 Genealoga de Jesucristo; hijo de David, hijo de Abraham:"
 Abraham engendr a Isac, Isac a Jacob, Jacob a Jud y a sus hermanos;"
 Jud engendr a Fares y a Zara de Tamar; Fares engendr a Esrom, Esrom a Aram;
 Aram a Aminadab, Aminadab a Naasn, Naasn a Salmn,
 Salmn a Booz de Rahab; Booz engendr a Obed de Rut, Obed engendr a Jes,"
 Jes engendr al rey David, David a Salomn de la mujer de Uras;"
 Salomn engendr a Roboam, Roboam a Abas, Abas a Asa,
 Asa a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozas,
 Ozas a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequas,
 Ezequas a Manases, Manases a Amn, Amn a Josas, Josas a Jeconas y a sus hermanos en la poca de la cautividad de Babilonia.
 -- omitido por parfrasis --
 Despus de la cautividad de Babilonia, Jeconas engendr a Salatiel, Salatiel a Zorobabel,
 Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliacim, Eliacim a Azor,
 Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud,
 Eliud a Eleazar, Eleazar a Matan, Matan a Jacob,
 y Jacob engendr a Jos, el esposo de Mara, de la cual naci Jess, llamado Cristo.
 Son, pues, catorce las generaciones desde Abraham hasta David, catorce desde David hasta la cautividad de Babilonia y catorce desde la cautividad de Babilonia hasta Cristo.
 La concepcin de Jesucristo fue as: Estando desposada Mara, su madre, con Jos, antes de que conviviesen, se hall haber concebido Mara del Espritu Santo.
 Jos, su esposo, siendo justo, no quiso denunciarla y resolvi repudiarla en secreto.
 Mientras reflexionaba sobre esto, he aqu que se le apareci en sueos un ngel del Seor y le dijo: Jos, hijo de David, no temas recibir a Mara, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espritu Santo.
 Dar a luz un hijo, a quien pondrs por nombre Jess, porque salvar a su pueblo de sus pecados.
 Todo esto sucedi para que se cumpliese lo que el Seor haba anunciado por el profeta que dice:
 He aqu que la virgen concebir y parir un hijo, Y le pondr por nombre Emmanuel, Que quiere decir Dios con nosotros.
 Al despertar Jos de su sueo, hizo como el ngel del Seor le haba mandado, recibiendo a su esposa.
 Y sin haberla conocido dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jess.
 Nacido, pues, Jess en Beln de Jud en los das del rey He-rodes, llegaron del Oriente a Jerusaln unos magos,
 diciendo: Dnde est el rey de los judos, que naci? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle.
 Al or esto el rey Heredes, se turb, y con l toda Jerusaln,
 y, reuniendo a todos los prncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les pregunt dnde haba de nacer el Mesas.
 Ellos contestaron: En Beln de Jud, pues as est escrito por el profeta:
 Y t, Beln, tierra de Jud, no eres ciertamente la ms pequea entre los prncipes de Jud, porque de ti saldr un jefe que apacentar a mi pueblo Israel.
 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les interrog cuidadosamente sobre el tiempo de la aparicin de la estrella,
 y, envindolos a Beln, les dijo: Id a informaros sobre ese nio, y cuando le hallis, comunicdmelo, para que vaya tambin yo a adorarle.
 Despus de or al rey, se fueron, y la estrella que haban visto en Oriente les preceda, hasta que, llegada encima del lugar en que estaba el nio, se detuvo.
 Al ver la estrella, sintieron grandsimo gozo,
 y, entrados en la casa, vieron al nio con Mara, su madre, y de hinojos le adoraron, y, abriendo sus cofres le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
 Advertidos en sueos de no volver a Herodes, se tornaron a su tierra por otro camino.
 Partido que hubieron, el ngel del Seor se apareci en sueos a Jos y le dijo: Levntate, toma al nio y a su madre y huye a Egipto, y estte all hasta que yo te avise, porque Herodes buscar al Nio para quitarle la vida.
 Levantndose de noche, tom al Nio y a la madre y parti para Egipto,
 permaneciendo all hasta la muerte de Herodes, a fin de que se cumpliera lo que haba pronunciado el Seor por su profeta, diciendo: De Egipto llam a mi hijo.
 Entonces Herodes, vindose burlado por los magos, se irrit sobremanera y mand matar a todos los nios que haba en Beln y en sus trminos de dos aos para abajo, segn el tiempo que con diligencia haba inquirido de los magos.
 Entonces se cumpli la palabra del profeta Jeremas, que dice:
 Una voz se oye en Rama, lamentacin y gemido grande: es Raquel, que llora a sus hijos y rehusa ser consolada, porque no existen.
 Muerto ya Herodes, el ngel del Seor se apareci en sueos a Jos en Egipto
 y le dijo: Levntate, toma al nio y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque son muertos los que atentaban contra la vida del Nio.
 Levantndose, tom al Nio y a su madre y parti para la tierra de Israel.
 Mas, habiendo odo que en Judea reinaba Arquelao en lugar de su padre Herodes, temi ir all, y, advertido en sueos, se retir a la regin de Galilea,
 yendo a habitar en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliese lo dicho por los profetas, que sera llamado Nazareno.
 En aquellos das apareci Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,
 diciendo: Arrepentios, porque el reino de los cielos est cerca.
 Este es aquel de quien habl el profeta Isaas cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Seor, haced rectas sus sendas.
 Juan iba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturn de cuero a la cintura y se alimentaba de langostas y miel silvestre.
 Venan a l de Jerusaln y de toda Judea y de toda la regin del Jordn,
 y eran por l bautizados en el ro Jordn y confesaban sus pecados.
 Como viera a muchos saduceos y fariseos venir a su bautismo, les dijo: Raza de vboras, quin os ense a huir de la ira que os amenaza?
 Haced frutos dignos de penitencia,
 y no os forjis ilusiones dicindoos: Tenemos a Abraham por padre. Porque yo os digo que Dios puede hacer de estas piedras hijos de Abraham.
 Ya est puesta el hacha a la raz de los rboles, y todo rbol que no d fruto ser cortado y arrojado al fuego.
 Yo, cierto, os bautizo en agua para penitencia; pero detrs de m viene otro ms fuerte que yo, a quien no soy digno de llevar las sandalias; l os bautizar en Espritu Santo y en fuego."
 Tiene ya el bieldo en su mano y limpiar su era y recoger su trigo en el granero, pero quemar la paja en fuego inextinguible.
 Vino Jess de Galilea al Jordn y se present a Juan para ser bautizado por l.
 Juan se opona diciendo: Soy yo quien debe ser por ti bautizado, y vienes t a m?
 Pero Jess le respondi: Djame hacer ahora, pues conviene que cumplamos toda justicia. Entonces Juan condescendi.
 Bautizado Jess, sali luego del agua. Y he aqu que vio abrrsele los cielos y al Espritu de Dios descender como paloma y venir sobre El,
 mientras una voz del cielo deca: Este es mi Hijo el amado, en quien tengo mis complacencias.
 Entonces fue llevado Jess por el Espritu al desierto para ser tentado por el diablo.
 Y, habiendo ayunado cuarenta das y cuarenta noches, al fin tuvo hambre.
 Y acercndose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
 Pero l respondi, diciendo: Escrito est: No slo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
 Llevle entonces el diablo a la Ciudad Santa, y, ponindole sobre el pinculo del Templo,
 le dijo: Si eres Hijo de Dios, chate de aqu abajo, pues escrito est: A sus ngeles encargar que te tomen en sus manos para que no tropiece tu pie contra una piedra.
 Djole Jess: Tambin est escrito: No tentars al Seor tu Dios.
 De nuevo le llev el diablo a un monte muy alto, y mostrndole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,
 le dijo: Todo esto te dar si de hinojos me adorares.
 Djole entonces Jess: Aprtate, Satans, porque escrito est: Al Seor tu Dios adorars y a El solo dars culto.
 Entonces el diablo le dej, y llegaron ngeles y le servan.
 Habiendo odo que Juan haba sido preso, se retir a Galilea.
 Dejando a Nazaret, se fue a morar en Cafarnam, ciudad situada a orillas del mar, en los trminos de Zabuln y Neftal,
 para que se cumpliese lo que anunci el profeta Isaas, que dice:
 Tierra de Zabuln y tierra de Neftal, camino del mar, al otro lado del Jordn, Galilea de los gentiles!
 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz, y para los que habitaban en la regin de mortales sombras, una luz se levant.
 Desde entonces comenz Jess a predicar y a decir: Convertios, porque se acerca el reino de Dios.
 Caminando, pues, junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simn, que se llamaba Pedro, y Andrs, su hermano, los cuales echaban la red en el mar, pues eran pescadores;"
 y les dijo: Venid en pos de m y os har pescadores de hombres.
 Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron.
 Pasando ms adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y Juan, su hermano, que en la barca, con Zebedeo, su padre, componan las redes, y los llam.
 Ellos, dejando luego la barca y a su padre, le siguieron.
 Recorra toda la Galilea, enseando en las sinagogas, predicando el evangelio del Reino y curando en el pueblo toda enfermedad y toda dolencia.
 Extendindose su fama por toda la Siria, y le traan a todos los que padecan algn mal, los atacados de diferentes enfermedades y dolores y los endemoniados, lunticos, paralticos, y los curaba.
 Grandes muchedumbres le seguan de Galilea y de la Decpolis, y de Jerusaln y de Judea, y del otro lado del Jordn.
 Viendo a la muchedumbre, subi a un monte, y cuando se hubo sentado, se le acercaron sus discpulos;"
 y abriendo (El) su boca, los enseaba, diciendo.
 Bienaventurados los pobres de espritu, porque suyo es el reino de los cielos.
 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseern la tierra.
 Bienaventurados los que lloran, porque ellos sern consolados.
 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos sern hartos.
 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarn misericordia.
 Bienaventurados los limpios de corazn, porque ellos vern a Dios.
 Bienaventurados los pacficos, porque ellos sern llamados hijos de Dios.
 Bienaventurados los que padecen persecucin por la justicia, porque suyo es el reino de los cielos.
 Bienaventurados seris cuando os insulten y persigan y con mentira digan contra vosotros todo gnero de mal por m.
 Alegraos y regocijaos, porque grande ser en los cielos vuestra recompensa, pues as persiguieron a los profetas que hubo antes de vosotros.
 Vosotros sois la sal de la tierra; pero, si la sal se desazona, con qu se salar? Para nada aprovecha ya, sino para tirarla y que la pisen los hombres."
 Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad asentada sobre un monte.
 Ni se enciende una lmpara y se la pone bajo el celemn, sino sobre el candelero, para que alumbre a cuantos hay en la casa.
 As ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que est en los cielos.
 No pensis que he venido a abrogar la Ley y los Profetas; no he venido a abrogarla, sino a consumarla."
 Porque en verdad os digo que antes pasarn el cielo y la tierra que falte una yota o una tilde de la Ley hasta que todo se cumpla.
 Si, pues, alguno descuidase uno de esos preceptos menores y enseare as a los hombres, ser el menor en el reino de los cielos; pero el que practicare y enseare, ste ser grande en el reino de los cielos."
 Porque os digo que, si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraris en el reino de los cielos.
 Habis odo que se dijo a los antiguos: No matars; el que matare ser reo de juicio."
 Pero yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano ser reo de juicio, el que le dijere raca ser reo ante el sanedrn, y el que le dijere loco ser reo de la gehenna de fuego.
 Si vas, pues, a presentar una ofrenda ante el altar y all te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti,
 deja all tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda.
 Mustrate, cuanto antes, conciliador con tu adversario mientras vas con l por el camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas puesto en prisin.
 Que en verdad te digo que no saldrs de all hasta que pagues el ltimo cuadrante.
 Habis odo que fue dicho: No adulterars.
 Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer desendola, ya adulter con ella en su corazn.
 Si, pues, tu ojo derecho te escandaliza, scatelo y arrjalo de ti, porque mejor te es que perezca uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna.
 Y si tu mano derecha te escandaliza, crtatela y arrjala de ti, porque mejor te es que uno de tus miembros perezca que no que todo el cuerpo sea arrojado a la gehenna.
 Tambin se ha dicho: El que repudiare a su mujer, dle libelo de repudio.
 Pero yo os digo que quien repudia a su mujer  excepto el caso de fornicacin  la expone al adulterio, y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.
 Tambin habis odo que se dijo a los antiguos: No perjurars, antes cumplirs al Seor tus juramentos.
 Pero yo os digo que no juris de ninguna manera: ni por el cielo, pues es el trono de Dios;"
 ni por la tierra, pues es el escabel de sus pies; ni por Jerusaln, pues es la ciudad del gran Rey."
 Ni por tu cabeza jures tampoco, porque no est en ti volver uno de tus cabellos blanco o negro.
 Sea vuestra palabra: S, s; no, no; todo lo que pasa de esto, de mal procede."
 Habis odo que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
 Pero yo os digo: No resistis al mal, y si alguno te abofetea en la mejilla derecha, dale tambin la otra;"
 y al que quiera litigar contigo para quitarte la tnica, djale tambin el manto;"
 y si alguno te requisara para una milla, vete con l dos.
 Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a quien te pide algo prestado.
 Habis odo que fue dicho: Amars a tu prjimo y aborrecers a tu enemigo.
 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen,
 para que seis hijos de vuestro Padre, que est en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos.
 Pues si amis a los que os aman, qu recompensa tendris? No hacen esto tambin los publcanos?
 Y si saludis solamente a vuestros hermanos, qu hacis de ms? No hacen eso tambin los gentiles?
 Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre, celestial.
 Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de el hombre para que os vean; de otra manera no tendris recompensa ante vuestro Padre, que est en los cielos."
 Cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipcritas en sus sinagogas y en las calles, para ser alabados de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa."
 Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace la derecha,
 para que tu limosna sea oculta, y el Padre, que ve en lo oculto, te premiar.
 Y cuando oris, no seis como los hipcritas, que gustan de orar de pie en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa."
 T, cuando ores, entra en tu cmara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que est en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo dar."
 Y orando, no seis habladores como los gentiles, que piensan ser escuchados por su mucho hablar.
 No os asemejis, pues, a ellos, porque vuestro Padre conoce las cosas de que tenis necesidad antes que se las pidis.
 As, pues, habis de orar vosotros: Padre nuestro, que ests en los cielos, santificado sea tu nombre,
 venga a nosotros tu reino, hgase tu voluntad, como en el cielo, as en la tierra.
 El pan nuestro de cada da dnosle hoy,
 y perdnanos nuestras deudas, as como nosotros perdonamos a nuestros deudores,
 y no nos pongas en tentacin, mas lbranos del mal.
 Porque, si vosotros perdonis a otros sus faltas, tambin os perdonar a vosotros vuestro Padre celestial.
 Pero, si no perdonis a los hombres las faltas suyas, tampoco vuestro Padre os perdonar vuestros pecados.
 Cuando ayunis, no aparezcis tristes, como los hipcritas, que demudan su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que recibieron su recompensa."
 T, cuando ayunes, ngete la cabeza y lava tu cara,
 para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre, que est en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo conceder."
 No alleguis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orn los corroen y donde los ladrones horadan y roban.
 Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orn los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban.
 Porque donde est tu tesoro, all estar tu corazn.
 La lmpara del cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo estuviere sano, todo tu cuerpo estar luminoso;"
 pero, si tu ojo estuviere enfermo, todo tu cuerpo estar en tinieblas; pues si la luz que hay en ti es tinieblas, qu tales sern las tinieblas!"
 Nadie puede servir a dos seores, pues o bien aborreciendo al uno, menospreciar al otro, o bien adhirindose al uno menospreciar al otro. No podis servir a Dios y a las riquezas.
 Por esto os digo: No os inquietis por vuestra vida, sobre qu comeris, ni por vuestro cuerpo, sobre qu os vestiris. No es la vida ms que el alimento y el cuerpo ms que el vestido?
 Mirad cmo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. No valis vosotros ms que ellas?
 Quin de vosotros con sus preocupaciones puede aadir a su vida un solo codo?
 Y del vestido, por qu preocuparos? Mirad a los lirios del campo cmo crecen: no se fatigan ni hilan.
 Yo os digo que ni Salomn en toda su gloria se visti como uno de ellos.
 Pues si a la hierba del campo, que hoy es y maana es arrojada al fuego, Dios as la viste, no har mucho ms con vosotros, hombres de poca fe?
 No os preocupis, pues, diciendo: Qu comeremos, qu beberemos o qu vestiremos?
 Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenis necesidad."
 Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dar por aadidura.
 No os inquietis, pues, por el maana; porque el da de maana ya tendr sus propias inquietudes; bstale a cada da su afn."
 No juzguis y no seris juzgados,
 porque con el juicio con que juzgareis seris juzgados y con la medida con que midiereis se os medir.
 Cmo ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?
 O cmo osas decir a tu hermano: Deja que te quite la paja del ojo, teniendo t una viga en el tuyo?
 Hipcrita, quita primero la viga de tu ojo y entonces vers de quitar la paja del ojo de tu hermano.
 No deis lo que es santo a los perros ni arrojis vuestras perlas a los puercos, no sea que las pisoteen con sus pies y, revolvindose, os destrocen.
 Pedid, y se os dar; buscad, y hallaris; llamad, y se os abrir."
 Porque quien pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre.
 Pues quin de vosotros es el que, si su hijo le pide pan, le da una piedra,
 o, si le pide un pez, le da una serpiente?
 Si, pues, vosotros, siendo malos, sabis dar cosas buenas a vuestros hijos, cunto ms vuestro Padre, que est en los cielos, dar cosas buenas a quien se las pide!
 Por eso, cuanto quisieres que os hagan a vosotros los hombres, hacdselo vosotros a ellos, porque sta es la Ley y los Profetas.
 Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdicin, y son muchos los que por ella entran.
 Qu estrecha es la puerta y qu angosta la senda que lleva a la vida, y cuan pocos los que dan con ella!
 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces.
 Por sus frutos los conoceris. Por ventura se cogen racimos de los espinos o higos de los abrojos?
 Todo rbol bueno da buenos frutos, y todo rbol malo da frutos malos.
 No puede rbol bueno dar malos frutos, ni rbol malo frutos buenos.
 El rbol Que no da buenos frutos es cortado y arrojado al fuego.
 Por los frutos, pues, los conoceris.
 No todo el que dice: Seor, Seor! entrar en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que est en los cielos.
 Muchos me dirn en aquel da: Seor, Seor! no profetizamos en tu nombre, y en nombre tuyo arrojamos los demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
 Yo entonces les dir: Nunca os conoc; apartaos de m, obradores de iniquidad."
 Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra, ser como el varn prudente, que edifica su casa sobre roca.
 Cay la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa, pero no cay.
 Pero el que me oye estas palabras y no las pone por obra, ser semejante al necio, que edific su casa sobre arena.
 Cay la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa, y cay con gran ruina.
 Cuando acab Jess estas instrucciones, se maravillaban las muchedumbres de su doctrina,
 porque les enseaba como quien tiene poder, y no como sus escribas.
 Como baj del monte, le siguieron muchedumbres numerosas,
 y, acercndose un leproso, se postr ante El, diciendo: Seor, si quieres, puedes limpiarme.
 El, extendiendo la mano, le toc y dijo: Quiero, s limpio. Y al instante qued limpio de su lepra.
 Jess le advirti: Mira, no lo digas a nadie, sino ve a mostrarte al sacerdote y ofrece la ofrenda que Moiss mand, para que les sirva de testimonio.
 Entrado en Cafarnam, se le acerc un centurin, suplicndole
 y dicindole: Seor, mi siervo yace en casa paraltico, gravemente atormentado.
 El le dijo: Yo ir y le curar.
 Y respondiendo el centurin, dijo: Seor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo: di slo una palabra, y mi siervo ser curado.
 Porque yo soy un subordinado, pero bajo mi tengo soldados y digo a ste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi esclavo: Haz esto, y lo hace."
 Oyndole Jess, se maravill, y dijo a los que le seguan: En verdad os digo que en nadie de Israel he hallado tanta fe. Os digo, pues, que del Oriente y del Occidente vendrn y se sentarn a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos,
 mientras que los hijos del reino sern arrojados a las tinieblas exteriores, donde habr llanto y crujir de dientes.
 ? dijo Jess al centurin: Ve, hgase contigo segn has credo. Y en aquella hora qued curado el siervo.
 -- omitido por parfrasis --
 Entrando Jess en casa de Pedro, vio a la suegra de ste que yaca en el lecho con fiebre.
 Le toc la mano, y la fiebre la dej, y ella, levantndose, se puso a servirles.
 Ya atardecido, le presentaron muchos endemoniados, y arrojaba con una palabra los espritus, y a todos los que se sentan mal los curaba.
 Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaas, que dice: El tom nuestras enfermedades y carg con nuestras dolencias.
 Viendo Jess grandes muchedumbres en torno suyo, dispuso partir a la otra ribera.
 Le sali al encuentro un escriba, que le dijo: Maestro, te seguir adondequiera que vayas.
 Djole Jess: Las raposas tienen cuevas, y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dnde reclinar la cabeza."
 Otro discpulo le dijo: Seor, permteme ir primero a sepultar a mi padre;"
 pero Jess le respondi: Sgueme y deja a los muertos sepultar a sus muertos.
 Cuando hubo subido a la nave, le siguieron sus discpulos.
 Se produjo en el mar una agitacin grande, tal que las olas cubran la nave; pero l, entre tanto, dorma,"
 y, acercndose, le despertaron, diciendo: Seor, slvanos, que perecemos.
 El les dijo: Por qu temis, hombres de poca fe? Entonces se levant, increp a los vientos y al mar y sobrevino una gran calma.
 Los hombres se maravillaban y decan: Quin es ste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?
 Llegado a la otra orilla, a la regin de los gerasenos, le vinieron al encuentro, saliendo de los sepulcros, dos endemoniados, tan furiosos, que nadie poda pasar por aquel camino.
 Y le gritaron, diciendo: Qu hay entre ti y nosotros, Hijo de Dios? Has venido aqu a destiempo para atormentarnos?
 Haba no lejos de all una numerosa piara de puercos paciendo,
 y los demonios le rogaban, diciendo: Si has de echarnos, chanos a la piara de puercos.
 Les dijo: Id. Ellos salieron y se fueron a los puercos, y toda la piara se lanz por un precipicio al mar, muriendo en las aguas.
 Los porqueros huyeron, y, yendo a la ciudad, contaron lo que haba pasado con los endemoniados.
 Toda la ciudad sali al encuentro de Jess, y, vindole, le rogaron que se retirase de sus trminos.
 Subieron a una barca, hizo la travesa y vino a su ciudad.
 Le presentaron a un paraltico acostado en su lecho, y, viendo Jess la fe de aquellos hombres, dijo al paraltico: Confa, hijo; tus pecados te son perdonados."
 Algunos escribas dijeron dentro de s: Este blasfema.
 Jess, conociendo sus pensamientos, les dijo: Por qu pensis mal en vuestros corazones?
 Qu es ms fcil: decir tus pecados te son perdonados o decir levntate y anda?
 Pues para que veis que el Hijo del hombre tiene poder sobre la tierra de perdonar los pecados, dijo al paraltico: Levntate, toma tu lecho y vete a casa.
 El, levantndose, fuese a su casa.
 Viendo esto, las muchedumbres quedaron ensimismadas de miedo y glorificaban a Dios de haber dado tal poder a los hombres.
 Pasando Jess de all, vio a un hombre sentado al telonio, de nombre Mateo, y le dijo: Sigeme. Y l, levantndose, le sigui.
 Estando, pues, Jess sentado a la mesa en la casa de aqul, vinieron muchos publcanos y pecadores a sentarse con Jess y sus discpulos.
 Viendo esto, los fariseos decan a los discpulos: Por qu vuestro Maestro come con publcanos y pecadores?
 El, que los oy, dijo: No tienen los sanos necesidad de mdico, sino los enfermos.
 Id y aprended qu significa Prefiero la misericordia al sacrificio. Porque no he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores.
 Entonces le llegaron a l los discpulos de Juan, diciendo: Cmo es que, ayunando nosotros y los discpulos de los fariseos, tus discpulos no ayunan?
 Y Jess les contest: Por ventura pueden los compaeros del esposo llorar mientras est el esposo con ellos? Pero vendrn das en que les ser arrebatado el esposo, y entonces ayunarn.
 Nadie echa una pieza de pao no abatanado a un vestido viejo, porque el remiendo se lleva algo del vestido y el roto se har mayor.
 Ni se echa el vino nuevo en cueros viejos; de otro modo, se romperan los cueros, el vino se derramara y los cueros se perderan; sino que se echa el vino nuevo en cueros nuevos, y as el uno y el otro se preservan."
 Mientras les hablaba, lleg un jefe, y, acercndosele, se postr ante El, diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven, pon tu mano sobre ella y vivir."
 Y, levantndose Jess, le sigui con sus discpulos.
 Entonces una mujer que padeca flujo de sangre haca doce aos, se le acerc por detrs y le toc la orla del vestido,
 diciendo para s misma: Con slo que toque su vestido ser sana.
 Jess se volvi y, vindola, dijo: Hija, ten confianza; tu fe te ha sanado. Y qued sana la mujer en aquel momento."
 Cuando lleg Jess a la casa del jefe, viendo a los flautistas y a la muchedumbre de plaideras,
 dijo: Retiraos, que la nia no est muerta: duerme. Y se rean de El.
 Una vez que la muchedumbre fue echada fuera, entr, tom de la mano a la nia y sta se levant.
 La nueva se divulg por toda aquella tierra.
 Partido Jess de all, le seguan dos ciegos dando voces y diciendo: Ten piedad de nosotros, Hijo de David.
 Entrando en casa, se le acercaron los ciegos, y les dijo Jess: Creis que puedo yo hacer esto? Respondironle: S, Seor.
 Entonces toc sus ojos, diciendo: Hgase en vosotros segn vuestra fe.
 Y se abrieron sus ojos. Con tono severo les advirti: Mirad que nadie lo sepa;"
 pero ellos, una vez fuera, divulgaron la cosa por toda aquella tierra.
 Salidos aqullos, le presentaron un hombre mudo endemoniado,
 y, arrojado el demonio, habl el mudo, y se maravillaron las turbas, diciendo: Jams se vio tal en Israel.
 Pero los fariseos replicaban: Por virtud del prncipe de los demonios arroja los demonios.
 Jess recorra ciudades y aldeas enseando en sus sinagogas, predicando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
 Viendo a la muchedumbre, se enterneci de compasin por ella, porque estaban fatigados y decados, como ovejas sin pastor.
 Entonces dijo a los discpulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos.
 Rogad, pues, al dueo de la mies que enve obreros a su mies.
 Jess, llamando a sus doce discpulos, les dio poder sobre los espritus impuros, para arrojarlos y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
 Los nombres de los doce apstoles son stos: el primero Simn, llamado Pedro, y Andrs, su hermano; Santiago el de Zebedeo y Juan, su hermano;"
 Felipe y Bartolom, Toms y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simn el celador, y Judas Iscariote, el que le traicion."
 -- omitido por parfrasis --
 A estos doce los envi Jess, despus de haberles instruido en estos trminos: No vayis a los gentiles ni entris en ciudad de samaritanos;"
 id ms bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel,
 y en vuestro camino predicad diciendo: El Reino de Dios se acerca.
 Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, arrojad los demonios; gratis lo recibs, dadlo gratis."
 No llevis oro, ni plata, ni cobre en vuestro cinto,
 ni alforja para el camino, ni dos tnicas, ni sandalias, ni bastn; porque el obrero es acreedor a su sustento."
 En cualquier ciudad o aldea en que entris, informaos de quin hay en ella digno, y quedaos all hasta que partis.
 y entrando en la casa saludadla.
 Si la casa fuere digna, venga sobre ella vuestra paz; si no lo fuere, vuestra paz vuelva a vosotros."
 Si no os reciben o no escuchan vuestras palabras, saliendo de aquella casa o de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies.
 En verdad os digo que ms tolerable suerte tendrn la tierra de Sodoma y Gomorra en el da del juicio que aquella ciudad.
 Os envo como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas."
 Guardaos de los hombres, porque os entregarn a los sanedrines y en sus sinagogas os azotarn.
 Seris llevados a los gobernadores y reyes por amor de m, para dar testimonio ante ellos y los gentiles.
 Cuando os entreguen, no os preocupe cmo o qu hablaris; porque se os dar en aquella hora lo que debis decir."
 No seris vosotros los que hablis, sino el Espritu de vuestro Padre el que hable en vosotros.
 El hermano entregar al hermano a la muerte, el padre al hijo, y se levantarn los hijos contra los padres y les darn muerte.
 Seris aborrecidos de todos por mi nombre; el que persevere hasta el fin, se ser salvo."
 Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra; y si en sta os persiguen, huid a una tercera. En verdad os digo que no acabaris las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre."
 No est el discpulo sobre el maestro, ni el siervo sobre su amo;"
 bstale al discpulo ser como su maestro y al siervo como su seor. Si al amo le llamaron Beelcebul, cunto ms a sus domsticos!
 No los temis, pues, porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, ni secreto que no venga a conocerse.
 Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al odo, predicadlo sobre los terrados.
 No tengis miedo a los que matan el cuerpo, que el alma no pueden matarla; temed ms bien a aquel que puede perder el alma y el cuerpo en la Gehenna."
 No se venden dos pajaritos por un as? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin la voluntad de vuestro Padre.
 Cuanto a vosotros, aun los cabellos todos de vuestra cabeza estn contados.
 No temis, pues. No aventajis vosotros a los pajaritos?
 Pues todo el que me confesare delante de los hombres, yo tambin le confesar delante de mi Padre, que est en los cielos;"
 pero a todo el que me negare delante de los hombres, yo le negar tambin delante de mi Padre, que est en los cielos.
 No pensis que he venido a poner paz en la tierra; no vine a poner paz, sino espada."
 Porque he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y a la nuera de su suegra,
 y los enemigos de los hombres sern los de su casa.
 El que ama al padre o a la madre ms que a m, no es digno de m;"
 y el que no toma su cruz y sigue en pos de m, no es digno de m.
 El que halla su vida, la perder, y el que la perdiere por amor de m, la hallar.
 El que os recibe a vosotros, a m me recibe, y el que me recibe a m, recibe al que a m me envi.
 El que recibe al profeta como profeta, tendr recompensa de profeta; y el que recibe al justo como justo, tendr recompensa de justo;"
 y el que diere de beber a uno de estos pequeos slo un vaso de agua fresca en razn de discpulo, en verdad os digo que no perder su recompensa.
 Cuando hubo Jess acabado de instruir a sus doce discpulos, parti de all para ensear y predicar en sus ciudades.
 Habiendo odo Juan en la crcel las obras de Cristo, envi por sus discpulos
 a decirle: Eres t el que viene o hemos de esperar a otro?
 Y respondiendo Jess, les dijo: Id y referid a Juan lo que habis odo y visto:
 los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados;"
 y bienaventurado aquel que no se escandalizare en m.
 Cuando stos se hubieron ido, comenz Jess a hablar de Juan a la muchedumbre: Qu habis ido a ver al desierto? Una caa agitada por el viento?
 Qu habis ido a ver? A un hombre vestido pobremente? Mas los que visten con molicie estn en las moradas de los reyes.
 Pues a qu habis ido? A ver un profeta? S, yo os digo que ms que un profeta.
 Este es de quien est escrito: He aqu que yo envo a mi mensajero delante de tu faz. Que preparar tus caminos delante de ti.
 En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no ha aparecido uno ms grande que el Bautista. Pero el ms pequeo en el reino de los cielos es mayor que l.
 Desde los das de Juan el Bautista hasta ahora el Reino de los cielos es forzado, y los violentos lo arrebatan.
 Porque todos los profetas y la Ley han profetizado hasta Juan.
 Y si queris orlo, l es Elias, que ha de venir.
 El que tiene odos, que oiga.
 A quin comparar yo esta generacin? Es semejante a nios sentados en la plaza, que se gritan unos a otros
 diciendo: Os tocamos la flauta, y no habis bailado; hemos endechado, y no os habis golpeado el pecho.
 Porque vino Juan, que no coma ni beba, y dicen: Est posedo del demonio.
 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: Es un comiln y un bebedor de vino, amigo de publcanos y pecadores. Y la Sabidura se justifica por sus obras.
 Comenz entonces a increpar a las ciudades en que haba hecho muchos milagros porque no haban hecho penitencia:
 Ay de ti, Corozan; ay de ti, Betsaida! porque, si en Tiro y en Sidn se hubieran hecho los milagros hechos en ti, mucho ha que en saco y ceniza hubieran hecho penitencia."
 As, pues, os digo que Tiro y Sidn sern tratadas con menos rigor que vosotras en el da del juicio.
 Y t, Cafarnam, te levantars hasta el cielo? Hasta el infierno sers precipitada. Porque, si en Sodoma se hubieran hecho los milagros hechos en ti, hasta hoy subsistira.
 As, pues, os digo que el pas de Sodoma ser tratado con menos rigor que t el da del juicio.
 Por aquel tiempo tom Jess la palabra y dijo: Yo te alabo, Padre, Seor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeuelos.
 S, Padre, porque as lo has querido.
 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelrselo.
 Venid a m todos los que estis fatigados y cargados, que yo os aliviar.
 Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de m, que soy manso y humilde de corazn, y hallaris descanso para vuestras almas,
 pues mi yugo es blando, y mi carga, ligera.
 Por aquel tiempo iba Jess un da de sbado por los sembrados; sus discpulos tenan hambre y comenzaron a arrancar espigas y comrselas."
 Los fariseos que lo vieron, dijronle: Mira que tus discpulos hacen lo que no es lcito hacer en sbado.
 Pero El les dijo: No habis ledo lo que hizo David cuando tuvo hambre l y los que le acompaaban?
 Cmo entr en la casa de Dios y comieron los panes de la proposicin, que no les era lcito comer a l y a los suyos, sino slo a los sacerdotes?
 Ni habis ledo en la Ley que el sbado los sacerdotes en el Templo violan el sbado sin hacerse culpables?
 Pues yo os digo que lo que aqu hay es ms grande que el Templo.
 Si entendierais qu significa Prefiero la misericordia al sacrificio, no condenarais a los inocentes.
 Porque el Hijo del hombre es seor del sbado.
 Pasando de all, vino a su sinagoga,
 donde haba un hombre que tena seca una mano. Y le preguntaron para poder acusarle: Es lcito curar en sbado?
 El les dijo: Quin de vosotros, teniendo una oveja, si cae en un pozo en da de sbado no la coge y la saca?
 Pues cunto ms vale un hombre que una oveja! Lcito es, por tanto, hacer bien en sbado.
 Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano; y la extendi sana como la otra."
 Los fariseos, saliendo, se reunieron en consejo contra El para ver cmo perderle.
 Jess, noticioso de esto, se alej de all. Muchos le siguieron, y les curaba a todos,
 encargndoles que no le descubrieran,
 para que se cumpliera el anuncio del profeta Isaas que dice:
 He aqu a mi siervo, a quien eleg; mi amado, en quien mi alma se complace. Har descansar mi espritu sobre l y anunciar el derecho a las gentes."
 No disputar ni gritar; nadie oir su voz en las plazas."
 La caa cascada no la quebrar, y no apagar la mecha humeante hasta hacer triunfar el derecho;"
 y en su nombre pondrn las naciones su esperanza.
 Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo, y le cur, de suerte que el mudo hablaba y vea.
 Se maravillaron todas las muchedumbres, y decan: No ser ste el Hijo de David?
 Pero los fariseos que esto oyeron, dijeron: Este no echa a los demonios sino por el poder de Beelzebul, prncipe de los demonios.
 Penetrando sus pensamientos, les dijo: Todo reino en s dividido ser desolado, y toda ciudad o casa en s dividida no subsistir.
 Si Satans arroja a Satans, est dividido contra s; cmo, pues, subsistir su reino?"
 Y si yo arrojo a los demonios con el poder de Beelzebul, con qu poder los arrojan vuestros hijos? Por eso sern ellos vuestros jueces.
 Ms, si yo arrojo a los demonios con el espritu de Dios, entonces es que ha llegado a vosotros el reino de Dios.
 Pues cmo podr entrar uno en casa de un fuerte y arrebatarle sus enseres si no logra primero sujetar al fuerte? Ya entonces podr saquear su casa.
 El que no est conmigo, est contra m, y el que conmigo no recoge, desparrama.
 Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia les ser perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espritu no les ser perdonada.
 Quien hablare contra el Hijo del hombre ser perdonado; pero quien hablare contra el Espritu Santo no ser perdonado ni en este siglo ni en el venidero."
 Si plantis un rbol bueno, su fruto ser bueno; pero, si plantis un rbol malo, el fruto ser malo, porque el rbol por los frutos se conoce."
 Raza de vboras! Cmo podis decir vosotros cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazn habla la boca.
 El hombre bueno, de su buen tesoro saca cosas buenas; pero el hombre malo, de su mal tesoro saca cosas malas."
 Y yo os digo que de toda palabra ociosa que hablaren los hombres habrn de dar cuenta el da del juicio.
 Pues por tus palabras sers declarado justo o por tus palabras sers condenado.
 Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos, y le dijeron: Maestro, quisiramos ver una seal tuya.
 El, respondiendo, les dijo: La generacin mala y adltera busca una seal, pero no le ser dada ms seal que la de Jons el profeta.
 Porque, como estuvo Jonas en el vientre de la ballena tres das y tres noches, as estar el Hijo del hombre tres das y tres noches en el seno de la tierra.
 Los ninivitas se levantarn el da del juicio contra esta generacin y la condenarn, porque hicieron penitencia a la predicacin de Jonas, y hay aqu cosa mayor que Jonas.
 La reina del Medioda se levantar en el juicio contra esta generacin y la condenar, porque vino de los confines de la tierra para or la sabidura de Salomn, y aqu hay cosa mayor que Salomn.
 Cuando el espritu impuro sale de un hombre, discurre por lugares ridos buscando reposo, y no lo halla.
 Entonces se dice: Me volver a mi casa, de donde sal. Y va y la encuentra vaca, barrida y compuesta.
 Entonces va, toma consigo otros siete espritus peores que l y, entrando, habitan all, viniendo a ser las postrimeras de aquel hombre peores que sus principios. As ser de esta generacin mala.
 Mientras El hablaba a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban fuera y pretendan hablarle.
 Alguien le dijo: Tu madre y tus hermanos estn fuera y desean hablarte.
 El, respondiendo, dijo al que le hablaba: Quin es mi madre y quines son mis hermanos?
 Y, extendiendo su mano sobre sus discpulos, dijo: He aqu mi madre y mis hermanos.
 Porque quienquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que est en los cielos, se es mi hermano, mi hermana y mi madre.
 Aquel da sali Jess de casa y se sent junto al mar.
 Se le acercaron numerosas muchedumbres. El, subiendo a una barca, se sent, quedando las muchedumbres sobre la playa,
 y El les dijo muchas cosas en parbolas: Sali un sembrador a sembrar,
 y de la simiente, parte cay junto al camino, y, viniendo las aves, la comieron.
 Otra cay en sitio pedregoso, donde no haba tierra, y luego brot, porque la tierra era poco profunda;"
 pero, levantndose el sol, la agost, y, como no tena raz, se sec.
 Otra cay entre cardos, y los cardos crecieron y la ahogaron.
 Otra cay sobre tierra buena y dio fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.
 El que tenga odos, que oiga.
 Acercndose los discpulos, le dijeron: Por qu les hablas en parbolas?
 Y les respondi diciendo: A vosotros os ha sido dado conocer los misterios del reino d los cielos, pero a sos no.
 Porque al que tiene, se le dar ms y abundar, y al que no tiene, aun aquello que tiene le ser quitado.
 Por esto les hablo en parbolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden;"
 y se cumple con ellos la profeca de Isaas: Cierto oiris y no entenderis y no conoceris.
 Porque se ha endurecido el corazn de este pueblo, y se han hecho duros de odos, y han cerrado sus ojos, para no ver con sus ojos y no or con sus odos, y para no entender con su corazn y convertirse, que yo los curara.
 Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros odos, porque oyen!
 Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y or lo que vosotros os, y no lo oyeron.
 Od, pues, vosotros la parbola del sembrador.
 A quien oye la palabra del reino y no la entiende, viene el Maligno y le arrebata lo que se haba sembrado en su corazn; esto es lo sembrado junto al camino."
 Lo sembrado en terreno pedregoso es el que oye la palabra y, desde luego, la recibe con alegra;"
 pero no tiene races en s mismo, sino que es voluble y, en cuanto se levanta una tormenta o persecucin a causa de la palabra, al instante se escandaliza.
 Lo sembrado entre espinas es el que oye la palabra, pero los cuidados del siglo y la seduccin de las riquezas ahogan la palabra y queda sin dar fruto.
 Lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y da fruto, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.
 Les propuso otra parbola, diciendo: Es semejante el reino de los cielos a uno que sembr en su campo semilla buena.
 Pero, mientras su gente dorma, vino el enemigo, sembr cizaa entre el trigo y se fue.
 Cuando creci la hierba y dio fruto, entonces apareci la cizaa.
 Acercndose los criados al amo, le dijeron: Seor, no has sembrado semilla buena en tu campo? De dnde viene, pues, que haya cizaa?
 Y l les contest: Eso es obra de un enemigo. Dijronle: Quieres que vayamos y la arranquemos?
 Y l les dijo: No, no sea que, al querer arrancar la cizaa, arranquis tambin el trigo.
 Dejad que ambos crezcan hasta la siega; y al tiempo de la siega dir a los segadores: Tomad primero la cizaa y atadla en haces para quemarla, y el trigo juntarlo para guardarlo en el granero."
 Otra parbola les propuso, diciendo: Es semejante el Reino de los cielos a un grano de mostaza que toma uno y lo siembra en su campo;"
 y, con ser la ms pequea de todas las semillas, cuando ha crecido es la ms grande de todas las hortalizas y llega a hacerse un rbol, de suerte que las aves del cielo vienen a anidarse en sus ramas.
 Otra parbola les dijo: Es semejante el Reino de los cielos al fermento que una mujer escondi en tres medidas de harina hasta que todo fermenta.
 Todas estas cosas dijo Jess en parbolas a las muchedumbres, y no les hablaba nada sin parbolas,
 para que se cumpliera el anuncio del profeta, que dice: Abrir en parbolas mi boca, declarar las cosas ocultas desde la creacin.
 Entonces, dejando a la muchedumbre, se vino a casa, y sus discpulos se le acercaron, dicindole: Explcanos la parbola de la cizaa del campo.
 El, respondiendo, dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;"
 el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino; la cizaa son los hijos del Maligno;"
 el enemigo que la siembra es el demonio; la siega es la consumacin del mundo; los segadores son los ngeles."
 A la manera, pues, que se recoge la cizaa y se quema en el fuego, as ser a la consumacin del mundo.
 Enviar el Hijo del hombre a sus ngeles y recogern de su Reino todos los escndalos y a todos los obradores de iniquidad,
 y los arrojarn en el horno del fuego, donde habr llanto y crujir de dientes.
 Entonces los justos brillarn como el sol en el reino de su Padre. El que tenga odos, que oiga.
 Es semejante el Reino de los cielos a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta y, lleno de alegra, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo.
 Es tambin semejante el Reino de los cielos a un mercader que busca perlas preciosas,
 y, hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra.
 Es tambin semejante el Reino de los cielos a una red barredera, que se echa en el mar y recoge peces de toda suerte,
 y, llena, la sacan sobre la playa, y, sentndose, recogen los peces buenos en canastos, y los malos los tiran.
 As ser a la consumacin del siglo: saldrn los ngeles y separarn a los malos de los justos,
 y los arrojarn al horno de fuego; all habr llanto y crujir de dientes."
 Habis entendido todo esto? Respondironle: S.
 Y les dijo: As, todo escriba instruido en la doctrina del Reino de los cielos es como el amo de casa, que de su arca saca lo nuevo y lo aejo.
 Cuando hubo terminado Jess estas parbolas, se alej de all,
 y, viniendo a su tierra, enseaba en la sinagoga, de manera que, admirados, se decan: De dnde le viene a ste tal sabidura y tales prodigios?
 No es ste el hijo del carpintero? Su madre no se llama Mara, y sus hermanos Santiago y Jos, Simn y Judas?
 Sus hermanas no estn todas entre nosotros? De dnde, pues, le viene todo esto?
 Y se escandalizaban en El. Jess les dijo: Slo en su casa y en su patria es menospreciado el profeta.
 Y no hizo all muchos milagros por su incredulidad.
 Por aquel tiempo llegaron a Herodes el tetrarca noticias acerca de Jess,
 y dijo a sus servidores: Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso obra en l un poder milagroso.
 Pues Herodes haba hecho prender a Juan, le haba encadenado y puesto en la crcel por causa de Herodas, la mujer de Filipo, su hermano;"
 porque Juan le deca: No te es lcito tenerla.
 Quiso matarle, pero tuvo miedo de la muchedumbre, que le tena por profeta.
 Al llegar el cumpleaos de Herodes, bail la hija de Herodas ante todos,
 y tanto le gust a Herodes, que con juramento le prometi darle cuanto le pidiera,
 y ella inducida por su madre: Dame  le dijo , aqu, en la bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.
 El rey se entristeci, mas por el juramento hecho y por la presencia de los convidados orden drsela,
 y mand degollar en la crcel a Juan el Bautista,
 cuya cabeza fue trada en una bandeja y dada a la joven, que se la llev a su madre.
 Vinieron sus discpulos, tomaron el cadver y lo sepultaron, yendo luego a anuncirselo a Jess.
 A esta noticia Jess se alej de all en una barca a un lugar desierto, y, habindolo odo las muchedumbres, le siguieron a pie desde las ciudades.
 Al desembarcar vio una gran muchedumbre, y se compadeci de ella, y cur a todos sus enfermos.
 Llegada la tarde, se le acercaron los discpulos dicindole: Despide, pues, a la muchedumbre para que vayan a las aldeas y se compren alimentos.
 Jess les dijo: No hay por qu se vayan; dadles vosotros de comer."
 Pero ellos le respondieron: No tenemos aqu sino cinco panes y dos peces.
 El les dijo: Tradmelos ac.
 Y, mandando a la muchedumbre que se recostara sobre la hierba, tom los cinco panes y los dos peces y, alzando los ojos al cielo, bendijo y parti los panes y se los dio a los discpulos, y stos a la muchedumbre.
 Y comieron todos y se saciaron, y recogieron de los fragmentos sobrantes doce cestos llenos,
 siendo los que haban comido unos cinco mil, sin contar las mujeres y los nios.
 Luego mand a los discpulos subir en la barca y precederle a la otra orilla, mientras El despeda a la muchedumbre.
 Una vez que la despidi, subi a un monte apartado para orar. Llegada la noche, estaba all solo.
 La barca estaba ya en medio del mar, agitada por las olas, pues el viento le era contrario.
 En la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar.
 En vindole ellos andar sobre el mar, se turbaron y decan: Es un fantasma. Y de miedo comenzaron a gritar.
 Pero al instante les habl, diciendo: Tened confianza, soy yo; no temis."
 Tomando Pedro la palabra, dijo: Seor, si eres t, mndame ir a ti sobre las aguas.
 El dijo: Ven. Bajando de la barca, anduvo Pedro sobre las aguas y vino hacia Jess.
 Pero, viendo el viento fuerte, temi, y, comenzando a hundirse, grit: Seor, slvame.
 Al instante Jess le tendi la mano y le cogi, dicindole: Hombre de poca fe, por qu has dudado?
 Y en subiendo a la barca se calm el viento.
 Los que en ella estaban se postraron ante El, diciendo: Verdaderamente, t eres Hijo de Dios.
 Terminada la travesa, vinieron a la regin de Genesaret,
 y, reconocindole los hombres de aquel lugar, esparcieron la noticia por toda la comarca y le presentaron todos los enfermos,
 y le suplicaban que les dejase tocar siquiera la orla de su vestido, y todos los que le tocaban quedaban sanos.
 Entonces se acercaron a Jess fariseos y escribas venidos de Jerusaln, diciendo:
 Por qu tus discpulos traspasan la tradicin de los ancianos, pues no se lavan las manos cuando comen?
 El respondi y les dijo: Por qu traspasis vosotros el precepto de Dios por vuestras tradiciones?
 Pues Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y quien maldijere a su padre o a su madre sea muerto.
 Pero vosotros decs: Si alguno dijere a su padre o a su madre: Cuanto de m pudiere aprovecharte, sea ofrenda,
 se no tiene que honrar a su padre; y habis anulado la palabra de Dios por vuestra tradicin."
 Hipcritas! Bien profetiz de vosotros Isaas cuando dijo:
 Este pueblo me honra con los labios, pero su corazn est lejos de m;"
 en vano me rinden culto, enseando doctrinas que son preceptos humanos.
 Y llamando a s a la muchedumbre, les dijo: Od y entended:
 No es lo que entra por la boca lo que hace impuro al hombre; pero lo que sale de la boca, eso es lo que al hombre le hace impuro."
 Entonces se le acercaron los discpulos y dijeron: Sabes que los fariseos al orte se han escandalizado?
 Respondiles y dijo: Toda planta que no ha plantado mi Padre celestial ser arrancada.
 Dejadlos; son guas ciegos; si un ciego gua a otro ciego, ambos caern en la hoya."
 Tomando Pedro la palabra, le dijo: Explcanos esa parbola.
 Dijo El: Tampoco vosotros entendis?
 No comprendis que lo que entra por la boca va al vientre y sale a la letrina?
 Pero lo que sale de la boca procede del corazn, y eso hace impuro al hombre.
 Porque del corazn provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias.
 Esto es lo que hace impuro al hombre; pero comer sin lavarse las manos, eso no hace impuro al hombre."
 Saliendo de all Jess, se retir a los trminos de Tiro y de Sidn.
 Una mujer cananea saliendo de aquellos lugares comenz a gritar, diciendo: Ten piedad de m, Seor, Hijo de David; mi hija es malamente atormentada del demonio."
 Pero El no le contestaba palabra. Los discpulos se le acercaron y le rogaron, diciendo: Despdela, pues viene gritando detrs de nosotros.
 El respondi y dijo: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
 Mas ella, acercndose, se postr ante El, diciendo: Seor, socrreme!
 Contest El y dijo: No es bueno tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perrillos.
 Mas ella dijo: Cierto, Seor, pero tambin los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus seores.
 Entonces Jess le dijo: Oh mujer, grande es tu fe! Hgase contigo como t quieres. Y desde aquella hora qued curada su hija.
 Partiendo de all, vino Jess cerca del mar de Galilea, y, subiendo a una montaa, se sent all.
 Se le acerc una gran muchedumbre, en la que haba cojos, mancos, ciegos, mudos y muchos otros, y se echaron a sus pies y los cur.
 La muchedumbre se maravillaba viendo que hablaban los mudos, los mancos sanaban, los cojos andaban y vean los ciegos. Y glorificaban al Dios de Israel.
 Jess llam a s a sus discpulos y dijo: Tengo compasin de la muchedumbre, porque ha ya tres das que estn conmigo y no tienen qu comer; no quiero despedirlos ayunos, no sea que desfallezcan en el camino."
 Los discpulos le contestaron: De dnde vamos a sacar en el desierto tantos panes para saciar a tanta muchedumbre?
 Djoles Jess: Cuntos panes tenis? Ellos contestaron: Siete y algunos pececillos.
 Y mand a la muchedumbre que se recostara en tierra,
 tom los siete panes y los peces, y, dando gracias, los parti y se los dio a los discpulos, y stos a la muchedumbre.
 Y comieron todos y se saciaron, y se recogieron de los pedazos que quedaron siete espuertas llenas.
 Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los nios.
 Y, despidiendo a la muchedumbre, subi a la barca y vino a los confines de Magadn.
 Se le acercaron fariseos y saduceos para tentarle, y le rogaron que les mostrara una seal del cielo.
 El, respondiendo, les dijo: Por la tarde decs: Buen tiempo, si el cielo est arrebolado.
 Y a la maana: Hoy habr tempestad, si en el cielo hay arreboles oscuros. Sabis discernir el aspecto del cielo, pero no sabis discernir las seales de los tiempos.
 La generacin mala y adltera busca una seal, mas no se le dar sino la seal de Jonas. Y, dejndolos, se fue.
 Yendo los discpulos a la otra ribera, se olvidaron de tomar pan.
 Jess les dijo: Ved bien de guardaros del fermento de los fariseos y saduceos.
 Ellos pensaban entre s y se decan: Es porque no hemos trado pan.
 Conocindolo Jess, dijo: Que pensamientos son los vuestros, hombres de poca fe? Que no tenis pan?
 An no habis entendido ni os acordis de los cinco panes para los cinco mil hombres, y cuntos canastos recogisteis?
 Ni de los siete panes para los cuatro mil hombres, y cuntos canastos recogisteis?
 Cmo no habis entendido que no hablaba del pan? Guardaos, os digo, del fermento de los fariseos y saduceos.
 Entonces cayeron en la cuenta de que no les haba dicho que se guardasen del fermento del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.
 Viniendo Jess a los trminos de Cesrea de Filipo, pregunt a sus discpulos: Quin dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
 Ellos contestaron: unos, que Juan el Bautista; otros, que Elias; otros, que Jeremas u otro de los profetas."
 Y El les dijo: Y vosotros, quin decs que soy?
 Tomando la palabra Simn Pedro, dijo: T eres el Mesas, el Hijo de Dios vivo.
 Y Jess, respondiendo, dijo: Bienaventurado t, Simn Bar Yona, porque no es la carne ni la sangre quien eso e ha revelado, sino mi Padre, que est en los cielos.
 Y yo te digo a ti que t eres Pedro, y sobre esta piedra edificar yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecern contra ella.
 Yo te dar las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra ser atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra ser desatado en los cielos.
 Entonces orden a los discpulos que a nadie dijeran que El era el Mesas.
 Desde entonces comenz Jess a manifestar a sus discpulos que tena que ir a Jerusaln para sufrir mucho de parte de los ancianos, de los prncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y al tercer da resucitar.
 Pedro, tomndole aparte, se puso a amonestarle, diciendo: No quiera Dios, Seor, que esto suceda.
 Pero El, volvindose, dijo a Pedro: Retrate de m, Satans; t me sirves de escndalo, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres."
 Entonces dijo Jess a sus discpulos: El que quiera venir en pos de m, niguese a s mismo y tome su cruz y sgame.
 Pues el que quiera salvar su vida, la perder; y el que pierda su vida por m, la hallar."
 Y qu aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde el alma? O que podr dar el hombre a cambio de su alma?
 Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ngeles, y entonces dar a cada uno segn sus obras.
 En verdad os digo que hay algunos entre los presentes que no gustarn la muerte antes de haber visto al Hijo del hombre venir en su Reino.
 Seis das despus tom Jess a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llev aparte, a un monte alto,
 y se transfigur ante ellos; brill su rostro como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz."
 Y se les aparecieron Moiss y Elas hablando con El.
 Tomando Pedro la palabra, dijo a Jess: Seor, qu bien estamos aqu! Si quieres, har aqu tres tiendas, una para ti, una para Moiss y otra para Elas.
 An estaba l hablando, cuando los cubri una nube resplandeciente, y sali de la nube una voz que deca: Este es mi Hijo el Amado, en quien me complac; escuchadle."
 Al orla, los discpulos cayeron sobre su rostro, sobrecogidos de gran temor.
 Jess se acerc, y, tocndolos, dijo: Levantaos, no temis.
 Alzando ellos los ojos, no vieron a nadie sino slo a Jess.
 Al bajar del monte les mand Jess, diciendo: No deis a conocer a nadie esa visin hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
 Le preguntaron los discpulos: Cmo, pues, dicen los escribas que Elas tiene que venir primero?
 l respondi: Elas en verdad viene, y restablecer todo.
 Sin embargo, yo os digo: Elas ha venido ya, y no le reconocieron; antes hicieron con l lo que quisieron; de la misma manera, el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos."
 Entonces entendieron los discpulos que les hablaba de Juan el Bautista.
 Al llegar ellos a la muchedumbre, se le acerc un hombre, y, doblando la rodilla,
 le dijo: Seor, ten piedad de mi hijo, que est luntico y padece mucho; porque con frecuencia cae en el fuego y muchas veces en el agua;"
 lo present a tus discpulos, mas no han podido curarle.
 Jess respondi: Oh generacin incrdula y perversa! hasta cundo tendr que estar con vosotros? Hasta cundo habr de soportaros? Tradmelo ac.
 E increp al demonio, que sali, quedando curado el nio desde aquella hora.
 Entonces se acercaron los discpulos a Jess, y aparte le preguntaron: Cmo es que nosotros no hemos podido arrojarle?
 Djoles: Por vuestra poca fe; porque en verdad os digo que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, dirais a este monte: Vete de aqu all, y se ira, y nada os sera imposible."
 Esta especie no puede ser lanzada sino por la oracin y el ayuno.
 Estando reunidos en Galilea, djoles Jess: El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de los hombres,
 que le matarn, y al tercer da resucitar. Y se pusieron muy tristes.
 Entrando en Cafarnam, se acercaron a Pedro los perceptores de la didracma y le dijeron: Vuestro Maestro no paga la didracma?
 Y l respondi: Cierto que s. Cuando entr en casa, se acerc Jess y le dijo: Qu te parece, Simn? Los reyes de la tierra, de quines cobran censos y tributos? De sus hijos o de los extraos?
 Contest l: De los extraos. Y le dijo Jess: Luego los hijos son libres.
 Mas, para no escandalizarlos, vete al mar, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, brele la boca, y en ella hallars un estater; tmalo y dalo por m y por ti."
 En aquel momento se acercaron los discpulos a Jess, diciendo: Quin ser el ms grande en el reino de los cielos?
 El, llamando a s a un nio, le puso en medio de ellos,
 y dijo: En verdad os digo, si no os volviereis y os hiciereis como nios, no entraris en el reino de los cielos.
 Pues el que se humillare hasta hacerse como un nio de stos ser el ms grande en el reino de los cielos,
 y el que por m recibiere a un nio como ste, a m me recibe.
 Y al que escandalizase a uno de estos pequeuelos que creen en m, ms le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y le arrojaran al fondo del mar.
 Ay del mundo por los escndalos! Porque no puede menos de haber escndalos; pero ay de aquel por quien viniere el escndalo!"
 Si tu mano o tu pie te escandaliza, scatelo y chalo de ti: que ms te vale entrar manco o cojo en la Vida, que con dos manos o con dos pies ser arrojado al fuego eterno.
 Y si tu ojo te escandaliza, scatelo y chalo de ti: que ms te vale entrar con un solo ojo en la Vida que con ambos ojos ser arrojado en la gehenna de fuego.
 Mirad que no despreciis a uno de esos pequeos, porque en verdad os digo que sus ngeles ven de continuo en el cielo la faz de mi Padre, que est en los cielos.
 Porque el Hijo del hombre ha venido a salvar lo perdido.
 Qu os parece? Si uno tiene cien ovejas y se le extrava una, no dejar en el monte las noventa y nueve e ir en busca de la extraviada.
 Y si logra hallarla, cierto que se alegrar por ella ms que por las noventa y nueve que no se haban extraviado.
 As os digo: En verdad que no es voluntad de vuestro Padre, que est en los cielos, que se pierda ni uno solo de estos pequeuelos.
 Si pecare tu hermano contra ti, ve y reprndele a solas. Si te escucha, habrs ganado a tu hermano.
 Si no te escucha, toma contigo a uno o dos, para que por la palabra de dos o tres testigos sea fallado todo el negocio.
 Si los desoyere, comuncalo a la Iglesia, y si a la Iglesia desoye, sea para ti como gentil o publicano.
 En verdad os digo, cuanto atareis en la tierra ser atado en el cielo, y cuanto desatareis en la tierra ser desatado en el cielo.
 An ms: os digo en verdad que, si dos de vosotros conviniereis sobre la tierra en pedir cualquier cosa, os lo otorgar mi Padre, que est en los cielos.
 Porque donde estn dos o tres congregados en mi nombre, all estoy yo en medio de ellos.
 Entonces se le acerc Pedro y le pregunt: Seor, cuntas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra m? Hasta siete veces?
 Dcele Jess: No digo yo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
 Por eso se asemeja el Reino de los cielos a un rey que quiso tomar cuentas a sus siervos.
 Al comenzar a tomarlas, se le present uno que le deba diez mil talentos.
 Como no tena con qu pagar, mand el seor que fuese vendido l, su mujer y sus hijos y todo cuanto tena y saldar la deuda.
 Entonces el siervo, cayendo de hinojos, dijo: Seor, dame espera y te lo pagar todo.
 Compadecido el seor del siervo aquel, le despidi, condonndole la deuda.
 En saliendo de all, aquel siervo se encontr con uno de sus compaeros que le deba cien denarios, y, agarrndole, le ahogaba diciendo: Paga lo que debes.
 De hinojos le suplicaba a su compaero, diciendo: Dame espera y te pagar.
 Pero l se neg, y le hizo encerrar en la prisin hasta que pagara a deuda.
 Viendo esto sus compaeros, les desagrad mucho, y fueron a contar a su seor todo lo que pasaba.
 Entonces hzole llamar el seor, y le dijo: Mal siervo, te condon yo toda la deuda porque me lo suplicaste.
 No era, pues, justo que tuvieses t compasin de tu compaero, como la tuve yo de ti?
 E irritado, le entreg a los torturadores hasta que pagase toda la deuda.
 As har con vosotros mi Padre celestial si no perdonare cada uno a su hermano de todo corazn.
 Acabados estos discursos, se alej Jess de Galilea y vino a los trminos de Judea, al otro lado del Jordn.
 Le siguieron numerosas muchedumbres, y all los curaba.
 Se le acercaron unos fariseos con propsito de tentarle, y le preguntaron: Es lcito repudiar a la mujer por cualquier causa?
 El respondi: No habis ledo que al principio el Creador los hizo varn y hembra?
 Dijo: Por esto dejar el hombre al padre y a la madre y se unir a la mujer, y sern los dos una sola carne.
 De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios uni no lo separe el hombre.
 Ellos le replicaron: Entonces cmo es que Moiss orden dar libelo de divorcio al repudiar?
 Djoles El: Por la dureza de vuestro corazn os permiti Moiss repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue as.
 Y yo digo que quien repudia a su mujer (salvo caso de fornicacin) y se casa con otra, adultera.
 Dijronle los discpulos: Si tal es la condicin del hombre con la mujer, preferible es no casarse.
 El les contest: No todos entienden esto, sino aquellos a quienes ha sido dado.
 Porque hay eunucos que nacieron del vientre de su madre, y hay eunucos que fueron hechos por los hombres, y hay eunucos que a s mismos se han hecho tales por amor del reino de los cielos. El que pueda entender, que entienda.
 Entonces le fueron presentados unos nios para que les impusiera las manos y orase; y como los reprendieron los discpulos,"
 djoles Jess: Dejad a los nios y no les estorbis acercarse a m, porque de tales es el reino de los cielos.
 Y, habindoles impuesto las manos, se fue de all.
 Acrcosele uno y le dijo: Maestro, qu de bueno har yo para alcanzar la vida eterna?
 El le dijo: Por qu me preguntas sobre lo bueno? Uno solo es bueno; si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos."
 Djole l: Cules? Jess respondi: No matars, no adulterars, no hurtars, no levantars falso testimonio;"
 honra a tu padre y a tu madre y ama al prjimo como a ti mismo.
 Djole el joven: Todo esto lo he guardado. Qu me queda an?
 Djole Jess: Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres y tendrs un tesoro en los cielos, y ven y sgueme.
 Al or esto el joven, se fue triste, porque tena muchos bienes.
 Y Jess dijo a sus discpulos: En verdad os digo que difcilmente entra un rico en el reino de los cielos.
 De nuevo os digo: es ms fcil que un camello entre por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de los cielos.
 Oyendo esto, los discpulos se quedaron estupefactos, y dijeron: Quin, pues, podr salvarse?
 Mirndolos, Jess les dijo: Para los hombres, imposible; mas para Dios todo es posible."
 Entonces, tomando Pedro la palabra, le dijo: Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, qu tendremos?
 Jess les dijo: En verdad os digo que vosotros, los que me habis seguido, en la regeneracin, cuando el Hijo del hombre se siente sobre el trono de su glora, os sentaris tambin vosotros sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
 Y todo el que dejare hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o campos, por amor de mi nombre, recibir el cntuplo y heredar la vida eterna.
 Y muchos primeros sern postreros; y los postreros, primeros."
 Porque el reino de los cielos es semejante a un amo que sali muy de maana a ajustar obreros para su via.
 Convenido con ellos en un denario al da, los envi a su via.
 Sali tambin a la hora de tercia y vio a otros que estaban ociosos en la plaza.
 Djoles: Id tambin vosotros a mi via, y os dar lo justo.
 Y se fueron. De nuevo sali hacia la hora de sexta y de nona e hizo lo mismo,
 y, saliendo cerca de la hora undcima, encontr a otros que estaban all, y les dijo: Cmo estis aqu sin hacer labor en todo el da?
 Dijronle ellos: Porque nadie nos ha ajustado. El les dijo: Id tambin vosotros a mi via.
 Llegada la tarde, dijo el amo de la via a su administrador: Llama a los obreros y dales su salario, desde los ltimos hasta los primeros.
 Vinieron los de la hora undcima y recibieron un denario.
 Cuando llegaron los primeros, pensaron que recibiran ms, pero tambin ellos recibieron un denario.
 Al cogerlo murmuraban contra el amo,
 diciendo: Estos postreros han trabajado slo una hora, y los has igualado con los que hemos llevado el peso del da y el calor.
 Y l respondi a uno de ellos, dicindole: Amigo, no te hago agravio: no has convenido conmigo un denario?
 Toma lo tuyo y vete. Yo quiero dar a este postrero lo mismo que a ti.
 No puedo hacer lo que quiero de mis bienes? O has de ver con mal ojo porque yo sea bueno?
 As, los postreros sern los primeros, y los primeros, postreros. Porque son muchos los llamados, mas pocos los escogidos.
 Suba Jess a Jerusaln y, tomando aparte a los doce discpulos, les dijo por el camino:
 Mirad, subimos a Jerusaln, y el Hijo del hombre ser entregado a los prncipes de los sacerdotes y a los escribas, que le condenarn a muerte,
 y le entregarn a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten y le crucifiquen; pero al tercer da resucitar."
 Entonces se le acerc la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrndose, para pedirle algo.
 Djole El: Qu quieres? Ella contest: Di que estos dos hijos mos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu reino.
 Respondiendo Jess, le dijo: No sabis lo que peds. Podis beber el cliz que yo tengo que beber? Dijronle: Podemos.
 El les respondi: Beberis mi cliz, pero sentarse a mi diestra o a mi siniestra no me toca a m otorgarlo; es para aquellos para quienes est dispuesto por mi Padre."
 Oyndolo, los diez se enojaron contra los dos hermanos.
 Pero Jess, llamndolos a s, les dijo: Vosotros sabis que los prncipes de las naciones las subyugan y que los grandes imperan sobre ellas.
 No ha de ser as entre vosotros; al contrario, el que entre vosotros quiera llegar a ser grande, sea vuestro servidor,"
 y el que entre vosotros quiera ser el primero, sea vuestro esclavo,
 as como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redencin de muchos.
 Al salir de Jeric les segua una muchedumbre numerosa.
 Dos ciegos que estaban sentados junto al camino, oyeron que pasaba Jess y comenzaron a gritar, diciendo: Seor, ten piedad de nosotros, Hijo de David!
 La multitud les reprenda para hacerles callar, pero ellos gritaban con ms fuerza diciendo: Seor, ten piedad de nosotros, Hijo de David!
 Se par Jess, y llamndolos, les dijo: Qu queris que os haga?
 Dijronle: Seor, que se abran nuestros ojos.
 Compadecido Jess, toc sus ojos, y al instante recobraron la vista, y seguan en pos de El.
 Cuando, prximos ya a Jerusaln, llegaron a Betfag, junto al monte de los Olivos, envi Jess a dos discpulos,
 dicindoles: Id a la aldea que est enfrente, y luego encontraris una burra atada y con ella el hijo soltadlos y tradmelos,
 y si algo os dijeren, diris: El Seor los necesita; y al instante los dejarn."
 Esto sucedi para que se cumpliera lo dicho por el profeta:
 Decid a la Hija de Sin: He aqu que tu rey viene a ti, manso y montado sobre un asno, sobre un pollino hijo de burra.
 Fueron los discpulos e hicieron como les haba mandado Jess;"
 y trajeron la burra y el hijo, y pusieron sobre ste los mantos, y encima de ellos mont Jess.
 La numerossima muchedumbre extenda sus mantos por el camino, mientras otros, cortando ramos de rboles, lo alfombraban.
 La multitud que le preceda y la que le segua gritaba, diciendo: Hosanna al Hijo de David! Bendito el que viene en nombre del Seor! Hosanna en las alturas!
 Y cuando entr en Jerusaln, toda la ciudad se conmovi, y deca: Quin es ste?
 ? la muchedumbre responda: Este es Jess, el profeta de Nazaret de Galilea.
 Entr Jess en el Templo de Dios y arroj de all a cuantos vendan y compraban en l, y derrib las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas,
 dicindoles: Escrito est: Mi casa ser llamada casa de oracin; pero vosotros la habis convertido en cueva de ladrones."
 Llegronse a l ciegos y rengos en el templo y los san.
 Viendo los prncipes de los sacerdotes y los escribas las maravillas que haca, y a los nios que gritaban en el templo y decan: Hosanna al Hijo de David! se indignaron,
 y le dijeron: Oyes lo que stos dicen? Respondiles Jess: S. No habis odo jams: De la boca de los nios y de los que maman han hecho salir la alabanza?
 Y dejndolos, sali de la ciudad a Betania, donde pas la noche.
 Volviendo a la ciudad muy de maana, sinti hambre,
 y, viendo una higuera cerca del camino, se fue a ella; pero no hall en ella ms que hojas, y dijo: Qu jams nazca fruto de ti. Y la higuera se sec al instante."
 Viendo esto los discpulos, se maravillaron y dijeron: Cmo de repente se ha secado la higuera!
 Respondiles Jess y les dijo: En verdad os digo que, si tuviereis fe y no dudareis, no slo haris lo de la higuera, sino que, si dijereis a este monte: Qutate y chate en el mar, se hara,
 y todo cuanto pidierais en la oracin lo recibirais.
 Entrando en el Templo, se le acercaron los prncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo mientras enseaba, diciendo: Con qu poder haces tales cosas? Quin te ha dado tal poder?
 Respondi Jess y les dijo: Voy a haceros yo tambin una pregunta, y si me contestis, os dir con qu poder hago tales cosas.
 El bautismo de Juan, de dnde proceda? Del cielo o de los hombres? Ellos comenzaron a pensar entre s: Si decimos que del cielo, nos dir: Pues por qu no habis credo en l?
 Si decimos que de los hombres, tememos a la muchedumbre, pues todos tienen a Juan por profeta.
 Y respondieron a Jess: No sabemos. Djoles El a su vez: Pues tampoco os digo yo con qu poder hago estas cosas.
 Qu os parece? Un hombre tena dos hijos, y, llegndose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en la via.
 El respondi: No quiero. Pero despus se arrepinti y fue.
 Y llegndose al segundo, le habl del mismo modo, y l respondi: Voy, seor; pero no fue."
 Cual de los dos hizo la voluntad del padre? Respondironle: El primero. Dceles Jess: En verdad os digo que los publcanos y las meretrices os preceden en el reino de Dios.
 Porque vino Juan a vosotros por el camino de la justicia, y no habis credo en l, mientras que los publcanos y las meretrices creyeron en l. Pero vosotros, aun viendo esto, no os habis arrepentido creyendo en l.
 Od otra parbola: Un padre de familia plant una via, la rode de una cerca, cav en ella un lagar, edific una torre y la arrend a unos viadores, partindose luego a tierras extraas.
 Cuando se acercaba el tiempo de los frutos, envi a sus criados a los viadores para percibir su parte.
 Pero los viadores, cogiendo a los siervos, a uno le atormentaron, a otro lo mataron, a otro le apedrearon.
 De nuevo les envi otros siervos en mayor nmero que los primeros, e hicieron con ellos lo mismo.
 Finalmente, les envi a su hijo, diciendo: Respetarn a mi hijo.
 Pero los viadores, cuando vieron al hijo, se dijeron: Es el heredero; ea, a matarle, y tendremos su herencia,"
 Y, tomndole, le sacaron fuera de la via y le mataron.
 Cuando venga, pues, el amo de la via, qu har con estos viadores?
 Le respondieron: Har perecer de mala muerte a los malvados y arrendar la via a otros viadores que le entreguen los frutos a su tiempo.
 Jess les respondi: No habis ledo alguna vez en las Escrituras: La piedra que los edificadores haban rechazado, sa fue hecha cabeza de esquina; del Seor viene esto, y es admirable a nuestros ojos?"
 Por eso os digo que os ser quitado el reino de Dios y ser entregado a un pueblo que rinda sus frutos.
 Y el que cayere sobre esta piedra se quebrantar, y aquel sobre quien cayere ser pulverizado.
 Oyendo los prncipes de los sacerdotes y los fariseos sus parbolas entendieron que de ellos hablaba,
 y, queriendo apoderarse de El, temieron a la muchedumbre, que le tena por profeta.
 Tom Jess de nuevo la palabra y les habl en parbolas, diciendo:
 El reino de los cielos es semejante a un rey que prepar el banquete de bodas de su hijo.
 Envi a sus criados a llamar a los invitados a las bodas, pero stos no quisieron venir.
 De nuevo envi a otros siervos, ordenndoles: Decid a los invitados: Mi comida est preparada; los becerros y cebones, muertos; todo est pronto; venid a las bodas."
 Pero ellos, desdeosos, se fueron, quin a su campo, quin a su negocio.
 Otros, cogiendo a los siervos, los ultrajaron y les dieron muerte.
 El rey, montando en clera, envi sus ejrcitos, hizo matar a aquellos asesinos y dio su ciudad a las llamas.
 Despus dijo a sus siervos: El banquete est dispuesto, pero los invitados no eran dignos.
 Id, pues, a las salidas de los caminos, y a cuantos encontris llamadlos a las bodas.
 Salieron a los caminos los siervos y reunieron a cuantos encontraron, buenos y malos, y la sala de bodas qued llena de convidados.
 Entrando el rey para ver a los que estaban a la mesa, vio all a un hombre que no llevaba traje de boda,
 y le dijo: Amigo, cmo has entrado aqu sin el vestido de boda? El enmudeci.
 Entonces el rey dijo a sus ministros: Atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas exteriores; all habr llanto y crujir de dientes."
 Porque muchos son los llamados y pocos los elegidos.
 Entonces se retiraron los fariseos y celebraron consejo sobre cmo le cogeran en alguna cosa.
 Environle discpulos suyos con herodianos para decirle: Maestro, sabemos que eres sincero, y que con verdad enseas el camino de Dios sin darte cuidado de nadie, y que no tienes acepcin de personas.
 Dinos, pues, tu parecer: Es lcito pagar tributo al Csar o no?
 Jess, conociendo su malicia, dijo: Por qu me tentis, hipcritas?
 Mostradme la moneda del tributo. Ellos le presentaron un denario.
 El les pregunt: De quin es esa imagen y esa inscripcin?
 Le contestaron: Del Csar. Djoles entonces: Pues dad al Csar lo que es del Csar y a Dios lo que es de Dios.
 Y al orle se quedaron maravillados y, dejndole, se fueron.
 Aquel da se acercaron a El los saduceos, que niegan la resurreccin, y le interrogaron:
 Maestro, Moiss dice: Si uno muere sin tener hijos, el hermano tomar a su mujer para dar descendencia a su hermano.
 Pues haba entre nosotros siete hermanos, y, casado el primero, muri sin descendencia y dej la mujer a su hermano;"
 igualmente el segundo y el tercero, hasta los siete.
 Despus de todos muri la mujer.
 En la resurreccin, de cul de los siete ser la mujer? porque los siete la tuvieron.
 Y, respondiendo Jess, les dijo: Estis en un error, y ni conocis las Escrituras ni el poder de Dios.
 Porque en la resurreccin ni se casarn ni se darn en casamiento, sino que sern como ngeles en el cielo.
 Y cuanto a la resurreccin de los muertos, no habis ledo lo que Dios ha dicho:
 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
 Y la muchedumbre, oyndole, se maravillaba de su doctrina.
 Los fariseos, oyendo que haba hecho enmudecer a los saduceos, se juntaron en torno a El,
 y le pregunt uno de ellos, doctor tentndole:
 Maestro, cul es el mandamiento ms grande de la Ley?
 El le dijo: Amars al Seor, tu Dios, con todo tu corazn, con toda tu alma y con toda tu mente.
 Este es el ms grande y el primer mandamiento.
 El segundo, semejante a ste, es: Amars al prjimo como a ti mismo.
 De estos dos preceptos penden toda la Ley y los Profetas.
 Reunidos los fariseos, les pregunt Jess:
 Qu os parece de Cristo? De quin es hijo? Dijronle ellos: De David.
 Les replic: Pues cmo David, en espritu, le llama Seor, diciendo:
 Dijo el Seor a mi Seor: Sintate a mi diestra, mientras pongo a tus enemigos por escabel de tus pies?
 Si, pues, David le llama Seor, cmo es hijo suyo?
 Y nadie poda responderle palabra, ni se atrevi nadie desde entonces a preguntarle ms.
 Entonces Jess habl a las muchedumbres y a sus discpulos,
 diciendo: En la ctedra de Moiss se han sentado los escribas y los fariseos.
 Haced, pues, y guardad lo que os digan, pero no los imitis en las obras, porque ellos dicen y no hacen.
 Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los otros, pero ellos ni con un dedo hacen por moverlas.
 Todas sus obras las hacen para ser vistos de los hombres. Ensanchan sus filacterias y alargan los flecos;"
 gustan de los primeros asientos en los banquetes, y de las primeras sillas en las sinagogas,
 y de los saludos en las plazas, y de ser llamados por los hombres rab.
 Pero vosotros no os hagis llamar rab, porque uno solo es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos.
 Ni llamis padre a nadie sobre la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el que est en los cielos.
 Ni os hagis llamar doctores, porque uno solo es vuestro doctor, Cristo.
 El ms grande de vosotros sea vuestro servidor.
 El que se ensalzare ser humillado, y el que se humillare ser ensalzado.
 Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas, que cerris a los hombres el reino de los cielos! Ni entris vosotros ni permits entrar a los que queran entrar.
 -- omitido por parfrasis --
 Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas, que recorris mar y tierra para hacer un solo proslito, y, luego de hecho, lo hacis hijo de la gehenna dos veces ms que vosotros!
 Ay de vosotros, guas ciegos, que decs: Si uno jura por el templo, eso no es nada; pero si jura por el oro del templo, queda obligado!"
 Insensatos y ciegos! Qu vale ms, el oro o el templo, que santifica el oro?
 Y si alguno jura por el altar, eso no es nada; pero si jura por la ofrenda que est sobre l, se queda obligado."
 Ciegos, qu es ms, la ofrenda o el altar, que santifica la ofrenda?
 Pues el que jura por el altar, jura por l y por lo que est encima de l.
 Y el que jura por el templo, jura por l y por quien lo habita.
 Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por el que en l se sienta.
 Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas, que diezmis la menta, el ans y el comino, y no os cuidis de lo ms grave de la Ley: la justicia, la misericordia y la buena fe! Bien sera hacer aquello, pero sin omitir esto.
 Guas ciegos, que colis un mosquito y os tragis un camello.
 Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas, que limpiis por defuera la copa y el plato, que por dentro estn llenos de rapias y codicias.
 Fariseo ciego, limpia primero por dentro la copa y el plato, y limpalo luego tambin por fuera.
 Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas, hermosos por fuera, mas por dentro llenos de huesos de muertos y de toda suerte de inmundicias!
 As tambin vosotros por fuera parecis justos a los hombres, mas por dentro estis llenos de hipocresa e iniquidad.
 Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas, que edificis sepulcros a los profetas y adornis los monumentos a los justos,
 y decs: Si hubiramos vivido nosotros en tiempos de nuestros padres, no hubiramos sido cmplices suyos en la sangre de los profetas.
 Ya con esto os dais por hijos de los que dieron muerte a los profetas.
 Colmad, pues, la medida de vuestros padres.
 Serpientes, raza de vboras, cmo escaparis al juicio de la gehenna?
 Por esto os envo yo profetas, sabios y escribas, y a unos los mataris y los crucificaris, a otros los azotaris en vuestras sinagogas y los perseguiris de ciudad en ciudad,
 para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacaras, hijo de Baraquas, a quien matasteis entre el templo y el altar.
 En verdad os digo que todo esto vendr sobre esta generacin.
 Jerusaln, Jerusaln, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados, cuntas veces quise reunir a tus hijos, a la manera que la gallina rene a sus pollos bajo las alas, y no quisiste!
 Vuestra casa quedar desierta,
 porque en verdad os digo que no me veris ms hasta que digis: Bendito el que viene en el nombre del Seor!
 Saliendo Jess del templo, se le acercaron sus discpulos y le mostraban las construcciones del templo.
 El les dijo: Veis todo esto? En verdad os digo que no quedar aqu piedra sobre piedra; todo ser destruido."
 Y sentndose en el monte de los Olivos, llegronse a El aparte unos discpulos, diciendo: Dinos cundo ser todo esto y cul la seal de tu venida y de la consumacin del mundo.
 Jess les respondi: Cuidad que nadie os engae,
 porque vendrn muchos en mi nombre y dirn: Yo soy el Mesas, y engaarn a muchos.
 Oiris hablar de guerras y de rumores guerreros; pero no os turbis, porque es preciso que esto suceda, mas no es an el fin."
 Se levantar nacin contra nacin y reino contra reino, y habr hambres y terremotos en diversos lugares;"
 pero todo esto es el comienzo de los dolores.
 Entonces os entregarn a los tormentos y os matarn, y seris aborrecidos de todos los pueblos a causa de mi nombre.
 Entonces se escandalizarn muchos y unos a otros se harn traicin y se aborrecern;"
 y se levantarn muchos falsos profetas, que engaarn a muchos,
 y por el exceso de la maldad se enfriar la caridad de muchos;"
 mas el que perseverare hasta el fin, se ser salvo.
 Ser predicado este evangelio del Remo en todo el mundo, testimonio para todas las naciones, y entonces vendr el fin.
 Cuando viereis, pues, la abominacin de la desolacin, predicha por el profeta Daniel, en el lugar santo!
 (el que leyere entienda), entonces los que estn en Judea huyan a los montes;"
 el que est en el terrado no baje a tomar nada a su casa,
 y el que est en el campo no vuelva atrs en busca del manto.
 Ay de las que estn encintas y de las que cren en aquellos das!
 Orad para que vuestra huida no tenga lugar en invierno ni en sbado.
 Porque habr entonces una gran tribulacin, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habr,
 y, si no se acortasen aquellos das, nadie se salvara; mas por amor de los elegidos se acortarn los das aquellos."
 Entonces, si alguno os dijere: Aqu est el Mesas, no le creis,
 porque se levantarn falsos mesas y falsos profetas, y obrarn grandes seales y prodigios para inducir a error, si posible fuera, aun a los mismos elegidos.
 Mirad que os lo digo de antemano.
 Si os dicen, pues: Aqu est, en el desierto, no salgis; Aqu est, en un escondite, no lo creis,"
 porque como el relmpago, que sale del oriente y brilla hasta el occidente, as ser la venida del Hijo del hombre.
 Donde est el cadver, all se renen los buitres.
 Luego, en seguida, despus de la tribulacin de aquellos das, se oscurecer el sol, y la luna no dar su luz, y las estrellas caern del cielo, y las columnas del cielo se conmovern.
 Entonces aparecer el estandarte del Hijo del hombre, y se lamentarn todas las tribus de la tierra, y vern al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y majestad grande.
 Y enviar sus ngeles con poderosa trompeta y reunir de los cuatro vientos a los elegidos, desde un extremo del cielo hasta el otro.
 Aprended la parbola de la higuera. Cuando sus ramos estn tiernos y brotan las hojas, conocis que el esto se acerca;"
 as vosotros tambin, cuando veis todo esto, entended que est prximo, a las puertas.
 En verdad os digo que no pasar esta generacin antes que todo esto suceda.
 El cielo y la tierra pasarn, pero mis palabras no pasarn.
 De aquel da y de aquella hora nadie sabe, ni los ngeles del cielo ni el Hijo, sino slo el Padre.
 Porque como en los das de No, as ser la aparicin del Hijo del hombre.
 En los das que precedieron al diluvio coman, beban, se casaban y se daban en casamiento, hasta el da en que entr No en el arca;"
 y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrebat a todos; as ser a la venida del Hijo del hombre."
 Entonces estarn dos en el campo: uno ser tomado y otro ser dejado.
 Dos molern en la muela: una ser tomada y otra ser dejada.
 Velad, pues, porque no sabis cundo llegar vuestro Seor.
 Pensad bien que, si el padre de familia supiera en qu vigilia vendra el ladrn, velara y no permitira horadar su casa.
 Por eso vosotros habis de estar preparados, porque a la hora que menos pensis vendr el Hijo del hombre.
 Quin es, pues, el siervo fiel y prudente a quien constituy su amo sobre la servidumbre para darle provisiones a su tiempo?
 Dichoso del siervo aquel a quien, al venir su amo, hallare que hace as.
 En verdad os digo que le pondr sobre toda su hacienda.
 Pero si el mal siervo dijera para sus adentros: Mi amo tardar,
 y comenzare a golpear a sus compaeros y a comer y beber con borrachos,
 vendr el amo de ese siervo el da en que menos lo espera y a la hora que no sabe,
 y le har azotar y le echar con los hipcritas; all habr llanto y crujir de dientes."
 Entonces el reino de los cielos ser semejante a diez vrgenes que, tomando sus lmparas, salieron al encuentro del esposo.
 Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes;"
 las necias, al tomar las lmparas, no tomaron consigo aceite,
 mientras que las prudentes tomaron aceite en las alcuzas juntamente con sus lmparas.
 Como el esposo tardaba, se adormilaron y durmieron.
 A la medianoche se oy un clamoreo: Ah est el esposo; salid a su encuentro."
 Se despertaron entonces todas las vrgenes y se pusieron a preparar sus lmparas.
 Las necias dijeron a las prudentes: Dadnos aceite del vuestro, porque se nos apagan las lmparas.
 Pero las prudentes respondieron: No, porque podra ser que no bastase para nosotras y vosotras; id ms bien a la tienda y compradlo;"
 pero, mientras fueron a comprarlo, lleg el esposo, y las que estaban prontas entraron con l a las bodas y se cerr la puerta.
 Llegaron ms tarde las otras vrgenes, diciendo: Seor, seor, brenos.
 Pero l respondi: En verdad os digo que no os conozco.
 Velad, pues que no sabis el da ni la hora.
 Porque es como si uno, al emprender un viaje, llama a sus siervos y les entrega su hacienda,
 dando a uno cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual segn su capacidad, y se va.
 Luego el que haba recibido cinco talentos se fue y negoci con ellos y gan otros cinco.
 Asimismo el de los dos gan otros dos.
 Pero el que haba recibido uno se fue, hizo un hoyo en la tierra y escondi el dinero de su amo.
 Pasado mucho tiempo, vuelve el amo de aquellos siervos y les toma cuentas,
 y, llegando el que haba recibido los cinco talentos, present otros cinco, diciendo: Seor, t me has dado cinco talentos; mira, pues, otros cinco que he ganado.
 Y su amo le dice: Muy bien, siervo bueno y fiel, has sido fiel en lo poco, te constituir sobre lo mucho; entra en el gozo de tu seor.
 Lleg el de los dos talentos y dijo: Seor, dos talentos me has dado; mira otros dos que he ganado.
 Djole su seor: Muy bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te constituir sobre lo mucho; entra en el gozo de tu seor.
 Se acerc tambin el que haba recibido un solo talento y dijo: Seor, tuve cuenta que eres hombre duro, que quieres cosechar donde no sembraste y recoger donde no esparciste,
 y, temiendo, me fui y escond tu talento en la tierra; aqu lo tienes.
 Respondile su seor: Siervo malo y haragn, conque sabas que yo quiero cosechar donde no sembr y recoger donde no esparc?
 Debas, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, para que a mi vuelta recibiese lo mo, con los intereses.
 Quitadle el talento y ddselo al que tiene diez,
 porque al que tiene se le dar y abundar; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitar,"
 y a ese siervo intil echadle a las tinieblas exteriores; all habr llanto y crujir de dientes."
 Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los ngeles con El, se sentarn sobre su trono de gloria.
 Y se reunirn en su presencia todas las gentes, y separar a unos de otros, como el pastor separa a las ovejas de los cabritos,
 y pondr las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.
 Entonces dir el Rey a los que estn a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesin del reino preparado para vosotros desde la creacin del mundo.
 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; peregrin, y me acogisteis;"
 estaba desnudo, y me veststeis; enfermo, y me visitasteis; preso, y vinisteis a verme."
 Y le respondern los justos: Seor, cundo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber?
 Cundo te vimos peregrino y te acogimos, desnudo y te vestimos?
 Cundo te vimos enfermo o en la crcel y fuimos a verte?
 Y el Rey les dir: En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a m me lo hicisteis.
 Y dir a los de la izquierda: Apartaos de m, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ngeles.
 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;"
 fui peregrino, y no me alojasteis; estuve desnudo, y no me veststeis; enfermo y en la crcel, y no me visitasteis."
 Entonces ellos respondern diciendo: Seor, cundo te vimos hambriento, o sediento, o peregrino, o enfermo, o en prisin, y no te socorrimos?
 El les contestar diciendo: En verdad os digo que, cuando dejasteis de hacer eso con uno de estos pequeuelos, conmigo no lo hicisteis.
 E irn al suplicio eterno, y los justos, a la vida eterna.
 Cuando Jess hubo terminado estos discursos, dijo a sus discpulos:
 Sabis que dentro de dos das es la Pascua y el Hijo del hombre ser entregado para que le crucifiquen.
 Se reunieron por entonces los prncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo en el palacio del pontfice, llamado Caifas,
 y se consultaron sobre cmo apoderarse con engao de Jess para darle muerte.
 Pero se decan: Que no sea durante la fiesta, no vaya a alborotarse el pueblo.
 Hallndose Jess en Betania, en casa de Simn el leproso,
 se lleg a El una mujer con un frasco de alabastro lleno de costoso ungento y lo derram sobre su cabeza mientras estaba recostado a la mesa.
 Al verlo se enojaron los discpulos y dijeron: A qu este derroche?
 Podra haberse vendido a gran precio y darlo a los pobres.
 Dndose Jess cuenta de esto, les dijo: Por qu molestis a esta mujer? Obra buena es la que conmigo ha hecho.
 Porque pobres, en todo tiempo los tendris con vosotros; pero a m no siempre me tendris."
 Derramando este ungento sobre mi cuerpo, me ha ungido para mi sepultura.
 En verdad os digo, dondequiera que sea predicado este evangelio en todo el mundo, se hablar tambin de lo que ha hecho sta, para memoria suya.
 Entonces se fue uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los prncipes de los sacerdotes
 y les dijo: Qu me dais y os lo entrego? Se convinieron en treinta piezas de placa,
 y desde entonces buscaba ocasin para entregarle.
 El da primero de los cimos se acercaron los discpulos a Jess y le dijeron: Dnde quieres que preparemos para comer la Pascua?
 El les dijo: Id a la ciudad a casa de Fulano y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo est prximo, quiero celebrar en tu casa la Pascua con mis discpulos.
 Y los discpulos hicieron como Jess les orden y prepararon la Pascua.
 Llegada la tarde, se puso a la mesa con los doce discpulos,
 y, mientras coman, dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me entregar.
 Muy entristecidos, comenzaron a decirle cada uno: Soy acaso yo, Seor?
 El respondi: El que conmigo mete la mano en el plato, se me entregar.
 El Hijo del hombre sigue su camino, como de El est escrito; pero desdichado de aquel por quien el Hijo del hombre ser entregado!; mejor le fuera a se no haber nacido."
 Tom la palabra Judas, el que iba a entregarle, y dijo: Soy, acaso, yo, Rab? Y El respondi: T lo has dicho.
 Mientras coman, Jess tom pan, lo bendijo, lo parti y, dndoselo a los discpulos, dijo: Tomad y comed, ste es mi cuerpo.
 Y tomando un cliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed de l todos,
 que esta es mi sangre del Nuevo Testamento, que ser derramada por muchos para remisin de los pecados.
 Yo os digo que no beber ms de este fruto de la vid hasta el da que lo beba con vosotros nuevo en el reino de mi Padre.
 Y, dichos los himnos, salieron camino del monte de los Olivos.
 Entonces les dijo Jess: Todos vosotros os escandalizaris de m esta noche, porque escrito est: Herir al pastor y se dispersarn las ovejas de la manada.
 Pero despus de resucitado os preceder a Galilea.
 Tom Pedro la palabra y dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo jams me escandalizar.
 Respondile Jess: En verdad te digo que esta misma noche me negars tres veces.
 Djole Pedro: Aunque tenga que morir contigo, no te negar. Y lo mismo decan todos los discpulos.
 Entonces vino Jess con ellos a un lugar llamado Getseman y les dijo: Sentaos aqu mientras yo voy all a orar.
 Y tomando a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenz a entristecerse y angustiarse.
 Entonces les dijo: Triste est mi alma hasta la muerte; quedaos aqu y velad conmigo."
 Y adelantndose un poco, se postr sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mo, si es posible, pase de m este cliz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres t."
 Y viniendo a los discpulos, los encontr dormidos, y dijo a Pedro: De modo que no habis podido velar conmigo una hora?
 Velad y orad para no caer en la tentacin; el espritu est pronto, pero la carne es flaca."
 De nuevo, por segunda vez, fue a orar, diciendo: Padre mo, si esto no puede pasar sin que yo lo beba, hgase tu voluntad.
 Y volviendo otra vez, los encontr dormidos; tenan los ojos cargados."
 Dejndolos, de nuevo se fue a orar por tercera vez, diciendo an las mismas palabras.
 Luego vino a los discpulos y les dijo: Dormid ya y descansad, que se acerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
 Levantaos, vamos; ya llega el que va a entregarme."
 An estaba hablando, cuando lleg Judas, uno de los Doce, y con l una gran turba armada de espadas y garrotes, enviada por los prncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo.
 El que iba a entregarle les dio una seal diciendo: Aquel a quien yo besare, se es; prendedle."
 Y al instante, acercndose a Jess, le dijo: Salve, Rab. Y le bes.
 Jess le dijo: Amigo, a qu vienes? Entonces se adelantaron y echaron las manos sobre Jess, apoderndose de El.
 Uno de los que estaban con Jess extendi la mano y, sacando la espada, hiri a un siervo del pontfice, cortndole una oreja.
 Jess entonces le dijo: Vuelve tu espada a su vaina, pues quien toma la espada, a espada morir.
 O crees que no puedo rogar a mi Padre, que me enviara luego doce legiones de ngeles?
 Cmo van a cumplirse las Escrituras de que as conviene que sea?
 Entonces dijo Jess a la turba: Como a ladrn habis salido con espadas y garrotes a prenderme? Todos los das me sentaba en el templo para ensear, y no me prendisteis.
 Pero todo esto sucedi para que se cumpliesen las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discpulos le abandonaron y huyeron.
 Los que prendieron a Jess le llevaron a casa de Caifas, el pontfice, donde los escribas y ancianos se haban reunido.
 Pedro le sigui de lejos hasta el palacio del pontfice, y, entrando dentro, se sent con los servidores para ver en qu paraba aquello.
 Los prncipes de los sacerdotes y todo el sanedrn buscaban falsos testimonios contra Jess para condenarle a muerte,
 pero no los hallaban, aunque se haban presentado muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos,
 que dijeron: Este ha dicho: Yo puedo destruir el Templo de Dios y en tres das edificarlo.
 Levantndose el pontfice, le dijo: Nada respondes? Qu dices a lo que stos testifican contra ti?
 Pero Jess callaba, y el pontfice le dijo: Te conjuro por Dios vivo: di si eres t el Mesas, el Hijo de Dios.
 Djole Jess: T lo has dicho. Y yo os digo que un da veris al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.
 Entonces el pontfice rasg sus vestiduras, diciendo: Ha blasfemado. Qu necesidad tenemos de ms testigos? Acabis de or la blasfemia. Qu os parece?
 Ellos respondieron: Reo es de muerte.
 Entonces comenzaron a escupirle en el rostro y a darle puetazos, y otros le heran en la cara,
 diciendo: Profetzanos, Cristo, quin es el que te hiri?
 Entre tanto, Pedro estaba sentado fuera, en el atrio; se le acerc una sierva, diciendo: T tambin estabas con Jess de Galilea."
 El neg ante todos, diciendo: No s lo que dices.
 Pero, cuando sala hacia la puerta, le vio otra sierva y dijo a los circunstantes: Este estaba con Jess el Nazareno.
 Y de nuevo neg con juramento: No conozco a ese hombre.
 Poco despus se llegaron a l los que all estaban y le dijeron: Cierto que t eres de los suyos, pues tu mismo hablar te descubre.
 Entonces comenz l a maldecir y a jurar: Yo no conozco a ese hombre! Y al instante cant el gallo.
 Pedro se acord de lo que Jess le haba dicho: Antes que el gallo cante, me negars tres veces; y saliendo fuera, llor amargamente."
 Llegada la maana, todos los prncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvieron consejo contra Jess para quitarle la vida,
 y atado le llevaron al procurador Pilato.
 Viendo entonces Judas, el que le haba entregado, cmo era condenado, se arrepinti y devolvi las treinta monedas de plata a los prncipes de los sacerdotes y ancianos,
 diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Dijeron ellos: A nosotros qu? Viraslo t.
 Y, arrojando las monedas de plata en el templo, se retir, fue y se ahorc.
 Los prncipes de los sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron: No es lcito echarlas al tesoro, pues son precio de sangre.
 Y resolvieron en consejo comprar con ellas el campo del Alfarero para sepultura de peregrinos.
 Por eso aquel campo se llam Campo de Sangre hasta el da de hoy.
 Entonces se cumpli lo dicho por el profeta Jeremas: Y tomaron treinta piezas de plata, el precio en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los hijos de Israel,
 y las dieron por el campo del alfarero, como el Seor me lo haba ordenado.
 Jess fue presentado ante el procurador, que le pregunt: Eres t el Rey de los judos? Respondi Jess: T lo dices.
 Pero a las acusaciones hechas por los prncipes de los sacerdotes y ancianos nada responda.
 Djole entonces Pilato: No oyes todo lo que dicen contra ti?
 Pero El no responda a nada, de suerte que el procurador se maravill sobremanera.
 Era costumbre que el procurador, con ocasin de la fiesta, diese a la muchedumbre la libertad de un preso, el que pidieran.
 Haba entonces un preso famoso llamado Barrabs.
 Estando, pues, reunidos, les dijo Pilato: A quin queris que os suelte: a Barrabs o a Jess, el llamado Cristo?
 Pues saba que por envidia se lo haban entregado.
 Mientras estaba sentado en el tribunal, envi su mujer a decirle: No te metas con ese justo, pues he padecido mucho hoy en sueos por causa de l.
 Pero los prncipes de los sacerdotes y ancianos persuadieron a la muchedumbre que pidieran a Barrabs e hicieran perecer a Jess.
 Tomando la palabra el procurador, les dijo: A quin de los dos queris que os d por libre? Ellos respondieron: A Barrabs.
 Djoles Pilato: Entonces, qu queris que haga con Jess, el llamado Cristo? Todos dijeron: Sea crucificado!
 Dijo el procurador: Y qu mal ha hecho? Ellos gritaron ms diciendo: Sea crucificado!
 Viendo, pues, Pilato que nada consegua, sino que el tumulto creca cada vez ms, tom agua y se lav las manos delante de la muchedumbre, diciendo: Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veris."
 Y todo el pueblo contest diciendo: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.
 Entonces les solt a Barrabs; y a Jess, despus de haberle hecho azotar, se lo entreg para que le crucificaran."
 Entonces los soldados del procurador, tomando a Jess, lo condujeron al pretorio ante toda la cohorte,
 y, despojndole de sus vestiduras, le echaron encima una capa de prpura roja,
 y, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en la mano una caa; y doblando ante El la rodilla, se burlaban diciendo: Salve, Rey de los judos!"
 Y, escupindole, tomaban la caa y le heran con ella en la cabeza.
 Despus de haberse divertido con El, le quitaron la capa, le pusieron sus vestidos y le llevaron a crucificar.
 Al salir encontraron a un hombre de Cirene, de nombre Simn, al cual requisaron para que llevase la cruz.
 Llegando al sitio llamado Gol gota, que quiere decir lugar de la calavera,
 dironle a beber vino mezclado con hil; mas, en cuanto lo gust, no quiso beberlo."
 As que lo crucificaron, se dividieron sus vestidos, echndolos a suertes,
 y, sentados, hacan la guardia all.
 Sobre su cabeza pusieron escrita su causa: Este es Jess, el Rey de los judos.
 Entonces fueron crucificados con El dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
 Los que pasaban lo injuriaban moviendo la cabeza
 y diciendo: T, que destruas el templo y lo reedificabas en tres das, slvate ahora a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de esa cruz."
 E igualmente los prncipes de los sacerdotes, con los escribas y ancianos, se burlaban y decan:
 Salv a otros, y a s mismo no puede salvarse. Si es el rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en El.
 Ha puesto su confianza en Dios; que El lo libre ahora, si es que lo quiere, puesto que ha dicho: Soy Hijo de Dios."
 Asimismo, los bandidos que con El estaban crucificados lo ultrajaban.
 Desde la hora de sexta se extendieron las tinieblas sobre la tierra hasta la hora de nona.
 Hacia la hora de nona exclam Jess con voz fuerte, diciendo: Eli, Eli lema sabachtan! Que quiere decir: Dios mo, Dios mo, por qu me has desamparado?
 Algunos de los que all estaban, oyndolo, decan: A Elas llama ste,
 Luego, corriendo, uno de ellos tom una esponja, la empap en vinagre, la fij en una caa y se la dio a beber.
 Otros decan: Deja, veamos si viene Elas a salvarlo.
 Jess, dando un fuerte grito, expir.
 La cortina del templo se rasg de arriba abajo en dos partes,
 la tierra tembl y se hendieron las rocas; se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos de santos, que haban muerto, resucitaron,"
 y saliendo de los sepulcros, despus de la resurreccin de El, vinieron a la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
 El centurin y los que con l guardaban a Jess, viendo el terremoto y cuanto haba sucedido, temieron sobremanera y se decan: Verdaderamente, ste era Hijo de Dios.
 Haba all, mirndolo desde lejos, muchas mujeres que haban seguido a Jess desde Galilea para servirle;"
 entre ellas Mara Magdalena y Mara la madre de Santiago y Jos y la madre de los hijos del Zebedeo.
 Llegada la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, de nombre Jos, discpulo de Jess.
 Se present a Pilato y le pidi el cuerpo de Jess. Pilato entonces orden que le fuese entregado.
 El, tomando el cuerpo, lo envolvi en una sbana limpia
 y lo deposit en su propio sepulcro, del todo nuevo, que haba sido excavado en la pea, y, corriendo una gran piedra ala puerta del sepulcro, se fue.
 Estaban all Mara Magdalena y la otra Mara sentadas frente al sepulcro.
 Al otro da, que era el siguiente a la Parasceve, fueron los prncipes de los sacerdotes y los fariseos a Pilato
 y le dijeron: Seor, recordamos que ese impostor, vivo an, dijo: Despus de tres das resucitar.
 Manda, pues, guardar el sepulcro hasta el da tercero, no sea que vengan sus discpulos, lo roben y digan al pueblo: Ha resucitado de entre los muertos. Y ser la ltima impostura peor que la primera.
 Djoles Pilato: Ah tenis la guardia; id y guardadlo como vosotros sabis."
 Ellos fueron y pusieron guardia al sepulcro despus de haber sellado la piedra.
 Pasado el sbado, ya para alborear el da primero de la semana, vino Mara Magdalena, con la otra Mara, a ver el sepulcro.
 Y sobrevino un gran terremoto, pues un ngel del Seor baj del cielo y, acercndose, removi la piedra del sepulcro y se sent sobre ella.
 Era su aspecto como el relmpago, y su vestidura blanca como la nieve.
 De miedo de l temblaron los guardias y se quedaron como muertos.
 El ngel, dirigindose a las mujeres, dijo: No temis vosotras, pues s que buscis a Jess el crucificado.
 No est aqu, ha resucitado, segn lo haba dicho. Venid y ved el sitio donde fue puesto.
 Id luego y decid a sus discpulos que ha resucitado de entre los muertos y que os precede a Galilea; all lo veris. Es lo que tena que deciros."
 Partieron ligeras del monumento, llenas de temor y de gran gozo, corriendo a comunicarlo a los discpulos.
 Jess les sali al encuentro, dicindoles: La paz con vosotras. Ellas, acercndose, le abrazaron los pies y se postraron ante El.
 Dijoles entonces Jess: No temis, id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea y que all me vern.
 Mientras iban ellas, algunos de los guardias vinieron a la Ciudad y comunicaron a los prncipes de los sacerdotes todo lo sucedido.
 Reunidos stos en consejo con los ancianos, tomaron bastante dinero y se lo dieron a los soldados dicindoles:
 Decid que, viniendo los discpulos de noche, lo robaron mientras nosotros dormamos.
 Y si llegase la cosa a odos del procurador, nosotros lo aplacaremos y estaris sin cuidado.
 Ellos, tomando el dinero, hicieron como se les haba dicho. Esta noticia se divulg entre los judos hasta el da de hoy.
 Los Once discpulos se fueron a Galilea, al monte que Jess les haba indicado,
 y, vindolo, se postraron; algunos vacilaron."
 Y, acercndose Jess, les dijo: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra;"
 id, pues, ensead a todas las gentes, bautizndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espritu Santo,
 ensendoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estar con vosotros siempre hasta la consumacin del siglo.
 Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
 Como est escrito en el profeta Isaas: He aqu que envo delante de ti mi ngel, que preparar tu camino.
 Voz de quien grita en el desierto: Preparad el camino del Seor, enderezad sus senderos.
 Apareci en el desierto Juan el Bautista, predicando el bautismo de penitencia para remisin de los pecados.
 Acudan a l de toda la regin de Judea, todos los moradores de Jerusaln, y se hacan bautizar por l en el ro Jordn, confesando sus pecados.
 Llevaba Juan un vestido de pelos de camello, y un cinturn de cuero cea sus lomos, y se alimentaba de langostas y miel silvestre.
 En su predicacin les deca: Tras de m viene uno ms fuerte que yo, ante quien no soy digno de postrarme para desatar la correa de sus sandalias.
 Yo os bautizo en agua, pero El os bautizar en Espritu Santo.
 En aquellos das vino Jess desde Nazaret, de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordn.
 En el instante en que sala del agua vio los cielos abiertos y el Espritu, como paloma, que descenda sobre El,
 y se dej or de los cielos una voz: T eres mi Hijo, el amado, en quien yo me complazco.
 En seguida el Espritu le empuj hacia el desierto.
