se creen montes altos o cerros elevados,
contra todos los que se creen torres altas o fuertes murallas,
contra todos los que se creen naves de Tarsis o barcos preciosos.
Los orgullosos y altaneros sern humillados por completo. Solamente el Seor mostrar su grandeza en aquel da,
y acabar con todos los dolos.
Cuando el Seor se levante y llene de terror la tierra, la gente se meter en las cuevas de las rocas, en los hoyos del suelo; se esconder de la presencia terrible del Seor, del resplandor de su majestad.
En aquel da el hombre echar sus dolos a las ratas y a los murcilagos, esos dolos de oro y de plata que l mismo se hizo para adorarlos,
y se meter en los huecos de las rocas, en las cuevas de las peas, para esconderse de la presencia terrible del Seor, del resplandor de su majestad, cuando l se levante y llene de terror la tierra.
Dejen de confiar en el hombre, que bien poco es lo que vale. La vida del hombre no es ms que un suspiro.
Fjense bien! El Seor todopoderoso les quitar a Jerusaln y a Jud toda clase de proveedores y toda provisin de pan y de agua.
Har desaparecer al valiente, al guerrero, al juez, al profeta, al adivino, al anciano,
al capitn, al aristcrata, al consejero, al mago y al brujo,
y les pondr por jefes a unos muchachos; unos chiquillos los gobernarn.
La situacin ser tal en el pueblo, que unos a otros, aun entre amigos, se atacarn. Los jvenes la emprendern contra los viejos, los despreciados contra la gente importante.
Tanto que un hermano tomar a otro en la casa de su padre y le dir: "T al menos tienes ropa que ponerte; s, pues, nuestro jefe; gobierna este montn de ruinas."
Y el otro le responder: "Yo no puedo remediar esos males, en mi casa no tengo comida ni ropa que ponerme. No me hagan jefe del pueblo."
Ciertamente Jerusaln se derrumba, Jud se queda en ruinas, porque all se dicen y hacen cosas contra el Seor, cosas que ofenden su majestad.
Su mismo descaro los acusa; no ocultan sus pecados; igual que Sodoma, los hacen saber a todo el mundo. Ay de ellos, pues preparan su propio castigo!
Dichoso el justo, porque le ir bien y gozar del fruto de sus acciones.
Ay del malvado, pues le ir mal! Dios le pagar segn sus propias acciones.
Un chiquillo es el tirano de mi pueblo; el gobierno est en manos de mujeres. Tus dirigentes te engaan, pueblo mo, te llevan por camino equivocado.
El Seor se ha preparado para juzgar, est listo para enjuiciar a su pueblo.
El Seor llamar a juicio, y dir a los ancianos y a los jefes del pueblo: "Ustedes han estado destruyendo mi viedo; han robado a los pobres, y lo que roban lo guardan en sus casas.
Con qu derecho oprimen a mi pueblo y pisotean la cara a los pobres?" Lo afirma el Seor todopoderoso.
El Seor dice tambin: "A las mujeres de Sin, que son orgullosas, que andan con la cabeza levantada, mirando con insolencia, caminando con pasitos cortos y haciendo sonar los adornos de los pies,
en castigo las dejar calvas por la tia y pondr su desnudez al descubierto."
En aquel da, el Seor har desaparecer todos los adornos: los adornos de los pies, las diademas, las lunetas,
los pendientes, los brazaletes y los velos,
las bandas de la cabeza, las cadenitas de los pies, los cinturones, los frasquitos de perfume y los amuletos,
los anillos, los adornos de la nariz,
los vestidos elegantes, los mantos, los chales y los bolsos,
los espejos, las telas finas, los turbantes y las mantillas.
En vez de perfume habr pestilencia; en vez de cinturn, una soga; en vez de elegante peinado, la cabeza calva; en vez de finos vestidos, ropa spera; en vez de belleza, una marca con hierro candente.
Tus hombres caern en la guerra, tus guerreros morirn en la batalla.
La ciudad llorar y se pondr de luto, y quedar en completo abandono.
En aquel da quedarn tan pocos hombres que siete mujeres pelearn por uno de ellos, y le dirn: "Nosotras nos mantendremos por nuestra cuenta y nos vestiremos con nuestros propios medios, pero djanos llevar tu nombre, lbranos de nuestra vergenza."
En aquel da, el retoo que el Seor har brotar ser el adorno y la gloria de los que queden con vida en Israel; las cosechas que produzca la tierra sern su orgullo y su honor.
A los que queden con vida en Sin, a los que sobrevivan en Jerusaln y reciban el privilegio de vivir all, se les llamar "consagrados al Seor".
Cuando el Seor dicte su sentencia y ejecute su castigo, limpiar a Jerusaln de la sangre de sus crmenes y lavar las manchas de los habitantes de Sin.
Sobre toda la extensin del monte Sin y sobre el pueblo reunido all, el Seor crear una nube oscura en el da, y en la noche resplandor y llamas de fuego. Por encima de todos estar la gloria del Seor,
para protegerlos y defenderlos; les servir de sombra contra el calor del da y de proteccin contra la lluvia y la tempestad.
Voy a entonar en nombre de mi mejor amigo el canto dedicado a su viedo. Mi amigo tena un viedo en un terreno muy frtil.
Removi la tierra, la limpi de piedras y plant cepas de la mejor calidad. En medio del sembrado levant una torre y prepar tambin un lugar donde hacer el vino. Mi amigo esperaba del viedo uvas dulces, pero las uvas que este dio fueron agrias.
Ahora, habitantes de Jerusaln, gente de Jud, digan ustedes quin tiene la culpa, si mi viedo o yo.
Haba algo ms que hacerle a mi viedo? Hay algo que yo no le haya hecho? Yo esperaba que diera uvas dulces, por qu, entonces, dio uvas agrias?
Pues bien, les voy a decir qu pienso hacer con mi viedo: voy a quitarle la cerca, para que lo destruyan; voy a agrietarle el muro, para que lo pisoteen;
voy a dejarlo abandonado. No lo podarn ni lo desyerbarn, y se llenar de espinos y maleza. Voy a ordenar a las nubes que no enven su lluvia sobre l.
El viedo del Seor todopoderoso, su sembrado preferido, es el pas de Israel, el pueblo de Jud. El Seor esperaba de ellos respeto a su ley, y solo encuentra asesinatos; esperaba justicia, y solo escucha gritos de dolor.
Ay de ustedes, que compran casas y ms casas, que consiguen campos y ms campos, hasta no dejar lugar a nadie ms, y se instalan como si fueran los nicos en el pas!
El Seor todopoderoso me ha jurado: "Muchas casas sern destruidas; y por grandes y hermosas que sean, nadie las habitar.
Tres hectreas plantadas de uvas no rendirn ms que un barrilito de vino. Diez costales de semilla solo rendirn uno de trigo."
Ay de ustedes, que madrugan para emborracharse, y al calor del vino se quedan hasta la noche!
Todo es msica de arpas, salterios, tambores y flautas, y mucho vino en sus banquetes; pero no se fijan en lo que hace el Seor, no toman en cuenta sus obras.
Por eso, por no querer entender, mi pueblo ir al destierro. Todo el pueblo, con sus jefes, morir de hambre y de sed.
Como una fiera, el sepulcro abre su boca sin medida, para tragarse al pueblo y a sus jefes, a esa gente que vive en juergas y diversiones.
La gente quedar completamente humillada; los orgullosos tendrn que bajar los ojos.
El Seor todopoderoso mostrar su grandeza en el juicio; el Dios Santo mostrar su santidad haciendo justicia.
Las ciudades sern destruidas y en sus ruinas pastarn ovejas y cabras.
Ay de ustedes, que con mentiras arrastran la maldad, que arrastran el pecado como quien tira de un carro!
Ustedes que dicen: "Que Dios haga pronto sus cosas, para que las veamos; que el Dios Santo de Israel cumpla de prisa sus planes, para que los conozcamos."
Ay de ustedes, que llaman bueno a lo malo, y malo a lo bueno; que convierten la luz en oscuridad, y la oscuridad en luz; que convierten lo amargo en dulce, y lo dulce en amargo!
Ay de ustedes, que se creen sabios y se consideran inteligentes!
Ay de ustedes, que son campeones bebiendo vino, y nadie les gana en preparar licores!
Ustedes, que por dinero declaran inocente al culpable y desconocen los derechos del inocente.
Por eso, as como el fuego quema la paja y las llamas devoran las hojas secas, as tambin perecern ustedes, como plantas que se pudren de raz y cuyas flores se deshacen como el polvo. Porque despreciaron las enseanzas y las rdenes del Seor todopoderoso, el Dios Santo de Israel.
Por eso el Seor se enoj contra su pueblo y levant la mano para castigarlo. Los montes se estremecieron, los cadveres quedaron tirados como basura en las calles. Y sin embargo la ira del Seor no se ha calmado; l sigue amenazando todava.
El Seor levanta una bandera y a silbidos llama a una nacin lejana; de lo ms lejano de la tierra la hace venir. Viene en seguida, llega con gran rapidez;
no hay entre ellos nadie dbil ni cansado, nadie que no est bien despierto, nadie que no tenga el cinturn bien ajustado, nadie que tenga rotas las correas de sus sandalias.
Tienen las flechas bien agudas y todos sus arcos bien tensos. Los cascos de sus caballos son como dura piedra, y como un torbellino las ruedas de sus carros;
su rugido es como el rugido de un len, que grue y agarra la presa, y se la lleva sin que nadie se la pueda quitar.
Esa nacin, al llegar el da sealado, rugir, como el mar, contra Israel; y si alguien observa la tierra, la ver envuelta en tinieblas y oscurecida la luz por los nubarrones.
El ao en que muri el rey Ozas, vi al Seor sentado en un trono muy alto; el borde de su manto llenaba el templo.
Unos seres como de fuego estaban por encima de l. Cada uno tena seis alas. Con dos alas se cubran la cara, con otras dos se cubran la parte inferior del cuerpo y con las otras dos volaban.
Y se decan el uno al otro: "Santo, santo, santo es el Seor todopoderoso; toda la tierra est llena de su gloria."
Al resonar esta voz, las puertas del templo temblaron, y el templo mismo se llen de humo.
Y pens: "Ay de m, voy a morir! He visto con mis ojos al Rey, al Seor todopoderoso; yo, que soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros."
En ese momento uno de aquellos seres como de fuego vol hacia m. Con unas tenazas sostena una brasa que haba tomado de encima del altar,
y tocndome con ella la boca, me dijo: "Mira, esta brasa ha tocado tus labios. Tu maldad te ha sido quitada, tus culpas te han sido perdonadas."
Entonces o la voz del Seor, que deca: "A quin voy a enviar? Quin ser nuestro mensajero?" Yo respond: "Aqu estoy yo, envame a m."
Y l me dijo: "Anda y dile a este pueblo lo siguiente: 'Por ms que escuchen, no entendern; por ms que miren, no comprendern.'
Entorpece la mente de este pueblo; tpales los odos y cbreles los ojos para que no puedan ver ni or, ni puedan entender, para que no se vuelvan a m y yo no los sane."
Yo le pregunt: "Cunto tiempo durar esto, Seor?" Y l me contest: "Hasta que las ciudades queden destruidas y sin ningn habitante; hasta que las casas queden sin gente, y los campos desiertos,
y el Seor haga salir desterrada a la gente, y el pas quede completamente vaco.
Y si an queda una dcima parte del pueblo, tambin ser destruida, como cuando se corta un roble o una encina y solo queda el tronco." (Pero de ese tronco saldr un retoo sagrado.)
El rey de Siria, Resn, y el rey de Israel, Pcah, hijo de Remalas, atacaron a Jerusaln y quisieron conquistarla, pero no pudieron. Esto sucedi cuando Ahaz, hijo de Jotam y nieto de Ozas, era rey de Jud.
En esa ocasin llevaron esta noticia al rey Ahaz y a su familia: "Los sirios se han aliado con Efran." El rey y el pueblo empezaron a temblar como tiemblan los rboles del bosque cuando sopla el viento.
Entonces el Seor dijo a Isaas: "Toma a tu hijo Sear-iasub y ve a encontrarte con el rey Ahaz en el extremo del canal del estanque superior, en el camino que va al campo del Lavador de Paos,
y dile: 'Ten cuidado, pero no te asustes; no tengas miedo ni te acobardes por esos dos tizones humeantes, Resn con sus sirios, y el hijo de Remalas, que estn ardiendo en furor.
Los sirios, con el pueblo de Efran y el hijo de Remalas, han tramado hacerte mal. Han dicho:
Invadamos Jud y metmosle miedo; apodermonos de ella y pongamos por rey al hijo de Tabeel.
Pero el Seor dice: Eso jams suceder!
Damasco es la capital de Siria, y Resn es el rey de Damasco; Samaria es la capital de Efran, y el hijo de Remalas es el rey de Samaria;
pero dentro de sesenta y cinco aos Efran dejar de ser nacin; y si ustedes no tienen una fe firme, tampoco quedarn firmemente en pie.' "
El Seor dijo tambin a Ahaz:
"Pide al Seor tu Dios que haga un milagro que te sirva de seal, ya sea abajo en lo ms profundo o arriba en lo ms alto."
Ahaz contest: "No, yo no voy a poner a prueba al Seor pidindole una seal."
Entonces Isaas dijo: "Escuchen ustedes, los de la casa real de David. Les parece poco molestar a los hombres, que quieren tambin molestar a mi Dios?
Pues el Seor mismo les va a dar una seal: La joven est encinta y va a tener un hijo, al que pondr por nombre Emmanuel.
En los primeros aos de vida del nio, se comer leche cuajada y miel.
Pero antes de que el nio tenga uso de razn, el pas de los dos reyes que te causan miedo quedar abandonado.
"El Seor har venir sobre ti, sobre tu pueblo y la casa real, das como no haban venido desde que Efran se separ de Jud." (Esto se refiere al rey de Asiria.)
En ese tiempo el Seor har venir como moscas a los que viven en los lejanos ros de Egipto, y har venir como abejas a los que viven en Asiria.
Todos ellos vendrn a instalarse en las caadas profundas y en las cuevas de las rocas, en todos los matorrales espinosos y en los sitios donde bebe el ganado.
En ese da el Seor usar al rey de Asiria como navaja alquilada ms all del ro Eufrates, y les afeitar a los israelitas la cabeza, la barba y la parte inferior del cuerpo.
En ese tiempo, el que cre una vaca y dos ovejas
tendr tanta leche que podr comer leche cuajada. Y todos los que se salven de la destruccin en el pas podrn comer leche cuajada y miel.
En ese tiempo, lo que antes era un viedo con mil plantas y vala mil monedas de plata, quedar convertido en espinos y matorrales.
Solo se podr entrar all con arco y flechas para cazar, porque todo el pas quedar convertido en espinos y matorrales.
En las colinas que antes se cultivaban con azadn, habr tantos espinos y matorrales que nadie ir a ellas. Solo servirn como pastizal para los bueyes y las ovejas.
El Seor me dijo: "Toma una tabla grande y escribe en ella, con letras comunes y corrientes: 'Maher-salal-hasbaz.'
Toma luego como testigos de confianza al sacerdote Uras y a Zacaras, el hijo de Jeberequas."
Ms tarde me un a la profetisa, mi esposa, y ella qued encinta y tuvo un nio. Entonces el Seor me dijo: "Ponle por nombre Maher-salal-hasbaz.
Porque antes de que el nio sepa decir 'pap' y 'mam', Damasco y Samaria sern saqueadas, y sus riquezas sern llevadas al rey de Asiria."
Y de nuevo me dijo el Seor:
"Ya que por miedo a Resn y al hijo de Remalas desprecia esta gente el agua de Silo, que corre mansamente,
el Seor los va a inundar con la violenta corriente del ro Eufrates (es decir, el rey de Asiria con todo su poder). Se desbordar por todos sus canales, se saldr por todas las orillas,
pasar hasta Jud y la cubrir, la inundar, le llegar hasta el cuello. Ser como un ave con las alas extendidas, que cubrir, Emmanuel, toda tu tierra."
Renanse, naciones, y llnense de espanto; escuchen esto, todos los pases lejanos: por ms que tomen las armas, quedarn espantados; s, por ms que tomen las armas, quedarn espantados.
Hagan planes, que sern desbaratados; propongan lo que quieran, que no se realizar, porque Dios est con nosotros.
El Seor me tom fuertemente con su mano y me advirti que no siguiera el camino de esta gente. Me dijo:
"No llamen ustedes conspiracin a todo lo que este pueblo llama conspiracin. No se asusten ni tengan miedo por todo lo que a ellos les da miedo.
Al Seor todopoderoso es a quien hay que tener por santo; a l es a quien hay que temer; hay que tener miedo en su presencia.
l ser para ustedes como una trampa; ser la piedra con la que tropezarn, la cual har caer a los dos reinos de Israel; ser como una trampa en la que caern los habitantes de Jerusaln.
Muchos tropezarn, caern y morirn; muchos caern en la trampa, y quedarn atrapados."
Guarden bien este mensaje; mantengan ocultas estas instrucciones, estas enseanzas mas.
Aunque el Seor se oculta del pueblo de Jacob, yo confo en l. En l he puesto mi esperanza.
Yo y los hijos que me dio el Seor somos seales milagrosas para Israel, puestas por el Seor todopoderoso que vive en el monte Sin.
Sin duda la gente les dir a ustedes: "Consulten a los espritus de los muertos y a esos adivinos que cuchichean y susurran. Acaso no debe un pueblo consultar a sus dioses, y pedir consejo a los muertos acerca de los vivos
para recibir una instruccin o un mensaje?" Sin duda que hablarn as, pero lo que dicen es una tontera.
La gente ir de una parte a otra, oprimida y con hambre, y por el hambre se pondrn furiosos. Maldecirn a su rey y a sus dioses. Volvern la cara hacia arriba
y despus mirarn al suelo, y no encontrarn ms que miseria y oscuridad, tinieblas y angustia. Todo lo cubrir la noche.
Y el oprimido no podr escapar. Al principio Dios humill a Galilea, tierra de Zabuln y de Neftal, regin vecina a los paganos, que se extiende desde el otro lado del Jordn hasta la orilla del mar; pero despus le concedi mucho honor.
El pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz; una luz ha brillado para los que vivan en tinieblas.
Seor, has trado una gran alegra; muy grande es el gozo. Todos se alegran delante de ti como en tiempo de cosecha, como se alegran los que se reparten grandes riquezas.
Porque t has deshecho la esclavitud que oprima al pueblo, la opresin que lo afliga, la tirana a que estaba sometido. Fue como cuando destruiste a Madin.
Las botas que hacan resonar los soldados y los vestidos manchados de sangre sern quemados, destruidos por el fuego.
Porque nos ha nacido un nio, Dios nos ha dado un hijo, al cual se le ha concedido el poder de gobernar. Y le darn estos nombres: Admirable en sus planes, Dios invencible, Padre eterno, Prncipe de la paz.
Se sentar en el trono de David; extender su poder real a todas partes y la paz no se acabar; su reinado quedar bien establecido, y sus bases sern la justicia y el derecho desde ahora y para siempre. Esto lo har el ardiente amor del Seor todopoderoso.
El Seor ha enviado un mensaje a Israel, al pueblo de Jacob;
todo el pueblo de Efran, que vive en Samaria, lo ha entendido. Ellos dicen con orgullo y altanera:
"Se han cado los ladrillos, pero vamos a construir con piedra. Han cortado las vigas de sicmoro, pero las vamos a cambiar por madera de cedro."
El Seor ha hecho venir terribles enemigos; l mismo les ha ordenado atacar.
Por el oriente los sirios, por el occidente los filisteos. De un bocado se tragaron a Israel. Y, sin embargo, la ira del Seor no se ha calmado; l sigue amenazando todava.
Pero el pueblo no se volvi a Dios, que lo castigaba; no busc al Seor todopoderoso.
Entonces el Seor trat al reino de Israel como quien corta a un animal la cola y la cabeza, como quien derriba palmeras y juncos por igual. Todo esto en un solo da!
(La cabeza representa a los ancianos y los jefes, la cola a los profetas que ensean mentiras.)
Los jefes han extraviado a este pueblo, y los que buscaban un gua se perdieron.
Por eso el Seor no tuvo compasin de los jvenes, ni misericordia de los hurfanos y las viudas. Porque el pueblo entero es impo y perverso y todos dicen disparates. Y sin embargo la ira del Seor no se ha calmado; l sigue amenazando todava.
La maldad hace estragos como un incendio que devora espinos y matorrales y quema luego los rboles del bosque, y los lanza por los aires entre torbellinos de humo.
Por la ira del Seor todopoderoso el pas est incendiado, el fuego destruye al pueblo; se comen la carne de sus propios hijos y no tienen compasin de sus hermanos.
Aqu hay uno que engulle y queda con hambre, all hay otro que come y no se siente satisfecho.
Manass destruye a Efran, Efran a Manass, y ambos se lanzan contra Jud. Y sin embargo la ira del Seor no se ha calmado; l sigue amenazando todava.
Ay de ustedes, que dictan leyes injustas y publican decretos intolerables,
que no hacen justicia a los dbiles ni reconocen los derechos de los pobres de mi pueblo, que explotan a las viudas y roban a los hurfanos!
Qu harn ustedes cuando tengan que rendir cuentas, cuando vean venir de lejos el castigo? A quin acudirn pidiendo ayuda? En dnde dejarn sus riquezas?
Si no son humillados y llevados presos, caern con los que mueran asesinados. Y sin embargo la ira del Seor no se ha calmado; l sigue amenazando todava.
"El rey de Asiria! l es el palo con que yo en mi ira castigo, la vara que uso cuando me enojo.
Lo mando a atacar a un pueblo impo, a una nacin que me ofende, para que la robe y le quite sus riquezas, para que la pisotee como al barro de las calles.
Pero el rey de Asiria no piensa as, ni es eso lo que l se propone. No piensa ms que en destruir y en acabar con muchas naciones.
Dice: 'Todos los reyes son jefes a mis rdenes.
Para m son iguales las ciudades de Caln y de Carquemis, Hamat igual que Arpad, Samaria lo mismo que Damasco.
Me he encontrado naciones con muchos dioses, con ms dolos que los de Jerusaln y Samaria.
Pues bien, lo que hice con Samaria y sus dioses, no ser capaz de hacerlo con Jerusaln y sus dolos?' "
Cuando el Seor haya hecho todo lo que tiene que hacer en el monte Sin y en Jerusaln, castigar al rey de Asiria por esta obra de su orgullo, y por su altanera y arrogancia.
El rey de Asiria ha dicho: "Yo lo he hecho con mi propia fuerza; yo soy inteligente, y he hecho los planes. Yo he cambiado las fronteras de las naciones, me he apoderado de sus riquezas, y, como un valiente, he derribado a los reyes.
He puesto mi mano en las riquezas de los pueblos, me he apoderado de toda la tierra como quien toma de un nido unos huevos abandonados, y no hubo nadie que moviera las alas, nadie que abriera el pico y chillara."
Pero, acaso puede el hacha creerse ms importante que el que la maneja?, la sierra ms que el que la mueve? Como si el bastn, que no es ms que un palo, fuera el que moviera al hombre que lo lleva!
Por eso, el Seor todopoderoso va a dejar sin fuerzas a esos que son tan robustos, y har que les arda el cuerpo con el fuego de la fiebre.
El Dios Santo, luz de Israel, se convertir en llama de fuego, y en un da quemar y destruir todos los espinos y matorrales que hay en el pas.
Destruir completamente la belleza de sus bosques y sus huertos. Los dejar como un enfermo que ya no tiene fuerzas.
Y sern tan pocos los rboles que queden en el bosque, que hasta un nio los podr contar.
En ese tiempo los pocos que hayan quedado de Israel, aquellos del pueblo de Jacob que se hayan salvado, no volvern a apoyarse en el que los destruy sino que se apoyarn firmemente en el Seor, el Dios Santo de Israel.
Unos cuantos del pueblo de Jacob se volvern hacia el Dios invencible.
Aunque tu pueblo, Israel, sea tan numeroso como los granos de arena del mar, solo unos cuantos volvern. La destruccin est decidida y se har justicia por completo.
Porque el Seor todopoderoso ha decidido la destruccin y la va a llevar a cabo en todo el pas.
El Seor todopoderoso dice as: "Pueblo mo, que vives en Sin, no tengas miedo a los asirios, aunque te golpeen con su vara y levanten su bastn contra ti como hicieron los egipcios.
Porque dentro de muy poco tiempo va a llevarse a cabo el castigo, y mi ira los destruir.
El Seor todopoderoso los castigar como cuando derrot a Madin en la roca de Oreb, y mostrar su poder contra Asiria como cuando lo mostr contra Egipto.
En ese da se te quitar la carga que han puesto sobre tus espaldas, y ser quebrado el yugo que te han puesto en la nuca." El invasor viene por Rimn,
llega a Aiat, pasa por Migrn, deja la carga en Micms,
cruza el paso del torrente, acampa en Gueba; Ram se llena de terror, Guibe de Sal sale huyendo.
Da gritos, Bat-galim! yelos, Laisa! Responde, Anatot!
Madmen sale huyendo, los habitantes de Guebim se esconden.
Hoy mismo se detiene el invasor en Nob; da la seal de atacar el monte Sin, la colina de Jerusaln.
Miren, el Seor todopoderoso derriba los rboles con fuerza terrible; los ms altos caen cortados, los ms elevados se vienen al suelo.
Con un hacha derriba lo ms espeso del bosque, y los rboles ms bellos del Lbano se derrumban.
De ese tronco que es Jes, sale un retoo; un retoo brota de sus races.
El espritu del Seor estar continuamente sobre l, y le dar sabidura, inteligencia, prudencia, fuerza, conocimiento y temor del Seor.
l no juzgar por la sola apariencia, ni dar su sentencia fundndose en rumores.
Juzgar con justicia a los dbiles y defender los derechos de los pobres del pas. Sus palabras sern como una vara para castigar al violento, y con el soplo de su boca har morir al malvado.
Siempre ir revestido de justicia y verdad.
Entonces el lobo y el cordero vivirn en paz, el tigre y el cabrito descansarn juntos, el becerro y el len crecern uno al lado del otro, y se dejarn guiar por un nio pequeo.
La vaca y la osa sern amigas, y sus cras descansarn juntas. El len comer pasto, como el buey.
El nio podr jugar en el hoyo de la cobra, podr meter la mano en el nido de la vbora.
En todo mi monte santo no habr quien haga ningn dao, porque as como el agua llena el mar, as el conocimiento del Seor llenar todo el pas.
En ese tiempo el retoo de esta raz que es Jes se levantar como una seal para los pueblos; las naciones irn en su busca, y el sitio en que est ser glorioso.
En ese tiempo mostrar otra vez el Seor su poder reconquistando el resto de su pueblo, hacindolo volver de Asiria y de Egipto, de Patros, de Etiopa, de Elam, de Sinar, de Hamat y de los pases del mar.
Levantar una seal para las naciones y reunir a los israelitas que estaban desterrados; juntar desde los cuatro puntos cardinales a la gente de Jud que estaba dispersa.
La envidia de Efran terminar, y el rencor de Jud se calmar; Efran no tendr envidia de Jud, y Jud no sentir rencor contra Efran.
Los dos se lanzarn hacia el occidente contra los filisteos y les caern por la espalda; juntos les quitarn las riquezas a las tribus de oriente. Su poder llegar hasta Edom y Moab, y dominarn a los amonitas.
El Seor les abrir un camino por el Mar Rojo, extender su brazo sobre el ro Eufrates, har soplar un viento terrible que lo dividir en siete brazos, y podrn cruzarlos sin quitarse las sandalias.
Cuando ese resto del pueblo del Seor vuelva de Asiria, encontrar un amplio camino, como Israel cuando sali de Egipto.
En ese tiempo dirs: "Te doy gracias, Seor, porque aunque estuviste enojado conmigo, tu ira ya pas y me has devuelto la paz.
Dios es quien me salva; tengo confianza, no temo. El Seor es mi refugio y mi fuerza, l es mi salvador."
Tambin ustedes podrn ir a beber con alegra en esa fuente de salvacin,
y entonces dirn: "Den gracias e invoquen al Seor, cuenten a las naciones las cosas que ha hecho, recurdenles que l est por encima de todo.
Canten al Seor, porque ha hecho algo grandioso que debe conocerse en toda la tierra.
Den gritos de alegra, habitantes de Sin, porque el Dios Santo de Israel est en medio de ustedes con toda su grandeza."
Palabras profticas contra Babilonia, las cuales recibi por revelacin Isaas, hijo de Ams:
"Alcen en un monte pelado la seal de combate! Den la orden de ataque a los soldados! Levanten la mano para que avancen por las puertas de los nobles!
Ya he llamado a mis valientes, he dado rdenes a mis guerreros consagrados, a los que se alegran por mi triunfo, para que ejecuten mi castigo."
Se oye un gritero en los montes, como de mucha gente. Se oye el rugir de las naciones, de los pueblos que se han reunido. El Seor todopoderoso pasa revista a sus tropas dispuestas para la batalla.
Vienen de un pas lejano, de ms all del horizonte. Es el Seor con los instrumentos de su ira, que viene a destruir toda la tierra.
Den alaridos, porque el da del Seor est cerca, llega como un golpe del Todopoderoso.
Entonces todo el mundo dejar caer los brazos, todos perdern el valor
y quedarn aterrados. Les vendr una angustia y un dolor tan grandes que se retorcern como mujer de parto. Unos a otros se mirarn asombrados y les arder la cara de vergenza.
Ya llega el da del Seor, da terrible, de ira y furor ardiente, que convertir la tierra en desierto y acabar con los pecadores que hay en ella.
Las estrellas y constelaciones del cielo dejarn de dar su luz; el sol se oscurecer apenas salga, y la luna no brillar.
El Seor dice: "Voy a castigar al mundo por su maldad, a los malvados por sus crmenes. Voy a terminar con la altanera de los orgullosos, voy a humillar a los soberbios e insolentes.
Voy a hacer que los hombres sean ms escasos que el oro fino de Ofir.
Entonces el cielo se estremecer y la tierra se mover de su sitio por la ira que tendr en ese da, por mi ardiente furor.
"La gente parecer gacela perseguida, o un rebao cuando se dispersa y no hay nadie que lo junte. Cada uno se volver a su propio pas, huir a su propia tierra.
Todo el que se deje encontrar ser apualado, todo el que se deje agarrar caer asesinado.
Ante sus propios ojos estrellarn contra el suelo a sus hijos pequeos; sus casas sern saqueadas y violadas sus esposas.
Voy a incitar contra ellos al pueblo de los medos, gente que no se preocupa por la plata y a la que el oro no le llama la atencin.
Con sus flechas derribarn a los jvenes. No tienen compasin de los recin nacidos, ni sienten lstima por los nios.
Y Babilonia, la perla de las naciones, joya y orgullo de los caldeos, quedar como Sodoma y Gomorra, cuando yo las destru.
Nunca ms volver a ser habitada, nadie volver a vivir jams en ella. Los rabes no volvern a acampar all, ni los pastores harn que all descansen sus rebaos.
All habitarn los gatos monteses, las lechuzas llenarn las casas, los avestruces vivirn en ella, y tambin retozarn los chivos.
Los chacales aullarn en los castillos, y en los lujosos palacios habr lobos. Ya se le acerca su hora a Babilonia; no le quedan muchos das."
S, el Seor tendr misericordia de Jacob. De nuevo tendr a Israel como su elegido, y har que los israelitas vuelvan a establecerse en su tierra. Los extranjeros se acercarn a ellos, se unirn al pueblo de Jacob.
Muchas naciones recibirn a los israelitas y los acompaarn hasta su patria, y los israelitas los tomarn como esclavos en la tierra del Seor. Los israelitas llevarn presos a quienes antes los haban puesto presos, y dominarn a quienes antes los oprimieron.
Pueblo de Israel, cuando el Seor te haga descansar de tus sufrimientos, de tus penas y de la cruel esclavitud a que fuiste sometido,
recitars este poema para burlarte del rey de Babilonia: "Miren en qu vino a parar el tirano! Miren en qu vino a parar su arrogancia!
El Seor ha roto el poder del malvado, ha hecho pedazos la vara del tirano
que castigaba a las naciones con ira y las golpeaba sin parar, que aplastaba a los pueblos con furor y los persegua sin compasin.
Toda la tierra est en paz y tranquila, y grita de alegra.
Hasta los pinos y los cedros del Lbano se alegran de tu ruina y dicen: 'Desde que t caste, nadie ha vuelto a cortarnos.'
Abajo, entre los muertos, hay gran agitacin y salen a recibirte. Las sombras de los muertos se despiertan, todos los jefes de la tierra salen a tu encuentro; todos los reyes de los pueblos se levantan de sus tronos.
Todos ellos toman la palabra y te dicen: 'T tambin has perdido tu fuerza, has llegado a ser como nosotros.
Aqu vinieron a parar tu orgullo y tu msica de ctaras. Tu cama es podredumbre, tus mantas son gusanos.'
"Cmo caste del cielo, lucero del amanecer! Fuiste derribado por el suelo, t que vencas a las naciones.
Pensabas para tus adentros: 'Voy a subir hasta el cielo; voy a poner mi trono sobre las estrellas de Dios; voy a sentarme all lejos en el norte, en el monte donde los dioses se renen.
Subir ms all de las nubes ms altas; ser como el Altsimo.'
Pero en realidad has bajado al reino de la muerte, a lo ms hondo del abismo!
Los que te ven se quedan mirndote, y fijando su atencin en ti, dicen: 'Este es el hombre que haca temblar la tierra, que destrua las naciones,
que dej el mundo hecho un desierto, que arrasaba las ciudades y no dejaba libres a los presos?'
Todos los reyes de las naciones descansan con honor, cada uno en su tumba;
a ti, en cambio, te arrojan lejos del sepulcro como basura repugnante, como cadver pisoteado, entre gente asesinada, degollada, arrojada al abismo lleno de piedras.
No te enterrarn como a los otros reyes, porque arruinaste a tu pas y asesinaste a la gente de tu pueblo. La descendencia de los malhechores no durar para siempre.
Preprense para matar a los hijos por los crmenes que sus padres cometieron, para que no piensen ms en dominar la tierra ni en llenar el mundo de ciudades."
El Seor todopoderoso afirma: "Voy a entrar en accin contra ellos, voy a acabar con el nombre de Babilonia y con lo que quede de ella, con sus hijos y sus nietos.
La convertir en un pantano, en regin plagada de lechuzas. La barrer con la escoba de la destruccin." Es el Seor todopoderoso quien lo afirma.
El Seor todopoderoso ha jurado: "Sin duda alguna, lo que yo he decidido, se har; lo que yo he resuelto, se cumplir.
Destruir al pueblo asirio en mi pas, lo aplastar en mis montaas. Su yugo dejar de oprimir a mi pueblo, su tirana no pesar ms sobre sus hombros.
Esta es mi decisin en cuanto a toda la tierra. Mi mano amenaza a todas las naciones."
El Seor todopoderoso lo ha decidido, y nadie podr oponrsele. Su mano est amenazando, y nadie lo har cambiar de parecer.
El ao en que muri el rey Ahaz, Isaas pronunci esta profeca:
No te alegres, nacin filistea, de que haya sido quebrada la vara con que te castigaban, pues de donde sali una serpiente saldr una vbora, ms an, saldr un dragn volador.
Los pobres tendrn en mis campos pasto para sus rebaos, y la gente sin recursos descansar tranquila. Yo, en cambio, har que tu gente muera de hambre, y matar a los pocos que te queden.
Lamntense, ciudades filisteas, griten de dolor, tiemblen de espanto! Porque del norte viene un ejrcito como una nube de humo; ni un solo hombre se sale de las filas.
Qu se puede responder a los enviados de ese pas? Que el Seor ha dado firmeza a Sin, y los afligidos de su pueblo se refugiarn all.
Profeca contra Moab: En la noche en que Ar fue destruida, ocurri la ruina de Moab; en la noche en que Quir fue destruida, ocurri la ruina de Moab.
La gente de Dibn sube a llorar al templo situado en la colina. Moab se lamenta de la destruccin de Nebo y de Medeb. Todos tienen la cabeza rapada, la barba cortada.
Por las calles va la gente con ropas speras; en las terrazas gritan de dolor. En las plazas todo el mundo se lamenta y se deshace en lgrimas.
Hesbn y Elal piden socorro; hasta en Jahas se oyen sus gritos. Por eso se acobardan los guerreros de Moab y se llenan de terror.
Mi corazn pide socorro para Moab; su gente sale huyendo hasta Sor, hasta Eglat-selisiya. Por la cuesta de Luhit suben llorando; por el camino de Horonaim lanzan gritos de dolor ante el desastre.
Los pozos de Nimrim han quedado secos, la hierba est marchita, muerta la vegetacin, no queda ni una hoja verde.
Por eso la gente recoge sus riquezas y las lleva ms all del arroyo de los lamos.
El grito de socorro da la vuelta por las fronteras de Moab; los lamentos llegan hasta Eglaim y hasta Beer-elim.
Aunque los pozos de Dimn estn llenos de sangre, an le enviar mayores males; un len devorar a los que se salven de Moab, a los que queden con vida en la tierra.
Desde Sel en el desierto, los jefes del pas envan corderos hasta el monte Sin.
Los habitantes de Moab en el paso del Arnn son como pjaros espantados que huyen de su nido.
Dicen a Sin: "Haz planes para protegernos, toma t nuestra defensa. Extiende tu sombra en pleno medioda, como si fuera de noche; ofrece asilo a los desterrados, no traiciones a los fugitivos.
Deja que se refugien en ti los fugitivos de Moab. Srveles de asilo frente al destructor." Cuando termine la opresin y la destruccin haya pasado, cuando el invasor se vaya del pas,
un descendiente de David alcanzar el reinado, reinado estable fundado en la bondad. Ser un juez honrado, que establecer el derecho y har llegar pronto la justicia.
Conocemos el orgullo enorme de Moab, su arrogancia, su altivez, su soberbia y su intil charlatanera.
Por eso todos los habitantes de Moab llorarn por su nacin; afligidos en extremo, se dolern por los hombres de Quir-harset.
Los viedos de Hesbn y de Sibm han quedado marchitos, destrozados por los seores de las naciones. Sus ramas llegaban hasta Jazer, se extendan por el desierto y alcanzaban hasta ms all del mar.
Por eso lloro por los viedos de Sibm, lo mismo que por Jazer, y derramo lgrimas por Hesbn y Elal, porque sobre sus frutos y cosechas reson el grito de guerra.
La alegra y el bullicio se acabarn en los campos; no habr ms gritos de alegra ni cantos en los viedos, ni exprimirn ms las uvas para sacar vino. Los gritos se acabaron.
Mi corazn se estremece como un arpa por Moab y por Quir-harset.
Por ms que Moab vaya a las colinas y ruegue all hasta el cansancio, por ms que vaya a su templo a orar, nada va a conseguir.
Estas fueron las palabras que dijo el Seor contra Moab hace mucho tiempo.
Ahora dice el Seor: "Dentro de tres aos, tal como los cuenta un obrero que vive de su salario, la grandeza de Moab se har despreciable, a pesar de su inmenso gento; solo quedar un puado pequeo, impotente."
Profeca contra Damasco: Damasco dejar de ser ciudad; no ser ms que un montn de ruinas.
Quedar abandonada para siempre, convertida en pastizales; los animales podrn pastar tranquilamente.
Efran, que es el orgullo de Israel, ya no tendr ciudad fortificada; as tambin Damasco, lo que queda de Siria, dejar de ser un reino. Lo afirma el Seor todopoderoso.
En ese da Samaria, orgullo de Jacob, perder su fuerza, y su prosperidad desaparecer.
Ser como cuando el segador cosecha el trigo y recoge las espigas con las manos, o cuando se recogen las espigas en el valle de Refam,
donde solo quedan restos olvidados; o como cuando se golpea un olivo y solo quedan dos o tres aceitunas en la punta de una rama, o a lo sumo cuatro o cinco en todo el rbol. Lo afirma el Seor, el Dios de Israel.
En ese da el hombre volver sus ojos a su creador, al Dios Santo de Israel.
No volver a mirar los altares ni otros objetos hechos por los hombres con sus propias manos. No se fijar ms en esos troncos sagrados ni en esos altares donde queman incienso a los dioses.
En ese da tus ciudades fortificadas sern abandonadas, como fueron abandonadas las ciudades de los heveos y de los amorreos por miedo a los israelitas. Quedarn convertidas en desierto,
porque olvidaste al Dios que te salv, no recordaste que l es tu refugio seguro. T cultivas esos jardines agradables, siembras tus plantas en honor a un dios extranjero,
las proteges el da en que las plantas, y haces que brote la semilla al da siguiente. Pero cuando vengan la enfermedad y el mal incurable, se perder la cosecha.
Oigan el estruendo de pueblos numerosos, estruendo como el que produce el mar! Es el rugido que lanzan las naciones, como el rugido de aguas impetuosas.
Pero cuando Dios los reprende, salen huyendo lejos, como la paja que el viento se lleva por los montes o como el cardo que arrastra el huracn.
Por la tarde parecen terribles, pero antes del amanecer dejan de existir. En eso paran los que nos saquean, as terminan los que nos arruinan.
Ay del pas donde resuena un zumbido de insectos, del pas situado ms all de los ros de Etiopa,
que enva sus embajadores por el Nilo, viajando por el agua en barcas de junco! Vayan, veloces mensajeros, a un pueblo de alta estatura y piel brillante, a una nacin temida en todas partes, pueblo fuerte y altanero que vive en una tierra baada por ros.
Todos ustedes, habitantes del mundo, vern cuando se alce la seal en la montaa, y oirn cuando suene la trompeta.
El Seor me dijo: "Desde mi lugar miro tranquilo, como la luz en un da de verano, como una nube de roco en tiempo ardiente de cosecha.
Cuando pase la floracin en los viedos, y la flor se vuelva uva madura, pero antes del tiempo de la cosecha, podarn las ramas con cuchillos, las cortarn y las retirarn.
Todo quedar abandonado en las montaas a las aves de rapia y a los animales salvajes. Las aves pasarn all el verano, y todos los animales salvajes se quedarn all en el invierno."
En ese tiempo traern al Seor todopoderoso ofrendas de parte del pueblo de alta estatura y piel brillante, nacin temida en todas partes, pueblo fuerte y altanero, que vive en una tierra baada por ros. Las traern al monte Sin, donde se invoca el nombre del Seor todopoderoso.
Profeca contra Egipto: Miren al Seor: Viene a Egipto montado en veloz nube. Ante l tiemblan los dolos de Egipto, y los egipcios se llenan de terror.
"Voy a hacer que los egipcios se dividan -dice- y peleen unos contra otros: amigo contra amigo, ciudad contra ciudad, reino contra reino.
Les har perder la cabeza, har fracasar sus planes. Entonces consultarn a los dolos y a los brujos, a los espritus de los muertos y a los adivinos.
Pero yo pondr a Egipto en poder de un amo duro; un rey cruel va a gobernarlo." Lo afirma el Seor todopoderoso.
El agua del Nilo se agotar, el ro quedar completamente seco,
los canales despedirn mal olor. Las corrientes de agua de Egipto irn disminuyendo hasta secarse, las caas y los juncos se marchitarn;
los juncales que estn al borde del Nilo, y todos los sembrados que hay en sus orillas, se secarn y dejarn de existir.
Todos los que pescan en el Nilo se pondrn a gemir y a lamentarse; los que echan sus redes al agua se entristecern.
Los que trabajan el lino se sentirn desanimados; las cardadoras y los tejedores se pondrn plidos;
los fabricantes de telas quedarn abatidos, y todos los artesanos confundidos.
Qu tontos son ustedes, jefes de Soan, los consejeros ms sabios de Egipto, que en realidad son consejeros estpidos! Cmo se les ocurre decirle al faran: "Somos descendientes de sabios, de reyes de la antigedad"?
Dnde estn tus sabios, faran, para que te enseen y te anuncien los planes que el Seor todopoderoso tiene contra Egipto?
Los jefes de Soan son tontos, los jefes de Menfis se dejaron engaar, los jefes de las provincias han llevado a Egipto por camino falso.
El Seor ha puesto en ellos un espritu de confusin; ellos llevan a Egipto por camino falso en todo lo que hace, como un borracho que vomita y pierde el equilibrio.
Y nadie, sea cabeza o cola, palmera o junco, podr hacer nada por Egipto.
En ese da los egipcios parecern mujeres; se llenarn de miedo y espanto cuando vean que el Seor todopoderoso levanta su mano contra ellos.
Los egipcios sentirn terror ante Jud; con solo recordar su nombre se llenarn de espanto por los planes que el Seor todopoderoso tiene contra Egipto.
En ese da habr en Egipto cinco ciudades que hablarn hebreo y que jurarn fidelidad al Seor todopoderoso. Una de ellas se llamar Ciudad del Sol.
En ese da habr un altar dedicado al Seor en pleno Egipto, y cerca de su frontera se levantar una piedra en honor al Seor.
Servir de seal, para que se recuerde al Seor todopoderoso en el pas de Egipto. Cuando griten al Seor pidiendo ayuda contra los que les oprimen, l les enviar un libertador, para que los defienda y los salve.
El Seor se dar a conocer a los egipcios, y ellos reconocern al Seor, le darn culto y le ofrecern sacrificios y ofrendas. Harn promesas al Seor y las cumplirn.
El Seor herir a Egipto, pero despus lo sanar. Ellos se volvern al Seor, y l se compadecer de ellos y los sanar.
En ese da habr un amplio camino desde Egipto hasta Asiria. Los asirios podrn llegar hasta Egipto y los egipcios hasta Asiria, y los egipcios y los asirios adorarn juntos al Seor.
En ese da Israel se colocar a la par con Egipto y Asiria, y ser una bendicin en medio de la tierra.
El Seor todopoderoso los bendecir, diciendo: "Yo bendigo a Egipto, mi pueblo, a Asiria, obra de mis manos, y a Israel, mi propiedad."
En cierta ocasin, el rey Sargn de Asiria envi a un alto oficial a la ciudad de Asdod, y el oficial atac a la ciudad y la conquist.
Por ese tiempo habl el Seor por medio de Isaas, hijo de Ams, y le dijo: "Qutate esa ropa spera que llevas puesta y el calzado que tienes en los pies." Isaas lo hizo as y se qued descalzo y medio desnudo.
Entonces dijo el Seor: "Mi siervo Isaas ha estado descalzo y medio desnudo durante tres aos, como seal y anuncio para Egipto y Etiopa.
As tambin el rey de Asiria llevar al destierro a los egipcios y a los etopes, sean viejos o jvenes, descalzos y desnudos, con el trasero al aire para su vergenza.
La gente se llenar de miedo y sentir vergenza de Etiopa, que era su esperanza, y de Egipto, que era su orgullo.
En ese tiempo dirn todos los que viven en aquella costa: 'Miren en lo que vino a parar el que era nuestra esperanza, al que acudamos a pedir auxilio, para que nos librara del rey de Asiria. Cmo vamos a salvarnos ahora?' "
Profeca acerca del desierto: Como huracanes que avanzan por el sur, vienen del desierto, lugar espantoso.
Terrible es la visin que Dios me ha mostrado: el traidor traiciona, el destructor destruye. Levntate, Elam! Medos, al asalto! No permito ms quejas!
Mi cuerpo se estremece, me retuerzo de dolor como mujer de parto, la angustia no me deja or, el terror me impide ver.
Tengo la mente confundida, me estremezco de terror. El fresco del atardecer, que tanto me gustaba, se ha vuelto para m algo terrible.
La mesa ya est puesta, tendidas las alfombras, el banquete ha comenzado. De pie, capitanes: saquen brillo a los escudos!
Porque el Seor me ha dicho: "Ve y coloca un centinela que d aviso de todo cuanto vea.
Si ve carros tirados por parejas de caballos o gente montada en asnos o camellos, que mire con mucha atencin."
Y el que vigilaba grit: "En mi puesto, Seor, permanezco todo el da, y noche tras noche me mantengo vigilante.
Y veo venir un carro tirado por un par de caballos." Alguien dijo entonces: "Cay, cay Babilonia! Todas las estatuas de sus dioses quedaron por el suelo hechas pedazos."
Pueblo mo, pisoteado como el trigo, yo te anuncio lo que escuch del Seor todopoderoso, el Dios de Israel.
Profeca contra Edom: Alguien me grita desde Ser: "Centinela, qu horas de la noche son? Centinela, qu horas de la noche son?"
Y el centinela responde: "Ya viene la maana, pero tambin la noche. Si quieren preguntar, pregunten, y vuelvan otra vez."
Profeca en el desierto: Caravanas de Dedn, que pasan la noche en los matorrales del desierto,
salgan al encuentro del que tiene sed y ofrzcanle agua. Habitantes del pas de Tem, salgan al paso del que huye y ofrzcanle alimento.
Porque huyen de la espada, de la espada afilada, del arco listo para disparar y del furor de la batalla.
El Seor me dijo: "Dentro de un ao, tal como lo cuenta un obrero que vive de su salario, se habr terminado toda la grandeza de Quedar.
Y pocos sern los arcos que les quedarn a los guerreros de Quedar." El Seor, el Dios de Israel, lo ha dicho.
Profeca acerca del valle de la visin: Qu pasa, que todos suben a las azoteas?
Ciudad llena de alboroto y bulla, ciudad amiga de las diversiones, tus muertos no cayeron a filo de espada, no murieron en la guerra;
tus jefes salieron todos corriendo, y al huir de los arcos los pusieron presos. Tus hombres ms valientes huyeron lejos, pero los pusieron presos.
Por eso dije: Aprtense de m, que quiero llorar con amargura; no traten de consolarme de la catstrofe de mi pueblo.
Porque el Seor todopoderoso ha decretado que llegue un da de pnico, de destruccin y aturdimiento en el valle de la visin. Estn derribando las murallas; llegan los gritos hasta las montaas.
Los elamitas prepararon ya sus flechas, y estn montados en sus carros y caballos; los de Quir sacaron sus escudos.
Tus valles ms hermosos estn llenos de carros, y la caballera ataca la puerta de la ciudad.
La defensa de Jud qued desamparada. En ese da ustedes se fijaron en el depsito de armas de la Casa del Bosque,
vieron las muchas grietas que haba en la Ciudad de David y llenaron de agua el estanque inferior;
inspeccionaron las casas de Jerusaln y derribaron algunas para reforzar la muralla.
Entre las dos murallas hicieron una cisterna para el agua del estanque viejo. Pero no se fijaron en el que hizo todo aquello, el que desde hace mucho tiempo lo prepar.
Ese da el Seor todopoderoso los invit a ustedes a llorar y a lamentarse, a raparse la cabeza y a ponerse ropas speras en seal de dolor.
Pero lo que hay es diversin y alegra, matar vacas y ovejas, comer carne y beber vino. "Comamos y bebamos, que maana moriremos" -dicen.
Y el Seor todopoderoso se me apareci y me asegur al odo: "No voy a perdonarles este pecado; antes de eso morirn ustedes." Son palabras del Seor todopoderoso.
El Seor todopoderoso me dijo: "Ve a ver a Sebn, mayordomo de palacio, y dile:
'Qu negocio tienes aqu, o quin te dio el derecho de construirte aqu un sepulcro, de hacerte una tumba en la parte alta y cavarte en la roca un lugar de reposo?
El Seor te va a arrojar muy lejos, como lo hace un hombre robusto. Te agarrar con fuerza,
te har rodar como una pelota y te arrojar a una tierra inmensa. All morirs, all pararn los carros que eran tu gloria, y sers la vergenza del palacio de tu seor.
Yo te quitar de tu puesto, te retirar de tu oficio.
'En ese da llamar a mi siervo, a Eliaquim, hijo de Hilquas;
lo vestir con tu tnica, le pondr tu cinturn de honor y le dar tu autoridad. Ser como un padre para los habitantes de Jerusaln y para el pueblo de Jud.
En sus hombros le pondr la llave de la casa de David; nadie podr cerrar lo que l abra ni abrir lo que l cierre.
l ser como un trono de honor para la familia de su padre. Yo har que quede firme en su lugar, como si fuera un clavo.
En l se podr colgar todo lo que haya de valioso en la familia de su padre y de toda su descendencia, toda clase de vajilla pequea, desde copas hasta jarros.
'En ese da, ceder el clavo que estaba clavado firmemente en su lugar; ser arrancado y se caer, y todas las cosas que de l estaban colgadas, se rompern.' " Lo afirma el Seor todopoderoso.
Profeca contra Tiro: Las naves de Tarsis estn gimiendo, porque el puerto ha sido destruido. El puerto a donde se llegaba de Chipre ha sido arrasado.
La gente de Tiro y los comerciantes de Sidn guardan silencio. Sus agentes atravesaban el mar
y sus aguas inmensas. Sacaban sus ganancias del grano de Sihor, de las cosechas del Nilo, y comerciaban con las naciones.
Llnate de vergenza, Sidn, fortaleza del mar, pues tendrs que decir: "Ya no tengo dolores de parto, ya no doy a luz. Ya no tengo hijos que criar ni hijas que educar."
Cuando llegue la noticia a los egipcios, se llenarn de angustia por lo que le pas a Tiro.
Dirn: "Vyanse a Tarsis, pnganse a gemir, habitantes de la costa."
Es esta la ciudad de origen tan antiguo y tan amiga de las diversiones? Es esta la que viajaba para establecerse en lejanas regiones?
Quin decret esto contra Tiro, la ciudad real, cuyos comerciantes eran prncipes, y sus negociantes los ms poderosos de la tierra?
El Seor todopoderoso lo decret para humillar todo orgullo y dejar por el suelo a todos los poderosos de la tierra.
Pueblo de Tarsis, ponte a cultivar la tierra, que el astillero ya no existe.
El Seor extendi su mano sobre el mar, hizo temblar a las naciones y mand destruir las fortificaciones de Canan.
Y dijo a Sidn: "Djate de diversiones, muchacha violada. Aunque resuelvas pasar hasta Chipre, tampoco all encontrars descanso."
Miren esta tierra, tierra destinada a naves. Los caldeos levantaron torres y demolieron los palacios de Sidn, los convirtieron en ruinas. Ellos fueron los culpables, no Asiria.
Pnganse a gemir, naves de Tarsis, porque su fortaleza ha sido destruida.
En ese tiempo Tiro ser echada al olvido durante setenta aos, el tiempo que dura la vida de un rey. Al cabo de esos setenta aos se le aplicar a Tiro lo que dice aquella cancin de la prostituta:
"Prostituta olvidada, toma tu arpa, recorre la ciudad, toca buena msica, entona muchos cantos, a ver si se acuerdan de ti."
Al cabo de setenta aos el Seor volver a ocuparse de Tiro. Ella volver a alquilarse y se prostituir con todos los pases de la tierra.
Pero las ganancias de su comercio sern consagradas al Seor; no sern guardadas ni almacenadas, sino que sern dadas a los que sirven al Seor, para que compren alimentos en abundancia y vestidos finos.
Miren, el Seor va a arrasar la tierra, va a devastarla y trastornarla, y dispersar a sus habitantes.
Y ser igual para el sacerdote y el pueblo, para el amo y el esclavo, para el ama y la esclava, para el que compra y el que vende, para el que presta y el que recibe prestado, para el deudor y el acreedor.
La tierra ser totalmente arrasada, totalmente saqueada. Porque esto es lo que ha dicho el Seor.
La tierra se seca y se marchita, el mundo entero se reseca, se marchita, y el cielo y la tierra se llenan de tristeza.
La tierra ha sido profanada por sus habitantes, porque han dejado de cumplir las leyes, han desobedecido los mandatos, han violado la alianza eterna.
Por eso, una maldicin ha acabado con la tierra, y sus habitantes sufren el castigo. Por eso, los habitantes de la tierra han disminuido, y queda poca gente.
El vino escasea, los viedos se enferman, los que vivan alegres se llenan de tristeza.
Se termin la alegra de los tambores y del arpa, se call el bullicio de los amigos de la diversin.
No ms beber vino al son de las canciones; las bebidas se volvern amargas para los bebedores.
La ciudad del desorden est en ruinas, no se puede entrar en ninguna casa.
La gente llora en las calles por la escasez de vino; toda la alegra se ha apagado, ha quedado desterrada de la tierra.
La ciudad est en ruinas, la puerta qued hecha pedazos.
As ser en todas las naciones de la tierra: como cuando se hacen caer a golpes las aceitunas, o cuando se rebuscan las uvas una vez terminada la cosecha.
Los sobrevivientes gritarn llenos de alegra, levantarn la voz desde occidente al ver la majestad del Seor.
Tambin en el oriente y en los pases del mar darn gloria al Seor, el Dios de Israel.
Desde el extremo de la tierra los hemos odo cantar: "Honor al justo!" Pero yo dije: Ay, qu miseria, qu miseria! Los traidores cometen una vil traicin!
Los habitantes de la tierra sern como animales perseguidos por los cazadores o en peligro de caer en un hoyo o una trampa.
El que escape de los cazadores caer en el hoyo, y el que salga del hoyo caer en la trampa. Un diluvio caer del cielo y temblarn los cimientos de la tierra.
La tierra temblar terriblemente, se sacudir, se har pedazos.
Se tambalear como un borracho, temblar como una dbil choza. Sus pecados pesan tanto sobre ella que caer y no volver a levantarse.
En ese da el Seor castigar a los poderes celestiales y a los reyes de la tierra;
los reunir, los encerrar en un calabozo, los tendr encarcelados, y despus de mucho tiempo los castigar.
Cuando el Seor todopoderoso acte como rey en el monte Sin, en Jerusaln, el sol y la luna se oscurecern y los jefes de su pueblo vern la gloria del Seor.
Seor, t eres mi Dios; yo te alabo y bendigo tu nombre, porque has realizado tus planes admirables, fieles y seguros desde tiempos antiguos.
Has convertido las ciudades en montones de piedras, las ciudades fortificadas en ruinas; destruiste los palacios de los enemigos, y no sern reconstruidos jams.
Por esto un pueblo violento te honra, las ciudades de gente cruel te temen.
Porque t has sido un refugio para el pobre, un protector para el necesitado en su afliccin, refugio contra la tempestad, sombra contra el calor. El aliento de los hombres crueles es como una tempestad de invierno,
o como el calor en tierra seca. T dominas el tumulto de los enemigos como calmas el calor con la sombra de una nube. T obligas a los hombres crueles a guardar silencio.
En el monte Sin, el Seor todopoderoso preparar para todas las naciones un banquete con ricos manjares y vinos aejos, con deliciosas comidas y los ms puros vinos.
En este monte destruir el Seor el velo que cubra a todos los pueblos, el manto que envolva a todas las naciones.
El Seor destruir para siempre la muerte, secar las lgrimas de los ojos de todos y har desaparecer en toda la tierra la deshonra de su pueblo. El Seor lo ha dicho.
En ese da se dir: "Este es nuestro Dios, en l confiamos y l nos salv. Alegrmonos, gocmonos, l nos ha salvado."
La mano del Seor proteger al monte Sin, mientras que a Moab la pisotear como se pisotea la paja en un basurero.
Moab extender sus brazos como los extiende un nadador, pero con cada movimiento se hundir ms su altanera.
El Seor har caer sus altas y fuertes murallas; las derribar, las dejar tiradas por el suelo.
En ese da se cantar este canto en la tierra de Jud: "Tenemos una ciudad fuerte; para salvarnos, el Seor levant murallas y fortificaciones.
Abran las puertas para que pase una nacin justa que se mantiene fiel.
Seor, t conservas en paz a los de carcter firme, porque confan en ti.
Confen siempre en el Seor, porque l es refugio eterno.
l hace caer a los orgullosos, y humilla a la ciudad soberbia derribndola hasta el suelo,
para que los humildes y los pobres la pisoteen con sus pies."
El camino de los justos es recto; t, Seor, haces llano su camino.
Nosotros tambin nos sentimos seguros en el camino sealado por tus leyes, Seor. Lo que nuestro corazn desea es pensar en ti.
De todo corazn suspiro por ti en la noche; desde lo profundo de mi ser te busco. Cuando t juzgues la tierra, los hombres aprendern lo que es justicia.
Aunque tengas compasin de los malos, ellos no aprendern a ser rectos; son perversos en tierra de gente honrada y no tienen en cuenta la grandeza del Seor.
Seor, tienes el castigo preparado, pero ellos no quieren darse cuenta; cuando vean tu ardiente amor por tu pueblo, quedarn en ridculo. Ojal que el fuego de tu ira los devore!
Seor, t nos concedes bienestar; eres t, en verdad, quien realizas todas nuestras obras.
Seor y Dios nuestro, otros seores han sido nuestros amos, pero solo a ti te reconocemos por Seor.
Ellos estn muertos, no volvern a vivir; no son ms que sombras, y no volvern a levantarse; pues los has castigado, los has destruido, has acabado con todo recuerdo de ellos.
T hiciste crecer la nacin, Seor; la hiciste crecer para gloria tuya, extendiste todas las fronteras del pas.
En la afliccin te buscamos, Seor, cuando nos corriges con un simple murmullo.
Delante de ti estbamos, Seor, como cuando a una mujer encinta se le acerca el momento del parto y se retuerce y grita de dolor.
Concebimos, sentimos los dolores del parto y dimos a luz, pero no era ms que viento. No hemos trado la salvacin al pas, ni va a nacer gente que pueble el mundo.
Pero tus muertos s volvern a vivir, sus cadveres resucitarn. Los que duermen en la tierra se despertarn y darn gritos de alegra. Porque t envas tu luz como roco y los muertos volvern a nacer de la tierra.
Ve, pueblo mo, entra en tu casa y cierra las puertas detrs de ti. Escndete un poco, hasta que pase la ira del Seor.
Porque el Seor va a salir de su palacio para castigar por sus pecados a los habitantes de la tierra, y la tierra no ocultar ms sus vctimas sino que dejar ver los crmenes cometidos en ella.
En ese da el Seor castigar con su espada terrible, inmensa, poderosa, a Leviatn, la serpiente enroscada, a Leviatn, la serpiente tortuosa, y matar al dragn que est en el mar.
En ese da el Seor dir: "Canten al viedo delicioso.
Yo, el Seor, soy quien lo cuido y con frecuencia lo riego. Lo cuido da y noche, para que no sufra ningn dao.
No estoy enojado con l. Si tuviera espinos y maleza, saldra a hacerles la guerra y los quemara por completo.
Si quiere que yo lo proteja, que haga las paces conmigo, s, que haga las paces conmigo."
En el futuro el pueblo de Jacob echar races, Israel retoar y florecer, y llenar el mundo con sus frutos.
Dios no ha castigado a Israel como castig a sus opresores, ni ha dado muerte a Israel como dio muerte a sus asesinos.
Dios castig a su pueblo mandndolo al destierro, lo expuls con su soplo terrible, como cuando sopla el viento del este.
Pero perdonar el pecado de Jacob y bajo esta condicin borrar sus faltas: que haga polvo todos sus altares paganos como si triturara la piedra de cal, y que no queden ms troncos sagrados ni altares de incienso en honor de los dioses.
La ciudad fortificada qued en ruinas, como casa abandonada, como desierto sin gente. Es un lugar donde pasta el ganado, donde come las ramas y se echa a descansar.
Las ramas de un rbol se quiebran cuando se secan; entonces las mujeres las recogen y hacen fuego con ellas. Es un pueblo sin inteligencia. Por eso su Creador, el que lo hizo, no le tendr compasin ni misericordia.
En ese da el Seor actuar desde el Eufrates hasta el ro de Egipto, como quien trilla las espigas; pero ustedes, israelitas, sern recogidos uno por uno.
En ese da se tocar la gran trompeta, y los que estaban perdidos en Asiria, lo mismo que los que estaban desterrados en Egipto, vendrn a adorar al Seor en Jerusaln, en el monte santo.
Ay de Samaria, orgullo y corona de Efran, ese pueblo borracho; adorno glorioso de flores marchitas, que se alza por encima del frtil valle, ciudad de gente dominada por el vino!
El Seor tiene reservado un hombre fuerte, poderoso como tormenta de granizo, como tempestad destructora, como lluvia torrencial, como terrible inundacin. Con la mano echar por tierra,
y con los pies aplastar, a la que es orgullo y corona de ese pueblo borracho de Efran.
Y ese adorno glorioso de flores marchitas que se alza por encima del frtil valle, ser como los primeros higos de la temporada: que en cuanto alguien los ve y los tiene a la mano, se los come.
En ese da el Seor todopoderoso ser una corona gloriosa, un adorno magnfico para los que queden de su pueblo,
e inspirar justicia a los jueces en el tribunal y valor a los soldados que defiendan la ciudad.
Tambin hay otros que se tambalean por el vino y dan traspis por las bebidas fuertes: sacerdotes y profetas se tambalean por las bebidas fuertes, se atontan con el vino; dan traspis por las bebidas fuertes, se tambalean al tener visiones y estn borrachos al dictar sentencia.
Todas las mesas estn llenas de vmito asqueroso, y no hay un solo lugar limpio.
Hablan de m y dicen: "Venir a darnos lecciones a nosotros, a ensearnos lo que Dios ha revelado! Como si furamos nios chiquitos
que apenas estuvieran aprendiendo a leer: ba be bi bo bu!"
Pues bien, si no hacen caso, ser en lenguaje enredado, en idioma extrao, como Dios hablar a este pueblo.
Ya l les haba dicho antes: "Aqu est la calma, aqu est el descanso; que descanse el fatigado." Pero no quisieron hacerle caso.
Por eso el Seor les hablar como si fueran nios chiquitos que estuvieran aprendiendo a leer. Y as, al caminar, caern de espaldas, se herirn, caern en la trampa, quedarn atrapados.
Escuchen, pues, la palabra del Seor, hombres insolentes que gobiernan este pueblo de Jerusaln.
Ustedes dicen: "Hemos hecho un pacto con la muerte, un contrato con el reino de los muertos, para que cuando venga la terrible calamidad, no nos alcance; hemos buscado refugio en las mentiras, proteccin en el engao."
Por eso, el Seor dice: "Voy a poner en Sin una piedra, una piedra escogida y muy valiosa, que ser la piedra principal y servir de fundamento. El que tenga confianza, podr estar tranquilo.
En esa construccin usar por plomada la justicia y por nivel la rectitud." El refugio que ustedes haban buscado en las mentiras lo destruir el granizo, y el agua arrasar su lugar de proteccin.
Su pacto con la muerte ser anulado, y su contrato con el reino de los muertos quedar sin valor. Vendr la terrible calamidad y a ustedes los aplastar.
Cada vez que venga, los arrastrar. Vendr maana tras maana, de da y de noche. El solo or la noticia los har temblar.
Ser como acostarse en una cama estrecha y abrigarse con una manta corta.
El Seor actuar como en el monte Perasim, intervendr como en el valle de Gaban, para realizar su accin, por extraa que parezca, para llevar a cabo su obra, su obra misteriosa.
As pues, no ms insolencia!, no sea que sus cadenas se les aprieten ms; porque he odo que el Seor todopoderoso ha decretado la destruccin de todo el pas.
Pongan atencin, escuchen lo que digo, oigan con cuidado mis palabras:
Cuando un agricultor va a sembrar, no se pasa todo el tiempo arando o rompiendo o rastrillando su terreno.
No es verdad que, despus de haberlo aplanado, esparce semillas de eneldo o comino, y que luego siembra trigo en hileras, y que en los bordes siembra cebada y centeno?
Dios le ensea cmo debe hacerlo.
Porque el eneldo no se trilla, ni se hace rodar sobre el comino una carreta; sino que el eneldo se sacude con un palo y el comino con una vara.
El trigo se trilla, si, pero no sin parar; se hacen pasar las ruedas de la carreta y se separa el grano, pero sin machacarlo.
As tambin hace sus planes el Seor todopoderoso. l tiene planes admirables, y los lleva a cabo con gran sabidura.
Ay de Ariel, Ariel, la ciudad donde acamp David! Que pasen unos cuantos aos con sus series de fiestas,
y yo pondr a Ariel en apuros, y habr llanto y gemidos. La ciudad ser para m realmente como Ariel.
Enviar mi ejrcito para que te rodee, pondr un cerco de fortalezas en tu derredor y levantar trincheras para atacarte.
Quedars humillada, tendida en el suelo; tu voz parecer la de un fantasma; tus palabras sonarn como un susurro.
Pero de repente, en un instante, el Seor todopoderoso castigar a tus enemigos con truenos, terremotos, gran estruendo, tormenta, tempestad e incendios destructores.
Tus innumerables enemigos quedarn hechos polvo fino, tus muchos perseguidores sern arrastrados como paja.
Todos esos pueblos incontables que hacen la guerra a Ariel, todos los que lo combaten y atacan sus fortificaciones, los mismos que lo oprimen, sern como un sueo o una visin nocturna.
Ser como cuando un hambriento suea y cree que est comiendo, pero luego se despierta con el estmago vaco; o como cuando un sediento suea y cree que est bebiendo, pero luego se despierta con sed y con la garganta reseca. As suceder con todos esos innumerables pueblos que atacan el monte Sin.
Sigan ustedes siendo estpidos! Sigan siendo ciegos, sin ver nada! Sigan tambalendose como borrachos, aunque no hayan tomado bebidas embriagantes!
Pues el Seor ha enviado sobre ustedes un sueo profundo. Los profetas son los ojos del pueblo, pero el Seor los ha cubierto con un velo.
Toda visin se ha convertido para ustedes en algo as como lo escrito en un pliego enrollado y sellado. Si alguien se lo da a uno que sabe leer y le dice: "Lee esto", l responder: "No puedo, porque est sellado."
Y si se lo da a uno que no sabe leer y le dice: "Lee esto", l responder: "No s leer."
El Seor me dijo: "Este pueblo me sirve de palabra y me honra con la boca, pero su corazn est lejos de m, y el culto que me rinde son cosas inventadas por los hombres y aprendidas de memoria.
Por eso, con prodigios y milagros dejar otra vez maravillado a este pueblo. La sabidura de sus sabios y la inteligencia de sus inteligentes desaparecern."
Ay de aquellos que se esconden del Seor para ocultar sus planes, que hacen sus maldades en la sombra y dicen: "Nadie nos ve. Nadie se da cuenta"!
Qu modo de pervertir las cosas! Como si el barro fuera igual a aquel que lo trabaja. Un objeto no va a decir al que lo hizo: "T no me hiciste", ni una pieza de barro al que la fabrica: "No sabes lo que ests haciendo."
Dentro de poco tiempo el bosque se convertir en campos de cultivo y los campos de cultivo parecern un bosque.
En ese da los sordos podrn or cuando alguien les lea, y los ciegos podrn ver, libres de oscuridad y de tinieblas.
Los humildes volvern a alegrarse en el Seor, los ms pobres se gozarn en el Dios Santo de Israel.
Se acabarn los insolentes, dejarn de existir los arrogantes y desaparecern los que solo piensan en hacer el mal,
esos que acusan de crmenes a otros, y ponen trampas al juez, y con engaos niegan justicia al inocente.
Por eso, el Seor, el Dios de Israel, el que rescat a Abraham, dice: "De ahora en adelante Jacob no sentir vergenza, ni su rostro se enrojecer,
porque cuando sus descendientes vean lo que he hecho en su pueblo, reconocern mi santidad y me temern a m, el Dios Santo de Israel.
Los que estaban confundidos aprendern a ser sabios, y los murmuradores aceptarn las enseanzas."
El Seor afirma: "Ay de los hijos rebeldes, que hacen planes sin contar conmigo y preparan proyectos que yo no les inspiro, de manera que amontonan pecado sobre pecado!
Se van a toda prisa a Egipto, y a m no me consultan; buscan apoyo bajo la proteccin del faran, se refugian bajo la sombra de Egipto.
Pero la proteccin del faran los defraudar, y el refugio a la sombra de Egipto ser su humillacin.
Aunque ustedes hayan enviado embajadores hasta las ciudades de Soan y de Hans,
todos quedarn defraudados por esa nacin intil, que no les trae ayuda ni provecho, sino solo desilusin y desgracia."
Profeca acerca de los animales del Ngueb: Por territorio lleno de peligros, habitado por leones que rugen, por vboras y dragones voladores, llevan sus tesoros y riquezas a lomo de burro y de camello a Egipto, pueblo intil,
impotente, incapaz de ayudar. Por eso le he puesto este nombre: "Monstruo que ruge y no hace nada".
Ven ahora y escrbelo en una tabla, ponlo en una inscripcin que quede ah para el futuro, como testimonio eterno.
Esta gente es un pueblo rebelde, infiel, que no quiere escuchar las enseanzas del Seor.
A los videntes dicen: "No tengan visiones", y a los profetas: "No nos cuenten revelaciones verdaderas; hblennos palabras suaves; no nos quiten nuestras ilusiones.
Aprtense del camino, desvense del sendero recto, no nos pongan delante al Dios Santo de Israel."
Por eso, el Dios Santo de Israel dice: "Ustedes rechazan esta advertencia, y confan en la violencia y la maldad, y se apoyan en ellas;
por eso, ustedes son culpables. Parecen un alto muro agrietado que cuando menos se piensa se derrumba;
sern destruidos como un jarrn de barro, que se quiebra tan completamente que no queda entre los pedazos rotos ni uno que sirva para recoger las brasas del fogn o para sacar agua de un pozo."
El Seor, el Dios Santo de Israel, dice: "Vuelvan, qudense tranquilos y estarn a salvo. En la tranquilidad y la confianza estar su fuerza." Pero ustedes no quisieron,
sino que dijeron: "No, mejor huiremos a caballo." Bueno, as tendrn que huir. Tambin dijeron: "Montaremos en carros veloces." Bueno, veloces sern los que los persigan.
Mil huirn amenazados por un solo hombre, y todos ustedes huirn amenazados por cinco, hasta que queden tan pocos como queda un palo en la cumbre de un monte o una seal levantada sobre una colina.
Pero el Seor los espera, para tener compasin de ustedes; l est ansioso por mostrarles su amor, porque el Seor es un Dios de justicia. Dichosos todos los que esperan en l!
Pueblo de Sin, que vives en Jerusaln: ya no llorars ms. El Seor tendr compasin de ti al or que gritas pidiendo ayuda, y apenas te oiga, te responder.
Y aunque el Seor te d el pan del sufrimiento y el agua de la afliccin, l, que es tu maestro, no se esconder ms; con tus propios ojos lo vers.
Y si te desvas a la derecha o a la izquierda, oirs una voz detrs de ti, que te dir: "Por aqu es el camino, vayan por aqu."
Y despreciars como cosas impuras tus imgenes de plata y tus dolos recubiertos de oro. Los rechazars como algo impuro y los considerars como basura.
El Seor te dar lluvia para la semilla que siembres en la tierra, y la tierra producir trigo abundante y frtil. En ese da tu ganado tendr lugar en abundancia para pastar.
Hasta los bueyes y los burros que trabajan en tus campos tendrn para comer el mejor y ms exquisito forraje.
Cuando llegue el da de la gran matanza y caigan las fortalezas, habr ros y torrentes de agua en todas las altas montaas y en las colinas elevadas.
El Seor curar y vendar las heridas de su pueblo. Entonces la luna alumbrar como el sol, y la luz del sol ser siete veces ms fuerte, como la luz de siete soles juntos.
Miren, el Seor en persona viene de lejos; su furor est ardiendo con espesa humareda, sus labios estn llenos de ira, su lengua es como fuego destructor,
su aliento es como un ro desbordado que llega hasta el cuello; l viene a poner un yugo a las naciones para llevarlas a la ruina, a poner un freno en la boca de los pueblos para hacerlos extraviar.
Para ustedes, en cambio, habr cantos, como en noche de fiesta sagrada; su corazn estar alegre, como el de quien camina al son de la flauta para ir al monte del Seor, al refugio de Israel.
El Seor dejar or su voz majestuosa y mostrar su poder, que actuar con ira terrible, con las llamas de un fuego devorador, con rayos, aguacero y granizo.
Al or la voz del Seor y recibir su castigo, Asiria se llenar de terror,
y a cada golpe que descargue el Seor sobre ella, sonarn tambores y arpas. El Seor le har una guerra terrible.
Desde hace mucho tiempo est preparado para Asiria y para su rey el lugar del tormento, ancho y profundo, una hoguera encendida con lea abundante. La encender el soplo del Seor, como un torrente de azufre.
Ay de los que van a Egipto a buscar ayuda, de los que confan en los caballos, de los que ponen su confianza en que tienen muchos carros y en que es muy numerosa su caballera, y no vuelven la vista al Dios Santo de Israel, no buscan al Seor!
Pero l tambin es hbil y sabe causar desgracias, y cuando dice una cosa, no se vuelve atrs. l actuar contra la gente malvada, contra los que ayudan a los malhechores.
Los egipcios son hombres, no dioses; sus caballos son de carne, no espritus. El Seor extender su mano para castigarlos, y tanto el protector como el protegido caern; todos perecern a la vez.
El Seor me dijo: "As como un len que ha matado una oveja no se deja asustar por los pastores, aunque todos ellos se renan y traten de asustarlo con sus gritos, as vendr el Seor todopoderoso a defender a su pueblo en el monte Sin.
Como el ave que protege su nido volando encima de l, as proteger el Seor todopoderoso a Jerusaln; la cuidar, la salvar, la defender, la librar."
Hijos de Israel, vuelvan a aquel a quien han ofendido tan gravemente.
Porque el da en que todos ustedes rechacen los dolos de oro y de plata que han hecho con sus manos culpables,
Asiria caer a filo de espada, pero no por un poder humano. La guerra har huir a su gente, y a sus jvenes guerreros los harn esclavos;
a causa del miedo, su rey saldr corriendo y sus capitanes desertarn de su bandera. Esto lo afirma el Seor, que en Jerusaln tiene una hoguera para castigar a sus enemigos.
Habr un rey que reinar con rectitud y gobernantes que gobernarn con justicia.
Cada uno de ellos ser como refugio contra el viento y proteccin contra la tempestad, como canales de riego en tierra seca, como la sombra de una gran roca en el desierto.
Tendrn los ojos bien abiertos y estarn dispuestos a escuchar con atencin;
no actuarn con precipitacin sino con prudencia, y dirn las cosas con toda claridad.
La gente no llamar noble al canalla ni tratar al pcaro como persona de importancia.
Porque el canalla habla como canalla y en su mente hace planes malvados; busca cometer el crimen y habla mentiras contra el Seor; deja ir con las manos vacas al hambriento y no da de beber al que tiene sed.
El que es pcaro se vale de artimaas y trama cosas infames; perjudica con mentiras a los pobres y al necesitado que pide justicia.
En cambio, el que es noble tiene planes nobles, y en esos planes se mantiene firme.
Y ustedes, mujeres despreocupadas, oigan lo que les voy a decir. Mujeres confiadas, escuchen mis palabras.
Ahora estn confiadas, pero dentro de poco ms de un ao se estremecern, porque se terminar la cosecha y no recogern ms uvas.
Ustedes que viven despreocupadas, tiemblen; ustedes que se sienten confiadas, estremzcanse, qutense esos vestidos y pnganse ropas speras en seal de dolor.
Hagan demostraciones de dolor por los campos risueos y los frtiles viedos.
Espinos y matorrales crecern en mi pas, en toda casa alegre de la ciudad amiga de las diversiones.
El palacio estar abandonado; la ciudad, tan poblada, quedar desierta; las fortificaciones, abandonadas para siempre; all vivirn contentos los asnos salvajes, y podr comer el ganado.
Pero el poder creador del Seor vendr de nuevo sobre nosotros, y el desierto se convertir en tierra de cultivo, y la tierra de cultivo ser mucho ms frtil.
La rectitud y la justicia reinarn en todos los lugares del pas.
La justicia producir paz, tranquilidad y confianza para siempre.
Mi pueblo vivir en un lugar pacfico, en habitaciones seguras, en residencias tranquilas,
aunque el bosque sea talado y humillada la ciudad.
Ustedes vivirn felices, con riego abundante para sus sembrados y pastos seguros para el burro y el buey.
Ay de ti, destructor no destruido; traidor no traicionado! Cuando acabes de destruir, sers destruido, cuando acabes de traicionar, sers traicionado.
Seor, ten compasin de nosotros, que esperamos en ti. S nuestro apoyo todas las maanas, nuestra salvacin en tiempos de dificultad.
Al or tus amenazas huyen los pueblos, cuando t intervienes se dispersan las naciones;
sus enemigos, como nube de langostas, se lanzan sobre ellos y les quitan sus riquezas.
El Seor es soberano, pues vive en el cielo; l ha llenado a Sin de rectitud y justicia,
y siempre le dar seguridad. La sabidura y el conocimiento son un tesoro que salva; el temor del Seor es una riqueza.
Oye cmo gritan los valientes en la calle y cmo lloran los enviados a negociar la paz!
Los caminos estn desiertos, nadie transita por ellos. Se rompen las alianzas y los convenios; no hay respeto para nadie.
La tierra est de luto y triste, el Lbano se marchita avergonzado, el valle de Sarn se ha convertido en un desierto, Basn y el monte Carmelo estn pelados.
El Seor dice: "Ahora voy a actuar; ahora voy a mostrar toda mi grandeza y majestad.
Los planes y las obras de ustedes son paja y basura; mi soplo los devorar como un incendio.
Los pueblos sern reducidos a cenizas; como espinos cortados ardern en el fuego.
Los que estn lejos escuchen lo que he hecho, y los que estn cerca reconozcan mi poder."
En Sin tiemblan los pecadores, y los impos se llenan de terror y dicen: "Quin de nosotros puede vivir en un fuego destructor, en una hoguera eterna?"
El que procede rectamente y dice la verdad, el que no se enriquece abusando de la fuerza ni se deja comprar con regalos, el que no hace caso a sugerencias criminales y cierra los ojos para no fijarse en el mal,
ese vivir seguro, tendr su refugio en una fortaleza de rocas, siempre tendr pan y el agua no le faltar.
De nuevo vers al rey en su esplendor; las fronteras del pas llegarn hasta muy lejos.
Al recordar el miedo en que vivas, dirs: "Dnde est el que contaba los impuestos? Dnde est el que comprobaba el peso? Dnde est el que contaba las torres?"
Ya no vivirs entre un pueblo insolente, de lengua difcil de entender, de idioma enredado, que nadie comprende.
Mira a Sin, la ciudad de nuestras fiestas; dirige tus ojos a Jerusaln, ciudad segura; ser como un campamento firme, cuyas estacas no se arrancarn ni se rompern sus cuerdas.
Ah se muestra glorioso el Seor con nosotros. Es un lugar de ros, de corrientes muy anchas, pero no lo invadirn los enemigos con sus barcos de remo y sus naves poderosas.
Las cuerdas de esas naves no pueden sostener el mstil; la vela no se puede extender. Arrebataremos tantas riquezas a los enemigos, que hasta el ciego recibir su parte y los lisiados se dedicarn al saqueo.
Porque el Seor es nuestro juez, nuestro legislador y nuestro rey, y l nos salvar.
Ningn habitante dir: "Estoy enfermo." Dios perdonar los pecados a los habitantes de Sin.
Acrquense, pueblos, a escuchar; naciones, presten atencin. Que escuche la tierra y lo que hay en ella, el mundo y todo lo que l produce.
Porque el Seor est enojado con las naciones y con todos sus ejrcitos, y los ha condenado a destruccin y muerte.
Los muertos sern abandonados, el mal olor se levantar de los cadveres y ros de sangre corrern por las montaas.
Todos los astros del cielo se desintegrarn, el cielo se envolver como un rollo y todas las estrellas se apagarn, como se marchita y cae una hoja desprendida de una vid o de una higuera.
S, la espada del Seor aparece en el cielo y va a caer sobre Edom, pueblo condenado a muerte.
La espada del Seor se cubrir de sangre y de grasa, como cuando se matan corderos y cabras en los sacrificios. El Seor va a hacer un sacrificio en Bosr, una gran matanza en Edom.
Y caern como los bfalos, los becerros y los toros; su tierra se empapar de sangre, y el polvo se llenar de grasa.
S, ser el da de la venganza del Seor, el ao del desquite, para la causa de Sin.
Los arroyos de Edom se convertirn en brea, su polvo en azufre; la tierra arder como brea.
No se apagar ni de da ni de noche; siempre se levantar su humareda. Por siglos y siglos quedar abandonada; nadie volver a pasar jams por all.
All se instalarn el bho y el mochuelo, y harn sus nidos el cuervo y la lechuza. El Seor convertir ese pas en desierto y soledad.
No volver a tener un rey que lo gobierne; todos sus jefes desaparecern.
En sus palacios crecern espinos, y ortigas y cardos en sus fortalezas. Ser un lugar donde vivan los chacales y se refugien los avestruces.
Los gatos monteses harn compaa a los chacales, las cabras se llamarn unas a otras. All habitar el fantasma que espanta de noche, y encontrar sitio para descansar.
All el bho har su nido, pondr sus huevos y sacar sus cras, y las reunir para protegerlas. All tambin se reunirn los gavilanes, cada macho con su hembra.
Consulten el libro del Seor y lean: No faltar ni uno solo de esos animales, y a ninguno le faltar su hembra, porque el Seor mismo lo ha dispuesto y con su soplo los reunir.
A cada uno le ha sealado su lugar, con su mano le ha asignado su territorio, y lo ocuparn por siempre; por siglos y siglos vivirn all.
Que se alegre el desierto, tierra seca; que se llene de alegra, que florezca,
que produzca flores como el lirio, que se llene de gozo y alegra. Dios lo va a hacer tan bello como el Lbano, tan frtil como el Carmelo y el valle de Sarn. Todos vern la gloria del Seor, la majestad de nuestro Dios.
Fortalezcan a los dbiles, den valor a los cansados,
digan a los tmidos: "nimo, no tengan miedo! Aqu est su Dios para salvarlos, y a sus enemigos los castigar como merecen!"
Entonces los ciegos vern y los sordos oirn;
los lisiados saltarn como venados y los mudos gritarn. En el desierto, tierra seca, brotar el agua a torrentes.
El desierto ser un lago, la tierra seca se llenar de manantiales. Donde ahora viven los chacales, crecern caas y juncos.
Y habr all una calzada que se llamar "el camino sagrado". Los que no estn purificados no podrn pasar por l; los necios no andarn por l.
All no habr leones ni se acercarn las fieras. Por ese camino volvern los libertados,
los que el Seor ha redimido; entrarn en Sin con cantos de alegra, y siempre vivirn alegres. Hallarn felicidad y dicha, y desaparecern el llanto y el dolor.
En el ao catorce del reinado de Ezequas, Senaquerib, rey de Asiria, atac a todas las ciudades fortificadas de Jud y las tom.
Desde Laquis envi a un alto oficial, con un poderoso ejrcito, a ver al rey Ezequas en Jerusaln, y se colocaron junto al canal del estanque superior, en el camino que va al campo del Lavador de Paos.
All salieron a su encuentro Eliaquim, hijo de Hilquas, que era mayordomo de palacio; el cronista Sebn; y Joah, hijo de Asaf, el secretario del rey.
El oficial asirio les dijo: -Comuniquen a Ezequas este mensaje del gran rey, el rey de Asiria: 'De qu te sientes tan seguro?
Piensas acaso que las palabras bonitas valen lo mismo que la tctica y la fuerza para hacer la guerra? En quin confas para rebelarte contra m?
Veo que confas en el apoyo de Egipto. Pues bien, Egipto es una caa astillada, que si uno se apoya en ella, se le clava y le atraviesa la mano. Eso es el faran, rey de Egipto, para todos los que confan en l.
Y si me dices: Nosotros confiamos en el Seor nuestro Dios, acaso no suprimi Ezequas los lugares de culto y los altares de ese Dios, y orden que la gente de Jud y Jerusaln le diera culto solamente en un altar?
Haz un trato con mi amo, el rey de Asiria: yo te doy dos mil caballos, si consigues jinetes para ellos.
T no eres capaz de hacer huir ni al ms insignificante de los oficiales asirios, y esperas conseguir jinetes y caballos en Egipto?
Adems, crees que yo he venido a atacar y destruir este pas sin contar con el Seor? l fue quien me orden atacarlo y destruirlo!'
Eliaquim, Sebn y Joah respondieron al oficial asirio: -Por favor, hblenos usted en arameo, pues nosotros lo entendemos. No nos hable usted en hebreo, pues toda la gente que hay en la muralla est escuchando.
Pero el oficial asirio dijo: -No fue a tu amo, ni a ustedes, a quienes el rey de Asiria me mand que dijera esto. Fue precisamente a la gente que est sobre la muralla, pues ellos, lo mismo que ustedes, tendrn que comerse su propio estircol y beberse sus propios orines.
Entonces el oficial, de pie, grit bien fuerte en hebreo: -Oigan lo que les dice el gran rey, el rey de Asiria:
'No se dejen engaar por Ezequas; l no puede salvarlos.'
Si Ezequas quiere convencerlos de que confen en el Seor, y les dice: 'El Seor ciertamente nos salvar; l no permitir que esta ciudad caiga en poder del rey de Asiria',
no le hagan caso. El rey de Asiria me manda a decirles que hagan las paces con l, y que se rindan, y as cada uno podr comer del producto de su viedo y de su higuera y beber el agua de su propia cisterna.
Despus los llevar a un pas parecido al de ustedes, un pas de trigales y viedos, para hacer pan y vino.
Si Ezequas les dice que el Seor los va a salvar, no se dejen engaar por l. Acaso alguno de los dioses de los otros pueblos pudo salvar a su pas del poder del rey de Asiria?
Dnde estn los dioses de Hamat y de Arpad? Dnde estn los dioses de Sefarvaim? Acaso pudieron salvar del poder de Asiria a Samaria?
Cul de todos los dioses de esos pases pudo salvar a su nacin del poder del rey de Asiria? Por qu piensan que el Seor puede salvar a Jerusaln?
Ellos se quedaron callados y no le respondieron ni una palabra, porque el rey haba ordenado que no respondieran nada.
Entonces, afligidos, Eliaquim, mayordomo de palacio; Sebn, cronista; y Joah, secretario del rey, se rasgaron la ropa y se fueron a ver a Ezequas para contarle lo que haba dicho el comandante asirio.
Cuando el rey Ezequas oy esto, se rasg sus vestiduras, se puso ropas speras en seal de dolor y se fue al templo del Seor.
Y envi a Eliaquim, mayordomo de palacio, al cronista Sebn y a los sacerdotes ms ancianos, con ropas speras en seal de dolor, a ver al profeta Isaas, hijo de Ams,
y a decirle de parte del rey: "Hoy estamos en una situacin de angustia, castigo y humillacin; como una mujer que, a punto de dar a luz, se quedara sin fuerzas.
Ojal el Seor tu Dios haya odo las palabras del oficial enviado por su amo, el rey de Asiria, para insultar al Dios viviente, y ojal lo castigue por las cosas que el Seor mismo, tu Dios, habr odo. Ofrece, pues, una oracin por los que an quedan."
Los funcionarios del rey Ezequas fueron a ver a Isaas,
e Isaas les encarg que respondieran a su amo: "El Seor dice: 'No tengas miedo de esas palabras ofensivas que dijeron contra m los criados del rey de Asiria.
Mira, yo voy a hacer que llegue a l un rumor que lo obligue a volver a su pas, y all lo har morir asesinado.' "
El oficial asirio se enter de que el rey de Asiria se haba ido de la ciudad de Laquis. Entonces se fue de Jerusaln, y encontr al rey de Asiria atacando a Libn.
All el rey de Asiria oy decir que el rey Tirhaca de Etiopa haba emprendido una campaa militar contra l. Una vez ms, el rey de Asiria envi embajadores al rey Ezequas de Jud, a decirle:
"Tu Dios, en el que t confas, te asegura que Jerusaln no caer en mi poder; pero no te dejes engaar por l.
T has odo lo que han hecho los reyes de Asiria con todos los pases que han querido destruir. Y te vas a salvar t?
Acaso los dioses salvaron a los otros pueblos que mis antepasados destruyeron: a Gozn, a Harn, a Rsef, y a la gente de Bet-edn que viva en Telasar?
Dnde estn los reyes de Hamat, de Arpad, de Sefarvaim, de Hen y de Iv?"
Ezequas tom la carta que le entregaron los embajadores, y la ley. Luego se fue al templo y, extendiendo la carta delante del Seor,
or as:
"Seor todopoderoso, Dios de Israel, que tienes tu trono sobre los querubines, t solo eres Dios de todos los reinos de la tierra; t creaste el cielo y la tierra.
Pon atencin, Seor, y escucha. Abre tus ojos, Seor, y mira. Escucha las palabras que Senaquerib mand decirme, palabras todas ellas ofensivas contra ti, el Dios viviente.
Es cierto, Seor, que los reyes de Asiria han destruido todas las naciones y sus tierras,
y que han echado al fuego sus dioses, porque en realidad no eran dioses, sino objetos de madera o de piedra hechos por el hombre. Por eso los destruyeron.
Ahora pues, Seor y Dios nuestro, slvanos de su poder, para que todas las naciones de la tierra sepan que t, Seor, eres el nico Dios."
Entonces Isaas mand a decir a Ezequas: "Esto dice el Seor, Dios de Israel: 'Yo he escuchado la oracin que me hiciste acerca de Senaquerib, rey de Asiria.' "
Estas son las palabras que dijo el Seor acerca del rey de Asiria: "La ciudad de Sin, como una muchacha, se re de ti, Senaquerib. Jerusaln mueve burlonamente la cabeza cuando t te retiras.
A quin has ofendido e insultado? Contra quin alzaste la voz y levantaste los ojos altaneramente? Contra el Dios Santo de Israel!
Por medio de tus funcionarios insultaste al Seor. Dijiste: 'Con mis innumerables carros de guerra sub a las cumbres de los montes, a lo ms empinado del Lbano. Cort sus cedros ms altos, sus pinos ms bellos. Alcanc sus cumbres ms altas, y sus bosques, que parecen jardines.
En tierras extraas cav pozos y beb de esa agua, y con las plantas de mis pies sequ todos los ros de Egipto.'
Pero no sabas que soy yo, el Seor, quien ha dispuesto todas estas cosas? Desde tiempos antiguos lo haba planeado, y ahora lo he realizado; por eso t destruyes ciudades fortificadas y las conviertes en montones de ruinas.
Sus habitantes, impotentes, llenos de miedo y vergenza, han sido como hierba del campo, como pasto verde, como hierba que crece en los tejados y que es quemada por el viento del este.
Yo conozco todos tus movimientos y todas tus acciones; yo s que te has enfurecido contra m.
Y como conozco tu furia y tu arrogancia, voy a ponerte una argolla en la nariz, un freno en la boca, y te har volver por el camino por donde viniste."
Isaas dijo entonces a Ezequas: "Esta ser una seal de lo que va a suceder: este ao y el siguiente comern ustedes el trigo que nace por s solo, pero al tercer ao podrn sembrar y cosechar, plantar viedos y comer de sus frutos.
Los sobrevivientes de Jud sern como plantas: echarn races y producirn fruto,
porque un resto quedar en Jerusaln; en el monte Sin habr sobrevivientes. Esto lo har el ardiente amor del Seor todopoderoso.
"Acerca del rey de Asiria dice el Seor: 'No entrar en Jerusaln, no le disparar ni una flecha, no la atacar con escudos ni construir una rampa a su alrededor.
Por el mismo camino por donde vino, se volver; no entrar en esta ciudad. Yo, el Seor, doy mi palabra.
Yo proteger esta ciudad y la salvar, por consideracin a mi siervo David y a m mismo.' "
Y el ngel del Seor fue y mat a ciento ochenta y cinco mil hombres del campamento asirio; al da siguiente, todos amanecieron muertos.
Entonces Senaquerib, rey de Asiria, levant el campamento y regres a Nnive.
Y un da, cuando estaba adorando en el templo de Nisroc, su dios, sus hijos Adramlec y Sarzer fueron y lo asesinaron, y huyeron a la regin de Ararat. Despus rein en su lugar su hijo Esarhadn.
Por aquel tiempo Ezequas cay gravemente enfermo, y el profeta Isaas, hijo de Ams, fue a verlo y le dijo: -El Seor dice: 'Da tus ltimas instrucciones a tu familia, porque vas a morir. No te curars.'
Ezequas volvi la cara hacia la pared y or as al Seor:
"Yo te suplico, Seor, que te acuerdes de cmo te he servido fiel y sinceramente, haciendo lo que te agrada." Y llor amargamente.
El Seor orden a Isaas
que fuera y le dijera a Ezequas: "El Seor, Dios de tu antepasado David, dice: 'Yo he escuchado tu oracin y he visto tus lgrimas. Voy a darte quince aos ms de vida.
A ti y a Jerusaln los librar del rey de Asiria. Yo proteger esta ciudad.' "
Isaas respondi: -Esta es la seal que el Seor te dar en prueba de que te cumplir su promesa:
En el reloj de sol de Ahaz voy a hacer que la sombra del sol retroceda las diez gradas que ya ha bajado. Y la sombra del sol retrocedi las diez gradas que ya haba bajado.
Cuando el rey Ezequas de Jud san de su enfermedad, compuso este salmo:
Yo haba pensado: En lo mejor de mi vida tendr que irme; se me ordena ir al reino de la muerte por el resto de mis das.
Yo pens: Ya no ver ms al Seor en esta tierra, no volver a mirar a nadie de los que viven en el mundo.
Deshacen mi habitacin, me la quitan, como tienda de pastores. Mi vida era cual la tela de un tejedor, que es cortada del telar. De da y de noche me haces sufrir.
Grito de dolor toda la noche, como si un len estuviera quebrndome los huesos. De da y de noche me haces sufrir.
Me quejo suavemente como las golondrinas, gimo como las palomas. Mis ojos se cansan de mirar al cielo. Seor, estoy oprimido, responde t por m!
Pero qu podr yo decirle, si l fue quien lo hizo? El sueo se me ha ido por la amargura de mi alma.
Aquellos a quienes el Seor protege, vivirn, y con todos ellos vivir yo. T me has dado la salud, me has devuelto la vida.
Mira, en vez de amargura, ahora tengo paz. T has preservado mi vida de la fosa destructora, porque has perdonado todos mis pecados.
Quienes estn en el sepulcro no pueden alabarte, los muertos no pueden darte gloria, los que bajan a la fosa no pueden esperar tu fidelidad.
Solo los que viven pueden alabarte, como hoy lo hago yo. Los padres hablan a sus hijos de tu fidelidad.
El Seor est aqu para salvarme. Toquemos nuestras arpas y cantemos todos los das de nuestra vida en el templo del Seor.
Isaas mand hacer una pasta de higos para que se la aplicaran al rey en la parte enferma, y el rey se cur.
Entonces Ezequas pregunt a Isaas: -Por medio de qu seal voy a darme cuenta de que puedo ir al templo del Seor?
Por aquel tiempo el rey Merodac-baladn, hijo de Baladn, rey de Babilonia, oy decir que Ezequas haba estado enfermo pero que ya haba recobrado la salud, y por medio de unos mensajeros le envi cartas y un regalo.
Ezequas se alegr de su llegada y les mostr su tesoro, la plata y el oro, los perfumes, el aceite fino y su depsito de armas, y todo lo que se encontraba en sus depsitos. No hubo nada en su palacio ni en todo su reino que no les mostrara.
Entonces fue el profeta Isaas a ver al rey Ezequas, y le pregunt: -De dnde vinieron esos hombres, y qu te dijeron? Ezequas respondi: -Vinieron de un pas lejano; vinieron de Babilonia.
Isaas le pregunt: -Y qu vieron en tu palacio? Ezequas contest: -Vieron todo lo que hay en l. No hubo nada en mis depsitos que yo no les mostrara.
Isaas dijo entonces a Ezequas: -Escucha este mensaje del Seor todopoderoso:
'Van a venir das en que todo lo que hay en tu palacio y todo lo que juntaron tus antepasados hasta el da de hoy, ser llevado a Babilonia. No quedar aqu nada.
Aun a algunos de tus propios descendientes se los llevarn a Babilonia, los castrarn y los pondrn como criados en el palacio del rey.'
Ezequas, pensando que al menos durante su vida habra paz y seguridad, respondi a Isaas: -El mensaje que me has trado de parte del Seor es favorable.
El Dios de ustedes dice: "Consuelen, consuelen a mi pueblo;
hablen con cario a Jerusaln y dganle que su esclavitud ha terminado, que ya ha pagado por sus faltas, que ya ha recibido de mi mano el doble del castigo por todos sus pecados."