 Permaneci en l cuarenta das tentado por Satans, y moraba entre las fieras, pero los ngeles le servan.
 Despus que Juan fue preso, vino Jess a Galilea predicando el Evangelio de Dios
 ? diciendo: Cumplido es el tiempo, y el reino de Dios est cercano; arrepentios y creed en el Evangelio."
 Caminando a lo largo del mar de Galilea, vio a Simn y a Andrs, hermano de Simn, que echaban las redes al mar, pues eran pescadores.
 Y Jess les dijo: Venid en pos de m y os har pescadores de hombres.
 Al instante, dejando las redes, le siguieron.
 Y continuando un poco ms all, vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan, su hermano, que estaban tambin remendando sus redes en la barca,
 y los llam. Ellos luego, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron en pos de El.
 Llegaron a Cafarnam, y luego, el da de sbado, entrando en la sinagoga, enseaba.
 Se maravillaban de su doctrina, pues la enseaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
 Y luego, hallndose en la sinagoga un hombre posedo de un espritu impuro, comenz a gritar,
 diciendo: Qu hay entre ti y nosotros, Jess Nazareno?  Has venido a perdernos? Te conozco; t eres el Santo de Dios."
 Jess le orden: Cllate y sal de l.
 El espritu impuro, agitndole violentamente, dio un fuerte grito y sali de l.
 Quedronse todos estupefactos, dicindose unos a otros: Qu es esto? Una doctrina nueva y revestida de autoridad, que manda a los espritus impuros y le obedecen.
 Extendise luego su fama por doquiera en todas las regiones limtrofes de Galilea.
 Luego, saliendo de la sinagoga, vinieron a casa de Simn y Andrs, con Santiago y Juan.
 La suegra de Simn estaba acostada con fiebre, e inmediatamente se lo dijeron.
 El, acercndose, la tom de la mano y la levant. La fiebre la dej y ella se puso a servirles.
 Llegado el atardecer, puesto ya el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados,
 y toda la ciudad se reuni a la puerta:
 cur a muchos pacientes de diversas enfermedades y ech muchos demonios, y a stos no les permita hablar, porque le conocan.
 A la maana, mucho antes de amanecer, se levant, sali y se fue a un lugar desierto, y all oraba.
 Fue despus Simn y los que con El estaban,
 y, hallado, le dijeron: Todos andan en busca de ti.
 El les contest: Vamos a otra parte, a las aldeas prximas, para predicar all, pues para esto he salido.
 Y se fue a predicar en las sinagogas de toda Galilea, y echaba los demonios.
 Viene a El un leproso, que, suplicando y de rodillas, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.
 Enternecido, extendi la mano, le toc y dijo: Quiero, s limpio.
 Y al instante desapareci la lepra y qued limpio.
 Despidile luego con imperio,
 dicindole: Mira no digas nada a nadie, sino vete, mustrate al sacerdote y ofrece por tu purificacin lo que Moiss orden en testimonio para ellos.
 Pero l, partiendo, comenz a pregonar a voces y a divulgar el suceso, de manera que Jess ya no poda entrar pblicamente en una ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares desiertos, y all venan a El de todas partes.
 Entrando de nuevo, despus de algunos das en Cafarnam, se supo que estaba en casa,
 y se juntaron tantos, que ni aun en el patio caban, y El les hablaba.
 Vinieron trayndole un paraltico, que llevaban entre cuatro.
 No pudiendo presentrselo a causa de la muchedumbre, descubrieron el terrado por donde El estaba, y, hecha una abertura, descolgaron la camilla en que yaca el paraltico.
 Viendo Jess la fe de ellos, dijo al paraltico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
 Estaban sentados all algunos escribas, que pensaban entre s:
 Cmo habla as ste? Blasfema! Quin puede perdonar pecados sino slo Dios?
 Y luego, conociendo Jess, con su espritu, que as discurran en su interior, les dice: Por qu pensis as en vuestros corazones?
 Qu es ms fcil, decir al paraltico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levntate, toma tu camilla y vete?
 Pues para que veis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados  se dirige al paraltico ,
 yo te digo: Levntate, toma tu camilla y vete a tu casa.
 El se levant, y, tomando luego la camilla, sali a la vista de todos, de manera que todos se maravillaban, y glorificaban a Dios diciendo: Jams hemos visto cosa tal.
 Sali de nuevo a la orilla del mar, y toda la muchedumbre se lleg a El, y les enseaba.
 Al pasar vio a Lev el de Alfeo sentado al telonio, y le dijo: Sgueme. El, levantndose, le sigui.
 Estando sentado a la mesa en casa de ste, muchos publcanos y pecadores estaban recostados con Jess y con sus discpulos, que eran muchos de los que le seguan.
 Los escribas y fariseos, viendo que coma con pecadores y publcanos, decan a sus discpulos: Pero es que come con publcanos y pecadores?
 Y oyndolo Jess les dijo: No tienen necesidad de mdico los sanos, sino los enfermos; ni he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores."
 Los discpulos de Juan y de los fariseos ayunaban. Vienen, pues, y le dicen: Por qu, ayunando los discpulos de Juan y los de los fariseos, tus discpulos no ayunan?
 Y Jess les dijo: Acaso pueden los compaeros del esposo ayunar mientras est con ellos el esposo? Mientras tienen con ellos al esposo, no pueden ayunar.
 Pero das vendrn en que les arrebatarn al esposo; entonces ayunarn."
 Nadie cose un pedazo de pao sin tundir en un vestido viejo; pues el remiendo nuevo se llevara lo viejo, y la rotura sera mayor."
 Ni echa nadie vino nuevo en cueros viejos, pues el vino rompera los cueros y se perderan vinos y cueros; el vino nuevo se echa en cueros nuevos."
 Caminando El a travs de las mieses en da de sbado, sus discpulos, mientras iban, comenzaron a arrancar espigas.
 Los fariseos le dijeron: Mira, cmo hacen en sbado lo que no est permitido?
 Y les dijo: Nunca habis ledo lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sinti hambre l y los suyos?
 Cmo entr en la casa de Dios, bajo el pontfice Abiatar, y comi los panes de la proposicin, que no es lcito comer sino a los sacerdotes, y los dio asimismo a los suyos?
 Y aadi: El sbado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sbado.
 Y dueo del sbado es el Hijo del hombre.
 Entr de nuevo en la sinagoga, donde haba un hombre con una mano seca,
 y le observaban a ver si le curaba en sbado, para poder acusarle.
 Y dice al hombre de la mano seca: Levntate y sal al medio.
 Y les dice: Es lcito en sbado hacer bien en vez de mal, salvar un alma o dejarla perecer? Y ellos callaban.
 Y dirigindoles una mirada airada, entristecido por la dureza de su corazn, dice al hombre: Extiende tu mano. La extendi y fuele restituida la mano.
 Saliendo los fariseos luego se concertaron con los herodianos contra El para prenderle.
 Se retir Jess con sus discpulos hacia el mar, y una numerosa muchedumbre de Galilea, de Judea,
 de Jerusaln, de Idumea, de Transjordania y de los alrededores de Tiro y de Sidn, una muchedumbre grande, oyendo lo que haca, acuda a El.
 Dijo a sus discpulos que le preparasen una barca, a causa de la muchedumbre, para que sta no le oprimiese,
 pues curaba a muchos, y cuantos padecan algn mal se echaban sobre El para tocarle.
 Los espritus impuros, al verle, se arrojaban ante El y gritaban, diciendo: T eres el Hijo de Dios.
 E1, con imperio, les mandaba que no lo diesen a conocer.
 Subi a un monte, y, llamando a los que quiso, vinieron a El,
 y design a doce para que le acompaaran y para enviarlos a predicar,
 con poder de expulsar los demonios.
 Design, pues, a los doce: a Simn, a quien puso por nombre Pedro;"
 a Santiago el de Zebedeo y a Juan, hermano de Santiago, a quienes dio el nombre de Boanerges, esto es, hijos del trueno;"
 a Andrs y Felipe, y Bartolom y Mateo, a Toms y Santiago el de Alfeo, a Tadeo y Simn el Cananeo,
 y a Judas Iscariote, el que le entreg.
 Llegados a casa, se volvi a juntar la muchedumbre, tanto que no podan ni comer.
 Oyendo esto sus deudos, salieron para llevrselo, pues decanse: Est fuera de s.
 Los escribas que haban bajado de Jerusaln, decan: Est posedo de Beelcebul, y por virtud del prncipe de los demonios echa a los demonios.
 Llamlos a s y les dijo en parbolas: Cmo puede Satans expulsar a Satans?
 Si un reino est dividido contra s mismo, no puede durar.
 Y si una casa est dividida contra s misma, no podr subsistir.
 Si, pues, Satans se levanta contra s mismo y se divide, no puede sostenerse, sino que ha llegado su fin.
 Mas nadie puede entrar en la casa de un fuerte y saquearla si primero no ata al fuerte, y entonces saquear la casa.
 En verdad os digo que todo les ser perdonado a los hombres, los pecados y aun las blasfemias que profieran;"
 pero quien blasfeme contra el Espritu Santo no tendr perdn jams, es reo de eterno pecado.
 Porque ellos decan: Tiene espritu impuro.
 Vinieron su madre y sus hermanos, y desde fuera le mandaron a llamar.
 Estaba la muchedumbre sentada en torno de El, y le dijeron: Ah fuera estn tu madre y tus hermanos, que te buscan.
 El les respondi: Quin es mi madre y mis hermanos?
 Y, echando una mirada sobre los que estaban sentados en derredor suyo, dijo: He aqu mi madre y mis hermanos.
 Quien hiciere la voluntad de Dios, se es mi hermano, mi hermana y mi madre.
 De nuevo comenz a ensear junto al mar. Haba en torno de El una numerossima muchedumbre, de manera que tuvo que subir a una barca en el mar y sentarse; y la muchedumbre estaba a lo largo del mar, en la ribera."
 Les enseaba muchas cosas en parbolas y les deca en su enseanza:
 Escuchad: Sali a sembrar un sembrador,
 y al sembrar, una parte cay junto al camino, y vinieron las aves del cielo y se la comieron.
 Otra parte cay en terreno pedregoso, donde no haba casi tierra, y al instante brot, por no ser profunda la tierra;"
 pero en cuanto sali el sol se marchit, y, por no haber echado raz, se sec.
 Otra parte cay entre cardos, y, creciendo los cardos, la ahogaron y no dio fruto.
 Otra cay en tierra buena y dio fruto, que suba y creca, dando uno treinta, otro sesenta y otro ciento.
 Y deca: El que tenga odos para or, que oiga.
 Cuando se qued slo, le preguntaban los que estaban en torno suyo con los doce acerca de las parbolas;"
 y El les dijo: A vosotros os ha sido dado a conocer el misterio del Reino de Dios, pero a los otros de fuera todo se les dice en parbolas, para que,
 mirando, miren y no vean; oyendo, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados."
 Y les dijo: No endeudis esta parbola? Pues cmo vais a entender todas las otras?
 E1 sembrador siembra la palabra.
 Unos estn junto al camino, y se siembra en ellos la palabra; pero, en cuanto la oyen, viene Satans y arrebata la palabra que en ellos se haba sembrado."
 Asimismo, los que reciben la simiente en terreno pedregoso son aquellos que, al or la palabra, la reciben desde luego con alegra,
 pero no tienen races en s mismos, sino que son inconstantes, y en cuanto sobreviene la adversidad y la persecucin por la palabra, al instante se escandalizan.
 Otros hay para quienes la siembra cae entre espinas; sos son los que oyen la palabra,"
 pero sobrevienen los cuidados del siglo, la fascinacin de las riquezas y las dems codicias, y la ahogan, quedando sin dar fruto.
 Los que reciben la siembra en tierra buena son los que oyen la palabra, la reciben y dan fruto, quin treinta, quin sesenta, quin ciento.
 Decales: Acaso se trae la candela para ponerla bajo un celemn o bajo la cama? No es para ponerla sobre el candelera?
 Porque nada hay oculto sino para ser descubierto y no hay nada escondido sino para que venga a la luz.
 Si alguno tiene odos, que oiga.
 Decales: Prestad atencin a lo que os: Con la medida con que midiereis, se os medir, y se os aadir.
 Pues al que tiene se le dar, y al que no tiene, aun lo que tiene le ser quitado.
 Deca: El reino de Dios es como un hombre que arroja la semilla en la tierra,
 y ya duerma, ya vele, de noche y de da, la semilla germina y crece, sin que l sepa cmo.
 De s misma da fruto la tierra, primero la hierba, luego la espiga, en seguida el trigo que llena la espiga;"
 y cuando el fruto est maduro, se mete la hoz, porque est en sazn.
 Deca: A qu asemejaremos el Reino de Dios o de dnde tomaremos la parbola?
 Es semejante al grano de mostaza, que, cuando se siembra en la tierra, es la ms pequea de todas las semillas de la tierra;"
 pero, sembrado, crece y se hace ms grande que todas las hortalizas, y echa ramas tan grandes, que a su sombra pueden abrigarse las aves del cielo.
 Y con muchas parbolas como stas les propona la palabra, segn podan entender,
 y no les hablaba sin parbolas; pero a sus discpulos se las explicaba todas aparte."
 En aquel da les dijo, llegada ya la tarde: Pasemos al otro lado.
 Y, despidiendo a la muchedumbre, le llevaron segn estaba en la barca, acompaado de otras.
 Se levant un fuerte vendaval, y las olas se echaban sobre la barca, de suerte que sta estaba ya para llenarse.
 El estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal. Le despertaron y le dijeron: Maestro, no te da cuidado de que perecemos?
 Y, despertando, mand al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y se aquiet el viento y se hizo completa la calma.
 Les dijo: Por qu sois tan tmidos? An no tenis fe?
 Y, sobrecogidos de gran temor, se decan unos a otros: Quin ser ste, que hasta el viento y el mar le obedecen?
 Llegaron al otro lado del mar, a la regin de los gerasenos,
 y en cuanto sali de la barca vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, un hombre posedo de un espritu impuro,
 que tena su morada entre los sepulcros y ni aun con cadenas poda nadie sujetarle,
 pues muchas veces le haban puesto grillos y cadenas y los haba roto.
 Continuamente, noche y da, iba entre los monumentos y por los montes gritando e hirindose con piedras.
 Viendo desde lejos a Jess, corri y se postr ante El,
 y, gritando en alta voz, dice: Qu hay entre ti y m, Jess, Hijo del Dios altsimo? Por Dios te conjuro que no me atormentes.
 Pues El le deca: Sal, espritu impuro, de ese hombre.
 Y le pregunt: Cul es tu nombre? El dijo: Legin es mi nombre, porque somos muchos.
 Y le suplicaba insistentemente que no le echase fuera de aquella regin.
 Como hubiera por all en el monte una gran piara de puercos paciendo,
 le suplicaban aqullos diciendo: Envanos a los puercos para que entremos en ellos.
 Y se lo permiti, y los espritus impuros salieron y entraron en los puercos, y la piara, en nmero de dos mil, se precipit por un acantilado en el mar, y en l se ahogaron.
 Los porqueros huyeron y difundieron la noticia por la ciudad y por los campos; y vinieron a ver lo que haba sucedido."
 Llegndose a Jess, contemplaban al endemoniado sentado, vestido y en su sano juicio, el que haba tenido toda una legin, y temieron.
 Los testigos les referan el suceso del endemoniado y de los puercos.
 Pusironse a rogarle que se alejase de sus trminos;"
 Subiendo El en la barca, el endemoniado le suplicaba que le permitiese acompaarle.
 Mas no se lo permiti, antes le dijo: Vete a tu casa y a los tuyos y cuntales cuanto el Seor ha hecho contigo y cmo ha tenido misericordia de ti.
 Y l se fue y comenz a predicar en la Decpolis cuanto le haba hecho Jess, y todos se maravillaban.
 Habiendo Jess ganado en la barca la otra ribera, se reuni una gran muchedumbre. l estaba junto al mar.
 Lleg uno de los jefes de la sinagoga llamado Jairo, que, vindole, se arroj a sus pies
 Y le rogaba diciendo: Mi hijita est murindose; ven e impnle las manos para que sane y viva."
 Se fue con l, y le segua una muchedumbre, que le apretaba.
 Una mujer que padeca flujo de sangre desde haca doce aos
 y haba sufrido grandemente de muchos mdicos, gastando toda su hacienda sin provecho alguno, antes iba de mal en peor,
 como hubiese odo lo que se deca de Jess, vino entre la muchedumbre por detrs y toc su vestido;"
 pues se deca: Si tocare siquiera su vestido, ser sana.
 Al punto se sec la fuente de la sangre, y sinti en su cuerpo que estaba curada de su mal.
 Luego Jess, sintiendo en s mismo la virtud que haba salido de El, se volvi a la multitud y dijo: Quin ha tocado mis vestidos?
 Los discpulos le contestaron: Ves que la muchedumbre te aprieta por todas partes, y dices: Quin me ha tocado?
 El ech una mirada en derredor para ver a la que lo haba hecho,
 y la mujer, llena de temor y temblorosa, conociendo lo que en ella haba sucedido, se lleg y, postrada ante El, declarle toda la verdad.
 Y El le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y seas curada de tu mal."
 An estaba El hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; por qu molestar ya al Maestro?"
 Pero, oyendo Jess lo que decan, dice al jefe de la sinagoga: No temas, ten slo fe.
 No permiti que nadie le siguiera ms que Pedro, Santiago y Juan el hermano de Santiago.
 Llegados a casa del jefe de la sinagoga, ve el gran alboroto de las lloronas y plaideras,
 y, entrando, les dice: A qu ese alboroto y ese llanto? La nia no ha muerto, duerme.
 Se burlaban de l; pero El, echando a todos fuera, tom consigo al padre de la nia, a la madre y a los que iban con El, y entr donde la nia estaba;"
 y tomndola de la mano, le dijo: Talitha, qum[i], que quiere decir: Nia, a ti te lo digo, levntate.
 Y al instante se levant la nia y ech a andar, pues tena doce aos, y se llenaron de espanto.
 Recomendles mucho que nadie supiera aquello, y mand que diesen de comer a la nia.
 Sali de all y vino a su patria, siguindole sus discpulos.
 Llegado el sbado, se puso a ensear en la sinagoga; y la muchedumbre que le oa se maravillaba, diciendo: De dnde le vienen a ste tales cosas, y qu sabidura es esta que le ha sido dada, y cmo se hacen por su mano tales milagros?"
 No es acaso el artesano, hijo de Mara, y el hermano de Santiago, y de Jos, y de Judas, y de Simn? Y sus hermanas, no viven aqu entre nosotros? y se escandalizaban de El.
 Jess les deca: Ningn profeta es tenido en poco sino en su patria y entre sus parientes y en su familia.
 Y no pudo hacer all ningn milagro, fuera de que a algunos enfermos les impuso las manos y los cur.
 El se admiraba de su incredulidad. Recorra las aldeas del contorno enseando.
 Llamando a s a los Doce, comenz a enviarlos de dos en dos, dndoles poder sobre los espritus impuros,
 y les encarg que no tomasen para el camino nada ms que un bastn, ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinturn,
 y se calzasen con sandalias y no llevasen dos tnicas.
 Les deca: Dondequiera que entris en una casa, quedaos en ella hasta que salgis de aquel lugar;"
 y si un lugar, no os recibe ni os escucha, al salir de all sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.
 Partidos, predicaron que se arrepintiesen,
 y echaban muchos demonios, y, ungiendo con leo a muchos enfermos, los curaban.
 Lleg esto a odos del rey Herodes, porque se haba divulgado mucho su nombre, y deca: Este es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por esto obra en l el poder de hacer milagros;"
 pero otros decan: Es Elas; y otros decan que era un profeta, como uno de tantos profetas."
 Pero Herodes, oyendo esto, deca: Es Juan, a quien yo degoll, que ha resucitado.
 Porque, en efecto, Herodes se haba apoderado de Juan y le haba puesto en prisin a causa de Herodas, la mujer de su hermano Filipo, con la que se haba casado.
 Pues deca Juan a Herodes: No te es lcito tener la mujer de tu hermano.
 Y Herodas estaba enojada contra l y quera matarle, pero no poda,
 porque Herodes senta respeto por Juan, conociendo ser hombre justo y santo, y le amparaba, y, oyndole, vacilaba, pero le escuchaba con gusto.
 Llegado un da oportuno, cuando Herodes en su cumpleaos ofreca un banquete a sus magnates, y a los tribunos, y a los principales de Galilea,
 entr la hija de Herodas y, danzando, gust a Herodes y a los comensales. El rey dijo a la muchacha: Pdeme lo que quieras y te lo dar.
 Y le jur: Cualquier cosa que me pidieras, te la dar, aunque sea la mitad de mi reino.
 Saliendo ella, dijo a su madre: Qu quieres que pida? Ella le contest: La cabeza de Juan el Bautista.
 Entrando luego con presteza, hizo su peticin al rey, diciendo: Quiero que al instante me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
 El rey, entristecido por su juramento y por los convidados, no quiso desairarla.
 Al instante envi el rey un verdugo, ordenndole traer la cabeza de Juan. Aqul se fue y le degoll en la crcel,
 trayendo su cabeza en una bandeja, y se la entreg a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
 Sus discpulos que lo supieron, vinieron y tomaron el cadver y lo pusieron en un monumento.
 Volvieron los apstoles a reunirse con Jess y le contaron cuanto haban hecho y enseado.
 El les dijo: Venid, retirmonos a un lugar desierto para que descansis un poco, pues eran muchos los que iban y venan y ni espacio les dejaban para comer.
 Furonse en la barca a un sitio desierto y apartado.
 Pero les vieron ir, y muchos supieron dnde iban, y, a pie, de todas las ciudades concurrieron a aquel sitio y se les adelantaron.
 Al desembarcar vio una gran muchedumbre, y se compadeci de ellos, porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a ensearles largamente.
 Siendo ya hora avanzada, se le acercaron los discpulos y le dijeron: El sitio es desierto y avanzada la hora;"
 despdelos para que vayan a las alqueras y aldeas del contorno y se compren algo que comer.
 El, respondiendo, les dijo: Dadles vosotros de comer. Y le dijeron: Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?
 El les contest: Cuntos panes tenis? Id a ver. Habindose informado, le dijeron: Cinco y dos peces.
 Les mand que les hicieran recostarse por grupos sobre la hierba verde.
 Se recostaron por grupos de ciento y de cincuenta.
 El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo y parti los panes y se los entreg a los discpulos para que se los sirvieran, y los dos peces los reparti entre todos.
 Comieron todos y se hartaron,
 y recogieron doce canastos llenos de las sobras de los panes y de los peces.
 Los que comieron de los panes eran cinco mil hombres.
 En seguida mand a sus discpulos subir a la barca y precederle al otro lado frente a Betsaida, mientras El despeda a la muchedumbre.
 Despus de haberlos despedido, se fue a un monte a orar.
 Llegando el anochecer, se hallaba la barca en medio del mar y El solo en tierra.
 Vindolos fatigados de remar, porque el viento les era contrario, hacia la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar e hizo ademn de pasar de largo.
 Pero ellos, as que le vieron andar sobre el mar, creyendo que era un fantasma, comenzaron a dar gritos,
 porque todos le vean y estaban espantados. Pero l les habl enseguida y les dijo: Animo, soy yo, no temis.
 Subi con ellos a la barca, y el viento se calm, y se quedaron en extremo estupefactos,
 pues no se haban dado cuenta de lo de los panes; su corazn estaba embotado."
 Hecha la travesa, llegaron a tierra de Genesaret y atracaron.
 En cuanto salieron de la barca le conocieron,
 y corrieron de toda aquella regin, y comenzaron a traer en camillas a los enfermos donde oan que El estaba.
 Adondequiera que llegaba, en las aldeas, o en las ciudades, o en las alqueras, colocaban a los enfermos en las plazas y le rogaban que les permitiera tocar siquiera la orla de su vestido; y cuantos le tocaban quedaban sanos."
 Se reunieron en torno a El fariseos y algunos escribas venidos de Jerusaln,
 los cuales vieron que algunos de los discpulos coman pan con las manos impuras, esto es, sin lavrselas,
 pues los fariseos y todos los judos, si no se lavan cuidadosamente, no comen, cumpliendo la tradicin de los antiguos;"
 y de vuelta de la plaza, si no se aspergen, no comen, y otras muchas cosas que han aprendido a guardar por tradicin: el lavado de las copas, de las ollas y de las bandejas.
 Le preguntaron, pues, fariseos y escribas: Por qu tus discpulos no siguen la tradicin de los antiguos, sino que comen pan con manos impuras?
 El les dijo: Muy bien profetiz Isaas de vosotros, hipcritas, segn est escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazn est lejos de m,
 pues me dan un culto vano, enseando doctrinas que son preceptos humanos.
 Dejando de lado el precepto de Dios, os aferris a la tradicin humana.
 Y les deca: En verdad que anulis el precepto de Dios para establecer vuestra tradicin.
 Porque Moiss ha dicho: Honra a tu padre y a tu madre, y el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte.
 Pero vosotros decs: Si un hombre dijere a su padre o a su madre: Korbn, esto es, ofrenda sea todo lo que de m pudiera serle til,
 ya no le permits hacer nada por su padre o por su madre,
 anulando la palabra de Dios por vuestra tradicin que se os ha transmitido, y hacis otras muchas cosas por el estilo.
 Llamando de nuevo a la muchedumbre, les deca: Odme todos y entended:
 Nada hay fuera del hombre que, entrando en l, pueda mancharle; lo que sale del hombre, eso es lo que mancha al hombre."
 El que tenga odos para or, que oiga,
 Cuando se hubo retirado de la muchedumbre y entrado en casa, le preguntaron los discpulos por la parbola.
 El les contest: Tan faltos estis vosotros de sentido? No comprendis  aadi, declarando puros todos los alimentos  que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede mancharle,
 porque no entra en el corazn, sino en el vientre y va al seceso?
 Deca, pues: Lo que del hombre sale, eso es lo que mancha al hombre,
 porque de dentro, del corazn del hombre, proceden los pensamientos malos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios,
 los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez, la insensatez.
 Todas estas maldades proceden del hombre y manchan al hombre.
 Partiendo de all, se fue hacia los confines de Tiro. Entr en una casa, no queriendo ser de nadie conocido; pero no le fue posible ocultarse,"
 porque luego, en oyendo hablar de El, una mujer cuya hijita tena un espritu impuro entr y se postr a sus pies.
 Era gentil, sir-fenicia de nacin, y le rogaba que echase de su hija al demonio.
 El le dijo: Deja primero hartarse a los hijos, pues no est bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los cachorrillos.
 Pero ella le contest, diciendo: S, Seor; pero los cachorrillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos."
 El le dijo: Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija."
 Y, llegada a casa, hall a la nia acostada en la cama y que el demonio haba salido.
 Dejando de nuevo los trminos de Tiro, se fue por Sidn hacia el mar de Galilea, atravesando los trminos de la Decapolis.
 Le llevaron un sordo y tartamudo, rogndole que le impusiera las manos,
 y, tomndole aparte de la muchedumbre, metile los dedos en los odos, escupi (en el dedo) y le toc la lengua,
 y, mirando al cielo, suspir y dijo: Ephata, que quiere decir brete;"
 y se abrieron sus odos y se le solt la lengua, y hablaba expeditamente.
 Les encarg que no lo dijesen a nadie; pero cuanto ms se lo encargaba, mucho ms lo publicaban,"
 y sobremanera se admiraban, diciendo: Todo lo ha hecho bien: a los sordos hace or y a los mudos hace hablar.
 Por aquellos das, hallndose otra vez rodeado de una gran muchedumbre que no tena qu comer, llam a los discpulos y les dijo:
 Tengo compasin de la muchedumbre, porque hace ya tres das que me siguen y no tienen qu comer;"
 si los despido ayunos para sus casas, desfallecern en el camino, y algunos de ellos son de lejos.
 Sus discpulos le respondieron: Y cmo podra sacirselos de pan aqu en el desierto?
 El les pregunt: Cuntos panes tenis? Dijeron: Siete.
 Mand a la muchedumbre recostarse sobre la tierra; y tomando los siete panes, dando gracias, los parti y los dio a sus discpulos para que los sirviesen, y los sirvieron a la muchedumbre."
 Tenan unos pocos pececillos, y, dando gracias, dijo que los sirviesen tambin.
 Comieron y se saciaron, y recogieron de los mendrugos que sobraron siete cestos.
 Eran unos cuatro mil. Y los despidi.
 Subiendo luego a la barca con sus discpulos, vino a la regin de Dalmanuta;"
 y salieron fariseos, que se pusieron a disputar con El, pidindole, para probarle, seales del cielo.
 El, exhalando un profundo suspiro, dijo: Por qu esta generacin pide una seal? En verdad os digo que no se le dar ninguna;"
 y, dejndolos, subi de nuevo a la barca y se dirigi a la otra ribera.
 Se olvidaron de tomar consigo panes, y no tenan en la barca sino un pan.
 Les recomendaba, diciendo: Mirad de guardaros del fermento de los fariseos y del fermento de Herodes.
 Ellos iban discurriendo entre s que era por no tener panes,
 y, conocindolo El, les dijo: Qu cavilis que no tenis panes? An no entendis ni cais en la cuenta? Tenis vuestro corazn embotado?
 Teniendo ojos, no veis, y teniendo odos, no os? Ya no os acordis de cuando part los cinco panes a los cinco mil hombres y cuntos cestos llenos de sobras recogisteis?
 Dijronle: Doce.
 Cuando los siete, a los cuatro mil, cuntos cestos llenos de mendrugos recogisteis? Y le dijeron: Siete.
 Y les dijo: Pues an no cais en la cuenta?
 Llegaron a Betsaida, y le llevaron un ciego, rogndole que le tocara.
 Tomando al ciego de la mano, le sac fuera de la aldea, y, poniendo saliva en sus ojos e imponindole las manos, le pregunt: Ves algo?
 Mirando l, dijo: Veo hombres, algo as como rboles que andan.
 De nuevo le puso las manos sobre los ojos, y al mirar se sinti curado, y lo vea todo claramente.
 Y le envi a su casa, dicindole: Cuidado con entrar en la aldea.
 Iba Jess con sus discpulos a las aldeas de Cesrea de Filipo, y en el camino les pregunt: Quin dicen los hombres que soy yo?
 Ellos le respondieron diciendo: Unos, que Juan Bautista; otros, que Elias, y otros, que uno de los profetas."
 El les pregunt: Y vosotros, quin decs que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: T eres el Cristo.
 Y les encarg que a nadie dijeran esto de El.
 Comenz a ensearles cmo era preciso que el Hijo del hombre padeciese mucho, y que fuese rechazado por los ancianos y los prncipes de los sacerdotes y los escribas, y que fuese muerto y resucitase despus de tres das. Claramente les hablaba de esto.
 Pedro, tomndole aparte, se puso a reprenderle.
 Pero El, volvindose y mirando a sus discpulos, reprendi a Pedro y le dijo: Qutate all, Satn, porque no sientes segn Dios, sino segn los hombres.
 Llamando a la muchedumbre y a los discpulos, les dijo: El que quiera venir en pos de m, niguese a s mismo, tome su cruz y sgame.
 Pues quien quiera salvar su vida, la perder, y quien pierda la vida por m y el Evangelio, se la salvar.
 Y qu aprovecha al hombre ganar todo el mundo y perder su alma?
 Pues qu dar el hombre a cambio de su alma?
 Porque, si alguien se avergonzare de m y de mis palabras ante esta generacin adltera y pecadora, tambin el Hijo del hombre se avergonzar de l cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ngeles.
 Y les dijo: En verdad os digo que hay algunos de los aqu presentes que no gustarn la muerte hasta que vean venir en poder el reino de Dios.
 Pasados seis das, tom Jess a Pedro, a Santiago y a Juan, y los condujo solos a un monte alto y apartado y se transfigur ante ellos.
 Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como no los puede blanquear lavandero sobre la tierra.
 Y se les aparecieron Elias y Moiss, que hablaban con Jess.
 Tomando Pedro la palabra, dijo a Jess: Rab, bueno es estar aqu. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, una para Moiss y una para Elias.
 No saba lo que deca, porque estaban aterrados.
 Se form una nube que los cubri con su sombra, y se dej or desde la nube una voz: Este es mi Hijo amado, escuchadle.
 Luego mirando en derredor, no vieron a nadie con ellos, sino a Jess solo.
 Bajando del monte, les prohibi contar a nadie lo que haban visto, hasta que el Hijo del hombre resucitase de entre los muertos.
 Guardaron aquella orden, y se preguntaban qu era aquello de cuando resucitase de entre los muertos.
 Le preguntaron diciendo: cmo dicen los escribas que primero ha de venir Elias?
 El les dijo: Cierto que Elas, viniendo primero, restablecer todas las cosas; pero cmo est escrito del Hijo del hombre que padecer mucho y se ver despreciado?"
 Yo os digo que Elas ha venido ya y que hicieron con l lo que quisieron, como de l est escrito.
 Viniendo a los discpulos, vio a una gran muchedumbre en torno a ellos y a escribas que con ellos disputaban.
 Luego, toda la muchedumbre, al verle, se qued sorprendida, y, corriendo hacia El, le saludaban.
 Les pregunt: Qu disputabais con ellos?
 Uno de la muchedumbre le dijo: Maestro, te he trado a mi hijo, que tiene un espritu mudo,
 y dondequiera que se apodera de l, le derriba y le hace echar espumarajos y rechinar los dientes, y se queda rgido; dije a tus discpulos que lo arrojasen, pero no han podido."
 Les contest, diciendo: Oh generacin incrdula! Hasta cundo tendr que soportaros? Tradmele.
 Y se lo llevaron. En cuanto lo vio, le agit el espritu, y, arrojado en tierra, se revolva y echaba espumarajos.
 Pregunt a su padre: Cunto tiempo hace que le pasa esto? El contest: Desde la infancia.
 Muchas veces le arroja en el fuego y en el agua para hacerle perecer; pero, si algo puedes, aydanos por compasin hacia nosotros."
 Djole Jess: Si puedes! Todo es posible al que cree.
 Al instante dijo el padre del nio: Creo! Ayuda a mi incredulidad.
 Viendo Jess que se reuna mucha gente, mand al espritu impuro, diciendo: Espritu mudo y sordo, yo te lo mando, sal de l y no vuelvas a entrar ms en l.
 Dando un grito y agitndole violentamente, sali; y qued como muerto, de suerte que muchos decan: Est muerto."
 Pero Jess, tomndole de la mano, le levant y se mantuvo en pie.
 Entrando en casa a solas, le preguntaban los discpulos: Por qu no hemos podido echarle nosotros?
 Les contest: Esta especie no puede ser expulsada por ningn medio si no es por la oracin.
 Saliendo de all, atravesaban de largo la Galilea, queriendo que no se supiese.
 Porque iba enseando a sus discpulos, y les deca: El Hijo del hombre ser entregado en manos de los hombres y le darn muerte, y, muerto, resucitar despus de tres das.
 Y ellos no entendan estas cosas.
 Vinieron a Cafarnam, y, estando en casa, les preguntaba: Qu discutais en el camino?
 Ellos se callaron, porque en el camino haban discutido entre s sobre quin sera el mayor.
 Sentndose, llam a los Doce, y as les dijo: Si alguno quiere ser el primero, que sea el ltimo de todos y el servidor de todos.
 Y tomando un nio, lo puso en medio de ellos, y, abrazndole, les dijo:
 Quien recibe a uno de estos nios en mi nombre, a m me recibe, y quien me recibe a m, no es a m a quien recibe, sino al que me ha enviado.
 Dijle Juan: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba los demonios y no est con nosotros; se lo hemos prohibido."
 Jess les dijo: No se lo prohibis, pues ninguno que haga un milagro en mi nombre hablar luego mal de m.
 El que no est contra nosotros, est con nosotros.
 Pues el que os diere un vaso de agua en razn de discpulos de Cristo, os digo en verdad que no perder su recompensa;"
 y el que escandalizare a uno de estos pequeuelos que creen, mejor le sera que le echasen al cuello una muela asnal y le arrojasen al mar.
 Si tu mano te escandaliza, crtatela; mejor te ser entrar manco en la vida que con ambas manos ir a la gehenna, al fuego inextinguible,"
 donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga.
 Y si tu pie te escandaliza, crtatelo; mejor te es entrar en la vida cojo que con ambos pies ser arrojado en la gehenna,"
 donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga.
 Y si tu ojo te escandaliza, scatelo; mejor te es entrar tuerto en el reino de Dios que con ambos ojos ser arrojado en la gehenna,"
 donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga.
 Porque todos han de ser salados al fuego.
 Buena es la sal; pero, si la sal se hace sosa, con qu se salar? Tened sal en vosotros y vivid en paz unos con otros."
 Partiendo de all, vinieron a los confines de la Judea y de la Perca, y de nuevo se le juntaron en el camino muchedumbres, y los adoctrinaba.
 Llegndosele fariseos, le preguntaron, tentndole, si es lcito al marido repudiar a la mujer.
 El les respondi y les dijo: Qu os ha mandado Moiss?
 Contestaron ellos: Moiss manda escribir el libelo de repudio y despedirla.
 Djoles Jess: Por la dureza de vuestro corazn os dio Moiss esta ley;"
 pero en el principio de la creacin los hizo Dios varn y hembra;"
 por esto dejar el hombre a su padre y su madre,
 y sern los dos una sola carne.
 Lo que Dios junt, no lo separe el hombre.
 Vueltos a casa, de nuevo le preguntaron sobre esto los discpulos;"
 y El les dijo: El que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera contra aqulla;"
 y si la mujer repudia al marido y se casa con otro, comete adulterio.
 Presentronle unos nios para que los tocase, pero los discpulos los reprendan.
 Vindolo Jess, se enoj y les dijo: Dejad que los nios vengan a m y no los estorbis, porque de los tales es el Reino de Dios.
 En verdad os digo, quien no reciba el Reino de Dios como un nio, no entrar en l.
 Y abrazndolos, los bendijo imponindoles las manos.
 Salido al camino, corri a l uno, que, arrodillndose, le pregunt: Maestro bueno, qu he de hacer para alcanzar la vida eterna?
 Jess le dijo: Por qu me llamas bueno? Nadie es bueno, sino slo Dios.
 Ya sabes los mandamientos: no matars, no adulterars, no robars, no levantars falso testimonio, no hars dao a nadie, honra a tu padre y a tu madre.
 E1 le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.
 Jess, poniendo en l los ojos, le am, y le dijo: Una sola cosa te falta; vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrs un tesoro en el cielo; luego ven y sgueme."
 Ante estas palabras se anubl su semblante y fuese triste, porque tena mucha hacienda.
 Mirando en torno suyo, dijo Jess a los discpulos: Cuan difcilmente entrarn en el reino de Dios los que tienen hacienda!
 Los discpulos se quedaron espantados al or esta sentencia. Tomando entonces Jess de nuevo la palabra, les dijo: Hijos mos, cuan difcil es entrar en el reino de los cielos!
 Es ms difcil a un camello pasar por el hondn de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.
 Ms an se espantaron, y decan entre s: Entonces, quin puede salvarse?
 Fijando en ellos Jess su mirada, les dijo: A los hombres s es imposible, mas no a Dios, porque a Dios todo le es posible.
 Pedro entonces comenz a decirle: Pues nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido.
 Respondi Jess: En verdad os digo que no hay nadie que, habiendo dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos por amor de m y del Evangelio,
 no reciba el cntuplo ahora en este tiempo en casas, hermanos, hermanas, madre e hijos y campos, con persecuciones, y la vida eterna en el siglo venidero,
 y muchos primeros sern los ltimos, y los ltimos los primeros.
 Iban subiendo hacia Jerusaln; Jess iba delante, y ellos iban sobrecogidos y le seguan medrosos. Tomando de nuevo a los Doce, comenz a declararles lo que haba de sucederle."
 He aqu que subimos a Jerusaln, y el Hijo del hombre ser entregado a los prncipes de los sacerdotes y a los escribas, que le condenarn a muerte y le entregarn a los gentiles,
 y se burlarn de El y le escupirn, y le azotarn y le darn muerte, pero a los tres das resucitar.
 Se acercaron Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, dicindole: Maestro, queremos que nos hagas lo que vamos a pedirte.
 Djoles El: Qu queris que os haga?
 Ellos le dijeron: Que nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda en tu gloria.
 Jess les respondi: No sabis lo que peds! Podris beber el cliz que yo he de beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo he de ser bautizado?
 Le contestaron: S que podemos. Les dijo Jess: El cliz que yo he de beber, lo beberis, y con el bautismo con que yo he de ser bautizado, seris bautizados vosotros;"
 pero sentaros a mi diestra o a mi siniestra, no me toca a m droslo, sino que es para aquellos para quienes est preparado.
 Los diez, oyendo esto, se enojaron contra Santiago y Juan;"
 pero, llamndolos Jess a s, les dijo: Ya sabis cmo los que en las naciones son prncipes las gobiernan con imperio, y sus grandes ejercen poder sobre ellas.
 No ha de ser as entre vosotros; antes, si alguno de vosotros quiere ser grande, sea vuestro servidor;"
 y el que de vosotros quiera ser el primero, sea siervo de todos,
 pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida para redencin de muchos.
 Llegaron a Jerico. Al salir ya de Jeric con sus discpulos y una crecida muchedumbre, el hijo de Timeo, Bartimeo, un mendigo ciego que estaba sentado junto al camino,
 oyendo que era Jess de Nazaret, comenz a gritar y decir: Hijo de David, Jess, ten piedad de m!
 Muchos le increpaban para que callase; pero l gritaba mucho ms: Hijo de David, ten piedad de m!"
 Se detuvo Jess y dijo: Llamadle. Llamaron al ciego, dicindole: Animo, levntate, que te llama.
 El arroj su manto y, saltando, se lleg a Jess.
 Tomando Jess la palabra, le dijo: Qu quieres que te haga? El ciego le respondi: Seor, que vea.
 Jess le dijo: Anda, tu fe te ha salvado. Y al instante recobr la vista, y le segua por el camino.
 Y cuando se aproximaba a Jerusaln, a Betfag y Betania, junto al monte de los Olivos, envi a dos de los discpulos
 y les dijo: Id a la aldea que est enfrente, y luego que entris en ella, encontraris un burrito atado, sobre el que nadie mont an; selladlo y traedlo."
 Si alguno os dijere: Por qu hacis esto? decidle: El Seor tiene necesidad de l; y al instante os lo dejar traer."
 Se fueron, y encontraron el pollino atado a la puerta, fuera, en el camino, y le soltaron.
 Algunos de los que all estaban les dijeron: Por qu desatis el burrito?
 Ellos les contestaron como Jess les haba dicho, y les dejaron.
 Llevaron el burrito a Jess, y, echndole encima sus vestidos, mont en l.
 Muchos extendan sus mantos sobre el camino, otros cortaban verde de los campos,
 y los que le precedan y le seguan gritaban: Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Seor!
 Bendito el Reino, que viene, de David, nuestro padre! Hosanna en las alturas!
 Entr en Jerusaln, en el templo, y despus de haberlo visto todo, ya de tarde, sali para Betania con los Doce.
 A la maana siguiente, saliendo de Betania, sinti hambre.
 Viendo de lejos una higuera, se fue por si encontraba algo en ella, y, llegndose a ella, no encontr sino hojas, porque no era tiempo de higos.
 Tomando la palabra, dijo: Que nunca jams coma ya nadie fruto de ti. Los discpulos le oyeron.
 Llegaron a Jerusaln y, entrando en el templo, se puso a expulsar a los que all vendan y compraban, y derrib las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas;"
 no permita que nadie transportase fardo alguno por el templo,
 y les enseaba y deca: No est escrito: Mi casa ser casa de oracin para todas las gentes? Pero vosotros la habis convertido en cueva de ladrones.
 Lleg todo esto a odos de los prncipes de los sacerdotes y de los escribas, y buscaban cmo perderle; pero le teman, pues toda la muchedumbre estaba maravillada de su doctrina."
 Cuando se hizo tarde, sali de la ciudad.
 Pasando de madrugada, vieron que la higuera se haba secado de raz.
 Acordndose Pedro, le dijo: Rab, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
 Y respondiendo Jess, les dijo: Tened fe en Dios.
 En verdad os digo que si alguno dijere a este monte: Qutate y arrjate al mar, y no vacilare en su corazn, sino que creyere que lo dicho se ha de hacer, se le har.
 Por esto os digo, todo cuanto orando pidiereis, creed que lo recibiris y se os dar.
 Cuando os pusieseis en pie para orar, si tenis alguna cosa contra alguien, perdonadlo primero, para que vuestro Padre, que est en los cielos, os perdone a vosotros vuestros pecados.
 Porque, si vosotros no perdonis, tampoco vuestro Padre, que est en los cielos, os perdonar vuestras ofensas.
 Llegaron de nuevo a Jerusaln. Pasendose El por el templo, se le acercaron los prncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le dijeron:
 Con qu poder haces estas cosas o quin te ha dado poder para hacerlas?
 Jess les contest: Tambin voy a haceros una pregunta, y, si me respondis, os dir con qu poder hago estas cosas.
 E1 bautismo de Juan, era del cielo o era de los hombres? Respondedme.
 Comenzaron a cavilar entre s, diciendo: Si decimos del cielo, dir: Pues por qu no habis credo en l?
 Pero, si decimos que de los hombres, es de temer la muchedumbre, porque todos tenan a Juan por profeta.
 Respondiendo, pues, a Jess, le dijeron: No sabemos. Y Jess les dijo: Entonces tampoco yo os digo con qu poder hago estas cosas.
 Comenz a hablarles en parbolas: Un hombre plant una via y la cerc de muro, y cav un lagar, y edific una torre, y la arrend a unos viadores, y se parti lejos.
 A su tiempo, envi a los viadores un siervo para percibir de ellos la parte de los frutos de su via,
 y tomndole le azotaron y le despidieron con las manos vacas.
 De nuevo les envi otro, y le hirieron en la cabeza y le ultrajaron.
 Envi otro, y a ste le dieron muerte; igualmente a muchos otros, de los cuales a unos los azotaron y a otros los mataron."
 Le quedaba todava uno, su hijo amado, y se lo envi tambin el ltimo, dicindose: A mi hijo le respetarn.
 Pero aquellos viadores se dijeron para s: Este es el heredero. Ea! Matmosle y ser nuestra la heredad.
 Y tomndole, lo mataron y lo arrojaron fuera de la via.
 Qu har el dueo de la via? Vendr y har perecer a los viadores y dar la via a otros.
 Y no habis ledo esta escritura: La piedra que desecharon los edificadores, sa vino a ser cabeza de esquina?
 del Seor viene esto y es admirable a nuestros ojos?
 Buscaban apoderarse de El, pero teman a la muchedumbre, pues comprendieron que de ellos haba sido dicha la parbola, y, dejndole, se fueron.
 Le enviaron algunos de los fariseos y herodianos para hacerle caer en una trampa.
 Llegados, le dijeron: Maestro, sabemos que eres sincero, que no te da cuidado de nadie, pues no tienes respetos humanos, sino que enseas segn la verdad el camino de Dios: Es lcito pagar el tributo al Cesar o no? Debemos pagar o no debemos pagar?
 l, conociendo su hipocresa, les dijo: Por qu me tentis? Traedme un denario para que lo vea.
 Se lo trajeron, y les dijo: De quin es esta imagen y esta inscripcin? Ellos dijeron: Del Cesar.
 Jess replic: Dad, pues, al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Y se admiraron de l.
 Se le llegaron algunos fariseos, de los que dicen que no hay resurreccin, y le preguntaban, diciendo:
 Maestro, Moiss nos ha prescrito que si el hermano de uno viniese a morir y dejare la mujer sin hijos, tome el hermano esa mujer y d sucesin a su hermano.
 Eran siete hermanos. El primero tom mujer, pero al morir no dej descendencia.
 La tom el segundo, y muri sin dejar sucesin, e igual el tercero,
 y de los siete ninguno dej sucesin. Despus de todos muri la mujer.
 Cuando en la resurreccin resuciten, de quin ser la mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.
 Djoles Jess: No est bien claro que erris y que desconocis las Escrituras y el poder de Dios?
 Porque, cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarn ni sern dadas en matrimonio, sino que sern como ngeles en los cielos.
 Por lo que toca a la resurreccin de los muertos, no habis ledo en el libro de Moiss, en lo de la zarza, cmo habl Dios diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?
 No es Dios de muertos, sino de vivos. Muy errados andis.
 Se le acerc uno de los escribas que haba escuchado la disputa, el cual, viendo cuan bien haba respondido, le pregunt: Cul es el primero de todos los mandamientos?
 Jess contest: El primero es: Escucha, Israel, el Seor, nuestro Dios, es el nico Seor,
 y amars al Seor tu Dios con todo tu corazn, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
 El segundo es ste: Amars a tu prjimo como a ti mismo. Mayor que stos no hay mandamiento alguno.
 Djole el escriba: Muy bien, Maestro; con razn has dicho que El es el nico y que no hay otro fuera de El,"
 y que amarle con todo el corazn, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prjimo como a s mismo, es mucho mejor que todos los holocaustos y sacrificios.
 Viendo Jess cuan atinadamente haba respondido, le dijo: No ests lejos del reino de Dios. Y nadie se atrevi ya ms a preguntarle.
 Tomando Jess la palabra, deca, enseando en el templo: Cmo dicen los escribas que el Mesas es hijo de David?
 David mismo, inspirado por el Espritu Santo, ha dicho: Dijo el Seor a mi Seor: Sintate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.
 El mismo David le llama Seor, y de dnde, pues, viene que sea hijo suyo? Una gran muchedumbre le escuchaba con agrado.
 En su enseanza les deca: Guardaos de los escribas, que gustan de pasearse con rozagantes tnicas, de ser saludados en las plazas
 y de ocupar los primeros puestos en las sinagogas y los primeros asientos en los banquetes,
 mientras devoran las casas de las viudas y simulan largas oraciones. Estos tendrn un juicio muy severo.
 Estando sentado frente al gazofilacio, observaba cmo la multitud iba echando monedas en el tesoro, y muchos ricos echaban muchas.
 Llegndose una viuda pobre, ech dos lepts, que hacen un cuadrante,
 y llamando a los discpulos, les dijo: En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado ms que todos cuantos echan en el tesoro;"
 pues todos echan de lo que les sobra; pero sta, de su miseria, ha echado todo cuanto tena, todo su sustento."
 Al salir El del Templo, djole uno de sus discpulos: Maestro, mira qu piedras y qu construcciones.
 Y Jess le dijo: Veis estas grandes construcciones? No quedar aqu piedra sobre piedra que no sea destruida.
 Habindose sentado en el monte de los Olivos, enfrente del templo, le preguntaban aparte Pedro y Santiago, Juan y Andrs:
 Dinos cundo ser esto y cul ser la seal de que todo esto va a cumplirse.
 Jess comenz a decirles: Mirad que nadie os induzca a error.
 Muchos vendrn en mi nombre, diciendo: Yo soy; y extraviarn a muchos."
 Cuando oyereis hablar de guerras, no os turbis: es preciso que esto suceda; pero eso no es an el fin."
 Porque se levantarn pueblo contra pueblo y reino contra reino; habr terremotos por diversos lugares; habr hambres: se es el comienzo de los dolores."
 Estad alerta: Os entregarn a los sanedrines, y en las sinagogas seris azotados, y compareceris ante los gobernadores y los reyes por amor de m, para dar testimonio ante ellos.
 Antes habr de ser predicado el Evangelio a todas las naciones.
 Cuando os lleven para ser entregados, no os preocupis de lo que habis de hablar, porque en aquella hora se os dar qu hablis, pues no seris vosotros los que hablis, sino el Espritu Santo. '
 El hermano entregar a la muerte al hermano, y el padre al hijo, y se levantarn los hijos contra los padres y les darn muerte,
 y seris aborrecidos de todos por mi nombre. El que perseverare hasta el fin, se ser salvo.
 Cuando viereis la abominacin de la desolacin instalada donde no debe  el que lee entienda , entonces los que estn en Judea huyan a los montes
 y el que est en el terrado no baje ni entre para tomar cosa alguna de su casa;"
 y el que est en el campo no vuelva atrs para recoger su manto.
 Ay de aquellas que estn encinta y de las que cren en aquellos das!
 Orad para que no suceda esto en invierno.
 Pues sern aquellos das de tribulacin tal como no la hubo desde el principio de la creacin que Dios cre hasta ahora, ni la habr.
 Y si el Seor no abreviase aquellos das, nadie sera salvo; pero por amor de los elegidos, que El eligi, abreviar esos das."
 Entonces, si alguno os dijere: he aqu o all al Mesas, no le creis.
 Porque se levantarn falsos mesas y falsos profetas y harn seales y prodigios para inducir a error, si fuese posible, aun a los elegidos.
 Pero vosotros estad sobreaviso; de antemano os he dicho todas las cosas."
 Pero en aquellos das, despus de aquella tribulacin, se oscurecer el sol, y la luna no dar su brillo,
 y las estrellas se caern del cielo, y los poderes de los cielos se conmovern.
 Entonces vern al Hijo del hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad.
 Y enviar a sus ngeles, y juntar a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
 Aprended de la higuera la parbola. Cuando sus ramas estn tiernas y echan hojas, conocis que el esto est prximo.
 As tambin vosotros, cuando veis suceder estas cosas, entended que est prximo, a la puerta.
 En verdad os digo que no pasar esta generacin antes de que todas estas cosas sucedan.
 El cielo y la tierra pasarn, pero mis palabras no pasarn.
 Cuanto a ese da o a esa hora, nadie la conoce, ni los ngeles del cielo ni el Hijo, sino slo el Padre.
 Estad alerta, velad, porque no sabis cundo ser el tiempo.
 Como el hombre que parte de viaje, al dejar su casa, encarg a sus siervos a cada uno su obra, y al portero le encarg que velase.
 Velad, pues, vosotros, porque no sabis cundo vendr el amo de la casa, si por la tarde, si a media noche, o al canto del gallo, o a la madrugada,
 no sea que, viniendo de repente, os encuentre dormidos.
 Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.
 Despus de dos das era la Pascua y los cimos, y buscaban los prncipes de los sacerdotes y los escribas cmo apoderarse de El con engao y darle muerte,
 porque decan: No en la fiesta, no sea que se alborote el pueblo.
 Hallndose en Betania, en casa de Simn el leproso, cuando estaba recostado a la mesa, vino una mujer trayendo un vaso de alabastro lleno de nardo autntico de gran valor, y, rompiendo el vaso de alabastro, se lo derram sobre la cabeza.
 Haba algunos que, indignados, se decan unos a otros: Para qu se ha hecho este derroche de ungento?
 Porque pudo venderse en ms de trescientos denarios y darlo a los pobres. Y murmuraban de ella.
 Jess dijo: Dejadla; por qu la molestis? Una buena obra es la que ha hecho conmigo;"
 porque a los pobres siempre los tenis con vosotros, y cuando queris podis hacerles bien; pero a m no siempre me tenis."
 Ha hecho lo que ha podido, anticipndose a ungir mi cuerpo para la sepultura.
 En verdad os digo: dondequiera que se predique el Evangelio, en todo el mundo se hablar de lo que sta ha hecho, para memoria de ella.
 Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue a los prncipes de los sacerdotes para entregarlo.
 Ellos, al orle, se alegraron y prometieron darle dinero, y buscaba ocasin oportuna para entregarle.
 El primer da de los cimos, cuando se sacrificaba la Pascua, dijronle los discpulos: Dnde quieres que vayamos para que preparemos la Pascua y la comas?
 Envi dos de sus discpulos y les dijo: Id a la ciudad y os saldr al encuentro un hombre con un cntaro de agua; seguidle,"
 y donde l entrare, decid al dueo: El Maestro dice: Dnde est mi departamento, en que pueda comer la Pascua con mis discpulos?
 El os mostrar una sala alta, grande, alfombrada, dispuesta. All haris los preparativos para nosotros.
 Sus discpulos se fueron, y vinieron a la ciudad, y lo hallaron como les haba dicho, y prepararon la Pascua.
 Llegada la tarde, vino con los Doce,
 y, recostados y comiendo, dijo Jess: En verdad os digo que uno de vosotros me entregar; uno que come conmigo."
 Comenzaron a entristecerse y a decirle uno en pos de otro: Soy yo?
 El les dijo: Uno de los Doce, el que moja conmigo en el plato,
 pues el Hijo del hombre sigue su camino, segn de El est escrito; pero ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre ser entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido."
 Mientras coman, tom pan, y, bendicindolo, lo parti, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo.
 Tomando el cliz, despus de dar gracias, se lo entreg, y bebieron de l todos.
 Y les dijo: Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos.
 En verdad os digo que ya no beber del fruto de la vid hasta aquel da en que lo beba nuevo en el reino de Dios.
 Dichos los himnos, salieron para el monte de los Olivos.
 Djoles Jess: Todos os escandalizaris, porque escrito est: Herir al pastor y se dispersarn las ovejas;"
 pero despus de haber resucitado os preceder a Galilea.
 Mas Pedro le dijo: Aun cuando todos se escandalizaren, no yo.
 Jess le respondi: En verdad te digo que t hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, me negars tres.
 Pero l ms y ms insista: Aunque fuera preciso morir contigo, jams te negar. Otro tanto decan todos.
 Llegaron a un lugar cuyo nombre era Getseman, y dijo a sus discpulos: Sentaos aqu mientras voy a orar.
 Tomando consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, comenz a sentir temor y angustia,
 y les deca: Triste est mi alma hasta la muerte; permaneced aqu y velad."
 Adelantndose un poco, cay en tierra, y oraba que, si era posible, pasase de l aquella hora.
 Deca: Abba, Padre, todo te es posible; aleja de m este cliz; mas no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres t."
 Vino y los encontr dormidos, y dijo a Pedro: Simn, duermes? No has podido velar una hora?
 Velad y orad para que no entris en tentacin; el espritu est pronto, mas la carne es flaca."
 De nuevo se retir y or, haciendo la misma splica.
 Viniendo otra vez, los encontr dormidos, porque estaban sus ojos pesados; y no saban qu responderle."
 Lleg por tercera vez y les dijo: Dormid ya y descansad. Basta. Ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en mano de los pecadores.
 Levantaos; vamos. Ya se acerca el que ha de entregarme."
 En aquel instante, cuando an estaba El hablando, lleg Judas, uno de los Doce, y con l un tropel con espadas y garrotes, de parte de los escribas y de los ancianos.
 El traidor les haba dado esta seal, diciendo: A quien besare yo, se es; cogedle y conducidle con seguridad."
 Al instante lleg y se le acerc, diciendo: Rab, y le bes.
 Ellos le echaron mano y se apoderaron de El.
 Pero uno de los presentes, sacando la espada, hiri a un siervo del pontfice y le quit una oreja.
 Tomando la palabra Jess, les dijo: Como contra ladrn habis salido con espadas y garrotes para prenderme.
 Todos los das estaba yo en medio de vosotros en el templo enseando, y no me prendisteis; mas tenan que cumplirse las Escrituras."
 Y abandonndole, huyeron todos.
 Un cierto joven le segua envuelto en una sbana sobre el cuerpo desnudo, y trataron de apoderarse de l;"
 mas l, dejando la sbana, huy desnudo.
 Condujeron a Jess al pontfice, y se juntaron todos los prncipes de los sacerdotes, los ancianos y los escribas.
 Pedro le sigui lejos, hasta entrar dentro del atrio del pontfice; y sentado con los servidores, se calentaba a la lumbre."
 Los prncipes de los sacerdotes y todo el sanedrn buscaban un testimonio contra Jess para hacerle morir, y no lo hallaban.
 Porque muchos testificaban falsamente contra El, pero no eran acordes sus testimonios.
 Algunos se levantaron a testificar contra El, y decan:
 Nosotros le hemos odo decir: Yo destruir este templo, hecho por mano de hombre, y en tres das levantar otro que no ser hecho por manos humanas.
 Ni aun as, sobre esto, era concorde su testimonio.
 Levantndose en medio el pontfice, pregunt a Jess, diciendo: No respondes nada? Qu es esto que testifican contra ti?
 El se callaba y no responda palabra. De nuevo el pontfice pregunt y dijo: Eres t el Mesas, el hijo del Bendito?
 Jess dijo: Yo soy, y veris al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.
 El pontfice, rasgando sus vestiduras, dijo: Qu necesidad tenemos ya de testigos?
 Acabis de or la blasfemia. Qu os parece? Y todos contestaron ser reo de muerte.
 Comenzaron algunos a escupirle y le cubran el rostro y le abofeteaban, diciendo: Profetiza; y los criados le daban bofetadas."
 Estando Pedro abajo, en el atrio, lleg una de las siervas del pontfice.
 y, viendo a Pedro a la lumbre, fij en l sus ojos y le dijo: T tambin estabas con el Nazareno, con Jess.
 El neg, diciendo: Ni s ni entiendo lo que t dices. Sali fuera al vestbulo y cant el gallo.
 Pero la sierva, vindole, comenz de nuevo a decir a los presentes: Este es de ellos.
 El de nuevo neg, y, pasando un poco, otra vez los presentes decan a Pedro: Efectivamente, t eres de ellos, porque eres galileo.
 Pero l se puso a maldecir y a jurar: No conozco a ese hombre que vosotros decs.
 Y al instante, por segunda vez, cant el gallo. Se acord Pedro de la palabra que Jess le haba dicho: Antes que el gallo cante dos veces, t me negars tres, y rompi a llorar.
 En cuanto amaneci celebraron consejo los prncipes de los sacerdotes con los ancianos y escribas, es decir, todo el Sanedrn; despus, atando a Jess, le llevaron y entregaron a Pilato."
 Le pregunt Pilato: Eres t el Rey de los judos? Y Jess le respondi, diciendo: T lo has dicho.
 E insistentemente le acusaban los prncipes de los sacerdotes.
 Pilato de nuevo le interrog, diciendo: No respondes nada? Mira de cuntas cosas te acusan.
 Pero Jess ya no respondi nada, de manera que Pilato qued maravillado.
 Por la fiesta sola soltrseles un preso, el que pedan.
 Haba uno llamado Barrabs, encarcelado por sedicioso, que en sedicin haba cometido un homicidio;"
 y subiendo la muchedumbre, comenz a pedir lo que sola otorgrseles.
 Pilato les pregunt diciendo: Queris que os suelte al Rey de los judos?
 Pues conoca que por envidia se lo haban entregado los prncipes de los sacerdotes.
 Pero los prncipes de los sacerdotes excitaban a la muchedumbre para que les soltase a Barrabs.
 Pilato de nuevo pregunt, y dijo: Qu queris, pues, que haga de este que llamis Rey de los judos?
 Ellos otra vez gritaron: Crucifcale! Pero Pilato les dijo: Pues qu mal ha hecho?
 Y ellos gritaron ms fuerte: Crucifcale!
 Pilato, queriendo dar satisfaccin a la plebe, les solt a Barrabs; y a Jess, despus de haberle azotado, le entreg para que le crucificasen."
 Los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la cohorte,
 y le vistieron una prpura y le cieron una corona tejida de espinas,
 y comenzaron a saludarle: Salve, Rey de los judos.
 Y le heran en la cabeza con una caa, y le escupan, e hincando la rodilla, le hacan reverencias.
 Despus de haberse burlado de El, le quitaron la prpura y le vistieron sus propios vestidos.
 Le sacaron para crucificarle, y requisaron a un transente, un cierto Simn de Cirene, que vena del campo, el padre de Alejandro y Rufo, para que llevase la cruz.
 Le llevaron al lugar del Glgota, que quiere decir lugar de la calavera,
 y le dieron vino mirrado, pero no lo tom.
 Le crucificaron y se repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos, para saber qu llevara cada uno.
 Era la hora de tercia cuando le crucificaron.
 El ttulo de su causa estaba escrito: El Rey de los judos.
 Crucificaron con El a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda,
 y se cumpli la escritura que dice: Fue contado entre los malhechores.
 Los transentes le injuriaban moviendo la cabeza y diciendo: Ah! t que destruas el templo de Dios y lo edificabas en tres das,
 slvate bajando de la cruz.
 Igualmente los prncipes de los sacerdotes se mofaban entre s con los escribas, diciendo: A otros salv, a s mismo no puede salvarse.
 El Mesas, el Rey de Israel! Baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos. Y los que estaban con El crucificados le ultrajaban.
 Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre la tierra hasta la hora de nona.
 Y a la hora de nona grit Jess con fuerte voz: Elo, Elo, lama sabachtan? Que quiere decir: Dios mo, Dios mo, por qu me has abandonado?
 Algunos de los presentes, oyndole decan: Mirad, llama a Elias.
 Corri uno, empap una esponja en vinagre, la puso en una caa y se la dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elias a bajarle.
 Jess, dando una voz fuerte, expir.
 Y el velo del templo se parti en dos partes de arriba abajo.
 Viendo el centurin, que estaba frente a El, de qu manera expiraba, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
 Haba tambin unas mujeres que de lejos le miraban, entre las cuales estaba Mara Magdalena, y Mara la madre de Santiago el Menor y de Jos, y Salom,
 las cuales, cuando El estaba en Galilea, le seguan y le servan, y otras muchas que haban subido con El a Jerusaln.
 Llegada ya la tarde, porque era la Paresceve, es decir, la vspera del sbado,
 vino Jos de Arimatea, miembro ilustre del sanedrn, el cual tambin esperaba el reino de Dios, que se atrevi a entrar a Pilato y pedirle el cuerpo de Jess.
 Pilato se maravill de que ya hubiera muerto, y, haciendo llamar al centurin, le pregunt si en verdad haba muerto ya.
 Informado el centurin, dio el cadver a Jse,
 el cual compr una sbana, lo baj, lo envolvi en la sbana y lo deposit en un monumento que estaba cavado en la pea, y volvi la piedra sobre la entrada del monumento.
 Mara Magdalena y Mara la de Jos miraban dnde se le pona.
 Pasado el sbado, Mara Magdalena, y Mara la de Santiago, y Salom compraron aromas para ir a ungirle.
 Muy de madrugada, el primer da despus del sbado, en cuanto sali el sol, vinieron al monumento.
 Se decan entre s: Quin nos quitar la piedra de la entrada del monumento?
 Y mirando, vieron que la piedra estaba removida; era muy grande."
 Entrando en el monumento, vieron un joven sentado a la derecha, vestido de una tnica blanca, y quedaron sobrecogidas de espanto.
 El les dijo: No os asustis. Buscis a Jess Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no est aqu; mirad el sitio en que le pusieron."
 Pero id a decir a sus discpulos y a Pedro que os preceder a Galilea: all le veris, como os ha dicho.
 Saliendo, huan del monumento, porque el temor y el espanto se haban apoderado de ellas y a nadie dijeron nada. Tal era el miedo que tenan.
 Resucitado Jess la maana del primer da de la semana, se apareci primero a Mara Magdalena, de quien haba echado siete demonios.
 Ella fue quien lo anunci a los que haban vivido con El, que estaban sumidos en la tristeza y el llanto;"
 pero, oyendo que viva y que haba sido visto por ella, no lo creyeron.
 Despus de esto se mostr en otra forma a dos de ellos que iban de camino y se dirigan al campo.
 Estos, vueltos, dieron la noticia a los dems; ni aun a stos creyeron."
 Al fin se manifest a los Once, estando recostados a la mesa, y les reprendi su incredulidad y dureza de corazn, por cuanto no haban credo a los que le haban visto resucitado de entre los muertos.
 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.
 El que creyere y fuere bautizado, se salvar; mas el que no creyere, se condenar."
 A los que creyeren les acompaarn estas seales: en mi nombre echarn los demonios, hablarn lenguas nuevas,
 tomarn en sus manos serpientes, y, si bebieren ponzoa, no les daar; pondrn las manos sobre los enfermos, y estos recobrarn la salud."
 El Seor Jess, despus de haber hablado con ellos, fue levantado a los cielos, y est sentado a la diestra de Dios.
 Ellos se fueron, predicando por todas partes, cooperando con ellos el Seor y confirmando su palabra con las seales consiguientes. San Lucas
 Puesto que ya muchos han intentado escribir la historia de lo que ha sucedido entre nosotros,
 segn que nos ha sido transmitido por los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra,
 me ha parecido a m tambin, despus de informarme exactamente de todo desde los orgenes, escribirte ordenadamente, ptimo Tefilo,
 para que conozcas la firmeza de la doctrina que has recibido.
 Hubo en los das de Heredes, rey de Judea, un sacerdote de nombre Zacaras, del turno de Abas, cuya mujer, de la descendencia de Aarn, se llamaba Isabel.
 Ambos eran justos en la presencia de Dios, e irreprensibles, caminaban en los preceptos y observancias del Seor.
 No tenan hijos, pues Isabel era estril y los dos ya avanzados en edad.
 Sucedi, pues, que, ejerciendo l sus funciones sacerdotales delante de Dios segn el orden de su turno,
 conforme al uso del servicio divino, le toc entrar en el santuario del Seor para ofrecer el incienso,
 y toda la muchedumbre del pueblo estaba orando fuera durante la hora de la oblacin del incienso.
 Aparecisele un ngel del Seor, de pie a la derecha del altar del incienso.
 Al verle se turb Zacaras, y el temor se apoder de l.
 Dijle el ngel: No temas, Zacaras, porque tu plegaria ha sido escuchada, e Isabel, tu mujer, te dar a luz un hijo, al que pondrs por nombre Juan.
 Ser para ti gozo y regocijo, y todos se alegrarn en su nacimiento,
 porque ser grande en la presencia del Seor. No beber vino ni licores, y desde el seno de su madre ser lleno del Espritu Santo;"
 y a muchos de los hijos de Israel convertir al Seor su Dios,
 y caminar delante del mismo en el espritu y el poder de Elias para reducir el corazn de los padres a los hijos, y los rebeldes a los sentimientos de los justos, a fin de preparar al Seor un pueblo bien dispuesto,
 Dijo Zacaras al ngel: Y qu seal tendr de esto? Porque yo soy ya viejo, y mi mujer avanzada en edad.
 El ngel le contest, diciendo: Yo soy Gabriel, que asisto ante Dios, y he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena nueva.
 He aqu que t estars mudo y no podrs hablar hasta el da en que esto se cumpla, por cuanto no has credo en mis palabras, que se cumplirn en su tiempo.
 El pueblo esperaba a Zacaras y se maravillaba de que se retardase en el templo.
 Cuando sali no poda hablar, por donde conocieron que haba tenido alguna visin en el Templo. El les hacia seas, pues se haba quedado mudo.
 Cumplidos los das de su servicio, volvise a casa.
 Y despus de algunos das concibi Isabel, su mujer, que se ocult durante cinco meses, diciendo:
 He aqu lo que ha hecho conmigo el Seor, acordando quitar mi oprobio entre los hombres.
 En el mes sexto fue enviado el ngel Gabriel de parte d Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret.
 A una virgen desposada con un varn de nombre Jos, de la casa de David; el nombre de la virgen era Mara."
 Entrando le dijo: Algrate, llena de gracia; el Seor es contigo."
 Ella se turb al or estas palabras, y discurra qu podra significar aquella salutacin.
 El ngel le dijo: No temas, Mara, porque has hallado gracia delante de Dios,
 y concebirs en tu seno y dars a luz un hijo, a quien pondrs por nombre Jess.
 EL ser grande y llamado Hijo del Altsimo, y le dar el Seor Dios el trono de David, su padre,
 y reinar en la casa de Jacob por los siglos, y su reino no tendr fin.
 Dijo Mara al ngel: Cmo podr ser esto, pues yo no conozco varn?
 EL ngel le contest y dijo: EL Espritu Santo vendr sobre ti, y la virtud del Altsimo te cubrir con su sombra, y por esto el hijo engendrado ser santo, ser llamado Hijo de Dios.
 E Isabel, tu pariente, tambin ha concebido un hijo en su vejez, y ste es ya el mes sexto de la que era estril,
 porque nada hay imposible para Dios.
 Dijo Mara: He aqu a la esclava del Seor; hgase en m segn tu palabra. Y se fue de ella el ngel."
 En aquellos das se puso Mara en camino y con presteza fue a la montaa, a una ciudad de Jud,
 y entr en casa de Zacaras y salud a Isabel.
 As que Isabel oy el saludo de Mara, exult el nio en su seno, e Isabel se llen del Espritu Santo,
 y clam con fuerte voz: Bendita t entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
 De dnde a m que la madre de mi Seor venga a m?
 Porque as que son la voz de tu salutacin en mis odos, exult de gozo el nio en mi seno.
 Dichosa la que ha credo que se cumplir lo que se le dijo de parte del Seor:
 Dijo Mara: Mi alma magnifica al Seor
 y exulta de jbilo mi espritu en Dios, mi Salvador,
 porque ha mirado la humildad de su sierva; por eso todas las generaciones me llamarn bienaventurada,"
 porque ha hecho en m maravillas el Todopoderoso, cuyo nombre es santo.
 Su misericordia se derrama de generacin en generacin sobre los que le temen.
 Despleg el poder de su brazo, y dispers a los que se engren con los pensamientos de su corazn.
 Derrib a los potentados de sus tronos y ensalz a los humildes.
 A los hambrientos los llen de bienes, y a los ricos los despidi vacos.
 Acogi a Israel, su siervo, acordndose de su misericordia.
 Segn lo que haba prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.
 Mara permaneci con ella como unos tres meses, y se volvi a su casa.
 Le lleg a Isabel el tiempo de dar a luz, y pari un hijo.
 Habiendo odo sus vecinos y parientes que el Seor le haba mostrado la grandeza de su misericordia, se congratulaban con ella.
 Al octavo da vinieron a circuncidar al nio, y queran llamarle con el nombre de su padre, Zacaras.
 Pero la madre tom la palabra y dijo: No, se llamar Juan.
 Le decan: Si no hay ninguno en tu parentela que se llame con ese nombre!
 Entonces preguntaron por seas al padre cmo quera que se llamase;"
 y pidiendo unas tablillas, escribi: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.
 Y abri al instante su boca y habl bendiciendo a Dios.
 Se apoder el temor de todos los vecinos, y en toda la montaa de Judea se contaban todas estas cosas,
 y cuantos las oan, pensativos, se decan: Qu vendr a ser este nio? Porque, en efecto, la mano del Seor estaba con l.
 Zacaras, su padre, se llen del Espritu Santo y profetiz diciendo:
 Bendito el Seor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,
 y levant en favor nuestro un poder de salvacin en la casa de David, su siervo,
 como haba prometido por la boca de sus santos profetas desde antiguo,
 salvndonos de nuestros enemigos y del poder de todos los que nos aborrecen,
 para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su alianza santa,
 del juramento que jur a Abraham, nuestro padre, darnos;"
 para que, sin temor, libres del poder de los enemigos, le sirvamos
 en santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros das.
 Y t, nio, sers llamado profeta del Altsimo, pues t irs delante del Seor para preparar sus caminos,
 para dar la ciencia de la salud a su pueblo, para remisin de sus pecados;"
 por las entraas de misericordia de nuestro Dios, en las cuales nos visitar naciendo de lo alto,
 para iluminar a los que estn sentados en tinieblas y sombras de muerte, para enderezar nuestros pies por el camino de la paz.
 El nio creca y se fortaleca en espritu, y moraba en los desiertos hasta el da de su manifestacin a Israel.
 Aconteci, pues, en los das aquellos, que sali un edicto de Cesar Augusto para que se empadronase todo el mundo.
 Fue este empadronamiento primero que el del gobernador de Siria, Girino.
 E iban todos a empadronarse, cada uno en su ciudad.
 Jos subi de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Beln, por ser l de la casa y de la familia de David,
 para empadronarse, con Mara, su esposa, que estaba encinta.
 Estando all se cumplieron los das de su parto,
 y dio a luz a su hijo primognito, y le envolvi en paales, y le acost en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mesn.
 Haba en la regin unos pastores que moraban en el campo y estaban velando las vigilias de la noche sobre su rebao.
 Se les present un ngel del Seor, y la gloria del Seor los envolvi con su luz, y quedaron sobrecogidos de temor.
 Djoles el ngel: No temis, os anuncio una gran alegra que es para todo el pueblo:
 Os ha nacido hoy un Salvador, que es el Cristo Seor, en la ciudad de David.
 Esto tendris por seal: encontraris al Nio envuelto en paales y acostado en un pesebre.
 Al instante se junt con el ngel una multitud del ejrcito celestial, alabando a Dios, diciendo:
 Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
 As que los ngeles se fueron al cielo, se dijeron los pastores unos a otros: Vamos a Beln a ver esto que el Seor nos ha anunciado.
 Fueron con presteza y encontraron a Mara, a Jos y al Nio acostado en un pesebre,
 y vindole, contaron lo que se les haba dicho acerca del Nio.
 Y cuantos les oan se maravillaban de lo que decan los pastores.
 Mara guardaba todo esto y lo meditaba en su corazn.
 Los pastores se volvieron alabando y glorificando a Dios por todo lo que haban odo y visto, segn se les haba dicho.
 Cuando se hubieron cumplido los ocho das para circuncidar al Nio, le dieron por nombre Jess, impuesto por el ngel antes de ser concebido en el seno.
 As que se cumplieron los das de la purificacin, conforme a la ley de Moiss, le llevaron a Jerusaln para presentarlo al Seor,
 segn est escrito en la ley del Seor que todo varn primognito sea consagrado al Seor,
 y para ofrecer en sacrificio, segn la ley del Seor, un par de trtolas o dos pichones.
 Haba en Jerusaln un hombre llamado Simen, justo y piadoso, que esperaba la Consolacin de Israel, y el Espritu Santo estaba en l.
 Le haba sido revelado por el Espritu Santo que no vera la muerte antes de ver al Cristo del Seor.
 Movido del Espritu Santo, vino al templo, y al entrar los padres con el Nio Jess, para cumplir lo que prescribe la ley sobre l,
 Simen le tom en sus brazos, y, bendiciendo a Dios, dijo:
 Ahora, Seor, puedes dejar ir a tu siervo en paz, segn tu palabra;"
 porque han visto mis ojos tu Salud,
 la que has preparado ante la faz de todos los pueblos,
 luz para iluminacin de las gentes, y gloria de tu pueblo, Israel.
 Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que se decan de El.
 Simen los bendijo, y dijo a Mara, su Madre: Puesto est para cada y levantamiento de muchos en Israel y para blanco de contradiccin;"
 y una espada atravesar tu alma, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones.
 Haba una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, muy avanzada en aos; casada en los das de su adolescencia, vivi siete aos con su marido,"
 y permaneci viuda hasta los ochenta y cuatro. No se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y da.
 Como viniese en aquella misma hora, alab tambin a Dios, y hablaba de El a cuantos esperaban la redencin de Jerusaln.
 Cumplidas todas las cosas segn la ley del Seor, se volvieron a Galilea, a la ciudad de Nazaret.
 El Nio creca y se fortaleca lleno de sabidura, y la gracia de Dios estaba en El.
 Sus padres iban cada ao a Jerusaln en la fiesta de la Pascua.
 Cuando era ya de doce aos, al subir sus padres, segn el rito festivo,
 y volverse ellos, acabados los das, el nio Jess se qued en Jerusaln, sin que sus padres lo echasen de ver.
 Pensando que estaba en la caravana, anduvieron camino de un da. Buscronle entre parientes y conocidos,
 y al no encontrarle, se volvieron a Jerusaln en busca suya.
 Y al cabo de tres das le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyndoles y preguntndoles.
 Cuantos le oan quedaban estupefactos de su inteligencia y de sus respuestas.
 Cuando sus padres le vieron, se maravillaron, y le dijo su madre: Hijo, por qu nos has hecho as? Mira que tu padre y yo, apenados, andbamos buscndote.
 Y les dijo: Por qu me buscabais? No sabais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre?
 Ellos no entendieron lo que les deca.
 Baj con ellos y vino a Nazaret, y les estaba sujeto, y su madre guardaba todo esto en su corazn.
 Jess creca en sabidura y edad y gracia ante Dios y ante los hombres.
 El ao quintodcimo del imperio de Tiberio Cesar, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Heredes, y Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de la Tracontde, y Lisania tetrarca de Abilene,
 bajo el pontificado de Anas y Caifas, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacaras, en el desierto,
 y vino por toda la regin del Jordn predicando el bautismo de penitencia en remisin de los pecados,
 segn est escrito en el libro de los orculos del profeta Isaas: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Seor, enderezad sus sendas.
 Todo barranco ser rellenado; y todo monte y collado, allanado; y los caminos tortuosos, rectificados; y los speros, igualados."
 Y toda carne ver la salud de Dios.
 Deca, pues, a las muchedumbres que venan para ser bautizadas por l: Raza de vboras, quin os ha enseado a huir de la ira que llega?
 Haced, pues, dignos frutos de penitencia y no andis dicindoos: Tenemos por padre a Abraham. Porque yo os digo que puede Dios sacar de estas piedras hijos de Abraham.
 Ya el hacha est puesta a la raz del rbol; todo rbol que no d buen fruto ser cortado y arrojado al fuego."
 Las muchedumbres le preguntaban: Pues qu hemos de hacer?
 El responda: El que tiene dos tnicas, d una al que no la tiene, y el que tiene alimentos, haga lo mismo.
 Vinieron tambin publcanos a bautizarse y le decan: Maestro, qu hemos de hacer?
 Y les contestaba: No exigir nada fuera de lo que est tasado.
 Le preguntaban tambin los soldados: Y nosotros, qu hemos de hacer? Y les responda: No hagis extorsin a nadie, ni denunciis falsamente, y contentaos con vuestra soldada.
 Hallndose el pueblo en ansiosa expectacin y pensando todos entre s si sera Juan el Mesas,
 Juan respondi a todos diciendo: Yo os bautizo en agua, pero llegando est otro ms fuerte que yo, a quien no soy digno de soltarle la correa de las sandalias: l os bautizar en Espritu Santo y en fuego.
 En su mano tiene el bieldo para bieldar la era y almacenar el trigo en su granero, mientras quemar la paja con fuego inextinguible.
 Muchas veces, haciendo otras exhortaciones, evangelizaba al pueblo.
 Pero el tetrarca Herodes, reprendido por l a causa de Herodas, la mujer de su hermano, y por todas las maldades que cometa,
 aadi sta a todas las otras, encarcelando a Juan.
 Aconteci, pues, cuando todo el pueblo se bautizaba, que, bautizado Jess y orando, se abri el cielo
 y descendi el Espritu Santo en forma corporal, como paloma, sobre El, y se dej or del cielo una voz: T eres mi Hijo amado, en ti me complazco.
 Jess, al empezar, tena unos treinta aos, y era, segn se crea, hijo de Jos, hijo de Hel,
 hijo de Matat, hijo de Lev, hijo de Melqu, hijo de Yanai, hijo de Jos,
 hijo de Matatas, hijo de Amos, hijo de Nahm, hijo de Esl, hijo de Nagai,
 hijo de Maat, hijo de Matatas, hijo de Semein, hijo de Josec, hijo de Jod,
 hijo de Yoann, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri,
 hijo de Melqu, hijo de Add, hijo de Cossam, hijo de Elmadam, hijo de Er,
 hijo de Jess, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat, hijo de Lev,
 hijo de Simen, hijo de Jud, hijo de Jos, hijo de Jonam, hijo de Eliaquim,
 hijo de Melca, hijo de Menna, hijo de Mattata, hijo de Natn, hijo de David,
 hijo de Jes, hijo de Jobed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naasn,
 hijo de Aminadab, hijo de Admn, hijo de Arn, hijo de Esrom, hijo de Pares, hijo de Jud,
 hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tar, hijo de Nacor,
 hijo de Seruc, hijo de Ragau, hijo de Falec, hijo de Eber, hijo de Sala,
 hijo de Cainn, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de No, hijo de Lamec,
 hijo de Matusal, hijo de Enoc, hijo de Jaret, hijo de Maleleel, hijo de Cainn,
 hijo de Ens, hijo de Set, hijo de Adam, hijo de Dios.
 Jess, lleno del Espritu Santo, se volvi del Jordn, y fue llevado por el Espritu al desierto
 y tentado all por el diablo durante cuarenta das. No comi nada en aquellos das, y pasados, tuvo hambre.
 Djole el diablo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.
 Jess le respondi: No slo de pan vive el hombre.
 Llevndole a una altura, le mostr, en un instante, desde all todos los reinos del mundo,
 y le dijo el diablo: Todo este poder y su gloria te dar, pues a m me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy;"
 si, pues, te postras delante de m, todo ser tuyo.
 Jess, respondiendo, le dijo: Est escrito: Al Seor tu Dios adorars y a El slo servirs.
 Le condujo despus a Jerusaln y le puso sobre el pinculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, chate de aqu abajo;"
 porque escrito est: A sus ngeles ha mandado sobre ti para que te guarden
 y te tomen en sus manos para que no tropiece tu pie contra las piedras.
 Respondiendo, djole Jess: Dicho est: No tentars al Seor tu Dios.
 Acabado todo gnero de tentaciones, el diablo se retir de El hasta el tiempo determinado.
 Jess, impulsado por el Espritu, se volvi a Galilea. Su fama corri por toda la regin;"
 enseaba en las sinagogas, siendo celebrado por todos.
 Vino a Nazaret, donde se haba criado, y, segn costumbre, entr el da de sbado en la sinagoga y se levant para hacer la lectura.
 Le entregaron un libro del profeta Isaas, y, desenrollndolo, dio con el pasaje donde est escrito:
 El Espritu del Seor est sobre m, porque me ungi para evangelizar a los pobres; me envi a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperacin de la vista; para poner en libertad a los oprimidos,"
 para anunciar un ao de gracias del Seor.
 Y enrollando el libro, se le devolvi al servidor y se sent. Los ojos de cuantos haba en la sinagoga estaban fijos en El.
 Comenz a decirles: Hoy se cumple esta escritura que acabis de or.
 Todos le aprobaban, maravillados de las palabras de gracia que salan de su boca, y decan: No es ste el hijo de Jos?
 El les dijo: Seguro que me diris este proverbio: Mdico, crate a ti mismo; todo cuanto hemos odo que has hecho en Cafarnam, hazlo en tu patria."
 El les dijo: En verdad os digo que ningn profeta es bien recibido en su tierra.
 Pero en verdad os digo tambin que muchas viudas haba en Israel en los das de Elias, cuando se cerr el cielo por tres aos y seis meses y sobrevino una gran hambre en toda la tierra,
 y a ninguna de ellas fue enviado Elias sino a Sarepta de Sin, a una mujer viuda.
 Y muchos leprosos haba en Israel en tiempo del profeta Elseo, y ninguno de ellos fue limpiado, sino el sirio Naamn.
 Al or esto se enojaron muchisimo los que estaban presentes en la sinagoga,
 y, levantndose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a la cima del monte sobre el cual est edificada su ciudad, para precipitarle de all;"
 pero El, atravesando por medio de ellos, se fue.
 Baj a Cafarnam, ciudad de Galilea, y les enseaba los das de sbado,
 y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra iba acompaada de autoridad.
 Haba en la sinagoga un hombre posedo del espritu de un demonio impuro que gritaba a grandes voces:
 Ah! Qu hay entre ti y nosotros, Jess Nazareno? Has venido a perdernos? Bien s que eres el Santo de Dios.
 Jess le orden diciendo: Cllate y sal de l. El demonio arroj al poseso en medio; sali de l sin hacerle dao."
 Quedaron todos pasmados, y mutuamente se hablaban diciendo: Qu palabra es sta, que con autoridad y poder impera a los espritus y salen?
 Por todos los lugares de la comarca se divulg su fama.
 Saliendo de la sinagoga, entr en casa de Simn. La suegra de Simn estaba con una gran calentura, y le rogaron por ella.
 Acercndose, mand a la fiebre, y la fiebre la dej. Al instante se levant y les serva.
 Puesto el sol, todos cuantos tenan enfermos de cualquier enfermedad los llevaban a El, y El imponiendo a cada uno las manos, los curaba.
 Los demonios salan tambin de muchos gritando y diciendo: T eres el Hijo de Dios. Pero EL los reprenda y no los dejaba hablar, porque conocan que era el Mesas.
 Llegando el da, sali y se fue a un lugar desierto; las muchedumbres le buscaban, y, viniendo hasta El, le retenan para que no se partiese de ellos."
 Pero El les dijo: Es preciso que anuncie tambin el Reino de Dios en otras ciudades, porque para esto he sido enviado.
 E iba predicando por las sinagogas de Judea.
 Agolpndose sobre El la muchedumbre para or la palabra de Dios, y hallndose junto al lago de Genesaret,
 vio dos barcas que estaban al borde del lago; los pescadores, que haban bajado a ellas, lavaban las redes."
 Subi, pues, a una de las barcas, que era la de Simn, y le rog que se apartase un poco de tierra, y, sentndose, desde la barca enseaba a las muchedumbres.
 As que ces de hablar, dijo a Simn: Boga mar adentro y echad vuestras redes para la pesca.
 Simn le contest y dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y no hemos pescado nada; mas, porque t lo dices, echar las redes."
 Hacindolo, tomaron una gran cantidad de peces, tanto que las redes se rompan,
 e hicieron seas a sus compaeros de la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron, y llenaron las dos barcas, tanto que se hundan.
 Viendo esto Simn Pedro, se postr a los pies de Jess, diciendo: Seor, aprtate de m, que soy hombre pecador.
 Pues as l como todos sus compaeros haban quedado sobrecogidos de espanto ante la pesca que haban hecho,
 e igualmente Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simn. Dijo Jess a Simn: No temas; en adelante vas a ser pescador de hombres."
 Y, atracando a tierra las barcas, lo dejaron todo y le siguieron.
 Estando en una ciudad, un hombre cubierto de lepra, viendo a Jess, se postr de hinojos ante El y le suplic, diciendo: Seor, si quieres, puedes limpiarme.
 Extendiendo El la mano, le toc, diciendo: Quiero, s limpio. Y luego desapareci la lepra.
 Y le encarg: No se lo digas a nadie, sino vete y mustrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que prescribi Moiss, para que les sirva de testimonio.
 Cada vez se extenda ms su fama y concurran numerosas muchedumbres para orle y ser curados de sus enfermedades,
 pero El se retiraba a lugares solitarios y se daba a la oracin.
 Sucedi un da que, mientras enseaba, estaban sentados algunos fariseos y doctores de la Ley, que haban venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, y de Jerusaln, y la virtud del Seor estaba en su mano para curar.
 Y he aqu que unos hombres que traan en una camilla un paraltico buscaban introducirle y presentrselo;"
 pero, no encontrando por dnde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al terrado y por el techo le bajaron con la camilla y le pusieron delante de Jess.
 Viendo su fe, dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.
 Comenzaron a murmurar los escribas y fariseos, diciendo: Quin es este que as blasfema? Quin puede perdonar los pecados sino slo Dios?
 Conociendo Jess sus pensamientos, respondi y les dijo:
 Por qu murmuris en vuestros corazones? Qu es ms fcil decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levntate y anda?
 Pues para que veis que el Hijo del hombre tiene poder sobre la tierra para perdonar los pecados  dijo al paraltico  : A ti te digo, levntate, toma la camilla y vete a casa.
 Al instante se levant delante de ellos, tom la camilla en que yaca y se fue a casa, glorificando a Dios.
 Quedaron todos fuera de s y glorificaban a Dios, y, llenos de temor, decan: Hoy hemos visto maravillas.
 Despus de esto sali y vio a un publicano por nombre Lev, sentado en el lugar donde se cobraban los impuestos, y le dijo: Sgueme.
 El, dejndolo todo, se levant y le sigui.
 Lev le ofreci un gran banquete en su casa, con asistencia de gran multitud de publcanos y otros que estaban recostados con ellos.
 Los fariseos y los escribas murmuraban hablando con los discpulos: Por qu comis y bebis con publcanos y pecadores?
 Respondiendo Jess les dijo: No tienen necesidad de mdico los sanos, sino los enfermos,
 y no he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia.
 Ellos le dijeron: Los discpulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos; pero tus discpulos comen y beben."
 Respondiles Jess: Queris vosotros hacer ayunar a los convidados a la boda mientras con ellos est el esposo?
 Das vendrn en que les ser arrebatado el esposo; entonces, en aquellos das, ayunarn."
 Y les dijo una parbola: Nadie pone un remiendo de pao nuevo a un traje viejo; de lo contraro, romper el nuevo, y el remiendo, tomado del vestido nuevo, no ajustar sobre el viejo."
 Ni echa nadie el vino nuevo en cueros viejos; de lo contraro, el vino nuevo romper los cueros viejos y se derramar, y los cueros se perdern;"
 sino que el vino nuevo se echa en cueros nuevos,
 y nadie que tenga vino aejo quiere el nuevo, porque dice: El aejo es mejor.
 Aconteci que un sbado, atravesando El por los sembrados, sus discpulos arrancaban espigas, y, frotndolas con las manos, las coman.
 Algunos fariseos dijeron: Cmo hacis lo que no est permitido en sbado?
 Jess les respondi: No habis ledo lo que hizo David cuando tuvo hambre l y sus acompaantes?
 Cmo entr en la casa de Dios y, tomando los panes de la proposicin, comi y dio a los que venan con l, siendo as que no es lcito comerlos sino slo a los sacerdotes?
 Y les dijo: Dueo es del sbado el Hijo del hombre.
 Otro sbado, entrando en la sinagoga, enseaba; y haba all un hombre que tena una mano seca."
 Le observaban los escribas y fariseos para ver si curara en da de sbado, a fin de tener de qu acusarle.
 El, que conoca los pensamientos suyos, dijo al hombre de la mano seca: Levntate y ponte en medio. El, levantndose, se qued en pie.
 Djoles Jess: Voy a haceros una pregunta: si es lcito hacer bien o mal en sbado, salvar un alma o perderla.
 Y dirigiendo su mirada a todos ellos, les dijo: Extiende tu mano. El lo hizo, y su mano qued sana.
 Ellos se llenaron de furor, y trataban entre s qu podran hacer contra Jess.
 Aconteci por aquellos das que sali El hacia la montaa para orar, y pas la noche orando a Dios.
 Cuando lleg el da, llam a s a los discpulos y escogi a doce de ellos, a quienes dio el nombre de apstoles:
 Simn, a quien puso tambin el nombre de Pedro, y Andrs, su hermano; Santiago y Juan, Felipe y Bartolom,"
 Mateo y Toms, Santiago el de Alfeo y Simn, llamado el Zelotes;"
 Judas de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor,
 Bajando con ellos del monte, se detuvo en un rellano, y con El la numerosa muchedumbre de sus discpulos, y una gran multitud del pueblo de toda Judea, de Jerusaln y del litoral de Tiro y Sidn,
 que haban venido para orle y ser curados de sus enfermedades; y los que eran molestados de los espritus impuros eran curados."
 Toda la multitud buscaba tocarle, porque sala de El una virtud que sanaba a todos.
 El, levantando sus ojos sobre los discpulos, deca: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
 Bienaventurados los que ahora padecis hambre, porque seris hartos. Bienaventurados los que ahora lloris, porque reiris.
 Bienaventurados seris, cuando aborrecindoos los hombres, os excomulguen y maldigan, y proscriban vuestro nombre como malo, por amor del Hijo del hombre.
 Alegraos y regocijaos en aquel da, pues vuestra recompensa ser grande en el cielo. As hicieron sus padres con los profetas.
 Pero ay de vosotros, ricos, porque habis recibido vuestro consuelo!
 Ay de vosotros los que ahora estis hartos, porque tendris hambre! Ay de vosotros los que ahora res, porque gemiris y lloraris!
 Ay cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros, porque as hicieron sus padres con los falsos profetas!
 Pero yo os digo a vosotros que me escuchis: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen,
 bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian.
 Al que te hiere en una mejilla, ofrcele la otra, y al que te tome el manto, no le estorbes tomar la tnica;"
 da a todo el que te pida y no reclames de quien toma lo tuyo.
 Tratad a los hombres de la manera de que vosotros queris ser de ellos tratados.
 Si amis a los que os aman, qu gracia tendris? Porque los pecadores aman tambin a quienes los aman.
 Y si hacis bien a los que os lo hacen, qu gracia tendris? Tambin los pecadores hacen lo mismo.
 Si prestis a aquellos de quienes esperis recibir, qu gracia tendris? Tambin los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos igual favor.
 Pero amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperanza de remuneracin, y ser grande vuestra recompensa, y seris hijos del Altsimo, porque El es bondadoso para con los ingratos y los malos.
 Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso.
 No juzguis y no seris juzgados; no condenis y no seris condenados; absolved y seris absueltos."
 Dad y se os dar; una medida buena, apretada, colmada, rebosante, ser derramada en vuestro corazn. La medida que con otros usareis, sa ser usada con vosotros."
 Les dijo tambin una parbola: Puede un ciego guiar a otro ciego? No caern ambos en el hoyo?
 Ningn discpulo est sobre su maestro; para ser perfecto ha de ser como su maestro."
 Por qu ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?
 O cmo puedes decir a tu hermano: Hermano, djame quitarte la paja que tienes en el ojo, cuando t no ves la viga que hay en el tuyo? Hipcrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces vers de quitar la paja que hay en el de tu hermano.
 Porque no hay rbol bueno que d fruto malo, ni tampoco rbol malo que d fruto bueno,
 pues cada rbol se conoce por su fruto; y no se cogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian racimos."
 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazn saca cosas buenas, y el malo saca cosas malas de su mal tesoro, pues de la abundancia del corazn habla la lengua.
 Por qu me llamis Seor, Seor, y no hacis lo que os digo?
 Todo el que viene a m y oye mis palabras y las pone en obra, os dir a quin es semejante.
 Es semejante al hombre que, edificando una casa, cava y profundiza y cimienta sobre roca; sobreviniendo una inundacin, el ro va a chocar contra la casa, pero no puede conmoverla, porque est bien edificada."
 El que oye y no hace, es semejante al hombre que edifica su casa sobre tierra, sin cimentar, sobre la cual choca el ro, y luego se cae y viene a ser grande la ruina de aquella casa.
 Cuando hubo acabado de pronunciar estos discursos a odos del pueblo, entr en Cafarnam.
 Estaba a punto de morir un siervo de cierto centurin que le era muy querido.
 Este, oyendo hablar de Jess, envi a El algunos ancianos de los judos, rogndole que viniese para salvar de la muerte a su siervo.
 Llegados stos a Jess, le rogaban con instancia, dicindole: Merece que le hagas esto,
 porque ama a nuestro pueblo, y El mismo nos ha edificado la sinagoga.
 Jess ech a andar con ellos. Ya no estaba lejos de la casa, cuando el centurin envi a algunos amigos que le dijeron: Seor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo.
 Ni yo me he credo digno de ir a ti. Pero di slo una palabra, y mi siervo ser sano.
 Porque tambin yo soy hombre sometido a la autoridad, pero tengo a la vez soldados bajo mi mando, y digo a ste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace."
 Oyendo esto Jess, se maravill de l y, vuelto a la multitud que le segua, dijo: Yo os digo que tal fe como sta no la he hallado en Israel.
 Vueltos a casa los enviados, encontraron sano al siervo.
 Aconteci tiempo despus que iba a una ciudad llamada Nan, e iban con l sus discpulos y una gran muchedumbre.
 Cuando se acercaban a las puertas de la ciudad, vieron que llevaban un muerto, hijo nico de su madre, viuda, y una muchedumbre bastante numerosa de la ciudad la acompaaba.
 Vindola el Seor, se compadeci de ella y le dijo: No llores.
 Y acercndose, toc el fretro; los que lo llevaban se detuvieron, y El dijo: Joven, a ti te hablo, levntate."
 Sentse el muerto y comenz a hablar, y El se lo entreg a su madre.
 Se apoder de todos el temor, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo.
 La fama de este suceso corri por toda Judea y por todas las regiones vecinas.
 Los discpulos de Juan dieron a ste noticia de todas estas cosas, y, llamando Juan a dos de ellos,
 los envi al Seor para decirle: Eres t el que viene o esperamos a otro?
 Llegados a El, le dijeron: Juan el Bautista nos enva a ti para preguntarte: Eres t el que viene o esperamos a otro?
 En aquella misma hora cur a muchos de sus enfermedades y males y de los espritus malignos, e hizo gracia de la vista a muchos ciegos,
 y, tomando la palabra, les dijo: Id y comunicad a Juan lo que habis visto y odo: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados;"
 y bienaventurado es quien no se escandaliza en m.
 Cuando se hubieron ido los mensajeros de Juan, comenz Jess a decir a la muchedumbre acerca de l: Qu habis salido a ver al desierto? Una caa agitada por el viento?
 Qu salisteis a ver? Un hombre vestido con molicie? Los que visten suntuosamente y viven con regalo estn en los palacios de los reyes.
 Qu salisteis, pues, a ver? Un profeta? S, yo os digo, y ms que un profeta.
 Este es aquel de quien est escrito: He aqu que yo envo delante de tu faz a mi mensajero, que preparar mi camino delante de ti.
 Yo os digo, no hay entre los nacidos de mujer profeta ms grande que Juan; pero el ms pequeo en el reino de Dios es mayor que l."
 Todo el pueblo que le escuch y los publcanos reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan;"
 pero los fariseos y doctores de la Ley anularon el consejo divino respecto de ellos no hacindose bautizar por l
 A quin, pues, comparar yo a los hombres de esta generacin y a quin son semejantes?
 Son semejantes a los muchachos que, sentados en la plaza, invitan a los otros diciendo: Os tocamos la flauta, y no danzasteis; os cantamos lamentaciones, y no llorasteis."
 Porque vino Juan el Bautista, que no coma pan ni beba vino, y decais: Tiene demonio.
 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decs: Es comiln y bebedor de vino, amigo de publcanos y pecadores.
 Y la sabidura ha sido justificada por todos sus hijos.
 Le invit un fariseo a comer con l, y, entrando en su casa, se puso a la mesa.
 Y he aqu que lleg una mujer pecadora que haba en la ciudad, la cual, sabiendo que estaba a la mesa del fariseo, con un pomo de alabastro de ungento,
 se puso detrs de El junto a sus pies, llorando, y comenz a baar con lgrimas sus pies, y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, y besaba sus pies y los unga con el ungento.
 Viendo lo cual, el fariseo que lo haba invitado dijo para s: Si ste fuera profeta, conocera quin y cul es la mujer que le toca, porque es una pecadora.
 Tomando Jess la palabra, le dijo: Simn, tengo una cosa que decirte. El dijo: Maestro, habla.
 Un prestamista tena dos deudores: el uno le deba quinientos denarios; el otro, cincuenta."
 No teniendo ellos con qu pagar, se lo condon a ambos. Quin, pues, le amar ms?
 Respondiendo Simn, dijo: Supongo que aquel a quien condon ms. Djole: Bien has respondido.
 Y vuelto a la mujer, dijo a Simn: Ves a esta mujer? Entr en tu casa, y t no me diste agua a los pies; mas ella ha regado mis pies con sus lgrimas y los ha enjugado con sus cabellos."
 No me diste el sculo de paz, pero ella, desde que entr, no ha dejado de besarme los pies.
 No ungiste mi cabeza con leo, y sta ha ungido mis pies con ungento.
 Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados porque am mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.
 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
 Comenzaron los convidados a decir entre s: Quin es ste para perdonar los pecados?
 Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.
 Yendo por ciudades y aldeas, predicaba y evangelizaba el reino de Dios. Lc acompaaban los Doce
 y algunas mujeres que haban sido curadas de espritus malignos y de enfermedades. Mara llamada Magdalena, de la cual haban salido siete demonios;"
 Juana, mujer de Jusa, administrador de Herodes, y Susana, y otras varias que le servan de sus bienes.
 Reunida una gran muchedumbre de los que venan a El de cada ciudad, dijo en parbola:
 Sali un sembrador a sembrar su simiente, y, al sembrar, una parte cay junto al camino, y fue pisada, y las aves del cielo la comieron.
 Otra cay sobre la pea, y, nacida, se sec por falta de humedad.
 Y otra cay en medio de espinas, y, brotando juntamente las espinas, la ahogaron.
 Otra cay en tierra buena, y, nacida, dio un fruto cntuplo. Dicho esto, clam: El que tenga odos para or, que oiga.
 Preguntbanle sus discpulos qu significase aquella parbola,
 y El contest: A vosotros ha sido dado conocer los misterios del Reino de Dios; a los dems, slo en parbolas, de manera que viendo no vean y oyendo no entiendan."
 He aqu la parbola: La semilla es la palabra de Dios.
 Los que estn a lo largo del camino son los que oyen, pero en seguida viene el diablo y arrebata de su corazn la palabra para que no crean y se salven.
 Los que estn sobre pea son los que, cuando oyen, reciben con alegra la palabra, pero no tienen races; creen por algn tiempo, pero al tiempo de la tentacin sucumben."
 Lo que cae entre espinas son aquellos que, oyendo, van y se ahogan en los cuidados, la riqueza y los placeres de la vida, y no llegan a madurez.
 Lo cado en buena tierra son aquellos que, oyendo con corazn generoso y bueno, retienen la palabra y dan fruto por la perseverancia.
 Nadie, despus de haber encendido una lmpara, la cubre con una vasija ni la pone debajo de la cama, sino que la coloca sobre el candelabro, para que los que entren vean.
 Pues nada hay oculto que no haya de descubrirse ni secreto que no haya de conocerse y salir a la luz.
 Mirad, pues, cmo escuchis, porque al que tiene se le dar, y al que no tiene, aun lo que parece tener se le quitar.
 Vino su madre con sus hermanos, y no lograron acercarse a El a causa de la muchedumbre,
 y le comunicaron: Tu madre y tus hermanos estn ah fuera y desean verte.
 El contest dicindoles: Mi madre y mis hermanos son stos, los que oyen la palabra de Dios y la ponen en obra.
 Sucedi, pues, un da que subi con sus discpulos a una barca, y les dijo: Pasemos a la otra orilla del lago. Y se dieron a la mar
 Mientras navegaban, se durmi. Vino sobre el lago una borrasca, y el agua que entraba los pona en peligro.
 Llegndose a El, le despertaron diciendo: Maestro, Maestro, que perecemos. Despert El e increp al viento y al oleaje del agua, que se aquietaron, hacindose la calma.
 Y les dijo: Dnde est vuestra fe? Llenos de pasmo, se admiraban y se decan unos a otros: Pero quin es ste, que manda a los vientos y al agua y le obedecen?
 Arribaron a la regin de los gerasenos, frente a Galilea,
 y, bajando El a tierra, le sali al encuentro un hombre de la ciudad, posedo de los demonios, que en mucho tiempo no se haba vestido ni morado en casa, sino en los sepulcros.
 Cuando vio a Jess, gritando se postr ante El, y en alta voz dijo: Qu hay entre m y ti, Jess, Hijo de Dios Altsimo? Te pido que no me atormentes.
 Y era que El ordenaba al espritu impuro que saliese del hombre. Muchas veces se apoderaba de l, y le ataban con cadenas y le sujetaban con grillos, pero rompa las ligaduras y era arrebatado por los demonios al desierto.
 Preguntle Jess: Cul es tu nombre? Contestle l: Legin. Porque haban entrado en l muchos demonios,
 y le rogaban que no les mandase volver al abismo.
 Haba all cerca una manada de puercos bastante numerosa paciendo en el monte, y le rogaron que les permitiese entrar en ellos. Se lo permiti,
 y, saliendo los demonios del hombre, entraron en los puercos, y se arroj la manada por un precipicio abajo hasta el lago, y se ahog.
 Viendo los porquerizos lo sucedido, huyeron y lo anunciaron en la ciudad y en los campos.
 Salieron a ver lo ocurrido, y vieron a Jess, y encontraron al hombre de quien haban salido los demonios, sentado, vestido y en su pleno juicio, a los pies de Jess, de lo que se quedaron espantados.
 Los que haban visto cmo el endemoniado haba sido curado lo contaban,
 y toda la gente del territorio de los gerasenos le rog que se retirase de all, pues estaban dominados de un gran temor. El, subiendo a la barca, se volvi.
 El hombre de quien haban salido los demonios le suplicaba quedarse con El, pero El le despidi diciendo:
 Vulvete a tu casa y refiere lo que te ha hecho Dios. Y se fue por toda la ciudad pregonando cuanto le haba hecho Jess.
 Cuando Jess estuvo de vuelta, le recibi la muchedumbre, pues todos estaban esperndole.
 Lleg un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y, cayendo a los pies de Jess, le suplicaba que entrase en su casa,
 porque tena una hija nica, de unos doce aos, que estaba a punto de morir. Mientras iba, las muchedumbres le ahogaban.
 Una mujer que padeca flujo de sangre desde haca doce aos, y que en mdicos haba gastado toda su hacienda, sin lograr ser de ninguno curada,
 se acerc por detrs y toc la orla de su manto, y al instante ces el flujo de su sangre.
 Jess dijo: Quin me ha tocado? Como todos negaban, dijo Pedro y los que le acompaaban: Maestro, las muchedumbres te rodean y te oprimen.
 Pero Jess dijo: Alguno me ha tocado, porque yo he conocido que una virtud ha salido de m.
 La mujer, vindose descubierta, se lleg temblando y, postrndose ante El, le dijo ante todo el pueblo por qu le haba tocado y cmo al instante haba quedado sana.
 El le dijo: Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz.
 An estaba hablando cuando lleg uno de casa del jefe de la sinagoga diciendo: Tu hija ha muerto, no molestes ya al Maestro.
 Pero Jess, que lo oy, le respondi: No temas, cree tan slo y ser sana.
 Llegado a la casa, no permiti que entrasen con l ms que Pedro, Juan y Santiago y el padre y la madre de la nia.
 Todos lloraban y plaan por ella. Les dijo El: No lloris, porque no est muerta; es que duerme."
 Se burlaban de El, sabiendo que estaba muerta.
 El, tomndola de la mano, le dijo en alta voz: Nia, levntate.
 Volvi a ella el espritu, y al instante se levant, y El mand que le diesen de comer.
 Los padres se quedaron fuera de s; pero El les mand que no contasen a nadie lo sucedido."
 Habiendo convocado a los Doce, les dio poder sobre todos los demonios y de curar enfermedades,
 y les envi a predicar el reino de Dios y a hacer curaciones.
 Y les dijo: No tomis nada para el camino, ni bculo, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni llevis dos tnicas.
 En cualquier casa en que entris, quedaos all, sin dejarla hasta partir.
 Cuanto a los que no quieran recibiros, saliendo de aquella ciudad, sacudios el polvo de los pies en testimonio contra ellos.
 Partieron y recorrieron las aldeas anunciando el Evangelio y curando en todas partes.
 Tuvo noticia Herodes el tetrarca de todos estos sucesos, y estaba vacilante, por cuanto algunos decan que era Juan, que haba resucitado de entre los muertos;"
 otros, que era Elias, que haba aparecido, y otros, que haba resucitado alguno de los antiguos profetas.
 Dijo Herodes: A Juan le degoll yo, quin puede ser este de quien oigo tales cosas? Y deseaba verle. 9A su vuelta, los apstoles le contaron cuanto haban hecho.
 El, tomndolos consigo, se retir a un lugar apartado cerca de una ciudad llamada Betsaida.
 Pero la muchedumbre se dio cuenta, y fue en pos de El. Habindolos recibido, les hablaba del Reino de Dios y curaba a todos los necesitados.
 Empezaba ya a declinar el da, y acercndosele los Doce, le dijeron: Despide a la muchedumbre, para que vayan a las aldeas y alqueras de alrededor, donde se alberguen y encuentren alimentos, porque aqu estamos en el desierto.
 El les contest: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: No tenemos ms que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos a comprar provisiones para todo este pueblo.
 Porque eran unos cinco mil hombres. Y dijo a sus discpulos: Macedlos recostarse por grupos como de cincuenta.
 Lo hicieron as, dicindoles que se recostasen todos,
 y, tomando los cinco panes y los dos peces, alz los ojos al cielo, los bendijo y se los dio a los discpulos para que los sirviesen a la muchedumbre.
 Comieron, se saciaron todos y se recogieron de las sobras doce cestos de mendrugos.
 Aconteci que, orando El a solas, estaban con El sus discpulos, a los cuales pregunt: Quin dicen las muchedumbres que soy yo?
 Respondiendo ellos, le dijeron: Juan Bautista; otros, Elias; otros, que uno de los antiguos profetas ha resucitado."
 Djoles El: Y vosotros, quin decs que soy? Respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
 El les prohibi decir esto a nadie. Aadi:
 Es preciso que el Hijo del hombre padezca mucho y que sea rechazado de los ancianos, y de los prncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y sea muerto y resucite al tercer da.
 Deca a todos: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, tome su cruz y sgame.
 Porque quien quisiere salvar su vida, la perder; pero quien quisiere perder su vida por amor de m, la salvar."
 Pues qu aprovecha al hombre ganar todo el mundo si l se pierde y se condena?
 Porque quien se avergonzare de m y de mis palabras, de l se avergonzar el Hijo del hombre cuando venga en su gloria y en la del Padre y de los santos ngeles.
 En verdad os digo que hay algunos de los que estn aqu que no gustarn la muerte antes que vean el reino de Dios.
 Aconteci como unos ocho das despus de estos discursos que, tomando a Pedro, a Juan y a Santiago, subi a un monte a orar.
 Mientras oraba, el aspecto de su rostro se transform, su vestido se volvi blanco y resplandeciente.
 Y he aqu que dos varones hablaban con EL, Moiss y Elias,
 que aparecan gloriosos y le hablaban de su muerte, que haba de cumplirse en Jerusaln.
 Pedro y sus compaeros estaban cargados de sueo. Al despertar, vieron su gloria y a los dos varones que con El estaban.
 Al desaparecer stos, dijo Pedro a Jess: Maestro, qu bueno es estar aqu; hagamos tres cabaas, una para ti, otra para Moiss y otra para Elias, sin saber lo que se deca."
 Mientras esto deca, apareci una nube que los cubri y quedaron atemorizados al entrar en la nube.
 Sali de la nube una voz que dijo: Este es mi Hijo elegido, escuchadle.
 Mientras sonaba la voz estaba Jess solo. Ellos callaron, y por aquellos das no contaron nada de cuanto haban visto.
 Al da siguiente, al bajar del monte, vino a su encuentro una numerosa muchedumbre,
 y uno de entre ella grit, diciendo: Maestro, te ruego que eches una mirada sobre este mi hijo, porque es mi hijo nico,
 y el espritu lo toma lo hace gritar, lo agita, hacindole echar espumarajos, y a duras penas se retira de l despus de haberlo molido.
 He suplicado a tus discpulos que lo echasen, y no han podido.
 Jess, respondiendo, dijo: Oh generacin incrdula y perversa!, hasta cundo tendr que estar con vosotros y aguantaros? Tradmelo ac.
 Al acercarse, el demonio lo ech por tierra y lo agit fuertemente. Pero Jess increp al espritu impuro, y cur al nio y se lo entreg a su padre.
 Todos se maravillaron al ver la grandeza de Dios. Admirndose todos de cuanto haca, dijo El a sus discpulos:
 Estad atentos a lo que voy a deciros: El Hijo del hombre ha de ser entregado en poder de los hombres.
 Pero ellos no saban lo que significaban estas palabras, que estaban para ellos veladas, de manera que no las entendieron, y teman preguntarle sobre ellas.
 Les vino a ellos este pensamiento: quin sera entre ellos el mayor.
 Conociendo Jess los pensamientos de su corazn, tom un nio, lo puso junto a s,
 y les dijo: El que recibiere a este nio en mi nombre, a m me recibe, y el que me recibe a m, recibe al que me envi; y el menor entre todos vosotros, se ser el ms grande."
 Tomando la palabra, Juan dice: Maestro, hemos visto a uno echar los demonios en tu nombre y se lo hemos estorbado, porque no era de nuestra compaa.
 Contestle Jess: No se lo estorbis, pues el que no est contra vosotros, est con vosotros.
 Estando para cumplirse los das de su ascensin, se dirigi resueltamente a Jerusaln,
 y envi mensajeros delante de s, que en su camino entraron en una aldea de samaritanos para prepararle albergue.
 No fueron recibidos, porque iban a Jerusaln.
 Vindolo los discpulos, Santiago y Juan dijeron: Seor, quieres que digamos que baje fuego del cielo que los consuma?
 Volvindose Jess, los reprendi,
 y se fueron a otra aldea.
 Siguiendo el camino, vino uno que le dijo: Te seguir adondequiera que vayas.
 Jess le respondi: Las raposas tienen cuevas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dnde reclinar la cabeza."
 A otro le dijo: Sigeme, y respondi: Seor, djame ir primero a sepultar a mi padre.
 l le contest: Deja a los muertos sepultar a sus muertos, y t vete y anuncia el Reino de Dios.
 Otro le dijo: Te seguir, Seor, pero djame antes ir a despedirme de los de mi casa.
 Jess le dijo: Nadie que, despus de haber puesto la mano sobre el arado, mire atrs, es apto para el Reino de Dios.
 Despus de esto, design Jess a otros setenta y dos y los envi, de dos en dos, delante de s, a toda ciudad y lugar adonde El haba de venir,
 y les dijo: La mies es mucha y los obreros pocos; rogad, pues, al amo de la mies mande obreros a su mies."
 Id, yo os envo como corderos en medio de lobos.
 No llevis bolsa, ni alforja, ni sandalias, y a nadie saludis por el camino.
 En cualquier casa en que entris, decid primero: La paz sea con esta casa.
 Si hubiere en ella un hijo de la paz, descansar sobre l vuestra paz; si no, se volver a vosotros."
 Permaneced en esa casa y comed y bebed lo que os sirvieren, porque el obrero es digno de su salario. No vayis de casa en casa.
 En cualquier ciudad en que entrareis y os recibieren, comed lo que os fuere servido,
 y curad a los enfermos que en ella hubiere, y decidles: El Reino de Dios est cerca de vosotros.
 En cualquier ciudad en que entris y no os recibieren, salid a las plazas y decid:
 Hasta el polvo que de vuestra ciudad se nos peg a los pies, os lo sacudimos, pero sabed que el Reino de Dios est cerca.
 Yo os digo que aquel da Sodoma ser tratada con menos rigor que aquella ciudad.
 Ay de ti, Corazen! Ay de ti, Betsaida! Que si en Tiro y en Sidn hubieran sido hechos los milagros que en vosotras se han hecho, tiempo ha que en saco y sentados en ceniza hubieran hecho penitencia.
 Pero Tiro y Sidn sern tratadas con ms blandura que vosotras en el Juicio.
 Y t, Cafarnam, te levantars hasta el Cielo? Hasta el Infierno sers abatida.
 El que a vosotros oye, a m me oye, y el que a vosotros desecha, a m me desecha, y el que me desecha a m, desecha al que me envi.
 Volvieron los setenta y dos llenos de alegra, diciendo: Seor, hasta los demonios se nos sometan en tu nombre.
 El les dijo: Vea yo a Satans caer del cielo como un rayo.
 Yo os he dado poder para andar sobre serpientes y escorpiones y sobre toda potencia enemiga, y nada os daar.
 Mas no os alegris d que los espritus os estn sometidos; alegraos ms bien de que vuestros nombres estn escritos en los cielos."
 En aquella hora se sinti inundado de gozo en el Espritu Santo y dijo: Yo te alabo, Padre, Seor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeos. S, Padre, porque tal ha sido tu beneplcito.
 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y quin es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelrselo.
 Vuelto a los discpulos, aparte les dijo: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis,
 porque yo os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y or lo que os, y no lo oyeron.
 Levantse un doctor de la Ley para tentarlo y le dijo: Maestro, qu har para alcanzar la vida eterna?
 El le dijo: Qu est escrito en la Ley? Cmo lees?
 Le contest diciendo: Amars al Seor, tu Dios, con todo tu corazn, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y al prjimo como a ti mismo.
 Y le dijo: Bien has respondido. Haz esto y vivirs.
 El, queriendo justificarse, pregunt a Jess: Y quin es mi prjimo?
 Tomando Jess la palabra, dijo: Bajaba un hombre de Jerusaln a Jeric y cay en poder de ladrones, que lo desnudaron, lo cargaron de azotes y se fueron, dejndole medio muerto.
 Por casualidad, baj un sacerdote por el mismo camino, y, vindolo, pas de largo.
 Asimismo un levita, pasando por aquel sitio, lo vio tambin y pas adelante.
 Pero un samaritano, que iba de camino, lleg a l, y, vindolo, se movi a compasin,
 acercse, le vend las heridas, derramando en ellas aceite y vino; lo hizo montar sobre su propia cabalgadura, lo condujo al mesn y cuid de l."
 A la maana, sacando dos denarios, se los dio al mesonero y le dijo: Cuida de l, y lo que gastes, a la vuelta te lo pagar.
 Quin de estos tres te parece haber sido prjimo de aquel que cay en poder de ladrones?
 EL contest: El que hizo con l misericordia. Contestle Jess: Vete y haz t lo mismo.
 Yendo de camino, entr en una aldea, y una mujer, Marta de nombre, lo recibi en su casa.
 Tena sta una hermana llamada Mara, la cual, sentada a los pies del Seor, escuchaba su palabra.
 Marta andaba afanada en los muchos cuidados del servicio, y, acercndose, dijo: Seor, no te da enfado que mi hermana me deje a m sola en el servicio? Dile, pues, que me ayude.
 Respondi el Seor y le dijo: Marta, Marta, t te inquietas por muchas cosas; pero pocas son necesarias, o ms bien, una sola."
 Mara ha escogido la mejor parte, que no le ser arrebatada.
 Acaeci que, hallndose El orando en cierto lugar, as que acab, le dijo uno de los discpulos: Seor, ensanos a orar, como tambin Juan enseaba a sus discpulos.
 El les dijo: Cuando oris, decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino;"
 danos cada da el pan cotidiano;"
 perdnanos nuestras deudas, porque tambin nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos pongas en tentacin.
 Y les dijo: Si alguno de vosotros tuviere un amigo y viene a l a medianoche y le dijera: Amigo, prstame tres panes,
 pues un amigo mo ha llegado de viaje y no tengo qu darle;"
 y l, respondiendo de dentro, le dijese: No me molestes, pues la puerta est ya cerrada, y mis nios estn ya conmigo en la cama, no puedo levantarme para drtelos,
 yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantar y le dar cuanto necesite.
 Os digo, pues: Pedid, y se os dar; buscad, y hallaris; llamad, y se os abrir;"
 porque quien pide recibe, y quien busca halla, y al que llama se le abre.
 Qu padre entre vosotros, si el hijo le pide un pan, le dar una piedra? O, si le pide un pez, le dar, en vez del pez, una serpiente?
 O, si le pide un huevo, le dar un escorpin?
 Si vosotros, pues, siendo malos, sabis dar cosas buenas a vuestros hijos, cunto ms vuestro Padre celestial dar el Espritu Santo a los que se lo piden?
 Estaba expulsando a un demonio mudo, y as que sali el demonio, habl el mudo. Las muchedumbres se admiraron,
 pero algunos de ellos dijeron: Por el poder de Beelzebul, prncipe de los demonios, expulsa ste los demonios;"
 otros, para tentarle, le pedan una seal del cielo.
 Pero El, conociendo su pensamiento, les dijo: Todo reino dividido contra si mismo ser devastado, y caer casa sobre casa.
 Si, pues, Satans se halla dividido contra s mismo, cmo se mantendr su reino? Puesto que decs que por poder de Beelzebul expulso yo los demonios.
 Si yo expulso a los demonios por Beelzebul, vuestros hijos, por quin los expulsarn? Por esto ellos mismos eran vuestros jueces.
 Pero, si expulso a los demonios por el dedo de Dios, sin duda que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
 Cuando un fuerte bien armado guarda su palacio, seguros estn sus bienes;"
 pero si llega uno ms fuerte que l, le vencer, le quitar las armas en que confiaba y repartir sus despojos.
 El que no est conmigo, est contra m, y el que conmigo no recoge, desparrama.
 Cuando un espritu impuro sale de un hombre, recorre los lugares ridos buscando reposo, y, no hallndolo, se dice: Volver a la casa de donde sal;"
 y viniendo la encuentra barrida y aderezada.
 Entonces va y toma otros siete espritus peores que l y, entrando, habitan all, y vienen a ser las postrimeras de aquel hombre peores que los principios.
 Mientras deca estas cosas, levant la voz una mujer de entre la muchedumbre, y dijo: Dichoso el seno que te llev y los pechos que mamaste.
 Pero El dijo: Ms bien dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan.
 Creciendo la muchedumbre, comenz a decir: Esta generacin es una generacin mala; pide una seal, y no le ser dada otra seal que la de Jonas."
 Porque como fue Jonas seal para los ninivitas, as tambin lo ser el Hijo del hombre para esta generacin.
 La reina del Medioda se levantar en el juicio contra los hombres de esta generacin y los condenar, porque vino desde los confines de la tierra para or la sabidura de Salomn, y hay aqu algo ms que Salomn.
 Los ninivitas se levantarn en el juicio contra esta generacin, porque hicieron penitencia a la predicacin de Jonas, y hay aqu ms que Jonas.
 Nadie enciende la lmpara y la pone en un rincn ni bajo el celemn, sino sobre un candelabro, para que los que entren tengan luz.
 La lmpara de tu cuerpo es tu ojo; si tu ojo es puro, todo tu cuerpo estar iluminado; pero, si fuese malo, tambin tu cuerpo estar en tinieblas."
 Cuida, pues, que tu luz no tenga parte de tinieblas,
 porque, si todo tu cuerpo es luminoso, sin parte alguna tenebrosa, todo l resplandecer como cuando la lmpara te alumbra con vivo resplandor.
 Mientras hablaba, le invit un fariseo a comer con l; y fue y se puso a la mesa."
 El fariseo se maravill de ver que no se haba lavado antes de comer.
 El Seor le dijo: Mira, vosotros los fariseos limpiis la copa y el plato por defuera, pero vuestro interior est lleno de rapia y maldad.
 Insensatos! Acaso el que ha hecho lo de fuera no ha hecho tambin lo de dentro?
 Sin embargo, dad en limosna hasta lo mismo que est dentro, y todo ser puro para vosotros.
 Ay de vosotros, fariseos, que pagis el diezmo de la menta y de la ruda, y de todas las legumbres, y descuidis la justicia y el amor de Dios! Hay que hacer esto sin omitir aquello.
 Ay de vosotros, fariseos, que amis los primeros puestos en las sinagogas y los saludos en las plazas!
 Ay de vosotros, que sois como sepulturas, que no se ven, y que los hombres pisan sin saberlo!
 Tomando la palabra un doctor de la Ley, le dijo: Maestro, hablando as nos ultrajas tambin a nosotros.
 Pero El le dijo: Ay tambin de vosotros, doctores de la Ley, que echis pesadas cargas sobre los hombres, y vosotros ni con uno de vuestros dedos las tocis!
 Ay de vosotros, que edificis monumentos a los profetas, a quienes vuestros padres dieron muerte!
 Vosotros mismos atestiguis que consents en la obra de vuestros padres; ellos los mataron, pero vosotros edificis!"
 Por esto dice la Sabidura de Dios: Yo les envo profetas y apstoles, y ellos les matan y persiguen,
 para que sea pedida cuenta de la sangre de todos los profetas derramada desde el principio del mundo,
 desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacaras, asesinado entre el altar y el santuario; s, os digo que le ser pedida cuenta a esta generacin."
 Ay de vosotros, doctores de la Ley, que os habis apoderado de la llave de la ciencia, y ni entris vosotros ni dejis entrar!
 Cuando sali de all, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle terriblemente y a proponerle muchas cuestiones,
 armndole trampas para tomarle por alguna palabra de su boca.
 Entre tanto, se fue juntando la muchedumbre por millares, hasta el punto de pisarse unos a otros, y comenz El a decir a sus discpulos: Ante todo guardaos del fermento de los fariseos, que es la hipocresa,
 pues nada hay oculto que no haya de descubrirse, y nada escondido que no llegue a saberse.
 Por esto, todo lo que decs en las tinieblas ser odo en la luz, y lo que hablis al oido en vuestros aposentos ser pregonado desde los terrados.
 A Vosotros, mis amigos, os digo: No temis a los que matan el cuerpo y despus de esto no tienen ya ms que hacer.
 Yo os mostrare a quin habis de temer; temed al que, despus de haber dado la muerte, tiene poder para echar en la gehenna. S, yo os digo que temis a se."
 No se venden cinco pjaros por dos ases? Y sin embargo, ni uno de ellos est en olvido ante Dios.
 Aun hasta los cabellos de vuestra cabeza estn contados todos. No temis; vosotros valis ms que muchos pjaros."
 Yo os digo: A quien me confesare delante de los hombres, el Hijo del hombre le confesar delante de los ngeles de Dios.
 El que me negare delante de los hombres, ser negado ante los ngeles de Dios.
 A quien dijere una palabra contra el Hijo del hombre, le ser perdonado; pero al que blasfemare contra el Espritu Santo, no le ser perdonado."
 Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupis de cmo o qu habis de responder o decir,
 porque el Espritu Santo os ensear en aquella hora lo que habis de decir.
 Djole uno de la muchedumbre: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia.
 El le respondi: Pero, hombre, quin me ha constituido juez o partidor entre vosotros?
 Les dijo: Mirad de guardaros de toda avaricia, porque, aunque se tenga mucho, no est la vida en la hacienda.
 Y les dijo una parbola: Haba un hombre rico, cuyas tierras le dieron gran cosecha.
 Comenz l a pensar dentro de s, diciendo: Qu har, pues no tengo donde encerrar mi cosecha?
 Y dijo: Ya s lo que voy a hacer: demoler mis graneros y los har ms grandes, y almacenar en ellos todo mi grano y mis bienes,
 y dir a mi alma: Alma, tienes muchos bienes almacenados para muchos aos; descansa, come, reglate."
 Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche te pedirn el alma, y lo que has acumulado, para quin ser?
 As ser el que atesora para s y no es rico ante Dios.
 Dijo a sus discpulos: Por esto os digo: No os preocupis de vuestra vida, por lo que comeris; ni de vuestro cuerpo, por lo que vestiris,"
 porque la vida es ms que el alimento, y el cuerpo ms que el vestido.
 Mirad a los cuervos, que ni hacen sementera ni cosecha, que no tienen ni despensa ni granero, y Dios los alimenta: cunto ms valis vosotros que un ave!
 Quin de vosotros, a fuerza de cavilar, puede aadir un codo a su estatura?
 Si, pues, no podis ni lo menos, por qu preocuparos de lo ms?
 Mirad los lirios cmo crecen; ni trabajan ni hilan, y yo os digo que ni Salomn en toda su gloria se visti como uno de ellos."
 Si a la hierba, que hoy est en el campo y maana es arrojada al horno, as la viste Dios, cunto ms a vosotros, hombres de poca fe?
 No andis buscando qu comeris y qu beberis, y no andis ansiosos,
 porque todas estas cosas las buscan las gentes del mundo, pero vuestro Padre sabe que tenis de ellas necesidad.
 Vosotros buscad su Reino, y todo eso se os dar por aadidura.
 No temas, rebaito mo, porque vuestro Padre se ha complacido en daros el Reino.
 Vended vuestros bienes y dadlos en limosna; haceos bolsas que no se gastan, un tesoro inagotable en los cielos, adonde ni el ladrn llega ni la polilla roe;"
 porque donde est vuestro tesoro, all estar vuestro corazn.
 Tened ceidos vuestros lomos y encendidas las lmparas,
 y sed como hombres que esperan a su amo de vuelta de las bodas, para que, al llegar l y llamar, al instante le abran.
 Dichosos los siervos aquellos a quienes el amo hallare en vela; en verdad os digo que se ceir, y los sentar a la mesa, y se prestar a servirles."
 Ya llegue a la segunda vigilia, ya a la tercera, si los encontrare as, dichosos ellos.
 Vosotros sabis bien que, si el amo de casa conociera a qu hora habra de venir el ladrn, velara y no dejara horadar su casa.
 Estad, pues, prontos, porque a la hora que menos pensis vendr el Hijo del hombre.
 Dijo Pedro: Seor, es a nosotros a quienes dices esta parbola o a todos?
 El Seor contest: Quin es, pues, el administrador fiel, prudente, a quien pondr el amo sobre su servidumbre para distribuirle la racin de trigo a su tiempo?
 Dichoso ese siervo a quien el amo, al llegar, le hallare haciendo as.
 En verdad os digo que le pondr sobre todos sus bienes.
 Pero si ese siervo dijese en su corazn: Mi amo tarda en venir, y comenzase a golpear a siervos y siervas, a comer, y beber, y embriagarse,
 llegar el amo de ese siervo el da que menos lo espere y a la hora que no sabe, y le mandar azotar y le pondr entre los infieles.
 Ese siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no se prepar ni hizo conforme a ella, recibir muchos azotes.
 El que, no conocindola, hace cosas dignas de azotes, recibir pocos. A quien mucho se le da, mucho se le reclamar, y a quien mucho se le ha entregado, mucho se le pedir.
 Yo he venido a echar fuego en la tierra, y qu he de querer sino que se encienda?
 Tengo que recibir un bautismo, y cmo me siento constreido hasta que se cumpla!
 Pensis que he venido a traer paz a la tierra? Os digo que no, sino la disensin.
 Porque en adelante estarn en una casa cinco divididos, tres contra dos y dos contra tres;"
 se dividirn el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre, y la madre contra la hija, y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera, y la nuera contra la suegra.
 A la muchedumbre le deca tambin: Cuando veis levantarse una nube por el poniente, al instante decs: Va a llover. Y as es.
 Cuando sents soplar el viento sur, decs: Va a hacer calor. Y as sucede.
 Hipcritas, sabis juzgar del aspecto de la tierra y del cielo; pues cmo no juzgis del tiempo presente?"
 Por qu no juzgis por vosotros mismos lo que es justo?
 Cuando vayas, pues, con tu adversario al magistrado, procura en el camino desembarazarte de l, no sea que te entregue al juez, y el juez te ponga en manos del alguacil, y el alguacil te arroje en la crcel.
 Te digo que no saldrs hasta que hayas pagado el ltimo ochavo.
 Por aquel tiempo se presentaron algunos, que le contaron lo de los galileos, cuya sangre haba mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecan,
 y, respondindoles, dijo: Pensis que esos galileos eran ms pecadores que los otros por haber padecido todo esto?
 Yo os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceris.
 Aquellos dieciocho sobre los que cay la torre de Silo y los mat, creis que eran ms culpables que todos los hombres que moran en Jerusaln?
 Os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceris.
 Y dijo esta parbola: Tena uno plantada una higuera en su via y vino en busca del fruto, y no lo hall.
 Dijo entonces al viador: Van ya tres aos que vengo en busca del fruto de esta higuera y no lo hallo; crtala; por qu ha de ocupar la tierra en balde?"
 Le respondi y dijo: Seor, djala an por este ao que la cave y la abone,
 a ver si da fruto para el ao que viene; si no, la cortars."
 Enseaba en la sinagoga un sbado.
 Haba all una mujer que tena un espritu de enfermedad haca dieciocho aos, y estaba encorvada y no poda en modo alguno enderezarse.
 Vindola Jess, la llam y le dijo: Mujer, ests curada de tu enfermedad.
 Le impuso las manos y al instante se enderez, y glorificaba a Dios.
 Interviniendo el jefe de la sinagoga, lleno de ira porque Jess haba curado en sbado, deca a la muchedumbre: Hay seis das en los cuales se puede trabajar; en sos venid y curad, y no en da de sbado."
 Respondile el Seor y dijo: Hipcritas, cualquiera de vosotros no suelta del pesebre su buey o su asno en sbado y lo lleva a beber?
 Pues esta hija de Abraham, a quien Satans tena ligada dieciocho aos ha, no deba ser soltada de su atadura en da de sbado?
 Y diciendo esto, quedaban confundidos todos sus adversarios, y toda la muchedumbre se alegraba de las obras prodigiosas que haca.
 Deca, pues: A qu es semejante el reino de Dios y a qu lo comparar?
 Es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto, y crece y se convierte en un rbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas.
 De nuevo dijo: A qu comparar el reino de Dios?
 Es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda.
 Recorra ciudades y aldeas, enseando y siguiendo su camino hacia Jerusaln.
 Le dijo uno: Seor, son pocos los que se salvan? El le dijo:
 Esforzaos a entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos sern los que busquen entrar y no podrn;"
 una vez que el amo de casa se levante y cierre la puerta, os quedaris fuera y llamaris a la puerta, diciendo: Seor, brenos. El os responder: No s de dnde sois.
 Entonces comenzaris a decir: Hemos comido y bebido contigo y has enseado en nuestras plazas.
 El dir: Os repito que no s de dnde sois. Apartaos de m todos, obradores de iniquidad.
 All habr llanto y crujir de dientes, cuando viereis a Abraham, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras vosotros sois arrojados fuera.
 Vendrn de Oriente y de Occidente, del Septentrin y del Medioda, y se sentarn a la mesa en el reino de Dios,
 y los ltimos sern los primeros, y los primeros sern los ltimos.
 En aquella hora se le acercaron algunos fariseos, dicindole: Sal y vete de aqu, porque Heredes quiere matarte.
 El les dijo: Id y decid a esa raposa: Yo expulso demonios y hago curaciones hoy, y las har maana, y al da tercero consumar mi obra.
 Pues he de andar hoy, y maana, y el da siguiente, porque no puede ser que un profeta perezca fuera de Jerusaln.
 Jerusaln, Jerusaln, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! Cuntas veces quise juntar a tus hijos como el ave a su nidada debajo de las alas, y no quisiste!
 Se os deja vuestra casa. Os digo que no me veris hasta que digis: Bendito el que viene en el nombre del Seor!
 Habiendo entrado en casa de uno de los principales fariseos para comer en da de sbado, le estaban observando.
 Haba delante de l un hidrpico.
 Y tomando Jess la palabra, habl a los doctores de la Ley y a los fariseos, diciendo: Es lcito curar en sbado o no?
 Ellos guardaron silencio. Y, asindole, le cur y le despidi,
 y les dijo: Quin de vosotros, si su hijo o su asno cayere en un pozo, no le saca al instante en da de sbado?
 Y no podan replicar a esto.
 Deca a los invitados una parbola, observando cmo escogan para s los primeros puestos:
 Cuando seas invitado a una boda, no te sientes en el primer puesto, no sea que venga otro ms honrado que t, invitado por el mismo,
 y, llegando el que al uno y al otro os invit, te diga: Cede a ste tu puesto, y entonces, con vergenza, vayas a ocupar el ltimo lugar.
 Cuando seas invitado, ve y sintate en el postrer lugar, para que, cuando venga el que te invit, te diga: Amigo, sube ms arriba. Entonces tendrs gran honor en presencia de todos los comensales,
 porque el que se ensalza ser humillado, y el que se humilla ser ensalzado.
 Dijo tambin al que le haba invitado: Cuando hagas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos, a su vez, te inviten y tengas ya tu recompensa.
 Cuando hagas una comida, llama a los pobres, a los tullidos, a los rengos y a los ciegos,
 y tendrs la dicha de que no podrn pagarte, porque obtendrs la recompensa en la resurreccin de los muertos.
 Oyendo esto, uno de los invitados dijo: Dichoso el que coma pan en el Reino de Dios.
 El le contest: Un hombre hizo un gran banquete e invit a muchos.
 A la hora del banquete envi a su siervo a decir a los invitados: Venid, que ya est preparado todo.
 Pero todos, unnimemente, comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado un campo y tengo que salir a verlo; te ruego que me excuses."
 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y tengo que ir a probarlas; ruego te que me excuses."
 Otro dijo: He tomado mujer y no puedo ir.
 Vuelto el siervo, comunic a su amo estas cosas. Entonces el amo de la casa, irritado, dijo a su siervo: Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad, y a los pobres tullidos, ciegos y cojos, trelos aqu.
 El siervo le dijo: Est hecho lo que mandaste, y an queda lugar.
 Y dijo el amo al siervo: Sal a los caminos y a los cercados y obliga a entrar para que se llene mi casa,
 porque os digo que ninguno de aquellos que haban sido invitados gustar mi cena.
 Se le juntaron numerosas muchedumbres, y, vuelto a ellas, les deca:
 Si alguno viene a m y no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun su propia vida, no puede ser mi discpulo.
 El que no toma su cruz y viene en pos de m no puede ser mi discpulo.
 Quin de vosotros, si quiere edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos a ver si tiene para terminarla?
 No sea que, echados los cimientos y no pudiendo acabarla, todos cuantos lo vean comiencen a burlarse de l diciendo:
 Este hombre comenz a edificar y no pudo acabar.
 O qu rey, saliendo a su campaa para guerrear con otro rey, no considera primero y delibera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra l con veinte mil?
 Si no, hallndose an lejos de aqul, le enva una embajada hacindole proposiciones de paz.
 As, pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discpulo.
 Buena es la sal; pero, si la sal se vuelve inspida, con qu se sazonar?"
 Ni para la tierra es til, ni aun para el estercolero; la tiran fuera. El que tenga odos para or, que oiga."
 Se acercaban a El todos los publcanos y pecadores para orle,
 y los fariseos y escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y come con ellos.
 Propsoles esta parbola, diciendo:
 Quin habr entre vosotros que, teniendo cien ovejas y habiendo perdido una de ellas, no deje las noventa y nueve en el desierto y vaya en busca de la perdida hasta que la halle?
 Y, una vez hallada, la pone alegre sobre sus hombros,
 y, vuelto a casa, convoca a los amigos y vecinos, dicindoles: Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja perdida.
 Yo os digo que en el cielo ser mayor la alegra por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de penitencia.
 O qu mujer que tenga diez dracmas, si pierde una, no enciende la luz, barre la casa y busca cuidadosamente hasta hallarla?
 Y, una vez hallada, convoca a las amigas y vecinas, diciendo: Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma, que haba perdido.
 Tal os digo que ser la alegra entre los ngeles de Dios por un pecador que haga penitencia.
 Y aadi: Un hombre tena dos hijos,
 y dijo el ms joven de ellos al padre: Padre, dame la parte de hacienda que me corresponde. Les dividi la hacienda,
 y, pasados pocos das, el ms joven, reunindolo todo, parti a una lejana tierra, y all disip toda su hacienda viviendo disolutamente.
 Despus de haberlo gastado todo, sobrevino una fuerte hambre en aquella tierra, y comenz a sentir necesidad.
 Fue y se puso a servir a un ciudadano de aquella tierra, que le mand a sus campos a apacentar puercos.
 Deseaba llenar su estmago de las algarrobas que coman los puercos, y no le era dado.
 Volviendo en s, dijo: Cuntos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia y yo aqu me muero de hambre!
 Me levantar e ir a mi padre y le dir: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
 Ya no soy digno He ser llamado hijo tuyo; trtame como a uno de tus jornaleros."
 Y, levantndose, se vino a su padre. Cuando an estaba lejos, viole el padre, y, compadecido, corri a l y se arroj a su cuello y le cubri de besos.
 Djole el hijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo."
 Pero el padre dijo a sus criados: Pronto, traed la tnica ms rica y vestdsela, poned un anillo en su mano y unas sandalias en sus pies,
 y traed un becerro bien cebado y matadle, y comamos y alegrmonos,
 porque este mi hijo, que haba muerto, ha vuelto a la vida; se haba perdido, y ha sido hallado. Y se pusieron a celebrar la fiesta."
 El hijo mayor se hallaba en el campo, y cuando, de vuelta, se acercaba a la casa, oy la msica y los coros;"
 y llamando a uno de los criados, le pregunt qu era aquello.
 El le dijo: Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha mandado matar un becerro, porque le ha recobrado sano.
 El se enoj y no quera entrar; pero su padre sali y le llam."
 El respondi y dijo a su padre: Hace ya tantos aos que te sirvo sin jams haber traspasado tus mandatos, y nunca me diste un cabrito para hacer fiesta con mis amigos;"
 y al venir este hijo tuyo, que ha consumido su hacienda con meretrices, le matas un becerro cebado.
 El le dijo: Hijo, t ests siempre conmigo, y todos mis bienes tuyos son;"
 pero era preciso hacer fiesta y alegrarse, porque este tu hermano estaba muerto, y ha vuelto a la vida; se haba perdido, y ha sido hallado."
 Deca a los discpulos: Haba un hombre rico que tena un mayordomo, el cual fue acusado de disiparle la hacienda.
 Llamle y le dijo: Qu es lo que oigo de ti? Da cuenta de tu administracin, porque ya no podrs seguir de mayordomo.
 Y se dijo para s el mayordomo: Qu har, pues mi amo me quita la mayordoma? Cavar no puedo, mendigar me da vergenza.
 Ya s lo que he de hacer para que, cuando me destituya de la mayordoma, me reciban en sus casas.
 Llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: Cunto debes a mi amo?
 El dijo: Cien batos de aceite. Y le dijo: Toma tu caucin, sintate al instante y escribe cincuenta.
 Luego dijo a otro: Y t, cunto debes? El dijo: Cien coros de trigo. Djole: Toma tu caucin y escribe ochenta.
 El amo alab al mayordomo infiel de haber obrado sagazmente, pues los hijos de este siglo son ms avisados en el trato con los suyos que los hijos de la luz.
 Y yo os digo: Con las riquezas injustas haceos amigos, para que, cuando stas falten, os reciban en los eternos tabernculos.
 El que es fiel en lo poco, tambin es fiel en lo mucho: y el que en lo poco es infiel, tambin es infiel en lo mucho.
 Si vosotros, pues, no sois fieles en las riquezas injustas, quin os confiar las riquezas verdaderas?
 Y si en lo ajeno no sois fieles, quin os dar lo vuestro?
 Ningn criado puede servir a dos seores, porque o aborrecer a uno y amar al otro, o se allegar al uno y menospreciar al otro. No podis servir a Dios y a las riquezas.
 Oan estas cosas los fariseos, que son avaros, y se mofaban de El.
 Y les dijo: Vosotros pretendis pasar por justos ante los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es para los hombres estimable, es abominable ante Dios."
 La Ley y los Profetas llegan hasta Juan; desde entonces se anuncia el Reino de Dios, y cada cual ha de esforzarse para entrar en l."
 Pero es ms fcil que pasen el cielo y la tierra que el faltar un solo pice de la Ley.
 Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera, y el que se casa con la repudiada por el marido, comete adulterio.
 Haba un hombre rico que vesta de prpura y lino y celebraba cada da esplndidos banquetes.
 Un pobre, de nombre Lzaro, estaba echado en su portal, cubierto de lceras,
 y deseaba hartarse de lo que caa de la mesa del rico; hasta los perros venan a lamerle las lceras."
 Sucedi, pues, que muri el pobre, y fue llevado por los ngeles al Seno de Abraham; y muri tambin el rico, y fue sepultado."
 En el hades, en medio de los tormentos, levant sus ojos y vio a Abraham desde lejos y a Lzaro en su seno.
 Y, gritando, dijo: Padre Abraham, ten piedad de m y enva a Lzaro para que, con la punta del dedo mojada en agua, refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas.
 Dijo Abraham: Hijo, acurdate de que recibiste ya tus bienes en vida y Lzaro recibi males, y ahora l es aqu consolado y t eres atormentado.
 Adems, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran atravesar de aqu a vosotros, no pueden, ni tampoco pasar de ah a nosotros.
 Y dijo: Te ruego, padre, que siquiera le enves a casa de mi padre,
 porque tengo cinco hermanos, para que les advierta, a fin de que no vengan tambin ellos a este lugar de tormento.
 Y dijo Abraham: Tienen a Moiss y a los profetas; escchenlos."
 El dijo: No, padre Abraham; pero, si alguno de los muertos fuese a ellos, haran penitencia."
 Y les dijo: Si no oyen a Moiss y a los Profetas, tampoco se dejarn persuadir si un muerto resucita.
 Y dijo a sus discpulos: Es inevitable que haya escndalos; sin embargo, ay de aquel por quien vengan!"
 Mejor le fuera que le atasen al cuello una rueda de molino y le arrojasen al mar antes que escandalizar a uno de estos pequeos.
 Mirad por vosotros. Si peca tu hermano contra ti corrgele, y si se arrepiente, perdnale.
 Si siete veces peca al da contra ti y siete veces se vuelve a ti dicindote: Me arrepiento, le perdonars.
 Dijeron los apstoles al Seor: Acrecienta nuestra fe.
 Dijo el Seor: Si tuvierais fe tanta como un grano de mostaza, dirais a este sicmoro: Desarragate y trasplntate en el mar, y l os obedecera.
 Quin de vosotros, teniendo un siervo arando o apacentando el ganado, al volver l del campo le dice: Pasa en seguida y sintate a la mesa,
 y no le dice ms bien: Preprame la cena, cete para servirme hasta que yo coma y beba, y luego comers y bebers t?
 Deber gratitud al siervo porque hizo lo que se le haba mandado?
 As tambin vosotros, cuando hiciereis estas cosas que os estn mandadas, decid: Somos siervos intiles; lo que tenamos que hacer, eso hicimos."
 Yendo hacia Jerusaln, atravesaba por entre Samara y Galilea,
 y, entrando en una aldea, le vinieron al encuentro diez leprosos, que a lo lejos se pararon,
 y, levantando la voz, decan: Jess, Maestro, ten piedad de nosotros.
 Vindolos, les dijo: Id y mostraos a los sacerdotes. En el camino quedaron limpios.
 Uno de ellos, vindose curado, volvi glorificando a Dios a grandes voces,
 y cayendo a sus pies, rostro en tierra, le daba las gracias. Era un samaritano.
 Tomando Jess la palabra, dijo: No han sido diez los curados? Y los nueve, dnde estn?
 No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?
 Y le dijo: Levntate y vete, tu fe te ha salvado.
 Preguntado por los fariseos acerca de cundo llegara el reino de Dios, respondindoles, dijo: No viene el reino de Dios ostensiblemente.
 No podr decirse: Helo aqu o all, porque el reino de Dios est dentro de vosotros.
 Dijo a los discpulos: Llegar tiempo en que desearis ver un solo da del Hijo del hombre, y no lo veris.
 Os dirn: Helo aqu o helo all. No vayis ni le sigis.
 Porque as como un rayo relampaguea y fulgura desde un extremo al otro del cielo, as ser el Hijo del hombre en su da.
 Pero antes ha de padecer mucho y ser reprobado por esta generacin.
 Como sucedi en los das de No, as ser en los das del Hijo del hombre.
 Coman, beban, tomaban mujer los hombres, y las mujeres marido, hasta el da en que No entr en el arca, y vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
 Lo mismo en los das de Lot: coman y beban, compraban y vendan, plantaban y edificaban;"
 pero, en cuanto Lot sali de Sodoma, llovi del cielo fuego y azufre, que los hizo perecer a todos.
 As ser el da en que el Hijo del hombre se revele.
 Aquel da, el que est en el terrado y tenga en casa sus enseres, no baje a cogerlos; e igualmente el que est en el campo, no vuelva atrs."
 Acordaos de la mujer de Lot.
 El que busque guardar su vida, la perder, y el que la perdiere, la conservar.
 Dgoos que en aquella noche estarn dos en una misma cama, uno ser tomado y otro dejado.
 Estarn dos moliendo juntas, una ser tomada y otra ser dejada.
 Y tomando la palabra, le dijeron: Dnde ser, Seor?
 Les dijo: Donde est el cuerpo, all se juntarn los buitres.
 Les dijo una parbola para mostrar que es preciso orar en todo tiempo y no desfallecer,
 diciendo: Haba en una ciudad un juez que ni tema a Dios ni respetaba a los hombres.
 Haba asimismo en aquella ciudad una viuda que vino a l diciendo: Hazme justicia contra mi adversario.
 Por mucho tiempo no le hizo caso; pero luego se dijo para s: Aunque, a la verdad, yo no tengo temor de Dios ni respeto a los hombres,"
 mas, porque esta viuda me est cargando, le har justicia, para que no acabe por molerme.
 Dijo el Seor: Od lo que dice este juez inicuo.
 Y Dios no har justicia a sus elegidos, que claman a El da y noche, aun cuando los haga esperar?
 Os digo que har justicia prontamente. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, encontrar fe en la tierra?
 Dijo tambin esta parbola a algunos que confiaban mucho en s mismos, tenindose por justos, y despreciaban a los dems.
 Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo, el otro publicano.
 El fariseo, en pie, oraba para s de esta manera: Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los dems hombres, rapaces, adlteros, injustos, ni como este publicano.
 Ayuno dos veces en la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo.
 El publicano se qued all lejos, y ni se atreva a levantar los ojos al cielo, y hera su pecho diciendo: Oh Dios!, s propicio a m, pecador.
 Os digo que baj ste justificado a su casa, y no aqul. Porque el que se ensalza ser humillado, y el que se humilla ser ensalzado.
 Tambin le presentaban nios para que los tocase; viendo lo cual, los discpulos los reprendan."
 Jess los llam a s, diciendo: Dejad que los nios vengan a m, y no se lo prohibis, que de ellos es el reino de Dios.
 En verdad os digo, quien no reciba el reino de Dios como un nio, no entrar en l.
 Cierto personaje le pregunt, diciendo: Maestro bueno, qu har para alcanzar la vida eterna?
 Jess le respondi: Por qu me llamas bueno? Nadie es bueno sino slo Dios.
 Ya sabes los preceptos: No adulterars, no matars, no robars, no levantars falsos testimonios, honra a tu padre y a tu madre.
 Djole l: Todos esos preceptos los he guardado desde la juventud.
 Oyendo esto Jess, le dijo: An te queda una cosa: Vende cuanto tienes y reprtelo a los pobres, y tendrs un tesoro en el cielo, y luego sgueme.
 El, oyendo esto, se entristeci, porque era muy rico.
 Vindolo Jess, dijo: Qu difcilmente entran en el reino de Dios los que tienen riquezas!
 Porque ms fcil es que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios.
 Dijeron los que le oan: Entonces, quin puede salvarse?
 El respondi: Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios.
 Djole Pedro: Pues nosotros, dejando todo lo que tenamos, te hemos seguido.
 El les dijo: En verdad os digo que ninguno que haya dejado casa, mujer, hermanos, padre o hijos por amor a Dios,
 dejar de recibir mucho ms en este siglo, y la vida eterna en el venidero.
 Tomando aparte a los Doce, les dijo: Mirad, subimos a Jerusaln y se cumplirn todas las cosas escritas por los profetas del Hijo del hombre, que
 ser entregado a los gentiles, y escarnecido, e insultado, y escupido,
 y despus de haberle azotado, le quitarn la vida, y al tercer da resucitar.
 Pero ellos no entendan nada de esto; eran cosas ininteligibles para ellos, no entendan lo que les deca."
 Acercndose a Jeric, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna.
 Oyendo a la muchedumbre que pasaba, pregunt qu era aquello.
 Lc contestaron que era Jess Nazareno que pasaba.
 El se puso a gritar, diciendo: Jess, Hijo de David, ten piedad de m.
 Los que iban en cabeza le reprendan para que callase, pero l gritaba cada vez ms fuerte: Hijo de David, ten piedad de m.
 Detenindose Jess, mand que se lo llevasen, y cuando se le hubo acercado, le pregunt:
 Qu quieres que te haga? Dijo l : Seor, que vea.
 Jess le dijo: Ve, tu fe te ha salvado,
 y al instante recobr la vista, y le segua glorificando a Dios. Todo el pueblo que esto vio, daba gloria a Dios.
 Entrando, atraves Jeric.
 Haba all un hombre llamado Zaqueo, jefe de publcanos y rico.
 Haca por ver a Jess, pero a causa de la muchedumbre no poda, porque era de poca estatura.
 Corriendo adelante, se subi a un sicmoro para verle, pues haba de pasar por all.
 Cuando lleg a aquel sitio, levant los ojos Jess y le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque hoy me hospedar en tu casa.
 El baj a toda prisa y le recibi con alegra.
 Vindolo, todos murmuraban de que hubiera entrado a alojarse en casa de un pecador.
 Zaqueo, en pie, dijo al Seor: Seor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado en algo, le devuelvo el cudruplo.
 Djole Jess: Hoy ha venido la salud a tu casa, por cuanto ste es tambin hijo de Abraham;"
 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.
 Oyendo ellos esto, aadi Jess una parbola, por cuanto estaba prximo a Jerusaln, y les pareca que el reino de Dios iba a manifestarse luego.
 Dijo, pues: Un hombre noble parti para una regin lejana para recibir la dignidad real y volverse;"
 llamando a diez siervos suyos, les entreg diez minas y les dijo: Negociad mientras vuelvo.
 Sus conciudadanos le aborrecan, y enviaron detrs de l una legacin, diciendo: No queremos que ste reine sobre nosotros.
 Sucedi que, al volver l, despus de haber recibido el reino, hizo llamar a aquellos siervos a quienes haba entregado el dinero, para saber cmo haban negociado.
 Se present el primero, diciendo: Seor, tu mina ha producido diez minas.
 Djole: Muy bien, siervo bueno; puesto que has sido fiel en lo poco, recibirs el gobierno de diez ciudades."
 Vino el segundo, que dijo: Seor, tu mina ha producido cinco minas.
 Djole tambin a ste: Y t recibe el gobierno de cinco ciudades.
 Llega el otro diciendo: Seor, ah tienes tu mina, que tuve guardada en un pauelo,
 pues tena miedo de ti, que eres hombre severo, que quieres recoger lo que no pusiste y segar donde no sembraste.
 Djole: Por tu boca misma te condeno, mal siervo. Sabas que yo soy hombre severo, que rengo donde no deposit, y siego donde no sembr.
 Por qu, pues, no diste mi dinero al banquero, y yo, al volver, lo hubiera recibido con los intereses?
 Y dijo a los presentes: Tomadle a ste la mina y ddsela al que tiene diez.
 Le dijeron: Seor, ya tiene diez minas.
 Djoles: Os digo que a todo el que tiene se le dar, y al que no tiene, aun lo que tiene le ser quitado.
 Cuanto a esos mis enemigos que no quisieron que yo reinase sobre ellos, traedlos ac y, delante de m, degolladlos.
 Y diciendo esto, sigui adelante, subiendo hacia Jerusaln.
 Al acercarse a Betfag y Betania, en el monte llamado de los Olivos, envi a dos de sus discpulos,
 dicindoles: Id a la aldea de enfrente, y, entrando en ella, hallaris un pollino atado, que todava no ha sido montado por nadie; desatadlo y traedlo."
 Y si alguno os dijere: Por qu lo soltis? diris as: El Seor tiene de l necesidad.
 Fueron los enviados y lo hallaron as como les haba dicho.
 Desatando ellos el pollino, les dijeron sus amos: Por qu desatis el pollino?
 Les respondieron: El Seor tiene necesidad de l.
 Lo llevaron a Jess, y, echando sus mantos sobre el pollino, montaron a Jess.
 Segn El iba, extendan sus vestidos en el camino.
 Cuando ya se acercaba a la bajada del monte de los Olivos, comenz la muchedumbre de los discpulos a alabar alegres a Dios a grandes voces por todos los milagros que haban visto,
 diciendo: Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Seor! Paz en el cielo y gloria en las alturas!
 Algunos fariseos de entre la muchedumbre le dijeron: Maestro, reprende a tus discpulos.
 El contest y dijo: Os digo que, si ellos callasen, gritaran las piedras.
 As que estuvo cerca, al ver la ciudad, llor sobre ella, diciendo:
 Si al menos en este da conocieras lo que hace a la paz tuya! Pero ahora est oculto a tus ojos.
 Porque das vendrn sobre ti, y te rodearn de trincheras tus enemigos, y te cercarn, y te estrecharn por todas partes,
 y te abatirn al suelo a ti y a los hijos que tienes dentro, y no dejarn en ti piedra sobre piedra por no haber conocido el tiempo de tu visitacin.
 Entrando en el templo, comenz a echar a los vendedores,
 dicindoles: Escrito est: Mi casa es casa de oracin; mas vosotros la habis convertido en cueva de ladrones."
 Enseaba cada da en el templo; pero los prncipes de los sacerdotes y los escribas, as como los primates del pueblo, buscaban prenderle,"
 y no saban qu hacer, porque el pueblo todo estaba pendiente de El escuchndole.
 Aconteci uno de aquellos das que, enseando El al pueblo en el templo y evangelizndolo, se presentaron los prncipes de los sacerdotes y los escribas con los ancianos,
 y le dirigieron la palabra, diciendo: Dinos con qu poder haces estas cosas o quin te ha dado ese poder.
 Tomando la palabra, les dijo: Tambin quiero yo haceros una pregunta; decidme, pues:"
 El bautismo de Juan, proceda del cielo o de los hombres?
 Ellos comenzaron a cavilar entre s, dicindose: Si decimos: Del cielo, dir: Por qu no habis credo en l?
 Si decimos: De los hombres, todo el pueblo nos apedrear, porque est persuadido de que Juan era un profeta.
 As, respondieron que no saban de dnde proceda.
 Jess les dijo: Pues tampoco os digo yo con qu poder hago estas cosas.
 Y comenz a decir al pueblo esta parbola: Un hombre plant una via y la arrend a unos viadores y se parti de viaje para largo tiempo.
 Al tiempo oportuno envi un siervo a los viadores para que le diesen de los frutos de la via; pero los viadores le azotaron y le despidieron con las manos vacas."
 Volvi a enviarles otro siervo, y a ste tambin le azotaron, le ultrajaron y le despacharon de vaco.
 An les envi un tercero. Y tambin a ste le echaron fuera, despus de haberle herido.
 Dijo entonces el amo de la via: Qu har? Enviar a mi hijo amado; a lo menos a ste le respetarn."
 Pero, en vindole los viadores, se hablaron unos a otros, diciendo: Este es el heredero; matmosle y ser nuestra la heredad."
 Y, arrojndole fuera de la via, le mataron. Qu har, pues, con ellos el amo de la via?
 Vendr y har perecer a esos viadores y dar la via a otros. Oyendo lo cual, dijeron: No lo quiera Dios.
 El, fijando en ellos su mirada, les dijo: Pues qu significa aquello que est escrito: La piedra que reprobaron los edificadores, sa ha venido a ser cabecera de esquina?
 Todo el que cayere contra esa piedra se quebrantar, y aquel sobre quien ella cayere quedar aplastado.
 Los escribas y prncipes de los sacerdotes quisieron echarle mano en aquella hora, porque conocieron que a ellos iba dirigida aquella parbola; pero temieron al pueblo."
 Quedndose al acecho, enviaron espas, que se presentaron como hombres justos, para cogerle en algo, de manera que pudieran entregarle a la autoridad y poder del gobernador.
 Lc preguntaron diciendo: Maestro, sabemos que hablas y enseas con rectitud y no tienes miramientos, sino que enseas segn la verdad los caminos de Dios.
 Nos es lcito a nosotros pagar tributo al Cesar?
 Viendo El su falsa, les dijo:
 Mostrad me un denario. De quin es la efigie y la inscripcin que tiene? Dijeron: Del Cesar.
 Y El les respondi: Pues dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.
 No pudiendo cogerle por nada delante del pueblo y maravillados de su respuesta, callaron.
 Se acercaron algunos saduceos, que niegan la resurreccin, y le preguntaron
 diciendo: Maestro, Moiss nos ha prescrito que, si el hermano de uno viniere a morir con mujer, pero sin hijos, su hermano tome la mujer para dar descendencia a su hermano.
 Pues haba siete hermanos, y el primero tom mujer y muri sin dejar hijos.
 Tambin el segundo
 y el tercero tomaron la mujer, e igualmente los siete, y no dejaron hijos y murieron.
 Por fin, muri tambin la mujer.
 En la resurreccin, de cul de ellos ser mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.
 Djoles Jess: Los hijos de este siglo toman mujeres y maridos.
 Pero los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurreccin de los muertos, ni tomarn mujeres ni maridos,
 porque ya no pueden morir y son semejantes a los ngeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurreccin.
 Pues que han de resucitar los muertos, el mismo Moiss lo da a entender en el pasaje de la zarza, cuando dice: El Seor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
 Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para El todos viven.
 Tomaron entonces la palabra algunos escribas y dijeron: Maestro, muy bien has dicho.
 Porque ya no se atrevan a proponerle ninguna cuestin.
 Entonces les dijo El: Cmo dicen que el Mesas es hijo de David?
 Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Seor a mi Seor: Sintate a mi diestra
 hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies.
 Pues si David le llama Seor, cmo es hijo suyo?
 Oyndole todo el pueblo, dijo a sus discpulos:
 Guardaos de los escribas, que gustan de ir vestidos de largas tnicas y buscan los saludos en las plazas y los primeros asientos en las sinagogas,
 mientras devoran las casas de las viudas y hacen ostentacin de largas oraciones. Estos tendrn un juicio ms severo.
 Levantando la vista, vio ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio,
 y vio tambin a una viuda pobre que echaba dos ochavos,
 y dijo: En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado ms que todos los otros,
 porque los dems echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobraba, mientras que sta ech de su indigencia todo lo que tena para el sustento.
 Hablndole algunos del templo, que estaba edificado con hermosas piedras y adornado de exvotos, dijo:
 De todo esto que veis, vendrn das en que no quedar piedra sobre piedra que no sea destruido.
 Le preguntaron diciendo: Maestro, y cundo suceder y cul es la seal de que estas cosas comiencen a suceder?
 El les dijo: Mirad que no os dejis engaar, porque muchos vendrn en mi nombre diciendo: Soy yo y El tiempo est cerca. No los sigis.
 Cuando oyereis hablar de guerras y revueltas, no os aterris; porque es preciso que sucedan estas cosas primero, pero no vendr luego el fin."
 Entonces les deca: Se levantar nacin contra nacin y reino contra reino,
 habr grandes terremotos, y en diversos lugares, hambres, pestes, espantos y grandes seales del cielo.
 Pero antes de todas estas cosas pondrn sobre vosotros las manos y os perseguirn, entregndoos a las sinagogas y metindoos en prisin, conducindoos ante los reyes y gobernadores por amor de mi nombre.
 Ser para vosotros ocasin de dar testimonio.
 Haced propsito de no preocuparos de vuestra defensa,
 porque yo os dar un lenguaje y una sabidura a la que no podrn resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.
 Seris entregados aun por los padres, por los hermanos, por los parientes y por los amigos, y harn morir a muchos de vosotros,
 y seris aborrecidos de todos a causa de mi nombre.
 Pero no se perder un solo cabello de vuestra cabeza.
 Por vuestra paciencia salvaris vuestras almas.
 Cuando viereis a Jerusaln cercada por los ejrcitos, entended que se aproxima su desolacin.
 Entonces los que estn en Judea huyan a los montes; los que estn en medio de la ciudad, retrense; quienes en los campos, no entren en ella,"
 porque das de venganza sern sos para que se cumpla todo lo que est escrito.
 Ay entonces de las encintas y de las que estn criando en aquellos das! Porque vendr una gran calamidad sobre la tierra y gran clera contra este pueblo.
 Caern al filo de la espada y sern llevados cautivos entre todas las naciones, y Jerusaln ser hollada por los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de las naciones.
 Habr seales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra perturbacin de las naciones, aterradas por los bramidos del mar y la agitacin de las olas,
 exhalando los hombres sus almas por el terror y el ansia de lo que viene sobre la tierra, pues las columnas de los cielos se conmovern.
 Entonces vern al Hijo del hombre venir en una nube con poder y majestad grandes.
 Cuando estas cosas comenzaren a suceder, cobrad nimo y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redencin.
 Y les dijo una parbola: Ved la higuera y todos los rboles;"
 cuando echan ya brotes, vindolos, conocis por ellos que se acerca el verano.
 As tambin vosotros, cuando veis estas cosas, conoced que est cerca el reino de Dios.
 En verdad os digo que no pasar esta generacin antes que todo suceda.
 El cielo y la tierra pasarn, pero mis palabras no pasarn.
 Estad atentos, no sea que se emboten vuestros corazones por la crpula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y de repente venga sobre vosotros aquel da
 como un lazo; porque vendr sobre todos los moradores de la tierra."
 Velad, pues, en todo tiempo y orad para que podis evitar todo esto que ha de venir, y comparecer ante el Hijo del hombre.
 Enseaba durante el da en el templo, y por la noche sala para pasarla en el monte llamado de los Olivos.
 Todo el pueblo madrugaba para escucharle en el templo.
 Estaba cerca la fiesta de los cimos, que se llama la Pascua.
 Los prncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cmo quitarle de en medio, porque teman al pueblo.
 Entr Satans en Judas, llamado Iscariote, que era del nmero de los Doce,
 y fue a tratar con los prncipes de los sacerdotes y los oficiales sobre la manera de entregrselo.
 Ellos se alegraron, y convinieron con l en darle dinero.
 Puestos de acuerdo, buscaba ocasin para entregrselo sin ruido.
 Lleg, pues, el da de los cimos, en que haban de sacrificar la Pascua,
 y envi a Pedro y a Juan, diciendo: Id y preparadnos la Pascua para que la cmanos.
 Ellos le dijeron: Dnde quieres que la preparemos?
 Djoles El: En entrando en la ciudad, os saldr al encuentro un hombre con un cntaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre,"
 y decid al amo de la casa: El Maestro te dice: Dnde est la sala en que he de comer la Pascua con mis discpulos?
 El os mostrar una sala grande, aderezada; preparadla all."
 E idos, encontraron al que les haba dicho, y prepararon la Pascua.
 Cuando lleg la hora, se puso a la mesa, y los apstoles con El.
 Y djoles: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer,
 porque os digo que no la comer ms hasta que sea cumplida en el reino de Dios.
 Tomando el cliz, dio gracias y dijo: Tomadlo y distribuidlo entre vosotros;"
 porque os digo que desde ahora no beber del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios.
 Tomando el pan, dio gracias, lo parti y se lo dio, diciendo: Este es mi cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en memoria ma."
 Asimismo el cliz, despus de haber cenado, diciendo: Este cliz es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.
 Mirad, la mano del que me entrega est conmigo a la mesa.
 Porque el Hijo del hombre va su camino, segn est decretado, pero ay de aquel por quien ser entregado!
 Ellos comenzaron a preguntarse unos a otros sobre quin de ellos sera el que haba de hacer esto.
 Se suscit entre ellos una contienda sobre quin de ellos haba de ser tenido por mayor.
 El les dijo: Los reyes de las naciones imperan sobre ellas, y los que ejercen autoridad sobre las mismas son llamados bienhechores;"
 pero no as vosotros, sino que el mayor entre vosotros ser como el menor, y el que manda, como el que sirve.
 Porque quin es mayor, el que est sentado a la mesa o el que sirve? No es el que est sentado? Pues yo estoy en medio de vosotros como quien sirve.
 Vosotros sois los que habis permanecido conmigo en mis pruebas,
 y yo dispongo del reino en favor vuestro, como mi Padre ha dispuesto de l en favor de m,
 para que comis y bebis a mi mesa en mi reino y os sentis sobre tronos como jueces de las doce tribus de Israel.
 Simn, Simn, Satans os busca para ahecharos como trigo;"
 pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y t, una vez convertido, confirma a tus hermanos.
 Djole l: Seor, preparado estoy para ir contigo no slo a la prisin, sino a la muerte.
 El dijo: Yo te aseguro, Pedro, que no cantar hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme.
 Y les dijo: Cuando os envi sin bolsa, sin alforjas, sin sandalias, os falt alguna cosa? Dijeron ellos: Nada.
 Y les aadi: Pues ahora el que tenga bolsa, tmela, e igualmente la alforja, y el que no la tenga, venda su manto y compre una espada.
 Porque os digo que ha de cumplirse en mi esta escritura: Fue contado entre los malhechores; porque tambin lo que a m toca llega a su trmino."
 Dijronle ellos: Aqu hay dos espadas. Respondiles: Es bastante.
 Saliendo, se fue, segn costumbre, al monte de los Olivos, y le siguieron tambin sus discpulos.
 Llegado all, djoles: Orad para que no entris en tentacin.
 Se apart de ellos como un tiro de piedra, y, puesto de rodillas, oraba,
 diciendo: Padre, si quieres, aparta de m este cliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya."
 Se le apareci un ngel del cielo, que le confortaba.
 Lleno de angustia, oraba con ms instancia; y sud como gruesas gotas de sangre, que corran hasta la tierra."
 Levantndose de la oracin, vino a los discpulos, y, encontrndolos adormilados por la tristeza,
 les dijo: Por qu dorms? Levantaos y orad para que no entris en tentacin.
 An est El hablando, y he aqu que lleg una turba, y el llamado Judas, uno de los Doce, los preceda, el cual, acercndose a Jess, le bes.
 Jess le dijo: Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre?
 Viendo los que estaban en torno a El lo que iba a suceder, le dijeron: Seor, herimos con la espada?
 Y uno de ellos hiri a un siervo del sumo sacerdote y le llev la oreja derecha.
 Tomando Jess la palabra, le dijo: Basta ya; dejad; y tocando la oreja, le cur."
 Dijo Jess a los prncipes de los sacerdotes, capitanes del templo y ancianos que haban venido contra El: Como contra un ladrn habis venido con espadas y garrotes?
 Estando yo cada da en el templo con vosotros, no extendisteis las manos en m; pero sta es vuestra hora y el poder de las tinieblas."
 Apoderndose de El, le llevaron e introdujeron en casa del sumo sacerdote; Pedro le segua de lejos."
 Habiendo encendido fuego en medio del atrio y sentndose, Pedro se sent tambin entre ellos.
 Vindole una sierva sentado a la lumbre y fijndose en l, dijo: Este estaba tambin con El.
 El lo neg, diciendo: No le conozco, mujer.
 Despus de poco le vio otro, y dijo: T eres tambin de ellos. Pedro dijo: Hombre, no soy.
 Transcurrida cosa de una hora, otro insisti, diciendo: En verdad que ste estaba con El, porque es galileo.
 Dijo Pedro: Hombre, no s lo que dices. Al instante, hablando an l, cant el gallo.
 Vuelto el Seor, mir a Pedro, y Pedro se acord de la palabra del Seor, cuando le dijo: Antes de que el gallo cante hoy, me negars tres veces;"
 y saliendo fuera, llor amargamente.
 Los que le guardaban se burlaban de El y le golpeaban,
 y, vendndole, le preguntaban, diciendo: Profetzanos, quin es el que te hiri?
 Y otras muchas injurias proferan contra El.
 Cuando fue de da, se reuni el consejo de los ancianos del pueblo, y los prncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le condujeron ante su tribunal,
 diciendo: Si eres el Mesas, dnoslo. El les contest: Si os lo dijere, no me creeris;"
 y si os preguntare, no responderis;"
 pero el Hijo del hombre estar sentado desde ahora a la diestra del poder de Dios.
 Todos dijeron: Luego eres t el Hijo de Dios? Djoles: Vosotros lo decs, Yo soy.
 Dijeron ellos: Qu necesidad tenemos ya de testigos? Porque nosotros mismos lo hemos odo de su boca.
 Levantndose todos, le llevaron a Pilato,
 y comenzaron a acusarle, diciendo: Hemos encontrado a ste pervirtiendo a nuestro pueblo; prohibe pagar tributo al Cesar y dice ser El el Mesas rey."
 Pilato le pregunt, diciendo: Eres t el Rey de los judos? El respondi y dijo: T lo dices.
 Pilato dijo a los prncipes de los sacerdotes y a la muchedumbre: Ningn delito hallo en este hombre.
 Pero ellos insistan, diciendo: Subleva al pueblo enseando por toda Judea, desde Galilea hasta aqu.
 Oyendo esto Pilato, pregunt si aquel hombre era galileo,
 y, enterado de que era de la jurisdiccin de Herodes, le envi a ste, que estaba tambin en Jerusaln por aquellos das.
 Viendo Herodes a Jess, se alegr mucho, pues desde haca bastante tiempo deseaba verle, porque haba odo hablar de El y esperaba ver de El alguna seal.
 Le hizo bastantes preguntas, pero El no le contest nada.
 Estaban presentes los prncipes de los sacerdotes y los escribas, que insistentemente le acusaban.
 Herodes con su escolta le despreci, y por burla le visti una vestidura blanca y se lo devolvi a Pilato.
 En aquel da se hicieron amigos uno del otro Herodes y Pilato, pues antes eran enemigos.
 Pilato, convocando a los prncipes de los sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:
 Me habis trado a este hombre como alborotador del pueblo, y, habindole interrogado yo ante vosotros, no hall en l delito alguno de los que alegis contra El.
 Y ni aun Herodes, pues nos lo ha vuelto a enviar. Nada, pues, ha hecho digno de muerte.
 Le corregir y le soltare.
 Tena que soltarles uno por la fiesta.
 Pero todos a una comenzaron a gritar, diciendo: Qutale y sultanos a Barrabs,
 el cual haba sido encarcelado por un motn ocurrido en la ciudad y por homicidio.
 De nuevo Pilato se dirigi a ellos, queriendo librar a Jess.
 Pero ellos gritaban diciendo: Crucifcale, crucifcale.
 Por tercera vez les dijo: Qu mal ha hecho? Yo no encuentro en El nada digno de muerte; le corregir y le soltar."
 Pero ellos a grandes voces instaban pidiendo que fuese crucificado, y sus voces prevalecieron.
 Decidi, pues, Pilato, acceder a su peticin.
 Solt al que por motn y homicidio haba sido puesto en la crcel, segn le pedan, y entreg a Jess a la voluntad de ellos.
 Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simn de Cirene, que vena del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevase detrs de Jess.
 Le segua una gran muchedumbre del pueblo y de mujeres, que se heran y lamentaban por EL.
 Vuelto a ellas Jess, dijo: Hijas de Jerusaln, no lloris por m, llorad ms bien por vosotras mismas y por vuestros hijos,
 porque das vendrn en que se dir: Dichosas las estriles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron.
 Entonces dirn a los montes: Caed sobre nosotros, y a los collados: Ocultednos,
 porque, si esto se hace en el leo verde, en el seco, qu ser?
 Con EL llevaban otros dos malhechores para ser ejecutados.
 Guando llegaron al lugar llamado Calvario, le crucificaron all, y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
 Jess deca: Padre, perdnales, porque no saben qu hacen. Dividiendo sus vestidos, echaron suerte sobre ellos.
 El pueblo estaba all mirando, y los prncipes mismos se burlaban, diciendo: A otros salv; slvese a s mismo si es el Mesas de Dios, el Elegido."
 Y le escarnecan tambin los soldados, que se acercaban a El ofrecindole vinagre
 y diciendo: Si eres el Rey de los judos, slvate a ti mismo.
 Haba tambin una inscripcin sobre El: El Rey de los judos (es) ste.
 Uno de los malhechores crucificados le insultaba, diciendo: No eres t el Mesas? Slvate, pues, a ti mismo y a nosotros.
 Pero el otro, tomando la palabra, le reprenda, diciendo: Ni t, que ests sufriendo el mismo suplicio, temes a Dios?
 En nosotros se cumple la justicia, pues recibimos el digno castigo de nuestras obras; pero ste nada malo ha hecho."
 Y deca: Jess, acurdate de m cuando llegues a tu reino.
 El le dijo: En verdad te digo, hoy sers conmigo en el paraso.
 Era ya como el mediodia, y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta las tres de la tarde,
 obscurecise el sol, y el velo del templo se rasg por medio.
 Jess, dando una gran voz, dijo: Padre, en tus manos entrego mi espritu; y diciendo esto, expir."
 Vindolo el centurin, glorific a Dios diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.
 Toda la muchedumbre que haba asistido a aquel espectculo, viendo lo sucedido, se volva hirindose el pecho.
 Todos sus conocidos y las mujeres que le haban seguido de Galilea estaban a distancia y contemplaban todo esto.
 Un varn de nombre Jos, que era consejero, hombre bueno y justo,
 que no haba dado su consentimiento a la resolucin y a los actos de aqullos, originario de Arimatea, ciudad de Judea, que esperaba el reino de Dios,
 se present a Pilato y le pidi el cuerpo de Jess;"
 y, bajndolo, lo envolvi en una sbana y lo deposit en un monumento cavado en la roca, donde ninguno haba sido an sepultado.
 Era da de la Parasceve y estaba para lucir el sbado.
 Las mujeres que haban venido con El de Galilea le siguieron y vieron el monumento y cmo fue depositado su cuerpo.
 A la vuelta prepararon aromas y mirra. Durante el sbado estuvieron quietas por causa del precepto.
 Pero el primer da de la semana, muy de maana, vinieron al monumento, trayendo los aromas que haban preparado,
 y encontraron removida del monumento la piedra,
 y, entrando, no hallaron el cuerpo del Seor Jess.
 Estando ellas perplejas sobre esto, se les presentaron dos hombres vestidos de vestiduras deslumbrantes.
 Mientras ellas se quedaron aterrorizadas y bajaron la cabeza hacia el suelo, les dijeron: Por qu buscis entre los muertos al que vive?
 No est aqu, ha resucitado. Acordaos cmo os habl estando an en Galilea,
 diciendo que el Hijo del hombre haba de ser entregado en poder de los pecadores, y ser crucificado, y resucitar al tercer da.
 Ellas se acordaron de sus palabras,
 y, volviendo del monumento, comunicaron todo esto a los Once y a todos los dems.
 Eran Mara la Magdalena, Juana y Mara de Santiago y las dems que estaban con ellas. Dijeron esto a los apstoles,
 pero a ellos les parecieron desatinos tales relatos y no los creyeron.
 Pero Pedro se levant y corri al monumento, e inclinndose, vio slo los lienzos, y se volvi a casa admirado de lo ocurrido.
 El mismo da, dos de ellos iban a una aldea que dista de Jerusaln sesenta estadios, llamada Emas,
 y hablaban entre s de todos estos acontecimientos.
 Mientras iban hablando y razonando, el mismo Jess se les acerc e iba con ellos,
 pero sus ojos no podan reconocerle.
 Y les dijo: Qu discursos son stos que vais haciendo entre vosotros mientras caminis? Ellos se detuvieron entristecidos,
 y, tomando la palabra uno de ellos, por nombre Cleofs, le dijo: Eres t el nico forastero en Jerusaln que no conoce los sucesos en ella ocurridos estos das?
 El les dijo: Cules? Contestronle: Lo de Jess Nazareno, varn profeta, poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo;"
 cmo le entregaron los prncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados para que fuese condenado a muerte y crucificado.
 Nosotros esperbamos que sera El quien rescatara a Israel; mas, con todo, van ya tres das desde que esto ha sucedido."
 Nos asustaron ciertas mujeres de las nuestras que, yendo de madrugada al monumento,
 no encontraron su cuerpo, y vinieron diciendo que haban tenido una visin de ngeles que les dijeron que viva.
 Algunos de los nuestros fueron al monumento y hallaron las cosas como las mujeres decan, pero a El no le vieron.
 Y El les dijo: Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazn para creer todo lo que vaticinaron los profetas!
 No era preciso que el Mesas padeciese esto y entrase en su gloria?
 Y, comenzando por Moiss y por todos los profetas, les fue declarando cuanto a El se refera en todas las Escrituras.
 Se acercaron a la aldea adonde iban, y El fingi seguir adelante.
 Obligronle dicindole: Qudate con nosotros, pues el da ya declina. Y entr para quedarse con ellos.
 Puesto con ellos a la mesa, tom el pan, lo bendijo, lo parti y se lo dio.
 Se les abrieron los ojos y le reconocieron, y desapareci de su presencia.
 Se dijeron unos a otros: No ardan nuestros corazones dentro de nosotros mientras en el camino nos hablaba y nos declaraba las Escrituras?
 En el mismo instante se levantaron, y volvieron a Jerusaln y encontraron reunidos a los Once y a sus compaeros,
 que les dijeron: El Seor en verdad ha resucitado y se ha aparecido a Simn.
 Y ellos contaron lo que les haba pasado en el camino y cmo le reconocieron en la fraccin del pan.
 Mientras esto hablaban, se present en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros.
 Aterrados y llenos de miedo, crean ver un espritu.
 El les dijo: Por qu os turbis y por qu suben a vuestro corazn esos pensamientos?
 Ved mis manos y mis pies, que yo soy. Palpadme y ved, que el espritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.
 Diciendo esto, les mostr las manos y los pies.
 No creyendo an ellos, en fuerza del gozo y de la admiracin, les dijo: Tenis aqu algo que comer?
 Le dieron un trozo de pez asado,
 y, tomndolo, comi delante de ellos.
 Les dijo: Esto es lo que yo os deca estando an con vosotros: que era preciso que se cumpliera todo lo que est escrito en la Ley de Moiss y en los Profetas y en los Salmos de m.
 Entonces les abri la inteligencia para que entendiesen las Escrituras,
 y les dijo: Que as estaba escrito que el Mesas padeciese y al tercer da resucitase de entre los muertos,
 y que se predicase en su nombre la conversin y la remisin de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusaln.
 Vosotros daris testimonio de esto.
 Pues yo os envo la promesa de mi Padre; pero habis de permanecer en la ciudad hasta que seis revestidos del poder de lo alto."
 Los llev hasta cerca de Betania, y, levantando sus manos, les bendijo,
 y mientras los bendeca, se alejaba de ellos y era elevado al cielo.
 Ellos se postraron ante El y se volvieron a Jerusaln con grande gozo.
 Y estaban de continuo en el templo bendiciendo a Dios. Evangelio de San Juan.
 Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.
 El estaba al principio en Dios.
 Todas las cosas fueron hechas por EL, y sin El no se hizo nada de cuanto ha sido hecho.
 En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
 La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la abrazaron.
 Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan.
 Vino ste a dar testimonio de la luz, para testificar de ella y que todos creyeran por l.
 No era l la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz.
 Era la luz verdadera, (luz) que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre.
 Estaba en el mundo y por El fue hecho el mundo, pero el mundo no le conoci.
 vino a los suyos, pero los suyos no le conocieron.
 Mas a cuantos le recibieron dioles poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre;"
 que no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad de varn, sino de Dios son nacidos.
 Y el Verbo se hizo carne y habit entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unignito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
 Juan da testimonio de EL, clamando: Este es de quien os dije: EL que viene detrs de m ha pasado delante de m, porque era primero que yo.
 Pues de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia.
 Porque la ley fue dada por Moiss; la gracia y la verdad vino por Jesucristo."
 A Dios nadie le vio jams; Dios Unignito, que est en el seno del Padre, se nos le ha dado a conocer."
 Este es el testimonio de Juan, cuando los judos desde Jerusaln le enviaron sacerdotes y levitas para preguntarle: T, quin eres?
 El confes y no neg; confes: No soy yo el Mesas."
 Le preguntaron: Entonces, qu? Eres Elias? El dijo: No soy. Eres el Profeta? Y contest: No.
 Dijronle, pues: Quin eres? para que podamos dar respuesta a los que nos han enviado. Qu dices de ti mismo?
 Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad e) camino del Seor, segn dijo el profeta Isaas.
 Los enviados eran fariseos,
 y le preguntaron, diciendo: Pues por qu bautizas, si no eres el Mesas, ni Elias, ni el Profeta?
 Juan les contest diciendo: Yo bautizo en agua pero en medio de vosotros est uno a quien vosotros no conocis,
 que viene en pos de m, a quien no soy digno de desatar la correa de la sandalia.
 Esto sucedi en Betania, al otro lado del Jordn, donde Juan bautizaba.
 Al da siguiente vio venir a Jess y dijo: He aqu el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
 Este es aquel de quien yo dije: Detrs de m viene uno que es antes de m, porque era primero que yo.
 Yo no le conoca; mas para que El fuese manifestado a Israel he venido yo, y bautizo en agua."
 Y Juan dio testimonio, diciendo: Yo he visto el Espritu descender del cielo como paloma y posarse sobre El.
 Yo no le conoca; pero el que me envi a bautizar en agua me dijo: Sobre quien vieres descender el Espritu y posarse sobre El, se es el que bautiza en el Espritu Santo."
 Y yo vi, y doy testimonio de que ste es el Hijo de Dios.
 Al da siguiente, otra vez, hallndose Juan con dos de sus discpulos,
 fij la vista en Jess, que pasaba, y dijo: He aqu el Cordero de Dios.
 Los dos discpulos que le oyeron, siguieron a Jess.
 Volvise Jess a ellos, viendo que le seguan, y les dijo: Qu buscis? Dijronle ellos: Rab, que quiere decir Maestro, dnde moras?
 Les dijo: Venid y ved. Fueron, pues, y vieron dnde moraba, y permanecieron con El aquel da. Era como la hora dcima.
 Era Andrs, el hermano de Simn Pedro, uno de los dos que oyeron a Juan y le siguieron.
 Encontr l luego a su hermano Simn y le dijo: Hemos hallado al Mesas, que quiere decir el Cristo.
 Le condujo a Jess, que, fijando en l la vista, dijo: T eres Simn, el hijo de Juan; t sers llamado Cefas, que quiere decir Pedro."
 Al otro da, queriendo El salir hacia Galilea, encontr a Felipe, y le dijo Jess: Sgueme.
 Era Felipe de Betsaida, la ciudad de Andrs y de Pedro.
 Encontr Felipe a Natanael y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribi Moiss en la Ley y los Profetas, a Jess, hijo de Jos de Nazaret.
 Djole Natanael: De Nazaret puede salir algo bueno? Djole Felipe: Ven y vers.
 Vio Jess a Natanael, que vena hacia El, y dijo de l: He aqu un verdadero israelita, en quien no hay dolo.
 Djole Natanael: De dnde me conoces? Contest Jess y le dijo: Antes que Felipe te llamase, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
 Natanael le contest: Rab, t eres el Hijo de Dios, t eres el Rey de Israel.
 Contest Jess y le dijo: Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores has de ver.
 Y aadi: En verdad, en verdad os digo que veris abrirse el cielo y a los ngeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre.
 Al tercer da hubo una boda en Can de Galilea, y estaba all la Madre de Jess.
 Fue invitado tambin Jess con sus discpulos a la boda.
 No tenan vino, porque el vino de la boda se haba acabado. La madre de Jess le dijo: No tienen vino.
 Djole Jess: Mujer, qu nos va a ti y a m? No es an llegada mi hora.
 Dijo la madre a los servidores: Haced lo que El os diga.
 Haba all seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judos, en cada una de las cuales caban dos o tres metretas.
 Djoles Jess: Llenad las tinajas de agua. Las llenaron hasta el borde,
 y El les dijo: Sacad ahora y llevadlo al maestre sala. Se lo llevaron,
 y luego que el maestresala prob el agua convertida en vino  l no saba de dnde vena, pero lo saban los servidores, que haban sacado el agua  , llam al novio
 y le dijo: Todos sirven primero el vino bueno, y cuando estn ya bebidos, el peor; pero t has guardado hasta ahora el vino mejor."
 Este fue el primer milagro que hizo Jess, en Cana de Galilea, manifest su gloria y creyeron en El sus discpulos.
 Despus de esto baj a Cafarnam El con su Madre, sus hermanos y sus discpulos, y permanecieron all algunos das.
 Estaba prxima la Pascua de los judos, y subi Jess a Jerusaln.
 Encontr en el templo a los vendedores de bueyes, de ovejas y de palomas, y a los cambistas sentados;"
 y, haciendo de cuerdas un azote, los arroj a todos del templo, con las ovejas y los bueyes; derram el dinero de los cambistas y derrib las mesas;"
 y a los que vendan palomas les dijo: Quitad de aqu todo esto y no hagis de la casa de mi Padre casa de contratacin.
 Se acordaron sus discpulos que est escrito: El celo de tu casa me consume.
 Los judos tomaron la palabra y le dijeron: Qu seal das para obrar as?
 Respondi Jess y dijo: Destruid este templo y en tres das lo levantar.
 Replicaron los judos: Cuarenta y seis aos se han empleado en edificar este templo, y t vas a levantarlo en tres das?
 Pero El hablaba del templo de su cuerpo.
 Cuando resucit de entre los muertos, se acordaron sus discpulos de que haba dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jess haba dicho.
 Al tiempo en que estuvo en Jerusaln por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre viendo los milagros que haca;"
 pero Jess no se confiaba a ellos, porque los conoca a todos,
 y no tena necesidad de que nadie diese testimonio del hombre, pues El conoca lo que en el hombre haba.
 Haba un fariseo de nombre Nicodemo, principal entre los judos,
 que vino de noche a Jess y le dijo: Rab, sabemos que has venido como maestro de parte de Dios, pues nadie puede hacer esos signos que t haces si Dios no est con l.
 Respondi Jess y le dijo: En verdad te digo que quien no naciere de arriba no podr entrar en el reino de Dios.
 Djole Nicodemo: Cmo puede el hombre nacer siendo viejo? Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?
 Respondi Jess: En verdad, en verdad te digo que quien no naciere del agua y del Espritu no puede entrar en el reino de los celos.
 Lo que nace de la carne, carne es, pero lo que nace del Espritu, es espritu.
 No te maravilles porque te he dicho: Es preciso nacer de arriba.
 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dnde viene ni adonde va; as es todo nacido del Espritu."
 Respondi Nicodemo y dijo: Cmo puede ser eso?
 Jess respondi y dijo: Eres maestro en Israel y no sabes esto?
 En verdad, en verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y de lo que hemos visto damos testimonio; pero vosotros no recibs nuestro testimonio."
 Si hablandoos de cosas terrenas no creis, cmo creerais si os hablase de cosas celestiales?
 Nadie subi al cielo sino el que baj del cielo, el Hijo del hombre, que est en el cielo.
 A la manera que Moiss levant la serpiente en el desierto, as es preciso que sea levantado el Hijo del hombre,
 para que todo el que creyere en El tenga la vida eterna.
 Porque tanto am Dios al mundo, que le dio su unignito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna;"
 pues Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para que juzgue al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.
 El que no cree, ya est juzgado, porque no crey en el nombre del unignito Hijo de Dios.
 Y el juicio consiste en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron ms las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
 Porque todo el que obra mal, aborrece la luz, y no viene a la luz por que tus obras no sean reprendidas.
 Pero el que obra la verdad viene a la luz, para que sus obras sean manifiestas, pues estn hechas en Dios.
 Despus de esto vino Jess con sus discpulos a la tierra de Judea, y permaneci all con ellos y bautizaba.
 Juan bautizaba tambin en Ainn, cerca de Salim, donde haba mucha agua, y venan a bautizarse,
 pues Juan an no haba sido metido en la crcel.
 Se suscit una discusin entre los discpulos de Juan y cierto judo acerca de la purificacin,
 y vinieron a Juan y le dijeron: Rab, aquel que estaba contigo al otro lado del Jordn, de quien t diste testimonio, est ahora bautizando, y todos se van a El.
 Juan les respondi, diciendo: No debe el hombre tomarse nada si no le fuere dado del cielo.
 Vosotros mismos sois testigos de que dije: Yo no soy el Mesas, sino que he sido enviado ante El.
 El que tiene esposa es el esposo; el amigo del esposo, que le acompaa y le oye, se alegra grandemente de or la voz del esposo; pues as este mi gozo es cumplido."
 Preciso es que El crezca y yo menge.
 El que viene de arriba est sobre todos. El que procede de la tierra es terreno y habla de la tierra; el que viene del cielo,"
 da testimonio de lo que ha visto y odo, pero su testimonio nadie lo recibe.
 Quien recibe su testimonio pone su sello atestiguando que Dios es veraz.
 Porque aquel a quien Dios ha enviado habla palabras de Dios, pues Dios no le dio el Espritu con medida.
 El Padre ama al Hijo y ha puesto en su mano todas las cosas.
 El que cree en el Hijo tiene la vida eterna; el que rehusa creer en el Hijo no ver la vida, sino que est sobre l la clera de Dios."
 As, pues, que supo el Seor que haban odo los fariseos cmo Jess hacia ms discpulos y bautizaba ms que Juan,
 aunque Jess mismo no bautizaba, sino sus discpulos,
 abandon la Judea y parti de nuevo para Galilea.
 Tena que pasar por Samara.
 Llega, pues, a una ciudad de Samara llamada Sicar, prxima a la heredad que dio Jacob a Jos, su hijo,
 donde estaba la fuente de Jacob. Jess, fatigado del camino, se sent sin ms junto a la fuente; era como la hora de sexta."
 Llega una mujer de Samara a sacar agua, y Jess le dice: Dame de beber,
 pues los discpulos haban ido a la ciudad a comprar provisiones.
 Dcele la mujer samaritana: Cmo t, siendo judo, me pides de beber a m, mujer samaritana? Porque no se tratan judos y samaritanos.
 Respondi Jess y dijo: Si conocieras el don de Dios y quin es el que te dice: Dame de beber, t le pediras a El, y El te dara a t agua viva!
 Ella le dijo: Seor, no tienes con qu sacar el agua y el pozo es hondo; de dnde, pues, te viene esa agua viva?"
 Acaso eres t ms grande que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de l bebi l mismo, sus hijos y sus rebaos?
 Respondi Jess y le dijo: Quien bebe de esta agua volver a tener sed;"
 pero el que beba del agua que yo le diere no tendr jams sed; que el agua que yo le d se har en l una fuente que salte hasta la vida eterna."
 Di jle la mujer: Seor, dame de esa agua para que no sienta ms sed ni tenga que venir aqu a sacarla.
 El le dijo: Vete, llama a tu marido y ven ac.
 Respondi la mujer y le dijo: No tengo marido. Djole Jess: Bien dices No tengo marido;"
 porque cinco tuviste, y el que ahora tienes no es tu marido; en esto has dicho la verdad."
 Djole la mujer: Seor, veo que eres profeta.
 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decs que es Jerusaln el sitio donde hay que adorar.
 Jess le dijo: Creme, mujer, que es llegada la hora en que ni en este monte ni en Jerusaln adoraris al Padre.
 Vosotros adoris lo que no conocis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salud viene de los judos;"
 pero ya llega la hora, y es sta, cuando los verdaderos adoradores adorarn al Padre en espritu y en verdad, pues tales son los adoradores que el Padre busca.
 Dios es espritu, y los que le adoran han de adorarle en espritu y en verdad.
 Djole la mujer: Yo s que el Mesas, el que se llama Cristo, est para venir y que, cuando venga, nos har saber todas las cosas.
 Djole Jess: Soy yo, el que contigo habla.
 En esto llegaron los discpulos y se maravillaban de que hablase con una mujer; nadie, sin embargo, le dijo: Qu deseas? O qu hablas con ella?"
 Dej, pues, su cntaro la mujer, se fue a la ciudad y dijo a los hombres:
 Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. No ser el Mesas?
 Salieron los de la ciudad y vinieron a El.
 Entretanto, los discpulos le rogaban diciendo: Rab, come.
 Djoles El: Yo tengo una comida que vosotros no sabis.
 Los discpulos se decan unos a otros: Acaso alguien le ha trado de comer?
 Jess les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envi y acabar su obra,
 No decs vosotros: An cuatro meses y llegar la mies? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, que ya estn amarillos para la siega.
 El que siega recibe su salario y recoge el fruto para la vida eterna, para que se alegren juntamente el sembrador y el segador.
 Porque en esto es verdadero el proverbio, que uno es el que siembra y otro el que siega.
 Yo os envo a segar lo que no trabajasteis; otros lo trabajaron y vosotros os aprovechis de su trabajo."
 Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en El por la palabra de la mujer, que atestiguaba: Mc ha dicho todo cuanto he hecho.
 Pero as que vinieron a El, le rogaron que se quedase con ellos; y permaneci all dos das,"
 y muchos ms creyeron al orle.
 Decan a la mujer: Ya no creemos por tu palabra, pues nosotros mismos hemos odo y conocido que ste es verdaderamente el Salvador del mundo.
 Pasados dos das, parti de all para Galilea.
 El mismo Jess declar que ningn profeta es honrado en su propia patria.
 Cuando lleg a Galilea, le acogieron los galileos que haban visto cuntas maravillas haba hecho en Jerusaln durante las fiestas, pues tambin ellos haban ido a la fiesta.
 Lleg, pues, otra vez a Cana de Galilea, donde haba convertido el agua en vino. Haba all un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnam.
 Oyendo que llegaba Jess de Judea a Galilea, sali a su encuentro y le rog que bajase y curase a su hijo, que estaba para morir.
 Jess le dijo: Si no viereis seales y prodigios, no creis.
 Djole el cortesano: Seor, baja antes que mi hijo muera.
 Jess le dijo: Vete; tu hijo vive. Crey el hombre en la palabra que le dijo Jess y se fue."
 Ya bajaba l, cuando le salieron al encuentro sus siervos, dicindole: Tu hijo vive.
 Preguntles entonces la hora en que se haba puesto mejor, y le dijeron: Ayer, a la hora sptima, le dej la fiebre.
 Conoci, pues, el padre que aquella misma era la hora en que Jess le dijo: Tu hijo vive. Y crey l y toda su casa.
 Este fue el segundo milagro que hizo Jess viniendo de Judea a Galilea.
 Despus de esto se celebraba una fiesta de los judos, y subi Jess a Jerusaln.
 Hay en Jerusaln, junto a la puerta Probatica, una piscina llamada en hebreo Betzata, que tiene cinco prticos.
 En stos yaca una multitud de enfermos, ciegos, cojos, mancos, que esperaban el movimiento del agua,
 porque un ngel del Seor descenda de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua, y el primero que bajaba despus de la agitacin del agua quedaba sano de cualquiera enfermedad que padeciese.
 Haba all un hombre que llevaba treinta y ocho aos enfermo.
 Jess le vio acostado, y, conociendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: Quieres ser curado?
 Respondi el enfermo: Seor, no tengo a nadie que, al moverse el agua, me meta en la piscina y, mientras yo voy, baja otro antes de m
 Le dijo Jess: Levntate, toma la camilla y anda.
 Al instante qued el hombre sano, y tom su camilla y se fue.
 Y los judos decan al curado: Es sbado. No te es lcito llevar la camilla.
 Respondindoles: El que me ha curado me ha dicho: Coge tu camilla y vete.
 Le preguntaron: Y quin es ese hombre que te ha dicho: Coge y vete?
 El curado no saba quin era, porque Jess se haba retirado de la muchedumbre que all haba.
 Despus de esto le encontr Jess en el templo, y le dijo: Mira que has sido curado; no vuelvas a pecar, no te suceda algo peor."
 Fuese el hombre y dijo a los judos que era Jess el que lo haba curado.
 Los judos perseguan a Jess porque haca estas cosas en sbado.
 Pero El les respondi: Mi Padre sigue obrando todava, y por eso obro yo tambin.
 Por esto los judos buscaban con ms ahnco matarle, pues no slo quebrantaba el sbado, sino que deca a Dios su Padre, hacindose igual a Dios.
 Respondi, pues, Jess, dicindoles: En verdad, en verdad os digo que no puede el Hijo hacer nada por s mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque lo que ste hace, lo hace igualmente el Hijo."
 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que El hace, y le mostrar an mayores obras que stas, de suerte que vosotros quedis maravillados.
 Como el Padre resucita a los muertos y les da vida, as tambin el Hijo a los que quiere les da vida.
 Aunque el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo todo el poder de juzgar.
 Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre, que le envi.
 En verdad, en verdad os digo que el que escucha mi palabra y cree en el que me envi, tiene la vida eterna y no es juzgado, porque pas de la muerte a la vida.
 En verdad, en verdad os digo que llega la hora, y es sta, en que los muertos oirn la voz del Hijo de Dios, y los que la escucharen vivirn.
 Pues as como el Padre tiene la vida en s mismo, as dio tambin al Hijo tener vida en s mismo,
 y le dio poder de juzgar, por cuanto El es el Hijo del hombre.
 No os maravillis de esto, porque llega la hora en que cuantos estn en los sepulcros oirn su voz
 y saldrn: los que han obrado el bien, para la resurreccin de la vida, y los que han obrado el mal, para la resurreccin del juicio.
 Yo no puedo hacer por m mismo nada; segn le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envi."
 Si yo diera testimonio de m mismo, mi testimonio no sera verdico;"
 es otro el que de m da testimonio, y yo s que es verdico el testimonio que de m da.
 Vosotros habis mandado a preguntar a Juan, y l dio testimonio de la verdad;"
 pero yo no recibo testimonio de hombres; mas os digo esto para que seis salvos."
 Aqul era la lmpara que arde y alumbra, y vosotros habis querido gozar un instante de su luz.
 Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan, porque las obras que mi Padre me dio hacer, esas obras que yo hago, dan en favor mo testimonio de que el Padre me ha enviado,
 y el Padre, que me ha enviado, se da testimonio de m. Vosotros no habis odo jams su voz, ni habis visto su semblante,
 ni tenis su palabra en vosotros, porque no habis credo en aquel que El ha enviado.
 Investigad las Escrituras, ya que en ellas creis tener la vida eterna, pues ellas dan testimonio de m,
 y no queris venir a m para tener la vida.
 Yo no recibo gloria de los hombres,
 pero os conozco y s que no tenis en vosotros el amor de Dios.
 Yo he venido en nombre de mi Padre, y vosotros no me recibs; si otro viniera usurpando mi nombre, le recibirais."
 Cmo vais a creer vosotros, que recibs la gloria unos de otros y no buscis la gloria que procede del nico?
 No pensis que vaya yo a acusaros ante mi Padre; hay otro que os acusar, Moiss, en quien vosotros tenis puesta la esperanza;"
 porque, si creyerais en Moiss, creerais en m, pues de m escribi l;"
 pero, si no creis en sus Escrituras, cmo vais a creer en mis palabras?
 Despus de esto parti Jess al otro lado del mar de Galilea, de Tiberades,
 y le segua una gran muchedumbre, porque vean los milagros que haca con los enfermos.
 Subi Jess a un monte y se sent con sus discpulos.
 Estaba cercana la Pascua, la fiesta de los judos.
 Levantando, pues, los ojos Jess y contemplando la gran muchedumbre que vena a El, dijo a Felipe: Dnde compraremos pan para dar de comer a stos?
 Esto lo deca para probarle, porque El bien saba lo que haba de hacer.
 Contest Felipe: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno reciba un pedacito.
 Djole uno de sus discpulos, Andrs, el hermano de Simn Pedro:
 Hay aqu un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero esto, qu es para tantos?"
 Dijo Jess: Mandad que se acomoden. Haba en aquel sitio mucha hierba verde. Se acomodaron, pues, los hombres, en nmero de unos cinco mil.
 Tom entonces Jess los panes, y, dando gracias, dio a los que estaban recostados, e igualmente de los peces, cuanto quisieron.
 As que se saciaron, dijo a los discpulos: Recoged los fragmentos que han sobrado, para que no se pierdan.
 Los recogieron, y llenaron doce cestos de fragmentos que de los cinco panes de cebada sobraron a los que haban comido.
 Los que estaban presentes, viendo el milagro que haba hecho, decan: Verdaderamente ste es el Profeta que ha de venir al mundo.
 Y Jess, conociendo que iban a venir para arrebatarle y hacerle rey, se retir al monte El solo.
 Llegada la tarde, bajaron sus discpulos al mar,
 y, subiendo en la barca, se dirigan al otro lado del mar, hacia Cafarnam. Ya haba oscurecido y an no haba vuelto a ellos Jess,
 y el mar se haba alborotado por el viento fuerte que soplaba.
 Habiendo, pues, navegado como unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jess que caminaba sobre el mar y se acercaba ya a la barca, y temieron.
 Pero El les dijo: Soy yo, no temis.
 Queran ellos tomarle en la barca; pero al instante se hall la barca en la ribera adonde se dirigan."
 Al otro da, la muchedumbre que estaba al otro lado del mar ech de ver que no haba sino una barquilla y que Jess no haba entrado con sus discpulos en la barca, sino que los discpulos haban partido solos;"
 pero llegaron de Tiberades barcas cerca del sitio donde haban comido el pan, despus de haber dado gracias el Seor,
 y cuando la muchedumbre vio que Jess no estaba all, ni sus discpulos tampoco, subieron en las barcas y vinieron a Cafarnam en busca de Jess.
 Habindole hallado al otro lado del mar, le dijeron: Rab, cundo has venido aqu?
 Les contest Jess, y dijo: En verdad, en verdad os digo, vosotros me buscis, no porque habis visto los milagros, sino porque habis comido los panes y os habis saciado;"
 procuraos, no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece hasta la vida eterna, el que el Hijo del hombre os da, porque Dios Padre le ha sellado con su sello.
 Dijronle, pues: Qu haremos para hacer obras de Dios?
 Respondi Jess y les dijo: La obra de Dios es que creis en aquel que El ha enviado.
 Ellos le dijeron: Pues t, qu seales haces para que veamos y creamos? Qu haces?
 Nuestros padres comieron el man en el desierto, segn est escrito: Les dio a comer pan del cielo.
 Djoles, pues, Jess: En verdad, en verdad os digo: Moiss no os dio pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;"
 porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.
 Dijronle, pues, ellos: Seor, danos siempre ese pan.
 Les contest Jess: Yo soy el pan de vida; el que viene a m, no tendr ms ya hambre, y el que cree en m, jams tendr sed."
 Pero Yo os digo que vosotros me habis visto, y no me creis;"
 todo lo que el Padre me da viene a m, y al que viene a m, yo no le echar fuera,
 porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envi.
 Y sta es la voluntad del que me envi: que yo no pierda nada de lo que me ha dado, sino que lo resucite en el ltimo da.
 Porque sta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en El tenga la vida eterna, y yo le resucitar en el ltimo da.
 Murmuraban de El los judos, porque haba dicho: Yo soy el pan que baj del cielo,
 y decan: No es ste Jess, el hijo de Jos, cuyo padre y madre nosotros conocemos? Pues cmo dice ahora: Yo he bajado del cielo?
 Respondi Jess y les dijo: No murmuris entre vosotros.
 Nadie puede venir a m si el Padre, que me ha enviado, no le trae, y yo le resucitar en el ltimo da.
 En los Profetas est escrito: Y sern todos enseados de Dios. Todo el que oye a mi Padre y recibe su enseanza, viene a m;"
 no que alguno haya visto al Padre, sino slo el que est en Dios, se ha visto al Padre.
 En verdad, en verdad os digo: El que cree, tiene la vida eterna.
 Yo soy el pan de vida;"
 vuestros padres comieron el man en el desierto, y murieron.
 Este es el pan que baja del cielo, para que el que lo coma no muera.
 Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan, vivir para siempre, y el pan que yo le dar es mi carne, vida del mundo."
 Disputaban entre s los judos diciendo: Cmo puede ste darnos de comer de su carne?
 Jess les dijo: En verdad, en verdad os digo que, si no comis la carne del Hijo del hombre y no bebis su sangre, no tendris vida en vosotros.
 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y yo le resucitar el ltimo da.
 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
 El que come mi carne y bebe mi sangre est en m y yo en l.
 As como me envi mi Padre vivo, y vivo yo por mi Padre, as tambin el que me come vivir por m.
 Este es el pan bajado del cielo, no como el pan que comieron los padres, y murieron; el que come este pan vivir para siempre."
 Esto lo dijo enseando en sinagoga en Cafarnam.
 Luego de haberle odo, muchos de sus discpulos dijeron: Duras son estas palabras! Quin puede orlas?
 Conociendo Jess que murmuraban de esto sus discpulos, les dijo: Esto os escandaliza?
 Pues qu sera si vierais al Hijo del hombre subir all a donde estaba antes?
 El espritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espritu y son vida;"
 pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque saba Jess, desde el principio, quines eran los que no crean y quin era el que haba de entregarle.
 Y deca: Por esto os dije que nadie puede venir a m si no le es dado de mi Padre.
 Desde entonces muchos de sus discpulos se retiraron y ya no le seguan.
 Y dijo Jess a los Doce: Queris iros vosotros tambin?
 Respondile Simn Pedro: Seor, a quin iramos? T tienes palabras de vida eterna,
 y nosotros hemos credo y sabemos que t eres el Santo de Dios.
 Respondile Jess: No he elegido yo a los Doce? Y uno de vosotros es diablo.
 Hablaba de Judas Iscariote, porque ste, uno de los Doce, haba de entregarle.
 Despus de esto andaba Jess por Galilea, pues no quera ir a Judea, porque los judos le buscaban para darle muerte.
 Estaba cerca la fiesta de los judos, la de los Tabernculos.
 Dijronle sus hermanos: Sal de aqu y vete a Judea para que tus discpulos vean las obras que haces;"
 nadie hace esas cosas en secreto si pretende manifestarse. Puesto que eso haces, mustrate al mundo.
 Pues ni sus hermanos crean en El.
 Jess les dijo: Mi tiempo no ha llegado an, pero vuestro tiempo siempre est pronto.
 El mundo no puede aborreceros a vosotros, pero a m me aborrece, porque doy testimonio en contra de l de que sus obras son malas.
 Vosotros subid a la fiesta; yo no subo a esa fiesta, porque an no se ha cumplido mi tiempo."
 Dicho esto, se qued en Galilea.
 Una vez que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces subi El tambin, no manifiestamente, sino en secreto.
 Los judos le buscaban en la fiesta y decan: Dnde est se?
 Y haba entre las muchedumbres gran cuchicheo acerca de El. Los unos decan: Es bueno; pero otros decan: No; seduce a las turbas.
 Sin embargo, nadie hablaba libremente de El por temor a los judos.
 Mediada ya la fiesta, subi Jess al templo y enseaba.
 Admirbanse los judos, diciendo: Cmo es que ste, no habiendo estudiado, sabe letras?
 Jess les respondi y dijo: Mi doctrina no es ma, sino del que me ha enviado.
 Quien quisiere hacer la voluntad de El, conocer si mi doctrina es de Dios o si es ma.
 El que de s mismo habla busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le ha enviado, se es veraz y no hay en l injusticia."
 No os dio Moiss la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley? Por qu buscis darme muerte?
 La muchedumbre respondi: T ests posedo del demonio; quin busca darte muerte?"
 Respondi Jess y les dijo: Una obra he hecho, y todos os maravillis.
 Moiss os dio la circuncisin  no que proceda de Mioss, sino de los padres  , y vosotros circuncidis a un hombre en sbado.
 Si un hombre recibe la circuncisin en sbado para que no quede incumplida la ley de Moiss, por qu os irritis contra m porque he curado del todo a un hombre en sbado?
 No juzguis segn las apariencias; juzgad segn justicia."
 Decan, pues, algunos de los de Jerusaln: No es ste a quien buscan matar?
 Y habla libremente y no le dicen nada. Ser que de verdad habrn reconocido las autoridades que es el Mesas?
 Pero de ste sabemos de dnde viene; mas del Mesas, cuando venga, nadie sabr de dnde viene."