Una voz grita: "Preparen al Seor un camino en el desierto, tracen para nuestro Dios una calzada recta en la regin estril.
Rellenen todas las caadas, allanen los cerros y las colinas, conviertan la regin quebrada y montaosa en llanura completamente lisa.
Entonces mostrar el Seor su gloria, y todos los hombres juntos la vern. El Seor mismo lo ha dicho."
Una voz dice: "Grita", y yo pregunto: "Qu debo gritar?" "Que todo hombre es como hierba, tan firme como una flor del campo!
La hierba se seca y la flor se marchita cuando el soplo del Seor pasa sobre ellas. Ciertamente la gente es como hierba.
La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece firme para siempre."
Sbete, Sin, a la cumbre de un monte, levanta con fuerza tu voz para anunciar una buena noticia. Levanta sin miedo la voz, Jerusaln, y anuncia a las ciudades de Jud: "Aqu est el Dios de ustedes!"
Llega ya el Seor con poder, sometindolo todo con la fuerza de su brazo. Trae a su pueblo despus de haberlo rescatado.
Viene como un pastor que cuida su rebao; levanta los corderos en sus brazos, los lleva junto al pecho y atiende con cuidado a las recin paridas.
Quin ha medido el ocano con la palma de la mano, o calculado con los dedos la extensin del cielo? Quin ha puesto en una medida todo el polvo de la tierra, o ha pesado en balanza las colinas y montaas?
Quin ha corregido al Seor o quin le ha dado instrucciones?
Quin le dio consejos y entendimiento? Quin le ense a juzgar con rectitud? Quin lo instruy en la ciencia? Quin le dio lecciones de sabidura?
Para l las naciones son como una gota de agua, como un grano de polvo en la balanza; los pases del mar valen lo que un grano de arena.
En todo el Lbano no hay animales suficientes para ofrecerle un holocausto, ni lea suficiente para el fuego.
Todas las naciones no son nada en su presencia; para l no tienen absolutamente ningn valor.
Con quin van ustedes a comparar a Dios? Con qu imagen van a representarlo?
Un escultor funde una estatua, y un joyero la recubre de oro y le hace cadenas de plata.
El que fabrica una estatua escoge madera que no se pudra, y busca un hbil artesano que la afirme, para que no se caiga.
Acaso no lo saban ustedes? No lo haban odo decir? No se lo contaron desde el principio? No lo han comprendido desde la creacin del mundo?
Dios tiene su trono sobre la bveda que cubre la tierra, y ve a los hombres como si fueran saltamontes. l extiende el cielo como un toldo, lo despliega como una tienda de campaa.
l convierte en nada a los grandes hombres y hace desaparecer a los jefes de la tierra.
Son como plantas tiernas, recin plantadas, que apenas han echado races en la tierra. Si Dios sopla sobre ellos, se marchitan, y el huracn se los lleva como a paja.
El Dios Santo pregunta: "Con quin me van a comparar ustedes? Quin puede ser igual a m?"
Levanten los ojos al cielo y miren: Quin cre todo eso? El que los distribuye uno por uno y a todos llama por su nombre. Tan grande es su poder y su fuerza que ninguno de ellos falta.
Israel, pueblo de Jacob, por qu te quejas? Por qu dices: "El Seor no se da cuenta de mi situacin; Dios no se interesa por m"?
Acaso no lo sabes? No lo has odo? El Seor, el Dios eterno, el creador del mundo entero, no se fatiga ni se cansa; su inteligencia es infinita.
l da fuerzas al cansado, y al dbil le aumenta su vigor.
Hasta los jvenes pueden cansarse y fatigarse, hasta los ms fuertes llegan a caer,
pero los que confan en el Seor tendrn siempre nuevas fuerzas y podrn volar como las guilas; podrn correr sin cansarse y caminar sin fatigarse.
"Callen ante m, pases del mar. Naciones, rmense de todo su valor. Vengan, para que hablemos de este asunto; vamos a reunirnos para discutirlo.
Quin fue el que hizo aparecer en el oriente a ese rey que siempre sale victorioso? Quin le entrega las naciones y hace que los reyes se le humillen, para que con su espada y su arco los triture y los disperse como a paja?
Quin hace que los persiga y que avance tranquilo como si no tocara el camino con los pies?
Quin ha realizado esta obra? Quin, desde el principio, ha ordenado el curso de la historia? Yo, el Seor, el nico Dios, el primero y el ltimo.
Los pases del mar lo vieron y se llenaron de miedo; la tierra tembl de un extremo a otro. Ya se acercan, ya vienen."
Cada artesano ayuda y anima a su compaero.
El escultor anima al joyero; el que martilla anima al que golpea el yunque, y dice si la soldadura es buena, y luego asegura la estatua con clavos para que no se tambalee.
"Escucha, Israel, pueblo de Jacob, mi siervo, a quien yo he elegido, pueblo descendiente de mi amigo Abraham:
Yo te saqu del extremo de la tierra, te llam desde el rincn ms alejado y te dije: 'T eres mi siervo.' Yo te eleg y no te he rechazado.
No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas, pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa.
Todos los que te odian quedarn avergonzados y humillados; los que luchan contra ti quedarn completamente exterminados.
Buscars a tus enemigos y no los encontrars; los que te hacen la guerra sern como si no existieran.
Porque yo, el Seor tu Dios, te he tomado de la mano; yo te he dicho: 'No tengas miedo, yo te ayudo.' "
El Seor afirma: "Israel, pueblo de Jacob, por pequeo y dbil que seas, no tengas miedo; yo te ayudo. Yo, el Dios Santo de Israel, soy tu redentor.
Har de ti un instrumento de trillar, nuevo y con buenos dientes; trillars los montes, los hars polvo, convertirs en paja las colinas.
Los aventars y el viento se los llevar; el huracn los desparramar. Entonces t te alegrars en el Seor, estars orgulloso del Dios Santo de Israel.
"La gente pobre y sin recursos busca agua y no la encuentra. Tienen la lengua reseca por la sed; pero yo, el Seor, los atender, yo, el Dios de Israel, no los abandonar.
Har brotar ros en los cerros desiertos y manantiales en medio de los valles; convertir el desierto en cinagas, har brotar arroyos en la tierra seca.
En el desierto plantar cedros, acacias, arrayanes y olivos; en la tierra seca har crecer pinos juntamente con abetos y cipreses,
para que todo el mundo vea y sepa, y ponga atencin y entienda que yo, el Seor, he hecho esto con mi poder, que yo, el Dios Santo de Israel, lo he creado."
El Seor, el rey de Jacob, dice: "Vengan, dolos, a presentar su defensa, vengan a defender su causa.
Vengan a anunciarnos el futuro y a explicarnos el pasado, y pondremos atencin; annciennos las cosas por venir, para ver en qu terminan;
dgannos qu va a suceder despus, demustrennos que en verdad son dioses. Hagan lo que puedan, bueno o malo, algo que nos llene de miedo y de terror.
Pero ustedes no son nada ni pueden hacer nada! Despreciable es aquel que los escoge a ustedes.
"Hice aparecer un hombre en el oriente; lo he llamado por su nombre, y llega por el norte. Pisotea a los gobernantes como si fueran barro; como el alfarero, que amasa el barro con sus pies.
Quin anunci esto desde el comienzo, para que lo supiramos? Quin lo predijo desde antes, para que admitiramos que tiene la razn? Ninguno de ustedes lo anunci, nadie les oy decir una palabra.
Yo fui quien lo anunci a Sin desde el principio, y quien envi a Jerusaln un mensajero para decirle que su gente pronto volvera.
Miro, y ninguno de los otros dioses aparece; nadie que pueda dar consejo, nadie que responda a mis preguntas.
Ninguno de ellos es nada! Nada pueden hacer; no son ms que dolos vacos.
"Aqu est mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien me deleito. He puesto en l mi espritu para que traiga la justicia a todas las naciones.
No gritar, no levantar la voz, no har or su voz en las calles,
no acabar de romper la caa quebrada ni apagar la mecha que arde dbilmente. Verdaderamente traer la justicia.
No descansar ni su nimo se quebrar, hasta que establezca la justicia en la tierra. Los pases del mar estarn atentos a sus enseanzas."
Dios, el Seor, que cre el cielo y lo extendi, que form la tierra y lo que crece en ella, que da vida y aliento a los hombres que la habitan, dice a su siervo:
"Yo, el Seor, te llam y te tom por la mano, para que seas instrumento de salvacin; yo te form, pues quiero que seas seal de mi alianza con el pueblo, luz de las naciones.
Quiero que des vista a los ciegos y saques a los presos de la crcel, del calabozo donde viven en la oscuridad.
Yo soy el Seor, ese es mi nombre, y no permitir que den mi gloria a ningn otro ni que honren a los dolos en vez de a m.
Miren cmo se cumpli todo lo que antes anunci, y ahora voy a anunciar cosas nuevas; se las hago saber a ustedes antes que aparezcan."
Canten al Seor un canto nuevo; desde lo ms lejano de la tierra albenle quienes navegan por el mar y los animales que viven en l, los pases del mar y sus habitantes.
Que se alegren el desierto y sus ciudades y los campamentos de la tribu de Quedar. Que canten de gozo los habitantes de Sel; que alcen la voz desde las cumbres de los montes.
Que den gloria al Seor y proclamen su alabanza en los pases del mar.
El Seor saldr como un hroe y luchar con ardor como un guerrero; alzar la voz, dar el grito de batalla y derrotar a sus enemigos.
El Seor dice: "Por mucho tiempo me qued callado, guard silencio y me contuve; pero ahora voy a gritar como mujer de parto, gimiendo y suspirando.
Voy a destruir montaas y colinas, y a dejar seca toda su vegetacin; voy a convertir los ros en desiertos y a dejar secas las lagunas.
Llevar a los ciegos por caminos y senderos que no conocan. Convertir la oscuridad en luz delante de ellos, y en terreno llano los lugares quebrados. Estas cosas las har sin falta.
Los que confan en un dolo, los que a unas estatuas dicen: 'Ustedes son nuestros dioses', se alejarn avergonzados.
"Sordos, escuchen; ciegos, fjense y vean.
Nadie hay tan ciego ni tan sordo como mi siervo, mi enviado, nadie tan ciego ni tan sordo como mi mensajero, el siervo del Seor.
Ha visto muchas cosas, pero no se fija en ellas; puede or, pero no escucha nada.
El Seor, por ser un Dios que salva, quiso hacer grande y gloriosa su enseanza;
pero a este pueblo lo roban y saquean, a todos los han hecho caer presos, los han encerrado en calabozos; se apoderan de ellos, y no hay quien los libre; los secuestran, y no hay quien los rescate."
Pero quin de ustedes hace caso de esto? Quin est dispuesto a escuchar lo que va a suceder?
Quin permiti que Israel, el pueblo de Jacob, fuera conquistado y secuestrado? No es verdad que fue el Seor? Ellos pecaron contra l, no quisieron seguir por el camino que l les haba sealado, ni obedecieron su enseanza.
Por eso se enoj con ellos y los castig con una guerra violenta que los hizo arder en llamas; mas ni aun as quisieron entender.
Pero ahora, Israel, pueblo de Jacob, el Seor que te cre te dice: "No temas, que yo te he libertado; yo te llam por tu nombre, t eres mo.
Si tienes que pasar por el agua, yo estar contigo, si tienes que cruzar ros, no te ahogars; si tienes que pasar por el fuego, no te quemars, las llamas no ardern en ti.
Pues yo soy tu Seor, tu salvador, el Dios Santo de Israel. Yo te he adquirido; he dado como precio de rescate a Egipto, a Etiopa y a Sab,
porque te aprecio, eres de gran valor y yo te amo. Para tenerte a ti y para salvar tu vida entrego hombres y naciones.
No tengas miedo, pues yo estoy contigo. Desde oriente y occidente har volver a tu gente para reunirla.
Dir al norte: 'Devulvelos', y al sur: 'No te quedes con ellos. Trae a mis hijos y mis hijas desde lejos, desde el extremo del mundo,
a todos los que llevan mi nombre, a los que yo cre y form, a los que hice para gloria ma.'
"Hagan venir a mi pueblo, que tiene ojos pero est ciego, y tiene odos pero est sordo.
Renanse todos los pueblos, jntense las naciones. Quin entre ellas haba predicho esto, o haba anunciado los sucesos pasados? Que presenten testigos y prueben tener razn, para que se oiga y se diga que es la verdad."
El Seor afirma: "Ustedes son mis testigos, mis siervos, que yo eleg para que me conozcan y confen en m y entiendan quin soy. Antes de m no ha existido ningn dios, ni habr ninguno despus de m.
Solo yo soy el Seor; fuera de m nadie puede salvar."
El Seor afirma: "Yo lo anunci y lo proclam: yo los he salvado; no lo hizo un dios extrao, y ustedes son mis testigos.
Desde siempre, yo soy Dios. Nadie puede librar de mi poder. Nadie puede deshacer lo que yo hago."
El Seor, el Dios Santo de Israel, el que les dio la libertad, dice: "Para salvarlos a ustedes mandar gente a Babilonia y har abrir todas las puertas, y la alegra de los caldeos se convertir en dolor.
Yo soy el Seor, el creador de Israel, el Dios Santo y rey de ustedes."
El Seor abri un camino a travs del mar, un sendero por entre las aguas impetuosas;
hizo salir todo un poderoso ejrcito, con sus carros y caballos, para destruirlo. Quedaron derribados y no pudieron levantarse; se acabaron como mecha que se apaga.
Ahora dice el Seor a su pueblo: "Ya no recuerdes el ayer, no pienses ms en cosas del pasado.
Yo voy a hacer algo nuevo, y vers que ahora mismo va a aparecer. Voy a abrir un camino en el desierto y ros en la tierra estril.
Me honrarn los animales salvajes, los chacales y los avestruces, porque hago brotar agua en el desierto, ros en la tierra estril, para dar de beber a mi pueblo elegido,
el pueblo que he formado para que proclame mi alabanza.
"Pero t, Israel, pueblo de Jacob, no me invocaste, sino que te cansaste de m.
No me ofreciste holocaustos de ovejas ni me honraste con sacrificios. Yo no te cans pidindote ofrendas, ni te molest exigindote incienso.
No has tenido que comprar caa aromtica para trarmela como ofrenda, ni has tenido que complacerme con la grasa de animales sacrificados. Por el contrario, me cansaste con tus pecados; me molestaste con tus maldades.
"Pero yo, por ser tu Dios, borro tus crmenes y no me acordar ms de tus pecados.
Si tienes algo contra m, sometmoslo a juicio. Trae tus argumentos, a ver si sales inocente.
Tu primer antepasado pec, tus maestros se rebelaron contra m,
tus gobernantes profanaron mi templo; por eso dej que Israel, el pueblo de Jacob, fuera destruido e insultado.
"Escchame ahora, Israel, pueblo de Jacob, mi siervo, mi elegido.
Yo soy el Seor, tu creador, que te form desde antes de nacer y que te ayuda. No temas, Jesurn, pueblo de Jacob, mi siervo, mi elegido,
porque voy a hacer que corra agua en el desierto, arroyos en la tierra seca. Yo dar nueva vida a tus descendientes, les enviar mi bendicin.
Y crecern como hierba bien regada, como lamos a la orilla de los ros.
Uno dir: 'Yo soy del Seor', otro se llamar descendiente de Jacob, y otro se grabar en la mano: 'Propiedad del Seor', y aadir el nombre de Israel al suyo propio."
El Seor, el rey y redentor de Israel, el Seor todopoderoso, dice: "Yo soy el primero y el ltimo; fuera de m no hay otro dios.
Quin hay igual a m? Que hable y me lo explique. Quin ha anunciado desde el principio el futuro, y dice lo que est por suceder?
Pero, nimo, no tengan miedo! Yo as lo dije y lo anunci desde hace mucho, y ustedes son mis testigos. Hay acaso otro dios fuera de m? No hay otro refugio; no conozco ninguno."
Ninguno de los que hacen dolos vale nada, y para nada sirven los dolos que ellos tanto estiman. Los que les dan culto son ciegos y estpidos, y por eso quedarn en ridculo.
El que funde una estatua para adorarla como si ella fuera un dios, pierde su tiempo.
Todos los que la adoren quedarn en ridculo. Los que fabrican dolos son simples hombres. Si todos juntos se presentaran a juicio, quedaran humillados y llenos de terror.
Veamos qu hace el herrero: toma su cincel y, despus de calentar el metal entre las brasas, le da forma a golpes de martillo. Lo trabaja con su fuerte brazo. Pero si el herrero no come, se le acaba la fuerza, y si no bebe agua, se cansa.
O veamos al escultor: toma las medidas con su regla, traza el dibujo con lpiz y comps y luego lo trabaja con escoplo; as hace una estatua dndole la figura de una persona e imitando la belleza humana, y luego la instala en un templo.
O tambin, alguien planta cedros y la lluvia los hace crecer; despus tendr cedros para cortar. O si prefiere cipreses o robles, los cuida en el bosque hasta que estn bien gruesos.
Luego la gente los usa para hacer fuego; se llevan unos pedazos para calentarse con ellos; se llevan otros para cocer pan; y otros pedazos los usan para hacer la estatua de un dios, y se inclinan ante ella para adorarla.
O tambin: la mitad de la madera la pone uno a arder en el fuego, asa carne, se come el asado y queda satisfecho. Tambin se calienta con ella, y dice: "Qu bien se est junto al fuego; ya estoy entrando en calor!"
Y de la madera sobrante hace la estatua de un dios, se inclina ante ella para adorarla, y suplicante le dice: "Slvame, porque t eres mi dios!"
Esa gente no sabe, no entiende; tienen los ojos tan ciegos que no pueden ver, y el entendimiento tan cerrado que no pueden comprender.
No se ponen a pensar, les falta entendimiento para comprender y decir: "La mitad de la madera la puse a arder y en las brasas coc pan, as carne y me la com; del resto hice esta cosa detestable, y lo que estoy adorando es un pedazo de palo!"
Verdaderamente, es como comer ceniza. Es dejarse engaar por ideas falsas. Esas personas no podrn salvarse. No sern capaces de entender que lo que tienen en sus manos es pura mentira.
"Israel, pueblo de Jacob, recuerda que t eres mi siervo; t eres mi siervo, pues yo te form. Israel, no te olvides de m.
Yo he hecho desaparecer tus faltas y pecados, como desaparecen las nubes. Vulvete a m, pues yo te he libertado."
Cielo, grita de alegra por lo que el Seor ha hecho! Lancen vivas, abismos de la tierra! Montaas y bosques con todos sus rboles, griten llenos de alegra, porque el Seor ha mostrado su gloria libertando a Israel, el pueblo de Jacob!
Esto dice el Seor, tu redentor, el que te form desde antes que nacieras: "Yo soy el Seor, creador de todas las cosas, yo extend el cielo y afirm la tierra sin que nadie me ayudara.
Yo no dejo que se cumplan las predicciones de los falsos profetas; yo hago que los adivinos pierdan la razn. Yo hago que los sabios se contradigan y que sus conocimientos resulten pura tontera.
Pero hago que se cumplan las palabras de mis siervos y que salgan bien los planes de mis enviados. Yo declaro que Jerusaln volver a ser habitada y que las ciudades de Jud sern reconstruidas. Yo har que se levanten de sus ruinas.
Yo puedo ordenar que se seque el ocano y que sus ros se queden sin agua.
Yo le digo a Ciro: 'T eres mi pastor, t hars todo lo que yo quiero'; y le digo a Jerusaln: 'T sers reconstruida'; y al templo: 'Se pondrn tus cimientos.' "
El Seor consagr a Ciro como rey, lo tom de la mano para que dominara las naciones y desarmara a los reyes. El Seor hace que delante de Ciro se abran las puertas de las ciudades sin que nadie pueda cerrrselas. Y ahora le dice:
"Yo ir delante de ti, derribar las alturas, romper las puertas de bronce y har pedazos las barras de hierro.
Yo te entregar tesoros escondidos, riquezas guardadas en lugares secretos, para que sepas que yo soy el Seor, el Dios de Israel, que te llama por tu nombre.
Por consideracin a mi siervo Jacob, al pueblo de Israel, que he elegido, te he llamado por tu nombre y te he dado el ttulo de honor que tienes, sin que t me conocieras.
Yo soy el Seor, no hay otro; fuera de m no hay Dios. Yo te he preparado para la lucha sin que t me conocieras,
para que sepan todos, de oriente a occidente, que fuera de m no hay ningn otro. Yo soy el Seor, no hay otro.
Yo creo la luz y la oscuridad, produzco el bienestar y la desgracia. Yo, el Seor, hago todas estas cosas.
"Yo enviar de lo alto mi victoria, como roco del cielo y lluvia de las nubes, y la tierra la recibir; como fruto producir la salvacin y a su lado florecer la justicia."
Una vasija de barro, igual a otra cualquiera, no se pone a discutir con quien la hizo. El barro no dice al que lo trabaja: "Qu ests haciendo?", ni el objeto hecho por l le dice: "T no sabes trabajar."
Tampoco puede un hijo reprochar a sus padres el haberlo trado a este mundo.
El Seor, el Dios Santo de Israel, quien lo form, dice: "Van acaso ustedes a pedirme cuentas de mis hijos, o a darme lecciones de cmo hacer mis cosas?
Yo cre la tierra y sus habitantes, extend el cielo con mis manos y mand que aparecieran todos los astros.
Yo hice aparecer a Ciro para que triunfe, y voy a hacerle fciles todos los caminos; l reconstruir mi ciudad y dejar en libertad a mis desterrados, sin exigir pago ni compensacin." El Seor todopoderoso ha hablado.
El Seor dice a Israel: "Los campesinos de Egipto, los comerciantes de Etiopa, y la gente de Sab, de alta estatura, se rendirn a ti y sern esclavos tuyos; irn encadenados detrs de ti, se arrodillarn delante de ti y te suplicarn: 'Ciertamente que Dios est entre ustedes, y no hay ms, no hay otro dios.' "
Sin embargo, t eres un Dios invisible, Dios salvador de Israel.
Todos los que hacen dolos quedarn avergonzados, humillados y en ridculo.
Pero a Israel lo salv el Seor, lo salv para siempre, y jams quedar avergonzado ni humillado.
El creador del cielo, el que es Dios y Seor, el que hizo la tierra y la form, el que la afirm, el que la cre, no para que estuviera vaca sino para que tuviera habitantes, dice: "Yo soy el Seor, y no hay otro.
Yo no hablo en secreto ni en lugares oscuros de la tierra. Yo no digo a los descendientes de Jacob: 'Bsquenme donde no hay nada.' Yo, el Seor, hablo la verdad, digo lo que es justo.
"Renanse y vengan, acrquense todos los sobrevivientes de los pueblos. Son unos ignorantes quienes llevan en procesin sus dolos de madera y se ponen a orar a un dios que no puede salvarlos.
Hablen y presenten sus pruebas, consltense, si quieren, unos con otros: Quin predijo estas cosas desde el principio? Quin las anunci desde hace tiempo? No fui acaso yo, el Seor? Y no hay Dios fuera de m. Fuera de m no hay Dios victorioso y salvador.
"Vengan a m, que yo los salvar, pueblos del extremo de la tierra, pues yo soy Dios, y no hay otro.
Yo lo jur por m mismo, hice una promesa de triunfo, y esa promesa se cumplir: que ante m todos doblarn la rodilla, y por m jurarn todos
y dirn: 'Solamente en el Seor estn la victoria y el poder.' Todos los que me odian quedarn en ridculo.
Gracias a m, todo el pueblo de Israel saldr triunfante y estar orgulloso de m."
El dios Bel se dobla, y el dios Nebo cae al suelo. Los dolos son cargados sobre bestias, y son pesada carga para animales cansados.
Los dioses se doblan y caen al suelo sin poder salvarse, y ellos mismos van al destierro.
"iganme, descendientes de Jacob, todos los que quedan del pueblo de Israel: Yo he cargado con ustedes desde antes que nacieran; yo los he llevado en brazos,
y seguir siendo el mismo cuando sean viejos; cuando tengan canas, todava los sostendr. Yo los hice, y seguir cargando con ustedes; yo los sostendr y los salvar.
"Con quin pueden ustedes compararme? A quin piensan que puedo parecerme?
Hay quienes sacan mucho oro de sus bolsas, y pesan plata en la balanza; luego contratan a un artesano que les haga un dios para inclinarse ante l y adorarlo.
Lo cargan sobre los hombros y se lo llevan; lo colocan sobre un soporte y ah se queda, sin moverse de su sitio. Por ms que gritan pidindole ayuda, no les responde ni puede salvarlos de sus angustias.
"Recuerden esto, pecadores, no se hagan ilusiones, pinsenlo bien;
recuerden lo que ha pasado desde tiempos antiguos. Yo soy Dios, y no hay otro; soy Dios, y no hay nadie igual a m.
Yo anuncio el fin desde el principio; anuncio el futuro desde mucho antes. Yo digo: Mis planes se realizarn; yo har todo lo que me propongo.
He llamado a un hombre del oriente, que vendr de lejos como un ave de rapia y llevar a cabo mis planes. Lo he dicho y as lo har, he hecho mi plan y lo cumplir.
Escchenme, gente obstinada, que piensan que la liberacin est muy lejos:
Yo hago que se acerque mi accin liberadora; mi salvacin no se demora, no est lejos. Yo dar a Sin la salvacin, yo dar a Israel mi honor.
"Baja, joven Babilonia, todava sin marido, y sintate en el polvo; baja de tu trono, joven Caldea, y sintate en el suelo, porque ya no volvern a llamarte tierna y delicada.
Toma la piedra de moler y muele la harina, qutate el velo, recgete las faldas, desndate las piernas, pasa a pie los ros;
que se te vea el cuerpo desnudo, s, que quede tu sexo al descubierto. Voy a vengarme, y nadie podr impedirlo con sus ruegos."
Nuestro redentor, el Dios Santo de Israel, cuyo nombre es Seor todopoderoso, dice:
"Sintate en silencio, joven Caldea, mtete en la oscuridad, porque ya no volvern a llamarte 'reina de las naciones'.
Cuando estuve enojado con mi pueblo, entregu mi propia nacin a la deshonra y los dej caer en tu poder. T no tuviste compasin de ellos, y pusiste sobre los ancianos tu pesado yugo.
Dijiste: 'Ser reina siempre'; no reflexionaste sobre estas cosas ni pensaste cmo habran de terminar.
Por eso, escucha ahora esto, mujer amante del lujo, que ests tranquila en tu trono, que piensas en tu interior: 'Yo y nadie ms que yo; yo no ser viuda ni me quedar sin hijos.'
De repente, en un mismo da, te vendrn ambas desgracias: quedars viuda y sin hijos, a pesar de tus muchas brujeras y de tus incontables magias.
T te sentas segura en tu maldad, y pensaste: 'Nadie me ve.' Tu sabidura y tus conocimientos te engaaron. Pensaste en tu interior: 'Yo y nadie ms que yo.'
Pero va a venir la desgracia sobre ti, y no podrs impedirlo con tu magia; caer sobre ti un desastre que no podrs evitar; una calamidad que no esperabas vendr de repente sobre ti.
Sigue con tus hechiceras y con las muchas brujeras que has practicado desde tu juventud, a ver si te sirven de algo, a ver si logras que la gente te tenga miedo.
Has tenido consejeros en abundancia, hasta cansarte. Pues que se presenten tus astrlogos, los que adivinan mirando las estrellas, los que te anuncian el futuro mes por mes, y que traten de salvarte!
Pero, mira, son iguales a la paja: el fuego los devora, no pueden salvarse de las llamas. Porque no es un fuego de brasas, para sentarse frente a l y calentarse.
En eso pararon tus hechiceros, con los que tanto trato has tenido toda tu vida. Cada uno por su lado sigui su falso camino y no hay nadie que te salve.
"Escucha esto, familia de Jacob, que llevas el nombre de Israel y eres descendiente de Jud; que juras por el nombre del Seor; que invocas al Dios de Israel, aunque sin honradez ni rectitud;
que dices ser de la ciudad santa y apoyarte en el Dios de Israel, cuyo nombre es Seor todopoderoso:
Desde el principio te anunci las cosas del pasado; yo mismo las di a conocer. De pronto actu, y se hicieron realidad.
Como yo saba que eres tan terca, que eres dura como el hierro e inflexible como el bronce,
te lo anunci desde hace mucho, te lo comuniqu antes de que sucediera. As no podras decir: 'Fue mi dolo el que lo hizo, la estatua que hice fue quien lo dispuso.'
T has odo todo esto; fjate en ello, y tendrs que admitir que es cierto. Ahora te voy a anunciar cosas nuevas, cosas secretas que no conocas,
cosas creadas ahora, no en tiempos antiguos, de las que no habas odo hablar hasta hoy. As no podrs decir: 'Ya lo saba.'
T no habas odo hablar de ellas, ni las conocas, porque siempre has tenido los odos sordos. Yo saba que eres infiel, que te llaman rebelde desde que naciste.
"Pero tuve paciencia por respeto a m mismo, por mi honor me contuve y no te destru.
Yo te purifiqu, pero no como se hace con la plata, sino que te prob en el horno del sufrimiento.
Por mi honor, por mi honor lo he hecho, pues mi nombre no puede ser profanado. No permitir que den mi gloria a ningn otro.
"yeme, Israel, pueblo de Jacob, a quien he llamado: Yo soy el nico Dios, yo soy el primero y el ltimo.
Con mi mano afirm la tierra, con mi mano extend el cielo; en cuanto pronunci su nombre, empezaron a existir.
Renanse todos ustedes y escuchen: Quin de ustedes anunci esto que va a suceder: que el hombre a quien he escogido har lo que he pensado hacer con Babilonia y con la raza de los caldeos?
Yo fui quien lo dijo, yo lo llam, yo lo hice venir, y por donde vaya tendr xito.
Acrquense a m y escuchen esto: Desde el principio, yo nunca habl en secreto; y cuando todo esto suceda, yo estaba presente. Y ahora yo, el Seor, le he dado mi poder y lo he enviado."
As dice el Seor, tu redentor, el Dios Santo de Israel: "Yo soy el Seor tu Dios; yo te enseo lo que es para tu bien, yo te guo por el camino que debes seguir.
Ojal hubieras hecho caso de mis rdenes! Tu bienestar ira creciendo como un ro, tu prosperidad sera como las olas del mar,
tus descendientes seran numerosos, incontables como la arena del mar; yo nunca los hubiera destruido, ni los hubiera apartado de mi vista."
Salgan de Babilonia, huyan de los caldeos. Anuncien esta noticia con gritos de alegra, y denla a conocer hasta el extremo de la tierra. Digan: "El Seor ha libertado a Jacob su siervo!"
Aunque los hizo pasar por lugares desiertos, no tuvieron sed; l parti la roca e hizo brotar torrentes de agua.
Para los malos, en cambio, no hay bienestar. El Seor lo ha dicho.
iganme, pases del mar, prstenme atencin, naciones lejanas: El Seor me llam desde antes de que yo naciera; pronunci mi nombre cuando an estaba yo en el seno de mi madre.
Convirti mi lengua en espada afilada, me escondi bajo el amparo de su mano, me convirti en una flecha aguda y me guard en su aljaba.
Me dijo: "Israel, t eres mi siervo, en ti me mostrar glorioso."
Y yo que haba pensado: "He pasado trabajos en vano, he gastado mis fuerzas sin objeto, para nada." En realidad mi causa est en manos del Seor, mi recompensa est en poder de mi Dios.
He recibido honor delante del Seor mi Dios, pues l ha sido mi fuerza. El Seor, que me form desde el seno de mi madre para que fuera su siervo, para hacer que Israel, el pueblo de Jacob, se vuelva y se una a l,
dice as: "No basta que seas mi siervo solo para restablecer las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo har que seas la luz de las naciones, para que lleves mi salvacin hasta las partes ms lejanas de la tierra."
El Seor, el redentor, el Dios Santo de Israel, dice al pueblo que ha sido totalmente despreciado, al que los otros pueblos aborrecen, al que ha sido esclavo de los tiranos: "Cuando los reyes y los prncipes te vean, se levantarn y se inclinarn delante de ti porque yo, el Seor, el Dios Santo de Israel, te eleg y cumplo mis promesas."
El Seor dice: "Vino el momento de mostrar mi bondad, y te respond; lleg el da de la salvacin, y te ayud. Yo te proteg para establecer por ti mi alianza con el pueblo, para reconstruir el pas, para hacer que tomen posesin de las tierras arrasadas,
para decir a los presos: 'Queden libres', y a los que estn en la oscuridad: 'Djense ver.' Junto a todos los caminos encontrarn pastos, y en cualquier monte desierto tendrn alimento para su ganado.
"No tendrn hambre ni sed, ni los molestar el sol ni el calor, porque yo los amo y los guo, y los llevar a manantiales de agua.
Abrir un camino a travs de las montaas y har que se allanen los senderos."
Miren! Vienen de muy lejos: unos del norte, otros de occidente, otros de la regin de Asun.
Cielo, grita de alegra! Tierra, llnate de gozo! Montaas, lancen gritos de felicidad! Porque el Seor ha consolado a su pueblo, ha tenido compasin de l en su afliccin.
"Sin deca: 'El Seor me abandon, mi Dios se olvid de m.'
Pero acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo? Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidar.
Yo te llevo grabada en mis manos, siempre tengo presentes tus murallas.
Los que te reconstruyen van ms de prisa que los que te destruyeron; ya se han ido los que te arrasaron.
Levanta los ojos y mira alrededor, mira cmo se renen todos y vuelven hacia ti. "Yo, el Seor, juro por mi vida que todos ellos sern como joyas que te pondrs, como los adornos de una novia.
Tu pas estaba en ruinas, destruido, arrasado; pero ahora tu territorio ser pequeo para tus habitantes. Los que te destruyeron estn lejos.
Los hijos que dabas por perdidos te dirn al odo: 'Este pas es demasiado pequeo para nosotros; haznos lugar para vivir.'
Y t dirs en tu interior: 'Quin me ha dado estos hijos? Yo no tena hijos, ni poda tenerlos; estaba desterrada y apartada, quin los cri? Me haban dejado sola, de dnde vinieron?' "
El Seor dice: "Voy a dar rdenes a las naciones; voy a dar una seal a los pueblos para que traigan en brazos a tus hijos, y a tus hijas las traigan sobre los hombros.
Los reyes sern tus padres adoptivos, y las princesas tus nieras. Se inclinarn hasta el suelo delante de ti, y lamern el polvo de tus pies. Y reconocers que yo soy el Seor, y que los que en m confan no quedan defraudados."
Se le puede arrebatar a un hombre fuerte lo que ha ganado en la batalla? O puede un preso escapar de un tirano?
El Seor afirma que s: "Al hombre fuerte le arrebatarn lo conquistado, y al tirano le quitarn lo ganado. Yo me enfrentar con los que te buscan pleito; yo mismo salvar a tus hijos.
Obligar a tus opresores a comer su propia carne y a emborracharse con su sangre, como si fuera vino. As toda la humanidad sabr que yo, el Seor, soy tu salvador; que yo, el Poderoso de Jacob, soy tu redentor."
El Seor dice: "No crean que yo repudi a Israel, madre de ustedes, como un hombre repudia a su mujer, o que los vend a ustedes como esclavos porque tuviera deudas con alguno! Ustedes fueron vendidos porque pecaron; Israel, la madre de ustedes, fue repudiada porque ustedes fueron rebeldes.
Por qu, cuando yo vine, no encontr a nadie? Por qu, cuando llam, nadie me contest? Creyeron acaso que yo no era capaz de rescatarlos? Creyeron acaso que no poda libertarlos? Basta una orden ma para que se seque el mar y los ros se conviertan en desierto; para que los peces se mueran de sed y se pudran por falta de agua.
Yo visto el cielo de luto y lo cubro con vestido de tristeza."
El Seor me ha instruido para que yo consuele a los cansados con palabras de aliento. Todas las maanas me hace estar atento para que escuche dcilmente.
El Seor me ha dado entendimiento, y yo no me he resistido ni le he vuelto las espaldas.
Ofrec mis espaldas para que me azotaran y dej que me arrancaran la barba. No retir la cara de los que me insultaban y escupan.
El Seor es quien me ayuda: por eso no me hieren los insultos; por eso me mantengo firme como una roca, pues s que no quedar en ridculo.
A mi lado est mi defensor: Alguien tiene algo en mi contra? Vayamos juntos ante el juez! Alguien se cree con derecho a acusarme? Que venga y me lo diga!
El Seor es quien me ayuda; quin podr condenarme? Todos mis enemigos desaparecern como vestido comido por la polilla.
Ustedes que honran al Seor y escuchan la voz de su siervo: si caminan en la oscuridad, sin un rayo de luz, pongan su confianza en el Seor; apyense en su Dios.
Pero todos los que prenden fuego y preparan flechas encendidas, caern en las llamas de su propio fuego, bajo las flechas que ustedes mismos encendieron. El Seor les enviar este castigo y quedarn tendidos en medio de tormentos.
iganme todos los que quieren vivir con rectitud y me buscan -dice el Seor-. Miren la roca de donde fueron cortados, la cantera de donde fueron sacados;
miren a Abraham, su padre, y a Sara, la que les dio la vida. Cuando yo lo llam, era uno solo, pero lo bendije y le di muchos descendientes.
Yo ser bondadoso con Sin, la ciudad que estaba toda en ruinas. Convertir las tierras secas del desierto en un jardn, como el jardn que el Seor plant en Edn. All habr felicidad y alegra, cantos de alabanza y son de msica.
"Pueblos, prstenme atencin, escchenme, naciones: yo publicar mi enseanza y mis mandamientos alumbrarn a los pueblos.
Mi victoria est cercana, mi accin salvadora est en camino; con mi poder gobernar a los pueblos. Los pases del mar esperarn en m y confiarn en mi poder.
"Levanten los ojos al cielo, y miren abajo, a la tierra: el cielo se desvanecer como el humo, la tierra se gastar como un vestido y sus habitantes morirn como mosquitos. Pero mi salvacin ser eterna, mi victoria no tendr fin.
"Escchenme, ustedes que saben lo que es justo, pueblo que toma en serio mi enseanza. No teman las injurias de los hombres, no se dejen deprimir por sus insultos,
porque perecern como un vestido apolillado, como lana roda por gusanos. Pero mi victoria ser eterna, mi salvacin durar por siempre."
Despierta, despierta, brazo del Seor, rmate de fuerza; despierta como lo hiciste en el pasado, en tiempos muy lejanos. T despedazaste a Rahab, el monstruo marino;
secaste el mar, el agua del profundo abismo, y convertiste el fondo del mar en camino para que pasaran los libertados.
As tambin regresarn los rescatados por el Seor, y entrarn en Sin dando gritos de alegra; sus rostros estarn siempre alegres; encontrarn felicidad y dicha, y el dolor y el llanto desaparecern.
"Yo, yo mismo, te doy nimo. A quin tienes miedo? A los hombres? A los hombres mortales, que no son ms que hierba?
Vas a olvidarte del Seor, tu creador, que extendi el cielo y afirm la tierra? Vas a temblar continuamente, a todas horas, por la furia de los opresores, que estn listos para destruirte? Pero, dnde est esa furia?
El que sufra la opresin, pronto quedar libre; no morir en el calabozo ni le faltar su pan.
"Yo soy el Seor tu Dios, mi nombre es Seor todopoderoso; yo agit el mar y rugieron las olas,
extend el cielo y afirm la tierra. Yo puse en tu boca mis palabras y te proteg al amparo de mi mano. Yo dije a Sin: 'T eres mi pueblo.' "
Despierta, despierta, Jerusaln, levntate. T sufriste la ira del Seor como quien bebe una copa, y la bebe hasta el fondo, hasta quedar borracho.
Entre todos los hijos que has tenido, no hay ninguno que te gue; entre todos los hijos que criaste, no hay ninguno que te lleve de la mano.
Estas dos desgracias vinieron sobre ti: tu pas fue destruido y saqueado, y tu gente muri por el hambre y la guerra. Quin tendr lstima de ti? Quin te consolar?
Como antlopes atrapados en la red, tus hijos estn sin fuerzas, tendidos en la esquina de cualquier calle, heridos por la ira del Seor, por la correccin de tu Dios.
Por eso, ciudad desdichada, escucha esto, t que ests borracha, pero no de vino;
tu Seor y tu Dios, el que defiende la causa de su pueblo, dice: "Te voy a quitar de la mano esa copa con que te has emborrachado; ya no volvers a beber ms la copa de mi ira.
Yo se la dar a los que te atormentaron, a los que te decan: 'chate al suelo, que vamos a pasar sobre ti'; y t te tendiste en el suelo para que te pisotearan como al polvo."
Despierta, Sin, despierta, rmate de fuerza; Jerusaln, ciudad santa, vstete tu ropa ms elegante, porque los paganos, gente impura, no volvern a entrar en ti.
Levntate, Jerusaln, sacdete el polvo, sintate en el trono. Sin, joven prisionera, qutate ya el yugo del cuello.
El Seor dice: "Ni un centavo recib cuando ustedes fueron llevados como esclavos; pues ni un centavo dar ahora que yo los rescate.
Al principio mi pueblo fue a Egipto y vivi all como extranjero; despus Asiria lo oprimi sin motivo.
Y ahora, qu es lo que veo? Sin motivo se han llevado mi pueblo a Babilonia. Quienes lo dominan, gritan orgullosos y me ofenden sin cesar.
Pero vendr el da en que mi pueblo reconozca y sepa que yo, que le he hablado, soy el Seor."
Qu hermoso es ver llegar por las colinas al que trae buenas noticias, al que trae noticias de paz, al que anuncia la liberacin y dice a Sin: "Tu Dios es rey"!
Escucha! Tus centinelas levantan la voz y a una dan gritos de triunfo, porque ven con sus propios ojos cmo vuelve el Seor a Sin.
Estallen en gritos de triunfo, ruinas de Jerusaln, porque el Seor ha tenido compasin de su pueblo, ha liberado a Jerusaln!
El Seor ha mostrado su poder a la vista de todas las naciones. Por toda la tierra se sabr que nuestro Dios nos ha salvado.
Salgan, salgan ya de Babilonia, no toquen nada impuro, salgan ya de Babilonia! Consrvense limpios los que transportan los utensilios del Seor!
Pero no tendrn que salir a toda prisa, no tendrn que salir huyendo, porque el Seor, el Dios de Israel, los proteger por todos lados.
Mi siervo tendr xito, ser levantado y puesto muy alto.
As como muchos se asombraron de l, al ver su semblante, tan desfigurado que haba perdido toda apariencia humana,
as tambin muchas naciones se quedarn admiradas; los reyes, al verlo, no podrn decir palabra, porque vern y entendern algo que nunca haban odo.
Quin va a creer lo que hemos odo? A quin ha revelado el Seor su poder?
El Seor quiso que su siervo creciera como planta tierna que hunde sus races en la tierra seca. No tena belleza ni esplendor, su aspecto no tena nada atrayente;
los hombres lo despreciaban y lo rechazaban. Era un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta.
Y sin embargo l estaba cargado con nuestros sufrimientos, estaba soportando nuestros propios dolores. Nosotros pensamos que Dios lo haba herido, que lo haba castigado y humillado.
Pero fue traspasado a causa de nuestra rebelda, fue atormentado a causa de nuestras maldades; el castigo que sufri nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos la salud.
Todos nosotros nos perdimos como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, pero el Seor carg sobre l la maldad de todos nosotros.
Fue maltratado, pero se someti humildemente, y ni siquiera abri la boca; lo llevaron como cordero al matadero, y l se qued callado, sin abrir la boca, como una oveja cuando la trasquilan.
Se lo llevaron injustamente, y no hubo quien lo defendiera; nadie se preocup de su destino. Lo arrancaron de esta tierra, le dieron muerte por los pecados de mi pueblo.
Lo enterraron al lado de hombres malvados, lo sepultaron con gente perversa, aunque nunca cometi ningn crimen ni hubo engao en su boca.
El Seor quiso oprimirlo con el sufrimiento. Y puesto que l se entreg en sacrificio por el pecado, tendr larga vida y llegar a ver a sus descendientes; por medio de l tendrn xito los planes del Seor.
Despus de tanta afliccin ver la luz, y quedar satisfecho al saberlo; el justo siervo del Seor liberar a muchos, pues cargar con la maldad de ellos.
Por eso Dios le dar un lugar entre los grandes, y con los poderosos participar del triunfo, porque se entreg a la muerte y fue contado entre los malvados, cuando en realidad carg con los pecados de muchos e intercedi por los pecadores.
Da gritos de alegra, mujer estril y sin hijos; estalla en cantos de gozo, t que nunca has dado a luz, porque el Seor dice: "La mujer abandonada tendr ms hijos que la mujer que tiene esposo."
Agranda tu tienda de campaa, extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives; alarga las cuerdas, clava bien las estacas,
porque te vas a extender a derecha e izquierda; tus descendientes conquistarn muchas naciones y poblarn las ciudades ahora desiertas.
No tengas miedo, no quedars en ridculo; no te insultarn ni tendrs de qu avergonzarte. Olvidars la vergenza de tu juventud y no te acordars ms de la deshonra de tu viudez,
porque tu creador te tomar por esposa. Su nombre es Seor todopoderoso; tu redentor es el Dios Santo de Israel, el Dios de toda la tierra.
Eras como una esposa joven abandonada y afligida, pero tu Dios te ha vuelto a llamar y te dice:
"Por un corto instante te abandon, pero con bondad inmensa te volver a unir conmigo.
En un arranque de enojo, por un momento, me ocult de ti, pero con amor eterno te tuve compasin." Lo dice el Seor, tu redentor.
"As como jur a No, cuando el diluvio, no volver a inundar la tierra. As juro ahora no volver a enojarme contigo ni volver a amenazarte.
Aunque las montaas cambien de lugar y los cerros se vengan abajo, mi amor por ti no cambiar ni se vendr abajo mi alianza de paz." Lo dice el Seor, que se compadece de ti.
"Desdichada ciudad, azotada por la tempestad, sin nadie que te consuele! Yo pondr tus piedras sobre azabache y tus cimientos sobre zafiro;
de rubes har tus torres y de berilo tus puertas, y de piedras preciosas todas tus murallas.
Yo instruir a todos tus hijos; todos ellos tendrn gran bienestar.
La justicia te har fuerte, quedars libre de opresin y miedo, y el terror no volver a inquietarte.
Si alguien te ataca, no ser por causa ma, pero t vencers al que te ataque.
"Mira, yo he creado al herrero que aviva el fuego en las brasas y hace armas para diversos usos; yo tambin he creado al hombre destructor para que cause ruina;
pero nadie ha hecho el arma que pueda destruirte. Dejars callado a todo el que te acuse. Esto es lo que yo doy a los que me sirven: la victoria." El Seor es quien lo afirma.
"Todos los que tengan sed, vengan a beber agua; los que no tengan dinero, vengan, consigan trigo de balde y coman; consigan vino y leche sin pagar nada.
Por qu dar dinero a cambio de lo que no es pan? Por qu dar su salario por algo que no deja satisfecho? iganme bien y comern buenos alimentos, comern cosas deliciosas.
Vengan a m y pongan atencin, escchenme y vivirn. Yo har con ustedes una alianza eterna, cumpliendo as las promesas que por amor hice a David.
Yo lo puse a l como testigo para las naciones, como jefe e instructor de los pueblos.
T llamars a pueblos desconocidos; pueblos que no te conocan irn corriendo a ti, porque yo, tu Seor, el Dios Santo de Israel, te he honrado.
"Busquen al Seor mientras puedan encontrarlo, llmenlo mientras est cerca.
Que el malvado deje su camino, que el perverso deje sus ideas; vulvanse al Seor, y l tendr compasin de ustedes; vulvanse a nuestro Dios, que es generoso para perdonar.
Porque mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya.
As como el cielo est por encima de la tierra, as tambin mis ideas y mi manera de actuar estn por encima de las de ustedes." El Seor lo afirma.
"As como la lluvia y la nieve bajan del cielo, y no vuelven all, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, y producen la semilla para sembrar y el pan para comer,
as tambin la palabra que sale de mis labios no vuelve a m sin producir efecto, sino que hace lo que yo quiero y cumple la orden que le doy.
"Ustedes saldrn de all con alegra, volvern a su pas con paz. Al verlos, los montes y las colinas estallarn en cantos de alegra y todos los rboles del campo aplaudirn.
En vez de zarzas crecern pinos, en vez de ortigas crecern arrayanes; esto har glorioso el nombre del Seor; ser una seal eterna, indestructible."
El Seor dice: "Practiquen la justicia, hagan lo que es recto, porque pronto voy a llevar a cabo la liberacin; voy a mostrar mi poder salvador.
Dichoso el hombre que sigue estos mandatos y los cumple con fidelidad, que respeta el sbado y no lo profana, que tiene buen cuidado de no hacer nada malo."
Si un extranjero se entrega al Seor, no debe decir: "El Seor me tendr separado de su pueblo." Ni tampoco el eunuco debe decir: "Yo soy un rbol seco."
Porque el Seor dice: "Si los eunucos respetan mis sbados, y si cumplen mi voluntad y se mantienen firmes en mi alianza,
yo les dar algo mejor que hijos e hijas; les conceder que su nombre quede grabado para siempre en mi templo, dentro de mis muros; les dar un nombre eterno, que nunca ser borrado.
Y a los extranjeros que se entreguen a m, para servirme y amarme, para ser mis siervos, si respetan el sbado y no lo profanan y se mantienen firmes en mi alianza,
yo los traer a mi monte sagrado y los har felices en mi casa de oracin. Yo aceptar en mi altar sus holocaustos y sacrificios, porque mi casa ser declarada casa de oracin para todos los pueblos.
Yo har que vuelvan y se renan los que an estn en el destierro." Esto lo afirma el Seor, que hace que vuelvan a reunirse los israelitas que estaban dispersos.
Vengan, fieras salvajes; vengan, animales del bosque, a devorar el rebao;
porque los guardianes de mi pueblo estn ciegos, no se dan cuenta de nada. Todos ellos son perros mudos, que no pueden ladrar; se pasan la vida echados y soando; les encanta dormir.
Son perros hambrientos que nunca se llenan, son pastores que no entienden nada; cada uno sigue su propio camino, solo busca sus propios intereses.
Dicen: "Vamos a buscar vino y bebidas fuertes para emborracharnos. Y hagamos maana lo mismo que hoy, o mucho ms an."
Los hombres honrados mueren y nadie se preocupa; los hombres buenos desaparecen, y nadie entiende que al morir se ven libres de los males
y entran en la paz. Haban seguido un camino recto y ahora descansan en sus tumbas.
Acrquense ustedes, hijos de hechicera, nacidos de un adltero y una prostituta:
De quin se burlan ustedes? A quin le hacen gestos de desprecio? A quin le ensean la lengua? Ustedes son hijos de pecado, gente mentirosa;
debajo de los robles y de todo rbol frondoso se entregan a actos inmorales, y sacrifican nios junto a los arroyos, en las grietas de las rocas.
"Israel, t prefieres dar culto a las piedras lisas del arroyo, pues all tienes un lugar destinado para ti. A ellas les has derramado ofrendas de vino, les has ofrecido cereales. Y despus de todo esto voy a sentirme contento?
En un monte alto y empinado pusiste tu cama, y all tambin has subido a ofrecer sacrificios.
Detrs de la puerta de tu casa pusiste tus dolos obscenos. Te olvidaste de m, te desnudaste y te acostaste en tu ancha cama; hiciste tratos con los hombres con quienes queras acostarte, y mirabas al dolo.
"Corriste hacia el dios Mlec llevando aceite y gran cantidad de perfumes; enviaste mensajeros hasta muy lejos, los hiciste bajar hasta el reino de la muerte.
Te cansaste de tantos viajes, pero no reconociste que todo era intil. Tenas a la mano el sustento, y por eso no te cansabas.
"Quines son esos dioses que t temas y honrabas, para que me fueras infiel y me olvidaras por completo? Cuando t no me honrabas, yo callaba y disimulaba.
Pero voy a denunciar tu conducta, que t crees tan perfecta.
Cuando grites pidiendo auxilio, tus dolos no te ayudarn ni te librarn. A todos ellos se los llevar el viento; un soplo los har desaparecer. En cambio, el que confa en m habitar en el pas y vivir en mi monte santo."
Entonces se oir decir: "Preparen un camino bien llano, quiten los obstculos para que pase mi pueblo."
Porque el Altsimo, el que vive para siempre y cuyo nombre es santo, dice: "Yo vivo en un lugar alto y sagrado, pero tambin estoy con el humilde y afligido, y le doy nimo y aliento.
No estar siempre acusando a mi pueblo, ni estar enojado todo el tiempo; pues hara que los hombres que he creado perdieran el nimo ante m.
A causa del pecado de Israel estuve enojado un tiempo, y lo castigu y me apart de l; pero l se rebel y se dej llevar de sus caprichos.
He visto su conducta, pero lo sanar y le dar descanso y tranquilidad completa. Yo consolar a los tristes,
y dir a todos: 'Paz a los que estn lejos, y paz a los que estn cerca! Yo sanar a mi pueblo!'
Pero los malos son como un mar agitado, que no puede calmarse y que arroja entre sus olas lodo y suciedad.
Para los malos no hay bienestar." Dios lo ha dicho.
El Seor me dijo: "Grita fuertemente, sin miedo, alza la voz como una trompeta; reprende a mi pueblo por sus culpas, al pueblo de Jacob por sus pecados.
Diariamente me buscan y estn felices de conocer mis caminos, como si fueran un pueblo que hace el bien y que no descuida mis leyes; me piden leyes justas y se muestran felices de acercarse a m,
y, sin embargo, dicen: 'Para qu ayunar, si Dios no lo ve? Para qu sacrificarnos, si l no se da cuenta?' El da de ayuno lo dedican ustedes a hacer negocios y a explotar a sus trabajadores;
el da de ayuno lo pasan en disputas y peleas y dando golpes criminales con los puos. Un da de ayuno as, no puede lograr que yo escuche sus oraciones.
Creen que el ayuno que me agrada consiste en afligirse, en agachar la cabeza como un junco y en acostarse con speras ropas sobre la ceniza? Eso es lo que ustedes llaman 'ayuno', y 'da agradable al Seor'?
Pues no lo es. El ayuno que a m me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tirana;
en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes.
Entonces brillar tu luz como el amanecer y tus heridas sanarn muy pronto. Tu rectitud ir delante de ti y mi gloria te seguir.
Entonces, si me llamas, yo te responder; si gritas pidiendo ayuda, yo te dir: 'Aqu estoy.' Si haces desaparecer toda opresin, si no insultas a otros ni les levantas calumnias,
si te das a ti mismo en servicio del hambriento, si ayudas al afligido en su necesidad, tu luz brillar en la oscuridad, tus sombras se convertirn en luz de medioda.
Yo te guiar continuamente, te dar comida abundante en el desierto, dar fuerza a tu cuerpo y sers como un jardn bien regado, como un manantial al que no le falta el agua.
Tu pueblo reconstruir las viejas ruinas y afianzar los cimientos puestos hace siglos. Llamarn a tu pueblo 'reparador de muros cados', 'reconstructor de casa en ruinas'.
"Respeta el sbado; no te dediques a tus negocios en mi da santo. Considera este da como da de alegra, como da santo del Seor y digno de honor; hnralo no dedicndote a tus asuntos, ni buscando tus intereses y haciendo negocios.
Si haces esto, encontrars tu alegra en m, y yo te llevar en triunfo sobre las alturas del pas y te har gozar de la herencia de tu padre Jacob." El Seor mismo lo ha dicho.
El poder del Seor no ha disminuido como para no poder salvar, ni l se ha vuelto tan sordo como para no poder or.
Pero las maldades cometidas por ustedes han levantado una barrera entre ustedes y Dios; sus pecados han hecho que l se cubra la cara y que no los quiera or.
Ustedes tienen las manos manchadas de sangre y los dedos manchados de crmenes; sus labios dicen mentiras, su lengua emite maldad.
Nadie hace denuncias justas, ni va a juicio con honradez. Confan ms bien en la mentira y en palabras falsas; estn preados de maldad y dan a luz el crimen.
Incuban huevos de vbora y tejen telaraas; el que come esos huevos, se muere, y si uno los aplasta, salen serpientes venenosas.
Con esas telaraas no se hacen vestidos; nadie puede vestirse con lo que ellos tejen. Sus acciones son todas criminales: sus manos trabajan para hacer violencia,
sus pies les sirven para correr al mal, para darse prisa a derramar sangre inocente. Sus pensamientos se dirigen al crimen, y a su paso solo dejan destruccin y ruina.
No conocen el camino de la paz, no hay rectitud en sus acciones. Los caminos que siguen son torcidos; los que andan por ellos no encuentran la paz.
Por eso la salvacin se ha alejado de nosotros y la liberacin no se nos acerca; esperbamos la luz, y no hay ms que oscuridad; esperbamos la claridad, y andamos en tinieblas.
Andamos a tientas, como ciegos junto a una pared, como si no tuviramos ojos; en pleno medioda tropezamos como si fuera de noche; teniendo salud, estamos como muertos.
Todos nosotros gruimos como osos, gemimos como palomas; esperamos la salvacin, pero no llega; esperamos la liberacin, pero est lejos.
Nosotros te hemos ofendido mucho, y nuestros propios pecados nos acusan; tenemos presentes nuestras culpas y conocemos nuestras maldades.
Hemos sido rebeldes e infieles al Seor, no quisimos seguir a nuestro Dios, hemos hablado de violencia y de traicin, hemos hecho planes para engaar a los dems.
La justicia ha sido despreciada, la rectitud se mantiene a distancia, la sinceridad tropieza en la plaza pblica y la honradez no puede presentarse.
La sinceridad ha desaparecido, y al que se aparta del mal le roban lo que tiene. El Seor se ha disgustado al ver que no hay justicia.
El Seor qued asombrado al ver que nadie pona remedio a esto; entonces actu con su propio poder, y l mismo obtuvo la victoria.
Se cubri de triunfo como con una coraza, se puso la salvacin como un casco en la cabeza, se visti de venganza como con una tnica y se envolvi de ira como con un manto.
El Seor dar a cada cual su merecido; castigar a sus enemigos. A quienes lo odian, les dar lo que se merecen; aun a los que viven en los pases del mar.
Todo el mundo, desde oriente hasta occidente, respetar al Seor, al ver su majestad, porque l vendr como un ro crecido movido por un viento poderoso.
Vendr como redentor de Sin y de todos los descendientes de Jacob que se arrepientan de sus culpas. El Seor lo afirma.
El Seor dice: "Yo hago una alianza con ustedes y les prometo que mi poder y las enseanzas que les he dado no se apartarn jams de ustedes ni de sus descendientes por toda la eternidad."
Levntate, Jerusaln, envuelta en resplandor, porque ha llegado tu luz y la gloria del Seor brilla sobre ti.
La oscuridad cubre la tierra, la noche envuelve a las naciones, pero el Seor brillar sobre ti y sobre ti aparecer su gloria.
Las naciones vendrn hacia tu luz, los reyes vendrn hacia el resplandor de tu amanecer.
Levanta los ojos, y mira a tu alrededor: todos se renen y vienen hacia ti. Tus hijos vendrn desde lejos; tus hijas sern tradas en brazos.
T, al verlos, estars radiante de alegra, tu corazn se llenar de gozo; te traern los tesoros de los pases del mar, te entregarn las riquezas de las naciones.
Te vers cubierta de caravanas de camellos que vienen de Madin y de Ef; vendrn todos los de Sab, cargados de oro y de incienso, y proclamarn las acciones gloriosas del Seor.
Todos los rebaos de Quedar sern para ti; los carneros de Nebaiot estarn a tu servicio, para que los ofrezcas al Seor en su altar como ofrendas agradables, y l har an ms bello su hermoso templo.
Quines son esos que vuelan como nubes, que van como palomas a sus palomares?
Son barcos que vienen juntos, con las naves de Tarsis a la cabeza, trayendo de lejos a tus hijos, con su oro y su plata, en honor de tu Seor, el Dios Santo de Israel, quien te hizo gloriosa.
Gente extranjera reconstruir tus murallas, y sus reyes te servirn; pues aunque en su ira el Seor te castig, ahora en su bondad te ha tenido compasin.
Tus puertas estarn siempre abiertas; no se cerrarn de da ni de noche, para que puedan traerte las riquezas de las naciones y entren los reyes con su comitiva.
El pas que no te sirva, perecer; naciones enteras sern destruidas.
El Seor dice a Jerusaln: "Las riquezas del Lbano vendrn a ti: pinos, abetos y cipreses, para embellecer mi templo, para dar gloria al lugar donde pongo mis pies.
Los hijos de los que te oprimieron vendrn a humillarse delante de ti, y todos los que te despreciaban se arrodillarn a tus pies y te llamarn 'Ciudad del Seor', 'Sin del Dios Santo de Israel'.
Ya no estars abandonada, odiada y sola, sino que yo te har gloriosa eternamente, motivo de alegra para siempre.
Las naciones te darn sus mejores alimentos y los reyes te traern sus riquezas; y reconocers que yo, el Seor, soy tu salvador, que yo, el Poderoso de Jacob, soy tu redentor.
"En vez de bronce te dar oro, en vez de hierro, plata, en vez de madera, bronce, y en vez de piedras, hierro. Har que la paz te gobierne y que la rectitud te dirija.
En tu tierra no se volver a or el ruido de la violencia, ni volver a haber destruccin y ruina en tu territorio, sino que llamars a tus murallas 'Salvacin' y a tus puertas 'Alabanza'.
"Ya no necesitars que el sol te alumbre de da, ni que la luna te alumbre de noche, porque yo, el Seor, ser tu luz eterna; yo, tu Dios, ser tu esplendor.
Tu sol no se ocultar jams ni tu luna perder su luz, porque yo, el Seor, ser tu luz eterna; tus das de luto se acabarn.
"Todos los de tu pueblo sern gente honrada, sern dueos de su pas por siempre, retoos de una planta que yo mismo he plantado, obra que he hecho con mis manos para mostrar mi gloria.
Este puado tan pequeo se multiplicar por mil; este pequeo nmero ser una gran nacin. Yo soy el Seor, yo har que se realice pronto, a su debido tiempo."
El espritu del Seor est sobre m, porque el Seor me ha consagrado; me ha enviado a dar buenas noticias a los pobres, a aliviar a los afligidos, a anunciar libertad a los presos, libertad a los que estn en la crcel;
a anunciar el ao favorable del Seor, el da en que nuestro Dios nos vengar de nuestros enemigos. Me ha enviado a consolar a todos los tristes,
a dar a los afligidos de Sin una corona en vez de ceniza, perfume de alegra en vez de llanto, cantos de alabanza en vez de desesperacin. Los llamarn "robles victoriosos", plantados por el Seor para mostrar su gloria.
Se reconstruirn las viejas ruinas, se levantarn los edificios destruidos hace mucho, y se repararn las ciudades en ruinas.
Los extranjeros se pondrn a cuidar los rebaos, los campos y los viedos de ustedes.
Y a ustedes los llamarn sacerdotes del Seor, siervos de nuestro Dios. Disfrutarn de la riqueza de otras naciones y se adornarn con el esplendor de ellas.
Y como mi pueblo ha tenido que sufrir doble porcin de deshonra e insultos, por eso recibir en su pas doble porcin de riquezas y gozar de eterna alegra.
Porque el Seor ama la justicia, y odia el robo y el crimen. l les dar fielmente su recompensa y har con ellos una alianza eterna.
Sus descendientes sern famosos entre las naciones; todos los que los vean reconocern que son un pueblo que el Seor ha bendecido.
Cmo me alegro en el Seor! Me lleno de gozo en mi Dios, porque me ha brindado su salvacin, me ha cubierto de victoria! Soy como un novio que se pone su corona o una novia que se adorna con sus joyas.
Porque as como nacen las plantas de la tierra y brotan los retoos en un jardn, as har el Seor que brote su victoria y que todas las naciones entonen cantos de alabanza.
Por amor a ti, Sin, no me quedar callado; por amor a ti, Jerusaln, no descansar hasta que tu victoria brille como el amanecer y tu salvacin como una antorcha encendida.
Las naciones vern tu salvacin, todos los reyes vern tu gloria. Entonces tendrs un nombre nuevo que el Seor mismo te dar.
T sers una hermosa corona real en la mano del Seor tu Dios.
No volvern a llamarte "Abandonada", ni a tu tierra le dirn "Destruida", sino que tu nombre ser "Mi predilecta", y el de tu tierra, "Esposa ma". Porque t eres la predilecta del Seor, y l ser como un esposo para tu tierra.
Porque as como un joven se casa con su novia, as Dios te tomar por esposa, te reconstruir y ser feliz contigo, como es feliz el marido con su esposa.
Jerusaln, en tus murallas he puesto centinelas que ni de da ni de noche dejan de decir: "No se queden callados los que invocan al Seor,
no lo dejen descansar hasta que haya reconstruido a Jerusaln y haya hecho que todo el mundo la alabe."
El Seor ha jurado alzando su poderoso brazo derecho: "Nunca ms permitir que tus enemigos se coman tu trigo ni que los extranjeros se beban el vino que has hecho con tu trabajo;
sino que ustedes mismos recogern la cosecha, se la comern y me alabarn a m; y recogern las uvas y bebern el vino en los atrios de mi santo templo."
Salgan, salgan por las puertas, preparen el camino para mi pueblo. Construyan con cuidado la calzada y lmpienla de piedras; levanten la seal para llamar a las naciones.
El Seor anuncia esto hasta el extremo de la tierra: "Digan a la ciudad de Sin que ha llegado ya su salvador. El Seor trae a su pueblo despus de haberlo rescatado."
A los israelitas los llamarn "El pueblo santo", "Los libertados por el Seor", y a Jerusaln, "La ciudad deseada", "La ciudad no abandonada".
-Quin es ese que viene de Bosr, capital de Edom, con su ropa teida de rojo, que viene vestido esplndidamente y camina con fuerza terrible? -Soy yo, que anuncio la victoria y soy poderoso para salvar.
-Y por qu tienes rojo el vestido, como si hubieras pisado uvas con los pies?
-S, estuve pisando las uvas yo solo, nadie me ayud; lleno de ira pisote a mis enemigos, los aplast con furor, y su sangre me salpic los vestidos y me manch toda la ropa.
Yo decid que un da tendra que hacer justicia; haba llegado el tiempo de libertar a mi pueblo.
Mir, y no haba quien me ayudara; qued admirado de que nadie me apoyara. Mi brazo me dio la victoria y mi ira me sostuvo.
Lleno de ira aplast a las naciones, las destru con furor e hice correr su sangre por el suelo.
Yo quiero hablar del amor del Seor, cantar sus alabanzas por todo lo que l ha hecho por nosotros, por su inmensa bondad con la familia de Israel, por lo que ha hecho en su bondad y en su gran amor.
l dijo: "Ellos son mi pueblo, hijos que no habrn de traicionarme." Y l los salv
de todas sus aflicciones. No fue un enviado suyo quien los salv; fue el Seor en persona. l los libert por su amor y su misericordia, los levant, los tom en brazos. As lo ha hecho siempre.
Pero ellos se rebelaron contra el Seor y ofendieron su santidad; por eso se volvi enemigo de ellos y les hizo la guerra.
Ellos se acordaron de los tiempos antiguos, de Moiss que libert a su pueblo, y se preguntaban: "Dnde est Dios, que salv del Nilo a Moiss, pastor de su rebao? Dnde est el que puso en Moiss su santo espritu,
el que hizo que su glorioso poder acompaara a Moiss, el que dividi el mar delante de su pueblo para alcanzar fama eterna,
el que los hizo pasar por el fondo del mar sin resbalar, como caballos por el desierto,
como ganado que baja a la llanura?" El espritu del Seor los guiaba. As condujo a su pueblo y alcanz fama y gloria.
Mira, Seor, desde el cielo, desde el lugar santo y glorioso en que vives. Dnde estn tu ardiente amor y tu fuerza? Dnde estn tus sentimientos? Se agot tu misericordia con nosotros?
T eres nuestro padre! Aunque Abraham no nos reconozca, ni Israel se acuerde de nosotros, t, Seor, eres nuestro padre; desde siempre eres nuestro redentor.
Por qu, Seor, haces que nos desviemos de tus caminos, y endureces nuestros corazones para que no te respetemos? Cambia ya, por amor a tus siervos y a las tribus que te pertenecen.
Qu poco tiempo tu pueblo santo fue dueo del pas! Nuestros enemigos han pisoteado tu templo.
Estamos como si t nunca nos hubieras gobernado, como si nunca hubiramos llevado tu nombre.
Ojal rasgaras el cielo y bajaras haciendo temblar con tu presencia las montaas,
(1)como cuando el fuego quema las zarzas o hace hervir el agua. Entonces tus enemigos conoceran tu nombre y las naciones temblaran ante ti.
Cuando hiciste cosas terribles que no esperbamos, cuando bajaste, las montaas temblaron ante ti.
Jams se ha escuchado ni se ha visto que haya otro dios fuera de ti que haga tales cosas en favor de los que en l confan.
T aceptas a quien hace el bien con alegra y se acuerda de hacer lo que t quieres. T ests enojado porque hemos pecado; desde hace mucho te hemos ofendido.
Todos nosotros somos como un hombre impuro; todas nuestras buenas obras son como un trapo sucio; todos hemos cado como hojas marchitas, y nuestros crmenes nos arrastran como el viento.
No hay nadie que te invoque ni se esfuerce por apoyarse en ti; por eso te ocultaste de nosotros y nos has abandonado por causa de nuestra maldad.
Sin embargo, Seor, t eres nuestro padre; nosotros somos el barro, t nuestro alfarero; todos fuimos hechos por ti mismo!
Seor, no te enojes demasiado ni te acuerdes siempre de nuestros crmenes. Mira que somos tu pueblo!
Tus santas ciudades estn convertidas en desierto, Jerusaln est en ruinas, destruida.
Nuestro santuario glorioso, donde nuestros padres te alababan, qued destruido por el fuego. Todo lo que ms queramos est en ruinas!
Y ante todo esto, Seor, no vas a hacer nada? Te vas a quedar callado y vas a humillarnos hasta el extremo?
El Seor dice: "Los que no me haban pedido nada fueron los que acudieron a m; los que no me haban buscado fueron los que me encontraron. A un pueblo que no me haba invocado fue al que le dije: 'Aqu estoy.'
Todo el da extend mis manos para atraer a un pueblo rebelde que iba por caminos perversos siguiendo sus propios caprichos;
un pueblo que en mi propia cara me ofenda continuamente; que ofreca sacrificios a los dioses en los jardines y quemaba incienso en altares de ladrillo;
que se sentaba entre los sepulcros y pasaba las noches en sitios escondidos; que coma carne de cerdo y llenaba sus ollas de caldos impuros.
Dicen: 'Qudate ah, no me toques; soy demasiado sagrado para que me toques.' Esa gente es como fuego que arde todo el da; me molestan como el humo en las narices.
Pero todo esto est escrito delante de m, y no voy a quedarme cruzado de brazos; voy a darles su merecido,
tanto por los crmenes de ellos como por los de sus padres. Ellos quemaban incienso sobre los montes y me ofendan en las colinas. Har primero la cuenta y les dar su merecido." El Seor lo ha dicho.
El Seor dice: "Cuando las uvas tienen mucho jugo la gente no las echa a perder, porque pueden sacar mucho vino. As har yo tambin por amor a mis siervos: no destruir a toda la nacin.
Har que Jacob tenga descendientes y que haya gente en Jud que viva en mis montaas. Mis elegidos poseern la tierra, mis servidores vivirn all.
El valle de Sarn se llenar de rebaos y en el valle de Acor pastar el ganado que tendr el pueblo que me busca.
Pero a ustedes que se apartan del Seor y se olvidan de mi monte santo, que ofrecen comida y vino a Gad y Men, dioses de la fortuna,
mala fortuna les espera: los har morir a filo de espada. Porque yo los llam y ustedes no respondieron; les habl y no me escucharon; hicieron lo que yo no apruebo, escogieron lo que a m me disgusta."
Por eso, el Seor dice: "Mis servidores tendrn de comer, pero ustedes sufrirn hambre; ellos tendrn de beber, pero ustedes sufrirn sed; ellos se alegrarn, pero ustedes quedarn en ridculo;
ellos cantarn de alegra por el gozo de su corazn, pero ustedes gritarn y llorarn por la tristeza y la afliccin.
Mis elegidos usarn el nombre de ustedes para maldecir y desear la muerte a otros, pero a mis siervos les cambiar de nombre.
Cualquiera que en el pas pida una bendicin, la pedir al Dios fiel; y cualquiera que en el pas haga un juramento, jurar por el Dios fiel. Las aflicciones anteriores han quedado olvidadas, han desaparecido de mi vista.
"Miren, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. Lo pasado quedar olvidado, nadie se volver a acordar de ello.
Llnense de gozo y alegra para siempre por lo que voy a crear, porque voy a crear una Jerusaln feliz y un pueblo contento que viva en ella.
Yo mismo me alegrar por Jerusaln y sentir gozo por mi pueblo. En ella no se volver a or llanto ni gritos de angustia.
All no habr nios que mueran a los pocos das, ni ancianos que no completen su vida. Morir a los cien aos ser morir joven, y no llegar a los cien aos ser una maldicin.
La gente construir casas y vivir en ellas, sembrar viedos y comer sus uvas.
No suceder que uno construya y otro viva all, o que uno siembre y otro se aproveche. Mi pueblo tendr una vida larga, como la de un rbol; mis elegidos disfrutarn del trabajo de sus manos.
No trabajarn en vano ni tendrn hijos que mueran antes de tiempo, porque ellos son descendientes de los que el Seor ha bendecido, y lo mismo sern sus descendientes.
Antes que ellos me llamen, yo les responder; antes que terminen de hablar, yo los escuchar.
El lobo y el cordero comern juntos, el len comer pasto, como el buey, y la serpiente se alimentar de tierra. En todo mi monte santo no habr quien haga ningn dao." El Seor lo ha dicho.
El Seor dice: "El cielo es mi trono y la tierra es el estrado de mis pies. Dnde podrn construirme una casa? Dnde podrn hacerme un lugar de descanso?
Yo mismo hice todas estas cosas, y as empezaron a existir! Yo, el Seor, lo afirmo. "El hombre en quien yo me fijo es el pobre y afligido que respeta mi palabra.
Pero hay quienes sacrifican un toro, y tambin matan a un hombre; degellan una oveja, y tambin desnucan un perro; ofrecen cereales, y tambin la sangre de un cerdo; queman incienso, y tambin adoran a un dolo. A los que escogieron esos ritos detestables, les encanta hacer todo esto.
Yo tambin escoger el sufrimiento para ellos, y les traer lo que ellos tanto temen. Porque llam y nadie me respondi, habl y nadie me escuch; hicieron lo que yo no apruebo, escogieron lo que a m me disgusta."
Escuchen la palabra del Seor, ustedes que respetan su palabra: "Algunos compatriotas de ustedes, que los odian, que los persiguen porque invocan mi nombre, dicen: 'Que el Seor muestre su gloria; queremos verlos alegres.' Pero ellos quedarn en ridculo.
Ese estruendo que viene de la ciudad, ese ruido que viene del templo, es el ruido que hace el Seor al dar su merecido a sus enemigos.
"Sin dio a luz en un momento, antes de sentir los dolores del parto.
Quin ha odo decir algo parecido? Quin ha visto algo semejante? Nace una nacin en un solo da? Nace un pueblo en un momento? Pero cuando Sin comenz a sentir los dolores, en seguida dio a luz a sus hijos.
Cmo iba yo a impedir el nacimiento, si yo soy quien hace dar a luz?" El Seor tu Dios lo ha dicho.
"Algrense con Jerusaln, llnense de gozo con ella todos los que la aman; nanse a su alegra todos los que han llorado por ella;
y ella, como una madre, los alimentar de sus consuelos hasta que queden satisfechos.
Porque yo, el Seor, digo: Yo har que la paz venga sobre ella como un ro, y las riquezas de las naciones como un torrente desbordado. Ella los alimentar a ustedes, los llevar en sus brazos y los acariciar sobre sus rodillas.
Como una madre consuela a su hijo, as los consolar yo a ustedes, y encontrarn el consuelo en Jerusaln."
Cuando ustedes vean esto, su corazn se alegrar; su cuerpo se renovar como la hierba. El Seor dar a conocer su poder entre sus siervos, y su ira entre sus enemigos.
Porque el Seor llega en medio de fuego, sus carros parecen un torbellino; va a descargar el ardor de su ira y las llamas ardientes de su castigo.
S, el Seor va a hacer el juicio con fuego, va a juzgar a todo el mundo con su espada y har morir a muchos.
El Seor afirma: "Los que se consagran y purifican para el culto pagano en los jardines siguiendo a uno que va en medio, los que comen carne de cerdo, de rata o de otros animales impuros, sern exterminados de una sola vez, porque yo conozco sus acciones y sus pensamientos.
"Entonces vendr yo mismo a reunir a todos los pueblos y naciones, y vendrn y vern mi gloria.
Yo les dar una seal: dejar que escapen algunos y los enviar a las naciones: a Tarsis, a Libia, a Lidia, pas donde saben manejar el arco, a Tubal, a Grecia y a los lejanos pases del mar, que nunca han odo hablar de m ni han visto mi gloria; ellos anunciarn mi gloria entre las naciones.
Harn venir de todas las naciones a todos los compatriotas de ustedes, a caballo, en carros, en literas, en mulas y en camellos. Sern una ofrenda para m en Jerusaln, mi monte santo, como las ofrendas que traen los israelitas en vasos limpios a mi templo. Yo, el Seor, lo he dicho.
"A algunos de ellos los elegir para que sean sacerdotes y levitas. Yo, el Seor, lo he dicho."
Tambin afirma el Seor: "As como el nuevo cielo y la nueva tierra que yo voy a crear durarn para siempre, as tambin durarn tus descendientes y tu nombre.
Y cada mes, en el da de la luna nueva, y cada semana, en el sbado, todos los hombres vendrn a postrarse delante de m. Yo, el Seor, lo he dicho.
"Vendrn y vern los cadveres de los hombres que se rebelaron contra m. Los gusanos que se los comen no morirn, y el fuego que los devora no se apagar. Sern algo repugnante para toda la humanidad!"
Dichos y hechos de Jeremas, hijo de Hilquas. Jeremas perteneca a una familia de sacerdotes que vivan en el pueblo de Anatot, en la regin de la tribu de Benjamn.
El Seor le habl a Jeremas cuando Josas, hijo de Amn, estaba en el ao trece de su reinado en Jud.
Tambin le habl durante el tiempo en que Joaquim, hijo de Josas, era rey de Jud, y hasta que Sedequas, tambin hijo de Josas, cumpli once aos como rey de Jud; es decir, hasta el quinto mes de aquel ao, cuando los habitantes de Jerusaln fueron llevados al destierro.
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Antes de darte la vida, ya te haba yo escogido; antes de que nacieras, ya te haba yo apartado; te haba destinado a ser profeta de las naciones."
Yo contest: "Ay, Seor! Yo soy muy joven y no s hablar!"
Pero el Seor me dijo: "No digas que eres muy joven. T irs a donde yo te mande, y dirs lo que yo te ordene.
No tengas miedo de nadie, pues yo estar contigo para protegerte. Yo, el Seor, doy mi palabra."
Entonces el Seor extendi la mano, me toc los labios y me dijo:
"Yo pongo mis palabras en tus labios. Hoy te doy plena autoridad sobre reinos y naciones, para arrancar y derribar, para destruir y demoler, y tambin para construir y plantar."
El Seor se dirigi a m, y me dijo: "Jeremas, qu es lo que ves?" "Veo una rama de almendro" -contest.
"Tienes razn -me dijo el Seor-. En efecto, voy a estar atento a que mis palabras se cumplan."
El Seor se dirigi a m por segunda vez: "Qu es lo que ves?" -me pregunt. "Veo una olla hirviendo, a punto de derramarse desde el norte" -contest.
Entonces el Seor me dijo: "Desde el norte va a derramarse la calamidad sobre todos los habitantes de este pas.
Yo, el Seor, les aseguro que voy a llamar a todos los reinos del norte. Vendrn sus reyes y pondrn sus tronos a la entrada misma de Jerusaln, frente a todas las murallas que la rodean y frente a todas las ciudades de Jud.
Este es el castigo que voy a decretar contra esos pecadores que me abandonaron, que quemaron incienso y adoraron a dioses extranjeros que ellos mismos hicieron.
Y t, rmate de valor; ve y diles todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, porque de otra manera yo te har temblar delante de ellos.
Yo te pongo hoy como ciudad fortificada, como columna de hierro, como muralla de bronce, para que te enfrentes a todo el pas de Jud: a sus reyes, jefes y sacerdotes, y al pueblo en general.
Ellos te harn la guerra, pero no te vencern porque yo estar contigo para protegerte. Yo, el Seor, doy mi palabra."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Ve y habla a la ciudad de Jerusaln; grita para que lo oiga bien: 'As dice el Seor! Recuerdo que cuando eras joven, me eras fiel, que cuando te hice mi esposa, me amabas y me seguiste a travs del desierto, tierra en que nada se cultiva.'
Israel estaba consagrada a m, era lo mejor de mi cosecha. Si alguien le haca dao, yo lo castigaba envindole calamidades. Yo, el Seor, lo afirmo."
Descendientes de Jacob, familias todas de Israel, escuchen la palabra del Seor.
El Seor les dice: "Qu de malo encontraron en m sus antepasados, que se alejaron de m? Se fueron tras dioses que no son nada, y en nada se convirtieron ellos mismos.
No se preocuparon por buscarme a m, que los saqu de Egipto, que los gui por el desierto, tierra seca y llena de barrancos, tierra sin agua, llena de peligros, tierra donde nadie vive, por donde nadie pasa.
Yo los traje a esta tierra frtil, para que comieran de sus frutos y de sus mejores productos. Pero ustedes vinieron y profanaron mi tierra, me hicieron sentir asco de este pas, de mi propiedad.
Los sacerdotes no me buscaron, los instructores de mi pueblo no me reconocieron, los jefes se rebelaron contra m, y los profetas hablaron en nombre de Baal y se fueron tras dolos que no sirven para nada.
"Por eso, yo, el Seor, afirmo: Voy a entablar un proceso contra ustedes y sus nietos.
Vayan a las islas de occidente y observen; enven a alguien a Quedar para que se fije bien, a ver si se ha dado el caso
de que una nacin pagana haya cambiado a sus dioses. Y eso que son dioses falsos! Pero mi pueblo me ha dejado a m, que soy su gloria, por dolos que no sirven para nada.
Espntate, cielo, ante esto! Ponte a temblar de horror! Yo, el Seor, lo afirmo.
"Mi pueblo ha cometido un doble pecado: me abandonaron a m, fuente de agua viva, y se hicieron sus propias cisternas, pozos rotos que no conservan el agua.
"Israel no es un esclavo; l no naci en la esclavitud. Por qu, pues, lo saquean?
Por qu lo atacan como leones, lanzando fuertes rugidos? Han dejado en ruinas su pas; sus ciudades fueron incendiadas y nadie qued en ellas.
La gente de Menfis y de Tafnes te rompi la cabeza.
Esto te ha pasado por haberme abandonado a m, que soy el Seor tu Dios y que te guiaba por el camino.
Y ahora, qu ganas con ir a Egipto a beber agua del Nilo? Qu ganas con ir a Asiria a beber agua del Eufrates?
Tu propia maldad te castigar, tu infidelidad te condenar. Piensa y vers lo malo y amargo que ha sido que me abandones y que no me hayas honrado, a m, que soy el Seor tu Dios. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo.
"Desde hace mucho te rebelaste contra m, te negaste a obedecerme. Dijiste: 'No quiero servir.' Sobre toda loma alta y bajo todo rbol frondoso te dedicaste a la prostitucin.
Yo te plant como vid de la mejor calidad, como vid de la semilla ms fina. Pero te has degenerado tanto, que ya ni te reconozco!
Por ms que te laves con leja y uses todo el jabn que quieras, ante m sigue presente la mancha de tu pecado. Yo, el Seor, lo afirmo.
Cmo puedes decir: 'No me he manchado ni he dado culto a dioses falsos'? Mira cul fue tu conducta en el valle, fjate en todo lo que has hecho t, camella ligera de cascos que corre en todas direcciones;
asna salvaje que tira al monte y resopla jadeante de deseos. Cuando est en celo, nadie puede controlarla. Si un macho la busca, no tiene que cansarse: siempre la encuentra en poca de celo.
"Israel, no lastimes tus pies corriendo descalza, no dejes que se te seque la garganta! Pero t dijiste: 'No, imposible; amo a los extraos y me voy con ellos.'
"Como el ladrn se avergenza cuando lo descubren, as quedar avergonzado Israel, el pueblo, los reyes, los jefes, los sacerdotes y los profetas;
pues a un rbol le dicen: 'T eres mi padre', y a una piedra: 'T eres mi madre.' A m, en cambio, me dan la espalda y no la cara. Sin embargo, apenas se ven en peligro, me dicen: 'Ven a salvarnos!'
Jud, dnde estn los dioses que te hiciste? Tienes tantos dioses como ciudades! Pues que vengan ellos, a ver si pueden salvarte cuando te llegue la desgracia!
Qu alegan ustedes en mi contra, si todos ustedes me han sido rebeldes? Yo, el Seor, lo afirmo.
En vano castigu a los hijos de ustedes, pues no quisieron aprender la leccin. Ustedes mismos, como leones feroces, asesinaron a sus profetas.
(Tambin ustedes, los de la generacin actual, presten atencin al mensaje del Seor.) Israel, acaso he sido un desierto para ti?, una tierra llena de sombras? Pueblo mo, por qu dices: 'Somos libres; nunca ms volveremos a ti'?
Puede olvidarse una mujer de sus joyas y adornos de novia? Mi pueblo, sin embargo, hace mucho que se olvid de m.
"Qu bien conoces el camino cuando de buscar amantes se trata! Eres maestra en la escuela del mal!
Tienes la ropa toda manchada de sangre de pobres e inocentes, de gente que no sorprendiste en ningn delito.
Pero a pesar de todo dices: 'Soy inocente. Dios ya no est enojado conmigo.' Pues bien, ya que dices que no has pecado, te voy a entablar un juicio.
Por qu tienes tanta prisa por cambiar de aliados? Tambin Egipto te va a fallar, como ya te ha fallado Asiria.
Y tendrs que regresar de Egipto llena de vergenza, porque yo he rechazado a los que te inspiran confianza, y nada vas a ganar con su amistad."
El Seor dice: "Si un hombre se divorcia de su mujer y ella, al separarse de l, se casa con otro hombre, el primero no volver a unirse con ella. Eso sera una grave ofensa al pas! Sin embargo, t, Israel, te has prostituido con muchos amantes, y ahora quieres volver a m! Yo, el Seor, lo afirmo.
"Mira las lomas peladas, fjate bien: dnde no te has dejado deshonrar? Sentada como rabe del desierto, a la orilla del camino esperabas a tus amantes. Has manchado el pas con tu prostitucin y tu maldad.
Por eso han faltado las lluvias en invierno y primavera. Tienes el descaro de una prostituta; debera darte vergenza!
Hace poco me decas: 'Padre mo, amigo de mi juventud,
vas a estar siempre enojado?, te va a durar la ira para siempre?' Y mientras decas esto, hacas todo el mal que podas."
En tiempos del rey Josas me dijo el Seor: "Has visto lo que hizo la rebelde Israel? Fue y se dedic a la prostitucin sobre toda loma alta y bajo todo rbol frondoso.
Yo pens que, aun despus de todo lo que ella haba hecho, volvera a m; pero no volvi. Su hermana, la infiel Jud, vio esto;
y vio tambin que yo repudi a la rebelde Israel y que me divorci de ella precisamente por el adulterio cometido. Pero Jud, la infiel hermana de Israel, no tuvo temor, sino que tambin ella fue y se dedic a la prostitucin.
Y lo hizo con tanta facilidad, que profan el pas. Me fue infiel adorando a las piedras y a los rboles.
Y despus de todo esto, la infiel Jud tampoco volvi a m de todo corazn, sino que me enga. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor me dijo: "La rebelde Israel es menos culpable que la infiel Jud.
Ve y anuncia este mensaje mirando hacia el norte: 'El Seor afirma: Vuelve a m, rebelde Israel! No te recibir de mal modo ni mantendr mi enojo por siempre, porque soy bondadoso. Yo, el Seor, doy mi palabra.
Reconoce tan solo tu maldad, y que fuiste rebelde contra el Seor tu Dios; que corriste en busca de amores extraos debajo de todo rbol frondoso, y que no obedeciste mis rdenes. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor afirma: "Regresen, hijos rebeldes, pues yo soy su dueo. Tomar uno de cada ciudad y dos de cada clan, y los har volver a Sin.
Les dar los gobernantes que a m me agradan, y ellos los gobernarn a ustedes con sabidura y entendimiento.
Y cuando ustedes hayan aumentado en el pas y tengan ya muchos hijos, nadie volver a hablar ms del arca de la alianza del Seor; nadie pensar en ella ni se acordar ms de ella; ya no har falta ni se har una nueva. Yo, el Seor, doy mi palabra.
Jerusaln ser llamada entonces el trono del Seor; todas las naciones se reunirn all para honrarme, y no volvern a seguir tercamente las malas inclinaciones de su corazn.
"Cuando llegue ese da, Jud se unir a Israel, y juntos regresarn del pas del norte a la tierra que di como herencia a los antepasados de ustedes.
"Israel, yo decid aceptarte como hijo y darte una tierra envidiable, el pas ms bello de todo el mundo. Yo pens que me llamaras padre y que nunca te alejaras de m.
Pero como una mujer que es infiel a su esposo, as ustedes me fueron infieles. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Se oyen voces en las lomas desiertas: son los israelitas, que lloran y piden compasin! Se desviaron del camino recto y se olvidaron de m, el Seor su Dios.
Vulvanse a m, hijos rebeldes, y yo los curar de su rebelda." "Aqu estamos, acudimos a ti, porque t eres el Seor nuestro Dios.
De nada nos sirve ir a las colinas o gritar sobre los montes; solo en el Seor nuestro Dios encuentra Israel su salvacin.
La vergonzosa idolatra nos ha hecho perder lo que nuestros padres consiguieron desde que ramos nios: ovejas y ganado, hijos e hijas.
Humillmonos, pues, avergonzados, cubiertos de deshonra, pues desde nios y hasta ahora, nosotros y nuestros antepasados hemos pecado contra el Seor nuestro Dios y no le hemos obedecido."
El Seor afirma: "Si te quieres volver, Israel, es a m a quien debes volverte. Si alejas tus dolos odiosos y no te apartas de m,
entonces podrs jurar por mi nombre con verdad, justicia y rectitud. Mi nombre ser para las naciones motivo de bendicin y alabanza."
El Seor dice a la gente de Jud y Jerusaln: "Cultiven terrenos no cultivados; ya no siembren entre los espinos.
Gente de Jud y de Jerusaln, circuncdense y reconzcanme como Seor, pongan en su corazn la marca de la alianza; no sea que, por sus malas acciones, mi enojo se encienda como un fuego y arda sin que nadie pueda apagarlo.
"Anuncien esto en Jerusaln y en Jud, proclmenlo a son de trompeta por todo el pas, grtenlo bien fuerte: 'Vamos! A reunirse! A las ciudades fortificadas!'
Levanten la bandera apuntando a Sin; busquen refugio, no se detengan! Porque voy a traer del norte gran calamidad y destruccin.
El len ya ha salido de su guarida, el que destruye las naciones est en marcha; ha salido de su patria para destruir tu pas, para dejar desiertas y en ruinas tus ciudades.
Por eso, vstanse con ropas speras, lloren y giman de dolor, pues la ardiente ira del Seor no se ha apartado de nosotros."
El Seor afirma: "Cuando llegue ese da, el rey y los jefes temblarn de miedo, los sacerdotes sentirn terror y los profetas quedarn espantados."
Yo dije: "Ay, Seor, cmo has engaado a la gente de Jerusaln! Les prometiste paz, y lo que tienen es un cuchillo en el cuello."
Cuando llegue ese momento, se dir al pueblo de Jerusaln: "Un viento caliente del desierto sopla en direccin de mi pueblo. No es la brisa que sirve para limpiar de paja el trigo;
el viento que yo har venir ser demasiado fuerte para eso, pues ahora voy a dictar sentencia contra ellos."
Miren, el enemigo avanza como una nube, sus carros de guerra parecen un huracn, sus caballos son ms ligeros que las guilas. Ay de nosotros, estamos perdidos!
Jerusaln, limpia del mal tu corazn y as te salvars. Hasta cundo dars vueltas en tu cabeza a pensamientos perversos?
Desde Dan y las colinas de Efran llegan malas noticias:
"Adviertan a las naciones y a Jerusaln que de un pas lejano vienen enemigos lanzando gritos de guerra contra las ciudades de Jud.
Rodearn a Jud, como los que cuidan los campos, porque se rebel contra el Seor. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Tu conducta y tus acciones son la causa de lo que te ha sucedido; tu maldad te ha dado este amargo fruto y te hiere el corazn."
Me retuerzo de dolor! El corazn me palpita con violencia! Estoy inquieto, no puedo callarme! He escuchado un toque de trompeta, un gritero de guerra.
Llegan noticias de continuos desastres; todo el pas est en ruinas. De repente han sido destruidos mis campamentos, han quedado deshechas mis tiendas de campaa.
Cunto tiempo an ver en lo alto la bandera y escuchar el toque de la trompeta?
"Mi pueblo es estpido, no me conoce -dice el Seor-. Son hijos sin juicio, que no reflexionan. Les sobra talento para hacer el mal, pero no saben hacer el bien."
Mir a la tierra, y era un desierto sin forma; mir al cielo, y no haba luz.
Mir a los montes, y estaban temblando; todas las colinas se estremecan.
Mir y ya no haba ningn hombre, y todas las aves se haban escapado.
Mir y vi los jardines convertidos en desierto, y todas las ciudades estaban en ruinas. La ira terrible del Seor haba causado todo esto.
El Seor dice: "Toda la tierra ser arrasada, pero no la destruir totalmente.
La tierra se llenar de tristeza y el cielo se pondr de luto. He hablado, y no me arrepentir; lo he resuelto, y no me volver atrs.
Ante los gritos de los jinetes y de los arqueros, toda la gente sale corriendo; se esconden en los matorrales o trepan a los peascos. Todas las ciudades quedan abandonadas; ya no hay nadie que viva en ellas.
Y t, ciudad en ruinas, para qu te vistes de prpura?, para qu te cubres con joyas de oro?, para qu te pintas de negro los ojos? De nada sirve que te embellezcas, pues tus amantes te han rechazado y lo que buscan es tu muerte.
Oigo gritos de dolor, como de una mujer que da a luz a su primer hijo; son los gritos de Sin, que gime, extiende los brazos y dice: 'Ay de m! Me van a matar los asesinos!' "
El Seor dice: "Recorran las calles de Jerusaln, miren bien, busquen por las plazas, a ver si encuentran a alguien que acte con justicia, que quiera ser sincero. Si lo encuentran, perdonar a Jerusaln.
Hay quienes juran por la vida del Seor, pero juran en falso."
Seor, lo que t buscas es gente sincera. Los castigaste, pero no les doli; los arruinaste, pero no quisieron aprender. Tercos, ms duros que la piedra, no quisieron volver al buen camino.
Yo pens: Solo los pobres se comportan como tontos, porque no saben lo que el Seor quiere, lo que su Dios ordena.
Me dirigir a la gente importante y les hablar. Ellos, sin duda, sabrn lo que el Seor quiere, lo que su Dios ordena. Pero todos se haban rebelado contra Dios, se haban negado a obedecerle.
Por eso saldrn leones de la selva y los matarn, los lobos del desierto los despedazarn, los leopardos los atacarn junto a sus ciudades y los harn pedazos cuando salgan; porque han cometido muchos pecados, numerosas traiciones.
El Seor dice: "Cmo voy a perdonarte todo esto? Tus hijos me han abandonado, y juran por dioses que no son dioses. Les di comida en abundancia, pero me fueron infieles y en masa se entregaron a la prostitucin.
Como caballos sementales en celo, relinchan por la mujer de su prjimo.
Y no los he de castigar por estas cosas? No he de dar su merecido a un pueblo as?
Que sus enemigos entren y arrasen el viedo, aunque no lo destruyan del todo! Que le arranquen las ramas, porque ya no es mi viedo!
Israel y Jud me han traicionado! Yo, el Seor, lo afirmo."
Israel y Jud han negado al Seor; han dicho: "Dios no cuenta. Nada malo va a pasarnos, no tendremos ni guerra ni hambre."
Los profetas son puro viento, pues la palabra del Seor no est en ellos.
Pues bien, esto me ha dicho el Seor, el Dios todopoderoso: "Por decir ellos esas cosas, esto es lo que les suceder: Voy a hacer que mis palabras sean en tu boca como fuego, y que el pueblo sea como lea, y que ese fuego lo devore."
El Seor afirma: "Israel, voy a traer contra ti un pueblo que viene de lejos, un pueblo fuerte y muy antiguo. T no conoces su idioma ni entiendes lo que dicen.
Todos ellos son guerreros valientes, y sus armas significan la muerte.
Se comern tus cosechas, tu pan, y aun devorarn a tus hijos y a tus hijas. Se comern tus ovejas, tus reses, tus vias y tus higueras. Con sus armas destruirn las ciudades fortificadas en que t confas."
El Seor afirma: "En ese tiempo, sin embargo, no los destruir por completo.
Cuando te pregunten: 'Por qu nos hizo todo esto el Seor nuestro Dios?', respndeles: 'As como abandonaron al Seor y se pusieron a servir a dioses extranjeros en su propia tierra, as tambin tendrn que servir a gente extranjera en una tierra ajena.'
"Avisen al reino de Israel, y digan a Jud:
'Oye esto, pueblo tonto y estpido, que tiene ojos y no ve, que tiene odos y no oye.
Yo, el Seor, digo: Es que ustedes no me temen? Es que no tiemblan delante de m? Yo puse la playa como lmite del mar, un lmite que el mar no puede pasar. Sus olas se agitan impotentes y rugen, pero no pueden pasarlo.
Ustedes tienen un corazn terco y rebelde; me abandonaron y se fueron.
No reflexionaron ni dijeron: Respetemos al Seor nuestro Dios, que a su debido tiempo nos da la lluvia en otoo y primavera, y nos reserva el tiempo sealado para la cosecha.
Pero el pecado de ustedes ha cambiado las cosas, y no pueden disfrutar de esos beneficios.
Porque hay en mi pueblo hombres malos que acechan como cazadores de pjaros, que ponen trampas para atrapar a los dems.
Llenan sus casas de objetos robados, como se llenan de pjaros las jaulas. As se hicieron poderosos y ricos,
y estn gordos y bien alimentados. Su maldad no tiene lmites: no hacen justicia al hurfano ni reconocen el derecho de los pobres.
No los he de castigar por estas cosas? No he de dar su merecido a gente as? Yo, el Seor, lo afirmo.
'Algo terrible, espantoso, est pasando en este pas.
Lo que anuncian los profetas es mentira; los sacerdotes gobiernan a su antojo, y mi pueblo as lo quiere! Pero, qu harn ustedes cuando llegue el fin?' "
Gentes de la regin de Benjamn, busquen refugio, huyan de Jerusaln! Toquen la trompeta en Tecoa, levanten una seal en Bet-haqurem, porque una desgracia, una gran calamidad, amenaza desde el norte.
La hija de Sin es como una bella pradera que ser destruida,
a donde van los pastores con sus rebaos; acampan a su alrededor y cada rebao pasta por su lado.
Sus enemigos dicen: "Preprense a pelear contra ella! Vengan, ataqumosla a medioda! Pero, qu lstima!, ya es tarde, y las sombras se alargan.
Entonces ataqumosla de noche y destruyamos sus torres!"
El Seor todopoderoso ha dado esta orden: "Corten rboles y construyan una rampa para atacar a Jerusaln! La ciudad est condenada al castigo, porque est llena de opresin.
De Jerusaln brota la maldad como de un pozo brota el agua. No se oye en ella ms que violencia y atropellos; no veo en ella ms que heridas y dolor.
Escarmienta, Jerusaln, porque si no, me apartar de ti disgustado, te convertir en un desierto, te dejar sin habitantes."
El Seor todopoderoso dice: "A los israelitas que queden los van a buscar y rebuscar, como se rebusca entre las ramas de un viedo hasta que no queda ninguna uva."
Yo respond: "Quin me va a or, si les hablo y les doy este aviso? Tienen tapados los odos, Seor, y no pueden escuchar; se burlan de tu palabra, no les agrada.
Estoy lleno de tu ira, Seor; ya no puedo contenerla." El Seor me dijo: "Derrmala sobre los muchachos en la calle, sobre las pandillas de jvenes. Se llevarn presos a los maridos con sus esposas y a los ancianos cargados de aos.
Sus casas, sus campos y sus esposas pasarn a ser de otros. Porque voy a levantar mi mano para castigar a los que viven en este pas. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Todos, grandes y pequeos, solo piensan en las ganancias mal habidas; profetas y sacerdotes, todos cometen fraudes.
Tratan por encima las heridas de mi pueblo; dicen que todo est bien, cuando todo est tan mal.
Debera darles vergenza de hacer esas cosas que no soporto! Pero no, no sienten vergenza, ya ni saben lo que es avergonzarse! Por eso, cuando yo los castigue, tropezarn y caern como los otros. Yo, el Seor, lo digo."
El Seor dice a su pueblo: "Prense en los caminos y miren, pregunten por los senderos antiguos, dnde est el mejor camino; sganlo y encontrarn descanso." Pero ellos dicen: "No, no queremos seguirlo."
El Seor puso centinelas, y dijo al pueblo: "Pongan atencin a la seal de alarma." Pero el pueblo dijo: "No queremos hacer caso."
Por eso dice el Seor: "Escuchen, naciones, sepan lo que va a pasarle a mi pueblo.
Escucha, tierra: Voy a traer a este pueblo una desgracia que es consecuencia de sus planes malvados; porque no hicieron caso de mis palabras, sino que despreciaron mi ley.
Para qu me traen ustedes incienso de Sab y plantas olorosas de pases lejanos? A m no me agradan sus holocaustos ni sus otros sacrificios."
Por eso, el Seor dice: "Voy a hacer que este pueblo tropiece y caiga. Padres e hijos, vecinos y amigos, morirn por igual."
El Seor dice: "Desde lejanas tierras del norte se prepara a venir una nacin poderosa.
Estn armados de arcos y espadas; son crueles, no tienen compasin; sus gritos son como el estruendo del mar, y van montados a caballo. Estn listos para la batalla contra Sin."
En Jerusaln la gente dice: "Hemos odo la noticia, y el miedo nos ha dejado sin fuerzas; sentimos angustia y dolor, como una mujer de parto.
No salgan al campo, no vayan por los caminos! El enemigo est armado; hay terror por todas partes!"
Hija de mi pueblo, ponte ropas speras en seal de dolor; revulcate en la ceniza, ponte de luto y llora amargamente, como cuando se muere un hijo nico; porque el que nos va a destruir vendr muy pronto contra nosotros!
El Seor me dijo: "Te encargo que pongas a prueba a mi pueblo. Examnalo, para ver cul es su conducta."
Todos ellos, Seor, son muy rebeldes; son gente chismosa y pervertida; no son ms que bronce y hierro.
Cuando el fuelle sopla con fuerza, hace que el fuego derrita el plomo. De nada sirve que a ellos se les refine, pues los malvados no desaparecen.
Habr que llamarlos "plata de desecho", porque t, Seor, los has desechado.
El Seor se dirigi a Jeremas, y le dijo:
"Ponte a la entrada del templo del Seor y da a conocer all este mensaje: Habitantes todos de Jud, que entran por estas puertas a adorar al Seor, escuchen este mensaje
del Seor todopoderoso, el Dios de Israel: 'Mejoren su vida y sus obras, y yo los dejar seguir viviendo en esta tierra.
No confen en esos que los engaan diciendo: Aqu est el templo del Seor, aqu est el templo del Seor!
'Si mejoran su vida y sus obras y son justos los unos con los otros;
si no explotan a los extranjeros, a los hurfanos y a las viudas, ni matan a gente inocente en este lugar, ni dan culto a otros dioses, con lo que ustedes mismos se perjudicaran,
yo los dejar seguir viviendo aqu, en la tierra que di para siempre a sus antepasados.
'Ustedes confan en palabras engaosas que no les sirven de nada.
Roban, matan, cometen adulterio, juran en falso, ofrecen incienso a Baal, dan culto a dioses con los que ustedes nada tienen que ver,
y despus vienen a este templo que me est dedicado, a presentarse ante m. Se creen que aqu estn seguros; creen que pueden seguir haciendo esas cosas que yo no soporto.
Acaso piensan que este templo que me est dedicado es una cueva de ladrones? Yo he visto todo eso. Yo, el Seor, lo afirmo.
Vayan a mi santuario en Sil, el primer lugar que escog para residir, y vean lo que hice con l por la maldad de mi pueblo Israel.
Y aunque una y otra vez les he advertido acerca de su conducta, ustedes no han querido obedecerme, y ni siquiera me han respondido. Yo, el Seor, lo afirmo.
Por eso, lo mismo que hice con el santuario de Sil, lo voy a hacer con este templo dedicado a m, el cual les di a ustedes y a sus antepasados y en el que ustedes confan.
Los arrojar a ustedes de mi presencia como antes arroj a sus hermanos, los descendientes de Efran.'
"T, Jeremas, no ores por este pueblo, no me ruegues ni me supliques por ellos. No me insistas, porque no te escuchar.
No ves lo que ellos hacen en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln?
Los hijos recogen la lea, los padres encienden el fuego y las mujeres preparan la masa para hacer tortas y ofrecerlas a la diosa que llaman Reina del Cielo. Me ofenden, adems, ofreciendo vino a dioses extraos.
Pero ms que ofenderme a m, se ofenden a s mismos, para su propia vergenza. Yo, el Seor, lo afirmo.
Por eso yo, el Seor, les aseguro que voy a descargar toda mi ira contra este lugar y contra la gente, y aun contra los animales, los rboles del campo y las cosechas. Ser como un incendio que no se apagar."
El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice a su pueblo: "Ofrezcan todos los holocaustos y sacrificios que quieran, y coman de esa carne.
Pero cuando yo saqu a sus antepasados de Egipto, nada les dije ni orden acerca de holocaustos y sacrificios.
Lo que s les orden fue que me obedecieran; pues as yo sera su Dios y ellos seran mi pueblo. Y les dije que se portaran como yo les haba ordenado, para que les fuera bien.
Pero no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que tercamente se dejaron llevar por las malas inclinaciones de su corazn. En vez de volverse a m, me volvieron la espalda.
Desde que sus antepasados salieron de Egipto hasta ahora, yo les he enviado a ustedes, uno tras otro, a todos mis siervos los profetas.
Pero ustedes no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que se portaron an ms tercamente que sus antepasados.
"T, Jeremas, diles todas estas cosas, aunque no te hagan caso; grtales, aunque no te respondan.
Diles: 'Esta es la nacin que no obedece al Seor su Dios ni quiere ser corregida. La sinceridad ha desaparecido por completo de sus labios.' "
Jerusaln, crtate la cabellera y trala! Entona un canto triste en las lomas desiertas! Porque el Seor est enojado con tu gente, la ha abandonado y rechazado.
El Seor afirma: "La gente de Jud ha hecho algo que me disgusta: pusieron sus despreciables dolos en el templo dedicado a m, y lo profanaron.
En el valle de Ben-hinom construyeron el altar de Tfet para quemar a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les haba ordenado y que ni siquiera me pas por la mente.
Por eso yo, el Seor, afirmo que vendr el da en que a ese lugar ya no lo llamarn Tfet ni Valle de Ben-hinom, sino Valle de la Matanza. Y en Tfet enterrarn a los muertos, por no haber ms lugar.
Los cadveres de esta gente servirn de comida a las aves de rapia y a las fieras, y no habr quien las espante.
Har desaparecer de las ciudades de Jud y de las calles de Jerusaln los cantos de fiesta y alegra, y los cantos de bodas; todo el pas quedar convertido en un desierto."
El Seor afirma: "En aquel tiempo sacarn de sus tumbas los huesos de los reyes y de los jefes de Jud, de los sacerdotes, de los profetas y de los que vivieron en Jerusaln,
y los dejarn tendidos al sol, a la luna y a todas las estrellas a las que haban amado, servido, seguido, consultado y adorado. Nadie los recoger para enterrarlos. Quedarn en el suelo, como estircol.
Los que queden con vida de esta gente tan mala, en cualquier lugar en que se encuentren despus que yo los disperse, preferirn la muerte a la vida. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo.
"T, Jeremas, comuncale al pueblo este mensaje de mi parte: 'Cuando uno se cae, se levanta; cuando pierde el camino, vuelve a l.
Entonces, Israel, por qu me traicionaste? Por qu, Jerusaln, renegaste de m para siempre? Por qu te empeas en ser rebelde y no quieres volver?
He estado escuchando con atencin, pero no he odo a nadie que se arrepienta de su maldad y tenga la franqueza de decir: Qu es lo que he hecho? Todos siguen veloces su camino, como caballos desbocados en la batalla.
Aun la cigea en el cielo sabe cundo debe volver. La trtola, la golondrina y la grulla saben cundo deben ir a otro lugar. En cambio t, pueblo mo, no conoces mis leyes.
Cmo pueden ustedes decir que son sabios y que tienen la ley del Seor? Si los cronistas, con pluma mentirosa, la han falsificado!
Pero esos sabios quedarn humillados, acobardados, como animales cados en la trampa. Dnde est su sabidura, si han rechazado mi palabra?
Por eso, voy a entregar sus mujeres a otros hombres, y sus tierras a otros dueos. Porque todos, grandes y pequeos, solo piensan en las ganancias mal habidas; profetas y sacerdotes, todos cometen fraudes.
Tratan por encima las heridas de mi pueblo; dicen que todo est bien, cuando todo est tan mal.
Debera darles vergenza de hacer esas cosas que no soporto! Pero no, no sienten vergenza, ya ni saben lo que es avergonzarse! Por eso, cuando yo los castigue, tropezarn y caern como los otros. Yo, el Seor, lo digo.' "
El Seor afirma: "Voy a cortar a mi pueblo como si fuera trigo. No quedar ni una uva en el viedo, ni un higo en la higuera. Solo quedarn hojas marchitas."
Y el pueblo dir: "Para qu nos quedamos aqu? Vmonos todos a las ciudades fortificadas, a que nos maten de una vez! El Seor, nuestro Dios, va a hacernos morir; nos da a beber agua envenenada, porque pecamos contra l.
Esperbamos prosperidad, pero nada bueno nos ha llegado. Esperbamos salud, pero solo hay espanto.
Ya viene el enemigo! Ya se oye desde Dan el resoplar de sus caballos! Cuando relinchan, tiembla toda la tierra. Vienen a destruir el pas y todos sus bienes, las ciudades y a los que en ellas viven."
El Seor afirma: "Voy a enviar contra ustedes serpientes venenosas, que los van a morder; contra ellas no hay magia que valga."
Mi dolor no tiene remedio, mi corazn desfallece.
Los ayes de mi pueblo se oyen por todo el pas: "Ya no est el Seor en Sin? Ya no est all su rey?" Y el Seor responde: "Por qu me ofendieron adorando a los dolos, a dioses intiles y extraos?"
Pas el verano, se acab la cosecha y no ha habido salvacin para nosotros.
Sufro con el sufrimiento de mi pueblo; la tristeza y el terror se han apoderado de m.
No habr algn remedio en Galaad? No habr all nadie que lo cure? Por qu no puede sanar mi pueblo?
Ojal fueran mis ojos como un manantial, como un torrente de lgrimas, para llorar da y noche por los muertos de mi pueblo!
Ojal tuviera yo en el desierto un lugar donde vivir, para irme lejos de mi pueblo! Porque todos han sido infieles; son una partida de traidores.
Siempre estn listos a decir mentiras como si dispararan flechas con un arco. En el pas reina la mentira, no la verdad; han ido de mal en peor, y el Seor mismo afirma: "No han querido reconocerme."
Hay que desconfiar hasta del amigo; ni siquiera en el hermano se puede confiar, pues los hermanos se engaan entre s y los amigos se calumnian unos a otros.
Cada uno se burla del otro, y no hay quien diga la verdad. Se han acostumbrado a mentir; son perversos, incapaces
de cambiar. El Seor afirma: "Atropello tras atropello, falsedad tras falsedad! Mi pueblo no quiere reconocerme.
Por eso yo, el Seor todopoderoso, digo: Qu otra cosa puedo hacer con mi pueblo, sino ponerlo al fuego para refinarlo?
Sus lenguas son flechas mortales; andan diciendo falsedades. Saludan cordialmente a sus amigos, pero en realidad les estn poniendo trampas.
Y no los he de castigar por estas cosas? No he de darle su merecido a un pueblo as? Yo, el Seor, lo afirmo.
"Lloren y giman por las montaas, entonen un lamento por las praderas, porque estn quemadas y ya nadie pasa por ellas; ya no se oye el mugir del ganado, y hasta las aves y las fieras se fueron huyendo.
"Voy a convertir a Jerusaln en un montn de piedras, en una guarida de chacales; convertir en un desierto las ciudades de Jud, y quedarn sin habitantes."
Quin es lo bastante sabio para comprender esto? A quin le ha dado a conocer el Seor estas cosas, para que l se las pueda explicar a los dems? Por qu est el pas en ruinas, seco como un desierto por donde nadie pasa?
El Seor responde: "Todo esto sucedi porque los israelitas abandonaron las instrucciones que yo les di; no me obedecieron y no las pusieron en prctica.
Siguieron tercamente las inclinaciones de su corazn y dieron culto a dioses falsos, como sus padres les ensearon.
Por eso yo, el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, digo: Voy a darles de comer algo muy amargo, voy a darles de beber agua envenenada.
Los voy a dispersar entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron; har que los persigan espada en mano, hasta que no quede ni uno solo."
El Seor todopoderoso dice: "Atencin! Manden llamar a las mujeres que tienen por oficio hacer lamentacin."
S, que vengan pronto y que hagan lamentacin por nosotros; que se nos llenen de lgrimas los ojos y nuestros prpados se inunden de llanto!
Desde Sin nos llegan ayes de dolor: Ay, cmo hemos quedado en ruinas!, qu deshonra hemos sufrido! Tenemos que abandonar nuestra patria, nuestros hogares estn en ruinas.
Mujeres, escuchen la palabra del Seor, pongan atencin a su mensaje. Enseen a sus hijas a llorar y a sus amigas a lamentarse as:
"La muerte entr en nuestros hogares, lleg a nuestros palacios; mata a los nios en las calles y a los jvenes en las plazas.
Los cadveres de los hombres quedaron tendidos como estircol en el campo, como espiga que cae detrs del segador y que nadie la recoge." El Seor lo afirma.
El Seor dice: "Que no se enorgullezca el sabio de ser sabio, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza.
Si alguien se quiere enorgullecer, que se enorgullezca de conocerme, de saber que yo soy el Seor, que acto en la tierra con amor, justicia y rectitud, pues eso es lo que a m me agrada. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor afirma: "Viene el da en que castigar a todos los pueblos que se circuncidan fsicamente:
a Egipto, Jud, Edom, Amn y Moab, y a todos los que viven en el desierto y se afeitan las sienes. Porque todos esos pueblos, y aun todo el pueblo de Israel, son realmente paganos de corazn."
Escucha, pueblo de Israel, este mensaje que el Seor te dirige.
El Seor dice: "No sigan el ejemplo de otras naciones ni se dejen asustar por las seales del cielo, como esas naciones lo hacen.
La religin de esos pueblos no vale nada. Cortan un tronco en el bosque, un escultor lo labra con su cincel,
luego lo adornan con plata y oro, y lo aseguran con clavos y martillo para que no se caiga.
Los dolos parecen espantapjaros en un campo sembrado de melones; no pueden hablar, y hay que cargar con ellos, porque no caminan. No tengan miedo de ellos, que a nadie hacen mal ni bien."
Seor, no hay nadie como t: t eres grande, tu nombre es grande y poderoso.
Quin no te teme, rey de las naciones? T mereces ser temido. Entre todos los sabios y reyes del mundo, no hay nadie como t.
Todos ellos son necios, no tienen ninguna inteligencia. Nada puede ensearles un pedazo de madera!
Sus dolos son tan solo plata trada de Tarsis y oro trado de Ufaz; objetos hechos por escultores y orfebres y vestidos con telas moradas y rojas, todos ellos fabricados por hbiles artistas.
El Seor es el Dios verdadero, el Dios viviente, el Rey eterno. Cuando se enoja, tiembla la tierra; las naciones no pueden resistir su ira.
(Ustedes, israelitas, digan a los paganos: "Los dioses que no hicieron el cielo ni la tierra desaparecern de la tierra; ni uno de ellos quedar debajo del cielo.")
El Seor, con su poder, hizo la tierra; con su sabidura afirm el mundo; con su inteligencia extendi el cielo.
Con voz de trueno hace rugir el agua en el cielo, hace subir las nubes desde el extremo de la tierra, hace brillar los relmpagos en medio de la lluvia y saca el viento de donde lo tiene guardado.
Necio e ignorante es todo hombre. Los dolos defraudan al que los fabrica: son imgenes engaosas y sin vida;
son objetos sin valor, ridculos, que el Seor, en el juicio, destruir.
Qu diferente es el Dios de Jacob, creador de todo lo que existe! l escogi a Israel como su propiedad. El Seor todopoderoso: ese es su nombre.
-Y t, nacin en estado de sitio, recoge tus cosas.
Porque el Seor dice: 'Esta vez voy a lanzar lejos a los habitantes de este pas. Voy a ponerlos en aprietos, a ver si as me encuentran.'
-Ay de m, que estoy en ruinas! Mis heridas no tienen curacin! Y yo que pens que podra soportar este dolor!
Mi campamento est destruido, todas las cuerdas estn rotas. Mis hijos me han abandonado, ya no existen! Ya no hay quien vuelva a plantar mis tiendas, quien vuelva a extender sus lonas.
-Los jefes de este pueblo son necios; no buscan al Seor. Por eso han fracasado y todo su rebao est disperso.
Atencin! Llega una noticia! De un pas del norte viene un gran estruendo que va a convertir las ciudades de Jud en un desierto donde solo vivan los chacales.
Seor, yo s que el hombre no es dueo de su vida, que no tiene dominio sobre su destino.
Corrgenos conforme a tu justicia, y no con ira, pues nos destruiras.
Descarga tu ira sobre las naciones que no te reconocen, sobre los pueblos que no te invocan, porque han devorado al pueblo de Jacob, lo han destruido por completo y han dejado en ruinas el pas.
El Seor se dirigi a m, Jeremas, y me dijo:
"Que los israelitas pongan atencin a los trminos de esta alianza. Habla a la gente de Jud y a los habitantes de Jerusaln,
y diles que yo, el Seor, el Dios de Israel, declaro maldito al que no obedezca los trminos de esta alianza.
Es la alianza que hice con sus antepasados cuando los saqu de Egipto, pas que era para ellos como un horno de fundir hierro. Les dije: Obedzcanme, hagan todo lo que yo les ordene y ustedes sern mi pueblo y yo ser su Dios.
Si ustedes me hacen caso, yo cumplir el juramento que hice a sus antepasados, de darles una tierra, la tierra que ahora tienen, donde la leche y la miel corren como el agua." Y yo respond: "S, Seor."
Entonces el Seor me dijo: "Proclama este mensaje en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln. Di a la gente: 'Escuchen cules son los trminos de esta alianza, y cmplanlos.
Cuando yo saqu de Egipto a los antepasados de ustedes, les advert solemnemente que me hicieran caso, y desde entonces hasta ahora se lo he seguido advirtiendo.
Pero no me hicieron caso ni me obedecieron, sino que tercamente se dejaron llevar por las malas inclinaciones de su corazn. No quisieron cumplir los trminos que yo les haba ordenado, y entonces hice que les vinieran los castigos anunciados en la alianza.' "
El Seor sigui dicindome: "La gente de Jud y los habitantes de Jerusaln conspiran contra m.
Han vuelto a los mismos pecados que antes cometieron sus antepasados, los cuales se negaron a obedecerme y se fueron tras otros dioses y los adoraron. Tanto Israel como Jud han violado la alianza que yo hice con sus antepasados.
Por lo tanto, voy a enviarles una calamidad de la que no podrn escapar. Por ms que griten pidindome auxilio, no los escuchar. Yo, el Seor, lo afirmo.
Entonces la gente de Jud y los habitantes de Jerusaln irn a pedir ayuda a los dioses a los que ofrecen incienso, pero ellos no podrn salvarlos cuando llegue la calamidad.
Jud tiene tantos dioses como ciudades, y los habitantes de Jerusaln han levantado tantos altares para ofrecer incienso a Baal como calles hay en la ciudad.
As que t, Jeremas, no ores en favor de este pueblo; no me ofrezcas oraciones ni splicas por ellos, porque no voy a escucharlos cuando me pidan ayuda en medio de la calamidad.
"Qu busca Israel, mi amada, en mi templo, despus de haber hecho tantas cosas malas? Acaso la grasa y la carne de los sacrificios alejarn de ti la desgracia, y podrs as escapar?"
El Seor te haba llamado "olivo frondoso, cargado de hermosos frutos." Pero en medio de fuertes truenos l prendi fuego a tus hojas y arden tus ramas.
El Seor todopoderoso, que te plant, ha ordenado la calamidad contra ti por causa de las maldades que Israel y Jud han cometido, pues lo han ofendido ofreciendo incienso a Baal.
El Seor me hizo saber que mis enemigos estaban tramando algo malo. l me abri los ojos, para que me diera cuenta.
Yo estaba tranquilo, como un cordero que llevan al matadero, sin saber que estaban haciendo planes contra m. Decan: "Cortemos el rbol ahora que est en todo su vigor; arranqumoslo de este mundo de los vivientes, para que nadie vuelva a acordarse de l."
Pero t, Seor todopoderoso, eres un juez justo; t conoces hasta lo ms ntimo del hombre. Hazme ver cmo castigas a esa gente, pues he puesto mi causa en tus manos.
Y a los hombres de Anatot, que buscaban mi muerte y que me ordenaban no hablar en nombre del Seor, si no quera que me mataran,
el Seor todopoderoso les dice: "Voy a ajustar cuentas con ustedes: los jvenes morirn en la guerra, y sus hijos y sus hijas morirn de hambre.
No quedar ni uno solo de ellos, porque viene el da en que yo ajustar cuentas con ustedes, hombres de Anatot, y traer sobre ustedes la calamidad."
Seor, si me pongo a discutir contigo, t siempre tienes la razn; y sin embargo quisiera preguntarte el porqu de algunas cosas. Por qu les va bien a los malvados? Por qu viven tranquilos los traidores?
T los plantas, y ellos echan races, y crecen y dan fruto. De labios para afuera, te tienen cerca, pero en su interior estn lejos de ti.
T, en cambio, Seor, me conoces; t me ves y sabes cules son mis sentimientos hacia ti. Llvate a esa gente como ovejas al matadero; mrcalos para el da de la matanza!
Hasta cundo va a estar seca la tierra y marchita la hierba de los campos? Los animales y las aves se estn muriendo por la maldad de los habitantes del pas, que piensan que no ves lo que ellos hacen.
"Si tanto te cansas corriendo contra gente de a pie, cmo podrs competir con gente de a caballo? En terreno seguro te sientes tranquilo, pero qu hars en la espesura del Jordn?
Aun tus hermanos, los de tu propia familia, te han traicionado, y a gritos te insultan a tus espaldas. No confes en ellos, ni aunque te hablen con buenas palabras.
"He abandonado a mi pueblo, he rechazado a la que fue mi posesin. He puesto en manos de sus enemigos a la nacin que yo tanto amaba.
Este pueblo, que fue mi posesin, es ahora para m como un len en la selva; ruge contra m, por eso lo aborrezco.
Mi pueblo es como un ave de bello plumaje, a la que otras aves atacan. Vengan, todos los animales salvajes; jntense a darse su banquete!
Muchos jefes enemigos han destruido mi viedo, han pisoteado mi campo. Han convertido en desolado desierto el terreno que yo ms quiero.
Lo dejaron desierto y desolado, y yo lo veo lamentarse. Todo el pas est desierto, pero a nadie le preocupa.
Por todas las lomas del desierto vinieron hombres violentos, porque yo, el Seor, tengo una espada que destruir el pas de extremo a extremo, y no habr paz para ninguno.
Sembraron trigo y cosecharon espinos; todos sus trabajos fueron vanos. La cosecha fue un fracaso por causa de mi ardiente ira."
As dice el Seor acerca de los pueblos malvados, vecinos de Israel, que han destruido la tierra que l dio como herencia a su pueblo Israel: "Yo los arrancar de sus tierras, y sacar a Jud de en medio de ellos.
Pero despus de arrancarlos volver a tener compasin de ellos, y los har regresar a su propia tierra y a su propio pas.
Ciertamente ellos ensearon a mi pueblo a jurar por Baal, pero ahora podrn establecerse en medio de mi pueblo, si de veras aceptan la religin de mi pueblo y juran por mi nombre diciendo: 'Por la vida del Seor.'
Pero a la nacin que no me obedezca, la arrancar de raz y la destruir. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor me dijo: "Ve y cmprate un cinturn de lino y pntelo en la cintura, pero no lo mojes con agua."
Yo compr el cinturn, como el Seor me lo haba ordenado, y me lo puse en la cintura.
Entonces me habl de nuevo el Seor y me dijo:
"Toma el cinturn que compraste y que tienes puesto, vete al ro Eufrates y escndelo all, en la grieta de una roca."
Fui entonces al ro Eufrates y lo escond, como el Seor me lo haba ordenado.
Al cabo de mucho tiempo, el Seor me dijo: "Ve al ro Eufrates y trae el cinturn que te orden que escondieras all."
Fui al ro Eufrates, busqu en la tierra y saqu el cinturn del sitio en que lo haba escondido, pero ya estaba podrido y no serva para nada.
Entonces el Seor se dirigi a m una vez ms,
y me dijo: "De esta misma manera destruir el orgullo de Jud y Jerusaln.
Este pueblo malvado se niega a obedecer mis rdenes y sigue tercamente las inclinaciones de su corazn. Se ha ido tras otros dioses, para servirlos y adorarlos. Es como ese cinturn, que no sirve para nada.
As como uno se aprieta el cinturn alrededor de la cintura, as tuve a todo el pueblo de Israel y a todo el pueblo de Jud muy unidos a m, para que fueran mi pueblo y dieran a conocer mi nombre, y fueran mi honor y mi gloria. Pero no me obedecieron. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Diles tambin: 'El Seor, el Dios de Israel, dice: Cualquier vasija puede llenarse de vino.' Los israelitas te van a contestar: 'Acaso no sabemos de sobra que cualquier vasija puede llenarse de vino?'
Y t les responders: 'El Seor dice: Voy a emborrachar a todos los que viven en este pas; a los reyes que se sientan en el trono de David, a los sacerdotes, a los profetas y a todos los que viven en Jerusaln.
Luego los romper como vasijas, unos contra otros, padres e hijos por igual. No les tendr compasin; los destruir sin misericordia y sin piedad. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
Israelitas, el Seor ha hablado! No sean orgullosos, escchenlo con atencin.
Honren al Seor su Dios, antes que l haga llegar la oscuridad y tropiecen ustedes en los montes tenebrosos; antes que l convierta en tinieblas, en pesada sombra, la luz que ustedes esperaban.
Si ustedes no hacen caso, llorar en secreto a causa de su orgullo; de mis ojos corrern las lgrimas, porque se llevan preso el rebao del Seor.
"Di al rey y a la reina madre: 'Bajen del trono, sintense en el suelo, pues de su cabeza ha cado la corona que los adornaba.'
Las ciudades del Ngueb estn sitiadas; nadie puede pasar. Todos los de Jud fueron llevados al destierro, a un destierro total.
Alcen la vista y miren cmo viene del norte el enemigo. Dnde est el rebao que yo te haba confiado, ese rebao que era tu orgullo?
"Y qu vas a decir, Jerusaln, cuando tengas que ser gobernada por gente que t misma instruiste? Te vendrn dolores como a mujer de parto.
Y si preguntas por qu te pasa esto, debes saber que es por tus graves pecados; por eso te han desnudado y han abusado de ti!
Puede un negro cambiar de color? Puede un leopardo quitarse sus manchas? Pues tampoco ustedes, acostumbrados al mal, pueden hacer lo bueno.
Por eso voy a dispersarlos a ustedes como a paja que arrastra el viento del desierto.
Ese es tu destino, Israel, eso has merecido que yo te haga. Yo, el Seor, lo afirmo. Pues te olvidaste de m y pusiste tu confianza en falsos dolos.
Yo tambin te voy a desnudar del todo y a exponerte a la vergenza.
He visto tu pasin, tus adulterios, tu vergonzosa conducta de prostituta, tus repugnantes acciones en las colinas y en los campos. Ay de ti, Jerusaln!, cunto tiempo seguirs estando impura?"
Por causa de la sequa, el Seor se dirigi a Jeremas, y le dijo:
"Jud llora de tristeza, sus ciudades estn afligidas, la gente est tendida por el suelo. Jerusaln lanza gritos de dolor.
Los ricos mandan a sus criados por agua; estos van a las cisternas, pero no la encuentran, y vuelven con sus cntaros vacos; defraudados y llenos de vergenza, se cubren la cabeza.
Los campesinos se sienten defraudados y se cubren la cabeza, porque falta la lluvia y la tierra est reseca.
Aun las ciervas, en el campo, abandonan sus cras recin nacidas, porque no hay hierba que comer.
Los asnos salvajes, parados en las lomas desiertas, toman aire como los chacales; y la vista se les nubla porque no hay pasto que comer."
Seor, aunque nuestros pecados nos acusan, acta por el honor de tu nombre! Muchas veces te hemos sido infieles, hemos pecado contra ti.
Esperanza de Israel, salvador nuestro en tiempos difciles, por qu te portas como un extrao en el pas, como un viajero que solo se queda a pasar la noche?
Por qu ests como un hombre aturdido, como un guerrero que no puede ayudar? Pero, Seor, t ests en medio de nosotros, todos saben que somos tu pueblo; no nos abandones!
El Seor dice esto acerca del pueblo de Israel: "A este pueblo le encanta andar siempre de un lado para otro. Por eso no lo miro con agrado. Ahora voy a acordarme de sus pecados y a pedirle cuenta de ellos."
El Seor me dijo: "No me ruegues por el bienestar de este pueblo.
Por mucho que ayune, no escuchar sus splicas; por muchos holocaustos y ofrendas de cereales que me traiga, no lo mirar con agrado. Voy a destruirlo con guerra, hambre y peste."
Y yo le contest: "Pero, Seor; los profetas le estn diciendo al pueblo que no va a haber guerra ni hambre, y que t le vas a conceder una paz duradera en este lugar."
Entonces el Seor me respondi: "Si eso dicen en mi nombre los profetas, es que estn mintiendo. Yo no los he enviado, ni les he dado ninguna orden, y ni siquiera les he hablado. Son revelaciones falsas, visiones engaosas, inventos de su propia fantasa. Esto es lo que les anuncian esos profetas.
Pues yo, el Seor, digo de esos profetas que pretenden hablar en mi nombre sin que yo los haya enviado, y que dicen que no va a haber guerra ni hambre en este pas: esos profetas morirn por la guerra y el hambre.
Y el pueblo al que ellos se dirigen, morir tambin por la guerra y el hambre, con sus mujeres, sus hijos y sus hijas. Los cadveres sern arrojados a las calles de Jerusaln, y no habr quien los entierre. As les har pagar su maldad.
Di al pueblo lo siguiente: 'Que broten lgrimas de mis ojos da y noche, sin cesar, por la terrible desgracia de mi pueblo, por la gravedad de su herida.
Salgo al campo, y veo los cadveres de los muertos en batalla; entro en la ciudad, y veo gente que se est muriendo de hambre, Aun los profetas y los sacerdotes se van a un pas desconocido.' "
Seor, has rechazado del todo a Jud? Te has cansado de la ciudad de Sin? Por qu nos heriste irremediablemente? Esperbamos prosperidad, pero nada bueno nos ha llegado. Esperbamos salud, pero solo hay espanto.
Reconocemos, Seor, nuestra maldad y la culpa de nuestros antepasados; hemos pecado contra ti.
Por el honor de tu nombre, no nos rechaces; no trates con desprecio a la ciudad donde est tu glorioso trono! Recuerda la alianza que hiciste con nosotros, no faltes a ella!
Hay acaso entre los dolos paganos alguno que pueda hacer llover? Acaso el cielo enva los aguaceros por s mismo? No, Seor y Dios nuestro! T eres quien los enva, t eres quien hace todas estas cosas; por eso esperamos en ti!
El Seor me dijo: "Aunque Moiss y Samuel se presentaran aqu, delante de m, yo no tendra compasin de este pueblo. Diles que salgan de mi presencia, que se vayan.
Y si te preguntan a dnde han de ir, diles esto de mi parte: 'Los destinados a morir de peste, a morir de peste; los destinados a morir en la guerra, a morir en la guerra; los destinados a morir de hambre, a morir de hambre; los destinados al destierro, al destierro.'
"Yo, el Seor, afirmo: Voy a enviarles cuatro diferentes castigos: los matarn en la guerra, los arrastrarn los perros, se los comern las aves de rapia y los devorarn las fieras.
Har que todas las naciones de la tierra sientan horror de lo que voy a hacer con ellos, por causa de lo que el rey de Jud, Manass, hijo de Ezequas, ha hecho en Jerusaln.
"Quin tendr compasin de ti, Jerusaln? Quin va a sentir lstima de ti? Quin se va a preocupar de tu salud?
T me abandonaste, me diste la espalda. Yo, el Seor, lo afirmo. Por eso yo, cansado de tener paciencia, levant mi mano para castigarte, y te destru.
Dispers a tu gente como a paja, sacndola de las ciudades del pas; dej sin hijos a mi pueblo, lo destru porque no quiso dejar su mala vida.
Dej entre ellos ms viudas que granos de arena tiene el mar. En pleno medioda hice caer la muerte sobre las madres con hijos jvenes; de repente hice caer sobre ellas la angustia y el terror.
Madres con muchos hijos se desmayan, quedan sin aliento; avergonzadas y humilladas, la luz del da se les vuelve oscuridad. Si algunos quedan con vida, har que sus enemigos los maten. Yo, el Seor, doy mi palabra."
Ay de m, madre ma, que me diste a luz solo para disputar y pelear con todo el mundo! A nadie he prestado dinero, ni me lo han prestado a m, y sin embargo todos me maldicen.
Que sus maldiciones se cumplan, Seor, si no te he servido bien, si no te he rogado en favor de mis enemigos, cuando estaban en desgracia y afliccin.
"Quin puede romper el hierro del norte y el bronce?
A causa de todos tus pecados, Israel, voy a entregar a tus enemigos tu riqueza y tus tesoros, todo lo que tienes en tu territorio, para que se lo lleven gratuitamente.
Voy a hacerte esclavo de tus enemigos en una tierra que t no conoces, porque mi ira se ha encendido como un fuego que te consumir."
Seor, t que lo sabes todo, acurdate de m y ven en mi ayuda! Toma venganza de los que me persiguen! No seas con ellos tan paciente que me dejes morir a m; mira que por ti soporto insultos.
Cuando me hablabas, yo devoraba tus palabras; ellas eran la dicha y la alegra de mi corazn, porque yo te pertenezco, Seor y Dios todopoderoso.
Yo he evitado juntarme con los que solo piensan en divertirse; desde que t te apoderaste de m he llevado una vida solitaria, pues me llenaste de tu ira.
Por qu mi dolor nunca termina? Por qu mi herida es incurable, rebelde a toda curacin? Te has vuelto para m como el agua engaosa de un espejismo.
Entonces el Seor me respondi: "Si regresas a m, volver a recibirte y podrs servirme. Si evitas el hablar por hablar y dices solo cosas que valgan la pena, t sers quien hable de mi parte. Son ellos quienes deben volverse a ti, y no t quien debe volverse a ellos.
Yo har que seas para este pueblo como un muro de bronce, difcil de vencer. Te harn la guerra, pero no te vencern, pues yo estoy contigo para salvarte y librarte. Yo, el Seor, doy mi palabra.
Te librar del poder de los malvados, te salvar del poder de los violentos!"
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"No te cases ni tengas hijos en este pas.
Porque yo, el Seor, te voy a decir lo que va a suceder a los hijos que nazcan en este pas y a los padres que los tengan.
Morirn de enfermedades terribles y nadie llorar por ellos ni los enterrar: quedarn tendidos en el suelo como estircol. La guerra y el hambre acabarn con ellos, y sus cadveres sern devorados por las aves de rapia y las fieras."
El Seor me dijo tambin: "No entres en una casa donde estn de luto por un muerto; no llores ni muestres tu dolor por l, porque a este pueblo le he retirado mi paz, mi amor y mi misericordia. Yo, el Seor, lo afirmo.
Grandes y pequeos morirn en este pas; nadie les dar sepultura, ni los llorar, ni mostrar dolor por ellos hirindose en el cuerpo o rapndose la cabeza.
Nadie celebrar banquetes fnebres para consolar a los parientes, ni aun cuando se trate de la muerte del padre o de la madre.
"Tampoco entres en una casa donde haya un banquete, a sentarte con ellos a comer y beber.
Porque yo, el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, declaro: Yo har que terminen en este pas los cantos de fiesta y alegra, y los cantos de bodas. Esto pasar en sus propios das, y ustedes mismos lo vern.
"Cuando comuniques al pueblo este mensaje, te van a preguntar: 'Por qu ha ordenado el Seor contra nosotros este mal tan grande? Qu mal hemos hecho? Qu pecado hemos cometido contra el Seor nuestro Dios?'
T contstales: 'El Seor afirma: Esto es porque los antepasados de ustedes me dejaron y se fueron tras otros dioses, para darles culto y adorarlos; a m me abandonaron y no cumplieron las instrucciones que yo les di.
Y ustedes han sido peores que sus antepasados, pues cada uno ha seguido tercamente las malas inclinaciones de su corazn y no me ha obedecido.
Por eso los voy a echar de esta tierra a un pas que ni ustedes ni sus antepasados conocan, y all servirn da y noche a otros dioses, pues no tendr compasin de ustedes.'
"Pero vendr un tiempo -yo, el Seor, lo afirmo- en que ya no jurarn diciendo: 'Por la vida del Seor, que sac a los israelitas de Egipto',
sino que dirn: 'Por la vida del Seor, que sac a los israelitas del pas del norte y de todos los dems pases por donde los haba dispersado'. Yo har que ustedes regresen a su tierra, a la tierra que di a sus antepasados.
"Voy a hacer venir muchos pescadores -yo, el Seor, lo afirmo- para que pesquen a los israelitas. Luego har venir muchos cazadores para que los cacen y los saquen de todas las montaas y colinas y hasta de las grietas de las rocas.
Porque veo todas sus acciones; ninguna queda oculta para m, ni sus pecados pueden esconderse de mi vista.
Primero los har pagar el doble por sus maldades y pecados, porque profanaron mi tierra con sus aborrecibles dolos muertos, y en toda la tierra que les di como herencia hicieron cosas que yo detesto."
Seor, fuerza y proteccin ma, mi refugio en el momento de peligro; a ti vendrn las naciones desde el extremo de la tierra, y te dirn: "Solo dioses falsos, intiles y sin poder recibieron nuestros padres como herencia.
Puede el hombre hacer sus propios dioses? Entonces esos dioses no son verdaderos!"
"Por eso, de una vez por todas, voy a mostrarles mi poder; as sabrn que mi nombre es el Seor.
"Jud, tu pecado est escrito con cincel de hierro, est grabado con punta de diamante en la piedra de tu corazn, en los cuernos de tus altares.
Tus hijos se acuerdan de los altares y de los troncos sagrados que haba junto a los rboles frondosos y sobre las colinas elevadas
y sobre los montes del campo. Por causa de tus pecados, har que te roben tus riquezas y tesoros, y que saqueen tus colinas sagradas en todo tu territorio.
Tendrs que abandonar la tierra que yo te di como herencia, y te har esclava de tus enemigos en una tierra que no conoces, porque mi ira se ha encendido como un fuego que te consumir."
El Seor dice: "Maldito aquel que aparta de m su corazn, que pone su confianza en los hombres y en ellos busca apoyo.
Ser como la zarza del desierto, que nunca recibe cuidados: que crece entre las piedras, en tierras de sal, donde nadie vive.
"Pero bendito el hombre que confa en m, que pone en m su esperanza.
Ser como un rbol plantado a la orilla de un ro, que extiende sus races hacia la corriente y no teme cuando llegan los calores, pues su follaje est siempre frondoso. En tiempo de sequa no se inquieta, y nunca deja de dar fruto.
"Nada hay tan engaoso y perverso como el corazn humano. Quin es capaz de comprenderlo?
Yo, el Seor, que investigo el corazn y conozco a fondo los sentimientos; que doy a cada cual lo que se merece, de acuerdo con sus acciones."
El que se hace rico injustamente es como la perdiz que empolla huevos ajenos. En pleno vigor tendr que abandonar su riqueza, y al fin solo ser un tonto ms.
Nuestro templo es un trono glorioso, puesto en alto desde el principio.
Seor, t eres la esperanza de Israel. Todo el que te abandona quedar avergonzado. Todo el que se aleja de ti desaparecer como un nombre escrito en el polvo, por abandonarte a ti, manantial de frescas aguas.
Sname t, Seor, y ser sanado; slvame t, y ser salvado, pues solo a ti te alabo.
La gente me dice: "Qu pas con las palabras del Seor? Que se cumplan ahora mismo!"
Y, sin embargo, yo no he insistido en que t les enves un desastre, ni he deseado calamidades para ellos. T bien sabes lo que he dicho, pues lo dije en tu presencia.
No te conviertas para m en terror, pues eres mi refugio en momentos de angustia.
Deja en ridculo a mis perseguidores, y no a m; que ellos queden espantados, y no yo. Haz venir sobre ellos momentos de angustia, destrzalos por completo una y otra vez.
El Seor me dijo: "Ve y prate en la Puerta del Pueblo, por donde entran y salen los reyes de Jud, y luego haz lo mismo en las dems puertas de Jerusaln.
Di a la gente: 'Reyes y pueblo todo de Jud, habitantes todos de Jerusaln que entran por estas puertas, escuchen la palabra del Seor.
El Seor dice: En el sbado y por consideracin a sus propias vidas, no lleven cargas ni las metan por las puertas de Jerusaln.
No saquen tampoco ninguna carga de sus casas en el sbado, ni hagan en l ningn trabajo. Consgrenme el sbado, tal como se lo orden a sus antepasados.
Pero ellos no me hicieron caso ni me obedecieron, sino que fueron tercos y no quisieron obedecer ni escarmentar.
'Yo, el Seor, afirmo: Obedzcanme de veras, no lleven ninguna carga por las puertas de la ciudad en el sbado; consgrenme este da y no hagan en l ningn trabajo.
Si lo hacen as, siempre habr reyes que ocupen el trono de David y que entren por las puertas de esta ciudad en carrozas y caballos, acompaados de los jefes y de la gente de Jud y de Jerusaln. Y Jerusaln siempre tendr habitantes.
Y vendr gente de las ciudades de Jud que estn en los alrededores de Jerusaln, y del territorio de Benjamn, de la llanura, de la regin montaosa y del Ngueb. Traern al templo animales para el holocausto y para los dems sacrificios, ofrendas de cereales e incienso, y ofrendas de accin de gracias.
Pero si ustedes no obedecen mi mandato de consagrarme el sbado y de no meter cargas en ese da por las puertas de Jerusaln, entonces pondr fuego a las puertas de la ciudad, un fuego que destruir los palacios de Jerusaln y que nadie podr apagar.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Baja a la casa del alfarero y all te comunicar un mensaje."
Yo, Jeremas, baj y encontr al alfarero trabajando el barro en el torno.
Cuando el objeto que estaba haciendo le sala mal, volva a hacer otro con el mismo barro, hasta que quedaba como l quera.
Entonces el Seor me dijo:
"Acaso no puedo hacer yo con ustedes, israelitas, lo mismo que este alfarero hace con el barro? Ustedes son en mis manos como el barro en las manos del alfarero. Yo, el Seor, lo afirmo.
En un momento dado decido arrancar, derribar y destruir una nacin o un reino.
Pero si esa nacin se aparta del mal, entonces ya no le envo el castigo que le tena preparado.
En otra ocasin decido construir y hacer crecer una nacin o un reino.
Pero si esa nacin hace lo malo y desatiende mis advertencias, entonces ya no le envo los beneficios que le tena preparados.
"Di, pues, a la gente de Jud y a los habitantes de Jerusaln que yo, el Seor, les digo: 'Estoy haciendo planes contra ustedes; estoy pensando en castigarlos. Dejen ya el mal camino; mejoren su conducta y sus obras.'
Ellos te van a decir: 'No pierdas tu tiempo! Preferimos vivir como a nosotros nos gusta y seguir tercamente las malas inclinaciones de nuestro corazn.' "
Por eso, el Seor dice: "Pregunten entre las naciones, si alguien ha odo cosa semejante. El pueblo de Israel ha hecho algo muy horrible!
Desaparece alguna vez la nieve de las altas rocas del Lbano? Se secarn acaso las frescas aguas que bajan de las montaas?
Pero mi pueblo me ha olvidado, y ofrece incienso a dioses falsos. Se ha extraviado en su camino, el camino antiguo, y sigue senderos desconocidos.
As ha convertido su pas en un desierto, en un constante motivo de asombro. Todo el que pase por l mover espantado la cabeza.
Yo, como un viento del este, dispersar a Israel; lo har huir de sus enemigos. Yo le volver la espalda, no la cara, cuando llegue el da de su castigo."
La gente dijo: "Vamos a preparar un plan para deshacernos de Jeremas. Jams faltarn sacerdotes que nos instruyan, ni sabios que nos den consejos, ni profetas que nos comuniquen la palabra de Dios. Acusmoslo, para que lo maten. No hagamos caso a nada de lo que dice."
Seor, prstame atencin! Oye lo que dicen mis enemigos!
Es con el mal como se paga el bien? Ellos han cavado mi sepultura! Recuerda que me he enfrentado contigo para hablarte en favor de ellos, para pedirte que apartaras de ellos tu ira.
Pero ahora, haz que sus hijos mueran de hambre o a filo de espada; que queden viudas y sin hijos sus esposas! Que la peste mate a sus hombres y sus jvenes caigan en el campo de batalla!
Enva de repente contra ellos una banda de ladrones; que se oigan sus gritos de terror! Porque cavaron un hoyo para atraparme, pusieron trampas a mi paso.
Pero t, Seor, conoces todos los planes que han hecho para darme muerte. No les perdones su maldad ni olvides sus pecados! Hazlos caer delante de ti, castgalos con ira!
El Seor me dijo: "Ve y compra un cntaro de barro, y llama a algunos ancianos del pueblo y a algunos sacerdotes ancianos.
Luego sal al Valle de Ben-hinom, frente a la Puerta de los Tiestos, y proclama all el mensaje que voy a comunicarte.
Di: 'Reyes de Jud y habitantes de Jerusaln, escuchen este mensaje del Seor todopoderoso, el Dios de Israel: Voy a enviar una calamidad tan grande sobre este lugar, que todo el que oiga la noticia quedar aturdido.
Porque los israelitas me abandonaron y convirtieron este lugar en tierra extraa; en l ofrecieron incienso a otros dioses, que no conocan ni ellos ni sus antepasados ni los reyes de Jud, y lo llenaron de sangre de gente inocente.
Adems construyeron altares para quemar a sus hijos en holocausto a Baal, cosa que yo no les orden ni les dije, y que ni siquiera me pas por la mente.
Por eso vendrn das en que este lugar ya no se llamar Tfet ni Valle de Ben-hinom, sino Valle de la Matanza. Yo, el Seor, lo afirmo.
En este lugar har pedazos los planes de Jud y de Jerusaln. Har que sus enemigos mortales los derroten y los maten, y que sus cadveres sirvan de comida a las aves de rapia y a las fieras.
Convertir esta ciudad en un desierto, en algo que cause espanto. Todos los que pasen por ella se quedarn espantados y asombrados al ver su completa destruccin.
Har que la gente se coma a sus propios hijos e hijas, y que se coman unos a otros a causa de la situacin desesperada a que los sometern sus enemigos mortales durante el sitio de la ciudad.'
"Despus de decir esto, haz pedazos el cntaro a la vista de los hombres que te acompaan,
y diles: 'El Seor todopoderoso dice: Har pedazos este pueblo y esta ciudad como quien hace pedazos un cntaro de barro, que ya no se puede reparar. La gente tendr que enterrar a los muertos en Tfet, por no haber ms lugar donde enterrarlos.
As har con esta ciudad y sus habitantes. La dejar en las mismas condiciones que a Tfet. Yo, el Seor, lo afirmo.
Las casas de Jerusaln, los palacios de los reyes de Jud y las azoteas de las casas donde ofrecan incienso a todos los astros y derramaban ofrendas de vino a otros dioses, sern considerados impuros, lo mismo que Tfet.' "
Despus de esto, Jeremas regres de Tfet, adonde el Seor lo haba enviado a hablar en su nombre, y parndose en el atrio del templo, dijo a todo el pueblo:
"El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: 'Voy a enviar a esta ciudad y a todos sus poblados todos los castigos que les he anunciado, porque se han puesto tercos para no obedecer mis palabras.' "
Cuando Pashur, hijo de Imer, que era sacerdote e inspector mayor en el templo, oy a Jeremas pronunciar esta profeca,
mand que lo golpearan y lo sujetaran en el cepo que estaba en la Puerta Superior de Benjamn, junto al templo.
Un da despus mand que quitaran a Jeremas del cepo, y entonces Jeremas le dijo: "El Seor te ha cambiado el nombre de Pashur por el de Magor-misabib.
Porque el Seor dice: 'Te voy a convertir en terror para ti mismo y para todos tus amigos; ante tus propios ojos, tus amigos caern bajo la espada de sus enemigos. Entregar a todos los habitantes de Jud en manos del rey de Babilonia, el cual los llevar desterrados a Babilonia o los pasar a cuchillo.
Entregar tambin en manos de sus enemigos todas las riquezas de esta ciudad, todas sus posesiones y objetos de valor, y todos los tesoros de los reyes de Jud, para que se los lleven a Babilonia.
Y t, Pashur, sers desterrado a Babilonia, junto con toda tu familia. All morirs y all te enterrarn a ti y a todos los amigos a quienes profetizabas cosas falsas.' "
Seor, t me engaaste, y yo me dej engaar; eras ms fuerte, y me venciste. A todas horas soy motivo de risa; todos se burlan de m.
Siempre que hablo es para anunciar violencia y destruccin; continuamente me insultan y me hacen burla porque anuncio tu palabra.
Si digo: "No pensar ms en el Seor, no volver a hablar en su nombre", entonces tu palabra en mi interior se convierte en un fuego que devora, que me cala hasta los huesos. Trato de contenerla, pero no puedo.
Puedo or que la gente cuchichea: "Hay terror por todas partes!" Dicen: "Vengan, vamos a acusarlo!" Aun mis amigos esperan que yo d un paso en falso. Dicen: "Quiz se deje engaar; entonces lo venceremos y nos vengaremos de l."
Pero t, Seor, ests conmigo como un guerrero invencible; los que me persiguen caern, y no podrn vencerme; fracasarn, quedarn avergonzados, cubiertos para siempre de deshonra inolvidable.
Seor todopoderoso, t que examinas con justicia, t que ves hasta lo ms ntimo del hombre, hazme ver cmo castigas a esa gente, pues he puesto mi causa en tus manos.
Canten al Seor, alaben al Seor!, pues l salva al afligido del poder de los malvados.
Maldito el da en que nac! Que el da en que mi madre me dio a luz no sea bendito!
Maldito el que alegr a mi padre con la noticia de que un hijo varn le haba nacido!
Que ese hombre sea como las ciudades que Dios destruye para siempre! Que oiga de maana gritos de dolor, y alarma de guerra a medioda,
pues Dios no me hizo morir en el seno de mi madre! As ella hubiera sido mi sepulcro, y yo nunca habra nacido.
Por qu sal del vientre solo para ver dolor y penas, y para terminar mi vida cubierto de vergenza?
El rey Sedequas envi a Pashur, hijo de Malquas, y al sacerdote Sofonas, hijo de Maaseas, a ver a Jeremas y a decirle:
"Por favor, consulta al Seor por nosotros, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, nos est atacando. Tal vez quiera el Seor hacer uno de sus milagros y obligue a Nabucodonosor a retirarse." Entonces habl el Seor a Jeremas,
y este respondi a los enviados de Sedequas: "Dganle a Sedequas
que el Seor, el Dios de Israel, dice: 'Voy a hacer retroceder a las tropas con las que, fuera de las murallas, estn ustedes respondiendo al ataque del rey de Babilonia y de los caldeos, y las reunir en medio de esta ciudad.
Yo mismo pelear contra ustedes, con gran despliegue de poder y con ardiente ira y gran furor.
Matar a todos los habitantes de esta ciudad; hombres y animales morirn de una peste terrible.
Despus entregar a Sedequas, rey de Jud, en manos de Nabucodonosor y de sus otros enemigos mortales, junto con sus oficiales y tropas y la gente que haya quedado con vida en la ciudad despus de la peste, la guerra y el hambre. Yo har que los maten a filo de espada, sin piedad ni compasin. Yo, el Seor, lo afirmo.
'Anuncia tambin al pueblo que yo, el Seor, digo: Les doy a escoger entre el camino de la vida y el camino de la muerte.
El que se quede en esta ciudad morir en la guerra, o de hambre o de peste. En cambio, el que salga y se entregue a los caldeos que estn ahora atacando la ciudad, no morir; al menos podr salvar su vida.
Porque yo he decidido traer mal en vez de bien sobre esta ciudad. Voy a entregrsela al rey de Babilonia, y l le prender fuego. Yo, el Seor, lo afirmo.
'A la casa real de Jud, a la casa del rey David, dile de mi parte: Escucha el mensaje del Seor:
Haz justicia todos los das; libra de explotadores a los oprimidos, no sea que, por tus malas acciones, mi enojo se encienda como un fuego y arda sin que nadie pueda apagarlo.
'Ciudad que dominas el valle, como peasco en la llanura, yo, el Seor, me declaro contra ti. Ustedes dicen: Quin podr atacarnos? Quin podr llegar hasta nuestro refugio?
Yo los castigar como merecen sus acciones; prender fuego a sus bosques, y ese fuego devorar todos los alrededores. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor me dijo: "Baja al palacio real y proclama este mensaje
ante el rey de Jud, que est sentado en el trono de David, y ante sus funcionarios y la gente de la ciudad: 'Escuchen la palabra del Seor.
Practiquen en este lugar la justicia y la rectitud, libren del explotador al oprimido, no humillen ni maltraten a los extranjeros, los hurfanos y las viudas. No maten gente extranjera en este lugar.
Si de veras hacen esto que les mando, seguir habiendo reyes que ocupen el trono de David, los cuales entrarn en carrozas y a caballo por las puertas de este palacio, acompaados de los funcionarios y del pueblo.
Pero si no hacen caso de estas advertencias, este palacio quedar convertido en ruinas. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
Porque el Seor dice acerca del palacio del rey de Jud: "T eres para m como el monte Galaad, como la cumbre del Lbano, pero juro que te convertir en desierto, en un lugar sin habitantes.
Voy a enviar gente armada contra ti, con la misin de destruirte. Cortarn tus hermosas columnas de cedro y las echarn al fuego.
"Gentes de muchas naciones pasarn despus junto a esta ciudad, y se preguntarn unos a otros: 'Por qu trat as el Seor a esta ciudad tan grande?'
Y respondern: 'Porque abandonaron la alianza que el Seor, su Dios, haba hecho con ellos, y adoraron y dieron culto a otros dioses.' "
No lloren por el rey Josas, no lloren por su muerte; lloren ms bien por su hijo Salum, que se va para no volver; ya no ver ms su tierra natal.
Pues el Seor dice acerca de Salum, hijo de Josas, rey de Jud, que ocup el trono despus de su padre, y que sali de este lugar: "No regresar,
sino que morir en el pas adonde lo llevaron desterrado, y no volver a ver este pas.
"Ay de ti, que a base de maldad e injusticias construyes tu palacio y tus altos edificios, que haces trabajar a los dems sin pagarles sus salarios!
Que dices: 'Voy a construirme un gran palacio, con amplias salas en el piso superior.' Y le abres ventanas, recubres de cedro sus paredes y lo pintas de rojo.
Piensas que ser rey consiste en vivir rodeado de cedro? Tu padre goz de la vida; pero actuaba con justicia y rectitud, y por eso le fue bien.
Defenda los derechos de pobres y oprimidos, y por eso le fue bien. Eso es lo que se llama conocerme. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Pero t solo te preocupas por las ganancias mal habidas; haces morir al inocente, y oprimes y explotas a tu pueblo."
El Seor dice acerca de Joaquim, hijo de Josas, rey de Jud: "No habr nadie que llore su muerte. No habr nadie que llore y diga: 'Ay, hermano! Ay, hermana! Ay, Seor! Ay, Majestad!'
Lo enterrarn como a un asno: lo arrastrarn y lo echarn fuera de Jerusaln."
"Jud, sube al monte Lbano y grita! Levanta la voz en las montaas de Basn! Grita desde las colinas de Abarim, pues todos tus amantes han sido derrotados!
Yo te habl en el tiempo de tu prosperidad, pero no quisiste orme. As lo has hecho desde tu juventud: no has querido escuchar mi voz!
El viento arrastrar a todos tus jefes, y tus amantes irn al destierro. Quedars avergonzada y humillada por causa de todas tus maldades.
T ests ahora tranquila en tu nido, entre los cedros trados del Lbano, pero ya sufrirs cuando te vengan dolores, dolores como de parto!"
El Seor ha dicho a Jeconas, hijo de Joaquim, rey de Jud: "Lo juro por mi vida: Aunque fueras un anillo de sellar puesto en mi mano derecha, te arrancara de ah
para entregarte a tus enemigos mortales, a los que t tanto temes. Te entregar a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y a los caldeos.
Y te arrojar a ti y a tu madre a una tierra que no los vio nacer, y all morirn los dos."
As que ellos no volvern a la tierra a la que tanto desearn volver.
Es Jeconas una vasija rota e intil, un trasto que nadie quiere? Por qu son lanzados l y sus hijos a una tierra desconocida?
Tierra, tierra, tierra; escucha la palabra del Seor!
El Seor dice: "Anoten a este hombre en los registros como un hombre sin hijos, como un hombre que fracas en la vida. Porque ninguno de sus descendientes llegar a ocupar el trono de David para reinar de nuevo en Jud."
El Seor afirma: "Ay de los pastores que dejan que mis ovejas se pierdan y dispersen!"
El Seor, el Dios de Israel, dice a los pastores que gobiernan a su pueblo: "Ustedes han dispersado mis ovejas, las han hecho huir y no las han cuidado. Pues bien, yo tendr buen cuidado de castigar sus malas acciones. Yo, el Seor, lo afirmo.
Y yo mismo traer el resto de mis ovejas de los pases adonde las hice huir, las reunir y las har volver a sus pastos, para que tengan muchas cras.
Les pondr pastores que las cuiden, para que no tengan nada que temer ni falte ninguna de ellas. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor afirma: "Vendr un da en que har que David tenga un descendiente legtimo, un rey que reine con sabidura y que acte con justicia y rectitud en el pas.
Durante su reinado, Jud estar a salvo, y tambin Israel vivir seguro. Este es el nombre con que lo llamarn: 'El Seor es nuestra victoria.' "
El Seor afirma: "Vendrn das en que ya no jurarn diciendo: 'Por la vida del Seor, que sac a los israelitas de Egipto',
sino que jurarn diciendo: 'Por la vida del Seor, que sac a los descendientes de Israel, del pas del norte y de todos los dems pases por donde los haba dispersado.' Y vivirn en su propia tierra."
Mensaje acerca de los profetas: Estoy profundamente perturbado; todo el cuerpo me tiembla, parezco un borracho, un hombre dominado por el vino, por causa del Seor y de sus palabras santas.
El pas est lleno de adlteros, de gente que corre a hacer el mal, que usa su poder para cometer injusticias. Por eso el Seor maldijo la tierra, y la tierra se sec, y los pastos del desierto se quemaron.
El Seor afirma: "Hasta los profetas y los sacerdotes son impos; en mi propio templo los he encontrado haciendo el mal.
Por eso su camino ser oscuro y resbaladizo: yo har que los empujen y caigan. Cuando ajuste cuentas con ellos, traer sobre ellos la desgracia. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Yo he visto a los profetas de Samaria hacer cosas que me ofenden: han profetizado en nombre de Baal y han hecho que mi pueblo Israel se extrave.
Yo he visto a los profetas de Jerusaln hacer cosas horribles: cometen adulterios y fraudes, animan de tal modo a los malvados que nadie se aparta de su maldad. Ellos y los habitantes de la ciudad son para m como Sodoma y Gomorra.
Por eso yo, el Seor todopoderoso, digo esto contra los profetas: Voy a darles de comer algo muy amargo; voy a darles de beber agua envenenada, porque de los profetas de Jerusaln se ha extendido la maldad a todo el pas."
El Seor todopoderoso dice: "Israelitas, no hagan caso a lo que les dicen los profetas. Lo que dicen no son ms que mentiras, cosas que ellos mismos inventan, que yo no les he comunicado.
A los que desprecian mi palabra les dicen: 'Todo les saldr bien.' Y a los que siguen tercamente las inclinaciones de su corazn, les dicen: 'No les vendr ningn mal.' "
Pero quin asisti al concilio secreto del Seor?, quin ha visto o escuchado su palabra?, quin le ha prestado atencin?
La ira del Seor es como una tormenta, como un viento huracanado que se agita sobre los malvados.
La ira del Seor no cesar hasta que l haya realizado sus propsitos. Vendr el tiempo en que ustedes pensarn y entendern estas cosas.
"Yo no envi a esos profetas, y ni siquiera les habl, pero ellos salieron corriendo a hablar en mi nombre.
Si hubieran conocido mis secretos, habran anunciado mi palabra a mi pueblo; lo habran hecho apartarse de su mal camino y dejar sus malas acciones."
El Seor afirma: "Lejos o cerca, yo soy Dios.
Quin podr esconderse de mi vista? Con mi presencia lleno el cielo y la tierra. Yo, el Seor, lo afirmo.
"He odo las mentiras de esos profetas que pretenden hablar en mi nombre y comunicarse en sueos conmigo.
Hasta cundo esos profetas van a seguir anunciando cosas falsas, inventos de su propia fantasa?
Con los sueos que se cuentan unos a otros, pretenden hacer que mi pueblo se olvide de m, como tambin sus antepasados me olvidaron y se fueron tras Baal.
Si un profeta tiene un sueo, que diga que es un sueo, pero si recibe mi palabra, que la anuncie fielmente!
No se puede comparar la paja con el trigo. Mi palabra es como el fuego, como un martillo que hace pedazos la roca. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Por eso me declaro contra esos profetas que se roban unos a otros mis palabras. Yo, el Seor, lo afirmo.
Me declaro contra esos profetas que hacen pasar como mensaje mo cosas que ellos inventan.
Me declaro contra esos profetas que cuentan sueos mentirosos; que con sus mentiras y habladuras hacen que mi pueblo se extrave. Yo no los he enviado ni les he dado orden alguna, as que son incapaces de ayudar al pueblo. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Jeremas, si alguna persona del pueblo o un profeta o un sacerdote te pregunta: 'Cul es el encargo del Seor?' diles: 'El Seor afirma que su carga son ustedes, y que la va a dejar caer.'
Y si un profeta o un sacerdote o una persona del pueblo usa la frase 'encargo del Seor', yo le castigar, a l y a su familia.
Cuando alguien le pregunte a un amigo o familiar suyo, podr decir: 'Qu respuesta ha dado el Seor? Qu ha dicho?'
Pero no vuelvan a usar la frase 'encargo del Seor', porque si alguien la usa, har que sus palabras se le vuelvan una carga. Ustedes han pervertido el sentido de las palabras del Dios viviente, de su Dios, el Seor todopoderoso.
"Jeremas, pregunta a los profetas: 'Qu respuesta ha dado el Seor? Qu ha dicho?'
Y si dicen 'encargo del Seor', respndeles: 'El Seor dice: Puesto que ustedes siguen usando la frase que les prohib que usaran,
yo los levantar como una carga, a ustedes y a la ciudad que les di a ustedes y a sus antepasados, y los dejar caer lejos de m.
Y para siempre traer sobre ustedes humillacin y vergenza tales que no podrn olvidarlas.' "
Despus que Nabucodonosor, rey de Babilonia, se llev desterrado a Jeconas, hijo de Joaquim, rey de Jud, junto con los jefes de Jud y los artesanos y los cerrajeros, el Seor me hizo ver dos canastas de higos colocadas delante del templo.
Una de ellas tena higos muy buenos, de los primeros en madurar, pero la otra tena higos muy malos, tan malos que no se podan comer.
Y el Seor me pregunt: "Jeremas, qu ves?" Yo respond: "Higos. Los buenos son muy buenos; pero los malos son tan malos que no se pueden comer."
Entonces me dijo el Seor:
"Yo, el Seor, el Dios de Israel, digo: Como a higos buenos mirar al pueblo de Jud, que mand desterrado de aqu al pas de los caldeos. Los mirar favorablemente,
los tendr bajo mi proteccin y los har regresar a este pas. Aqu los har prosperar, y no los volver a destruir; los plantar, y no los volver a arrancar.
Les dar entendimiento para que reconozcan que yo soy el Seor, y ellos sern mi pueblo y yo ser su Dios, porque volvern a m de todo corazn.
"En cambio, a Sedequas, rey de Jud, y a los jefes y dems habitantes de Jerusaln que se quedaron en el pas, o que se instalaron en Egipto, los tratar como a los higos malos, que de malos no se pueden comer.
Har con ellos algo que causar horror a todas las naciones de la tierra, y que ser ejemplo de humillacin, desprecio y maldicin en todos los pases por donde yo los disperse.
Les enviar la guerra, el hambre y la peste, hasta que no quede uno solo en el pas que les di a ellos y a sus antepasados."
El ao cuarto del reinado de Joaquim, hijo de Josas, en Jud, el Seor dirigi a Jeremas un mensaje acerca de todo el pueblo de Jud. Ese era el primer ao del reinado de Nabucodonosor en Babilonia.
El profeta Jeremas comunic el mensaje a todo el pueblo de Jud y a los habitantes de Jerusaln. Dijo:
"Desde el ao trece del reinado de Josas, hijo de Amn, en Jud, hasta ahora, es decir, desde hace veintitrs aos, el Seor se ha dirigido a m, y yo les he hablado a ustedes una y otra vez; pero ustedes no me han hecho caso.
Y a pesar de que una y otra vez el Seor les ha enviado sus siervos los profetas, ustedes no han hecho caso, ni han querido prestar ninguna atencin y obedecer.
Ellos les han dicho: 'Dejen su mala conducta y sus malas acciones; as podrn vivir en la tierra que el Seor les dio para siempre a ustedes y a sus antepasados.
No sigan a otros dioses; no les den culto ni los adoren. No irriten al Seor adorando dioses hechos por ustedes mismos, y l no les enviar ningn mal.'
Y ahora, el Seor dice: 'Ustedes no han querido hacerme caso; me irritan adorando dioses hechos por ustedes mismos, y esto ser para su propio mal.'
"Por eso dice el Seor todopoderoso: 'Ya que ustedes no han hecho caso a mis advertencias,
voy a llamar a todos los pueblos del norte y a mi servidor Nabucodonosor, rey de Babilonia, para que vengan y ataquen a este pas, a todos sus habitantes y a todas las naciones vecinas. Los voy a destruir completamente. Los convertir para siempre en ruinas, en algo que cause terror y espanto.
Voy a hacer que entre ellos no vuelvan a orse cantos de fiesta y alegra, ni cantos de bodas, ni el sonido de las piedras de moler, ni que vuelva a verse la luz de las lmparas.
Todo este pas quedar destruido y convertido en ruinas. Durante setenta aos estas naciones estarn sometidas al rey de Babilonia.
Y cuando se completen los setenta aos, pedir cuentas de sus pecados al rey de Babilonia y a su nacin, el pas de los caldeos, y lo destruir para siempre. Yo, el Seor, lo afirmo.
Har caer sobre ese pas todo lo que he anunciado y est escrito en este libro: todo lo que Jeremas ha dicho en mi nombre contra todas las naciones.
Grandes naciones y reyes poderosos los sometern tambin a ellos. As les dar el pago que merecen sus acciones.' "
El Seor, el Dios de Israel, me dijo: "Mira esta copa llena del vino de mi ira. Tmala y dsela a beber a todas las naciones a las que yo te enve.
Cuando beban de ella, comenzarn a vomitar y se pondrn como locos a causa de la guerra que les voy a enviar."
Yo tom la copa, de la mano del Seor, y se la di a beber a todas las naciones a las que el Seor me envi.
Se la di a beber a Jerusaln y a las ciudades de Jud, junto con sus reyes y jefes, para destruirlas y dejarlas convertidas en ruinas, en algo que causara terror y espanto, en el ejemplo de maldicin que an hoy siguen siendo.
Igualmente se la di a beber al faran, rey de Egipto, y a sus funcionarios y jefes, y a todo su pueblo,
y a la gente de diversas razas que hay all; a todos los reyes del pas de Us y de la regin de los filisteos: Ascaln, Gaza, Ecrn y lo que queda de Asdod;
a Edom, Moab y Amn;
a todos los reyes de Tiro y de Sidn; a todos los reyes de los pases del mar Mediterrneo;
a las tribus de Dedn, Tem y Buz, y a los pueblos que se afeitan las sienes;
a todos los reyes de Arabia; a todos los reyes de las diversas razas que viven en el desierto;
a todos los reyes de Zimr, Elam y Media:
a todos los reyes del norte, cercanos o lejanos uno del otro. Es decir, a todos los reinos de la tierra. Por ltimo beber el rey de Babilonia.
Luego me dijo el Seor: "Diles que yo, el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, les ordeno que beban hasta que se emborrachen y vomiten y caigan al suelo para no levantarse, por causa de la guerra que les voy a enviar.
Y si no quieren recibir de ti la copa y beberla, diles: 'El Seor todopoderoso dice: Tendrn que beberla de todos modos.
Pues comenzar a enviar mis castigos sobre la ciudad que me est consagrada. Y creen ustedes que van a quedar sin castigo? Pues no se quedarn sin l, porque voy a enviar la guerra a todos los habitantes de la tierra. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo.'
"T, Jeremas, annciales en mi nombre todas esas cosas. Diles: 'El Seor lanza su voz de trueno desde lo alto, desde el santo lugar donde vive. Pues contra su rebao grita como los que pisan las uvas, contra todos los habitantes de la tierra.
El estruendo llega hasta el extremo de la tierra, porque el Seor va a entablar un proceso contra las naciones, va a llamar a juicio a todos los mortales, a condenar a muerte a los malvados. El Seor lo afirma.' "
El Seor todopoderoso dice: "La calamidad va a llegar a una nacin tras otra; una terrible tormenta se levanta desde el extremo de la tierra."
Los que el Seor haga morir ese da, quedarn tendidos de un extremo a otro de la tierra. Nadie llorar por ellos, nadie recoger sus cadveres para enterrarlos; quedarn tendidos en el suelo como estircol.
Griten, pastores, griten de dolor! Ustedes, que guan el rebao, revulquense en el suelo! Pues ha llegado el momento de la matanza y a ustedes los matarn como a carneros gordos.
Los pastores no podrn huir, los que guan el rebao no podrn escapar.
Los pastores gritan, gritan de dolor los que guan el rebao, porque el Seor ha destruido sus pastos.
El Seor se enoj y destruy sus hermosos campos.
Sali como un len de su guarida y el pas de ellos qued convertido en ruinas, pues se encendi la ira del Seor y envi una guerra terrible.
Al comienzo del reinado de Joaquim, hijo de Josas, en Jud, el Seor se dirigi a Jeremas
y le dijo: "Prate en el atrio del templo, y di todo lo que te orden que dijeras a la gente que viene de las ciudades de Jud para adorar en el templo. No dejes nada por decir.
Quiz te hagan caso y dejen su mala conducta, y yo decida no castigarlos por sus malas acciones, como haba pensado.
Diles que yo, el Seor, digo: 'Si no me hacen caso ni cumplen las instrucciones que les he dado,
ni hacen caso a las advertencias de mis siervos los profetas, que una y otra vez les he enviado y a los que ustedes han desobedecido,
entonces har con este templo lo que hice con el de Sil. Har de esta ciudad un ejemplo de maldicin para todas las naciones de la tierra.' "
Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron estas palabras que Jeremas pronunci en el templo.
Y cuando l termin de decir lo que el Seor le haba ordenado, los sacerdotes, los profetas y el pueblo lo agarraron y le dijeron: "Vas a morir!
Cmo te atreves a decir en nombre del Seor que este templo quedar como el de Sil, y que esta ciudad ser destruida y quedar sin habitantes?" Y todo el pueblo se agolp en el templo, alrededor de Jeremas.
Los jefes de Jud, al or lo que pasaba, fueron del palacio del rey al templo, y all, en la Puerta Nueva, se sentaron.
Entonces los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y a todo el pueblo: "Este hombre debe ser condenado a muerte porque ha hablado contra esta ciudad. Ustedes lo oyeron con sus propios odos."
Jeremas se dirigi a los jefes y al pueblo, y les dijo: "El Seor fue quien me envi a hablar en su nombre, y a decir contra este templo y esta ciudad todo lo que ustedes han odo.
Mejoren su conducta y sus acciones, obedezcan al Seor su Dios y l no les enviar las calamidades que les ha anunciado.
En cuanto a m, estoy en manos de ustedes; hagan conmigo lo que les parezca.
Pero, eso s, sepan bien esto: si me matan, ustedes y los habitantes de esta ciudad sern culpables de matar a un inocente; porque en verdad fue el Seor quien me envi a anunciarles claramente todas esas cosas."
Entonces los jefes y el pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: "No hay motivo para condenar a muerte a este hombre; nos ha hablado en nombre del Seor nuestro Dios."
Algunos ancianos se levantaron y dijeron al pueblo que estaba all reunido:
"En tiempos de Ezequas, rey de Jud, Miqueas de Moreset habl en nombre del Seor a todo el pueblo de Jud, dicindole: 'El Seor todopoderoso dice: Sin quedar convertida en un campo arado, Jerusaln quedar hecha un montn de ruinas y la colina del templo se llenar de maleza.'
"Acaso el rey Ezequas y todo el pueblo de Jud mataron a Miqueas? Todo lo contrario: el rey sinti temor del Seor y le pidi que tuviera compasin de ellos. Entonces el Seor no envi contra ellos la calamidad que les haba anunciado. Y vamos nosotros a cargar con la responsabilidad de un crimen tan grande?"
Tambin el profeta Uras, hijo de Semaas, de la ciudad de Quiriat-jearim, habl en nombre del Seor contra esta ciudad y contra el pas, del mismo modo que Jeremas.
El rey Joaquim, sus funcionarios y sus jefes oyeron lo que l dijo, y el rey quiso hacerlo matar. Pero cuando Uras se enter, tuvo miedo y huy a Egipto.
El rey Joaquim envi a Egipto a Elnatn, hijo de Acbor, y a otros hombres,
los cuales trajeron de Egipto a Uras y lo entregaron al rey Joaquim, quien mand que lo mataran y que echaran su cadver a la fosa comn.
Ahicam, hijo de Safn, habl en favor de Jeremas, y esto hizo que no lo entregaran al pueblo para que lo mataran.
El ao cuarto del reinado de Sedequas, hijo de Josas, en Jud, el Seor se dirigi a Jeremas,
y le dijo: "Hazte unas correas y un yugo, y pntelo todo al cuello.
Luego manda un recado a los reyes de Edom, Moab, Amn, Tiro y Sidn por medio de los mensajeros que han venido a Jerusaln a visitar al rey Sedequas.
Ordnales decir a sus soberanos que yo, el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, digo:
Con gran despliegue de poder hice el mundo, y los hombres y animales que hay en l, y puedo drselo a quien yo quiera.
Pues bien, yo he puesto todas estas tierras bajo el poder de mi servidor Nabucodonosor, rey de Babilonia, y hasta a los animales salvajes los he puesto bajo su dominio.
Todas las naciones estarn sometidas a l, a su hijo y a su nieto, hasta que a su pas le llegue el momento de estar tambin sometido a grandes naciones y reyes poderosos.
Y si algunas naciones o reyes no se someten al yugo de Nabucodonosor, yo los castigar con guerra, hambre y peste, hasta que todos queden bajo su poder. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Por tanto, no hagan ustedes caso a esos profetas, adivinos o intrpretes de sueos, ni a los hechiceros que pretenden predecir el futuro y que les aconsejan no someterse al rey de Babilonia.
Eso que les dicen es mentira, y lo nico que van a conseguir ustedes es que los destierren de su pas, y que yo los disperse y mueran.
En cambio, a la nacin que se someta al poder del rey de Babilonia, yo la dejar quedarse en su tierra para que viva en ella y la cultive. Yo, el Seor, lo afirmo."
Yo, Jeremas, repet todo esto a Sedequas, rey de Jud, y adems le dije: "Somtanse al poder del rey de Babilonia y de su pueblo, y vivirn.
Qu necesidad hay de que mueran t y tu pueblo a causa de la guerra, el hambre y la peste? Porque el Seor ha dicho que esto le pasar a toda nacin que no se someta al rey de Babilonia.
No hagan caso a esos profetas que les aconsejan no someterse al rey de Babilonia, porque lo que les dicen es mentira.
El Seor afirma que l no los envi; falsamente hablan ellos en el nombre del Seor. Y as, el Seor acabar por dispersarlos a ustedes, y ustedes y los profetas que les han dicho esas cosas morirn."
Tambin me dirig a los sacerdotes y a todo el pueblo, y les dije: "Esto dice el Seor: 'No hagan caso a los profetas que les aseguran que muy pronto van a ser devueltos de Babilonia los utensilios del templo. Eso que les dicen es mentira.
No les hagan caso! Somtanse al rey de Babilonia y vivirn. Qu necesidad hay de que esta ciudad se convierta en un montn de ruinas?
Si realmente son profetas, y en verdad yo les he hablado, que me pidan a m, el Seor todopoderoso, que no permita que sean llevados a Babilonia los utensilios que an quedan en el templo, en el palacio del rey de Jud y en Jerusaln.'
"Cuando el rey Nabucodonosor se llev de Jerusaln a Jeconas, hijo de Joaquim, rey de Jud, y lo desterr a Babilonia junto con todos los hombres principales de Jud y de Jerusaln,
no se llev las columnas, ni la enorme pila de bronce para el agua, ni las bases, ni el resto de los utensilios del templo.
El Seor todopoderoso dice a propsito de esos objetos que quedaron en el templo y en el palacio del rey de Jud y en Jerusaln:
'Se los llevarn a Babilonia, y all se quedarn hasta que yo quiera traerlos otra vez a este lugar. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
En el quinto mes del mismo ao, es decir, del ao cuarto del reinado de Sedequas en Jud, el profeta Hananas, hijo de Azur, del pueblo de Gaban, se dirigi a Jeremas en el templo, delante de los sacerdotes y de todo el pueblo, y le dijo:
-El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: 'Voy a romper el yugo del rey de Babilonia, y
dentro de dos aos har que sean devueltos a este lugar todos los utensilios del templo que se llev a Babilonia el rey Nabucodonosor.
Y tambin har que regresen a este lugar Jeconas, hijo de Joaquim, rey de Jud, y toda la dems gente que sali desterrada de Jud a Babilonia. S, yo romper el yugo del rey de Babilonia. Yo, el Seor, lo afirmo.'
El profeta Jeremas respondi al profeta Hananas, delante de los sacerdotes y de todo el pueblo que se encontraba en el templo:
-S, ojal el Seor haga eso! Ojal haga el Seor que se cumplan las palabras que has dicho, y que sean devueltos los utensilios del templo y regresen de Babilonia todos los desterrados!
Pero escucha esto que te digo a ti y a todo el pueblo:
Los profetas que hubo en tiempos pasados, antes que naciramos t y yo, anunciaron guerra, calamidad y peste contra numerosas naciones y reinos poderosos.
Pero cuando un profeta anuncia prosperidad, solamente si se cumplen sus palabras se comprueba que realmente el Seor lo envi.
Entonces Hananas le quit a Jeremas el yugo del cuello y lo hizo pedazos,
al tiempo que deca delante de todo el pueblo: -El Seor dice: 'De esta misma manera, dentro de dos aos quitar del cuello de todas las naciones el yugo del rey Nabucodonosor de Babilonia, y lo romper.' Y Jeremas se fue.
Algn tiempo despus de que Hananas le quitara a Jeremas el yugo que llevaba al cuello y lo rompiera, el Seor se dirigi al profeta Jeremas, y le dijo:
"Ve y dile a Hananas que yo, el Seor, digo: Hiciste pedazos un yugo de madera, pero yo te he preparado un yugo de hierro.
Porque yo, el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, digo: He puesto sobre el cuello de todas esas naciones un yugo de hierro para que sirvan como esclavos al rey Nabucodonosor de Babilonia. Hasta a los animales salvajes los he puesto bajo su poder."
Entonces dijo Jeremas a Hananas: -Escucha, Hananas! El Seor no te ha enviado, y t ests dando a este pueblo una falsa confianza.
Por eso, el Seor dice: 'Te voy a enviar, s, pero para hacerte desaparecer de la tierra. Este ao morirs, porque con tus palabras has llevado al pueblo a ponerse en contra ma.'
Y el profeta Hananas muri en el sptimo mes de aquel mismo ao.
Despus de que el rey Jeconas sali al destierro, junto con la reina madre, los criados del palacio, los jefes de Jud y Jerusaln, los artesanos y los cerrajeros,
el profeta Jeremas envi desde Jerusaln una carta a los ancianos que quedaban de los desterrados, y a los sacerdotes, profetas y gente que Nabucodonosor haba llevado desterrados de Jerusaln a Babilonia.
Esta carta fue enviada por medio de Elas, hijo de Safn, y de Guemaras, hijo de Hilquas, a quienes Sedequas, rey de Jud, haba enviado a Babilonia para presentarse ante el rey Nabucodonosor. La carta deca:
As dice el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, a todos los que hizo salir desterrados de Jerusaln a Babilonia:
'Construyan casas y establzcanse; planten rboles frutales y coman de su fruto.
Csense, tengan hijos e hijas, y que ellos tambin se casen y tengan hijos. Aumenten en nmero all, y no disminuyan.
Trabajen en favor de la ciudad a donde los desterr, y pdanme a m por ella, porque del bienestar de ella depende el bienestar de ustedes.
Yo, el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, les advierto esto: No se dejen engaar por los profetas y los adivinos que viven entre ustedes; no hagan caso de los sueos que ellos tienen.
Lo que ellos les anuncian en mi nombre es mentira. Yo no los he enviado. Yo, el Seor, lo afirmo.'
"El Seor dice: 'Cuando se le cumplan a Babilonia los setenta aos, actuar en favor de ustedes y les cumplir mi promesa favorable de hacerlos regresar a este lugar.
Yo s los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Seor, lo afirmo.
Entonces ustedes me invocarn, y vendrn a m en oracin y yo los escuchar.
Me buscarn y me encontrarn, porque me buscarn de todo corazn.
S, yo dejar que ustedes me encuentren, y har que cambie su suerte: los sacar de todas las naciones y de todos los lugares por donde los dispers, y los reunir y har que vuelvan a este lugar de donde los desterr. Yo, el Seor, lo afirmo.'
"Ustedes dicen: 'El Seor nos ha dado profetas en Babilonia.'
(El Seor dice acerca del rey que ocupa el trono de David y acerca de los habitantes de esta ciudad, parientes de ustedes que no fueron llevados con ustedes al destierro:
'Yo, el Seor todopoderoso, digo: Voy a enviarles guerra, hambre y peste. Voy a hacer que queden como esos higos podridos, que de tan malos no se pueden comer.
Los voy a perseguir con guerra, hambre y peste. Har que todas las naciones de la tierra sientan horror al verlos, y los convertir en ejemplo de maldicin y de vergenza, en algo que causar horror y espanto en todas las naciones por donde yo los haya dispersado.
Porque no hicieron caso de las advertencias que les hice por medio de mis siervos los profetas, a quienes una y otra vez envi, sin que ustedes los escucharan. Yo, el Seor, lo afirmo.
Obedezcan, pues, mi palabra, todos los que hice desterrar de Jerusaln a Babilonia.')
"El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice acerca de Ahab, hijo de Colaas, y acerca de Sedequas, hijo de Maaseas, quienes dicen a ustedes cosas falsas en el nombre del Seor: 'Voy a hacer que caigan en poder del rey Nabucodonosor de Babilonia, y l los matar delante de ustedes.
As, cuando los desterrados de Jud que estn en Babilonia quieran maldecir a alguno, dirn: Que el Seor haga contigo como hizo con Sedequas y Ahab, a quienes el rey de Babilonia as al fuego.
Eso les va a suceder por haber hecho cosas infames en Israel: cometieron adulterio con las mujeres de sus prjimos y dijeron en mi nombre cosas falsas que yo no les orden decir. Yo lo s y me consta. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor orden a Jeremas que le dijera a Semaas de Nehelam:
"El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: 'T enviaste en tu propio nombre una carta a todo el pueblo que est en Jerusaln, y al sacerdote Sofonas, hijo de Maaseas, y a todos los dems sacerdotes. En la carta decas a Sofonas:
El Seor te ha puesto como sacerdote en lugar de Joiad, para que seas el inspector mayor del templo. Si se presenta un loco y empieza a hablar como profeta, t debes ponerlo en el cepo y atarlo con cadenas.
Por qu, pues, no has reprendido a Jeremas de Anatot, que se ha puesto a hablar ante ustedes como profeta?
Hasta nos mand una carta a Babilonia, en la que deca: El destierro va a durar mucho tiempo; construyan casas e instlense, y siembren rboles frutales y coman de su fruto.' "
El sacerdote Sofonas ley la carta a Jeremas.
Entonces el Seor se dirigi al profeta, y le dijo:
"Manda a decir a todos los que estn en el destierro que yo, el Seor, les digo: Puesto que Semaas de Nehelam les ha hablado en mi nombre sin que yo lo haya enviado, y les ha inspirado a ustedes una falsa confianza,
yo, el Seor, digo que voy a castigar a Semaas y a su descendencia. No tendr descendientes entre mi pueblo, ni gozar de la felicidad que yo voy a conceder a mi pueblo, porque con sus palabras lo llev a ponerse en contra ma. Yo, el Seor, lo afirmo."
Este es el mensaje que el Seor dirigi a Jeremas. Le dijo:
"El Seor, el Dios de Israel, dice: Escribe en un libro todo lo que te he dicho,
porque viene el da en que cambiar la suerte de mi pueblo Israel y Jud. Yo, el Seor, lo afirmo. Yo los har volver a la tierra que di a sus padres como su propiedad."
Este es el mensaje del Seor acerca de Israel y de Jud.
El Seor dice: "Se oyen gritos de terror, de miedo e intranquilidad!
Pregunten, a ver si es posible que un hombre d a luz. Por qu, pues, veo retorcerse a los hombres como si tuvieran dolores de parto? Por qu se han puesto plidos todos ellos?
Se acerca un da terrible, un da como ningn otro! Ser un tiempo de angustia para el pueblo de Jacob, pero yo los salvar.
Yo, el Seor todopoderoso, afirmo: Librar a mi pueblo del yugo de la esclavitud, y no volver a ser esclavo de extranjeros.
Y me servir a m, su Seor y Dios, y a David, a quien yo le pondr por rey.
"Yo, el Seor, afirmo: No temas, pueblo de Jacob, siervo mo; no tengas miedo, Israel, pues a ti y a tus hijos los librar de ese pas lejano donde estn desterrados. Volvers a vivir en paz, tranquilo, sin que nadie te asuste.
Yo, el Seor, afirmo que estoy contigo para salvarte. Destruir a todas las naciones entre las cuales te dispers. Pero a ti no te destruir; solo te castigar como mereces: no te dejar sin tu castigo."
El Seor dice: "Tu herida es incurable, tu mal no tiene remedio.
No hay quien se ocupe de ti; no hay quien te cure las heridas, y no tienes curacin.
Todos tus amantes te olvidaron; ya no se preocupan por ti. Y es que yo te her, como si fuera tu enemigo, te castigu duramente por tus muchas maldades, por tus innumerables pecados.
Por qu te quejas de tus heridas? Tu dolor es incurable. Por tus muchas maldades y tus innumerables pecados, te he tratado as.
Pero todo el que te devore ser devorado, y todos tus enemigos irn al destierro; har que sean saqueados los que te saqueen, y que les roben a los que te roben a ti.
Te devolver la salud, curar tus heridas, por ms que digan tus enemigos: 'Sin est abandonada, nadie se preocupa por ella.' Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor dice: "Cambiar la suerte de la nacin de Jacob, tendr compasin de su pas; las ciudades se reconstruirn sobre sus ruinas y los palacios en su debido lugar.
De ellos saldrn cantos de gratitud y risas de alegra. No disminuirn, pues yo har que aumenten. No los despreciarn, porque yo los honrar.
Los israelitas sern como antes; su pueblo estar firme en mi presencia, y yo castigar a sus opresores.
De entre ellos saldr su jefe: un gobernante saldr de entre ellos mismos.
Har que se acerque a m, pues, quin se atrevera a acercrseme? Ellos sern mi pueblo y yo ser su Dios. Yo, el Seor, lo afirmo."
La ira del Seor es como una tormenta, como un viento huracanado que se agita sobre los malvados.
La ira del Seor no cesar hasta que l haya realizado sus propsitos. Vendr el tiempo en que ustedes entendern estas cosas.
El Seor afirma: "En ese tiempo yo ser el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas sern mi pueblo."
El Seor dice: "En el desierto me mostr bondadoso con el pueblo que escap de la muerte. Cuando Israel buscaba un lugar de descanso,
yo me aparec a l de lejos. Yo te he amado con amor eterno; por eso te sigo tratando con bondad.
Te reconstruir, Israel. De nuevo vendrs con panderetas a bailar alegremente.
Volvers a plantar viedos en las colinas de Samaria, y los que planten vias gozarn de sus frutos.
Porque vendr un da en que los centinelas gritarn en las colinas de Efran: 'Vengan ustedes, vamos a Sin, al Seor nuestro Dios.' "
El Seor dice: "Canten de gozo y alegra por el pueblo de Jacob, la principal entre todas las naciones. Hagan or sus alabanzas y digan: 'El Seor salv a su pueblo, lo que quedaba de Israel.'
Voy a hacerlos volver del pas del norte, y a reunirlos del ltimo rincn del mundo. Con ellos vendrn los ciegos y los cojos, las mujeres embarazadas y las que ya dieron a luz; volver una enorme multitud!
Vendrn orando y llorando. Yo los llevar a corrientes de agua, por un camino llano, donde no tropiecen. Pues soy el padre de Israel, y Efran es mi hijo mayor.
"Naciones, escuchen la palabra del Seor y anuncien en las costas lejanas: 'El Seor dispers a Israel, pero lo reunir y lo cuidar como cuida el pastor a sus ovejas.'
Porque el Seor rescat al pueblo de Jacob, lo libr de una nacin ms poderosa.
"Vendrn y cantarn de alegra en lo alto de Sin, se deleitarn con los beneficios del Seor: el trigo, el vino y el aceite, las ovejas y las reses. Sern como una huerta bien regada, y no volvern a perder las fuerzas.
Las muchachas bailarn alegremente, lo mismo que los jvenes y los viejos. Yo les dar consuelo: convertir su llanto en alegra, y les dar una alegra mayor que su dolor.
Har que los sacerdotes coman los mejores alimentos y que mi pueblo disfrute en abundancia de mis bienes. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor dice: "Se oye una voz en Ram, de alguien que llora amargamente. Es Raquel, que llora por sus hijos, y no quiere ser consolada porque ya estn muertos."
Pero el Seor le dice: "Raquel, no llores ms; ya no derrames tus lgrimas, pues tus penas tendrn su recompensa: tus hijos volvern del pas enemigo. Yo, el Seor, lo afirmo.
Hay una esperanza para tu futuro: tus hijos volvern a su patria. Yo, el Seor, lo afirmo.
He odo al pueblo de Efran quejarse amargamente: 'Yo era como un novillo sin domar, pero t me has domado; hazme volver a ti, pues t eres el Seor, mi Dios.
Yo me apart de ti, pero estoy arrepentido; he reconocido mi pecado y me doy golpes en el muslo; me siento avergonzado y humillado por los pecados de mi juventud.'
"El pueblo de Efran es para m un hijo amado; es el hijo que ms quiero. Aun cuando lo reprendo, no dejo de acordarme de l; mi corazn se conmueve y siento por l gran compasin. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Israel, marca con seales el camino, para que vuelvas a encontrarlo fcilmente; fjate bien en el camino que anduviste. Vuelve, pueblo de Israel, vuelve a tus ciudades!
Hasta cundo vas a ir de un lado a otro, como una hija descarriada? Yo, el Seor, he creado algo nuevo en este mundo: una mujer que corteja a un hombre."
El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: "Cuando yo cambie la suerte de la gente de Jud, y ellos estn de nuevo en su tierra y en sus ciudades, dirn otra vez: 'Que el Seor bendiga este monte santo donde habita la justicia!'
La gente de Jud y de sus ciudades, los agricultores y los pastores de rebaos vivirn ah.
Pues dar de comer y de beber en abundancia a los que estn cansados y sin fuerzas."
En esto me despert y abr los ojos. Mi sueo me agrad.
El Seor afirma: "Vendr un da en que har que hombres y animales abunden en Israel y en Jud.
Y as como estuve atento para arrancar, derribar, echar abajo, destruir y causar daos, as tambin estar vigilante para construir y plantar. Yo, el Seor, lo afirmo.
"En aquel tiempo no volver a decirse: 'Los padres comen uvas agrias y a los hijos se les destemplan los dientes.'
Porque ser que a quien coma uvas agrias, a ese se le destemplarn los dientes. Cada cual morir por su propio pecado."
El Seor afirma: "Vendr un da en que har una nueva alianza con Israel y con Jud.
Esta alianza no ser como la que hice con sus antepasados, cuando los tom de la mano para sacarlos de Egipto; porque ellos quebrantaron mi alianza, a pesar de que yo era su dueo. Yo, el Seor, lo afirmo.
Esta ser la alianza que har con Israel en aquel tiempo: Pondr mi ley en su corazn y la escribir en su mente. Yo ser su Dios y ellos sern mi pueblo. Yo, el Seor, lo afirmo.
Ya no ser necesario que unos a otros, amigos y parientes, tengan que instruirse para que me conozcan, porque todos, desde el ms grande hasta el ms pequeo, me conocern. Yo les perdonar su maldad y no me acordar ms de sus pecados. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor, que puso el sol para alumbrar de da y la luna y las estrellas para alumbrar de noche, que hace que el mar se agite y rujan sus olas, que tiene por nombre el Seor todopoderoso, dice:
"Si un da llegaran a fallar estas leyes que he establecido, ese da Israel dejara de ser mi pueblo. Yo, el Seor, lo afirmo.
Si un da se llegara a medir el cielo y a explorar la tierra hasta sus cimientos, ese da yo rechazara a Israel por todo lo que ha hecho. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor afirma: "Vendr un da en que mi ciudad ser reconstruida, desde la torre de Hananel hasta la Puerta del ngulo.
Los lmites irn, en lnea recta, desde all hasta la colina de Gareb, y luego torcern hacia Go.
Todo el valle donde se entierra a los muertos y se tira la ceniza, y todos los campos que estn encima del arroyo de Cedrn hasta el ngulo de la Puerta de los Caballos, al oriente, me estarn consagrados, y todo esto no volver jams a ser derribado ni destruido."
El Seor habl a Jeremas en el ao dcimo del reinado de Sedequas en Jud, que era el ao dieciocho del reinado de Nabucodonosor.
Por aquel tiempo el ejrcito del rey de Babilonia estaba atacando a Jerusaln, y el profeta Jeremas estaba encerrado en el patio de la guardia del palacio real.
El rey Sedequas lo haba mandado arrestar, porque Jeremas haba dicho: "El Seor dice: 'Voy a hacer que esta ciudad caiga en poder del rey de Babilonia,
y el rey Sedequas no escapar de los caldeos, sino que caer en poder del rey de Babilonia y tendr que presentarse ante l.
Nabucodonosor se llevar a Sedequas a Babilonia, donde se quedar hasta que yo me vuelva a ocupar de l. Aunque ustedes peleen contra los caldeos, no tendrn xito. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
Y dijo Jeremas: "El Seor se dirigi a m, y me dijo:
'Mira, tu primo Hanamel, el hijo de tu to Salum, va a venir a proponerte que le compres un terreno que tiene en Anatot, pues t tienes el derecho de comprarlo por ser el pariente ms cercano.'
Tal como el Seor me lo dijo, mi primo Hanamel vino a verme al patio de la guardia y me pidi que le comprara el campo que tena en Anatot, en territorio de la tribu de Benjamn, porque yo tena el derecho de comprarlo y quedarme con l, por ser el pariente ms cercano. Al darme cuenta de que aquello era una orden del Seor,
le compr el campo a mi primo Hanamel. Le entregu diecisiete monedas de plata, que fue el precio convenido,
y puse el contrato por escrito, sellado y firmado por los testigos.
Luego tom las dos copias del contrato, una sellada y con las condiciones de compra, y otra abierta,
y se las di a Baruc, hijo de Neras y nieto de Maaseas, delante de mi primo Hanamel, de los testigos que haban firmado el contrato y de todos los judos que estaban sentados en el patio de la guardia.
Delante de ellos dije a Baruc:
'El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: Toma las dos copias de este contrato, la sellada y la abierta, y gurdalas en una vasija de barro, para que se conserven mucho tiempo.
Pues el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: En esta tierra volvern a comprarse casas, campos y viedos.'
"Despus de darle el contrato de compra a Baruc, hijo de Neras, dirig al Seor esta oracin:
'T, Seor, con gran despliegue de poder creaste el cielo y la tierra. Nada hay imposible para ti.
T muestras tu amor por mil generaciones, pero tambin castigas a los hombres por los pecados de sus padres. Oh Dios grande y poderoso, tu nombre es Seor todopoderoso!
T eres grandioso en tus planes y poderoso en tus obras. T ves todo lo que hacen los hombres y das a cada uno lo que merecen sus acciones.
T hiciste milagros y seales en Egipto, y an hoy los sigues haciendo tanto en Israel como entre todos los hombres, de manera que tu nombre se ha hecho famoso.
T, con gran despliegue de poder, sacaste de Egipto a tu pueblo Israel, haciendo milagros y seales y llenando de terror a todos.
Le diste a Israel esta tierra en que la leche y la miel corren como el agua, segn lo habas prometido a sus antepasados.
Pero cuando ellos entraron en el pas y tomaron posesin de l, no te obedecieron ni siguieron las instrucciones que les diste, ni hicieron nada de lo que les ordenaste. Por eso les enviaste toda esta calamidad.
'Ahora los caldeos han levantado rampas para atacar la ciudad, y la guerra, el hambre y la peste van a hacer que la ciudad caiga en manos de los atacantes. Seor, ya ves que se est cumpliendo lo que dijiste.
Y sin embargo, Seor, t me ordenaste que comprara y pagara aquel terreno en presencia de testigos, aunque la ciudad va a caer en manos de los caldeos.' "
Entonces el Seor respondi a Jeremas:
"Yo soy el Seor, el Dios de todo ser viviente. Nada hay imposible para m.
As pues, yo te digo: Voy a hacer que esta ciudad caiga en poder de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y de los caldeos.
Los caldeos que estn atacando la ciudad entrarn en ella y le prendern fuego; la quemarn junto con las casas en cuyas azoteas, para ofenderme, se quemaba incienso a Baal y se ofreca vino a dioses extraos.
Desde el principio, el pueblo de Israel y el pueblo de Jud han hecho siempre lo que me desagrada; los israelitas no han dejado de ofenderme con dolos que ellos mismos se hicieron. Yo, el Seor, lo afirmo.