 Jess, enseando en el templo, grit y dijo: Vosotros me conocis y sabis de dnde soy: y yo no he venido de m mismo, pero el que me ha enviado es veraz, aunque vosotros no le conocis.
 Yo le conozco, porque procedo de El, y El me ha enviado.
 Buscaban, pues, prenderle, pero nadie le pona las manos, porque an no haba llegado su hora.
 De la multitud, muchos creyeron en El, y decan: El Mesas, cuando venga, har ms milagros de los que ste hace?
 Oyeron los fariseos a la muchedumbre que cuchicheaba acerca de El, y enviaron los prncipes de los sacerdotes y los fariseos alguaciles para que le prendiesen.
 Dijo entonces Jess: An estar con vosotros un poco de tiempo, y me ir al que me ha enviado.
 Me buscaris y no me hallaris, y, a donde yo voy, vosotros no podis venir.
 Dijronse entonces los judos: Adonde va a ir ste que nosotros no hayamos de hallarle? Acaso quiere irse a la dispersin de los gentiles a ensearles a ellos?
 Qu es esto que dice: Me buscaris y no me hallaris, y, a donde yo voy, vosotros no podis venir?
 El ltimo da, el da grande de la fiesta, se detuvo Jess y grit, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a m y beba.
 El que cree en m, segn dice la Escritura, ros de agua viva corrern de su seno.
 Esto dijo del Espritu, que haban de recibir los que creyeran en El, pues an no haba sido dado el Espritu porque Jess no haba sido glorificado.
 De la muchedumbre, algunos que escuchaban estas palabras decan: Verdaderamente que ste es el Profeta.
 Otros decan: Este es el Mesas. Pero otros replicaban: Acaso el Mesas puede venir de Galilea?
 No dice la Escritura que del linaje de David y de la aldea de Beln, de donde era David, ha de venir el Mesas?
 Y se origin un desacuerdo en la multitud por su causa.
 Algunos de ellos queran apoderarse de El, pero nadie le puso las manos.
 Volvieron, pues, los alguaciles a los prncipes de los sacerdotes y a los fariseos, y stos les dijeron: Por qu no le habis trado?
 Respondieron los alguaciles: Jams hombre alguno habl como ste.
 Pero los fariseos les replicaron: Es que tambin vosotros os habis dejado engaar?
 Acaso algn magistrado o fariseo ha credo en El?
 Pero esta gente, que ignora la Ley, son unos malditos.
 Les dijo Nicodemo, el que haba ido antes a El, que era uno de ellos:
 Acaso nuestra Ley condena a un hombre antes de orle y sin averiguar lo que hizo?
 Le respondieron y dijeron: Tambin t eres de Galilea? Investiga y vers que de Galilea no ha salido profeta alguno.
 Y se fueron cada uno a su casa.
 Se fue Jess al monte de los Olivos;"
 pero, de maana, otra vez volvi al templo, y todo el pueblo vena a El, y, sentado, les enseaba.
 Los escribas y fariseos trajeron a una mujer tomada en adulterio y, ponindola en medio,
 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio.
 En la Ley nos ordena Moiss apedrear a stas; t qu dices?"
 Esto lo decan tentndole, para tener de qu acusarle. Jess, inclinndose, escriba con el dedo en la tierra.
 Como ellos insistieron en preguntarle, se incorpor y les dijo: El que de vosotros est sin pecado, arrjele la piedra el primero.
 E inclinndose de nuevo, escriba en tierra.
 Ellos que le oyeron fueron salindose uno a uno, comenzando por los ms ancianos, y qued El solo, y la mujer en medio.
 Incorporndose Jess, le dijo: Mujer, dnde estn? Nadie te ha condenado?
 Dijo ella: Nadie, Seor. Jess dijo: Ni yo te condeno tampoco; vete y no peques ms."
 Otra vez les habl Jess, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en la tiniebla, sino que tendr luz de vida."
 Dijronle, pues, los fariseos: T das testimonio de ti mismo, y tu testimonio no es verdadero.
 Respondi Jess y dijo: Aunque yo d testimonio de m mismo, mi testimonio es verdadero, porque s de dnde vengo y adonde voy, mientras que vosotros no sabis de dnde vengo o adonde voy.
 Vosotros juzgis segn la carne; yo no juzgo a nadie;"
 y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy solo, sino yo y el Padre, que me ha enviado.
 En vuestra Ley est escrito que el testimonio de dos es verdadero.
 Yo soy el que da testimonio de mi mismo, y el Padre, que me ha enviado, da testimonio de m.
 Pero ellos le decan: Dnde est tu Padre? Respondi Jess: Ni a m me conocis ni a mi Padre; si me conocierais a m, conocerais tambin a mi Padre."
 Estas palabras las dijo Jess en el gazofilacio, enseando en el templo, y nadie puso en El las manos, porque an no haba llegado su ora.
 Todava les dijo: Yo me voy, y me buscaris, y moriris en vuestro pecado; a donde Yo voy, no podis venir vosotros."
 Los judos se decan: Acaso va a matarse, que dice: A donde Yo voy no podis venir vosotros?
 El les deca: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo."
 Os dije que morirais en vuestro pecado, porque, si no creyereis que Yo soy, moriris en vuestros pecados.
 Ellos decan: T quin eres? Jess les dijo: Es precisamente lo que os estoy diciendo.
 Mucho tengo que hablar y juzgar de vosotros, pues el que me ha enviado es veraz, y Yo hablo al mundo lo que le oigo a El.
 No comprendieron que les hablaba del Padre.
 Dijo, pues, Jess: Cuando levantis en alto al Hijo del hombre, entonces conoceris que soy Yo y no hago nada de m mismo, sino que, segn me ense el Padre, as hablo.
 El que me envi est conmigo; no me ha dejado solo, porque Yo hago siempre lo que es de su agrado."
 Hablando El estas cosas, muchos creyeron en El.
 Jess deca a los judos que haban credo en El: Si permanecis en mi palabra, seris en verdad discpulos mos,
 y conoceris la verdad, y la verdad os librar.
 Respondironle ellos: Somos linaje de Abraham, y de nadie hemos sido jams siervos; cmo dices t: Seris libres?"
 Jess les contest: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es siervo del pecado.
 El siervo no permanece en la casa para siempre; el hijo permanece para siempre."
 Si, pues, el Hijo os librare, seris verdaderamente libres.
 S que sois linaje de Abraham; pero buscis matarme, porque mi palabra no ha sido acogida por vosotros."
 Yo hablo lo que he visto en el Padre; y vosotros tambin hacis lo que habis odo de vuestro padre."
 Respondieron y dijronle: Nuestro padre es Abraham. Jess les dijo: Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham.
 Pero ahora buscis quitarme la vida, a un hombre que os ha hablado la verdad, que oy de Dios; eso Abraham no lo hizo."
 Vosotros hacis las obras de vuestro padre. Dijronle ellos: Nosotros no somos nacidos de fornicacin, tenemos por padre a Dios.
 Djoles Jess: Si Dios fuera vuestro padre, me amaras a m; porque yo he salido y vengo de Dios, pues Yo no he venido de m mismo, antes es El quien me ha enviado."
 Por qu no entendis mi lenguaje? Porque no podis or mi palabra.
 Vosotros tenis por padre al diablo, y queris hacer los deseos de vuestro padre. El es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en l. Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque l es mentiroso y padre de la mentira.
 Pero a m, porque os digo la verdad, no me creis.
 Quin de vosotros me argir de pecado? Si os digo la verdad, por qu no me creis?
 El que es de Dios oye las palabras de Dios; por eso vosotros no las os, porque no sois de Dios."
 Respondieron los judos y le dijeron: No decimos bien nosotros que t eres samaritano y tienes demonio?
 Respondi Jess: Yo no tengo demonio, sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonris a m.
 Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzgue."
 En verdad, en verdad os digo: Si alguno guardare mi palabra, no ver jams la muerte.
 Dijronle los judos: Ahora nos convencemos de que ests endemoniado. Abraham muri, y tambin los profetas, y t dices: Quien guardare mi palabra no gustar la muerte nunca.
 Acaso eres t mayor que nuestro padre Abraham, que muri? Y los profetas murieron. Quin pretendes ser?
 Respondi Jesus: Si Yo me glorifico a m mismo, mi gloria no es nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decs que es vuestro Dios."
 y no lo conocis, pero Yo le conozco; y si dijere que no le conozco, sera semejante a vosotros, embustero; mas Yo le conozco y guardo su palabra."
 Abraham, vuestro padre, se regocij pensando en ver mi da; lo vio y se alegr."
 Le dijeron entonces los judos: No tienes an cincuenta aos y has visto a Abraham?
 Respondi Jess: En verdad, en verdad os digo: Antes que Abraham naciese, era Yo.
 Entonces tomaron piedras para arrojrselas; pero Jess se ocult y sali del templo."
 Pasando, vio a un hombre ciego de nacimiento,
 y sus discpulos le preguntaron diciendo: Rab, quin pec: ste o sus padres, para que naciera ciego?
 Contest Jess: Ni pec ste ni sus padres, sino para que se manifiesten en l las obras de Dios.
 Es preciso que yo haga las obras del que me envi, mientras es de da; venida la noche, ya nadie puede trabajar."
 Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.
 Diciendo esto, escupi en el suelo, hizo con saliva un poco de lodo y unt con l los ojos,
 y le dijo: Vete y lvate en la piscina de Silo  que quiere decir enviado  . Fue, pues, se lav y volvi con vista.
 Los vecinos y los que antes le conocan, pues era mendigo, decan: No es ste el que estaba sentado pidiendo limosna?
 Unos decan que era l; otros decan: No, pero se le parece. El deca: Soy yo."
 Entonces le decan: Pues cmo se te han abierto los ojos?
 Respondi l: Ese hombre llamado Jess hizo lodo, me unt los ojos y me dijo: Vete a Silo y lvate; fui, me lav y recobr la vista."
 Y le dijeron: Dnde est se? Contest: No lo s.
 Llevan a presencia de los fariseos al antes ciego,
 pues era sbado el da en que Jess hizo lodo y le abri los ojos.
 De nuevo le preguntaron los fariseos cmo haba recobrado la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, me lav y veo.
 Dijeron entonces algunos de los fariseos: No puede venir de Dios este hombre, pues no guarda el sbado. Otros decan: Y cmo puede un hombre pecador hacer tales milagros? Y haba desacuerdo entre ellos.
 Otra vez dijeron al ciego: Qu dices t de ese que te abri los ojos? El contest: Que es profeta.
 No queran creer los judos que aqul era ciego y que haba recobrado la vista, hasta que llamaron a sus padres,
 y les preguntaron, diciendo: Es ste vuestro hijo, de quien vosotros decs que naci ciego? Cmo ahora ve?
 Respondieron los padres y dijeron: Lo que sabemos es que ste es nuestro hijo y que naci ciego;"
 cmo ve ahora, no lo sabemos; quin le abri los ojos, nosotros no lo sabemos; preguntdselo a l; edad tiene; que l hable por s."
 Esto dijeron sus padres porque teman a los judos, que ya stos haban convenido en que, si alguno le confesaba Mesas, fuera expulsado de la sinagoga.
 Por esto sus padres dijeron: Edad tiene, preguntadle a l.
 Llamaron, pues, por segunda vez al ciego y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador."
 A esto respondi l: Si es pecador, no lo s; lo que s es que, siendo ciego, ahora veo."
 Dijronle tambin: Qu te hizo? Cmo te abri los ojos?
 El les respondi: Os lo he dicho ya y no habis escuchado. Para qu queris orlo otra vez? Es que queris haceros discpulos suyos?
 Ellos, insultndole, dijeron: S t discpulo suyo; nosotros somos discpulos de Moiss."
 Nosotros sabemos que Dios habl a Moiss; cuanto a ste, no sabemos de dnde viene."
 Respondi el hombre y les dijo: Eso es de maravillar: que vosotros no sepis de dnde viene, habindome abierto a m los ojos.
 Sabido es que Dios no oye a los pecadores; pero, si uno es piadoso y hace su voluntad, a se le escucha."
 Jams se oy decir que nadie haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
 Si ste no fuera de Dios, no podra hacer nada.
 Respondieron y dijronle: Eres todo pecado desde que naciste, ? pretendes ensearnos? Y le echaron fuera.
 Oy Jess que le haban echado fuera, y, encontrndole, le dijo: Crees en el Hijo del hombre?
 Respondi l y dijo: Quin es, Seor, para que crea en El?
 Djole Jess: Le ests viendo; es el que habla contigo."
 Dijo l: Creo, Seor, y se postr ante El.
 Jess dijo: Yo he venido al mundo para un juicio, para que los que no ven, vean, y los que ven, se vuelvan ciegos.
 Oyeron esto algunos fariseos que estaban con El, y le dijeron: Conque nosotros somos tambin ciegos?
 Djoles Jess: Si fuerais ciegos, no tendrais pecado; pero ahora decs: Vemos, y vuestro pecado permanece."
 En verdad, en verdad os digo que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, se es ladrn y salteador;"
 pero el que entra por la puerta, se es pastor de las ovejas.
 A ste le abre el portero y las ovejas oyen su voz, y llama a las ovejas por su nombre y las saca fuera;"
 y cuando las ha sacado todas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz;"
 pero no seguirn al extrao; antes huirn de l, porque no conocen la voz de los extraos."
 Les dijo esta semejanza; pero no entendieron qu era lo que les hablaba."
 De nuevo les dijo Jess: En verdad, en verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas;"
 todos cuantos han venido eran ladrones y salteadores, pero las ovejas no les oyeron.
 Yo soy la puerta; el que por m entra se salvar y entrar y saldr y hallar pasto."
 El ladrn no viene sino para robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante."
 Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por sus ovejas;"
 el asalariado, el que no es pastor dueo de sus ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata y dispersa las ovejas,
 Yo soy el buen pastor y conozco a las mas, y las mas me conocen a m, !
 como el Padre me conoce y yo conozco a mi Padre, y pongo mi vida por las ovejas.
 porque es asalariado y no le da cuidado de las ovejas. '
 Tengo otras ovejas que no son de este aprisco, y es preciso que Yo las traiga, y oirn mi voz, y habr un solo rebao y un solo pastor.
 Por esto el Padre me ama, porque Yo doy mi vida para tomarla de nuevo.
 Nadie me la quita; soy yo quien la doy de m mismo. Tengo poder para darla y poder para volver a tomarla. Tal es el mandato que del Padre he recibido."
 Otra vez se suscit desacuerdo entre ellos a propsito de estos razonamientos.
 Pues muchos de ellos decan: Est endemoniado, ha perdido el juicio; por qu le escuchis?"
 Otros decan: Estas palabras no son de un endemoniado, ni el demonio puede abrir los ojos a los ciegos.
 Se celebraba entonces en Jerusaln la Dedicacin; era invierno,"
 y Jess se paseaba en el templo por el prtico de Salomn.
 Le rodearon, pues, los judos y le decan: Hasta cundo vas a tenernos en vilo? Si eres el Mesas, dnoslo claramente.
 Respondiles Jess: Os lo dije y no lo creis; las obras que Yo hago en nombre de mi Padre, sas dan testimonio de m;"
 pero vosotros no creis, porque no sois de mis ovejas.
 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen,
 y yo les doy la vida eterna, y no perecern para siempre, y nadie las arrebatar de mi mano.
 Lo que mi Padre me dio es mejor que todo, y nadie podr arrebatar nada de la mano de mi Padre.
 Yo y el Padre somos una sola cosa.
 De nuevo los judos trajeron piedras para apedrearle.
 Jess les respondi: Muchas obras os he mostrado de parte de mi Padre; por cul de ellas me apedreis?"
 Respondironle los judos: Por ninguna obra buena te apedreamos, sino por la blasfemia, porque t, siendo hombre, te haces Dios.
 Jess les replic: No est escrito en vuestra Ley: Yo digo: Dioses sois?
 Si llama dioses a aquellos a quienes fue dirigida la palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar,
 de aquel a quien el Padre santific y envi al mundo decs vosotros: Blasfemas, porque dije: Soy Hijo de Dios?
 Si no hago las obras de mi Padre, no me creis;"
 pero si las hago, ya que no me creis a m, creed a las obras, para que sepis y conozcis que el Padre est en m, y Yo en el Padre.
 De nuevo buscaban cogerle, pero El se desliz de entre sus manos.
 Parti de nuevo al otro lado del Jordn, al sitio en que Juan haba bautizado la primera vez, y permaneci all.
 Muchos venan a El y decan: Juan no hizo milagro alguno, pero todas cuantas cosas dijo Juan de ste eran verdaderas.
 Y muchos all creyeron en El.
 Haba un enfermo, Lzaro, de Betania, de la aldea de Mara y Marta, sus hermanas.
 Era esta Mara la que ungi al Seor con un ungento y le enjug los pies con sus cabellos, cuyo hermano Lzaro estaba enfermo.
 Enviaron, pues, las hermanas a decirle: Seor, el que amas est enfermo.
 Oyndolo Jess, dijo: Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
 Jess amaba a Marta y a su hermana y a Lzaro.
 Aunque oy que estaba enfermo, permaneci en el lugar en que se hallaba dos das ms;"
 pasados los cuales dijo a los discpulos: Vamos otra vez a Judea.
 Los discpulos le dijeron: Rab, los judos te buscan para apedrearte, y de nuevo vas all?
 Respondi Jess: No son doce las horas del da? Si alguno camina durante el da, no tropieza, porque ve la luz de este mundo;"
 pero, si camina de noche, tropieza, porque no hay luz en l.
 Esto dijo, y despus aadi: Lzaro, nuestro amigo, est dormido, pero yo voy a despertarle.
 Dijronle entonces los discpulos: Seor, si duerme, sanar.
 Hablaba Jess de su muerte, y ellos pensaron que hablaba del descanso del sueo.
 Entonces les dijo Jess claramente: Lzaro ha muerto,
 y me alegro por vosotros de no haber estado all, para que creis; pero vamos all."
 Dijo, pues, Toms, llamado Ddimo, a los compaeros: Vamos tambin nosotros a morir con El.
 Fue, pues, Jess, y se encontr con que llevaba ya cuatro das en el sepulcro.
 Estaba Betania cerca de Jerusalen, como unos quince estadios,
 y muchos judos haban venido a Marta y a Mara para consolarlas por su hermano.
 Marta, pues, en cuanto oy que Jess llegaba, le sali al encuentro; pero Mara se qued sentada en casa."
 Dijo, pues, Marta a Jess: Seor, si hubieras estado aqu, no hubiera muerto mi hermano;"
 pero s que cuanto pidas a Dios, Dios te lo otorgar.
 Djole Jess: Resucitar tu hermano.
 Marta le dijo: S que resucitar en la resurreccin en el ltimo da.
 Djole Jess: Yo soy la resurreccin y la vida; el que cree en m, aunque muera vivir;"
 y todo el que vive y cree en m no morir para siempre. Crees t esto?
 Djole ella: S, Seor; yo creo que t eres el Mesas, el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo."
 Diciendo esto, se fue y llam a Mara, su hermana, dicindole en secreto: El Maestro est ah y te llama.
 Cuando oy esto, se levant al instante y se fue a El,
 pues an no haba entrado Jess en la aldea, sino que se hallaba an en el sitio donde le haba encontrado Marta.
 Los judos que estaban con ella en casa consolndola, viendo que Mara se levantaba con prisa y sala, la siguieron, pensando que iba al monumento para llorar all.
 As que Mara lleg a donde Jess estaba, vindole, se ech a sus pies, diciendo: Seor, si hubieras estado aqu, no hubiera muerto mi hermano.
 Vindola Jess llorar, y que lloraban tambin los judos que venan con ella, se conmovi hondamente y se turb,
 y dijo: Dnde le habis puesto? Dijronle: Seor, ven y ve.
 Llor Jess,
 y los judos decan: Cmo le amaba!
 Algunos de ellos dijeron: No pudo ste, que abri los ojos al ciego, hacer que no muriese?
 Jess, otra vez conmovido en su interior, lleg al monumento, que era una cueva tapada con una piedra.
 Dijo Jess: Quitad la piedra. Djole Marta, la hermana del muerto: Seor, ya hiede, pues lleva cuatro das.
 Jess le dijo: No te he dicho que, si creyeres, vers la gloria de Dios?
 Quitaron, pues, la piedra, y Jess, alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado;"
 yo s que siempre me escuchas, pero por la muchedumbre que me rodea lo digo, para que crean que t me has enviado.
 Diciendo esto, grit con fuerte voz: Lzaro, sal fuera.
 Sali el muerto, ligados con fajas pies y manos, y el rostro envuelto en un sudario. Jess les dijo: Soltad-le y dejadle ir.
 Muchos de los judos que haban venido a Mara y vieron lo que haba hecho creyeron en El;"
 pero algunos se fueron a los fariseos y les dijeron lo que haba hecho Jess.
 Convocaron entonces los prncipes de los sacerdotes y los fariseos una reunin, y dijeron: Qu hacemos, que este hombre hace muchos milagros?
 Si le dejamos as todos creern en l y vendrn los romanos y destruirn nuestro lugar santo y nuestra nacin.
 Uno de ellos, Caifas, que era sumo sacerdote aquel ao, les dijo: Vosotros no sabis nada.
 No comprendis que conviene que muera un hombre por todo el pueblo, no que perezca todo el pueblo?
 No dijo esto de s mismo, sino que, como era pontfice aquel ao, profetiz que Jess haba de morir por el pueblo,
 y no slo por el pueblo, sino para reunir en uno todos los hijos de Dios que estn dispersos.
 Desde aquel da tomaron la resolucin de matarle.
 Jess, pues, ya no andaba en pblico entre los judos; antes se fue a una regin prxima al desierto, a una ciudad llamada Erren, y all moraba con sus discpulos."
 Estaba prxima la Pascua de los judos, y muchos suban del campo a Jerusaln antes de la Pascua para purificarse.
 Buscaban, pues, a Jess, y unos a otros se decan en el templo: Qu os parece? No vendr a la fiesta?
 Pues los prncipes de los sacerdotes y los fariseos haban dado rdenes para que, si alguno supiese dnde estaba, lo indicase, a fin de prenderle.
 Seis das antes de la Pascua vino Jess a Betania, donde estaba Lzaro, a quien Jess haba resucitado de entre los muertos.
 Le dispusieron all una cena; y Marta serva, y Lzaro era de los que estaban a la mesa con El."
 Mara, tomando una libra de ungento de nardo legtimo, de gran valor, ungi los pies de Jess y los enjug con sus cabellos, y la casa se llen de olor del ungento.
 Judas Iscariote, uno de sus discpulos, el que haba de entregarle, dijo:
 Por qu este ungento no se vendi en trescientos denarios y se dio a los pobres?
 Esto deca, no por amor a los pobres, sino porque era ladrn, y, llevando l la bolsa, hurtaba de lo que en ella echaban.
 Pero Jess dijo: Djala; lo tena guardado para el da de mi sepultura."
 Porque pobres siempre los tenis con vosotros, pero a mi no me tenis siempre.
 Una gran muchedumbre de judos supo que estaba all, y vinieron, no slo por Jess, sino por ver a Lzaro, a quien haba resucitado de entre los muertos.
 Los prncipes de los sacerdotes haban resuelto matar a Lzaro,
 pues por l muchos judos iban y crean en Jess.
 Al da siguiente, la numerosa muchedumbre que haba venido a la fiesta, habiendo odo que Jess llegaba a Jerusaln,
 tomaron ramos de palmeras y salieron a su encuentro gritando: Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Seor, y el Rey de Israel.
 Habiendo Jess encontrado un burro, mont sobre l, segn est escrito:
 No temas, hija de Sin; he aqu que viene tu rey montado sobre un burro.
 Esto no lo entendieron, desde luego, los discpulos; pero, cuando fu glorificado Jess, entonces recordaron que de El estaban escritas estas cosas que ellos le haban hecho."
 Les renda testimonio la muchedumbre que estaba con El cuando llam a Lzaro del sepulcro y le resucit de entre los muertos.
 Por esto le sali al encuentro la multitud, porque haban odo que haba hecho este milagro.
 Entretanto, los fariseos se decan: Ya veis que no adelantamos nada, ya veis que todo el mundo se va en pos de El.
 Haba algunos griegos entre los que haban subido a adorar en la fiesta.
 Estos, pues, se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Seor, queremos ver a Jess.
 Felipe fue y se lo dijo a Andrs; Andrs y Felipe vinieron y se lo dijeron a Jess."
 Jess les contest diciendo: Es llegada la hora en que el Hijo del hombre ser glorificado.
 En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedar solo; pero, si muere, llevar mucho fruto."
 El que ama su alma, la pierde; pero el que aborrece su alma en este mundo, la guardar para la vida eterna."
 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo est, all estar tambin mi servidor; si alguno me sirve, mi Padre le honrar."
 Ahora mi alma se siente turbada. Y qu dir? Padre, lbrame de esta hora? Mas para esto he venido Yo a esta hora!
 Padre, glorifica tu nombre. Lleg entonces una voz del cielo: Le glorifiqu y de nuevo le glorificar.
 La muchedumbre que all estaba y oy, deca que haba tronado; otros decan: Le habl un ngel."
 Jess respondi y dijo: No por m se ha dejado or esta voz, sino por vosotros.
 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el prncipe de este mundo ser arrojado fuera,"
 y Yo, si fuere levantado de la tierra, atraer a todos a m.
 Esto lo deca indicando de qu muerte haba de morir.
 La multitud le contest: Nosotros sabemos por la Ley que el Mesas permanece para siempre. Cmo, pues, dices t que el Hijo del hombre ha de ser levantado? Quin es ese Hijo del hombre?
 Djoles Jess: Por poco tiempo an est la Luz en medio de vosotros. Caminad mientras tenis luz, para que no os sorprendan las tinieblas, pues el que camina en tinieblas no sabe por dnde va.
 Mientras tenis luz, creed en la Luz, para ser hijos de la luz. Esto dijo Jess, y, partiendo, se ocult de ellos.
 Aunque haba hecho tan grandes milagros en medio de ellos, no crean en l,
 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaas, que dice: Seor, quin prest fe a nuestro mensaje? y el brazo del Seor, a quin ha sido revelado?
 Por esto no pudieron creer, porque tambin haba dicho Isaas:
 El ha cegado sus ojos y ha endurecido su corazn, no sea que con sus ojos vean, con su corazn entiendan, y se conviertan y los sane,
 Esto dijo Isaas porque vio su gloria y habl de El.
 Sin embargo, aun muchos de los jefes creyeron en El; pero por causa de los fariseos no le confesaban, temiendo ser excluidos de la sinagoga,"
 porque amaban ms la gloria de los hombres que la gloria de Dios.
 Jess, clamando, dijo: El que cree en m, no cree en m, sino en el que me ha enviado:
 y el que me ve, ve al que me ha enviado.
 Y he venido como luz al mundo, para que todo el que cree en m no permanezca en tinieblas.
 Y si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
 El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene ya quien le juzgue; la palabra que Yo he hablado, sa le juzgar en el ltimo da,"
 porque Yo no he hablado de m mismo; el Padre mismo, que me ha enviado, es quien me mand lo que he de decir y hablar,"
 y Yo s que su precepto es la vida eterna. As, pues, las cosas que Yo hablo las hablo segn el Padre me ha dicho.
 Antes de la fiesta de la Pascua, viendo Jess que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, al fin extremadamente los am.
 Y comenzada la cena, como el diablo hubiese ya puesto en el corazn de Judas Iscariote, hijo de Simn, el propsito de entregar le;"
 con saber que el Padre haba puesto en sus manos todas las cosas y que haba salido de Dios y a El se volva...
 Se levant de la mesa, se quit los vestidos y, tomando una toalla, se la ci;"
 luego ech agua en la jofaina y comenz a lavar los pies de los discpulos y a enjugrselos con la toalla que tena ceida.
 Lleg, pues, a Simn Pedro, que le dijo: Seor, t lavarme a m los pies?
 Respondi Jess y le dijo: Lo que Yo hago, t no lo sabes ahora; lo sabrs despus."
 Di jo le Pedro: Jams me lavars t los pies. Le contest Jess: Si no te los lavare, no tendrs parte conmigo.
 Simn Pedro le dijo: Seor, entonces no slo los pies, sino tambin las manos y la cabeza.
 Jess le dijo: El que se ha baado no necesita lavarse, est todo limpio; y vosotros estis limpios, pero no todos."
 Porque saba quin haba de entregarle, y por eso dijo: No todos estis limpios.
 Cuando les hubo lavado los pies, y tomado sus vestidos, y pustose de nuevo a la mesa, les dijo: Entendis lo que he hecho con vosotros?
 Vosotros me llamis Maestro y Seor, y decs bien, porque de verdad lo soy.
 Si Yo, pues, os he lavado los pies, siendo vuestro Seor y Maestro, tambin habis de lavaros vosotros los pies unos a otros.
 Porque yo os he dado el ejemplo, para que vosotros hagis tambin como Yo he hecho.
 En verdad, en verdad os digo: No es el siervo mayor que su seor, ni el enviado mayor que quien le enva.
 Si esto aprendis, seris dichosos si lo practicis.
 No lo digo de todos vosotros: Yo s a quines escog, mas lo digo para que se cumpla la Escritura: El que come mi pan, levant contra m su calcaal.
 Desde ahora os lo digo, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creis que Yo soy.
 En verdad, en verdad os digo que quien recibe al que yo enviare, a m me recibe, y el que me recibe a m, recibe a quien me ha enviado.
 Dicho esto, se turb Jess en su espritu y, demostrndolo, dijo: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregar.
 Se miraban los discpulos unos a otros, sin saber de quin hablaba.
 Uno de ellos, el amado de Jess, estaba recostado ante el pecho de Jess.
 Simn Pedro le hizo seal, dicindole: Pregntale de quin habla.
 EL que estaba recostado ante el pecho de Jess le dijo: Seor, quin es?
 Jess le contest: Aquel para quien Yo mojare un bocado y se lo diese. Y, mojando un bocado, lo tom y se lo dio a Judas, hijo de Simn Iscariote.
 Despus del bocado, en el mismo instante entr en l Satans. Jess le dijo: Lo que has de hacer, hazlo pronto.
 Ninguno de los que estaban a la mesa conoci a qu propsito deca aquello.
 Algunos pensaron que, como Judas tenia la bolsa, le deca Jess: Compra lo que necesitamos para la fiesta o que diese algo a los pobres.
 El, tomando el bocado, se sali luego; era de noche."
 As que sali, dijo Jess: Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido glorificado en El.
 Si Dios ha sido glorificado en El, Dios tambin le glorifcala a El, y le glorificar en seguida.
 Hijitos mos, un poco estar todava con vosotros: me buscaris, y como dije a los judos: A donde Yo voy vosotros no podis venir, tambin os lo digo a vosotros ahora.
 Un precepto nuevo os doy: que os amis los unos a los otros como Yo os he amado, que os amis mutuamente.
 En esto conocern todos que sois mis discpulos, si tenis caridad unos para con otros.
 Djole Simn Pedro: Seor, adonde vas? Respondi Jess: A donde Yo voy, no puedes t seguirme ahora; me seguirs ms tarde."
 Pedro le dijo: Seor, por qu no puedo seguirte ahora? Yo dar por ti mi vida.
 Respondi Jess: Dars por m tu vida? En verdad, en verdad te digo que no cantar el gallo antes que tres veces me niegues.
 No se turbe vuestro corazn; creis en Dios, creed tambin en m."
 En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera as, os lo dira, porque voy a prepararos el lugar."
 Cuando Yo me haya ido y os haya preparado el lugar, de nuevo volver y os tomare conmigo, para que donde Yo estoy estis tambin vosotros.
 -- omitido por parfrasis --
 -- omitido por parfrasis --
 -- omitido por parfrasis --
 Si me habis conocido, conoceris tambin a mi Padre. Desde ahora le conocis y le habis visto.
 Felipe le dijo: Seor, mustranos al Padre y nos basta.
 Jess le dijo: Felipe, tanto tiempo ha que estoy con vosotros y no me habis conocido? El que me ha visto a m, ha visto al Padre; cmo dices t: Mustranos al Padre?"
 No crees que Yo estoy en el Padre, y el Padre en m? Las palabras que Yo os digo, no las hablo de m mismo; el Padre, que mora en m, hace sus obras."
 Creedme, que yo estoy en el Padre y el Padre en m; a lo menos creedlo por las obras."
 En verdad, en verdad os digo que el que cree en m, se har tambin las obras que Yo hago, y las har mayores que stas, porque Yo voy al Padre;"
 y lo que pidiereis en mi nombre, eso har, para que el Padre sea glorificado en el Hijo;"
 si me pidiereis alguna cosa en mi nombre, Yo la har.
 Si me amis, guardaris mis mandamientos;"
 y Yo rogar al Padre y os dar otro Parclito, que estar con vosotros para siempre,
 el Espritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocis, porque permanece con vosotros y est en vosotros."
 No os dejar hurfanos; vendr a vosotros."
 Todava un poco y el mundo ya no me ver; pero vosotros me veris, porque Yo vivo y vosotros viviris."
 En aquel da conoceris que yo estoy en mi Padre, y vosotros en m y Yo en vosotros.
 El que recibe mis preceptos y los guarda, se es el que me ama; el que me ama a m ser amado de mi Padre y Yo le amar y me manifestar a El."
 Djole Judas, no el Iscariote: Seor, qu ha sucedido para que hayas de manifestarte a nosotros, y no al mundo?
 Respondi Jess y le dijo: Si alguno me ama, guardar mi palabra, y mi Padre le amar, y vendremos a l y en l haremos morada.
 El que no me ama no guarda mis palabras; y la palabra que os no es ma, sino del Padre, que me ha enviado."
 Os he dicho estas cosas mientras permanezco entre vosotros;"
 pero el Parclito, el Espritu Santo, que el Padre enviar en mi nombre, se os lo ensear todo y os traer a la memoria todo lo que Yo os he dicho.
 La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da os la doy yo. No se turbe vuestro corazn ni se intimide."
 Habis odo que os dije: Me voy y vengo a vosotros. Si me amarais, os alegrarais, pues voy al Padre, porque el Padre es mayor que Yo.
 Os lo he dicho ahora, antes que suceda, para que, cuando suceda, creis.
 Ya no hablar muchas cosas con vosotros, porque viene el prncipe de este mundo, que en m no tiene nada;"
 pero conviene que el mundo conozca que Yo amo al Padre, y que, segn el mandato que me dio el Padre, as hago. Levantaos, vamonos de aqu.
 Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viador.
 Todo sarmiento que en m no lleve fruto, lo cortar; y todo el que d fruto, lo podar, para que d ms fruto."
 Vosotros estis ya limpios por la palabra que os he hablado;"
 permaneced en m y Yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto de s mismo si no permaneciese en la vid, tampoco vosotros si no permaneciereis en m.
 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en m y Yo en l, se da mucho fruto, porque sin m no podis hacer nada.
 El que no permanece en m, es echado fuera, como el sarmiento, y se seca, y los amontonan y los arrojan al fuego para que ardan.
 Si permanecis en m y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que quisiereis, y se os dar.
 En esto ser glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y as seris discpulos mos.
 Como el Padre me am, Yo tambin os he amado; permaneced en mi amor."
 Si guardareis mis preceptos, permaneceris en mi amor, como yo guard los preceptos de mi Padre y permanezco en su amor.
 Esto os lo digo para que yo me goce en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
 Este es mi precepto: que os amis unos a otros, como Yo os he amado.
 Nadie tiene amor mayor que ste de dar uno la vida por sus amigos.
 Vosotros sois mis amigos si hacis lo que os mando.
 Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su seor; pero os digo amigos, porque todo lo que o de mi Padre os lo he dado a conocer."
 No me habis elegido vosotros a m, sino que yo os eleg a vosotros, y os he destinado para que vayis y deis fruto y vuestro fruto permanezca, para que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo d.
 Esto os mando, que os amis unos a otros.
 Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreci a m primero que a vosotros.
 Si fueseis del mundo, el mundo amara lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os escog del mundo, por esto el mundo os aborrece."
 Acordaos de la palabra que yo os dije: No es el siervo mayor que su seor. Si me persiguieron a m, tambin a vosotros os perseguirn; si guardaren mi palabra, tambin guardarn la vuestra."
 Pero todas estas cosas las harn con vosotros por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
 Si no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendran pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado."
 El que a m me aborrece, tambin aborrece a mi Padre.
 Si no hubiera hecho entre ellos obras que ninguno otro hizo, no tendran pecado; pero ahora no slo han visto, sino que me aborrecieron a m y a mi Padre."
 Pero es para que se cumpla la palabra que en la Ley de ellos est escrita: Me aborrecieron sin motivo.
 Cuando venga el Parclito, que yo os enviar de parte del Padre, l dar testimonio de m,
 y vosotros daris tambin testimonio, porque desde el principio estis conmigo.
 Esto os he dicho para que no os escandalicis.
 Os echarn de la sinagoga; pues llega la hora en que todo el que os quite la vida pensar prestar un servicio a Dios."
 Y esto lo harn porque no conocieron al Padre ni a m.
 Pero yo os he dicho estas cosas para que, cuando llegue la hora, os acordis de ellas y de que Yo os las he dicho; pero esto no os lo dije desde el principio porque estaba con vosotros."
 Mas ahora voy al que me ha enviado, y nadie de vosotros me pregunta: Adonde vas?
 Antes, porque os habl estas cosas, vuestro corazn se llen de tristeza.
 Pero os digo la verdad: os conviene que Yo me vaya. Porque, si no me fuere, el Parclito no vendr a vosotros; pero, si me fuere, os lo enviar."
 Y el viniendo, ste argir al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
 De pecado, porque no creen en m;"
 de justicia, porque voy al Padre y no me veris ms;"
 de juicio, porque el prncipe de este mundo est ya juzgado.
 Muchas cosas tengo an que deciros, mas no podis llevarlas ahora;"
 pero cuando viniere aqul, el Espritu de verdad, os guiar hacia la verdad completa, porque no hablar de s mismo, sino que hablar lo que oyere y os comunicar las cosas venideras.
 EL me glorificar, porque tomar de lo mo y os lo dar a conocer. Todo cuanto tiene el Padre es mo;"
 por esto os he dicho que tomar de lo mo y os lo dar a conocer.
 Todava un poco, y ya no me veris; y todava otro poco, y me veris."
 Dijronse entonces algunos de los discpulos: Qu es esto que nos dice: Todava un poco, y no me veris; y todava otro poco, y me veris? Y porque voy al Padre?"
 Decan, pues: Qu es esto que dice: Un poco? No sabemos lo que dice.
 Conoci Jess que queran preguntarle, y les dijo: De esto inquirs entre vosotros, porque os he dicho: Todava un poco, y no me veris; y todava otro poco, y me veris?"
 En verdad, en verdad os digo que lloraris y os lamentaris, y el mundo se alegrar; vosotros os entristeceris, pero vuestra tristeza se volver en gozo."
 La mujer, cuando pare, siente tristeza, porque llega su hora; pero, cuando ha dado a luz un hijo, ya no se acuerda de la tribulacin, por el gozo que tiene de haber venido al mundo un hombre."
 Vosotros, pues, ahora tenis tristeza; pero de nuevo os ver, y se alegrar vuestro corazn, y nadie ser capaz de quitaros vuestra alegra."
 En aquel da no me preguntaris nada; en verdad, en verdades digo: Cuanto pidiereis al Padre os lo dar en mi nombre."
 Hasta ahora no habis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiris, para que sea cumplido vuestro gozo."
 Esto os lo he dicho en parbolas; llega la hora en que ya no os hablar ms en parbolas, antes os hablar claramente del Padre."
 Aquel da pediris en mi nombre, y no os digo que Yo rogar al Padre por vosotros,
 pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me habis amado y credo que Yo he salido de Dios.
 Sal del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y me voy al Padre."
 Dijronle los discpulos: Ahora hablas claramente y no dices parbola alguna.
 Ahora sabemos que conoces todas las cosas y que no necesitas que nadie te pregunte; en esto creemos que has salido de Dios."
 Respondiles Jess: Ahora creis?
 He aqu que llega la hora, y ya es llegada, en que os dispersaris cada uno por su lado y a m me dejaris solo; pero no estoy solo, porque el Padre est conmigo."
 Esto os lo he dicho para que tengis paz en m; en el mundo habis de tener tribulacin; pero confiad, Yo he vencido al mundo."
 Esto dijo Jess, y, levantando sus ojos al cielo, aadi: Padre, lleg la hora; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique,"
 segn el poder que le diste sobre toda carne, para que a todos los que t le diste, les d El la vida eterna.
 Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, nico Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo.
 Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
 Ahora t, Padre, glorifcame cerca de ti mismo con la gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo existiese.
 He manifestado tu nombre a los hombres que de este mundo me has dado. Tuyos eran y t me los diste, y han guardado tu palabra.
 Ahora saben que todo cuanto me diste viene de t;"
 porque Yo les he comunicado las palabras que t me diste, y ellos las recibieron y conocieron verdaderamente que Yo sal de t, y creyeron que t me has enviado.
 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que t me diste; porque son tuyos,"
 y todo lo mo es tuyo, y lo tuyo mo, y yo he sido glorificado en ellos.
 Yo ya no estoy en el mundo, pero stos estn en el mundo, mientras Yo voy a ti. Padre santo, guarda a stos en tu nombre que me has dado, para que sean uno como nosotros lo somos.
 Mientras Yo estaba con ellos, Yo conservaba en tu nombre a stos que me has dado, y los guard, y ninguno de ellos pereci, si no es el hijo de la perdicin, para que la Escritura se cumpliese.
 Pero ahora Yo vengo a t y hablo estas cosas en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en s mismos.
 Yo les he dado tu palabra, y el mundo los aborreci, porque no eran del mundo, como Yo no soy del mundo.
 No pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal.
 Ellos no son del mundo, como no soy del mundo Yo.
 Santifcalos en la verdad, pues tu palabra es verdad.
 Como t me enviaste al mundo, as Yo los envi a ellos al mundo,
 y Yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad.
 Pero no ruego slo por stos, sino por cuantos crean en m por su palabra,
 para que todos sean uno, como t, Padre, ests en m y Yo en ti, para que tambin ellos sean en nosotros, y el mundo crea que t me has enviado.
 Yo les he dado la gloria que t me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno.
 Yo en ellos y t en m, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que t me enviaste y amaste a stos como me amaste a m.
 Padre, lo que t me has dado, quiero que donde est Yo estn ellos tambin conmigo, para que vean mi gloria, que t me has dado, porque me amaste antes de la creacin del mundo.
 Padre justo, si el mundo no te ha conocido, Yo te conoc, y stos conocieron que t me has enviado,
 y Yo les di a conocer tu nombre, y se lo har conocer para que el amor con que t me has amado est en ellos y Yo en ellos.
 En diciendo esto, sali Jess con sus discpulos al otro lado del torrente Cedrn, donde haba un huerto, en el cual entr con sus discpulos.
 Judas, el que haba de traicionarle, conoca el sitio, porque muchas veces concurra all Jess con sus discpulos.
 Judas, pues, tomando la cohorte y los alguaciles de los pontfices y fariseos, vino all con linternas, y hachas, y armas.
 Conociendo Jess todo lo que iba a sucederle, sali y les dijo: A quin buscis?
 Respondironle: A Jess Nazareno. El les dijo: Yo soy. Judas, el traidor, estaba con ellos.
 As que les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron en tierra.
 Otra vez les pregunt: A quin buscis? Ellos dijeron: A Jess Nazareno.
 Respondi Jess: Ya os dije que Yo soy; si, pues, me buscis a m, dejad ir a stos."
 Para que se cumpliese la palabra que haba dicho: De los que me diste no se perdi ninguno.
 Simn Pedro, que tena una espada, la sac e hiri a un siervo del pontfice, cortndole la oreja derecha. Este siervo se llamaba Maleo.
 Pero Jess dijo a Pedro: Mete la espada en la vaina; el cliz que me dio mi Padre, no he de beberlo?"
 La guardia, pues, y el tribuno, y los alguaciles de los judos se apoderaron de Jess y le ataron.
 Y le condujeron primero a Anas, porque era suegro de Caifas, pontfice aquel ao.
 Era Caifas el que haba aconsejado a los judos: Conviene que un hombre muera por el pueblo.
 Seguan a Jess Simn Pedro y otro discpulo. Este discpulo era conocido del pontfice y entr al tiempo que Jess en el atrio del pontfice,
 mientras que Pedro se qued fuera a la puerta. Sali, pues, el otro discpulo, conocido del pontfice, y habl a la portera e introdujo a Pedro.
 La portera dijo a Pedro: Eres t acaso de los discpulos de este hombre? El dijo: No soy.
 -- omitido por parfrasis --
 El Sumo Sacerdote pregunt a Jess sobre sus discpulos y sobre su doctrina.
 Respondile Jess: Yo pblicamente he hablado al mundo; siempre ense en las sinagogas y en el templo, adonde concurren todos los judos; nada habl en secreto,"
 Qu me preguntas? Pregunta a los que me han odo qu es lo que Yo les he hablado; ellos deben saber lo que les he dicho."
 Habiendo dicho esto Jess, uno de los ministros, que estaba a su lado, le dio una bofetada, diciendo: As respondes al Sumo Sacerdote?
 Jess le contest: Si habl mal, mustrame en qu, y si bien, por qu me pegas?
 Anas le envi atado a Caifas, el Sumo Sacerdote.
 Entretanto, Simn Pedro estaba de pie calentndose, y le dijeron: No eres t tambin de sus discpulos? Neg l, y dijo: No soy.
 Djole uno de los siervos del pontfice, pariente de aquel a quien Pedro haba cortado la oreja: No te he visto yo en el huerto con EL?
 Pedro neg de nuevo, y al instante cant el gallo.
 Llevaron a Jess de casa de Caifas al pretorio. Era muy de maana. Ellos no entraron en el pretorio por no contaminarse, para poder comer la Pascua.
 Sali, pues, Pilato fuera y dijo: Qu acusacin trais contra este hombre?
 Ellos respondieron, dicindole: Si no fuera malhechor, no te lo traeramos.
 Djoles Pilato: Tomadle vosotros y juzgadle segn vuestra ley. Le dijeron entonces los judos: Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie.
 Para que se cumpliese la palabra que Jess haba dicho, significando de qu muerte haba de morir.
 Entr Pilato de nuevo en el pretorio, y, llamando a Jess, le dijo: Eres t el rey de los judos?
 Respondi Jess: Por tu cuenta dices eso o te lo han dicho otros de m?
 Pilato contest: Soy yo judo por ventura? Tu nacin y los pontfices te han entregado a m, qu has hecho?
 Jess respondi: Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habran luchado para que no fuese entregado a los judos; pero mi reino no es de aqu."
 Le dijo entonces Pilato: Luego t eres rey? Respondi Jess: T dices que soy rey. Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz."
 Pilato le dijo: Y qu es la verdad? Y dicho esto, de nuevo sali a los judos y les dijo: Yo no hallo en ste ningn crimen.
 Hay entre vosotros costumbre de que os suelte a uno en la Pascua Queris, pues, que os suelte al rey de los judos?
 Entonces de nuevo gritaron diciendo: No a ste, sino a Barrabs! Era Barrabs un bandolero.
 Tom entonces Pilato a Jess y mand azotarle.
 Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de prpura
 y, acercndose a EL, le decan: Salve, rey de los judos, y le daban bofetadas.
 Otra vez sali fuera Pilato y les dijo: Aqu os lo traigo, para que veis que no hallo en El ningn crimen.
 Sali, pues, Jess fuera con la corona de espinas y el manto de prpura, y Pilato les dijo: Ah tenis al hombre.
 Cuando le vieron los prncipes de los sacerdotes y sus satlites, gritaron diciendo: Crucifcale, crucifcale! Djoles Pilato: Tomadlo vosotros y crucifcadlo, pues yo no hallo crimen en El.
 Respondieron los judos: Nosotros tenemos una ley, y, segn la ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios.
 Cuando Pilato oy estas palabras, temi ms,
 y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jess: De dnde eres t? Jess no le dio respuesta ninguna.
 Djole entonces Pilato: A m no me respondes? No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?
 Respondile Jess: No tendras ningn poder sobre m si no te hubiera sido dado de lo alto; por esto el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado."
 a Desde entonces Pilato buscaba librarle; pero los judos gritaron dicindole: Si sueltas a se, no eres amigo del Csar; todo el que se hace rey va contra el Csar. Pero los judos gritaron dicindole: Si sueltas a se, no eres amigo del Csar; todo el que se hace rey va contra el Csar."
 Cuando oy Pilato estas palabras, sac a Jess fuera y se sent en el tribunal, en el sitio llamado lithstrotos, en hebreo gabbatha.
 Era el da de la Parasceve, preparacin de la Pascua, alrededor de la hora sexta. Dijo a los judos: Ah tenis a vuestro rey.
 Pero ellos gritaron: Quita, quita! Crucifcale! Djoles Pilato: A vuestro rey voy a crucificar? Contestaron los prncipes de los sacerdotes: Nosotros no tenemos ms rey que el Csar.
 Entonces se lo entreg para que le crucificasen. Tomaron, pues, a Jess;"
 que, llevando su cruz, sali al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Glgota,
 donde le crucificaron, y con l a otros dos, uno a cada lado y Jess en medio.
 Escribi Pilato un ttulo y lo puso sobre la cruz; estaba escrito: Jess Nazareno, rey de los judos."
 Muchos de los judos leyeron ese ttulo, porque estaba cerca de la ciudad el sitio donde fue crucificado Jess, y estaba escrito en hebreo, en latn y en griego.
 Dijeron, pues, a Pilato los prncipes de los sacerdotes de los judos: No escribas rey de los judos, sino que El ha dicho: Soy rey de los judos.
 Respondi Pilato: Lo escrito, escrito est.
 Los soldados, una vez que hubieron crucificado a Jess, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y la tnica. La tnica era sin costura, tejida toda desde arriba.
 Dijronse, pues, unos a otros: No la rasguemos, sino echemos suertes sobre ella para ver a quin le toca, a fin de que se cumpliese la Escritura: Dividironse mis vestidos y sobre mi'tnica echaron suertes. Es lo que hicieron los soldados.
 Estaban junto a la cruz de Jess su madre y la hermana de su madre, Mara de Cleofs y Mara Magdalena.
 Jess, viendo a su madre y al discpulo a quien amaba, que estaban all, dijo a la madre: Mujer, he ah a tu hijo.
 Luego dijo al discpulo: He ah a tu madre. Y desde aquella hora el discpulo la recibi en su casa.
 Despus de esto, sabiendo Jess que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura dijo: Tengo sed:
 Haba all un botijo lleno de vinagre. Fijaron en un venablo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.
 Cuando hubo gustado el vinagre, dijo Jess: Todo est acabado, e inclinando la cabeza, entreg el espritu.
 Los judos, como era el da de la parasceve, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el da de sbado, por ser da grande aquel sbado, rogaron a Pilato que les rompiesen las piernas y los quitasen.
 Vinieron, pues, los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que estaba crucificado con El;"
 pero llegando a Jess, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas,
 sino que uno de los soldados le atraves con su lanza el costado, y al instante sali sangre y agua.
 El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; l sabe que dice verdad, para que vosotros creis;"
 porque esto sucedi para que se cumpliese la Escritura: No romperis ni uno de sus huesos.
 Y otra Escritura dice tambin: Mirarn al que traspasaron.
 Despus de esto, rog a Pilato Jos de rimatea, que era discpulo de Jess, aunque secreto por temor de los judos, que le permitiese tomar el cuerpo de Jess, y Pilato se lo permiti. Vino, pues, y tom su cuerpo.
 Lleg Nicodemo, el mismo que haba venido a El de noche al principio, y trajo una mezcla de mirra y loe, como unas cien libras.
 Tomaron, pues, el cuerpo de Jess y lo fajaron con bandas y aromas, segn es costumbre sepultar entre los judos.
 Haba cerca del sitio donde fue crucificado un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual nadie an haba sido depositado.
 All, a causa de la Parasceve de los judos, por estar cerca el monumento, pusieron a Jess.
 El da primero de la semana, Mara Magdalena vino muy de madrugada, cuando an era de noche, al monumento, y vio quitada la piedra del monumento.
 Corri y vino a Simn Pedro y al otro discpulo a quien Jess amaba, y les dijo: Han tomado al Seor del monumento y no sabemos dnde lo han puesto.
 Sali, pues, Pedro y el otro discpulo y fueron al monumento.
 Ambos corran; pero el otro discpulo corri ms aprisa que Pedro, y lleg primero al monumento,"
 e inclinndose, vio los lienzos; pero no entr."
 Lleg Simn Pedro despus de l, y entr en el monumento y vio los lienzos all colocados,
 y el sudario que haban estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto aparte.
 Entonces entr tambin el otro discpulo que vino primero al monumento, y vio y crey;"
 porque an no se haban dado cuenta de la Escritura, segn la cual era preciso que l resucitase de entre los muertos.
 Los discpulos se fueron de nuevo a casa.
 Mara se qued junto al monumento, fuera, llorando. Mientras lloraba, se inclin hacia el monumento,
 y vio a dos ngeles vestidos de blanco, uno a la cabecera y otro a los pies de donde haba estado el cuerpo de Jess.
 Le dijeron: Por que lloras, mujer? Ella les dijo: Porque han tomado a mi Seor y no s dnde lo han puesto. En diciendo esto, se volvi para atrs y vio a Jess que estaba all, pero no conoci que fuese Jess.
 -- omitido por parfrasis --
 Djole Jess: Mujer, por qu lloras? A quin buscas? Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: Seor, si lo has llevado t, dime dnde lo has puesto, y yo lo tomar.
 Djole Jess: Mara! Ella, volvindose, le dijo en hebreo: Rabbon!, que quiere decir Maestro.
 Jess le dijo: Deja ya de retenerme, porque an no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios."
 Mara Magdalena fue a anunciar a los discpulos: He visto al Seor, y las cosas que le haba dicho.
 La tarde del primer da de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se hallaban reunidos los discpulos por temor de los judos, vino Jess y, puesto en medio de ellos, les dijo: La paz sea con vosotros.
 Y diciendo esto, les mostr las manos y el costado. Los discpulos se alegraron viendo al Seor.
 Djoles otra vez: La paz sea con vosotros. Como me envi mi Padre, as os envo Yo.
 Diciendo esto, sopl y les dijo: Recibid el Espritu Santo;"
 a quienes perdonareis los pecados, les sern perdonados; a quienes se los retuviereis, les sern retenidos."
 Toms, uno de los doce, llamado Ddimo, no estaba con ellos cuando vino Jess. Dijronle, pues, los otros discpulos: Hemos visto al Seor.
 El les dijo: Si no veo en sus manos la seal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creer.
 Pasados ocho das, otra vez estaban dentro los discpulos y Toms con ellos. Vino Jess cerradas las puertas y, puesto en medio de ellos, dijo: La paz sea con vosotros.
 Luego dijo a Toms: Alarga ac tu dedo y mira mis manos, y tiende tu mano y mtela en mi costado, y no seas incrdulo, sino fiel.
 Respondi Toms y dijo: Seor mo y Dios mo!
 Jess le dijo: Porque me has visto has credo; dichosos los que sin ver creyeron."
 Muchas otras seales hizo Jess en presencia de los discpulos que no estn escritas en este libro;"
 y stas fueron escritas para que creis que Jess es el Mesas, Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengis vida en su nombre.
 Despus de esto, se apareci Jess a los discpulos junto al mar de Tiberades, y se apareci as:
 Estaban juntos Simn Pedro y Toms, llamado Ddimo; Natanael, el de Cana de Galilea, y los hijos del Zebedeo, y otros discpulos."
 Djoles Simn Pedro: Voy a pescar. Los otros le dijeron: Vamos tambin nosotros contigo. Salieron y entraron en la barca, y en aquella noche no pescaron nada.
 Llegada la maana, se hallaba Jess en la playa; pero los discpulos no se dieron cuenta de que era Jess."
 Djoles Jess: Muchachos, no tenis a la mano nada que comer? Le respondieron: No.
 EL les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y hallaris. La echaron, pues, y ya no podan arrastrar la red por la muchedumbre de los peces.
 Dijo entonces a Pedro aquel discpulo a quien amaba Jess: Es el Seor. As que oy Simn Pedro que era el Seor, se puso el sobrevestido, pues estaba desnudo, y se arroj al mar.
 Los otros discpulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra sino como unos doscientos codos, tirando de la red con los peces.
 As que bajaron a tierra, vieron unas brasas encendidas y un pez puesto sobre ellas, y pan.
 Djoles Jess: Traed de los peces que habis pescado ahora.
 Subi Simn Pedro y arrastr la red a tierra, liena de ciento cincuenta y tres peces grandes,y, con ser tantos, no se rompi la red.
 Jess les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discpulos se atrevi a preguntarle: T quin eres? sabiendo que era el Seor.
 Se acerc Jess, tom el pan y se lo dio, e igualmente el pez.
 Esta fue la tercera vez que Jess se apareci a los discpulos despus de resucitar de entre los muertos.
 Cuando hubieron comido, dijo Jess a Simn Pedro: Simn, hijo de Juan, me amas ms que stos? El le dijo: S, Seor, t sabes que te amo. Djole: Apacienta mis corderos.
 Por segunda vez le dijo: Simn, hijo de Juan, me amas? Pedro le respondi: S, Seor, t sabes que te amo. Jess le dijo: Apacienta mis ovejuelas.
 Por tercera vez le dijo: Simn, hijo de Juan, me amas? Pedro se entristeci de que por tercera vez le preguntase: Me amas? Y le dijo: Seor, t lo sabes todo, t sabes que te amo. Djole Jess: Apacienta mis ovejuelas.
 En verdad, en verdad te digo: Cuando eras joven, t te ceas e ibas donde queras; cuando envejezcas, extenders tus manos, y otro te ceir y te llevar a donde no quieras."
 Esto lo dijo indicando con qu muerte haba de glorificar a Dios. Despus aadi: Sgueme.
 Se volvi Pedro y vio que segua detrs el discpulo a quien amaba Jess, el que en la cena se haba recostado en su pecho y le haba preguntado: Seor, quin es el que te ha de entregar?
 Vindole, pues, Pedro, dijo a Jess: Seor, y ste qu?
 Jess le dijo: Si Yo quisiera que ste permaneciese hasta que Yo venga, a ti qu? T sigeme.
 Se divulg entre los hermanos la voz de que aquel discpulo no morira; mas no dijo Jess que no morira, sino: Si yo quisiera que ste permaneciese hasta que venga, a ti qu?"
 Este es el discpulo que da testimonio de esto, que lo escribi, y sabemos que su testimonio es verdadero.
 Muchas otras cosas hizo Jess que, si se escribiesen una por una, creo no podran contener los libros.
 En el primer libro, oh Tefilo!, trat de todo lo que Jess hizo y ense,
 hasta el da en que fue levantado al cielo, una vez que, movido por el Espritu Santo, dio sus instrucciones a los apstoles que se haba elegido;"
 a los cuales, despus de su pasin, se dio a ver en muchas ocasiones, aparecindoseles durante cuarenta das y habindoles del reino de Dios.
 Y comiendo con ellos, les mand no apartarse de Jerusaln, sino esperar la promesa del Padre, que de m habis escuchado;"
 porque Juan bautiz en agua, pero vosotros, pasados no muchos das, seris bautizados en el Espritu Santo.
 Ellos, pues, estando reunidos, le preguntaban: Seor, es ahora cuando vas a restablecer el reino de Israel?
 El les dijo: No os toca a vosotros conocer los tiempos ni los momentos que el Padre ha fijado en virtud de su poder soberano;"
 pero recibiris la virtud del Espritu Santo, que descender sobre vosotros, y seris mis testigos en Jerusaln, en toda la Judea, en Samara y hasta los extremos de la tierra.
 Dicho esto y vindole ellos, se elev, y una nube le ocult a sus ojos.
 Mientras estaban mirando al cielo, fija la vista en El, que se iba, dos varones con hbitos blancos se les pusieron delante,
 y les dijeron: Varones galileos, qu estis mirando al cielo? Ese Jess que ha sido llevado de entre vosotros al cielo vendr as, como le habis visto ir al cielo.
 Entonces se volvieron del monte llamado de los Olivos a Jerusaln, que dista de all el camino de un sbado.
 Cuando hubieron llegado, subieron al aposento superior, en donde solan morar Pedro y Juan; Santiago y Andrs; Felipe y Toms; Bartolom y Mateo; Santiago de Alfeo y Simn el Zelotes y Judas de Santiago."
 Todos stos perseveraban unnimes en la oracin, con algunas mujeres, con Mara, la madre de Jess, y con los hermanos de ste.
 En aquellos das se levant Pedro en medio de los hermanos, que eran en conjunto unos ciento veinte, y dijo:
 hermanos, era preciso que se cumpliese la Escritura, que por boca de David haba predicho el Espritu Santo acerca de Judas, que fue gua de los que tomaron preso a Jess,
 y era contado entre nosotros, habiendo tenido parte en este ministerio,
 Este, pues, adquiri un campo con el precio de su iniquidad; y, precipitndose, revent y todas sus entraas se derramaron;"
 y fue pblico a todos los habitantes de Jerusaln, tanto que el campo se llam en su lengua Hacldama, que quiere decir Campo de Sangre.
 Pues est escrito en el libro de los Salmos: Quede desierta su morada y no haya quien habite en ella y otro se alce con su cargo.
 Ahora, pues, conviene que de todos los varones que nos han acompaado todo el tiempo en que vivi entre nosotros el Seor Jess,
 a partir del bautismo de Juan, hasta el da en que fue tomado de entre nosotros, uno de ellos sea testigo con nosotros de su resurreccin.
 Fueron presentados dos, Jos, por sobrenombre Barsaba, llamado Justo, y Matas.
 Orando dijeron: T, Seor, que conoces los corazones de todos, muestra a cul de estos dos escoges
 para ocupar el lugar de este ministerio y el apostolado de que rechazo Judas para irse a su lugar.
 Echaron suertes sobre ellos, y cay la suerte sobre Matas, que qued agregado a los once apstoles.
 Cuando lleg el da de Pentecosts, estando todos juntos en un lugar,
 se produjo de repente un ruido del cielo, como el de un viento impetuoso, que invadi toda la casa en que residan.
 Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos,
 quedando todos llenos del Espritu Santo; y comenzaron a hablar en lenguas extraas, segn que el Espritu les mova a expresarse."
 Residan en Jerusaln judos, varones piadosos, de cuantas naciones hay bajo el cielo,
 y habindose corrido la voz, se junt una muchedumbre que se qued confusa al orlos hablar cada uno en su propia lengua.
 Estupefactos de admiracin, decan: Todos estos que hablan, no son galileos?
 Pues como nosotros los omos cada uno en nuestra propia lengua, en la que hemos nacido?
 Partos, medos, elamitas, los que habitan Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia,
 Frigia y Panfilia, Egipto y las partes de Libia que estn contra Cirene, y los forasteros romanos,
 judos y proslitos, cretenses y rabes, los omos hablar en nuestras propias lenguas las grandezas de Dios.
 Todos, atnitos y fuera de s, se decan unos a otros: Qu es esto?
 Otros, burlndose, decan: Estn cargados de mosto.
 Entonces se levant Pedro con los once y, alzando la voz, les habl: Judos y todos los habitantes de Jerusaln, od y prestad atencin a mis palabras.
 No estn stos borrachos, como vosotros suponis, pues no es an la hora de tercia;"
 esto es lo dicho por el profeta Joel:
 Y suceder en los ltimos das, dice Dios, que derramar mi Espritu sobre toda carne, | y profetizarn vuestros hijos y vuestras hijas, | y vuestros jvenes vern visiones, | y vuestros ancianos soarn sueos;"
 Y sobre mis siervos y sobre mis siervas derramar mi Espritu en aquellos das | y profetizarn.
 Y har prodigios arriba en el cielo, y seales abajo en la tierra, | sangre y fuego y nubes de humo.
 El sol se tornar tinieblas | y la luna sangre, [ antes que llegue el da del Seor, grande y manifiesto.
 Y todo el que invocare el nombre del Seor se salvar.
 Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jess de Nazaret, varn probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y seales que Dios hizo por El en medio de vosotros, como vosotros mismos sabis,
 a ste, entregado segn los designios de la presciencia de Dios, le alzasteis en la cruz y le disteis muerte por mano de los infieles.
 Pero Dios, rotas las ataduras de la muerte, le resucit, por cuanto no era posible que fuera dominado por ella,
 pues David dice de El: Traa yo al Seor siempre delante de m, porque El est a mi derecha, para que no vacile.
 Por esto se regocij mi corazn y exult mi lengua, y hasta mi carne reposar en la esperanza.
 Porque no abandonars en el Ades mi alma, ni permitirs que tu Santo experimente la corrupcin.
 Me has dado a conocer los caminos de la vida, y me llenars de alegra con tu presencia.
 Hermanos, same permitido deciros con franqueza del patriarca David, que muri y fue sepultado, y que su sepulcro se conserva entre nosotros hasta hoy.
 Pero, siendo profeta y sabiendo que le haba Dios jurado solemnemente que un fruto de sus entraas se sentara sobre su trono,
 le vio de antemano y habl de la resurreccin de Cristo, que no sera abandonado en el Ades, ni vera su carne la corrupcin.
 A este Jess le resucit Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
 Exaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espritu Santo, lo derram, segn vosotros veis y os.
 Porque no subi David a los cielos, antes dice: Dijo el Seor a mi Seor: Sintate a mi diestra
 Hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies.
 Tenga, pues, por cierto toda la casa de Israel que Dios le ha hecho Seor y Cristo a este Jess, a quien vosotros habis crucificado.
 En oyndole, se sintieron compungidos de corazn y dijeron a Pedro y a los dems apstoles: Qu hemos de hacer, hermanos?
 Pedro les contest: Arrepentios y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisin de vuestros pecados, y recibiris el don del Espritu Santo.
 Porque para vosotros es esta promesa y para vuestros hijos, y para todos los de lejos, cuantos llamare a s el Seor Dios nuestro.
 Con otras muchas palabras atestiguaba y los exhortaba diciendo: Salvaos de esta generacin perversa.
 Ellos recibieron su palabra y se bautizaron, y se convirtieron aquel da unas tres mil almas.
 Perseveraban en or la enseanza de los apstoles, y en la unin, en la fraccin del pan y en la oracin.
 Se apoder de todos el temor a la vista de los muchos prodigios y seales que hacan los Apstoles:
 y todos los que crean vivan unidos, teniendo sus bienes en comn;"
 pues vendan sus posesiones y haciendas y las distribuan entre todos, segn la necesidad de cada uno.
 Da por da, todos acordes acudan con asiduidad al templo, partan el pan en las casas y tomaban su alimento con alegra y sencillez de corazn,
 alabando a Dios en medio del general favor del pueblo. Cada da el Seor iba incorporando a los que haban de ser salvos.
 Pedro y Juan suban a la hora de la oracin, que era la de nona.
 Haba un hombre tullido desde el seno de su madre, que traan y ponan cada da a la puerta del templo llamada la Hermosa para pedir limosna a los que entraban en el templo.
 Este, viendo a Pedro y a Juan que se disponan a entrar en el templo, extendi la mano pidiendo limosna.
 Pedro y Juan, fijando en l los ojos, le dijeron: Mranos.
 El los mir esperando recibir de ellos alguna cosa.
 Pero Pedro le dijo: No tengo oro ni plata; lo que tengo, eso te doy: En nombre de Jesucristo Nazareno, anda."
 Y tomndole de la diestra, le levant, y al punto sus pies y sus talones se consolidaron;"
 y de un brinco se puso en pie, y comenzando a andar entr con ellos en el templo, saltando y brincando y alabando a Dios.
 Todo el pueblo, que lo vio andar y alabar a Dios,
 reconoci ser el mismo que se sentaba a pedir limosna en la puerta Hermosa del templo, y quedaron llenos de admiracin y espanto por lo sucedido.
 El no se separaba de Pedro y Juan, y todo el pueblo, espantado, concurri a ellos en el prtico llamado de Salomn.
 Visto lo cual por Pedro, habl as al pueblo: Varones israelitas, qu os admiris de esto o qu nos miris a nosotros, como si por nuestro propio poder o por nuestra piedad hubiramos hecho andar a ste?
 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jess, a quien vosotros entregasteis y negasteis en presencia de Pilato, cuando ste juzgaba que deba soltarLc.
 Vosotros negasteis al Santo y al Justo y pedisteis que se os hiciera gracia de un homicida.
 Disteis la muerte al autor de la vida, a quien Dios resucit de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
 Por la fe de su nombre, ste, a quien veis y conocis, ha sido por su nombre consolidado, y la fe que de El nos viene dio a ste la plena salud en presencia de todos vosotros.
 Ahora bien, hermanos, ya s que por ignorancia habis hecho esto, como tambin vuestros prncipes.
 Dios ha dado as cumplimiento a lo que haba anunciado por boca de todos los profetas, la pasin de su Cristo.
 Arrepentios, pues, y convertios, para que sean borrados vuestros pecados,
 a fin de que lleguen los tiempos del refrigerio de parte del Seor y enve a Jess, el Cristo, que os ha sido destinado,
 a quien el cielo deba recibir hasta llegar los tiempos de la restauracin de todas las cosas, de que Dios habl desde antiguo por boca de sus santos profetas.
 Dice, en efecto, Moiss: Un profeta har surgir el Seor Dios de entre vuestros hermanos, corno yo; vosotros le escucharis todo lo que os hablare;"
 toda persona que no escuchare a ese profeta, ser exterminada de su pueblo.
 Y todos los profetas, desde Samuel y los siguientes, cuantos hablaron, anunciaron tambin estos das.
 Vosotros sois los hijos de los profetas y de la alianza que Dios estableci con vuestros padres cuando dijo a Abraham: En tu descendencia sern bendecidas todas las familias de la tierra.
 Dios, resucitando a su Siervo, os lo enva a vosotros primero para que os bendiga, al convertirse cada uno de sus maldades.
 Mientras ellos hablaban al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, el oficial del templo y los saduceos.
 Indignados de que enseasen al pueblo y anunciasen cumplida en Jess la resurreccin de los muertos,
 les echaron mano y los metieron en prisin hasta la maana, porque era ya tarde.
 Pero muchos de los que haban odo la palabra creyeron, hasta un nmero de unos cinco mil.
 A la maana se juntaron todos los prncipes, los ancianos y los escribas en Jerusaln,
 y Anas, el sumo sacerdote, y Caifas, y Juan, y Alejandro, y cuantos eran del linaje pontifical;"
 y ponindolos en medio, les preguntaron: Con qu poder o en nombre de quin habis hecho esto vosotros?
 Entonces Pedro, lleno del Espritu Santo, les dijo: Prncipes del pueblo y ancianos:
 Ya que somos hoy interrogados sobre la curacin de este invlido, por quin haya sido curado,
 sea manifiesto a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel que en nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros habis crucificado, a quien Dios resucit de entre los muertos, por El, ste se halla sano ante vosotros.
 El es la piedra rechazada por vosotros los constructores, que ha venido a ser piedra angular.
 En ningn otro hay salud, pues ningn otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos.
 Viendo la libertad de Pedro y Juan, y considerando que eran hombres sin letras y plebeyos, se maravillaban, pues los haban conocido de que estaban con Jess;"
 y viendo presente al lado de ellos al hombre curado, no saban qu replicar;"
 y mandndoles salir fuera del Sanedrn, conferan entre s,
 diciendo: Qu haremos con estos hombres? Porque el milagro hecho por ellos es manifiesto, notorio a todos los habitantes de Jerusaln y no podemos negarlo.
 Pero para que no se difunda ms el suceso en el pueblo, conminmosles que no hablen a nadie en este nombre.
 Y llamndolos, les intimaron no hablar absolutamente ni ensear en el nombre de Jess.
 Pero Pedro y Juan respondieron y dijronles: Juzgad por vosotros mismos si es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros ms que a El;"
 porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y odo.
 Pero ellos les despidieron con amenazas, no hallando motivo para castigarlos, y por causa del pueblo, porque todos glorificaban a Dios por el suceso.
 El hombre en quien se haba realizado el milagro de la curacin pasaba de los cuarenta aos.
 Los apstoles, despedidos, se fueron a los suyos y les comunicaron cuanto les haban dicho los jefes de los sacerdotes y los ancianos.
 Ellos, en oyndolos, a una levantaron la voz a Dios y dijeron: Seor, t que hiciste el cielo y la tierra, y el mar y cuanto en ellos hay,
 que por boca de nuestro padre David tu siervo dijiste: Por qu protestan las gentes y los pueblos meditan cosas vanas ?
 Los reyes de la tierra han conspirado y los prncipes se han unido contra el Seor y contra su Cristo.
 En efecto, se unieron en esta ciudad contra tu santo Siervo Jess, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel,
 para ejecutar cuanto tu mano y tu consejo haban decretado de antemano que sucediese.
 Ahora, Seor, mira sus amenazas, y da a tus siervos hablar con toda libertad tu palabra,
 extendiendo tu mano para realizar curaciones, seales y prodigios por el nombre de tu santo Siervo Jess.
 Despus de haber orado, tembl el lugar en que estaban reunidos, y todos fueron llenos del Espritu Santo y hablaban la palabra de Dios con libertad.
 La muchedumbre de los que haban credo tena un corazn y un alma sola, y ninguno tena por propia cosa alguna, antes todo lo tenan en comn.
 Los apstoles atestiguaban con gran poder la resurreccin del Seor Jess, y todos los fieles gozaban de gran estima.
 No haba entre ellos indigentes, pues cuantos eran dueos de haciendas o casas las vendan y llevaban el precio de lo vendido,
 y lo depositaban a los pies de los apstoles y a cada uno se le reparta segn su necesidad.
 Jos, el llamado por los apstoles Bernab, que significa hijo de la consolacin, levita, chipriota de naturaleza,
 que posea un campo, lo vendi y llev el precio, y lo deposit a les pies de los apstoles.
 Pero cierto hombre llamado Ananas, con Safira, su mujer, vendi una posesin
 y retuvo una parte del precio, siendo sabedora de ello tambin la mujer, y llev el resto a depositarlo a los pies de los apstoles.
 Djole Pedro: Ananas, por qu se ha apoderado Satans de tu corazn, movindote a engaar al Espritu Santo, reteniendo una parte del precio del campo?
 Acaso sin venderlo no lo tenas para ti, y vendido no quedaba a tu disposicin el precio? Por qu has hecho tal cosa? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
 Al or Ananas estas palabras, cay y expir. Se apoder de cuantos lo supieron un temor grande.
 Luego se levantaron los jvenes y envolvindole le llevaron y le dieron sepultura.
 Pasadas como tres horas entr la mujer, ignorante de lo sucedido,
 y Pedro le dirigi la palabra: Dime si habis vendido en tanto el campo. Dijo ella: S, en tanto;"
 y Pedro a ella: Por qu os habis concertado en tentar al Espritu Santo ? Mira, los pies de los que han sepultado a tu marido estn ya a la puerta, y sos te llevarn a ti.
 Cay al instante a sus pies y expir. Entrando los jvenes, la hallaron muerta y la sacaron, dndole sepultura con su marido.
 Gran temor se apoder de toda la iglesia y de cuantos oan tales cosas.
 Eran muchos los milagros y prodigios que se realizaban en el pueblo por mano de los apstoles. Estando todos reunidos en el prtico de Salomn,
 nadie de los otros se atreva a unirse a ellos, pero el pueblo los tena en gran estima.
 Crecan ms y ms los creyentes, en gran muchedumbre de hombres y mujeres,
 hasta el punto de sacar a las calles los enfermos y ponerlos en los lechos y camillas, para que, llegando Pedro, siquiera su sombra los cubriese;"
 y la muchedumbre concurra de las ciudades vecinas a Jerusaln, trayendo enfermos y atormentados por los espritus impuros, y todos eran curados.
 Con esto levantndose el sumo sacerdote y todos los suyos, de la secta de los saduceos, llenos de envidia,
 echaron mano a los apstoles y los metieron en la crcel pblica.
 Pero el ngel del Seor les abri de noche las puertas de la prisin, y sacndolos les dijo:
 Id, presentaos en el templo y predicad al pueblo todas estas palabras de vida.
 Ellos obedecieron; y entrando al amanecer en el templo, enseaban. Entretanto, llegado el sumo sacerdote con los suyos, convoc el sanedrn, es decir, todo el senado de los hijos de Israel, y enviaron a la prisin para que se los llevasen."
 Llegados los alguaciles, no los hallaron en la prisin. Volvieron y se lo hicieron saber,
 diciendo: La prisin estaba cerrada y bien asegurada y los guardias en sus puertas; pero abriendo, no encontramos dentro a nadie."
 Cuando el oficial del templo y los pontfices oyeron tales palabras, se quedaron sorprendidos, pensando qu habra sido de ellos.
 En esto lleg uno que les comunic: Los hombres esos que habis metido en la prisin estn en el templo enseando al pueblo.
 Entonces fue el oficial con sus alguaciles y los condujo, pero sin hacerles fuerza, porque teman que el pueblo los apedrease.
 Conducidos, los present en medio del sanedrn. Dirigindoles la palabra el sumo sacerdote, les dijo:
 Solemnemente os hemos ordenado que no enseaseis sobre este nombre, y habis llenado a Jerusaln de vuestra doctrina y queris traer sobre nosotros la sangre de ese hombre.
 Respondiendo Pedro y los apstoles, dijeron: Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres.
 El Dios de nuestros padres resucit a Jess, a quien vosotros habis dado muerte suspendindole de un madero.
 Pues a se le ha levantado Dios a su diestra por Prncipe y Salvador, para dar a Israel penitencia y la remisin de los pecados.
 Nosotros somos testigos de esto, y lo es tambin el Espritu Santo que Dios otorg a los que le obedecen.
 Oyendo esto, rabiaban de ira y trataban de quitarlos de delante.
 Pero levantndose en el sanedrn un fariseo, de nombre Gamaliel, doctor de la Ley, muy estimado de todo el pueblo, mand sacar a los apstoles por un momento y dijo:
 Varones israelitas, mirad bien lo que vais a hacer con estos hombres.
 Das pasados se levant Teudas, diciendo que l era alguien, y se le allegaron como unos cuatrocientos hombres. Fue muerto, y todos cuantos le seguan se disolvieron, quedando reducidos a nada.
 Despus se levant Judas el Galileo, en los das del empadronamiento, y arrastr al pueblo en pos de s; mas pereciendo l tambin, cuantos le seguan se dispersaron."
 Ahora os digo: Dejad a estos hombres, dejadlos; porque si esto es consejo u obra de hombres, se disolver;"
 pero si viene de Dios, no podris disolverlo, y quiz algn da os hallis con que habis hecho la guerra a Dios. Se dejaron persuadir;"
 e introduciendo luego a los apstoles, despus de azotados, les conminaron que no hablasen en el nombre de Jess y los despidieron.
 Ellos se fueron contentos de la presencia del sanedrn, porque haban sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jess:
 y en el templo y en las casas no cesaban todo el da de ensear y anunciar a Cristo Jess.
 Por aquellos das, habiendo crecido el nmero de los discpulos, se produjo una murmuracin de los helenistas contra los hebreos, porque las viudas de aqullos eran mal atendidas en el servicio cotidiano.
 Los doce, convocando a la muchedumbre de los discpulos, dijeron: No es razonable que nosotros abandonemos el ministerio de la palabra de Dios para servir a las mesas.
 Elegid, hermanos, de entre vosotros a siete varones, estimados de todos, llenos de espritu y de sabidura, a los que constituyamos sobre este ministerio,
 pues nosotros debemos atender a la oracin y al ministerio de la palabra.
 Fue bien recibida la propuesta por toda la muchedumbre, y eligieron a Esteban, varn lleno de fe y del Espritu Santo, y a Felipe, a Prcoro, a Nicanor, a Timn, a Prmenas y a Nicolas, proslito antioqueno;"
 los cuales fueron presentados a los apstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.
 La palabra de Dios fructificaba, y se multiplicaba grandemente el nmero de los discpulos en Jerusaln, y numerosa muchedumbre de sacerdotes se someta a la fe.
 Estean, lleno de gracia y de virtud, haca prodigios y seales grandes en el pueblo.
 Se levantaron algunos de la sinagoga fundada de los libertos, cirenenses y alejandrinos y disputar con Esteban,
 sin poder resistir a la espritu con que hablaba
 Entonces sobornaron a los que dijesen: Nosotros hemos odo a ste proferio blasfemas contra Moiss y contra Dios.
 Y conmociono el pueblo a los ancianos y escribas, y llegando le arrestaron y le llevaron ante el sanedrn.
 Presentaron testigo. Se decan: Este hombre no cesa de proferir palabras contra el lugar santo y contra la Ley;"
 y nosotros le hemos odo decir que ese Jess de Nazaret destruir este lugar y mudar las costumbres que nos dio Moiss.
 Fijando los ojos en l todos los que estaban sentados en el sanedrn, vieron su rostro como el rostro de un ngel.
 Djole el sumo sacerdote: Es como stos dicen?
 El contest: Hermanos y padres, escuchad: El Dios de la gloria se apareci a nuestro padre Abraham cuando moraba en Mesopotamia, antes que habitase en Jarn,
 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela y ve a la tierra que yo te mostrar.
 Entonces sali del pas de los caldeos y habit en Jarn. De all, despus de la muerte de su padre, se traslad a esta tierra, en la cual vosotros habitis ahora;"
 no le dio en ella heredad, ni aun un pie de tierra, mas le prometi drsela en posesin a l, y a su descendencia despus de l, cuando no tena hijos.
 Pues le habl Dios: Habitar tu descendencia en tierra extranjera y la esclavizarn y maltratarn por espacio de cuatrocientos aos;"
 pero al pueblo a quien han de servir le juzgar yo, dice Dios, y despus de esto saldrn y me adorarn en este lugar.
 Luego le otorg el pacto de la circuncisin; y as engendr a Isaac, a quien circuncid el da octavo, e Isaac a Jacob y Jacob a los doce patriarcas."
 Pero los patriarcas, por envidia de Jos, vendieron a ste para Egipto;"
 mas Dios estaba con l y le sac de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabidura delante del Faran, rey de Egipto, que le constituy gobernador de Egipto y de toda su casa
 Entonces vino el hambre sobre toda la tierra de Egipto y de Caan, y una gran tribulacin, de modo que nuestros padres no encontraban provisiones;"
 mas oyendo Jacob que haba trigo en Egipto, envi primero a nuestros padres,
 y a la segunda vez Jos fue reconocido por sus hermanos y su linaje dado a conocer al Faran.
 Envi Jos a buscar a su padre con toda su familia, en nmero de setenta y cinco personas;"
 y descendi Jacob a Egipto, donde murieron l y nuestros padres.
 Fueron trasladados a Siquem y depositados en el sepulcro que Abraham haba comprado a precio de plata, de los hijos de Emmor en Siquem.
 Cuando se iba acercando el tiempo de la promesa hecha por Dios a Abraham, el pueblo creci y se multiplic en Egipto,
 hasta que surgi sobre Egipto otro rey que no haba conocido a Jos.
 Usando de malas artes contra nuestro linaje, afligi a nuestros padres hasta hacerlos exponer a sus hijos para que no viviesen.
 En aquel tiempo naci Moiss, hermoso a los ojos de Dios, que fue criado por tres meses en casa de su padre;"
 y que, expuesto, fue recogido por la hija del Faran, que le hizo criar como hijo suyo.
 Y fue Moiss instruido en toda la sabidura de los egipcios y era poderoso en palabras y obras.
 As que cumpli los cuarenta aos sinti deseos de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel;"
 y viendo a uno maltratado, le defendi y le veng, matando al egipcio que le maltrataba.
 Crea l que entenderan sus hermanos que Dios les daba por su mano la salud, pero ellos no lo entendieron.
 Al da siguiente vio a otros dos que estaban riendo, y procur reconciliarlos, diciendo: Por qu, siendo hermanos, os maltratis uno a otro?
 Pero el que maltrataba a su prjimo le rechaz diciendo: Y quin te ha constituido prncipe y juez sobre nosotros?
 Acaso pretendes matarme, como mataste ayer al egipcio?
 Al or esto huy Moiss, y mor extranjero en la tierra de Madin, en la que engendr dos hijos.
 Pasados cuarenta aos se le apareci un ngel en el desierto del Sina, en la llama de una zarza que arda.
 Se maravill Moiss al advertir la visin, y acercndose para examinarla, le fue dirigida la voz del Seor:
 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Estremecise Moiss y no se atreva a mirar.
 El Seor le dijo: Desata el calzado de tus pies, porque el lugar en que ests es tierra santa.
 He visto la afliccin de mi pueblo en Egipto y he odo sus gemidos. Por eso he descendido para librarlos; ven, pues, que te enve a Egipto.
 Pues a este Moiss, a quien ellos negaron diciendo: Quin te ha constituido prncipe y juez?, a ste le envi Dios por prncipe y redentor por mano del ngel que se le apareci en la zarza.
 El los sac, haciendo prodigios y milagros en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto por espacio de cuarenta aos.
 Ese es el Moiss que dijo a los hijos de Israel: Dios os suscitar de entre vuestros hermanos un profeta corno yo.
 Ese es el que estuvo en medio de la asamblea en el desierto con el ngel, que en el monte de Sina le hablaba a l, y con nuestros padres; se es el que recibi la palabra de vida para entregrosla a vosotros,"
 y a quien no quisieron obedecer nuestros padres, antes le rechazaron y con sus corazones se volvieron a Egipto,
 diciendo a Arn: Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque ese Moiss que nos sac de la tierra de Egipto no sabemos qu ha sido de l.
 Entonces se hicieron un becerro y ofrecieron sacrificios al dolo, y se regocijaron con las obras de sus manos.
 Dios se apart de ellos y los entreg al culto del ejrcito celeste, segn que est escrito en el libro de los profetas. Acaso me habis ofrecido vctimas y sacrificios | durante cuarenta aos en el desierto, casa de Israel?
 Antes os trajisteis la tienda de Moloc | y el astro del dios Refn, | las imgenes que os hicisteis para adorarlas. | Por eso yo os transportar al otro lado de Babilonia.
 Nuestros padres tuvieron en el desierto la tienda del testimonio, segn lo haba dispuesto el que orden a Moiss que la hiciesen, conforme al modelo que haba visto.
 Esta tienda la recibieron nuestros padres, y la introdujeron cuando con Josu ocuparon la tierra de las gentes, que Dios arroj delante de nuestros padres; y as hasta los das de David,"
 que hall gracia en la presencia de Dios y pidi hallar habitacin para el Dios de Jacob.
 Pero fue Salomn quien le edific una casa.
 Sin embargo, no habita el Altsimo en casas hechas por mano de hombre, segn dice el profeta:
 Mi trono es el cielo, | y la tierra el escabel de mis pies; | qu casa me edificaris a m, dice el Seor, | o cul ser el lugar de mi descanso?"
 No es mi mano la que ha hecho todas las cosas?
 Duros de cerviz e incircuncisos de corazn y de odos, vosotros siempre habis resistido al Espritu Santo. Como vuestros padres, as tambin vosotros.
 A qu profeta no persiguieron vuestros padres? Dieron muerte a los que anunciaban la venida del Justo, a quien vosotros habis ahora traicionado y crucificado, vosotros,
 que recibisteis por ministerio de los ngeles la Ley y no la guardasteis.
 Al or estas cosas se llenaron de rabia sus corazones y rechinaban los dientes contra l.
 El, lleno del Espritu Santo, mir al cielo y vio la gloria de Dios y a Jess en pie a la diestra de Dios,
 y dijo: Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre en pie, a la diestra de Dios.
 Ellos, gritando a grandes voces, tapronse los odos y se arrojaron a una sobre l.
 Sacndole fuera de la ciudad le apedreaban. Los testigos depositaron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo;"
 y mientras le apedreaban, Esteban oraba, diciendo: Seor Jess, recibe mi espritu.
 Puesto de rodillas, grit con fuerte voz: Seor, no les imputes este pecado. Y diciendo esto se durmi. Saulo aprobaba su muerte.
 Aquel da comenz una gran persecucin contra la iglesia de Jerusaln, y todos, fuera de los apstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samara,
 A Esteban lo recogieron algunos varones piadosos, e hicieron sobre l gran luto.
 Por el contrario, Saulo devastaba la Iglesia, y, entrando en las casas, arrastraba a hombres y mujeres y los haca encarcelar.
 Los que se haban dispersado iban por todas partes predicando la palabra.
 Felipe baj a la ciudad de Samara y predicaba a Cristo.
 La muchedumbre a una oa atentamente lo que Felipe le deca y admiraba los milagros que haca;"
 pues muchos espritus impuros salan gritando a grandes voces, y muchos paralticos y cojos eran curados,
 lo cual fue causa de gran alegra en aquella ciudad.
 Pero haba all un hombre llamado Simn, que de tiempo atrs vena practicando la magia en la ciudad y maravillando al pueblo de Samara, diciendo ser l algo grande.
 Todos, del mayor al menor, le seguan y decan: Este es el poder de Dios llamado grande;"
 y se adheran a l, porque durante bastante tiempo los haba embaucado con sus magias.
 Mas cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba el reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.
 El mismo Simn crey, y bautizado, se adhiri a Felipe, y viendo las seales y milagros grandes que haca, estaba fuera de s.
 Cuando los apstoles que estaban en Jerusaln oyeron cmo haba recibido Samara la palabra de Dios, enviaron all a Pedro y a Juan,
 los cuales, bajando, oraron sobre ellos para que recibiesen el Espritu Santo,
 pues an no haba venido sobre ninguno de ellos; slo haban sido bautizados en el nombre del Seor Jess."
 Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espritu Santo.
 Viendo Simn que por la imposicin de las manos de los apstoles se comunicaba el Espritu Santo, les ofreci dinero,
 diciendo: Dadme tambin a m ese poder de imponer las manos, de modo que se reciba el Espritu Santo.
 Djole Pedro: Sea ese tu dinero para perdicin tuya, pues has credo que con dinero poda comprarse el don de Dios.
 No tienes en esto parte ni heredad, porque tu corazn no es recto delante de Dios.
 Arrepintete, pues, de sta tu maldad, y ruega al Seor que te perdone este mal pensamiento de tu corazn;"
 porque veo que ests lleno de maldad y envuelto en lazos de iniquidad.
 Simn respondi diciendo: Rogad vosotros por m al Seor para que no me sobrevenga nada de eso que habis dicho.
 Ellos, despus de haber atestiguado y predicado la palabra del Seor, volvieron a Jerusaln, evangelizando muchas aldeas de los samaritanos.
 El ngel del Seor habl a Felipe, diciendo: Levntate y ve hacia el medioda, por el camino que por el desierto baja de Jerusaln a Gaza.
 Psose luego en camino, y se encontr con un varn etope, eunuco, ministro de Candace, reina de los etopes, intendente de todos sus tesoros Haba venido a adorar a Jerusaln,
 y se volva sentado en su coche, leyendo al profeta Isaas.
 Dijo el Espritu a Felipe: Acrcate y llgate a ese coche.
 Aceler el paso Felipe; y oyendo que lea al profeta Isaas, le dijo: Entiendes por ventura lo que lees?"
 El le contest: Cmo voy a entenderlo, si alguno no me gua? Y rog a Felipe que subiese y se sentase a su lado.
 El pasaje de la Escritura que iba leyendo era ste: Como una oveja llevada al matadero y como un cordero que delante de los que lo trasquilan, no abri su boca.
 En su humillacin ha sido consumado su juicio; su generacin, quin la contar?, porque su vida ha sido arrebatada de la tierra.
 Pregunt el eunuco a Felipe: Dime, de quin dice eso el profeta? De s mismo o de otro?
 Y abriendo Felipe sus labios y comenzando por esta Escritura, le anunci a Jess.
 Siguiendo su camino llegaron a donde haba agua, y dijo el eunuco: Aqu hay agua; qu impide que sea bautizado?"
 Felipe dijo: Si crees de todo corazn, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
 Mand parar el coche y bajaron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautiz.
 En cuanto subieron del agua, el Espritu del Seor arrebat a Felipe, y ya no lo vio ms el eunuco, que continu alegre su camino.
 Cuanto a Felipe, se encontr en Azoto, y de paso evangelizaba todas las ciudades hasta llegar a Cesrea.
 Saulo, respirando an amenazas de muerte contra los discpulos del Seor, se lleg al sumo sacerdote,
 pidindole cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si all hallaba quienes siguiesen este camino, hombres o mujeres, los llevase atados a Jerusaln.
 Estando ya cerca de Damasco, de repente se vio rodeado de una luz del cielo;"
 y cayendo a tierra, oy una voz que le deca: Saulo, Saulo, por qu me persigues?
 El contest: Quin eres, Seor? Y l: Yo soy Jess, a quien t persigues.
 Levntate y entra en la ciudad, y se te dir lo que has de hacer.
 Los hombres que le acompaaban estaban de pie atnitos oyendo la voz, pero sin ver a nadie
 Saulo se levant del suelo, y con los ojos abiertos nada vea. Llevronle de la mano y le introdujeron en Damasco,
 donde estuvo tres das sin ver y sin comer ni beber.
 Haba en Damasco un discpulo, de nombre Ananas, a quien dijo el Seor en visin: Ananas! El contest: Heme aqu, Seor.
 Y el Seor a l: Levntate y vete a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a Saulo de Tarso, que est orando;"
 y vio en visin a un hombre llamado Ananas, que entraba y le impona las manos para que recobrase la vista.
 Y contest Ananas: Seor, he odo a muchos de este hombre cuntos males ha hecho a tus santos en Jerusaln,
 y que viene aqu con poder de los prncipes de los sacerdotes para prender a cuantos invocan tu nombre.
 Pero el Seor le dijo: Ve, porque es ste para m vaso de eleccin, para que lleve mi nombre ante las naciones y los reyes y los hijos de Israel.
 Yo le mostrar cunto habr de padecer por mi nombre.
 Fue Ananas y entr en la casa, e imponindole las manos, le dijo: Hermano Saulo, el Seor Jess, que se te apareci en el camino que traas, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espritu Santo.
 Al punto se le cayeron de los ojos unas como escamas, y recobr la vista y levantndose fue bautizado; despus tom alimento y se repuso."
 Pas algunos das con los discpulos de Damasco,
 y luego se dio a predicar en las sinagogas que Jess es el Hijo de Dios;"
 y cuantos le oan quedaban fuera de s, diciendo: No es ste el que en Jerusaln persegua a cuantos invocaban este nombre, y que a esto vena aqu, para llevarlos atados a los sumos sacerdotes?
 Pero Saulo cobraba cada da ms fuerzas y confunda a los judos de Damasco, demostrando que ste es el Mesas.
 Pasados bastantes das, resolvieron los judos matarle;"
 pero su resolucin fue conocida de Saulo. Da y noche guardaban las puertas para darle muerte;"
 pero los discpulos, tomndole de noche, lo bajaron por la muralla, descolgndole en una espuerta.
 Llegado que hubo a Jerusaln, quiso unirse a los discpulos, pero todos le teman, no creyendo que fuese discpulo.
 Tomle entonces Bernab y le condujo a los apstoles, a quienes cont cmo en el camino haba visto al Seor, que le haba hablado, y cmo en Damasco haba predicado valientemente el nombre de Jess.
 Estaba con ellos, yendo y viniendo dentro de Jerusaln, predicando con valor el nombre del Seor,
 y hablando y disputando con los helenistas, que intentaron quitarle la vida,
 pero sabiendo esto los hermanos, le llevaron a Cesrea y de all le enviaron a Tarso.
 Por toda Judea, Galilea y Samara, la Iglesia gozaba de paz y se fortaleca y andaba en el temor del Seor, llena de los consuelos del Espritu Santo.
 Acaeci que, yendo Pedro por todas partes, vino tambin a los santos que vivan en Lida.
 All encontr a un hombre llamado Eneas, que estaba paraltico desde haca ocho aos, echado en una camilla.
 Djole Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levntate y toma la camilla. Y al punto se levant."
 Visto lo cual, todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sarn se convirtieron al Seor.
 Haba en Joppe una discpula llamada Tabita, que quiere decir Dorcas. Era rica en buenas obras y en limosnas.
 Sucedi, pues, en aquellos das que, enfermando, muri, y lavada, la colocaron en el piso alto de la casa.
 Est Joppe prximo a Licia; y sabiendo los discpulos que se hallaba all Pedro, le enviaron dos hombres con este ruego: No tardes en venir a nosotros."
 Se levant Pedro, se fue con ellos y luego le condujeron a la sala donde estaba y le rodearon todas las viudas, que lloraban, mostrando las tnicas y mantos que en vida les haca Dorcas.
 Pedro los hizo salir fuera a todos, y puesto de rodillas, or; luego, vuelto al cadver, dijo: Tabita, levntate. Abri los ojos, y viendo a Pedro, se sent."
 En seguida le dio ste la mano y la levant, y llamando a los santos y a las viudas, se la present viva.
 Se hizo esto pblico por tocio Joppe y muchos creyeron en el Seor.
 Pedro permaneci bastantes das en Joppe, en casa de Simn el curtidor.
 Haba en Cesrea un hombre llamado Cornelio, centurin de la cohorte denominada Itlica;"
 piadoso, temeroso de Dios con toda su casa, que haca muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios continuamente.
 Este, como a la hora de nona, vio claramente en visin a un ngel de Dios, que acercndose a l le deca: Cornelio.
 El le mir, y sobrecogido de temor, dijo: Qu quieres, Seor? Y le dijo: Tus oraciones y limosnas han sido recordadas ante Dios.
 Enva, pues, unos hombres a Joppe y haz que venga un cierto Simn, llamado Pedro,
 que se hospeda en casa de Simn, el curtidor, cuya casa est junto al mar.
 En cuanto desapareci el ngel que le hablaba, llam a dos de sus domsticos y a un soldado, tambin piadoso, de sus asistentes,
 y contndoles todo el suceso los envi a Joppe.
 Al da siguiente, mientras ellos caminaban y se acercaban a la ciudad, subi Pedro a la terraza para orar hacia la hora de sexta.
 Sinti hambre y dese comer; y mientras preparaban la comida le sobrevino un xtasis."
 Vio el cielo abierto, y que bajaba algo como un mantel grande, sostenido por las cuatro puntas, y que descenda sobre la tierra.
 En l haba todo gnero de cuadrpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo.
 Oy una voz que le deca: Levntate, Pedro, mata y come.
 Dijo Pedro: De ninguna manera, Seor, que jams he comido cosa alguna impura.
 De nuevo le dijo la voz: Lo que Dios ha purificado, no lo llames t impuro.
 Sucedi esto por tres veces, y luego el lienzo fue recogido al cielo.
 Estaba Pedro dudoso y pensativo sobre lo que sera aquella visin que haba tenido, cuando los hombres enviados por Cornelio llegaron a la puerta, preguntando por la casa de Simn;"
 y llamando, preguntaron si se hospedaba all cierto Simn llamado Pedro.
 Meditando Pedro sobre la visin, le dijo el Espritu:
 Ah estn unos hombres que te buscan. Levntate, pues, baja y vete con ellos sin vacilar, porque los he enviado yo.
 Baj Pedro y dijo a los hombres: Yo soy el que buscis. Qu es lo que os trae?
 Ellos dijeron: El centurin Cornelio, varn justo y temeroso de Dios, que en todo el pueblo de los judos es muy estimado, ha recibido de un santo ngel el mandato de hacerte llevar a su casa y escuchar tu palabra.
 Pedro les invit a entrar y los hosped. Al da siguiente parti con ellos, acompaado de algunos hermanos de Joppe;"
 y al otro da entr en Cesrea, donde los esperaba Cornelio, que haba invitado a todos sus parientes y amigos ntimos.
 As que entr Pedro, Cornelio le sali al encuentro, y postrndose a sus pies, le ador.
 Pedro le levant diciendo: Levntate, que yo tambin soy hombre.
 Conversando con l, entr y encontr all a muchos reunidos,
 a quienes dijo: Bien sabis cuan ilcito es a un hombre judo llegarse a un extranjero o entrar en su casa, pero Dios me ha mostrado que a ningn hombre deba llamar manchado o impuro,
 por lo cual, sin vacilar he venido, obedeciendo el mandato. Decidme, pues, para qu me habis llamado.
 Cornelio contest: Hace cuatro das, a esta hora de nona, orando yo en mi casa, vi a un varn vestido de refulgentes vestiduras,
 que me dijo: Cornelio, ha sido escuchada tu oracin y tus limosnas recordadas delante de Dios.
 Enva, pues, a Joppe y haz llamar a Simn, llamado Pedro, que se hospeda en casa de Simn, el curtidor, junto al mar.
 Al instante envi por ti, y t te has dignado venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos en presencia de Dios, prontos a escuchar de ti lo ordenado por el Seor.
 Tomando entonces Pedro la palabra, dijo: En verdad reconozco que no hay en Dios acepcin de personas,
 sino que, en toda nacin, el que teme a Dios y practica la justicia le es acepto.
 El ha enviado su palabra a los hijos de Israel, anuncindoles la paz por Jesucristo, que es el Seor de todos.
 Vosotros sabis lo acontecido en toda Judea, comenzando por la Galilea, despus del bautismo predicado por Juan;"
 esto es, cmo a Jess de Nazaret le ungi Dios con el Espritu Santo y con poder, y cmo pas haciendo bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con El.
 Y nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judos y en Jerusaln, y de cmo le dieron muerte suspendindole de un madero.
 Dios le resucit al tercer da y les dio manifestarse,
 no a todo el pueblo, sino a los testigos de antemano elegidos por Dios, a nosotros, que comimos y bebimos con El despus de resucitado de entre los muertos.
 Y nos orden predicar al pueblo y atestiguar que por Dios ha sido instituido juez de vivos y muertos.
 De El dan testimonio todos los profetas, que dicen que por su nombre cuantos crean en El recibirn el perdn de los pecados.
 An estaba Pedro diciendo estas palabras, cuando descendi el Espritu Santo sobre todos los que oan la palabra;"
 quedando fuera de s los fieles de la circuncisin que haban venido con Pedro de que el don del Espritu Santo se derramase sobre los gentiles,
 porque les oan hablar en varias lenguas y glorificar a Dios. Entonces tom Pedro la palabra:
 Podr, acaso, alguno negar el agua del bautismo a stos, que han recibido el Espritu Santo igual que nosotros?
 Y mand bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Entonces le rogaron que se quedase all algunos das.
 Oyeron los apstoles y los hermanos de Judea que tambin los gentiles haban recibido la palabra de Dios.
 Pero cuando subi Pedro a Jerusaln disputaban con l los que eran de la circuncisin,
 diciendo: T has entrado a los incircuncisos y has comido con ellos.
 Comenz Pedro a contarles por menudo, diciendo:
 Estaba yo en la ciudad de Joppe orando, y vi en xtasis una visin, algo as como un mantel grande suspendido por las cuatro puntas, que bajaba del cielo y llegaba hasta m;"
 y volviendo a l los ojos, vi cuadrpedos de la tierra, fieras, reptiles y aves del cielo.
 O tambin una voz que Mc deca: Levntate, Pedro, mata y coMc.
 Pero yo dije: De ninguna manera, Seor, que jams cosa manchada o impura entr en mi boca.
 Por segunda vez me habl la voz del cielo: Lo que Dios ha purificado, no lo llames t impuro.
 Esto sucedi por tres veces, y luego todo volvi al cielo.
 En aquel instante se presentaron tres hombres en la casa en que estbamos, enviados a m desde Cesrea.
 Al mismo tiempo, el Espritu me dijo que fuese con ellos sin vacilar. Conmigo vinieron tambin estos seis hermanos, y entramos en la casa de aquel varn,
 que nos cont cmo haba visto en su casa al ngel, que, presentndosele, dijo: Enva a Joppe y haz venir a Simn, llamado Pedro,
 el cual te hablar palabras por las cuales sers salvo t y tu casa.
 Comenzando yo a hablar, descendi el Espritu Santo sobre ellos, igual que sobre nosotros al principio.
 Yo me acord de la palabra del Seor cuando dijo: Juan bautiz en el agua, pero vosotros seris bautizados en el Espritu Santo.
 Si Dios, pues, les haba otorgado igual don que a nosotros, que cremos en el Seor Jesucristo, quin era yo para oponerme a Dios?
 Al or estas cosas callaron y glorificaron a Dios, diciendo: Luego Dios ha concedido tambin a los gentiles la penitencia para la vida.
 Los que con motivo de la persecucin suscitada por lo de Esteban se haban dispersado, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioqua, no predicando la palabra ms que a los judos.
 Pero haba entre stos algunos hombres de Chipre y de Cirene que, llegando a Antioqua, predicaron tambin a los griegos, anunciando al Seor, Jess.
 La mano del Seor estaba con ellos, y un gran nmero crey y se convirti al Seor.
 Lleg la noticia de esto a los odos de la iglesia de Jerusaln, y enviaron a Antioqua a Bernab,
 el cual, as que lleg y vio la gracia de Dios, se alegr y exhortaba a todos a perseverar fieles al Seor;"
 porque era hombre bueno y lleno del Espritu Santo y de fe, y se alleg al Seor numerosa muchedumbre.
 Bernab parti a Tarso en busca de Saulo, y hallndole, le condujo a Antioqua,
 donde por espacio de un ao estuvieron juntos en la iglesia e instruyeron a una muchedumbre numerosa, tanto que en Antioqua comenzaron los discpulos a llamarse cristianos.
 Por aquellos das bajaron de Jerusaln a Antioqua profetas,
 y levantndose uno de ellos, por nombre Agabo, vaticinaba por el Espritu una grande hambre que haba de venir sobre toda la tierra, y que vino bajo Claudio.
 Los discpulos resolvieron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea,
 cada uno segn sus facultades, y lo hicieron, envindoselo a los presbteros por medio de Bernab y Saulo.
 Por aquel tiempo, el rey Heredes se apoder de algunos de la iglesia para atormentarlos.
 Dio muerte a Santiago, hermano de Juan, por la espada.
 Viendo que esto les caia bien a los judos, lleg a apresar tambin a Pedro.
 Era por los das de los zimos y, tomandole, le meti en la crcel, encargando su guarda a cuatro escuadras de a cuatro soldados con el propsito de exhibirle al pueblo despus de la Pascua.
 En efecto, Pedro era custodiado en la crcel; pero la Iglesia oraba con mucho fervor a Dios por l."
 La noche anterior al da en que Herodes se propona exhibirle al pueblo, hallndose Pedro dormido entre dos soldados, sujeto con dos cadenas y guardada la puerta de la prisin por centinelas,
 un ngel del Seor se present, y el calabozo se ilumin; y golpeando a Pedro en el costado, le despert, diciendo: Levntate pronto; y se cayeron las cadenas de sus manos
 El ngel aadi: Cete y clzate tus sandalias. Hzolo as. Y agreg: Envulvete en tu manto y sige Mc.
 Y sali en pos de l. No saba Pedro si era realidad lo que el ngel haca; ms bien le pareca que fuese una visin."
 Atravesando la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad. La puerta se les abri por s misma, y salieron y avanzaron por una calle, desapareciendo luego el ngel.
 Entonces Pedro, vuelto en s, dijo: Ahora me doy cuenta de que realmente el Seor ha enviado su ngel y me ha arrancado de las manos de Herodes y de toda la expectacin del pueblo judo.