Y esta ciudad, desde el da en que empez a construirse hasta este da, no ha hecho ms que provocar mi ira y mi enojo. Por eso voy a hacerla desaparecer,
por todo lo que me han ofendido con sus malas acciones el pueblo de Israel y el pueblo de Jud, lo mismo que sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes, sus profetas y todos los habitantes de Jud y de Jerusaln.
Me han dado la espalda, no la cara. Y aunque en ningn momento he dejado de instruirlos, no me han hecho caso ni han querido recibir correccin.
Hasta han llegado a profanar el templo consagrado a m, poniendo all sus dolos detestables.
Tambin construyeron altares a Baal en el valle de Ben-hinom, para quemar sus hijos y sus hijas en sacrificio a Moloc, y as hacer pecar a Jud, cosa detestable que yo no les orden y que ni siquiera pas por mi mente.
"Yo, el Seor, el Dios de Israel, digo acerca de esta ciudad que t dices que va a caer en poder del rey de Babilonia por causa de la guerra, el hambre y la peste:
Voy a reunir a sus ciudadanos de entre todos los pases por donde los dispers cuando me llen de enojo, ira y furor terrible, y los har volver a este lugar para que en l vivan tranquilos.
Ellos sern mi pueblo, y yo ser su Dios.
Har que solo tengan voluntad y determinacin de honrarme toda su vida, para su propio bien y el de sus descendientes.
Har con ellos una alianza eterna: me comprometer a no dejar nunca de hacerles bien, y les llenar del deseo de honrarme y de no apartarse nunca de m.
Yo me alegrar de hacerles bien, y de todo corazn y con toda sinceridad los har habitar en este pas."
El Seor aadi: "As como envi esta calamidad tan grande a este pueblo, tambin le enviar todos los bienes que le he prometido.
Y en este pas, que dices que va a quedar desierto, sin hombres ni animales, y que va a caer en poder de los caldeos, se volvern a comprar terrenos.
Se comprarn y se harn los contratos por escrito, con sello y firmas de testigos. Esto suceder en el territorio de Benjamn, en los alrededores de Jerusaln y en las ciudades de Jud, tanto de la regin montaosa como de la llanura, y en las ciudades del Ngueb, porque yo har que cambie su suerte. Yo, el Seor, lo afirmo."
Mientras Jeremas todava estaba preso en el patio de la guardia, el Seor se dirigi a l de nuevo, y le dijo:
"Yo, el Seor, que hice la tierra, la form y la coloqu firmemente en su sitio, te digo:
Llmame y te responder, y te anunciar cosas grandes y misteriosas que t ignoras.
Yo, el Seor, el Dios de Israel, tengo un mensaje acerca de las casas de Jerusaln y de las casas de los reyes de Jud que van a ser derribadas. El salir a pelear con espadas contra los caldeos que levantan rampas para atacar la ciudad, solo servir para llenarla de cadveres.
Yo, en mi terrible ira, los har morir, porque he apartado mi rostro de esta ciudad a causa de las muchas maldades que han cometido.
Pero los curar, les dar la salud y har que con honra disfruten de paz y seguridad.
Cambiar la suerte de Jud y de Israel, y los reconstruir para que vuelvan a ser como al principio.
Los purificar de todos los pecados que cometieron contra m; les perdonar todas las maldades que cometieron y con las que se rebelaron contra m.
Jerusaln ser para m un motivo de alegra, honor y gloria ante todas las naciones de la tierra. Cuando ellas oigan hablar de todos los beneficios que voy a traer sobre los habitantes de Jerusaln, y de toda la prosperidad que le voy a dar, temblarn de miedo."
El Seor dice: "Ustedes dicen que este lugar est desierto y que no hay en l hombres ni animales; que las calles de Jerusaln y las ciudades de Jud estn vacas; y que nadie, ni hombres ni animales, vive all. Pues bien, aqu se volvern a or
los cantos de fiesta y alegra, y los cantos de los novios, y se oir decir: 'Den gracias al Seor todopoderoso, porque el Seor es bueno, porque su amor es eterno.' Y traern al templo ofrendas de gratitud. S, yo cambiar la suerte de este pas, para que vuelva a ser como al principio. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor todopoderoso dice: "En este pas que ahora est desierto, sin hombres ni animales, y en todas sus ciudades, volver a haber pastos adonde los pastores lleven sus rebaos.
Tanto en las ciudades de la regin montaosa como en las de la llanura, y en las del Ngueb y del territorio de Benjamn, y en los alrededores de Jerusaln y en las dems ciudades de Jud, se volver a ver a los pastores contando sus ovejas. Yo, el Seor, lo digo."
El Seor afirma: "Llegar el da en que cumplir las promesas de bendicin que hice al pueblo de Israel y de Jud.
Cuando llegue ese tiempo y ese da, har que David tenga un descendiente legtimo, que establecer la justicia y la rectitud en el pas.
En aquel tiempo Jud estar a salvo y Jerusaln vivir segura. Este es el nombre con que la llamarn: 'El Seor es nuestra victoria.'
Yo, el Seor, digo: Nunca faltar un descendiente de David que ocupe el trono de Israel,
ni faltarn jams sacerdotes descendientes de Lev que todos los das me ofrezcan holocaustos, quemen ofrendas de cereales en mi honor y me dediquen otros sacrificios."
El Seor se dirigi a Jeremas, y le dijo:
"Yo, el Seor, digo: Es imposible que deje de cumplirse la alianza que he hecho con el da y con la noche, de manera que el da y la noche dejen de llegar a su debido tiempo.
Del mismo modo, es imposible que deje de cumplirse mi alianza con mi siervo David, y que deje de haber un descendiente suyo que reine en su trono, o que deje de cumplirse mi alianza con mis ministros los sacerdotes descendientes de Lev.
Y a los descendientes de mi siervo David, y a mis ministros, los descendientes de Lev, los har tan numerosos como las estrellas del cielo y los granos de arena del mar, que nadie puede contar."
El Seor se dirigi a Jeremas, y le dijo:
"No has notado que la gente dice que he rechazado a las dos familias que yo mismo haba escogido, a Israel y Jud? Por eso miran con desprecio a mi pueblo, y ya ni lo consideran una nacin!
Pues yo, el Seor, digo: Yo, que he hecho una alianza con el da y con la noche, y que he fijado las leyes que gobiernan el cielo y la tierra,
jams rechazar a los descendientes de Jacob y de David mi siervo, ni dejar de sacar de entre ellos a quienes gobiernen a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Porque yo tendr compasin de ellos y har que cambie su suerte."
Cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejrcito formado por gente de todas las naciones de la tierra sometidas a l, estaba atacando Jerusaln y todas las ciudades vecinas, el Seor se dirigi a Jeremas, y le dijo:
"Yo, el Seor, el Dios de Israel, te ordeno que vayas a decirle a Sedequas, rey de Jud: 'As dice el Seor: Voy a hacer que el rey de Babilonia se apodere de esta ciudad y le prenda fuego.
T no podrs escapar de caer en sus manos; te capturarn y te entregarn a l, y despus de que te hayan llevado ante su presencia, sers llevado a Babilonia.
Con todo, escucha, Sedequas, rey de Jud, lo que yo, el Seor, te voy a decir: No morirs a filo de espada.
Morirs en paz, y quemarn perfumes en tus funerales, como los quemaron en los funerales de tus antepasados que reinaron antes de ti, y dirn: Ay, seor!, haciendo lamentacin por ti. Yo, el Seor, lo afirmo y doy mi palabra.' "
El profeta Jeremas repiti todo esto al rey Sedequas en Jerusaln.
Entre tanto, el ejrcito del rey de Babilonia estaba atacando Jerusaln, Laquis y Azec, las nicas ciudades fortificadas de Jud que an quedaban.
El Seor se dirigi a Jeremas, despus que el rey Sedequas hizo un pacto con todos los habitantes de Jerusaln para dejar libres a los esclavos.
El pacto estableca que los que tuvieran esclavos o esclavas hebreos los dejaran en libertad, para que nadie tuviera como esclavo a un compatriota judo.
Todos los jefes y todo el pueblo aceptaron los trminos del pacto, y dejaron libres a sus esclavos y no los obligaron ms a servirles.
Pero despus se arrepintieron de haberles dado libertad, y los obligaron a volver y a servirles de nuevo como esclavos.
Entonces el Seor se dirigi a Jeremas, y le dijo:
"Yo, el Seor, el Dios de Israel, hice una alianza con los antepasados de ustedes cuando los saqu de Egipto, donde servan como esclavos. Les orden
que cada siete aos dejaran libre a cualquier hebreo que se hubiera vendido a ellos y que les hubiera servido durante seis aos. Pero sus antepasados no me hicieron caso ni me obedecieron.
Ahora ustedes haban cambiado de conducta, y haban hecho lo que a m me agrada, al dejar en libertad a sus compatriotas esclavos. Y se comprometieron con una alianza hecho en mi presencia, en el templo que est dedicado a m.
Pero despus cambiaron de parecer y, profanando mi nombre, obligaron a los esclavos que haban dejado en libertad a volver y servirles de nuevo como esclavos.
As pues, yo, el Seor, digo: Ustedes no me obedecieron, puesto que no dejaron en libertad a sus compatriotas esclavos; por lo tanto, ahora yo voy a dejar en libertad a la guerra, la peste y el hambre, para que hagan con ustedes algo que cause horror a todos los reinos de la tierra. Yo, el Seor, lo afirmo.
Los jefes de Jud y de Jerusaln, junto con los criados del palacio, los sacerdotes y todos los dems ciudadanos hicieron una alianza en mi presencia: partieron en dos un becerro y pasaron por entre las dos partes.
Pero luego violaron la alianza y faltaron a su compromiso.
Por lo tanto, har que ellos caigan en poder de sus enemigos mortales, y que sus cadveres sirvan de comida a las aves de rapia y a las fieras.
Tambin har que Sedequas, rey de Jud, y sus oficiales caigan en poder de sus enemigos mortales, en poder del ejrcito del rey de Babilonia, que ahora ha dejado de atacarles.
Voy a ordenarles que vuelvan contra esta ciudad y que la ataquen, que la tomen y le prendan fuego. Y har que las dems ciudades de Jud queden desiertas y sin ningn habitante. Yo, el Seor, lo afirmo."
En el tiempo en que Joaquim, hijo de Josas, era rey de Jud, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Ve a la comunidad de los recabitas y habla con ellos. Llvalos luego a uno de los cuartos que hay en el templo, y ofrceles vino."
Yo, Jeremas, fui a buscar a Jaazanas (hijo de otro Jeremas y nieto de Habasinas), y a sus hermanos e hijos, y a toda la comunidad de los recabitas,
y los llev al templo, al cuarto de los hijos de Hann, hijo de Igdalas, que era un hombre de Dios. Este cuarto se encuentra junto al de los jefes del templo y encima del cuarto de Maaseas, hijo de Salum, que era el guardin del umbral del templo.
Serv a los recabitas jarros y copas llenos de vino, y les dije: "Tomen un poco de vino."
Ellos respondieron: "Nosotros no bebemos vino, porque Jonadab, hijo de Recab, nuestro antepasado, prohibi para siempre que nosotros y nuestros descendientes bebiramos vino.
Tambin nos prohibi hacer casas, sembrar campos y plantar o tener viedos. Nos mand que habitramos siempre en tiendas de campaa, para vivir mucho tiempo en esta tierra donde andamos como extranjeros.
Nosotros hemos obedecido todas las rdenes de nuestro antepasado Jonadab, y nunca bebemos vino, ni nosotros ni nuestras mujeres ni nuestros hijos,
ni construimos casas para vivir, ni tenemos viedos ni terrenos sembrados.
Vivimos en tiendas de campaa y cumplimos todo lo que nuestro antepasado Jonadab nos orden.
Pero cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, invadi este pas, decidimos venir a Jerusaln para huir de los ejrcitos caldeos y sirios; por eso estamos viviendo en Jerusaln."
Entonces el Seor se dirigi a Jeremas, y le dijo:
"Yo, el Seor todopoderoso y Dios de Israel, te ordeno que vayas y digas a la gente de Jud y de Jerusaln: 'Aprendan la leccin y obedezcan mis rdenes. Yo, el Seor, lo digo.
Los descendientes de Jonadab, hijo de Recab, han cumplido la orden que l les dio de no beber vino, y hasta el da de hoy no lo beben porque han obedecido la orden de su antepasado. Yo tambin les he dado a ustedes rdenes una y otra vez, pero no me han obedecido.
Les he enviado, uno tras otro, a todos mis siervos los profetas, para decirles: Dejen su mala conducta y sus malas acciones. No se vayan tras otros dioses ni les rindan culto, y as podrn seguir viviendo en la tierra que les he dado a ustedes y a sus antepasados. Pero ustedes no quisieron hacerme caso ni me han obedecido.
Los descendientes de Jonadab, hijo de Recab, han cumplido la orden que su antepasado les dio; en cambio, el pueblo de Israel no me ha obedecido.
Por eso yo, el Seor todopoderoso y Dios de Israel, digo: Voy a hacer que caigan sobre Jud y sobre los habitantes de Jerusaln todas las calamidades que les he anunciado. Porque yo les he hablado, y ustedes no me han hecho caso; los he llamado, y ustedes no me han respondido.' "
Adems, Jeremas dijo a los recabitas: "El Seor todopoderoso y Dios de Israel dice: 'Ya que ustedes han obedecido las rdenes de su antepasado Jonadab, y han observado sus instrucciones y cumplido todo lo que l les orden,
yo, el Seor todopoderoso y Dios de Israel, les aseguro que nunca faltar un descendiente de Jonadab que est siempre a mi servicio.' "
El ao cuarto del gobierno de Joaquim, hijo de Josas, rey de Jud, el Seor se dirigi a Jeremas, y le dijo:
"Toma un rollo de escribir, y escribe en l todo lo que te he dicho acerca de Israel, de Jud y de las dems naciones, desde que comenc a hablarte en tiempos de Josas hasta ahora.
Quiz cuando los de Jud sepan de todas las calamidades que pienso enviarles, dejarn su mala conducta y yo les perdonar sus maldades y pecados."
Jeremas llam a Baruc, hijo de Neras, y le dict todo lo que el Seor le haba dicho, y Baruc lo escribi en un rollo.
Luego Jeremas dio a Baruc las siguientes instrucciones: "Mira, la situacin en que me encuentro me impide ir al templo del Seor.
Por lo tanto, ve t el prximo da de ayuno y lee el rollo que yo te dict y que t escribiste, para que el pueblo y todos los habitantes de las ciudades de Jud que hayan venido ac, oigan el mensaje del Seor.
Quiz dirijan al Seor sus ruegos y dejen todos su mala conducta, porque la ira y el furor con que el Seor ha amenazado a este pueblo son terribles."
Baruc hizo todo lo que el profeta Jeremas le haba ordenado: fue al templo y ley en el rollo el mensaje del Seor.
El noveno mes del ao quinto del gobierno de Joaquim, hijo de Josas, rey de Jud, se dispuso que, tanto los habitantes de Jerusaln como los que haban venido de otras ciudades de Jud, ayunaran ante el Seor.
Baruc fue al atrio superior del templo, a la entrada de la Puerta Nueva, y desde el cuarto de Guemaras, hijo de Safn el cronista, ley a todo el pueblo el rollo donde estaban las palabras de Jeremas.
Micaas, hijo de Guemaras y nieto de Safn, oy todo el mensaje del Seor que Baruc ley en el rollo,
y fue al palacio real, al cuarto del cronista, donde estaban reunidos todos los altos funcionarios: Elisam, el cronista; Delaas, hijo de Semaas; Elnatn, hijo de Acbor; Guemaras, hijo de Safn; Sedequas, hijo de Hananas, y otros funcionarios.
Micaas les cont todo lo que haba odo cuando Baruc ley en el rollo delante del pueblo.
Los funcionarios enviaron a Jehud, que era hijo de Netanas, nieto de Selemas y bisnieto de Cus, a decirle a Baruc que les llevara el rollo que haba ledo delante del pueblo. Baruc tom entonces el rollo y se present ante ellos,
y ellos le dijeron: -Sintate y lenos el rollo. Baruc se lo ley,
y tan pronto como lo oyeron, llenos de miedo se volvieron unos a otros y dijeron: -Tenemos que informar de todo esto al rey.
Luego dijeron a Baruc: -Cuntanos cmo escribiste todo esto.
Baruc respondi: -Jeremas personalmente me lo dict todo, y yo lo escrib con tinta en el rollo.
Entonces le dijeron a Baruc: -Pues t y Jeremas vayan a esconderse, y que nadie sepa dnde estn!
Los altos funcionarios dejaron el rollo en el cuarto de Elisam, el cronista, y fueron al palacio a informar de todo esto al rey.
El rey mand a Jehud traer el rollo del cuarto de Elisam, el cronista, y cuando Jehud lo trajo, lo ley delante del rey y de todos los altos funcionarios que lo rodeaban.
Como era el mes noveno, el rey se encontraba en su cuarto de invierno, ante un brasero encendido.
En cuanto Jehud terminaba de leer tres o cuatro columnas, el rey las cortaba con un cuchillo y las echaba al fuego del brasero. As lo hizo hasta quemar todo el rollo.
Ni el rey ni los altos funcionarios que oyeron toda la lectura, sintieron miedo ni dieron seales de dolor.
Elnatn, Delaas y Guemaras rogaron al rey que no quemara el rollo, pero l no les hizo caso,
sino que orden a Jerahmeel, prncipe de sangre real, a Seraas, hijo de Azriel, y a Selemas, hijo de Abdeel, que apresaran al profeta Jeremas y a su secretario Baruc. Pero el Seor los ocult.
Despus que el rey quem el rollo con las palabras que Jeremas le haba dictado a Baruc, el Seor se dirigi a Jeremas y le dijo:
"Toma otro rollo y vuelve a escribir en l todo lo que estaba escrito en el primero, el que quem Joaquim, rey de Jud.
Y dile lo siguiente: 'As dice el Seor: T quemaste el rollo, y reprendiste a Jeremas por haber escrito en l que el rey de Babilonia va a venir sin falta, a destruir el pas y a dejarlo sin hombres ni animales.
Pues bien, yo, el Seor, te digo a ti, Joaquim, rey de Jud, que t no tendrs descendiente en el trono de David. Tu cadver quedar expuesto al calor del da y a las heladas de la noche,
y a ti y a tus descendientes, lo mismo que a tus funcionarios, los castigar por sus pecados. Har que caigan sobre ustedes y sobre los habitantes de Jerusaln y de Jud todas las calamidades que les anunci, y a las que ustedes no hicieron caso.' "
Entonces Jeremas tom otro rollo y se lo dio a Baruc, su secretario, quien escribi todo lo que Jeremas le dict, es decir, todo lo que estaba escrito en el rollo que el rey Joaquim haba quemado. Jeremas aadi adems muchas otras cosas parecidas.
Nabucodonosor, rey de Babilonia, puso como rey de Jud a Sedequas, hijo de Josas, en lugar de Jeconas, hijo de Joaquim.
Pero ni Sedequas ni sus funcionarios ni el pueblo hicieron caso del mensaje que el Seor les dirigi por medio del profeta Jeremas.
El rey Sedequas envi a Jucal, hijo de Selemas, y al sacerdote Sofonas, hijo de Maaseas, a ver al profeta Jeremas y decirle: "Ora por nosotros al Seor nuestro Dios."
A Jeremas todava no lo haban apresado, as que poda moverse libremente entre el pueblo.
Mientras tanto, el ejrcito del faran haba salido de Egipto. Cuando los caldeos que estaban atacando Jerusaln lo supieron, se retiraron de all.
Entonces el Seor se dirigi al profeta Jeremas, y le orden decir
de parte suya a los enviados: "Digan al rey de Jud, que los envi a consultarme, que el ejrcito del faran, que se haba puesto en camino para ayudarlos, ha regresado a Egipto.
Los caldeos volvern para atacar la ciudad de Jerusaln, y la tomarn y le prendern fuego.
Yo, el Seor, les advierto: No se hagan ilusiones ni crean que los caldeos se van a retirar, porque no ser as.
Aun cuando ustedes derrotaran a todo el ejrcito caldeo que los est atacando, y no le quedaran ms que unos cuantos hombres heridos en el campamento, esos hombres se levantaran y le prenderan fuego a la ciudad."
Cuando el ejrcito de los caldeos se estaba retirando de Jerusaln, porque supieron que vena el ejrcito del faran,
Jeremas sali de la ciudad para dirigirse al territorio de Benjamn y ocuparse de la reparticin de una herencia entre los de su tierra.
Pero cuando lleg a la Puerta de Benjamn, un hombre llamado Iras, hijo de Selemas y nieto de Hananas, que era jefe de la guardia, detuvo a Jeremas y le dijo: -T te vas a pasar a los caldeos!
Jeremas respondi: -No es verdad, no me voy a pasar a los caldeos! Pero Iras no lo escuch, sino que lo arrest y lo llev ante los funcionarios.
Estos se pusieron furiosos con Jeremas, y mandaron que lo golpearan y lo encarcelaran en la casa de Jonatn, el cronista, la cual haban convertido en crcel.
Jeremas fue a parar al calabozo del stano, donde estuvo mucho tiempo.
El rey Sedequas orden que llevaran a Jeremas al palacio, y cuando Jeremas fue llevado ante el rey, este le pregunt en secreto: -Hay algn mensaje del Seor? Jeremas respondi: -S, y es el siguiente: que Su Majestad va a caer en poder del rey de Babilonia.
A su vez, Jeremas le pregunt al rey Sedequas: -Qu crimen he cometido contra Su Majestad, o contra sus funcionarios, o contra el pueblo, para que me hayan metido en la crcel?
Dnde estn esos profetas que aseguraban que el rey de Babilonia no los atacara, ni a ustedes ni al pas?
Escuche ahora Su Majestad, y concdame esta peticin que le voy a hacer: No permita que me lleven otra vez a la casa de Jonatn, el cronista, no sea que yo muera all.
Entonces el rey Sedequas orden que Jeremas quedara preso en el patio de la guardia y que cada da le llevaran un pan de la calle de los Panaderos. Y esto se hizo as mientras hubo pan en la ciudad. De esta manera, Jeremas se qued en el patio de la guardia.
Sefatas, hijo de Matn, Guedalas, hijo de Pashur, Jucal, hijo de Selemas, y Pashur, hijo de Malquas, oyeron a Jeremas pronunciar ante el pueblo las siguientes palabras:
"El Seor dice: 'El que se quede en la ciudad morir en la guerra o de hambre o de peste. En cambio, el que salga y se entregue a los caldeos, podr al menos salvar su vida.'
El Seor dice: 'Esta ciudad va a caer en poder del ejrcito del rey de Babilonia. l la tomar, y nadie podr evitarlo.' "
Entonces los funcionarios dijeron al rey: -Hay que matar a este hombre, pues con sus palabras desmoraliza a los soldados que an quedan en la ciudad, y a toda la gente. Este hombre no busca el bien del pueblo, sino su mal.
El rey Sedequas les respondi: -Est bien, hagan con l lo que quieran. Yo nada puedo contra ustedes.
Entonces ellos se apoderaron de Jeremas y lo echaron en la cisterna del prncipe Malquas, que se encontraba en el patio de la guardia. Lo bajaron con sogas, y como en la cisterna no haba agua, sino lodo, Jeremas se hundi en l.
Un etope llamado bed-mlec, que era hombre de confianza en el palacio real, oy decir que haban echado a Jeremas en la cisterna. Por aquel tiempo, el rey estaba en una sesin en la Puerta de Benjamn.
Entonces bed-mlec sali del palacio real y fue a decirle al rey:
-Majestad, lo que esos hombres han hecho con Jeremas es un crimen. Lo han echado en una cisterna, y ah se est muriendo de hambre, porque ya no hay pan en la ciudad.
En seguida el rey orden a bed-mlec que se llevara con l a treinta hombres para sacar a Jeremas de la cisterna, antes que muriera.
bed-mlec se llev a los hombres, fue al depsito de ropa del palacio y tom de all unos trapos viejos, se los baj con sogas a Jeremas en la cisterna,
y le dijo: -Ponte esos trapos bajo los brazos, para que las sogas no te lastimen. Jeremas lo hizo as.
Entonces los hombres tiraron de las sogas y lo sacaron de all. Despus de esto, Jeremas se qued en el patio de la guardia.
El rey Sedequas mand que llevaran ante l al profeta Jeremas, a la tercera entrada del templo. All el rey le dijo: -Voy a hacerte una pregunta, y quiero que me contestes con toda franqueza.
Jeremas le respondi: -Si contesto a la pregunta, Su Majestad me mandar matar; y si le doy algn consejo, no me har caso.
Pero en secreto el rey Sedequas le hizo este juramento a Jeremas: -Te juro por el Seor, que nos dio la vida, que no te mandar matar ni te entregar en manos de los que quieren matarte.
Jeremas dijo entonces a Sedequas: -El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: 'Si te entregas de una vez a los generales del rey de Babilonia, t y tu familia salvarn la vida, y esta ciudad no ser incendiada.
Pero si no te entregas a ellos, los caldeos se apoderarn de la ciudad y le prendern fuego, y t no podrs escapar.'
Sedequas respondi: -Tengo miedo de los judos que se han pasado a los caldeos; si caigo en manos de ellos, me torturarn.
Jeremas contest: -Pero Su Majestad no caer en manos de ellos. Obedezca Su Majestad, por favor, a la voz del Seor, que yo le he comunicado, y le ir bien y salvar la vida.
El Seor me ha hecho ver lo que pasar, si Su Majestad se empea en no rendirse:
todas las mujeres que queden en el palacio del rey de Jud sern sacadas y entregadas a los generales del rey de Babilonia, y ellas mismas dirn: 'Los mejores amigos del rey lo engaaron y lo vencieron; dejaron que sus pies se hundieran en el lodo y le dieron la espalda.'
Y Jeremas continu diciendo al rey: -Todas las mujeres y los hijos de Su Majestad sern entregados a los caldeos, y Su Majestad no escapar de ellos, sino que ser entregado al rey de Babilonia, y prendern fuego a la ciudad.
Entonces Sedequas respondi a Jeremas: -Si en algo aprecias tu vida, no hables de esto con nadie.
Si los funcionarios llegan a saber que he estado hablando contigo, vendrn y te preguntarn qu me dijiste t, y qu te dije yo, y con la promesa de salvarte la vida, te pedirn que les cuentes todo.
Pero t respndeles que solo me estabas suplicando que no te mandara de nuevo a la casa de Jonatn, para no morir all.
En efecto, todos los funcionarios fueron a ver a Jeremas y le hicieron preguntas, pero l les respondi exactamente lo que el rey le haba ordenado. Entonces lo dejaron en paz, porque nadie haba odo la conversacin.
Y Jeremas se qued en el patio de la guardia hasta el da en que Jerusaln fue tomada.
En el mes dcimo del ao noveno del reinado de Sedequas en Jud, Nabucodonosor, rey de Babilonia, march con todo su ejrcito contra Jerusaln, y la siti.
El da nueve del mes cuarto del ao once del gobierno de Sedequas, el ejrcito enemigo entr en la ciudad,
y todos los oficiales del rey de Babilonia entraron y se instalaron en la puerta central. Eran Nergal-sarzer, Samgar-neb, Sarsequim, alto funcionario de la corte, y otro Nergal-sarzer, tambin alto funcionario.
Cuando el rey Sedequas y sus soldados vieron lo que pasaba, huyeron de la ciudad. Salieron de noche por el camino de los jardines reales, por la puerta situada entre las dos murallas, y tomaron el camino del valle del Jordn.
Pero los soldados caldeos los persiguieron, y alcanzaron a Sedequas en la llanura de Jeric. Lo capturaron y lo llevaron ante el rey Nabucodonosor, que estaba en Ribl, en el territorio de Hamat.
All Nabucodonosor dict sentencia: hizo degollar a los hijos de Sedequas en presencia de este, y tambin a todos los nobles de Jud.
En cuanto a Sedequas, mand que le sacaran los ojos y que lo encadenaran para llevarlo a Babilonia.
Los caldeos prendieron fuego al palacio real y a las casas de la ciudad, y derribaron las murallas de Jerusaln.
Por ltimo, Nebuzaradn, comandante de la guardia real, llev desterrados a Babilonia tanto a los habitantes de la ciudad que an quedaban como a los que se haban pasado a los caldeos; en fin, a todo el pueblo.
Solo dej en el territorio de Jud a algunos de los ms pobres, de los que no tenan nada, y ese da les dio viedos y campos de cultivo.
El rey Nabucodonosor de Babilonia dio a Nebuzaradn, comandante de la guardia, las siguientes rdenes respecto de Jeremas:
"Tmalo bajo tu cuidado, y no lo trates mal, sino dale todo lo que te pida."
Entonces Nebuzaradn, junto con Nebusazbn y Nergal-sarzer, dos altos funcionarios de la corte, y todos los dems oficiales del rey de Babilonia,
mandaron sacar a Jeremas del patio de la guardia y lo pusieron bajo el cuidado de Guedalas, hijo de Ahicam y nieto de Safn, para que lo llevaran a su casa. As pues, Jeremas se qued a vivir entre el pueblo.
Cuando Jeremas estaba todava preso en el patio de la guardia, el Seor se dirigi a l, y le dijo:
"Ve y dile a bed-mlec, el etiope: 'El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: Voy a cumplir lo que le he anunciado a esta ciudad, para su mal y no para su bien. Cuando esto suceda, t estars presente.
Pero yo te proteger, para que no caigas en poder de esa gente a la que temes. Yo, el Seor, lo afirmo.
Yo te librar de que te maten. Podrs escapar con vida, porque confiaste en m. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor se dirigi a Jeremas, despus que Nebuzaradn, comandante de la guardia, dej libre a Jeremas en Ram. Nebuzaradn lo haba encontrado preso y encadenado entre la gente de Jerusaln y de Jud que era llevada al destierro a Babilonia.
El comandante de la guardia llev aparte a Jeremas, y le dijo: "El Seor tu Dios amenaz con enviar esta desgracia a esta tierra,
y ahora ha cumplido su amenaza. Esto les ha pasado a ustedes porque pecaron contra el Seor y no lo obedecieron.
Mira, ahora mismo te quito las cadenas con que ests atado. Si quieres venir conmigo a Babilonia, ven; yo te cuidar. Pero si no quieres venir, qudate. Tienes todo el pas a tu disposicin: ve a donde mejor te parezca.
Si prefieres regresar, vulvete a Guedalas, hijo de Ahicam y nieto de Safn, a quien el rey de Babilonia ha nombrado gobernador de las ciudades de Jud, y vive con l y con tu pueblo. Ve a donde te parezca mejor." Luego el comandante dio a Jeremas un regalo y provisiones, y lo despidi.
Jeremas se fue con Guedalas a Misp, y vivi con l y con la gente que haba quedado en el pas.
Cuando los comandantes y los soldados de las tropas judas que an estaban en los campos se enteraron de que el rey de Babilonia haba nombrado gobernador del pas a Guedalas, hijo de Ahicam, y que haba puesto bajo su cuidado a los hombres, mujeres y nios de la gente ms pobre del pas, los cuales no haban sido deportados a Babilonia,
fueron con su gente a Misp, a ver a Guedalas. Entre ellos estaban: Ismael, hijo de Netanas; Johann y Jonatn, hijos de Carah; Seraas, hijo de Tanhmet; los hijos de Efai de Netof; y Jezanas, hijo de un hombre de Maacat, y sus hombres.
Guedalas les asegur bajo juramento: "No tengan miedo de someterse a los caldeos. Qudense a vivir en el pas, somtanse al rey de Babilonia, y les ir bien.
Yo me quedar en Misp, para representarlos a ustedes ante los caldeos cuando ellos vengan aqu. Ustedes dedquense a almacenar vino, frutas y aceite, y as podrn quedarse en las ciudades que han tomado."
Tambin los judos que se encontraban en Moab, Amn, Edom y otros pases se enteraron de que el rey de Babilonia haba permitido que algunos judos se quedaran en su tierra, y que haba nombrado a Guedalas como gobernador de ellos.
Entonces volvieron a Jud de todos los sitios por donde se haban dispersado, y se presentaron ante Guedalas en Misp. Y tambin ellos almacenaron vino y frutas en grandes cantidades.
Johann, hijo de Carah, y todos los dems comandantes de tropas que haban quedado en los campos, fueron a Misp, a ver a Guedalas,
y le dijeron: -No sabes que el rey Baals de Amn ha enviado a Ismael, el hijo de Netanas, a matarte? Pero Guedalas no les crey.
Entonces Johann le dijo en secreto a Guedalas: -Deja que yo vaya y mate a Ismael. Nadie tiene que saber quin lo hizo. Por qu vamos a dejar que l te mate a ti? Eso traera la dispersin de todos los judos que se han reunido a tu alrededor, y sera la ruina de lo que an queda de Jud.
Pero Guedalas le respondi: -No lo hagas! Lo que dices de Ismael no es verdad.
En el sptimo mes, Ismael, hijo de Netanas y nieto de Elisam, miembro de la familia real, fue a Misp para entrevistarse con Guedalas. Iba acompaado de diez hombres. Y all en Misp, mientras coman juntos,
Ismael y los diez hombres que lo acompaaban se levantaron de pronto y a filo de espada mataron a Guedalas, a quien el rey de Babilonia haba nombrado gobernador de Jud.
Ismael mat tambin a todos los judos y soldados caldeos que estaban con Guedalas en Misp.
Al da siguiente del asesinato de Guedalas, cuando todava nadie se haba enterado de lo sucedido,
llegaron de Siquem, Sil y Samaria ochenta hombres, los cuales traan la barba afeitada, la ropa rasgada y el cuerpo lleno de heridas que ellos mismos se haban hecho. Traan adems cereales e incienso para ofrecerlos al Seor en el templo.
Entonces Ismael sali de Misp a su encuentro, llorando por el camino. Apenas se encontr con ellos, les dijo: -Vengan a ver a Guedalas, hijo de Ahicam.
Pero tan pronto como llegaron al centro de la ciudad, Ismael y sus hombres los mataron y los echaron en una cisterna.
Sin embargo, diez de los hombres de ese grupo dijeron a Ismael: -No nos mates; nosotros tenemos trigo, cebada, aceite y miel escondidos en el campo. Entonces Ismael no los mat como a sus compaeros.
La cisterna en que Ismael ech los cadveres de todos los hombres que haba matado era la misma que el rey As haba mandado hacer cuando se defenda del rey Baas de Israel. Era una cisterna muy grande, pero qued llena con los cadveres de la gente que Ismael mat.
Adems, Ismael apres a las hijas del rey y a la gente que quedaba en Misp, a quienes Nebuzaradn, comandante de la guardia, haba puesto bajo el mando de Guedalas. Ismael los apres, y se puso en camino con intencin de pasar al territorio de Amn.
Cuando Johann, hijo de Carah, y los jefes militares que estaban con l se enteraron del crimen que Ismael haba cometido,
reunieron a toda su gente y se fueron a luchar contra l. Lo encontraron junto al gran estanque que hay en Gaban.
Cuando los que Ismael llevaba presos vieron a Johann y a todos los jefes militares que lo acompaaban, se pusieron muy contentos,
y se volvieron y fueron a reunirse con Johann.
Pero Ismael y ocho de sus hombres lograron escapar de Johann y se fueron al pas de Amn.
Por su parte, Johann y los jefes militares que lo acompaaban se hicieron cargo de los soldados, las mujeres, los nios y los altos funcionarios que Ismael se haba llevado presos de Misp despus de haber matado a Guedalas, y que Johann haba trado de vuelta desde Gaban.
Se pusieron as en camino hasta llegar a Guerut-quimam, junto a Beln, donde hicieron un alto. Su intencin era continuar hasta Egipto
para escapar de los caldeos, pues les tenan miedo por haber matado Ismael a Guedalas, a quien el rey de Babilonia haba nombrado gobernador del pas.
Todos los jefes militares, incluyendo a Johann, hijo de Carah, y a Azaras, hijo de Hosaas, y toda la gente, chicos y grandes, se acercaron
al profeta Jeremas y le dijeron: -Vamos a pedirte una cosa; no nos la niegues: Ruega al Seor tu Dios por nosotros, los pocos que quedamos. Antes ramos muchos, pero ahora quedamos solo unos pocos, como puedes ver.
Ruega al Seor tu Dios que nos ensee el camino que debemos seguir y lo que debemos hacer.
Jeremas les respondi: -Est bien. Voy a rogar al Seor su Dios por ustedes, como me lo han pedido, y les dar a conocer todo lo que l me responda, sin ocultarles nada.
Entonces ellos dijeron a Jeremas: -Que el Seor tu Dios sea testigo fiel y verdadero en contra nuestra, si no hacemos lo que l te encargue decirnos.
Nos guste o nos disguste su respuesta, obedeceremos al Seor nuestro Dios, a quien te hemos pedido que recurras, para que as nos vaya bien.
Diez das ms tarde, el Seor le habl a Jeremas,
y este llam a Johann, hijo de Carah, y a los jefes militares que lo acompaaban, y a toda la gente, desde el ms chico hasta el ms grande,
y les dijo: "El Seor, el Dios de Israel, a quien ustedes me encargaron que fuera a presentar su peticin, dice:
'Si ustedes estn dispuestos a quedarse en esta tierra, yo los har prosperar; no los destruir, sino que los plantar y no los arrancar, pues me pesa haberles enviado esa calamidad.
No tengan miedo del rey de Babilonia, al que tanto temen. No le tengan miedo, porque yo estoy con ustedes para salvarlos y librarlos de su poder. Yo, el Seor, lo afirmo.
Tendr compasin de ustedes, y har que tambin l les tenga compasin y los deje volver a su tierra.'
"Pero si ustedes no quieren quedarse en este pas, sino que desobedecen al Seor su Dios
y dicen: 'Preferimos ir a vivir a Egipto, donde no veremos guerra, ni oiremos el sonido de la trompeta, ni nos moriremos de hambre',
entonces escuchen ustedes, los que quedan de Jud, lo que les dice el Seor todopoderoso, el Dios de Israel: 'Si ustedes se empean en ir a vivir a Egipto,
la guerra y el hambre que ustedes tanto temen los alcanzar all mismo, y all morirn.
Todos los que estn empeados en irse a vivir a Egipto, morirn all por la guerra, el hambre o la peste. Nadie quedar con vida; nadie escapar a la calamidad que les voy a enviar.'
"El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: 'As como mi ira y mi furor se encendieron contra los habitantes de Jerusaln, as se encendern tambin contra ustedes, si se van a Egipto. Se convertirn en ejemplo de maldicin, en algo que causar terror, y no volvern a ver este lugar.'
A ustedes, los que an quedan de Jud, el Seor les ordena que no vayan a Egipto. Spanlo bien, yo se lo advierto ahora.
Ustedes cometen un error fatal, pues ustedes mismos me encargaron que acudiera al Seor su Dios, y me dijeron: 'Ruega al Seor nuestro Dios por nosotros, y haznos saber todo lo que l ordene, para que lo hagamos.'
Yo les he dado a conocer hoy lo que el Seor su Dios me encarg decirles, pero ustedes no quieren obedecer.
Por lo tanto, sepan bien que por causa de la guerra, el hambre y la peste, ustedes morirn en el pas a donde quieren ir a vivir."
Cuando Jeremas termin de comunicar al pueblo todo lo que el Seor, el Dios de ellos, le haba encargado decirles,
Azaras, hijo de Hosaas, Johann, hijo de Carah, y otros hombres arrogantes dijeron a Jeremas: "Lo que dices es mentira! El Seor nuestro Dios no te ha encargado decirnos que no vayamos a vivir en Egipto.
Es Baruc, hijo de Neras, el que te ha predispuesto contra nosotros, para hacer que caigamos en poder de los caldeos y que nos maten o nos lleven desterrados a Babilonia."
As pues, ni Johann ni los jefes militares ni la gente se quedaron en el territorio de Jud, desobedeciendo as la orden del Seor.
Por el contrario, Johann y todos los jefes militares reunieron a la poca gente de Jud que an quedaba y que, despus de haber sido dispersada por distintos pases, haba vuelto a Jud para establecerse all:
hombres, mujeres, nios, las hijas del rey y todas las personas que Nebuzaradn, comandante de la guardia, haba dejado bajo el cuidado de Guedalas, incluyendo a Jeremas y a Baruc.
Sin hacer caso de la orden del Seor, todos ellos se fueron a Egipto y llegaron hasta la ciudad de Tafnes.
En Tafnes, el Seor se dirigi a Jeremas y le dijo:
"Toma unas piedras grandes y, a la vista de la gente de Jud, entirralas en el piso de barro de la terraza, frente a la entrada del palacio real de la ciudad.
Y diles: 'El Seor todopoderoso, Dios de Israel, dice: Voy a hacer venir a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y voy a poner su trono y su tienda real encima de estas piedras que he enterrado aqu.
l vendr y destruir el pas de Egipto. Los que estn destinados a morir, morirn; los que estn destinados a ir al destierro, irn al destierro; y los que estn destinados a morir en la guerra, morirn en la guerra.
Prender fuego a los templos de los dioses de Egipto, y a sus dioses les prender fuego o se los llevar como si fueran prisioneros. Limpiar el pas de Egipto, como un pastor que limpia de piojos su ropa, y luego se ir sin que nadie se lo impida.
Destruir los obeliscos de Helipolis, en Egipto, y prender fuego a los templos de los dioses de Egipto.' "
Mensaje que Jeremas recibi para todos los judos que vivan en Egipto, en las ciudades de Migdol, Tafnes, Menfis y la regin del sur:
"El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: 'Ustedes han visto todas las calamidades que hice caer sobre Jerusaln y las dems ciudades de Jud. Ahora estn en ruinas, y nadie vive en ellas
por causa de las maldades que cometieron, pues me ofendieron adorando a otros dioses y ofrecindoles incienso; dioses con los que ni ellos ni ustedes ni sus antepasados tenan nada que ver.
Una y otra vez envi a mis siervos los profetas para que les dijeran a ustedes que no hicieran esas cosas repugnantes que yo detesto.
Pero ustedes no me obedecieron ni me hicieron caso. En vez de dejar su maldad, siguieron ofreciendo incienso a otros dioses.
Entonces se encendieron mi ira y mi furor, y ardieron como un fuego en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln. Quedaron en ruinas y desiertas hasta el da de hoy.
'As pues, yo, el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, digo: Por qu traen sobre ustedes mismos ese mal tan grande? Por qu hacen que muera toda la gente de Jud, hombres, mujeres y nios, y hasta recin nacidos, de manera que no quede nadie?
Por qu me ofenden con sus acciones y ofrecen incienso a otros dioses aqu en Egipto, donde han venido a vivir? Con ello van a provocar su propia destruccin, y se convertirn en ejemplo de maldicin y humillacin entre todas las naciones de la tierra.
Ya se han olvidado de todas las maldades que cometieron los antepasados de ustedes, y de las que cometieron los reyes de Jud y sus esposas, y de las que ustedes mismos y las esposas de ustedes cometieron en el territorio de Jud y en las calles de Jerusaln?
Hasta ahora ustedes no han cambiado de conducta, ni han sentido temor, ni han cumplido las instrucciones y leyes que a ustedes y a sus antepasados les di.
'Por eso yo, el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, les digo: He decidido traer mal sobre ustedes y destruir a todo Jud.
Har que los que quedaron de Jud y se empearon en irse a vivir a Egipto, sean destruidos all por completo. Todos, desde el ms chico hasta el ms grande, morirn por la guerra o el hambre, y se convertirn en ejemplo de maldicin y humillacin, en algo que causar terror.
Castigar a los que vivan en Egipto como castigu a Jerusaln, con la guerra, el hambre y la peste.
Nadie de ese pequeo resto de Jud que se ha ido a vivir a Egipto, podr escapar o quedar con vida. Y aunque quieran volver a Jud para establecerse all, no volvern, a no ser unos cuantos refugiados.' "
Entonces, aquellos que saban que sus esposas ofrecan incienso a otros dioses, y las mujeres que se encontraban all, todos los cuales formaban un grupo numeroso, ms los judos que vivan en la regin sur de Egipto, respondieron a Jeremas:
-No haremos caso de ese mensaje que nos has trado de parte del Seor.
Al contrario, seguiremos haciendo lo que habamos decidido hacer. Seguiremos ofreciendo incienso y ofrendas de vino a la diosa Reina del Cielo, como lo hemos hecho hasta ahora y como antes lo hicieron nuestros antepasados y nuestros reyes y jefes en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln. Pues antes tenamos comida en abundancia, nos iba bien y no nos vino ninguna desgracia;
pero desde que dejamos de ofrecer incienso y ofrendas de vino a la Reina del Cielo, nos falta de todo, y nuestra gente muere de hambre o en la guerra.
Las mujeres aadieron: -Nosotras hacamos tortas que representaban a la Reina del Cielo, y le ofrecamos incienso y ofrendas de vino, pero todo ello con el consentimiento de nuestros esposos. Y lo seguiremos haciendo.
Entonces Jeremas respondi a todos los hombres y mujeres que le haban contestado de esa manera:
-Creen ustedes que el Seor no se daba cuenta, o se haba olvidado, de que ustedes y sus antepasados, sus reyes, sus jefes y el pueblo en general, ofrecan incienso a otros dioses en las ciudades de Jud y en las calles de Jerusaln?
Pero el Seor ya no pudo soportar ms las malas acciones que ustedes cometan y que a l tanto le disgustan. Por eso el pas de ustedes est hoy en ruinas y sin nadie que viva en l; se ha convertido en ejemplo de maldicin, en algo que causa terror.
Esta desgracia en que ahora se encuentran les ha venido precisamente porque ofrecieron incienso a otros dioses, pecando as contra el Seor, y porque no obedecieron sus instrucciones y leyes, ni cumplieron sus mandatos.
Jeremas dijo adems a todo el pueblo, y especialmente a las mujeres: -Escuchen este mensaje del Seor todos ustedes, gente de Jud que vive en Egipto.
El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: 'Ustedes las mujeres lo dicen de boca y lo practican de hecho. Ustedes dicen que han prometido ofrecer incienso y ofrendas de vino a la Reina del Cielo, y que cumplirn sin falta su promesa. Muy bien, cumplan y pongan por obra lo que han prometido!
Pero oigan todos ustedes, gente de Jud que vive en Egipto, lo que yo, el Seor, les digo: Juro por mi nombre soberano que ninguno de los de Jud volver a pronunciar mi nombre en todo Egipto, diciendo: Por la vida del Seor.
Porque yo estar vigilando para enviarles calamidades y no beneficios. Todos los de Jud que viven en Egipto sern completamente aniquilados por la guerra o el hambre.
Sern muy contados los que escapen de morir en la guerra y vuelvan de Egipto a Jud. As, todos los que quedaban en Jud y vinieron a vivir a Egipto, vern qu palabras se cumplieron, si las mas o las de ellos.
Yo, el Seor, les dar a ustedes esta seal como prueba de que mis amenazas se van a cumplir, y de que los castigar en este pas:
Yo entregar al faran Hofra, rey de Egipto, en poder de sus enemigos mortales, as como entregu a Sedequas, rey de Jud, en poder de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo mortal.'
El ao cuarto del gobierno de Joaquim, hijo de Josas, rey de Jud, mientras Baruc, hijo de Neras, escriba lo que el profeta Jeremas le dictaba, dijo Jeremas a Baruc:
"T, Baruc, dices: 'Ay de m! El Seor no me da sino penas y dolores! Ya estoy cansado de llorar y no encuentro ningn alivio.'
Pues el Seor dice respecto de ti,
y me manda que te diga: 'Yo destruyo lo que constru, y arranco lo que plant. Y lo mismo har con toda la tierra.
Quieres pedir para ti algo extraordinario? Pues no lo pidas, porque yo voy a enviar calamidades sobre toda la humanidad. Pero al menos permitir que conserves tu vida por dondequiera que vayas. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor habl al profeta Jeremas acerca de las naciones.
Este fue su mensaje acerca de Egipto, y en particular acerca del ejrcito del faran Necao, rey de Egipto, que se hallaba en Carquemis, junto al ro Eufrates, y a quien el rey Nabucodonosor de Babilonia derrot en el ao cuarto del gobierno de Joaquim, hijo de Josas, rey de Jud:
"Preparen los escudos! Lncense al ataque!
Ensillen los caballos! Monten, jinetes! Pnganse los cascos y formen lneas! Afilen las lanzas! Pnganse las corazas!
"Pero qu es lo que veo? Retroceden llenos de terror. Sus guerreros se dispersan derrotados; salen corriendo, sin mirar atrs. Hay terror por todas partes! Yo, el Seor, lo afirmo.
No pueden huir los ms veloces, ni escapar los ms valientes! En el norte, junto al ro Eufrates, tropiezan y caen.
Quin es ese que crece como el Nilo, como un ro de aguas violentas?
Es Egipto, que crece como el Nilo, como un ro de aguas violentas. Egipto dice: 'Voy a crecer y a inundar la tierra, voy a destruir las ciudades y sus habitantes.'
"Que avance la caballera! Adelante los carros! Que se pongan en marcha los guerreros: los soldados de Etiopa y de Libia, armados de escudos; los soldados de Lidia, que manejan bien el arco!
Este es el da del Seor todopoderoso, el da en que va a vengarse de sus enemigos. La espada herir hasta saciarse, hasta emborracharse de sangre. Pues el Seor todopoderoso har una matanza en el pas del norte, junto al Eufrates.
"Pueblo de Egipto, ve a Galaad en busca de medicinas! Pero por ms remedios que uses, de nada te van a servir, pues no hay remedio para ti!
Las naciones ya saben que has sido humillado, y en toda la tierra se te oye gritar; chocan los guerreros unos contra otros, y juntos ruedan por el suelo."
El Seor habl al profeta Jeremas cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, se diriga a atacar a Egipto:
"Anuncien en Egipto, en Migdol, en Menfis y en Tafnes: 'Alerta, estn listos! La espada hace estragos a tu alrededor!'
Por qu huy Apis, tu toro sagrado? Por qu no pudo tenerse en pie? Pues porque yo, el Seor, lo derrib.
Tus soldados tropiezan y caen, y unos a otros se dicen: 'Vmonos de aqu, volvamos a nuestra patria, al pas donde nacimos! Huyamos de la violencia de la guerra!'
"Pnganle este apodo al faran, el rey de Egipto: 'Mucho ruido, pero a destiempo'.
Yo, que soy el rey y me llamo el Seor todopoderoso, lo juro por mi vida: Como el Tabor, que se destaca entre los montes, y como el Carmelo, que se alza sobre el mar, as es el enemigo que vendr.
Preprense para el destierro, habitantes de Egipto, pues Menfis se convertir en desierto, en ruinas donde nadie vivir.
Egipto parece una hermosa novilla, pero viene a picarle un tbano del norte.
Sus soldados mercenarios son como becerros gordos, pero ellos tambin saldrn corriendo y no podrn resistir, porque llega el da de su desastre, la hora de su castigo.
Egipto huir silbando como una serpiente cuando se acerquen los ejrcitos y lo ataquen con hachas, como si cortaran rboles.
Cortarn sus espesos bosques! Yo, el Seor, lo afirmo. Eran ms numerosos que las langostas, y nadie los poda contar.
Egipto ser humillado, y caer en poder del pueblo del norte."
El Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: "Voy a castigar a Amn, el dios de Tebas, a Egipto con sus dioses y sus reyes, y al faran y a los que en l confan.
Har que caigan en poder de sus enemigos mortales, de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y de su gente. Pero al cabo de un tiempo, Egipto volver a estar habitado como antes. Yo, el Seor, lo afirmo.
"No temas, pueblo de Jacob, siervo mo; no tengas miedo, Israel. Pues a ti y a tus hijos los librar de ese pas lejano donde estn desterrados. Volvers a vivir en paz, tranquilo, sin que nadie te asuste.
Yo, el Seor, afirmo: No temas, pueblo de Jacob, siervo mo, porque yo estoy contigo. Destruir todas las naciones entre las cuales te dispers. Pero a ti no te destruir; solo te corregir como mereces; no te dejar sin tu castigo."
Este es el mensaje que el Seor dirigi al profeta Jeremas acerca de los filisteos, antes que el faran atacara Gaza:
"Yo, el Seor, digo: Del norte llega una inundacin, como de un ro desbordado; inunda el pas y todo lo que hay en l, las ciudades y los que en ellas viven. Todos los habitantes del pas gritan, la gente lanza ayes de dolor.
Al or el galope de los caballos, el estruendo de los carros y el ruido de las ruedas, les faltan fuerzas a los padres y abandonan a sus hijos.
Porque lleg el da de aniquilar a los filisteos, de quitarles a Tiro y Sidn la ayuda que an les queda." S, el Seor va a destruir a los filisteos, que emigraron de la isla de Creta.
La gente de Gaza se rapa la cabeza, la gente de Ascaln se queda muda. ltimo resto de los antiguos gigantes, hasta cundo te hars cortaduras en la carne en seal de dolor?
Ay, espada del Seor! Cundo te vas a detener? Vuelve a entrar en tu vaina, clmate, qudate quieta!
Pero cmo podra quedarse quieta si el Seor le ha dado rdenes, si le ha dado el encargo de atacar a Ascaln y toda la costa?
Mensaje del Seor todopoderoso, el Dios de Israel, acerca de Moab: "Pobre ciudad de Nebo, qu destruida est! Quiriataim fue tomada y humillada! Su fortaleza fue derribada al suelo!
El esplendor de Moab ha terminado. En Hesbn los enemigos hacen planes para que Moab, como nacin, desaparezca. T tambin, Madmn, sers destruida, y la guerra no dejar de amenazarte.
De Horonaim salen gritos: 'Ruina y gran destruccin!'
"Moab est en ruinas; los gritos de dolor llegan hasta Sor.
Con lgrimas en los ojos avanzan los que suben por la cuesta de Luhit; gritan de dolor ante el desastre los que bajan a Horonaim.
Huyan! Slvese quien pueda! Sean como la zarza en el desierto!
"Moab, t confiabas en tu fuerza y en tus riquezas, pero tambin t sers tomada. Tu dios Quems ir al destierro, con sus sacerdotes y gente importante.
La destruccin llegar a todas las ciudades, y ni una sola escapar; el valle y la meseta quedarn en ruinas. Yo, el Seor, lo afirmo.
Pnganle una lpida a Moab, porque la van a destruir; sus ciudades quedarn en ruinas y sin ningn habitante."
(Maldito el que no haga con gusto el trabajo que el Seor encarga! Maldito el que se niegue a tomar parte en la matanza!)
Moab siempre ha vivido en paz, nunca ha tenido que ir al destierro. Es como el vino que se deja asentar, que no se pasa de una vasija a otra, y por eso nunca pierde su sabor ni su aroma.
Pero el Seor afirma: "Va a llegar el da en que yo enviar gente que eche ese vino en otras vasijas, y que a las vasijas vacas las haga pedazos.
Entonces Moab se sentir defraudado por su dios Quems, as como Israel se sinti defraudado por Betel, en quien tena puesta su confianza.
"Que no diga Moab: 'Somos valientes, guerreros poderosos.'
Ya llega el destructor de Moab y sus ciudades; lo mejor de su juventud morir. Lo afirma el Rey, cuyo nombre es el Seor todopoderoso.
El desastre de Moab se acerca, su desgracia est a punto de llegar.
Vecinos de Moab, y todos los que conocen su fama, lloren por l y digan: 'Miren cmo qued deshecho su dominio tan fuerte y tan glorioso!'
"Baja de tu sitio de honor, ciudad de Dibn, y sintate en el suelo reseco, porque el destructor de Moab avanza contra ti y ha destruido tus fortificaciones.
Ciudad de Aroer, prate al lado del camino y mira; pregunta a los sobrevivientes qu fue lo que pas.
Moab est humillado, lleno de terror. Lloren de dolor por l! Anuncien en el ro Arnn que Moab ha sido destruido!"
Lleg el castigo decretado contra las ciudades de la meseta: Holn, Jahas, Mefat,
Dibn, Nebo, Bet-diblataim,
Quiriataim, Bet-gamul, Bet-men,
Queriot, Bosr y todas las ciudades de Moab, cercanas y lejanas.
El Seor afirma: "La fuerza de Moab ha sido rota, y su poder destruido."
Emborrachen a Moab, porque se rebel contra el Seor. Entonces Moab se revolcar en su vmito y todos se burlarn de l.
Moab, no te burlabas t de Israel y hablabas siempre de l con desprecio, como si fuera un ladrn?
Abandonen las ciudades, habitantes de Moab; vyanse a las peas, a vivir como las palomas que anidan al borde de los precipicios.
Conocemos el gran orgullo de Moab: su arrogancia, su altivez y su soberbia.
Tambin el Seor conoce su insolencia, su charlatanera y sus bravatas.
Por eso llorar y me lamentar por todo el pueblo de Moab y por los hombres de Quir-heres.
Llorar por ti, viedo de Sibm, ms de lo que se llor por Jazer. Tus ramas pasaban ms all del mar y llegaban hasta Jazer. Pero ahora tu cosecha de uvas ha quedado destruida.
Ya no se oyen gritos de contento en los jardines de Moab. El vino se ha acabado en los depsitos. Ya no hay quien pise las uvas, ya no hay ms cantos de alegra.
La gente de Hesbn grita de dolor, y sus gritos llegan hasta Elal y Jahas, y desde Sor hasta Horonaim y Eglat-selisiya, porque aun los manantiales de Nimrim estn secos.
El Seor afirma: "Yo destruir a la gente de Moab que sube a las colinas, a los santuarios paganos, para ofrecer sacrificios e incienso a sus dioses."
Por eso mi corazn gime por Moab y por los hombres de Quir-heres con sonido de flautas fnebres, pues las riquezas que junt se han perdido.
Toda cabeza est rapada y toda barba cortada; todos se han hecho heridas en las manos y se han vestido con ropas speras.
"En todas las terrazas de Moab y en todas sus calles no se oye ms que llanto, porque yo hice pedazos a Moab como a una vasija intil. Yo, el Seor, lo afirmo."
Hagan lamentacin por Moab! Qu lleno de terror est! Volvi la espalda de manera vergonzosa! Se convirti en algo horrible y despreciable para todos sus vecinos.
El Seor dice: "El enemigo de Moab se lanza contra l como un guila con las alas extendidas.
Ciudades y fortalezas caern en poder del enemigo. En ese da los guerreros de Moab temblarn como mujer de parto.
Moab dejar de ser nacin, porque se levant contra m, contra el Seor.
Por eso yo, el Seor, afirmo: Los habitantes de Moab sern como animales perseguidos por los cazadores o en peligro de caer en un hoyo o una trampa.
El que escape de los cazadores caer en el hoyo, y el que salga del hoyo caer en la trampa, porque yo traer sobre Moab el tiempo de su castigo. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Algunos huyen sin fuerzas a buscar refugio a la sombra de Hesbn; pero Hesbn, la ciudad del rey Sihn, est en llamas, y el fuego se extiende y devora los montes de Moab, ese pueblo revoltoso.
Ay de ti, Moab! Pueblo de Quems, ests perdido! A tus hijos y a tus hijas se los lleven al destierro!
Pero al final yo cambiar la suerte de Moab; yo, el Seor, lo afirmo." Esta es la sentencia del Seor contra Moab.
Mensaje del Seor acerca de Amn: "Dnde estn los hijos de Israel? Dnde estn sus herederos? Por qu el dios Milcom es ahora dueo de Gad? Por qu los amonitas habitan en sus ciudades?
"Pues bien, yo, el Seor, afirmo: Va a llegar el da en que har que la ciudad amonita de Rab escuche el grito de guerra; se convertir en un montn de ruinas, y sus poblaciones ardern en llamas. Entonces Israel reconquistar sus ciudades. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Gime, Hesbn, pues Ai ha sido destruida! Hagan lamentacin, mujeres de Rab! Vstanse de luto, golpense el pecho! Corran como locas, hiranse el cuerpo! Porque el dios Milcom va al destierro, con sus sacerdotes y gente importante.
Por qu te jactas de tu fuerza? Tu fuerza ya se acaba, pueblo rebelde, que confas en las riquezas que has juntado y dices: 'Quin me va a atacar?'
Pues bien, de todas partes voy a enviar terror sobre ti. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo. Cada uno de ustedes saldr corriendo por su lado, y no habr nadie que los vuelva a reunir.
Pero despus cambiar la suerte de los amonitas. Yo, el Seor, lo afirmo."
Mensaje del Seor todopoderoso acerca de Edom: "Ya no hay sabidura en Temn? Ya no saben qu hacer los inteligentes? Se ech a perder su sabidura?
Habitantes de Dedn, salgan corriendo, vayan a esconderse! Porque voy a destruir el pueblo de Esa; ha llegado el tiempo en que voy a castigarlo.
Cuando se cosechan las uvas, se dejan algunos racimos; cuando por la noche llegan ladrones, solo se llevan lo que necesitan.
Pero yo he dejado al pueblo de Esa sin nada, he descubierto sus escondites y ya no puede ocultarse. Sus hijos, sus parientes y vecinos, fueron todos destruidos; no qued nadie que diga:
'Djame a tus hurfanos, que yo los cuidar. Tus viudas pueden contar conmigo.' "
El Seor dice: "Si aquellos que no merecan la copa del castigo han tenido que beberla, de ningn modo quedars t sin castigo, sino que tendrs que beber tambin de ella.
Yo, el Seor, lo juro por m mismo: La ciudad de Bosr quedar convertida en un desierto, en ruinas, en ejemplo de humillacin y maldicin, y las dems ciudades quedarn en ruinas para siempre."
Me ha llegado una noticia de parte del Seor; un heraldo proclama entre las naciones: "Renanse y marchen contra Edom! Preprense para la batalla!
Yo te har el ms pequeo de los pueblos, el ms despreciado entre los hombres.
Te dejaste engaar por tu orgullo, porque infundas terror. Vives entre las grietas de las rocas, agarrado a las cumbres de los montes. Pero aunque anides tan alto como el guila, de all te har bajar. Yo, el Seor, lo afirmo.
"La destruccin de Edom ser tan grande que causar espanto. Todo el que pase por all se espantar al ver el castigo,
pues quedar como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, cuando fueron destruidas. Nadie volver a vivir all, ni siquiera de paso. Yo, el Seor, lo digo.
Vendr repentinamente, como un len que sale de los matorrales del Jordn y se lanza a los lugares donde siempre hay pasto fresco, y har huir de ah a los de Edom, y har que gobierne la persona que yo escoja. Pues quin puede compararse a m? Quin puede desafiarme? Qu pastor me puede hacer frente?
Escuchen el plan que yo, el Seor, he preparado contra Edom, el proyecto que he formulado contra los habitantes de Temn: Aun a los corderos ms pequeos se los llevarn, y las praderas mismas sern tambin destrozadas.
La cada de Edom har tanto ruido, que la tierra temblar; gritar pidiendo auxilio, y sus gritos se oirn hasta en el Mar Rojo.
El enemigo se lanzar contra Bosr como un guila con las alas extendidas, y ese da los guerreros de Edom temblarn como mujer de parto."
Mensaje acerca de Damasco: "Las ciudades de Hamat y Arpad estn avergonzadas, porque les han llegado malas noticias. Se llenan de terror, no pueden estar tranquilas.
Damasco, ya sin fuerzas, se dispone a huir. La dominan el pnico, la angustia y el dolor, como a una mujer de parto.
La ciudad famosa, la ciudad feliz, ha quedado abandonada.
Ese da quedarn sus jvenes tendidos en las calles, y todos sus guerreros morirn. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo.
Voy a prender fuego a las murallas de Damasco, y ese fuego destruir los palacios de Ben-hadad."
Mensaje del Seor acerca de la tribu de Quedar y de los jefes de Hasor, a los cuales derrot Nabucodonosor, rey de Babilonia: "Adelante, ataquen a Quedar! Destruyan a esa tribu de oriente!
Apodrense de sus tiendas y de sus rebaos, de sus lonas y de todos sus utensilios. Qutenles sus camellos y grtenles: 'Hay terror por todas partes!'
Salgan corriendo, habitantes de Hasor! Vayan a esconderse! Yo, el Seor, lo digo. Pues Nabucodonosor, el rey de Babilonia, ha hecho planes contra ustedes.
Yo, el Seor, les ordeno: Adelante, ataquen a ese pueblo que vive confiado y tranquilo, sin puertas ni cerrojos y completamente solo!
Rbenle sus camellos y todo su ganado! Voy a dispersar en todas direcciones a esa gente que se afeita las sienes; de todas partes les traer el desastre. Yo, el Seor, lo afirmo.
Hasor ser para siempre un desierto y guarida de chacales. Nadie volver a vivir all ni siquiera de paso."
Cuando Sedequas comenz a reinar en Jud, el Seor dirigi este mensaje a Jeremas acerca de Elam:
"Yo, el Seor todopoderoso, afirmo: Voy a romper los arcos de Elam, que son su arma principal.
Voy a traer vientos contra este pueblo desde las cuatro direcciones, para que lo dispersen por todas partes, hasta que no quede pas adonde no lleguen sus refugiados.
Har temblar a Elam ante sus enemigos mortales, le enviar calamidades, desatar mi ira contra l, y le enviar la guerra hasta destruirlo por completo. Yo, el Seor, lo afirmo.
Pondr mi trono en Elam, y har morir a sus reyes y a sus jefes. Yo, el Seor, lo afirmo.
Pero en el futuro cambiar la suerte de Elam. Yo, el Seor, lo afirmo."
Mensaje acerca de Babilonia, pas de los caldeos, que el Seor comunic por medio del profeta Jeremas:
"Anuncien esto, denlo a conocer entre las naciones. Levanten la seal de anuncio; no oculten nada. Digan: 'Babilonia fue tomada! El dios Bel qued en ridculo, el dios Marduc est lleno de terror! Sus dolos, sus falsos dioses, quedaron en ridculo y llenos de terror!'
Porque del norte avanza contra ella una nacin que convertir su pas en un desierto. Nadie, ni hombres ni animales, volver a vivir all, pues todos se irn huyendo."
El Seor dice: "En aquel tiempo, la gente de Israel y de Jud vendr llorando a buscarme a m, el Seor su Dios.
Preguntarn por el camino de Sin, y hacia all irn, diciendo: 'Vayamos al Seor, y unmonos con l en una alianza eterna, que no se olvide nunca.'
"Mi pueblo era como ovejas perdidas, mal guiadas por sus pastores, que las dejaron perderse en los montes. Iban de un monte al otro, y hasta olvidaron su corral.
Sus enemigos, al encontrarlos, los devoraban y decan: 'No es culpa nuestra, porque ellos pecaron contra el Seor, su pastizal seguro, la esperanza de sus antepasados.'
"Huyan de Babilonia, del pas de los caldeos! Salgan como guas al frente del rebao!
Pues voy a hacer que un grupo de poderosos pueblos del norte ataque al mismo tiempo a Babilonia. Se alinearn y la conquistarn. Son guerreros expertos, que disparan sus flechas sin fallar el tiro.
Saquearn a los caldeos; los saquearn hasta llenarse. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Ustedes, caldeos, que saquearon mi pueblo, algrense y divirtanse! Salten como una novilla en la hierba! Relinchen como caballos!
Pero su patria y su ciudad natal quedarn cubiertas de vergenza. Ser la ltima de las naciones, un desierto seco y desolado.
Porque me enojar y la dejar sin habitantes, completamente convertida en un desierto. Todo el que pase por all quedar espantado al ver el castigo que recibi.
"A sus puestos, arqueros, rodeen Babilonia! Disparen contra ella todas sus flechas, porque pec contra m, contra el Seor!
Lancen gritos de guerra por todos lados! Babilonia ya se rinde! Cayeron las torres, se derrumbaron las murallas! Esta es mi venganza: vnguense de ella! Hagan con ella lo mismo que ella hizo!
No dejen en Babilonia a nadie que siembre o recoja las cosechas. Al ver la guerra destructora, los extranjeros volvern a su patria, cada cual huyendo hacia su tierra.
"Israel es como una oveja perdida, perseguida por leones. Primero se lo comi el rey de Asiria; despus, Nabucodonosor, rey de Babilonia, le roy los huesos.
Por eso yo, el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, digo: Voy a castigar al rey de Babilonia y a su pas, como lo hice con el rey de Asiria.
Har que Israel vuelva a su tierra, y como una oveja tendr pastos abundantes en el Carmelo, en Basn, en la regin montaosa de Efran y en Galaad.
Yo, el Seor, afirmo: En aquel tiempo, Israel y Jud estarn libres de culpas y pecados, porque yo perdonar a los que deje con vida.
"Ataquen la regin de Merataim y a los habitantes de Pecod! Persganlos, destryanlos por completo! Cumplan mis rdenes en todo! Yo, el Seor, lo ordeno."
En el pas se oye estruendo de batalla, de gran destruccin.
Babilonia, el martillo del mundo entero, ha quedado roto, hecho pedazos! Qu horror sienten las naciones al ver lo que a Babilonia le ha pasado!
T misma, Babilonia, te tendiste una trampa, y sin darte cuenta caste en ella. Quedaste presa, atrapada, porque te opusiste al Seor.
El Seor abri el depsito de sus armas y sac las armas de su ira, porque el Seor todopoderoso tiene una tarea que llevar a cabo en la nacin de los caldeos.
Atquenla por todas partes! Abran sus graneros! Amontonen a la gente y destryanla! Que no quede nadie con vida!
Maten a todos sus soldados, envenlos al matadero! Ay de ellos! Les lleg su da, la hora de su castigo!
(Gente escapada de Babilonia llega a Sin contando cmo el Seor nuestro Dios ha dado su merecido a Babilonia por lo que ella hizo con el templo.)
"Llamen a todos los arqueros, para que ataquen a Babilonia! Acampen alrededor de la ciudad para que nadie escape! Pguenle como merece! Hagan con ella lo mismo que ella hizo! Porque ha sido insolente conmigo, con el Seor, el Dios Santo de Israel.
Por eso sus jvenes caern muertos por las calles y todos sus guerreros morirn en ese da. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor todopoderoso dice: "Nacin insolente, yo estoy en contra tuya; ha llegado tu da, la hora de castigarte.
Nacin insolente, tropezars y caers, y nadie te levantar. Prender fuego a todas tus ciudades, y ese fuego destruir todos tus contornos."
El Seor todopoderoso dice: "El pueblo de Israel y el pueblo de Jud estn sufriendo la opresin. Sus enemigos los tienen presos y no quieren soltarlos.
Pero su redentor es fuerte y se llama el Seor todopoderoso. l se encargar de hacerles justicia; traer paz al pas y terror a los habitantes de Babilonia."
El Seor dice: "Guerra a Babilonia y a sus habitantes! A sus jefes y a sus sabios!
Guerra a sus adivinos: que se vuelvan locos!
Guerra a sus soldados: que tiemblen de miedo! Guerra a sus caballos y sus carros! Guerra a sus soldados mercenarios: que se vuelvan como mujeres! Guerra a sus tesoros: que se los roben!
Guerra a sus ros: que se sequen! Porque Babilonia es un pas de dolos horribles, y por ellos ha perdido el sentido.
"Por eso, en Babilonia harn sus guaridas los gatos monteses y los chacales, y all vivirn los avestruces. Jams en todos los siglos venideros volver a ser habitada.
Quedar como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, cuando fueron destruidas. Nadie volver a vivir all, ni siquiera de paso. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Desde lejanas tierras del norte, una nacin poderosa y numerosos reyes se preparan a venir.
Estn armados de arcos y lanzas; son crueles, no tienen compasin, sus gritos son como el estruendo del mar, y van montados a caballo. Estn listos para la batalla contra Babilonia.
El rey de Babilonia, al saber esta noticia, se ha quedado paralizado de miedo, y siente angustia y dolor como mujer de parto.
"Vendr repentinamente como un len que sale de los matorrales del Jordn y se lanza a los lugares donde siempre hay pasto fresco, y har huir de ah a los de Babilonia, y har que gobierne la persona que yo escoja. Pues quin puede compararse a m? Quin puede desafiarme? Qu pastor me puede hacer frente?
Escuchen el plan que yo, el Seor, he preparado contra Babilonia; el proyecto que he formulado contra el pas de los caldeos: Aun a los corderos ms pequeos se los llevarn, y las mismas praderas sern tambin destrozadas.
La cada de Babilonia har tanto ruido, que la tierra temblar, y sus gritos se oirn en las dems naciones."
El Seor dice: "Voy a enviar un viento destructor contra Babilonia y los caldeos.
Har que sus enemigos traten a Babilonia como a trigo que se lanza al aire; har que dejen sin habitantes su territorio. Cuando llegue el da del desastre, la atacarn por todas partes.
Que preparen sus arcos los arqueros! Que se pongan las corazas! No tengan compasin de los jvenes de Babilonia; destruyan su ejrcito por completo!
Por todo el pas de los caldeos la gente quedar tendida por las calles,
pues aunque Israel y Jud han pecado contra m y han llenado de pecado su pas, yo, el Seor todopoderoso, el Dios Santo de Israel, an no los he abandonado.
"Huyan de Babilonia! Slvese quien pueda! No mueran por causa del pecado de ella! Esta es la hora de mi venganza, y le pagar como merece.
Babilonia era en mi mano una copa de oro que embriagaba a todo el mundo. Las naciones beban de ese vino y perdan el sentido.
Pero de pronto Babilonia cay hecha pedazos. Pnganse a llorar por ella! Traigan remedios para sus heridas, a ver si se cura."
Ya le pusimos remedios a Babilonia, pero no se cur. Djenla! Vmonos de aqu, cada uno a su patria, pues su crimen llega hasta el cielo, se levanta hasta las nubes.
El Seor hizo triunfar nuestro derecho. Vengan, vamos a contar en Sin lo que ha hecho el Seor nuestro Dios.
El Seor quiere destruir Babilonia, y ha despertado en los reyes de Media ese mismo sentimiento. Esa es la venganza del Seor por lo que hicieron con su templo. Preparen las flechas! Sujeten los escudos!
Den la seal de atacar los muros de Babilonia! Refuercen la guardia! Pongan centinelas! Tiendan emboscadas! Porque el Seor prepar y llev a cabo los planes que haba anunciado contra los habitantes de Babilonia.
T, Babilonia, que ests junto a grandes ros y tienes grandes riquezas, ya te ha llegado tu fin, el trmino de tu existencia!
El Seor todopoderoso ha jurado por su vida: "Te llenar de enemigos, como de langostas, y ellos cantarn victoria sobre ti!"
El Seor, con su poder, hizo la tierra; con su sabidura afirm el mundo; con su inteligencia extendi el cielo.
Con voz de trueno hace rugir el agua en el cielo, hace subir las nubes desde el extremo de la tierra, hace brillar los relmpagos en medio de la lluvia y saca el viento de donde lo tiene guardado.
Necio e ignorante es todo hombre. Los dolos defraudan al que los fabrica: son imgenes engaosas y sin vida;
son objetos sin valor, ridculos, que el Seor, en el juicio, destruir.
Qu diferente es el Dios de Jacob, creador de todo lo que existe! l escogi a Israel como su propiedad. El Seor todopoderoso: ese es su nombre.
"Babilonia, t eres mi mazo, mi arma de guerra! Contigo destrozo naciones y destruyo reinos.
Contigo destrozo caballos y jinetes, carros y cocheros.
Contigo destrozo hombres y mujeres, ancianos y jvenes, muchachos y muchachas.
Contigo destrozo pastores y rebaos, labradores y bueyes, gobernadores y funcionarios.
"Pero ante los propios ojos de ustedes pagar a Babilonia y a todos los caldeos como merecen, por el mal que hicieron a Sin. Yo, el Seor lo afirmo.
Yo estoy en contra tuya, montaa destructora, que destruyes toda la tierra. Yo, el Seor, lo afirmo. Levantar la mano para castigarte, te har rodar desde los peascos y te convertir en un cerro quemado.
Ninguna de las piedras de tus ruinas servir para construir edificios. Sers un desierto para siempre. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Den en el pas la seal de ataque! Toquen la trompeta y preparen a las naciones para atacar a Babilonia! Levanten contra ella a los reinos de Ararat, de Min y de Asquenaz! Nombren un general que dirija la batalla! Hagan avanzar la caballera como langostas furiosas!
Preparen a las naciones para atacarla; preparen a los reyes de Media, y a sus gobernadores y funcionarios, y toda la tierra que dominan."
La tierra tiembla y se estremece, porque el Seor est cumpliendo sus planes de convertir Babilonia en un horrible desierto.
Los soldados babilonios dejaron de luchar, se quedaron en sus fortalezas; sus fuerzas se agotaron, y hasta parecan mujeres. Sus ciudades fueron invadidas y sus casas incendiadas.
Uno tras otro corren los mensajeros a anunciar al rey de Babilonia que su ciudad fue conquistada por completo.
El enemigo ocup los pasos de los ros, incendi los puestos de defensa y los soldados se llenaron de terror.
Porque el Seor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: "Babilonia es como una era pisoteada en el tiempo de la trilla, y muy pronto va a llegarle el tiempo de la cosecha!"
Dice Jerusaln, la ciudad de Sin: "Nabucodonosor, el rey de Babilonia, me hizo pedazos y me devor; me dej como un plato vaco. Como un monstruo del mar, me trag; se llen con lo que ms le gust de m, y el resto lo tir.
Que pague Babilonia por la violencia que me hizo! Que paguen los caldeos por la gente que me mataron!"
El Seor dice: "Yo te voy a hacer justicia, me voy a vengar de tus enemigos. Voy a dejar completamente secos el ro y los manantiales de Babilonia,
que quedar convertida en un montn de ruinas, en guarida de chacales, en un lugar inhabitable que a todos causar espanto y horror.
Todos ellos rugirn como leones y gruirn como cachorros.
Cuando ardan de calor, yo les dar a beber bebidas que los embriaguen y les hagan perder el sentido. As caern en un sueo eterno del que no despertarn. Yo, el Seor, lo afirmo.
Luego los llevar al matadero, como se lleva a los corderos, chivos y carneros."
Babilonia, la ciudad famosa en todo el mundo, ha cado, ha sido conquistada! Cmo se espantan las naciones al verla!
El mar inund Babilonia, la cubri con sus grandes olas.
Sus ciudades se convirtieron en horrible desierto, en tierra seca y desolada, donde nadie vive, por donde nadie pasa.
"Castigar al dios Bel en Babilonia, le har vomitar lo que se haba tragado, y no volvern las naciones a acudir a l. Ya cayeron las murallas de Babilonia!
Pueblo mo, sal de ah, y que cada cual salve su vida de mi ardiente ira!
No se asusten, no tengan miedo por los rumores que corren en el pas. Cada ao corrern rumores diferentes, rumores de violencia en el pas y de luchas entre gobernantes.
As pues, vendr el da en que castigar a los dolos de Babilonia. Todo el pas quedar humillado y cubierto de cadveres.
El cielo y la tierra y todo lo que existe se alegrarn cuando caiga Babilonia, cuando vengan del norte sus destructores. Yo, el Seor, lo afirmo.
S, Babilonia ha de caer por los muertos que le caus a Israel y por los muertos que caus en todo el mundo."
Ustedes, los que escaparon de la matanza, huyan sin parar, y aun cuando estn lejos, piensen en el Seor y acurdense de Jerusaln.
Ustedes dicen: "Sentimos vergenza al or cmo nos insultan. La deshonra cubre nuestros rostros, porque gente extranjera ha entrado hasta los sitios ms santos del templo."
Pero el Seor afirma: "Viene el da en que castigar a los dolos de Babilonia, y en todo su territorio gemirn los heridos.
Y aunque Babilonia suba hasta el cielo para poner bien alta su fortaleza, aun all le enviar enemigos que la destruyan. Yo, el Seor, lo afirmo."
Desde Babilonia llegan gritos de dolor, desde el pas de los caldeos llega un gran ruido.
Es el Seor, que destruye a Babilonia y pone fin a su bullicio. Los enemigos, como olas rugientes, caern sobre ella con gran estruendo.
Vinieron a destruir Babilonia; ya capturaron a sus guerreros y les hicieron pedazos sus arcos. Porque el Seor es un Dios que a cada cual le da lo que merece.
El Rey, el Seor todopoderoso, afirma: "Emborrachar a los jefes de Babilonia, a sus sabios y gobernadores, y a sus funcionarios y soldados, y caern en un sueo eterno del que no despertarn.
Yo, el Seor todopoderoso, digo: Las anchas murallas de Babilonia sern derribadas por completo, y sus enormes puertas sern incendiadas. Intilmente habrn trabajado las naciones, pues sus fatigas terminarn en el fuego."
En el ao cuarto del gobierno de Sedequas, rey de Jud, el profeta Jeremas dio un encargo a Seraas, hijo de Neras y nieto de Maaseas. Seraas acompaaba al rey Sedequas en su viaje a Babilonia, como encargado de arreglar el hospedaje del rey.
Jeremas haba escrito en un libro su mensaje acerca de todas las calamidades que habran de venir sobre Babilonia, es decir, todo lo escrito acerca de ella,
y le dijo a Seraas: "Cuando llegues a Babilonia, ten cuidado de leer todo este mensaje.
Luego dirs: 'Seor, t has dicho que destruirs este lugar, de manera que nadie vuelva a vivir aqu, ni hombres ni animales, porque lo vas a convertir en un desierto para siempre.'
Y luego que termines de leer este libro, tale una piedra y chalo al ro Eufrates,
y di: 'As se hundir Babilonia, y no se volver a levantar del desastre que el Seor le va a enviar.' " Aqu terminan las palabras de Jeremas.
Sedequas tena veintin aos cuando comenz a reinar, y rein en Jerusaln once aos. Su madre se llamaba Hamutal, hija de Jeremas, y era de Libn.
Pero sus hechos fueron malos a los ojos del Seor, igual que los de Joaquim.
Por eso el Seor se enoj con Jerusaln y con Jud, y los ech de su presencia. Despus Sedequas se rebel contra el rey de Babilonia.
El da diez del mes dcimo del ao noveno del reinado de Sedequas, el rey Nabucodonosor march con todo su ejrcito contra Jerusaln, y la siti. Acamp frente a ella, y a su alrededor construy rampas para atacarla.
La ciudad estuvo sitiada hasta el ao once del reinado de Sedequas.
El da nueve del mes cuarto de ese ao aument el hambre en la ciudad, y la gente no tena ya nada que comer.
Entonces hicieron un boquete en las murallas de la ciudad, y aunque los caldeos la tenan sitiada, el rey y todos los soldados huyeron de la ciudad durante la noche. Salieron por la puerta situada entre las dos murallas, por el camino de los jardines reales, y tomaron el camino del valle del Jordn.
Pero los soldados caldeos persiguieron al rey Sedequas, y lo alcanzaron en la llanura de Jeric. Todo su ejrcito lo abandon y se dispers.
Los caldeos capturaron al rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, que estaba en Ribl, en el territorio de Hamat. All Nabucodonosor dict sentencia contra Sedequas,
y en presencia de este mand degollar a sus hijos y a todos los nobles de Jud.
En cuanto a Sedequas, mand que le sacaran los ojos y que lo encadenaran para llevarlo a Babilonia, en donde estuvo preso hasta que muri.
El da diez del mes quinto del ao diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nebuzaradn, ministro del rey y comandante de la guardia real, lleg a Jerusaln
e incendi el templo, el palacio real y todas las casas de la ciudad, especialmente las casas de todos los personajes notables,
y el ejrcito caldeo que lo acompaaba derrib las murallas que rodeaban a Jerusaln.
Luego Nebuzaradn llev desterrados a Babilonia tanto a los que an quedaban en la ciudad como a los que se haban puesto del lado del rey de Babilonia, y al resto de los artesanos.
Solo dej a algunos de entre la gente ms pobre, para que cultivaran los viedos y los campos.
Los caldeos hicieron pedazos los objetos de bronce que haba en el templo: las columnas, las bases y la enorme pila para el agua, y se llevaron todo el bronce a Babilonia.
Tambin se llevaron los ceniceros, las palas, las despabiladeras, los tazones, los cucharones y todos los utensilios de bronce para el culto.
Igualmente, el comandante de la guardia se llev todos los objetos de oro y plata: las palanganas, los braseros, los tazones, los ceniceros, los candelabros, los cucharones y las copas para las ofrendas de vino.
Por lo que se refiere a las dos columnas, la enorme pila para el agua con los doce toros de bronce que la sostenan y las bases que el rey Salomn haba mandado hacer para el templo, su peso no poda calcularse.
Cada columna tena ms de ocho metros de altura y como cinco metros y medio de circunferencia; eran huecas por dentro, y el grosor del bronce era de siete centmetros.
Cada columna tena en su parte superior un capitel de bronce, de ms de dos metros de altura, alrededor del cual haba una rejilla toda de bronce, adornada con granadas. Las dos columnas eran iguales.
En la rejilla de cada capitel haba cien granadas, de las cuales noventa y seis estaban a la vista.
El comandante de la guardia apres tambin a Seraas, sumo sacerdote, a Sofonas, sacerdote que le segua en dignidad, y a los tres guardianes del umbral del templo.
De la gente de la ciudad apres al oficial que mandaba las tropas, a siete hombres del servicio personal del rey que se encontraron en la ciudad, al funcionario militar que reclutaba hombres para el ejrcito y a sesenta ciudadanos notables que estaban en la ciudad.
Nebuzaradn llev a todos estos ante el rey de Babilonia, que estaba en Ribl, en el territorio de Hamat. All el rey de Babilonia mand que los mataran.
As pues, el pueblo de Jud fue desterrado de su pas.
El nmero de personas desterradas por Nabucodonosor fue el siguiente: el ao sptimo de su reinado desterr a tres mil veintitrs personas de Jud;
el ao dieciocho desterr a ochocientas treinta y dos de Jerusaln;
el ao veintitrs, Nebuzaradn desterr a setecientas cuarenta y cinco de Jud, lo que dio un total de cuatro mil seiscientas personas desterradas.
El da veinticinco del mes doce del ao treinta y siete del destierro del rey Joaqun de Jud, comenz a reinar en Babilonia el rey Evil-merodac, el cual se mostr bondadoso con Joaqun y lo sac de la crcel,
lo trat bien y le dio preferencia sobre los otros reyes que estaban con l en Babilonia.
De esta manera, Joaqun pudo quitarse la ropa que usaba en la prisin y comer con el rey por el resto de su vida.
Adems, durante toda su vida, hasta que muri, Joaqun recibi una pensin diaria de parte del rey de Babilonia.
Cun solitaria ha quedado la ciudad antes llena de gente! Tiene apariencia de viuda la ciudad capital de los pueblos! Sometida est a trabajos forzados la princesa de los reinos!
Se ahoga en llanto por las noches; lgrimas corren por sus mejillas. De entre todos sus amantes no hay uno que la consuele. Todos sus amigos la han traicionado; se han vuelto sus enemigos.
A ms de sufrimientos y duros trabajos, Jud sufre ahora el cautiverio. La que antes reinaba entre los pueblos, ahora no encuentra reposo. Los que la perseguan, la alcanzaron y la pusieron en aprietos.
Qu tristes estn los caminos de Sin! No hay nadie que venga a las fiestas! Las puertas de la ciudad estn desiertas, los sacerdotes lloran, las jvenes se afligen y Jerusaln pasa amarguras.
Sus enemigos dominan, sus adversarios prosperan. Es que el Seor la ha afligido por lo mucho que ha pecado. Sus hijos fueron al destierro llevados por el enemigo.
Desapareci de la bella Sin toda su hermosura; sus jefes, como venados, andan en busca de pastos; arrastrando los pies, avanzan delante de sus cazadores.
Jerusaln recuerda aquellos das, cuando se qued sola y triste; recuerda todas las riquezas que tuvo en tiempos pasados; recuerda cuando cay en poder del enemigo y nadie vino en su ayuda, cuando sus enemigos la vieron y se burlaron de su ruina.
Jerusaln ha pecado tanto que se ha hecho digna de desprecio. Los que antes la honraban, ahora la desprecian, porque han visto su desnudez. Por eso est llorando, y avergonzada vuelve la espalda.
Tiene su ropa llena de inmundicia; no pens en las consecuencias. Es increble cmo ha cado; no hay quien la consuele. Mira, Seor, mi humillacin y la altivez del enemigo!
El enemigo se ha adueado de las riquezas de Jerusaln. La ciudad vio a los paganos entrar violentamente en el santuario, gente a la que t, Seor, ordenaste que no entrara en tu lugar de reunin!
Todos sus habitantes lloran, andan en busca de alimentos; dieron sus riquezas a cambio de comida para poder sobrevivir. Mira, Seor, mi ruina! Considera mi desgracia!
Ustedes, los que van por el camino, detnganse a pensar si hay dolor como el mo, que tanto me hace sufrir! El Seor me mand esta afliccin al encenderse su enojo!
El Seor lanz desde lo alto un fuego que me ha calado hasta los huesos; tendi una trampa a mi paso y me hizo volver atrs; me ha entregado al abandono, al sufrimiento a cada instante.
Mis pecados los ha visto el Seor; me han sido atados por l mismo, y como un yugo pesan sobre m: acaban con mis fuerzas! El Seor me ha puesto en manos de gente ante la cual no puedo resistir.
El Seor arroj lejos de m a todos los valientes que me defendan. Lanz un ejrcito a atacarme, para acabar con mis hombres ms valientes. El Seor ha aplastado a la virginal Jud como se aplastan las uvas para sacar vino!
Estas cosas me hacen llorar. Mis ojos se llenan de lgrimas, pues no tengo a nadie que me consuele, a nadie que me d nuevo aliento. Entre ruinas han quedado mis hijos, porque pudo ms el enemigo que nosotros.
Sin extiende las manos suplicante, pero no hay quien la consuele. El Seor ha ordenado que a Jacob lo rodeen sus enemigos; Jerusaln es para ellos objeto de desprecio.
El Seor hizo lo debido, porque me opuse a sus mandatos. Escchenme, pueblos todos; contemplen mi dolor! Mis jvenes y jovencitas han sido llevados cautivos!
Ped ayuda a mis amantes, pero ellos me traicionaron. Mis sacerdotes y mis ancianos murieron en la ciudad: andaban en busca de alimentos para poder sobrevivir!
Mira, Seor, mi angustia! Siento que me estalla el pecho! El dolor me oprime el corazn cuando pienso en lo rebelde que he sido. All afuera la espada mata a mis hijos, y aqu adentro tambin hay muerte.
La gente escucha mis lamentos, pero no hay quien me consuele. Todos mis enemigos saben de mi mal, y se alegran de que t lo hayas hecho. Haz que venga el da que tienes anunciado, y que les vaya a ellos como me ha ido a m!
Haz que llegue a tu presencia toda la maldad que han cometido; trtalos por sus pecados como me has tratado a m, pues es mucho lo que lloro; tengo enfermo el corazn!
Tan grande ha sido el enojo del Seor, que ha oscurecido a la bella Sin! Ha derribado la hermosura de Israel, como del cielo a la tierra; ni siquiera se acord, en su enojo, del estrado de sus pies.
El Seor no ha dejado en pie ni una sola de las casas de Jacob; en un momento de furor ha destruido las fortalezas de la bella Jud; ha echado por tierra, humillados, al reino y sus gobernantes.
Al encenderse su enojo, cort de un tajo todo el poder de Israel. Nos retir el apoyo de su poder al enfrentarnos con el enemigo; ha prendido en Jacob un fuego que devora todo lo que encuentra!
El Seor, como un enemigo, tens el arco, afirm el brazo; igual que un adversario, destroz lo que era agradable a la vista; como un fuego, lanz su enojo sobre el campamento de la bella Sin.
El Seor actu como un enemigo: destruy por completo a Israel; derrumb todos sus palacios, derrib sus fortalezas, colm a la bella Jud de afliccin tras afliccin.
Como un ladrn, hizo violencia a su santuario; destruy el lugar de las reuniones. El Seor hizo que en Sin se olvidaran las fiestas y los sbados. En el ardor de su enojo, rechaz al rey y al sacerdote.
El Seor ha rechazado su altar, ha despreciado su santuario; ha entregado en poder del enemigo las murallas que protegan la ciudad. Hay un gritero en el templo del Seor, como si fuera da de fiesta!
El Seor decidi derrumbar las murallas de la bella Sin. Traz el plan de destruccin y lo llev a cabo sin descanso. Paredes y murallas, que l ha envuelto en luto, se han venido abajo al mismo tiempo.
La ciudad no tiene puertas ni cerrojos: quedaron destrozados, tirados por el suelo! Su rey y sus gobernantes estn entre paganos; ya no existe la ley de Dios. Ni siquiera sus profetas tienen visiones de parte del Seor!
Los ancianos de la bella Sin se sientan silenciosos en el suelo, se echan polvo sobre la cabeza y se visten de ropas burdas. Las jvenes de Jerusaln agachan la cabeza hasta el suelo.
El llanto acaba con mis ojos, y siento que el pecho me revienta; mi nimo se ha venido al suelo al ver destruida la ciudad de mi gente, al ver que hasta los nios de pecho mueren de hambre por las calles.
Decan los nios a sus madres: "Ya no tenemos pan ni vino!" Y caan como heridos de muerte por las calles de la ciudad, exhalando el ltimo suspiro en brazos de sus madres.
A qu te puedo comparar o asemejar, hermosa Jerusaln? Qu ejemplo puedo poner para consolarte, pura y bella ciudad de Sin? Enorme como el mar ha sido tu destruccin; quin podr darte alivio?
Las visiones que tus profetas te anunciaron no eran ms que un vil engao. No pusieron tu pecado al descubierto para hacer cambiar tu suerte; te anunciaron visiones engaosas, y te hicieron creer en ellas.
Al verte, los que van por el camino aplauden en son de burla; silban y mueven burlones la cabeza, diciendo de la bella Jerusaln: "Y es esta la ciudad a la que llaman la mxima belleza de la tierra?"
Todos tus enemigos abren la boca en contra tuya. Entre silbidos y gestos de amenaza, dicen: "La hemos arruinado por completo. Este es el da que tanto esperbamos; por fin pudimos verlo!"
El Seor llev a cabo sus planes, cumpli su palabra. Destruy sin miramientos lo que mucho antes haba resuelto destruir, permiti que el enemigo se riera de ti y puso en alto el poder del adversario.
Pdele ayuda al Seor, bella ciudad de Sin! Deja correr de da y de noche el torrente de tus lgrimas! No dejes de llorar, no des reposo a tus ojos!
Levntate, grita por las noches, grita hora tras hora; vaca tu corazn delante del Seor, djalo que corra como el agua; dirige a l tus manos suplicantes y ruega por la vida de tus nios, que en las esquinas de las calles mueren por falta de alimentos.
Mira, Seor, ponte a pensar que nunca a nadie has tratado as. Tendrn acaso las madres que comerse a sus nios de pecho? Tendrn los sacerdotes y profetas que ser asesinados en tu santuario?
Tendidos por las calles se ven jvenes y ancianos; mis jvenes y jovencitas cayeron a filo de espada. En el da de tu ira, heriste de muerte, mataste sin miramientos!
Has hecho venir peligros de todos lados, como si acudieran a una fiesta; en el da de tu ira, Seor, no hubo nadie que escapara. A los que yo cri y eduqu, el enemigo los mat.
Yo soy el que ha experimentado el sufrimiento bajo los golpes de la furia del Seor.
Me ha llevado a regiones oscuras, me ha hecho andar por caminos sin luz;
una y otra vez, a todas horas, descarga su mano sobre m.
Ha hecho envejecer mi carne y mi piel, ha hecho pedazos mis huesos;
ha levantado a mi alrededor un cerco de amargura y sufrimientos;
me ha hecho vivir en las sombras, como los que murieron hace tiempo.
Me encerr en un cerco sin salida; me oprimi con pesadas cadenas;
aunque grit pidiendo ayuda, no hizo caso de mis ruegos;
me cerr el paso con muros de piedra, cambi el curso de mis senderos!
l ha sido para m como un len escondido, como un oso a punto de atacarme.
Me ha desviado del camino, me ha desgarrado, me ha dejado lleno de terror!
Tens el arco y me puso como blanco de sus flechas!
Las flechas lanzadas por el Seor se me han clavado muy hondo.
Toda mi gente se burla de m; a todas horas soy el tema de sus burlas.
El Seor me ha llenado de amarguras; amarga es la bebida que me ha dado.
Me estrell los dientes contra el suelo; me hizo morder el polvo.
De m se ha alejado la paz y he olvidado ya lo que es la dicha.
Hasta he llegado a pensar que ha muerto mi firme esperanza en el Seor.
Recuerdo mi tristeza y soledad, mi amargura y sufrimiento;
me pongo a pensar en ello y el nimo se me viene abajo.
Pero una cosa quiero tener presente y poner en ella mi esperanza:
El amor del Seor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades.
Cada maana se renuevan; qu grande es su fidelidad!
Y me digo: El Seor lo es todo para m; por eso en l confo!
El Seor es bueno con los que en l confan, con los que a l recurren.
Es mejor esperar en silencio a que el Seor nos ayude.
Es mejor que el hombre se someta desde su juventud.
El hombre debe quedarse solo y callado cuando el Seor se lo impone;
debe, humillado, besar el suelo, pues tal vez an haya esperanza;
debe ofrecer la mejilla a quien le hiera, y recibir el mximo de ofensas.
El Seor no ha de abandonarnos para siempre.
Aunque hace sufrir, tambin se compadece, porque su amor es inmenso.
Realmente no le agrada afligir ni causar dolor a los hombres.
El pisotear sin compasin a los prisioneros del pas,
el violar los derechos de un hombre en la propia cara del Altsimo,
el torcer la justicia de un proceso, son cosas que el Seor condena.
Cuando algo se dice, cuando algo pasa, es porque el Seor lo ha ordenado.
Tanto los bienes como los males vienen porque el Altsimo as lo dispone.
Siendo el hombre un pecador, de qu se queja en esta vida?
Reflexionemos seriamente en nuestra conducta, y volvamos nuevamente al Seor.
Elevemos al Dios del cielo nuestros pensamientos y oraciones.
Nosotros pecamos y fuimos rebeldes, y t no perdonaste.
Nos rodeaste con tu furia, nos perseguiste, nos quitaste la vida sin miramientos!
Te envolviste en una nube para no escuchar nuestros ruegos.
Nos has tratado como a vil basura delante de toda la gente.
Todos nuestros enemigos abren la boca en contra de nosotros;
temores, trampas, destruccin y ruina, eso es lo que nos ha tocado!
Ros de lgrimas brotan de mis ojos ante la destruccin de mi amada ciudad.
Lloran mis ojos sin descanso, pues no habr alivio
hasta que el Seor del cielo nos mire desde lo alto.
Me duelen los ojos hasta el alma, por lo ocurrido a las hijas de mi ciudad.
Sin tener ningn motivo, mis enemigos me han cazado como a un ave;
me enterraron vivo en un pozo, y con una piedra taparon la salida.
El agua me ha cubierto por completo, y he pensado: "Estoy perdido."
Yo, Seor, invoco tu nombre desde lo ms profundo del pozo:
t escuchas mi voz, y no dejas de atender a mis ruegos.
El da que te llamo, vienes a m, y me dices: "No tengas miedo."
T me defiendes, Seor, en mi lucha, t rescatas mi vida.
T ves, Seor, las injusticias que sufro, hazme justicia!
T ves sus deseos de venganza y todos los planes que hacen contra m.
Escucha, Seor, sus ofensas y todos los planes que hacen contra m;
las habladuras de mis enemigos, que a todas horas hablan en contra ma.
Mira cmo en todas sus acciones soy objeto de sus burlas!
Dales, Seor, su merecido, dales lo que sus hechos merecen.
Endurceles el entendimiento, y pon sobre ellos tu maldicin.
Persguelos con furia, Seor, haz que desaparezcan de este mundo!
Cmo se ha empaado el oro! Cmo perdi su brillo el oro fino! Esparcidas por todas las esquinas estn las piedras del santuario!
Los habitantes de Sin, tan estimados, los que valan su peso en oro, ahora son tratados como ollas de barro hechas por un simple alfarero.
Hasta las hembras de los chacales dan la teta y amamantan a sus cachorros, pero la capital de mi pueblo es cruel, cruel como un avestruz del desierto.
Tienen tanta sed los nios de pecho que la lengua se les pega al paladar. Piden los nios pan, pero no hay nadie que se lo d.
Los que antes coman en abundancia, ahora mueren de hambre por las calles. Los que crecieron en medio de lujos, ahora viven en los muladares.
La maldad de la capital de mi pueblo es mayor que el pecado de Sodoma, la cual fue destruida en un instante sin que nadie la atacara.
Ms blancos que la nieve eran sus hombres escogidos, ms blancos que la leche; su cuerpo, ms rojizo que el coral; su porte, hermoso como el zafiro.
Pero ahora se ven ms sombros que las tinieblas; nadie en la calle podra reconocerlos. La piel se les pega a los huesos, la tienen seca como lea!
Mejor les fue a los que murieron en batalla que a los que murieron de hambre, porque estos murieron lentamente al faltarles los frutos de la tierra.
Con sus propias manos, mujeres de buen corazn cocieron a sus hijos; sus propios hijos les sirvieron de comida al ser destruida la capital de mi pueblo.
El Seor agot su enojo, dio rienda suelta al ardor de su furia; le prendi fuego a Sin y destruy hasta sus cimientos.
Jams creyeron los reyes de la tierra, todos los que reinaban en el mundo, que el enemigo, el adversario, entrara por las puertas de Jerusaln.
Y todo por el pecado de sus profetas, por la maldad de sus sacerdotes, que dentro de la ciudad misma derramaron sangre inocente!
Caminan inseguros, como ciegos, por las calles de la ciudad; tan sucios estn de sangre que nadie se atreve a tocarles la ropa.
"Aprtense, aprtense -les gritan-; son gente impura, no los toquen!" "Son vagabundos en fuga -dicen los paganos-, no pueden seguir viviendo aqu."
La presencia del Seor los dispers, y no volvi a dirigirles la mirada. No hubo respeto para los sacerdotes ni compasin para los ancianos.
Con los ojos cansados, pero atentos, en vano esperamos ayuda. Pendientes estamos de la llegada de un pueblo que no puede salvar.
Vigilan todos nuestros pasos; no podemos salir a la calle. Nuestro fin est cerca, nos ha llegado la hora; ha llegado nuestro fin!
Ms veloces que las guilas del cielo son nuestros perseguidores; nos persiguen por los montes, nos ponen trampas en el desierto!
Preso ha cado el escogido del Seor, el que daba aliento a nuestra vida, el rey de quien decamos: "A su sombra viviremos entre los pueblos."
Rete, algrate, nacin de Edom; t que reinas en la regin de Us! Tambin a ti te llegar el trago amargo, y quedars borracha y desnuda!
Tu castigo ha terminado, ciudad de Sin; el Seor no volver a desterrarte. Pero castigar tu maldad, nacin de Edom, y pondr al descubierto tus pecados.
Recuerda, Seor, lo que nos ha pasado; mranos, ve cmo nos ofenden.
Todo lo nuestro est ahora en manos de extranjeros; ahora nuestras casas son de gente extraa.
Estamos hurfanos, sin padre; nuestras madres han quedado como viudas.
Nuestra propia agua tenemos que comprarla; nuestra propia lea tenemos que pagarla!
Nos han puesto un yugo en el cuello; nos cansamos, y no nos dejan descansar.
Para llenarnos de pan, tendemos la mano a los egipcios y a los asirios.
Nuestros padres pecaron, y ya no existen, y nosotros cargamos con sus culpas.
Ahora somos dominados por esclavos, y no hay quien nos libre de sus manos.
El pan lo conseguimos a riesgo de la vida y a pesar de los guerreros del desierto.
La piel nos arde como un horno, por la fiebre que el hambre nos causa.
En Sin y en las ciudades de Jud, mujeres y nias han sido deshonradas.
Nuestros jefes fueron colgados de las manos, los ancianos no fueron respetados.
A los hombres ms fuertes los pusieron a moler; los jvenes cayeron bajo el peso de la lea.
Ya no hay ancianos a las puertas de la ciudad; ya no se escuchan canciones juveniles.
Ya no tenemos alegra en el corazn; nuestras danzas de alegra acabaron en tristeza.
Se nos cay de la cabeza la corona; ay de nosotros, que hemos pecado!
Por eso tenemos enfermo el corazn; por eso se nos nubla la vista.
El monte Sin es un montn de ruinas; en l van y vienen las zorras.
Pero t, Seor, por siempre reinars; siempre estars en tu trono!
Por qu has de olvidarnos para siempre? Por qu has de abandonarnos tanto tiempo?
Haznos volver a ti, Seor, y volveremos! Haz que nuestra vida sea otra vez lo que antes fue!
Pero t nos has rechazado por completo; mucho ha sido tu enojo con nosotros.
Yo, el sacerdote Ezequiel, hijo de Buz, estaba un da a orillas del ro Quebar, en Babilonia, entre los que haban sido llevados al destierro.
En esto se abri el cielo, y vi a Dios en una visin. Era el da cinco del mes cuarto del ao treinta, cinco aos despus que el rey Joaqun haba sido llevado al destierro.
El Seor puso su mano sobre m.
Entonces vi que del norte vena un viento huracanado; de una gran nube sala un fuego como de relmpagos, y en su derredor haba un fuerte resplandor. En medio del fuego brillaba algo semejante al metal bruido,
y en el centro mismo haba algo parecido a cuatro seres con aspecto humano.
Cada uno de ellos tena cuatro caras y cuatro alas;
sus piernas eran rectas, con pezuas como de becerro, y brillaban como bronce muy pulido.
Adems de sus cuatro caras y sus cuatro alas, estos seres tenan manos de hombre en sus cuatro costados, debajo de sus alas. Las alas se tocaban unas con otras.
Al andar, no se volvan, sino que caminaban de frente.
Las caras de los cuatro seres tenan este aspecto: por delante, su cara era la de un hombre; a la derecha, la de un len; a la izquierda, la de un toro; y por detrs, la de un guila.
Las alas se extendan hacia arriba. Dos de ellas se tocaban entre s, y con las otras dos se cubran el cuerpo.
Todos caminaban de frente, y no se volvan al andar. Iban en la direccin en que el poder de Dios los llevaba.
El aspecto de los seres era como de carbones encendidos, o como de algo parecido a antorchas que iban y venan en medio de ellos; el fuego era resplandeciente, y de l salan relmpagos.
Los seres iban y venan rpidamente, como si fueran relmpagos.
Mir a aquellos seres y vi que en el suelo, al lado de cada uno de ellos, haba una rueda.
Las cuatro ruedas eran iguales y, por la manera en que estaban hechas, brillaban como el topacio. Pareca como si dentro de cada rueda hubiera otra rueda.
Podan avanzar en cualquiera de las cuatro direcciones, sin tener que volverse.
Vi que las cuatro ruedas tenan sus aros, y que en su derredor estaban llenas de reflejos.
Cuando aquellos seres avanzaban, tambin avanzaban las ruedas con ellos, y cuando los seres se levantaban del suelo, tambin se levantaban las ruedas.
Los seres se movan en la direccin en que el poder de Dios los impulsaba, y las ruedas se levantaban junto con ellos, porque las ruedas formaban parte viva de los seres.
Cuando los seres se movan, se movan tambin las ruedas, y cuando ellos se detenan, las ruedas tambin se detenan; y cuando los seres se levantaban del suelo, tambin las ruedas se levantaban con ellos, porque las ruedas formaban parte viva de los seres.
Por encima de sus cabezas se vea una especie de bveda, brillante como el cristal.
Debajo de la bveda se extendan rectas las alas de aquellos seres, tocndose unas con otras. Con dos de ellas se cubran el cuerpo.
Y o tambin el ruido que hacan las alas cuando avanzaban: era como el ruido del agua de un ro crecido, como la voz del Todopoderoso, como el ruido de un gran ejrcito. Cuando se detenan, bajaban las alas.
Y sali un ruido de encima de la bveda que estaba sobre la cabeza de ellos.
Encima de la bveda vi algo como un trono que pareca de zafiro, y sobre aquella especie de trono haba alguien que pareca un hombre.
De lo que pareca ser su cintura para arriba, vi que brillaba como metal bruido rodeado de fuego, y de all para abajo vi algo semejante al fuego. En su derredor haba un resplandor
parecido al arco iris cuando aparece entre las nubes en un da de lluvia. De esta manera se me present la gloria del Seor. Al verla, me inclin hasta tocar el suelo con la frente. Luego o una voz
que me deca: "T, hombre, ponte de pie, que te voy a hablar."
Mientras esa voz me hablaba, entr en m el poder de Dios y me hizo ponerme de pie. Entonces o que la voz que me hablaba
segua diciendo: "A ti, hombre, te voy a enviar a los israelitas, un pueblo desobediente que se ha rebelado contra m. Ellos y sus antepasados se han levantado contra m hasta este mismo da.
Tambin sus hijos son tercos y de cabeza dura. Pues te voy a enviar a ellos, para que les digas: 'Esto dice el Seor.'
Y ya sea que te hagan caso o no, pues son gente rebelde, sabrn que hay un profeta en medio de ellos.
T, hombre, no tengas miedo de ellos ni de lo que te digan, aunque te sientas como rodeado de espinos o viviendo entre alacranes. No tengas miedo de lo que te digan ni te asustes ante la cara que pongan, por muy rebeldes que sean.
T comuncales mis palabras, ya sea que te hagan caso o no, pues son muy rebeldes.
Atiende bien lo que te digo, y no seas rebelde como ellos. Abre la boca y come lo que te voy a dar."
Entonces vi una mano extendida hacia m, la cual tena un escrito enrollado.
La mano lo desenroll delante de m. Estaba escrito por ambos lados: eran lamentos, ayes de dolor y amenazas.
Entonces me dijo: "T, hombre, cmete este escrito, y luego ve a hablar a la nacin de Israel."
Abr la boca y l me hizo comer el escrito.
Luego me dijo: "Trgate ahora este escrito que te doy, y llena con l tu estmago." Yo me lo com, y me supo tan dulce como la miel.
Entonces me dijo: "Ve y comunica al pueblo de Israel lo que tengo que decirle.
Yo no te envo a un pueblo que habla una lengua complicada o difcil de entender, sino al pueblo de Israel.
No te envo a naciones numerosas que hablan idiomas complicados o difciles, que t no entenderas. Aunque, si yo te enviara a esos pueblos, ellos te haran caso.
En cambio, el pueblo de Israel no va a querer hacerte caso, porque no quiere hacerme caso a m. Todo el pueblo de Israel es terco y de cabeza dura.
Pero yo voy a hacerte tan obstinado y terco como ellos.
Voy a hacerte duro como el diamante, ms duro que la piedra. No les tengas miedo, ni te asustes ante la cara que pongan, por muy rebeldes que sean."
Luego me dijo: "Escucha atentamente todo lo que te voy a decir, y grbatelo en la memoria.
Ve a ver a tus compatriotas que estn en el destierro y, ya sea que te hagan caso o no, diles: 'Esto dice el Seor.' "
Entonces el poder de Dios me levant, y detrs de m o un fuerte ruido, como de un terremoto, al levantarse de su sitio la gloria del Seor.
El ruido lo hacan las alas de los seres al rozarse unas con otras, y las ruedas que estaban junto a ellos; el ruido era como el de un gran terremoto.
El poder de Dios me levant y me sac de all, y yo me fui triste y amargado, mientras el Seor me agarraba fuertemente con su mano.
Y llegu a Tel Abib, a orillas del ro Quebar, donde vivan los israelitas desterrados, y durante siete das me qued all con ellos, sin saber qu hacer ni qu decir.
Al cabo de los siete das, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"A ti, hombre, yo te he puesto de centinela para el pueblo de Israel. Cuando yo te comunique algn mensaje, debers anuncirselo de mi parte, para que estn advertidos.
Puede darse el caso de que yo pronuncie sentencia de muerte contra un malvado; pues bien, si t no le hablas a ese malvado y le adviertes que deje su mala conducta para que pueda seguir viviendo, l morir por su pecado, pero yo te pedir a ti cuentas de su muerte.
Si t, en cambio, adviertes al malvado y l no deja su maldad ni su mala conducta, l morir por su pecado, pero t salvars tu vida.
Tambin puede darse el caso de que un hombre recto deje su vida de rectitud y haga lo malo, y que yo lo ponga en peligro de caer; si t no se lo adviertes, morir. Yo no tomar en cuenta el bien que haya hecho, y morir por su pecado, pero a ti te pedir cuentas de su muerte.
Si t, en cambio, adviertes a ese hombre que no peque, y l no peca, seguir viviendo, porque hizo caso de la advertencia, y t salvars tu vida."
El Seor puso all mismo su mano sobre m, y me dijo: "Levntate y sal a la llanura, que all te voy a hablar."
Yo me levant y sal a la llanura, y all vi la gloria del Seor, como la haba visto a orillas del ro Quebar. Me inclin hasta tocar el suelo con la frente,
pero el poder de Dios entr en m y me hizo poner de pie. Entonces el Seor me habl de esta manera: "Ve y encirrate en tu casa.
Mira, te van a atar con cuerdas, de manera que no podrs salir y estar con el pueblo.
Adems yo voy a hacer que tu lengua se te quede pegada al paladar y que te quedes mudo. No podrs reprenderlos, aunque son un pueblo rebelde.
Pero cuando yo quiera decirte algo, te devolver el habla, y entonces les dirs: 'Esto dice el Seor.' El que quiera or, oir, pero el que no quiera, no oir. Porque son un pueblo rebelde.
"Y t, hombre, toma un adobe, ponlo delante de ti y dibuja sobre l la ciudad de Jerusaln.
Luego rodala de ejrcitos y de instrumentos de asalto, construye un muro a su alrededor, y tambin una rampa, para que se vea como una ciudad sitiada.
Toma en seguida una lmina de hierro y ponla entre ti y la ciudad, como si fuera una muralla, y colcate frente a la ciudad, como si la estuvieras atacando. Esto servir de seal a los israelitas.
"Y t te acostars sobre el lado izquierdo, y echars sobre ti la culpa del pueblo de Israel. Tendrs que estar acostado sobre ese lado, llevando sobre ti su culpa
trescientos noventa das, o sea, un da por cada ao de culpa de Israel.
Cuando hayas cumplido ese tiempo, te acostars sobre el lado derecho y echars sobre ti la culpa del reino de Jud durante cuarenta das. Un da por cada ao de culpa.
Luego te volvers hacia Jerusaln, rodeada de enemigos; te desnudars el brazo y hablars en mi nombre contra ella.
Mira, te voy a atar con cuerdas, para que no te puedas volver de un lado a otro hasta que completes los das en que debes estar sufriendo.
"Toma en seguida un poco de trigo, cebada, mijo y avena, y tambin habas y lentejas; mzclalo todo en una sola vasija y haz con ello tu pan. Eso es lo que comers durante los trescientos noventa das que estars acostado sobre el lado izquierdo.
Tomars tu comida a horas fijas, en raciones de un cuarto de kilo por da;
el agua la tomars tambin a horas fijas, en raciones de medio litro por da.
Tu comida ser una torta de cebada, cocida en fuego de estircol humano, y la preparars donde la gente te vea."
Luego aadi el Seor: "Comida impura como esa es la que tendrn que comer los israelitas en los pases a donde los voy a desterrar."
Yo le contest: "Pero, Seor, yo nunca en mi vida he tocado nada impuro; nunca he comido carne de un animal muerto por s solo, o despedazado por las fieras, ni he probado nunca carne impura."
Entonces l me dijo: "Bueno, te permito que uses estircol de vaca en vez de estircol humano, para cocer tu pan."
Despus me dijo: "Voy a hacer que falten alimentos en Jerusaln. La comida estar racionada, y la gente se la comer con angustia; el agua estar medida, y la bebern llenos de miedo.
Les faltar agua y comida, y unos a otros se mirarn llenos de miedo. Y por sus pecados se irn pudriendo en vida."
El Seor me dijo: "Ahora, hombre, toma un cuchillo afilado como navaja de afeitar, y rpate la cabeza y la barba. Toma luego una balanza, y divide tu pelo en tres partes.
Cuando termine el ataque a la ciudad, quema una de las tres partes del pelo en medio de la ciudad; toma despus un cuchillo, y corta otra de esas tres partes de pelo alrededor de la ciudad, y la parte restante lnzala al viento. Yo ir detrs de la gente de la ciudad, con una espada en la mano.
Toma unos cuantos de aquellos pelos, y talos en el borde de tu vestido.
Toma luego unos pocos de ellos, y chalos al fuego para que se quemen. De all saldr fuego contra todo el pueblo de Israel.
"Yo, el Seor, lo digo: Ah est Jerusaln. Yo fui quien la puso en medio de los pueblos y naciones.
Pero ella se rebel contra mis leyes y mandatos, y ha resultado peor que los pueblos y naciones a su alrededor, pues no obedece mis leyes ni sigue mis mandatos.
"Por eso yo, el Seor, lo digo: Ustedes han sido ms rebeldes que los pueblos que los rodean, y no han seguido mis mandatos; ni siquiera han cumplido las leyes de los pueblos que los rodean.
Por eso yo, el Seor, lo digo: Yo tambin me voy a poner contra ti, Jerusaln; voy a ejecutar la sentencia contra ti a la vista de las naciones,
como nunca lo haba hecho ni volver a hacerlo. Tan detestables son todas tus acciones.
Dentro de ti habr padres que se coman a sus hijos, e hijos que se coman a sus padres. Ejecutar la sentencia contra ti, y a los que sobrevivan los dispersar a los cuatro vientos.
Yo, el Seor, lo juro por mi vida: como ustedes han profanado mi santo templo con sus dolos inmundos y sus acciones detestables, tambin yo los voy a destrozar sin misericordia; no tendr compasin de ustedes.
Una tercera parte de tus habitantes morir de peste y de hambre dentro de ti, otra tercera parte caer asesinada por los enemigos en los alrededores, y a la tercera parte restante la dispersar a los cuatro vientos. Yo ir detrs de ellos con una espada en la mano.
Entonces descargar mi furor; har que mi ira contra ellos quede satisfecha, y me calmar. Y cuando haya descargado mi ira contra ellos, sabrn que yo, el Seor, fui quien lo dijo en el ardor de mis celos.
Yo te convertir en un montn de ruinas, Jerusaln; te humillar en medio de los pueblos que te rodean, para que lo vean todos los que pasen.
Cuando yo ejecute con ira y furor la sentencia contra ti, y te castigue duramente, todos te insultarn y te ofendern, y servirs de escarmiento terrible para los pueblos que te rodean. Yo, el Seor, lo he dicho.
Yo har que venga el hambre sobre ustedes, como terribles flechas destructoras. S, har que vengan sobre ustedes la destruccin y el hambre y la escasez de alimentos.
S, har venir sobre ustedes hambre, enfermedad y muerte, y animales feroces que los dejarn sin hijos; y har que muchos de ustedes mueran en la guerra. Yo, el Seor, lo he dicho."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Mira hacia los montes de Israel, y hblales en mi nombre
de la siguiente manera: 'Escuchen, montes de Israel, lo que dice el Seor a los montes, las colinas, los ros y los valles: Voy a hacer venir sobre ustedes la guerra, y a destruir sus lugares altos de culto pagano.
Har pedazos los altares donde ustedes ofrecen sacrificios y queman incienso, y har que sus hombres caigan muertos delante de los dolos.
Arrojar los cadveres de los israelitas delante de sus dolos, y esparcir sus huesos alrededor de sus altares.
En todos los lugares donde ustedes vivan, las ciudades sern destruidas y sus altares de culto pagano quedarn en ruinas. Sus altares quedarn completamente destruidos, sus dolos, hechos pedazos; sus altares para quemar incienso, derrumbados; todo lo que ustedes han hecho desaparecer.
Y cuando vean caer muerta entre ustedes a tanta gente, reconocern que yo soy el Seor.
Pero yo har que algunos de ustedes se salven de la muerte y queden con vida, esparcidos entre las naciones.
Los sobrevivientes se acordarn de m en esas naciones; se acordarn de cmo los hice sufrir por haberme sido infieles y por haberse apartado de m para adorar dolos. Ellos sentirn asco de s mismos por todas las maldades que han hecho, por todas sus acciones detestables.
Entonces reconocern que yo soy el Seor y que, cuando promet enviarles estos males, no hice vanas amenazas.' "
El Seor me dijo: "Lamntate dando golpes con las manos y los pies; lanza gritos de dolor por las maldades detestables del pueblo de Israel, pues va a morir por causa de la guerra, el hambre y las enfermedades.
Los que estn lejos morirn por las enfermedades, los que estn cerca morirn en la guerra, y los que queden con vida morirn de hambre. As acabar de descargar mi ira contra ellos.
Y cuando vean los cadveres de esa gente entre sus dolos y alrededor de los altares, en todas las colinas elevadas, en las cumbres de los montes, debajo de todo rbol verde, debajo de toda encina frondosa, y en los lugares en que ofrecieron a sus dolos perfumes agradables, entonces reconocern que yo soy el Seor.
Levantar mi mano para castigarlos y, desde el desierto del sur hasta Ribl en el norte, convertir su pas y todos sus lugares habitados en un desierto espantoso. Entonces reconocern que yo soy el Seor."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Yo, el Seor, digo al pas de Israel: Ya llega el fin, ya llega el fin de la tierra entera.
Ya llega tu fin, Israel. Voy a descargar mi ira contra ti; voy a pedirte cuentas de tu conducta y a castigarte por todas tus acciones detestables.
No te voy a tratar con misericordia; voy a castigarte por tu conducta y a hacerte pagar las consecuencias de tus acciones detestables. Y reconocern ustedes que yo soy el Seor.
"Yo, el Seor, digo: Mira, ya se acerca el fin, y va a venir desgracia tras desgracia;
ya est cerca el fin para ti.
Llega la destruccin, habitantes del pas. El momento ha llegado; se acerca el da en que solo habr confusin. Se acabar la alegra en las montaas.
Ahora mismo, en seguida, descargar mi ira contra ti hasta quedar satisfecho, te pedir cuentas de tu conducta y te castigar por todas tus acciones detestables.
No te voy a tratar con misericordia; voy a castigarte por tu conducta y a hacerte pagar las consecuencias de tus acciones detestables. Y reconocern ustedes que yo, el Seor, soy quien los castiga.
"Aqu est el da! Ya lleg! Vino la destruccin! La maldad triunfa por todas partes y es mucha la insolencia.
La violencia aparece y produce maldad. Pero ellos no lograrn nada con sus riquezas y su gritero. No hay en ellos nada de valor.
Lleg el momento, vino el da. Ni el vendedor tiene de qu alegrarse, ni el comprador por qu ponerse triste. Voy a castigar con ira el orgullo de Israel.
El que haya vendido algo no lo recuperar en toda su vida, ni podr deshacer el negocio que hizo. Los malvados no podrn conservar su vida.
"Suena la trompeta llamando a la batalla; todos se preparan, pero nadie sale a luchar. Voy a castigar con ira el orgullo de Israel.
Afuera hay guerra, y adentro enfermedades y hambre. Los que estn en los campos morirn en la guerra, y los que estn en la ciudad morirn de hambre y enfermedad.
Aunque algunos logren escapar a las montaas, como palomas asustadas, todos morirn por sus pecados.
Todos dejarn caer los brazos, y les temblarn de miedo las rodillas.
Se vestirn con ropas speras en seal de dolor; todo el cuerpo les temblar, e irn con la cara roja de vergenza y la cabeza rapada.
Tirarn su plata a la calle; tirarn su oro como si fuera basura. Ni su oro ni su plata podr salvarlos en el da de la ira del Seor. No podrn calmar el hambre ni llenar el estmago, porque el oro fue la causa de que cayeran en la maldad.
Por la belleza de sus joyas se llenaron de vanidad, y con ellas hicieron las detestables imgenes de sus dolos. Por eso yo convertir esas joyas suyas en basura.
Har que vengan extranjeros y se las roben, que venga la gente ms despreciable de la tierra y se las quite, y las trate como cosa impura.
Yo me apartar de este pas y dejar que profanen mi templo, que era mi tesoro. Vendrn bandidos y lo profanarn.
"Prepara una cadena, porque en el pas se condena a muchos por asesinato y la ciudad est llena de violencia.
Yo voy a hacer que venga gente malvada y se apodere de las casas de la ciudad. Pondr fin al orgullo de los poderosos; har que sus lugares sagrados sean profanados.
El terror se apoderar de ellos; buscarn la paz, y no la encontrarn.
Vendr desgracia tras desgracia; malas noticias, una tras otra. En vano buscarn algn profeta que les haga una revelacin; no habr sacerdotes que los instruyan ni ancianos que les den consejos.
El rey se pondr de luto, el gobernante caer en la tristeza y el pueblo se pondr a temblar. Los tratar segn su conducta y los juzgar segn su manera de juzgar. As reconocern que yo soy el Seor." Jerusaln
El da cinco del mes sexto del ao sexto, estaba yo sentado en mi casa en compaa de los ancianos de Jud. De repente el Seor puso su mano sobre m,
y vi algo que pareca un hombre. De lo que pareca ser su cintura para abajo, vi algo semejante al fuego, y de all para arriba brillaba como metal bruido.
El hombre extendi lo que pareca ser una mano y me agarr por el pelo. Entonces el poder de Dios me levant por los aires y, en visiones producidas por Dios, me llev a Jerusaln y me coloc a la entrada de la puerta interior de la ciudad, que da hacia el norte, donde se encuentra el dolo que provoca la ira del Seor.
All estaba la gloria del Dios de Israel, como yo la haba visto en la visin que tuve en la llanura.
Entonces me dijo: "Dirige tu vista hacia el norte." Dirig mi vista hacia el norte y, en la entrada, junto a la puerta del altar, vi el dolo que provoca la ira del Seor.
Luego me dijo: "Ves las cosas tan detestables que hacen los israelitas, con las cuales me alejan de mi santo templo? Pues todava vers otras peores."
Luego me llev a la entrada del atrio. En el muro se vea un boquete.
Entonces me dijo: "Agranda el boquete del muro." Yo agrand el boquete y encontr una entrada.
Entonces me dijo: "Entra y vers las cosas tan horribles que hacen all."
Entr y, a todo lo largo del muro, vi pintadas toda clase de figuras de reptiles y de otros animales impuros, y toda clase de dolos del pueblo de Israel.
Setenta ancianos israelitas, entre los que se encontraba Jaazanas, hijo de Safn, rendan culto a esos dolos. Cada uno tena un incensario en la mano, del cual suba una espesa nube de incienso.
Y me dijo: "Ves lo que hacen en secreto los ancianos israelitas, cada uno en el nicho de su dolo? Piensan que yo no los veo, que he abandonado el pas."
Y aadi: "Todava los vers hacer cosas peores."
Y me llev a la puerta de entrada del templo del Seor, que da hacia el norte. All estaban sentadas unas mujeres, llorando por el dios Tamuz.
Entonces me dijo: "Ves esto? Pues todava vers cosas peores."
Entonces me llev al atrio interior del templo del Seor y, a la entrada del santuario, entre el vestbulo y el altar, unos veinticinco hombres estaban de espaldas al santuario; inclinados hacia el oriente, y con la frente en el suelo, adoraban al sol.
Entonces el Seor me dijo: "Lo ves? No le ha bastado al pueblo de Jud con hacer aqu estas cosas tan detestables, que adems ha llenado el pas de actos de violencia! Una y otra vez provocan mi ira, y hacen que su pestilencia me llegue a la nariz.
Pero yo voy a actuar con ira. No tendr ninguna compasin de ellos. Aunque me llamen a gritos, no los escuchar."
Despus o una voz muy fuerte, que me grit al odo: "Ya llegan los que van a castigar la ciudad, cada uno con su arma de destruccin en la mano!"
Vi entonces que seis hombres entraban por la puerta superior que da al norte, cada uno con un mazo en la mano. En medio de ellos vena un hombre vestido de lino, que llevaba a la cintura instrumentos de escribir. Entraron y se detuvieron junto al altar de bronce.
Entonces la gloria del Dios de Israel se elev de encima de los seres alados, donde haba estado, y se dirigi a la entrada del templo. El Seor llam al hombre vestido de lino que llevaba a la cintura instrumentos de escribir,
y le dijo: "Recorre la ciudad de Jerusaln, y pon una seal en la frente de los que sientan tristeza y pesar por todas las cosas detestables que se hacen en ella."
Luego o que les deca a los otros hombres: "Vayan tras l a recorrer la ciudad y, comenzando por mi templo, maten sin ninguna compasin a ancianos, jvenes, muchachas, nios y mujeres. Pero no toquen a nadie que tenga la seal."
Ellos, entonces, comenzaron por los ancianos que estaban delante del templo.
Despus les dijo: "Vayan al templo, y profnenlo; y llenen de cadveres sus atrios." Ellos salieron y comenzaron a matar gente en la ciudad.
Y mientras lo hacan, yo me qued solo. Entonces me inclin hasta tocar el suelo con la frente, y lleno de dolor grit: "Seor, vas a descargar tu ira sobre Jerusaln hasta destruir lo poco que queda de Israel?"
El Seor me respondi: "El pecado del pueblo de Israel y de Jud es muy grande. El pas est lleno de crmenes; la ciudad est llena de injusticia. Piensan que yo he abandonado al pas y que no veo lo que hacen.
Pues no voy a tener ninguna compasin de ellos, sino que les voy a pedir cuentas de su conducta."
Entonces el hombre vestido de lino que llevaba a la cintura instrumentos de escribir, volvi y dijo: "Ya he cumplido la orden que me diste."
Luego vi que, encima de la bveda que estaba sobre las cabezas de los seres alados, apareci algo as como un trono que pareca de zafiro.
Y el Seor dijo al hombre vestido de lino: "Mtete entre las ruedas del carro, debajo de los seres alados, y toma un puado de brasas encendidas, de esas que estn en medio de los seres alados, y esprcelas sobre la ciudad." Y vi cmo el hombre se meti.
En ese momento los seres alados estaban al sur del templo, y una nube llenaba el atrio interior.
Entonces la gloria del Seor se elev de encima de los seres alados y se dirigi a la entrada del templo; y la nube llen el templo, y el atrio se ilumin con el resplandor de la gloria del Seor.
El ruido que hacan las alas de los seres alados se oa hasta en el atrio exterior. Era como si el Dios todopoderoso estuviera hablando.
Entonces el Seor orden al hombre vestido de lino que tomara fuego de entre las ruedas del carro, de en medio de los seres alados. El hombre fue y se puso junto a una de las ruedas.
Debajo de las alas de los seres alados se vea algo as como una mano de hombre.
Uno de ellos extendi la mano hacia el fuego que estaba en medio y, tomando un poco, se lo puso en las manos al hombre vestido de lino, el cual lo tom y se fue.
Junto a los seres alados vi cuatro ruedas, una junto a cada uno de ellos. Las ruedas brillaban como si fueran de topacio.
Las cuatro ruedas eran iguales y parecan estar una dentro de la otra.
Cuando los seres alados avanzaban en una de las cuatro direcciones, no tenan que volverse, sino que avanzaban en la direccin en que iba el de adelante.
Su cuerpo, sus espaldas, sus manos y sus alas estaban llenos de reflejos por todos lados, lo mismo que las cuatro ruedas.
Yo mismo o que a las ruedas tambin les daban el nombre de "carro".
Cada ser alado tena cuatro caras: la primera cara era la de un toro; la segunda, la de un hombre; la tercera, la de un len; y la cuarta, la de un guila.
Estos seres son los mismos que yo haba visto junto al ro Quebar. Los seres alados se levantaron,
y cuando ellos avanzaban, tambin avanzaban las ruedas; y cuando alzaban las alas para levantarse del suelo, las ruedas no se apartaban de su lado;
cuando se detenan, se detenan tambin las ruedas; y cuando se levantaban, se levantaban tambin las ruedas, porque las ruedas formaban parte viva de ellos.
Entonces la gloria del Seor se elev de encima del templo y se coloc sobre los seres alados.
Estos alzaron las alas y se levantaron del suelo. Yo vi cmo se levantaron, con las ruedas a su lado, y cmo se detuvieron en la puerta oriental del templo del Seor. La gloria del Dios de Israel estaba encima de ellos.
Eran los mismos seres alados que yo haba visto debajo del Dios de Israel, junto al ro Quebar. Entonces me di cuenta de lo que eran.
Cada uno de ellos tena cuatro caras y cuatro alas, y debajo de las alas se vea algo que pareca manos de hombre.
Las caras tenan la misma apariencia que las de los seres alados que yo haba visto junto al ro Quebar. Cada uno avanzaba de frente.
El poder de Dios me levant y me llev hasta la entrada oriental del templo del Seor. En la puerta haba veinticinco hombres. Entre ellos distingu a Jaazanas, hijo de Azur, y a Pelatas, hijo de Benaas, que eran jefes del pueblo.
El Seor me dijo: "Estos son los que estn tramando crmenes y haciendo planes malvados en esta ciudad.
Dicen: 'No hace mucho que reconstruimos las casas. Aqu estaremos a salvo, como la carne en la olla.'
Por eso, hblales en mi nombre."
El espritu del Seor se posesion de m, y me orden que dijera: "Esto dice el Seor: 'Eso es lo que ustedes piensan, israelitas. Yo conozco sus pensamientos.
Ustedes han cometido muchos asesinatos en esta ciudad, y han llenado de cadveres las calles.
Por eso yo, el Seor, les aseguro: Jerusaln ser como una olla, pero la carne no sern ustedes, sino los cadveres de los que ustedes mataron, pues a ustedes los voy a sacar de la olla.
Tienen miedo a la guerra? Pues har venir guerra sobre ustedes. Yo, el Seor, doy mi palabra.
Ejecutar la sentencia contra ustedes: los sacar de aqu y los entregar a gente extranjera.
Morirn a filo de espada. Yo los juzgar a ustedes en los lmites de Israel, y entonces reconocern que yo soy el Seor.
La ciudad no les servir a ustedes de olla, ni ustedes sern la carne. Yo los juzgar a ustedes en los lmites de Israel,
y entonces reconocern que yo soy el Seor. Ustedes no han vivido de acuerdo con mis rdenes ni han practicado mis leyes, sino que han seguido las prcticas de las naciones que los rodean.' "
Mientras yo les hablaba en nombre del Seor, cay muerto Pelatas, hijo de Benaas. Yo me inclin hasta tocar el suelo con la frente, lanc un fuerte grito y dije: "Ay, Seor! Vas a terminar con lo poco que queda de Israel?"
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"La gente que vive en Jerusaln habla de los israelitas, tus compatriotas, y dice: 'Ellos estn lejos del Seor! A nosotros, en cambio, nos dio el pas para que seamos dueos de l.'
Por eso diles: 'Esto dice el Seor: Yo los desterr y los dispers entre las naciones, entre pases extraos, pero solo por un corto tiempo. Ahora yo mismo ser un santuario para ellos en los pases adonde han ido.'
Diles tambin: 'Esto dice el Seor: Yo los har volver de esos pases y naciones adonde los he dispersado, y los reunir y les dar el pas de Israel.
Ellos volvern a su pas y acabarn con todas las prcticas odiosas y detestables que hay en l.
Yo les quitar ese corazn duro como la piedra, y les dar un nuevo corazn y un nuevo espritu.
Entonces vivirn de acuerdo con mis leyes y decretos, y los pondrn en prctica. Ellos sern mi pueblo y yo ser su Dios.
Pero a los que viven apegados a esas prcticas odiosas y detestables, les pedir cuentas de su conducta. Yo, el Seor, doy mi palabra.' "
Los seres alados levantaron el vuelo, y las ruedas los siguieron. Entonces la gloria del Dios de Israel, que estaba encima de ellos,
se levant y se alej de la ciudad, yendo a colocarse sobre el monte que est al oriente de la ciudad.
Luego el poder de Dios me levant y me hizo volver a Babilonia, donde estaban los otros desterrados. Esto sucedi en una visin que el espritu de Dios me hizo ver. Despus la visin desapareci,
y yo les cont a los desterrados todo lo que el Seor me haba revelado.
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, vives en medio de un pueblo rebelde. Tienen ojos para ver, pero no ven; y odos para or, pero no oyen, porque son un pueblo rebelde.
Por eso, prepara lo necesario para salir al destierro y, a pleno da y a la vista de todos, sal de tu casa y vete a otro lugar; tal vez se den cuenta de que son un pueblo rebelde.
A pleno da y a la vista de todos, saca tus cosas como para ir al destierro; y por la tarde, tambin a la vista de todos, sal como si fueras al destierro.
Despus, haz un boquete en el muro, a la vista de todos, y sal por l con tus cosas.
Y cuando oscurezca, chate al hombro tus cosas y sal con ellas a la vista de todos. Tpate la cara, de modo que no puedas ver el pas. Quiero que seas una seal de alarma para el pueblo de Israel."
Yo prepar mis cosas tal como el Seor me lo haba ordenado, y a pleno da sal con ellas, como quien va al destierro. Por la tarde hice con mis manos un boquete en el muro y, cuando oscureci, a la vista de todos me ech las cosas al hombro y sal con ellas.
A la maana siguiente, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Seguramente los israelitas, ese pueblo rebelde, te habrn preguntado qu estabas haciendo.
Pues diles de mi parte que esto es un anuncio para el rey de Jerusaln y para todos los israelitas que all viven.
Diles que t eres una seal de alarma para ellos, y que tendrn que hacer lo mismo que t hiciste, porque sern llevados al destierro.
El jefe que tienen habr de echarse sus cosas al hombro, y cuando oscurezca saldr con ellas por un boquete que harn en el muro. Ir con la cara tapada, para que nadie pueda verlo a l ni l pueda ver el pas.
Yo le echar encima mi red y lo atrapar con ella. Lo llevar a Babilonia, tierra de los caldeos, tierra que no podr ver, y all morir.
Y dispersar a los cuatro vientos la guardia que lo rodea para defenderlo, lo mismo que sus otras tropas, y los perseguir con la espada en la mano.
Y cuando ya los haya dispersado por otros pases y naciones, reconocern que yo soy el Seor.
Pero har que unos cuantos escapen de la guerra, el hambre y las enfermedades, para que en las naciones adonde vayan cuenten todas las cosas detestables que cometieron y reconozcan que yo soy el Seor."
El Seor se dirigi a m una vez ms, y me dijo:
"T, hombre, tiembla de miedo al comer, y mustrate angustiado al beber.
Y diles a los habitantes del pas y de Jerusaln, y a todos los israelitas: 'Esto dice el Seor: Comern su comida llenos de angustia, y tomarn sus bebidas llenos de miedo; el pas quedar destruido y vaco, por causa de la violencia de sus habitantes.
Toda ciudad habitada ser destruida; el pas quedar convertido en desierto. Entonces reconocern ustedes que yo soy el Seor.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Qu quieren decir los israelitas con eso de 'Pasan los das, y las visiones del profeta no se cumplen'?
Pues diles: 'Esto dice el Seor: Yo voy a hacer que no se repitan ms esas palabras en Israel.' Y diles tambin que ya est cerca el da en que se cumplir todo lo anunciado en las visiones.
No volver a haber entre los israelitas visiones falsas ni profecas que sean mentira,
porque yo, el Seor, voy a hablar, y lo que diga se cumplir sin tardanza. Ustedes mismos lo vern, pueblo rebelde; yo hablar y har que se cumpla lo que diga. Yo, el Seor, doy mi palabra."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Los israelitas andan diciendo que tus visiones profticas son de cumplimiento a largo plazo.
Por lo tanto, diles: 'Esto dice el Seor: Mis palabras no tardarn en cumplirse; lo que he dicho se cumplir. Yo, el Seor, doy mi palabra.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Habla en mi nombre contra los profetas de Israel, esos profetas que hablan por su propia cuenta, y diles: 'Oigan la palabra del Seor:
Ay de los profetas estpidos que siguen su propia inspiracin y no tienen verdaderas visiones!
Tus profetas, Israel, son como zorras que viven entre ruinas.
No han hecho nada para defender a Israel, para que pueda resistir en la batalla cuando venga el da del Seor.
Sus visiones son falsas y sus profecas son mentira. Dicen que hablan de mi parte, pero yo no los he enviado. Y esperan que sus palabras se cumplan!
Las visiones que ustedes tienen son falsas! Sus profecas son mentira! Dicen que hablan de mi parte, pero yo no he dicho nada.
Por eso yo, el Seor, digo: Como ustedes dicen cosas falsas y sus visiones son mentira, yo estoy contra ustedes. Yo, el Seor, lo afirmo.
Voy a levantar la mano para castigar a los profetas que tienen visiones falsas y cuyas profecas son mentira. No podrn tomar parte en las reuniones de mi pueblo Israel; sus nombres no sern anotados en las listas de los israelitas, ni entrarn en la tierra de Israel. Entonces reconocern ustedes que yo soy el Seor.'
"S, ellos engaaron a mi pueblo dicindole que todo iba bien, cuando en realidad no era as. Son como quien levanta una pared insegura y luego la recubre con cal.
Pues diles a esos que blanquean la pared, que la pared se vendr abajo. Vendr la lluvia a torrentes, y caern granizos como piedras, y soplar un viento huracanado,
y la pared se vendr abajo. Entonces les preguntarn: 'Qu pas con la cal que le pusieron?'
Por eso yo, el Seor, digo: En mi ira voy a hacer que sople un viento huracanado; en mi furor voy a hacer que llueva a torrentes y que caigan granizos como piedras, para destruirlo todo con furia.
Y derribar esa pared que ustedes blanquearon; la echar por tierra, y sus cimientos quedarn al descubierto. S, la pared se vendr abajo, y ustedes morirn entre sus escombros. Entonces reconocern que yo soy el Seor.
Descargar toda mi ira contra esa pared y contra los que la blanquearon, y la gente dir: 'No qued nada de la pared ni de los que la blanquearon,
esos profetas de Israel que tenan visiones falsas y anunciaban a Jerusaln que todo iba bien, cuando en realidad no era as.' Yo, el Seor, lo afirmo.
"Ahora, hombre, dirgete a las mujeres de tu pueblo que se ponen a hablar en mi nombre por su propia cuenta,
y diles: 'Esto dice el Seor: Ay de ustedes, que andan a caza de la gente; que cosen vendas mgicas para que todo el mundo se las ponga como pulseras, y hacen velos para que todos se los pongan en la cabeza! Creen que pueden disponer de la vida y de la muerte de mi pueblo, segn les convenga?
Ustedes, por unos puados de cebada y unos bocados de pan, me deshonran delante de mi pueblo; dan muerte a gente que no deba morir, y dejan con vida a gente que no deba vivir. As engaan a mi pueblo, que hace caso a las mentiras.
Por eso yo, el Seor, digo: Yo me declaro enemigo de esas vendas mgicas que ustedes hacen, con las que atrapan a la gente como a pjaros. Yo librar del poder de ustedes a esas personas, y las dejar volar libremente;
librar a mi pueblo del poder de ustedes y de los velos que le han puesto, y no lo volvern a atrapar. Entonces reconocern ustedes que yo soy el Seor.
Ustedes, con sus mentiras, han acobardado a los buenos, cosa que yo no quera hacer, y en cambio han animado a los malvados a seguir en su mala conducta, para que yo no les d vida.
Por eso no volvern ustedes a tener sus falsas visiones ni a proclamar sus profecas de mentira. Yo salvar a mi pueblo del poder de ustedes, y reconocern ustedes que yo soy el Seor.' "
Varios ancianos de Israel vinieron a verme para consultar al Seor.
Entonces el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Estos hombres se han entregado por completo al culto de sus dolos y han puesto sus ojos en lo que les hace pecar. Y acaso voy a permitir que me consulten?
Habla con ellos y diles: 'Esto dice el Seor: Todo israelita que se entregue al culto de los dolos y ponga sus ojos en lo que les hace pecar, y que venga luego a consultar al profeta, tendr de mi parte la respuesta que se merece por tener tantos dolos.'
"Yo les tocar el corazn a todos los israelitas que se apartaron de m por causa de sus dolos.
Por eso, diles a los israelitas: 'Esto dice el Seor: Vulvanse a m, aprtense de sus dolos y dejen todas esas cosas detestables.'
Si un israelita o un extranjero que viva en Israel se aparta de m y se entrega por completo al culto de sus dolos, y pone sus ojos en lo que le hace pecar, y luego recurre a un profeta para consultarme, yo mismo le dar la respuesta:
Me enfrentar con ese hombre y le dar un castigo ejemplar, algo de lo que todos hablen, y lo eliminar de entre mi pueblo. Entonces reconocern ustedes que yo soy el Seor.
"Y si un profeta da un mensaje falso, es porque yo, el Seor, enga a ese profeta; y yo levantar mi mano para castigarlo y lo eliminar de mi pueblo Israel.
Tanto el hombre que hace la consulta como el profeta sern castigados por su pecado,
para que el pueblo de Israel no vuelva jams a apartarse de m ni a mancharse con esos crmenes. Ellos sern mi pueblo, y yo ser su Dios. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Si un pas peca contra m y me es infiel, yo levantar la mano para castigarlo y le quitar sus provisiones de alimento; enviar hambre sobre l, y har que mueran hombres y animales.
Y si en ese pas vivieran No, Danel y Job, solo ellos tres se salvaran por ser justos. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Y si envo animales feroces a un pas, para que maten a sus habitantes y lo conviertan en un desierto donde nadie se atreva a pasar por miedo a las fieras,
si vivieran all esos tres hombres, no podran salvar ni a sus hijos ni a sus hijas; solo ellos se salvaran, y el pas quedara convertido en un desierto. Yo, el Seor, lo juro por mi vida.
"Y si hago venir la guerra sobre todo ese pas y ordeno la muerte de hombres y animales,
si vivieran all esos tres hombres, no podran salvar ni a sus hijos ni a sus hijas; solo ellos se salvaran. Yo, el Seor, lo juro por mi vida.
"Y si envo enfermedades a ese pas, y en mi ira siembro all la muerte y hago que mueran hombres y animales,
si vivieran all No, Danel y Job, no podran salvar ni a sus hijos ni a sus hijas; solo ellos se salvaran por ser justos. Yo, el Seor, lo juro por mi vida.
"Yo, el Seor, digo: Peor todava ser cuando yo mande contra Jerusaln mis cuatro castigos terribles: la guerra, el hambre, los animales salvajes y las enfermedades, y mate a hombres y animales.
Solo unos cuantos quedarn con vida y podrn salir de all con sus hijos e hijas. Cuando ellos vayan a ustedes, ustedes vern cmo se han portado y las cosas que han hecho, y se consolarn del castigo que hice venir sobre Jerusaln.
Se consolarn al ver cmo se han portado ellos y las cosas que han hecho. Entonces reconocern ustedes que no me faltaba motivo para hacer todo lo que hice con Jerusaln. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"En qu es mejor el tronco de la vid que la madera de los rboles?
Su tronco no sirve para nada, ni siquiera para hacer una percha!
No sirve ms que para lea. Y cuando el fuego ha quemado las puntas y el centro est hecho carbn, para qu puede servir?
Si cuando estaba entero no serva para nada, menos ahora que est quemado podr servir para algo!
"Por eso yo, el Seor, digo: As como al tronco de la vid se le echa en el fuego para que arda, as tambin echar en el fuego a los habitantes de Jerusaln.
Yo me declarar enemigo de ellos. Escaparn de un fuego, pero otro fuego los devorar. Y cuando yo me declare su enemigo, ustedes reconocern que yo soy el Seor.
Convertir su pas en un desierto, por haberme sido infieles. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, hazle ver a Jerusaln las cosas tan detestables que ha hecho.
Dile: 'Esto dice el Seor: Por lo que toca a tu origen, t, Jerusaln, eres cananea de nacimiento; tu padre fue amorreo y tu madre hitita.
El da en que naciste no te cortaron el ombligo, ni te baaron, ni te frotaron con sal, ni te fajaron.
Nadie tuvo compasin de ti ni se preocup de hacerte esas cosas. El da en que naciste, te dejaron tirada en el campo porque sentan asco de ti.
Yo pas junto a ti, y al verte pataleando en tu sangre, decid que debas vivir.
Te hice crecer como una planta del campo. Te desarrollaste, llegaste a ser grande y te hiciste mujer. Tus pechos se hicieron firmes, y el vello te brot. Pero estabas completamente desnuda.
'Volv a pasar junto a ti, y te mir; estabas ya en la edad del amor. Extend mi manto sobre ti, y cubr tu cuerpo desnudo, y me compromet contigo; hice una alianza contigo, y fuiste ma. Yo, el Seor, lo afirmo.
Y te ba, te limpi la sangre y te perfum;
te puse un vestido de bellos colores y sandalias de cuero fino; te di un cinturn de lino y un vestido de finos tejidos;
te adorn con joyas, te puse brazaletes en los brazos y un collar en el cuello;
te puse un anillo en la nariz, aretes en las orejas y una hermosa corona en la cabeza.
Quedaste cubierta de oro y plata; tus vestidos eran de lino, de finos tejidos y de telas de bellos colores. Te alimentabas con el mejor pan, y con miel y aceite de oliva. Llegaste a ser muy hermosa: te convertiste en una reina.
Te hiciste famosa entre las naciones por tu belleza, que era perfecta por el encanto con que te adorn. Yo, el Seor, lo afirmo.
'Pero confiaste en tu belleza y te aprovechaste de tu fama para convertirte en una prostituta, entregando tu cuerpo a todo el que pasaba.
Con tus vestidos hiciste tiendas de culto pagano en las colinas, y te prostituiste en ellas.
Tomaste las joyas de oro y de plata que yo te haba regalado, e hiciste figuras de hombres para prostituirte con ellos;
les pusiste tus vestidos de bellos colores y les ofreciste mi aceite y mi incienso.
El pan que yo te haba dado, que era de la mejor harina, y el aceite y la miel con que yo te haba alimentado, se los ofreciste a ellos como ofrenda de olor agradable. Yo, el Seor, lo afirmo.
'Tomaste tambin a los hijos e hijas que tuve contigo, y los sacrificaste a esos dolos como alimento para ellos. Te pareca poco haberte convertido en prostituta,
que adems sacrificaste a mis hijos entregndolos a morir quemados en honor de esos dolos?
Con tu detestable vida de prostituta ya no te acuerdas de cuando eras nia y estabas completamente desnuda, pataleando en tu propia sangre.
'Esto afirmo yo, el Seor: Ay de ti! Adems de todos los males que hiciste,
te construiste en todo sitio despejado un lugar donde dar culto a los dolos y entregarte a la prostitucin.
Al trmino de todo camino construiste tales lugares, y convertiste tu belleza en algo detestable ofreciendo tu cuerpo a todo el que pasaba, en continuos actos de prostitucin.
Practicaste la prostitucin con tus vecinos, esos egipcios de gran potencia sexual, y provocaste mi ira con tus continuos actos de prostitucin.
'Entonces levant la mano para castigarte: te hice pasar privaciones y te entregu a las ciudades filisteas, que te odian y que estaban disgustadas por tu conducta vergonzosa.
Pero no contenta con eso, te entregaste a la prostitucin con los asirios; y ni aun as quedaste satisfecha.
Y seguiste entregndote a la prostitucin en Babilonia, tierra de comerciantes; y ni aun as quedaste satisfecha.
Yo, el Seor, afirmo: Qu enfermo tenas el corazn para cometer todos esos actos propios de una prostituta desvergonzada!
Al trmino de todo camino y en todo sitio despejado, te construiste un altar donde dar culto a los dolos y entregarte a la prostitucin. Pero t no te portabas como las prostitutas: t no cobrabas!
'La mujer que es infiel a su marido, recibe a extraos.
A toda prostituta se le da una paga; pero t eras ms bien la que dabas regalos a todos tus amantes y les pagabas para que vinieran de todas partes a pecar contigo.
En tu prostitucin has hecho lo contrario de lo que hacen otras mujeres: nadie te busca para pecar, ni ellos te pagan a ti, sino que t les pagas a ellos. Solo en eso eres diferente!
'Por eso, escucha, prostituta, mi palabra:
Yo, el Seor, te digo: T has descubierto desvergonzadamente tu cuerpo para entregarte a la prostitucin con tus amantes y con todos tus detestables dolos, y has derramado la sangre de tus hijos que ofreciste en sacrificio.
Por eso, yo voy a reunir a todos los amantes que has complacido, a todos los que amaste y a todos los que odiaste; los reunir alrededor de ti, y delante de ellos descubrir tu cuerpo para que te vean completamente desnuda.
Te juzgar por adulterio y asesinato, y con ira y celo te entregar a la muerte.
Te dejar en manos de ellos, para que destruyan tus lugares de prostitucin y de culto a los dolos. Te arrancarn tus vestidos y tus magnficos adornos, y te dejarn completamente desnuda.
Levantarn al pueblo contra ti, te apedrearn y te matarn con sus espadas.
Prendern fuego a tus casas y ejecutarn la sentencia contra ti delante de muchas mujeres. Pondr fin a tu prostitucin, y no volvers a pagar ms a tus amantes.
Entonces mi ira contra ti quedar satisfecha y mis celos se calmarn; me tranquilizar y ya no estar enojado.
T te olvidaste de cuando eras joven, y me irritaste con todas tus acciones infames y detestables; por lo tanto, yo te castigar por esa conducta tuya. Yo, el Seor, lo afirmo.
'Todos los amigos de decir refranes, dirn refirindose a ti: De tal madre, tal hija.
T eres hija de una madre que odiaba a su marido y a sus hijos, y tambin tus hermanas odiaban a sus maridos y a sus hijos. La madre de todas ustedes era hitita, y su padre, amorreo.
Al norte estaba tu hermana mayor, la ciudad de Samaria, con sus aldeas; al sur, tu hermana menor, la ciudad de Sodoma, tambin con sus aldeas.
Y t seguiste su ejemplo y cometiste sus mismas acciones detestables. Y no satisfecha con esto, tu conducta fue peor que la de ellas.
Yo, el Seor, lo juro por mi vida: ni tu hermana Sodoma ni sus aldeas hicieron lo que t y tus aldeas han hecho.
Este fue el pecado de tu hermana Sodoma: ella y sus aldeas se sentan orgullosas de tener abundancia de alimentos y de gozar de comodidad, pero nunca ayudaron al pobre y al necesitado.
Se volvieron orgullosas y cometieron cosas que yo detesto; por eso las destru, como has visto.
En cuanto a Samaria, no cometi ni la mitad de tus pecados. T has hecho ms cosas detestables que ellas; tantas que, a tu lado, ellas parecen inocentes.
T tendrs que soportar tu humillacin, pues al cometer pecados ms detestables que tus hermanas, las hiciste parecer inocentes. T tendrs que sufrir esa vergenza y soportar tu humillacin, pues hiciste parecer inocentes a tus hermanas.
'Yo devolver la prosperidad a Sodoma y Samaria, y a sus aldeas; y tambin a ti volver a darte prosperidad,
pero tendrs que soportar tu humillacin y avergonzarte de lo que hiciste, con lo cual t sers para ellas motivo de consuelo.
Y cuando Sodoma y Samaria y sus aldeas vuelvan a ser lo que antes fueron, tambin t y tus aldeas volvern a serlo.
T te burlabas del castigo de tu hermana Sodoma, cuando te sentas tan orgullosa
y todava no se haba puesto al descubierto tu maldad; pero ahora las ciudades edomitas y filisteas, todas tus vecinas, te insultan; todo el mundo te desprecia!
Ahora tienes que soportar el castigo de tus acciones malas y detestables. Yo, el Seor, lo afirmo.
'Yo, el Seor, digo: Te voy a dar tu merecido, pues faltaste a tu juramento y no cumpliste la alianza.
Pero yo s me acordar de la alianza que hice contigo cuando eras joven, y har contigo una alianza eterna.
Cuando yo te d como hijas a tu hermana mayor y a tu hermana menor, a pesar de que la alianza no me obliga a ello, t te acordars de tu conducta pasada y sentirs vergenza.
Yo renovar mi alianza contigo, y reconocers que yo soy el Seor.
T te acordars, y sentirs tanta vergenza y humillacin que no volvers a abrir la boca cuando yo te perdone todo lo que has hecho. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, propn al pueblo de Israel una comparacin.
Diles: 'Esto dice el Seor: Un guila enorme lleg al Lbano; sus alas eran grandes y de mucho alcance, cubiertas de plumas de muchos colores. Agarr la punta de un cedro,
cort la rama ms alta y fue a plantarla en un pas de comerciantes, en una ciudad de mucho comercio.
Luego tom de la tierra una semilla y la sembr en un terreno cultivado, a la orilla de un arroyo, con agua abundante.
La semilla naci y se convirti en una vid frondosa; y aunque era poca su altura, dirigi sus ramas hacia el guila, mientras hunda sus races en la tierra. Se convirti en una vid; produjo retoos y ech ramas.
Pero haba otra guila enorme, de grandes alas y abundante plumaje. Entonces la vid dirigi sus races y tendi sus ramas hacia esta guila, para que le diera ms agua, lejos del lugar donde estaba plantada.
Sin embargo, estaba plantada en buena tierra, junto a agua abundante, donde poda echar ramas y dar fruto y convertirse en una vid hermosa.'
"Diles, pues, de mi parte: 'Esto dice el Seor: Esta vid no prosperar. El guila primera le arrancar las races, y le har caer los frutos; con poco esfuerzo y sin mucha gente la arrancar de raz, y se secarn todos sus nuevos retoos.
Aunque la trasplanten, no retoar; se secar al soplar sobre ella el viento del este; se secar en el lugar donde deba retoar.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Pregunta a este pueblo rebelde si saben lo que significa esta comparacin. Diles: 'El rey de Babilonia vino a Jerusaln e hizo prisioneros al rey de Jud y a sus funcionarios, y se los llev con l a Babilonia.
Luego tom a un prncipe de la familia real e hizo un pacto con l, obligndolo a jurarle fidelidad, y se llev a la gente importante del pas
para que Jud fuera un reino dbil, incapaz de levantarse, aunque dispuesto a cumplir ese pacto y a mantenerlo en vigor.
Pero este prncipe se rebel contra el rey de Babilonia y envi embajadores a Egipto para pedir caballos y hombres en gran cantidad. Creen ustedes que despus de eso podr tener xito y escapar con vida? Puede escapar con vida quien no cumple un pacto?
Yo, el Seor, juro por mi vida que morir en Babilonia el que se burl del juramento y no cumpli el pacto que hizo con el rey que lo puso en el trono.
Cuando el rey de Babilonia lo ataque, y construya rampas y muros alrededor de la ciudad, y mate a mucha gente, el faran no enviar en su ayuda un poderoso ejrcito ni gran cantidad de gente,
pues l se burl del juramento y no cumpli el pacto; se haba comprometido y, sin embargo, ha hecho todo esto. Por eso no podr escapar con vida.
'Yo, el Seor, lo juro por mi vida: l se burl del juramento que me hizo, y no cumpli la alianza que haba hecho conmigo; por eso yo le voy a pedir cuentas.
Voy a echar sobre l mis redes, y lo atrapar en ellas; lo llevar a Babilonia, y all lo someter a juicio por haberme sido infiel.
Sus mejores soldados morirn en batalla, y los que queden con vida sern esparcidos a los cuatro vientos. Entonces reconocern ustedes que yo, el Seor, he hablado.
'Yo, el Seor, digo: Tambin yo voy a tomar la punta ms alta del cedro; arrancar un retoo tierno de la rama ms alta, y yo mismo lo plantar en un monte muy elevado,
en el monte ms alto de Israel. Echar ramas, dar fruto y se convertir en un cedro magnfico. Animales de toda clase vivirn debajo de l, y aves de toda especie anidarn a la sombra de sus ramas.
Y todos los rboles del campo sabrn que yo soy el Seor. Yo derribo el rbol orgulloso y hago crecer el rbol pequeo. Yo seco el rbol verde y hago reverdecer el rbol seco. Yo, el Seor, lo digo y lo cumplo.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Por qu en Israel no deja de repetirse aquel refrn que dice: 'Los padres comen uvas agrias y a los hijos se les destemplan los dientes'?
Yo, el Seor, juro por mi vida que nunca volvern ustedes a repetir este refrn en Israel.
A m me pertenece todo ser humano, lo mismo el padre que el hijo. Aquel que peque, morir.
"El hombre recto es el que hace lo que es justo y recto:
no participa en los banquetes que se celebran en las colinas para honrar a los dolos, ni pone su confianza en los falsos dioses de Israel; no le quita la mujer a su prjimo, ni se une con su propia mujer cuando ella est en su periodo de menstruacin;
no oprime a nadie, sino que devuelve a su deudor lo que haba recibido de l en prenda; no roba a nadie; comparte su pan con el hambriento y da ropa al desnudo;
no presta dinero con usura ni exige intereses; no causa dao a nadie; es justo cuando juzga un pleito entre dos personas;
acta de acuerdo con mis leyes y cumple fielmente mis mandamientos. Ese hombre es verdaderamente recto, y por lo tanto vivir. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Pero si este hombre tiene un hijo violento y asesino, que hace cualquiera de esas cosas
que su padre no haca, es decir, que participa en los banquetes que se celebran en las colinas para honrar a los dolos, que le quita la mujer a su prjimo,
que oprime al pobre y al necesitado, que roba a los dems, que no devuelve a sus deudores lo que haba recibido de ellos en prenda, que pone su confianza en los falsos dioses y hace cosas que yo detesto,
que presta dinero con usura y exige intereses: ese hombre no podr vivir. Despus de haber hecho todas esas cosas que yo detesto, morir sin remedio, y l mismo ser responsable de su muerte.
"Puede ser que este hombre, a su vez, tenga un hijo que vea todos los pecados cometidos por su padre, pero que no siga su ejemplo;
es decir, que no participe en los banquetes que se celebran en las colinas para honrar a los dolos, ni ponga su confianza en los falsos dioses de Israel; que no le quite la mujer a su prjimo
ni oprima a nadie; que no exija nada en prenda cuando le pidan prestado; que no robe a nadie, sino que comparta su pan con el hambriento y d ropa al desnudo;
que no haga dao a nadie ni preste dinero con usura o intereses; y que cumpla mis leyes y acte segn mis mandatos: ese hombre no morir por los pecados de su padre. Ciertamente vivir.
"Su padre, que fue opresor, y cometi robos, e hizo lo malo en medio de su pueblo, morir en castigo de sus propios pecados.
Ustedes preguntarn: 'Por qu no paga el hijo tambin por los pecados del padre?' Pues porque el hijo hizo lo que es recto y justo, y cumpli y puso en prctica todas mis leyes: por eso ciertamente vivir.
Solo aquel que peque morir. Ni el hijo ha de pagar por los pecados del padre, ni el padre por los pecados del hijo. El justo recibir el premio a su justicia; y el malvado, el castigo a su maldad.
"Y si el malvado se aparta de todos los pecados que cometa, y cumple todas mis leyes y hace lo que es recto y justo, ciertamente vivir y no morir.
Yo no volver a acordarme de todo lo malo que hizo, y l vivir por hacer lo que es recto.
Yo no quiero que el malvado muera, sino que cambie de conducta y viva. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Pero si el justo deja de actuar rectamente, y hace todo lo malo y detestable que hace el malvado, piensan ustedes que habr de seguir viviendo? Yo no volver a acordarme de todo lo bueno que haya hecho: morir por culpa de su infidelidad y de sus pecados.
Ustedes dirn que yo no estoy actuando con justicia; pero escucha, pueblo de Israel, piensan ustedes que yo no estoy actuando bien? No ser ms bien lo contrario, que son ustedes los que estn actuando mal?
Si el justo deja de hacer lo bueno y hace lo malo, morir por culpa de sus malas acciones.
Por el contrario, si el malvado se aparta de su maldad y hace lo que es recto y justo, salvar su vida.
Si abre los ojos y se aparta de todas las maldades que haba hecho, ciertamente vivir y no morir.
"Pero el pueblo de Israel dir que yo no acto con justicia. Que yo no acto con justicia? No ser ms bien el pueblo de Israel el que no acta con justicia?
Yo los juzgo a cada uno de ustedes, israelitas, de acuerdo con sus acciones. Yo, el Seor, lo afirmo. Abandonen de una vez por todas sus maldades, para que no se hagan culpables de su propia ruina.
Aprtense de todas las maldades que han cometido contra m, y hganse de un corazn y un espritu nuevos. Por qu habrs de morir, pueblo de Israel,
si yo no quiero que nadie muera? Aprtense del mal y vivirn. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Y t, hombre, dedica este canto fnebre a los reyes de Israel:
'Tu madre era una leona que viva entre leones. Hizo su guarida entre ellos, y all cri a sus cachorros.
A uno especialmente lo hizo crecer hasta su pleno desarrollo. Aprendi a desgarrar la presa, y devoraba hombres.
Las naciones oyeron hablar de l; lo apresaron en una trampa, y con ganchos lo arrastraron hasta el pas de Egipto.
Al ver la leona que su esperanza quedaba frustrada por completo, tom otro de sus cachorros y lo ayud a desarrollarse.
Hecho ya todo un len, iba y vena entre los leones. Aprendi a desgarrar la presa, y devoraba hombres.
Haca destrozos en los palacios y arruinaba las ciudades; con sus rugidos haca temblar a todo el mundo.
Entonces levantaron contra l a los pueblos de las provincias vecinas; le tendieron sus redes y lo hicieron caer en la trampa.
Con ganchos lo encerraron en una jaula y se lo llevaron al rey de Babilonia; all lo metieron preso, para que nadie volviera a or sus rugidos en las montaas de Israel.
'Tu madre pareca una vid plantada junto al agua, fecunda y frondosa gracias a la abundancia de riego.
Sus ramas se hicieron tan fuertes que llegaron a ser cetros de reyes, y tanto creci que lleg hasta las nubes. Se destacaba por su altura y por sus ramas frondosas.
Pero la arrancaron con furia y la echaron al suelo. El viento del oriente la sec y se le cayeron las uvas; se secaron sus fuertes ramas y las echaron al fuego.
Ahora est plantada en el desierto, en tierra seca y sedienta.
De sus ramas sale un fuego que devora sus retoos y sus frutos. Ya no le quedan ramas fuertes que lleguen a ser cetros de reyes.' " (Este es un canto fnebre, y como canto fnebre ser usado.)
El da dcimo del mes quinto del ao sptimo, unos ancianos de Israel fueron a consultar al Seor, y se sentaron delante de m.
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, habla a los ancianos de Israel y diles: 'Esto dice el Seor: Vienen ustedes a consultarme? Pues yo, el Seor, juro por mi vida que no me dejar consultar por ustedes.'
Jzgalos ms bien t, hombre; jzgalos y hazles reconocer las cosas detestables que sus padres cometieron.
Diles: 'Esto dice el Seor: Cuando eleg a Israel, hice un juramento a sus descendientes y me manifest a ellos en Egipto. Solemnemente les jur: Yo soy el Seor su Dios.
En ese da me compromet a sacarlos de Egipto y a llevarlos al pas que yo les haba buscado, un pas donde la leche y la miel corren como el agua, el pas ms hermoso de todos!
Y a todos sin excepcin les orden que se deshicieran de sus detestables dioses y que no se mancharan con los dolos de Egipto, porque yo, el Seor, soy su Dios.
'Pero ellos se rebelaron contra m, y no quisieron escucharme; no se deshicieron de sus detestables dioses ni abandonaron los dolos de Egipto. Yo pens en descargar mi ira contra ellos, y en castigarlos en Egipto hasta que mi furor quedara satisfecho.
Pero actu por honor a mi nombre, para no quedar mal a los ojos de las naciones en medio de las cuales vivan, pues delante de esas naciones me haba manifestado a ellos y les haba prometido sacarlos de Egipto.
Yo los saqu de Egipto y los llev al desierto;
all les di a conocer mis leyes y mandamientos, que dan vida a quien los practica.
Tambin les di a conocer mis sbados, que deban ser una seal entre ellos y yo, y un recuerdo de que yo, el Seor, los haba consagrado para m.
Pero se rebelaron contra m en el desierto, y no obedecieron mis leyes; rechazaron los mandamientos que les haba dado para que, cumplindolos, tuvieran vida, y profanaron completamente mis sbados. Pens entonces en descargar mi ira contra ellos y en aniquilarlos all, en el desierto,
pero por honor a mi nombre no lo hice, para no quedar mal a los ojos de las naciones que haban visto cmo los haba sacado de Egipto.
'Tambin en el desierto les jur que no los hara entrar en el pas que les haba dado, el ms hermoso de todos, donde la leche y la miel corren como el agua,
porque rechazaron mis mandamientos, no obedecieron mis leyes y profanaron mis sbados, porque el corazn se les iba tras sus dolos.
Sin embargo, me dio lstima destruirlos y no los aniquil en el desierto.
Entonces les ped a sus hijos que no hicieran lo que sus padres les mandaban, que no cumplieran lo que les ordenaban, que no se contaminaran con los dolos.
Les dije: Yo soy el Seor su Dios. Cumplan al pie de la letra mis leyes y decretos,
y respeten como sagrados mis sbados, de manera que sean una seal entre ustedes y yo; as reconocern que yo soy el Seor su Dios.
'Pero tambin los hijos de ellos se rebelaron contra m. No obedecieron mis leyes, ni cumplieron ni practicaron mis mandamientos, que dan vida a quien los practica, y profanaron mis sbados. Pens en descargar mi ira contra ellos y aniquilarlos all, en el desierto, para calmar mi furor,
pero me contuve por honor a mi nombre, para no quedar mal a los ojos de las naciones que haban visto cmo los haba sacado de Egipto.
En el desierto les jur que los iba a dispersar por todas las naciones del mundo,
porque no cumplieron mis mandamientos, rechazaron mis leyes, profanaron mis sbados y solo tuvieron ojos para los dolos de sus padres.
Y hasta llegu a imponerles leyes que no eran buenas y mandamientos con los que no podan encontrar la vida.
Dej que se contaminaran llevando ofrendas a los dolos y sacrificndoles en el fuego a sus hijos mayores. Esto lo hice para que se llenaran de miedo y reconocieran que yo soy el Seor.'
"Y t, hombre, diles a los israelitas: 'Esto dice el Seor: Tambin los padres de ustedes me han ofendido; me han sido infieles.
Cuando yo los hice entrar en la tierra que haba jurado darles, apenas vean una colina elevada o un rbol frondoso, all ofrecan sus sacrificios y hacan las ofrendas que tanto me ofenden, ponan sus sustancias perfumadas y derramaban sus ofrendas de vino.
Yo les pregunt: Qu santuario pagano es ese a donde van ustedes? Y se le qued el nombre de Santuario Pagano hasta el da de hoy.'
"Dile al pueblo de Israel: 'Esto dice el Seor: Por qu quieren ustedes mancharse lo mismo que sus antepasados? Por qu me son infieles adorando esos dolos detestables?
Al presentar esas ofrendas y sacrificar en el fuego a sus hijos, ustedes siguen todava manchndose con sus dolos. Y as quieren ustedes, israelitas, venir a consultarme? Yo, el Seor, juro por mi vida que no me dejar consultar por ustedes.
Se les ha metido en la cabeza ser como las dems naciones de la tierra, que adoran al palo y a la piedra, pero no ser as.
Yo, el Seor, juro por mi vida que, con gran despliegue de poder y castigando con ira, reinar sobre ustedes.
Yo los reunir de entre los pueblos y naciones donde se encuentren dispersos, desplegando mi gran poder y castigando con ira.
Los llevar al desierto de los pueblos, y cara a cara los llamar a juicio,
de la misma manera que llam a juicio a sus padres en el desierto de Egipto. Yo, el Seor, lo afirmo.
Yo los examinar a ustedes como un pastor que cuenta sus ovejas, y har que se sometan a la alianza.
Separar de ustedes a los rebeldes y revoltosos, y los sacar de la tierra extranjera en que ahora estn viviendo; pero ellos no entrarn en la tierra de Israel. Entonces reconocern ustedes que yo soy el Seor.
'Pueblo de Israel, esto dice el Seor: Vayan a adorar a sus dolos ...! Pero despus ustedes me obedecern, y no volvern a profanar mi santo nombre haciendo esas ofrendas y adorando a sus dolos.
Todo Israel me adorar en mi santo monte, en el monte elevado de Israel, situado en mi pas. Yo, el Seor, lo afirmo. All los recibir con gusto; all les pedir que me hagan sus ofrendas, y que me traigan los primeros frutos de sus cosechas y todo lo que hayan de consagrarme.
Cuando yo los rena de los pases y naciones donde ahora estn dispersos, y muestre mi santidad entre ustedes a la vista de todos los pueblos, entonces aceptar sus ofrendas de olor agradable.
'Y cuando yo los haga entrar en Israel, en el pas que haba jurado dar a los antepasados de ustedes, entonces reconocern que yo soy el Seor.
All se acordarn de todas las malas acciones con que se han profanado, y sentirn asco de ustedes mismos por la mucha maldad que han cometido.
Pueblo de Israel, cuando yo los trate a ustedes, no de acuerdo con su mala conducta y peores acciones, sino haciendo honor a mi nombre, entonces reconocern que yo soy el Seor. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, vulvete hacia el sur, y dirige hacia all tus palabras; habla en mi nombre contra el bosque de la regin del sur,
y dile: 'Esto dice el Seor: Yo voy a prender en ti un fuego que devorar todos tus rboles, verdes y secos; este fuego arder sin apagarse y le quemar la cara a toda la gente que hay en ti, de norte a sur.
Y todo el mundo ver que yo, el Seor, fui quien lo encendi. Y el fuego no se apagar.' "
Yo le contest: "Ay, Seor, la gente anda diciendo que yo solo digo cosas que nadie entiende!"
Entonces el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, vulvete hacia Jerusaln y dirige tu palabra contra su templo. Habla en mi nombre contra el pas de Israel,
y dile: 'Esto dice el Seor: Yo me declaro tu enemigo. Voy a sacar mi espada, y matar lo mismo a justos que a pecadores.
S, voy a sacar mi espada para matar a todos por igual, a justos y a pecadores, desde el norte hasta el sur.
Y todo el mundo sabr que yo, el Seor, he sacado la espada y no la voy a guardar.'
"Y t, hombre, llora amargamente y con el corazn hecho pedazos; llora delante del pueblo.
Y si acaso te preguntan por qu lloras, diles que es por la noticia de algo que est a punto de suceder, y que todo el mundo se quedar sin nimo y dejar caer los brazos; nadie tendr valor, a todos les temblarn las rodillas de miedo. Ya llega el momento, ya va a suceder. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, habla en nombre mo y di que yo, el Seor, te he ordenado decir: 'La espada, la espada! Ya est afilada y pulida.
Afilada para hacer una matanza, pulida para lanzar rayos;
la hicieron pulir para que uno la empue. La espada est afilada y pulida, para ponerla en la mano del asesino.
Y t, hombre, grita, chilla, porque est destinada a matar a mi pueblo, a todos los gobernantes de Israel! Estn condenados a morir con mi pueblo, as que date golpes de dolor.
Yo, el Seor, lo afirmo.'
"T, hombre, habla en nombre mo; incita a la espada a que hiera con el doble y el triple de furor. Es una espada para matar, la terrible espada de la matanza que amenaza al pueblo por todas partes.
Ella los va a llenar de miedo, va a hacer muchas vctimas. En todas sus casas he puesto la espada asesina. Es la espada pulida para lanzar rayos, afilada para la matanza.
Afilada te quiero, a la derecha, a la izquierda, cortando a uno y otro lado!
Yo tambin la voy a incitar hasta que mi ira se calme. Yo, el Seor, lo he dicho."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Traza dos caminos, para que el rey de Babilonia pase con su espada. Los dos caminos deben salir del mismo pas, y al comienzo de cada camino debers poner una seal que diga a qu ciudad lleva.
Debes trazar un camino por donde pase el rey con la espada. Las ciudades son Rab de los Amonitas y Jerusaln, la ciudad fortificada de Jud.
El rey de Babilonia se ha colocado donde comienzan los dos caminos, y consulta a la suerte: revuelve las flechas, consulta a sus dioses, examina hgados de animales.
En la mano derecha le sali la flecha que seala a Jerusaln, y ello significa que debe atacarla con instrumentos de asalto y dar rdenes de matanza, lanzar gritos de guerra, atacar sus puertas, construir una rampa y rodearla por completo.
Pero a la gente de Jerusaln le parece que esta es una falsa profeca, por las alianzas que han hecho. Pero en realidad es una acusacin contra el pecado de ellos, y un anuncio de su captura.
Por eso yo, el Seor, digo: Las maldades y los crmenes de ustedes saltan a la vista; los pecados que cometen en todas sus acciones estn al descubierto. Por eso van a ser capturados.
Y a ti, rey de Israel, criminal malvado, se te acerca el momento de recibir el castigo final.
Yo, el Seor, digo: Te quitarn el turbante, te arrebatarn la corona, y todo ser diferente. Llegue a la cumbre lo que est en el llano, y caiga por tierra lo que est en la cumbre!
Todo lo dejar convertido en ruinas, ruinas y ms ruinas. Pero esto solo suceder cuando venga aquel a quien, por encargo mo, le corresponde hacer justicia.
"T, hombre, habla en mi nombre y diles de mi parte a los amonitas que insultan a Israel, que la espada ya est desenfundada: lista para matar y pulida para lanzar rayos y destruir.
Sus visiones son falsas, y sus predicciones son mentira. La espada caer sobre el cuello de esos malvados criminales. Ya se acerca el momento de su castigo final.
"Espada, vuelve a tu funda! Yo te voy a juzgar all donde te forj, en la tierra en que naciste,
y descargar sobre ti mi ira como un incendio terrible; te entregar en poder de gente brutal y destructora.
Sers quemada, destruida; tu sangre correr por todo el pas y nadie volver a acordarse de ti. Yo, el Seor, lo he dicho."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, vas a dictar la sentencia contra la ciudad criminal. La acusars de todas las cosas detestables que ha hecho,
y le dirs: 'Esto dice el Seor: Ciudad que matas a tus habitantes y fabricas dolos para contaminarte, ya te va a llegar tu hora!
Con los asesinatos que has cometido te has hecho culpable, y con los dolos que has fabricado te has contaminado; has hecho que tu hora se acerque y que haya llegado el fin de tus das. As pues, yo voy a hacer que los pueblos te insulten, que todas las naciones se burlen de ti.
Los de cerca y los de lejos se burlarn de ti, ciudad famosa por tu idolatra y tu gran desorden.
All estn los gobernantes de Israel, que viven en medio de ti y cometen todos los crmenes que pueden.
Tus habitantes no honran a su padre ni a su madre, maltratan a los extranjeros, explotan a los hurfanos y a las viudas.
No respetan mis lugares sagrados ni mis sbados.
Por causa de sus mentiras, algunos de tus habitantes son los culpables de que otros mueran; asisten a los banquetes que se celebran en los montes en honor de los dolos, y hacen cosas detestables.
Algunos tienen relaciones sexuales con la esposa de su padre, o abusan de la mujer que est en su periodo de menstruacin.
Hay quienes cometen adulterio con la mujer de su prjimo, o tienen relaciones vergonzosas con su nuera, o hacen violencia a una media hermana.
Algunos de tus habitantes se dejan comprar para matar a otros. Prestan dinero a usura e inters, explotan y hacen violencia a su prjimo, y se olvidan de m. Yo, el Seor, lo afirmo.
'Yo estoy muy enojado por tus explotaciones y asesinatos.
No pienses que vas a poder hacerme frente cuando yo tome medidas contra ti. Yo, el Seor, lo he dicho y lo voy a cumplir:
te esparcir por todas las naciones, te dispersar por todos los pases y te limpiar totalmente de tu impureza;
me hars quedar mal a los ojos de las dems naciones, pero reconocers que yo soy el Seor.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"El pueblo de Israel es para m como el resto inservible que queda cuando se echa cobre, estao, hierro, plomo o plata en el horno.
Por eso yo, el Seor, digo: Como todos ustedes se han convertido en un resto inservible, los voy a reunir en medio de Jerusaln.
As como la plata, el cobre, el hierro, el plomo y el estao se echan juntos en un horno, y se atiza el fuego para fundirlos, as yo, en mi ira terrible, los voy a reunir a ustedes y los pondr a fundir.
S, voy a atizar el fuego de mi ira, y los reunir a ustedes para fundirlos en medio de la ciudad.
As como se funde la plata en el horno, as sern fundidos ustedes en medio de la ciudad, y as reconocern que yo, el Seor, he descargado mi ira contra ustedes."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, dile a Israel: 'Eres un pas castigado con falta de lluvias y de agua,
un pas con gobernantes como leones, que rugen y despedazan su presa; que en su territorio devoran a la gente, le roban sus tesoros y riquezas y dejan viudas a muchas mujeres.
Los sacerdotes de este pas tuercen el sentido de mis enseanzas y profanan las cosas que yo considero sagradas; no hacen ninguna distincin entre lo sagrado y lo profano, ni ensean a otros a distinguir entre lo puro y lo impuro. No ponen atencin a mis sbados, ni me honran.
Los jefes de este pas son como lobos que despedazan su presa, listos a derramar sangre y a matar gente con tal de enriquecerse.
Los profetas ocultan la verdad, como quien blanquea una pared; dicen tener visiones, y anuncian cosas que resultan falsas. Aseguran que hablan en mi nombre, cuando en realidad yo no he hablado.
La gente del pueblo se dedica a la violencia y al robo; explotan al pobre y al necesitado, y cometen violencias e injusticias con los extranjeros.
Yo he buscado entre esa gente a alguien que haga algo en favor del pas y que interceda ante m para que yo no los destruya, pero no lo he encontrado.
Por eso he descargado mi castigo sobre ellos y los he destruido con el fuego de mi ira, para hacerlos responder por su conducta. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Haba una vez dos mujeres, hijas de la misma madre.
Desde jvenes, estas dos mujeres se entregaron a la prostitucin; en Egipto dejaron que les manosearan los pechos, y perdieron su virginidad.
La mayor se llamaba Ohol (que representa a Samaria), y su hermana Oholib (que representa a Jerusaln). Yo las tom por esposas, y me dieron hijos e hijas.
Ohol me fue infiel y se apasion por sus amantes, los guerreros asirios,
con sus uniformes de prpura, todos ellos jefes y gobernadores, jvenes apuestos, jinetes montados en sus caballos,
lo ms selecto de los asirios! Ohol se entreg a la prostitucin con ellos, y hasta se apasion por todos sus dolos y se rebaj adorndolos.
Desde que estuvo en Egipto se volvi una prostituta, y jams dej de serlo. Desde que era joven, muchos se acostaron con ella y le quitaron su virginidad, convirtindola en una prostituta.
Por eso la entregu en manos de sus amantes, los asirios, por quienes ella se haba apasionado,
y ellos la deshonraron; luego le quitaron a sus hijos e hijas, y a ella la mataron a filo de espada, ejecutando as la sentencia contra ella. Y su caso se hizo famoso entre las mujeres.
"Su hermana Oholib vio esto, y sin embargo se entreg, ms an que su hermana, a la pasin y la prostitucin.
Tambin ella se apasion por los asirios, todos ellos jefes y gobernadores, guerreros esplndidamente vestidos, jinetes montados a caballo, jvenes apuestos.
Me di cuenta de que tambin ella se haba manchado, y que haba seguido el ejemplo de su hermana.
Pero ella fue an ms lejos en sus prostituciones: vio en las paredes imgenes de babilonios, grabadas y pintadas de rojo;
todos ellos tenan aspecto de oficiales, a juzgar por sus cinturones y turbantes.
Al ver a estos babilonios, se apasion por ellos y envi mensajeros a Babilonia;
y los babilonios vinieron y se acostaron con ella, y le hicieron el amor, manchndola con sus prostituciones. Tanto la mancharon que al fin sinti asco de ellos.
Entonces se entreg pblicamente a la prostitucin, mostrando su cuerpo desnudo, hasta que yo sent asco de ella como antes lo haba sentido de su hermana.
Pero se entreg ms y ms a la prostitucin, recordando el tiempo de su juventud, cuando se prostituy en Egipto
y se apasion por sus amantes egipcios, que en sus impulsos sexuales se parecen a los asnos y los caballos.
"T, Oholib, sentas nostalgia del libertinaje de tu juventud, cuando los egipcios te manoseaban los pechos.
Por eso yo, el Seor, digo: Voy a hacer que esos amantes tuyos, de los que ahora sientes asco, se vuelvan tus enemigos. De todas partes voy a lanzar contra ti
a los babilonios y a los caldeos, a los de Pecod, Soa y Coa, y a todos los asirios; todos ellos jvenes apuestos, jefes y gobernadores, oficiales y guerreros; todos ellos gente de a caballo.
Vendrn contra ti, con gran nmero de carros y de ejrcitos; te rodearn por todas partes, armados y con cascos y escudos, y yo les dar el derecho de juzgarte, y ellos te juzgarn segn sus leyes.
Yo descargar sobre ti el furor de mi ira, y ellos te tratarn con crueldad; te cortarn la nariz y las orejas, y a los que an queden vivos los matarn a filo de espada. Te arrebatarn a tus hijos y a tus hijas, y al fin caers devorada por el fuego.
Te quitarn tus vestidos y se apoderarn de tus joyas.
As pondr fin a tu libertinaje y a la prostitucin a que te entregaste en Egipto, y no volvers a ver a los egipcios ni a acordarte de ellos.
"Esto digo yo, el Seor: Voy a dejar que caigas en poder de las naciones que odias, y por las que sientes asco.
Ellas te tratarn con odio, se aduearn de lo que has ganado con tu trabajo y te dejarn completamente desnuda; quedar al descubierto tu cuerpo, el cual entregaste a la prostitucin. Tu libertinaje y tu prostitucin
son la causa de lo que hoy te pasa, pues te entregaste a la prostitucin con esas naciones y te rebajaste adorando sus dolos.
Seguiste los pasos de tu hermana; por eso te dar a beber la misma copa que le di a ella.
"Esto digo yo, el Seor: Bebers de la misma copa que tu hermana, una copa grande, ancha y profunda, llena de burla y desprecio,
llena de ruina y destruccin. Es la copa de tu hermana Samaria, con la que quedars borracha y dolorida.
La bebers hasta el fondo, y luego la hars pedazos y te desgarrars los pechos. Yo, el Seor, he hablado; yo he dado mi palabra.
"Por eso yo, el Seor, digo: Puesto que te has olvidado de m y me has vuelto la espalda, tendrs que sufrir el castigo de tu libertinaje y de tus prostituciones."
El Seor me dijo: "Y t, hombre, quieres pronunciar la sentencia contra Ohol y Oholib? Entonces chales en cara sus acciones detestables.
Ellas me han sido infieles y tienen las manos manchadas de sangre. Me han sido infieles adorando a sus dolos, y en honor de ellos han sacrificado en el fuego a sus propios hijos, los hijos que yo tuve con ellas.
Adems, han hecho esto contra m: en un mismo da profanaron mi santo templo y deshonraron mis sbados.
Y el mismo da que sacrificaron a sus hijos para honrar a sus dolos, vinieron a mi santo templo y lo profanaron. Esto es lo que han hecho, en mi propia casa!
"Enviaron mensajeros para hacer venir hombres de lejos, y ellos vinieron. Ellas dos se baaron, se pintaron los ojos y se pusieron joyas para recibirlos;
se sentaron en una cama lujosa, con la mesa ya servida, y en ella pusieron el incienso y el aceite consagrados a mi servicio.
Se escuchaban los gritos de una multitud haciendo fiesta; eran hombres venidos del desierto, que adornaban a las mujeres ponindoles brazaletes en los brazos y hermosas coronas en la cabeza.
Yo me deca: 'Ahora van a servirse de estas prostitutas gastadas por los adulterios. Nada menos que con ellas!
Vienen a Ohol y a Oholib, mujeres libertinas, como quien va a las prostitutas.'
Pero los hombres justos dictarn contra ellas la sentencia que merecen las adlteras y las asesinas. Porque adlteras son, y tienen las manos manchadas de sangre."
Esto dice el Seor: "Que se rena el pueblo contra ellas, que las haga sentir pnico y las robe;
que el pueblo entero las mate a pedradas y las atraviese con sus espadas; que mate a sus hijos e hijas y queme sus casas.
Yo har que desaparezca del pas esta conducta infame. As todas las mujeres aprendern la leccin y no seguirn su ejemplo inmoral.
En cuanto a esas dos, recibirn el castigo de su conducta inmoral y de sus pecados de idolatra. Y ustedes reconocern que yo soy el Seor."
El da diez del mes dcimo del ao noveno, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Anota esta fecha, la fecha de hoy, porque hoy el rey de Babilonia ha atacado Jerusaln.
Y rectale a este pueblo rebelde un poema que le sirva de ejemplo. Dile de mi parte: 'Pon una olla al fuego y chale agua;
pon en ella pedazos de carne, buenos pedazos de pierna y de lomo, y tambin lo mejor de los huesos.
Toma luego una de las mejores ovejas, y amontona lea debajo para que hierva bien, hasta que queden cocidos los huesos.
'Porque el Seor dice: Ay de la ciudad asesina! Es como una olla enmohecida, a la que el moho no se le quita. Saca t, uno a uno, los pedazos de carne, hasta dejar la olla vaca.
La ciudad est llena de la sangre derramada; y derramada, no sobre la tierra para que el polvo la cubriera, sino sobre la roca desnuda.
Pues yo voy a dejar la sangre all, sobre la roca desnuda, de manera que no se pueda cubrir, para que mi ira se encienda y se haga justicia.
'Porque el Seor dice: Ay de la ciudad asesina! Yo mismo voy a hacer una hoguera.
Y t trae mucha lea, enciende el fuego y cuece bien la carne, hasta que se acabe el caldo y se quemen los huesos;
pon luego la olla vaca sobre el fuego, hasta que el cobre se ponga al rojo vivo y quede limpio de sus impurezas; hasta que el moho desaparezca!
Sin embargo, tan enmohecido est que no se limpia ni con fuego.
'Jerusaln, yo he querido limpiarte de la impureza de tu libertinaje, pero no has quedado limpia. Solo quedars limpia cuando descargue mi ira sobre ti.
Yo, el Seor, lo he dicho, y as ser. Yo mismo voy a hacerlo, y no dejar de cumplirlo; no tendr compasin ni me arrepentir. Te castigar por tu conducta y tus acciones. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Voy a quitarte de un solo golpe a la persona que t ms quieres. Pero no te lamentes ni llores; no derrames lgrimas.
Sufre en silencio y no guardes luto como se hace por los muertos. No andes con la cabeza descubierta ni vayas descalzo; no te cubras la cara en seal de dolor ni comas el pan que se come en tales casos."
Por la maana estuve hablando con la gente, y por la tarde muri mi esposa; a la maana siguiente hice lo que el Seor me haba ordenado.
Entonces la gente del pueblo me dijo: "Explcanos qu quiere decir para nosotros eso que ests haciendo."
Yo les dije: "El Seor se dirigi a m, y me dijo:
'Dile al pueblo de Israel: Esto dice el Seor: Voy a profanar mi templo, que a ustedes tanto les gusta mirar y tanto quieren, y que es su orgullo y su fuerza; los hijos e hijas que ustedes dejaron en Jerusaln morirn asesinados.
Y diles: Ustedes harn lo mismo que yo he hecho: no podrn cubrirse la cara en seal de dolor, ni comer el pan que se come en tales casos.
No podrn llevar la cabeza descubierta ni los pies descalzos. No se lamentarn ni llorarn. Quedarn sin fuerzas por culpa de sus maldades, y se pondrn a lamentarse unos con otros.
Ezequiel ser para ustedes un ejemplo, y todo lo que l hizo lo harn ustedes. Cuando esto suceda, reconocern que yo soy el Seor.
'Y ahora voy a quitarles a los israelitas su fortaleza, que es el templo, con cuya belleza se alegran tanto, y que tanto les gusta mirar y tanto quieren. Tambin les quitar a sus hijos e hijas.
Y en ese da, el que pueda escapar vendr a darte la noticia.
Ese da dejars de estar mudo, y podrs hablar con el que haya escapado. Servirs as de ejemplo al pueblo, y ellos reconocern que yo soy el Seor.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, vulvete hacia los amonitas y habla en mi nombre contra ellos.
Diles que escuchen la palabra que el Seor les dirige: 'Ustedes dieron gritos de alegra al ver que mi templo era profanado, el pas de Israel destruido y los habitantes de Jud llevados al destierro.
Pues bien, por eso los voy a entregar a ustedes al poder de los pueblos del oriente, para que ellos se apoderen de su tierra, y levanten campamentos, y establezcan ah su habitacin. Ellos se comern las cosechas de ustedes y se bebern su leche.
Convertir a Rab en pastizal de camellos, y a Amn en campo de ovejas. Entonces reconocern ustedes que yo soy el Seor.
'Yo, el Seor, digo: Ustedes los amonitas han aplaudido y saltado de alegra, y han despreciado a Israel.
Por eso voy a levantar mi mano para castigarlos y entregarlos a las naciones, para que les quiten todo lo que tengan. Los voy a arrancar de entre los pueblos, los voy a hacer desaparecer de entre las naciones, los voy a destruir por completo. Entonces reconocern que yo soy el Seor.'
"Yo, el Seor, digo: Moab y Ser dicen que Jud es igual a todas las naciones.
Por eso voy a abrir una brecha en el costado de Moab, y voy a dejarlo de un extremo al otro sin ciudades, esas ciudades que son las joyas del pas: Bet-jesimot, Baal-men y Quiriataim.
Har que los pueblos del oriente tomen posesin de su territorio, adems del de los amonitas, de manera que entre las naciones nadie se acuerde ms de los amonitas.
Ejecutar la sentencia contra Moab, y entonces reconocern que yo soy el Seor.
"Yo, el Seor, digo: Edom se ha vengado de Jud, y con ello se ha hecho gravemente culpable.
Por eso yo, el Seor, digo: Voy a levantar mi mano para castigar a Edom y destruir a sus hombres y sus animales. Lo voy a dejar en ruinas. Desde Temn hasta Dedn, la gente morir a filo de espada.
Me vengar de Edom por medio de mi pueblo Israel; l tratar a Edom de acuerdo con mi ira y mi furor. As sabrn lo que es mi venganza. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Yo, el Seor, digo: Los filisteos han tomado venganza, se han desquitado con corazn lleno de desprecio; como eternos enemigos de Israel, se han entregado a la destruccin.
Por eso yo, el Seor, digo: Voy a levantar la mano para castigar a los filisteos; voy a exterminar a los quereteos y voy a destruir a los que an quedan en la costa.
Me vengar de ellos terriblemente; los castigar con ira. Y cuando haga esto, reconocern que yo soy el Seor."
El da primero del mes, en el ao once, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Tiro ha dicho, a propsito de Jerusaln: 'Ah, la puerta del comercio entre las naciones est hecha pedazos! Ahora ha llegado mi turno! Yo me lleno de riquezas mientras ella queda en ruinas.'
"Por eso yo, el Seor, digo: Tiro, yo me declaro tu enemigo. Har que muchas naciones se levanten contra ti, como levanta el mar sus olas,
y que destruyan tus murallas y echen abajo tus torres. Hasta el polvo barrer de su lugar, y solo dejar una roca pelada.
En medio del mar quedar, como un lugar para poner las redes a secar. Yo, el Seor, lo afirmo. Tiro ser saqueada por las naciones,
y sus colonias en tierra firme caern a filo de espada. Entonces reconocern que yo soy el Seor.
"Yo, el Seor, digo: Voy a hacer venir del norte a Nabucodonosor, rey de Babilonia, el rey ms poderoso, para que ataque a Tiro. Vendr con caballos, y carros, y jinetes, y con muchas tropas reunidas.
A filo de espada destruir tus colonias en tierra firme; construir un muro alrededor de ti, levantar rampas para atacarte y lanzar contra ti soldados armados con escudos.
Atacar con arietes tus murallas y a golpe de barra destrozar tus torres.
Cuando el rey de Babilonia entre por tus puertas como se entra en una ciudad tomada por asalto, sern tantos los caballos, que te cubrirn con el polvo que levanten; tus murallas temblarn al estruendo de sus carros y caballera;
los cascos de sus caballos pisotearn todas tus calles. Matar a tu pueblo a filo de espada, y echar por tierra tus fuertes columnas.
Te dejarn sin riquezas, te robarn tus mercancas, derribarn tus murallas y echarn abajo tus lujosos palacios; arrojarn al mar las piedras, las vigas y hasta los escombros.
As pondr fin al ruido de tus canciones, y no se volver a or el sonido de tus arpas.
Te convertir en una roca pelada, en un lugar para poner las redes a secar, y nunca ms sers reconstruida. Yo, el Seor, he hablado; yo, el Seor, lo afirmo.
"Yo, el Seor, digo a Tiro: Los pases del mar temblarn al or el ruido de tu cada, entre los gemidos de los heridos y la matanza de tus habitantes.
Todos los reyes del mar bajarn de sus tronos, y se quitarn sus capas y sus vestidos bordados; llenos de terror se sentarn en el suelo, temblando a todas horas y espantados al verte.
Entonces te dedicarn este canto fnebre: 'Cmo fuiste destruida, cmo desapareciste del mar, ciudad famosa! T, con tu gente, fuiste poderosa en el mar y sembraste el terror en todo el continente!
Ahora que has cado, los pases del mar tiemblan de miedo. Ahora que has desaparecido, las islas del mar se llenan de espanto.'
"Porque esto digo yo, el Seor: Te voy a dejar en ruinas, como las ciudades donde no vive nadie. Voy a hacer que te cubran las aguas profundas del mar,
y que te hundas hasta donde estn los muertos, la gente que vivi en el pasado. Te arrojar a lo ms profundo de la tierra, al pas de eternas ruinas, y vivirs entre los que ya han muerto. No volvers a tener habitantes, ni sers reconstruida en esta tierra de los que viven.
Te convertir en algo terrible, y dejars de existir. Te buscarn, y jams volvern a encontrarte. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, entona este canto fnebre
acerca de Tiro, la ciudad que est a la salida del mar y que comercia con las naciones, con muchos pases del mar. Dile que as dice el Seor: 'T, Tiro, presumes de ser una nave bella y perfecta;
tu dominio se extiende hasta el corazn del mar, tus constructores te hicieron la ms hermosa.
Todos tus entablados los hicieron con pinos trados del monte Senir; tu mstil lo hicieron de un cedro del Lbano;
tus remos los hicieron con robles de Basn; tu cubierta la hicieron de cipreses trados de las costas de Chipre e incrustados de marfil.
Tu vela, de lino bordado de Egipto, te serva de bandera; tu toldo era de telas moradas y rojas tradas de las costas de Elis.
Tus remeros eran hombres de Sidn y de Arvad, tus pilotos eran expertos hombres tuyos.
Hombres veteranos de Guebal reparaban tus daos hbilmente. Marineros de todas las naves del mar comerciaban con tus mercancas.
Hombres de Persia, Lidia y Libia servan de guerreros en tu ejrcito; te adornaban con sus escudos y sus cascos, y te daban esplendor.
'Gente de Arvad, junto con tu ejrcito, ocupaba tus murallas en derredor, y en tus torres haba hombres de Gamad. Sus escudos colgaban a todo lo largo de tus muros, hacindote aparecer ms bella.
Era tanta tu riqueza, que Tarsis comerciaba contigo, y a cambio de tus mercancas te daba plata, hierro, estao y plomo.
Tambin Grecia, Tubal y Msec comerciaban contigo, ofrecindote en pago esclavos y objetos de bronce.
Los de Bet-togarm te pagaban con caballos de trabajo y de montar, y con mulas.
Gente de Rodas comerciaba contigo. Hacas negocios con numerosos pases del mar, que te pagaban con marfil y bano.
Edom haca comercio contigo, gracias a tus muchos productos: a cambio de tus mercancas te traan piedras de granate, telas teidas de prpura, bordados, telas de lino, corales y rubes.
Igualmente comerciaban contigo Jud e Israel, y te pagaban con trigo de Minit, y con pasteles, miel, aceite y blsamo.
Damasco te compraba gran cantidad de productos y de riquezas; te pagaba con vino de Helbn y lana de Sahar.
Desde Uzal te traan vino, hierro forjado, canela y caa aromtica, a cambio de tus mercancas.
Dedn haca contigo comercio de aparejos para montar.
Arabia y todos los jefes de Quedar eran clientes tuyos: te pagaban con corderos, carneros y chivos.
Comerciantes de Sab y Raam eran clientes tuyos, y te pagaban con los mejores perfumes, con piedras preciosas y oro.
Contigo hacan negocios Harn, Can, Edn y los comerciantes de Sab, de Asiria y de toda Media;
te vendan telas finas, mantos de color prpura, bordados, tapices de varios colores y fuertes cuerdas trenzadas.