 Reflexionando, se fue a la casa de Mara, la madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde estaban muchos reunidos y orando.
 Golpe la puerta del vestbulo y sali una sierva llamada Rod,
 que, luego que conoci la voz de Pedro, fuera de s de alegra, sin abrir la puerta, corri a anunciar que Pedro estaba en el vestbulo.
 Ellos le dijeron: Ests loca. Insista ella en que era as; y entonces dijeron: Es su ngel."
 Pedro segua golpeando, y cuando le abrieron y le conocieron, quedaron estupefactos.
 Hacindoles seal con la mano de que callasen, les cont cmo el Seor le haba sacado de la crcel, y aadi: Contad esto a Santiago y a los hermanos. Y sali, yndose a otro lugar.
 Cuando se hizo de da, se produjo entre los soldados no pequeo alboroto por lo que habra sido de Pedro.
 Herodes, le hizo buscar, y no hallndole, interrog a los guardias y los mand conducir al suplicio. Luego, bajando de la Judea, residi en Cesrea.
 Estaba irritado contra los tirios y sidonios, que, de comn acuerdo, se presentaron a l, y habindose ganado a Blasto, camarero del rey, le pidieron la reconciliacin, por cuanto su regin se abasteca del territorio del rey.
 El da sealado, Herodes, vestido de las vestiduras reales, se sent en su estrado y les dirigi la palabra.
 Y el pueblo comenz a gritar: Palabra de Dios y no de hombre.
 Al instante le hiri el ngel de Seor, por cuanto no haba glorificado a Dios, y, comido de gusanos, expir.
 La palabra del Seor ms y ms se extenda y se difunda.
 Bernab y Saulo, cumplido su ministerio, volvieron de Jerusaln, llevando consigo a Juan, llamado Marcos.
 Haba en la iglesia de Antioqua profetas y doctores: Bernab, Simen, llamado Niger, y Lucio de Cirene; Manahem, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo."
 Un da, mientras celebraban la liturgia en honor del Seor y guardaban los ayunos, dijo el Espritu Santo: Segregadme a Bernab y a Saulo para la obra a que los he llamado.
 Entonces, despus de orar y ayunar, les impusieron las manos y los despidieron.
 Ellos, pues, enviados por el Espritu Santo, bajaron a Seleucia y de all navegaron a Chipre,
 En Sala mina predicaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judos, teniendo a Juan por auxiliar,
 Luego atravesaron toda la isla hasta Pafos, y all encontraron a un mago, falso profeta, judo, de nombre Barjess.
 Hallbase ste al servicio del procnsul Sergio Pablo, varn prudente, que hizo llamar a Bernab y a Saulo, deseando or la palabra de Dios.
 Pero Eli ms  el mago, que eso significa este nombre  , se le opona y procuraba apartar de la fe al procnsul.
 Mas Saulo, llamado tambin Pablo, lleno del Espritu Santo, clavando en l los ojos,
 le dijo: Oh, lleno de todo engao y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! No cesars de torcer los rectos caminos del Seor?
 Ahora mismo la mano del Seor caer sobre ti y quedars ciego, sin ver la luz del sol por cierto tiempo. Al punto se apoder de l la tiniebla y la oscuridad, y daba vueltas buscando quien le diera la mano.
 Al verlo, crey el procnsul, maravillado de la doctrina del Seor.
 De Pafos navegaron Pablo y los suyos, llegando a Perge de Panfilia, pero Juan se apart de ellos y se volvi a Jerusaln.
 Ellos, dejando atrs Perge, llegaron a Antioqua de Pisidia, y entrando en la sinagoga en da de sbado, se sentaron,
 Hecha la lectura de la Ley y de los Profetas, les invitaron los jefes de la sinagoga, diciendo: Hermanos, si tenis alguna palabra de exhortacin al pueblo, decidla.
 Entonces se levant Pablo, y haciendo seal con la mano, dijo: Varones israelitas y vosotros los que temis a Dios, escuchad:
 El Dios de este pueblo de Israel eligi a nuestros padres y acrecent al pueblo durante su estancia en la tierra de Egipto, y con brazo fuerte los sac de ella.
 Durante unos cuarenta aos los provey de alimento en el desierto;"
 y destruyendo a siete naciones de la tierra de Caan, se la dio en heredad
 al cabo de unos cuatrocientos cincuenta aos. Despus les dio jueces, hasta el profeta Samuel.
 Luego pidieron rey y les dio a Sal, hijo de Gis, de la tribu de Benjamn, por espacio de cuarenta aos.
 Rechazado ste, alz por rey a David, de quien dio testimonio, diciendo: He hallado a David, hijo de Jes, varn segn mi corazn que har en todo mi voluntad.
 Del linaje de ste, segn su promesa, suscit Dios para Israel un salvador, Jess,
 precedido por Juan, que predic antes de la llegada de aqul el bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.
 Cuando Juan estaba para acabar su carrera, dijo: No soy yo el que vosotros pensis: otro viene despus de m, a quien no soy digno de desatar el calzado.
 Hermanos, hijos de Abraham, y los que entre vosotros temen a Dios: a nosotros se nos enva este mensaje de salud.
 En efecto, los moradores de Jerusaln y sus prncipes, desconociendo a ste y tambin las voces de los profetas que se leen cada sbado, condenndole, las cumplieron,
 y sin haber hallado ninguna causa de muerte, pidieron a Pilato que le quitase la vida.
 Cumplido todo lo que de El estaba escrito, le bajaron del leo y le depositaron en un sepulcro,
 pero Dios le resucit de entre los muertos
 y durante muchos das se apareci a los que con El haban subido de Galilea a Jerusaln, que son ahora sus testigos ante el pueblo.
 Nosotros os anunciamos el cumplimiento de la promesa hecha a nuestros padres,
 que Dios cumpli en nosotros, sus hijos, resucitando a Jess, segn est escrito en el salmo segundo: T eres mi hijo, yo te engendr hoy,
 pues le resucit de entre los muertos, para no volver a la corrupcin. Tambin dijo: Yo os cumplir las promesas santas y firmes hechas a David.
 Por lo cual, en otra parte, dice: No permitirs que tu Santo vea la corrupcin.
 Pues bien, David, habiendo hecho durante su vida la voluntad de Dios, se durmi y fue a reunirse con sus padres y experiment la corrupcin;"
 pero aquel a quien Dios ha resucitado, se no vio la corrupcin.
 Sabed, pues, hermanos, que por ste se os anuncia la remisin de los pecados y de todo cuanto por la Ley de Moiss no podais ser justificados.
 Todo el que en El creyere ser justificado.
 Mirad, pues, que no se cumpla en vosotros lo dicho por los profetas:
 Mirad, menospreciadores, admiraos y anonadaos, porque voy a ejecutar en vuestros das una obra tal que no la creerais si os la contaran.
 A la salida, les rogaron que, al sbado siguiente, volviesen a hablarles de esto.
 Disuelta la reunin, muchos judos y proslitos, adoradores de Dios, siguieron a Pablo y a Bernab, que les hablaban para persuadirlos que permaneciesen en la gracia de Dios.
 Al sbado siguiente, casi toda la ciudad se junt para escuchar la palabra de Dios;"
 pero viendo los judos a la muchedumbre, se llenaron de envidia e insultaban y contradecan a Pablo.
 Mas Pablo y Bernab respondan valientemente, diciendo: A vosotros os habamos de hablar primero la palabra de Dios, mas puesto que la rechazis y os juzgis indignos de la vida eterna, nos volveremos a los gentiles.
 Porque as nos lo orden el Seor: Te he hecho luz de las gentes para ser su salud hasta los limites de la tierra.
 Oyendo esto los gentiles se alegraban y glorificaban la palabra del Seor, creyendo cuantos estaban ordenados a la vida eterna.
 La palabra del Seor se difunda por toda la regin;"
 pero los judos concitaron a mujeres adoradoras de Dios y principales y a los primates de la ciudad, y promovieron una persecucin contra Pablo y Bernab y los rechazaron abiertamente.
 Ellos, sacudiendo el polvo de sus pies contra aqullos, se dirigieron a Iconio,
 mientras los discpulos quedaban llenos de alegra y del Espritu Santo.
 Igualmente en Iconio entraron en la sinagoga de los judos, donde hablaron de modo que crey una numerosa multitud de judos y griegos.
 Pero los judos incrdulos excitaron y exacerbaron los nimos de los gentiles contra los hermanos.
 Con todo, moraron all bastante tiempo, predicando con gran libertad al Seor, que confirmaba la palabra de su gracia realizando por su mano seales y prodigios.
 Al fin se dividi la muchedumbre de la ciudad y unos estaban por los judos y otros por los apstoles.
 Y como se produjese un tumulto de gentiles y judos con sus jefes, pretendiendo ultrajar y apedrear a los apstoles,
 dndose stos cuenta de ello, huyeron a las ciudades de Licaonia, Listra y Derbe, y a las regiones vecinas,
 donde predicaron el Evangelio.
 En Listra vieron a un hombre invlido de los pies, paraltico desde el seno de su madre y que nunca haba podido andar.
 Escuchaba ste a Pablo, que, fijando en l los ojos y viendo que tena fe para ser salvo,
 le dijo en alta voz: Levntate, ponte de pie. El, dando un salto, ech a andar.
 La muchedumbre, al ver lo que haba hecho Pablo, levant la voz diciendo en licaonio: Dioses en forma humana han descendido a nosotros,
 y llamaban a Bernab Zeus y a Pablo Hermes, porque ste era el que llevaba la palabra.
 El sacerdote del templo de Zeus, que estaba ante la puerta de la ciudad, trajo toros enguirnaldados, y acompaado de la muchedumbre quera ofrecerles un sacrificio.
 Cuando esto oyeron los apstoles Bernab y Pablo, rasgaron sus vestiduras y arrojndose entre la muchedumbre, gritaban:
 diciendo: Hombres, qu es lo que hacis? Nosotros somos hombres iguales a vosotros, y os predicamos para convertiros de estas vanidades al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto hay en ellos;"
 que en las pasadas generaciones permiti que todas las naciones siguieran su camino,
 aunque no las dej sin testimonio de s, haciendo el bien y dispensando desde el cielo las lluvias y las estaciones fructferas, llenando de alimento y de alegra vuestros corazones.
 Con todo esto, a duras penas desisti la muchedumbre de sacrificarles.
 Pero judos venidos de Antioqua e Iconio sedujeron a las turbas, que apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad, dejndole por muerto.
 Rodeado de los discpulos, se levant y entr en la ciudad. Y al da siguiente sali con Bernab camino de Derbe.
 Evangelizada aquella ciudad, donde hicieron muchos discpulos, se volvieron a Listra, a Iconio y a Antioqua,
 confirmando las almas de los discpulos y exhortndolos a permanecer en la fe, dicindoles que por muchas tribulaciones nos es preciso entrar en el reino de Dios.
 Les constituyeron presbteros en cada iglesia por la imposicin de las manos, orando y ayunando, y los encomendaron al Seor, en quien haban credo.
 Y atravesando la Pisidia, llegaron a Panfilia,
 y, habiendo predicado la palabra en Perge, bajaron a Atala,
 y de all navegaron hasta Antioqua, de donde haban salido, encomendados a la gracia de Dios, para la obra que haban realizado.
 Llegados, reunieron la iglesia y contaron cuanto haba hecho Dios con ellos y cmo haba abierto a los gentiles la puerta de la fe.
 Y moraron con los discpulos bastante tiempo.
 Algunos que haban bajado de Jerusaln enseaban a los hermanos: Si no os circuncidis conforme a la Ley de Moiss, no podis ser salvos.
 Con esto se produjo una agitacin y disputa no pequea, levantndose Pablo y Bernab contra ellos. Al cabo determinaron que subieran Pablo y Bernab a Jerusaln, acompaados de algunos otros de entre ellos, a los apstoles y presbteros, para consultarlos sobre esto.
 Ellos, despedidos por la iglesia, atravesaron la Fenicia y Samara, contando la conversin de los gentiles y causando grande gozo a todos los hermanos.
 A su llegada a Jerusaln fueron acogidos por la iglesia y por los apstoles y presbteros, y les contaron cuanto haba hecho Dios con ellos.
 Pero se levantaron algunos de la secta de los fariseos que haban credo, los cuales decan: Es preciso que se circunciden y mandarles guardar la Ley de Moiss.
 Se reunieron los apstoles y los presbteros para examinar este asunto.
 Despus de una larga discusin, se levant Pedro y les dijo: Hermanos, vosotros sabis cmo, de mucho tiempo ha, Dios me escogi en medio de vosotros para que por mi boca oyesen los gentiles la palabra del Evangelio y creyesen.
 Dios, que conoce los corazones, ha testificado en su favor, dndoles el Espritu Santo igual que a nosotros
 y no haciendo diferencia alguna entre nosotros y ellos, purificando con la fe su corazones.
 Ahora, pues, por qu tentis a Dios queriendo imponer sobre el cuello de los discpulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros fuimos capaces de soportar?
 Pero por la gracia del Seor Jesucristo creemos ser salvos nosotros, lo mismo que ellos.
 Toda la muchedumbre call, y escuchaba a Bernab y a Pablo, que referan cuantas seales y prodigios haba hecho Dios entre los gentiles por medio de ellos.
 Luego que stos callaron, tom Santiago la palabra y dijo:
 Hermanos, odme: Simn nos ha dicho de qu modo Dios por primera vez visit a los gentiles para consagrarse de ellos un pueblo a su nombre.
 Con esto concuerdan las palabras de los profetas, segn est escrito:
 Despus de esto volver y edificar la tienda de David, que estaba cada, y reedificar su ruinas y la levantar,
 a fin de que busquen los dems hombres al Seor, y todas las naciones sobre las cuales fue invocado mi nombre, dice el Seor que ejecuta estas cosas,
 conocidas desde antiguo.
 Por lo cual, es mi parecer que no se inquiete a los que de los gentiles se conviertan a Dios,
 sino escribirles que se abstengan de las contaminaciones de los dolos, de la fornicacin, de lo ahogado y de sangre.
 Pues Moiss desde antiguo tiene en cada ciudad quienes lo expliquen, leyndolo en las sinagogas todos los sbados.
 Pareci entonces bien a los apstoles y a los presbteros, con toda la iglesia, escoger de entre ellos, para mandarlos a Antio-qua con Pablo y Bernab, a Judas, llamado Barsabas, y a Silas, varones principales entre los hermanos,
 y escribirles por mano de stos: Los apstoles y presbteros hermanos, a sus hermanos de la gentilidad que moran en Antioqua, Siria y Cilicia, salud:
 Habiendo llegado a nuestros odos que algunos, salidos de entre nosotros, sin que nosotros les hubiramos mandado, os han turbado con palabras y han agitado vuestras almas,
 de comn acuerdo, nos ha parecido enviaros varones escogidos en compaa de nuestros amados Bernab y Pablo,
 hombres que han expuesto la vida por el nombre de Nuestro Seor Jesucristo.
 Enviamos, pues, a Judas y a Silas para que os refieran de palabra estas cosas.
 Porque ha parecido al Espritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna otra carga, a excepcin de estas cosas necesarias:
 Que os abstengis de los idolotitos, de sangre y de lo ahogado, y de la fornicacin, de lo cual haris bien en guardaros. Pasadlo bien.
 Los enviados bajaron a Antioqua, y, reuniendo a la muchedumbre, les entregaron la epstola,
 que, leda, los llen de consuelo
 Judas y Silas, que tambin eran profetas, con muchos discursos exhortaron a los hermanos y los confirmaron.
 Pasado all algn tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos a aquellos que los haban enviado.
 Pero Silas decidi permanecer all, y parti solamente Judas.
 Pablo y Bernab se quedaron en Antioqua, enseando y evangelizando con otros muchos la palabra del Seor.
 Pasados algunos das, dijo Pablo a Bernab: Volvamos a visitar a los hermanos por todas las ciudades en que hemos evangelizado la palabra del Seor, y veamos cmo estn.
 Bernab quera llevar consigo tambin a Juan, llamado Marcos;"
 pero Pablo juzgaba que no deban llevarle, por cuanto los haba dejado desde Panfilia y no haba ido con ellos a la obra.
 Se produjo una fuerte excitacin de nimo, de suerte que se separaron uno de otro, y Bernab, tomando consigo a Marcos, se embarc para Chipre,
 mientras que Pablo, llevando consigo a Silas, parti encomendado por los hermanos a la gracia del Seor.
 Atraves la Siria y la Cilicia, confirmando las iglesias.
 Llegaron a Derbe y a Listra. Haba all un discpulo llamado Timoteo, hijo de una mujer juda creyente y de padre griego,
 muy elogiado por los hermanos de Listra e Iconio.
 Quiso Pablo que se fuera con l, y tomndole, le circuncid a causa de los judos que haba en aquellos lugares, pues todos saban que su padre era griego.
 Atravesando las ciudades, les comunicaba los decretos dados por los Apstoles y presbteros de Jerusaln, encargndoles que los guardasen,
 Las iglesias, pues, se afianzaban en la fe y crecan en nmero de da en da.
 Atravesaron la Frigia y el pas de Galacia, impedidos por el Espritu Santo de anunciar la palabra en Asia.
 Llegados a los confines de Misia, intentaron entrar en Bitinia, mas tampoco se lo permiti el Espritu de Jess;"
 y pasando de largo por Misia, bajaron a Trade.
 Por la noche tuvo Pablo una visin. Un varn macedonio se le puso delante y, rogndole, deca: Pasa a Macedonia y aydanos.
 Luego que vio la visin, al instante buscamos cmo pasar a Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba para evangelizarlos.
 Zarpando de Trade, navegamos derechos a Samotracia; al da siguiente llegamos a Nepolis,"
 de all a Filipos, que es la primera ciudad de esta parte de Macedonia, colonia romana, donde pasamos algunos das.
 El sbado salimos fuera de la puerta, junto al ro, donde pensamos que estaba el lugar de la oracin; y sentados hablbamos con algunas mujeres que se hallaban reunidas."
 Cierta mujer llamada Lidia, temerosa de Dios, purpurara, de la ciudad de Tiatira, escuchaba atenta. El Seor haba abierto su corazn para atender a las cosas que Pablo deca.
 Una vez que se bautiz con toda su casa, nos rog diciendo: Puesto que me habis juzgado fiel al Seor, entrad en mi casa y quedaos en ella; y nos oblig."
 Aconteci que, yendo nosotros a la oracin, nos sali al encuentro una sierva que tena espritu pitnico, la cual, adivinando, procuraba a sus amos grandes ganancias.
 Ella nos segua a Pablo y a nosotros, y gritando deca: Estos hombres son siervos del Dios Altsimo y os anuncian el camino de la salvacin.
 Hizo esto muchos das. Molestado Pablo, se volvi y dijo al espritu: En nombre de Jesucristo, te mando salir de sta, y en el mismo instante sali.
 Viendo sus amos que haba desaparecido la esperanza de su ganancia, tomaron a Pablo y a Silas y los llevaron al foro, ante los magistrados;"
 y presentndoselos a los pretores, dijeron: Estos hombres perturban nuestra ciudad, porque, siendo judos,
 predican costumbres que a nosotros no nos es lcito aceptar ni practicar, siendo como somos romanos.
 Toda la muchedumbre se levant contra ellos, y los pretores mandaron que, desnudos, fueran azotados con varas,
 y despus de hacerles muchas llagas los metieron en la crcel, intimando al carcelero que los guardase con cuidado.
 Este, recibido tal mandato, los meti en el calabozo y les sujet bien los pies en el cepo.
 Hacia medianoche, Pablo y Silas, puestos en oracin, cantaban himnos a Dios, y los presos los oan
 De repente se produjo un gran terremoto, hasta conmoverse los cimientos de la crcel, y al instante se abrieron las puertas y se soltaron los grillos.
 Despert el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la crcel, sac la espada con intencin de darse muerte, creyendo que se hubiesen escapado los presos.
 Pero Pablo grit en alta voz, diciendo: No te hagas ningn mal, que todos estamos aqu;"
 y pidiendo una luz se precipit dentro, arrojndose tembloroso a los pies de Pablo y de Silas.
 Luego los sac fuera y les dijo: Seores, qu debo yo hacer para ser salvo?
 Ellos le dijeron: Cree en el Seor Jess, y sers salvo t y tu casa.
 Le expusieron la palabra de Dios a l y a todos los de su casa;"
 y en aquella hora de la noche los tom, les lav las heridas, y enseguida se bautiz l con todos los suyos.
 Subilos a su casa y les puso la mesa, y se regocij con toda su familia de haber credo en Dios.
 Llegado el da, enviaron los pretores a los carceleros con esta orden: Pon en libertad a esos hombres.
 El carcelero comunic a Pablo estas rdenes: los pretores han enviado a decir que seis soltados. Ahora, pues, salid e id en paz.
 Pero Pablo les dijo: Despus que a nosotros, ciudadanos romanos, nos han azotado pblicamente sin juzgarnos y nos han metido en la crcel, ahora en secreto nos quieren echar fuera? No ser as. Que vengan ellos y nos saquen.
 Comunicaron los lictores estas palabras a los pretores, que temieron al or que eran romanos.
 Vinieron y les presentaron sus excusas, y sacndolos, les rogaron que se fueran de la ciudad.
 Ellos, al salir de la crcel, entraron en casa de Lidia y, viendo a los hermanos, los exhortaron y se fueron.
 Pasando por Anfpolis y Apolonia, llegaron a Tesalnica, donde haba una sinagoga de judos.
 Segn su costumbre, Pablo entr en ella, y por tres sbados discuti con ellos sobre las Escrituras,
 explicndoselas y probando cmo era preciso que el Mesas padeciese y resucitase de entre los muertos, y que este Mesas es Jess, a quien yo os anuncio.
 Algunos de ellos se dejaron convencer, se incorporaron a Pablo y a Silas, y asimismo una gran muchedumbre de proslitos griegos y no pocas mujeres principales.
 Pero los judos, movidos de envidia, reunieron algunos hombres malos de la calle, promovieron un alboroto en la ciudad y se presentaron ante la casa de Jasn buscando a Pablo y a Silas para llevarlos ante el pueblo.
 Pero no hallndolos, arrastraron a Jasn y a algunos de los hermanos y los llevaron ante los politarcas, gritando: Estos son los que alborotan la tierra. Al llegar aqu han sido hospedados por Jasn,
 y todos obran contra los decretos del Csar, diciendo que hay otro rey, Jess.
 Con esto alborotaron a la plebe y a los politarcas que tales cosas oan;"
 pero habiendo recibido fianza de Jasn y de los dems, los dejaron ir libres.
 Aquella misma noche los hermanos encaminaron a Pablo y a Silas para Berea. As que llegaron, se fueron a la sinagoga de los judos.
 Eran stos ms nobles que los de Tesalnica, y recibieron con toda avidez la palabra, consultando diariamente las Escrituras para ver si era as.
 Muchos de ellos creyeron, y adems mujeres griegas de distincin y no pocos hombres.
 Pero en cuanto supieron los judos de Tesalnica que tambin en Berea era anunciada por Pablo la palabra de Dios, vinieron all y agitaron y alborotaron a la plebe.
 Al instante los hermanos hicieron partir a Pablo, camino del mar, quedando all Silas y Timoteo
 Los que conducan a Pablo le llevaron hasta Atenas, recibiendo de l encargo para Silas y Timoteo de que se le reuniesen cuanto antes.
 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, se consuma su espritu viendo la ciudad llena de dolos.
 Disputaba en la sinagoga con los judos y los proslitos, y cada da discuta en la plaza con los que le salan al paso.
 Ciertos filsofos, tanto epicreos como estoicos, conferenciaban con l, y unos decan: Qu es lo que propala este charlatn? Otros contestaban: Parece ser predicador de divinidades extranjeras; porque anunciaba a Jess y la resurreccin."
 Y tomndole, le llevaron al Arepago, diciendo: Podemos saber qu nueva doctrina es esta que enseas?
 Pues eso es muy extrao a nuestros odos; queremos saber qu quieres decir con esas cosas."
 Todos los atenienses y los forasteros all domiciliados no se ocupan en otra cosa que en decir y or novedades.
 Puesto en pie Pablo en medio del Arepago, dijo: Atenienses, veo que sois sobremanera religiosos;"
 porque al pasar y contemplar los objetos de vuestro culto, he hallado un altar en el cual est escrito: Al dios desconocido. Pues eso que sin conocerlo veneris es lo que yo os anuncio.
 El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en l, se, siendo Seor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por mano de hombre,
 ni por manos humanas es servido, como si necesitase de algo, siendo El mismo quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas.
 El hizo de uno todo el linaje humano, para poblar toda la haz de la tierra; El fij a los pueblos los tiempos establecidos y los lmites de su habitacin,"
 para que busquen a Dios y siquiera a tientas le hallen, que no est lejos de nosotros,
 porque en El vivimos y nos movemos y existimos, como algunos de vuestros poetas han dicho: porque somos linaje suyo.
 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad es semejante al oro o a la plata o a la piedra, obra del arte y del pensamiento humano.
 Dios, disimulando los tiempos de la ignorancia, intima ahora en todas partes a los hombres que todos se arrepientan,
 por cuanto tiene fijado el da en que juzgar a la tierra con justicia, por medio de un Hombre, a quien ha constituido juez, acreditndole ante todos por su resurreccin de entre los muertos.
 Guando oyeron lo de la resurreccin de los muertos, unos se echaron a rer, otros dijeron: Te oiremos sobre esto otra vez.
 As sali Pablo de en medio de ellos.
 Algunos se adhirieron a l y creyeron, entre los cuales estaban Dionisio Areopagita y una mujer de nombre Damaris y otros ms.
 Despus de esto, Pablo se retir de Atenas y vino a Corinto.
 All encontr a un judo llamado Aquila, originario del Ponto, recientemente llegado de Italia con Priscila, su mujer, a causa del decreto de Claudio que ordenaba salir de Roma a todos los judos. Pablo se uni a ellos;"
 y como era del mismo oficio que ellos, se qued en su casa y trabajaban juntos, pues eran ambos fabricantes de tiendas.
 Los sbados disputaba en la sinagoga, persuadiendo a los judos y a los griegos.
 Mas luego que llegaron de Macedonia Silas y Timoteo, se dio del todo a la predicacin de la palabra, testificando a los judos que Jess era el Mesas.
 Como stos le resistan y blasfemaban, sacudiendo sus vestiduras, les dijo: Caiga vuestra sangre sobre vuestras cabezas; limpio soy yo de ella. Desde ahora me dirigir a los gentiles."
 Y sali, yndose a la casa de un proslito de nombre Ticio Justo, que viva junto a la sinagoga.
 Crispo, jefe de la sinagoga, con toda su casa, crey en el Seor; y muchos corintios, oyendo la palabra, crean y se bautizaban."
 Por la noche dijo el Seor a Pablo en una visin: No temas, sino habla y no calles;"
 yo estoy contigo y nadie se atrever a hacerte mal, porque tengo yo en esta ciudad un pueblo numeroso.
 Mor all un ao y seis meses, enseando entre ellos la palabra de Dios.
 Siendo Galln procnsul de Acaya, se levantaron a una los judos contra Pablo y le condujeron ante el tribunal,
 diciendo: Este persuade a los hombres a dar culto a Dios de un modo contrario a la Ley.
 Disponase Pablo a hablar, cuando Galin dijo a los judos: Si se tratase de una injusticia o de algn grave crimen, oh judos!, razn sera que os escuchase;"
 pero tratndose de cuestiones de doctrina, de nombres y de vuestra Ley, all vosotros lo veis, yo no quiero ser juez en tales cosas.
 Y los ech del tribunal.
 Entonces se echaron todos sobre Sostenes, el jefe de la sinagoga, y le golpearon delante del tribunal, sin que Galin se cuidase de ello.
 Pablo, despus de haber permanecido an bastantes das, se despidi de los hermanos y naveg hacia Siria, yendo con l Priscila y Aquila, despus de haberse rapado la cabeza en Cencreas, porque haba hecho voto.
 Llegados a Efeso, los dej y l entr en la sinagoga, donde conferenci con los judos.
 Rogbanle stos que se quedasen ms tiempo, pero no consinti,
 y despidindose de ellos, dijo: Si Dios quiere, volver a vosotros. Parti de Efeso,
 y desembarcando en Cesrea, despus de subir y saludar a la iglesia, baj a Antioqua.
 Pasado algn tiempo, parti, y atravesando sucesivamente el pas de Galacia y la Frigia, confirmaba a todos los discpulos.
 Cierto judo de nombre Apolo, de origen alejandrino, varn elocuente, lleg a Efeso. Era muy perito en el conocimiento de las Escrituras.
 Estaba bien informado del camino del Seor y con fervor de espritu hablaba y enseaba con exactitud lo que toca a Jess; pero slo conoca el bautismo de Juan."
 Este, pues, comenz a hablar con valenta en la sinagoga; pero Priscila y quila que le oyeron, le tomaron aparte y le expusieron ms completamente el camino de Dios."
 Queriendo pasar a Acaya, le animaron a ello los hermanos y escribieron a los discpulos para que le recibiesen. Llegado all, aprovech mucho por su gracia a los que haban credo,
 porque vigorosamente contradecia a los judos en pblico, demostrndoles por las Escrituras que Jess era el Mesas.
 En el tiempo en que Apolo se hallaba en Corinto, Pablo, atravesando las regiones altas, lleg a Efeso, donde hall algunos discpulos;"
 y les dijo: Habis recibido el Espritu Santo al abrazar la fe? Ellos le contestaron: Ni siquiera hemos odo del Espritu Santo.
 Djoles l: Pues qu bautismo habis recibido? Ellos le respondieron: El bautismo de Juan.
 Dijo Pablo: Juan bautizaba un bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyese en el que vena detrs de l, esto es, en Jess.
 Al or esto, se bautizaron en el nombre del Seor Jess.
 E imponindoles Pablo las manos, descendi sobre ellos el Espritu Santo, y hablaban lenguas y profetizaban.
 Eran unos doce hombres.
 Entrando en la sinagoga habl con libertad por tres meses, conferenciando y discutiendo acerca del reino de Dios.
 Pero as que algunos endurecidos e incrdulos comenzaron a maldecir del camino del Seor delante de la muchedumbre, se retir de ellos, separando a los discpulos, y predicaba todos los das en la escuela de Tirano.
 Esto hizo durante dos aos, de manera que todos los habitantes de Asia oyeron la palabra del Seor, tanto los judos como los griegos.
 Obraba Dios por mano de Pablo milagros extraordinarios,
 de suerte que hasta los pauelos y delantales que haban tocado su cuerpo, aplicados a los enfermos, hacan desaparecer de ellos las enfermedades y salir a los espritus malignos.
 Hasta algunos exorcistas judos ambulantes llegaron a invocar sobre los que tenan espritus malignos el nombre del Seor Jess, diciendo: Os conjuro por Jess, a quien Pablo predica.
 Eran los que esto hacan siete hijos de Esceva, sumo sacerdote judo;"
 pero respondiendo el espritu maligno, les dijo: Conozco a Jess y s quin es Pablo; pero vosotros, quines sois?"
 Y arrojndose sobre ellos aquel en quien estaba el espritu maligno, se apoder de unos y otros y los sujet, de modo que desnudos y heridos tuvieron que huir de aquella casa.
 Fue esto conocido de todos los judos y griegos que moraban en Efeso, apoderndose de todos un gran temor y siendo glorificado el nombre del Seor Jess.
 Muchos de los que haban credo, venan, confesaban y manifestaban sus prcticas supersticiosas;"
 y bastantes de los que haban profesado las artes mgicas traan sus libros y los quemaban en pblico, llegando a calcularse el precio de los quemados en cincuenta mil monedas de plata;"
 tan poderosamente creca y se robusteca la palabra del Seor.
 Despus de esto resolvi Pablo ir a Jerusaln, atravesando la Macedonia y la Acaya, porque se deca: Desde all ir a Roma.
 Enviando a Macedonia dos de sus auxiliares, Timoteo y Erasto, l se detuvo algn tiempo en Asia.
 Pero hubo por aquellos das un alboroto no pequeo, a propsito del camino del Seor,
 ocasionado por un platero llamado Demetrio, que haca en plata templos de Artemisa, que proporcionaban a los artfices no poca ganancia;"
 y convocndolos, as como a todos los obreros de este ramo, les dijo: Bien sabis que nuestro negocio depende de este oficio.
 Asimismo estis viendo y oyendo que no slo en Efeso, sino en casi toda el Asia, este Pablo ha persuadido y llevado tras s una gran muchedumbre, diciendo que no son dioses los hechos por manos de hombres.
 Esto no solamente es un peligro para nuestra industria, sino que es en descrdito del templo de la gran diosa Artemisa, que ser reputada en nada y vendr a quedar despojada de su majestad aquella a quien toda el Asia y el orbe veneran.
 Al or esto, se llenaron de ira y comenzaron a gritar, diciendo: Grande es la Artemisa de los efesios.
 Toda la ciudad se llen de confusin y a una se precipitaron en el teatro, arrastrando consigo a Gayo y Aristarco, macedonios, compaeros de Pablo.
 Quera Pablo entrar all, pero no se lo permitieron los discpulos.
 Algunos de los asiarcas, que eran sus amigos, le mandaron recado rogndole que no se presentase en el teatro.
 Unos gritaban una cosa y otros otra. Estaba la asamblea llena de confusin y muchos no saban ni por qu se haban reunido.
 En esto, empujado por los judos, se destac entre la multitud Alejandro, que con la mano haca seas de que quera hablar al pueblo;"
 pero en cuanto supieron que era judo, todos a una levantaron la voz, y por espacio de dos horas estuvieron gritando: Grande es la Artemisa de los efesios!
 Habiendo logrado el secretario calmar a la muchedumbre, dijo: Efesios, quin no sabe que la ciudad de Efeso es la guardiana de la gran Artemisa y de su estatua bajada del cielo?
 Siendo esto incontestable, conviene que os aquietis y no os precipitis.
 Porque habis trado a estos hombres que ni son sacrilegos ni blasfemos contra vuestra diosa.
 Si Demetrio y los de su profesin tienen alguna queja contra alguno, pblicas asambleas se celebran y procnsules hay; que recurran a la justicia para defender cada uno su derecho."
 Si algo ms pretendis, debe tratarse eso en una asamblea legal,
 porque hay peligro de que seamos acusados de sedicin por lo de este da, pues no hay motivo alguno para justificar esta reunin tumultuosa. Dicho esto, disolvi la asamblea.
 -- omitido por parfrasis --
 Luego que ces el alboroto, hizo Pablo llamar a los discpulos, y exhortndolos, se despidi de ellos y parti camino de Macedonia;"
 y atravesando aquellas regiones los exhortaba con largos discursos, y as lleg a Grecia,
 donde estuvo por tres meses; y en vista de las asechanzas de los judos contra l cuando supieron que se propona embarcarse para Siria, resolvi volver por Macedonia."
 Le acompaaban Spatros de Pirro, originario de Berea; los tesalonicenses Aristarco y Segundo, Gayo de Derbe, Timoteo y los asanos Tquico y Trfimo."
 Estos se adelantaron y nos esperaron en Trade.
 Nosotros, despus de los das de los zimos, partimos de Filipos, y a los cinco das nos reunimos con ellos en Trade, donde nos detuvimos siete das.
 El primer da de la semana, estando nosotros reunidos para partir el pan, platicando con ellos Pablo, que deba partir al da siguiente, prolong su discurso hasta la medianoche.
 Haba muchas lmparas en la sala donde estbamos reunidos
 Un joven llamado Eutico, que estaba sentado en una ventana, abrumado por el sueo, porque la pltica de Pablo se alargaba mucho, se cay del tercer piso abajo, de donde lo levantaron muerto.
 Baj Pablo, se ech sobre l y, abrazndole, dijo: No os turbis, porque est vivo.
 Luego subi, parti el pan, lo comi y prosigui la pltica hasta el amanecer, y luego parti.
 Le trajeron vivo al muchacho, con gran consuelo de todos.
 Nosotros, adelantndonos a tomar la nave, zarpamos rumbo a Assos, donde habamos de recoger a Pablo, porque l haba dispuesto hacer hasta all el viaje por tierra.
 Cuando se nos uni en Assos, lo tomamos en la nave, y llegamos hasta Mitilene.
 De aqu, hechos a la vela, pasamos al da siguiente en frente de Quo; al tercer da navegamos hasta Samos, y al otro da llegamos a Mileto."
 Haba resuelto Pablo, en efecto, pasar de largo por Efeso, a fin de no retardarse en Asia, pues quera, a ser posible, estar en Jerusaln el da de Pentecosts.
 Desde Mileto mand a Efeso a llamar a los presbteros de la iglesia.
 Guando llegaron a l, les dijo: Vosotros sabis bien cmo me conduje con vosotros todo el tiempo desde que llegu a Asia,
 sirviendo al Seor con toda humildad, con lgrimas y en tentaciones que me venan de las asechanzas de los judos;"
 cmo no omit nada de cuanto os fuera de provecho, predicndoos y ensendoos en pblico y en privado,
 dando testimonio a judos y a griegos sobre la conversin a Dios y la fe en nuestro Seor Jess.
 Ahora, encadenado por el Espritu, voy hacia Jerusaln, sin saber lo que all me suceder,
 sino que en todas las ciudades el Espritu Santo me advierte, diciendo que me esperan cadenas y tribulaciones.
 Pero yo no hago ninguna estima de mi vida, con tal de acabar mi carrera y el ministerio que recib del Seor Jess, de anunciar el evangelio de la gracia de Dios.
 S que no veris ms mi rostro, vosotros todos por quienes he pasado predicando el reino de Dios;"
 por lo cual en este da os testifico que estoy limpio de la sangre de todos,
 pues os he anunciado plenamente el consejo de Dios.
 Mirad por vosotros y por todo el rebao, sobre el cual el Espritu Santo os ha constituido obispos, para apacentar la Iglesia de Dios, que El adquiri con su sangre.
 Yo s que despus de mi partida vendrn a vosotros lobos rapaces, que no perdonarn al rebao,
 y que de entre vosotros mismos se levantarn hombres que enseen doctrinas perversas para arrastrar a los discpulos en su seguimiento.
 Velad, pues, acordndoos de que por tres aos, noche y da, no ces de exhortaros a cada uno con lgrimas.
 Yo os encomiendo al Seor y a la palabra de su gracia; al que puede edificar y dar la herencia a todos los que han sido santificados."
 No he codiciado plata, oro o vestidos de nadie.
 Vosotros sabis que a mis necesidades y a las de los que me acompaan han suministrado estas manos.
 En todo os he dado ejemplo, mostrndoos cmo, trabajando as, socorris a los necesitados, recordando las palabras del Seor Jess, que El mismo dijo: Mejor es dar que recibir.
 En diciendo esto, se puso de rodillas con todos y or;"
 y se levant un gran llanto de todos, que, echndose al cuello de Pablo, le besaban,
 afligidos sobre todo por lo que les haba dicho de que no volveran a ver su rostro. Y le acompaaron hasta la nave.
 As que, separndonos de ellos, nos embarcamos, fuimos derechos a Cos, y al siguiente da a Rodas, y de all a Petara,
 donde, habiendo hallado una nave que haca la travesa a Fenicia, nos embarcamos y nos dimos a la mar.
 Luego dimos vista a Chipre, que dejamos a la izquierda, navegamos hasta Siria y desembarcamos en Tiro, porque all haba de dejar su carga la nave.
 En Tiro encontramos discpulos, con los cuales permanecimos siete das. Ellos, movidos del Espritu, decan a Pablo que no subiese a Jerusaln.
 Pasados aquellos das, salimos, e iban acompandonos todos con su mujeres e hijos hasta fuera de la ciudad. All, puestos de rodillas en la playa, oramos,
 nos despedimos y subimos a la nave, volvindose ellos a su casa.
 Nosotros, yendo de Tiro a Tolemaida, acabamos nuestra navegacin, y saludados los hermanos, nos quedamos un da con ellos.
 Al da siguiente salimos; llegamos a Cesrea, y entrando en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, nos quedamos con l."
 Tena ste cuatro hijas vrgenes que profetizaban.
 Habindonos quedado all varios das, baj de Judea un profeta llamado Agabo,
 el cual, llegndose a nosotros, tom el cinto de Pablo, y atndose los pies y las manos con l, dijo: Esto dice el Espritu Santo: As atarn los judos en Jerusaln al varn cuyo es este cinto, y le entregarn en poder de los gentiles.
 Cuando omos esto, tanto nosotros como los del lugar le instamos a que no subiese a Jerusaln.
 Pablo entonces respondi: Qu hacis con llorar y quebrantar mi corazn? Pues pronto estoy, no slo a ser atado, sino a morir en Jerusaln por el nombre del Seor Jess.
 No pudiendo disuadirle, guardamos silencio, diciendo: Hgase la voluntad del Seor.
 Despus de estos das, hechos los preparativos necesarios, subimos a Jerusaln.
 Iban con nosotros algunos discpulos de Cesrea, que nos condujeron a casa de un tal Mnasn, chipriota, antiguo discpulo, en la cual nos hospedamos.
 Llegados a Jerusaln, fuimos recibidos por los hermanos con alegra.
 Al da siguiente, Pablo, acompaado de nosotros, visit a Santiago, reunindose all todos los presbteros.
 Despus de saludarlos, cont una por una las cosas que Dios haba obrado entre los gentiles por su mano.
 Ellos, oyndole, glorificaban a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuntos millares de creyentes hay entre los judos, y que todos son celadores de la Ley.
 Pero han odo de ti que enseas a los judos de la dispersin que hay que renunciar a Moiss y les dices que no circunciden a sus hijos ni sigan costumbres mosaicas.
 Qu hacer, pues? Seguro que sabrn que has llegado.
 Haz lo que vamos a decirte: Tenemos cuatro varones que han hecho voto;"
 tmalos, purifcate con ellos y pgales los gastos para que se rasuren la cabeza, y as todos conocern que no hay nada de cuanto oyeron sobre ti, sino que sigues en la observancia de la Ley.
 Cuanto a los gentiles que han credo, ya les hemos escrito nuestra sentencia de que se abstengan de las carnes sacrificadas a los dolos, de la sangre, de lo ahogado y de la fornicacin.
 Entonces Pablo, tomando consigo a los varones, purificado con ellos al da siguiente, entr en el templo, anunciando el cumplimiento de los das de la consagracin, en espera de que fuese presentada la ofrenda por cada uno de ellos.
 Cuando estaban para acabarse los siete das, judos de Asia, que le vieron en el templo, alborotaron a la muchedumbre y pusieron las manos sobre l,
 gritando: Israelitas, ayudadnos; ste es el hombre que por todas partes anda enseando a todos contra el pueblo, contra la Ley y contra este lugar, y como si fuera poco, ha introducido a los gentiles en el templo y ha profanado este lugar santo.
 Era que haban visto con l en la ciudad a Trfimo, efesio, y creyeron que Pablo le haba introducido en el templo.
 Toda la ciudad se conmovi y se agolp en el templo, y tomando a Pablo, le arrastraron fuera de l, cerrando enseguida las puertas.
 Mientras trataban de matarle, lleg noticia al tribuno de la cohorte de que toda Jerusaln estaba amotinada;"
 y tomando al instante los soldados y los centuriones, corri hacia ellos. En cuanto vieron al tribuno y a los soldados, cesaron de golpear a Pablo.
 Acercse entonces el tribuno, y cogindole, orden que le echasen dos cadenas y le pregunt quin era y qu haba hecho.
 Los de la turba decan cada uno una cosa, y no pudiendo sacar nada en claro a causa del alboroto, orden llevarle al cuartel.
 Al llegar a las escaleras, en vista de la violencia de la multitud, Pablo fue llevado por los soldados,
 pues la muchedumbre segua gritando: Qutalo!
 A la entrada del cuartel, dijo Pablo al tribuno: Me permites decirte una cosa? El le contest: Hablas griego?
 Pero no eres t el egipcio que hace algunos das promovi una sedicin y llev al desierto cuatro mil sicarios?
 Respondi Pablo: Yo soy judo, originario de Tarso, ciudad ilustre de la Cilicia; te suplico que me permitas hablar al pueblo."
 Permitindoselo l, Pablo, puesto de pie en lo alto de las escaleras, hizo seal al pueblo con la mano. Luego se hizo un gran silencio, y Pablo les dirigi la palabra en hebreo.
 Hermanos y padres, escuchad mi presente defensa ante vosotros.
 Oyendo que les hablaba en lengua hebrea, guardaron mayor silencio. Y prosigui:
 Yo soy judo, nacido en Tarso de Gilicia, educado en esta ciudad e instruido a los pies de Gamaliel, segn el rigor de la Ley patria, celador de Dios, como todos vosotros lo sois hoy.
 Persegu de muerte esta doctrina, encadenando y encarcelando a hombres y mujeres,
 como podr testificar el sumo sacerdote y el colegio de los ancianos, de quienes recib cartas para los hermanos de Damasco, adonde fui para traer encadenados a Jerusaln a los que all haba, a fin de castigarlos.
 Pero acaeci que, yendo mi camino, cerca ya de Damasco, hacia el medioda, de repente me envolvi una gran luz del cielo.
 Ca al suelo y o una voz que me deca: Saulo, Saulo, por qu me persigues?
 Yo respond: Quin eres, Seor? Y me dijo: Yo soy Jess Nazareno, a quien t persigues.
 Los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.
 Yo dije: Qu he de hacer, Seor? El Seor me dijo: Levntate y entra en Damasco, y all se te dir lo que has de hacer.
 Como yo no vea a causa de la claridad de aquella luz, conducido por los que me acompaaban entr en Damasco.
 Un cierto Ananas, varn piadoso segn la Ley, acreditado por todos los judos que all habitaban,
 vino a m, y acercndoseme me dijo: Saulo, hermano, recobra tu vista. Y en el mismo instante pude verlo.
 Prosigui: El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conocieras su voluntad y vieras al Justo y oyeras la voz de su boca;"
 porque t le sers testigo ante todos los hombres de lo que has visto y odo.
 Ahora qu te detienes? Levntate, bautzate y lava tus pecados, invocando su nombre.
 Guando volv a Jerusaln, orando en el templo tuve un xtasis,
 y vi al Seor que me deca: Date prisa y sal pronto de Jerusaln, porque no recibirn tu testimonio acerca de m.
 Yo contest: Seor, ellos saben que yo era el que encarcelaba y azotaba en las sinagogas a los que crean en ti,
 y cuando fue derramada la sangre de tu testigo Esteban, yo estaba presente, y me gozaba y guardaba los vestidos de los que le mataban.
 Pero El me dijo: Vete, porque yo quiero enviarte a naciones lejanas.
 Hasta aqu le prestaron atencin; pero luego, levantando su voz, dijeron: Quita a se de la tierra, que no merece vivir."
 Y gritando tiraban sus mantos y lanzaban polvo al aire.
 En vista de esto, orden el tribuno que lo introdujeran en el cuartel, que lo azotasen y le diesen tormento, a fin de conocer por qu causa gritaban as contra l.
 As que le sujetaron para azotarle, dijo Pablo al centurin que estaba presente: Os es lcito azotar a un romano sin haberle juzgado?
 Al or esto el centurin, se fue al tribuno y se lo comunic, diciendo: Qu ibas a hacer? Porque este hombre es romano.
 El tribuno se le acerc y dijo: Eres t romano? El contest: S.
 Aadi el tribuno: Yo adquir esta ciudadana por una gran suma. Pablo replic: Pues yo la tengo por nacimiento.
 Al instante se apartaron de l los que iban a darle tormento, y el mismo tribuno temi al saber que, siendo romano, le haba hecho atar.
 Al da siguiente, deseando saber con seguridad de qu era acusado por los judos, le solt y orden que se reuniesen los prncipes de los sacerdotes y todo el sanedrn, y llevando a Pablo se lo present.
 Pablo, puestos los ojos en el sanedrn, dijo: Hermanos, siempre hasta hoy me he conducido delante de Dios con toda rectitud de conciencia
 El sumo sacerdote Ananas mand a los que estaban junto a l que le hiriesen en la boca.
 Entonces Pablo le dijo: Dios te herir a ti, pared blanqueada. T, en virtud de la Ley, te sientas aqu como juez, y contra la Ley mandas herirme?
 Los que estaban a su lado dijeron: As injurias al sumo sacerdote de Dios?
 Contest Pablo: No saba, hermanos, que fuese el sumo sacerdote. Escrito est: No injuriars al prncipe de tu pueblo.
 Conociendo Pablo que unos eran saduceos y otros fariseos, grit en el sanedrn: Hermanos, yo soy fariseo e hijo de fariseos. Por nuestra esperanza, la resurreccin de los muertos, soy trado a juicio.
 En cuanto dijo esto, se produjo un alboroto entre fariseos y saduceos y se dividi la asamblea.
 Porque los saduceos niegan la resurreccin y la existencia de ngeles y espritus, mientras que los fariseos profesan lo uno y lo otro.
 En medio de un gran gritero, se levantaron algunos doctores de la secta de los fariseos, que disputaban violentamente, diciendo: No hallamos culpa en este hombre. Y qu, si le habl un espritu o un ngel?
 El tumulto se agrav, y temiendo el tribuno que Pablo fuese por ellos despedazado, orden a los soldados que bajasen, le arrancasen de en medio de ellos y le condujesen al cuartel.
 Al da siguiente por la noche se le apareci el Seor y le dijo: Ten nimo, porque como has dado testimonio de m en Jerusaln, as tambin has de darlo en Roma.
 Cuando fue de da tramaron una conspiracin los judos, jurando bajo maldicin no comer ni beber hasta matar a Pablo.
 Eran ms de cuarenta los conjurados,
 y se llegaron a los sumos sacerdotes y a los ancianos, dicindoles: Bajo anatema nos hemos comprometido a no gustar cosa alguna mientras no matemos a Pablo;"
 vosotros, pues, y el sanedrn rogad al tribuno que le conduzca ante vosotros, alegando que necesitis averiguar con ms exactitud algo acerca de l; nosotros estaremos prontos para matarle antes que se acerque."
 Habiendo tenido noticia de esta asechanza el hijo de la hermana de Pablo, vino, y entrando en el cuartel se lo comunic a Pablo.
 Llam ste a un centurin y le dijo: Lleva a este joven al tribuno, porque tiene algo que comunicar Lc.
 El centurin lo llev al tribuno, y dijo a ste: El preso Pablo me ha llamado y rogado que te trajera a este joven, que tiene algo que decirte.
 Tomndole el tribuno de la mano, se retir aparte y le pregunt: Qu es lo que tienes que decirme?
 El contest: Que los judos han concertado pedirte que maana lleves a Pablo ante el sanedrn, alegando que tienen que averiguar con ms exactitud algo acerca de l.
 No les des crdito, porque se han conjurado contra l ms de cuarenta hombres de entre ellos, y se han obligado bajo anatema a no comer ni beber hasta matarle, y ya estn preparados, en espera de que les concedas lo que van a pedirte.
 El tribuno despidi al joven, encargndole no dijese a nadie que le hubiera dado a saber aquello.
 Y llamando a dos centuriones les dijo: Preparad doscientos infantes para que vayan hasta Cesrea, setenta jinetes y doscientos lanceros para la tercera vigilia de la noche.
 Asimismo preparad cabalgaduras a Pablo, para que sea llevado en seguridad al procurador Flix.
 Y escribi una carta del tenor siguiente:
 Claudio Lisias al muy excelente procurador Flix, salud:
 Estando el hombre que te envo a punto de ser muerto por los judos, llegu con la tropa y le arranqu de sus manos, habiendo sabido que era un ciudadano romano;"
 y para conocer el crimen de que le acusaban, le conduje ante su sanedrn,
 y hall que era acusado de cuestiones de su Ley, pero que no haba cometido delito digno de muerte o prisin;"
 y habindome sido revelado que se haban conjurado para matarle, al instante resolv envirtelo a ti, comunicando tambin a los acusadores que expongan ante tu tribunal lo que tengan contra l. Psalo bien.
 Los soldados, segn la orden que se les haba dado, tomaron a Pablo y de noche le llevaron hasta Antpatris;"
 y al da siguiente, dejando con l a los jinetes, se volvieron al cuartel.
 As que llegaron a Cesrea, entregaron la epstola al procurador y le presentaron a Pablo.
 El procurador, leda la epstola, pregunt a Pablo de qu provincia era, y al saber que era de Cilicia:
 Te oir, dijo, cuando lleguen tus acusadores; y dio orden de que fuese guardado en el pretorio de Heredes."
 Cinco das despus baj el sumo sacerdote Ananas con algunos ancianos y cierto orador llamado Trtulo, los cuales presentaron al procurador la acusacin contra Pablo.
 Citado ste, comenz Trtulo su alegato, diciendo:
 Gracias a ti, ptimo Flix, gozamos de mucha paz, y por tu providencia se han hecho en esta nacin convenientes reformas, que en todo y por todo hemos recibido de ti con suma gratitud.
 No te molestar ms; slo te ruego que me oigas brevemente, con tu acostumbrada bondad."
 Pues bien, hemos hallado a este hombre, una peste, que excita a sedicin a todos los judos del orbe y es el jefe de la secta de los nazarenos.
 Le prendimos cuando intentaba profanar el templo, y quisimos juzgarle segn nuestra Ley;"
 pero lleg Lisias, el tribuno, con mucha fuerza, y le arrebat de nuestras manos, mandando a los acusadores que se presentasen a ti.
 Puedes, si quieres, interrogarle t mismo, y sabrs as por l de qu le acusamos nosotros.
 Los judos, por su parte, confirmaron lo dicho declarando ser as.
 Pablo, una vez que el procurador le hizo seal de hablar, contest: Sabiendo que desde muchos aos ha eres juez de este pueblo, hablar confiadamente en defensa ma.
 Puedes averiguar que slo hace dos das que sub a Jerusaln para adorar,
 y que ni en el templo, ni en las sinagogas, ni en la ciudad, me encontraron disputando con nadie o promoviendo tumultos en la turba,
 ni pueden presentarte pruebas de las cosas de que ahora me acusan.
 Te confieso que sirvo al Dios de mis padres con plena fe en todas las cosas escritas en la Ley y en los Profetas, segn el camino que ellos llaman secta,
 y con la esperanza en Dios que ellos mismos tienen de la resurreccin de los justos y de los malos.
 Segn esto, he procurado en todo tiempo tener una conciencia irreprensible para con Dios y para con los hombres.
 Despus de muchos aos he venido para traer limosnas a los de mi nacin y a presentar mis oblaciones.
 En esos das me encontraron purificado en el templo, no con turbas ni produciendo alborotos.
 Son algunos judos de Asia los que deberan hallarse aqu presentes para acusarme, si algo tienen contra m.
 Y si no, que estos mismos digan si, cuando comparec ante el sanedrn, hallaron delito alguno contra m,
 como no fuera esta mi declaracin, que yo pronunci en medio de ellos: Por la resurreccin de los muertos soy juzgado hoy ante vosotros.
 Flix, que saba bien lo que se refiere a este camino, difiri la causa, diciendo: Cuando venga el tribuno Lisias decidir vuestra causa.
 Mand al centurin que le guardase, dejndole cierta libertad y permitiendo que los suyos le asistiesen.
 Pasados algunos das, vino Flix con su mujer Drusila, que era juda, y mand que viniese Pablo, y le escuch acerca de la fe en Cristo.
 Disertando l sobre la justicia, la continencia y el juicio venidero, se llen Flix de terror. Al fin le dijo: Por ahora retrate; cuando tenga tiempo volver a llamarte."
 Entretanto, esperando que Pablo le diese dinero, le hizo llamar muchas veces y conversaba con l.
 Transcurridos dos aos, Flix tuvo por sucesor a Porcio Festo; pero queriendo congraciarse con los judos, dej a Pablo en la prisin."
 Lleg Festo a la provincia, y a los tres das subi de Cesrea a Jerusaln,
 y los sumos sacerdotes y los principales de los judos le presentaron sus acusaciones contra Pablo.
 Pidieron la gracia de que le hiciese conducir a Jerusaln. Hacan esto con nimo de prepararle una asechanza para matarle en el camino.
 Festo les respondi que Pablo estaba preso en Cesrea y que l mismo haba de partir en breve para all:
 As, pues, que los principales de vosotros bajen conmigo para acusar all a ese hombre, si tienen de qu.
 Habiendo pasado entre ellos slo unos ocho o diez das, baj a Cesrea, y al da siguiente se sent en su tribunal, ordenando presentar a Pablo.
 Presentado ste, los judos que haban bajado de Jerusaln le rodearon, hacindole muchos y graves cargos, que no podan probar,
 replicando Pablo que ni contra la Ley de los judos, ni contra el templo, ni contra el Cesar haba cometido delito alguno.
 Pero Festo, queriendo congraciarse con los judos, se dirigi a Pablo y le dijo: Quieres subir a Jerusaln y all ser juzgado ante m de todas estas acusaciones ?
 Pablo contest: Estoy ante el tribunal del Csar; en l debo ser juzgado. Ninguna injuria he hecho a los judos, como t bien sabes."
 Si he cometido alguna injusticia o crimen digno de muerte, no rehuso morir. Pero si no hay nada de todo eso de que me acusan, nadie puede entregarme a ellos: Apelo al Csar.
 Festo entonces, despus de hablar con los de su consejo, respondi: Has apelado al Csar, al Csar irs.
 Transcurridos algunos das, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesrea para saludar a Festo.
 Habiendo pasado all varios das, dio cuenta Festo al rey del asunto de Pablo, diciendo: Hay aqu un hombre que fue dejado preso por Flix,
 al cual, cuando yo estuve en Jerusaln, acusaron los sumos sacerdotes y los ancianos de los judos, pidiendo su condena.
 Yo les contest que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre cualquiera sin que al acusado, en presencia de los acusadores, se le d lugar para defenderse de la acusacin.
 Habiendo, pues, venido ellos aqu a m, luego, al da siguiente, sentado en el tribunal, orden traer al hombre ese.
 Presentes los acusadores, ningn crimen adujeron de los que yo sospechaba,
 slo cuestiones sobre su propia religin y de cierto Jess muerto, de quien Pablo asegura que vive.
 Vacilando yo sobre el modo de inquirir sobre semejantes cuestiones, le dije que si quera ir a Jerusaln y ser all juzgado.
 Pero Pablo interpuso apelacin para que su causa fuese reservada al conocimiento de Augusto, y as orden que se le guardase hasta que pueda remitirlo al Csar.
 Dijo Agripa a Festo: Tendra gusto en or a ese hombre. Maana, dijo, le oirs.
 Al otro da llegaron Agripa y Berenice con gran pompa, y entrando en la audiencia con los tribunos y personajes conspicuos de la ciudad, orden Festo que Pablo fuera conducido.
 Y dijo Festo: Rey Agripa y todos los que estis presentes: He aqu a este hombre, contra quien toda la muchedumbre de los judos en Jerusaln y aqu me instaban gritando que no es digno de la vida.
 Pero yo no he hallado en l nada que le haga reo de muerte, y habiendo l apelado al Csar, he resuelto enviarle a l.
 Del cual nada cierto tengo que escribir al seor. Por esto le he mandado conducir ante vosotros, y especialmente ante ti, rey Agripa, a fin de que con esta inquisicin tenga yo qu poder escribir;"
 porque me parece fuera de razn enviar un preso y no informar acerca de las acusaciones que sobre l pesan.
 Dijo Agripa a Pablo: Se te permite hablar en tu defensa. Entonces Pablo, tendiendo la mano, comenz as su defensa:
 Por dichoso me tengo, rey Agripa, de poder defenderme hoy ante ti de todas las acusaciones de los judos;"
 sobre todo, porque t conoces todas las costumbres de los judos y sus controversias. Te pido, pues, que me escuches con paciencia.
 Lo que ha sido mi vida desde la juventud, cmo desde el principio he vivido en medio de mi pueblo, en Jerusaln mismo, lo saben todos los judos;"
 de mucho tiempo atrs me conocen y pueden, si quieren, dar testimonio de que he vivido como fariseo, segn la secta ms estrecha de nuestra religin.
 Al presente estoy sometido a juicio por la esperanza en las promesas hechas por Dios a nuestros padres,
 cuyo cumplimiento nuestras doce tribus, sirviendo continuamente a Dios da y noche, esperan alcanzar. Pues por esta esperanza, oh rey!, soy yo acusado por los judos.
 Tenis por increble que Dios resucite a los muertos?
 Yo me cre en el deber de hacer mucho contra el nombre de Jess Nazareno,
 y lo hice en Jerusaln, donde encarcel a muchos santos, con poder que para ello tena de los sumos sacerdotes, y cuando eran muertos, yo daba mi voto.
 Muchas veces por todas las sinagogas los obligaba a blasfemar a fuerza de castigos, y loco de furor contra ellos, los persegu hasta en las ciudades extraas.
 Para esto mismo iba yo a Damasco, con poder y autorizacin de los sumos sacerdotes;"
 y al medioda, oh rey!, vi en el camino una luz del cielo, ms brillante que el sol, que me envolva a m y a los que me acompaaban.
 Cados todos a tierra, o una voz que me deca en lengua hebrea: Saulo, Saulo, por qu me persigues? Duro te es dar coces contra el aguijn.
 Yo contest: Quin eres, Seor? El Seor me dijo: Yo soy Jess, a quien t persigues.
 Pero levntate y ponte en pie, pues para esto me he aparecido a ti, para hacerte ministro y testigo de lo que has visto y de lo que te mostrar an,
 librndote de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales yo te envo
 para que les abras los ojos, se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de Satans a Dios, y reciban la remisin de los pecados y la herencia entre los santificados por la fe en m.
 No fui, oh rey Agripa!, desobediente a la visin celestial,
 sino que primero a los de Damasco, luego a los de Jerusaln y por toda la regin de Judea y a los gentiles, anunci la penitencia y la conversin a Dios por obras dignas de penitencia.
 Slo por esto los judos, al cogerme en el templo, intentaron quitarme la vida;"
 pero gracias al socorro de Dios he continuado hasta este da dando testimonio a pequeos y a grandes y no enseando otra cosa sino lo que los profetas y Moiss han dicho que deba de suceder:
 Que el Mesas haba de padecer, que siendo el primero en la resurreccin de los muertos, haba de anunciar la luz al pueblo y a los gentiles.
 Defendindose l de este modo, dijo Festo en alta voz: T deliras, Pablo! Las muchas letras te han sorbido el juicio.
 Pablo le contest: No deliro, nobilsimo Festo; lo que digo son palabras de verdad y sensatez."
 Bien sabe el rey estas cosas, y a l hablo confiadamente, porque estoy persuadido de que nada de esto ignora, pues no son cosas que se hayan hecho en un rincn.
 Crees, rey Agripa, en los profetas? Yo s que crees.
 Agripa dijo a Pablo: Poco ms, y me persuades a que me haga cristiano.
 Y Pablo: Por poco ms o por mucho ms, pluguiese a Dios que no slo t, sino todos los que me oyen se hicieran hoy tales como lo soy yo, aunque sin estas cadenas.
 Se levantaron el rey y el procurador, Berenice y cuantos con ellos estaban sentados;"
 y al retirarse se decan unos a otros: Este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte o la prisin.
 Agripa dijo a Festo: Podra ponrsele en libertad, si no hubiera apelado al Csar.
 Cuando estuvo resuelto que emprendisemos la navegacin a Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos en manos de un centurin llamado Julio, de la cohorte Augusta.
 Embarcados en una nave de Adramicia, que estaba para hacerse a la vela para los puertos de Asia, levamos anclas, llevando en nuestra compaa a Aristarco, macedonio de Te-salnica.
 Al otro da llegamos a Sidn, y Julio, usando con Pablo de gran humanidad, le permiti ir a visitar a sus amigos y proveer a sus necesidades.
 De all levamos anclas, y, a causa de los vientos contrarios, navegamos a lo largo de Chipre,
 y atravesando los mares de Cilicia y Panfila, llegamos a Mira de Licia;"
 y como el centurin encontrase all una nave alejandrina que navegaba a Italia, hizo que nos trasladsemos a ella.
 Navegando durante varios das lentamente y con dificultad, llegamos frente a Gnido; luego, por sernos contrario el viento, bajamos a Creta junto a Salmn;"
 y costeando penosamente la isla, llegamos a cierto lugar llamado Puerto Bueno, cerca del cual est la ciudad de Lasca.
 Transcurrido bastante tiempo y siendo peligrosa la navegacin por ser ya pasado el ayuno, les advirti Pablo,
 diciendo: Veo, amigos, que la navegacin va a ser con peligro y mucho dao, no slo para la carga y la nave, sino tambin para nuestras personas.
 Pero el centurin dio ms crdito al piloto y al patrn del barco que a Pablo;"
 y por ser el puerto poco a propsito para invernar en l, la mayor parte fue de parecer que partisemos de all, a ver si podramos alcanzar Fenice e invernar all, por ser un puerto de Creta que mira contra el nordeste y sudeste.
 Comenz a soplar el solano, y creyendo que se lograra su propsito, levaron anclas y fueron costeando ms de cerca la isla de Creta;"
 mas de pronto se desencaden sobre ella un viento impetuoso llamado euraquiln,
 que arrastraba la nave, sin que pudiera resistir, y nos dejamos ir a merced del viento.
 Pasando por debajo de una islita llamada Cauda, a duras penas pudimos recoger el esquife.
 Una vez que lograron izarlo, cieron por debajo la nave con cables, y luego, temiendo no fuesen a dar en la Sirte, plegaron las velas y se dejaron ir.
 Al da siguiente, fuertemente combatidos por la tempestad, aligeraron,
 y al tercer da arrojaron por sus propias manos los aparejos.
 En varios das no aparecieron el sol ni las estrellas, y continuando con fuerza la tempestad, perdimos al fin toda esperanza de salvacin.
 Habamos pasado largo tiempo sin comer, cuando Pablo se levant y dijo: Mejor os hubiera sido, amigos, atender a mis consejos: no hubiramos partido de Creta, y nos hubiramos ahorrado estos peligros y daos.
 Pero levanten los animocos, porque slo la nave, ninguno de nosotros perecer.
 Esta noche se me ha aparecido un ngel de Dios, cuyo soy y a quien sirvo,
 que me dijo: No temas, Pablo; comparecers ante el Csar, y Dios te ha hecho gracia de todos los que navegan contigo."
 Por lo cual, arriba los nimos, amigos, que yo confo en Dios que as suceder como se me ha dicho.
 Sin duda, daremos con una isla.
 Llegada la decimocuarta noche en que as ramos llevados de una a otra parte por el mar Adritico, hacia la mitad de la noche, sospecharon los marineros que se hallaban cerca de tierra,
 y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y luego de adelantar un poco, de nuevo echaron la sonda y hallaron quince brazas."
 Ante el temor de dar en algn bajo, echaron a popa cuatro ncoras y esperaron a que se hiciese de da.
 Los marineros, buscando huir de la nave, trataban de echar al agua el esquife con el pretexto de echar las ncoras de proa.
 Pablo advirti al centurin y a los soldados: Si stos no se quedan en la nave, vosotros no podris salvaros.
 Entonces cortaron los soldados los cables del esquife y lo dejaron caer.
 Mientras llegaba el da, Pablo exhort a todos a tomar alimento, diciendo: Catorce das hace hoy que estamos ayunos y sin haber tomado cosa alguna.
 Os exhorto a tomar alimento, que nos es necesario para nuestra salud, pues estad seguros de que ni un solo cabello de vuestra cabeza perecer.
 Diciendo esto, dio gracias a Dios delante de todos, y partiendo el pan comenz a comer.
 Animados ya todos, tomaron alimento.
 Eramos los que en la nave estbamos doscientos setenta y seis.
 Cuando estuvieron satisfechos aligeraron la nave arrojando el trigo al mar.
 Llegado el da, no conocieron la tierra, pero vieron una, ensenada que tena playa, en la cual acordaron encallar la nave, si podan.
 Soltando las anclas, las abandonaron al mar, y desatadas las amarras de los timones e izado el artimn, iban con rumbo a la playa.
 Llegados a un sitio que daba a dos mares, encall la nave, e hincada la proa en la arena, qued inmvil, mientras que la popa era quebrantada por la violencia de las olas.
 Propusieron los soldados matar a los presos, para que ninguno escapase a nado;"
 pero el centurin, queriendo salvar a Pablo, se opuso a tal propsito y orden que quienes supiesen nadar se arrojasen los primeros y saliesen a tierra,
 y los dems saliesen, bien sobre tablas, bien sobre los despojos de la nave. Y as todos llegaron a tierra.
 Una vez que estuvimos en salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.
 Los brbaros nos mostraron singular humanidad; encendieron fuego y nos invitaron a todos a acercarnos a l, pues llova y haca fro."
 Junt Pablo un montn de ramaje, y al echarlo al fuego una vbora que hua del calor le mordi en la mano.
 Cuando vieron los brbaros al reptil colgado de su mano, dijronse unos a otros: Sin duda que ste es un homicida, pues escapado del mar, la justicia no le consiente vivir.
 Pero l sacudi el reptil sobre el fuego y no le vino mal alguno,
 cuando ellos esperaban que pronto se hinchara y caera enseguida muerto. Luego de esperar bastante tiempo, viendo que nada extrao se le notaba, mudaron de parecer y empezaron a decir que era un dios.
 Haba en aquellos alrededores un predio que perteneca al principal de la isla, de nombre Publio, el cual nos acogi y por tres das amistosamente nos hosped.
 El padre de Publio estaba postrado en el lecho, afligido por la fiebre y la disentera. Pablo se lleg a l, y orando, le impuso las manos y le san.
 A la vista de este suceso, todos los dems que en la isla padecan enfermedades venan y eran curados.
 Ellos a su vez nos honraron mucho, y al partir nos proveyeron de lo necesario.
 Pasados tres meses, embarcamos en una nave alejandrina, que haba invernado en la isla y llevaba por ensea Discuros.
 Arribados a Siracusa, permanecimos all tres das;"
 y de all, costeando, llegamos a Regio, y un da despus comenz a soplar el viento sur, con ayuda del cual llegamos al segundo da a Pozzuoli,
 donde encontramos hermanos que nos rogaron permanecer con ellos siete das, y as nos dirigimos a Roma.
 De all los hermanos que supieron de nosotros nos vinieron al encuentro hasta el Foro de Apio y Tres Tabernas. Pablo, al verlos, dio gracias a Dios y cobr nimo.
 Cuando entramos en Roma permitieron a Pablo morar en casa particular, con un soldado que tena el encargo de guardarle.
 Al cabo de tres das, convoc Pablo a los primates de los judos, y cuando estuvieron reunidos, les dijo: Yo, hermanos, no he hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres patrias.
 Preso en Jerusaln, fui entregado a los romanos, los cuales, despus de haberme interrogado, quisieron ponerme en libertad, por no haber en m causa ninguna de muerte;"
 mas oponindose a ello los judos, me vi obligado a apelar al Csar, no para acusar de nada a mi pueblo.
 Por esto he querido veros y hablaros. Slo por la esperanza de Israel llevo estas cadenas.
 Ellos le contestaron: Nosotros ninguna carta hemos recibido de Judea acerca de ti, ni ha llegado ningn hermano que nos comunicase cosa alguna contra ti.
 Querramos or de ti lo que sientes, porque de esta secta sabemos que en todas partes se la contradice.
 Le sealaron da y vinieron a su casa muchos, a los cuales expuso la doctrina del reino de Dios, y desde la maana hasta la noche los persuada de la verdad de Jess por la Ley de Moiss y por los Profetas.
 Unos creyeron lo que les deca, otros rehusaron creer.
 No habiendo acuerdo entre ellos, se separaron, y Pablo les dijo estas palabras: Bien habl el Espritu Santo por el profeta Isaas a nuestros padres,
 diciendo: Vete a ese pueblo y diles: Con los odos oiris, pero no entenderis; mirando miraris, pero no veris;"
 porque se ha embotado el corazn de este pueblo y sus odos se han vuelto torpes para or, y sus ojos se han cerrado, para que no vean con los ojos ni oigan con los odos, ni con el corazn entiendan y se conviertan y los sane.
 Sabed, pues, que esta salud de Dios ha sido ya comunicada a los gentiles y stos oirn.
 Dicho esto, los judos salieron, teniendo entre s gran contienda.
 Dos aos enteros permaneci en la casa que haba alquilado, donde reciba a todos los que venan a l,
 predicando el reino de Dios y enseando con toda libertad y sin obstculo lo tocante al Seor Jesucristo.
 Pablo, siervo de Cristo Jess, llamado al apostolado, elegido para predicar el Evangelio de Dios,
 que por sus profetas haba prometido en las Santas Escrituras,
 acerca de su Hijo, nacido de la descendencia de David segn la carne,
 constituido Hijo de Dios en poder segn el Espritu de santidad a partir de la resurreccin de entre los muertos, Jesucristo nuestro Seor,
 por el cual hemos recibido la gracia y el apostolado para promover la obediencia de la fe, para gloria de su nombre, en todas las naciones,
 entre las cuales os contis tambin vosotros, los llamados de Jesucristo;"
 a todos los amados de Dios, llamados santos, que estn en Roma, la gracia y la paz con vosotros de parte de Dios, nuestro Padre, y del Seor Jesucristo.
 Ante todo doy gracias a mi Dios por Jesucristo, por todos vosotros, de que vuestra fe es conocida en todo el mundo.
 Testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espritu, mediante la predicacin del Evangelio de su Hijo, que sin cesar hago memoria de vosotros,
 suplicndole siempre en mis oraciones que por fin algn da, por voluntad de Dios, se me allane el camino para ir a veros.
 Porque, a la verdad, deseo veros, para comunicaros algn don espiritual, para confirmaros,
 o mejor, para consolarme con vosotros por la mutua comunicacin de nuestra comn fe.
 No quiero que ignoris, hermanos, que muchas veces me he propuesto ir  pero he sido impedido hasta el presente -, para recoger algn fruto tambin entre vosotros, como en las dems gentes.
 Me debo tanto a los griegos como a los brbaros, tanto a los sabios como a los ignorantes.
 As que en cuanto en m est, pronto estoy a evangelizaros tambin a vosotros los de Roma.
 Pues no me avergenzo del Evangelio, que es poder de Dios para la salud de todo el que cree, del judo primero, pero tambin del griego,
 porque en l se revela la justicia de Dios, de fe en fe, segn est escrito: El justo por la fe vivir.
 En efecto, la ira de Dios se manifiesta desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los hombres, que aprisionan la verdad con la injusticia.
 Pues lo cognoscible de Dios es manifiesto entre ellos, ya que Dios se lo manifest;"
 porque desde la creacin del mundo los atributos invisibles de Dios, tanto su eterno poder como su divinidad, se dejan ver a la inteligencia a travs de las criaturas. De manera que son inexcusables,
 por cuanto, conociendo a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se entontecieron en sus razonamientos, viniendo a oscurecerse su insensato corazn;"
 y alardeando de sabios, se hicieron necios,
 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por la semejanza de la imagen del humano corruptible, y de aves, cuadrpedos y reptiles.
 Por esto los entreg Dios a los deseos de su corazn, a la impureza, conque deshonran sus propios cuerpos,
 pues cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Criador, que es bendito por los siglos, amn.
 Por lo cual los entreg Dios a las pasiones vergonzosas, pues las mujeres mudaron el uso natural en uso contra naturaleza;"
 e igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrasaron en la concupiscencia de unos por otros, los varones de los varones, cometiendo torpezas y recibiendo en s mismos el pago debido a su extravo.
 Y como no procuraron conocer a Dios, Dios los entreg a su reprobo sentir, que los lleva a cometer torpezas
 y a llenarse de toda injusticia, malicia, avaricia, maldad; llenos de envidia, dados al homicidio, a contiendas, a engaos, a malignidad; chismosos,"
 calumniadores, aborrecidos de Dios, ultrajadores, orgullosos, fanfarrones, inventores de maldades, rebeldes a los padres,
 insensatos, desleales, desamorados, despiadados;"
 los cuales, conociendo la sentencia de Dios que quienes tales cosas hacen son dignos de muerte, no slo las hacen, sino que aplauden a quienes las hacen.
 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre!, quienquiera que seas, t que juzgas: pues en lo mismo que juzgas a otro, a ti mismo te condenas, ya que haces eso mismo que condenas.
 Pues sabemos que el juicio de Dios es conforme a verdad, contra todos los que cometen tales cosas.
 Oh hombre! Y piensas t, que condenas a los que eso hacen y con todo lo haces t, que escapars al juicio de Dios?
 O es que desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y longanimidad, desconociendo que la bondad de Dios te atrae a penitencia?
 Pues conforme a tu dureza y a la impenitencia de tu corazn, vas atesorndote ira para el da de la ira y de la revelacin del justo juicio de Dios,
 que dar a cada uno segn sus obras;"
 a los que con perseverancia en el bien obrar buscan gloria, honor e inmortalidad, la vida eterna;"
 pero a los contumaces, rebeldes a la verdad, que obedecen a la injusticia, ira e indignacin.
 Tribulacin y angustia sobre todo el que hace el mal, primero sobre el judo, luego sobre el gentil;"
 pero gloria, honor y paz para todo el que hace el bien, primero para el judo, luego para el gentil;"
 pues en Dios no hay acepcin de personas.
 En efecto, cuantos hayan pecado sin Ley, sin Ley tambin perecern; y los que pecaron en la Ley, por la Ley sern juzgados;"
 porque no son justos ante Dios los que oyen la Ley, sino los cumplidores de la Ley, sos sern declarados justos.
 En verdad, cuando los gentiles, que no tienen Ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la Ley, ellos mismos, sin tenerla, son para s mismos Ley.
 Y con esto muestran que los preceptos de la Ley estn escritos en sus corazones, siendo testigo su conciencia, que ora acusa, ora defiende.
 As se ver el da en que, segn mi evangelio, juzgar Dios por Jesucristo las acciones secretas de los hombres.
 Pero si t, que te precias del nombre de judo y confas en la Ley y te gloras en Dios,
 conoces su voluntad, e instruido por la Ley, sabes estimar lo mejor,
 y presumes de ser gua de ciegos, luz de los que viven en tinieblas,
 preceptor de rudos, maestro de nios, y tienes en la Ley la norma de la ciencia y de la verdad;"
 t, en suma, que enseas a otros, cmo no te enseas a ti mismo? T, que predicas que no se debe robar, robas?
 T, que dices que no se debe adulterar, adulteras? T, que abominas de los dolos, te apropias los bienes de los templos?
 T, que te gloras en la Ley, ofendes a Dios traspasando la Ley?
 Pues escrito est: Por causa vuestra es blasfemado entre los gentiles el nombre de Dios.
 Cierto que la circuncisin es provechosa, si guardas la Ley; pero si la traspasas, tu circuncisin se hace prepucio."
 Mientras que, si el incircunciso guarda los preceptos de la Ley, no ser tenido por circuncidado?
 Por tanto, el incircunciso natural que cumple la Ley te juzgar a ti, que, a pesar de tener la letra y la circuncisin, traspasas la Ley.
 Porque no es judo el que lo es en lo exterior, ni es circuncisin la circuncisin exterior de la carne;"
 sino que es judo el que lo es en lo interior, y es circuncisin la del corazn, segn el espritu, no segn la letra. La alabanza de ste no es de los seres humanos, sino de Dios.
 En qu, pues, aventaja el judo, o de qu aprovecha la circuncisin? Mucho en todos los aspectos,
 y primeramente porque a ellos les han sido confiados los orculos de Dios
  Pues qu! Si algunos han sido incrdulos, acaso va a anular su incredulidad la fidelidad de Dios?
 No, ciertamente. Antes hay que confesar que Dios es veraz y todo hombre falaz, segn est escrito: Para que seas reconocido justo en tus palabras y triunfes cuando fueres juzgado
 Pero si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, qu diremos? No es Dios injusto en desfogar su ira? (hablando a lo humano).
 De ninguna manera. Si as fuese, cmo podra Dios juzgar al mundo ?
 Pero si la veracidad de Dios resalta ms por mi mendacidad, para gloria suya, por qu voy a ser yo juzgado pecador?
 Y por qu no decir lo que algunos calumniosamente nos atribuyen, asegurando que decimos: Hagamos el mal para que venga el bien? La condenacin de stos es justa.
 Qu, pues, diremos? Los aventajamos? No en todo. Pues ya hemos probado que judos y gentiles nos hallamos todos bajo el pecado,
 segn est escrito: No hay justo ni siquiera uno,
 no hay uno sabio, no hay quien busque a Dios.
 Todos se han extraviado, todos estn corrompidos, no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.
 Sepulcro abierto es su garganta, con sus lenguas urden enveneno de spides hay bajo sus labios, ganos,
 su boca rebosa maldicin y amargura,
 veloces son sus pies para derramar sangre,
 calamidad y miseria abunda en sus caminos,
 y la senda de la paz no la conocieron,
 no hay temor de Dios ante sus ojos.
 Ahora bien, sabemos que cuanto dice la Ley, lo dice a los que viven bajo la Ley, para tapar toda boca y que todo el mundo se confiese reo ante Dios.
 De aqu que por las obras de la Ley nadie ser justificado ante El, pues de la Ley slo nos viene el conocimiento del pecado.
 Mas ahora, sin la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los Profetas;"
 la justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, sin distincin;"
 pues todos pecaron y todos estn privados de la gloria de Dios,
 y ahora son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redencin operada por Cristo Jess,
 a quien Dios preorden instrumento de propiciacin, mediante la fe, en su sangre, para manifestacin de su justicia,
 habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente en el tiempo de la paciencia de Dios, para manifestacin de su justicia en el tiempo presente, a fin de mostrar que es justo y que justifica a todo el que cree en Jess.
 Dnde est, pues, tu jactancia? Ha quedado excluida. Por qu ley? Por la ley de las obras? No, sino por la ley de la fe,
 pues sostenemos que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la Ley.
 Acaso Dios es slo Dios de los judos? No lo es tambin de los gentiles? S, tambin lo es de los gentiles,
 puesto que no hay ms que un solo Dios, que justifica a la circuncisin por la fe y al prepucio por la fe.
 Anulamos, pues, la Ley con la fe? No, ciertamente, antes la confirmamos.
 Qu diremos, pues, haber obtenido Abraham, nuestro padre segn la carne?
 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tendr motivos de gloriarse, aunque no ante Dios.
 Qu dice, en efecto, la Escritura? Abraham crey a Dios, y le fue computado a justicia.
 Ahora bien, al que trabaja no se le computa el salario como gracia, sino como deuda;"
 mas al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al impo, la fe le es computada por justicia.
 As es como David proclama bienaventurado al hombre a quien Dios imputa la justicia sin las obras:
 Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas y cuyos pecados han sido velados.
 Venturoso el varn a quien no toma a cuenta el Seor su pecado.
 Ahora bien, esta bienaventuranza, es slo de los circuncidados o tambin de los incircuncisos? Porque decimos que a Abraham le fue computada la fe por justicia.
 Pero cundo le fue computada? Cundo ya se haba circuncidado o antes? No despus de la circuncisin, sino antes,
 Y recibi la circuncisin por seal, por sello de la justicia de la fe, que obtuvo en la incircuncisin, para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que tambin a ellos la fe les sea computada por justicia;"
 y padre de los circuncidados, pero no de los que son solamente de la circuncisin, sino de los que siguen tambin los pasos de la fe de nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.
 En efecto, a Abraham y a su posteridad no le vino por la Ley la promesa de que sera heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.
 Pues si los hijos de la Ley son los herederos, qued anulada la fe y abrogada la promesa;"
 porque la Ley trae consigo la ira, ya que donde no hay ley no hay transgresin.
 Por consiguiente, la promesa viene de la fe, a fin de que sea don gratuito y as quede asegurada a toda la descendencia, no slo a los hijos de la Ley, sino a los hijos de la fe de Abraham, padre de todos nosotros,
 segn est escrito: Te he puesto por padre de muchas naciones, ante aquel en quien crey, Dios, que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.
 Abraham, contra toda esperanza, crey que haba de ser padre de muchas naciones, segn el dicho: As ser tu descendencia,
 y no flaque en la fe al considerar su cuerpo sin vigor, pues era casi centenario y estaba ya amortiguado el seno de Sara;"
 sino que ante la promesa de Dios no vacil, dejndose llevar de la incredulidad; antes, fortalecido por la fe, dio gloria a Dios,"
 convencido de que Dios era poderoso para cumplir lo que haba prometido;"
 y por esto le fue computado ajusticia.
 Y no slo por l est escrito que le fue computado,
 sino tambin por nosotros, a quienes debe computarse; a los que creemos en el que resucit de entre los muertos, a Jess, Seor nuestro,"
 que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificacin.
 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por mediacin de nuestro Seor Jesucristo,
 por quien en virtud de la fe hemos obtenido tambin el acceso a esta gracia, en que nos mantenemos y nos gloriamos, en la esperanza de la gloria de Dios.
 Y no slo esto, sino que nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabedores de que la tribulacin produce la paciencia;"
 la paciencia, la virtud probada; y la virtud probada, la esperanza."
 Y la esperanza no quedar confundida, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espritu Santo, que nos ha sido dado.
 Porque cuando todava ramos dbiles, Cristo, a su tiempo, muri por los impos.
 En verdad, apenas habr quien muera por un justo; sin embargo, pudiera ser que muriera alguno por uno bueno;"
 pero Dios prob su amor hacia nosotros en que, siendo pecadores, muri Cristo por nosotros.
 Con mayor razn, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por El salvos de la ira;"
 porque, si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho ms, reconciliados ya, seremos salvos en su vida.
 ? no slo reconciliados, sino que nos gloriamos en Dios por nuestro Seor Jesucristo, por quien recibimos ahora la reconciliacin.
 As, pues, como por un hombre entr el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y as la muerte pas a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
 Porque hasta la Ley haba pecado en el mundo, pero como no exista la Ley, el pecado, no existiendo la Ley, no era imputado;"
 pero la muerte rein desde Adn hasta Moiss, aun sobre aquellos que no haban pecado con prevaricacin semejante a la de Adn, que es tipo del que haba de venir.
 Mas no es el don como fue la transgresin Pues si por la transgresin de uno solo han muerto los que son muchos, con ms razn la gracia de Dios y el don de la gracia, que nos viene por un solo hombre, Jesucristo, se ha difundido copiosamente sobre los que son muchos.
 Y no fue del don lo que fue de la obra de un solo pecador, pues por el pecado de uno solo vino el juicio para condenacin, mas el don, despus de muchas transgresiones, acab en la justificacin.
 Si, pues, por la transgresin de uno solo, esto es, por obra de uno solo, rein la muerte, mucho ms los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia reinarn en la vida por obra de uno solo, Jesucristo.
 Por consiguiente, como por la transgresin de uno solo lleg la condenacin a todos, as tambin por la justicia de uno solo llega a todos la justificacin de vida.
 Pues, como por la desobediencia de un solo hombre los que son muchos fueron constituidos pecadores, as tambin, por la obediencia de uno solo, los que son muchos sern constituidos justos.
 Se introdujo la Ley para que abundase el pecado; pero donde abund el pecado, sobreabund la gracia,"
 para que, como rein el pecado por la muerte, as tambin reine la gracia por la justicia para la vida eterna, por Jesucristo nuestro Seor.
 Qu diremos, pues? Permaneceremos en el pecado para que abunde la gracia?
 Eso, no! Los que hemos muerto al pecado, cmo vivir todava en l?
 O ignoris que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jess fuimos bautizados en su muerte?
 Con El, pues, hemos sido sepultados por el bautismo en su muerte, para que como El resucit de entre los muertos por la gloria del Padre, as tambin nosotros caminemos en novedad de vida.
 Porque, si han sido hechos una misma cosa con El por la semejanza de su muerte, tambin lo seremos por la de su resurreccin;"
 pues sabemos que nuestro hombre viejo ha sido crucificado con El, para que fuera destruido el cuerpo del pecado y ya no sirvamos al pecado.
 En efecto, el que muere, queda absuelto de su pecado.
 Si hemos muerto con Cristo, tambin viviremos con El;"
 pues sabemos que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere, la muerte no tiene ya dominio sobre El.
 Porque muriendo, muri al pecado una vez para siempre; pero viviendo, vive para Dios."
 As, pues, tambin vosotros haced cuenta de que estis muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jess.
 Que no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, obedeciendo a sus concupiscencias;"
 ni deis vuestros miembros como armas de iniquidad al pecado, sino ofreceos ms bien a Dios, como quienes muertos han vuelto a la vida, y dad vuestros miembros a Dios, como instrumento de justicia.
 Porque el pecado no tendr ya dominio sobre vosotros, pues que no estis bajo la Ley, sino bajo la gracia.
 Pues qu! Pecaremos porque no estarnos bajo la Ley, sino bajo la gracia? Eso, no!
 No sabis que ofrecindoos a uno para obedecerle os hacis esclavos de aquel a quien os sujetis, sea del pecado para la muerte, sea de la obediencia para la justicia?
 Pero gracias sean dadas a Dios, porque siendo esclavos del pecado, obedecisteis de corazn a la norma de doctrina a la que habis sido entregados,
 y libres ya del pecado, habis venido a ser esclavos de la justicia.
 Os hablo a la llana, en atencin a la flaqueza de vuestra carne. Pues bien, como pusisteis vuestros miembros al servicio de la impureza y de la iniquidad para la iniquidad, as ahora entregad vuestros miembros al servicio de la justicia para la santidad.
 Pues cuando erais esclavos del pecado, estabais libres respecto de la justicia.
 Y qu frutos obtuvisteis entonces? Aquellos de que ahora os avergonzis, porque su fin es la muerte.
 Pero ahora, libres del pecado y hechos esclavos de Dios, tenis por fruto la santificacin y por fin la vida eterna.
 Pues la soldada del pecado es la muerte; pero el don de Dios es la vida eterna en nuestro Seor Jesucristo."
 O es que ignoris, hermanos  hablo a los que saben de leyes  , que la ley domina al hombre todo el tiempo que ste vive?
 Por tanto, la mujer casada est ligada al marido mientras ste vive; pero muerto el marido, queda desligada de la ley del marido."
 Por consiguiente, viviendo el marido ser tenida por adltera si se uniere a otro marido; pero si el marido muere, queda libre de la ley, y no ser adltera si se une a otro marido."
 As que, hermanos mos, vosotros habis muerto tambin a la Ley por el cuerpo de Cristo, para ser de otro, del que resucit de entre los muertos, a fin de que deis frutos para Dios.
 Pues cuando estbamos en la carne, las pasiones pecaminosas, excitadas por la Ley, obraban en nuestros miembros y daban frutos de muerte;"
 mas ahora, desligados de la Ley, estamos muertos a lo que nos sujetaba, de manera que sirvamos en novedad de espritu y no en vejez de letra.
 Qu diremos entonces? Que la Ley es pecado? Eso, no! Pero yo no conoc el pecado sino por la Ley. Pues yo no conocera la concupiscencia si la Ley no dijera: No codiciars.
 Mas, con ocasin del precepto, obr en mi el pecado toda suerte de concupiscencia, porque sin la Ley el pecado est muerto.
 Y yo viv algn tiempo sin ley, pero sobreviniendo el precepto, revivi el pecado
 y yo qued muerto, y hall que el precepto, que era para vida, fue para muerte.
 Pues el pecado, con ocasin del precepto, me sedujo y por l me mat.
 En suma, que la Ley es santa, y el precepto, santo, y justo, y bueno.
 Luego lo bueno me ha sido muerte? Eso, no! Pero el pecado, para mostrar toda su malicia, por lo bueno me dio la muerte, hacindose por el precepto sobremanera pecaminoso.
 Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido por esclavo al pecado.
 Porque no s lo que hago; pues no pongo por obra lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago."
 As, pues, si hago lo que no quiero, reconozco que la Ley es buena.
 Pero entonces ya no soy yo quien obra esto, sino el pecado, que mora en m.
 Pues yo s que no hay en m, esto es, en mi carne, cosa buena. Porque el querer el bien est en m, pero el hacerlo no.
 En efecto, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.
 Pero si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en m.
 Por consiguiente, tengo en m esta ley, que, queriendo hacer el bien, es el mal el que se me apega;"
 porque me deleito en la Ley de Dios, segn el hombre interior;"
 pero siento otra ley en mis miembros, que lucha contra la ley de mi razn y me encadena a la ley del pecado que est en mis miembros.
 Desdichado de m! Quin me librar de este cuerpo de muerte?..
 Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Seor.. As, pues, yo mismo, que con la-razn sirvo a la ley de Dios, sirvo con la carne a la ley del pecado.
 No hay, pues, ya condenacin alguna para los que estn en Cristo Jess,
 porque la ley del espritu de vida en Cristo Jess me libr de la ley del pecado y de la muerte.
 Pues lo que a la Ley era imposible, por ser dbil a causa de la carne, Dios, enviando a su propio Hijo en carne semejante a la del pecado, y por el pecado, conden al pecado en la carne,
 para que la justicia de la Ley se cumpliese en nosotros, los que no andamos segn la carne, sino segn el espritu.
 Los que son segn la carne, tienden a las cosas carnales; los que son segn el espritu, a las cosas espirituales."
 Porque las tendencias de la carne son muerte, pero las tendencias del espritu son vida y paz.
 Por lo cual las tendencias de la carne son enemistad con Dios, que no sujetan ni pueden sujetarse a la ley de Dios.
 Los que estn en la carne no pueden agradar a Dios.
 Pero vosotros no estis en la carne, sino en el espritu, si es que de verdad el Espritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espritu de Cristo, se no es de Cristo.
 Mas si Cristo est en vosotros, el cuerpo est muerto por el pecado, pero el espritu vive por la justicia.
 Y si el Espritu de aquel que resucit a Cristo Jess de entre los muertos habita en vosotros, el que resucit a Cristo Jess de entre los muertos dar tambin vida a vuestros cuerpos mortales por virtud de su Espritu, que habita en vosotros.
 As, pues, hermanos, no somos deudores a la carne de vivir segn la carne,
 que si vivs segn la carne moriris; mas si con el espritu mortificis las obras de la carne, viviris."
 Porque los que son movidos por el Espritu de Dios, sos son hijos de Dios.
 Que no habis recibido el espritu de siervos para recaer en el temor, antes habis recibido el espritu de adopcin, por el que clamamos: Abba, Padre!
 El Espritu mismo da testimonio a una con nuestro espritu de que somos hijos de Dios,
 y si hijos, tambin herederos de Dios, coherederos de Cristo, supuesto que padezcamos con El, para ser con El glorificados.
 Tengo por cierto que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparacin con la gloria que ha de manifestarse en nosotros;"
 porque la expectacin anhelante de lo creado ansia la manifestacin de los hijos de Dios,
 pues lo creado fue sometido a la vanidad, no de grado, sino por razn de quien lo someti, con la esperanza
 de que tambin lo creado ser liberado de la servidumbre de la corrupcin para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios.
 Pues sabemos que hasta el presente todo lo creado gime y siente dolores de parto.
 Ni es slo eso, sino que tambin nosotros, que tenemos las primicias del Espritu, gemimos dentro de nosotros mismos, suspirando por la adopcin, por la redencin de nuestro cuerpo.
 Porque en esperanza estamos salvos; que la esperanza que se ve, ya no es esperanza. Porque lo que uno ve, cmo esperarlo?"
 Pero si esperamos lo que no vemos, en paciencia esperamos.
 Y el mismo Espritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues qu hayamos de pedir, como conviene, no sabemos; mas el mismo Espritu aboga por nosotros con gemidos inefables,"
 y el que escudria los corazones conoce cul es el deseo del Espritu, porque intercede por los santos segn Dios.
 Ahora bien: sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman, de los que segn sus designios son llamados.
 Porque a los que de antemano conoci, a sos los predestin a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que ste sea el primognito entre muchos hermanos;"
 y a los que predestin, a sos tambin llam; y a los que llam, a sos los justific; y a los que justific, a sos tambin los glorific."
 Qu diremos, pues, a esto? Si Dios est por nosotros, quin contra nosotros?
 El que no perdon a su propio Hijo, antes le entreg para todos nosotros, cmo no nos ha de dar con El todas las cosas?
 Quin acusar a los elegidos de Dios? Siendo Dios quien justifica, quin condenar?
 Cristo Jess, el que muri, an ms, el que resucit, el que est a la diestra de Dios, es quien intercede por nosotros.
 Quin nos arrebatar al amor de Cristo? La tribulacin, la angustia, la persecucin, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?
 Segn est escrito: Por tu causa somos entregados a la muerte todo el da, somos mirados como ovejas destinadas al matadero.
 Mas en todas estas cosas vencemos por aquel que nos am.
 Porque persuadido estoy que ni la muerte, ni la vida, ni los ngeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo venidero, ni las potestades,
 ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podr arrancarnos al amor de Dios en Cristo Jess, nuestro Seor.
 Os digo la verdad en Cristo, no miento, y conmigo da testimonio mi conciencia en el Espritu Santo,
 que siento una gran tristeza y un dolor continuo en mi corazn,
 porque deseara ser yo mismo anatema de Cristo por mis hermanos, mis deudos segn la carne,
 los israelitas, cuya es la adopcin filial y la gloria, y las alianzas, y la legislacin, y el culto, y las promesas;"
 cuyos son los patriarcas, y de quienes, segn la carne, procede Cristo, que est por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos, amn.
 Y no es que la palabra de Dios haya quedado sin efecto; es que no todos los nacidos de Israel son Israel,"
 ni todos los descendientes de Abraham son hijos de Abraham, sino que por Isaac ser tu descendencia,
 Esto es, no los hijos de la carne son hijos de Dios, sino los hijos de la promesa son tenidos por descendencia.
 Los trminos de la promesa son stos: Por este tiempo volver y Sara tendr un hijo.
 Ni es slo esto; tambin Rebeca concibi de un solo varn, nuestro padre Isaac. Pues bien,"
 cuando an no haban nacido ni haban hecho an bien ni mal, para que el propsito de Dios, conforme a la eleccin, permaneciese no por las obras, sino por el que llama,
 le fue a ella dicho: El mayor servir al menor;"
 segn lo que est escrito: Am a Jacob ms que a Esa.
 Qu diremos, pues? Que hay injusticia en Dios? Eso no!
 Pues a Moiss le dijo: Tendr misericordia de quien tengo misericordia, y tendr compasin de quien tengo compasin.
 Por consiguiente, no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios, que tiene misericordia.
 Porque dice la Escritura al Faran: Precisamente para esto te he levantado, para mostrar en ti mi poder y para dar a conocer mi nombre en toda la tierra.
 As que tiene misericordia de quien quiere y a quien quiere le endurece.
 Pero me dirs: Entonces, por qu reprende? Porque quin puede resistir a su voluntad?
 Oh hombre! Quin eres t para pedir cuentas a Dios? Acaso dice el vaso al alfarero: Por qu me has hecho as?
 O es que no puede el alfarero hacer del mismo barro un vaso de lujo y un vaso ordinario?
 Pues si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soport con mucha longanimidad a los vasos de ira, maduros para la perdicin,
 y, al contrario, para manifestar la riqueza de su gloria, cobr misericordiosamente] sobre los vasos de misericordia, que El prepar para la gloria,
 es decir, sobre nosotros, los que El llam, no slo de los judos, sino tambin de los gentiles..
 Como dice en Oseas: Al que no es mi pueblo llamar mi pueblo, y a la que no es mi amada, mi amada.
 Y donde les fue dicho: No sois mi pueblo, all sern llamados hijos del Dios vivo.
 E Isaas clama de Israel: Aunque fuera el nmero de los hijos de Israel como la arena del mar, slo un resto ser salvo,
 porque el Seor ejecutar sobre la tierra un juicio consumado y decisivo.
 Y segn predijo Isaas: Si el Seor de los ejrcitos no nos dejara un renuevo, como Sodoma hubiramos venido a ser y a Gomorra nos asemejaramos.
 Pues qu diremos? Que los gentiles, que no perseguan la justicia, alcanzaron la justicia, es decir, la justicia por la fe;"
 mientras que Israel, persiguiendo una ley de justicia, no alcanz la ley.
 Y por qu? Porque no fue por el camino de la fe, sino por el de las obras. Tropezaron con la piedra de escndalo,
 segn est escrito: He aqu que pongo en Sin una piedra de tropiezo, una piedra de escndalo, y el que creyere en El no ser confundido.
 Hermanos, a ellos va el afecto de mi corazn y por ellos se dirigen a Dios mis splicas, para que sean salvos.
 Yo declaro en favor suyo que tienen celo por Dios, pero no segn la ciencia;"
 porque ignorando la justicia de Dios y buscando afirmar la propia, no se sometieron a la justicia de Dios;"
 porque el fin de la Ley es Cristo, para la justificacin de todo el que cree.
 Pues de la justicia proveniente de la Ley escribe Moiss que el hombre que la cumpliere vivir por ella.
 Pero la justicia que viene de la fe dice as: No digas en tu corazn: Quin subir al cielo? Esto es, para bajar a Cristo;"
 o quin bajar al abismo? Esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos.
 Pero qu dice? Cerca de ti est la palabra, en tu boca, en tu corazn, esto es, la palabra de la fe que predicamos.
 Porque si confesares con tu boca a Jess como Seor y creyeres en tu corazn que Dios le resucit de entre los muertos, sers salvo.
 Porque con el corazn se cree para la justicia, y con la boca se confiesa para la salud.
 Pues la Escritura dice: Todo el que creyere en El no ser confundido.
 No hay distincin entre judo y gentil. Uno mismo es el Seor de todos, rico para todos los que le invocan,
 pues todo el que invocare el nombre del Seor ser salvo.
 Pero cmo invocarn a aquel en quien no han credo? Y cmo creern sin haber odo? Y cmo oirn si nadie les predica?
 Y cmo predicarn si no son enviados? Segn est escrito: Cuan hermosos los pies de los que anuncian buenas nuevas!
 Pero no todos obedecen al Evangelio. Porque Isaas dice: Seor, quin crey nuestra predicacin?
 Por consiguiente, la fe es por la predicacin, y la predicacin por la palabra de Cristo.
 Pero digo yo: Es que no han odo? Cierto que s. Por toda la tierra se difundi su voz, y hasta los confines del orbe su pregn.
 Pero acaso Israel no conoci? Es Moiss el primero que dice: Yo os provocar a celos de uno que no es pueblo, os provocar a clera por un pueblo insensato.
 E Isaas se atreve a decir: Fui hallado de los que no me buscaban, me dej ver de los que no preguntaban por m.
 Pero a Israel le dice: Todo el da extend mis manos hacia el pueblo incrdulo y rebelde.
 Segn esto, pregunto yo: Pero es que Dios ha rechazado a su pueblo? Eso, no! Que yo soy israelita, del linaje de Abraham, de la tribu de Benjamn.
 No ha rechazado Dios a su pueblo, a quien de antemano conoci. O es que no sabis lo que en Elias dice la Escritura, cmo ante Dios acusa a Israel?
 Seor, han dado muerte a tus profetas, han arrasado tus altares, he quedado yo solo, y an atentan contra mi vida.
 Pero qu le contesta el orculo divino? Me he reservado siete mil varones que no han doblado la rodilla ante Baal.
 Pues as tambin, en el presente tiempo, ha quedado un resto, en virtud de una eleccin graciosa.
 Pero si por gracia, ya no es por las obras, que entonces la gracia ya no sera gracia.
 Qu, pues? Que Israel no logr lo que buscaba, pero los elegidos lo lograron. Cuanto a los dems, se han encallecido,
 segn est escrito: Dioles Dios un espritu de aturdimiento, ojos para no ver y odos para no or, hasta el da de hoy.
 Y David dice: Vulvase su mesa un lazo y una trampa, y un tropiezo, en su justa paga;"
 oscurzcanse sus ojos para que no vean, y doblega siempre su cerviz.
 Pero pregunto: Han tropezado de suerte que del todo cayesen? Eso, no! Pues gracias a su transgresin obtuvieron la salud los gentiles para excitarlos a emulacin.
 Y si su cada es la riqueza del mundo, y su menoscabo la riqueza de los gentiles, cunto ms lo ser su plenitud!
 Y a vosotros, los gentiles, os digo que mientras sea apstol de los gentiles har honor a mi ministerio,
 por ver si despierto la emulacin de los de mi linaje y salvo a algunos de ellos.
 Porque si su reprobacin es reconciliacin del mundo, qu ser su reintegracin sino resurreccin de entre los muertos?
 Que si las primicias son santas, tambin la masa; y si la raz es santa, tambin las ramas."
 Y si algunas de las ramas fueron desgajadas, y t, siendo acebuche, fuiste injertado entre ellas y hecho partcipe de la raz, es decir, de la pinguosidad del olivo, no te engras contra las ramas.
 Y si te engres, ten en cuenta que no sustentas t a la raz, sino la raz a ti.
 Pero dirs: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado.
 Bien, por su incredulidad fueron desgajadas, y t por la fe ests en pie. No te engras, antes teMc.
 Porque si Dios no perdon a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonar.
 Considera, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad para con los cados, para contigo la bondad, si permaneces en la bondad, que de otro modo tambin t sers desgajado
 Mas ellos, de no perseverar en la incredulidad, sern injertados, que poderoso es Dios para injertarlos de nuevo.
 Porque si t fuiste cortado de un olivo silvestre y contra naturaleza injertado en un olivo legtimo, cunto ms stos, los naturales, podrn ser injertados en el propio olivo!
 Porque no quiero, hermanos, que ignoris este misterio, para que no presumis de vosotros mismos: Que el endurecimiento vino a una parte de Israel hasta que entrase la plenitud de las naciones;"
 y as todo Israel ser salvo, segn est escrito: Vendr de Sin el Libertador, para alejar de Jacob las impiedades.
 Y sta ser mi alianza con ellos, cuando borre sus pecados.
 Por lo que toca al Evangelio, son enemigos por vuestro bien; mas segn la eleccin, son amados a causa de los padres,"
 que los dones y la vocacin de Dios son irrevocables.
 Pues as como vosotros algn tiempo fuisteis desobedientes a Dios, pero ahora habis alcanzado misericordia por su desobediencia,
 as tambin ellos, que ahora se niegan a obedecer, para dar lugar a la misericordia a vosotros concedida, alcanzarn a su vez misericordia.
 Pues Dios nos encerr a todos en la desobediencia, para tener de todos misericordia.
 Oh profundidad de la riqueza, de la sabidura y de la ciencia de Dios! Cuan insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!
 Porque quin conoci el pensamiento del Seor? O quin fue su consejero?
 O quin primero le dio, para tener derecho a retribucin?
 Porque de El y por El y para El son todas las cosas. A El la gloria por los siglos. Amn.
 Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcis vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios, ste es vuestro culto racional.
 Que no os conformis a este siglo, sino que os transformis por la renovacin de la mente, para que sepis discernir cul es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que es agradable, lo que es perfecto.
 Por la gracia que me ha sido dada, os encargo a cada uno de vosotros no sentir de s por encima de lo que conviene sentir, sino sentir modestamente, cada uno segn la medida de fe que Dios le reparti.
 Pues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma funcin,
 as nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro est al servicio de los otros miembros.