Las naves de Tarsis venan, una tras otra, trayndote productos. 'Eras como una nave en alta mar, toda cargada de riquezas.
Tus remeros te llevaron por aguas profundas, pero el viento del este te destroz en alta mar.
Tu riqueza, tus mercancas y tus productos, tus marineros y tus pilotos, tus calafateadores, tus comerciantes, tus guerreros y toda tu tripulacin, se irn al fondo del mar el da en que te hundas.
A los gritos de tus marineros temblarn las olas.
Los remeros bajarn de sus barcos; los marineros y todos los pilotos saltarn a tierra.
Levantarn la voz y llorarn por ti amargamente. Se echarn polvo en la cabeza y se revolcarn en la ceniza.
Por ti se raparn la cabeza, se vestirn de luto y llorarn llenos de amargura.
Por ti entonarn un canto fnebre, en el que dirn con tristeza: Quin poda compararse a Tiro, la ciudad que estaba en el mar?
Cuando llegaban del mar tus mercancas, satisfacas a muchas naciones. Con la abundancia de tus riquezas y productos enriquecas a los reyes de la tierra.
Ahora ests deshecha por el mar, hundida en el fondo del agua. Tus productos y toda tu tripulacin se fueron contigo al fondo.
Todos los habitantes de los pases del mar estn aterrados por ti; sus reyes estn espantados, se les ve el miedo en la cara.
Los comerciantes de los otros pases se quedan asustados al verte. Te has convertido en algo terrible; para siempre has dejado de existir.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, dile al rey de Tiro: 'Esto dice el Seor: Tu corazn se llen de orgullo, y te creste un dios sentado en el trono de los dioses y rodeado por el mar. Pero t no eres un dios, sino un hombre que cree tener la inteligencia de un dios.
Acaso eres ms sabio que Danel? Acaso ningn secreto te es desconocido?
Con tu sabidura y tu habilidad has conseguido muchas riquezas, has llenado tus cofres de oro y plata.
Con tu gran habilidad para el comercio has aumentado tus riquezas, y las riquezas te han vuelto orgulloso.
Por eso, el Seor dice: Ya que crees tener la inteligencia de un dios,
voy a hacer que vengan extranjeros contra ti, gente de lo ms cruel, que sacar la espada para atacarte, a ti, tan hermoso y tan sabio, y que dejar tu esplendor por el suelo.
Te hundirn en el abismo, y tendrs una muerte violenta en alta mar.
Y seguirs creyendo que eres un dios, cuando ests ante tus verdugos? En manos de los que te maten no sers ms que un simple hombre!
Morirs a manos de extranjeros, como mueren los paganos. Yo, el Seor, he hablado; yo he dado mi palabra.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, entona un canto fnebre al rey de Tiro, y dile: 'Esto dice el Seor: T eras modelo de perfeccin, lleno de sabidura y de perfecta belleza.
Estabas en Edn, el jardn de Dios, adornado de toda clase de piedras preciosas: rub, crisolito, jade, topacio, cornalina, jaspe, zafiro, granate y esmeralda; tus joyas y aretes eran de oro, preparados desde el da en que fuiste creado.
Te dej al cuidado de un ser alado, estabas en el monte santo de Dios y caminabas entre las estrellas.
Tu conducta fue perfecta desde el da en que fuiste creado hasta que apareci en ti la maldad.
Con la abundancia de tu comercio te llenaste de violencia y de pecado. Entonces te ech de mi presencia; te expuls del monte de Dios, y el ser alado que te protega te sac de entre las estrellas.
Tu belleza te llen de orgullo; tu esplendor ech a perder tu sabidura. Yo te arroj al suelo, te expuse al ridculo en presencia de los reyes.
Tantos pecados cometiste y tanto te corrompiste con tu comercio, que llegaste a profanar tus templos. Entonces hice brotar en medio de ti un fuego que te devorara. Todos pueden verte ahora en el suelo, convertido en cenizas.
Todas las naciones que te conocen se espantan al verte. Te has convertido en algo terrible; para siempre has dejado de existir!' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, vulvete hacia Sidn y habla en mi nombre contra ella.
Dile: 'Esto dice el Seor: Yo me declaro tu enemigo, Sidn; en medio de ti voy a ser glorificado. Y cuando ejecute la sentencia contra ti y demuestre as mi santidad, se reconocer que yo soy el Seor.
'Enviar contra ti enfermedades, y la sangre correr por tus calles; tus habitantes caern muertos, atacados a espada por todos lados. Entonces se reconocer que yo soy el Seor.
'Israel no volver a sufrir las espinas punzantes y dolorosas del desprecio de los pueblos que lo rodean. Entonces se reconocer que yo soy el Seor.'
"Yo, el Seor, digo: Reunir al pueblo de Israel de entre las naciones donde est disperso, y mostrar mi santidad a la vista de las naciones. Israel se establecer en su propio pas, el pas que di a Jacob, mi siervo.
All vivirn seguros y tranquilos, y construirn casas y plantarn viedos. Yo ejecutar la sentencia contra todos los vecinos que desprecian al pueblo de Israel. Entonces se reconocer que yo soy el Seor, el Dios de Israel."
El da doce del mes dcimo del ao dcimo, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, dirgete ahora al faran, rey de Egipto, y habla en mi nombre contra l y contra todo Egipto.
Dile: 'Esto dice el Seor: Yo me declaro tu enemigo, faran, rey de Egipto, monstruo gigantesco que ests echado en tu ro y dices: El Nilo es mo, yo lo hice.
Voy a ponerte ganchos en el hocico, y har que los peces de tu ro se peguen a tus escamas. De tu ro te sacar con todos los peces pegados a tus escamas!
Te arrojar al desierto, junto con todos los peces de tu ro; caers en campo abierto, y nadie te recoger para enterrarte. Har que te devoren las fieras salvajes y las aves del cielo.
Todos los habitantes de Egipto reconocern que yo soy el Seor. El pueblo de Israel busc tu apoyo, pero fuiste como una caa:
cuando te tomaron entre sus manos, t te quebraste y les heriste el costado; cuando quisieron apoyarse en ti, t te rompiste y los hiciste caer.
'Por eso yo, el Seor, digo: Egipto, voy a hacer que te ataquen con espadas, y que maten a tus hombres y tus animales.
Quedars convertido en un desierto, y la gente reconocer que yo soy el Seor. T dijiste: El Nilo es mo, yo lo hice.
Pues bien, yo me declaro enemigo tuyo y de tu ro. Voy a convertirte en un desierto espantoso y desolado, desde Migdol hasta Asun, hasta la frontera con Etiopa.
Ni hombres ni animales pasarn por all. Durante cuarenta aos nadie vivir all.
Yo te convertir, Egipto, en el pas ms desolado; durante cuarenta aos tus ciudades quedarn en ruinas, en peor estado que otras ciudades en ruinas, y desterrar a tus habitantes y los dispersar entre los dems pases y naciones.
'Yo, el Seor, digo: Despus de los cuarenta aos, reunir a los egipcios de los pases adonde los haba dispersado.
Har que los prisioneros egipcios vuelvan y se instalen en el sur de Egipto, en su lugar de origen, donde formarn un reino sin importancia.
Ser el reino menos importante de todos, y no volver a levantarse por encima de las dems naciones. Lo har tan pequeo que no podr dominar a otros pases;
y el pueblo de Israel no volver a confiar en Egipto, pues esto les har ver lo equivocados que estaban cuando fueron all a buscar ayuda. Entonces reconocern que yo soy el Seor.' "
El da primero del mes primero del ao veintisiete, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Nabucodonosor, el rey de Babilonia, ha lanzado su ejrcito a una gran campaa contra Tiro; tanto que a todos se les ha pelado la cabeza y se les han llagado los hombros; pero ni l ni su ejrcito han sacado ningn provecho de esa campaa contra Tiro.
Por eso yo, el Seor, digo: Voy a hacer que Nabucodonosor se apodere de Egipto, y que le quite sus riquezas y todo lo que tenga; con lo que le robe tendr para pagar a su ejrcito.
Voy a hacer que Nabucodonosor se apodere de Egipto en pago de la campaa que lanz contra Tiro, porque ha trabajado para m. Yo, el Seor, lo afirmo.
"En ese tiempo har que aumente la fuerza del pueblo de Israel, y que t, Ezequiel, puedas hablarles abiertamente. Entonces reconocern que yo soy el Seor."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, habla en nombre mo y di: 'Esto dice el Seor: Griten por el da
que ya se acerca; se acerca el da del Seor! Ser un da nublado, un da terrible para las naciones!
Vendr la guerra contra Egipto. Y cuando all maten a muchos, y les roben sus riquezas, y destruyan Egipto hasta sus cimientos, Etiopa se pondr a temblar.
Caern tambin en la guerra los soldados de Etiopa y de Libia, de Lidia, de toda Arabia, de Cub y de otros pueblos, y de los dems pases aliados.
'Esto dice el Seor: Los que apoyen a Egipto morirn en la guerra, desde Migdol hasta Asun. El orgulloso poder de Egipto quedar humillado. Yo, el Seor, doy mi palabra.'
"Egipto ser el pas ms desolado de todos, y sus ciudades las ms arruinadas.
Cuando yo haga que el pas se incendie y queden destruidos todos los que le ayudan, entonces reconocern que yo soy el Seor.
"Cuando llegue el da del castigo de Egipto, enviar mensajeros por mar para que alarmen a la gente despreocupada de Etiopa, la cual se llenar de terror. Ese da est a punto de llegar.
"Yo, el Seor, digo: Me voy a valer de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para destruir la riqueza de Egipto.
El ir con su ejrcito, que es gente de lo ms cruel, a destruir el pas. Atacarn a Egipto con sus espadas, y dejarn el pas lleno de muertos.
Har que el Nilo se seque, y pondr el pas en manos de gente malvada; por medio de esos extranjeros dejar en ruinas el pas y todo lo que hay en l. Yo, el Seor, he hablado.
"Yo, el Seor, digo: Voy a destruir los dolos y a terminar con los falsos dioses de Menfis. Egipto no volver a tener quien lo gobierne, y llenar de terror el pas.
Convertir en ruinas el sur de Egipto, pondr fuego a Soan y ejecutar la sentencia contra Tebas.
"Descargar mi ira sobre Sin, la fortaleza de Egipto, y destruir la riqueza de Tebas.
Pondr fuego a Egipto, y Sin se retorcer de dolor; se abrirn boquetes en las murallas de Tebas, y Menfis ser atacada en pleno da.
Los jvenes de On y de Bubastis morirn en la guerra, y a los dems habitantes se los llevarn presos.
Cuando yo destruya el poder de Egipto y acabe con la fuerza de la cual estaba tan orgulloso, el sol se oscurecer en Tafnes, una nube cubrir a Egipto, y a los habitantes de sus ciudades se los llevarn presos.
Yo ejecutar la sentencia contra Egipto, y entonces reconocern que yo soy el Seor."
El da siete del mes primero del ao once, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Yo le he roto el brazo al faran, rey de Egipto, y nadie se lo ha curado ni vendado para que recobre su fuerza y pueda volver a empuar la espada.
Por eso yo, el Seor, digo: Yo me declaro enemigo del faran, el rey de Egipto. Voy a romperle los dos brazos, el bueno y el que ya tena roto, y har que se le caiga la espada de la mano.
Voy a dispersar a los egipcios entre las dems naciones, a esparcirlos por los diversos pases.
Y voy a dar fuerza a los brazos del rey de Babilonia, y a ponerle mi espada en la mano. Voy a romperle al faran los brazos, y l se quejar al sentirse herido delante de su enemigo.
Dar fuerzas a los brazos del rey de Babilonia y se las quitar a los brazos del faran. Cuando yo ponga mi espada en la mano del rey de Babilonia y l la levante contra Egipto, reconocern que yo soy el Seor.
Dispersar a los egipcios entre los dems pueblos y naciones, y entonces reconocern que yo soy el Seor."
El da primero del mes tercero del ao once, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Di al faran, rey de Egipto, y a toda su gente: 'Con qu se puede comparar tu grandeza?
Pareces un ciprs o un cedro del Lbano, con hermosas ramas que dan sombra al bosque, tan alto que su punta llega a las nubes.
La lluvia y el agua del suelo le ayudaron a crecer; se formaron ros alrededor de donde estaba plantado; sus corrientes regaron todos los rboles de la regin.
Como tena tanta agua, creci ms que los otros rboles del bosque; sus ramas aumentaron y se extendieron mucho.
Aves de todas clases hacan nidos en sus ramas; animales salvajes de toda especie daban a luz debajo de ellas. A su sombra podan vivir naciones numerosas.
Era un rbol magnfico, inmenso, con ramas muy largas, pues sus races estaban junto a aguas abundantes.
Ningn cedro del jardn de Dios se poda comparar a l; ningn pino tena ramas como las suyas, ningn castao tena tantas hojas, ningn rbol del jardn de Dios se le igualaba en belleza.
Yo lo hice bello y con mucho ramaje; los dems rboles del Edn, jardn de Dios, le tenan envidia.
'Pues bien, esto dice el Seor: El rbol lleg a ser tan alto que su punta llegaba a las nubes; tanto creci que se llen de orgullo.
Por eso yo lo he desechado; voy a dejarlo caer en poder de un jefe extranjero, que lo tratar como merece su maldad.
Los ms crueles extranjeros van a cortarlo y dejarlo abandonado; sus ramas caern rotas por todas las montaas, valles y caadas del pas, y todos los pueblos que vivan bajo su sombra huirn y lo abandonarn.
Aves de todas clases vendrn a vivir en el rbol cado, y animales salvajes de toda especie se echarn en sus ramas.
Y ya ningn rbol, aunque est junto al agua, volver a crecer tanto, ni aunque est bien regado volver a alcanzar las nubes con su punta ni subir a tanta altura. Todos estn condenados a morir, a bajar a ese mundo bajo tierra y reunirse con los que ya estn en el sepulcro.
'Yo, el Seor, digo: Cuando el rbol baje al reino de la muerte, har que de tristeza se seque el mar profundo; detendr los ros y las corrientes de agua; por l har que el monte Lbano se cubra de tristeza y que todos los rboles del campo se marchiten.
Cuando yo lo haga bajar al reino de la muerte para reunirlo con los que ya han muerto, el ruido de su cada har temblar a las naciones. Y en ese mundo bajo tierra sentirn consuelo los rboles del Edn, los ms hermosos y mejor regados del monte Lbano.
Tambin ellos bajarn, como l, al reino de la muerte, a juntarse con los que murieron en batalla. Los que vivan a su sombra, se dispersarn entre las naciones.
Ninguno de los rboles del Edn poda compararse a l en esplendor y altura; y, sin embargo, bajar con los dems rboles del Edn a ese mundo bajo tierra, para vivir entre paganos, entre gente que muri en batalla. 'El rbol es el faran y toda su gente. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El da primero del mes duodcimo del ao doce, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Dedica este canto fnebre al faran, rey de Egipto: 'Pareces un len de las naciones; eres como un monstruo marino: chapoteas en tu ro, con las patas enturbias el agua y revuelves la corriente.
'Esto dice el Seor: Aunque ests entre pueblos numerosos, echar mi red sobre ti y con ella te atrapar.
Te arrastrar a tierra y te dejar tendido en el suelo. Har que todas las aves del cielo se paren sobre ti, y que se harten de tu carne todos los animales salvajes.
Con la carne podrida de tu cadver llenar los montes y los valles.
Empapar el suelo con tu sangre, la cual llegar hasta las montaas, y con ella se llenarn los cauces de los ros.
Cuando yo te destruya, har que el cielo se oscurezca y se apaguen las estrellas; cubrir con nubes el sol, y la luna no brillar ms.
Por causa tuya apagar todas las luces que brillan en el cielo, y llenar de oscuridad tu pas. Yo, el Seor, lo afirmo.
'Cuando las noticias de tu destruccin lleguen a pases que no conocas, har que se inquieten muchos pueblos.
Por causa tuya sembrar el terror en muchos pueblos; sus reyes se llenarn de pnico cuando yo esgrima mi espada delante de ellos. Cuando caigas, ellos temblarn de miedo por sus propias vidas.
'El Seor dice: La espada del rey de Babilonia caer sobre ti.
Voy a hacer que tu pueblo numeroso caiga herido por la espada de los ms crueles guerreros. Pondrn fin a la grandeza de Egipto y acabarn con su pueblo numeroso.
Destruir todo el ganado que bebe de tus aguas, y nunca ms los hombres ni los animales las enturbiarn con sus pisadas.
Entonces har que el agua se aclare y que los ros corran tranquilos como aceite. Yo, el Seor, lo afirmo.
Cuando convierta a Egipto en un desierto y el pas quede vaco, sin habitantes, entonces reconocern que yo soy el Seor.'
"Este es un canto fnebre, y as debern cantarlo las mujeres de las diversas naciones cuando lloren por Egipto y por su gente numerosa. Yo, el Seor, lo afirmo."
El da quince del mes duodcimo del ao doce, el Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, entona en compaa de las mujeres de las diversas naciones un canto fnebre por el numeroso pueblo de Egipto y por sus jefes: 'Los poderosos caen al mundo bajo tierra, con los que han bajado ya al sepulcro.
Eres t acaso ms hermoso que los otros? Baja y tindete tambin junto a los paganos.'
"Ellos caern con los que mueren en la guerra. La espada est lista. Con ellos se irn sus grandes multitudes.
Los jefes ms poderosos recibirn en el reino de la muerte a los egipcios y a sus aliados, diciendo: 'Ya bajaron! Quedaron tendidos esos paganos, muertos en la guerra!'
"Ah est Asiria, con todos sus soldados rodeando su tumba. Todos ellos murieron en la guerra.
Estn enterrados en lo ms hondo de la fosa. Sus soldados sembraron el pnico entre los que an estaban vivos, pero cayeron muertos en la guerra y ahora rodean la tumba de Asiria.
"Ah est Elam, con todos sus soldados rodeando su tumba. Todos ellos murieron en la guerra, paganos que cayeron al mundo bajo tierra. Sembraron el pnico entre los vivos, pero ahora estn sin honor entre los que bajaron al sepulcro.
Elam est tendido en medio de todos sus soldados muertos, todos ellos paganos muertos en la guerra, que ahora rodean su tumba. Sembraron el pnico entre los vivos, pero ahora estn sin honor entre los que bajaron al sepulcro. Quedaron entre gente asesinada.
"Ah estn Msec y Tubal, con todos sus soldados rodeando su tumba, todos ellos paganos muertos en la guerra, que sembraron el pnico entre los vivos.
No estn sepultados con los hroes del pasado, que bajaron con sus armas al reino de la muerte y que tienen sus espadas bajo la cabeza y sus escudos sobre el cuerpo, despus de haber sembrado el pnico entre los que estaban vivos.
"Ah estars t, Egipto, en medio de paganos, destrozado y sepultado con los muertos en la guerra.
"Ah est Edom, con sus reyes y gobernantes. A pesar de haber sido tan poderosos, estn entre los muertos en la guerra, sepultados entre los paganos, entre los que bajaron al sepulcro.
"Ah estn todos los jefes del norte, igual que todos los de Sidn. Fueron muy poderosos y sembraron el pnico, pero ahora han bajado con los muertos en la guerra, cubiertos de deshonra. Son paganos, y estn sepultados sin honor entre los muertos en la guerra, entre los que bajaron al sepulcro.
"Cuando el faran los vea, se consolar de la muerte de toda su gente, pues l y todo su ejrcito murieron en la guerra. Yo, el Seor, lo afirmo.
El faran sembr el pnico entre los vivos; por eso est sepultado entre los paganos, entre los muertos en la guerra, lo mismo que su numeroso ejrcito. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, habla a tus compatriotas, y diles: 'Cuando yo envo la guerra a un pas, la gente de ese pas escoge a uno de ellos para ponerlo de centinela.
Y cuando el centinela ve que los ejrcitos enemigos se acercan al pas, toca la trompeta y previene a la gente.
Si alguien escucha el toque de trompeta y no le hace caso, y los enemigos llegan y lo matan, el culpable de su muerte es l mismo,
porque oy el toque de trompeta pero no hizo caso; es culpable de su muerte, porque, si hubiera hecho caso, habra salvado su vida.
Pero si el centinela ve llegar los ejrcitos enemigos y no toca la trompeta para prevenir a la gente, y los enemigos llegan y matan a alguien, este morir por su pecado, pero yo le pedir al centinela cuentas de esa muerte.'
"Pues a ti, hombre, yo te he puesto como centinela del pueblo de Israel. T debers recibir mis mensajes y comunicarles mis advertencias.
Puede darse el caso de que yo pronuncie sentencia de muerte contra un malvado; pues bien, si t no hablas con l para advertirle que cambie de vida, y l no lo hace, ese malvado morir por su pecado, pero yo te pedir a ti cuentas de su muerte.
Si t, en cambio, adviertes al malvado que cambie de vida, y l no lo hace, l morir por su pecado, pero t salvars tu vida.
"T, hombre, di al pueblo de Israel: 'Ustedes dicen: Estamos cargados de faltas y pecados. Por eso nos estamos pudriendo en vida. Cmo podremos vivir?
Pero yo, el Seor, juro por mi vida que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva. Israel, deja esa mala vida que llevas. Por qu habrs de morir?'
"T, hombre, di a tus compatriotas: 'Si un hombre bueno peca, su bondad anterior no lo salvar, y si un malvado deja de hacer el mal, su maldad anterior no ser causa de su muerte. Si el hombre bueno peca, su bondad anterior no le valdr para seguir viviendo.
Si yo le prometo vida a un hombre bueno, y este, atenindose a su bondad, hace el mal, no tomar en cuenta ninguna buena accin suya, sino que morir por el mal que haya cometido.
Y si condeno a morir a un malvado, y este deja el pecado y acta bien y con justicia,
y devuelve lo que haba recibido en prenda o lo que haba robado, y cumple las leyes que dan la vida y deja de hacer lo malo, ciertamente vivir y no morir.
Puesto que ahora acta bien y con justicia, vivir, y no me acordar de ninguno de los pecados que haba cometido.'
Tus compatriotas dirn que yo no acto con justicia; pero en realidad son ellos los que no actan con justicia.
Si el hombre bueno deja de hacer lo bueno y hace lo malo, morir a causa de ello.
Y si el malvado deja de hacer lo malo y hace lo bueno y lo justo, a causa de ello vivir.
Ustedes repiten: 'El Seor no est actuando con justicia.' Pero yo juzgar a cada uno de ustedes, israelitas, de acuerdo con sus acciones."
El quinto da del mes dcimo del ao doce de nuestro destierro, un hombre que haba huido de Jerusaln vino y me cont que la ciudad haba cado en poder del enemigo.
La noche antes de que llegara el escapado, el Seor haba puesto su mano sobre m; y por la maana, cuando vino el hombre, el Seor me devolvi el habla y dej de estar mudo.
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"La gente que vive en esas ciudades de Israel que estn en ruinas, anda diciendo: 'Abraham era uno solo y, sin embargo, lleg a ser dueo del pas; con mayor razn nosotros, que somos muchos, llegaremos a ser dueos del pas.'
Por lo tanto, diles: 'As dice el Seor: Ustedes comen carne con sangre, adoran dolos, cometen asesinatos, y creen que van a ser dueos del pas?
Recurren a la violencia de las armas, hacen cosas que yo detesto, todos cometen adulterio, y creen que van a ser dueos del pas?'
"Diles tambin: 'As dice el Seor: Juro por mi vida que los que viven en las ciudades en ruinas tambin sern asesinados, y a los que viven en el campo har que se los coman las fieras, y los que viven en rocas y cuevas morirn de enfermedades.
Dejar el pas desierto y en ruinas, y destruir la fuerza de la cual est tan orgulloso. Los montes de Israel quedarn desiertos; nadie pasar por ellos.
Cuando yo deje desierto y en ruinas el pas a causa de los pecados detestables que ellos cometieron, entonces reconocern que yo soy el Seor.'
"Tus compatriotas hablan de ti junto a las murallas, y en las puertas de las casas, y se dicen unos a otros: 'Vengan, vamos a or el mensaje que ha venido de parte del Seor.'
Y as mi pueblo viene y se sienta delante de ti, como acostumbra hacerlo, para or tus palabras. Pero no las ponen en prctica. Las repiten como si fueran canciones amorosas, pero su corazn va tras el dinero.
Ellos te consideran como uno que canta canciones amorosas, que tiene hermosa voz y toca bien el arpa. Escuchan tus palabras, pero no las ponen en prctica.
Sin embargo, todo ello va a cumplirse; y cuando se cumpla, reconocern que s haba un profeta entre ellos."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, habla en mi nombre contra los pastores de Israel, y diles: 'Esto dice el Seor: Ay de los pastores de Israel, que se cuidan a s mismos! Lo que deben cuidar los pastores es el rebao.
Ustedes se beben la leche, se hacen vestidos con la lana y matan las ovejas ms gordas, pero no cuidan el rebao.
Ustedes no ayudan a las ovejas dbiles, ni curan a las enfermas, ni vendan a las que tienen alguna pata rota, ni hacen volver a las que se extravan, ni buscan a las que se pierden, sino que las tratan con dureza y crueldad.
Mis ovejas se quedaron sin pastor y se dispersaron, y las fieras salvajes se las comieron.
Se dispersaron por todos los montes y cerros altos, se extraviaron por toda la tierra, y no hubo nadie que se preocupara por ellas y fuera a buscarlas.
'As que, pastores, escuchen bien mis palabras.
Yo, el Seor, lo juro por mi vida: Fieras salvajes de todas clases han robado y devorado a mis ovejas, porque no tienen pastor. Mis pastores no van a buscar a las ovejas. Los pastores cuidan de s mismos, pero no de mi rebao.
Por eso, pastores, escuchen las palabras
que yo, el Seor, les dirijo: Pastores, yo me declaro su enemigo y les voy a reclamar mi rebao; les voy a quitar el encargo de cuidarlo, para que no se sigan cuidando ustedes mismos; rescatar a mis ovejas, para que ustedes no se las sigan comiendo.'
"Yo, el Seor, digo: Yo mismo voy a encargarme del cuidado de mi rebao.
Como el pastor que se preocupa por sus ovejas cuando estn dispersas, as me preocupar yo de mis ovejas; las rescatar de los lugares por donde se dispersaron en un da oscuro y de tormenta.
Las sacar de los pases extranjeros, las reunir y las llevar a su propia tierra. Las llevar a comer a los montes de Israel, y por los arroyos, y por todos los lugares habitados del pas.
Las llevar a comer los mejores pastos, en los pastizales de las altas montaas de Israel. All podrn descansar y comer los pastos ms ricos.
Yo mismo ser el pastor de mis ovejas, yo mismo las llevar a descansar. Yo, el Seor, lo afirmo.
Buscar a las ovejas perdidas, traer a las extraviadas, vendar a las que tengan alguna pata rota, ayudar a las dbiles, y cuidar a las gordas y fuertes. Yo las cuidar como es debido.
"Yo, el Seor, digo: Escuchen, ovejas mas: Voy a hacer justicia entre los corderos y los cabritos.
No les basta con comerse el mejor pasto, sino que tienen que pisotear el que queda? Beben el agua clara, y la dems la enturbian con las patas.
Y mis ovejas tienen que comer el pasto que ustedes han pisoteado y beber el agua que ustedes han enturbiado.
Por eso yo, el Seor, les digo: Voy a hacer justicia entre las ovejas gordas y las flacas.
Ustedes han alejado a empujones a las dbiles, las han atacado a cornadas y las han hecho huir.
Pero yo voy a salvar a mis ovejas. No dejar que las sigan robando. Voy a hacer justicia entre las ovejas.
Voy a hacer que vuelva mi siervo David, y lo pondr como nico pastor, y l las cuidar. l ser su pastor.
Yo, el Seor, ser su Dios, y mi siervo David ser su jefe. Yo, el Seor, he hablado.
Voy a hacer una alianza con ellas, para asegurarles una vida tranquila. Har desaparecer las fieras del pas, para que mis ovejas puedan vivir tranquilas en campo abierto y dormir en los bosques.
"Yo pondr a mis ovejas alrededor de mi monte santo, y las bendecir; les enviar lluvias de bendicin en el tiempo oportuno.
Los rboles del campo darn su fruto, la tierra dar sus cosechas, y ellas vivirn tranquilas en su propia tierra. Cuando yo libere a mi pueblo de quienes lo han esclavizado, entonces reconocern que yo soy el Seor.
Los pueblos extranjeros no volvern a apoderarse de ellos, ni las fieras volvern a devorarlos. Vivirn tranquilos, sin que nadie los asuste.
Les dar sembrados frtiles, y ellos no volvern a sufrir hambre ni las dems naciones volvern a burlarse de ellos.
Entonces reconocern que yo, el Seor su Dios, estoy con ellos, y que Israel es mi pueblo. Yo, el Seor, lo afirmo.
Ustedes son mis ovejas, las ovejas de mi prado. Yo soy su Dios. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Vulvete hacia el monte de Ser y habla en mi nombre contra l.
Dile: 'Esto dice el Seor: Yo me declaro tu enemigo, monte de Ser, y te voy a castigar dejndote desierto y en ruinas.
Voy a dejar destruidas tus ciudades, y t quedars convertido en un desierto. Entonces reconocers que yo soy el Seor.
'T has sido eterno enemigo de los israelitas, y les hiciste la guerra cuando ellos reciban el castigo final por sus pecados.
Pero yo, el Seor, juro por mi vida que te entregar a la muerte, y la muerte te perseguir. Eres culpable de muerte, y la muerte te perseguir.
Te voy a dejar desierto y en ruinas, monte de Ser, y no permitir que nadie vuelva a pasar por ti.
Har que tus cerros y tus colinas, tus valles y tus ros, queden llenos de los cadveres de los que mueran en la guerra.
Te dejar convertido para siempre en un desierto, y nadie vivir en tus ciudades. Entonces reconocern ustedes que yo soy el Seor.
'T dijiste: El pas de Israel, con sus dos reinos, ser mo; yo ser su dueo, a pesar de que el Seor viva all.
Pero yo, el Seor, juro por mi vida que voy a tratarte a ti con la misma ira, envidia y odio con que t trataste a Israel. Cuando yo te castigue, ellos me reconocern.
Entonces vers que yo, el Seor, haba escuchado todos los insultos que lanzaste contra los montes de Israel. T dijiste: Son un desierto; ahora los podemos devorar!
Abriste la boca desafindome, y se te solt la lengua contra m. Yo lo escuch.
'Pues esto digo yo, el Seor: Toda la tierra se va a alegrar cuando yo te destruya.
T te alegraste cuando fue destruido el pas que Israel recibi en propiedad, pero lo mismo pasar contigo: quedars hecho un desierto, monte de Ser, pas de Edom. Entonces reconocern que yo soy el Seor.'
"Y t, hombre, habla en nombre mo a las montaas de Israel, y diles que escuchen mi palabra.
Yo, el Seor, digo: Los enemigos de Israel se creen dueos ya de las montaas eternas.
Pues bien, habla en mi nombre y diles: 'Esto dice el Seor: De todas partes las atacan a ustedes y las destruyen; todos los pueblos extranjeros se han apoderado de ustedes, y la gente las trata con burla y desprecio.
Por lo tanto, montaas de Israel, escuchen el mensaje del Seor a las montaas, colinas, ros y valles; a las ruinas despobladas y a las ciudades desiertas de Israel, que han sido saqueadas por los pueblos vecinos y que han sido objeto de burla por parte de ellos.
Esto dice el Seor: Mis palabras van encendidas de enojo contra los otros pueblos, y en especial contra todo Edom, porque con gran alegra se apoderaron de mi tierra y con profundo desprecio saquearon sus campos.'
"Habla en mi nombre acerca de la tierra de Israel, y di: 'Esto dice el Seor a las montaas, colinas, ros y valles: Yo tengo palabras de ira y furor, por los insultos que han sufrido ustedes de parte de las naciones extranjeras.
Por lo tanto yo, el Seor, juro que los pueblos vecinos de ustedes se vern cubiertos de vergenza.
Ustedes, en cambio, montaas de Israel, estarn cubiertas de rboles grandes y con mucho fruto para mi pueblo Israel, que ya est a punto de regresar.
Yo las voy a proteger, y har que sean cultivadas y sembradas.
Har que aumente mucho el pueblo de Israel que vive all. Las ciudades se llenarn de habitantes, y las ruinas sern reconstruidas.
Har que aumenten en ustedes los hombres y los animales, y que se hagan muy numerosos. Habr tantos habitantes como antes, y ustedes estarn mejor que en el pasado. Entonces reconocern que yo soy el Seor.
Har que mi pueblo camine sobre ustedes, montaas de Israel, y que tomen ellos posesin de ustedes como dueos, y ustedes no volvern a dejarlos sin hijos.
'Yo, el Seor, digo: A ustedes, montaas, las acusan de comerse a la gente y de dejar sin hijos a su pueblo.
Pues bien, ustedes no volvern a comerse a la gente ni a dejar sin hijos a su pueblo. Yo, el Seor, lo afirmo.
No permitir que oigan de nuevo los insultos de las naciones extranjeras; no recibirn ms ofensas de esos pueblos, porque ustedes no volvern a dejar sin hijos a su pueblo. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Cuando los israelitas vivan en su tierra, la profanaron con sus malas acciones. Su manera de vivir era para m algo sucio y repugnante.
Entonces descargu mi ira sobre ellos por los asesinatos que cometieron en el pas y por la manera en que lo profanaron adorando a los dolos,
y en castigo de sus malas acciones los dispers entre los dems pases y naciones.
Pero en todos los pueblos a donde ellos llegaban, ofendan mi santo nombre, pues la gente deca: 'Estos son el pueblo del Seor, pero tuvieron que salir de su pas.'
Entonces me doli ver que, por culpa de Israel, mi santo nombre era profanado en cada nacin adonde ellos llegaban.
"Por eso, dile al pueblo de Israel: 'Esto dice el Seor: Lo que voy a realizar no es por causa de ustedes, israelitas, sino por mi santo nombre, que ustedes han ofendido entre las naciones a donde han ido.
Yo voy a mostrar ante las naciones la santidad de mi gran nombre, que ustedes han ofendido entre ellas; cuando yo lo haga, ellas reconocern que yo soy el Seor. Yo, el Seor, lo afirmo.
Yo los sacar a ustedes de todas esas naciones y pases; los reunir y los har volver a su tierra.
Los lavar con agua pura, los limpiar de todas sus impurezas, los purificar del contacto con sus dolos;
pondr en ustedes un corazn nuevo y un espritu nuevo. Quitar de ustedes ese corazn duro como la piedra y les pondr un corazn dcil.
Pondr en ustedes mi espritu, y har que cumplan mis leyes y decretos;
vivirn en el pas que di a sus padres, y sern mi pueblo y yo ser su Dios.
Los librar de todo lo que les manche. Har que el trigo abunde, y no volver a enviarles hambre.
Har tambin que los rboles y los campos den ms fruto, para que ustedes no vuelvan a pasar vergenza delante de las otras naciones por causa del hambre.
Y cuando se acuerden de su mala conducta y de sus malas acciones, sentirn vergenza de ustedes mismos por sus pecados y malas acciones.
Yo, el Seor, lo afirmo: Sepan, israelitas, que no hago esto porque ustedes lo merezcan; sientan vergenza y confusin por su conducta.
'Yo, el Seor, digo: Cuando yo los purifique de todos sus pecados, har que vivan en sus ciudades y que reconstruyan las ruinas.
La tierra que haba quedado desierta, en vez de quedar desierta ser cultivada a la vista de todos los que pasan.
Y se dir: Esta tierra, que haba quedado desierta, ahora se parece al jardn de Edn; las ciudades que haban sido destruidas, arrasadas y dejadas en ruinas, ahora son unas fortalezas y estn habitadas.
Entonces los pueblos vecinos que queden con vida reconocern que yo, el Seor, reconstruyo lo destruido y vuelvo a sembrar lo arrasado. Yo, el Seor, lo he dicho, y lo realizar.
'Yo, el Seor, digo: An har algo ms. Conceder al pueblo de Israel lo que me pida que haga por ellos; multiplicar su gente como un rebao.
Las ciudades en ruinas se llenarn de tanta gente, que se parecern a las ovejas que en las fiestas se llevan a Jerusaln para ofrecerlas en sacrificio. Entonces reconocern que yo soy el Seor.' "
El Seor puso su mano sobre m, y me hizo salir lleno de su poder, y me coloc en un valle que estaba lleno de huesos.
El Seor me hizo recorrerlo en todas direcciones; los huesos cubran el valle, eran muchsimos y estaban completamente secos.
Entonces me dijo: "Crees t que estos huesos pueden volver a tener vida?" Yo le respond: "Seor, solo t lo sabes."
Entonces el Seor me dijo: "Habla en mi nombre a estos huesos. Diles: 'Huesos secos, escuchen este mensaje del Seor.
El Seor les dice: Voy a hacer entrar en ustedes aliento de vida, para que revivan.
Les pondr tendones, los rellenar de carne, los cubrir de piel y les dar aliento de vida para que revivan. Entonces reconocern ustedes que yo soy el Seor.' "
Yo les habl como l me lo haba ordenado. Y mientras les hablaba, o un ruido: era un terremoto, y los huesos comenzaron a juntarse unos con otros.
Y vi que sobre ellos aparecan tendones y carne, y que se cubran de piel. Pero no tenan aliento de vida.
Entonces el Seor me dijo: "Habla en mi nombre al aliento de vida, y dile: 'As dice el Seor: Aliento de vida, ven de los cuatro puntos cardinales y da vida a estos cuerpos muertos.' "
Yo habl en nombre del Seor, como l me lo orden, y el aliento de vida vino y entr en ellos, y ellos revivieron y se pusieron de pie. Eran tantos que formaban un ejrcito inmenso.
Entonces el Seor me dijo: "El pueblo de Israel es como estos huesos. Andan diciendo: 'Nuestros huesos estn secos; no tenemos ninguna esperanza, estamos perdidos.'
Pues bien, hblales en mi nombre, y diles: 'Esto dice el Seor: Pueblo mo, voy a abrir las tumbas de ustedes; voy a sacarlos de ellas y a hacerlos volver a la tierra de Israel.
Y cuando yo abra sus tumbas y los saque de ellas, reconocern ustedes, pueblo mo, que yo soy el Seor.
Yo pondr en ustedes mi aliento de vida, y ustedes revivirn; y los instalar en su propia tierra. Entonces sabrn que yo, el Seor, lo he dicho y lo he hecho. Yo, el Seor, lo afirmo.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"Toma un palo, y escribe en l: 'Jud y sus aliados israelitas'. Toma luego otro palo, y escribe: 'Jos, representado por Efran, y todos sus aliados del resto de Israel'.
En seguida, jntalos en tu mano el uno con el otro, de manera que formen uno solo.
Cuando tus compatriotas te digan: 'Explcanos lo que esto significa',
diles: 'Esto dice el Seor: Voy a tomar el palo de Jos, que est en manos de Efran y de las dems tribus aliadas de Israel, y lo voy a juntar con el palo de Jud para convertirlos en un solo palo en mi mano.'
Ten en tu mano, a la vista de ellos, los dos palos sobre los cuales escribiste.
Luego diles: 'Esto dice el Seor: Voy a sacar a los israelitas de entre las naciones a donde han ido a parar; los reunir de todas partes y los har volver a su tierra.
Har de ellos una sola nacin en este pas, en los montes de Israel, y tendrn un solo rey. No volvern a estar divididos en dos naciones, ni separados en dos reinos.
Tampoco volvern a mancharse adorando dolos repugnantes ni cometiendo toda clase de pecados. Yo los librar de todas las infidelidades que han cometido, y los limpiar de sus pecados. Ellos sern mi pueblo y yo ser su Dios.
Mi siervo David ser el rey y nico pastor de todos ellos, y ellos me obedecern y cumplirn mis leyes y decretos.
Vivirn en el pas que di a mi siervo Jacob, donde tambin vivieron sus antepasados. All vivirn siempre ellos y sus hijos y todos sus descendientes; y mi siervo David ser siempre su jefe.
Har con ellos una alianza para asegurarles una vida tranquila. Ser una alianza eterna. Har que aumenten en nmero, y para siempre pondr mi santo templo en medio de ellos.
Vivir entre ellos, y yo ser su Dios y ellos sern mi pueblo.
Cuando mi santo templo est para siempre en medio de ellos, las dems naciones reconocern que yo he escogido a Israel como mi posesin sagrada.' "
El Seor se dirigi a m, y me dijo:
"T, hombre, vulvete ahora hacia el pas de Magog, y habla en mi nombre contra Gog, jefe supremo de Msec y Tubal.
Dile: 'Esto dice el Seor: Gog, jefe supremo de Msec y Tubal, yo me declaro tu enemigo.
Te voy a hacer volver, te voy a poner ganchos en la boca, te voy a sacar a ti y a toda tu caballera, con sus jinetes de elegantes uniformes, ese enorme ejrcito armado de espadas y escudos de diversas clases.
Irn acompaados de gente de Persia, Etiopa y Libia, todos ellos con escudos y cascos,
y tambin de todos los soldados de Gmer y de Bet-togarm, de lo ms lejano del norte, los numerosos pueblos aliados tuyos.
Preprate y rmate, t y todos los ejrcitos que estn contigo; tmalos bajo tu mando.
Al cabo de muchos aos vas a recibir la orden de invadir un pas que estuvo en guerra, pero que ya se habr restablecido; un pueblo que estuvo disperso entre muchas naciones y que haba sido arrasado para siempre, pero que ya se habr vuelto a reunir en los montes de Israel. Para entonces, ellos habrn regresado ya de muchos pases, y estarn todos viviendo tranquilos.
Llegars t, como un nubarrn, para cubrir el pas, y lo invadirs como una tormenta con todos tus ejrcitos y pueblos numerosos.
'Yo, el Seor, digo: En ese tiempo se te ocurrirn planes malvados.
Vas a decir: Voy a invadir un pas indefenso, de gente que vive tranquila y confiada, toda en ciudades sin murallas, sin puertas ni trancas.
Lo voy a saquear y robar; voy a atacar ciudades ya reconstruidas de un pueblo que se ha reunido de varias naciones, que tiene ganado y otras propiedades y que vive en el centro del mundo.
La gente de Sab y Dedn, y los comerciantes de Tarsis y dems ciudades, te preguntarn: Viniste a robar? Reuniste tus ejrcitos para saquear y apoderarte de la plata y del oro, del ganado y otras propiedades, y llevarte una enorme riqueza?'
"Pues, bien, habla en mi nombre a Gog, y dile: 'Esto dice el Seor: Cuando mi pueblo Israel viva tranquilo, t te pondrs en marcha
desde tu tierra, en lo ms lejano del norte, acompaado de ejrcitos fuertes y numerosos, y tropas de caballera,
y atacars a mi pueblo Israel. T, Gog, cubrirs la tierra como un nubarrn. En esos ltimos das te har venir contra mi tierra, para que por medio de ti las dems naciones me reconozcan cuando yo demuestre mi santidad delante de ellos.
'Yo, el Seor, digo: Era a ti a quien yo me refera en tiempos pasados, cuando hablaba por medio de mis siervos los profetas de Israel; ellos anunciaron en aquel tiempo que yo te hara venir para que atacaras a Israel.'
"Yo, el Seor, afirmo: Cuando Gog invada a Israel, mi ira se encender terriblemente.
En el ardor de mi ira juro que, en ese tiempo, habr un fuerte terremoto en Israel.
Los peces del mar, las aves del cielo, las fieras salvajes y los reptiles temblarn delante de m, lo mismo que todos los hombres de la tierra. Las montaas se derrumbarn, las rocas caern y todas las murallas se vendrn abajo.
Yo har venir sobre Gog toda clase de males que lo llenen de miedo. Lo castigar con enfermedades y muerte violenta.
Har que caigan sobre l, sobre su ejrcito y sobre los numerosos pueblos que lo acompaan, lluvia a torrentes, granizo, fuego y azufre, y sus hombres se atacarn unos a otros con la espada. Yo, el Seor, lo afirmo.
As demostrar a muchos pueblos mi grandeza y mi santidad. Yo me dar a conocer a ellos, y reconocern que yo soy el Seor.
"Y t, hombre, habla en mi nombre contra Gog, y dile: 'Esto dice el Seor: Gog, jefe supremo de Msec y Tubal, yo me declaro tu enemigo.
Te voy a hacer volver; paso a paso te voy a sacar de lo ms lejano del norte y te voy a traer a las montaas de Israel.
Luego romper el arco que llevas en la mano izquierda y har caer las flechas que llevas en la derecha.
Y t, con tus ejrcitos y pueblos que te acompaan, caers muerto en las montaas de Israel. All los entregar a toda clase de aves de rapia y de fieras salvajes, para que se los coman.
Quedarn tendidos en campo abierto. Yo, el Seor, he hablado. Yo he dado mi palabra.
Enviar fuego sobre Magog y sobre los que viven tranquilos en los pases del mar. Entonces reconocern que yo soy el Seor.
Yo har que mi santo nombre sea conocido de mi pueblo Israel, y no permitir que siga siendo profanado. Y las naciones extranjeras sabrn que yo, el Seor, muestro mi santidad en Israel.
El da de que hablo va a llegar sin falta. Yo, el Seor, lo afirmo.'
"Los habitantes de las ciudades de Israel saldrn y quemarn sus armas, sus diversas clases de escudos, arcos, flechas, jabalinas y lanzas, y tendrn lea suficiente para hacer fuego durante siete aos.
No tendrn necesidad de salir al campo a recoger lea, ni de cortarla en los bosques, porque todas esas armas les servirn de lea. As ellos saquearn a quienes antes los haban saqueado, y despojarn a quienes antes los haban despojado. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Por aquel tiempo dar a Gog un lugar en Israel, en el Valle de los Viajeros, frente al mar, para que lo sepulten. Ese lugar impedir el paso, y all enterrarn a Gog y a todo su ejrcito, y le pondrn el nombre de Valle del ejrcito de Gog.
Los israelitas necesitarn siete meses para enterrarlos y dejar limpio el pas.
Toda la gente estar ocupada enterrndolos, y ser un honor para ellos. En ese da yo me mostrar glorioso. Yo, el Seor, lo afirmo.
Adems, despus de esos siete meses, se encargar a un grupo de personas que recorran y exploren el pas, y que entierren a los que hayan quedado en el suelo, para dejarlo limpio.
Cuando alguna de estas personas, al recorrer el pas, vea algn hueso humano, pondr a su lado una seal hasta que los enterradores lo entierren en el Valle del ejrcito de Gog.
(Tambin hay una ciudad llamada El Ejrcito.) As dejarn limpio el pas."
El Seor me dijo: "Di a todas las aves y a todas las fieras que se renan de los alrededores y vengan a las montaas de Israel, al sacrificio que all voy a hacer para ellas. Podrn comer carne y beber sangre;
se comern la carne de los soldados y bebern la sangre de los gobernantes de la tierra, como si fuera de carneros, corderos, chivos o gordos becerros de Basn.
De ese sacrificio que voy a hacer para ellas, comern grasa hasta enfermar y bebern sangre hasta emborracharse.
Les preparar un banquete con la carne de los caballos y de los jinetes, de los soldados y de toda clase de guerreros, para que coman hasta llenarse. Yo, el Seor, lo afirmo.
"As mostrar mi gloria a las naciones extranjeras. Todas las naciones vern cmo las he juzgado y castigado.
De ese da en adelante, Israel reconocer que yo soy el Seor su Dios.
Y las naciones extranjeras sabrn que los israelitas fueron al destierro por causa de sus pecados, porque me fueron infieles; y que yo les volv la espalda y dej que los enemigos los vencieran y los mataran a todos en la guerra.
Yo los trat como merecan su impureza y rebelda, y les volv la espalda.
"Por eso yo, el Seor, digo: Ahora voy a tener misericordia de todo el pueblo de Israel, de los descendientes de Jacob. Voy a hacer que cambie su suerte, para exigir que se d honor a mi santo nombre.
Yo los reunir otra vez de las naciones extranjeras y de los pases enemigos; entonces vivirn tranquilos en su propia tierra, sin que nadie los asuste.
As mostrar mi santidad, y muchas naciones podrn verla. Los israelitas soportarn su deshonra por haberme sido infieles.
Yo los envi al destierro entre naciones extranjeras, y yo los reunir de nuevo en su tierra. No dejar desterrado a ninguno. Entonces reconocern que yo soy el Seor su Dios.
No volver a darles la espalda, pues he derramado mi poder sobre el pueblo de Israel. Yo, el Seor, lo afirmo."
El da diez del mes, que es el da de ao nuevo, el Seor puso su mano sobre m, y en una visin me traslad a la tierra de Israel.
Ya iban a cumplirse veinticinco aos desde que habamos sido llevados a Babilonia, y catorce aos desde la toma de Jerusaln. En tierra de Israel, el Seor me puso sobre un monte muy alto; y desde all, vi hacia el sur, una serie de edificios que parecan una ciudad.
El Seor me llev all, y vi un hombre que pareca de bronce. Estaba de pie a la puerta, y tena en la mano una cinta de lino y una regla para medir.
Y aquel hombre me dijo: "Mira bien y escucha con cuidado; pon mucha atencin a todo lo que te voy a mostrar, pues Dios te ha trado aqu para que yo te lo muestre. Luego, comunica al pueblo de Israel todo lo que veas."
Por fuera del templo haba una muralla que lo rodeaba. La regla que el hombre tena en la mano meda tres metros. Entonces midi el muro, y este tena tres metros de ancho y tres de alto.
Luego se fue a la entrada que daba al oriente, subi los escalones y midi el umbral de la puerta, el cual tena tres metros de ancho.
Las celdas que haba a cada lado de la entrada medan cada una tres metros de largo por tres de ancho, y entre celda y celda haba una distancia de dos metros y medio. Luego estaba la puerta que daba al vestbulo, el cual miraba hacia el templo. El umbral de esta puerta tena tres metros de ancho.
El hombre midi el vestbulo que daba entrada al templo, y el vestbulo meda cuatro metros.
Haba dos pilastras de un metro de grueso.
(En cada lado de la entrada oriental haba tres celdas, todas del mismo tamao, y las pilastras que haba a cada lado eran tambin del mismo tamao.)
Luego el hombre midi la puerta de entrada: tena cinco metros de ancho, y la entrada seis metros y medio.
Delante de cada celda haba un pequeo muro que tena medio metro de ancho por cada lado. Cada celda meda tres metros de ancho por tres de largo.
Luego midi el ancho total de la entrada, desde el fondo de una celda hasta el fondo de la celda de enfrente, pasando de una puerta a la puerta de enfrente, y meda doce metros y medio.
Luego midi el vestbulo: diez metros. El edificio de entrada daba por todos lados al atrio.
El largo total, desde la parte exterior de la puerta hasta la parte interior del vestbulo, era de veinticinco metros.
Las celdas, lo mismo que sus pilastras, tenan ventanas con rejas por dentro y alrededor del edificio de entrada. Igualmente, el vestbulo tena ventanas alrededor, por la parte de adentro. En las pilastras haba grabados de palmeras.
El hombre me llev despus al atrio exterior. El atrio tena un empedrado a su alrededor, y treinta cuartos daban a l.
Este empedrado, que era el ms bajo, se extenda por los costados de los edificios de entrada, y su ancho era igual al largo de estos.
El hombre midi la distancia que haba desde el frente de la puerta de abajo hasta la parte de afuera de la puerta interior, y era de cincuenta metros.
Tambin haba una entrada que daba al norte del atrio exterior. El hombre la midi a lo largo y a lo ancho.
Tena tambin tres celdas a cada lado, y pilastras y vestbulo de medidas iguales a las de la entrada oriental, es decir, de veinticinco metros de largo por doce y medio metros de ancho.
El vestbulo, las ventanas y las palmeras eran del mismo tamao que los de la entrada oriental. Aqu tambin se suba por una escalinata de siete escalones, y el vestbulo quedaba por la parte de adentro.
Tanto al oriente como al norte, frente a la entrada exterior, haba otra entrada que conduca al atrio interior. El hombre midi la distancia entre las dos entradas, y era de cincuenta metros.
Luego el hombre me llev al sur, donde haba una entrada, y midi las pilastras y el vestbulo, que medan lo mismo que las otras.
El edificio de entrada, con su vestbulo, tena ventanas alrededor, como los otros. Meda en total veinticinco metros de largo por doce y medio de ancho.
Tena tambin una escalinata de siete escalones, y el vestbulo quedaba tambin en la parte interior. Las pilastras tenan tambin grabados de palmeras, una de cada lado.
El atrio interior tena tambin una puerta que daba hacia el sur. El hombre midi la distancia entre las dos puertas del lado sur, y era de cincuenta metros.
Luego me llev por la entrada sur hacia el atrio interior. Midi la puerta del sur, y tena las mismas medidas de las puertas anteriores.
Sus celdas, vestbulo y pilastras eran del mismo tamao que los otros.
El edificio de entrada, con su vestbulo tambin, tena ventanas alrededor, y meda en total veinticinco metros de largo por doce y medio de ancho.
El vestbulo daba hacia el atrio exterior. Las pilastras tenan grabados de palmeras. A esta puerta se suba por una escalinata de ocho escalones.
En seguida me llev al atrio interior, por el lado de oriente, y midi la entrada, la cual meda lo mismo que las otras.
Sus celdas, pilastras y vestbulo, eran tambin de iguales medidas que los otros. El edificio de entrada, con su vestbulo, tena ventanas alrededor, y meda veinticinco metros de largo por doce y medio de ancho.
El vestbulo daba hacia el atrio exterior. Las pilastras tenan grabados de palmeras a cada lado. A esta puerta se suba por una escalinata de ocho escalones.
Luego aquel hombre me llev a la entrada que daba al norte, y midi la entrada, la cual meda lo mismo que las otras
y tena tambin celdas, pilastras, vestbulo y ventanas alrededor. El edificio de entrada meda veinticinco metros de largo por doce y medio de ancho.
El vestbulo daba hacia el atrio exterior. Las pilastras tenan grabados de palmeras a cada lado. A esta puerta se suba por una escalinata de ocho escalones.
Haba tambin un cuarto que se comunicaba con el vestbulo de la entrada. All era donde se lavaba a los animales para el holocausto.
En el vestbulo de la entrada haba cuatro mesas, dos a cada lado, sobre las que mataban a los animales para el holocausto y para los sacrificios por el pecado o por la culpa.
Fuera del vestbulo de la entrada norte haba tambin dos mesas a cada lado,
de manera que haba cuatro mesas dentro y cuatro mesas fuera del edificio de entrada: ocho mesas en total. Sobre ellas se mataba a los animales.
Las cuatro mesas para los animales que se quemaban eran de piedra de cantera; medan setenta y cinco centmetros de largo por setenta y cinco centmetros de ancho, y cincuenta centmetros de alto, y sobre ellas se colocaba la carne de las ofrendas.
Por la parte interior del cuarto, a todo su alrededor, haba un borde de seis centmetros de ancho, sobre el que se colocaban la ofrenda de harina y los utensilios necesarios para matar los animales del holocausto.
En el atrio interior, fuera de las puertas interiores, haba dos cuartos, uno junto a la puerta interior norte, mirando hacia el sur, y otro junto a la puerta interior sur, mirando hacia el norte.
El hombre me dijo: "El cuarto que mira hacia el sur es para los sacerdotes que prestan servicio en el templo,
y el cuarto que mira hacia el norte es para los sacerdotes que prestan servicio en el altar. Son descendientes de Sadoc, y son los nicos levitas que pueden acercarse al Seor para servirle."
El hombre midi despus el atrio interior, que era un cuadrado de cincuenta metros por lado. El altar estaba delante del templo.
El hombre me llev al vestbulo del templo y midi las pilastras del vestbulo: cada una tena dos metros y medio de grueso. La puerta tena siete metros de ancho, y los soportes de la puerta del vestbulo medan un metro y medio de ancho cada uno.
El vestbulo meda diez metros de ancho por seis de profundidad, y se suba a l por una escalinata de diez escalones. Junto a cada pilastra haba una columna.
En seguida el hombre me llev al interior mismo del templo, y midi las pilastras: ambas tenan tres metros de grueso.
La puerta tena cinco metros de ancho; sus soportes medan dos metros y medio de ancho cada uno. Luego midi la sala central, y tena veinte metros de largo por diez de ancho.
Despus fue a la sala del fondo y midi las pilastras de la entrada, y cada una tena un metro de grueso. La entrada tena tres metros de ancho, y las pilastras de cada lado medan tres metros y medio de grueso.
Luego midi la sala del fondo, y meda diez metros por lado. Entonces me dijo: "Este es el Lugar Santsimo."
Luego el hombre midi la pared exterior del templo, y tena tres metros de grueso. Alrededor del templo, y unidas al mismo, haba celdas de dos metros de profundidad.
Estas celdas estaban una sobre otra, formando tres pisos, y en cada piso haba treinta celdas. El muro del templo era ms estrecho en cada piso, y sobre estos entrantes se apoyaban las vigas de las celdas, de modo que no quedaban empotradas en el muro.
Por fuera de las celdas que rodeaban el templo haba una rampa que llegaba hasta la parte de arriba, y as se poda subir desde la planta baja al piso intermedio y al de arriba.
Yo vi que por todos lados el templo estaba sobre una base elevada, sobre la cual tambin estaban construidas las celdas. Esta base tena una altura de tres metros,
La pared exterior de las celdas tena dos metros y medio de grueso,
y alrededor de todo el templo, entre las celdas que rodeaban el templo y los cuartos de los sacerdotes, haba un espacio libre de diez metros de ancho.
Las celdas se comunicaban con el espacio libre por medio de una puerta hacia el norte y otra hacia el sur. El espacio libre tena a todo lo largo un muro de dos metros y medio de grueso.
Por el oeste, mirando hacia el patio cerrado, haba un edificio que meda treinta y cinco metros de ancho por cuarenta y cinco de largo, con un muro de dos metros y medio de grueso.
El hombre midi el templo, y tena en total cincuenta metros de largo. El ancho del patio cerrado, ms el edificio y sus muros, tambin era de cincuenta metros.
La fachada del templo, ms la parte del patio cerrado que daba al oriente, meda cincuenta metros.
Luego midi el largo del edificio que quedaba detrs del templo, frente al patio cerrado, ms los muros de cada lado, y era de cincuenta metros. Las salas interiores del templo y el vestbulo
estaban recubiertos de madera. Las ventanas enrejadas y los marcos que haba alrededor estaban recubiertos de madera por los tres lados.
El espacio comprendido entre el piso y las ventanas, y la parte superior de la puerta, tambin estaban recubiertos. Las paredes del templo, por dentro y por fuera,
estaban cubiertas de grabados alternados de seres alados y palmeras. Cada ser alado tena dos caras;
de un lado, una cara de hombre miraba a una palmera, y del otro, una cara de len miraba a otra palmera. As, alrededor de todo el templo
haba grabados de seres alados y palmeras, desde el piso hasta la parte superior de las puertas. En la pared de la sala central,
el marco de la puerta tena los postes cuadrados. Frente a la entrada del Lugar Santsimo haba algo que pareca
un altar de madera, que meda un metro por lado, y un metro y medio de alto. Tena esquinas, y la base y sus lados eran de madera. El hombre me dijo: "Esta es la mesa que est delante del Seor."
Tanto la sala central como el Lugar Santsimo tenan puertas dobles.
Cada puerta tena dos hojas que se abran hacia la pared.
Las puertas de la sala central tenan grabados de seres alados y palmeras, iguales a los que haba en los muros. En la fachada del vestbulo, por la parte de afuera, haba una verja de madera.
A cada lado del vestbulo haba ventanas enrejadas y grabados de palmeras. Las celdas unidas al templo tambin tenan verjas.
El hombre me sac despus al atrio exterior, hacia el norte, y me hizo entrar en el conjunto de cuartos que quedaba al norte, frente al patio cerrado y al edificio detrs del templo.
Este conjunto meda cincuenta metros de largo por el lado norte, y veinticinco metros de ancho.
Por un lado daba al patio interior, que tena diez metros de ancho, y por el otro lado daba al empedrado del atrio exterior. Tena tres pisos, cada uno de ellos ms entrado que el de abajo.
Frente a los cuartos haba un pasillo de cinco metros de ancho y cincuenta de largo, que conduca al interior. Las puertas de los cuartos daban al norte.
Los cuartos del piso superior eran ms cortos que los del piso intermedio y los de la planta baja, pues cada piso era ms entrado que el de abajo.
Estos cuartos estaban dispuestos en tres pisos, pero no tenan columnas como los cuartos del atrio, sino que los cuartos del piso superior quedaban ms entrados que los del medio y los del inferior.
La serie de cuartos del atrio exterior tena una extensin de veinticinco metros. Por todo el frente de los cuartos corra un muro de veinticinco metros de largo, que daba al atrio exterior.
En total, el pasillo meda cincuenta metros.
Al piso inferior de estas habitaciones se entraba por el atrio exterior, es decir, por el oriente,
por el lugar a donde llegaba el muro del atrio exterior. Hacia el sur, frente al patio cerrado y al edificio del occidente del templo, haba tambin cuartos
de igual forma e iguales medidas, y dispuestos de la misma manera, con entradas y salidas como las de los cuartos del lado norte, y con un pasillo frente a ellos.
Para llegar hasta los cuartos del lado sur haba una puerta en donde comenzaba el pasillo que estaba frente al muro de proteccin, entrando por el oriente.
El hombre me dijo: "Tanto los cuartos del norte como los del sur, que estn frente al patio cerrado, son cuartos sagrados. Los sacerdotes que se acercan al Seor comen all las ofrendas ms sagradas. All tambin colocan ellos ofrendas tan sagradas como son la ofrenda de cereales, la ofrenda por el pecado y la ofrenda por la culpa, pues es un lugar sagrado.
Una vez que los sacerdotes han entrado en el templo, no deben ya salir al atrio exterior sin antes dejar all la ropa con que estaban haciendo los servicios, porque esa ropa es sagrada. Para salir a donde est el pueblo, deben ponerse otra ropa."
Cuando el hombre termin de medir el terreno interior del templo, me llev afuera por la puerta oriental y se puso a medir el terreno exterior del mismo.
Tom la regla de medir y midi el lado este: doscientos cincuenta metros.
Luego midi el lado norte, y tambin meda doscientos cincuenta metros;
luego el lado sur: doscientos cincuenta metros;
y finalmente el lado oeste, otros doscientos cincuenta metros.
Por los cuatro lados tom las medidas. El terreno del templo tena a su alrededor un muro de doscientos cincuenta metros por lado, que separaba lo sagrado de lo profano.
El hombre me llev a la puerta oriental,
y vi que la gloria del Dios de Israel vena del oriente. Se oa un ruido muy fuerte, como el de un ro caudaloso, y la tierra se llen de luz.
La visin era como la que yo tuve cuando el Seor vino a destruir Jerusaln, y como la que tuve junto al ro Quebar. Me inclin hasta tocar el suelo con la frente,
y la gloria del Seor entr hasta el templo por la puerta oriental.
Entonces el poder de Dios me levant y me llev al atrio interior, y vi que la gloria del Seor haba llenado el templo.
El hombre se puso junto a m, y o que el Seor me hablaba desde el templo
y me deca: "Este es el lugar de mi trono, el lugar donde pongo mis pies; aqu vivir en medio de los israelitas para siempre. Ni ellos ni sus reyes volvern a deshonrar con sus infidelidades mi santo nombre: no volvern a construir monumentos a sus reyes despus de su muerte,
o a construir sus palacios de manera que sus puertas queden junto a las puertas de mi templo, con solo una pared de por medio. Ellos deshonraron mi santo nombre con acciones que yo detesto; por eso me enoj con ellos y los hice morir.
Que alejen ahora de m sus infidelidades y los monumentos a sus reyes, y yo vivir en medio de ellos para siempre.
Y t, hombre, cuntales a los israelitas lo que viste del templo, y de sus planos y medidas, para que se avergencen de sus pecados.
Y si se avergenzan de todo lo que han hecho, explcales la forma del templo y lo que hay en l, las salidas y entradas, en fin, todo el plano, lo mismo que las leyes que deben cumplir. Dibjales todo esto para que tengan una idea clara del diseo y lo lleven a cabo. Escrbeles tambin todas las leyes para que puedan cumplirlas.
Esta es la ley del templo: todo el terreno que rodea al templo sobre el monte ser un lugar sumamente sagrado."
Estas eran las medidas del altar, usando las medidas de antes. Alrededor del altar haba una zanja de medio metro de hondo y medio de ancho, la cual tena por fuera, alrededor, un borde que se levantaba veinticinco centmetros. La base del altar era as:
desde el fondo de la zanja hasta el borde del cuerpo inferior, haba un metro de alto. El cuerpo inferior sobresala medio metro. El cuerpo central meda dos metros de altura, y sobresala tambin medio metro.
El cuerpo superior, que es donde se queman los sacrificios, meda dos metros de altura. Tena cuatro cuernos, que salan hacia arriba.
El cuerpo superior del altar era cuadrado, de seis metros por lado.
El cuerpo central tambin era cuadrado, de siete metros por lado. La zanja que haba alrededor tena medio metro de ancho, y el borde levantado tena veinticinco centmetros de ancho. Los escalones para subir al altar daban hacia el oriente.
Luego el Seor me dijo: "Cuando llegue el momento de construir el altar, debern cumplirse estas normas: Quemarn sobre el altar un animal, en holocausto, y rociarn el altar con la sangre.
A los sacerdotes levitas descendientes de Sadoc, que son los que deben acercarse a m para servirme, les dars un becerro para que lo ofrezcan como sacrificio por el pecado. Yo, el Seor, lo ordeno.
Luego tomars un poco de su sangre y rociars con ella los cuatro cuernos, las cuatro esquinas del cuerpo central y todo el borde levantado. As lo purificars por completo del pecado.
Luego tomars el becerro ofrecido por el pecado, y lo quemars fuera del templo, en el lugar destinado para ello.
Al da siguiente ofrecers, en sacrificio por el pecado, un cabrito que no tenga ningn defecto, y los sacerdotes purificarn el altar de la misma manera que lo hicieron con el becerro.
Cuando termines estos ritos de purificacin, tomars un becerro y un carnero, ambos sin ningn defecto,
y me los ofrecers. Que los sacerdotes los rocen con sal y los quemen, como holocausto en mi honor.
Diariamente, durante siete das, debers ofrecer un cabrito como sacrificio por el pecado, y tambin un becerro y un carnero, todos sin ningn defecto.
Diariamente, durante siete das, los sacerdotes debern purificar por completo el altar, para dedicarlo al uso sagrado.
As lo harn durante siete das, y del octavo en adelante empezarn a ofrecer los holocaustos y los sacrificios de reconciliacin. Entonces yo los recibir a ustedes con agrado. Yo, el Seor, doy mi palabra."
El hombre me volvi a llevar a la entrada exterior del templo que daba al oriente, la cual estaba cerrada.
All el Seor me dijo: "Esta entrada quedar cerrada; no deber abrirse. Nadie podr entrar por ella, porque por ella ha entrado el Seor, el Dios de Israel. As pues, quedar cerrada.
Solo podr entrar el gobernante, para sentarse a comer la comida sagrada en presencia del Seor. Deber entrar por el vestbulo de la puerta y salir por el mismo sitio."
El hombre me llev despus por la entrada del norte, frente al templo. Vi que la gloria del Seor haba llenado el templo, y me inclin hasta tocar el suelo con la frente.
Entonces el Seor me dijo: "T, hombre, abre bien los ojos y escucha atentamente todo lo que te voy a decir acerca de las leyes y normas del templo. Fjate bien en quines son los que pueden entrar en el templo y salir de l.
"Dile a ese pueblo rebelde de Israel: 'Esto dice el Seor: Basta ya de acciones detestables, pueblo de Israel.
Ustedes profanan mi templo dejando entrar en l a extranjeros, a gente que no lleva la marca de mi alianza ni en su mente ni en su cuerpo; lo profanan ofrecindome como alimento la grasa y la sangre de los sacrificios y violando mi alianza con todas esas acciones detestables.
Y no han cumplido mis ritos sagrados, sino que los han puesto en manos de extranjeros.'
"Por eso yo, el Seor, digo: No entrar en mi templo ningn extranjero que no lleve en su mente y en su cuerpo la marca de mi alianza; ni siquiera un extranjero que viva entre los israelitas.
Los levitas, que se alejaron de m cuando Israel se apart de mis caminos y me abandon para adorar a los dolos, debern pagar por su pecado.
Podrn servir en mi templo como guardianes de las puertas, y en otros servicios del templo; ellos sern quienes maten los animales que se queman en holocausto y los que el pueblo presenta como ofrenda; adems, debern estar listos para servir al pueblo.
Ellos estuvieron al servicio de los israelitas para dirigir el culto a los dolos, y as los hicieron pecar. Por eso, pagarn por su pecado. Yo, el Seor, lo afirmo.
No podrn estar a mi servicio como sacerdotes ni acercarse a mis cosas sagradas, ni menos an a las ms sagradas. Tendrn que cargar con su deshonra por las cosas detestables que han cometido.
Los pondr a cargo del servicio ordinario del templo, para que hagan todo lo que se deba hacer en l.
"Los sacerdotes levitas descendientes de Sadoc, que continuaron prestando servicio en mi templo cuando los israelitas se apartaron de mis caminos, s podrn acercarse a m para servirme. Ellos podrn presentarse ante m para ofrecerme la grasa y la sangre de los sacrificios. Yo, el Seor, lo ordeno.
Podrn tambin entrar en mi templo y acercarse a mi altar para servirme, y se encargarn de mi servicio.
Cuando entren por la puerta del atrio interior, debern llevar puesta ropa de lino. Cuando estn de servicio en el atrio interior o en el templo, no llevarn ropa de lana.
Llevarn un turbante de lino en la cabeza, y calzones tambin de lino, y no se pondrn en la cintura nada que los haga sudar.
Y antes de salir al atrio exterior, donde est el pueblo, debern quitarse la ropa que usaron para los servicios en el templo y dejarla en los cuartos del templo, y ponerse otra ropa, para que la santidad de la ropa no se trasmita al pueblo.
"No se raparn la cabeza, ni tampoco se dejarn el pelo largo; tan solo se lo recortarn.
Ningn sacerdote debe beber vino cuando entre en el atrio interior.
No debe casarse con una viuda o divorciada, sino solo con una israelita virgen o con la viuda de un sacerdote.
"Los sacerdotes deben ensear a mi pueblo a distinguir entre lo santo y lo profano, y entre lo puro y lo impuro.
En los pleitos, ellos actuarn como jueces, y juzgarn segn mis leyes. Cumplirn todas mis leyes y enseanzas acerca de todas mis fiestas, y respetarn como das sagrados mis sbados.
"Nunca debern tocar un cadver, para no contaminarse, a menos que se trate del propio padre, la madre, un hijo, una hija, un hermano o una hermana no casada.
Si lo hacen, debern purificarse, y despus esperar an siete das.
Cuando vuelvan a entrar en el atrio interior del templo para cumplir su servicio, ofrecern un sacrificio por el pecado. Yo, el Seor, lo ordeno.
"Yo ser la nica posesin que reciban los sacerdotes como herencia. No se les dar ninguna propiedad en Israel. Yo soy su propiedad.
Podrn comer los cereales que los israelitas me ofrecen, y los animales de los sacrificios por el pecado y por la culpa. Igualmente, todo lo que los israelitas me consagren ser para ellos.
Los sacerdotes recibirn tambin lo mejor de las primeras cosechas y de todas las ofrendas. Y cuando ustedes preparen la masa para el pan, lo mejor se lo darn a ellos. As mi bendicin descansar sobre las casas de ustedes.
Los sacerdotes no debern comer ningn ave o animal que haya muerto por s mismo, o que haya sido despedazado por una fiera.
"Cuando hagan el sorteo del territorio para dar a cada tribu su parte, debern reservar una porcin de terreno de doce kilmetros y medio de largo por diez de ancho, la cual estar consagrada al Seor. Todo ese terreno ser terreno sagrado.
De all se reservar para el templo un cuadrado de doscientos cincuenta metros por lado, rodeado por una franja de pastos de veinticinco metros de ancho.
En la parte reservada al Seor se sealar un terreno de doce kilmetros y medio de largo por cinco de ancho, que ser la parte ms sagrada: ah estar el templo.
Esa parte del terreno estar destinada a los sacerdotes que sirven en el templo del Seor y que se acercan a l para servirle. Ah tendrn lugar para sus casas. Ser un lugar sagrado, reservado al templo.
Adems, habr otro terreno de doce kilmetros y medio de largo por cinco de ancho, reservado como propiedad de los levitas que sirven en el templo, para que tengan ciudades donde vivir.
Por ltimo, para la ciudad deber reservarse un terreno de doce kilmetros y medio de largo por dos y medio de ancho, junto a la porcin sagrada. Este terreno pertenecer a todo el pueblo de Israel.
"Tambin habr un terreno reservado para el gobernante. Una parte estar al oriente y otra al occidente, es decir, a uno y otro lado de la parte sagrada y del terreno reservado para la ciudad. De oriente a occidente, tendr el mismo largo que uno de los terrenos asignados a una de las tribus.
Este terreno ser propiedad del gobernante de Israel; as no volvern los gobernantes a oprimir a mi pueblo, sino que dejarn su territorio a los israelitas segn sus tribus.
"Yo, el Seor, digo: Basta ya, gobernantes de Israel! No ms violencia ni explotacin! Acten con justicia y rectitud! Dejen de robarle tierras a mi pueblo! Yo, el Seor, lo ordeno.
"Usen todos pesas y medidas exactas.
La medida para granos debe ser igual a la medida para lquidos. El homer de doscientos veinte litros servir de patrn. Un igualmente un dcimo de homer.
"Igualmente en cuanto a las medidas de peso: veinte geras hacen un
"Estas son las ofrendas que deben hacer: Dividirn sus cosechas de trigo y de cebada en sesenta partes iguales, y ofrendarn una de ellas.
Igualmente, el aceite que obtengan lo dividirn en cien partes iguales, y ofrendarn una de ellas.
En cuanto a las ovejas, tomarn una por cada doscientas, de los mejores pastos de Israel. Esto ser para las ofrendas de cereales, para el holocausto y para el sacrificio de reconciliacin, que se ofrecen para el perdn de los pecados. Yo, el Seor, lo ordeno.
"Todos en el pas estn obligados a entregar esta ofrenda al gobernante de Israel,
el cual se encargar de dar los animales para los holocaustos, y lo necesario para las ofrendas de cereales y de vino en las lunas nuevas, en los sbados y en todas las fiestas de Israel. Deber tambin presentar los sacrificios por el pecado, las ofrendas de cereales, los holocaustos y los sacrificios de reconciliacin, para que se le perdonen los pecados a Israel.
"Yo, el Seor, digo: El da primero del mes primero ofrecern ustedes como sacrificio un becerro que no tenga ningn defecto, para purificar de pecado el templo.
El sacerdote tomar un poco de sangre del animal ofrecido como sacrificio por el pecado, y la untar en los postes de las puertas del templo, en las cuatro esquinas del altar y en los postes de las puertas del atrio interior.
Lo mismo se har el da siete del mes en favor de cualquiera que haya cometido un pecado involuntariamente o sin darse cuenta. As se purificar el templo.
El da catorce del mes primero comenzarn ustedes a celebrar la fiesta de la Pascua, y durante siete das comern pan sin levadura.
Ese da el gobernante ofrecer un becerro como sacrificio por sus propios pecados y por los de todo el pueblo,
y en cada uno de los siete das que dura la fiesta presentar siete becerros y siete carneros, todos sin defecto, en holocausto al Seor. Adems, cada da ofrecer un chivo como sacrificio por en pecado.
Por cada becerro y por cada carnero se aadir una ofrenda de veinte litros de cereales y tres litros y medio de aceite.
"Tambin en la fiesta de las Enramadas, que se celebra el da quince del sptimo mes, el gobernante deber ofrecer, durante siete das, iguales sacrificios por el pecado, quemar igual nmero de animales y hacer las mismas ofrendas de cereales y de aceite.
"Yo, el Seor, digo: La puerta oriental del atrio interior deber estar cerrada durante los seis das de trabajo, y se abrir el sbado y el da de luna nueva.
El gobernante entrar en el vestbulo desde el atrio exterior, y se colocar junto a uno de los postes de la puerta. Entre tanto, los sacerdotes quemarn los animales del sacrificio y harn los sacrificios de reconciliacin presentados por el gobernante, el cual se inclinar junto al umbral de la puerta, tocando el suelo con la frente, y luego saldr. La puerta no volver a cerrarse hasta el atardecer.
Los sbados y de luna nueva, el pueblo adorar delante del Seor, frente a la misma puerta.
Los animales que el gobernante debe presentar en el sbado para quemarlos como ofrenda al Seor son seis corderos y un carnero, todos sin ningn defecto.
Por cada carnero ofrecer veinte litros de cereales, y por los corderos lo que quiera. Por cada veinte litros de cereales ofrecer tres litros y medio de aceite.
El da de la luna nueva ofrecer un becerro, seis corderos y un carnero, todos sin defecto.
Por cada becerro ofrecer veinte litros de cereales, y otro tanto por cada carnero, y por los corderos lo que quiera. Y por cada veinte litros de cereales, tres litros y medio de aceite.
"Cuando el gobernante entre, deber hacerlo por el vestbulo de la puerta, y saldr por all mismo.
Y cuando en las fiestas el pueblo entre a adorar al Seor, deber hacerlo as: los que entren por la puerta norte saldrn por la puerta sur, y los que entren por la puerta sur saldrn por la puerta norte. No volvern por la misma puerta por la que entraron, sino por la de enfrente.
El gobernante deber entrar con el pueblo y salir tambin con l.
En las diversas fiestas se ofrecern veinte litros de cereales por cada becerro, y otro tanto por cada carnero; por los corderos, lo que se quiera. Por cada veinte litros de cereales se ofrecern, adems, tres litros y medio de aceite.
"Cuando el gobernante haga una ofrenda voluntaria al Seor, como un animal para el holocausto o un sacrificio de reconciliacin, se le abrir la puerta oriental y ofrecer su sacrificio de la misma manera que lo hace en los sbados. Una vez que haya salido, se cerrar la puerta.
"Todos los das por la maana se ofrecer un cordero de un ao, sin defecto, para ser quemado como sacrificio al Seor.
Igualmente, cada maana se le har al Seor una ofrenda de siete litros de cereales y un litro de aceite, que se derramar sobre la harina. Este rito ser obligatorio siempre.
El sacrificio en que se quema el cordero, y la ofrenda de cereal y de aceite, se debern presentar siempre por la maana.
"Yo, el Seor, digo: Si el gobernante regala a uno de sus hijos parte del terreno que le pertenece, pasar a ser propiedad hereditaria de sus descendientes.
Pero si el gobernante regala parte de su terreno a uno de sus servidores, solo ser suya hasta el ao de liberacin, en el que volver a ser propiedad del gobernante y quedar como herencia de sus hijos.
El gobernante no tiene derecho de despojar a nadie de su propiedad. Lo que d a sus hijos como herencia, deber drselo de sus propiedades; as nadie se quedar sin su propiedad ni se dispersar mi pueblo."
Luego el hombre me llev, por la entrada que haba al lado de la puerta, a los cuartos que daban hacia el norte y que estaban consagrados exclusivamente para los sacerdotes. Sealndome un lugar hacia el occidente, por la parte de atrs,
me dijo: "Aqu es donde los sacerdotes debern hervir la carne de los animales ofrecidos como sacrificio por la culpa o por el pecado, y cocer la ofrenda de cereales. As no tendrn que sacar esas cosas al atrio exterior, ni el pueblo entrar en contacto con las cosas sagradas."
Luego me llev al atrio exterior y me hizo recorrer sus cuatro ngulos. Vi que en cada uno de los cuatro ngulos del atrio haba un patio pequeo.
Todos tenan las mismas medidas de veinte metros por quince;
alrededor de ellos haba un muro de piedra, y al pie de todo el muro haba fogones.
Entonces me dijo: "Estas son las cocinas donde los que sirven en el templo hervirn los animales que el pueblo ofrezca en sacrificio."
El hombre me hizo volver despus a la entrada del templo. Entonces vi que por debajo de la puerta brotaba agua, y que corra hacia el oriente, hacia donde estaba orientado el templo. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al lado sur del altar.
Luego me hizo salir del terreno del templo por la puerta norte, y me hizo dar la vuelta por fuera hasta la entrada exterior que miraba al oriente. Un pequeo chorro de agua brotaba por el lado sur de la entrada.
El hombre sali hacia el oriente con una cuerda en la mano, midi quinientos metros y me hizo cruzar la corriente; el agua me llegaba a los tobillos.
Luego midi otros quinientos metros y me hizo cruzar la corriente; el agua me llegaba entonces hasta las rodillas. Midi otros quinientos metros y me hizo cruzar la corriente; el agua me llegaba ya a la cintura.
Midi otros quinientos metros y la corriente era ya un ro que no pude atravesar; se haba convertido en un ro tan hondo que solo se poda cruzar a nado.
Entonces me dijo: "Fjate bien en lo que has visto." Despus me hizo volver por la orilla del ro,
y vi que en las dos orillas haba muchos rboles.
Entonces me dijo: "Esta agua corre hacia la regin oriental y llega hasta la cuenca del Jordn, de donde desembocar en el Mar Muerto. Cuando llegue all, el agua del mar se volver dulce.
En cualquier parte a donde llegue esta corriente, podrn vivir animales de todas clases y muchsimos peces. Porque el agua de este ro convertir el agua amarga en agua dulce, y habr todo gnero de vida.
Desde En-Gad hasta En-eglaim habr pescadores, y ah pondrn a secar sus redes. Y habr all tanta abundancia y variedad de peces como en el mar Mediterrneo.
Pero en las cinagas y pantanos no habr agua dulce; all quedar agua salada, que servir para sacar sal.
En las dos orillas del ro crecer toda clase de rboles frutales. Sus hojas no se caern nunca, ni dejarn de dar fruto jams. Cada mes tendrn fruto, porque estarn regados con el agua que sale del templo. Los frutos servirn de alimento y las hojas de medicina.
"Yo, el Seor, digo: Estos son los lmites del pas que recibirn como herencia las doce tribus de Israel (a Jos le corresponde una porcin doble).
Yo jur dar este pas a los antepasados de ustedes. Reprtanselo por partes iguales. Este pas ser su herencia.
"Los lmites por el norte, partiendo del mar Mediterrneo, pasarn por la ciudad de Hetln y las ciudades de Sedad,
Berot y Sibraim (las cuales se encuentran entre el territorio de Damasco y el de Hamat), y Hasar-haticn (que limita con Haurn).
As pues, el lmite norte ir desde el Mediterrneo hasta Hasar-enn, quedando al norte los territorios de Damasco y de Hamat.
"Los lmites orientales irn desde el punto situado entre Haurn y Damasco hasta la ciudad de Tamar, junto al Mar Muerto, a lo largo del ro Jordn, que servir de frontera entre el territorio de Galaad y el de Israel.
"Los lmites por el sur partirn de Tamar, pasando por el oasis de Merib-cads y por el arroyo de Egipto, hasta llegar al Mediterrneo.
"El lmite occidental lo formar el mar Mediterrneo, desde la frontera con Egipto hasta el lugar de la costa que est frente a la entrada de Hamat.
"Este es el pas que deben repartir entre las doce tribus de Israel.
Ser la herencia que les toque a ustedes, y tambin a los extranjeros que vivan con ustedes y que tengan hijos entre ustedes. Debern considerarlos como si hubieran nacido en Israel. Cuando repartan la tierra entre las tribus de Israel, a ellos tambin les tocar su parte.
Los extranjeros recibirn su parte en el territorio de la tribu en que estn viviendo. Yo, el Seor, lo ordeno.
"Esta es la lista de las tribus. "Partiendo de la frontera norte, que va desde el Mediterrneo y pasa por Hetln, la entrada de Hamat y Hasar-enn, al sur de los territorios de Damasco y Hamat, cada tribu recibir una porcin de territorio desde la frontera oriental hasta la occidental, en este orden: Dan,
Aser,
Neftal,
Manass,
Efran,
Rubn,
Jud.
"En seguida vendr el territorio que debern reservar, y que se extiende tambin de oriente a occidente. De ancho medir doce kilmetros y medio, y de largo medir lo mismo que miden los otros territorios de oriente a occidente. En medio de l estar el templo.
"La porcin consagrada al Seor dentro de este territorio tendr doce kilmetros y medio de largo por diez de ancho.
Dentro de esta porcin habr un terreno consagrado exclusivamente a los sacerdotes; por el norte y por el sur medir doce kilmetros y medio, y por el este y el oeste, cinco kilmetros. En medio estar el templo del Seor.
Este terreno estar reservado a los sacerdotes consagrados al Seor, descendientes de Sadoc, que se encargaron de mi servicio y no siguieron a los dems israelitas cuando estos se apartaron de mis caminos, como lo hicieron los levitas.
Por eso, dentro de la porcin consagrada al Seor, junto al terreno de los levitas, los sacerdotes tendrn un terreno, que ser la porcin ms sagrada.
Junto al terreno de los sacerdotes, los levitas tendrn el suyo, el cual medir doce kilmetros y medio de largo por cinco de ancho. La parte consagrada al Seor tendr, pues, en total doce kilmetros y medio de largo por diez de ancho.
Esta ser la mejor porcin del pas. Ninguna parte de ella se podr vender o cambiar o pasar a otra persona, pues est consagrada al Seor.
"La porcin restante, de doce kilmetros y medio de largo por dos y medio de ancho, no es sagrada. All podr vivir la gente y all estarn los pastizales para el ganado. En medio estar la ciudad,
que ocupar un cuadrado de dos mil doscientos cincuenta metros por lado.
Alrededor de la ciudad estarn los pastizales, los cuales tendrn ciento veinticinco metros de ancho en las cuatro direcciones.
A los lados de la ciudad queda un terreno junto a la porcin consagrada al Seor, que tiene cinco kilmetros de largo por el oriente y otro tanto por el occidente. Este terreno se cultivar, y sus productos servirn para alimentar a la gente que trabaja en la ciudad.
Los que trabajen en la ciudad, cualquiera que sea la tribu israelita a que pertenezcan, cultivarn ese terreno.
Todo el terreno as reservado, formado por la porcin consagrada al Seor ms lo que pertenece a la ciudad, formar un cuadrado de doce kilmetros y medio por lado.
"Al gobernante le tocar el resto de la franja de territorio que queda entre los territorios de Jud y de Benjamn; es decir, los terrenos situados a uno y otro lado de la porcin reservada al Seor y del terreno de la ciudad. Medir doce kilmetros y medio de ancho, y se extender por el oriente hasta la frontera oriental, y por el occidente hasta el mar.
En el centro quedarn la porcin reservada al Seor, con el templo, ms la porcin de los levitas y el terreno de la ciudad.
"El territorio de las otras tribus sigue hacia el sur. Cada tribu recibir una porcin de territorio desde la frontera oriental hasta la occidental, en este orden: Benjamn,
Simen,
Isacar,
Zabuln,
Gad.
"Al sur del territorio de Gad, la frontera ir desde Tamar, pasando por el oasis de Merib-cads y el arroyo de Egipto, hasta el mar Mediterrneo.
"Este es el pas que recibirn como herencia las tribus de Israel, y de esa manera debern ustedes repartirlo. Yo, el Seor, lo ordeno.
"La ciudad estar rodeada de una muralla, que medir dos mil doscientos cincuenta metros por cada uno de sus cuatro lados.
En cada lado de la muralla habr tres puertas, cada una dedicada a una de las tribus de Israel, en este orden: Las puertas del norte: a Rubn, Jud y Lev;
las del oriente: a Jos, Benjamn y Dan;
las del sur: a Simen, Isacar y Zabuln;
las de occidente: a Gad, Aser y Neftal.
La muralla medir en total nueve mil metros de largo, y el nombre de la ciudad ser en adelante: 'El Seor est aqu'."
Durante el tercer ao del reinado de Joaquim, rey de Jud, el rey Nabucodonosor de Babilonia lleg a Jerusaln y rode la ciudad con su ejrcito.
El Seor dej que Nabucodonosor capturara a Joaquim, y que tambin cayeran en su poder gran parte de los utensilios del templo de Dios. Nabucodonosor se llev los prisioneros a Babilonia, y puso los utensilios sagrados en el tesoro del templo de sus dioses;
adems, orden a Aspenaz, jefe del servicio de palacio, que de entre los israelitas de familia real y de familias distinguidas trajera
jvenes bien parecidos, sin ningn defecto fsico, cultos e inteligentes, entendidos en todos los campos del saber y aptos para servir en el palacio real. A ellos se les enseara el lenguaje y la literatura de los caldeos.
Nabucodonosor orden tambin que a esos jvenes se les diera todos los das de los mismos alimentos y vinos que a l le servan, y que los educaran durante tres aos, al cabo de los cuales quedaran a su servicio.
Entre estos jvenes estaban Daniel, Ananas, Misael y Azaras, de la tribu de Jud,
a quienes el jefe del servicio de palacio les cambi de nombre: a Daniel le puso Beltsasar; a Ananas, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azaras, Abed-neg.
Pero Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey, y pidi al jefe del servicio de palacio que no le obligara a contaminarse con tales alimentos.
Por obra de Dios, el jefe del servicio de palacio vio con buenos ojos a Daniel,
pero le dijo: -Tengo miedo de mi seor, el rey. l me ha dicho lo que ustedes deben comer y beber, y si los ve con peor aspecto que los otros jvenes, sern ustedes la causa de que el rey me condene a muerte.
Daniel habl entonces con el mayordomo a quien el jefe del servicio de palacio haba encargado el cuidado de Daniel, Ananas, Misael y Azaras, y le dijo:
-Ruego a usted que haga una prueba con estos servidores suyos: ordene usted que durante diez das nos den de comer solamente legumbres, y de beber solamente agua.
Pasado ese tiempo, compare usted nuestro aspecto con el de los jvenes alimentados con la misma comida que se sirve al rey, y haga entonces con nosotros segn lo que vea.
El mayordomo estuvo de acuerdo, y durante diez das hizo la prueba con ellos.
Pasados los diez das, el aspecto de ellos era ms sano y ms fuerte que el de todos los jvenes que coman de la comida del rey.
As pues, el mayordomo se llevaba la comida y el vino que ellos tenan que comer y beber, y les serva legumbres.
A estos cuatro jvenes, Dios les dio inteligencia y entendimiento para comprender toda clase de libros y toda ciencia. Daniel entenda adems el significado de toda clase de visiones y sueos.
Al cumplirse el plazo que el rey haba sealado para que le fueran presentados los jvenes, el jefe del servicio de palacio los llev a su presencia.
El rey habl con ellos y, entre todos los jvenes, no encontr ni uno solo que pudiera compararse con Daniel, Ananas, Misael y Azaras, quienes, por lo tanto, quedaron al servicio del rey.
En todos los asuntos que requeran sabidura e inteligencia, y sobre los cuales les pregunt el rey, los encontr diez veces ms sabios que todos los magos y adivinos que haba en su reino.
Y Daniel se qued all hasta el primer ao del reinado de Ciro.
Durante el segundo ao de su reinado, Nabucodonosor tuvo varios sueos, y por causa de ellos lleg a estar tan preocupado que no poda dormir.
Entonces mand llamar a magos, adivinos, hechiceros y sabios, para que le explicaran aquellos sueos. Ellos fueron y se presentaron ante el rey,
el cual les dijo: -He tenido un sueo y estoy muy preocupado tratando de comprenderlo.
Y los sabios dijeron al rey, en arameo: -Que viva Su Majestad para siempre! Cuente Su Majestad a estos servidores suyos lo que ha soado, y nosotros le explicaremos lo que significa.
-Esta es mi decisin -contest el rey-: Si no me dicen ustedes qu es lo que so y lo que significa, sern hechos pedazos y sus casas sern convertidas en un montn de escombros.
Pero si me dicen lo que so y lo que mi sueo significa, recibirn regalos de mi parte, y favores y grandes honores. As pues, dganme qu fue lo que so, y explquenme su significado.
Los sabios respondieron por segunda vez: -Cuntenos Su Majestad lo que so, y nosotros le explicaremos el significado.
-S muy bien -contest el rey- que ustedes quieren ganar tiempo, porque han odo mi decisin.
Por lo tanto, si no me dicen lo que so, todos ustedes sufrirn la misma sentencia, pues se han puesto de acuerdo para darme como respuesta mentiras y falsedades, en espera de que cambie la situacin. Dganme, pues, el sueo, y as sabr que tambin pueden explicarme su significado.
-No hay nadie en el mundo -respondieron los sabios- que pueda decir lo que Su Majestad desea saber. Por otra parte, jams ningn rey, por grande y poderoso que haya sido, ha pedido semejante cosa a ningn mago, adivino o sabio.
Lo que Su Majestad pide es tan difcil que no hay nadie que se lo pueda decir, a no ser los dioses; pero ellos no viven entre los hombres!
Al or esto, el rey se puso furioso y orden matar a todos los sabios de Babilonia.
Una vez publicada la orden, buscaron tambin a Daniel y a sus compaeros para quitarles la vida.
Entonces Daniel habl de manera discreta y sensata con Arioc, el jefe de la guardia real, que ya se dispona a matar a los sabios.
Y le pregunt: -Por qu ha dado el rey esta orden tan terminante? Arioc le explic el motivo.
Entonces Daniel fue a ver al rey y le suplic que le concediera algn tiempo para poder explicarle el sueo y su significado.
Luego se fue a su casa e inform de todo a sus compaeros Ananas, Misael y Azaras,
para que pidieran ayuda del Dios del cielo sobre aquel misterio, a fin de que no los mataran junto con los otros sabios de Babilonia.
Aquella noche el misterio le fue revelado a Daniel en una visin, por lo cual Daniel bendijo al Dios del cielo
con estas palabras: "Bendito sea por siempre el nombre de Dios, porque suyos son la sabidura y el poder.
l cambia los tiempos y las pocas; quita y pone reyes, da sabidura a los sabios e inteligencia a los inteligentes.
l revela las cosas profundas y secretas; conoce lo que est en la oscuridad, pues la luz est con l.
A ti, Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has hecho sabio y fuerte; y ahora me has hecho saber lo que te pedimos: nos has dado a conocer lo que preocupaba al rey."
Despus de esto, Daniel fue a ver a Arioc, a quien el rey haba ordenado matar a los sabios de Babilonia, y le dijo: -No mates a los sabios. Llvame ante el rey, y yo le explicar todo su sueo.
En seguida Arioc llev a Daniel ante el rey Nabucodonosor, y le dijo al rey: -Entre los judos desterrados he hallado un hombre que explicar a Su Majestad el significado de su sueo.
Entonces el rey le dijo a Daniel, a quien llamaban Beltsasar: -Puedes t decirme lo que so, y lo que mi sueo significa?
Daniel respondi: -No hay ningn sabio ni adivino, ni mago ni astrlogo, que pueda explicar a Su Majestad el misterio que desea conocer.
Pero hay un Dios en el cielo que revela los misterios, y l ha hecho saber a Su Majestad lo que va a pasar en el futuro. Voy a explicarle a Su Majestad el sueo y las visiones que ha tenido mientras dorma:
Su Majestad se hallaba en su cama; se puso a pensar en lo que va a pasar en el futuro, y el que revela los misterios se lo ha dado a conocer.
Tambin a m me ha sido revelado este misterio, pero no porque yo sea ms sabio que todos los hombres, sino para que yo explique a Su Majestad lo que el sueo significa, y que as Su Majestad pueda comprender los pensamientos que han venido a su mente.
"En el sueo, Su Majestad vea que en su presencia se levantaba una estatua muy grande y brillante, y de aspecto terrible.
La cabeza de la estatua era de oro puro; el pecho y los brazos, de plata; el vientre y los muslos, de bronce;
las piernas, de hierro; y una parte de los pies era de hierro, y la otra de barro.
Mientras Su Majestad la estaba mirando, de un monte se desprendi una piedra, sin que nadie la empujara, y vino a dar contra los pies de la estatua y los destroz.
En un momento, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro quedaron todos convertidos en polvo, como el que se ve en verano cuando se trilla el trigo, y el viento se lo llev sin dejar el menor rastro. Pero la piedra que dio contra la estatua se convirti en una gran montaa que ocup toda la tierra.
"Este es el sueo. Y ahora voy a explicar a Su Majestad lo que el sueo significa.
Su Majestad es el ms grande de todos los reyes, porque el Dios del cielo le ha dado el reino, el poder, la fuerza, el honor
y el dominio sobre todos los lugares habitados por hombres, animales y aves; l lo ha puesto todo bajo el poder de Su Majestad, que es la cabeza de oro.
Despus del reino de Su Majestad habr otro reino inferior al suyo, y luego un tercer reino de bronce, que dominar sobre toda la tierra.
Vendr despus un cuarto reino, fuerte como el hierro; y as como el hierro lo destroza todo y lo destruye, as ese reino destrozar y destruir a todos los otros reinos.
"Su Majestad vio tambin que una parte de los pies y de los dedos era de barro, y la otra, de hierro; esto quiere decir que ser un reino dividido, aunque con algo de la fortaleza del hierro, pues Su Majestad vio que el hierro estaba mezclado con el barro.
Los dedos de los pies eran en parte de hierro y en parte de barro, y eso significa que el reino ser fuerte y dbil al mismo tiempo.
Y as como Su Majestad vio el hierro mezclado con el barro, as los gobernantes de este reino se unirn por medio de alianzas matrimoniales; pero no podrn formar un solo cuerpo entre s, como tampoco puede el hierro mezclarse con el barro.
Durante el gobierno de estos reyes, el Dios del cielo establecer un reino que jams ser destruido ni dominado por ninguna otra nacin, sino que acabar por completo con todos los dems reinos, y durar para siempre.
Eso es lo que significa la piedra que Su Majestad vio desprenderse del monte, sin que nadie la hubiera empujado; piedra que convirti en polvo el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha revelado a Su Majestad lo que va a pasar en el futuro. El sueo es verdadero, y su interpretacin, cierta."
Entonces el rey Nabucodonosor se puso de rodillas delante de Daniel, inclin la cabeza hasta el suelo y mand que le ofrecieran sacrificios e incienso.
Despus le dijo a Daniel: -Verdaderamente el Dios de ustedes es el ms grande de todos los dioses; es el Seor de los reyes y el que revela los misterios, pues t has podido descubrir este misterio.
Luego el rey puso a Daniel en un alto puesto y le hizo muchos y esplndidos regalos; adems lo nombr gobernador de la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios de aquella nacin.
A peticin de Daniel, el rey puso a Sadrac, Mesac y Abed-neg en importantes cargos de la administracin de la provincia de Babilonia. Daniel mismo se qued en la corte del rey.
El rey Nabucodonosor mand hacer una estatua de oro, que tena treinta metros de alto por tres de ancho, y orden que la pusieran en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia.
Despus mand llamar a todos los gobernadores regionales, jefes del ejrcito, gobernadores provinciales, consejeros, tesoreros, jueces, magistrados y dems autoridades de las provincias, para que asistieran a la dedicacin de la estatua que l haba mandado hacer.
Todas estas grandes personalidades de la nacin se reunieron ante la estatua, para celebrar su dedicacin.
El encargado de anunciar el comienzo de la ceremonia orden en voz alta: "Atencin, hombres de todos los pueblos, naciones y lenguas:
En cuanto oigan ustedes tocar la trompeta, la flauta, la ctara, la lira, el salterio, la gaita y todos los instrumentos musicales, se pondrn de rodillas y adorarn a la estatua de oro que hizo construir el rey Nabucodonosor.
Todo aquel que no se arrodille y adore a la estatua, ser arrojado inmediatamente a un horno encendido."
As pues, en cuanto la multitud all reunida oy el sonido de todos aquellos instrumentos de msica, se puso de rodillas y ador a la estatua de oro.
Unos caldeos aprovecharon esta oportunidad para acusar a los judos ante el rey Nabucodonosor,
diciendo: -Viva Su Majestad para siempre, y sea su nombre siempre recordado!
Su Majestad ha ordenado que todo el mundo se arrodille y adore a la estatua de oro tan pronto como se oiga el sonido de los instrumentos musicales,
y que aquel que no lo haga sea arrojado a un horno encendido.
Pues bien, hay unos judos, a quienes Su Majestad puso al frente de la administracin de la provincia de Babilonia, que no guardan el menor respeto por Su Majestad, ni adoran a los dioses ni a la estatua de oro que Su Majestad ha mandado levantar. Ellos son Sadrac, Mesac y Abed-neg.