 Pues tenemos dones diferentes, segn la gracia que nos fue dada: ya sea la profeca, segn la medida de la fe;"
 ya sea el ministerio para servir; el que ensea, en la enseanza;"
 el que exhorta, para exhortar; el que da, con sencillez; quien preside, presida con solicitud; quien practica la misericordia, hgalo con alegra."
 Vuestra caridad sea sincera, aborreciendo el mal, adhirindoos al bien,
 amndoos los unos a los otros con amor fraternal, honrndoos a porfa unos a otros.
 Sed diligentes sin flojedad, fervorosos de espritu, como quienes sirven al Seor.
 Vivid alegres con la esperanza, pacientes en la tribulacin, perseverantes en la oracin;"
 subvenid a las necesidades de los santos, sed solcitos en la hospitalidad.
 Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigis.
 Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran.
 Sed unnimes entre vosotros, no seis altivos, mas allanaos a los humildes. No seis prudentes a vuestros propios ojos.
 No volvis mal por mal, procurad lo bueno a los ojos de todos los hombres.
 A ser posible y cuanto de vosotros depende, tened paz con todos.
 No os tomis la justicia por vosotros mismos, amadsimos, antes dad lugar a la ira (de Dios); pues escrito est: A m la venganza, yo har justicia, dice el Seor.
 Por lo contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; que haciendo as amontonis carbones encendidos sobre su cabeza.
 No te dejes vencer del mal, antes vence al mal con el bien.
 Todos habis de estar sometidos a las autoridades superiores, que no hay autoridad sino por Dios, y las que hay, por Dios han sido ordenadas,
 de suerte que quien resiste a la autoridad resiste a la disposicin de Dios, y los que la resisten se atraen sobre s la condenacin.
 Porque los magistrados no son de temer para los que obran bien, sino para los que obran mal. Quieres vivir sin temor a la autoridad? Haz el bien y tendrs su aprobacin,
 porque es ministro de Dios para el bien. Pero si haces el mal, teme, que no en vano lleva la espada. Es ministro de Dios, vengador para castigo del que obra el mal.
 Por eso es preciso someterse, no slo por temor del castigo, sino por conciencia.
 Pagadles, pues, los tributos, que son ministros de Dios constantemente ocupados en eso.
 Pagad a todos lo que debis, a quien tributo, tributo; a quien aduana, aduana; a quien temor, temor; a quien honor, honor."
 No estis en deuda con nadie, si no es en la del amor mutuo; porque quien ama al prjimo ha cumplido la Ley."
 Pues aquello de no adulterars, no matars, no robars, no codiciars y cualquier otro precepto, en esta sentencia se resume: Amars al prjimo como a ti mismo.
 La caridad no obra el mal del prjimo. Es, pues, la caridad la plenitud de la Ley.
 Y esto, ya que conocis en qu tiempo estamos, porque es hora de levantaros del sueo, pues nuestra salud est ahora ms cercana que cuando cremos.
 La noche va muy avanzada y se acerca ya el da. Despojmonos, pues, de las obras de las tinieblas, y vistamos las armas de la luz.
 Andemos decentemente, y como de da, no viviendo en comilonas y borracheras, no en amancebamiento y libertinaje, no en querellas y envidias,
 antes vestios del Seor Jesucristo, y no os deis a la carne para satisfacer sus concupiscencias.
 Acoged al flaco en la fe, sin entrar en disputas sobre opiniones.
 Hay quien cree poder comer de todo; otro, flaco, tiene que contentarse con verduras."
 El que come no desprecie al que no come y el que no come no juzgue al que come, porque Dios le acogi.
 Quin eres t para juzgar al criado ajeno? Que est en pie o caiga, es asunto que no concierne sino a su amo; pero se mantendr en pie, que poderoso es el Seor para sostenerle."
 Hay quien distingue un da de otro da, y hay quien juzga iguales todos los das; cada uno proceda segn su propio sentir."
 El que distingue los das, por el Seor los distingue; y el que come, por el Seor come, dando gracias a Dios; y el que no come, por el Seor no come, dando gracias a Dios."
 Porque ninguno de nosotros para s mismo vive, y ninguno para s mismo muere;"
 pues, si vivimos, para el Seor vivimos; y si morimos, morimos para el Seor. En fin, sea que vivamos, sea que muramos, del Seor somos."
 Que por esto muri Cristo y resucit, para dominar sobre muertos y vivos.
 Y t, cmo juzgas a tu hermano o por qu desprecias a tu hermano? Pues todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios.
 Porque escrito est: Vivo yo, dice el Seor, que a m se doblar toda rodilla y toda lengua rendir homenaje a Dios.
 Por consiguiente, cada uno dar a Dios cuenta de s.
 No nos juzguemos, pues, ya ms los unos a los otros; y mirad sobre todo no pongis tropiezos o escndalo al hermano."
 Yo s, y estoy persuadido en el Seor Jess, que nada hay de suyo impuro; mas para el que juzga que algo es impuro, para se lo es."
 Si por tu comida tu hermano se entristeciese, ya no andas en caridad. Mira que por tu comida no seas ocasin de que se pierda aquel por quien Cristo muri.
 No sea, pues, vuestra libertad materia de maledicencia,
 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espritu Santo.
 Pues el que en esto sirve a Cristo es grato a Dios y aplaudido de los hombres.
 Por tanto, trabajemos por la paz y por nuestra mutua edificacin.
 No destruyas, por amor de la comida, la obra de Dios. Todas las cosas son puras, pero es malo para el hombre comer escandalizando.
 Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiece o se escandalice o flaquee.
 La conviccin que t tienes, gurdala para ti y para Dios. Dichoso el que a s mismo no tenga que reprocharse en las resoluciones que tome.
 El que no sale de dudas, si come, se condena, porque ya no procede segn conciencia, y todo lo que no es segn conciencia es pecado.
 Los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los dbiles sin complacernos a nosotros mismos.
 Cada uno cuide de complacer al prjimo, para su bien, para su edificacin,
 que Cristo no busc su propia complacencia, segn est escrito: Sobre m cayeron los ultrajes de quienes me ultrajaban,
 Pues todo cuanto est escrito, para nuestra enseanza fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolacin de las Escrituras estemos firmes en la esperanza.
 Que el Dios de la paciencia y de la consolacin os d tener unos para con otros unos mismos sentimientos a ejemplo de Cristo Jess,
 para que unnimes, a una sola voz, glorifiquemos a Dios, Padre de nuestro Seor Jesucristo.
 Por lo cual recibios mutuamente, segn que Cristo os acogi a vosotros para gloria de Dios.
 Digo, en efecto, que Cristo fue ministro de la circuncisin por la veracidad de Dios, para cumplir las promesas a los padres,
 mientras que los gentiles glorifican a Dios por su misericordia, segn est escrito: Por esto te alabar entre las gentes y salmodiar a tu nombre.
 Y otra vez dice: Regocijaos, gentes, con su pueblo.
 En otra parte: Alabad al Seor todas las gentes y ensalzadle los pueblos todos.
 Y otra vez dice Isaas: Aparecer la raz de Jes y el que se levanta para mandar a las naciones; en El esperarn las naciones.
 Que el Dios de la esperanza os llene de cumplida alegra y paz en la fe, para que abundis en esperanza por la virtud del Espritu Santo.
 Yo estoy personalmente bien persuadida, hermanos mos, de que ya vosotros mismos estis llenos de bondad, llenos de toda ciencia, para poder amonestaros unos a otros;"
 sin embargo, os he escrito a veces con bastante libertad, como quien os trae a la memoria lo que ya sabis, en virtud de la gracia que por Dios me fue dada,
 de ser ministro de Jesucristo entre los gentiles, encargado de un ministerio sagrado en el Evangelio de Dios, para procurar que la oblacin de los gentiles sea aceptada, santificada por el Espritu Santo.
 Tengo, pues, esta gloria en Cristo Jess, por lo que mira al servicio de Dios;"
 porque no me atrever a hablar de cosa que Cristo no haya obrado por m para la conversin de los gentiles, de obra o de palabra, mediante el poder de milagros y prodigios y el poder del Espritu Santo.
 De suerte que desde Jerusaln hasta la Iliria y en todas direcciones he predicado cumplidamente el Evangelio de Cristo;"
 sobre todo me he hecho un honor de predicar el Evangelio donde Cristo no era conocido, para no edificar sobre fundamentos ajenos,
 sino segn lo que est escrito: Le vern aquellos a quienes no fue anunciado, y los que no han odo entendern.
 Por lo cual me he visto impedido muchas veces de llegar hasta vosotros;"
 pero ahora, no teniendo ya campo en estas regiones, y deseando ir a veros desde hace bastantes aos,
 espero veros al pasar, cuando vaya a Espaa, y ser all encaminado por vosotros, despus de haber gozado un poco de vuestra conversacin.
 Mas ahora parto para Jerusaln en servicio de los santos,
 porque Macedonia y Acaya han tenido a bien hacer una colecta a beneficio de los pobres de entre los santos de Jerusaln.
 Y lo han querido as, considerndose deudores suyos, ya que, si los gentiles comunican en los bienes espirituales de ellos, deben ellos servirles con los bienes materiales.
 Una vez cumplido este oficio, cuando les entregue este fruto, pasando por vosotros me encaminar a Espaa,
 y s que yendo a vosotros, ir con la plenitud de la bendicin de Cristo.
 Os exhorto, hermanos, por nuestro Seor Jesucristo y por la caridad del Espritu, a que me ayudis en esta lucha, mediante vuestras oraciones a Dios por m,
 para que me libre de los incrdulos en Judea y que el servicio que me lleva a Jerusaln sea grato a los santos.
 Con esto ir alegre a veros, por la voluntad de Dios, y me recrear con vosotros.
 El Dios de la paz sea con todos vosotros. Amn.
 Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas,
 para que la recibis en el Seor de manera digna de los santos y la asistis en todo lo que le fuere necesario, pues ella ha favorecido a muchos y a m mismo.
 Saludad a Frisca y a Aquila, mis cooperadores en Cristo Jess,
 los cuales, por salvar mi vida, expusieron su cabeza, a quienes no slo estoy agradecido yo, sino todas las iglesias de la gentilidad.
 Saludad tambin a la iglesia de su casa. Saludad a mi amado Epneto, las primicias de Cristo en Asia.
 Saludad a Mara, que soport muchas penas por vosotros.
 Saludad a Andrnico y a Junia, mis parientes y compaeros de cautiverio, que son muy estimados entre los apstoles y fueron en Cristo antes que yo.
 Saludad a Ampliato, a quien amo en el Seor.
 Saludad a Urbano, nuestro cooperador en Cristo, y a Estaquis, mi amado.
 Saludad a Apeles, probado en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristbulo.
 Saludad a Herodiano, mi pariente. Saludad a los de Narciso, los que son del Seor.
 Saludad a Trifena y a Trifosa, que han pasado muchas penas en el Seor. Saludad a Prsida, muy amada, que sufri muchas penas en el Seor.
 Saludad a Rufo, el elegido del Seor, y a su madre, que lo es tambin ma.
 Saludad a Asncrito y Flegn, Hermes, Patroba, Hermas, y a los hermanos que viven con ellos.
 Saludad a Fillogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpia y a todos los hermanos que viven con ellos.
 Saludaos unos a otros con el sculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo.
 Os recomiendo, hermanos, que tengis los ojos sobre los que producen divisiones y escndalos en contra de la doctrina que habis aprendido, y que os apartis de ellos,
 porque sos no sirven a nuestro Seor Cristo, sino a su vientre, y con discursos suaves y engaosos seducen los corazones de los incautos.
 Vuestra conversin ha llegado a noticia de todos; me alegro, pues, en vosotros, y quiero que seis prudentes para el bien, sencillos para el mal,"
 y el Dios de la paz aplastar pronto a Satans bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con vosotros.
 Os saluda Timoteo, mi colaborador, y Lucio, y Jasn, y Sospatro, mis parientes.
 Os saludo yo, Tercio, que escribo esta epstola, en el Seor.
 Os saluda Gayo, husped mo y de toda la iglesia.
 Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
 Al que puede confirmaros en orden a mi evangelio y a la predicacin de Jesucristo, en orden a la revelacin del misterio tenido secreto en los tiempos eternos,
 pero manifestado ahora, y por medio de las Escrituras profticas, conforme a la disposicin de Dios eterno, dado a conocer a todas las gentes para que se rindan a la fe,
 al Dios slo sabio, sea por Jesucristo la gloria por los siglos de los siglos* Amn.
 Pablo, por la voluntad de Dios llamado a ser apstol de Cristo Jess, y Sostenes, hermano,
 a la iglesia de Dios en Corinto, a los santificados en Cristo Jess, llamados a ser santos, con todos los que invocan el nombre de nuestro Seor Jesucristo en todo lugar, suyo y nuestro:
 La gracia y la paz de parte de nuestro Padre, y del Seor Jesucristo.
 Doy continuamente gracias a Dios por la gracia que os ha sido otorgada en Cristo Jess,
 porque en El habis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento,
 en la medida en que el testimonio de Cristo se consolid entre vosotros,
 de modo que no escaseis en don alguno, mientras llega para vosotros la manifestacin de nuestro Seor Jesucristo,
 que a su vez os confirmar plenamente, para que seis hallados irreprensibles en el da de nuestro Seor Jesucristo.
 Pues fiel es Dios, por quien habis sido llamados a participar con su Hijo, Jesucristo, Seor nuestro.
 Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Seor Jesucristo, que todos hablis igualmente, y no haya entre vosotros cismas, antes seis concordes en el mismo pensar y en el mismo sentir,
 Esto, hermanos, os lo digo porque he sabido por los de Cloe que hay entre vosotros discordias,
 y cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo.
 Est dividido Cristo? O ha sido Pablo crucificado por vosotros, o habis sido bautizados en su nombre?
 Doy gracias a Dios de no haber bautizado a ninguno de vosotros, si no es a Crispo y a Gayo,
 para que nadie pueda decir que habis sido bautizados en mi nombre.
 Tambin bautic a la casa de Estfanas, mas fuera de stos no s de ningn otro.
 Que no me envi Cristo a bautizar, sino a evangelizar, y no con sabidura de lenguaje, para que no se desvirte la cruz de Cristo;"
 porque la doctrina de la cruz de Cristo es necedad para los que se pierden, pero es poder de Dios para los que se salvan.
 Segn que est escrito: Perder la sabidura de los sabios y reprobar la prudencia de los prudentes.
 Dnde est el sabio? Dnde el letrado? Dnde el disputador de las cosas de este mundo? No ha hecho Dios necedad la sabidura de este mundo?
 Pues por no haber conocido el mundo a Dios en la sabidura de Dios por la humana sabidura, plugo a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicacin.
 Porque los judos piden seales, los griegos buscan sabidura,
 mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado, escndalo para los judos, locura para los gentiles,
 mas poder y sabidura de Dios para los llamados, ya judos, ya griegos.
 Porque la locura de Dios es ms sabia que los hombres, y la flaqueza de Dios ms poderosa que los hombres.
 Y si no, mirad, hermanos, vuestra vocacin; pues no hay entre vosotros muchos sabios segn la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles."
 Antes eligi Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios y eligi Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes;"
 y lo plebeyo, el desecho del mundo, lo que no es nada, lo eligi Dios para destruir lo que es,
 para que nadie pueda gloriarse ante Dios.
 Por El sois en Cristo Jess, que ha venido a seros, de parte de Dios, sabidura, justicia y santificacin, y redencin,
 para que, segn est escrito, el que se glore, se glore en el Seor.
 Yo, hermanos, llegu a anunciaros el testimonio de Dios no con sublimidad de elocuencia o de sabidura,
 que nunca entre vosotros me preci de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y ste crucificado.
 Y me present a vosotros en debilidad, temor y mucho temblor;"
 mi palabra y mi predicacin no fue en discursos de sabidura, sino en manifestacin de Espritu y de poder,
 para que vuestra fe no se apoye en la sabidura de los hombres, sino en el poder de Dios.
 Hablamos, sin embargo, entre los perfectos, una sabidura que no es de este siglo, ni de los prncipes de este siglo, abocados a la destruccin;"
 sino que enseamos una sabidura divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria;"
 que no conoci ninguno de los prncipes de este siglo; pues si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Seor de la gloria."
 Pero, segn escrito est: Ni el ojo vio, y ni el odo oy, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman.
 Pues Dios nos la ha revelado por su Espritu, que el espritu todo lo escudria, hasta las profundidades de Dios.
 Pues qu hombre conoce lo que en el hombre hay, sino el espritu del hombre, que en l est? As tambin las cosas de Dios nadie las conoce sino el Espritu de Dios.
 Y nosotros no hemos recibido el espritu del mundo, sino el Espritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido.
 De stos hablamos, y no con estudiadas palabras de humana sabidura, sino con palabras aprendidas del Espritu, adaptando a los espirituales las cosas espirituales.
 Pero el hombre animal no percibe las cosas del Espritu de Dios; son para l locura y no puede entenderlas, porque hay que juzgarlas espi-ritualmente."
 Al contrario, el espiritual juzga de todo, pero a l nadie puede juzgarle.
 Porque quin conocila mente del Seor para poder ensearle? Mas nosotros tenemos el pensamiento de Cristo.
 Y yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a nios en Cristo.
 Os di a beber leche, no os di comida, porque an no lo admitais. Y ni an ahora lo admits,
 porque sois todava carnales. Si, pues, hay entre vosotros envidias y discordias, no prueba esto que sois carnales y vivs a lo humano?
 Cuando uno dice: Yo soy de Pablo, y otro: Yo de Apolo, no procedis a lo humano?
 Pues qu es Apolo y qu es Pablo? Ministros segn lo que a cada uno ha dado el Seor, por cuyo ministerio habis credo.
 Yo plant, Apolo reg; pero quien dio el crecimiento fue Dios."
 Ni el que planta es algo ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento.
 El que planta y el que riega son iguales, cada uno recibir su recompensa conforme a su trabajo.
 Porque nosotros slo somos cooperadores de Dios, y vosotros sois arada de Dios, edificacin de Dios.
 Segn la gracia de Dios que me fue dada, yo, como sabio arquitecto, puse los cimientos, otro edifica encima. Cada uno mire cmo edifica,
 que cuanto al fundamento, nadie puede poner otro sino el que est puesto, que es Jesucristo.
 Si sobre este fundamento uno edifica con oro, plata, piedras preciosas o maderas, heno, paja,
 su obra quedar de manifiesto; el da, efectivamente, la manifestar, ya que ha de manifestarse en el fuego, y es este fuego el que probar cul fue la obra de cada uno."
 Aquel cuya obra subsista recibir el premio,
 y aquel cuya obra sea abrasada sufrir el dao; l, sin embargo, se salvar, pero como quien pasa por el fuego."
 No sabis que sois templo de Dios y que el Espritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios le destruir a l.
 Porque el templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros.
 Nadie se engae; si alguno entre vosotros cree que es sabio segn este siglo, hgase necio, para llegar a ser sabio."
 Porque la sabidura de este mundo es necedad ante Dios. Pues escrito est: El caza a los sabios en su astucia.
 Y en otra parte: El Seor conoce cuan vanos son los planes de los sabios.
 Nadie, pues, se glore en los hombres, que todo es vuestro;"
 ya Pablo, ya Apolo, ya Cefas; ya el mundo, ya la vida, ya la muerte; ya lo presente, ya lo venidero, todo es vuestro;"
 y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
 Es preciso que los hombres vean en nosotros ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios.
 Por lo dems, lo que en los dispensadores se busca es que sean feles.
 Cuanto a m, muy poco se me da de ser juzgado por vosotros o de cualquier tribunal humano, que ni aun a m mismo me juzgo.
 Cierto que de nada me arguye la conciencia, mas no por eso me creo justificado; quien me juzga es el Seor."
 Tampoco, pues, juzguis vosotros antes de tiempo, mientras no venga el Seor, que iluminar los escondrijos de las tinieblas y har manifiestos los propsitos de los corazones, y entonces cada uno tendr la alabanza de Dios.
 Esto, hermanos, lo he dicho por va de ejemplo de m y de Apolo por causa vuestra, para que en nosotros aprendis lo de no ir ms all de lo que est escrito y que nadie por amor de alguno se infle en perjuicio de otro.
 Porque quin es el que a ti te hace preferible?  Qu tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, de qu te gloras, como si no lo hubieras recibido?
 Ya estis llenos? Ya estis ricos? Sin nosotros habis logrado el reino? Ojal que lo hubierais logrado, para que tambin nosotros con vosotros reinramos.
 Porque, a lo que pienso, Dios a nosotros, los apstoles, nos ha asignado el ltimo lugar, como a condenados a muerte, pues hemos venido a ser espectculo para el mundo, para los ngeles y para los hombres.
 Hemos venido a ser necios por amor de Cristo; vosotros sabios en Cristo; nosotros dbiles, vosotros fuertes; vosotros ilustres, nosotros viles."
 Hasta el presente pasamos hambre, sed y desnudez, somos abofeteados y andamos vagabundos,
 y penamos trabajando con nuestras manos; afrentados, bendecimos, y perseguidos, lo soportamos;"
 difamados, consolamos; hemos venido a ser hasta ahora como desecho del mundo, como estropajo de todos."
 No escribo esto para confundiros, sino para amonestaros, como a hijos mos carsimos.
 Porque aunque tengis diez mil pedagogos en Cristo, pero no muchos padres, que quien os engendr en Cristo por el Evangelio fui yo.
 Os exhorto, pues, a ser imitadores mos.
 Por esto os envi a Timoteo, que es mi hijo muy amado y fiel en el Seor, que os traer a la memoria mis caminos en Cristo Jess y cul es mi enseanza por doquier en todas las iglesias.
 Como si yo no hubiese ya de ir a vosotros, as se han hinchado algunos.
 Pues ir, y pronto, si el Seor quisiere, y entonces conocer, no las palabras de los que se hinchan, sino lo que hacen,
 que no est en palabras el reino de Dios, sino en realidades.
 Qu prefers? Que vaya a vosotros con la vara o que vaya con amor y espritu de mansedumbre?
 Es ya pblico que entre vosotros reina la fornicacin, y tal fornicacin, cual ni entre los gentiles, pues se da el caso de tener uno la mujer de su padre.
 Y vosotros, tan hinchados, no habis hecho luto para que desapareciera de entre vosotros quien tal hizo?
 Pues yo, ausente en cuerpo, pero presente en espritu, he juzgado ya cual si estuviera presente al que eso ha hecho.
 Congregados en nombre de nuestro Seor Jess vosotros y mi espritu, con la autoridad de nuestro Seor Jesucristo,
 entrego a ese tal a Satans, para ruina de la carne, a fin de que el espritu sea salvo en el da del Seor Jess.
 No est bien vuestra jactancia. No sabis que un poco de levadura hace fermentar toda la masa?
 Alejad la vieja levadura, para ser masa nueva, como sois zimos, porque nuestra Pascua, Cristo, ya ha sido inmolada.
 As, pues, festejmosla, no con la vieja levadura, no con la levadura de la malicia y la maldad, sino con los zimos de la pureza y la verdad.
 Os escrib en carta que no os mezclarais con los fornicarios.
 No, cierto, con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idlatras, porque para eso tendrais que saliros de este mundo.
 Lo que ahora os escribo es que no os mezclis con ninguno que llevando el nombre de hermano sea fornicario, avaro, idlatra, maldiciente, borracho o ladrn; con stos ni comer;"
 pues qu a m juzgar a los de fuera? No es a los de dentro a quienes os toca juzgar?
 Dios juzgar a los de fuera. Extirpad al perverso de entre vosotros!
 Y osa alguno de vosotros que tiene un litigio con otro acudir en juicio ante los injustos, y no ante los santos?
 Acaso no sabis que los santos han de juzgar al mundo? Y si habis de juzgar al mundo, seris incapaces de juzgar esas otras causas ms pequeas?
 No sabis que hemos de juzgar aun a los ngeles? Pues mucho ms las naderas de esta vida.
 Guando tengis diferencias sobre estas monadas de la vida, poned por jueces a los ms despreciables de la iglesia.
 Para vuestra confusin os hablo de este modo. No hay entre vosotros ningn prudente, capaz de ser juez entre hermanos?
 En vez de esto, pleitea el hermano con el hermano, y esto ante los infieles?
 Ya es una mengua que tengis pleitos unos con otros. Por qu no prefers sufrir la injusticia? Por qu no el ser despojados?
 Y en vez de esto sois vosotros los que hacis injusticias y cometis fraudes, y esto con hermanos.
 No sabis que los injustos no poseern el reino de Dios? No os engais: ni los fornicarios, ni los idlatras, ni los adlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas,
 ni los ladrones, ni los avaros, ni los ebrios, ni los maldicientes, ni los rapaces poseern el reino de Dios.
 Y algunos esto erais, pero habis sido lavados; habis sido santificados; habis sido justificados en el nombre del Seor Jesucristo y por el Espritu de nuestro Dios."
 Todo me es lcito, pero no todo conviene. Todo me es lcito, pero yo no me dejar dominar de nada
 Los manjares para el vientre y el vientre para los manjares; pero Dios destruir el uno y los otros. El cuerpo no es para la fornicacin, sino para el Seor, y el Seor para el cuerpo;"
 y Dios, que resucit al Seor, nos resucitar tambin a nosotros por su poder,
 No sabis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y voy a tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? No lo quiera Dios!
 No sabis que quin se allega a una meretriz se hace un cuerpo con ella? Porque sern dos, dice, en una carne.
 Pero el que se allega al Seor se hace un espritu con El.
 Huid la fornicacin. Cualquier pecado que cometa un hombre, fuera de su cuerpo queda; pero el que fornica peca contra su propio cuerpo."
 O no sabis que vuestro cuerpo es templo del Espritu Santo, que est en vosotros y habis recibido de Dios, y que, por tanto, no os pertenecis?
 Habis sido comprados a precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.
 Comenzando a tratar de lo que me habis escrito, bueno es al hombre no tocar mujer;"
 mas por evitar la fornicacin, tenga cada uno su mujer, y cada una tenga su marido.
 El marido pague a la mujer, e igualmente la mujer al marido.
 La mujer no es duea de su propio cuerpo, es el marido; e igualmente el marido no es dueo de su propio cuerpo, es la mujer."
 No os defraudis uno al otro, a no ser de comn acuerdo por algn tiempo, para daros a la oracin, y de nuevo volved al mismo orden de vida, a fin de que no os tiente Satans de incontinencia.
 Esto os lo digo condescendiendo, no mandando.
 Quisiera yo que todos los hombres fuesen como yo, pero cada uno tiene de Dios su propia gracia, ste una, aqul otra.
 Sin embargo, a los no casados y a las viudas les digo que les es mejor permanecer como yo.
 Pero si no pueden guardar continencia, csense, que mejor es casarse que abrasarse.
 Cuanto a los casados, precepto es, no mo, sino del Seor, que la mujer no se separe del marido,
 y de separarse, que no vuelva a casarse, o se reconcilie con el marido, y que el marido no repudie a su mujer.
 A los dems les digo yo, no el Seor, que si algn hermano tiene mujer infiel y sta consiente en cohabitar con l, no la despida
 Y si una mujer tiene marido infiel y ste consiente en cohabitar con ella, no lo abandone.
 Pues se santifica el marido infiel por la mujer, y se santifica la mujer infiel por el hermano. De otro modo vuestros hijos seran impuros, y ahora son santos.
 Pero si la parte infiel se retira, que se retire. En tales casos no est esclavizado el hermano o la hermana, que Dios nos ha llamado a la paz.
 Qu sabes t, mujer, si salvars a tu marido; y t, marido, si salvars a tu mujer?"
 Fuera de ese caso, cada uno ande segn el Seor le dio y segn le llam. Y esto lo mando en todas las iglesias.
 Ha sido uno llamado en la circuncisin? No falsee el prepucio. Ha sido llamado en el prepucio? No se circuncide.
 Nada es la circuncisin, nada el prepucio, sino la guarda de los preceptos de Dios.
 Cada uno permanezca en el estado en que fue llamado.
 Fuiste llamado en la servidumbre? No te d cuidado, y aun pudiendo hacerte libre, aprovchate ms bien.
 Pues el que siervo fue llamado por el Seor, es liberto del Seor, e igualmente el que libre fue llamado, es siervo de Cristo.
 Habis sido comprados a precio, no os hagis siervos de los hombres.
 Hermanos, persevere cada uno ante Dios en la condicin en que por El fue llamado.
 Acerca de las vrgenes, no tengo precepto del Seor, pero puedo dar consejo, como quien ha obtenido del Seor la misericordia de ser fiel.
 Creo, pues, que por la instante necesidad, es bueno que el hombre quede as.
 Ests ligado a una mujer? No busques la separacin. Ests libre de mujer? No busques mujer.
 Si te casares, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero tendris as que estar sometidos a la tribulacin de la carne, que quisiera yo ahorraros."
 Dgoos, pues, hermanos, que el tiempo es corto. Slo queda que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran;"
 los que lloran, como si no llorasen; los que se alegran, como si no se alegrasen; los que compran, como si no poseyesen,"
 y los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen; porque pasa la apariencia de este mundo."
 Yo os querra libres de cuidados. El clibe se cuida de las cosas del Seor, de cmo agradar al Seor.
 El casado ha de cuidarse de las cosas del mundo, de cmo agradar a su mujer,
 y as est dividido. La mujer no casada y la doncella, slo tienen que preocuparse de las cosas del Seor, de ser santas en cuerpo y en espritu. Pero la casada ha de preocuparse de las cosas del mundo, de agradar al marido.
 Esto os lo digo para vuestra conveniencia, no para tenderos un lazo, sino mirando a lo que es mejor y os permite uniros ms al Seor, libres de impedimentos.
 Si alguno estima indecoroso para su hija doncella dejar pasar la flor de la edad, y que debe casarla, haga lo que quiera; no peca; que la case."
 Pero el que firme en su corazn, no necesitado, sino libre y de voluntad, determina guardar virgen a su hija, hace mejor.
 Quien, pues, casa su hija doncella, hace bien, y quien no la casa hace mejor.
 La mujer est ligada por todo el tiempo de vida de su marido, mas una vez que se duerme el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero en el Seor.
 Ms feliz ser si permanece as, conforme a mi consejo, pues tambin creo tener yo el espritu de Dios.
 Cuanto a lo de las carnes sacrificadas a los dolos, sabemos que todos tenemos ciencia. Pero la ciencia hincha, slo la caridad edifica.
 Si alguno cree saber algo, an no sabe lo que conviene saber;"
 pero el que ama a Dios, se es conocido por EL
 Pues bien, acerca del comer las carnes sacrificadas a los dolos, sabemos que el dolo no es nada en el mundo, y que no hay ms Dios que uno slo.
 Porque aunque algunos sean llamados dioses, ya en el cielo, ya en la tierra, de manera que haya muchos dioses y muchos seores,
 para nosotros no hay ms que un Dios, el Padre, de quien todo procede y para quien somos nosotros, y un solo Seor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y nosotros tambin.
 Pero no todos saben esto: habituados de antiguo a los dolos, comen esas carnes como realmente sacrificadas al dolo, y su conciencia se mancha por su flaqueza.
 Pero no es la comida la que nos hace aceptos a Dios, y ni por abstenernos escasearemos ni por comer abundaremos.
 Mas cuidad de que esa vuestra facultad no sea tropiezo para los dbiles.
 Porque si alguno te viere a ti, que tienes ciencia, sentado a la mesa en un santuario de dolos, en la flaqueza de su conciencia, no se creer inducido a comer las carnes sacrificadas a los dolos?
 Entonces perecer por tu ciencia el hermano flaco por quien Cristo muri.
 Y as, pecando contra los hermanos e hiriendo su conciencia flaca, pecis contra Cristo.
 Por lo cual, si mi comida ha de escandalizar a mi hermano, no comer carne jams, por no escandalizar a mi hermano.
 No soy yo libre? No soy apstol No he visto a Jess nuestro Seor? ? No sois vosotros mi obra en el Seor?
 Si para otros no soy apstol, a lo menos para vosotros lo soy, pues sois el sello de mi apostolado en el Seor.
 Y he aqu mi defensa contra todos cuando me discuten:
 Acaso no tenemos derecho a comer y beber?
 No tenemos derecho a llevar en nuestras peregrinaciones una mujer hermana, igual que los dems apstoles y los hermanos del Seor y Cefas?
 O acaso solamente yo y Bernab estamos obligados a vivir de nuestro trabajo?
 Quin jams milita a sus propias expensas? Quin planta una via y no come de su fruto? Quin apacienta un rebao y no come de su leche?
 Y esto, no slo segn el comn sentir de los hombres, la misma Ley dice tambin esto,
 Porque en la Ley de Moiss est escrito: No pongis bozal al buey que trilla. Es que Dios se ocupa de los bueyes?
 No es ms bien por nosotros por quienes lo dice? Por nosotros, sin duda, se escribi. Que esperando los frutos ara el que ara y trilla el que trilla.
 Si sembramos en vosotros bienes espirituales, qu mucho que recojamos bienes materiales?
 Si otros tienen derecho a participar en vuestros bienes, no lo tendremos ms nosotros? Pero no hemos hecho uso de este nuestro derecho, antes hemos soportado todo gnero de privaciones para no poner obstculo alguno al Evangelio de Cristo.
 No sabis que los que ejercen las funciones sagradas viven del santuario, y los que sirven al altar, del altar participan?
 Pues as ha ordenado el Seor a los que anuncian el Evangelio que vivan del Evangelio.
 Pero yo no hago uso de este derecho. Ni escribo esto ahora para hacerlo valer. Prefiero morir antes que privarme de esta mi gloria.
 Porque evangelizar no es gloria para m, sino necesidad. Ay de m si no evangelizara!
 Si de mi voluntad lo hiciera, tendra recompensa; pero si lo hago por fuerza, es como si ejerciera una administracin que me ha sido confiada."
 En qu est, pues, mi mrito? En que al evangelizar lo hago gratuitamente, sin hacer valer mis derechos por la evangelizacin.
 En que siendo libre con relacin a todos, me hago siervo de todos para ganar el mayor nmero,
 y me hago judo con los judos para ganar a los judos. Con los que viven bajo la Ley, me hago como si yo estuviera sometido a ella, no estndolo, para ganar a los que bajo ella estn.
 Con los que estn fuera de la Ley, me hago como si estuviera fuera de la Ley, para ganarlos a ellos, no estando yo fuera de la Ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo.
 Me hago con los flacos flaco, para ganar a los flacos; me hago todo para todos, para a toda costa salvar a algunos."
 Todo lo hago por el Evangelio, para participar en l.
 No sabis que los que corren en el estadio, todos corren, pero uno slo alcanza el premio? Corred, pues, de modo que lo alcancis.
 Y quien se prepara para la lucha, de todo se abstiene, y eso para alcanzar una corona corruptible; mas nosotros para alcanzar una incorruptible."
 Y yo corro, no como a la ventura; as lucho, no como quien azota al aire,"
 sino que castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, habiendo sido heraldo para los otros, resulte yo descalificado.
 No quiero, hermanos, que ignoris que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, que todos atravesaron el mar,
 y todos en la nube y en el mar fueron bautizados en Moiss;"
 que todos comieron el mismo pan espiritual,
 y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues beban de la roca espiritual que los segua, y la roca era Cristo;"
 pero Dios no se agrad de la mayor parte de ellos, pues fueron postrados en el desierto.
 Esto fue en figura nuestra, para que no codiciemos lo malo como lo codiciaron ellos,
 ni idolatris, como algunos de ellos, segn est escrito: Se sent el pueblo a comer y beber y se levantaron para danzar.
 Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, cayendo veintitrs mil en un da.
 Ni tentemos al Seor, como algunos de ellos le tentaron y perecieron por las serpientes.
 Ni murmuris, como algunos de ellos murmuraron, acabando a manos del exterminador.
 Todas estas cosas les sucedieron a ellos en figura y fueron escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes toc vivir en la ltima fase de los tiempos.
 As, pues, el que cree estar en pie, mire no caiga;"
 no os ha sobrevenido tentacin que no fuera humana, y fiel es Dios, que no permitir que seis tentados sobre vuestras fuerzas, antes dispondr con la tentacin el xito, dndoos el poder de resistirla.
 Por lo cual, amados mos, huid la idolatra.
 Os hablo como a discretos. Sed vosotros jueces de lo que os digo:
 El cliz de bendicin que bendecimos, no es la comunin de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, no es la comunin del cuerpo de Cristo?
 Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese nico pan.
 Mirad al Israel carnal. No participan del altar los que comen de las vctimas?
 Qu digo, pues? Que las carnes sacrificadas a los dolos son algo, o que los dolos son algo?
 Antes bien, digo que lo que^sacrifican los gentiles, a los demonios y no a Dios lo sacrifican. Y no quiero yo que vosotros entris en comunin con los demonios.
 No podis beber el cliz del Seor y el cliz de los demonios. No podis tener parte en la mesa del Seor y en la mesa de los demonios.
 O queremos provocar la ira del Seor? Somos acaso ms fuertes que El?
 Todo es lcito, pero no todo conviene; todo es lcito, pero no todo edifica."
 Nadie busque su provecho, sino el de los otros.
 Todo cuanto se vende en el mercado, comedio sin inquirir su origen por motivos de conciencia,
 porque del Seor es la tierra y cuanto la llena.
 Si alguno de los infieles os invita y vais, comed de todo lo que os sirvan, sin preguntar nada por motivos de conciencia.
 Pero si alguno os dijere: Esto es inmolado, no comis, por el que lo indic y por la conciencia.
 No digo por la tuya, sino por la del otro. Pero por qu ha de ser juzgada mi libertad por la conciencia ajena?
 Si yo con agradecimiento participo, por qu he de ser reprendido por aquello mismo de que doy gracias?
 Ya comis, ya bebis o ya hagis alguna cosa, hacedlo todo para gloria de Dios,
 y no seis objeto de escndalo ni para judos, ni para griegos, ni para la Iglesia de Dios;"
 como procuro yo agradar a todos en todo, no buscando mi conveniencia, sino la de todos para que se salven.
 Sed imitadores mos, como yo lo soy de Cristo,
 Os alabo de que en todo os acordis de m y retengis las tradiciones que yo os he transmitido.
 Pues bien, quiero que sepis que la cabeza de todo varn es Cristo, y la cabeza de la mujer, el varn, y la cabeza de Cristo, Dios.
 Todo varn que ora o profetiza velada la cabeza, deshonra su cabeza.
 Y toda mujer que ora o profetiza descubierta la cabeza, deshonra su cabeza; es como si se rapara."
 Si una mujer no se cubre, que se rape. Y si es indecoroso para una mujer cortarse el pelo o raparse, que se vele.
 El varn no debe cubrir la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios; mas la mujer es gloria del varn,"
 pues no procede el varn de la mujer, sino la mujer del varn;"
 ni fue creado el varn para la mujer, sino la mujer para el varn.
 Debe, pues, llevar la mujer la seal de la sujecin por respeto a los ngeles.
 Pero ni la mujer sin el varn, ni el varn sin la mujer en el Seor.
 Porque as como la mujer procede del varn, as tambin el varn viene a la existencia por la mujer, y todo viene de Dios.
 Sed vosotros jueces: Es decoroso que ore a Dios descubierta la mujer?
 Y no os ensea la misma naturaleza que el varn se afrenta si deja crecer su cabellera,
 mientras que la mujer se honra dejndola crecer? Es que el cabello le ha sido dado por velo.
 Si a pesar de esto, alguno gusta de disputar, nosotros no tenemos tal costumbre, ni tampoco las iglesias de Dios.
 Y ya que trato de recomendaciones, no puedo alabar que vuestras reuniones sean no para bien, sino para dao vuestro.
 Pues primeramente oigo que, al reuniros, hay entre vosotros cismas, y en parte lo creo,
 pues es preciso que entre vosotros haya disensiones, a fin de que se destaquen los de probada virtud entre vosotros.
 Y cuando os reuns no es para comer la cena del Seor,
 porque cada uno se adelanta a tomar su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro est ebrio.
 Pero es que no tenis casas para comer y beber? O en tan poco tenis la iglesia de Dios y as avergonzis a los que no tienen? Qu voy a deciros? Os alabar? En esto no puedo alabaros.
 Porque yo he recibido del Seor lo que os he transmitido, que el Seor Jess, en la noche en que fue entregado, tom el pan,
 y despus de dar gracias, lo parti y dijo: Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en memoria ma."
 Y asimismo, despus de cenar, tom el cliz, diciendo: Este cliz es el nuevo Testamento en mi sangre: cuantas veces lo bebis, haced esto en memoria ma.
 Pues cuantas veces comis este pan y bebis este cliz, anunciis la muerte del Seor hasta que El venga.
 As, pues, quien come el pan y bebe el cliz del Seor indignamente, ser reo del cuerpo y de la sangre del Seor.
 Examnese, pues el hombre a s mismo y entonces coma del pan y beba del cliz;"
 pues el que sin discernir come y bebe el cuerpo del Seor, se come y bebe su propia condenacin.
 Por esto hay entre vosotros muchos flacos y dbiles, y muchos dormidos.
 Si nos examinsemos a nosotros mismos, no seramos condenados.
 Mas con sus castigos nos corrige el Seor para no ser condenados con el mundo.
 En resumen, hermanos mos, que cuando os juntis para comer, os esperis unos a otros.
 Si alguno tiene hambre, que coma en su casa, que no os reunis para vuestra condenacin. Lo dems lo dispondr cuando vaya.
 No quiero, hermanos, que en lo tocante a los dones espirituales estis en la ignorancia.
 Sabis que cuando erais gentiles, ciegamente os dejabais arrastrar hacia los dolos mudos;"
 por lo cual os hago saber que nadie, hablando en el Espritu de Dios, puede decir anatema sea Jess, y nadie puede decir Jess es el Seor, sino en el Espritu Santo.
 Hay diversidad de dones, pero uno mismo es el Espritu.
 Hay diversidad de ministerios, pero uno mismo es el Seor.
 Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es Dios, que obra todas las cosas en todos.
 Y a cada uno se le otorga la manifestacin del Espritu para comn utilidad.
 A uno le es dada por el Espritu la palabra de sabidura; a otro la palabra de ciencia, segn el mismo Espritu;"
 a otro fe en el mismo Espritu; a otro don de curaciones en el mismo Espritu;"
 a otro operaciones de milagros; a otro profeca, a otro discrecin de espritus, a otro gneros de lenguas, a otro interpretacin de lenguas."
 Todas estas cosas las obra el nico y mismo Espritu, que distribuye a cada uno segn quiere.
 Porque as como, siendo el cuerpo uno, tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, son un cuerpo nico, as es tambin Cristo.
 Porque tambin todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espritu, para constituir un solo cuerpo, y todos, ya judos, ya gentiles, ya siervos, ya libres, hemos bebido del mismo Espritu.
 Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
 Si dijere el pie: porque no soy mano, no soy del cuerpo, no por esto deja de ser del cuerpo.
 Y si dijere la oreja: porque no soy ojo, no soy del cuerpo, no por esto deja de ser del cuerpo.
 Si todo el cuerpo fuera ojos, dnde estara el odo? Y si todo l fuera odos, dnde estara el olfato?
 Pero Dios ha dispuesto los miembros en el cuerpo, cada uno de ellos como ha querido.
 Si todos fueran un miembro, dnde estara el cuerpo?
 Los miembros son muchos, pero uno solo el cuerpo.
 Y no puede el ojo decir a la mano: No tengo necesidad de ti. Ni tampoco la cabeza a los pies: No necesito de vosotros.
 An hay ms: Los miembros del cuerpo que parecen ms dbiles son los ms necesarios;"
 y a los que parecen ms viles, los rodeamos de mayor honor, y a los que tenemos por indecentes, los tratamos con mayor decencia,
 mientras que los que de suyo son decentes no necesitan de ms. Ahora bien, Dios dispuso el cuerpo dando mayor decencia a la que careca de ella,
 a fin de que no hubiera escisiones en el cuerpo, antes todos los miembros se preocupen por igual unos de otros.
 De esta suerte, si padece un miembro, todos los miembros padecen con l; y si un miembro es honrado, todos los otros a una se gozan."
 Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros de l cada uno por su parte,
 segn la disposicin de Dios en la Iglesia: primero apstoles, luego profetas, luego doctores, luego el poder de milagros, despus las gracias de curacin, de asistencia, de gobierno, los gneros de lenguas.
 Son todos apstoles? Son todos profetas? Son todos doctores? Tienen todos el poder de hacer milagros?
 Tienen todos la gracia de curaciones? Hablan todos en lenguas? Todos interpretan?
 Aspirad a los mejores dones. Pero quiero mostraros un camino mejor.
 Si hablando lenguas de hombres y de ngeles, no tengo caridad, soy como bronce que suena o cmbalos que retie.
 Y si teniendo el don de profeca, y conociendo los misterios todos, y toda la ciencia, y tanta fe que trasladase los montes, no tengo caridad, no soy nada.
 Y si repartiere toda mi hacienda y entregare mi cuerpo al fuego; no teniendo caridad, nada me aprovecha."
 La caridad es paciente, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha;"
 no es descorts, no es interesada, no se irrita, no toma en cuenta el mal;"
 no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad;"
 todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera.
 La caridad no pasa jams; las profecas tienen su fin, las lenguas cesarn, la ciencia se desvanecer."
 Al presente, nuestro conocimiento es imperfecto y lo mismo la profeca;"
 cuando llegue el fin desaparecer eso que es imperfecto.
 Cuando yo era nio hablaba como nio, pensaba como nio, razonaba como nio;"
 cuando llegu a ser hombre dej como intiles las cosas de nio. Ahora vemos por un espejo de modo confuso; entonces veremos cara a cara. Al presente conozco slo en parte; entonces conocer como soy conocido."
 Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza, la caridad; pero la ms excelente de ellas es la caridad."
 Esforzaos por alcanzar la caridad, aspirad a los dones espirituales, sobre todo al de profeca;"
 porque el que habla en lengua habla a Dios, no a los hombres, pues nadie le entiende, diciendo su espritu cosas misteriosas;"
 mas el que profetiza habla a los hombres para su edificacin, exhortacin y consolacin.
 El que habla en lenguas se edifica a s mismo; el que profetiza edifica a la Iglesia."
 Yo veo muy bien que todos vosotros hablis en lenguas, pero mejor que profeticis; pues mejor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a menos que tambin interprete para que la Iglesia reciba edificacin."
 Ahora bien, hermanos, si yo fuere a vosotros hablando en lenguas, qu os aprovechara, si no os hablase con revelacin o con ciencia o con profeca o con doctrina?
 Las cosas inanimadas, por ejemplo, la flauta o la ctara, que producen tambin sonidos, si no los producen con distincin, cmo se conocer lo que con la flauta o la ctara se toca?
 Como tambin, si la corneta diera un toque indefinido, quin se preparara para la lucha?
 As tambin vosotros, si con el don de lenguas no profers un discurso inteligible, cmo se sabr lo que decs? Serais como quien habla al aire.
 Tantas hablas como hay en el mundo y no hay quien no tenga la suya.
 Pero si no conozco la significacin de las voces, ser para quien me habla un brbaro, y el que me habla ser para m un brbaro.
 Ya, pues, que sois amantes de los carismas, procurad abundar en ellos para edificacin de la iglesia.
 Por eso, el que habla en lenguas, ore para poder interpretar.
 Porque si oro en lenguas, mi espritu ora, pero mi mente queda sin fruto.
 Qu hacer, pues? Orar con el espritu y orar tambin con la mente; salmodiar con el espritu, pero salmodiar tambin con la mente."
 Pues si t das gracias a Dios en espritu, cmo podr decir amn a tu accin de gracias el simple asistente? Porque no sabe lo que dices.
 T muy bien dars gracias, pero el otro no se edifica.
 Doy gracias a Dios de que hablo en lenguas ms que todos vosotros;"
 pero en la iglesia prefiero hablar diez palabras con sentido para instruir a otros, a decir diez mil palabras en lenguas.
 Hermanos, no seis nios en el juicio, sed prvulos slo en la malicia, pero adultos en el juicio.
 Est escrito en la Ley: En lenguas extraas y con labios de extranjeros hablar a este pueblo, y ni as me entendern, dice el Seor.
 De suerte que las lenguas son seal no para los creyentes, sino para los incrdulos, mientras que la profeca no es para los infieles, sino para los creyentes.
 Supongamos, pues, que la iglesia toda se halla reunida en un lugar y que todos hablan en lenguas: si entraren no iniciados o infieles, no diran que estis locos?
 Pero si profetizando todos entrare algn infiel o no iniciado, se sentir argido de todos, juzgado por todos,
 los secretos de su corazn quedarn de manifiesto, y cayendo de hinojos, adorar a Dios, confesando que realmente est Dios en medio de vosotros.
 Qu, pues, decir, hermanos? Que cuando os juntis, tenga cada uno su salmo, tenga su instruccin, tenga su revelacin, tenga su discurso en lenguas, tenga su interpretacin, pero que todo sea para edificacin.
 Si algunos han de hablar en lenguas, sean dos o a lo ms tres, por turno, y uno interprete.
 Si no hubiere intrprete, cllese y hable para s mismo y para Dios.
 Cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y los otros juzguen.
 Y si hablando uno, otro que est sentado tuviere una revelacin, cllese el primero,
 porque uno a uno podis profetizar todos, a fin de que todos aprendan y todos sean exhortados.
 El espritu de los profetas est sometido a los profetas,
 porque Dios no es Dios de confusin, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos,
 las mujeres cllense en las asambleas, porque no les toca a ellas hablar, sino vivir sujetas, como dice la Ley.
 Si quieren aprender algo, que en casa pregunten a sus maridos, porque no es decoroso para la mujer hablar en la iglesia.
 Acaso creis que la palabra del Seor ha tenido origen en vosotros o que slo a vosotros ha sido comunicada?
 Si alguno cree ser profeta o estar dotado de algn carisma, reconocer que esto que os escribo es precepto del Seor.
 Si alguno lo desconoce, ser l desconocido.
 As que, hermanos mos, aspirad al don de profeca y no estorbis hablar en lenguas;"
 pero hgase todo con decoro y orden.
 Os traigo a la memoria, hermanos, el Evangelio que os he predicado, que habis recibido, en el que os mantenis firmes,
 y por el cual sois salvos, si lo retenis tal como yo os lo anunci, a no ser que hayis credo en vano.
 Pues, a la verdad, os he transmitido, en primer lugar, lo que yo mismo he recibido, que Cristo muri por nuestros pecados, segn las Escrituras;"
 que fue sepultado, que resucit al tercer da, segn las Escrituras,
 y que se apareci a Cefas, luego a los Doce.
 Despus se apareci una vez a ms de quinientos hermanos, de los cuales muchos viven todava, y algunos murieron;"
 luego se apareci a Santiago, luego a todos los apstoles;"
 y despus de todos, como a un aborto, se me apareci tambin a m.
 Porque yo soy el menor de los apstoles, que no soy digno de ser llamado apstol, pues persegu a la Iglesia de Dios.
 Mas por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que me confiri no ha sido estril, antes he trabajado ms que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.
 Pues, tanto yo como ellos, esto predicamos y esto habis credo.
 Pues si de Cristo se predica que ha resucitado de los muertos, cmo entre vosotros dicen algunos que no hay resurreccin de los muertos?
 Si la resurreccin de los muertos no se da, tampoco Cristo resucit.
 Y si Cristo no resucit, vana es nuestra predicacin, vana nuestra fe.
 Seremos falsos testigos de Dios, porque contra Dios testificamos que ha resucitado a Cristo, a quien no resucit, puesto que los muertos no resucitan.
 Porque si los muertos no resucitan, ni Cristo resucit;"
 y si Cristo no resucit, vana es vuestra fe, an estis en vuestros pecados.
 Y hasta los que murieron en Cristo perecieron.
 Si slo mirando a esta vida tenemos la esperanza puesta en Cristo, somos los ms miserables de todos los hombres.
 Pero no, Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que reposan.
 Porque, como por un hombre vino la muerte, tambin por un hombre vino la resurreccin de los muertos.
 Y como en Adn mueren todos, as tambin en Cristo sern todos vivificados.
 Pero cada uno a su tiempo: el primero Cristo; luego los de Cristo, cuando El venga."
 Despus ser el fin, cuando entregue a Dios Padre el reino, cuando haya reducido a la nada todo principado, toda potestad y todo poder.
 Pues preciso es que El reine hasta poner a todos sus enemigos bajo su pies.
 El ltimo enemigo reducido a la nada ser la muerte,
 pues ha puesto todas las cosas bajo sus pies. Cuando dice que todas las cosas estn sometidas, evidentemente no incluy a aquel que todas se las someti;"
 antes cuando le queden sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se sujetar a quien a El todo se lo someti, para que sea Dios todo en todas las cosas.
 Si fuese de otro modo, qu sacarn los que se bautizan por los muertos? Si en ninguna manera resucitan los muertos, por qu se bautizan por ellos?
 Y nosotros mismos, por qu estamos siempre en peligro?
 Cada da muero; os lo juro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en Jesucristo nuestro Seor."
 Si por solos motivos humanos luch con las fieras en Efeso, qu me aprovech? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que maana moriremos.
 No os engais: las conversaciones malas estragan las buenas costumbres.
 Volved, como es justo, a la cordura y no pequis, porque algunos viven en la ignorancia de Dios. Para vuestra confusin os lo digo.
 Pero dir alguno: Cmo resucitan los muertos? Con qu cuerpo vuelven a la vida?
 Necio! Lo que t siembras no nace si no muere.
 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de nacer, sino un simple grano, por ejemplo, de trigo, o algn otro tal.
 Y Dios le da el cuerpo segn ha querido, a cada una de las semillas el propio cuerpo.
 No es toda carne la misma carne, sino que una es la de los hombres, otra la de los ganados, otra la de las aves y otra la de los peces.
 Y hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres, y uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los terrestres.
 Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas; y una estrella se diferencia de la de otra en el resplandor."
 Pues as en la resurreccin de los muertos. Se siembra en corrupcin, y se resucita en incorrupcin.
 Se siembra en ignominia, y se levanta en gloria. Se siembra en flaqueza, y se levanta en poder.
 Se siembra cuerpo animal, y se levanta un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo animal, tambin lo hay espiritual.
 Que por eso est escrito: El primer hombre, Adn, fue hecho alma viviente; el ltimo Adn, espritu vivificante."
 Pero no es primero lo espiritual, sino lo animal, despus lo espiritual.
 El primer hombre fue de la tierra, terreno; el segundo hombre fue del cielo."
 Cual es el terreno, tales son los terrenos; cual es el celestial, tales son los celestiales."
 Y como llevamos la imagen del terreno, llevaremos tambin la imagen del celestial.
 Pero yo os digo, hermanos, que la carne y la sangre no pueden poseer el reino de Dios, ni la corrupcin heredar la incorrupcin.
 Voy a declararos un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados.
 En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al ltimo toque de la trompeta  pues tocar la trompeta  , los muertos resucitarn incorruptibles y nosotros seremos transformados.
 Porque es preciso que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y que este ser mortal se revista de inmortalidad.
 Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplir lo que est escrito:
 La muerte ha sido sorbida por la victoria. Dnde est, muerte, tu victoria? Dnde est, muerte, tu aguijn?
 El aguijn de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado la Ley.
 Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Seor Jesucristo.
 As, pues, hermanos mos muy amados, manteneos firmes, inconmovibles, abundando siempre en la obra del Seor, teniendo presente que vuestro trabajo no es vano en el Seor.
 Cuanto a la colecta en favor de los santos, haris segn lo que dispuse en las iglesias de Galacia.
 El da primero de la semana, cada uno ponga aparte en su casa lo que bien le pareciere, de modo que no se hagan las colectas cuando yo vaya.
 Y cuando llegue yo, aquellos que tengis a bien, los enviar yo con cartas, para llevar vuestro obsequio a Jerusaln.
 Y si pareciese bien que tambin vaya yo, irn conmigo.
 Yo ir despus de atravesar la Macedonia, pues tengo el propsito de pasar por Macedonia,
 y podra ser que me detuviese entre vosotros, y aun que pasara ah el invierno, para que luego me encaminis a donde fuere.
 No quiero ahora veros de paso; espero ms bien permanecer algn tiempo entre vosotros, si el Seor lo permitiere."
 Me quedar en Efeso hasta Pentecosts,
 porque se me ha abierto una puerta grande y prometedora, aunque hay muchos adversarios.
 Si llega Timoteo ah, mirad que no se sienta acobardado entre vosotros, porque trabaja en la obra del Seor, igual que yo.
 Que nadie, pues, le tenga en poco, y encaminadle en paz para que venga a m, pues le espero con los hermanos.
 Cuanto al hermano Apolo, mucho le encarec que se llegara a vosotros con los hermanos; pero no quiso en modo alguno ir ahora; ir cuando tenga oportunidad."
 Velad y estad firmes en la fe, obrando varonilmente y mostrndoos fuertes.
 Que todas vuestras obras sean hechas en caridad.
 Un ruego voy a haceros, hermanos: Vosotros conocis la casa de Estfanas, que es las primicias de Acaya y se ha consagrado al servicio de los santos.
 Mostraos deferentes con ellos y con todos cuantos como ellos trabajan y se afanan.
 Me alegr de la llegada de Estfanas, Fortunato y Acaico, porque han suplido vuestra ausencia.
 Han trado la tranquilidad a mi espritu y al vuestro. Quedadles, pues, reconocidos.
 Os saludan las iglesias de Asia. Tambin os mandan muchos saludos en el Seor Aquila y Frisca, con su iglesia domstica.
 Os saludan todos los hermanos. Saludaos mutuamente con el sculo santo.
 El saludo de mi mano, de Pablo.
 Si alguno no ama al Seor, sea anatema. Maran atha.
 La gracia del Seor Jess sea con todos vosotros.
 Mi amor est con todos vosotros en Cristo Jess.
 Pablo, por la voluntad de Dios apstol de Jesucristo, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios en Corinto, con todos los santos de toda la Acaya:
 sea con vosotros la gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.
 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo,
 que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos consolar nosotros a todos los atribulados con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios.
 Porque, as como abundan en nosotros los padecimientos de Cristo, as por Cristo abunda nuestra consolacin.
 Pues si somos atribulados, es para vuestro consuelo y salud; si somos consolados, es por vuestro consuelo, que se muestra eficaz en la tolerancia de los mismos trabajos que nosotros padecemos;"
 y es firme nuestra esperanza en vosotros, sabiendo que as como participis en nuestros padecimientos, as tambin participaris en los consuelos.
 No queremos, hermanos, que ignoris la tribulacin que nos sobrevino en Asia, pues fue muy sobre nuestras fuerzas, tanto que desesperbamos ya de salir con vida.
 An ms, temimos como cierta la sentencia de muerte, para que no confisemos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos,
 que nos sac de tan mortal peligro y nos sacar. En El tenemos puesta la esperanza de que seguir sacndonos,
 cooperando vosotros con la oracin a favor nuestro, a fin de que la gracia que por las plegarias de muchos se nos concedi sea de muchos agradecida por nosotros.
 Pues sta es nuestra gloria, el testimonio de nuestra conciencia. Que no en sabidura carnal, sino en la santidad y sinceridad de Dios, en la gracia de Dios, hemos vivido en el mundo, y ms especialmente entre vosotros.
 No os escribimos sino lo que leis y conocis, y espero que hasta el fin lo conoceris,
 as como nos habis ya en parte conocido que somos vuestra gloria, como sois vosotros la nuestra, en el da de nuestro Seor Jesucristo.
 En esta confianza quise ir primero a veros, para que tuvieseis una segunda gracia,
 y pasando por vosotros ir a Macedonia, y de nuevo desde Macedonia volver por ah y ser por vosotros encaminado hacia Judea.
 Al proponerme esto, obr a la ligera? O lo que yo me he propuesto, me lo propuse llevado de sentimientos humanos, de manera que haya en m s y no?
 Dios me es fiel testigo de que nuestra palabra con vosotros no es s y no.
 Porque el Hijo de Dios, Cristo Jess, que os hemos predicado, yo, Silvano y Timoteo, no ha sido s y no, antes ha sido s.
 Cuantas promesas hay de Dios, son en El s; y por El decimos amn para gloria de Dios en nosotros."
 Es Dios quien a nosotros y a vosotros nos confirma en Cristo, nos ha ungido,
 nos ha sellado y ha depositado las arras del Espritu en nuestros corazones.
 Pongo a Dios por testigo sobre mi alma de que por amor vuestro no he ido todava a Corinto.
 No porque pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino porque queremos contribuir a vuestro gozo, pues en la fe os mantenis firmes.
 He hecho propsito de no ir otra vez a vosotros en tristeza.
 Porque si yo os contristo, quin va a ser el que a m me alegre sino aquel que por m se entristeci?
 Y esto mismo os escrib para que cuando vaya no tenga que entristecerme de lo que debiera alegrarme, confiando en todos vosotros, pues mi gozo es tambin el vuestro.
 Os escrib en medio de una gran tribulacin y ansiedad de corazn con muchas lgrimas, no para que os entristezcis, sino para que conozcis el gran amor que os tengo.
 Si alguno me contrist, no me contrist a m, sino, en cierto modo para no exagerar, a todos vosotros.
 Bstele a se la correccin de los ms,
 pues casi habramos de perdonarle y consolarle, para que no se vea consumido por excesiva tristeza.
 Por eso os ruego que pblicamente le ratifiquis vuestra caridad,
 pues para esto os escrib, a fin de conocer vuestra virtud y vuestra obediencia.
 Y al que vosotros algo perdonis, tambin le perdono yo, pues lo que yo perdono, si algo perdono, por amor vuestro lo perdono en la presencia de Cristo,
 para no ser vctimas de los ardides de Satans, ya que no ignoramos sus propsitos.
 Habiendo ido a Trade para anunciar el evangelio de Cristo, no obstante hallar una puerta abierta en el Seor,
 no hall sosiego para mi espritu por no haber encontrado all a Tito, mi hermano; y despidindome de ellos, part para Macedonia."
 Sean dadas gracias a Dios, que en todo tiempo nos hace triunfar en Cristo, y por nosotros manifiesta en todo lugar el aroma de su conocimiento;"
 porque somos para Dios el buen olor de Cristo, en los que se salvan y en los que se pierden;"
 en stos olor de muerte para muerte, en aqullos olor de vida para vida. Y para esto, quin es suficiente?
 Porque no somos como muchos, que trafican con la palabra de Dios, sino que sinceramente, como de Dios, hablamos delante de Dios en Cristo.
 Voy a comenzar de nuevo a recomendarme a m mismo? O necesito, como algunos, de cartas que nos recomienden a vosotros o en que vosotros me recomendis?
 Mi carta sois vosotros mismos, escrita en nuestros corazones, conocida y leda de todos los hombres,
 pues notorio es que sois carta de Cristo, expedida por nosotros mismos, escrita, no con tinta, sino con el Espritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne que son vuestros corazones."
 Tal es la confianza que por Cristo tenemos en Dios:
 No que nosotros seamos capaces de poner en cuenta cosa alguna como de nosotros mismos, que nuestra suficiencia viene de Dios.
 El nos capacit como ministros de la nueva alianza, no de la letra, sino del espritu, que la letra mata, pero el espritu da vida.
 Pues si el ministerio de muerte escrito con letras sobre piedras fue glorioso, hasta el punto de que no pudieran los hijos de Israel mirar el rostro de Moiss a causa de su resplandor, con ser transitorio,
 cunto ms no ser glorioso el ministerio del espritu!
 Si el ministerio de condenacin es glorioso, mucho ms glorioso ser el ministerio de la justicia.
 Y en verdad, en este aspecto aquella gloria deja de serlo, comparada con esta otra gloria sobreeminente.
 Porque si lo transitorio fue glorioso, cunto ms lo ser lo que permanece?
 Teniendo, pues, tal esperanza, procedemos con plena franqueza,
 y no como Moiss, que pona un velo sobre su rostro para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en una gloria destinada a perecer.
 Pero sus entendimientos estaban velados y lo estn hoy por el mismo velo que contina sobre la leccin de la Antigua Alianza, sin percibir que slo por Cristo ha sido removido.
 Hasta el da de hoy, siempre que leen a Moiss, el velo persiste tendido sobre sus corazones;"
 mas cuando se vuelvan al Seor, ser corrido el velo.
 El Seor es espritu, y donde est el espritu del Seor, est la libertad.
 Todos nosotros a cara descubierta reflejamos la gloria del Seor como en un espejo y nos transformamos en la misma imagen, de gloria en gloria, a medida que obra en nosotros el espritu del Seor.
 Por esto, investidos de este ministerio de la misericordia, no desfallecemos,
 sino que, desechando todo indigno tapujo y toda astucia, en vez de adulterar la palabra de Dios, manifestamos la verdad y nos recomendamos nosotros mismos a toda humana conciencia ante Dios.
 Si nuestro evangelio queda encubierto, es para los incrdulos, para los que se pierden,
 cuya inteligencia ceg el dios de este mundo, para que no brille en ellos la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios.
 Pues no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jess, Seor, y, cuanto a nosotros, nos predicamos siervos vuestros por amor de Jess.
 Porque Dios, que dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas, es el que ha hecho brillar la luz en nuestros corazones para que demos a conocer la ciencia de la gloria de Dios que brilla en el rostro de Cristo.
 Pero llevamos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no parezca nuestra.
 En mil maneras somos atribulados, pero no nos abatimos; en perplejidades, no nos desconcertamos;"
 perseguidos, pero no abandonados; derribados no nos anonadamos,"
 llevando siempre en el cuerpo la mortificacin de Jess, para que la vida de Jess se manifieste en nuestro cuerpo.
 Mientras vivimos estamos siempre entregados a la muerte por amor de Jess, para que la vida de Jess se manifieste tambin en nuestra carne mortal.
 De manera que en nosotros obra la muerte, en vosotros la vida.
 Pero teniendo el mismo espritu de fe, segn lo que est escrito: Cre, por eso habl; tambin nosotros creemos, y por esto hablamos;"
 sabiendo que quien resucit al Seor Jess, tambin con Jess nos resucitar y nos har estar con vosotros;"
 porque todas las cosas suceden por vosotros, para que la gracia difundida en muchos acreciente la accin de gracias para gloria de Dios.
 Por lo cual no desmayamos, sino que mientras nuestro hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior se renueva de da en da.
 Pues por la momentnea y ligera tribulacin nos prepara un peso eterno de gloria incalculable,
 y no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son temporales; las invisibles, eternas."
 Pues sabemos que si la tienda de nuestra mansin terrena se deshace, tenemos de Dios una slida casa, no hecha por mano de hombres, eterna en los cielos.
 Gemimos en esta nuestra tienda, anhelando sobrevestirnos de aquella nuestra habitacin celestial,
 supuesto que seamos hallados vestidos, no desnudos.
 Pues realmente, mientras moramos en esta tienda, gemimos oprimidos, por cuanto no queremos ser desnudados, sino sobrevestidos, para que nuestra mortalidad sea absorbida por la vida.
 Y es Dios quien as nos ha hecho, dndonos las arras de su Espritu.
 As estamos siempre confiados, persuadidos de que mientras moramos en este cuerpo, estamos ausentes del Seor,
 porque caminamos en fe y no en visin,
 pero confiamos y quisiramos ms partir del cuerpo y estar presentes al Seor.
 Por esto, presentes o ausentes, nos esforzamos por serle gratos,
 puesto que todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para que reciba cada uno segn lo que hubiere hecho mientras vivi en el cuerpo, bueno o malo.
 Sabedores, pues, del temor del Seor, hacernos por sincerarnos ante los hombres, que a Dios bien de manifiesto le estamos; espero que tambin a vuestra conciencia,"
 No es que otra vez pretendamos recomendarnos, sino daros ocasin para gloriaros en nosotros, a fin de que tengis qu responder a los que ponen la gloria en lo exterior y no en lo interior.
 Porque, si loqueamos, es por Dios; si juicioseamos, es por vosotros."
 La caridad de Cristo nos constrie, persuadidos como lo estamos de que, si uno muri por todos, luego todos son muertos;"
 y muri por todos para que los que viven no vivan ya para s, sino para aquel que por ellos muri y resucit.
 De manera que desde ahora a nadie conocemos segn la carne; y aun a Cristo, si le conocimos segn la carne, pero ahora ya no as."
 De suerte que el que est en Cristo es una criatura nueva y lo viejo pas, se ha hecho nuevo.
 Mas todo esto viene de Dios, que por Cristo nos ha reconciliado consigo, y nos ha confiado el ministerio de la reconciliacin.
 Porque a la verdad, Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo y no imputndole sus delitos, y puso en nuestras manos la palabra de reconciliacin.
 Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios os exhortase por medio de nosotros. Por Cristo os rogamos: Reconciliaos con Dios.
 A quien no conoci el pecado, le hizo pecado por nosotros, para que en El furamos justicia de Dios.
 Cooperando, pues, con El, os exhortamos a que no recibis en vano la gracia de Dios,
 porque dice: En el tiempo propicio te escuch y en el da de la salud te ayud. Este es el tiempo propicio, ste el da de la salud*
 Por nuestra parte, en nada damos motivo alguno de escndalo, para que no sea vituperado nuestro ministerio,
 sino que en todo nos mostramos como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias,
 en azotes, en prisiones, en tumultos, en fatigas, en desvelos, en ayunos,
 en santidad, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en Espritu Santo, en caridad sincera,
 en palabras de veracidad, en el poder de Dios, en armas de justicia ofensivas y defensivas,
 en honra y deshonra, en mala o buena fama; cual seductores, siendo veraces;"
 cual desconocidos, siendo bien conocidos; cual moribundos, bien que vivamos; cual castigados, mas no muertos;"
 como tristes, pero siempre alegres; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como quienes nada tienen, poseyndolo todo."
 Os abrimos, oh corintios!, nuestra boca, ensanchamos nuestro corazn;"
 no estis al estrecho en nosotros, lo estis en vuestras entraas;"
 pues para corresponder de igual modo, como a hijos os hablo, ensanchaos tambin vosotros.
 No os unis en yunta desigual con los infieles Qu consorcio hay entre la justicia y la iniquidad? Qu comunidad entre la luz y las tinieblas?
 Qu concordia entre Cristo y Belial? Qu parte del creyente con el infiel?
 Qu concierto entre el templo de Dios y los dolos? Pues vosotros sois templo de Dios vivo, segn Dios dijo: Yo habitar y andar en medio de ellos y ser su Dios y ellos sern mi pueblo.
 Por lo cual, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Seor; y no toquis cosa inmunda, y yo os acoger"
 y ser vuestro padre, y vosotros seris mis hijos y mis hijas, dice el Seor todopoderoso.
 Pues que tenemos estas promesas, carsimos, purifiqumonos de toda mancha de nuestra carne y nuestro espritu, acabando la obra de la santificacin en el temor de Dios.
 Acogednos en vuestros corazones; a nadie hemos agraviado, a nadie hemos perjudicado, a nadie hemos explotado."
 No lo digo para condenaros, que ya antes os he dicho cuan dentro de nuestro corazn estis para vida y para muerte.
 Tengo mucha confianza con vosotros; tengo en vosotros grande motivo de gloria, estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones."
 Pues aun llegados a Macedonia, no tuvo nuestra carne ningn reposo, sino que en todo fuimos atribulados, luchas por fuera, por dentro temores.
 Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consol con la llegada de Tito:
 y no slo con su llegada, sino tambin con el consuelo que l tuvo por causa vuestra, al anunciarnos vuestra ansia, vuestro llanto y vuestro celo por m, con lo que creci ms mi gozo.
 Porque si con la epstola os entristec, no me pesa. Y si estaba pesaroso viendo que aquella carta, aunque por un momento, os haba contristado,
 ahora me alegro, no porque os entristecisteis, sino porque os entristecisteis para penitencia. Os contristasteis segn Dios, para que no recibieseis dao alguno de nuestra parte.
 Pues la tristeza segn Dios es causa de penitencia saludable, de que jams hay por qu arrepentirse; mientras que la tristeza segn el mundo lleva a la muerte."
 Ved cunta solicitud os ha causado esa misma tristeza segn Dios, y qu excusas, qu enojos, qu temores, qu deseos, qu celo y qu vindicaciones. Totalmente limpios os habis mostrado en este asunto.
 Pues si yo os escrib, no fue por el que cometi el agravio ni por el que lo recibi, sino para que se manifestase vuestra solicitud por nosotros delante de Dios.
 Con esto nos hemos consolado. Y a este consuelo nuestro vino a unirse el extremado gozo de Tito, cuyo espritu habis todos confortado.
 Que si en algo me glori con l de vosotros, no he quedado confundido, sino que as como en todo os habamos hablado verdad, as result tambin verdadero nuestro gloriarnos con Tito.
 Y su cario por vosotros se ha acrecentado viendo vuestra obediencia y el temor y temblor con que le recibisteis.
 Me alegr de poder en todo confiar en vosotros.
 Tambin quiero, hermanos, haceros conocer la gracia que Dios ha hecho a las iglesias de Macedonia,
 que la gran tribulacin con que han sido probados abund en gozo y su extremada pobreza se convirti en riqueza de su liberalidad.
 Doy testimonio de que, segn sus facultades y aun por encima de sus facultades, de iniciativa propia,
 rpidamente nos rogaban que les hicisemos la gracia de participar en el socorro a favor de los santos:
 y no como esperbamos, sino que a s mismos se entregaron, primeramente al Seor, y luego a nosotros, por la voluntad de Dios.
 As que encargamos a Tito que, segn haba comenzado, as tambin hiciese entre vosotros esta obra de caridad.
 Y as como abundis en todo, en fe, en palabra, en ciencia, en toda obra de celo y en amor hacia nosotros, as abundis tambin en esta obra de caridad.
 No os lo digo como imponiendo un precepto, sino en vista de la solicitud de otros y para que probis lo sincero de vuestra caridad.
 Pues conocis la gracia de nuestro Seor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza;"
 y os aconsejo esto, pues es lo que os conviene a vosotros, que, desde el ao pasado, habis sido los primeros no slo en proponeros esta obra, sino en realizarla.
 Procurad, pues, ahora llevarla a buen trmino, a fin de que, segn la prontitud de la voluntad, as sea la ejecucin de aqulla, conforme a vuestras facultades.
 Cuando est pronta la voluntad, es acepta en la medida de lo que se tiene, no de lo que no se tiene,
 porque no se trata de que, viviendo otros con desahogo, vivis vosotros en estrechez, sino que haya igualdad, y ahora
 vuestra abundancia alivie la escasez de aqullos, para que asimismo su abundancia alivie vuestra penuria, de manera que haya equidad,
 segn est escrito: Ni el que recogi mucho abundaba, ni el que recogi poco estaba escaso.
 y gracias sean dadas a Dios, que puso en el corazn de Tito esta solicitud por vosotros,
 pues no slo acogi nuestro ruego, sino que, solcito, por propia iniciativa, parti a vosotros.
 Y con l enviamos a otro hermano, cuyo elogio en la predicacin del Evangelio est difundido por todas las iglesias:
 y no slo esto, sino que tambin fue elegido por las iglesias para compaero nuestro de viaje en esta obra de caridad que hacemos para gloria del mismo Seor y para cumplimiento de nuestra pronta voluntad,
 mirando a que nadie nos vitupere con motivo de esta importante suma que administramos.
 Pues procuramos hacer el bien, no slo ante Dios, sino tambin ante los hombres.
 Enviamos con ellos a nuestro hermano, cuya solicitud tenemos bien probada con frecuencia en muchos negocios, y ahora se ha mostrado muy solcito por la gran confianza que tiene en vosotros.
 Por lo que hace a Tito, es mi compaero y cooperador entre vosotros; cuanto a nuestros hermanos, enviados son de las iglesias, gloria de Cristo."
 Mostrad, pues, para con ellos vuestra caridad a la faz de las iglesias y la verdad de los encomios que he hecho de vosotros.
 Pues cuanto al socorro en favor de los santos, no es necesario que yo os escriba;"
 conozco vuestra pronta voluntad, que es para m motivo de gloria en vosotros ante los macedonios, pues Acaya est apercibida desde el ao pasado, y vuestro celo ha estimulado a muchos.
 A pesar de esto, envi a los hermanos, para que nuestra gloria en vosotros no resulte vana en este asunto, y que segn he dicho estis dispuestos,
 no sea que al llegar los macedonios conmigo os encuentren desprevenidos, y quedemos confundidos nosotros, por no decir vosotros, en este negocio
 Por eso he credo necesario rogar a los hermanos que anticiparan el viaje y preparasen de antemano vuestra prometida bendicin, y con esta preparacin resulte obra de liberalidad, y no de mezquindad.
 Pues os digo: El que escaso siembra, escaso cosecha; el que siembra con largura, con largura cosechar."
 Cada uno haga segn se ha propuesto en su corazn, no de mala gana ni obligado, que Dios ama al que da con alegra.
 Y poderoso es Dios para acrecentar en vosotros todo gnero de gracias, para que, teniendo siempre y en todo lo bastante, abundis en toda obra buena,
 segn que est escrito: Con largueza reparti, dio a los pobres; su justicia permanecer para siempre.
 El que da la simiente al que siembra, tambin le dar el pan para su alimento, y multiplicar vuestra sementera, y acrecentar los frutos de vuestra justicia.
 ? en todo seris enriquecidos para toda liberalidad, que por nuestra mediacin produzca accin de gracias a Dios.
 Pues el ministerio de este servicio no slo remedia la escasez de los santos, sino que hace rebosar en ellos copiosa accin de gracias a Dios;"
 por cuanto, experimentando este vuestro servicio, glorifican a Dios por vuestra obediencia al Evangelio de Cristo y por la largueza de vuestra comunin con ellos y con todos;"
 y con su oracin por vosotros manifiestan el afecto que os tienen, a causa de la sobreabundante gracia que Dios ha derramado en vosotros.
 Gracias sean dadas a Dios por su inefable don.
 Yo, pues, el mismo Pablo, que presente soy humilde entre vosotros, pero ausente soy resuelto con vosotros,
 os ruego, por la mansedumbre y la bondad de Cristo, que cuando est presente no tenga que atreverme con la energa con que pienso resueltamente obrar con algunos que nos tienen como si procedisemos segn la carne.
 Pues, aunque vivimos en la carne, no militamos segn la carne;"
 pues las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas por Dios para derribar fortalezas, destruyendo sofismas,
 y toda altanera que se levante contra la ciencia de Dios y doblegando todo pensamiento a la obediencia de Cristo,
 prontos a castigar toda desobediencia, una vez que sea perfecta vuestra obediencia.
 Mirad slo lo que a la vista tenis. Si alguno confa en que es de Cristo, piense tambin que como l lo es, as lo somos nosotros.
 Porque aunque con exceso me glore yo de la autoridad que me dio el Seor para edificacin y no para destruccin vuestra, no por eso me avergonzar.
 Y que nadie crea que pretendo amedrentaros con las cartas.
 Porque hay quien dice que las cartas son duras y fuertes, pero la presencia corporal es poca cosa y la palabra menospreciable.
 Piense ese tal que cuales somos ausentes por las cartas, tales seremos presentes de obra.
 Porque no osamos igualarnos o compararnos con los que a s mismos se recomiendan: mas midindose a s mismos y tomndose a s mismos por medida, no tienen juicio
 Nosotros no nos gloriamos desmedidamente, sino segn la regla que Dios nos ha dado por medida, de modo que llegsemos hasta vosotros.
 Porque no nos salimos fuera de los lmites prescritos, como si no llegsemos hasta vosotros, pues hasta vosotros llegamos en el Evangelio de Cristo.
 No glodndonos desmedidamente de trabajos ajenos, sino esperando que creciendo vuestra fe, crezcamos ms y ms entre vosotros, conforme a nuestra medida,
 evangelizando a los que estn ms all de vosotros, sin entrar en campo ajeno, glorindonos de la labor de otros.
 El que se glora, que se glore en el Seor.
 Pues no es el que a s mismo se recomienda quien est probado, sino aquel a quien recomienda el Seor.
  Ojal soportis un poco mi demencia! Pero soportadla;"
 porque os celo con celo de Dios, pues os he desposado a un solo marido para presentaros a Cristo como casta virgen.
 Pero temo que como la serpiente enga a Eva con su astucia, tambin corrompa vuestros pensamientos, apartndolos de la sinceridad y de la santidad debidas a Cristo.
 Porque si viniese alguno predicando a otro Jess que el que os hemos predicado, o dndoos otro Espritu que el que os ha sido dado, u otro evangelio que el que habis recibido, lo soportarais.
 Pero yo creo que en nada soy inferior a esos preclaros apstoles,
 y aunque imperio de palabra, no de ciencia, pues en todo y siempre la hemos manifestado entre vosotros.
 O es que he cometido un pecado humillndome a m mismo, para que vosotros fueseis ensalzados, predicndoos gratuitamente el Evangelio de Dios?
 Despoj a otras iglesias, recibiendo de ellas estipendio para serviros a vosotros;"
 y estando entre vosotros y hallndome necesitado, a nadie fue gravoso, pues a mis necesidades subvinieron los hermanos venidos de Macedonia; y en todo momento me guard y me guardar de seros gravoso."
 ? por la verdad de Cristo que est en m, que esta gloria no sufrir mengua en las regiones de Acaya.
 Por qu? Porque no os amo? Eso Dios lo sabe.
 Lo que yo ahora hago tambin lo har en lo futuro, para cortar toda ocasin a los que la buscan de hallar en qu gloriarse igual que nosotros.
 Pues esos falsos apstoles, obreros engaosos, se disfrazan de apstoles de Cristo;"
 y no es maravilla, pues el mismo Satans se disfraza de ngel de luz.
 No es, pues, mucho que sus ministros se disfracen de ministros de la justicia: Su fin ser el que corresponde a sus obras.
 Una vez ms os digo, que nadie me tenga por insensato, y en todo caso, toleradme como insensato, permitindome que un poco me glore.
 Lo que voy a decir, no lo digo segn el Seor, sino como en locura, que me da pie para gloriarme.
 Puesto que muchos se gloran segn la carne, tambin yo me gloriar.
 Pues con gusto soportis a los insensatos, siendo vosotros sensatos.
 Soportis que os esclavicen, que os devoren, que os engaen, que se engran, que os abofeteen.
 Con sonrojo mo lo digo, es que nosotros nos hemos mostrado dbiles. En aquello en que cualquiera ose gloriarse, en locura lo digo, tambin osar yo.
 Son hebreos? Tambin yo. Son israelitas? Tambin yo. Son descendencia de Abraham? Tambin yo.
 Son ministros de Cristo? Hablando en locura, ms yo; en muchos trabajos, en muchas prisiones, en muchos azotes, en, frecuentes peligros de muerte."
 Cinco veces recib de los judos cuarenta azotes menos uno.
 Tres veces fui azotado con varas, una vez fui apedreado, tres veces padec naufragio, un da y una noche pas en los abismos del mar;"
 muchas veces en viaje me vi en peligros de ros, peligros de ladrones, peligros aje, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre los falsos hermanos,
 trabajos y miserias, en prolongadas vigilias, en hambre y sed, en ayunos frecuentes, en fro y en desnudez;"
 esto sin hablar de otras cosas, de mis cuidados de cada da, de la preocupacin por todas las iglesias.
 Quin desfallece que no desfallezca yo? Quin se escandaliza que yo no me abrase?
 Si es menester gloriarse, me gloriar en lo que es mi flaqueza.
 Dios y Padre del Seor Jesucristo, que es bendito por los siglos, sabe que no miento.
 En Damasco el etnarca del rey Aretas puso guardia en la ciudad de los damascenos para prenderme,
 y por una ventana, en una espuerta, fui descolgado por el muro, y escap a sus manos.
 Si es menester gloriarse, aunque no conviene, vendr a las visiones y revelaciones del Seor.
 S de un hombre en Cristo que hace catorce aos  si en el cuerpo no lo s, si fuera del cuerpo tampoco lo s, Dios lo sabe  fue arrebatado hasta el tercer cielo;"
 y s que este hombre  si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo s, Dios lo sabe 
 fue arrebatado al paraso y oy palabras inefables que el hombre no puede decir.
 De tales cosas me gloriar, pero de m mismo no he de gloriarme, si no es de mis flaquezas.
 Si quisiera gloriarme, no hara el loco, pues dira verdad. Me abstengo, no obstante, para que nadie juzgue de m por encima de lo que en m ve y oye de m,
 a causa de la alteza, de mis revelaciones. Por lo cual, para que yo no me engra, fue me dada una espina en la carne, un emisario de Satans, que me abofetea, para que no me engra.
 Por esto rogu tres veces al Seor que se retirase de m,
 y El me dijo: Te basta mi gracia, que en la flaqueza llega al colmo el poder. Muy gustosamente, pues, continuar gloriando me en mis debilidades para que habite en m la fuerza de Cristo.
 Por lo cual me complazco en las enfermedades, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por Cristo; pues cuando parezco dbil, entonces es cuando soy fuerte."
 He hecho el loco: vosotros me habis obligado. Porque necesitaba ser estimado de vosotros, pues en nada fui inferior a esos preclaros apstoles, aunque nada soy.
 Las seales de apstol se realizaron entre vosotros en mucha paciencia, en seales y prodigios y milagros.
 Pues en qu habis sido inferiores a las otras iglesias, sino en que no os fui gravoso ? Perdonadme este agravio.
 He aqu que por tercera vez estoy para ir a vosotros, y no os ser gravoso; porque no busco vuestros bienes, sino a vosotros; pues no son los hijos los que deben atesorar para los padres, sino los padres para los hijos."
 Yo de muy buena gana me gastar y me desgastar hasta agotarme por vuestra alma, aunque, amndoos con mayor amor, sea menos amado.
 Bien, en nada os fui gravoso, pero en mi astucia os cac con engao.
 Os he explotado acaso por medio de alguno de los que os envi?
 Yo anim a Tito a ir y envi con l al hermano; acaso Tito os explot ? No procedimos ambos segn el mismo espritu? No seguimos los mismos pasos?"
 Hace tiempo creis que tratamos de justificarnos ante vosotros. Ante Dios, en Cristo, hablamos; y todo, carsimos, para vuestra edificacin."
 Pues temo que cuando vaya no os halle cual querra y no me hallis vosotros cual querrais; temo que haya contiendas, envidias, iras, ambiciones, detracciones, murmuraciones, hinchazones, sedicio-es;"
 que al llegar de nuevo a vosotros sea de Dios humillado a causa vuestra, y tenga que llorar por muchos de los que antes pecaron y no hicieron penitencia de su impureza, de su fornicacin y de su lascivia.
 Por tercera vez voy a vosotros: Por el testimonio de dos o de tres es firme toda sentencia.
 Os lo he dicho ya, y ahora de antemano lo repito ausente, como cuando por segunda vez estuve presente, y declaro a los que han pecado y a todos los dems que cuando otra vez vuelva no perdonar;"
 puesto que buscis experimentar que en m habla Cristo, que no es dbil para con vosotros, sino fuerte en vosotros.
 Porque aunque fue crucificado en su debilidad, vive por el poder de Dios. Y as somos nosotros dbiles en El, pero vivimos con El para vosotros por el poder de Dios.
 Examinaos a vosotros mismos si estis en la fe; probaos a vosotros mismos. No reconocis que Jesucristo est en vosotros? A no ser que estis reprobados."
 Pero confo que conoceris que nosotros no estamos reprobados.
 Y rogamos a Dios que no hagis ningn mal, no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros practiquis el bien y nosotros seamos como reprobados;"
 pues nada podemos contra la verdad, sino por la verdad.
 Nos gozamos siendo nosotros dbiles y vosotros fuertes. Lo que pedimos es vuestra perfeccin.
 Por eso os escribo esto ausente, para que presente, no necesite usar de la autoridad que el Seor me confiri para edificar, no para destruir.
 Por lo dems, hermanos, alegraos, perfeccionaos, anmaos, tened un mismo sentir, vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz ser con vosotros.
 Saludaos mutuamente en el sculo santo. Todos los santos os saludan.
 La gracia del Seor Jesucristo y la caridad de Dios y la comunicacin del Espritu Santo sean con todos vosotros.
 -- omitido por parfrasis --
 Pablo, apstol, no de hombres ni por hombres, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que le resucit de entre los muertos,
 y todos los hermanos que conmigo estn, a las iglesias de Galacia:
 La gracia y la paz sean con vosotros de parte de Dios, nuestro Padre, y del Seor Jesucristo,
 que se entreg por nuestros pecados, para librarnos del presente siglo malo, segn la voluntad de nuestro Dios y Padre,
 a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amn.
 Me maravillo de que tan pronto, abandonando al que os llam a la gracia de Cristo, os pasis a otro evangelio.
 No es que haya otro; lo que hay es que algunos os turban y pretenden pervertir el Evangelio de Cristo."
 Pero aunque nosotros o un ngel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema.
 Os lo hemos dicho antes, y ahora de nuevo os lo digo: Si alguno os predica otro evangelio distinto del que habis recibido, sea anatema.
 Busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? Acaso busco agradar a los hombres? Si an buscase agradar a los hombres, no sera siervo de Cristo.
 Porque os hago saber, hermanos, que el evangelio por m predicado no es de hombre,
 pues yo no lo recib o aprend de los hombres, sino por revelacin de Jesucristo.
 En efecto, habis odo mi conducta de otro tiempo en el judasmo, cmo con gran furia persegua a la Iglesia de Dios y la devastaba,
 aventajando en el celo por el judasmo a muchos de los coetneos de mi nacin, y mostrndome extremadamente celador de las tradiciones paternas.
 Pero cuando aquel que me segreg desde el seno de mi madre y me llam por su gracia,
 se dign revelar en m a su Hijo para que lo anunciase a los gentiles, al instante, sin pedir consejo a la carne y a la sangre
 ni subir a Jerusaln a los apstoles que eran antes de m, part para la Arabia y de nuevo volv a Damasco.
 Luego, pasados tres aos, sub a Jerusaln para conocer a Cefas, a cuyo lado permanec quince das.
 A ningn otro de los apstoles vi, si no fue a Santiago, el hermano del Seor.
 En esto que os escribo, bien sabe Dios que no miento.
 En seguida vine a las regiones de Siria y de Gilicia,
 pero era personalmente desconocido para las iglesias de Cristo en Judea;"
 slo oan decir: El que en otro tiempo nos persegua, ahora anuncia la fe que antes pretenda destruir.
 Y glorificaban a Dios en m.
 Luego, al cabo de catorce aos, sub otra vez a Jerusaln, acompaado de Bernab y llevando conmigo a Tito.
 Sub en virtud de una revelacin, y les expuse el evangelio que predico entre los gentiles, particularmente a los que eran algo, no sea que corriese o hubiese corrido en vano.
 Pero ni Tito, que iba conmigo, con ser gentil, fue obligado a circuncidarse,
 a pesar de los hermanos intrusos que se infiltraron solapadamente para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jess y reducirnos a servidumbre;"
 a los cuales ni por un momento cedimos, para que la verdad del Evangelio se mantuviese ntegra entre vosotros.
 De los que eran algo  lo que hayan sido en otro tiempo no interesa, que Dios no es aceptador de personas  , stos que eran algo, digo, nada me aadieron;"
 antes al contrario, cuando vieron que yo haba recibido el evangelio de la incircuncisin, como Pedro el de la circuncisin 
 pues el que obr en Pedro para el apostolado de la circuncisin, obr tambin en m para el de los gentiles  ,
 Santiago, Cefas y Juan, los que eran tenidos como columnas, reconocieron la gracia a m dada, y nos dieron a m y a Bernab la mano en seal de comunin, para que nosotros nos dirigisemos a los gentiles y ellos a los circuncisos.
 Solamente nos pidieron que nos acordsemos de los pobres, cosa que procur yo cumplir con mucha solicitud.
 Pero cuando Cefas fue a Antioqua, en su misma cara le resist, porque se haba hecho reprensible;"
 pues antes de venir algunos de los de Santiago, coma con los gentiles; pero en cuanto aqullos llegaron, se retraa y apartaba, por miedo a los de la circuncisin."
 Y consintieron con l en la misma simulacin los otros judos, tanto, que hasta Bernab se dej arrastrar a su simulacin.
 Pero cuando yo vi que no caminaban rectamente segn la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante de todos: Si t, siendo judo, vives como gentil y no como judo, por qu obligas a los gentiles a judaizar?
 Nosotros somos judos de nacimiento, no pecadores procedentes de la gentilidad;"
 y sabiendo que no se justifica el hombre por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos credo tambin en Cristo Jess, esperando ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley, pues por las obras de la Ley nadie se justifica.
 Mas si, buscando ser justificados por Cristo, somos an tenidos por pecadores, ser que Cristo es ministro de pecado? De ninguna manera.
 Porque si vuelvo a edificar lo que haba destruido, a m mismo me doy por trans-gresor.
 En efecto, yo por la Ley he muerto a la Ley, por vivir para Dios; estoy crucificado con Cristo,"
 y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en m. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me am y se entreg por m.
 No desecho el don de Dios; pues si por la Ley se obtiene la justicia, en vano muri Cristo."
 Oh insensatos glatas! Quin os fascin a vosotros, ante cuyos ojos fue presentado Jesucristo clavado en cruz?
 Esto slo quiero saber de vosotros: Habis recibido el Espritu por virtud de las obras de la Ley o por virtud de la predicacin de la fe? Tan insensatos sois?
 Habiendo comenzado por el Espritu, ahora acabis por la carne?
 Tantos dones habris recibido en vano? S que sera en vano.
 El que os da el Espritu y obra milagros entre vosotros, lo hace por las obras de la Ley o por la predicacin de la fe?
 As crey Abraham a Dios y le fue computado a justicia.
 Entended, pues, que los nacidos de la fe, sos son los hijos de Abraham;"
 pues previendo la Escritura que por la fe justificara Dios a los gentiles, anunci de antemano a Abraham: En ti sern bendecidas todas las gentes.
 As que los que nacen de la fe son benditos con el fiel Abraham.
 Pero cuantos confan en las obras de la Ley se hallan bajo la maldicin, porque escrito est: Maldito todo el que no se mantiene en cuanto est escrito en el libro de la Ley, cumplindolo,
 Y que por la Ley nadie se justifica ante Dios, es manifiesto, porque el justo vive de la fe.
 Y la Ley no se funda en la fe, sino que el que cumple sus preceptos, vivir por ellos.
 Cristo nos redimi de la maldicin de la Ley hacindose por nosotros maldicin, pues escrito est: Maldito todo el que es colgado del madero,
 para que la bendicin de Abraham se extendiese sobre los gentiles en Jesucristo y por la fe recibamos la promesa del Espritu.
 Voy a hablaros, hermanos, a lo humano. Un testamento, con ser de hombre, nadie lo anula, nadie le aade nada.
 Pues a Abraham y a su descendencia fueron hechas las promesas. No dice a sus descendencias como de muchas, sino de una sola: Y tu descendencia, que es Cristo.
 Y digo yo: El testamento otorgado por Dios no puede ser anulado por la Ley que vino cuatrocientos treinta aos despus e invalidar as la promesa.
 Pues si la herencia es por la Ley, ya no es por la promesa. Y, sin embargo, a Abraham le otorg Dios la donacin por la promesa.
 Por qu, pues, la Ley? Fue dada en razn de las transgresiones, promulgada por ngeles, por mano de un mediador, hasta que viniese la descendencia, a quien la promesa haba sido hecha.
 Ahora bien, el mediador no es una persona sola, y Dios es uno solo.
 Luego la Ley est contra las promesas de Dios? Nada de eso. Si hubiera sido dada una Ley capaz de vivificar, realmente, la justicia vendra de la Ley;"
 pero la Escritura lo encerr todo bajo el pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe en Jesucristo.
 Y as, antes de venir la fe, estbamos encarcelados bajo la Ley, en espera de la fe que haba de revelarse.
 De suerte que la Ley fue nuestro pedagogo para llevarnos a Cristo, para que furamos justificados por la fe.
 Pero, llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo.
 Todos, pues, sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jess.
 Porque cuantos en Cristo habis sido bautizados, os habis revestido de Cristo.
 No hay ya judo o griego, no hay siervo o libre, no hay varn o hembra, porque todos sois uno en Cristo Jess.
 Y si todos sois de Cristo, luego sois descendencia de Abraham, herederos segn la promesa.
 Digo yo, pues: Mientras el heredero es menor, siendo el dueo de todo, no difiere del siervo,
 sino que est bajo tutores y curadores hasta la fecha sealada por el padre.
 De igual modo nosotros: mientras fuimos nios vivamos en servidumbre bajo los elementos del mundo;"
 mas, al llegar la plenitud de los tiempos, envi Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley,
 para redimir a los que estaban bajo la Ley, para que recibisemos la adopcin filial.
 Y por ser hijos, envi Dios a nuestros corazones el Espritu de su Hijo, que grita: Abba, Padre!
 De manera que ya no eres siervo, sino hijo, y si hijo, heredero por voluntad de Dios.
 En otro tiempo no conocais a Dios, y servsteis a los que no son realmente dioses.
 Ahora que habis conocido a Dios, o mejor, habis sido de Dios conocidos, cmo de nuevo os volvis a los flacos y pobres elementos, a los cuales de nuevo queris servir?
 Observis los das, los meses, las estaciones y los aos,
 Temo que hagis vanos tantos afanes como entre vosotros pas.
 Hermanos, os suplico que os hagis corno yo, pues que yo me hice como vosotros. En nada me habis herido.
 Bien sabis que a causa de una enfermedad corporal os anunci el Evangelio por primera vez,
 y puestos a prueba por mi enfermedad, no me desdeasteis ni me despreciasteis, antes me recibisteis como a un ngel de Dios, como a Cristo Jess.
 Dnde est ahora aquel vuestro afecto? Pues yo mismo testifico que, de haberos sido posible, los ojos mismos os hubierais arrancado para drmelos.
 Me he hecho, pues, enemigo vuestro con deciros la verdad?
 Os cortejan no para bien; lo que pretenden es apartaros de m, para que luego vosotros los cortejis a ellos."
 Sin embargo, bien est ser querido para el bien siempre, y no slo cuando estoy entre vosotros.
 Hijos mos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros!
 Querra hallarme a esta hora entre vosotros y hablaros en varios modos, porque no s cmo voy a hacer con vosotros.
 Decidme, los que queris someteros a la Ley, no habis odo la Ley?
 Porque est escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la sierva y otro de la libre.
 Pero el de la sierva naci segn la carne; el de la libre, en virtud de la promesa."
 Lo cual tiene un sentido alegrico. Esas dos mujeres representan dos alianzas: la una, que procede del monte Sina, engendra para la servidumbre. Esta es Agar.
 El monte Sina se halla en Arabia y corresponde a la Jerusaln actual, que es, en efecto, esclava con sus hijos.
 Pero la Jerusaln de arriba es libre, sa es nuestra madre;"
 pues est escrito: Algrate, estril que no pares; prorrumpe en gritos, t que no conoces los dolores del parto, que ms sern los hijos de la abandonada que los hijos de la que tiene marido.
 Y vosotros, hermanos, sois hijos de la promesa, a la manera de Isac.
 Mas as como entonces el nacido segn la carne persegua al nacido segn el espritu, as tambin ahora.
 Pero qu dice la Escritura?: Echa a la sierva y a su hijo, que no ser heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre.
 En fin, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la Ubre.
 Para que gocemos de libertad, Cristo nos ha hecho libres; manteneos, pues, firmes y no os sujetis de nuevo al yugo de la servidumbre."
 Ved que es Pablo quien os lo dice: Si os circuncidis, Cristo no os aprovechar de nada.
 De nuevo declaro a cuantos se circuncidan que se obligan a cumplir toda la Ley.
 Os desligis de Cristo los que buscis la justicia en la Ley; os separis de la gracia."
 Mientras que nosotros con seguridad esperamos de la fe, por el Espritu, los bienes de la justicia.
 Pues en Cristo Jess ni vale la circuncisin ni vale el prepucio, sino la fe que acta por la caridad.
 Corrais bien: quin os ha impedido obedecer a la verdad?
 Esa sugestin no procede de quien os llam.
 Un poco de levadura hace fermentar toda la masa.
 Yo confo de vosotros en el Seor que no sentiris de otro modo. El que os perturba llevar su castigo, quienquiera que sea.
 Pero yo, hermanos, si an predicara la circuncisin, por qu soy an perseguido? Luego se acab el escndalo de la cruz!
 Ojal se castraran del todo los que os perturban!
 Vosotros, hermanos, habis sido llamados a la libertad; pero cuidado con tomar la libertad por pretexto para servir a la carne, antes servios unos a otros por la caridad."
 Porque toda la Ley se resume en este solo precepto: Amars a tu prjimo como a ti mismo.
 Pero si mutuamente os mordis y os devoris, mirad que acabaris por consumiros unos a otros.
 Os digo, pues: Andad en espritu y no deis satisfaccin a la concupiscencia de la carne.
 Porque la carne tiene tendencias contrarias a las del espritu, y el espritu tendencias contrarias a las de la carne, pues uno y otro se oponen de manera que no hagis lo que queris.
 Pero si os guiis por el Espritu, no estis bajo la Ley.
 Ahora bien, las obras de la carne son manifiestas, a saber: fornicacin, impureza, lascivia,
 idolatra, hechicera, odios, discordias, celos, iras, ambiciones, disensiones, facciones,
 envidias, embriagueces, orgas y otras como stas, de las cuales os prevengo, como antes lo hice, que quienes tales cosas hacen no heredern el reino de Dios.
 Los frutos del Espritu son: caridad, gozo, paz, longanimidad, afabilidad, bondad, fe,
 mansedumbre, templanza. Contra stos no hay Ley.
 Los que son de Cristo Jess han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias.
 Si vivimos del Espritu, andemos tambin segn el Espritu.
 No seamos codiciosos de la gloria vana provocndonos y envidindonos unos a otros.
 Hermanos, si alguno fuere hallado en falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espritu de mansedumbre, cuidando de ti mismo, no seas tambin tentado.
 Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas, y as cumpliris la ley de Cristo.
 Porque si alguno se imagina ser algo, no siendo nada, a s mismo se engaa.
 Que cada uno examine sus obras, y entonces encontrar en s solo, y no en los otros, el motivo de gloriarse;"
 pues cada uno tiene que llevar su propia carga.
 El catecmeno comunique todos sus bienes con el que le catequiza.
 No os engais; de Dios nadie se burla. Lo que el hombre sembrare, eso cosechar."
 Quien sembrare en su carne, de la carne cosechar la corrupcin; pero quien siembre en el Espritu, del Espritu cosechar la vida eterna."
 No nos cansemos de hacer el bien, que a su tiempo cosecharemos si no desfallecemos.
 Por consiguiente, mientras hay tiempo, hagamos bien a todos, pero especialmente a los hermanos en la fe.
 Ved con qu grandes letras os escribo de mi propia mano.
 Los que quieren gloriarse en la carne, sos os fuerzan a circuncidaros, slo para no ser perseguidos por la cruz de Cristo.
 Ni los mismos circuncidados guardan la Ley, pero quieren que vosotros os circuncidis para gloriarse en vuestra carne.
 Cuanto a m, no quiera Dios que me glore sino en la cruz de nuestro Seor Jesucristo, por quien el mundo est crucificado para m y yo para el mundo;"
 que ni la circuncisin es nada ni el prepucio, sino la nueva criatura.
 La paz y la misericordia sern sobre cuantos se ajusten a esta regla y sobre el Israel de Dios.
 Por lo dems, que nadie me moleste, que llevo en mi cuerpo las seales de Jess
 La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea, hermanos, con vuestro espritu. Amn.
 Pablo, apstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles de Jesucristo en Efeso:
 sean con vosotros la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Seor Jesucristo.
 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendicin espiritual en los cielos;"
 por cuanto que en El nos eligi antes de la constitucin del mundo, para que fusemos santos e inmaculados ante El en amor,
 predestinndonos a la adopcin de hijos suyos por Jesucristo, conforme al beneplcito de su voluntad,
 para alabanza de la gloria de su gracia, por la que nos ha hecho gratos en su Amado,
 en quien tenemos la redencin por la virtud de su sangre, la remisin de los pecados, segn las riquezas de su gracia,
 que superabundante mente derram sobre nosotros en toda sabidura y prudencia, dndonos
 a conocer el misterio de su voluntad, conforme a su benvolo designio, que se haba propuesto,
 para realizarlo en la plenitud de los tiempos, de recapitular en Cristo todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra.
 En El, en quien hemos sido hechos herederos, predestinados, segn el propsito de aquel que hace todas las cosas conforme al consejo de su voluntad,
 a fin de que seamos para alabanza de su gloria nosotros los que ya antes habamos esperado en Cristo;"
 en el cual tambin vosotros, que escuchasteis la palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salud, en el que habis credo, fuisteis sellados con el sello del Espritu Santo prometido,
 que es arras de nuestra herencia, para la redencin de su adquisicin, para alabanza de su gloria.
 Por lo cual, yo tambin, conocedor de vuestra fe en el Seor Jess y de vuestra caridad para con todos los santos,
 no ceso de dar gracias por vosotros y de hacer de vosotros memoria en mis oraciones,
 para que el Dios de nuestro Seor Jesucristo y Padre de la gloria os conceda espritu de sabidura y de revelacin en el conocimiento de El,
 iluminando los ojos de vuestro corazn. Con esto entenderis cul es la esperanza a que os ha llamado, cules las riquezas y la gloria de la herencia otorgada a los santos,
 y cul la excelsa grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, segn la fuerza de su poderosa virtud,
 que El ejerci en Cristo, resucitndole de entre los muertos y sentndole a su diestra en los cielos,
 por encima de todo principado, potestad, virtud y dominacin y de todo cuanto tiene nombre, no slo en este siglo, sino tambin en el venidero*
 A El sujet todas las cosas bajo sus pies y le puso por encima de todo cabeza de la Iglesia,
 que es su cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todos,
 Y vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados,
 en los que en otro tiempo habis vivido, siguiendo el espritu de este mundo, bajo el prncipe de las potestades areas, el espritu que acta en los hijos rebeldes;"
 entre los cuales todos nosotros fuimos tambin contados en otro tiempo y seguimos los deseos de nuestra carne, cumpliendo la voluntad de ella y sus depravados deseos, siendo por naturaleza hijos de ira, como los dems;"
 pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos am,
 y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida con Cristo  de gracia habis sido salvados  ,
 y con El nos resucit y nos sent en los cielos en Cristo Jess,
 a fin de mostrar en los siglos venideros la excelsa riqueza de su gracia, por su bondad hacia nosotros en Cristo Jess.
 Pues de gracia habis sido salvados por la fe, y esto no os viene de vosotros, es don de Dios;"
 no viene de las obras, para que nadie se glore;"
 que hechura suya somos, creados en Cristo Jess, para hacer buenas obras, que Dios de antemano prepar para que en ellas anduvisemos.
 Por lo cual, acordaos de que un tiempo vosotros, gentiles segn la carne, llamados incircuncisin por la llamada circuncisin, que se hace en la carne,
 estuvisteis entonces sin Cristo, excluidos de la ciudadana de Israel, extraos a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo;"
 mientras que ahora, por Cristo Jess, los que un tiempo estabais lejos, habis sido acercados por la sangre de Cristo,
 pues El es nuestra paz, que hizo de los dos pueblos uno, derribando el muro de separacin, la enemistad,
 anulando en su carne la Ley de los mandamientos formulada en decretos, para hacer en s mismo de los dos un solo hombre nuevo, y estableciendo la paz,
 y reconcilindolos a ambos en un solo cuerpo con Dios por la cruz, dando muerte en s mismo a la enemistad.
 Y viniendo, nos anunci la paz a los de lejos y la paz a los de cerca,
 pues por El tenemos los unos y los otros el poder de acercarnos al Padre en un mismo Espritu.
 Por tanto, ya no sois extranjeros y huspedes, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios,
 edificados sobre el fundamento de los apstoles y de los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jess,
 en quien bien trabada se alza toda la edificacin para templo santo en el Seor,
 en quien vosotros tambin sois edificados para morada de Dios en el Espritu.
 Por esto yo, Pablo, el prisionero de Cristo Jess por amor de vosotros los gentiles.,
 puesto que habis odo la dispensacin de la gracia de Dios a m conferida en beneficio vuestro,
 cuando por revelacin me fue dado a conocer el misterio que brevemente arriba os dejo expuesto.
 Por su lectura podis conocer mi inteligencia del misterio de Cristo, que
 no fue dado a conocer a las generaciones pasadas, a los hijos de los hombres, como ahora ha sido revelado a sus santos apstoles y profetas por el Espritu:
 Que son los gentiles coherederos y miembros todos de un mismo cuerpo, copartcipes de las promesas en Cristo Jess mediante el Evangelio,
 cuyo ministro fui hecho yo por don de la gracia de Dios a m otorgada por la accin de su poder.
 A m, el menor de todos los santos, me fue otorgada esta gracia de anunciar a los gentiles la incalculable riqueza de Cristo,
 y darles luz acerca de la dispensacin del misterio oculto desde los siglos en Dios, creador de todas las cosas,
 para que la multiforme sabidura de Dios sea ahora notificada por medio de la Iglesia a los principados y potestades en los cielos,
 conforme al plan eterno que El ha realizado en Cristo Jess, nuestro Seor,
 en quien tenemos la franca seguridad de acercarnos a El confiadamente por la fe,
 Por lo cual os pido que no desmayis a causa de mis tribulaciones por vosotros, pues ellas son vuestra gloria.
 Por esto yo doblo mis rodillas ante el Padre,
 de quien toma su nombre toda familia en los cielos y sobre la tierra,
 para que, segn los ricos tesoros de su gloria, os conceda ser poderosamente fortalecidos en el hombre interior por su Espritu,
 que habite Cristo por la fe en vuestros corazones y, arraigados y fundados en la caridad,
 podis comprender en unin con todos los santos cul es la anchura, la longura, la altura y la profundidad,
 y conocer la caridad de Cristo, que supera toda ciencia, para que seis llenos en orden a toda la plenitud de Dios.
 Al que es poderoso para hacer que copiosamente abundemos ms de lo que pedimos o pensamos, en virtud del poder que acta en nosotros,
 a El sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jess, en todas las generaciones, por los siglos de los siglos.
 As, pues, os exhorto yo, el prisionero en el Seor, a andar de una manera digna de la vocacin con que fuisteis llamados,
 con toda humildad, mansedumbre y longanimidad, soportndoos los unos a los otros con caridad,
 solcitos de conservar la unidad del espritu mediante el vnculo de la paz.
 Slo hay un Cuerpo y un Espritu, como tambin una sola esperanza, la de vuestra vocacin.
 Slo un Seor, una fe, un bautismo,
 un Dios y Padre de todos, que est sobre todos, por todos y en todos.
 A cada uno de nosotros ha sido dada la gracia en la medida del don de Cristo.
 Por lo cual dice: Subiendo a las alturas, llev cautiva la cautividad, reparti dones a los hombres.
 Eso de subir, qu significa sino que primero baj a las partes inferiores de la tierra?
 El mismo que baj es el que subi sobre todos los cielos para llenarlo todo;"
 y El constituy a los unos apstoles, a los otros profetas, a stos evangelistas, a aqullos pastores y doctores,
 para la habilitacin de los santos en orden a la obra del ministerio, para la edificacin del cuerpo de Cristo,
 hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a la madurez del varn perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo,
 para que ya no seamos nios, que fluctan y se dejan llevar de todo viento de doctrina a capricho de los engaos de los hombres y de las astutas maquinaciones del error,
 sino que, al contrario, viviendo segn la verdad y en caridad, crezcamos en todos sentidos hacia aquel que es la cabeza, Cristo,
 de quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos de suministracin, segn la actividad correspondiente a cada miembro, va obrando su propio crecimiento en orden a su edificacin en la caridad.
 Os digo, pues, y os exhorto en el Seor a que no vivis ya como viven los gentiles, en la vanidad de sus pensamientos,
 oscurecida su razn, ajenos a la vida de Dios por su ignorancia y la ceguera de su corazn.
 Embrutecidos, se entregaron a la lascivia, derramndose vidamente con todo gnero de impureza.
 No es esto lo que vosotros habis aprendido de Cristo,
 si es que le habis odo y habis sido instruidos conforme a la verdad que est en Jess.
 Dejando, pues, vuestra antigua conversacin, despojaos del hombre viejo, que se va corrompiendo detrs de las pasiones engaosas,
 renovndoos en el espritu de vuestra mente
 y revistindoos del hombre nuevo, creado segn Dios en justicia y santidad verdaderas.
 Por lo cual, despojndoos de la mentira, hable cada uno verdad con su prjimo, pues que todos somos miembros unos de otros.
 Si os enojis, no pequis; ni se ponga el sol sobre vuestra iracundia."
 No deis entrada al diablo.
 El que robaba, ya no robe; antes bien, afnese trabajando con sus manos en algo de provecho de que poder dar al que tiene necesidad."
 No salga de vuestra boca palabra spera, sino palabras buenas y oportunas para edificacin, a fin de ser gratos a los oyentes.
 Guardaos de entristecer al Espritu Santo de Dios, en el cual habis sido sellados para el da de la redencin.
 Alejad de vosotros toda amargura, arrebato, clera, indignacin, blasfemia y toda malignidad.
 Sed ms bien unos para otros bondadosos, compasivos, y perdonaos los unos a los otros, como Dios os ha perdonado en Cristo.
 Sed, en fin, imitadores de Dios, como hijos amados,
 y vivid en caridad, como Cristo nos am y se entreg por nosotros en oblacin y sacrificio a Dios en olor suave.
 Cuanto a la fornicacin y cualquier gnero de impureza o avaricia, que ni se nombren entre vosotros, como conviene a santos:
 ni palabras torpes, ni groseras, ni truhaneras, que desdicen de vosotros, sino ms bien accin de gracias.
 Pues habis de saber que ningn fornicario, o impuro, o avaro, que es como adorador de dolos, tendr parte en la heredad del reino de Cristo y de Dios.
 Que nadie os engae con razonamientos vanos, pues por esto viene la clera de Dios sobre los hijos de la rebelda.
 No tengis parte con ellos.
 Fuisteis algn tiempo tinieblas, pero ahora sois luz en el Seor; andad, pues, como hijos de la luz."
 El fruto de la luz es todo bondad, justicia y verdad.
 Buscad lo que es grato al Seor,
 sin comunicar en las obras vanas de las tinieblas, antes bien, estigmatizadlas;"
 pues lo que stos hacen en secreto repugna decirlo;"
 y todas estas torpezas, una vez manifestadas por la luz, quedan al descubierto, y todo lo descubierto, luz es.
 Por lo cual dice: Despierta t que duermes, y levntate de entre los muertos, y te iluminar Cristo.
 Mirad, pues, que vivis circunspectamente, no como necios, sino como sabios,
 aprovechando bien el tiempo, porque los das son malos.
 Por esto, no seis insensatos, sino entendidos de cul es la voluntad del Seor.
 Y no os embriaguis de vino, en el cual est la liviandad. Llenaos, al contrario, del Espritu,
 siempre en salmos, himnos y cnticos espirituales, cantando y salmodiando al Seor en vuestros corazones,
 dando siempre gracias por todas las cosas a Dios Padre, en nombre de nuestro Seor Jesucristo.
 Someteos los unos a los otros en el temor de Cristo.
 Las casadas estn sujetas a sus maridos como al Seor;"
 porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia y salvador de su cuerpo.
 Y como la Iglesia est sujeta a Cristo, as las mujeres a sus maridos en todo.
 Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo am a la Iglesia y se entreg por ella
 para santificarla, purificndola mediante el lavado del agua con la palabra,
 a fin de presentrsela a s gloriosa, sin mancha o arruga o cosa semejante, sino santa e intachable.
 As los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a s mismo se ama,
 y nadie aborrece jams su propia carne, sino que la alimenta y la abriga como Cristo a la Iglesia,
 porque somos miembros de su cuerpo.
 Por esto dejar el hombre a su padre y a su madre y se unir a su mujer, y sern dos en una carne.
 Gran misterio ste, pero en la perspectiva de Cristo y de la Iglesia.
 Por lo dems, ame cada uno a su mujer, y mela como a s mismo, y la mujer reverencie a su marido.
 Hijos, obedeced a vuestros padres en el Seor, porque esto es justo.
 Honra a tu padre y a tu madre, como dice el primer mandamiento seguido de promesa:
 para que te vaya bien y tengas larga vida sobre la tierra.
 Y vosotros, padres, no exasperis a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y en la enseanza del Seor.
 Siervos, obedeced a vuestros amos segn la carne, como a Cristo, con temor y temblor, en la sencillez de vuestro corazn;"
 no sirviendo al ojo, como buscando agradar al hombre, sino como siervos de Cristo, que cumplen de corazn la voluntad de Dios;"
 sirviendo con buena voluntad, como quien sirve al Seor y no a hombre;"
 considerando que a cada uno le retribuir el Seor lo bueno que hiciere, tanto si es siervo como si es libre.
 Y vosotros, amos, haced lo mismo con ellos, dejndoos de amenazas, considerando que en los cielos est su Seor y el vuestro y que no hay en El acepcin de personas.
 Por lo dems, confortaos en el Seor y en la fuerza de su poder;"
 revestios de toda la armadura de Dios para que podis resistir a las insidias del diablo,
 que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espritus del mal, que habitan en los espacios celestes.
 Tomad, pues, la armadura de Dios, para que podis resistir en el da malo y, vencido todo, os mantengis firmes.
 Estad, pues, alerta, ceidos vuestros lomos con la verdad, revestida la coraza de la justicia,
 y calzados los pies, prontos para anunciar el Evangelio de la paz.
 Abrazad en todo momento el escudo de la fe, conque podis hacer intiles los encendidos dardos del maligno.
 Tomad el yelmo de la salud y la espada del Espritu, que es la palabra de Dios,
 con toda suerte de oraciones y plegarias, orando en todo tiempo con fervor y siempre en continuas splicas por todos los santos
 y por m, a fin de que, cuando hable, me sean dadas palabras con que dar a conocer con valenta el misterio del Evangelio,
 del que soy embajador encadenado para anunciarlo valientemente y hablar de l como conviene hablar.
 Y para que sepis tambin vosotros lo que a m se refiere y qu hago, os lo dar a saber Tquico, hermano amado y fiel ministro en el Seor,
 que os envo para que sepis de nosotros y consuele vuestros corazones.
 Paz a los hermanos y caridad con fe, de parte de Dios Padre y del Seor Jesucristo.
 La gracia sea con todos los que aman a nuestro Seor Jesucristo en incorrupcin.
 Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jess que estn en Filipos con los obispos y diconos:
 la gracia y la paz con vosotros de parte de Dios, nuestro Padre, y del Seor Jesucristo.
 Siempre que me acuerdo de vosotros doy gracias a mi Dios;"
 siempre, en todas mis oraciones, pidiendo con gozo por vosotros,
 a causa de vuestra comunin en el Evangelio, desde el primer da hasta ahora.
 Cierto de que el que comenz en vosotros la buena obra la llevar a cabo hasta el da de Cristo Jess.
 As es justo que sienta de todos vosotros, pues os llevo en el corazn; y tanto en mis prisiones corno en la defensa y confirmacin del Evangelio, sois todos participantes de mi gracia."
 Testigo me es Dios de cunto os amo a todos en las entraas de Cristo Jess.
 Y por esto ruego que vuestra caridad crezca ms y ms en conocimiento y en toda discrecin,
 para que sepis discernir lo mejor y seis puros e irreprensibles para el da de Cristo,
 llenos de frutos de justicia por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
 Y quiero que sepis, hermanos, que mi situacin ha contribuido al progreso del Evangelio,
 de manera que en todo el pretorio y a todos los dems se ha hecho patente cmo llevo mis cadenas por Cristo,
 y la mayor parte de los hermanos, alentados en el Seor por mis cadenas, sienten ms nimos para hablar sin temor la palabra de Dios.
 Verdad es que algunos predican a Cristo por espritu de envidia y competencia; otros lo hacen con buena intencin."
 Estos por caridad, sabiendo que estoy puesto para la defensa del Evangelio;"
 aqullos por competencia predican a Cristo, no con santa intencin, pensando aadir tribulacin a mis cadenas.
 Pero qu importa? De cualquier manera, sea hipcrita, sea sinceramente que Cristo sea anunciado, yo me alegro de ello y me alegrar.
 Porque s que esto redundar en ventaja ma por vuestras oraciones y por la donacin del Espritu de Jesucristo, segn mi constante esperanza de que en nada quedar confundido;"
 antes con entera libertad, como siempre, tambin ahora, Cristo ser glorificado en mi cuerpo, o por vida, o por muerte.
 Porque para m el vivir es Cristo, y el morir, ganancia.
 Y aunque el vivir en la carne es para m fruto de apostolado, todava no s qu elegir.
 Por ambas partes me siento apretado; pues de un lado deseo morir para estar con Cristo, que es mucho mejor;"
 por otro, quisiera permanecer en la carne, que es ms necesario para vosotros.
 Por el momento estoy firmemente persuadido de que quedar y permanecer con vosotros para vuestro provecho y gozo en la fe,
 a fin de que tengis en m mayor motivo de gloriaros en Cristo Jess con mi segunda ida a vosotros.
 Slo os ruego que os comportis dignamente como ciudadanos del Evangelio de Cristo, para que, sea que yo vaya y os vea, sea que me quede ausente, oiga de vosotros que os mantenis firmes en un mismo espritu, luchando a una por la fe del Evangelio,
 sin aterraros por nada ante vuestros enemigos, lo que es para ellos una seal de perdicin, mas para vosotros seal de salud, y esto de parte de Dios.
 Porque os ha sido otorgado no slo creer en Cristo, sino tambin padecer por El,
 sosteniendo el mismo combate que habis visto en m y ahora os de m.
 Si hay, pues, alguna consolacin en Cristo, si algn refrigerio de amor, si alguna comunin de espritu, si alguna ternura y misericordia,
 haced cumplido mi gozo, teniendo todos el mismo pensar, la misma caridad, el mismo nimo, el mismo sentir.
 No hagis nada por espritu de competencia, nada por vanagloria; antes, llevados de la humildad, teneos unos a otros por superiores,"
 no atendiendo cada uno a su propio inters, sino al de los otros.
 Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jess,
 quien, existiendo en la forma de Dios, no reput codiciable tesoro mantenerse al igual con Dios, sino que se anonad, tomando la forma de siervo y hacindose semejante a los hombres; y en la condicin de hombre"
 -- omitido por parfrasis --
 se humill, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
 Por lo cual Dios le exalt y le otorg el nombre que est sobre todo nombre,
 para que al nombre de Jess doble la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos,
 y toda lengua confiese que Jesucristo es Seor, para gloria de Dios Padre.
 As, pues, amados mos, como siempre habis obedecido, no slo cuando estaba presente, sino mucho ms ahora que estoy ausente, con temor y temblor trabajad por vuestra salud.
 Pues Dios es el que obra en vosotros el querer y el obrar segn su beneplcito.
 Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones,
 a fin de que seis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de esta generacin mala y perversa, entre la cual aparecis como antorchas en el mundo,
 llevando en alto la palabra de vida, que en el da de Cristo ser para gloria ma no haber corrido en vano ni haberme en vano afanado.
 Y aunque tuviera que libarme sobre el sacrificio y el servicio de vuestra fe, me alegrara y me congratulara con todos vosotros.
 Alegraos, pues, tambin vosotros de esto mismo, y congratulaos conmigo.
 Espero en el Seor Jess poder enviaros pronto a Timoteo, a fin de que yo tambin cobre nimo conociendo vuestra situacin.
 Porque a ningn otro tengo tan unido a m que sinceramente se preocupe de vuestras cosas,
 pues todos buscan sus intereses, no los de Jesucristo.
 Vosotros conocis su probada fidelidad y que, como un hijo a su padre, me sirvi en el Evangelio.
 A ste espero enviaros en seguida que sepa el resultado de mi causa,
 y confo en el Seor que yo mismo podr ir pronto.
 Entre tanto, he credo necesario enviaros a Epafrodito, nuestro hermano, cooperador y camarada mo, vuestro enviado y ministro en mis necesidades,
 puesto que est suspirando por todos vosotros, y est angustiado, porque sabe que ha llegado a noticia vuestra que estuvo enfermo.
 Ciertamente que estuvo a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de l, y no slo de l, sino tambin de m, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza."
 As, pues, le envo ms prestamente, para que, vindole de nuevo, os alegris y yo quede ms tranquilo.
 Recibidle, pues, en el Seor con toda alegra y honrad a los que son como l,
 qUe por el servicio de Cristo estuvo a la muerte, habiendo puesto en peligro su vida, para suplir en mi servicio vuestra ausencia.
 Por lo dems, hermanos mos, alegraos en el Seor. Escribiros siempre lo mismo no es molesto para m, y es para vosotros saludable.
 Ojo a los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de la mutilacin.
 Porque la circuncisin somos nosotros, los que servimos en el Espritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jess y no ponemos nuestra confianza en la carne.
 Aunque yo podra confiar en la carne, y si hay algn otro que crea poder gloriarse en ella, yo ms todava.
 Circuncidado al octavo da, de la raza de Israel, de la tribu de Benjamn, hebreo nacido de hebreos, y, segn la Ley, fariseo,
 y por el celo de ella, perseguidor de la Iglesia; segn la justicia de la Ley, irreprensible."
 Pero cuanto tuve por ventaja, lo reputo dao por amor de Cristo,
 y aun todo lo tengo por dao, a causa del sublime conocimiento de Cristo Jess, mi Seor, por cuyo amor todo lo sacrifiqu y lo tengo por estircol, con tal de gozar a Cristo
 y ser hallado en El no en posesin de mi justicia de la Ley, sino de la justicia que nos viene por la fe de Jesucristo y que procede de Dios por la fe;"
 para conocerle a El y el poder de su resurreccin y la participacin en sus padecimientos, conformndome a El en la muerte,
 por si logro alcanzar la resurreccin de los muertos.
 No es que la haya alcanzado ya, es decir, que haya logrado la perfeccin, sino que la sigo por si le doy alcance, por cuanto yo mismo fui alcanzado por Cristo Jess.
 Hermanos, yo no creo haberla an alcanzado; pero dando al olvido lo que ya queda atrs, me lanzo en persecucin de lo que tengo delante;"
 corro hacia la meta, hacia el galardn de la soberana vocacin de Dios en Cristo Jess.
 Y cuantos somos perfectos, esto mismo sintamos; y si en algo sents de otra manera, Dios os har ver eso que os digo."
 De cualquier modo, adonde hayamos llegado, sigamos adelante por los mismos pasos.
 Sed, hermanos, imitadores mos, y atended a los que andan segn el modelo que en nosotros tenis.
 Porque son muchos los que andan, de quienes frecuentemente os dije, y ahora con lgrimas os lo digo, que son enemigos de la cruz de Cristo.
 El trmino de sos ser la perdicin, su Dios es el vientre, y sa gloria en su vergenza, que tienen el corazn puesto en las cosas terrenas.
 Porque nuestra ciudadana est en los cielos, de donde esperamos al Salvador y Seor Jesucristo,
 que transformar nuestro cuerpo miserable, conforme a su cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene para someter a s todas las cosas.
 As que, hermanos mos amadsimos y muy deseados, mi alegra y m1 Corona, perseverad firmes en el Seor, carsimos
 Ruego a Evodia y a Sntique tener los mismos sentimientos en el Seor.
 Y a ti tambin, fiel compaero, te ruego que ayudes a esas que han luchado mucho por el Evangelio, conmigo y con Clemente y con los dems colaboradores mos, cuyos nombres estn en el libro de la vida.
 Alegraos siempre en el Seor; de nuevo os digo, alegraos."
 Vuestra benevolencia sea notoria a todos los hombres. El Seor est prximo.
 Por nada os inquietis, sino que en todo tiempo, en la oracin y en la plegaria, sean presentadas a Dios vuestras peticiones, acompaadas de accin de gracias.
 Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jess.
 Por lo dems, hermanos, atended a cuanto hay de verdadero, de honorable, de justo, de puro, de amable, de laudable, de virtuoso, de digno de alabanza; a esto estad atentos,"
 y practicad lo que habis aprendido y recibido y habis odo y visto en m, y el Dios de la paz ser con vosotros.
 Grande fue mi gozo en el Seor desde que vi que habis reavivado vuestro afecto por m.
 En verdad sentais afecto, pero no tenais oportunidad de manifestarlo. Y no es por mi necesidad por lo que os digo esto, pues s muy bien contentarme con lo que tengo.
 S pasar necesidad y s vivir en la abundancia; a todo y por todo estoy bien enseado, a la tortura y al hambre, a abundar y a carecer."
 Todo lo puedo en aquel que me conforta.
 Sin embargo, habis hecho bien tomando parte en mis tribulaciones.
 Bien sabis vosotros, filipenses, que, al comienzo del Evangelio, cuando part de Macedonia, con ninguna iglesia tuve cuenta de dado y recibido, sino con vosotros.
 Porque estando en Tesalnica. ms de una vez me enviasteis con qu atender a mi necesidad
 No es que yo busque ddivas, sino que busco fruto que produzca inters en vuestra cuenta.
 Tengo ya de todo, vivo en abundancia y estoy al colmo despus que recib de Epafrodito lo que de vosotros me trajo, olor de suavidad, hostia acepta a Dios.
 Mi Dios colmar todas vuestras necesidades, segn sus riquezas en gloria, en Cristo Jess.
 A Dios y Padre nuestro, gloria por los siglos de los siglos. Amn.
 Saludad a todos los santos en Cristo Jess. Os saludan los hermanos que estn conmigo.
 Os saludan todos los santos, y principalmente los de la casa del Csar.
 La gracia del Seor Jesucristo sea con vuestro espritu.
 Pablo, apstol de Cristo Jess por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,
 a los santos y fieles, hermanos en Cristo, que moran en Colosas: la gracia y la paz con vosotros de parte de Dios, nuestro Padre.
 Incesantemente damos gracias a Dios, Padre de nuestro Seor Jesucristo, en nuestras oraciones por vosotros,
 pues hemos sabido de vuestra fe en Cristo Jess y de la caridad que tenis hacia todos los santos,
 en vista de la esperanza que os est reservada en los cielos, de la cual tuvisteis noticia por la palabra verdadera del Evangelio,
 que os lleg, y como en todo el mundo, tambin entre vosotros fructifica y crece desde el da en que osteis y conocisteis la gracia de Dios en su pureza,
 segn que la aprendisteis de Epafras, nuestro amado consiervo, que es por nosotros fiel ministro de Cristo,
 el cual nos ha dado a conocer vuestra caridad en el Espritu.
 Por esto, tambin desde el da en que tuvimos esta noticia, no cesamos de orar y pedir por vosotros; para que seis llenos del conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabidura e inteligencia espiritual,"
 y andis de una manera digna del Seor, procurando serle gratos en todo, dando frutos de toda obra buena y creciendo en el conocimiento de Dios,
 corroborados en toda virtud por el poder de su gloria, para el ejercicio alegre de la paciencia y de la longanimidad en todas las cosas,
 dando gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de participar de la herencia de los santos en el reino de la luz;"
 el cual nos libr del poder de las tinieblas y nos traslad al reino del Hijo de su amor,
 en quien tenemos la redencin y la remisin de los pecados.
 El es la imagen de Dios invisible, primognito de toda criatura;"
 porque en El fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por El y para El."
 El es antes que todo, y todo subsiste en l.
 El es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia; El es el principio, el primognito de los muertos, para que tenga la primaca en todas las cosas;"
 porque plugo a Dios que en El habitase toda la plenitud
 y por El reconciliar consigo, pacificando por la sangre de su cruz todas las cosas, as las de la tierra como las del cielo.
 Y a vosotros, que erais en otro tiempo extraos y enemigos de corazn por las malas obras,
 ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por su muerte, para presentaros santos e inmaculados e irreprensibles delante de El,
 si perseveris firmemente fundados e inconmovibles en la fe y no os apartis de la esperanza del Evangelio que habis odo, que ha sido predicado a toda criatura bajo los cielos, y cuyo ministro he sido constituido yo, Pablo.
 Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia.
 De ella soy yo ministro en virtud de la dispensacin divina a m confiada en beneficio vuestro, para llevar a cabo la predicacin de la palabra de Dios,
 el misterio escondido desde los siglos y desde las generaciones y ahora manifestado a sus santos,
 a quienes quiso Dios dar a conocer cul es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria.
 Al cual nosotros anunciamos, amonestando a todos los hombres e instruyndolos en toda sabidura, a fin de presentarlos a todos perfectos en Cristo,
 por lo cual me fatigo, luchando con la energa de su fuerza, que obra poderosamente en m.
 Pues quiero que sepis qu lucha sostengo por vosotros y por los de Laodicea y por cuantos no han visto mi rostro en carne,
 para que sean confortados sus corazones y, estrechamente unidos en la caridad, alcancen todas las riquezas de la plena inteligencia y conozcan el misterio de Dios, que es Cristo,
 en el que se hallan escondidos todos los tesoros de la sabidura y de la ciencia
 Esto os digo para que nadie os engae con argumentos capciosos;"
 pues aunque estoy ausente en la carne, en el espritu estoy en medio de vosotros, alegrndome de vuestro buen concierto y de la firmeza de vuestra fe en Cristo.
 Pues como habis recibido al Seor Cristo Jess, andad en El,
 arraigados y fundados en El, corroborados por la fe, segn la doctrina que habis recibido, abundando en accin de gracias.
 Mirad que nadie os engae con filosofas falaces y vanas, fundadas en tradiciones humanas, en los elementos del mundo y no en Cristo.
 Pues en El habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente,
 y estis llenos en El, que es la cabeza de todo principado y potestad.
 En El fuisteis circuncidados con una circuncisin no de mano de hombre, con la eliminacin del cuerpo carnal, con la circuncisin de Cristo.
 Con El fuisteis sepultados en el bautismo y en El asimismo fuisteis resucitados por la fe en el poder de Dios, que le resucit de entre los muertos.
 Y a vosotros, que muertos estabais por vuestros delitos y por el prepucio de vuestra carne, os vivific con El, perdonndoos todos vuestros delitos,
 borrando el acta de los decretos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitndola de en medio y clavndola en la cruz;"
 y despojando a los principados y a las potestades, los sac valientemente a la vergenza, triunfando de ellos en la cruz.
 Que ninguno, pues, os juzgue por la comida o la bebida, por las fiestas, los novilunios o los sbados,
 sombra de lo futuro, cuyo cuerpo es Cristo.
 Que nadie con afectada humildad o con el culto de los ngeles os prive del premio, haciendo alarde de visiones, hinchndose sin fundamento de su inteligencia carnal,
 y no asindose a la cabeza, por la cual el cuerpo entero, alimentado y trabado por las coyunturas y ligamentos, crece con crecimiento divino.
 Pues si con Cristo estis muertos a los elementos del mundo, por qu, como si vivieseis en el mundo, os dejis subyugar?
 No cojas, no gustes, no toques.
 Todos stos, no son preceptos y enseanzas humanas de cosas que con el uso se consumen?
 Son preceptos que implican cierta especie de sabidura, de afectada piedad, humildad y severidad con el cuerpo, pero sin valor alguno, si no es para satisfaccin de la carne.
 Si fuisteis, pues, resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde est Cristo sentado a la diestra de Dios;"
 pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
 Estis muertos, y vuestra vida est escondida con Cristo en Dios.
 Cuando se manifieste Cristo, vuestra vida, entonces tambin os manifestaris gloriosos con El.
 Mortificad, pues, vuestros miembros terrenos, la fornicacin, la impureza, la liviandad, la concupiscencia y la avaricia, que es una especie de idolatra,
 por las cuales viene la clera de Dios,
 y en las que tambin vosotros anduvisteis un tiempo, cuando vivais en ellos.
 Pero ahora deponed tambin todas estas cosas: ira, indignacin, maldad, maledicencia y torpe lenguaje.
 No os engais unos a otros; despojaos del nombre viejo con todas sus obras,"
 y vestios del nuevo, que sin cesar se renueva, para lograr el perfecto conocimiento, segn la imagen de su Creador,
 donde no hay griego ni judo, circuncisin ni incircuncisin, brbaro o escita, siervo o libre, porque Cristo lo es todo en todos.
 Vosotros, pues, como elegidos de Dios, santos amados, revestios de entraas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, longanimidad,
 soportndoos y perdonndoos mutuamente, siempre que alguno diere a otro motivo de queja. Como el Seor os perdon, as tambin perdonaos vosotros.
 Pero por encima de todo esto, vestios de la caridad, que es vnculo de la perfeccin.
 Y la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habis sido llamados en un solo cuerpo. Sed agradecidos.
 La palabra de Cristo habite en vosotros abundantemente, ensendoos y exhortndoos unos a otros con toda sabidura, con salmos, himnos y cnticos espirituales, cantando y dando gracias a Dios en vuestros corazones.
 Y todo cuanto hacis de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Seor Jess, dando gracias a Dios Padre por El.
 Las mujeres estn sometidas a los maridos, como conviene en el Seor.
 Y vosotros, maridos, amad a vuestras mujeres y no seis duros con ellas.
 Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que esto es grato al Seor.
 Padres, no provoquis a ira a vuestros hijos, por que no se hagan pusilnimes.
 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos segn la carne, no sirviendo al ojo como quien busca agradar a los hombres, sino con sencillez de corazn, por temor del Seor.
 Todo lo que hagis, hacedlo de corazn, como obedeciendo al Seor y no a los hombres,
 teniendo en cuenta que del Seor recibiris por recompensa la herencia. Servid, pues, al Seor, Cristo.
 El que hace injuria recibir segn la injuria que hiciere, que no hay en El acepcin de personas.
 Amos, proveed a vuestros siervos de lo que es justo y equitativo, mirando a que tambin vosotros tenis Amo en los cielos.
 Perseverad constantemente en la oracin, velando en ella con nacimiento de gracias,
 orando a una tambin por nosotros, para que Dios nos abra puerta para la palabra, para anunciar el misterio de Cristo, por amor del cual estoy preso,
 a fin de que lo pregone segn conviene que yo hable.
 Portaos discretamente con los de fuera, rescatando el tiempo.
 Sea vuestra conversacin agradable, salpicada de sal, de manera que sepis cmo os convenga responder a cada uno.
 De mis cosas os informar Tquico, el hermano amado, fiel ministro y consiervo en el Seor,
 a quien os envo con este fin, para que tengis noticias nuestras y lleve el consuelo a vuestros corazones,
 junto con Onsimo, el hermano fiel y querido, que es de los vuestros. Ellos os informarn de lo que aqu pasa.
 Os saluda Aristarco, mi compaero de cautiverio, y Marcos, primo hermano de Bernab, acerca del cual habis recibido algunos avisos; si llega a vosotros, acogedle,"
 y Jess, llamado Justo, que son de la circuncisin y mis nicos colaboradores en el reino de Dios, habindome sido de gran consuelo.
 Os saluda Epafras, que es de los vuestros, siervo de Cristo Jess, que en todo momento combate por vosotros en sus oraciones, a fin de que perseveris perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere de vosotros
 Yo le rindo testimonio de que se toma mucho trabajo por vosotros y por los de Laodicea y Hierpolis.
 Os saluda Lucas, el mdico amado, y Dems.
 Saludad a los hermanos de Laodicea y a Ninfas, y a la iglesia de su casa.
 Y cuando hayis ledo esta epstola, haced que sea tambin leda en la iglesia de Laodicea, y la que recibiris de Laodicea, leedla tambin vosotros.
 Decid a Arquipo: Atiende al ministerio que en el Seor has recibido, para ver de cumplirlo bien.
 El saludo es de mi mano, Pablo, Acordaos de mis cadenas. La gracia sea con vosotros.
 Pablo y Silvano y Timoteo, a la iglesia de Tesalnica en Dios Padre y en el Seor Jesucristo: gracia y paz sean con vosotros.
 Siempre estamos dando gracias a Dios por todos vosotros y recordndoos en nuestras oraciones,
 haciendo sin cesar ante nuestro Dios y Padre memoria de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestra caridad y de la perseverante esperanza en nuestro Seor Jesucristo,
 sabedores de vuestra eleccin, amados de Dios.
 Pues nuestro evangelio entre vosotros no fue slo en palabras, sino en poder y en Espritu Santo y en mucha plenitud, segn que sabis cules fuimos entre vosotros para vuestro bien.
 Os hicisteis imitadores nuestros y del Seor, recibiendo la palabra con gozo en el Espritu Santo, aun en medio de grandes tribulaciones,
 hasta venir a ser ejemplo para todo los fieles de Macedonia y de Acaya.
 Desde vosotros, en efecto, ha resonado la palabra del Seor, no slo en Macedonia y en Acaya, sino que en todo Jugar vuestra fe en Dios se ha divulgado, sin que tengamos necesidad de decir palabra,
 pues ellos mismos refieren la acogida que nos hicisteis y cmo os convertisteis de los dolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero
 y esperar del cielo a Jess, su Hijo, a quien resucit de entre los muertos, quien nos librar de la ira venidera.
 Bien sabis, hermanos, que nuestra llegada a vosotros no fue vana;"
 sino que despus de sufrir mucho y soportar muchas afrentas en Filipo, como sabis, confiados en nuestro Dios, tuvimos valenta para predicaros el Evangelio de Dios en medio de mucha contrariedad.
 Y sabis tambin que nuestras exhortaciones no procedan de error, ni de concupiscencia, ni de engao;"
 sino de que, probados por Dios, se nos haba encomendado la misin de evangelizar; y as hablamos, no como quien busca agradar a los hombres, sino slo a Dios, que prueba nuestros corazones."
 Porque nunca, como bien sabis, hemos usado de lisonjas ni hemos procedido con propsitos de lucro; Dios es testigo."
 Ni hemos buscado la alabanza de los hombres, ni la vuestra, ni la de nadie;"
 y aun pudiendo hacer pesar sobre vosotros nuestra autoridad como apstoles de Cristo, nos hicimos como pequeuelos y como nodriza que cra a sus nios;"
 as, llevados de nuestro amor por vosotros, queramos no slo daros el Evangelio de Dios, sino aun nuestras propias almas: tan amados vinisteis a sernos.
 Ya os acordaris, hermanos, de nuestras penas y fatigas, y de cmo da y noche trabajbamos para no ser gravosos a nadie, y as os predicamos el Evangelio de Dios.
 Vosotros y Dios sois testigos de nuestra conducta santa, justa, irreprochable para con los que creais.
 Sabis que como un padre a sus hijos, as a cada uno
 os exhortbamos y alentbamos, y os conjurbamos a andar de modo digno de Dios, que os llam a su reino y gloria.
 Por esto, incesantemente damos gracias a Dios de que al recibir la palabra de Dios que de nosotros osteis, la acogisteis no como palabra de hombre, sino como palabra de Dios, cual en verdad es, y que obra eficazmente en vosotros, que creis.
 Pues vosotros, hermanos, os habis hecho imitadores de las iglesias de Dios que hay en Judea, en Cristo Jess, pues habis padecido de vuestros conciudadanos, lo mismo que ellos de los judos,
 de aquellos que dieron muerte al Seor Jess y a los profetas, y a nosotros nos persiguen, y que no agradan a Dios y estn contra todos los hombres;"
 que impiden que se hable a los gentiles y se procure su salvacin. Con esto van colmando la medida de sus pecados. Mas la ira viene sobre ellos y est para descargar hasta el colmo.
 Hermanos, privados por el momento de vuestra vista, no de vuestro afecto, quisimos ardientemente volver a veros cuanto antes,
 y pretendimos ir, al menos yo, Pablo, una y otra vez; pero Satans nos lo estorb."
 Pues cul ha de ser nuestra esperanza, nuestro gozo, nuestra corona de gloria ante nuestro Seor Jesucristo a su venida ? No sois vosotros ?
 Cierto, vosotros sois nuestra gloria y nuestro gozo.
 Por eso, no pudiendo sufrir ms, determinamos quedarnos solos en Atenas,
 y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y ministro de Dios en el Evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros en vuestra fe,
 a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones. Bien sabis que para eso estamos,
 pues ya estando entre vosotros os lo previnimos, que habamos de ser atribulados, como sucedi, bien lo sabis.
 Por esto, no pudiendo sufrir ya ms, he mandado a saber de vuestro estado en la fe, no fuera que el tentador os hubiera tentado y se hiciese vana nuestra labor.
 Ahora, con la llegada de Timoteo a nosotros y con las buenas noticias que nos ha trado de vuestra fe y caridad y de la buena memoria que siempre tenis de nosotros, deseando vernos lo mismo que yo a vosotros,
 hemos recibido gran consuelo por vuestras necesidades y tribulaciones.
 Ahora ya vivimos, sabiendo que estis firmes en el Seor.
 Pues qu gracias daremos a Dios en retorno de todo este gozo que por vosotros disfrutamos ante nuestro Dios,
 orando noche y da con la mayor instancia por ver vuestro rostro y completar lo que falta a vuestra fe?
 Que el mismo Dios y Padre nuestro y nuestro Seor Jesucristo dirija hacia nosotros vuestros pasos,
 y os acreciente y haga abundar en caridad de unos con otros y con todos, lo mismo que la sentimos nosotros por vosotros,
 a fin de fortalecer vuestros corazones y haceros irreprensibles en la santidad ante Dios, Padre nuestro, en la venida de nuestro Seor Jess con todos sus santos.
 Por lo dems, hermanos, os rogamos y amonestamos en el Seor Jess que andis, segn lo que de nosotros habis recibido acerca del modo en que habis de andar y agradar a Dios, como andis ya, para adelantar cada vez ms.
 Bien sabis, en efecto, los preceptos que os hemos dado en nombre del Seor Jess.
 Porque la voluntad de Dios es vuestra santificacin: que os abstengis de la fornicacin;"
 que cada uno sepa tener su mujer en santidad y honor,
 no con afecto libidinoso, como los gentiles, que no conocen a Dios;"
 que en esta materia ninguno haga injuria a su hermano, porque vengador en todo esto es el Seor, como antes os lo dijimos y atestiguamos;"
 que no nos llam Dios a la impureza, sino a la santidad.
 Por tanto, quien estos preceptos desprecia no desprecia al hombre, sino a Dios, que os dio su Espritu Santo.
 Tocante a la caridad no necesitamos escribiros, porque de Dios habis sido enseados cmo habis de amaros unos a otros
 y practicis esta caridad con todos los hermanos que hay en toda la Macedonia. Todava os exhortamos, hermanos, a progresar ms,
 y a que os esforcis por llevar una vida quieta, laboriosa en vuestros negocios y trabajando con vuestras manos como os lo hemos recomendado,
 a fin de que vivis honradamente a los ojos de los de fuera y de nadie tengis necesidad
 No queremos, hermanos, que ignoris lo tocante a la suerte de los que duermen, para que no os aflijis como los dems que carecen de esperanza.
 Pues si creemos que Jess muri y resucit, as tambin a los que se durmieron en Jess los llevar Dios con EL
 Esto os decimos como palabra del Seor: que nosotros, los vivos, los que quedamos para la venida del Seor, no nos anticiparemos a los que se durmieron;"
 pues el mismo Seor, a una orden, a la voz del arcngel, al sonido de la trompeta de Dios, descender del cielo, y los muertos en Cristo resucitarn primero;"
 despus nosotros, los vivos, los que quedamos, junto con ellos, seremos arrebatados en las nubes, al encuentro del Seor en los aires,
 y as estaremos siempre con el Seor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.
 Cuanto al tiempo y momento preciso, no hay, hermanos, por qu escribir.
 Sabis bien que el da del Seor llegar como ladrn en la noche.
 Guando se dicen: Paz y seguridad, entonces, de improviso, les sobrevendr la ruina, como los dolores del parto a la preada, y no escaparn.
 Cuanto a vosotros, hermanos, no vivis en tinieblas, para que ese da no os sorprenda como ladrn;"
 porque todos sois hijos de la luz e hijos del da. No somos de la noche ni de las tinieblas.
 Por consiguiente, no durmamos como los otros, antes bien, velemos y vivamos sobriamente.
 Los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.
 Pero nosotros, hijos del da, seamos sobrios, revestidos de la coraza de la fe y de la caridad y del yelmo de la esperanza en la salvacin.
 Que no nos destina Dios a la ira, sino a la salvacin por nuestro Seor Jesucristo,
 que muri por nosotros para que, en vida o en muerte, vivamos unidos a El.
 As, pues, consolaos mutuamente y edifcaos unos a otros, como ya lo hacis.
 Os rogarnos, hermanos, que acatis a los que laboran con vosotros presidindoos en el Seor y amonestndoos,
 y que tengis con ellos la mayor caridad por su labor. Vivid en paz entre vosotros.
 Tambin os rogamos, hermanos, que amonestis a los que viven fuera de orden, alentis a los pusilnimes, acojis a los dbiles y seis sufridos con todos.
 Mirad que ninguno vuelva a nadie mal por mal, sino que en todo tiempo os hagis el bien unos a otros y a todos.
 Estad siempre gozosos,
 orad sin cesar,
 dad gracias a Dios por todo; pues tal es la voluntad de Dios en Cristo Jess respecto a vosotros."
 No apaguis al Espritu,
 no despreciis las profecas;"
 pero examinadlo todo y quedaos con lo bueno.
 Absteneos hasta de la apariencia de mal.
 El Dios de la paz os santifique cumplidamente, y que todo vuestro espritu, vuestra alma y vuestro cuerpo se conserven sin mancha para la venida de nuestro Seor Jesucristo.
 Fiel es el que os llama, y que tambin lo cumplir.
 Hermanos, orad por nosotros.
 Saludad a todos los hermanos con el sculo santo.
 Os conjuro por Jesucristo que esta epstola sea leda a todos los hermanos.
 La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con vosotros.
 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de Tesalnica en Dios nuestro Padre y en el Seor Jesucristo:
 gracia y paz sean con vosotros de parte de Dios Padre y del Seor Jesucristo.
 Hemos de dar a Dios gracias incesantes por vosotros, hermanos; y es esto muy justo, porque se acrecienta en gran manera vuestra fe y va en progreso vuestra mutua caridad,"
 y nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y vuestra fe en todas vuestras persecuciones y en las tribulaciones que soportis.
 Ello es prueba del justo juicio de Dios, en el que seris juzgados dignos del reino de Dios, por el cual padecis.
 Pues es justo a los ojos de Dios retribuir con tribulacin a los que os atribulan,
 y a vosotros, atribulados, con descanso, en compaa nuestra, en la manifestacin del Seor Jess desde el cielo con sus milicias anglicas,
 tomando venganza con llamas de fuego sobre los que desconocen a Dios y no obedecen al Evangelio de nuestro Seor Jess.
 Esos sern castigados a eterna ruina, lejos de la faz del Seor y de la gloria de su poder,
 cuando venga, en aquel da, para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que creyeron, y vosotros habis credo a mi testimonio.
 Para eso sin cesar rogamos por vosotros, para que nuestro Dios os haga dignos de vuestra vocacin, y con su poder convierta en realidad todo buen deseo de santidad y obra de fe, de suerte que el nombre de nuestro Seor Jess sea glorificado en vosotros y vosotros en El, segn la gracia de Dios y del Seor Jesucristo.
 -- omitido por parfrasis --
 Por lo que hace a la venida de nuestro Seor Jesucristo y a nuestra reunin con El, os rogarnos, hermanos,
 que no os turbis de ligero, perdiendo el buen sentido, y no os alarmis, ni por espritu, ni por discurso, ni por epstola atribuida a nosotros, como si el da del Seor estuviese inminente.
 Que nadie en modo alguno os engae, porque antes ha de venir la apostasa y ha de manifestarse el hombre del pecado, el hijo de la perdicin,
 que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a s mismo.
 No recordis que estando entre vosotros ya os deca esto?
 Y ahora sabis qu es lo que le contiene, hasta que llegue el tiempo de manifestarse.
 Porque el misterio de iniquidad est ya en accin; slo falta que el que le retiene sea apartado."
 Entonces se manifestar el inicuo, a quien el Seor Jess matar con el aliento de su boca, destruyndole con el esplendor de su venida;"
 aquel inicuo, cuya venida, por accin de Satans, ir acompaada de todo gnero de portentos, seales y prodigios engaosos,
 y de seducciones de iniquidad para los destinados a la perdicin, por no haber recibido el amor de la verdad que los salvara.
 Por eso Dios les enva un poder engaoso,
 para que crean en la mentira y sean condenados cuantos, no creyendo en la verdad, se complacieron en la iniquidad.
 Pero nosotros debemos dar incesantes gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Seor, a quienes Dios ha elegido como primicias para haceros salvos por la santificacin del Espritu y la fe en la verdad.
 A sta precisamente os llam por medio de nuestra cvangelizacin, para que alcanzaseis la gloria de nuestro Seor Jesucristo.
 Manteneos, pues, hermanos, firmes y guardad las tradiciones en que habis sido adoctrinados, ya de palabra, ya por carta nuestra.
 El mismo Seor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que de gracia nos am y nos otorg una consolacin eterna, una buena esperanza,
 consuele vuestros corazones y los confirme en toda obra y palabra buena.
 Por lo dems, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Seor sea difundida y acogida con honor, como lo fue entre vosotros,
 y para que nos libre de los hombres perversos y malvados; que no de todos es la fe."
 Pero fiel es el Seor, que os confirmar y guardar del maligno.
 Confiamos en el Seor que cumpls y cumpliris lo que os hemos encomendado.
 El Seor gue vuestros corazones hacia el amor de Dios y la esperanza paciente de Cristo.
 En nombre de nuestro Seor Jesucristo os mandamos apartaros de todo hermano que vive fuera de orden y no sigue las enseanzas que de nosotros habis recibido.
 Sabis bien cmo debis imitarnos, pues no hemos vivido entre vosotros en ociosidad
 ni de balde comimos el pan de nadie, sino que con afn y con fatiga trabajamos da y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros
 Y no porque no tuviramos derecho, sino porque queramos daros un ejemplo que imitar.
 Y mientras estuvimos entre vosotros, os advertamos que el que no quiere trabajar no coma.
 Porque hemos odo que algunos viven entre vosotros en la ociosidad, sin hacer nada, slo ocupados en curiosearlo todo.
 A estos tales les ordenamos y rogamos por amor del Seor Jesucristo que, trabajando sosegadamente, coman su pan.
 Cuanto a vosotros, hermanos, no os cansis de hacer el bien.
 Y si alguno no obedece este mandato nuestro que por la epstola os damos, a se sealadle y no os juntis con l, para que se avergence.
 Mas no por eso le miris como enemigo, antes corregidle como a hermano.
 Que el Seor de la paz os conceda, El mismo, vivir en paz siempre y dondequiera. El Seor sea con todos vosotros.
 El saludo es de mi mano, Pablo. Esta es la seal en todas mis epstolas; as escribo."
 La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con todos vosotros.
 Pablo, apstol de Cristo Jess por el mandato de Dios nuestro Salvador y de Cristo Jess, nuestra esperanza,
 a Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia, paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jess, nuestro Seor.
 Te rogu, al partir para Macedonia, que te quedaras en Efeso, para que requirieses a algunos que no enseasen doctrinas extraas,
 ni se ocupasen en fbulas y genealogas inacabables, ms a propsito para engendrar disputas que para el plan de salud de Dios, mediante la fe.
 El fin del requerimiento es la caridad que procede de un corazn puro, de una conciencia buena y de una fe sincera,
 de cuya lnea algunos se desvan, viniendo a dar en vaciedades,
 alardeando de doctores de la Ley, sin entender lo que dicen ni lo que afirman.
 Pues sabemos que la Ley es buena para quien use de ella convenientemente,
 teniendo en cuenta que la Ley no es para los justos, sino para los inicuos, para los rebeldes, para los impos y pecadores, para los que carecen de religin y piedad, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,
 para los prostituios y sodomitas, ladrones de esclavos, embusteros, perjuros y si algn otro hay que se oponga a la sana doctrina.
 conforme al Evangelio glorioso del bienaventurado Dios, que me ha sido encomendado.
 Gracias doy a nuestro Seor Cristo Jess, que me fortaleci, de haberme juzgado fiel al confiarme el ministerio,
 a m, que primero fui blasfemo y perseguidor violento, mas fui recibido a misericordia porque lo haca por ignorancia en mi incredulidad;"
 y sobreabund la gracia de nuestro Seor con la fe y la caridad en Cristo Jess.
 Verdadero es el dicho y digno de ser por todos recibido, que Cristo Jess vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
 Mas por esto consegu la misericordia, para que en m primeramente mostrase Jesucristo toda su longanimidad y sirviera de ejemplo a los que haban de creer en El para la vida eterna.
 Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, nico Dios, el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amn.
 Este es el requerimiento que yo te confo, hijo mo Timoteo, conforme a las profecas de ti hechas anteriomente, a fin de que, puestos en ellas los ojos, sostengas el buen combate
 con fe y buena conciencia. Algunos que la perdieron naufragaron en la fe;"
 entre ellos, Himeneo y Alejandro, a quienes entregu a Satans para que aprendan a no blasfemar.
 Ante todo te ruego que se hagan peticiones, oraciones, splicas y acciones de gracias por todos los hombres,
 por los reyes y por todos los constituidos en dignidad, a fin de que gocemos de vida tranquila y quieta con toda piedad y honestidad.
 Esto es bueno y grato ante Dios nuestro Salvador,
 el cual quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad.
 Porque uno es Dios, uno tambin el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jess,
 que se dio a s mismo como rescate por todos; testimonio dado a su tiempo,"
 para cuya promulgacin he sido yo hecho heraldo y apstol  digo verdad en Cristo, no miento  , maestro de los gentiles en la fe y en la verdad.
 As, pues, quiero que los hombres oren en todo lugar, levantando puras las manos, sin ira ni discusiones*
 Asimismo, que las mujeres se presenten en hbito honesto, con recato y modestia, sin rizado de cabellos, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos,
 sino con obras buenas, cual conviene a mujeres que hacen profesin de piedad.
 La mujer aprenda en silencio, con plena sumisin.
 No consiento que la mujer ensee ni domine al marido, sino que se mantenga en silencio,
 pues el primero fue formado Adn, despus Eva.
 Y no fue Adn el seducido, sino Eva, que, seducida, incurri en la transgresin.
 Se salvar por la crianza de los hijos, con tal que permaneciere con modestia en la fe, la caridad y la santidad.
 Verdadero es el dicho: Si alguno desea el episcopado, buena obra desea;"
 pero es preciso que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, morigerado, hospitalario, capaz de ensear;"
 no dado al vino ni pendenciero, sino ecunime, pacfico, no codicioso;"
 que sepa gobernar bien su propia casa, que tenga los hijos en sujecin, con toda honestidad;"
 pues quien no sabe gobernar su casa, cmo gobernar la Iglesia de Dios?
 No nefito, no sea que, hinchado, venga a incurrir en el juicio del diablo.
 Conviene asimismo que tenga buena fama ante los de fuera, porque no caiga en infamia y en las redes del diablo.
 Conviene que los diconos sean asimismo honorables, exentos de doblez, no dados al vino ni a torpes ganancias;"
 que guarden el misterio de la fe en una conciencia pura,
 Sean probados primero, y luego ejerzan su ministerio, si fueren irreprensibles.
 Tambin las mujeres deben ser honorables, no chismosas, sobrias y en todo fieles.
 Los diconos sean maridos de una sola mujer, que sepan gobernar a sus hijos y a su propia casa.
 Pues los que desempearen bien su ministerio alcanzarn honra y gran autoridad en la fe que tenemos en Cristo Jess.
 Esto te escribo con la esperanza de ir a verte pronto,
 para que, si tardo, sepas cmo hay que comportarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y sostn de la verdad.
 Y sin duda que es grande el misterio de la piedad: Que se ha manifestado en la carne, ha sido justificado por el Espritu, ha sido mostrado a los ngeles, predicado a las naciones, credo en el mundo, ensalzado en la gloria.
 Pero el Espritu claramente dice que en los ltimos tiempos apostatarn algunos de la fe, dando odos al espritu del error y a las enseanzas de los demonios,
 embaucadores, hipcritas, de cauterizada conciencia,
 que prohiben el matrimonio y el uso de alimentos creados por Dios, para que los fieles conocedores de la verdad los tomen con ha cimiento de gracias.
 Porque toda criatura de Dios es buena y nada hay reprobable tomado con hacimiento de gracias,
 pues con la palabra de Dios y la oracin queda santificado.
 Si enseas esto a los hermanos sers buen ministro de Cristo Jess, nutrido en las palabras de la fe y de la buena doctrina que has alcanzado.
 Cuanto a las fbulas impas y a los cuentos de viejas, deschalos. Ejerctate en la piedad;"
 porque la gimnasia corporal es de poco provecho, mientras que la piedad es til para todo, teniendo a su favor promesas para la vida presente y para la futura.
 Verdadero es el dicho y digno de todo crdito.
 Pues por esto penamos y combatimos, porque esperamos en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, sobre todo de los fieles.
 Esto has de predicar y ensear.
 Que nadie tenga en poco tu juventud; antes sirvas de ejemplo a los fieles en la palabra, en la conversacin, en la caridad, en la fe, en la castidad."
 Mientras llego, aplcate a la leccin, a la exhortacin y a la enseanza.
 No descuides la gracia que posees, que te fue conferida, mediante profeca, con imposicin de las manos del colegio de los presbteros.
 Esta sea tu ocupacin, ste tu estudio, de manera que tu aprovechamiento sea a todos manifiesto.
 Vela sobre ti, atiende a la enseanza, insiste en ella. Haciendo as te salvars a ti mismo y a los que te escuchan.
 Al anciano no le reprendas con dureza, ms bien exhrtale como a padre; a los jvenes, como a hermanos;"
 a las ancianas, como a madres; a las jvenes, como a hermanas, con toda castidad."
 Honra a las viudas que lo son de verdad.
 Si la viuda tiene hijos o nietos, es necesario ante todo que aprendan a reverenciar a los suyos y a corresponder con sus padres, que esto es grato a los ojos de Dios.
 La que de verdad es viuda y desamparada, ponga en Dios su confianza e inste en la plegaria y en la oracin noche y da.
 La que lleva vida libre, viviendo, est muerta.
 Inclcales esto para que sean irreprensibles.
 Si alguno no mira por los suyos, sobre todo por los de su casa, ha negado la fe y es peor que un infiel.
 No sea elegida ninguna viuda de menos de sesenta aos, mujer de un solo marido,
 recomendada por sus buenas obras, en la crianza de los hijos, en la hospitalidad con los peregrinos, en lavar los pies a los santos, en socorrer a los atribulados y en la prctica de toda obra buena.
 Desecha a las viudas jvenes, pues cuando la sensualidad les pone hasto de Cristo, buscan marido,
 incurriendo en reproche por haber faltado a la primera fe.
 Y adems, se hacen ociosas, y andan de casa en casa; y no slo ociosas, sino tambin parleras y curiosas, hablando lo que no deben."
 Quiero, pues, que las jvenes se casen, cren hijos, gobiernen su casa y no den al enemigo ningn pretexto de maledicencia,
 porque algunas ya se han extraviado en pos de Satans.
 Si alguna fiel tiene viudas en su casa, asstalas, y no sea gravada la iglesia, para que sta pueda asistir a las que son viudas de verdad.
 Los presbteros que presiden bien, sean tenidos en doble honor, sobre todo los que se ocupan en la predicacin y la enseanza.
 Pues dice la Escritura: No pondrs bozal al buey que trilla y Digno es el obrero de su salario.
 Contra un presbtero no recibas acusacin alguna si no fuere apoyada por dos o tres testigos.
 A los que falten, corrgelos delante de todos para infundir temor a los dems.
 Delante de Dios, de Cristo Jess y de los ngeles elegidos, te conjuro que hagas esto sin prejuicios, guardndote de todo espritu de parcialidad.
 No seas precipitado en imponer las manos a nadie, no vengas a participar de los pecados ajenos. Gurdate puro.
 No bebas agua sola, sino mezcla un poco de vino por tu mal de estmago y tus frecuentes enfermedades.
 Los pecados de algunos hombres, unos son manifiestos aun antes de ser juzgados, otros slo despus de juzgados.
 As las obras buenas, unas son manifiestas; las que no lo son no podrn permanecer ocultas."
 Los siervos que estn bajo el yugo de la servidumbre, tengan a sus amos por acreedores a todo honor, para que no sea deshonrado el nombre de Dios ni su doctrina.
 Los que tengan amos fieles no los desprecien por ser hermanos; antes srvanles mejor, porque son fieles y amados los que reciben sus servicios. Esto es lo que debes ensear e inculcar."
 Si alguno ensea de otra manera y no presta atencin a las saludables palabras de nuestro Seor Jesucristo y a la doctrina que se ajusta a la piedad,
 es un orgulloso que nada sabe, que desvara en disputas y vanidades, de donde nacen envidias, contiendas, blasfemias, suspicacias,
 porfas de hombres de inteligencia corrompida y privados de la verdad, que tienen la piedad por materia de lucro.
 Es, s, gran lucro la piedad para el que se contente con lo que basta.
 Nada trajimos al mundo y nada podemos llevarnos de l.
 En teniendo con qu alimentarnos y con qu cubrirnos, estemos con eso contentos.
 Los que quieren enriquecerse caen en tentaciones, en lazos y en muchas codicias locas y perniciosas, que hunden a los hombres en la perdicin y en la ruina,
 porque la raz de todos los males es la avaricia, y muchos, por dejarse llevar de ella, se extravan en la fe y a s mismos se atormentan con muchos dolores.
 Pero t, hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre.
 Combate los buenos combates de la fe, asegrate la vida eterna, para la cual fuiste llamado y de la cual hiciste bella profesin de fe delante de muchos testigos.
 Te mando ante Dios, que da vida a todas las cosas, y ante Cristo Jess, que hizo su bella confesin en presencia de Poncio Pilato,
 que te conserves sin tacha ni culpa en el mandato hasta la manifestacin de nuestro Seor Jesucristo,
 a quien har aparecer a su tiempo el bienaventurado y solo Monarca, Rey de reyes y Seor de los seores,
 el nico inmortal, que habita una luz inaccesible, a quien ningn hombre vio ni puede ver, al cual el honor y el imperio eterno. Amn.
 A los ricos de este mundo encrgales que no sean altivos ni pongan su confianza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, que abundantemente nos provee de todo, para que lo disfrutemos,
 practicando el bien, enriquecindose de buenas obras, siendo liberales y dadivosos
 y atesorando para lo futuro con que alcanzar la verdadera vida.
 Oh Timoteo!, guarda el depsito a ti confiado, evitando las vanidades impas y las contradicciones de la falsa ciencia,
 que algunos profesan extravindose de la fe.
 Pablo, por voluntad de Dios apstol de Cristo Jess segn la promesa de vida en Cristo Jess,
 a Timoteo, mi amado hijo: Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Jesucristo, nuestro Seor.
 Doy gracias a Dios, a quien sirvo, a ejemplo de mis mayores, con pura conciencia, y sin cesar hago memoria de ti en mis oraciones noche y da,
 deseoso de verte, acordndome de tus lgrimas, para llenarme de gozo,
 avivando el recuerdo de tu sincera fe, que fue tambin la de tu abuela, Loide, y la de tu madre, Eunice, y que no dudo es la tuya.
 Por esto te amonesto que hagas revivir la gracia de Dios que hay en ti por la imposicin de mis manos.
 Que no nos ha dado Dios espritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de templanza.
 No te avergences, pues, del testimonio de nuestro Seor, ni de m, su prisionero; antes soporta con fortaleza los trabajos por la causa del Evangelio, fiado en el poder de Dios,"
 que nos salv y nos llam con vocacin santa, no en virtud de nuestras obras, sino de su propsito y de la gracia que nos fue dada en Cristo Jess antes de los tiempos eternos,
 y manifestada al presente por la aparicin de nuestro Salvador, Cristo Jess, que aniquil la muerte y sac a luz la vida y la incorrupcin por medio del Evangelio,
 del cual yo he sido hecho heraldo, apstol y doctor.
 Por esta causa sufro, perov no me avergenzo, porque s a quin me he confiado, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depsito para aquel da.
 Retn la forma de los sanos discursos que de m oste, inspirados en la fe y en la caridad en Cristo Jess.
 Guarda el buen depsito por la virtud del Espritu Santo, que mora en nosotros.
 Ya sabes cmo me han vuelto la espalda todos los de Asia, entre ellos Figelo y Hermgenes.
 Haga el Seor misericordia a la familia de Onesiforo, porque muchas veces me ha aliviado y no se avergonz de mis cadenas,
 antes, estando en Roma, me busc solcito hasta hallarme.
 El Seor le d hallar misericordia en aquel da cerca del Seor. Cuntos servicios me prest en Efeso, t bien lo sabes.
 T, pues, hijo mo, ten buen cuidado, confiado en la gracia de Cristo Jess;"
 y lo que de m oste ante muchos testigos, encomindalo a hombres fieles, capaces de ensear a otros.
 Soporta las fatigas, como buen soldado de Cristo Jess.
 Ningn soldado, al emprender una campaa, se embaraza con los negocios de la vida, para complacer al que le alist.
 Y quienquiera que compite en el estadio, no es coronado, si no compite legtimamente.
 El labrador que se fatiga, debe ser el primero en participar de los frutos.
 Entiende bien lo que quiero decir, porque el Seor te dar la inteligencia de todo.
 Acurdate de que Jesucristo, del linaje de David, resucit de entre los muertos, segn mi evangelio,
 por el cual sufro hasta las cadenas como un malhechor; pero la palabra de Dios no est encadenada."
 Todo lo soporto por amor de los elegidos, para que stos alcancen la salud en Cristo Jess y la glora eterna.
 Verdadero es el dicho: Si padecemos con El, tambin con El viviremos;"
 si sufrimos con El, con El remaremos; si le negamos, tambin El nos negar;"
 si le furemos infieles, El permanecer fiel, que no puede negarse a s mismo.
 Esto has de ensear, protestando ante Dios no ocuparte en disputas vanas, que para nada sirven, si no es para perdicin de los oyentes.
 Mira bien cmo presentarte ante Dios, probado como obrero que no tiene de qu avergonzarse, que distribuye sabiamente la palabra de la verdad.
 Evita las profanas y vanas parleras, que fcilmente llevan a la impiedad,
 y su palabra cunde como gangrena. De ellos son Himeneo y Fileto,
 que, extravindose de la verdad, dicen que la resurreccin se ha realizado ya, pervirtiendo con esto la fe de algunos.
 Pero el slido fundamento de Dios se mantiene firme con este sello: El Seor conoce a los que son suyos y Aprtese de la iniquidad quien tome en sus labios el nombre del Seor.
 En una casa grande no hay slo vasos de oro y plata, sino tambin de madera y de barro; y los unos para usos de honra, los otros para usos viles."
 Quien se mantenga puro de estos errores, ser vaso de honor, santificado, idneo para uso del Seor, dispuesto para toda obra buena.
 Huye las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con todos los que invocan al Seor con puro corazn.
 Evita tambin las cuestiones necias y tontas, pues siempre engendran altercados,
 y al siervo del Seor no le conviene altercar, sino mostrarse manso con todos, pronto para ensear, sufrido,
 y con mansedumbre corregir a los adversarios, por si Dios les concede el arrepentimiento, y reconocer la verdad
 y librarse del lazo del diablo, a cuya voluntad estn sujetos.
 Has de saber que en los ltimos das sobrevendrn tiempos difciles,
 porque habr hombres egostas, avaros, altivos, orgullosos, maldicientes, rebeldes a los padres, ingratos, impos,
 desnaturalizados, desleales, calumniadores, disolutos, inhumanos, enemigos de todo lo bueno,
 traidores, protervos, hinchados, amadores de los placeres ms que de Dios,
 que con una apariencia de piedad estn en realidad lejos de ella Gurdate de sos,
 pues hay entre ellos quienes se introducen en las casas y se captan el nimo de mujerzuelas cargadas de pecados, que se dejan arrastrar de diversas concupiscencias,
 que siempre estn aprendiendo, sin lograr jams llegar al conocimiento de la verdad.
 Y a la manera que Jannes y Mambres se opusieron a Moiss, as tambin stos resisten a la verdad, como hombres de entendimiento corrompido, reprobados en la fe.
 Mas no saldrn con sus intentos, porque su insensatez es a todos manifiesta, como lo fue la de aqullos.
 Pero t has seguido de cerca mis enseanzas, mi conducta, mis planes, mi fe, mi longanimidad, mi caridad, mi paciencia,
 mis persecuciones y aflicciones, las que hube de soportar en Antioqua, Iconio y Listra, donde tantas persecuciones sufr, de las cuales, sin embargo, me libr el Seor.
 Y todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jess, sufrirn persecuciones.
 Los hombres malos y seductores irn de mal en peor, engaando y siendo engaados;"
 pero t permanece en lo que has aprendido y te ha sido confiado, considerando de quines lo aprendiste,
 y porque desde la infancia conoces las Escrituras Sagradas, que pueden instruirte en orden a la salud por la fe en Jesucristo.
 Pues toda la Escritura es divinamente inspirada y til para ensear, para argir, para corregir, para educar en la justicia,
 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y est equiparado para toda obra buena.
 Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jess, que ha de juzgar a vivos y muertos, por su aparicin y por su reino:
 Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, ensea, exhorta con toda longanimidad y doctrina;"
 pues vendr un tiempo en que no sufrirn la sana doctrina, antes, deseosos de novedades, se rodearn de maestros conforme a sus pasiones,
 y apartarn los odos de la verdad para volverlos a las fbulas.
 Pero t vela en todo, soporta los trabajos, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
 Cuanto a m, a punto estoy de derramarme en libacin, siendo ya inminente el tiempo de mi partida.
 He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe.
 Ya me est preparada la corona de la justicia, que me otorgar aquel da el Seor, justo Juez, y no slo a m, sino a todos los que aman su venida.
 Date prisa a venir a m,
 porque Dems me ha abandonado por amor de este siglo, y se march a Tesalnica; Crescente a Galacia y Tito a Dalmacia."
 Slo Lucas est conmigo. A Marcos tmale y trele contigo, que me es muy til para el ministerio.
 A Tquico lo mand a Efeso.
 El capote que dej en Trade, en casa de Carpi, trelo al venir, y asimismo los libros, sobre todo los pergaminos.
 Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal. El Seor le dar la paga segn sus obras.
 T gurdate de l, porque ha mostrado gran resistencia a nuestras palabras.
 En primera defensa nadie me asisti, antes me desampararon todos. No les sea tomado en cuenta.
 El Seor me asisti y me dio fuerzas, para que por m fuese cumplida la predicacin y todas las naciones la oigan. As fui librado de la boca del len.
 El Seor me librar de todo mal y me guardar para su reino celestial. A El sea la gloria por los siglos de los siglos. Amn.
 Saluda a Frisca y a Aquila y a la casa de Onesiforo.
 Erasto qued en Corinto. A Trfimo le dej enfermo en Mileto.
 Date prisa a venir antes del invierno. Te saludan Eubulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos.
 El Seor sea con tu espritu. La gracia sea con vosotros.
 Pablo, siervo de Dios y apstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y al conocimiento de la verdad, que se ajusta a la piedad,
 en la esperanza de la vida eterna, que prometi desde los tiempos eternos el Dios que no miente,
 y que en el tiempo prefijado manifest su palabra por la predicacin a m confiada segn el mandato de nuestro Salvador, Dios:
 a Tito, hijo mo verdadero segn la fe comn, la gracia y la paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jess, nuestro Salvador.
 Te dej en Creta para que acabases de ordenar lo que faltaba y constituyeses por las ciudades presbteros en la forma que te orden.
 Que sean irreprochables, maridos de una sola mujer, cuyos hijos sean fieles, que no estn tachados de liviandad o desobediencia.
 Porque es preciso que el obispo sea inculpable, como administrador de Dios; no soberbio, ni iracundo, ni dado al vino, ni pendenciero, ni codicioso de torpes ganancias,"
 sino hospitalario, amador de los buenos, modesto, justo, santo, continente,
 guardador de la palabra fiel; que se ajuste a la doctrina, de suerte que pueda exhortar con doctrina sana y argir a los contradictores."
 Porque hay muchos, indisciplinados, charlatanes, embaucadores, sobre todo los de la circuncisin,
 a los cuales es preciso tapar la boca, que revuelven del todo las casas, enseando lo que no deben, llevados del deseo de torpe ganancia.
 Bien dijo uno de ellos, su propio profeta: Los cretenses, siempre embusteros, bestias malas y glotones,
 Verdadero es tal testimonio. Por tanto, reprndelos severamente, para que se mantengan sanos en la fe,
 que no den odos a las fbulas judaicas y a los preceptos de los hombres que reniegan de la verdad.
 Todo es limpio para los limpios, mas para los impuros y para los infieles nada hay puro, porque su mente y su conciencia estn contaminadas.
 Alardean de conocer a Dios, pero con las obras le niegan, abominables, rebeldes e incapaces de toda obra buena.
 Cuanto a ti, habla de modo conveniente y ajustado a la sana doctrina.
 Que los ancianos sean sobrios, graves, discretos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia.
 De igual modo, que las ancianas observen un porte santo, no sean calumniadoras, ni esclavas del vino, sino buenas maestras,
 para que enseen a las jvenes a amar a sus maridos y a cuidar de sus hijos,
 a ser prudentes y honestas, hacendosas, bondadosas, dciles a sus maridos, a fin de que no sea infamada la palabra de Dios.
 Asimismo a los jvenes exhrtales a ser ponderados en todo,
 mostrndote t ejemplo de buenas obras, de integridad en la doctrina, de gravedad,
 de palabra sana e irreprensible, para que los adversarios se confundan, no teniendo nada malo que decir de nosotros.
 Que los siervos estn sujetos a sus amos, complacindoles en todo, y no contradicindo-les
 ni defraudndoles en nada, sino mostrndose fieles en todo, para hacer honor a la doctrina de Dios nuestro Salvador.
 Porque se ha manifestado la gracia salutfera de Dios a todos los hombres,
 ensendonos a negar la impiedad y los deseos del mundo, para que vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo,
 aguardando la bienaventurada esperanza y la aparicin gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Cristo Jess,
 que se entreg por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y adquirirse un pueblo propio, celador de obras buenas.
 He aqu lo que has de decir, exhortando y reprimiendo con todo imperio. Que nadie te desprecie.
 Amonstales que vivan sumisos a los prncipes y a las autoridades; que las obedezcan, que estn prontos para toda obra buena;"
 que a nadie infamen, que no sean pendencieros; que sean afables y muestren para con todos los hombres una perfecta mansedumbre."
 Pues nosotros fuimos tambin alguna vez necios, desobedientes, extraviados, esclavos de toda suerte de concupiscencias y placeres, viviendo en la maldad y en la envidia, dignos de odio, y aborrecindonos unos a otros;"
 mas cuando apareci la bondad y el amor hacia los hombres de Dios, nuestro Salvador,
 no por las obras justas que nosotros hubiramos hecho, sino por su misericordia, nos salv mediante el bao de regeneracin y renovacin del Espritu Santo,
 que abundantemente derram sobre nosotros por Jesucristo, nuestro Salvador,
 a fin de que, justificados por su gracia, seamos herederos, segn nuestra esperanza, de la vida eterna.
 Verdadero es el dicho, y quiero que acerca de ello seas categrico, para que aprendan a ejercitarse en buenas obras los que han credo en Dios. Esto es lo bueno y til para los hombres.
 En cambio, evita las cuestiones necias, las genealogas, las contiendas y debates sobre la Ley, porque son intiles y vanas.
 Al sectario, despus de una y otra amonestacin, evtale,
 considerando que est pervertido; peca, y por s mismo se condena."
 Cuando mande a ti a Arte mas o a Tquico, date prisa a venir a verme a Nicpolis, porque tengo el propsito de pasar all el invierno.
 A Zenas, el jurisconsulto, y a Apolo, mira de proveerlos solcitamente para el viaje a fin de que nada les falte.
 Y que los nuestros aprendan a ejercitarse en buenas obras para atender a las apremiantes necesidades, y que no sean hombres infructuosos.
 Te saludan todos los que estn conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros.
 Pablo, preso de Cristo Jess, y el hermano Timoteo, a Filemn, nuestro amado y colaborador,
 a la hermana Apia, a Arquipo, nuestro camarada, y a la iglesia de tu casa:
 Con vosotros sea la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Seor Jesucristo.
 Haciendo sin cesar memoria de ti en mis oraciones, doy gracias a mi Dios,
 al or la caridad y la fe que tienes hacia el Seor Jess y hacia todos los santos.
 Que la comunicacin de tu fe venga a ser eficaz en orden a Cristo, en el conocimiento perfecto de todo el bien que hay en vosotros.
 En verdad, he recibido gran alegra y consuelo de tu caridad, hermano, porque s que confortas a los santos.
 Por lo cual, aunque tendra plena libertad en Cristo para ordenarte lo que es justo,
 mas prefiero apelar a tu caridad. Siendo el que soy, Pablo, anciano, y ahora prisionero de Cristo Jess,
 te suplico por mi hijo, a quien entre cadenas engendr, por Onsimo,
 un tiempo intil para ti, mas ahora, para ti y para m muy til,
 que te remito, mejor, no a l, sino mis entraas.
 Querra retenerlo junto a m, para que en tu lugar me sirviera en mi prisin por el Evangelio;"
 pero sin tu consentimiento nada he querido hacer, a fin de que ese favor no me lo hicieras por necesidad, sino por voluntad.
 Tal vez se te apart por un momento, para que por siempre le tuvieras, !
 no ya como siervo, antes, ms que siervo, hermano amado, muy amado para m, pero mucho ms para ti, segn la ley humana y segn el Seor.
 Si me tienes, pues, por compaero, acgele como a m mismo.
 Si en algo te ofendi o algo te debe, pnlo a mi cuenta.
 Yo, Pablo, de mi puo lo escribo, yo te lo pagar, por no decirte que t mismo te me debes.
 S, hermano; que obtenga yo de ti esta satisfaccin en el Seor. Consuela en Cristo mis entraas."
 Te escribo confiado en tu obediencia, y cierto de que hars ms de lo que yo te digo.
 Y vete preparndome el hospedaje, porque espero por vuestras oraciones seros restituido.
 Te saluda Epafras, compaero de mi cautiverio en Cristo Jess;"
 Marcos, Aristarco, Dems, Lucas, mis colaboradores.
 La gracia del Seor Jesucristo sea con vuestro espritu. Amn.
 Muchas veces y en muchas maneras habl Dios en otro tiempo a nuestros padres por ministerio de los profetas;"
 ltimamente, en estos das, nos habl por su Hijo, a quien constituy heredero de todo, por quien tambin hizo el mundo;"
 el cual, siendo esplendor de su gloria e impronta de su sustancia, y sustentando todas las cosas con su poderosa palabra, despus de haber realizado la purificacin de los pecados, se sent a la diestra de la Majestad en las alturas,
 hecho tanto mayor que los ngeles, cuando hered un nombre ms excelente que ellos.
 Pues a cul de los ngeles dijo alguna vez: T eres m Hijo, yo te he engendrado hoy? Y luego: Yo ser para El padre, y El ser Hijo para m.
 Y de nuevo cuando introduce a su Primognito en el mundo dice: Adrenle todos los ngeles de Dios.
 De los ngeles dice: El que hace a sus ngeles vientos y a sus ministros llamas de fuego.
 Pero al Hijo: Tu trono, oh Dios!, subsistir por los siglos de los siglos, cetro de equidad es el cetro de tu reino.
 Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad, por eso te ungi Dios, tu Dios, con leo de exaltacin sobre tus compaeros.
 Y T, Seor, al principio, fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos.
 Ellos perecern, pero t permaneces, y todos, como un vestido, envejecern,
 y como un manto los envolvers, y como un vestido se mudarn; pero t permaneces el mismo, y tus aos no se acabarn.
 Y a cul de los ngeles dijo alguna vez: Sintate a mi diestra, mientras pongo a tus enemigos por escabel de tus pies?
 No son todos ellos espritus administradores, enviados para servicio, en favor de los que han de heredar la salud?
 Por tanto, es menester que con la mayor diligencia atendamos a lo que hemos odo, no sea que nos deslicemos.
 Pues si la palabra promulgada por los ngeles fue firme, hasta el punto de que toda transgresin y desobediencia recibi la merecida sancin,
 cmo lograremos nosotros rehuirla, si tenemos en poco tan gran salud? La cual, habiendo comenzado a ser promulgada por el Seor, fue entre nosotros confirmada por los que le oyeron,
 atestigundola Dios con seales, prodigios y diversos milagros y dones del Espritu Santo, conforme a su voluntad.
 Que no fue a los ngeles a quienes someti el mundo venidero de que hablamos.
 Ya lo testific alguien en cierto lugar al decir: Qu es el hombre para que te acuerdes de l, o el hijo del hombre para que t le visites?
 Hicstele poco menor que a los ngeles, coronstele de gloria y de honor,
 todo lo pusiste debajo de sus pies. Pues al decir que se lo someti todo, es que no dej nada que no le sometiera. Cierto que al presente no vemos an que todo le est sometido,
 pero s vemos al que Dios hizo poco menor que a los ngeles, a Jess, coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte, para que por gracia de Dios gustase la muerte en beneficio de todos.
 Pues convena que aquel para quien y por quien son todas las cosas, que se propona llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por las tribulaciones al autor de la salud de ellos.
 Porque todos, as el que santifica como los santificados, de uno solo vienen, y, por tanto, no se avergenza de llamarlos hermanos,
 diciendo: Anunciar tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabar.
 Y luego: Yo pondr en El mi confianza. Y an: Heme aqu a m y a los hijos que me dio el Seor.
 Pues como los hijos participan en la sangre y en la carne, de igual manera El particip de las mismas, para destruir por la muerte al que tena el imperio de la muerte, esto es, al diablo,
 y librar a aquellos que por el temor de la muerte estaban toda la vida sujetos a servidumbre.
 Pues, como es sabido, no socorri a los ngeles, sino a la descendencia de Abraham.
 Por esto hubo de asemejarse en todo a sus hermanos, a fin de hacerse Pontfice misericordioso y fiel, en las cosas que tocan a Dios, para expiar los pecados del pueblo.
 Porque en cuanto El mismo padeci siendo tentado, es capaz de ayudar a los tentados.
 Vosotros, pues, hermanos santos, que participis de la vocacin celeste, considerad al Apstol y Pontfice de nuestra confesin, Jess,
 fiel al que le hizo, como lo fue Moiss en toda su casa.
 Y es tenido por digno de tanta mayor gloria que Moiss, cuanto mayor que la gloria de la casa es la del que la fabric.
 Pues toda casa es fabricada por alguno, pero el Hacedor de todas las cosas es Dios.
 Y Moiss fue fiel en toda su casa, como ministro que haba de dar testimonio de las cosas que se haban de decir;"
 pero Cristo est como Hijo sobre su casa, que somos nosotros, si retenemos firmemente hasta el fin la confianza y la gloria de la esperanza.
 Por lo cual, segn dice el Espritu Santo: Si oyereis su voz hoy,
 no endurezcis vuestros corazones como en la rebelin, como el da de la tentacin en el desierto,
 donde vuestros padres me tentaron y me pusieron a prueba, y vieron mis obras
 durante cuarenta aos; por lo cual me irrit contra esta generacin, y dije: Andan siempre extraviados en su corazn y no conocen mis caminos,"
 y as jur en mi clera que no entraran en mi descanso.
 Mirad, hermanos, que no haya entre vosotros un corazn malo e incrdulo, que se aparte del Dios vivo;"
 antes exhortaos mutuamente cada da, mientras perdura el hoy, a fin de que ninguno de vosotros se endurezca con el engao del pecado
 Porque hemos sido hechos participantes de Cristo en el supuesto de que hasta el fin conservemos la firme confianza del principio;"
 mientras se dice: Si hoy oyereis su voz, no endurezcis vuestros corazones como en la rebelin.
 Quines, en efecto, se rebelaron despus de haber odo? No fueron todos los que salieron de Egipto por obra de Moiss?
 Y contra quines se irrit por espacio de cuarenta aos? No fue contra los que pecaron, cuyos cadveres cayeron en el desierto?
 Y a quines sino a los desobedientes jur que no entraran en el descanso?
 En efecto, vemos que no pudieron entrar por su incredulidad.
 Temamos, pues, no sea que perdurando an la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros se encuentre que llega con retraso.
 Porque igual que a ellos, se dirige tambin a nosotros este mensaje: y no les aprovech a aqullos haber odo la palabra, por cuanto la oyeron sin fe los que la escucharon.
 Nosotros, pues, los que hemos credo, entramos en el descanso, segn que dijo: Como jur en su clera: No entrarn en mi descanso, aunque sus obras estaban terminadas desde la creacin del mundo.
 Pues en cierto pasaje habla as del da sptimo: Y descans Dios en el da sptimo de todas sus obras.
 Y en ste dice de nuevo: No entrarn en mi descanso.
 Queda, pues, que algunos han de entrar en el descanso, y no habiendo entrado los primeramente invitados a causa de su incredulidad,
 de nuevo seala un da, hoy, declarando por David, despus de tanto tiempo, lo que arriba queda dicho: Si hoy oyereis su voz, no endurezcis vuestros corazones.
 Pues si Josu los hubiera introducido en el descanso, no hablara (David) de otro da, despus de lo dicho.
 Por tanto, queda otro descanso para el pueblo de Dios.
 Y el que ha entrado en su descanso, tambin descansa de sus obras, como Dios descans de las suyas.
 Dmonos prisa, pues, a entrar en este descanso, a fin de que nadie caiga en este mismo ejemplo de desobediencia.
 Que la palabra de Dios es viva, eficaz y tajante, ms que una espada de dos filos, y penetra hasta la divisin del alma y del espritu, hasta las coyunturas y la medula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazn.
 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia, antes son todas desnudas y manifiestas a los ojos de aquel a quien hemos de dar cuenta.
 Teniendo, pues, un gran Pontfice que penetr en los cielos, Jess, el Hijo de Dios, mantengmonos adheridos a la confesin (de nuestra fe).
 No es nuestro Pontfice tal que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, antes fue tentado en todo a semejanza nuestra, fuera del pecado.
 Acerqumonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, a fin de recibir misericordia y hallar gracia para el oportuno auxilio.
 Pues todo pontfice tomado de entre los hombres, en favor de los hombres es instituido para las cosas que miran a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados,
 para que pueda compadecerse de los ignorantes y extraviados, por cuanto l est tambin rodeado de flaqueza,
 y a causa de ella debe por s mismo ofrecer sacrificios por los pecados, igual que por el pueblo.
 Y ninguno se toma por s este honor, sino el que es llamado por Dios, como Arn.
 Y as Cristo no se exalt a s mismo, hacindose pontfice, sino el que le dijo: Hijo mo eres t, hoy te he engendrado.
 Como tambin dice en otra parte: T eres sacerdote para siempre, segn el orden de Melquisedec.
 El cual, habiendo ofrecido en los das de su vida mortal oraciones y splicas con poderoso clamor y lgrimas al que era poderoso para salvarle de la muerte, fue escuchado en razn de su piedad.
 Y aunque era Hijo, aprendi por sus padecimientos la obediencia,
 y, perfeccionado, vino a ser para todos los que le obedecen causa de salud eterna,
 declarado por Dios Pontfice segn el orden de Melquisedec.
 Sobre lo cual tenemos mucho que decir, de difcil inteligencia, porque os habis vuelto torpes de odos.
 Pues los que despus de tanto tiempo debais ser maestros, necesitis que alguien de nuevo os ensee los primeros rudimentos de los orculos divinos, y os habis vuelto tales, que tenis necesidad de leche en vez de manjar slido.
 Pues todo el que se alimenta de leche no es capaz de entender la doctrina de la justicia, porque es an nio;"
 mas el manjar slido es para los perfectos, los que, en virtud de la costumbre, tienen los sentidos ejercitados en discernir lo bueno de lo malo.
 Por lo cual, dejando a un lado las doctrinas elementales sobre Cristo, tendamos a lo perfecto, no echando de nuevo los fundamentos de la penitencia de las obras muertas y de la fe en Dios,
 la doctrina sobre los bautismos y la imposicin de las manos, la resurreccin de los muertos y el juicio eterno.
 I.,o que toca a la perfeccin, eso es lo que me propongo exponer con la ayuda de Dios.
 Porque quienes, una vez iluminados, gustaron el don celestial y fueron hechos partcipes del Espritu Santo,
 gustaron lo hermoso de la palabra de Dios y los prodigios del siglo venidero,
 y (sin embargo) cayeron, es imposible que sean renovados otra vez a penitencia, crucificando para s mismos al Hijo de Dios y ponindole en ludibrio.
 Porque la tierra, que absorbe la lluvia cada a menudo sobre ella y produce frutos de bendicin para el que la cultiva, recibir las bendiciones de Dios;"
 pero la que produce espinas y abrojos es reprobada y est prxima a ser maldita, y su fin ser el fuego.
 Aunque hablamos de este modo, sin embargo, confiamos y esperamos de vosotros, carsimos, algo mejor y ms conducente a la salvacin.
 Que no es Dios injusto para que se olvide de vuestra obra y del amor que habis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y perseverando en servirlos.
 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre hasta el fin la misma diligencia por el logro de la esperanza,
 no emperezndoos, sino hacindoos imitadores de los que por la fe y la paciencia han alcanzado la herencia de las promesas.
 En efecto, cuando Dios hizo a Abraham la promesa, como no tena ninguno mayor por quien jurar, jur por s mismo, diciendo:
 Te bendecir abundantemente, te multiplicar grandemente.
 Y as, perseverando en esperar, alcanz la promesa.
 Porque los hombres suelen jurar por alguno mayor, y el juramento pone entre ellos fin a toda controversia y les sirve de garanta.
 Por lo cual, queriendo Dios mostrar solemnemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su propsito, interpuso el juramento,
 a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos firme consuelo los que buscamos refugio, asindonos a la esperanza que se nos ofrece.
 La cual tenemos como segura y firme ncora de nuestra alma, y que penetra hasta detrs del velo,
 adonde entr por nosotros como precursor Jess, instituido Pontfice para siempre, segn el orden de Melquisedec.
 Pues este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios altsimo, que sali al encuentro de Abraham cuando volva de derrotar a los reyes, y le bendijo,
 a quien dio las dcimas de todo, se interpreta primero rey de justicia, y luego, tambin, rey de Salem, es decir, rey de paz;"
 sin padre, sin madre, sin genealoga, sin principio de sus das ni fin de su vida; asemejado al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre."
 Y ved cuan grande es ste, a quien dio el patriarca Abraham el diezmo de lo mejor del botn.
 Los hijos de Lev que reciben el sacerdocio tienen a su favor un precepto de la Ley, en virtud del cual pueden recibir el diezmo del pueblo, esto es, de sus hermanos, no obstante ser tambin ellos de la estirpe de Abraham.
 Pero aquel que no vena de Abraham recibi los diezmos de Abraham y bendijo a aquel a quien fueron hechas las promesas.
 Ahora bien, no cabe duda que el menor es bendecido por el mayor.
 Y aqu son ciertamente los hombres mortales los que reciben los diezmos, pero all uno de quien se da testimonio que vive.
 Y, por decirlo as, en Abraham, el mismo Lev, que recibe los diezmos, los pag;"
 porque an se hallaba en la entraa de su padre cuando le sali al encuentro Melquisedec.
 Si, pues, la perfeccin viniera por el sacerdocio levtico, ya que sobre l estribaba la Ley dada al pueblo, qu necesidad haba de suscitar otro sacerdote, segn el orden de Melquisedec, y no denominarlo segn el orden de Aarn?
 Porque, mudado el sacerdocio, de necesidad ha de mudarse tambin la Ley.
 Pues bien: aquel de quien esto se dice, pertenece a otra tribu, de la cual ninguno se consagr al altar
 Pues notorio es que Nuestro Seor naci de Jud, a cuya tribu nada dijo Moiss tocante al sacerdocio.
 Y esto resulta todava ms evidente si, a semejanza de Melquisedec, se levanta otro sacerdote,
 instituido, no segn la regla de una prescripcin carnal, sino segn la pujanza de una vida indestructible;"
 pues de El se da este testimonio: T eres sacerdote para siempre, segn el orden de Melquisedec.
 Con esto se anuncia la abrogacin del precedente mandato, a causa de su ineficacia e inutilidad,
 pues la Ley no llev nada a la perfeccin, sino que fue slo introduccin a una esperanza mejor, mediante la cual nos acercamos a Dios.
 Y por cuanto no fue hecho sin juramento  pues aqullos fueron constituidos sacerdotes sin juramento,
 mas ste lo fue con juramento, por el que le dijo: Jur el Seor y no se arrepentir: T eres sacerdote para siempre  ,
 de tanta mejor alianza, se ha hecho fiador Jess.
 Y de aqullos fueron muchos los hechos sacerdotes, por cuanto la muerte les impidi permanecer;"
 pero ste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio perpetuo.
 Por donde puede tambin salvar perfectamente a los que por El se acercan a Dios, siempre viviente para interceder por ellos.
 Tal convena que fuese nuestro Pontfice, santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y ms alto que los cielos;"
 que no necesita, como los pontfices, ofrecer cada da vctimas, primero por sus propios pecados, luego por los del pueblo, pues esto lo hizo una sola vez, ofrecindose a s mismo.
 En suma, la Ley dio el sumo sacerdocio a hombres dbiles, pero la palabra del juramento, que sucedi a la Ley, lo dio al Hijo eternamente perfecto.
 El punto culminante de lo que estamos tratando es que tenemos un Pontfice que est sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos;"
 ministro del santuario y del tabernculo verdadero, erigido por el Seor, no por el hombre.
 Pues todo pontfice es instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios, por lo cual es preciso que tenga algo que ofrecer.
 Si El morara en la tierra, ni siquiera sera sacerdote, habiendo ya quienes al tenor de la Ley ofrecen oblaciones; los cuales prestan servicio en lo que es imagen y sombra de las cosas celestiales, segn que fue revelado a Moiss cuando se dispona a ejecutar la construccin del tabernculo: Mira  se le dijo  , y hazlo todo segn el modelo que te ha sido mostrado en el monte.
 -- omitido por parfrasis --
 Pero nuestro Pontfice ha obtenido un ministerio tanto mejor cuanto El es mediador de una ms excelente alianza, concertada sobre mejores promesas.
 Pues si aquella primera estuviera exenta de defecto, no habra lugar a una segunda.
 Sin embargo, vituperndolos, dice: He aqu que vendrn das, dice el Seor, en que concertar con la casa de Israel y con la casa de Jud una alianza nueva,
 no conforme a la alianza hecha con sus padres el da en que los tom de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, puesto que ellos no permanecieron fieles a mi alianza, y yo los menospreci, dice el Seor.
 Esta ser la alianza que yo har con la casa de Israel, despus de aquellos das, dice el Seor: Imprimir mis leyes en su mente, y en sus corazones las escribir, y yo ser su Dios, y ellos sern mi pueblo.
 Y no habr de ensear cada uno a su prjimo ni a su hermano, diciendo: Conoce al Seor; porque todos me conocern, desde el menor hasta el mayor."
 Porque tendr misericordia de sus iniquidades, y de sus pecados jams me acordar.
 Al decir una alianza nueva declara envejecida la primera. Ahora bien, lo que envejece y se hace anticuado est a punto de desaparecer.
 Y la primera alianza tena su ceremonial y su santuario terrestre.
 Fue construido un tabernculo, y en l una primera estancia, en que estaban el candelabro y la mesa y los panes de la proposicin. Esta estancia se llamaba el Santo.
 Despus del segundo velo, otra estancia del tabernculo, que se llamaba el Santo de los Santos,
 en el que estaba el altar de oro de los perfumes y el arca de la alianza, cubierta toda ella de oro, y en ella un vaso de oro que contena el man, la vara de Aarn, que haba reverdecido, y las tablas de la alianza.
 Encima del arca estaban los querubines de la gloria, que cubran el propiciatorio. De todo lo cual nada hay que decir en particular.
 Dispuestas as las cosas, en la primera estancia del tabernculo entran cada da los sacerdotes, desempeando sus ministerios;"
 pero en la segunda, una sola vez en el ao entra el pontfice solo, no sin sangre, que ofrece en expiacin de sus ignorancias y las del pueblo.
 Quera mostrar con esto el Espritu Santo que an no estaba expedito el camino del santuario, mientras el primer tabernculo subsistiese.
 Era esto figura que miraba al tiempo presente, conforme al cual se ofrecen oblaciones y sacrificios, que no tienen eficacia para hacer perfecto en la conciencia al que ministra,
 tratndose slo de preceptos carnales, sobre alimentos, bebidas y diferentes lavatorios, establecidos hasta el tiempo de la sustitucin.
 Pero Cristo, constituido Pontfice de los bienes futuros, a travs del tabernculo mejor y ms perfecto, no hecho por manos de hombres, esto es, no de esta creacin,
 entr de una vez para siempre en el santuario, no por la sangre de los machos cabros y de los becerros, sino por su propia sangre, habiendo obtenido una redencin eterna.
 Porque si la sangre de los machos cabros y de los toros y la aspersin de la ceniza de la vaca santifica a los inmundos y les da la limpieza de la carne,
 cunto ms la sangre de Cristo, que en virtud de un espritu eterno a s mismo se ofreci inmaculado a Dios, limpiar nuestra conciencia de las obras muertas, para servir al Dios vivo!
 Por esto es el mediador de una nueva alianza, a fin de que por su muerte, para redencin de las transgresiones cometidas bajo la primera alianza, reciban los que han sido llamados las promesas de la herencia eterna.
 Porque donde hay testamento es preciso que intervenga la muerte del testador.
 El testamento es valedero por la muerte, pues nunca el testamento es firme mientras vive el testador.
 Por donde ni siquiera la primera alianza fue otorgada sin sangre;"
 porque Moiss, habiendo ledo al pueblo todos los preceptos de la Ley, tom la sangre de los becerros y de los machos cabros, con agua y lana teida de grana e hisopo, rocio el libro y a todo el pueblo,
 diciendo: Esta es la sangre de la alianza que Dios ha contrado con vosotros.
 Y el mismo tabernculo y los vasos del culto los rocio del mismo modo con sangre,
 y, segn la Ley, casi todas las cosas han de ser purificadas con sangre, y no hay remisin sin efusin de sangre.
 Era, pues, necesario que las figuras de las realidades celestes fuesen purificadas de ese modo, pero las realidades mismas celestes haban de serlo con ms excelentes sacrificios;"
 que no entr Cristo en un santuario hecho por mano de hombres, figura del verdadero, sino en el mismo cielo, para comparecer ahora en la presencia de Dios a favor nuestro
 Ni para ofrecerse muchas veces, a la manera que el pontfice entra cada ao en el santuario en sangre ajena;"
 de otra manera sera preciso que padeciera muchas veces desde la creacin del mundo. Pero ahora una sola vez en la plenitud de los siglos se manifest para destruir el pecado por el sacrificio de s mismo.
 y asi como a los hombres les est establecido morir una vez, y despus de esto el juicio,
 as tambin Cristo, despus de haberse ofrecido una sola vez para tomar sobre s los pecados de todos, por segunda vez aparecer, sin pecado, a los que le esperan para recibir la salud.
 Pues como la Ley slo es la sombra de los bienes futuros, no la verdadera realidad de las cosas, en ninguna manera puede con los sacrificios que cada ao sin cesar se ofrecen, siempre los mismos, perfeccionar a quienes los ofrecen.
 De otro modo cesaran de ofrecerlos, por no tener conciencia ninguna de pecado los adoradores, una vez ya purificados.
 Pero en esos sacrificios cada ao se hace memoria de los pecados,
 por ser imposible que la sangre de los toros y de los machos cabros borre los pecados.
 Por lo cual, entrando en este mundo, dice: No quisiste sacrificios ni oblaciones, pero me has preparado un cuerpo.
 Los holocaustos y sacrificios por el pecado no los recibiste.
 Entonces dije: He aqu que vengo  en el volumen del libro est escrito de m  para hacer, |oh Dios!, tu voluntad.
 Habiendo dicho arriba: Los sacrificios, las ofrendas y los holocaustos por el pecado no los quieres, no los aceptas, siendo todos ofrecidos segn la Ley,
 dijo entonces: He aqu que vengo para hacer tu voluntad. Abroga lo primero para establecer lo segundo.
 En virtud de esta voluntad somos nosotros santificados por la oblacin del cuerpo de Jesucristo, hecha una sola vez.
 Y mientras que todo sacerdote asiste cada da para ejercer su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;"
 ste, habiendo ofrecido un sacrificio por los pecados, para siempre se sent a la diestra de Dios,
 esperando lo que resta hasta que sean puestos sus enemigos por escabel de sus pies.
 De manera que con una sola oblacin perfeccion para siempre a los santificados.
 Y nos lo certifica el Espritu Santo, porque despus de haber dicho:
 Esta es la alianza que contraer con vosotros despus de aquellos das  dice el Seor  , depositando mis leyes en sus corazones y escribindolas en sus mentes, [aade]:
 y de sus pecados e iniquidades no me acordar ms.
 Ahora bien, cuando estn remitidos los pecados, no cabe ya oblacin por el pecado.
 Teniendo, pues, hermanos, en virtud de la sangre de Jess, firme confianza de entrar en el santuario
 que El nos abri, como camino nuevo y vivo a travs del velo, esto es, de su carne;"
 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
 acerqumonos con sincero corazn, con plenitud de fe, purificados los corazones de toda conciencia mala y lavado el cuerpo con el agua pura.
 Retengamos firmes la confesin de la esperanza, pues fiel es quien hizo la promesa.
 Miremos los unos por los otros, para excitarnos a la caridad y a las buenas obras;"
 no abandonando vuestra asamblea, como es costumbre de algunos, sino exhortndoos, y tanto ms cuanto que veis que se acerca el da.
 Porque si voluntariamente pecamos despus de recibir el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados,
 sino un temeroso juicio, y el ardor vengativo del fuego que devora a los enemigos.
 Si el que menosprecia la Ley de Moiss, sin misericordia es condenado a muerte sobre la palabra de dos o tres testigos,
 de cunto mayor castigo pensis que ser digno el que pisotea al Hijo de Dios y reputa por inmunda la sangre de la alianza, con la que fue santificado, e insulta al Espritu de la gracia?
 Porque conocemos al que dijo: Ma es la venganza; yo retribuir. Y luego: El Seor juzgar a su pueblo.
 Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo.
 Recordad los das pasados, en los cuales, despus de iluminados, soportasteis una grave lucha de padecimientos;"
 de una parte fuisteis dados en espectculo a las pblicas afrentas y persecuciones; de otra os habis hecho partcipes de los que as estn."
 Pues habis tenido compasin de los presos, y recibisteis con alegra el despojo de vuestros bienes, conociendo que tenais una hacienda mejor y perdurable.
 No perdis, pues, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa.
 Porque tenis necesidad de paciencia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, alcancis la promesa.
 Porque aun un poco de tiempo, y el que llega vendr y no tardar.
 Mi justo vivir de la fe, pero no se complacer ya mi alma en el que cobarde se oculta.
 Pero nosotros no somos de los que se ocultan para perdicin, sino de los que perseveran fieles para ganar el alma.
 Ahora bien, la fe es garanta de lo que esperamos, prueba de lo que no vemos;"
 pues por ella adquirieron gran nombre los antiguos.
 Por la fe conocemos que los mundos han sido dispuestos por la palabra de Dios, de suerte que de lo invisible ha tenido origen lo visible.
 Por la fe, Abel ofreci a Dios sacrificios ms excelentes que Can y por ellos fue declarado justo, dando Dios testimonio a sus ofrendas; y por ella habla aun despus de muerto*"
 Por la fe fue trasladado Enoc, sin pasar por la muerte, y no fue hallado, porque Dios le traslad. Pero antes de ser trasladado recibi el testimonio de haber agradado a Dios,
 cosa que sin la fe es imposible. Que es preciso que quien se acerque a Dios crea que existe y que es remunerador de los que le buscan.
 Por la fe, No, avisado por divina revelacin de lo que an no se vea, movido de temor, fabric el arca para salvacin de su casa; y por aquella misma fe conden al mundo, hacindose heredero de la justicia segn la fe."
 Por la fe, Abraham, al ser llamado, obedeci y sali hacia la tierra que haba de recibir en herencia, pero sin saber adonde iba.
 Por la fe mor en la tierra de sus promesas como en tierra extraa, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa.
 Porque esperaba l ciudad asentada sobre firmes cimientos, cuyo arquitecto y constructor sera Dios.
 Por la fe, la misma Sara recibi el vigor, principio de una descendencia, y esto fuera ya de la edad propicia, por cuanto crey que era fiel el que se lo haba prometido.
 Y por eso de uno, y ste ya sin vigor para engendrar, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como las arenas incontables que hay en las riberas del mar.
 En la fe murieron todos sin recibir las promesas; pero vindolas de lejos y saludndolas y confesndose peregrinos y huspedes sobre la tierra,"
 pues los que tales cosas dicen dan bien a entender que buscan la patria.
 Que si se acordaran de aqulla de donde haban salido, tiempo tuvieron para volverse a ella.
 Pero deseaban otra mejor, esto es, la celestial. Por eso Dios no se avergenza de llamarse Dios suyo, porque les tena preparada una ciudad.
 Por la fe ofreci Abraham a Isaac cuando fue puesto a prueba, y ofreci a su unignito, el que haba recibido las promesas,
 y de quien se haba dicho: Por Isaac tendrs tu descendencia;"
 pensando que hasta de entre los muertos podra Dios resucitarle. Por eso le recuper tambin en figura.
 Por la fe dio Isaac las bendiciones de los bienes futuros a Jacob y a Esa.
 Por la fe, Jacob, moribundo, bendijo a cada uno de los hijos de Jos, apoyndose en la extremidad de su bculo.
 Por la fe, Jos, estando para acabar, se acord de la salida de los hijos de Israel y dio rdenes acerca de sus huesos.
 Por la fe, Moiss, recin nacido, fue ocultado durante tres meses por su padres, que, viendo al nio tan hermoso, no se dejaron amedrentar por el decreto del rey.
 Por la fe, Moiss, llegado ya a la madurez, rehus ser llamado hijo de la hija de Faran,
 prefiriendo ser afligido con el pueblo de Dios a disfrutar de las ventajas pasajeras del pecado,
 teniendo por mayor riqueza que los tesoros de Egipto el oprobio de Cristo, porque pona los ojos en la recompensa.
 Por la fe abandon el Egipto sin miedo a las iras del rey, pues, como si viera al Invisible, persever firme en su propsito.
 Por la fe celebr la Pascua y la aspersin de la sangre, para que el exterminador no tocase a los primognitos de Israel.
 Por la fe atravesaron el mar Rojo, como por tierra seca, mas probando a pasar los egipcios, fueron sumergidos.
 Por la fe cayeron los muros de Jeric, despus de haber sido rodeados siete das.
 Por la fe, Rahab, la meretriz, no pereci con los incrdulos, por haber acogido benvolamente a los espas.
 Y qu ms dir? Porque me faltara el tiempo para hablar de Geden, de Barac, de Sansn, de Jeft, de David, de Samuel y de los profetas,
 los cuales por la fe subyugaron reinos, ejercieron la justicia, alcanzaron promesas, obstruyeron la boca de los leones,
 extinguieron la violencia del fuego, escaparon al filo de la espada, convalecieron de la enfermedad, se hicieron fuertes en la guerra, desbarataron los campamentos de los extranjeros.
 Las mujeres recibieron sus muertos resucitados; otros fueron sometidos a tormento, rehusando la liberacin por alcanzar una resurreccin mejor;"
 otros soportaron irrisiones y azotes, an ms, cadenas y crceles;"
 fueron apedreados, tentados, aserrados, murieron al filo de la espada, anduvieron errantes, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, necesitados, atribulados, maltratados;"
 aquellos de quienes no era digno el mundo, perdidos por los desiertos y por los montes, por las cavernas y por las grietas de la tierra.
 Y todos stos, con ser recomendables por su fe, no alcanzaron la promesa,
 habiendo Dios previsto algo mejor sobre nosotros, para que sin nosotros no llegasen ellos a la perfeccin.
 Teniendo, pues, nosotros tal nube de testigos que nos envuelve, arrojemos todo peso y el pecado que nos asedia, y por la paciencia corramos el combate que se nos ofrece,
 puestos los ojos en el autor y perfeccionador de nuestra fe, Jess; el cual, por el gozo que se le propona, soport la cruz, sin hacer caso de la ignominia, y est sentado a la diestra del trono de Dios."
 Traed, pues, a vuestra consideracin al que soport tal contradiccin de los pecadores contra s mismo, para que no decaigis de nimo rendidos por la fatiga.
 An no habis resistido hasta la sangre en vuestra lucha contra el pecado,
 y os habis ya olvidado de la exhortacin que a vosotros como a hijos se dirige: Hijo mo, no menosprecies la correccin del Seor y no desmayes reprendido por El;"
 porque el Seor, a quien ama le reprende, y azota a todo el que recibe por hijo.
 Soportad la correccin. Como con hijos se porta Dios con vosotros. Pues qu hijo hay a quien su padre no corrija?
 Pero si no os alcanzase la correccin de la cual todos han participado, argumento sera de que erais bastardos y no legtimos.
 Por otra parte, hemos tenido a nuestros padres carnales que nos corregan y nosotros los respetbamos; no hemos de someternos mucho ms al Padre de los espritus para alcanzar la vida?"
 En efecto, aqullos, segn bien les pareca, nos corregan para proporcionarnos una felicidad de pocos das; pero ste, mirando a nuestro provecho, nos corrige, para hacernos participantes de su santidad."
 Ninguna correccin parece por el momento agradable, sino dolorosa; pero al fin ofrece frutos apacibles de justicia a los ejercitados por ella."
 Por lo cual, enderezad las manos cadas y las rodillas debilitadas,
 y enderezad vuestros pasos, para que los rengos no se salgan del camino, antes bien sean curados.
 Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie ver a Dios;"
 mirando bien que ninguno sea privado de la gracia de Dios, que ninguna raz amarga, brotando, la impida y corrompa la fe e inficione a muchos.
 Mirad que ninguno incurra en fornicacin, impureza o impiedad, como Esa, que vendi su primogenitura por una comida.
 Bien sabis cmo queriendo despus heredar la bendicin fue desechado y no hall lugar de penitencia, aunque con lgrimas lo busc.