Nabucodonosor se puso muy furioso, y mand que llevaran ante l a Sadrac, Mesac y Abed-neg. Y cuando ya estaban en su presencia,
les pregunt: -Es verdad que ustedes no adoran a mis dioses ni a la estatua de oro que yo he mandado hacer?
Estn ustedes dispuestos, tan pronto como oigan la msica, a inclinarse ante la estatua que yo he mandado hacer, y adorarla? Porque si no la adoran, ahora mismo sern arrojados a un horno encendido; y entonces, qu dios podr salvarlos?
-No tenemos por qu discutir este asunto -contestaron los tres jvenes-.
Nuestro Dios, a quien adoramos, puede librarnos de las llamas del horno y de todo el mal que Su Majestad quiere hacernos, y nos librar.
Pero, aun si no lo hiciera, sepa bien Su Majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro.
Al or Nabucodonosor estas palabras, la cara se le puso roja de rabia contra los tres jvenes. Entonces orden que se calentara el horno siete veces ms de lo acostumbrado;
luego mand que algunos de los soldados ms fuertes de su ejrcito ataran a Sadrac, Mesac y Abed-neg, y que los arrojaran a las llamas del horno.
Los tres jvenes, vestidos todava con la misma ropa de los altos cargos que ocupaban, fueron atados y arrojados al horno ardiente.
Y como el rey haba mandado que su orden se cumpliera al instante, y el horno estaba muy encendido, las llamas alcanzaron y mataron a los soldados que haban arrojado en l a los tres jvenes,
los cuales cayeron atados dentro del horno.
Entonces Nabucodonosor se levant rpidamente, y muy asombrado dijo a los consejeros de su gobierno: -No arrojamos al fuego a tres hombres atados? -As es -le respondieron.
-Pues yo veo cuatro hombres desatados, que caminan en medio del fuego sin que les pase nada, y el cuarto hombre tiene el aspecto de un ngel.
Y diciendo esto, Nabucodonosor se acerc a la boca del horno y grit: -Sadrac, Mesac y Abed-neg, siervos del Dios altsimo, salgan y vengan aqu! Los tres salieron de entre las llamas,
y todas las autoridades de la nacin all presentes se acercaron a aquellos hombres, cuyos cuerpos no haban sido tocados por el fuego, y comprobaron que ni un pelo de la cabeza se les haba chamuscado ni sus vestidos se haban estropeado, y que ni siquiera olan a quemado.
En ese momento Nabucodonosor exclam: "Alabado sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-neg, que envi a su ngel para salvar a sus siervos fieles, que no cumplieron la orden del rey, prefiriendo morir antes que arrodillarse y adorar a otro dios que no fuera su Dios!
Ahora pues, yo ordeno que cualquier hombre que hable mal del Dios de estos jvenes, sea descuartizado, y su casa convertida en un montn de escombros, sea cual sea su pueblo, nacin o lengua, pues no hay otro dios que pueda salvar as."
Luego el rey dio a estos tres jvenes cargos ms importantes en la provincia de Babilonia.
"Yo, el rey Nabucodonosor, deseo paz y prosperidad a los hombres de todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan la tierra.
Quiero que sepan ustedes las cosas tan maravillosas que el Dios altsimo ha hecho conmigo.
Qu grandes son sus prodigios y milagros! Su reino durar por siempre, y su poder continuar de generacin en generacin.
"Yo, Nabucodonosor, viva tranquilo en mi palacio y disfrutaba de una gran prosperidad.
Pero una noche, estando ya acostado, tuve un sueo que me espant, y pensamientos y visiones que me llenaron de terror.
Entonces orden que vinieran a verme todos los sabios de Babilonia, para que me explicaran el significado del sueo.
Vinieron todos los magos, adivinos, sabios y astrlogos de Babilonia, y yo les cont el sueo, pero no pudieron decirme lo que significaba.
Por ltimo se present Daniel, llamado tambin Beltsasar en honor a mi dios, y cuya vida est guiada por el espritu del Dios santo, y le cont mi sueo de la siguiente manera:
'Beltsasar, jefe de los adivinos, yo s que el espritu del Dios santo te gua, y que conoces todos los misterios. Escucha, pues, lo que he visto en mi sueo, y dime lo que significa.
Estas son las visiones que tuve mientras estaba acostado: "En medio de la tierra haba un rbol muy alto.
El rbol creci y se hizo muy grueso; su copa tocaba el cielo, y se le poda ver desde los puntos ms lejanos de la tierra.
Eran tan hermosas sus hojas y tan abundante su fruto, que bastaba para alimentar a todos. Las bestias del campo se ponan a su sombra, en sus ramas hacan nidos las aves y la vida de todo el mundo dependa de l.
"De repente vi en mis visiones un ngel centinela que bajaba del cielo,
y que en voz alta deca: 'Echen abajo el rbol, crtenle las ramas, qutenle las hojas, esparzan sus frutos. Que huyan las bestias que estn bajo su sombra y las aves que estn en sus ramas.
Pero dejen en la tierra el tronco y sus races; sujtenlo con cadenas de hierro y de bronce, y djenlo entre la hierba del campo. Que caiga el roco sobre l, y que comparta con las bestias la hierba del campo.
Que su mente se trastorne y se vuelva como la de un animal, y que ese mal le dure siete aos.
Esta es la sentencia que han dictado los santos ngeles centinelas, para que todos los hombres sepan que el Dios altsimo tiene poder sobre los reinos humanos, que l da el gobierno a quien quiere drselo y hace jefe de una nacin al ms humilde de los hombres.'
"Este es el sueo que yo, el rey Nabucodonosor, tuve. Ahora, Beltsasar, dime su significado, pues ninguno de los sabios de mi reino lo ha entendido; pero t podrs interpretarlo, porque en ti est el espritu del Dios santo.
"Entonces Daniel, al que llamaban Beltsasar, se qued un momento pensativo, horrorizado por los pensamientos que le venan a la mente. Pero yo, el rey, le dije: 'Beltsasar, no te preocupes por el sueo que he tenido, ni por su explicacin.' Y Beltsasar contest: 'Ay, que todo lo que el sueo significa recaiga sobre los enemigos de Su Majestad!
El rbol alto y grueso que vio Su Majestad, el cual llegaba hasta el cielo y se poda ver desde los puntos ms lejanos de la tierra,
que tena hojas hermosas y fruto abundante que alcanzaba para alimentar a todos, a cuya sombra se arrimaban las bestias del campo y en cuyas ramas hacan su nido las aves,
ese rbol es Su Majestad, que ha crecido y se ha hecho poderoso. La grandeza de Su Majestad ha aumentado hasta alcanzar la altura del cielo, y su dominio se ha extendido sobre toda la tierra.
Su Majestad vio tambin que un santo ngel centinela bajaba del cielo y deca: Echen abajo el rbol y destryanlo, pero dejen en la tierra el tronco y sus races; sujtenlo con cadenas de hierro y de bronce, y djenlo entre la hierba del campo. Que caiga el roco sobre l, y que comparta con las bestias la hierba del campo durante siete aos.
Esto significa la sentencia que el Dios altsimo ha dictado contra Su Majestad.
Y Su Majestad ser separado de la gente y vivir con los animales; comer hierba, como los bueyes, y el roco empapar su cuerpo. As vivir Su Majestad durante siete aos, hasta que reconozca que el Dios altsimo tiene poder sobre todos los reinos humanos, y que es l quien pone como gobernante a quien l quiere.
La orden de que se dejara en la tierra el tronco y sus races, significa que se devolver a Su Majestad el reino cuando Su Majestad haya reconocido que Dios es quien tiene el poder.
Por tanto, siga Su Majestad este consejo mo: acte con rectitud y no peque ms; ponga fin a sus maldades y ocpese de ayudar a los pobres. Tal vez as pueda Su Majestad seguir viviendo en paz y prosperidad.' "
Todas estas cosas anunciadas al rey Nabucodonosor, se cumplieron:
Un ao despus, mientras el rey se paseaba por la terraza de su palacio de Babilonia,
dijo: "Miren qu grande es Babilonia! Yo, con mi gran poder, la edifiqu como capital de mi reino, para dejar muestras de mi grandeza."
Todava estaba hablando el rey cuando se oy una voz del cielo, que deca: "Oye esto, rey Nabucodonosor. Tu reino ya no te pertenece;
sers separado de la gente y vivirs con los animales; comers hierba como los bueyes durante siete aos, hasta que reconozcas que el Dios altsimo tiene poder sobre todas las naciones de la tierra, y que es l quien pone como gobernante a quien l quiere."
En ese mismo instante se cumpli la sentencia anunciada, y Nabucodonosor fue separado de la gente; comi hierba, como los bueyes, y el roco empap su cuerpo, hasta que el pelo y las uas le crecieron como si fueran plumas y garras de guila.
"Cuando el tiempo de la sentencia se cumpli, yo, Nabucodonosor, mir al cielo y me sent curado de mi locura; entonces bendije al Dios altsimo y alab con estas palabras al que vive para siempre: 'Su poder durar siempre; su reino permanecer de generacin en generacin.
Ante l nada son los habitantes de la tierra. l acta segn su voluntad, tanto en el cielo como en la tierra. No hay nadie que pueda oponerse a su poder ni preguntarle por qu acta como acta.'
"En aquel mismo momento recobr el juicio, el esplendor de mi reino, mi honor y mi grandeza. Mis consejeros y las altas personalidades de mi gobierno vinieron a buscarme, y me puse nuevamente al frente del gobierno de mi nacin, llegando a tener un poder todava mayor del que haba tenido antes.
"Ahora pues, yo, Nabucodonosor, alabo, honro y glorifico al Rey del cielo, porque todo lo que hace es verdadero y justo, y puede humillar a los que se creen importantes."
Belsasar, rey de Babilonia, invit a un gran banquete a mil de las altas personalidades de la nacin; y, durante la comida, el rey y sus invitados bebieron mucho vino.
Excitado por el vino, el rey Belsasar mand traer las copas y tazones de oro y plata que su padre Nabucodonosor se haba llevado del templo de Jerusaln.
Las copas y tazones fueron trados, y bebieron en ellos el rey, sus mujeres, sus concubinas y todos los dems asistentes al banquete.
Todos beban vino y alababan a sus dolos, hechos de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra.
En aquel momento apareci una mano de hombre que, a la luz de los candiles, comenz a escribir con el dedo sobre la pared blanca de la sala. Al ver el rey la mano que escriba,
se puso plido y, del miedo que le entr, comenz a temblar de pies a cabeza.
Luego se puso a gritar y llamar a los adivinos, sabios y astrlogos de Babilonia, y les dijo: -El que lea lo que ah est escrito, y me explique lo que quiere decir, ser vestido con ropas de prpura, llevar una cadena de oro en el cuello y ocupar el tercer lugar en el gobierno de mi reino.
Todos los sabios que estaban al servicio del rey entraron en la sala, pero nadie pudo entender el significado de lo escrito ni explicrselo al rey.
Entonces le entr tanto miedo al rey Belsasar, que su cara se puso completamente plida. Las personalidades del gobierno no saban qu hacer,
pero la reina madre, atrada por los gritos de su hijo el rey y de los grandes personajes invitados, entr en la sala del banquete y dijo: -Que viva Su Majestad para siempre! Y no se preocupe ni se ponga plido,
que en su reino hay un hombre guiado por el espritu del Dios santo. Cuando el padre de Su Majestad era rey, ese hombre demostr tener una mente clara, e inteligencia y sabidura como la de los dioses. Por eso el rey Nabucodonosor, padre de Su Majestad, nombr a ese hombre jefe de todos los magos, adivinos, sabios y astrlogos de la nacin,
ya que en Daniel, a quien el rey puso el nombre de Beltsasar, haba un espritu extraordinario e inteligencia y ciencia para entender el significado de los sueos, explicar el sentido de las palabras misteriosas y resolver los asuntos complicados. Llame Su Majestad a Daniel, y l le dar a conocer el significado de lo que est escrito en la pared.
Daniel fue llevado ante el rey, y el rey le pregunt: -Eres t Daniel, uno de aquellos prisioneros judos que mi padre, el rey Nabucodonosor, trajo de Judea?
Me han dicho que el espritu de Dios est en ti, que tienes una mente clara, y que eres muy inteligente y sabio.
Pues bien, los hombres ms sabios de la nacin han estado aqu para leer esas palabras y explicarme su significado, pero ni siquiera las entienden.
Sin embargo, he odo decir que t puedes aclarar dudas y resolver cuestiones difciles. Si t puedes leer esas palabras y decirme lo que significan, har que seas vestido con ropas de prpura, que te pongan una cadena de oro en el cuello y que ocupes el tercer lugar en el gobierno de mi reino.
Entonces Daniel le contest: -Qudese Su Majestad con sus regalos, y ofrzcale a otro el honor de estar en su palacio. Yo le explicar de todos modos a Su Majestad lo que quieren decir las palabras escritas en la pared.
"El Dios altsimo dio el reino, y tambin grandeza, gloria y honor, a Nabucodonosor, padre de Su Majestad.
Por el poder que le dio, gente de todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetaban y temblaban ante l. Y l mataba o dejaba vivir a quien l quera; a unos los pona en alto y a otros los humillaba.
Pero cuando se llen de soberbia, y actu terca y orgullosamente, se le quit el poder y la gloria que tena como rey.
Fue apartado de la gente y se convirti en una especie de animal; vivi con los asnos salvajes, comi hierba como los bueyes y el roco empap su cuerpo, hasta que reconoci que el Dios altsimo tiene poder sobre todos los reinos humanos, y que l da la direccin del gobierno a quien l quiere.
Y ahora Su Majestad, Belsasar, que es hijo de aquel y que sabe lo que le pas, tampoco ha vivido con humildad.
Al contrario, Su Majestad se ha burlado del Seor del cielo mandando traerse a la mesa las copas y tazones del templo, y, junto con sus invitados, ha bebido vino en ellos y ha dado alabanza a dioses hechos de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra; dioses que no ven, ni oyen, ni saben nada. En cambio, no ha alabado al Dios en cuyas manos est la vida de Su Majestad y de quien depende todo lo que haga.
Por eso, l envi la mano que escribi esas palabras,
MEN, MEN, TEKEL y PARSN,
las cuales significan lo siguiente: MEN: Dios ha medido los das del reinado de Su Majestad, y le ha sealado su fin;
TEKEL: Su Majestad ha sido pesado en la balanza, y pesa menos de lo debido;
PARSN: el reino de Su Majestad ha sido dividido, y ser entregado a medos y persas."
En seguida el rey Belsasar orden que vistieran a Daniel con ropas de prpura y que le pusieran una cadena de oro en el cuello, y comunic a todos que, desde ese mismo instante, Daniel ocupara el tercer lugar en el gobierno del reino.
Aquella misma noche mataron a Belsasar, rey de los caldeos,
y Daro de Media se apoder del reino. Daro tena entonces sesenta y dos aos de edad.
El rey Daro decidi nombrar ciento veinte gobernadores regionales para que se encargaran de las distintas partes del reino.
Al frente de ellos puso tres supervisores, para que vigilaran la administracin de los gobernadores, con el fin de que el rey no saliera perjudicado en nada. Uno de los supervisores era Daniel,
quien pronto se distingui de los otros supervisores y jefes regionales por su gran capacidad; por eso el rey pens en ponerlo al frente del gobierno de la nacin.
Los supervisores y gobernadores buscaron entonces un motivo para acusarlo de mala administracin del reino, pero como Daniel era un hombre honrado, no le encontraron ninguna falta; por lo tanto no pudieron presentar ningn cargo contra l.
Sin embargo, siguieron pensando en el asunto, y dijeron: "No encontraremos ningn motivo para acusar a Daniel, a no ser algo que tenga que ver con su religin."
As pues, los supervisores y gobernadores se pusieron de acuerdo para ir a hablar con el rey Daro, y cuando estuvieron en su presencia le dijeron: -Que viva Su Majestad para siempre!
Todas las autoridades que gobiernan la nacin han tenido una junta, en la que acordaron la publicacin de un decreto real ordenando que, durante treinta das, nadie dirija una splica a ningn dios ni hombre, sino solo a Su Majestad. El que no obedezca, deber ser arrojado al foso de los leones.
Por lo tanto, confirme Su Majestad el decreto, y frmelo para que no pueda ser modificado, conforme a la ley de los medos y los persas, que no puede ser anulada.
Ante esto, el rey Daro firm el decreto.
Y cuando Daniel supo que el decreto haba sido firmado, se fue a su casa, abri las ventanas de su dormitorio, el cual estaba orientado hacia Jerusaln, y se arrodill para orar y alabar a Dios. Esto lo haca tres veces al da, tal como siempre lo haba hecho.
Entonces aquellos hombres entraron juntos en la casa de Daniel, y lo encontraron orando y alabando a su Dios.
En seguida fueron a ver al rey para hablarle del decreto, y le dijeron: -Su Majestad ha publicado un decreto, segn el cual, aquel que durante estos treinta das dirija una splica a cualquier dios o a cualquier hombre que no sea Su Majestad, ser arrojado al foso de los leones, no es verdad? -As es -respondi el rey-. Y el decreto debe cumplirse conforme a la ley de los medos y los persas, que no puede ser anulada.
Entonces ellos siguieron diciendo: -Pues Daniel, uno de esos judos desterrados, no muestra ningn respeto por Su Majestad ni por el decreto publicado, ya que lo hemos visto hacer su oracin tres veces al da.
Al or esto, el rey qued muy triste, y busc la manera de salvar a Daniel. Hasta la hora de ponerse el sol hizo todo lo posible para salvarlo,
pero aquellos hombres se presentaron otra vez al rey y le dijeron: -Su Majestad sabe bien que, segn la ley de los medos y los persas, ninguna prohibicin o decreto firmado por el rey puede ser anulado.
Entonces el rey orden que trajeran a Daniel y lo echaran al foso de los leones. Pero antes que se cumpliera la sentencia, el rey le dijo a Daniel: -Que tu Dios, a quien sirves con tanta fidelidad, te salve!
En cuanto Daniel estuvo en el foso, trajeron una piedra y la pusieron sobre la boca del foso, y el rey la sell con su sello real y con el sello de las altas personalidades de su gobierno, para que tambin en el caso de Daniel se cumpliera estrictamente lo establecido por la ley.
Despus el rey se fue a su palacio y se acost sin cenar y sin entregarse a sus distracciones habituales; adems, no pudo dormir en toda la noche.
Tan pronto como amaneci, se levant y fue a toda prisa al foso de los leones.
Cuando el rey estuvo cerca, llam con voz triste a Daniel, diciendo: -Daniel, siervo del Dios viviente, pudo tu Dios, a quien sirves con tanta fidelidad, librarte de los leones?
Y Daniel le respondi: -Que viva Su Majestad para siempre!
Mi Dios envi su ngel, el cual cerr la boca de los leones para que no me hicieran ningn dao, pues Dios sabe que soy inocente y que no he hecho nada malo contra Su Majestad.
Entonces el rey se alegr mucho y orden que sacaran del foso a Daniel. Cuando lo sacaron, no le encontraron ninguna herida, porque tuvo confianza en su Dios.
Despus, por orden del rey, fueron trados los hombres que haban acusado a Daniel, y junto con sus mujeres y sus hijos fueron echados al foso de los leones; y an no haban llegado al fondo cuando ya los leones se haban lanzado sobre ellos y los haban despedazado.
Entonces el rey Daro escribi a la gente de todas las naciones y lenguas de la tierra, dicindoles: "Deseo a ustedes paz y prosperidad,
y ordeno y mando que en todo mi imperio se respete y reverencie al Dios de Daniel. "Porque l es el Dios viviente, y permanece para siempre. Su reino no ser jams destruido ni su poder tendr fin.
l es el salvador y el libertador; el que hace seales maravillosas en el cielo y en la tierra. l ha salvado a Daniel de las garras de los leones."
Y Daniel sigui siendo una alta personalidad del gobierno en el reinado de Daro, y tambin en el reinado de Ciro, rey de Persia.
Una noche, durante el primer ao del reinado de Belsasar en Babilonia, Daniel tuvo un sueo y visiones. En cuanto se despert, puso por escrito las cosas principales que haba soado. Esto es lo que escribi:
"Yo vea en mi sueo que los cuatro vientos soplaban y agitaban las aguas del gran mar.
De repente, cuatro enormes monstruos, diferentes uno del otro, salieron del mar.
El primero se pareca a un len, pero tena alas de guila. Mientras yo lo estaba mirando, le arrancaron las alas, lo levantaron del suelo y lo apoyaron sobre sus patas traseras, ponindolo de pie como un hombre, y su cerebro se convirti en el de un ser humano.
"El segundo se pareca a un oso, alzado ms de un lado que de otro, el cual tena tres costillas entre los dientes; y o que le decan: 'Anda, come toda la carne que puedas!'
"El tercero se pareca a un leopardo, pero con cuatro alas en la espalda; tambin vi que tena cuatro cabezas y que se le entregaba el poder.
"El cuarto monstruo que vi en mis visiones era terrible, espantoso, y de una fuerza extraordinaria. Tena grandes dientes de hierro; todo lo devoraba y destrozaba, y pisoteaba las sobras. Era un monstruo diferente de todos los que yo haba visto en mi sueo, y tena diez cuernos en la cabeza.
"Mientras yo estaba mirando los cuernos, vi que de entre ellos sala otro cuerno ms pequeo, y entonces le arrancaron tres cuernos para dejar lugar al ltimo que le haba salido, el cual tena ojos como los de un ser humano y una boca que hablaba con mucha arrogancia.
"Segu mirando, hasta que fueron puestos unos tronos y un Anciano se sent. Su vestido era blanco como la nieve, y su cabello como lana limpia. El trono y sus ruedas eran llamas de fuego,
y un ro de fuego sala de delante de l. Miles y miles le servan, y millones y millones estaban de pie en su presencia. El tribunal dio principio a la sesin, y los libros fueron abiertos.
"Yo estaba mirando, atrado por las cosas tan arrogantes que el cuerno pequeo deca; y mientras estaba mirando, mataron al monstruo y lo despedazaron, y luego lo echaron al fuego para que se quemara.
Tambin a los otros monstruos se les quit el poder, pero los dejaron seguir viviendo hasta que les llegara su hora.
"Yo segua viendo estas visiones en la noche. De pronto: "Vi que vena entre las nubes alguien parecido a un hijo de hombre, el cual fue a donde estaba el Anciano; y le hicieron acercarse a l.
Y le fue dado el poder, la gloria y el reino, y gente de todas las naciones y lenguas le servan. Su poder ser siempre el mismo, y su reino jams ser destruido.
"Yo, Daniel, sent que el terror se apoderaba de m; y muy preocupado por todo lo que haba visto,
me acerqu a uno de los que estaban all de pie, y le ped que me explicara todo aquello. l acept explicrmelo, y me dijo:
'Estos cuatro monstruos son cuatro reyes que dominarn el mundo.
Pero despus el reino ser entregado al pueblo del Dios altsimo, y ser suyo por toda la eternidad.'
"Yo quera saber ms acerca del cuarto monstruo, que era tan diferente de los otros, pues su aspecto era horrible: tena dientes de hierro y garras de bronce; todo lo devoraba y destrozaba, y pisoteaba las sobras.
Tambin quera yo saber ms acerca de sus diez cuernos, y del cuerno pequeo que tena ojos y una boca que hablaba con mucha arrogancia, pues hasta pareca ms grande que los otros cuernos, y tres cuernos haban cado para dejarle lugar.
Entonces vi que este cuerno luchaba contra el pueblo de Dios, y lo venca,
hasta que lleg el Anciano e hizo justicia al pueblo del Dios altsimo, pues se haba cumplido el tiempo para que el pueblo de Dios tomara posesin del reino.
Y dijo: 'El cuarto monstruo ser un cuarto reino que habr sobre la tierra, diferente de todos los dems. Devorar toda la tierra, la pisotear y la destrozar.
Los diez cuernos son diez reyes que reinarn en ese reino. Despus de ellos subir otro al poder, que ser muy diferente de los primeros y que derribar a tres de estos reyes.
Insultar al Dios altsimo e ir acabando con su pueblo; tratar de cambiar la ley de Dios y las fiestas religiosas, y el pueblo de Dios estar bajo su poder durante tres aos y medio.
Pero el tribunal celebrar un juicio, y se le arrebatar el poder, dejndolo completamente destruido.
Y el reino, el poder y la gloria de todos los reinos de la tierra, sern dados al pueblo del Dios altsimo. Su reino permanecer para siempre, y todos los pueblos de la tierra le servirn y le obedecern.'
"Este es el final del relato. Y yo, Daniel, me qued muy preocupado y me puse plido; pero no dije nada a nadie sobre este asunto."
"Durante el tercer ao del reinado de Belsasar, yo, Daniel, tuve otra visin, adems de la que antes haba tenido.
Durante la visin, me pareca estar en la ciudadela de Susa, en la provincia de Elam, a orillas del ro Ulai.
Mir a lo lejos, y vi un carnero que estaba a la orilla del ro. Tena dos cuernos altos, pero uno de ellos le haba salido ms tarde y era ms alto que el otro.
Vi que el carnero embesta con sus cuernos hacia el oeste, el norte y el sur, y que ningn otro animal poda hacerle frente ni librarse de sus golpes. Haca lo que mejor le pareca, y cada vez era ms fuerte.
"Todava estaba yo pensando en lo que haba visto, cuando me di cuenta de que un chivo vena del oeste, corriendo tan deprisa que ni siquiera tocaba el suelo. Este chivo tena un gran cuerno entre los ojos,
y cuando lleg cerca del carnero de dos cuernos, que yo haba visto junto al ro, lo embisti con todas sus fuerzas
y le rompi sus dos cuernos, sin que el carnero tuviera fuerzas para enfrentarse con l. Despus el chivo derrib por tierra al carnero y lo pisote, sin que nadie pudiera salvarlo.
"El chivo se haca cada vez ms fuerte, pero en el momento en que ms poder tena, su gran cuerno se rompi, y en su lugar le salieron cuatro cuernos que apuntaban hacia los cuatro vientos.
De uno de ellos sali otro cuerno pequeo, que creci mucho hacia el sur, hacia el este y hacia la Tierra de la Hermosura.
Tanto creci que lleg hasta el ejrcito del cielo, derrib parte de las estrellas y las pisote,
y aun lleg a desafiar al jefe mismo de ese ejrcito; suprimi el sacrificio diario y profan el lugar de adoracin.
Perversamente hizo que su ejrcito acampara donde antes se ofreca el sacrificio, y ech por los suelos la verdad. Hizo, en fin, todo cuanto quiso, y en todo tuvo xito.
"Despus o que un ngel le preguntaba a otro ngel: 'Cundo va a terminar esto que se ve en el altar del sacrificio diario? Cunto va a durar el horrible pecado de entregar el santuario del Seor y los creyentes en l, para ser pisoteados?'
Y la respuesta fue: 'Hasta dos mil trescientas tardes y maanas. Despus de eso, el santuario ser purificado.'
"Mientras yo, Daniel, contemplaba esta visin y trataba de comprender su significado, apareci de repente delante de m una figura parecida a un hombre,
y o una voz humana que vena del ro Ulai, la cual deca: 'Gabriel, explcale a este hombre la visin.'
"Entonces l se me acerc. Yo me asust, y me inclin hasta tocar el suelo con la frente, pero l me dijo: 'Hijo de hombre, ten en cuenta que esta visin se refiere al final de los tiempos.'
"Mientras l me estaba hablando, yo me desmay y qued tendido en el suelo; pero l me toc, hizo que me pusiera de pie,
y me dijo: 'Voy a explicarte lo que va a pasar cuando termine el tiempo de la ira de Dios, pues la visin se refiere al tiempo del fin.
'El carnero con dos cuernos representa a los reyes de Media y de Persia.
El chivo es el rey de Grecia, y el gran cuerno que tiene entre los ojos es el primer rey.
Los cuatro cuernos que salieron cuando el primer cuerno se rompi, significan que de esta nacin saldrn cuatro reinos ms, pero no con el poder del primero.
'Cuando el dominio de estos reinos llegue a su fin y las maldades hayan llegado al colmo, un rey insolente y astuto ocupar el poder.
Llegar a ser poderoso, pero no con su propio poder; destruir de manera increble y triunfar en todo lo que haga. Destruir a hombres poderosos y tambin a muchos del pueblo de Dios.
Por su astucia, sus engaos triunfarn. Se llenar de orgullo, y a mucha gente que viva confiada le quitar la vida a traicin. Har frente al prncipe de prncipes, pero ser destruido por l.
'La visin de las tardes y las maanas te ha sido revelada, y es verdadera; pero t mantnla en secreto, pues se cumplir cuando haya pasado mucho tiempo.'
"Yo, Daniel, sent que me faltaban las fuerzas, y estuve enfermo varios das. Despus me levant y segu atendiendo los asuntos del gobierno de la nacin. Pero estaba yo muy preocupado por la visin que haba tenido, pues no poda comprenderla.
"Daro, hijo de Asuero, de la raza de los medos, gobernaba el reino de los caldeos.
En el primer ao de su reinado, yo, Daniel, estaba estudiando en el libro del profeta Jeremas acerca de los setenta aos que deban pasar para que se cumpliera la ruina de Jerusaln, segn el Seor se lo haba dicho al profeta.
Y dirig mis oraciones y splicas a Dios el Seor, ayunando y vistindome con ropas speras, y sentndome en ceniza.
Or al Seor mi Dios, y le hice esta confesin: 'Seor, Dios grande y poderoso, que siempre cumples tus promesas y das pruebas de tu amor a los que te aman y cumplen tus mandamientos:
hemos pecado y cometido maldad; hemos hecho lo malo; hemos vivido sin tomarte en cuenta; hemos abandonado tus mandamientos y decretos.
No hemos hecho caso a tus siervos los profetas, los cuales hablaron en tu nombre a nuestros reyes, jefes y antepasados, y a todo el pueblo de Israel.
T, Seor, eres justo, pero nosotros los judos nos sentimos hoy avergonzados; tanto los que viven en Jerusaln como los otros israelitas, los de cerca y los de lejos, que viven en los pases adonde t los arrojaste por haberse rebelado contra ti.
Nosotros, Seor, lo mismo que nuestros reyes, jefes y antepasados, nos sentimos avergonzados porque hemos pecado contra ti.
Pero de ti, Dios nuestro, es propio el ser compasivo y perdonar. Nosotros nos hemos rebelado contra ti
y no te hemos escuchado, Seor y Dios nuestro, ni hemos obedecido las enseanzas que nos diste por medio de tus siervos los profetas.
Todo Israel desobedeci tus enseanzas y se neg a obedecer tus rdenes; por eso han cado sobre nosotros la maldicin y el juramento que estn escritos en la ley de Moiss, tu siervo, porque hemos pecado contra ti.
T, al enviarnos una calamidad tan grande, has cumplido la amenaza que nos hiciste a nosotros y a los que nos gobernaron; pues jams ha habido en el mundo nada comparable al castigo que ha cado sobre Jerusaln.
Todo este mal ha venido sobre nosotros, tal como est escrito en la ley de Moiss; pero nosotros no te hemos buscado, Seor y Dios nuestro, ni hemos abandonado nuestras maldades, ni hemos seguido tu verdad.
Por eso, Seor, has preparado este mal y lo has enviado sobre nosotros; porque t, Seor y Dios nuestro, eres justo en todo lo que haces; pero nosotros no quisimos escucharte.
'Seor y Dios nuestro, t mostraste tu gran poder al sacar de Egipto a tu pueblo, haciendo as famoso tu nombre desde aquellos das hasta hoy; pero nosotros hemos pecado y hemos hecho lo malo.
Seor, sabemos que eres bondadoso. Por favor, aparta de Jerusaln tu ira y furor, porque ella es tu ciudad, tu monte santo. Toda la gente de las naciones vecinas se burla de Jerusaln y de tu pueblo, por culpa de nuestros pecados y de los de nuestros antepasados.
Dios nuestro, escucha la oracin y las splicas de este siervo tuyo; por tu nombre, Seor, mira con amor la triste situacin en que ha quedado tu templo.
Atiende, Dios mo, y escucha; mira con atencin nuestra ruina y la de la ciudad donde se invoca tu nombre. No te hacemos nuestras splicas confiados en la rectitud de nuestra vida, sino en tu gran compasin.
Seor, Seor! Escchanos, perdnanos! Atindenos, Seor, y ven a ayudarnos! Por ti mismo, Dios mo, y por tu ciudad y tu pueblo, que invocan tu nombre, no tardes!'
"Yo segu orando y confesando mis pecados y los de mi pueblo Israel, y presentando mis splicas al Seor mi Dios por su monte santo.
Mientras yo oraba, Gabriel, que se me haba aparecido antes en la visin, vino volando a donde yo estaba. Era casi la hora de ofrecer a Dios el sacrificio de la tarde.
Y me dijo: 'Daniel, he venido ahora para hacerte entender estas cosas.
En cuanto comenzaste a orar, Dios te respondi. Yo he venido para darte su respuesta, porque Dios te quiere mucho. Ahora, pues, pon mucha atencin a lo siguiente, para que entiendas la visin:
'Setenta semanas han de pasar sobre tu pueblo y tu ciudad santa para poner fin a la rebelin y al pecado, para obtener el perdn por la maldad y establecer la justicia para siempre, para que se cumplan la visin y la profeca y se consagre el Santsimo.
Debes saber y entender esto: Desde el momento en que se ordene restaurar y reconstruir Jerusaln, hasta la llegada del jefe consagrado, han de pasar siete semanas, y las calles y murallas reconstruidas de Jerusaln durarn sesenta y dos semanas, pero sern tiempos de mucha angustia.
Despus de las sesenta y dos semanas le quitarn la vida al jefe consagrado. Jerusaln y el templo sern destruidos por la gente de un rey que vendr. El fin llegar de pronto, como una inundacin, y hasta el fin seguirn la guerra y las destrucciones que han sido determinadas.
Durante una semana ms, l har un pacto con mucha gente, pero a mitad de la semana pondr fin a los sacrificios y las ofrendas. Y un horrible sacrilegio se cometer ante el altar de los sacrificios, hasta que la destruccin determinada caiga sobre el autor de estos horrores.' "
Durante el tercer ao del reinado de Ciro de Persia, Daniel, llamado tambin Beltsasar, tuvo una revelacin verdadera, pero de significado muy difcil de entender. Sin embargo, Daniel puso toda su atencin en ello y pudo comprender el sentido de la revelacin.
"En aquellos das, yo, Daniel, estuve muy triste durante tres semanas.
No com alimentos exquisitos, ni prob carne ni vino, ni me puse ningn perfume hasta que pasaron esas tres semanas.
El da veinticuatro del primer mes del ao, estaba yo a la orilla del gran ro Tigris.
De pronto, me fij y vi un hombre vestido con ropas de lino y un cinturn de oro puro.
Su cuerpo brillaba como el topacio, su cara resplandeca como un relmpago, sus ojos eran como antorchas encendidas, sus brazos y sus pies brillaban como el bronce, su voz pareca la de una multitud.
"Solo yo pude ver la visin, pues los hombres que estaban conmigo no se dieron cuenta de nada, porque el miedo se apoder de ellos y corrieron a esconderse.
Yo estaba solo cuando tuve esta gran visin. Me puse completamente plido y sent que me faltaban las fuerzas.
Cuando le o hablar, ca desmayado y qued tendido en el suelo.
En seguida, una mano me agarr y me levant, hasta dejarme apoyado sobre mis manos y rodillas.
Luego me dijo: 'Daniel, a quien Dios ama, escucha bien lo que te voy a decir: levntate; porque yo he sido enviado a ti.' "Tan pronto como termin de decir estas palabras, yo, tembloroso, me puse de pie.
Entonces me dijo: 'No tengas miedo, Daniel, porque desde el primer da en que trataste de comprender las cosas difciles y decidiste humillarte ante tu Dios, l escuch tus oraciones. Por eso he venido yo.
El ngel prncipe del reino de Persia se me ha opuesto durante veintin das; pero Miguel, uno de los ngeles prncipes ms altos, vino en mi ayuda, pues yo me haba quedado solo junto a los reyes de Persia.
As que he venido a explicarte lo que va a pasarle a tu pueblo en el futuro, porque la visin que has tenido se refiere a ese tiempo.'
"Mientras me deca esto, yo estaba con la mirada fija en el suelo y sin decir una sola palabra.
De pronto, alguien parecido a un hijo de hombre me toc los labios. Entonces le dije al que estaba ante m: 'Seor, esta visin me ha llenado de angustia y me ha dejado sin fuerzas.
Cmo va a poder hablar contigo este siervo tuyo, si estoy completamente sin fuerzas y hasta me falta el aliento?'
"Aquel que pareca un hijo de hombre me volvi a tocar, me dio nuevas fuerzas
y me dijo: 'No tengas miedo ni te preocupes. Dios te ama; anmate y ten valor!' "Mientras me hablaba, sent que me iba reanimando, y dije: 'Seor, hblame, pues me has devuelto las fuerzas.'
Entonces me dijo: 'Sabes por qu he venido a verte? Pues porque ahora tengo que volver a luchar con el ngel prncipe de Persia. Y cuando haya terminado de luchar con l, vendr el ngel prncipe de Grecia.
Ahora voy a decirte lo que est escrito en el libro de la verdad: En mi lucha contra ellos solo tengo la ayuda de Miguel, el ngel prncipe de Israel.
"Yo tambin le anim y ayud cuando Daro, el rey de Media, estaba en el primer ao de su reinado.
Y ahora te voy a dar a conocer la verdad: 'Todava gobernarn en Persia tres reyes, despus de los cuales ocupar el poder un cuarto rey que ser ms rico que los otros tres. Y cuando por medio de sus riquezas haya alcanzado gran poder, pondr todo en movimiento contra el reino de Grecia.
Pero despus gobernar un rey muy guerrero, que extender su dominio sobre un gran imperio y har lo que se le antoje.
Sin embargo, una vez establecido, su imperio ser deshecho y repartido en cuatro partes. El poder de este rey no pasar a sus descendientes, ni tampoco el imperio ser tan poderoso como antes lo fue, ya que quedar dividido y otros gobernarn en su lugar.
'El rey del sur ser muy poderoso, pero uno de sus generales llegar a ser ms fuerte que l y extender su dominio sobre un gran imperio.
Al cabo de algunos aos, los dos harn una alianza: el rey del sur dar a su hija en matrimonio al rey del norte, con el fin de asegurar la paz entre las dos naciones. Pero el plan fracasar, pues tanto ella como su hijo, su marido y sus criados, sern asesinados.
Sin embargo, un miembro de su familia atacar al ejrcito del norte y ocupar la fortaleza real, y sus tropas dominarn la situacin.
Adems, se llevar a Egipto a sus dioses, a sus imgenes hechas de metal fundido, junto con otros valiosos objetos de oro y plata. Despus de algunos aos sin guerra entre las dos naciones,
el rey del norte tratar de invadir el sur, pero se ver obligado a retirarse.
'Pero los hijos del rey del norte se prepararn para la guerra y organizarn un gran ejrcito. Uno de ellos se lanzar con sus tropas a la conquista del sur, destruyndolo todo como si fuera un ro desbordado; despus volver a atacar, llegando hasta la fortaleza del rey del sur.
La invasin del ejrcito del norte enojar tanto al rey del sur, que este saldr a luchar contra el gran ejrcito enemigo y lo derrotar por completo.
El triunfo obtenido y el gran nmero de enemigos muertos lo llenar de orgullo, pero su poder no durar mucho tiempo.
El rey del norte volver a organizar un ejrcito, ms grande que el anterior, y despus de algunos aos volver a atacar al sur con un ejrcito numeroso y perfectamente armado.
'Cuando esto suceda, muchos se rebelarn contra el rey del sur. Entre ellos habr algunos hombres malvados de Israel, tal como fue mostrado en la visin, pero fracasarn.
El rey del norte vendr y construir una rampa alrededor de una ciudad fortificada, y la conquistar. Ni los mejores soldados del sur podrn detener el avance de las tropas enemigas.
El invasor har lo que se le antoje con los vencidos, sin que nadie pueda hacerle frente, y se quedar en la Tierra de la Hermosura destruyendo todo lo que encuentre a su paso.
Adems, se preparar para apoderarse de todo el territorio del sur; para ello, har una alianza con ese rey y le dar a su hija como esposa, con el fin de destruir su reino, pero sus planes fracasarn.
Despus atacar a las ciudades de las costas, y muchas de ellas caern en su poder; pero un general pondr fin a esta vergenza, poniendo a su vez en vergenza al rey del norte.
Desde all, el rey se retirar a las fortalezas de su pas; pero tropezar con una dificultad que le costar la vida, y nunca ms se volver a saber de l.
'Su lugar ser ocupado por otro rey, que enviar un cobrador de tributos para enriquecer su reino; pero al cabo de pocos das lo matarn, aunque no en el campo de batalla.
'Despus de l reinar un hombre despreciable, a quien no le correspondera ser rey, el cual ocultar sus malas intenciones y tomar el poder por medio de engaos.
Destruir por completo a las fuerzas que se le opongan, y adems matar al jefe de la alianza.
Engaar tambin a los que hayan hecho una alianza de amistad con l y, a pesar de disponer de poca gente, vencer.
Cuando nadie se lo espere, entrar en las tierras ms ricas de la provincia y har lo que no hizo ninguno de sus antepasados: repartir entre sus soldados los bienes y riquezas obtenidas en la guerra. Planear sus ataques contra las ciudades fortificadas, aunque solo por algn tiempo.
'Animado por su poder y su valor, atacar al rey del sur con el apoyo de un gran ejrcito. El rey del sur responder con valor, y entrar en la guerra con un ejrcito grande y poderoso; pero ser traicionado, y no podr resistir los ataques del ejrcito enemigo.
Los mismos que l invitaba a comer en su propia mesa, le prepararn la ruina, pues su ejrcito ser derrotado y muchsimos de sus soldados morirn.
Entonces los dos reyes, pensando solo en hacerse dao, se sentarn a comer en la misma mesa y se dirn mentiras el uno al otro, pero ninguno de los dos lograr su propsito porque todava no ser el momento.
El rey del norte regresar a su pas con todas las riquezas capturadas en la guerra, y entonces se pondr en contra de la santa alianza; llevar a cabo sus planes, y despus volver a su tierra.
Cuando llegue el momento sealado, lanzar de nuevo sus tropas contra el sur; pero en esta invasin no triunfar como la primera vez.
Su ejrcito ser atacado por tropas del oeste tradas en barcos, y dominado por el pnico emprender la retirada. Entonces el rey del norte descargar su odio sobre la santa alianza, valindose de los que renegaron de la alianza para servirle a l.
'Sus soldados profanarn el templo y las fortificaciones, suspendern el sacrificio diario y pondrn all el horrible sacrilegio.
El rey tratar de comprar con halagos a los que renieguen de la alianza, pero el pueblo que ama a su Dios se mantendr firme y har frente a la situacin.
Los sabios del pueblo instruirn a mucha gente, pero luego los matarn a ellos, y los quemarn, y les robarn todo lo que tengan, y los harn esclavos en tierras extranjeras. Esto durar algn tiempo.
Cuando llegue el momento de las persecuciones, recibirn un poco de ayuda, aunque muchos se unirn a ellos solo por conveniencia propia.
Tambin sern perseguidos algunos de los que instruan al pueblo, para que, puestos a prueba, sean purificados y perfeccionados, hasta que llegue el momento final que ya ha sido sealado.
'El rey del norte har todo lo que se le antoje. Ser tal su orgullo que se creer superior a todos los dioses, y dir terribles ofensas contra el verdadero Dios; y todo le saldr bien, hasta que Dios le enve su castigo; porque lo que Dios ha de hacer, lo har.
Este rey no tomar en cuenta a los dioses de sus antepasados, ni a los dioses adorados por las mujeres, ni a ningn otro dios, porque se creer superior a todos ellos.
Sin embargo, adorar al dios de las fortalezas; honrar a este dios que sus antepasados no adoraron, y le ofrecer oro, plata, piedras preciosas y objetos de gran valor.
Para defender las fortificaciones usar gente que adora a un dios extranjero; y a todos los que adoren a este rey, l les har grandes honores, los pondr en puestos importantes y les dar tierras como recompensa.
'Cuando llegue el momento final, el rey del sur atacar al rey del norte; pero este saldr a su encuentro y, como una tormenta, se lanzar contra el sur, inundando todo el pas con carros de guerra, tropas de caballera y muchos barcos.
Tambin entrar en la Tierra de la Hermosura y matar a muchsima gente; pero se salvarn los habitantes de Edom y Moab, y la mayor parte del territorio de Amn.
Su ejrcito ocupar otros pases, y ni siquiera Egipto se librar.
Se llevar los tesoros de oro y plata, y todos los objetos preciosos de Egipto; luego les llegar su turno a Libia y Etiopa.
Pero recibir noticias del este y del norte, que le dejarn alarmado; entonces saldr furioso, con la idea de hacer una gran matanza,
y establecer su campamento real entre el mar y el santo monte de la Hermosura. Pero all mismo llegar la hora de su muerte, y no habr nadie que lo ayude.
'En ese momento aparecer Miguel, el gran ngel protector que defiende a tu pueblo. 'Ser un momento angustioso, un momento como no ha habido otro desde que existen las naciones. Cuando ese momento llegue, se salvarn todos los de tu pueblo que tienen su nombre escrito en el libro.
Muchos de los que duermen en la tumba, despertarn: unos para vivir eternamente, y otros para la vergenza y el horror eternos.
Los hombres sabios, los que guiaron a muchos por el camino recto, brillarn como la bveda celeste; brillarn por siempre, como las estrellas!
'Pero t, Daniel, guarda estas cosas en secreto y sella el libro hasta el tiempo del fin. Mucha gente andar de ac para all, buscando aumentar sus conocimientos.'
"Yo, Daniel, vi que otros dos hombres estaban de pie, uno a cada lado del ro.
Y uno de ellos le pregunt al hombre vestido con ropas de lino, que estaba sobre las aguas del ro: 'Cundo van a terminar estas cosas tan extraordinarias?'
El hombre vestido de lino levant sus manos al cielo y, jurando en el nombre del Dios viviente, dijo: 'Dentro de tres tiempos y medio, cuando deje de ser destrozado el poder del pueblo de Dios, entonces terminarn todas estas cosas.'
"Yo escuch lo que deca, pero no entend nada. Entonces le pregunt: 'Seor, qu va a pasar despus de todo esto?'
Y l me contest: 'Sigue tu camino, Daniel, pues estas cosas deben ser mantenidas en secreto hasta que llegue el momento final.
Muchos pasarn por los sufrimientos anunciados, y saldrn de ellos purificados y perfeccionados. Los malvados seguirn cometiendo maldades, sin entender lo que pasa, pero los hombres sabios lo comprendern todo.
Mil doscientos noventa das pasarn desde el momento en que se suspenda el sacrificio diario y se ponga el horrible sacrilegio en el templo del Seor.
Feliz aquel que espere confiado hasta que hayan pasado mil trescientos treinta y cinco das.
Pero t, Daniel, camina hacia tu fin y reposa, que en los ltimos das te levantars para recibir tu recompensa.' "
Este es el mensaje que el Seor dirigi a Oseas, hijo de Beer, en tiempos de Ozas, Jotam, Ahaz y Ezequas, reyes de Jud, y de Jeroboam, hijo de Jos, rey de Israel.
El Seor comenz as el mensaje que quera comunicar por medio de Oseas: "La tierra de Israel se ha prostituido apartndose de m. De la misma manera, ve t y toma por mujer a una prostituta, y ten hijos con ella; as ellos sern hijos de una prostituta."
Oseas tom entonces por mujer a Gmer, hija de Diblaim, la cual qued embarazada y le dio un hijo.
Entonces el Seor le dijo a Oseas: "Llama Jezreel al nio, porque dentro de poco voy a castigar a los descendientes del rey Jeh por los crmenes que l cometi en Jezreel, y voy a poner fin al reino de Israel.
Ese da destruir en el valle de Jezreel el podero militar de Israel."
Gmer volvi a quedar embarazada y tuvo una hija. El Seor le dijo a Oseas: "Llama Lo-ruhama a la nia, porque ya no volver a tener compasin del reino de Israel. No los perdonar.
En cambio, tendr compasin del reino de Jud: yo mismo, el Seor su Dios, los salvar. Pero no los salvar por medio de la guerra, sino que lo har sin arco ni espada ni caballos ni jinetes."
Despus de haber destetado a Lo-ruhama, Gmer volvi a quedar embarazada y tuvo un hijo.
Entonces el Seor le dijo a Oseas: "Llama Lo-am al nio, porque ustedes ya no son mi pueblo ni yo soy ya su Dios."
Un da los israelitas sern como la arena del mar, que nadie la puede medir ni contar. Y en vez de decirles: "Ustedes ya no son mi pueblo", Dios les dir: "Ustedes son hijos del Dios viviente."
Entonces se juntar la gente de Jud y de Israel, y nombrarn un jefe nico, y de todas partes volvern a Jerusaln. Grande ser el da de Jezreel!
Entonces dirn ustedes a sus hermanos: "Pueblo de Dios", y a sus hermanas: "Compadecidas".
El Seor dice: "Acusen ustedes a su madre, acsenla, porque ella no es ya mi esposa ni yo soy su marido! Que deje de mostrarse como prostituta! Que aparte de sus pechos a sus amantes!
Si no lo hace, la dejar desnuda por completo: la pondr como el da en que naci, la convertir en un desierto, en pura tierra seca, y la har morir de sed.
No me compadecer de sus hijos, pues son fruto de su prostitucin.
Su madre se prostituy; perdi el honor, cuando dijo: 'Ir en busca de mis amantes, los que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mis bebidas.'
"Por eso cerrar con espinos su camino y pondr una cerca a su alrededor, para que no encuentre sus senderos.
Seguir a sus amantes, pero no los alcanzar; los buscar, pero no los encontrar. Dir entonces: 'Volver a mi primer marido, pues con l me iba mejor que ahora.'
"Pero ella no reconoci que yo era quien le daba el trigo, el vino y el aceite; que yo era quien le aumentaba la plata y el oro con que fabric sus dolos.
Por lo tanto, volver y tomar mi trigo y mi vino en el tiempo de su cosecha, y recoger mi lana y mi lino, que le haba dado para cubrirse.
A la vista de sus amantes pondr su desnudez al descubierto. Nadie la librar de mi mano!
Pondr fin a su alegra, a sus fiestas y lunas nuevas, a sus sbados y a todas sus festividades.
Destruir sus vias y sus higueras, de las que ella deca: 'Esta es la paga que me dieron mis amantes.' Las convertir en un matorral, y se las comern los animales salvajes.
Voy a castigarla por el tiempo que pas ofreciendo incienso a los dolos, cuando se adornaba con anillos y collares para seguir a sus amantes olvidndose de m. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Yo la voy a enamorar: la llevar al desierto y le hablar al corazn.
Luego le devolver sus vias, y convertir el valle de Acor en puerta de esperanza para ella. All me responder como en su juventud, como en el da en que sali de Egipto.
Entonces me llamar 'Marido mo', en vez de llamarme 'Baal mo'. Yo, el Seor, lo afirmo.
Y quitar de sus labios los nombres de los baales, y jams volvern a mencionarse.
"En aquel tiempo har en favor de Israel una alianza con los animales salvajes, y con las aves y las serpientes; romper y quitar de este pas el arco, la espada y la guerra, para que mi pueblo descanse tranquilo.
Israel, yo te har mi esposa para siempre, mi esposa legtima, conforme a la ley, porque te amo entraablemente.
Yo te har mi esposa y te ser fiel, y t entonces me conocers como el Seor.
Yo, el Seor, lo afirmo: En aquel tiempo yo responder al cielo, y el cielo responder a la tierra;
la tierra responder al trigo, al vino y al aceite, y ellos respondern a Jezreel.
Plantar a mi pueblo en la tierra exclusivamente para m; tendr compasin de Lo-ruhama, y a Lo-am le dir: 'T eres mi pueblo', y l me dir: 'T eres mi Dios!' "
El Seor volvi a decirme: "Ve y ama a una mujer amada de su amigo y adltera. As ama el Seor a los israelitas, aunque ellos se vuelven a dioses extraos y comen de las tortas de pasas que les ofrecen."
Entonces adquir una mujer para m por quince monedas de plata y trescientos treinta litros de cebada.
Le dije: "Por mucho tiempo sers ma; no te prostituyas ni te entregues a otro hombre, y yo tambin te ser fiel."
Pues por mucho tiempo los israelitas estarn sin rey ni jefe, sin sacrificio ni piedras sagradas, sin ropas sacerdotales ni dolos familiares.
Despus de esto se volvern los israelitas y buscarn al Seor su Dios y a David su rey. En los ltimos tiempos acudirn con reverencia al Seor y a los bienes que l concede.
Israelitas, escuchen lo que dice el Seor. l ha entablado un pleito contra los que viven en este pas, porque aqu ya no hay lealtad entre la gente, ni fidelidad ni conocimiento de Dios.
Abundan en cambio el juramento falso y la mentira, el asesinato y el robo, el adulterio y la violencia, y se comete homicidio tras homicidio.
Por eso, el pas est de luto; se quedan sin fuerzas los que viven en l; y con los animales salvajes y las aves mueren tambin los peces del mar.
Dice el Seor: "Que nadie acuse ni reprenda a otro! Mi pleito es solo contra ti, sacerdote.
T caers en pleno da, y por la noche caer tambin contigo el profeta, y a tu madre la destruir.
Mi pueblo no tiene conocimiento, por eso ha sido destruido. Y a ti, sacerdote, que rechazaste el conocimiento, yo te rechazo de mi sacerdocio. Puesto que t olvidas las enseanzas de tu Dios, yo me olvidar de tus descendientes.
"Cuantos ms eran los sacerdotes, ms pecaban contra m; por lo tanto, cambiar su honra en afrenta.
Viven del pecado de mi pueblo; por eso anhelan que mi gente peque.
Lo mismo al pueblo que a los sacerdotes, los castigar por su conducta.
Puesto que han dejado de servir al Seor, comern, pero no quedarn satisfechos; se prostituirn, pero no tendrn hijos.
"La prostitucin y el vino hacen perder el juicio.
Mi pueblo consulta a sus dolos de madera; por medio de varas practica la adivinacin. Dominado por la prostitucin, mi pueblo sigue caminos equivocados: se prostituye apartndose de su Dios.
En lo alto de los montes y sobre las colinas queman incienso y ofrecen sacrificios, y tambin bajo la buena sombra de los robles, los lamos y las encinas. Por eso se han prostituido las hijas de ustedes, y sus nueras cometen adulterio.
Pero yo no castigar a sus hijas por su prostitucin ni a sus nueras por sus adulterios, porque ustedes mismos se van con prostitutas; para ofrecer sacrificios, se juntan con mujeres que practican la prostitucin como un culto. Y as se hunde un pueblo falto de inteligencia!
"Si t, Israel, te prostituyes, que al menos Jud no peque. No vayan ustedes a Guilgal ni suban a Bet-avn ni juren por la vida del Seor!
Israel es rebelde como una novilla arisca; y as, los cuidar el Seor en hermosos pastizales, igual que si fueran corderitos?
Efran se ha entregado a la idolatra. Todos han cado como pandilla de borrachos!
Una y otra vez se prostituyen, y prefieren la vergenza a la honra.
Un viento se los llevar en sus alas, y se avergonzarn de su idolatra!
"Sacerdotes, oigan esto; presta atencin, pueblo de Israel; escuchen ustedes, los de la casa real: Contra ustedes va a ser el juicio, porque han sido una trampa puesta en Misp, una red tendida sobre el monte Tabor,
un pozo ahondado en el valle de Sitim. Por eso voy a castigarlos.
Yo conozco a Efran; Israel no me es desconocido. Efran se ha prostituido; Israel se ha manchado."
Las malas acciones del pueblo no lo dejan volverse a su Dios. Dominado por la prostitucin, no reconoce al Seor.
El orgullo de Israel clama en contra suya; Efran tropieza en su propia maldad, y, junto con ellos, hasta Jud tropezar!
Con sus ovejas y sus vacas irn en busca del Seor, pero no lo encontrarn porque se apart de ellos.
Han sido infieles al Seor, pues tienen hijos de otro padre. Por su infidelidad, en un solo mes sus tierras sern devoradas.
Toquen el cuerno de guerra en Guibe y la trompeta en Ram! Den la alarma en Bet-avn! Siembren el desconcierto en Benjamn!
Yo anuncio entre las tribus de Israel lo que ha de suceder con toda seguridad: Efran ser asolado en el da del castigo.
Dice el Seor: "Los jefes de Jud son como esa gente que altera los lmites de los campos. Pero los voy a inundar con mi furor!
Efran est oprimido, quebrantados sus derechos, porque se ha empeado en seguir a los falsos dioses.
Pues yo ser como la polilla para Efran, como la carcoma para el pueblo de Jud.
"Cuando Efran vea lo enfermo que est, y Jud se vea sus heridas, Efran ir a Asiria a pedirle ayuda al gran rey, pero l no podr sanarlos ni curarles las heridas.
Como un len cuando ataca, as atacar yo a Efran y a Jud; yo mismo los despedazar, y luego me ir; los arrebatar, y nadie podr librarlos.
"Volver luego a mi lugar, hasta que ellos reconozcan su pecado y vengan a buscarme. En medio de su angustia, me buscarn!"
Vengan todos y volvmonos al Seor. l nos destroz, pero tambin nos sanar; nos hiri, pero tambin nos curar.
En un momento nos devolver la salud, nos levantar para vivir delante de l.
Esforcmonos por conocer al Seor! El Seor vendr a nosotros, tan cierto como que sale el sol, tan cierto como que la lluvia riega la tierra en otoo y primavera.
Dice el Seor: "Qu har contigo, Efran? Qu har contigo, Jud? El amor que ustedes me tienen es como la niebla de la maana, como el roco de madrugada, que temprano desaparece.
Por eso los he despedazado mediante los profetas; por medio de mi mensaje los he matado. Mi justicia brota como la luz.
Lo que quiero de ustedes es que me amen, y no que me hagan sacrificios; que me reconozcan como Dios, y no que me ofrezcan holocaustos.
"Pero mi pueblo, lo mismo que Adn, ha faltado a mi alianza y me ha sido infiel.
Galaad es una ciudad de malhechores, toda llena de huellas de sangre.
Los sacerdotes son una pandilla de ladrones puestos al acecho de la gente; asesinan y cometen infamias en el camino de Siquem.
En Israel he visto cosas horribles: Efran se ha prostituido, Israel se ha contaminado.
Y aun para ti, Jud, ya he sealado el da de tu castigo. "Cuando quiero cambiar la suerte de mi pueblo Israel,
cuando quiero curar a mi pueblo, a Efran y a Samaria, salta a la vista su pecado y su maldad. Porque todos practican la mentira; como ladrones, entran en las casas y asaltan a la gente en plena calle.
No toman en cuenta que yo recuerdo todas sus maldades. Ahora los acorralan sus propias acciones, que estn siempre delante de mis ojos.
"Con su maldad y sus mentiras mi pueblo divierte al rey y a los jefes.
Todos ellos son adlteros; son como el horno, que una vez encendido deja el hornero de atizarlo mientras fermenta la masa.
En el da de la coronacin de nuestro rey, los jefes le hicieron enfermar con el calor del vino. Y l tendi la mano a los que se burlaban!
Disponen su corazn para la intriga, como si dispusieran un horno; duerme el hornero toda la noche, pero a la maana el horno sigue bien encendido.
S, todos ellos arden como un horno que devor a sus gobernantes. Todos sus reyes han cado, y no hay ni uno solo que me invoque.
"Efran se ha mezclado con otros pueblos. Efran es como una torta cocida solamente por un lado.
Gente extraa ha acabado con sus fuerzas sin que l se diera cuenta. Hasta el pelo se le puso blanco sin que l se diera cuenta!
El orgullo de Israel es testigo en contra suya. Con todo, ellos no se volvieron ni buscaron al Seor su Dios.
Efran es como una paloma atolondrada, sin inteligencia: pide ayuda a Egipto, acude luego a Asiria...
Pero cuando vayan all, lanzar mi red sobre ellos; los har caer como aves del cielo, los atrapar a causa de su maldad.
"Ay de ellos por haberse apartado de m! La destruccin los alcanzar porque contra m se han rebelado. Yo quiero salvarlos, pero ellos mienten en contra ma.
Aunque gritan cuando estn en la cama, no me invocan de corazn. Para pedir trigo y vino se hacen heridas; se han rebelado contra m!
Yo los haba enseado y haba dado fuerzas a sus brazos, pero ellos planearon maldades contra m.
Se volvieron a los dolos; son como un arco torcido, cuya flecha no da en el blanco. Por hablar con insolencia caern sus jefes a filo de espada, y en Egipto se burlarn de ellos.
"Toca tu trompeta, como centinela que vigila sobre el pueblo del Seor. Porque han faltado a mi alianza y se han rebelado contra mi enseanza.
Mientras tanto, vienen a m gritando: 'Te reconocemos como el Dios de Israel!'
Pero Israel ha rechazado lo bueno, y por eso lo perseguirn sus enemigos.
"Sin contar conmigo han establecido reyes, y han nombrado jefes sin saberlo yo. Han tomado su plata y su oro para fabricarse dolos y destruirse a s mismos.
Me repugna el becerro que t, Samaria, adoras! Mi enojo se ha encendido en contra de l. Cunto tardarn en quedar limpios
los israelitas? Ese becerro de Samaria no es Dios! Sali de manos de un artesano, y ser hecho pedazos.
Ellos sembraron vientos y cosecharn tempestades; no tendrn campos que segar, ni sacarn harina de sus espigas; y si acaso llegan a sacarla, los extranjeros se la comern.
Israel ha sido tragado! Las otras naciones lo miran como a un objeto sin valor,
por haber acudido a Asiria como un terco asno salvaje. Efran dio regalos para comprarse amantes!
Pero aunque d regalos entre las naciones, yo voy ahora a dispersarlos, y durante un tiempo dejarn de surgir reyes y jefes.
"Porque Efran construye multitud de altares, que solo le sirven para pecar.
Aunque yo escrib para l mis muchas enseanzas, l las tuvo por cosa extraa.
A ellos les gustan los sacrificios, y sacrifican, y comen la carne de los sacrificios; pero yo, el Seor, no estoy contento con ellos: recordar las maldades que cometieron, y los castigar por su pecado hacindolos regresar a Egipto.
Israel construye palacios, pero se olvida de su creador. Jud levanta muchas ciudades fortificadas, pero yo las har arder en un fuego que consumir sus palacios."
No te alegres, Israel; no saltes de contento como otros pueblos, pues te has prostituido al abandonar a tu Dios. En las eras donde se trilla el grano, te gusta recibir el pago de tus prostituciones.
El pueblo de Israel no tendr trigo ni vino; su vino nuevo no ser suficiente.
Efran regresar a Egipto, y en Asiria comer alimentos impuros. No vivirn ms en el pas del Seor:
no bebern vino en honor del Seor, ni le ofrecern all sus sacrificios. El pan que coman ser como pan de duelo, y quienes lo coman quedarn impuros. Ellos se comern ese pan, pero no podrn llevarlo al templo del Seor.
Qu harn ustedes en el da de la fiesta, de la solemne fiesta del Seor?
Ellos han huido de la destruccin; Egipto los recoger, y en Menfis sern enterrados. Sus tesoros de plata se llenarn de ortigas, y en su campamento crecern los espinos.
Ya han llegado los das del castigo! Ya han llegado los das del pago merecido! Israel va a saber que ya han llegado! Ustedes dicen: "El profeta es un necio. El hombre inspirado es un loco." Pero lo dicen porque estn llenos de maldad, porque su odio es grande.
Dios ha puesto a su profeta por centinela de Efran, pero ustedes tienden trampas a su paso; hasta en el templo de Dios le odian!
Se corrompieron completamente, como en los tiempos de Guibe. Pero el Seor se acordar de su maldad y castigar sus pecados.
Dice el Seor: "Cuando encontr a Israel, me alegr como el que encuentra uvas en el desierto. Los antepasados de ustedes fueron a mis ojos como los higos tempranos. Pero cuando llegaron a Baal-peor se consagraron a los dioses falsos, y se hicieron tan despreciables como los dolos que ellos amaban.
La grandeza de Efran volar como un ave. No nacern ms nios, no habr ms mujeres embarazadas, no se concebirn ms hijos.
Y aun si lograran criar a sus hijos, yo se los quitara sin dejarles ninguno. Ay de esta gente cuando me aparte de ella!
Veo que Efran trata a sus hijos como si fueran presa de cazadores: los saca para entregarlos a la matanza."
Dales, Seor, lo que hayas de darles! Dales vientres estriles y pechos sin leche!
Dice el Seor: "En Guilgal hicieron todo lo malo, y all comenc a odiarlos. Por la maldad de sus acciones los voy a echar de mi casa; no voy a seguir amndolos, pues todos sus jefes son rebeldes.
Efran est herido; es como un rbol de races secas que ha dejado de dar fruto. Aunque tenga hijos, yo los har morir."
Este pueblo no ha querido hacerle caso a mi Dios; por eso mi Dios va a rechazarlo, y andarn errantes entre las naciones.
Israel es como una vid llena de uvas; pero cuanto ms abundante era su fruto, ms altares se construa; cuanto ms hermosa era su tierra, ms hermosas eran sus piedras sagradas.
Israel tiene el corazn dividido, y ahora va a pagar por su pecado. El Seor destruir sus altares y derribar sus piedras sagradas.
Ahora este pueblo dir: "No tenemos rey porque no tenemos reverencia al Seor. Pero qu podra hacer un rey por nosotros?
Tan solo hablar y hablar, prometer en falso y firmar pactos; su justicia sera como una planta venenosa que crece entre los surcos del campo."
La gente de Samaria tiembla; llora la prdida del becerro de Bet-avn. Por l se estn lamentando el pueblo y los sacerdotes, porque su gloria ha desaparecido.
Aun el propio becerro ser llevado a Asiria para ofrecrselo al gran rey. As Efran quedar avergonzado: Israel se avergonzar de su dolo.
Desaparecer el rey de Samaria como una astilla que flota sobre el agua.
Sern destruidos los santuarios paganos donde el pueblo de Israel pecaba. Sobre sus altares crecern cardos y espinos, y la gente les dir a los montes: "Cbrannos!", y a los cerros: "Caigan sobre nosotros!"
Dice el Seor: "Israel no ha dejado de pecar desde que comenz a hacerlo en Guibe. En su pecado persisten! Por eso, la guerra alcanzar a estos malvados en Guibe.
Castigar a este pueblo cuando yo quiera. Contra l se juntarn naciones cuando yo lo castigue por su gran maldad.
"Efran era como una novilla domada que gustaba de trillar el grano. Yo he puesto yugo ahora sobre su hermoso cuello, para que tire del carro; y Jud tirar del arado, y Jacob tirar del rastrillo.
Les dije: Siembren ustedes justicia y recojan cosecha de amor. Preparen la tierra para un nuevo cultivo, porque es tiempo de buscar al Seor, hasta que l venga y traiga lluvia de salvacin sobre ustedes.
Pero ustedes han cultivado la maldad, han cosechado la injusticia y han comido los frutos de la mentira. "Por haber confiado en tus carros de guerra y en tus muchos guerreros,
habr alboroto entre tu gente y todas tus fortalezas sern asoladas, como asol a Bet-arbel el rey Salmn el da de la batalla, cuando aplastaron a la madre con los hijos.
Esto mismo les pasar a ustedes, habitantes de Betel, por causa de su gran maldad. El rey de Israel morir al nacer el da!
"Cuando el pueblo de Israel era nio, yo lo amaba; a l, que era mi hijo, lo llam de Egipto.
Pero cuanto ms lo llamaba, ms se apartaba de m. Mi pueblo ofreca sacrificios a los dioses falsos y quemaba incienso a los dolos.
Con todo, yo gui al pueblo de Efran y lo ense a caminar; pero ellos no comprendieron que era yo quien los cuidaba.
Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia m; los acerqu a mis mejillas como si fueran nios de pecho; me inclin a ellos para darles de comer,
pero ellos no quisieron volverse a m. Por eso tendrn que regresar a Egipto, y Asiria reinar sobre ellos.
La espada caer sobre sus ciudades y acabar con sus fortalezas, destruyndolos a causa de los planes que hacen.
Mi pueblo persiste en estar alejado de m; gritan hacia lo alto, pero nadie los ayuda.
"Cmo podr dejarte, Efran? Cmo podr abandonarte, Israel? Podr destruirte como destru la ciudad de Adm, o hacer contigo lo mismo que hice con Sebom? Mi corazn est conmovido, lleno de compasin por ti!
No actuar segn el ardor de mi ira: no volver a destruir a Efran, porque yo soy Dios, no hombre. Yo soy el Santo, que estoy en medio de ti, y no he venido a destruirte."
Ellos seguirn al Seor, y l rugir como un len. Rugir, y los suyos vendrn temblando de occidente.
"Como aves, vendrn temblando de Egipto; vendrn de Asiria, como palomas; y har que habiten de nuevo en sus casas. Yo, el Seor, lo afirmo.
"Efran me ha rodeado de mentiras; me ha rodeado de engaos el pueblo de Israel. Jud se ha separado de Dios, y ahora es fiel a los dolos.
Efran se alimenta de aire: todo el da va tras el viento del este. Aumenta sus mentiras y violencias, hace pactos con Asiria y manda regalos de aceite a Egipto."
El Seor le ha puesto pleito a Israel. Va a castigar al pueblo de Jacob por su conducta; le va a pagar como merecen sus acciones.
Aun antes de nacer, Jacob suplant a su hermano, y cuando ya fue hombre luch con Dios.
Luch con un ngel, y lo venci; llor y pidi que le tuviera compasin. Dios lo encontr en Betel y habl con l all.
El Seor, el Dios todopoderoso: el Seor es su nombre!
As pues, Israel, vulvete a tu Dios; acta con lealtad y rectitud, y confa siempre en tu Dios.
Dice el Seor: "Canan tiene en su mano pesas falsas, porque le gusta estafar.
Efran dice: 'S, me he hecho rico, me he encontrado una fortuna; pero nadie podr acusarme de haber obtenido mis ganancias por medios deshonestos!'
Yo, el Seor, que soy tu Dios desde que estabas en Egipto, har que vivas de nuevo en tiendas de campaa, como en los das de nuestro encuentro en el desierto.
"Yo habl a los profetas y aument el nmero de sus visiones, y por medio de ellos habl en parbolas.
En Galaad hay dioses paganos, pero solo son falsos dioses. En Guilgal se ofrecen sacrificios de toros; sus altares son como montones de piedras entre los surcos del campo."
Jacob huy a los campos de Aram, y all, para conseguir esposa, trabaj cuidando ovejas.
Por medio de un profeta, el Seor sac de Egipto al pueblo de Israel; por medio de un profeta, cuid de l!
La gente de Efran ha irritado al Seor, le ha causado un amargo disgusto. Por eso el Seor les har pagar los crmenes cometidos, y har caer sobre ellos sus propias maldades.
Cuando la gente de Efran hablaba, las otras tribus de Israel mostraban respeto; pero Efran muri cuando se hizo culpable por haber adorado a Baal.
Y todava siguen pecando! Funden su plata y se hacen dolos segn se les ocurre y a gusto de los artesanos. Luego dicen: "Ofrzcanles sacrificios!", y la gente besa dolos que tienen forma de becerro.
Por eso sern como la niebla de la maana, como el roco de madrugada, que temprano desaparece, como la paja que se lleva el viento, como el humo que sale por la chimenea.
Dice el Seor: "Yo, el Seor, soy tu Dios desde que estabas en Egipto: No reconozcas como Dios a nadie sino a m, pues solo yo soy tu salvador.
Yo te cuid en las tierras ardientes del desierto.
"Pero cuando ustedes tuvieron comida de sobra, su corazn se llen de orgullo y se olvidaron de m.
Por lo tanto, voy a ser para ellos como un len, como un leopardo que los aceche en el camino.
Voy a salir a su encuentro como una osa que ha perdido sus cachorros, y les despedazar el corazn. Como un len, los devorar all mismo; como una fiera, los destrozar.
Voy a destruirte, Israel, y nadie podr evitarlo.
Pues dnde est ahora tu rey, que te salve en todas tus ciudades? Dnde estn tus caudillos, a quienes pediste rey y jefes?
Enojado contigo, te di reyes, y enojado contigo, te los quit.
"La maldad de Efran est anotada; su pecado ha quedado registrado.
A Israel le ha llegado el momento de nacer, pero es un hijo tan torpe que ni siquiera es capaz de colocarse en la debida posicin para el parto.
Y habr de librarlos del poder del sepulcro? Habr de rescatarlos de la muerte? ... Dnde est, muerte, tu poder destructor? Dnde estn, sepulcro, tus males? Ya no tendr compasin de esta gente!"
Aunque Israel florezca como la hierba, vendr el viento del este, el fuerte viento que sopla del desierto, y secar y agotar sus fuentes y manantiales. El enemigo le arrebatar el tesoro de sus ricas joyas.
El pueblo de Samaria llevar su castigo por haberse rebelado contra su Dios. Morirn a filo de espada, sus nios sern estrellados contra el suelo y las mujeres embarazadas sern abiertas en canal. 8[2-9])
Vulvete, Israel, al Seor tu Dios, t que caste a causa de tu pecado!
Vulvanse al Seor llevando con ustedes esta oracin: "Perdona toda nuestra maldad y recibe con benevolencia las alabanzas que te ofrecemos.
Asiria no puede salvarnos, ni tampoco escaparemos a caballo. Ya no llamaremos 'Dios nuestro' a nada fabricado por nosotros mismos, porque solamente en ti, Seor, el hurfano encuentra compasin."
Dice el Seor: "Voy a curarlos de su rebelda; voy a amarlos aunque no lo merezcan, pues ya se ha apartado de ellos mi ira.
Voy a ser para Israel como el roco, y l dar flores, como los lirios. Sus races sern tan firmes como el monte Lbano;
sus ramas se extendern hermosas como las ramas del olivo, y ser su aroma como el de los cedros del Lbano.
Israel vivir de nuevo bajo mi proteccin; entonces crecern como el trigo, florecern como la vid y sern famosos como el vino del Lbano.
Efran dir: 'Qu me importan ya los dolos?' Yo soy quien atiendo y cuido a mi pueblo! Yo soy como un pino siempre verde, y en m encontrar mi pueblo su fruto."
Que los sabios y prudentes entiendan este mensaje: Los caminos del Seor son rectos, y los justos los siguen; pero los malvados tropiezan en ellos.
Este es el mensaje que el Seor dirigi a Joel, hijo de Petuel.
Oigan bien esto, ancianos, y todos ustedes, habitantes del pas. Han visto ustedes nunca cosa semejante? Se vio nunca cosa igual en tiempos de sus padres?
Cuntenlo a sus hijos, y que ellos lo cuenten a los suyos, y estos a los que nazcan despus.
Todo se lo comieron las langostas: lo que unas dejaron, otras vinieron y lo devoraron.
Ustedes, borrachos, despierten! chense a llorar, bebedores de vino, porque aun el jugo de la uva les van a quitar!
Pues la langosta, como un ejrcito fuerte y numeroso, de dientes de len y colmillos de leona, ha invadido mi pas.
Ha destruido nuestros viedos, ha destrozado nuestras higueras; las ha pelado por completo, hasta dejar blancas sus ramas.
Como novia que llora y se viste de luto por la muerte de su prometido,
as lloran los sacerdotes porque en el templo ya no hay cereales ni vino para las ofrendas del Seor.
Los campos estn desolados; las tierras estn de luto. El trigo se ha perdido, los viedos se han secado y los olivos estn marchitos.
Ustedes, los que trabajan en campos y viedos, lloren entristecidos, pues se echaron a perder las siembras y las cosechas de trigo y de cebada.
Se han secado los viedos y se han perdido las higueras. Secos quedaron tambin los granados, las palmeras, los manzanos y todos los rboles del campo. As se ha perdido la alegra de toda la gente!
Ustedes, sacerdotes, ministros del altar, vstanse de ropas speras y lloren de dolor, porque en el templo de su Dios ya no hay cereales ni vino para las ofrendas.
Convoquen al pueblo y proclamen ayuno; junten en el templo del Seor su Dios a los ancianos y a todos los habitantes del pas, e invoquen al Seor.
Ay, se acerca el da del Seor! Da terrible, que nos trae destruccin de parte del Todopoderoso!
Ante nuestros ojos nos quitaron la comida, y se acab la alegra en el templo de nuestro Dios.
La semilla muri en el surco, el trigo se ha perdido y los graneros estn en ruinas.
Cmo muge el ganado! En vano buscan pasto las vacas; los rebaos de ovejas se estn muriendo.
A ti clamo, Seor, pues el fuego ha quemado la hierba del desierto y los rboles del campo!
Aun los animales salvajes claman a ti, porque se han secado los arroyos y el fuego quema los pastizales!
Toquen la trompeta en el monte Sin; den el toque de alarma en el santo monte del Seor. Tiemblen todos los que viven en Jud, porque ya est cerca el da del Seor:
da de oscuridad y tinieblas, da de nubes y sombras. Un ejrcito fuerte y numeroso se ha desplegado sobre los montes como la luz del amanecer. Nunca antes se vio, ni se ver jams, nada que se le parezca.
Son como el fuego, que todo lo devora; que ya quema antes de pasar, y aun despus que ha pasado. La tierra, que antes de su llegada era un paraso, cuando se van parece un desierto. No hay nada que se les escape!
Su aspecto es como de caballos, corren como jinetes
y su estruendo al saltar sobre los montes es como el estruendo de los carros de guerra, como el crujir de las hojas secas que arden en el fuego. Son como un ejrcito poderoso en formacin de batalla.
La gente tiembla al verlas, y todas las caras palidecen.
Como valientes hombres de guerra, corren, trepan por los muros y avanzan de frente, sin torcer ninguna su camino.
No se atropellan unas a otras; cada una sigue su camino, y se lanzan entre las flechas sin romper la formacin.
Asaltan la ciudad, corren sobre los muros, trepan por las casas y como ladrones se cuelan por las ventanas.
La tierra tiembla ante ellas, el cielo se estremece, el sol y la luna se oscurecen y las estrellas pierden su brillo.
El Seor, al frente de su ejrcito, hace or su voz de trueno. Muy numeroso es su ejrcito; incontables los que cumplen sus rdenes. Qu grande y terrible es el da del Seor! No hay quien pueda resistirlo. Y Promesa de salvacin (2.12-27)
"Pero ahora -lo afirma el Seor-, vulvanse a m de todo corazn. Ayunen, griten y lloren!"
Vulvanse ustedes al Seor su Dios, y desgrrense el corazn en vez de desgarrarse la ropa! Porque el Seor es tierno y compasivo, paciente y todo amor, dispuesto siempre a levantar el castigo.
Tal vez decida no castigarlos a ustedes, y les enve bendicin: cereales y vino para las ofrendas del Seor su Dios.
Toquen la trompeta en el monte Sin! Convoquen al pueblo y proclamen ayuno;
renan al pueblo de Dios, y purifquenlo; renan a los ancianos, a los nios y aun a los nios de pecho. Que hasta los recin casados salgan de la habitacin nupcial!
Lloren los sacerdotes, los ministros del Seor, y digan entre el vestbulo y el altar: "Perdona, Seor, a tu pueblo; no dejes que nadie se burle de los tuyos; no dejes que otras naciones los dominen y que los paganos digan: 'Dnde est su Dios?' "
Entonces el Seor mostr su amor por su pas; compadecido de su pueblo,
dijo: "Voy a enviarles trigo, vino y aceite, hasta que queden satisfechos; y no volver a permitir que los paganos se burlen de ustedes.
Alejar de ustedes las langostas que vienen del norte, y las echar al desierto. Ahogar su vanguardia en el Mar Muerto y su retaguardia en el Mediterrneo, y sus cuerpos se pudrirn y apestarn. Voy a hacer grandes cosas!"
Algrate mucho, tierra, y no tengas miedo, porque el Seor va a hacer grandes cosas.
No tengan miedo, animales salvajes, pues los pastizales reverdecern, los rboles darn su fruto, y habr higos y uvas en abundancia.
Algrense ustedes, habitantes de Sin, algrense en el Seor su Dios! l les ha dado las lluvias en el momento oportuno, las lluvias de invierno y de primavera, tal como antes lo haca.
Habr una buena cosecha de trigo y gran abundancia de vino y aceite.
"Yo les compensar a ustedes los aos que perdieron a causa de la plaga de langostas, de ese ejrcito destructor que envi contra ustedes.
Ustedes comern hasta quedar satisfechos, y alabarn al Seor su Dios, pues yo hice por ustedes grandes maravillas. Nunca ms quedar mi pueblo cubierto de vergenza,
y ustedes, israelitas, habrn de reconocer que yo, el Seor, estoy con ustedes, que yo soy su Dios, y nadie ms. Nunca ms quedar mi pueblo cubierto de vergenza!
"Despus de estas cosas derramar mi espritu sobre toda la humanidad: los hijos e hijas de ustedes profetizarn, los viejos tendrn sueos y los jvenes visiones.
Tambin sobre siervos y siervas derramar mi espritu en aquellos das;
mostrar en el cielo grandes maravillas, y sangre, fuego y nubes de humo en la tierra.
El sol se volver oscuridad, y la luna como sangre, antes que llegue el da del Seor, da grande y terrible."
Pero todos los que invoquen el nombre del Seor lograrn salvarse de la muerte, pues en el monte Sin, en Jerusaln, estar la salvacin, tal como el Seor lo ha prometido. Los que l ha escogido quedarn con vida.
"Cuando llegue ese momento -dice el Seor-, har que cambie la suerte de Jud y Jerusaln.
Reunir a todas las naciones, las llevar al valle de Josafat y all las juzgar por lo que hicieron con mi pueblo Israel. Pues dispersaron a los israelitas por todo el mundo, y se repartieron mi pas.
Se repartieron mi pueblo echndolo a suertes, vendieron a los nios y a las nias, y luego se gastaron el dinero en vino y prostitutas.
"Qu quieren ustedes de m, Tiro, Sidn y Filistea? Quieren vengarse de m? Quieren cobrarse algo? Pues muy pronto les dar su merecido!
Ustedes robaron mi plata y mi oro, y se llevaron mis tesoros a sus templos.
Se llevaron lejos a la gente de Jud, a los habitantes de Jerusaln, y los vendieron como esclavos a los griegos.
Pero yo voy a sacarlos del lugar donde los vendieron, y voy a hacer que ustedes sufran la misma suerte.
Vender sus hijos e hijas a los judos, para que ellos los vendan a los sabeos, gente de tierras lejanas. Yo, el Seor, lo he dicho."
Anuncien esto a las naciones: Declaren la guerra santa! Llamen a los valientes! Que vengan y avancen los guerreros!
Que hagan espadas de sus azadones y lanzas de sus hoces, y que el dbil diga: "Yo soy fuerte!"
Todas ustedes, naciones vecinas, dense prisa, vengan a reunirse! Que aun el pacfico se convierta en un guerrero!
Preprense las naciones y acudan al valle de Josafat, pues all juzgar el Seor a todas las naciones vecinas.
Porque ellos son tan malvados, crtenlos como a trigo maduro, pues ya es el tiempo de la cosecha; aplstenlos como a uvas, pues ya est todo listo para hacer el vino.
Hay grandes multitudes en el valle de la Decisin, porque ya est cerca el da del Seor.
El sol y la luna se oscurecen y las estrellas pierden su brillo.
Cuando el Seor hace or su voz de trueno desde el monte Sin, en Jerusaln, el cielo y la tierra se ponen a temblar. Pero el Seor es un refugio protector para los israelitas, que son su pueblo.
"Ustedes reconocern que yo, el Seor su Dios, vivo en Sin, mi santo monte. Jerusaln ser una ciudad santa: jams volvern a conquistarla los extranjeros.
En aquel da, el vino y la leche corrern como agua por montes y colinas, y los arroyos de Jud llevarn agua en abundancia. De mi templo brotar un manantial que regar el valle de Sitim.
Egipto quedar en ruinas, y Edom ser convertido en un desierto, porque atacaron a los habitantes de Jud y en su pas derramaron sangre inocente.
Yo vengar su muerte; no perdonar al culpable. Pero Jud y Jerusaln estarn siempre habitadas, y yo, el Seor, vivir en el monte Sin."
Este es el mensaje que Ams, pastor de ovejas del poblado de Tecoa, recibi de parte de Dios acerca de Israel, dos aos antes del terremoto, en tiempos de Ozas, rey de Jud, y de Jeroboam, hijo de Jos, rey de Israel.
Cuando el Seor hace or su voz de trueno desde el monte Sin, en Jerusaln, las tierras de pastos se marchitan y se reseca la cumbre del Carmelo.
As dice el Seor: "Los de Damasco han cometido tantas maldades que no dejar de castigarlos; pues trillaron a los de Galaad con trillos de hierro.
Por eso pondr fuego a la casa real de Hazael, y ese fuego destruir los palacios de Ben-hadad.
Abrir a la fuerza las puertas de Damasco; destruir al que reina en Bicat-avn y al que gobierna en Bet-edn, y los sirios sern llevados cautivos a Quir." Lo dice el Seor.
As dice el Seor: "Los de Gaza han cometido tantas maldades que no dejar de castigarlos; pues se llevaron cautivo a todo un pueblo y lo vendieron en Edom como esclavo.
Por eso pondr fuego a los muros de Gaza, y ese fuego destruir sus palacios.
Destruir al que reina en Asdod y al que gobierna en Ascaln. Con todo mi poder me lanzar contra Ecrn, y hasta el ltimo filisteo morir!" Lo dice el Seor.
As dice el Seor: "Los de Tiro han cometido tantas maldades que no dejar de castigarlos; pues entregaron cautivo al poder de Edom a todo un pueblo con el que tenan una alianza de hermanos.
Por eso pondr fuego a los muros de Tiro, y ese fuego destruir sus palacios."
As dice el Seor: "Los de Edom han cometido tantas maldades que no dejar de castigarlos; pues, espada en mano y sin compasin, persiguieron a sus hermanos israelitas. Dieron rienda suelta a su enojo, y su odio fue implacable.
Por eso pondr fuego a Temn, y ese fuego destruir los palacios de Bosr."
As dice el Seor: "Los de Amn han cometido tantas maldades que no dejar de castigarlos; pues, en su afn de agrandar su territorio, abrieron en canal a las mujeres embarazadas de la regin de Galaad.
Por eso pondr fuego a los muros de Rab, y ese fuego destruir sus palacios entre clamores de batalla y estruendo de da tempestuoso.
Y su rey marchar al destierro, junto con todos sus hombres importantes." Lo dice el Seor.
As dice el Seor: "Los de Moab han cometido tantas maldades que no dejar de castigarlos; pues quemaron los huesos del rey de Edom hasta convertirlos en ceniza.
Por eso pondr fuego a la regin de Moab, y ese fuego destruir los palacios de Queriot; y entre clamores de batalla y toques de trompeta, los moabitas morirn.
Quitar al rey de en medio de su pueblo; lo matar, y con l a sus hombres importantes!" Lo dice el Seor.
As dice el Seor: "Los de Jud han cometido tantas maldades que no dejar de castigarlos; pues rechazaron las enseanzas del Seor y no obedecieron sus leyes, sino que adoraron a los mismos dolos que sus padres haban adorado.
Por eso pondr fuego a Jud, y ese fuego destruir los palacios de Jerusaln."
As dice el Seor: "Los de Israel han cometido tantas maldades que no dejar de castigarlos; pues venden al inocente por dinero y al pobre por un par de sandalias.
Oprimen y humillan a los pobres, y se niegan a hacer justicia a los humildes. El padre y el hijo se acuestan con la misma mujer, profanando as mi santo nombre.
Tendidos sobre ropas que recibieron en prenda, participan en comidas en honor de los dolos; con dinero de multas injustas compran vino, que beben en el templo de su dios.
Yo, sin embargo, para abrirles paso a ustedes, destru a los amorreos; los destru por completo, aunque eran altos como cedros y fuertes como robles.
Pero a ustedes los saqu de Egipto, y los conduje cuarenta aos por el desierto para darles la tierra de ellos.
Y no pueden negar, israelitas, que de entre ustedes a algunos los hice profetas y a otros nazareos." El Seor lo afirma.
"Pero ustedes obligaron a los nazareos a beber vino, y prohibieron a los profetas que hablaran en mi nombre.
Pues bien, yo har crujir la tierra bajo los pies de ustedes, como cruje una carreta cargada de trigo.
Por mucho que corran, no escaparn; al ms fuerte le faltarn las fuerzas, y no se salvar ni el ms valiente.
El arquero no resistir, y no se salvarn ni el que corra con pies ligeros ni el que huya a caballo.
Ese da, hasta el ms valiente de los guerreros se despojar de sus armas para poder huir." El Seor lo afirma.
Israelitas, oigan lo que dice el Seor al pueblo que sac de Egipto:
"Solo a ustedes he escogido de entre todos los pueblos de la tierra. Por eso habr de pedirles cuentas de todas las maldades que han cometido."
Si dos caminan juntos, es porque estn de acuerdo;
si el len ruge en la selva, es porque ha hecho una presa; si el cachorro grue en la cueva, es porque ha capturado algo;
si un pjaro cae al suelo, es porque haba una trampa; si la trampa salta del suelo, es porque algo ha atrapado;
si la trompeta suena en la ciudad, la gente se alarma; si algo malo pasa en la ciudad, es porque el Seor lo ha mandado.
Nunca hace nada el Seor sin revelarlo a sus siervos los profetas.
Quin no tiembla de miedo, si el len ruge? Quin no habla en nombre del Seor, si l lo ordena?
Proclamen ustedes en los palacios de Asdod y en los palacios de Egipto: "Vengan a los montes de Samaria; vean los desrdenes que hay en ella y la violencia que all se sufre."
El Seor afirma: "Ellos no saben actuar con rectitud; guardan en sus palacios lo que robaron con violencia."
Por tanto, as dice Dios el Seor: "Un enemigo rodear el pas, derribar tu fortaleza y saquear tus palacios."
As dice el Seor: "Como el pastor salva de la boca del len dos patas o la punta de una oreja, as escaparn los israelitas que viven en Samaria, esos que se recuestan en lujosos divanes de Damasco."
El Seor, el Dios todopoderoso, afirma: "Oigan ustedes y den testimonio contra el pueblo de Jacob,
pues el da en que yo pida cuentas a Israel por sus pecados, destruir los altares de Betel; los cuernos del altar sern cortados y caern a tierra.
Destruir las casas de invierno y de verano, pondr fin a las casas de marfil y arruinar los grandes palacios." El Seor lo afirma.
Escuchen esto, vacas de Basn. damas de Samaria, que oprimen a los pobres y maltratan a los necesitados, que ordenan a sus maridos traerles vino para beber.
Dios el Seor jur por su santidad: "Vienen das en que a ustedes se las llevarn con ganchos, y sus hijos sern enganchados con anzuelos.
Tendrn que salir por las brechas, en fila, y las echarn al monte Hermn." El Seor lo afirma.
"Vayan a Betel, y a Guilgal; pequen, aumenten sus rebeliones! Lleven sus sacrificios por la maana y sus diezmos cada tercer da.
Quemen panes sin levadura en ofrenda de gratitud, y anuncien por todas partes sus ofrendas voluntarias, ya que eso es lo que a ustedes les encanta." El Seor lo afirma.
"Yo hice que ustedes pasaran hambre en todas sus ciudades; yo hice que les faltara comida en todos sus poblados, pero ustedes no se volvieron a m!" El Seor lo afirma.
"Tambin hice que les faltara la lluvia durante tres meses antes de la cosecha. En una ciudad hice llover y en otra no; en un campo llovi y otro se sec por falta de agua;
de ciudad en ciudad iba la gente en busca de agua, y no encontraban bastante para calmar su sed, pero ustedes no se volvieron a m!" El Seor lo afirma.
"Los azot con vientos calurosos y con plagas, hice que se marchitaran sus huertos y sus viedos, la langosta se comi sus higueras y sus olivos, pero ustedes no se volvieron a m!" El Seor lo afirma.
"Les mand una plaga como las que mand sobre Egipto; hice que sus jvenes murieran en los campos de batalla y dej que el enemigo se adueara de sus caballos; les hice oler la peste de los muertos en los campamentos, pero ustedes no se volvieron a m!" El Seor lo afirma.
"Los destru con una catstrofe como la que mand sobre Sodoma y Gomorra; parecan una brasa sacada del fuego, pero ustedes no se volvieron a m!" El Seor lo afirma.
"Por eso, Israel, voy a hacer lo mismo contigo; y porque voy a hacerlo, preprate para encontrarte con tu Dios!"
El Seor, el que forma las montaas y crea el viento, el que da a conocer sus planes al hombre, el que convierte la luz en oscuridad, el que recorre las regiones ms altas de la tierra, el Seor, el Dios todopoderoso: ese es su nombre.
Oigan mis palabras, israelitas; escuchen el lamento que entono contra ustedes:
La bella y pura Israel ha cado; cay para no levantarse ms. Qued tendida sobre su propio suelo, y no hay quien la levante.
As dice Dios el Seor a los israelitas: "Si una ciudad manda mil hombres a la guerra, solo cien volvern con vida; y si una ciudad manda cien, solo diez regresarn."
As dice el Seor a los israelitas: "Acudan a m, y vivirn.
No acudan a Betel, no vayan a Guilgal ni pasen por Beerseba, porque Guilgal ir sin remedio al destierro y Betel quedar convertida en ruinas."
Acudan al Seor, y vivirn; de otro modo l enviar fuego sobre el reino de Israel, y no habr en Betel quien lo apague.
Ay de ustedes, que convierten la justicia en amargura y arrojan por los suelos el derecho!
El Seor, que hizo las Plyades y el Orin, es quien convierte la noche en da y el da en noche oscura;
quien llama a las aguas del mar y las derrama sobre la tierra; quien desencadena la ruina sobre la fortaleza y la hace llegar sobre la fortificacin. El Seor, ese es su nombre.
Ay de ustedes, que odian al defensor de la justicia y detestan al testigo honrado!
Puesto que pisotean al pobre y le cobran impuestos de trigo, no podrn vivir en las casas de piedra que han construido, ni bebern el vino de los viedos que han plantado.
Yo conozco sus muchas maldades y sus pecados sin fin: oprimen al justo, reciben soborno y en los tribunales hacen que el pobre pierda su causa.
Por eso el que es sabio se calla, porque el tiempo es malo.
Busquen el bien y no el mal, y vivirn; as ser verdad lo que ustedes dicen: que el Seor, el Dios todopoderoso, est con ustedes.
Odien el mal! Amen el bien! Asegrense de que en los tribunales se hace justicia; quiz entonces el Seor, el Dios todopoderoso, tendr piedad de los sobrevivientes de Israel.
As dice el Seor, el Dios todopoderoso: "En todas las plazas habr llanto, en todas las calles habr gritos de dolor. Llamarn al duelo a los campesinos, y a los llorones profesionales al llanto.
En todos los viedos llorarn cuando yo venga a castigarlos." Lo dice el Seor.
Ay de los que ansan que llegue el da del Seor! Saben cmo va a ser para ustedes ese da? Ser da de oscuridad, y no de luz.
Ser como cuando uno huye de un len y se topa con un oso, o como cuando uno entra en su casa, se apoya en la pared, y lo muerde una culebra.
S, el da del Seor ser de oscuridad, y no de luz; de densa oscuridad, sin claridad ninguna.
"Odio y desprecio las fiestas religiosas que ustedes celebran; me disgustan sus reuniones solemnes.
No quiero los holocaustos que ofrecen en mi honor, ni sus ofrendas de cereales; no aceptar los gordos becerros de sus sacrificios de reconciliacin.
Alejen de m el ruido de sus cantos! No quiero or el sonido de sus arpas!
Pero que fluya como agua la justicia, y la honradez como un manantial inagotable.
"Israelitas, acaso en los cuarenta aos del desierto me ofrecieron ustedes sacrificios y ofrendas?
Ahora, sin embargo, tendrn que cargar con su rey Sicut y su estrella Quiin, imgenes de dioses que ustedes mismos se han hecho.
Los lanzar a ustedes al destierro, ms all de Damasco." Lo dice el Seor, el Dios todopoderoso. Ese es su nombre.
Ay de los que llevan una vida fcil en Sin! Ay de los que viven confiados en Samaria, los jefes de la nacin ms importante, a quienes recurren los israelitas!
Vayan a Caln, y vean; de all pasen a Hamat la grande, y bajen a Gat de los filisteos. Son acaso ustedes mejores que esos pases? Es el pas de ustedes mejor que el de ellos?
Ustedes no quieren pensar en el da malo, pero estn atrayendo el imperio de la violencia.
Recostados en lujosos divanes de marfil, se tienden a sus anchas en sus fiestas; banquetean con corderitos y gordos becerros;
tocan la flauta sin ton ni son; imitan a David, inventando instrumentos musicales;
beben vino en grandes copas, usan los ms finos perfumes, y nada les importa la ruina del pas!
Ustedes sern los primeros en ir al destierro, y se acabar el alboroto de sus banquetes.
El Seor ha jurado por s mismo; el Seor, el Dios todopoderoso, lo afirma: "Odio el orgullo del pueblo de Jacob; aborrezco sus palacios; entregar la ciudad al enemigo, junto con todo lo que hay en ella."
Entonces, si quedan diez hombres en una casa, los diez morirn.
Tan grande ser el terror que, cuando alguien levante el cadver de un pariente para sacarlo de la casa, le dir a otro pariente que ande adentro: "Hay alguien ms contigo?" "No", responder el otro. Y dir el primero: "Cllate, no sea que pronuncies el nombre del Seor!"
Porque el Seor va a ordenar su castigo sobre las casas grandes y sobre las pequeas, y todas quedarn completamente en ruinas.
Pueden los caballos trepar por las peas? Acaso se puede arar en el mar? Pues ustedes han convertido la justicia en veneno y el fruto de la justicia en amargura!
Ustedes se alegran falsamente, y dicen: "Con nuestra propia fuerza hemos adquirido poder."
Pues fjense bien, israelitas; el Seor, el Dios todopoderoso, afirma: "Yo levantar contra ustedes una nacin que los oprimir por completo, desde el extremo norte hasta el extremo sur."
Esto me mostr el Seor: Cuando apenas comenzaba a brotar la siembra tarda, la que se hace despus de la cosecha del rey, vi al Seor creando langostas.
Y cuando las langostas ya estaban comindose hasta la ltima hierba, dije: -Seor, perdnanos! Cmo va a resistir tu pueblo Jacob, si es tan pequeo?
Entonces el Seor desisti de su propsito, y dijo: -Eso no va a suceder!
Esto me mostr el Seor: Le vi enviar como castigo un fuego abrasador, que sec por completo el gran mar profundo y que estaba acabando tambin con los campos.
Yo dije: -Detnte, Seor, por favor! Cmo va a resistir tu pueblo Jacob, si es tan pequeo?
Entonces el Seor desisti de su propsito, y dijo: -Tampoco esto va a suceder!
El Seor me mostr tambin esto: Estaba l junto a un muro, y tena en la mano una plomada de albail.
Y me pregunt: -Qu ves, Ams? -Una plomada de albail -respond. Entonces me dijo: -Pues con esta plomada de albail voy a ver cmo es de recta la conducta de mi pueblo Israel. No le voy a perdonar ni una vez ms.
Los santuarios de Isaac sern destruidos, y los templos de Israel quedarn en ruinas. Alzar la espada contra la familia de Jeroboam!
Amasas, sacerdote de Betel, mand a decir a Jeroboam, rey de Israel: "Ams anda entre la gente de Israel, conspirando contra Su Majestad. El pas ya no puede soportar que siga hablando.
Porque anda por ah diciendo: 'Jeroboam morir a filo de espada, y todo el pueblo de Israel ser llevado al destierro.' "
Luego, Amasas le orden a Ams: -Largo de aqu, profeta! Si quieres ganarte la vida profetizando, vete a Jud;
pero no profetices ms en Betel, porque es santuario del rey y templo principal del reino.
Pero Ams le contest: -Yo no soy profeta, ni pretendo serlo. Me gano la vida cuidando ovejas y recogiendo higos silvestres,
pero el Seor me quit de andar cuidando ovejas, y me dijo: 'Ve y habla en mi nombre a mi pueblo Israel.'
Por lo tanto, oye la palabra del Seor. Esto es lo que t dices: 'No hables nada en nombre de Dios contra Israel, ni digas nada contra los descendientes de Isaac.'
Pero esto es lo que dice el Seor: 'Tu mujer se prostituir en plena ciudad, y tus hijos e hijas morirn a filo de espada; tus tierras sern repartidas en sorteo; t mismo morirs en tierra de paganos, y los israelitas sern llevados cautivos, lejos de su tierra.'
Esto me mostr Dios el Seor: Haba una cesta de fruta madura,
y l me pregunt: -Qu ves, Ams? -Una cesta de fruta madura -respond. Y me dijo el Seor: -Ya Israel est maduro; no le voy a perdonar ni una vez ms.
Ese da los cantos del palacio se volvern lamentos. Mucha gente morir, y en silencio sern arrojados fuera sus cadveres. El Seor lo afirma.
Oigan esto, ustedes que oprimen a los humildes y arruinan a los pobres del pas;
ustedes que dicen: "Cundo pasar la fiesta de la luna nueva, para que podamos vender el trigo? Cundo pasar el sbado, para que vendamos el grano a precios altos y usando medidas con trampa y pesas falsas?
Arruinaremos a los pobres hasta que ellos mismos se nos vendan como esclavos para pagar sus deudas, aunque solo deban un par de sandalias! Venderemos hasta el desecho del trigo!"
El Seor ha jurado por la gloria de Jacob: "Nunca olvidar lo que han hecho."
Y no habr de temblar la tierra por todo esto? No habrn de llorar todos sus habitantes? La tierra subir y bajar, como suben y bajan las aguas del Nilo!
"Ese da -afirma el Seor-, har que se oculte el sol al medioda, y en pleno da cubrir de oscuridad la tierra.
Cambiar las fiestas en llanto por los muertos, y los cantos en lamentos fnebres; har que ustedes se vistan de luto, y que se rapen la cabeza en seal de dolor. Llorarn como el que ha perdido a su nico hijo, y todo acabar en amargura.
Vienen das -afirma el Seor- en los cuales mandar hambre a la tierra; no hambre de pan, ni sed de agua, sino hambre de or la palabra del Seor.
La gente andar errante, buscando la palabra del Seor; irn de un mar al otro mar, y desde el norte y hasta el oriente, pero no podrn encontrarla.
Hermosas muchachas y valientes muchachos se desmayarn de sed ese da.
Los que juran por los dolos de Samaria; los que dicen: 'Por vida de tu dios, oh Dan', 'Por vida de los dioses de Beerseba', caern para no levantarse ms."
Vi al Seor, que estaba junto al altar y me deca: "Golpea los capiteles hasta que tiemblen los umbrales; que caigan hechos pedazos sobre la gente! A quienes queden vivos, los matar a filo de espada: aunque traten de huir, ni uno solo se salvar;
aunque se escondan en las profundidades de la tierra, de all los sacar; aunque suban a las alturas de los cielos, de all los har bajar.
Si se esconden en la cumbre del monte Carmelo, aun all los ir a buscar; si se esconden de m en el fondo del mar, mandar al monstruo marino que vaya y los destroce;
y si van al destierro, llevados por sus enemigos, mandar a la espada que vaya y los mate. Para mal, y no para bien, los tendr siempre a la vista!"
El Seor, el Dios todopoderoso, toca la tierra, y la tierra se derrite y lloran todos sus habitantes. La tierra sube y baja, como suben y bajan las aguas del Nilo.
El Seor ha puesto su habitacin en el cielo y la bveda celeste sobre la tierra; l llama a las aguas del mar y las derrama sobre la tierra. El Seor, ese es su nombre.
Esto afirma el Seor: "Israelitas, para m no hay diferencia entre ustedes y los etopes. As como los traje a ustedes de Egipto, as traje tambin de Creta a los filisteos y de Quir a los arameos."
El Seor mira este reino pecador, y dice: "Lo voy a borrar de la tierra, pero no destruir por completo la casa de Jacob. Yo, el Seor, lo afirmo.
Voy a ordenar que la casa de Israel sea zarandeada como se zarandea el trigo en una criba, sin que un solo grano caiga a tierra.
Todos los pecadores de mi pueblo morirn a filo de espada; todos los que dicen: 'Nada de eso nos pasar; el mal no va a alcanzarnos.'
"El da viene en que levantar la cada choza de David. Tapar sus brechas, levantar sus ruinas y la reconstruir tal como fue en los tiempos pasados,
para que lo que quede de Edom y de toda nacin que me ha pertenecido vuelva a ser posesin de Israel." El Seor ha dado su palabra, y la cumplir.
"Vienen das en que todava se estar cosechando el trigo cuando ya ser tiempo de arar el campo, y en que an no se habr acabado de pisar las uvas cuando ya ser tiempo de sembrar el trigo. Por montes y colinas correr el vino como agua.
Entonces traer del destierro a mi pueblo Israel. Reconstruirn las ciudades destruidas, y vivirn en ellas; plantarn viedos, y bebern su vino; sembrarn huertos, y comern sus frutos.
Pues los plantar en su propia tierra, y nunca ms volvern a ser arrancados de la tierra que les di." Dios el Seor lo afirma.
Profeca que Abdas recibi del Seor por revelacin. Hemos odo un mensaje del Seor; un mensajero ha ido a las naciones, a decirles: "En marcha! Vamos a la guerra contra Edom!" Dios el Seor le dice a Edom:
"Voy a hacerte pequeo entre las naciones y a humillarte en gran manera.
Tu orgullo te ha engaado. Vives en las grietas de las peas y habitas en las alturas, y por eso has llegado a creer que nadie puede derribarte.
Pero aunque te eleves como el guila y pongas tu nido en las estrellas, de all te har caer." El Seor afirma:
"Si los ladrones vinieran de noche a robarte, no se lo llevaran todo; si vinieran a ti los vendimiadores, algunos racimos dejaran. En cambio, tus enemigos te han destrozado por completo.
Cmo te han saqueado, Esa! Han robado hasta el ltimo de tus tesoros!
Todos tus aliados te engaaron; te echaron de tu propia tierra. Aun tus propios amigos se han puesto en contra tuya, y tus amigos de confianza te han tendido trampas. Edom no tiene inteligencia!"
El Seor afirma: "El da en que yo castigue a Edom, destruir a todos sus sabios y quitar la inteligencia a los de la regin montaosa de Esa.
Los guerreros de Temn temblarn de miedo, y en la regin montaosa de Esa no quedar nadie con vida.
"Quedars cubierto de vergenza y destruido para siempre, por haber maltratado y matado a tu hermano Jacob.
Cuando el enemigo saque las riquezas de la ciudad, cuando los soldados extranjeros rompieron las puertas de Jerusaln, t te hiciste a un lado! Cuando se rifaron sus despojos y se llevaron sus riquezas, t te portaste como uno de ellos!
No debiste alegrarte de ver a tu hermano en el da de su desgracia, ni debiste alegrarte de ver a Jud en el da de su ruina, ni debiste burlarte de ellos en el da de su angustia.
No debiste entrar en mi ciudad el da de su sufrimiento, ni debiste alegrarte de su desgracia el da de su infortunio, ni debiste robar sus riquezas el da de su calamidad.
No te debiste parar en las encrucijadas para matar a los que escapaban, ni debiste entregar a los que huan en el da de la angustia.
Lo mismo que hiciste con otros, se har contigo: recibirs tu merecido! "Ya est cerca el da del Seor para todas las naciones.
Como fue de amarga la copa que ustedes bebieron en mi santo monte, as de amarga ser la copa que las dems naciones bebern sorbo a sorbo; y desaparecern por completo.
Pero el monte Sin ser un lugar santo adonde algunos lograrn escapar. Los descendientes de Jacob recobrarn sus tierras;
los descendientes de Jacob y de Jos sern fuego y sern llama, y los de Esa sern estopa que aquel fuego devorar completamente. Ninguno de los de Esa se salvar! Yo, el Seor, lo he dicho."
Los israelitas del Ngueb tomarn posesin de la regin montaosa de Esa, y los de la llanura se apoderarn del territorio de los filisteos.
Tambin tomarn posesin de las tierras de Efran y del territorio de Samaria, y los de Benjamn se apoderarn de Galaad. Esta multitud de israelitas desterrados tomar posesin del territorio de los cananeos hasta Sarepta, y los cautivos de Jerusaln que estn en Sefarad tomarn posesin de las ciudades del Ngueb.
Subirn victoriosos al monte Sin para dictar sentencia contra los de la regin montaosa de Esa, y el Seor ser quien reine.
El Seor se dirigi a Jons, hijo de Amitai, y le dijo:
"Anda, vete a la gran ciudad de Nnive y anuncia que voy a destruirla, porque hasta m ha llegado la noticia de su maldad."
Pero Jons, en lugar de obedecer, trat de huir del Seor, y se fue al puerto de Jope, donde encontr un barco que estaba a punto de salir para Tarsis; entonces compr pasaje y se embarc para ir all.
Pero el Seor hizo que soplara un viento muy fuerte, y se levant en alta mar una tempestad tan violenta que pareca que el barco iba a hacerse pedazos.
Los marineros estaban llenos de miedo, y cada uno invocaba a su dios. Por fin, para aligerar el barco, echaron toda la carga al mar. Jons, mientras tanto, haba bajado a la bodega del barco, y all se haba quedado profundamente dormido.
Entonces el capitn fue a donde estaba Jons, y le dijo: -Qu haces t ah, dormiln? Levntate y clama a tu Dios! Tal vez quiera ocuparse de nosotros y nos ponga a salvo.
Entre tanto, los marineros se decan unos a otros: -Vamos a echar suertes, para ver quin tiene la culpa de esta desgracia. Echaron, pues, suertes, y Jons result ser el culpable.
Entonces le dijeron: -Dinos por qu nos ha venido esta desgracia. Qu negocio te ha trado aqu? De dnde vienes? Cul es tu pas? De qu raza eres?
Jons les contest: -Soy hebreo, y rindo culto al Seor, el Dios del cielo, creador del mar y de la tierra.
Jons cont a los marineros que l estaba huyendo del Seor, y ellos, al orlo y al ver que el mar se agitaba ms y ms, sintieron mucho miedo y le preguntaron:
-Por qu has hecho esto? Qu podemos hacer contigo para que el mar se calme?
-Pues chenme al mar, y el mar se calmar -contest Jons-. Yo s bien que soy el culpable de que esta tremenda tempestad se les haya venido encima.
Los marineros se pusieron a remar con todas sus fuerzas para acercarse a tierra, pero no lo lograron, porque el mar se embraveca cada vez ms.
Entonces clamaron al Seor y dijeron: "Seor, no nos dejes morir por culpa de este hombre. Y si es inocente, no nos hagas responsables de su muerte, porque t, Seor, actas segn tu voluntad."
Dicho esto, echaron a Jons al mar, y el mar se calm.
Al verlo, los marineros sintieron una profunda reverencia por el Seor, y le ofrecieron un sacrificio y le hicieron promesas.
Entre tanto, el Seor haba dispuesto un enorme pez para que se tragara a Jons. Y Jons pas tres das y tres noches dentro del pez.
Entonces Jons or al Seor su Dios desde dentro del pez,
diciendo: "En mi angustia clam a ti, Seor, y t me respondiste. Desde las profundidades de la muerte clam a ti, y t me oste.
Me arrojaste a lo ms hondo del mar, y las corrientes me envolvieron. Las grandes olas que t mandas pasaban sobre m.
Llegu a sentirme echado de tu presencia; pens que no volvera a ver tu santo templo.
Las aguas me rodeaban por completo; me cubra el mar profundo; las algas se enredaban en mi cabeza.
Me hund hasta el fondo de la tierra; ya me senta su eterno prisionero! Pero t, Seor, mi Dios, me salvaste de la muerte.
Al sentir que la vida se me iba, me acord de ti, Seor; mi oracin lleg a ti en tu santo templo.
Los que siguen a los dolos dejan de serte leales;
pero yo, con voz de gratitud, te ofrecer sacrificios; cumplir las promesas que te hice. Solo t, Seor, puedes salvar!"
Entonces el Seor dispuso que el pez vomitara a Jons en tierra firme.
El Seor se dirigi por segunda vez a Jons, y le dijo:
"Anda, vete a la gran ciudad de Nnive y anuncia lo que te voy a decir."
Jons se puso en marcha y fue a Nnive, como el Seor se lo haba ordenado. Nnive era una ciudad tan grande que para recorrerla toda haba que caminar tres das.
Jons entr en la ciudad y camin todo un da, diciendo a grandes voces: "Dentro de cuarenta das Nnive ser destruida!"
Los habitantes de la ciudad, grandes y pequeos, creyeron en Dios, proclamaron ayuno y se pusieron ropas speras en seal de dolor.
Cuando la noticia lleg al rey de Nnive, tambin l se levant de su trono, se quit sus vestiduras reales, se puso ropas speras y se sent en el suelo.
Luego, el rey y sus ministros dieron a conocer por toda la ciudad el siguiente decreto: "Que nadie tome ningn alimento. Que tampoco se d de comer ni de beber al ganado y a los rebaos.
Al contrario, vstanse todos con ropas speras en seal de dolor, y clamen a Dios con todas sus fuerzas. Deje cada uno su mala conducta y la violencia que ha estado cometiendo hasta ahora;
tal vez Dios cambie de parecer y se calme su ira, y as no moriremos."
Dios vio lo que haca la gente de Nnive y cmo dejaba su mala conducta, y decidi no hacerles el dao que les haba anunciado.
A Jons le cay muy mal lo que Dios haba hecho, y se disgust mucho.
As que or al Seor, y le dijo: -Mira, Seor, esto es lo que yo deca que iba a pasar cuando an me encontraba en mi tierra. Por eso quise huir de prisa a Tarsis, pues yo s que t eres un Dios tierno y compasivo, que no te enojas fcilmente, y que es tanto tu amor que anuncias un castigo y luego te arrepientes.
Por eso, Seor, te ruego que me quites la vida. Ms me vale morir que seguir viviendo.
Pero el Seor le contest: -Te parece bien enojarte as?
Jons sali de la ciudad y acamp al oriente de ella; all hizo una enramada y se sent a su sombra, esperando a ver lo que le iba a pasar a la ciudad.
Dios el Seor dispuso entonces que una mata de ricino creciera por encima de Jons, y que su sombra le cubriera la cabeza para que se sintiera mejor. Jons estaba muy contento con aquella mata de ricino.
Pero, al amanecer del da siguiente, Dios dispuso que un gusano picara el ricino, y este se sec.
Cuando el sol sali, Dios dispuso que soplara un viento caliente del este, y como el sol le daba a Jons directamente en la cabeza, l sinti que se desmayaba, y quera morirse. -Ms me vale morir que seguir viviendo -deca.
Pero Dios le contest: -Te parece bien enojarte as porque se haya secado la mata de ricino? -Claro que me parece bien! -respondi Jons-. Estoy que me muero de rabia!
Entonces el Seor le dijo: -T no sembraste la mata de ricino, ni la hiciste crecer; en una noche naci, y a la otra se muri. Sin embargo le tienes compasin.
Pues con mayor razn debo yo tener compasin de Nnive, esa gran ciudad donde hay ms de ciento veinte mil nios inocentes y muchos animales.
Este es el mensaje que el Seor dirigi a Miqueas de Morset y lo que por revelacin le comunic acerca de Samaria y Jerusaln, en el tiempo en que Jotam, Ahaz y Ezequas reinaban en Jud.
Pueblos todos, escuchen esto; habitantes de todo el pas, pongan atencin: El Seor, desde su santo templo, va a ser testigo contra ustedes.
El Seor saldr del lugar donde habita y vendr caminando sobre las cumbres de los montes.
Debajo de sus pies se fundirn los montes como cera puesta al fuego, y los valles se abrirn en dos como cortados por las aguas de un torrente.
Todo esto por la rebelda del pueblo de Jacob, por los pecados del reino de Israel. Dnde est la rebelda de Jacob? En el pueblo de Samaria! Y dnde los santuarios paganos de Jud? En la misma Jerusaln!
Por eso dice el Seor: "Har de la ciudad de Samaria un montn de ruinas, un campo abierto donde plantar viedos. Esparcir por el valle las piedras de la ciudad y pondr al descubierto sus cimientos.
Todos sus dolos quedarn hechos pedazos, y quemados todos sus troncos sagrados. Puesto que fueron hechos con dinero de prostitutas, en dinero de prostitutas los convertir otra vez."
Por eso llorar con profunda tristeza; por eso andar descalzo y desnudo, aullando como un chacal y gritando como un pollo de avestruz.
Porque la herida de Samaria es incurable: ha alcanzado a Jud y ha llegado hasta Jerusaln, la ciudad donde vive mi pueblo.
No digan esto a los habitantes de Gat; no se echen a llorar. Revulquense de dolor entre el polvo de Bet-le-afr.
Habitantes de Safir, vayan al destierro, desnudos y llenos de vergenza! No saldrn los que viven en Zaann! Hay llanto en Bet-sel, y ustedes van a quedar sin su apoyo!
Los que viven en Marot se retuercen de dolor ansiando sentirse bien, porque el Seor ha hecho que el mal llegue a las puertas mismas de Jerusaln.
Ustedes, habitantes de Laquis, que fueron rebeldes como Israel, que fueron la causa del pecado de Sin, enganchen caballos a sus carros.
Despdanse para siempre de Morset-gat. La ciudad de Aczib servir de trampa a los reyes de Israel.
El Seor dice: "Contra ustedes, los que viven en Mares, enviar de nuevo un conquistador, y lo ms escogido de Israel ir a meterse en la cueva de Adulam.
Y t, ciudad de Sin, rpate la cabeza en seal de dolor, a causa de los hijos que tanto amas. Rpate hasta quedar calva como un buitre, porque tus hijos van a ser llevados al destierro."
Ay de aquellos que aun en sus sueos siguen planeando maldades, y que al llegar el da las llevan a cabo porque tienen el poder en sus manos!
Codician terrenos, y se apoderan de ellos; codician casas, y las roban. Oprimen al hombre y a su familia, al propietario y a su herencia.
Por eso dice el Seor: "Yo tambin tengo planes contra ustedes. Voy a enviarles una desgracia de la que no podrn librar su cuello, y ya no podrn caminar orgullosamente porque sern tiempos de desastre.
En aquel da les cantarn a ustedes canciones en son de lamento. Les dirn: 'Hemos sido completamente destruidos; nuestro pueblo, propiedad del Seor, ha cambiado de dueo sin que nadie lo impida; nuestros campos han sido repartidos entre nuestros conquistadores.' "
Por eso ustedes no tendrn parte en el pueblo del Seor.
"Que no nos vengan con profecas! -dicen ellos-. La desgracia no podr alcanzarnos!"
Acaso est maldito el pueblo de Jacob? Es que Dios ha perdido la paciencia? Es as como Dios acta? Acaso no beneficia su palabra al que se porta rectamente?
Ustedes se han alzado en contra de mi pueblo. Les arrebatan las ropas de valor a los que vuelven de la guerra pensando que ya estn a salvo.
De sus amados hogares arrojan a las mujeres, y a sus nios los privan para siempre del honor que les he dado.
Levntense! Caminen! Este no es lugar de descanso; a causa de la corrupcin que hay en l, ser destruido completamente.
Si alguien inventa mentiras, y dice: "Yo anuncio vino y licor", ese es el profeta ideal para este pueblo.
Voy a reunir a todo el pueblo de Jacob; voy a recoger al pequeo resto de Israel. Los juntar como ovejas en el redil, como rebao en el pastizal, y harn el ruido de una multitud.
Dios ir abrindoles camino, y ellos le seguirn y saldrn por la puerta de la ciudad. Su rey, el Seor, marchar al frente de todos.
Escuchen ahora, gobernantes y jefes de Israel, acaso no corresponde a ustedes saber lo que es la justicia?
En cambio, odian el bien y aman el mal; despellejan a mi pueblo y le dejan los huesos pelados.
Se comen vivo a mi pueblo; le arrancan la piel y le rompen los huesos; lo tratan como si fuera carne para la olla.
Un da llamarn ustedes al Seor, pero l no les contestar. En aquel tiempo se esconder de ustedes por las maldades que han cometido.
Mi pueblo sigue caminos equivocados por culpa de los profetas que lo engaan, que anuncian paz a quienes les dan de comer pero declaran la guerra a quienes no les llenan la boca. El Seor dice a esos profetas:
"No volvern ustedes a tener visiones profticas en la noche ni a predecir el futuro en la oscuridad." El sol se pondr para esos profetas, y el da se les oscurecer.
Esos videntes y adivinos quedarn en completo ridculo. Todos ellos se quedarn callados al no recibir respuesta de Dios.
En cambio, a m, el espritu del Seor me llena de fuerza, justicia y valor, para echarle en cara a Israel su rebelda y su pecado.
Escuchen esto ahora, gobernantes y jefes de Israel, ustedes que odian la justicia y tuercen todo lo que est derecho,
que construyen Jerusaln, la ciudad del monte Sin, sobre la base del crimen y la injusticia.
Los jueces de la ciudad se dejan sobornar, los sacerdotes ensean solo por dinero y los profetas venden sus predicciones alegando que el Seor los apoya, y diciendo: "El Seor est con nosotros; nada malo nos puede suceder."
Por lo tanto, por culpa de ustedes, Jerusaln, la ciudad del monte Sin, va a quedar convertida en barbecho, en un montn de ruinas, y el monte del templo se cubrir de maleza.
En los ltimos tiempos quedar afirmado el monte donde se halla el templo del Seor. Ser el monte ms alto; ms alto que cualquier otro monte. Todas las naciones vendrn a l;
pueblos numerosos llegarn, diciendo: "Vengan, subamos al monte del Seor, al templo del Dios de Jacob, para que l nos ensee sus caminos y podamos andar por sus senderos." Porque de Sin saldr la enseanza del Seor, de Jerusaln vendr su palabra.
El Seor juzgar entre las naciones y decidir los pleitos de pueblos numerosos, aun de los ms lejanos. Ellos convertirn sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. Ningn pueblo volver a tomar las armas contra otro ni a recibir instruccin para la guerra.
Todos vivirn entonces sin temor, y cada cual podr descansar a la sombra de su vid y de su higuera. Son las propias palabras del Seor todopoderoso!
Los otros pueblos obedecen a sus propios dioses, pero nosotros siempre obedeceremos al Seor nuestro Dios.
Esto afirma el Seor: "En aquel da reunir a mis ovejas, a las que haba castigado: a las impedidas, cansadas y dispersas.
Con ellas, con las que hayan quedado, har una nacin poderosa. Yo, el Seor, gobernar a mi pueblo desde el monte Sin, ahora y siempre.
Y t, Jerusaln, torre y fortaleza de Sin, t volvers a ser la capital del reino, la gran seora que antes fuiste."
Ahora pues, por qu gritas as, como una mujer con dolores de parto? Acaso porque en ti no hay rey? O porque han muerto tus consejeros?
Returcete y grita, ciudad de Sin, como una mujer con dolores de parto, porque tu gente va a salir de ti y tendr que vivir a campo abierto, y aun llegar hasta Babilonia. Pero all librar el Seor a su pueblo; lo salvar de sus enemigos.
Ahora muchas naciones se han juntado en contra tuya, diciendo: "Vamos a darnos el gusto de ver a Jerusaln profanada!"
Pero esas naciones no conocen los pensamientos y los planes de Dios; no saben que l las va a juntar como manojos de espigas en la era.
Levntate y trilla, ciudad de Sin! Porque el Seor dice: "Yo te dar la fuerza de un toro de cuernos de hierro y pezuas de bronce, para que destroces a muchos pueblos. T les quitars sus riquezas mal habidas y me las consagrars a m, al Seor de toda la tierra."
"Pero ahora, Jerusaln, prepara tu defensa, porque has sido sitiada y van a castigar duramente al jefe de Israel.
En cuanto a ti, Beln Efrat, pequea entre los clanes de Jud, de ti saldr un gobernante de Israel que desciende de una antigua familia."
Ahora el Seor deja a los suyos, pero solo hasta que d a luz la mujer que est esperando un hijo. Entonces se reunirn con sus compatriotas los israelitas que estn en el destierro.
El rey se levantar para pastorear a su pueblo con el poder y la majestad del Seor su Dios, y ellos podrn vivir en paz, porque el Seor ser engrandecido hasta el ltimo rincn de la tierra.
l traer la paz. Cuando los asirios invadan nuestro pas y entren en nuestros palacios, enviaremos contra ellos siete jefes y ocho hombres importantes.
Ellos gobernarn Asiria, el pas de Nimrod, a filo de espada, y nos librarn de los asirios que hayan cruzado nuestras fronteras e invadido nuestra tierra.
Entonces, en medio de muchos pueblos, los que queden del pueblo de Jacob sern como el roco que enva el Seor, como las lluvias que caen sobre la hierba, que no dependen de la voluntad del hombre.
Entonces, en medio de muchas naciones, lo que quede del pueblo de Jacob ser como un len entre los animales salvajes, como un len en un rebao de ovejas, que al pasar las desgarra y destroza, y no deja que ninguna escape con vida.
As atacars t, Seor, y destruirs a todos tus enemigos.
Esto afirma el Seor: "En aquel da matar tus caballos y destruir tus carros de guerra;
convertir en ruinas tus ciudades y derribar todas tus fortalezas;
acabar con tus hechiceras y te dejar sin adivinos;
destruir tus dolos y piedras sagradas, para que no vuelvas a adorar jams a los dioses que t mismo hiciste.
Arrancar tus rboles sagrados y destruir por completo tus ciudades.
En mi furor, tomar venganza de las naciones que no quisieron obedecerme."
Oigan ustedes ahora lo que dice el Seor: "Levntate y expn tu caso ante los montes, y que los cerros oigan tu voz!"
Escuchen ustedes, montes y firmes cimientos de la tierra: el Seor va a entablar un juicio contra su pueblo, va a entablar un pleito contra Israel.
Esto dice el Seor: "Respndeme, pueblo mo, qu te he hecho o en qu te he molestado?
Yo te saqu de Egipto, librndote de la esclavitud; yo envi a Moiss, Aarn y Mara, para que te dirigieran.
Pueblo mo, recuerda ahora los planes de Balac, rey de Moab, y la respuesta que le dio Balaam, hijo de Beor. Recuerda cuando pasaste de Sitim a Guilgal, y reconoce las victorias del Seor."
Con qu me presentar a adorar al Seor, Dios de las alturas? Me presentar ante l con becerros de un ao, para ofrecrselos en holocausto?
Se alegrar el Seor, si le ofrezco mil carneros o diez mil ros de aceite? O si le ofrezco a mi hijo mayor en pago de mi rebelin y mi pecado?
El Seor ya te ha dicho, oh hombre, en qu consiste lo bueno y qu es lo que l espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios.
El Seor est llamando a la ciudad, y es sabio orle con reverencia: "Escuchen, pueblo y consejeros de la ciudad:
En la casa del malvado hay riquezas mal habidas y esas medidas falsas que aborrezco.
Cmo podr perdonar al que emplea balanzas alteradas y pesas falsas?
Los ricos de esta ciudad son todos opresores; mentirosos y engaadores todos sus habitantes.
Por eso he comenzado a castigarte, a destruirte por causa de tus pecados.
Comers, pero no quedars satisfecho, sino que seguirs sufriendo hambre; recogers provisiones, pero no podrs salvar nada, y aun si algo salvas, har que la guerra lo destruya.
Sembrars, pero no cosechars; molers aceitunas, pero no aprovechars el aceite; pisars uvas, pero no bebers el vino.
Porque has seguido los mandatos y las prcticas de Omr y de la familia de Ahab, y te has portado como ellos lo hicieron. Por eso yo har de ti y de tus habitantes un motivo de horror y de burla, y la vergenza de mi pueblo caer sobre ti."
Ay de m! Soy como el que rebusca despus de la cosecha, y ya no encuentra uvas ni higos, esos frutos que querra comer.
Ya no quedan en el mundo hombres rectos ni fieles a Dios; todos esperan el momento de actuar con violencia; los unos a los otros se ponen trampas.
Son maestros en hacer lo malo; los funcionarios exigen recompensas, los jueces se dejan sobornar, los poderosos hacen lo que se les antoja y pervierten la ciudad.
El mejor de ellos es como un espino; el ms honrado, como una zarza. Pero viene el da de ajustar las cuentas, el da que te anunci el centinela. Entonces reinar la confusin entre ellos.
No creas en la palabra de tu prjimo ni confes en ningn amigo; cudate aun de lo que hables con tu esposa.
Porque los hijos tratan con desprecio a los padres, las hijas se rebelan contra las madres, las nueras contra las suegras y los enemigos de cada cual son sus propios parientes.
Pero yo esperar en el Seor; pondr mi esperanza en Dios mi salvador, porque l me escuchar.
Nacin enemiga ma, no te alegres de mi desgracia, pues, aunque ca, voy a levantarme; aunque me rodee la oscuridad, el Seor es mi luz.
He pecado contra el Seor, y por eso soportar su enojo; mientras tanto, l juzgar mi causa y me har justicia. El Seor me llevar a la luz, me har ver su victoria.
Tambin la ver mi enemiga, y eso la cubrir de vergenza. Ella me deca: "Dnde est el Seor tu Dios?", pero ahora tendr el gusto de verla pisoteada como el barro de las calles.
Jerusaln, ya viene el da en que tus muros sern reconstruidos y tus lmites ensanchados.
Ya viene el da en que acudirn a ti de todas partes: desde Asiria hasta Egipto, desde el ro Nilo hasta el Eufrates, de mar a mar y de monte a monte.
La tierra ser convertida en desierto por culpa de sus habitantes, como resultado de su maldad.
Cuida, Seor, de tu pueblo, de las ovejas de tu propiedad, que estn solas en el bosque, rodeadas de frtiles tierras! Llvalas, como en tiempos pasados, a los pastos de Basn y Galaad.
Hazles ver maravillas, como en los das en que los sacaste de Egipto.
Que las otras naciones tambin las vean, y se cubran de vergenza a pesar de todo su poder! Que se queden como mudas y sordas!
Que muerdan el polvo como las serpientes y como los otros reptiles! Que salgan temblando de sus nidos, y que llenas de miedo recurran a ti, Seor nuestro Dios!
No hay otro Dios como t, porque t perdonas la maldad y olvidas las rebeliones de este pequeo resto de tu pueblo. T nos muestras tu amor y no mantienes tu enojo para siempre.
Ten otra vez compasin de nosotros y sepulta nuestras maldades. Arroja nuestros pecados a las profundidades del mar.
Mantn, Seor, la fidelidad y el amor que en tiempos antiguos prometiste a nuestros antepasados Abraham y Jacob!
Libro de la profeca que Nahm de Elcs recibi por revelacin. Este es el mensaje dirigido a la ciudad de Nnive.
El Seor es Dios celoso y vengador: se venga de los que se le oponen, y se enoja con sus enemigos.
El Seor es paciente pero poderoso, y no dejar de castigar al culpable. El Seor camina sobre la tormenta, y las nubes son el polvo de sus pies.
Amenaza al mar, y lo seca. Hace que se sequen todos los ros. Los campos de Basn y el monte Carmelo se marchitan, y se marchitan tambin las flores del Lbano.
Ante l tiemblan las montaas; los cerros se derriten en su presencia. Toda la tierra se estremece al verlo; todo el mundo y los que en l viven.
Quin podr mantenerse de pie ante su ira? Quin podr resistir su enojo? Su furia se derrama como fuego, y ante l se parten en dos las peas.
El Seor es bueno; es un refugio en horas de angustia: protege a los que en l confan.
Pero, como inundacin que todo lo arrasa, destruye a los que se le oponen; la oscuridad alcanzar a sus enemigos.
Qu estn tramando ustedes en contra del Seor? l los destruir por completo! Nadie puede oponrsele dos veces!
Pues como espinos enmaraados, como paja seca, sern quemados por completo.
De ti, Nnive, sali el que trama lo malo en contra del Seor: un malvado consejero.
Por eso dice el Seor a su pueblo: "Aunque los asirios sean fuertes y numerosos, sern destruidos y pasarn. Yo te he hecho sufrir, pero no te har sufrir ms.
Har pedazos el yugo que tienes encima y romper tus cadenas."
El Seor orden respecto a ti, rey de Nnive: "No tendrs descendientes que continen tu nombre; del templo de tu dios destruir los dolos y las estatuas, y all te voy a enterrar porque eres despreciable."
Miren! Ya viene sobre los montes el mensajero que trae noticias de paz! Celebra tus fiestas, Jud; cumple tus promesas. Nunca ms te invadirn los malvados; han sido destruidos por completo.
Nnive, el destructor marcha contra ti. Monta tu guardia en la fortaleza! Vigila el camino! Cete la espada! Rene tus fuerzas!
Porque el Seor va a restaurar el orgullo de Jacob, el orgullo de Israel, como era antes de que lo saquearan y lo dejaran como vid sin ramas.
Rojo es el escudo de sus guerreros y rojo el uniforme de su ejrcito. Estn listos para el ataque! Sus carros parecen de fuego; sus caballos se impacientan.
Los carros corren con furia por las calles, van de un lado a otro de las plazas, son como antorchas encendidas, pasan como relmpagos.
Llama el rey a sus oficiales, y ellos se atropellan al correr a la muralla, al parapeto ya preparado.
Se abren las compuertas del ro, y el palacio se viene abajo.
Al destierro llevan a la reina; la acompaan sus criadas, que gimen como palomas y lloran golpendose el pecho.
Como el agua a travs de un dique roto, as huyen los habitantes de Nnive. "Detnganse! Vuelvan!" les gritan, pero nadie vuelve.
Roben la plata! Roben el oro! Las riquezas de Nnive no tienen fin!
Destruida, desierta, desolada, as est Nnive. Los corazones se deshacen de miedo, tiemblan las rodillas, a todos les faltan las fuerzas y los rostros pierden el color.
Qu queda de la cueva de los leones, de la guarida de los cachorros de len? All los leones y sus cachorros se sentan seguros; no haba nadie que los espantara.
Mataba el len a su presa, la reparta entre la leona y sus cachorros, y llenaba de rapia sus cuevas.
El Seor todopoderoso afirma: "Aqu estoy contra ti: voy a quemar tus carros de guerra y a convertirlos en humo; voy a matar tus cachorros; acabar con el robo que hay en tu tierra, y no se oir ms la voz de tus mensajeros."
Ay de ti, ciudad sanguinaria, llena de mentira y violencia; tu rapia no tiene fin!
Chasquido de ltigo, estruendo de ruedas! Galopar de caballos, carros que saltan!
Carga de caballera! Brillo de espada, resplandor de lanza! Miles de heridos, montones de muertos! Cadveres sin fin! La gente tropieza con ellos!
Y todo por culpa de las prostituciones de esa ramera llena de gracia y hermosura, maestra en brujeras, que con sus prostituciones y hechizos embaucaba a pueblos y naciones.
El Seor todopoderoso afirma: "Aqu estoy contra ti: te voy a levantar el vestido hasta la cara, para que las naciones te vean desnuda y los reinos vean tu vergenza.
Y echar suciedad sobre ti; te cubrir de deshonra y har de ti un espectculo.
Todos los que te vean huirn de ti diciendo: 'Nnive est destruida! Quin le tendr compasin? Dnde hallar quien la consuele?'
Acaso eres t mejor que Tebas, la ciudad junto al ro Nilo, rodeada de muchas aguas, con el ro por barrera y el agua por muralla?
Etiopa y Egipto eran su fortaleza sin lmite; los de Fut, los libios, eran sus aliados.
Sin embargo, Tebas fue llevada al destierro; sus nios fueron estrellados en las esquinas de las calles; sobre sus nobles echaron suertes y sus caudillos fueron encadenados.
Tambin a ti te van a emborrachar; aturdida, te esconders buscando refugio de tu enemigo.
Todas tus fortalezas son como higueras cargadas de higos tiernos, que caen, si la sacuden, en la boca de quien los come.
Tu ejrcito parece formado de mujeres; las puertas del pas estn abiertas para el enemigo; el fuego ha destruido tus cerrojos.
Prepara agua, para que puedas resistir el sitio; refuerza tus defensas. Mtete en el lodo, pisa el barro, toma el molde de tus ladrillos.
All te consumir el fuego, y la espada, como langosta, te exterminar por completo. Multiplcate como las langostas! Multiplcate como los saltamontes!
Tus comerciantes se hicieron ms numerosos que las estrellas del cielo. (La langosta cambia de piel y vuela.)
Tus guardianes son como langostas; y los encargados de reclutar tus tropas son como nubes de insectos: cuando hace fro, se posan en las paredes; cuando sale el sol, se van; nadie sabe dnde.
"Cmo duermen tus pastores, oh rey de Asiria! Tus oficiales descansan, tus tropas andan dispersas por los montes y no hay quien las rena.
No hay remedio para tu herida; tu llaga es incurable! Todos los que oyen de tu desgracia aplauden de alegra, pues, quin no sufri tu maldad sin fin?"
Este es el mensaje que el Seor revel al profeta Habacuc.
Seor, hasta cundo gritar pidiendo ayuda sin que t me escuches? Hasta cundo clamar a causa de la violencia sin que vengas a librarnos?
Por qu me haces ver tanta angustia y maldad? Estoy rodeado de violencia y destruccin; por todas partes hay pleitos y luchas.
No se aplica la ley, se pisotea el derecho, el malo persigue al bueno y se tuerce la justicia.
"Miren ustedes a las naciones que los rodean; mrenlas y llnense de espanto. Estoy a punto de hacer cosas tales que ustedes no las creeran, si alguien se las contara.
Voy a poner en pie de guerra a los caldeos, que son gente cruel, que siempre estn dispuestos a recorrer el mundo de lado a lado para aduearse de tierras que no les pertenecen.
Son espantosos y terribles, y no reconocen ms ley que la suya.
Sus caballos son ms veloces que los leopardos, ms salvajes que los lobos del desierto. Sus jinetes galopan en gran nmero y se lanzan al ataque desde lejos, como el guila se lanza sobre su presa.
Todo lo destruyen a su paso; en su avance van sembrando el terror, y son ms los prisioneros que hacen que las arenas que hay en el mar.
Se burlan de los reyes y de la gente importante. Se ren de las fortalezas, pues levantan rampas ante ellas y las toman por asalto.
Pasan como un huracn; no reconocen ms dios que su propia fuerza."
Seor, acaso no existes t eternamente, mi Dios santo e inmortal? Seor y protector mo, t has dado fuerza a los caldeos para que ellos ejecuten tu justicia.
T eres demasiado puro para consentir el mal, para contemplar con agrado la iniquidad; cmo, pues, contemplas callado a los criminales, y guardas silencio mientras el malvado destruye a los que son mejores que l?
Por qu tratas a los hombres como a peces del mar, como a animales sin gobierno?
Los caldeos se apoderan de otras naciones como el pescador se apodera del pescado: lo atrapa con anzuelos y con redes, y luego, al verlo todo junto, se llena de alegra.
Por eso el pescador adora sus redes y anzuelos, y ofrece sacrificios y quema incienso en su honor, pues gracias a ellos tiene comida buena y abundante.
As, seguirn los caldeos pescndonos con sus redes? Seguirn matando sin compasin a la gente?
Estar atento y vigilante, como lo est el centinela en su puesto, para ver qu me dice el Seor y qu respuesta da a mis quejas.
El Seor me contest: "Escribe en tablas de barro lo que te voy a mostrar, de modo que pueda leerse de corrido.
An no ha llegado el momento de que esta visin se cumpla; pero no dejar de cumplirse. T espera, aunque parezca tardar, pues llegar en el momento preciso.
Escribe que los malvados son orgullosos, pero los justos vivirn por su fidelidad a Dios."
Los hombres orgullosos desean el poder; lo buscan sin descanso y siempre quieren ms, aun cuando el poder es traicionero. Abren su boca, como el sepulcro; son insaciables, como la muerte, y por eso se lanzan a conquistar nacin tras nacin.
Pero todas las naciones conquistadas se burlarn del que las conquist, cantndole: "Ay de ti, que te haces rico con lo que no te pertenece! Hasta cundo seguirs amontonando las riquezas que tomaste prestadas?"
Cuando menos lo esperes, llegarn tus acreedores, despertarn los que te atormentan y te dejarn desnudo.
Las naciones se unirn en contra tuya y te saquearn como t las saqueaste a ellas. Te harn pagar todos tus crmenes, las violencias que cometiste en el pas contra las ciudades y sus habitantes.
Ay de ti, que has llenado tu casa con el producto de tus robos, para ponerte a salvo de todo peligro!
De ese modo has cubierto tu casa de vergenza, y has causado tu propia destruccin al destruir a numerosas naciones.
Aun las piedras de los muros y la madera de las vigas gritarn en contra tuya.
Ay de ti, que construyes tus ciudades sobre la base del crimen y la injusticia!
El Seor todopoderoso va a hacer intil tu trabajo y tu fatiga, pues todas tus obras sern destruidas por el fuego.
Y el conocimiento de la gloria del Seor llenar entonces toda la tierra, como las aguas llenan el mar.
Ay de ti, que emborrachas a tus vecinos dndoles vino mezclado con drogas, para humillarlos contemplando su desnudez!
En lugar de honor, te cubrirs de vergenza, porque el Seor va a darte a beber una copa que te har mostrar tu incircuncisin y convertir en humillacin tu gloria.
Las violencias que le hiciste al monte Lbano se volvern en contra tuya, y te espantars por la matanza de sus animales. Esto te vendr a causa de tus crmenes y de las violencias que cometiste en el pas contra las ciudades y sus habitantes.
De qu sirve una escultura en cuanto ha sido terminada? De qu sirve una imagen que solo lleva a la mentira? Los dolos no pueden hablar; cmo, pues, podr confiar en ellos el hombre que los fabrica?
Ay de ti, que a un dolo de madera le dices que despierte, y a una piedra muda, que se ponga de pie! Podrn ellos comunicar mensaje alguno? No, porque no tienen vida propia, aunque estn recubiertos de oro y plata!
Pero el Seor est en su santo templo: guarde silencio delante de l toda la tierra!
Esta es una oracin del profeta Habacuc.
Lo que oigo acerca de ti, Seor, y de todo lo que has hecho, me llena de profunda reverencia. Realiza ahora, en nuestra vida, tus grandes acciones de otros tiempos, para que nosotros tambin las conozcamos. Mustranos as tu compasin aun en medio de tu enojo.
Dios viene de la regin de Temn; del monte Parn viene el Dios Santo. Su gloria se extiende por todo el cielo, y el mundo entero se llena de su alabanza.
Viene envuelto en brillante resplandor, y de sus manos brotan rayos de luz que muestran el poder que en l se esconde.
Delante de l llegan plagas terribles, y detrs la fiebre abrasadora.
La tierra tiembla cuando l se detiene; se estremecen las naciones cuando las mira; las viejas montaas se derrumban y se deshacen los montes antiguos; pero los caminos de Dios son eternos.
Yo he visto a la gente de Cusn hundida en la desgracia, a los habitantes de Madin encogidos por el miedo.
Te has enojado, Seor, contra los ros? Se ha encendido tu furor contra los mares? Cabalgas por eso en tus caballos y montas as en tu carro victorioso?
Tienes el arco preparado y dispuestas todas tus flechas. Con los ros has abierto surcos en la tierra.
Las montaas tiemblan al verte; cae del cielo la lluvia torrencial, y el mar profundo da su rugido mientras se alzan sus olas inmensas.
El sol y la luna no salen de su escondite ante el vivo resplandor de tus flechas y la luz relampagueante de tu lanza.
En tu enojo recorres toda la tierra; en tu furor pisoteas las naciones.
T has salido en ayuda de tu pueblo y del rey que t mismo escogiste. Has destruido el techo de la casa del malvado, y has descubierto hasta la roca sus cimientos.
Mataste a su jefe con sus propias flechas, cuando sus jinetes, como una tempestad, se lanzaron arrogantes a dispersar a los indefensos, para destruirlos en secreto.
Con tus caballos recorres el mar, la gran extensin de las aguas profundas.
Al or todo esto tuve miedo. Mis labios se pusieron a temblar, mis piernas dejaron de sostenerme y todo mi cuerpo perdi sus fuerzas. Aun as, esperar tranquilo el da en que Dios ponga en angustia al ejrcito de nuestros opresores.
Entonces me llenar de alegra a causa del Seor mi salvador. Le alabar aunque no florezcan las higueras ni den fruto los viedos y los olivares;
aunque los campos no den su cosecha; aunque se acaben los rebaos de ovejas y no haya reses en los establos.
Porque el Seor me da fuerzas; da a mis piernas la ligereza del ciervo y me lleva a alturas donde estar a salvo.
Este es el mensaje que el Seor dirigi a Sofonas en el tiempo en que Josas, hijo de Amn, era rey de Jud. Sofonas era hijo de Cus, este de Guedalas, este de Amaras y este de Ezequas.
Esto afirma el Seor: "Voy a destruir completamente todo lo que hay sobre la tierra.
Destruir a los hombres y los animales, destruir las aves y los peces, pondr tropiezo a los malvados y eliminar de la tierra al hombre." Esto afirma el Seor:
"Extender mi mano contra el pueblo de Jud y contra todos los que viven en Jerusaln. Borrar de este lugar todo rastro del falso dios Baal, y hasta el nombre de sus sacerdotes.
Destruir a los que suben a las azoteas para adorar a los astros, y a los que se arrodillan jurando al mismo tiempo por mi nombre y por el nombre del dios Milcom.
Tambin destruir a los que se apartan de m, a los que no me buscan ni acuden a consultarme."
Guarden silencio en presencia del Seor, porque el da del Seor est cerca! El Seor ha dispuesto un sacrificio y ha consagrado a sus invitados!
"En el da del sacrificio castigar a los jefes -dice el Seor-, a los hijos del rey y a todos los que visten ropa extraa.
Tambin castigar en aquel da a los que saltan sobre los umbrales, y a los que llenan de violencia y engaos la casa de sus amos."
Esto afirma el Seor: "En aquel da se oirn gritos de socorro desde la Puerta de los Pescados. Gritar la gente en el Segundo Barrio y habr gran ruido de derrumbes desde las colinas.
Allen ustedes, habitantes del Barrio del Mortero, porque todos los comerciantes van a morir, todos los que trafican con dinero van a ser destruidos!
"En aquel tiempo tomar una lmpara y registrar Jerusaln. Castigar entonces a la gente que se siente tranquila como el vino reposado, y que se dice a s misma: 'El Seor no har nada, ni bueno ni malo!'
Por eso, sus tesoros sern saqueados y sus casas destruidas. Construirn casas, pero no vivirn en ellas; plantarn vias, pero no bebern de su vino."
Ya est cerca el gran da del Seor! Ya est cerca, viene de prisa! El estruendo del da del Seor ser amargo: hasta los ms valientes gritarn entonces!
Ser un da de ira, de angustia y afliccin, de ruina y desolacin, de oscuridad y tinieblas, de nublado y sombras profundas;
ser un da de trompeta y de clamor contra las ciudades fortificadas y sus altas torres.
Dice el Seor: "Pondr en apuros a la gente. Caminarn como ciegos, porque pecaron contra m. Su sangre ser derramada como polvo, y su carne amontonada como estircol."
En el da de la ira del Seor, no salvar a la gente ni su plata ni su oro, porque el fuego del enojo del Seor consumir todo el pas. Todos los habitantes de la tierra quedarn destruidos en un solo instante!
Renanse, jntense ustedes, gente falta de vergenza,
antes de ser aventados como paja, que en un da desaparece; antes que caiga sobre ustedes la ira ardiente del Seor; antes que caiga sobre ustedes el da de la ira del Seor.
Busquen al Seor todos ustedes, los humildes de este mundo, los que obedecen sus mandatos. Acten con rectitud y humildad, y quizs as encontrarn refugio en el da de la ira del Seor.
La ciudad de Gaza quedar desierta, y Ascaln, desolada; en pleno da sern expulsados los que viven en Asdod, y los de Ecrn sern arrancados de raz.
Ay de ustedes, gente de Creta, que viven a orillas del mar! Dios ha pronunciado esta sentencia contra ustedes: "Canan, pas de los filisteos, te voy a destruir y a dejar sin habitantes!
El pas que est a orillas del mar quedar convertido en pastizales donde se junten los pastores, y en corrales para los rebaos."
Los sobrevivientes del pueblo de Jud tomarn posesin de ese pas cuando el Seor su Dios venga en su ayuda y cambie la suerte de ellos. All cuidarn de sus rebaos, y por las noches descansarn en las casas de Ascaln.
Esto afirma el Seor todopoderoso, el Dios de Israel: "He odo los insultos de los moabitas y las ofensas de los amonitas. Porque ellos han insultado a mi gente y se han engrandecido a costa de su territorio.
Por eso, juro por mi vida que a Moab le pasar como a Sodoma y que los de Amn quedarn como Gomorra, convertidos en campo de espinos, en mina de sal, en un lugar de permanente soledad. Los sobrevivientes de mi pueblo los saquearn y se quedarn con sus tierras."
Este es el pago que recibirn Moab y Amn por haber insultado al pueblo del Seor, por haberse engrandecido a costa del pueblo del Seor todopoderoso.
El Seor ser terrible con ellos. Destruir todos los dioses del pas, y l ser adorado en todo lugar, aun por la gente de las islas.
Tambin ustedes, los de Etiopa, caern heridos por la espada del Seor!
Extender l su mano contra el norte para destruir Asiria, y dejar desolada la ciudad de Nnive, convirtindola en un seco desierto.
La madera de sus casas ser arrancada, y en ellas se echarn los rebaos de ovejas y toda clase de animales salvajes. El bho y el erizo dormirn en lo alto de sus postes, y los cuervos graznarn en las ventanas y en los umbrales.
Esa es la ciudad llena de orgullo que viva confiada, de la que decan sus habitantes que no tena igual en el mundo. Cmo ha quedado desolada y convertida en guarida de fieras! Cuantos pasen cerca de ella, silbarn y harn gestos de desprecio.
Ay de Jerusaln, la ciudad rebelde, manchada y opresora!
No escuch la voz del Seor ni acept ser corregida; no confi en l; no recurri a su Dios.
Sus jefes son como leones que rugen; sus jueces, como lobos del desierto que no dejan ni un hueso para la maana.
Sus profetas son insolentes, traidores; sus sacerdotes profanan el santuario y violan la ley del Seor.
Pero el Seor est en la ciudad; l hace lo bueno, no lo malo. Cada maana, sin falta, establece su juicio. En cambio, el malo ni siquiera conoce la vergenza.
Dice el Seor: "He destruido naciones, he arrasado las torres de sus murallas y he dejado desiertas sus calles, sin gente que pase por ellas. En sus solitarias ciudades no queda un solo habitante!
Pens: 'As Jerusaln me temer y aceptar que la corrija; as no quedar destruido su hogar por haberla yo castigado.' Pero ellos se apresuraron a cometer toda clase de maldades.
Por eso, esprenme ustedes el da en que me levante a hablar en su contra. Yo, el Seor, lo afirmo: He decidido reunir las naciones y los reinos para descargar sobre ellos mi enojo, mi ardiente ira. Toda la tierra va a quedar destruida por el fuego de mi furor!
"Cuando eso llegue, purificar el lenguaje de los pueblos, para que todos me invoquen, para que todos a una me sirvan.
Del otro lado de los ros de Etiopa, mi pueblo disperso vendr suplicante a traerme ofrendas.
En aquel tiempo, pueblo mo, ya no te avergonzars de ninguna de las acciones con que te rebelaste contra m, pues entonces quitar de ti a los altaneros y orgullosos, y nunca volvers a mostrar orgullo en mi santo monte.
Yo dejar en ti gente humilde y sencilla, que pondr su confianza en mi nombre.
Los sobrevivientes del pueblo de Israel no cometern injusticias, ni dirn mentiras, ni llenarn de embustes su boca. Podrn alimentarse y descansar sin miedo alguno."
Canta, ciudad de Sin! Da voces de alegra, pueblo de Israel! Algrate, Jerusaln, algrate de todo corazn!
El Seor ha retirado la sentencia contra ti y ha rechazado a tus enemigos. El Seor, el Rey de Israel, est en medio de ti: ya no tendrs que temer mal alguno.
En aquel tiempo se dir a Jerusaln: "No tengas miedo, Sin, ni dejes que tus manos queden sin fuerzas!"
El Seor tu Dios est en medio de ti; l es poderoso, y te salvar! El Seor estar contento de ti. Con su amor te dar nueva vida; en su alegra cantar
como en da de fiesta. Dice el Seor: "Yo te librar entonces del mal que te amenace, de la vergenza que pese sobre ti.
En aquel tiempo actuar en contra de todos los que te oprimen. Ayudar a la oveja que cojea y recoger a la extraviada; convertir en honor y fama, en toda la tierra, los desprecios que les hicieron.
En aquel tiempo los traer a ustedes, los reunir; har que cambie su suerte, y les dar fama y honor entre todos los pueblos de la tierra. Yo, el Seor, lo he dicho."
En el ao segundo del gobierno del rey Daro, el da primero del sexto mes, el Seor, por medio del profeta Hageo, se dirigi al gobernador de Jud, Zorobabel, hijo de Salatiel, y al jefe de los sacerdotes, Josu, hijo de Josadac.
Y esto es lo que dijo el Seor todopoderoso por medio del profeta:
"Esta gente dice que todava no es tiempo de reconstruir mi templo.
Y acaso para ustedes s es tiempo de vivir en casas lujosas, mientras que mi templo est en ruinas?
Yo, el Seor todopoderoso, les digo que piensen bien en su conducta.
Ustedes siembran mucho, pero cosechan poco; comen, pero no se sienten satisfechos; beben, pero se quedan con sed; se abrigan, pero no entran en calor; y el que trabaja a jornal, echa su salario en saco roto.
Yo, el Seor todopoderoso, les digo que piensen bien en su conducta.
Vayan a las montaas, traigan madera y construyan de nuevo el templo. Yo estar all contento, y mostrar mi gloria.
Ustedes buscan mucho, pero encuentran poco; y lo que guardan en su casa, yo me lo llevo de un soplo. Por qu? Pues porque mi casa est en ruinas, mientras que ustedes solo se preocupan de sus propias casas. Yo, el Seor, lo afirmo.
Por eso no cae para ustedes la lluvia, ni la tierra les da sus productos.
Yo fui quien trajo la sequa sobre los campos y sobre los montes, sobre el trigo, los viedos y los olivares, sobre las cosechas del campo, sobre los hombres y los animales, y sobre todas sus labores."
Zorobabel, Josu y el resto de la gente sintieron miedo cuando oyeron lo que el Seor les deca por medio del profeta Hageo, esto es, lo que Dios el Seor le haba encargado que dijera.
Entonces Hageo, el mensajero del Seor, les habl en nombre de Dios, dicindoles: "El Seor dice: 'Yo, el Seor, lo afirmo: Yo estoy con ustedes.' "
De esta manera anim el Seor a Zorobabel, gobernador de Jud, a Josu, jefe de los sacerdotes, y al resto de la gente, y el da veinticuatro del sexto mes del ao segundo del reinado de Daro empezaron a reconstruir el templo de su Dios, el Seor todopoderoso.
El da veintiuno del sptimo mes, el Seor volvi a dirigirse al profeta Hageo,
y le orden que dijera a Zorobabel, a Josu y al resto de la gente:
"Los que vieron el otro templo en todo su esplendor, digan qu les parece este que ahora tenemos. No les parece que no vale nada comparado con aquel otro?
Pero nimo, Zorobabel! nimo, Josu, jefe de los sacerdotes! Y anmense todos ustedes, gente del pas. Trabajen, que yo estoy con ustedes. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo.
Tal como se lo promet cuando salieron de Egipto, mi espritu les acompaa. No tengan miedo.
Dentro de poco har temblar el cielo y la tierra, el mar y la tierra firme.
Har temblar a todas las naciones, y traern sus riquezas, y mi templo se llenar de gloria." El Seor todopoderoso lo afirma:
"Mos son la plata y el oro.
Este segundo templo ser ms hermoso que el primero. Entonces har que haya paz en este lugar. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo."
El da veinticuatro del noveno mes del mismo ao del gobierno del rey Daro, el Seor se dirigi al profeta Hageo
y le orden que, en el nombre del Seor todopoderoso, hiciera a los sacerdotes las siguientes preguntas en relacin con la ley:
"Supongamos que un hombre lleva carne consagrada envuelta en su capa, y que el borde de la capa toca pan, guiso, vino, aceite o cualquier otra comida: quedar por eso consagrada la comida?" Los sacerdotes contestaron que no.
Entonces Hageo continu: "Pero supongamos que alguien, que ha quedado impuro por haber tocado un cadver, va y toca tambin cualquiera de estas cosas: acaso ellas no quedarn impuras?" Los sacerdotes contestaron que s.
Entonces dijo Hageo: "El Seor afirma: 'Lo mismo pasa con esta gente: todo lo que hacen y todo lo que me ofrecen es impuro.
De ahora en adelante piensen ustedes en esto. Antes de empezar a construir el templo,
qu les pasaba? Pues que cuando alguien iba a un montn de veinte medidas de grano, encontraba solamente diez; y cuando uno iba al lugar donde se hace el vino, a sacar cincuenta cntaros, encontraba solamente veinte.
Yo destru con plagas y granizo el fruto de todos sus esfuerzos, pero ustedes no se volvieron a m. Yo, el Seor, lo afirmo.
Hoy, da veinticuatro del noveno mes, han sido puestos los cimientos de mi templo.
Pues bien, fjense ustedes en que a partir de hoy no faltar el grano en el granero. An no ha dado fruto la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el olivo; pero a partir de hoy, yo los bendecir.' "
Ese mismo da, el Seor volvi a dirigirse a Hageo,
y le orden que dijera a Zorobabel, el gobernador de Jud: "Yo har temblar el cielo y la tierra;
destruir el poder de los reinos del mundo y echar abajo sus tronos; volcar los carros de guerra y a los que montan en ellos, y morirn los caballos y sus jinetes; cada uno morir atravesado por la espada de su hermano.
Y aquel da, Zorobabel, siervo mo, te cuidar como a mi anillo de sellar, porque yo te he escogido. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo."
En el mes octavo del ao segundo del gobierno del rey Daro, el Seor dirigi este mensaje al profeta Zacaras, hijo de Berequas y nieto de Id. Le dijo:
"Yo, el Seor todopoderoso, me enoj mucho con los antepasados de ustedes.
Por eso, dile ahora de mi parte al pueblo: 'Vulvanse a m, y yo me volver a ustedes. Yo, el Seor, lo afirmo.
No hagan como sus antepasados, a quienes los antiguos profetas les dijeron de parte ma que abandonaran su mala conducta y sus malas acciones, pero ellos no quisieron escucharme ni hacerme caso. Yo, el Seor, lo afirmo.
Pero ahora, dnde estn aquellos antepasados de ustedes? Acaso vivirn siempre los profetas?
Sin embargo, mis palabras y mandatos, que yo haba encomendado a mis siervos los profetas, llegaron a los antepasados de ustedes. Y ellos se volvieron a m, reconociendo que yo, el Seor todopoderoso, los haba tratado como su conducta y sus acciones merecan.' "
Este es el mensaje que yo, el profeta Zacaras, hijo de Berequas y nieto de Id, recib del Seor el da veinticuatro del mes once (el llamado mes de Sebat) del ao segundo del gobierno del rey Daro.
Una noche tuve esta visin: Vi un jinete montado en un caballo rojo. Estaba parado en un valle, entre unos arrayanes, y detrs de l haba un grupo de caballos, unos rojos, otros castaos y otros blancos.
Yo pregunt: "Seor, quines son esos jinetes?" Y el ngel que hablaba conmigo me contest: "Yo te mostrar quines son."
Entonces el que estaba entre los arrayanes dijo: "Estos son los que el Seor ha enviado a recorrer toda la tierra."
Los jinetes le dijeron entonces al ngel del Seor que estaba entre los arrayanes: "Hemos recorrido toda la tierra, y la hemos encontrado tranquila y en paz."
El ngel del Seor dijo: "Seor todopoderoso, hace ya setenta aos que ests enojado con Jerusaln y con las ciudades de Jud. Cunto tiempo habr de pasar an antes de que vuelvas a tenerles compasin?"
El Seor respondi con bondadosas palabras de consuelo al ngel que hablaba conmigo,
y luego el ngel me orden que anunciara: "Esto dice el Seor todopoderoso: 'Yo amo profundamente a Jerusaln y al monte Sin.
Por eso mi furor se ha encendido contra esas naciones despreocupadas que, cuando yo estaba poco enojado, ayudaron a agravar la maldad.
Por lo tanto, yo, el Seor, digo: Ahora me he vuelto con compasin a Jerusaln, y voy a hacer que el templo y toda la ciudad sean reconstruidos.' "
El ngel me dijo adems: "Anuncia tambin esto: 'El Seor todopoderoso dice: Voy a hacer que mis ciudades prosperen mucho otra vez; voy a dar nuevo aliento a Sin, y voy a proclamar de nuevo a Jerusaln como mi ciudad elegida.' "
Tuve otra visin, en la cual vi aparecer cuatro cuernos.
Le pregunt al ngel que estaba hablando conmigo qu significaban aquellos cuernos, y l me contest: "Estos cuernos representan el poder de los que han dispersado por todas partes a los habitantes de Jud, Israel y Jerusaln."
Despus el Seor me hizo ver a cuatro herreros.
Yo pregunt: "A qu han venido estos herreros?" Y l me contest: "As como esos cuernos representan a los que dispersaron a Jud, de tal modo que nadie poda levantar cabeza, estos herreros han venido a hacer temblar de espanto y a cortarles los cuernos a las naciones que, dando cornadas a Jud, dispersaron a sus habitantes."
An tuve otra visin. Se me apareci un hombre que llevaba en la mano una cinta de medir.
Le pregunt: "A dnde vas?" Y l me contest: "Voy a medir la ciudad de Jerusaln, para saber su largo y su ancho."
Entonces vi que se iba el ngel que haba hablado conmigo, y que otro ngel le sala al encuentro
y le deca: "Corre a decirle al joven que lleva la cinta de medir: 'Jerusaln va a ser de nuevo habitada, y sern tantos sus habitantes y ganados que no podr tener murallas.
Pero el Seor afirma: Yo ser como una muralla de fuego alrededor de Jerusaln, y en medio de la ciudad mostrar mi gloria.' "
El Seor afirma: "Yo hice que ustedes fueran dispersados en todas direcciones. Pero ahora les digo: Huyan pronto del pas del norte!
Escapen de Babilonia, donde viven desterrados ustedes, los que vivan en Sin! Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor todopoderoso me ha enviado con este mensaje contra las naciones que los saquearon a ustedes: "Cualquiera que toca a mi pueblo, toca a la nia de mis ojos. Por eso, yo mismo luchar contra esas naciones, y har que sus propios esclavos las saqueen."
As mostrar su gloria el Seor todopoderoso, y as comprendern ustedes que l fue quien me envi.
El Seor afirma: "Canten de alegra, habitantes de Jerusaln, porque yo vengo a vivir entre ustedes!"
Cuando esto suceda, muchas naciones se unirn al Seor. Y l dir: "Tambin estas naciones sern pueblo mo. Y yo vivir entonces entre ustedes." As comprendern ustedes que el Seor todopoderoso me ha enviado.
El Seor tomar nuevamente a Jud como su posesin especial en la tierra santa, y proclamar de nuevo a Jerusaln como su ciudad elegida.
Que todo el mundo guarde silencio ante el Seor, pues l viene a nosotros desde el santo lugar donde habita!
Luego el Seor me mostr en una visin a Josu, el sumo sacerdote, que estaba de pie en presencia del ngel del Seor. Al lado derecho de Josu estaba el ngel acusador, que se dispona a acusarlo.
Entonces el ngel del Seor le dijo al ngel acusador: "Que el Seor te reprenda! Que el Seor, que ama a Jerusaln, te reprenda! Pues este hombre es como un carbn encendido sacado de entre las brasas."
Josu, vestido con ropas muy sucias, permaneca de pie en presencia del ngel del Seor.
Entonces el ngel orden a sus ayudantes que le quitaran a Josu aquellas ropas sucias. Luego le dijo: "Mira, esto significa que te he quitado tus pecados. Ahora voy a hacer que te vistan de fiesta!"
En seguida orden a sus ayudantes que pusieran a Josu un turbante limpio en la cabeza. Ellos se lo pusieron, y despus le vistieron con ropas de fiesta. Mientras tanto, el ngel permaneca de pie.
Luego el ngel del Seor le dijo a Josu:
"Esto dice el Seor todopoderoso: 'Anda por mis caminos y cumple todos los deberes que te he encomendado. Si lo haces as, quedars encargado de mi templo. Cuidars de l y de sus atrios, y yo te dar un puesto entre estos ngeles que estn a mi servicio.
Escucha bien, Josu, t que eres el sumo sacerdote, y que escuchen tambin tus compaeros de la junta sacerdotal, pues todos ustedes son como una seal proftica: Voy a traer a mi siervo, el Retoo.
Yo he puesto delante de Josu una piedra de siete lados, y yo mismo grabar en ella una inscripcin. Luego, en un solo da, quitar el pecado de este pas.
Cuando llegue ese da, podrn ustedes convidarse unos a otros a disfrutar de paz a la sombra de sus vides y sus higueras. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo.' "
Volvi entonces el ngel que hablaba conmigo, y me despert como se despierta a uno que est dormido. Me pregunt:
"Qu ves?" Y yo le contest: "Veo un candelabro de oro, con un depsito de aceite encima. En lo alto tiene siete lmparas, a las que llega el aceite por siete tubos.
Junto al candelabro hay dos olivos, uno a su derecha y otro a su izquierda."
Pregunt al ngel que hablaba conmigo: "Mi seor, qu significa esto?"
El ngel me contest: "No sabes lo que significa?" Yo le dije: "No, seor."
Y l continu: "Este es el mensaje del Seor para Zorobabel: 'No depende del ejrcito, ni de la fuerza, sino de mi Espritu, dice el Seor todopoderoso.
Quin eres t, gran montaa? Quedars convertida en llanura delante de Zorobabel! l sacar la piedra principal, mientras grita la gente: Qu hermosa es! Qu hermosa!' "
Despus me dio el Seor otro mensaje:
"Zorobabel ha puesto los cimientos de este templo, y l mismo ser quien lo termine." As reconocern ustedes que fue el Seor todopoderoso quien me envi.
"Aquellos que no tomaron en serio los pequeos comienzos, ahora se alegrarn viendo a Zorobabel terminar las obras." Despus de esto, el ngel aadi: "Estas siete lmparas son los ojos del Seor, que estn recorriendo toda la tierra."
Yo le pregunt: "Qu son esos dos olivos, uno a cada lado del candelabro?"
Tambin le pregunt: "Y qu significan esas dos ramas de olivo que estn junto a los tubos de oro por donde llega el aceite a las lmparas?"
El ngel me respondi: "No sabes lo que significan?" Le dije: "No, seor."
Y l me contest: "Estos son los dos que han sido consagrados para el servicio del Seor de toda la tierra."
Tuve otra visin. Vi un rollo escrito, que volaba.
El ngel me pregunt: "Qu ves?" Le contest: "Veo un rollo escrito, que vuela; mide nueve metros de largo por cuatro metros y medio de ancho."
Me dijo entonces: "Ah est escrita la maldicin que alcanza a todo el pas. Segn lo escrito por ambos lados, nadie que robe o que jure en falso puede quedar sin castigo.
El Seor todopoderoso afirma: 'Yo envo esta maldicin para que entre en casa del que roba y en casa del que jura en falso por mi nombre. Y la maldicin permanecer all hasta que no queden ni vigas ni piedras.' "
Luego sali el ngel que hablaba conmigo, y me dijo: "Fjate en eso que aparece ahora!"
Le pregunt: "Qu es eso?" l me contest: "Es una medida. Es la medida del pecado de los que viven en el pas."
La medida estaba cubierta con una tapa de plomo. Y fue levantada la tapa, y haba una mujer sentada dentro de la medida.
Me dijo el ngel: "Esa mujer es la maldad." Y la empuj adentro de la medida, y la cerr con la tapa de plomo.
Mir otra vez, y vi aparecer dos mujeres. Tenan alas, y el viento las impulsaba. Eran alas como de cigea, y llevaban la medida por los aires.
Pregunt entonces al ngel que hablaba conmigo: "A dnde llevan esa medida?"
Y l me contest: "Van a construirle un templo en Babilonia. Cuando ya est terminado el templo, la instalarn all, sobre un pedestal."
Tuve otra visin. Vi aparecer cuatro carros de guerra por entre dos montaas de bronce.
El primer carro iba tirado por caballos rojos; el segundo, por caballos negros;
el tercero, por caballos blancos; y el cuarto, por caballos tordillos.
Pregunt al ngel que hablaba conmigo: "Mi seor, qu significa esto?"
El ngel me contest: "Estos son los cuatro vientos, que salen de delante del Seor de toda la tierra.
El carro tirado por caballos negros va al pas del norte; el tirado por caballos blancos, al pas del poniente; y el tirado por caballos tordillos, al pas del sur."
Y salieron los caballos tordillos, ansiosos de recorrer toda la tierra. El ngel les dijo: "Recorran toda la tierra." Y ellos lo hicieron as.
Despus de esto, el ngel me grit: "Mira, los que fueron al pas del norte van a calmar el enojo del Seor en ese pas!"
El Seor me dio este mensaje:
"Recoge una colecta entre los desterrados que ya han regresado de Babilonia: Heldai, Tobas y Jedaas. Luego, en el mismo da, vete a casa de Josas, hijo de Sofonas.
Con la plata y el oro que hayas recogido, haz coronas, y ponle una en la cabeza al sumo sacerdote Josu, hijo de Josadac.
Y dile: 'El Seor todopoderoso afirma que el varn llamado Retoo brotar de sus propias races y reconstruir el templo del Seor.
Reconstruir el templo del Seor y recibir los honores propios de un rey. Se sentar en su trono a gobernar, y al lado de su trono se sentar el sacerdote, y habr paz entre los dos.
Y las coronas sern un recuerdo que quedar en el templo del Seor en honor de Heldai, Tobas, Jedaas y Josas, hijo de Sofonas.' "
Vendr gente de lejos, para ayudar a reconstruir el templo del Seor; y entonces reconocern ustedes que el Seor todopoderoso fue quien me envi. Esto suceder cuando ustedes escuchen la voz del Seor su Dios y le obedezcan.
El da cuatro del mes noveno (llamado Quisleu), del cuarto ao del gobierno del rey Daro, el Seor dirigi un mensaje al profeta Zacaras.
En aquel tiempo, el pueblo de Betel haba enviado a Sarzer y a Rguem-mlec, con sus hombres, a pedir la ayuda del Seor
y a preguntar a los profetas y a los sacerdotes del templo del Seor todopoderoso: "Habremos de seguir guardando luto y ayuno el quinto mes de cada ao, tal como lo hemos hecho hasta ahora?"
Entonces el Seor todopoderoso se dirigi a m, y me dijo:
"Di a todo el pueblo del pas, y a los sacerdotes: 'Ustedes hacen ayuno y guardan luto el quinto y el sptimo mes desde hace setenta aos. Pero no lo hacen para honrarme a m,
sino que cuando ustedes comen y beben, lo hacen para su propio provecho.' "
Acaso no son estas las mismas palabras que el Seor pronunci por medio de los antiguos profetas, cuando Jerusaln estaba en paz y llena de gente, y lo estaban tambin las ciudades de alrededor, y las regiones del Ngueb y la llanura?
El Seor se dirigi al profeta Zacaras, y le dijo:
"Esto es lo que yo ordeno: Sean ustedes rectos en sus juicios, y bondadosos y compasivos unos con otros.
No opriman a las viudas, ni a los hurfanos, ni a los extranjeros, ni a los pobres. No piensen en cmo hacerse dao unos a otros."
Pero el pueblo se neg a obedecer. Todos volvieron la espalda y se hicieron los sordos.
Endurecieron su corazn como el diamante, para no escuchar la enseanza y los mandatos que el Seor todopoderoso comunic por su espritu, por medio de los antiguos profetas. Por eso el Seor se enoj mucho,
y dijo: "As como ellos no quisieron escucharme cuando yo los llamaba, tampoco yo los escuchar cuando ellos me invoquen.
Por eso los dispers como por un torbellino entre todas esas naciones que ellos no conocan, y tras ellos qued el pas convertido en un desierto donde nadie poda vivir. Un pas tan hermoso, y ellos lo convirtieron en desolacin!"
El Seor todopoderoso me dio este mensaje:
"Esto es lo que yo, el Seor todopoderoso, digo: Siento por Sin grandes celos, celos furiosos.
Y he de volver a Jerusaln, para vivir all. Entonces Jerusaln ser llamada Ciudad Fiel, y el monte del Seor todopoderoso ser llamado Monte Santo.
Ancianos y ancianas se sentarn de nuevo en las plazas de Jerusaln, apoyado cada cual en su bastn a causa de su mucha edad.
Nios y nias llenarn las plazas de la ciudad y jugarn en ellas.
En aquel tiempo todo esto parecer imposible a los ojos de los que queden de mi pueblo; pero a m no me lo parecer. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo:
Yo libertar a mi pueblo del poder del pas de oriente y del pas de occidente,
y lo traer a Jerusaln para que viva all. Ellos sern entonces mi pueblo, y yo ser su Dios, con fidelidad y justicia."
Esto dice el Seor todopoderoso: "Esfurcense, ustedes que en estos das han odo las palabras dichas por los profetas, desde el da en que se pusieron los cimientos para la reconstruccin del templo del Seor todopoderoso.
Porque hasta estos das no haba paga para los hombres ni para las bestias. Y a causa del enemigo, tampoco haba paz para los habitantes; y yo haba puesto a los unos en contra de los otros.
Pero ahora, para los que queden de este pueblo, ya no voy a ser como en los primeros das. Yo, el Seor todopoderoso, lo afirmo.
Porque la paz estar sembrada entre ellos. Los viedos darn su fruto; la tierra, sus productos; y el cielo, su roco. Y yo les dar todo eso en posesin a los que queden de este pueblo.
Y as como ustedes, los de Jud y los de Israel, fueron maldicin entre las dems naciones, as yo ahora los salvar y har que sean bendicin. No tengan miedo! Esfurcense!"
Esto dice el Seor todopoderoso: "Yo haba decidido castigar a los antepasados de ustedes cuando me hicieron enojar, y mantuve mi decisin.
Ahora, en cambio, he decidido hacerles bien a Jerusaln y a Jud. Por lo tanto, no tengan miedo.
Esto es lo que siempre deben hacer ustedes: Dganse siempre la verdad unos a otros, juzguen con justicia y procuren la paz en los tribunales;
no se hagan dao unos a otros ni juren en falso. Porque yo odio todo eso. Yo, el Seor, lo afirmo."
El Seor todopoderoso se dirigi a m, y me dijo:
"Los ayunos de los meses cuarto, quinto, sptimo y dcimo se convertirn en motivo de alegra, en fiestas felices para los descendientes de Jud. Amen ustedes, pues, la verdad y la paz!"
Esto dice el Seor todopoderoso: "Todava han de venir gentes y habitantes de muchas ciudades.
Entonces los de una ciudad se dirigirn a los de otra, y les dirn: 'Vamos a buscar al Seor todopoderoso y a pedirle que nos bendiga!' Y los otros les contestarn: 'Nosotros tambin iremos!'
Y vendrn a Jerusaln muchos pueblos y naciones numerosas, a buscar al Seor todopoderoso y a pedirle que los bendiga.
En aquel tiempo, diez extranjeros de las dems naciones agarrarn por la ropa a un judo, y le dirn: 'Queremos ir con ustedes, porque hemos odo que Dios est con ustedes!' "
Este es el mensaje que el Seor comunic contra el pas de Hadrac y la ciudad de Damasco: "Las ciudades de Siria pertenecen al Seor, lo mismo que todas las tribus de Israel.
Tambin le pertenecen Hamat, vecina de aquellas ciudades, y Tiro y Sidn con toda su cultura.
Tiro construy fortificaciones, y amonton oro y plata como quien amontona barro.
Pero el Seor se lo quitar todo, y echar al mar su riqueza, y quemar por completo la ciudad.
"Cuando la ciudad de Ascaln vea esto, se llenar de espanto. Gaza tambin sufrir mucho, y las esperanzas de Ecrn quedarn por los suelos. Gaza quedar sin rey, y Ascaln quedar sin habitantes!
En Asdod vivir una raza mezclada, y as humillar el orgullo de los filisteos.
Les quitar de la boca la carne con sangre que comen, y de entre los dientes, los alimentos prohibidos. Pero de esa gente habr algunos que quedarn para m; llegarn a ser parte de Jud, y Ecrn ser como los jebuseos.
Y yo estar atento para defender a los mos frente a cualquiera que pase por aqu. El opresor no volver a oprimirlos, porque ahora yo vigilo con mis propios ojos."
Algrate mucho, ciudad de Sin! Canta de alegra, ciudad de Jerusaln! Tu rey viene a ti, justo y victorioso, pero humilde, montado en un burro, en un burrito, cra de una burra.
l destruir los carros de Efran, los caballos de Jerusaln y los arcos de guerra. Anunciar paz a las naciones y gobernar de mar a mar, del Eufrates al ltimo rincn del mundo.
Esto dice el Seor: "Jerusaln, por la sangre de tu alianza, yo sacar del pozo sin agua a tus presos que estn en l.
Ustedes, cautivos que mantienen la esperanza, regresen a su fortaleza! Les digo que voy a darles en bendicin el doble de cuanto tuvieron que sufrir.
Pues he tendido mi arco de guerra, que es Jud, y le he puesto una flecha, que es Efran. De ti, Sin, har una espada, y levantar a tus hijos contra los hijos de Grecia."
El Seor se mostrar sobre su pueblo; disparar sus flechas como rayos. Dios, el Seor, tocar la trompeta y avanzar entre las tempestades del sur.
El Seor todopoderoso proteger a los suyos, y ellos pisotearn las piedras de los honderos y devorarn a sus enemigos; bebern su sangre como vino, se llenarn de ella como un tazn, como los cuernos del altar.
En aquel da, el Seor su Dios salvar a su pueblo como a un rebao, y brillarn los suyos en su propio pas como las piedras preciosas de una corona.
Qu bueno, qu hermoso ser el pas! Con la abundancia de su trigo y su vino, nuestros muchachos y muchachas crecern hermosos.
Pdanle al Seor lluvias de primavera, y el Seor, que produce los relmpagos, las enviar en abundancia, y a todos les dar hierba en el campo.
La palabra de los dolos es mentira, y es falso lo que ven los adivinos. Sus predicciones son sueos sin sentido, y sus palabras de consuelo estn vacas. Por eso el pueblo vaga como un rebao, y sufre por falta de un pastor.
Por eso dice el Seor: "Mi furor se ha encendido contra los pastores, y castigar a los guas de mi pueblo." El Seor todopoderoso, que cuida de su rebao, de los descendientes de Jud, har de ellos su fuerte caballo en la batalla.
De ellos saldrn la Piedra Angular, la Estaca de Tienda y el Arco de Guerra. De ellos saldrn todos los caudillos.
Sern como soldados que en la batalla pisan el barro de las calles; lucharn, porque el Seor est con ellos, y pondrn en vergenza a los jinetes.
Dice el Seor: "Yo dar fuerzas a los descendientes de Jud y salvar a los descendientes de Jos. Los guiar de vuelta a su patria, porque tengo compasin de ellos. Volvern a ser como si yo nunca los hubiera rechazado, pues yo soy el Seor su Dios, que atiendo sus oraciones.
Efran ser como un soldado. Su corazn se alegrar como con vino, y al verlo se alegrarn tambin sus hijos. Su corazn se alegrar a causa del Seor!
"Yo los llamar y los reunir, porque los he salvado. Volvern a ser tan numerosos como lo fueron en otros tiempos.
Yo los dispers entre las naciones pero, aun estando lejos, se acordarn de m, y un da volvern con sus hijos.
Los har regresar de Egipto, los traer de Asiria, los llevar a Galaad y al Lbano, y sern tantos que faltar lugar para ellos.
Atravesarn el mar de Egipto, cuyas olas herir. Secar el Nilo hasta el fondo, destruir el orgullo de Asiria y acabar con el poder de Egipto.
Yo les dar fuerzas, y avanzarn en mi nombre. Yo, el Seor, doy mi palabra."
Abre, Lbano, tus puertas, y que el fuego consuma tus cedros!
Llora, oh pino, porque cay el cedro, porque aquellos rboles hermosos han quedado destruidos! Giman ustedes, encinas de Basn, porque el bosque espeso ha sido derribado!
Lloran a gritos los pastores, porque la hermosura de los pastos ha quedado destruida. Se oye el rugido del len, porque la espesura del Jordn ha quedado destruida.
Esto me dijo el Seor mi Dios: "Cuida las ovejas destinadas al matadero.
Los compradores las matan sin sentirse culpables, y los vendedores dicen: 'Gracias al Seor, ya soy rico!' Ni siquiera sus propios pastores tienen compasin de ellas.
Pues, del mismo modo, tampoco yo volver a tener compasin de la gente que vive en este pas, sino que voy a entregar a cada uno en manos de su prjimo y en manos de su rey. Estos destruirn el pas, y no salvar de sus manos a nadie. Yo, el Seor, lo afirmo."
Entonces me puse a cuidar las ovejas destinadas al matadero. Lo hice por cuenta de los tratantes. Y me consegu dos bastones: al uno lo llam "Bienestar" y al otro "Unin".
Y en un solo mes desped a tres pastores que haban agotado mi paciencia y que me odiaban.
Y a las ovejas les dije: "No volver a ser el pastor de ustedes! Si alguna ha de morir, que muera! Si a alguna la matan, que la maten! Y las que queden, que se coman unas a otras!"
Tom entonces mi bastn llamado "Bienestar" y lo romp en seal de que quedaba anulada la alianza que Dios haba hecho con todas las naciones.
Aquel da qued anulada la alianza, y los tratantes de ovejas, que me estaban observando, comprendieron que era el Seor quien hablaba por medio de lo que yo haca.
Les dije entonces: "Si les parece bien, pguenme mi salario; y si no, djenlo." Y me pagaron treinta monedas de plata.
El Seor me dijo: "Toma esas monedas, el esplndido precio que me han puesto, y chalas en el tesoro del templo." Yo tom las treinta monedas y las ech en el tesoro del templo.
Romp despus el segundo bastn, el llamado "Unin", y as qued destruida la hermandad entre Jud e Israel.
El Seor me dijo: "Y ahora hazte pasar por un pastor irresponsable.
Porque voy a poner sobre este pas un pastor que no se preocupar por la oveja descarriada, ni buscar a la perdida, ni curar a la herida, ni dar de comer a la debilitada, sino que se comer la carne de las ms gordas y no dejar de ellas ni las pezuas.
Ay del pastor intil que abandona el rebao! Que caiga la espada sobre su brazo y su ojo derecho! Que se le quede seco el brazo y completamente ciego el ojo!"
Este es un mensaje del Seor acerca de Israel. El Seor, que ha extendido el cielo, y ha puesto base a la tierra, y ha dado vida al hombre, afirma:
"Yo hago de Jerusaln una copa de vino que emborrachar a todas las naciones vecinas. Cuando ellas pongan sitio a Jerusaln, tambin las otras ciudades de Jud sern atacadas.
"En aquel da convertir a Jerusaln en una piedra muy pesada para todas las naciones. Herir a cualquiera de ellas que intente levantarla. Todas las naciones se juntarn en contra de Jerusaln,
pero entonces yo espantar a todos los caballos y volver locos a sus jinetes. Cuidar de los descendientes de Jud, y dejar ciegos a todos los caballos de las naciones.
Al ver esto, los jefes de Jud dirn para s: 'El Seor todopoderoso es el Dios de los que viven en Jerusaln, y el que les da fuerzas.'
"En aquel da har que los jefes de Jud sean como un brasero encendido entre la lea, como un fuego entre manojos de espigas. Devorarn a derecha e izquierda a todas las naciones vecinas, mientras que los habitantes de Jerusaln vivirn otra vez en su ciudad.
Pero primero yo, el Seor, salvar a las familias de Jud, para que no crezca el prestigio de los descendientes de David y de los habitantes de Jerusaln por encima de los dems descendientes de Jud.
Yo, el Seor, proteger a los que viven en Jerusaln. Los ms dbiles de ellos sern tan fuertes como el rey David, y los descendientes de David sern como Dios, como el ngel del Seor, que va al frente de ellos.
"En aquel da destruir a cualquier nacin que ataque a Jerusaln.
Llenar de espritu de bondad y oracin a los descendientes de David y a los habitantes de Jerusaln. Entonces mirarn al que traspasaron, y harn duelo y llorarn por l como por la muerte del hijo nico o del hijo mayor.
Se har en Jerusaln un duelo tan grande como el duelo que se hace por el dios Hadad-rimn en la llanura de Meguido.
Familia por familia, cada una por su lado, har duelo en el pas: los descendientes de David, y tambin sus mujeres; los descendientes de Natn, y tambin sus mujeres;
los descendientes de Lev, y tambin sus mujeres; los descendientes de Sim, y tambin sus mujeres;
y as todas las otras familias, cada una por su lado, y tambin sus mujeres.
"En aquel da se abrir un manantial, para que en l puedan lavar sus pecados y su impureza los descendientes de David y los habitantes de Jerusaln.
Y en todo este pas destruir hasta los nombres de los dolos, para que no sigan siendo invocados. Y tambin quitar del pas a los profetas y a todo espritu impuro. Yo, el Seor, doy mi palabra.
Entonces, cuando alguno quiera profetizar, sus propios padres le dirn: 'T has de morir, porque pretendes hacer pasar tus mentiras por mensajes del Seor!' Sus propios padres lo apualarn cuando se est haciendo pasar por profeta!
"En aquel da, los profetas tendrn vergenza de sus visiones cuando profeticen. Ninguno engaar ponindose el manto de pieles de los profetas,
sino que cada cual dir: 'Yo no soy profeta, sino labrador. Desde nio me he dedicado a trabajar en el campo.'
Y si alguien le pregunta: 'Pues qu heridas son esas que traes en el cuerpo?', l contestar: 'Me las hicieron en casa de mis amigos.' "
El Seor todopoderoso afirma: "Levntate, espada, contra mi pastor y contra mi ayudante! Mata al pastor, y el rebao se dispersar, y yo me volver contra los corderos!
Morirn dos terceras partes de los que habitan en este pas: solo quedar con vida la tercera parte. Y a esa parte que quede la har pasar por el fuego; la purificar como se purifica la plata, la afinar como se afina el oro. Entonces ellos me invocarn, y yo les contestar. Los llamar 'Pueblo mo', y ellos respondern: 'El Seor es nuestro Dios.' Yo, el Seor, doy mi palabra."
Ya viene el da del Seor, cuando tus despojos, Jerusaln, habrn de ser repartidos en medio de ti.
Ese da reunir el Seor a todas las naciones, para que peleen contra Jerusaln. Y conquistarn la ciudad, saquearn sus casas, violarn a sus mujeres y se llevarn cautiva a la mitad de sus habitantes. Solo el resto permanecer en ella.
Pero luego saldr el Seor a luchar contra esas naciones, como cuando lucha en el da de la batalla.
Ese da el Seor apoyar sus pies sobre el monte de los Olivos, que est frente a Jerusaln, hacia el lado oriental. Y un gran valle, que correr de oriente a occidente, dividir en dos el monte de los Olivos. Medio monte se mover hacia el norte y el otro medio hacia el sur,
y ustedes huirn por ese valle que quedar entre los montes, el cual llegar hasta Asal, del otro lado. Huirn ustedes como antes huyeron sus antepasados a causa del terremoto que se produjo cuando el rey Ozas gobernaba en Jud. Y vendr el Seor mi Dios acompaado de todos sus fieles.
Ese da no har fro ni habr heladas.
Ser un da nico, conocido solamente por Dios. En l no se distinguir el da de la noche, pues aun por la noche seguir habiendo luz.
Entonces saldrn de Jerusaln aguas frescas, que corrern en invierno y en verano, la mitad de ellas hacia el Mar Muerto y la otra mitad hacia el Mediterrneo.
Ese da reinar el Seor en toda la tierra. El Seor ser el nico, y nico ser tambin su nombre.
Todo el pas quedar convertido en una llanura, desde Gueba hasta Rimn, al sur de Jerusaln. Jerusaln estar en alto, y ser habitada en ese lugar, desde la Puerta de Benjamn hasta la Puerta del ngulo (donde antes estuvo la Puerta Antigua) y desde la torre de Hananel hasta las prensas de aceite del rey.
S, Jerusaln ser habitada, y no volver a ser destruida. Sus habitantes vivirn seguros.
Pero a las naciones que hayan luchado contra Jerusaln, el Seor las castigar duramente: a su gente se le pudrir la carne en vida, y se le pudrirn los ojos en sus cuencas y la lengua en la boca.
Ese da el Seor los llenar de espanto. Cada cual agarrar de la mano a su compaero, y levantarn la mano unos contra otros.
Entonces luchar tambin Jud en Jerusaln, y arrebatarn a las naciones vecinas abundantes riquezas de plata, oro y ropas.
El mismo castigo que ha de caer sobre la gente, caer tambin sobre los caballos, los mulos, los camellos, los asnos y todas las bestias que los enemigos tengan en sus campamentos.
Despus de esto, los sobrevivientes de los mismos pueblos que lucharon contra Jerusaln irn ao tras ao a adorar al Rey, al Seor todopoderoso, y a celebrar la fiesta de las Enramadas.
Y si alguna de las naciones de la tierra no va a Jerusaln a adorar al Rey, al Seor todopoderoso, la lluvia no caer en sus tierras.
Y si los egipcios no van, el Seor los castigar, del mismo modo que a cualquier otra nacin que no vaya a celebrar la fiesta de las Enramadas.
Ese ser el castigo de Egipto y de todas las naciones que no vayan a celebrar la fiesta de las Enramadas.
Ese da, hasta los cascabeles de los caballos llevarn la inscripcin "Consagrado al Seor". Y los calderos del templo sern entonces tan sagrados como los tazones que estn delante del altar.
Todos los calderos, en Jerusaln y en Jud, estarn consagrados al Seor todopoderoso. Quienes vayan a hacer un sacrificio, los usarn, y cocern en ellos la carne de los animales ofrecidos. Ese da ya no habr ms comerciantes en el templo del Seor todopoderoso.
Este es el mensaje que el Seor comunic al pueblo de Israel por medio del profeta Malaquas.
El Seor dice: "Yo los amo a ustedes." Pero ustedes responden: "Cmo sabemos que nos amas?" El Seor contesta: "Yo los amo por la misma razn que, siendo hermanos Esa y Jacob, am a Jacob
y aborrec a Esa. Y el pas de Esa, que era montaoso, lo convert en un desierto, y sus propiedades en tierra solo buena para los animales salvajes."
Si los edomitas, descendientes de Esa, dijeran: "Hemos sido destruidos, pero reconstruiremos nuestra nacin", el Seor todopoderoso respondera: "Ellos reconstruirn, pero yo los destruir otra vez. Su pas ser llamado 'Pas de maldad' y 'Nacin del eterno enojo del Seor'."
Ustedes lo vern con sus propios ojos, y dirn: "El Seor es tan grande que sobrepasa las fronteras de Israel!"
El Seor todopoderoso dice a los sacerdotes: "Los hijos honran a sus padres, y los criados respetan a sus amos. Pues si yo soy el Padre de ustedes, por qu ustedes no me honran? Si soy su Amo, por qu no me respetan? Ustedes me desprecian, y dicen todava: 'En qu te hemos despreciado?'
Ustedes traen a mi altar pan indigno, y preguntan todava: 'En qu te ofendemos?' Ustedes me ofenden cuando piensan que mi altar puede ser despreciado
y que no hay nada malo en ofrecerme animales ciegos, cojos o enfermos." Vayan, pues, y llvenselos a sus gobernantes! Vean si ellos les aceptan con gusto el regalo!
Pdanle ustedes a Dios que nos tenga compasin. Pero si le hacen esa clase de ofrendas, no esperen que Dios los acepte a ustedes con gusto. El Seor todopoderoso dice:
"Ojal alguno de ustedes cerrara las puertas del templo, para que no volvieran a encender en vano el fuego de mi altar! Porque no estoy contento con ustedes ni voy a seguir aceptando sus ofrendas.
En todas las naciones del mundo se me honra; en todas partes queman incienso en mi honor y me hacen ofrendas dignas.
En cambio, ustedes me ofenden, pues piensan que mi altar, que es mi mesa, puede ser despreciado, y que es despreciable la comida que hay en l.
Ustedes dicen: 'Ya estamos cansados de todo esto!' Y me desprecian. Y todava suponen que voy a alegrarme cuando vienen a ofrecerme un animal robado, o una res coja o enferma.
Maldito sea el tramposo que me promete un animal sano de su rebao y luego me sacrifica uno que tiene defecto! Yo soy el gran Rey, y soy temido entre las naciones." Esto dice el Seor todopoderoso.
"Ahora, sacerdotes, esto es para ustedes:
Ustedes han de obedecerme y deben tomar en serio el honrarme. Si no lo hacen, yo los maldecir. Y como no han tomado en serio el honrarme, yo convertir en maldicin incluso los beneficios que obtienen de su sacerdocio." Lo dice el Seor todopoderoso.
"Voy a privarlos de su poder y a arrojarles a la cara el estircol de los animales que traen a sacrificar. Y junto con el estircol, tambin ustedes sern barridos!
As sabrn que yo les he dado este mandato para que mi alianza con Lev permanezca firme." Lo dice el Seor todopoderoso.
"Mi alianza era vida y paz para Lev. Se las di para que me respetara y me temiera, y l me mostr temor y reverencia.
Lev enseaba la verdad y no haba maldad en sus labios. Viva en perfecta relacin de paz conmigo y apart a muchos de hacer lo malo.
Es el deber de los sacerdotes ensear a la gente a conocerme, y todos deben acudir a ellos para recibir instruccin, porque ellos son los mensajeros del Seor todopoderoso.
"Pero ustedes, sacerdotes, se han apartado del buen camino; con sus enseanzas han hecho caer a muchos. As, ustedes han pervertido mi alianza con Lev.
Por eso, porque no me han obedecido y porque, adems, cuando ensean a la gente no tratan a todos por igual, yo har que todo el pueblo los tenga por viles y los desprecie." Lo dice el Seor todopoderoso.
Acaso no tenemos todos un mismo Padre, que es el Dios que a todos nos ha creado? Por qu, pues, nos engaamos los unos a los otros, violando as la alianza que hizo Dios con nuestros antepasados?
Jud es infiel a Dios, y se cometen acciones horribles en Jerusaln y en Israel. Jud ha violado la santidad del templo que el Seor ama, y los hombres de Jud han tomado por esposas mujeres que adoran a dioses falsos.
Ojal el Seor borre de nuestra nacin a quienes hacen tales cosas, sean quienes sean y aunque traigan ofrendas al Seor todopoderoso!
Pero ustedes an hacen ms: inundan de lgrimas el altar del Seor, y lloran con grandes lamentos porque el Seor ya no acepta con gusto sus ofrendas.
Y an preguntan ustedes por qu? Pues porque el Seor es testigo de que t has faltado a la promesa que le hiciste a la mujer con quien te casaste cuando eras joven. Era tu compaera, y t le prometiste fidelidad!
Acaso no es un mismo Dios el que ha hecho el cuerpo y el espritu? Y qu requiere ese Dios sino descendientes que le sean consagrados? Cuiden ustedes, pues, de su propio espritu, y no falten a la promesa que le hicieron a la esposa de su juventud!
El Seor Dios de Israel, el todopoderoso, dice: "Cuiden, pues, de su propio espritu, y no sean infieles; pues yo aborrezco al que se divorcia de su esposa y se mancha cometiendo esa maldad!"
El Seor ya est cansado de escucharles; y todava ustedes preguntan: "Qu hemos dicho para que se haya cansado de escucharnos?" Pues ustedes han dicho que al Seor le agradan los que hacen lo malo, y que est contento con ellos. Ustedes no creen que Dios sea justo!
El Seor todopoderoso dice: "Voy a enviar mi mensajero para que me prepare el camino. El Seor, a quien ustedes estn buscando, va a entrar de pronto en su templo. Ya llega el mensajero de la alianza que ustedes desean!"
Pero quin podr resistir el da de su venida? Quin podr entonces permanecer en pie? Pues llegar como un fuego, para purificarnos; ser como un jabn que quitar nuestras manchas.
El Seor se sentar a purificar a los sacerdotes, los descendientes de Lev, como quien purifica la plata y el oro en el fuego. Despus ellos podrn presentar su ofrenda al Seor, tal como deben hacerlo.
El Seor se alegrar entonces de la ofrenda de Jud y Jerusaln, igual que se alegraba de ella en otros tiempos.
El Seor todopoderoso dice: "Yo vendr a juzgarlos a ustedes. Y al mismo tiempo ser testigo contra los que practican la magia, los que cometen adulterio, los que juran en falso, los que oprimen a los trabajadores, a las viudas y a los hurfanos, los que tratan mal a los extranjeros y los que me faltan al respeto.
"Yo soy el Seor. No he cambiado. Y por eso ustedes, descendientes de Jacob, no han sido aniquilados.
Ustedes se han apartado de mis preceptos, como se apartaron sus antepasados, y no han querido obedecerlos. Yo, el Seor todopoderoso, les digo: Vulvanse a m, y yo me volver a ustedes! Pero ustedes dicen: 'Por qu hemos de volvernos a ti?'
Y yo pregunto: Acaso un hombre puede defraudar a Dios? Pues ustedes me han defraudado! Y todava preguntan: 'En qu te hemos defraudado?' En los diezmos y en las ofrendas me han defraudado!
S, toda la nacin, todos ustedes, me estn defraudando, y por eso voy a maldecirlos. Yo, el Seor todopoderoso, les digo:
Traigan su diezmo al tesoro del templo, y as habr alimentos en mi casa. Pnganme a prueba en eso, a ver si no les abro las ventanas del cielo para vaciar sobre ustedes la ms rica bendicin.
No dejar que las plagas destruyan sus cosechas y sus viedos.
Todas las naciones les llamarn dichosos, porque ustedes tendrn un pas encantador." Yo, el Seor todopoderoso, lo he dicho.
El Seor dice: "Ustedes han dicho cosas muy duras contra m. Y todava preguntan: 'Qu es lo que hemos dicho en contra tuya?'
Esto es lo que han dicho: 'Servir a Dios es cosa intil. Qu provecho sacaremos de hacer lo que l manda, de andar vestidos de luto delante del Seor todopoderoso?
Nosotros hemos visto que los orgullosos son felices, que a los malvados les salen las cosas bien, que ponen a prueba a Dios y no reciben ningn castigo.' "
(Los que honran a Dios hablaron entonces entre s, y el Seor escuch con atencin lo que decan. Y en presencia del Seor se escribi un libro, en el cual se recordaba a los que honran al Seor y lo toman en cuenta.)
El Seor todopoderoso dice: "Estoy preparando un da en el que ellos volvern a ser mi pueblo. Como un padre se compadece del hijo que le sirve, as tendr yo compasin de ellos.
Entonces ustedes se darn cuenta otra vez de la diferencia que hay entre el bueno y el malo, entre el que adora a Dios y el que no lo adora."
El Seor todopoderoso dice: "Se acerca el da, ardiente como un horno, en que todos los orgullosos y malvados ardern como paja en una hoguera. Ese da que ha de venir los quemar, y nada quedar de ellos.
Pero para ustedes que me honran, mi justicia brillar como la luz del sol, que en sus rayos trae salud. Y ustedes saltarn de alegra como becerros que salen del establo.
En ese da que estoy preparando, ustedes pisotearn a los malvados como si fueran polvo.
"Acurdense de la ley que le di a mi siervo Moiss en el monte Horeb. Eran preceptos y mandatos que todo Israel deba obedecer!
"Miren ustedes: Voy a enviarles al profeta Elas, antes que llegue el da del Seor, que ser un da grande y terrible.
Y l har que padres e hijos se reconcilien. De lo contrario vendr y castigar su pas, destruyndolo por completo."