 Que no os habis allegado al monte tangible, al fuego encendido, al torbellino, a la oscuridad, a la tormenta,
 al sonido de la trompeta y a la voz de las palabras, que quienes las oyeron rogaron que no se les hablase ms;"
 porque no podan orla sin temor. Si un animal tocaba al monte, haba de ser apedreado.
 Y tan terrible era la aparicin, que Moiss dijo: Estoy aterrado y tembloroso.
 Pero vosotros os habis allegado al monte de Sin, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusaln celestial y a las miradas de ngeles, a la asamblea,
 a la congregacin de los primognitos, que estn escritos en los cielos, y a Dios, Juez de todos, y a los espritus de los justos perfectos,
 y al Mediador de la nueva alianza, Jess, y a la aspersin de la sangre, que habla mejor que la de Abel.
 Mirad que no recusis al que habla, porque si aqullos, recusando al que en la tierra les hablaba, no escaparon al castigo, mucho menos nosotros, si desechamos al que desde el cielo nos habla,
 cuya voz entonces estremeca la tierra y ahora hace esta promesa: Todava una vez, yo conmover no slo la tierra, sino tambin el cielo.
 Este todava una vez muestra el cambio de las cosas movibles, por razn de haberse ya cumplido, a fin de que permaneciesen las no conmovibles.
 Por lo cual, ya que recibimos el reino inconmovible, guardemos la gracia, por la cual serviremos agradablemente a Dios con temor y reverencia,
 porque mostr Dios ser un fuego devorador.
 Permanezca entre vosotros la fraternidad,
 no os olvidis de la hospitalidad, pues por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ngeles.
 Acordaos de los presos, como si vosotros estuvierais presos con ellos, y de los que sufren malos tratos, como si estuvierais en su cuerpo.
 El matrimonio sea tenido por todos en honor; el lecho conyugal sea sin mancha, porque Dios ha de juzgar a los fornicarios y a los adlteros."
 Sea vuestra vida exenta de avaricia, contentndoos con lo que tengis, porque el mismo Dios ha dicho: No te dejar ni te desamparar.
 De manera que animosos podemos decir: El Seor es mi ayuda, no temer; qu podr hacerme el hombre?
 Acordaos de vuestros pastores, que os predicaron la palabra de Dios, y, considerando el fin de su vida, imitad su fe.
 Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.
 No os dejis llevar de doctrinas varias y extraas; porque es mejor fortalecer el corazn con la gracia que con viandas de las que, ningn provecho sacaron los que a ellas se apegaron."
 Nosotros tenemos un altar, del que no tienen facultad de comer los que sirven el tabernculo.
 Los cuerpos de aquellos animales cuya sangre, ofrecida por los pecados, es introducida en el santuario por el pontfice, son quemados fuera del campamento.
 Por lo cual tambin Jess, a fin de santificar con su propia sangre al pueblo, padeci fuera de la puerta.
 Salgamos, pues, a El, fuera del campamento, cargados con su oprobio,
 que no tenemos aqu ciudad permanente, antes buscamos la futura.
 Por El ofrezcamos de continuo a Dios sacrificio de alabanza, esto es, el fruto de los labios que bendicen su nombre.
 De la beneficencia y de la mutua asistencia no os olvidis, que en tales sacrificios se complace Dios.
 Obedeced a vuestros pastores y estadles sujetos, que ellos velan sobre vuestras almas, como quien ha de dar cuenta de ellas, para que lo hagan con alegra y sin gemidos, que esto sera para vosotros poco venturoso.
 Orad por nosotros. Confiados en que tenemos buena conciencia y que queremos proceder rectamente en todo.
 Sobre todo os ruego que hagis oracin para que yo os sea pronto restituido.
 El Dios de la paz, que sac de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Seor Jess,
 os haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en nosotros lo que es grato en su presencia, por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amn.
 Os ruego, hermanos, que llevis con paciencia este discurso de exhortacin, porque en verdad os he escrito brevemente.
 Sabe que ha sido puesto en libertad nuestro hermano Timoteo, en cuya compaa, si viniere pronto, os he de ver.
 Saludad a todos vuestros pastores y a todos los santos. Os saludan los de Italia.
 La gracia sea con todos vosotros. Amn.
 -- omitido por parfrasis --
 Tened, hermanos mos, por sumo gozo veros rodeados de diversas tentaciones,
 considerando que la prueba de vuestra fe engendra la paciencia.
 Mas tenga obra perfecta la paciencia, para que seis perfectos y cumplidos, sin faltar en cosa alguna.
 Si alguno de vosotros se halla falto de sabidura, pdala a Dios, que a todos da largamente y sin reproche, y le ser otorgada.
 Pero pida con fe, sin vacilar en nada, que quien vacila es semejante a las olas del mar, movidas por el viento y llevadas de una parte a otra.
 Hombre semejante no piense que recibir nada de Dios.
 Es varn indeciso e inconstante en todos sus caminos.
 Glorese el hermano pobre en su exaltacin,
 el rico en su humillacin, porque como la flor del heno pasar,
 Se levant el sol con sus ardores, secse el heno, se marchit la flor y desapareci su belleza. As tambin el rico se marchitar en sus empresas.
 Bienaventurado el varn que soporta la tentacin, porque, probado, recibir la corona de la vida que Dios prometi a los que le aman.
 Nadie en la tentacin diga: Soy tentado por Dios. Porque Dios ni puede ser tentado al mal ni tienta a nadie.
 Cada uno es tentado por sus propias concupiscencias, que le atraen y seducen.
 Luego la concupiscencia, cuando ha concebido, pare el pecado, y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte.
 No os engais, hermanos mos carsimos.
 Todo buen don y toda ddiva perfecta viene de arriba, desciende del Padre de las luces, en el cual no se da mudanza ni sombra de alteracin.
 De su propia voluntad nos engendr por la palabra de la verdad, para que seamos como primicias de sus criaturas.
 Sabis, hermanos mos carsimos, que todo hombre debe ser pronto para escuchar, tardo para hablar, tardo para airarse,
 porque la clera del hombre no obra la justicia de Dios.
 Por esto, deponiendo toda sordidez y todo resto de maldad, recibid con mansedumbre la palabra injerta en vosotros, capaz de salvar vuestras almas.
 Ponedla en prctica y no os contentis slo con orla, que os engaara;"
 pues quien se contente con slo or la palabra, sin practicarla, ser semejante al varn que contempla en un espejo su rostro,
 y, apenas se contempla, se va y al instante se olvida de cmo era;"
 mientras que quien atentamente considera la ley perfecta, la de la libertad, ajustndose a ella, no como oyente olvidadizo, sino como cumplidor, ste ser bienaventurado por sus obras.
 Si alguno cree ser religioso y no refrena su lengua, se engaa, porque su religin es vana.
 La religin pura e inmaculada ante Dios Padre es visitar a los hurfanos y a las viudas en sus tribulaciones y conservarse sin mancha en este mundo.
 Hermanos mos, no juntis la acepcin de personas con la fe de nuestro glorioso Seor Jesucristo.
 Porque si, entrando en vuestra asamblea un hombre con anillos de oro en los dedos, en traje magnfico, y entrando asimismo un pobre con traje rado,
 fijis la atencin en el que lleva el traje magnfico y le decs: T sintate aqu honrosamente; y al pobre le decs: T qudate ah en pie o sintate bajo mi escabel,"
 no juzgis por vosotros mismos y vens a ser jueces perversos?
 Escuchad, hermanos mos carsimos: No escogi Dios a los pobres segn el mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del reino que tiene prometido a los que le aman?
 Y vosotros afrentis al pobre. No son los ricos los que os oprimen y os arrastran ante los tribunales?
 No son ellos los que blasfeman el buen nombre invocado sobre nosotros?
 Si en verdad cumpls la ley regia de la Escritura: Amars al prjimo como a ti mismo, bien hacis;"
 pero, si obris con acepcin de personas, cometis pecado, y la Ley os argir de transgresores.
 Porque quien observe toda la Ley, pero quebrante un solo precepto, viene a ser reo de todos;"
 pues el mismo que dijo: No adulterars, dijo tambin: No matars. Y si no adulteras, pero matas, te has hecho transgresor de la Ley.
 Hablad y juzgad como quienes han de ser juzgados por la ley de la libertad.
 Porque sin misericordia ser juzgado el que no hace misericordia. La misericordia aventaja al juicio.
 Qu le aprovecha, hermanos mos, a uno decir: Yo tengo fe, si no tiene obras? Podr salvarle la fe?
 Si el hermano o la hermana estn desnudos y carecen de alimento cotidiano,
 y alguno de vosotros les dijere: Id en paz, que podis calentaros y hartaros, pero no les diereis con qu satisfacer la necesidad de su cuerpo, qu provecho les vendra?
 As tambin la fe, si no tiene obras, es de suyo muerta
 Mas dir alguno: T tienes fe y yo tengo obras. Mustrame sin las obras tu fe, que yo por mis obras te mostrar la fe.
 T crees que Dios es uno? Haces bien. Mas tambin los demonios creen y tiemblan
 Quieres saber, hombre vano, que es estril la fe sin las obras?
 Abraham, nuestro padre, no fue justificado por las obras cuando ofreci sobre el altar a Isaac, su hijo?
 Ves cmo la fe cooperaba con sus obras y que por las obras se hizo perfecta la fe?
 Y cumplise la Escritura que dice: Pero Abraham crey a Dios, y le fue imputado a justicia y fue llamado amigo de Dios.
 Ved, pues, cmo por las obras y no por la fe solamente se justifica el hombre.
 Y, asimismo, Rahab la meretriz, no se justific por las obras, recibiendo a los mensajeros y despidindolos por otro camino?
 Pues como el cuerpo sin el espritu es muerto, as tambin es muerta la fe sin las obras.
 Hermanos mos, no seis muchos en pretender haceros maestros, sabiendo que seremos juzgados ms severamente, 2a porque todos ofendemos en mucho.
 Si alguno no peca de palabra, es varn perfecto, capaz de gobernar con el freno todo su cuerpo.
 A los caballos les ponemos freno en la boca para que nos obedezcan, y as gobernarnos todo su cuerpo.
 Ved tambin las naves, que, con ser tan grandes y ser empujadas por vientos impetuosos, se gobiernan por un pequeo timn a voluntad del piloto.
 As tambin la lengua, con ser un miembro pequeo, se atreve a grandes cosas. Ved que un poco de fuego basta para quemar todo un gran bosque.
 Tambin la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. Colocada entre nuestros miembros, la lengua contamina todo el cuerpo, e, inflamada por el infierno, inflama a su vez toda nuestra vida.
 Todo gnero de fieras, de aves, de reptiles y animales marinos es domable y ha sido domado por el hombre;"
 pero a la lengua nadie es capaz de domarla, es un azote irrefrenable y est llena de mortfero veneno.
 Con ella bendecimos al Seor y Padre nuestro, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a imagen de Dios.
 De la misma boca proceden la bendicin y la maldicin. Y esto, hermanos mos, no debe ser as.
 Acaso la fuente echa por el mismo cao agua dulce y amarga?
 Puede acaso, hermanos mos, la higuera producir aceitunas, o higos la vid? Y tampoco un manantial puede dar agua salada y agua dulce.
 Quin de entre vosotros es sabio e inteligente? Pues muestre con sus obras y conducta su mansedumbre y su sabidura.
 Pero, si tenis en vuestros pechos un corazn lleno de amarga envidia y rencilloso, no os gloriis ni mintis contra la verdad;"
 que no ser sabidura de arriba la vuestra, sino sabidura terrena, animal, demonaca.
 Porque donde hay envidias y rencillas, all hay desenfreno y todo gnero de males.
 Mas la sabidura de arriba es primeramente pura, luego pacfica, modesta, indulgente, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin hipocresa,
 y el fruto de la justicia se siembra en la paz para aquellos que obran la paz.
 Y de dnde entre vosotros tantas guerras y contiendas? No es de las pasiones, que luchan en vuestros miembros?
 Codiciis, y no tenis; matis, ardis en envidia, y no alcanzis nada; os combats y os hacis la guerra, y no tenis porque no peds;"
 peds y no recibs, porque peds mal, para dar satisfaccin a vuestras pasiones.
 Adlteros, no sabis que la amistad del mundo es enemiga de Dios? Quien pretende ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios.
 O pensis que sin causa dice la Escritura: El Espritu que mora en vosotros se deja llevar de la envidia?
 Al contrario, El da mayor gracia. Por lo cual dice: Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes da la gracia.
 Someteos, pues, a Dios y resistid al diablo, y huir de vosotros.
 Acercaos a Dios, y El se acercar a vosotros. Lavaos las manos, pecadores, y purificad vuestros corazones, almas dobles.
 Sentid vuestras miserias, llorad y lamentaos; convirtase en llanto vuestra risa, y vuestra alegra en tristeza."
 Humillaos delante del Seor y El os ensalzar.
 No murmuris unos de otros/hermanos; el que murmura de su hermano o juzga a su hermano, murmura de la Ley, juzga la Ley. Y si juzgas la Ley, no eres ya cumplidor de ella, sino juez."
 Uno solo es el legislador y el juez, que puede salvar y perder. Pero t, quin eres para juzgar a tu prjimo?
 Y vosotros los que decs: Hoy o maana iremos a tal ciudad, y pasaremos all el ao, y negociaremos, lograremos buenas ganancias,
 no sabis cul ser vuestra vida de maana, pues sois humo, que aparece un momento y al punto se disipa.
 En vez de esto debais decir: Si el Seor quiere y vivimos, haremos esto o aquello.
 Pero de otro modo os jactis fanfarronamente, y esa jactancia es mala.
 Pues al que sabe hacer el bien y no lo hace, se le imputa a pecado.
 Y vosotros los ricos llorad a gritos sobre las miserias que os amenazan.
 Vuestra riqueza est podrida; vuestros vestidos, consumidos por la polilla;"
 vuestro oro y vuestra plata, comidos del orn, y el orn ser testigo contra vosotros y roer vuestras carnes como fuego. Habis atesorado para los ltimos das.
 El jornal de los obreros que han segado vuestros campos, defraudado por vosotros, clama, y los gritos de los segadores han llegado a los odos del Seor de los ejrcitos.
 Habis vivido en delicias sobre la tierra, entregados a los placeres, y habis engordado para el da de la matanza.
 Habis condenado al justo, le habis dado muerte sin que l os resistiera.
 Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la venida del Seor. Ved cmo el labrador, con la esperanza de los preciosos frutos de la tierra, aguarda con paciencia las lluvias tempranas y las tardas.
 Aguardad tambin vosotros con paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Seor est cercana.
 No os quejis, hermanos, murmurando unos de otros, para que no incurris en juicio; mirad que el Juez est a las puertas."
 Tomad, hermanos, por modelo de tolerancia y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Seor,
 Ved cmo ahora aclamamos bienaventurados a los que padecieron. Sabis la paciencia de Job, el fin que el Seor le otorg, porque el Seor es compasivo y misericordioso.
 Pero ante todo, hermanos, no juris, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con otra especie de juramento; que vuestro s sea s, y vuestro no sea no, para no incurrir en juicio."
 Est afligido alguno entre vosotros? Ore. Est de buen nimo? Salmodie.
 Alguno entre vosotros enferma? Haga llamar a los presbteros de la Iglesia y oren sobre l, ungindole con leo en el nombre del Seor,
 y la oracin de la fe salvar al enfermo, y el Seor le aliviar, y los pecados que hubiere cometido le sern perdonados.
 Confesaos, pues, mutuamente vuestras faltas y orad unos por otros para que os salvis. Mucho puede la oracin fervorosa del justo.
 Elas, hombre era, semejante a nosotros, y or para que no lloviese, y no llovi sobre la tierra durante tres aos y seis meses;"
 y de nuevo or, y envi el cielo la lluvia, y produjo la tierra sus frutos.
 Hermanos mos, si alguno de vosotros se extrava de la verdad y otro logra reducirle,
 sepa que quien convierte a un pecador de su errado camino salvar su alma de la muerte y cubrir la muchedumbre de sus pecados.
 Pedro, apstol de Jesucristo, a los elegidos extranjeros de la dispersin del Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia,
 elegidos segn la presciencia de Dios Padre en la santificacin del espritu para la obediencia y la aspersin de la sangre de Jesucristo: la gracia y la paz os sean multiplicadas.
 Bendito sea Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, que por su gran misericordia nos reengendr a una viva esperanza por la resurreccin de Jesucristo de entre los muertos,
 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, que os est reservada en los cielos
 a los que por el poder de Dios habis sido guardados mediante la fe para la salud que est dispuesta a manifestarse en el tiempo ltimo.
 Por lo cual exultis, aunque ahora tengis que entristeceros un poco en las diversas tentaciones,
 para que vuestra fe probada, ms preciosa que el oro, que se corrompe aunque acrisolado por el fuego, aparezca digna de alabanza, gloria y honor en la revelacin de Jesucristo,
 a quien amis sin haberlo visto, en quien ahora creis sin verle, y os regocijis con un gozo inefable y glorioso,
 recibiendo el fruto de vuestra fe, la salud de las almas.
 Acerca de la cual inquirieron e investigaron los profetas que vaticinaron la gracia a vosotros destinada,
 escudriando qu y cul tiempo indicaba el Espritu de Cristo, que en ellos moraba y de antemano testificaba los padecimientos de Cristo y las glorias que haban de seguirlos.
 A ellos fue revelado que no a s mismo, sino a vosotros, servan con esto, que os ha sido anunciado ahora por los que os evangelizaron, movidos del Espritu Santo, enviado del cielo, y que los mismos ngeles desean contemplar.
 Por lo cual, ceidos los lomos de vuestra mente y apercibidos, tened vuestra esperanza completamente puesta en la gracia que os ha trado la revelacin de Jesucristo.
 Como hijos de obediencia, no os conformis a las concupiscencias que primero tenais en vuestra ignorancia,
 antes, conforme a la santidad del que os llam, sed santos en todo,
 porque escrito est: Sed santos, porque santo soy yo.
 Y si llamis Padre al que sin acepcin de personas juzga a cada cual segn sus obras, vivid con temor todo el tiempo de vuestra peregrinacin,
 considerando que habis sido rescatados de vuestro vano vivir segn la tradicin de vuestros padres, no con plata y oro, corruptibles,
 sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha,
 ya conocido antes de la creacin del mundo y manifestado al fin de los tiempos por amor vuestro;"
 los que por El creis en Dios, que le resucit de entre los muertos y le dio la gloria de manera que en Dios tengamos nuestra fe y nuestra esperanza.
 Pues por la obediencia a la verdad habis purificado vuestras almas para una sincera caridad, amaos entraablemente unos a otros,
 como quienes han sido engendrados no de semilla corruptible, sino incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios,
 porque toda carne es como heno, y toda su gloria, como flor de heno. Secse el heno y se cay la flor,
 mas la palabra del Seor permanece para siempre. Y esta palabra es la que os ha sido anunciada.
 Despojaos, pues, de toda maldad y de todo engao, de hipocresas, envidias y maledicencias,
 y, como nios recin nacidos, apeteced la leche espiritual, para con ella crecer en orden a la salvacin,
 si es que habis gustado cuan bueno es el Seor.
 A El habis de allegaros, como a piedra viva rechazada por los hombres, pero por Dios escogida, preciosa,
 Vosotros, como piedras vivas, sois edificados en casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por Jesucristo.
 Por lo cual en la Escritura se lee: He aqu que yo pongo en Sin una piedra angular, escogida, preciosa, y el que creyere en ella no ser confundido.
 Para vosotros, pues, los creyentes, es honor, mas para los incrdulos esa piedra desechada por los constructores y convertida en cabeza de esquina,
 es piedra de tropiezo y roca de escndalo. Rehusando creer, vienen a tropezar en la palabra, pues tambin a eso fueron destinados.
 Pero vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, nacin santa, pueblo adquirido para pregonar el poder del que os llam de las tinieblas a su luz admirable.
 Vosotros, que un tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios; no habais alcanzado misericordia, pero ahora habis conseguido misericordia."
 Os ruego, carsimos, que, como peregrinos advenedizos, os abstengis de los apetitos carnales que combaten contra el alma,
 y observis entre los gentiles una conducta ejemplar, a fin de que, en lo mismo por que os afrentan como malhechores, considerando vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios en el da de la visitacin.
 Por amor del Seor, estad sujetos a toda autoridad humana:
 ya al emperador, como soberano; ya a los gobernadores, como delegados suyos para castigo de los malhechores y elogio de los buenos."
 Tal es la voluntad de Dios, que, obrando el bien, amordacemos la ignorancia de los hombres insensatos;"
 como libres y no como quien tiene la libertad cual cobertura de la maldad, sino como siervos de Dios.
 Honrad a todos, amad la fraternidad, temed a Dios y honrad al emperador.
 Los siervos estn con todo temor sujetos a sus amos, no slo a los bondadosos y humanos, sino tambin a los rigurosos.
 Agrada a Dios que por amor suyo soporte uno las ofensas injustamente inferidas.
 Pues qu mrito tendrais si, delinquiendo y castigados por ello, lo soportis? Pero, si por haber hecho el bien padecis y lo llevis con paciencia, esto es lo grato a Dios.
 Pues para esto fuisteis llamados, ya que tambin Cristo padeci por vosotros y os dej ejemplo para que sigis sus pasos.
 El, en quien no hubo pecado y en cuya boca no se hall engao,
 ultrajado, no replicaba con injurias, y, atormentado, no amenazaba, sino que lo remita al que juzga con justicia.
 Llev nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que, muertos al pecado, viviramos para la justicia, y por sus heridas hemos sido curados.
 Porque erais como ovejas descarriadas; mas ahora os habis vuelto al pastor y guardin de vuestras almas."
 Asimismo, vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, para que, si alguno se muestra rebelde a la palabra, sea ganado sin palabras por la conducta de su mujer,
 considerando vuestro respetuoso y honesto comportamiento.
 Y vuestro ornato no ha de ser el exterior del rizado de los cabellos, del ataviarse con joyas de oro o el de la compostura de los vestidos,
 sino el oculto en el corazn, que consiste en la incorrupcin de un espritu manso y tranquilo; sa es la hermosura en la presencia de Dios."
 As es como en otro tiempo se adornaban las santas mujeres que esperaban en Dios, obedientes a sus maridos.
 Como Sara, cuyas hijas habis venido a ser vosotras, obedeca a Abraham y le llamaba seor, obrando el bien sin intimidacin alguna.
 Igualmente vosotros, maridos, tratadlas con discrecin, como a vaso ms frgil, honrndolas como a coherederas de la gracia de vida, para que nada impida vuestras oraciones.
 Finalmente, todos tengan un mismo sentir, sean compasivos, fraternales, misericordiosos, humildes,
 no devolviendo mal por mal, ni ultraje por ultraje; al contrario, bendiciendo, que para esto hemos sido llamados, para ser herederos de la bendicin:"
 Pues quien quisiere amar la vida y ver das dichosos, cohiba su lengua del mal y sus labios de haber engaado.
 Aprtese del mal y obre el bien, busque la paz y sgala,
 que los ojos del Seor miran a los justos, y sus odos a sus oraciones, pero el rostro del Seor est contra los que obran el mal.
 Y quin os har mal si fuereis celosos promovedores del bien?
 Y si, con todo, padeciereis por la justicia, bienaventurados vosotros. No los temis ni os turbis,
 antes glorificad en vuestros corazones a Cristo Seor y estad siempre prontos para dar razn de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere;"
 pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo;"
 que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
 Porque tambin Cristo muri una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Muri en la carne, pero volvi a la vida por el Espritu
 y en l fue a pregonar a los espritus que estaban en la prisin,
 incrdulos en otro tiempo, cuando en los das de No los esperaba la paciencia de Dios, mientras se fabricaba el arca, en la cual pocos, esto es, ocho personas, se salvaron por el agua.
 Esta os salva ahora a vosotros, como antitipo, en el bautismo, no quitando la suciedad de la carne, sino demandando a Dios una buena conciencia por la resurreccin de Jesucristo.  Puesto que Cristo padeci en la carne, armaos tambin del mismo pensamiento de que quien padeci en la carne ha roto con el pecado,
 que, una vez sometidos a El los ngeles, las potestades y las virtudes, subi al cielo y est sentado a la diestra de Dios.
 -- omitido por parfrasis --
 para vivir el resto del tiempo no en codicias humanas, sino en la voluntad de Dios.
 Basta ya de hacer, como en otro tiempo, la voluntad de los gentiles, viviendo en desenfreno, en liviandades, en crpula, en comilonas y embriagueces y en abominables idolatras.
 Ahora, extraados de que no concurris a su desenfrenada liviandad, os insultan;"
 pero tendrn que dar cuenta al que est pronto para juzgar a vivos y a muertos.
 Que por esto fue anunciado el Evangelio a los muertos, para que, condenados en carne segn los hombres, vivan en el espritu segn Dios.
 El fin de todo est cercano. Sed, pues, discretos y velad en la oracin.
 Ante todo tened los unos para los otros ferviente caridad, porque la caridad cubre la muchedumbre de los pecados.
 Sed hospitalarios unos con otros sin murmuracin.
 El don que cada uno haya recibido pngalo al servicio de los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
 Si alguno habla, sean sentencias de Dios; si alguno ejerce un ministerio, sea como con poder que Dios otorga, a fin de que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, cuya es la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amn."
 Carsimos, no os sorprendis como de un suceso extraordinario del incendio que se ha producido entre vosotros, que es para vuestra prueba;"
 antes habis de alegraros en la medida en que participis en los padecimientos de Cristo, para que en la revelacin de su gloria exultis de gozo.
 Bienaventurados vosotros si, por el nombre de Cristo, sois ultrajados, porque el espritu de la gloria, que es el Espritu de Dios, reposa sobre vosotros.
 Que ninguno padezca por homicida, o por ladrn, o por malhechor, o por entrometido;"
 mas si por cristiano padece, no se avergence, antes glorifique a Dios en este nombre.
 Porque ha llegado el tiempo de que comience el juicio por la casa de Dios. Pues si empieza por nosotros, cul ser el fin de los que rehusan obedecer al Evangelio de Dios?
 Y si el justo a duras penas se salva, qu ser del impo y el pecador?
 As, pues, los que padecen segn la voluntad de Dios, encomienden al Creador fiel sus almas por la prctica del bien.
 A los presbteros que hay entre vosotros los exhorto yo, copresbtero, testigo de los sufrimientos de Cristo y participante de la gloria que ha de revelarse:
 Apacentad el rebao de Dios que os ha sido confiado, no por fuerza, sino con blandura, segn Dios; ni por srdido lucro, sino con prontitud de nimo;"
 no como dominadores sobre la heredad, sino sirviendo de ejemplo al rebao.
 As, al aparecer el Pastor soberano, recibiris la corona inmarcesible de la gloria.
 Igualmente vosotros, los jvenes, vivid sumisos a los presbteros, y todos ceidos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, y a los humildes da su gracia.
 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os ensalce.
 Echad sobre El todos vuestros cuidados, puesto que tiene providencia de vosotros.
 Estad alerta y velad, que vuestro adversario el diablo, como len rugiente, anda rondando y busca a quin devorar,
 al cual resistiris firmes en la fe, considerando que los mismos padecimientos soportan vuestros hermanos dispersos por el mundo.
 Y el Dios de toda gracia que os llam en Cristo a su gloria eterna, despus de un breve padecer, os perfeccionar y afirmar, os fortalecer y consolidar.
 A El la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amn.
 Por Silvano, a quien tengo por hermano fiel para con vosotros, os escribo brevemente, amonestndoos y testificndoos ser la verdadera gracia de Dios esa en que vosotros os mantenis firmes.
 Os saluda la Iglesia de Babilonia, partcipe de vuestra eleccin, y Marcos, mi hijo.
 Saludaos mutuamente en el sculo de la caridad. La paz a todos vosotros los que estis en Cristo.
 Simen Pedro, siervo y apstol de Jesucristo, a los que han alcanzado la misma preciosa fe por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo:
 Que la gracia y la paz se os multipliquen mediante el conocimiento de Dios y de nuestro Seor Jess.
 Pues por el divino poder nos han sido otorgadas todas las cosas que tocan a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos llam por su propia gloria y virtud,
 y nos hizo merced de preciosas y ricas promesas para hacernos as partcipes de la divina naturaleza, huyendo de la corrupcin que por la concupiscencia existe en el mundo;"
 habis de poner todo empeo por mostrar en vuestra fe virtud, en la virtud ciencia,
 en la ciencia templanza, en la templanza paciencia, en la paciencia piedad,
 en la piedad fraternidad y en la fraternidad caridad.
 Si stas tenis y en ellas abundis, no os dejarn ellas ociosos ni estriles en el conocimiento de nuestro Seor Jesucristo.
 Mas el que de ellas carece es de muy corta vista, es un ciego que ha dado al olvido la purificacin de sus antiguos pecados.
 Por lo cual, hermanos, tanto ms procurad asegurar vuestra vocacin y eleccin cuanto que, haciendo as, jams tropezaris,
 y tendris ancha entrada en el reino eterno de nuestro Seor y Salvador Jesucristo.
 Por eso no cesar de traeros a la memoria estas cosas, por ms que las sepis y estis afianzados en la verdad que al presente poseis,
 pues tengo por deber, mientras habito en esta tienda, estimularos con mis amonestaciones,
 considerando que pronto ver abatida mi tienda, segn nos lo ha manifestado nuestro Seor Jesucristo.
 Quiero, pues, que, despus de mi partida, en todo tiempo recordis esto.
 Porque no fue siguiendo artificiosas fbulas como os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Seor Jesucristo, sino como quienes han sido testigos oculares de su majestad.
 El recibi de Dios Padre el honor y la gloria cuando de la magnfica gloria se hizo or aquella voz que deca: Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias.
 Y esta voz bajada del cielo la omos los que con El estbamos en el monte santo.
 Y tenernos an algo ms firme, a saber: la palabra proftica, a la cual muy bien hacis en atender, como a lmpara que luce en lugar tenebroso hasta que luzca el da y el lucero se levante en vuestros corazones.
 Pues debis ante todo saber que ninguna profeca de la Escritura es de privada interpretacin,
 porque la profeca no ha sido en los tiempos pasados proferida por humana voluntad, antes bien, movidos del Espritu Santo, hablaron los hombres de Dios.
 Como hubo en el pueblo profetas falsos, as habr falsos doctores, que introducirn sectas perniciosas, llegando hasta negar al Seor que los rescat, y atraern sobre s una repentina ruina.
 Muchos les seguirn en sus liviandades, y, por causa de ellos, ser blasfemado el camino de la verdad.
 Llevados de la avaricia, harn de vosotros mercadera con palabras mentirosas, pero su condenacin, ya antigua, no tardar, su ruina no se retrasar.
 Porque, si Dios no perdon a los ngeles que pecaron, sino que, precipitados en el trtaro, los entreg a las prisiones tenebrosas, reservndolos para el juicio;"
 ni perdon tampoco al viejo mundo, sino que slo guard al octavo, a No, para pregonero de la justicia cuando trajo el diluvio sobre el mundo de los impos;"
 y a las ciudades de Sodoma y de Comorra las conden a la destruccin, reducindolas a cenizas para escarmiento de los impos venideros,
 mientras que libr al justo Lot, acosado por la conducta de los desenfrenados en su lascivia,
 al justo que habitaba entre ellos diariamente y senta su alma atormentada viendo y oyendo sus obras inicuas.
 Pues sabe el Seor librar de la tentacin a los piadosos y reservar a los malvados para castigarlos en el da del juicio,
 sobre todo a los que van en pos de la carne llevados de los deseos impuros y desprecian la autoridad del Seor. Audaces, pagados de s mismos, no temen blasfemar de las potestades superiores.
 Cuando los ngeles, aun siendo superiores en fuerza y poder, no profieren ante el Seor un juicio injurioso contra ellas.
 Pero stos blasfeman de lo que no conocen, como brutos irracionales, naturalmente destinados a ser presa de la corrupcin, perecern en su corrupcin,
 recibiendo con esto la justa paga de su iniquidad, pues hacen sus delicias de los placeres de cada da; hombres sucios, corrompidos, se gozan en sus extravos, mientras banquetean con vosotros."
 Sus ojos estn llenos de adulterio, son insaciables de pecado, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazn ejercitado en la avaricia, son hijos de maldicin.
 Dejando la senda recta, se extraviaron, y siguieron el camino de Balam, hijo de Beor, que, buscando el salario de la iniquidad,
 hall la reprensin de su propia demencia cuando una muda bestia de carga, hablando con voz humana, reprimi la insensatez del profeta.
 Son stos fuentes sin agua, nubes empujadas por el huracn, a quienes est reservado el orco tenebroso.
 Profiriendo palabras hinchadas de vanidad, atraen a los deseos carnales a aquellos que apenas se haban apartado de los que viven en el error,
 prometindoles libertad, cuando ellos son esclavos de la corrupcin, puesto que cada cual es esclavo de quien triunf de l.
 Si, pues, una vez retirados de las corruptelas del mundo por el conocimiento de nuestro Seor y Salvador Jesucristo, de nuevo se enredan en ellas y se dejan vencer, sus postrimeras se hacen peores que los principios.
 Mejor les fuera no haber conocido el camino de la justicia que, despus de conocerlo, abandonar los santos preceptos que les fueron dados.
 En ellos se realiza aquel proverbio verdadero: Volvise el perro a su vmito, y la cerda, layada, vuelve a revolcarse en el cieno.
 Esta es, carsimos, la segunda epstola que os escribo, y en ella he procurado excitar con mis avisos vuestra sana inteligencia,
 a fin de que traigis a la memoria las palabras predichas por los santos profetas y el precepto del Seor y Salvador, predicado por vuestros apstoles.
 Y, ante todo, debis saber cmo en los postreros das vendrn con sus burlas escarnecedores, que viven segn sus propias concupiscencias
 y dicen: Dnde est la promesa de su venida? Porque, desde que murieron los padres, todo permanece igual desde el principio de la creacin.
 Es que voluntariamente quieren ignorar que en otro tiempo hubo cielos y hubo tierra, salida del agua y en el agua asentada por la palabra de Dios;"
 por lo cual el mundo de entonces pereci anegado en el agua,
 mientras que los cielos y la tierra actuales estn reservados por la misma palabra para el fuego en el da del juicio y de la perdicin de los impos.
 Carsimos, no se os caiga de la memoria que delante de Dios un solo da es como mil aos, y mil aos como un solo da.
 No retrasa el Seor la promesa, como algunos creen; es que pacientemente os aguarda, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan a penitencia."
 Pero vendr el da del Seor como ladrn, y en l pasarn con estrpito los cielos, y los elementos, abrasados, se disolvern, y asimismo la tierra con las obras que en ella hay.
 Pues si todo de este modo ha de disolverse, cules debis ser vosotros en vuestra santa conversin y en vuestra piedad,
 en la expectacin de la llegada del da de Dios, cuando los cielos, abrasados, se disolvern, y los elementos, abrasados, se derretirn?
 Pero nosotros esperamos otros cielos nuevos y otra tierra nueva, en que tiene su morada la justicia, segn la promesa del Seor,
 Por esto, carsimos, viviendo en esta esperanza, procurad con diligencia ser hallados en paz, limpios e irreprochables delante de El,
 y creed que la paciencia del Seor es para nuestra salud, segn que nuestro amado hermano Pablo os escribi conforme a la sabidura que a l le fue concedida.
 Es lo mismo que hablando de esto ensea en todas sus epstolas, en las cuales hay algunos puntos de difcil inteligencia, que hombres indoctos e inconstantes pervierten, no menos que las dems Escrituras, para su propia perdicin.
 Vosotros, pues, amados, que de antemano sois avisados, estad alerta, no sea que, dejndoos llevar del error de los libertinos, vengis a decaer en vuestra firmeza.
 Creced ms bien en la gracia y en el conocimiento de nuestro Seor y salvador Jesucristo. A El la gloria as ahora como en el da de la eternidad.
 Lo que era desde el principio, lo que hemos odo, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocando al Verbo de vida, 
 porque la vida se ha manifestado y nosotros hemos visto y testificamos y os anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifest ,
 lo que hemos visto y odo os lo anunciamos a vosotros, a fin de que vivis tambin en comunin con nosotros. Y esta comunin nuestra es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
 Os escribimos esto para que sea completo vuestro gozo.
 Este es el mensaje que de El hemos odo y os anunciamos, que Dios es luz y que en El no hay tiniebla alguna.
 Si dijremos que vivimos en comunin con El y andamos en tinieblas, mentiramos y no obraramos segn verdad.
 Pero si andamos en la luz, como El est en la luz, entonces estamos en comunin unos con otros y la sangre de Jess, su Hijo, nos purifica de todo pecado.
 Si dijramos que no tenemos pecado, nos engaaramos a nosotros mismos y la verdad no estara en nosotros.
 Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonarnos y limpiarnos de toda iniquidad.
 Si decimos que no hemos pecado, le desmentimos y su palabra no est en nosotros.
 Si decimos que no hemos pecado, le desmentimos y su palabra no est en nosotros. [ (I John 1:11)  Mijitos mos, os escribo esto para que no pequis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, justo. ] 
 Si decimos que no hemos pecado, le desmentimos y su palabra no est en nosotros. [ (I John 1:11)  Mijitos mos, os escribo esto para que no pequis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, justo. ] [ (I John 1:12)  El es la propiciacin por nuestros pecados. Y no slo por los nuestros, sino por los de todo el mundo. ] 
 -- omitido por parfrasis --
 -- omitido por parfrasis --
 Sabemos que le hemos conocido si guardamos sus mandamientos.
 El que dice que le conoce y no guarda sus mandamientos, miente y la verdad no est en l.
 Pero el que guarda su palabra, en se la caridad de Dios es verdaderamente perfecta. En esto conocemos que estamos en EL
 Quien dice que permanece en El, debe andar como El anduvo.
 Carsimos, no os escribo un mandato nuevo, sino un mandato antiguo que tenis desde el principio. Y ese mandato antiguo es la palabra que habis odo.
 Mas, de otra parte, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en El y en vosotros, a saber, que las tinieblas pasan y aparece ya la luz verdadera.
 El que dice que est en la luz y aborrece a su hermano, se est an en las tinieblas.
 El que ama a su hermano est en la luz, y en l no hay escndalo,
 El que aborrece a su hermano est en tinieblas, y en tinieblas anda sin saber adonde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
 Os escribo, hijitos, porque por su nombre os han sido perdonados los pecados.
 Os escribo, padres, porque habis conocido al que es desde el principio. Os escribo, jvenes, porque habis vencido al maligno.
 Os escribo, nios, porque habis conocido al Padre. Os escribo, padres, porque habis conocido al que es desde el principio. Os escribo, jvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros y habis vencido al maligno.
 No amis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no est en l la caridad del Padre.
 Porque todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del Padre, sino que procede del mundo.
 Y el mundo pasa, y tambin sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre."
 Hijitos, sta es la hora postrera, y corno habis odo que est para llegar el anticristo, os digo ahora que muchos se han hecho anticristos, por lo cual conocemos que sta es la hora postrera.
 De nosotros han salido, pero no eran de los nuestros. Si de los nuestros fueran, hubieran permanecido con nosotros; pero as se ha hecho manifiesto que no todos son de los nuestros."
 Cuanto a vosotros, tenis la uncin del Santo y conocis todas las cosas. No os escribo porque no conozcis la verdad,
 sino porque la conocis, y sabis que la mentira no procede de la verdad.
 Quin es el embustero sino el que niega que Jess es Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
 Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene tambin al Padre.
 Lo que desde el principio habis odo, procurad que permanezca en vosotros. Si en vosotros permanece lo que habis odo desde el principio, tambin vosotros permaneceris en el Hijo y en el Padre.
 Y sta es la promesa que El nos hizo, la vida eterna.
 Os escribo esto a propsito de los que pretenden extraviaros.
 La uncin que de El habis recibido perdura en vosotros, y no necesitis que nadie os ensee, porque, como la uncin os lo ensea todo y es verdica y no mentirosa, permanecis en El, segn que os ense.
 Ahora, pues, hijitos, permaneced en El, para que, cuando apareciere, tengamos confianza y no seamos confundidos por El en su venida.
 Si sabis que El es justo, sabed tambin que todo el que practica la justicia es nacido de El.
 Ved qu amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y lo seamos. Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoce a EL
 Carsimos, ahora somos hijos de Dios, aunque an no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que cuando aparezca seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es.
 Y todo el que tiene en El esta esperanza se santifica, como Santo es El.
 El que comete pecado traspasa la Ley, porque el pecado es transgresin de la Ley.
 Sabis que apareci para destruir el pecado y que en El no hay pecado.
 Todo el que permanece en El no peca; y todo el que peca no le ha visto ni le ha conocido."
 Mijitos, que nadie os extrave: el que practica la justicia es justo, segn que El es justo;"
 el que comete pecado, se es del diablo, porque el diablo desde el principio peca. Y para esto apareci el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo.
 Quien ha nacido de Dios no peca, porque la simiente de Dios est en l, y no puede pecar porque ha nacido de Dios.
 En esto se conocen los hijos de Dios y los hijos del diablo. El que no practica la justicia, no es de Dios, y tampoco el que no ama a su hermano.
 Porque ste es el mensaje que desde el principio habis odo, que nos amemos los unos a los otros.
 No como Can, que, inspirado del maligno, mat a su hermano. Y por qu lo mat? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano, justas.
 No os maravillis, hermanos, si el mundo os aborrece.
 Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte.
 Quien aborrece a su hermano es homicida, y ya sabis que todo homicida no tiene en s la vida eterna.
 En esto hemos conocido la caridad, en que El dio su vida por nosotros; y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos."
 El que tuviere bienes de este mundo y, viendo a su hermano pasar necesidad, le cierra sus entraas, cmo mora en l la caridad de Dios?
 Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de verdad.
 En eso conoceremos que somos de la verdad, y nuestros corazones descansarn tranquilos en El,
 porque, si nuestro corazn nos arguye, mejor que nuestro corazn es Dios, que todo lo conoce.
 Carsimos, si el corazn no nos arguye, podemos acudir confiados a Dios,
 y, si pedimos, recibiremos de El, porque guardamos sus preceptos y hacemos lo que es grato en su presencia.
 Y su precepto es que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y nos amemos mutuamente conforme al mandamiento que nos dio.
 El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en l; y nosotros conocemos que permanece en nosotros por el Espritu que nos ha dado."
 Carsimos, no creis a cualquier espritu, sino examinad los espritus si son de Dios, porque muchos seudoprofetas se han levantado en el mundo.
 Podis conocer el espritu de Dios por esto: todo espritu que confiese que Jesucristo ha venido en carne es de Dios;"
 pero todo espritu que no confiese a Jess, se no es de Dios, es del anticristo, de quien habis odo que est para llegar y que al presente se halla ya en el mundo.
 Vosotros, hijitos, sois de Dios y los habis vencido, porque mayor es quien est en vosotros que quien est en el mundo.
 Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo y el mundo los oye."
 Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha; el que no es de Dios no nos escucha. Por aqu conocemos el espritu de la verdad y el espritu del error."
 Carsimos, arrimonos unos a otros, porque la caridad procede de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y a Dios conoce.
 El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es caridad.
 La caridad de Dios hacia nosotros se manifest en que Dios envi al mundo a su Hijo unignito para que nosotros vivamos por El.
 En eso est la caridad, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos am y envi a su Hijo, vctima expiatoria de nuestros pecados.
 Carsimos, si de esta manera nos am Dios, tambin nosotros debemos amarnos unos a otros.
 A Dios nunca le vio nadie; si nosotros nos amamos mutuamente, Dios permanece en nosotros y su amor es en nosotros perfecto."
 Conocemos que permanecemos en El y El en nosotros en que nos dio su Espritu.
 Y hemos visto, y damos de ello testimonio, que el Padre envi a su Hijo por Salvador del mundo.
 Quien confiese que Jess es el Hijo de Dios, Dios permanece en l y l en Dios.
 Y nosotros hemos conocido y credo la caridad que Dios nos tiene. Dios es caridad, y el que vive en caridad permanece en Dios, y Dios en l.
 La perfeccin del amor en nosotros se muestra en que tengamos confianza en el da del juicio, porque como es El, as somos nosotros en este mundo.
 En la caridad no hay temor, pues la caridad perfecta echa fuera el temor; porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en la caridad."
 Cuanto a nosotros, amemos a Dios, porque El nos am primero.
 Si alguno dijere: Amo a Dios, pero aborrece a su hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve.
 Y nosotros tenemos de El este precepto, que quien ama a Dios ame tambin a su hermano.
 Todo el que cree que Jess es el Cristo, se es nacido de Dios, y todo el que ama al que le engendr, ama al engendrado de El.
 Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
 Pues sta es la caridad de Dios, que guardemos sus preceptos. Sus preceptos no son pesados,
 porque todo el engendrado de Dios vence al mundo; y sta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe."
 Y quin es el que vence al mundo sino el que cree que Jess es el Hijo de Dios?
 El es el que vino por el agua y por la sangre, Jesucristo; no en agua slo, sino en el agua y en la sangre. Y es el Espritu el que lo certifica, porque el Espritu es la verdad."
 Porque tres son los que testifican, el Espritu, el agua y la sangre, y los tres se reducen a uno solo.
 -- omitido por parfrasis --
 Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo.
 El que cree en el Hijo de Dios, tiene este testimonio en s mismo. El que no cree en Dios le hace embustero, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo.
 Y el testimonio es que Dios nos ha dado la vida eterna, y esta vida est en su Hijo.
 El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, tampoco tiene la vida."
 Esto os escribo a los que creis en el nombre del Hijo de Dios para que conozcis que tenis la vida eterna.
 Y la confianza que tenemos en El es que, si le pedimos alguna cosa conforme con su voluntad, El nos oye.
 Y si sabemos que nos oye en cuanto le pedimos, sabemos que obtenemos las peticiones que le hemos hecho.
 Si alguno ve a su hermano cometer un pecado que no le lleva a la muerte, ore y alcanzar vida para los que no pecan de muerte. Hay un pecado de muerte, y no es por ste por el que digo yo que se ruegue.
 Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es de muerte.
 Sabemos que todo el nacido de Dios no peca, sino que el nacido de Dios le guarda, y el maligno no le toca.
 Sabemos que somos de Dios, mientras que el mundo todo est bajo el maligno,
 y sabemos que el Hijo de Dios vino y nos dio inteligencia para que conozcamos al que es verdadero, y nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. El es el verdadero Dios y la vida eterna.
 Hijitos, guardaos de los dolos.
 El presbtero, a la seora Electa y a sus hijos, a los cuales amo en la verdad; y no slo yo, sino tambin cuantos conocen la verdad,"
 por amor de la verdad, que mora en nosotros y con nosotros est para siempre.
 Con vosotros sea la gracia, la misericordia y la paz de parte de Dios Padre y de Jesucristo, Hijo del Padre, en la verdad y en la caridad.
 Mucho me he alegrado al saber que tus hijos caminan en la verdad, conforme al mandato que hemos recibido del Padre.
 Ahora te ruego, seora, no como quien escribe un precepto nuevo, sino el que desde el principio tenemos, que os amis unos a otros;"
 y sta es la caridad, que caminemos segn sus preceptos. Y el precepto es que andemos en caridad, segn habis odo desde el principio.
 Ahora se han levantado en el mundo muchos seductores, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Este es el seductor y el anticristo.
 Guardaos, no vayis a perder lo que habis trabajado, sino haced por recibir un galardn cumplido.
 Todo el que se extrava y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la doctrina, se tiene al Padre y al Hijo."
 Si alguno viene a vosotros y no lleva esa doctrina, no le recibis en casa ni le saludis,
 pues el que le saluda comunica en sus malas obras.
 Mucho ms tendra que escribiros, pero no he querido hacerlo con papel y tinta, porque espero ir a vosotros y hablaros cara a cara, para que sea cumplido nuestro gozo*
 Te saludan los hijos de tu hermana Electa.
 El presbtero, al amado Gayo, a quien amo en la verdad.
 Carsimo, deseo que en todo prosperes y goces de buena salud, as como prospera tu alma.
 Mucho me alegrar con la venida de los hermanos y con el testimonio de tu verdad, es decir, de cmo andas en la verdad.
 No hay para m mayor alegra que or de mis hijos que andan en la verdad.
 Carsimo, bien haces en todo lo que practicas con los hermanos y aun con los peregrinos;"
 ellos hicieron el elogio de tu caridad en presencia de la iglesia. Muy bien hars en proveerlos para su viaje de manera digna de Dios,
 pues por el nombre partieron sin recibir nada de los gentiles.
 Por tanto, debemos nosotros acogerlos para ser cooperadores de la verdad,
 He escrito a la iglesia; pero Diotrefes, que ambiciona la primaca entre ellos, no nos recibe."
 Por esto, si voy all, le recordar las malas obras que hace, diciendo desvergonzadamente contra nosotros cosas falsas. No contento con esto, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohibe y los echa de la iglesia.
 Carsimo, no imites lo malo, sino lo bueno. El que obra el bien, es de Dios; el que obra el mal, no ha visto a Dios."
 De Demetrio todos dan testimonio, y lo da la misma verdad, y nosotros mismos damos testimonio, y t sabes que nuestro testimonio es verdadero*
 Muchas cosas tendra que escribirte, pero no quiero hacerlo con tinta y clamo;"
 espero verte pronto, y hablaremos cara a cara.
 espero verte pronto, y hablaremos cara a cara. [ (III John 1:15)  La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda a los amigos en particular. ] 
 Judas siervo de Jesucristo y hermano de Santiago, a los amados en Dios Padre, llamados y conservados en Jesucristo;"
 la misericordia, la paz y la caridad abunden ms y ms en vosotros.
 Carsimos, deseando vivamente escribiros acerca de nuestra comn salud, he sentido la necesidad de hacerlo, exhortndoos a combatir por la fe, que, una vez para siempre, ha sido dada a los santos.
 Porque disimuladamente se han introducido algunos impos, ya desde antiguo sealados para esta condenacin, que convierten en lascivia la gracia de nuestro Dios y niegan al nico Dueo y Seor nuestro, Jesucristo.
 Quiero recordaros a vosotros que ya habis conocido todas las cosas, cmo el Seor, despus de salvar de Egipto a su pueblo, hizo luego perecer a los incrdulos;"
 y cmo a los ngeles que no guardaron su dignidad y abandonaron su propio domicilio, los tiene reservados en perpetua prisin, en el orco, para el juicio del gran da.
 Cmo Sodoma y Comorra y las ciudades vecinas, que, de igual modo que ellas, haban fornicado, yndose tras los vicios contra naturaleza, fueron puestas para escarmiento, sufriendo la pena del fuego perdurable.
 Tambin stos, dejndose llevar de sus delirios, manchan su carne, menosprecian la autoridad y blasfeman de las dignidades.
 El arcngel Miguel, cuando altercaba con el diablo contendiendo sobre el cuerpo de Moiss, no se atrevi a proferir un juicio de blasfemia, sino que dijo: Que el Seor te reprenda.
 Pero stos blasfeman de cuanto ignoran; y aun en lo que naturalmente, como brutos irracionales, conocen, en eso mismo se corrompen."
 Ay de ellos, que han seguido la senda de Can y se dejaron seducir del error de Balam por la recompensa y perecieron en la rebelin de Cor!
 Estos son deshonra de vuestros gapes; banquetean con vosotros sin vergenza, apacentndose a s mismos; son nubes sin agua, arrastradas por los vientos; rboles tardos sin fruto, dos veces muertos, desarraigados;"
 olas bravas del mar, que arrojan la espuma de sus impurezas; astros errantes, a los cuales est reservado el orco tenebroso para siempre."
 De ellos tambin profetiz el sptimo desde Adn, Henoc, cuando dijo: He aqu que viene el Seor con sus santas miradas
 para ejercer un juicio contra todos y convencer a todos los impos de todas las impiedades que cometieron y de todas las crudezas que contra El hablaron los pecadores impos.
 Estos son murmuradores, querellosos, que viven segn sus pasiones, cuya boca habla con soberbia, que por inters fingen admirar a las personas.
 Pero vosotros, carsimos, acordaos de lo predicho por los apstoles de nuestro Seor Jesucristo.
 Ellos os decan que a lo ltimo del tiempo habra mofadores que se iran tras sus impos deseos.
 Estos son los que fomentan las discordias; hombres animales, sin espritu."
 Pero vosotros, carsimos, edificndoos por vuestra santsima fe, orando en el Espritu Santo,
 conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Seor Jesucristo para la vida eterna,
 Cuanto a aqullos, a unos reprendedlos, pues que todava vacilan;"
 a otros salvadlos, arrancndolos del fuego; de los otros compadeceos con temor, execrando hasta la tnica contaminada por su carne."
 A aquel que puede guardaros sin pecado y haceros ante su gloria irreprensibles con alegra,
 el solo Dios, salvador nuestro, por Jesucristo nuestro Seor, sea la gloria, la magnificencia, el imperio y la potestad desde antes de los siglos, ahora y por todos los siglos. Amn.
 Apocalipsis de Jesucristo, que, para instruir a sus siervos sobre las cosas que han de suceder pronto, ha dado Dios a conocer por su ngel a su siervo Juan,
 el cual da testimonio de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo, de todo lo que l ha visto.
 Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profeca, y los que observan las cosas en ella escritas, pues el tiempo est prximo.
 Juan, a las siete Iglesias que hay en Asia: Con vosotros sean la gracia y la paz, de parte del que es, del que era y del que viene, y de los siete espritus que estn delante de su trono,
 y de Jesucristo, el testigo veraz, el primognito de los muertos, el prncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha absuelto de nuestros pecados por la virtud de su sangre,
 y nos ha hecho un reino y sacerdotes de Dios, su Padre, a El la gloria y el imperio por los siglos de los siglos, amn.
 Ved que viene en las nubes del cielo, y todo ojo le ver, y cuantos le traspasaron; y se lamentarn todas las tribus de la tierra. S, amn."
 Yo soy el alfa y la omega, dice el Seor Dios; el que es, el que era, el que viene, el todopoderoso."
 Yo, Juan, vuestro hermano y compaero en la tribulacin, en el reino y en la paciencia en Jess, hallndome en la isla llamada Patmos, por la palabra de Dios y por el testimonio de Jess,
 fui arrebatado en espritu el da del Seor y o tras de m una voz fuerte, como de trompeta, que deca:
 Lo que vieres escrbelo en un libro y envalo a las siete iglesias, a Efeso, a Esmirna, a Prgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea.
 Me volv para ver al que hablaba conmigo;"
 y vuelto vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros a uno, semejante a un hijo de hombre, vestido de una tnica talar y ceidos los pechos con un cinturn de oro.
 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve; sus ojos, como llamas de fuego;"
 sus pies, semejantes al azfar, como azfar incandescente en el horno, y su voz, como la voz de muchas aguas.
 Tena en su diestra siete estrellas, y de su boca sala una espada aguda de dos filos, y su aspecto era como el sol cuando resplandece en toda su fuerza.
 As que le vi, ca a sus pies como muerto; pero l puso su diestra sobre m, diciendo:"
 No temas, yo soy el primero y el ltimo, el viviente, que fui muerto y ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno.
 Escribe, pues, lo que vieres, tanto lo presente como lo que ha de ser despus de esto.
 Cuanto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra y los siete candeleros de oro, las siete estrellas son los ngeles de las siete iglesias, y los siete candeleros las siete iglesias.
 Al ngel de la Iglesia de Efeso escribe: Esto dice el que tiene en su diestra las siete estrellas, el que se pasea en medio de los siete candeleros de oro.
 Conozco tus obras, tus trabajos, tu paciencia, y que no puedes tolerar a los malos, y que has probado a los que se dicen apstoles, pero no lo son, y los hallaste mentirosos,
 y tienes paciencia y sufriste por mi nombre, sin desfallecer.
 Pero tengo contra ti que dejaste tu primera caridad.
 Considera, pues, de dnde has cado, y arrepintete, y practica las obras primeras; si no, vendr a ti y remover tu candelero de su lugar si no te arrepientes."
 Mas tienes esto a tu favor, que aborreces las obras de los nicolatas como las aborrezco yo.
 El que tenga odos, que oiga lo que el Espritu dice a las iglesias. Al vencedor le dar a comer del rbol de la vida, que est en el paraso de mi Dios.
 Al ngel de la Iglesia de Esmirna escribe: Esto dice el primero y ltimo, que estuvo muerto y ha vuelto a la vida:
 Conozco tu tribulacin y pobreza, aunque ests rico, y la blasfemia de los que dicen ser judos y no lo son, antes son la sinagoga de Satn.
 Nada temas por lo que tienes que padecer. Mira que el diablo os va a arrojar a algunos en la crcel para que seis probados, y tendris una tribulacin de diez das. S fiel hasta la muerte y te dar la corona de la vida.
 El que tenga odos, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrir dao de la segunda muerte.
 Al ngel de la Iglesia de Prgamo escribe: Esto dice el que tiene la espada, la espada de dos filos, la aguda:
 Conozco dnde moras, donde est el trono de Satn, y que mantienes mi nombre, y no negaste mi fe, aun en los das de Antipas, mi testigo, mi fiel, que fue muerto entre vosotros, donde Satn habita.
 Pero tengo algo contra ti: que toleras ah a quienes siguen la doctrina de Balam, el que enseaba a Balac a poner tropiezos delante de los hijos de Israel, a comer de los sacrificios de los dolos y fornicar.
 As tambin toleras t a quienes siguen de igual modo la doctrina de los nicolatas.
 Arrepintete, pues; si no, vendr a ti pronto y pelear contra ellos con la espada en mi boca."
 El que tenga odos, que oiga lo que el Espritu dice a las Iglesias. Al que venciere le dar del man escondido, y le dar una piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe.
 Al ngel de la Iglesia de Tiatira escribe: Esto dice el Hijo de Dios, cuyos ojos son como llamas de fuego, y cuyos pies son semejantes a azfar:
 Conozco tus obras, tu caridad, tu fe, tu ministerio, tu paciencia y tus obras ltimas, mayores que las primeras.
 Pero tengo contra ti que permites a Jezabel, esa que a s misma se dice profetisa, ensear y extraviar a mis siervos hasta hacerlos fornicar y comer de los sacrificios de los dolos.
 Yo le he dado tiempo para que se arrepintiese; pero no quiere arrepentirse de su fornicacin,"
 y voy a arrojarla en cama, y a los que con ella adulteran, en tribulacin grande, por si se arrepienten de sus obras.
 Y a sus hijos los har morir con muerte arrebatada, y conocern todas las iglesias que yo soy el que escudria las entraas y los corazones, y que os dar a cada uno segn vuestras obras.
 Y a vosotros, los dems de Tiatira, los que no segus semejante doctrina y no conocis las que dicen profundidades de Satn, no arrojar sobre vosotros otra carga.
 Solamente la que tenis, tenedla fuertemente hasta que yo vaya.
 Y al que venciere y al que conservare hasta el fin mis obras, yo le dar poder sobre las naciones,
 y las apacentar con vara de hierro, y sern quebrantados como vasos de barro,
 como yo lo recib de mi Padre, y le dar la estrella de la maana.
 El que tenga odos, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias.
 Al ngel de la Iglesia de Sardes escribe: Esto dice el que tiene los siete espritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras y que tienes nombre de vivo, pero ests muerto.
 Estte alerta y consolida lo dems, que est para morir, pues no he hallado perfectas tus obras en la presencia de mi Dios.
 Por tanto, acurdate de lo que has recibido y has escuchado, y gurdalo y arrepintete. Porque si no velas, vendr como ladrn, y no sabrs la hora en que vendr a ti.
 Pero tienes en Sardes algunas personas que no han manchado sus vestidos y caminarn conmigo vestidos de blanco, porque son dignos.
 El que venciere, se se vestir de vestiduras blancas, jams borrar su nombre del libro de la vida, y confesar su nombre delante de mi Padre y delante de sus ngeles.
 El que tenga odos, oiga lo que el Espritu dice a las Iglesias.
 Al ngel de la Iglesia de Filadelfia escribe: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre.
 Conozco tus obras; mira que he puesto ante ti una puerta abierta, que nadie puede cerrar, porque teniendo poco poder, guardaste, sin embargo, mi palabra y no negaste mi nombre."
 He aqu que yo te entregar algunos de la sinagoga de Satn, de esos que dicen ser judos y no lo son, sino que mienten; yo los obligar a venir y postrarse a tus pies y a reconocer que te amo."
 Porque has conservado mi paciencia, yo tambin te guardar en la hora de la tentacin que est para venir sobre la tierra para probar a los moradores de ella. Vengo pronto.
 Guarda bien lo que tienes, no sea que otro se lleve tu corona.
 Al vencedor yo le har columna en el templo de mi Dios, y no saldr ya jams fuera de l, y sobre l escribir el nombre de Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, de la nueva Jerusaln, la que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.
 El que tenga odos, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias.
 Al ngel de la Iglesia de Laodicea escribe: Esto dice el Amn, el testigo fiel y veraz, el principio de la creacin de Dios.
 Conozco tus obras y que no eres ni fro ni caliente
 Ojal fueras fro o caliente, mas porque eres tibio y no eres caliente ni fro, estoy para vomitarte de mi boca.
 Porque dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo;"
 te aconsejo que compres de mi oro acrisolado por el fuego, para que te enriquezcas, y vestiduras blancas para que te vistas, y no aparezca la vergenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos a fin de que veas.
 Yo reprendo y corrijo a cuantos amo: ten, pues, celo y arrepintete.
 Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entrar a l y cenar con l y l conmigo."
 Al que venciere le har sentarse conmigo en mi trono, as como yo tambin venc y me sent con mi Padre en su trono.
 El que tenga odos oiga lo que el Espritu dice a las iglesias.
 Despus de estas cosas tuve una visin, y vi una puerta abierta en el cielo, y la voz, aquella primera que haba odo como de trompeta, me hablaba y deca: Sube ac y te mostrar las cosas que han de acaecer despus de stas*
 Al instante fui arrebatado en espritu y vi un trono colocado en medio del cielo, y sobre el trono, uno sentado.
 El que estaba sentado pareca semejante a la piedra de jaspe y a la sardnica, y el arco iris que rodeaba el trono pareca semejante a una esmeralda.
 Alrededor del trono vi otros veinticuatro tronos, y sobre los tronos estaban sentados veinticuatro ancianos, vestidos de vestiduras blancas y con coronas de oro sobre sus cabezas.
 Salan del trono relmpagos, y voces, y truenos, y siete lmparas de fuego ardan delante del trono, que eran los siete espritus de Dios.
 Delante del trono haba como un mar de vidrio semejante al cristal, y en medio del trono y en rededor de l, cuatro vivientes, llenos de ojos por delante y por detrs.
 El primer viviente era semejante a un len, el segundo viviente, semejante a un toro, el tercero tena semblante como de hombre y el cuarto era semejante a un guila voladora.
 Los cuatro vivientes tenan cada uno de ellos seis alas, y todos en torno y dentro estaban llenos de ojos, y no se daban reposo da y noche, diciendo: Santo, Santo, Santo es el Seor Dios todopoderoso, el que era, el que es y el que viene.
 Siempre que los vivientes daban gloria, honor y accin de gracias al que est sentado en el trono, que vive por los siglos de los siglos,
 los veinticuatro ancianos caan delante del que est sentado en el trono, y se postraban ante el que vive por los siglos de los siglos, y arrojaban sus coronas delante del trono, diciendo:
 Digno eres, Seor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque t creaste todas las cosas y por tu voluntad existen y fueron creadas.
 Vi a la derecha del que estaba sentado en el trono un libro, escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.
 Vi un ngel poderoso que pregonaba a grandes voces: Quin ser digno de abrir el libro y soltar sus sellos?
 Y nadie poda, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro ni verlo.
 Yo lloraba mucho, porque ninguno era hallado digno de abrirlo y verlo.
 Pero uno de los ancianos me dijo: No llores, mira que ha vencido el len de la tribu de Jud, la raz de David, para abrir el libro y sus siete sellos.
 Vi en medio del trono y de los cuatro vivientes, y en medio de los ancianos, un Cordero, que estaba en pie como degollado, que tena siete cuernos y siete ojos, que son los siete espritus de Dios, enviados a toda la tierra.
 Vino y tom el libro de la diestra del que estaba sentado en el trono.
 Y cuando lo hubo tomado, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos cayeron delante del Cordero, teniendo cada uno su ctara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos.
 Cantaron un cntico nuevo, que deca: Digno eres de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nacin,
 y los hiciste para nuestro Dios reino y sacerdotes, y reinan sobre la tierra.
 Vi y o la voz de muchos ngeles en rededor del trono, y de los vivientes, y de los ancianos; y era su nmero de miradas de miradas, y de millares de millares,"
 que decan a grandes voces: Digno es el Cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder, la riqueza, la sabidura, la fortaleza, el honor, la gloria y la bendicin.
 Y todas las criaturas que existen en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y en todo cuanto hay en ellos, o que decan: Al que est sentado en el trono y al Cordero, la bendicin, el honor, la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.
 Y los cuatro vivientes respondieron: Amn. Y los ancianos cayeron de hinojos y adoraron.
 As que el Cordero abri el primero de los siete sellos, vi y o a uno de los cuatro vivientes que deca con voz como de trueno:
 Ven. Mir y vi un caballo blanco, y el que montaba sobre l tena un arco, y le fue dada una corona, y sali vencedor, y para vencer an.
 Cuando abri el segundo sello, o al segundo viviente que deca: Ven.
 Sali otro caballo, bermejo, y al que cabalgaba sobre l le fue concedido desterrar la paz de la tierra, y que se degollasen unos a otros, y le fue dada una gran espada.
 Cuando abri el sello tercero o al tercer viviente que deca: Ven. Mir y vi un caballo negro, y el que lo montaba tena una balanza en la mano.
 Y o como una voz en medio de los cuatro vivientes que deca: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario, pero el aceite y el vino ni tocarlos.
 Cuando abri el sello cuarto o la voz del cuarto viviente que deca: Ven.
 Mir y vi un caballo bayo, y el que cabalgaba sobre l tena por nombre Mortandad, y el infierno le acompaaba. Fueles dado poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar por la espada, y con el hambre, y con la peste, y con las fieras de la tierra.
 Cuando abri el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que haban sido degollados por la palabra de Dios y por el testimonio que guardaban.
 Clamaban a grandes voces, diciendo: Hasta cundo, Seor, Santo, Verdadero, no juzgars y vengars nuestra sangre en los que moran sobre la tierra? Y a cada uno le fue dada una tnica blanca, y les fue dicho que estuvieran callados un poco de tiempo an, hasta que se completaran sus consiervos y sus hermanos, que tambin haban de ser muertos como ellos.
 -- omitido por parfrasis --
 Cuando abri el sexto sello, o y hubo un gran terremoto, y el sol se volvi negro como un saco de pelo de cabra, y la luna se torn toda como de sangre,
 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra como la higuera deja caer sus higos sacudida por un viento fuerte,
 y el cielo se enroll como un libro que se enrolla, y todos los montes e islas se movieron en sus lugares.
 Los reyes de la tierra, y los magnates, y los tribunos, y los ricos, y los poderosos, y todo siervo, y todo libre se ocultaron en las cuevas y en las peas de los montes.
 Decan a los montes y a las peas: Caed sobre nosotros y ocultadnos de la cara del que est sentado en el trono y de la clera del Cordero,
 porque ha llegado el da grande de su ira, y quin podr tenerse en pie?
 Despus de esto vi cuatro ngeles, que estaban en pie sobre los cuatro ngulos de la tierra, y retenan los cuatro vientos de ella para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningn rbol.
 Vi otro ngel que suba del naciente del sol, y tena el sello de Dios vivo, y grit con voz fuerte a los cuatro ngeles, a quienes haba sido encomendado daar a la tierra y al mar, diciendo:
 No hagis dao a la tierra, ni al mar, ni a los rboles, hasta que hayamos sellado a los siervos de nuestro Dios en sus frentes.
 O que el nmero de los sellados era de ciento cuarenta y cuatro mil sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel:
 De la tribu de Jud, doce mil sellados; de la tribu de Rubn, doce mil; de la tribu de Gad, doce mil;"
 de la tribu de Aser, doce mil; de la tribu de Neftal, doce mil; de la tribu de Manases, doce mil;"
 de la tribu de Simen, doce mil; de la tribu de Le vi, doce mil; de la tribu de Isacar, doce mil;"
 de la tribu de Zabuln, doce mil; de la tribu de Jos, doce mil; de la tribu de Benjamn, doce mil."
 Despus de esto mir y vi una muchedumbre grande, que nadie poda contar, de toda nacin, tribu, pueblo y lengua, que estaban delante del trono y del Cordero, vestidos de tnicas blancas y con palmas en sus manos.
 Clamaban con grande voz, diciendo: Salud a nuestro Dios, al que est sentado en el trono, y al Cordero.
 ? todos los ngeles estaban en pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes, y cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios, diciendo: Amn.
 Bendicin, gloria y sabidura, accin de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos, amn.
 Tom la palabra uno de los ancianos y me dijo: Estos vestidos de tnicas blancas, quines son y de dnde vinieron?
 Le respond: Seor mo, eso t lo sabes. Y me replic: Estos son los que vienen de la gran tribulacin, y lavaron sus tnicas y las blanquearon en la sangre del Cordero.
 Por eso estn delante del trono de Dios, y le sirven da y noche en su templo, y el que est sentado en el trono extiende sobre ellos su tabernculo.
 Ya no tendrn hambre, ni tendrn ya sed, ni caer sobre ellos el sol, ni ardor alguno,
 porque el Cordero, que est en medio del trono, los apacentar y los guiar a las fuentes de aguas de vida, y Dios enjugar toda lgrima de sus ojos.
 Cuando abri el sptimo sello, hubo un silencio en el cielo por espacio corno de media hora.
 Vi siete ngeles, que estaban en pie delante de Dios, a los cuales fueron dadas siete trompetas.
 Lleg otro ngel, y psose en pie junto al altar, con un incensario de oro, y furonle dados muchos perfumes para unirlos a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro, que est delante del trono.
 El humo de los perfumes subi, con las oraciones de los santos, de la mano del ngel a la presencia de Dios.
 Tom el ngel el incensario, y lo llen del fuego del altar, y lo arroj sobre la tierra; y hubo truenos, voces, relmpagos y temblores."
 Los siete ngeles que tenan las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.
 Toc el primero la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclado con sangre, que fue arrojado sobre la tierra; y qued abrasada la tercera parte de las tierra, y qued abrasada la tercera parte de los rboles, y toda hierba verde qued abrasada."
 El segundo ngel toc la trompeta, y fue arrojada en el mar como una gran montaa ardiendo en llamas, y convirtise en sangre la tercera parte del mar,
 y muri la tercera parte de las criaturas que hay en el mar de las que tienen vida, y la tercera parte de las naves fue destruida.
 Toc las trompeta el tercer ngel, y cay del cielo un astro grande, ardiendo como una tea, y cay en la tercera parte de los ros y en las fuentes de las aguas.
 El nombre de ese astro es Ajenjo. Convirtise en ajenjo la tercera parte de las aguas, y muchos de los hombres murieron por las aguas, que se haban vuelto amargas.
 Toc el cuarto ngel la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, de suerte que se oscureci la tercera parte de las mismas, y el da perdi una tercera parte de su brillo, y asimismo la noche.
 Vi y o un guila, que volaba por medio del cielo, diciendo con poderosa voz: Ay, ay, ay de los moradores de la tierra por los restantes toques de trompeta de los tres ngeles que todava han de tocar!
 El quinto ngel son la trompeta, y vi una estrella que caa del cielo sobre la tierra y le fue dada la llave del pozo del abismo;"
 y abri el pozo del abismo, y subi del pozo humo, como el humo de un gran horno, y se oscureci el sol y el aire a causa del humo del pozo.
 Del humo salieron langostas sobre la tierra y les fue dado poder, como el poder que tienen los escorpiones de la tierra.
 Les fue dicho que no daasen la hierba de la tierra, ni ninguna verdura, ni ningn rbol, sino slo a los hombres que no tienen el sello de Dios sobre sus frentes.
 Se dio orden de que no los matasen, sino que fuesen atormentados durante cinco meses; y su tormento era como el tormento del escorpin cuando hiere al hombre."
 Los hombres buscarn en aquellos das la muerte y no la hallarn, y desearn morir y la muerte huir de ellos.
 Las langostas eran semejantes a caballos preparados para la guerra, y tenan sobre sus cabezas como coronas semejantes al oro, y sus rostros eran como rostros de hombre;"
 y tenan cabellos como cabellos de mujer y sus dientes eran como de len;"
 y tenan corazas como corazas de hierro, y el ruido de sus alas era como el ruido de muchos caballos que corren a la guerra.
 Tenan colas semejantes a los escorpiones, y aguijones, y en sus colas resida su poder de daar a los hombres por cinco meses,
 Por rey tienen sobre s al ngel del abismo, cuyo nombre es en hebreo Abaddon, y en griego tiene por nombre Apolyon.
 El primer ay! pas; he aqu que vienen an otros dos ayes! despus de esto."
 El sexto ngel son la trompeta, y o una voz que sala de los cuatro ngulos del altar de oro, que est en la presencia de Dios,
 que deca al sexto ngel que tena la trompeta: Suelta los cuatro ngeles que estn ligados sobre el gran ro Eufrates.
 Fueron sueltos los cuatro ngeles, que estaban preparados para la hora, y para el da, y para el mes, y para el ao, a fin de que diesen muerte a la tercera parte de los hombres.
 El nmero de los del ejrcito de la caballera era de dos miradas de miradas; yo o su nmero."
 Asimismo vi en la visin los caballos y los que cabalgaban sobre ellos, que tenan corazas color de fuego, y de jacinto, y de azufre; y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de su boca sala fuego, y humo, y azufre."
 Con las tres plagas perecieron la tercera parte de los hombres, es a saber: por el fuego, y por el humo, y por el azufre que sala de su boca.
 El poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas, pues las colas eran semejantes a serpientes, tenan cabezas y con ellas daaban.
 El resto de los hombres que no muri de estas plagas no se arrepintieron de las obras de sus manos, dejando de adorar a los demonios, a los dolos de oro y de plata, de bronce y de piedra y de madera, los cuales ni pueden ver, ni or, ni andar;"
 ni se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus maleficios, ni de su fornicacin, ni de sus robos.
 Vi otro ngel poderoso, que descenda del cielo envuelto en una nube; tena sobre su cabeza el arco iris, y su rostro era corno el sol, y sus pies, como columnas de fuego,"
 y en su mano tena un librito abierto. Y poniendo su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra,
 grit con poderosa voz, como len que ruge. Cuando grit, hablaron los siete truenos con sus propias voces.
 Cuando hubieron hablado los siete truenos, iba yo a escribir; pero o una voz del cielo que me deca: Sella las cosas que han hablado los siete truenos y no las escribas."
 El ngel que yo haba visto estar sobre el mar y sobre la tierra levant al cielo su mano derecha
 y jur por el que vive por los siglos de los siglos, que cre el cielo y cuanto hay en l, la tierra y cuanto en ella hay, el mar y cuanto existe en l, que no habr ms tiempo,
 sino que en los das de la voz del sptimo ngel, cuando l suene la trompeta, se cumplir el misterio de Dios, como El lo anunci a sus siervos los profetas.
 La voz que yo haba odo del cielo, de nuevo me habl y me dijo: Ve, toma el librito abierto de mano del ngel que est sobre el mar y sobre la tierra.
 Fuime hacia el ngel, diciendo que me diese el librito. El me respondi: Toma y cmelo, y amargar tu vientre, mas en tu boca ser dulce como la miel.
 Tom el librito de mano del ngel, y me puse a comerlo, y era en mi boca como miel dulce; pero cuando lo hube comido sent amargadas mis entraas."
 Me dijeron: Es preciso que de nuevo profetices a los pueblos, a las naciones, a las lenguas y a los reyes numerosos.
 Fueme dada una caa] semejante a una vara, diciendo: Levntate y mide el templo de Dios y el altar y a los que adoran en l.
 El atrio exterior del templo djalo fuera y no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones, que hollarn la ciudad santa durante cuarenta y dos meses.
 Mandar a mis dos testigos para que profeticen, durante mil doscientos sesenta das, vestidos de saco.
 Estos son los dos olivos y los dos candeleros que estn delante del Seor de la tierra.
 Si alguno quisiere hacerles dao, saldr fuego de su boca, que devorar a sus enemigos. Todo el que quisiera daarlos morir.
 Ellos tienen poder de cerrar el cielo para que la lluvia no caiga los das de su ministerio proftico y tienen poder sobre las aguas para tornarlas en sangre, y para herir la tierra con todo gnero de plagas cuantas veces quisieren.
 Cuando hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo les har la guerra, y los vencer y les quitar la vida.
 Su cuerpo yacer en la plaza de la gran ciudad, que espiritualmente se llama Sodoma y Egipto, donde su Seor fue crucificado.
 Los pueblos, las tribus, las lenguas y las naciones vern sus cuerpos durante tres das y medio y no permitirn que sus cuerpos sean puestos en el sepulcro.
 Los moradores de la tierra se alegrarn a causa de ellos, y se regocijarn, y mutuamente se mandarn regalos, porque estos dos profetas eran el tormento de los moradores de la tierra.
 Despus de tres das y medio, un espritu de vida que procede de Dios entr en ellos, y los hizo levantarse sobre sus pies, y un temor grande se apoder de quienes los contemplaban.
 O una gran voz del cielo que les deca: Subid ac. Subieron al cielo en una nube, y vironlos subir sus enemigos.
 En aquella hora se produjo un gran terremoto, y vino al suelo la dcima parte de la ciudad, y perecieron en el terremoto hasta siete mil seres humanos, y los restantes quedaron llenos de espanto, y dieron gloria al Dios del cielo.
 El segundo ay! ha pasado; he aqu que llega el tercer ay!"
 El sptimo ngel toc la trompeta, y oyronse en el cielo grandes voces, que decan: Ya lleg el reino de nuestro Dios y de su Cristo sobre el mundo y remar por los siglos de los siglos.
 Los veinticuatro ancianos, que estaban sentados delante del trono de Dios, cayeron sobre sus rostros y adoraron a Dios, diciendo:
 Drnoste gracias, Seor, Dios todopoderoso, el que es, el que era, porque has cobrado tu gran poder y entrado en posesin de tu reino.
 Las naciones se haban enfurecido, pero lleg tu ira, y el tiempo de que sean juzgados los muertos, y de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeos y a los grandes, y destruir a los que destruan la tierra.
 Se abri el templo de Dios, que est en el cielo, y dejse ver el arca del testamento en su templo, y hubo relmpagos, y voces, y rayos, y un temblor y granizo fuerte.
 Apareci en el cielo una seal grande, una Mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas,
 y, estando encinta, gritaba con los dolores de parto y las ansias de parir.
 Apareci en el cielo otra seal, y vi un gran Dragn, de color de fuego, que tena siete cabezas y diez cuernos, y sobre la cabeza siete coronas.
 Con su cola arrastr la tercera parte de los astros del cielo, y los arroj a la tierra. Se par el Dragn delante de la Mujer, que estaba a punto de parir, para tragarse a su Hijo en cuanto le pariese.
 Pari un varn, que ha de apacentar a todas las naciones con vara de hierro, pero el Hijo fue arrebatado a Dios y a su trono.
 La Mujer huy al desierto, en donde tena un lugar preparado por Dios para que all la alimentasen durante mil doscientos sesenta das.
 Hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ngeles peleaban con el Dragn,
 y pele el Dragn y sus ngeles, y no pudieron triunfar ni fue hallado su lugar en el cielo.
 Fue arrojado el Dragn grande, la antigua serpiente, llamada diablo y Satans, que extrava a toda la redondez de la tierra, y fue precipitado en la tierra, y sus ngeles fueron con l precipitados.
 O una gran voz en el cielo que deca: Ahora llega la salvacin, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios de da y de noche.
 Pero ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio, y menospreciaron su vida hasta morir.
 Por eso, regocijaos, cielos y todos los que moris en ellos. Ay de la tierra y de la mar! porque descendi el diablo a vosotras animado de gran furor por cuanto sabe que le queda poco tiempo.
 Cuando el dragn se vio precipitado en la tierra, se dio a perseguir a la mujer que haba parido al Hijo varn.
 Pero frironle dadas a la mujer dos alas de guila grande, para que volase al desierto, a su lugar, donde es alimentada por un tiempo y dos tiempos y medio tiempo, lejos de la vista de la serpiente.
 La serpiente arroj de su boca, detrs de la mujer, como un ro de agua para hacer que el ro la arrastrase.
 Pero la tierra vino en ayuda de la mujer, y abri la tierra su boca, y se trag el ro que el dragn haba arrojado de su boca.
 Se enfureci el dragn contra la mujer, y fuese a hacer la guerra contra el resto de su descendencia, contra los que guardan los preceptos de Dios y tienen el testimonio de Jess.
 Se enfureci el dragn contra la mujer, y fuese a hacer la guerra contra el resto de su descendencia, contra los que guardan los preceptos de Dios y tienen el testimonio de Jess. [ (Revelation of John 12:18)  Se apost sobre la playa del mar. ] 
 Vi cmo sala del mar una bestia que tena diez cuernos y siete cabezas, y sobre los cuernos diez diademas, y sobre las cabezas nombres de blasfemia.
 Era la bestia que yo vi semejante a una pantera, y sus pies eran como de oso, y su boca como la boca de un len. Diole el dragn su poder, su trono y una autoridad muy grande.
 Vi a la primera de las cabezas como herida de muerte, pero su llaga mortal fue curada. Toda la tierra segua admirada a la bestia.
 Adoraron al dragn, porque haba dado el poder a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: Quin como la bestia? Quin podr guerrear con ella?
 Dieselo asimismo una boca, que profiere palabras llenas de arrogancia y de blasfemia, y fuese concedida autoridad para hacerlo durante cuarenta y dos meses.
 Abri su boca en blasfemias contra Dios, blasfemando de su nombre y de su tabernculo, de los que moran en el cielo.
 Fuele otorgado hacer la guerra a los santos y vencerlos. Y le fue concedida autoridad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nacin.
 La adoraron todos los moradores de la tierra cuyo nombre no est escrito, desde el principio del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado.
 Si alguno tiene odos, que oiga.
 Si alguno est destinado a la cautividad, a la cautividad ir; si alguno mata por la espada, por la espada morir. En esto est la paciencia y la fe de los santos."
 Vi otra bestia que suba de la tierra y tena dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba corno un dragn.
 Ejerci toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella e hizo que la tierra y todos los moradores de ella adorasen a la primera bestia, cuya llaga mortal haba sido curada.
 Hizo grandes seales, hasta hacer bajar fuego del cielo a la tierra delante de los hombres.
 Extravi a los moradores de la tierra con seales que le fue dado ejecutar delante de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que hiciesen una imagen en honor de la bestia, que tiene una herida de espada y que ha revivido.
 Fuele dado infundir espritu en la imagen de la bestia, para que hablase la imagen e hiciese morir a cuantos no se postrasen ante la imagen de la bestia,
 e hizo que a todos, pequeos y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se les imprimiese una marca en la mano derecha y en la frente,
 y que nadie pudiese comprar o vender sino el que tuviera la marca, el nombre de la bestia o el nmero de su nombre.
 Aqu est la sabidura. El que tenga inteligencia calcule el nmero de la bestia, porque es nmero de hombre. Su nmero es seiscientos sesenta y seis.
 Vi, y he aqu el Cordero, que estaba sobre el monte Sin, y con El ciento cuarenta y cuatro mil, que llevan su nombre y el nombre de su Padre escrito en sus frentes,
 y o una voz del cielo, como voz de grandes aguas, como voz de gran trueno; y la voz que o era de citaristas, que tocaban sus ctaras"
 y cantaban un cntico nuevo, delante del trono y de los cuatro vivientes y de los ancianos; y nadie poda aprender el cntico, sino los ciento cuarenta y cuatro mil, los que fueron rescatados de la tierra."
 Estos son los que no se mancharon con mujeres y son vrgenes. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos fueron rescatados de entre los hombres, como primicias para Dios y para el Cordero,
 y en su boca no se hall mentira, son inmaculados.
 Vi otro ngel que volaba por medio del cielo y tena un evangelio eterno para pregonarlo a los moradores de la tierra y a toda nacin, tribu, lengua y pueblo,
 diciendo a grandes voces: Temed a Dios y dadle glora, porque lleg la hora de su juicio, y adorad al que ha hecho el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
 Un segundo ngel sigui, diciendo: Cay, cay Babilonia la grande, que a todas las naciones dio a beber del vino del furor de su fornicacin.
 Un tercer ngel los sigui, diciendo con voz fuerte: Si alguno adora la Bestia y su imagen y recibe su marca en la frente o en la mano,
 ste beber del vino del furor de Dios, que ha sido derramado sin mezcla en la copa de su ira, y ser atormentado con el fuego y el azufre delante de los santos ngeles y delante del Cordero,
 y el humo de su tormento subir por los siglos de los siglos, y no tendrn reposo da y noche aquellos que adoren a la Bestia y a su imagen y los que reciban la marca de su nombre.
 Aqu est la paciencia de los santos, aquellos que guardan los preceptos de Dios y la fe de Jess.
 O una voz del cielo que deca: Escribe: Bienaventurados los que mueren en el Seor. S, dice el Espritu, para que descansen de sus trabajos, pues sus obras los siguen.
 Mir y vi una nube blanca, y sentado sobre la nube a uno semejante a un hijo de hombre, con una corona de oro sobre su cabeza y una hoz en su mano.
 Sali del templo otro ngel, y grit con fuerte voz al que estaba sentado sobre la nube: Arroja la hoz y siega, porque es llegada la hora de la siega, porque est seca la mies de la tierra.
 El que estaba sentado sobre la nube arroj su hoz sobre la tierra, y la tierra qued segada.
 Otro ngel sali del templo que est en el cielo, y tena tambin en su mano una hoz afilada.
 Y sali del altar otro ngel que tena poder sobre el fuego y clam con fuerte voz al que tena la hoz afilada, diciendo: Arroja la hoz afilada y vendimia los racimos de la via de la tierra, porque sus uvas estn maduras.
 El ngel arroj su hoz sobre la tierra, y vendimi la via de la tierra, y ech las uvas en la gran cuba del furor de Dios,
 y fue pisada la uva fuera de la ciudad, y sali la sangre de la cuba hasta los frenos de los caballos por espacio de mil seiscientos estadios.
 Vi en el cielo otra seal grande y maravillosa, siete ngeles que tenan siete plagas, las postreras, porque con ellas se consuma la ira de Dios.
 Vi como un mar de vidrio, mezclado de fuego, y a los vencedores de la bestia, y de su imagen, y del nmero de su nombre, que estaban en pie sobre el mar de vidrio y tenan las ctaras de Dios,
 y cantaban el cntico de Moiss, siervo de Dios, y el cntico del Cordero, diciendo: Grandes y estupendas son tus obras, Seor, Dios todopoderoso; justos y verdaderos tus caminos, Rey de las naciones."
 Quin no te temer, Seor, y no glorificar tu nombre? Porque t solo eres santo, y todas las naciones vendrn y se postrarn delante de ti, pues tus fallos se han hecho manifiestos*
 Despus de esto vi cmo se abri el templo de la tienda del testimonio en el cielo,
 y salieron del templo los siete ngeles que tenan las siete plagas, vestidos de lino puro, brillante, y ceidos los pechos con cinturones de oro.
 Uno de los cuatro vivientes dio a los siete ngeles siete copas de oro, llenas de la clera de Dios, que vive por los siglos de los siglos.
 Se llen el templo de humo de la gloria de Dios y de su poder, y nadie poda entrar en el templo hasta que se hubiesen consumado las siete plagas de los siete ngeles.
 Del templo o una gran voz, que deca a los siete ngeles: Id y derramad las siete copas de la ira de Dios sobre la tierra.
 Fue el primero y derram su copa sobre la tierra, y sobrevino una peste maligna y perniciosa sobre los hombres que tenan la marca de la bestia y que se postraban ante su imagen.
 El segundo derram su copa sobre el mar, y se convirti en sangre como de muerto, y muri todo ser viviente en el mar.
 El tercero derram su copa sobre los ros y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre*
 Y o al ngel de las aguas que deca: Justo eres t, el que es, el que era, el Santo, porque as has juzgado.
 Pues que derramaban la sangre de los santos y de los profetas, t les has dado a beber sangre; bien se lo merecen."
 Y o al altar que deca: S, Seor, Dios todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios.
 El cuarto derram su copa sobre el sol, y fuese dado abrasar a los hombres con el fuego.
 Eran abrasados los hombres con grandes ardores, y blasfemaban el nombre de Dios que tiene poder sobre estas plagas; pero no se arrepintieron para darle gloria."
 El quinto derram su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se cubri de tinieblas, y de dolor se mordan las lenguas,
 y blasfemaban del Dios del cielo a causa de sus penas y de sus lceras, pero de sus obras no se arrepentan.
 El sexto derram su copa sobre el gran ro Eufrates, y secse su agua, de suerte que qued expedito el camino a los reyes del naciente sol.
 Y vi que de la boca del dragn, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta salan tres espritus inmundos, como ranas,
 que son los espritus de los demonios, que hacen seales que se dirigen hacia los reyes de la tierra para juntarlos a la batalla del da grande del Dios todopoderoso.
 He aqu que vengo como ladrn, bienaventurado el que vela y guarda sus vestidos, para no andar desnudo y que se vean sus vergenzas.
 Y los junt en el sitio que en hebreo se llama Harmagedn.
 El sptimo derram su copa en el aire, y sali del templo una gran voz, que proceda del trono de Dios, diciendo: Hecho est.
 Y hubo relmpagos, y voces, y truenos, y un gran terremoto, cual no lo hubo desde que existen los hombres sobre la haz de la tierra.
 La gran ciudad se hizo tres partes, y hundironse las ciudades de las naciones, y la gran Babilonia fue recordada delante de Dios, para darle el cliz del vino del furor de su clera.
 Huyeron todas las islas, y las montaas desaparecieron.
 Una granizada grande, como de un talento, cay del cielo sobre los hombres, y blasfemaron los hombres contra Dios por la plaga del granizo, porque era grande en extremo su plaga.
 Vino uno de los siete ngeles que tenan las siete copas, y habl conmigo, y me dijo: Ven, te mostrar el juicio de la gran Ramera que est sentada sobre las grandes aguas,
 con quien han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se embriagaron con el vino de su fornicacin.
 Llevme en espritu al desierto, y vi una mujer sentada sobre una bestia bermeja, llena de nombres de blasfemia, la cual tena siete cabezas y diez cuernos.
 La mujer estaba vestida de prpura y grana, y adornada de oro y piedras preciosas y perlas, y tena en su mano una copa de oro, llena de abominaciones y de las impurezas de su fornicacin.
 Sobre su frente llevaba escrito un nombre: Misterio: Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra.
 Vi a la mujer embriagada con la sangre de los mrtires de Jess, y, vindola, me maravill sobremanera.
 Djome el ngel: De qu te maravillas? Yo te declarar el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva, que tiene siete cabezas y diez cuernos.
 La bestia que has visto era, pero ya no es, y est a punto de subir del abismo y camina a la perdicin; y se maravillarn los moradores de la tierra, cuyo nombre no est escrito en el libro de la vida desde la creacin del mundo, viendo la bestia, porque era y no es, y reaparecer."
 Aqu est el sentido, que encierra la sabidura. Las siete cabezas son siete montaas sobre las cuales est sentada la mujer,
 y son siete reyes, de los cuales cinco cayeron, el uno existe y el otro no ha llegado todava; pero, cuando venga, permanecer poco tiempo."
 La bestia, que era y ya no es, es tambin un octavo, que es de los siete, y camina a la perdicin.
 Los diez cuernos que ves son diez reyes, los cuales no han recibido an la realeza, pero con la bestia recibirn la autoridad de reyes por una hora.
 Estos tienen el solo pensamiento de prestar a la bestia su poder y su autoridad.
 Pelearn con el Cordero, y el Cordero los vencer, porque es el Seor de seores y Rey de reyes, y tambin los que estn con El, llamados, y escogidos, y fieles.
 Me dijo: Las aguas que ves, sobre las cuales est sentada la ramera, son los pueblos, las muchedumbres, las naciones y las lenguas.
 Los diez cuernos que ves, igual que la bestia, aborrecern a la ramera, y la dejarn desolada y desnuda, y comern sus carnes, y la quemarn al fuego.
 Porque Dios puso en su corazn ejecutar su designio, un solo designio, y dar a la bestia la soberana sobre ella, hasta que se cumplan las palabras de Dios.
 La mujer que has visto es aquella ciudad grande que tiene la soberana sobre todos los reyes de la tierra.
 Despus de estas cosas vi otro ngel que bajaba del cielo con gran poder, a cuya claridad qued la tierra iluminada.
 Grit con poderosa voz, diciendo: Cay, cay la gran Babilonia, y qued convertida en morada de demonios, y guarida de todo espritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y abominable;"
 porque del vino de la clera de su fornicacin bebieron todas las naciones, y con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los comerciantes de toda la tierra con el poder de su lujo se enriquecieron.
 O otra voz del ciclo que deca: Sal de ella, pueblo mo, para que no os contaminis con sus pecados y para que no os alcance parte de sus plagas;"
 porque sus pecados se amontonaron hasta llegar al cielo, y Dios se acord de sus iniquidades.
 Dadle segn lo que ella dio, y dadle el doble de sus obras; en la copa en que ella mezcl, mezcladle al doble;"
 cuanto se envaneci y entreg al lujo, dadle otro tanto de tormento y duelo. Ya que dijo en su corazn: Como reina estoy sentada, yo no soy viuda ni ver duelo jams;"
 por eso vendrn en un da sus plagas, la mortandad, el duelo y el hambre, y ser consumida por el fuego, pues poderoso es el Seor Dios que la ha juzgado.
 Llorarn, y por ella se herirn los reyes de la tierra que con ella fornicaban y se entregaban al lujo, cuando vean el humo de su incendio,
 y se detendrn a lo lejos por el temor de su tormento, diciendo: Ay, ay de la ciudad grande, de Babilonia, la ciudad fuerte, porque en una hora ha venido su juicio!
 Llorarn y se lamentarn los mercaderes de la tierra por ella, porque no hay quien compre sus mercaderas,
 las mercaderas de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino, de prpura, de seda, de grana; toda madera olorosa, todo objeto de marfil, y todo objeto de madera preciosa, de bronce, de hierro, de mrmol,"
 cinamomo y aromas, mirra e incienso, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias de carga, ovejas, caballos y coches, esclavos y almas de hombres.
 Los frutos sabrosos a tu apetito te han faltado y todas las cosas ms exquisitas y delicadas perecieron para ti y ya no sern halladas jams.
 Los mercaderes de estas cosas, que se enriquecan con ella, se detienen a lo lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentndose, diciendo:
 Ay, ay de la ciudad grande, que se vesta de lino, prpura y grana, y se adornaba de oro, piedras preciosas y perlas, porque en una hora qued devastada tanta riqueza!
 Todo piloto y navegante, los marineros y cuantos bregan en el mar, se detuvieron a lo lejos
 y clamaron al contemplar el humo de su incendio y dijeron: Quin haba semejante a la ciudad grande?
 Y arrojaron ceniza sobre sus cabezas, y gritaron, llorando y lamentndose, y diciendo: Ay, ay de la ciudad grande, en la cual se enriquecieron todos cuantos tenan navos en el mar, a causa de su suntuosidad, porque en una hora qued devastada!
 Regocjate por ello, oh cielo! y los santos y los apstoles y los profetas, porque Dios ha juzgado nuestra causa contra ella.
 Un ngel poderoso levant una piedra, corno una rueda grande de molino, y la arroj al mar, diciendo: Con tal mpetu ser arrojada Babilonia, la gran ciudad, y no ser hallada.
 Nunca ms se oir en ella la voz de los citaristas, de los msicos, de los flautistas y de los trompeteros, ni artesanos de ningn arte ser hallado jams en ti, y la voz de la muela no se oir ya ms en ti,
 la luz de lmpara no lucir ms en ti, ni se oir ms la voz del esposo y de la esposa, porque tus comerciantes eran magnates de la tierra, porque con tus maleficios se han extraviado todas las naciones,
 y en ella se hall la sangre de los profetas, y de los santos, y de todos los degollados sobre la tierra.
 Despus de esto o una fuerte voz, como de una muchedumbre numerosa en el cielo, que deca: Aleluya, salud, gloria, honor y poder a nuestro Dios,
 porque verdaderos y justos son sus juicios, pues ha juzgado a la gran ramera, que corrompa la tierra con su fornicacin, y en ella ha vengado la sangre de sus siervos.
 Y por segunda vez dijeron: Aleluya. El humo de la ciudad sube por los siglos de los siglos.
 Cayeron de hinojos los veinticuatro ancianos y los cuatro vivientes, y adoraron a Dios, que est sentado en el trono, diciendo: Amn, aleluya.
 Del trono sali una voz, que deca: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y cuantos le temis, pequeos y grandes.
 O una voz como de gran muchedumbre, y como voz de muchas aguas, y como voz de fuertes truenos, que deca: Aleluya, porque ha establecido su reino el Seor, Dios todopoderoso;"
 alegrmonos y regocijmonos, dmosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa est dispuesta,
 y fuele otorgado vestirse de lino brillante, puro,* pues el lino son las obras justas de los santos.
 Y me dijo: Escribe: Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son las palabras verdaderas de Dios.
 Me arroj a sus pies para adorarle, y me dijo: Mira, no hagas eso; consiervo tuyo soy y de tus hermanos, los que tienen el testimonio de Jess. Adora a Dios. Porque el testimonio de Jess es el espritu de profeca."
 Vi el cielo cubierto, y he aqu un caballo blanco, y el que lo montaba es llamado Fiel, Verdico, y con justicia juzga y hace la guerra.
 Sus ojos son como llama de fuego, lleva en su cabeza muchas diademas, y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino l mismo,
 y viste un manto empapado en sangre, y tiene por nombre Verbo de Dios.
 Le siguen los ejrcitos celestes sobre caballos blancos, vestidos de lino blanco, puro.
 De su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones y El las regir con vara de hierro, y El pisa el lagar del vino del furor de la clera de Dios todopoderoso.
 Tiene sobre su manto y sobre su muslo escrito su nombre: Rey de reyes, Seor de seores.
 Vi un ngel puesto de pie en el sol, que grit con una gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan por lo alto del cielo: Venid, congregaos al gran festn de Dios,
 para comer las carnes de los reyes, las carnes de los tribunos, las carnes de los valientes, las carnes de los caballos y de los que cabalgan en ellos, las carnes de todos los libres y de los esclavos, de los pequeos y de los grandes.
 Y vi a la bestia, y a los reyes de la tierra, y a sus ejrcitos, reunidos para hacer la guerra al que montaba el caballo y a su ejrcito.
 Y fue aprisionada la bestia, y con ella el falso profeta, que haca seales delante de ella, con las cuales extraviaba a los que haban recibido el carcter de la bestia y a los que adoraban su imagen; vivos fueron arrojados ambos al lago de fuego que arde con azufre."
 Los dems fueron muertos por la espada que le sala de la boca al que montaba el caballo, y todas las aves se hartaron de sus carnes.
 Vi un ngel que descenda del cielo, trayendo la llave del abismo y una gran cadena en su mano.
 Cogi al dragn, la serpiente antigua, que es el diablo, Satans, y le encaden por mil aos.
 Le arroj al abismo y cerr, y encima de l puso un sello para que no extraviase ms a las naciones hasta terminados los mil aos, despus de los cuales ser soltado por poco tiempo.
 Vi tronos, y sentronse en ellos, y fueles dado el poder de juzgar, y vi las almas de los que haban sido degollados por el testimonio de Jess y por la palabra de Dios, y cuantos no haban adorado a la bestia, ni a su imagen, y no haban recibido la marca sobre su frente y sobre su mano; y vivieron y reinaron con Cristo mil aos."
 Los restantes muertos no vivieron hasta terminados los mil aos. Esta es la primera resurreccin.
 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurreccin; sobre ellos no tendr poder la segunda muerte, sino que sern sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarn con El por mil aos."
 Cuando se hubieren acabado los mil aos, ser Satans soltado de su prisin
 y saldr a extraviar a las naciones que moran en los cuatro ngulos de la tierra, a Gog y a Magog, y reunirlos para la guerra, cuyo ejrcito ser como las arenas del mar.
 Subirn sobre la anchura de la tierra, y cercarn el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descender fuego del cielo y los devorar.
 El diablo, que los extraviaba, ser arrojado en el estanque de fuego y azufre, donde estn tambin la bestia y el falso profeta, y sern atormentados da y noche por los siglos de los siglos.
 Vi un trono alto y blanco, y al que en l se sentaba, de cuya presencia huyeron el cielo y la tierra, y no dejaron rastro de s.
 Vi a los muertos, grandes y pequeos, que estaban delante del trono; y fueron abiertos los libros, y fue abierto otro libro, que es el libro de la vida. Fueron juzgados los muertos, segn sus obras, segn las obras que estaban escritas en los libros."
 Entreg el mar los muertos que tena en su seno, y asimismo la muerte y el infierno entregaron los que tenan, y fueron juzgados cada uno segn sus obras.
 La muerte y el infierno fueron arrojados al estanque de fuego; sta es la segunda muerte, el estanque de fuego,"
 y todo el que no fue hallado escrito en el libro de la vida fue arrojado en el estanque de fuego.
 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra haban desaparecido; y el mar no exista ya."
 Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusaln, que descenda del cielo, del lado de Dios, ataviada como una esposa que se engalana para su esposo.
 O una voz grande, que del trono deca: He aqu el tabernculo de Dios entre los hombres, y erigir su tabernculo entre ellos, y ellos sern su pueblo y el mismo Dios ser con ellos,
 y enjugar las lgrimas de sus ojos, y la muerte no existir ms, ni habr duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado.
 Y dijo el que estaba sentado en el trono: He aqu que hago nuevas todas las cosas. Y dijo: Escribe, porque stas son las palabras fieles y verdaderas.
 Djome: Hecho est. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al que tenga sed le dar gratis de la fuente de agua de vida.
 El que venciere heredar estas cosas, y ser su Dios, y l ser mi hijo.
 Los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicadores, los hechiceros, los idlatras y todos los embusteros tendrn su parte en el estanque que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte.
 Vino uno de los siete ngeles que tenan las siete copas, llenas de las siete ltimas plagas, y habl conmigo y me dijo: Ven y te mostrar la novia, la esposa del Cordero.
 Me llev en espritu a un monte grande y alto, y me mostr la ciudad santa, Jerusaln, que descenda del cielo, de parte de Dios, que tena la gloria de Dios.
 Su brillo era semejante a la piedra ms preciosa, como la piedra de jaspe pulimentada.
 Tena un muro grande y alto y doce puertas, y sobre las doce puertas doce ngeles y nombres escritos, que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel:
 de la parte de oriente, tres puertas; de la parte del norte, tres puertas; de la parte del medioda, tres puertas, y de la parte del poniente, tres puertas."
 El muro de la ciudad tena doce hiladas, y sobre ellas los nombres de los doce apstoles del Cordero.
 El que hablaba conmigo tena una medida, una caa de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro.
 La ciudad estaba asentada sobre una base cuadrangular, y su longitud era tanta como su anchura. Midi con la caa la ciudad, y tena doce mil estadios, siendo iguales su longitud, su latitud y su altura.
 Midi su muro, que tena ciento cuarenta y cuatro codos, medida humana, que era la del ngel.
 Su muro era de jaspe, y la ciudad oro puro, semejante al vidrio puro;"
 y las hiladas del muro de la ciudad eran de todo gnero de piedras preciosas: la primera, de jaspe; la segunda, de zafiro; la tercera, de calcedonia; la cuarta, de esmeralda;"
 la quinta, de sardnica; la sexta, de cornalina; la sptima, de crislito; la octava, de berilo; la novena, de topacio; la dcima, de crisoprasa; la undcima, de jacinto, y la duodcima, de amatista."
 Las doce puertas eran doce perlas, cada una de las puertas era una perla, y la plaza de la ciudad era de oro puro, como vidrio transparente.
 Pero templo no vi en ella, pues el Seor, Dios todopoderoso, con el Cordero, era su templo.
 La ciudad no haba menester de sol ni de luna que la iluminasen, porque la gloria de Dios la iluminaba y su lumbrera era el Cordero.
 A su luz caminarn las naciones, y los reyes de la tierra llevarn a ella su gloria.
 Sus puertas no se cerrarn de da, pues noche all no habr,
 y llevarn a ella la gloria y el honor de las naciones.
 En ella no entrar cosa impura ni quien cometa abominacin y mentira, sino los que estn escritos en el libro de la vida del Cordero.
 Y me mostr un ro de agua de vida, clara como el cristal, que sala del trono de Dios y del Cordero.
 En medio de la calle y a un lado y otro del ro haba un rbol de vida que daba doce frutos, cada fruto en su mes, y las hojas del rbol eran saludables para las naciones.
 No habr ya maldicin alguna, y el trono de Dios y del Cordero estar en ella,
 y sus siervos le servirn, y vern su rostro, y llevarn su nombre sobre la frente.
 No habr ya noche, ni tendr necesidad de luz de antorcha, ni de luz del sol, porque el Seor Dios los alumbrar, y reinarn por los siglos de los siglos.
 Y me dijo: Estas son las palabras fieles y verdaderas, y el Seor, Dios de los espritus de los profetas, envi su ngel para mostrar a sus siervos las cosas que estn para suceder pronto.
 He aqu que vengo presto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profeca de este libro.
 Y yo, Juan, o y vi estas cosas. Cuando las o y vi, ca de hinojos para postrarme a los pies del ngel que me las mostraba.
 Pero me dijo: No hagas eso, pues soy consiervo tuyo, y de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro; adora a Dios."
 Y me dijo: No selles los discursos de la profeca de este libro, porque el tiempo est cercano.
 El que es injusto contine an en sus injusticias, el torpe prosiga en sus torpezas, el justo practique an la justicia y el santo santifquese ms.
 He aqu que vengo presto, y conmigo mi recompensa, para dar a cada uno segn sus obras.
 Yo soy el alfa y la omega, el primero y el ltimo, el principio y el fin.
 Bienaventurados los que lavan sus tnicas para tener derecho al rbol de la vida y a entrar por las puertas que dan acceso a la ciudad.
 Fuera perros, hechiceros, fornicarios, homicidas, idlatras y todos los que aman y practican la mentira.
 Yo, Jess, envi a un ngel para testificaros estas cosas sobre las iglesias. Yo soy la raz y el linaje de David, la estrella brillante de la maana.
 Y el Espritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que escucha diga: Ven. Y el que tenga sed, venga, y el que quiera tome gratis el agua de la vida.
 Yo atestiguo a todo el que escucha mis palabras de la profeca de este libro que, si alguno aade a estas cosas, Dios aadir sobre l las plagas escritas en este libro;"
 y si alguno quita de las palabras del libro de esta profeca, quitar Dios su parte del rbol de la vida y de la ciudad santa que estn escritos en este libro.
 Dice el que testifica estas cosas: S, vengo pronto. Amn. Ven, Seor Jess.
